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Ser Docente en Tiempos de Pandemia: Experiencias Desde La Práctica Educativa.

Ser docente en tiempos de pandemia: experiencias desde la práctica educativa, coordinado por la Universidad Mesoamericana, Izcóatl Tlacaélel García Morales, Rafaela Andrés Ortiz, Karla Mariela Quiroz Castro y Galileo Alvarado García. Editorial Transdigital. https://doi.org/10.56162/transdigitalb6
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Ser Docente en Tiempos de Pandemia: Experiencias Desde La Práctica Educativa.

Ser docente en tiempos de pandemia: experiencias desde la práctica educativa, coordinado por la Universidad Mesoamericana, Izcóatl Tlacaélel García Morales, Rafaela Andrés Ortiz, Karla Mariela Quiroz Castro y Galileo Alvarado García. Editorial Transdigital. https://doi.org/10.56162/transdigitalb6
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Izcóatl Tlacaélel García Morales

Rafaela Andrés Ortiz


Karla Mariela Quiroz Castro
Galileo Alvarado García
(Coords.)
Ser docente
en tiempos de pandemia:
experiencias desde la práctica educativa
Ser docente
en tiempos de pandemia:
experiencias desde la práctica educativa
Universidad Mesoamericana
Título original: Ser docente en tiempos de pandemia: experiencias desde la práctica
educativa / Universidad Mesoamericana / Coordinadores: Izcóatl Tlacaélel García Morales,
Rafaela Andrés Ortiz, Karla Mariela Quiroz Castro, Galileo Alvarado García — Ciudad de
Querétaro: Editorial Transdigital, 2022. — 208 páginas.

ISBN: 978-607-99594-3-2
DOI: https://doi.org/ 10.56162/transdigitalb6
Código de barras:

Materia: 001.4 – Investigación. Tipo de Contenido: Ciencia y tecnología.


Clasificación thema: JNC - Psicología de la educación.

Este libro es una publicación de acceso abierto con los principios de


Creative Commons Atribution 4.0 International License, que permite el
uso, intercambio, adaptación, distribución y transmisión en cualquier
medio o formato, siempre que dé el crédito apropiado al autor, origen
y fuente del material gráfico. Si el uso del material gráfico excede el uso
permitido por la normativa legal deberá tener permiso directamente del
titular de los derechos de autor.

D.R. Editorial Transdigital, 2022.


Sociedad de Investigación sobre Estudios Digitales, S.C.
Circuito Altos Juriquilla 1132. Condominio Atia. Colonia Altos Juriquilla. C.P. 76230,
Juriquilla, Querétaro, México. Tel. (52) 442 301 32 38.
Contacto: [email protected]
www.editorial-transdigital.org
Registro en el Padrón Nacional de Editores como agente editor Sociedad de Investigación
sobre Estudios Digitales, S.C., con el Dígito Identificador 978-607-99594.

D.R. Universidad Mesoamericana, 2022.


Diseño editorial y de cubierta: Universidad Mesoamericana.
Correctores de estilo: Alexandro Escudero-Nahón y Paulina María Ignacio Valencia.
Ilustración: Emmanuel Terrones Hernández, Edward Emmanuel Villafañez Cruz, Omar Juárez
García, Ita Yuku Reyes Aguilar, Marco Antonio Gómez Gallardo, Daniel Joel Arellano Coca.
Diseño Editorial: Marco Antonio Gómez Gallardo y Daniel Joel Arellano Coca.
Portada: Angélica Marisol Ríos Castellanos y Marco Antonio Gómez Gallardo.
Sugerencia de referencia en APA 7ª. edición:
Universidad Mesoamericana / García Morales, I.T., Andrés Ortiz, R., Quiroz Castro, K.M. y
Alvarado García, G. (Coords.) (2022). Ser docente en tiempos de pandemia: experiencias
desde la práctica educativa. Editorial Transdigital. https://doi.org/ 10.56162/transdigitalb6
Universidad Mesoamericana

Marco Emilio Moreno Parres


Rector

Namhiko Ofelia Nishizaki López


Directora General Académica

Martha Porfiria Chandomid Salud


Directora, Oaxaca

Ernesto Fernández Aguilar


Director, Plantel San Luis Potosí

Salvador Santiago Pedro


Director, Plantel San Juan del Río, Querétaro
Dedicatoria

Ser docente en tiempos de pandemia: experiencias


desde la práctica educativa es un libro hecho desde y
con la pasión que cada una(o) de los autores sentimos
por la labor docente. Lo dedicamos con especial cariño y
reconocimiento a la Arquitecta Leticia Asensio de Moreno
y al Dr. Marco Antonio Moreno Nishizaki, fundadores del
Proyecto Académico de la Universidad Mesoamericana,
institución que sigue haciendo camino en la educación
superior. Para ustedes, quienes sembraron la idea que el
ejercicio de enseñar se fundamenta en la visión humana del
conocimiento y que la verdad siempre será un esperanzador
principio.
Contenido
Prólogo 1

Introducción 5

Educación y pandemia: 11
el docente no sabe todo, el alumno
no ignora todo
Galileo Alvarado García

Otra educación es posible: 21


experiencias de una profesora mixe en
la Educación Superior
Convencional durante la pandemia
Leslye Amaya Núñez

Ser docente universitario frente 33


a la pandemia:
una aventura digna de ser vivida
Rafaela Andrés Ortiz

Una pedagogía para los 43


nuevos tiempos
Daniel Alejandro Aragón García
Lo que aprendí siendo docente en 51
tiempos de pandemia
María Rosario Carranco Díaz

Tres semestres de un viaje en 63


pandemia
Martha Yesenia Carreño Martínez

Destino de viaje: 75
encontrar nuevas tierras con
los mismos ojos
Mirna Patricia Cruz Flores

La educación en tiempos 87
de pandemia o vivencias de
una docente en tiempos
de pandemia
María Teresa Feria Aranda

Entre la pantalla y la pared: 99


experiencias desde la docencia virtual
Izcóatl Tlacaélel García Morales

¿Quién enseña en tiempos de 111


pandemia?
Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

¿Qué significa educar en tiempos de 120


pandemia?
René Andrieux González Vásquez
Deconstrucción docente 130
Sofía Martínez Ruiz

De lo tangible a lo virtual: 140


una reflexión sobre la transformación
de la práctica docente en tiempos de
contingencia
Erika Mejía Velázquez

Compromiso, flexibilidad y empatía: 152


tres claves para sobrellevar
la pandemia
Edmundo Morales Zárate

Convivencias en el proceso educativo 163


durante la pandemia COVID-19
José Ortiz Zárate

La distancia y la anhelada motivación 172


Lucía María Reyes Nava

Tiempos de pandemia: 182


sigo queriendo ser profesora
universitaria
Rosa Fabiola Rosas Cisneros
Prólogo
En marzo de 2020 la educación superior mexicana tuvo que suspender
súbitamente las clases presenciales debido a la pandemia por COVID-19. Esa
medida afectó de manera directa e indirecta a millones de personas. Solo
por ofrecer algunas cifras, vale la pena recordar que casi 40.7 millones de
personas (37.7 millones de estudiantes; 2 millones de docentes; y 999,835
personas que realizan actividades no docentes), tuvieron que lidiar con el
hecho de que debían continuar con sus actividades docentes, de aprendizaje
o de gestión escolar de manera virtual.
De acuerdo con la literatura especializada, casi ninguna universidad
contaba en ese entonces con un plan de continuidad de servicios educativos.
Lo anterior hace suponer que solo se realizó docencia remota de emergencia.
El problema con este tipo de docencia, que deja a los profesores a merced
de sus recursos digitales, de sus habilidades y de su sentido de compromiso
y responsabilidad, es que a largo plazo provoca cansancio, estrés y una
peculiar desafección por los procesos educativos.
A dos años de distancia, sin embargo, es importante recabar, registrar y
reflexionar sobre los principales problemas educativos que enfrentaron nuestras
y nuestros docentes ante la pandemia por COVID-19 y cómo los resolvieron, si
ese fue el caso. Por eso, documentos como Ser docente en tiempos de pandemia:
experiencias desde la práctica educativa, son valiosos por diversos motivos.
Por ejemplo, son testimonios en primera persona de uno de los desafíos que
más ha desestabilizado a las comunidades educativas; son reflexiones sinceras
sobre la capacidad de reacción del cuerpo docente de cualquier institución ante
repentinos contratiempos; pero, sobre todo, son textos catárticos que observan
en perspectiva el aprendizaje que nos ha dejado esta contingencia sanitaria.

1
Si bien este tipo de iniciativas están surgiendo en varias instituciones
educativas, cada una de ellas es importante por su peso específico. Por
ejemplo, todas las instituciones experimentaron la docencia de emergencia
por la pandemia por COVID-19, pero parece que existen algunas diferencias
entre las instituciones de educación pública y las instituciones de educación
privada; todo el profesorado tuvo que lidiar con la autocapacitación en
tecnología y en aplicaciones digitales, en apariencia la edad fue una variable
definitoria; las familias tuvieron que superar varios desafíos de carácter
económico y personal, pero dependiendo de los niveles de plenitud o de
los niveles de violencia intrafamiliar, estos desafíos tuvieron finales distintos.
En otras palabras, documentos de este tipo contienen información
preciada para entender cómo se resolvieron los problemas que supuso
fusionar en un mismo espacio físico a la oficina, al salón de clases, al hogar,
etcétera. Las primeras deducciones teóricas sugieren que, en realidad, la
contingencia sanitaria no provocó nuevos problemas, sino que solo intensificó
problemas existentes. En otras palabras, las desigualdades estructurales,
la violencia intrafamiliar, las oportunidades diferenciadas y las expectativas
personales hicieron eco sonoramente.
Por eso, ante la inevitable vuelta a las clases presenciales, documentos
como el que este grupo de profesoras y profesores pone a su disposición
es un manifiesto de introspección capaz de iniciar el diseño de planes
de continuidad de servicios educativos para responder oportunamente
a futuras contingencias. Contingencias que, curiosamente, en México
solemos enfrentar frecuentemente, por ejemplo: contingencias políticas
(manifestaciones, mítines, cierre de vialidades), contingencias ambientales
(mala calidad del aire), contingencias naturales (terremotos, inundaciones),
contingencias de seguridad (violencia pública) y, por supuesto, contingencias
sanitarias.
No obstante la importancia del libro Ser docente en tiempos de pandemia:
experiencias desde la práctica educativa, las lectoras y los lectores no
encontrarán un texto pretensioso o aburrido. Todo lo contrario. Este libro
está compuesto por anécdotas divertidas, por soluciones creativas para
continuar la docencia eficientemente, y por reflexiones donde, seguramente,
usted se sentirá identificado o identificada. Destacan las preguntas, las

2
sinceras preguntas que estas y estos docentes se hacen a sí mismos sobre su
práctica docente, sobre su papel en la contingencia y sobre la transformación
de sus expectativas vitales tras la pandemia.
Por supuesto que la manera como son relatados en el libro los desafíos
que enfrentó el alumnado y su familias, muestra una sensibilidad propia
de los valores que la Universidad Mesoamericana ha enarbolado desde su
creación. Este documento es, por eso, una evidencia más de la orientación
axiológica de dicha institución.
La pandemia por COVID-19 tomó por sorpresa a las comunidades
educativas. El papel del profesorado para “sacar adelante” el sistema
educativo fue fundamental. Sin ellas, sin ellos, no hubiéramos soportado dos
años de adecuaciones educativas. Ante la sorpresa, estoy convencido, se ha
logrado un resultado destacado. Sin embargo, es importante anticiparnos.
Ojalá este documento inspire a las y los alumnos a hacer lo propio: a registrar y
publicar sus viviencias durante la pandemia; ojalá las autoridades educativas
también continuen con esta iniciativa y hagan explícitas sus acciones para
anticiparse a futuras contingencias. En fin, ojalá que ejemplos como este
provoquen una ola de reflexión para que seamos capaces de entender
qué significó ser docente durante una pandemia, durante esta inolvidable
pandemia por COVID-19.

Alexandro Escudero-Nahón

3
Introducción
1

Izcóatl Tlacaélel García Morales


“… y aunque mis ideas sean malas,
con tal de que inspiren otras mejores
no habré perdido el tiempo”
Jean Jacques Rousseau

“La historia es el testigo de los tiempos,


la antorcha de la verdad, la vida de la memoria,
el maestro de la vida y el mensajero de la antigüedad”
Marco Tulio Cicerón

Vivir una pandemia y que esta obligara a la suspensión de diversas


actividades de manera presencial ha sido una experiencia inédita para casi
toda la humanidad. Sin embargo, para quienes estamos inmersos en el
ámbito educativo, en un país como México, ese parón se prolongó por casi
dos años. En el caso de Oaxaca, hasta abril de 2022, aún había instituciones
de diversos niveles educativos sin retornar a clases presenciales. Más allá
del déficit en el logro de los aprendizajes establecidos para cada nivel
educativo, la experiencia ha sido poco menos que transformadora, se
podría decir que en algunos casos ha sido hasta traumática para los diversos
agentes educativos. Los efectos de la pandemia han sido significativos no
solo en el ámbito educativo, sino también en lo familiar, económico y social.
Ser docente es una tarea compleja per se, serlo en el nivel superior
adquiere otro significado, puesto que la mayoría no estamos formados

5
inicialmente o directamente para la docencia. Es una práctica que ejercemos
por diversos motivos y que ejercitamos con el paso del tiempo. Sin embargo,
la contingencia actual le imprimió mayor presión a cada uno de los engranajes
de los sistemas educativos en el mundo. Transitar de un ambiente de
enseñanza-aprendizaje presencial a uno virtual supuso nuevos retos para
el profesorado pues requirió cambios en la planeación de las actividades
cotidianas y en la didáctica. Además, se hizo necesario el desarrollo de
recursos educativos específicos para la modalidad virtual, cambios en las
actividades de aprendizaje y en la forma de evaluación. En suma, la pandemia
vino a dificultar algo que de por sí ya era complejo: ser docente.
Entonces, ¿qué significa ser docente? Es una interrogante fundamental,
pero de difícil respuesta. En este sentido, Zabalza (2012) establece una
diferencia importante entre estar en la docencia, ejerciendo un rol como
en cualquier otra profesión, cumpliendo un número de horas en un horario
determinado, y ser docente, una forma totalmente distinta de vivir la
profesión, donde no se desempeña un papel por momentos, no es un traje
que se ponga y se quite, sino que “lo llevas en el ADN, lo vives, te acompaña
en cada momento del día, lo sufres y lo disfrutas por partes iguales. Te
atrapa” (p. 14). Por otra parte, para Ramírez (2008, p. 11) ser docente es una
unidad integrada por tres elementos “el ser, el sujeto docente y el sentido
del ser docente” conjugados y puestos en marcha a través de la praxis.
Dentro de esta tríada de elementos que presenta Ramírez, en primer
término, tenemos al Ser, lo cual puede resultar bastante obvio, dado que antes
de ser docentes, somos personas. No obstante, Zabalza y Zabalza (2012)
consideran que en el nivel universitario se minimiza y se excluye la dimensión
personal del profesorado, se prioriza al especialista sobre la persona, a pesar
de que “buena parte de nuestra capacidad de influencia en los estudiantes
deriva precisamente de lo que somos como personas, de nuestra forma de
presentarnos, de nuestras modalidades de relación con ellos” (p. 47).
Por lo tanto, la docencia va más allá de ser una profesión meramente
técnica, puesto que posee una naturaleza social y, más aún, humana,
que se encuentra atravesada por diversas dimensiones. En este sentido,
Fierro et al. (1999) proponen seis: personal, institucional, interpersonal,
social, didáctica y valoral; a partir de las cuales se establece un conjunto

6
de relaciones que dan como resultado una práctica sumamente compleja.
Por otra parte, la construcción de lo que Ramírez (2008) denomina
como sujeto docente, pasa por diversas etapas. La trayectoria profesional
de quienes ejercen la docencia transita por dos momentos: de principiantes
a expertos. En el primer momento, no tienen un total dominio de los
contenidos a enseñar y además desconocen cómo hacerlo; por lo que se
preocupan más por sí mismos, por sus capacidades y por su manera de
enseñar. En el segundo momento, superadas estas carencias, se enfocan
más en el estudiantado y la manera en la que aprende (Caballero, 2009).
Además, se puede agregar que el buen docente se valora no por la cantidad
de conocimiento que posee, sino por su capacidad de entregarlo y por la
huella que deja en el otro. Es decir, por los cambios que se producen en el
estudiante (Contreras, 2015, citado en Cardona et al., 2016).
Esto abre un abanico de posibilidades que va más allá de una huella
cognitiva y que quizás en este periodo de pandemia se hizo más evidente que
nunca. Cuando el sujeto docente trasciende y cruza esa línea del impacto
cognitivo que tiene en sus estudiantes, cuando reflexiona sobre su práctica
y adquiere plena consciencia que frente a sí no solo tiene a los futuros
profesionales de la disciplina que imparte, sino que, además, está frente
a una porción de la humanidad, integrada por sujetos multidimensionales
y, por tanto, recae en sus manos una pizca de la responsabilidad de dar
continuidad a aquello que nos hace humanos, es entonces cuando nace el
sentido del ser docente.
En consecuencia, el ser docente se construye en y desde la práctica, pero
especialmente a partir de la reflexión que hacemos en torno a lo que se hace,
cómo se hace, por qué y para qué se hace. Es por ello que resulta relevante dejar
un testimonio de viva voz de las y los protagonistas de la enseñanza superior, sobre
la experiencia vivida en estos tiempos, en medio de la pandemia y ante el cambio
abrupto de lo presencial a lo virtual, la manera en la que cada quien asumió su rol
como docente y lo que implicó en lo profesional y personal, cómo se transformaron
el ser y el sujeto docente y cómo se construyó ese sentido del ser docente.
La idea de la presente obra nació aproximadamente en mayo de 2021,
en el seno de la organización del II Simposio Internacional sobre Educación
Superior y del I Coloquio de Cultura de Investigación de la Universidad

7
Mesoamericana, actividades que forman parte de uno de los elementos del
proyecto académico de la institución: la Cultura de investigación. Entre las
vicisitudes de la pandemia y la diversidad de actividades que como Grupo de
investigación teníamos a nuestro cargo, la idea fue guardada pacientemente,
esperando un mejor momento para desarrollarla y ponerla en marcha.
Después de unos meses, en agosto de 2021, comenzamos a trabajar en esa
idea para convertirla en un proyecto que posteriormente sería presentado
ante la Lic. Martha Chandomid, directora de la Universidad Mesoamericana,
Oaxaca, quien tuvo a bien otorgar su autorización.
Una vez autorizado el proyecto se invitó a colaborar en esta obra colectiva
a la planta docente de los tres planteles de la Universidad, con la finalidad de
estrechar lazos, compartir experiencias desde diversos enfoques y contextos,
pero fundamentalmente, para abonar la Cultura de conocimiento. Se obtuvo
una respuesta muy entusiasta, por lo que se realizó un proceso de registro.
Para la redacción de los ensayos, producto del trabajo colectivo del Grupo de
investigación, se elaboró un documento con 11 preguntas guía para que cada
docente pudiera explicar, entre otras cosas, cuál es su visión sobre la educación
y el rol del docente en el proceso de enseñanza aprendizaje, qué significado le
otorgan al ser docente universitario, cómo vivieron esta experiencia de cambio
en su práctica educativa a partir de la pandemia, qué dificultades tuvieron
que enfrentar, cómo los transformó la pandemia y el cambio de modalidad
educativa, cuál consideran que será el papel de las tecnologías en la educación
en tiempos venideros.
Y es así que, para la presente obra, se logró reunir una diversidad
de perfiles y experiencias en la docencia. Participaron 10 profesoras y 7
profesores que colaboran en las licenciaturas en Administración Turística,
Comunicación, Contaduría Pública, Derecho, Diseño gráfico, Pedagogía,
Psicología, en alguno de los tres planteles de la Universidad Mesoamericana:
Oaxaca, San Luis Potosí y San Juan del Río. Cada quien comparte sus vivencias
en los diferentes ámbitos de la vida que, de alguna manera, influyeron en su
ser docente. Esperamos que cada relato contribuya a mejorar la comprensión
sobre lo que significa la docencia desde la mirada de sus protagonistas, pues
son testimonio vivo de la historia.

8
Referencias

Caballero, K. (2009). Construcción y desarrollo de la identidad profesional del profesorado univer-


sitario [Tesis doctoral, Universidad de Granada, Departamento de Didáctica y Organización
Escolar]. https://digibug.ugr.es/handle/10481/2200
Cardona, L., Varón, M., Bonilla, I. y Rincón, C. (2016). El “ser docente” en contabilidad. Revista Libre
Empresa, 13((2), 103-123. https://doi.org/10.18041/libemp.2016.v13n2.26207
Fierro, C., Fortoul, B. y Rosas, L. (1999). Transformando la práctica docente. Una propuesta basada
en la investigación-acción. Paidós.
Ramírez, A. (2008). Ser docente universitario, una búsqueda de sentido. Plumilla educativa, 5 (1),
9-15. https://doi.org/10.30554/plumillaedu.5.583.2008
Zabalza, M. A. (2012). Introducción. En M. A. Zabalza Beraza y M. A. Zabalza Cerdeiriña. Profesores
y profesión docente. Entre el “ser” y el “estar” (pp. 11-15). Narcea.
Zabalza Beraza, M. A. y Zabalza Cerdeiriña, M. A. (2012). Profesores y profesión docente. Entre el
“ser” y el “estar”. Narcea.

1
En memoria de la Dra. Gisela Ignacio Díaz (1962-2019), quien trabajó incansablemente por hacer
germinar la Cultura de Investigación y, de 2007 a 2019, fue Coordinadora del Grupo Emergente de
Investigación de la Universidad Mesoamericana (GEIUMA), actualmente Grupo de Investigación.

9
Galileo García Alvarado

10 Ilustración: Omar Juárez García


Educación y pandemia:
el docente no sabe todo,
el alumno no ignora todo

Galileo Alvarado García

C uando Niepce inventó el proceso fotográfico mediante la oxidación


de la placa de plata expuesta a la luz, inició una relación distinta
de la imagen con la tecnología; hasta entonces la representación
de la realidad había ocurrido por medio de diversas técnicas
artísticas y nuestra relación con la imagen estaría mediada significativamente
por la evolución tecnológica. Un siglo después no podemos concebir la
creación de la imagen fotográfica separada de la tecnología que la produce.
Algo semejante ha ocurrido con las tecnologías de la interacción social, la
información y la comunicación, que cumplen ya más de medio siglo y que,
dentro del contexto de la educación en tiempos de pandemia, han marcado
un hito.
Mi aventura por el conocimiento universitario comenzó en el año 2006
cuando ingresé a la licenciatura en Diseño Gráfico. Corrían los tiempos
del vertiginoso desarrollo tecnológico de las comunicaciones, iniciaba
una cultura temprana de la computadora, el internet y el celular eran una
promesa del futuro. A partir de aquellos años recorrí diversos espacios
de formación laboral como imprentas, despachos de diseño, periódicos,

11
Galileo García Alvarado

laboratorios de fotografía analógica, talleres de serigrafía, grabado y


aerografía, así como aulas de clase universitaria; desde entonces mi
actividad profesional encontró, sin saberlo, una vocación formativa que me
acompaña hasta el día de hoy.
Este proceso formativo ocurre en el marco de dos condiciones básicas.
Por una parte, ser partícipe como docente del proceso de compresión de
otro ser humano sobre el mundo y su complejidad se presenta como un acto
biológico; en otro sentido, participar en la interpretación de la cultura humana
se advierte como un acto de reflexión. A partir de estos dos aspectos nos
asumimos como seres biológicos en aventura vital permanente en la vastedad
del universo, en esa perspectiva educar es un imperativo para nuestra
supervivencia, una historia evolutiva que encuentra en la educación una
estrategia de conocimiento del mundo. Educar implica conducir el proceso
de conocimiento de la realidad natural, social y personal en un proceso de
comprensión del mundo que se extiende de una generación a otra. Bajo esta
postura, las razones que mueven el sentido de educar a otro ser humano están
relacionadas con ayudar a comprender la realidad a partir de la experiencia
del docente y el conocimiento académico. Somos formadores y guías de un
proceso de reconocimiento, comprensión y conocimiento del mundo que nos
toca habitar, del conjunto de valores que construyen nuestra civilización y
bajo los cuales nos movemos en el mundo físico y social.
Ser profesor universitario significa un compromiso con la formación
personal del sujeto, una responsabilidad frente a las expectativas del
estudiante, un acto de profunda dimensión ética para guiar al sujeto en su
camino de comprensión de la realidad. Nuestra labor formativa implica, en
este sentido, ayudar a percibir más allá de lo evidente. Implica desmitificar
y desprejuiciar la realidad y ayudar a vivir y comprender nuestra existencia
desde una postura objetiva, imparcial y consciente, ayudar a formar
profesionistas con una virtuosa formación en el oficio de su disciplina. A partir
de esta idea, nuestra labor como profesor universitario, en consideración de
los tiempos críticos que actualmente se suceden, se vuelve fundamental en el
aula y fuera de ella, pues nuestros alumnos enfrentan un mundo que produce
conocimiento de manera frenética, profusa y relativa, entonces nuestra labor
es guiar su proceso de aprendizaje frente al canto de las sirenas que representa

12
Educación y pandemia

el océano de información que caracteriza nuestra época. La práctica docente


durante el periodo de pandemia se ejerció inicialmente con un enorme
sentimiento de incertidumbre frente a un modelo de enseñanza para el cual,
maestros y alumnos, no estábamos preparados. La emergencia sanitaria
propició que aprendiéramos en el trayecto del evento familiarizándonos con
las herramientas en un proceso gradual que continua hasta el día de hoy.
Entre los aspectos más significativos del proceso está el desconocimiento
de los recursos tecnológicos necesarios para implementar un escenario de
enseñanza adecuado. La ausencia física del alumno cancelaba la posibilidad
de iniciar la relación escolar sin la interacción del grupo, pues implicaba un
reto docente, didáctico, súbito y significativamente emocional. Bajo estas
condiciones, el proceso también fue de intenso aprendizaje para el docente.
Incertidumbre en el proceso, desconocimiento de los entornos tecnológicos,
el replanteamiento de las didácticas, así como prepararse emocionalmente
para una forma distinta de clase, y las dificultades derivadas de todo ello,
formaron el cotidiano durante los meses de confinamiento.
Sin duda, la presencialidad de los actores fue el primer aspecto que
implicó un reto en la dinámica. La educación en línea no es algo nuevo, sin
embargo, llevar a cabo una clase donde asumimos nuestra presencialidad
como parte del modelo implicó plantear los momentos iniciales de estas
no en el contenido académico, sino a partir del contenido emocional.
Preguntas sencillas como: ¿Cuánta batería traen hoy? ¿Ya desayunaron?
¿A qué hora durmieron anoche? nos permitieron intentar establecer
una relación de enseñanza-aprendizaje basada en la empatía sobre la
condición del otro. Pero ¿cómo lograr objetivos de aprendizaje desde
la virtualidad, cuando una materia está pensada para la presencialidad?
La solución en un inicio se tomó de manera circunstancial, reconocí que
el desarrollo de conocimientos, habilidades, competencias y actitudes
respecto de los contenidos planteados, representó una circunstancia
mayúscula para el desarrollo de las clases a distancia. En mi caso,
propiciar la participación activa de los alumnos con ejemplos de manera
verbal y verificar la pertinencia de los conceptos abordados, en la escritura
escrita, me dio una mayor certeza de que el alumno había alcanzado los
objetivos propuestos. Fue necesario adaptar los materiales didácticos a

13
Galileo García Alvarado

la virtualidad para la adecuada exposición de los contenidos. De manera


recurrente, tuve que replantear su utilización pues estos fueron diseñados
para emplearse de manera presencial -y en virtud de su materialidad- ya
no fueron idóneos, los reorganicé en función de su naturaleza textual,
visual y audiovisual. La reinterpretación del tiempo y el espacio didáctico
fueron circunstancias significativas para el desarrollo adecuado de las
clases en tiempos de pandemia. Surgió la necesidad de reinterpretar el
aspecto del tiempo dedicado a las sesiones en línea, pues a diferencia
del modelo presencial, los tiempos de exposición de contenidos y
participación de los alumnos estaban sujetos a los horarios establecidos,
y más allá de la norma organizativa, la modalidad no permitió una mayor
retroalimentación entre los actores. Aunado a ello, está el espacio
didáctico, determinante en el desarrollo de una clase, en la exposición
del contenido y sobre todo, el lugar que nos reúne para dialogar sobre los
conceptos del mundo, este lugar fue una de las primeras víctimas de la
pandemia. Interpretamos el espacio educador como un lugar abstracto,
virtual; ya no era el salón de clases. Se convirtió en un sitio de imaginación
sobre nosotros y nuestros alumnos.
Como docente, en esta reflexión sobre los aspectos y circunstancias
que enfrentamos durante el tiempo de emergencia sanitaria, un hecho
inquietante es el reconocimiento de la persona que se asume como alumno
¿Quién es el sujeto que está del otro lado de la pantalla? En el marco de
la presencialidad nos acostumbramos a identificar las particularidades de
nuestros alumnos: ¿Quiénes son ellos? ¿De dónde vienen? ¿Cuál es la
compresión del mundo que ha logrado, en relación de su trayecto vital?
No se puede pretender educar sin un conocimiento básico sobre los
fundamentos de la vida del otro. Este aspecto en el proceso de educar resulta
significativo pues en muchos casos, derivado de deficiencias tecnológicas,
limitaciones económicas, problemas técnicos en las plataformas o la red,
no fue posible conocer y reconocer a nuestros alumnos por la voz y/o el
video, solo quedó el recurso textual. Quizá enseñamos para un alumno que
tal vez existió en la cabeza del docente y que, ante la imposibilidad de la
interacción por los medios tecnológicos disponibles, no logró comprender
el sentido de nuestras palabras. Ejercer la enseñanza implica una dosis

14
Educación y pandemia

de empatía por el otro frente a su circunstancia de aprendizaje y ejercerla


en tiempos de pandemia significó una fuerte carga emotiva por parte del
docente, pues debe ser el primero emocionalmente equilibrado para llevar
la clase a donde se requiere. En virtud de la diversidad y complejidad de
situaciones académicas, emocionales, familiares, etc., que enfrentaron
los alumnos, el docente se convirtió en el gestor responsable del ambiente
en el cual se realizó la clase.
El lenguaje es el responsable de configurar nuestra percepción sobre la
realidad natural y humana, esta cualidad biológica y social adquirió particular
relevancia para un desarrollo adecuado de las actividades en línea durante
este período de pandemia. Para el docente, representó un medio eficaz para
exponer, retroalimentar y verificar la comprensión y alcance de los temas,
para el estudiante significó el recurso más efectivo para manifestar sus dudas.
Bajo estas circunstancias fue necesario adaptar el lenguaje de la modalidad
presencial a la “linealidad”, primera de varias implicaciones que la práctica
docente universitaria tuvo en este tiempo; expresiones como “vamos a
conectarnos, subir la tarea, estar en línea, plataforma, entrar a la sesión”,
configuraron la ecología de la clase “a distancia” y condicionaron la lógica del
tiempo y espacio en el cual se realizaron las actividades académicas.
De igual manera el empleo repentino de recursos tecnológicos
como videoconferencias, plataformas de servicios educativos en la web,
Classroom y sus particularidades, implicaron un reto mayúsculo para los
docentes quienes acudían a estos ocasionalmente y que a lo largo de los
meses en confinamiento tuvimos que asumirlos como parte del entorno
necesario para dar continuidad a nuestra labor. El acceso y empleo de
las herramientas virtuales de comunicación y organización de la clase era
particularmente desigual entre los alumnos y docentes. En relación con
el conocimiento y el lenguaje de las herramientas, el estudiante estaba
mejor preparado. En muchas ocasiones los papeles se invirtieron pues la
circunstancia de la clase propició un escenario donde el universitario tenía
mejores competencias tecnológicas. Bajo esta perspectiva, podría afirmar
que la complejidad de este tiempo estriba en que la universidad entró a la
casa del alumno, donde cada uno habita con su propia problemática. Esta
situación implicó que en muchas ocasiones ellos tuvieran que interactuar

15
Galileo García Alvarado

entre su entorno cotidiano y su entorno académico de manera simultánea,


como se ha mencionado, bajo condiciones de limitaciones tecnológicas, de
conectividad y/o interferencias ambientales, entre las más significativas.
Los medios de información mantienen el discurso sobre el tratamiento
del virus SARS-CoV-2 como una batalla, una guerra con doctores en
primera línea, pero en el fondo, el surgimiento del virus es en realidad una
manifestación natural de la compleja relación de los seres vivos; todos
somos en determinados momentos virus o huéspedes de otro ser vivo y
desde esta perspectiva la transformación sobre nuestro papel formativo
dentro de las aulas debe ser inevitable. Como profesor universitario puedo
apreciar que durante este tiempo de pandemia se ha construido una postura
más sensible a la condición humana, consciente de nuestra fragilidad, de
nuestra finitud y consciente de nuestra ignorancia frente a la realidad natural
y nuestro lugar en el mundo. La ecología de la clase me ha permitido tener
presente dos ideas importantes en torno a quienes participan: El docente
no lo sabe todo; el alumno no ignora todo, y una vía en la construcción del
conocimiento es la clase colaborativa que nos lleva a mejores expresiones
de aprendizaje. Esta circunstancia será cada día más normal en virtud de la
formación y acceso de los estudiantes a las Tecnologías de la Información y
la Comunicación (TIC) y al desarrollo de las mismas.
La cultura digital es solo un camino. Estamos viviendo un hito de la
historia humana. Existe un antes y un después de la pandemia en relación a
la cultura digital. Este hecho nos debe permitir poner en su justa dimensión
la cultura digital como un proceso de producción que no ofrece otras
alternativas. Ya sea en el marco de la interacción humana, en la generación y
gestión del conocimiento o en los procesos formativos, la digitalidad no debe
asumirse como una experiencia imperativa, unívoca, en nuestro proceso
de comprensión del mundo. Recuperemos otras formas de interacción,
recursos del entorno natural y social, nuevos espacios pedagógicos y
códigos locales. En este tiempo posmoderno de enajenación tecnológica
en que lo íntimo es público, y lo público ha perdido relevancia, época en la
que vivimos conectados al mundo y desconectados del local. Partamos del
hecho que, si aspiramos a comprender el mundo desde su globalidad,
primero consideremos los saberes locales y los saberes comunitarios.

16
Educación y pandemia

La cultura digital no es el único camino para habitar nuestro mundo, es


sólo una parte. No es un camino sin vuelta atrás, es solo un camino. El uso
intensivo de las TIC puso de manifiesto la circunstancia de maestros y alumnos
frente a las herramientas. Los nativos y los migrantes digitales evidencian
la significativa inequidad del alumno frente a la tecnología. El estado
socioeconómico, la formación académica-tecnológica, la infraestructura
geográfica, entre otros factores, evidenciaron un hecho concreto que se
aprecia en toda su magnitud: la profunda desigualdad bajo la cual enormes
sectores de la sociedad han enfrentado la pandemia.
Quienes estamos al frente de la clase debemos entender que antes que
profesores, somos ciudadanos del mundo que nos ha tocado habitar; antes
que formadores, también nos formamos con la cultura que vivimos y bajo esta
idea la vuelta a nuestras vidas cotidianas requiere de una ciudadanía distinta,
de un profesorado renovado. No se puede volver a una normalidad sin tener
presente preguntas como: ¿Qué nos implicó la pandemia? ¿Qué habilidades
y destrezas me requiere el nuevo tiempo? Como docente universitario, ¿cuál
es el nuevo paradigma? Bajo estos cuestionamientos el nuevo escenario
requiere de profesores conscientes sobre nuestra responsabilidad formativa
en el mundo y empáticos frente a la condición del otro. Esto cobra particular
relevancia frente a miles de estudiantes que trabajan para pagar su educación
y hay quienes optan por abandonar la escuela. También es importante que
seamos conscientes de la multiculturalidad y el multilingüismo que nos
rodea, producto de una desbordada migración derivada de una mezcla de
problemas sociales, políticos, económicos y ambientales. Asimismo, los
nuevos tiempos requieren de docentes tecnológicamente alfabetizados bajo
la premisa de que no se pueden advertir los alcances de la cultura digital si
esta no se conoce con suficiencia.
La pandemia y el confinamiento son eventos de dimensiones globales
que han resignificado la existencia humana en todos sus espacios:
económico, religioso, social, personal y por supuesto el educativo, que ha
sido de los más afectados. En este sentido, el largo periodo formativo desde
casa ha generado un intenso empleo de las tecnologías de la información
y la comunicación. Justificada en la emergencia sanitaria, la cultura digital
irrumpió en miles de hogares y en apariencia permitió enfrentarla y sostener

17
Galileo García Alvarado

en pie al sector educativo, sin embargo, este hito de la historia humana


contemporánea nos deberá servir para valorar y reivindicar la importancia
de la formación presencial. El encuentro con el otro en los procesos
formativos, como una parte fundamental de la educación, cobra particular
relevancia en un periodo durante el cual la cultura digital pareciera una
vía irreversible, ya que la inevitable incorporación tecnológica dentro de
la formación universitaria privilegia preponderantemente la competitividad
profesional y laboral.
No obstante, dentro del contexto de la pandemia y la situación de
crisis social, ambiental, económica y educativa que actualmente se vive,
resulta determinante plantearnos la tecnología para qué. Alfabetizar
tecnológicamente supone, primero, aprender a leer y escribir correctamente;
aprender a buscar información; aprender a expresar y argumentar el
conocimiento, y desde esta postura la idea es no subutilizar el potencial
tecnológico o solamente hacerlo de manera ociosa, sino utilizar este
conjunto de prácticas de forma estratégica. El largo período de aislamiento
al que fuimos sometidos propició que docentes y alumnos gestionaran sus
procesos de construcción del conocimiento, de manera particular; más allá
de las videoconferencias, las plataformas de contenido y las redes sociales.
Tuvimos que volver muchas veces al documento físico, a los saberes
familiares y colectivos, a los saberes personales. Pusimos de manifiesto la
autoformación como recurso de nuestras prácticas para enfrentar el reto de
la experiencia universitaria.
Por otra parte, la dimensión ética de nuestra labor docente es digna
de reflexión. A la luz de las circunstancias en las cuales han ocurrido las
actividades pedagógicas durante los meses de pandemia, la conducta que
maestros y alumnos debimos asumir para cumplir cabalmente con nuestro
papel, quedó exclusivamente bajo nuestra responsabilidad y criterio. En
este tiempo de emergencia ¿cómo garantizar la asistencia del alumno a una
clase en línea? Su presencia y atención al desarrollo de la misma son algunos
factores que ponen de manifiesto las limitaciones experimentadas en torno
al ámbito actitudinal y de ahí la necesidad de que el alumno sea consciente
de que es responsable de la construcción de su propio conocimiento.
Finalmente, es imperativo reflexionar sobre la formación y apreciación en

18
Educación y pandemia

torno a las nuevas tecnologías; las cuestiones que a continuación comparto,


tienen como objetivo dejar un espacio abierto a la valoración del papel que
juegan en nuestra vida académica. ¿La forma de emplear la tecnología nos
ayuda a resolver nuestros problemas o solo hace más compleja la manera de
resolverlos? Me refiero, por ejemplo, a que los niveles de contaminación en
varias ciudades del mundo bajaron significativamente durante la pandemia,
no por una estrategia basada en la tecnología, sino por un cambio en las
prácticas de la cultura urbana. Mención aparte merecen las tecnologías
de la comunicación que nos acercan al mundo y sin embargo nos aíslan de
nuestros cercanos, en un cuestionado proceso enajenante.
Entonces, ¿cuáles son en realidad las ventajas y posibilidades de vivir
en un contexto universitario que expande potencialmente nuestra conexión
y comprensión del mundo? ¿Cómo la web redimensiona nuestra idea del
espacio y del tiempo? Reflexionar sobre la ubicuidad de la internet en
nuestras vidas resulta ineludible. La tecnología amplifica como nunca antes
nuestra capacidad de conocimiento del mundo, pues permite la interacción
humana a través de experiencias cada día más elaboradas y complejas, como
es la idea del “metaverso”. En él, la lógica del espacio geográfico y tiempo
cuestionan su dimensión convencional. Permiten nuevas y estimulantes
formas de interacción, sin embargo, es imperativo preguntarnos si es una
forma de vivir el mundo, que no tiene vuelta atrás, o frente a estas
circunstancias ¿Cuál es la oportunidad de las formas tradicionales de
comunicación en la educación universitaria? ¿Cómo propiciamos una mejor
convivencia tecnológica entre el pasado, presente y futuro? Sirvan estas
ideas para dejar abierto el diálogo en torno a los retos que la educación
enfrenta en los tiempos actuales y que determinarán en gran medida las
condiciones del sector educativo para las próximas generaciones.

