Escuela de Entrenadores César Luis Menotti
La adolescencia y las presiones del deporte
Claudio Sosa y Pablo Pécora
La Presión
Lo primero que debemos saber para comprender ciertas reacciones y actitudes de los
adolescentes es que en el cerebro todavía no se desarrollo completamente el Lóbulo
frontal.
Hay que tener en cuenta que las facultades mentales que dependen del lóbulo frontal,
son la capacidad para controlar los impulsos instintivos, la toma de decisiones, la
planificación y anticipación del futuro, el control atencional, la capacidad para realizar
varias tareas a la vez, la organización temporal de la conducta, el sentido de la
responsabilidad hacia sí mismo y los demás o la capacidad empática.
En los adolescentes, la inmadurez del lóbulo frontal los hace más vulnerables a fallos en
el proceso cognitivo de planificación y formulación de estrategias, que requiere de una
memoria de trabajo que no está completamente desarrollada en la adolescencia
(Swanson, 1999). Todavía no han podido alcanzar toda su capacidad de reflexión.
También influye en los errores de perseverancia, que son frecuentes en los adolescentes
que realizan tareas en las que una regla aprendida debe ser modificada para ajustarla a
las nuevas circunstancias, o en la interrupción de la conducta una vez alcanzada la meta
perseguida. Estas limitaciones pueden justificar la rigidez comportamental que suelen
mostrar muchos chicos y chicas, sobre todo en los primeros años de la adolescencia.
Debido a esto es tan dificultoso el entrenamiento y convivencia con adolescentes para
entrenadores y padres
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La capacidad para controlar e inhibir respuestas irrelevantes o in- adecuadas va a
depender igualmente de funciones también relacionadas con la corteza pre frontal, como
la atención sostenida, aún en proceso de desarrollo durante la adolescencia.
En el desarrollo de su personalidad, el adolescente se siente
- vulnerable, inseguro y desequilibrado, inmerso en una batería de cambios y de
transformaciones que se les presentan a nivel físico (morfológico y hormonal),
sexual, emocional y afectivo, lo que en definitiva implica un estadio favorable
para la elaboración de una nueva identidad, la reorganización del yo y el
desarrollo de un proyecto de vida adecuado.
Según la psicoanalista argentina Arminda Aberastury, “la adolescencia es un período
confuso, ambivalente y doloroso caracterizado por fricciones con el medio familiar y
social”. En este pasaje, dice la especialista, se deben superar diferentes duelos.
1) El duelo por su cuerpo infantil perdido, lo que además da paso al crecimiento de un
“nuevo” organismo, que en algunos casos será armónico y en otros, no. No son pocos
los chicos que se encuentran disconformes con su cuerpo y que evalúan su físico bajo la
matriz del futuro deportivo: si son bajos, si están excedidos de peso, si son lentos, si son
delgados, etcétera. En este caso, el entrenador debe ayudar a los jóvenes a que acepten
su propio cuerpo y mostrarles las ventajas y desventajas que tendrán. El cuerpo técnico
debería saber qué altura alcanzará el niño para empezar a desarrollar su estilo de juego
o la posición que ocupará en un equipo. Por ejemplo, si a un niño le gusta atajar pero
su estatura final no será más de 1,70 metros, hay que recomendarle que juegue en otra
posición.
2) El duelo por la infancia perdida. Si la infancia era la etapa de la vida en que la
responsabilidad de los actos del niño era exclusiva incumbencia de los padres, en la
adolescencia se comienza a ser responsable de las acciones propias, situación que a los
chicos les provoca un gran conflicto. Este cambio de mando es especialmente clave en el
deporte, un escenario en el que el atleta debe aprender a ser el único responsable de
sus decisiones y a hacerse cargo de los actos que cometa. Caso contrario, tendremos a
un eterno niño que, incluso ya de grande, siempre encontrará alguna excusa para sus
errores o sus malas actuaciones.
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Enseñar a los niños a ser responsables requiere de un ambiente especial en tres lugares,
hogar, escuela y club, una triple atmósfera en la que los chicos deberían acceder a
información sobre las opciones entre las que deberán escoger y las consecuencias de
cada una de ellas.
Ayudar a ser responsable
La responsabilidad es la habilidad para responder con la mejor opción: se trata de la
capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir dentro de los límites de
las normas sociales y las expectativas comúnmente aceptadas. A un chico que no se le
pide que ordene su cuarto, sus juguetes ni su ropa, sino que se le deja que tenga todo
tirado y sin orden, seguramente repetirá ese tipo de conductas en cualquier otro ámbito.
Cómo lograr que respete las indicaciones dentro una cancha si en su casa hace lo que
quiere, será una tarea sencillamente imposible.
La mentalidad de un campeón también, o sobre todo, la configuran padres y
entrenadores: el chico que aprende a obtener caramelos, regalos y cualquier tipo de
objetos a partir del lloriqueo, haciendo rabietas o manipulando a sus padres se
acostumbra a tener todo fácilmente, por lo que difícil- mente tendrá una gran tolerancia
a la frustración. Son los niños que, cuando compiten y no logran vencer al contrario ni
obtienen lo que quieren, repiten la misma actitud que aprendieron de niños ante
situaciones de frustración: lloran, protestan, patalean.
En tanto, la adolescencia es también la etapa de la identificación sexual, o sea cuando
los jóvenes realizan su elección de sexo. Se trata de un período en el que la revolución
hormonal a veces causa estragos incluso en el jugador más disciplinado y los
desencuentros amorosos pueden provocar depresiones y angustias.
Este nuevo proceso de identificación, no solo la sexual, debe ser considerado de suma
importancia por los padres y los entrenadores, que en definitiva influyen en la
personalidad del chico. Si el coach confía en su jugador, esa seguridad se reflejará en la
auto-confianza del joven deportista. Uno de los puntos más difíciles al que se enfrentan
los entrenadores de un atleta adolescente es su identificación con el grupo de pares:
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para los chicos, pertenecer a un grupo es lo más importante, es lo adquirido y lo
logrado por ellos mismos, por lo que ese conjunto de adolescentes ejercerá mucha
influencia sobre sus personalidades. La masificación adolescente la vemos en múltiples
acciones de la vida cotidiana: todos se pintan el pelo de una manera, o se ponen arito, o
fuman porque se supone que está de moda, o empiezan a consumir alcohol porque lo
hacen sus amigos y en definitiva todos terminan haciendo lo mismo simplemente
porque el grupo lo hace.
Aquí es importante tener en cuenta que grandes promesas del deporte se malograron
por frecuentar grupos negativos que los llevaron a conductas como beber o fumar. Los
atletas que anhelan ocupar un lugar destacado deben cuidarse, comer adecuadamente,
no beber y tener el descanso nocturno necesario para lograr un buen rendimiento. Su
deseo de progreso en el deporte que practican debe ser superior y motivador para
prescindir, inclusive de ciertos momentos de diversión.