MALVINAS 2022 – PARTE DE GUERRA (III)
CAMARADERÍA
Esteban Tries (VGM)
2 de abril de 1982, las tropas argentinas recuperan la Soberanía Nacional en las Islas Malvinas. Yo era un soldado
ya dado de baja, por lo que este hecho generó en mí mezcladas emociones: alegría por haber recuperado nuestro
territorio usurpado; preocupación ante la incertidumbre de cómo esto afectaría mi futuro cercano.
El 8 de abril el gobierno nacional nos convocó a reincorporarnos a nuestros cuarteles. Más del 90 % se presentó
voluntariamente a lo largo y ancho del país. ¿Qué nos motivó a volver al servicio existiendo la posibilidad de ir
a una guerra?
Un sentimiento muy profundo compartido por casi todos los que acudimos al llamado de la Patria. Un sentimiento
de pertenencia al grupo, de compañerismo, de amistad, de lealtad: El ESPÍRITU DE CUERPO.
En el servicio militar ya éramos un grupo de soldados amigos. Y a pesar de nuestras diferencias religiosas,
sociales, culturales, ideológicas, elegimos permanecer juntos en ese momento y mantener el juramento de seguir
y defender nuestra la Bandera nacional hasta con nuestra propia vida. Con esa mentalidad y actitud partimos
rumbo a Malvinas.
Llegamos a Puerto Argentino el domingo 11 de abril a la mañana, donde fuimos recibidos por uno de los tantos
enemigos: el clima. Llovizna intensa y constante, vientos de entre 50 y 80 km por hora, lluvia, granizo, algo de sol,
lluvia, nieve, más lluvia... ¿no me olvidé de nada? ahhh sí, niebla y mucha oscuridad.
Nosotros pertenecíamos a la primera Sección de la Compañía A del RlM 3 bajo las órdenes de nuestro Jefe de
Sección, el Teniente Primero Víctor Hugo "Chuly" Rodríguez. Yo, en particular, integraba el primer Grupo de
tiradores al mando del Sargento Manuel Ángel Villegas.
Nuestras primeras vivencias fueron una adaptación a las condiciones adversas y a la falta de planificación.
"¡Resuelva la situación como pueda!" ¿Les resulta conocido? Construir un pozo de zorro con elementos básicos y
defectuosos, vivir dentro de un pozo con agua helada hasta los tobillos, pocas maneras de construir un parapeto,
comida fría y magra, un ambiente hostil, mojado y frío, lejos de todo...
Comienza entonces el plan B: conformar un equipo de supervivencia, confiar en tu compañero, tener fe y
fortalecer tu espíritu con las cartas recibidas a un "Soldado de la Patria".
Desde el 1° de mayo comenzamos a vivir dentro de un bombardeo constante durante las 24 horas en distintos
sectores de la isla. Desde las fragatas o desde los aviones; era incesante, hostigamiento permanente. ¡Estamos
en la guerra!
El Sargento Villegas, nuestro líder, experimentó sus miedos, los reconoció y supo transmitirnos la confianza y la fe
para seguir adelante. Se mantuvo firme en la disciplina y arenga para mantener el orden, la limpieza del
armamento y la moral bien alta. Aprendimos a estar atentos a la necesidad de nuestro compañero,
asistiéndolo con la escucha comprometida, con un abrazo, confortando miedos e incertidumbre. Se
empezaba a consolidar el liderazgo en el equipo.
El 13 de junio, instalados en las alturas del monte Tumbledown, en la última línea de defensa de Puerto Argentino
soportamos fuego de artillería naval y terrestre cruzada durante todo el día. El ablande del suelo fue intenso. El
combate era inminente. Alrededor de las 1500 cayó abatido el soldado Julio Segura, primer Caído de la
Compañía. El dolor es profundo, pude ser yo o cualquier otro. La guerra es cruel y mata.