19
Galileo García Alvarado

20 Ilustración: Emmanuel Terrones Hernández


Otra educación es posible:
experiencias de una profesora
mixe en la Educación Superior
Convencional durante la pandemia

Leslye Amaya Núñez

C omenzar por presentarme me parece un ejercicio siempre


muy nutritivo, sobre todo porque partir de mí, es una manera
interesante de reconocerme en el plano profesional. Quizá
porque sobrevaloramos esa área de nuestra vida, porque
gran parte de ella ocupa nuestro tiempo o porque construimos altas
expectativas alrededor de ella y lo que deseamos lograr. Me resuenan
muchas ideas no solo desde lo que profesionalmente soy sino desde quien
soy, y preguntarme algo tan profundo como eso me resulta complejo, pero
sobre todo, agradezco el momento de estar viva para reflexionar en torno
a lo que ocurrió a propósito de ser docente en tiempos de pandemia y de
ejercer esa área de mi profesión; y un punto de partida vital para mi forma
de asumirme como pedagoga, es recordar de dónde vengo.
Soy originaria de Totontepec, una comunidad Ayöök (mixe) que se
encuentra en la Sierra Norte del estado de Oaxaca. Con 17 años me vi en
la necesidad de migrar a la ciudad porque tuve la posibilidad de continuar
mis estudios, aunque eso significó separarme de todo cuanto conocía para
comenzar una nueva etapa de vida, sin mi familia nuclear, sin mis redes de

21
Leslye Amaya Núñez

apoyo hasta entonces tejidas, sin mi espacio comunitario. Esta experiencia,


la mía, es una historia que se repite. Se trata de una realidad social que
explica y constituye a muchas y muchos jóvenes que hemos crecido y
cambiado nuestras formas de ser mujer u hombre en contraposición a los
roles establecidos en nuestras comunidades.
Ingresé a la Licenciatura en Pedagogía de la Universidad Mesoamericana
en 2006, el año en que vivimos un momento muy importante relacionado con
el ámbito educativo que trascendió a lo político: la resistencia encabezada
por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO); que aunque
para entonces no fui consciente de ello, me llevó a ver la educación de
manera distinta de la imagen escolar tradicional, circunscrita al espacio
físico que llamamos escuela. Desde entonces, he afinado mi forma de
mirar lo educativo: un ejercicio profesional que puedo describir como la
oportunidad de crecer y acompañar el crecimiento de otras maravillosas
personas. Me doy cuenta que esta postura la he hecho más consciente en
tanto tengo acceso a cada vez más y muy enriquecedoras experiencias.
Una vez egresé de la licenciatura, mi experiencia laboral comenzó
en la Educación Media Superior como profesora de asignaturas para los
primeros semestres en el sistema público y especialmente, en regiones
fuera de la ciudad. Digo que fue especial porque regresé a trabajar como
joven profesionista a mi lugar de origen y posteriormente exploré otros
lugares en el estado con jóvenes que también migraban, pero para acceder
al bachillerato. Fue hasta mi rol docente que me acerqué con conciencia
a esta realidad… las desigualdades en México son múltiples y complejas.
Han sido 11 años de construir una carrera laboral, tiempo en el
que he participado en diferentes niveles educativos del sistema público
y privado, he colaborado en medios de comunicación digitales, he
realizado trabajo de voluntariado, he capacitado a maestras y maestros
de diferentes subsistemas y áreas, y he realizado gestión educativa en un
periodo que abarcó de julio de 2019 a julio de 2021 como coordinadora de
la Licenciatura en Pedagogía de la universidad que me formó, así como mi
propia formación continua en diversidad de temas. Al cabo de un tiempo,
finalmente llego a este momento en el que me encuentro involucrada con la
investigación, a partir del cual participo en espacios de discusión y reflexión

22
Otra educación es posible

educativa en el ámbito laboral, y en el que por sus propias dinámicas en su


momento, no me fue posible desarrollar con mayor dedicación.
A partir de agosto de 2021 pude hacer una pausa en esa carrera
laboral, gracias a que accedí al posgrado en Antropología Social en la línea
de Educación que oferta el Estado a través del Centro de Investigaciones y
Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) de la Unidad Pacífico
Sur. Así me sumo a ese 8% de la población que logra acceder a este nivel
educativo en México (Secretaria de Educación Pública) [SEP], 2020 que
cabe señalar, no especifica cuánto de ese porcentaje representa a quienes
el Estado llama indígenas, un dato que considero muy importante conocer
dado que, en Oaxaca, oficialmente el 31.2% de la población es reconocida
como indígena, por el hecho de ser hablantes de una lengua originaria
(Istituto Nacional de Estadística y Geografía) [INEGI], 2020.
Si bien mi postura política y personal es asumirme no indígena sino
mixe (ayöök de Totontepec), trabajo en la investigación de la realidad
educativa a la que se enfrentan las y los jóvenes indígenas de Oaxaca en
el nivel superior, y analizo las formas en que esta incide en su identidad,
tomando en cuenta que se trata de un escenario que es responsable de su
formación profesional, pero ahí continúan las prácticas excluyentes (Mato
et al. 2015). Además de comunicar símbolos y perpetuar ideas con base
en el conocimiento llamado científico y academicista, mismo que influye
en su forma de vivir y de actuar, con implicaciones a nivel personal, pero
también colectivo (Rea, 2011).
Mi decisión de elegir a ese sector de la población, tiene que ver con
mi convicción de que la educación es una oportunidad para conocer todo
lo que nos sea posible, para crecer y vivir lo mejor que podamos nuestras
propias concepciones de quiénes somos y lo que construimos a nuestro
alrededor, pero no desde la posición del deber ser o la imposición, sino
desde la libertad y la autonomía, desde la capacidad de agencia que
como personas tenemos (un concepto antropológico, base de la teoría
social contemporánea que explica la acción del sujeto en las estructuras
sociales). El debate es entre las posiciones estructuralistas y funcionalistas
frente a las individualistas-subjetivas que afirman que el sujeto es capaz de
modificar las estructuras a través de su acción racional. Ema (2004, p. 22)

23
Leslye Amaya Núñez

sintetiza esa discusión teórica al respecto explicando que la agencia es


“nuestra capacidad de establecer vínculos, de articular, de participar junto
con otras. De ser con otros y de hacer-nos con otras”.
Por mi experiencia laboral, me fue más claro identificar esta capacidad
de agencia en jóvenes de educación media superior y superior. Sus
inquietudes, inconformidades, deseos y expectativas me ayudaron a crecer
como docente, a enfocar mi didáctica en su realidad y a posicionarme desde
el principio de que otra educación es posible y que su sentido va más allá
de indicar los cómo, los por qué y para qué en su vida escolar. Pienso que
esto ocurrió desde la reflexión acerca de cómo estoy presente, qué hago
cuando estoy siendo docente, cuando digo y me asumo así frente a ellas
y ellos, así como desde qué lugar les acompaño en su propio crecimiento,
que invariablemente también me atraviesa en mis propios procesos de
construcción personal.
Por tanto, ser profesora universitaria significó la oportunidad de
regresar a una etapa de mi vida en la que como estudiante, me hubiera
gustado ser vista y tomada en cuenta para hacer universidad, es decir,
reconocerme como parte importante de ella, representada, tomada en
cuenta; más allá de la atención individual que una maestra o maestro
pudiera ofrecerme, que aunque muy importante, sigue sin ser una actitud
que a nivel estructural se considere, y de ahí que como espacio educativo,
se siga ignorando la diferencia.
Desde la posición docente, me reconozco favoreciendo entornos
educativos fundamentados en la pedagogía crítica y la pedagogía de la
ternura como respuesta a la realidad de la escuela como un territorio en
disputa (Milstein, 2009), en construcción y con implicaciones políticas que
afectan la práctica pedagógica, que mueven por supuesto lo que ocurre
dentro de ella, pero también lo de afuera: las familias, las otras redes
de apoyo, los círculos en los cuales las y los estudiantes se relacionan,
pero también las y los maestros. Para mí, la posibilidad de educar se hace
realidad cuando cada persona involucrada en el proceso sabe quiénes son
las personas que la acompañan, que se encuentran a su lado compartiendo
ese momento de vida, que aunque ha tenido que ser con distanciamiento
físico y viviendo en condiciones que nunca antes pudimos imaginarnos,

24
Otra educación es posible

logramos adaptarnos, aunque no sin altos costos de por medio.


Al partir de un lugar tan personal, he de agregar que también soy una
profesional de la educación preocupada por la realidad laboral de quienes
nos desempeñamos en los diferentes contextos y oportunidades del ejercicio
pedagógico. Me preocupa la incertidumbre de tantas personas jóvenes que
se forman para ser docentes y lo hacen desde posturas críticas, creativas,
significativas, pero que como muchas, entrarán a un mercado laboral en
el que “las condiciones de trabajo han empeorado en la última década y
los trabajadores jóvenes con estudios superiores enfrentan dos problemas
persistentes […]: la informalidad y la sobre-cualificación” (Organisation for
Economic Co-operation and Devolopment) [OECD], 2019, p. 3).
Con la pandemia, este escenario laboral aparece como el más
desesperanzador y preocupante. Sin embargo, elijo pensar que también nos
ofrece la posibilidad de ver, de vernos desde otros lugares, de considerar
lo que no habíamos considerado o creíamos que no sería posible realizar,
y menos ahora. Me di cuenta de que, así como nuestras vidas cambiaron
en algunos aspectos de forma inimaginable, nuestro campo de acción, la
escuela, también está cambiando.
Ser coordinadora de la licenciatura y profesora universitaria al
mismo tiempo, en medio de la pandemia, ha sido de las experiencias
más complejas que he vivido, resolviendo simultáneamente cuestiones
laborales en un espacio tan personal como mi propia casa, donde al mismo
tiempo se reproduce la vida, con cada una de las integrantes de mi familia,
enfrentando y resolviendo sus propios problemas personales y también,
los asuntos laborales; todas juntas después de años de no convivir en
el mismo espacio, dado que al ser una familia migrante en esta ciudad,
habíamos vivido separadas por mucho tiempo.
Principalmente, tuve que acudir a mi capacidad de resiliencia para
mantenerme lúcida en medio de tantas demandas por atender. Viví con
preocupación por mi salud, la de mi familia, la de mi entorno de trabajo, la de
mis alumnas y alumnos. Me preocupó estar a la altura de las circunstancias
tomando en cuenta que coordinar la licenciatura y ser docente al mismo
tiempo, representó invertir mucho de mí en una actividad que a final de
cuentas es laboral y no es lo único que me constituye. Sin embargo, al

25
Leslye Amaya Núñez

principio fue muy difícil separar el tiempo de trabajo del tiempo de vida
personal y la incertidumbre era con respecto a todo lo que no dependía de
mí, lo que a pesar de mis dispositivos de control, no podría prever.
Me quedó entonces solo la certeza de las personas con las que estaba
trabajando, su compromiso, su compartir conmigo sus vivencias y su interés
por continuar, tanto en nuestro papel como docentes, como en el caso de
las alumnas y alumnos; la importancia de asumirse –si es que no lo habían
hecho antes-, como personas cruciales en la necesidad de construir un
espacio de aprendizaje en el que tuviera sentido lo que estábamos haciendo
a pesar de la pandemia y de nuestros limitados recursos para resolverlo.
Cambiar nuestra forma de hacer la escuela, de dar clases, de recibirlas,
incluso de enunciarlo así, fue abrumador. Me colocó en una seria discusión
interna en el sentido de haber estudiado pedagogía, de ejercer y continuar
en un sistema educativo que no nos escucha, que no se ocupa de quiénes
somos o lo que necesitamos.
Esta realidad educativa que me afectaba, me permitió comprender
que no se trataba de una realidad aislada y solo del tiempo presente, de la
pandemia, sino de una situación histórica compleja que inicialmente se
desestabilizó, pero no se transformó. Me resulta muy difícil ver ahora que,
a pesar de todo lo que la pandemia nos provocó en el plano personal, no se
cuestionan aspectos que parecían ya resueltos por motivo de la pandemia y
que, al contrario, se vuelva a esas estructuras, cuando parecía que algo tan
impresionante como el cierre de escuelas cambiaría para siempre nuestra
forma de hacer la escuela, de educar. No será así, si no nos acompaña el
necesario ejercicio de reflexión individual y colectivo que puede ayudarnos
a hacer las cosas diferentes.
Decidí entonces que a pesar de todo y gracias a ese mismo todo (la
pandemia, las circunstancias laborales, el estrés, el Síndrome de Burnout,
las dificultades en casa, la muerte de seres queridos), el espacio posible
de ejercicio profesional consciente serían mis clases y el trabajo directo,
puntual y personal con cada maestra y maestro que me acompañara en la
búsqueda de formas que nos ayudaran a vivir esta experiencia de cambio
en la práctica educativa de manera más amable y significativa.
Me encontré entonces ante la necesidad imperiosa de capacitarme,

26
Otra educación es posible

de trascender mi desinterés por la tecnología y los medios digitales, de


aprender lo posible para acompañar a mis alumnas desde mi experiencia
pedagógica. Consideré la urgencia de formarme en psicología para conocer
mejor la juventud como etapa de vida de mis estudiantes, pero sobre todo
para saber cómo darles contención, cómo apoyarles en momentos de
ansiedad y estrés crónicos derivados del exceso de trabajo escolar y la
saturación que provocó el vivir la cuarentena extendida. Entendí que lo único
posible para mí, desde mis recursos, conocimientos y experiencia, era estar
muy cerca de ellas, presente conscientemente, atenta a su voz, a sus sentires
y a sus propios miedos: hacer comunidad. Esa fue la diferencia entre una
experiencia desastrosa y una que nos llevó a otros lugares de aprendizaje,
ocupando el contenido temático que nuestro programa de estudios indicaba
como pretexto para encontrarnos en clase, en nuestro espacio seguro de
aprendizaje, general, amplio, diverso y abierto.
Tuvimos muchos problemas para entender qué sucedía. El miedo
inicial frente a la desconocida enfermedad y todo lo complicada que se
podía volver la vida si llegábamos a enfermar, fueron los primeros aspectos
que procuré dialogar en el aula virtual. Si bien, ni ellas ni yo éramos expertas
en el manejo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC),
teníamos muy claro que compartíamos la experiencia de la incertidumbre
con respecto a la vida en general y la preocupación que nos convocaba en
ese momento era la idea de la escuela cerrada, ¿cómo seguiríamos ahora?
No teníamos respuestas, pero tocaba resolver.
Las coordinaciones y la Dirección de la Universidad, así como cada
área involucrada, en comunicación directa con Rectoría, nos detuvimos
un momento. Siempre agradeceré ese momento porque en mi experiencia
profesional darnos momentos así, de pausa, nos permite pensar y nos
ayuda a reconocer lo que sentimos al respecto con mayor claridad.
A nivel institucional, se dialogaron sentires, preocupaciones y
estrategias para continuar. Nos tomamos un momento como equipo para
imaginar caminos de solución frente a lo que estaba ocurriendo, con la
educación que ahora tendría que pensarse no en el espacio físico de la
escuela sino en un entorno en el que la Universidad no estaba pensada.
Precisamente una de sus mayores fortalezas era la atención presencial,

27
Leslye Amaya Núñez

personalizada, puntual. Frente a cambios drásticos, resolvimos conservar


nuestra esencia y aprender a migrar al entorno virtual.
Por supuesto al principio fue difícil, fuimos aprendiendo sobre la
marcha. La Dirección, las coordinadoras, el equipo de maestras y maestros,
todas las áreas alrededor del hecho educativo que es el encuentro entre
estudiante y docente, fuimos cambiando formas de trabajo para mantener
la escuela abierta, con la claridad de que muchas dinámicas tendrían que
reconfigurarse para que eso fuera posible. Aún ahora sigue cambiando,
porque cada nueva circunstancia nos va llevando a revisar nuestra
capacidad de respuesta, lo que hacemos y dejamos de hacer.
En específico, como docente planteé a las alumnas mi propuesta de
trabajo desde un hecho claro: partimos de un punto en común, apreciando
nuestras perspectivas precisamente por ser diferentes, la mía como
docente y la de ellas como estudiantes de la Licenciatura en Pedagogía,
con la claridad de que estábamos juntas en esto y que cuidándonos en lo
individual, procurando generar un ambiente de bienestar grupal, tendríamos
las bases necesarias para atender las demandas externas como asistir a
clase, hacer el trabajo escolar, aprender, resolver y avanzar en su carrera
universitaria. Las dificultades que enfrentamos fueron diversas y múltiples,
pero considero que la clave para enfrentarlas fue el factor humano. Nuestra
calidez para comunicarnos y regresar a la calma para atender lo prioritario:
nosotras mismas y nuestros aprendizajes, los de las alumnas y los míos.
Aunque vivirme como docente me implicó fuertes cambios a nivel
personal, resolví que en medio del encierro inicial, completamente
acaparada por temas laborales y por complicaciones de salud familiar, mi
bienestar era importante en la medida en que me permitiera funcionar y
ocuparme de mis tareas en uno y otro espacio, mismas que inclusive se
convirtieron en una manera de mantenerme a flote, en una clara evasión
frente a las pérdidas y el duelo, aunque la inevitable confrontación ante
esa pérdida, me ubicó en el momento presente y a preguntarme qué
estaba haciendo en ese momento por mí. Mi respuesta fue que necesitaba
atenderme y actuar al respecto. Una vez más confirmé que la salud mental
es un derecho de toda persona y que atendernos no es fácil. El tiempo,
el dinero, la confrontación implícitos, comprometen otros aspectos de

28
Otra educación es posible

la vida personal y por supuesto, tocan las otras esferas en las que nos
relacionamos.
Encontrar el espacio para atender mi salud mental estuvo determinado
por mis responsabilidades como hija, como hermana, como tía, en mi papel
de cuidadora. Volvió a molestarme la desigualdad en la que vivo por ser
mujer y lo que se espera de mí por ese motivo, así como las limitaciones
para contar con tiempo libre o verme obligada a permanecer en el espacio
privado de mi hogar haciéndome cargo de su funcionamiento, como lo hacen
las mujeres de mi familia, remitiéndome de nuevo a que ese es “nuestro
lugar”. Asomarnos a esta realidad es un tema del que no me puedo ocupar
en este texto, pero que considero muy importante por lo menos nombrar,
porque ser profesora no es lo mismo que ser profesor.
En tiempos de pandemia, ser profesora me movió a cuestionar mi
quehacer, y de manera contundente, a cuestionar mis propias estructuras.
Tomé decisiones a partir de esta experiencia pensando en mi crecimiento
personal y en consecuencia, en mi crecimiento profesional. Hablo de la
riqueza con la que me nutrí al trabajar en estas circunstancias con mujeres
jóvenes comprometidas, interesadas en su crecimiento, sensibles e
inteligentes de las que no solo aprendí sino con quienes cultivé una relación
académica honesta y solidaria; una posibilidad cotidiana para nosotras si
logramos reconocer nuestros diferentes orígenes, si revisamos de dónde
proviene nuestra forma de entender la vida y de priorizar lo que nos ocurre.
Me encontré, nos encontramos, con la fuerza de una joven costeña;
con la sensibilidad poética de una joven istmeña; con la agudeza, calidez e
iniciativa de las jóvenes de los Valles Centrales. Tal vez debido a mi propia
percepción de la realidad que explico desde mi ser mujer mixe -orgullosa,
fuerte, sabedora de mi herencia cultural y ahora consciente de que mis
actos tienen que ver con una historia que es más grande que yo y que
esa fuerza, me acompaña en cada espacio que ocupo-, mi forma de ser
docente es también una forma de manifestar mis creencias respecto a la
reciprocidad, el encuentro y la existencia. Con mis alumnas nos atrevimos
a construir entornos de aprendizaje desde la horizontalidad, a ver que la
práctica pedagógica es tan abarcante como el propio proceso educativo, y
que como acto humano es integral, y puede ser más de lo que imaginamos,

29
Leslye Amaya Núñez

y que en ese descubrimiento la vida nos abraza y nos transforma.


Con respecto a la intervención de las TIC, a partir de la pandemia la
escuela se mudó a las pantallas de forma permanente para intentar una
cercanía a pesar de la distancia. Impactaron nuestras relaciones sociales,
nuestros horarios, nuestra cotidianeidad, nos invadieron…nos ayudaron…
Hace años que vivimos con ellas, pero frente a esta realidad, al igual que
nosotras, ampliaron su capacidad de atención a tal punto que ahora me resulta
difícil aceptar que antes no me interesaba contar con ellas para mis clases.
He disfrutado mucho más la interacción presencial con mis estudiantes,
planeo y llevo a cabo clases presenciales con actividades sensoriales,
corporales o de experiencias muy cercanas a la vida real, por lo que al
migrar me sentí sin recursos para comenzar de nuevo. Sentí que debía
partir desde cero, pero en realidad era mi ansiedad hablando. La verdad
es que como docente y con la experiencia del aula, con la experiencia de
vida, nadie parte desde cero, y somos las y los docentes quienes tenemos
en primer lugar que reconocernos todo cuanto hemos recorrido y hecho
para llegar hasta el punto en el que cada una(o) nos encontramos.
La realidad educativa necesita de un justo equilibrio entre el uso
de las TIC y las estrategias presenciales para construir conocimiento.
En estos tiempos, ser docente demanda la preparación profesional y el
dominio teórico tanto como el compartir la experiencia de vida en nuestras
diferentes áreas para acompañar al estudiante en su acercamiento al
mundo real. No pueden seguir estudiando desde el mundo de las ideas,
aisladas(os) en el aula sin interacción con el mundo fuera de ella. Los
márgenes de la escuela han de reconocerse difusos porque precisamente
en esa dimensión es en donde podemos vincularnos con el exterior, con las
comunidades que constituyen nuestra sociedad y de las cuales cada una
de nosotras venimos, damos sentido y seguimos configurándonos.
Hemos de entender a las TIC como uno de los medios para continuar
con los procesos educativos, pero anteponiendo el para qué incorporarlas a
nuestra didáctica y cómo haremos esa incorporación. No se trata de simular
que usamos herramientas de este tipo pues nos torturamos y torturamos
a las(os) estudiantes y ¿qué sentido puede tener una simulación en estos
momentos? Nunca lo ha tenido. Pienso más bien en el uso de las TIC en

30
Otra educación es posible

educación como un apoyo para mi trabajo, como una de las tantas formas
de presentar la información y el tema a estudiar, pero que en realidad veo
en ellas la posibilidad de estar en contacto, de interactuar, de disfrutar la
experiencia de estudiar en la escuela virtual, ya que no se trata de algo
temporal sino de mediar en esa interacción y avanzar a las Tecnologías del
Aprendizaje y del Conocimiento para aprovechar su potencial de llevar las
discusiones del entorno escolar a un nivel donde aprender a través de ellas
provoque cambios y participación social (Rodríguez, 2018).

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cipales_cifras_2019_2020_bolsillo.pdf

31
Galileo García Alvarado

32 Ilustración: Omar Juárez García


Ser docente universitario
frente a la pandemia:
una aventura digna de ser vivida

Rafaela Andrés Ortiz

M i profesión empezó como juego. Se hizo posible gracias a


los esfuerzos de Josefina Ortiz López, mi madre, quien con
su oficio de cocinera ganó una beca para que yo estudiara
en Cuba, así llegué a esa hermosa isla en 1975. Cursé la
Licenciatura en Español y Literatura en el Instituto Superior Pedagógico
Enrique José Varona (ISPEJV), ubicado en la ciudad de la Habana. En mi
práctica profesional realizada a partir del segundo año de la carrera tuve a
mis primeros alumnos de secundaria, fueron niñas y niños cubanos; después
vendrían estudiantes de preparatoria. El juego se había convertido en realidad.
Regresé a Oaxaca, México, en 1994. En el primer semestre del año
1995 incursioné en la educación pública, cubrí un interinato en la materia
de Español en la Secundaria Técnica Número 6 de la ciudad de Oaxaca.
Además, durante un ciclo escolar fui asesora de español en la Escuela
Normal Superior Federal de Oaxaca (ENSFO) ubicada actualmente en la
calle Hornos 1001, Colonia Noche Buena, en el municipio de Santa Cruz
Xoxocotlán, Oaxaca. En el verano de ese año me incorporé a la Universidad
Mesoamericana, Oaxaca, institución privada de nivel superior que se aloja

33
Rafaela Andrés Ortiz

en un sobrio edificio de estilo neoclásico de la calle García Vigil 202. Desde


entonces he impartido las materias de Discurso literario I, II y III, Taller
de expresión escrita, Metodología de la investigación en comunicación II y
Lingüística para la Licenciatura en Comunicación; Técnicas de redacción I
y II, en Diseño Gráfico; y Seminario de investigación en las Licenciaturas de
Administración, Contaduría Pública, Derecho e Informática.
Un día del año 2001, el Dr. Marco Antonio Moreno Nishizaki y su
esposa la Arq. Leticia Asensio, que en paz descansen, me invitaron a formar
parte del grupo de investigación que en ese momento se llamó FOCYPOS,
nombre derivado del proyecto de investigación nacional: La formación
de las ofertas culturales y sus públicos en México Siglo XX: genealogías,
cartografías y prácticas culturales (FOCYP). El proyecto FOCYP ya había
sido trabajado en varias ciudades del país entre 1993 y 1995. En Oaxaca,
la Universidad Mesoamericana tomó este modelo para impulsar la
capacitación en investigación de los profesores. Éramos un grupo numeroso
y, junto con mis compañeros y compañeras, tomé un Diplomado de Técnicas
de Investigación en Sociedad, Cultura y Comunicación, impartido por el
Grupo de Acción en Cultura de Investigación (GACI) cuyo coordinador era
el Dr. Jesús Galindo; dicho diplomado incluyó la capacitación en diversas
técnicas de recopilación y análisis de información para que los integrantes
del naciente grupo de investigación promovieran la Cultura de Investigación
en la Universidad Mesoamericana. He sido maestra o profesora de la vieja
guardia, pues he llegado a los 63 años impartiendo y compartiendo clases.
La educación ha sido considerada como una forma de asegurar mejores
condiciones de vida, derivadas del esfuerzo intelectual y económico. Es
una de las actividades esenciales, sin embargo, no todos acceden a esta,
por diferentes motivos. Proporciona cierto reconocimiento a quien sí entra
al campo educativo. Quien culmina una carrera universitaria adquiere
reconocimiento social y desarrolla una diversa movilidad social. Bien, pero
la educación, considero debe poner a la altura de los nuevos tiempos a
hombres y mujeres como lo anticipó Martí (1883) en el siglo XIX:
Al mundo nuevo corresponde la Universidad nueva. A nuevas
ciencias que todo lo invaden, reforman y minan nuevas cátedras. Es
criminal el divorcio entre la educación que se recibe en una época, y

34
Ser docente universitario frente a la pandemia

la época. Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana


que le ha antecedido; es hacer a cada hombre resumen del mundo
viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo,
para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que
no podría salir a flote; es preparar al hombre para la vida. (Citado en
García, 2004, p.15)
Si logro y logramos poner a nuestras y nuestros estudiantes al nivel del
tiempo que les corresponde vivir, entonces, la educación sí tendrá sentido.
El papel del docente en el proceso de enseñanza aprendizaje ha pasado
por diferentes estados: ha sido autoridad, ejemplo, sabiduría, apóstol de la
educación; estas cualidades ennoblecieron profundamente la tarea de
educar, pero no se dan solas, requieren de mecanismos o estrategias que
intervengan a favor de la práctica educativa del docente, sobre todo en
el ámbito superior pues como se sabe, los que damos clase en este nivel
procedemos de diferentes disciplinas y requerimos capacitación desde
una perspectiva académica y técnica. Es decir, que esta capacitación esté
orientada a fortalecer el conocimiento de los contenidos de la disciplina
y al mismo tiempo proporcionen herramientas didácticas que favorezcan
el proceso de enseñanza y aprendizaje. Quiero señalar que el papel del
docente debería estar también al nivel de los cambios que el entorno y
realidad social exigen.
Desde mi experiencia, ser docente significa un gran desafío, un
enorme reto para quien ejerce la profesión, porque no se limita a la mera
exposición de datos o definiciones conceptuales. Ser profesor universitario
trae aparejada una gran responsabilidad, pues implica formar seres
humanos en la búsqueda de la verdad, en conocerse a sí mismos, para que
más adelante contribuyan, desde su disciplina, al mejoramiento humano y
social. Aunque mi profesión ha visto mermado su prestigio y su importancia
social, considero que es un desafío y un reto que no me arrepiento de
vivirlo y ejercerlo.
Sí, el contacto con las nuevas Tecnologías de la Información y la
Comunicación (TIC) me dejaron al borde de un ataque de histeria, pues
al regresar a México de la Habana, solo sabía utilizar el gis y el pizarrón, a
veces la grabadora para escuchar canciones que copiaba en papel bond y

35
Rafaela Andrés Ortiz

junto con mis estudiantes realizaba el análisis gramatical de algunos versos.


Esa experiencia de antaño, no se compara con el dolor y el miedo que viví
hace un año, pues mi familia y yo nos contagiamos con el virus (COVID
19). Ahora, estar con el temor a una reinfección provoca una sensación
indescriptible y merma la salud emocional.
No hay duda, la pandemia y el cambio de modalidad de enseñanza
transformaron mi práctica educativa, mi vida personal y familiar, mi entorno
y mi espacio. Nunca me imaginé que vería y escucharía a mis estudiantes
a través de una cámara. Me invadía la nostalgia al recordar cómo se les
iluminaba el rostro cuando los saludaba, los abrazaba en su cumpleaños,
o les daba una palmada como reconocimiento a respuestas sorprendentes.
Me descubrí dando una clase por teléfono porque la señal de internet era
mala, o me ponía nerviosa cuando no sabía manejar las famosas y amigables
plataformas Google Meet o Classroom, pero también me di cuenta que
no estaba sola en este mundo tecnológico, ahí estaban mis estudiantes
que me indicaban qué hacer; no había pretensiones de ningún tipo, juntos
encontramos la forma de ayudarnos. Ellas y ellos, hábiles tecnólogos, me
salvaban de los apuros, y yo facilitaba la comprensión de contenidos.
El teléfono móvil ha sido el compañero inseparable de estudiantes
y docentes, no quisiera exagerar, pero era una especie de pequeña
computadora. Al inicio de la pandemia me vi en la necesidad de comprar
un ordenador que respondiera a las necesidades tecnológicas, pues tenía
una mini lap que parecía que emprendería el vuelo y aunque pude acceder
a las plataformas, simplemente no dio el ancho. Ahí estaban mis colegas de
profesión indicándome qué tecla picar. La pandemia me hizo reconocer las
bondades de las nuevas tecnologías, pero afirmo que no podrán sustituir
al maestro, pues estas son solo el medio, no el fin en la práctica educativa.
Las autoridades académicas se dieron a la tarea de impartir tutoriales
para el manejo de estas plataformas que han estado -quizá un poco
agazapadas- a la espera de ser descubiertas. La pandemia nos hizo mirar
cara a cara a las plataformas digitales, las cuales pusieron al descubierto
tremendas deficiencias en el sector de la salud e infraestructura tecnológica,
sobre todo en el sur de la república mexicana. Desde mi experiencia,
afirmo que las plataformas digitales impidieron que dos años escolares

36
Ser docente universitario frente a la pandemia

se perdieran, pero considero que no se debe romantizar el home office


o las clases en línea, pues sé de alumnos y alumnas que compartían
computadora con el hermano o hermana. A veces se conectaban con sus
datos por teléfono, y solo escuchaban la clase. También sé de jóvenes
que iban a casa de la abuela o la tía porque ese mes no se pudo pagar el
servicio de internet. Como profesora universitaria ¿qué me correspondía
hacer? ¿ignorar la situación? ¿dejarlas(os) a un lado en relación con los que
sí podían estar en línea?
Estas carencias intensificaron el intercambio de información y
contenidos mediante correos electrónicos, mientras el teléfono móvil
también se usaba con fines académicos. Una hora de clase no era suficiente
para la revisión de contenidos y recurrimos a las asesorías virtuales extra
clase. Por eso, la pandemia cambió mi tiempo, ya no había fronteras, los
atendía cuando tenían señal. La sala de mi casa se convirtió en oficina-
salón de clases, algunos de mis libros cambiaron de lugar. La intimidad
familiar quedó al descubierto, pues escuchaban a mi nieto recién nacido
llorar, el más grande les quería decir hola y enseñarles su traje del Capitán
América. De un lado y otro se oían los ruidos propios de la cocina. No se
diga de los avisos del agua, del gas y la inconfundible campana anunciando
que venía el camión de la basura. Sí, esta pandemia ha transformado la
vida, y mi vida, pero creo que también nos ha dado una gran lección para
que aprendamos a ser más solidarios con el otro, con nosotras y nosotros.
Cuando inicié mi paso por la enseñanza superior en la Universidad
Mesoamericana, me invadió una sensación de duda, era como si hubiera
sufrido una derrota antes de pelear, pues me enfrentaba a un entorno social
totalmente diferente del que venía; pero la forma en que me trataron en
la entrevista de trabajo, me devolvió la calma. Con este testimonio quiero
decir que mi paso por la docencia en el nivel superior no ha sido fácil, y no
lo ha sido ahora en este tiempo de pandemia. El miedo que me generó esta
enfermedad me hizo ver cuán lejos estamos de Dios, pues solo mirábamos
alrededor de nuestra parcela, parecía que no había nada, ni nadie más.
El virus COVID- 19 ha hecho mucho daño, pero también ha puesto de
manifiesto la fragilidad social y humana. En lo social, remarcó las grandes
carencias en el servicio educativo de todos los niveles y en el de la salud ni

37
Rafaela Andrés Ortiz

se diga: médicos no preparados y hospitales sin condiciones para albergar


tantos enfermos. Variantes del virus con nombres tan raros han aparecido
sin aviso y pareciera que el fin no está tan cerca como se quisiera.
En medio de esta crisis de salud he desempeñado diferentes roles que
han complementado mi práctica docente: ser escucha de mis estudiantes,
pues no sabían cómo sobrellevar tanto tiempo mirando una pantalla. A
veces parecía una mirona, pues solo los veía a través de una cámara; en
otros momentos me descubría monologando, ya que la señal era inestable
y solo escuchaban mi voz. Fuimos en cierto momento, confidentes pues
yo les decía que no estaban solos, así también me convencía de que yo
tampoco lo estaba. Les sugería descanso, alimentación balanceada y
enviaba abrazos para reconfortarlos cuando me decían que se habían
contagiado. Compartía con ellos mi estado de salud y el de mi familia
cuando dimos positivo en la prueba diagnóstica PCR. Recibir sus muestras
de apoyo fue una prueba de que la educación para cualquier nivel no es un
ejercicio en solitario. A pesar de esta crisis de salud, era necesario cumplir
con los temas de clase, se logró, pero en medio de una batalla campal de
emociones. A veces la clase se convertía en un muro de contención y al
mismo tiempo se explicaban los contenidos temáticos.
La pandemia y el cambio de modalidad de enseñanza me han
transformado. He aprendido a reconocer la utilidad de las plataformas
virtuales, fueron estas las que hicieron posible que casi dos años escolares
salieran a flote. Me he dado la oportunidad de trabajar en equipo con
estudiantes de diferentes edades. He compartido a la distancia con jóvenes
de distintas zonas geográficas de Oaxaca. Les he devuelto la responsabilidad
de aprender y crear materiales audiovisuales que considero potencializaron
su aprendizaje significativo. He confirmado que la educación superior
y la educación en general tienen en la enseñanza o modalidad en línea
un gran aliado, pues facilita compartir en tiempo real imágenes, música,
conceptos, etc. Ahora toca esperar unos años para confirmar cuál ha sido
su efectividad en el aprendizaje de la población estudiantil.
La pandemia nos sorprendió en todos los sentidos y tuvo un mayor
impacto en la educación, pues solo en México, según Mancera et al. (2020,
párr. 1) “Más de 35 millones de estudiantes y dos millones de docentes se

38
Ser docente universitario frente a la pandemia

vieron súbitamente privados del espacio escolar que es el lugar educativo


por excelencia”. Esta situación hizo que las autoridades educativas se
dieran a la tarea de buscar y aplicar estrategias que permitieran continuar
con el ejercicio educativo. Estudiantes y profesores se comunicaban, ahora
desde sus casas, sin necesidad de asistir al salón de clases. Iniciaba una
nueva modalidad, no porque realmente fuera nueva, ya estaba presente
y era necesaria. Se ha convertido en un recurso que respondía a la crisis
de salud provocada por este virus. Este recurso, considero, no suplirá a
las escuelas. Mancera et al. (2020) exponen de manera muy clara que
durante la pandemia han salido a flote las grandes diferencias en cuanto
a la estructura tecnológica se refiere, pues los estudiantes que tengan
mayor acceso a las TIC estarán y tendrán mayor oportunidad educativa
sobre aquellos que no tienen acceso a estos recursos tecnológicos. Se puso
sobre la mesa que la enseñanza tradicional ha servido para dar seguimiento a la
práctica educativa, pero no logra impactar, ni posee el alcance de las TIC.
Desde hace mucho tiempo se hablaba ya de educación en línea
en el nivel superior. La Universidad Veracruzana Virtual en el año 2007
estableció cierta correspondencia entre los cursos universitarios en
línea y las TIC. Consistía en promover el contacto y comunicación entre
estudiantes y docentes, uso del correo electrónico, pláticas a través del
chat, el intercambio recíproco de información entre estudiantes a través
de blogs y foros en línea, la retroalimentación oportuna, una mejor
distribución del tiempo, entre otras ventajas. ¿Ahora esta correspondencia
se ha fortalecido? Sí y no, pues la brecha digital aún es inmensa en México.
Lo que sí me queda claro es que las tecnologías de la información y
comunicación, por sí mismas no son suficientes para mejorar la calidad
educativa. Los y las docentes, sobre todo los de más años, requerimos
capacitarnos constantemente.
El docente no debe perder de vista que los recursos tecnológicos solo
son un medio. Sí contribuyen, pero no lo harían a gran escala si solo se
emplean para trabajar con un enfoque educativo centrado en la transmisión
de la información, en vez de dirigirlo hacia el aprendizaje significativo
del estudiante y del docente. El uso de las TIC debería coincidir con los
propósitos educativos. Son un medio de comunicación adicional, como

39
Rafaela Andrés Ortiz

también lo han sido los recursos empleados en las clases presenciales:


profesor, profesoras, libros, pizarrón, estudiantes y ahora las aplicaciones
o programa de Office (Universidad Veracruzana Virtual, 2019).
Es una realidad, la pandemia no se ha vivido de la misma forma al
interior de la República Mexicana, ni en el resto del mundo. Ser docente
en este tiempo de crisis de salud provocada por este desconocido virus
ha dejado más preguntas que respuestas a pesar de los esfuerzos que
docentes, estudiantes, familias, sociedad en general, han realizado para
sacar a flote el quehacer educativo. Como lo he venido planteando en el
texto, ahora más que nunca se requiere de profesoras y profesores que
estén dispuestos a tomar cursos de actualización no solo en el manejo de
recursos tecnológicos sino también “para aprender a elaborar métodos,
estrategias y actividades de enseñanza y aprendizaje mediadas por recursos
digitales” (Cervera et al., 2020, p.9).
Pero esto no es suficiente, se requiere de maestras y maestros que dejen
de ver la educación como una actividad dadora de bienestar económico,
tampoco se trata de altruismo barato. Ser profesor universitario, como
dice Laudadío (2015, p. 2) “es plantearse y replantear las cuestiones
fundamentales de la verdad del ser, en la búsqueda de lo perenne y
transitorio del enseñar porque la tarea educativa es una aventura digna
de ser emprendida”. En otras épocas se han vivido crisis de diferente
naturaleza, y los docentes han estado en primera fila cumpliendo con esta
magnífica labor; han entregado la vida para alfabetizar a hombres y mujeres
del campo como en el caso de Cuba en los primeros años de la revolución
de 1958; han cruzado cerros para enseñar a niños y niñas en comunidades
olvidadas de Oaxaca, tarareando las canciones del bailable cuando el
tocadiscos se descomponía y niñas y niños bailábamos mejor que nunca al
son de las palmadas, dejando el salón para llevarnos al río y disfrutar de
un día de campo en el que se hablaba de insectos y plantas. Había quien
desafiaba la censura y nos leía libros que describían cómo le quitaron la
vida a hombres y mujeres jóvenes que decidieron hacer suyas las calles de
la ahora Ciudad de México en 1968. Hay quienes enseñaban oficios. Hay
muchos, muchos ejemplos de maestras y maestros que decidieron vivir
la aventura de ser docentes en cualquier nivel y circunstancia. Y también

40
Ser docente universitario frente a la pandemia

hay mucho que hacer para estar al nivel que este tiempo y las nuevas
tecnologías de la información y comunicación exigen.
Considero que desde mi trinchera he hecho todo lo posible para cumplir
con este deber. Me llena de satisfacción compartir espacios educativos con
maestros y maestras jóvenes que han hecho de la práctica educativa un
ejercicio no solo de enseñar sino de enseñar con humildad, y van dejando
su huella en mí. Confirmo que ser docente en cualquier parte del mundo,
no solo es una aventura digna de ser vivida, es la tarea que sostiene a la
sociedad. Hagamos esta tarea como lo sugería el poeta José Martí: “La
educación tiene un deber ineludible para con el hombre [y con las mujeres]
–no cumplirlo es un crimen: conformarle a su tiempo– sin desviarle de la
grandiosa y final tendencia humana” (citado en García, 2004, p. 13).

Referencias

Cervera, N. del P., Álvarez, V., Bollás, P., Fernández, O. D., García, M., Jiménez, J. A., Martínez, T.,
Pérez, C. I., Rangel, A., Rodríguez, L. E. y Vértiz, M. A. (2020). Necesidades educativas en
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de los académicos y estudiantes). https://upn.mx/index.php/component/phocadownload/
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García, J. (2004). El proyecto educativo de José Martí: Una lectura desde la pedagogía crítica. Educa-
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Laudadío, J. (2015). Ser profesor universitario, desafío digno de ser emprendido. Perspectiva Edu-
cacional, Formación de Profesores, 54(1), 163-177. http://www.perspectivaeducacional.cl/
index.php/peducacional/article/viewFile/271/147
Mancera, C., Serna, L. y Barrios, M. (2020, 29 de abril). Pandemia: maestros, tecnología y desigualdad.
Nexos. https://educacion.nexos.com.mx/pandemia-maestros-tecnologia-y-desigualdad/
Universidad Veracruzana Virtual. (2019). Guía para el diseño de cursos en línea. https://www.uv.mx/
personal/albramirez/files/2019/07/Guia-para-el-disen%CC%83o-de-cursos-en-linea-Ri-
cardo-Mercado.pdf

41
Galileo García Alvarado

42 Ilustración: Ita Yuku Reyes Aguilar


Una pedagogía para
los nuevos tiempos

Daniel Alejandro Aragón García

“A la puesta en cuestión de mí, coextensiva de la mani-


festación del Otro en el rostro, la llamamos lenguaje. A
la altura de la que viene el lenguaje la designamos con
la palabra enseñanza.” Emmanuel Levinas

S oy Licenciado en Psicología, Maestro en Filosofía, y recientemente,


Doctor en Filosofía Contemporánea. Empecé mi carrera docente en
el año 2008 en el Liceo de Mantes la Jolie en Versalles, Francia, como
parte de un intercambio para las lenguas México-Francia 2008-2009.
Desde entonces, ha sido una constante la docencia en mi vida. A la par de la
docencia he trabajado como psicólogo clínico con adolescentes infractores
en el Estado de Veracruz y en consulta privada. He sido docente en Xalapa,
Veracruz, pero la mayor parte de mi vida como profesor universitario la he
desarrollado en la ciudad de Oaxaca, en la Universidad Pedagógica Nacional
(UPN, unidad 201), en la Universidad Regional del Sureste (URSE) y en los
últimos dos años en la Universidad Mesoamericana, campus Oaxaca.

43
Daniel Alejandro Aragón García

Desde mi óptica profesional la educación tiene dos sentidos muy


importantes que quisiera resaltar. Uno, beber del conocimiento. Y el otro,
ser la fuente del conocimiento. Utilizo estas sencillas metáforas para
hablar de la forma en la que se adquiere el saber y cómo se comparte.
Como docente se viven ambas experiencias, por una parte, alimentarse de
ideas, teorías, autores, diferentes lenguas, es algo constitutivo de la vida
del docente. Pero también, es fundamental crear conocimiento y potenciar
su creación en el estudiante. Beber del conocimiento y ser fuente de él es
una constante en la vida profesional del enseñante. A partir de estos dos
modos de tratar con el conocimiento la práctica cumplirá con ser criterio
de verdad. Además, el estudio no acaba con la conclusión de los créditos
universitarios, esto es algo que suelo repetir en clase, el estudio es para toda la
vida porque el conocimiento no tiene finitud y la práctica nos pone problemas
que no teníamos previstos. La pandemia del SARS-Cov-2 es un ejemplo.
El docente tiene un papel fundamental en el acceso y creación del
conocimiento. Facilita no solamente el acceso material al conocimiento,
su labor va más allá: facilita el acceso a la esencia del conocimiento. Para
cumplir con esto, es necesario tener una experiencia clara sobre su esencia.
Aquí podemos hablar incluso de un rasgo artístico del docente, pues la
esencia se comunica de diferentes modos; según el contexto en donde se
está realizando la labor docente, la lengua que se hable y la expectativa de
los alumnos. Siempre hay que tener presente que las fuentes bibliográficas
provienen de otras lenguas, latitudes, realidades, lo que conduce a
reflexionar sobre qué se comunica a los alumnos y cómo se hace. Tener
presente las fuentes del conocimiento y saberlo comunicar es fundamental
en la experiencia de la dupla enseñanza-aprendizaje. La palabra es el
puente para la enseñanza; escuchar al alumno, sus experiencias previas,
su visión de la vida, son aspectos imprescindibles.
Ser profesor universitario es tener siempre presente que uno trabaja
para facilitar la esencia del conocimiento y por esencia me refiero a lo que va
más allá de lo meramente formal; los objetivos, programas, planeaciones.
La esencia del conocimiento es lo que es el conocimiento, la comprensión
de su ser. Por ejemplo, en psicología podemos memorizar las estructuras
fisiológicas de un cuerpo humano, las estructuras mentales, pero nos

44
Una pedagogía para los nuevos tiempos

encontraremos que esa imagen artificial no corresponde con el ser humano


que nos encontramos a diario, que el ser humano es absolutamente otro, un
rostro, que nos llama desde su singular existencia. Sin duda, es importante
saber las estructuras mentales y su funcionamiento, como también tener
objetivos de enseñanza, pero comprender la esencia es algo diferente a
memorizar, es ser-uno con el saber, estar-en-el-conocimiento como se está
en casa. Un largo habitar en la enseñanza nos acerca a la esencia del saber.
La universidad es la casa del saber, en ella hay un culto por el conocimiento.
Regreso a las metáforas, en ella bebemos y creamos saber. Tras la explosión
del SARS-Cov-2 la universidad cerró, y hubo que trasladar lo que pasaba en
esta casa de estudios a cada espacio personal: del docente y del alumno.
Tengo tres semestres con clases en línea. A partir de agosto del
2020 tuve la oportunidad en la Universidad Mesoamericana, campus
Oaxaca, de impartir las materias Teoría del conocimiento y psicología y
Ética profesional de la Licenciatura en Psicología, una del primer semestre
y otra del octavo semestre. A pesar de las dificultades que presentaba la
educación a distancia y que me encontraba finalizando mi tesis doctoral,
no quería quedarme sin la experiencia de la docencia en esta modalidad.
Quería ser parte de un posible cambio de paradigma en la forma de
enseñar y aprender, algo que sucedía no sólo en México, no quería estar
al margen de un fenómeno mundial. Sin dejar de lado que alrededor del
ambiente educativo había diferentes formas de angustia; quienes tenían
la preocupación de un familiar en estado grave, quienes habían perdido
su empleo, a quienes la pandemia había irrumpido inesperadamente sus
planes de futuro. La modalidad a distancia se acomodó a la necesidad de
continuar con la formación académica de todos los niveles educativos. La
pandemia del Covid-19 ha sido un duro diagnóstico a las instituciones que
sostienen las estructuras sociales en todos los países. El sistema de salud
de México estaba evidenciando sus deficiencias y el sistema educativo tenía
el reto de funcionar a costa del confinamiento, los docentes guardamos
esta experiencia en nuestra memoria con diferentes tintes.
Mi actitud en la modalidad a distancia fue optimista desde el
principio y al poco tiempo de estar inmerso en el otro modo de ser social,
el modo de la distancia, saltaron tanto virtudes como vicios del ambiente

45
Daniel Alejandro Aragón García

universitario de la enseñanza-aprendizaje. Desde el principio sabía que


habría problemas de todo tipo: técnicos, económicos, educativos. Anticipé
que la costumbre invadiría el espacio visual y así fue. Después de la virtud,
era necesario estar atentos a la reactivación de las clases, buscar a toda
costa los medios para enseñar y aprender. Vinieron los vicios; las cámaras
se apagaron, los rostros desparecieron del mosaico, la voluntad para la
participación en clase fue en declive. Entre la virtud y el vicio siempre opté
por la virtud. En mi campo que es la filosofía se suele inclinar por el exceso
de teoría, este exceso no funciona del todo en el ambiente virtual, opté por
hacer filosofía práctica, por preocuparme más por una pedagogía de la
filosofía, involucrar al alumno a la distancia con ejercicios filosóficos; hacer
una observación de objetos a la mano, el relato de una creencia presente en
el contexto familiar, identificar un saber cotidiano, reconocer una sentencia
falsa (las fake news, por ejemplo). Una mayor preocupación por la pedagogía
de la filosofía es uno de los resultados de la modalidad en línea.
Como profesor hay que estar muy atento al ritmo de la clase, estimular
este ritmo, prevenir la posible desconexión técnica y ampliar la conexión
con la vida. Ha sido necesario deconstruir incluso a la misma universidad.
El confinamiento es un confinamiento social pero no de la mente, esta se
puede estimular con múltiples experiencias más allá del aula, sea material o
virtual. Este es uno de los retos de los profesores, que siempre ha estado ahí,
pero ahora es más claro; conectar al alumno con la esencia del conocimiento
a partir de estrategias que involucren su experiencia.
He sido testigo de que los vicios de la educación van desde el nivel
básico hasta el nivel superior y que están inscritos en la cultura, en este
caso, la cultura mexicana. Hay alumnos de quienes no conocí sino su voz
y busqué los modos de que hablaran, preguntaran, que se tratase de una
comunicación en ambos sentidos siempre. Si bien es cierto que en algunos
momentos me quedé hablando solo, preguntando sobre dudas sin que
nadie contestara, que, en ocasiones a quien preguntaba estaba ausente,
y justo en estos momentos, fue cuando mi compromiso con la enseñanza
se puso a prueba; hay que darlo todo por el saber porque uno lo ha dado
todo por el conocimiento para ser docente. Me viene a la mente la pregunta
de Sócrates en el diálogo el Menón, de Platón ¿Se puede enseñar la virtud?

