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Criminología Huascar Cajías

Este documento discute la relación entre la herencia y el ambiente en la determinación del delito. Señala que aunque los factores hereditarios son importantes, no se puede determinar si pesan más que los factores ambientales. Explica la diferencia entre el genotipo (caracteres hereditarios) y el fenotipo (caracteres mostrados), y cómo al nacer el individuo es una mezcla de ambos. También distingue entre caracteres hereditarios y congénitos. Concluye que es imposible separar completamente la influencia de la herencia y el ambiente en la formación

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Criminología Huascar Cajías

Este documento discute la relación entre la herencia y el ambiente en la determinación del delito. Señala que aunque los factores hereditarios son importantes, no se puede determinar si pesan más que los factores ambientales. Explica la diferencia entre el genotipo (caracteres hereditarios) y el fenotipo (caracteres mostrados), y cómo al nacer el individuo es una mezcla de ambos. También distingue entre caracteres hereditarios y congénitos. Concluye que es imposible separar completamente la influencia de la herencia y el ambiente en la formación

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1

HUÁSCAR CAJÍAS K.

CATEDRÁTICO EN LA UNIVERSIDAD

MAYOR DE SAN ANDRÉS

CRIMINOLOGÍA

QUINTA EDICIÓN

DÉCIMA SEGUNDA

REIMPRESIÓN

Librería Editorial JUVENTUD

La Paz, Bolivia

1997

2
Registro Legal 4 -1-128 -82

La presente edición es propiedad del editor.

Quedan reservados todos los derechos de acuerdo a Ley.

Serán perseguidos y sancionados quienes comercien con textos fotocopiados de


esta obra, ya que esa acción es un delito tipificado en el Código Penal, Capítulo X,
Art. 362

Impreso en Bolivia — Printed in Bolivia

Impresores: Empresa Editora “URQUIZO” S. A.

Calle Puerto Rico N° 1135

Casilla 1489 — Telf.: 242470

La Paz - Bolivia

3
Contenido
PRÓLOGO.............................................................................................................................. 5
CRIMINOLOGÍA SISTEMÁTICA.............................................................................................6
LA HERENCIA............................................................................................................................ 6
CAPÍTULO II BIOTIPOLOGÍA..................................................................................................22
CAPÍTULO III EL SEXO........................................................................................................44
LA RAZA............................................................................................................................... 65
GLÁNDULAS ENDOCRINAS................................................................................................89
CAPÍTULO VI LA EDAD......................................................................................................104
Segunda Sección SOCIOLOGÍA CRIMINAL CAPÍTULO PRIMERO CLIMA Y ECOLOGÍA 121
CAPÍTULO SEGUNDO LA FAMILIA...................................................................................138
CAPÍTULO TERCERO LA RELIGIÓN.................................................................................158
CAPÍTULO CUARTO EDUCACIÓN ESCOLAR..................................................................169
CAPÍTULO QUINTO........................................................................................................... 183
CAPÍTULO SEXTO............................................................................................................. 194
CAPÍTULO SÉPTIMO LA POLÍTICA...................................................................................209
CAPÍTULO OCTAVO GUERRAS Y REVOLUCIONES.......................................................222
CAPÍTULO NOVENO ASOCIACIONES CRIMINALES.......................................................238
CAPÍTULO DÉCIMO VICTIMOLOGÍA................................................................................265
Sección Tercera Psicología Criminal CAPÍTULO I..............................................................278
CAPÍTULO II LA OLIGOFRENÍA.........................................................................................303
CAPÍTULO III LAS DEMENCIAS........................................................................................314
CAPÍTULO IV PSICOPATÍAS.............................................................................................320
CAPÍTULO V NEUROSIS...................................................................................................336
CAPITULO VI PSICOSIS....................................................................................................343
CAPÍTULO VII ALCOHOLISMO..........................................................................................373
CAPÍTULO OCTAVO ESTUPEFACIENTES.......................................................................407
CAPÍTULO NOVENO EL PSICOANÁLISIS........................................................................419
CAPITULO X ADLER Y JUNO............................................................................................463
CAPÍTULO XI...................................................................................................................... 481
Cuarta Parte CRIMINOLOGÍA APLICADA EL DICTAMEN CRIMINAL CAPÍTULO I...........499
CAPÍTULO II....................................................................................................................... 512
BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................... 527

4
PRÓLOGO

El favor dispensado por profesores y estudiantes a esta obra, ha sido necesaria


esta cuarta edición que a ellos va dedicada con el mayor agradecimiento.

En esta edición, se han introducido numerosas modificaciones respecto a las


anteriores. Ellas eran requeridas por varias razones, entre otras, por la evolución
de la Criminología en los últimos años y por las constructivas observaciones que
me plomearon algunos colegas.

5
CRIMINOLOGÍA SISTEMÁTICA

Sección Primera

Biología Criminal

LA HERENCIA

1.- HERENCIA Y AMBIENTE. Desde el nacimiento de la Criminología, se ha


discutido acerca de cuáles eran los factores prevalentes en la acusación del delito.
Mientras para algunos -como Lombroso- es fundamental la herencia, para otros,
ese carácter corresponde a lo ambiental -como ocurrió con la escuela de
Lacassagne-. Ha transcurrido cerca de un siglo desde que estas posiciones
extremas fueron asumidas y no podemos decir que hayan sido definitivamente
superadas.

No se puede discutir la importancia cíe los factores hereditarios; pero no es ése el


problema central sino el de si ellos pesan, en la determinación del delito, más que
los factores externos o si no alcanzan sino a limitar el campo ¿leniro del cual tales
factores externos tendrán posibilidad de actuar. Pongamos el caso de un individuo
que es débil mental por herencia; si comete un delito, podremos preguntarnos cuál
es la fuerza principal que lo llevó a tal conducta. ¿Será la debilidad mental ligada a
otros caracteres igualmente hereditarios, que encontraron en el ambiente sólo la
oportunidad para manifestarse? ¿O será el medio ambiente, si bien condicionado,
pero sólo condicionado, por los rasgos hereditarios que implican una especial
receptividad y capacidad de reacción frente a los estímulos exteriores?

Es indiscutible que, en términos generales, la herencia ya nos pone en situación


de superioridad o inferioridad en relación con los demás. Pero esta afirmación no
disminuye la dificultad para responder a las dos preguntas anteriores. Cuando
iniciamos el estudio de un delincuente, este ya tiene tina personalidad hecha en
cuya formación han intervenido factores de distinta procedencia,
interdependientes,

6
que es imposible separar para establecer la importancia de unos en relación con
los otros.

Eso nos lleva a la necesidad de distinguir para evitar confusiones.

La Genética distingue el genotipo del fenotipo. El genotipo es el conjunto de


caracteres recibidos por herencia; fenotipo es el conjunto de caracteres que
mostramos en determinado momento, es nuestra apariencia actual.

El genotipo queda definitivamente fijado en el momento de la concepción; los


caracteres posteriormente incorporados al individuo son ya adquiridos. El huevo o
cigoto que se forma apenas producida la fecundación y del cual resulta el nuevo
ser, está lejos de ser algo simple; contiene rasgos complejos y tendencias
contradictorias. El cigoto está integrado por caracteres recibidos del padre y de la
madre, cada uno de los cuales aporta el cincuenta por ciento del total. Esos
caracteres pueden ser iguales o no. Por ejemplo, es posible que el nuevo ser
herede de sus padres la tendencia al color verde de los ojos o que de uno reciba
esa tendencia y, del otro, la tendencia a un color distinto. En el primer caso, en
relación con el carácter anotado, el nuevo ser es homocigoto; en el segundo, es
un híbrido o heterocigoto. Para la práctica, podemos afirmar que es imposible que
un ser sea homocigoto en todos sus caracteres; poseemos, aunque sea sólo en
potencia, rasgos diferentes y hasta contradictorios desde el primer momento de
nuestra vida.

¿Cuáles de esos caracteres se manifestarán, serán mostrados, se convertirán en


fenotipo? ¿Llegarán a fundirse y combinarle para dar un resultado intermedio? Las
respuestas pueden adelantarse parcialmente tomando en cuenta las leyes
mendelianas sobre predominio y recesividad, aunque hay razones para pensar
que tales leyes no son tan rígidas en el hombre como en otros seres vivos
inferiores.

A medida que el nuevo ser se desarrolla, actualiza las potencias genotípicas las
que, al manifestarse, se tornan parte del fenotipo. Este ya tiene, sin embargo,
rasgos adquiridos del ambiente. Al nacer, el individuo está constituido por una
mezcla de caracteres hereditarios y adquiridos.
7
Lo anterior nos lleva a distinguir entre caracteres hereditarios y caracteres
congénitos, a veces confundidos inclusive por personas relativamente cultas que
suelen hablar de la transmisión hereditaria de la sífilis o de la tuberculosis.

Lo hereditario queda fijado en el momento de la concepción; pero, desde entonces


hasta el nacimiento, median corrientemente nueve meses. Durante ese lapso, el
embrión y el feto tienen ya un medio ambiente, el seno materno, a cuyas
influencias se hallan sometidos.

Tales influencias están lejos de carecer de significación desde el punto de vista


criminológico pues pueden haber desviado, para bien o para mal, las potencias
genotípicas. Tienen importancia los casos en que las buenas disposiciones
hereditarias han sido dañadas o han empeorado las disposiciones malas; en
ambos casos, el nuevo ser nacerá en condiciones inferiores a aquellas en que se
encontraría si mostrara simplemente los caracteres hereditarios.

Entre las causas dañinas se hallan los golpes que pueden afectar al ser en
gestación si bien éste se halla bien protegido y no cualquier golpe lo perjudica; los
traumas psíquicos de la madre resultante de fuertes emociones o estados de
tensión; las enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la sífilis; los
procesos tóxicos de la madre, como los derivados del uso de alcohol,
estupefacientes, medicamentos, etc.

Por tanto, no todo rasgo propio del recién nacido puede atribuirse a causas
hereditarias.

2.- LA HERENCIA EN EL HOMBRE. Podemos preguntarnos sobre los métodos


utilizables para determinar la influencia hereditaria en el hombre. No caben, en
este caso, respuestas tan terminantes como las que se refieren a seres vivos
inferiores. No es que el hombre, ser biológico, al fin y al cabo, quede fuera de las
leyes generales de la Genética; pero el problema está en determinar si ellas son
tan fatales como en otros seres.

El análisis de las células germinales o gametos no aclara ¡os problemas genéticos


que nos interesan ya que es imposible establecer, por observación directa, los

8
caracteres que ellas portan; ningún biólogo podrá decimos si el futuro ser es
potencialmente flaco o robusto, de temperamento plácido o explosivo. Es
necesario esperar las manifestaciones externas para inferir los rasgos
hereditarios.

Esas manifestaciones pueden ser aceptablemente, controladas y verificadas en


seres distintos al hombre. Las comprobaciones se hacen en experimentos de
laboratorio que han sido muy perfeccionados. Asi se han inducido las leyes de la
herencia biológica. Pero, cuando del hombre se trata, son muchos más difíciles las
afirmaciones, inclusive algunas de alcance limitado. Para hacerlas con rigor
científico, sería necesario poder manipular el material humano con tanta libertad y
seguridad como ocurre con otros seres. Las dificultades que ofrece este estudio
experimental en el hombre son particularmente cuatro.

a) El largo tiempo que va de generación a generación. En el mejor de los casos,


hay cinco en un siglo. Eso tornaría demasiado larga la espera hasta seleccionar
los tipos cuyos descendientes serán observados.

b) La enorme dificultad de hallar homocigotos, dados los cruces incontrolables que


se producen en la especie humana. Por otro lado, aunque se encontraran, razones
morales impedirían cruzarlos por mero interés científico.

c) La lentitud en la reproducción. Cada familia tiene pocos hijos. Ahora bien, las
proporciones establecidas en las leyes mendelianas no se encuentran en cada
grupo pequeño sino que son promedios extraídos de muchos experimentos. En
números pequeños, sería imposible fiarse mucho de las conclusiones inferibles
que, en tales condiciones, pueden ser gravemente afectadas.

d) Para comprobar las leyes de Mendel se recurre a cruces entre personas de la


misma estirpe, aunque de distintas generaciones, lo que es moralmente imposible
en la especie humana (1).

Pero, a falta de experimentos, la observación ha permitido comprobar la vigencia,


siquiera en líneas generales, de las leyes de Mendel en los hombres. Por ejemplo,
eso ha ocurrido con los cruzamientos entre inmigrantes blancos y nativos negros

9
en África; ambos, dados los lugares de su procedencia, pueden considerarse

10
homocigotos en relación con algunos caracteres. Las mezclas se atenían a las
leyes de Mendel en sus resultados. Pero estos hechos no pueden ser tomados
cómo decisivos en Criminología a la que le interesan, más que los rasgos
corporales, los psíquicos y temperamentales, sobre los cuales faltan datos
seguros (2). Por eso, hay enorme dificultad para determinar cuál es la importancia
de la herencia en la acusación del delito.

Si el experimento como tal es imposible en nuestra ciencia, Rielen darse


espontáneamente situaciones que se acercan a él y, por consiguiente, ofrecen
facilidades para la investigación. Criminólogos y biólogos están de acuerdo en que
tales condicionas favorables se dan en el caso de las familias criminales y de los
mellizos.

3.- FAMILIAS CRIMINALES. En este método, se sigue por generaciones a


estirpes entre cuyos integrantes se presenta alto porcentaje de conductas
criminales y antisociales. Así como, en cualquier familia, la persistencia por
generaciones de algunos rasgos anatómicos notables lleva a suponer que ellos
tienen base genética, de igual manera, se supone que si, en un tronco familiar, se
dan conductas antisociales por generaciones, pese a que los miembros han vivido
en ambientes distintos, ellas serían legítimamente atribuidas a causas
hereditarias, que son las que se habrían mantenido tan constantes como esas
conductas.

El primer estudio fue realizado en Estados Unidos por Dugdale, quien publicó sus
resultados en 1877. Versa sobre el clan que Dugdale designó con el nombre
ficticio de Juke. Esta familia se inició con Max juke, cuya vida adulta transcurrió en
la segunda mitad del siglo XVIII en una región del estado de Nueva York notoria
por la gran cantidad de delitos que en ella se cometían. Era un hombre rudo que
vivía de la caza y de la pesca, buen trabajador a veces, pero poco inclinado al
esfuerzo continuo; buen compañero y gran bebedor; tuvo muchos hijos,
incluyendo ilegítimos.

Dugdale estudió 709 descendientes de los cuales 540 eran de sangre Juke y 169
procedían de mezclas con otras estirpes. De ellos, 180 no habían logrado

11
mantenerse por sus propios medios y habían necesitado asistencia de
instituciones

12
de caridad; 140 eran criminales o infractores; 60, ladrones habituales; 7, asesinos;
50, prostitutas; 40 padecían enfermedades venéreas y habían contagiado por lo
menos a 440 personas.

Estas cifras, llamativas por sí solas, no llevaron a Dugdale a posiciones extremas


en favor de la herencia pues reconoció la coactuación de factores sociales. Sus
conclusiones son resumidas así por Reckless:

1) La herencia es factor preponderante en la carrera de aquella gente en que la


constitución está modificada o es orgánicamente débil y la capacidad mental y
física están limitadas por la herencia; 2) donde la conducta depende del
conocimiento, el ambiente influye más que la herencia y el uso al que la capacidad
se dedica depende del ambiente y del adiestramiento; y 3) la herencia tiende a
producir un ambiente que la perpetúa; el padre licencioso da un ejemplo para que
el niño lo siga (3).

El estudio de Dugdale no pudo ser proseguido inmediatamente porque se extravió


el manuscrito original donde constaban los nombres reales de los miembros del
clan Juke; pero en 1911 fue descubierto; se hicieron nuevas investigaciones cuyos
resultados fueron publicados en 1915 por Estabrook. Para entonces, habían
ocurrido dos hechos importantes; el clan se había dispersado, vivía en ambientes
distintos a los-anteriores y, además, se había mezclado con otras estirpes.
Estabrook halló que, de 748 descendientes vivos de Max Juke, mayores de 15
años, 76 eran inadaptados al medio social; 255, más o menos correctos; 323,
típicamente degenerados y 94 no clasificados por falta de datos (4).

La mejora de la conducta era indudable, pero surgieron divergentes


interpretaciones sobre las causas. Estabrook sostenía que se debía al cambio de
ambiente; Devenport, que una vez más se comprobaba la importancia decisiva de
la herencia. Pero, al haber cambiado los dos tipos de causas paralelamente, era
imposible llegar a una conclusión satisfactoria.

Goddard, también en Estados Unidos, estudió la familia Kallikak ( 5). Ella se


remontaba a Martín Kallikak, soldado de la revolución estadounidense que había

13
mantenido relaciones con una muchacha, presuntamente débil mental, de la que
tuvo un hijo, Martín Kallikak segundo, cabeza de la estirpe criminal y antisocial.
Cuando Goddard realizó sus investigaciones, la familia había llegado a su sexta
generación, con un total de 480 descendientes identificados. De ellos, 143 eran
débiles mentales y sólo 46 normales; 36 ilegítimos; 33, inmorales sexuales, sobre
todo prostitutas; 24, alcohólicos; 3, epilépticos; 3, criminales y 8, gerentes de
burdeles. Posteriormente, el mismo soldado se casó con una joven de buena
familia; en esta rama, se identificaron 496 descendientes entre los cuáles sólo uno
era anormal mental y ninguno criminal.

Según Goddard, el comportamiento de la familia Kallikak demuestra que el


criminal no nace, sino que se hace; el centro de las causas del delito lo ocupa la
debilidad mental hereditaria. El débil mental se halla en inferioridad de condiciones
para adaptarse a las exigencias sociales. Allí donde éstas son bajas, el débil
mental se adaptará; pero si las exigencias son mayores, se presentará una
desadaptacipn capaz de llegar hasta la delincuencia. El criminal congénito ha
pasado de moda con el advenimiento de la debilidad mental al problema. El
criminal no nace, se hace. EI llamado criminal tipo es simplemente un débil
mental, un ser incomprendido y maltratado, arrastrado a la criminalidad para la
cual está bien dispuesta por naturaleza. Es la debilidad mental y no la criminalidad
hereditaria la que importa en estas condiciones. Hemos visto el producto final,
pero hemos fracasado en reconocer el carácter de la materia prima” (6). Goddard
llegó a s poner que el propio criminal nato de Lombroso era un débil mental.

Es evidente que, en algunas circunstancias, la debilidad mci tal puede llevar a la


delincuencia; pero no por eso puede ser aceptada con el alcance tan general que
le atribuye Goddard. No se deben olvidar viejos argumentos en contra de ella,
como los siguientes: a) Si bien la escasez de poder crítico de los débiles mentales
los torna fácilmente sugestionables por un ambiente indeseable, lo mismo ocurre
en relación con el buen ambiente. b) No toda debilidad mental es atribuible a la
herencia probablemente la mitad de los casos se debe a otras causas, como los
accidentes, mala nutrición, enfermedades, etc. También se ha hecho nota que

14
atribuir debilidad mental a la muchacha que originó al clan Kallikak es algo
arriesgado dado que tal diagnóstico se hizo en tiempo muy posterior.

Otros estudios sobre familias criminales fueron realizados sobre todo en Estados
Unidos y Alemania. Podemos citar los que siguen.

En el clan Hill, toma lugar de protagonista el alcoholismo; de 757 miembros


investigados, 320 eran ebrios graves; 28 medios: 24 tenían tendencias criminales;
10 eran ladrones habituales; 20 mendigos; 35, mantenidos por el Estado y 8,
prostitutas. Este estudio, como otros, toma en cuenta tanto las conductas
socialmente indeseables como los delitos en sentido estricto y tras lada el
problema hacia la herencia de anormalidades físicas mentales, al que luego nos
referiremos.

En la obra de Reckless, se da el siguiente resumen acerca de porcentaje de


delincuencia en las principales familias investiga das por considerárselas
criminales: "Kallikak, 0,3; Rufer, 1; Nani 1; Marcus, 2; Hill, 4; Dack, 4; Jukes. 6;
Zero, 7; Viktoria, 33 Anale 88. Los altos porcentajes en los dos últimos casos, se
sostiene, son debidos a la inclusión de dificultades domésticas menores, insultos y
faltas, en el inventario de los delitos" (7).

Como se advierte, este método no ha llegado a demostrar que la herencia tenga


una importancia determinante y muy alten. la aparición del delito. Ni siquiera los
porcentajes arriba mencionados, sobre familias especialmente seleccionadas,
prueban un alto determinismo hereditario. En todo caso, habría que analiza por
qué la mayoría de los miembros de esas familias no delinque. Se ha sostenido,
con muchas razones, que lo más probable es que la delincuencia, en los casos
citados, pueda atribuirse al contagio adquirido en un ambiente hogareño
particularmente dañino.

El caso de la familia de Jonathan Edwards ha sido señalado en Estados Unidos


como una prueba de la debilidad de este método. Aquella familia es mencionada
como modelo de honradez y de contribución al país. Pero el padre de Jonathan
Edwards se casó dos veces: la primera, con Isabel Tuthill de la que se divorció por
adúltera. Quizá la conducta de Isabel Tuthill procediera de alguna causa familiar
15
pues uno de sus hermanos había matado a otro hermano; otro, a un hijo. Del
segundo matrimonio, con una mujer de reconocidas virtudes, tuvo una larga
descendencia que nunca salió de la mediocridad. En cambio, Jonathan Edwards
fue hijo de Isabel Tuthill. De su estirpe, fueron investigados 1394 descendientes el
año 1900; entre ellos, estaban un vicepresidente de Estados Unidos, médicos,
abogados, educadores, periodistas, teólogos, militares, marinos, etc., en
abundancia v de destacadas cualidades. Si admitiéramos una criminalidad de
origen hereditario, ¿no debió haber sido la familia de Jonathan Edwards un
ejemplo de criminalidad más convincente que el de los Iukes? Este caso parece
demostrar, por el contrario, que hasta algunas influencias perjudiciales de familias
anteriores pueden ser anuladas por la excelencia del hogar en que los niños se
crían.

En las investigaciones modernas se tiende a abandonar el caso de las familias


cuyos antecedentes son difíciles de establecer científicamente, por lo antiguos, y
se estudia sólo a pocas generaciones, aquéllas sobre las que se pueden
conseguir datos firmes.

4.- ESTUDIOS SOBRE MELLIZOS. Hay dos tipos de mellizos; los univitelinos,
monocigóticos o idénticos y los bivitelinos, dicigóticos o fraternos. Los primeros
proceden de un solo huevo o cigoto que, en una etapa posterior a la concepción,
se esconde para dar lugar a dos o más seres; por tanto, si recordamos cómo se
produce la multiplicación celular, podemos afirmar que los mellizos idénticos
tienen la misma carga hereditaria. Los mellizos bivitelinos, por el contrario,
proceden de óvulos distintos, independientemente fecundados por los
espermatozoides; la independencia de los procesos de fecundación hace que las
combinaciones genéticas sean tan variadas como las de los hermanos corrientes.

Si los mellizos univitelinos coinciden en su conducta criminal pese a haberse


criado en ambientes distintos, la delincuencia tendrá que atribuirse al factor o los
factores comunes, o sea, precisamente a los hereditarios. Si, por el contrario,
muestran conductas discordantes en relación con el delito, tal discordancia no
podrá atribuirse sino a los factores diferentes, es decir, a los ambientales. No
podrá llegarse a
16
ninguna conclusión en caso de que el ambiente sea semejante para los dos
gemelos univitelinos.

En el caso de los mellizos bivitelinos, si la herencia tiene papel preponderante, se


deberán encontrar más discordancias que concordancias puesto que, aunque
nacidos de parto múltiple, tienen genotipos diferentes.

Lange -quien, según vimos, creó este método- estudió treinta parejas de mellizos:
trece de univitelinos y diecisiete de bivitelinos. En diez de las primeras encontró
que, cuando uno de los mellizos había delinquido, el otro también lo había hecho:
en los tres casos restantes había delinquido uno solo de la pareja. Entre las
diecisiete parejas de bivitelinos, en dos casos habían delinquido ambos mientras
que, en quince, sólo uno. De estas cifras, Lange extrajo una conclusión
terminante: "Los mellizos monovitelinos se comportan frente al delito de una
manera preponderantemente concordante mientras que, en cambio, los bivitelinos
lo hacen de una manera preponderantemente discordante. De acuerdo con la
importancia del método de investigación de los delitos, debemos, por tanto,
deducir la consecuencia de que la disposición juega un papel preponderante en
absoluto, entre las causas del delito" (8).

Paro tal conclusión puede calificarse por lo menos de prematura. Fue Sutherland
el que inició una crítica sistemática, desde el primer momento, contra el nuevo
método, cuyas limitaciones señaló de la siguiente manera:

a) No estaba claramente determinado el método de selección de casos. Unos


fueron extraídos de las prisiones bávaras; otros, del Instituto Psiquiátrico
Germano. Como no se aclara la procedencia de cada pareja, es probable que los
resultados dependieran también de la común psicopatía en la pareja de mellizos y
no sólo de causas hereditarias.

b) No se puede garantizar que se emplearan métodos seguros para clasificar a los


mellizos en uni y bivitelinos pues se los había investigado ya adultos; pero el único
método seguro es aplicable sólo en el nacimiento.

17
c) Casi la mitad de los mellizos eran de tipo "espejo": uno era igual a la imagen
reflejada del otro; así, si uno era diestro, el otro era zurdo. Esto prueba que aun la
semejanza física no es tan exacta como se pretende, fuera de que estas
diferencias pueden tener repercusiones biológicas y psíquicas más profundas.

d) Si la criminalidad de los mellizos univitelinos se deben razones hereditarias,


debió haberse demostrado que también había criminalidad en los ascendientes,
quienes presuntamente la habrían transmitido; pero el estudio de Lange sólo
demostró que había criminalidad en dos de los diez casos de concordancia.

e) El ambiente social de los univitelinos y las reacciones que en él provoca son


mucho mas semejantes que en los casos de hermanos corrientes o de mellizos
fraternos. Eso se debe a que los mellizos univitelinos son muy semejantes entre sí
y siempre del mismo sexo,

Sutherland ofrece dos posibles explicaciones a la elevada concordancia que los


mellizos univitelinos muestran ante el delito. Ambas posibilidades no se ligan con
lo hereditario y son: a) Los mellizos univitelinos son seres anormales; quizá la
división del poder vital del cigoto primitivo pueda explicar las anormalidades
criminales posteriores; b) los univitelinos proceden, en general, de hogares con
penurias económicas, alcoholismo y relaciones ilegítimas todo lo que significa un
mal ambiente para los hijos (9).

Este último punto ya contiene la principal crítica que puede hacerse a los estudios
de Lange e inclusive a otros posteriores: en ellos no se analiza la importancia de
los factores sociales.

Las críticas citadas adquieren relieve si se toma en cuenta que H. H. Newman


comprobó que los mellizos univitelinos muestran significativas divergencias de
carácter cuando son criados en ambientes distintos.

Sin embargo, se advirtió que el método de estudio de mellizos era promisor, de


modo que prosiguieron las investigaciones.

Los estudios de Rosanoff, realizados en Estados Unidos, tuvieron mucha


importancia (10). Amplió el ámbito de las investigaciones acopiando datos
18
referentes

19
a delincuentes juveniles y a niños que presentan problemas de conducta. Fue
además, un acierto el distinguirlos por sexos. Los resultados finales están en el
siguiente cuadro:

CLASES DE MELLIZOS Afectados ambos Afectados uno solo

CRIMINALES ADULTOS:

Univitelinos 25 12

Bivitelinos (del mismo sexo) 5 23

Bivitelinos (de distinto sexo) 1 31

DELINCUENCIA JUVENIL:

Univitelinos 39 3

Bivitelinos (del mismo sexo) 20 5

Bivitelinos (de distinto sexo) 8 32

PROBLEMAS DE CONDUCTA:

Univitelinos 41 6

Bivitelinos (del mismo sexo) 26 34

Bivitelinos (de distinto sexo) 8 21

Para Rosanoff y sus colaboradores, estas cifras demostraban, una vez más, la
decisiva influencia de los factores hereditarios en la conducta criminal y antisocial;
sin embargo, se advierte un argumento en contra en la alta concordancia de los
delincuentes juveniles cuando son mellizos bivitelinos del mismo sexo. Este
estudio puede considerarse superior al de Lange por la mayor cantidad de
materia] y por la distinción por sexos.

Un cuadro general de las principales investigaciones hasta la segunda guerra


mundial, se puede presentar así:

Univitelinos Bivitelinos

20
AUTOR Concord Discor. Concord. Discor.

Lange (1929). 10 3 2 15

Legras (1932) 4 0 0 5

Kranz (1936) 20 12 23 20

Stumpefl (1936) 11 7 7 12

Rosanoff (1934) 25 12 5 23

70 34 37 75

Porcentajes 67,3% 32,7% 33% 67% (11)

También a estos estudios se les hicieron críticas semejantes a las que había
merecido el de Lange. Se agregaron otras. Resalta, por ejemplo, la discrepancia
de los resultados conseguidos por los distintos autores; tal sucede con Legras y
Kranz. Los números son excesivamente bajos para que se puedan sacar
conclusiones definitivas.

Reckless ha hecho notar que, si atribuimos a priori mayor importancia a lo


hereditario, las discrepancias de conducta entre mellizos univitelinos resultan
inexplicables. Tal discrepancia no puede deberse a causas hereditarias porque, en
tal aspecto, los univitelinos son iguales; tiene, por tanto, que deberse al medio
ambiente; pero eso implica reconocer que éste tiene influencia decisiva. Pero
aunque lográramos probar que en los mellizos univitelinos la herencia es
preponderante como causa de delito, no podríamos extraer de tales casos
conclusiones científicas valederas para los demás hombres. El autor señala que
pudo efectuarse una contra prueba que no se ha hecho: consistiría en un estudio
sobre los mellizos en general para ver si son más proclives a la delincuencia los
univitelinos o los bivitelinos (12).

López Rey observa que no se han hecho las distinciones para determinar el tipo
de delito cometido. Si los dos miembros de una pareja gemela han vulnerado el
Código Penal y, en eso, son concordantes, no puede inferirse que también lo
son en lo
21
biológico y caracterológico ya que verían mucho las condiciones qiu inclinan a
tales o cuales tipos delictivos (13).

Estudios posteriores han llegado, en general, a las mismas conclusiones que


alcanzaron los primeros, ya citados. Por ejemplo, Shufu Yoshimasu
(investigaciones en 1941, 1961 y 1965) lanza afirmaciones semejantes a las de
Lange, pero sujetas también a críticas (14). En un análisis que abarca a más de
tres mil mellizos, delincuentes y no delincuentes. Christiansen llega a una
conclusión no extrema: la herencia determina muchos de nuestros caracteres
personales, pero, por sí sola, no parece suficiente para explicar la criminalidad (15).

5.- LA HERENCIA DE LO ANORMAL. Si no se ha demostrado la herencia de lo


específicamente criminal, pueden alcanzarse muchos logros con la investigación
de alguna anormalidad.

Estudios genéticos han demostrado que esa transmisión hereditaria existe, a


veces con carácter dominante, a veces con carácter recesivo. Tales
anormalidades pueden implicar tendencia al delito, sobre todo a algunos tipos
delictivos relacionados con aquellos rasgos. Es decir, habría una transmisión
hereditaria de algunas formas físicas y psíquicas que involucran una mayor
inclinación al delito. Esta afirmación es mucho menos optimista que la de algunos
genetistas, pero se acerca más a la realidad. Sin embargo, en algunos casos,
existe un prejuicio al darse excesiva importancia a lo anormal como si sólo ello
fuera relevante desde el punto de vista criminal; la verdad es distinta: también
caracteres completamente normales pueden explicar la aparición de conductas
delictivas.

