Criminología Huascar Cajías
Criminología Huascar Cajías
HUÁSCAR CAJÍAS K.
CATEDRÁTICO EN LA UNIVERSIDAD
CRIMINOLOGÍA
QUINTA EDICIÓN
DÉCIMA SEGUNDA
REIMPRESIÓN
La Paz, Bolivia
1997
2
Registro Legal 4 -1-128 -82
La Paz - Bolivia
3
Contenido
PRÓLOGO.............................................................................................................................. 5
CRIMINOLOGÍA SISTEMÁTICA.............................................................................................6
LA HERENCIA............................................................................................................................ 6
CAPÍTULO II BIOTIPOLOGÍA..................................................................................................22
CAPÍTULO III EL SEXO........................................................................................................44
LA RAZA............................................................................................................................... 65
GLÁNDULAS ENDOCRINAS................................................................................................89
CAPÍTULO VI LA EDAD......................................................................................................104
Segunda Sección SOCIOLOGÍA CRIMINAL CAPÍTULO PRIMERO CLIMA Y ECOLOGÍA 121
CAPÍTULO SEGUNDO LA FAMILIA...................................................................................138
CAPÍTULO TERCERO LA RELIGIÓN.................................................................................158
CAPÍTULO CUARTO EDUCACIÓN ESCOLAR..................................................................169
CAPÍTULO QUINTO........................................................................................................... 183
CAPÍTULO SEXTO............................................................................................................. 194
CAPÍTULO SÉPTIMO LA POLÍTICA...................................................................................209
CAPÍTULO OCTAVO GUERRAS Y REVOLUCIONES.......................................................222
CAPÍTULO NOVENO ASOCIACIONES CRIMINALES.......................................................238
CAPÍTULO DÉCIMO VICTIMOLOGÍA................................................................................265
Sección Tercera Psicología Criminal CAPÍTULO I..............................................................278
CAPÍTULO II LA OLIGOFRENÍA.........................................................................................303
CAPÍTULO III LAS DEMENCIAS........................................................................................314
CAPÍTULO IV PSICOPATÍAS.............................................................................................320
CAPÍTULO V NEUROSIS...................................................................................................336
CAPITULO VI PSICOSIS....................................................................................................343
CAPÍTULO VII ALCOHOLISMO..........................................................................................373
CAPÍTULO OCTAVO ESTUPEFACIENTES.......................................................................407
CAPÍTULO NOVENO EL PSICOANÁLISIS........................................................................419
CAPITULO X ADLER Y JUNO............................................................................................463
CAPÍTULO XI...................................................................................................................... 481
Cuarta Parte CRIMINOLOGÍA APLICADA EL DICTAMEN CRIMINAL CAPÍTULO I...........499
CAPÍTULO II....................................................................................................................... 512
BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................... 527
4
PRÓLOGO
5
CRIMINOLOGÍA SISTEMÁTICA
Sección Primera
Biología Criminal
LA HERENCIA
6
que es imposible separar para establecer la importancia de unos en relación con
los otros.
A medida que el nuevo ser se desarrolla, actualiza las potencias genotípicas las
que, al manifestarse, se tornan parte del fenotipo. Este ya tiene, sin embargo,
rasgos adquiridos del ambiente. Al nacer, el individuo está constituido por una
mezcla de caracteres hereditarios y adquiridos.
7
Lo anterior nos lleva a distinguir entre caracteres hereditarios y caracteres
congénitos, a veces confundidos inclusive por personas relativamente cultas que
suelen hablar de la transmisión hereditaria de la sífilis o de la tuberculosis.
Entre las causas dañinas se hallan los golpes que pueden afectar al ser en
gestación si bien éste se halla bien protegido y no cualquier golpe lo perjudica; los
traumas psíquicos de la madre resultante de fuertes emociones o estados de
tensión; las enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la sífilis; los
procesos tóxicos de la madre, como los derivados del uso de alcohol,
estupefacientes, medicamentos, etc.
Por tanto, no todo rasgo propio del recién nacido puede atribuirse a causas
hereditarias.
8
caracteres que ellas portan; ningún biólogo podrá decimos si el futuro ser es
potencialmente flaco o robusto, de temperamento plácido o explosivo. Es
necesario esperar las manifestaciones externas para inferir los rasgos
hereditarios.
c) La lentitud en la reproducción. Cada familia tiene pocos hijos. Ahora bien, las
proporciones establecidas en las leyes mendelianas no se encuentran en cada
grupo pequeño sino que son promedios extraídos de muchos experimentos. En
números pequeños, sería imposible fiarse mucho de las conclusiones inferibles
que, en tales condiciones, pueden ser gravemente afectadas.
9
en África; ambos, dados los lugares de su procedencia, pueden considerarse
10
homocigotos en relación con algunos caracteres. Las mezclas se atenían a las
leyes de Mendel en sus resultados. Pero estos hechos no pueden ser tomados
cómo decisivos en Criminología a la que le interesan, más que los rasgos
corporales, los psíquicos y temperamentales, sobre los cuales faltan datos
seguros (2). Por eso, hay enorme dificultad para determinar cuál es la importancia
de la herencia en la acusación del delito.
El primer estudio fue realizado en Estados Unidos por Dugdale, quien publicó sus
resultados en 1877. Versa sobre el clan que Dugdale designó con el nombre
ficticio de Juke. Esta familia se inició con Max juke, cuya vida adulta transcurrió en
la segunda mitad del siglo XVIII en una región del estado de Nueva York notoria
por la gran cantidad de delitos que en ella se cometían. Era un hombre rudo que
vivía de la caza y de la pesca, buen trabajador a veces, pero poco inclinado al
esfuerzo continuo; buen compañero y gran bebedor; tuvo muchos hijos,
incluyendo ilegítimos.
Dugdale estudió 709 descendientes de los cuales 540 eran de sangre Juke y 169
procedían de mezclas con otras estirpes. De ellos, 180 no habían logrado
11
mantenerse por sus propios medios y habían necesitado asistencia de
instituciones
12
de caridad; 140 eran criminales o infractores; 60, ladrones habituales; 7, asesinos;
50, prostitutas; 40 padecían enfermedades venéreas y habían contagiado por lo
menos a 440 personas.
13
mantenido relaciones con una muchacha, presuntamente débil mental, de la que
tuvo un hijo, Martín Kallikak segundo, cabeza de la estirpe criminal y antisocial.
Cuando Goddard realizó sus investigaciones, la familia había llegado a su sexta
generación, con un total de 480 descendientes identificados. De ellos, 143 eran
débiles mentales y sólo 46 normales; 36 ilegítimos; 33, inmorales sexuales, sobre
todo prostitutas; 24, alcohólicos; 3, epilépticos; 3, criminales y 8, gerentes de
burdeles. Posteriormente, el mismo soldado se casó con una joven de buena
familia; en esta rama, se identificaron 496 descendientes entre los cuáles sólo uno
era anormal mental y ninguno criminal.
14
atribuir debilidad mental a la muchacha que originó al clan Kallikak es algo
arriesgado dado que tal diagnóstico se hizo en tiempo muy posterior.
Otros estudios sobre familias criminales fueron realizados sobre todo en Estados
Unidos y Alemania. Podemos citar los que siguen.
4.- ESTUDIOS SOBRE MELLIZOS. Hay dos tipos de mellizos; los univitelinos,
monocigóticos o idénticos y los bivitelinos, dicigóticos o fraternos. Los primeros
proceden de un solo huevo o cigoto que, en una etapa posterior a la concepción,
se esconde para dar lugar a dos o más seres; por tanto, si recordamos cómo se
produce la multiplicación celular, podemos afirmar que los mellizos idénticos
tienen la misma carga hereditaria. Los mellizos bivitelinos, por el contrario,
proceden de óvulos distintos, independientemente fecundados por los
espermatozoides; la independencia de los procesos de fecundación hace que las
combinaciones genéticas sean tan variadas como las de los hermanos corrientes.
Lange -quien, según vimos, creó este método- estudió treinta parejas de mellizos:
trece de univitelinos y diecisiete de bivitelinos. En diez de las primeras encontró
que, cuando uno de los mellizos había delinquido, el otro también lo había hecho:
en los tres casos restantes había delinquido uno solo de la pareja. Entre las
diecisiete parejas de bivitelinos, en dos casos habían delinquido ambos mientras
que, en quince, sólo uno. De estas cifras, Lange extrajo una conclusión
terminante: "Los mellizos monovitelinos se comportan frente al delito de una
manera preponderantemente concordante mientras que, en cambio, los bivitelinos
lo hacen de una manera preponderantemente discordante. De acuerdo con la
importancia del método de investigación de los delitos, debemos, por tanto,
deducir la consecuencia de que la disposición juega un papel preponderante en
absoluto, entre las causas del delito" (8).
Paro tal conclusión puede calificarse por lo menos de prematura. Fue Sutherland
el que inició una crítica sistemática, desde el primer momento, contra el nuevo
método, cuyas limitaciones señaló de la siguiente manera:
17
c) Casi la mitad de los mellizos eran de tipo "espejo": uno era igual a la imagen
reflejada del otro; así, si uno era diestro, el otro era zurdo. Esto prueba que aun la
semejanza física no es tan exacta como se pretende, fuera de que estas
diferencias pueden tener repercusiones biológicas y psíquicas más profundas.
Este último punto ya contiene la principal crítica que puede hacerse a los estudios
de Lange e inclusive a otros posteriores: en ellos no se analiza la importancia de
los factores sociales.
19
a delincuentes juveniles y a niños que presentan problemas de conducta. Fue
además, un acierto el distinguirlos por sexos. Los resultados finales están en el
siguiente cuadro:
CRIMINALES ADULTOS:
Univitelinos 25 12
DELINCUENCIA JUVENIL:
Univitelinos 39 3
PROBLEMAS DE CONDUCTA:
Univitelinos 41 6
Para Rosanoff y sus colaboradores, estas cifras demostraban, una vez más, la
decisiva influencia de los factores hereditarios en la conducta criminal y antisocial;
sin embargo, se advierte un argumento en contra en la alta concordancia de los
delincuentes juveniles cuando son mellizos bivitelinos del mismo sexo. Este
estudio puede considerarse superior al de Lange por la mayor cantidad de
materia] y por la distinción por sexos.
Univitelinos Bivitelinos
20
AUTOR Concord Discor. Concord. Discor.
Lange (1929). 10 3 2 15
Legras (1932) 4 0 0 5
Kranz (1936) 20 12 23 20
Stumpefl (1936) 11 7 7 12
Rosanoff (1934) 25 12 5 23
70 34 37 75
También a estos estudios se les hicieron críticas semejantes a las que había
merecido el de Lange. Se agregaron otras. Resalta, por ejemplo, la discrepancia
de los resultados conseguidos por los distintos autores; tal sucede con Legras y
Kranz. Los números son excesivamente bajos para que se puedan sacar
conclusiones definitivas.
López Rey observa que no se han hecho las distinciones para determinar el tipo
de delito cometido. Si los dos miembros de una pareja gemela han vulnerado el
Código Penal y, en eso, son concordantes, no puede inferirse que también lo
son en lo
21
biológico y caracterológico ya que verían mucho las condiciones qiu inclinan a
tales o cuales tipos delictivos (13).
22
medidas de protección social,' como la esterilización (16).
23
En los últimos años, ha suscitado mucho interés el caso del cromosoma Y doble,
cuya presencia anormal se ha señalado especialmente en criminales autores de
delitos sexuales y violentos. Como es sabido, la fórmula cromosómica de la mujer
es XX y, la del varón, XY, de donde resulta que este cromosoma Y es
característico de la masculinidad. Hay casos anormales, sin embargo, en que la
fórmula se ha convertido en XYY y hasta en XYYY. Estos varones se caracterizan
muchas veces por ser robustos y tener escaso desarrollo mental junto con
tendencia a la violencia lo que pone en relieve una relación entre las
características naturales y la predisposición a los delitos señalados, si bien no
puede dejarse de lado el hecho de que las investigaciones hayan mostrado que
los criminales de fórmula XYY provienen generalmente de sectores en que las
condiciones ambientales son malas.
En cuanto a las mujeres con fórmula XXX, no se han realizado todavía estudios
acerca de su criminalidad. Se ha señalado que es frecuente en ellas la debilidad
mental (17).
24
caracteres normales, por ejemplo, la constitución corporal.
25
iver: Herencia biológica y derecho, pp. 119-129; Varios, Aspectos científicos del problema racial, pp. 76-78; artículo de Jennings titulado las
leyes de herencia y nuestro actual conocimiento de genética humana en el aspecto material.
(2) V. Cousiño Maciver, Loc. Cit.; Jennings, art. Cit., pp. 74-93.
(5) Nombre ficticio derivado de dos raíces griegas que significan “bello” y “malo”.
(6) Goddard, cit. Por Barnes y Teeters, New horizons in Criminology. Pág.117.
(10) V. Taft, Criminology, pag, 65 y Reckless, ob. Cit., pág. 186. Afectados Afectado CLASES DE MELLIZOS, ambos uno solo.
(14) Cit. Por Christiansen en su articulo Seroiusness of criminality and concordance among danish twins, incluido en Hood. Criminology and
Punlic Policy, pp. 65-66.
(17) Sobre este tema de las anormalidades en los cromosomas sexuales, v. la exposición de López Rey en su Criminología, pp. 134-141.
26
CAPÍTULO II BIOTIPOLOGÍA
1.- ANTECEDENTES Y SUPUESTOS. Las relaciones existentes entre los
caracteres corporales y los psíquicos han sido entrevistas desde hace tiempo
tanto por la sabiduría popular como especialmente por los artistas. Pero no sólo se
descubrieron tales relaciones de manera intuitiva y empírica; hace veinticinco
siglos, la escuela hipocrática ya intentó una clasificación caracterológica con
pretensiones científicas y la creación de tipos de validez universal; esa escuela
habló de cuatro temperamentos distinguibles conforme a los humores corporales
predominantes: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. Su base no era del
todo deleznable como lo prueba el que el fundador de la Psicología experimental,
Wundt, partiera de ella para su propia clasificación.
En lo que sigue, no debemos olvidar que nos enfrentaremos con tipos humanos,
es decir, con conceptos abstractos, pero no con realidades concretas. En los
casos individuales, encontraremos mucha mezcla de caracteres; en cambio, los
tipos reúnen sólo los que les son propios con exclusión de los demás. La
advertencia vale la pena para evitar que se pretenda encontrar "tipos" puros en la
realidad -quizá los haya, pero de manera excepcional- o creer que al descubrir
los tipos teóricos no
27
debemos ya tomar en cuenta las complejidades y contradicciones que hay en los
casos concretos.
Desde el comienzo, el autor advierte que los tipos puros son muy raros en la
experiencia diaria. Por eso, dice, "sólo describimos como tipie los valores medios
de estos rasgos superpuestos y acentuados" La complicación es mayor si
consideramos h existencia de intrincados entrecruzamientos entre los distintos
tipos corporales y psíquicos. Las mezclas se dan también dentro de lo psíquico y
dentro de lo corporal. Podremos encontrar, por ejemplo, una emotividad pícnica
junto a una inteligencia más propio del círculo esquizotímico; o una cabeza
asténica implantada sobre un tronco pícnico. Puede admitirse con Kretschmer que
tales entrecruzamientos se deben a las complejas cualidades que se reciben por
herencia.
28
afirmaciones de Kretschmer.
29
Desde el punto de vista corporal, este autor distingue tres tipos principales: el
leptosomo, el atlético y el pícnico, y tres tipos menos comunes: el gigantismo
eunucoide, la obesidad eunucoide y el infantilismo eunucoide, englobados bajo la
designación de displásticos.
Leptosomos 4 81
Atléticos 3 31
Pícnicos 58 2
Displásticos — 3
Diversos no clasificados 4 13
30
TOTALES 85 175 (3)
Los leptosomos presentan como nota que primero salta a la vista, "el reducido
crecimiento en grosor de un desarrollo corporal no disminuido por término medio
en longitud. . . (es) una persona delgada, que parece más alta de lo que es en
realidad, de piel enjuta y pálida, de cuyos estrechos hombros penden los brazos
flacos, poco musculosos, y manos de huesos delgados; caja toráxica alargada,
estrecha y aplastada, en la que pueden contarse bien las costillas; ángulo
cartílagostal puntiagudo, vientre delgado y sin panículo adiposo y miembros
inferiores de características semejantes a los superiores" (5). Los rostros son
ovales, con nariz larga; turricefalia frecuente; mentón y frente huidizos (sobre todo
en los esquizofrénicos) lo que unido a la nariz prominente da e) perfil llamado de
pájaro; cuello largo y delgado. Los leptosomos tienen muy desarrollada la
pilosidad primaria (cabello y cejas), con una cabellera en forma de gorro de piel; el
pelo es grueso y cerdoso; la calva, cuando se presenta, es incompleta, "como
comida por los ratones"; la pilosidad secundaria es escasa en la barba y mediana
o escasa en las axilas y los genitales. Dentro de este círculo, hay variedades; bajo
el nombre de leptosomos se incluye a todas ellas, siendo un término medio ideal
31
que comprende
32
desde las figuras delgadas y raquíticas -a las que suele denominarse asténicas-
hasta las esbeltas, tendinosas, gráciles y con cierto desarrollo muscular, que se
acercan al tipo atlético.
"Los miembros del pícnico son blandos, de líneas suaves, a veces muy delicadas,
escasos relieves óseos y musculares, manos blandas más bien cortas y anchas y
33
algunas veces las muñecas y las clavículas son muy delgadas, los hombros no
son anchos y voluminosos como en los atléticos sino más bien redondos (sobre
todo en las personas de edad), levantados y contraídos hacia adelante, y con una
fuerte inflexión característica en el borde interno del deltoides, en dirección al
pecho. Parece como si todo el cinturón escapular se hubiera retraído por delante
hacia arriba por el abombamiento de la caja toráxica; también la cabeza toma
parte en este desplazamiento estático, pues se hunde hacia adelante entre los
hombros, de manera que el corto y grueso cuello parece desaparecer
paulatinamente, tomando una ligera curvatura cifótica la columna dorsal superior.
El perfil del cuello no es ya esbelto y redondo como en los otros tipos, rematado
por la barbilla a manera de amplio y destacado capitel. En los casos pronunciados
en la edad adulta y senil, la punta mentoniana se une directamente por una línea
oblicua al extremo superior del esternón, sin la característica depresión laríngea
normal" (8).
34
desdibujamiento sexual; estatura mayor a la normal con un esqueleto de huesos
delgados. Suelen presentarse graves anomalías en los órganos genitales, lo que
35
también ocurre en los otros tipos displásticos; hay rasgos afeminados:
correspondientemente, en las mujeres se dan rasgos viriloides.
Todos ellos son socialmente tratables, aunque en diverso grado; poseen una gran
afectividad (nada más ajeno a ello que la frialdad de los esquizotímicos).
36
Sintonizan
37
con el medio ambiente, a cuyas influencias nunca son indiferentes. Realistas y
prácticos hasta llegar a veces a tener una actitud materialista hacia el mundo y la
vida. No encontraremos en los ciclotímicos gran consecuencia con los ideales ni
rígida constancia en los medios para alcanzarlos; también en estos sectores se
presenta una gran adaptabilidad ante las exigencias prácticas por encima de la
fidelidad a los principios; por eso, no hallaremos entre los ciclotímicos los excesos
del fanatismo. Se destacan como oradores fogosos, comerciantes, políticos
realistas, empresarios audaces. Pero al lado de cualidades generalmente útiles
para la sociedad, suelen darse inclinaciones a la "dipsomanía, al derroche, al
desenfreno sexual" (11). En cuanto a la reactividad, es directa y franca, nunca
complicada y fría.
Lo anterior explica la dificultad que existe para estudiar a estas personas. Sin
embargo, se ha logrado reunir los rasgos típicos en tres grupos que son los
siguientes: "1) Insociable, sosegado, reservado, serio (sin humor), raro. 2) Tímido,
esquivo, delicado, sensible, nervioso, excitable, aficionado a la naturaleza y los
38
libros. 3) Sumiso, apacible, formal, indiferente, obtuso, torpe" (12).
39
Todos se hallan dentro de la proporción llamada psicoestética que designa a los
temperamentos que se mueven, no entre la alegría y la tristeza, como los
ciclotímicos, sino entre la excitabilidad y la apatía, la hipersensibilidad y la frialdad
afectiva; pero no se inclinan a un extremo con exclusión del otro; son excitables y
apáticos, fríos y sensibles, al mismo tiempo; por eso se dice que los
esquizotímicos no sólo están escindidos del mundo sino también dentro de sí
mismos, presentando rasgos complicados y contradictorios. Kertschmer cita a
Strindberg, posteriormente esquizofrénico, quien se describe así: "Soy duro como
el hielo y, sin embargo, delicado hasta lo sentimental" (13).
La esquizotimia se halla con sus notas más puras en los leptosomos; en atléticos y
displásticos, suelen presentarse caracteres diferenciales, si bien insuficientes para
justificar la creación de un círculo temperamental aparte.
40
epilepsia y la constitución atlética, al mismo tiempo que justifica el que no se
considere a los atléticos como simples esquizotímicos.
Hay que partir del principio de que la Biotipología, aunque importante para explicar
el delito no prescinde ni puede hacerlo de las influencias ambientales, según el
propio Kretschmer reconoce.
No se puede negar ni que la falta de adaptación social sea un signo que, unido a
otros, permita deducir que una persona es psicópata ni que el delito significa en
41
muchos aspectos una falta de adaptación social. Pero de esto a asegurar que todo
delincuente profesional o habitual es un psicópata, hay mucha distancia. Piénsese,
por ejemplo, en el caso de un adúltero habitual y que se relaciona con varias
mujeres, supongamos prostitutas, en un país donde el adulterio constituye delito:
sería delincuente y, por añadidura, psicópata. Pero si se traslada a Bolivia o si en
su patria queda abolido ese tipo penal, sus actos ya no serán delictivos y
desaparecerá la base principal para que se lo considere psicópata. ¿Es que la
mera vigencia de una norma penal es suficiente para establecer que alguien es
psicópata? Ciertamente, el concepto de psicopatía no es puramente natural; pero
tampoco se halla tan estrechamente ligado con lo penal.
1 a P
EN LOS CRIMINALES:
43
Graz (225 sanos) 32 58 10
En conjunto 40 50 10 (15)
Si bien este cuadro ha recibido algunas críticas, sobre todo en relación con el
hecho de que los criminales pertenecen a distintas regiones en las que quizá
cambie el porcentaje en que se distribuye la población normal (la citada pertenece
a Suabia), sin embargo, en sus líneas generales, la conclusión final no puede
menos que ser aceptada. Nos damos cuenta de que el primer lugar en la
delincuencia general lo ocupan los atléticos, siguen los leptosomos y sólo en el
último puesto se hallan los pícnicos.
44
displásticos que, de tal modo, muestran clara inclinación a la reincidencia (17).
45
Resalta, consiguientemente, la escasa corregibilidad de los atléticos, leptosomos y
displásticos, al lado de la corregibilidad de los pícnicos. Ya en 1923, Vierstein,
estudiando a 150 reclusos de Straubing, encontró entre los esquizotímicos un 58%
de incorregibles y un 20% de corregibles mientras que, entre los ciclotímicos,
había un 12% de incorregibles y un 65% de corregibles (18). Tal hecho está de
acuerdo con las características temperamentales; ya vimos que el ciclotímico es
de fácil adaptabilidad y se somete a las influencias externas -de las que
fundamentalmente echan mano los intentos correctivos-, mientras que los
esquizotímicos resisten a las influencias ambientales y suelen presentar una
personalidad terca y persistente en todo tipo de comunidad, incluyendo la
penitenciaria.
Los leptosomos se destacan en dos sentidos: en los delitos contra la moral y los
cometidos con violencia, quedan por debajo de los otros grupos. En cambio,
descuellan en los delitos de robo y estafa. Tales hechos se explican por ser los
leptosomos autistas, no inclinados a las reacciones impulsivas directas. Su poder
46
sexual es frecuentemente inferior al medio. Tampoco cuentan, sobre todo en la
variedad asténica, con la fuerza necesaria para hacerla valer en sus actividades
delictivas. Pero son individuos fríos, calculadores, inteligentes, indirectos en sus
reacciones lo que los faculta especialmente para la estafa, delito en el cual ocupan
el primer lugar entre todos los grupos.
Los pícnicos escasean mucho en el grupo de los ladrones, menos en los delitos de
violencia y están en mayor número en el grupo de los estafadores. Esta forma de
conducirse frente al delito puede explicarse porque los pícnicos se adecúan al
medio ambiente en el que les toca desenvolverse, pero tienen una excitabilidad
pronta ante ciertos estímulos externos, la que dura poco tiempo y luego da lugar al
arrepentimiento. Su agilidad mental y su forma de integración en la sociedad, en
que se dedican mucho al comercio y la industria, explican su alta participación en
los delitos de estafa. Su constitución endocrina suele impulsarlos a cometer delitos
contra la moral si bien se hallan ausentes las aberraciones.
CONCLUSIONES. Lo primero que hay que recordar es que los tipos son eso:
tipos, o sea, entes ideales abstractos cuyo conocimiento no es suficiente para
lograr otro exhaustivo del caso concreto; éste es siempre más rico en cualidades
pues fuera de las "típicas" o generales contiene las individuales, irreductibles a
esquemas abstractos. Todo tipo es abstracto; pero el delincuente es real y
concreto. Esta limitación, inherente a toda Biotipología, ya la vio el mismo
Kretschmer: "No es que la Biología constitucional sea hoy algo perfecto; pero, de
todos modos, ni en el orden heredobiológico ni en el criminobiológico puede
prescindirse de ella; no hay otro recurso que el colaborar en su desenvolvimiento"
(20).
47
siempre presente para evitar un peligro en que se puede fácilmente incurrir: el de
48
pensar que la Biotipología es algo así como una llave maestra que abre la puerta
de la comprensión de todo lo relacionado con el delincuente; eso no es verdad.
Por este camino, llegaríamos a atribuir a la Biotipología un rigor y una
universalidad que ni sus autores quisieron darle; así se retornaría, aunque de otra
mañero, a Lombroso: así se concluiría con imposibilitar la aplicación de la
Biotipología a los casos concretos a fuerza de querer obligar a éstos a que se
adecúen a aquélla. Se olvidaría que, al subsumir el caso concreto en un tipo, nos
limitamos a reconocer en aquél los rasgos generales, dejando de lado lo estricta e
irreductiblemente individual, lo atípico; con tal error de partida se puede llegar a
consecuencias indeseables ya que tipificar no es todo. Los tipos nos dan meras
pautas de orientación para el estudio de la realidad. No corresponden a cada caso
concreto totalmente considerado; son términos medios, como ya vimos; se trata de
medias matemáticas que no pretenden recoger toda la enorme variedad cualitativa
de lo real. Por lo tanto, si bien hay que usar la Biotipología, no hay que creer que
ella lo logre todo.
Por otra parte, puede correrse el riesgo, en los estudios biotipológicos, de que
todo se detenga en el estudio del tipo con lo que se cometería otro error que el
mismo Kretschmer ha evitado al tomar también en cuenta los factores
ambientales.
Vemos, pues, que la Biotipología kertschmeriana -como las demás- tiene riesgos
que pueden ser evitados con sólo recordar las advertencias de su creador.
Más serias nos parecen otras objeciones. Por ejemplo, en relación con los
atléticos pues ellos suelen presentarse más como tipos intermedios entre
leptosomos y pícnicos que como tipo independiente. Fuera de que resulta poco
coherente el que haya un sólo temperamento característico de dos tipos
constitucionales (22). Además, aún no están claras las implicaciones existentes
entre la raza y el biotipo, el grupo socioeconómico al que se pertenece, la forma
de vida; entre estos aspectos existen relaciones que no han sido enfocadas con la
suficiente amplitud por la Biotipología. Piénsese, por ejemplo, en los caracteres
típicos kretschmerianos y si pueden aplicarse, lisa y llanamente, para hacer una
clasificación de los delincuentes
49
bolivianos con tanta exactitud como la alcanzada en Alemania donde el material
humano es más o menos uniforme y se halla bien estudiado.
50
Sheldon es creador de la más conocida Biotipología estadounidense. Se basa en
los tejidos que forman el embrión y que luego dan lugar a todo el organismo.
Clasifica a los hombres en endoformos, mesomorfos y ectomorfos que, equivalen,
aproximadamente, a los pícnicos, atléticos y leptosomos de Kretschmer, con los
que guardan también afinidades temperamentales (26). Han sido especialmente
los esposos Glueck los que han aplicado esta Biotipología en sus estudios (27).
CASO I
51
por escalamiento. a eso de las ocho de la tarde, en la habitación de S esperando
en el vestíbulo hasta que se apagó la luz del corredor. Después penetró en la
alcoba. Primeramente, se dirigió a la cómoda, y al no hallar en ella la caja, la
buscó en el propio lecho de S., en cuyo momento se despertó este último.
Entonces le metió un chai en la boca para impedir que gritara, a la par que le
cogía la garganta con la mano izquierda. El anciano S. se desplomó privado de
conocimiento. E. tomó una toalla, con la que le ató las manos y le ligó las piernas
con un chai de lana. A continuación, se apoderó de 260 marcos,
aproximadamente, que había en la hucha.
"Boehmer observa respecto a este caso (p. 207): En tal género de comisión de un
homicidio sorprende el hecho de que el autor trabaje con el mayor cuidado, que no
comprometa en ningún instante, su propia seguridad, que combine todo de una
manera perfecta en la preparación y ejecución del delito, que no deje tras sí huella
alguna, que después de cometido el delito atienda en todo momento a su
seguridad y se defienda de un modo en extremo hábil. Este caso, estudiado por
Boehmer, muestra de hecho rasgos esquizoides totalmente genuinos, en lo que
respecta a la frialdad y escisión de su cálculo".
CASO II
52
"El marinero H., una vez cumplido el tiempo de la condena, fue puesto en libertad.
Durante algunos días erró de un lado para otro sin ocupación alguna. Después, y
a pesar de no tener dinero, se presentó una tarde en un punto de automóviles,
pretendiendo alquilar uno. Intentó atraer con engaños al chófer a un lugar
apartado, sin conseguir su propósito. En la tarde siguiente, acechó en la carretera
a un motorista, le mandó parar y, sin más explicaciones, disparó sobre él dos tiros.
En la mañana del siguiente día. fue localizado por un guarda rural que iba
acompañado do su perro, y huyendo de ellos, saltó detrás de un seto, donde fue
detenido por un labrador. H. hizo fuego sobre éste, causándole una herida mortal
en el cuello, y se dio a la fuga. Toda la policía rural del contorno se puso en
movimiento, y empezó la persecución de H. que, a consecuencia de la
participación en ella de los habitantes, tomó los caracteres de una caza del jabalí.
Por último, fue señalada la presencia de
H. en una granja. Un funcionario de la policía, pistola en mano, se destacó,
conminándole a que se entregara. H., en lugar de hacerlo, se abalanzó sobre él,
entablándose una lucha a brazo partido, en la que H. cayó a tierra; pero pudo
desasirse, y con la propia pistola del funcionario hizo fuego, atravesándole el
corazón con una bala; hirió en el vientre a un campesino, y en la pierna a otro.
Después huyó; pero fue cercado de nuevo al cabo de unas horas, entregándose,
por fin, no sin haber hecho antes algunos disparos contra sus perseguidores,
recibiendo varias heridas por arma de fuego en la lucha y perdiendo un ojo.
También en el curso del proceso y después de la condena a reclusión perpetua
(párrafo 214 del Código Penal del Reich) no mostró arrepentimiento alguno.
"Boehmer observa respecto al caso (p. 208): Este autor procede de modo
totalmente diverso que el asténico. También prepara al principio su acto de
manera cuidadosa; pero pronto es arrastrado por su temperamento. Comete un
asalto absurdo (contra la persona del motorista); en la persecución de que
después es objeto, arriesga sin consideración su propia persona y vida; ni un sólo
instante demuestra temor; sólo se entrega cuando se halla gravemente herido, y
confiesa sonriendo los hechos punibles realizados. Su delito es la cumbre de la
brutalidad y de la violencia; el modo de ejecución, con desprecio absoluto de todas
53
las consideraciones para la vida de sus prójimos, sin precedentes. La actitud de H.
no es ya casi la de un ser humano.
54
De hecho falta en este caso, expuesto por Boehmer, de modo absoluto, la
capacidad de empatía humana, que es característica de la conducta del pícnico++
+++cicloide; en verdad no muestra este caso, como el antes expuesto (I) del
círculo leptosómico, la estilización fría del tipo esquizoide extremo; pero, en
cambio, tanto más claramente la monstruosa explosividad afectiva y la falta de
dominio sobre sí mismo, como se observa con frecuencia en la base atlética, y
acaso evoca ciertos rasgos del círculo epileptiforme".
CASO III
"M. es un trabajador, infatigable; las horas que su oficio le deja libre (trabaja en la
confección de zapatillas), y en los domingos, sirve como camarero auxiliar en un
café. Es persona de humor generalmente alegre y un buen padre de familia, y
profesa un amor entrañable por sus dos hijos de corta edad. En los primeros
tiempos, su matrimonio transcurrió felizmente; pero, en los últimos anos, el
carácter algo brusco de la mujer ha contribuido a enturbiar la alegría de antes. En
ocasiones manifestó M. a su cunada el propósito de divorciarse, pero este
pensamiento fue sólo de carácter pasajero. A pesar de todo, las relaciones entre
los cónyuges volvieron a ser cordiales. En los últimos tiempos, se mostró en el
taller más silencioso de ¡o que era su costumbre; con frecuencia aparecía con los
ojos llenos de lágrimas, pero no confeso a nadie sus pesares. Como quiera que
por las noches tenía que atravesar lugares solitarios en pleno campo, creyó
oportuno adquirir una pistola. Un domingo por la mañana, fue, como era su
costumbre, a dar un paseo por el bosque en compañía de sus hijos, llevando la
pistola con el objeto de probarla. Indudablemente no era otra su intención, puesto
que antes del paseo se había comprometido a prestar servicio por la tarde en el
café, sustituyendo a uno de los camareros. Una vez en el bosque jugó durante
algún tiempo con los niños y después se sentó en un banco. De pronto, le vino a la
conciencia la miseria de su situación presente, que hasta ahora nunca se le había
aparecido de tintes tan sombríos, recordando los frecuentes disgustos con su
mujer. Repentinamente, surgió en él el pensamiento de que tenía la pistola en el
bolsillo y asoció con ello la idea de quitarse
55
la vida. Al principio no pensó siquiera en los niños, hasta que su mirada recayó en
ellos. Sin deliberar un solo instante, se sentó en el suelo al lado de sus hijos y les
dio muerte de modo sucesivo con dos disparos que les atravesaron la cabeza.
Después volvió el arma sobre sí mismo, produciéndose una herida en el cerebro
que le privó largo rato de la conciencia; cuando volvió en sí, se encontró con los
dos cuerpos de los niños a su lado y le saltó el pensamiento de que no podía dejar
así a sus hijos en el bosque. Con afecto, arrastró sucesivamente los cuerpos hasta
una cabaña próxima, en cuya operación invirtió más de una hora debido al estado
de debilidad en que se encontraba a causa de la grave lesión sufrida. Después se
colocó al ledo de los cadáveres, pensando que el también moriría pronto. De
nuevo perdió el sentido y sólo al cabo de unís dieciséis horas fue descubierto y
conducido al hospital, donde se consiguió que salvara la vida. Fue condenado con
arreglo al párrafo 213 del Código Penal del Reich (homicidio cometido en estado
de arrebato) a una pena de prisión de duración corta.
"Boehmer observa especto ni caso (p. 209): Este autor, que aparece en la
categoría c los asesinos, no lo es en el sentido de los dos casos anteriores (I y II).
Su acto aparece determinado por la pasión. También puede considerarse este
hecho, como de índole brutal, pero no a la manera de los dos casos precedentes.
Este acto ha surgido de la completa y total posición pasiva del autor frente a la
vida. Los autores de los dos casos anteriores intentaban configurar, a su modo, la
vida misma; M., en cambio, ha sucumbido bajo el peso de ella. Verdad es que este
caso estudiado por Boehmer no reproduce todos los rasgos característicos del
pacnico cicloide, pero de un modo nítido resalta en él la conexión pasiva, no
escindida, con la vida y con el destino".
(1) V. Cousiño Mac (1) Hay biotipologías puramente corporales, como la de la escuela francesa de Sigaud y Mac Auliffe: otras, puramente
psíquicas, como la de Jung.
(6) Bajo el nombre de hipertrofia. Kretschmer no se refiere a algo patológico sino simplemente " a un desarrollo superior al promedio"; id. id.,
pág. 24, nota.
56
(7) Id. id., pp. 24 - 25. Subrayado en el original.
(22) Véanse las observaciones del propio Kretschmer, ob, cit., pp. 230-240, sobre las peculariedades de los atléticos.
(25) V. Pende, Tratado de Biotipología Humana; tiene un apéndice escrito por di Tullio bajo el título Biotipoología y criminalidad Cer también
las obras de este último autor.
(26) Es un hecho muy significativo el que, pese a discrepancia, la mayoría de las biotipologías estén de acuerdo en puntos fundamentales.
(27) V. especialmente. Sheldon y Eleanor T. Glueck, Physiqne and delinquency, en que aplican los tipos de Sheldon.
(28) Ob. ctti pp. 136-141; Kretschmer, ob. cit., pp. 295 - 300.
57
CAPÍTULO III
EL SEXO
Tampoco puede afirmarse que el sexo nos interese igualmente en todos los
delitos; con unos se relaciona estrechamente, con otros de un modo más lejano y
general. En resumen, podemos decir que el sexo interesa a la Criminología, por
las siguientes razones:
58
3) Porque ocasiona delitos de tipo no sexual (hurtos, homicidios, lesiones,
etc.) (1).
2.- DETERMINACIÓN DEL SEXO. La determinación del sexo se halla ligada con
la herencia. Los cromosomas —cuerpos encargados de la transmisión de los
caracteres hereditarios— provocan la aparición de ciertos rasgos, entre ellos el del
sexo, en el nuevo ser.
Caracteres primarios: Las gonadas (testículos y ovarios); son los que se hallan
más íntimamente relacionados con los cromosomas Y y X.
Peso y estatura. De 0 a 16 años, peso y estatura del varón son, por término
medio, mayores en un 5% a los de la mujer; sin embargo, en los momentos de la
pubertad, esta relación se invierte en Ta mayoría de los casos, mientras en otros,
los menos, se produce una nivelación.
60
el desarrollo del esqueleto y una algo menor, en la dentición. Pero también las
mujeres decaen antes.
Conducía social. La mujer es más sociable que el hombre; en ellas las tendencias
sociales se manifiestan más agudamente y con mayor frecuencia. Son más
celosas; están más sometidas que el varón al deseo de lograr la aprobación
social, por la que guían gran parte de su conducta; se hallan profundamente
sometidas a los sentimientos familiares.
62
4.- CRIMINALIDAD MASCULINA Y FEMENINA. Los caracteres anteriormente
anotados arrojan mucha luz para explicar las diferencias entre la criminalidad
masculina y femenina.
Existen diferencias notables en lo que toca al número con que cada sexo
contribuye a las estadísticas de la criminalidad en general. Reckless, al examinar
cifras de varios países, hace notar que las proporciones entre la delincuencia
masculina y la femenina, varían desde un 19,5 a 1, hasta un 3,2 a 1, según la
región de que se trate (5) Dentro de tales proporciones extremas se hallan las del
mundo entero, siempre con predominio de la criminalidad de los hombres sobre la
de las mujeres, hecho que ya comprobaron los precursores y fundadores de la
Criminología.
Hay razones que permiten aceptar como indudable la verdad que, en líneas
generales, muestran las estadísticas. Sin embargo, es posible que existan motivos
que traen una disminución artificial del número de delitos cometidos por mujeres,
evitando que ellos lleguen a ser sentenciados o se traduzcan en el ingreso de la
delincuente en un establecimiento penitenciario (6).
63
Entre las razones que explican por qué la criminalidad femenina es realmente
menor que la masculina, se hallan los caracteres propios de cada sexo. El hombre
es más activo y participa más en la vida social, lo que puede significarle mayor
número de oportunidades y tentaciones de delinquir; es más agresivo, actitud para
la cual está mejor dotado por su propia constitución. La mujer es más pasiva ante
la vida; corporalmente más débil; se halla más sujeta al control de la familia y de la
vecindad, los que son más laxos con el hombre: desarrolla sus actividades más en
el seno del hogar que fuera de él. Por otra parte, y en lo referente a las leyes, hay
tipos penales definidos de tal manera que sólo o casi sólo pue-den ser cometidos
por hombres (sobre todo ciertos delitos sexuales: violación, rapto, seducción, etc.,
en que la mujer es tomada en cuenta como víctima, pero no como agente). Por fin,
hay delitos a que el hombre se encuentra próximo por la índole de su trabajo,
como sucede, por ejemplo, con los delitos propios de los funcionarios públicos.
Como puede verse, son tanto biológicas, como psíquicas y sociales, las causas
que permiten explicar las disparidades estadísticas consignadas más arriba. Hay
que guardarse aquí de ir a los extremos, dando importancia sólo a los factores
individuales o a los sociales. Las teorías antropológicas, sean o no del tipo
lombrosiano (7) olvidan la enorme importancia de los factores sociales. Pero
tampoco hay que pensar que todas las diferencias pueden ser comprendidas a la
luz de los factores ambientales; a este respecto, se ha apuntado
fundamentalmente a la menor intervención que tiene la mujer en la vida social
extrahogareña como causa de su menor criminalidad: factor importante, sin duda;
pero si nos atuviéramos exclusiva o casi exclusivamente a él, quedarían sin
explicación los casos de la mayoría de los países industrializados, en los cuales,
pese a la creciente intervención femenina en todos los órdenes de la vida social, la
que es casi igual para ambos sexos, las proporciones en que cada sexo delinque
en relación con el otro, no han variado de manera substancial; incluso podemos
citar el ejemplo de Alemania donde, pese a la creciente intervención de la mujer
en la vida social, política y económica, la proporción de su delincuencia ha
disminuido en relación con la masculina.
64
Goeppinger hace notar que, en 1882, la participación de las mujeres en la
criminalidad total, era del 19,8%; en 1970, cuando la mujer intervenía
enormemente más en asuntos y funciones públicos, esa participación había
bajado al 13,1%. Esta última cifra suponía, inclusive, un alza respecto a las de
años anteriores, especialmente por el incremento de hurtos (8).
Para fines de comparación, citamos los porcentajes que el mismo autor menciona
y que se refieren a otros autores:
Años Porcentaje
Austria (1966) 13
cuentes descubiertos
(1963) 11,4 0 (9)
por la policía)
65
arrestadas; son
66
más benévolamente tratadas en los juicios; reciben con mayor frecuencia que los
hombres los beneficios legales de conmutación, perdón, indulto, rebaja de penas,
libertad provisional y condicional, y cambio de penas en sentido favorable. Sobre
todo, en los lugares en que se halla en vigencia el método de jurados, se ha
notado que obran con gran laxitud cuando se trata de mujeres encausadas. Hentig
nos da la siguiente estadística de Estados Unidos:
PRESOS LIBERADOS
En los arrestos policiarios de adultos en Estados Unidos, las proporciones son las
siguientes (primero van las cifras correspondientes a hombres): en general, 13,4 a
1; en violación, sólo hay. varones; violación de leyes de tráfico y conducción de
67
automóviles, 69 a 1; robo de automóviles, 68 a 1; entrada ilegal en casa ajena, 61
a 1; manejar intoxicado, 48 a 1; faltas contra la familia y los niños, 45 a 1;
portación ilegal de armas mortíferas, 30 a 1; robo, 23 a 1; abuso de confianza y
fraude, 22 a 1; homicidio, 10 a 1; conducta desordenada, 7 a 1; otras faltas
sexuales (ni violación ni prostitución), 6 a 1; delitos relacionados con
estupefacientes, 3 a 1; prostitución y vicio comercializado, 0,3 a 1
Los informes sobre reclusos, al mes de abril de 1978, muestran, en las dos
cárceles citadas, las siguientes cifras relativas entre mujeres (M) y varones (V):
Delito M V
Homicidio 2 82
Estafa 3 30
Asesinato 3 32
Hurto 3 20
Robo 1 25
Estelionato 1 8
No hay, en el momento a que nos referimos, detenidas por otros delitos, mientras
que en los varones existe toda la gama penal.
Llama particularmente la atención, para mostrar hasta dónde llegan las "cifras
negras" en algunos casos, el que no haya ninguna reclusa por el delito de aborto;
los que realmente ocurren anualmente en La Paz, llegan a varios miles; si bien
distintos informes no coinciden en cuanto a números, todos apuntan hacia un
número elevado de abortos ilegales, quizá el tipo penal en que más incurren las
mujeres.
68
Estas cifras han sido confirmadas, en sus líneas generales, por las estadísticas de
todos los países.
Merece hacerse resaltar la importancia que tienen los ciclos sexuales femeninos
en la determinación del delito; entre esos ciclos o etapas están la menstruación, el
puerperio, el parto, el embarazo. Aun la época del climaterio se presenta
generalmente con rasgos más agudos y criminológicamente más significativos en
la mujer que en el hombre.
69
Hay que hacer notar también la disparidad de los motivos del delito, de acuerdo
con las características de cada sexo; el hombre delinque movido por motivos
relativos a su predominante tendencia agresiva, activa y frecuentemente ligados
con circunstancias económicas; la mujer se mueve impulsada por factores
relacionados con el hogar, la adquisición y conservación de la familia, la
alimentación de los hijos, el amor, etc.
5.- LOS DELITOS SEXUALES. Ellos merecen párrafo aparte. En efecto, fuera de
las diferencias existentes en los delitos en general, en razón del sexo de los
agentes, hay otras conductas íntimamente relacionadas con el sexo strictu sensu.
No sólo se trata de los delitos que los códigos denominan sexuales, sino también
otros, como el homicidio y las heridas por sadismo o venganza; o los robos y
hurtos que resultan del fetichismo.
Las causas que llevan a la comisión de delitos sexuales son de muy variado tipo; a
continuación, hemos de enumerar algunas de las más importantes.
Pero estas normas, por sí solas, son incapaces de anular las urgencias instintivas,
las que suelen buscar salidas moralmente no recomendables en la prostitución, el
concubinato y, cuando se dan ciertas circunstancias, el estupro, la violación y el
rapto. Las posibilidades de satisfacción moralmente condenable se acrecientan
por el hecho de que la educación a que hoy se somete a niños y jóvenes no los
prepara para utilizar debidamente aquella fuerza instintiva.
70
Sin embargo, buena parte de los delitos sexuales, sobre todo de los que más
repugnan a la naturaleza, se presentan cuando el agente sufre de desviaciones
patológicas del instinto. Por un lado, eso puede llevar ¡j incrementar ciertas formas
especiales de prostitución; pero en otras ocasiones, los contactos aberrados
implican o traen por consecuencia variados delitos que van desde el asesinato
hasta la corrupción de menores, pasando por la violación y el rapto; podemos citar
los casos de sadismo, satiriasis, ninfomanía, etc. Desde el punto de vista
criminológico y médico - legal, ofrecen mucho interés los casos de celestinaje
dependiente de una deformación masoquista de la personalidad.
71
A eso suele agregarse el que la vecindad no exista como agente de control de la
conducta, sea porque no sé ha formado, sea porque ve con indiferencia la
comisión de este tipo de hechos.
72
prostitución nos interesa, no es su aspecto general de problema social, sino sus
caracteres y repercusiones elimínales.
El prohibicionismo -si así podemos llamarlo- es una actitud típica de los países
anglosajones; implica la creencia de que el instinto puede y debe satisfacerse sólo
en las salidas reconocidas por la moral y por la ley, o sea, dentro del matrimonio;
se basa en experiencias recogidas por la geografía y por la historia, según las
cuales hay y ha habido pueblos que practicaban la castidad extramatrimonial; al
mismo tiempo toma en cuenta las opiniones de la medicina moderna, según la
cual un régimen de abstinencia sexual es -salvo casos especialísimos-
perfectamente compatible con un estado de salud.
Por ejemplo, la satisfacción sexual aun de las personas ñor- males, suele
encontrarse en la prostitución. Esta ofrece, asimismo, ciertos medios para
satisfacer tendencias anormales de los clientes, al mismo tiempo que da salida a
los impulsos de quienes viven de la profesión; entre las prostitutas no es raro
encontrar casos de ninfomanía.
Como hacen notar Taft y Pollitz, el hecho de que exista indiferencia frente a la
prostitución suele traer por consecuencia el que celestinas, rufianes y prostitutas
no experimenten ningún remordimiento y crean que ejercen una industria tan
respetable y útil como cualquier otra (20).
La debilidad mental puede arrastrar hacia la prostitución pues supone que los
enfermos no pueden valerse lo suficiente para vivir normalmente en la sociedad;
por ello, irrumpen por la línea de menor resistencia. Esta es la razón por la cual se
encuentra entre las prostitutas, un porcentaje de débiles mentales mayor al que
existe en la población normal.
75
una compensación que permita gozar del placer y posesión del otro sexo, que se
creen inalcanzables por vías normales.
Por último, hay que mencionar la existencia de un vicio comercializado -sobre todo
en las grandes ciudades- el que se halla al acecho de víctimas, a las que ofrece
toda clase de tentaciones y facilidades; asimismo hay que recordar las
publicaciones pornográficas, el cine, etc., que obran como estímulos para dar el
primer paso en la carrera.
En cuanto a la sexualidad, se ha hecho notar que entre las prostitutas son más
frecuentes que en la población normal, los extremos de frigidez y de
hipersexualidad. Lombroso insistió fundamentalmente en la frigidez; por el
contrario. Bleuler y Havelock Ellis consideran que la prostituta se halla empapada
de sexualidad (24) Pollitz, por su parte, destaca los casos en que la prostituta se
dedica al oficio porque sintió desde tierna edad grandes impulsos sexuales no
contrabalanceados por una educación adecuada (25). En verdad, la inmensa
variedad de casos que se presentan hace imposible aceptar como única,
cualquiera de las hipótesis extremas planteadas; ellas se basan en algunos casos,
pero dejan sin explicación otros. Por lo demás, a veces se suelen confundir las
causas con los efectos, debido a que se estudia a la prostituta después de que ha
ejercido buen tiempo su oficio. Por ejemplo, tomemos la afirmación de Lombroso;
es posible que la indiferencia sexual, arrastre a algunas mujeres a la prostitución;
pero es igualmente posible que la frigidez haya surgido posteriormente, como un
mecanismo de defensa orgánica frente a las consecuencias que, de otra manera,
podrían presentarse ante la frecuencia de los actos, hacia los cuales se siente
repugnancia, por lo menos si se realizan de manera profesional.
La mayor parte de las prostitutas se inician antes de los 20 años de edad, sobre
todo en la etapa de la pubertad e inmediatamente posterior a ella. Sin embargo,
existe también un tipo de prostituta, en quien suelen darse los mayores extremos
de degeneración, que se inicia tardíamente, en la época del climaterio y aún
después.
Un hecho común entre las prostitutas es la falta de interés por salir de su estado,
como consecuencia de la indiferencia mural que hacia él sienten; generalmente no
hay que interpretar el hecho como muestra de inmoralidad o perversidad, sino de
simple amoralidad proveniente ya del medio en que vivieron antes de dedicarse a
77
la prostitución, ya de la forma de vida que se lleva en esta misma. Hay que
relacionar esta amoralidad con el hecho de que los dos tercios de las prostitutas
sufran de anormalidades mentales.
Una necesidad, generalmente más de tipo psíquico que fisiológico, es la del chulo
o rufián, al que mantiene y al que se aferra: el chulo es un parásito de su amante,
aunque suele dedicarse a actividades aparentemente lícitas, como el servicio
doméstico, el juego, etc. Si entre ellos existe el lazo matrimonial, lo corriente es
que las relaciones no varíen esencialmente (26).
(4) V. Lewis Terman: Psychological sex Differences. Pp. 954-993 del Manual of child Psychology, dirigido por Leonard Carmichael; Terman y
Milles, Sex and Personality, sobre todo pp. 371-450; Helena Deutsch: La psicilogía de la mujer (desde el punto de vista psiconalítico).
(6) El último punto ha de tenerse especialmente presente cuando se trabaja con estadísticas sobre población carcelaria.
(7) Las consignadas en "La Mujer Prostituta y Delincuente"; véase mis arriba, en el capítulo dedicado a Lombroso.
(16) Para la delincuencia sexual, pueden verse principalmente: Taft. Ob, cit., pp. 260-273: Barnes y Teeters: New Horizons in Criminilogy, pp.
888-896; Reckless ob. Cit., pp. 96-103; Sutherland: Principles of Criminology, pp. 91-93; Gillin: Criminology and Penology, pp. 43-46;
Constancio Bernaldo de Quiroz, ob. Cit., 123-141; Exner, ob, cit., pp. 256-267; Mezger: Criminologia, pp. 206-209; von Hentig, ob, cit., pp.
127-136 y 139-
156. Obras especiales: Chavigny: Sexualite et Medicine Legale; Havelock Ellis: Estudios de Psicologia ssexual (7 vols); Harwich y Krafft-Ebing
Psicopata sexual; Klimpel: La mujer, el delito y la Sociedad; Lagos Garcia: Las Deformidads de la Sexualidad Humana; Viveiros de Castro;
Atentados so pudor; también se hallarán muchos puntos interesantes en la obra de Monahan: Women in crime, si bien se ocupa de temas
principalmente penitenciarios.
(17) Es frecuente que el expendio de alcohol, de estupefacientes, el juego y la prostitución se hallen estrechamente relacionados y en manos
de la misma organización criminal.
(19) Muchos datos en ese sentido se hallan principalmente en las obras de Taft y von Hentig que se citarán luego en la bibliografía sobre este
punto.
78
(21) Por eso no llamara la atención el que Pollitz titule a un mismo capítulo: Prostitución y Mendicidad; Bernardo de Quiroz trata en la misma
sección de la mendicidad, la vagancia, el alcoholismo y la prostitución: esto para no citar sino dos casos típicos.
(26) Sobre prostitución, fuera de los libros especialmente citados en el párrafo anterior, pueden verse: Taft, ob. cit., pp. 273 - 281; Barnes y
Teeters. ob. clt, pp. 883 - 888; Bernaldo de Quiroz, ob. cit., pp. 156 - 162 Hentig, ob. cit., pp. 136 - 139; Pollitz, ob. dt., pp. 122 -141: el
excelente libro de Mayorga, Introducción al estudio de la prostitución.
79
LA RAZA
80
sido comunes en todos aquellos pueblos de la tierra que, por una u otra razón, han
llegado a tener un comercio, industria, ejército, suelo, etc., mejores que los aje-
nos, aunque fuera momentáneamente. Esta pretendida superioridad es argüida
incluso por ciertos grupos sociales menores, por castas y clases económicas que,
generalmente por razones baladíes, sienten y proclaman la inferioridad de otros
grupos.
La situación se complica aún más. si recordamos que los grupos raciales puros —
de existir— son apenas una excepción. Esto es lo que se olvida, sobre todo por
los racistas de América, donde el cruce entre blancos, negros e indígenas, ha
durado por siglos y ha sido durante ellos una realidad innegable. Si la dificultad de
clasificar a los individuos es ya gigantesca cuando se trata de grupos que han
permanecido relativamente aislados, júzguese lo que será en nuestro continente.
Las diferencias entre los grupos raciales, no recaen en todos los caracteres de los
mismos, sino sobre algunos de ellos en cuya elección como criterios distintivos los
81
autores no coinciden. En general, tales caracteres se dan, como decíamos antes,
más o menos concentrados en ciertos agregados sociales, pero nunca
exclusivamente en ellos, por lo que Dunn y Dobzhansky han podido decir que "las
razas pueden ser definidas como poblaciones que difieren en la frecuencia de
cierto gene o de ciertos genes" (3).
Dada esta relatividad, pueden suponerse las dificultades con que se tropieza para
clasificar a las razas humanas; para uno, tal individuo pertenece a este grupo
étnico; para otros, a aquel otro. Los etnólogos y antropólogos se han fijado, como
criterios rectores, en el índice cefálico, el índice nasal, el prognatismo, la
capacidad craneal, la textura del cabello, el color de los ojos, etc.; parece que las
dos últimas características son las que mejor se prestan por ser las más
independientes del medio en que se vive. No ha logrado entera aceptación la
tentativa de guiarse por el predominio de los grupos sanguíneos en tales o cuales
núcleos de población o de los tipos de huellas digitales (6).
82
Lo anterior no significa que nunca se ha de lograr clasificación alguna
universalmente aceptable; por el contrario, es probable que algún día esa meta
sea alcanzada. Pero en nuestro caso, no es eso lo importante; lo importante es
que de esas clasificaciones se ha pretendido extraer conclusiones relativas a la
superioridad de tal o cual raza y a la inferioridad de las demás. Es evidente que
hay diferencias; por ejemplo, no se confundirán los cabellos de un negro y un
noruego típicos; pero ¿por qué ha de deducirse de esa diferencia a una relación
de superioridad? ¿Qué hay en el pelo oscuro y lanoso, de inferior en relación con
el rubio y lacio u ondulado? Y aún, ¿qué hay en los caracteres citados, y otros
semejantes, que permita inferir nada menos que la inferioridad mental o moral de
algún grupo étnico? Pese a que deducciones de este tipo son claramente
abusivas, es en base de ellas como se ha pretendido explicar, por ejemplo, el
menor rendimiento científico actual de los negros africanos, o la mayor
delincuencia de los negros norteamericanos o de nuestros indios.
Tampoco puede servir de criterio el hecho de que unos pueblos hayan logrado
mayor adelanto técnico o artístico, para deducir de ello una superioridad étnica;
comenzando porque también aquí no se sabría qué criterio usar en la
determinación
83
de lo superior y lo inferior. Como dice Emest H. Lowie, en la cultura de los
pueblos, nada hay que permita deducir una superioridad racial innata en lo moral o
intelectual; tampoco puede tomarse en cuenta la aparición de los genios, ya que
todos los grupos sociales los han tenido, de acuerdo a sus necesidades y
circunstancias (10).
2.- RAZA Y NACIÓN. Como hemos visto, éstos no son conceptos iguales, aunque
pueden tener puntos comunes. En efecto, y como dice Hooton (13), la nación
suele tener por base una agrupación biológica común, dentro de la cual los
cruzamientos entre los individuos tienden a ser frecuentes, con lo que ocasionan
cierta uniformidad; pero hay que agregar a lo anterior -que no sucede siempre-
caracteres que no son hereditarios sino ambientales, tales como los resultantes de
la educación, las creencias religiosas, las prácticas políticas, el grado de adelanto
técnico, la organización familiar, los alimentos, etc. Así, si la nación implica una
cierta uniformidad, ésta proviene también de los factores ambientales y,
frecuentemente, más de éstos que de los raciales.
84
Sin embargo, habrá que precaverse siempre de caer en confusiones; por ejemplo,
de hablar de una sola nación simplemente porque sus miembros hablan el mismo
idioma, aunque difieran en muchos otros aspectos más importantes; y de otros
errores ya secularmente reconocidos como tales, pero que nunca son evitados de
manera completa.
85
Hechas estas advertencias, veamos lo que muestran las estadísticas de arrestos en
los Estados Unidos (cuadro 1).
CUADRO 1
86
Faltas contra la familia y los niños 4,6 6,7 1,5
Violación de disposiciones
En ellas se nota que los negros son más delincuentes en todos los tipos penales,
salvo los de manejar intoxicado y de falsificación. (En las estadísticas de arrestos
por 1940, la excepción se extiende a los delitos de abuso de confianza y de estafa;
ya en 1936, los negros superaban apenas a los blancos en estas especialidades).
La desproporción es más desfavorable a los negros en los delitos de homicidio,
agresión, posesión y porte de armas, violación de la ley de licores y juego; no
tanto en los delitos de robo, ingreso ilegal, hurto, recepción de bienes robados,
violación,
87
88
prostitución y vicio comercializado, estupefacientes, violación de leyes de tránsito,
conducta desordenada y vagancia; y se reduce a un mínimo en los delitos de robo
de autos, incendio, delitos sexuales varios, contra la familia y los niños, y ebriedad.
Las razones de la inferioridad negra han sido clasificadas por Taft de la siguiente
manera:
89
porcentaje
90
de hijos ilegítimos es elevado (163,8 por mil entre los negros, contra 20,9 por mil
entre los blancos).
Pero el que los negros se hallen proporcionalmente en mayor número que los
blancos en las estadísticas de condenas, arrestos e internamiento-en locales
penitenciarios, no sólo se debe a una real mayor delincuencia proveniente de las
causas recién mencionadas, sino que depende también del hecho que ellos son
arrestados y condenados con mayor facilidad que los blancos; son perdonados o
indultados o reciben otros beneficios legales con mayor dificultad. Estas razones
llevan a disminuir la distancia que separa a ambas razas, en cuanto a criminalidad.
1) Agresión directa contra el blanco, lo que no sólo es peligroso, sino que lleva
a un seguro fracaso final.
3) Agresión dirigida contra los miembros del grupo propio: por ejemplo, si las
relaciones entre un blanco y una negra provocan celos, la agresión se dirigirá
contra ésta y no contra aquél. Esta lucha entre personas del mismo color, puede
comprobarse en el caso de que bandas de criminales negros pugnen entre sí por
el predominio en cierto territorio o en ciertas actividades.
Tappan agrega otras razones importantes, que rigen inclusive ahora, pese a que
las condiciones de los negros han mejorado a raíz de la lucha, en gran medida
exitosa, contra la discriminación racial en Estados Unidos. Por ejemplo,
muchos de los
92
negros que viven en el norte son inmigrantes del sur o campesinos que van a vivir
a las ciudades, en cuyo caso opera como causa no la raza sino la migración.
Además, de hecho, los negros viven muchas veces en ghettos, pese a las leyes
sobre vivienda (21).
Por estas razones, Sellin ha podido decir: "La responsabilidad está donde el
poder, la autoridad y la discriminación tienen su fuente: el grupo blanco dominante.
Para este grupo constituye una acusación la existencia de un alto porcentaje de
criminalidad negra; aquélla no puede ser borrada por necesidades acerca de
"inferioridad racial", "depravación heredada" u otras generalizaciones similares"
(26).
(22) Barnes y Teeters incluyen estudios referents a los mejicanos, chinos y japoneses e indios autoctonos que viven
en los Estados Unidos; v. ob. Cit., pp. 186-190; lo mismo hace Henting: Criminologia pp. 217-229.
(23) En su art.: The Negro in Crime, incluido en la Enciclopiedia dirigida por Branham y Kutash, ya citada: p. 268
93
(24) Ob. Cit., p. 182.
La primera entre éstas, no sólo por el orden que debe ocupar en cualquier
investigación, sino por su importancia intrínseca consiste en determinar lo que ha
de entenderse por indio desde el punto de vista racial. Desde luego, aun entre los
que tratan del problema indígena, este punto se da por supuestamente resuelto, lo
que no sólo es falso, sino que contribuye a restar uniformidad a las conclusiones a
que se llega, pues todo queda librado a la intuitiva clasificación de los distintos
estudios.
94
cien años en
95
la genealogía de cada individuo? ¿O, para fines prácticos, hemos de considerar
indios a todos los que tengan predominio de sangre indígena? Y entonces, ¿cómo
determinaremos la realidad de ese predominio y con qué medios contaremos para
calcularlo exitosamente? ¿Cómo hemos de operar con los mestizos, que
constituyen un apreciable porcentaje de nuestra población?
Justo es consignar, sin embargo, que los artículos y folletos publicados y las
conferencias pronunciadas por las personas que quieren tratar el tema con rigor
científico, se mantienen en un justo medio aceptable. Es de lamentar que esta
posición, sea la menos común y sea la destinada a sufrir los embates de dos
enemigos capitales: por un lado, de los interesados en mantener al indígena en su
estado de sojuzgamiento, que facilita la explotación de su trabajo y dificulta las
tentativas de llevarlo a una superación; desgraciadamente, gran parte de los
habitantes de las ciudades y pueblos, casi todos ellos con buen porcentaje de
sangre india en sus venas, han hecho dogma de fe de este prejuicio; por otro lado,
de ciertos políticos y sociólogos que pretenden ganarse el apoyo de grandes
masas, por medio de prédicas demagógicas que ellos mismos se encargan de
desmentir con su actuación práctica.
La polémica Medrano Ossio - López Rey. Hace siete lustros, se produjo sobre el
tema, una polémica violenta entre los penalistas López Rey y Medrano Ossio. No
nos toca aquí examinar la índole de algunos motivos que hicieron que en los
cambios de ideas se deslizaran alusiones personales hirientes que en nada
96
contribuían a aclarar el fondo del asunto. Sin embargo, res de lamentar que no
haya sino de tarde en tarde estas discrepancias defendidas con ardor capaz de
contagiarse a todos los directa o indirectamente interesados en lograr una
solución; las polémicas así llevadas, aún con sus exageraciones, cumplen un
papel de indudable importancia en el progreso de las ideas. La que nos sirve
ahora de tema es una muestra.
Ella; tuvo su origen en un folleto publicado por el profesor Medrano Ossio (28) en
el cual sostenía los siguientes puntos: Que el indígena (del texto se deduce que
todo indígena) se halla en estado peligroso y así debe ser declarado (29); su
estado "psicológico mental" no es tal que el sujeto pueda ser considerado
imputable, lo que se demuestra al comprobar que él no se da cuenta de lo que
hace ni tiene conciencia de los delitos que hubiera cometido, por graves que sean
(30); se halla en un estado de "postración psicológica" como resultado de causas
sociales (31). No constituye "valor moral"; la coca y el alcohol han debilitado su
inteligencia y su voluntad (32), lo cual trae por consecuencia el que las
perturbaciones sean de carácter permanente. "También estas especiales
circunstancias psicofisiológicas y orgánicas influyen y son causa para ciertas
alteraciones de sus funciones sexuales que lo impulsan a cometer delitos de esta
naturaleza y a transmitir estas taras por medio de la herencia fisiopsíquica a las
generaciones posteriores" (33).
Con este último párrafo, Medrano Ossio ingresa ya al terreno de las causas
individuales que fundamentan su pedido de declarar al indígena en estado
peligroso. En efecto, antes ha hablado de causas sociales, del estado que
describe como típicamente propio del indígena; pero ahora, ya habla de
transmisión hereditaria de algunos caracteres adquiridos por obra del abuso del
alcohol y de la coca. Por lo demás, ya antes había dicho que el indio "adolece de
una timidez, congénita y de una tristeza absoluta, inconsciente"(34). Estas
afirmaciones, nos parecen, conducen a la conclusión de que el indígena, es racial,
congénita, hereditariamente inferior en algunos aspectos, por lo cual resulta
contradictoria aquella otra afirmación hecha con carácter general: "no existen
razas inferiores o superiores sólo sí que unas están adaptadas mayormente a la
97
civilización y otras
98
no" (35). Tanto más si luego hablará de que la carencia de moralidad se debe "a
influencias psicopatológicas permanentes; de carácter congénito unas, y otras
adquiridas" (36).