46
Una pedagogía para los nuevos tiempos

Pregunta que ha estado presente desde los tiempos remotos de la academia y


que hoy hace eco en el presente, quizá no se puede transmitir la virtud como
saber objetivo, pero se puede buscar tener la experiencia de la virtud y cada
alumno, según su circunstancia, acudirá a su demanda.
Las tecnologías de la información y comunicación (TIC) aplicadas a la
educación han sido de gran ayuda durante la contingencia por la pandemia,
sin embargo, también son índices de desigualdad, entre mejor es un equipo
o un programa implica un mayor costo. El acceso a internet tampoco está
desprovisto de esta problemática de inequidad. En el futuro habría que
preocuparnos por la mejora en las aplicaciones útiles para la enseñanza-
aprendizaje para tener una mejor comunicación, pero también en el libre
acceso a ellas. Ha sido fundamental hacer un diagnóstico sobre cuáles son
las herramientas en común con las que cuenta el grupo para pensar en
las estrategias de enseñanza. La mudanza del espacio material, el aula,
al espacio virtual no ha sido uniforme en todos los casos. Es necesario
reflexionar sobre los resultados, la experiencia, sobre las virtudes y los
vicios que han resaltado. El futuro de la educación llegó tiempo antes
de lo previsto y nos llenó de cuestionamientos ¿Desde cuándo ejerces la
docencia de la misma forma? ¿Son justas las condiciones laborales en que
los docentes ejercen su profesión? ¿Cómo lidiar con la desigualdad en el
ambiente educativo?
La pandemia de Covid-19 ha puesto a examen al sistema educativo,
a los docentes y a los alumnos. Por la parte del docente, es fundamental
escuchar al alumno, su palabra, sea oral o escrita. Pues la distancia per se
aleja. Frente a esta lejanía el lenguaje acerca. Aquí quisiera exponer sobre
la importancia de la lectura y más que la lectura, la comprensión lectora.
Sin dejar de lado que la lectura siempre va acompañada de la escritura y
más que la escritura; la expresión escrita.
La lectura y la escritura son bases fundamentales de la educación.
Son nuestras primeras formas de descubrir y describir nuestro mundo
social. Pues al aprender a leer desciframos los signos que nos rodean y
al escribir nuestras primeras palabras afirmamos nuestro punto de vista
sobre la realidad. Me he encontrado que suele pensarse que basta con estas
adquisiciones primarias y que la lecto-escritura pertenece, precisamente,

47
Daniel Alejandro Aragón García

al nivel básico de enseñanza. Pero más allá de la adquisición de la lecto-


escritura, la educación superior nos demanda la comprensión lectora y la
expresión escrita. Mi diagnóstico en estos campos no es muy favorable.
Además, la explosión de dispositivos inteligentes atrapa a posibles lectores
volviéndolos cautivos de programas que se actualizan sin previo aviso. En
las nuevas tecnologías el texto se abrevia a imágenes, contracciones que
le quitan el carácter romance a la lengua. La lectura nos acerca con un
texto, pero un texto es también una narración de la vida, un texto involucra
tiempo y espacio, historia y realidad. Facilitar que la comprensión lectora
o comprensión textual acontezca es un reto frente a las aplicaciones que
crecen día a día con base en sus algoritmos. La comprensión textual nos
permite mayor perspectiva frente a lo que se muestra en la pantalla y en
la vida. Frente a las noticias falsas, la falta de argumentación, la práctica
apócrifa de las ciencias de la salud. La comprensión lectora y la expresión
escrita nos pueden dar una guía para utilizar la tecnología para nuestros
propios fines y no ser utilizados por ella, por el algoritmo que de-subjetiva
a los usuarios.
Un docente que bebe de la fuente del conocimiento y es fuente de
conocimiento es indispensable frente a cualquier adversidad. Es el pilar
de una cultura que toma sus decisiones conforme a la prudencia y la razón.
En esta segunda década del siglo XXI nos ha tocado ser parte de lo que
Kuhn (2007) denominaba crisis, hemos estado en medio de una revolución
educativa. Ser parte de esta revolución ha sido gratificante como docente,
pues el saber se ha puesto en movimiento, porque hemos cuestionado los
métodos que se habían vuelto positivos como leyes. Hemos aprendido a
utilizar la tecnología a nuestro favor, a saber, hacer mucho con lo poco que
tengamos. Estos aspectos son dignos de resaltar. La tarea no ha terminado
porque los vicios educativos aún están muy presentes en la cultura
mexicana; la simulación, la improvisación, tienen una fuerte presencia en
todos los niveles educativos. Todo apunta a una mayor autonomía en el
ámbito de la educación. Tras las crisis vienen los cambios de paradigmas,
cambios que no son inmediatos, que dependen de cómo las comunidades
epistémicas ponen a crítica sus teorías. Aún estamos inciertos sobre el fin
de la pandemia, pues la desigualdad y la falta de argumentación son suelo

48
Una pedagogía para los nuevos tiempos

fértil para la aparición de nuevas variantes, al momento que escribo este


artículo está adquiriendo presencia en todo el mundo la variante Ómicron.
De la experiencia educativa de la pandemia de Covid-19 se desprende
una pedagogía para los nuevos tiempos, una pedagogía que tome elementos
del pasado, del presente y apunte a un futuro que arriba de manera
acelerada. En medio de esta aceleración es necesario hacer los ajustes
pertinentes a nuestra práctica educativa, conocer más sobre la psicología
de los alumnos nativos de la multimedia, sin dejar de lado los elementos
fundamentales presentes desde la antigüedad; la escucha a la palabra, el
acceso al conocimiento y la creación de nuevo conocimiento. Ojalá esto
nos pueda llevar a romper los vicios del pasado, ver con claridad nuestro
presente y decidir libremente hacia dónde queremos ir.

Referencias.

Kuhn, T. (2007). La estructura de las revoluciones científicas. FCE.


Levinas, E. (2012). Totalidad e infinito. Sígueme.

49
Galileo García Alvarado

50 Ilustración: Ita Yuku Reyes Aguilar


Lo que aprendí siendo docente
en tiempos de pandemia

María Rosario Carranco Díaz

S oy egresada y titulada de la Licenciatura en Administración de


Empresas Turísticas con la especialidad de Hotelería y Restaurantes
del Instituto Tecnológico de San Luis Potosí (hoy TecNM Campus
San Luis Potosí). Recientemente certificada como Meetings
Specialist por el Meetings and Event Institute, además de recibir la
capacitación de Marketing digital en turismo para mujeres emprendedoras
impartido por la Griffith University de Queensland en colaboración con el
Instituto Tecnológico de San Luis Potosí, en esta institución acredité los
cinco módulos del diplomado Recursos educativos en ambientes virtuales
de aprendizaje. Asimismo, cuento con un año de Maestría en Educación
Superior en el Centro de Investigación para la Educación Administrativa
(CINADE).
En los años 80, inicié mi desarrollo profesional en el hotelería, donde
reconocí mis habilidades y competencias para el área comercial; ello me
permitió escalar del puesto de recepcionista al de ejecutiva de ventas en
el corto lapso de un año, tiempo en el que aprendí, desarrollé y apliqué
mis conocimientos profesionales. En realidad, fue aquí donde inicié mi

51
María Rosario Carranco Díaz

exitosa carrera de Ventas y Relaciones Públicas en la hostelería, además


de realizarme como mamá con el nacimiento de mi hija. Continúe con
mi trayectoria profesional dentro de las principales cadenas hoteleras
internacionales como Marriott Internacional, Intercontinental Hotels Group,
Westin Hotels, City Express, donde colaboré como Directora de Ventas, así
como en Hoteles Misión como Gerente Regional de ventas.
Actualmente capitalizo mi experiencia en una empresa propia como
consultora para empresas turísticas (hoteles, restaurantes, cafeterías,
operadores turísticos) y paralelamente, llevo una agencia de viajes minorista
de nombre Comles. Trabajo con todo tipo de estadísticas, las que aplico en
desarrollar e implementar estrategias de posicionamiento de productos y
servicios turísticos, en los canales y segmentos adecuados, diseñados para
el público identificado para cada empresa, lo que les permite alcanzar los
Key Performance Indicator (KPI) de Ingresos, de Ocupación y de Tarifa
Efectiva que se suman a un plan de marketing diseñado para cada empresa.
Por otra parte, ayudo en la gestión, administración y operación de
empresas de hospitalidad en etapa de apertura. Manejo sistemas de gestión
de calidad y certificación turística aparte de los protocolos COVID-19 para
hoteles, Sello Viaje Seguro, Moderniza, Punto Limpio, norma NMX-605
NORMEX 2018 del Programa H, así como el Hazard Analysis and Critical
Control Points (HACCP), ambos para la industria alimentaria, ISO 9001-2015
Calidad en servicio al cliente e ISO 14001 sistema de gestión ambiental,
entre otras. Dentro de mis fortalezas puedo describir mis habilidades
comerciales: Benchmarking, Crm, Market Share automatizado, Admin,
tarifario automatizado, work place, Opera, Site Minder, Inhotel, Rfp,
Pipeline y otros softwares hoteleros.
La docencia ha sido la mejor compañera en mi vida profesional y una
estrategia de actualización, he sido docente desde 1993, año desde el cual
formo parte de la Universidad Mesoamericana, San Luis Potosí y San Juan
del Río para la Licenciatura en Administración Turística. En la Universidad
Cuauhtémoc, participé como sinodal principal para la Licenciatura en
Turismo, y como docente de la Universidad del Valle de México en la
Licenciatura en Hospitalidad, en la Escuela Bancaria Comercial (EBC) para
la Licenciatura en Administración Turística, en el Instituto de Innovación en

52
Lo que aprendí siendo docente en tiempos de pandemia

Negocios Gastronómicos, y en mi alma mater, en el Instituto Tecnológico de


San Luis Potosí en la Licenciatura en Turismo; en todas estas, impartiendo
cátedras de la especialidad de hospitalidad, alimentos, gestión de calidad,
certificaciones, alta dirección hotelera alimentos y bebidas y atención al
comensal, entre otras.
Además de haber sido integrante de la Hospitality Sales & Marketing
Association International, me gusta ir al cine, caminar en el parque,
capacitarme y aprender algo nuevo cada año; disfruto las reuniones con
familiares y amigos, leo y estudio la Biblia como parte de mi crecimiento
espiritual; soy optimista, me gusta trabajar en equipo y soy organizada,
confiable, responsable, comprometida, empoderada, enfocada, fácil de
tratar, gentil, femenina, persistente, propositiva, creativa e innovadora,
tenaz, íntegra, maravillosa, soy segura de mí misma, positiva, apasionada,
bondadosa y espiritual.
Considero que en un contexto general, la educación es la trasmisión
planeada y ordenada de conocimientos y en mi sentir personal, la
educación es compartir aquellas experiencias buenas que me han ayudado
a sumar éxitos en el transcurso de mi vida profesional, presentando a mis
estudiantes los escenarios en los que tendrán que desarrollarse hoy en
día, motivarlos con casos reales y prácticos e invitarlos a la reflexión del
autoconocimiento para que escudriñen sus habilidades y competencias y
las apliquen en forma creativa y acertada; todo lo anterior, dirigido hacia
un objetivo general de un tema o materia, que además -cabe señalar- se
suma al hecho de que cuando enseño, también aprendo.
La docencia es una de las credenciales más trascendentales de mi
vida, ya que ser docente es una actividad que me edifica desde que se me
asigna la materia e inicio el ritual de revisar, investigar, estudiar y planear
el syllabus para que este programa refleje el reto de cumplir el contenido
curricular. No obstante, en un contexto más real, en donde el alumno
identifica las variables y evidencias sobre cada tema, mi fórmula y estilo es
teoría- realidad-práctica como reto del proceso enseñanza-aprendizaje. He
tenido la fortuna de ser docente universitaria de casi todas las universidades
de Turismo de San Luis Potosí y desde la primera cátedra que impartí,
decidí prepararme cada día para apoyar y aportar en la formación de

53
María Rosario Carranco Díaz

futuros profesionistas en turismo, mostrándoles los entornos cada vez más


cambiantes, con diferentes estructuras empresariales y financieras.
Como mencionó Víctor Calleja, Director de publicidad de Hoteles
Misión, en la Junta Anual de Ventas de dicha cadena (comunicación personal,
enero, 2011) “Las historias que contemos serán las huellas que dejemos”,
y así empezó mi historia como docente en tiempo de pandemia por Covid-
19, un lunes 23 de marzo del 2020. Mis amigos, amigas y maestros siempre
me han definido como “revolucionaria” ya que en ocasiones he sido agente
de cambio, pero para la pandemia de verdad que no estaba preparada,
como nadie en este mundo.
Al inicio del primer semestre de 2020 en la institución donde impartía
clases, empecé el curso de manera normal, formal y presencial. Una de las
materias que me habían asignado era Sistemas de Calidad en el Turismo
para el 8º semestre de la Licenciatura en Turismo en cuyo syllabus estaba
programada una actividad llamada Jornadas Turísticas en la que mis
alumnos llevarían a cabo este evento en el cual tendríamos cada día un
invitado experto en diferentes áreas del sector con la finalidad de compartir
su experiencia en el tema de calidad en el turismo, para lo cual realizaron
una planeación apoyados por mí, ya que tendríamos como invitados a los
directores generales de algunas cadenas hoteleras como del hotel Holiday
Inn SLP y el dueño de la cadena hoteles Misión, por mencionar algunos.
Este evento tendría lugar del 24 al 27 de marzo de 2020, y el programa
tenía contemplado el servicio de coffe break y una comida, todo preparado
por los alumnos: diplomas, inauguración, clausura, etc. Para ello, afinamos
detalles y revisamos el programa. Una de las gestiones que me tocaba
realizar como docente, era solicitar a la coordinación la reservación
de las salas audiovisuales para este evento. Cuando llegué a realizar la
gestión, la coordinadora me comentó que no se podía llevar a cabo
porque extraoficialmente se suspenderían las clases a partir del día 23
de marzo del 2020; la noté un poco preocupada y le pregunté si había
algún problema, obviamente respondió que no y que tendríamos junta de
maestros al siguiente día.
Avisé a mis alumnos que la actividad no se llevaría a cabo y empezaron
a comentar acerca del virus, terminé mi clase y al día siguiente acudí a

54
Lo que aprendí siendo docente en tiempos de pandemia

la junta informativa en la que de manera muy vaga nos comentaron


sobre el COVID-19, motivo por el cual tendríamos que impartir clases en
casa vía remota, sin embargo la misma institución no lo tenía muy bien
definido; aún no se terminaba de capacitar a todos los maestros en Moodle
-plataforma oficial del Tecnológico-, así que empezaron las sugerencias y
recomendaciones y nos dieron la opción de trabajar con la herramienta
que más nos acomodara.
En ese mismo año, afortunadamente para mí, también era docente
de la Universidad Mesoamericana, Plantel San Luis y había iniciado ya las
clases vía Zoom, pues la institución se había adelantado al escenario del
COVID-19, así que decidí manejar también Zoom para todas mis clases y me
di a la tarea de planearlas, abrir carpetas en la nube, hacer un calendario
e informar a los alumnos de la nueva modalidad. Hice una reingeniería en
el contenido curricular de la materia e informé a los alumnos mediante el
grupo de WhatsApp, sobre la forma en la que impartiría clases a partir de
la suspensión oficial.
Recuerdo que mis primeras clases vía Zoom para la materia de Sistemas
de Calidad y Certificación Hotelera se realizarón con regularidad, ya que los
alumnos se conectaban en tiempo y forma y prendían sus cámaras como
un requisito que establecí desde un inicio para contar asistencia a clase.
Tanto mis alumnos como yo nos fuimos adaptando, ya que mi grupo era
muy numeroso. Por mi parte tuve que buscar diferentes escenarios, pues
ese año fue muy caluroso y el estar frente a la cámara por tanto tiempo me
acaloraba de manera impresionante; así comencé a acostumbrarme a ver
a mis alumnos en la cámara.
Lo que sí representó un verdadero reto fue explicar a mis alumnos
que el impacto en la salud mundial que empezábamos a vivir tendría
consecuencias no tan positivas en el desarrollo de su carrera. Sinceramente
ni yo misma tenía clara la magnitud del impacto negativo del COVID-19 en
el turismo y fueron tiempos de incertidumbre para mí, como para todo
el mundo; estuve aislada de mi familia y personalmente, me dediqué a
fortalecer mi parte espiritual. Viví en carne propia el impacto de la pandemia
en el turismo, ya que se reflejó inmediatamente en mi empresa de viajes:
mis clientes empezaron a cancelar las reservaciones y vuelos, así que me

55
María Rosario Carranco Díaz

dediqué a leer y buscar artículos relacionados con el tema en documentos


de la OMT (Organización Mundial de Turismo). Así fue como al fin conocí el
estatus del turismo en el mundo y comprobé cómo este sector fue de los
más afectados por la pandemia en todo el mundo.
Estudié varias estrategias para no cerrar mi agencia de viajes, pues no
vendí ningún viaje durante 13 meses a partir de marzo de 2020. Los gastos
fueron más que los ingresos y decidí llevarme la empresa a mi casa, así tuve
un ahorro de gastos por renta de oficina y gasolina, pues durante ese tiempo
trabajé a puerta cerrada. Me subí a una campaña de marketing digital con
otros Operadores Turísticos en donde recomendábamos a los clientes: “No
canceles, cambia de fecha”, empero todo mundo estaba desconcertado, no
sabían qué iba a ocurrir en medio de un panorama tan incierto.
En este contexto tuve que ser honesta con mis alumnos y, como el
mejor de los médicos, les di mi diagnóstico de manera real, ya que yo
lo estaba viviendo en mi empresa de viajes. Era la pregunta obligada de
mis alumnos, así que de la mejor forma les hice saber que tendrían que
pasar más de tres años para la recuperación del turismo en todo el mundo,
aunque mi espíritu revolucionario me indicaba que era el tiempo para que
el turismo prosperara en nuestro país y que se debía dar un paso a la
modernidad digital. Tuve que motivar a mis alumnas y alumnos en clases.
Mis palabras siempre fueron dirigidas para que estuvieran preparados ante
cualquier entorno y reaccionar ante los diferentes escenarios que tendrían
a partir de la COVID-19.
Y como dice Jan Carlzon (1991, p. 2) llegó “el momento de la verdad”,
tendría que darles a mis alumnos lo que esperaban: estar frente a una
cámara en una atmósfera hogareña y aunque al principio fue un poco difícil,
busqué la mejor habitación, con menor ruido posible, con la luz adecuada;
me ubiqué en la mesa del comedor, en el escritorio, en la cama, hasta que
me acomodé en la oficina que había montado para mi empresa en casa,
donde puse un ventilador de abanicos. Así terminé mi primer semestre, eso
sí, siempre me arreglaba y me vestía para presentarme como si fuera a tener
clase presencial.
Generalmente ensayaba antes de iniciar mi clase, revisaba el tema,
la presentación, el audio, ponía mi lista de asistencia a mi mano derecha

56
Lo que aprendí siendo docente en tiempos de pandemia

cerca del mouse, seleccionaba mi mejor ángulo ante la cámara porque uso
lentes para la computadora; también elegía los mejores colores de ropa,
etc. Aun así, en ocasiones me falló el video o el audio, todo lo anterior lo fui
dominando poco a poco y hoy día ya estoy preparada con tablet o teléfono
en caso de que no funcioné la computadora. No fue fácil dominar este
escenario, los alumnos se aburrían, estaban con su celular, apagaban la
cámara. Al final tuve que diseñar diferentes estrategias como involucrarlos
en investigaciones durante clase e hice varios acuerdos con cada grupo;
tuve actividades lúdicas, películas, videos y actividades de e-learning, esta
última herramienta ha sido de gran utilidad al sumarla a los simuladores en
el área de turismo en diferentes temas, lo que me ha dado buen resultado.
Y por si fuera poco algunos alumnos tomaban la clase en los lugares
donde trabajaban (Oxxo, restaurantes, hoteles) por lo que tenían permitido
no activar sus cámaras durante la clase, una medida con la cual no estuve
de acuerdo porque percibí que muchos alumnos se contrataron solo para
no estar al pendiente de la clase. En una ocasión un alumno tomó la clase en
el supermercado, porque su mamá lo envió por algunas cosas y se conectó
desde su teléfono, otra alumna se conectó desde el rancho de sus papás
mientras trabajaba con ellos, por lo que durante la clase apreciamos un
ambiente campirano que antojaba estar ahí.
Al final del primer semestre de ese año 2020 de pandemia, la mayoría
de mis alumnos estaban estresados, yo misma lo estaba, ya no soportaban
el encierro y eso se reflejaban en las clases. Siempre he tenido ideas
muy objetivas para mis clases, pero era evidente que en estos momentos
necesitaba dar algo más… Veía a los alumnos temerosos y con mucha
incertidumbre de reprobar el semestre, así que tuve que hacer acuerdos,
los escuchaba, les permitía tomar clase desde su centro de trabajo y eso me
acercó más a ellos, tuvimos una mejor comunicación y así comprobé que
muchos alumnos no tenían una computadora o laptop en casa para tomar
las clases, por lo que les permití usar su teléfono celular, que además era
el único medio que tenían para hacer sus tareas.
Poco a poco fui utilizando como material didáctico, videos sobre los
temas a estudiar, actividades de investigación -esto me funcionó mucho-,
películas, utilicé también e-learning con simuladores para actividades,

57
María Rosario Carranco Díaz

como la de Customer Relationship Managment (CRM), una herramienta


que funcionó de maravilla y que a la fecha sigo utilizando. Para el segundo
semestre ya tenía muy claro lo que tenía que hacer y el hecho de ponerles a
practicar era muy motivador para ellos, así que las materias generalmente
tenían su estrategia de prácticas en algún simulador. Generalmente, en
todas mis clases los alumnos desarrollan un evento o actividad en la que
ellos son los responsables, esto me permite conocer el perfil de cada uno
de mis alumnos.
En el espacio y ambiente de mis clases tuve diferentes horarios de
clase, como por ejemplo a las 14 horas, tiempo de la comida, por lo que tuve
que ser flexible y permitir que estuvieran comiendo y tomando clase. En
varias ocasiones compartía la receta del platillo que ese día había comido,
como la del ceviche de fruta; el ambiente había cambiado de color, ya era
más de color rosa.
Cuando se pudo viajar, llevé mi laptop conmigo e impartía clase en
donde estuviera sin importar la ubicación y sin perder la continuidad.
Tuve que impartir clase durante tres meses del semestre en otra ciudad
por cuestiones de trabajo. Esta experiencia fue muy formativa porque la
materia que impartía estaba ad hoc con el trabajo que desarrollaba y pude
darles recorridos virtuales e involucrarlos en el marco laboral que viví
en esos meses. En conclusión, quedó claro que ninguna persona estaba
preparada para enfrentar esta situación mundial de salud y los alumnos
fueron los más afectados, sobre todo los de instituciones públicas, porque
la mayoría de ellos no contaban con alguna computadora o laptop en casa.
Personalmente me obligué a evolucionar y aplicar las Tecnologías de
la Información y la Comunicación (TIC) que conocía y que por alguna razón
no usaba, empecé a innovar y probar diferentes video chats y herramientas;
con el Zoom me acomodé muy bien y lo fui dominando poco a poco, lo
exploré y me convertí en autodidacta, hasta que logré desmenuzarlo para
usarlo correctamente, después tomé la capacitación para Teams cuando
fue una herramienta obligatoria en algunas instituciones, y me capacité en
presentaciones de PowerPoint. Hoy día manejo de manera excelente Zoom,
Teams, Moodle, WhatsApp, Facetime y actualmente estoy aprendiendo
Classroom. Aprendí que son herramientas obligatorias en la vida de todo

58
Lo que aprendí siendo docente en tiempos de pandemia

profesionista, sea docente o no, se usarán cada vez más y su uso será
práctico y fácil de aplicar en cualquier actividad profesional.
Actualmente las TIC son una herramienta básica para la docencia como
lo fue el pizarrón en siglo XX. Me organicé y coordiné mejor, y tengo muchas
evidencias (carpetas con archivos, trabajos e imágenes de mis clases) que
hoy puedo consultar. Siempre me anticipo e investigo para mejorar mis
clases, hago cambios constantemente antes de iniciar por lo que considero
que las clases dejaron de ser planas y hoy tienen más movimiento que
nunca. Personalmente no me sentí muy presionada o atemorizada por el
escenario mundial de salud y económico, aun cuando mi empresa se vio
afectada, ya que tomé las precauciones pertinentes. También confirmé que
las clases tienen que ser presenciales porque se da esa relación lúdica
maestro-alumno a través de la cual se puede conocer el perfil del alumno,
estudiar sus reacciones y escuchar sus propuestas; definitivamente, una
computadora nunca podrá sustituir la presencia del ser humano, el cara
a cara es parte del ritual del maestro en el aula, ese ambiente es mágico
e incambiable.
Extrañé el ambiente colegial presencial, tuve necesidad de ver a mis
alumnos y platicar o compartir temas personales, no pude dar un abrazo a
los alumnos que perdieron familiares por COVID-19 (una alumna perdió a su
mamá y su tío al mismo tiempo) o abrazar a los que terminaron la carrera
y hasta se han titulado en estos dos años de pandemia. Por otra parte,
descubrí que, aunque he sido innovadora y creativa, siempre se puede dar
más; quizás estaba un poco relajada. Valoré la presencia de las personas en
mi vida y, parafraseando la canción “Mundo interior” (Romero, 2019), el de
mi mundo interior que reclamaba también mi atención.
A pesar del triste escenario del sector Turismo, estoy segura que hay
muchas oportunidades y el repunte será exitoso, con mejores propuestas
para todos los que estamos en este sector. Esta pandemia nos obligó a ver
cosas y oportunidades que teníamos cerca de nosotros. Me quedó claro
que podía hacer y dar más para mis alumnos aún en tiempo de pandemia.
Entendí y aprendí que puedo ser docente, a cualquier hora y en cualquier
lugar, y que puedo hacer mi clase tan motivadora como si estuviera en
forma presencial, aprovechando todas las herramientas a mi alcance:

59
María Rosario Carranco Díaz

información, artículos, ideas y prácticas. La docencia ha sido la mejor


compañera de vida profesional que he tenido. Por la pandemia, sentí que
evolucioné a marcha forzada como persona y profesionista, así que todo
lo que hoy me permita crecer, evolucionar y trascender en cualquier área
de mi vida, es muy valioso.
Hoy sé que puedo combinar estrategias y herramientas clásicas con
las actuales, me gusta estar explorando y conociendo nuevas formas de
presentar mis clases. Ahora tengo muy claro que debo de preparar líderes
con y sin pandemia, esto es lo que se demanda de las personas a las
que nos apasiona la docencia. La educación tuvo una transformación y
evolución que no se había dado en años, los países tendrán que pensar en
abastecer de herramientas, tecnología y sistemas para los alumnos.
Anhelo el día que podamos volver a sentir la calidez de un saludo de
mano o un abrazo.

Referencias

Carlzon, J. (1991). Momento de la verdad. Ediciones Díaz de Santos.


Romero, J. A. (2019). Mi mundo interior [Canción]. En Origen y Esencia. Vástago Producciones.

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61
Galileo García Alvarado

62 Ilustración: Emmanuel Terrones Hernández


Tres semestres de un viaje
en pandemia

Martha Yesenia Carreño Martínez

“Usted ha llegado tan lejos como le permite la ciencia


terrestre. Pero ni lo sabe ni lo ha visto todo. Así que déjeme
decirle, profesor, que no lamentará el tiempo que pase
aquí. Viajará al país de las maravillas” Julio Verne

L as palabras anteriores son una reflexión acerca de la práctica


docente que he vivido durante mi trayectoria académica,
profesional y personal. Ser facilitadora me ha permitido ser
mejor persona y enseñar a otros lo aprendido. Tal vez la tarea
más difícil de resolver ha sido adaptarse a los cambios que el inicio del
siglo XXI ha traído consigo. En este contexto, la pandemia de COVID
19 nos ha enseñado que no lo conocíamos todo y en los procesos de
enseñanza - aprendizaje en línea nos presentó un mundo desconocido.
Esta experiencia cambió mi esencia y mi forma de ser docente y me mostró
la complejidad de estos tiempos.
Mi aventura inició hace 25 años cuando decidí ser periodista, pero
elegí estudiar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación porque

63
Martha Yesenia Carreño Martínez

en Oaxaca no existía alguna universidad que ofreciera los estudios en


periodismo. La travesía universitaria fue gratificante, me formé en la
producción radiofónica, tuve una maestra y un maestro maravillosos que
me enseñaron el arte de la radio y por primera vez fui productora de un
programa de divulgación científica titulado: La Manzana de Newton.
Terminé la universidad y mi primer empleo formal fue en una agencia
de publicidad, ahí experimenté una de las actividades que más disfruto,
la investigación. Seis meses después, empecé a transitar la ruta de la
enseñanza y el aprendizaje en una universidad como coordinadora de una
licenciatura. Mi travesía por esta institución me enseñó el mundo de la
docencia en línea. Aprendí sobre plataformas para crear contenidos, sobre
el proceso pedagógico a distancia y cómo gestionar grupos en plataformas
digitales. Gracias a ese viaje, he impartido clases a distancia, presencial y
desde que inició la pandemia, en línea.
Estudié la maestría en Comunicación Política y Organizacional
y unos años después junto con unos colegas creamos en Oaxaca el
Colegio Oaxaqueño de Comunicación, en este colectivo surgió el primer
Observatorio Electoral de Medios en Oaxaca, en el que realizamos
investigación de medios durante procesos electorales, proyecto que
finalmente presentamos en un foro nacional en la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM). Este viaje marcó mis elecciones para
siempre, confirmó mi pasión por la investigación, aprendí que investigar
no es una actividad sólo de gente dotada, y que existen académicos con
gran entusiasmo por formar a nuevos investigadores en México.
Hice memoria y durante mi formación universitaria no tuve maestros
que me guiaran en el camino de la investigación, la mayoría de mis
docentes compartían la parte teórica, pero no explicaban cómo aplicarla
a situaciones concretas. En la vida profesional y académica, aprendí el
conocimiento práctico de forma autodidacta porque en la vida real, las
personas y los colegas no suelen compartir lo que tanto les ha costado
aprender. Entonces, descubrí que soy una alumna eterna, mucho de lo
que he aprendido ha sido investigando, y comparto esa pasión a mis
estudiantes a través de la docencia.
Investigar, para mí, es el camino del aprendizaje autónomo y el

64
Tres semestres de un viaje en pandemia

inicio para detectar y solucionar problemáticas en este mundo complejo.


La UNAM me permitió conocer investigadores e investigadoras que nos
compartieron sus aprendizajes, y nos alentaron a crear la Asociación
Mexicana de Derecho a la Información, capítulo Oaxaca. Esta asociación
me enseñó a mí y a otros colegas a investigar a los medios, aprendizajes
que he compartido con estudiantes desde el año 2014.
Esta es la razón por la que mi travesía universitaria y profesional es
importante para explicar mi labor durante la pandemia. Como docente
tengo tantas virtudes como defectos, tantos errores como aprendizajes.
Pasó tiempo para encontrar el tipo de docente que quería ser, reflexioné
en su momento (aunque es un proceso que nunca acaba), sobre aquellos
maestros que marcaron mi vida, los que dejaron huella y los que no.
Finalmente, decidí ser una maestra que deja huella porque conozco a mis
estudiantes más allá del saludo, porque me importa que aprendan más
allá de una calificación, me gusta ser una guía o facilitadora que comparte
sus conocimientos y les enseña a ponerlos en práctica, pero a la vez
descubrimos, nos sorprendemos y hasta equivocamos juntos a través de
la investigación.
Por lo tanto, la educación tiene para mí un sentido transformador, no
se imponen conocimientos, se descubren juntos, se guían los procesos,
se adaptan a las necesidades de cada estudiante y ahora con la pandemia,
se gestionan las emociones. En este momento, lo escribo claramente, pero
en la práctica ha sido un ejercicio complejo de aciertos y errores. Estoy
segura que en mi proceso de aprendizaje docente dejé decepcionados
a algunos estudiantes y lo lamento, pero también estoy segura que en
otros he dejado una huella importante. Por esa razón, existen diversos
momentos en mi trayectoria en los que me he cuestionado el significado
de ser docente.
Recuerdo a una estudiante, que hace algunos años, durante un
examen me cuestionaba sobre las respuestas, intentando escribirlas,
pero no podía. Le llamé la atención frente al grupo por tal acción, primer
error, no se evidencia a los estudiantes frente a sus compañeros. Seguía
insistiendo porque su ansiedad aumentaba y en lugar de apoyarla, me
molesté con ella. La alumna estuvo a punto del llanto y el resultado fue el

65
Martha Yesenia Carreño Martínez

esperado. Tal situación me llevó a cuestionarme qué tipo de docente soy.


Me disculpé con la alumna por no ayudarla y compartirle una experiencia
académica distinta, tampoco la escuché para saber cuáles habían sido sus
experiencias previas. El docente debe dar nuevas oportunidades a sus
estudiantes, de que los aprendizajes pueden ser diferentes, en ese caso
no la di.
Esta experiencia me hizo rememorar de mi vida universitaria a aquellos
maestros que nunca compartieron una sonrisa, aquel maestro que ignoraba
a los estudiantes, los clasificaba por categorías y los ignoraba. Recordé a
aquellos docentes que anularon las emociones en sus procesos de enseñanza-
aprendizaje. En estos casos, recuerdo sus prácticas, no sus enseñanzas.
Un ejemplo memorable fue mi profesora de historia, sus palabras, su
calidez y sus conocimientos todavía los conservo, nunca le compartí mis
emociones y pensamientos, pero siempre preguntaba cómo estábamos
antes de iniciar su clase, además están presentes todavía, sus enseñanzas
y pasión al contarnos los sucesos históricos. Por eso, es importante que
como docentes, en algún momento nos cuestionemos qué tipo de docente
queremos ser, si realmente deseamos permanecer en las enseñanzas y
recuerdos de nuestros estudiantes, si deseamos trascender.
Por esa razón, cuando inicié mi vida docente, mi guía me compartió
un consejo para mi exitoso viaje por la docencia, el consejo era no conocer
a mis estudiantes, no conocer su vida, no involucrarme porque eso podría
traerme problemas. Después de muchos años de experiencia, puedo
decirles que no comparto esa idea, me gusta conocer a mis estudiantes,
saber cómo se sienten es fundamental para que aprendan y esto ha
resultado ser muy enriquecedor y necesario durante la pandemia.
Les comparto que como la mayoría de docentes y estudiantes,
para mí, el inicio de la pandemia fue un proceso estresante, de trabajo
en varios aspectos que demandaron una gran cantidad de mi energía.
La pandemia trajo consigo aprendizajes, retos y lecciones. Una de las
mejores lecciones fue que las planeaciones realizadas hasta ese momento
dejaron de ser funcionales. La pandemia nos enseñó al sector educativo,
empresarial, económico, entre otros, que los planes no son eternos,
que deben ser flexibles, capaces de modificarse en cualquier momento,

66
Tres semestres de un viaje en pandemia

porque solo así serás capaz de sobrevivir o desaparecer. La flexibilidad


en la planeación es necesaria para adaptarse a una realidad cambiante.
Además, en esos momentos de incertidumbre, uno de nuestros
cuestionamientos era ¿cómo se imparten clases en línea? porque no es
lo mismo que impartir clases a distancia. Recibimos instrucciones para
adaptarnos a los nuevos sistemas, pero sin saber mucho y no es culpa de
nadie en especial, todos estábamos en la misma situación y me refiero a
instituciones educativas, docentes y alumnos. La pandemia llegó sin aviso
y sorprendió a todos, no estábamos preparados para enfrentarla y eso en
definitiva requería de recursos económicos, tecnológicos y especialistas
que nadie había previsto. Así, ante este escenario, nos adaptamos sin
conocer los procesos de enseñanza-aprendizaje de la educación en línea
y eso trajo consigo consecuencias.
Es cierto, adaptarse al cambio, durante la pandemia, no fue un
proceso fácil para nadie. Ya les compartí que mi experiencia en clases
en línea inició hace varios años. En aquel entonces, el proyecto liderado
por mi jefe fue innovador, pero requería un trabajo de convencimiento
constante con los estudiantes que se resistían a las clases en línea porque
ellos habían elegido el sistema presencial. Esto describe un escenario
parecido a nuestra situación actual. La diferencia es que en esta pandemia
nadie eligió las clases en línea, ni los alumnos, ni los maestros, ni los padres
de familias, ni las instituciones educativas. Entonces, inició el proceso de
adaptación y también apareció la resistencia de alumnos y profesores que
consumieron gran parte de nuestra energía. No elegimos aprender así,
y aunque existía la opción de no continuar los estudios y de no enseñar,
decidimos permanecer.
Sumado a esto, nuestro desconocimiento sobre nuevas tecnologías y
las plataformas educativas nos exigió más tiempo para elaborar nuestras
clases, en otras palabras, estábamos ante un mundo desconocido y había
que aprender muchas cosas para adaptarnos. Apenas y podíamos lidiar
con nosotros mismos y la situación requería que guiáramos a nuestros
estudiantes que se sentían igual de desconcertados.
¿Para quiénes fue más fácil este proceso? Pienso que la adaptación
al cambio implica muchos factores, para mí los principales fueron: la

67
Martha Yesenia Carreño Martínez

actitud con la que enfrentamos los retos y los problemas, la capacidad


autodidacta, y la experiencia previa en la educación a distancia o en línea.
Entonces, este proceso fue más fácil para quien aplicó estos puntos y tenía
experiencia previa. Imaginen el tiempo que invertimos en este proceso de
adaptación, aparte de nuestras labores en casa y nuestros trabajos. Para
nadie fue fácil, pero algunos nos adaptamos más rápido que otros.
En lo personal, al inicio de este nuevo viaje por aguas turbulentas,
pese al conocimiento de los procesos pedagógicos en línea que tenía,
no creé nuevos contenidos con las diversas aplicaciones que ofrece la
tecnología. La razón principal fue la falta de tiempo, se necesitaba tiempo
para leer, aprender a usar las aplicaciones de varias plataformas Zoom,
Meet y Classroom, después diseñar los contenidos, aparte de impartir
las clases y convencer a los estudiantes de que estábamos haciendo
lo mejor. Después de año y medio, puedo decir que he creado muchos
contenidos de forma individual y con mis estudiantes de forma colectiva
en aplicaciones como Jamboard, PowerPoint, Word y en formato PDF,
infografías, videos, audios, pero en muchos casos, fue un aprendizaje
colaborativo de aciertos y errores.
¿Qué funcionó en clases durante la pandemia? Algo que en lo particular
me funcionó en clase fue escuchar música al inicio de cada sesión, momento
idóneo para conocer los gustos musicales de los estudiantes, pero también
para mejorar la cultura musical, motivar a los estudiantes o cambiar su
ánimo, la música es altamente estimulante. Así que escuchamos canciones
emblemáticas como: A qué le tiras cuando sueñas mexicano de Chava
Flores hasta La Vie en Rose de Edith Piaf o Welcome to the Jungle de Guns
N’ Roses. La música nos acompañó en diferentes momentos, seguro que
algunos buenos y otros malos y los recordaremos durante mucho tiempo.
La música estimula la escucha y en esta época los conocimientos
son importantes, pero escuchar a los estudiantes fue necesario, escuchar
su sentir. Algunos estudiantes perdieron seres queridos y no siempre lo
compartieron en clase. Recuerdo en alguna sesión observar a un estudiante
con el ánimo decaído, nunca compartió el fallecimiento de su abuela
que en definitiva afectó su desempeño académico. Otros, trabajaban y
estudiaban y enfrentaron procesos de ansiedad y depresión que no sabían

68
Tres semestres de un viaje en pandemia

nombrar y así infinidad de historias se compartieron durante la pandemia.


