Comportamientos adultos
que denotan carencias
afectivas en la infancia
Ana María Ángel Esteban 16 agosto, 202108:05
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Somos cada vez más conscientes de la importancia del apego en la
infancia, no solo en cuanto a educar con refuerzos materiales sino
también con refuerzos emocionales, los más importantes. Basar la
estimulación y la seguridad de un niño con aportaciones materiales va
a tener consecuencias. Incluso pensar que nada de premios ni
achuchones es dejar al azar conductualmente el aprendizaje de ese
niño. No usar las emociones, no expresarlas o verter continuas
críticas y rechazos, muchas veces como forma de desahogo de los
padres de sus propios problemas, va a tener consecuencias de
por vida en ese niño, en ese adolescente y en ese adulto...
Por otro lado, el uso de premios materiales, únicamente, puede tener
consecuencias conductuales tanto en la infancia como en la edad
adulta. Crearemos personas caprichosas, con baja tolerancia
a la frustración y cierto grado de tiranía. Con falta de apego
veremos conductas impulsivas y tendencia a satisfacerse a uno mismo
a través de compras, muchas veces de cosas innecesarias, pero que
calman la ansiedad y la insatisfacción en el momento y poco después.
La gratificación es pasajera.
Independientemente de los refuerzos, utilizados para conseguir o
mantener un comportamiento, están las manifestaciones de cariño y
protección de forma espontánea por parte de los padres: si no se
producen durante los primeros años del niño, crearán
problemas en el desarrollo emocional, psicológico y hasta
físico. Es vital tocar, abrazar, besar, sonreír (la sonrisa es un gesto
mínimo y a la vez muy poderoso para crear seguridad en el otro,
aprobación, complicidad...).
No cualquiera tiene facilidad para expresar verbalmente sentimientos
y a veces no hacerlo es por falta de costumbre, como de hasta cierta
"vergüenza" que les frena. Son las personas más empáticas las más
dadas a este tipo de comportamientos, las que con más facilidad lo
hacen, también las personas acostumbradas a recibir estas muestras
en su familia de origen. Todas las carencias afectivas en esta
etapa de la niñez se traducen siempre en una baja
autoestima, inseguridad, autoconcepto alterado, un mal
control de las situaciones y, por tanto, dificultad de adaptación al
entorno.
Relaciones de pareja
Cuando somos adultos seguimos arrastrando estas carencias y cuando
más notorias se hacen es en los momentos de las relaciones
interpersonales y en las relaciones de pareja. Hay una necesidad de
aprobación y de establecer un vínculo de seguridad con los otros que
se traduce en conductas de dependencia emocional y
sumisión emocional, sobre todo. No siempre somos conscientes,
pero buscamos la palmadita, el "no pasa nada", un gesto de aceptación
que nos dé "tranquilidad", lo que sea que nos haga sentir válidos,
aceptados, protegidos…
Se establecen relaciones de "necesidad" con personas en las que
encuentras esas manifestaciones de cariño que te hacen sentir seguro,
y se generan unas emociones de intenso miedo ante la posibilidad de
que la relación se acabe. Este miedo puede traducirse en conductas de
sumisión aceptando y haciendo girar tu vida en torno a las
preferencias y necesidades del otro (dependencia emocional) o, por el
contrario, en sentimientos de celos (miedo irracional a perder
importancia para el otro, a ser sustituido por otros) y también en
conductas de comprobaciones, reproches de tipo dicotómico (si haces
tal me quieres, si no haces tal no me quieres), lo que provoca mucho
sufrimiento en ambos y desconfianza también en ambos.
Se establecen esquemas mentales sobre la cantidad de amor, basados
en conductas relacionadas con hacer "sacrificios". Cualquier señal
interpretada como indicativo de amenaza de pérdida se traduce en
intensificar agradar al otro o a los demás (tanto en relaciones de
pareja como en relaciones de amistad) o en conductas defensivas
basadas en ese pensamiento irracional, que lo único que consiguen
es alejar a la otra persona por incomprensión de ésta de lo
que pasa, llegando incluso a cumplirse la profecía
autocumplida.
Necesidad de aprobación
Este patrón suele ocurrir en todas las posibles relaciones que se
mantengan a lo largo de la vida de estas personas y se caracteriza por
una necesidad constante de aprobación y manifestación (según
esquemas personales subjetivos) de amor. El amor que todo lo puede,
que todo lo pide y que todo lo da. Necesitamos ser queridos por
naturaleza y querer pero sin patologizar.
Lo peor que les puede pasar a las personas con carencias afectivas es
llegar a estar con personas manipuladoras, con malas personas, que
aprovecharán esta circunstancia de "debilidad y necesidad" de cariño
para su propio beneficio y sin ninguna actitud de empatía hacia el que
sufre. Personalidades tóxicas y egoístas que pueden anular
completamente a estos otros, entrando en manipulaciones y
maltrato psicológico que una persona con carencias no es
capaz de ver con facilidad y del que le va a costar salir. Hasta
una persona sin problemas afectivos y en manos de un "buen
manipulador" tampoco sería capaz al principio de darse cuenta, pero
este es otro tema.
Comportamientos típicos
Y, por si tienes dudas de si eres una persona con carencias, te dejo
algunas características de comportamiento típicas, aunque tú ya lo
sabes y lo sientes por tantos momentos de ansiedad y/o depresión en
los que te encuentras, por el miedo que sientes a no ser aceptado o a
ser rechazado, y siempre un miedo irracional basado, claro, en tu
propia experiencia de falta de afecto desde pequeñito, y que por
supuesto tiene solución.
La principal característica es la baja autoestima, sentida en lo más
profundo aunque sean personas muy valoradas en muchos o todos los
ámbitos de sus vidas. Sus principales preocupaciones giran en torno a
su relación con las personas cuando aún no han establecido vínculos
con ellas y les resultan interesantes. Después la preocupación es sobre
la posibilidad de dejar de ser querido.
Tienen miedo a la soledad, a la que se imaginan, porque quizás
ninguno de ellos ha experimentado la libertad de estar solo para
comprobar que sí son capaces y aprender a disfrutar por ellos mismos
y con ellos mismos, aunque las relaciones de amistad y de pareja les
proporcionen efectos sumatorios de gratificación... pero que no sean la
única fuente de luz. Y a esto se aprende, por supuesto.
Desconfían de los sentimientos de los demás hacia ellos, otra
vez por el miedo a ser abandonados o a ser "menos" queridos.
Presentan pensamientos obsesivos con respecto a la pareja y
necesitan saber que está ahí o estar con ella para llenar el vacío que
sienten si están solos. Hay como una prolongación de la relación que
han tenido con sus padres, con el padre o madre dominante, que no
terminan de soltar aunque en la pareja está buscando el sustituto de
seguridad que en el seno de su familia nunca llegó a encontrar, dado
los comportamientos ambiguos y hasta quizás patológicos de uno o de
los dos padres. No llega a crearse una imagen certera de uno mismo e
independiente de las figuras de apego con lo que se busca
inconscientemente protección en otras personas.
Sentirse bien, muy bien, protegidos o flotando con otras personas es
magnífico, pero estas sensaciones deben ser un extra al estar con esas
otras personas, no una necesidad. Hay que empezar por quererse
a uno mismo para querer aún más a los otros y SENTIRSE aún
más querido, merecidamente querido SIEMPRE.
Ana María Ángel Esteban es una psicóloga y sexóloga con
consulta en Toledo.