La pintura hecha por el Prof. Medrano Ossio peca de pesimista. Es evidente que el
indio ha vivido durante siglos en un ambiente poco favorable para la adecuada
manifestación de todas sus capacidades; pero su situación no es de U gravedad
que el autor asegura. Por ejemplo, es indudable que el indígena campesino posee
un alto sentido moral, en muchos aspectos superior al del mestizo pobre e inculto
de los centros de población (38). Tiene ansias de superación. Y, en todo caso, no
pueden atribuírsele notas de inferioridad congénitas o raciales, pues resultan
injustificadas (39).
Las teorías enunciadas por el Prof. Medrano Ossio, fueron duramente criticadas
por el Prof. López Rey, fundamentalmente en relación con las consecuencias que
aquéllas, de ser aceptadas, tendrían en el campo del Derecho Penal (40). Este
aspecto, aunque de fundamental importancia, cae fuera de los límites de un texto
de Criminología, así que hemos de aludir a él sólo de manera secundaria.
López Rey hace notar la diferencia que existe entre tener más y ser más; "tener
más, no significa ser más que otros"(41). Sin embargo, esto es olvidado por
quienes del hecho de que se posea menos que otros, deducen inmediatamente
una inferioridad. V esto lo aplican también al indio.
Las estadísticas compiladas hasta el momento dejan mucho que desear en lo que
toca a la clasificación racial, pues no se indican los criterios seguidos para hacerla.
100
Para mediados del año 1952 se consignaban las siguientes cifras (M = Varones; F=
mujeres) (45).
M F M F M F M F
Homicidios 5 — 26 — 29 2 60 2
Lesiones o heridas — 1 1 1 — — 1 2
Abuso de confianza 1 — — — 1 2 2 2
Violación y estupro 1 1 4 — — — 5 1
Robo y hurto 3 — 16 3 18 7 37 10
Estafas, defraudaciones,
quiebras 9 — — 1 1 3 10 4
Contra el estado 1 — 1 — — — 2 —
Tentativa asesinato — 1 — — — — — 1
Abigeato — — — — 4 — 4 —
Sublevación — — 6 — 21 1 27 1
Accidentes tránsito 3 — 1 — — — 4 —
Otros delitos — — 1 1 1 — 2 1
Sin datos — — — — 1 — 1 —
Calumnia, libelo — — — 1 — 1 — —
Injurias y amenazas — — — 2 — 1 — 5
TOTALES 23 3 56 8 76 17 155 28
101
Estos datos deben ser comparados con los referentes a la dis-tribución racial en
Bolivia que, según cuadros expuestos por Coon JS la siguiente: Blancos (de
origen europeo), 15%; mestizos, 32%; indios, 53% (46). Estos números, como los
tocantes a delincuentes, tienen que ser tomados con su grano de sal ya que, en
muchos casos, se emplea una clasificación no estrictamente racial sino mezclada
con consideraciones sociales y culturales. Por ejemplo, nunca o casi nunca, un
profesional de nivel universitario será clasificado como indio, aunque
biológicamente predominen en él los rasgos indígenas. Es muy difícil admitir que
haya un 15% de blancos que no tenga, siquiera en alguna medida, mezcla
indígena.
De estas cifras está lejos de poderse concluir la aducida peligrosidad del indígena;
en efecto, existen 93 reclusos de esta raza, por 90 de las otras, lo que resulta
plenamente favorable al indígena.
102
tiene él varios defectos, fuera del fundamental ya anotado de no saberse los
criterios seguidos para clasificar a los reclusos por razas. Principalmente hemos
de anotar:
103
1) Se refiere sólo al Panóptico Nacional que, si bien es el mayor establecimiento
penitenciario del país, sólo cobijaba a la tercera parte de la población penitenciaria
total; 2) toma en cuenta el número total de internados, sin distinguir a los simples
detenidos de los ya condenados por sentencia ejecutoriada.
104
2) Ha sido una fuente de confusiones, insuperada hasta hoy, el no distinguir
entre raza y nacionalidad. Sobre todo, cuando se trata de los indígenas bolivianos,
la confusión es total; ello sin contar con que los pertenecientes a grupos sociales
cultos y ricos, aunque poseyeran todos los rasgos corporales indígenas, no son
considerados tales, por el simple hecho de la situación social que ocupan. Incluso
suele bastar el hablar bien el castellano o ejercer ciertos oficios, para no ser
considerado indígena.
(1) Schreider: Los Tipos Hnmanos; p. 20. El subrayado proviene del original.
(6) V. Kroeber: Antropologia General, pp. 51-58; Coon, Las razas humanas actuales especialmente pp. 315-426.
(7) Síntesis de las principales clasificaciones raciales, pueden verse en Schreider, ob, cit., pp. 18-56; y Hrdlilka: Las razas del Hombre; sobre
todo pp. 207-223 (es un estudio incluido en la obra. Aspectos Científicos del Problema Racial, en la cual colaboran varios autores)
(8) V. Kroeber. ob. cit., pp. 75 - 102, en ñas cuales se hace un análisis detallado acerca de cada uno de los caracteres principalmente
aducidos como prueba de superioridad. V. también; Varios: L'Homme de Conleur.
(10) V. el artículo de Lowie: Perfeccionamientos Intelectuales y culturales; se halla en las pp. 225 - 295 de la obra anteriormente citada:
Aspectos Científicos del Proble-RacUl.
(11) Otto Klineberg: Los tests Mentales en los grupos raciales y nacionales, p. 333. Este articulo integra la recopilación citada en la cual ocupa
las pp. 297 - 346.
106
(12) Id. id, p. 942.
(13) V. la teoría de Hooton, en el capítulo que en la presente obra se dedica a las tendencias antropologístas.
(15) Puede verse en Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp. 191, 192, 193 y 194; Branham y Kutash: Encyclopedia of
Criminology (Art. The Negro in Crime), pp. 269 y 272. Para datos más recientes, los que contiene el informe de la Comisión Presidencial para
investigar temas delictivos y de justicia penal, The Challenge of Crime in a free society, pp. 149-150.
(18) Barnes y Teeters, ob. elt., p. 195, transcriben lo siguiente, de la publicación oficial. La migración del Negro en 1916 -17: "Las actividades
anormales y no garantizadas de los agentes de la policía sureña son responsables de profundos agravios a los negros. En muchos casos, la
policía ha utilizado rigurosamente los instrumentos del poder. Mucha gente de color cree que los empleadores de convictos urgen a la policía
para que actúe más entre los negros, a fin de llenar los campos de convictos; y, como para alentar los arrestos frecuentes, las autoridades no
pagan a los agentes y a otros empleados subalternos por sus servicios, sino que les retribuyen de acuerdo con el número de arrestos
efectuados, desde luego, ellos hacen todo lo necesario para que el negocio marche".
(26) Citado en id. id., p. 198. Sobre la criminalidad racial, pueden verse: Taft. Ob, cit., pp. 88-101; Rckless: Criminal Behavior, pp. 109-116
Branham y Kutash, ob cit., pp.269-276; Barnes y Teeters, ob. Cit., pp. 182- 202: von Hentig: ob. Cit., pp. 189-299; Criminology and Penology,
pp. 110-112.
(36) Id. id., p. 26. El subrayado es nuestro. Hemos de confesar que hemos sentido cierta vacilación sobre todo a raíz de este párrafo en que
se habla de psicopatía, al interpretar el vocablo “congénito”; parecería que el Prof. Medrano Ossio lo emplea también para designar lo
heredado.
(38) Vamos a citar dos hechos, entre muchos, que deben llamar a reflexión; el primero: si estudiamos s los niños y adolescentes internados
por abandono vaganvia o lelito, en asilos y reformatorios bolivianos veremos que los indigentes típicos no se hallan en la proporción
correspondiente a la cantidad de ellos en la población total. Algo más de entre esos niños y adolescentes, solo excepcionalmente se presenta
alguno que provenga de familias campesinas; en general pertenecen a grupos que habitan usualmente en las ciudades. El segundo en
relación con su supuesta diferencia ante el propio progreso; no sabemos de ningún edificio escolar construido por los directamente
interesados, en ninguna ciudad de la república; en cambio los campesinos lo han hecho con la inmensa mayoría de los locales con que
cuentan para su educación; y hasta pagan con su dinero a los profesores; ¿es este síntoma de superioridad o de inferioridad de deseos de
progresar o de estancarse.
(39) Es preciso que insistamos en este aspecto, que resulta claro en el trabajo citado de Medrano Ossio; en otro posterior, Respuesta y
Objeciones a un Penalista, dice (p. 27); "Una mala interpretación de mi citado trabajo (el primero a que nos referimos) ha hecho que se crea
que sostengo la inferioridad natural del indio. La inferioridad que anoto, es la jurídica y social, esa Inferioridad artificiosamente creada por la
ley que hace del indio un ser explotado, afirmación es ésta que nadie puede negar". Hemos de lamentar que esa errónea interpretac ión tenga
exceso de puntos sobre los cuales apoyarse.
(40) Las críticas se hallan expuestas principalmente en el libro: Introducción al Estudio de la Criminología, al que aquí nos atendremos.
(44) Id. id., pp. 272 y 283; desgraciadamente no se dan a conocer las estadísticas y estudios en que esta afirmación se apoya.
(45) Cuadro estadístico suministrado por el Departamento Nacional de Censos. Los datos fueron recogidos por iniciativa del Dr. René Zalles,
Director del Patronato de Reclusos y Liberados. Se refieren a la población penitenciaria recluida en el Panóptico Nacional que, como se sabe,
funciona en gran parte como establecimiento penitenciario central de Bolivia. Este cuadro se halla incluso en nuestro trabajo: Los
Establecimientos Penales y Correccionales Abiertos en Relación con la Realidad Boliviana, p. 28.
(48) Consignadas en la pág. 28 dé la obra: Manifestaciones Predominantes de la Delincuencia en el Ecuador. En las pp. 7 - 8: "Si se tiene en
cuenta que, según el último censo de la República -el único por lo demás, realizado con pautas científicas-, la población del Ecuador alcanza
a 3.202.757 habitantes y que, según cálculos aproximados, el número de indígenas llega a 1.436.813, llama la atención el índice bajo de
delincuentes de este conglomerado. En cambio, prima el grupo de los mestizos que ocupa, por lo general, las pequeñas poblaciones y que
tan desprovistos de cultura se encuentran". (Ver el cuadro al final del volumen).
(51) Sobre el tema del indio pueden verse (fuera de las obras ya citadas). Monsalvé Bozo: El Indio: cuestiones de su vida y su pasión; Ponce
de León: Situación Jurídico - penal de los aborígenes peruanos (favorece la interpretación ecléctica de la delincuencia indígena); Tamayo:
Creación de la Pedagogía Nacional (contiene sagaces intuiciones, si bien, por su propio carácter la obra carece de sistema); Otero: Figura y
Carácter del Indio (esta obra contiene muchos dalos de primer orden: desgraciadamente no señala las fuentes bibliográficas de las ojales
ellos fueron extraídos); Mario Montaño Aragón: Antropología Cultural Boliviana. En ninguno de estos autores hay iero alguno para pensar en
inferioridades raciales propias del indio.
108
GLÁNDULAS ENDOCRINAS
Esta glándula, como todas las demás, puede tener dos anormalidades
patológicas: la primera por exceso de secreción; la segunda, por defecto.
109
Estos síntomas son menos graves en los adultos que en los menores que aún se
hallan en la etapa del crecimiento, pues entonces el hipotiroidismo provoca el
retardo o la detención del desarrollo y la osificación lenta; a veces se llega a un
verdadero enanismo junto con un retardo o detención intelectual que alcanza
diversos niveles. En los casos más benignos, se nota cierto retardo en el
desarrollo, tendencia a la obesidad, pereza, apatía y dificulta para la concentración
mental.
Junto con otros factores, la parathormona regula el metabolismo del calcio y del
fósforo. No olvidemos que el calcio es un moderador de la excitabilidad nerviosa.
110
Cada glándula suprarrenal tiene dos partes: la cortical y la medular. Ellas se
distinguen no sólo por su constitución sino por las funciones que desempeñan.
111
Los islotes de Langerhans. El páncreas es una glándula mixta; por un lado
segrega jugo pancreático, en función exocrina, el que es vertido en el tubo
digestivo; pero en tal órgano exista) grupos aislados de células, denominados
islotes de Langerhans. que producen la hormona insulina.
Los ovarios. Son dos y se hallan a los lados del útero; su función central es la
liberación del óvulo; para que éste cumpla tal función, los ovarios segregan dos
hormonas: la foliculina y la Iuteína, íntimamente ligadas con los caracteres
secundarios del sexo y con la aparición de los distintos ciclos vitales.
112
segregadas por la hipófisis; existen las gonadoestimulinas A y B, la primera para la
foliculina, la
113
segunda para la Iuteína. La presencia en la sangre de una de las hormonas
gonadales acarrea la secreción de la estimulina de la otra hormona. El ciclo se
interrumpe durante el embarazo, porque la placenta segrega prolan, que opera
como la gonadoestimulina B y mantiene el cuerpo amarillo. La placenta segrega
también foliculina, la que aumenta en cantidad a medida c|ue avanza el embarazo;
este aumento unido a la acción de la óxytocina (originada en la hipófisis), es el que
desencadena el parto.
114
En relación con los aspectos que nos interesan hay que anotar que, durante la
menopausia, y después de ella, la mujer se viriliza y que estas hormonas, con su
normal funcionamiento, son las. que determinan la atracción sexual que la mujer
siente hacia el varón.
Los testículos. En éstos existen las células intersticiales que son las que segregan
hormonas masculinas; sin embargo, como hace notar Houssay, hay que
guardarse de oponer terminantemente las hormonas masculinas a las femeninas.
Por otra parte, los testículos producen espermatozos.
La hipófisis. Se halla en la base del cerebro, sobre la silla turca; es del tamaño de
un garbanzo.
Con algo de audacia, podría darse un paso más y afirmar que toda la criminalidad
es explicable exclusiva o casi exclusivamente por el funcionamiento de tales
glándulas. Precisamente al exponer las tendencias criminológicas antropologistas,
vimos que ese paso ha sido dado. Ahora bien, ¿está justificado el darlo?
"Ve una bolsa descansando sobre una mesa y sabe que con-tiene cincuenta
dólares. El hombre normal puede sentir deseo por los cincuenta dólares. Puede
necesitarlos con bastante urgencia. Pero su control intelectual le avisaría
inmediatamente que el dinero no es suyo y se alejará de la tentación sin pena.
Pero el ladrón está emocionalmente perturbado y ese es el hecho dominante.
Marcha hacia el premio codiciado y después retrocede mientras su centro
intelectual lo previene con una ola de temor. Lucha entre su temor y su deseo. Los
impulsos contrarios ondean atrás y adelante. Finalmente, una ola de emoción
arrebata al ladrón. Avanza. Coge la bolsa. Huye. Es probable que este ladrón trató
de resistir. Se dijo que su acto era reprochable, que es peligroso, que la prisión lo
espera si es aprehendido. Ha intentado realizar lo que ha enseñado a su voluntad.
Pero toda voluntad y todo temor han quedado destruidos ante las reacciones de
su mecanismo corporal químicamente perturbado" (3).
Y al asesino:
117
modo de llevar adelante su propósito. Quizá piense en un revólver, frasco de
veneno o puñal. Se le ocurren los conceptos de un plan, de encubrimiento, de una
fuga y de su impunibilidad. Sin duda, lucha en pro y en contra, arrastrado hacia su
víctima y repelido por el hecho de sangre; lucha entre sus emociones y los centros
inhibitorios del cerebro. Y la lucha lo agita hasta el extremo. Llega el momento en
que ya no puede resistir. La idea toma posesión de él. Forja sus planes, siempre
bajo fuerte tensión emocional, espera, lanza el golpe e intenta apartar toda
sospecha de sí.
118
Los autores citados, Schlaap y Smith, han sido tomados como eje de esta
exposición, porque son los más claros y extremos representantes de las
tendencias endocrinologistas; los otros autores siguen más o menos las líneas
generales de lo hasta aquí expuesto, al dar a conocer sus argumentos. Por lo
tanto, hemos de enjuiciar aquí a los citados primeramente; lo que de su obra se
diga puede aplicarse, mutatis mutandi, a los otros partidarios de estas corrientes.
Ante todo, el hecho de que existan más afectados de endocrinopatías entre los
presos que entre la población normal -fuera de ser un hecho que no está
plenamente demostrado- no debe llevarnos a admitir que ellas son causa de la
delincuencia. Puede tratarse de un simple paralelismo o de efectos de una causa
común; o puede que la endocrinopatía sea resultado de la especial forma de vida
que se lleva en la prisión. No se han tomado precauciones para eliminar estos
factores de posible perturbación en las investigaciones. En otras palabras, no
bastará reconocer -aun si se lograra hacerlo indiscutiblemente- que entre los
presos hay más enfermos de las glándulas, para concluir que la delincuencia
procede de la endocrinopatía; sería necesario establecer entre ésta y aquélla una
clara relación de causalidad; y esto no se ha logrado hasta el momento.
Por fin -y este es el argumento que puede usarse, con las adaptaciones del caso,
contra todas las teorías unilaterales-: Si las anormalidades endocrinas fueran las
únicas, o casi únicas, fuerzas que determinan el delito, todos, o casi todos, los
presos deberían padecer de ellas, lo que no han afirmado ni los más entusiastas
endocrinólogos: y viceversa: todos o casi los endocrinopatas deberían ser
delincuentes, lo que tampoco sostiene nadie.
119
3. GLÁNDULAS ENDOCRINAS Y DELINCUENCIA SEXUAL. Ya vimos que existe
una estrecha relación entre el funcionamiento del sistema endocrino y los
caracteres físicos y psíquicos del sexo. Por eso, pensando que en este campo la
relación es más íntima que en otros, aun algunos que adoptan una actitud
mesurada frente a la endocrinología en general, suelen inclinarse a darle
desusada importancia cuando se trata de explicar los delitos sexuales, sobre todo
los que dependen de disfunciones se- cretonas y de particulares momentos de
crisis, como el embarazo, el parto, la pubertad, la menopausia, etc.
La crisis endocrina propia de la menopausia ha sido uno de los puntos en que los
partidarios de la endocrinología se han fijado especialmente, y no sólo en relación
con los delitos de tipo sexual que entonces y posteriormente asumen ciertas
peculiaridades, principalmente en la mujer.
Sobre este asunto, ya no puede afirmarse lo que antes se sostenía como verdad
indiscutible; en efecto, incluso cuando las glándulas ocupan lugar protagónico
como factores de la conducta, es necesaria la coactuación de otras causas. Por lo
demás, como hace notar López Rey, es preciso distinguir entre la menopausia -
resultado de disfunciones o cesación de funciones endocrinas- y la edad crítica
que tiene origen y carácter psíquicos; ésta suele ser más importante que la
primera en cuanto a los resultados que provoca y a veces la precede por varios
años; el autor citado,
121
siguiendo a Stékel, afirma que la edad crítica se halla relacionada con el miedo de
envejecer (que antes pudo ser el miedo de quedar soltera) (16).
4.- CONCLUSIONES. Una vez más nos encontramos ante teorías que si merecen
críticas, es por sus exageraciones. No cabe duda de que las glándulas endocrinas
desempeñan un papel importante en la determinación de la conducta humana;
pero siempre en colaboración con otras causas, lo que también se vio al tratar de
la Biotipología que se halla en estrecha dependencia con la endocrinología.
122
necesaria la colaboración de otros factores para que se integre el todo dinámico
que es el único que permite comprender cualquier acto humano.
En este campo, se ha dado, como en otros que ya hemos cita do, un menosprecio
o, por lo menos, olvido, en relación con otras causas, notoriamente las
ambientales. Pero también con las físicas pues con frecuencia se ha prescindido
de las influencias que el sistema nervioso ejerce sobre el funcionamiento del
endocrino.
Es verdad que estas afirmaciones extremas hace buen tiempo que han sido
desechadas por los criminólogos contemporáneos de mayor significación; pero,
desgraciadamente, suelen colarse en algunos epígonos.
Hoy la posición del justo medio es la que prevalece, por acercarse más a la
realidad.
124
es ilimitada, sino justa y de contorno muy preciso. Esta utilidad se puede enunciar
en las tres proposiciones siguientes:
(1) Esta parte ha sido redactada en base, principalmente a Houssay: Fisiología Humana, pp. 671 - 842, y Rivoire: La eteacla de las
hormonas.
(2) Rivoire. eb. dt., pág. 167.
(3) Id. id., p. 184.
(4) Cit. por Barnes y Teeters New Horizons in Criminology, pág, 169.
(5) Cit. en id. id., pág. 170. V. Id. Id., pág. 170.
(6) Cit. por Tannenbaum: Crime and the Community, pág
201. (7) V. ab. cu., pp. 201 - 202.
(8) Cit. por Barnes y Teetes, ob. Cit., pág. 170.
(9) Cit. por López Rey: Endocriuología y Criminalidad; pág.
32. (10) Ob. cit., pp. 32 - 42.
(11) En la pág. 191 de la Encyclopedia of Criminoiogy, dirigida por Branham y Kutash: art.: Homosexuality.
(12) Loe, cit.
(13) V. Trattato di Antropologia Crimínale, pp. 221 - 223.
(14) V. Barnes y Teeters, ob. Cit., pp 888-896.
(15) V., luego, el capítulo sobre la
edad. (16) V. ob. cit., pp. 42 - 44.
(17) Criminología, pp. 160 -161.
(18) En el prólogo a la Nueva Criminología, de Saldaña; pp. 13 -14.
125
CAPÍTULO VI
LA EDAD
126
No solamente hay que estudiar la criminalidad según los grupos de edad -por
ejemplo, la criminalidad de los jóvenes o de los ancianos- sino que, en cada caso
concreto, hay que analizar la evolución del delito en ceda individuo, según avanza
en años.
a) Infancia. Esta etapa abarca desde el nacimiento hasta los doce años de edad,
aproximadamente. Lo primero que el niño necesita es adaptarse al medio
ambiente, a fin de conservar la propia vida; para ello tiene que aprender a usar de
los sentidos por lo cual el nene tiene como actividad predominante de su primer
año, el ejercitarlos de todas formas. Luego, y con el mismo fin de adaptación, ha
de procurarse el aprendizaje del idioma, actividad predominante entre 1 y 3 años.
Posteriormente, prima la necesidad de conocer; primero el conocimiento de todo,
más o menos indistintamente, hasta los siete años. Luego, y aproximadamente en
el período que coincide con la escolaridad primaría, los intereses cognoscitivos
van especializándose, inclusive por sexos.
127
depende de hallazgos individuales, sino de las imposiciones de la familia, la
escuela, el grupo, etc.; se trata de rutinas fijadas por el hábito y la imitación; de ahí
el cuidado que debe tenerse por el ambiente que rodea al niño.
Merece también citarse una característica que explica gran parte de las mentiras -
si así puede calificárselas- equivocaciones o inconductas del niño: la confusión
que en él se da entre lo real y lo imaginado: con el proceso de maduración crece
la capacidad de distinguir el mundo externo del interno; pero la diferenciación
cumplida no llega a producirse durante la infancia. Esta asimilación entre lo
objetivo y lo subjetivo, lleva al niño a atribuir a los seres inanimados sentimientos e
ideas propios; esta tendencia se ha llamado animista y es muy similar a la que
poseen los pueblos primitivos y salvajes.
La infancia, dentro de los límites que le hemos señalado, se halla fuera del
Derecho Penal.
b) Juventud. Mira y López designa así a la etapa que va desde la infancia hasta la
adultez; es un período de ocho a diez años que aquel autor divide en tres
subperíodos: pubertad, adolescencia y juventud propiamente dicha (4). Este lapso
se adelanta o atrasa en la vida de los individuos, de acuerdo a los sexos, razas,
climas, alimentación, etc.
129
No puede establecerse una fecha exacta en relación con el momento en que se
llega a la madurez sexual; ella se presenta, en general y como ya vimos, antes en
la mujer que en el hombre; pero el comienzo varía desde los 12 hasta los 16 años,
por término medio, dependiendo estas oscilaciones de razones de clima, raza,
alimentación, etc. La aparición de los síntomas externos (menstruación, polución)
suele ser para los jóvenes un misterio ante el cual buscan explicaciones y salidas
muy distintas de caso a caso, sobre todo porque la educación familiar, escolar y
de grupo no cumplen debidamente su misión de preparar al niño para esta crisis
que ha de presentarse fatalmente. Cuando se adelantan algunas nociones, no
siempre son ellas las más aptas para servir de verdadera ayuda. En este sentido,
la niña suele estar mejor preparada —o menos mal preparada— que el niño, pues
es lo corriente que las madres sean más francas, principalmente para prevenir
injustificadas alarmas en las hijas, en las cuales el síntoma de la madurez es más
notorio y molesto.
Debemos tratar, por fin, de las tendencias sociales. El infante vive en la sociedad,
pero no con la sociedad; no se da cuenta de la sociedad de que forma parte ni de
su lugar en ella. Pero en la pubertad comienza el interés por la sociedad, por el
papel que en ella le toca desempeñar; esto se relaciona con la capacidad de
pensamiento abstracto y con el surgimiento de potentes intereses sexuales que lo
131
llevan a inclinarse hacia personas del otro sexo, y luego interesarse por la familia y
la comunidad. Pero si bien el púber tiene idea de lo que debe llegar a ser para
adaptarse a ¡a sociedad -un verdadero hombre, una mujer verdadera- no tiene
capacidad suficiente para serlo en realidad; por eso se siente internamente débil.
Pero, al mismo tiempo, el adolescente busca tipos ideales a los cuales imitar;
surgen el culto del héroe, la tendencia a favorecer el caudillaje y la formación de
pandillas, como resultado (13).
Hay que recordar que, en este período, se inician el trabajo y los estudios
superiores, debiendo escogerse el camino futuro con cierta libertad. Se pasa de la
obediencia a la autodecisión; de ser mantenido a tener que mantenerse por sí
mismo; de ser guiado de cerca, a resolver sus propios problemas. El resultado
suele ser la desorientación por el desconocimiento que se tiene del mundo y por la
poca experiencia. A eso debe agregarse que con cierta frecuencia, trabajo o
estudios mal escogidos llevan al fracaso total o parcial. Así se inician
sentimientos de
132
inseguridad, desorientación, angustia, desesperación y fracaso, que caracterizan a
este período de la vida (14).
Como Hollingworth hace notar, estos hechos de base social y psíquica, pueden
explicar tanto o más que la revolución endocrina del momento, los estados de
particular inestabilidad y tensión que caracterizan la vida del adolescente (15).
La joven se desarrolla distintamente según sea el lugar en que vive. Así, la joven
campesina sufre una gran influencia del paisaje por el que se ve rodeada. Tiene
más orden y regularidad en la vida, con lo cual se amortiguan sus conflictos
133
psíquicos que se hunden en las actividades corrientes de todos los días. Tiene
poca sensibilidad al dolor físico debido principalmente a la clase de trabajo a que
se dedica. En cuanto a lo sexual, también en la joven campesina se nota la
importancia señalada como típica de esta epoca; pero ella se ve contenida por dos
poderosos frenos inhibitorios: las creencias religiosas y el temor a los padres.
Dado su ambiente, es lógico que carezca de frivolidad; cuando se presenta una
desviación de las normas morales, lo usual es que no se aparezcan los grados
intermedios que en la ciudad van desde la mujer virtuosa, hasta la más
corrompida; el campo sigue la regla primitiva del todo o nada.
SÍ hablamos del joven, podremos comprobar que goza de más libertad que la
mujer, desde edad temprana.
134
del vicio. El mal genio sustituye a la energía. Fenómenos de compensación lo
llevan a ser déspota. Caracteres todos que lo inclinan a las conductas antisociales
y delictivas.
El joven angustiado e inestable aparece sobre lodo entre los hijos únicos y los que
han sido criados en medio de mimos excesivos. Es indeciso, voluble; vive en
medio de continuas dudas. Se da cuenta de estas sus deficiencias y para
vencerlas adopta planes draconianos que nunca cumple. En el fondo, se nota la
persistencia de la necesidad infantil de apoyo y protección que resalta y se agrava
ante las responsabilidades crecientes que le toca asumir.
El joven hipererólico llega a ser tal por su constitución corporal o por el ambiente
especial en que vive y cuyas influencias recibe. En él, lo sexual relega a plano
muy posterior las demás actividades y problemas. Llega con facilidad al delito y
aún a verdaderas aberraciones del instinto.
Dura hasta los 45 años en la mujer y hasta los 50 en el hombre, más o menos.
135
d) Madurez. Este período vital se extiende por los diez años posteriores a la
adultez, aproximadamente.
Entre los jóvenes y adultos jóvenes hay una notable alza de la criminalidad, peto
luego se presenta un rápido descenso. Entre las mujeres de las mismas edades,
el alza no es tan grande, pero el descenso es mucho más lento, es decir, la
delincuencia se distribuye de una manera más regular a lo largo de la vida; a
veces, se advierte un alza en la etapa de la madurez femenina.
Estadísticas del DIN, para 1977, nos informan acerca de la delincuencia boliviana
para ese altó, En resumen, los números pueden expresarse así (25), en cuanto a
varones, el grupo mayor de detenidos se da entre 20 y 25 años, 32,4% del total; si
agregamos otros grupos cercanos, el de 15 a 20 años —10.9%— y el de 25 a 30
años —16%— tendremos que los integrantes de estos grupos que, en conjunto,
137
van
138
de los 15 a los 30 años, dan el 59,3% de la totalidad de los detenidos. En cuanto a
las mujeres, los tres grupos de edad, de 15 a 20 años, de 20 a 25 y de 25 a 30,
dan respectivamente el 27,1%, el 13,6% y el 24,3%, o sea el 65% del total de
detenidas (no se ha analizado el porqué del descenso, excepcional de acuerdo a
normas generales, del número de detenidas de 20 a 25 años).
Reckless ha resumido así las razones de este hecho, así como la constante
declinación de las cifras a medida que se avanza en los grupos de edad: las leyes
del crecimiento biológico que conceden al joven gran fuerza corporal, sin que se
hubieran creado todavía las inhibiciones respectivas; los compromisos sociales
crecientes para los cuales el joven no se halla preparado (entre esos compromisos
el del matrimonio) (26); los jóvenes tienen más oportunidades de emprender
actividades social y moralmente peligrosas; son proclives a la desorganización y la
desmoralización. En etapas posteriores, la personalidad y la situación social
tienden a estabilizarse. La vejez disminuye la agresividad y la fuerza (por lo menos
la agresividad que lleva a la delincuencia violenta); además, la pena de muerte y
las condenas de prisión de larga duración, van retirando de la circulación a
muchos de los delincuentes más peligrosos (27).
139
Reckless nos dice que la proporción en que los menores de veinticinco años
contribuían al total de los delitos, era del 35% pero ese porcentaje variaba en
relación con algunos delitos; por ejemplo, en robo de autos era del 73%; en
entrada violenta en domicilio ajeno, 62%; en robo, el 54%; en violación, el 48%; en
violación de leyes de tránsito, 43%. Pero hay otros delitos en que el porcentaje es
inferior a la media general; por ejemplo, en conducir mientras se está intoxicado,
era el 18%; en delitos contra la familia y los niños, 18%; en juego, el 19%; en
violación de las leyes de licores, 21%; en estafa y fraude, el 22%; en violación de
leyes sobre estupefacientes, el 22%; en incendio, 27% (28).
La edad adulta supone equilibrio; sin duda se tiene la fuerza para cometer delitos
violentos, pero también la capacidad dé inhibir los impulsos de actuar en tal forma
o, por lo menos, de darles salidas derivadas e indirectas. Sin embargo, siendo
esta la época de mayor actividad social, se tienen las oportunidades suficientes
para que se caiga con frecuencia y de la manera más variada, según demuestran
las estadísticas. Los altos puestos que se alcanzan, posibilitan el cometer los
delitos que antes enumerábamos como difíciles para el joven.
La madurez coincide con una grave crisis corporal y anímica; la actividad social
comienza a disminuir lo mismo que las fuerzas; la familia -hijos, sobre todo- se
dispersa: es una etapa de declinación indudable. La crisis sexual se manifiesta
140
principalmente en las mujeres, las que tienden a una criminalidad peculiar, según
puede deducirse de las siguientes cifras compiladas por Hentig: "De todos los
asesinos femeninos, 34% tenían cuarenta años y más en la época de la admisión
(en el penal)" (30) Y estas otras:
Condenados en la Condenadas en el
141
anormalidades características de la demencia senil, pero en un número de casos
menor al que usualmente se cree.
ARRESTOS INGRESOS
Violación 62 8,3
(1) Sobre el problema de las etapas vitales, puede verse la obra total de Carlota Buhler: El curso de la Vida Humana como
Problema Psicológico; pero principalmente las pp. 21 y ss. 178-187.
(2) Emilio Mira y López: Manual de Psicología Jurídica; pág. 54 En las posteriores desarrolla esta clasificación.
(3) Bases de la Evolución Psíquica, pág. 302.
(4) Ob. cit., pág. 57.
(5) V. La Vida Psíquica del Adolescente, pág. 36.
(6) V. Hollingworth: Art. El Niño Adolescente, en el Mannai de Psicología del Niño. dirigido por Murchison. Pág. 1109.
(7) Mira y López sólo enumera los tres últimos, lo que es comprensible, porque su obra es fundamentalmente de Psicología: V.
Manual de Psicología Jurídica, pág. 58.
(8) V. Vemon Jones; Moralidad en los Nifios; art. en el Manual dirigido por Murchison, pág. 616.
(9) V. Hollingwoeth, ob. Cit., 1124-1128; también, Carlota Buhler: Infancia y Juventud, pp.
(10) Hollingworth, ob. Cit., pp. 1112-
1113. (11) Id. id., pp. 1130 -1131.
(12) V. Carlota Bühler: Art. La Conducta Social de los Niños, en el citado manual dirigido por Murchison; pp. 476 -477.
(13) Id. id., pp. 478 - 481.
(14) V. Carlota Bühler; La Vida Psíquica del Adolescente, pág. 80 y
(15) Hollingworth. ob. cit., pp. 1110-1112. Loe. cit.
(16) Ob. cit., pp. 1082 -1084.
(17) Id. id. pp. 1090-1094.
(18) Psicología de la Edad Juvenil, pág. 42.
(19) Psicología Evolutiva del Niño y del Adolescente; pp. 219-228.
(20) Ibidem. Pág. 225.
(21) Para los mecanismos de compensación, véase luego la parte de Psicología Criminal.
(22) V. Clinard. Sociology oí deviant behavior pp. 564 - 599.
(23) Mira y López: Manual de Psicología Jurídica, pág. 71. Esta obra, pp. 59-71, ha sido tomada especialmente en cuenta para
redactar los acápites acerca de la adultez, la madurez y la senilidad.
(24) Goeppinger. Criminología, pp. 396 - 397.
(25) Estadísticas citadas. Pág. 14.
(26) Goeppinger, ob. Cit., pp. 400-409.
(27) Criminal Behavior, pág. 105-107.
(28) Ob. cit., pág. 108. Las cifras se refieren al año 1937 y toman en cuenta los arrestos.
(29) La gravedad del problema planteado por el crecimiento exagerado de la delincuencia infantil y juvenil en las últimas décadas
ha provocado la aparición de numerosas obras sobre este tema que crece y se especializa cada día más.
(30) Criminología, pág. 142. nita 45.
(31) Id. Id., pág. 142.
(32) Id. Id., pág. 183.
142
(33) Ob. clt., pág. 284.
(34) Ob. dt., pág. 184.
143
Segunda Sección
SOCIOLOGÍA CRIMINAL
CAPÍTULO PRIMERO
CLIMA Y ECOLOGÍA
Por ejemplo, Herodoto creía que el espíritu activo de los griegos y la pereza de los
africanos dependían de las condiciones climáticas en que cada pueblo se
desenvolvía. Veinte siglos más tarde, Bodino seguía atribuyendo gran importancia
social a los factores naturales.
Los puntos de vista anteriores adquirieron mayor relieve y amplitud porque varios
sociólogos buscaron explicar los fenómenos sociales como consecuencia de los
factores geográficos; se dio a éstos, a veces, suma importancia, como sucedió con
Ratzel; otras, se combinó su influencia con la de otras condiciones, como sucedió
con la escuela de Buckle.
Los estudios criminológicos sobre la influencia del factor geográfico fueron pronto
dejados de lado o relegados a un lagar secundario, ante el empuje que caracterizó
144
a las tendencias antropologistas, sociologistas en general, o a las derivadas del
materialismo económico.
145
violaciones, fue atribuido al hecho de que en los llanos la población se encuentra
más-concentrada (3).
Las teorías de Lombroso, así como las de Constancio Bernaldo de Quiroz no han
hallado mayor eco; y no porque los datos estadísticos en que se apoyan sean
falsos, sino porqué se reincide en el defecto metódico de considerar que de una
correlación estadística puede deducirse una ligazón causal, sin mayor trámite;
puede que el nexo causal realmente exista, pero, por lo menos, no alcanza a ser
claramente visto a través de las explicaciones de los autores citados.
146
clima influye aumentando o
147
disminuyendo la irritabilidad de los nervios, la impulsividad pasional, etc. (6). No
debe olvidarse, sin embargo, que el clima también puede operar por otros
caminos, por ejemplo, condicionando ciertos cultivos, cierta forma de vida y dé
producción, etc.
Tampoco puede dejarse de notar la influencia que ejercen ciertos vientos, sobre
todo los que portan olas de calor, sobre alteraciones producidas en el organismo y
que repercuten en la delincuencia. Exner reproduce opiniones atendibles, acerca
de la relación directa entre los vientos cálidos y los delitos de violencia y sexuales
(7).
Portugal 22,1 a 26
148
Francia 14,1 a 17.
149
Suiza 14,1 a 17.
Holanda 5,1 a 8.
Canadá (Sutherland) 30
Cuba (Castellanos) 97
El defecto de los datos anteriores está en que sólo se fijan en la temperatura (10)
dejando de lado otros factores que podrían coadyuvar en la explicación de estas
curvas de criminalidad. Por ejemplo, Niceforo y Lombroso (11) habían hecho notar
que la distribución de los delitos violentos y fraudulentos en Europa se debe
también al grado de civilización que existe en sus distintas partes componentes; la
barbarie se caracteriza por delitos de fuerza, mientras la civilización, por delitos
fraudulentos; ahora bien: los países europeos menos adelantados, en líneas
150
generales, se
151
encuentran hacia el sur, mientras la civilización se acrecienta a medida que nos
acercamos al norte. Por tanto, las curvas pueden explicarse también desde este
punto de vista, pero no exclusivamente por el climático (12).
Como se advertirá, los estudios sobre el clima y el factor geo-gráfico son antiguos
y no han llegado a conclusiones terminantes. Estudios posteriores, escasos en el
mundo entero, no han contribuido a conseguir explicaciones menos inexactas. Es
indudable que el clima y la situación geográfica determinan, de alguna manera, la
personalidad y sus reacciones; pero de esta comprobación, conseguida a través
de la experiencia diaria, hay mucha distancia a determinar las relaciones causales
entre los factores ambientales naturales con la personalidad, en general, y más
concretamente, con el delito.
152
En general, se ha comprobado que los delitos contra la propiedad crecen en
invierno, mientras los delitos violentos y contra las personas alcanzan su ápice en
el verano y en los períodos de mayor calor; en cuanto a los delitos sexuales, ellos
experimentan sus alzas máximas en el límite entre la primavera y el verano (H).
Lombroso había hecho notar que las revoluciones se producen preferentemente
en verano (15).
Las razones por las cuales se han explicado estos fenómenos son de tipo
eminentemente social; Barnes y Teeters (16), Gillin (17) y Sutherland (18), entre
otros, hacen notar que en verano los días son más largos y favorecen así el mayor
contacto social que sirve de oportunidad para cometer delitos contra las personas;
el calor lleva a un mayor consumo de bebidas que, aunque tengan bajo grado
alcohólico (v. gr. la cerveza), se ingieren en cantidades suficientes para ocasionar
intoxicaciones que potencian la irritabilidad ya aumentada por el calor; en el otro
extremo, en invierno aumentan las necesidades y escasean los medios para
satisfacerlas no sólo porque la naturaleza es menos productiva, sino porque se
presentan olas de desempleo (19).
En cuanto toca a los delitos sexuales, fuera de las explicaciones sobre influencias
corporales o sociales, existe otra basada en la creencia de que el hombre posee
una periodicidad fisiológica similar a la que se da entre los animales; el alza del
número de estos delitos en una época que es la mejor, climáticamente, del año,
empuja o pensar que también en el hombre se da una época de celo, por
atenuada que sea. Havelock Ellis ha expuesto claramente esta idea (20); la
existencia de una periodicidad en la vida sexual humana ha sido aceptada como
probable por Parmelee (21); por su lado, Bernaldo de Quiroz ha citado varios
casos que, por ser patológicos, muestran exageradas estas tendencias de manera
muy instructiva: típico es el ejemplo ofrecido por el famoso criminal
"Sacamantecas" en quien la periodicidad de los delitos era evidente (22).
En todo caso, faltan aún conclusiones definitivas tanto para rechazar como para
aceptar sin más ni más esta hipótesis.
Heidelberg
154
Domingo 877 282
Jueves 129 86
En cuanto a la sucesión del día y de la noche, hay delitos que suponen el contacto
social, la actividad laboral plena, como sucede con la estafa, las defraudaciones al
fisco, la puesta en circulación de productos falsificados, etc. Pero la mayor parte
de otros delitos -muertes en emboscada, hurtos, robos, violaciones de domicilio,
conspiraciones, etc.- se llevan a cabo de noche. La existencia de turnos de trabajo
que, sobre todo en las ciudades altamente industrializadas, llenan las 24 horas del
día, está creando en la actualidad una distribución más uniforme de la
delincuencia a lo largo de todo el día.
Pueden tomarse como punto de referencia los siguientes datos consignados por
Alzate Calderón, para Chile:
Madrugada 11,9%;
Mañana, 21,4%;
Tarde 30,8%;
Al mismo tiempo, se ha observado que la proporción del delito crece más que la
población de las ciudades; Jacksonville, entre 1920 y 1925, aumentó su población
en un 50%, pero los homicidios pasaron de 31 a 69; Miami creció entre el 125 y el
130%, pero sus homicidios aumentaron en un 660%; en Tampa, el crecimiento de
157
la población fue de 80% el de homicidios, de 320% (29). En general, las ciudades
158
mayores dan, proporcionalmente. mayor delincuencia que las menores, si bien
existen excepciones, como sucede con las grandes ciudades de Holanda, Austria
y Hungría.
Entre las causas que se han dado para explicar la mayor criminalidad urbana,
están las siguientes: la ciudad ha destruido o relajado los vínculos familiares y
vecinales que en el campo aún se mantienen fuertes: la ciudad supone más
movilidad, más cercanía para imitar las conductas criminales, más posibilidades de
profesionalizarse en el delito; atrae más a los delincuentes, inclusive a los que
iniciaron su carrera en el campo; la ciudad es fértil en roces sociales y ofrece
mayores tentaciones por la esperanza de la ocultación y del anonimato;
incrementa el número de necesidades sin hacerlo paralelamente con las
posibilidades de satisfacerlas el vicio comercializado tiene en las ciudades sus
cuarteles generales (alcoholismo, diversiones nocturnas, drogas, estupefacientes,
juego, prostitución): ofrece distracciones frecuentemente peligrosas como
sustitutivo o equivalente de la vida activa y sana del campo; en éste, la pobreza no
suele llegar casi nunca a los extremos que en las ciudades; las bandas infantiles y
juveniles son fenómenos urbanos y sólo raramente campesinos; se carece de
lugares -parques, jardines- para que la población se distraiga sanamente; la vida
ciudadana es más nerviosa; inclusive se puede citar el hecho de que en las
ciudades existe un mayor número de disposiciones que pueden ser transgredidas
(30).
Sin embargo, es muy probable que las diferencias consignadas en las estadísticas
159
sean menores en la realidad; por ejemplo, en los lugares pequeños y en el campo,
160
autoridades y pueblo se conocen, por lo que es muy fácil que aquéllas dejen pasar
las faltas menores, resignándose a dar curso sólo a las más graves; por otro lado,
los lazos familiares extensos y las vinculaciones vecinales evitan que muchas
faltas sean llevadas a conocimiento de las autoridades. El número de delitos que
así escapan a las estadísticas difícilmente pueden ser compensado por el de
aquellos que, al amparo de las facilidades ofrecidas por las grandes ciudades,
eluden a la justicia o el de aquéllos que se hallan protegidos por los sistemas de
corrupción política que existen en las ciudades.
e) Carencia del sentido de vecindad y del control que de ella resulta. Shaw
puso especial énfasis en la importancia de este último factor (31), (32). Hizo notar,
por ejemplo, que muchas veces la delincuencia resulta porque los individuos se
han adaptado a los moldes de conducta aceptados y hasta alentados por la
vecindad (33).
161
La importancia de este factor es obvia pues no es sino la comprobación de que las
ideas morales y las costumbres de la comunidad tienen gran influencia en la
determinación del número y tipo de los delitos que en ella se cometen.
Lo recién dicho vale en buena medida también para las bandas de adultos.
162
después de
163
cumplir la sanción, trate de alejarse de las regiones donde es conocido; entonces,
al trasladarse, va de manera natural a dar a áreas con ciertos caracteres que
seleccionan y atraen a los delincuentes foráneos. Taft, en sus estudios sobre 71
delincuentes de Danville, comprobó que sólo ocho de ellos habían nacido en el
lugar y se habían criado en él.
164
condiciones; es indiscutible que muchas carreras delincuentes tempranas se han
iniciado a causa del abandono del hogar
165
durante tedas o casi todas las horas libres y de la consiguiente ausencia de
vigilancia paterna. Al mismo tiempo hay que anotar que la habitación estrecha
conduce a la promiscuidad, fuente de malos ejemplos y hasta de delitos, sobre
todo sexuales.
En cuanto a la movilidad, puede decirse que cuanto mayor es. más delitos
provoca; la movilidad se refiere a las personas que cambian realmente de
residencia, pero no a quienes se desplazan por turismo o vuelven continuamente a
un centro fijo, como los agentes viajeros. El incremento de criminalidad puede
explicarse por dos razones fundamentales: 1) La movilidad excesiva implica la
carencia de un centro fijo, con la consiguiente inestabilidad personal y familiar (si
el traslado se realiza en compañía de la familia). 2) Los inmigrantes deben buscar
en cada lugar al que llegan, un nuevo ajuste cultural el que se logra después de
roces de muy variada intensidad, o no se logra; si la migración tiene causas
económicas, los recién llegados son vistos con malos ojos por los trabajadores
establecidos, pues traen consigo la competencia y la posibilidad de bajas en los
salarios. Las dificultades de adaptación se acrecientan cuando entre los grupos
establecidos y los inmigrantes existen grandes diferencias de idioma,
nacionalidad, costumbres, etc.; eso vale, por ejemplo, para las numerosas
migraciones desde el sur de Bolivia hacia el norte de la Argentina.
166
ofrecida por la jurisdicción diferente: realizan sus delitos en las ciudades y burlan o
entorpecen la persecución pasando al suburbio.
Las áreas que dividen poblaciones de distinta raza -negros, indígenas, judíos
(ghettos), etc.- dan lugar a aumento de roces sociales y de delincuencia. Lo mismo
puede decirse de aquellas regiones que aún representan la progresiva línea
fronteriza de la civilización que avanza.
(1) La ecología -animal y vegetal- es la ciencia dedicada a estudiar las maneras en que las plantas y los animales se
adaptan a los variados ambientes de la tierra. Explica la coloración protectora, la distribución, el número, el modo
de vida de aquéllos Gillin y Gillin: An Introduction 4o Sorlology, pág. 264.
(2) Le Crime, Causes et Remedes; pp. 20 - 21.
(3) Ibidem, pág. 21.
(4) Criminología, pp. 205 - 207; Cursillo de Criminología y Derecho Penal, pp. 86 - 88.
(5) Ob. cit., pp. 1 - 5.
(6) Cit. por Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pág. 134: los autores aceptan la tesis moderada de
Leffinwell.
(7) Biología Criminal. Pp. 118-119.
(8) Criminología, pp. 202-203.
(9) Ibidem, pág. 203.
(10) Puede criticarse aun otro hecho; la simple proximidad al ecuador no basta para determinar el clima; debieron
haberse tenido en cuenta otros factores naturales que lo alteran, por ejemplo. la ortografía, los vientos y las
corrientes marítimas.
(11) El primero, en La Transformación del Delito, pp. 18-25; el segundo, siguiendo las conclusiones de Ferrero (V. ob.
Cit. Pp. 50-52).
(12) Tarde llegó a la misma conclusión; no desconoció la importancia de la temperatura, pero la subordinó a la de la
civilización (V. La Criminalidad Comparada, pp. 274 - 283).
(13) En Estados Unidos, el estudio realizado por Dexter sobre ciertos delitos cometidos en Nueva York, ha sido uno de
los más completos que se conoce; él pensaba que el clima influía en la delincuencia, a través de alteraciones
corporales. Sus conclusiones relativas a distintos fenómenos meteorológicos, han sido así resumidas por Gillin
(Criminology and Penology, pág. 65):
1.- El número de arrestos aumenta asaz regularmente con la temperatura. En efecto, la temperatura, más que
cualquier otra condición, afecta a los estados emocionales y conduce a riñas. La influencia de la temperatura
sobre las mujeres es mayor que sobre los varones.
167
2.- A medida que el barómetro baja, sube el número de arrestos-. Esto lo explica porque un barómetro bajo
precede a las tormentas y este presentimiento ocasiona en cierta gente estados emocionales que se resuelven en
violencias. 3.- Gran número de asaltos puede correlacionarse con la baja humedad mientras sólo un pequeño
número, con la humedad alta. Explica esto suponiendo que la alta humedad atmosférica deprime vital y
emocionalmente.
4.- Los días en que los vientos son suaves, o sea de 150 y 200 millas al día, se caracterizan por alto número de
pendencias. En días calmos o de vientos altos, los arrestos son menos. No explica estos datos y se limita a decir
que cuando el tiempo es calmo un exceso de dióxido de carbono en la atmósfera puede amenguar la vitalidad.
5.- Estudió también el número de arrestos en días límpidos y nublados; halló que los días nublados son los más
libres de pendencias personales que atraigan la atención policial. Explica este hecho por la hipótesis de que los
días límpidos son vitali-zadores".
(14) Pueden verse gráficos en Bonger; Introducción a la Criminología, pp. 175 - 182 y 280 - 282 (para México, datos
acotados por Garrido); Exner, ob. cit., pp. 120-121; etc.
(15) V. ob. cit., pp. 6 - 8 y especialmente, Le Crime Politique et les Révolutions, I, pp. 60 - 78. Sin embargo, es, por lo
menos, de dudar que las revoluciones acaecidas en Bolivia primen en verano; todo induce a creer que son más
abundantes en otoño e invierno.
(19) Una nueva prueba de la importancia del factor social se tiene en el estudio realizado por Calvin F. Schmid, quien
halló que, en Seattle, los homicidios aumentan en invierno a causa de la miseria y los desórdenes provocados por las
migraciones de trabajadores que se producen precisamente por aquella época. V. Barnes y Teeters, ob. cit., pág. 135.
(20) V. Havelock Ellis: Estudios de Psicología Sexual; T. 1°; pp. 132 -174. Resúmenes en Bernaldo de Quiroz:
Criminología, pág. 223 y Cursillo de Criminología y Derecho Penal, pp. 103 - 104.
(23) Así, en Exner, eb. cft., pág. 126 quien por esta razón considera que la prueba no es segura.
(24) Ibidem, pág. 300. Las cifras de lesiones se reproducen aquí en conjunto.
(30) Para estas causas explicativas de una diferencia real en las cifras de delincuencia pueden consultarse las obras
citadas de Barnes y Teeters, pág. 148; Gillin, pp. 53 - 55; Parmelee, pp. 51-64 y Reckless: Criminal Behavior, pp. 84-
85.
31) V. Shaw y MacKay: Social Factors in Juvenil Delinquency; pp. 60 - 139. Es el segundo volumen del Report on de
Causes of Crime, publicado por la National Comission on Law Observance and Enforcement.
32) He aquí dos conceptos de vecindad acotados por Hentig, en )a pág. 371 de su Criminología: Vecindad es "la
primera agrupación después de la familia que tiene significación social y que es consciente de alguna unidad local" (R.
M. Maclver); por su parte Niles Carpenter se expresa así: "Las características distintivas de una vecindad son su
relación con una superficie lo cal suficientemente compacta para permitir la asociación frecuente e íntima y la aparición
de aquella asociación de homogeneidad y de unidad suficientes para permitir una agrupación social primaria o directa
dotada de un fuerte sentimiento de conciencia de sí y capaz de influir en la conducta de sus varios integrantes".
(34) Las observaciones anteriores, y otras, pueden verse en Taft. ob. cit., pp. 156-159.
(35) "Por ejemplo, el nacimiento del industrialismo en Inglaterra tiene, sin duda, una relación estrecha con la presencia
de hierro y carbón debajo de la superficie de la tierra; pero atribuir el enorme aumento de la delincuencia de esos días
a este hecho físico es, con toda seguridad, ir demasiado lejos en la investigación de la causalidad. Con razonamientos
de esta misma clase podríamos decir que el inventor de la pólvora fue el causante de todos los delitos cometidos por
medio de las armas de fuego"; ííónger, ob. cit., pp. 173 - 174.
168
CAPÍTULO
SEGUNDO LA
FAMILIA
169
la personalidad. Investigar las experiencias sufridas en esa etapa no tiene
importancia
170
sólo para explicar la mala conducta del niño o del adolescente sino también la del
adulto. Esas experiencias tempranas se viven casi exclusivamente en la familia la
que, así, pone muchas de las causas profundas de todas las actividades
posteriores.
171
muchas
172
familias llegan a carecer de verdadero jefe; el número de problemas sobre los
cuales pueden presentarse divergencias entre los esposos, es mucho mayor que
antaño.
d) Los niños pasan mucho tiempo fuera del hogar, no sólo en las escuelas,
sino en las calles, los clubes y los centros de recreo, frecuentemente sin la
necesaria vigilancia. La inexistencia de un hogar digno de tal nombre suele
ocasionar la fuga de los hijos.
173
f) Malas condiciones materiales del hogar, sobre todo miseria, suciedad y
estrechez que provocan promiscuidad e impulsan hacia la calle a los niños.
Vemos pues, por las razones apuntadas -que no son todas sino las principales de
las que podrían enumerarse- que la familia está lejos de reunir siempre las
condiciones necesarias para cumplir su función socializadora; sólo en la minoría
de los casos satisface las necesidades de los niños, necesidades que no son
exclusivamente las de alimentación, ropa y habitación, sino de seguridad psíquica,
cariño, comprensión, consejo, etc.; fuera de que debe darle un estado personal
socialmente aceptable, el de hijo legítimo que le proporciona satisfacción interna y
valentía para encarar muchas situaciones externas y elimina una fuente de
probable vergüenza e inferioridad. En el seno del hogar, el niño debería contar con
el aliento necesario para formar su propia personalidad y crearse un sentido de
responsabilidad y la capacidad de obrar por propia iniciativa.
174
3.- NÚMERO, ORDEN DE NACIMIENTO Y SEXO DE LOS HIJOS. Ingresamos a
tratar el problema estrictamente criminológico.
Ruede agregarse, que frecuentemente el hogar, durante sus primeros años, suele
ser menos estable no sólo por la menor compenetración entre los padres -que se
hallan aún en plena etapa de ajuste y comprensión- sino también porqué la
situación económica suele ser más incierta; es en tal ambiente familiar donde el
primogénito ha de moverse, en mayor proporción que los hermanos que le siguen.
Además, no es raro que el primogénito sea sacrificado por sus hermanos,
teniendo que trabajar pronto para contribuir al sostenimiento del hogar y hasta a
los estudios de sus menores.
175
únicos:
176
NUEVA YORK Y LONDRES
Muchachos Muchachos
Delincuentes no delincuentes
% %
Nueva York (Slawson-
Quizá parte de las discrepancias pueda explicarse porque mientras unos toman en
cuenta sólo a los hijos materialmente únicos -hay uno solo en la familia- Burt
incluye a aquellos que psíquicamente pueden ser considerados únicos, aunque de
hecho tengan hermanos (4).
Las razones recién anotadas destacan que, en cuanto toca sólo a las relaciones e
influencias familiares, el ser hijo único constituye una desventaja: como que lleva
177
delincuencia mayor, o por lo menos igual, que la de varios hermanos, pese al
contrapeso constituido por la buena situación económica (5).
Muchas de las estadísticas que sirven de base a las conclusiones a este respecto,
se realizan tomando en cuenta la población de los reformatorios; ahora bien: los
hijos únicos, más frecuente mente que los otros, provienen de familias en buena
posición económica, por lo que los jueces, ante los cuales aquéllos se hubieren
presentado por inconductas, no los envían a reformatorios u otras instituciones,
sino que los devuelven a los padres; de manera natural, las sentencias del juez de
menores tienen que tomar en cuenta el hecho de que el presupuesto familiar esté
o no recargado. Con lo cual, parte de la criminalidad de los hijos únicos escapa a
las estadísticas
% %
1
4,5 7,1
2 7,6 12,3
178
Las cifras anteriores parecen indiscutibles; sin embargo, Reckles no las acepta de
manera terminante y considera que tienen algunos puntos aún discutibles (7).
179
constar de padre y madre; el primero, al menos idealmente, como factor de
180
disciplina y como sostén económico; la segunda, como elemento conservador,
esencialmente hogareño, al que los hijos pueden acogerse en busca de cariño y
de comprensión. Si alguno de los padres falta, la capacidad educativa del hogar
queda deteriorada.
Si bien hemos de hablar aquí fundamentalmente del hogar deshecho -lo que
implica que en algún momento él existió- hemos de incluir también los casos en
que el niño proviene de un hogar que nunca llegó a formarse dentro de los moldes
socialmente aceptables; en tal condición se encuentran los hijos ilegítimos.
181
país, los porcentajes correspondientes eran del 5,1% para los delincuentes y el
2,5% para los grupos de control (12).
Las razones que pueden explicar estas diferencias numéricas son múltiples; la
primera, entre todas, se halla en la escasa capacidad educativa que poseen
hogares en que las relaciones son ñor- males. Lugar preponderante tiene la
censura social que deprime al niño, lo aparta de ciertos círculos y reduce sus
posibilidades para alcanzar un alto nivel cultural y social; tal situación puede
quedarse en la depresión que el niño sufre, pero frecuentemente ocasiona una
reacción de repudio de parte de él hacia sus padres, con lo cual aún la escasa
influencia que ellos podrían ejercer se esfuma; esta reacción crítica no resulta sólo
como consecuencia de las dificultades materiales que se oponen a los hijos
ilegítimos, sino que también puede tener un fundamento estrictamente moral: por
ejemplo cuando el niño adquiere una conciencia moral estricta -y exacerbada por
el conocimiento de su origen- que comienza por censurar la inconducta de los
padres y termina por provocar graves tensiones internas. Sin embargo, es también
corriente que los niños concluyan por adaptarse a su situación, a ser indiferentes
contra las críticas y a aceptar como molde de conducta el de sus padres; por eso,
los hijos ilegítimos suelen ser muy proclives a tenerlos de la misma categoría.
Podrían aún agregarse otras razones: así, la ausencia del padre -usual en los
casos de ilegitimidad- mengua la capacidad moralizado» hogareña; aunque allí se
predique la virtud, el niño no la asimila porque es más arrastrado por la fuerza de
los hechos; la madre generalmente trabaja para sostener al hijo, por lo cual lo
descuida; muchas veces ella se conduce con su hijo como con un ser indeseado,
que dificulta el formar luego un hogar legítimo o, por lo menos, el formarlo con las
condiciones que se lograrían si no existiera la prueba de una culpa pasada: la
madre soltera, por el hecho de serlo, se ve obligada a disminuir sus pretensiones
matrimoniales; frecuentemente, el ambiente hogareño es inmoral aun después del
nacimiento del hijo. Como los padres no atienden debidamente a las necesidades
de los niños, éstos se ven obligados a iniciarse prematuramente en el trabajo.
Fuera
182
de que suelen darse casos de inferioridad biológica, pues los niños nacen
dañados por maniobras abortivas fracasadas que intentaron las madres.
183
separación; se crea un ambiente de odio y resentimientos entre los padres y entre
éstos y los hijos.
184
Como no es raro que se formen nuevos hogares por los divorciados las relaciones
entre padrastros, madrastras e hijastros, aumentan los problemas familiares y las
tensiones emocionales infantiles y juveniles.
Sin embargo, Shaw y McKay, en sus estudios que envolvieron a 7.278 escolares y
1.675 delincuentes, hallaron hogares deshechos en la proporción de 36,1% y
42,5%, respectivamente, con una razón de 1 a 1,18 que es sumamente baja sobre
todo comparándola con las establecidas por otros autores; bien es verdad que se
han formulado serias críticas a Shaw y McKay principalmente en cuanto al método
de investigación utilizado (15).
Los problemas del hogar deshecho se complican, según adelantamos más arriba,
cuando aquél se reconstituye por medio de matrimonio posterior con otra persona.
En tales casos, parece que la presencia del padrastro es menos perjudicial que la
de la madrastra, sobre todo como emergencia de las tensiones internas que se
provocan. La variedad de casos particulares, empero, ha tornado difícil el
establecer generalizaciones con base aceptable, acerca de si uno u otra provoca
mayores dificultades hogareñas. De cualquier manera, las tensiones apuntadas
tienen importancia criminal y tanto más grave si el nuevo matrimonio subsigue a
un divorcio y el padre o madre según la naturaleza aún vive, pues se debe prestar
obediencia, respeto y acatamiento a un extraño, a quien los niños y jóvenes
consideran un intruso y hacia quien se ven predispuestos a adoptar actitudes de
resistencia que son fuentes de disgustos inclusive entre los cónyuges. Si del
nuevo matrimonio nacen otros hijos, la situación se complica aún más, en vista
de preferencias y
185
pretericiones -reales o imaginarias- entre los grupos de hermanastros; surgen
problemas para los padres, pero también entre los hijos que experimentan celos
entre sí.
186
inmigrantes que en la población normal (16). Tan extremas discrepancias no
suelen darse con frecuencia en países en que la inmigración es poco numerosa.
El alza de nivel cultural de generación a generación lleva en no raros casos a las
mismas consecuencias. Estas condiciones provocan la deserción, el divorcio, el
alcoholismo compensatorio, los atentados personales contra el cónyuge al que no
se puede soportar y el abandono del hogar por los niños
Los Glueck, en sus estudios sobre delincuencia juvenil, hallaron que los
delincuentes provenían de familias de las cuales el cincuenta por ciento tenían
registros criminales; otro 30% de las familias tenían miembros que, aunque
criminales, no habían sido registrados por una razón u otra (20).
188
7.- INDISCIPLINA FAMILIAR. La disciplina familiar adecuada está lejos de ser la
regla; al imponerla, los padres se atienen a su leal saber y entender, cuando no a
sus instintos ciegos.
Los mayores perjuicios provocados por la laxitud son fáciles de explicar: ya vimos
que los mimos, la demasiada condescendencia, forman en el niño un carácter
caprichoso que tiende a satisfacer sus deseos por medios compensatorios
derivados y criticables, pues carece de la virilidad suficiente para buscarlos a
través de las dificultades presentadas por la vida social normal. La voluntad se
debilita, no se crea el sentido de la iniciativa ni se forma para la lucha leal y dura;
al permitir que desde temprana edad los niños triunfen en sus deseos usando
medios poco viriles, la laxitud prepara casi seguros fracasados para la vida juvenil
y adulta. Por eso. Edgar Hoover, jefe del FBI y que conoce de cerca a los
criminales, tuvo razón al escribir: "Si tuviera que catalogar a los que considero los
contribuidores actuales más grandes de nuestros crecientes anales del crimen,
temo que honradamente me vería obligado a censurar la excesiva indulgencia
paterna" (23).
189
malos antecedentes para la conducta futura.
190
Por fin, la labor educativa familiar es nula cuando no existen exigencias de ningún
tipo, sino que cada miembro del hogar se comporta como mejor le parece, sin
vigilancia, corrección ni consejo.
Hentig trae las siguientes estadísticas de Estados Unidos, promedios de los años
1933 - 1936, por 100.000 de las admisiones penales de cada grupo; delitos
cometidos por varones:
Casados Viudos Divorcia
DELITO Solteros
Se han tomado en cuenta, como se ve, ocho delitos tipos; para la delincuencia
femenina, se han considerado sólo cinco, en los mismos supuestos estadísticos
que el caso anterior; los resultados son los siguientes:
191
Desfalco - fraude 0,13 0,14 0,15 1,3
Sin embargo, no hay que descuidar el hecho de que el estado civil se combina con
otras condiciones sobre todo de edad, para dar por resultado cierto tipo de
conducta.
De cualquier modo, será preciso estudiar aún otros datos que pueden explicar las
cifras anteriores. Por ejemplo, es claro que, si un hombre o una mujer permanecen
solteros a los cuarenta años, se pueden sospechar otras causas, fuera del mero
estado civil, para explicar su delincuencia. Se ha hecho notar que la mayor
proporción de casados y menor de divorciados se da en las áreas rurales, por lo
cual estas implicaciones deberían ser tomadas en consideración.
La menor delincuencia del casado debe ser más tenida en cuenta porque se halla
en condiciones de cometer más delitos para él propios, como el abandono de
familia o de mujer embarazada y la bigamia; las urgencias económicas, relevadas
por la obligación de mantener a. toda la familia, deberían empujarlo más, sobre
todo a delitos contra la propiedad.
193
en el carácter y la capacidad social; como datos de alta significación hay que
tomar en cuenta aquellos de internamientos en manicomios y de suicidio; allí las
cifras demuestran que los divorciados de ambos sexos se inclinan a las
anormalidades mentales y al suicidio con mucha mayor frecuencia que los
casados y solteros y aun que los viudos, si bien en este caso las distancias son
menores (26).