Ante estas situaciones, invité a los estudiantes a administrar sus
tiempos y a realizar actividades distintas a las que se hacen en el aula
virtual. Descubrí a quiénes escriben, cantan, tocan algún instrumento,
bailan, realizan manualidades, dibujan, diseñan animaciones, producen
videos, hacen ejercicio, tejen, cocinan y traté de seguirlos a través de
sus redes sociales para animarlos en sus proyectos personales. El gran
problema de la pandemia y el confinamiento es que muchos de nuestros
estudiantes no sabían qué hacer en una vida de aislamiento.
Y esto también pasó con los docentes y no porque no supiéramos qué
hacer, sino porque nos concentramos solo en trabajar y no diversificamos
nuestras actividades. En lo personal realicé manualidades para descansar
la mente, y también monté bicicleta e hice recorridos por las montañas,
actividad que se puso de moda durante la pandemia en la ciudad de Oaxaca.
Por otra parte, la falta de conocimiento sobre los procesos de
enseñanza-aprendizaje en línea trajo consecuencias y una fue el exceso
de tareas que los docentes, incluyéndome, dejamos a los estudiantes.
Para mí escucharlos fue necesario, no para regañarlos sino para adaptar
otras estrategias, los trabajos colaborativos en Jamboard, Google Docs
o Excel, en tiempo real, fueron grandes aliados y redujo en demasía el
estrés de los estudiantes y para mí fue más fácil el proceso de evaluación.
No todo fue perfecto, hubo grupos y estudiantes que se adaptaron a estos
ejercicios que requerían la presencia del estudiante en clase y otros no.
En este apartado vale la pena mencionar a los estudiantes foráneos,
aquellos que no vivían en la ciudad y experimentaron las deficiencias de
la conexión a internet y con quienes tuvimos que ser flexibles. Quienes
hemos vivido en alguna región de Oaxaca, sabemos que el internet es de
muy mala calidad, por lo tanto, la participación de los alumnos no fue tan
efectiva en las actividades que se realizaron en tiempo real. Los procesos
pedagógicos fueron interrumpidos en muchas ocasiones y seguramente
hicieron de la vida estudiantil una vida llena de estrés.
En estas y otras situaciones fue necesario poner en práctica la empatía.
A final del semestre del año 2021, cuestioné a los estudiantes durante clase
por muchas razones, pero una de ellas, era para saber si estaban presentes,

69
Martha Yesenia Carreño Martínez

si comprendían lo que compartía, si prestaban atención a las instrucciones


porque a veces tenía la sensación de estar sola en esa aula virtual, supongo
que fue una sensación compartida por varios colegas. En una ocasión
busqué a una estudiante y no respondió, indagué con sus compañeras
si sabían la razón de su ausencia y tampoco hubo respuesta. Entonces,
pregunté a su coordinadora y me enteré que la alumna se conectó a clase
mientras estaba en el velorio de un familiar. Quedé muy sorprendida,
no había razón para que estuviera presente en la clase. Docentes y
estudiantes vivimos este viaje de diversas formas, para algunos ha sido
frustrante y para otros una experiencia más tranquila. Los conocimientos
previos de tecnología ayudaron a algunos a enfrentar esta situación, pero
para quienes habían interactuado poco con la computadora fue todo un
reto. Y no me dejarán mentir, escuchamos y vimos, en varias ocasiones
alumnos y docentes lidiando con el micrófono, con la cámara, escuchamos
conversaciones privadas y sonidos diversos como el camión expendedor
de gas, de pan y al del fierro viejo.
Una vez hice una pregunta directa a un estudiante y me contestó que no
podía responderme porque iba manejando, o la alumna que no me atendió
porque hacía mucho calor y se estaba bañando. Tal vez pude estallar de
enojo, sin embargo, en realidad estaba sorprendida de las prácticas que
la pandemia trajo a los procesos educativos en línea. En algunos casos,
tuvimos que transmitir calma a nuestros estudiantes que estaban a punto
del colapso porque el internet no servía, no había luz en casa, la familia se
estaba peleando durante la sesión o porque los estudiantes no tenían en
casa el espacio idóneo para tomar sus clases.
A veces nos reíamos, por ejemplo, un día platicamos cuánto medíamos,
si éramos altos o chaparritos, porque el día que nos viéramos tal vez nos
llevaríamos una gran sorpresa y quiero decirle que sí nos sorprendimos.
También, en un encuentro académico en el que participaba como sinodal,
mi gato voló entre la pantalla y su servidora, no pude evitar estallar a
carcajadas, la situación fue surrealista, ya se imaginarán es una anécdota
que quedó para la posteridad y fue titulada como el gato volador.
Algo es cierto, no somos los mismos docentes de antes de la pandemia.
Trabajar desde casa implicó llevar el trabajo a tu ámbito privado, a tu

70
Tres semestres de un viaje en pandemia

espacio vital. Significó para muchos más trabajos, para mí como mujer
además de las clases, estar al pendiente de las clases de mis hijos y de sus
necesidades y las actividades del hogar. Esto no hubiese sido posible sin una
red de apoyo, mi esposo, mi madre y mis hijos que logramos organizarnos
para convivir lo mejor posible. Para alumnos y docentes implicó ajustes
económicos para comprar equipos y servicios que antes no eran tan
necesarios como las computadoras, los celulares y el internet, ajustes que
tendremos que hacer otra vez para nuestro regreso a la presencialidad.
En lo particular, la pandemia afectó mi salud, subí de peso, mi colesterol
y triglicéridos aumentaron, tuve que cambiar mis hábitos alimenticios,
adaptarlos a mi trabajo en casa y mi falta de movilidad; comencé a hacer
ejercicio y realicé manualidades que permitieron estar mejor conmigo, eso
fue fundamental para que transmitiera eso a mis estudiantes.
Como docente, ha sido una travesía de aprendizajes, de errores, de
aciertos, de risas, de llanto. Si algo ha prevalecido en esta pandemia son
las emociones, he tratado que no sean emociones contenidas por parte
mía y de mis estudiantes, hemos platicado mucho y preguntar uno a
uno fue necesario, de lo contrario no compartían nada. Esta etapa, me
ha permitido ser una docente más autónoma, autodidacta, organizada,
flexible y empática. Insisto, no ha sido una travesía fácil. En la pandemia,
el docente ha sido importante guía, como aquel líder que escucha, motiva,
reflexiona, cuestiona, enseña, comparte y lleva la teoría a la práctica.
Para concluir, pienso que las Tecnologías de la Información y
Comunicación (TIC) llegaron con la pandemia para quedarse en los procesos
de enseñanza-aprendizaje y en otros ámbitos de la vida. Recuerdo uno
de esos videos futuristas donde la tecnología permitía llamar a nuestros
familiares por videollamadas hologramáticas y hasta tener consultas
médicas por ese medio, aunque se veía como algo imposible, la pandemia
lo hizo en parte realidad. Aprendimos nuevas aplicaciones, descubrimos el
uso de plataformas para integrar nuestras clases, utilizamos herramientas
de comunicación digital, pusimos en práctica nuestras capacidades de
comunicación y tuvimos la oportunidad de ser mejores personas porque
aprendimos a gestionar nuestras emociones.
Entiendo que el aprendizaje en las Tecnologías de Información

71
Martha Yesenia Carreño Martínez

y Comunicación TIC no fue exitoso en todos los casos. Habrá quienes


deseen dejar esta experiencia en el olvido y quienes hayan obtenido
grandes aprendizajes. Este final de semestre un estudiante me compartió
que nuestra clase no era solo una conferencia, eso significa que hubo
profesores que solo usaron la videollamada para impartir la clase, tal como
lo hacían en la presencialidad y no los culpo. Es completamente normal
que haya docentes y estudiantes que no se adaptaron a estos procesos.
Aquellos docentes que nos subimos al barco y sorteamos la tormenta y
aprendimos el arte de viajar ante estas vicisitudes, nos llevamos un gran
tesoro que se llama aprendizaje. Este lo aplicaremos en nuestra práctica
docente y nos volveremos a adaptar, e iniciaremos viajes inesperados,
llenos de conocimiento.
Como señalé al inicio de este ensayo, tuve dos grandes guías al
inicio de mi vida universitaria que compartieron sus aprendizajes y me
enseñaron esa forma de vida. Quiero compartirles que no siempre ha
sido así, en la vida laboral no tuve la misma fortuna y eso me motivó a
ser docente. Somos mejores personas cuando enseñamos a otros lo que
sabemos, pero también debemos enseñar a nuestros estudiantes que
en los viajes que emprendamos, a veces habrá quien nos enseñe y en
otras ocasiones tendremos que buscar el conocimiento y aprender por
nosotros mismos. Entonces, emprendamos viajes, sin miedo, aunque
los caminos sean desconocidos, seguro habrá conocimientos que nos
esperan y que después podremos compartir. Quien elige viajar tiene
asegurados aprendizajes, no solo por obtener el éxito sino por los errores
que nos permitiremos vivir.
P.D. Ahora que volvimos a las aulas tuve mi primera anécdota. Todos
llegamos muy felices el primer día de clases presenciales, fue el día
del reconocimiento facial, mis estudiantes me identificaron fácilmente,
pero yo a ellos no. Sentí tanta pena al ver los rostros sonrientes de mis
estudiantes, a quienes, había impartido clases en otros semestres. Era la
primera vez que conocian a su maestra, pero yo no los pude identificar.
Aunque la vergüenza me invadió, tuve que pedirles que se presentaran y
después conversamos a gusto sobre la vida y la nueva normalidad.

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73
Galileo García Alvarado

74 Ilustración: Daniel Joel Arellano Coca


Destino de viaje:
encontrar nuevas tierras
con los mismos ojos

Mirna Patricia Cruz Flores

“Un viaje de mil millas empieza con un solo paso”


Lao-tsé

H ace algunos días mi hijo me preguntó cuál era mi posición frente


a la vida y cuál era mi máxima de vida. En ese momento, ocupada
en otras cosas, le dije un poco contrariada: no sé, no tengo. Unos
días después mi hija volvió sobre la misma pregunta y contesté,
sin demora, mi posición: fluir con la vida y mi máxima, el movimiento, ya
que el agua que se queda quieta, se pudre. Pienso que en algún momento
de mi vida me gustaría dedicarme a viajar para conocer los lugares que
tengo anotados como pendientes en una lista que guardo celosamente en
mi mente. Mentalmente he recorrido las calles, lugares emblemáticos, los
puntos culturales. He imaginado la ropa que usaré, he ensayado cómo pediré
el café de la mañana o la comida local. He investigado un poco la lengua,
el clima, la geografía, los aspectos sociales, los lugares en dónde hacer las
compras obligadas para que quede memoria material de haber estado en
ese lugar. Sin estar ahí he estado ahí, he viajado, he fluido, me he movido.

75
Mirna Patricia Cruz Flores

La mente, la imaginación, tienen la capacidad de llevarnos a cualquier


lugar y pienso que en sentido estricto siempre estamos en movimiento.
La vida es un viaje, y como cualquier viaje también requiere la intención,
la oportunidad, la planeación, la investigación, la generación de una ruta,
la organización de un presupuesto. Para alguien como yo, los viajes deben
ser organizados con tiempo para trazar las rutas adecuadas, dejar espacio
para la sorpresa, pero sin rebasar los límites del orden. He de decir que
visiblemente tengo tendencia a controlar, pero sé que siempre es posible
que el viaje o la vida den giros y cambien sin aviso el orden de las cosas.
Empecé mi viaje en la práctica docente hace ya 21 años. Mi llegada
a estos territorios de posibilidades insospechadas fue completamente
circunstancial: un viaje sorpresivo, algo que definitivamente en ese momento
no buscaba y tampoco era el ideal de mi vida. Sobre todo, después de
haber elegido una ruta establecida en mi libro de viaje: una maestría
que desde mi planeación de futuro era el siguiente paso a la formación
profesional en Sociología. Así las cosas: los docentes de la Maestría en
Sociología que entonces cursaba, me hicieron la invitación para iniciar mi
historia laboral como asesora en una Universidad y pensé alocándome un
poco con el itinerario y con las circunstancias ¿por qué no? Contraje el
suceso como un rito de pasaje, como una forma de poner en práctica y
foguear un área posible de mi profesión sociológica. La oportunidad inicial
fue en una universidad conocida, las materias adjudicadas eran del campo
social, los grupos, cuatro.
Cuando llegué a presentarme, me recibieron con muchísimo gusto;
organizativamente yo significaba cuatro problemas menos de asignación
para atención a grupo que, huelga decir, nadie quería por ser una licenciatura
de fin de semana, que es igual a trabajar ocho horas continuas sábado y
ocho horas domingo. Solo una novata, soltera, sin compromisos, que podía
fácilmente canjear su vida familiar y social por el trabajo que le prometía
“experiencia en campo”, podía decir “acepto” con una gran sonrisa sincera,
mientras su empleador condescendiente se moría de risa en su interior.
La perspectiva de este enigmático y prometedor viaje fue cuidadosamente
dibujada con adornos del engañoso “es pan comido”, “empiezas en 15
días”, “aquí está el programa”, “ahí puedes encontrar el contenido”, “aquí

76
Destino de viaje

está la antología de lecturas”, “tienes libertad de cátedra”, que significaba


“aquí cada quien le hace como puede”. ¿Los alumnos? “no te inquietes por
ellos, son más grandes que tú pero muy respetuosos y participativos, tú
llega y plántate frente a ellos con toda intención”. Les faltó decir… “porque
huelen el miedo”.
Revisé cuidadosamente el contenido. Los temas tocaban aristas de mi
formación especializada, nada que para una socióloga en ciernes significara
obstáculo. Ahora quedaba por considerar la forma en la que abordaría la
clase, ya que de una u otra manera después de 19 años de socialización
escolar, de conocimiento experimental como estudiante y convivencia de
por lo menos dos decenas de docentes variopintos, hacía parecer que las
arenas de la docencia no eran tan complejas: preparar una clase, pararse
frente a la audiencia, socializar y transmitir a los otros un contenido no tenía
gran sapiencia. Eso pensaba y esa idea no era gratuita, tuve maestros que
desarrollaban esta práctica solo por representar un papel y desempeñar
un trabajo y obraban con gran facilidad; otros con una chispa de conciencia
y lo hacían parecer tan fácil que se convirtieron en referencia y lección de
cómo representar el papel de docente. Pero la idea primera se quedaba solo
en la representación del papel, sin profundizar en el uso de la conciencia,
la planeación y las herramientas para evitar simulaciones.
Con lo que ya traía puesto, más la consideración de que si la
sociología era la ciencia del cambio social, la que estudia la forma en
que las sociedades se transforman, entonces el papel de la educación y
el proceso de enseñanza-aprendizaje, motivo de su permanencia, eran
parte de lo que debería saber, puesto que ahí se encuentra el orden de
la reproducción social. No cabía duda: eran los procesos del universo
concatenados para que tomara la ruta de la iniciación de la docencia y
comprendiera las intersecciones de la sociedad desde el engranaje interno
de la socialización. Un viaje al descubrimiento del diamante púrpura y la
piedra filosofal.
Por primera vez y sin tutoriales, me vi en la necesidad de leer y tratar
de comprender las encrucijadas de los programas educativos, para luego
proponer una planeación de clase que destacara los aspectos importantes
del contenido. Atendiera a los objetivos del programa, considerara los

77
Mirna Patricia Cruz Flores

aprendizajes esperados, tomara en cuenta las diversas formas de aprender


bajo diversas mezclas de modelos y paradigmas educativos. Esto fue
en suma ofuscante, pero no tanto como la primera vez que me planté
al frente del primer grupo. Lo recuerdo bastante bien, fue un sábado de
septiembre por la mañana, y si había pensado por un momento que cuidar
la preparación de mi clase había sido extenuante, esto no era ni de lejos
la misma cantidad de perturbador. Frente a mí, un grupo de 35 docentes
de nivel básico, de los cuales el de menos experiencia docente tenía 15
años frente a grupo. Así que contaba con 35 maestros y maestras mirando
con incredulidad y un poco de risa irónica -hay que admitirlo-, a una
veinteañera, “su maestra” que les “iba a enseñar cómo enseñar” historia.
Sudaba como pocas veces en la vida, no salí corriendo del aula porque mis
pies en todo rigor, no respondían. Me quedé quieta para evitar que notaran
cuánto temblaba, la garganta la tenía apretada y dentro de mí una voz que
repetía: Pero ¿en qué te viniste a meter? Dicen que en el 98 por ciento de
los casos en los que uno piensa que las cosas serán malas, solo el dos por
ciento se cumple. Bueno, fui parte de ese 2 por ciento.
Ser docente no es preparar un tema y pararse frente a la clase a
transmitir sin conciencia. En ese momento aprendí que ser docente era
caminar con los propios pies en la geografía del conocimiento, adentrarse
en terrenos inhóspitos, examinar el paisaje, comprenderlo, vivirlo y
luego volver para poder hablar y compartir con los otros las bitácoras
y la experiencia del viaje. De esta manera, inicié este periplo venturoso,
pensado de corto alcance al principio, pero en el que llevo más de dos
décadas. Trayecto que ha tenido sus momentos de placer, momentos de
dolor, sinsabores, ganancias, inversiones a corto, mediano y largo plazo,
sus cambios inesperados de ruta, sus pesadas cargas, noches solitarias.
He descubierto que el viaje es solo el pretexto para mirar, aprender,
construir con otros y cambiar mi paisaje y, con un poco de suerte, prestar
mis bitácoras, notas, mapas, brújulas y miradas a los ojos de otros para
observar una realidad conocida o desconocida, pero sobre todo, para
aprender a navegar.
Desde las dos semanas previas a mi primera práctica en un aula,
aquel sábado de septiembre, durante toda la experiencia profesional que

78
Destino de viaje

sumo y el tiempo compartido con compañeros educadores en distintos


mares navegables y espacios, hay una constante que se debate en torno
a esta actividad: pensar en el significado de la educación y todo lo que
encierra el concepto como proceso, como acción, como relación. Miles de
textos, estudios, informes, ponencias o coloquios, ensayan nuevas miradas
al concepto de educación y en cada aporte, el aprendizaje es un proceso
hecho, construido, significado y resignificado por seres humanos, quienes
modificamos nuestra conducta a través de la experiencia, observación,
instrucción o práctica del conocimiento. Nuestras acciones van generando
cambios individuales y colectivos, algunos pasajeros y volátiles, otros
permanentes y objetivables. El milagro de la convivencia, la permanencia
social, la construcción y reproducción social, la base de toda percepción y
conocimiento.
Educar no es y nunca lo será, reproducir sin experimentar, sin reflexionar,
sin pensar conscientemente. Educar es responsabilidad, es construir rostro
y carácter humanos. Estamos en el intervalo de la educación desde que
nacemos y hasta el último momento que exhalamos vida; en el que también
percibimos, experimentamos y por lo tanto, aprendemos. La sociedad en su
conjunto es una experiencia educadora, aunque haya instituciones sociales
reconocidas como especialistas en educar lo significativo de la colectividad
en tiempo y contexto para necesidades específicas (Mendiola y Pérez,
2007). Dentro de esas instituciones llamadas escuelas, estamos todos
aquellos que obramos a favor de que los conocimientos ya adquiridos
y por adquirir socialmente no se pierdan, al contrario, se acrecienten,
mejoren, enriquezcan y compartan. Los docentes somos responsables de
la memoria social a la que todos estamos ligados. El quehacer educativo no
es otra cosa que la guarda y custodia de los fragmentos de la experiencia
que colocamos en espacios que denominamos conocimiento significativo.
Otro tema muy examinado en la pedagogía es el papel del docente
y aquí entramos en un forcejeo de responsabilidades en el que todos
opinan, pero casi nadie se hace garante de los argumentos y calificaciones
que pone o recibe. El maestro al mismo tiempo puede ser el elevado
prócer de la historia y el hostil enemigo número uno de la sociedad. En
el sentido más noble y poético del combate, el maestro es considerado

79
Mirna Patricia Cruz Flores

alquimista del conocimiento, el minero orfebre de diamantes en bruto,


el abrevadero de inspiración, el organizador del poder de las palabras
e intenciones condensadas en la acción. Pero en el punto más crítico
y negativo de la balanza, el responsable directo de que la sociedad se
encuentre en el atraso, el autor de la postergación educativa, el causante
de la involución social. Hay causales para abonar a cualquiera de los dos
polos, ciertamente, pero no podemos soslayar que los docentes somos
militantes de la educación y transformamos vidas, pero no somos los
únicos líderes de esa transformación, que aunque para muchos es una
profesión poco sobresaliente son pocos los que asumen la responsabilidad
de comprometerse a educar.
Cuando hago introspección y reflexiono en las razones que me
hicieron quedar en la docencia, entiendo que en este viaje no planeado
encontré razones de peso para ser profesora universitaria, que esta
actividad que desempeño se ha convertido por gusto en una forma de
vida en la que soy al mismo tiempo la organizadora, la guía, el mapa y
el transporte. Y aunque afrontamos múltiples desafíos como la exigencia
de convertirnos en trabajadores multifacéticos, flexibles y adaptables,
con consecuente sobrecarga laboral, pero incongruente remuneración,
precariedad laboral e infravaloración social. En un mundo que diluye,
transforma y desfigura la figura del docente y sus funciones de producción,
gestión y comunicación del conocimiento. En un momento de pandemia y
aturdimiento social que cambia día a día los mapas profesionales, laborales,
sociales y culturales; aún con todo ello, sigo haciendo nuevas rutas en el
paisaje de la docencia.
En el contexto actual de pandemia, el mapa de la práctica educativa ha
sufrido grandes cambios. Mi generación fue conociendo las herramientas
tecnológicas digitales de comunicación y su navegación de manera paulatina,
entonces para un docente de la Generación X, significaba convertirse en un
buscador de materiales y herramientas para no entumir el cerebro y estar
en la onda de la información manejando los temas de interés e investigación
para los de la Generación Z -alumnos nativos digitales que ocupan estas
herramientas como extensión de su cuerpo-, e íbamos construyendo
paso a paso este reconocimiento del paisaje. Ahora, la pandemia nos dio

80
Destino de viaje

un empujón al abismo sin paracaídas y de manera urgente tuvimos que


pensar en cómo resolver cientos de preguntas que daban vueltas en la
cabeza y cientos de tareas para desarrollar de forma inminente, de manera
que estamos tragando sin masticar y tratando de digerir los nuevos usos
y utilidades de las tecnologías y herramientas. Este viaje al abismo ha
representado un desafío porque como docentes, no solo desarrollamos
el contenido de los programas educativos siempre de forma distinta para
los alumnos sino que -para nosotros mismos-, desenmarañar un mundo de
nuevas estrategias para trabajar los contenidos, está ocurriendo al mismo
tiempo que para los alumnos, que aunque nativos digitales, también les
tomó por sorpresa este cambio de rumbo. Decir que la práctica educativa
ahora es la habilidad de ser flexible, de centrarse en ideas más importantes,
útiles y prácticas, descansa en la idea de que el docente está preparado
para entender y volver acción todos los conceptos que lo interpelan
solicitando una flexibilidad y elástica mental que reverbera por tiempos,
pero se complica mantener ardiendo la llama de la educación moderna y
puntera, o lo que sea que esto signifique.
Un sentimiento de insuficiencia acompaña las largas y solitarias noches
de café y la cansada averiguación de formas de hacer docencia dedicada.
Y es que no se trata de la tecnología, sino también de la metodología,
porque de la misma manera en que la teoría va por la vía rápida de la
transformación y pasamos de las TIC (Tecnologías de la Información y la
Comunicación) a las TAC (Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento)
y luego a las TEP (Tecnologías del Empoderamiento y la Participación), ya
no hay vida que alcance para correr detrás de estas dinámicas pedagógicas
(Farías y Balladares, 2017). Y que no se malentienda esta lamentación,
no es que tenga miedo de aprender cosas nuevas, porque si un tesoro
guardamos los de la Generación X, es la tolerancia a la frustración,
resiliencia le llaman hoy. No puedo meter las manos al fuego por todos, pero
quienes estamos en esto, estamos aprendiendo. Estamos reinventándonos
y desarrollando nuevas cogniciones. Buscamos nuevas rutas y al mismo
tiempo tenemos que sugerirlas al alumnado (lo cual es magnífico, no me
malinterpreten), pero termina una replanteándose si la docencia bajo estas
nuevas características sigue siendo una decisión que puede estar facilitada

81
Mirna Patricia Cruz Flores

por el contexto y las indefinidas capacidades solicitadas. Esta etapa es de


denodado esfuerzo y de uso de energía, estamos librando distintas batallas
en temas profesionales que se vuelven emocionales, o viceversa. A veces
en el esfuerzo de caminar en este desierto en el que cada hora cambia el
paisaje, nos sentimos solos y no hallamos cosas que nos den felicidad.
La capacidad y creatividad de los docentes es generadora de la
aplicación y transmisión del conocimiento en las interacciones de los grupos
sociales. Tenemos que seguir caminando aún cuando la pandemia haya
roto las relaciones humanas próximas, o de cara a cara, las pláticas ente
personas, la escucha, el compartir. Nos ayudamos a resolver las vicisitudes
obscuras de este viaje en el que seguimos encontrando nuevas formas de
hacer las cosas. Esta etapa es difusa porque mezcla saberes múltiples y
formas diversas de enseñar y aprender, nuevas formas de asimilar lo que
se ve. Esta etapa está descentrada porque la escuela ha dejado de ser el
único lugar donde el proceso de enseñanza- aprendizaje se legitima (Ruiz y
Parrili, 2015). Las cuatro paredes de un aula que por siglos habían contenido
la fuente del conocer, hoy se desdibujan por la distancia. El maestro que
era la lumbrera del saber se desdibuja en las redes del internet donde hay
multiplicidad de saberes y enseñantes que circulan y muestran su belleza
como flores exóticas y rincones brujos, sin embargo, esconden un ardid
bajo la manga que, si no se tiene cuidado, puede hacer daño a cualquiera,
y es que la realidad que re-presentan está hecha de trozos, fragmentada,
y aunque no impiden acceder a un conocimiento actualizado, entrañan
abstracciones y símbolos de peligrosa ingestión.
Todos los viajes transforman al viajero, el mundo es inagotable, en
ocasiones el viajero se encuentra cómodo porque sabe a dónde va y lo que
espera, esto ofrece una emoción placentera, pero poca transformación.
A veces sucede que en el viaje pisamos por zonas de ventisca, en
lugares donde las brújulas no funcionan para darnos Norte, sabemos
que tenemos que caminar hacia adelante porque si miramos hacia atrás
vemos que de donde veníamos, se han roto los puentes. Aceptarlo y
trabajar para llegar a puerto seguro es el primer paso a la trasformación,
y siempre estamos en condiciones de cambiar. Andamos a la caza de
herramientas tecnológicas para hacer frente a las habilidades docentes

82
Destino de viaje

y educativas que se requieren porque trabajamos para el futuro.


En mi formación sociológica sé que el individuo puede ser factor
determinante de progreso y fuente de oportunidades para el bienestar
colectivo; que las acciones individuales y colectivas repercuten en la calidad
de vida, la equidad social, las normas y prácticas de la convivencia humana,
que la vitalidad de los sistemas e instituciones sociales depende de la forma
en que nos organizamos y cambiamos como sociedad. Este punto del viaje
requiere de empatía, de entender que es el momento de ponerse en los
zapatos de los demás y posicionarse en las distintas aristas de esta red de
nuevas relaciones.
En el futuro de la docencia, estamos todos los seres sociales y
aunque exiliados del terruño, de la proximidad siempre necesaria,
hemos demostrado que también podemos trabajar en conjunto y a larga
distancia. Pero, me gustaría en este momento dejar una nota al límite
de esta frontera: antes de considerar recomendar e indicar lo que los
docentes “necesitan” -huelga decir es un discurso continuo que inunda la
querella sobre docencia-, se debe voltear a ver al docente, y en ese mismo
orden considerar la lucha docente que busca tirar fronteras en pos de la
flexibilidad, tratando y aprendiendo en el camino a duras o blandas penas,
a fuerza de dolor de cabeza y pérdida de vista, tratando de resolver el
proceso de aprendizaje de los alumnos al mismo tiempo que el nuestro,
sin mostrar en clase el rostro del esfuerzo y cansancio para lograr que el
alumno se sienta integrado, escuchado, entendido y parte de un entorno en
el que su cognición y circunstancias de aprendizaje aporten nuevas formas
de aprender a aprender, preguntándonos siempre si logramos lo que
buscamos (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL]
y Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura [UNESCO], 2020).
Finalmente, cuando hago la retrospección y el ejercicio de la memoria
del viaje veo con poderosa sorpresa que el intento de la docente que se
paró frente al primer grupo esa mañana de sábado hace más de 20 años,
hoy es una dichosa exploradora que cuando regresa sobre sus pasos, se ha
encontrado dando clase a los hijos de esos primeros alumnos docentes que
creyeron que tenía algo para enseñar y recuerdan momentos y anécdotas

83
Mirna Patricia Cruz Flores

de viaje conmigo, alumnos que mejoraron conocimiento o su propia


práctica docente. Por ello, aún con el cansancio propio de los viajes, estoy
segura que la generosidad, la amabilidad, la empatía, la ayuda mutua, el
conocimiento que se comparte con los alumnos va dejando recuerdos
preciosos en el docente y resalto: la emoción de aprender en el alumno
debería también ser parte del viaje cognitivo del maestro.

Referencias

Comisión Económica para América Latina y el Caribe y Organización de las Naciones Unidas para
la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2020). Informe COVID-19. https://www.cepal.org/
es/publicaciones/45904-la-educacion-tiempos-la-pandemia-covid-19
Zambrano, F. J y Balladares, K. A. (2017). Sociedad del conocimiento y la TEPs. INNOVA Research
Journal, 2(10), 169-177. https://revistas.uide.edu.ec/index.php/innova/article/view/534
Mendiola, D. y Pérez, A. R. (2007). La idea de la Educación de Durkheim con motivo del ciento cin-
cuenta aniversario de su nacimiento. Revista del Centro de Investigación La Salle, 8 (29),
109-120. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=34282911
Ruiz, D. F. y Parrili, M. L. (2015). Sobre Flexibilidad Educativa y el Rol Docente. Revista de Informá-
tica Educativa y Medios Visuales, 12 (19), 1-4. http://laboratorios.fi.uba.ar/lie/Revista/
Articulos/121219/A1.pdf

84
85
Galileo García Alvarado

86 Ilustración: Emmanuel Terrones Hernández


La educación en
tiempos de pandemia
o vivencias de una docente en
tiempos de pandemia

María Teresa Feria Aranda

E l salón de clases -con sillas acomodadas como el estudiantado


lo deseaba-, el pizarrón en el centro de una pared, la mesa y la
silla que ocupaba la o el docente desde hace mucho tiempo: así
es como empezó mi labor docente. La plática entre los alumnos,
la comida y la bebida sin alcohol que corría por el grupo, de la cual todos
tomaban la parte que deseaban y de la que en muchas ocasiones, como si
fuese una especie de conspiración, fui partícipe. El pizarrón verde, el gis, el
polvo que desprendía el borrador cuando se sacudía dentro o fuera del salón,
la televisión y la videocasetera que iban y venían de la biblioteca para poder
realizar el cine-debate, así recuerdo los primeros días como docente en una
escuela. A partir de ese momento la tecnología se incorporó al aula escolar
y por una pandemia cambió completamente el ambiente de aprendizaje.
Mi vida laboral empezó a los 17 años, mi madre tuvo que firmar el
permiso para que pudiera ingresar al Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI). Era un ensayo prueba del Censo de población y vivienda
que se realizaría en 1990. Ahí trabajé como Analista técnico especializado.
Tenía relación entre el departamento de captura y el de procesamiento de

87
María Teresa Feria Aranda

la información. Entraba a las 7:30 a.m. y salía a las 3:00 p.m., a esa hora
empezaban mis clases en la universidad. Al principio me iba en camión,
después con ayuda de mi mamá, compré una moto tipo Vespa y los traslados
fueron más cómodos. Con ese trabajo, y con el apoyo de mis padres, pude
realizar y concluir mis estudios universitarios.
Cuando finalicé la licenciatura en Psicología, me asignaron al CREE
(Centro de Rehabilitación y Educación Especial), que es dependiente del
Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF). En este lugar no
recibí beca, pero pude cumplir mi año de servicio social, fui la primera
persona que llegó a realizarlo. Ahí algunas experiencias fueron graciosas,
otras muy dolorosas. Recuerdo con mucha claridad un niño de 5 años que
no podía hablar correctamente. Cuando estaba entrevistando a la madre,
el niño balbuceaba y lo único que se le entendía al final de la oración
era: “aaa puta” señalando hacia mí. La madre y yo nos quedamos viendo
sorprendidas y con cierta vergüenza. El niño repetía una y otra vez, nuestra
cara roja por la vergüenza subía de tono, hasta que ella pudo descifrar
lo que quería decir: una pelota roja que se encontraba atrás de mí en un
librero que lo había hecho juguetero. Los juguetes los había adquirido yo o
los habían donado otras áreas del CREE.
Recuerdo a las y los hermanos huérfanos, eran 6 en total que habían
visto el feminicidio de su madre a manos de su padre. Ese recuerdo con
ellas y ellos contándome lo que habían visto, me estrujó el corazón, me dejó
impactada y aún está vivo en mi memoria. O el adolescente de 14 años que
fue diagnosticado con el Síndrome de Guillain-Barré avanzado. Él era de un
pueblo alejado y el pronóstico no era favorable, ya estaba en sus últimas
etapas. Me pidieron que le diera el diagnóstico a la madre y al padre, para
que fueran aprendiendo sobre la enfermedad. Mi maestra y la jefa ya me
habían estado preparando para decirlo. La gran Magda Santa Anna me enseñó
y acompañó cuando llegó el momento de explicar a la familia la enfermedad
que padecía su hijo, lo que iba a suceder, la importancia del medicamento
para evitar el dolor y las ventajas de darle terapia física. Escuchar el llanto
de ambos me partió el corazón, el padre se paró y dijo con voz firme y sin
dudarlo: “Me lo llevo a mi casa, ahí en su pueblo le daremos lo mejor y
morirá en su tierra”. Al salir ellos, mi mirada buscó la de Magda Santa Anna y

88
La educación en tiempos de pandemia

mis lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas y ella me dijo: “Esta carrera
es así, habrá momentos felices y otros dolorosos como este, empieza a
prepararte y ve a psicoterapia”. Ella me invitó a ser su adjunta como docente
en el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca (IESO), en ese momento
empecé mi camino en la docencia, primero como adjunta y después como
titular en diferentes materias.
Terminando mi servicio social ingresé al DIF, al programa “Menores
en situación extrema” (MESE). Trabajaba con menores de la calle o en
riesgo, conocí todos los cruceros de la ciudad de Oaxaca en donde ellos se
encontraban. Visité colonias que estaban en el círculo de miseria. Aprendí que
dentro de la capital existen muchos mundos: la pobreza extrema, la violencia
en todos los sentidos, no solo dentro de las familias sino también en las calles;
por otro lado, existe la población que puede pagar una colegiatura e ir a una
escuela particular. Trabajé ahí cinco años y después me lancé a la aventura.
Me dediqué de lleno a dar clases, seguí en el IESO, en el Centro
Regional de Educación Normal de Oaxaca (CRENO) y posteriormente
entré a la Universidad Mesoamericana, primero como docente y después
como coordinadora de la licenciatura en Psicología. En ese momento
solo trabajé en esa universidad. Esta experiencia me enseñó a entender
y comprender la administración educativa, realizar horarios, mediar entre
docente y alumnado, adentrarme en la maquinaria que debe ser exacta
cual manecilla de reloj para que pueda dar la hora en punto. En este caso,
refiero a las clases donde se aprende y se enseña, donde el aprendizaje
pueda ser vivencial y no solo memorístico.
El nacimiento de mi hija, me hizo parar seis meses de actividad
laboral. En la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, impartí un
curso de psicología para enfermeras. Me incorporé a la Universidad José
Vasconcelos (UNIVAS), en esta institución empecé como docente y después
me tocó fundar el Departamento Psicopedagógico y trabajé ahí por más de
diez años. He fungido como directora del Centro Promotor de la Igualdad, el
cual me ha permitido hacer investigación de campo, la vivencia es riquísima
por las experiencias que viví cuando fui a comunidades rurales o una colonia
marginada, fue una experiencia única.
Después trabajé como Jefa del departamento de Análisis e Investigación

89
María Teresa Feria Aranda

en la Secretaría de la Mujer Oaxaqueña y como Directora de Promoción de


Derechos e Igualdad en la misma institución. Ahí aprendí de administración
pública y políticas públicas, a administrar tiempo y personal, aun así, nunca
dejé la docencia. Daba una o dos clases, porque la docencia enriquece por
lo aprendido en lo académico y en la cultura que cambia, se transforma.
Para mí, no existe mejor forma para aprender expresiones lingüísticas, ideas
nuevas, formas de vestir, entre muchas otras expresiones culturales, que
estar en contacto directo con la juventud.
La educación significa la posibilidad de abrir horizontes nuevos a
las personas con las que compartes el ambiente de aprendizaje. Este
ambiente se forma por el conjunto de percepciones de los diferentes
miembros o grupos sobre el funcionamiento y dinámica del aula, en
la cual se generan actitudes, creencias, posicionamientos, formas de
pensar y de actuar que confluyen en los miembros en su participación,
responsabilidad y compromiso (Rodríguez, 2014).
La educación significa la posibilidad de lograr que los seres humanos
adquieran la igualdad de oportunidades, sobre todo para la población
vulnerable, personas que viven en la pobreza o pobreza extrema. Las mujeres
están buscando esta igualdad más que los hombres. Creo firmemente que
el acto educativo no es solamente enseñar conceptos y poder utilizarlos, es
la posibilidad de aceptar y mostrar que existen diversos estilos de vida para
estudiantes y docentes, se debe hacer lo que más nos agrade y aprender a
vivir de esa actividad. También es enseñar una cultura de organización de
tiempo y de buscar a partir de ella el estilo de vida que deseas; explicar
que la vida laboral no es lo único importante, pero ayuda en otras áreas.
La educación es el proceso para la vida adulta, es como jugar la partida de
ajedrez y reconocer que las derrotas enseñan y los triunfos fortalecen. Es
dejar claro que un puesto laboral es momentáneo. Como en una rueda de la
fortuna, estás arriba, pero nunca debes perder la visión de este juego: dar
vueltas. Pueden existir momentos en que estés abajo, entonces tendrás que
utilizar la inteligencia cristalizada y jugar una vez la partida de ajedrez con
mayor experiencia de vida.
El papel de la o del docente es ser un facilitador que asista, que ayude a
quien lo necesita, que sea empático, que enseñe a buscar y permita analizar

90
La educación en tiempos de pandemia

e interpretar la realidad. El docente busca explicar la verdad desde su


área de estudio y de esta manera, cambiar la forma de vivir del educando.
Creo firmemente que si el estudiante no cambia en el transcurso de su vida
académica, no se logró cumplir el objetivo del currículo formal de la escuela.
El o la docente universitario es la posibilidad de aprender en un ambiente
libertario, donde el aprendizaje nos permite criticar actitudes, valores, políticas
públicas, entre muchos otros temas. Cada grupo social y cada persona
puede interpretar la realidad. Creo que lo más significativo es que todas y
todos tenemos la oportunidad de aprender de cada uno porque finalmente
cada cabeza es un mundo y cuando enseñas un concepto, lo explicas o lo
ejemplificas, dentro de cada estudiante deja una huella única e irrepetible
porque reestructura sus ideas, sus conceptos y transforma su realidad.
He tomado clases en línea: un Diplomado en el Tecnológico de
Monterrey sobre redes sociales, un Diplomado de Chamilo para dar clases
en línea, una Maestría internacional de Equidad de género y una Maestría
internacional en Prevención de la violencia de género, cada programa con
sus particularidades. Por ejemplo, en el Diplomado en Chamilo se daba
un tutorial en video y la práctica en la plataforma, por correo las dudas y
comentarios, así se llegaba al fin del proceso de enseñanza. Ser autodidacta
se convirtió en una parte importante, manejas tiempos y además tienes
que animarte a entender la lógica de la plataforma virtual como forma de
enseñanza. En el programa del Tecnológico de Monterrey existía un video
introductorio, lectura, enlaces para ver videos, examen y se acabó el proceso.
No había forma de retroalimentación, así que solo te quedabas con la frase:
aprobado o no aprobado, pero no conocías el porqué del mismo. No hubo
docente que brindara nuevas ideas o comentara qué no habías comprendido.
En la maestría: una introducción con videos editados con figuras sin sonido,
lectura, examen al término de cada unidad, un examen final… ¿terminó el
proceso de enseñanza? Para la universidad sí, como alumna no. ¿Con quién
podía tener una discusión abierta acerca de los temas tan controversiales?
¿Cómo explicar que la realidad de la Unión Europea no es la misma que en
México? ¿Cómo poner en práctica lo aprendido? El silencio de la plataforma
nunca me dio respuestas.
Ante la pandemia cambié de rol, ahora soy la docente y debo realizar

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María Teresa Feria Aranda

toda la planeación (materia por materia): subir lecturas, enlaces de videos,


preguntas, tareas, exámenes y un mundo de cosas. Cada institución tiene
sus propias políticas, así que planea, prepara, redacta, revisa, realiza videos,
entrega evidencias de que sí trabajaste y con eso tus estudiantes aprendieron,
según las estrategias educativas de cada institución.
Me han capacitado con cursos sobre la plataforma digital para
planeación educativa llamada Classroom y videollamadas en Meet, a lo largo
de la pandemia la capacitación ha seguido. He aprendido a utilizar Canva,
Genially, Educaplay, Eddpuzzle y muchas más para tratar de lograr que mi
estudiantado me entendiera, comprendiera y así permitir la participación en
clase, tuve que aprender con la práctica, la constancia, el éxito y el fracaso.
Tengo muchos, pero muchos años dando clases de manera presencial;
para que tengan una idea: ocupé, gis y pizarrón verde, acetatos, llegó
la televisión con las videocaseteras, todo un relajo: “carga la tele con la
videograbadora, pon la película”, ruégale a la tecnología que no te falle.
Finalmente, el cañón y la computadora ¿algo más fácil? sí y no. Si la escuela
tenía computadora por salón, perfecto; pero si no, carga el CPU, el cañón,
que no fallara tu disquete y otra vez rogaba: “Oh, dioses de la tecnología, no
me fallen”. Ahora es más fácil, cargas tu tableta, teléfono inteligente, laptop,
ya tienes cañón, prende todo y la imagen, ¡ya está tu hermosa presentación!
Pero las clases en línea, ¡por favor! Nos agarró en pleno analfabetismo
digital, ruégales a la tecnología y a Internet que cargue tus contenidos.
Además, debías seguir la lógica de todo el proceso para que tuviera orden
y así el estudiante entendiera la tarea o actividad. No te aloques pensando:
“solo son 30 trabajos, en un ratito lo hacen”, porque el estudiantado también
tiene sus avatares con la tecnología y la vida cotidiana.
Todo esto me llevó a pensar que somos muy hábiles en las redes sociales,
pero muy malos en el uso de las redes educativas. En el 2019, según datos
de la UNAM recogidos por el periódico El Universal, se estima que:
En México hay 82.7 millones de internautas; de estos, más de 77
millones de utilizan WhatsApp. El estudio nacional “¿Cómo usan los
mexicanos las redes sociales?” reveló que el 52.5 % de los usuarios
mexicanos utilizan esta red entre dos y cuatro horas diarias, mientras
que 17% permanece más de seis horas.