Los estudios más importantes se refieren a la oligofrenia, las demencias, las


psicosis, el alcoholismo y las psicopatías, si bien éstas últimas comienzan a ser
puestas en lugar secundario ya que son difíciles de definir y, además, suponen
mucha influencia ambiental. Se ha seguido también el método de relacionar la
delincuencia de unas personas con las anormalidades que se dan entre sus
parientes más cercanos lo que puede servir asimismo para determinar el relieve
del medio ambiente y, en algunos casos, abrí la posibilidad de tomar extremas

22
medidas de protección social,' como la esterilización (16).

23
En los últimos años, ha suscitado mucho interés el caso del cromosoma Y doble,
cuya presencia anormal se ha señalado especialmente en criminales autores de
delitos sexuales y violentos. Como es sabido, la fórmula cromosómica de la mujer
es XX y, la del varón, XY, de donde resulta que este cromosoma Y es
característico de la masculinidad. Hay casos anormales, sin embargo, en que la
fórmula se ha convertido en XYY y hasta en XYYY. Estos varones se caracterizan
muchas veces por ser robustos y tener escaso desarrollo mental junto con
tendencia a la violencia lo que pone en relieve una relación entre las
características naturales y la predisposición a los delitos señalados, si bien no
puede dejarse de lado el hecho de que las investigaciones hayan mostrado que
los criminales de fórmula XYY provienen generalmente de sectores en que las
condiciones ambientales son malas.

Habla en favor de la correlación el que, al parecer, el número de individuos XYY


es mayor entre los delincuentes que entre los no delincuentes.

Es indudable que, de esta manera, se ha descubierto un nuevo factor


cromosómico capaz de influir en la delincuencia. Pero tienen que evitarse las
posiciones extremas según las cuales se han descubierto la causa de la
criminalidad violenta. No sólo el asunto sigue en consideración, sino que la
coactuación de factores ambientales es indiscutible. Al fin y al cabo, ya se
conocían hechos similares, como la herencia del biotipo atlético y de la epilepsia,
que apuntan o inclinan hacia la comisión de delitos violentos.

En cuanto a las mujeres con fórmula XXX, no se han realizado todavía estudios
acerca de su criminalidad. Se ha señalado que es frecuente en ellas la debilidad
mental (17).

De lo expuesto en este capítulo, pueden extraerse algunas conclusiones. La


primera es que no se ha probado una transmisión hereditaria y específica al delito.
No se puede dudar de la importancia de la herencia para determinar la conducta
humana; pero esa determinación no es unilateral: supone siempre la cooperación
con los factores ambientales. Se ha analizado especialmente la importancia de la
herencia de caracteres anormales, la que es evidente; pero también la tienen los

24
caracteres normales, por ejemplo, la constitución corporal.

25
iver: Herencia biológica y derecho, pp. 119-129; Varios, Aspectos científicos del problema racial, pp. 76-78; artículo de Jennings titulado las
leyes de herencia y nuestro actual conocimiento de genética humana en el aspecto material.

(2) V. Cousiño Maciver, Loc. Cit.; Jennings, art. Cit., pp. 74-93.

(3) Criminal Behavior, pág. 183.

(4) V. Cousiño MacIver, ob cit., pp. 156-157.

(5) Nombre ficticio derivado de dos raíces griegas que significan “bello” y “malo”.

(6) Goddard, cit. Por Barnes y Teeters, New horizons in Criminology. Pág.117.

(7) Ob. Cit., pp. 184-185.

(8) Cit. Por Mezger, Criminología, pág. 154. Subrayado en el original.

(9) V. Sutherland: Principles of Criminology; pp. 79-81.

(10) V. Taft, Criminology, pag, 65 y Reckless, ob. Cit., pág. 186. Afectados Afectado CLASES DE MELLIZOS, ambos uno solo.

(11) Cuadro contenido en Barnes y Teeters, ob. Cit., pág.

172. (12) V. ob. Cit., pp. 186-188.

(13) V. Introducción al estudio de la Criminología, pp. 131- 132.

(14) Cit. Por Christiansen en su articulo Seroiusness of criminality and concordance among danish twins, incluido en Hood. Criminology and
Punlic Policy, pp. 65-66.

(15) Id. Id., especialmente, pp. 68-77.

(16) V., a este respecto, Hurwitz, Criminología, pp. 68-111.

(17) Sobre este tema de las anormalidades en los cromosomas sexuales, v. la exposición de López Rey en su Criminología, pp. 134-141.

26
CAPÍTULO II BIOTIPOLOGÍA
1.- ANTECEDENTES Y SUPUESTOS. Las relaciones existentes entre los
caracteres corporales y los psíquicos han sido entrevistas desde hace tiempo
tanto por la sabiduría popular como especialmente por los artistas. Pero no sólo se
descubrieron tales relaciones de manera intuitiva y empírica; hace veinticinco
siglos, la escuela hipocrática ya intentó una clasificación caracterológica con
pretensiones científicas y la creación de tipos de validez universal; esa escuela
habló de cuatro temperamentos distinguibles conforme a los humores corporales
predominantes: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. Su base no era del
todo deleznable como lo prueba el que el fundador de la Psicología experimental,
Wundt, partiera de ella para su propia clasificación.

La Biotipología moderna ha confirmado que hay correlaciones entre tipos


corporales y psíquicos, pero la naturaleza de tales correlaciones sigue en la
oscuridad. Son un hecho, peto los enlaces siguen oscuros. Derivan de la
experiencia, que nos muestra continuamente casos; pero no puede decirse que se
haya descubierto el tipo de causalidad. Por ejemplo, podemos comprobar,
diariamente que una persona en que predomina el eje vertical ola secreción
tiroidea tiende a la introversión; pero nadie ve cómo una de esas características
provoca siempre o casi siempre la otra.

La correlación existe, sin duda, pero ante la carencia de explicaciones


comprensibles sobre ella, tiene que ser admitida como un supuesto necesario para
fundar una Biotipología completa, es decir, que considere tanto lo corporal, como
lo psíquico y sus concomitancias (1).

En lo que sigue, no debemos olvidar que nos enfrentaremos con tipos humanos,
es decir, con conceptos abstractos, pero no con realidades concretas. En los
casos individuales, encontraremos mucha mezcla de caracteres; en cambio, los
tipos reúnen sólo los que les son propios con exclusión de los demás. La
advertencia vale la pena para evitar que se pretenda encontrar "tipos" puros en la
realidad -quizá los haya, pero de manera excepcional- o creer que al descubrir
los tipos teóricos no

27
debemos ya tomar en cuenta las complejidades y contradicciones que hay en los
casos concretos.

2.- LA BIOTIPOLOGÍA DE KRETSCHMER. Es la que ha sido más ampliamente


aplicada en Criminología, lo que se debe a su propio valor, pero también a su
simplicidad.

La clasificación kretschmeriana, se asienta en la observación empírica a partir de


la cual se llegan a establecer, por inducción, los distintos tipos somáticos y
psíquicos y sus relaciones.

Desde el comienzo, el autor advierte que los tipos puros son muy raros en la
experiencia diaria. Por eso, dice, "sólo describimos como tipie los valores medios
de estos rasgos superpuestos y acentuados" La complicación es mayor si
consideramos h existencia de intrincados entrecruzamientos entre los distintos
tipos corporales y psíquicos. Las mezclas se dan también dentro de lo psíquico y
dentro de lo corporal. Podremos encontrar, por ejemplo, una emotividad pícnica
junto a una inteligencia más propio del círculo esquizotímico; o una cabeza
asténica implantada sobre un tronco pícnico. Puede admitirse con Kretschmer que
tales entrecruzamientos se deben a las complejas cualidades que se reciben por
herencia.

El autor hizo sus clasificaciones partiendo de la experiencia psiquiátrica. El


material primitivamente estudiado estaba constituido por individuos internados en
manicomios. Sólo posteriormente sus conclusiones fueron generalizadas para
incluir a los normales. Las ventajas de este punto de partida son básicamente dos:
a) la observación sistemática y prolongada a que se puede someter a los
internados, lo que corrientemente no se puede hacer con las personas sanas, y, b)
el hecho de que los anormales no son radicalmente distintos de los normales sino
que presentan una exageración, en más o menos, de cualidades poseídas
también por los sanos; es precisamente esa exageración la que permite observar
mejor las repercusiones de cada condición corporal o psíquica en la personalidad
total, al mostrar los caracteres relativamente aislados. Por lo demás,
investigaciones realizadas en personas normales han comprobado plenamente las

28
afirmaciones de Kretschmer.

29
Desde el punto de vista corporal, este autor distingue tres tipos principales: el
leptosomo, el atlético y el pícnico, y tres tipos menos comunes: el gigantismo
eunucoide, la obesidad eunucoide y el infantilismo eunucoide, englobados bajo la
designación de displásticos.

Desde el punto de vista psíquico, distingue el temperamento esquizotímico y el


temperamento ciclotímico. Esos temperamentos pueden darse en normales y
anormales. Entre anormales, puede tratarse de casos en que apenas se ingresa
en el campo de la anormalidad; se presentan entonces las personalidades
esquizoides y cicloides; en los casos de anormalidad grave (psicosis), las
desviaciones patológicas se denominan, respectivamente, esquizofrenia y psicosis
maníacodepresiva.

La observación mostró a Kretschmer que existe estrecha co-rrelación entre las


formas corporales leptosomas, atléticas y displásticas y la esquizofrenia, por un
lado; por el otro, entre las formas pícnicas y la psicosis maníacodepresiva o
circular. O sea que, cuando los primeros llegan a la enfermedad mental, muestran
su disposición a la esquizofrenia; los segundos, a la manía circular.

Estas afinidades pueden comprobarse en la estadística siguiente sobre un total de


260 casos, de los cuales 85 eran maníacodepresivos y 175, esquizofrénicos.

CONSTITUCIÓN Maníaco Esquizo

CORPORAL depresivos frénicos

Leptosomos 4 81

Atléticos 3 31

Mixtos de leptosomo y atlético 2 11

Pícnicos 58 2

Formas pícnicas mixtas 14 34

Displásticos — 3

Diversos no clasificados 4 13

30
TOTALES 85 175 (3)

El material posteriormente analizado alcanza a miles de casos que han confirmado


los datos contenidos en el cuadro anterior; hemos de acotar solamente las cifras
publicadas por von Rohden acerca de 3.262 esquizofrénicos y 981
maníacodepresivos.

CONSTITUCIÓN 981 maníaco- 3.262 esquizo

CORPORAL depresivos frénicos

Hábito pícnico y sus mezclas 66,7% 12,8%

Hábito leptosomo y atlético 23,6% 66,0%

Formas displásticas 0,4% 11,3%

Formas atípicas 9,3% 9,9% (4)

A continuación, daremos un resumen de los caracteres corporales de cada tipo.

Los leptosomos presentan como nota que primero salta a la vista, "el reducido
crecimiento en grosor de un desarrollo corporal no disminuido por término medio
en longitud. . . (es) una persona delgada, que parece más alta de lo que es en
realidad, de piel enjuta y pálida, de cuyos estrechos hombros penden los brazos
flacos, poco musculosos, y manos de huesos delgados; caja toráxica alargada,
estrecha y aplastada, en la que pueden contarse bien las costillas; ángulo
cartílagostal puntiagudo, vientre delgado y sin panículo adiposo y miembros
inferiores de características semejantes a los superiores" (5). Los rostros son
ovales, con nariz larga; turricefalia frecuente; mentón y frente huidizos (sobre todo
en los esquizofrénicos) lo que unido a la nariz prominente da e) perfil llamado de
pájaro; cuello largo y delgado. Los leptosomos tienen muy desarrollada la
pilosidad primaria (cabello y cejas), con una cabellera en forma de gorro de piel; el
pelo es grueso y cerdoso; la calva, cuando se presenta, es incompleta, "como
comida por los ratones"; la pilosidad secundaria es escasa en la barba y mediana
o escasa en las axilas y los genitales. Dentro de este círculo, hay variedades; bajo
el nombre de leptosomos se incluye a todas ellas, siendo un término medio ideal

31
que comprende

32
desde las figuras delgadas y raquíticas -a las que suele denominarse asténicas-
hasta las esbeltas, tendinosas, gráciles y con cierto desarrollo muscular, que se
acercan al tipo atlético.

En cuanto a éste, "se caracteriza por el intenso desarrollo del esqueleto, de la


musculatura y también de la piel. La impresión producida por el más perfecto
ejemplar de este grupo es la siguiente: un hombre de talla entre mediana y alta, de
hombros notablemente anchos y resaltados, caja toráxica robusta, abdomen
tenso, con el tronco menguante hacia abajo, hasta el punto de que la cadera y las
piernas, a pesar de su robustez, parecen casi gráciles en comparación con los
miembros superiores y especialmente con el hipertrófico (6) cinturón escapular. La
recia y alta cabeza descansa erguida en el robusto y largo cuello, en el que los
rígidos contornos oblicuos del músculo trapecio imprimen, su sello característico al
encuentro del cuello y el hombro visto por delante".

"Los contornos del cuerpo quedan dominados por las convexidades de la


musculatura, recia e hipertrofiada, que destacan como en relieve plástico. Las
prominencias óseas resaltan especialmente en la configuración facial; la recia
estructura esquelética se aprecia sobre todo en la clavícula, en las coyunturas de
manos y pies y en las manos mismas" (7). La piel es gruesa y recia. Los atléticos,
como los leptosomos, suelen tener ciertos rasgos disgenitales, relacionados con
constituciones anormales desde este punto de vista.

Llegado a su edad media, el pícnico "se caracteriza por un desarrollo intenso de


los perímetros cefálico, toráxico y abdominal, y por la tendencia adiposa en el
tronco, con mayor gracilidad del aparato locomotor (cinturón escapular y
extremidades)''.

"En los casos pronunciados, es típica la figura de talla mediana, contornos


redondeados y rostro ancho y blando sobre un cuello corto y compacto; de la
profunda, ancha y abombada caja toráxica, que se ensancha hacia abajo, nace un
robusto vientre adiposo".

"Los miembros del pícnico son blandos, de líneas suaves, a veces muy delicadas,
escasos relieves óseos y musculares, manos blandas más bien cortas y anchas y
33
algunas veces las muñecas y las clavículas son muy delgadas, los hombros no
son anchos y voluminosos como en los atléticos sino más bien redondos (sobre
todo en las personas de edad), levantados y contraídos hacia adelante, y con una
fuerte inflexión característica en el borde interno del deltoides, en dirección al
pecho. Parece como si todo el cinturón escapular se hubiera retraído por delante
hacia arriba por el abombamiento de la caja toráxica; también la cabeza toma
parte en este desplazamiento estático, pues se hunde hacia adelante entre los
hombros, de manera que el corto y grueso cuello parece desaparecer
paulatinamente, tomando una ligera curvatura cifótica la columna dorsal superior.
El perfil del cuello no es ya esbelto y redondo como en los otros tipos, rematado
por la barbilla a manera de amplio y destacado capitel. En los casos pronunciados
en la edad adulta y senil, la punta mentoniana se une directamente por una línea
oblicua al extremo superior del esternón, sin la característica depresión laríngea
normal" (8).

El rostro es "ancho, blando y redondo y encima el cráneo grande, redondo, ancho


y alargado, pero no muy alto" (9). Es notorio el enrojecimiento de las mejillas y de
la nariz. Es frecuente la doble barbilla en la parte inferior de un rostro
frecuentemente pentagonal. El cabello es suave, pero hay mayor tendencia a la
calvicie que entre los leptosomos, dando lugar a una calva reluciente y pulida; la
barba, regularmente esparcida; la pilosidad secundaria es abundante. La talla
general es la media.

Los caracteres físicos anteriormente descritos para leptosomos, atléticos y


pícnicos toman por base a los varones; pero también se encuentran entre las
mujeres si bien modificados por los rasgos propios del sexo.

En lo que toca a las displastias, se encuentran más en el círculo esquizotímido


que en el ciclotímico, según vimos. Dependen especialmente de mal
funcionamiento de las glándulas endocrinas, sobre todo de las sexuales, de las
que proviene el eunucoidismo.

El gigantismo eunucoide se distingue por el desproporcionado desarrollo de las


extremidades inferiores. Es una lisura delgada en la que se nota un gran

34
desdibujamiento sexual; estatura mayor a la normal con un esqueleto de huesos
delgados. Suelen presentarse graves anomalías en los órganos genitales, lo que

35
también ocurre en los otros tipos displásticos; hay rasgos afeminados:
correspondientemente, en las mujeres se dan rasgos viriloides.

El grupo de la obesidad eunucoide y pluriglandular asume especial relieve porque


son raros los obesos que muestran afinidad con el círculo esquizotímico. Aquí
estamos ante individuos con adiposidad exagerada y deformante, en muchos
casos por influencias pluriglanduläres. Son típicas la escasa capacidad sexual y
las deformaciones de los caracteres sexuales primarios y secundarios.

En el grupo de los infantiles o hipoplásticos, no se incluyen las personas en las


cuales todos los caracteres se han empequeñecido proporcionalmente, sino
aquellas en que existen desproporciones y deformidades en que las hipoplasias se
mezclan con las hiperplasias. Las hipoplasias se dan sobre todo en el rostro, las
manos y la pelvis. La pilosidad secundaría es escasa. Poco desarrollo de los
caracteres sexuales que, igual de otros, parecen haberse detenido en un momento
infantil o puberal, aunque el individuo ya haya superado tales períodos de la vida.

En cuanto al temperamento, recordemos que, por un lado, tenemos la línea


esquizotímicos normales - esquizoides - esquizofrénicos y, por otro, la línea
ciclotímicos normales - cicloides - maníacodepresivos.

Lo fundamental en la investigación de los temperamentos es el estudio del


genotipo cuyo conocimiento permite entender las variantes e imbricaciones
temperamentales que se presentan en cada individuo.

El grupo de la ciclotimia se caracteriza por la denominada proporción diatética que


significa un oscilar entre los polos de la alegría y de la tristeza, a veces con
predominio de una u otra. En efecto, no existe aquí un tipo unitario único sino
variedades alrededor de la característica central enunciada. Ya entre los mismos
pacientes maníacodepresivos se encuentran os tipos siguientes: 1) el "sociable,
cordial, amable, afectuoso; 2) alegre, humorista, animado, fogoso; 3) callado,
tranquilo, impresionable, blando" (10).

Todos ellos son socialmente tratables, aunque en diverso grado; poseen una gran
afectividad (nada más ajeno a ello que la frialdad de los esquizotímicos).

36
Sintonizan

37
con el medio ambiente, a cuyas influencias nunca son indiferentes. Realistas y
prácticos hasta llegar a veces a tener una actitud materialista hacia el mundo y la
vida. No encontraremos en los ciclotímicos gran consecuencia con los ideales ni
rígida constancia en los medios para alcanzarlos; también en estos sectores se
presenta una gran adaptabilidad ante las exigencias prácticas por encima de la
fidelidad a los principios; por eso, no hallaremos entre los ciclotímicos los excesos
del fanatismo. Se destacan como oradores fogosos, comerciantes, políticos
realistas, empresarios audaces. Pero al lado de cualidades generalmente útiles
para la sociedad, suelen darse inclinaciones a la "dipsomanía, al derroche, al
desenfreno sexual" (11). En cuanto a la reactividad, es directa y franca, nunca
complicada y fría.

Mucho más complejas son las naturalezas pertenecientes al círculo de la


esquizotimia. Los ciclotímicos tienen superficie; los esquizotímicos, superficie y
fondo; éste representa una parte mayor y más importante que aquélla en relación
con el todo. Quien sólo conozca la superficie, sabrá muy poco de un
esquizotímico; más como nuestra capacidad cognoscitiva tiene que detenerse en
la superficie, ya que nos es imposible introducirnos en la intimidad ajena, podemos
asegurar que hay muchos esquizotímicos que se rozan diariamente con nosotros,
pero que siguen presentándosenos como enigmas, aun después de años de trato
mutuo.

Escasean las manifestaciones externas; pero, en cambio, la vida interior es rica y


llena de sorpresas. Estas riquezas y sorpresas las reservan para sí mismos, pues
viven encerrados en sí mismos, como divididos (esquizo significa escindido) del
mundo externo y de los demás hombres; Bleuler llamó autismo a esta
característica. Autismo que va desde el hosco retraimiento propio de algunos
esquizofrénicos hasta la delicadeza tierna y tímida de ciertas naturalezas que se
sienten heridas inclusive por los estímulos corrientes de la realidad.

Lo anterior explica la dificultad que existe para estudiar a estas personas. Sin
embargo, se ha logrado reunir los rasgos típicos en tres grupos que son los
siguientes: "1) Insociable, sosegado, reservado, serio (sin humor), raro. 2) Tímido,
esquivo, delicado, sensible, nervioso, excitable, aficionado a la naturaleza y los
38
libros. 3) Sumiso, apacible, formal, indiferente, obtuso, torpe" (12).

39
Todos se hallan dentro de la proporción llamada psicoestética que designa a los
temperamentos que se mueven, no entre la alegría y la tristeza, como los
ciclotímicos, sino entre la excitabilidad y la apatía, la hipersensibilidad y la frialdad
afectiva; pero no se inclinan a un extremo con exclusión del otro; son excitables y
apáticos, fríos y sensibles, al mismo tiempo; por eso se dice que los
esquizotímicos no sólo están escindidos del mundo sino también dentro de sí
mismos, presentando rasgos complicados y contradictorios. Kertschmer cita a
Strindberg, posteriormente esquizofrénico, quien se describe así: "Soy duro como
el hielo y, sin embargo, delicado hasta lo sentimental" (13).

El esquizotímico nunca llega a sintonizar de manera plena con el mundo y la


sociedad; suele tener una actitud aristocrática de aislamiento general, aunque
acepte pequeños círculos de amistades; se forja mundos imaginarios propios que
lo alejan del real; se refugia en la poesía, la lejanía histórica o geográfica, en
filosofías abstractas y sistemáticas; por eso mismo, son poco prácticos.

En cuanto a la marcha y ritmo de los procesos psíquicos, es frecuente que


aparezcan saltos bruscos e inexplicables para quien observa desde fuera.

La esquizotimia se halla con sus notas más puras en los leptosomos; en atléticos y
displásticos, suelen presentarse caracteres diferenciales, si bien insuficientes para
justificar la creación de un círculo temperamental aparte.

Desde el punto de vista criminológico conviene destacar algunos rasgos de los


atléticos. Son individuos lentos, pausados y hasta toscos en el aspecto
psicomotor; se dedican especialmente al atletismo de fuerza; reaccionan poco
ante los estímulos y son poco precisos en sus movimientos, sobre todo en los
casos en que se necesita más delicadeza que fuerza; poco inclinados a las
reacciones nerviosas por lo cual difieren de los leptosomos. Son típicas en ellos la
denominada viscosidad psíquica y la gran tenacidad en los propósitos y en la
conducta; pero suele ocurrir que, de pronto, el ritmo lento y reposado se acelera
hasta límites inconcebibles, dando lugar a la clásica explosividad de los atléticos,
durante la cual pueden cometer los mayores excesos; este hecho explica la
tendencia a encontrar afinidades entre la

40
epilepsia y la constitución atlética, al mismo tiempo que justifica el que no se
considere a los atléticos como simples esquizotímicos.

Particular relieve tiene el desarrollo de la sexualidad para el estudio de las


relaciones entre la constitución y el delito. En los ciclotímicos la sexualidad es
franca, directa, cálida y natural, con escasas aberraciones del instinto. En los
esquizotímicos, por el contrario, es complicada y contradictoria, con mayor
frecuencia de los extremos de hipersexualidad y de debilidad sexual. A veces,
ambos extremos se suceden en cortos intervalos en la misma persona; las
aberraciones instintivas son más frecuentes que en los ciclotímicos, sobre todo la
homosexualidad entre los leptosomos.

3.- CRIMINALIDAD DE LOS TIPOS KRETSCHMERIANOS. Son numerosas y


altamente instructivas las aplicaciones que la Biotipología de Kretschmer ha tenido
en el terreno criminológico.

Daremos a continuación, un resumen de los datos y conclusiones a que ha sido


posible llegar.

Hay que partir del principio de que la Biotipología, aunque importante para explicar
el delito no prescinde ni puede hacerlo de las influencias ambientales, según el
propio Kretschmer reconoce.

Kretschmer considera que ofrecen particular interés los delincuentes habituales


porque en ellos predominan los factores individuales sobre los sociales -afirmación
discutible, por lo menos si se pretende darle vigencia absoluta-. Mucho más
discutible es la opinión de que los delincuentes profesionales y habituales son
psicópatas. Para sostener esta tesis, Kretschmer se basa en una regla, que él
llama externa y que le sirve de criterio. Según esa regla, se designan "como
psicópatas a aquellas personas que, por motivo de su estructura temperamental,
tropiezan con dificultades de adaptación al medio común, haciendo sufrir a la
comunidad o sufriendo en el seno de ella" (14).

No se puede negar ni que la falta de adaptación social sea un signo que, unido a
otros, permita deducir que una persona es psicópata ni que el delito significa en

41
muchos aspectos una falta de adaptación social. Pero de esto a asegurar que todo
delincuente profesional o habitual es un psicópata, hay mucha distancia. Piénsese,
por ejemplo, en el caso de un adúltero habitual y que se relaciona con varias
mujeres, supongamos prostitutas, en un país donde el adulterio constituye delito:
sería delincuente y, por añadidura, psicópata. Pero si se traslada a Bolivia o si en
su patria queda abolido ese tipo penal, sus actos ya no serán delictivos y
desaparecerá la base principal para que se lo considere psicópata. ¿Es que la
mera vigencia de una norma penal es suficiente para establecer que alguien es
psicópata? Ciertamente, el concepto de psicopatía no es puramente natural; pero
tampoco se halla tan estrechamente ligado con lo penal.

En cuanto a la delincuencia por tipos, desde un comienzo podemos suponer que


los ciclotímicos serán menos delincuentes que los esquizotímico; La ciclotimia es
un temperamento más adaptable a las exigencias sociales. La esquizotimia, por el
contrario, se da en individuos autistas, hoscos, independientes del medio con el
cual se suelen colocar en oposición, a veces violenta. El primero es un
temperamento en el que abunda la simpatía cálida hacia los semejantes; el
segundo se distingue por su frialdad sentimental acompañada de fuerte dosis de
incomprensión para con el prójimo. Las investigaciones han confirmado esta
suposición.

En lo que toca a estadísticas de delincuencia general, es claro el siguiente cuadro


de distribución de criminales según los tipos kretschmerianos y su relación con los
porcentajes en que dichos tipos se encuentran en la población normal.
Designamos con "1" a los leptosomos, con "a" los atléticos y con "p" a los
pícnicos.

1 a P

Población adulta normal 50 30 20

EN LOS CRIMINALES:

Halle (150 sanos) 52 40 8

Niet leben (91 enfermos mentales) 42 45 13


42
Kiel (100 sanos) Graz (225 sanos) 30 32 57 11

43
Graz (225 sanos) 32 58 10

En conjunto 40 50 10 (15)

Si bien este cuadro ha recibido algunas críticas, sobre todo en relación con el
hecho de que los criminales pertenecen a distintas regiones en las que quizá
cambie el porcentaje en que se distribuye la población normal (la citada pertenece
a Suabia), sin embargo, en sus líneas generales, la conclusión final no puede
menos que ser aceptada. Nos damos cuenta de que el primer lugar en la
delincuencia general lo ocupan los atléticos, siguen los leptosomos y sólo en el
último puesto se hallan los pícnicos.

También se han podido comprobar diferencias en otros aspectos, por ejemplo, el


de la criminalidad en relación cotí la edad. Schwaab proporciona datos
significativos. Los leptosomos se inician temprano en la delincuencia, entre los 14
y los 19 años, inciden menos en ella entre los 30 y los 50 años, para luego iniciar
una nueva alza. Los pícnicos no muestran particular propensión a comenzar
temprano, pero dan índices de delincuencia crecientes entre los 25 y los 50 años,
edad en que, más o menos, el número de delitos se estabiliza en un nivel alto. En
cuanto a precocidad, los atléticos ocupan un lugar intermedio entre leptosomos y
pícnicos, pero mantienen luego un nivel de criminalidad constante hasta los 55
años, cuando se presenta una declinación. La línea más firme y sostenida es la de
tos displásticos. Lo mismo sucede con las formas mixtas, pero con la diferencia
desque, al contrario de los demás tipos, su criminalidad crece a partir de los 55 ó
60 años (16).

Ya Ferri había afirmado que los delincuentes habituales típicos se inician


precozmente. Schwaab lo ha confirmado, aunque por otro camino, al comprobar
que los pícnicos, que no dan gran porcentaje de delincuentes prematuros,
tampoco contribuyen apreciablemente en las cifras de delincuentes habituales; los
pícnicos escasean cada vez más a medida que Se agrupan los delincuentes
habituales por un creciente número de reincidencias; son menos, por ejemplo,
entre los que han sido condenados ocho veces que entre los que lo han sido
cuatro veces. Precisamente lo contrario sucede con los leptosomos, atléticos y

44
displásticos que, de tal modo, muestran clara inclinación a la reincidencia (17).

45
Resalta, consiguientemente, la escasa corregibilidad de los atléticos, leptosomos y
displásticos, al lado de la corregibilidad de los pícnicos. Ya en 1923, Vierstein,
estudiando a 150 reclusos de Straubing, encontró entre los esquizotímicos un 58%
de incorregibles y un 20% de corregibles mientras que, entre los ciclotímicos,
había un 12% de incorregibles y un 65% de corregibles (18). Tal hecho está de
acuerdo con las características temperamentales; ya vimos que el ciclotímico es
de fácil adaptabilidad y se somete a las influencias externas -de las que
fundamentalmente echan mano los intentos correctivos-, mientras que los
esquizotímicos resisten a las influencias ambientales y suelen presentar una
personalidad terca y persistente en todo tipo de comunidad, incluyendo la
penitenciaria.

Otro punto importante es el de la relación entre los tipos kretschmerianos y los


tipos de delitos. De las investigaciones de Schwaab y Rield pueden extraerse
significativas conclusiones. Los atléticos se inclinan preferentemente a los delitos
en que prima la fuerza bruta, a los delitos violentos contra las personas y las
cosas. En cambio, su número escasea notablemente en los delitos de estafa y
afines, que tienen un carácter intelectual, frío y premeditado por excelencia. Esa
forma de conducirse está de pleno acuerdo con los elementos explosivos que
integran el temperamento del atlético; tales elementos, de tipo epileptoide en
ciertos casos, no son sino secundarios en la población atlética normal, pero
abundan y son más claros entre los atléticos delincuentes.

Los displásticos no se destacan especialmente en ningún tipo de delito salvo los


dirigidos contra la moral. En este caso, generalmente los cometen sin violencia.
Esta forma de conducirse puede explicarse por las anomalías endocrinas que son
propias de los displásticos. Suelen darse en ellos impulsos anormales en lo
sexual, lo que puede llevarlos a la comisión de delitos sexuales en que se
manifiestan aberraciones del instinto.

Los leptosomos se destacan en dos sentidos: en los delitos contra la moral y los
cometidos con violencia, quedan por debajo de los otros grupos. En cambio,
descuellan en los delitos de robo y estafa. Tales hechos se explican por ser los
leptosomos autistas, no inclinados a las reacciones impulsivas directas. Su poder
46
sexual es frecuentemente inferior al medio. Tampoco cuentan, sobre todo en la
variedad asténica, con la fuerza necesaria para hacerla valer en sus actividades
delictivas. Pero son individuos fríos, calculadores, inteligentes, indirectos en sus
reacciones lo que los faculta especialmente para la estafa, delito en el cual ocupan
el primer lugar entre todos los grupos.