Esa misma noche del 13 de junio, después de más de 40 días de hostigamiento e incertidumbre finalmente
entramos en combate, dispuestos a dar la vida por la Patria, por nuestro compañero.
Cruzamos el arroyo Moody Brook, mojados hasta los hombros, cansados, agotados, con miedo... ¡El Sargento
realiza una comprobación de puestos, surge la voz del Teniente Primero Rodríguez alentándonos con un "¡a lo
gaucho carrera march! ¡Viva la Patria! El sargento con su arenga: "no bajemos la mirada, nos enfrentamos a un
gigante y no permitamos que nos llenen la cabeza de dedos; Dios ya decidió quién se queda y quién vuelve."
Él con su ejemplo, encabezó la columna de este contraataque. El campo de batalla era un infierno: trazantes
luminosas, misiles, bengalas, granadas fragmentarias, sombras, gritos, pedidos de auxilio... un verdadero infierno.
Ya conté muchas veces cuando cayó herido Villegas y cómo fue que con el soldado clase 63 José Luis "Lupin"
Cerezuela pudimos salvarlo. En la peor noche de la batalla, en el peor de los escenarios que podría haber
imaginado, el amor de camadería iluminó nuestros corazones llenando de sentido todo el sacrificio. Cuando el
sargento Villegas se sentía morir, sin esperanzas de sobrevivir, mencionó a su familia, a Dios y su
juramento de dar la vida por la bandera. la Patria. Los tres pilares fundamentales para construir una
Nación. Todos esos valores compartidos en el campo de batalla fueron nuestro sostén ante cada situación. Estos
sentimientos nos consolidaron como equipo en la acción de Malvinas y los supimos mantener a lo largo de
nuestras vidas.
El regreso y la postguerra fueron terribles, en soledad, rasgados por fuera y por dentro, abandonados a nuestro
propio destino. Con los años fueron cicatrizando muchas de las heridas y pudimos reencontrarnos. Y debo
reacatar desde el primer día el valor y el compromiso de nuestro líder Víctor Hugo Rodríguez que nos buscó y
contuvo hasta el día de hoy en cada vicisitud, manteniendo vivos esos valores que compartimos en la guerra. Un
verdadero líder es el que sabe lo que su gente necesita. Siempre. No sólo en el campo de batalla.
Hoy, 40 años después de aquél combate, los Veteranos de Guerra tenemos que salir y dar testimonio para que
nuestra Patria se despierte. Es ante las situaciones difíciles cuando debemos mantenernos unidos. En equipo el
dolor es menos dolor y la alegría más alegría.
El abandono, la soledad, la indiferencia, la ingratitud, también lo vivieron los heroicos granaderos libertadores del
Ejército del Gral. San Martín hace 200 años. ¡No solamente sus granaderos! San Martín tuvo que exiliarse por
esta razón, igual de alguna manera a los honrosos soldados de Malvinas que vivimos como exiliados en nuestra
propia Patria. Esperemos que no se repita, que la Argentina despierte.
La Guerra de Malvinas fue un diccionario para mi vida, donde afloraron desde las miserias más horrendas del ser
humano, hasta sus valores más preciados, sin diferenciar el rango, fuerza o clase social. Malvinas fue amor
genuino entre hombres, en su máxima pureza.
Hoy puedo decir lleno de alegría que no nos rendimos, que seguimos el combate llenos de rejuvenecidas
esperanzas. Lo digo con certeza, puesto que lo veo, lo vivo, recorriendo escuelas de todo el país con los
camaradas de “Malvinas, Educación y valores”. No fue en vano la sangre de nuestros caídos, porque cuando los
chicos gritan: ¡Viva la Patria!, están diciéndonos que la Patria vive en sus corazones y renuevan nuestras
fuerzas. Y porque no nos rendimos, porque miramos el futuro, desde nuestro nuevo frente de batalla les
podemos asegurar: Malvinas, “¡VOLVEREMOS!