92
La educación en tiempos de pandemia

El estudio, coordinado por el académico Ángel Hurtado Razo


de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, describe
que la mayoría de estos usuarios son jóvenes de entre 21 y 30 años,
mientras que de Instagram la mayor concentración se halla en el rango
de 14 a 21 años de edad... Hurtado Razo indicó que Facebook es la red
social más usada por los mexicanos, pues de cada 100 que utilizan
Internet, 99 tienen una cuenta. Los resultados del estudio muestran
que el 50.25% de los usuarios de Facebook son hombres y 49.75 %
mujeres. Además de que el 96% consulta Facebook a través de su
celular. (párr. 1-4)
Así que en cuanto la pandemia llegó, tuve que aprender que la
computadora era mucho más que una máquina de escribir y que tenía
muchas funciones desperdiciadas. Abrí mi mente y empecé a explorar cada
una de las plataformas educativas con las cuales me capacitaban o de las
que me platicaba mi familia. Mi pareja es docente y mi hija es estudiante
universitaria, esas visiones -sobre todo la de ella- me permitieron entender
que la vida del estudiante se había modificado y que la necesidad de salir o
de seguir socializando con sus amigas y amigos la llevaron a nuevas formas
de encontrarse en la nube.
En las primeras clases que se impartieron en algunas escuelas le pedían
al estudiantado que prendieran sus cámaras, ahí empecé a darme cuenta que
existía una diversidad de estilos de vida entre ellos. Esa diversidad me permitió
empatizar con la entrega de trabajos o simplemente si me comentaban
que la cámara no servía, no les obligaba a prenderla, tenían sus propios
avatares. Ellos no lo hacían por diversas razones: mala calidad de Internet,
tomar clases desde un teléfono digital; en ocasiones una computadora es
para toda la familia; su estrato socioeconómico, su casa les apena, el ruido
de la lavadora, la licuadora prendida, gritos, risas, televisión encendida;
entre muchas más cosas que suceden dentro del hogar. Como docente no
me quedó otra que prender mi cámara para buscar esa familiaridad que se
da en clases presenciales.
Lo que aún extraño y creo que siempre lo haré, hasta que regresemos
al ansiado semáforo color verde, es el saludo cotidiano, los rostros atentos o
dispersos, llenos de dudas, la risa compartida. Estar sin máscaras en un solo

93
María Teresa Feria Aranda

espacio y no en uno virtual que dificulta esa intimidad, esa complicidad que
se da sin hablarla, que comunica con solo la mirada o el comienzo de una
frase: “Maestra, ¿podemos…?”. Ahora me doy cuenta que cualquier cosa
es posible en el ambiente de aprendizaje si se puede negociar, porque la
educación no está divorciada con la diversión.
En los primeros días parecía que no era posible y tampoco veía cómo
encontrar solución. Mi primera estrategia fue empezar a anotar las actividades,
las ordenaba de acuerdo con su urgencia y me proponía terminarlas. Llegaban
las nueve o diez de la noche y no concluía, así que esa no fue una buena
solución. Lo siguiente que hice y sigo realizando es priorizar las actividades por
días y darme tiempos de descanso, para no tener la sensación de fatalismo
que tenía en un principio, porque en clases presenciales es fácil solucionar
problemas; pasas por el grupo, aunque no les des clases y aclaras algo o les
recuerdas algo. En esta modalidad empezamos sin entender que debíamos
respetar horarios de oficina y días festivos, el inicio fue caótico.
Esta pandemia me enseñó a organizarme, a tomar decisiones, lanzarme
en la aventura de jugar con la tecnología, aunque claro siempre existe algo
de lo cual me podía reír. En cierta ocasión una persona me marcó con
urgencia ya muy noche, estaba a punto de no contestar y algo me hizo tomar
la llamada. Me contó con mucha pena y vergüenza que sin querer, en lugar
del archivo de la tarea me había enviado una foto denominada nude (foto
con poca ropa). Me pedía en ese momento, cerca de las once de la noche,
que abriera la computadora y accediera a la plataforma, que buscara su
nombre y encontrara la tarea, porque no solo me había enviado una vez mal
el archivo, sino dos y un tercero era el de la tarea. Simple y sencillamente
le dije que no se preocupara y que lo haría de inmediato. Cual lince corrí a
la computadora, la prendí, abrí la plataforma, busqué la tarea en cuestión,
los archivos equivocados. Los encontré, los borré y asunto terminado. Días
después platiqué con la persona y le hice saber los peligros que tenía mandar
ese tipo de archivos, pues lo que subimos a la nube se escribe con tinta
china, “no se borra”. Me pidió una vez más disculpas, solamente sonreí y le
dije que no había problema, en el momento lo tomé como una enseñanza y
empecé a comentarles a mis grupos que se aseguraran de mandar el archivo
adecuado, siempre omito la razón de mi aclaración.

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La educación en tiempos de pandemia

Oaxaca es un estado con muchas realidades y formas de enfrentar la


vida. Puedo ver tareas realizadas en plataformas, como tareas realizadas
a mano a las cuales les toman una foto y así me las envían. En ocasiones
no existe computadora en casa o una sola es para toda la familia. Me han
mostrado por videollamada sus comunidades y me he enamorado de los
paisajes que tienen y he sido solidaria con sus realidades, porque esta
experiencia me ha vuelto más empática y no solo hablo de ponerme en
sus zapatos. He olvidado mis prejuicios, mis actitudes, mis opiniones, mis
sentimientos y mi historia, para comprender las historias de cada uno de mis
estudiantes, ya que constituyen la base de la comunicación y la asertividad.
Concluyo, la vida laboral y escolar nunca será la misma, aun regresando
a clases presenciales. El personal docente aprenderá a no cargar miles de
hojas cuando pueden ser depositadas en una plataforma. Las escuelas no
pedirán rellenar formatos a mano cuando lo podemos tener en una carpeta
compartida. El personal docente, es más, la comunidad estudiantil, nunca
volverá a ser la misma. La computadora y el teléfono inteligente no serán
más un artículo que da estatus o de lujo, se han convertido en artículos de
primera necesidad.
El personal docente tendrá que migrar y aprender rápidamente a
utilizar diferentes plataformas educativas, diferentes servicios de red para
estar comunicados en cualquier momento. La sociedad de la información
está llegando a su fin y la sociedad de la comunicación se hace más real e
innegable. No tenemos de otra, o nos sumamos a ella y aprendemos, o no
estamos en un nivel competitivo.
Por último, juntos aprendemos. En una película de nombre Precious,
la protagonista termina yendo a una escuela alternativa llamada “Each one
teach one” que significa “cada uno enseña al otro”, exactamente eso está
pasando: todos aprendemos del otro.
Por el momento, abrazos virtuales porque estoy segura que después
de la sana distancia nos reencontraremos con las personas que queremos y
amamos; ahí será el momento del gran abrazo presencial y físico. Estaremos
tan ávidos de caricias y de observar a las personas, que no perderemos
ningún detalle de ellas y nunca más serán invisibles ante nuestros ojos;
porque por lo menos, en cuanto a mí concierne, cuando lleguen con el aviso

95
María Teresa Feria Aranda

de que existe una nueva pandemia, pondré atención en cada detalle de ellas
y ellos. A los que estén por graduarse en ese momento, les daré mis mejores
deseos, si hubiera sabido que esto iba a ocurrir, no habría perdido tiempo
en los trabajos o las tareas, eso se solucionó con el tiempo. Ese espacio
presencial con esos grupos no regresó.
Hace más de un año les dije a mis grupos de clase: “en 15 o 20 días nos
vemos” y ya pasó el tiempo. Si hubiera imaginado lo que iba a suceder me
hubiera despedido de forma cariñosa, me hubiera detenido a verlos bien
para no olvidar ningún detalle de cada uno. A los grupos que se graduaron
ese verano les hubiera dedicado más tiempo y hubiera organizado una
fiesta rápidamente, si hubiera imaginado… abrazaría a cada uno y le hubiera
dedicado unas palabras al oído como acostumbraba, si hubiera sabido…
Pero bueno, esta historia tendrá un final y tenemos que verlo.

Referencias

Rodríguez, H. (2014). Ambientes de aprendizaje. Ciencia Huasteca Boletín Científico De La Escuela-


Superior De Huejutla, 2(4). https://doi.org/10.29057/esh.v2i4.1069
Redacción. (2019). ¿Cómo usan los mexicanos las redes sociales? El Universal. https://www.eluni-
versal.com.mx/ciencia-y-salud/como-usan-los-mexicanos-las-redes-sociales

96
97
Galileo García Alvarado

98 Ilustración: Omar Juárez García


Entre la pantalla y la pared:
experiencias desde la docencia virtual

Izcóatl Tlacaélel García Morales

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor,


la electricidad y la energía atómica: la voluntad”
Albert Einstein

S oy originario de la ciudad de Oaxaca, al ser hijo de profesores de


secundaria, para mí la docencia fue algo más que una opción. En el año
2003 ingresé a la Universidad Veracruzana para estudiar la Licenciatura
en Historia, por lo que a los 17 años me mudé a la ciudad de Xalapa,
siendo una gran etapa en mi vida. Al terminar la licenciatura, en julio de 2007, volví
a Oaxaca con la idea de hacer la tesis para titularme, pero surgió una oportunidad
laboral y la tomé. Conseguí un contrato -denominado por honorarios- de medio
año como profesor de telesecundaria, así que sin ningún tipo de preparación me
enviaron a la región de la Costa y al iniciar el año 2008 me recontrataron por
otros 6 meses. Durante ese periodo trabajé en cuatro comunidades rurales muy
distintas entre sí, una de ellas ubicada aproximadamente a una hora de Puerto
Escondido y las otras tres enclavadas en las montañas. En dos de ellos se habla
la lengua chatina, para mí estar ahí fue como vivir en otro país.

99
Izcóatl Tlacaélel García Morales

Terminado el segundo contrato me otorgaron la plaza, pero me enviaron


a la región de la Cuenca del Papaloapan y estando ahí inicié la Maestría
en Educación en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla,
Campus Tehuacán. Durante un par de años, mi rutina fue viajar los domingos
en la noche durante seis horas desde la ciudad de Oaxaca a la ciudad de
Tuxtepec, después, a las 5 de la mañana trasladarme en un trayecto de casi
dos horas a San Miguel Soyaltepec y ahí tomar una lancha para cruzar la presa
Miguel Alemán haciendo un recorrido de aproximadamente 50 minutos. Los
viernes, finalizada la jornada laboral, regresaba a San Miguel Soyaltepec,
después me trasladaba a Tierra Blanca, de ahí a Orizaba y posteriormente
a Tehuacán, me quedaba en un hotel y a la mañana siguiente tomaba mis
clases de maestría de 8:30 a 15:30 horas. Al terminar, me iba a comer,
recogía mis cosas y viajaba de regreso a Oaxaca, a donde llegaba sábado en
la noche y al otro día iniciaba el recorrido de nueva cuenta a Tuxtepec. Este
ir y venir, de muchos kilómetros recorridos, llegó a su fin en mayo de 2011
cuando culminé la maestría.
Ese mismo año participé en la convocatoria para ingresar al doctorado
en la Universidad Complutense de Madrid. En septiembre recibí la noticia
de haber sido aceptado, por lo que procedí a inscribirme y en enero de
2012 me trasladé a Madrid para iniciar esa nueva aventura, que concluyó
formalmente en enero de 2016 con el acto protocolario de la defensa de
la tesis. Aunque volví a México desde agosto de 2015 debido a que había
concluido la tesis y se había terminado la beca que me permitió radicar allá,
solo estaba en espera de la fecha para la defensa.
A mi regreso me reintegré a mi antiguo centro de trabajo por un
año más, sin embargo, durante el primer semestre de 2016 comencé la
búsqueda de otras oportunidades laborales, especialmente en el nivel
superior, hasta que en agosto de 2016 tuve la fortuna de incorporarme como
catedrático en la Universidad Mesoamericana, tanto en la Licenciatura en
Pedagogía impartiendo asignaturas como Paradigmas de la investigación
educativa, Evaluación institucional y Seminario de investigación, como
en la Maestría en Educación Superior, donde inicié con la materia de
Evaluación educativa, e imparto actualmente las de Metodología de la
investigación educativa. Al dar este paso, decidí renunciar a la plaza que

100
Entre la pantalla y la pared

tenía como profesor de telesecundaria. Es así como se hizo realidad una de


las principales motivaciones de mi formación profesional: ejercer la docencia
en el nivel superior. Finalmente, a partir de agosto de 2018 me integré al
Grupo de Investigación de la Universidad.
Como resultado de los caminos que he tomado, tanto en lo
laboral como en lo académico, he aprendido a vivir en la diversidad y
he comprendido que la educación es la más humana de las actividades
socialmente construidas. Para mí, la educación es un proceso muy humano,
puesto que somos la única especie que lo lleva a cabo, además, es una
manera de garantizar la supervivencia de la especie, al funcionar como un
espacio de reproducción de las prácticas sociales y culturales, pero también
tendría que ayudarnos a hacernos más humanos en el proceso.
Asimismo, considero que la educación es un proceso dialógico, en
el que al docente le corresponde diseñar ambientes fértiles y situaciones
propicias para que suceda el aprendizaje, en tanto que el estudiante, debe
poner en marcha su disposición cognitiva, especialmente la motivación
para el aprendizaje. Además, pienso que la educación es como la medicina,
su función es hacernos bien, aunque a veces no tenga un buen sabor. En
ocasiones los esfuerzos por agradar y embellecer el proceso terminan
diluyendo, y a veces frenando, el potencial de la educación. Es importante
no perder el equilibrio entre forma y fondo; de lo contrario, los resultados
de aprendizaje pueden ser superficiales.
Ejercer la función docente es un acto de compartir, de dar lo que se
es y lo que se tiene: el conocimiento, las habilidades, un conjunto de valores,
una manera particular de entender el mundo, la sociedad y la disciplina que
enseñamos. Pero, además, es un acto de amor, entendiéndose como un acto
dialógico, de valentía, de compromiso con el otro, de liberación, de creación y
de humanización (Freire, 2005). Sin embargo, la docencia no tiene recompensas
inmediatas, estas se dan con el paso del tiempo, muchas veces cuando nuestros
estudiantes ya han emprendido el vuelo. En este sentido, mi trascendencia
como docente la alcanzo a través de los logros de mis estudiantes.
El docente es un guía que acompaña a los estudiantes en su proceso
de aprendizaje, tiene la responsabilidad de compartir sus conocimientos y
experiencia, debe ser creativo para imaginar distintos ambientes, geografías,

101
Izcóatl Tlacaélel García Morales

escenarios y situaciones para favorecer el aprendizaje. La habilidad de


comunicar es de suma importancia, así como la versatilidad de nuestro
lenguaje. Más allá de tecnicismos y del dominio de conceptos propios de la
disciplina en cuestión, debemos tener la capacidad de explicar el mismo tema
de mil y una formas diferentes si es necesario con la finalidad de que todos los
estudiantes comprendan el mensaje o lo que se quiere comunicar. En suma,
nos corresponde construir un puente entre los estudiantes y el aprendizaje.
Ser docente universitario implica una gran responsabilidad con la
sociedad y su futuro, porque estamos formando a las siguientes generaciones
de profesionistas -médicos, abogados, arquitectos, maestros, entre otros-;
por lo tanto, además de compartir los conocimientos, es muy importante
formar un conjunto de actitudes y valores propios de cada profesión, así como
la capacidad de analizar científicamente los problemas que se presentan
en cada entorno y dotar a los alumnos de las herramientas necesarias
para proponer soluciones. Sin embargo, no hay que perder de vista que no
basta con formar buenos profesionistas, sino que antes que nada estamos
formando seres humanos que en el futuro desempeñarán una profesión. Por
lo tanto, siempre me preocupo por lograr que mis estudiantes no solo vean
en mí una figura de autoridad, sino por el contrario, que sea para ellas y ellos
una persona en la que pueden confiar y con la que pueden dialogar.
El advenimiento de la pandemia ha significado un parteaguas en el
modo de vida de toda la humanidad, ha tenido un fuerte impacto en la
vida social y económica en todo el mundo. Lo normal y lo cotidiano se
vieron interrumpidos. En el ámbito educativo, cada país tomó sus propias
medidas, atendiendo a sus circunstancias y recursos. En el caso de México
se decretó un periodo de cuarentena a partir del 23 de marzo de 2020,
en el que se suspendieron las actividades “no esenciales”, entre las que
se catalogaron las educativas. En nuestro país, la educación obligatoria y
de carácter público, que va de preescolar al nivel medio superior, depende
directamente de la Secretaría de Educación Pública y por lo tanto se
establecieron algunas líneas generales de acción y se implementaron
algunos programas remediales. Las instituciones del sector privado y del
nivel superior tuvieron que implementar estrategias propias para poder
hacer frente a la contingencia y garantizar la continuidad académica.

102
Entre la pantalla y la pared

Migrar de una modalidad educativa a otra, de manera tan repentina, y


como salida emergente, supuso un conjunto de dificultades y obstáculos
tanto para docentes como para estudiantes. Me parece que la Universidad
Mesoamericana facilitó este proceso de cambio, nos brindó orientaciones
generales y posteriormente herramientas para hacer un buen trabajo.
La comunicación fue de vital importancia para dar certidumbre ante el
panorama que se estaba configurando.
Después del anuncio por parte de las autoridades federales sobre el
periodo de cuarentena, cada estado de la república, haciendo uso de su
soberanía, emitió sus propias recomendaciones e instrucciones. En el caso
de Oaxaca se determinó adelantar casi una semana la suspensión de las
actividades educativas. Es así que el martes 17 de marzo recibí un correo
electrónico por parte de la coordinadora de la Licenciatura en Pedagogía
en el que se comunicó a todos los catedráticos la suspensión de actividades
académicas hasta el 20 de abril, en el marco de las disposiciones federales
del periodo de cuarentena. En ese correo, la coordinadora compartió un
formato de seguimiento académico para adecuar, a la modalidad virtual,
las actividades programadas previamente en el syllabus, para ello se nos
otorgó un espacio de dos días y, además, se dio la indicación de utilizar
Google Classroom como herramienta para dar seguimiento a las actividades
académicas de los estudiantes.
Desde mi punto de vista estas acciones, por simples que parezcan,
permitieron reorganizar todo el proceso de enseñanza-aprendizaje y
que se siguiera una misma línea, con lo que profesores y estudiantes
pudimos migrar de modalidad con menos complicaciones que en otras
instituciones educativas. Realizar adecuaciones a cualquier planeación
de actividades no es cosa fácil, menos tratándose de un syllabus en
el que se plasman las actividades a realizar por cada hora clase de la
materia impartida durante el semestre. Por ello, hacer una pausa para
dedicarnos a reflexionar sobre la pertinencia de lo previamente planeado
fue fundamental. Ese espacio de tiempo me permitió también explorar
diversas herramientas que me pudieran facilitar el trabajo.
Como primera dificultad me enfrenté a mi falta de experiencia en el
uso de plataformas para la gestión del aprendizaje, apenas unas semanas

103
Izcóatl Tlacaélel García Morales

antes había tenido un acercamiento con Classroom, por una materia de


doctorado en línea que impartí. Sin embargo, tenía nula experiencia en el uso
de las plataformas de videollamada, había escuchado de Zoom y Meet, tenía
nociones sobre para qué servían; pero, hasta ese momento, nunca había sido
una necesidad aprender su funcionamiento. Para resolver esta situación, me
concentré en buscar información en Internet para conocer la duración de
la sesión, sus herramientas y la posibilidad de grabar las sesiones; además,
consulté algunos manuales propios de las plataformas y videotutoriales y
busqué foros para conocer sus diferencias, ventajas y desventajas.
Una vez que consulté toda esa información, creé una clase en Classroom
y le pedí a algunos amigos que se agregarán para que yo pudiera probar
las funciones y herramientas de la plataforma, como dejar tareas, calificar
o hacer comentarios en los documentos. Realicé el mismo procedimiento
para practicar en Zoom y Meet. Después de este rápido proceso de
autoformación, a la semana siguiente me encontraba más o menos listo
para poder migrar a la modalidad virtual de enseñanza. Sin embargo,
hubo otro problema asociado a las tecnologías y fue que mis estudiantes
se encontraban en diferentes lugares del estado con condiciones de
conectividad totalmente diferentes. Eso tuvo como consecuencia que no
pudieran conectarse en su totalidad a las clases o a veces lo hicieran de
manera intermitente, para remediarlo tuve que grabar todas las clases y
ponerlas a disposición de los estudiantes.
La segunda dificultad, es que en casa no contaba con un espacio
habilitado para impartir clases en línea, por lo que tuve que realizar algunos
movimientos y adecuaciones para contar con dicho espacio, uno en el que
al menos me sintiera cómodo, tuviera buenas condiciones de iluminación y
con poco ruido. Además, también me interesaba que el espacio resultara
agradable para mis estudiantes.
La tercera dificultad, y quizás la más importante, se encontraba del
otro lado de la pantalla: los alumnos. Muchos de ellos regresaron a
sus lugares de origen, donde no siempre contaban con las condiciones
de conectividad para tomar sus clases de manera normal, además de su
desconocimiento en el manejo de las diversas plataformas; por ejemplo,
en algunas ocasiones subían sus tareas, pero no le daban entregar. En

104
Entre la pantalla y la pared

algunos casos, compartían los dispositivos con sus hermanos o hermanas


que también se encontraban estudiando, lo que generaba dificultades para
tomar clases o realizar las actividades.
En otros casos, los alumnos no contaban con dispositivos en condiciones
óptimas o totalmente funcionales para tomar clases en línea, por ejemplo:
no les funcionaba correctamente la cámara y, en el peor de los casos, el
micrófono, con lo que la comunicación no era fluida y su participación se
limitaba a escuchar y comentar o preguntar por el chat de la plataforma.
Para ello tuve que armarme de paciencia y aprender a ser empático con
las situaciones que podrían estar atravesando mis estudiantes, tanto en lo
técnico como en lo emocional, físico, familiar y económico. Los primeros
meses resultaron desgastantes en todos los sentidos y para todos.
Como mencioné anteriormente, por lo general imparto asignaturas
de investigación, tanto en licenciatura como en maestría. Estar al frente
de este tipo de materias implica un reto, dado que realizar investigación no
siempre resulta atractivo o interesante para los estudiantes. Durante los casi
cuatro años, en el periodo anterior a la suspensión de clases presenciales,
pude desarrollar un estilo muy personal en el que los estudiantes aprenden
haciendo investigación. Las lecturas y actividades sobre los aspectos teóricos
de la metodología son mínimas, dedicamos más tiempo a la realización de
sus propias investigaciones, lo cual requiere de mucho acompañamiento por
mi parte. En realidad, se trata de una labor de tutoría en la que voy revisando
los avances de cada fase de la investigación, que por lo regular realizan de
manera individual.
Reproducir ese proceso de enseñanza-aprendizaje para la investigación,
ahora de manera virtual, fue extenuante, al menos durante los primeros
meses. Pero debo decir que al final también fue un proceso totalmente
satisfactorio para mí y para la mayoría de mis estudiantes, puesto que, en
medio de esta vorágine, se logró su participación como ponentes en diversos
eventos académicos como en el I y II Simposio Internacional de Educación
Superior, celebrados en julio de 2020 y mayo de 2021 respectivamente;
en el I Coloquio de Cultura de Investigación, en mayo de 2021; en el 19º
Encuentro Nacional de Estudiantes de Pedagogía y Ciencias de la Educación,
en mayo de 2021; y en el VI Encuentro Nacional de Estudiantes de Posgrado

105
Izcóatl Tlacaélel García Morales

en Educación, en noviembre de 2021. Sin duda, la práctica docente se ha


transformado en estos casi dos años de pandemia. La modalidad virtual
me ha requerido mayor flexibilidad y empatía hacia los estudiantes. Me
parece que en un principio se rompió la línea del tiempo laboral, del otro
lado de las pantallas había estudiantes que, por diversas situaciones, tenían
la necesidad urgente de resolver dudas y siempre traté de estar atento para
brindar atención y acompañamiento. Con el paso del tiempo, creo que todos
nos fuimos adaptando a las circunstancias y a la organización de tiempos y
actividades, tanto en lo académico como en lo personal; así, el desempeño
mejoró sustancialmente en ambos lados de la pantalla.
Este periodo de tiempo, que se ha extendido por más de un año, me
ha dejado diversos aprendizajes. Por una parte, lo frágil que es la vida
y lo interconectado que está el mundo, para bien y para mal: debido a
ello el virus se expandió por todos los continentes, pero también gracias
a ello pudimos trasladar los procesos de enseñanza-aprendizaje hacia
las plataformas virtuales, pudimos seguir teniendo acceso a productos y
servicios mediante diversas aplicaciones y plataformas. Asimismo, la vital
importancia que tiene la ciencia para la preservación de nuestra especie.
Por otra parte, vivir esta experiencia dentro del ámbito educativo me
permitió reafirmar la idea de que todo proceso educativo debe tener como
base el elemento humano, más allá de grados académicos, somos seres
humanos compartiendo con otros seres humanos. También, considero que
todo proceso educativo necesita de contacto humano. Es cierto que las
tecnologías nos brindan muchas posibilidades, sin ellas habría sido difícil
mantener la continuidad académica en las universidades; sin embargo, me
parece que el acompañamiento del profesor y el intercambio de ideas y
opiniones entre compañeros, incluso el simple hecho de escuchar a otros,
fortalece y optimiza el aprendizaje.
Además, ahora soy plenamente consciente de que la capacidad de
adaptación es fundamental para la supervivencia, en cualquier ámbito
de la vida; profesores y estudiantes que no pudieron o no quisieron
adaptarse al cambio, salieron o fueron expulsados del sistema educativo.
Ha habido estudiantes que, aun teniendo todos los medios digitales para el
aprendizaje en línea, han decidido salir del sistema educativo y abandonar

106
Entre la pantalla y la pared

temporalmente sus estudios, mientras termina la pandemia. Por el


contrario, también he sido testigo de todo el empeño y fuerza de voluntad
de compañeros docentes y alumnos que, a pesar de las circunstancias, han
logrado sobreponerse y adaptarse a los cambios.
El uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC) se ha
venido integrando al ámbito educativo desde hace un par de décadas, cada
vez con mayor fuerza y urgencia. Sin embargo, también hay que considerar
las brechas de desigualdad. En el estado de Oaxaca esa integración ha sido
lenta, a veces con resistencia en algunos niveles e instituciones educativas.
Hay diversas posturas sobre su uso, incluso extremas, hay quienes las ven
como un distractor y otros que las ven como la panacea, como algo que
viene a resolver muchos problemas educativos. Desde mi punto de vista
no son más que una herramienta al servicio de la práctica educativa, es el
docente quien debe saber para qué, cuándo y cómo utilizarlas, es decir,
darles un sentido pedagógico.
Durante la pandemia estas herramientas sirvieron de chaleco salvavidas,
nos ayudaron a no hundirnos y mantener la continuidad pedagógica, al
menos en el ámbito universitario. Nos hemos tenido que adaptar a utilizarlas
con mayor frecuencia, más bien de manera cotidiana, pero de nada sirven si
se cambia de modalidad sin cambiar nuestras prácticas educativas. Enseñar
en un aula virtual como si se estuviera de manera presencial es un error. En
el futuro, considero que debe darse mayor integración de las tecnologías en
el ámbito educativo, las instituciones de educación superior, tanto públicas
como privadas, deberán hacer esfuerzos por incorporarlas y por brindar
capacitación a su personal docente. Las instituciones, y las personas que las
conforman, deben estar preparadas para nuevas contingencias.
Todos hemos pasado por situaciones complicadas. Es necesario que
quienes nos dedicamos a la docencia pensemos más allá de nuestras materias
o de los temarios que nos corresponde abordar. Del otro lado de la pantalla
hay seres humanos que probablemente están pasando un mal momento
emocional, familiar y económico, tal vez se están enfrentando a pérdidas
familiares. Es por ello que se requiere de profesores más empáticos, más
solidarios. Para finalizar, la experiencia adquirida en pandemia me permite
afirmar que, si bien el contexto nos puede limitar, no nos determina; es decir,

107
Izcóatl Tlacaélel García Morales

tenemos poder de acción para mejorar y transformar nuestra circunstancia,


como bien lo dijo Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no
la salvo a ella no me salvo yo” (1914, pp. 43-44). Al concluir este texto ya
sonaban los tambores de guerra en Eurasia, han sido tiempos difíciles y, sin
duda alguna, lo seguirán siendo. Necesitamos más humanidad.

Referencias

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI editores.


Ortega y Gasset, J. (1914). Meditaciones del Quijote. Publicaciones de la Residencia de
Estudiantes.

108
109
Galileo García Alvarado

110 Ilustración: Ita Yuku Reyes Aguilar


¿Quién enseña en tiempos
de pandemia?

Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

S iempre he pensado que todos y cada uno de mis mentores han


aportado, sin duda alguna, al ser que soy y mi forma de actuar al día
de hoy, es como si fuera el resultado de una múltiple manipulación.
Sin embargo, creo que me dejo influenciar aún más por aquellos
que a mi parecer son la excelencia de la excelencia. No fue sino hasta mi
cuarto semestre en la Licenciatura Internacional en Administración de
Empresas de Hospitalidad en la Universidad del Valle de México (UVM),
campus San Rafael Ciudad de México, cuando tuve el placer de deleitarme
con la clase de Patrimonio Cultural Nacional e Internacional, una materia
demasiado amplia en carga teórica, pero fascinante si la Maestra Ingrid
Millán la impartía. Gastrónoma de formación y Maestra en Administración,
especialista en Patrimonio Cultural y Natural de la Zona Norte de México. La
Maestra Millán era una conocedora insaciable de la cultura, apasionada por
la docencia, comprometida con el turismo y por demás, debo reconocer, un
excelente ser humano. Recuerdo claramente que todos mis compañeros y
yo, absolutamente todos, siempre estábamos en punto para su clase, una
materia por muchos temida, odiada y a la vez amada, un mix de emociones

111
Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

y sentimientos que solo se experimentan con esos mentores que te permiten


crecer como persona, te impulsan como profesional y que, sin darte cuenta,
te dejarán marcado por el resto de tu vida.
Fue con la Maestra Ingrid que me enamoré del patrimonio de mi
Oaxaca, con quien aprendí el valor de lo intangible, con quien pude leer
los monumentos como libros llenos de historias que solo pocos llegan a
ver. Fue ella quien pudo hacer choques cognitivos en cada momento de su
clase, quien movía cada segundo el punto de andamiaje y con la que estaré
profundamente agradecido por compartir esa pasión por el turismo y por
enamorarnos en cada módulo de nuestro México. También me di cuenta
que para llegar a ser como ella, no solo basta tener pasión por el turismo.
Para dar una clase con esa calidad es necesario compartir también la pasión
por enseñar y aprender al mismo tiempo, esforzarse al máximo para que
el contenido teórico pueda ser visto como un elemento significativo, asumir
la característica de ser puente entre ese conocimiento y nosotros. Eso es
justamente lo que me motiva en mi práctica docente. ¡Cuando sea grande
quiero ser como mi Maestra Ingrid Millán!
La educación ha sido partícipe en cada una de las etapas del hombre,
se dice que la educación en sí empieza al mismo tiempo que las sociedades,
y que ha sido siempre una parte importante de ellas. Las sociedades
evolucionan, cambian, se transforman y se adaptan continuamente a los
requerimientos del hombre; cambios que indudablemente ha sufrido la
educación. El acto de reconocer el camino de la educación consiste también
en reconocer y resolver un camino de obstáculos, siempre desafiante,
transformador y accionante en donde los actores principales juegan roles
que determinan la trayectoria del mismo.
Si educar, es cuando menos, transmitir conocimientos, información
y habilidades que no se trasladan con el código genérico y además,
nos ponemos de acuerdo en definir al hombre como aquel animal que
procure informaciones y engendre habilidades que no se heredan,
tendremos que paidea y antropos forman dos perspectivas de una sola
realidad. (Fullat, 1992, p. 74)
Estas perspectivas, a decir de este autor, son elementos intrínsecos e
inseparables del hombre. Es justamente esa distinción la que marca la línea

112
¿Quién enseña en tiempos de pandemia?

de la especie animal y en donde justo comienza la humanidad. La reflexión


es el poder adquirido por una conciencia para sobreponerse ante sí e incluso
para hacer cambios a su propia realidad. El hombre responde a sus realidades,
aprende de ellas y genera acciones transformadoras. Así, la aparición de la
psique humana como innovación conserva aún la dimensión sensitiva como
esencial y transformada, que trasciende y que nos hace ser protagonistas
de este ensayo. Entender al hombre como un ser inteligente y racional,
hace que esta racionalidad sea el punto distintivo del comportamiento
animal que ayuda a desaparecer o desmitificar el planteamiento: Hombre
igual a Animal. Es importante reconocerlo en nuestro esfuerzo docente, ver al
hombre como un ser pensante, capaz de distinguir cualidades en sí mismo y
en sus iguales, que por naturaleza es bueno y que, con las facultades de razón,
sentimientos e ideología, es capaz de crear su propio destino.
Recuerdo muy bien cuando inició la pandemia, el día en que se
nos arrebató la oportunidad de convivir, relacionarnos, entendernos
y atendernos, hace casi dos años. En aquel entonces me encontraba
trabajando como Gerente de Recursos Humanos para un corporativo de
restaurantes oaxaqueños y a la par ejercía mi pasión por la educación, una
praxis justificada tras haber estudiado la Maestría en Educación Superior
en La Salle Oaxaca y hoy en día la Maestría en Psicología Educativa por
el Instituto de Ciencias de la Educación de la UABJO. La pandemia se
veía lejana, incluso de ciencia ficción, esa ciencia que llegó a alcanzarnos
cerrando por completo las siete sedes de las que tenía a cargo el personal
y la Universidad Mesoamericana, Oaxaca.
Hoy, sabemos del impacto para nuestra economía, para nuestra
salud, pero para nuestros jóvenes aún no podemos medirlo. Se nos pidió
hacer adecuaciones a nuestro syllabus, mismo que había sido pensado
para clases presenciales, teniendo tal vez una que otra interacción con
la tecnología, pero no necesariamente se dependía de ella para generar
el Proceso de Aprendizaje Enseñanza (PAE). Y he aquí el gran dilema de
todos los docentes, nos enfrentamos a un cambio del que probablemente
no estábamos ni esperanzados en lograr alcanzar nunca: la tecnología y el
internet como medio para el PAE.
Después de ser anunciado el cambio a la modalidad a distancia, tuvimos

113
Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

como herramientas a Google Classroom y Google Meet. Improvisamos. En


la maestría tomé un seminario de herramientas digitales, no las ocupaba más
que como reforzadoras de la cátedra que impartía, pero estas herramientas
se convertirían en cruciales para generar un adecuado proceso de aprendizaje
en cada una de las sesiones.
Bien recuerdo que alguna vez intenté tomar una Maestría de
Administración del Capital Humano a distancia, tenía por intermediario
un webinar y blackboard como aula digital. Indudablemente desistí de
ser maestrante puesto que no estaba preparado ni convencido de mis
habilidades para ser autoresponsable, autodidacta, autocrítico, auto… ¡Que
irónica es la vida! Pedirles a mis alumnos hacer lo que no logré ejecutar
de cierto modo tres años atrás. No sabía que extrañaría tanto verles a la
cara y leer la expresión corporal de mis alumnos. La herramienta de
la videollamada indudablemente suplió la presencialidad y nos dio otra
forma de comunicarnos para no quedarnos en aislamiento total, pero
dejó mucho que desear en el acercamiento humano que se requiere
para ser maestro: ver si un alumno no durmió o si la parejita del salón
se encuentra disgustada; determinar a partir de gestos si el concepto
fue fijado adecuadamente, leer los ademanes, actitudes y elementos que
implica expresarnos como humanos, eso indudablemente me lo deben las
plataformas de videollamada. Tampoco sabía que extrañaría mi entrada
triunfal como maestro al aula, no sabía que me encantaba ponerme traje y
corbata (como si fuera una gala) para entrar al salón, porque al final es eso,
un recinto respetable en donde formamos nuevos profesionales, en donde
se valora al conocimiento y tratamos de crear aún más conocimiento.
No sabía que descuidaría mi ser humano, mi ser profesional y mi
ser familiar. Para mí fue un año indudablemente catastrófico en torno a
lo emocional, generé dependencia, misma que no he logrado superar y,
aunque me encuentro en proceso terapéutico y entiendo por lo que he
pasado y hacia dónde quiero ir, aún me sigue persiguiendo el fantasma de
lo que fue. Por algún momento perdí el rumbo, descuidé mi trabajo, a mis
amigos, a mi familia, pero sobre todo me descuidé a mí mismo. No sé si le
recrimino a la pandemia, pero sí me recrimino el haber afectado mi praxis
como docente. Yo siempre había querido ser como la Maestra Ingrid, pero

114
¿Quién enseña en tiempos de pandemia?

ahora veo que se necesita mucho más que el querer, se necesita trabajar,
ser fuerte ante la adversidad y asumir voluntad cuando se debe, demostrar
el lado humano con los que necesitan acompañamiento y empatía en cada
momento en la praxis docente.
Indudablemente el cambio no solo fue para mí como maestro, también
lo fue para mis alumnos y lo lamento aún más por ellos, porque yo sí tuve la
oportunidad de asistir presencialmente a mi curso propedéutico, a mi primer
día de clases y a mi ceremonia de graduación; momentos estupendos que
por nada del mundo cambiaría, que los tengo muy grabados en mi ser y
que gracias a ellos tengo recuerdos que comparto con mi familia y amigos,
pero de los que algunos de nuestros alumnos carecerán por una situación
en el mundo que no debían, ni temían. Algunos desistieron en los primeros
meses: uno de ellos, estupendo como estudiante, pero cuya colegiatura
dependía del ingreso de su familia que vendía souvenirs en una comunidad en
Oaxaca; algunos otros (como yo), no estábamos preparados para afrontar una
educación a distancia; algunos más carecían de un equipo que les ayudara a
soportar las clases virtuales o padecían una conexión de internet inestable,
como la de muchas comunidades de Oaxaca; y en algunos otros la necesidad
de ayudar económicamente a su familia en esta adversidad los llevó a dejar
de lado sus estudios. En verdad lamento mucho la pérdida de estos talentos,
lamento que no tuvieran la suerte que yo tuve, lamento no haberme preparado
para hacerle frente a esta situación y espero algún día ayudarles más.
Prefiero que mis alumnos puedan escucharme y ver mi pantalla a
poderlos ver en su cámara, este fue siempre uno de mis constructos en
clase. En Oaxaca, la calidad de la conexión de internet indudablemente
es inestable, no pretendía que siempre tuvieran prendida la cámara y no
es que fuera descuidado con ellos, sino que me gusta empezar dándoles
la oportunidad del voto de confianza, necesario para que puedan sentirse
cómodos en clase. Considero indiscutiblemente que la cámara es una
violación a la privacidad de todos: si prendo mi cámara les permito entrar
a mi casa y pienso que casa y trabajo deberían estar totalmente separados,
pero dada mi función y la necesidad de impartir clase para alumnos con
diferentes característica de aprendizaje –visuales, con las presentaciones,
videos entre otros;, auditivos al transmitir mi voz y kinestésicos, estos últimos

115
Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

requerían verme mover, hacer ademanes y gestos para sentirse cómodos


dado que se me imposibilitaba tener contacto directo con ellos. Yo me
obligaba continuamente a tener prendida mi cámara.
En una conferencia del Dr. Díaz Barriga (2021), le escuché decir “Toda
educación requiere esfuerzo, pero esto no significa hacerlo difícil”, y comparto
la idea. Vi muchas muestras de egos vacíos en docentes que hacían alarde de
superioridad o nivel jerárquico en el aula, vi muestras de falta de amor hacia
esta profesión tan hermosa y noble, vi muestras de lo que no quiero ser. No
quiero ser un docente que por sus grados y títulos humille a las personas,
no quiero ser un profesional sin amor a su praxis, no quiero ser inhumano.
La pandemia me enseñó también que no quiero seguir trabajando en
casa, que los tiempos de mi familia y amigos son sagrados y que por nada
del mundo quiero estar ligado solamente al trabajo. Si bien el trabajo me da
tiempo de ocio y recreación, necesito aprovecharlo y compartirlo con los
míos para poder hacer de ese tiempo un momento significativo y positivo.
Muchos corrimos el riesgo de estar inmersos en situaciones negativas que
hacían a su vez un despilfarro de ese tiempo, pero siempre tendremos la
oportunidad de redireccionar este esfuerzo para generar elementos de
plena satisfacción. Entiendo que mi praxis docente debe ser dirigida para la
transformación de una realidad que no es lo suficientemente buena y justa
para todos, que mi praxis llega a más rincones de los que puedo imaginar
y que haciendo uso de mi voz y capacidad de influencia, muchos alumnos
adoptan una postura ética y reflexiva en cada momento.
Este 2022 es mi quinto año en la docencia y aún me considero un novato.
Alguna vez escuché decir a nuestra directora, la maestra Martha Chandomid
“Los maestros con más experiencia en la práctica docente van al
frente en los primeros semestres puesto que ellos generan las bases
conceptuales para que los docentes con menos experiencia en la
praxis educativa, pero con más experiencia en el campo laboral, les
ayuden a aplicar esos conceptos en los últimos semestres”.
Yo aún no puedo estar al frente de las asignaturas en los primeros
semestres en esta universidad, la razón es sencilla: en verdad la práctica de
la enseñanza se valora y se respeta, los procesos cognitivos para llegar a la
aplicación del conocimiento se siguen en cada momento y el actor al que nos

116
¿Quién enseña en tiempos de pandemia?

dirigimos en nuestra praxis siempre es el alumno.


La escuela debería ser democracia y meritocracia a la vez, se necesita
reconocer que cada ser humano tiene características específicas y únicas,
que el reconocimiento de esa naturaleza del educando es parte fundamental
en nuestra praxis docente, sin olvidar que los alumnos se deberán ver como
iguales; sin embargo, la realidad que ejercemos es totalmente diferente. A
decir de Vargas (2015), lo que denominamos efecto pigmalión -un aparato
de subjetividades-, lo que crees perseverantemente se vuelve real, para
bien o para mal, algo que tiene que ver con la naturaleza de las relaciones
humanas, donde nuestras creencias, supuestos y percepciones personales
hacen gala para generar etiquetas continuamente en los educandos, efectos
que a decir verdad, predisponen su ruta dentro del aula y que según Davini
(s. f.) “los prejuicios que los docentes tienen sobre el posible fracaso de
algunos alumnos, acaba determinando dicho resultado” (p. 22).
Este acto reflexivo que debería ser implícito en cada práctica profesional
docente sin importar el nivel en donde ejercen su praxis (educación básica,
media y superior), es pertinente dado que en pleno siglo XXI -en el cual
el individualismo está de moda y no se voltea a ver a las personas que se
encuentran a nuestro alrededor-, tenemos que crear conciencia de que
todos formamos parte de la humanidad y que solo trabajando en equipo
lograremos transformar nuestra realidad. Es momento de hacer cambios en
nuestra praxis, revisar aquellos paradigmas que deberán ser modificados,
poner de moda diferentes formas de ver la educación y sus fines, hacer
del altruismo la mejor manera de hacer este compromiso educativo. Que
el saber que da poder y hay que ponerlo al servicio del bien común y
debe ser socialmente responsable. Y justamente todo comienza con los
docentes, en nuestro ejercicio profesional, comprometiéndonos a ser un
ejemplo para la comunidad estudiantil.
Me encuentro fielmente convencido en que ignorar el panorama
actual seguirá desafiándonos aún más, haciendo más grandes los retos,
aumentando la complejidad de nuestra labor docente. Reconocer y darnos
la oportunidad de apoyarnos en nuestra capacidad, experiencia y ganas
de generar una nueva realidad, con elementos realmente formativos del
ser, con una conducta ética y una formación con valores, será esencial

117
Luis Elizaldi Gonzáles Juan de Dios

para lograr alumnos en virtud, empoderados en su hacer y quehacer, que


sepan vivir, auxiliados de las herramientas procedimentales y tecnologías
ofrecidas en el aula bajo una didáctica tecnológica establecida por
fundamentaciones contextuales.
La escuela está obligada a crear espacios en donde el alumno, que es
un nativo digital, sea capaz de expresar sus ideas, desarrollarlas sin ser
criticado y sin inhibiciones hacia justamente esas herramientas con las que
nacieron y de las que están rodeados en todo momento. Necesitaremos
apoyar a cada uno de ellos y guiarlos por un buen camino, que los lleve
a la elección adecuada de contenido para ellos en un mundo donde la
información cada vez más volátil y sus contenidos muy probablemente
carezcan de la virtud de la verdad. Entonces tendremos una nueva labor:
ayudarlos a ser alumnos críticos, con conciencia y con ganas de discriminar
el contenido que no es necesario.
Nunca dejamos de ser humanos, humanos que trabajan para humanos,
humanos formando humanos, es una responsabilidad muy grande sobre la
espalda de cada educador. Me llena de alegría, pero a la vez me atemoriza
hacer esta reflexión, porque no solo implica revisar contenidos, enseñar
procedimientos o técnicas, sino lo que se diga, se haga y se cree en el aula,
deje huella en el ser al que nos estamos dirigiendo, y ese es un peso que me
da miedo. En este acto reflexivo entiendo que la gente aún respeta al que
sabe y que la enseñanza es una gran ocasión para aprender.
No solo el alumno está obligado a aprender en cada momento, el
docente requiere la habilidad y conciencia de aprender a cada instante,
y asumir siempre que quien más sabe no necesariamente es el docente.
Busquemos la forma de reconciliar a estos dos actores para promover una
nueva forma de enseñanza, en donde el alumno con más dificultades sea el
foco de atención de la clase y no el más sobresaliente; en donde la escuela,
los maestros, los alumnos, la comunidad y las normas puedan ser un
punto de convergencia para que la educación sea vista como un motivador
de desarrollo; busquemos dar derecho al conocimiento, busquemos dar
posibilidades de conocimiento.
Ser docente universitario es un privilegio y una virtud, es entender
que no debemos brillar siempre, que necesitamos alumbrar, ayudar en

118
¿Quién enseña en tiempos de pandemia?

el camino de lo desconocido a nuestros alumnos; esto significa una gran


responsabilidad, reflexión constante, compromiso por el otro, conciencia
por lo que se dice y hace, empatía y simpatía en cada momento, objetivos y
metas claras, soluciones e improvisación ante la adversidad, por lo que es
fundamental tener conciencia de la razón de ser de la praxis y la justificación
de la didáctica utilizada, en relación al contexto, a la erradicación de las
desigualdades. Es por eso que en esta reflexión se hace hincapié en el docente,
ya que es un factor fundamental para que los alumnos universitarios puedan
y deban conocer el verdadero sentido de la universidad, entendiendo que
la educación es trascendental, que significa más que un título, un grado o
un ascenso; entender que la educación, en palabras de Freire (1975) es un
camino hacia la liberación, es un acto de amor y que… Nadie aprende en
soledad.