Los pícnicos escasean mucho en el grupo de los ladrones, menos en los delitos de
violencia y están en mayor número en el grupo de los estafadores. Esta forma de
conducirse frente al delito puede explicarse porque los pícnicos se adecúan al
medio ambiente en el que les toca desenvolverse, pero tienen una excitabilidad
pronta ante ciertos estímulos externos, la que dura poco tiempo y luego da lugar al
arrepentimiento. Su agilidad mental y su forma de integración en la sociedad, en
que se dedican mucho al comercio y la industria, explican su alta participación en
los delitos de estafa. Su constitución endocrina suele impulsarlos a cometer delitos
contra la moral si bien se hallan ausentes las aberraciones.

La vagancia y la mendicidad se dan fundamentalmente en i los individuos del


círculo esquizotímico. Los ciclotímicos se inclinan a otras formas de conducta
antisocial (19).

CONCLUSIONES. Lo primero que hay que recordar es que los tipos son eso:
tipos, o sea, entes ideales abstractos cuyo conocimiento no es suficiente para
lograr otro exhaustivo del caso concreto; éste es siempre más rico en cualidades
pues fuera de las "típicas" o generales contiene las individuales, irreductibles a
esquemas abstractos. Todo tipo es abstracto; pero el delincuente es real y
concreto. Esta limitación, inherente a toda Biotipología, ya la vio el mismo
Kretschmer: "No es que la Biología constitucional sea hoy algo perfecto; pero, de
todos modos, ni en el orden heredobiológico ni en el criminobiológico puede
prescindirse de ella; no hay otro recurso que el colaborar en su desenvolvimiento"
(20).

Exner ha considerado que estas investigaciones sobre delincuentes han logrado


pocas ganancias netas (21). Tal afirmación peca de pesimista, según puede
comprobarse echando una ojeada a las páginas anteriores. Pero hay que tenerla

47
siempre presente para evitar un peligro en que se puede fácilmente incurrir: el de

48
pensar que la Biotipología es algo así como una llave maestra que abre la puerta
de la comprensión de todo lo relacionado con el delincuente; eso no es verdad.
Por este camino, llegaríamos a atribuir a la Biotipología un rigor y una
universalidad que ni sus autores quisieron darle; así se retornaría, aunque de otra
mañero, a Lombroso: así se concluiría con imposibilitar la aplicación de la
Biotipología a los casos concretos a fuerza de querer obligar a éstos a que se
adecúen a aquélla. Se olvidaría que, al subsumir el caso concreto en un tipo, nos
limitamos a reconocer en aquél los rasgos generales, dejando de lado lo estricta e
irreductiblemente individual, lo atípico; con tal error de partida se puede llegar a
consecuencias indeseables ya que tipificar no es todo. Los tipos nos dan meras
pautas de orientación para el estudio de la realidad. No corresponden a cada caso
concreto totalmente considerado; son términos medios, como ya vimos; se trata de
medias matemáticas que no pretenden recoger toda la enorme variedad cualitativa
de lo real. Por lo tanto, si bien hay que usar la Biotipología, no hay que creer que
ella lo logre todo.

Por otra parte, puede correrse el riesgo, en los estudios biotipológicos, de que
todo se detenga en el estudio del tipo con lo que se cometería otro error que el
mismo Kretschmer ha evitado al tomar también en cuenta los factores
ambientales.

Vemos, pues, que la Biotipología kertschmeriana -como las demás- tiene riesgos
que pueden ser evitados con sólo recordar las advertencias de su creador.

Más serias nos parecen otras objeciones. Por ejemplo, en relación con los
atléticos pues ellos suelen presentarse más como tipos intermedios entre
leptosomos y pícnicos que como tipo independiente. Fuera de que resulta poco
coherente el que haya un sólo temperamento característico de dos tipos
constitucionales (22). Además, aún no están claras las implicaciones existentes
entre la raza y el biotipo, el grupo socioeconómico al que se pertenece, la forma
de vida; entre estos aspectos existen relaciones que no han sido enfocadas con la
suficiente amplitud por la Biotipología. Piénsese, por ejemplo, en los caracteres
típicos kretschmerianos y si pueden aplicarse, lisa y llanamente, para hacer una
clasificación de los delincuentes
49
bolivianos con tanta exactitud como la alcanzada en Alemania donde el material
humano es más o menos uniforme y se halla bien estudiado.

4.- OTRAS BIOTIPOLOGÍAS. Fuera de la de Kretschmer, existen otros tipos de


Biotipología, algunas de ellas quizá más completas. Pero aquí nos interesan
especialmente las aplicaciones criminológicas; en tal aspecto, la de Kretschmer
lleva, sin duda, la delantera. Hay, sin embargo, otras en que ya se han realizado
algunas investigaciones; nos referiremos a las de Jung, Pende y Sheldon.

Según Jung, hay básicamente dos tipos humanos: el introvertido y el extravertido


que son variaciones de un tipo central, el ambivertido. Para establecerlos, hay que
considerar aquello a que se dirige prevalentemente la libido (23), o sea, las
tendencias instintivas. Pueden dirigirse estas hacia objetos externos o hacia la
propia interioridad del individuo. En el primer caso, el objeto atrae y casi asimila al
objeto; en el segundo, el sujeto se retrae sobre sí mismo y conserva su
independencia frente al objeto. El extravertido es un hombre que se adecúa
fácilmente al ambiente a cuyos vaivenes está sometido. Por el contrario, el
introvertido es más independiente del medio que no haya una receptividad grande
en el sujeto, Jung no piensa que los tipos mencionados sean excluyentes; se los
clasifica conforme a la tendencia que predomina y nada más. Esta distinción,
como se ve, incluyó mucho en autores posteriores. Et introvertido es similar al
esquizotímico y el extravertido, al ciclotímico (24).

Nicola Pende domina en la Biotipología italiana; pone especial énfasis en las


condiciones celulares y hormonales de las que depende el temperamento.
Distingue cuatro tipos corporales fundamentales caracterizados por el valor
relativo de las medidas longitudinales y la proporción de las partes: el longilíneo
esténico, el longilíneo asténico, el brevilíneos esténico y el brevilíneo asténico. En
lo temperamental, los longilíneos son taquipsíquicos, de reacciones rápidas e
inestables; los brevilíneos, lentos y estables. Hay variedades, dentro de estas
líneas generales. Esta Biotipología ha sido seguida por los autores italianos y
especialmente por di Tullio (25).

50
Sheldon es creador de la más conocida Biotipología estadounidense. Se basa en
los tejidos que forman el embrión y que luego dan lugar a todo el organismo.
Clasifica a los hombres en endoformos, mesomorfos y ectomorfos que, equivalen,
aproximadamente, a los pícnicos, atléticos y leptosomos de Kretschmer, con los
que guardan también afinidades temperamentales (26). Han sido especialmente
los esposos Glueck los que han aplicado esta Biotipología en sus estudios (27).

LOS CASOS DE BOEHMER

Boehmer ha realizado investigaciones sobre algunos casos especialmente


ilustrativos en relación con la constitución y el temperamento. Dadas sus
peculiaridades, reproducimos tres casos, tal como se hallan transcritos por Mezger
(28).

CASO I

EL CÍRCULO LEPTOSÓMICO: EL ASTÉNICO ASESINO

"El 24 de diciembre de 1925, alrededor de las 11 de la mañana, fue encontrado el


rentista S., de ochenta y dos años de edad, muerto en su cama, con señales
manifiestas de haber sido estrangulado. S. vivía solo. Una pequeña cajahucha que
contenía 260 marcos, y que por las noches guardaba S. en su misma cama, había
desaparecido. El hecho se había llevado a cabo con precaución extraordinaria y
faltaban huellas manifiestas del autor. Las sospechas recayeron de un modo
puramente fortuito sobre el fu turo yerno de la hija de S. Dicho individuo, E., fue
detenido, peto puesto en libertad por falta de indicios suficientes. Interrogado de
nuevo sin éxito positivo, sólo se le detuvo por segunda vez los cinco días de
cometido el crimen. También ahora negó al principio de manera obstinada que
tuviera participación alguna en el hecho. Sólo después de advertencias y
reconvenciones se desmoronó su resistencia a confesar, pero pidió hablar con su
madre antes de hacer nuevas declaraciones. Esta le exhortó a que dijera la verdad
de todo lo ocurrido; pero después que salió la madre manifestó el inculpado que
no podía decir nada más, rogando se le concediera comunicar de nuevo con ella.
Después de esta segunda entrevista, confesó plenamente. Dijo que había entrado

51
por escalamiento. a eso de las ocho de la tarde, en la habitación de S esperando
en el vestíbulo hasta que se apagó la luz del corredor. Después penetró en la
alcoba. Primeramente, se dirigió a la cómoda, y al no hallar en ella la caja, la
buscó en el propio lecho de S., en cuyo momento se despertó este último.
Entonces le metió un chai en la boca para impedir que gritara, a la par que le
cogía la garganta con la mano izquierda. El anciano S. se desplomó privado de
conocimiento. E. tomó una toalla, con la que le ató las manos y le ligó las piernas
con un chai de lana. A continuación, se apoderó de 260 marcos,
aproximadamente, que había en la hucha.

Al salir de la alcoba, puso de nuevo el oído en el pecho de S. comprobando que


vivía aún. Desde allí se fue a su casa, donde compartía la habitación con un
huésped, a quien dio 40 marcos. Se acostó con toda tranquilidad y durmió hasta la
mañana del sP guiente día. Después se compró un sombrero y un abrigo e hizo un
viaje de recreo a Lubeck, y al regresar de allí fue detenido. Durante todo el
proceso negó con gran habilidad haber cometidi un homicidio doloso, y por ello
sólo se le condenó, con arreg1o al párrafo 214 del Código Penal del Reich, a la
pena de reclusión perpetua. Oyó la lectura del fallo con indiferencia cínica,
conformándose al instante, y en los últimos meses, hasta su traslado al
establecimiento penitenciario, no ha mostrado señal alguna de arrepentimiento.

"Boehmer observa respecto a este caso (p. 207): En tal género de comisión de un
homicidio sorprende el hecho de que el autor trabaje con el mayor cuidado, que no
comprometa en ningún instante, su propia seguridad, que combine todo de una
manera perfecta en la preparación y ejecución del delito, que no deje tras sí huella
alguna, que después de cometido el delito atienda en todo momento a su
seguridad y se defienda de un modo en extremo hábil. Este caso, estudiado por
Boehmer, muestra de hecho rasgos esquizoides totalmente genuinos, en lo que
respecta a la frialdad y escisión de su cálculo".

CASO II

EL CÍRCULO ATLÉTICO: EL ATLÉTICO ASESINO

52
"El marinero H., una vez cumplido el tiempo de la condena, fue puesto en libertad.
Durante algunos días erró de un lado para otro sin ocupación alguna. Después, y
a pesar de no tener dinero, se presentó una tarde en un punto de automóviles,
pretendiendo alquilar uno. Intentó atraer con engaños al chófer a un lugar
apartado, sin conseguir su propósito. En la tarde siguiente, acechó en la carretera
a un motorista, le mandó parar y, sin más explicaciones, disparó sobre él dos tiros.
En la mañana del siguiente día. fue localizado por un guarda rural que iba
acompañado do su perro, y huyendo de ellos, saltó detrás de un seto, donde fue
detenido por un labrador. H. hizo fuego sobre éste, causándole una herida mortal
en el cuello, y se dio a la fuga. Toda la policía rural del contorno se puso en
movimiento, y empezó la persecución de H. que, a consecuencia de la
participación en ella de los habitantes, tomó los caracteres de una caza del jabalí.
Por último, fue señalada la presencia de
H. en una granja. Un funcionario de la policía, pistola en mano, se destacó,
conminándole a que se entregara. H., en lugar de hacerlo, se abalanzó sobre él,
entablándose una lucha a brazo partido, en la que H. cayó a tierra; pero pudo
desasirse, y con la propia pistola del funcionario hizo fuego, atravesándole el
corazón con una bala; hirió en el vientre a un campesino, y en la pierna a otro.
Después huyó; pero fue cercado de nuevo al cabo de unas horas, entregándose,
por fin, no sin haber hecho antes algunos disparos contra sus perseguidores,
recibiendo varias heridas por arma de fuego en la lucha y perdiendo un ojo.
También en el curso del proceso y después de la condena a reclusión perpetua
(párrafo 214 del Código Penal del Reich) no mostró arrepentimiento alguno.

"Boehmer observa respecto al caso (p. 208): Este autor procede de modo
totalmente diverso que el asténico. También prepara al principio su acto de
manera cuidadosa; pero pronto es arrastrado por su temperamento. Comete un
asalto absurdo (contra la persona del motorista); en la persecución de que
después es objeto, arriesga sin consideración su propia persona y vida; ni un sólo
instante demuestra temor; sólo se entrega cuando se halla gravemente herido, y
confiesa sonriendo los hechos punibles realizados. Su delito es la cumbre de la
brutalidad y de la violencia; el modo de ejecución, con desprecio absoluto de todas

53
las consideraciones para la vida de sus prójimos, sin precedentes. La actitud de H.
no es ya casi la de un ser humano.

54
De hecho falta en este caso, expuesto por Boehmer, de modo absoluto, la
capacidad de empatía humana, que es característica de la conducta del pícnico++
+++cicloide; en verdad no muestra este caso, como el antes expuesto (I) del
círculo leptosómico, la estilización fría del tipo esquizoide extremo; pero, en
cambio, tanto más claramente la monstruosa explosividad afectiva y la falta de
dominio sobre sí mismo, como se observa con frecuencia en la base atlética, y
acaso evoca ciertos rasgos del círculo epileptiforme".

CASO III

EL CÍRCULO PÍCNICO: EL PÍCNICO ASESINO

"M. es un trabajador, infatigable; las horas que su oficio le deja libre (trabaja en la
confección de zapatillas), y en los domingos, sirve como camarero auxiliar en un
café. Es persona de humor generalmente alegre y un buen padre de familia, y
profesa un amor entrañable por sus dos hijos de corta edad. En los primeros
tiempos, su matrimonio transcurrió felizmente; pero, en los últimos anos, el
carácter algo brusco de la mujer ha contribuido a enturbiar la alegría de antes. En
ocasiones manifestó M. a su cunada el propósito de divorciarse, pero este
pensamiento fue sólo de carácter pasajero. A pesar de todo, las relaciones entre
los cónyuges volvieron a ser cordiales. En los últimos tiempos, se mostró en el
taller más silencioso de ¡o que era su costumbre; con frecuencia aparecía con los
ojos llenos de lágrimas, pero no confeso a nadie sus pesares. Como quiera que
por las noches tenía que atravesar lugares solitarios en pleno campo, creyó
oportuno adquirir una pistola. Un domingo por la mañana, fue, como era su
costumbre, a dar un paseo por el bosque en compañía de sus hijos, llevando la
pistola con el objeto de probarla. Indudablemente no era otra su intención, puesto
que antes del paseo se había comprometido a prestar servicio por la tarde en el
café, sustituyendo a uno de los camareros. Una vez en el bosque jugó durante
algún tiempo con los niños y después se sentó en un banco. De pronto, le vino a la
conciencia la miseria de su situación presente, que hasta ahora nunca se le había
aparecido de tintes tan sombríos, recordando los frecuentes disgustos con su
mujer. Repentinamente, surgió en él el pensamiento de que tenía la pistola en el
bolsillo y asoció con ello la idea de quitarse
55
la vida. Al principio no pensó siquiera en los niños, hasta que su mirada recayó en
ellos. Sin deliberar un solo instante, se sentó en el suelo al lado de sus hijos y les
dio muerte de modo sucesivo con dos disparos que les atravesaron la cabeza.
Después volvió el arma sobre sí mismo, produciéndose una herida en el cerebro
que le privó largo rato de la conciencia; cuando volvió en sí, se encontró con los
dos cuerpos de los niños a su lado y le saltó el pensamiento de que no podía dejar
así a sus hijos en el bosque. Con afecto, arrastró sucesivamente los cuerpos hasta
una cabaña próxima, en cuya operación invirtió más de una hora debido al estado
de debilidad en que se encontraba a causa de la grave lesión sufrida. Después se
colocó al ledo de los cadáveres, pensando que el también moriría pronto. De
nuevo perdió el sentido y sólo al cabo de unís dieciséis horas fue descubierto y
conducido al hospital, donde se consiguió que salvara la vida. Fue condenado con
arreglo al párrafo 213 del Código Penal del Reich (homicidio cometido en estado
de arrebato) a una pena de prisión de duración corta.

"Boehmer observa especto ni caso (p. 209): Este autor, que aparece en la
categoría c los asesinos, no lo es en el sentido de los dos casos anteriores (I y II).
Su acto aparece determinado por la pasión. También puede considerarse este
hecho, como de índole brutal, pero no a la manera de los dos casos precedentes.
Este acto ha surgido de la completa y total posición pasiva del autor frente a la
vida. Los autores de los dos casos anteriores intentaban configurar, a su modo, la
vida misma; M., en cambio, ha sucumbido bajo el peso de ella. Verdad es que este
caso estudiado por Boehmer no reproduce todos los rasgos característicos del
pacnico cicloide, pero de un modo nítido resalta en él la conexión pasiva, no
escindida, con la vida y con el destino".

(1) V. Cousiño Mac (1) Hay biotipologías puramente corporales, como la de la escuela francesa de Sigaud y Mac Auliffe: otras, puramente
psíquicas, como la de Jung.

(2) Constitución y Carácter, p. 17.

(3) Ob. Cit., pág. 38.

(4) Citado por Kretschmer, ob., pág. 39.

(5) Id, id., pág. 19; subrayado en el original.

(6) Bajo el nombre de hipertrofia. Kretschmer no se refiere a algo patológico sino simplemente " a un desarrollo superior al promedio"; id. id.,
pág. 24, nota.

56
(7) Id. id., pp. 24 - 25. Subrayado en el original.

(8) Id., id., pp. 30-31 subrayado en el

original. (9) Id., id., p. 62.

(10) Id., id., p. 159

(11) Id., id., p. 165.

(12) Id., id., p. 179.

(13) Cit., en id, id., p. 181.

(14) Id., id., pp. 276-277.

(15) Mezger, Criminología, p. 135.

(16) Kretschmer. Ob. Cit., p.

283. (17) Id., id., pp. 283-286.

(18) Mezger, ob. Cit., p. 132.

(19) V., id, id., pp. 132-136.

(20) Ob, cit., p. 273.

(21) V. Biología Criminal, p. 250.

(22) Véanse las observaciones del propio Kretschmer, ob, cit., pp. 230-240, sobre las peculariedades de los atléticos.

(23) En el sentido jungiano de fuerza impulsadora inicial, no en el de Freud.

(24) V. Jung. Los tipos psicológicos.

(25) V. Pende, Tratado de Biotipología Humana; tiene un apéndice escrito por di Tullio bajo el título Biotipoología y criminalidad Cer también
las obras de este último autor.

(26) Es un hecho muy significativo el que, pese a discrepancia, la mayoría de las biotipologías estén de acuerdo en puntos fundamentales.

(27) V. especialmente. Sheldon y Eleanor T. Glueck, Physiqne and delinquency, en que aplican los tipos de Sheldon.

(28) Ob. ctti pp. 136-141; Kretschmer, ob. cit., pp. 295 - 300.

57
CAPÍTULO III

EL SEXO

I.- LA CRIMINALIDAD Y EL SEXO. Hace ya más di un siglo, Quetelet hizo notar


que entre la criminalidad de los varones y la de las mujeres había la proporción de
cinco a uno. Los estudios posteriores, si bien han alterado en algo la proporción
establecida por el sociólogo belga, sin embargo, han confirmado el predominio
masculino en el campo criminal. Este simple hecho justificaría el que se dedique
un capítulo especial al estudio del sexo en sus repercusiones criminológicas.

Admitidas las cifras, surge inmediatamente la necesidad de explicar las causas


para tan grande disparidad de conducta; y eso nos lleva a investigar las
circunstancias biológicas, psíquicas y sociales que caracterizan a cada sexo y
determinan su manera de obrar. La mera observación diaria prueba que existen
claras diferencias entre el hombre y la mujer, sea en su constitución, sea en la
forma de conducirse; pero se tropieza con serias dificultades cuando la meta
perseguida es la de fijar algunas conclusiones científicas generales. Esta tarea
nos es imprescindible, pues de ella debe resultar la explicación no sólo de las
discrepancias cuantitativas en la criminalidad de ambos sexos, sino de las
diferencias cualitativas. Deberemos explicar no sólo por qué la mujer delinque
menos, sino también por qué se inclina hacia ciertos tipos de delitos y se aleja de
otros; y por qué, aunque caiga bajo los mismos artículos del Código Penal, sus
delitos presentan peculiaridades que un observador experimentado puede
reconocer sin mayores dificultades.

Tampoco puede afirmarse que el sexo nos interese igualmente en todos los
delitos; con unos se relaciona estrechamente, con otros de un modo más lejano y
general. En resumen, podemos decir que el sexo interesa a la Criminología, por
las siguientes razones:

1) Porque se vincula íntimamente con los delitos sexuales.

2) Porque se asocia frecuentemente con el vicio y el delito (prostitución,


corrupción de menores, encubrimiento, expendio de drogas, juego, etc.).

58
3) Porque ocasiona delitos de tipo no sexual (hurtos, homicidios, lesiones,
etc.) (1).

2.- DETERMINACIÓN DEL SEXO. La determinación del sexo se halla ligada con
la herencia. Los cromosomas —cuerpos encargados de la transmisión de los
caracteres hereditarios— provocan la aparición de ciertos rasgos, entre ellos el del
sexo, en el nuevo ser.

Cada ser posee un número determinado de cromosomas que se asocian por


pares; los miembros de cada pareja son similares y provienen uno de cada uno de
los progenitores. Si el aparcamiento por cromosomas homólogos ocurre para casi
todos ellos, no sucede lo mismo con el par destinado a transmitir el sexo; los
miembros de él son desiguales, lo que puede determinarse por una simple
observación al microscopio. A los miembros del par de cromosomas sexuales se
los denomina X y Y, para distinguirlos entre sí. El primero es el cromosoma
femenino; el segundo, el masculino; sin embargo, es de recordar que mientras la
fórmula de la mujer es XX, la del varón es XY (2).

Pero los caracteres sexuales no dependen exclusivamente de las combinaciones


génicas, sino también de otros factores que pueden acentuarlos, desdibujarlos,
borrarlos y hasta entremezclarlos. Papel protagónico tienen a este respecto, las
glándulas endocrinas. Tampoco pueden dejarse de lado las influencias
ambientales, por ejemplo, la educación afeminada que reciba un niño.

3.- DIFERENCIAS SEXUALES. No todos los caracteres sexuales son modificables


con igual facilidad, ni son igualmente propios de uno u otro sexo. De allí que se
haya presentado la necesidad de clasificarlos en caracteres primarios y
secundarios del sexo, clasificación que tiene gran importancia criminológica.

Houssay los divide así:

Caracteres primarios: Las gonadas (testículos y ovarios); son los que se hallan
más íntimamente relacionados con los cromosomas Y y X.

Entre los caracteres secundarios, se distinguen los genitales y extragenitales que,


a su vez, se dividen en morfológicos, funcionales y psíquicos.
59
Los caracteres morfológicos genitales son los órganos vectores de los gametos y
glándulas anexas, epidídimo, canal eferente, uretra y pene; trompas, útero, vagina,
vulva, clítoris y glándulas anexas. Se hallan constituidas aún antes del nacimiento.

Entre los caracteres morfológicos extragenitales tenemos los senos, la forma


general del cuerpo, la pilosidad secundaria, las cuerdas vocales (después de la
pubertad). Se constituyen en una etapa posterior del desarrollo.

Los caracteres funcionales se hallan estrechamente relacionados con la


constitución.

En cuanto a los caracteres psíquicos (forma especial de comprender, sentir, etc.),


ellos también presentan variantes de sexo a sexo (3).

Estos caracteres están ligados entre sí y sólo de modo excepcional -aunque no


siempre patológico- se dan tipos con rasgos sexuales contradictorios. Ellos suelen
tener gran significación para la delincuencia.

Hasta la pubertad, las principales diferencias existentes entre varón y mujer


residen en los caracteres primarios y en los secundarios genitales. En la pubertad
comienzan a tomar relieve -o simplemente más relieve- los demás caracteres
secundarios, los que lograrán luego su máxima diferenciación durante la vida
adulta (4).

Peso y estatura. De 0 a 16 años, peso y estatura del varón son, por término
medio, mayores en un 5% a los de la mujer; sin embargo, en los momentos de la
pubertad, esta relación se invierte en Ta mayoría de los casos, mientras en otros,
los menos, se produce una nivelación.

Fuerza muscular. Preponderan los varones, en todas las edades; esta


superioridad adquiere su máximo alrededor de los 18 años, en que llega al 50%.

Madurez. Muchas características diferenciales provienen del hecho de que las


mujeres maduran antes que los varones; en Jo referente a la madurez sexual, las
niñas llevan a los niños un adelanto de 12 a 20 meses. Similar ventaja muestran,
en

60
el desarrollo del esqueleto y una algo menor, en la dentición. Pero también las
mujeres decaen antes.

Resistencia a las enfermedades. Es mayor en las mujeres que en los hombres,


sobre todo en las enfermedades infecciosas, excepción de la tuberculosis.

Estabilidad de las funciones. Mayor en el hombre que en la mujer; eso sucede -


dentro del campo de nuestros intereses- en el funcionamiento de las glándulas
endocrinas. Hay que poner en relieve la inestabilidad creada en el aspecto
gonadal por el ciclo especial de la mujer, el que causa transtornos orgánicos y
psíquicos cuya intensidad no puede compararse de ninguna manera con los
ligados con la producción de gametos y hormonas masculinos. Posteriormente,
esta inestabilidad de las funciones femeninas, será complicada aún más durante
los períodos del embarazo, el parto y la lactancia.

Mortalidad. Mucho mayor en los hombres que en las mujeres.

En lo tocante a las diferencias psicológicas, se pueden anotar los acápites


siguientes como especialmente importantes.

Los intereses. En el juego -una de las actividades más reveladoras de niños y


púberes- los varones tienden a los de fuerza, movimiento, ingenio, lucha y
competencia; las mujeres prefieren juegos en que intervienen sentimientos
familiares y maternales, la gracia y la belleza. Mientras los niños se inclinan por los
juegos al aire libre o, más en general, fuera de casa, las mujeres, a los juegos que
se realizan dentro de casa. Sin embargo, comparando estudios antiguos y
modernos, se nota hoy una acentuada tendencia de las muchachas a invadir los
juegos antes reservados a los muchachos, hecho que sin duda proviene de los
cambios en la situación social general de la mujer.

En las lecturas y el cine, los varones prefieren obras de aventuras, combates,


misterio y ciencias; las mujeres se inclinan pollas obras sentimentales, románticas,
de artes femeninas y relacionadas con el hogar.

La acción. Es más agresiva y dominante en los varones; en ellos se dan más


ejemplos de ira, de reacción negativa ante órdenes; son más afectos a las peleas
61
materiales (en las puramente verbales, ambos sexos se encuentran más o menos
equiparados). En estos aspectos no hay diferencias debidas a educación o clase
social, pues en igualdad de condiciones, la relación entre los sexos es la misma.

En lo que toma a la imitación y la sugestión, tienen más importancia en las


mujeres que en los varones.

Conducía social. La mujer es más sociable que el hombre; en ellas las tendencias
sociales se manifiestan más agudamente y con mayor frecuencia. Son más
celosas; están más sometidas que el varón al deseo de lograr la aprobación
social, por la que guían gran parte de su conducta; se hallan profundamente
sometidas a los sentimientos familiares.

Habilidad mental. Cuando se aplican pruebas de inteligencia a grupos numerosos,


no se llega a conclusión alguna que permita afirmar la superioridad de uno u otro
sexo. Sin embargo, so ha observado que los hombres dan mayor "dispersión", es
decir, mayor número de superiores e inferiores mentales; las mujeres se
mantienen en mayor cantidad en los términos medios. También se puede notar
que entre las mujeres hay mayor inclinación al conocimiento intuitivo, al detalle,
aun después de la pubertad; los varones, en tal etapa, tienden al conocimiento
lógico, abstracto y de conjunto.

Atracción por el otro sexo. Es lo normal en la personalidad adulta al extremo de


que la atracción sentida hacia personas del mismo sexo ha sido considerada
entonces una aberración instintiva. fuente de actos socialmente repudiados y de
conductas delictivas. Esta característica suele afirmarse en la etapa final de la
adolescencia; pero es frecuentemente débil o inexistente en edades anteriores, en
que los caracteres secundarios del sexo no están claramente diferenciados.

Un estudio adecuado nos demostrará la enorme importancia que adquieren las


anteriores diferencias, para explicar las formas de delincuencia predominantes en
cada sexo, en las etapas puberales y prepuberales.

62
4.- CRIMINALIDAD MASCULINA Y FEMENINA. Los caracteres anteriormente
anotados arrojan mucha luz para explicar las diferencias entre la criminalidad
masculina y femenina.

Existen diferencias notables en lo que toca al número con que cada sexo
contribuye a las estadísticas de la criminalidad en general. Reckless, al examinar
cifras de varios países, hace notar que las proporciones entre la delincuencia
masculina y la femenina, varían desde un 19,5 a 1, hasta un 3,2 a 1, según la
región de que se trate (5) Dentro de tales proporciones extremas se hallan las del
mundo entero, siempre con predominio de la criminalidad de los hombres sobre la
de las mujeres, hecho que ya comprobaron los precursores y fundadores de la
Criminología.

En Bolivia, las proporciones sobre criminalidad total van de 1 a 5 en lo que toca a


faltas policiales que han llevado a detención de los culpables, hasta una
proporción que alcanza, más o menos, de 1 a 12 en lo que toca a detenidos en
cárceles. Las estadísticas de la Dirección de Investigación Nacional (DIN)
correspondientes a 1977, en su página 16, dan las siguientes cifras de detenidos:
varones, 9.188; mujeres, 1.745 lo que significa una relación de algo más de 5 a 1.

En cuanto a reclusos en la Cárcel de Mujeres y la Penitenciaría de La Paz, el


reducido número de detenidas que hay en la primera ocasiona que pequeñas
variaciones traigan consigo cambios considerables en las proporciones. De los
informes dados en ocasión de las visitas judiciales de cárceles, resulta un
promedie distinto al arriba mencionado. Los últimos datos, correspondientes a abril
de 1978 dan las siguientes cifras: varones, 718; mujeres, 44: es decir, una
proporción de 16 a 1.

Hay razones que permiten aceptar como indudable la verdad que, en líneas
generales, muestran las estadísticas. Sin embargo, es posible que existan motivos
que traen una disminución artificial del número de delitos cometidos por mujeres,
evitando que ellos lleguen a ser sentenciados o se traduzcan en el ingreso de la
delincuente en un establecimiento penitenciario (6).

63
Entre las razones que explican por qué la criminalidad femenina es realmente
menor que la masculina, se hallan los caracteres propios de cada sexo. El hombre
es más activo y participa más en la vida social, lo que puede significarle mayor
número de oportunidades y tentaciones de delinquir; es más agresivo, actitud para
la cual está mejor dotado por su propia constitución. La mujer es más pasiva ante
la vida; corporalmente más débil; se halla más sujeta al control de la familia y de la
vecindad, los que son más laxos con el hombre: desarrolla sus actividades más en
el seno del hogar que fuera de él. Por otra parte, y en lo referente a las leyes, hay
tipos penales definidos de tal manera que sólo o casi sólo pue-den ser cometidos
por hombres (sobre todo ciertos delitos sexuales: violación, rapto, seducción, etc.,
en que la mujer es tomada en cuenta como víctima, pero no como agente). Por fin,
hay delitos a que el hombre se encuentra próximo por la índole de su trabajo,
como sucede, por ejemplo, con los delitos propios de los funcionarios públicos.