(1) "He aquí que una mujer, con el fin de aumentar las entradas de su marido, se emplea también en una fábrica, dejando abandonada la
casa durante la ausencia. Aquella casa, desaliñada y reducida quizá, se torna aún más miserable por falta de cuidados. Los miembros de la
familia trabajan separadamente en los cuatro confines de la ciudad, a horas diversas. Escasamente llegan a encontrarse juntos para la
comida o el descanso después del trabajo, mucho menos para la oración en común. Qué queda entonces de la vida familiar ¿Qué atractivos
puede ofrecer ese hogar a los hijos?" (Discurso de Pío XII a las mujeres católicas italianas).
"Con la energía y la atención que los hombres y mujeres han de consagrar a su trabajo, se privan de aquellas reservas de potencialidad
nerviosa que se requieren para la vida común y la felicidad cuando vuelven por la noche al hogar. Un hogar existe sólo el sábado por la
noche y el domingo. Todo el resto de la semana es una casa de alojamiento: el contacto real entre el marido y la mujer, entre padres e hijos
se reduce a los cortos encuentros de personas nerviosas, impacientes y agotadas que consideran ai hogar solamente como una posada
gratuita" (Criminología, pp. 293 - 294).
(4) "Es sorprendente advertir, reiteradamente, que el delincuente es el hijo único de ta familia. A menudo, si no el hijo único en el momento de
la investigación, lo ha sido durante sus primeros años; es el mayor y sus hermanos y hermanas son agregados posteriores y todavía
menudos. O bien él puede ser el hijo único en otro sentido: es el más joven de una familia y todos los otros retoños de sus padres han crecido
y no son ya niños". Burt, citado por Hentig. loe. cit.
(5) Y no se trata sólo de delincuencia; muchas anomalías mentales se dan preponderantemente en hijos únicos: v. Hentig, loe. cit. y
Tappan: Juvenil Delinquency, pág. 140.
(10) Puede verse un buen resumen de los excelentes estudios de Sietto, en Reckless, ob. cit., pp. 224 - 226.
194
(11) V. Gillin, Criminology and Penology, pág. 152
195
(12) Para estos datos. Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology. pp. 216 - 218.
(13) Shaw y McKay: Social Factors In Juvenil Dettnqnency, pp. 25S 284; to mo II del Report en the Causes of Crime - Para las críticas,
Barnes y Teeters, loc. cit.
(17) Ob. cit., pág. 3. Sobre la importancia de esta causa en la reincidencia, v. el cuadro de la pág. 78.
(22) Ob. cit., pp. 324 - 326; se reproducen sólo los totales.
(24) Pueden verse varias estadísticas en Hentif, ob. cit., pp. 329.
196
CAPÍTULO TERCERO
LA RELIGIÓN
Si se quiere evitar el delito, por tanto, pueden reforzarse los frenos de origen
externo: aumentar las leyes, darles eficaz vigencia, crear una fuerte opinión social;
o, complementaria o supletoriamente, acrecentar las fuerzas morales y religiosas.
Entre ellas se mantiene tal equilibrio que cuando unas aumentan su fuerza, la de
las otras disminuye.
198
Entre los que afirman la influencia beneficiosa de la religión se hallan, desde
luego, los que la profesan y dirigen; pero no sólo ellos, sino toda una serie de
investigadores provenientes de los más distintos campos de especialización, como
luego veremos.
Más claramente, Bonger ha afirmado que los ateos son individuos más morales y
menos delincuentes que los religiosos; y explica tales características por dos
razones fundamentales: 1) los irreligiosos pertenecen, en general, a las clases de
cultura más elevada; 2) son hombres de más carácter, como lo prueban por el
simple hecho de ir contra la corriente; así eran también –agrega- los primeros
cristianos y de ahí su moral más alta (2).
Ya Lombroso había hecho destacar estos aspectos; para él, n mero ritualismo
conduce a deformaciones de fanatismo y superstición, favorables al delito: pero si
se deja de lado el formulismo exagerado y se trabaja con la conciencia del
individuo, para llevar a ella convicciones morales, entonces se tiene un verdadero
y eficaz freno contra la delincuencia (4).
199
En cuanto a los que creen que la religiosidad es indiferente, podemos anotar ya a
Garofalo; para él la religión carece de influencia en los principales criminales, en
los autores de los delitos más graves, pites es incapaz de reprimir las inclinaciones
criminales instintivas (5).
200
la
201
mayor delincuencia. Pero tal opinión queda descartada con los datos posteriores
que buscaban distinguir entre la religiosidad declarada y la religiosidad practicada,
es decir, aquella que se traduce en la observancia de algunos preceptos que
demuestran la real adhesión religiosa (10).
Los autores citados comprobaron que -dentro del sector que a ellos les interesaba
especialmente- muchos que se declaraban católicos en realidad no lo eran; de
entre tales supuestos católicos, una décima parte no había sido siquiera
bautizada; otra décima parte no había recibido la primera comunión; más de un
quinto no había recibido la confirmación; cuatro quintos habían descuidado el
cumplimiento del deber pascual inmediatamente antes de ser encarcelados; y el
95% no recibía los sacramentos en la proporción media de los católicos corrientes
(11).
¿Por qué, entonces, la gran afiliación religiosa de los penados? Porque ése es un
dato importante ante las comisiones que conceden indultos, rebajas de pena,
libertad bajo palabra, etc. Taft cita un caso comprobado, en el cual los presos
cambiaban de afiliación religiosa, según fueran las creencias de quienes
integraban esas comisiones (12).
14 ninguna.
50 desconocida (13).
Esta asistencia es, en los criminales, notoriamente inferior a la propia de los fieles
corrientes en Estados Unidos.
202
3.- CRIMINALIDAD POR AFILIACIÓN RELIGIOSA. Hay que averiguar si algunos
grupos religiosos,' por ser tales o cuales, inclinan más a la delincuencia, por lo
menos a ciertos tipos de delincuencia.
La criminalidad judía, tan baja, puede explicarse por el hecho de que en ellos pesa
203
mucho la comunidad, la que se ha hecho compacta y ceñida, debido en parte a las
204
persecuciones y a la influencia que conservan los rabinos, aún sobre los no
creyentes.
Es usual que las minorías con fuerte personalidad de grupo y sujetas a presiones
formen fácilmente este sentido de comunidad; suelen también mostrar un nivel
moral superior al corriente en la comunidad en que viven.
Se puede agregar que los grupos católicos cometen delitos de fácil descubrimiento
y prueba, lo que no sucede con los protestantes y judíos.
Sin embargo, el propio cristianismo puede dar lugar a que el número de delitos
aumente, a través de algunos mecanismos indirectos que pueden reducirse
esencialmente a tres:
206
no porque hubiera aumentado el número de actos criminales, sino porque los que
antes eran penalmente irrelevantes se los califica de otra manera.
Podemos pensar, por lo que a nuestro país toca, en las borracheras que se
desencadenan con el pretexto de festividades religiosas, sobre todo de tal o cual
santo o imagen reputados por patronos o por milagrosos; allí suelen originarse
muchos delitos de violencia. Tampoco dejan de tener ligazones con el delito
ciertas creencias cercanas a la idolatría, en que ha derivado una religión
malentendida (18).
3) Ejercicio del Culto. Con frecuencia, en los últimos tiempos, se declara que el
ejercicio de la religión, bajo ciertas circunstancias, constituye delito. El
cumplimiento de su deber religioso acarrea así a los fieles, el calificativo de
criminales, simplemente como emergencia de situaciones políticas que, por
desgracia, hoy están lejos de ser excepcionales.
Uno de los casos más recientes es el de los Testigos de Jehová en Argentina. Por
sus creencias se niegan a honrar los símbolos de la patria. En consecuencia,
miembros de la secta han sido arrestados, a veces por decenas y la secta misma
ha concluido por sufrir prohibiciones.
207
religión
208
adquiere un carácter sagrado. Aquélla servirá de freno en cuanto sea aceptada la
religión a que se adjunta, con sus premios y sus castigos.
Las Iglesias, sobre todo cristianas, han insistido de manera permanente en los
aspectos sexuales, de la conducta; el catolicismo llega inclusive a imponer el
celibato de sus sacerdotes.
210
Frente a la opinión condenatoria de tales personas, suele el niño tratar de ocultar
sus faltas con el velo de la hipocresía y con el pretexto de no llegar al escándalo.
Pero este simple temor y las salidas aberradas que se buscan al instinto, suelen
agravar a su vez el cuadro de inestabilidad interna. Cosas todas que podrían
evitarse sin exceder los límites marcados por la religión; que aquí también, son
sus deformaciones, por ignorancia o mogigatería, las que causan el mal.
Fuera del beneficio que significa un freno fundado en la moral y la religión, éstas
ofrecen otros modos de prevención del delito.
Así, por ejemplo, las parroquias formadas como es debido crean el sentido de la
vecindad y de la ayuda mutua.
211
(17) Los ejemplos que podrían citarse al respecto, son inacabables Véase, a título demostrativo, el libro de Fernando Ortiz: Los Ne pos
Brujos - Hampa Afro - cubana. En la página 100 se explica la muerte de un niño para utilizar su cerebro en la curación de la
esterilidad de una mujer; en otro caso, la muerte se da para obtener algunas vísceras con las cuales elaborar ungüentos mágicos
(pp. 168 - 175). Nada que hablar de los casos en que se consultan daños ya hechos por tal o cual brujo que, a veces, se aducen
en la muerte del embrujador. Muchos casos pueden ser consultados por el lector, en las pp. 296 - 349 de la obra citada.
(18) Por lo que a nosotros toca, admiran las deformaciones que ha alcanzado el catolicismo que. sobre todo, en circuios del hampa, es
interpretado en provecho propio de mil maneras. Eso, en buena parte se debe a lo que ya creían los españoles, aunque aquí la
situación se ha complicado por las raras mezclas existentes de catolicismo y cultos primitivos de los indígenas. Recuérdese, a
este propósito, lo que trae esa deliciosa obra de Cervantes, "Rinconete y Cortadillo", de datos acerca de los delincuentes de aquel
tiempo y se verán cuántos puntos de contacto existen; allí, dos abispones (encargados de espiar y preparar el camino para los
robos), son ancianos de buena y honrada presencia; Monipodio, jefe de la asociación dice de ellos que "era la gente de más o
tanto provecho que había en su hermandad y que de todo aquello que por su industria se hurtaba llevaban el quinto, como su
Majestad en los tesoros; y que, con todo esto, eran hombres de mucha verdad, y muy honrados, y de buena vida y fama,
temerosos de Dios y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña devoción"; una ladrona deja la ropa hurtada en su
casa y va a encender un vela al santo de su devoción. Acerca de esto de pedir ayuda al cielo para cometer algún desaguisado,
mucho podría decirse, entre otras cosas, que no es propio sólo del hampa ni de los incultos.
(19) Por ejemplo, la consistente en otorgar respeto y reconocer poder a imágenes por sí mismas. Hace, algunos años estuvo a punto
de desencadenarse una sublevación porque se quiso trasladar momentáneamente la imagen de la Virgen de Copacabana hasta
La Paz. Y en esta ciudad, el traslado del cuadro del Señor del Gran Poder a un templo más amplio, motivó la "piadosa" reacción
de los vecinos de la primera capilla, hasta el extremo de blandirse armas, atropellar a policías y ocasionar algún herido y decenas
de contusos.
(20) Taft, ob. cit., pág. 217.
(21) Desde luego, el tema tiene también importancia en Criminología ya que ésta, en resumidas cuentas, trata de determinar hasta
dónde ciertas causas naturales pueden anular al libre albedrio -que nunca es absoluto- y empujar hacia el delito con mayor o
menor intensidad y eficacia.
212
CAPÍTULO CUARTO
EDUCACIÓN
ESCOLAR
La escuela es uno de los ambientes por los cuales el niño está rodeado desde sus
más tiernos años; ingresa en ella en momentos en que posee un alma
esencialmente moldeable y en que la imitación tiene especial relieve; continúa en
los años en que se abren los horizontes del conocimiento; sigue cuando se
plantean los grandes problemas de la vida social, de la responsabilidad personal v
de la procreación. Allí forma sus primeros grupos de amigos y recibe el legado de
las tradiciones y los conocimientos propios de su tiempo y lugar. Allí se le señalan
los ideales de la vida. Allí se le proporcionan los instrumentos de que ha de
valerse para lograr su adaptación en la edad adulta. Pero también, ya en la
escuela puede mostrarse como persona adaptada o desadaptada y puede adquirir
conocimientos, costumbres y tendencias que posteriormente lo conduzcan a actos
antisociales y criminales.
213
existe; casi nos sentiríamos inclinados a decir que ella, es sólo excepcional. A
veces la familia
214
no cumple debidamente su misión y es la escuela la que debe tratar de suplir las
deficiencias educativas hasta reducirlas a un mínimo; otras, es la escuela la que
funciona mal y lejos de cooperar con la familia, anula los esfuerzos moralizadores
de ella, predica otros ideales o permanece neutra e indiferente, provoca
desconcierto en las mentes infantiles y juveniles y concluye por deformar en vez
de formar; por fio, existe el caso -más frecuente de lo suponible- en que la familia
y la escuela carecen de voluntad o de capacidad, o de ambas, para educar al niño
de modo que desde tales fuentes no llegan a niños y jóvenes los medios que ellos
necesitan para su adaptación social.
215
adecuadas para contribuir seriamente a
216
mejorar las costumbres y disminuir el delito. El segundo punto de vista adquirió
relieve cuando se formaron las primeras estadísticas acerca de las relaciones
entre la alfabetización y la delincuencia, como si la primera fuera un índice capaz
de medir la eficacia real o posible de la escuela; así se malentendía la función
escolar porque se la amputaba, se la reducía a la cáscara, aunque hay que
reconocer que, en muchos casos, no es otra ni mayor la obra que la escuela lleva
a cabo (2).
Ya Lombroso anotó sagazmente que la educación escolar puede servir tanto para
aumentar como para disminuir la delincuencia. De manera general, la escuela,
muestra del grado de civilización, ocasiona una disminución de los delitos feroces,
pero aumenta el número de los de otra naturaleza. Fue Lombroso quien hizo notar
que los adelantos científicos transmitidos por la escuela no traen necesariamente
consigo la capacidad requerida j-ara servirse de ellos moralmente (3).
Al filo de nuestro siglo, Niceforo afirmaba que los analfabetos tienden a los delitos
de violencia, mientras las personas cultas se inclinan a los delitos fraudulentos (7).
218
siguiente: "Es inútil repetir lo que se ha dicho de todos modos respecto a la
ineficacia, demostrada hoy, de la instrucción primaria, considerada en si misma y
abstracción hecha de la enseñanza religiosa y moral. Este resultado no puede
sorprendernos. Aprender a leer, a escribir, a contar, a descifrar, algunas nociones
elementales de geografía o de física, no contradice nada las ideas sordas que
envuelven las tendencias delictivas, no combate en nada el fin que ellas
persiguen, no basta para probar al niño que hay mejores me-dios que el delito
para alcanzar ese fin. Esto puede únicamente ofrecer al delito nuevos recursos,
modificar sus procedimientos, advertirlos en menos violentos y más astutos y, en
ocasiones, fortificar su naturaleza. En España, donde la proporción de los
analfabetos en la población total es de dos terceras partes, no participan más que
por una mitad, sobre poco más o menos, en la criminalidad" (8). Véase cuánto de
lo transcrito puede también aplicarse a la instrucción secundaria y al total sistema
actual de educación escolar.
Por eso, los autores modernos participan, en general, de estas reservas; para
hacerlas no se basan, se sobreentiende, en el ideal de escuela que se puede
estudiar en los libros, sino en su real influencia actual, comprobada por medio de
estadísticas, en lo que toca n repercusiones criminales.
Gillin, guiándose por las estadísticas estadounidenses del año 1923 (primer
semestre), halló que entre los internados en presidios y reformatorios los
analfabetos constituían los siguientes porcentajes según los diversos tipos de
delitos: asalto, 24%; homicidio, 19,7%; violación de leyes antialcohólicas, 17,3%;
violación, 14,3%; violación de leyes sobre estupefacientes, 11,5%; violación de
domicilio, 10,8%; hurto, 5,9%; robo simple, 6%. Pero los porcentajes quedaban
muy debajo en los siguientes delitos- abuso de confianza, 1%; falsificación, 2,9%
y
219
fraude, 2,6%. Estas cifras pueden compararse con las del analfabetismo en la
población estadounidense normal de entonces que era del 7,1% (9).
A ello pueden agregarse otras observaciones; por ejemplo, Fontán Balestra halla
que entre los condenados se encuentran pocos que hubieran recibido una
educación esmerada los Glueck, en sus estudios tantas veces citados,
encontraron como característica un notorio retardo en la educación (11).
En tercer lugar, hay que reconocer que algunos tipos de delitos, sobre todo
fraudulentos, suponen una cierta preparación en quienes los cometen; por lo
menos, esa preparación tienta y favorece su comisión; así sucede, por ejemplo,
con las quiebras fraudulentas, las malversaciones, los abortos, etc.
220
Entre los problemas ligados con la criminalidad, se halla el de los alumnos que
repiten cursos o que abandonan sus estudios antes de concluirlos y sin razones
legítimas. Las estadísticas muestran que los repitentes de cursos dan mayor
delincuencia que quienes los vencen normalmente; se ha advertido una relación
directa entre el número de reincidencias y la repetición de cursos (12). Lo mismo
ocurre con los que abandonan los estudios, al extremo de que esta característica
constituía uno de los puntos en el sistema alemán de pronóstico.
Pero hay que evitar sacar conclusiones precipitadas de los hechos anteriores y
pretender establecer una relación inmediata y sin complicaciones entre el fracaso
escolar y la delincuencia. Con frecuencia, la causalidad es mucho más compleja.
Desempeñan papel notable la carencia de inteligencia, la falta general de
adaptabilidad, malas condiciones familiares, variados factores extraescolares,
anormalidades mentales, etc. Además, suele ocurrir que el propio instituto
educativo provoque reacciones destructoras y conflictos, por su mal
funcionamiento.
Lo anterior puede aplicarse también para los casos en que se trata de problemas
de disciplina más que de rendimiento. Todo ello, sin olvidar los caracteres propios
de la edad evolutiva en que se encuentran los estudiantes.
221
Es error persistente, como dejamos ya dicho, que se hable exclusivamente de la
alfabetización como panacea de los majes que sufrimos en todos los órdenes;
error
222
que se comete también en algunas de nuestras prisiones con sus cursillos de
alfabetización que ni logran ni pueden lograr la rehabilitación de los penados; en
este sentido, lo que en su tiempo dijo Tarde, no ha perdido actualidad.
223
Octavo Boy Scouts (recién organizados) 58,1
224
Noveno Escuela Pública 56,8(13)
El propio Gillin advierte que el índice de honestidad en el primer grupo fue sólo el
apuntado, porque en él existían algunos muchachos recién ingresados; entre los
que habían pertenecido al grupo los dos años, el promedio fue del ciento por
ciento.
225
generalmente, hoy, la familia o no quiere o no puede tomar esta tarea a su cargo.
Los asistentes religiosos suelen ser escasos y muchas veces, se hallan cohibidos
226
por no se sabe qué razón para ser francos. Como agencia supletoria, y para evitar
males mayores, queda sólo la escuela; si ésta tampoco cumple la misión dicha no
nos llame la atención que el niño recurra a condenables fuentes de información: el
cine y la revista pornográficos, el compañero mayor al que se supone más
enterado y que sólo es más corrompido, las relaciones sexuales resultantes de la
incitación de los compañeros o de la curiosidad insatisfecha, etc. La escuela a
duras penas podrá ayudar algo en ciertos casos: los profesores no suelen estar
preparados para dar una educación de este tipo, no siempre cuentan con la
confianza de sus alumnos, no conocen la psicología de ellos y suelen no tener
tiempo porque este tipo de educación ha de darse, en sus puntos más delicados,
de manera individual, supuestas las diferencias de alumno a alumno; las clases
colectivas sólo pueden darse para el término medio; éste puede provocar
escándalos y hasta traumas en los más delicados, mientras hará sonreir
burlonamente a los que se consideran más enterados. Muchos delitos, y no sólo
sexuales, podrían evitarse si se lograra una racional colaboración entre las
distintas agencias educativas para resolver este delicado problema; racional
colaboración que supone una previa superación de la hipócrita gazmoñería con
que se encaran corrientemente los hechos sexuales y de la moral puramente
negativa que se predica y que suele llevar a que niños y jóvenes se formen
sentimientos de culpabilidad injustificados que pueden terminar en verdaderas
neurosis.
227
b) Falta de educación social y política. El tema pudo también ser desarrollado en
el acápite anterior ya que en el fondo la responsabilidad social y política entroncan
directamente con la moral gcnerai -pues no cabe el introducir una división tajante y
menos contradicciones entre la moral general, la privada y la pública-. Pero el
tema es suficientemente importante como pira que se justifigue el dedicarle
párrafo aparte.
228
los de poca inteligencia; los primeros holgazanean, mientras los segundos
fracasan y se desalientan (14).
229
embargo, hay que ponerlas en tela de crítica, pues ese incremento puede deberse
230
o a que han aumentado los tipos penales, que cada vez cubren más áreas, antes
penalmente indiferentes, o a que se ha perfeccionado el funcionamiento de los
tribunales y de la policía.
Las razones para el aumento de criminalidad son tantas que resulta tarea punto
menos que imposible el hacer un análisis detallado de todas ellas. Por eso, en un
intento de resumir y sin la pretensión de agotar el tema, podemos ofrecer las
siguientes causas, como las que fundamentalmente permiten explicar, sobre todo
actuando en cooperación, la cantidad y calidad de la criminalidad civilizada actual:
3.- Las ocasiones ofrecidas por el mayor contacto social, han crecido en
intensidad y número: por ejemplo, las transacciones comerciales o las reuniones
sociales y aún las meras aglomeraciones. Estas ofrecen la tentación del
anonimato.
4.- Pérdida de fe en las normas éticas y religiosas, lo que ha ocasionado que más
personas deban sufrir la represión legal porque no basta para ellas la de su
231
conciencia.
232
5.- Organización económica defectuosa, qué choca contra la naturaleza humana -
como la colectivización forzosa comunista- o contra las nociones de justicia
difundidas por la educa ción obligatoria y la expansión de los medios de
propaganda. Crisis de producción periódicas que causan desempleos en masa.
6.- Vida cada vez más rápida y nerviosa y llena de ambiciones, todo lo que estraga
el cuerpo y desequilibra el espíritu, frente a tentaciones urgentes hacia el delito. Es
probable que nunca como ahora, ni siquiera en los momentos de mayores crisis
en las civilizaciones decadentes, haya existido tal proporción de desequilibrados
mentales.
7.- Inestabilidad política que, por la existencia de grandes estados, involucra cada
vez más a mayores sectores de población. Pasos frecuentes de los extremos de la
anarquía a los de la dictadura.
9.- Familias cada vez más incapacitadas para cumplir coa su función socializadora.
10.- Excesivo materialismo que ha convertido al éxito en la medida del valor de los
actos.
14.- Medios de diversión y propaganda -prensa, cine, radio, televisión, etc.- cada
vez mis poderosos y que no cumplen fines educativos, sino que se desarrollan
principalmente con miras al éxito económico, sin mucha atención a los medios
233
empleados para idcanzarlo.
234
15.- También, como arriba dijimos, hay que tomar en cuenta el perfeccionamiento
de las policías, cuyo aparato científico permite, descubrir y probar más delitos.
Esta no es causa de aumento de la delincuencia, sino de que más delitos sean
recogidos por las estadísticas.
(1) Tomando un punto de vista distinto, en su obra Criminología y educación, Fontán Balestra emplea este término en su sentido más
amplio como se deduce de los temas tratados allí.
(2) No se critique a los fundadores de la Criminología, esta toma de posición al parecer estrecha. No la han abandonado hoy ni
siquiera algunos educadores; buena prueba de ello es la prédica acerca de la alfabetización, que se lleva a cabo en nuestro país;
como si la alfabetización, por si sola, fuera capaz de transformar radicalmente al individuo y. consiguientemente, al país.
(3) V.: Le Crime, pp. 130 - 138.
(4) V.: Sociología Criminal, I. pp. 216 - 217.
(5) V.: Criminología, pág. 156.
(6) Id. Id., pág. 157
(7) En la Transformación del delito, pp. 43-50.
(8) Filosofía Penal, II. Pág. 121.
(9) Gillin: Criminologu and Penology, pp. 164-
165. (10) V.: ob. Cit., pp. 91-92.
(11) V.: Later Criminal Carcers, pág. 4.
(12) V.: Goeppinger, Criminología, pp. 255-256.
(13) Ob. cit., pág. 167.
(14) V.: New Horizons in Criminology, pág. 226
(15) V.: ob. Cit., pág. 3.
(16) Mariano Ruíz Funes en sus Conferencia, publicadas en la Revista Penal y Penitenciaria, vols. IX y X, pág. 124.
235
CAPÍTULO QUINTO
Nada de extraño tiene, entonces, que se haya descutido acerca de las formas en
que los medios de comunicación social pueden causar el delito, tomando en
cuenta que esos medios constituyen hoy uno más de los ambientes de que el
hombre está inevitablemente rodeado.
Este fenómeno social, que se ha desarrollado sobre todo el presente siglo, ofrece
doble cara por un lado, se piensa, puede servir para aumentar el delito; pero, por
otro, es capaz de contri buir a evitarlo y prevenirlo. Hay quienes opinan que, dados
los caracteres presentes de los medios y algunos de sus excesos, es probable que
los efectos nocivos sean mayores que los beneficiosos.
236
comerciales que buscan ante todo el éxito económico. No prestan mucha atención
237
a los métodos aptos para alcanzar ese objetivo. De hecho, por ejemplo, hay
empresas editoriales o cine-matográficas expresamente dedicadas a la difusión de
la pornografía. Én estas condiciones, no será raro cue se generen influencias
negativas, capaces de causar delitos. Los medios que tienen fina-lidades
especialmente ideológicas no son hoy, usualmente, los que consiguen mayor
difusión de sus productos.
Dada la variedad de temas que exponen los medios de comunicación social, son
también variadas las formas en que pueden influir en el delito; pero, entre ellas,
han sido destacadas principalmente dos; las crónicas rojas y el erotismo. Las
primeras involucran sobre todo lo referente al delito, a sus formas de comisión y
aspectos derivados, como la actuación de la justicia criminal y de la policía. La
segunda toca al tema de la sexualidad no sólo expuesto de manera indiferente
sino con el claro propósito de despertar los instintos.
No se trata sólo, de los casos en que influyen en algunos delitos, sino de aquéllos
otros en que, son medio para cometerlos; tal sucede, por ejemplo, en la apología
del delito e incitación al mismo, libelos, insultos, calumnias, incitación a resistir
mandatos legales, etc., etc.
Se ha dicho que los medios de comunicación son beneficio con las noticias que
dan sobre delitos, porque mantienen alsi la atención pública, despiertan el celo de
policías y fiscales y cosu trolan los fallos judiciales. No puede menos que
reconocerse la verdad de lo alegado en muchos casos especiales. Sin embargo,
un análisis desapasionado de las influencias dimanantes de la exagerada
publicidad dada al delito, prueba que ellas son más bien, perjudiciales porque,
descontados algunos casos excepcionales, se concluye por no dsr importancia al
delito, tal como nos sucede con los hechos de la vida diaria; así, el delito no
despierta en los ciudadanos la reacción que debería.
239
éxito merecerá columnas y columnas: quizá hasta el honor de ocupar buen
espacio en las noticias internacionales. En vista de estos ejemplos, es lógico que
muchos criminales y honrados decidan arriesgarse, como el común del público
arriesga unos pesos a la lotería u otro juego, pues se hace propaganda alrededor
de quienes se volvieron millonarios de la noche a la mañana, pero se calla lo que
sucede a millares de personas que pierden mucho más que lo que ganan.
241
delincuente nato, degenerado, perverso, incorregible, etc., crea un ambiente
desfavorable aún antes de que se averigüe la verdad total; suele así llevarse a que
el público se incline por medidas draconianas para sancionar a tal o cual persona.
La prensa puede contener crónicas que son un llamado a los más bajos impulsos
del hombre y a sus tendencias morbosas. Es claro que la narración puede
aumentar su poder cuando va acompañada de gráficos y fotografías. Piénsese,
por ejemplo, en ciertas notas acerca de descuartizamientos posteriores a
violaciones, en violaciones de niños de corta edad, en marcas hechas por
venganza (5), y se nos dará razón.
Entre los hechos recientes, podemos citar el denominado caso Suxo, por el
apellido de un anciano que violó y asesinó a una niña de cuatro años. La presión
de los medios de comunicación social fue tal que, en uno de los casos rarísimos
de nuestra historia judicial, desde el comienzo del juicio hasta el fusilamiento del
culpable, apenas transcurrieron algunos meses. Los tribunales se creyeron
obligados a
242
acelerar los trámites y a dalles prioritaria atención sobre cualesquiera otros. Pese
a síntomas claros de anormalidad mental del culpable -entre esos síntomas, el
propio delito y su forma de comisión- se prescindió de todo informe psiquiátrico.
Dado el ambiente que se creó, hubiera sido imprevisible la reacción general si, por
causa de anormalidad grave, no hubiera sido impuesta la pena de muerte o ésta
hubiera sido conmutada.
Nada digamos de algunos prejuicios ya existentes. Por ejemplo, los que tocan a
diferencias de razas con la consabida creencia en la superioridad o inferioridad de
ellas: un grupo es presentado poco menos que como impecable, mientras todos
los delitos atroces se ponen a cargo de otro u otros. Así, entre nosotros, tiempo
hubo en que las rebeliones indígenas, con su secuela de homicidios y
destrucciones, eran narradas con lujo de detalles; pero se ocultaba
cuidadosamente lo referente a los antecedentes desencadenantes, de los cuales
en la mayoría de los casos no eran culpables los indios, sino las actividades de
blancos y mestizos: y se callan casi sistemáticamente los atropellos, por desgracia
frecuentes entre nosotros, que blancos y mestizos de las ciudades cometen en
ocasión de motines y revoluciones. Con propaganda de este tipo, nada raro es
que aun gente sensata hable sin más
243
de la barbarie de los indígenas. El contrapeso está dado por los casos en que los
delitos son cometidos por ellos y se los pasa en silencio y aun se los muestra
como casos heroicos.
3.- CINE Y DELITO. El cine es un nuevo ambiente por el cual vivimos rodeados
por lo menos por un par de horas semanales; sobre todo en las ciudades ha
desplazado, y con mucho de ventaja en cuanto a concurrentes, a los otros medios
de pasar el tiempo.
Basta el sentido común para comprobar que el cine ejercc una gran influencia,
sobre todo en los niños y las mujeres. Nos presenta escenas de asesinatos y de
vida fácil como resultado de los mismos o de asaltos y robos; muestra
gráficamente, con mucha mayor vivacidad que la prensa, la forma en que se
pueden cometer delitos y rehuir la posterior persecución policial. Da falsos
modelos de relaciones entre ambos sexos, modelos que al ser imitados en la vida
real, ocasionan graves peligros. Crea odios entre clases sociales y entre pueblos,
así como espíritu de intolerancia, por medio de, falseamientos de la realidad con
fines de propaganda.
244
pone
245
en mera función de propaganda de ciertas ideas y de ataque contra otras; aquí
también reina la exageración cuando no la mentira lisa y llana.
Los sectores más impresionables de la sociedad -entre los cuales están los niños
y jóvenes- encuentran por estas razones, mucho más de perjudicial que de
beneficioso en las películas que van a ver. No son excepción de lo dicho los
programas que se les dedican especialmente, pues ellos casi nunca tienden a
moralizarlos, sino simplemente a divertirlos y corrientemente con medios de
inferior calidad: en esos programas abundan las escenas de combates, aventuras
disparatadas, bandidos y policías. Para comprobar la persistencia de lo que allí se
ve, basta darse una vuelta por nuestros barrios y observar a qué juegan las
pandillas infantiles: de allí podremos deducir enseguida cuál es el tema y cuáles
los personajes de la serial de moda. Esto sin contar el agotamiento nervioso que
ocasionan películas de tensión y terror, que están entre las favoritas para integrar
programas para niños y jóvenes.
Las estadísticas por ellos publicadas "... establecen que el 49% de los
delincuentes varones estudiados sostuvieron que el cine les despertó el deseo de
portar un arma de fuego; 28% que el cine les enseñó métodos de robar; 21%, que
246
aprendieron
247
formas de burlar a la policía; 12%, que fueron alentados a emprender actos
aventureros porque habían visto en el cine representados delitos similares; 45%,
que se formaron nociones de dinero fácil, partiendo de las películas vistas ..." (8).
En general -y esto vale para todo el presente capítulo- habrá siempre que tener en
cuenta la receptividad de los espectadores -u oyentes y lectores- porque la simple
observación diaria nos muestra que las personas son diversamente afectadas por
los mismos hechos. No es sostenible que el cine, la prensa, la radio o la televisión
creen una personalidad proclive al delito; corrientemente se tratará más bien de
circunstancias que facilitan la explosión de tendencias ya existentes o de
ocasiones que se ofrecen porque se ha descubierto un método apto para darles
salida. A veces, para formarnos clara idea de los procesos que se han
producido, será
248
inclusive necesario salirse del campo de la psicología normal, para entrar en el de
la anormal.
Entre los aspectos positivos, se cita que retiene a los niños y jóvenes en el hogar
evitando que se queden deambulando por las calles o integrando bandas. Une a
las familias en la casa. Los programas son más vigilados y, allí donde es
manejada por entidades públicas educativas, los objetivos suelen ser más altos
que en otros medios de comunicación social.
249
Aunque lo que se ha dicho respecto a éstos en general, es aplicable a la
televisión, faltan estudios específicos convincentes acerca de su acción en el
campo criminal. Es, por ejemplo, poco lo que puede concluirse del estudio dirigido
por Halloran y otros (10).
(1) V.: Principies of Criminology, pág. 173. Entre nosotros, donde la prensa que vive del sensacionalismo y el escándalo no es la de
mayor circulación, el fenómeno sólo se ha presentado de tanto en tanto; comprada cuan lo existe, su ausencia no fue jamás
notada; lo que puede interpretarse como que ella está lejos de ser una necesidad y que es ella la que despierta la afición, más
que la que viene a satisfacer una preexistente.
(2) (Este párrafo ha sido inspirado sobre todo por la obra de Taft, Criminology, pp. 200 - 206.
(3) Ob. ett., pp. 201 - 202.
(4) Ejemplos extraídos de la realidad y sumamente instructivos pueden verse en Sutherland, ob. cit., pp.169 - 171 y en Barnes y
TeeMrs: New Horizons in Criminology, pp. 228-229.
(5) Mucho se ha discutido entre nosotros, acerca de las noticias publicadas -con fotografías-, sobre un grupo de homosexuales.
¿Se atreverá alguien a sostener que esos artículos, sobre todo dada la forma de presentación del tema, ayudan a la sociedad?
(6) V.: ob. cit., pp. 231 -232.
(7) V.: Léauté, Crimino lo fie et Bdnet Péaitendi pp. 384-407. donde se exponen resúmenes de los estudios más recientes.
(8) Citados por Barnes y Teeters, ob. cit., pág. 234.
(9) Ibidem, pp. 234.
(10) V.: Léauté. ab. dt, pp. 395 - 396.
250
CAPÍTULO SEXTO
EL FACTOR ECONÓMICO
Puestas así las cosas, es imposible no ver de antemano, que el factor económico
ha de tener enorme repercusión en la conducta humana general, incluyendo el
crimen. Lo mismo sucedía con lo religioso en la Edad Media, o los nacionalismos
del siglo pasado. Asuntos que tanto apasionan y tan profundamente dividen a los
grupos, no pueden menos que conformar la psique individual para dirigirla, en
unión con otras fuerzas, en tal o cual sentido.
251
deflaciones; alzas de precios y baja real de los salarios; clima de descontento
propicio al desorden y tantas otras condiciones sociales que sin duda se hallan
estrechamente ligadas con el régimen económico, aunque no esclusivamente con
él. Con sólo recordarlas, ya podemos prever la importancia que el factor
económico ha asumido en nuestra cultura y la forma e intensidad con que puede
repercutir sobre el delito.
Ya el siglo pasado, von Mayr creyó descubrir una estrecha relación entre el precio
del trigo y el número de hurtos; para él, cada real de aumento en el precio del
primero se manifestaba en un hurto más; y al revés, cuando el precio del trigo
descendía.
252
Estudios realizados en otras partes sobre el cereal más importante en la
alimentación parecieron apuntalar de tal manera la tesis de von Mayr como para
253
convertirla en verdad indiscutible. Investigaciones más modernas han calificado de
excesivamente simplistas las conclusiones de aquél y se han fijado en otros
índices, como más importantes. Quizá la necesidad de tomar puntos de referencia
más complicados se deba a la naturaleza de la economía de este siglo que impide
atenerse a un solo dato (1).
Volviendo a la afirmación de von Mayr, Exner hace notar que algunas veces la
escasez puede disminuir el número de delitos; así, por ejemplo, en la primera
postguerra, la malta y la cerveza eran caras y de mala calidad; por tal razón, se las
consumía menos y se produjo una baja en la delincuencia causada por el
alcoholismo (3). Al mismo tiempo, hace notar la interferencia que pueden significar
factores distintos a la mera alza en el precio del trigo o de otro producto
fundamental; por ejemplo, no se puede descuidar, como valor comparativo, el del
poder adquisitivo del salario; si se compara este poder adquisitivo con el índice de
hurtos, puede comprobarse una casi exacta relación inversa (4). En la apreciación
de la pobreza y de la baja de los precios hay que considerar también los casos de
desocupación colectiva; entonces hay precios bajos; sin embargo, sus influencias
beneficiosas sobre la criminalidad son anuladas y hasta superadas porque no se
cuenta ni siquiera con lo necesario para cubrir esos precios bajos (5).
Como una derivación de este método, se halla aquel otro que pretende probar la
importancia de la pobreza en la causación del delito, demostrando que existe,
entre los delincuentes, mayor número de pobres que de personas acomodadas o
ricas. Se podrá argüir que eso se debe a que también en la sociedad, en general,
las personas de situación acomodada o ricas son numéricamente menos. Sin
embargo, Barnes y Teeters han demostrado que los delincuentes pobres son
también relativamente más que en la colectividad.
254
Estos datos tienen, sin duda, mucho peso; pero hay que guardarse de otorgarles
valor decisivo en demostración de la tesis, ya que los pobres, en general, se
inclinan a delitos violentos, más fáciles de descubrir y probar, mientras las clases
acomodadas tienden a la criminalidad fraudulenta, fácil de encubrir y difícil de
probar (6). También existen diferencias notables en cuanto a los recursos de que
pueden valerse ante los tribunales, sea en cuanto a influencias que pueden ejercer
o a la calidad de la defensa que asumen.
Los autores recién citados recuerdan también una opinión de Burt que merece ser
tenida en cuenta. Burt considera que existe, como causa de delincuencia, una que
podría llamarse pobreza relativa o sea la insuficiencia de los medios en relación
con los deseos y las ambiciones (7); así se dan delitos que obedecen al ansia de
figuración, al lujo desmedido, más que a la pobreza tal como usualmente se la
entiende.
La dificultad en establecer los limites exactos dentro de los cuales se mueven las
influencias de la pobreza no debe llevarnos a desconocerlos. Pesan y a veces
decisivamente en la comisión de delitos, si bien no siempre de manera tan directa
que sea fácil trazar la relación de causalidad. Ya Parmelee lo destacaba al decir
que la pobreza opera a través de la mala habitación con todas sus consecuencias
dependientes, de la desnutrición, disgregación de la vida familiar, carencia de
descansos adecuados, pocas posibilidades de progreso cultural, enfermedades
que no son bien combatidas, etc. (8).
255
sostenimiento de instituciones de asistencia social; el 60% vivía en condiciones
límites, o sea con la ganancia del propio día sin ahorrar nada o muy poco (los
autores hacen notar que no se trataba de un período de crisis). En el 28% de los
casos también la madre tenía que trabajar; casi el 60% de las familias estudiadas
habían tenido que tratar con instituciones de asistencia, sobre todo de ayuda (9).
256
conduzcan a
257
muchos a cometer delitos de los cuales, de otro modo, se hubieran mantenido
alejados. En relación con estos fenómenos y tentaciones, hay que observar que
parece más peligrosa que la pobreza continuada, la que se presenta como
consecuencia de cambios bruscos, sobre todo en sectores sociales enteros que
estaban acostumbrados a un cierto bienestar (11).
Lugar preferente merecen las repercusiones psicológicas de las crisis. Los obreros
parados se vuelven nerviosos, irritables, prontos a la reacción violenta o
totalmente abatidos; pero aún en el abatimiento, y a través de mecanismos fáciles
de comprender, suelen presentarse momentos explosivos; se despiertan
sentimientos de repudio hacia la sociedad; el padre y el marido pierden su
autoridad de tales, toda vez que no pueden cumplir sus funciones de
mantenedores del hogar; los esposos suelen separarse, mientras uno busca
trabajo lejos del hogar; éste se coloca en vías de deshacerse, porque los hijos se
lanzan a la calle, donde integran pandillas infantiles y juveniles dedicadas a robar
para obtener lo que el hogar no les da. La ayuda oficial que en casos graves suele
crearse, conduce al abatimiento, al fatalismo, a la crítica que a veces llega al
terreno de los hechos, a la desilusión, a la vergüen-za; y no sólo en los padres,
sino también en quienes de él dependen; por eso apenas puede ser considerada
como una ayuda material que deja pendientes multitud de problemas (12).
258
"1. No hay ninguna relación estrecha entre la tendencia de todas las ofensas
acusables y los delitos sin violencia contra la propiedad, y el ciclo de los negocios.
3. La conexión entre los delitos contra las personas y el ciclo de los negocios es
muy pequeña" (14).
Para ihterpretar la no alza de los delitos fraudulentos en las crisis, hay que
recordar que en tales períodos decrecen el ritmo y el volumen de los negocios, la
gente se vuelve más precavida y se ofrecen, en general, menos oportunidades
para cometer esa clase de delitos. Lo contrario sucederá en los momentos de
auge económico.
259
una distinta calificación jurídica para las mismas. Además, como las crisis suelen
260
presentarse a modo de incubadoras de conductas antisociales y de gérmenes
capaces de trastornar el orden vigente, la eficiencia y dedicación de las policías
aumentan; los jueces se tornan más rígidos; por eso, no todo aumento en las
estadísticas puede corresponder a un aumento real de los delitos, sino
simplemente a que es mayor el número de los descubiertos y de los sentenciados.
261
4.- PROSPERIDAD Y DELITO. Desde antiguo, pudo comprobarse que las
condiciones sociales tienen influencias contradictorias; si la pobreza, las crisis
periódicas, la desocupación favorecen la aparición de ciertos tipos de delito, es
también verdad que la prosperidad, social c individual, provocan el incremento de
otros tipos delictivos.
Ya Lombroso hacía notar que el buen salario ocasionaba el que los obreros
bebieran más y cometieran, por tal razón, más delitos violentos (19). También
observó que la riqueza posee su criminalidad peculiar pues ofrece determinadas
oportunidades y especiales incentivos entre los cuales no deben descuidarse las
mayores probabilidades de impunidad (20).
Ya el simple sentido común nos inclina a creer que las estafas, las
defraudaciones, los fraudes en general, aumentan en los períodos y entre las
personas prósperos; allí se presenta la oportunidad para cometerlos. Por otra
parte, es en las clases económicamente más poderosas donde se dan delitos
típicamente capitalistas, tales como destrucción de materias primas para lograr
alzas de precios, propaganda desleal, trusts y monopolios, etc.
Mucha enseñanza se puede extraer de las etapas de auge eco-nómico por las que
recientemente ha atravesado el mundo a raíz del empleo total y de los altos
salarios alcanzados durante la guerra: eso desquicia el hogar porque sus
miembros se dirigen a los lugares de producción; los jóvenes se inician
prematuramente en el trabajo y ganan suficiente dinero como para que éste
resulte peligroso en manos inexpertas; se crea -como en la pobreza- un concepto
materialista de la vida con mengua de la moral y de las buenas costumbres.
Barnes y Teeters han demostrado, además, que es en las etapas de auee cuwido
florecen las pandillas de delincuentes; eso puede explicarse porque existen más
oportunidades de dinero fácil y menos desconfianza de parte de las personas que
262
poseen bienes; confianza que sufre agudo retraimiento durante los períodos
depresivos (21).
263
clara.
264
5.- DELITOS ECONÓMICOS Y CAUSAS ECONÓMICAS. Se suelen calificar de
económicos los delitos que vulneran bienes de ese tipo. Pero es claro que, por un
lado, no toda la delincuencia económica tiene su origen en causas de igual
género; por otro, que la delincuencia no económica puede tener causas de ese
género. Esta verdad deriva necesariamente en otra: la supresión o alteración de
algunos factores económicos que hoy impulsan a la delincuencia, no traerá la
desaparición de ésta sino simplemente su transformación, disminución y, en
ciertos supuestos su aumento.
Por eso, como hace notar Exner, resulta ingenuo el tratar ds establecer la
importancia criminògena de la economía, correlacio-nando simplemente índices de
precios o del movimiento industrial o comercial, con los de la delincuencia, sobre
todo si sólo se toma en cuenta la que atenta contra la propiedad. La índole de la
causación es demasiado complicada para que pueda ser aclarada con
simplificaciones de este tipo (24).
6.- DELITO Y CAPITALISMO. Desde hace un siglo, y cada vez con mayor
insistencia, se ha difundido profusamente la idea de que un cambio radical de la
organización económica capitalista traerá por consecuencia reducciones también
265
radicales en la delincuencia, cuando no su desaparición total. Ya no se habla, por
tanto, de riqueza y pobreza, de períodos de auge o depresión, pero siempre
dentro del mismo sistema económico, sino de algo más, profundo como sería la
sustitución del propio sistema capita- listá, el cual resultaría así culpado de todos o
casi todos los males por que tenemos que pasar hoy.
266
Pero ese no es el problema, sino este otro: Modificado el sistema capitalista o
reemplazado por otro, el más justo posible, ¿desaparecerá el delito?
¿Podrá, por ejemplo, el factor económico reformado, evitar no sólo todos, sino
siquiera la mayoría de los delitos contra las personas, los delitos sexuales, los
delitos por celos, por ambiciones, por ansia de dominio, que corresponden en su
fundamento, a fuentes endógenas que ningún sistema social podrá borrar, o los
delitos culposos y de omisión?
267
capaces de empujar también al
268
delito, aunque fuera por medios y en direcciones distintas a las de las causas
existentes en el orden reemplazado. Una nueva sociedad, basada en un nuevo
ordenamiento económico, evitará muchas de las influencias nocivas actuales, pero
es seguro que creará otras, sin constituirse, por tanto, en una excepción histórica.
Ese ordenamiento tendrá sus propios bienes jurídicos que defender contra
ataques que siempre serán posibles, supuesto que nunca se logrará unanimidad
en la conducta de todos los miembros de la sociedad: la mayoría se mantendrá en
el terreno debido; pero otros, no. Muchas de las conductas antijurídicas podrán ser
reprimida por el derecho civil, comercial, etc.; pero los ataques más graves han de
producirse siempre y precisarán ser reprimidos por el medio enérgico del Derecho
Penal —se le llame así o no, porque aquí no es cuestión de meros nombres—; y
los individuos culpables serán verdaderos delincuentes, aunque se les llame
simplemente reaccionarios, enemigos de la sociedad, o de cualquier otro modo;
pues la palabra empleada no cambiará la realidad, que es la que nos interesa (29).
(1) Para von Mayr, V.: Hentig, Criminología, pág. 264; Exner, Biología Criminal, pp. 137 - 142.
(3) Ob. eit. pág. 130. A continuación hace notar, como lo haremos nosotros más tarde, que no toda la delincuencia económica es atribuible a
causas de ese tipo: y, viceversa, hay delincuencia no económica que puede atribuirse a causas de este tipo.
(4) Id. id., véase principalmente el gráfico de la página 145. La observación es tanto más digna de ser tenida en cuenta dado el proceso
inflacionista que casi sin excepciones vive el mundo desde hace tiempo.
(6) En ese sentido, ya Nicéforo: La Transformación del dettto, pp. 50-56. V.: Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp 205 - 206.
(12) Véanse: Hentig, ob. cit., pp. 259 - 262 y 269 - 271; también, Taft. Crtminology, pp. 125 - 129. El primero de los autores citados anota un
hecho que vale la pena sea reproducido. En la cárcel de Sing-Sing estaba un condenado a muerte; el alcalde Lawnes "recibió la siguiente
carta de un veterano de la guerra mundial desocupado: "Deseo morir en lugar de que será ejecutado la semana entrante si su familia
conviene auxiliar a mi mujer y a mis hijos por el resto de su vida. No he ganado un céntimo en los últimos dos años y estoy cansado de vivir
del socorro"; pág. 260, nota 44.
269
(18) V.: En tal sentido, Reckless, ob. cit., pág. 248.
158.
(23) Sobre este punto, puede verse: Exner, ob. cit., pp. 130-131.
(28) Citamos especialmente a este autor, porque dedica larga extensión al tema de la economía como causa criminal única; v. Introducción al
estudio de la Criminología, pp. 161-171.
(29) Ruíz Funes llegó a hacer la afirmación de que hay delitos debidos exclusivamente al medio, para agregar luego, más concretamente:
"Muchos delitos, desencadenados por el factor económico, como producto de situaciones individuales, engendradas por este factor, no tienen
nada que ver con la personalidad de sus autores", (Conferencias, pág. 134. El subrayado es nuestro). Esta afirmación es tan exagerada que
dudamos pueda ser compartida inclusive por marxistas extremos; ni está de acuerdo con afirmaciones acerca del origen múltiple del delito,
contenidas en la misma página y en otros numerosos lugares. Preferimos, por eso, aunque el párrafo citado sea claro y terminante,
entenderlo como una exageración de esas que, para llamar especialmente la atención, a veces se hacen en las conferencias, sin ánimo de
que sean tomadas al pie de la letra.
270
CAPÍTULO SÉPTIMO
LA POLÍTICA
No hay régimen político sin delincuencia debida al propio régimen. Pero sería
tarea punto menos que imposible el determinar cómo influye cada uno de los
sistemas que han existido y que existen en la superficie del globo. Es preciso
simplificar de alguna manera el estudio. Para ello, creemos que nada es tan
provechoso como fijarnos en las relaciones de deberes y derechos que existen
entre el individuo y el estado.
271
atentar contra el individuo sino más bien a asegurarle el recto mantenimiento de
sus intereses. En estos regímenes individualistas, es norma la libertad mientras no
lesione a otros intereses privados, y la iniciativa particular mientras no coarte la
ajena. Es el ideal perseguido por las denominadas democracias a las cuales, por
espíritu de precisión, debería agregárseles el calificativo de liberales.
Numerosas son las razones que permiten explicar estos fenómenos. Se han dado,
entre otras, las siguientes para explicar la disminución en los delitos comunes:
272
a) Las dictaduras crean ideales populares que arrastran a las mayorías y las
unen, facilitando el espíritu de cooperación y de sacrificio y formando un ambiente
contrarío al egoísmo.
d) Refuerzan las leyes penales, tanto sustantivas como adjetivas, las que
aumentan la intimidación; la simple sanción de una ley ya tiene la virtud de atraer
la atención del pueblo, pues para éste es aquélla la que determina la moralidad o
inmoralidad de las acciones; pero no basta dictar la ley para que automáticamente
se obtenga, por intimidación, un descenso de la delincuencia; que puede lograr
mucho sólo si esas leyes son eficaces, es decir, si se cumplen estrictamente; para
ello se agiliza el funcionamiento de los tribunales ordinarios, se crean otros
especiales y se forma un ambiente en el cual es convicción que el delincuente
tiene muchas más probabilidades de ser castigado que de escapar al castigo. Si
éste es tenido como segura consecuencia del delito, nada raro que descienda el
número de acciones criminales. Por eso, Exner se pregunta con razón, cuánto
descenderían los delitos si la gente tuviera la certeza de que a cada uno de ellos
le seguiría inmediata e ineludiblemente el castigo establecido (2).
273
En tales países, por la poca consideración que merecen lo derechos individuales,
pueden llevarse a cabo medidas de seguridad que serían imposibles o muy
difíciles en las democracias. Pensemos, por ejemplo, en las ocasiones en que los
delincuentes profesionales germanos eran, como medida preventiva, sujetos a
detención indeterminada, así como otros grupos que eran mantenidos, por simple
garantía, en estado de reclusión o de vigilancia especial. La esterilización, sobre
todo por delitos sexuales, y la castración existieron desde los primeros momentos
del régimen nazi y contribuyeron a dificultar y hasta imposibilitar la comisión de
algunos delitos (3).
274
edad y ofrecen
275
un ambiente en que se educa para la disciplina. En cuanto a los anormales,
existen mayores posibilidades que en las democracias, de que sean retirados
preventivamente de la vida ordinaria, con un simple trámite administrativo.
CUADRO I
Media
Crímenes y delitos en
I. Contra el estado y
300 273 212 189
el orden público
tra la moral 26 30 28 39
276
Asesinato 0,20 0,32 0,63 0,29
Lesiones corporales
66 46 28 32
graves
Hurto grave 49 49 30 26
Apropiación indebida 78 49 37 29
Estafa 115 90 78 64
Falsificación de docu-
25 18 16 15
mentos
Sin embargo, queda como contrapartida el incremento en los delitos políticos. Ello
se debe no sólo al hecho de que en los tiempos actuales el ansia de libertad es
invencible, sino a que se diclan toda clase de disposiciones con las cuales se
crean nuevos tipos delictivos, los que pueden ser aplicados generalmente por
analogía. Conductas que en un régimen democrático son lícitas por ser resultado
del lógico juego de intereses partidistas, son calificadas de traición, desacato o
sedición en un régimen dictatorial. Todo el nuevo orden es protegido con medidas
a veces draconianas.
277
278
La persona humana es desvalorizada; sus naturales derechos, desconocidos.
Sometida al estado, hasta la vida privada -que deja de existir como tal-, El
continuo temor de delaciones, malas interpretaciones, detenciones ante las cuales
no caben recursos legales de ninguna clase (5) crea un sistema de represiones
internas que concluyen o en anormalidades mentales, por causa de alguna tensión
insoportable, c en actos de violencia que son una sobrecompensación para el
miedo constante en que se vive.
Las propias estadísticas de delitos y de detenidos, suelen ser falsas, porque, sólo
incluyen a aquellos que han sido condenados por autoridades judiciales. Pero es
característico que en los estados dictatoriales, al lado del Derecho Penal
administrado por los jueces, se forme un derecho penal policial, cuyas sanciones
son aplicadas por las policías, a las que conceden una inmensa amplitud para
proceder en condiciones de "peligro social o político", sin temer la censura o
intervención de los tribunales ordinarioi. Los campos de concentración y de trabajo
forzado, es corriente que estén llenos de personas cuyo destino ha sido decidido
por la policía política, contra cuyas resoluciones no cabe recurso alguno. Otras
veces, ni siquiera existe un derecho penal administrativo: basta la mera costumbre
o el abuso de hecho que no puede ser contenido or las víctimas.
279
estadísticas ni sus autores son enjuiciados. Por lo demás, las autoridades no
brindan ninguna ayuda, no hacen ningún esfuerzo para que tales culpables sean
descubiertos.
A la luz de estas razones hay que examinar las estadísticas arriba mencionadas
sobre delitos comunes y al evaluar las que en-seguida se dan (cuadro II) sobre la
delincuencia política en el Tercer Reich.
CUADRO II
Número de delitos
280
orden público, religión, en total 151.961 137.084
281
Cuanto se ha dicho de los regímenes autoritarios se refiere, desde luego, a
auténticos sistemas, a algo orgánico que corresponde a ideologías bien
determinadas. No a los casos, frecuentes en América Latina y otras zonas
subdesarrolladas, en que no hay dictaduras sino simples tiranías personales o de
grupo, sin sistema ni ideología. Estos casos suelen combinar lo peor de todos los
regímenes políticos.
Podemos enunciar así las causas que provocan los caracteres del delito en las
democracias:
c) Inestabilidad social por las frecuentes luchas entre patronos y obreros, entre
sindicatos y empresas; estas contraposiciones dan lugar a la comisión de muy
variados delitos, que van desde la simple desobediencia a órtlenes legales, hasta
asesinatos y destracciones (7). Esta inestabilidad se debe en buena parte a que
en
282
las democracias liberales tienden a agrandarse las distancias que separan a las
distintas clases.
d) Poca vigilancia por los intereses del Estado, explicable donde predomina el
individualismo; por eso suelen cometerse defraudaciones y malversaciones en
mayor cantidad.
Desde luego, también existe una corrupción administrativa en las dictaduras; pero
en éstas no se debe a la necesidad de asegurarse cargos ante elecciones en que
se juega todo, sino precisamente a la omnipotencia de los funcionarios que,
mientras cuentan con el apoyo de sus superiores, se creen impunes y cometen
toda clase de atropellos y exacciones; el dictador y sus secuaces suponen una
protección tan segura como la de los caciques políticos; pero en las democracias
nunca faltan críticas públicas.
283
contraponen» a veces violentamente, por obtener el triunfo. Fraudes electorales,
cohechos, intimidaciones, están lejos de ser raros.
j) Descuido de las generaciones jóvenes, sobre las cuales las autoridades ejercen
una supervigilancia mucho menos estricta y a la cual suelen prestarse menos
atenciones, principalmente del tipo educativo, que en las dictaduras.
Pero los delitos políticos disminuyen; sobre todo aquéllos no vinculados con la
defensa del estado como tal (ejemplo, el de sedición o resistencia a las
autoridades), sino los creados en defensa de tal o cual partido o ideología. Las
actitudes, y no sólo ideas discrepantes y de oposición, existen, pero no se hallan
cubiertas por el Derecho Penal; con lo cual se da una causa formal que explica el
escaso número de este tipo de conductas.
La persona humana obtiene una valoración más alta, así como su libertad, en todo
lo que no dañe a la sociedad; este daño es concebido dentro de límites más
estrechos que en las dictaduras.
La vida se desarrolla dentro de una normalidad mayor porque no existe temor ante
abusos de las autoridades y, en todo caso, existen mecanismos legales para
284
recurrir
285
contra ellos. Estas razones son tanto más de tomar en cuenta, si el número de
delitos políticos en las democracias, se aproxima mucho a las estadísticas, pues
casi todos ellos son sentenciados por autoridades judiciales y van a parar a
aquéllas; las democracias no han engendrado un Derecho Penal Administrativo
comparable en extensión al de los países totalitarios (10) y (11).
286
CAPÍTULO OCTAVO
GUERRAS Y REVOLUCIONES
La guerra supone un cambio total de la actitud del hombre frente a grandes grupos
de sus semejantes. La civilización implica un proceso de inhibición del odio y de
sus manifestaciones violentas; aquél, cuando existe, halla vías de salida
compensatorias que no atentan contra la integridad física o la vida del adversario:
por lo menos, si se producen estas conductas ellas son censuradas por la
comunidad y castigadas por los tribunales. En cambio, durante la guerra, el odiar
se convierte en un deber patriótico; el matar es un recurso necesario y si se realiza
en gran escala puede convertirse en causa de fama; el que se niega a odiar
merece el ca-lificativo de débil o cobarde; el que rehusa matar es fusilado por
traidor. Así, los daños por los cuales normalmente se iría a la cárcel, en la guerra
merecen alabanzas. Todos se horrorizan si uh hombre mata a cinco personas o
dinamita una casa en tiempo de paz; pero está dispuesto a aplaudirlo si aniquila a
un batallón, incendia una fábrica o desmenuza una ciudad del enemigo. En otras
palabras, la guerra se basa en la creación de hábitos total-mente contrarios a los
propios de la vida normal en sociedad.
287
Lo anterior es tanto más digno de ser destacado hoy, cuando la guerra no alcanza
sólo a pequeños ejércitos nacionales. Ahora, el frente absorbe a millones de
hombres en lo mejor de la edad, los que abandonan familia y bienes. La
retaguardia participa en el esfuerzo bélico, no sólo porque contribuye a sostenerlo
mediante la fabricación de armas y municiones, sino porque los ataques del
enemigo se extienden a las ciudades e industrias que son como el nervio impulsor
de las actividades en el frente de batalla. La existencia de tales industrias, capaces
de muniF de recursos a los ejércitos por largo tiempo, la constitución de reservas
adiestradas que abarcan a millones de hombres, causan la prolongación de las
guerras por años, inclusive cuando las fuerzas de los contendientes, son
desproporcionados entre sí.
288
que en general, la delincuencia sigue las mismas lineas en cuanto a fluctuaciones
cuantitativas y tipos de delitos. Sin embargo, hay algunas variaciones. Hay que
tener en cuenta, además, que las estadísticas pueden contener muchos errores
debidos a las más variadas causas; por ejemplo, a que los policías son
movilizados y, por tanto, se descubren menos delitos, o a que surgen ambientes
de gran tolerancia o intolerancia respecto a tales o cuales delitos.
Pero el tiempo pasa y poco a poco el desánimo cunde en los sectores menos
resistentes de la población: primero entre los niños y adolescentes y luego entre
las mujeres. Los primeros ven a su hogar desquiciado, tienen que ser iniciados
289
en el
290
trabajo prematuramente y son más afectados por la propaganda bélica. Si sus
hogares son bombardeados, sufren graves shocks nerviosos. Las industrias son
destruidas o transformadas para la producción de guerra con lo cual escasean los
artículos de consumo civil; las mujeres tienen que conseguirlos para mantener al
hogar y eso las lleva a cometer actos ilegales.
Los obreros, especializados o no, tienen que trasladarse a los lugares donde
funcionan las industrias privilegiadas det momento, lo que ocasiona gigantescas
migraciones.
291
de delitos sexuales (4), de los cuales, dado el espíritu del momento, llegan a las
estadísticas, por haber sido denunciados y condenados, una proporción menor a
la de los tiempos de paz, que ya es baja. La desmoralización general cunde por
los numerosos casos de adulterio.
El retorno a la paz, suele no ser tal. Si bien han cesado los combates, los hombres
que han vivido por años en un ambiente de odio y violencia, tienen dificultad para
cambiar de la noche a (a mañana su actitud mental para readaptarse a la sociedad
normal (5).
292
Los frentes de combate y la abolición de los frenos en la población civil,
desencadenan olas de delincuencia, en parte por las condiciones sociales
alteradas; en parte, porque son reintegrados a la circulación los delincuentes
profesionales que fueran retirados de ella al comenzar la guerra; en parte, porque
las anomalías mentales han aumentado en el seno de la población (6).
Es preciso, sin embargo, dar, de manera general, más importancia a los factores
sociales, en los cambios cuantitativos y cualitativos que la guerra produce. Hay
autores que se inclinan a hacer resaltar, entre tales factores ambientales, a los
económicos (7); otras, insisten especialmente en los familiares.
El esquema de clasificación dado por el autor germano puede ser utilizado para
casi todas las guerras, mutatis mutandis. Puede aplicarse, con los retoques
necesarios, inclusive a los países vencedores.
293
Podemos comenzar con el cuadro 1, referente a la delincuencia alemana de la
primera guerra mundial.
media
I. La Juventud
Crímenes y de
Delitos contra la
Lesiones corpora-
Encubrimiento
1.449 1.295 2.410 3.027 4.185
leve
Crímenes y deli-
90.058 77.870 75.397 86.400 102.808
tos en general
294
Resistencia 1.047 943 986 1.224 1.256
Delitos contra la
3.017 3.123 2.524 2.431 1.699
moral ....
Lesiones corpora-
7.106 6.107 6.454 7.107 6.189
les graves ...
Encubrimiento
III. Hombres de
más de 50 años
Crímenes y deli-
36.954 32.113 27.418 28.045 25.346
tos en general
Delitos contra la
Lesiones corpora-
Encubrimiento
499 239 633 945 1.370
leve
295
Estafa 1.319 1.224 949 1.024 857
1914 90 67
1915 80 53
1916 81 59
1917 90 68
1918 88 83
1919 88 95
296
En la segunda guerra mundial, se ha notado un alza más rápida y aguda después
del descenso inicial. En general, los índices de la preguerra habían sido superadas
al mediar la guerra (12).
Para el año 1943, la delincuencia juvenil femenina en los Estados Unidos subió,
en cifras generales, en un 57,4% siendo el incremento más notable en delitos
contra la propiedad y contra la moral; en este último tipo delictivo, el aumento llegó
al 69,9%. Tomado el incremento medio de varones y mujeres menores de 17
años, aquél fue del 19,9% (13).
Richmond 58 72 51
297
En Inglaterra y Gales, en 1939, el número de delincuentes entre ocho y dieciséis
años, llegó al total de 30.543; para 1942, tal cifra se elevó a 38.181, o sea un
aumento del 25%. Si se toma a los menores de 17 años, en Inglaterra hubo un
incremento del 41% (15).
Las razones que se han dado para estos aumentos, estan relacionadas con las
condiciones que provoca la guerra.
298
los menores y que generalmente no usan bien, por carecer de la formación
adecuada.
299
Las escenas de destrucción y de muerte ya no se reducen a los campos de
batalla; los menores tienen que asistir a derrumbas, incendios, mutilaciones,
muertes lo que no sólo ocasiona una excitación nerviosa exagerada para
organismos no totalmente formados, sino que provoca estados de angustia y
desequilibrios emocionales de variada especie (18).
Hay todavía otras razones que podrían apuntarse. Por ejemplo, la destrucción de
habitaciones por los bombardeos, así como la acumulación de población en
ciertas ciudades, ocasionan fatalmente promiscuidad; la misma situación se da en
la vida de los refugios, donde hay ocasiones para llevar a cabo o iniciar actos de
pequeños hurtos o contra la moral; lo mismo puede decirse de los oscurecimientos
(19).
Estas alteraciones sociales llamaron la atención desde hace tiempo por sus
relaciones con el delito.
300
tan fácil, como no lo es en todos los actos que son, de manera general,
calificados como delitos
301
políticos. En estos, parece existir una relatividad tal, que el definirlos de manera
exacta ha sido siempre un problema para los penalistas
Ya Lombroso intentó poner orden en estos problemas (20). Para él y para Laschi,
el espíritu humano está transido de misoneísmo, de odio a las innovaciones en
todo orden, incluyendo al político (21); el filoneísmo no es sino una excepción. Por
eso, las sediciones y revueltas son delitos que chocan contra la sociedad. Pero los
autores hacen una distinción entre lo que es revolución y lo que es una revuelta o
sedición; la primera no es sino el último momento de una larga evolución social a
cuyas necesidades responde, es como el nacimiento después de la gestación; la
segunda es una mera alteración del orden que no corresponde a las bases
sociales del momento; es una anormalidad en la marcha de la sociedad, mientras
la revolución no es sino evolución acelerada (22); por eso, la revolución no es
delito, mientras la revuelta lo es (23).
