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Terapia de Conducta en La Infancia - Inmaculada Moreno García-84

El documento presenta una tabla con seis plantas de actuación previas al tratamiento de problemas de comportamiento infantil. Estas plantas incluyen preguntas sobre los motivos de la consulta, la relevancia del problema, la posibilidad de factores médicos subyacentes, la especificación del problema, el apoyo disponible para el tratamiento y el mantenimiento de mejoras.

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El documento presenta una tabla con seis plantas de actuación previas al tratamiento de problemas de comportamiento infantil. Estas plantas incluyen preguntas sobre los motivos de la consulta, la relevancia del problema, la posibilidad de factores médicos subyacentes, la especificación del problema, el apoyo disponible para el tratamiento y el mantenimiento de mejoras.

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TABLA 3.

1
Plantas de actuación previas al tratamiento (Fuente: Martin y Pear, 1999)

1. ¿El motivo último de la consulta es beneficiar al paciente, al niño? ¿El problema que plantea el adulto constituye
también un problema para el niño?
La búsqueda de respuestas a estas preguntas conducen al planteamiento por parte del terapeuta de las siguientes cuestiones:
— Reflexiones éticas sobre el control del comportamiento infantil por parte de los adultos.
— Análisis coste-beneficio de la intervención.
— En caso de duda o dificultad por encontrar una respuesta favorable es aconsejable detener el proceso y obtener
información relevante a través de otras fuentes.
2. ¿El problema objeto de consulta es relevante para el ajuste social y académico del niño?
Esta pregunta sugiere, a su vez, nuevas cuestiones, más precisas y relacionadas:
— ¿Cómo se ven afectados el desarrollo físico, la adaptación escolar y social y estabilidad emocional del menor?
— ¿La solución del problema infantil traería consecuencias positivas para el niño y/o para los adultos?
— ¿Es probable que la solución del problema traiga consigo la mejora de otras conductas alteradas o estimule la
aparición de comportamientos deseables?
3. ¿Se ha excluido la posibilidad de factores médicos y psicológicos que pudieran estar en el origen problema y necesitar,
por tanto, remitir el problema a otro especialista?
Esta cuestión conlleva implícitamente un ejercicio personal de reflexión sobre autoconocimiento profesional, es decir:
— ¿Es usted el profesional indicado para el tratamiento de dicho problema?
— ¿Dispone de las habilidades y formación requerida para llevar a cabo eficazmente el tratamiento en este caso?
4. ¿Puede especificarse y describirse el problema infantil?
El terapeuta de conducta, a propósito de estas cuestiones, ha de responder a:
— ¿Se trata de conducta/s observable/s?
— ¿Se trata de una conducta o clase de conducta que puede ser medida y registrada?
— ¿El comportamiento alterado está bajo la influencia de personas o acontecimientos sobre las que no podemos influir?
5. Si se estima necesario el tratamiento ¿existe el apoyo familiar, escolar y social idóneo para ponerlo en práctica?
O, lo que es igual, cabe preguntarse en estos momentos acerca de las posibles condiciones de aplicación del tratamiento.
— ¿Puede ser abordado el problema infantil en el medio natural?
— ¿Existen posibilidades de llevar a cabo un entrenamiento conductual a los adultos implicados con ciertas garantías de éxito?
— ¿Se dispone de recursos personales y materiales para aplicar el tratamiento?
— ¿Ha pensado usted cómo resolver posibles obstáculos y limitaciones derivados de la puesta en práctica de la terapia?
— En el caso de que algunas personas puedan obstaculizar la intervención, ¿es posible neutralizar su interferencia y
efectos adversos?
6. Si se lleva a cabo el tramiento y se logra el objetivo esperado, ¿cuáles son las posibilidades de asegurar el mantenimiento
y generalización de la mejoría conductual lograda?
Al diseñar y programar la intervención, el terapeuta ha de procurar la consolidación y generalización de los cambios
logrados, lo que explica el interés por prever en qué medida puede lograrse este propósito. Algunas de las cuestiones
relacionadas se refieren a:
— ¿Cabe esperar que los cambios en el comportamiento infantil sean reforzados y mantenidos de forma natural una
vez concluida la terapia?
— ¿Es factible que otras personas significativas, aunque con menor implicación en la aplicación de las técnicas
seleccionadas, faciliten la consolidación de los cambios obtenidos tras el tratamiento?
— Una vez observada la mejoría en el comportamiento del niño, ¿podrían extenderse y ampliarse las condiciones
terapéuticas a otras situaciones?

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