Como puede verse, son tanto biológicas, como psíquicas y sociales, las causas
que permiten explicar las disparidades estadísticas consignadas más arriba. Hay
que guardarse aquí de ir a los extremos, dando importancia sólo a los factores
individuales o a los sociales. Las teorías antropológicas, sean o no del tipo
lombrosiano (7) olvidan la enorme importancia de los factores sociales. Pero
tampoco hay que pensar que todas las diferencias pueden ser comprendidas a la
luz de los factores ambientales; a este respecto, se ha apuntado
fundamentalmente a la menor intervención que tiene la mujer en la vida social
extrahogareña como causa de su menor criminalidad: factor importante, sin duda;
pero si nos atuviéramos exclusiva o casi exclusivamente a él, quedarían sin
explicación los casos de la mayoría de los países industrializados, en los cuales,
pese a la creciente intervención femenina en todos los órdenes de la vida social, la
que es casi igual para ambos sexos, las proporciones en que cada sexo delinque
en relación con el otro, no han variado de manera substancial; incluso podemos
citar el ejemplo de Alemania donde, pese a la creciente intervención de la mujer
en la vida social, política y económica, la proporción de su delincuencia ha
disminuido en relación con la masculina.

64
Goeppinger hace notar que, en 1882, la participación de las mujeres en la
criminalidad total, era del 19,8%; en 1970, cuando la mujer intervenía
enormemente más en asuntos y funciones públicos, esa participación había
bajado al 13,1%. Esta última cifra suponía, inclusive, un alza respecto a las de
años anteriores, especialmente por el incremento de hurtos (8).

Para fines de comparación, citamos los porcentajes que el mismo autor menciona
y que se refieren a otros autores:

Años Porcentaje

Inglaterra/Gales (1965) 14,2

Francia (1957) 10,8

Yugoslavia (1950/54) 22,5

Holanda (1963) 15,3

Austria (1966) 13

Suiza (1967) 18,2

Estados Unidos (delin

cuentes descubiertos
(1963) 11,4 0 (9)
por la policía)

Al lado de estas razones, que explican la existencia de una real menor


delincuencia femenina, hay argumentos que permiten afirmar que las estadísticas
exageran en favor de la mujer, por lo menos si se pretende inferir de ellas el grado
relativo de su proclividad al delito. Ya vimos que buena parte de la proporción se
debe a la forma en que están redactadas las leyes las que consideran que ciertos
bienes jurídicos son más dignos de protección -o los únicos dignos de protección-
cuando sus titulares son mujeres, pero no cuando lo son hombres. También hay
que anotar que es más que probable que los delitos femeninos escapen a las
estadísticas con mayor facilidad que los masculinos; ellas cometen delitos de difícil
descubrimiento y prueba, como el aborto; gozan de más consideraciones para ser

65
arrestadas; son

66
más benévolamente tratadas en los juicios; reciben con mayor frecuencia que los
hombres los beneficios legales de conmutación, perdón, indulto, rebaja de penas,
libertad provisional y condicional, y cambio de penas en sentido favorable. Sobre
todo, en los lugares en que se halla en vigencia el método de jurados, se ha
notado que obran con gran laxitud cuando se trata de mujeres encausadas. Hentig
nos da la siguiente estadística de Estados Unidos:

PRESOS LIBERADOS

Causa de liberación Hombres% Mujeres%

Cumplimiento de condena 39,5 34,4

Bajo palabra 40,0 50,0

Perdón 3,6 2.3 ()

Otros métodos 15,2 12,3

Muerte 1.7 1,0

TOTAL: 100,0 100,0

" () La pequeña proporción puede explicarse por el número insignificante de casos


perdonables que dejan en pie las abundantes eliminaciones anteriores" (10).

En lo que toca al tipo de delitos cometidos, también existen notables diferencias


entre los dos sexos.

El Children's Bureau de los Estados Unidos daba como proporción de delincuentes


en general, la de 5,9 muchachos por cada muchacha. En cuanto a delitos en
particular, la proporción va desde 201 a 1 en robo de autos, hasta la de 0,6 a 1 en
las ofensas sexuales, pasando por el delito de entrada ilegal en casa ajena, donde
la razón es de 92 a 1 (los números citados primero corresponden a los varones)
(11).

En los arrestos policiarios de adultos en Estados Unidos, las proporciones son las
siguientes (primero van las cifras correspondientes a hombres): en general, 13,4 a
1; en violación, sólo hay. varones; violación de leyes de tráfico y conducción de

67
automóviles, 69 a 1; robo de automóviles, 68 a 1; entrada ilegal en casa ajena, 61
a 1; manejar intoxicado, 48 a 1; faltas contra la familia y los niños, 45 a 1;
portación ilegal de armas mortíferas, 30 a 1; robo, 23 a 1; abuso de confianza y
fraude, 22 a 1; homicidio, 10 a 1; conducta desordenada, 7 a 1; otras faltas
sexuales (ni violación ni prostitución), 6 a 1; delitos relacionados con
estupefacientes, 3 a 1; prostitución y vicio comercializado, 0,3 a 1

Los informes sobre reclusos, al mes de abril de 1978, muestran, en las dos
cárceles citadas, las siguientes cifras relativas entre mujeres (M) y varones (V):

Delito M V

Drogas prohibidas 23 318

Homicidio 2 82

Cheques sin fondos 6 23

Estafa 3 30

Asesinato 3 32

Hurto 3 20

Robo 1 25

Estelionato 1 8

No hay, en el momento a que nos referimos, detenidas por otros delitos, mientras
que en los varones existe toda la gama penal.

Llama particularmente la atención, para mostrar hasta dónde llegan las "cifras
negras" en algunos casos, el que no haya ninguna reclusa por el delito de aborto;
los que realmente ocurren anualmente en La Paz, llegan a varios miles; si bien
distintos informes no coinciden en cuanto a números, todos apuntan hacia un
número elevado de abortos ilegales, quizá el tipo penal en que más incurren las
mujeres.

68
Estas cifras han sido confirmadas, en sus líneas generales, por las estadísticas de
todos los países.

Constancio Bernaldo de Quiroz, hace notar que, si dividimos la delincuencia en


común, social y política, la mujer está representada sobre todo en la primera; si
bien su número en los otros dos apartados aumenta en tiempo de convulsiones
sociales o políticas (13). Al mismo tiempo, apunta el hecho de que hay delitos
especial y aun exclusivamente femeninos; tales los casos del infanticidio, el
aborto, la suposición de parto; homicidio por envenenamiento, principalmente
conyugicidio (el veneno es arma de mujeres; cuando es usado por hombres, o
ellos son afeminados o se hallan ligados con actividades profesionales en que los
venenos se usan frecuentemente; tales los casos de médicos, farmacéuticos,
etc.); castración y desfiguración del rostro por venganza (el uso de ácidos para
afear a la rival, es típicamente femenino); corrupción de menores (14).

Goeppinger apunta que, en Alemania, las mujeres se destacan principalmente en


los delitos de aborto y celestinaje; menos, en incesto y abandono de niños; pero
insiste en la facilidad con que las mujeres escapan a la sanción de algunos delitos;
por ejemplo, es probable que, en ese país, no llegue a los tribunales más que el
5% de los abortos delictivos (15).

Incluso cuando hombres y mujeres quebrantan el mismo artículo del Código


Penal, se pueden hallar diferencias cualitativas importantes desde el punto de
vista de la ejecución. Por ejemplo, al cometer un homicidio, hombres y mujeres
utilizan medios distintos; difícilmente la mujer mata a hachazos o cuchilladas,
salvo que haya claras ventajas de su parte (víctima muy débil o desprevenida); lo
mismo dígase del estrangulamiento y la sofocación.

Merece hacerse resaltar la importancia que tienen los ciclos sexuales femeninos
en la determinación del delito; entre esos ciclos o etapas están la menstruación, el
puerperio, el parto, el embarazo. Aun la época del climaterio se presenta
generalmente con rasgos más agudos y criminológicamente más significativos en
la mujer que en el hombre.

69
Hay que hacer notar también la disparidad de los motivos del delito, de acuerdo
con las características de cada sexo; el hombre delinque movido por motivos
relativos a su predominante tendencia agresiva, activa y frecuentemente ligados
con circunstancias económicas; la mujer se mueve impulsada por factores
relacionados con el hogar, la adquisición y conservación de la familia, la
alimentación de los hijos, el amor, etc.

5.- LOS DELITOS SEXUALES. Ellos merecen párrafo aparte. En efecto, fuera de
las diferencias existentes en los delitos en general, en razón del sexo de los
agentes, hay otras conductas íntimamente relacionadas con el sexo strictu sensu.
No sólo se trata de los delitos que los códigos denominan sexuales, sino también
otros, como el homicidio y las heridas por sadismo o venganza; o los robos y
hurtos que resultan del fetichismo.

Las causas que llevan a la comisión de delitos sexuales son de muy variado tipo; a
continuación, hemos de enumerar algunas de las más importantes.

a) Funciones sexuales fisiológicas. Las normas culturales de la mayor parte de


los países de la tierra reconocen como moral y legalmente recomendables, las
relaciones íntimas dentro del matrimonio; las que se efectúan fuera de él o
merecen la simple reprobación moral o pueden elevarse a la categoría de delitos.

Pero estas normas, por sí solas, son incapaces de anular las urgencias instintivas,
las que suelen buscar salidas moralmente no recomendables en la prostitución, el
concubinato y, cuando se dan ciertas circunstancias, el estupro, la violación y el
rapto. Las posibilidades de satisfacción moralmente condenable se acrecientan
por el hecho de que la educación a que hoy se somete a niños y jóvenes no los
prepara para utilizar debidamente aquella fuerza instintiva.

b) Condiciones sexuales patológicas. A veces, aun las personas casadas, por


las especiales condiciones de uno de los cónyuges, no logran el debido ajuste en
las relaciones sexuales y buscan su satisfacción fuera del hogar. El hecho puede
presentarse incluso en casos que no pueden calificarse de patológicos.

70
Sin embargo, buena parte de los delitos sexuales, sobre todo de los que más
repugnan a la naturaleza, se presentan cuando el agente sufre de desviaciones
patológicas del instinto. Por un lado, eso puede llevar ¡j incrementar ciertas formas
especiales de prostitución; pero en otras ocasiones, los contactos aberrados
implican o traen por consecuencia variados delitos que van desde el asesinato
hasta la corrupción de menores, pasando por la violación y el rapto; podemos citar
los casos de sadismo, satiriasis, ninfomanía, etc. Desde el punto de vista
criminológico y médico - legal, ofrecen mucho interés los casos de celestinaje
dependiente de una deformación masoquista de la personalidad.

La íntima relación establecida entre ciertos objetos, de por sí neutros, y la


satisfacción sexual (fetichismo), ocasiona muchos robos y hurtes (cleptomanía).

También constituye un problema la homosexualidad. Se llega a ella tanto por


causas predominantemente individuales como predominantemente ambientales.
En el primer caso, se trata de una dirección patológica del instinto, debida a
deformación de caracteres secundarios del sexo, entre los cuales está la
tendencia que el hombre siente hacia la mujer, y la mujer hacia el hombre; en el
segundo, suele tratarse de una salida que se da al instinto por .fuerza de ciertas
circunstancias externas, tales como la costumbre (recuérdese la que había en
Grecia) o la imposibilidad de conseguir personas del otro sexo, como suele
suceder en internados, cuarteles, barcos de guerra; en este sentido, siempre ha
constituido un grave problema la situación de los penados recluidos en
establecimientos penitenciarios.

c) Desorganización familiar y de la vecindad. Los hogares deshechos, o que


no llegaron a constituirse, así como aquéllos en los cuales, por otras razones, los
padres no educan debidamente a los niños, son como la antesala de faltas y
delitos sexuales, sobre todo en la temprana edad de la pubertad y de la
adolescencia; no sólo se crean oportunidades para la corrupción de los hijos por
personas extrañas, sino que se producen casos de incesto o de otras relaciones
igualmente condenables.

71
A eso suele agregarse el que la vecindad no exista como agente de control de la
conducta, sea porque no sé ha formado, sea porque ve con indiferencia la
comisión de este tipo de hechos.

Especial relieve asume el alcoholismo como costumbre del barrio, la clase o la


familia, pues ese tipo de intoxicación favorece la relajación de los frenos
inhibitorios normales.

ch) Situación económica. La extrema riqueza y la extrema pobreza son factores


que facilitan la comisión de delitos, sobre todo los de seducción y corrupción de
menores.

Tampoco debe olvidarse que la pobreza suele traer la promiscuidad en las


habitaciones; allí los niños y jóvenes aprenden prematuramente y hasta se excitan
sexualmente, lo que los arrastra a lograr posteriormente una satisfacción completa
del instinto.

d) Desorganización social general. Lleva también a la comisión de delitos


sexuales: las crisis políticas, los estados de guerra externa e interna, con la
consabida ansia de gozar de placeres y el deseo de facilitar que se goce de ellos,
etc., han traído corrientemente un aumento considerable en la desmoralización
general de la población, traducida en numerosos delitos sexuales que, por no ser
generalmente violentos, no llegan a ser condenados pues parece existir para con
ellos una suerte de complicidad social.

e) El vicio comercializado. Tras de él se hallan muchos delitos, sobre todo de


corrupción de menores, incitación a la prostitución, juegos prohibidos, expendio de
estupefacientes y trata de blancas (16).

6.- LA PROSTITUCIÓN. liste problema se halla estrechamente relacionado con el


sexo, motivo por el cual lo tratamos aquí. Desde un punto de vista sistemático,
también podría estudiárselo en la parte correspondiente a Sociología Criminal,
considerándola como un problema social. La conservamos en este capítulo
porque, como decíamos, se halla relacionado con el tema del sexo, y porque lo
que de la

72
prostitución nos interesa, no es su aspecto general de problema social, sino sus
caracteres y repercusiones elimínales.

a) Por qué la estudiamos. La prostitución hemos de estudiarla por las siguientes


razones:

1) Porque en algunas partes del mundo, su ejercicio es un delito.

2) Porque aún donde no lo es, se halla en estrecho contacto con el delito y


provoca la comisión de ellos; así la trata de blancas (delito internacional definido
por varios tratados), corrupción de menores, fomento de la prostitución y su
encubrimiento, expendio ilegal de alcohol y estupefacientes, lo que en general trae
relaciones con bandas de traficantes (17), encubrimiento de delincuentes; contagio
venéreo; homosexualidad, etc. Tampoco es raro que el alcoholismo y el especial
ambiente de las casas de tolerancia provoquen delitos contra la vida y la
integridad corporal.

3) Porque la prostitución es, en cierto sentido, un equivalente del delito. No es


que aquí se acepte la teoría que al respecto formulara Lombroso. Pero puede
suceder, por ejemplo, que una mujer que se halla en mala situación económica,
tenga como medios para mejorarla o cometer un delito o dedicarse a la
prostitución; en esta alternativa -que es más frecuente de lo que podría creerse- la
mujer puede inclinarse a la prostitución con lo cual se evita el delito.

b) Qué es prostitución. Para que exista prostitución se requieren las siguientes


condiciones:

1) Que haya relaciones sexuales, normales o anormales (homosexuales).


Pollitz considera que sólo puede hablarse de prostitución cuando una mujer ejerce
su comercio con varones. Sin embargo, creemos que no debe excluirse el caso de
la homosexualidad en vista de que existe desde hace tiempo una verdadera
profesionalización de este tipo, sobre todo en las grandes ciudades.

2) Que el acto se realice por una remuneración; no se debe tener en cuenta


sólo el pago en dinero, sino también el que se hace por cualquier otro medio que
implique una recompensa traducida en ventajas materiales.
73
3) Que los actos sexuales sean frecuentes.

4) Que exista, como elemento más característico, un cierto número de


personas con las cuales el acto se realiza.

c) Posiciones adoptadas frente al problema. Dejando de lado los casos -cada


vez menos en los países civilizados- en que las disposiciones jurídicas se limitan a
prescindir de la prostitución sin tomarla en cuenta, existen dos posiciones: la que
la declara como delito o, al menos, como falta, y la que admite su legalidad, pero
dentro de una reglamentación.

El prohibicionismo -si así podemos llamarlo- es una actitud típica de los países
anglosajones; implica la creencia de que el instinto puede y debe satisfacerse sólo
en las salidas reconocidas por la moral y por la ley, o sea, dentro del matrimonio;
se basa en experiencias recogidas por la geografía y por la historia, según las
cuales hay y ha habido pueblos que practicaban la castidad extramatrimonial; al
mismo tiempo toma en cuenta las opiniones de la medicina moderna, según la
cual un régimen de abstinencia sexual es -salvo casos especialísimos-
perfectamente compatible con un estado de salud.

La posición reglamentaria es típica de los países latinos, habiéndose iniciado en


Francia; supone el registro de las prostitutas y una periódica sumisión a exámenes
médicos; implica la creencia de que la prostitución es un mal menor y necesario.

d) Causas. Aquí encontramos repetidos muchos de los factores que llevan a


cometer delitos sexuales.

Por ejemplo, la satisfacción sexual aun de las personas ñor- males, suele
encontrarse en la prostitución. Esta ofrece, asimismo, ciertos medios para
satisfacer tendencias anormales de los clientes, al mismo tiempo que da salida a
los impulsos de quienes viven de la profesión; entre las prostitutas no es raro
encontrar casos de ninfomanía.

En cuanto a las condiciones económicas, es evidente que muchas mujeres se


dedican a la prostitución para tener un medio de vida o para aumentar las
entradas conseguidas mediante trabajos normales. La mujer pobre, sobre todo la
74
extremadamente pobre, no es raro que se venda para poder subsistir; luego no
hay dificultades para continuar en el oficio, toda vez que la prostitución es más
rendidora que la mayoría de los trabajos honrados y sin el esfuerzo que ellos
implican; a algunas mujeres, les proporciona un estado de independencia y
desahogo al que es difícil de renunciar (19). Buena parte de las prostitutas se
recluta entre muchachas que viven prácticamente en la calle, porque el hogar
excesivamente miserable e incómodo no invita a quedarse en él.

Las estadísticas muestran que la mayoría de las prostitutas provienen de hogares


deshechos o de aquellos en que las disputas son frecuentes o que la madre
también trabaja; a veces son los propios padres los que empujan, más o menos
directamente, a sus hijas hacia la prostitución.

En cuanto a la vecindad, si ella acepta plenamente la. prostitución, induce una


actitud semejante en los jóvenes, los que así no se sienten reprochados -y
frenados- en el ejercicio de esta actividad. Puede darse también el caso contrario,
en que la gran rigidez en relación con las faltas sexuales, empuja hacia la
prostitución a las mujeres que han dado algún mal paso y que se saben
condenadas irremisiblemente por ello.

Como hacen notar Taft y Pollitz, el hecho de que exista indiferencia frente a la
prostitución suele traer por consecuencia el que celestinas, rufianes y prostitutas
no experimenten ningún remordimiento y crean que ejercen una industria tan
respetable y útil como cualquier otra (20).

La debilidad mental puede arrastrar hacia la prostitución pues supone que los
enfermos no pueden valerse lo suficiente para vivir normalmente en la sociedad;
por ello, irrumpen por la línea de menor resistencia. Esta es la razón por la cual se
encuentra entre las prostitutas, un porcentaje de débiles mentales mayor al que
existe en la población normal.

A veces se llega al oficio a raíz de complejos de inferioridad resultantes de


deformidades o simplemente de carencia de perfecciones, lo que trae el deseo de

75
una compensación que permita gozar del placer y posesión del otro sexo, que se
creen inalcanzables por vías normales.

Por último, hay que mencionar la existencia de un vicio comercializado -sobre todo
en las grandes ciudades- el que se halla al acecho de víctimas, a las que ofrece
toda clase de tentaciones y facilidades; asimismo hay que recordar las
publicaciones pornográficas, el cine, etc., que obran como estímulos para dar el
primer paso en la carrera.

e) Características de las prostitutas. Al considerar los puntos que serán expuestos


a continuación, será necesario tomar en cuenta las diferencias existentes entre las
prostitutas de burdel y las libres; las primeras, en términos generales, se hallan
más sujetas a defectos y más ligadas con ciertas formas delictivas. Cada lector se
dará cuenta de las diferencias deduciéndolas de lo que enseguida se dice.

La prostituta tiende a la vida parasitaria. Tal característica había sido ya señalada


por Lombroso y Kurella desde hace un siglo. El parasitarismo se revela en el odio
al trabajo continuado, lo que se traduce en dificultades para lograr su reforma,
pues no se deciden a abandonar tan cómodo medio de vida; por eso suelen
hallarse concomitancias entre la prostitución y la mendicidad (21). La excepción
está constituida por la prostituta -generalmente libre-, que trabaja y hace de la
prostitución una fuente de entradas suplementarias.

La propensión al despilfarro es resultante de su Taita de espíritu de previsión y de


ahorro, consecuencia a su vez, muchas veces, de la debilidad mental; aman la
ostentación y el lujo, por lo que suelen llevar a la ruina a sus admiradores. "Lo que
no se invierte en adornos, pronto va a parar a manos del chulo o de la astuta
dueña", dice Pollitz (22).

El abotagamiento mental puede ser causa de la prostitución, pero también efecto


de la misma, a raíz del alcoholismo, uso de estupefacientes, excesos sexuales,
etc. Esta característica se halla sobre todo en las prostitutas de burdel.
Bonhoeffer, en sus estudios sobre prostitutas reclusas, encontró que las dos
terceras partes del número total investigado eran anormales mentales (“debilidad
mental, histerismo,
76
epilepsia, etc.”) (23). Las prostitutas libres no se hallan tan sujetas a estos
defectos; en ellas suele notarse más bien un buen humor de tipo infantil, junto con
la inclinación a variados trabajos, pero sin que se persista en ninguno de los
emprendidos.

En cuanto a la sexualidad, se ha hecho notar que entre las prostitutas son más
frecuentes que en la población normal, los extremos de frigidez y de
hipersexualidad. Lombroso insistió fundamentalmente en la frigidez; por el
contrario. Bleuler y Havelock Ellis consideran que la prostituta se halla empapada
de sexualidad (24) Pollitz, por su parte, destaca los casos en que la prostituta se
dedica al oficio porque sintió desde tierna edad grandes impulsos sexuales no
contrabalanceados por una educación adecuada (25). En verdad, la inmensa
variedad de casos que se presentan hace imposible aceptar como única,
cualquiera de las hipótesis extremas planteadas; ellas se basan en algunos casos,
pero dejan sin explicación otros. Por lo demás, a veces se suelen confundir las
causas con los efectos, debido a que se estudia a la prostituta después de que ha
ejercido buen tiempo su oficio. Por ejemplo, tomemos la afirmación de Lombroso;
es posible que la indiferencia sexual, arrastre a algunas mujeres a la prostitución;
pero es igualmente posible que la frigidez haya surgido posteriormente, como un
mecanismo de defensa orgánica frente a las consecuencias que, de otra manera,
podrían presentarse ante la frecuencia de los actos, hacia los cuales se siente
repugnancia, por lo menos si se realizan de manera profesional.

La mayor parte de las prostitutas se inician antes de los 20 años de edad, sobre
todo en la etapa de la pubertad e inmediatamente posterior a ella. Sin embargo,
existe también un tipo de prostituta, en quien suelen darse los mayores extremos
de degeneración, que se inicia tardíamente, en la época del climaterio y aún
después.

Un hecho común entre las prostitutas es la falta de interés por salir de su estado,
como consecuencia de la indiferencia mural que hacia él sienten; generalmente no
hay que interpretar el hecho como muestra de inmoralidad o perversidad, sino de
simple amoralidad proveniente ya del medio en que vivieron antes de dedicarse a

77
la prostitución, ya de la forma de vida que se lleva en esta misma. Hay que
relacionar esta amoralidad con el hecho de que los dos tercios de las prostitutas
sufran de anormalidades mentales.

Este último aspecto ha de tomarse en cuenta también cuando se trata de explicar


el hecho de que las prostitutas sean sugestionables y supersticiosas.

Una necesidad, generalmente más de tipo psíquico que fisiológico, es la del chulo
o rufián, al que mantiene y al que se aferra: el chulo es un parásito de su amante,
aunque suele dedicarse a actividades aparentemente lícitas, como el servicio
doméstico, el juego, etc. Si entre ellos existe el lazo matrimonial, lo corriente es
que las relaciones no varíen esencialmente (26).

(1) V. Taft, Criminology, p. 260.

(2) V. Hossay, Fisiología Humana, pp. 783-

785. (3) Id., id., pp. 782-783

(4) V. Lewis Terman: Psychological sex Differences. Pp. 954-993 del Manual of child Psychology, dirigido por Leonard Carmichael; Terman y
Milles, Sex and Personality, sobre todo pp. 371-450; Helena Deutsch: La psicilogía de la mujer (desde el punto de vista psiconalítico).

(5) Criminal Behavior, pp. 96-98.

(6) El último punto ha de tenerse especialmente presente cuando se trabaja con estadísticas sobre población carcelaria.

(7) Las consignadas en "La Mujer Prostituta y Delincuente"; véase mis arriba, en el capítulo dedicado a Lombroso.

(8) Goeppinger, Criminología, pp.

430. (9) Id. Id., p. 431.

(10) Criminología, p. 132.

(11) V. Reckless, ob. Cit., p. 100.

(12) V. id., id., pp. 100-101.

(13) Criminología, p. 126.

(14) Id., id., pp. 127-141.

(15) Criminología, pp. 232-236.

(16) Para la delincuencia sexual, pueden verse principalmente: Taft. Ob, cit., pp. 260-273: Barnes y Teeters: New Horizons in Criminilogy, pp.
888-896; Reckless ob. Cit., pp. 96-103; Sutherland: Principles of Criminology, pp. 91-93; Gillin: Criminology and Penology, pp. 43-46;
Constancio Bernaldo de Quiroz, ob. Cit., 123-141; Exner, ob, cit., pp. 256-267; Mezger: Criminologia, pp. 206-209; von Hentig, ob, cit., pp.
127-136 y 139-
156. Obras especiales: Chavigny: Sexualite et Medicine Legale; Havelock Ellis: Estudios de Psicologia ssexual (7 vols); Harwich y Krafft-Ebing
Psicopata sexual; Klimpel: La mujer, el delito y la Sociedad; Lagos Garcia: Las Deformidads de la Sexualidad Humana; Viveiros de Castro;
Atentados so pudor; también se hallarán muchos puntos interesantes en la obra de Monahan: Women in crime, si bien se ocupa de temas
principalmente penitenciarios.

(17) Es frecuente que el expendio de alcohol, de estupefacientes, el juego y la prostitución se hallen estrechamente relacionados y en manos
de la misma organización criminal.

(18) V. Pollitz: Psicologia del Delincuente, p. 122.

(19) Muchos datos en ese sentido se hallan principalmente en las obras de Taft y von Hentig que se citarán luego en la bibliografía sobre este
punto.

(20) Taft, ob, cit., 271-272; Pollitz, ob, cit., p. 131.

78
(21) Por eso no llamara la atención el que Pollitz titule a un mismo capítulo: Prostitución y Mendicidad; Bernardo de Quiroz trata en la misma
sección de la mendicidad, la vagancia, el alcoholismo y la prostitución: esto para no citar sino dos casos típicos.

(22) Ob., cit., p. 128.

(23) Cit., en ibídem, p. 129.

(24) V. ibídem, pp. 127-128.

(25) Ibidem, p. 126.

(26) Sobre prostitución, fuera de los libros especialmente citados en el párrafo anterior, pueden verse: Taft, ob. cit., pp. 273 - 281; Barnes y
Teeters. ob. clt, pp. 883 - 888; Bernaldo de Quiroz, ob. cit., pp. 156 - 162 Hentig, ob. cit., pp. 136 - 139; Pollitz, ob. dt., pp. 122 -141: el
excelente libro de Mayorga, Introducción al estudio de la prostitución.

79
LA RAZA

1. EL PROBLEMA DE LA RAZA. El tema de la raza es de actualidad para


nosotros, no sólo porque fue fundamental en algunas corrientes políticas de este
siglo, sino también porque en varios países de América el indio y el negro
constituyen buena. parte de la población total: el estudiarlos resulta una necesidad
mucho más que puramente teórica. Las conclusiones a que lleguemos tendrán
repercusión práctica en la Pedagogía, la Criminología, la Penología, el Derecho
Penal, etc.

Es indudable que los hombres se diferencian biológicamente entre sí; algunos


rasgos se combinan y acumulan de modo más o menos constante caracterizando
a ciertos tipos humanos que pueden ser distinguidos consiguientemente de otros;
así, un negro típico del Congo no es confundido con un noruego medio. Es
también indudable que la mayor parte de las diferencias biológicas que más
resaltan en la comparación -color de la piel y de los ojos, forma del cráneo, textura
del cabello, grosor de los labios, forma de la nariz, etc.- toman su origen en
factores hereditarios los que, si una población se entrecruza durante varias
generaciones, tienden a producir una cierta uniformidad de caracteres en los
individuos. Al lado de las diferencias somáticas y fisiológicas, los grupos presentan
otras de tipo psíquico y cultural. Y aquí surge una pregunta fundamental: ¿Se
deben las diferencias de la segunda especie, & las que enunciamos primero? Por
ejemplo, ¿se debe la indudable inferioridad técnica actual del negro africano, a
causas hereditarias que lo hacen, ab initio, un individuo inferior en general en
relación al blanco, o por lo menos, en la capacidad para crear y servirse de la
técnica? ¿Es similar la razón de la superioridad cultural actual de alemanes c
ingleses, o la de los egipcios, griegos y romanos de ayer?

Hay que reconocer la dificultad de llegar a respuestas verdaderas. Un cúmulo de


prejuicios -no cabe calificarlos de otra manera- entraba la investigación; hay
opiniones populares, corrientes políticas, intereses económicos y hasta escuelas
sociológicas que han dado por establecida la superioridad de la propia raza sobre
las ajenas. Tales prejuicios no datan de los racistas del siglo pasado, sino que han

80
sido comunes en todos aquellos pueblos de la tierra que, por una u otra razón, han
llegado a tener un comercio, industria, ejército, suelo, etc., mejores que los aje-
nos, aunque fuera momentáneamente. Esta pretendida superioridad es argüida
incluso por ciertos grupos sociales menores, por castas y clases económicas que,
generalmente por razones baladíes, sienten y proclaman la inferioridad de otros
grupos.

Justo es reconocer, sin embargo, que los círculos científicamente responsables de


hoy, generalmente no admiten el tema de la raza con los alcances y
consecuencias que pretendían algunos antropólogos y sociólogos del siglo pasado
y que aún pretenden ciertos círculos contemporáneos.

Ya es un problema el hecho de que la raza sea resultante de un término medio


que no se da plena y claramente en todos los individuos que integran a aquélla.
"En torno a la media existe necesariamente una dispersión y las particularidades
físicas ofrecen una gama continua de variaciones, de tal manera que la raza es
indelimitable, sus contornos carecen de precisión y pasa a sus vecinos mediante
transiciones insensibles" (1). Por ejemplo, si tomamos en cuenta la estatura, es
probable que los individuos más pequeños del grupo de altos, sean menores que
los individuos más altos de los grupos bajos; o, si consideramos el color, es
probable que los más oscuros de una raza clara, sean menos claros que los más
claros de una raza oscura. Es que, como hacen notar Dunn y Dobzhansky, se
hace difícil tratar con los individuos cuando se parte de términos medios raciales
que son necesariamente abstractos y generales

La situación se complica aún más. si recordamos que los grupos raciales puros —
de existir— son apenas una excepción. Esto es lo que se olvida, sobre todo por
los racistas de América, donde el cruce entre blancos, negros e indígenas, ha
durado por siglos y ha sido durante ellos una realidad innegable. Si la dificultad de
clasificar a los individuos es ya gigantesca cuando se trata de grupos que han
permanecido relativamente aislados, júzguese lo que será en nuestro continente.