302
Este estudio adolece de los mismos errores que señalamos en su lugar a la
doctrina lombrosiana en general; no es el menor de ellos, el haber prescindido de
la valoración jurídica, lo que obliga al autor a hacer consideraciones que a nada
conducen, en lo penal o criminológico, como sucede con su distinción entre
revolución y sedición (32). Sus conclusiones acerca de la mayor tendencia a la
evolución progresiva de nibios y dolicocéfalos son alcanzadas por caminos llenos
de sutilezas y con datos que no son imparcialmente manejados. Y así puede
seguirse con un análisis que nos llevaría a la conclusión de que Lombroso
tampoco en este sector alcanzó el éxito que esperaba.
En verdad, desde nuestro punto de vista, no tiene objeto el tratar de las causas de
las revoluciones como delitos, pues tales causas no son distintas a las que
arrastran a otras conductas delictivas. Si se tiene en cuenta cómo operan tales
factores y, principalmente, la psicología de las multitudes y de las asociaciones
organizadas, se tendrán los datos necesarios para comprender las revoluciones.
En cambio, sí es preciso dedicar algunas líneas a las revoluciones como causas
de delito.
304
y la dependencia de ésta en relación con quienes pueden influir en el reparto de
cargos.
Pocas veces los cambios revolucionarios se dan sin luchas sangrientas. Durante
ellas, hay gente que sacia sus más hondos deseos de destrucción y de saqueo o
que, simplemente, en la exacerbación del momento halla incentivo para vencer los
débiles frenos de una naturaleza mal inclinada que en tiempos normales podía ser
contenida dentro del respeto a la ley.
El delito político ocasiona muchos delitos comunes a los cuales ampara o sume en
el anonimato. De ahí por qué, con la esperanza de la impunidad, sean los
criminales habituales y profesionales, los más activos y visibles en las
perturbaciones sociales.
(1) Para un análisis de estas alteraciones, v.: Hentig. Criminología, pp. 391-404 y Ruiz Funes; Conferencias, pp. 176-
177.
(2) V.: Léauté: Criminologie et Science Pénitenciare, pág. 210.
(3) Pueden verse datos en Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp. 52-53.
(4) V.: Ruiz Funes: Conferencias, pp. 185 -186.
(5) "Sabemos poco de la psicología y de la sociología del odio. En la evolución humana, el odio se ha desvanecido
gradualmente hasta el punto que sólo sirve para raras emergencias. Pero el mecanismo existe todavía y puede
ser puesto en función. Con permiso oficial e incitación a odiar, volvemos con fruición a nuestro pasado espiritual.
Los que están más próximos a las etapas pasadas de desenvolvimiento mental vuelven a caer en ellas antes y
permanecen así más tiempo. El odio tiene tendencia a hastiarse de los objetos gastados y pedir estímulos cada
vez más fuertes, como una droga. Cuando ha pasado la guerra y no quedan enemigos a quienes odiar,
comenzamos a odiar a algún otro. Ese es el momento de iniciar una cura de odio por la retirada; pero los hombres
de estado temen los síntomas de la abstinencia y no se ha desarrollado todavía una técnica para reducir las dosis
diarias de la droga mental. Resultan de ese estado de cosas la intranquilidad interior y los movimientos
revolucionarios. Uno de los efectos menores es la desorganización social. "Otro efecto de la guerra -escribió un
juez-, fue la amplia diseminación del odio. Para fines de conveniencia, fue creado el odio y alimentado
cuidadosamente contra el enemigo. Los seres humanos, encerrados en el odio, no tuvieron dificultad para dirigir
luego esa emoción a los que tenían más cerca" ". Hentig: Criminología, pág. 396.
(6) Para las influencias que cambian en la guerra a los civiles y militares, puede verse: Mira y López: Psiquiatría en la
Guerra; especialmente las pp. 25 - 31. En cuanto a las psiconeurosis, los factores que a ellas conducen y sus
características entre los civiles y militares, extensamente en Gillespie: Efectos Psicológicos de la Guerra en los
Civiles y en los Militares, pp. 152 - 174.
(7) Así, por ejemplo, Pannelee: Criminología, pág. 108. Para Mez- ger, entre las causas de la delincuencia en estos
períodos, "el peso decisivo yace en el momento económico"; Criminología, pág. 214.
(8) Resumen de Mezger: ob. cit., pág. 213.
(9) Sobre este problema: Bonger: Introducción a la Criminología; pág. 170.
(10) Cifras Consignadas por Hentig, ob. cit., pág. 405
(11) Barnes y teeters, ob. Cit., pp. 981-982.
(12) V.: Leaute, ob. Cit., pp. 254-270.
(13) Datos consignados en Abrahamsen: Delito y Psique; pág. 199.
(14) Id. id., pág. 200
(15) Para un estudio detallado de los fenómenos experimentados por la evacuación, v.: Freud (Ana) y Burlinghan: La
Guerra y los niños, pp. 37-60; allí se dan casos concretos.
(16) Id. Id., pág. 10; sobre la influencia de la familia, v.: pp. 13-
305
17. (17) V.: Id. Id., p. 25-35.
306
(18) Sobre las causas del incremento de la delincuencia infantil y juvenil fuera de las fuentes citadas, pueden verse:
Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 119 -120; Tappan: Juvenlle DeUnqaeocy, pp. 154 - 158; Neumeyer: Juvenlle
Delinqaency in Modera So ciety, pp. 46 - 51 y 152 - 154; Carr - Saunders, Mannheim y Rhodes: Yonng Offenders,
pp. 12 -17.
(19) Puede verse, como excelente resumen: Eusebio Gómez: Delincuencia Político - Social.
(20) V.; Lombroso y Laschi: Le Crime Poiitique el les
Révotnttons. (21) Ob. cit., T. I., pp. 1 - 35.
(22) Ob. cit., T. I., pág. 49.
(23) Ob. cit., T. I., pág. 55.
(24) Ob. cit., T. I., pp. 60 66.
(25) Ibídem, T. I., pp. 68 - 78. Lombroso admite que existen algunas pocas excepciones; entre ellas podríamos señalar
a nuestro país.
(26) Ibídem, T. I., pp. 130 - 135.
(27) V.: Ibídem, T. II., pág. 29.
(28) V.: Ibídem, T, II., pp. 5 - 21.
(29) V.: Ibídem, T. I., pp. 171, 181 y 194.
(30) V.: Ibídem, T. II., pp. 42 y ss.
(31) Por ejemplo, acude a principios puramente naturales para determinar lo que es delito político, al que define así:
"todo atentado contra el misoneísmo político, religioso, social, etc., de la mayoría, contra el orden gubernativo que
de ello resulta y de las personas que son sus representantes oficiales"; ibídem, T. I, pág. 58.
(32) V.: Ob. Cit., pág. 11.
(33) V.: Idem, pp. 12-13.
(34) Los casos bolivianos que podrían citarse, llenarían volúmenes. En la revolución de 1930 la casa del presidente
depuesto y de sus más conspicuos colaboradores y partidarios fueron asaltadas con objeto de robo: largas filas
de 'revolucionarios salían de las casas, con todo lo que podían cargar. En 1943, la casa del presidente depuesto
fue destruida y saqueada; toda una biblioteca de obras históricas valiosas fue distribuida entre las personas que
asistieron al hecho. A raíz de la revolución del 21 de julio de 1946, los excesos fueron numerosos: destrucción e
incendio da muebles y casas de los depuestos. En la Plaza Murillo, a las seis de la tarde, pasada ya toda
actividad armada hacía horas, una persona, reconocida como delincuente común, ametralló a un agente policial
civil por el cual había sido arrestado en otras épocas; en una de las calles adyacentes se acusó a un joven de ser
militar vestido de civil; bastó eso para que se le ordenara ponerse contra una pared para ser fusilado; no fue
matado, pero una de las balas le atravesó una pierna. Esto para no hablar de hechos públicos que se
transmitieron a todas partes.
307
CAPÍTULO NOVENO
ASOCIACIONES CRIMINALES
Hay que anotar no sólo la existencia de grupos criminales sino la importancia que
tiene, para llegar a ellos o mantenerse alejado de ellos, la elección, relativamente
tibie, de las asociaciones a que uno ha de pertenecer: grupo de amigos, clubes,
centros de diversión y otras asociaciones del más diverso tipo, entre las cuales se
hallan las criminales o antisociales. Hay, por ejemplo, bandas, especialmente
juveniles, dedicadas a que sus miembros hallen facilidades para drogarse o beber
alcohol.
308
una verdadera
309
excepción que sólo se presenta con alguna frecuencia en ciertos delitos, por
ejemplo, los pasionales.
Hay algunos hechos que vale la pena anotar en relación con la delincuencia
asociada. Por ejemplo, son relativamente escasas las bandas o sectas integradas
exclusivamente por mujeres, aunque abundan las constituidas exclusivamente por
hombres. Hay mayor número de mujeres en grupos pequeños, como ías parejas;
eso sucede en el aberto y el infanticidio. En cuanto a la edad, se ha observado
que la ejecución en grupo es mucho más frecuente en los adolescentes y jóvenes;
a medida que la edad aumenta, hay mayor tendencia a la ejecución individual (1).
Estas tres funciones suponen una copia sea de ideas ajenas, de sentimientos o de
acciones, respectivamente. Las tres implican necesariamente la existencia de por
lo menos dos personas, agente y paciente, el copiado y el copiador, el influyente y
el influido.
310
proposición
311
comunicada en ausencia de bases lógicamente adecuadas para tal aceptación"
(4). La imitación es la copia de conducta, de actos extemos; como sucede, por
ejemplo, en la moda, el lenguaje, los gritos, etc. (5).
"En cada caso el resultado del proceso es la asimilación en cierto grado, de las
acciones y estados mentales del paciente, a los del agente" (6).
Por un lado, tenemos las asociaciones en los cuales el delito es una obra
planeada, en que existe una racional distribución de medios y actividades; en otras
palabras, en que se da una organización previa a la acción delictiva; organización
que, mutatis mutandis, es similar a la que tienen las asociaciones legales para
dedicarse a sus
312
actividades comerciales, industríales, ctc., o la pareja familiar, para educar a los
hijos o planificar el trabajo hogareño y extrahogareño.
Hay que anotar que existen asociaciones pasajeras como en el caso de amigos
que se juntan sólo para cometer determinado delito -un asalto, una violación, etc.-
pero que luego se disuelven. Son delitos circunstanciales que hay que distinguir
de los cometidos por bandas profesionales.
313
manera de reaccionar ante las ideas sugeridas. Se trata simplemente de que
aquí
314
suponemos conocidas esas condiciones individuales y nos limitamos a detallar lo
específico de las relaciones en la pareja.
Las parejas pueden ser clasificadas desde dos puntos de vista: tomando en
cuenta el sexo de sus componentes y el móvil que motiva la asociación.
Usuales también son las parejas que se forman por amistad por codicia, por deseo
de venganza, etc.
La pareja ofrece varios caracteres típicos. En primer lugar, hay que hacer notar
que ella actúa como una unidad, aunque con cierta división del trabajo. Salvo
cuando lambas personalidades son igualmente fuertes -lo que es excepcional,
según dijimos- hay claras relaciones de subordinación. Sighele, tomando sus de-
signaciones de la demonología, habla de un íncubo y de un súcubo; el primero,
demonio masculino, activo, desempeña la tarea directiva; induce, sugestiona,
arrastra el otro; el segundo, demonio femenino, pasivo, es sugestionado, inducido,
arrastrado; el primero planea, el segundo ejecuta. Es corriente que la verdadera
tendencia criminal se encuentra en el íncubo, mientras el súcubo sea sólo un
elemento poco resistente, que posee cierto grado de moralidad, que se opone en
un comienzo a las solicitaciones criminales a las cuales sólo se suma por
debilidad, cometiendo luego el delito con carencia de aplomo y precisando,
muchas veces, hacer varias tentativas antes de consumarlo; después del delito, se
arrepiente, llora, confiesa y hasta se suicida, mientras la actitud del íncubo es más
firme y persistente en el mal.
Sin embargo, sería erróneo tomar en cuenta sólo al íncubo o sólo al súcubo o
315
considerar que la pareja es mera suma de ambas personalidades. En realidad,
316
surgen elementos típicos de aquélla, que no se encontrarían en las
individualidades aisladas. Ya de por sí la mera colaboración abre nuevos
horizontes, fuera de que
¿rea mayor tendencia criminal común -que no es igual a la del íncubo más la del
súcubo, dividida por dos- y debilita las resistencias personales.
Entre las variedades más corrientes de pareja criminal, tenemos las siguientes:
La pareja heterosexual movida por codicia, odio, etc. En este caso, la vida familiar
íntima facilita el camino de la sugestión; lo mismo puede decirse de las comunes
condiciones de vida de las cuales ambos son conscientes. Como ejemplos más
conocidos, tenemos los de la pareja de ladrones o estafadores. No es raro
tampoco, el delito de homicidio contra parientes o extraños de cuya muerte se
piensa extraer beneficio (V. gr., una herencia).
318
amante obran como íncubos incitadores: dada la extensión que el oficio
especializado ha adquirido, también ocurre muchas veces que, sobre una leve
disposición de la madre futura, operen las incitaciones de matronas y médicos
inescrupulosos. Los afectos familiares o eróticos, así como el prestigio profesional,
desempeñan importante papel para que la sugestión se acepte.
Menos frecuentes son las parejas de madre e hija aliadas contra el padre,
movidas por el odio o la codicia (herencia).
Podemos citar, por fin, la pareja de amigos, generalmente ambos barones, qu&se
dedican a variados tipos de delitos; a veces el terreno se halla abonado a la
sugestión, porque fuera de la amistad existen relaciones eróticas aberradas.
Fuera de estas parejas criminales, strictu sensu, existen otras en las cuales las
relaciones psíquicas son semejantes; por ejemplo, eso sucede en las parejas de
suicidas. Para no hablar de aquellas otras que se mueven en el campo de las
asociaciones no delictivas, pero cercanas al delito, como sucede en la formada por
la prostituta y su rufián (11).
Esas ventajas de la asociación lícita existen también en el terreno criminal. De. ahí
por qué las sociedades delincuentes de hoy cometan la mayor parte de los delitos,
incluyendo los más graves.
319
gigantes del crimen, cuyas entradas se computan por millones. Taft transcribe la
opinión de que las entradas anuales de Al Capone, eran de 30.000.000 de
dólares; Barnes y Teeters consideran que ellas llegaban a 6.000.000 de dólares
por semana (12); cifras difíciles de comprobar, sin duda, pero que dan una idea
aproximada de los intereses que se hallaban en juego durante la vida del
pandillero. Y transcribimos datos relativos a una sola banda, si bien de las
mayores; pero hay otros campos que han sido explotados con mayores utilidades
aún; por ejemplo, en el ramo de colocación de pólizas de seguro fraudulentas, se
calcula que los pandilleros ganaron cerca de 25.000.000.000 de dólares en diez
años (13), o sea, una cantidad superior anualmente, a los presupuestos de
muchos países medianos. Inclusive entre nosotros se han decomisado a
fabricantes ilegales de cocaína, cantidades de estupefacientes cuyo valor en el
mercado negro era de muchos miles de dólares.
Goeppinger cita cifras según las cuales el ingreso de la mafia que opera en
Estados Unidos equivalía, en 1968, al 40% del producto bruto de la economía
alemana (14).
320
Sin embargo, de manera natural dado el campo sobre el cual se mueven, es
corriente que hoy exista una alianza entre ambos tipos de asociaciones delictivas;
321
el aspecto fundamental suele ser el civil, pero detrás se coloca la fuerza, para los
casos en que el simple fraude es infructuoso o cuando se deben combatir ciertas
amenazas contra las cuales no cabe otra defensa.
A este respecto, creemos que puede aplicarse a cualquier país, la distinción que
efectúa muy claramente Taft, acerca de los tipos actuales de bandas criminales
existentes en Estados Unidos. Por un lado, habla de las bandas criminales
propiamente dichas, organizadas para cometer crímenes y que son
universalmente repudiadas; por ejemplo, las bandas de rateros, raptores, ladrones
de autos, etc. Por otro, están las asociaciones que en el país del norte se
denomina "rackets"; en éstas, hay "un delito organizado en el cual los elementos
criminales prestan o, al menos, dicen prestar, un servicio a los miembros de la
sociedad normalmente comprometidos en actividades legítimas" (16).
Por ejemplo, hay juegos muchas veces legales y gente honrada que desea jugar;
o personas que desean tener relaciones extramatrimoniales; o que desean beber.
El "racket" se organiza para suplir esas necesidades. Naturalmente, hay otros
individuos que desean prestar iguales servicios y a los cuales es preciso eliminar;
o clientes deudores a quienes es necesario cobrar sin los previos trámites
judiciales, a veces legalmente imposibles; o policías y jueces demasiado
interesados en limitar esas actividades, a los cuales es preciso silenciar o eliminar,
etc.
Por ejemplo, un día un comerciante recibe la visita de una persona que desea
colocar un seguro contra la rotura de vitrinas u otros riesgos similares; si el
comerciante se niega a aceptar el seguro aduciendo que ese riesgo le parece
remoto porque no ve que se produzca en la realidad, no tardará una semana antes
de que sus vitrinas sean rotas o algo semejante relacionado con los otros riesgos
contra los cuales se ofrece protección; naturalmente, se inclinará en seguida a
asegurarse. Al poco tiempo, todos los comerciantes del barrio o de la ciudad se
habrán sometido, por la razón o la fuerza, a pagar su cuota para evitar accidentes.
322
El carácter de los rackets ha hecho pensar a muchos en su entroncamiento con el
actual sistema económico, pues a veces es muy difícil trazar la línea divisoria
entre los procederes de aquella asociación y los de ciertas sociedades legítimas;
por ejemplo, cuando éstas hunden, vendiendo bajo el precio de costo, a los rivales
débiles; o cuando, utilizando medios de presión política, un periódico obliga a los
comerciantes a conceder avisos. En esta línea divisoria se hallan también quienes
comercian valiéndose de favoritismos políticos, los profesionales, sobre todo
abogados, que tienen bufetes en las cuales más que eficiencia se venden
influencias y un cúmulo de otras actividades similares que en nuestro país se
conocen desde hace tiempo.
Las actividades señaladas son riesgosas; pueden ser intervenidas por policías,
fiscales, jueces o denunciadas por la prensa o la radio. Pero como las bandas
tienen grandes ingresos, siempre cuentan con recursos para hacer callar a las
personas peligrosas; en algunos casos, pequeños en número, tiene que recurrirse
a la violencia; pero lo común es que se utilice el dinero como medio de corrupción;
así, el poder judicial, funcionarios administrativos, políticos protectores, etc., son
comprados y, lejos de defender a la sociedad, aseguran la impunidad de los
malhechores (18).
Es natural que esa impunidad aliente a los delincuentes; al mismo tiempo, hace
que los criminales individuales abandonen pronto su aislamiento peligroso -las
autoridades dan muestra de gran vigor con ellos, para justificar su puesto- e
ingresen en las bandas que tan bien saben proteger a sus miembros. Otra razón
de más para explicar la decadencia de la criminalidad aislada.
Por fin, hay que anotar que la impunidad y el contagio obran de tal manera en las
bandas, que individuos que aisladamente no llegarían a cometer delitos, por lo
menos delitos muy graves, se arriesgan-a hacerlo cuando se sienten alentados y
apoyados por sus consocios.
Por otro lado, mientras los componentes de las pandillas usuales son personas de
moralidad calificable de inferior, los sectarios es frecuente que la tengan en alto
grado no sólo desde su particular punto de vista, sino del de la sociedad general
(salvo en lo tocante, en este último caso, al delito mismo). Lucro, deseo de
figuración propia, etc., se hallan ausentes o meramente larvados, por lo menos en
el auténtico sectario, si no en quienes se sirven de ellos.
El elemento moral de las sectas se centra en una ideología, sea ella ética,
religiosa, política, social, etc. La prédica constante del código respectivo es la que
crea las condiciones requeridas para que la sugestión criminal halle fácil camino.
Loe casos que pueden citarse son numerosos. Así, por ejemplo, tenemos el de los
thugs de la India, cuya divinidad principal era honrada mediante el sacrificio de
vidas humanas, las que debían ser eliminadas sin derramamiento de sangre, por
lo cual los sectarios recurrían al estrangulamiento en cuya ejecución existía
inclusive una división del trabajo.
325
En los últimos tiempos, han conseguido amplia difusión las organizaciones
guerrilleras, con motivaciones políticas y sociales. Para no hablar de las
"revoluciones" y golpes de estado que tan frecuentes son en muchas naciones
latinoamericanas (19).
Algunas organizaciones han surgido parar combatir los delitos cometidos por los
miembros de un extremismo. Ese es el caso de la AAA -triple A argentina- que ha
ejecutado a centenares y probablemente millares de izquierdistas a los que se
sindicaba de llevar a cabo actividades criminales contrarias a los intereses de la
patria. Otras veces, las asociaciones buscan imponer una justicia estricta a los
delincuentes comunes, no castigados por los tribunales ordinarios; tal el caso de
los "escuadrones de la muerte" brasileños, que han ejecutado, torturas inclusive, a
centenares de criminales y personas de la mala vida.
326
Al mismo tiempo, se ha observado que se procede como en la mayoría de las
religiones antiguas y en las logias modernas: que hay una división entre lo
esotérico, sólo conocido por unos pocos individuos de confianza, y lo exotérico,
librado al consumo de la generalidad de los anherentes.
327
6.- LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE. Al hablar de muchedumbre hemos de
comenzar por distinguirla del mero agregado de personas (22). Diez mil personas
ambulando por el paseo de moda, no constituyen una muchedumbre. Cien
personas, aún relativamente esparcidas, pueden constituir una muchedumbre; es
decir que, para- que ella se forme no se precisa de proximidad material; un
periódico que predica ciertas ideas, puede hacer que sus lectores dispersos
constituyan una muchedumbre. Lo mismo puede decirse hoy de la radio que quizá
tenga mayor influencia que los propios periódicos (23).
No basta, en efecto, que exista una multitud de personas; es preciso que entre
ellas surjan ciertos lazos comunes, lo que se ha denominado alma colectiva; que
la multitud piense, sienta y, por consiguiente, tome una actitud común frente al
tema de que se trate. Al mismo tiempo, que surja una cierta organización, sin duda
no tan bien estructurada ni tan duradera como la de otros tipos de asociaciones,
pero que existe y se manifiesta por conciliábulos entre algunos sectores de los
miembros integrantes, discursos, incitadores y frenadores que desempeñan, a
veces por sólo breves minutos y mediante dos gritos, el papel de jefes; esa
organización se manifiesta asimismo por cierta división del trabajo (24).
Sobre la multitud amorfa cae una idea y prende en ella: de allí resulta la unidad
mental capaz de anular inclusive la perso-nalidad y tendencias individuales de
áeres relativamente bien formados. Parece que surgiera un nuevo ente, distinto de
los com-ponentes, a los cuales impone sus propias concepciones. Los miembros
de la muchedumbre realizan, así, actos que jamás intentarían aislados; hay un
328
cambio
329
tan notable en la psique particular, que ha sido notado inclusive por quienes no
han hecho estudios especiales; ya los romanos decían; senatores, boni viri,
senatus autem mala bestia.
Surge, inmediatamente, una pregunta: ¿De dónde salen esos elementos que
hacen de hombres tímidos, héroes, y de honrados ciudadanos, criminales
incontenibles? La respuesta es más o menos uniformemente admitida: surge del
descenso de los poderes críticos y del imperio de tendencias instintivas a las
cuales se despierta y fortifica por medio de los mecanismos de sugestión, simpatía
e imitación. Así lo hacen resaltar Le Bon (26), Rossi (27), Sighele (28), etc., para
no hablar de Tarde toda cuya concepción se apoya en estos mecanismos de
reproducción de lo ajeno. Freud, por su parte, pone en relieve que las tendencias
instintivas primitivas son comunes a los seres humanos, mientras las inhibiciones
dependen de la experiencia individual, como también sucede concias formas más
elevadas de conducta; el fundador del psicoanálisis considera que el hombre en
medio de la masa, deja de lado esos caracteres individuales y que quedan
operando sólo lós inconscientes instintivos (29).
1.- El individuo que integra una muchedumbre adquiere por ello mismo un
sentimiento de poder incontenible que anula todos los complejos de miedo o
timidez que cáda uno experimentaría si obrara solo. El propio temor de la sanción
no opera porque la muchedumbre facilita el anonimato y, consiguientemente,
asegura una alta probabilidad de quedar impune.
330
2.- En la muchedumbre existe una especie de contagio que constituye una fuerza
tan poderosa como para empujar al individuo a cometer toda clase de extremos.
De ahí que un valiente, a la cabeza de la muchedumbre, arrastre al heroísmo a los
demás; y que un criminal, impulse a los más atroces delitos. El contagia es tal que
crea una especie de estado hipnótico (máximo grado de la sugestión) del cual muy
pocos escapan.
3.- El poder crítico queda anulado o poco menos. Si en la vida normal se nos
sugiere algo, intervienen procesos mentales que analizan la sugestión de tal modo
que entre su presentación y la respuesta existen un lapso. Pero en las
muchedumbres se observa la tendencia a transformar inmediatamente lo sugerido
en acto.
331
las conclusiones más absurdas son aceptadas como verdades irrefutables. Y si
alguien,
332
por medio de razonamientos rigurosos, pretende convencerla, está destinado de
antemano al fracaso. El gran conductor de masas no es el lógico frío capaz de
escribir libros llenos de bellos razona- mientes, sino el hombre de fuerte
personalidad, capaz de sugestionar, de servirse de imágenes impresionantes, de
imponer su personalidad (35).
La moralidad de las muchedumbres se halla también bajo la ley del todo o nada.
Es lo corriente que los psicólogos se refieran en sus estudios sólo a las
muchedumbres criminales o destructoras. Pero esa exposición es unilateral. A
veces, actos de sublime heroísmo, altos sacrificios son llevados a cabo por las
multitudes, precisamente por ser multitudes ya que, probablemente, la inmensa
mayoría de los individuos, de haber estado aislados, no hubieran osado tanto. Las
333
muchedumbres
334
originaron las cruzadas; ellas llenan los cuarteles en los momentos de peligro para
la patria; ellas asaltan una posición enemiga bien defendida, ellas defienden una
trinchera hasta que no quedan fuerzas. Y cuántas veces por ideales que son
apenas comprendidos esa moralidad se refiere a veces a ideas sumamente
abstractas, a teorías sumamente elaboradas. Pero han sido captadas sólo en sus
líneas más superficiales y generales, más como frases cargadas de poder
sugestivo que como ideas o teorías muy abstractas. El meterlas en la cabeza de
las muchedumbres suele ser tarea de años; como luego será el arrancarlas.
Demás advertir que, al lado de esas ideas fijas, deambulan movedizamente otras;
aquí no hay contradicción; lo que pasa es que se aceptan e interpretan hechos
siempre a la luz de la teoría o idea general, sin que se noten las contradicciones.
Así puede suceder que una muchedumbre descosa de implantar la paz, la justicia
y el respeto a la ley, juzgue que la mejor manera de lograr esos ideales sea el
ahorcar a los que encaman o se supone que encarnan las ideas opuestas.
De allí resulta que los jefes circunstanciales tampoco tienen un campo ilimitado
ante sí: tienen que circunscribirse al círculo de sugestiones para las cuales la
masa está sensibilizada. Por eso, si el caudillo influye sobre la muchedumbre, ésta
también lo hac; sobre aquél, de modo que, al final, integran una unidad. Si quien
quiera oficiarlas de conductor sólo toma en cuenta los propios intereses
335
fríamente
336
calculados y no los de la masa, el divorcio está a la vista, así como el fracaso del
director que enseguida será reemplazado por otro u otros que se hayan dado
mejor cuenta de lo que la muchedumbre quiere y puede.
La amplitud de los males comunes que preparan el terreno pueden ser tal que una
muchedumbre excite a otra, hasta a centenares de quilómetros, y que se
presenten delitos colectivos semejantes a reacciones en cadena. Sucede
especialmente en épocas de hambre, revoluciones, liberación de un poder
despótico y odiado, etc.
En cuanto a los componentes, es claro que hay elementos con los cuales
difícilmente se formará una muchedumbre delincuente. Por ejemplo, una
asamblea de investigadores de astronomía. Pero la persona que solemos calificar
de corriente o normal, puede perfectamente integrarla; le basta ser relativamente
débil de voluntad, lo suficiente para que la sugestión la arrastre (38). Pero es
evidente que la muchedumbre llega a los peores excesos cuando entre sus
componentes existen criminales habituales o cargados por una grave tendencia a
la fuerza, o anormales mentales; los excesos son frecuentes sobre todo cuando
esas personas toman el carácter de jefes, si bien no es raro que precisamente a la
vista de los excesos, las personas normalmente dispuestas reaccionen y tomen
conciencia de lo que están haciendo.
337
del espíritu corriente en nuestros códigos, la responsabilidad de los miembros de
338
multitudes criminales. Salvo esos casos extremos, hay acuerdo para considerar
que se conserva cierta capacidad de resistencia, que la personalidad propia no es
totalmente anulada, por lo menos en las personas normalmente honestas. Es
posible que otros, con especial propensión al delito, más bien se sientan a sus
anchas en medio de los actos ilegales y que éstos representen algo así como la
oportunidad para dar salida a tendencias antisociales; pero se supone que tal
tendencia no puede servir de disculpa, salvo los casos de anomalías mentales
determinadas por los mismos códigos.
Dentro de los muchos casos que podrían citarse, el de los colgamientos del 27 de
septiembre de 1946 se distingue como clásico.
Durante el régimen del presidente Villarroel, fueron fusiladas sin juicio previo
varias personas acusadas de tomar parte en una conspiración revolucionaria. Las
circunstancias de dichas muertes y la peregrinación posterior de los cadáveres
hirieron fuertemente la imaginación popular porque algunas personas hicieron
circular rumores acerca de los sufrimientos y torturas que se habrían infligido a
aquellos políticos, antes de matarlos. Fueron designados como principales
culpables de estos atropellos, los mayores Eguino y Escóbar.
340
Entre tanto, llegaron al lugar del hecho algunas autoridades las que quisieron
hablar a los linchadores; se les oyó por cinco minutos; pero las razones, muy
sólidas objetivamente, que se dieron para que se asumiera una actitud más
serena, fueron desoídas: los silbidos cortaron las palabras apaciguadoras del
director de Policías y de otras personas; en cambio los aplausos fueron sonoros
cuando uno de ios manifestantes afirmó que se estaba perdiendo tiempo y que lo
único que procedía era que el pueblo ejecutara prontamente al culpable y a todos
sus cómplices, sin esperar la tardía e ineficaz acción de los tribunales ordinarios.
La turba rompió nuevas puertas y llegó hasta donde estaba el teniente Oblitas. Lo
sacó inmediatamente a la calle a fin de conducirlo hasta los faroles que se hallan
delante del Palacio, de uno de los cuales se pretendía colgarlo. La desesperación
hizo que el preso intentara huir por una calle lateral, aprovechando un descuido de
los captores. Estos lo siguieron. Oblitas intentó subir a un colectivo en marcha,
pero fue arrancado del mismo, yendo a caer al suelo; allí, un manifestante que
tenía varios procesos criminales en su historia, le disparó tres balazos que
ultimaron a la víctima.
Llegado junto al farol que se le había destinado, el mayor Eguino pidió que se le
dejara hablar por breves momentos por que allí, al borde de la muerte, deseaba
hacer algunas declaraciones importantes. Gritos de que se le deje hablar y de que
se lo cuelgue en seguida. Se imponen los primeros y, entonces, Eguino comienza
su declaración, arguyendo que los fusilamientos del 20 de noviembre de 1944
habían sido una necesidad, porque los implicados habían ofrecido a un país
extranjero compensaciones territoriales si vencían, u cambio de ayuda para
preparar la revolución. En un momento, Eguino dice que no puede hablar porque
tiene la boca reseca; entonces, no se sabe cómo ni de dónde, a través de una
masa compacta de gente -quizá ya se habían reunido die mil personas- se hace
llegar al
342
condenado una botella de refresco y un helado; alguien le alcanza un pañuelo
para que se limpie la sangre que sigue manando de la cabeza. Eguino pide dos
días de plazo para comprobar lo que decía. La gente se impacienta. Surgen gritos
para que se cuelgue al culpable en seguida. Otros se oponen. La gritería arrecia.
Llega un momento en que, pese a la oposición de algunas personas que
conservaban su serenidad, la mayoría consigue que se inicien los aprestos para el
colgamiento. Ante la sentencia de muerte, que se juzga ya dictada, se pide un
sacerdote, el cual llega hasta el condenado y lo confiesa. Después logra imponer
un instante de silencio y pide clemencia para la futura víctima. Su voz es cubierta
por los silbidos y los gritos de excitación y cólera. Algunos que se animan a sugerir
un aplazamiento, reciben inmediatas amenazas y alguien hasta varios golpes. En
vista de lo que juzgaba fatal, Eguino pide que se le permita morir no colgado: que
uno de los presentes le dispare o que se le dé una pistolú suicidarse. La muc im-
bre no accede: tiene que ser precisamente colgado. Varias personas agarran a la
víctima, que se resiste. Se lo levanta de un farol, pero la soga cede. Eguino cae al
suelo, donde una persona, para evitar mayores sufrimientos, le dispara dos tiros y
lo mata. La muchedumbre no se aplaca. Exige que el cadáver sea colgado, lo que
se hace en seguida.
344
Breves instantes después la plaza está vacía, la gente corre en la oscuridad, se
pisotea y aplasta, gritando en algunos lugares. Poco después los cadáveres son
descendidos sin mayor dificultad.
(1) Sobre estos puntos y los que siguen, ver especialmente: Léauté. Crimlnologie et sciencie pénitenciaire, pp. 588 - 599; Goeppinger,
Criminología, pp. 467 - 488; Tyler, art. The crtme Corporation, pp. 192 - 209, incluido en Current perspectives on criminal behavior, dirigida
por Blumberg; Hood y Sparks, Key issnes to criminology, pp. 80 - 109; etc. La bibliografía sobre el tema es enorme lo que demuestra la
importancia de éste.
(2) No desconocemos que es discutible llamar instintos a estas capacidades de reacción, sobre todo cuando se trata de seres humanos. El
instinto es fijo en sus formas de manifestación, lo que no sucede con la sugestión, simpatía e imitación que se presentan como meras
tendencias generales capaces de adaptarse a los más variados contenidos. Por esto, se suele preferir hablar, en el hombre, más que de
instintos, de tendencias instintivas. Usamos, sin embargo, una de las denominaciones más comunes. Para su discusión, v.: Me Dougall,
Social Paycholoey, pp. 77 - 91.
La importancia de la imitación como factor social, fue ampliamente reconocida y estudiada por Tarde; sobre sus concepciones psicológicas,
véase el resumen contenido en Blondel, Psicología Colectiva, pp. 85 -108, fuera de lo que quedó dicho sobre ese autor. Tanto al leer a Tarde
como a otros autores, es preciso tener en cuenta que muchas veces dan el nombré de sugestión o imitación a todos los fenómenos de copia
psíquica y no a una sola categoría de ellos.
(3) Mó Dougall, ob. cit., pág. 79. Desde luego, queda descartado, dentro de un uso estricto, el significado de la voz simpatía como mera
inclinación sentimental de una persona hacia otra. La simpatía, como el origen etimológico de la palabra lo pone en claro, es un
consentimiento. Así, diremos que hay simpatía cuando, en una manifestación pública, el individuo A, siente ira y actúa en consecuencia, y el
individuo B, al ver esas manifestaciones, siente también ira. Naturalmente, la inclinación simpática, a que primero nos referíamos, puede
resultar de la comunidad de sentimientos a que nos referimos en segundo lugar; pero no siempre es así.
(5) También existe entre los animales; por ejemplo, cuando un pato de una bandada levanta vuelo, los demás lo siguen.
(7) V.: Sighele, La Muchedumbre Delincuente, T. I, pp. 32. En el mismo sentido y con referencia a las concepciones sociológicas de Tonnies
y von Wiesse, Constancio Bernaldo de Quiroz, Criminología, pp. 188 -191.
(8) Lo cual no significa que en ellas todas las causas sean accidentales; véase más adelante el párrafo respectivo.
(9) Véase, sobre este último tema, lo que expone extensamente Sighele; id. Id., pág. 139 y ss. Sobre la pareja suicida, especialmente: Ferri,
Homicidio-Suicidio, pp. 62-185.
(10) Véanse: Taft, Criminolgy, pág. 178; Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pág. 32. Existen allí mismo muchos otros datos
sumamente instructivos acerca de la extensión de las bandas criminales y de las asombrosas cantidades con las cuales operan, sobre todo
en ciertas industrias acaparadas por ellas; el juego, el contrabando de licores y estupefacientes y el tráfico internacional de mujeres.
(17) Sobreentiéndase: no todos los medios; a veces sólo eventualmente y en escasísimos casos, porque basta la fama de lo ya hecho para
que las víctimas no quieran dar ocasión para que el poder de la banda se manifieste de nuevo; corrientemente, ni siquiera son necesarias
amenazas expresas ni las meras alusiones.
(18) Sobre la enorme extensión de la compra de influencias y de impunidad cómplice, véanse los capítulos dedicados al tema en las
siguientes obras: Taft, ob. cit., pp. 177 - 198; Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 22 - 76; Reckless, Criminal Bellavior, pp. 122 - 139; Sutherland,
Principies of Criminology, pp. 187 - 193 y -principalmente para la corrupción de policías y políticos- Tannenbaum: Crime and the Community,
pp. 87 - 173. En cuanto a la protección política y hasta sindical, repásese la prensa diaria nuestra para comprobar la impunidad en que
quedan muchos delitos cometidos por jefes de secciones partidistas o por dirigentes sindicales.
(19) Podría hablarse de que aquí la fuerza que mueve a los delincuentes es el fanatismo religioso, político, social, etc. Preferimos, sin
embargo, dejar de lado esa palabra "fanatismo", por dos razones. La primera, que se le da un contenido demasiado elástico, al extremo de
utilizarse inclusive para censurar a quien tiene convicciones firmes y vive de acuerdo a ellas, como si el no fanático, el individuo loable, fuera
el que tiene alma de junco inclinable hacia aquí o allá, según la dirección momentánea que lleve el viento. La segunda: que cambios súbitos
de situación convierten a los fanáticos del día anterior en los héroes de hoy, como frecuentemente sucede en las luchas políticas y sociales y,
menos frecuentemente, en las religiosas.
(20) Es de lamentar que el juicio posteriormente iniciado a raíz de los fusilamientos de noviembre, haya arrojado pocas luces sobre la forma
en que obró la logia mencionada. El tinte político ha limitado las posibilidades de llegar a la verdad. En cuanto al otro ejemplo, el banderío
partidista es posible que cree iguales dificultades en lo futuro, aún en el supuesto caso de que alguna forma de juicio se instaurare.
345
(21) Sobre secta, puede verse Constancio Bernaldo de Quiroz, ob. cit. pp. 184 - 188. Fue Sighelu el primero que dio gran extensión,
dedicándole un libro especial, a la delincuencia sectaria. Los autores norteamericanos, en general, no hacen la distinción que, sin embargo,
es necesaria, entre las pandillas criminales y las sectas, involucrándolas en el mismo capítulo y juzgándolas con el mismo metro; véase, como
claro ejemplo, la obra citada de Reckless, loe. cit.
(22) Mucho se ha escrito sobre el tema, si bien es posible afirmar que, en los últimos decenios, muy poco se ha agregado a lo que habían
establecido obras clásicas de hace medio siglo. Nos hemos guiado especialmente por: Gustave Le Bon, Psicología de las Multitudes; Sighele,
La Muchedumbre Delincuente; Rossi, Psicología Colectiva Morbosa y Sociología y Psicología Colectiva; Tarde, L'Opinión et la Foule; Freud,
Psicología de las Masas (en el tomo IX de las Obras Completas).
(24) Recuérdese, como ejemplo demostrativo, el pánico colectivo, con todos los caracteres de una reacción de muchedumbres, causado en
diversos países por las emisiones no preanunciadas, de una novela radioteatralizada acerca de la invasión de la tierra por marcianos.
(25) V.: Tarde, ob. cit., pp. 167 - 179: Le Bon, ob. cit., pp. 29-31.
(33) En lo que sigue, nos atenemos principalmente a la clara exposición de Le Bon, aunque incluyendo los aportes de otros autores; ello sin
olvidar que muchas ideas del pensador francés fueron tomadas de Sighele, aunque desarrolladas con mayor extensión; al respecto, véase lo
que quedó dicho acerca de los dos autores recién nombrados, en la parte histórica de esta obra.
(34) La revolución del 21 de julio de 1946 presta grandes materiales, que aún están a la espera de ser sistemáticamente investigados y
elaborados, acerca de la psicología de las muchedumbres. Por ejemplo, era extraordinaria la facilidad con que grupos aislados creyeron que
en la puerta de la Municipalidad habían sido colgados varios estudiantes universitarios: y eso que muchos de los crédulos habían pasado por
allí después del momento en que se decía había comenzado la exhibición de los ahorcados; para no hablar de aquellos que, a fuerza de oír
los rumores, eran capaces de jurar que habían visto personalmente el macabro espectáculo; y al obrar así ciertamente no mentían
intencionalmente, sino que estaban equivocados. En cuanto a la manera cómo estas creencias operan luego, puede verse lo sucedido con el
presidente Villarroel y sus más fieles acompañantes; si fueron colgados, aun después de muertos, se debió en buena parte, sino en todo, a
que mucha gente quería ejecutarlos o mostrarlos en la misma forma en que se suponían muertos los estudiantes arriba mencionados.
(35) De ahí que cuando se leían en la prensa informativa los discursos de grandes conductores de masas -Hitler, Mussolinl- apenas se sentía
uno impresionado: más impresionaba, por incomprensible, la actitud fanática de las masas que oían de presente esos discursos.
(36) Citemos un ejemplo. Durante los días previos a la revolución de 1946, existía un ambiente de enorme tensión. Un estudiante cayó
muerto; desaparecido el cadáver, se realizó una manifestación simbólica de duelo que recorría el centro de la ciudad concluyendo en el
cementerio. En un lugar del camino y cuando la multitud ya se hallaba enardecida, uno de los manifestantes señaló a una persona que se
hallaba en la acera, acusándola de ser policía y espía; sin requerir pruebas, comenzaron las amenazas y unos segundos después, los golpes
que ensangrentaron a la víctima; fue inútil la intervención de algunos estudiantes que habían conservado su sangre fría y que argüían que se
estaba cometiendo un atropello, un hecho indigno de los universitarios, etc. Pero la solución vino como un rayo. Un dirigente estudiantil de
prestigio, corpulento y expeditivo, se dirigió al grupo, apartó violentamente a los agresores, puso a la víctima a sus espaldas y rechazó con
dos golpes a dos nuevos agresores; en seguida gritó que aquel atropello era propio de bestias y que, además, aquel hombre no era ni policía
ni espía. Nadie pidió explicaciones; los ánimos se serenaron; el hombre fue dejado, sin que nadie se opusiera, en una casa cercana. Y la
manifestación prosiguió como si nada hubiera sucedido.
(37) Por lo visto, se deducirá que es un error comenzar una exposición acerca de la criminalidad colectiva, haciendo resaltar el predominio
actual de las masas, así como las grandes aglomeraciones urbanas, en las cuales hay alta técnica industrial. Lo corriente es que en las
grandes ciudades y en los pueblos muy desarrollados, exista demasiado control para que sea fácil cometer delitos colectivos (queremos decir
de muchedumbres, no de asociaciones criminales); la policía es rápida, fuerte y expeditiva. Por eso, las muchedumbres criminales son
fenómenos frecuentes donde ese control no existe, donde las aglomeraciones no son tan grandes como para que en ella exista ya una
potente fuerza pública. Si comparamos, por ejemplo, Bolivia con Inglaterra, resultaría, según aquella tesis, que nuestro país debiera tener
menos criminalidad de muchedumbres; pero ya sabemos que no es así, sino todo lo contrario. Y comparación igual puede hacerse dentro de
un mismo país entre sus sectores regionales más industrializados y urbanizados y los más atrasados.
Belbey, en su obra La Sociedad y el Delito, pp. 31 - 34, cae redondo en este error tanto por el deseo de encajar los fenómenos criminales
multitudinarios en la actual sociedad caracterizada por el papel protagónico de las masas, como por la tácita creencia de que una
muchedumbre delincuente debe ser inmensa y, consiguientemente, sólo reclutable en lugares muy poblados; cuanto más poblados, mejor. En
realidad, las multitudes delincuentes rarísimamente están formadas por decenas de miles de personas; raras son, inclusive, las que cuentan
con algunos miles; lo común es que se cuenten sus componentes sólo por decenas o centenas. Sin que por eso dejen de ser muchedumbres.
En realidad, Belbey ha dado exagerada importancia a un factor secundario.
Sobre las condiciones predisponentes, véanse: Rossi, Psicología Colectiva Morbosa, pp. 108 -119; Tarde, ob. cit., pp. 203 - 213; etc.
(38) Rossi, en su obra recién citada pág. 14, dice que los fenómenos de psicología colectiva morbosa suponen "estímulos anormales por su
naturaleza e intensidad... (que) recaen sobre espíritus anormales". Evidentemente, esta afirmación es exagerada, sobre todo si se entiende lo
anormal no como lo que simplemente se aparta del término medio en cualquier sentido, sino lo que se inclina a la morbosidad.
346
CAPÍTULO DÉCIMO
VICTIMOLOGÍA
Aunque tales relaciones han sido tomadas en cuenta desde hace mucho tiempo
en las Ciencias Penales, no han recibido atención sistemática sino en los últimos
tres decenios. Pero, como ha sucedido frecuentemente con las novedades, no han
faltado exageraciones que amenazan con desnaturalizar este tema de estudio. De
ahí la necesidad de señalar algunos principios básicos para evitar desviaciones.
Tanto más si, como se reconoce universalmente, es poco lo que se ha ahondado
en estos problemas, sobre todo en el que toca a los aspectos criminológicos, que
todavía se hallan en sus primeros momentos. Sin embargo, la importancia del
asunto se demuestra por el hecho de que ya se hayan realizado dos congresos
internacionales sobre la materia, numerosos simposios, seminarios, y
publicaciones y se haya creado este nuevo capítulo en la Criminología actual.
347
a) El campo de la responsabilidad penal, es decir, de la que corresponde al
delincuente en relación con el Estado y la sociedad de que aquél es
representante. Toca especialmente a la definición del tipo penal y al orado de la
pena, en cuanto ambos aspectos jurídico - penales toman en consideración
condiciones de la víctima. Esta resulta, entonces, importante desde el punto de
vista de la valoración de la conducta criminal y de las consecuencias que la misma
debe acarrear al culpable. Es en este terreno jurídico - penal donde la víctima hizo
su primera aparición, hace ya siglos. El Derecho Penal ha tomado en cuenta
relaciones permanentes o pasajeras, situaciones momentáneas, para defitair tipos
delictivos o grados de responsabilidad. Tal ha sucedido, por ejemplo, en la muerte
dada a un pariente próximo, el derecho de corrección en la familia, el homicidio
perpetrado por el esposo ante la infidelidad de la esposa, los delitos sexuales
cometidos contra menores o anormales mentales, homicidios o heridas resultantes
de la provocación de la víctima, la situación del delincuente que se convierte en
víctima cuando ocurre un exceso en la legítima defensa. Los ejemplos podrían
multiplicarse y se hallan hasta en el derecho más antiguo.
amplitud en los últimos cien años (2). Ahora se tiende a que, inclusive cuando el
criminal no es capaz de pagar la indemnización, sea el Estado el que lo haga,
tanto por su obligación de tomar medidas para que las leyes se cumplan como por
razones de justicia. Este es un asunto de enorme interés en la actualidad y se
extiende hasta el momento de la ejecución de la pena, por ejemplo, cuando se
348
dispone que parte del salario del penado se destine al resarcimiento de daños y
perjuicios.
c) El campo criminológico, es decir, aquel en que la victima opera como causa del
delito. Este es el problema que aquí nos interesa y el que menos ha sido analizado
hasta el momento. Mientras los aspectos jurídicos antes expuestos existen desde
hace siglos, el criminológico fue apenas rozado por los fundadores de la
Criminología. La relación causal ha comenzado a ser sistematizada sólo en los
últimos tiempos si bien se está lejos de haber adelantado tanto como en otros
factores del delito. Sin embargo, el relieve que la víctima tiene, especialmente en
algunos delitos, es obvio. Por ejemplo, la mayoría de los conyugicidios,
seducciones, riñas, etc., no pueden explicarse si no se consideran de modo
especial las condiciones o la conducta de la víctima; ésta puede ser, en muchos
casos, la causa principal o una de las principales, para que el delito se hubiera
cometido. No tomarlo en cuenta puede llevar a que la ley penal se aplique con
exagerado objetivismo y descuide aspectos subjetivos fundamentales del delito. Si
ahora se exige que, para determinar la sanción, se tome en cuenta la personalidad
general del delincuente y su situación en el momento del delito, prescindir de la
víctima puede llevar, en muchos casos, a desnaturalizar la realidad, a no
comprender lo que ha sucedido (3).
349
muchos delitos contra la ad-ministración pública se cometen a causa de la forma
en que esa administración tienta y hasta impulsa a que se atente contra ella.
Ciertos tipos de organización estatal son la condictio sine qua non para que se
cometan determinados delitos políticos. Cierto tipo de terrorismo no se podria
explicar sino dentro de algunos regímenes represivos.
Sin embargo, no es fácil encontrar estadísticas confiables. Eso sucede por varias
razones entre las cuales se destacan especialmente dos. La primera, que cuando
se trata de estadísticas criminológicas, se concede mayor importancia al autor, al
delincuente, que a la víctima; ésta es frecuentemente descuidada, se la deja de,
lado. La segunda, porque inclusive allí donde se presta atención a la víctima, las
"cifras negras" son considerables: muchas de las deficiencias de las estadísticas
se deben a que las víctimas no denuncian los delitos de que han sido objeto; eso
puede suceder por interés -un banco que no denuncia estafas o abusos de
confianza cometidos por su empleador- por vergüenza -como ocurre con las
víctimas de delitos sexuales- por falta de interés -como cuando se ha sido víctima
de un hurto pequeño-. Las razones de las fallas podrían ser fácilmente ampliadas.
Ellas son lo suficientemente importantes como para que se pueda afirmar, sin
exageración que,
350
en lo que toca a víctimas las cifras negras son más notorias que cuando se
refieren a los delincuentes. En ambos casos, puede decirse lo mismo: las fallas no
son iguales en relación con todos los delitos; por ejemplo, son menores en los
delitos violentos graves; son mucho mayores en los delitos contra la honestidad, la
buena fama, etc.
Queda todavía mucho por hacer, sin duda, ya que el comportamiento no es igual
en relación con todos los delitos, inclusive por razones legales; por ejemplo,
cuando la ley define ciertos delitos tomando en cuenta la edad o sexo de la
víctima.
Si en materia de estadística sobre víctimas hay fallas y vacíos, estos defectos son
mayores todavía en lo que toca al aspecto causal explicativo, el más propio de la
Criminología. Por ejemplo, las cifras que reproduciremos enseguida indican que,
en varios delitos, la edad de 20 a 29 años es aquella en que se presenta la mayor
cantidad de víctimas; pero resulta muy difícil establecer por qué sucede eso. Lo
mismo ocurre en relación con otros datos numéricos para los cuales faltan
explicaciones basadas en la experiencia y, quizá, sobran las asentadas en
especulaciones, a veces muy sutiles, pero que no son fáciles de adecuar a la
realidad. En este campo, se ha avanzado poco y es mucho lo que queda por
hacer.
En cuanto a cifras totales, en relación con todos los delitos, el número de victimas
es muy probablemente mayor que el de autores. Eso quiere decir que son más los
351
casos en que un delincuente comete varios delitos y, así multiplica el número de
víctimas, que los casos en que varios delincuentes cometen un sólo delito contra
352
una sola víctima. Por ejemplo, es mucho más común que un solo carterista robe a
decenas de personas y no que un grupo de jóvenes viole a una muchacha.
Este ejemplo nos lleva a otro asunto. Como von Hentig hace notar, hay delitos en
los que se dan pocas diferencias entre el número de criminales y el de víctimas;
tales los casos de asesinato y de incesto. Lo contrario ocurre en los delitos contra
la propiedad; el hurto corriente, los robos de partes de autos y las estafas
llamadas "cuentos del tío" son ejecutadas por los mismos delincuentes contra
muchas personas. Es un hecho comprobado por las estadísticas que el mayor
número de reincidencias se da entre los que cometen delitos contra la propiedad.
En cuanto a las diferencias por sexos, ya vimos que los varones son autores de
delitos con más frecuencia que las mujeres. Algo semejante sucede en cuanto al
número de. víctimas. Por ejemplo, en Estados Unidos, como se advertirá por las
cifras que luego reproducimos, hay aproximadamente una víctima de sexo
femenino por cada tres de sexo masculino.
Las estadísticas que siguen han sido extraídas de la obra "The challenge of crime
in a free society"; es el informe de la Comisión Presidencial sobre cumplimiento de
la ley y la administración de justicia, un trabajo oficial estadounidense considerado
ejemplar en su clase.
353
Hurto (más de $ 50) (8) 420 619 549 925
Robo de automóviles 153 206 202 219(9)
VICTIMACIÓN POR RAZA (Por 100.000 habitantes de cada grupo)
Hurto (más de $ 50) 337 1.546 1.628 1.839 967 683 841
MUJERES
354
Robo 0 238 157 96 60 81 77
Hurto (más de $ 50) 122 570 470 620 536 405 337
Hay otro punto interesante y es el de las relaciones previas que hubieran existido
entre la víctima y el delincuente. En los delitos contra las personas -homicidios,
heridas agresiones, violación-, en la mayoría de los casos, ha habido un
conocimiento, siquiera circunstancial, entre víctima y delincuente. Las relaciones
previas suelen ser mucho menores en el caso de los delitos contra la propiedad
(13).
355
el
356
actor. De ahí la necesidad de analizar también los rasgos cualitativos de las
víctimas y la posibilidad de establecer una tipología de las mismas.
Algo se ha hecho, sin embargo, que puede servir de base para nuevos avances y
para que se llegue a algún acuerdo futuro, siquiera en cuanto a algunos tipos
fundamentales, como más o menos ha ocurrido en lo que toca a delincuentes.
Vamos a referirnos a tres clasificaciones que, sin duda, servirán de base a otras y
que se hallan entre las más comúnmente citadas en la actualidad: las de
Mendelsohn, Schafer y von Hentig.
357
1) "Víctima completamente inocente", como los niños, algunos enfermos o que
se hallan en estado inconsciente. Tal el caso de una niña de tres años que,
descuidada momentáneamente por su madre en un almacén de Obrajes, barrio de
La Paz, fue secuestrada por un joven esquizofrénico y luego matada.
2) "Víctimas con culpabilidad menor", como la mujer que provoca una reacción
de la que resulta su muerte.
5) La "víctima más culpable" o la que es, "ella sola, culpable", aquella que, por
su agresividad, desencadena el delito. Por ejemplo, el agresor injusto que es
matado porque otro usa de la legítima defensa.
11) Los solitarios y desgraciados suelen se; víctimas de los delincuentes que se
presentan con la fingida intención de consolar a quienes después serán víctimas.
359
13) Los'"bloqueados" y que luchan; por ejemplo, alguien que es chantajeado y
se halla imposibilitado de recurrir a la protección policial; el que lucha contra una
agresión delictiva, pero es vencido (15).
Por su lado, Schafer ha dado su propia clasificación tornando al criterio que era
fundamental en Mendelsohn: el del grado de responsabilidad que la víctima tiene
en la comisión del delito; la víctima es parte del mismo y puede ser clasificada
conforme al grado de su participación. Schafer propone los siguientes siete tipos:
1) Víctimas sin relaciones con el criminal como no sea la resultante del propio
delito. Hay muchos casos en que las relaciones previas no existen y en que las
características de las víctimas carecen de importancia para el delincuente.
6) Víctimas de sí mismas; son los casos en que la víctima realiza el acto que
la perjudica. No se trata sólo del suicidio o de automutilaciones, sino también de
los casos de drogadicción, al-coholismo, homosexualidad, juego, etc.
360
En esta clasificación como se advertirá, ya se nota la asimilación de lo que otros
autores dijeron, lo que demuestra que, aunque la tipología dé las víctimas se halla
en sus comienzos, ya se van encontrando algunos puntos comunes y de acuerdo.
Sin duda el criterio principal que tiene que seguirse, para una clasificación
criminológica, es el señalado por Mendelsohn y Schafer ya que el mismo resalta la
actuación de la víctima como causa del delito. Pero es obvio que, para establecer
tipologías, pueden tomarse en cuenta otros criterios, según sea la finalidad que se
busca.
(1) Así lo hace, por ejemplo, un libro fundamental de la materia: el de Schafer; Victimology: The victim and his criminal.
(2) V. El Delito, II, pp. 408 - 570. Este amplio capítulo lleva precisamente por título: La víctima como un elemento del
mundo circundante.
(3) Con su obra: The criminal and his victim, studies in the Sociobiology of crime; New Haven, 1948.
(4) V. The origin of the doctrine of Victtmology, en Excerpta Criminológica, vol. 3, N° 3 (mayo-junio, 1963). Vale la
pena recordar que consideraciones acerca de la víctima como causa del delito han sido hechas, aunque no
sistemáticamente, inclusive por los creadores de la Criminología, hace aproximadamente un siglo.
(5) V. von Hentig, "El Delito" II, pp. 425 y ss.
(6) Siempre hay dificultades para caracterizar un tipo penal a fin de dar notas que faciliten comparaciones
internacionales. La dificultad es especialmente grave con el derecho vigente en Estados Unidos donde ni siquiera
suele haber uniformidad legislativa. Hemos traducido forcible rape por violación (cuando hay fuerza y no otras
características, por ejemplo, imposibilidad de dar asentimiento legalmente válido); robbery por robo, generalmente
con violencia en las cosas; assault lo traducimos por agresión y supone ataque violento contra una persona o
amenaza de realizarlo; burglary, como violación de domicilio que, en derecho estadounidense, se liga con la
intención de cometer otro delito; larceny, hurto, apropiación de una cosa contra la voluntad de su dueño; motor
vehicle theft como robo de automóviles. Nos hemos guiado por las definiciones contenidas en la Encyclopedia of
Criminology, dirigida por Branham y Kutash.
(7) V. pág. 135.
(8) V. pág. 136.
(9) V. pág. 137.
(10) V. pág. 138.
(11) Véanse también. Scbafer, ob. cit., especialmente las pp. 54 - 88; von Hentig. ob. clt., especialmente las pp. 441 -
489; el análisis, en muchos aspectos modelo, contenido en el artículo Victimeprecipitated criminal homicide, de
Wolfgang, incluido en el T. I, pp. 280 - 292, de la obra Crime and Justice, dirigida por Rad- zinowicz Wolfgang;
Gosppinger, Criminología, pp. 388-375.
(12) Un resumen en Schafer, ob. Cit., pp. 35-36.
(13) Esta clasificación se halla resumida en Schafer, ob. ctt., pp. 36 - 40. Puede compararse provechosamente con las
distintas clases de víctimas que von Hentig detalla en su obra "El Delito", loe. cit.
(14) V. Schafer, ob, cit., pp. 45-47.
361
Sección Tercera Psicología Criminal
CAPÍTULO I
Reconocido lo anterior como verdadero, es, sin embargo, evidente que para
realizar un estudio de la psique humana se impone la necesidad de recurrir a
dicha abstracción, como sucede en todo caso en que se utiliza un análisis para la
exposición; habremos, pues, de proceder a presentar aisladas las distintas
funciones psíquicas (2), mostrando tanto sus caracteres normales como los
anormales, pero siempre con la advertencia de que, si bien tales caracteres
insinúan
-en nuestra obra es lo que nos interesa- esta o aquella afinidad con ciertos delitos,
su evaluación final sólo será posible cuando los integremos en tai o cual totalidad.
Así, por ejemplo, si algo general puede deducirse en un análisis de ios delirios de
persecución o de celos, la repercución que ellos hubieran tenido realmente, en el
delito concreto, no puede adelantarse mientras los demás componentes de la
totalidad no hayan sido igualmente conocidos.
363
qué se comete un delito. Pero no se trata tampoco sólo de esto sino también de
que los rasgos anormales son mucho más comunes de lo que corrientemente se
cree con un error de apreciación debido a que solemos considerar usualmente
como anormales Jos rasgos que lo son en extremo y que impiden al sujeto
proseguir su vida en la sociedad corriente; pero ese criterio, que tiende a dividir a
la humanidad en dos sectores tajantemente separados, normales y anormales, no
puede ser ya admitido porque desconoce la indudable realidad de los estados
intermedios que son más comunes que los de extrema anormalidad.
Cameron cita estadísticas según las cuales, en Estados Unidos, sólo los
anormales internados en manicomios llegan a 600.000, casi todos ellos psicóticos
(3). Por su lado, Brown estima que alrededor del 10% de los habitantes del país
citado padece de graves anomalías mentales; basado en su larga experiencia,
asegura que no hay estudiante que, a raíz de los esfuerzos realizados, no sea
merecedor siquiera una vez en su carrera, de un tratamiento psiquiátrico (4).
Datos convincentes por sí solos
-y podrían agregarse otros- para justificar la extensión dada a las anormalidades
psíquicas Otra razón, en fin, reside en el hecho de que las personalidades
anormales no son radicalmente distintas de las normales, sino que más bien,
muchas veces, ayudan a comprenderlas (5).
En las páginas que siguen, los distintos tipos de fenómenos psíquicos serán
expuestos en este orden: fenómenos de la vida representativa, de la vida afectiva
y de la vida volitiva (que otros prefieren denominar vida activa).
364
estos recuerdos ayudan a interpretar y dar significado a las sensaciones; en
efecto, en la
365
percepción las sensaciones no se me dan aisladas entre sí ni tampoco meramente
yuxtapuestas, sin orden ni concierto; por el contrario, se encuentran relacionadas
integrando un todo pleno de sentido dentro del cual cada una ocupa
armoniosamente su lugar. Es evidente que tal sentido no nje es meramente
impuesto por el estímulo externo como si éste fuera mecánica y pasivamente
recibido, sino que la psique actúa, opera y reacciona de acuerdo a sus propias
cualidades, experiencias, gustos y tendencias preexistentes. Así, por ejemplo, si
ante un cerro se encuentran un militar, un pintor, un agricultor, un geólogo, un
místico y un excursionista, seguramente tendrán aproximadamente las mismas
sensaciones o datos proporcionados por los sentidos; pero cada uno percibirá una
cosa distinta a la del vecino porque cada uno habrá dado un sentido destinto a la
realidad extema percibida (8). Porque es tan importante el sentido del todo es que
debemos rechazar cualquier interpretación puramente atomista que pretenda
explicar la percepción como mero aglutinamiento mecánico de sensaciones que se
impone a un receptor pasivo. La importancia de este punto se extiende hasta el
terreno criminal; por ejemplo, cuando tratamos de reconstruir el proceso causal de
un delito, podemos llegar a no comprender las razones por las cuales un sujeto
reaccionó de tal o cual manera ante un estímulo; frecuentemente la dificultad
estriba en que a los datos de hecho les damos una interpretación nuestra y
pretendemos que las aje-nas sean absolutamente iguales: en tal caso, es muy
probable que la conducta ajena nos resulte incomprensible; pero podrá
introducirse claridad apenas tratemos de averiguar cuál fue la forma en que el
delincuente mismo interpretó los datos que le ofrecía el mundo exterior.
Es sólo luego, por un nroceso posterior, que podremos aislar las sensaciones
abstrayéndolas del todo primariamente experimentado (10).
Ante la imagen perceptiva no sólo creo que corresponde a un objeto externo, sino
que así es realmente; es decir que aquélla no es mero producto de mi fantasía,
sino que pretende ser la representación, la traducción en la conciencia, de algo
extraconciencial.
366
La percepción, en cuanto estado puramente representativo, ya supone también un
análisis; en la vida psíquica real aquélla se halla siempre acompañada de un
sentimiento y relacionada con la voluntad y la acción. No hay percepción
emotivamente indiferente, como lo demostrado el psicoanálisis (11).
367
fielmente a la realidad.
368
Ilusiones y alucinaciones pueden referirse a distintos sentidos; pero las más
abundantes son las auditivas y las visuales siguiéndolas las referentes a los
sentidos cuya base orgánica es la piel (contacto, frío, calor y dolor); menos
frecuentes son las ilusiones y alucinaciones olfativas y gustativas y es lo corriente
que se den asociados con otras de otro tipo. Ultimamente y siguiendo el compás
de los descubrimientos de nuevos sentidos, se admite la existencia de
pseudopercepciones cenestésicas (de sed, hambre, fatiga), quinestésicas (de que
las partes del cuerpo se mueven u ocupan tal o cual posición), de posición
corporal (se cree estar continuamente echado, y de equilibrio (se cree estar
girando como un trompo).
Algo semejante puede decirse de los demás tipos de alucinaciones. Pero hemos
de agregar dos palabras sobre las que se relacionan con las percepciones
369
sexuales
370
tales como las de sentirse cas- irado, violado, etc.; muchas denuncias
calumniosas se presentan por esta causa, principalmente en mujeres histéricas.
En cuanto a las ilusiones, demás insistir en la importancia que tienen para causar
el delito a través de las falsas interpretaciones a que dan lugar; piénsese en el
caso en que un marido ve juntos a su esposa y a un tercero y, bajo el impulso de
los celos, "ve" que se hallan traicionándolo: o en el de aquel otro que, puesto ante
un presunto enemigo que se lleva la mano al bolsillo, "ve" que saca una pistola
para matarlo.
En general, podemos decir que tamo alucinaciones como ilusiones facilitan el dar
respuesta inadecuada al medio en que se vive.
Todo fenómeno, para poderse decir que o recordado, debe atravesar por las
siguientes etapas: I) fijación del fenómeno; 2) conservación del mismo lo que
asegura su permanencia, aunque sólo sea latente; 3) evocación en virtud de la
cual el hecho pasado retorna a la conciencia; la evocación o llamada puede ser
conciente o inconsciente, o, como otros prefieren, voluntaria o involuntaria; 4)
reconocimiento del recuerdo que consiste en darse exacta cuenta de que el hecho
pasado está reproducido tal como originalmente se presentó (por ejemplo, si ahora
escribo una frase que hace tiempo oí a otra persona, pero que actualmente
considero mía, puede afirmarse que ha habido fijación, conservación, evocación,
pero no reconocimiento y, por tanto, el recuerdo es incompleto, imperfecto; más
frecuentemente sucede que algunos hechos meramente imaginados son tenidos,
al cabo de un tiempo, por realmente sucedidos; aquí también se cumplen las tres
primeras etapas, pero no el reconocimiento, ya que lo producido por la
imaginación
371
es tomado como proveniente de una percepción). 5) Localización en el tiempo,
sobre todo señalando el antes y el después en relación con otros fenómenos.