Referencias

Davini, M. C. (s. f.). Acerca de las prácticas docentes y su formación. Instituto Nacional de
Educación Docente.
Díaz Barriga, Á. (2021, 08 al 10 de diciembre). Principios didácticos para orientar el trabajo
docente [Conferencia magistral]. 5to. Congreso Internacional Formación de Profesio-
nales de la Educación, Oaxaca, México.
Freire, P. (1975). Pedagogia do oprimido. Paz e Terra.
Fullat, G. O. (1992). Filosofías de la educación: Paideia (1a. ed). Ediciones CEAC.
Vargas, J. G. (2015). El efecto Pigmalión y su efecto transformador a través de las expectativas.
Perspectivas docentes, (57), 40-43. https://doi.org/10.19136/pd.a0n57.1028

119
Galileo García Alvarado

120
Ilustración: Edward Emmanuel Villafañez Cruz
¿Qué significa educar en
tiempos de pandemia?

René Andrieux González Vásquez

S oy Licenciado en Filosofía por el Instituto Salesiano de Estudios


Superiores (ISES), México, Maestro en Ciencias de la Educación
por el Instituto de Estudios Universitarios (IEU), Oaxaca, y originario
de Santa María Tlahuitoltepec, Mixe. Actualmente laboro en la
Universidad Mesoamericana en la Licenciatura de Pedagogía en materias
de Sociología de la Educación, Educación Intercultural, Desarrollo de
la Comunidad e Historia del Desarrollo de la Educación en México, en la
Universidad Nacionalista México en el área de Filosofía, en materias de
Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea, en el área de Psicología
Social en la materia de Epistemología Social y en el Colegio Eulogio Gillow
en niveles de Secundaria y Bachillerato, en materias de humanidades. He
laborado en diversas instituciones académicas en las áreas de humanidades
y ciencias sociales en educación secundaria y media superior.
Considerando el sentido de la educación en la actualidad, retomo el
argumento del pedagogo brasileño, Paulo Freire (citado en Barreiro, 2007,
p. 7), quien afirmaba que la educación es “praxis, reflexión y acción del
hombre sobre el mundo para transformarlo” (1989, p. 7). El sentido y la

121
René Andrieux González Vásquez

significatividad de la educación podría sintetizarse en esta definición, sin


embargo, estaría dejando esto a la interpretación de cada lector, por ello,
intentaré profundizar en lo que desde mi punto de vista significa y por qué
es para mí importante considerar estas características.
Desde la antigüedad, la educación se ha entendido como la conducción,
el guiar al niño o estudiante hacia el desarrollo de su formación intelectual,
moral, social y afectiva. Desde este punto, la educación se vuelve práctica
porque implica el desarrollo de las capacidades de los estudiantes desde
los diversos aspectos, y no sólo el desarrollo del alumnado, sino también la
manifestación expresa de los docentes en las estrategias y metodologías de
enseñanza. Esta práctica educativa de enseñanza-aprendizaje se vuelve un
objeto de análisis, ya que no sólo es praxis de enseñar y aprender, sino que,
desde la perspectiva sociológica, emerge una socialización entre el colegiado,
es decir, la relación que se entabla entre docentes, alumnos y directivos.
En la convivencia cercana de los colegiados, la vida de cada sujeto se
manifiesta, se expresa y se transforma, es decir, la convivencia genera la
praxis y reflexión de las pautas del ser humano, en estos casos, la educación
cobra sentido porque forma al estudiante en su vida cotidiana, y este quehacer
cotidiano se refleja en la vida y en la transformación de su contexto. Por
lo tanto, considerar que la educación es práctica, reflexión y acción como
ya lo decía el autor brasileño, implica necesariamente la socialización del
quehacer humano, es decir, el pensamiento, el análisis, la práctica o ejercicio
dentro y fuera del aula.
Entonces, la educación viene en una constante transformación con la
sociedad, asimismo, implica la actualización del docente en su conocimiento,
en su preparación y en la respuesta ante los constantes retos. Por lo tanto,
considero que el papel del docente es importante en el reconocimiento del
cambio social, implica de otra manera su compromiso y mejora cotidiana en
sus estrategias, métodos y técnicas de enseñanza y aprendizaje. Hoy en día,
no es sólo el estudiante el que adquiere el conocimiento, sino que, también
el docente debe tener la apertura del constante aprendizaje. En este tiempo
de pandemia ha habido cambios drásticos, y por ello es imprescindible la
capacidad del docente para adquirir otros conocimientos y habilidades para
el desarrollo adecuado de las clases.

122
¿Qué significa educar en tiempos de pandemia?

Este fenómeno ha forzado al personal docente a usar los recursos


tecnológicos e indagar sobre diversos medios que faciliten la comprensión
de los temas. Esto ha generado un esfuerzo mayor para atender a las
necesidades cotidianas educativas. Sin embargo, existen esencias que no
se deben descuidar en la práctica docente, el papel de guía, orientador
y podría decir también, la sensibilización hacia los estudiantes y las
afectaciones que hoy en día se vive, como el individualismo, la ética o
moral relativa, y la dificultad que se puede encontrar también ante la falta
de recursos o fallas tecnológicas o eléctricas.
Este año ha habido un impacto emocional muy fuerte en la sociedad,
eso ha generado la mayor creatividad en los docentes para impartir las
clases, hacerlas entendibles y como decía anteriormente, ser guías de
manera correcta para el estudiantado, pero tampoco hay que olvidar que
la enseñanza no sólo es cuestión de los contenidos de las materias, sino
también la exigencia de la responsabilidad de los estudiantes y además de
la educación cívica o ciudadana.
Y en este sentido, ser docente universitario es una responsabilidad
y compromiso, como en cualquier nivel lo es. Sin embargo, desde mi
perspectiva, el nivel superior es la determinación de la última etapa de
formación del individuo, ya que, como evidencian diversos indicadores, muy
pocos egresados continúan con estudios de posgrado. Por esta razón, me
parece una gran responsabilidad del docente ser profesional en su trabajo
y tener un compromiso con su eticidad. Para mí, este año, ha sido un buen
reto, más que en la responsabilidad en el compromiso de indagar y generar
nuevas propuestas e ideas para esta modalidad de trabajo virtual.
Trabajar en nivel universitario es una gran oportunidad de explorar y
generar nuevas propuestas de conocimiento, y aportar nuevas ideas en el
ámbito educativo, filosófico y social. Considero importante ser empático
con los estudiantes, motivar a la investigación, la indagación y la constante
preparación, más en esta época que es muy cambiante y en la que es
necesario actualizar la educación generando conciencia de la relación del
individuo con el otro y con la naturaleza en la que vive.
Este periodo de pandemia ha sido una experiencia de impacto y de
constatación sobre la práctica docente, también ha sido de aprendizajes

123
René Andrieux González Vásquez

importantes, de cambio y actualizaciones de estrategias, técnicas y métodos


de enseñanza aprendizaje. Hago énfasis aquí, porque al iniciar a laborar en
esta universidad, inmediatamente se dio el cambio a las clases virtuales,
además, antes de la pandemia no había tenido la experiencia de dar clases
en línea, sino que siempre había sido presencial, lo cual significa, que el uso
de las herramientas tecnológicas se fue aprendiendo en el transcurso de ese
primer semestre, y es otra de las razones que me hacen reflexionar sobre la
actualización constante de mi papel como docente.
Considero que ha sido un fuerte impacto por el cambio de
modalidad que se generó a partir del inicio de la pandemia o de la
llamada cuarentena. Y no sólo por la modalidad, sino que también por
las preocupaciones y la incertidumbre de adquisición de conocimientos
por parte de los estudiantes, el cuestionamiento que genera de
manera personal, si los temas se entendieron con claridad, y esto no
precisamente por la falta de atención de los alumnos, sino porque las
herramientas tecnológicas o eléctricas fallaron en algunos momentos.
Sin embargo, también ha sido un periodo de gran aprendizaje, de
adquisición de nuevas habilidades y desarrollo de otras capacidades,
no sólo por parte del docente, sino en general con los implicados en la
educación o formación. Como ya lo mencionaba anteriormente, esta época
nos ha obligado a la capacitación tecnológica o una preparación apresurada
al dominio y manejo de estas herramientas y han sido experiencias y
conocimientos que será necesario seguir implementando.
En este tiempo, he tenido grupos bastante atentos, que también he dado
motivos para que se interesen en las clases, por la forma de explicar los
temas, las estrategias aplicadas, por lo tanto, considero que mi experiencia
por un lado ha sido muy agradable, de muchos aprendizajes, retos y logros
cumplidos con las estudiantes. La participación e interés de las alumnas
generó un ambiente agradable y de buen proceso formativo, por consiguiente,
ha sido una experiencia positiva en este ámbito, pero me parece que sí
hubo momentos también en donde la preparación académica o intelectual
no se da de la misma manera o con el mismo impacto que en las clases
presenciales. Asimismo, considero que, dentro de toda esta experiencia,
hubo algunas dificultades, o más que dificultades en la práctica docente, lo

124
¿Qué significa educar en tiempos de pandemia?

tomo como oportunidades de aprendizaje y de crecimiento, y además un


reto para mejorar, actualizar y cambiar ciertos hábitos que se practicaban de
manera presencial. En cada época de transformación social y el impacto de
los fenómenos naturales, sociales, políticos, entre otros aspectos, implica y
genera también el cambio de las personas, en sus mentalidades, ideologías y
sobre todo en este periodo contemporáneo por todos los avances científicos,
tecnológicos y hasta en los ámbitos socioculturales.
Por dificultad podría identificar, si es que se puede considerar parte de
la práctica educativa, las fallas de los instrumentos de trabajo, eléctricos o
de internet. Sin embargo, busqué otras alternativas para que las estudiantes
no se perdieran las clases, asimismo, el acompañamiento fue más cercano o
revisiones de trabajos fuera de sesiones o de horarios de trabajo.
Este periodo de pandemia ha sido un reto, ha implicado un mayor esfuerzo
en cuanto a las estrategias de enseñanza, como ya lo he mencionado, las
clases virtuales no tienen el mismo impacto que las presenciales. Asimismo,
el reto ha sido buscar las formas y maneras para que el estudiante pueda
adquirir mayor y mejor conocimiento, pero a pesar de ello, hay temas que
por su naturaleza son complejos.
Y recordando los momentos que se tenían las clases presenciales, la
experiencia evidencia que existen estudiantes que se les complica preguntar
o participar, en consecuencia, a través de las clases virtuales me pareció
más compleja la dinámica de aprendizaje, ya que se podría decir que hubo
estudiantes que su participación fue mucho menor.
Otro factor, que ha sido positivo en mi práctica docente universitaria,
es generar y crear estrategias innovadoras para la mejor comprensión de los
temas, también se ha podido evidenciar con mayor claridad la autonomía
de los estudiantes, siendo autodidactas en el sentido de profundizar los
contenidos de manera personal, y cuando surgen dudas en ellos, se comenta
en la siguiente sesión, siempre y cuando el alumnado genere alguna pregunta
o cuestión para aclarar.
En este tiempo, considero que también he mostrado profesionalismo
en la labor educativa y ello implica la responsabilidad de estar al pendiente
del estudiantado, además, estar actualizándome y leer el contexto de la
transformación social.

125
René Andrieux González Vásquez

La pandemia ha generado muchos cambios, y lo ha hecho tanto en el


ámbito personal como en el laboral o profesional. En cuanto a la modalidad
en la que se ha impartido las clases, en línea, al principio fue un poco
complicado, sobre todo por el desconocimiento de las plataformas y la forma
que implicaba presentar y desarrollar las clases, con el paso del tiempo
fui mejorando, asimismo, generando nuevas ideas para las estrategias de
enseñanza y aprendizaje. Considero que este fue el mayor cambio e impacto
que hubo en cuanto a las estrategias de enseñanza, que la pandemia me
exigió de alguna manera, desarrollar más la creatividad para impactar en
el conocimiento de los estudiantes. Sin embargo, pienso que también ha
existido cierta dificultad, a través de la modalidad en línea es complicado
desde mi punto de vista, transmitir la humanidad, es decir, la esencia de la
educación es generar humanidad con cada uno de los y las estudiantes, y
eso es algo que la tecnología no puede suplir.
Pareciera que la tecnología cada vez invade más el desarrollo de la
sociedad, eso significa de alguna forma que automatiza al individuo. Me
percato que este tiempo de pandemia y las clases virtuales me han generado
este pensamiento, el distanciamiento de la esencia humana, la socialización
es lo que humaniza y transforma cotidianamente el carácter de la persona,
con esto quiero decir, que es preocupante la educación hoy en día, y esto
implica una transformación necesaria como docente, en la que se siga
generando actitudes empáticas, cercanas al alumnado. Específicamente en
el área de Pedagogía, creo que es naturaleza de la disciplina la humanización,
ya que la licenciatura implica la labor con otros seres humanos, tanto en el
proceso de formación como cuando ya estén en el ámbito laboral, por esta
razón, es importante generar momentos de convivencia.
El impacto de la tecnología no es novedoso, sin embargo, en esta
pandemia aumentó la aplicación de esta herramienta, y ha impactado tanto
de manera positiva como negativa. Positiva, en cuanto a la continuidad de
las clases, es decir, se dio seguimiento a los programas y planes de estudio.
Anteriormente a la pandemia, las clases se daban de manera presencial y
el uso de las Tecnologías de Información y la Comunicación (TIC) no era
tan usual, o al menos no cotidianamente en la universidad, ello implica
que también la forma y la relación que se tenía con el estudiantado era de

126
¿Qué significa educar en tiempos de pandemia?

manera directa. El cambio que se realizó, pasando a las clases virtuales,


transforman desde las actitudes de cada estudiante, y como lo expresaba
con anterioridad, la labor a través de las TIC o clases virtuales fue compleja
desde el momento que había dificultades para conectarse por las fallas de
internet o que había estudiantes que no tenían electricidad.
En cuanto al impacto negativo, de manera generalizada, hubo
estudiantes que se dieron de baja, ya sea por la falta de los recursos
electrónicos, que enfrentaron dificultades por cualquier otra razón que
ya no permitió el acceso a su preparación de manera virtual, por lo tanto,
considero que la tecnología ha impactado desde diversos puntos. Como
lo muestran las estadísticas, de manera anual, siempre ha existido este
rezago educativo, y eso desde antes que se diera la pandemia, ahora con
esta situación ha aumentado a gran escala este fenómeno de deserción, por
lo tanto, el impacto ha sido mucho mayor.
Parece que el papel de la tecnología se vuelve cada vez más el centro
de la vida cotidiana, y posiblemente en un futuro el proceso histórico de
la humanidad se llame como tecnocéntrico, como en otros periodos se ha
conocido el teocentrismo o antropocentrismo, etc., y hasta este momento
la realidad social y no sólo en el aspecto educativo, se vuelve cada vez
más controlada por todas estas herramientas tecnológicas, robóticas en
la que se va perdiendo la socialización y dentro de esta, los valores como
la solidaridad, la corresponsabilidad y el respeto por las mismas personas.
No quiero decir con esto que las TIC no sean favorables para el
desarrollo humano y para las necesidades que existen, porque tanto hoy
como en un futuro creo que son fundamentales en todos los ámbitos de la
vida cotidiana, sin embargo, es importante y esencial tener la conciencia
de nuestras relaciones humanas, ya que la tecnología deshumaniza en
cierta forma, y se puede constatar en realidades sociales, ver a familiares y
grupos humanos que en vez de generar una conversación verbal o afectiva,
están más concentrados en el teléfono que entablar un diálogo o convivir
con las personas de manera física. Es la consecuencia que las TIC podrían
generar cuando se desvalorizan las relaciones humanas, desplazar los
contactos afectivos y estas herramientas se vuelven centro de atención en
todo momento.

127
René Andrieux González Vásquez

Como ya lo he plasmado anteriormente, me parece que el papel del


docente de hoy en día y para el futuro, es primeramente ser humanizador, el
carácter de la sociedad debería ser siempre distinguible por su humanidad y
no solo por las creaciones científicas y tecnológicas, entre otros. Asimismo, un
profesor debe ser profesional, que siempre esté actualizado en los ámbitos de su
labor y de conocimientos imprescindibles para su quehacer y práctica docente,
esto nos remite, un docente que sea investigador, crítico y analítico. Asimismo,
debe ser facilitador del conocimiento y aprendizaje de los estudiantes, y
contagiar además ese hábito de investigación en los ámbitos científicos,
tecnológicos, culturales y sociales. Generar la vivencia de los valores sociales y
cívicos que cada vez pareciera decadente en el mundo actual.
Es importante que el docente mantenga siempre su profesionalismo,
comprometido con su labor, y sobre todo en este periodo del siglo XXI y
en tiempos de pandemia, que la enseñanza es cada vez más exigente. Es
importante motivar y hacer atractivo los temas para atraer la atención del
estudiantado, ya que en este tiempo es complicado porque no siempre
se visualiza al estudiantado a través de las clases virtuales o en línea.
Bien es cierto, los alumnos y las alumnas también tienen el compromiso y
responsabilidad de sus acciones y decisiones, sin embargo, esta compleja
experiencia que se está viviendo en esta época, ha generado diferentes
situaciones, emociones y cambios en las personas.
Considero que el papel del docente hoy en día es muy importante, la
educación es para mejorar la sociedad y el agente educativo directo es el
que está frente a grupo, fuera de lo que se aprende en los grupos sociales
y familiares, el profesor es el que guía al acercamiento del conocimiento, o
como decía Sócrates, a ayudar a parir el conocimiento, a generar y provocar
en los alumnos el interés por desarrollarse intelectual y profesionalmente,
además en las habilidades y actitudes de los mismos como seres humanos.
En este tiempo me parece importante y necesario la empatía con los
estudiantes, generar confianza para que sin miedo o sin timidez puedan
cuestionar o aclarar sus dudas. Con los dos grupos que he trabajado en este
semestre, en el área de Pedagogía puedo constatar que eso les facilitó más
las clases, como ya lo he mencionado, el tiempo en el que se vive hoy ha
generado diversos sentimientos y emociones en la sociedad, por lo tanto,

128
¿Qué significa educar en tiempos de pandemia?

motivar las clases sin descuidar el contenido y la esencia de los temas,


considero que es primordial. De esto, creo que con las estudiantes que
trabajé este periodo las clases tuvieron su logro y productividad. Asimismo,
considerar que antes de ser docente, que realmente es un título adquirido,
somos seres humanos, y la esencia que impacta primeramente de toda
profesión, es la esencia del individuo, de su personalidad y esto se lleva en
los ámbitos laborales y en todo tipo de relación que se genera.
Implementar diversas dinámicas y actividades, y aprovechando
precisamente la tecnología, creo que también ayudó a un buen proceso
del desarrollo de las clases, y eso mismo me ha implicado a conocer otras
plataformas y aplicaciones que ayuden a mejorar la comprensión de los temas.
En lo personal estuve a disposición de las estudiantes con sus actividades
de investigación, quiero decir, que fuera de horario de clases, por cualquier
duda que les surgiera o necesitaran de más materiales, proporcionaba lo
necesario, en este sentido podría considerarse que las clases virtuales son
más demandantes, pero a la vez facilitan el proceso.
Puedo decir que tuvimos un buen trabajo con las alumnas, y también
por la participación y empeño que pusieron en las sesiones considero que
fue por todos los elementos que ya he descrito, además que las materias
se prestan para ejemplificar con hechos concretos y actuales para que sea
más comprensible. Esta experiencia docente que he tenido en el ámbito
universitario, ha sido muy productiva y enriquecedora para mí en el aspecto
profesional e intelectual.

Referencias

Barreiro, J. (2007). Educación y concienciación. En P. Freire La educación como práctica de la


libertad (pp. 7-19). Siglo XXI.

129
Galileo García Alvarado

130
Ilustración: Edward Emmanuel Villafañez Cruz
Deconstrucción docente:
una mirada humanista en la pandemia

Sofía Martínez Ruiz

L as diversas reformas de educación buscan favorecer el proceso


de enseñanza-aprendizaje, resaltando la importancia del rol
docente, sus competencias a desarrollar para a su vez, favorecer
las competencias de los estudiantes; así como integrar el contexto
en el que se desenvuelven. Esto conlleva a que la educación sea observada
desde un sentido humanista puesto que la educación actual deberá ser
integral y favorecer el desarrollo humano y social. Aunque lo anterior no
había sido considerado ante una situación de pandemia, llegó a ser un
cuestionamiento personal desde el comienzo de ésta: ¿Cómo aterrizar lo
que tenía estructurado a un contexto ahora incierto?
Psicóloga y psicoterapeuta humanista de profesión, la mayor parte de mi
desarrollo profesional ha sido en el área clínica. Incursioné en la educación
hace 14 años, cuando ingresé a una preparatoria para formarme como
auxiliar en la orientación de adolescentes y la dinámica de ese ambiente me
llevó al aula. Realmente fue hasta hace cuatro años que comencé apoyando
de forma esporádica en el área de licenciatura y posgrado como docente,
porque era un área que siempre había considerado que exigía una mayor

131
Sofía Martínez Ruiz

especialización, y si bien había realizado la certificación en Competencias


Docentes a nivel Medio Superior, sabía de antemano que acompañar a
jóvenes y adultos requería de otras estrategias.
Un semestre antes de la pandemia, debido a cambios en mi quehacer
clínico, dediqué más horas a la educación de nivel superior e inicié mi
proceso de adaptación y de aprendizaje en el área ya que por carencias
en la infraestructura tecnológica, en la preparatoria donde he colaborado
no podemos emplear muchas herramientas de este tipo. Esto me llevó a
pensar que yo también estaba aprendiendo y adaptándome a este nivel
educativo, sin saber que hoy en día significaría un parteaguas en mi quehacer
profesional. Lo anterior lo refiero porque considero que la educación es una
pieza angular en la vida de las personas, lo pienso como una herramienta
que nos permitirá pulir a esa piedra que en un primer momento no sabemos
que es un diamante; este pensamiento es parte de mi esencia en el campo
clínico. Así como en el ámbito clínico, en el ámbito de la educación los diversos
paradigmas nos orientan a estrategias diversas que nos llevan a pulir ese
diamante, en este caso, los alumnos con quienes compartimos saberes. Pulir
ese diamante consiste en todo un proceso a desarrollar, con metodologías y
estrategias propias.
A partir de lo ya expuesto surge el planteamiento ¿Cómo debo asumir
una postura humanista para favorecer el desarrollo individual y social de los
estudiantes ante la crisis surgida por la pandemia? El objetivo del presente
texto es enfatizar en la postura humanista del rol docente cuya finalidad está
encaminada a generar el desarrollo individual y social del alumno, favorecer
su aprendizaje significativo a través de la reflexión de sí mismo y del análisis
de su contexto. Ese proceso se da a la par con nosotros como docentes, ya
que ese encuentro con la otredad también nos permite reflexionar sobre
nosotros mismos. Pienso que este encuentro se puede dar en cualquier
nivel, pero principalmente en el universitario, por la serie de saberes
que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida; así que parte
del rol que asumimos es acompañar y co-construir junto a ese estudiante
para poder encontrar los cortes adecuados para él o ella, así como su brillo
único, tan único como cada diamante.
La pandemia, de forma particular, me ha reafirmado la idea anteriormente

132
Deconstrucción docente

expuesta: la importancia de un enfoque humanista como docente, capaz de


reconocerme falible y ser suficientemente flexible para poder deconstruir y
co-construir junto con las y los estudiantes, y a la vez ser sensible, empática
y compasiva con ellas(os). Por tal motivo, en un primer momento me referiré
a las limitantes de mi práctica docente y después a las reflexiones que
se han generado al hacer consciente las imperfecciones a más de un año
de pandemia, en la cual me he deconstruido, construido y co-construido,
he cuestionando mis propias creencias y saberes, mi quehacer dentro de
una educación humanista y todo aquello que pude haber considerado, que
conocía y aplicaba.
Las crisis son parte de la vida del ser humano. Slaikeu (1996) se refiere
a la crisis como “un estado temporal de trastorno y desorganización,
caracterizado principalmente por la incapacidad del individuo para abordar
situaciones particulares, utilizando métodos acostumbrados para la solución
de problemas y por el potencial para obtener un resultado radicalmente
positivo o negativo” (p. 56). Enfrentamos una pandemia, una enfermedad
que no conocíamos en lo absoluto, y perdimos a personas amadas,
compañeras(os), espacios públicos, de trabajo, etc., nos llevó sin duda a
vivenciar una crisis en la cual era necesario buscar nuevos recursos que nos
ayudaran a afrontar la adversidad, lo cual nos llevó a ese reto.
Es en este punto que se ven inmersas la escuela y la educación.
Observemos la escuela como un subsistema vital dentro del sistema social,
porque es una vía para que los alumnos practiquen situaciones de vida a las
cuales se enfrentarán dentro de su cotidianidad, donde los actores somos
los docentes y los alumnos. Es necesario guiar al alumno, a ser consciente
de asumir la responsabilidad de orientarse a sí mismo y de manejar su
propia formación. Sin embargo, cuando nos retiraron esa posibilidad como
la conocíamos -al ser una docente que aún se encontraba adaptándose a
este nuevo reto profesional- me exigió reprogramar mi mapa mental. No fue
sencillo, me resonaba en mi interior lo referido sobre la educación humanista
por González (2008) quien promueve y facilita el proceso de desarrollo
humano, educar para la vida y favorecer la potencialidad y dinamismos
humanos. ¿Cómo lo lograría?
Uno de los primeros factores de riesgo que para ese entonces reconocía,

133
Sofía Martínez Ruiz

eran mis carencias en el uso de las TIC, pues estaba acostumbrada a usar
el pizarrón o realizar actividades lúdicas presenciales. Entonces tenía que
generar una mayor adaptación a mi propio mapa cognitivo para entonces
realmente ser congruente con los estudiantes y poder apoyarles en este
proceso que todas(os) desconocíamos. A su vez, fueron notorios los retos
sociales y de infraestructura a los que me enfrenté, como la falta de un
internet estable, de una laptop y de equipo de audio. La creatividad para
considerar un recurso -por el momento no previsto- y ponerme otras gafas
en busca de soluciones, fue imperante. Lo anterior me llevó a comprender a
muchos de mis estudiantes, porque sabía que muy probablemente, al igual
que yo, había carencias de diferentes tipos y nos tocaba colocarnos como
aprendices, además de estudiantes.
De antemano sabía que los alumnos tienen necesidades de respeto
y diálogo, esto exige al docente tiempo, interés, esfuerzo y el uso de
mayor creatividad en nuestra labor diaria (Freire, 1994), lo que enriquece
las estrategias de trabajo acorde al grupo, previo discernimiento de
los estilos de aprendizaje y de inclusive, nuestras propias habilidades.
Las nuevas condiciones de uso de la tecnología (la falta de conocimiento
de las plataformas, diversas aplicaciones y conocerlos en la virtualidad
y no en persona) me enfrentaron a limitantes verbales, pues no se podía
establecer un diálogo con los estudiantes. Además, existían sesgos en
nuestra comunicación debido a la distorsión que podía ocurrir en un mensaje
escrito en el chat, que en ocasiones no es totalmente claro porque le faltan
la entonación, los gestos, el encuentro de la presencia con los alumnos.
Al inicio fue frustrante, pues consideraba que no estaba cumpliendo
mi objetivo: acompañar y significar ese nuevo espacio educativo en la
virtualidad. Había perdido a personas amadas y eso me frenó. Esas pérdidas
y saber que había alumnos que estaban atravesando situaciones similares a
la mía detuvieron mi avance en la enseñanza virtual. Ante estas limitantes y
la vulnerabilidad, me di cuenta que tenía que buscar más allá de mi propia
frustración, así que comencé a investigar sobre pequeños cursos y preguntar
entre colegas. También presté mayor atención a mi salud emocional.
Debido a la falta de diálogo y presencia, fue imperante recordar que
como docentes podemos favorecer el desarrollo de la identidad de cada

134
Deconstrucción docente

estudiante, para que les facilite la reflexión de todo el saber humano.


Ese fue uno de mis propósitos en el semestre que continuó durante el
primer año. Buscaba que los estudiantes pudieran percibir sus capacidades
y competencias, por lo que introduje la reflexión crítica a través de textos
de la materia, para brindarle un nuevo sentido a esta forma de aprendizaje,
que no se quedaran con la idea de que esta modalidad de estudio no era
adecuada o que ellos no podían aprender así.
Era un aprendizaje a la par con los estudiantes, pues yo misma como
docente buscaba desarrollar, en la medida de lo posible, los recursos
que podía encontrar y esperaba que, en conjunto con los estudiantes,
resignificáramos de alguna manera la educación en línea, no como obligación
sino como una necesidad de desarrollo y crecimiento personal y académico.
Por ello, explicaba que las actividades eran una forma de ayudarles a
comprender el material de estudio: mapas, carteles, infografías, videos o
podcast, tanto en clase presencial o virtual.
Debo señalar que hablar con estudiantes que no eran mis alumnos(as)
fue de gran ayuda, porque pude conocer su miedo a expresarse ante un
micrófono y una cámara. Las diversas dificultades por ansiedad y depresión
que también vivían en lo cotidiano, así como otras eventualidades. Comprendí
que tenía que hacer otro tipo de acercamiento, el cual no siempre me fue
posible llevar a cabo por características propias de mi personalidad y la
de mis estudiantes, así como otros factores de vulnerabilidad y de riesgo
dentro de la población estudiantil. Una realidad a la que nos seguimos y
seguiremos enfrentando, tanto en la clase en línea como en el aula, es la
diversidad humana.
Esto significó realizar ajustes a los programas que se elaboraban,
considerando las necesidades y talentos de cada estudiante frente a
nosotros (Alonso García, 2008), teniendo en cuenta que buscaba favorecer el
desarrollo de su inteligencia desde el sentido que Howard Gardner propone:
“la habilidad necesaria para resolver problemas o para elaborar productos
que son de importancia en un contexto cultural o en una comunidad
determinada” (Gardner, 1993, como se citó en Castelán, 1997, p. 12).
Otra estrategia que implementé en diversos momentos fue preguntar
sobre mi desempeño académico a mis estudiantes, compañeros,

135
Sofía Martínez Ruiz

coordinadores, e incluso a mi pareja, quien a menudo me escuchaba dar


clases. Aprendí a modular mi tono de voz, a prepararme en el uso de las
plataformas y algunas aplicaciones y a diseñar las actividades para la clase
virtual, ya que los alumnos no podían realizar las mismas actividades que
había considerado para la actividad presencial. Di prioridad a la autogestión
a pesar de que no fue bien aceptada por algunas(os) estudiantes. La
molestia no era de carácter personal, sino que era producto de una serie
de dificultades personales y familiares.
La escuela debería verse como una plataforma para el desarrollo de
competencias dentro de un marco de confianza, de valores y de estabilidad
física y mental para el individuo. Si fuera así, el alumnado desempeñaría de
manera eficiente una actividad o tarea, aprendería a través de la confianza
que se genera entre maestro y alumno, como refiere Novak (1988, 1998)
“cualquier evento educativo es, una acción para intercambiar significados
(pensar) y sentimientos entre el aprendiz y el profesor” (Moreira, 2000, como
se citó en Rodríguez, 2004, p. 3).
Cuando nos encontremos en un lugar seguro, los alumnos podrán
explorar sus capacidades y los docentes mostrarles nuevas posibilidades
para aprender y estrategias de agilidad mental, así como para el desarrollo
del pensamiento. Además, podremos favorecer la interacción entre docente y
alumno en un ambiente estructurado que beneficie el aprendizaje cooperativo,
que brinde sentido de competencia y de trabajo en equipo, de desarrollo de
la tolerancia ante la frustración y de habilidades cognitivas (Baustista-Vallejo,
2002) para generar el aprendizaje significativo.
Las estrategias deberán fortalecer su capacidad de discernir, de analizar,
de argumentar y de construir, para facilitar el aprendizaje. Estas se hacen
evidentes desde el momento en que el docente pone interés en las necesidades
de los alumnos, en la forma y medios con los que aprenden y lo que significan
los conocimientos en su vida (Rogers, como se citó en Bordenave, 1982).
Esto me lleva a replantear la importancia de tomar conciencia sobre
la percepción de los jóvenes, de sus necesidades y de los compromisos
que están dispuestos a asumir, sin perder de vista que ante la pandemia,
su cotidianeidad se ha visto modificada. Por ejemplo, encontré a diversos
estudiantes que tenían que atender también a familiares enfermos o bien,

136
Deconstrucción docente

ellos mismos enfermaron. Reafirmo que parte de mi misión como docente,


será planear nuevos proyectos, adecuándolos a las exigencias y circunstancias
actuales de los alumnos. No habrá modelos únicos a aplicar, principalmente ante
esta nueva dinámica tan cambiante, por lo que “es necesario, pues, desarrollar
en los educandos criterios personales e instalar en sus mentes una fuerza interna
que les dote de una personalidad sólida” (Chirinos, 2018, p. 99).
Los alumnos deberían asumir la responsabilidad de su educación al
mirar esta modalidad virtual como una alternativa más, en la que ellas y
ellos tendrán la posibilidad de seguir desarrollándose en lo subsecuente.
La educación con un enfoque humanista favorece la integración al contexto
social partiendo de su análisis, lo que incrementa la posibilidad de que el
alumno pueda visualizarse como generador de ideas, proyectos y cambios.
Para los y las docentes es de vital importancia leer, estudiar y
comprender acerca de la educación y actualmente, acerca de la educación
a distancia, sus estrategias y los métodos que se pueden aplicar según las
circunstancias que se presenten. En nuestra práctica docente no basta con
conocer la teoría, es importante considerar las variables de su alrededor,
las condiciones socioculturales, la motivación en estudiantes y docentes.
Reconocer nuestras fortalezas y debilidades y la docencia como un acto
integral, permitirá desarrollar las capacidades y fortalecer las áreas de
oportunidad de los alumnos, de esta forma desarrolláran su inteligencia y
su aprendizaje significativo.
Es importante modelar a los estudiantes para que asuman una actitud
positiva y proactiva, aprender junto con ellos cotidianamente en la interacción
estudiante-docente. Esto los empoderará y les ayudará a generar conciencia
sobre sus propias capacidades de aprendizaje. Finalmente, en la relación
docente-alumno, la visión humanista propiciará de manera recíproca la
formación de individuos con pensamiento reflexivo, analítico, crítico y
creativo, responsables de sus decisiones, propositivos y capaces de generar
soluciones basadas en su escala personal de valores, lo que favorecerá su
desarrollo humano y social.
Por lo tanto, la aplicación de una postura humanista en mi rol docente
dentro de esta situación de pandemia implica ser flexible al facilitar el
aprendizaje del estudiante, motivarlo a tomar decisiones conscientes

137
Sofía Martínez Ruiz

sobre sus necesidades no solo académicas, sino también personales,


atreverse a expresar sus ideas y convertir la crisis en oportunidad.
La pandemia generó un confrontamiento y afrontamiento de la
humanidad consigo misma en diferentes vértices. La educación es uno de
los tantos vértices que nos lleva a replantearnos cómo la estamos viviendo
y generando. Considero que me ha permitido, dentro de mi quehacer
docente, resignificar la educación misma, me incita a mirarme de forma
diferente sin perder mi sentido de ser humano que tiene un encuentro con
otra(o). Del mismo modo reafirmo que el aprendizaje no solo se limita al aula
y a la importancia de propiciar un pensamiento reflexivo y propositivo para
generar sentido en torno a la educación, a pesar de las circunstancias y crisis
que se nos presenten. Esto podría implementarse con diversas estrategias
presenciales y virtuales.
Por otra parte, esta experiencia ratifica el papel que tengo como docente:
facilitar no solo un contenido de programa académico, sino en general saberes
que nos llevan a afrontar la vida. Refrendo la importancia de vivenciar mi rol
docente bajo una postura humanista, me comprometo a cuidar y acompañar
compasivamente a los estudiantes, tomando conciencia de la fragilidad
de la vida humana y a su vez de la grandeza que posee cada uno de esos
jóvenes que tienen el derecho a vivir y no solo a sobrevivir, a ser felices de
forma consciente y no porque los medios de comunicación lo dicten, a tener
conciencia de sus capacidades y no limitarse a imitar actitudes, a decidir y no
solamente copiar al otro, a madurar y no solo a crecer.
Como docente deberé ser congruente en la actuación de los derechos
humanos, transmisora de valores en función de lo que vivimos para brindar
calidad educativa y de vida de forma consciente. Es imperante aprender a
escuchar a los estudiantes, a recordar que tienen una voz propia, una ideología
que pulir y un gran anhelo de vida. El actuar docente es una elección amorosa,
no en un sentido romántico, sino desde el compromiso que asumimos con
nosotros mismos, al desarrollar competencias que no solo favorecen al
alumno, sino a nosotros como docentes (Freire, 1994).
Y para mí, después de más de un año de pandemia, el ser docente
universitario implica redescubrirme como un ser humano, amorosa y
compasivamente acompañaré a la otredad.

138
Referencias

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139
Galileo García Alvarado

140
Ilustración: Edward Emmanuel Villafañez Cruz
De lo tangible a lo virtual:
una reflexión sobre la transformación
de la práctica docente en tiempos
de contingencia

Erika Mejía Velázquez

S oy psicóloga educativa y desde adolescente me interesó formarme


en el campo de las Ciencias de la Educación con el objetivo de ser
un apoyo y soporte para aquellos estudiantes que tenían dificultades
en el proceso de adquisición del conocimiento. Es por ello que me
incliné específicamente por esta área de la psicología, misma que ejerzo
desde la práctica privada. Además, hoy en día me dedico a la docencia en
el nivel superior en distintas instituciones educativas como la Universidad
Mesoamericana Plantel San Juan, donde soy catedrática de la Licenciatura
en Psicología. Educar es una labor que podría definir directamente como
mi vida, tiene un significado lleno de compromiso social para mí al grado
de ejercer la docencia en diversos niveles, desde nivel básico hasta la
educación superior.
En el presente ensayo externaré mi experiencia como docente
universitaria en tiempos de pandemia, la cual en un principio no fue del
todo gratificante. No obstante, conforme fui avanzando aprendí a contener
la angustia que me generaba no responder satisfactoriamente a los
objetivos de aprendizaje y necesidades de mis alumnos. ¿Cómo logré esto?

141
Erika Mejía Velázquez

Comprometiéndome aún más con la formación de mis estudiantes sin


dejar de aprender.
La educación se ha visto como un concepto con múltiples significados;
desde mi punto de vista, definirla limita la diversidad de campos y enfoques
que engloba, mismos que van desde el aprendizaje y la enseñanza, hasta la
adaptación al contexto sociocultural. En ese sentido, vale la pena recordar a
la educación como un agente de cambio social. Es posible que la educación
transmita los valores propios de la humanidad, pero también se corre el
riesgo de tropezar y reproducir los prejuicios de las sociedades, por ello la
educación es una actividad humana compartida por todos los sistemas con
los que el alumno interactúa cotidianamente. Para mi la educación es una
práctica que permite el desarrollo integral de los individuos de tal modo que
estos adquieren destrezas intelectuales y motrices, así como las prácticas
culturales que terminarán por moldear su identidad y personalidad. Educar,
es una acción puramente social que termina por estructurar nuestra
individualidad.
Definitivamente he quedado un tanto limitada en mi definición, la
educación es demasiado compleja y englobar todo lo que significa sería punto
de partida para otro ensayo, y recordemos que el propósito del presente es
exponer cómo ha sido el proceso de cambio al que nos hemos enfrentado
los docentes universitarios debido a la pandemia que nos orilló a adoptar un
modelo de enseñanza-aprendizaje a distancia.
El papel del docente en el proceso de enseñanza aprendizaje es el
de ser un guía que garantice el aprendizaje significativo en las distintas
esferas de formación del perfil de egreso. No se trata de formar a un
alumno autodidacta, sino a un sujeto crítico, capaz de desarrollar y poner
en marcha el conocimiento adquirido a nivel motriz, intelectual y socio-
afectivo, incluso fuera del contexto académico, logrando de este modo las
competencias básicas: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a
convivir y aprender a ser.
Ser docente implica innovar y la situación actual de pandemia recalcó
la necesidad de mantenernos a la vanguardia en el uso de estrategias de
enseñanza que fueran más allá del uso de la pizarra, me refiero a incorporar
el uso de las Tecnologias de la Información y de la Comunicación (TIC)

142
De lo tangible a lo virtual

en nuestra metodología de enseñanza. La docencia es una profesión que


nos obliga a estar actualizados, no solo respecto a los conocimientos de la
disciplina sobre la cual impartimos clase, dicho de otro modo: los docentes
tenemos algo nuevo por incorporar día a día en lo que técnicas de instrucción
se refiere (Díaz Barriga, 2005).
He de ser honesta, nunca imaginé que en algún punto de mi carrera
llegaría a ejercer la docencia en educación superior, pues el papel del
docente universitario implica realizar una labor que enlaza a la sociedad con
las principales tareas de la profesión bajo la cual se forma a los alumnos.
Cada profesión tiene un compromiso relacionado a demandas laborales y
sociales, por lo tanto no se trata solamente de cubrir ciertas tareas o tener
destrezas y conocimientos propios de la disciplina a ejercer, la meta máxima
de la educación superior es contribuir al desarrollo de la ciencia y tecnología
del país y resolver las problemáticas que se afrontan en los sectores
ocupacionales y sociales donde el profesionista se insertará más adelante.
A continuación explicaré cómo he vivido esta experiencia de cambio en
mi práctica educativa. Sin duda alguna, vivimos en un mundo incierto. Ante
la inesperada aparición del virus SARS-Cov2 muchas actividades cotidianas
tuvieron que adecuarse a una nueva normalidad con el propósito de frenar
su expansión. Para algunos era como si la vida se hubiese detenido; la vida
como la conocíamos se modificó abruptamente en medio de la emergencia
sanitaria de 2020. Ha sido un hecho histórico que dejará marcada a la
población mundial. Evidentemente la educación no fue la excepción, los
docentes teníamos que prepararnos a gran velocidad para hacer frente a lo
que muchos pensamos sería temporal y que hasta la fecha hemos trabajado
durante un año y medio, en una modalidad que había sido poco explorada
por la mayoría de colegas que se dedicaban a la modalidad presencial.
Es así como los procesos de aprendizaje alternativos han comenzado
a ganar terreno y las herramientas que los conforman son un conocimiento
esencial que como docentes y estudiantes debemos poseer. Hace 60 años se
hablaba de una Educación Automática en la que la tecnología condicionaría
las prácticas educativas, esto era un aproximado a lo que conocemos hoy
en día como b-learning, e-learning y m-learning, caracterizados por el uso
de plataformas educativas y entornos virtuales que ahora son una realidad

143
Erika Mejía Velázquez

más que tangible e imperante (Fernández-Pampillón, 2009).