Las diferencias entre los grupos raciales, no recaen en todos los caracteres de los
mismos, sino sobre algunos de ellos en cuya elección como criterios distintivos los

81
autores no coinciden. En general, tales caracteres se dan, como decíamos antes,
más o menos concentrados en ciertos agregados sociales, pero nunca
exclusivamente en ellos, por lo que Dunn y Dobzhansky han podido decir que "las
razas pueden ser definidas como poblaciones que difieren en la frecuencia de
cierto gene o de ciertos genes" (3).

Se trata, en lo que toca a la caracterización de grupos o términos medios, de


diferencias cuantitativas de frecuencia, más que de diferencias cualitativas.

Limitaciones aún mayores en relación con el concepto de raza, que suele


manejarse tan desaprensivamente, se hallan en otras definiciones. Para
Montandon, "la palabra (raza) designa un grupo de hombres que ofrecen cierto
parentesco únicamente en sus caracteres físicos, es decir, anatómicos y
fisiológicos; en otros términos, por sus caracteres somáticos" (4). Por su parte,
Boule advierte que la raza "es un grupo esencialmente natural que puede no
tener, y no tiene en general, nada de común con las nociones de pueblo,
nacionalidad, lengua y costumbres, los cuales tienen su origen en la evolución
histórica" (5).

Dada esta relatividad, pueden suponerse las dificultades con que se tropieza para
clasificar a las razas humanas; para uno, tal individuo pertenece a este grupo
étnico; para otros, a aquel otro. Los etnólogos y antropólogos se han fijado, como
criterios rectores, en el índice cefálico, el índice nasal, el prognatismo, la
capacidad craneal, la textura del cabello, el color de los ojos, etc.; parece que las
dos últimas características son las que mejor se prestan por ser las más
independientes del medio en que se vive. No ha logrado entera aceptación la
tentativa de guiarse por el predominio de los grupos sanguíneos en tales o cuales
núcleos de población o de los tipos de huellas digitales (6).

Basándose en los caracteres anteriores, combinados de una u otra manera, se


han intentado muchas clasificaciones; pero existe tal número de discrepancias al
respecto, que poco es lo que de ellas puede deducirse de firme. Desde luego,
mucho menos de lo que suponen las concepciones populares (7).

82
Lo anterior no significa que nunca se ha de lograr clasificación alguna
universalmente aceptable; por el contrario, es probable que algún día esa meta
sea alcanzada. Pero en nuestro caso, no es eso lo importante; lo importante es
que de esas clasificaciones se ha pretendido extraer conclusiones relativas a la
superioridad de tal o cual raza y a la inferioridad de las demás. Es evidente que
hay diferencias; por ejemplo, no se confundirán los cabellos de un negro y un
noruego típicos; pero ¿por qué ha de deducirse de esa diferencia a una relación
de superioridad? ¿Qué hay en el pelo oscuro y lanoso, de inferior en relación con
el rubio y lacio u ondulado? Y aún, ¿qué hay en los caracteres citados, y otros
semejantes, que permita inferir nada menos que la inferioridad mental o moral de
algún grupo étnico? Pese a que deducciones de este tipo son claramente
abusivas, es en base de ellas como se ha pretendido explicar, por ejemplo, el
menor rendimiento científico actual de los negros africanos, o la mayor
delincuencia de los negros norteamericanos o de nuestros indios.

Kroeber, que no duda de la existencia dg diferencias biológicas raciales, sin


embargo, reconoce y sostiene que no existen pruebas científicas que permitan
afirmar con seguridad, relaciones de superioridad o inferioridad deducidas de
observaciones anatómicas, fisiológicas, patológicas, sensoriales o mentales, así
se opere sobre individuos considerados puros o con híbridos. Tampoco pueden
hacerse deducciones de ese tipo, como consecuencia de un estudio de la historia
cultural de los distintos pueblos (8).

Hrdlicka también admite la existencia de grupos humanos diferenciales; pero no


que esas diferencias puedan traducirse, al menos en el actual estado de nuestros
conocimientos, en afirmaciones serias acerca de supuestas superioridades o
inferioridades de un grupo en relación con otros, si los tomamos en conjunto; e
insiste en la carencia de criterios lógicos que permitan establecer qué es lo
superior y qué lo inferior (9).

Tampoco puede servir de criterio el hecho de que unos pueblos hayan logrado
mayor adelanto técnico o artístico, para deducir de ello una superioridad étnica;
comenzando porque también aquí no se sabría qué criterio usar en la
determinación
83
de lo superior y lo inferior. Como dice Emest H. Lowie, en la cultura de los
pueblos, nada hay que permita deducir una superioridad racial innata en lo moral o
intelectual; tampoco puede tomarse en cuenta la aparición de los genios, ya que
todos los grupos sociales los han tenido, de acuerdo a sus necesidades y
circunstancias (10).

Los resultados recogidos por la aplicación de tests mentales, no tienen ningún


carácter decisivo. Otto Klineberg ha destacado la importancia que en ellos tienen
factores perturbadores distintos de los puramente raciales hereditarios; su material
examinado es copioso y alcanza a tipos blancos, negros, indios, etc. Concluye
afirmando: "Tenemos el derecho de decir que los resultados obtenidos por el uso
de los tests de inteligencia no han demostrado la existencia de diferencias raciales
y nacionales en la capacidad mental innata" (11). Y lo mismo puede concluirse de
los tests encaminados a investigar la personalidad total (12).

2.- RAZA Y NACIÓN. Como hemos visto, éstos no son conceptos iguales, aunque
pueden tener puntos comunes. En efecto, y como dice Hooton (13), la nación
suele tener por base una agrupación biológica común, dentro de la cual los
cruzamientos entre los individuos tienden a ser frecuentes, con lo que ocasionan
cierta uniformidad; pero hay que agregar a lo anterior -que no sucede siempre-
caracteres que no son hereditarios sino ambientales, tales como los resultantes de
la educación, las creencias religiosas, las prácticas políticas, el grado de adelanto
técnico, la organización familiar, los alimentos, etc. Así, si la nación implica una
cierta uniformidad, ésta proviene también de los factores ambientales y,
frecuentemente, más de éstos que de los raciales.

Por lo anterior, resulta claro que cuando se habla de que la criminalidad, en su


conjunto, difiere de una nación a otra, se tienen más razones en pro de tal
afirmación, que cuando se pretende establecer que las diferencias se deben a
factores puramente raciales. Y es que, al hablar de nación, se toma en cuenta la
totalidad de las causas que pueden influir en un grupo para inclinarlo a obrar más
en un sentido que en otro. La nación es un producto histórico que supone
afinidades lingüísticas, morales, laborales, religiosas, políticas, económicas, etc.

84
Sin embargo, habrá que precaverse siempre de caer en confusiones; por ejemplo,
de hablar de una sola nación simplemente porque sus miembros hablan el mismo
idioma, aunque difieran en muchos otros aspectos más importantes; y de otros
errores ya secularmente reconocidos como tales, pero que nunca son evitados de
manera completa.

Es frecuente, en los últimos tiempos, que la palabra raza, por su significado


estrechamente biológico, sea reemplazada por el vocablo etnia, que incluye
además lo cultural, es decir, no toma en cuenta sólo lo que el individuo es en lo
anatómico y fisiológico sino lo que resulta de sus relaciones con los demás. Desde
luego, este cambio lingüístico supone también un cambio en el fondo de lo que se
trata.

3.- LA CRIMINALIDAD DEL NEGRO. El estudio de la influencia que la raza puede


tener en el delito, podemos iniciarlo con el del negro norteamericano, por ser el
que ha dado lugar a más completas investigaciones; mucho menos es lo que se
sabe del negro brasileño y de otros lugares donde se presenta la segregación
racial con caracteres más o menos agudos.

Si bien en Bolivia el negro no es problema, sin embargo, dedicaremos algunas


páginas a exponer la criminalidad de su similar estadounidense, porque muchas
de las conclusiones a que se ha llegado con éste pueden ser, con adaptaciones,
aplicadas para resolver los problemas criminológicos planteados por la
criminalidad indígena boliviana. Puede transplantarse incluso lo referente a las
discrepancias de criterio que existen entre quienes desean enfocar el problema
con imparcialidad y quienes buscan adecuar sus datos y soluciones a los propios
prejuicios. Que también en esto se da un notable paralelismo.

La primera dificultad con que se tropieza, es la carencia de una clara noción


acerca de lo que ha de entenderse por negro; en Estados Unidos suele calificarse
de tal incluso al que sólo tiene un octavo de sangre negra; de modo que las
estadísticas involucran bajo el rubro de negros a los mulatos, inclusive a muchos
que ya tienen pelo rubio y ojos azules.

85
Hechas estas advertencias, veamos lo que muestran las estadísticas de arrestos en
los Estados Unidos (cuadro 1).

CUADRO 1

Cifras proporcionadas por el F.B.I. sobre arrestos de negros y de blancos en el año


1937, por 100.000 habitantes de cada grupo.

DELITO Blanco Negro Proporcion de negros


a Blanco

Homicidio criminal 3,7 19,3 5,1

Robo 8,2 31,1 3,8

Asaltos (agresión) 14,2 97,3 6,8

Ingreso ilegal violento

en casa ajena 20,2 67,6 3,3

Hurto 36,1 129,9 3,6

Robo de autos 9,6 14,3 1,5

Estafa y abuso de confianza 12,0 14,0 1,2

Receptación de bienes robados 2,1 7,4 3,5

Incendio 0,6 1,0 1,6

Falsificación 5,8 5,3 0,9

Violación 3,9 9,3 2,4

Prostitución y vicio comercializado 3,5 12,8 3,7

Otros delitos sexuales 6,5 10,1 1,5

Estupefacientes 1,9 6,4 3,3

Posesión y porte de armas 3,0 20,1 6,8

Violación de la ley sobre licores 4,3 29,3 6,8

86
Faltas contra la familia y los niños 4,6 6,7 1,5

Manejar intoxicado 17,0 12,5 0,7

Violación de disposiciones

de tránsito 2,5 7,5 3,0

Violación de otras disposiciones

sobre tráfico y vehículos


11,0 2,5
motorizados 4,4

Conducta desordenada 14,1 47,4 3,4

Ebriedad 60,9 77,5 1,3

Vagancia 30,2 69,3 2,3

Juego 3,6 21,5 6,0

Sospecha 37,6 116,9 3,0

No establecido 4,1 9,3 2,3

Demás delitos 21,9 56,7 2,6

TOTAL DE DELITOS 336,5 911,3 2,7 (14)

Las estadísticas de años posteriores, así como las referentes a admisiones en


establecimientos penitenciarios, han confirmado con ligeras variaciones, las cifras
arriba consignadas (15).

En ellas se nota que los negros son más delincuentes en todos los tipos penales,
salvo los de manejar intoxicado y de falsificación. (En las estadísticas de arrestos
por 1940, la excepción se extiende a los delitos de abuso de confianza y de estafa;
ya en 1936, los negros superaban apenas a los blancos en estas especialidades).
La desproporción es más desfavorable a los negros en los delitos de homicidio,
agresión, posesión y porte de armas, violación de la ley de licores y juego; no
tanto en los delitos de robo, ingreso ilegal, hurto, recepción de bienes robados,
violación,
87
88
prostitución y vicio comercializado, estupefacientes, violación de leyes de tránsito,
conducta desordenada y vagancia; y se reduce a un mínimo en los delitos de robo
de autos, incendio, delitos sexuales varios, contra la familia y los niños, y ebriedad.

Un estudio detallado de los delitos referidos, ha llevado a la convicción de que el


negro es más delincuente, no por razones biológico - raciales, sino por lo
desfavorable del ambiente en que se desenvuelve. De ello suelen resultar no sólo
resentimientos sino verdaderos complejos. Para demostrar la importancia que
tienen en la causación del delito los roces y los sentimientos de inferioridad, se ha
citado el caso en que los negros viven en comunidades enteramente negras y en
las cuales, por consiguiente, aquellos factores no operan; Barnes y Teeters se
refieren al ejemplo de Mound Bayou, en Missisipi; allí viven ocho mil negros que
no han dado un sólo delito grave en los últimos treinta años (16).

Las razones de la inferioridad negra han sido clasificadas por Taft de la siguiente
manera:

1) Desventajas económicas. Los negros, por término medio, tienen una


situación económica inferior a la de los blancos; su porcentaje es mayor en
los menesteres inferiores (vr. gr., el 29% de los negros están empleados
prestando servicios personales; eso sucede sólo con el 7% de los blancos);
generalmente no son obreros calificados ni tienen, como los blancos que se
hallan en igual condición, la salida de ocupar cargos civiles (en éstos hay
más blancos por cada negro, aún habida cuenta de la proporción total en
que se distribuyen las razas). Los negros comienzan a trabajar en temprana
edad y viven en los barrios más pobres y desaseados. Los sindicatos de
blancos practican en buena medida la discriminación contra sus
cosindicalizados negros y, a veces, ni los admiten en sus organizaciones.

2) Desventajas familiares. La familia negra es menos estable que la blanca, lo


que en parte proviene, no de innata tendencia a la inmoralidad, sino de !a historia,
de la aún no lejana desmoralización existente durante el régimen de esclavitud.
Esta circunstancia ha hecho que aumente la delincuencia juvenil, sobre todo en
aquellos casos en que los niños quedan exclusivamente a cargo de la madre. El

89
porcentaje

90
de hijos ilegítimos es elevado (163,8 por mil entre los negros, contra 20,9 por mil
entre los blancos).

3) Desventajas educativas. Los negros tienen menos oportunidades de


alcanzar una buena educación general o especializada; en 1930 eran analfabetos
el 16,3% de los negros adultos, contra el 2,7% de los blancos. Aquí hay que tomar
en cuenta también los resentimientos por ia discriminación que en pocos aspectos
se deja sentir tanto como en éste.

4) Desventajas en el tratamiento penal. No sólo en razón de la discriminación


ante los tribunales legalmente constituidos, sino también por el hecho de que los
negros han sufrido mucho más que los blancos de esa forma de justicia rápida
llamada linchamiento; entre 1882 y 1936, habían sido linchados 3.383 negro y
1.289 blancos; éstos, sobre todo en los primeros años citados; en los últimos, casi
todos los linchamientos son de negros.

5) Otras desventajas. Aquí podemos consignar las discriminaciones ofensivas


de que se les hace objeto en los negocios, los medios de locomoción, en los
centros de diversión y recreo, en las prácticas religiosas y hasta en los
cementerios (17).

Pero el que los negros se hallen proporcionalmente en mayor número que los
blancos en las estadísticas de condenas, arrestos e internamiento-en locales
penitenciarios, no sólo se debe a una real mayor delincuencia proveniente de las
causas recién mencionadas, sino que depende también del hecho que ellos son
arrestados y condenados con mayor facilidad que los blancos; son perdonados o
indultados o reciben otros beneficios legales con mayor dificultad. Estas razones
llevan a disminuir la distancia que separa a ambas razas, en cuanto a criminalidad.

Se ha reconocido uniformemente por los investigadores estadounidenses, que la


policía, sobre todo en ciertos estados, practica una verdadera discriminación,
arrestando a los negros con ilegal facilidad (18). Los jurados suelen no incluir
negros, de modo que no se presentan esos casos que suceden con los blancos,
en que los jurados tratan con especial consideración a quienes son del mismo
color.
91
Incluso los jueces de carrera suelen mostrarse más severos con los negros que
con los blancos, en identidad de hechos y circunstancias.

Pese a las razones enunciadas, se ha querido ver la posibilidad de que haya


determinantes individuales que expliquen la mayor criminalidad negra. Apuntan en
este sentido las observaciones referentes a que entre les negros son más
frecuentes que entre los blancos, las psicosis, psicopatías y oligofrenias. Aquí
pueden hacerse dos observaciones: 1) Estas anomalías no pueden ser lisa y
llanamente atribuidas a causas heredoraciales, pues se sabe perfectamente que
pueden provenir también de factores ambientales como aquellos que inciden
sobre los negros; 2) la existencia de tales anormalidades no puede, por sí sola,
hablar de una mayor proclividad al delito, sobre todo a ciertos delitos (19).

Dada su situación en medio de la sociedad, el negro reacciona de las siguientes


maneras, según las ha clasificado Dollard.

1) Agresión directa contra el blanco, lo que no sólo es peligroso, sino que lleva
a un seguro fracaso final.

2) Agresión sustituida por la sumisión y dependencia.

3) Agresión dirigida contra los miembros del grupo propio: por ejemplo, si las
relaciones entre un blanco y una negra provocan celos, la agresión se dirigirá
contra ésta y no contra aquél. Esta lucha entre personas del mismo color, puede
comprobarse en el caso de que bandas de criminales negros pugnen entre sí por
el predominio en cierto territorio o en ciertas actividades.

4) Competencia con el blanco.

5) Superación dentro del propio grupo, donde se forman jerarquías semejantes a


las existentes en los grupos blancos. Este es el camino que siguen muchos negros
bien educados (20).

Tappan agrega otras razones importantes, que rigen inclusive ahora, pese a que
las condiciones de los negros han mejorado a raíz de la lucha, en gran medida
exitosa, contra la discriminación racial en Estados Unidos. Por ejemplo,
muchos de los
92
negros que viven en el norte son inmigrantes del sur o campesinos que van a vivir
a las ciudades, en cuyo caso opera como causa no la raza sino la migración.
Además, de hecho, los negros viven muchas veces en ghettos, pese a las leyes
sobre vivienda (21).

Las consideraciones anteriores y otras similares han llevado a los criminólogos


norteamericanos a afirmar que la fuerza principal que causa la mayor delincuencia
negra -o de otros grupos no blancos- (22) se halla en los factores sociales y no en
los raciales. Desde luego, no es que desconozcan la importancia de las causas
biológicas en general, ni las distinciones que pueden hacerse entre individuos y
grupos; se limitan a comprobar, a la luz de miliares de experiencias, que la raza no
tiene relevancia cuando se trata de determinar las causas biológicas de la
criminalidad total de ciertos grupos en los cuales hay afinidades étnicas. Canady
dice que "el delito no es un rasgo físico" (23) propio de tal o cual raza y que pueda
transmitirse como la forma del cabello o el color de la piel; por su parte, Barnes y
Teeters afirman que "se desconoce un rasgo criminal racial distinto, como parte
definida del equipamiento hereditario de un grupo de gente" (24; y más adelante:
"Por lo tanto, podemos concluir con seguridad que la raza no repercute en el
delito, salvo cuando la hallamos estrechamente ligada con conflictos políticos,
sociales o industriales o con prejuicios que parten de la casta dominante" (25),

Por estas razones, Sellin ha podido decir: "La responsabilidad está donde el
poder, la autoridad y la discriminación tienen su fuente: el grupo blanco dominante.
Para este grupo constituye una acusación la existencia de un alto porcentaje de
criminalidad negra; aquélla no puede ser borrada por necesidades acerca de
"inferioridad racial", "depravación heredada" u otras generalizaciones similares"
(26).

(20) Cit. en id. id., pp. 98 -99.

(21) V. Tappan: Crime, Justice and Correctlon, pp. 201 - 203.

(22) Barnes y Teeters incluyen estudios referents a los mejicanos, chinos y japoneses e indios autoctonos que viven
en los Estados Unidos; v. ob. Cit., pp. 186-190; lo mismo hace Henting: Criminologia pp. 217-229.

(23) En su art.: The Negro in Crime, incluido en la Enciclopiedia dirigida por Branham y Kutash, ya citada: p. 268

93
(24) Ob. Cit., p. 182.

(25) Id. id. p. 185

En materia de influencia racial en el delito, los estudios más serios y completos se


han hecho en Estados Unidos acerca del negro. Menos alcance han tenido tos
llevados a cabo en Europa, sobre grupo étnicos en los cuales se relievó también la
importancia del consumo del alcohol; así, los datos comparativos acerca de
Suecia y Finlandia, y en distintos estados alemanes. En cuanto a la baja
criminalidad de los judíos europeos, ha sido explicada por causas sociales y no
raciales. Tampoco parece importante la delincuencia de los gitanos (27).

4.- CRIMINALIDAD DE LOS INDÍGENAS BOLIVIANOS. Este es uno de los temas


que mayor investigación merece, sobre todo debido a que el grupo generalmente
llamado indígena, forma algo más de la mitad, y quizá las dos terceras partes, de
la población boliviana. Sin embargo, la carencia de instituciones destinadas a
estos estudios, hace que ellos se encuentren muy lejos de los objetivos ya
alcanzados por los norteamericanos sobre el similar problema que hemos
expuesto en el párrafo anterior.

Pero no han faltado afirmaciones apriorísticas que, lejos de aclarar en algo el


campo y remediar la escasez de hallazgos experimentales, no han hecho sino
provocar nuevas dificultades.

La primera entre éstas, no sólo por el orden que debe ocupar en cualquier
investigación, sino por su importancia intrínseca consiste en determinar lo que ha
de entenderse por indio desde el punto de vista racial. Desde luego, aun entre los
que tratan del problema indígena, este punto se da por supuestamente resuelto, lo
que no sólo es falso, sino que contribuye a restar uniformidad a las conclusiones a
que se llega, pues todo queda librado a la intuitiva clasificación de los distintos
estudios.

Si deseamos hacer una investigación de la criminalidad indígena, ¿a quiénes


hemos de tomar en cuenta? ¿Sólo a los indios puros? Y entonces, ¿cómo hemos
de lograr la certeza de que se trata de "puros", supuesto que una averiguación al
respecto es prácticamente imposible, aunque sólo nos propusiéramos retroceder

94
cien años en

95
la genealogía de cada individuo? ¿O, para fines prácticos, hemos de considerar
indios a todos los que tengan predominio de sangre indígena? Y entonces, ¿cómo
determinaremos la realidad de ese predominio y con qué medios contaremos para
calcularlo exitosamente? ¿Cómo hemos de operar con los mestizos, que
constituyen un apreciable porcentaje de nuestra población?

En cuanto atañe a la explicación de la conducta del indígena boliviano -en lo


criminal o no- se han destacado dos posiciones extremas: la de aquéllos que ven
en el indígena una radical incapacidad para asimilar los modelos de una alta
cultura y a esa deficiencia individual atribuyen el atraso, el alcoholismo, la
criminalidad y el analfabetismo; y la de aquéllas que encuentran sólo en razones
sociales la causa de los males que el indio sufre y que él provoca. Ambas
posiciones generalmente son asumidas a priori y obedecen más a sentimientos e
intereses que a la observación de la realidad; los hechos que citan son parciales,
deformados por los prejuicios y no resisten al menor intento de una crítica seria.

Justo es consignar, sin embargo, que los artículos y folletos publicados y las
conferencias pronunciadas por las personas que quieren tratar el tema con rigor
científico, se mantienen en un justo medio aceptable. Es de lamentar que esta
posición, sea la menos común y sea la destinada a sufrir los embates de dos
enemigos capitales: por un lado, de los interesados en mantener al indígena en su
estado de sojuzgamiento, que facilita la explotación de su trabajo y dificulta las
tentativas de llevarlo a una superación; desgraciadamente, gran parte de los
habitantes de las ciudades y pueblos, casi todos ellos con buen porcentaje de
sangre india en sus venas, han hecho dogma de fe de este prejuicio; por otro lado,
de ciertos políticos y sociólogos que pretenden ganarse el apoyo de grandes
masas, por medio de prédicas demagógicas que ellos mismos se encargan de
desmentir con su actuación práctica.

La polémica Medrano Ossio - López Rey. Hace siete lustros, se produjo sobre el
tema, una polémica violenta entre los penalistas López Rey y Medrano Ossio. No
nos toca aquí examinar la índole de algunos motivos que hicieron que en los
cambios de ideas se deslizaran alusiones personales hirientes que en nada

96
contribuían a aclarar el fondo del asunto. Sin embargo, res de lamentar que no
haya sino de tarde en tarde estas discrepancias defendidas con ardor capaz de
contagiarse a todos los directa o indirectamente interesados en lograr una
solución; las polémicas así llevadas, aún con sus exageraciones, cumplen un
papel de indudable importancia en el progreso de las ideas. La que nos sirve
ahora de tema es una muestra.

Ella; tuvo su origen en un folleto publicado por el profesor Medrano Ossio (28) en
el cual sostenía los siguientes puntos: Que el indígena (del texto se deduce que
todo indígena) se halla en estado peligroso y así debe ser declarado (29); su
estado "psicológico mental" no es tal que el sujeto pueda ser considerado
imputable, lo que se demuestra al comprobar que él no se da cuenta de lo que
hace ni tiene conciencia de los delitos que hubiera cometido, por graves que sean
(30); se halla en un estado de "postración psicológica" como resultado de causas
sociales (31). No constituye "valor moral"; la coca y el alcohol han debilitado su
inteligencia y su voluntad (32), lo cual trae por consecuencia el que las
perturbaciones sean de carácter permanente. "También estas especiales
circunstancias psicofisiológicas y orgánicas influyen y son causa para ciertas
alteraciones de sus funciones sexuales que lo impulsan a cometer delitos de esta
naturaleza y a transmitir estas taras por medio de la herencia fisiopsíquica a las
generaciones posteriores" (33).

Con este último párrafo, Medrano Ossio ingresa ya al terreno de las causas
individuales que fundamentan su pedido de declarar al indígena en estado
peligroso. En efecto, antes ha hablado de causas sociales, del estado que
describe como típicamente propio del indígena; pero ahora, ya habla de
transmisión hereditaria de algunos caracteres adquiridos por obra del abuso del
alcohol y de la coca. Por lo demás, ya antes había dicho que el indio "adolece de
una timidez, congénita y de una tristeza absoluta, inconsciente"(34). Estas
afirmaciones, nos parecen, conducen a la conclusión de que el indígena, es racial,
congénita, hereditariamente inferior en algunos aspectos, por lo cual resulta
contradictoria aquella otra afirmación hecha con carácter general: "no existen
razas inferiores o superiores sólo sí que unas están adaptadas mayormente a la
97
civilización y otras

98
no" (35). Tanto más si luego hablará de que la carencia de moralidad se debe "a
influencias psicopatológicas permanentes; de carácter congénito unas, y otras
adquiridas" (36).

Medrano Ossio utiliza en su trabajo buena parte de la terminología psicoanalítica;


y dentro de este punto de vista asegura que el indígena carece de yo superior, ese
que generalmente se designa más bien como super yo o instancia moral individual
(37).

La pintura hecha por el Prof. Medrano Ossio peca de pesimista. Es evidente que el
indio ha vivido durante siglos en un ambiente poco favorable para la adecuada
manifestación de todas sus capacidades; pero su situación no es de U gravedad
que el autor asegura. Por ejemplo, es indudable que el indígena campesino posee
un alto sentido moral, en muchos aspectos superior al del mestizo pobre e inculto
de los centros de población (38). Tiene ansias de superación. Y, en todo caso, no
pueden atribuírsele notas de inferioridad congénitas o raciales, pues resultan
injustificadas (39).

Las teorías enunciadas por el Prof. Medrano Ossio, fueron duramente criticadas
por el Prof. López Rey, fundamentalmente en relación con las consecuencias que
aquéllas, de ser aceptadas, tendrían en el campo del Derecho Penal (40). Este
aspecto, aunque de fundamental importancia, cae fuera de los límites de un texto
de Criminología, así que hemos de aludir a él sólo de manera secundaria.

López Rey hace notar la diferencia que existe entre tener más y ser más; "tener
más, no significa ser más que otros"(41). Sin embargo, esto es olvidado por
quienes del hecho de que se posea menos que otros, deducen inmediatamente
una inferioridad. V esto lo aplican también al indio.

El indio boliviano, a diferencia del negro norteamericano, ha poseído una


respetable cultura, cuyos restos que han sobrevivido son notabilísimos. Esa
cultura suponía valoraciones, de las cuales el indígena actual es consciente, por lo
cual resulta falso el considerarlo inimputable. López Rey hace, resaltar que esta
conclusión supondría admitir la inferioridad mental del indígena, en la que no cree,
apoyándose para ello
99
en la opinión de varios autores que se han ocupado de la materia. No cabe duda
que el alcohol, la mala alimentación, el sojuzgamiento social han llevado de
manera general, a que el indio tenga una condición social inferior; ésta puede ser
cauri o efecto de una inferioridad de tipo mental; pero eso sucede en todas las
razas y grupos sociales y no sólo en el indio; de ahí por qué resulta inadecuado el
referirse sólo a éste, como si sólo él cargara con lodos estos estigmas (42).

El penalista hispano - boliviano, puntualiza que el régimen de protección y tutela a


que quedaría sometido el indígena como consecuencia de su declaratoria de
peligrosidad, es inadecuado para lograr su mejoramiento general o su corrección
penal; tal régimen, según demuestra la historia, supone los siguientes riesgos:

1) Que nunca se considerará al indio suficientemente evolucionado como para


liberarlo de la tutela.

2) Se cohibirá su desarrollo cultural.

3) No contribuirá (tal régimen) al desarrollo del sentido de responsabilidad.

4) Se lo explotará más fácilmente.

5) Se los colocará en situación de ser diezmados.

6) Se llegará al absurdo de colocar bajo tutela a la mayor parte de la


población, mientras una minoría desempeña el papel de protectora (43).

Pero no se trata sólo de que el régimen sea inconveniente, sino de que no


corresponde a la realidad; en efecto, si la peligrosidad se entiende como alta
tendencia al delito, que es como generalmente se entiende, debería resultar que
los indígenas dan una enorme cantidad de delincuencia; pero eso no sucede, en
realidad, afirma López Rey, y pese a las dificultades sociales que podrían impulsar
al indígena a delinquir mucho, su criminalidad es reducida y, en todo caso, mucho
menor que la del blanco y la del mestizo (44).

Las estadísticas compiladas hasta el momento dejan mucho que desear en lo que
toca a la clasificación racial, pues no se indican los criterios seguidos para hacerla.

100
Para mediados del año 1952 se consignaban las siguientes cifras (M = Varones; F=
mujeres) (45).

DELITO RAZA DEL DELINCUENTE

Blanca Mestiza Indígena TOTAL

M F M F M F M F

Homicidios 5 — 26 — 29 2 60 2

Lesiones o heridas — 1 1 1 — — 1 2

Abuso de confianza 1 — — — 1 2 2 2

Violación y estupro 1 1 4 — — — 5 1

Robo y hurto 3 — 16 3 18 7 37 10

Estafas, defraudaciones,

quiebras 9 — — 1 1 3 10 4

Contra el estado 1 — 1 — — — 2 —

Tentativa asesinato — 1 — — — — — 1

Abigeato — — — — 4 — 4 —

Sublevación — — 6 — 21 1 27 1

Accidentes tránsito 3 — 1 — — — 4 —

Otros delitos — — 1 1 1 — 2 1

Sin datos — — — — 1 — 1 —

Calumnia, libelo — — — 1 — 1 — —

Injurias y amenazas — — — 2 — 1 — 5

TOTALES 23 3 56 8 76 17 155 28

101
Estos datos deben ser comparados con los referentes a la dis-tribución racial en
Bolivia que, según cuadros expuestos por Coon JS la siguiente: Blancos (de
origen europeo), 15%; mestizos, 32%; indios, 53% (46). Estos números, como los
tocantes a delincuentes, tienen que ser tomados con su grano de sal ya que, en
muchos casos, se emplea una clasificación no estrictamente racial sino mezclada
con consideraciones sociales y culturales. Por ejemplo, nunca o casi nunca, un
profesional de nivel universitario será clasificado como indio, aunque
biológicamente predominen en él los rasgos indígenas. Es muy difícil admitir que
haya un 15% de blancos que no tenga, siquiera en alguna medida, mezcla
indígena.

De estas cifras está lejos de poderse concluir la aducida peligrosidad del indígena;
en efecto, existen 93 reclusos de esta raza, por 90 de las otras, lo que resulta
plenamente favorable al indígena.