Podemos, por fin, citar el recuerdo obsesivo en el cual una imagen mnémica
ocupa persistentemente el foco de la conciencia y no puede ser desplazada de
allí, por lo cual tiñe de cierto colorido toda la actividad psíquica del individuo. Es un
fenómeno qtr suele presentarse, en pequeña escala, hasta en las personas
normales.
374
Ahora podemos pensar a tratar de las anormalidades de las funciones de
comprensión y asociación.
a) Flujo (fuga) de ideas (22). Se caracteriza, según dice Noyes (23), por la
sucesión rápida de los contenidos mentales que no tienen punto de llegada ni
finalidad que guíe esa sucesión. Barbé, por .su parte, trata de estos fenómenos en
el capítulo dedicado a la atención y los caracteriza diciendo que en la fuga de
ideas éstas no pueden ser fijadas en el foco de la conciencia siendo arrastradas
las unas contra las otras, por asociaciones caprichosas (24); es un síntoma clásico
en los enfermos maníacos. "De todos modos, lo interesante es que, en el flujo de
ideas, las relaciones entre un término y otro de la cadena asociativa se conservan,
aun cuando ésta resulta en su conjunto disparatada e incomprensible. Este dato
resulta esencial para diferenciar dicho síntoma del de la disgregación del
pensamiento, que es propia y característica de los enfermos esquizofrénicos" (25).
375
f) Bloqueo o interpretación. El curso ae la asociación se interrumpe
bruscamente y allí queda; luego se inicia otro proceso asociativo independiente. El
resultado de ello, como de las anormalidades anteriormente relatadas, es la
incoherencia del pensamiento.
g) Ideas fijas y obsesivas. Las ideas fijas, como hace notar Barbé (28), se
caracterizan porque ocupan permanentemente el foco de la conciencia, cerrando
el camino a todo cambio o variación: en el mejor de los casos, estas ideas
permanecen como telón de fondo inmutable, sobre el cual resbalan las demás;
desde luego aquí nos referimos c las ideas fijas de carácter patológico (por
ejemplo, a las resultantes de un delirio de persecución), pero no al caso,
supongamos, de un investigador tenaz. Mira hace notar que las ideas fijas son
neutras. En cambio, las obsesivas, aunque falsas, no sólo ocupan el centro de la
conciencia, sino que pugnan por arrastrar a la personalidad total por lo cual
originan luchas internas que van acompañadas de estados de profunda angustia;
es lo que sucede en las personalidades compulsivas o anancásticas. Otras veces,
la obsesión se manifiesta a través de contrapuestas ideas que plantean dudas
nunca resueltas. Si el resultado es el temor, se producen las denominadas fobias
(29).
El primer material de los pensamientos son los conceptos, los cuales, en una
mente bien organizada, se hallan jerarquizados de acuerdo a su extensión y
comprensión. Los conceptos pueden ser relacionados entre sí con lo cual se
forman los juicios; éstos se caracterizan esencialmente por su pretensión de
376
verdad (ej. si establezco el juicio "Bolivia es una nación mediterránea", él tiene la
pretensión de corresponder a una auténtica realidad).
377
Por fin, tenemos el raciocinio, la más alta función del pensamiento que consiste en
extraer juicios desconocidos de otros conocidos. Puede ser deductivo, en el cual,
de juicios generales se extraen conclusiones particulares (V. gr.: todo hombre es
mortal; Sócrates es hombre, luego Sócrates es mortal); se emplea en ciencias
como las matemáticas y el derecho. En el raciocinio inductivo, se va de lo
particular a lo general; es lo que se hace en las ciencias naturales en que,
después de comprobaciones experimentales, se induce una ley general que se
pretende hacer valer inclusive para los casos similares no experimentados. En
tercer lugar, podemos incluir el raciocinio llamado analógico que va de lo particular
a lo particular: en él, si se advierte que dos objetos se parecen en algo, se infiere
que se parecen en el resto (v. gr.: la corvina, que vive en el agua, es un pez; por
tanto, la ballena, que también vive en el agua, es un pez); es el raciocinio
característico del escaso desarrollo intelectual y el más sujeto a errores (31).
378
El delirio es un error morboso de juicio y, según Mira y López, puede definirse
como "la actividad intelectual cuyo contenido está integrado por errores
morbosamente engendrados e incorregibles por la influencia psíquica directa
(razonamiento, demostración experimental del error, sugestión, etc.)" (32).
Esta falla en el juicio puede agravarse porque se asocia, como sucede muchas
veces, con errores de la percepción (ilusiones y alucinaciones), de la imaginación,
del recuerdo, etc.
379
sobrenaturales que pueden llevar a la disgregación de la personalidad, creando
así personali-dades contrapuestas en el mismo individuo (35).
381
animal); el mundo mismo se altera, sus cosas componentes cambian de materia,
se funden, etc.
Todos estos delirios, por ser tales, suponen una inadecuada concepción del
mundo y de la vida y, consiguientemente, dificultan el adaptarse a ellos; es a
través de esas dificultades cómo se puede llegar al delito buscando una salida o
solución a las concepciones delirantes.
383
sola solución posible de una situación intolerable. La determinación criminal es en
se-mejante caso el término inevitable y lógico de un proceso mental de
razonamiento, es decir de un encadenamiento racional de conceptos, de un
riguroso silogismo. El error fundamental y primordial de las premisas, bases del
delito, es el elemento propiamente patológico del oue conviene considerar menos
el lado puramente intelectual que el lado afectivo, la hipertrofia morbosa del ton)
emocional que hace perder al enfermo, toda noción de los valores" (39).
También los fenómenos afectivos, latu sensu, nos permiten comprobar la unidad
funcional humana resultante no sólo de la imbricación de los fenómenos psíquicos
entre sí, sino con el cuerpo, que es su asiento material. En efecto, en todo estado
afectiva hemos de notar asociaciones con fenómenos representativos (imágenes
perceptivas o fantásticas, recuerdos, ideas, etc.) y con fenómenos corporales
(palidez, rubor, lividez, aumento de la presión arterial, alteraciones en la
composición química de la sangre, en el funcionamiento de los órganos
vegetativos, etc.).
384
los
385
valores que son captados y conocidos. Por un lado, el tono afectivo-
temperamental está intimamente relacionado con la constitución corporal (40); por
otro, con las tendencias derivadas del medio ambiente y de la necesidad de
adecuarse a él.
Toda persona normal suele experimentar los más variados estados afectivos; pero
éstos se quedan dentro de los límites -ciertamente amplios- marcados por la
proporcionalidad con la causa provocadora. Pero, en los anormales, esa
proporcionalidad no existe, como tampoco existe la variabilidad de sentimientos
carac-terística del normal; los sentimientos se apagan, el alma se enfría, ios
afectos disminuyen (hipotimia) o, al contrario, se exageran (hipertimia); a veces,
llegan a anularse (atimia). Los sentimientos pueden retardarse, asociarse
lentamente los unos con los otros (braditimia) o acelerarse hasta atropellarse entre
sí (taquitimia); pueden ser estables, firmes (derotimia) o fácilmente sustitufbles,
cambiantes, lábiles (metatimia). Anormalidades todas que frecuentemente se
asocian entre sí.
387
conciencia llega a manifestarse en movimientos corporales, es lo que
denominaremos vida activa.
Más cercanos a la conciencia, se hallan los actos instintivos que merecen ser
examinados con alguna extensión.
la relación entre el objeto y los medios puestos en juego para llegar a él" (43). En
otras palabras, se trata de "mecanismos perfectamente montados por la herencia,
qúe sólo esperan el estímulo propicio para ponerse" en marcha.
Los instintos presentan en los animales notable rigidez, pero ello no sucede, en el
hombre, en el cual, si bien los impulsos instintivos suponen fuerzas enormes,
pueden ser guiados y contrastados por la inteligencia; en el hombre, más que de
instintos con rígidas formas de expresión, cabe hablar de tendencias instintivas; en
éstas, subsiste el origen inconsciente y hereditario de la conducta, pero ésta
asume gran variedad de formas de presentación (44).
Sin embargo, Baruk, a quien no puede acusarse de retrógrado, nos dice: 'Puede
alguien sorprenderse al notar que retomamos ei vocablo voluntad, que recuerda a
algunos las antiguas abstracciones de las "facultades del alma". Pero no es
suprimiendo este vocablo que se suprimirá la abstracción metafísica de que se
halla rodeada. Y, de hecho, los autores aparentemente más rigurosos, los que
parecen más objetivos y ajenos, aparentemente, a los prejuicios metafísicos,
389
conservan,
390
como vimos más arriba, sin darse cuenta, esos mismos prejuicios sobre la
inalterabilidad de la voluntad, etc. Entonces, vale más no tener miedo de las
palabras y abordar con espíritu verdaderamente científico el estudio
psicofisiológico de la voluntad" (48).
En los actos voluntarios, los mis típicamente humanos, el fin que se persigue es
claro y consciente (diferencia con el instinto). En efecto, dicho acto supone la
presentación de los motivos y objetivos que pueden inducir a obrar, un
enjuiciamiento de los mismos sopesando su pro y su contra (49); y, por fin, el
momento propiamente volitivo que es el de la decisión la cual, a su vez, es el
primer paso hacia la acción (50).
Cualquiera de estos momentos que falle y ya tenemos un acto que no puede ser
calificado de voluntario (51). Por ejemplo, si entre los fenómenos representativos
que entran en contienda, los hay anormalmente deformados, como los
provenientes de alucinaciones, delirios, etc.; o cuando los deformados son los
sentimientos con fuerza para arrastrar a toda la personalidad o cegar su juicio.
Así sucede con las ideas obsesivas que ocupan el campo conciencial y pugnan
por arrastrar tras de sí a toda la persona; lo mismo, con los impulsos; con una
diferencia de matiz, suele designarse con este nombre la imposición de un
391
movimiento (52).
392
Entre los impulsos patológicos, se citan los relacionados con el instinto de
nutrición: de comer cosas extrañas y hasta repugnantes y tóxicas; de beber
inmoderadamente (dipsomanía); los relativos al instinto sexual: onanismo,
sadismó, masoquismo, exhibicionismo, uranismo, fetichismo, bestialismo,
necrofilia, incesto, satiriasis, ninfomanía, etc., de particular relevancia en la
criminalidad.
394
complejos; cuando los movimientos son simples, se prefiere denominarlos tics
(principalmente, en éstos puede evidenciarse la imposición del movimiento,
imposible de controlar por medio de inhibiciones voluntarias). El manerismo
consiste en la adopción de poses teatrales, exageradas, que manifiestan carencia
de espontaneidad. En la denominada flexibilidad cérea, el paciente actúa como un
maniquí: si una de las partes de su cuerpo es colocada en cierta posición, así
queda. Lo contrario es el negativismo, frecuente en algunos tipos esquizofrénicos:
el sujeto no obedece las órdenes, por racionales que sean, hace precisamente lo
contrario.
(1) Acerca de este criterio que coloca primero el todo y luego las partes, véase lo que dicen la psicología de la forma y de la dinámica
del delito.
(2) Lo que aquí se dice supone admitir la posibilidad de distinguir claramente los fenómenos psíquicos de los de otra especie,
admisión que está lejos de tener alcance puramente teórico. Esa distinción es la única que justifica la disposición sistemática de
las partes de la Criminología. Pero, pese a su importancia, obviamente el tema no puede ser tratado aquí. Al respecto pueden
verse: Roustan: Lecciones de Psicología, pp. 19-69; Müller, Psicología, pp. 47-58; Messer: Psicología, pp. 101 -109.
(3) The Psychology of Behavior Disorders, p. 4.
(4) V. The PsychodjTnanies of Abnormal Behavior, p. 5.
(5) En cuanto a la disposición de los párrafos, había que atenerse a la efectuada por algún especialista, con modificaciones de
detalle; en las páginas siguientes se notará que ha sido tomado como texto fundamental la Psiquiatría de Mira y López.
(6) Cabe otra justificación para ello en esta obra que es elemental y principalmente dirigida a los estudiantes; se trata de que éstos
suelen ya tener previamente conocimiento de la psicología normal, lo que no sucede con los fenómenos anormales.
(7) Por eso Mira López las llama funciones senso-perceptivas. V. Psiquiatría, p. 92 y ss.
(8) Nótese que aquí la palabra objeto no sirve para designar tal o cual "cosa" aislada sino a la entera y estructurada situación que
395
es captada por el sujeto.
396
(9) Esta concepción totalitaria ya se encuentra expuesta en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Ha sido mérito de la moderna
corriente denominada de la psicología de la forma (o Gestalttheo-rie), el haberla redescubierto apuntalándola ahora con el aparato
de las inumerables experiencias nuevas. En cuanto al problema de la variedad de interpretación de acuerdo a la propia
personalidad, ese es el tema central de la biotipología de base axiológica que Spranger ha desarrollado en su obra Formas de
vida de donde se ha sacado la idea del ejemplo presentado. El libro de Spranger abarca toda la realidad anímica, razón por la
cual introduce los valores sin los cuales todo intento de comprender la conducta humana está destinado a fracasar
(10) No juzgamos necesario, por lo menos en una obra elemental como la presente, ingresar en un estudio detallado de
las sensaciones.
(11) Este descubrimiento es muy anterior a la aparición de Freud y sus discípulos; pero ha sido el psicoanálisis el que ha puesto
énfasis en el tema.
(12) Véase fundamentalmente Mira y López, Psiquiatría, p. 95 y ss.
(13) Por eso, y dejando de lado la contradicción interna de la frase, suele denominárselas percepciones sin objeto. Para evitar
equívocas interpretaciones se hace necesario insistir, con Baruk (Précis de Psychiatrie, p. 248) en que el estado alucinatorio
no implica el mero darse de una imagen sin objeto externo, sino también la creencia de que ese objeto existe; de otro modo
podría tratarse de una elaboración fantástica perfectamente normal.
(14) La psiquiatría moderna tiene como uno de sus postulados la creencia en la insensible transición de la normalidad a la anormalidad
y entre los grados de esta última; como justificativo, podemos mostrar lo que sucede con las ilusiones, como luego lo haremos
con otros fenómenos psíquicos; nuestro juicio no ofrecerá lugar a dudas cuando se refiera a tal individuo que continuamente
malinterpreta la realidad y, consiguientemente, no logra adecuarse a ella; pero antes de llenar a tal extremo-habrá que recorrer
toda la escala que se inicia en cualquier persona a la que consideramos normal, pero que seguramente de vez en cuando sufrirá
de ilusiones. Ahora bien: ¿quién se animará a determinar cuál es la ilusión que, agregada a las anteriores, sirve para atravesar
claramente la línea que separa a la persona normal de la anormal? Y si se piensa más en la intensidad que en el número, ¿cuál
es aquel gramo espiritual que permitirá emitir un juicio tan terminante?
(15) Moglie, La Psicopatología Forense p. 100.
(16) Véase lo que dice en la primera nota del próximo capítulo acerca del problema que significa el calificar de delincuentes a
los anormales.
(17) Si la hipermnesia ha de ser calificada, como se hace aquí, como una anomalía, es evidente que hay que considerarla con los
caracteres recién mencionados. Si se trata de una persona capaz de recordar precisamente todo el pasado, de reproducirlo y
de hacerlo servir normalmente dentro de la vida, habrá una cualidad anormal, en el sentido de poco usual, pero no en el sentido
patológico, que es el que aquí tomamos en cuenta.
(18) Si la hipermnesia ha de ser calificada, como se hace aquí, como una anomalía, es evidente que hay que considerarla con los
caracteres recién mencionados. Si se trata de una persona capaz de recordar precisamente todo el pasado, de reproducirlo y
de hacerlo servir normalmente dentro de la vida, habrá una cualidad anormal, en el sentido de poco usual, pero no en el sentido
patológico, que es el que aquí tomamos en cuenta.
(19) V: Psiquiatría, pp. 124-125. Sin embargo, recuérdese lo que se dijo hace poco acerca de la percepción y de la función
significativa que ella tiene. A decir verdad, no existe total acuerdo acerca de la función mental a que ha de adscribirse la
comprensión; ni eso debe causar escándalo ya que el espíritu -si se nos permite la palabra- también actúa como un todo entre
cuyas actividades es difícil establecer distinciones tajantes. Al respecto, puede recordarse que Binet, al explicar el ámbito al cual
eran aplicables sus tests de inteligencia, incluyó entre las funciones de ésta la comprensión.
(20) Mira y López: Psiquiatría, p. 126; subrayado en el original.
(21) Se ha hablado de asociación de ideas, pero entonces la palabra "idea" es tomada, como lo hacía la psicología asociacionista
inglesa -que universalizó la expresión "asociación de ideas"- como equivalente a "fenómeno psíquico" en general; en tal sentido
amplio, la asociación de ideas abarca la asociación de recuerdos, imágenes fantásticas, conceptos (que podrían considerarse c
on el nombre de la idea, en sentido estricto), etc. "Asociación de ideas" es expresión equívoca, como se tornará evidente cuando,
en seguida, se estudien las anomalías particulares de la asociación. Desgraciadamente, tiene carta de ciudadanía en la inmensa
mayoría de los textos de psicología y psiquiatría; y decimos desgraciadamente porque puede ser, y muchas veces es. fuente de
confusiones para los estudiantes.
(22) Aquella palabra "mecánica" tiene que ser entendida en base a lo expuesto acerca del funcionamiento de la psique, donde nada
hay de mecánico en el sentido estricto y usual del término.
(23) En estos puntos, más que en otros, nos ceñimos al esquema general propuesto por Mira y López Y: Psiquiatría, 124 y ss. Sin
embargo, nos parece mejor, según hacen otros autores, pasar el estudio de los delirios, errores de juicio, al número dedicado a
la inteligencia.
(24) Psiquiatra Clínica p. 71.
(25) Précis de Psychatrie, pp. 28-29.
(26) Mira y López, Psiquiatría, p. 135. Subrayado en el original.
(27) Como este libro está destinado a servir principalmente a los estudiantes de leyes, poco cercanos a casos clínicos observables
en la realidad, hemos de procurar citar ejemplos típicos que aclaren algo las caracterizaciones generales. Véase, así, el
siguiente caso, mencionado por Mira y López, en que la prolijidad es acompañada de perseveración. Se trata de una carta
dirigida por una epiléptica a su madre:
(28) "Querida madre: Me encuentro muy enfadada porque no vienes a verme. No sé qué te puede pasar para que no vengas a verme.
Tampoco me han venido a ver el tío Juan ni la tía Francisca. Ya no me queréis ver, a pesar de que yo sí os quiero ver. Veremos a
ver si vendréis a verme sabiendo que os quiero ver. Dile al tío Juan y a la tía Francisca que quiero verlos y que no dejen de venir a
verme. El domingo, cuando vengáis, si venís a verme, traedme las medias que me prometiste, aquellas medias que me compraste
en la feria el día que a tío le reventaron el pus de la pierna. Ya sabes que son amarillas y la costura es muy delgada. Te pido las
medias porque aquí las medias que tengo están muy rotas, y como no queréis venir a verme y no me traéis las medias amarillas
que os pido, estoy mal vestida y las demás ya no miran con la envidia que les daba cuando me veníais a ver y me traiáis cosas.
No te olvides, pues, de las medias que te pido. Ya sabes que son las amarillas y, si acaso no te acuerdas, dile a la tía Francisca,
que ella estaba cuando las comprasteis y ella sabe cómo está la costura y te las encontrará enseguida, que están en el cajón de
arriba de la cómoda, que está en la habitación que tiene la ventana que mira al patio. No tienes más que recordarlo a la tía
Francisca y en abriendo el cajón de la cómoda las encontraréis. No dejéis de traérmelas, pues las que tengo están rotas. Venid a
verme tú, el tío Juan y la tía Francisca. No dejéis de venir que ya sabéis que quiero veros. Venid. Te abraza tu hija. María"
Psiquiatría, p. 138).
(29) He aquí un ejemplo de Sanchís Banús en que la expresión es síntoma claro de disgregación: "Un concurso de óperas y, por tanto,
de los idiomas sin traducción difícil como su música, haciendo ésta a la letra y la letra a ésta, entonces los que se creyeran
capaces para construir una gran Victoria, algunos, sobre todo los que tuvieran arte ni honor, tal había fundido haciendo y
componiendo en cada país y…" etc., cit. por Mira y López, Psiquiatría, p. 139.
(30) Ob. cit. p. 29-30.
(31) Con estos últimos párrafos, entramos ya en el terreno de la vida volitiva; allí daremos más detalles.
(32) De donde resulta que las anormalidades en la percepción, la memoria, la asociación, la imaginación, etc., turcen de antemano
la función intelectual al proporcionar un material incorrecto.
397
(33) Por tanto, se presentará predominantemente en los nifios, olí gofrénleos y cretinos.
(34) Psiquiatría, p. 141.
(35) Conservamos el esquema del mismo, pero agregando las opiniones de otros autores ya sea en lo puramente psiquiático -
ateniéndonos, entonces, sobre todo, a la obra citada de Barbé, pp. 62-65, quien sigue en mucho a Séglas-, ya en las
aplicaciones criminológicas.
(36) Para una descripción detallada del proceso por el cual el perseguido se transforma en perseguidor y sus consecuencias
delictivas. v: Verger, Evolución del concepto médico sobre la Responsabilidad de los Delincuentes, pp. 75-79.
(37) Véase el siguiente ejemplo, citado por Mira y López, de una carta escrita por un paciente joven a su médico; el paciente se halla
en las etapas iniciales de la esquizofrenia y es estudiante del quinto curso de medicina:"... y lo que más me molesta es que
cuando estoy solo en mi habitación, siento a veces con perfecta claridad la presencia de algo a de alguien detrás de mí. Sin que
pueda evitarlo, esa fuerza, penetra en mi interior -me parece que por detrás de la oreja y por las puntas de los pelos- y se
apodera de mi pensamiento y de mi voluntad: debe ser una influencia electromagnética que aspira como un imán mi fuerza
psíquica. Tengo la convicción de que cuanto hago es sugestionado. Dudo de que Ud., a pesar de su talento, pueda por si solo
librarme de esta especie de misterio. Sería necesario reunir las fuerzas de muchas voluntades formando una cadena para
oponerse a esta acción. Ahora mismo, ya no puedo escribir más y no sé si tendré que romper esta carta, porque me vuelvo a
sentir su presencia
..." (Psiquiatría, p. 147; el subrayado proviene de allí).
(38) Séglas, transcrito por Barbé, ob. cit., p. 77.
(39) Afira y López, Psiquiatría, p. 149.
(40) Así Séglas. cit. por Barbé; véase la ob. cit., p. 64.
(41) Verger, ob. cit., pp. 67-68.
(42) Recuérdese todo lo que se expuso al respecto en el capítulo destinado a la Biotipología.
(43) Véase estudios sobre la importancia que tienen en la configuración general de la personalidad, el resentimiento y el deseo
de venganza, respectivamente, en Mira y López, Psiquiatría, pp. 185-186 y Moglie, ob. cit., pp. 135-136.
(44) Estas características han hecho que ni las escuelas extremistas hayan considerado que los actos reflejos simples
puedan constituir materia de delito.
(45) Roger, Elementos de Psicofisiología I, p. 103. Sin embargo, esta definición puede dar lugar a equívocos alrededor de la esencia
del acto instintivo; para algunos autores, notoriamente Thorndike, el instituto es mera cadena de reflejos; toda la teoría de la
forma se alza en contra; sobre este asunto de indudable importancia psicológica y criminológica, véase: Kofka: Bases de la
Evolución Psíquica, pp. 84-112 y Roustan, ob. Cit., pp. 429-448.
(46) La circunstancia de que un acto tenga una fuerte base instintiva no es suficiente por sí sola para anular o disminuir
la imputabilidad. Inclusive puede dar lugar a penas más graves por implicar una -especial capacidad para el delito.
(47) Roger, ob. cit., p. 105 del tomo I. Aparentemente faltan algunos como el instituto de dominio, de imitación, etc.; pero se verá
que ellos pueden ser incluidos dentro del vasto campo delimitado por los tipos establecidos por Roger. Para un desarrollo de
tallado, véase ibídem, pp. 130-220.
(48) Sobre los reflejos condicionados como mecanismo de formación de los hábitos: V: Pavlov: Los Reflejos condicionados; Dravovich:
Les Reflexes Condicionnés; Frolov: La Actividad Ce- Cerebral.
(49) Psiquiatría, p. 194.
(50) Ob. cit., pp. 225-226. Las observaciones recientes pueden hacerse también a Mira y López y a cuantos siguen la corriente
objetiva; por lo demás, de ser consecuente, el autor español debió haber prescindido igualmente de otras designaciones t an
peligrosas o más que la de voluntad; por ejemplo, no debió hablar de inteligencia, memoria, percepción, etc. En el fondo, se da
más importancia a las palabras que a su significación. La mayor parte de los autores siguen utilizando el término sin sentir ni
provocar escándalo. En gran parte, éste deriva del desconocimiento exacto de lo que debe entenderse por facultad, tal como fue
concebida por la filosofía aristotélico-tomista.
(51) Entre las contrapuestas fuerzas, no se hallan estados representativos puros, sino también los sentimientos que les son adjuntos,
las tendencias instintivas, los hábitos (que facilitan la acción), etc. La etapa de valorización de motivos, normalmente
desarrollada, es lo que muchos códigos, entre ellos el nuestro, denominan con el vocablo "discernimiento" u otros similares.
(52) Por razones metodológicas, los momentos fisiológicos de la acción (vibraciones nerviosas, contracciones musculares, etc.),
quedan fuera del estudio psicológico. Para más detalles, véase: Gemelli: Metodi, compiti e Umiti della psicología nello studio
del delincuente, pp. 63 70.
(53) En la mayor parte de las legislaciones penales, acto voluntario equivale a acto libre, típica base de la responsabilidad penal.
(54) Al respecto, v: Barbé, ob. cit., p. 130.
(55) V.: Verger, ob. Cit., pp. 61-63.
398
CAPÍTULO II
LA OLIGOFRENÍA
Otra dificultad que no se puede dejar de lado sino a riesgo de falsear los hechos
consiste en el tránsito insensible entre unas formas nosológicas y otras, así como
entre los grados de anormalidad. Las citas al respecto, provenientes de psiquiatras
de las más opuestas escuelas, podrían multiplicarse indefinidamente. Barak insiste
en el paso insensible del normal, al neurótico y al psicòtico (4); las diferencias que
se dan entre unos tipos y otros son de simple grado, para Brown (5), Noyes (6),
etc.
400
su gravedad sino porque dicha personalidad funciona como una unidad total en la
que es imposible aislar tales o cuales funciones.
Para introducir orden, se han empleado las ideas de edad cronológica y edad
intelectual.
La primera se mide desde el momento del nacimiento y puede ser establecida por
el documento del registro civil.
La segunda se mide por el grado de inteligencia más común entre las personas de
determinada edad. Por ejemplo, la edad mental de ocho años es la poseída por la
mayoría (7) de los niños de esa edad; se trata, según se ve, de un criterio
estrictamente estadístico, de un promedio, tal como sucede, por ejemplo, con la
estatura propia de tal o cual edad. Sin embargo, en el caso de la edad intelectual o
mental, las dificultades de una determinación exacta aumentan por carecerse de
unidades adecuadas, análogas a las que se dan para medir los caracteres físicos.
Poseído este último dato, así como el de la edad cronológica o natural, todavía
queda por establecer el grado de discrepancia entre una y otra. Para ellq, se
comenzó usando el sistema de la resta; a la edad mental, se le sustraía la
cronológica y el resultado servía para determinar el grado de atraso o adelanto; en
el perfectamente normal, el resultado debía ser cero.
401
Ejemplos: si un niño tenía ocho años de edad cronológica (EC) y los mismos de
edad mental (EM). era perfectamente normal, tenía la inteligencia correspondiente
a su edad; el resultado era 0. Si otro niño tenía seis de EM y nueve de EC, el
resultado era — 3 (6 — 9); si, a la inversa, la EM era de 9 y .la cronológica de 6, el
resultado era de 3 (ahora, tres años de adelanto; antes, de atraso).
Sin embargo, el sistema demostró poseer muchos defectos, por lo que pronto fue
sustituido por el llamado cociente intelectual (CI) que resulta de dividir la edad
mental (EM) por la edad cro-nológica (EC); generalmente el resultado se multiplica
por 100 para facilitar los cómputos; de donde, en resumen, la fórmula para
establece ei CI es la siguiente:
EM
CI= — X 100.
EC
El campo medio está dado por los normales (que están dentro del promedio) que,
idealmente, tienen CI = 100; sin embargo, como es imposible trazar un límite tan
exacto, en la práctica se acepta que los normales tienen un CI que oscila entre 90
y 110. Los demás valores admitidos son los que consigna el cuadro que sigue:
CI Calificación
superior
80 — 90 Casos límites
402
70 — 80 Debilidad mental leve
60 — 70 Debilidad mental
La idiocia o idiotismo ocupa el más bajo nivel del desarrollo intelectual. Llaman la
atención las anomalías craneales y cerebrales (micro y macrocefalia; hidrocefalia);
alteraciones en los reflejos, en los instintos; falta de proporcionalidad corporal, etc.
403
profundamente, sólo
404
forman unos cuantos reflejos condicionados elementales. En los casos menos
graves, se puede llegar a la bipedestación y al lenguaje; pero éste es sumamente
reducido, lejos de la oración correcta; las partes irregulares dan lugar a continuos
errores. Abundan estereotipias en algunos otros y los hay que se sumen en la
apatía. Desde luego, carecen hasta de elementales formas de raciocinio, así como
de toda forma de apreciación crítica y moral.
Las causas que pueden llevar a la idiocia son esencialmente tres: las hereditarias,
(idiotas, ab initio), las lesiones cerebrales y el mal funcionamiento endocrino. En
cuanto a sus formas clínicas, las hay muy variadas siendo las más importantes: la
cretinoide o mixedematosa, por hipofunción de la tiroides; la mongoloidc.
caracterizada por la pequeña estatura, epicanto, color amarillento, braquicefalia;
desde el punto de vista criminal, es relevante su erotismo; por fin la idiocia
amaurótica de Tay-Sachs que se da predominantemente entre los judíos; se
caracteriza por la ceguera proveniente de atrofia del nervio óptico, parálisis, etc.;
suele presentarse, a manera de regresión, en la adolescencia. En la idiocia
epiléptica, hay destrucciones del cerebro y ataques comiciales precoces. Por fin,
én la encefalítica, la enfermedad se liga con encefalitis infecciosas y se acompaña
de múltiples lesiones cerebrales.
La imbecilidad tiene las mismas causas y signos, aunque más atenuados, que la
idiocia. Posee ya algo desarrollada la memoria, lo que facilita ciertos aprendizajes,
principalmente en los imbé-ciles leves, que les permiten desempeñar algunas
labores rutinarias que impliquen pocas exigencias (campesinos no tecnificados,
limpieza, etc.); pueden, algunos, hasta dibujar; también expresarse relativamente
bien por medio de la palabra; forman varios reflejos condicionados no
complicados: pueden atender bien sus necesidades inmediatas. Su capacidad, sin
embargo, para valerse en la vida por sí solos es tan pequeña que no debe
extrañarnos el que muchas veces se inclinan a romper por la línea de menor
resistencia: la delincuencia, vagancia, mendicidad, prostitución, etc.
En cuanto al débil mental (de siete a diez o doce años de edad mental),
generálmente puede vivir en la sociedad normal, si bien con dificultades y dentro
de
405
actividades inferiores; puede aprender a leer y escribir, así como las operaciones
artméticas básicas, Dibuja, copiando, domina lo suficiente sus músculos como
para bailar o realizar algunos trabajos mauales.
Como se verá, se trata del equilibrio que existe entre la capacidad de agresión al
medio y el temor aue se tiene; fuerzas ambas de las más primitivas, pero cuyo
nivel no puede excederse en toda política preventiva o correctiva dada la
mentalidad a que están dirigidas. De lo anterior, puede deducirse hasta dónde es
erróneo atribuir la delincuencia de los oligofrénicos a esta su anormalidad psíquica
prescindiendo de las costumbres que se crean y del ambiente en que se mueven
(10).
406
manicomios o sujetos a constante vigilancia, su criminalidad efectiva
probablemente no sea muy alta.
El problema planteado por los imbéciles suele ser más grande por cuanto mayor
parte de ellos viven sin tan estrecha vigilancia y, a veces, hasta realizando algunas
tartas fáciles. Eso hace que, fuera de contar con más ocasiones para cometer los
delitos típicos de los idiotas, puedan cometer otros más, por ejemplo, contr.» la
propiedad; tienen mayores oportunidades y tentaciones, entonces, y no mucho
mayores frenos inhibitorios que los idiotas (11). "Son muchos los casos de niñeras
imbéciles que han matado niños confiados a su cuidado; algunas veces se
perpetran crímenes completamente inmotivados, verbigracia, el de una criadita
que a la edad de quince años ya había matado once criaturas clavándoles alfileres
en la fontanela. Pertenecen también a este grupo de delitos los incendios
intencionados, los actos de vandalismo, por ejemplo, los derribes de árboles. Por
último, los oligofrénicos incurren en los más variados y salvajes atentados contra
el pudor, muchas veces unidos con actos de brutal crueldad. Hay delitos que
desde el primer momento despiertan la sospecha de estar ejecutados por un
imbécil, por ejemplo, los de bestialismo, necrofilia, etc". (12).
Pero el grupo más interesante está dado por los débiles mentales; éstos, a la
inversa de idiotas e imbéciles, viven corrientemente en la sociedad normal y han
de adaptarse a las exigencias mínimas de ella; pero su anormalidad mental aplica
mucho de sus sufrimientos en esa tarea adaptativa, sufrimientos que se iniciac ya
en sus primeros estudios donde fracasan con frecuencia allí donde otros triunfan
sin gran espueizo; posteriormente, se puede decir que quedan eliminados de las
prolesiones superiores, de la fama y hasta del dinero. Su inferioridad,
inconscientemente sentida, choca con sus instintivos deseos de sobresalir; de allí
nacen las creencias en las envidias ajenas, como racionalizada explicación de los
fracasos propios, los resentimientos, las venganzas. Con compensaciones
exageradas "tratan de obtener a toda costa una lutosatisfacción atrayéndose la
atención de ios demás con sus actos extravagantes o violentos. Esta segunda
actitud conduce a la delincuencia y al extremismo de todo tipo (político, religioso,
407
deportivo, etc.) sin que esto quiera decir -ni mucho menos- que todos los
extremistas sean débiles mentales. Lo cierto es, no obstante, que con frecuencia
tales oligofrénicos realizan actos antisociales "para salir en los periódicos" o
adquirir fama de terribles en algún asnecto y calmar así su íntima insatisfacción.
Otra actitud posible es la determinada por el proceso de proyección: en este caso,
el sujeto, desconfiado, hipócrita y cruel, hace responsables a los demás de su
defecto, les supone intenciones hostiles, especialmente de tipo económico, y no
es raro que así se engendren en él odios familiares (especialmente fraternales)
que le llevan a un desarrollo paranoide, siempre peligroso, pero mucho más
cuando obedece a esta patogenia" (13).
Por lo demás, resulta evidente que su mayor participación en la vida social les
pone ante los ojos mayores tentaciones, más numerosas oportunidades de
delinquir; frente a ellas, como decíamos más arriba al tratar de los imbéciles, no
puede actuar el freno de la alta moralidad, que queda fuera de su alcance, sino
sólo las costumbres y el temor.
Lo anterior, sin embargo, no debe llevarnos a admitir, sic ct simpliciter que los
oligofrénicos sean mucho más delincuentes que los normales; menos aún a
sostener que el defecto intelectual actúe en los casos de delincuencia poco menos
que como causa única. Tal tesis fue sostenida, entre otros, por Goring y Goddard:
éste último, como se recordará (14) llegó inclusive a pensar que el delincuente
nato de Lombroso no era otra cosa que un débil mental. Sin embargo, las
investigaciones que se han realizado con tesis entre los convictos dejan muchas
dudas, porque han arribado a conclusiones discrepantes. Podemos agregar que,
aunque las estadísticas demostraran que entre los presos hay más oligofrénicos
que entre los no presos -y repetimos que eso no está terminantemente
comprobado- aún se podría racionalmente argüir una serie de razones; por
ejemplo, que los oligofrénicos son más fácilmente detenidos y condenados que los
delincuentes inteligentes, tanto por el tipo de delitos que cometen como por la
forma de cometerlo y de plantear su defensa.
408
Esto sin desconocer que la oligofrenia predispone a ciertas formas delictivas más
bien que a otras: pero eso sucede con todos los estados normales y anormales.
Por otra parte, conviene recordar que si es frecuente que en los oligofrénicos las
tendencias instintivas y los sentimientos cubran o se traguen a la inteligencia, en
los superdotados no es raro que el cálculo frío se trague o sobreponga a las
exigencias instin- tiyas y sentimentales. Por ejemplo, refiriéndose al Brasil,
Drummond Magalhaes destaca que los delitos de los intelectuales cultos son
409
sumamente
410
crueles, detalladamente preparados, fríamente ejecutados y no provocan los
remordimientos usuales en las personas nonnales (15).
Tanto más que la inteligencia superior está lejos de ser incompatible con otras
anormalidades mentales patológicas (16).
(1) Aquí se plantea, desde las primeras líneas, el problema de si los locos pueden ser llamados criminales. No nos referimos a los casos de
semi-imputabilidad que indudablemente dejan lugar a la actuación del derecho penal, sino a aquellos otros en que la anormalidad mental es
lo suficientemente grave como para destruir toda imputabilidad (idiocia, psicosis, demencias, etc.). Evidentemente, las anormalidades nos
interesan como causas de delito; pero, ¿podemos incluir aquí el estudio, por ejemplo, de la idiocia, sabiendo que, de acuerdo a la
legislación penal, todo idiota, por el mero hecho de serlo, no puede ser considerado como criminal?
Planteado así el tema, hay que confesar que no es fácil superarlo. Sin embargo, creemos que existen razones para justificar esto que ya
sucede, de hecho, en la inmensa mayoría de los textos de criminología; estas razones son fundamentalmente tres:
a) Una de tipo formal: una conducta que choca objetivamente con las normas penales es delito por lo menos así: objetivamente. Es evidente
que, si el autor de la conducta es inimputable, se comprobará que no existe el elemento subjetivo del delito; pero, para ello, se habrá tenido
que estudiar la enfermedad como causa del delito en sentido objetivo.
b) Una razón doctrinal: la escuela positiva ha considerado siempre que los dementes pueden ser delincuentes en todo sentido, quedando la
imputabilidad no como condición de la culpabilidad, sino como una de las determinantes del tipo de sanción que ha de aplicarse al
delincuente (por ejemplo, un demente asesino no irá a presidio sino a un manicomio judicial). Y no puede negarse que muchas
legislaciones de este siglo han recogido parcialmente las conclusiones a que, en este aspecto, llega la escuela positiva.
c) Porque en la inmensa mayoría de las legislaciones penales se reconocen las medidas de seguridad aplicables también a los anormales,
para prevenir sus posibles actos objetivamente delictivos. Si bien asunto jurídico, merece siquiera apuntarse aquí el hecho similar acaecido
con la legislación de menores. Sobre el tema pueden verse claros resúmenes en Soler: Derecho Penal Argentino, II, pp. 129 33;
Grispigni.Diritto Penale Italiano, I pp. 80-83 y 171-218 así como el apéndice de ese primer tomo Regresso di un secolo nella legislazione
penale. Sobre las dificultades, que hoy no pueden menos que notarse, cuando el Código penal no tiene nada que hacer con los enfermos
mentales, v: Donnedieu de Vabres, Traité Elémentaire, pp. 177-181. Asimismo, el tomo segundo de la Sociología Criminal, de Ferri.
Cuando se trató de las clasificaciones de los criminales por este autor y por Lombroso, también hubo de adelantarse algo sobre el t ema.
(2) Mira y López se atiene a la clasificación de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría (v: Psiquiatría, p. 268 y ss.). Desgraciadamente,
errores materiales de impresión producidos en la obra del autor español nos inclinan a recomendar que dicha clasificación -que es la que aquí
seguiremos, conforme a Mira y López- sea leída en la Psiquiatría Clínica Moderna de Noyes, pp. 130-133. Las dificultades para la
clasificación subsisten aún en caso de que se tomen sólo ciertos criterios rectores; así lo reconoce Laburu, cuando trata de referirse a las
alteraciones del carácter; v: Las Anormalidades del Carácter, p. 45-51.
(3) Sobre los problemas adicionales que plantean a juristas y peritos psiquiatras las discrepancias entre la ley y la ciencia pueden verse
las Actas del Seminario Latinoamericano de Criminología, celebrado en Santiago, II, pp. 81-129.
(7) ¿Cuál debe ser esta mayoría? Generalmente los criterios oscilan alrededor del 75% del total de personas de la misma edad sometidas a
estudio.
(8) Por eso, debe huirse de dos extremos opuestos. El primero, el de conocer a las pruebas mentales plena confianza; tal actitud supone que
se han encontrado modos para medir exactamente los fenómenos psíquicos (de suyo inmedibles por ser inespaciales), lo que es falso; que
se ha encontrado un medio para medir la inteligencia misma, lo que también es falso pues sólo se miden las respuestas o conductas capaces
de considerarse como correspondientes a la inteligencia; que se han encontrado preguntas dirigidas a la capacidad pura, sin mezcla de
experiencia, lo que es sumamente dudoso; que se pueden dejar de lado los estímulos perturbadores, lo que es admisible sólo en ciertos
casos. El segundo, el de creer que los tests no sirven para nada; esta posición también es falsa porque, si bien aquellos no logran un éxito'
completo, constituyen el medio menos exacto de que podemos echar mano hoy; son más cercanos a la verdad y más científicos
indudablemente, que las meras apreciaciones a ojo de cubero que suponen en el examinador la posesión de capacidades intuitivas
incontrolables.
(9) Sobre estos valores v: Mira y López, Psiquiatría, pp. 821-282 y, del mismo, Manual de Psicología Jurídica, pp. 141-242; aunque obras del
mismo autor, hay variedad en los índices, según podrá comprobarse cotejándolas; por lo demás, la uniformidad está lejos de haberse
alcanzado entre los propios especialistas. Hacemos resaltar el grupo de los casos límites pues quienes pertenecen a tal grupo no se destacan
de manera notable cuando se dedican a menesteres que no requieren aptitudes normales o superiores para su ejercicio.
(10) V.: Mira y López: Manual de psicología Jurídica, pp. 141-268; Gemelli: Metodi, Compiti e Limiti, etc., pp. 106-107.
(11) Sin embargo, el imbécil es igualmente moldeable para el bien; por eso, aunque tengan mucho de verdad no la tienen totalmente, las
siguientes palabras de di Tullio; "Esto quiere decir que todo imbécil, por su carácter apático o inestable, por su inconstancia en el trabajo, por
su facilidad para adquirir malos hábitos, por la gran sugestionabilidad que lo vuelve fácilmente súcubo, por la falta de sólida capacidad de
resistencia y de enérgicas defensas de orden moral, puede devenir fácilmente ladrón, vagabundo, parásito, pervertido, violent o, toda vez
que
411
se encuentre bajo la influencia de estímulos criminógenos generales y especialmente de auto o heterosugestiones. Como afirma Tanzi, su
mentalidad está abierta a toda clase de sugestiones, a las lisonjeras porque es crédulo, a las intimidadoras porque es miedoso, al mal
ejemplo, por falta de iniciativas contrarias. De ahí la frecuencia con que tales sujetos de mentalidad imbécil se encuentran en las asociaciones
delictivas y participan con tanta facilidad en todo fenómeno de delincuencia colectiva" (Trattato di Antropología Crimínale, p. 479). Pese a que
luego reconocerá la existencia de imbéciles buenos (p. 481), sin embargo, dice un poco antes que el imbécil tiene una predisposición
genérica a la criminalidad cosa que, si tomamos los casos excepcionales, puede afirmarse que cualquier persona; pero si pretende señalar
un rasgo característico, es falso porque creemos que hay delitos para los cuales ni el imbécil ni el débil mental están corrientemente
predispuestos; por ejemplo, quiebra, falsificaciones delicadas, bancarrota, etc.
(14) Puede verse la tesis desarrollada con mayor extensión en los capítulos de historia de las tendencias antropologistas y de her encia.
(16) De por sí el ser superdotado Implica una anormalidad, es decir un salirse de lo normal, típico o del término medio; pero esa á
normalidad, de por sí no es patológica; cualquier identificación en este último sentido, es abusiva y no de acuerdo a la realidad ni a la teoría.
Menos aún puede sostenerse que existen concomitancias intrínsecas -no meras coincidencias en tal o cual detalle- entre él genio y la
degeneración o que aquél, por el simple hecho de serio, se halle más próximo a las anormalidades patológicas, principalmente mentales, que
el promedio o normal: su embargo tal tesis fue defendida por Lambroto que le dedicó íntegramente su libro: Genio e Degenerazione.
412
CAPÍTULO III
LAS DEMENCIAS
413
-representativo, afectivo y volitivo- nos resultará explicable el porqué la conducta del
414
demente sea no sólo inconveniente e inadecuada a las exigencias prácticas del
medio ambiente, sino también a las exigencias morales y legales: pueden caer en
los mayores delitos y los más variados. Estos, por lo demás, son cometidos
descaradamente, es decir, sin el menor recato, puesto que falta en el sujeto una
clara conciencia de su gravedad. Asi es posible que un viejo demente se lance
sobre su nieta para realizar un estupro, o asesine a mansalva a una familia, o
realice un grosero acto exhibicionista sin encontrarse de antemano excitado ni
ofreciese signos que hiciesen sospechar tales acciones" (3).
En cuanto a las formas clínicas principales de las demencias, Mira cita las
siguientes: Paralítica, precoz, senil, arterioesclerótica, epiléptica, alcohólica,
postraumáticas, tumorales, encefalíticas. No reconoce como formas especiales las
denominadas demencias terminales.
En casi todas estas formas -habrá que excluir las demencias postraumáticas-, el
estado demencial mismo, resultante de un proceso, es el menos peligroso desde
el punto de vista criminal, aunque sea el más grave desde el punto de vista
psiquiátrico. Cuando la persona es ya demente es lo corriente que se halle interna
en una institución especializada donde es difícil cometer delitos. Pero el peligro es
mucho mayor durante el proceso que lleva a la demencia. Ese proceso suele durar
mucho tiempo, iniciarse de manera insidiosa de modo que quienes rodean al
anormal piensan más en rarezas que en auténticas anomalías peligrosas. La
persona sigue viviendo en la sociedad común, frecuentemente por años, antes de
que se tomen medidas preventivas. Suelen ser los parientes quienes, por
prejuicios, no buscan enseguida la atención médica requerida; otras veces, de por
medio está h ignorancia. Piénsese, como ejemplo, en lo que sucede con los
padres anciano, quizá en camino de una peligrosa demencia senil, pero cuya
conducta es tolerada con el argumento de que simplemente se ha incurrido en
chocheras o ligerezas propias de la edad.
415
La demencia senil aparece en las personas de más de sesenta años de edad;
entre sus causas, están la decadencia corporal general, el mal funcionamiento
glandular, la herencia, las enfermeda des anteriores no totalmente curadas, las
intoxicaciones, la pérdida de los puestos ocupados, los sentimientos ocasionados
por el alejamiento de los hijos, la imposibilidad de competir con los jóvenes.
Entre los caracteres relacionados con el delito pueden citarse varios. La avidez por
riquezas y propiedades que puede llevar a delitos contra la propiedad. La
decadencia del poder sexual que ocasiona la aparición de actos sustitutivos, tales
como exhibicionismo, actos contra natura, pedofilia, violaciones. La pérdida de
situación social, de belleza y de fuerza causan delirios de persecución, de celos
que, a su vez, conducen a ataques contra las personas, sea en su fama -
calumnias, insultos- sea en su integridad corporal, sea en su misma vida.
416
amnésicas, vasomotríces (hormigueos, calambres, etc.), y sobre todo de insomio,
polaquiuria e inquietud y desorientación nocturnas (4). Suelen asociarse estados
de reblandecimiento cerebral y degeneración de las neuronas, en cuyo caso hay
delirios, alucinaciones, cambios de humor, etc.
3.- DEMENCIA EPILÉPTICA. Hemos de dejar para más tarde el tratar de todos
los caracteres distintivos de la epilep-sia, porque esta entidad abarca mucho más
que la demencia epiléptica. En efecto, hay epilépticos que nunca llegan a perder
su inteligencia y que inclusive se mantienen como genios después de ataques
convulsivos repetidos (César, Mahoma, Dostoievski, etc). Pero, en otros casos,
exclusivamente dentro del ámbito de la llamada epilepsia genuina o esencial, las
crisis convulsivas son rebeldes, se asocian con mala herencia y con alteraciones
constitucionales y concluyen por llevar a la persona hasta la demencia.
Las demencias traumáticas no es raro que se asocien con bases luéticas, sobre
las cuales se instalan con ocasión del trauma
417
5.- DEMENCIAS TUMORALES Y ENCEFALÍTICAS. Ligada como se halla la
actividad mental con los nervios y principalmente con el encéfalo, resulta natural
que los tumores, inflamaciones y degeneraciones del sistema nervioso repercutan
en la vida psíquica. Se ha insistido en la importancia que tienen los lóbulos
frontales, cuyas alteraciones patológicas son fuente de variadas anormalidades
mentales.
En cuanto a las demencias terminales, que suelen ser entendidas como estados a
que llegan muchos psicóticos después de largo internamiento. Mira y López
piensa que no hay necesidad de abusar de la denominación; generalmente, el
descenso mental de los psicóticos se debe a simple falta de estímulos: cuando se
418
los
419
proporciona, la actividad mental retorna; o se trata de procesos demenciales que
ya lo eran desde un princinio (7).
(6) Véase lo que más adelante se dirá sobre la encefalitis epidémica y sus posibles repercusiones
420
CAPÍTULO IV
PSICOPATÍAS
421
datos. Uno de los equívocos que pueden presentarse con-siste en considerar que
todo delincuente grave, sobre todo si es reincidente, es un inadaptado social y, por
tanto,
422
desde el punto de vista psicológico, un psicópata. Ciertamente la inadaptación es
un criterio que puede permitir que se reconozca una psicopatía; pero esta forma
de razonar no debe generalizarse pues llevaría a concluir que una persona es
psicópata porque delinque y delinque porque es psicópata, lo que muestra un
círculo vicioso inadmisible.
Si bien los estados psicopáticos pueden ser un paso hacia una psicosis análoga a
la que luego se llega (por ejemplo, del esquizoidismo a la esquizofrenia), aquéllos
no pueden ser califica dos de enfermedades strictu sensu.
Por nuestra parte, dejando a los especialistas el resolver tan difícil tema, hemos de
atenernos a las formas de presentación que acepta Mira y López, tanto en su
Psiquiatría como en su Manual de Psicología Jurídica (5).
423
2.- PERSONALIDAD ASTÉNICA. El medio que nos rodea provoca en las
personas normales reacciones proporcionadas en cuanto a intensidad; en el
asténico no existe esa proporcionalidad, pues la respuesta es insuficiente, como si
se careciera de fuerza necesaria para llevarla a cabo. Hay abulia.
Si bien el tipo puro -a quien usualmente llamamos flojo o indolente- existe, también
se dan algunas derivaciones. Así, cuando el asténico se fija principalmente en el
funcionamiento de su organismo, preocupándose continuamente de él, se llega a
la neurastenia; cuando no obra por falta dé decisión voluntaria, que es el principio
de la acción, tenemos la psicastenia. El paso al esquizol- dismo se verifica en los
asténicos que se encierran en sí mismos.
Sin embargo, bajo presión de ciertas circunstancias, una de las fuerzas puede
escapar, manifestándose entonces en acciones notables por su duración e
intensidad.
Este rasgo -la violencia de las reacciones-, lleva a que muchos autores denominen
a esta personalidad "epileptoide" pues hallan parentesco entre la conducta de ella
y la diel epiléptico; es verdad que no cabe una asimilación, empero.
Los delitos que cometen son generalmente graves y hasta brutales; como si la ola
impulsiva arrastrara todo resto de con-ciencia, actuándose durante algún tiempo
de modo puramente animal. De ahí que un explosivo que ataca a cuchilladas a
una persona le infiera decenas de heridas; u otro, siga rastrillando el disparador de
un revólver aunque se hayan terminado las balas; u otro, mutile y descuartice.
425
Los inestables lo son en sus ideas, en sus gustos, en sus sentimientos, fuera de
serlo en su conducta; en realidad, ésta no es sino una exteriorización de aquéllos,
a cuyo compás varía.
426
El descenso se nota prin-cipalmente en el poder de crítica acerca de lo ajeno o lo
propio.
Hasta dónde es difícil distinguir la corriente aptitud idioplástica con la anormal del
histerismo, puede deducirse de experiencias que poseen aún las personas
normales; por ejemplo, cuando desean (plano subjetivo) ser mimadas o muy
cuidadas por unu persona y se teme que ella no lo haga, ¡cómo surgen dolores
repentinos, golpes que paralizan momentáneamente y hasta sudores, livideces o
palideces que manifiestan cierta indisposición, pero que no son sino armas para
lograr la finalidad perseguida! (11). ¡Cuánto de eso sucede cuando alguien,
mimado hasta cierto momento, cree, estar en peligro de perder su situación
privilegiada!
427
más grave. Su incapacidad de distinguir entre mundo interno y extemo, lo lleva
428
fácilmente a injurias y calumnias, así como a mentiras, perjurios y estafas. " La
criminalidad histérica está caracterizada por la tendencia a cometer hurtes y
estafas, por la afición a los arrebatos pasionales, a la calumnia, a la ofensa y
escritura de anónimos, el gusto por las denuncias falsas, por jurar en falso y mentir
a todas horas. Las ladronas de almacenes y las mecheras suelen ser histéricas en
su inmensa mayoría" (12).
429
él, es desconfiado, temiendo siempre ataques.
430
El paranoide da la impresión de pensar brillantemente y mucho; da razones para
sostener todos sus puntos de vista; discute dé onme re scibile. Cuando se trata de
defender sus propiedades, sus ideas, sus supuestos inventos, los raciocinios
suceden a los raciocinios. Pero la anonnalidad del paranoide consiste en que tales
encadenamientos de juicios marchan por senderos anormales, conforme a la
errada intención del sujeto. En éste, se hallan sumamente desarrollados los
mecanismos de racionalización, puestos a la tarea de justificar todo lo que cree,
hace y dice. Por otra parte, en su posición de centro de los demás, tesulta también
explicable el desarrollo que adquiere la proyección.
Un lugar donde los paranoides serán encontrados con frecuencia, son los estrados
judiciales; no como enjuiciados sino como enjuiciantes. La creencia de haber sido
perjudicados en sus intereses materiales, intelectuales o morales, los lleva a iniciar
juicio tras juicio, persistiendo en ellos con tenacidad exagerada -aún en los casos
en que exista un punto real de apoyo de las pretensiones-. Sentencias contrarias a
sus peticiones originan apelaciones inmediatas y graves y calumniosas
acusaciones contra los jueces a ouienes estiman integrantes de la gran conjura.
431
Di Tullio insiste mucho en la aptitud de los paranoides para todos los delitos en
que el engaño bien fundado constituye la parte fundamental; tal sucede, por
ejemplo, en muchas estafas. El autor italiano hace notar lo bien que se combina
esta capacidad para engañar y convencer, por un lado, con el deseo de brillar, de
ser considerado por las mujeres, por otros, para facilitar la comisión de estafas
matrimoniales y bigamia (13).
"De igual modo que existen personas incapaces de distinguir ciertos colores y
afectadas de lo que se llama daltonismo, y otras, careciendo de oído musical, son
incapaces de distinguir una nota de otra, hay personas que carecen de sentido
moral. Este defecto es no siempre, pero sí a menudo, acompañado de una
disminución intelectual mayor o menor; sucede, asimismo, en ocasiones, que la
inteligencia es sumamente aguda, mientras que no existe rastro de facultades
morales".
"Hétenos llevados, como por la mano, a tratar del parentesco del crimen con la
locura. Una persona que carece de sentido moral es naturalmente apta para
terminar en criminal y, si la inteligencia no es lo bastante fuerte para convencerla
de que, a fin de cuenta, el crimen no tendré buen évito, y que por consecuenciu,
esto es, según el más bajo cálculo, una locura, hay gran probabilidad de que el
crimen sea llevado a cabo" (14).
432
detalle; pero todos estuvieron de acuerdo en que la personalidad perversa es
sumamente proclive al delito. El prof. Iturra, por ejemplo, la consideraba inclinada
al delito y la reincidencia (17). Y lo mismo decía Nerio Rojas en su ponencia, si
bien insistía en que aquél calificativo se reservara para quienes sufrían
perversiones en los instintos éticos y sociales, pero no en otros (18).
434
marcado para explicar su conducta por un defecto de capacidad de juicio moral"
(20).
Hay que anotar lo temible que es esta personalidad, habida cuenta de que su
carencia de sentido moral, de inhibiciones v la hipertrofia de los impulsos
primitivos se asocian por definición, con una inteligencia normal, cuando no
superior.
436
aquí hay ánimo de engañar, es decir, una mentira. Otras veces, sólo estamos
parcialmente convencidos, pero concluímos por convencernos del todo por
influencia de causas emocionales que nos inducen, primero a querer que la
realidad sea de cierta manera y, luego, a afirmar que así lo es efectivamente. A
esto se llama confabulación: "confabulación es, pues, el nombre dado al proceso
en virtud del cual una tendencia afectiva se satisface autruisticamente,
confundiendo los planos real e imaginativo en uno solo: el denominado plano de
ensueño (reviere de los franceses)" (22).
Sin embargo, desde el punto de vista de juez, testigo o perjudicado por las
actividades y habladurías del pseudólogo, se corre siempre el rieseo de atribuir la
conducta de éste a premeditada maldad y no a simple incapacidad para distinguir
lo real del imaginario. El riesgo es particularmente alto dadas las formas delictivas
en que el pseudólogo cae corrientemente, que son difamacones calumnias,
engaños, etc., aue dependen de su propio auto engaño.
Nerio Rojas dice que los confabuladores puede delinquir por varias razones; por
vanidad (por ejemplo, para demostrar que está mejor enterado que los demás), en
Ib cual sin duda se acierta; pero es discutible que otras razones sean la malicia y
la perversidad, pues en este caso ya no existe una personalidad mitómana, sino
más bien perversa, como puede deducirse sopesando bien los caracteres
diferenciales de ambas personalidades. Por lo demás, el perverso, que obra mal
sabiendo plenamente lo que hace y el daño que causa, corrientemente tiene
voluntad e inteligencia muy superiores a las del confabulador y sostiene su punto
de vista
437
contribuirlos argúmentos contrarios con habilidad evidente; el pseudólogo, según
dijimos, no construye grandes razonamientos para sostener sus afirmaciones y
ante los argumentos contrarios se desdice fácilmente; una nueva diferencia
podríamos encontrarla en el hecho de que los pseudólogos son personas de
fuertes sentimientos, los que precisamente los llevan a sus errores, mientras el
perverso se manifiesta corrientemente como persona fría y calculadora (23).
Mezger considera que los mitómanos dan buen porcentaje de los multireincidentes
en estafas matrimoniales; " son hombres en los que la estafa de otras personas y
la autoestafa se mezclan de modo inseparable y que precisamente por ello
aparecen como especialmente peligrosos". Por difícilmente corregibles,
agreguemos (24).
438
Las formas de anormalidad cualitativa son sumamente numerosas y tienen por
característica el no estar siempre ligadas con delitos contra el pudor ejeno, sino
también contra, la integridad corporal, la vida y la propiedad.
Los fetichistas ligan la satisfacción del instinto con objetos normalmente neutros
desde ese punto de vista; la tendencia delictiva principal es hacia los delitos contra
la propiedad, por ansia de apoderarse del objeto fetiche. Sin embargo, tampoco
escasean los atentados contra las personas no sólo cuándo se oponen al hurto o
robo del fetiche, sino cuando éste es parte del cuerpo, por ejemplo, los cabellos.
439
Usualmente es menos grave y relevante desde el punto de vista criminal, el caso
de los transvestitistas, en los cuales la satisfacción sexual se liga con la necesidad
de vestir ropas del sexo opuesto.
Pero sí la tiene la pedofilia, o dirección del instinto hacia los niños, lo que da lugar
a múltiples formas delictivas.
Hay aberraciones instintivas que llevan a pensar inmediatamente en algo más que
una mera psicopatía; se trata de un alejamiento tan grande de las metas normales
y de las formas del acto sexual, que sólo pueden ser atribuidas a graves
alteraciones mentales, como sucede en los casos de zoofilia y de necrofilia.
Como se verá, incluye como tipo especial a los psicópatas sexuales, cosa que no hace, por razones que luego veremos, Mira López. Pero está
de acuerdo con él en el tipo de psicópata confabulador.
440
(10) Mira y López, Manoal de Psicología Jurídica, p. 214; el subrayado proviene de allí.
(11) Sobreentiéndase que la actuación no obedece a un plan conscientemente elaborado sino a direcciones inconscientes que,
por eso, son más difíciles de dominar voluntariamente. Si el plan es conscientemente elaborado, ciertamente no se trata de
las características típicas del histérico.
(12) Weygandt, Psiquiatría Forense, p. 295.
(13) V: Trattato, pp. 429-437, donde el tema es ampliamente desarrollado.
(14) H. Maudsley: El Crimen y la Locara, pp. 78-79. La locura moral es analizada de manera especial en esa obra, en las pp. 231-
252.
(15) Pero la concepción lombrosiana no ha sido totalmente abandonada, en este tema, ni siquiera por autores contemporáneos;
así, Gajardo (Medicina Legal, II, p. 5) todavía considera al "loco moral" un equivalente del criminal nato de Lombroso;
Rubino. por su parte, todavía habla de la "inmoralidad constitucional del criminal nato" (Introducción a la Medicina Legal, p.
290); pero agrega algo que tiene el valor de una observación digna de ser tomada en cuenta: a veces la ceguera moral no
se extiende a todos los valores, sino a sectores bien delimitados de los mismos; por ejemplo, es usual que en las cárceles un
homicida no experimente mayores remordimientos por haber matado, pero que se indigne sinceramente cuando se le acuse
de haber robado; otros delincuentes ladrones, aceptarán con tranquilidad sus crímenes contra la propiedad pero sostendrán
que sus manos jamás derramaron una gota de sangre ajena. Ferri ya hablaba, para estos casos, de daltonismo moral; V: El
Homicida pp. 169-173.
(16) Véanse las Actas, I, pp. 131-154.
(17) Ibídem, p. 134.
(18) Ibídem, p. 150; también del mismo autor: Medicina Legal II, pp. 196-201.
(19) Psiquiatría, p. 324.
(20) Manual de Psicología Jurídica, p. 113.
(21) Sobre esta personalidad, con extensión, Gemelli, La Personalitá del Dellnqneote etc., pp. 265-279; allí se encuentra
igualmente expuesto el discutido y discutible tema de la imputalidad o inimputabilidad de los locos morales.
(22) Mira y López: Manual de Paleología Jurídica, p. 214. Subrayado en el original.
(23) V: Nerio Rojas, ob. cit., II. p. 182; compárese con lo que dice Mira y López, en ej. Maraal citado, pp. 215-216, para el
diagnóstico diferencial. Conviene también, como lo hace el autor español, insistir en que la mitomanía constituye una entidad
especial que hay que distinguir de otras, principalmente de la histeria: todo histérico es confabulador, pero es algo más, tiene
otros caracteres propios, como ya dijimos en su lugar; pero no todo confabulador es un histérico; v. el Maraal citado, p. 214.
(24) (24) Criminología, pp. 72-73.
(25) (25) El autor español al que principalmente nos atenemos, ni en su Psiquiatría ni en su Manual citado concede puesto
autónomo a las anormalidades sexuales. Hasta qué punto ellas se ligan con otras, puede verse en una estadística
presentada por Weygandt: de 86 exhibicionistas estudiados, 18 eran epilépticos, 15 imbéciles, 13 degenerados, 8
neurasténicos. 5 alcohólicos y 3 psicóticos.
(26) V; Barbé, Précis, p. 486.
441
CAPÍTULO V
NEUROSIS
Por su pate, Noyes se limita a decir que las neurosis son anormalidades leves,
entre la normalidad y la anormalidad extrema (3); tal carácter intermedio ae nota,
agrega, en muchos aspectos; por ejemplo, el psiconeurótico puede seguir viviendo
en la sociedad común, cosa que no puede hacer el psicótico.
Mira López tampoco da una definición de las neurosis en general, sino que las
distingue en psiconeurosis y órganoneurosis, proponiendo definiciones para cada
uno de estos grupos. Las transcribimos a continuación íntegramente pues a pesar
de ser complejas y extensas, introducen mucha claridád en las nociones de estas
anormalidades.
442
concepción del
443
Mundo, la orientación pragmática ante la realidad circundante ni los medios de
expresión verbal de quienes la sufren y son esencialmente curables por la
Psicoterapia" (4).
Otra cosa sucede en las órganoneurosis, definibles como "cursos morbosos en los
que predomina una sintomatología corporal, casi siempre de tipo visceral y
localizable a un determinado órgano o aparato que (a través de la doble vía
diencéfalo-vegeto-hormo-vásculo-muscular) sirve de núcleo de conversión y des»
carga de los malestares y las represiones personales" (5).
444
dificultades respiratorias, tos, palidez y arrebolamiento cutáneos (principalmente
faciales),
445
palpitaciones, etc. La hipertensión arterial parece estar relacionada con impulsos
agresivos retenidos; casi podríamos hablar, por tanto, de un sustitutivo a muchas
explosiones delictivas, A través de otros síntomas que producen timidez también
puede llegarse a actos explosivos por sobrecompensación (7).
446
dormir (insomnio neurótico); muchos son los que piensan estar fatigados apenas
inician un trabajo, etc.
447
a) Histeria. La gran forma clínica denominada histeria ha sido subdividida en
varios tipos especiales, en relación con los cuales es difícil encontrar unanimidad
entre los distintos autores.