Desde mi punto de vista, estas modalidades de aprendizaje ya eran
de uso cotidiano en la educación superior, pensando principalmente
en la cantidad de universidades cuya oferta educativa yace dentro de
las plataformas educativas como Moodle o Neo. Sin embargo, en la
educación presencial pareciera que solo las materias encaminadas a este
fin tendían a proponer el manejo de los entornos educativos virtuales e
incluso del manejo de software educativo o diseño del mismo, así como la
elaboración de cursos en línea, lo que probablemente terminó por dejar
en evidencia las grandes problemáticas por las que atraviesa nuestro
sistema educativo (Silas y Vázquez, 2020).
En mi caso, por la formación que tuve en la universidad e incluso por
materias que he impartido, llegué a abordar estos temas y a involucrarme
en la impartición de cursos en línea, pero esto no me dejó completamente
exenta de continuar formándome e implementar el manejo de plataformas
para clases sincrónicas, como Google Meet o Google Classroom.
Con base en lo anterior, me atrevo a decir que los docentes no
estábamos lo suficientemente capacitados para responder a la demanda
de la educación a distancia. El panorama educativo que vivíamos hasta ese
momento no nos exigía ese tipo de competencias a niveles avanzados para
generar un entorno de enseñanza satisfactorio al que el alumno pudiera
adaptarse de forma amena.
Ser profesor universitario en tiempos de pandemia es sin duda uno de
los retos más grandes que he tenido a lo largo de mi carrera profesional
y en estos momentos considero que no he afrontado algo como esto.
Definitivamente te compromete en automático con la sociedad y el campo
laboral al que aspira el alumno que se prepara dentro de las distintas
disciplinas, y la situación actual de pandemia vino a alterar esa formación
de tal manera que debemos ser cuidadosos para lograr transmitir los
conocimientos fundamentales. Pienso que las carreras universitarias van
a necesitar un refuerzo principalmente en los conocimientos prácticos,
ya que desafortunadamente gran parte de estos no pueden transmitirse
satisfactoriamente a través de una clase en línea.
Mi práctica educativa se vio modificada drásticamente, ya no se trataba

144
De lo tangible a lo virtual

simplemente de retomar las horas de clase por medio de un video, del uso
de una presentación electrónica o encomendar lecturas para que los alumnos
pudiesen hacer un seguimiento del temario de la materia, era importante
incluir el uso de las TIC y plataformas digitales para poder generar un entorno
de aprendizaje al que pudiera incorporarse en tiempo real con sesiones
sincrónicas y asincrónicas, cual si fuese la sustitución del aula presencial.
Tanto docentes como alumnos, entramos en una etapa de capacitación
para el manejo de los entornos virtuales y hacer que el e-learning o aprendizaje
virtual tuviera el éxito esperado. Todos nos convertimos en actores de la
educación a distancia, generamos incertidumbre respecto a qué tan favorable
sería esa modalidad, ya que en ese momento muchos nos percibíamos como
autodidactas en este proceso y creo que ese era el gran reto: conocer nuevas
estrategias que permitieran a los alumnos la adquisición de conocimientos de
calidad sin sentirse abandonados por parte del docente. Esto lo menciono
porque resulta interesante cómo costó trabajo adaptarnos a la educación en
línea a pesar de que, en el nivel superior, alumnos y docentes contamos con
conocimientos en informática y en general sobre el uso y manejo de las TIC.
Abordaré ahora las principales problemáticas a las que me tuve que
enfrentar en este periodo y las soluciones que implementé:
Empezaré hablando sobre la monotonía de las clases y los grandes
distractores a los cuales los alumnos se enfrentaban dentro de sus hogares,
que pronto comenzaron a trastocar el desarrollo del proceso de enseñanza
y aprendizaje. A estas alturas todos sabemos que una de las grandes
ventajas del aprendizaje móvil (m-learning) es que los individuos pueden
acceder a los cursos desde cualquier lugar y en tiempo real. Sin embargo,
en este punto ya era más una desventaja, por lo que no era garantía que los
alumnos estuviesen tomando la clase en lugar apropiado que les permitiera
la concentración y la participación activa. Lo que empezó como una actitud
positiva pronto se tornó en frustración por la sensación de no lograr una
enseñanza de calidad, además de sumar el incremento del estrés laboral, ya
que al percibir que tenía más trabajo que antes, me hizo cuestionarme si en
verdad estaba cumpliendo satisfactoriamente con mi trabajo, si mis alumnos
estaban realmente aprendiendo.
La solución a estas problemáticas apareció en un lapso de tiempo

145
Erika Mejía Velázquez

mínimo. Si los alumnos no podían tomar dos horas de clase, hacía intermedios
para que realizaran una actividad y posteriormente la presentaran; incluí
softwares educativos que permitieron una interacción dinámica (por ejemplo,
Kahoot!); organicé trabajos en equipo que permitieran un acercamiento
entre ellos, principalmente con los alumnos de nuevo ingreso. De igual
manera, incluí horas asincrónicas y clases invertidas para que los alumnos
lograran despejarse un poco mientras realizaban actividades encaminadas a
la reflexión a través de la revisión de materiales narrados a manera de texto
o en video. Alternaba los métodos de la gamificación, las clases invertidas y
el aprendizaje por proyectos para que los alumnos armaran un producto que
enlazara los conocimientos de la materia; todo completamente adaptado al
aprendizaje a distancia.
Naturalmente para esto tuve que tomar capacitación. La universidad
en ese sentido nos preparó en el uso e implementación de ciertas
plataformas como Classroom y softwares educativos. Asimismo, tuve que
recuperar la experiencia previa que había tenido en la educación en línea.
Independientemente de lo anterior, tuve que buscar otras formas de instruir
a los alumnos para que las clases resultaran más atractivas y siento que
también terminé por volverme autodidacta.
Las problemáticas anteriormente descritas se hacen evidentes en la
investigación de Silas y Vázquez (2020), la cual revela que los docentes que
laboraban en educación superior detectaron que le dedicaban mayor tiempo
al trabajo virtual que a las clases presenciales. Asimismo, la forma en la cual
la mayoría se preparó para la transición fue muy similar al proceso por el
que yo misma pasé: haber tenido capacitación institucional, haber tomado
cursos por su cuenta y haber impartido cursos en línea con anterioridad.
Respecto a la interacción con los estudiantes, algunos compañeros
y alumnos han llegado a señalar que se perdió o que había disminuido,
pareciera que algunos docentes la consideran indispensable por cuestiones
más personales, como desarrollar una relación más cercana y de confianza.
Más allá de lo anterior, esta interacción era necesaria para mí por cuestiones
operativas y de aprendizaje, lo cual es compartido por algunos docentes
dentro de la investigación previamente mencionada en la que además,
algunos participantes afirman que al contrario, existe mayor interacción

146
De lo tangible a lo virtual

entre alumnos y docentes. Las causas de esta última aseveración no están


claras, ya que no hay una justificación exacta (Silas & Vázquez, 2020).
Cabe destacar que aunque sí detecto cambios en la interacción, esta
no se ha perdido, pero pienso que es necesario que esta sea cara a cara
para que tenga los efectos deseados en la motivación durante el proceso de
aprendizaje. Ahora bien, abordaré otra problemática muy significativa que
viví durante este periodo: la brecha digital que desde 2006 ya estaba siendo
abordada como una posible problemática para el sistema educativo y que
terminó por impactarnos drásticamente en 2020. Al respecto, Rodríguez
(2006, p. 21) define el concepto de brecha digital como “la diferencia
que existe entre individuos y sociedades que tienen acceso a los recursos
tecnológicos de cómputo, telecomunicaciones e Internet”.
Coincido con este autor, ya que menciona que no es una definición que
aborde en su totalidad las consecuencias del fenómeno dentro del ámbito
educativo, además de las posibles causas socioculturales que podrían estar
detrás de este acceso limitado a las TIC. En efecto, muchos alumnos no
contaban con un dispositivo que propiciara el aprendizaje móvil. Sobre la
cobertura del servicio de internet, esta presentaba fallos constantes debido
a las zonas donde los alumnos habitan, generando que las clases no se
desarrollaran con la calidad de imagen y audio necesarios, lo que llegó a
provocar el ausentismo de alumnos de las sesiones al no poder conectarse
o perder la conexión durante las reuniones.
Para esta problemática fue necesario comenzar a grabar mis clases,
con el objetivo de que los alumnos con estas dificultades pudiesen revisar los
videos en otro momento y compartirme sus dudas en sesiones posteriores.
Del mismo modo solicité desarrollar apuntes para cada clase, mismos
que podrían compartir entre ellos si sucedían este tipo de incidentes.
Adicionalmente generé un formato de agenda de trabajo que se posteaba en
Classroom al inicio de la semana para que organizaran su tiempo y lograran
entregar sus tareas antes de la fecha límite.
En definitiva, la pandemia y el cambio de modalidad de enseñanza me
han transformado como persona y como docente. Siento que este proceso
de adaptación al proceso de enseñanza- aprendizaje es un acontecimiento
que me ha marcado significativamente y me ha ayudado a madurar como

147
Erika Mejía Velázquez

profesional en el campo de la educación. Me he vuelto más empática y


tolerante a la frustración; en cuanto a mi carácter, aprendí a manejar la
presión y el estrés laboral, pero ¿qué era lo que me motivaba a seguir? Ante
todo, la satisfacción de que mis alumnos lograsen adquirir conocimiento a
pesar de las circunstancias, escuchar al final de cada sesión sus palabras
de gratitud o incluso, al final del curso escuchar un “ésta es mi materia
favorita” me ayudaba a motivarme en momentos en que creí que estaba
completamente agotada física y emocionalmente.
Y sí, en medio de esa incertidumbre no podía evitar extrañar el aula
de clases, lo cual demostraba mi angustia y desasosiego; no solo se
trataba de mi trabajo, también de la preocupación en torno al virus y lo
que el mundo estaba enfrentando: grandes pérdidas de seres queridos, el
trabajo y la vida como la conocíamos. Yo misma me alentaba para ser más
resiliente, me alimentaba mejor, hacía ejercicio, trataba de mantenerme
optimista y alegre, principalmente en las sesiones de clase, pues considero
que como docente yo podía transmitir esa misma actitud a los alumnos,
aunque indudablemente a todos nos hacía falta la interacción cara a cara.
En ese sentido, esta experiencia me ha demostrado lo valioso que
es mi trabajo y mi deber como docente universitaria. Sobre este rol tengo
una visión más amplia del catedrático que presenta la secuencia didáctica
al alumno, ahora veo un lado más humano que contribuye a la formación
integral de los estudiantes; es un rasgo de humanidad caracterizada por
la empatía, el respeto y el acompañamiento del educando. Hoy más que
nunca valoro mi trabajo.
Con relación a las TIC, considero que estas son parte de nuestra
vida cotidiana ya que las personas nos comunicamos a través de redes
de mensajería y tenemos acceso a servicios e información por medio de
los dispositivos móviles en tiempo real con mayor frecuencia: conversar,
escuchar música, ver series, leer noticias, hacer compras y hasta aprender
está al alcance de un dedo y es ahí donde radica su impacto en la educación
universitaria actual. Considero que la pandemia nos hizo notar todo este
fenómeno, nuestro día a día está más apegado a la tecnología que hace 10
años y nos deja claro que estamos en la sociedad del conocimiento.
Sobre lo anterior, Siemens (2004, como se citó en Gutiérrez, 2012)

148
De lo tangible a lo virtual

propone la Teoría del Conectivismo basada en el uso de ambientes


educativos virtuales. Ya nos había mencionado que estamos en la era digital
y por lo tanto, las teorías y modelos de aprendizaje que hasta la fecha
continúan siendo vigentes, no serían suficientes para explicar el proceso de
adquisición de conocimiento por el cual atraviesan los sujetos. La sociedad
del conocimiento posee grandes flujos de información que los alumnos
deben distinguir de manera crítica y ajustarse a estos.
Estos tiempos de pandemia demandan que los profesores poseamos
competencias metodológicas que vayan más allá de los conocimientos
informáticos básicos, como son el manejo de una computadora o de un
dispositivo móvil, se necesitan docentes que conozcan modelos y técnicas
de instrucción centradas en los entonos virtuales. Por ejemplo, muchos
de nosotros comenzamos a interesarnos por la gamificación para que
los alumnos tuvieran clases más dinámicas. El empleo de plataformas y
recursos educativos encaminados al e-learning, b-learning y m-learning
son indispensables para construir ambientes de aprendizaje que generen
el acercamiento al conocimiento y competencias de los perfiles de egreso
de manera satisfactoria, despegándonos así de la pizarra y el gis para que
los software educativos sean nuestra principal herramienta de apoyo.
El estrés laboral, el exceso de trabajo y las desmotivaciones en el camino,
sin duda nos han hecho comprender que nuestra personalidad también
está directamente involucrada en nuestra forma de enseñar; los docentes
debemos ser profesionales con una alta tolerancia a la frustración, capaces
de adaptarnos al cambio y tener mayor capacidad de resiliencia. Lo anterior
me lleva a una reflexión final acerca de lo que es ser docente en tiempos de
pandemia: somos profesionales que debido a las demandas del contexto
tuvimos que reajustar y desarrollar al máximo nuestras competencias
digitales para dar cobertura oportuna a la educación en línea.
La docencia nunca ha sido una tarea fácil, pienso que no cualquiera
puede dedicarse a esto y mi perspectiva se reafirma en este periodo en el que
tuvimos que reflexionar sobre nuestro papel en el sistema de la educación
superior. Como mencioné al inicio de este ensayo, un docente universitario
es un vínculo entre la educación superior y la práctica correspondiente a la
profesión en el contexto donde el estudiante se está formando.

149
Erika Mejía Velázquez

La pandemia de la COVID-19 suspendió gran cantidad de actividades


a nivel mundial, hoy en día se han ido retomando poco a poco, aunque no
de la misma manera, esto incluye a la educación en el campo escolar, las
prácticas educativas no volverán a ser las mismas, debemos hacernos a la
idea de que las TIC en la educación son completamente indispensables y el
hecho de no estar preparados satisfactoriamente en el uso de las mismas
nos indica la urgencia de continuar capacitándonos, ya que esta situación
aún no ha acabado y no podemos bajar la guardia. Ser docente universitario
nos obliga a prepararnos y capacitarnos cada día, demostrado lo anterior
al superar el reto de cubrir el derecho a la educación de las y los jóvenes
universitarios, lo que me llena de satisfacción.

Referencias

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bates educativos. Perfiles educativos, 27 (108), 9-30. http://www.scielo.org.mx/scielo.
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mito a la realidad (pp. 45-73). Biblioteca Nueva. https://eprints.ucm.es/id/eprint/10682/1/
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Rodríguez, R. (2006). La brecha digital y sus determinantes. Universidad Nacional Autónoma de
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Silas, J.C. y Vázquez, S. (2020). El docente universitario frente a las tensiones que le plantea la
pandemia. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, L (Esp), 89-120. https://doi.
org/10.48102/rlee.2020.50.ESPECIAL.97

150
151
Galileo García Alvarado

152 Ilustración: Ita Yuku Reyes Aguilar


Compromiso,
flexibilidad y empatía:
tres claves para sobrellevar
la pandemia

Edmundo Morales Zárate

A l enterarme de la convocatoria para participar en la publicación


colectiva Ser docente en tiempos de pandemia no dudé un solo
instante en inscribirme, pues la llegada del COVID-19 representa
un evento histórico que impacta en todos los ámbitos de nuestras
vidas, ha tenido repercusiones importantes en la salud física y emocional de
las personas, pero también en la relación al interior de las familias, espacios
académicos, laborales, económicos, políticos y sociales en todo el mundo.
Es por eso que deseo compartir la experiencia que he tenido como profesor
en Oaxaca, lugar donde me tocó transitar de las clases presenciales a las
sesiones virtuales.
Fue en el año 2018 cuando tuve la oportunidad de empezar a dar
clases en mi entidad de origen, luego de estudiar Ciencia Política y
Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), posteriormente un Máster en Gestión de la Comunicación Política
y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Maestría
en Políticas Públicas y Género en la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO). Durante este lapso pude combinar mis estudios con

153
Edmundo Morales Zárate

otras actividades que fueron nutriendo mi experiencia profesional, porque


siempre he pensado que las personas podemos continuar desarrollándonos
multidisciplinariamente a lo largo de nuestras vidas.
En mi etapa universitaria participé en una organización de la sociedad
civil haciendo investigación y observación electoral, después, cuando estaba
por titularme, uno de mis lectores de tesis, Fernando Ayala Blanco, me aceptó
como profesor adjunto en la materia de Política Comparada en la Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (séptimo semestre de la licenciatura
en Ciencias Políticas y Administración Pública). Finalmente, tuve la fortuna
de participar en el Poder Judicial de la Federación, concretamente en la Sala
Superior del Tribunal Electoral. Las tres experiencias señaladas me ayudaron
a completar los estudios que tuve como estudiante y a conocer de cerca áreas
clave dentro del campo de acción del politólogo: las organizaciones de la
sociedad civil, la academia y las instituciones del Estado. Con la experiencia
obtenida, empecé en Oaxaca una nueva etapa como articulista en el diario
Noticias, asesor político, integrante del Comité Editorial del Centro de
Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) en la LXIV Legislatura del H.
Congreso del Estado de Oaxaca, consejero electoral (suplente) en la Junta
Distrital del Instituto Nacional Electoral (INE) y como profesor universitario
en materias como Teoría Política y Comunicación Política.
Mi interés por la academia me llevó a iniciar en 2021 un doctorado en la
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), pues hacía varios
años que admiraba el trabajo universitario, la investigación y la interacción
con estudiantes. Particularmente, me agrada mucho intentar motivar al
estudiantado para que intervenga en su contexto más cercano, por lo que fue
agradable impulsarlos a participar en dos proyectos relevantes durante este
periodo: por un lado, escribir artículos de opinión para la Revista Legislativa
del CESOP y por otro, involucrándoles en el diseño del Protocolo Universitario
para Combatir la Violencia de Género en la Universidad Mesoamericana,
Oaxaca. Me refiero esencialmente a Ana Karen Desiré Revilla Rodríguez,
Juan Sebastián Ojeda Gómez y Marco Antonio Matías Pacheco, excelentes
estudiantes que mostraron actitud, compromiso e ideas articuladas para
participar con éxito en las actividades mencionadas.
Desde mi óptica, asesorar al estudiante para que materialice sus ideas

154
Compromiso, flexibilidad y empatía

y contribuya socialmente a mejorar su entorno más cercano, es una de las


experiencias más gratificantes que podemos tener como profesores. Es
una de las actividades más nobles que hay en la vida cuando se realiza con
auténtica vocación y se dedica tiempo, estudio y compromiso a la formación
de profesionistas comprometidos socialmente con su comunidad. Al
respecto, es preciso subrayar que quienes nos dedicamos a dar clases lo
hacemos porque justamente nos interesa contribuir con nuestra sociedad,
inculcando en nuestra juventud algunas ideas y experiencias sobre los
asuntos que podrían enfrentar en su futuro profesional. En este sentido,
coincido con Fernando Savater cuando afirma que “podemos mejorarnos
por medio del conocimiento”, pero también cuando dice que “la educación
es algo muy valioso que implica un acto de coraje, saber dar un paso al
frente” (Savater, 1997, p. 24).
Se requiere entonces, un fuerte compromiso para afrontar
correctamente este gran reto, porque tampoco se podrá enseñar a
quien no lo desea. El valor de la educación se conoce desde antaño, es
famosa aquella frase que dice: “los hombres han nacido los unos para
los otros; edúcales o padéceles” (Marco Aurelio, 2005, p. 160) y aunque
su importancia pareciera ser algo evidente, atravesamos una época que
no la valora lo suficiente. Podría citar múltiples ejemplos, pero en esta
ocasión me enfocaré al proceso de enseñanza-aprendizaje, situación que
se complica en periodos de pandemia y que exigen un mayor compromiso
para poder cumplir las metas escolares. Entre los problemas que se han
detectado en la modalidad presencial está la falta de compromiso en el
estudio ¿Qué docente no ha detectado que, entre sus estudiantes, hay
quienes solo asisten a la universidad porque su familia se los exige o que
entregan tareas plagiadas de alguna página de Internet? ¿Quién no ha
visto al que se conforma con “pasar la materia” con la mínima calificación?
Estas problemáticas, desde mi punto de vista, se incrementaron en tiempo
de pandemia, problemáticas de las que, desde luego, el alumnado no es el
único ni principal responsable, estamos involucrados profesores, personal
administrativo, padres y madres de familia.
La falta de interés en el estudio no es algo que se perciba en una materia,
licenciatura, universidad o entidad de la república, se puede constatar en

155
Edmundo Morales Zárate

distintas regiones del país, es decir, no es un fenómeno exclusivo de Oaxaca


de Juárez. En la Ciudad de México, por ejemplo, recuerdo que como
estudiante tuve varios compañeros que con tal de alcanzar el promedio
mínimo para “mantener su beca”, se inscribían en las clases más
sencillas, sabían que los profesores les aprobarían fácilmente sin tener
que esforzarse por aprender.
Desde esta perspectiva, estaríamos frente a una advertencia que los
departamentos de pedagogía deberían atender urgentemente, pues las
instituciones académicas no tendrían que conformarse solo con reclutar
profesores(as) con el perfil adecuado, programar las clases minuciosamente
o evaluar constantemente al profesorado, porque a mi modo de ver, se
tendrían que generar acciones que faciliten mucho más el rol del estudiantado:
fomentar la lectura, implementar talleres de escritura y redacción, habilitar
salas de cómputo con Internet gratuito, préstamo de laptops, digitalización
de materiales bibliográficos, entre otras medidas que contribuyan a mejorar
el proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre todo en una época de pandemia
que requiere todos los insumos para mantener al alumnado con el ánimo de
continuar estudiando.
En otras palabras, si ya veníamos arrastrando una serie de complicaciones,
la pandemia de COVID-19 está haciendo el reto mucho más difícil, porque
ahora estamos en casa con múltiples distractores: una cama o un sofá que
parecen ser más cómodos que cualquiera de las sillas de nuestro comedor,
redes sociales que nos notifican en tiempo real lo que hacen nuestros seres
queridos, familiares que requieren nuestro apoyo, ruido en las viviendas que no
permite concentrarnos y deficiencias tecnológicas que obstaculizan las clases
virtuales. Recordemos que no todas las personas tienen una computadora
personal ni Internet de calidad, lo que provoca múltiples interrupciones
durante las videollamadas y distorsiona el proceso de aprendizaje.
Al iniciar la pandemia, una de las dificultades que tuve fue identificar a
quienes no comprendían los temas comentados durante las sesiones, pues
de manera presencial la interacción directa permite al estudiante expresar
fácilmente sus dudas, tomar anotaciones y estar mejor concentrados.
Al profesor, tal modalidad le facilita reconocer a quienes se les dificulta
comprender los temas abordados en el aula o qué estudiante no está

156
Compromiso, flexibilidad y empatía

concentrado o no sigue la explicación. Esta complicación la intenté resolver


solicitando al grupo mantener las cámaras encendidas, instrucción que
fracasó porque muy pronto se empezaron a presentar problemas en la
transmisión: se entrecortaba el audio, se pasmaban las imágenes o se viciaba
el sonido, lo que me obligó a modificar la dinámica virtual e invitaba a que
mantuvieran las cámaras apagadas.
El reto entonces fue saber si realmente estaban atendiendo detrás del
monitor. Aprendí a confiar más en las personas, quería pensar que, aunque
interactuaba con estudiantes de primer ingreso (algunos todavía menores
de edad), eran personas comprometidas con su formación universitaria. No
obstante, para generar retroalimentación tuve que empezar a implementar
cuestionarios en línea, utilizando el formulario Google o los de la aplicación
Flippity. Además, modifiqué la forma de preguntarles sobre los temas
abordados durante las videollamadas porque me di cuenta que cuando
cuestionaba de manera general si tenían dudas, muy pocas personas
respondían, o quienes lo hacían me decían que “todo estaba bien”, por tal
motivo opté por preguntar directamente a dos o a tres integrantes del grupo,
lo que me sirvió para detectar a las personas que en modalidad virtual tenían
dificultades para seguir los temas y poder así profundizar las cuestiones que
no estuvieran siendo claramente comprendidas.
Aunado a lo anterior, tuve que hacer “más digeribles” las diapositivas que
normalmente utilizaba en las sesiones presenciales para intentar mantener
la atención del grupo, así que las diseñé colocándoles poco texto y muchas
imágenes que me permitieran dar ejemplos actuales sobre los temas que
estuviéramos abordando (poder, política, formas de gobierno, partidos
políticos, democracia, elecciones, etcétera). El recurso de las diapositivas
es importante porque he tenido estudiantes con debilidad auditiva o que se
concentran mejor si ven imágenes, fotografías, videos, cuadros comparativos,
gráficas o mapas conceptuales. Además, en las sesiones virtuales se pueden
presentar problemas de conexión que interrumpen el audio, lo que se subsana
de algún modo con la información que puedan ver en sus pantallas, a las
que fácilmente podrían tomar alguna captura para guardar la diapositiva y
complementar los apuntes que van realizando en sus libretas.
Para asegurarme que tomaran apuntes y utilizaran sus libretas, les pedía

157
Edmundo Morales Zárate

realizar mapas mentales y explicar algunos de los temas que habíamos visto
durante las videollamadas. Una de las dinámicas que más extraño de la
modalidad presencial son los trabajos en equipo en donde se les asignaba
algún tema para que juntos lo expusieran frente al grupo; este recurso lo
he dejado de aplicar en la modalidad virtual por las complicaciones que
origina. A mi modo de ver, este tipo de dinámicas motivan a comprometerse
mucho más en su rol estudiantil, crean compañerismo porque aprenden a
relacionarse con personas distintas, con las que muy probablemente nunca
hubieran interactuado. Además, considero que las exposiciones presenciales
les ayudan a vencer el miedo a hablar en público, pues nunca será lo mismo
presentar un tema ante una pantalla estática que hacerlo frente a un grupo de
personas que están reaccionando con sus miradas, gestos o preguntas.
Al iniciar la pandemia, el alumnado se empezó a quejar por la
“excesiva cantidad de tareas que tenían”, cuando en realidad, las tareas
se ajustaban a la planeación realizada antes de la pandemia, es decir, las
tareas hubieran sido las mismas con o sin pandemia. Fue a partir de ese
momento, que tuve que ser más empático con mis estudiantes, quienes
estaban sorprendidos, abrumados, aturdidos, confundidos y fastidiados
de estar casi todo su tiempo frente a una computadora.
Adapté la programación de clases y las tareas que había proyectado
inicialmente. Recorté el número de cuartillas de lectura, les compartí el
material de consulta (en vez que lo buscaran en Tesiunam o Redalyc),
les permití entregar tareas extemporáneas o inclusive, aceptar reportes
de lectura en formato de voz que me podían hacer llegar por diversas
vías, como el correo electrónico, Classroom o WhatsApp. Gracias a ello
pude darme cuenta que algunos estudiantes se desenvuelven mejor de
manera oral que escrita, lo que benefició a quienes solían tener errores
ortográficos en sus trabajos escritos, problemática que puede ocurrir en
el primer semestre de la licenciatura. Además, incorporar la dinámica de
los mensajes de voz me ayudó a reducir el tiempo dedicado a calificar los
trabajos y a descansar mi propia vista.
En este contexto, tuve que empezar a ser mucho más flexible y tolerante
con quienes por algún motivo no podían conectarse puntualmente a las
videollamadas o no podían entregar sus tareas (siempre y cuando comentaran

158
Compromiso, flexibilidad y empatía

sus dificultades personales con la coordinadora académica). Considero


relevante que se impulsen esquemas que permitan una mayor empatía en
contextos como los ocasionados por COVID-19, elemento indispensable para
que el estudiantado se sienta en confianza y pueda mantenerse emocionalmente
estable en un entorno crítico de pandemia, sin que se entienda por esto que
debamos ser totalmente permisivos como profesores.
Recuerdo al respecto que, como estudiante de maestría en el periodo
de pandemia, estaba redactando la tesis cuando mi computadora dejó de
funcionar, al llevarla a componer me dijeron que tardarían en devolverla
porque muchos comercios estaban cerrados y no podrían conseguir
fácilmente las piezas que necesitaban. Al informar la situación a mi institución
académica no obtuve la respuesta que esperaba, pues no quisieron aceptarme
alguna prórroga para entregar los avances de tesis, tampoco me ofrecieron
alternativas para mejorar mi situación, como pudo haber sido prestarme
alguna computadora, habilitarme la biblioteca o la sala de Internet, lo que
me hizo comprender que se requiere mucha empatía para poder solventar
una crisis como la que ocasionó COVID-19.
A pesar de todo, no creo haber tenido grandes conflictos para impartir
clase durante el periodo de pandemia, quizá por el perfil de mi materia
(teórica), porque crecí (desde la preparatoria) con computadoras, Internet
y porque anteriormente ya utilizaba diapositivas. Quizá también porque he
tomado varios cursos en línea, lo que me familiarizó con el funcionamiento de
las aulas virtuales y me permitió adoptar las buenas prácticas que, desde mi
perspectiva, podrían funcionar mejor con estudiantes de primer semestre. Sin
embargo, pueden existir profesores(as), estudiantes y personal administrativo
que sí requieran la asesoría de los departamentos de psicología y pedagogía.
Esta atención ayudaría bastante a superar entornos estresantes, de ansiedad
y depresión como los que ocasiona la pérdida de algún ser querido, una
crisis económica o la violencia familiar que se pudiera estar presentando
en contextos de pandemia. Estos factores desestabilizan a las personas y
terminan repercutiendo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre todo
en Oaxaca, entidad donde muy pocas personas terminan la preparatoria o
no consideran importante realizar estudios de licenciatura.
Desde esta perspectiva, se podrían contemplar acciones específicas que

159
Edmundo Morales Zárate

eviten la deserción escolar, aunque nuestra institución no está obligada a dar


subsidios económicos (becas), sí podría desplegar programas emergentes
para quien requiera apoyo pedagógico, tecnológico o emocional durante
periodos críticos que reclaman empatía, flexibilidad y mucho compromiso
para salir adelante. Afortunadamente, las plataformas digitales pueden
contribuir a lograrlo.
En el aula virtual, por ejemplo, es muy fácil calendarizar tareas y
crear actividades. Destacaría en primer lugar la herramienta Classroom,
instrumento clave para que el alumnado no se pierda en cuanto al desarrollo
del temario, actividades, tareas, y pueda desde ahí consultar materiales
audiovisuales que le permitan reforzar el contenido que se aborda en las
videollamadas. Gracias a esta plataforma se pueden organizar los trabajos y
formular preguntas al profesor sobre las dudas que surjan, lo que fortalece
la retroalimentación, haciendo que el estudiantado pueda alcanzar por
completo el porcentaje asignado a la evaluación continua pues desde este
espacio sabrá en tiempo real los criterios de evaluación, las instrucciones
para cada actividad, sus calificaciones y la bibliografía, páginas electrónicas
o archivos digitales que le permitan mejorar la comprensión de los temas
abordados dentro del aula virtual.
Los grupos en WhatsApp también son útiles para transmitir mensajes
urgentes, anunciar tareas o compartir material audiovisual que contribuya
con la formación estudiantil. Inclusive la familiaridad de los jóvenes con
esta aplicación permite realizar videollamadas grupales, cuando por alguna
circunstancia las computadoras presentan problemas para conectarse a Meet
o a la plataforma Zoom. Para los primeros semestres de la licenciatura en
Derecho, es decir, quienes se encuentran en una etapa de reconocimiento de
conceptos, memorización y comprensión de los mismos, la plataforma Flippity
podría resultar atractiva, pues en ella se pueden crear retos o dinámicas a
manera de juego que permitan reforzar los elementos abordados durante
las videollamadas (memoramas, cuestionarios, juegos de eliminatoria,
ruleta, acertijos, entre otros). Para los semestres más avanzados de la
licenciatura sugeriría aplicaciones como Canva, instrumento que permite
diseñar currículums, tarjetas de presentación, infografías, presentaciones
académicas, mapas mentales, cuadros sinópticos, diagramas o gráficas,

160
Compromiso, flexibilidad y empatía

utilizando imágenes, fotografías y colores preestablecidos que ayudan a


optimizar el tiempo destinado a este tipo de tareas.
En ese sentido, considero que la pandemia incorporó a nuestras
vidas aspectos positivos que nos han revitalizado, como las aplicaciones
tecnológicas que facilitan la interacción de las personas y la creación de
productos audiovisuales atractivos (gráficas, infografías, carteles y videos)
que podemos diseñar de forma fácil, intuitiva y económica. Podría concluir
que COVID-19 aceleró nuestra llegada al futuro al acercar los instrumentos
digitales que hoy utilizamos. Sin embargo, el verdadero reto será saber
incorporar las nuevas tecnologías a la dinámica educativa, porque el final de
la pandemia no implica regresar al viejo esquema educativo que teníamos.
Por eso importa esta publicación, obra colectiva en la que se identifican los
instrumentos y dinámicas que se podrían adoptar en un futuro.

Referencias

Aurelio, M. (2005). Meditaciones. Gredos.


Savater, F. (1997). El valor de educar. Ariel.

161
Galileo García Alvarado

162
Ilustración: Edward Emmanuel Villafañez Cruz
Convivencias en el proceso
educativo durante la
pandemia COVID-19

José Ortiz Zárate

M i área profesional está relacionada con la Contaduría Pública.


Estudié una Maestría en Impuestos en el Instituto de Estudios
Universitarios. He tenido la oportunidad de transitar por
distintos caminos en mi ejercicio docente: en la Academia
Comercial San Francisco, en el Centro de Estudios Tecnológico Industrial
y de Servicios (CETis) No. 124, en la Universidad Mesoamericana y en el
Centro Universitario Casandoo. Mi trabajo no siempre ha sido frente a grupo,
pues en el año 2005 fui Jefe de Servicios Escolares, Orientador Educativo
en el CETis No. 124 y como la disciplina llama, me doy tiempo de atender
mi despacho contable en el estado de Oaxaca.
La labor educativa me ha llevado a colaborar como catedrático en la
Universidad Mesoamericana, institución privada ubicada en el centro de
la ciudad de Oaxaca, y otras instituciones de nivel superior. He realizado
otras actividades que han fortalecido mi práctica educativa, entre las que
se encuentran la investigación sobre temas fiscales, contables, financieros
y administrativos. Este ejercicio me ha permitido incursionar en asesorías
de tesis de licenciatura en el Centro Universitario Casandoo. He fungido

163
José Ortiz Zárate

como revisor y dictaminador de artículos científicos en coloquios y jurado en


exámenes profesionales.
Considero que la educación es un proceso en el que los seres humanos
están inmersos durante toda su vida. Es un trabajo en equipo en el que
intervienen distintos actores sociales que participan en la formación de las
y los estudiantes. Da comienzo desde la primera etapa de vida en el núcleo
familiar, en casa, ahí donde se aprende a construir el vínculo afectivo y sentido
de pertenencia. Los padres son los primeros que intervienen en la formación
de valores, de esta manera contribuyen con el proceso de enseñanza
aprendizaje. La educación adquiere vida propia a través del entorno, la cultura,
el comportamiento, el pensamiento crítico, la interacción con los demás. La
vida formativa, desde el punto de vista académico, se complementa con los
procesos escolares establecidos por el sistema educativo mexicano.
Pero qué sería de la educación sin los maestros y maestras, o dicho
en la jerga juvenil “los profes”, pues simplemente no habría educación.
Los docentes continúan embarneciendo a los individuos para transformarlos
en seres o personas de bien ante y para la sociedad. Los maestros y las
maestras de nivel básico abren las puertas a los sueños, a creer en una vida
mejor; los docentes de nivel superior desde sus trincheras facilitan que el
aprendizaje significativo adquirido haga realidad los sueños.
La labor del docente no es una tarea obligatoria o una receta, es un
ejercicio de interacción, de comunicación, de sensibilidad, pues en el mismo
escenario conviven tres elementos que comparten responsabilidades en la
formación académica de las y los estudiantes, estos son los propios alumnos
que aprenden, los padres de familia que forman en valores, y los profesores
que enseñan. Los últimos son constructores del proceso educativo, ya que
facilitan el aprendizaje apoyados en modelos pedagógicos de enseñanza. Esta
labor se ha concebido con la finalidad de interactuar de manera presencial en
el aula de clases. Considero que la razón de ser de la educación en México,
mediante la labor realizada por las y los docentes, debe garantizar la calidad
de vida de la ciudadanía; en particular debe atestiguar que el derecho a la
educación de la niñez y la juventud se cumpla.
El papel del docente dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje
es de vital importancia en la vida educativa del alumno, porque su labor

164
Convivencias en el proceso educativo durante la pandemia COVID-19

no se limita a la clase, a la cátedra. Expande su quehacer hacia actividades


extraescolares como tutorías de tesis, apoyo a las ferias de expo-orienta para
que los y las estudiantes elijan una carrera profesional. Organiza jornadas
académicas en las que el estudiantado tiene un papel principal. El docente
ha aprendido a brindar apoyo emocional, aunque en algunos casos no tenga
formación psicológica. Participa en pláticas de expertos conforme a su perfil
académico y en seminarios de interés para la docencia.
Partiendo de la siguiente frase del Benemérito de las Américas, Benito
Juárez, quien recalcaba que “La educación es fundamental para la felicidad
social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento
de los pueblos” (citado en Gobierno de México, 2021), es en este principio
donde descansa el significado de ser profesor universitario de cualquier
disciplina, y en particular me refiero a la Administración y Contaduría
Pública. Estimo que este elemento es clave para la formación integral de
los alumnos, pues el conocimiento científico que se adquiere y se construye
en las universidades hace que el ser humano sea libre y al mismo tiempo
contribuya, desde su práctica profesional, al mejoramiento de una sociedad
más humana y competitiva.
Esta actividad tan compleja y delicada no ha sido fácil realizarla como
profesor universitario, pues la práctica educativa en el nivel superior exige que los
docentes se hagan de herramientas metodológicas y didácticas que repercutan
en el saber de los estudiantes y, a su vez, ellos devuelvan este bien con su
labor en el sector productivo que está necesitado de propuestas innovadoras,
tanto para las empresas públicas como privadas que demandan profesionales
capacitados para cubrir puestos dentro de la estructura organizacional.
Para mí, ser profesor universitario significa una gran responsabilidad
en todos los sentidos, ya que requiere de un trabajo colaborativo con
la institución. Esto implica la elaboración y adecuación de programas
establecidos y autorizados por la Secretaría de Educación Pública (SEP). En
mi actividad docente he incorporado los procesos de planeación académica
que se deriva de programas sugeridos por el área académica de la
Universidad. La planeación considera la elaboración de syllabus, secuencias
didácticas, análisis de contenidos de los diferentes programas académicos.
Una de las actividades propias de ser profesor universitario es la evaluación

165
José Ortiz Zárate

continua, que me permite revisar y conocer el proceso de aprendizaje de los


estudiantes. Además de impartir la cátedra de manera presencial o virtual, he
compartido experiencias reales de mi labor profesional. El alumno siempre
ha valorado el acompañamiento del profesor como parte fundamental de
su formación. Siempre habrá alumnos que reconozcan al profesor como el
guía que orienta y reafirma el rumbo de la profesión. De alguna manera,
este acompañamiento transforma y enriquece el imaginario cultural, laboral,
económico y social de los estudiantes. Para mí, ser profesor universitario es
una de las tareas más satisfactorias y gratificantes, pues de alguna forma he
contribuido a cumplir los sueños de algunos y algunas estudiantes.
En cada etapa de la práctica docente, he vivido distintas experiencias y
acontecimientos en el aula de clases. El pase de lista en la clase presencial
era emocionante, los llamaba por su nombre o por su apellido, presente profe
ahora es un grato recuerdo. También utilizar el pizarrón con el marcador
de diferentes colores, dejar rastros de explicaciones en forma de cuadros
sinópticos, presentarles una clasificación con corchetes o cualquiera otra
idea plasmada en el pizarrón acrílico me llenaba de satisfacción y gusto por
la práctica docente. Todo eso fue cambiando ya que a través del tiempo se
fueron incluyendo otras formas de enseñar o de expresar el conocimiento.
Apareció el uso del proyector o “cañón” y otros elementos o herramientas
de tecnologías, uso de programas o manejo de Office para la creación de
diapositivas en el ejercicio de la práctica docente. Todas estas herramientas
fueron diseñadas para ser utilizados de manera presencial y su finalidad
sería complementar el aprendizaje.
Al parecer, la práctica educativa venía funcionando con normalidad,
pero llegó a nuestras vidas un problema de salud mundial: apareció en el
escenario social una pandemia provocada por el virus COVID-19. Originó
cambios repentinos en todos los sectores de nuestra vida cotidiana, tanto
en el área de salud, laboral, y educativo. En mi experiencia y vivencia en la
parte educativa este cambio vino a modificar varios hábitos de mi práctica
docente. Utilizaba las herramientas tradicionales: pizarrón, proyector,
actividades de lectura, actividades de trabajos en equipo, entre otras. Pero
el amor por la educación y la práctica docente me condujeron a buscar
nuevas herramientas o formas de enseñar y entonces me di cuenta que ahí

166
Convivencias en el proceso educativo durante la pandemia COVID-19

estaba esperándome la educación “virtual o a distancia”. Esta nueva forma


me condujo a la capacitación en el manejo de herramientas tecnológicas
adecuadas para crear nuevas condiciones y desarrollar ciertas habilidades
para la práctica educativa. Ante lo novedoso de este modelo de enseñanza
logré el conocimiento en el manejo de plataformas digitales como Classroom
y videollamadas en Zoom o Google Meet, lectura de código QR, entre otros.
Esta emergencia también me preparó para estar sentado durante mucho
tiempo frente a una computadora. Una experiencia más fue la planeación
didáctica en un nuevo formato, pues había que considerar el manejo y la
formas de interactuar con estas nuevas herramientas tecnológicas. Configurar
la cámara, el audio, el sonido y el manejo de las plataformas con todo lo
que implican para la práctica educativa fueron experiencias que marcaron
mi paso a la virtualidad. Otra de las experiencias maravillosas para mí, fue
imaginarme que los alumnos me escucharan, aunque no hubiera presencia
física. Confieso que en esos momentos me sentía como en una cabina de
radio o TV, como una especie de locutor hablándole a un público que no
veía físicamente, pero imaginaba que los alumnos atrás de esta pantalla me
escuchaban y comprendían la clase como si fuera presencial.
Enseñar no es una tarea fácil, requiere de muchos elementos pedagógicos
o de formación, los cuales son proporcionados en las carreras en educación.
En las universidades algunos de los docentes o catedráticos carecen de
esta formación pedagógica. La disciplina, cualquiera que sea su perfil,
tiene en sus profesionistas un docente en potencia, pues cada uno atiende
parte de la parcela educativa de acuerdo con experiencias y conocimientos
derivados de la práctica profesional, cumple y enriquece los programas
educativos de la institución universitaria. El docente universitario cumple
este proceso mediante la relación que funda con el alumno para que
ambos construyan conocimiento que el área contable necesita. El docente
universitario busca capacitarse en estos rubros para realizar con eficiencia
esta tarea educativa.
Yo aprendí, en otros planteles de nivel medio superior, el manejo de
algunas herramientas tecnológicas (uso de proyector, manejo de Office y de
algunas plataformas como Moodle) que facilitaron mi trabajo en el aula. La
presencia de un problema de salud vino a modificar el proceso de enseñanza.