Hay que notar la prevalente comisión de delitos de abigeato y sublevación; lo


primero se explica porque el indígena vive principalmente en el campo, escenario
natural de ese tipo delictivo. En cuanto a la sublevación, no es sino una forma de
imponer el propio derecho -real o supuesto- ante abusos que se creen cometidos
por patronos y autoridades: estas cifras corresponden, sin duda, a hechos reales;
pero nada especial se puede deducir en contra de los indígenas y a favor de
blancos y mestizos; éstos también incurren, y con participación de mayor número
de persona, en el mismo delito: revoluciones, motines, muertes, heridas
consiguientes, incendios, destrucción y asalto de la propiedad privada; eso consta
a cualquier observador; pero ninguno de tales delitos queda en las estadísticas. Si
todos ellos fueran consignados, los datos arriba indicados se invertirían, y en gran
medida.

Aunque pudiera deberse a causas circunstanciales, no deja de llamar la atención


el hecho de que delitos en los cuales la opinión popular se prepararía a ver
ampliamente representados a los indígenas, ellos están ausentes; tales los casos
de lesiones, violación y estupro.

Pero es preciso evitar el extraer conclusiones terminantes del cuadro transcrito;

102
tiene él varios defectos, fuera del fundamental ya anotado de no saberse los
criterios seguidos para clasificar a los reclusos por razas. Principalmente hemos
de anotar:

103
1) Se refiere sólo al Panóptico Nacional que, si bien es el mayor establecimiento
penitenciario del país, sólo cobijaba a la tercera parte de la población penitenciaria
total; 2) toma en cuenta el número total de internados, sin distinguir a los simples
detenidos de los ya condenados por sentencia ejecutoriada.

Sin embargo, es posible que un perfeccionamiento de las estadísticas trajera por


consecuencia el disminuir aún más la proporción de reos indígenas; y es que
aquéllas implican un aumento artificial en el número de éstos y una disminución en
la de reos mestizos y blancos; las razones les había ya apuntado en mi trabajo
citado, al afirmar que los indígenas "carecen de capacidad para la ficción durante
el proceso, gozan de menos garantías procesales y se aprovechan poco de los
beneficios legales, no son casi nunca debidamente defendidos y no recurren
frecuentemente a la rebaja de pena ni al indulto; por otra parte, los delitos que
ellos cometen son de los menos complicados de descubrir y probar, lo que no
sucede con los delitos cometidos por integrantes de otros grupos raciales y
sociales (fraude, abusos de confianza, estafas, defraudaciones, malversaciones,
quiebras dolosas o culposas, abortos, abusos de autoridad, etc.)" (47).

Estas observaciones son tanto más dignas de tomarse en cuenta si consideramos


a quienes incluye el cuadro arriba citado.

Corroboran lo anterior, las estadísticas proporcionadas sobre el Ecuador, por la


Dra. Genoveva Godoy (48).

5.- CONCLUSIONES. Entre las principales, podemos apuntar:

1) No hay justificación científica alguna que hoy permita afirmar la existencia de


razas superiores o inferiores; menos para pensar que, como parte de esa
inferioridad, exista en tal o cual raza algún o algunos genes que la hagan más
inclinada a la delincuencia en general, o a ciertos delitos en particular. La mayor
proporción relativa en que algunos grupos étnicos se hallan representados en las
estadísticas criminales, se debe a razones ajenas a supuestos caracteres raciales
favorables al delito.

104
2) Ha sido una fuente de confusiones, insuperada hasta hoy, el no distinguir
entre raza y nacionalidad. Sobre todo, cuando se trata de los indígenas bolivianos,
la confusión es total; ello sin contar con que los pertenecientes a grupos sociales
cultos y ricos, aunque poseyeran todos los rasgos corporales indígenas, no son
considerados tales, por el simple hecho de la situación social que ocupan. Incluso
suele bastar el hablar bien el castellano o ejercer ciertos oficios, para no ser
considerado indígena.

3) Como vimos, el concepto de raza se refiere a agrupaciones de caracteres


somáticos; pero no son éstos, sino los psíquicos los que más interesarían para
deducir conclusiones tocantes al aspecto criminal. Las investigaciones sobre la
inteligencia, voluntad, sentimientos, etc., de las razas, se hallan en pañales y no
pueden ser ofrecidas como pruebas convincentes. En general, se ha estudiado
más
-aunque sin llegar a ninguna caracterización definitiva- la psique de las
nacionalidades (francesa, inglesa, española, etc.).

4) Para un estudio futuro de la criminalidad india boliviana, ofrecen mucha


base los similares realizados en Estados Unidos sobre la criminalidad negra, sobre
todo en cuanto toca a las nocivas influencias ambientales que impulsan a la
desadaptación, Sin embargo, como hace notar López Rey (49) hay que tomar en
cuenta dos diferencias: a) El indio tiene una cultura propia y sigue habitando el
suelo de sus mayores, mientras el negro es un transplantado cuyos antecesores
nunca alcanzaron un nivel cultural semejante al de nuestros aborígenes andinos
(50); b) los negros tienen colegios y universidades propios que les conceden
facilidades para obtener una cultura y técnica superiores, sin salir de su grupo
racial.

5) Si bien la situación social inferior puede ser consecuencia de la inferioridad


individual innata, ya que ésta puede ocasionar que se carezca de la capacidad
suficiente para adecuarse a la sociedad, sin embargo, la conclusión en este
sentido no es necesaria y menos puede admitirse como verdad indiscutible,
cuando existe la seguridad de que han intervenido también favores sociales
bastantes para explicar aquella inferioridad.
105
6) Es injustificado hablar de una inferioridad general del indio en relación con
otros grupos, tanto si se considera que tal inferioridad proviene de factores
biológicos como de factores ambientales. Un análisis comparativo muestra
claramente que en muchos aspectos el indio es superior al blanco y al mestizo
(estabilidad y sentido de la familia, constancia en el trabajo, ansias de superación,
etc.). Se precisa, sin embargo, distinguir entre el indio que habita en las ciudades y
el campesino; el primero ha perdido o está en proceso de perder sus propios
frenos culturales, sin llegar a adaptarse a otros nuevos, llegándose como
consecuencia a un. alto grado de degeneración en muchos individuos; el segundo
conserva su tradición y su cultura y es un individuo integrado, no degenerado y
que, sobre todo en los últimos tiempos, viene dando repetidas pruebas de su
capacidad para adaptarse a la técnica occidental aprovechándola en propio
beneficio. La necesidad de esta distinción resalta particularmente cuando se habla
de alcoholismo; el indio urbano es con indeseable frecuencia un alcohólico, que se
embriaga con regularidad y frecuencia; el campesino se emborracha, hasta perder
la conciencia inclusive, pero sólo en ciertas oportunidades ligadas con fiestas de
variado tipo.

7) No se encuentran en los grupos indígenas causas peculiares de


delincuencia. Las mismas causas ocurren en Bolivia, y a veces con mayor
gravedad, en los grupos blancos sobre todo mestizos (51).

(1) Schreider: Los Tipos Hnmanos; p. 20. El subrayado proviene del original.

(2) V. Dunn y Dobzhansky: Heredity, Race and Society; p.

97. (3) Id. id., p. 101.

(4) Cit. por Schreider, ob. cit., pp. 18 -19.

(5) Cit. en id. id., p. 19.

(6) V. Kroeber: Antropologia General, pp. 51-58; Coon, Las razas humanas actuales especialmente pp. 315-426.

(7) Síntesis de las principales clasificaciones raciales, pueden verse en Schreider, ob, cit., pp. 18-56; y Hrdlilka: Las razas del Hombre; sobre
todo pp. 207-223 (es un estudio incluido en la obra. Aspectos Científicos del Problema Racial, en la cual colaboran varios autores)

(8) V. Kroeber. ob. cit., pp. 75 - 102, en ñas cuales se hace un análisis detallado acerca de cada uno de los caracteres principalmente
aducidos como prueba de superioridad. V. también; Varios: L'Homme de Conleur.

(9) Hrdlicka, art., cit., pp. 202-205.

(10) V. el artículo de Lowie: Perfeccionamientos Intelectuales y culturales; se halla en las pp. 225 - 295 de la obra anteriormente citada:
Aspectos Científicos del Proble-RacUl.

(11) Otto Klineberg: Los tests Mentales en los grupos raciales y nacionales, p. 333. Este articulo integra la recopilación citada en la cual ocupa
las pp. 297 - 346.
106
(12) Id. id, p. 942.

(13) V. la teoría de Hooton, en el capítulo que en la presente obra se dedica a las tendencias antropologístas.

(14) Reproducido de la obra de Taft: Criminology, p. 39.

(15) Puede verse en Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp. 191, 192, 193 y 194; Branham y Kutash: Encyclopedia of
Criminology (Art. The Negro in Crime), pp. 269 y 272. Para datos más recientes, los que contiene el informe de la Comisión Presidencial para
investigar temas delictivos y de justicia penal, The Challenge of Crime in a free society, pp. 149-150.

(16) V. Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 153 - 154.

(17) V. Taft, ob. cit., pp. 91 - 97.

(18) Barnes y Teeters, ob. elt., p. 195, transcriben lo siguiente, de la publicación oficial. La migración del Negro en 1916 -17: "Las actividades
anormales y no garantizadas de los agentes de la policía sureña son responsables de profundos agravios a los negros. En muchos casos, la
policía ha utilizado rigurosamente los instrumentos del poder. Mucha gente de color cree que los empleadores de convictos urgen a la policía
para que actúe más entre los negros, a fin de llenar los campos de convictos; y, como para alentar los arrestos frecuentes, las autoridades no
pagan a los agentes y a otros empleados subalternos por sus servicios, sino que les retribuyen de acuerdo con el número de arrestos
efectuados, desde luego, ellos hacen todo lo necesario para que el negocio marche".

(19) V. Taft. 06. cit., p. 91.

(26) Citado en id. id., p. 198. Sobre la criminalidad racial, pueden verse: Taft. Ob, cit., pp. 88-101; Rckless: Criminal Behavior, pp. 109-116
Branham y Kutash, ob cit., pp.269-276; Barnes y Teeters, ob. Cit., pp. 182- 202: von Hentig: ob. Cit., pp. 189-299; Criminology and Penology,
pp. 110-112.

(27) Un resumen en Hurwitz, Criminologia, pp. 297-305.

(28) La Responsabilidad Penal de los

Indígenas. (29) Id. id., pp. 18-19.

(30) Id. id., p. 19.

(31) Id. id., p. 24.

(32) Id. id., p. 25.

(33) Id. id., pp. 25-26.

(34) Id. id., p. 20. El subrayado es nuestro.

(35) Id. id., p. 20.

(36) Id. id., p. 26. El subrayado es nuestro. Hemos de confesar que hemos sentido cierta vacilación sobre todo a raíz de este párrafo en que
se habla de psicopatía, al interpretar el vocablo “congénito”; parecería que el Prof. Medrano Ossio lo emplea también para designar lo
heredado.

(37) Id. id., p. 20.

(38) Vamos a citar dos hechos, entre muchos, que deben llamar a reflexión; el primero: si estudiamos s los niños y adolescentes internados
por abandono vaganvia o lelito, en asilos y reformatorios bolivianos veremos que los indigentes típicos no se hallan en la proporción
correspondiente a la cantidad de ellos en la población total. Algo más de entre esos niños y adolescentes, solo excepcionalmente se presenta
alguno que provenga de familias campesinas; en general pertenecen a grupos que habitan usualmente en las ciudades. El segundo en
relación con su supuesta diferencia ante el propio progreso; no sabemos de ningún edificio escolar construido por los directamente
interesados, en ninguna ciudad de la república; en cambio los campesinos lo han hecho con la inmensa mayoría de los locales con que
cuentan para su educación; y hasta pagan con su dinero a los profesores; ¿es este síntoma de superioridad o de inferioridad de deseos de
progresar o de estancarse.

(39) Es preciso que insistamos en este aspecto, que resulta claro en el trabajo citado de Medrano Ossio; en otro posterior, Respuesta y
Objeciones a un Penalista, dice (p. 27); "Una mala interpretación de mi citado trabajo (el primero a que nos referimos) ha hecho que se crea
que sostengo la inferioridad natural del indio. La inferioridad que anoto, es la jurídica y social, esa Inferioridad artificiosamente creada por la
ley que hace del indio un ser explotado, afirmación es ésta que nadie puede negar". Hemos de lamentar que esa errónea interpretac ión tenga
exceso de puntos sobre los cuales apoyarse.

(40) Las críticas se hallan expuestas principalmente en el libro: Introducción al Estudio de la Criminología, al que aquí nos atendremos.

(41) Ob. Cit., p. 251.

(42) Id. Id., pp. 270 y 272.

(43) Id. Id. Pp. 252-256, 264 y 285.

(44) Id. id., pp. 272 y 283; desgraciadamente no se dan a conocer las estadísticas y estudios en que esta afirmación se apoya.

(45) Cuadro estadístico suministrado por el Departamento Nacional de Censos. Los datos fueron recogidos por iniciativa del Dr. René Zalles,
Director del Patronato de Reclusos y Liberados. Se refieren a la población penitenciaria recluida en el Panóptico Nacional que, como se sabe,
funciona en gran parte como establecimiento penitenciario central de Bolivia. Este cuadro se halla incluso en nuestro trabajo: Los
Establecimientos Penales y Correccionales Abiertos en Relación con la Realidad Boliviana, p. 28.

(46) Ob. Cit., p. 435.


107
(47) Id. id., p. 15.

(48) Consignadas en la pág. 28 dé la obra: Manifestaciones Predominantes de la Delincuencia en el Ecuador. En las pp. 7 - 8: "Si se tiene en
cuenta que, según el último censo de la República -el único por lo demás, realizado con pautas científicas-, la población del Ecuador alcanza
a 3.202.757 habitantes y que, según cálculos aproximados, el número de indígenas llega a 1.436.813, llama la atención el índice bajo de
delincuentes de este conglomerado. En cambio, prima el grupo de los mestizos que ocupa, por lo general, las pequeñas poblaciones y que
tan desprovistos de cultura se encuentran". (Ver el cuadro al final del volumen).

(49) Ob. Cit., p. 262.

(50) La Criminología carece absolutamente de datos en relación con el indio selvático.

(51) Sobre el tema del indio pueden verse (fuera de las obras ya citadas). Monsalvé Bozo: El Indio: cuestiones de su vida y su pasión; Ponce
de León: Situación Jurídico - penal de los aborígenes peruanos (favorece la interpretación ecléctica de la delincuencia indígena); Tamayo:
Creación de la Pedagogía Nacional (contiene sagaces intuiciones, si bien, por su propio carácter la obra carece de sistema); Otero: Figura y
Carácter del Indio (esta obra contiene muchos dalos de primer orden: desgraciadamente no señala las fuentes bibliográficas de las ojales
ellos fueron extraídos); Mario Montaño Aragón: Antropología Cultural Boliviana. En ninguno de estos autores hay iero alguno para pensar en
inferioridades raciales propias del indio.

108
GLÁNDULAS ENDOCRINAS

1.- GLÁNDULAS ENDOCRINAS Y HORMONAS. Hace ya medio siglo, con el


entusiasmo y las exageraciones de los primeros momentos, el tema de las
glándulas endocrinas ingresó en el campo de la Criminología. Aunque ese
entusiasmo ha. declinado, no es posible negar que las glándulas endocrinas se
relacionan estrechamente con caracteres muy importantes dentro de los estudios
criminológicos, tales como la constitución corporal, los sentimientos, los instintos,
el sexo, la edad, el grado de inteligencia, las reacciones ante el medio ambiente,
etc. En suma, tales glándulas constituyen un sistema cuyo funcionamiento y
equilibrio es importante para determinar las características de una persona.

Las glándulas endocrinas segregan productos químicos especiales llamados


hormonas.

En lo que sigue, reproducimos aquello que de las glándulas endocrinas y de las


hormonas se relaciona más estrechamente con la conducta humana y, por
consiguiente, con el delito (1).

La tiroides. Se halla situada en la parte anterior del cuello y adherida a la tráquea.


Segrega la hormona llamada tiroxina, uno de cuyos componentes esenciales es el
yodo; la carencia de este elemento en ciertas regiones, da lugar a la aparición del
bocio endémico.

Esta glándula, como todas las demás, puede tener dos anormalidades
patológicas: la primera por exceso de secreción; la segunda, por defecto.

El hipotiroidismo se traduce en el llamado mixedema, el cual puede ser congénito


o adquirido; el congénito se presenta tanto en el hombre como en la mujer; el
adquirido se da principalmente en las mujeres cuando se acercan a la
menopausia. Carácter típico es la infiltración subcutánea de un líquido mucoide en
todo el cuerpo, especialmente en la cara, donde los labios son abotagados y
caídos; cejas y pestañas caen; hay mayor sensibilidad, al frío, disminución del
tono muscular; al mismo tiempo, apatía, lentitud intelectual, somnolencia, pulso
retardado.

109
Estos síntomas son menos graves en los adultos que en los menores que aún se
hallan en la etapa del crecimiento, pues entonces el hipotiroidismo provoca el
retardo o la detención del desarrollo y la osificación lenta; a veces se llega a un
verdadero enanismo junto con un retardo o detención intelectual que alcanza
diversos niveles. En los casos más benignos, se nota cierto retardo en el
desarrollo, tendencia a la obesidad, pereza, apatía y dificulta para la concentración
mental.

En el hipertiroidismo hay adelgazamiento general -que puede ser remediado y


compensado por la acción de otras glándulas- junto con una gran voracidad (salvo
en los últimos extremos del hipertiroidismo); taquicardia; temblor, sobre todo en las
extremidades, e hipertonía nerviosa. Particular importancia criminal tienen las
perturbaciones de la emotividad, que se torna exagerada, con marcada inclinación
a la irritabilidad, al nerviosismo, a la hiperactividad y la inestabilidad afectiva; la
agudización del hipertiroidismo suele ocasionar incluso estados de delirio.

A veces el hipertiroidismo, sobre todo en las mujeres, se con-vierte en la


enfermedad de Basedow caracterizada por los síntomas anteriores más exoftalmia
(ojos saltones) e hiperplasia difusa de la tiroides.

Cuando el hipertiroidismo es leve, se nota simplemente un adelgazamiento no


exagerado, hiperactividad, tendencia a cóleras rápidas, ausencia de sueño largo y
tranquilo.

El hipertiroidismo es sumamente frecuente entre los esquizofrénicos.

Las paratiroides. Son cuatro glándulas pequeñas situadas detrás de la tiroides; su


hormona se denomina paratiroidea o parathormona. El número de estas glándulas
no es constante en todas las personas, aun normales.

Junto con otros factores, la parathormona regula el metabolismo del calcio y del
fósforo. No olvidemos que el calcio es un moderador de la excitabilidad nerviosa.

Las suprarrenales. Son dos y se hallan colocadas, a manera de capuchones,


sobre cada uno de los ríñones.

110
Cada glándula suprarrenal tiene dos partes: la cortical y la medular. Ellas se
distinguen no sólo por su constitución sino por las funciones que desempeñan.

Desde hace tiempo, se conoce la existencia de la hormona córticosuprarrenal;


pero fuera de ella, es probable que haya otras aun no individualizadas,
principalmente una que cumple funciones genitales y cuya composición es
semejante a la de la testosterona. Hay otra hormona relacionada con la secreción
láctea (la cortilactina); por último, se habla también de la cortipresina, hormona
relacionada con la hipertensión arterial, la que a su vez está ligada con especiales
estados de tensión que se dan en ciertos delitos.

El hipocórticosuprarrenalismo se traduce esencialmente en la enfermedad de


Addison; está caracterizada por la astenia, con una enorme fatigabilidad;
hipotensión arterial.

El hipercórticosuprarrenalismo se caracteriza esencialmente en síntomas genitales


variables según el momento en que la hiper- función se presenta; si lo hace
durante la vida uterina, se produce pseudo - hermafroditismo; se da casi sólo en
las mujeres que muestran rasgos viriles que luego se traducirán en tendencias
homosexuales. Si se presenta en la infancia, resulta una pubertad precoz, con
rasgos viriles; si se trata de un hombre, los caracteres masculinos se acentúan.
Los resultados son similares cuando existe hiperfunción cortical durante la adultez:
en los hombres, los rasgos masculinos se hacen más pronunciados; en las
mujeres, se presentan caracteres viriloides junto con tendencias sexuales
aberradas.

La parte médulosuprarrenal segrega la adrenalina; esta hormona tiene


propiedades hipertensoras (produce hipertensión brusca, aunque generalmente de
breve duración) e hiperglucemiantes (aumenta la cantidad de azúcar en la
sangre). La adrenalina ha sido llamada la hormona de la emoción pues actúa
principalmente en los momentos de profunda alteración afectiva (miedo, susto,
cólera), ya que, al aumentar la cantidad de azúcar en la sangre, aumentan
también las reservas inmediatamente consumibles en el movimiento subsiguiente
de agresión o huida.

111
Los islotes de Langerhans. El páncreas es una glándula mixta; por un lado
segrega jugo pancreático, en función exocrina, el que es vertido en el tubo
digestivo; pero en tal órgano exista) grupos aislados de células, denominados
islotes de Langerhans. que producen la hormona insulina.

La principal función de la insulina es hipoglucemiante (disminuye la cantidad de


azúcar en la sangre). El hípoinsuliniamo produce hiperglucemia (diabetes). Se
trata, por tanto, de una hormona que tiene funciones opuestas aja de la adrenalina
y de la hormona hipofisaria hiperglucemiante.

Los ovarios. Son dos y se hallan a los lados del útero; su función central es la
liberación del óvulo; para que éste cumpla tal función, los ovarios segregan dos
hormonas: la foliculina y la Iuteína, íntimamente ligadas con los caracteres
secundarios del sexo y con la aparición de los distintos ciclos vitales.

En los ovarios existen millares de corpúsculos llamados folículos de Graaf los


cuales, al romperse por un proceso de maduración, dejan en libertad un óvulo; en
la cicatriz dejada aparece el cuerpo amarillo, que sólo funciona durante unos
quince días; después madura otro folículo, aparece una nueva cicatriz, y así
sucesivamente.

"La foliculina es segregada por el folículo de Graaf en maduración, mientras que la


Iuteína es segregada por el cuerpo amarillo, de tal manera que cada ciclo
menstrual puede ser dividido, desde el punto de vista hormonal, en dos períodos
iguales separadas por la rotura del folículo: una fase foliculfnica, fase de
maduración folicular en la que el ovario no segrega más que foliculina; y una fase
luteínica, durante la cual aparece la secreción de Iuteína" (2).

Como vemos, la presencia o ausencia de estas hormonas se relaciona


íntimamente con la menstruación, la que coincide con el momento en que la
Iuteína deja de ser producida. Si el óvulo es fecundado y se produce el embarazo,
el ciclo se interrumpe: el cuerpo amarillo no se atrofia, sino que crece y
permanece.

Estas alternativas resultan de la intervención de las gonadoestimulinas

112
segregadas por la hipófisis; existen las gonadoestimulinas A y B, la primera para la
foliculina, la

113
segunda para la Iuteína. La presencia en la sangre de una de las hormonas
gonadales acarrea la secreción de la estimulina de la otra hormona. El ciclo se
interrumpe durante el embarazo, porque la placenta segrega prolan, que opera
como la gonadoestimulina B y mantiene el cuerpo amarillo. La placenta segrega
también foliculina, la que aumenta en cantidad a medida c|ue avanza el embarazo;
este aumento unido a la acción de la óxytocina (originada en la hipófisis), es el que
desencadena el parto.

Durante los cuatro días posteriores al parto, la cantidad de hormonas en la sangre


se normaliza; pero aparece la prolactina, nueva hormona hipofisaria dirigida a
producir la secreción láctea.

Estos complicados procesos, pueden suceder durante unos 30 años; al cabo de


ese lapso, el ovario se atrofia, aunque las gonadoestimulinas siguen existiendo;
aparece la menopausia.

El complejo funcionamiento de estas hormonas hace que haya muchas y variadas


anomalías; si consideramos a aquéllas aisladamente, podemos hablar por lo
menos de cuatro anormalidades; pero ese número aumenta en mucho si tomamos
en cuenta los casos en que las anomalías en la producción de cierta hormona se
combinan con las de la otra.

El hipofoliculinismo puede aparecer en la etapa de la pubertad o más tarde; tales


formas se llaman, respectivamente, hipofoliculinismo primario y secundario.

El primero trae por consecuencia infantilismo y adiposidad; otras veces, suele


presentarse más bien un adelgazamiento, junto con rasgos viriloides y
anormalidades en las reglas, que pueden llegar a desaparecer.

El hipofoliculinismo secundario produce la supresión de la regla y la atrofia del


útero; "ahogos de calor, característicos hormigueos, vértigos, jaquecas; con
frecuencia aparece también tensión arterial, más o menos intensa, y algunas
veces trastornos psíquicos que pueden variar desde la simple irritabilidad y
disminución de la memoria, hasta verdaderas psicosis maníaco - depresivas" (3).

114
En relación con los aspectos que nos interesan hay que anotar que, durante la
menopausia, y después de ella, la mujer se viriliza y que estas hormonas, con su
normal funcionamiento, son las. que determinan la atracción sexual que la mujer
siente hacia el varón.

Los testículos. En éstos existen las células intersticiales que son las que segregan
hormonas masculinas; sin embargo, como hace notar Houssay, hay que
guardarse de oponer terminantemente las hormonas masculinas a las femeninas.
Por otra parte, los testículos producen espermatozos.

En correlación con estas dos funciones, la hipófisis segrega dos


gonadoestimulinas masculinas, denominadas A y B; la primera se halla ligada con
la espermatogénesis (y quizá con la producción de foliculina) y la segunda, con las
funciones de las glándulas intersticiales.

Hormonas sexuales masculinas son la testosterona, la androsterona y la


dehidroandrosterona.

Las hormonas masculinas determinan los caracteres secundarios del sexo; su


falta o menor producción ocasiona los síntomas de eunucoidismo.

La hipófisis. Se halla en la base del cerebro, sobre la silla turca; es del tamaño de
un garbanzo.

Esta glándula desempeña el papel de directora del sistema endocrino, regulando


las secreciones de las demás glándulas por medio de variadas estimulinas o
trofinas. Al parecer, la hipófisis, que está abundantemente irrigada por la sangre,
tiene la capacidad de analizarla y descubrir la cantidad que existe de cada una de
las hormonas para reaccionar en consecuencia por medio de las estimulinas, las
que tienden a establecer el equilibrio.

La hipófisis tiene también hormonas propias. Es fundamental la hormona del


crecimiento; su ausencia produce detención del desarrollo; su hiperfunción,
aceleramiento del mismo. Cuando se trata de individuos ya desarrollados, el
hiperpituitarismo se manifiesta en la acromegalia, notable sobre todo al nivel de
las articulaciones de las manos y de los pies.
115
Como producto del lóbulo posterior, suelen darse tres hormonas: la oxytócica,
relacionada con el parto por ser especialmente activa sobre el útero grávido
(individualizada); la hipertensora y la antidiurética (no individualizadas).

De lo anteriormente detallado, se deducirá que los síntomas hipofisarios son muy


variados. Nos detendremos en tres de ellos:

1) El infantilismo hipofisario que aparece cuando hay hipo- función de la


hipófisis; se presenta a corta edad; no se sigue creciendo; la osificación se
detiene; enanismo; los órganos genitales no se desarrollan; son características la
astenia, pereza y somnolencia. Hay también retraso psíquico. Suele presentarse
una senilidad precoz.

2) El síndrome adiposo genital; es el caso anterior, pero no con tanta


gravedad; talla aminorada, obesidad abdominal (sobre todo), e infantilismo genital,
son los síntomas principales.

3) Caquexia hipofisaria; se presenta cuando el lóbulo anterior es destruido; se


caracteriza por una crisis poliglandular y un enflaquecimiento extraordinario.

El hiperpituitarismo se traduce en gigantismo y acromegalia. Pero cuando la


hiperfunción no alcanza solamente a la hormona del crecimiento, aparece el
denominado síndrome de Cushing caracterizado por la hiperfunción de numerosas
glándulas endocrinas correspondiente a una hipersecreción de estimulinas.

Principal importancia asume el hecho de que la hipófisis está ricamente inervada:


a través de ella el sistema nervioso influye sobre el sistema endocrino. Pero si
bien este hecho se halla probado, la verdad es que se ignoran los detalles de esta
interrelación.

2.- ENDOCRINOLOGÍA Y DELINCUENCIA GENERAL. De lo expuesto hasta aquí,


resalta la estrecha relación existente entre las glándulas endocrinas y la
conformación corporal (biotipo), el carácter violento o suave, las reacciones de
fuerza o debilidad, la capacidad o incapacidad atentivas, la inteligencia y la
estupidez, la sanidad y la enfermedad mentales; en fin, entre las glándulas
endocrinas y las características corporales y psíquicas de un individuo.
116
Consiguientemente, es lógico considerar que el funcionamiento de aquéllas
determina en gran medida la conducta general de una persona, incluyendo la
conducta delictiva.

Con algo de audacia, podría darse un paso más y afirmar que toda la criminalidad
es explicable exclusiva o casi exclusivamente por el funcionamiento de tales
glándulas. Precisamente al exponer las tendencias criminológicas antropologistas,
vimos que ese paso ha sido dado. Ahora bien, ¿está justificado el darlo?

Aquí nos referiremos a las posturas extremas y no a aquéllas que se limitan a


reconocer la indudable importancia de las glándulas endocrinas.

Schlaap y Smith creyeron, por ejemplo, haber encontrado en la ciencia de las


hormonas una llave maestra que permitiría abrir la alcoba en que se guardaban
las secretas explicaciones de la conducta criminal. Así describa1, por ejemplo, la
del ladrón:

"Ve una bolsa descansando sobre una mesa y sabe que con-tiene cincuenta
dólares. El hombre normal puede sentir deseo por los cincuenta dólares. Puede
necesitarlos con bastante urgencia. Pero su control intelectual le avisaría
inmediatamente que el dinero no es suyo y se alejará de la tentación sin pena.
Pero el ladrón está emocionalmente perturbado y ese es el hecho dominante.
Marcha hacia el premio codiciado y después retrocede mientras su centro
intelectual lo previene con una ola de temor. Lucha entre su temor y su deseo. Los
impulsos contrarios ondean atrás y adelante. Finalmente, una ola de emoción
arrebata al ladrón. Avanza. Coge la bolsa. Huye. Es probable que este ladrón trató
de resistir. Se dijo que su acto era reprochable, que es peligroso, que la prisión lo
espera si es aprehendido. Ha intentado realizar lo que ha enseñado a su voluntad.
Pero toda voluntad y todo temor han quedado destruidos ante las reacciones de
su mecanismo corporal químicamente perturbado" (3).

Y al asesino:

"Pero el hombre capaz de asesinar se halla perturbado en sus glándulas, células y


centros nerviosos. La noción de matar es rápidamente seguida por otra acerca del

117
modo de llevar adelante su propósito. Quizá piense en un revólver, frasco de
veneno o puñal. Se le ocurren los conceptos de un plan, de encubrimiento, de una
fuga y de su impunibilidad. Sin duda, lucha en pro y en contra, arrastrado hacia su
víctima y repelido por el hecho de sangre; lucha entre sus emociones y los centros
inhibitorios del cerebro. Y la lucha lo agita hasta el extremo. Llega el momento en
que ya no puede resistir. La idea toma posesión de él. Forja sus planes, siempre
bajo fuerte tensión emocional, espera, lanza el golpe e intenta apartar toda
sospecha de sí.

La tensión emocional y la excitación no decaen hasta que ha cometido el delito.


Como muchos asesinos de este tipo han explicado, el delito parece aliviarlos del
horrible peso de una obsesión" (4).