En ia histeria de fijación, aquélla se liga con algún trauma que causa gran
alteración emocional y que, luego, dejando de pre-sentarse claramente en la
conciencia, sigue, sin embargo, actuando desde planos infraconscientes y
manifestándose durante los ataques histéricos (11).
Se citan tres notas específicas que, por su excesiva repetición, caracterizan a esta
psiconeurosis. La primera es la iteración, la tendencia a repetir una acción por
temor de que primero no se haya tenido éxito; por ejemplo, a mirar una y otra vez
un sobre de carta por temor de no haber puesto bien la dirección, el examinar
continuamente los enchufes por temor de que se haya dejado algo que puede
recalentarse y causar un accidente. La segunda es la creencia en la omnipotencia
del pensamiento, como si lo que en él se decide tuviera inmediato efecto en la
realidad; de ahí por qué el compulsivo lucha contra las ideas y deseos para
expulsarlos de la conciencia, pero sin lograr su objeto. La tercera, la dificultad de
llegar a convicciones firmes que permitan llevar adelante una acción: los motivos
se contraponen y luchan, se analizan las últimas conciencias de la acción que
quiere llevarse a cabo y de su inhibición; con el resultado de que la duda
permanece y el acto no se ejecuta; y no por falta de voluntad sino porque no se
decide a qué aplicarla.
449
sensaciones de "opresión toráxica y de dificultad respiratoria (asmática), pronto
450
acompañada o seguida de manifestaciones cardíacas y vasomotrices que
engendran en el sujeto el convencimiento de que su fin está próximo" (15).
451
CAPITULO VI
PSICOSIS
Mira agrega las psicosis que denomina "delirio de autorefrenda erótica de las
solteras viejas" en las que predominan los mecanismos de proyección en cuanto a
los deseos y ataques sexuales; dan, por tanto, oportunidad para delitos de injurias,
calumnias y falsas denuncias. El mismo autor se refiere a las circunstancias
desfavorables originadas en las suegras viudas, sobre todo cuando el hijo único se
casa y entra en escena la nuera (1).
452
A partir de la guerra de 1914 - 18 han adquirido mucha importancia las llamadas
psicosis de guerra que Baruk caracteriza más bien como "psicosis
desencadenadas, con ocasión de la guerra, en quienes se hallaban predispuestos"
(2). No se pueden descuidar tampoco las psicosis de cautividad provocadas por el
aislamiento, los sufrimientos físicos y morales, la mala alimentación, el temor en
que viven los prisioneros, así como por el sentimiento de desarraigo que ellos
experimentan en un país ajeno con cuyos habitantes poco o nada se entienden,
rodeados muchas veces de odios y con el temor de lo que puede suceder en el
propio hogar y patria. Cabe también citar las psicosis desarrolladas en los refugios
(principalmente por causa de guerra), en los cuales son frecuentes las reacciones
paranoides de persecución, de autoacusación y de misticismo; se suelen crear
una psicología apta para las reacciones extremas, desde el embotamiento y la
indiferencia por todo lo que sucede y lo que puedan hacer, perdiendo todo
sentimiento moral, hasta las reacciones violentas consecutivas contra aquéllos a
quienes se considera culpables de la situación; para no hablar de quienes se
retraen en sí mismos y se resignan a su suerte ayudados por sus sentimientos
religiosos avivados per las circunstancias.
En los últimos tiempos, las condiciones de vida en las prisiones han mejorado
mucho, siendo ellas, en casos más numerosos de los deseables, mejores que las
del obrero algo menos que medio y libre. Sin embargo, las restricciones naturales
en la vida del presidiario, así como la persistencia de malas condiciones materia-
les en algunas partes, hacen que no sea posible prescindir todavía de las psicosis
llamadas carcelarias, como una realidad. Tales psicosis se originan en "la falta de
luz y de estímulos psíquicos ha-bituales, la alimentación insuficiente, la
sedentariedad, el onanismo y el miedo al porvenir" (3), Las alteraciones
consiguientes son sumamente variadas yendo desde transtornos en la acción y la
palabra hasta delirios, especialmente en los presos de alguna edad que
interpretan todos los hechos como antecedentes de su perdón, indulto o rebaja de
condena.
453
2.- PSICOSIS TRAUMÁTICAS. Son aquéllas que provienen directamente de las
lesiones propias de un trauma; consi-guientemente quedan excluidas de este
grupo las psicosis postraumáticas y las endógenas activadas en ocasión de un
trauma.
Sus variedades son numerosas dependiendo tanto de la índole del trauma como
de los síntomas presentados, las clasificaciones que se intenten (4).
Entre las distintas formas clínicas, Mira y López reconoce las siguientes (6):
455
alcoholismo y de psicosis derivadas de envenenamientos con distintas
substancias entre las cuales las de mayor importancia criminológica son los
estupefacientes.
Dado el singular papel criminògeno que estas alteraciones poseen, las hemos de
tratar en capítulos especiales a los cuales nos remitimos.
En este sentido han vuelto a ocupar lugar prominente las alteraciones de origen
hepático que se relacionan con estados de melancolía, eurastenia, insomnio,
pesadillas y hasta delirios y alucinaciones. Las investigaciones modernas han
demostrado que no se hallaba totalmente desencaminada la antigua biotipología
hu-moral cuando atribuía gran acción al funcionamiento hepático en la
determinación del temperamento y del carácter.
456
como'psíquicas y sociales, se presentan alteraciones favorables al suicidio, el
homicidio y las perversiones sexuales. Igual confluencia de causas puede
anotarse
457
en las alteraciones mentales existentes durante el embarazo: envidias exageradas,
irritabilidad, impulsividad incoercible (cleptomanía), obscenidad e inclinación al
suicidio; estas anormalidades pueden relacionarse no sólo con la desnutrición (el
nuevo ser quita al cuerpo de la madre substancias que éste necesita) sino con
alteraciones endocrinas que en su lugar dejamos esbozadas; sin duda estas
alteraciones corporales, unidas a otras psiquicas cuando se trata de futuros hijos
indesea- dos porque se es pobre o soltera -y en esto entran ya factores sociales- o
porque se teme perder la belleza, pueden considerarse causas del aborto criminal
en muchos casos, pues contribuyen a crear inclinaciones o a destruir inhibiciones
como no lo harían en circunstancias normales (6).
458
más comunes e importantes, tomando en cuenta el punto de vista criminológico.
459
En este párrafo nos reduciremos a dar algunos síntomas generales de las psicosis
tóxicas y a tratar de algunas de ellas en particular; empero, se dejarán para
párrafos especiales tanto la encefalitis como la sífilis, por su relevancia criminal.
460
amencialcs. Estas alteraciones suelen presentarse inclusive cierto tiempo después
de que la tifoidea se ha considerado curada.
La tuberculosis ocasiona también síntomas mentales, sea por efectos del bacilo
sobre el propio encéfalo u otros órganos que, al ser alterados, repercuten en aquel
otro, sea activando disposiciones psicóticas preexistentes, sea por las
repercusiones psíquicas que tiene el paciente cuando toma conciencia de su
enfermedad y de las limitaciones que ella apareja. En los sanatorios, se ha podido
notar egoísmo, hipersensibilidad y erotismo en los enfermos, pero pocas
anormalidades mentales notorias; quizá eso se deba, como observa Baruk, a que
ellas aparecen después de que las lesiones corporales están curadas (11); se
notan entonces estados de angustia, obsesiones (principalmente de no tocar y de
limpieza), irritabilidad, odios insanos, carencia de altruismo (al sujeto poco le
importa seguir o no enfermo para tomar precauciones y no contagiar a los demás).
En la meningitis tuberculosa son claras la disminución de la inteligencia, la injuria a
los sentimientos morales —que previamente pudieron ser muy fuertes—, las
perversiones instintivas, las alucinaciones e ilusiones que marcan un camino
favorable al delito. Verwaek ha puesto en evidencia, mediante estadísticas, la
relación que existe entre el erotismo despertado en los tuberculosos y los delitos
sexuales por ellos cometidos (12).
461
6.- LA ENCEFALITIS EPIDÉMICA. Las psicosis derivadas de encefalitis epidémica
han adquirido últimamente mucha importancia como causa del delito, reconocida a
través de estudios estadísticos.
Dentro de las alteraciones ocasionadas por la encefalitis, las que más interesan a
la criminología son las pertenecientes a la etapa crónica.
462
somáticas,
463
influencias psíquicas; la gente se burla de los enfermos, los mima, los trata como a
débiles, raros, etc., lo que conduce a la formación de Complejos, sobre todo de
inferioridad, cuyos caracteres son manifestados luego en la conducta (16).
464
enfermo y con una afec-ción peligrosa y que ocasiona el repudio social; los
primeros síntomas son de angustia, depresión, etc.
465
El tiempo que transcurre desde la sífilis primaria hasta la aparición de los primeros
síntomas de la parálisis general se puede calcular entre diez y quince años, si bien
suelen darse excepciones. Es una enfermedad que afecta principalmente a
personas entre 40 y 50 años de edad; pero, como excepción, puede citarse la
denominada parálisis general juvenil.
En cuanto a los síntomas psíquicos, ellos son de gran relieve criminológico. Desde
un comienzo, aparecen los delirios generalmente mal sistematizados; entre ellos,
delirios de persecución, de grandeza y de enormidad, si bien estos últimos no
derivan generalmente en agresiones, sino que conforman personalidades
eufóricas, que se creen capaces de todo y que lo poseen todo; sin embargo,
también ueden darse los caracteres opuestos: delirios que conducen, a la
depresión, a la fatiga, delirios hipocondríacos y de nef ciór principalmente de
algunos órganos. La capacidad intelectual disminuye cada vez más, hasta
terminar en la demencia, en Kus distintas facetas de observación atenta, creación,
crítica, apreciación de valores, posibilidad de seguirlos, valoración de las
circunstancias y las conveniencias en relación con la conducta, etc. La memoria
sufre asimismo de un gran debilitamiento.
466
Naturalmente, habida cuenta de tales síntomas, no llama la atención la gran
variedad de delitos que los paralíticos progresivos pueden cometer: heridas,
homicidios, Violaciones, exhibicionismo, satiriasis; hurtos, quiebras fraudulentas y
culposas, estafas (principalmente ligadas con la vanidad e imprevisión). Si estas
formas criminales se citan como las más corrientes, es difícil excluir por principio
otras a las cuales los paralíticos, en razón de esta su enfermedad, no estén
inclinados.
467
Los períodos iniciales son, desde luego, los que tienen mayor interés para la
Criminología.
468
Después llega la brusca irrupción: o el ataque convulsivo o una reacción brutal y
violenta, a veces resuelta en un delito.
El ataque se inicia brutalmente; el epiléptico cae como fulminado, sin tiempo para
tomar precaución alguna. Pero el acceso es sumamente breve, incluyendo sus
dos fases tónica y clónica (una fase de rigidez y otra de agitación violenta); luego
viene la salida de la crisis (estertor), en que el paciente se calma y respira regular
y pesadamente. Entre otros caracteres corporales se dan la cianosis de los labios
(signo fundamental); los esfínteres se relajan, así como el dominio adquirido sobre
ciertas funciones (hay emisión de orina y de materias fecales). La conciencia se
pierde totalmente durante el ataque, por lo cual no hay posibilidad alguna de que
los fenómenos producidos sean captados por el sujeto. Posteriormente se produce
el despertar; el paciente vuelve en sí lentamente; su conciencia no retorna
completamente, dándose más bien estados crepusculares; parece asombrado y
nada recuerda de lo sucedido (amnesia lagunar); su cuerpo está bañado en sudor.
469
que se explican brevemente a continuación y que son de máxima importancia
criminológica.
Fuera de estos síntomas sustitutivos del mal comicial y pasajeros, existen otros
permanentes; desde nuestro punto de vista, dos de ellos tienen especial
relevancia: la alternativa viscosidad agresividad y la decadencia intelectual.
Dijimos antes que las distimias son frecuentes en los epilépticos; ellas.se unen a
las bruscas alternativas en el ritmo psíquico. El epiléptico es usualmente lento en
sus
470
procesos, lentitud que se refleja hasta en el lenguaje (el sujeto habla como si las
sílabas se arrastraran difícilmente las unas a las otras, como si apenas supiera
leer y le costara pronunciar las palabras que se le presentan); pero, de pronto, el
ritmo se acelera, los procesos se atropellan y hay una crisis de explosividad que
contrasta súbitamente con la untuosidad anterior. En cuanto a los fenómenos
representativos, se nota disminución de la memoria (por dificultades en la fijación),
estrechamiento del campo conciencial y falta de agilidad mental. En lo que toca a
la inteligencia propiamente dicha (capacidad de comprensión, invención y crítica)
los procesos evolutivos no siempre caminan en la misma dirección; mientras en
algunos casos se llega a una degeneración total (demencia epiléptica), en otros
parece conservarse intocada, inclusive dentro ds un plano de genialidad
(Dostoievski, Julio César, etc.).
473
En esta unidad, Kraeppelin fundió, con el nombre de demencia precoz, varios tipos
de trastornos que antes se trataban aisladamente y no siempre con la necesaria
sistemática. Ese nombre fue posteriormente reemplazado por Bleuler con el de
esquizofrenia porque el psiquiatra suizo pensaba que lo más característico de la
enfermedad es la disgregación mental, la destrucción de las asociaciones lógicas;
como síntomas fundamentales, él señalaba el autismo y la ambivalencia: el
primero es la ruptura con el mundo exterior y el encerramiento en sí mismo; el
segundo, la posibilidad de que coexistan en el individuo afectos e ideas
contrapuestos.
Entre sus rasgos distintivos existen muchos relacionados de cerca con el delito.
Así sucede con las pseudopercepciones que, en el esquizofrénico, llegan a tener
notas particularmente absurdas como la de dar corporeidad espacial a lo que no
puede tenerla (el paciente dice haber visto u oído al tiempo, al dolor, etc.); tales
pseudopercepciones se asocian entre sí como las imágenes oníricas, por mèdio
de mecanismos que rebasan las reglas de la lógica. Ilógicas y absurdas son
también las ilusiones; se extienden frecuentemente al campo kinestésico y
cenestésico; por eso el sujeto puede afirmar que vuela, que desaparece en parte o
totalmente, que está nadando; desde el ángulo de nuestro enfoque son relevantes
las ilusiones en el campo sexual.
474
absurda, ilógica, a otro proceso que probablemente tampoco concluya de
manera rotunda.
475
La incoherencia, la falta de lógica -resultantes de la disgregación mental- se
transparentan en la falta de jerarquía entre las ideas.
Los delirios son graves y derivan hacia juicios absurdos que son reconocidos en
su carácter anormal aun por el profano. Delirios de influencia: alguien está
pensando por mí, alguien habla valiéndose de mi garganta, mis pensamientos son
vistos por los demás, etc.; delirios relativos a grandes trastornos-cósmicos:
terremotos antes jamás producidos, guerras con nuevas armas, mutanzas sin
cuento; delirios de autotransformación: el enfermo se convierte en aire y puede
colarse por cualquier rendija, se transforma en luz, tiene el don de la ubicuidad,
etc.; delirios religiosos y de invención: el paciente cree ser un pensador muy
profundo, capaz de plantearse y resolver problemas que para los demás han
permanecido en la oscuridad, problemas científicos, religiosos, metafísicos que
asumen caracteres del mayor absurdo. Mira y López cita un caso de Arnd en el
cual el esquizofrénico trataba de averiguar "por qué el hombre no tiene dos
cabezas que trabajen una de día yotrá de noche" (29); los delirios de invención
derivan, de manera natural, en los de persecución.
Las alteraciones del lenguaje corresponden a las del pensamiento de que son
expresión, así como a los trastornos de los demás estados internos. Hay
disgregación, falta de lógica, neologismos, rarezas, etc., todo lo cual hace que no
se entienda lo que el paciente quiere detir. He aquí un ejemplo de neologismos,
dis gregación, rarezas, etc., que surgieron después de la pregunta: ¿cómo está?:
"Está perdido en dos por la cabeza que habla del ruso maravedizo. Pañuelo.
Quítate de ahí viejo joven ven y ven; pastilla para la tos del rebuzno que suspira
por el médico. Calla tonta. La construccionalibilidad del paBaderizante es fea.
476
Se nota también verbigeración (repetición de las mismas palabras por absurda
que sea su colocación en las frases o en las conversaciones del momento). Otra
manifestación común, aunque sólo sea en ciertos momentos del decurso de la
enfermedad, es el mutismo absoluto, durante el cual no se logra arrancar una
palabra al paciente, por ningún medio (31).
477
que se le dice; parece colocarlo en una situación de oposición total a las
influencias que provienen del medio ambiente.
Moglie considera que la etapa más interesante, para el estudio de las relaciones
entre esquizofrenia y delito, es la que inicia el proceso degenerativo, en que la
capacidad intelectual aún no está seriamente dañada ni el sujeto recluido en un
manicomio, pero ya se han producido notables cambios en el carácter, accesos de
mal humor, disminución de los sentimientos éticos y sociales y alteraciones en la
capacidad inhibitoria porque hay disociación entre lo que se percibe, se piensa y
se
478
quiere. El paciente es visto simplemente como alguien que comienza a descuidar
sus deberes de trabajo o de familia, que parece poco interesado en conservar las
formas en las relaciones sociales y que comete actos inmorales aparentemente
sin darse cuenta. Al progresar la enfermedad, el sujeto se encierra cada vez más
en sí mismo, tiene choques más violentos con la sociedad y da muestras de no
saber lo que hace; agreguemos a ello la creciente disociación mental, el
surgimiento de odios inmotivados, los accesos de cólera y se deducirá lo peligroso
que es el enfermo; sus actos pueden sorprender a cualquiera, pues explosionan
cuando menos se los espera, sin tener justificativo aparente alguno, sin que la
víctima pueda prevenirse; esa carencia de motivos adecuados es precisamente
una de las características de la criminalidad esquizofrénica.
Este puede asumir las más diversas formas, siempre relacionabas con el grado de
anormalidad a que el paciente hubiera llegado; fuera de los delitos de violencia -
estupros, homicidios, heridas, etc.-, pueden darse otros de estafa, hurtos, creación
de peligro, exhibicionismo, masturbación en público, etc.
El autor últimamente citado, así como Di Tullio, ponen justamente en relación, las
llamadas fugas esquizofrénicas, con el delito de deserción (33). Lo mismo podría
afirmarse que sucede en algunas fugas de base epiléptica.
En la parafrenia, según Mira y López (35), son típicos los delirios alucinatorios que
se instalan sobre la personalidad normal. Las ilusiones y alucinaciones se
traducen pronto en delirios de influencia; pero frente a ellos, como algo aparte, se
yergue la personalidad normal que se defiende de la anormalidad; esa
conservación de una
479
parte de la personalidad permite que, muchas veces, los parafrénicos puedan
continuar su vida en sociedad. En los momentos más avanzados del trastorno -
que generalmente se instala en personas entre 30 y 40 años de edad- pueden
presentarse también delirios de grandeza, de invención, etc. La inteligencia,
prescindiendo de la parte delirante, se conserva relativamente bien. Tampoco son
mayores las alteraciones afectivas, salvo la frecuencia e intensidad de los accesos
coléricos.
En cuanto a la paranoia, ella es, para Noyes, "un trastorno mental de desarrollo
insidioso que se caracteriza por ideas delirantes persistentes, inalterables,
sistematizadas y lógicamente razonadas" (36). Esos delirios suelen asumir, a
veces, tal apariencia de verdad, que el paciente es capaz de engañar a cualquier
persona no prevenida. Por lo demás, puede esta anormalidad dejar intocuda la
función intelectual en relación con otros temas ajenos al delirio, en los cuales el
sujeto desarrolla perfectamente sus actividades.
480
derecho
481
de defensa. Los actos defensivos llevan el sello de toda la personalidad; a veces
son explosivos, súbitos, como salida abrupta ante una situación intolerable, pero
en la mayoría de los casos se tratará de actos planeados, no raramente con gran
detalle y fina apreciación de la realidad para asegurar el éxito, como si la parte
sana de la personalidad -por así decir-, su inteligencia intacta, se hubieran puesto
al servicio de la anormalidad. El internamien- to del paciente en un manicomio no
constituye de por sí una prevención de la actitud de defensa, sino corrientemente
lo contrario: cree que el internamiento es una nueva prueba, una nueva
manifestación de la persecución que sufre; por tanto, estará prevenido contra
médicos y enfermeros, a quienes considerará cómplices activos del atropello y
contra los cuales se amplía el derecho de legítima defensa; pero, en este caso, las
probabilidades delictivas disminuirán por las precauciones que se toman.
482
En cuanto a los delirios de celos, suelen iniciarse en interpretaciones erradas de
hechos corrientes; todo es considerado como prueba de infidelidad del cónyuge o
amante, inclusive los actos más inocentes. A echar leña al fuego, suelen contribuir
estados pasionales profundos o sentimientos de inferioridad oscuramente
percibidos para no mencionar la creencia en la propia' impotencia que
presuntamente lanzaría a la otra parte a buscar satisfacción por medio de la
traición. El delirio de celos suele desembocar en los delitos más graves contra la
persona sospechada -generalmente no contra el tercero en discordia, a veces des
conocido, por lo demás-, mediante homicidios o heridas que se extienden inclusive
hasta los hijos, de filiación sospechosa o no, y pueden concluir, tras una
carnicería, con el suicidio dei delincuente.
Los delirios de grandeza, que tan fácilmente derivan en los de persecución, dan
por sí solos una apreciable delincuencia generalmente relativa a gastos
desconsiderados, giro de cheques sin fondos, etc. Sólo excepcionalmente se
desemboca en delitos contra las personas; pero pueden presentarse, por ejemplo,
cuando el paciente se cree dueño del mundo, capaz de disponer de la vida, de la
honra o de la salud de sus subditos.
A continuación, habrá que citar, de modo natural, los delirios de reforma y los
místico
- religiosos. Cuando el delirante cree poseer toda la verdad o haber sido destinado
por Dios o la historia, a reformar al mundo, a purificarlo de todos sus pecados, no
se está lejos de quererlo limpiar de pecadores o de eliminar a to dos los que, con
demoníaca perversidad, se oponen a que se instaure el nuevo reino. De esta
madera están hechos muchos regicidas, muchos atentadores contra dirigentes
sociales, políticos y religiosos, muchos conspiradores, dictadores, y
revolucionarios; muchos injuriadores y calumniadores. El calor que ponen en sus
prédicas, su tenacidad, su capacidad de dirección, hacen que algunas veces se
produzcan delitos colectivos porque nunca faltan incautos, a veces naciones
enteras, que tienen fe en el delirante y lo siguen en las aventuras más
descabelladas; eso es tanto más posible, cuanto más haya conservado el sujeto
su poder intelectual y más se efectúen sus prédicas en momentos de especial
483
desesperación de ciertos
484
grupos, dispuestos a aceptar a cualquier profeta. La historia de los últimos tiempos
no escasea ciertamente en ejemplos que podrían citarse; citarse y contraponerse
a lo que su cede con los auténticos reformadores.
Los delirios de invención -de creación científica, artística o literaria-, tienen menor
importancia, salvo cuando concluyen en delirios de persecución, daño o
reivindicación, lo que tampoco es raro. Estas personalidades delirantes suelen
acompañar sus inventos, hallazgos, planes, de toda suerte de supuestas pruebas;
ora han creado grandes maquinarias, armas que permiten destruir sin mayores
gastos a los ejércitos enemigos, ora han pintado cuadros maravillosos, tienen los
planes peilectamente estudiados para resolver una crisis económica o financiera,
etc. Con la cual, por sí solo, más que delincuentes suelen resultar víctimas de los
aprovechadores.
Por fin, podemos describir la paranoia sexual o erótica, Ella aparece en algunas
personas que tienden al amor platónico; se sienten castamente amados y
corresponden de igual manera; ti la mujer o el hombre amado no dan muestras de
interés, se interpreta aquello como subterfugio para no dar a conocer
públicamente los sentimientos íntimos; si se llega a actos de verdadero desprecio,
se los cree formas de coqueteo. Y así, estos tenaces enamorados, siguen su
camino durante mucho tiempo, siempre ilusionados, como lo estaba Don Quijote
de Dulcinea del Toboso. Es claro que esta forma delirante, algo rara, no lleva
corrientemente a delitos, como no sea a indiscreciones que tesminan por exigir
reparación judicial. Sin embargo, suelen tener mayores repercusiones criminales
cuando alguién cree ser amado e intenta obtener los derechos de tal, o cuando,
complicándose con delirios de au- torreferencia erótica, se calumnie a la otra parte
por supuestos avances ilegales. Los casos extremos tienen que asimilarse a lo
que sucede en los delirios de persecución y de celos; el primero resulta, por
ejemplo, cuando el no haber obtenido plena correspondencia o matrimonio
durante años, se atribuye a dificultades opuestas por algún interesado; el
segundo, cuando la frialdad se atribuye at nacimiento de nuevos amores.
485
212.- PSIQUIATRÍA INFANTIL. Las peculiaridades de la psique infantil han dado
lugar a la formación de la psicología evolutiva propia de esa edad; al lado se ha
creado una especialidad médica, la Psiquiatría infantil, que crece continuamente
en volumen e interés.
Las aplicaciones criminológicas son obvias, toda vez que el conocimiento precoz
de condiciones mentales favorables al delito puede provocar el correspondiente
tratamiento antes de que las anormalidades se enconen o lleguen a formar parle
de la personalidad del niño y del adolescente.
Uno de los problemas capitales que han de encarar actualmente las autoridades,
es el de la delincuencia de menores, continuamente creciente en número y
agravada en calidad. Poco se podrá hacer para tratar de prevenir y de remediar
esa delincuencia si no se parte del conocimiento de las causas que han de ser
combatidas; causas que muchas veces serán aclaradas por la psicología normal,
pero que frecuentemente sólo podrán ser entendidas bajo la luz de los estudios
psiquiátricos. En efecto, hay anormalidades que se presentan desde la más
temprana edad; bástenos recordar que eso sucede con la oligofrenia, las
irregularidades provenientes de mal funcionamiento de las glándulas endocrinas o
de mala alimentación, o de enfermedades infecciosas o de intoxicaciones, o de
procesos degenerativos que se instalan muy pronto (demencia precocísima), etc.;
para no hablar de los transtornos provenientes del medio que rodea al niño, púber
o adolescente; psiquiatría y psicología han tenido que detenerse a considerar las
influencias familiares, económicas, de estudios escolares, etc., que concluyen por
crear conflictos internos; para aceptar esas influencias en todo su pesó, y
principalmente las relativas al ambiente familiar, no hay necesidad de adscribirse
486
cerradamente a ninguna escuela psiconalítica: basta observar la realidad que
presenta hechos incontrovertibles. Inclusive pueden derivar transtornos de la
forma de recreo que el niño halla -o no halla-.
Han sido los maestros, con cuya actividad tanto se relacionan las tentativas de
prevenir y corregir el delito, los que mejor comprenden la urgencia de recurrir a la
ayuda de la psiquiatría. Hay problemas, como los de las mentiras, engaños,
injurias, calumnias, a que el niño se inclina, que son terreno favorable para que se
instalen ciertos delitos a veces reprimidos con dureza por autoridades poco
inclinados a estudiar la psique de los delincuentes infantiles y juveniles. Y eso que
las advertencias para que se tenga cuidado son ya viejas; aún en libros de
secundaria importancia y no precisamente modernos.
A lo largo de estos últimos capítulos hemos dado algunos detalles, los más
posibles, compatibles con una obra elemental como es la presente, a fin de que el
lector posea algunos datos acerca de las anormalidades infantiles y juveniles. Sin
embargo, el tratar más largamente del tema es propio de libros especializados a
los cuales nos remitimos.
487
(27) V.: Ibidem, pp. 469-471.
(28) Ibidem, p. 470.
(29) V.: Di Tulio, ob. Cit., p.
252. (30) V.: ob. Cit., pp. 285-
286.
(31) En la ob. Cit., pp. 519-520.
(32) Ibídem, pp. 521-522.
(33) En ibídem, p. 525, puede verse este otro caso de "ensalada" de palabras en que ningún pensamiento puede ser seguido: "125
millones, cruz, algodón encarnada, K. junto 1906, muere como un asesino, el señor X es asesino, cigarrillo, la luz, el sol,
reyezuelo, arroz comido, señor G. Altona, Bernardo X, carne de cerdo, Luis X, timonel, piloto, marina de guerra no muere por
nadie 1906, N. punto, K. punto, doble punto.
(34) Es preciso no confundir la esquizofrenia paranoide, con la psicosis paranoide que puede denominarse “pura”.
(35) V: para la criminalidad esquizofrénica en general, Moblie, ob. cit., pp. 327-330. Di Tullio, ob. cit., pp. 511-517.
(36) Una muestra de las discrepancias puede ser tenida de sólo observar el cuadro sinóptico contenido en Mira y López, ob. cit., p. 575.
(37) V: Ibídem, pp. 576-583.
(38) Ob. Cit., p. 421.
(39) Mira y López, ob. cit., p. 634.
488
CAPÍTULO VII
ALCOHOLISMO
Las relaciones entre el alcoholismo como causa, por una parte, y las
enfermedades mentales y la criminalidad como consecuencias, por otra, han sido
puestas en evidencia desde hace mucho tiempo.
En lo que va del siglo presente, las investigaciones han alcanzado gran extensión
y profundidad y se puede decir que los conocimientos elementales sobre el tema
son de dominio común. Las ligazones entre alcoholismo y delito y otras conductas
489
antisociales se han tornado tan evidentes a la luz de los hechos, que no hay
tratado de asistencia social o de psiquiatría que no toque estos aspectos del
problema.
490
Se comprende que más importante que la cantidad de alcohol ingerida, es la
asimilada por el organismo; no obstante esto, ni siquiera este dato puede resolver
por sí solo todos los problemas, ya que si pudiéramos establecer la existencia de
cierta cantidad de alcohol en la sangre, eso no sería suficiente para esclarecernos
hasta dónde llega el grado de las perturbaciones psíquicas producidas en el
individuo, perturbaciones que, sin embargo, los preciso conocer en cualquier
estudio criminológico o médico legal. Desde luego, hay que dejar de lado los
casos extremos de intoxicación.
Entre las causas principales del alholismo podemos citar las siguientes:
Estos porcentajes pueden ser confrontados con los de la población normal que en
Alemania central es, más o menos, la siguiente:
Leptosomos 50%
Atiéticos 30%
Pero también es evidente que, cuando se estudia cada caso individual se halla
mucha diferencia entre esquizotímicos alcohólicos y ciclotímicos alcohólicos;
mientras en los primeros hay prevaléncia de las causas internas, según su propia
psicología (descontento del mundo y de la vida, angustia, deseo de huir del
mundo, etc.), en los segundos suelen prevalecer las causas ambientales
(imitación, mal ejemplo familiar, etc.).
e) Por ansia de mayor felicidad, por anhelo de placeres nuevos; motivos estos que
se encuentran no sólo en las personas po-bres o enfermas (que más bien se
incluirían en el acápite anterior), sino sobre todo en personas de cultura refinada y
de buena posición económica, en lafe cuales el alcoholismo loma creciente
desarrollo comprobable por nuestra experiencia diaria. En efecto, al líido del
hombre que come mal, miserable, que busca transitorio alivio en la embriaguez, se
encuentra frecuentemente en estos tiempos, al individuo que está cansado de la
vida y que busca por todas partes la excitación de sensaciones nuevas,
encontrándola en las formas más aberradas de la conducta sexual, en el consumo
de estupefacientes, en el uso del alcohol, con el agravante, en este caso, de que
el alcohol está contenido en bebidas destiladas concentradas y, por eso, más
dañosas; si agregamos que estos individuos son proclives a diversas anomalías
nerviosas y psíquicas, veremos por qué el alcoholismo proveniente de esta causa
es de los más graves.
Se debe reconocer, sin embargo, que este alcoholismo es menos evidente y más
"fino" que el que se encuentra entre los pobres, los obreros, los incultos, etc.; pero
no menor. Es el alcoholismo propio de los sectores más cultivados de la sociedad.
493
variantes personales, es imposible establecer a priori el camino por el cual se llega
al vicio; lo único evidente es que muchas veces se llega sin saberlo ni quererlo.
d) La moda que es otra forma de imitación de base más extendida. Tudos los días
es posible observar cómo el alcoholismo se va haciendo más común a través de
costumbres sociales. En este aspecto, se hace necesario referirse al alcoholismo
llamado mundano que ha establecido la máxima igualdad entre los sexos,
originando un aumento desmesurado de este vicio entre las mujeres.
495
Demás insistir en que los límites entre una y otra son imprecisos, difícilmente
determinables sobre todo en ciertos casos concretos.
c) Alcoholismo crónico. Aquí ya no nos hallamos ante casos agudos que, por
graves que sean, son pasajeros, sino ante un estado prolongado y duradero cuyos
caracteres anormales resaltan inclusive cuando el sujeto no está propiamente
ebrio. La degeneración personal es más profunda y permanente y es resultado del
uso continuo del alcohol. Los grados del alcoholismo crónico son muy variados;
van desde sus inicios, cuando las alteraciones personales apenas pueden ser
notadas
496
por los familiares, hasta los estados de demencia alcohólica en que el manicomio
es lugar obligado de internamiento.
Las primeras dosis operan a modo de excitantes del sistema nervioso. Aumenta el
número de las pulsaciones cardíacas, se experimenta vasodilataeión, un aumento
en la frecuencia respiratoria, es excitada la actividad funcional del tejido muscular,
la secreción urinaria y (un poco menos), la salivar; la temperatura del cuerpo
desciende levemente por la dispersión de calor producida por la vasodilatación"
(Palmieri) (10).
Los nervios sensitivos funcionan cada vez con menor agudeza, principalmente los
que atienden la sensibilidad dérmica: quedan disminuidos los sentidos del
equilibrio, del movimiento (y más cuanto más pequeños y precisos sean) y hasta la
simple posibilidad de moverse. Por eso sucede que los ebrios queden durante
largo tiempo en posiciones incomodísimas, sin cambiarlas.
497
A medida que el alcoholismo deviene habitual y crónico, estas características se
agravan. Se manifiestan desórdenes permanentes en el hígado: alteraciones en el
tejido nervioso, que llegan hasta la atrofia de la corteza cerebral; transtornos en
los linones y en las funciones de los órganos sexuales y en los órganos de los
senlidosi
Desde nuestro punto de vista, nos interesan más las alteraciones psíquicas que
envuelven la personalidad total del individuo y que se presentan -muchas de ellas-
en los diversos tipos de alcoholismo (si bien hay síntomas específicos de tal o cual
forma de embriaguez, como luego veremos). Los síntomas varían en cuanto a su
importancia, siendo más graves en el alcoholismo crónico. Por otra parte, hay que
distinguir síntomas pasajeros y síntomas más o menos permanentes.
Las imágenes resultantes son sumamente variadas, desde las muy agradables,
que suelen presentarse en los primeros momentos de la intoxicación, hasta las
498
terroríficas que se dan durante el delirium tremens.
499
Las alucinaciones son de todos los tipos: visual, auditivo, dérmico y. menos
frecuentemente, gustativo y olfativo. Su importan cia aumenta en el alcoholismo
habitual y crónico.
Del terror, del miedo, suele pasar a la reacción cuya comprensión también
supondrá el estudio de la personalidad anterior del sujeto. En efecto, individuos
hay que se encierran en sí mismos, aterrados; pero también los hay que tienden a
reaccionar violentamente contra la supuesta hostilidad ambiental. En lo que se
refiere a la fuga del mundo, se dan formas diversas; desde el punto de vista
criminológico no tienen importancia aquellos casos que se resuelven en el puro
aislamiento interior, pero la tienen cuando la fuga se resuelve en la definitiva de
todas: el suicidio.
500
tanto como para poder convencer de la realidad de las sospechas de infidelidad a
una persona desprevenida. (12).
501
personas ajenas al círculo familiar: frecuentemente se señala como culpable al
hijo, padre, hermano, etc., del cónyuge acusado (13).
Por otra parte, el coito excesivamente prolongado puede ser tan doloroso como
para llevar hasta el suicidio al cónyugc no alcohólico.
"Como síntomas típicos de esta variedad delirante deben citarse los siguientes: 1)
la violencia nocturna de los accesos (coincidiendo con la sobrecarga alcohólica);
2) el carácter siempre agresivo (verbal o motor) del delirio; 3) la fijación de la
reacción exclusivamente sobre la mujer (y no sobre los supuestos amantes); 4) la
progresiva extensión de las interpretaciones y las intuiciones delirantes hasta
alcanzar un carácter de ilogismo que presupone una grave falta de la capacidad
de autocrítica y del juicio de realidad" (14).
Si bien los de celos son los delirios más notables, no dejan de tener importancia
también los de invención y de grandeza que, sobre todo en las etapas terminales
del proceso degenerativo, llegan a tener carácter absurdo por su exageración.
502
huye apenas el alcohólico priende fijar el contenido de ellas en obras de arte o de
ciencia.
Delirium tremens. También podemos tratar aquí del delirium tvemens, así
denominado porque en las observaciones primitivas se dio máxima importancia al
temblor corporal que acompaña a este transtorno.
503
El delirium tremens es "un síndrome de excitación psíquica con desorientación
espacial y temporal, violentas alucinaciones (preferentemente visuales y táctiles),
confusión mental angustiosa v numerosos síntomas corporales (especialmente
temblor e hiperhidrosis) que evolucionan en pocos días hacia la curación o la mucr
te" (15).
b) Vida afectiva. Para las dosis pequeñas de alcohol o en las etapas iniciales del
alcoholismo crónico, se puede observar cierta tendencia a la euforia, a la felicidad,
al optimismo; pero gradualmente. tal estado va tornándose de optimista'en
pesimista: patetismo, períodos de profunda depresión alternados con breves pero
intensos fenómenos de excitación y de furia. Luego, apatía por el propio estado.
En cuanto a los sentimientos éticos, Kraft-Ebing dice que la degeneración llega a
un punto tal que se convierte en una verdadera y propia enfermedad equivalente a
la locura moral (16).
504
Con referencia a tales sentimientos, Tanzi y Lugaro, a su vez, afirman. "La
decadencia ética y estética es un hecho de los más constantes en el alcoholismo
crónico. A veces los enfermos, sin faltar a las leyes de la honestidad, se limitan a
descuidar los propios deberes o la limpieza de la persona o las normas de la
cortesía, volviéndose negligentes, cínicos, groseros, chocarreros y procaces. Poco
a poco, pierden todo sentimiento altruístico e inclusive de amor propio, se
desinteresan de todo cuanto no les toca de cerca, descuidan o miran con
indiferencia escéptica la vida pública y las luchas sociales; se despojan de toda
solidaridad y amistad, se desamoran de la familia. Por la fácil pendiente de las
transacciones con la propia conciencia, terminan gradualmente en la abyección,
perdiendo toda compostura moral, todo sentimiento de honor, de dignidad
personal, de pudor, Es en esta categoría de gente donde se encuentran muchos
pordioseros profesionales, ladrones habituales, madres que prostituyen a las hijas,
padres incestuosos" (17).
Entre los sentimientos que son destruidos se hallan también los religiosos; la
religiosidad queda reducida a cierta sentimentalidad vaga y plañidera, a un
ritualismo puramente externo que no servirá para dar un impulso del cual esperar
la regeneración a través de las potentes fuerzas de la religión.
505
Pero existen otras formas de conducta superiores en las cuales es evidente la
intervención de la inteligencia y de la voluntad.
Fsta ausencia de dominio sobre la conducta puede explicarlo por varias razones
concurrentes:
a) Por falta de dominio del pensamiento sobre los músculos. Por lo tanto,
prevalencia de los mandatos subcorticales sobre los mandatos cortioales.
506
cambios de conducta, de la alegría al llanto, de la acción sin freno a la pereza y al
descuido.
La inclinación a las bebidas puede ser tan pronunciada que, para obtener su
satisfacción, el ebrio no se detendrá ante considederaciones de honor, de
vergüenza, ni siquiera ante delitos graves: finge, estafa, hurta, roba.
Esto, no obstante, ante el caso concreto suelen presentarse dificultades (que, por
lo demás, también se presentan en el estudio teórico), para establecer si la
epilepsia preexistía, aunque sólo fuera en estado latente, y el alcohol no ha hecho
otra cosa que revelarla, o si el alcohol fue la verdadera causa eficiente de la
epilepsia. En general los ataques epilépticos se producen como resultado de la
ingestión de alcohol y suelen desaparecer con la abstinencia; esto parece hablar
en favor de la segunda hipótesis. Lo que puede afirmarse es que la preexistencia
de ciertos caracteres como la herencia morbosa, traumas psíquicos, etc., facilita la
507
aparición de la epilepsia alcohólica.
508
Kraft-Ebing hacía notar que la cumbre de la gravedad de la enfermedad se
alcanza cuando se presentan al mismo tiempo la epilepsia tóxica (con los accesos
epilépticos) y el delirium tremens (19).
Sobre este tema, Tanzi y Lugaro dicen: "La intoxicación alcohólica entra además
como factor predisponente o complicante o agravante en varias otras psicosis,
sobre todo las que dependen de arterioesclerosis, en la epilepsia, en la neurosis
traumática, en la parálisis progresiva, en los estados de excitación maníaca" (20).
509
ebrios. En otras palabras, la
510
predisposición individual desempeña un papel importante, inclusive cuando
consideramos que el alcohol es Ia condición sine qua non del delito, como la gota
que hace rebalsar el vaso. También y para evitar confusiones, es preciso tener en
cuenta que no siempre que delito y alcoholismo se manifiestan juntos se puede
atribuir aquél a éste ni siquiera como simple cau-sa desencadenante; pues suele
suceder que alcoholismo y delito son efectos de una causa común anterior,
generalmente una deficiencia, o enfermedad psíquica; entonces el alcoholismo es
hermano, pero no padre del delito (22).
Lo dicho puede sufrir excepciones cuando se trata de delitos poco graves, en los
cuales la pura lógica nos dice que para comprender el delito no es necesario
buscar profundas raíces en la personalidad precedente del culpable.
Es probable que lo mismo pueda decirse de los delitos culposos en los cuales la
falta de atención, coordinación, memoria, etc., derivada del uso del alcohol puede
muy bien explicar el delito cometido; sin embargo, será necesario hacer alguna
reserva, al menos para los delitos culposos más graves, teniendo presente que no
puede ser íntegramente dejada de lado la explicación dada por el psicoanálisis
para los delitos culposos (23). Hay que llamar la atención sobre los delitos de
tránsito.
Anie todo, es un hecho que, entre los criminales, existe un numero de alcohólicos;
superior a aquel que existe entre las personas no delincuentes.
Así. nos dice Taft que los Gluccks hallaron que el 39,4% de los hombres
internados en reformatorios, habían abusado del alcohol hasta el exceso. Un
cuarto (25,4%) de las mujeres delincuentes se habían dado a la embriaguez ya en
511
la adolescencia" (25).
512
Con referencia a Alemania, Kraft-Ebing ya había establecido que el 50% de todos
los delitos y de todas las contravenciones se verifican bajo la influencia del
alcohol; alrededor del 25% de las admisiones en los manicomios tienen por causa
primen el vicio de beber (26).
Exner nos proporciona los siguientes porcentajes, en cuanto a los alcohólicos que
hay entre los delincuentes:
Total 507(28).
A su vez, Di Tullio, en sus estudios sobre 4.000 delincuentes, halló entre ellos el
90% con costumbres alcohólicas (30).
513
Impudicia y estupro 954 575, o sea el 60,2%
Hurto 10.033 5.212, o sea el 51,9%
Tentativa de homicidio 252 128, o sea el 50,8%
Incendio 304 148, o sea el 47,6%
Homicidio premeditado 514 237, o sea el 46,1%
Perjurio 590 157. o sea si 26,6%(31).
Sutherland hace notar que el número de los arrestos efectuados en las grandes
ciudades es mayor que el de los efectuados en los pueblos pequeños; esta
diferencia se nota, entre otros, en los arrestos por ebriedad (32). Citando a
Aschaffenburg, dice que entre las ciudades de Alemania existe diferencia en el
número y calidad de los delitos; el autor alemán considera que las diferencias en
los delitos contra las personas se debían al consumo de bebidas alcohólicas (33).
El autor dice que "entre las personas conducidas a las instituciones penales o
reformatorios en 1923, el 58% era culpable de embriaguez o de conducta
desordenada" (34).
Y opina, con referencia a los delitos contra las personas, que su aumei to en
verano puede ser causado, entre otros, por el aumento de consumo de alcohol
(35).
514
Mayo 102 1.196
Junio 101 1.069
Julio 103 1.126
Agosto 102 1.124
Septiembre 98 879
Octubre 102 858
Noviembre 97 934
Diciembre 99 900"
515
inmediatamente el delito; en la criminalidad indirecta, el alcohol causa ciertos
efectos, los cuales engendran una serie de procesos que llevarán a la
delincuencia.
"Lang, (Alkohol und Verbrechen, Basel, 1898), de una encuesta hecha en Zurich
en el año 1890-1892, ha concluido que el 70,9% de todas las lesiones personales
del año se habían verificado entre el sábado y el lunes. La contrapueba de la
influencia del alcohol se tiene en el hecho de que cuando el domingo,
excepcionalmente, es día de trabajo, el número de delitos disminuye" (37).
516
Domingo 877 282
Jueves 129 86
517
Para probar la naturaleza violenta de la criminalidad, transcribiremos los números
siguientes sobre los condenados en Nürenberg y Fürther que eran ebrios:
El doctor Peeters halló entre los delincuentes, que los tipos de delitos se repartían
de la siguiente manera;
Degeneración alcohólica
delincuentes
Contra la propiedad
34 48 19
y las personas
518
Contra las personas 82 59 38
Sexuales 9 10 5
Delitos en general 61 10 11
b) Criminalidad indirecta. Esta especie de criminalidad es. sin duda, mucho más
importante y extendida que la criminalidad directa; pero si, por la proximidad entre
causa y efecto, en ésta es fácil establecer el nexo causal, en la primera, por el
contrario, es difícil, por la propia naturaleza de la acción y por muchos factores
intermedios que complican y enturbian la neta percepción de la causalidad. Por
estas mismas razones, se puede explicar la carencia de estadísticas seguras en
519
relación con la criminalidad indirecta, mientras las hay abundantes para la
criminalidad directa. Por otra parte, como ha de verse luego, gran porcentaje de la
criminalidad consignada en las estadísticas como producto de te transmisión
hereditaria del alcoholismo, habrá de ser atribuida más bien a los factores
indirectos del uso del alcohol.
Sutherland nos dice que estos efectos, indirectos "del consumo excesivo de
alcohol son mucho más serios que los efectos directos. Tales efectos indirectos se
manifiestan principalmente en la incapacidad de mantener a la propia familia y la
deteriorización de la vida familiar. Healy observó que en el 31 % de mil casos de
delincuentes juveniles en una de sus series, uno o ambos padres bebían hasta el
exceso; en otras seríes, 26,5% y, en sus series de Boston, el 51%" (45).
Esto basta para justificar lo antes dicho, o sea, que el número de los delitos que
son indirectamente provocados por el abuso del alcohol es mucho mayor que el
número
520
de delitos debidos a influencias directas; y que es muy difícil determinarlos y
reducirlos a estadísticas.
521
Pero no menos importantes por el número y la calidad y, sobre todo, por la
modernidad, son los autores que consideran no probada aún la influencia
hereditaria del alcoholismo.
Entre ellos está Sutherland que dice: "han sido hechos muchos esfuerzos para
determinar si el alcoholismo de los padres produce un efecto fisiológico en la
descendencia. El trabajo experimental sobre algunos animales no es concluyente;
y aunque lo fuera, no lo sería en lo que se refiere a la criminalidad.
Aparentemente, la relación más importante entre alcohol y criminalidad es social y
económica" (48).
523
también hemos de citar la autorizada opinión de Tanzi y Lugaro. quienes dicen:
"No menor es la importancia del alcoholismo, que ocasiona en la prole
detenciones del desarrollo, y procesos cero- bropáticos ensombrecidos por idiocia,
epilepsia, retardos de desarrollo, tendencia a las bebidas alcohólicas v a los
excitantes en genera o bien, no hace olra cosa que disminuir la resistencia de los
hijos en los mismos agentes externos, en su mayor parte infecciones que
enconándose en los primeros años de vida, los exponen a sufrir el grave daño de
cerebropatías infantiles. El alcoholismo parece tener no poca importancia inclusive
si se verifica en la línea paterna, en cuyo caso su acción no puede ejercitarse sino
a travói de las células germinales masculinas alternadas antes de la fecundación.
Especialmente la fecundación en estado de ebriedad es inculpada de dar
productos degenerados".
1.- No se puede negar, supuesta la unidad del organismo, qu'un estado más o
menos permanente de alcoholismo y aun una intoxicación aguda cambien de
manera sensible la composición química de las células germinales y provoquen,
así, daños a los descendientes.
2.- Pero la índole y amplitud de tales cambios no han sido establecidas; por eso no
se puede asegurar sic et simplicitei la transmisión del alcoholismo.
525
supuestamente favorables a una política social y criminal antialcohólica. Hornos de
referirnos a dos de dichas medidas por considerarlas las más extendidas y
perjudiciales.
El arresto y la multa. Estos sonólos medios más corrientemente propuestos por los
códigos penales y leyes especiales para combatir la ebriedad; también son los
más ineficaces. En efecto, no se alcanza a comprender cómo el arresto de breve
duración puede influir en la reeducación del ebrio y, sobre todo, no se comprende
cómo el arresto pueda cortar la marcha de las causas criminógenas.
Tampoco la multa debe ser adoptada porque cuando es pagada por un pobre es
una sanción desproporcionada cuyas consecuencias caen siempre también sobre
los familiares; cuando la paga un rico, significa poco o nada.
526
El prohibicionismo. Se conoce con este nombre una medida de vastos alcances,
destinada a prohibir el consumo del alcohol de modo absoluto o casi absoluto. Es
ya conocido el experimento norteamericano y cómo no tuvo éxito, no obstante, los
esfuerzos realizados.
Entre las dificultades que presenta este sistema y que pueden dar lugar más bien
a un incremento de la delincuencia, Taft menciona las siguientes (53):
2.- Por un hecho sin mayor importancia, como es el de beber un vaso, mucha
gehte queda automáticamente contra la ley
(1) En nuestro primer programa sobre la materia incluíamos el estudio del alcoholismo en la sección de Biología Criminal (también lo hace
López Rey en su Introducción a la Criminología, p. 148 y ss.); habida cuenta de que el delito puede relacionarse más directamente con
las alteraciones psíquicas provenientes del uso del alcohol y que esas alteraciones son fundamentales dentro de los síntomas generales,
preferimos ahora tratar del tema dentro de la sección destinada a la Psicología Criminal y, en ésta, en la parte de Psiquiatría Criminal.
(2) El desarrollo de este capítulo se ceñirá en su mayor parte a nuestra obra: El Alcoholismo ante las Ciencias Penales; los agregados y
supresiones serán pocos. Esta advertencia explica el uso de fuentes bibliográficas que al redactar aquel folleto pudimos consultar,
posibilidad que ahora, por desgracia, ya no tenemos; por lo cual hay autores y obras que, mencionados en este capítulo, no lo han sido en la
bibliografía general.
(3) Entre nosotros, mucho se ha hablado de que la chicha por contener, fuera del alcohol, elementos especialmente excitantes, es causa de
gran parte de la criminalidad violenta que se comete en nuestras regiones del valle. Y, en efecto, las apariencias apuntan en esa dirección.
Sin embargo, nos vemos obligados a prescindir de cualquier afirmación definitiva, ante nuestro desconocimiento de estudios que se
hubiera realizado sobre la composición química o la acción fisiológica de esa bebida.
(4) V: Palmieri: L'Alcoolismo come Problema Médico-Legale, p. 7. cit. en El alcoholismo, etc., ya mencionado.
527
(5) De Greef: Introduction á la Criminologie, p. 202; cit. en Ibí-dem, p. 13.
(11) Vease, por ejemplo. Barbe, ob. cit., pp. 298 y 307.
(13) Sobre esta explicación, hoy generalmente aceptada, acerca de la motivación de los delirios de celos, véase: El Alcoholismo, etc.,
pp. también. Mira y López: Psiquiatría, pp. 405-406.
(23) Como es sabido, según el psicoanálisis, el delito culposo es la manifestación de un querer inconsciente del sujeto, quer er cuya salida
al exterior se ve facilitada cuando los frenos inhibitorios y los poderes críticos están relajados, como sucede durante la embriaguez. .4
Psicopatología Forense p. 293 cit. en El alcoholismo, etc. p. 32. 23 Criminology, p. 243.
(24) De igual opinión es la mayoría de los psiquiatras; Zerboglio hacía notar que, en Francia e Inglaterra, el 20% de los enfermos mentales
eran alcohólicos. V: El Alcoholismo, etc., 33.
(30) V. Principies of Criminology, p. 34. Pero habrá que tener siempre presente las otras causas que hacen difícil toda comparación numérica
entre la delincuencia del campo y la de la ciudad.
(34) P. 278; no se indica el año al cual las estadísticas pertenecen. Muy importante, en cuanto al peligro creado por la tentación, son los
datos de la p. 279, referentes a las relaciones entre delito y número de expendios de bebidas alcohólicas.
(35) Esta división tripartita es generalmente aceptada; la siguen López Rey, en su Introducción a la Criminología; Taft, Exner, etc., etc.
(37) Ob. cit., p. 300. Las cifras de lesiones se reproducen aquí en conjunto.
(40) Esto es comprensible si se recuerda que la inteligencia es el mayor y mejor medio para adaptarse al ambiente; nos referimos a la
adaptación socialmente aceptable que, muchas veces, está en contraposición con las tendencias instintivas egoístas. Pero, si la inteligencia
desaparece o se debilita con la intoxicación, nada raro es que venzan los mecanismos inferiores que llevan a reacciones instintivas en
contraste con las formas de reacción adquiridas.
528
(41) V: Exner, ob. cit., p. 298.
(48) V: p. 13.
529
CAPÍTULO
OCTAVO
ESTUPEFACIENTES
Sin embargo, mientras- en el caso del alcoholismo sabemos con claridad a que
nos referimos, no sucede lo mismo cuando usamos las palabras "estupefacientes",
"sustancias peligrosas", "drogas” o "tóxicos". Todas estas expresiones, así como
las derivadas drogadicción y toxicomanía, son equívocas. Por ejemplo, si droga
es, como generalmente se la entiende, toda sustancia capaz de producir una
alteración en la marcha del organismo, difícilmente encontraremos alguna
sustancia, incluyendo el agua pura, que no merezca ese nombre. Ciertamente no
podemos usar el término en sentido tan amplio.
531
interna como a los convenios internacionales. Estas normas amplían
continuamente el campo cubierto. Eso resulta evidente con sólo comparar el
contenido de tratados internacionales de principios de siglo con los actualmente
vigentes; o nuestra ley de 1961 con los decretos que hoy nos rigen.
Entre esos requisitos se hallan también los siguientes: que la sustancia provoque
alteraciones psíquicas, que dificulte el normal funcionamiento del cuerpo y del
espíritu; que produzca adicción, es decir, un hábito dañino, dependencia tal que
resulta sufrimiento cuando el consumo es suspendido -sin embargo, hay
sustancias que cumplen este requisito, como el tabaco, el café, etc., que no se
hallan prohibidas; además, hay que considerar los casos en que un solo acto de
uso o tenencia, ya constituye delito-; que produzca creciente tolerancia, o sea, que
se necesite cada vez mayor cantidad de sustancia para obtener el mismo
resultado. En todos los casos; se toman en cuenta las alteraciones de la
inteligencia, de los instintos, los sentimientos, la agudeza perceptiva, la rapidez y
exactitud de las reacciones motrices, la fantasía incontrolable, etc. Como se
advertirá, se trata de condiciones muy variadas y que no siempre se cumplen o se
toman en cuenta totalmente para incluir una droga entre las legalmente prohibidas
o para quitarles tal condición (1).
532
2.- CAUSAS DEL CONSUMO. Tanto las toxicomanías como el alcoholismo han
sido catalogados dentro de las anormalidades que tienen origen en elementos
tóxicos externos: son alteraciones con causas exotóxicas. En los dos tipos de
anormalidades, hay muchos caracteres comunes.
Eso puede decirse, en primer lugar, de las causas que inclinan al uso de los
estupefacientes. Por ejemplo, aquí habrá que contar la nerviosa vida característica
de los tiempos actuales, que busca remansos de tranquilidad; los dolores, físicos o
morales, la disconformidad con el mundo, que empujan a que se busque la
felicidad en los paraísos artificiales según los llamaba Baudelaire: del mundo real,
siempre lleno de aristas hirientes, se huye hacia un Nirvana en el cual no se
recuerdan las miserias diarias -esto, dejando aparte si las esperanzas forjadas son
luego realizadas-. No son raros los especialistas que atribuyen el vicio a que sus
seguidores son psicópatas o, de cualquier modo, anormales mentales; sin duda,
cuando se estudia a los internados en casas de cura, no puede menos de notarse
la abundancia de anormales entre los endrogados lo cual permite deducir que
algunos ya lo eran antes de dedicarse a la droga preferida; sin embargo, una
generalización es ilícita, porque resulta difícil establecer si las anormalidades
fueron causa o efecto del consumo de estupefacientes; tanto más que hay
numerosos casos en que se ha podido demostrar que la personalidad anterior era
normal; por tanto, debe dejarse de lado esta explicación cuando pretende erguirse
en la única capaz de poner luz en todos los casos (2).
Debe anotarse aquí que existe una causa accidental que tía buen número de
viciosos; el tratamiento médico; usada la drogu con algún fin terapéutico lleva
insensiblemente a crear un hábito del cual luego el paciente no logra
desprenderse.
Morfina. Es muy probable que se trate del estupefaciente más peligroso, tanto por
sus efectos como por la facilidad con que crea hábito y por el número de adictos
con que cuenta.
535
impulso consciente al trabajo y, desde luego, de capacidad para evitar
conscientemente el
536
uso de la droga; ésta a ¡moone incontrastada y la necesidad de procurarla es
suficiente pura recurrir a todos los medios, por ilícitos que ellos sean. Los
sentimientos morales se debilitan y tanto más cuanto más delicados. El
morfinómano vive angustiado y ansioso y cambia continuamente de humor -desde
la irritabilidad exacerbada éuando siente falta de la droga, hasta la euforia
pasajera que sigue a su uso-. Desciende el nivel intelectual, así como la capacidad
memorativa (amnesia retrógada) y atentiva. Desde el punto de vista criminológico
es relevante la frigidez sexual que se instala en muchos morfinómanos. Tampoco
la abstinencia de la droga es un remedio, pues trae sensiblería, somnolencia,
pérdida de lá voluntad, torpeza corporal, agitación, sudores profusos y hasta
síncopes; fuera de la obsesión por la droga preferida.
537
Cocaína. Es el alcaloide de la coca (6), que se emplea en forma de clorhidrato y
se usa sea en inyecciones, pildoras o polvo que es absorbido por la nariz. La
cocaína crea rápidamente hábito y necesidad.
El uso del éter puede revelar psicopatías hasta entonces la tentes; produce
agresividad, perversiones sexuales, inquietud, agitación, ansiedad, insomio.
538
controlar dada la forma en que crece la planta. Parece evidente que las dosis
elevadas excitan a la violencia; hay quienes citan casos en que ese efecto se ha
obtenido con un solo cigarrillo. Se ha señalado con insistencia que el consumo de
marihuana conduce a excesos y delitos sexuales. La gravedad del problema
resalta por el hecho de que buena parte de los consumidores son adolescentes y
jóvenes, mushos de ellos estudiantes que han constituido verdaderas
fraternidades secretas que facilitan la iniciación en el vicio y dificultan la labor
controlados de las autoridades. Su uso se ha extendido en Estados Unidos, Méjico
y Brasil, donde se le llama Maconha; cuenta, según se calcula, con doscientos
millones de adeptos en el mundo. Wolf considera que la marihuana tiene
influencia criminògena tanto en delitos sexuales, por la excitación y por la falta de
frenos, como también en hechos brutales, objetivamente inmotivados o
desproporcionalmente motivados (9).
539
notable; la criminalidad así resultante está de acuerdo a las características
señaladas antes
540
para cada droga. En esta exigüidad es probable que influyan diversas razo nes;
por ejemplo, que el número de endrogados no sea muy alto, en todo caso menor
que el de los alcohólicos; el que existan etapas de estupor; el que se tomen
precauciones por los viciosos, para no ser identificados, etc. En todo caso,
repetimos, esta criminalidad directa ha sido considerada escasa (10).
En cuanto a la familia, es evidente que los altos precios alcanzados por los
estupefacientes adquiridos en él mercado ilegal, ocasionan dificultades
económicas y educativas semejantes a lás qun se han estudiado para el
alcoholismo. La necesidad creada por la droga es, por término medio, mayor que
la del alcoholismo; si los propios recursos se Agotan, como sucede con frecuencia,
el vicioso tiene que recurrir a otros medios para procurarse la sustancia deseada;
esos medios pueden ser fácilmente ilegales: falsifica recetas, roba, hurta, estafa,
comete abusos de confianza, etc., para obtener dinero; no siendo raro, en las
mujeres, que se facilite así el camino hacia la corrupción y la prostitución (11).
541
autoridades judiciales, políticas y policiales que pudieran ocasionar dificultades.
Los negocios realizados por estas bandas dan pingües ganancias que han creado
muchas fortunas, junto con famas internacionales indeseables.
Para concluir, puede citarse el caso del suicidio en que incurren los endrogados. A
decir verdad, no hay datos que permitan deducir que ellos son muchos o aue
derivan directamente del uso actual de la sustancia. Parece que, cuando ellos se
producen, obe decen fundamentalmente a dos razones: la inquietud causada per
una prolongada y ya insoportable abstinencia a la cual no se ve remedio y los
remordimientos presentados en algunas personas aue temen el propio
desprestigio o el sufrimiento de su familia (13).
Casos 185
De 15 a 20 añoa 90 casos
De 20 a 30 años 80 casos
Clase de droga:
542
Depresores 20 casos 11%
Gasolina 6 casos 3%
LSD 3 casos 2%
Floripondio 5 casos 3%
En los años 1977 y 1978 se dio un fenómeno extraño en las cárceles -de hombres
y mujeres- de La Paz: cerca de la mitad de los detenidos lo estaban por delitos
relacionados con drogas. Ciertamente eso demuestra la gravedad que el problema
ha adquirido entre nosotros, especialmente en relación con la cocaína. Sin
embargo, hay que considerar que esa proporción no puede considerarse sin tomar
543
en cuenta otros factores; por ejemplo, que las sanciones con que se reprimen los
delitos sobre
544
drogas son muy graves -en muchos casos, mayores a las propias del homicidio
intencional- y que los detenidos preventivos por estos delitos no gozan de libertad
provisional bajo fianza -situación muy importante en un país en que el noventa por
ciento de los detenidos no tienen todavía sentencia definitiva ejecutoriada-.
(1) Sobre estos puntos, véanse principalmente, Langelüddeke, Psiquiatría Forense, pp. 467 y ss. y el artículo The Criminology of drugs and
drug use de Erich Goode, incluido en las pp. 165-191 de la obra Current perspectives on criminal befaavior, dirigida por Blumberg.
(7) Por desgracia, desconocemos cualquier estudio científico efectuado -si se ha efectuado-, acerca de los efectos psíquicos del uso de la
coca, tan extendido en nuestro país y en algunos vecinos. Y que, desde luego, separe los efectos propios de la coca de los provenientes de
deficiencias alimenticias -calóricas o vitaminas- de la Índole del trabajo o de otras enfermedades e intoxicaciones con los cuales es fácil
confundirlos dados los circuitos sociales y económicos en que el uso de la coca se halla difundido.
(8) En este caso, como en el de otros estupefacientes, se sobre-entiende que los efectos eufóricos son comunes y que se dejan de lado los
no raros ejemplos de Intolerancia en que las sensaciones experimentadas son patosas.
(9) V: Wolf: La Marihuana en América latina pp. 25-40; allí Be encuentra el cálculo sobre el número de adeptos, p. 8. La marihuana no es otra,
en esencia, que el célebre Naxix, conocido por los occidentales desde el tiempo de las cruzadas.
(10) En tal sentido, Taft, ob cit., pp. 254-255; Barnes y Teeters, New Horizons in Criminology pp. 876-880; Pescor, en las pp. 130-133 de la
Enciclopedia of Criminology, dirigida por Brannam y Kutash, etc.
(11) Esta posibilidad es tanto mayor si se piensa que tráfico clandestino de alcohol y de estupefacientes, juegos ilegales y prostitución, suelen
estar monopolizados por las mismas bandas.
(12) Como estos actos derivan de la necesidad creada por el consumo habitual de una droga, es posible tratarlos también en la criminalidad
directa.
(13) También aquí podemos repetir lo dicho al hablar del alcoholismo y por similares razones: que la política criminal suele ser tan errada
como para provocar nuevos delitos en lugar de disminuirlos. Medidas aconsejables, teniendo en cuenta los descubrimientos de la
Criminología, serían las Siguientes:
1º Someter a tratamiento médico obligatorio a los viciosos. Como la pérdida de la costumbre sólo se lograría por medio de paulatinas rebajas
de dosis, se permitiría que se suministren pues que su finalidad es curativa, evitando, al mismo tiempo, los peligros de una abstinencia total
súbita.
2º Las drogas proporcionadas con el fin anterior se venderían a precios ligeramente superiores al costo de producción. Así se interesaría a los
propios viciosos, por una parte, y. por otra, se daría un golpe mortal a las bandas de traficantes, porque el negocio dejarla de ser rendidor.
3º Se llevarla a cabo una campaña educativa a fin de prevenir los males provenientes del uso de drogas, peso sin exagerarlo. Esta medida,
evitarla, siquiera en parte, que se caiga en el vicio por mera curiosidad, como hoy sucede con frecuencia (la campaña evitaría ser ella misma
excitadora de la curiosidad).
A este respecto, véase todo el capítulo que Taft dedica a los estupefacientes. en su ob. ct., pp. 242-256.
545
CAPÍTULO NOVENO
EL PSICOANÁLISIS
Los cimientos del psicoanálisis fueron puestos durante los dos últimos decenios
del siglo pasado y obedecían a la necesidad en que se encontraba la psicología
del momento, de solucionar algunos problemas viejos, sí, pero recién planteados
desde un punto de vista científico. Pero aquella psicología era incapaz de
solucionarlos con sus discrepantes opiniones que iban desde el idealismo más
extremo hasta el mecanicismo que pretendía manejar los fenómenos psíquicos
como se manejan los físicos y químicos. Para tales ojos resultaban
incomprensibles los problemas de la psicología animal y la evolutiva, que
comenzaban a surgir, y más aún las interrogantes planteadas por la patología
mental y nerviosa; pare no hablar de los métodos hipnóticos usados en la
Salpetriere por Chacot, y los propios de la escuela de Nancy, encabezada por
Bernheim.