167
José Ortiz Zárate

La inestabilidad y la falta de cobertura de la señal de internet fueron motivos


para generar estas dificultades y se convirtieron en un obstáculo para la
práctica docente. Esto motivó que en la relación docente- alumno no existiera
una comunicación adecuada para el proceso de enseñanza. Las conexiones
deficientes, así como las inclemencias del tiempo, lluvia y viento, también
fueron otros factores que entorpecieron el enlace de comunicación con los
alumnos. Sencillamente la plataforma colapsaba.
Esta dificultad hizo que el proceso de enseñanza durante esta
contingencia de COVID-19 fuera un problema y dificultara el aprendizaje.
Sin embargo, entre las autoridades universitarias del más alto nivel, y en
lo particular, buscamos estrategias adecuadas para salvar y cumplir con la
tarea: educar.
Esta crisis de salud alteró mi práctica educativa, pues me vi en la
necesidad de aceptar y adaptarme a estos cambios repentinos de modalidad.
El proceso empezó a complicarse por el uso de las nuevas herramientas
tecnológicas. Este cambio drástico me trajo como consecuencia algunos
trastornos psicológicos. Era necesaria otra forma de actuar ante un escenario
distinto, pues había que preparar las temáticas, programas y planeaciones
de la materia, según la modalidad virtual. Otra de las complicaciones que
provocó esta pandemia fue la incertidumbre de conocer o saber si los
alumnos estaban atendiendo la videollamada y si efectivamente estaban
comprendiendo el mensaje.
Mi ejercicio docente ha sido atravesado por el uso frecuente del cubre
bocas, máscara que se ha convertido en la mejor protección entre el docente,
el alumno y terceros, ya que considero que el cuidado de la salud es de
vital necesidad. El uso de este elemento fue el inicio de una transformación
personal para adecuarse a la nueva realidad a raíz de que la universidad
buscara la alternativa de un esquema híbrido, tanto para realizar algunas
tareas de requerimiento administrativo, como para establecer un primer
acercamiento con los chicos bajo un formato presencial.
La utilidad de nuevas formas y modalidades de transmitir el conocimiento
me han convencido de dejar atrás los paradigmas anteriores. También
fueron elementos clave en mi transformación, sobre todo, el manejo de
las plataformas digitales Zoom, Teams, Google Meet y Classroom, que

168
Convivencias en el proceso educativo durante la pandemia COVID-19

son herramientas para transmitir el información y conocimiento bajo el


esquema virtual. He iniciado el proceso de adaptación para el inevitable
modelo híbrido.
El manejo de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación
(TIC), entre las que se encuentran las famosas plataformas, fueron para mí de
suma importancia. Y analizando los efectos que ha tenido el manejo de estos
recursos tecnológicos puedo decir que llegaron para quedarse. Considero
que estas herramientas se han convertido en un agregado didáctico y
novedoso que funciona para establecer un vínculo de comunicación entre
los estudiantes y son necesarias para el ejercicio docente. He logrado
enseñar y he tratado que mis alumnas(os) comprendieran la clase. Además,
ha renacido el estudiante que llevo dentro, pues tomé cursos de software en
el manejo de Office para reforzar este nuevo modelo a distancia.
Este cambio tan repentino de una modalidad presencial a una virtual o
en línea es mi presente, nuestro presente, y debería continuar en un futuro.
El nuevo formato es un principio de búsqueda de mecanismos para reforzar
los modelos educativos en el mejoramiento del ejercicio de la práctica
docente. El impacto que ha causado este nuevo paradigma se vio reflejado
en buscar nuevas formas de enseñanza, así como la utilización de nuevas
herramientas tecnológicas que forman parte de este mundo globalizado,
cambios de hábitos personales de salud, entre otros. Algunas transformaciones
de carácter personal y tecnológicas han reforzado mi práctica docente. La
pandemia provocada por el COVID-19 ha modificado la vida misma. Las
nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación han favorecido el
modelo a distancia y la impartición de posgrados de maestría y doctorado,
que en su mayoría ya utilizaban formatos virtuales o modelo ejecutivo.
La pandemia me dejó una enseñanza que implica capacitación y
actualización en herramientas tecnológicas que son útiles para enfrentar retos
en mi práctica docente, sea en tiempo de pandemia o no. Este confinamiento
se ha convertido en una oportunidad para que considere transformar mi
forma de enseñar en este nuevo formato. Estas herramientas didácticas
fueron utilizadas para mejorar el proceso educativo en la interacción
docente- alumno. Las considero como un elemento indispensable tanto para
el presente y futuro de la educación.

169
José Ortiz Zárate

Bajo este nuevo modelo de aprendizaje, las instituciones educativas


universitarias, entre ellas la Universidad Mesoamericana, están trabajando
arduamente con nuevos programas de capacitación docente que nos permitan
ser competitivos con otras instituciones. Las coordinaciones de licenciatura
están adecuando los programas de estudio que respondan a las necesidades
que se presentan en este nuevo esquema. No han perdido de vista reforzar
el trabajo en el aula con una mirada pedagógica y la capacitación para el
manejo adecuado de estos recursos tecnológicos. Tomando en cuenta la
oferta y la demanda en el nivel superior es necesario considerar estos nuevos
cambios. Las instituciones educativas han buscado docentes calificados
y actualizados para atender a jóvenes del futuro y de esta incrementar la
matrícula escolar. Esta crisis de salud ha dejado un nuevo aprendizaje y ha
lanzado un reto: seguir utilizando de manera conjunta las plataformas bajo
un esquema virtual o presencial.
Ser docente universitario significa para mí una vocación de entrega y
una tremenda responsabilidad, pues no solo se trata de brindar información,
sino que, de manera conjunta docentes y estudiantes construyan objetos
de estudio para compartir nueva información y nuevo conocimiento con las
comunidades científicas de cada disciplina, en particular el área contable.
Debemos formar profesionistas capaces de incursionar con éxito en su vida
laboral. Considero también que ser docente universitario es acompañar
a las alumnas y alumnos para lograr sus metas y proyectos de vida en su
futuro profesional. Es compromiso y responsabilidad, trabajo colaborativo
con los directivos, áreas académicas y administrativas de las instituciones de
nivel superior. Este trabajo en conjunto forma profesionistas cuya finalidad
es brindar a la sociedad un servicio con calidad educativa y humana.
Finalmente, ser docente universitario es estar capacitado y actualizado para
enfrentar cualquier contingencia de salud o de cualquier otra índole, ser
educadores competitivos para el mejoramiento de nuestra práctica docente
y, por qué no, de la sociedad.

170
Referencias

Gobierno de México. (2021, 21 de marzo). Benito Juárez, Impulsor de la educación en


México. Coordinación General @prende.mx. https://www.gob.mx/aprendemx/articulos/
benito-juarez-impulsor-de-la-educacion-en-mexico?idiom=es

171
Galileo García Alvarado

172
Ilustración: Ita Yuku Reyes Aguilar
La distancia y la
anhelada motivación

Lucía María Reyes Nava

Q ué es lo que debemos dominar los docentes? Quizá el conocimiento,


se podría pensar. ¿Qué es lo que debe construir un docente?
Cimientos sólidos en los cuales sus estudiantes puedan desarrollar
dicho conocimiento. ¿De qué vivimos entonces los que nos dedicamos
a la docencia? Del aprendizaje constante y de la satisfacción de llevar por el
camino de la razón, la conciencia y la pasión a nuestros estudiantes.
Soy Licenciada en Comunicación egresada de la Universidad
Mesoamericana, plantel San Luis. Mi especialidad está vinculada con los
medios de comunicación, que han sido mi pasión desde que tengo uso de
razón. Gracias a mis padres, catedráticos, amigos, compañeros de trabajo y
al esfuerzo y dedicación, mi desarrollo dentro de ellos ha sido satisfactorio,
desde la parte tradicional, principalmente la televisión, hasta la era digital,
con la producción de contenido audiovisual y gráfico. Hay mucho por
experimentar, practicar, ver y comprender de la constante evolución de los
medios, yo me seguiré adaptando.
Mi pasión surgió luego de participar en algunas producciones televisivas
a nivel local y nacional; han sido proyectos propios y colaboraciones de los

173
Lucía María Reyes Nava

que me sentiré siempre muy agradecida por todo el apoyo que se me ha


brindado y gracias a ello ahora puedo desarrollarme también en este camino
tan comprometido y especial que es la docencia.
Quiero compartir uno de mis más grandes logros hasta el momento,
un contenido audiovisual para redes sociales que, reitero, sin el apoyo de
grandes seres humanos no se habría concretado jamás. Este tiene como
temática los viajes por distintos lugares de la República Mexicana y por
supuesto, San Luis Potosí.
Durante un viaje vacacional a Mérida puse en práctica otra de mis
pasiones, la fotografía y el video; realicé recorridos por diversos lugares y,
al revisar y evaluar el material obtenido, surgió la idea de crear cápsulas
audiovisuales. Originalmente, el contenido era producción de un canal local
en el que estuve laborando; al principio no creí ser capaz de lograrlo, tener
un programa de media hora una vez a la semana, después cada tercer día
y posteriormente hasta los fines de semana. Fue para mí un gran reto, pero
también un logro a nivel profesional y personal.
Uno de los principales motivos de viajar por Mérida, Chichén Itzá,
algunos cenotes, Celestún; Querétaro, Ciudad de México, San Luis Potosí,
entre otros lugares, fue mostrar nuestro bello y extraordinario México, contar
su historia y seguir asombrándonos de todo lo que tenemos al alcance de la
mano. Afortunadamente el contenido gustó y se pudo trasladar a internet.
Lo anterior no se comenta con un afán presuntuoso, se externa con el
propósito de transmitir el siguiente mensaje: ¡Si yo lo logro, tú también lo
podrás lograr! Eso es algo que a diario comento con mis estudiantes, todo
es cuestión de enfocarse, prepararse, luchar y practicar; algunos dicen que
por ser la maestra lo he logrado, siempre les contesto: no es así, lo mismo
que yo hago lo podrían realizar ustedes, incluso mucho mejor. Tengo la
fortuna de poder seguir preparándome, no solo en la parte de los medios,
sino en la parte gráfica en general, publicidad, mercadotecnia y ahora en la
docencia, labor especial que se ha convertido en un todo, en un gran reto,
una responsabilidad y compromiso absolutos.
Al principio, no estaba completamente convencida de incursionar en
la docencia porque venía de un momento profesional complicado, con
desilusión, miedos e incertidumbres; pude incorporarme al ámbito educativo

174
La distancia y la anhelada motivación

gracias a la confianza que depositaron en mí. Comencé esta labor con


muchos nervios, con temor de no poder hacerlo y no ser lo suficientemente
capaz de transmitir el conocimiento, pero ahí estaba la pasión por lo
que hacía y a lo que me había dedicado hasta el momento y que seguiré
haciendo: estar frente a un grupo de jóvenes, para inculcar la idea del por
qué es importante estar, permanecer y trascender desde lo individual a
lo social, desde lo personal a lo profesional, desde el conocimiento y la
pasión hacia la práctica y por supuesto la experimentación. Siempre he
pensado que el conocimiento debe llevar a ese proceso de aprendizaje
académico, profesional y personal.
De acuerdo con Bruner (1997, citado en León, 2007, p. 599):
Nuestra evolución como especie nos ha especializado en ciertas
formas características de conocer, pensar, sentir y percibir... estas
constricciones se toman como una herencia de nuestra evolución
como especie, parte de nuestra dotación “innata”. Las implicaciones
educativas que se derivan de esta afirmación son masivas y sutiles
a la vez. Porque si la pedagogía capacita a los seres humanos para
que vayan más allá de sus disposiciones innatas, debe transmitir la
“caja de herramientas” de la cultura... Esta es una limitación. Otra
limitación incluye las constricciones impuestas por los sistemas
simbólicos accesibles a las mentes humanas en general... impuestos
por la cultura.
La educación es primordial, es perfección, es seguridad, es también
una forma de ser y de sentirnos libres, así me lo inculcaron en casa.
Mis padres siempre nos decían que al ser personas con conocimientos
tendríamos más oportunidades de abrir muchas puertas, pero la principal
sería nuestra mente ante circunstancias a veces inesperadas. Esa educación
que no solo es la académica, sino la que va mucho más allá, la que se
complementa con valores y conocimientos que se llevan a la práctica. Es
un proceso que proporciona a la persona las herramientas necesarias y
conocimientos esenciales e importantes para poder realizar cualquier tipo
de actividad, trabajo o encomienda de los diversos ámbitos de los que se
integra la vida social.
Sin embargo, la educación también conlleva disciplina, conducción,

175
Lucía María Reyes Nava

obligación, firmeza, enfoque, cuidado y perseverancia. En este sentido,


Bruner y Vigotsky (citados en León, 2007, p. 600) consideran que:
el hombre y la mente del hombre son hechuras de la cultura.
La mente es producto de la educación. También los valores, los
afectos, las emociones, el carácter, el conocimiento, la cognición, las
particularidades del cuerpo son obras de la cultura, de la educación.
En este tiempo como docente he comprendido que la responsabilidad es
grande porque nos convertimos en guías, en personas que no solo preparan
a profesionistas, sino a seres humanos que se están desarrollando de manera
integral. Tenemos la encomienda de reconocer y hacer conciencia en cada
uno de nuestros estudiantes que no se trata solo de estar al tanto sobre una
materia o un tema en concreto, es necesario ponerlo en práctica. De nada
sirve saber mucho de un tema específico si eso no se pondrá en práctica o
se experimentará, si ese conocimiento no se va a compartir.
La educación nos da una visión amplia del mundo en general y según
nos estemos especializando vamos puntualizando el enfoque. Nos da una
forma de pensar universal e individual, una forma de satisfacer y generar un
presente inmediato y un futuro seguro; de pertenecer, de conocernos cada
vez más, de ser creativos, de ser capaces de alzar la voz y producir todo lo
que desarrollamos en nuestros sueños.
Ser parte de ese proceso de crecimiento en jóvenes que desean
prepararse para la vida es algo completamente satisfactorio; algo abrumador
–tengo que confesarlo-, pero me ha dejado un desarrollo extraordinario no
solo a nivel profesional, también en el personal. Me ha dado un enfoque
diferente y me ayuda a confirmar día con día que la educación sigue y seguirá
siendo prioridad; no solo es el conocimiento que se proporciona como
docente al estudiante, al mismo tiempo es el ejemplo, la perseverancia y la
complicidad que debe de existir para poder desarrollarse y lograr cualquier
objetivo o meta deseada.
Ante una nueva experiencia de vida, laboral y personal; vino algo
completamente inesperado, que cambió no solo mi contexto, sino el de
todos, algo que estaba fuera de nuestras manos. Llegó de sorpresa –muy
desagradable, por cierto- y llegó para quedarse, el virus, el COVID-19, del
que poco sabíamos al principio.

176
La distancia y la anhelada motivación

Todo comenzó en los primeros meses del año 2020, primero como
noticia lejana a nuestro país, después convirtiéndose en una realidad. En el
mes de marzo nos fue comunicado que las clases seguían pero que teníamos
que ir a casa, teníamos que resguardarnos; no era algo para tomarse a broma,
a la ligera o como un descanso, fue una decisión dura pero contundente y
estipulada para cuidarnos y resguardar nuestra vida.
Para mí fue algo confuso, inesperado y me generó muchas dudas. A nivel
de salud yo estaba pasando por un mal momento, había tenido un accidente
y una férula en mi tobillo derecho me impedía la completa movilidad, y
como en mis planes no estaba faltar a la universidad seguí con la labor;
conté con la ayuda de grandes y buenos compañeros de trabajo que me
proporcionaron todas las comodidades para poder continuar; otra muestra
muy grande de solidaridad la recibí de los chicos, quienes se adaptaron a
mis necesidades y ese gesto no lo olvidaré jamás.
Cuando nos dan el aviso que iríamos a casa ante una inminente ola
de contagios, que desgraciadamente fue cada vez peor y por lo cual se
perdieron muchas vidas, la incógnita fue ¿y ahora qué vamos a hacer?,
¿cómo sigue esto?, ¿cuál es la indicación real? En lo personal mi idea nunca
fue parar, no lo vi ni siquiera como una opción y me puse a pensar ¿cómo
le podemos hacer para seguir ante esta situación atípica, complicada,
controversial y desgastante para todos?
Y en efecto no paramos inmediatamente, ante la crisis se pensó en qué
opciones había, con qué contábamos en casa y qué teníamos al alcance para
poder resolverla. Comencé por grabar los temas, después implementé
videollamadas en cada sesión con herramientas como Skype; estuve en
constante comunicación por medio de grupos en WhatsApp o Telegram;
pedí que enviaran sus actividades por correo electrónico o las aplicaciones
de mensajería. En este proceso jamás estuvimos solos, contamos con el
auxilio de la coordinación de la Licenciatura en Psicología y de los mismos
estudiantes, quienes comenzaron a adaptarse y familiarizarse con las
herramientas propuestas.
Conforme fue pasando el tiempo nos fuimos coordinando mucho mejor.
Siempre creímos que esto terminaría en dos, tres, cuatro o seis meses; que
al mes siguiente todo volvería a la normalidad, pero no fue así. A la fecha,

177
Lucía María Reyes Nava

la normalidad ya no es una opción. El tiempo corría muy rápido, no daba


tregua, y ante la inminente pandemia, la tecnología fue, sigue y seguirá
siendo nuestra mayor aliada; ya no solo para comunicarnos, entretenernos
o investigar. Ahora la empleamos para generar conocimiento y convertirlo
en aprendizaje que fomente un pensamiento crítico, no solo ante la situación
que estábamos y seguimos pasando, también en cada uno de los temas y
métodos que abordamos en las diferentes asignaturas.
Ampliamos el conocimiento de nuevas herramientas y aplicaciones,
recurrimos a las redes sociales, foros y blogs, e hicimos del correo electrónico
nuestra vía formal de entrega de proyectos. Tiempo después, la Universidad
Mesoamericana proporcionó una plataforma para unificar criterios y estar
todos en el mismo canal. Medios teníamos muchos, pero necesitábamos
seguridad y confort ante un mundo globalmente digitalizado que creíamos
erróneamente podíamos manejar; al final nos dimos cuenta de que no era
así, que nos faltaba mucho por aprender y aplicar.
Pasó el tiempo y la pandemia no cedía. Concluyó el primer semestre en
modalidad virtual y la situación seguía empeorando, no solo en cuestión de
salud física, también emocional; todos estábamos cansados y fastidiados,
pero no podíamos detenernos, teníamos que seguir luchando ante algo
que estaba fuera de nuestras manos. Cada uno de nosotros lo vivió, sintió
y padeció de diversas formas, algunos enfermaron, pero afortunadamente
siguen aquí, con nosotros; otros más, han librado el contagio, pero
comenzaron a manifestar apatía, desorden, falta de interés, prejuicios,
desacuerdos, hartazgo y, aunque suene increíble, falta de comunicación
ante una conectividad 24/7, indiscutiblemente poco efectiva. Otros
desgraciadamente perdieron la batalla.
A pesar de todo nunca fue opción parar; no voy a negar que fue muy
difícil, no me sentía preparada, no sabía cómo resultaría, pero seguía
enfocada en buscar la manera de motivar a cada uno de mis estudiantes,
ya que mi objetivo desde el primer día en que me dieron la oportunidad
de ser docente, ha sido que cada uno se vaya con un aprendizaje real, que
se lleve ese proceso y que no solo quede en información, que lo pueda
practicar y experimentar. La pandemia dificultó el camino de la educación,
fue complicado pero no imposible de caminar.

178
La distancia y la anhelada motivación

Poco a poco se avanzaba con paso firme, luchar con esa apatía se volvió
un reto constante y a la fecha nos seguimos transformando. Convertimos
el tiempo de entretenimiento en Internet en búsqueda de información,
en metodología de investigación, en comunicación efectiva. Aterrizamos
en esa nueva modalidad de enseñanza a distancia. Nos transformamos en
autodidactas y en guías de la independencia tecnológica que tanto nos hemos
resistido a comprender, pues somos individuos inmersos en una cultura de
tradiciones de masas y costumbres arraigadas.
Estar enfocada en la enseñanza en línea me llevó a un padecimiento
desconocido para mí, algo que nunca imaginé que me sucedería, que no
visualicé por ignorancia, falta de interés y tiempo, que no me pude dar. En
consecuencia, fui a dar al hospital, el diagnóstico fue: ansiedad, depresión
y estrés; no lo podía creer, somaticé sin querer, y sin ninguna conciencia,
un padecimiento que no permití que me alejara de mis labores no solo
docentes, sino del resto de las actividades profesionales que realizaba en
ese momento, pero no podía más.
Durante tres semanas padecí fuertes dolores de cabeza, de espalda
y cuello, pensaba lo peor: COVID, pero nunca di positivo. Estaba muy
vulnerable, sentía la enfermedad a flor de piel. Jamás dejé que se notara y
que me desviara de mis labores. Fueron días complicados y de incertidumbre,
días en donde el humor no me daba para lidiar con las situaciones cotidianas.
Las actividades y tareas era lo que mantenía la conexión real entre
profesor y estudiante. En la modalidad en línea, el término Tecnologías de
la Información y la Comunicación (TIC’s) era el más pronunciado. Desde su
aparición en los años sesenta, con la creación del Internet, las TIC’s siempre
han sido subestimadas y mal enfocadas. En nuestro país se pensaba que no
eran absolutamente necesarias en el ámbito académico y solo unos cuantos
las utilizaban. Descubrimos que las sociedades en red, la sociedad de la
información y del conocimiento ya se estaban estudiando, existen expertos
que nos enseñan con teoría su utilidad y aplicación. Iniciamos el proceso
educativo en línea sin incorporar esas tecnologías, ya que desconocíamos
qué eran, de dónde vienen, cómo funcionan y cuál era su razón de ser
Algunos se sentían sobrepasados por la tecnología, decían: es demasiado
lo que está a nuestro alcance, no podemos estar a la altura, lo mejor es lo

179
Lucía María Reyes Nava

peor, nos hacemos dependientes. Este tipo de pensamientos eran habituales


ante este cambio. Nos dimos cuenta que no es lo mejor o lo peor, es lo que
se necesita; no es ser dependientes, es encontrar ese balance; es estar a
la altura de las circunstancias por medio del conocimiento, la práctica y la
experiencia. Hicimos conciencia de que no todos tuvieron la oportunidad de
seguir estudiando por no contar con un equipo de cómputo, por perder el
empleo, alguna oportunidad laboral o la vida.
Si bien es cierto que el conocimiento no nos aleja de los riesgos, y quizá
tampoco de las desgracias, sí nos da cimientos, una base sólida y funcional
para poder resolverlos y sobrellevarlos. Nos permite hacer conciencia y
emprender en este mundo sobrevalorado, ante la distancia forzosamente
necesaria y el anhelo de motivarnos cada día a seguir en esta labor
educativa. Nos reveló que cada día tenemos más cosas en común. Nos
enseñó a no desperdiciar las oportunidades de aprender, de ser mejores
personas dentro de una sociedad apabullantemente activa, a estar
orgullosos de tener la dicha de avanzar, ya que no sólo aprendieron los
estudiantes, también nosotros.
Cada día, sin distinción, aprendí de las alumnas(os), supe de sus
necesidades, de sus sacrificios, de sus limitaciones y descubrí sus verdaderos
alcances. Debemos sentirnos satisfechos con lo logrado, orgullosos de
permanecer, seguir y lapidar cualquier pensamiento que nos llevara al no
puedo, al no soy feliz. Despedirse, jamás fue una opción.

Referencias
León, A. (2007). Qué es la educación. Educere, 11(39), 595-604. http://ve.scielo.org/
pdf/edu/v11n39/art03.pdf

180
181
Galileo García Alvarado

182 Ilustración: Omar Juárez García


Tiempos de pandemia:
Sigo queriendo ser profesora
universitaria

Rosa Fabiola Rosas Cisnero

H ay dos ideas que han tenido presencia en estos años de


desarrollo en el ámbito educativo. La primera surgió en
septiembre de 2010, durante el séptimo semestre de la
Licenciatura en Pedagogía a través del profesor de Diseño de
Programas quien de formación es psicólogo. La segunda apareció en 2016
al hacer una búsqueda de palabras que tuvieran algún efecto motivador
en el colectivo docente de educación secundaria, con el que recién había
adquirido la responsabilidad de acompañar en lo relativo a su práctica
docente. El profesor de diseño dijo en una de sus elocuentes clases:
educar, gobernar y psicoanalizar son para Freud los tres imposibles. Esa
idea se quedó varios minutos circulando en mi mente y más adelante con
la revisión de varios textos recordé el de Fernando Savater, El valor de
educar, en el que plantea:
Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra
«valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero
también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía
humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. (Savater, 1997, p.10)

183
Rosa Fabiola Rosas Cisneros

Las dos son frases que conectaron con mi vocación, es como si las
hubiera tatuado en el pensamiento. En momentos críticos las analizo, ya que
considero son la mayor prueba de mi relación con la educación.
¿Quién es Rosa Fabiola Rosas Cisneros como profesional? Soy licenciada
en Pedagogía y Maestra en Ciencias Educativas con enfoque en educación
superior. Desde que tenía doce años conecté con lo que representa ser
profesor, lo hice por medio de gratas experiencias al usar el pizarrón para
explicar ciertos temas a mis compañeros durante los recesos, también por el
hábito de repasar palabras nuevas del diccionario, el Larousse básico color
verde, encontré Pedagogía y su definición: ciencia de la educación. Ambas
situaciones representaron momentos claves, por este motivo me interesé en
estudiar un diplomado en Psicología educativa antes de iniciar la carrera,
uno de danza, otro sobre música y uno relacionado a las artes plásticas,
todos enfocados a la enseñanza de estas áreas.
He ejercido la docencia en educación secundaria con materias
propias de las ciencias sociales. Impartí la clase de Orientación en el nivel
secundaria y el Desarrollo de habilidades académicas, tanto en secundaria
como en bachillerato. En el nivel superior, la práctica se ha dado en el área
de Pedagogía en las asignaturas de: Planeación, Educación Intercultural,
Desarrollo Comunitario, Intervención Pedagógica y Andragogía; en tanto
que en Psicología en: Psicología Pedagógica, Estrategias de Enseñanza y
Aprendizaje y Problemas de Aprendizaje. Mi participación en posgrado de
Educación Superior se da siendo facilitadora en la clase de Diseño Curricular
y Evaluación Educativa. Me asumo como promotora del aprendizaje, rol que
aunado a lo anterior se ha dado por la vía del diseño e impartición de cursos,
talleres, diplomados presenciales y a distancia, sin dejar de lado, la valiosa
actividad de formación docente con el colectivo ya referido. He colaborado
en línea, en un espacio de diálogo, con profesores e investigadores de
Guatemala, gracias a la invitación de dos amigos y profesores muy apreciados.
Desde de mi experiencia, la educación ha sido un camino con
muchas puertas entreabiertas que representan la posibilidad de conocer
personas con deseos de cumplir y hacer actividades relevantes que
permitan el crecimiento personal y colectivo. Me invade la sensación de
estar más completa, es como si hubiera adquirido una pieza de mi propio

184
Tiempos de pandemia

rompecabezas, un rompecabezas que no tiene fin. Hoy en día, pienso que


el sentido de la educación tiene al menos dos ámbitos de trascendencia,
el de impacto social y el de impacto personal. Al segundo ámbito, le doy
un papel preponderante porque en tanto se adquiere plenitud, integridad y
superación con la educación, hay más posibilidades de sentirnos orgullosos,
agradecidos y promover, sin recelo, el bienestar de otros.
Puedo decir que he visto de forma directa cómo el aprendizaje permite
cambios positivos en las personas, les hace sentir muy bien con ellos mismos,
con sus seres queridos y con personas que conocen en las situaciones de
aprendizaje por donde transitan. Lo he constatado en las sonrisas de muchos
estudiantes cuando al hacer la remembranza de las experiencias, verbalizan
sus logros y tropiezos, pero sobre todo cuando hablan de la transformación
innegable por la que han pasado, respaldan sus palabras con hechos.
Con relación al impacto social diré que es natural que lo aprendido
por los estudiantes influya en el entorno donde se desenvuelven y que es
clave en la evolución o involución de la humanidad. En esencia, la educación
supone una selección de cultura, es decir, algunas cosas pueden dejar de
transmitirse de una generación a otra, puesto que se tiene la idea que es mejor
así, y/o porque otras expresiones de cultura han llegado con tanta fuerza y,
en ciertas ocasiones, porque han nacido de una necesidad relevante, que
pareciera ser imprescindible integrarlas a la educación.
Derivado de lo anterior, el papel del docente en el proceso de aprendizaje
es mediar entre estas dos posibilidades. El profesor tiene la experiencia
necesaria para reconocer qué debe saberse en el ámbito social sin descuidar
el equilibrio con el ámbito personal. Si esto no llegara a suceder y los intereses
del ámbito personal de unos cuantos, se sobrepusieran a los del ámbito social,
entonces la búsqueda de objetivos comunes que permitan la permanencia
y progreso de la humanidad, estaría en riesgo. La educación busca que la
sociedad sea un buen lugar para que el individuo se desarrolle y también que
el desarrollo de este individuo resulte positivo para la sociedad.
Por otra parte, en los jóvenes ha surgido el deseo de ser tiktoker o
youtuber sin un análisis profundo de para qué. Este deseo los aleja un poco
de la construcción de ciencia y por tanto de de bienestar. Volviendo al punto
del equilibrio, cuando se contrapone lo social sobre lo personal, es posible

185
Rosa Fabiola Rosas Cisneros

que exista insatisfacción de sí mismo y entonces, el desarrollo personal, otra


de las razones fundamentales de la educación, no se estaría cumpliendo.
Ser profesor universitario es una encomienda máxima que permite el
desarrollo social porque, si bien las cosas que vivimos no son excelentes,
tampoco tendrían que quedarse igual o ser peores. Pero ¿cómo ejercer
esta encomienda máxima siendo un representante de los ideales sociales?
La respuesta podría encontrarse en el conocimiento de esos ideales, su
cuestionamiento y replanteamiento, si es menester. Ser un defensor de
sueños de los jóvenes requiere empatía para escucharlos, darnos cuenta
que muchas veces nos equivocamos, confiar en que todos nuestros alumnos
son buenos para algo y darles oportunidades de aprendizaje a cada uno, de
encontrarse con el regalo de una vocación permanentemente llena de retos,
pero plena por ser honesta.
Un reto ha sido el actual brote de COVID-19, informado por primera
vez en diciembre de 2019 en Wuhan, China. En ese entonces, se habló de
un amplio número de personas con neumonía. Para el 1 enero de 2020 la
Organización Mundial de la Salud (OMS) se puso en estado de emergencia para
hacerle frente al brote, y el 10 de enero publicaron en línea recomendaciones
para todos los países sobre cómo detectar y gestionar los posibles casos.
La primera muerte llegó un día después. El 12 de enero China comunicó la
secuencia genética del virus causante de COVID-19. El primer caso en México
se detectó el 27 de febrero de 2020 y, según Escudero et al. (2020), el 24 de
marzo con presencia de 475 contagios confirmados se realizó el decreto de
la fase 2: contingencia sanitaria con distanciamiento social, confinamiento y
restricción laboral.
Integrar esas líneas de los primeros movimientos de avance del virus me
resulta estremecedor, no había tenido ocasión de hacerlo. En los primeros
meses de pandemia, viví mi práctica docente sin comprender del todo la
dimensión de las circunstancias sanitarias. No fue tan difícil que rápidamente
aflorara mi actitud proactiva acompañada de cierta expectativa por encontrar
nuevas herramientas y formas de impartir las clases, para darle continuidad
con entusiasmo y adaptabilidad a la llama de la educación. Expectativa que
alimentó el entorno porque resultaba fascinante todo lo que había en Internet
sobre esto. Recuerdo que decía que me sentía en un momento histórico,

186
Tiempos de pandemia

con sensación heróica, no por encima de los médicos claro, quería hacerlo
bien, seguir aprendiendo ya que siempre me había gustado hacerlo ¿por
qué ahora que se ofertaban webinars, cursos, talleres y diplomados con
especialistas nacionales e internacionales iba a dejar de hacerlo? Me parecía
tan lógico pensar que al asistir a todas esas actividades obtendría ideas para
aplicarlas en mis clases y que si no lo hacía, me iba a rezagar en la didáctica
de la nueva modalidad.
Ya desde antes concebía que trazar un camino para que el otro aprendiera
era complejo como dije al inicio. Sí, me parecía razonable ver la educación
como una actividad imposible, al menos de concretarse como sucede con
una construcción, alguna maquinaria, un medicamento o un platillo. Educar
se da en la mente, en medio de conexiones sinápticas, neurotransmisores,
emociones, reacciones a estímulos, en fin, elementos que como profesora
no puedo tocar. ¿Qué tan complejo fue de inicio desempeñarme en Meet y
Zoom? ¿Qué tan grande fue la dificultad de estimular rumbo al aprendizaje
a los alumnos en esos entornos? Había detalles tan básicos como no tener
un pizarrón físico, por lo que preparaba las diapositivas en forma muy
detallada bajo la idea de que así la clase fluiría mejor; o poner a prueba
el pulso en Jamboard. Tenía que decidir cuál era la mejor opción para
recolectar las actividades y calificarlas, pensaba que era fundamental que
todos los comentarios de retroalimentación fueran vistos por los alumnos,
de modo que en próximas experiencias de aprendizaje se notara que los
estaban tomando en cuenta.
Ahora, pienso que no era tan díficil en el plano técnico – operativo,
pero cuando los días me envolvieron en esa rutina del famoso home
office, tomar decisiones no fue fácil, pues iba perdiendo perspectiva,
sin dejar de lado la preocupación por la salud de mi familia en casa y el
agotamiento que se dio por la presión de que todo me saliera bien, que
mis alumnos sintieran que los estaba acompañando y que la vida no había
cambiado. Algo que me ayudó durante este proceso, fueron las reuniones
con compañeros profesores, su papel fue alentador y confrontador para
mi práctica docente, pues con tanta información generada me era díficil
y tardado elegir la mejor aplicación o plataforma. Asimismo, no me
sentía tan segura, quería ocupar todo lo que me llegaba y demostrar que

187
Rosa Fabiola Rosas Cisneros

me estaba poniendo a la altura de la coyuntura, pero esta saturación era


una carga muy pesada en lo físico y emocional.
Reconozco que nunca me sentí desmotivada, ni siquiera cuando leí
una carta de un profesor donde escribía que se daba por vencido ya
que los estudiantes no estaban mostrando disposición, la falta de actitud
de los jóvenes iba más allá de tener la cámara apagada. Claro que sentí que
comprendía sus razones, su narración tenía mucha sensibilidad y a pesar
de que era un profesor de larga trayectoria no encontraba la conexión, y no
hablo precisamente de la conexión a Internet sino de la personal. No podré
olvidar que justo esa tarde había visto en Facebook Live la transmisión de
dos ex alumnos en un análisis sociopolítico muy interesante. Cabe destacar
que tenían dos invitadas expertas en el tema y ellas no eran de Oaxaca.
Ver su iniciativa me inyectó de una profunda alegría y ahora que estoy
materializando mis pensamientos, tuvo un efecto renovador en mis deseos
de tener las clases como antes, cuando no sentía presión, ni prisa o la obligación
autoimpuesta y reforzada por mí de ocupar todo lo aprendido con la virtualidad.
Quería poner de nueva cuenta la relación con ellos como mi principal objetivo.
Al situarme en este contexto, traigo a mi mente a estudiantes de primero,
tercero y quinto semestre de diferentes licenciaturas: Gastronomía, Derecho,
Administración, Mercadotecnica, Diseño Multimedia y Negocios Digitales.
Les impartí la materia de Habilidades universitarias para la comunicación, a
través de las clases a distancia desarrollamos una interacción muy especial,
una de las mejores a lo largo de estos casi 11 años de docencia, seis de ellos
en el nivel superior. Los tengo muy presentes porque esto ocurrió entre agosto
y diciembre del año 2021. Después de una larga jornada, me hacía mucho
bien compartir con ellos lecturas y temas de análisis, pero principalmente
por una actividad en la que les pedí escribieran, a finales de octubre de ese
año, un texto bajo el tópico “Ser universitario en tiempos de pandemia”. Con
esos textos reafirmé que no solo los profesores la habíamos pasado mal en
el confinamiento. A varios les tocó vivir de forma directa la enfermedad,
buscar tanques de oxígeno y la muerte. Les invadió la falta de confianza,
se sentían presionados por los profesores y por no saber cómo organizarse
ante la avalancha de tareas. No comprendían porqué tenían que pasar casi
todo el día en una habitación y que los amigos junto con las actividades

188
Tiempos de pandemia

recreativas debían esperar. Al menos uno pensó que darse de baja era lo
mejor porque pedir las tareas y copiarlas no le hacía sentir bien.
Vivir estos problemas de presión, organización y aislamiento, fue más
fácil de sobrellevar con el apoyo de sus padres. Se dieron cuenta que era
necesario mejorar sus técnicas de estudio y administración del tiempo para
que pudieran resolver la cantidad de actividades personales y escolares. En
sus textos leí también que hay quienes recibieron orientación psicológica
porque los profesores, basados en su desempeño y participación en clases
a distancia, percibían que tenían la necesidad de recibirla. La solicitaron al
área encargada mediante el llenado de un cuestionario o un correo en el que
describían los motivos de esta orientación psicológica. Un alumno expresó
que participó en un programa piloto de reintegración de estudiantes dentro
de la universidad en la que estudia. Otro, gracias a las redes sociales,
conoció a Isadora Vera una estudiante de Física que cuenta con un blog que
tiene por objetivo ayudar a estudiantes alrededor de todo el mundo a tener
éxito en el mundo académico. Ningún caso es igual, pero todos hicieron
cambios importantes para adaptarse de una forma menos estresante.
En marzo de 2022, cumplimos dos años con la pandemia en
nuestras vidas. No diría que ya embonó la pieza a mi rompecabezas,
pero sí sé que diversas transformaciones me acompañan. Por ejemplo,
me da mucha satisfacción comprender y tener pruebas del papel que
tiene la educación en manos de los profesores. Como muchos de ellos,
aprendí a tener más calma, a reafirmar que más es menos si de establecer
actividades de aprendizaje y materiales didácticos se trata, a darle
calidez a mi voz cuando menciono un nuevo objetivo de aprendizaje,
explico un tema o respondo sus inquietudes.
Me ocupo de hacer de nuestro espacio de aprendizaje, un lugar donde
todos encuentren oportunidad de avanzar a pesar de lo mal que esté
la conexión a Internet y aunque sé que a veces algunos intentan evadir
responsabilidad por esa circunstancia, más que confrontar algo que no puedo
comprobar, les brindo opciones y argumentos para hacerlos partícipes con
responsabilidad y conciencia de su rol. Ahora, con el modelo híbrido, me he
vuelto más hábil en plantear las actividades para que ya sea en salón digital
o físico todos nos sintamos parte del grupo, escuchados, retroalimentados y

189
Rosa Fabiola Rosas Cisneros

con algo qué hacer para alcanzar los objetivos.


Hay quien dice que los profesores no nos habríamos acercado tanto
a la tecnología si la pandemia no hubiera llegado, yo creo que no están
muy alejados de la realidad y que hemos recibido como se dice “una sopa
de nuestro propio chocolate”, porque varios profesores hemos dicho a los
estudiantes algo parecido a un: investiguen, busquen, no esperen a que
todo se los dé yo; pero así nos lo pedía la vida ahora. Había que buscar
cómo hacerlo y con base en el ensayo y error nos hicimos de un acervo de
estrategias para que los estudiantes apredieran. Sí, esto fue complicado,
pero parte del aliciente consistió en recordar que varios de los profesores
pudimos tener un mejor escenario del que tuvieron nuestros colegas
cuando se dio la gripe española.
En 1918, a varios países les tocó enfrentar esa enfermedad que por
la cantidad de muertos que dejó, ha sido definida como una de las peores
crisis de mortandad de la historia. Una coincidencia con el COVID-19 es el
uso de mascarillas, el aumento de las medidas de higiene, la cuarentena,
la “distancia social” y la paralización de actividades de la vida pública, y
en particular de la educación. Una diferencia, es que en esos tiempos las
herramientas tecnológicas del internet o televisión no existían y la creciente
red telefónica no permitía la comunicación con una amplia cobertura. En
nuestro caso, muchos no perdimos el contacto con nuestros estudiantes a
pesar de que la conexión no era la mejor o que el número de recargas de
saldo se tuvo que incrementar para dialogar por WhatsApp, sin embargo,
tampoco es un secreto que varios estudiantes dejaron sus carreras al no
contar con la infraestructura tecnológica suficiente o por falta de hábitos de
estudio que la tecnología no puede subsanar.
Por supuesto, la tecnología se empleaba antes de la pandemia. En varios
casos no había mucha distancia entre el uso real y la necesidad de usarla,
como también creo que esta necesidad ha ido en aumento. Al parecer, este
aumento no se ha dado por pensar en los objetivos de aprendizaje o en las
características de los alumnos, sino por el deseo de pertenecer a lo que
parece estar de moda o es obligatorio. En más de una charla formal o informal,
por videollamada por supuesto, los compañeros o directivos han nombrado
una larga lista de aplicaciones o sitios web que ya han probado y múltiples

190
Tiempos de pandemia

razones de porqué sería útil incorporlas a la práctica docente. Bajo esta


lógica, la forma en cómo estamos viviendo lleva a pensar que la tecnología
en la educación ha llegado para quedarse. Me gustaría que tuviera un rol de
aliada y no de directriz, esto no solo lo digo en defensa de los profesores que
se quedaron en el camino por no “saber” incorporarla a su práctica docente,
sino porque la vida es más que una computadora o un celular. Es fundamental
posicionar a los procesos de atención, organización, comprensión, memoria,
análisis, síntesis, lenguaje, pensamiento y sensopercepción como procesos
que se dan en forma natural sin depender de la tecnología.
La tecnología debe permanecer, su papel en el porvenir de la educación
no debe quitar el dedo del renglón para desarrollar herramientas que
permitan la colaboración sin importar las distancias, la optimización del
tiempo, la adaptación de los alumnos en el aprendizaje y la reducción de
costos. Es válido y obligatorio que se siga innovando para que los futuros
profesionistas realicen con más calidad sus labores en beneficio de la
sociedad. Como profesora asumo la misión de incorporarla en el punto
medio o de lo contrario estaré contribuyendo a creernos que dependemos
de ella y trastocará las habilidades del pensamiento de quienes aprenden,
más de lo que ya lo han hecho.
La versión de profesora que he construido en estos largos meses que
llevamos de pandemia es la del docente que bajo ninguna circunstancia
duda que su papel es indispensable, sí, lo somos y ninguna computadora
reemplazará las palabras que brindamos ante los diversos comportamientos
que se viven en un grupo de aprendizaje, ni la seguridad que les transmitimos
con la mirada o la vibra que emana de nosotros para reafirmar y replantear
el camino. Esta profesora, este profesor, que demanda la vida en pleno
COVID-19 no puede depender del reconocimiento para movilizarse, ya se
nos reconoce y mucho, pero no hay mejor reconocimiento que voltear en el
tiempo donde están los sueños de los jóvenes, haciéndose realidad.
El reconocimiento de los profesores no es cada 15 de mayo, es diario.
Recordemos el nombre de nuestros alumnos con la conciencia de haber sido
fuente de conocimientos, habilidades, pero ante todo actitudes y valores muy
firmes. Es útil tomar cursos, conferencias, leer libros, estudiar de otras áreas,
pero no debemos olvidar que la autocrítica diaria nos construye, que el diálogo

191
Rosa Fabiola Rosas Cisneros

con compañeros, directivos y alumnado nos permite conocer vivencias que


favorecen la humildad y nos muestran otras perspectivas. Somos profesores,
pero no siempre nos saldrá todo bien y nos vamos a equivocar.
Sigo sintiéndome en un momento histórico en general y más en lo
educativo, pero ya no desde la ansiedad o incertidumbre. Veníamos de
tiempos donde el papel de la escuela se cuestionaba, hasta leí que las
escuelas iban a desaparecer y, por todos los errores que se le señalan, le di
cabida a esa posibilidad. Sin embargo, la pandemia ha puesto de manifiesto
que la ciencia es indispensable para preservar la vida porque la situación
fue menos terrible gracias a las acciones del sector salud e investigadores.
¿Cómo no va a ser importante la educación si una de las labores que tiene
la escuela como el espacio que la resguarda es el desarrollo de la ciencia?
Un mérito más que ha tenido la escuela en este tiempo es que representa un
espacio de esperanza, de contacto social, de iniciativa y fundamentalmente
de desarrollo humano.
Quiero seguir siendo docente universitaria con valor y valentía.
Comprendí en la vida real que somos una máquina de ideas, tenemos el
privilegio de cultivar las capacidades humanas sin dejar de cultivarnos. Ese
es el mejor acuerdo humano, donde todos ganamos y no hay límites de
tiempo para lograrlo.

Referencias

Escudero, X., Guarner, J., Galindo-Fraga, A., Escudero-Salamanca, M., Alcocer-Gamba, M., y Del
Río, C. (2020). La pandemia de Coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-19): Situación actual e
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Savater, F. (1997). El valor de educar. Ariel.

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Este Libro finalizó
su edición el 18 de
Julio del 2022
Ser docente
en tiempos de pandemia:
experiencias desde la práctica educativa

La pandemia por COVID-19 es un hecho histórico que obligó al mundo


a cambiar la dinámica de la presencialidad a través de la suspensión y
adaptación de diversas actividades a la virtualidad. Los efectos de este
fenómeno han impactado no sólo en los ámbitos social, económico
o cultural, sino también en el educativo. El proceso de enseñanza-
aprendizaje en modalidad virtual generó múltiples desafíos para las y los
docentes, ya que exigió la modificación de su práctica educativa. A través
de los testimonios de 10 profesoras y 7 profesores de la Universidad
Mesoamericana, la obra colectiva “Ser docente en tiempos de pandemia”
relata los retos, cambios y necesidades a los que se enfrentaron y que
impactaron de forma significativa en la construcción de conocimiento del
alumnado, mismo que fue acompañado en este proceso por la mirada
profesional y humana de todas y todos quienes se adaptaron a las diversas
exigencias, fundamentalmente tecnológicas, que impuso la pandemia.

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