El mecanismo de muchos delitos es semejante al de los casos recién citados,


como admiten inclusive Barncs y Teeters (5); pero, ¿sucede eso siempre? Desde
luego que no; fuera de que aun en los casos citados hay que suponer
necesariamente la acción de otras series de fuerzas que Schlaap y Smith dejan de
lado arbitrariamente; tal sucede con la constitución corporal y los factores
ambientales, de los cuales nada se dice. Los autores mencionados se limitan a
una descripción parcial que tiende a lograr que los hechos se acomoden a las
teorías y no a la inversa, que es lo que debería suceder.

La relación entre las glándulas endocrinas y la criminalidad general ha tratado de


ser puesta de manifiesto siguiendo otro camino: el de mostrar que entre los
reclusos existe un alto porcentajes de enfermos glandulares. Schlaap nos dice
"Más de veinte mil casos estudiados desde todo ángulo: psíquico, neurológico.
psiquiátrico, físico, químico y etiológico, proveen por lo menos una base de
comparación. No sorprendería al autor que las investigaciones fueran a revelar
que un tercio de todos los convictos actuales sufren de perturbaciones glandulares
o tóxicas. Esto no incluye ni a la debilidad ni a la insanidad mentales" (6).

Tannenbaum, con justa razón, pone en relieve el carácter hipotético de las


afirmaciones de Schlaap; éste "no quedaría sorprendido", según dice; pero sobre
esa suposición nada de firme y científico puede enunciarse (7).

118
Los autores citados, Schlaap y Smith, han sido tomados como eje de esta
exposición, porque son los más claros y extremos representantes de las
tendencias endocrinologistas; los otros autores siguen más o menos las líneas
generales de lo hasta aquí expuesto, al dar a conocer sus argumentos. Por lo
tanto, hemos de enjuiciar aquí a los citados primeramente; lo que de su obra se
diga puede aplicarse, mutatis mutandi, a los otros partidarios de estas corrientes.

Ante todo, el hecho de que existan más afectados de endocrinopatías entre los
presos que entre la población normal -fuera de ser un hecho que no está
plenamente demostrado- no debe llevarnos a admitir que ellas son causa de la
delincuencia. Puede tratarse de un simple paralelismo o de efectos de una causa
común; o puede que la endocrinopatía sea resultado de la especial forma de vida
que se lleva en la prisión. No se han tomado precauciones para eliminar estos
factores de posible perturbación en las investigaciones. En otras palabras, no
bastará reconocer -aun si se lograra hacerlo indiscutiblemente- que entre los
presos hay más enfermos de las glándulas, para concluir que la delincuencia
procede de la endocrinopatía; sería necesario establecer entre ésta y aquélla una
clara relación de causalidad; y esto no se ha logrado hasta el momento.

Tampoco debe dejarse de lado un agudo argumento de Ashlev Montagu para


quien, tratar de explicar la delincuencia por las glándulas endocrinas, equivale a
explicar lo conocido por lo desconocido, contra toda ley de lógica (8).

Por fin -y este es el argumento que puede usarse, con las adaptaciones del caso,
contra todas las teorías unilaterales-: Si las anormalidades endocrinas fueran las
únicas, o casi únicas, fuerzas que determinan el delito, todos, o casi todos, los
presos deberían padecer de ellas, lo que no han afirmado ni los más entusiastas
endocrinólogos: y viceversa: todos o casi los endocrinopatas deberían ser
delincuentes, lo que tampoco sostiene nadie.

Sin embargo, es evidente que, en algunos casos particulares, glándulas


endocrinas y hormonas representan un papel muy importante en la determinación
de la delincuencia.

119
3. GLÁNDULAS ENDOCRINAS Y DELINCUENCIA SEXUAL. Ya vimos que existe
una estrecha relación entre el funcionamiento del sistema endocrino y los
caracteres físicos y psíquicos del sexo. Por eso, pensando que en este campo la
relación es más íntima que en otros, aun algunos que adoptan una actitud
mesurada frente a la endocrinología en general, suelen inclinarse a darle
desusada importancia cuando se trata de explicar los delitos sexuales, sobre todo
los que dependen de disfunciones se- cretonas y de particulares momentos de
crisis, como el embarazo, el parto, la pubertad, la menopausia, etc.

En cuanto al homosexualismo, ha sido atribuido esencialmente a disfunciones


endocrinas; así lo sostenía Jiménez de Asúa al decir: "Hoy nadie afirmará que el
homosexual lo sea por voluntad suya y por inclinación al vicio. Una interpretación
endocrino- lógica es la única que puede explicar el homosexualismo... Los
pervertidos sexuales no son delincuentes... ya que, si la inversión sexual se cura,
no es un delito, sino un estado patológico" (9).

Puede argüirse, en contra de tan extrema afirmación, que las endocrinopatías no


explican toda la criminalidad homosexual. Es evidente que en muchos casos hay
que tomar en cuenta las causas glandulares; pero con ellas han de co - actuar
necesariamente factores de otro tipo para desencadenar el acto; si así no fuera,
todos los que padecen de anomalías en las glándulas endocrinas relacionadas
con el sexo, terminarían fatalmente en la homosexualidad, lo que en realidad no
sucede. Y es que no puede negarse la importancia de la homosexualidad
proveniente de influencias ambientales, ya sea de costumbres -como sucedía en
la Grecia clásica- ya de especiales circunstancias en que es imposible o muy difícil
encontrar personas del otro sexo- como sucede en las prisiones, internados,
cuarteles, etc.- donde no por el simple hecho del aislamiento aparecen las
endocrinopatías impulsoras de la homosexualidad, como bien hace notar López
Rey (10), quien cita también el caso del homosexualismo profesional practicado en
las grandes ciudades; en todos estos casos no es usual que se encuentren
síntomas endocrinos patológicos; en ellos, como dice con frase feliz Wittels, las
"personas actúan como homosexuales, sin serlo" (11); este autor piensa que es
difícil considerar al
120
homosexualismo como una enfermedad (12). Además, se pierden de visa los
casos que se aclaran mejor por medio de una interpretación psicoanalítica. Por fin,
suelen dejarse arbitrariamente de lado otros factores físicos, sobre todo los
relacionados con el sistema nervioso.

El propio Di Tullio. que tanto ha trabajado en el campo de la endocrinología,


distingue claramente una homosexualidad ocasional y otra debida principalmente
a causas endógenas, no puramente glandulares (13).

La tendencia de Jiménez de Asúa es seguida, en ciertas líneas, por autores tan


modernos como Bames y Teeters; si bien introducen la distinción entre un
homosexual "verdadero" y el ocasional. Pero es altamente significativo que el
estudio de esta forma de delincuencia, lo realicen en el capítulo destinado a
aquellos tipos que no pertenecen a la prisión (14).

En cuanto a los delitos producidos en la etapa de la pubertad, no puede negarse


que en ellos suele notarse la influencia de la crisis endocrina entonces producida;
pero no todo se puede explicar desde ese solo ángulo; el aspecto social es
importante, así como la asunción de nuevas responsabilidades, el gran desarrollo
del sistema nervioso, la aparición de intereses éticos y sociales y de la capacidad
de pensamiento abstracto, a que luego nos referiremos (15).

La crisis endocrina propia de la menopausia ha sido uno de los puntos en que los
partidarios de la endocrinología se han fijado especialmente, y no sólo en relación
con los delitos de tipo sexual que entonces y posteriormente asumen ciertas
peculiaridades, principalmente en la mujer.

Sobre este asunto, ya no puede afirmarse lo que antes se sostenía como verdad
indiscutible; en efecto, incluso cuando las glándulas ocupan lugar protagónico
como factores de la conducta, es necesaria la coactuación de otras causas. Por lo
demás, como hace notar López Rey, es preciso distinguir entre la menopausia -
resultado de disfunciones o cesación de funciones endocrinas- y la edad crítica
que tiene origen y carácter psíquicos; ésta suele ser más importante que la
primera en cuanto a los resultados que provoca y a veces la precede por varios
años; el autor citado,
121
siguiendo a Stékel, afirma que la edad crítica se halla relacionada con el miedo de
envejecer (que antes pudo ser el miedo de quedar soltera) (16).

Tampoco deben descuidarse las concepciones sociales acerca de estos


fenómenos, ni el temor de la muerte, tema del que tanto se han ocupado los
psicoanalistas.

En los últimos tiempos, el tema del anormal funcionamiento de las glándulas


sexuales como causa de delincuencia ha despertado nuevo interés, especialmente
en relación con la pena de castración de los delincuentes sexuales. Como hace
notar Hurwit; (17), basado en la experiencia danesa, es indudable que se ha
disminuido la reincidencia con la castración; pero tal efecto no puede ser atribuido
exclusivamente a la eliminación de las causas hormonales sino también a la
creación de inhibiciones por medio de la psicoterapia. Estas comprobaciones, dice
Hurwitz, no prueban un vínculo general entre anormalidades endocrinas y
delincuencia sexual. Por ejemplo, es evidente que muchos delitos sexuales se
producen, en individuos hormonalmente normales, sea por circunstancias sociales
sea por falta de suficientes inhibiciones.

4.- CONCLUSIONES. Una vez más nos encontramos ante teorías que si merecen
críticas, es por sus exageraciones. No cabe duda de que las glándulas endocrinas
desempeñan un papel importante en la determinación de la conducta humana;
pero siempre en colaboración con otras causas, lo que también se vio al tratar de
la Biotipología que se halla en estrecha dependencia con la endocrinología.

El razonamiento básico es claro; si no todos los delincuentes sufren de las


glándulas ni todos los que de ellas sufren son delincuentes, es forzoso admitir la
acción de otras causas en la determinación de la delincuencia.

Esto no significa negar que, en muchos casos, las disfunciones glandulares


desempeñen el papel protagónico, pues esto resulta evidente simplemente con
hacer un paralelo entre los caracteres naturales de un delito y los síntomas
propios de la acción de algunas hormonas; sólo se trata de insistir en que aun
entonces es

122
necesaria la colaboración de otros factores para que se integre el todo dinámico
que es el único que permite comprender cualquier acto humano.

En este campo, se ha dado, como en otros que ya hemos cita do, un menosprecio
o, por lo menos, olvido, en relación con otras causas, notoriamente las
ambientales. Pero también con las físicas pues con frecuencia se ha prescindido
de las influencias que el sistema nervioso ejerce sobre el funcionamiento del
endocrino.

Es verdad que estas afirmaciones extremas hace buen tiempo que han sido
desechadas por los criminólogos contemporáneos de mayor significación; pero,
desgraciadamente, suelen colarse en algunos epígonos.

Hoy la posición del justo medio es la que prevalece, por acercarse más a la
realidad.

No debemos olvidar que actitudes serenas y basadas en profundo conocimiento


del tema, ya se habían dado en lengua española hace muchos años; Gregorio
Marañón, decía:

"De lo expuesto, se sigue que las glándulas de secreción interna, reguladoras y


adaptadoras del conflicto perpetuo entre el ambiente y la trayectoria individual,
tienen una responsabilidad importante, pero sólo parcelaria, en la resultante social
de la vida de cada uno. Pero de esto, que es cierto, a hacer emanar la
responsabilidad de nuestros actos de nuestra situación endocrina hay una
distancia que ni en los momentos orgiásticos de las hipótesis es dado el franquear.
El conocimiento exacto de la situación endocrina de un determinado individuo, aun
suponiendo que fuésemos -y no lo somos- capaces de llegar a ese conocimiento
exacto, nos daría indicios, talvez muy expresivos, sobre ciertos rasgos de su
carácter y de su espíritu, sobre ciertas de sus reacciones globales frente a los
estímulos elementales de la vida; pero sólo en límites muy estrechos, nos ilustraría
acerca de su responsabilidad en actos de alta categoría espiritual, ya normales, ya
al margen de las normas habituales de la vida social.

"No es, en resumen, inservible el aparato de conocimientos aportados por los


autores en estos últimos anos acerca de la relación entre endocrinología y
123
sociología y criminalidad. Lo que no debe hacerse es abusar de su utilidad, que no

124
es ilimitada, sino justa y de contorno muy preciso. Esta utilidad se puede enunciar
en las tres proposiciones siguientes:

"I. El sistema endocrino influye, de un modo primordial en la morfología humana. Y


como hay una relación evidente, aunque no constante ni fija, entre morfología y
espíritu, el estudio morfológico, que en gran parte es glandular, de un sujeto
determinado, nos servirá de orientación sobre sus relaciones psíquicas y, por
tanto, sociales.

"II. En la determinación de los actos humanos y, sobre todo, en los de carácter


excepcional, influye poderosamente el fondo emocional de un individuo. Y como la
cantidad y la calidad de la emotividad es, en parte, función de la constitución
endocrina, el estudio de ésta será también importante para el juicio de aquellos
actos.

"III. Y, finalmente, ciertas -sólo ciertas y determinadas- enfermedades glandulares,


crean tipos de reacción del alma que pueden influir directamente en la
extralimitación del individuo de los cauces sociales que se aceptan como normales
en cada época de la historia de la humanidad" (18).

(1) Esta parte ha sido redactada en base, principalmente a Houssay: Fisiología Humana, pp. 671 - 842, y Rivoire: La eteacla de las
hormonas.
(2) Rivoire. eb. dt., pág. 167.
(3) Id. id., p. 184.
(4) Cit. por Barnes y Teeters New Horizons in Criminology, pág, 169.
(5) Cit. en id. id., pág. 170. V. Id. Id., pág. 170.
(6) Cit. por Tannenbaum: Crime and the Community, pág
201. (7) V. ab. cu., pp. 201 - 202.
(8) Cit. por Barnes y Teetes, ob. Cit., pág. 170.
(9) Cit. por López Rey: Endocriuología y Criminalidad; pág.
32. (10) Ob. cit., pp. 32 - 42.
(11) En la pág. 191 de la Encyclopedia of Criminoiogy, dirigida por Branham y Kutash: art.: Homosexuality.
(12) Loe, cit.
(13) V. Trattato di Antropologia Crimínale, pp. 221 - 223.
(14) V. Barnes y Teeters, ob. Cit., pp 888-896.
(15) V., luego, el capítulo sobre la
edad. (16) V. ob. cit., pp. 42 - 44.
(17) Criminología, pp. 160 -161.
(18) En el prólogo a la Nueva Criminología, de Saldaña; pp. 13 -14.

125
CAPÍTULO VI

LA EDAD

1.- EL FACTOR EDAD. La personalidad -la totalidad humana- posee capacidades


de acción y reacción que varían a medida que el tiempo pasa para ella, Por eso,
para comprender la conducta de cada individuó, no basta conocer los caracteres
generales del ser humano, sino que es preciso detallar los que asume en las
sucesivas etapas de su vida.

Esta se desenvuelve de modo continuo, pues no es un conglomerado de partes


tajantemente separables entre sí a manera de lozas de un pavimento; los
caracteres de una edad, se prolongan en la siguiente; a su vez, los de ésta, ya
comenzaban a aparecer en aquélla. Eso hace imposible el trazar límites
exactamente definidos para cada período vital y dificulta la tarea de lograr una
clasificación universalmente aceptada (1). Pero si la división en etapas es ya difícil
cuando se toma un sólo punto de vista -biológico, psíquico o social- los obstáculos
se acrecientan cuando se intenta hacer una división tomando en cuenta todos
esos aspectos y se enfoca la edad como un todo; en efecto, por ejemplo, las
etapas de crecimiento y regresión biológicos no coinciden con las psíquicas, a las
que preceden por un tiempo variable. Pero en Criminología nos interesa una visión
de conjunto, la personalidad total que, con sus variaciones temporales, es la única
que nos permite comprender la conducta delictiva.

El cuerpo crece, se fortifica y decae hasta morir; las capacidades psíquicas se


enriquecen y cambian; la responsabilidad social se acrecienta. Y todos los factores
concomitantes no pueden menos de influir en la conducta general del individuo de
la manera más profunda, pues alcanzan a todos los órdenes de causas. De ahí
por qué la cronología vital nos es imprescindible. Ella está signada en un primer
momento, por las cualidades corporales -notoriamente por la función de las
glándulas endocrinas-; pero los cambios físicos no son sino una parte de los
provocados por el transcurso del tiempo; los rasgos típicos de cada etapa no
pueden ser comprendidos a menos que se agregue el estudio de los caracteres
psíquicos y sociales.

126
No solamente hay que estudiar la criminalidad según los grupos de edad -por
ejemplo, la criminalidad de los jóvenes o de los ancianos- sino que, en cada caso
concreto, hay que analizar la evolución del delito en ceda individuo, según avanza
en años.

No bastará, en numerosos casos, comprobar la edad cronológica para incluir al


delincuente en tal o cual grupo de edad; será necesario considerar si no hay
retrasos y adelantos en la evolución. Por ejemplo, hay jóvenes de 23 años que
siguen con mentalidad de adolescentes, así como hombres que, a los cincuenta
años, tienen todos los síntomas de una ancianidad prematura.

Pese a las dificultades señaladas, es preciso atenerse a algún marco general;


adoptaremos, por sus cualidades y aceptación, el propuesto por Mira y López para
quien, desde que el niño inicia su carrera vital hasta que muere por aniquilamiento
senil, la vida humana puede dividirse en cinco etapas: Infancia, juventud, adultez.
madurez y senilidad (2).

2.- CARACTERES DE LAS DISTINTAS ETAPAS VITALES. Hemos de dar sólo un


resumen de ellas.

a) Infancia. Esta etapa abarca desde el nacimiento hasta los doce años de edad,
aproximadamente. Lo primero que el niño necesita es adaptarse al medio
ambiente, a fin de conservar la propia vida; para ello tiene que aprender a usar de
los sentidos por lo cual el nene tiene como actividad predominante de su primer
año, el ejercitarlos de todas formas. Luego, y con el mismo fin de adaptación, ha
de procurarse el aprendizaje del idioma, actividad predominante entre 1 y 3 años.
Posteriormente, prima la necesidad de conocer; primero el conocimiento de todo,
más o menos indistintamente, hasta los siete años. Luego, y aproximadamente en
el período que coincide con la escolaridad primaría, los intereses cognoscitivos
van especializándose, inclusive por sexos.

La infancia carece de capacidad de abstracción suficientemente desarrollada; no


hay pensamiento teórico notable ni preocupación por los temas profundos; el niño
carece de capacidad crítica, teórica y moral; sin duda existe una moral, pero no

127
depende de hallazgos individuales, sino de las imposiciones de la familia, la
escuela, el grupo, etc.; se trata de rutinas fijadas por el hábito y la imitación; de ahí
el cuidado que debe tenerse por el ambiente que rodea al niño.

En cuanto a los sentimientos infantiles, se exteriorizan con mayor facilidad e


intensidad que en los adultos, pues no existen frenos inhibitorios bien formados,
Esta es también la razón por la cual comprendemos la tendencia infantil a las
reacciones directas, sin críticas ni alambicamientos, en las cuales no caben ni
sutilezas ni grados y están regidas por la ley del todo o nada. Estas reacciones de
autodefensa, cólera, miedo y susto instintivo permiten explicar muchas conductas
antisociales del niño.

Particular importancia tiene la consideración del juego, actividad fundamental en la


vida infantil, tanto por las funciones generales como especiales que cumple; el
juego es actividad característica de la infancia y no suplementaria y subsidiaria
como en el adulto; ni es entonces mero pasatiempo intrascendente; el juego "es
algo muy serio para el niño", como dice Koffka (3).

Merece también citarse una característica que explica gran parte de las mentiras -
si así puede calificárselas- equivocaciones o inconductas del niño: la confusión
que en él se da entre lo real y lo imaginado: con el proceso de maduración crece
la capacidad de distinguir el mundo externo del interno; pero la diferenciación
cumplida no llega a producirse durante la infancia. Esta asimilación entre lo
objetivo y lo subjetivo, lleva al niño a atribuir a los seres inanimados sentimientos e
ideas propios; esta tendencia se ha llamado animista y es muy similar a la que
poseen los pueblos primitivos y salvajes.

La infancia, dentro de los límites que le hemos señalado, se halla fuera del
Derecho Penal.

El estudio de la infancia es imprescindible inclusive para explicar la conducta de


las personas mayores. Toda la Psicología actual insiste en que es en los primeros
años de vida -hasta los tres o cinco- cuando quedan determinadas las grandes
líneas de la personalidad. Los primeros hallazgos científicos a este respecto
corresponden al
128
psicoanálisis; pero ahora, aunque con explicaciones diferentes, son generalmente
admitidos.

b) Juventud. Mira y López designa así a la etapa que va desde la infancia hasta la
adultez; es un período de ocho a diez años que aquel autor divide en tres
subperíodos: pubertad, adolescencia y juventud propiamente dicha (4). Este lapso
se adelanta o atrasa en la vida de los individuos, de acuerdo a los sexos, razas,
climas, alimentación, etc.

Estos límites y subdivisiones son muy discutibles y discutidos.

Así, Carlota Bühler sólo distingue pubertad y adolescencia: la primera abarcaría


desde los 12 ó 13 años hasta los 17 ó 18; la segunda comenzaría al concluir la
pubertad y se extendería aproximadamente hasta los 22 años; en ciertos casos,
sólo hasta dos años antes (5).

Por su parte, Leta S. Hollingworth engloba bajo el nombre general de


adolescencia a todo el período que va desde los 12 hasta los 20 años (6).

Sea lo que fuere de estas clasificaciones, existe cierto consenso en lo referente a


los caracteres distintivos de esta etapa.

De esos caracteres, pueden anotarse como fundamentales los siguientes: 1) el


desarrollo corporal; 2) la madurez sexual; 3) la capacidad de pensamiento
abstracto y 4) la responsabilidad social (7).

El cuerpo entra en un ritmo acelerado de crecimiento, un poco antes de la


pubertad, pero se frena algo durante ésta; es el llamado desarrollo prepuberal. La
pubertad misma se caracteriza por el pleno funcionamiento de las gonadas, tanto
en la producción de hormonas como de gametos; pero el timo involuciona. Luego
de esta etapa, el crecimiento en peso y en estatura se reanuda a ritmo acelerado;
el cuerpo se fortifica; pero para esa fuerza y en cuanto a sus repercusiones
sociales, no existen frenos inhibitorios. En la solución de los problemas más
graves que se le presentan, el adolescente tiende a utilizar su fuerza pues es el
arma más eficaz con que puede contar.

129
No puede establecerse una fecha exacta en relación con el momento en que se
llega a la madurez sexual; ella se presenta, en general y como ya vimos, antes en
la mujer que en el hombre; pero el comienzo varía desde los 12 hasta los 16 años,
por término medio, dependiendo estas oscilaciones de razones de clima, raza,
alimentación, etc. La aparición de los síntomas externos (menstruación, polución)
suele ser para los jóvenes un misterio ante el cual buscan explicaciones y salidas
muy distintas de caso a caso, sobre todo porque la educación familiar, escolar y
de grupo no cumplen debidamente su misión de preparar al niño para esta crisis
que ha de presentarse fatalmente. Cuando se adelantan algunas nociones, no
siempre son ellas las más aptas para servir de verdadera ayuda. En este sentido,
la niña suele estar mejor preparada —o menos mal preparada— que el niño, pues
es lo corriente que las madres sean más francas, principalmente para prevenir
injustificadas alarmas en las hijas, en las cuales el síntoma de la madurez es más
notorio y molesto.

El sexo no queda fijado en todos sus caracteres de manera definitiva desde un


comienzo, ni es de golpe como el adolescente adquiere en este terreno los moldes
socialmente aceptables de conducta; por eso, aunque se despierta un claro interés
por las personas del sexo opuesto, sin embargo coexisten con aquél tendencias al
homosexualismo y la masturbación, hechos que están lejos de ser excepcionales
en este período de la vida; pero aún en los casos en que la heterosexualidad es
definida claramente, el adolescente suele carecer de ideas claras o de formación
para seguirlas, en cuanto a las formas en que se debe darles salida. Lo anterior no
debe llevar, por otro lado, a la creencia de que es sólo en esta época cuando el
ser humano se preocupa del tema del sexo o se conduce en relación con él; el
moderno psicoanálisis y la psicología experimental, han demostrado que el interés
por las actividades de tipo sexual arranca de etapas muy anteriores del desarrollo.

La capacidad de pensamiento abstracto se presenta como otra causa de


agravación de la crisis. Aquélla se relaciona con la moral superior, con los juicios
de valor y con la religiosidad. Las concepciones morales, como hace notar Vernon
Jones (8), dependen tanto de la suma de experiencias vividas -la que aumenta
en la
130
adolescencia-, como de la capacidad intelectual, pues sólo ésta posibilita la
formación de juicios de valor.

El adolescente busca explicaciones acerca del mundo, la vida y el propio ser.


Primero acepta las que les son dadas por personas ajenas; pero pronto es capaz
de criticar esas ideas, aunque no de sustituirlas fácilmente por otras de propio
descubrimiento. Las ideas que se le suministran son generalmente contradictorias
entre sí, de modo que posee una especie de mosaico mental, fuente de tensiones
emocionales angustiosas y de dudas casi irresolubles: busca poner orden y
regularidad en su vida interna y crearse una filosofía y una imagen general del
mundo y de la vida. Sus descubrimientos chocan contra sus creencias y
costumbres anteriores, no sabe cómo dirigirse; se plantea preguntas variadísimas
y no está suficientemente evolucionado para encontrar por sí solo las respuestas,
mientras se aleja de aquellos que podrían ayudarle. De ahí por qué el
adolescente, como último recurso, se agarra, como de una tabla de salvación, de
una concepción cualquiera o de ciertas personas, en las cuales pone toda su
confianza: y no admite discusiones, no tanto por desprecio a las críticas como por
temen- de que falle la propia base de seguridad.

Remontándose de pregunta en pregunta, de problema en problema, el


adolescente llega pronto a concebir un ser que es fuente de todo lo que existe, de
la verdad y de la moral; así, la religión entra de manera natural en el círculo de los
intereses juveniles. Sin embargo, el que la educación religiosa o no se dé, o se dé
de manera inadecuada, suele ser origen de nuevos conflictos internos: los
impulsos naturales, por un lado -fundados en el sexo, la ambición, el odio- luchan
contra las vallas morales, religiosas y sociales. Las preguntas de tema religioso
abundan en este período (9).

Debemos tratar, por fin, de las tendencias sociales. El infante vive en la sociedad,
pero no con la sociedad; no se da cuenta de la sociedad de que forma parte ni de
su lugar en ella. Pero en la pubertad comienza el interés por la sociedad, por el
papel que en ella le toca desempeñar; esto se relaciona con la capacidad de
pensamiento abstracto y con el surgimiento de potentes intereses sexuales que lo

131
llevan a inclinarse hacia personas del otro sexo, y luego interesarse por la familia y
la comunidad. Pero si bien el púber tiene idea de lo que debe llegar a ser para
adaptarse a ¡a sociedad -un verdadero hombre, una mujer verdadera- no tiene
capacidad suficiente para serlo en realidad; por eso se siente internamente débil.

Hollingworth habla de un auténtico "destete psicológico" (10): el adolescente ha de


buscar su propio camino para llegar a ser el adulto que quiere; intenta
independizarse dé mimos y protecciones, pero luego se deja vencer por sus
deseos de volver a ser protegido por los mayores; las consecuencias no pueden
ser sino rebeldía, tendencia a la autoafirmación, para mostrar a otros y, sobre
todo, a sí mismo, que ya es todo un adulto; comete los mayores excesos, con lo
cual demuestra que no lo es. Las actitudes rebeldes frente al mundo que es, real o
imaginariamente, opresivo y hostil, producen malas conductas en el adolescente;
por eso, Hollingworth ha podido decir que la rebeldía y los intentos de auto-
afirmación llevan a "la delincuencia, la insania, la invalidez fingida y el suicidio"
(11). Por su parte, Carlota Bühler ha señalado la importancia que tienen las
llamadas actitudes negativas, de resistencia ante las influencias exteriores,
aunque provengan de la familia o de personas respetables; tales actitudes llevan
al adolescente a abandonar sus grupos preferidos y a encerrarse en el aislamiento
(12).

Pero, al mismo tiempo, el adolescente busca tipos ideales a los cuales imitar;
surgen el culto del héroe, la tendencia a favorecer el caudillaje y la formación de
pandillas, como resultado (13).

Hay que recordar que, en este período, se inician el trabajo y los estudios
superiores, debiendo escogerse el camino futuro con cierta libertad. Se pasa de la
obediencia a la autodecisión; de ser mantenido a tener que mantenerse por sí
mismo; de ser guiado de cerca, a resolver sus propios problemas. El resultado
suele ser la desorientación por el desconocimiento que se tiene del mundo y por la
poca experiencia. A eso debe agregarse que con cierta frecuencia, trabajo o
estudios mal escogidos llevan al fracaso total o parcial. Así se inician
sentimientos de

132
inseguridad, desorientación, angustia, desesperación y fracaso, que caracterizan a
este período de la vida (14).

Como Hollingworth hace notar, estos hechos de base social y psíquica, pueden
explicar tanto o más que la revolución endocrina del momento, los estados de
particular inestabilidad y tensión que caracterizan la vida del adolescente (15).

La adolescencia es una época contradictoria, fluctuante, llena de altibajos; la


conducta está lejos de ser uniforme y no puede ser interpretada con los mismos
moldes que la conducta del adulto. Inclusive, a veces, las acciones de los jóvenes
producen la impresión de que se trata de anormales; esta interpretación suele
presentarse aun al investigar la delincuencia; pero es preciso darse cuenta de que
esa aparente anormalidad, es algo normal en la edad; la comparación con otros
períodos suele más complicar que facilitar la exacta comprensión de la conducta.
Vemon Jones ya atribuye poca importancia a las enfermedades mentales como
causa de la criminalidad infantil y juvenil (16), si bien insiste en que tanto ella como
las psicosis y neurosis que se presentan en estas edades, tienen frecuentemente
causas comunes: rebeldía, ansiedad, fobias, frustraciones, conflictos y traumas
(17).

Visto todo lo anterior, daremos razón a Spranger, cuando en el capítulo destinado


a establecer una caracterización general de la adolescencia, dice: "Si se piensa en
la significación primitiva de la palabra carácter y se la traduce por "sello personal",
se podría sentir la tentación de afirmar que el carácter general de la adolescencia
consiste en no tener ningún carácter. Realmente presenta esta epoca de la vida,
más que ninguna otra el aspecto de un proceso, de una transición, sin "estado"
fijo" (18).

Desde nuestro punto de vista, tienen especial importancia algunos tipos de


púberes y adolescentes que establece Mira y López (19).

La joven se desarrolla distintamente según sea el lugar en que vive. Así, la joven
campesina sufre una gran influencia del paisaje por el que se ve rodeada. Tiene
más orden y regularidad en la vida, con lo cual se amortiguan sus conflictos

133
psíquicos que se hunden en las actividades corrientes de todos los días. Tiene
poca sensibilidad al dolor físico debido principalmente a la clase de trabajo a que
se dedica. En cuanto a lo sexual, también en la joven campesina se nota la
importancia señalada como típica de esta epoca; pero ella se ve contenida por dos
poderosos frenos inhibitorios: las creencias religiosas y el temor a los padres.
Dado su ambiente, es lógico que carezca de frivolidad; cuando se presenta una
desviación de las normas morales, lo usual es que no se aparezcan los grados
intermedios que en la ciudad van desde la mujer virtuosa, hasta la más
corrompida; el campo sigue la regla primitiva del todo o nada.

La joven de la burguesía, sobre todo de la burguesía inferior, es afecta a llevar


diarios íntimos y a la satisfacción imaginaria del deseo para sus ansias de
grandeza y figuración. Los embates de la vida cotidiana suelen llevarla a
profundas desilusiones y, a veces, a verdaderas neurosis.

La joven intelectual, abundante en ciertos círculos, se halla especialmente


representada por muchachas que leen mucho, sin comprenderlo; por lo menos, sin
comprender todo lo que leen: adoptan poses artificiosas cuando no francamente
ridículas. Se inclinan a ejercer el apostolado religioso, político, social, etc. "Estas
púberes intelectuales, un poco paranoides, brincan sobre la cuerda de la neurosis"
(20).