Pero aún descubrió más: que existía en la psique una parte consciente y otra
inconsciente; ésta última, afloraba a veces durante la hipnosis, pero permanecía
desconocida durante la vida normal. Precisamente, cuando se recordaba el origen
del trauma -guardado en lo inconsciente- tal trauma dejaba de actuar como causa
de reacciones anormales. Por así decir, al hablar de él, el paciente eliminaba de la
psique una impureza causante de dificultades; se purificaba; de ahí que se hablara
de la cura por el habla (talking cure) y de catarsis o purificación (7).
El interrogatorio así llevado a cabo, permitió a Freud comprobar que exiktfa una
fuerza que se oponía a la exteriorización de las respuestas y que mantenía en la
547
oscuridad a los traumas psíquicos primitivos que se pretendía descubrir. Freud
concluyó que esa fuerza de resistencia, que ahora se oponía al recuerdo, era la
misma que había hecho olvidar los traumas y la llamó represión. Da todo, lo cual
resultó la concepción íreudiana de que el olvido no es mero resultado del correr
del tiempo, sino producto de unu letxtf activa. "Mas aún, podía plantearse el
problema de cuáles eran estas fuerzas y cuáles las condiciones de la represión en
la cual reconocemos ya el mecanismo patógeno de la histeria. Una investigación
comparativa de las situaciones patógenas llegadas a conocer en el tratamiento
catártico permitía resolver el problema. En todos estos casos se trataba del
nacimiento de una optación contraria a los demás deseos del individuo y que, por
lo tanto, resultaba intolerable para las aspiraciones éticas y estéticas de la
personalidad. Originábase así un conflicto, una lucha interior cuyo final era que la
representación que aparecía en la conciencia llevando en sí el deseo inconciliable
sucumbía a la represión, siendo expulsada de la conciencia y olvidada junto con
los recuerdos n ella correspondientes. La Incompatibilidad de dicha idea con el Yo
del enfermo era, pues, el motivo de la represión, y las aspiraciones éticas o de otro
género del individuo, las fuerzas represoras. La aceptación del deseo intolerable o
la perduración del conflicto hubieran hecho surgir el dolor en alto grado, dolor qu la
represión ahorraba, revelándose así como uno de los dispositivos protoctores.de
la pencmalidad anímica" (9).
548
Síntomas y fuerzas que no se dan aislados sino en conjunto; de alli nació el
concepto de complejo que "el un conjunto de ideas que permanecen uñidas y
tienen un tono emotivo común" (10).
¿De qué naturaleza eran los traumas cuya represión causaba luego los síntomas
neuróticos? De naturaleza sexual. Pero ya con esto nos salimos de este número
destinado simplemente a exponer los inicios del sicoanálisis, para entrar en la
exposición de sus doctrinas finales. Por eso, nos detenemos aquí.
No sin advertir que esas doctrinas no fueron expuestas desde el primer momento
tal como ahora se las conoce, por el contrario, Freud introdujo complementaciones
y rectificaciones (12) a medida que el tiempo transcurría y se acumulaban mayoi
es experiencias y críticas. Por otra parte, Freud mismo no hizo una exposición
sistemática, hasta el último momento, de sus teorías, por lo que, para ordenarlas,
recurriremos a otros autores que intentaron hacer resúmenes sistemáticos d
psicoanálisis.
549
d) Una filosofía de la vida, derivada de la doctrina y que pretende dar normas
de conducta y de interpretación de to das las formas de la vida (familia, arte,
religión, ciencia, historia, etc.).
Desde nuestro punto de vista, nos internarán sólo los tres primeros aspectos; el
tercero es propio sólo de la concepción freudiana de la psique; en cambio los dos
primeros, en general, son aceptados por casi todos los psicoanalistas, incluyendo
los heterodoxos, si bien con algunas rectificaciones; esta aceptación se ha
extendido en buena medida, también a psicólogos de otras escuelas así como a
psiquiatras que podríamos calificar de clásicos.
2.- LOS MÉTODOS DEL PSICOANÁLISIS. Ellos son fundamentalmente los cuatro
que ha continuación se detallan (14).
550
La imaginación del adulto no está atenida a sus solas fuerzas, sino que su marcha
es canalizada o contenida por acción de frenos críticos conscientes. Para evitar
que esto suceda, el analista advierte al paciente que no debe preocuparse de las
observaciones planteadas por la critica mencionada y que debe seguir con el
proceso de asociaciones de imágenes.
Algunas veces, se deja simplemente que el paciente discurrn por su cuenta, sin
directiva alguna; pero principalmente a raíz de los descubrimientos hechos por
Jung con su prueba de las asociaciones determinadas -véase más adelante- es
corriente que ahora aún los psicoanalistas ortodoxos presenten algunas palabras
guías relacionadas con los síntomas y problemas que parecen tener especial
importancia en el paciente.
Hay que recordar aquí parte de lo dicho en las páginas anteriores: hay deseos que
chocan contra nuestras concepciones éticas o de otro orden, o contra la
imposibilidad de realización; de persistir en el plano consciente, esos deseos se
tomarían molestos y hasta dolorosos; para evitarlo, actúa la censura o represión
que los arroja a lo inconsciente. Pero los deseos, reprimidos y no su-primidos,
siguen actuando, tienen fuerza y vida; la censura, que en un momento los anuló,
551
impide que vuelvan directamente a la conciencia; sin embargo, esa censura se
halla especialmente rela-jada durante el sueño, lo que puede ser aprovechado por
los deseos para descuidar la vigilancia a que están sometidos y aparecer en la
conciencia. Si los deseos son inofensivos, si no chocan contra nuestras
concepciones más profundas, es posible que se manifiesten directa y claramente;
por ejemplo, es el caso del niño glotón que sueña estar ante una mesa llena de
dulces, o del alumno que. en vísperas de un examen difícil, sueña que lo vence
con las mejores notas y felicitaciones de los examinadores. Pero la mayor parte de
los sueños no tienen este carácter directo. Por el contrarío, inclusive cuando
tienen cierta apariencia de lógica y realidad -un animalito que se mete en un hoyo,
un tren que avanza a toda velocidad y que nos atropella porque somos incapaces
de movernos de las vías por las que corre, etc.-, notamos algo de oscuro en ellos;
lo curioso as que luego, por medio de lo que el psicoanálisis denomina procesos
de elaboración secundaria, al despertarnos u olvidamos los sueños, inclusive los
que se presentaron vívidamente, o los convertimos en una novela cuyas partes
encajan entre sí con lógica estricta.
Ahora podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos que deforman hasta tal
extremo la manera de presentación de los deseos, que el reconocerlos a través
del contenido aparente es tarea difícil. Esos mecanismos son los de
condensación, desplazamiento y dramatización, siendo, según Freud, los dos
primeros los más importantes.
El sueño más corriente -quitando los escasos en los cuales la intención es directa-,
es simbólico; presenta un elemento que está en lugar de otro; el problema es
determinar a qué o quién simboliza ese elemento aparente.
553
el contenido aparente (símbolo), averiguar cuál es el contenido real o latente
(simbolizado).
Esta tarea fue emprendida con mucho entusiasmo por Freud el cual llegó a
establecer toda una serie de simbolizaciones que tenían carácter sexual; y no
podía ser de otra manera, dadas sus concepciones acerca de la índole de los
deseos reprimidos (16). Esa simbología puede ser consultada en las diversas
obras de Freud, así como los resúmenes que se han hecho de ellas (17).
Entre estos actos sintomáticos, Freud estudia los olvidos (ds nombres propios, de
palabras extranjeras, etc.), equivocaciones en la lectura, escritura y palabra
hablada, olvidos de propósitos, torpezas, actos fallfidos, supersticiones, etc.
Cuando una persona bien educada tiene visitas de las que desearla verse libre,
comienza a hacerles encargos que, se sobreentiende, sólo se dan en el momento
de despedirse.
Como caso típico, Mira y López cita el del presidente de una eámara que
esperaba, en la sesión por iniciarse, ásperas discusiones y actitudes que
atemorizaban a dicho presidente. Sus deseos se hicieron presentes cuando en
lugar de decir: queda abierta la sesión, dijo: queda clausurada la cesión (19).
555
Pero mientras algunas escuelas psicológicas del siglo pasado, pensaban que la
unión entre un estado representativo y su afecto era permanente e indestructible,
el psicoanálisis ha sostenido que ese vínculo puede romperse para luego
establecerse otros. Las emociones pueden abandonar el estado representativo al
que primitivamente estaban unidas, para juntarse con otro, hasta ese momento
neutro. Así puede suceder que objetos como una mesa, un lápiz, el sol, que no
provocaron por sí mismos nunca miedo ni asco u otro sentimiento negativo, de
pronto lo adquieran porque se asocian a ellos sentimientos provenientes de otras
experiencias. Naturalmente, estos desplazamientos afectivos, como todos los
fenómenos psíquicos, no se realizan por mera casualidad, sino que obedecen a
determinantes causales; pero quede aquí sentado el principio, porque ir más allá
nos llevaría demasiado lejos.
557
b) Principio de la tripartición de la personalidad adulta. Esas tres partes
componentes de la personalidad adulta son el Ello, el Yo y el Super-yo. Veamos
en qué consiste y cómo se origina y desarrolla cada una de ellas.
El Elío está constituido por una serie de instintos estrechamente ligados con el
fondo biológico del individuo. Freud, dentro de la corriente evolucionista en que se
movía fundamentalmente la ciencia de su tiempo, encuentra en todo ser vivo dos
tendencias: una que busca la continuidad de la vida y de lo que le es agradable y
placentero o favorable, y otra que arrastra hacia la inmovilidad de las materias
inorgánicas, hacia la muerte. Estas dog. tendencias también se hallan en el
hombre, tienen un carácter iaaSntivo e inconsciente y son denominadas,
respectivamente, libido sexualis e instintos tánico - destructores; la líbido es una
fuerza creadora y conservadora -del individuo y de la especie- mientras los otros
tienden a la muerte y al dolor.
Y aquí tenemos uno de los puntos más discutidos y discutibles del psicoanálisis: el
tocante a la libido sexualis. Evidentemente, como antes vimos en palabras del
propio Freud, la libido es de naturaleza sexual, pero entendiendo esta palabra en
un sentido mucho más amplio que el corriente: engloba lo que usualmente
denominamos instinto sexual, pero muchas otras tendencias que no solemos
considerar como sexuales; la afirmación de Freud, en lo que tiene de novedosa,
consiste en que también las otras manifestaciones placenteras, favorables a la
vida,
-supongamos, el comer, o el fumar- tienen una naturaleza sexual, ligándose con
ese fondo vital de una manera más o menos directa, pero permanente e
indudable.
559
tiempo transcurre, se tienen del mundo más claras percepciones y los
mecanismos de acomodación se manejan de manera más exacta y consciente.
Ahora bien, ¿ste mundo de las percepciones sensoriales -y de sus derivados
representativos de categoría superior- así como los movimientos voluntarios no
son ya de naturaleza inconsciente sino consciente. Desde luego, esta sección
consciente, investigable por introspección, no se halla radicalmente separada del
ello, sino que se enlaza funcionalmente con él, como si fuera su órgano de
acomodación al mundo extemo.
La libido se localiza en ciertas partes del cuerpo de manera preferente, según las
etapas de la evolución; o en todo el cuerpo; en el propio o en el ajeno; en
personas del mismo sexo o del opuesto; puede detenerse en cierta etapa de
evolución o volver a la misma después de haberla sobrepasado. Expliquemos
560
esto.
561
El instinto libidinoso, o sexual, si se quiere, se manifiesta primero en el acto de
alimentarse; por eso, la boca y sus alrede-dores se convierten en zona erotógena,
fuente de placer sexual. Es la fase oral. El nene todo lo lleva a la boca: chupón,
dedos, objetos de toda clase; todo lo refiere así: por eso, considera el psicoanálisis
que a esta fase se ligan los celos y envidias, en lo psíquico, y la tendencia, en lo
material, a llevar algo entre los labios (v. gr: un cigarrillo).
Por fin, sobre todo cuando los padres son descuidados -o creen que sus hijos
nada se preocupan de lo sexual- los niños perciben ciertos indicios del trato íntimo
562
de los
563
padres y le atribuyen un contenido de contraposición, de lucha u origen de
sufrimiento.
Posteriormente se inicia una etapa en que parece que el interés sexual infantil ha
desaparecido, aunque sólo se halla latente (estado o fase de latencia). Estas
apariencias durarán hasta la pu-bertad en que la localización comienza a darse en
los órganos genitales, como fuente principal de placer (fase genital), aunque
quedan rastros, sublimados o no, de las anteriores etapas de localización.
Pero la libido sigue en busca de un objeto; como el niño no distingue aún los
sexos, le es indiferente que la persona hacia la cual dirige su libido sea de un
mismo sexo o de otro. Es la fase que Freud denomina homosexual (26).
La educación, por su parte, cumple su tarea; ella muestra al niño cómo sus deseos
son malos, inmorales, contrarios a todo deber y que pueden acarrearle merecidos
castigos. Entonces el niño comienza a reprimir sus deseos incestuosos y
parricidas y concluye por olvidarlos (28).
565
mismo lugar en cuanto a su fuerza. La psique se manifiesta como un amplio
escenario en
566
el que se mueven, aliándose o combatiéndose, Ello, Yo y Super-yo: unos pueden
imponerse a los otros momentáneamente o de manera casi permanente. Cuando
predomina el Ello, se dan individuos impulsivos, violentos, dominados por sus
instintos; cuando predomina el Yo, los individuos son lógicos, conscientes, pero
también fríos y calculadores, guiados por las conveniencias y el utilitarismo;
cuando predomina el Super-Yo, el individuo es quisquilloso, amante de los
detalles, analizador de todas las consecuencias de su conducta, próximas o
remotas, y, por lo mismo, irresoluto y atormentado.
Ahora bien; si, por fijación o regresión, la libido choca contra las concepciones del
SUPER-YO, el conflicto será grave y permanente, teniendo que producirse un
combate entre fuerzas reprimidas y represoras, del cual resultan los síntomas a
que antes nos referíamos. Para el psicoanálisis freudiano, ha de hallarse en tos
fenómenos de fijación y regresión la causa explicativa de todas las neurosis (29).
También lo son de las perspectivas.
567
Pero lo reprimido, según se ha dicho, no está suprimido; vive en lo inconsciente o,
momentáneamente, sólo en lo preconsciente. Allí está como un resorte
comprimido, presto a saltar al menor descuido, y presionando en un sentido u otro.
Estas fuerzas, de sumarse continuamente, terminarían por crear un desequilibrio
en la economía anímica; por eso tienen que encontrar alguna salida.
pero con una justificación distinta, lo que permite dejar contento al super-yo y
evitar remordimientos o represiones. Tal sucede, por ejemplo, cuando un político
odiador quiere anular a sus enemigos, desterrarlos o encarcelarlos; su super-yo
puede presentarse como una valla; pero puede ser que al final lo convenza -
¡cuántos mecanismos irracionales se mueven para lograr tal objetivo!- de que si
los apresa o destierra es para salvar a la patria; con lo cual el patriotismo sirve de
salvoconducto. Otras veces, queda la intención primitiva, pero no su objeto o su
forma; por ejemplo, el novio despechado que desearía matar a su novia, pero que
se contenta con romper su retrato.
Así, las fuerzas, psíquicas se compensan, logran salida sin provocar nuevos
conflictos internos, anulan o aminoran las tensiones. Con lo cual se crean válvulas
de escape, las únicas que, en un mundo tan lleno de provocaciones y de
conflictos, permiten que el hombre permanezca normal.
568
psicológicas
569
y sociológicas. Uno de los principios más comunes de esas corrientes, al aplicarse
a lo psíquico, se refiere a los hábitos que son la repetición de conducta similares
ante estímulos también similares. Entre otros caracteres, las conductas habituales
se muestran como más rápidas, niás precisas, como si la experiencia pasada les
hubiera hecho conocer el camino de su exteriorización. El hábito, por otra parte,
según el dicho común, constituye una segunda naturaleza; persiste ante un
estímulo, sieñdi difícil sustituirlo. Cuesta más desarraigar un hábito que
implantarlo. Todo ello puede explicarse porque abierto una vez un camino, es más
fácil seguirlo, repetirlo la vez siguiente, que vencer nuevas resistencias recorriendo
caminos inéditos.
Por lo demás este principio de repetición, como se ve, es una lógica consecuencia
de los otros; principalmente del determinismo psíquico, la fijación y la regresión
(30).
570
De comienzo puede decirse que la concepción psicoanalítica acerca de la génesis
del delito es totalmente opuesta a la de Lombroso (33). Para el maestro turinés el
verdadero criminal nace, para el psicoanálisis, se hace. Oigamos lo que dicen
Alexander y Staub a quienes seguimos fundamentalmente por ser los que han
realizado el mayor intento hasta hoy conocido para explicar cualquier tipo de
criminalidad, a través del psicoanálisis: "Todo hombre es innatamente un criminal,
es decir un inadaptado, y conserva en su plenitud esta tendencia durante los
primeros años de su vida. La adaptación del sujeto a la sociedad comienza
después de la victoria sobre el complejo de Edipo, en su período de latencia,
descrito por Freud, que empieza entre el cuarto y el sexto año de edad y termina
en la adolescencia. El desarrollo del sano y del normal son hasta este momento
completamente iguales. Mientras que el normal consigue principalmente durante el
período de latencia del complejo, reprimir las germinas tendencias criminales de
sus impulsos, excluyéndolos de su motivación y dirigiéndolos en un sentido social,
el criminal fracasa más o menos en esta adaptación.
571
manifiesta
572
a través de síntomas inofensivos, en el criminal resultan las conductas delictivas.
Claro que esta solución propone otro problema: por qué un inadaptado reacciona
con síntomas neuróticos y otro con delitos; la solución sólo podrá darse después
de un análisis acerca de la psique total del individuo, su evolución y la Relativa
fuerza de sus componentes.
No todos los criminales siguen el mismo camino para llegar al delito. Desde un
comienzo, podemos distinguir, de acuerdo a la clasificación de Alexander y Staub
(35) dos grupos fundamentales de delincuencia: la fantástica y la efectiva, para
luego subdistinguir varias divisiones en este segundo grupo. Podemos presentar el
conjunto en el siguiente cuadro sinóptico:
573
Vayamos a la explicación de estas conductas.
Repetimos que, si bien aquí existe una tendencia Criminal, una especie de nrimera
etapa del delito, no se puede hablar de criminalidad en sentido reguroso porque no
hay conducta extema (36).
574
b) Delitos condicionados neuróticamente. Hay predominio de motivos
inconscientes que permanecen fuera del conocimiento y control de la región
consciente. Pueden darse principalmente dos casos:
576
c) Delincuencia de hombres no neuróticos con SUPER-YO criminal. La
instancia moral y censora, el SUPER-YO, no es otra cosa, para el psicoanálisis y
según vimos, que el padre introyectado; a formarla contribuyen todas las
influencias ambientales. Por consiguiente, si tal ambiente familiar y social es
criminal porque ha aceptado como moralmente tolerables conductas que chocan
contra las normas penales, se habrá formado en el individuo un SUPER-YO
criminal; por tanto, la tendencia hacia el delito no encontrará censura sino ayuda,
no chocará con la conciencia moral, sino que se acomodará a ella. Tal el caso,
como decíamos al tratar el tema, de algunos gerentes de prostíbulos, que se
sienten tan satisfechos consigo mismos como si se dedicaran a cualquier industria
honrada; tal el caso de las muertes dadas por venganza ailí donde ésta no sólo
suele ser un derecho consuetudinario, sino un deber para con la familia, el grupo
social o la región. Lo mismo puede decirse de muchos tipos de robo entre
nosotros, por ejemplo, el de electricidad.
El suicidio entra en el-campo del derecho penal; la prueba está, en nuestro código,
por ejemplo, en que al suicida íali, o se le aplican sanciones; y que ésta se impone
cuando se ayuda a otro a suicidarse. Si no se castiga al suicida exitoso es norque
no habría a quién castigar.
Este acto representa, sin duda, un triunfo de los instintos do muerte sobre los de
vida. Pero es evidente que alguna satisfacción se asocia al hecho de quitarse
voluntariamente la vida. Esa satisfacción puede lograrse a través de variados
mecanismos. Hemos de resumir los que consigna Jiménez de Asúa (41).
La pérdida de un objeto o situación que producía placer -un pariente, ser amado,
riqueza, etc.- puede llevar a que el sujeto se identifique con el bien perdido y
quiera desaparecer, inclusive con los mismos detalles de forma.
579
contra sí mismo, pero con el inconsciente deseo de causar mal a ese mundo hostil
el cual, en primer lugar, queda burlado al no tener ya a quién atacar. En segundo
lugar, el suicida piensa en los remordimientos y pesares que su desaparición
causará; por eso tantas veces lleva a cabo, antes de suprimir su existencia,
verdaderas representaciones dramáticas para que luego los supuestos atacantes
sientan remordimientos; o deja cartas en las cuales atribuve a tal o cual persona la
causa de su extrema determinación.
Es claro que hay suicidas en los cuales la muerte no tiene ese carácter agresivo,
sino que el hecho es resultado de la simple imposibilidad -material o moral- de
conseguir algo, consecuencia de sucesivos fracasos ante un mundo que se teme.
580
expuestos, en este caso,
581
el material reprimido infantil, que sólo se puede hacer asequible mediante la libre
asociación metódica, únicamente se pudo reconstruir por alusiones. Y aunque, por
este motivo, la etiología del caso no puede satisfacer las exigencias terapéuticas,
son suficientes los conocimientos logrados para la comprensión psicológica de los
mecanismos criminales inconscientes.
Desde el punto de vista de un hurto corriente, este delito, como todos los demás
que cometió el mismo sujeto, carece de móviles. En la librería donde cometió el
hecho se le conocía desde hacía bastantes años como un cliente de confianza,
con crédito bastante para poderse llevar cualquier libro. Se hallaba en buena
situación económica, por habet sido nombrado, poco antes, ayudante de una
clínica ginecológica de la universidad, con buena retribución. Algún tiempo
despues de su detención, fue puesto en libertad provisional, en razón a la
insignificancia de los delitos, siguiendo, naturalmente, el procedimiento criminal
incoado contra él. Entonces, provisto de algún dinero, se trasladó a Berlín,
donde se instaló en un
582
hotel, dando su verdadero nombre. Al cabo de una corta temporada, visitó algunas
librerías del barrio de los hospitales y hurtó varios libros médicos, que llevó con
sus etiquetas a otras librerías, repitiendo fielmente su conducta anterior. Produjo la
misma extrañeza. Se le rogó volver más tarde. Dejó su nombre y dirección y fue
detenido.
583
Como problema inmediato se plantea de qué origen puede tener este afán tan
impaciente hacia el castigo. Si suponemos que sus delitos provienen del impulso
inconsciente de causarse daño, podría opinarse que este impulso representa una
reacción por el empleo del diploma falsificado, tanto más cuanto los primeros
hurtos de libros conducen al derrumbamiento de su carrera, fundada en este
fraude. Pero la historia de su vida nos mostró luego que los sentimientos de
culpabilidad, aparentemente enlazados con su profesión médica, tienen un
fundamento anterior y más profundo.
Vemos que el primer hecho delictivo que comete es un caso clásico del delito por
conciencia de culpabilidad. Se sentía culpable por el embarazo de la madre,
tomándose en su fantasía inconsciente como el autor, y quiere suprimir los
remordimientos provenientes de este hecho, realizando una acción relativamente
inocente, que le conduce a un castigo. Considera tan grave el insignificante delito
cometido, por la sencilla razón de que le pueda servir para satisfacer su deseo de
expiación por un afán reprimido muchísimo más malo, transplantando a aquél
parte de la gravedad de éste. Un recuerdo de su remota niñez nos explica por qué
utiliza precisamente el hurto de dulces para provocar la pena. Su padre, de un
gran rigor para educar al niño en sus costumbres puritanas -se trataba de un
funcionario de elevada categoría- había reglamentado cuidadosamente el gasto de
azúcar que había de hacer su hijo. Éste cuenta, aún hoy, con tristeza, que el padre
no le dejaba
584
tomar más de un trozo de azúcar en el té o en el café, mientras que su madre le
permitía tomar un segundo trozo, clandestinamente, porque de advertirlo el padre
lo hubiera azotado. De esta manera, la degustación del dulce se hace el símbolo
de una relación oculta con la madre, prohibida por el padre y cuyo descubrimiento
traería como consecuencia una pena. Téngase también en cuenta que el azúcar y
los dulces se consideran como el sustitutivo de la leche materna y por esto
simbolizan el cariño de la progenitora. La afición a los dulces responde a la fijación
oral de la lactancia, que es la primera relación de placer sensible entre el niño y la
madre.
Este primer delito cometido en la academia militar reúne las dos características
que, según Freud, ha de tener el delito por conciencia de culpabilidad: el hecho se
ejecuta porque está vedado v para el fin de enlazarlo con un sentimiento de
culpabilidad pre-existen y que provenía del complejo de Edipo, suavizándolo al
sufrir el castigo. El delito manifiesto esconde la acción de Edipo, querida en
realidad.
La estrecha conexión que, para él, existía entre la profesión del médico, la
curiosidad sexual infantil y el afán de ver, demuestra un hurto que cometió, cuando
asistía como oyente a las clases de la facultad de medicina. Durante una clase
robó a una compañera un aparato fotográfico y fue descubierto en seguida, porque
no se alejó del aula. Por los sentimientos de culpabilidad, que en él están
enlazados con los conocimientos médicos (interés anatómico, deseo de ver,
respecto de su madre), hurta un objeto óptico, para ser castigado por este delito y
no por su grave culpa en el terreno óptico. Así encontramos un nuevo delito
sintomático por sentimiento de culpabilidad.
Ahora podemos comptender por qué siempre hurtó libros médicos e instrumentos
de óptica. La ocupación médica adquiría para él el valor sentimental absoluto del
hecho de Edipo. Por estp tenía que hurtar, enroñar y luchar para obtener
conocimientos e instrumental médico y el falso diploma, contra la ley. Era la
manera de proporcionarse dos resultados psicológicos. Sus obstinadas
cituaciones le permitían equiparar los dos hechos prohibidos obteniendo así el
premio del nacer
586
por el hecho de Edipo, mientras que, por otro lado, los sentimientos de
culpabilidad recaían sobre el delito menos grave, frecuentemente sólo formulario.
El hecho de ejercer la profesión de cirujano sin diploma, a pesar de sus grandes
conocimientos médicos, es sencillamente una transgresión leve y de mero
carácter formalista, en comparación con su significado inconsciente, que son las
relaciones con la madre. Cuando leemos en su diario la frase de triunfo de que sin
diploma y a pesar de las prohibiciones de todas las autoridades, podía operrr
quirúrgicamente mejor que muchos médicos provistos de diploma, comprendemos
el especial premio de placer que le produjo este mecanismo.
El castigo, en el sentido que hoy tiene, carece de objeto. Pan obtener la enmienda
del reo es ineficaz y socialmente nocivo, porque incita al agente a realizar nuevos
delitos. Adviértese que a este sujeto no se le podía hacer favor más grande que
cometer con él una injusticia, mientras que todos los beneficios le desconcertaban.
En tanto la sociedad castigue a individuos de esta especie, dejándose engañar por
sus provocaciones inconscientes, ellos tienen cierto derecho a no dejarse curar,
privándose así de estas posibilidades de satisfacción. Sólo cuando se les deje de
castigar, tendrán una espectativa real de convertirse en individuos normales".
589
Citamos este análisis de un criminal, por ser clásico; pero los ejemplos pueden
encontrarse con relativa abundancia en los libros especializados sobre
psicoanálisis criminal. (42).
5.- CRÍTICA DEL PSICOANÁLISIS. Las polémicas que han suscitado las teorías
freudianas han llegado hasta el grueso público lo cual, lejos de facilitar una exacta
comprensión de los problemas, los ha deformado y simplificado hasta límites
lindantes con lo ridículo. Por eso se han tomado posiciones extremas igualmente
injustificadas.
Estos extremismos, sin embargo, se dan también entre personas que conocen o
dicen conocer bien las teorías de Freud. Aquí, como siempre, tampoco faltan las
noticiones intermedias que, reconociendo por un lado los indudables méritos de
las nuevas doc-trinas, señalan concretamente cuáles son sus errores y sus defi-
ciencias; pero estas po&iciones intermedias no son siempre las mismas: admiten
una gran variedad de matices que van desde quienes apenas ven alguna falla
hasta quienes apenas ven uno que otro acierto accidental.
590
de quienes adoptan esta actitud llenaría muchas páginas como puede
comprobarse con leer cualquier bibliografía psicoanalítica.
Es indudable que hay problemas que, al menos como tales, han sido puestos por
el psicoanálisis a la consideración de la ciencia; es también evidente que muchos
no han sido resueltos a la luz de los nuevos principios; algunas soluciones se han
mostrado o insuficientes o totalmente equivocadas. Con lo cual se ha originado el
cúmulo de discrepancia arriba mencionado y el de matices de fervor con que se
sigue el maestro. Hay que recurrir, sin embargo. a esas opiniones discrepantes de
los especialistas para tratar de ver qué es lo más aceptable, qué lo dudoso, qué lo
rechazable.
En esta tarea, poco ayudan, por ejemplo, las opiniones de Peixoto (45), de Beca
(46) u otros semejantes, para los cuales el nsi- eoanálisis tiene "mucho" de
aprovechable, en general, y en el campo criminológico, sin que especifiquen,
empero, qué es lo aprovechable y qué lo inútil.
591
todo- para quienes no pueden menos de reconocer, al lado de deducciones
aplicaciones
592
incomprensibles, aciertos intuitivos geniales e irrefutables. Por eso, lanet pudo
decir con toda razón que el psicoanálisis es "la última encarnación de las prácticas
mágicas v psicológicas que caracterizaban al llamado magnetismo animal, con
una falta absoluta de toda crítica": en otro lugar, agrega: "Este procedimiento
oermite suprimir la observación clínica, reemplazándola por la fantasía. Lo cual
conduce a las inverosímiles explicaciones de los sueños, o de las inversiones
sexuales, cosas que no pueden discutirse seriamente".
Laburu, agrega, por su parte, en el mismo sentido: "Freud luvo una gran
capacidad imaginativa, cosa que nadie puede negarle" (47).
"A las entidades psicológicas las hace personajes; las antropoformiza como en
una fábula griega, "nos las escribe en acechos, ocultaciones, antagonismo
transacciones, somnolencias, tachaduras como en los de los diarios de la prensa,
enmascaramientos como de bailes carnavalescos" (48). Por eso, el profesor
español rechaza las doctrinas psicoanalíticas.
Una de las críticas más sólidas que se han hecho valer con tra el psicoanálisis, en
su desprecio por las alteraciones y condicio nes orgánicas a las que considera
593
meros predisponentes o coadyuvantes, pero no causas fundamentales de las
anormalidades psíquicas; en tal censura insiste Baruk quien, sin embargo,
reconoce que el psicoanálisis ayuda en la comprensión de muchas anomalías,
principalmente sexuales; pero hace notar que iguales o superiores resultados así
como gran economía de tiempo se lógran mediante aplicaciones de la psiquiatría
clásica, aún en la histeria (52).
No cabría aquí ni siquiera una síntesis de las críticas de de talle que se han hecho
sobre cada uno de los puntos de vista especiales de Freud; por eso, tenemos que
limitarnos a las objeciones en grande. En este sentido sólo nos queda un par de
puntos acerca de la terapia psicoanalítica, cuyos éxitos con sus caracteres de
portento fueron los primeros en atraer la atención del mundo médico. A este
resoecto, se ha hecho notar repetidas veces que, si bien el freudismo obtiene éxito
en algunos casos, no los obtiene en otros, lo que demuestra que sus explicaciones
son unilaterales.
594
Es evidente, por ejemplo, que se cura buena cantidad de neuróticos, pero caqi
ningún psicòtico; muchas de las curas pueden deberse a la mera sugestión y no a
la técnica psicoanalítica; por lo demás, no se olvide que el tratamiento, según los
moldes freudianos, lleva meses y aún años, por lo cual es razonable suponer que
muchos casos mejoran por la simple influencia ejercida por la presencia del
médico y no del psicoanálisis que él cree poner en marcha (56).
En general, puede decirse que, de los distintos aspectos que tiene la teoría
psicoanalítica, se han aceptado sobre todo los descubrimientos de hechos -si bien
algunos de ellos se atribuyen más a la genialidad intuitiva de Freud y de algunos
de sus discípulos que al valor objetivo de sus métodos-; algunos de estos
métodos, si bien no con la extensión e implicaciones que ouisieron atribuírseles en
un comienzo. En cambio, hay mucha resistencia para admitir tanto la doctrina
psicológica edificada para explicar los hechos, como la filosofía de la vida que de
ella se desorende.
595
psicoanálisis, pero no puede menos que dudarse de sus aplicaciones cuando los
simples principios son tan discutidos y discutibles.
Las objeciones que se han hecho valer, en el especializado campo criminal, son
muchas. Por ejemplo, que las preguntas del analista pueden inducir al delincuente
a que racionaljce su conduc-ta, que la sugestión por él ejercida puede cambiar las
condiciones reales del caso; que se tropiece con la negativa del delincuente, con
lo cual todo proceso penal podría detenerse, etc. (59).
Pero las objeciones más sólidas, hoy por hoy para la aplicación del psicoanálisis
en las ciencias penales -fuera de varias que se han hecho al psicoanálisis en
general- son las siguientes, valederas inclusive para quienes son partidarios de
cualquier forma de psicología profunda:
597
5.- La psiquiatría corriente puede operar con más éxito que el psicoanálisis
cuando el delincuente se opone a ser estudiado.
Pero hay un punto cuya importancia positiva es difícil exagerar; se trata del relieve
que el psicoanálisis da al medio ambien-te, principalmente familiar, en la génesis
del delito, idea que, librada del aparato teórico al que estaba ligada, no ha podido
menos que ejercer una saludable influencia, principalmente para hallar los puntos
débiles de muchas teorías exageradamente antropologías que estaban en boga
coetáneamente con los primeros decenios de vida del psicoanálisis (62).
(1) La bibliografía psicoanalítica y aun la sola deseada a Freud y sus discípulos, asume hoy proporciones enormes. Tenemos,
forzosamente, que reducir la que citamos y consultamos a los lí mites compatibles con un libro elemental como éste. Nos hemos
servido de las siguientes obras: Freud: Obras Completas (en la traducción de López Ballesteros); Horney: El Nuevo Psicoanálisis;
Mira y López: Los Fundamentos del psicoanálisis; von Teslaar: An Outtime of Psycoanalysis; London: Libido and Detusion; Klein:
El Psicoanálisis dé Niños; Tramontín: Esquema de io inconsciente. También, algunos resúmenes, de los cuales son los más
claros y completos los contenidos en Hinsie: Conceptos y problemas de Psicoterapia (pp. 25-108) y en English y Pearson:
Neurosis Frecuentes en los niños y los Adultos (pp. 11-59).
(2) La situación de callejón sin salida creada por la psicología del siglo XIX JIO dio lugar sólo a la aparición del Psicoanálisis sino
también de otras escuelas, como la de la teoría de la forma y el estructuralismo, el conductismo, la neuroreflexología, para no
hablar de la vigorosa resurrección de la psicología de tipo tomista.
(3) Sobre el problema de la histeria y para comprensión del caso, v. el t. X de las obras completas: La Histeria. Tomamos el resumen
hecho por el propio Freud en las conferencias que dictó en la Clark University de Estados Unidos y contenidas en la recopilación
de Van Teslaar, pp. 21-70 y en el t. H de las obras completas bajo el título general de Cinco Conferencias sobre Psicoanálisis. A
este trabajo se refieren las notas de las páginas inmediatamente siguientes. Ver en dicho tomo II el resumen del caso citado, pp.
141- 150.
(4) Ibidem, p. 147. En realidad, los ataques fueron desencadenados en ocasión de una grave enfermedad del padre de la muchacha,
al que ésta cuidaba. Quien lea el caso entero, veri que también existía un síntoma paralítico cuya explicación permite a Freud
extenderse acerca de la interpretación psicoanalítica del hecho.
(5) Ibidem, p. 150.
(6) Ibidem, pp. 151-152. Véanse también T. V: Teoría General de las Neurosis; T. X: La Histeria; T. XI: Inhibición. Síntoma y Angustia;
T. XII: La Etiología de la Histeria, etc.
(7) V: Cinco Conferencias, pp. 154-
155. (8) V: Ibidem, pp. 154-155.
(9) Ibidem, p. 161.
(10) Preferimos, traducir esta leflnldón del inglés (contenida en van Leslaar, ob. Cit., p.44) que nos parece más exacta que la
traducción ofrecida por la edición castellana, la que dice que complejo es "una agrupación dé elementos ideológicos conjugados y
saturados de afecto", V: eb. dt., p. 170.
(11) Ibídem, p. 173.
(12) Por ejemplo, en lo tocante a la naturaleza de los instintos sádico-masoquistas, la concepción de ello, la del super-yo, la admisión
de un inconsciente proveniente de herencia arcaica y no experiencias individuales (sobre ello, v. la exposición de Beca contenida
en las actas del Segundo Congreso Latinoamericano de Criminología, T. II, p. 297), la propia metódica, etc.
(13) Como luego se verá, nos guiamos fundamentalmente por el hecho por Mira y López en Los Fundamentos del Psicoanálisis, si
bien agregándole las opiniones de otros autores, así como las del propio Freud, que nos han parecido adecuadas para un libro de
Criminología y necesarias para una exposición al alcance de los estudiantes.
(14) Un resumen de ellos, en el t. II de las obras completas, art: Técnica del Psicoanálisis, donde se incluyen los métodos terapéuticos
que sirven para aclarar los de investigación, con los cuales se hallan estrechamente vinculados.
(15) Naturalmente, la Interpretación del simbolismo, allí donde esté se supone, está de acuerdo con las doctrinas desde cuyo punto de
vista el sueño es investigado. Los ejemplos que citamos corresponden a la interpretación freudiana.
(16) No quiere decir esto, que todo detalle es de Índole sexual; pero si lo es el fondo del deseo. Eso se relaciona con la concepción
amplísima que Freud tiene de la libido sexualis, de que luego hablaremos.
(17) La bibliografía a este respecto merece ser citada, aunque sólo fuera de las obras escritas por Freud, donde se encontrarán más
detalles; véanse; en el t. II de las obras completas, el art. Introducción al Estudio de los Sueños; en el t. IV: Los actos fallidos y los
sueños; y, principalmente los tomos VI y VII sobre La Interpretación de los Sueños, para no citar otros casos clínicos o las obras
literarias analizadas.
La simple exposición de los métodos, especialmente ante alum-nos que por primera vez toman contacto con el psicoanálisis,
suele dejar en ellos más confusión que claridad, cuando no se citan casos concretos. Eso es particularmente verdadero en el
campo del freudismo que, en muchos conceptos, pone cabeza arriba las ideas que traía el bachiller. Por eso me voy a permitir
reproducir un caso, analizado por Mira y López y contenido en las pp. 67-71 de su otea Los Fundamentos del Psicoanálisis: el
ejemplo tiene la ventaja de mostrar cómo pueden colaborarse los distintos métodos para complementar al de la interpretación de
los sueños.
El caso es narrado así:
Sueño N° 5. (Observación personal). Este sueño pertenece a un enfermo de 48 años, comerciante, que presenta una psiconeurosis de tipo
neurasténico-hipocondriaco, desde hace dos años, y se queja principalmente de crisis abdominales, durante las cuales se siente morir y hace
llamar al cura. Estas crisis se presentan preferentemente cuando, por cualquier causa, se encuentra solo o tiene modo de encontrarse.
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Contenido manifiesto. "Se encuentra solo en medio de un desierto y con, gran sorpresa constata que esta soledad le es agradable. Tiene un
perro muy inteligente y simpático, el cual ejecuta con precisión y rapidez sus órdenes. En el momento del sueño, el perro se dedica a llevarle
la comida, muy bien envuelta. El sujeto tiene ganas, -cosa rara- y desenvuelve en seguida uno de los paquetes de comida: en uno de ellos, ve
una cajita de foie gras Clignard (hace muchos años que no lo come) y se precipita a abrirla, pero se hace una herida en la mano, con la lata
de la tapadera, y el perro le lame la sangre". El sujeto se despierta preocupado por un sueño "tan extraño" y se encuentra al mismo tiempo
decepcionado, de ver que ni en sueños puede llegar a satisfacer sus deseos.
Psicoanálisis. Para completar los datos espontáneamente dados por el sujeto, y que acabamos de transcribir, le planteamos un gran número
de preguntas, algunas de las cuales provocan de su parte, respuestas que nos interesa conocer: - ¿Por qué dice que el perro del sueño era
muy inteligente y simpático? - Porque lo veía moverse con una gran seguridad y gracia, cumpliendo mis órdenes; porque sus ojos me miraban
con una gran expresión de inteligencia, y porque, no lo sé, me lo parecía. - Si Ud. se hubiera encontrado realmente en la situación soñada y le
dejasen escoger entre la compañía del perro y la de alguna otra persona, ¿cuál escogerla? - No sé qué decirle; quizá prefiera la del perro. -
¿Por qué? - Porque el perro es un ser fiel y noble. Las personas -con perdón sea dicho- a veces no lo son, - ¿Tiene resentimientos especiales
contra alguna persona que no se haya comportado debidamente con Ud.? - Mb, esto no; pero he visto tantos desagradecimientos, he tenido
tintos desengaños. - ¿Qué le recuerda el foie gras Clignard? - Mi feliz juventud. Siempre he sido aficionado a comer bien y cuando estaba en
X ... solía cenar con unos cuantos amigos en el restaurante N ..., donde nos servían esta exquisita marca de foie eras, verdaderamente
requiatmo. - ¿Cuándo ha comido por última vez este foie gras y con quién? - No lo recuerdo. Esto es muy difícil de recordar. - Seguramente lo
habrá hecho en compañía de una señorita o señora... - Sí, es verdad; con dos: una vieja y otra Joven. - ¿Cómo se llamaba la joven? - Dígame
todas las palabras que se le ocurra a partir de la palabra desierto. - Desierto, soledad, felicidad, tranquilidad, huida del mundo, egoísmos,
pasiones, corruptelas, engaños, traiciones, dolores, padecer, salud, sol, aire. luz. pureza, regeneración, vida. Muerte, amor, fracasado ... -
Dígame todas las palabras que se le acudan después de perro. - Perro, animal noble, inteligente, fiel, carifioeo, simpático, perro de caza,
compañía, excursiones, campo, montañas, bosques, maclas. Casa Pepe, Casa Roque. Casa Pipa, Casa Pedrito del Grano, María, su padre,
esposo, hijos ... escuela. - Dígame todo lo que se le ocurra de las palabras foie gras. - Foie gras, champagne Pommery, alegría, barullo, quién
pueda hacer, cenas, intimidad, Pilar, mala, asco, peor parn ella, mal corazón, Jesús, María, querida, estimación sincera, promesa, feliz.
Del resultado de esta prueba se desprende que el enfermo ha te-nido diversos desengaños en su vida, y uno de los que mis le debe molestar
es el fracaso de sus amores. Estos parecen haberse concentrado, al menos, en dos personas: Pilar y María. La primera imagen se nos
aparece en medio de uno de los recuerdos de juergas y es juzgada severamente por el soñador. En cambio, la imagen de María es evocada
en un ambiente rural, y provoca manifestaciones de ternura en el sujeto; no obstante, llevado por el libre juego de las asociaciones éste nos
informa que dicha María es casada y tiene padre, marido e hijos. Podemos ya entrever, por tanto, el conflicto en que se encuentra el soñador:
decepcionado de unos amores fáciles (que le han resultado contraproducentes), se ha enamorado de una mujer (Marta) imposible de
conseguir por la situación familiar en que se encuentra.
En el sueño realiza su deseo de huir del mundo que le impide la libre posesión del objeto de su amor. Lo vemos en el desierto con el; no
pudiente, sin embargo, expresarse esta tendencia con toda crudeza, ha acudido al proceso de simbolización y ha sustituido ia imagen de su
querida por la del perro (objeto de su preferencia en la finca), atribuyendo a éste las cualidades morales de simpatía, fidelidad, nobleza y
estimación dé su querida, sin olvidar tampoco su gran inteligencia (a juicio del sujeto). El amor que todavía conserva por su anterior querida
(Pilar) se encuentra compensado por el sentimiento de su dignidad y del amor propio herido, que le hace temer un nuevo daño si lo volviese a
revivir. Esta situación afectiva se ha simbolizado igual-mente de un modo perfecto en el sueño, mediante la herida que le predttce la abertura
de la caja de 'foie gras'. (Por razones que ahora no podemos entretenernos en exponer, dicha abertura expresa simbólicamente, el coito
realizado con su ex-amante). Recuérdese que el Sueño termina acudiendo el perro (María) solícitamente, a lamer la sangre de la herida.
Concretamente expresada, por consiguiente, la intención onírica puede resumirse aíi: "El enfermo sería feliz si consiguiera vivir con su actual
querida, lejos de las críticas del mundo. Si por azar pensara en su anterior amor, ella sabría consolarlo del dolor que este recuerdo le
produciría "(Nota: Posteriormente el enfermo, ya curado, nos dio otra explicación de esta escena final de su sueño: Gomo sea que su ex-
amiga lo había engañado con un hombre perdido, tenía miedo de haber contraído un mal feo con su contacto. La sangre que le produjo la
abertura de la tapadera de la caja simbólica esta idea).
No podemos explicar ahora las razones que han determinado que fuese escogida precisamente la imagen del perro como símbolo, de la
persona querida; esto nos llevaría demasiado lejos. Pero, hemos de decir que este sueño nos ha mostrado claramente la intención de la
neurosis: el miedo de quedarse solo que el paciente tenía, era en realidad un mecanismo defensivo contra la tendencia intensa de su
subconsciente que lo impulsaba a huir con la mujer que adoraba, aun a sabiendas del daño moral que esta acción provocaría".
(18) Al respecto, léase el T. I de las obras completas, titulado Psicopatología de la Vida Diaria. Allí se verá que la expresión "actos
fallidos" puede interpretarse en un sentido amplio, como equivalente de actos sintomáticos en general (así lo toma Mira y López) o
como designante de una especie entre ellos.
(19) V: oh. cft, pp. 72-73.
(20) Véase, al respecto, principalmente, el t. III de las obras completas: El Chiste y su relación con lo Inconsciente. Melanie Klein, en su
obra citada, para psicoanalizar a los niños, interpreta sus juegos considerando que ellos tienen muchos de los caracteres del
sueño y se asemejan a los actos que acabamos de detallar.
(21) Preferimos la expresión "desplazamiento afectivo" a la de "transferencia afectiva" que utiliza Mira y López -pese a que seguimos
en mucho el resumen sistemático por este autor efectuado-, porque la palabra "transferencia" tiene, en psicoanálisis, un
significado muy propio, sirviendo para designar los lazos afectivos que se crean entre paciente y analista durante el tratamiento.
(22) Naturalmente, nos referimos sólo a lo propio del YO porque, en la total economía anímica, es evidente que éste no es sino un
mecanismo protector y acomodador del ELLO, a quien impide choques mortales y para el cual busca y halla medios de
acomodación al medio ambiente. El YO es como la delgada capa petrificada en la lava de un volcán, que está, visible y superficial,
como el límite entre la atmósfera exterior y la lava tendida interior que le sirve de fundamento, que hierve y se mueve, aunque no
lo note el observador que está fuera. V: El Yo y Ello, en el t. IX de las obras completas.
Así como el dominio del volcán está condicionado a que quienes lo estudian conozcan de él algo más que la costra superficial, así
el dominio de la persona total depende de que la mayor parte de lo inconsciente sea tornado consciente. Que es la tarea
fundamental del psicoanálisis: hacer que cada uno conozca y domine su inconsciente.
(23) El psicoanálisis ha hecho de cada uno de los caracteres de la defecación y de los caracteres de las materias expulsadas toda una
gran fuente de inspiración para explicar múltiples calidades humanas. Véanse al respecto, en las obras completas de Freud, las
páginas del t. XIII en que trata del erotismo anal.
(24) Sobre estos aspectos es fundamental el ensayo: Teorías Sexuales Infantiles, incluido en el t. XIII de las obras completas.
(25) De donde resulta clara la relación entre narcicismo y esquizo timia. V: Introducción al Narcisismo, t. XIV de las obras completas.
(26) Es preciso que el lector distinga este concepto de homosexualidad, latu sensu, de la anormalidad que merece ese mismo nombre,
strictu sensu.
(27) Se habla de complejo de Electra, cuando es la niña la que desea a su padre y odia a su madre; en las líneas que siguen sólo se
detallará la evolución del complejo de Edipo; la evolución del de Electra puede deducirse fácilmente.
599
(28) Freud acepta la teoría evolucionista, según la cual la ontogenia es un resumen de la filogenia; por eso admite que, en la evolución
de la humanidad, los primeros delitos fueron los de parricidio y de incesto; las normas morales primitivas tienden a evitar
fundamentalmente tales crímenes. V: Tótem y Tabú, en el t. Vin de las obras completas.
En el individuo, el complejo puede ser liquidado de manera casi perfecta; o puede seguir operando continuamente, de manera que
cause irregularidades, porque fue defectuosamente reprimido.
(29) Naturalmente, esta consecuencia puede enunciarse de otra manera; diciendo que la educación, las influencias sociales, son la
explicación de todas las neurosis. Aquí no hay contradicción. En efecto, son las influencias sociales las que imponen al SU- PER-
YO e imponen formas de vida y manifestaciones distintas según el periodo de la existencia en que cada uno se encuentra. No
habría choque si no hubiera dos elementos contrapuestos. Podemos fijarnos principalmente en uno u otro, sin que. como se ve,
haya contradicción; las afirmaciones de que la neurosis proviene de fijación o regresión, o de las influencias sociales, no se
excluyen, sino que se complementan.
(30) Para una exposición detallada, en que se ve asomar este principio en cada uno de los temas tratados, véase la ob. cit. de Kar en
Horney.
(31) V: ese ensayo en las pp. 160-162 del t. XVTII de las obras completas.
(32) Naturalmente, él es el principal, pues servirá de base a los demás aspectos penales.
(33) "La tendencia de Lombroso y su escuela de hallar una delimitación exacta entre el delincuente y el hombre sano, nace del deseo
narcisista del sabio de diferenciarse a sí mismo y a sus prójimos normales de los criminales, como de una raza distinta que puede
reconocerse con facilidad por sus características corporales"; Alexander y Staub, ob. cit., pp. 43-44.
(34) Ibídem, pp. 44-45.
(35) V: ob. cit., pp. 43-76, 90-145 y, principalmente, 146-152. Esa clasificación es seguida de manera general; véasela, por ejemplo, en
Jiménez de Asúa. pp. 57-75 de su ob. cit.
(36) O si esta conducta externa existe, es distinta a la intención primitiva, es un síntoma de ella, y no tiene su carácter delictivo.
(37) Como hacen notar Alexander y Staub, en ciertos casos de intoxicación hay que tener cuidado al clasificar, porque la causa de ella
puede ser una alteración neurótica; entonces el delincuente deberá ser incluido en el acápite siguiente.
(38) V: obras completas. Psicoanálisis, t. V. pp. 17-26.
(39) En la teoría psicoanalítica, para el adulto, el estado, los gobernantes, la justicia, hacen las veces de padre. De modo que el
ataque a aquéllos equivale a atacar a éste. O sea que, en el delincuente político, habrá que ver un individuo con un complejo de
Edipo mal liquidado.
(40) Naturalmente, el delito cometido tendrá que ser más leve que aquél por el cual realmente se
obra. (41) V: Ob. cit., pp. 75-78.
(42) Véanse, al respecto, los casos incluidos en el propio libro de Alexander y Staub, en el de Alexander y Healy, así como los
numerosos resúmenes contenidos en el de Jiménez de Asúa. Otros varios ejemplos, y de primer orden, de psicoanálisis aplicado
al estudio de la delincuencia juvenil, en el libro citado de Kate Friedlander.
(43) Ya se sabe que la superficie consciente de la psique ha sido tomada en cuenta por el psicoanálisis; pero lo típico en él es el
estudio de lo inconsciente. Es posible distinguir diversos estratos, cada vez más diversificados, en la psique humana y con
relación a los cuales es difícil encontrar unánime asentimiento en los especialistas. Para dar desde ahora una idea de la
diversidad de estratos, es aceptable la siguiente clasificación de Tramontín (ob. ctt., pp. 128-129), la que tiene la ventaja de
sintetizar las concepciones de Adler, Freud y Jung:
1.- Lo consciente.
2.- Lo preconsciente, que puede tornar a la conciencia, presentándose en ella de manera lógica.
3.- Lo subconsciente, conjunto de procesos afectivos "estructurados de acuerdo al pensamiento primitivo infantil" es decir dentro de
las normas señaladas por el pensamiento mágico y no el lógico.
4.- Lo inconsciente individual, resultante de la experiencia personal de cada uno.
5.- Lo insconsciente heredado, llamado inconsciente colectivo por Jung, que contiene todo lo que tiene esta calidad, pero depende
no de las experiencias individuales, sino de lo que es común a toda la especie humana, o a ciertos grupos raciales, nacionales o
locales.
(44) Las críticas y posiciones de Jung y Adler se darán en el capituló siguiente; aquí nos referimos a otros autores, como se verá.
(45) V: Criminología, p. 82.
(46) V: Actas del Segando Congreso Latino-Americano de Criminología, H, pp. 291-317.
(47) Ambos trozos, citados por Laburu en Anormalidades del Carácter, p. 119. Desgraciadamente tales críticas pueden aplicarse a
muchos seguidores de Freud, más que a éste mismo. Véase, por ejemplo, la obra citada de Camargo y Marín, donde al lado de
aciertos, se incluyen problemas como el del sueño profético, las relaciones de algunos descubrimientos freudianos en el sentido
del Karma hindú, el análisis de obras literarias de quinto orden, todos los cuales más bien crean confusión que claridad, más bien
disminuyen el volumen de la teoría que lo amplían.
(48) Ob. cít., p. 107.
(49) V: Estados de psicología y Direito Penal, pp. 5 17.
(50) Psiquiatría, p. 267. Subrayado en el original.
(51) El propio Mira y López ofrece un apretado resumen de las críticas hechas al psicoanálisis en su Manual de Psicoterapia, pp. 135
137.
(52) Précis, pp. 12-16.
(53) V: Psychodyinamics oí Abnormál Behavior, pp. 241-248.
(54) V: Conceptos y Problemas de Psicoterapia, pp. 4-5.
(55) Supongamos el caso de Alien; para este autor, que rechaza la teoría del complejo de Edipo, el tabú del incesto y las tensiones
familiares pueden explicarse muy bien como simple consecuencia del ansia de conservar la especialización de cada uno en la
familia y del deseo de autoafirmarse. V: Psicoterapia Infantil, pp. 20-39. V. también: London, Libido and Difusión.
(56) Para estas cifras, en detalle, véase Vaz Ferreira, ob. Cit., pp. 75-85.
(57) V: fbídem, loe. cit.
(58) V: El Nuevo Psicoanálisis, pp. 16-21, 27, 28, etc. Pero puede leerse toda la obra consumo provecho, pues se trata de un estudio
critico detallado acerca de los principios esenciales del freudismo: sueños, libido, instintos tánicos - destructores complejo de
Edipo, fases de evolución de la libido, origen de las neurosis, etc.; durante páginas y páginas se maneja un apreciable conjunto de
hechos y razones para rechazar esas fundamentales concepciones freudianas.
(59) Véase un buen resumen de las objeciones, en las pp. 249-260 de la ob. cit., de Jiménez de Asúa. En las que luego se dan como
las más importantes se ha tomado también en cuenta la opinión de Vaz Ferreira, ob. dt., p. 90.
(60) El problema no es resuelto por la propuesta hecha por Alexander y Staub en sentido de que la responsabilidad se determine
tomando en cuenta la participación del YO en cada caso; véase, al respecto la obra citada de esos autores, pp. 77-103.
(61) Quizá pudiera darse un dictamen provisional rápido utilizando el método de las asociaciones determinadas de Jung. Véase Vaz
Ferreira ob. cit., pp. 18-25.
(62) A este respecto contiene muchos datos aprovechables, aun por los adversarios del psicoanálisis, la obra citada de Friedlander a lo
largo de todas sus páginas, pero especialmente en el capítulo sobre factores ambientales de la delincuencia, pp. 137-154.
600
CAPITULO X
ADLER Y JUNO
601
2.- INTRODUCCIÓN AL SISTEMA DE ADLER. Las enseñanzas de Adler han sido
designadas por él mismo con el nombre de Psicología Individual; este nombre
sería mal interpre-tado si se entendiera como un intento de resaltar, desde un
comienzo, que el motor de todos los procesos es el individuo, entendido como
opuesto a la sociedad o como independiente de ella (1).
En esa vida, hay una serie de sucesos que una tentativa fallida de Freud el
quererlos poner en plena luz apelando a un deterninismo cerrado. Ese
deterninismo sólo muestra las causas eficientes; pero no son ellas las únicas que
actúan en el hombre; por el contrario, ésta obra en mira a ciertas finalidades, oue
lo conducen y orientan, a las causas eficientes. Adler opone así el finalismo al
causalismo (4). "Nuestra Psicología del Individuo se coloca decididamente en el
602
terreno de la evolución -dice Adler-... y a la luz de la misma, considera todo anhelo
humano como uní tendencia
603
hacia la perfección" (5). Eso significa que no basta explicar: preciso es captar el
todo, fin y explicación, objetivo y me-dios, metas y caminos, es decir, es preciso
"comprender", lo que rebasa los límites de la mera explicación (6).
En realidad, este autor ataca así, sucesivamente, todos los puntos fundamentales
del freudismo. Por ejemplo, su sexualismo predominante. Adler no desconoce la
importancia de éste, pera no le asigna el puesto de honor. "El intento de enlazar
todas las formas de la conducta humana con la sexualidad, no representa más
que una exageración de determinada clase de semejanzas" (8).
604
éste y busca un refugio seguro.
605
Pese a estas críticas, la de Adler sigue siendo una psicología profunda; en la
investigación utiliza muchos de los métodos preconizados por Freud, sobre todo el
análisis de los sueños; pero, rechaza el simbolismo que aquél les da y más bien
los considera como un medio para lograr el objetivo de la superioridad, pres-
cindiendo de los cauces trazados por el sentido común (12); el sexuaiismo no es
llave pata comprenderlos. Los mecanismos oníri-cos son una ayuda, peto no en el
sentido que Frcud les da (13).
Hay aue dar toda la Importancia'que tiene una otra critica de Adler a Freud; segfin
aquél, éste último es censurable por haber dejado de lado la concepción científica
del conocimiento, adop-tando en c ño una visión mágica, mejor aún, mitológica
con la cual se enfocan todos los problemas y que lleva a que uno se pierda en un
laberinto de "metáforas sexualizantes" (14).
Las tres cuestiones se hallan estrechamente enlazadas entre sí de niodo que una
falla en una solución, dificulta el hallarla en los otros dos camnos. (15). Esa falla se
traducirá en dificultades para vivir normalmente. Pero esto ya nos lleva a otro
tema.
"La superación es, la ley fundamental de la vida" (17) Cuerpo y alma se adaptan a
esa tarea para poder pervivir y también -carácter esencial- para poder convivir, ya
606
que el hombre no es un ser aislado sino que está ya colocado desde un comienzo
en una sociedad.
Es de recordar que, si bien con algunas variantes y, sobre todo, sin este carácter
tan fundamental, la fuerza de vencer, la voluntad de poder, son admitidas por
todas las escuelas psicológicas, generalmente bajo los'nombres de instinto de
prestigio, de dominio, de lucha, etc.
Pero siempre hay distancia entre el ideal que nos forjamos y deseamos alcanzar y
la capacidad real para alcanzarlo. De la tensión existente entre el ideal que llama y
la voluntad de poder, surge la acción para llegar a aquél. Muchas veces el
resultado es el fracaso; el individuo se sabe, entonces, inferior a su situación; y
más que saberse, se siente; de ahí procede el llamado sentimiento de inferioridad,
uno de los motores del progreso humano.
Este último podría parecer contradictorio; pero no es así, para Adler. En efecto, al
lado del sentimiento de inferioridad, co-mo su fundamento, sigue persistiendo la
tendencia hacia el poder y la superación. El que se siente inferior, por eso,
prosigue la lucha para alcanzar su objetivo, por superarse, por adaptarse,
adecuarse a él, buscando nuevas sendas para ello. Así, el sentimiento de
inferioridad se convierte en el principio de la superación. El saberse y sentirse
menos empuja a ser más (18). Y esto no sólo es verdadero en cada hombre, a
quien el sentimiento de inferioridad no deja nunca tranquilo (19), sino en toda la
historia de la humanidad; si ésta ha progresado, lo ha hecho porque se sintió
inferior a sus ideales y siguió pugnando por alcanzarlos (20).
607
perfección ideal inasequible, se halla poseído e impulsado por un sentimiento de
inferioridad" (22).
En primer lugar, puede darse el caso de que el sentimiento de inferioridad sea tan
prolongado, tan invencible, que se con-vierta en un complejo de inferioridad. "El
complejo de inferioridad... es el fenómeno constante de las consecuencias del
sentimiento de inferioridad y de su mantenimiento forzado (y) se explica por una
acentuada carencia del sentimiento de comunidad" (24). Aquí, por tanto, va no se
trata de un sentimiento aislado, sino de un conjunto entrelazado de ellos (es un
complejo), que radica en fracasos continuos y que, generalmente, obedece a
causas per-sistentes. El individuo no marcha adelante como en los casos arriba
mencionados, sino que se crea una forma de vida, un estilo personal que busca
salidas indebidas.
Entre las causas del complejo están, por ejemplo, la inferioridad física: la carencia
o deformidad de órganos, la debilidad de los mismos, el ser radicalmente distinto
(negro entre rubios, o viceversa, demasiado alto o gordo, etc.), el ser zurdo (25),
miope, sordo o duro de oído, etc. (26). Inclusive el ser demasiado bonito, porque
suele provocar mimos.
También hay que tomar en cuenta las condiciones sociales y económicas. Cuando
ellas son extremadamente duras fracasan inclusive los que hubieran tenido una
608
exitosa adaptación en circunstancias normales. Un caso ejemplar a este respecto,
lo consti-tuye la situación de la mujer; gran parte de la historia nos muestra, dice
Adler, cómo la mujer ha sido subaltemizada, esclavizada, hecha dependiente; esa
situación ocasiona la denominada protesta viril (27) cuyas consecuencias se ven
én muchas neurosis feme ninas; ello deriva de que aún hoy suele existir una
acentuada preferencia por los hijos varones, los que gozan de mavores libertades
y, en general, de mayores derechos desde temprana edad.
Por su lado, la escuela prosigue la tarea hogareña; recibe un niño que, oí cuanto a
lo esencial de su estilo de vida, viene ya formado; pero puede mejorar lo aue tiene
de bueno o contrarrestar, can oprtunas compensaciones, lo malo. Sobre todo debe
acrecentar el sentido de comunidad para que no aparezcan condiciones
favorables al complejo de inferioridad.
611
en el mejor orador ateniense; es frecuente encontrar entre los pintores a individuos
que tienen defectos visuales, a veces muy acentuados (34). Una mujer que se
sabe poco atractiva físicamente, desarrolla sus capacidades intelectuales o
sentimentales hasta destacarse entre las demás. El niño débil sigue un régimen
severo que lo convierte en un adulto fuerte y bello, etc., etc.
¿Por qué ate diferencia entre los que compensan bien y los que no compensan o
lo hauen mal? Porque los primeros poseen sentimiento de comunidad y los
segundos no. A este sentimiento lo hemos citado ya en las páginas anteriores,
ahora vamos a explicar en qué consiste, según Adler.
612
Ahora bien: átonas circunstancias -las que hemos mencionado antes- pueden
hacer que él niño, primero, y, luego, el adulto no forme un cabal sentimiento de
comunidad; que éste sea anormal por no estar completamente desarrollado o por
haberse desarrollado en una dirección equivocada. Entonces sobreviene la ini
aptación: neurosis, degeneración, criminalidad (37).
Ambientes hostiles, con ideales distintos a los corrientes -hogar criminal, pandilla
delincuente, por ejemplo- logran una adecuación a sí mismas; lo, en resumidas
cuentas, significa una preparación que llevará al choque con los ideales de la
socie- dad normal. Por eso, un diagnóstico tiene que hacerse no sólo en el estudio
de la psicología, sino también de la sociología; y lo que se dice del diagnóstico
puede también afirmarse de cualquier conocimiento teórico del individuo; o de las
aplicaciones cute nodrán hacerse en el seno del hogar, en la escuela, el grupo de
trabajo, etc.
Sin embargo, hay que aclarar que la sociedad hacia la cual uno tiende, que busca
como meta de las propias actividades y a la cual desea adecuarse no es una
sociedad real sino ideal. No existe en la realidad, sino que es un objetivo
meramente pensado; sociedad perfecta, por lo menos carente de las
imperfecciones de las sociedades de este mundo. Evidentemente, con eso se
abandona el campo estrictamente empírico para entrar en otro ajeno. Adler lo
reconoce, pero, con gran consecuencia consigo mismo, afirma que eso es
necesario siempre (38).
614
compensarla. Lo mismo sucede en el organismo entero cuando una de sus partes
falla. Y a esta verdad no obsta el hecho de que a veces la compensación sea
imposible y conduzca a una nueva debilidad sobre todo, en este último caso,
porque la compensación supone consumo de una especial energía nerviosa (39).
Pero es preciso distinguir entre las distintas personalidades que buscan huir del
mundo.
615
Lo primero que se comorueba en los neuróticos es que son hipersensibles y que
este rasgo es "expresión del sentimiento de inferioridad" (41); luego, la
impaciencia que, sumada a la hipersensibilidad, desemboca naturalmente en
hipereootividad que busca seguridad y superación. Pero el neurótico vacila ante
los grandes problemas de la vida; se retira permanentemente ante ellos por-que
cree que, de ese tnodo, sufrirá, sí, pero menos que si los enfrentara y fracasara;
así, oculta su falta de valor. Por tanto, la neurosis es "un intento de evitar un
peligro mayor, un intento de mantener a toda costa la apariencia por lo menos de
que uno no deja de poseer valor y de que se halla dispuesto a pagar todo lo que
esto cuesta -¡oh dolor!-
, sin abandonar por eso el deseo de alcanzar este objetivo sin pagar el costo" (42).
El neurótico es una persona que, por falta de sentimiento de comunidad, se halla
mal preparada para resolver los problemas de la vida, problemas que muchas
veces se originan en la nropia personalidad del neurótico. Aquí también, por tanto,
el sentimiento de comunidad ausente es la clave de la explicación. Y lo mismo
puede decirse de los pervertidos (43).
6.- EL DELITO. Ya de lo anterior podemos deducir lo que Adler piensa acerca del
mecanismo delictivo. En primer lugar, es evidente que tiene muchos puntos de
contacto con las demás formas de inadaptación social, sobre todo en cuanto a la
importancia de los factores externos; en efecto, "el factor exógeno (la proximidad
de una tarea que exija cooperación y solidaridad), es el que hace aparecer el
síntoma, la educación difícil, la neurosis y la neuropBicosis, el suicidio, la
criminalidad, las toxicomanías y las perversiones sexuales" (44). Los delincuentes
buscan compensaciones, pero lo hacen en campos socialmente inútiles y
perjudiciales; quieren, también ellos, guardar las apariencias, portarse como
héroes, asemejarse a la divinidad, pero sólo logran meterse por caminos
equivocados (45).
Los niños mimados, los odiados, los que padecen de deficiencias orgánicas, se
hallan entre los más dispuestos a tomar el mal camino, por falta de sentimiento de
comunidad (46). Pero las circunstancias momentáneas tienen también enorme
importancia; así, existen personas que tenían suficiente educación como para
616
superar normalmente los problemas corrientes de la vida; pero, puede suceder
que
617
éstos se agraven a causa de influencias que escapan al control del individuo: por
ejemplo, durante una crisis económica; un gran desorden político, etc. Sin olvidar
que el niño criado en condiciones inferiores, que él considera injustas, se halla mal
preparado para adaptarse a la sociedad normal, por la actitud de disconformidad y
protesta que asumió desde su más temprana edad (47).
7.- APRECIACIÓN CRÍTICA. La simple práctica de todos los días nos muestra
casos que se adecúan esencialmente al esquema trazado por Adler. Muchas de
sus conclusiones pueden ser aceptadas inclusive por quien no participe en sus
puntos de vista teóricos; por ejemplo, eso sucede con sus estudios acerca de los
niños mimados, odiados, descuidados, primogénitos, etc. Lo mismo puede decirse
de otras consideraciones acerca de las influencias del ambiente general. Su
concepción de las neurosis corresponde, en buena medida a la realidad (50). Y no
618
es poco el mérito que puede atribuírsele por el hecho de haber mostrado la
inconsistencia de muchas de las tesis de Freud.
Es verdad que la teoría de éste tiene un mayor vuelo; pero, como vimos, de eso
mismo derivan muchas de sus flaquezas. La psicología individual, por el contrario,
pegada de cerca a la rea-lidad, logra sus mejores éxitos en sus aplicaciones a ella,
lo que ha sido demostrado porque pedagogos, padres de familia, penitenciaristas,
directores de correccionales, etc., se hayan inclinado a asimilar y seguir más las
indicaciones de Adler que las de Freud. (51)
619
sólo breves referencias a la compleja (53).
620
Jung fue cabeza de la denominada escuela de Zürich, que pronto se apartó de las
líneas directivas señaladas por Freud. Muchas fueron las divergencias. Por
ejemplo, desde el comienzo de la escisión, Jung propuso una noción de libido que
excedía en mucho a la freudiana. Para Jung, libido es el principio que engloba a
toda fuerza que impblsa a la actividad psíquica (54); es más que lo sexual, aunque
lo comprende. Por otro lado, se contrapusieron otras concepciones; así, para el
maestro zuriqués, la sexualidad infantil no es otra cosa que un adelanto, un
aparecer antelado, de la sexualidad adulta. Es suficiente apuntar estas
discrepancias para darse cuenta de las que siguen, por ejemplo, en relación con la
interpretación del complejo de Edipo o la explicación del origen de las neurosis.
Pero mantiene la creencia del maestro en el determi-nismo psíquico, si bien
haciendo algunas aclaraciones.
Es indudable que dicha prueba puede ser utilizada con mucho provecho en
Criminología para tener una visión rápida y de conjunto acerca de la personalidad
del delincuente. Mayor utilidad aún puede prestar a la criminalística, pues por
medio de palabras inductores debidamente introducidas entre otras más o menos
neutras, pueden lograrse buenos resultados.
621
La prueba se vuelve aún más exacta cuando se adaptan aparatos para medir las
alteraciones corporales simultáneas capaces de ser interpretadas como síntomas
correlativos (57).
Con la aplicación de esta prueba, Jung pudo descubrir muchos complejos; eso lo
condujo a la labor de su segunda ¿poca, la psicología compleja (o de los
complejos). Como antes había sucedido con Freud, la necesidad de explicar la
naturaleza y origen de tales formaciones lo llevó a intentar crear una anatomía,
fisiología y patología de la psique con métodos muchas veces alejados de los
propios de las ciencias experimentales. Sus conclusiones son abstrusas y la
afirmación de la existencia de un inconsciente colectivo, anterior y más profundo
que el individual, lejos de arrojar luz sobre las teorías junguianas las ha tomado
aún menos penetrables.
(1) La bibliografía acerca de Adler y su sistema, aunque no tan grande como la del freudismo, es sumamente copiosa;
referencias a ella se encuentran en las obras que hemos citado en el capítulo precedente. Para redactar el presente nos
hemos atenido fundamentalmente a éstas: Adler: El Sentido de la Vida; Adler: La Psicología Individual y la Escuela; Jiménez
de Asúa: Psicoanálisis Criminal, pp. 209-229; Mira y López: Los Fundamentos del Psicoanálisis pp. 171-179; Paul Bjerre:
The Adler Conception of Neurosis (Differential Psychology), en las pp. 272-298 del Outline of Psychoanalysis dirigido por van
Teslaar - Adler (y otros): Guiando al Niño.
(2) Sobre la noción filosófica de individuo palabra que puede entenderse "como significativa del atributo de la indivisibilidad", v:
Recasens Siches: Vida Humana, Sociedad y Derecho, pp. 233-246; a la última de éstas pertenece lo citado entre comillas.
(3) Sobre ello, V: La Psicología Individual etc., pp. 68-69.
(4) V., Bjerre: ob. cit., pp. 292-298.
(5) El Sentido, etc. p. 25.
(6) V: Ibídem, p. 7. Después de estas citas, inútil insistir en el parentesco que se evidencia entre la filosofía de la vida en Adler y
la teoría de los valores, así como el que existe con la psicología de la forma.
(7) V: El Sentido etc., pp. 7 y 34.
(8) El Sentido, p. 33.
(9) V: La Psicología, etc. p. 95. La triparición de la personalidad adulta, propugnada por Freud. choca inmediatamente contra las
concepciones unitaristas de Adler.
(10) ES Sentido, etc. p. 13.
(11) Ibídem, p. 36. El subrayado proviene del original.
(12) V: Ibídem p. 189; sobre la teoría adleriana de sueños y ensueños, v: ibídem, pp. 185-206.
(13) Reproducimos aquí dos trozos de Adler que arrojarán luz sobre lo dicho: "ES punto de partida para la comprensión de los
sueños fue para mí el siguiente: ¿Por qué sueñan los hombres sin comprender sus sueños? ¿Por qué esta dificultad de
interpretación? Despiertan con el sentimiento: 'Hoy he soñado una gran tontería, y no la comprendo en absoluto. No
conceden ninguna importancia a sus sueños porque no saben qué hacer con ellos. La psicología individual ha solucionado
este enigma y ha dado el paso más importante para la comprensión de nuestra vida onírica. El sueño no tiene como fin el
ser comprendido, sino producir estados afectivos y sentimientos a los cuales no se puede sustraer el soñador. Estos
estados afectivos, sentimientos y emociones subsisten, y, si tenemos esto en cuenta, comprenderemos por qué soñamos.
Soñamos para colocarnos en un estado afectivos, y merced a él conseguir algo que no lograríamos con la lógica. No se
puede negar que, aunque no comprendamos un sueño, el estado afectivo producido por él está en nosotros y nos mueve.
Cuando alguien tiene, por ejemplo, un sueño de angustia, no obrará al día siguiente con valor. Precisamente porque
produce, ese estado afectivo y no otro, experimentará el soñador algún obstáculo que se interponga en su camino. El que
tiene un examen próximo y no confía mucho en sí mismo, sueña que ha caído por la pendiente de una montaña. No nos
maravillemos que, si la afectividad angustiada de este sujeto se ha visto forzada por este sueño, pierda completamente el
valor y el siguiente día no comparezca al examen. Otro individuo que tenga confianza en sí mismo verá forzado en su sueño
el sentimiento de seguir adelante, soñará, por ejemplo, que camina por una soleaba pradera, en donde emerge
repentinamente un magnífico palacio que le llena de gran alegría y entusiasmo. Este hombre se despertará fresco y alegre,
622
y con este estado afectivo se someterá valerosamente a la prueba", (La Psicología, etc., pp. 89-90).
623
(14) Luego agrega, para mayor claridad: "Los hombres han comprendido instintivamente que sólo sueña el que no está
completamente seguro de su situación. Estudiando nuestra vida onírica podríamos ver que cuando alguien está seguro y
sabe siempre lo que debe hacer, no sueña. Una persona sueña cuando cree que no podrá resolver en la vida despierta
alguna dificultad, algún problema, porque necesita algo para dominarlo. La psicología individual ha comprobado que en el
sueño se produce un afecto, una emoción, una dirección psíquica que marca un camino determinado, el cual quiere seguir
el soñador. Lo que se intenta en el sueño es producir un estado afectivo que nos arrastre para poder resolver cuestiones y
problemas de la vida cotidiana, que no se pueden resolver en la vida diurna sin este estado afectivo. Cuando nos
encontramos ante un problema se produce en el sueño un estado afectivo, una línea directriz en la cual nos debemos
mover, y que conduce a la solución de esta dificultad que no se podía dominar en la vida diurna con los procedimientos de la
lógica, conservando al mismo tiempo el sentido de su estilo de vida. En realidad, no hay ninguna diferencia fundamental
entre la vida de los sueños y la vida despierta; trabajamos también con sentimientos y afectos cuando nos queremos
persuadir de algo" (Ibídem, pp. 98- 99).
(15) El Sentido, etc. p. 24. "Así, la libido sexual desempeña a veces el oficio de omnipotente guía del destino humano. Los
horrores del infierno están representados por el inconsciente, y el pecado original por el sentimiento de culpabilidad". El
olvido del cielo fue reparado más tarde mediante la creación del 'ideal del yo', inspirado en el concepto de una ideal finalidad
de perfección descrita por la psicología del individuo'" (Ibídem, loe. cit.). La crítica tiene especial relieve por cuanto sabemos
cuál era el concepto que Freud tenía acerca de la religión en general y, especialmente, de la mosaica y cristiana.
(16) V: Ibídem, p. 129.
(17) V: Ibídem, p. 110.
(18) Ibídem, p. 52. En seguida agrega: "A su servicio están la tendencia hacia la autoconservación, la tendencia hacia el equilibr
io tanto somático como psíquico, el crecimiento corporal y anímico, y la tendencia hacia la perfección".
(19) "La tendencia hacia la autoconservación engloba la comprensión y la evitación de peligros; la procreación, considerada
como senda evolutiva hacia la perpetuación de una partícula somática. aún más allá de la muerte personal; la colaboración
en el desenvolvimiento de la humanidad -con lo que se inmortaliza el espíritu de los colaboradores-, y en el trabajo colectivo
de todos los copartícipes con vistas a la consecución de todos los objetivos mencionados "(loe. cit.). Se verá, pues, la
enorme amplitud que tiene la voluntad de poder, tanto considerada en sí misma como en sus consecuencias, cercanas o
remotas.
(20) V: Ibídem, pp. 712-72.
(21) 191 Puesto que, según Adler, "ser hombre quiere decir sentirse inferior" (ibídem, p. 71).
(22) "El movimiento histórico de la humanidad debe ser interpretado como la historia del sentimiento de inferioridad y de los
intentos para superarlo" (Ibidem, p. 71).
(23) "La adaptación del niño a su primer medio ambiente es, por tanto, el primer acto creador que el mismo realiza utilizando sus
aptitudes e impulsado por su sentimiento de inferioridad" (Ibídem, p. 76).
(24) Ibídem, p. 25.
(25) Ibidem, p. 26.
(26) Ibidem, p. 85.
(27) Quizá las dos terceras partes de las personas sean zurdas; pero se les obliga a usar la mano derecha, principalmente en la
escuela; muchos superan esta dificultad adicional de la enseñanza, pero otros fracasan, simplemente porque su organismo
no responde.
(28) Puede leerse, como un estudio sumamente provechoso, la obra de Landis y Bolles: Personalidad y Sexualidad de la Mujer
Físicamente Defectuosa. También el art. del propio Adler, incluí-do en Guiando al Niño, pp. 59-73.
(29) La protesta viril contra el ambiente que lleva al fracaso no es propia sólo de las mujeres, aunque en ellas se encuentra
especialmente. También se da en los hombres, según demuestran numerosos estudios clínicos.
(30) Aquí se ve otra discrepancia con Freud: la mujer, según éste, envidia al hombre por un órgano que éste tiene y aquélla, no
(la famosa envie du pénis); según Adler, como efecto de la situación social. La diferencia en cuanto a consecuencias es
también fundamental; para Freud esa envidia e inferioridad subsistirán mientras subsistan las diferencias orgánicas, es decir,
in aeternum: para Adler, desaparecerán cuando la situación social subordinada de la mujer naya sido superada.
(31) (Véase a este respecto el magnífico ensayo: The Only or Favorite Chod te Ufe, de A.A. Brill, incluido en An Outline of
Psychoanalysis. pp. 128-138.
(32) V: B Senado, etc., p. 178. Véase también el trabajo de Ale- LPI Adler sobre el hijo único, incluido en Guiando al Niño, pp.
231- 222.
(33) V: Ibidem. pp. 179-182.
(34) V: Ibidem. pp. 178-179
(35) V: Ibidem. pp. 179-182
(36) V: Ibidem. pp. 182-183. También el artículo de Seidler sobre riválldad ePne hermanos, pp. 20S-210 de Guiando al Niño.
(37) "Estamos convencidos de que todos los problemas del desarrollo psíquico deben su origen e impulso a las conexiones con
los demás; lo que es válido no sólo para el niño, sino para toda la humanidad" (IUdon. p. 28).
(38) "Nuestra misión es hacer del niño un instrumento del progreso social. Este es el núcleo de la psicología individual como
concepción del mundo" (lbidem, p. 31).
(39) "Es siempre la carencia del sentimiento de comunidad, sin que el nombre que le demos tenga importancia (solidaridad
humana, cooperación, humanidad o incluso ideal del yo), la que produce una preparación insuficiente para enfrentarse con
todos los problemas de la vida" (El Sentido, etc., p. 82).
(40) "Sentimiento de comunidad quiere decir, ante todo, el afán por una forma de comunidad que fuera concebida como eterna,
tal celtio podríamos representémosla en el caso de que la humanidad hubiese alcanzado ya el objetivo de la perfección. No
se trata, en modo alguno, de una comunidad o sociedad actual, ni tampoco de formas políticas o religiosas, sino de que el
objetivo que fuere más apto para la perfección debiera ser tal que representara la comunidad ideal para toda la humanidad
y. con ello, el cumplimiento definitivo de la evolución. Se preguntará desde luego, de dónde sabemos esto. Seguramente no
por la experiencia inmediata y he de reconocer que tienen razón sobrada aquellos que encuentran en nuestra 'Psicología del
individuo vesugios de una Metafísica. Unos lo encuentran bien, otros protestan contra ello. Desgraciadamente, existe gran
número de personas que tienen un concepto completamente equivocado de la Metafísica y que quisieran excluir de la vida
de la humanidad todo cuanto no pudieran palpar directamente. Pero procediendo así detendríamos las posibilidades de
evolución y cualquier idea nueva. Toda idea nueva está más allá de la experiencia empírica. Tales experiencias no nos
proporcionan nunca nada nuevo. Tan sólo la idea global puede enlazar en un conjunto estas circunstancias y hechos
aislados. Llámase a esto posición especulativa o "transcendental", no hay deuda que no desemboque forzosamente en la
Metafísica. No veo la razón por la cual deberíamos tener a ésta, cuando ha influido tan hondamente en la vida de los
hombres y en toda ai evoludóc" (ibidem, p. 212).
(41) Bjerre. op. clt, p. 272 y ss.
(42) Ibidem. pp. 279-283.
(43) El Scatido. etc., p 119 En esta obra. pp. 117-135, se encontrará un buen resumen las teorías de Adler acerca del origen de
las neurosis.
624
(44) Ibidem, p. 123. Son clarificadoras estas otras expresiones: el neurótico “se asegura” por medio de su retirada (p.129) “La
neurosis es la utilización de las vivencias de shock como defensa del prestigio amenazado” (p. 130)
(45) “La homosexualidad no depende en obsoluto de las hormonas”, Ibidem, p. 170.
(46) Ibidem, p. 8
(47) Véase a este respecto, el cuadro sinóptico de la p 167 de La Psicología, etc.
(48) "El Complejo de inferioridad se hace constante tan pronto como el fracaso se deja sentir en la línea de la comunidad, en la
escuela, en la sociedad, en el amor. La mitad de los que llegan a cometer un delito son trabajadores sin una profesión
determinada. que fracasaron ya en la escuela. Un gran número de los criminales detenidos por la policía sufren de
enfermedades venéreas, sefial de la insuficiente solución del problema del amor. No buscan sus amistades sino única y
exclusivamente entre gentes de su estofa, demostrando así lo reducido de sus sentimientos amistosos. Su complejo de
superioridad proviene de la convicción de que son superiores a sus víctimas, y de que con cada delito que llevan a cabo les
hacen una mala jugada a las leyes y a sus defensores. En efecto, no hay acaso ni un solo criminal que no haya cometido
más delitos de los que se le acusan, haciendo abstracción del desde luego, considerable número de crímenes que quedan
sin aclarar. El criminal realiza su delito en la seguridad de que no será descubierto si se las sabe arreglar bien. Si queda
convicto y sorprendido infraganti, se hallará dominado por completo por la convicción de haber omitido algún nimio detalle y
que esto fue lo que le perdió. Investigando hasta la infancia los orígenes de la propensión a la criminalidad, encontraremos,
junto a la actividad precoz y mal empleada, junto a los rasgos hostiles de carácter y a la falta de sentimiento de comunidad,
las inferioridades orgánicas, el mimo o el descuido como motivos principales que determinan el desenvolvimiento del estilo
de vida hacia la criminalidad. Él es quizá el motivo más frecuente entre todos" (El Sentido, etc.; p. 102).
(49) He aquí un caso sacado de la experiencia de Adler: "N. era un muchacho guapo, que fue puesto en libertad provisional tras
seis meses de prisión. Su delito consistió en el hurto de una respetable suma de la caja de su jefe. A pesar del gran riesgo
de tener que cumplir una pena previa de 3 años en caso de reincidencia. volvió a apoderarse poco tiempo después de una
pequeña cantidad. Me enviaron ese joven antes de que se descubriera su delito. Era el hijo mayor de una familia muy
honrada, el preferido y muy mimado de su madre. Siempre se había mostrado extremadamente ambicioso y en toda ocasión
quiso desempeñar el papel de jefe. No trabo amistad más que con gente de nivel inferior al suyo, revelando así su
sentimiento de inferioridad. Sus recuerdos más lejanos de infancia le muestran siempre en un papel pasivo y nunca
desempeñando un activo papel. En la casa en que cometió el mayor de sus robos se vio rodeado de gente muy rica, en
momento en que su padre había quedado sin colocación y no podía atender como de costumbre a las necesidades de la
familia. Sueños de fantasía y situaciones asimismo soñadas en las cuales él era siempre el héroe, caracterizan anhelo
ambicioso sullarse predestinado al mismo tiempo, el convencimiento de ha éxito con toda seguridad. Realizó su hurto
cuando se le presentó ocasión, con el objetivo, más o menos consciente, de mostrarse superior a su padre. Su segundo
hurto -el de menos importancia- lo realizó como protesta contra la condena condicional y contra la colocación de escasa
importancia que le habían asignado en aquel entonces. Ya en la cárcel, soñó que le servían los platos que más le
agradaban; sin embargo, aún en sus sueños se acordaba de que esto no es posible en la cárcel. Este sueño revela, aparte
de su afición a las golosi la nas, su protesta contra el fallo que le condenara" (ibidem, pp. 104-105). Citamos este caso no
sólo porque es clásico dentro de la forma en que Adler explica la criminalidad sino porque, por poco que sea su
conocimiento de la criminología freudiana, cual quiera se dará cuenta que Freud pudo explicar los hechos de manera
totalmente distinta. Sobre el niño odiado, véase el trabajo de Holub y Zauker, incluído en las pp. 223-236 de Guiando al
Niño.
(50) "En los actos fracasados de un hombre no podemos hablar de valor. Un criminal no lo tiene. Intenta con astucia ser fuerte y
triunfar sobre los demás" (La Psicología, etc. p. 34).
(51) "La estructura del criminal muestra claramente el estilo de vi da de una persona provista de gran actividad, pero poco
propensa a la vida en común, persona que se había formado desde su infancia una opinión tal de la vida, que se cree
autorizada a aprovechar, en beneficio propio, el fruto del trabajo de los demás. El hecho de que este tipo se encuentre
preferentemente en niños mimados y, con menor frecuencia, en das (descuidadas) durante su infancia, no podríamos
abandonar y ser ya un secreto después de lo que venimos explicando. Considerar la criminalidad como un autocastigo, o
juzgarla como consecuencia de las formas primitivas de la perversión sexual infantil (haciendo intervenir tal vez hasta el
mismo complejo de Edipo), son procedimientos fácilmente refutables, una vez llegados a la comprensión de que el hombre,
a quien encantan las metáforas que se le presentan en la vida real, se deja prender con demasiada facilidad en los lazos de
símiles y comparaciones. Dice Hamlet: Esta nube, ¿no se parece a un camello? y Polonio le contesta: "Desde luego, a un
camello" (El Sentido, etc., p. 79).
(52) Por ejemplo, Horney se adhiere a la tesis de que las neurosis provienen del deseo de lograr mecanismos de seguridad
frente a la hostilidad ambiental. V: El nuevo Psicoanálisis. pp. 9-14.
(53) (El penalista español Jiménez de Asúa, entre otros, muestra esa preferencia. V: ob. cit.
(54) Una síntesis de las críticas mencionadas, en Mira y López, ob. cit., pp. 177-179.
(55) Para redactar este acápite, nos hemos servido de Jung: Tipos Psicológicos; Idem The Content of the Psychoses (pp. 255-
271 del Outline of Psychoanalysis); Hinkle: An Introduction to Ana lytic Psychology (pp. 218-254 del Outline mencionado);
Mira y López: Los fundamentos del Psicoanálisis, pp. 181-208; Idem; Manual de Psicología Jurídica, pp. 155-163.
(56) Por eso se compara la líbido junguiana con el "élan vital" de Bergson (V: Content of the Psichoses, p. 267).
(57) Véaselas en Ibídem, pp. 258-262.
(58) La prueba ha logrado gran difusión; quien lo desee, puede ha llar los variados tipos de asociación, expuestos, en Mira y
López, Los Fundamentos, etc. p. 185; en la misma obra, pp. 186-188, se reproduce la lista de las cien palabras tipo. Casos
concretos tocantes a problemas comunes de la vida o a delitos, pueden encontrarse en Mira y López: Manual, etc., pp. 159-
161.
(59) Como lo ha hecho Rosanoff; v: ibídem, pp. 162-163.
625
CAPÍTULO XI
Eso sucede, por ejemplo, con los instintos; son formas de conducta seguramente
necesarias para la conservación del individuo y de la especie; pero apenas cabe
imaginar lo que el mundo sería si se manifestaran totalmente, sin freno ni medida.
De ahí por qué, desde los primeros días siguientes al nacimiento comienza no la
tarea de anular los instintos, sino de domesticarlos, de encausarlos, de educarlos,
en el más amplio sentido de la palabra.
Por descontado que esa adaptación no es siempre fácil; ahí están los millares de
delincuentes, alcohólicos, vagos, mendigos, prostitutas, viciosos, parásitos para
demostrarnos o que la sociedad no tuvo éxito en su tarea o que los modelos que
se presentaron como ideales, en realidad no lo eran, de modo que, al asimilarlos,
el individuo se puso en contra de la sociedad normal.
Por suerte, el ser humano tiene una maravillosa plasticidad de adaptación a la que
recurre a fin de lograr dos objetivos al mismo tiempo: satisfacerse a sí mismo y.no
626
dañar a la sociedad. Pero, los mecanismos que pone en marcha, a veces llevan
una
627
dirección torcida y lo flue se obtiene es precisamente un resultado que daña a la
personalidad -complejos, enfermedades mentales, etc.- o a la sociedad -formas
antisociales de conducta, entre las cuales, el delito-.
Esos mecanismos de adaptación (1) serán estudiados en este capítulo con cierto
detenimiento dada la importancia que asumen en la explicación del delito (2).
Ante el problema que suscita una situación cualquiera, puede caber la reacción
agresiva, la tentativa de destruir el objeto que representa la dificultad. Como hizo
Alejandro con el nudo gordiano. Algunas veces, será la única forma adaptativa
posible, que salva la sociedad y los intereses individuales como, por ejemplo,
cuando se produce una agresión ante la cual no queda sino la legitima defensa.
Pero tomar la costumbre de echar mano continuamente de este mecanismo es
claro que ha de crear problemas nuevos que los que quedan resueltos.
El mecanismo agresivo es poseído por todos y desde temprana edad, como que
es una de las reacciones emocionales primarías a que se refiere el conductismo,
siendo una variante del mismo los denominados berrinches infantiles, formas
temperamentales infantiles que se tornan raras entre los adultos. Su existencia es
general, pero sus manifestaciones directas pueden llegar hasta imposibilitar la
628
adaptación social y son fuente de innumerables delitos de los más graves. Estos
últimos pueden presentarse inclusive en las naturalezas que no se inclinan a la
agresión, pero que llegan a sus formas más violentas como efecto de un miedo
exagerado.
Ante los problemas suscitados por la vida social, sólo pocas veces es posible
lograr una solución total por medio de la agresión y de la huida; generalmente hay
que echar mano de mecanismo más complicados, de técnicas más refinadas.
Clasificarlas es tarea difícil, por cuanto todo depende del punto de vista que se
adopte.
Por ejemplo, Cameron parte de los dos sentimientos prima- ríos de agresión y
huida (cólera y miedo); algunos mecanismos son variantes de la agresión como el
llamar la atención, la identificación, la compensación, la racionalización y la
proyección; por su finalidad última, éstas pueden denominarse técnicas de
defensa. Por otro lado, tendríamos los mecanismos de escape, en los cuales
predomina la huida o retirada; tales técnicas, según Cameron. son las siguientes:
el aislamiento, el negativismo, la regresión, la represión y la fantasía (4).
630
La exageración de este mecanismo tiene mucha importancia psiquiátrica pues
puede ser síntoma de una personalidad anormal. Y no es menor la importancia
criminológica.
En efecto, la práctica demuestra que muchos delitos, a veces muy graves, son
cometidos por razones aparentemente incomprensibles; pero un análisis
cuidadoso muestra que pl delincuente pretendió con su acto, fundamentalmente,
llamar la atención sobre sí mismo, ocupar un lugar importante, salir fotografiado o
meramente citado en los periódicos, etc. En otras palabras, lo que busca es la
figuración.
631
Problemas psiquiátricos y criminológicos se presentan cuando la existencia de una
personalidad débil hace que el individuo busque en la identificación continua y
exagerada, un modo para resolver los conflictos de adaptación social. Pero, dentro
de ciertos límites, este mecanismo puede ser considerado normal y corriente.
Por ejemplo, niño y adulto, insumidos en la unidad familiar, tienen en gran estima
y, por ello, hasta exageran las condiciones di sus antecesores en cuanto a la
inteligencia, la virtud, el brillo e importancia sociales, etc.; niño y adulto se
autodefienden y prestigian, defendiendo y prestigiando a su familia, con la cual se
hallan identificados y cuyas formas de conducta, muchas veces idealizadas, se
preocupan en reproducir. Y lo que se dice de la familia puede afirmarse también
del grupo nacional, religioso, social, deportivo, etc.
632
5.- AISLAMIENTO. Cuando el mundo externo se muestra hostil y cuando la
adaptación activa al mismo produce sufrimiento en el sujeto, éste puede concluir
por encerrarse en sí mismo, por aislarse del mundo, pretendiendo hallar así una
forma de adaptación pasiva que huye de las influencias extrañas o no las toma en
cuenta y que es capaz de reducir la cantidad de choques con el ambiente.
Esta técnica adaptativa tiene más interés para la psiquiatría general que para la
Criminología. Sin embargo, puede notarse su influencia en algunos casos de
delitos omisivos y culposos; principalmente en los primeros, porque el sujeto no se
deja influir ni siquiera por las leyes que mandan hacer positivamente algo.
El negativismo puede dar lugar a graves explosiones afectivas durante cuyo curso
pueden cometerse delitos de gran violencia. Sin embargo, lo corriente es que se
siga la vía escogida que no es la de la agresión directa sino de una forma más
pasiva.
Hace poco, hemos dicho que pueden resultar algunos delitos a raíz de los
momentos explosivos que caracterizan a algunas situaciones negativistas. Pero
más importante, aunque no siempre muy evidente, es la influencia que resulta a
través de mecanismos menos directos, pero que manifiestan uniformemente el
deseo de oponerse a la sociedad como condición de autoafirmación. Así, hay
adolescentes y jóvenes que hacen lo contrario de lo que se lea índica, que
desprecian las órdenes de las autoridades y los mandatos legales, nada más que
porque la actitud negativista les ayuda a autorrespetarse. De allí resultan múltiples
delitos; desde luego más numerosos que a través de las explosiones afectivas.
634
Muchas de estas involuciones regresivas no tienen sino una importancia
psiquiátrica; pero otras se hallan sumamente cerca de la criminalidad. Tal sucede,
por ejemplo, cuando la regresión se liga a formas de conducta sexual impropias
del adulto y legalmente perseguidas, como el exhibicionismo, la homosexualidad,
etc.
Ya vimos hasta qué consecuencia ha llevado este hecho indudable, a los teóricos
del psicoanálisis ortodoxo.
En el caso del niño, es claro que la represión de las tendencias que chocan contra
la inmoralidad o imposibilidad de su realización externa, proviene de mecanismos
en los cuales la mayor parte es inconsciente. Sin embargo, en el adulto y en
relación con tendencias que entonces aparecen, es frecuente la represión
plenamente consciente, por lo menos en sus primeros momentos, si bien
posteriormente, al convertirse la represión en habitual, ella se torna inconsciente y
automática -como sucede en todos los hábitos ya estabilizados-.
Adviértase, empero, que reprimir no equivale a suprimir. Las fuerzas que fueron
vencidas por otras superiores quedan como en reserva, como un résorte
momentáneamente comprimido, pero siempre pronto a saltar apenas la ocasión se
presente. Lo reprimido, sobre todo si se suma a un exagerado número de
tendencias en igual estado o no tiene al frente fuerzas adecuadas ni
635
compensaciones subsidiarias, puede convertirse en origen de serios desequilibrios
psíquicos.
De ahí por qué, ante un delincuente que obró de modo totalmente contrario al
corriente en él, no podemos deducir lisa y llanamente que ha ocurrido algún
cambio radical, patológico o no, en sus tendencias; puede, más bien, haber
sucedido que el delito fuera manifestación directa de tales tendencias,
encadenados hasta el momento.
636
sufrimiento. Pero si el mundo exterior está cerrado como escenario, queda
siempre el mundo interno, el de la fantasía, en el cual somos dueños y señores y
que se halla totalmente a nuestra disposición.
Sin embargo, lo evidente es que el hombre normal vuelve a la fantasía sólo como
un refugio momentáneo, como sitio en el cual recrear fuerzas con las cuales volver
al mundo. Pero existen personas tan castigadas por el ambiente, o internamente
tan débiles, que hacen del refugio algo permanente.
Vistas las cosas desde este ángulo, es claro que la peligrosidad criminal queda
reducida a muy pequeñas proporciones; por lo menos en los sistemas penales
modernos, en que el mundo interior escapa al derecho y en que sólo se toman en
cuenta las exteriorizaciones.
637
Sin embargo, pueden aparecer delitos culposos como consecuencia de
negligencias. Al mismo tiempo, ha de tenerse en cuenta que el exceso de fantaseo
crea personalidades débiles de voluntad, incapaces de valerse en el mundo real, a
veces poseedoras de individuales códigos de conducta, todo lo que también
puede conducir al delito, si bien por caminos indirectos. Para no hablar de las
consecuencias patológicas que suelen ser graves.
638
sus estudios, se dedica a los deportes o, en nuestro país, a la política de fáciles
éxitos.
Pueden darse casos, pues, en que una tendencia mala es sus-tituida por otra
igualmente mala; o por otra peor. El sustituto puede ser el delito u otras conductas
antisociales (fracasos en el amor o la profesión que conducen al alcoholismo o a
las drogas; no es excepcional el que una mujer desdeñada por el gran amor de su
vida, se tome de costumbres fáciles, etc.) (8).
639
La deformación no siempre es tal, en estricto sentido, es decir alteradora
inconsciente de algún dato; puede resultar, y resulta la mayoría de las veces, más
bien de una selección arbitraria de los datos, de los cuales se da gran importancia
a algunos mientras otros son dejados en la oscuridad, según sean los intereses
que guían al individuo. Por ejemplo, mientras éste se halla enamorado, ve sólo el
lado bueno del ser amado; pero sucede precisamente io contrarío algún tiempo
después de un rompimiento, sobre todo si ha dejado tras de sí algún resquemor.
Pongamos un caso.
Una persona desea agredir a otra; para ello adquiere un revólver. Sin embargo,
tropieza con la dificultad de que el enemigo es fuerte físicamente y de que de darle
un balazo ciertamente lo causará heridas graves con lo cual la conciencia del
agresor no está de acuerdo. Un día se encuentra con el enemigo en una calle
poco transitada; lo ve venir; ve que lleva la mano al bolsillo y que extrae una
pistola u otra arma; entonces, en legítima defensa, dispara y mata. La gente
acude. El agresor es interrogado y arguye que ha obrado en legítima defensa. Al
usar el revólver ha descartado la ventaja física del oponente; al suponerlo agresor,
acalla a su propia conciencia. Posteriormente se establece que el muerto no
llevaba arma alguna. Un juez desprevenido podrá pensar que el asesino -
considerándolo así- simplemente trata de engañar a la justicia, cuando quizá sólo
se trate de que se engañó él mismo primero.
640
También hay que citar aquí la que Mira y López denomina catatimia negativa, Tal
sucede, por ejemplo, cuando una madre ve que su hijo se ha hecho una ligera
herida sangrante en la cabeza y comienza a pedir auxilio diciendo que su hijo se
muere porque se ha partido la cabeza. En este caso no es que se desee algo
contra los propios sentimientos, sino que, inconscientemente, se sabe que la
exageración del mal ocasionará un socorro más pronto y eficaz.
En los niños, los mecanismos proyectivos pueden ser fácilmente estudiados y con
gran pureza, es decir, sin muchos velos perturbadores. Cualquier padre recuerda
cómo su hijo, durante un paseo bajo un sol abrasador, le dice: Papá, compremos
helados porque TU tienes calor.
641
proyectado en otras personas o en el mundo circundante total; con ello se facilita
la comisión de actos que, de otra manera, serían moralmente imposibles.
Lo que sucede, en este caso, no es que no haya razones, sino que las aducidas
son falsas, han sido preparadas para justificar algo objetivamente injustificable.
Las que se alegan como causas de la conducta, no son sino meros pretextos; la
causa verdadera es aquella tendencia primitiva que fue capaz de tener a su
servicia un ingenio fértil en recursos.
Por eso, cuando todos los demás mecanismos fallan para impedir un acto, la
holotimia suele ser el único que queda y, en las personas verdaderamente
creyentes, el más eficaz. Entonces se reprime el mal, se realiza el bien, aunque
momentáneamente se sienta dolor, porque la recompensa y la satisfacción han de
643
llegar con seguridad, dentro de un plazo que, comparativamente, no se con-sidera
muy largo.
Este mecanismo, sin embargo, puede conducir a ciertos delitos tanto por algunas
circunstancias exteriores como porque las creencias son deformadas por falta de
educación.
(1) Creemos que, desde el punto de vista criminológico, es mejor hablar de los mecanismos de adaptación en general, y no sólo de
los mecanismos de compensación. Estos son menos que aquéllos, en los cuales quedan incluidos. Si optáramos por referirnos
sólo a los mecanismos compensatorios, tendríamos que dejar de lado, por ejemplo, las agresiones y retiradas directas que, sin
embargo, implican un intento de adaptación.
(2) Al respecto pueden verse: Mira y López, Psiquiatría, pp. 24-29 idem, Manual de Psicología Jurídica; pp. 60-67 idem; Los
fundamentos del Psicoanálisis, pp. 80-87; Cameron The Psychology of Behavior Disorders, pp. 141-186; Noyes, Psiquiatría
Clínica Moderna, pp. 15-40; Branham y Kutash: Enciclopedia of Criminology, pp. 234-242 (art. Mental Mechanisms, de Leland
Hinsie.
(3) Véanse dos casos; Mira y López, se atiende más bien al criterio freudiano; en cambio, Cameron prefiere moverse dentro de
los marcos señalados por el conductismo; y hay quienes admiten los mecanismos como hechos indiscutibles, sin manifestar la
necesidad de explicarlos a través de una u otra escuela exclusivamente.
(4) V: ob. cit., pp. 152-153.
(5) Este mecanismo ya nos puede servir de ejemplo acerca de la manera en que las técnicas adaptativas se imbrican y suponen;
piénsese, por ejemplo, que el llamar la atención puede ser y generalmente es, una simple manera de manifestación lateral
de otros mecanismos.
(6) Ob. cit., p. 154.
(7) Preferimos referirnos solo a estos dos nombres Dejamos de lado el otro sinónimo usado por Mira y López, el de “transferencia”,
porque esta palabra tiene en psicoanálisis -la escuela que más ha trabajado en esta forma de compensación- un significado
especial. Tampoco optamos por el vocablo “compensación” usado por Cameron porque si bien lo substancial desarrollado por
el con ese nombre corresponde al concepto, que aquí explicamos, de sublimación, en ciertos aspectos lo excede; sin que
pueden incluidas, sin embargo, todas las formas de compensación; pero el vocablo usado por Cameron tiene la ventaja de no
prejuzgar en relación a si el sucedáneo es mejor o peor que los sustituido, algo de lo cual se desliza naturalmente cuando
hablamos de sublimación.
(8) En tal sentido, Cameron, loc. cit.
(9) Uno de los más profundos análisis que se ha hecho sobre este mecanismo, se halla en una obra literaria anterior al tiempo en
que la racionalización fuera estudiada sistemáticamente. Lo hizo Dostoyevski en Raskolnikooff, protagonista de la novela Crimen
y Castigo.
644
Cuarta Parte
CRIMINOLOGÍA APLICADA
EL DICTAMEN CRIMINAL
CAPÍTULO I
EL DIAGNÓSTICO CRIMINAL
Sin embargo, la Criminología no es la única ciencia que trata del delito. Existen
otras, como dejamos dicho en las primeras páginas de esta obra.
Entre esas ciencias, las hay que son eminentemente naturalísticas, como la propia
Criminología, Criminalística y la Penología; otras tienen un carácter
eminentemente jurídico, como el Derecho Penal y el Procedimiento Criminal. Las
diferencias entre ambos grupos no tocan sólo a los objetos que consideran -
hechos reales, en el primer caso, normas jurídicas abstractas, en el segundo-, sino
también a los métodos que emplean -eminentemente inductivos en el primer caso,
deductivo, en el segundo-. De esta contraposición se originó una tendencia al
divorcio entre ambos grupos de ciencias. Las unas se atenían a los hechos y,
descuidadas de las normas, concluían por despreciarlas y por desconocer todo
carácter valorativo en el delito. Las otras, sumidas en un mundo de secas y frías
abstracciones, prescindían de la humana e irreductible realidad del delito y del
delincuente, buscando atenerse exclusivamente a principios generales, pues aún
las distinciones que aceptaban eran de tipo general.
Este divorcio no podía sino ser perjudicial para todos, como lo demostró la práctica.
645
en realidad
646
esos aspectos no pueden ser tratados independientemente, porque ello conduciría
a guiarse exclusivamente por visiones parciales.
Puede hoy decirse que uno de los puentes por los que transitan las mutuas
influencias, está constituido por la Criminología. Quizá sea posible, inclusive,
afirmar que esta ciencia ha sido el principal nexo que hoy impide el
desperdigamiento de las demás.
La última y cuarta parte de esta obra, está destinada a mostrar las aplicaciones
que la Criminología tiene en relación con las demás ciencias penales, no
invadiendo su jurisdicción, sino proporcionándoles los antecedentes que ellas no
podrían hallar por sí solas.
Para no hablar de la ejecución de las penas. Puede hoy afirmarse que una
Fenología sin base criminológica es inconcebible. Por ejemplo, uno de los
647
postulados de aquélla, la individualización de la pena, sería imposible en la
práctica
648
si no se conocieran las causas'que impulsaron ai delincuente, la total personalidad
del mismo, tarea que incumbe esencialmente a la Criminología. Y aquí hablamos
tanto del régimen penal como de la asistencia que tendría que dispensarse al
delincuente una vez cumplida la condena.
En cuanto a la criminalidad como fenómeno social, ya vimos que hay causas que
afectan no sólo a tal o cual delincuente, sino que se hallan presentes en gran
número de casos. Atacar a aquéllas supone el prevenir el delito. Esa es tarea de la
Política Criminal. Pero ésta sería imposible o debería atenerse a improvisaciones,
si no contara con los datos que le proporciona la Criminología (2).
Por eso nos hemos de limitar aquí a tratar el problema del dictamen criminal, en
sus dos variedades, de diagnóstico y de pronóstico.
649
Pero aún establecidos los medios para diagnosticar y pronos-ticar la oonducta
criminal, el análisis más concienzudo será incapaz de evitar errores. Inclusive si
suponemos la existencia paralela de instituciones penitenciarias modelos, que se
atengan a los datos científicamente establecidos y a las consecuencias de ellos
derivados, siempre habrá que esperar un apreciable número de fracasos. Ellos se
manifestarán no sólo en la inadecuación de los medios correctivos empleados,
sino en la reincidencia de los delincuentes. Y si abandonamos el campo del
tratamiento individual para incidir en el de la Política Criminal, comprobaremos
que, aunque ésta se asiente en los datos elaborados por la investigación
criminológica, será incapaz de tomar todas las medidas que se requerirían para
evitar los delitos. La propia índole de las causas de los delitos es suficiente para
asegurar de antemano que esa prevensión total excede la capacidad humana.
650
Este hecho fue claramente visto desde los primeros momentos de existencia de la
Criminología. Según en su lugar se estableció, no han tenido otro objeto las varias
clasificaciones de los criminales intentados desde Lombroso hasta nuestros días.
Vimos también que estas clasificaciones teman el inconveniente de atribuir a
ciertos caracteres, corporales o no, una capacidad distintiva que la experiencia ha
demostrado que no poseían. Como ejemplo, recordamos los rasgos anatómicos
lombrosianos que, dentro de su teoría antropologista, debían servir para clasificar
a los delincuentes, como natos o no. Caracteres más dignos de tomarse en cuenta
se contenían en las clasificaciones de Ferri y Garófalo, si bien tampoco podían
considerarse como aceptables en su conjunto.
Con una advertencia que evite toda rigidez y exageración. Advertencia que no es
sino repetición de lo que muchas veccs se ha dicho en esta obra, principalmente
en el capítulo de biotipo- logía: la tarea de crear tipos y de clasificar conforme a
ellos a loa individuos es una necesidad sistemática ineludible, un primer paso que
arroja luz sobre el caso concreto; pero no es sino eso: un primer paso; después
tendrán que darse los relativos a la consi-deración del hecho y del individuo como
algo irrepetible. Sólo así se explica el que nadie se contente con la mera
clasificación y el que no se hable de tratamiento penal por tipos, sino de acuerdo a
cada persona.
En las clasificaciones hoy más admitidas, se hace patente la subsistencia del viejo
problema disposición-medio ambiente. Ya dijimos que si bien es imposible
determinar de manera matemáticamente exacta la proporción en que se
distribuyen las causas cri-minales de uno u otro origen, cabe la posibilidad de
establecer, en líneas generales, cuál grupo de ellas ha sido más significativo para
determinar el delito de que se trata. Cabe, entonces, distinguir un delincuente
disposicional o por tendencia y un delincuente por ambiente u ocasional. Ambos
tipos no implican un exclusivismo en cuanto a las causas, sino simplemente una
mayor acentuación en algunas de ellas. La clasificación, concorde con una teoría
dinámica del delito ha de tomar en cuenta el hecho de que el delincuente
651
ocasional capta la ocasión conforme
652
a su personalidad y que el delincuente disposicional o por tendencia tiene esa
disposición ya integrada por fenómenos ambientales, como que aquí se hace
referencia a la disposición actual, que es en gran parte disposición adquirida del
medio ambiente.
653
La falta de certidumbre absoluta es un riesgo que hay que correr. En efecto, la
clasificación manifiesta en el diagnóstico tiene consecuencias prácticas; influye
sobre la conducta del juez y la del ejecutor de la pena; ambos tienen que apoyarse
en algo més o menos firme para actuar, aunque eventuahnente se equivoquen;
más riesgos correrían de dejarse guiar sólo por su leal saber y entender.
Alguién podrá decir que es preciso que no actúen antes de tener firme certeza.
Pero eso equivale a desconocer que juez y penitenciarista tienen que actuar, no
pueden quedarse con los brazos cruzados; o mejor, quedarse con los brazos
cruzados es también una forma de actuar. Equivale, por ejemplo, a pedir que nnte
un enfermo el médico se cruce de brazos hasta tanto adquiera todos los
conocimientos posibles y seguros acerca de la enfermedad contra la que debe
combatir; y que deje morir al paciente antes que actuar basado en una mera
probabilidad, por alta que ¿lia sea.
Dentro de los caracteres propios del criminal por tendencia, se han establecido
muchos que son sostenidos de modo reveladoramente uniforme por criminólogos
de las más diversas escuelas, lo que habla en favor de aquéllos y abonan su
relativa certeza. Hemos de escoger la exposición que de ellos hace Exner por la
cantidad de material con que se ha trabajado y el rigor metódico con que se le
manejó. Ambas bondades dependen de que en Alemania se efectuaron
investigaciones amplísimas a raíz de la arden de 30 de noviembre de 1937 que
impuso pautas uniformes para el trabajo de informes biológico-criminales en todo
el país.
654
establecer que el delitb pasional se debe predominantemente a la disposición o a
la ocasión (4).
655
4.- RASGOS DISTINTIVOS DEL CRIMINAL POR TENDENCIA (5). Esos rasgos
pueden clasificarse en varios grupos, según sigue (6).
Nótese, además que, entre los rasgos apuntados, se hallan funda mentalmente los
que a lo largo e esta obra han sido señalado como particularmente significativos
para la aparición del delito. El diagnóstico se basa en ellos. Como ya fueron
explicados en su lugar, aquí no hacemos sino recordarlos, y no todos; nos
remitimos a cada lugar en que fueron tratados, tal como tam bién lo hace el propio
Exner.
II.- Relaciones educativas. Para ello hay que tener en cuenta los diversos medios
que realizan la tarea educativa, tales como la escuela, la familia, el ejército, los
grupos escultísticos, etc. Podemos señalar los casos en que existe nacimiento
ilegítimo, hogar mal constituido, dificultades en las relaciones familiares, orfandad,
fracaso culpable en la escuela, mal rendimiento intelectual y mal comportamiento
en ella, carencia de una preparación técnica adecuada para desempeñar un buen
trabajo que permita obtener lícitamente la satisfacción de las necesidades que el
individuo tendrá, carencia de relaciones amistosas o mala calidad de las mismas,
fracaso en las agrupaciones extraescolares, como los exploradores, mala
conducta en el ejército, inmoralidades pequeñas, pero sostenidas, etc.
A) Número de delitos. Puede decirse, como en seguida se verá, que cuantos más
delitos tiene uno tras de sí, más tiene delante de sí. Parece que, como sucede
generalmente con los actos humanos, la comisión de alguno facilita la repetición
cuando se han derivado de las anteriores satisfacciones mayores a los perjuicios;
656
también aquí se crea un hábito que facilita cada vez más el romper las
resistencias presentadas por la propia conciencia, el temor a la censura social o al
castigo penal.
El primero, el caso del reincidente múltiple; si hay sólo un breve lapso entre la
puesta en libertad y la reincidencia, puede deducirse una criminalidad
disposicional. No así cuando pasa un tiempo largo, pues entonces podría más
bien deducirse que el individuo es capaz de resistir a las tentaciones. Sin
embargo, ha de pensarse en la existencia de disposición, aunque el lapso hasta la
reincidencia sea largo, cuando el delito posterior es grave o, de cualquier modo,
requería de una larga preparación.
657
experiencia, etc.-, como sucede en las estafas, bancarrotas; o de cierta madurez
biológica, como ocurre con los delitos propios de la edad senil.
658
Como Exner observa, puede suceder que la aparición retardada del primer delito
se deba a que hasta ese momento el criminal se encontraba en circunstancias
especiales que impedían la salida de las tendencias profundas. Tal el caso de los
soldados profesionales que comenzaron una carrera de reincidencias múltiples,
cuando fueron dados de baja (9).
Aquí hay que tener en cuenta también el tipo de delito que se comete. Algunos de
ellos parecen apuntar menos que otros a la reincidencia. Esta se da sobre todo en
delitos contra la propiedad o contra la salud pública. Es también evidente que
ciertos delitos son reveladores, ya porque suponen organizaciones criminales que
protegen a sus miembros, ya porque presentan tentaciones, por su ganancia u
otras facilidades, que son difíciles de resistir; por tanto, habrá que tomar en cuenta
también el tipo de delito cometido y las circunstancias que lo rodean.
Previas reclusiones
necesariamente
de delito)
659
Homicidio 61,7%
660
Robo 61,9%
Falsificación 77,7%
Violación 58,0%
IV.- Otros caracteres. Los señalados son de tipo eminentemente social e implican
un desajuste en relación con las normas que el grupo reconoce como moralmente
aceptables. Asi, tenemos al bebedor exagerado o consumidor de estupefacientes,
al que trabaja irregularmente y no cumole con tal modo de adaptarse socialmente,
el mal empleo del tiempo libre en diversiones que no son socialmente loables; el
matrimonio realizado mal, especialmente si se efectúa con un delincuente; la
asociación con grupos antisociales, etc.
661
que, en suma, es el que empuja o no al delito.
662
Ayudarán a esta interpretación varios otros datos no contenidos en los acápites
anteriormente detallados; por ejemplo, el reincidente suele tener, por término
medio, menos inteligencia que el primario, fuera de otros defectos intelectuales; en
él se presentan con más frecuencia las anormalidades del carácter, como ser
frialdad de sentimientos, volubilidad, impulsividad exagerada, etc.
Dejando de lado los puntos en que existen coincidencias con los señalados por
Exner, para evitar repeticiones, podemos agregarles otros, por ejemplo, las
alteraciones infecciosas y tóxicas (enfermedades como la tuberculosis y la sífilis
así como disfuncioncs glandulares), anormalidades del sistema nervioso, de los
instintos (sexual, de defensa, de dominio, etc.), deficiencias morales, per-versidad,
agresividad, prepotencia, parasitismo; carencia de capa-cidad inhibitoria,
impulsividad exagerada, hipo-evolución en el desarrollo.
663
Por ejemplo, se harán distinciones según el tipo de delito cometido, el sexo, la
edad; si se trata del primer delito o el individuo puede ser considerado habitual o
profesional; el tipo y la gravedad de la pena; la motivación que impulsó al
delincuente; algunas anormalidades corporales o mentales significativas, etc.
(1) Es un acápite central, tratar de introducir al delincuente de carne y hueso, vivo y humano, en las ciencias jurídicas para que éstas se
acostumbren a no prescindir de él. Esta finalidad ha sido claramente establecida por Piga en su ponencia: Valor del Diagnóstico Psicomédico
en lo Criminal (V: Revista de Derecho de la U.M.S.A., Nº 13, principalmente pp. 194-198). Esta ponencia ocasionó el que el Congreso
Hispano- Luso-Americano Penal y Penitenciario, ante el que fue presentada, aprobara algunas conclusiones que tienen interés para la
Criminología, aunque se refirieran específicamente al peritaje médico-legal. Pue de vérselas reproducidas en la Revista de Derecho de la
U.M. S. A., No 14, pp. 136-137. La interrelación es evidenciada como una necesidad, por la organización de los modernos Institutos de
Ciencias Penales, donde la excesiva especialización es combatida. Véase, al respecto: Giribaldi Oddo, La Creación de Institutos de
Especialización en Ciencias Criminológicas en las Facultades Jurídicas.
(2) V: Kempe: La Tarea del Criminólogo en la Sociedad, pp. 39-49 de la Revista Penal y Penitenciaria, No 47-50. Langle: La Teoría de la
Política Criminal, pp. 43-55.- Sellin: L'etude Sociologique de la Criminalité p. 112. Hood y Sparks, Key inssues in Criminology, pp. 110-140 y
193-214.
(5)) Habrá de recordarse siempre, que estos rasgos no son absolutamente típicos, sino sólo relativos en su frecuencia, que es mayor en los
delincuentes tendenciales que en los ocasionales.
(6) Sobre estos rasgos, v: Exner, ob. cit., 442 y ss. No se dan aparte los caracteres de los criminales ocasionales porque ellos pue den ser
fácilmente deducidos.
(7) Nótese que aquí no se dice nada acerca de si la criminalidad es o no hereditaria; simplemente se comprueba el hecho de que cuando
existe en los padres, tiende a aparecer también en los hijos.
(10) Traducimos así la expresión "burglary", aunque ésta tiene también la significación de haberse introducido al domicilio ajeno para cometer
otro delito. En este caso, como en los demás, no puede siempre pretenderse una traducción exacta, dadas las variaciones legislativas y la
tradición penal que se encuentra detrás de cada expresión extranjera.
(11) Waite: The Prevention of Repeated Crime, p. 24. Estas cifras hay que ponerlas en relación con el término medio de reincidentes en todos
los delitos, que se encuentran en prisiones; ese término medio general es, según el mismo autor, del 50%; v: lbidem, p. 23. Carballa calcula
que, en el Uruguay, el 25% de los presos tenían otros antecedentes penales, policiarios o por faltas: v: Manifestaciones predominantes de la
delincuencia en el Uruguay, p. 13.
(12) Trattato di Antropologia Criminale, p. 49. Ver también. Principios de Criminología Clínica y Psiquiatría Forense, pp. 170-189.
664
CAPÍTULO II
EL PRONÓSTICO CRIMINAL
En cuanto a la importancia, demás decir que una lucha científica contra el delito
supone, entre otros, que no hayan de lanzarse nuevamente a la circulación, a
individuos que, habiendo cometido uno o varios delitos, han de recaer con mucha
probabilidad en ellos. Pero frente a esa necesidad preventiva se alzan los
derechos humanos, entre ellos el de libertad, la que no debe ser limitada a menos
que existan fuertes razones morales para ello. Prevención y derechos del
delincuente se contraponen en cierta medida y será tarea/del pronóstico el tratar
de armonizarlos.
666
sobre muchos datos incontrolables o difícilmente comorobables, porque el criminal
no estuvo, durante su vida libre, sometido a una observación sistemática.
667
y del individuo; aquí tiene primordial importancia el que se haya optado por el
principio in dubbio pro reo o in dubbio pro república.
668
Se podrá argüir que el admitir el pronóstico supone tomar una posición
determinista, contraria a toda libertad. No nos vamos a extender en este aspecto,
pero sí conviene recordar que hoy la inmensa mayoría de los filósofos, volviendo a
uño de los principios de la filosofía clásica, no considera que la libertad sea
absoluta e ilimitada. Ella existe ciertamente, pero dentro de un ámbito de
necesidad. Los factores naturales influyen en nuestra conducta en un alto grado. Y
es la influencia de estos factores naturales la que permite establecer un
pronóstico. No con la pretensión de que se cumpla siempre, pero sí con grandes
probabilidades de ser cierto; y tanto más, cuanto mayor sea el número de causas
naturales que han sido tomadas en cuenta.
669
seguros o poco menos, prescindiendo de aquellos dudosos (6).
670
El pronóstico criminal moderno se inició con los estudios norteamericanos de
Burgess y de los Glueck, en 1928 y 1929, respectivamente (7). Dichos autores
trataban, para lograr el pronóstico, de determinar y clasificar científicamente los
datos del pasado del criminal.
Burgess clasificó los datos relativos a tres mil presos pertenecientes a tres
instituciones penitenciarias de Illinois, que habían recibido el beneficio de la
dibertad condicional; parte de tales liberados tuvieron éxito en el cumplimiento de
las condiciones, pero otros fracasaron. Al comparar los antecedentes de unos con
los de ios otros, resaltaron algunas diferencias a veces sorprendentes. Tales
antecedentes fueron clasificados en 21 categorías; dentro de cada una se buscó
establecer en qué se diferenciaban las características del exitosamente liberado,
con las del que fracasaba en la prueba. Para ejemplo, ofrecemos el cuadro relativo
al trabajo registrado en la etapa previa a la encarcelación y el posterior fracaso o
éxito en la libertad condicional (se citan separadamente las tres instituciones de
las cuales los liberados procedían en igual proporción: mil de caa una).
instituciones
Este cuadro muestra que a delincuentes que tenían un buen registro de trabajo
difícilm tus fracasaban en la prueba de la libertad condicional, sucediendo lo
contrario con los que tenían un mal registro. La correlación era suficiente clara
como para poder predecir que los que poseían un buen registro no fracasarían
en la
671
prueba mientras los que lo teman malo fracasarían. En las veintiún categorías de
causas elegidas por Burgess, este autor asignaba un punto favorable al
delincuente, cada vez que éste se encontraba dentro de las características
favorables al éxito de la libertad condicional, es decir, siempre que perteneciera al
grupo que dentro de cada categoría, demostraba haber fracasado menos que el
término medio de los presos puestos en libertad condicional. Se sumaban esos
puntos y cuantos más fueran, era de super ner que existían menos probabilidades
de fracaso. Así se estableció el primer módulo de pronósticos basado en la
observación de datos concretos debidamente analizados y no en meras
concepciones teóricas.
Los Gluecks ciñeron su investigación a los factores que aparecían como más
estrechamente ligados con el fracaso o el éxito, es decir, con la predicción de la
conducta criminal. En un comienzo, su sistema se basaba en cálculos sumamente
complicados, pero posteriormente simplificaron tales cálculos. Vamos a dar un
ejemplo relativo a la influencia que la edad de los delincuentes juveniles pudiera
ejercer en resultado de la libertad condicional: investigación sobre 896 individuos.
673
15-16 años 325 228 70,1 97 29,8
Posteriormente siguieron otros estudios que nos llevan hasta la situación actual
del problema; tales los de Argow, quien sugirió que así fomo se hacen cómputos
de los puntos desfavorables se hiciera también de los puntos favorables; esta
sugestión trae una iniciativa muy interesante y, sin duda, descuidada por gran
parte de los investigadores del pronóstico criminal; en efecto, éste debería resultar
no sólo de la suma de los puntos contrarios a un buen pronóstico, sino también de
su confrontación con los factores que detienen el delito; usando. la terminología de
Di Tulüo, puede decirse que el pronóstico debe basarse en un balance de las
fuerzas crímino-impelentes y de las fuerzas crímino-repelentes. También merece
siquiera citarse ios trabajos de Monachesi, Laune y Weeks.
674
También en el sistema alemán, siguiendo las pautas ya señaladas por Burgess y
los Gluecks, se ha admitido una calificación por puntos; pero éstos fueron de tal
modo reducidos y simplificados, siempre como resultado de la técnica esencial de
los fundadores, que su traslado a otros países ofrece no sólo grandes
probabilidades de éxito sino también de complementación, pues aquellos puntos
son sumamente flexibles.
Los trabajos que hemos de tomar en cuenta, tal como lo hace Exner (11), para
citarlos como ejemplo del sistema alemán, son los de Schied, Meywerk y
Schwaab; los tres llegan a conclusiones tan similares, pese a haber trabajado con
distinto material, la suposición de una mera casualidad debe descartarse.
Los puntos tomados en cuenta para la predicción son los siguientes (12):
1.- Tara hereditaria; bajo este acápite se comprenden las enfermedades mentales
y nerviosas, así como el suicidio y el alcoholismo en los consanguíneos.
675
3.- Malas condiciones de educación familiar, es decir, los malos influjos hogareños
sobre los niños.
6.- Trabajo irregular, holganza permanente o por largos períodos, sin que exista
justificación. Cambios frecuentes e in-motivados de trabajo.
10.- Criminalidad interlocal. Deducible del hecho de que las sentencias provengan
de juzgados con distinta jurisdicción.
12.- Alcoholismo.
2.- Criminalidad en
67 —
la ascendencia 77
nes de educación 70 83 84
5. Enseñanza comen-
65 79 83
zada no terminada
6. Trabajo irregular 75 76 79
7. Comienzo de la
criminalidad an-
70 76 77
tes de los 18 años
8. Antecedentes pe-
nales de más de 4
casos 71 73 73
9. Reincidencia de-
masiado rápida 90 84 78
677
terlocal 97 78 80
De los condenados que mostraban signos graves fueron reincidentes según las
causas en los porcentajes que damos al lado: En los 500 casos de Munich
(Schwaab) %
11. Psicopatías 64 74 80
12. Alcoholismo 73 77 84
general en el esta-
71 84 85
blecimiento
tablecimiento an-
sociales y familia
res después de la
liberación, 83 78 89 (15).
678
O « 69 T8
O/OST
679
Si en cada punto como antecedentes existe tan notoria reincidencia, calcúlesse lo
que será cuando aquellos se acumulan: mayor sea acumulación, mayor será la
probabilidad de reincidencia
Estas cifras son de por si elocuentes para demostrar hasta dónde la Criminología
aplicada ha logrado su finalidad de predecir la reincidencia de los delincuentes.
Pero debe tenerse en cuenta que este trabajo de compilación de puntos no releva
al criminòlogo de cualquier otro posterior; por el contrario, estol puntos no
significan sino una base objeti va sólida, solida e imprescindible -todo lo cual
constituye un verdadero adelanto- para una evaluación total de la personalidad,
sobre todo en
680
cuento toca a las relaciones mutuas entre los distintos factores criminogenos y las
direcciones en que se desarrollan las anomalia. Paro viene luego la también nece-
saria visión de conjunto, en ia cual se dispongan estructuralmente todos los
factores. Esta última etapa tiene naturaleza fundamentalmente intuitiva.
Las ganancias ya obtenidas, como puede verse por lo ex-puesto en las páginas
anteriores, son ciertamente notables. Sin embargo, el camino por recorrer es aún
mayor. Pensemos, por ejemplo, en los problemas hoy irresolubles que plantean
los delincuentes con puntuación intermedia, y nos daremos cuenta de lo mucho
que todavía le queda por hacer a la Criminología aplica- cada. Tanto más que los
puntos anotados, aunque se basan en estudios internacionales y ratificado por la
investigación en lugares muy diversos entre sí, implican siempre la posibilidad de
una adaptación a cada situación local.
Nos hemos extendido en los ejemplos anteriores porque ellos son ejemplares en
cuanto a la forma en que deben ser establecidas las normas del diagnóstico y
porque muchas de éstas siguen siendo aplicadas inclusive en los estudios más
modernos. Tal sucede, por ejemplo, con los casos de Frey, Mannheim-Wilkins y F.
Maycr (17).
681
También se ha trabajado no sólo en el pronóstico de la reincidencia, como hemos
hecho aquí, y que tiene un marco relativamente limitado, sino en la predicción de
la criminalidad primaria o predelineuencia. Es lo que han hecho, por ejemplo, los
esposos Glueck, quienes han reducido el número de causas tomadas en cuenta
hasta solamente tres, si bien no simples. Pero, en este vasto campo, se han
conseguido menos logros que en el otro, más reducido y concreto.
(2) Desde luego, en este lugar no puede decirse más. La variedad y flexibilidad de instituciones creadas por el Derecho Penal moderno a fin
de llevar a cabo una eficaz lucha contra el deli to, es de todos reconocida. Todo el derecho punitivo se encamina en esa dirección.
(3) Para darse idea de la diferencia entre el pronóstico y otros sis temas, como base para conceder indultos, libertad condicional, etc.,
compárese el sistema actual con el criterio -basado en el buen comportamiento en el penal y en el arrepentimiento, preferido por Dorado
Montero: V: Psicología Criminal, pp. 323-336. Un ejemplo de cómo del conocimiento de las causas del delito puede deducirse un adecuado
tratamiento penal, en las pp. 288 y ss. de Hall: Theft, Law and Society. En cuanto al método para establecer un pronóstico criminal científico,
véase el Art. Prediction of Criminal Behavior, de Monachesi; se halla incluido en las pp. 324-330 de la Encyclo pedia of Criminology dirigida
por Branham y Kutash.
(4) Una buena exposición de las críticas al pronóstico criminal, en López-Rey, Criminología, pp. 427-443.
(5) Su sistema de diagnóstico y pronóstico se basaba lógicamente en la teoría del criminal nato.
(7) V: Monachesi, ob. cit., p. 324 y ss. en que nos inspiramos principalmente para hacer este resumen de las investigaciones norteamericanas
-las primeras en su género- acerca del pronóstico.
10) Los últimos datos acerca de la magnífica investigación de los Gluecks se hallan en su obra Later Criminal Careers, donde existe enorme
material de consulta. V: también, para la evolución de este sistema, Sheldon Glueck: The problem of delinquen cy, pp. 1003-1051.
(11) A este autor nos atenemos: véase su ob. cit., p. 453 y ss.
(12) Aquí también hemos de aconsejar que se tengan presentes los aspectos favorables al delito que quedaron estudiados a lo largo de esta
obra.
(13) Punto válido, por razones ya anotadas, aunque no se estime que exista criminalidad hereditaria strictu sensu.
(14) Schwaab se fija en los puntos favorables que no son sino la contra partida de los favorables; de ahí por qué la comparación con los otros
estudios es posible. Pero hay que anotar, para este cuadro y los siguientes, que el autor mencionado no toma en cuenta sino 14 puntos.
682
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