La joven del proletariado vive generalmente en suburbios; adquiere precozmente


el conocimiento de temas sexuales: se inicia temprano en el trabajo, que le da
relativa independencia. Suele provenir de familias deshechas, por lo cual corre el
peligro de llegar a variadas formas de conductas antisociales y, a veces,
francamente delictivas.

SÍ hablamos del joven, podremos comprobar que goza de más libertad que la
mujer, desde edad temprana.

El joven energuménico sufre de una interna debilidad de la que está consciente;


como reacción, trata de aparentar una fuerza de carácter de que carece. Su
conducta es irrespetuosa, incontinente, buscando sobrepasar las marcas usuales

134
del vicio. El mal genio sustituye a la energía. Fenómenos de compensación lo
llevan a ser déspota. Caracteres todos que lo inclinan a las conductas antisociales
y delictivas.

El joven haragán carece de capacidad de acción, sobre todo porque no posee


adecuados y seguros modelos de conducta. Las continuas críticas que sufre
cuando actúa, suelen llevarlo a la insatisfacción, el desinterés, el repliegue autista
próximo a la actitud esquizofrénica.

El púber abstraído y soñador se interesa fundamentalmente por todo lo que se


refiere a valores religiosos y estéticos. Es simpático porque busca no chocar con
nadie; tímido e indeciso, sueña y ensueña mucho. Le lastiman las rudezas de la
vida diaria. De todo, resulta gran proclividad a la neurosis.

El joven angustiado e inestable aparece sobre lodo entre los hijos únicos y los que
han sido criados en medio de mimos excesivos. Es indeciso, voluble; vive en
medio de continuas dudas. Se da cuenta de estas sus deficiencias y para
vencerlas adopta planes draconianos que nunca cumple. En el fondo, se nota la
persistencia de la necesidad infantil de apoyo y protección que resalta y se agrava
ante las responsabilidades crecientes que le toca asumir.

El joven hipererólico llega a ser tal por su constitución corporal o por el ambiente
especial en que vive y cuyas influencias recibe. En él, lo sexual relega a plano
muy posterior las demás actividades y problemas. Llega con facilidad al delito y
aún a verdaderas aberraciones del instinto.

c) Adultez. Característica general típica es la adaptación a la sociedad; el


adulto está en la plenitud de sus fuerzas, por lo cual rinde mucho en beneficio de
la comunidad; al mismo tiempo, se desarrollan en él los llamados mecanismos de
compensación psíquica, que facilitan su adaptación social, sin mayores conflictos
internos (21).

La personalidad llega a su total desarrollo y a su máximo equilibrio.

Dura hasta los 45 años en la mujer y hasta los 50 en el hombre, más o menos.

135
d) Madurez. Este período vital se extiende por los diez años posteriores a la
adultez, aproximadamente.

Durante esta etapa cesan o, por lo menos, se debilitan considerablemente las


actividades genitales normales; la crisis es más aguda en la mujer que en el
hombre. Estos años, por el apasiona-miento y el desequilibrio, recuerdan a los de
la juventud. Las tendencias egoístas adquieren gran significación y suelen
manifestarse a través de un epicureismo extremado.

Las actividades femeninas están teñidas de pesimismo; las masculinas, de


escepticismo. Jung ha señalado que en este período existe la tendencia a la
inversión de las fórmulas biotipológicas: los esquizotímicos se tornan alegres y
bulliciosos, mientras los ciclotímicos se vuelven tranquilos, ensimismados y hasta
herméticos. Los endocrinólogos han observado que la mujer tiende a virilizarse, y
el hombre, a feminizarse.

e) Senilidad. Etapa que sigue a la madurez. En la senectud, tiene tanta


importancia el sentirse viejo, como el serlo.

Las funciones fisiológicas y psíquicas disminuyen tanto en cantidad como en


calidad. Los mecanismos de proyección se hallan muy desarrollados. Si tomamos
en cuenta que las aptitudes personales decaen precisamente cuando se ocupa el
ápice de la figuración social o intelectual, resultan comprensibles la tendencia al
temor de la competencia de los más jóvenes, los odios y las envidias.

La situación de los ancianos cobra creciente importancia en los últimos tiempos


porque, debido especialmente a los progresos de la medicina, la cantidad de
aquéllos aumenta continuamente; en algunas sociedades, constituyen el 20% de
la población e inclusive más. Se ha llamado la atención sobre la enorme
importancia que tienen, en la persona anciana, algunos hechos sociales. Por
ejemplo, la pérdida de status, la separación de los hijos, la jubilación que es
interpretado frecuentemente como un certificado social de incapacidad y como una
facilidad concedida para prepararse a morir. Muchos viejos no se sienten ya útiles
para la comunidad. Esta adopta una actitud especial, en gran medida
discriminatoria, contra
136
los ancianos considerados como grupo. Estas causas sociales son, con
frecuencia, más que las de tipo biológico o psíquico, las que ocasionan la
aparición de especiales caracteres en los ancianos (22).

La decadencia psicofísica ocasiona la reaparición de muchos caracteres infantiles;


"pero existe, no obstante, una diferencia esencia! desde el punto de vista afectivo,
y es que la tonalidad sentimental del niño es por regla general alegre y su ánimo
confiado, mientras que en el viejo predominan la tristeza y el miedo (inseguridad,
desconfianza)" (23).

5.- EDAD Y NÚMERO DE DELITOS. La edad influye en el delito en tres aspectos


principales: el número, la forma de comisión y la clase y tipo delictivo.

En lo tocante al número de delitos, la edad en que se comete la mayor cantidad se


halla entre el fin de la juventud y el comienzo de la adultez, entre aquellos que son
denominados adultos jóvenes. De los diecinueve a los veinticinco años, con
algunas variantes menores según las naciones.

Si distribuimos en grupos de edad a la población general y a la criminal, se ha


observado que, hasta los 40 ó 45 años, las personas constituyen una mayor
proporción entre los delincuentes que en la población normal. Por el contrario, las
personas maduras y ancianas están en menor proporción entre la población
delincuente que en la población general (24).

Entre los jóvenes y adultos jóvenes hay una notable alza de la criminalidad, peto
luego se presenta un rápido descenso. Entre las mujeres de las mismas edades,
el alza no es tan grande, pero el descenso es mucho más lento, es decir, la
delincuencia se distribuye de una manera más regular a lo largo de la vida; a
veces, se advierte un alza en la etapa de la madurez femenina.

Estadísticas del DIN, para 1977, nos informan acerca de la delincuencia boliviana
para ese altó, En resumen, los números pueden expresarse así (25), en cuanto a
varones, el grupo mayor de detenidos se da entre 20 y 25 años, 32,4% del total; si
agregamos otros grupos cercanos, el de 15 a 20 años —10.9%— y el de 25 a 30
años —16%— tendremos que los integrantes de estos grupos que, en conjunto,

137
van

138
de los 15 a los 30 años, dan el 59,3% de la totalidad de los detenidos. En cuanto a
las mujeres, los tres grupos de edad, de 15 a 20 años, de 20 a 25 y de 25 a 30,
dan respectivamente el 27,1%, el 13,6% y el 24,3%, o sea el 65% del total de
detenidas (no se ha analizado el porqué del descenso, excepcional de acuerdo a
normas generales, del número de detenidas de 20 a 25 años).

El alto nivel de la delincuencia juvenil, así como su continuo crecimiento


constituyen uno de los mayores problemas con que tienen que enfrentarse todas
las naciones, tanto las desarrolladas capitalistas y socialistas como las del
denominado tercer mundo.

Reckless ha resumido así las razones de este hecho, así como la constante
declinación de las cifras a medida que se avanza en los grupos de edad: las leyes
del crecimiento biológico que conceden al joven gran fuerza corporal, sin que se
hubieran creado todavía las inhibiciones respectivas; los compromisos sociales
crecientes para los cuales el joven no se halla preparado (entre esos compromisos
el del matrimonio) (26); los jóvenes tienen más oportunidades de emprender
actividades social y moralmente peligrosas; son proclives a la desorganización y la
desmoralización. En etapas posteriores, la personalidad y la situación social
tienden a estabilizarse. La vejez disminuye la agresividad y la fuerza (por lo menos
la agresividad que lleva a la delincuencia violenta); además, la pena de muerte y
las condenas de prisión de larga duración, van retirando de la circulación a
muchos de los delincuentes más peligrosos (27).

Sin necesidad de mayores aclaraciones, puede comprenderse la manera en que


las características detalladas como propias de la infancia y juventud, inciden en la
aparición de la delincuencia en esta edad. Y lo mismo dígase de las otras etapas
vitales.

4.- EDAD Y ESPECIES DE DELITOS. Pero si es digna de anotarse la criminalidad


en sus cifras según las edades, más significativas aún son cuando se trata de las
especies de delitos a que cada época se inclina preferentemente.

139
Reckless nos dice que la proporción en que los menores de veinticinco años
contribuían al total de los delitos, era del 35% pero ese porcentaje variaba en
relación con algunos delitos; por ejemplo, en robo de autos era del 73%; en
entrada violenta en domicilio ajeno, 62%; en robo, el 54%; en violación, el 48%; en
violación de leyes de tránsito, 43%. Pero hay otros delitos en que el porcentaje es
inferior a la media general; por ejemplo, en conducir mientras se está intoxicado,
era el 18%; en delitos contra la familia y los niños, 18%; en juego, el 19%; en
violación de las leyes de licores, 21%; en estafa y fraude, el 22%; en violación de
leyes sobre estupefacientes, el 22%; en incendio, 27% (28).

Se destaca el predominio de los delitos de fuerza en la juventud, lo que es natural;


en esos delitos se ha notado la influencia grande de la familia, la vecindad, la
pandilla, la escuela, etc., a que el menor es más susceptible que el adulto. Pero el
joven carece todavía de la capacidad adecuada para cometer estafas,
defraudaciones, quiebras, falsificaciones, pues estos delitos requieren de cierta
especialización y destreza en un oficio, el haberse ganado la confianza ajena, el
estar en posibilidad de manejar grandes cantidades de dinero ajeno o de contar
con la posibilidad de acercarse a él. Como se ve, no se trata sólo de falta de
capacidad, sino de que son mayoría los casos en que no se da la oportunidad
material de cometerlos. Por otro lado, la sexualidad despertada, no controlada ni
dirigida por los causes debidos es otra de las grandes fuentes de la delincuencia
juvenil (29).

La edad adulta supone equilibrio; sin duda se tiene la fuerza para cometer delitos
violentos, pero también la capacidad dé inhibir los impulsos de actuar en tal forma
o, por lo menos, de darles salidas derivadas e indirectas. Sin embargo, siendo
esta la época de mayor actividad social, se tienen las oportunidades suficientes
para que se caiga con frecuencia y de la manera más variada, según demuestran
las estadísticas. Los altos puestos que se alcanzan, posibilitan el cometer los
delitos que antes enumerábamos como difíciles para el joven.

La madurez coincide con una grave crisis corporal y anímica; la actividad social
comienza a disminuir lo mismo que las fuerzas; la familia -hijos, sobre todo- se
dispersa: es una etapa de declinación indudable. La crisis sexual se manifiesta
140
principalmente en las mujeres, las que tienden a una criminalidad peculiar, según
puede deducirse de las siguientes cifras compiladas por Hentig: "De todos los
asesinos femeninos, 34% tenían cuarenta años y más en la época de la admisión
(en el penal)" (30) Y estas otras:

"ENVIADOS DE LOS TRIBUNALES EN LAS PRISIONES DEL ESTADO. POR


EDAD Y SEXO, OHIO, 1940.

Porcentaje de todas las admisiones

Condenados en la Condenadas en el

EDAD prisión de Jollet reformatorio de mujeres

15—20 25,3 15,6

21—34 53,7 44,3

35—54 17,6 35,9" (31)

En la senilidad, las fuerzas han decaído; el anciano se aparta de la sociedad; las


grandes luchas cesan. Se presenta la criminalidad típica de los débiles; por eso y
con razón dijo Hentig que "la criminalidad del anciano se parece en muchos
aspectos a la de la mujer" (32). Ya no hay delitos de violencia; o mejor, los hay,
cuando la víctima es comparativamente débil: niños, enfermos, mujeres. Los
mejores medios de defensa y ataque para el anciano son la injuria y la calumnia;
comete delitos de incendio, encubrimiento y contra la moral, como anota Exner
(33). Sin embargo, como aún conserva la confianza de sus semejantes y suele
seguir desempeñando cargos de responsabilidad, se le brinda la oportunidad de
incurrir en delitos de estafa, defraudación, quiebras; ha contado, además, con
tiempo suficiente para conocer y perfeccionar la técnica de ellos. En lo sexual, hay
tendencia a crear sustitutivos a la impotencia sobrevenida; de ahí la inclinación no
a delitos que suponen el uso natural del poder sexual, sino a otros que implican
desviaciones, como la pedofilia; estas tendencias a veces se relacionan con otras

141
anormalidades características de la demencia senil, pero en un número de casos
menor al que usualmente se cree.

Son instructivos los siguientes números consignados por Hentig:

"DELINCUENCIA DE LOS ANCIANOS EN CUATRO DELITOS ESPECÍFICOS.


PERSONAS DE 50 AÑOS O MÁS

Par ciento de todos los grupos de edad

ARRESTOS INGRESOS

(1948 -1942) (193S -1938)

Otros delitos sexuales 11,8 22,4

Homicidio 9,5 10,6

Violación 62 8,3

Robo 1,5 6,8" (34)

(1) Sobre el problema de las etapas vitales, puede verse la obra total de Carlota Buhler: El curso de la Vida Humana como
Problema Psicológico; pero principalmente las pp. 21 y ss. 178-187.
(2) Emilio Mira y López: Manual de Psicología Jurídica; pág. 54 En las posteriores desarrolla esta clasificación.
(3) Bases de la Evolución Psíquica, pág. 302.
(4) Ob. cit., pág. 57.
(5) V. La Vida Psíquica del Adolescente, pág. 36.
(6) V. Hollingworth: Art. El Niño Adolescente, en el Mannai de Psicología del Niño. dirigido por Murchison. Pág. 1109.
(7) Mira y López sólo enumera los tres últimos, lo que es comprensible, porque su obra es fundamentalmente de Psicología: V.
Manual de Psicología Jurídica, pág. 58.
(8) V. Vemon Jones; Moralidad en los Nifios; art. en el Manual dirigido por Murchison, pág. 616.
(9) V. Hollingwoeth, ob. Cit., 1124-1128; también, Carlota Buhler: Infancia y Juventud, pp.
(10) Hollingworth, ob. Cit., pp. 1112-
1113. (11) Id. id., pp. 1130 -1131.
(12) V. Carlota Bühler: Art. La Conducta Social de los Niños, en el citado manual dirigido por Murchison; pp. 476 -477.
(13) Id. id., pp. 478 - 481.
(14) V. Carlota Bühler; La Vida Psíquica del Adolescente, pág. 80 y
(15) Hollingworth. ob. cit., pp. 1110-1112. Loe. cit.
(16) Ob. cit., pp. 1082 -1084.
(17) Id. id. pp. 1090-1094.
(18) Psicología de la Edad Juvenil, pág. 42.
(19) Psicología Evolutiva del Niño y del Adolescente; pp. 219-228.
(20) Ibidem. Pág. 225.
(21) Para los mecanismos de compensación, véase luego la parte de Psicología Criminal.
(22) V. Clinard. Sociology oí deviant behavior pp. 564 - 599.
(23) Mira y López: Manual de Psicología Jurídica, pág. 71. Esta obra, pp. 59-71, ha sido tomada especialmente en cuenta para
redactar los acápites acerca de la adultez, la madurez y la senilidad.
(24) Goeppinger. Criminología, pp. 396 - 397.
(25) Estadísticas citadas. Pág. 14.
(26) Goeppinger, ob. Cit., pp. 400-409.
(27) Criminal Behavior, pág. 105-107.
(28) Ob. cit., pág. 108. Las cifras se refieren al año 1937 y toman en cuenta los arrestos.
(29) La gravedad del problema planteado por el crecimiento exagerado de la delincuencia infantil y juvenil en las últimas décadas
ha provocado la aparición de numerosas obras sobre este tema que crece y se especializa cada día más.
(30) Criminología, pág. 142. nita 45.
(31) Id. Id., pág. 142.
(32) Id. Id., pág. 183.

142
(33) Ob. clt., pág. 284.
(34) Ob. dt., pág. 184.

143
Segunda Sección

SOCIOLOGÍA CRIMINAL

CAPÍTULO PRIMERO

CLIMA Y ECOLOGÍA

1.- EL MEDIO AMBIENTE GEOGRÁFICO. Ya hace siglos que diversos autores


han pretendido hallar nexos causales entre el medio ambiente natural y los
caracteres de los individuos que en él habitan.

Por ejemplo, Herodoto creía que el espíritu activo de los griegos y la pereza de los
africanos dependían de las condiciones climáticas en que cada pueblo se
desenvolvía. Veinte siglos más tarde, Bodino seguía atribuyendo gran importancia
social a los factores naturales.

En el campo criminológico, fue Montesquieu el primero en enunciar una regla


acerca de las relaciones entre el clima y la delincuencia; según este autor, los
delitos contra las personas crecen a medida que nos acercamos al Ecuador y a las
regiones calurosas; por el contrario, los delitos contra la propiedad crecen a
medida que nos alejamos del Ecuador y nos acercamos a las regiones frías.

En páginas anteriores, vimos cómo Quetelet enunció la ley térmica de la


criminalidad que tantos puntos de contacto tiene con lo afirmado por Montesquieu,
si bien el sociólogo belga ofrece la ventaja de no apoyarse en apreciaciones a
bulto, sino en datos estadísticos.

Los puntos de vista anteriores adquirieron mayor relieve y amplitud porque varios
sociólogos buscaron explicar los fenómenos sociales como consecuencia de los
factores geográficos; se dio a éstos, a veces, suma importancia, como sucedió con
Ratzel; otras, se combinó su influencia con la de otras condiciones, como sucedió
con la escuela de Buckle.

Los estudios criminológicos sobre la influencia del factor geográfico fueron pronto
dejados de lado o relegados a un lagar secundario, ante el empuje que caracterizó

144
a las tendencias antropologistas, sociologistas en general, o a las derivadas del
materialismo económico.

Se nota un resurgimiento de las tendencias geográficas, aunque se ha introducido


una variante, pues ya no se trata tanto de los factores geográficos, tal como los
entendieron los criminólogos y sociólogos del siglo pasado, sino más bien de los
factores ecológicos.

La noción de ecología, originada en el campo de la botánica, se ha extendido con


éxito al estudio de los fenómenos sociales humanos; en las páginas que siguen se
verá cuánto de provechoso puede extraerse del estudio de la habitación, la
movilidad, la-concentración de población en las grandes urbes, etc., para el
estudio de la delincuencia y de los fenómenos sociales en general (1).

2.- MEDIO AMBIENTE FÍSICO Y CRIMINALIDAD. Lombroso llamó la atención


sobre las repercusiones del medio ambiente físico en el número y especie de los
delitos.

Halló poca relación entre geología y delito y, a la verdad, no se han obtenido


nuevos datos capaces de alterar esa afirmación. Sin embargo, puede anotarse
que, a veces, la constitución influye sobre el delito por caminos indirectos,
provocando alteraciones en la alimentación la que, a su vez, puede repercutir
sobre el cuerpo y la psique de los individuos; puede presentarse, a manera de
ejemplo, el caso de algunos de nuestros valles en los cuales la carencia de yodo
en el suelo provoca la aparición del bocio endémico, con todas las consecuencias
que enunciamos en páginas anteriores. Estas excepciones no alteran la verdad
fundamental de lo dicho por Lombroso.

En lo tocante a la orografía y basándose en estadísticas francesas, consideraba


que la montaña inclina preferentemente a' los delitos contra las personas, mientras
en les llanos predominan los delitos contra la propiedad y las violaciones. El primer
fenómeno lo atribuyó a que las montañas favorecen las emboscadas y a que allí
habitan las poblaciones más activas; el segundo, y principalmente en lo tocante a

145
violaciones, fue atribuido al hecho de que en los llanos la población se encuentra
más-concentrada (3).

En los últimos años, Bernaldo de Quiroz ha admitido los hechos anteriores,


agregándoles consideraciones sobre la delincuencia costeña, sobre todo en los
mares tropicales y templados. Según el autor español, el mar posee un especial
poder erógeno, lo que explicaría el predominio de los delitos sexuales en esas
regiones; por el contrario, la montaña daría lugar, por sus propias características,
a la criminalidad, violenta (4). Pero el autor no proporciona los datos que abonen
esta interpretación.

Las teorías de Lombroso, así como las de Constancio Bernaldo de Quiroz no han
hallado mayor eco; y no porque los datos estadísticos en que se apoyan sean
falsos, sino porqué se reincide en el defecto metódico de considerar que de una
correlación estadística puede deducirse una ligazón causal, sin mayor trámite;
puede que el nexo causal realmente exista, pero, por lo menos, no alcanza a ser
claramente visto a través de las explicaciones de los autores citados.

Este es uno de los sectores en que la Criminología ha realizado menos progresos;


queda abierto, por eso, a investigaciones nuevas.

3.- EL CLIMA. El clima, sobre todo en sus componentes de temperatura y


humedad, también mereció la atención de Lombroso: para él, el calor excesivo
conduce a la inercia y a sentimientos de debilidad: como consecuencia, a una vida
social caracterizada por extremismos que, a manera de espasmos, van, por
ejemplo, desde la anarquía completa a la más absoluta tiranía. El frío moderado,
por el contrario, induce reacciones enérgicas y activas, precisas para poder
muñirse de los medios necesarios para sobrellevar los rigores del clima; el frío
excesivo termina por moderar la actividad nerviosa e inhibe toda la que implique
gran consumo de energía. Son los calores moderados los que más favorecen la
actividad corriente, inclusive la delictiva, pues ni laxan ni entumecen. Según
Lombroso, el clima opera fundamentalmente a través de influencias excitantes o
inhibitorias ejercidas sobre el sistema nervioso (5). Un criterio similar, y que sin
duda tiene mucho de aceptable, ha sido expuesto por Leffinwell para quien el

146
clima influye aumentando o

147
disminuyendo la irritabilidad de los nervios, la impulsividad pasional, etc. (6). No
debe olvidarse, sin embargo, que el clima también puede operar por otros
caminos, por ejemplo, condicionando ciertos cultivos, cierta forma de vida y dé
producción, etc.

Tampoco puede dejarse de notar la influencia que ejercen ciertos vientos, sobre
todo los que portan olas de calor, sobre alteraciones producidas en el organismo y
que repercuten en la delincuencia. Exner reproduce opiniones atendibles, acerca
de la relación directa entre los vientos cálidos y los delitos de violencia y sexuales
(7).

Últimamente no se habla ya de la temperatura, presión atmosférica, humedad,


como factores aislados, sino integrando el clima; se ha podido notar, en efecto,
que la coactuación es importante en la determinación de algunos resultados
excitantes o deprimentes; por ejemplo, treinta grados de calor son relativamente
soportables cuando la presión es normal y el tiempo seco; pero esa temperatura
es devastadora cuando se presenta acompañada de presión muy baja y de
humedad muy grande. Es de lamentar que no se conozcan estadísticas completas
acerca de las relaciones criminógenas del clima, cuyos componentes se siguen
proporcionando aislados, como a continuación veremos.

Sobre la influencia del calor y de la proximidad al ecuador, Bernaldo de Quiroz


reproduce las siguientes cifras de homicidios por millón de habitantes:

Italia 95,1 a 98.

España 74,1 a 77.

Hungría 74,1 a 77.

Rumania 38,1 a 41.

Portugal 22,1 a 26

Austria 23.1 a 26.

Bélgica 14,1 a 17.

148
Francia 14,1 a 17.

149
Suiza 14,1 a 17.

Rusia 14,1 a 17.

Suecia 11,1 a 14.

Dinamarca 11,1 a 14.

Alemania 8,1 a 11.

Irlanda 8,1 a 11.

Holanda 5,1 a 8.

Inglaterra y Escocia 5,1 a 8. (8).

En cuanto a nuestro hemisferio, ha coleccionado los siguien- es datos, siempre de


homicidios por cada millón de habitantes:

Canadá (Sutherland) 30

Estados Unidos (Bosco) 120

Méjico (Roumañac) 180

Cuba (Castellanos) 97

Colombia (cifras oficiales) 184

Argentina (Moyano Gacitúa) 170

Uruguay (cifras oficiales) 160

Chile ("Raza Chilena") 160 (9)

El defecto de los datos anteriores está en que sólo se fijan en la temperatura (10)
dejando de lado otros factores que podrían coadyuvar en la explicación de estas
curvas de criminalidad. Por ejemplo, Niceforo y Lombroso (11) habían hecho notar
que la distribución de los delitos violentos y fraudulentos en Europa se debe
también al grado de civilización que existe en sus distintas partes componentes; la
barbarie se caracteriza por delitos de fuerza, mientras la civilización, por delitos
fraudulentos; ahora bien: los países europeos menos adelantados, en líneas

150
generales, se

151
encuentran hacia el sur, mientras la civilización se acrecienta a medida que nos
acercamos al norte. Por tanto, las curvas pueden explicarse también desde este
punto de vista, pero no exclusivamente por el climático (12).

Estas observaciones -valederas si se toma en cuenta sobre todo que el término


"civilización" cubre casi todas las actividades sociales- deben llevar a evitar las
exageraciones tocantes al clima; si bien sería también erróneo dejar
completamente de lado las influencias puramente naturales (13).

Como se advertirá, los estudios sobre el clima y el factor geo-gráfico son antiguos
y no han llegado a conclusiones terminantes. Estudios posteriores, escasos en el
mundo entero, no han contribuido a conseguir explicaciones menos inexactas. Es
indudable que el clima y la situación geográfica determinan, de alguna manera, la
personalidad y sus reacciones; pero de esta comprobación, conseguida a través
de la experiencia diaria, hay mucha distancia a determinar las relaciones causales
entre los factores ambientales naturales con la personalidad, en general, y más
concretamente, con el delito.

4.- LAS ESTACIONES. LA SEMANA. EL DÍA Y LA NOCHE. En relación con el


clima se halla la sucesión anual de las estaciones. Ellas se caracterizan por cierta
temperatura, humedad, vientos, etc., al mismo tiempo que determinan los ciclos de
producción, sobre todo agrícola, las necesidades de energía industrial, las
exigencias físicas, etc.

Las estaciones operan sobre la criminalidad de dos maneras: pueden hacerlo a


través de alteraciones físicas, tal como se vio más arriba al tratar del clima; pero
también, quizá principalmente, a través de alteraciones sociales, como sucede,
por ejemplo, en el caso del invierno en que la necesidad de obtener vestido y
alimento mejores se presenta en momentos en que muchas actividades
económicas declinan, lo que puede llevar a la comisión de delitos contra la
propiedad; algo semejante podríamos decir de una intensa sequía que provoque
una crisis de producción.

152
En general, se ha comprobado que los delitos contra la propiedad crecen en
invierno, mientras los delitos violentos y contra las personas alcanzan su ápice en
el verano y en los períodos de mayor calor; en cuanto a los delitos sexuales, ellos
experimentan sus alzas máximas en el límite entre la primavera y el verano (H).
Lombroso había hecho notar que las revoluciones se producen preferentemente
en verano (15).

Las razones por las cuales se han explicado estos fenómenos son de tipo
eminentemente social; Barnes y Teeters (16), Gillin (17) y Sutherland (18), entre
otros, hacen notar que en verano los días son más largos y favorecen así el mayor
contacto social que sirve de oportunidad para cometer delitos contra las personas;
el calor lleva a un mayor consumo de bebidas que, aunque tengan bajo grado
alcohólico (v. gr. la cerveza), se ingieren en cantidades suficientes para ocasionar
intoxicaciones que potencian la irritabilidad ya aumentada por el calor; en el otro
extremo, en invierno aumentan las necesidades y escasean los medios para
satisfacerlas no sólo porque la naturaleza es menos productiva, sino porque se
presentan olas de desempleo (19).

En cuanto toca a los delitos sexuales, fuera de las explicaciones sobre influencias
corporales o sociales, existe otra basada en la creencia de que el hombre posee
una periodicidad fisiológica similar a la que se da entre los animales; el alza del
número de estos delitos en una época que es la mejor, climáticamente, del año,
empuja o pensar que también en el hombre se da una época de celo, por
atenuada que sea. Havelock Ellis ha expuesto claramente esta idea (20); la
existencia de una periodicidad en la vida sexual humana ha sido aceptada como
probable por Parmelee (21); por su lado, Bernaldo de Quiroz ha citado varios
casos que, por ser patológicos, muestran exageradas estas tendencias de manera
muy instructiva: típico es el ejemplo ofrecido por el famoso criminal
"Sacamantecas" en quien la periodicidad de los delitos era evidente (22).

Se ha exhibido como prueba corroborante el que también los embarazos se


elevan en número durante la primavera, si bien un cierto tiempo antes de aquel
que se caracteriza por el alza en los delitos sexuales. Se ha esgrimido esta
discrepancia
153
como prueba en contra de que una cierta periodicidad fisiológica fuera
responsable, siquiera en parte, de tales delitos sexuales (23). Pero también podría
servir de nueva prueba favorable si se piensa que aquéllos que han sentido un
despertar especialmente violento de sus impulsos en medio de la primavera, y no
los han satisfecho adecuadamente entonces, resisten por un tiempo a las
urgencias instintivas, pero concluyen por sucumbir a ellas después de que la
espera insatisfecha ha potenciado el impulso.

La explicación anterior no supone necesariamente el creer en una regresión


atávica en base a lo sostenido por las escuelas evolucionistas; bastaría pensar en
que la calidad del clima es entonces capaz de elevar el poder corporal.

En todo caso, faltan aún conclusiones definitivas tanto para rechazar como para
aceptar sin más ni más esta hipótesis.

En cuanto a la semana, ella estuvo inicialmente relacionada con el ciclo lunar;


ahora, más bien con la costumbre y el ciclo de trabajo. Desde los primeros
tiempos de la Criminología, pudo comprobarse que la delincuencia aumenta los
sábados y domingos y, en ciertos países, inclusive el lunes. La explicación asume
también aquí un doble aspecto; por un lado, se aduce con razón que el organismo
se halla agotado, más cargado de toxinas, más propicio a la irritabilidad,
precisamente en momentos en que los resortes inhibitorios se relajan; por otro,
hay que considerar las influencias sociales, como las mayores y más frecuentes
reuniones de personas, que dan oportunidad para los delitos violentos; hacia lo
mismo apunta el mayor consumo de alcohol. Se ha comprobado asimismo que allí
donde el fin de semana es pasado fuera de la casa, ésta ofrece tentación y
oportunidad para que se produzcan delitos contra la propiedad.

He aquí una estadística consignada por Exnerr:

Lesiones corporales en Delitos brótales

contra Día de la semana Düsseldorf, Worms y la moral en Viena

Heidelberg

154
Domingo 877 282

Lunes 339 190

Martes 173 128

Miércoles 138 100

Jueves 129 86

Viernes 134 110

Sábado 222 128 (24)

En cuanto a la sucesión del día y de la noche, hay delitos que suponen el contacto
social, la actividad laboral plena, como sucede con la estafa, las defraudaciones al
fisco, la puesta en circulación de productos falsificados, etc. Pero la mayor parte
de otros delitos -muertes en emboscada, hurtos, robos, violaciones de domicilio,
conspiraciones, etc.- se llevan a cabo de noche. La existencia de turnos de trabajo
que, sobre todo en las ciudades altamente industrializadas, llenan las 24 horas del
día, está creando en la actualidad una distribución más uniforme de la
delincuencia a lo largo de todo el día.

Pueden tomarse como punto de referencia los siguientes datos consignados por
Alzate Calderón, para Chile:

Distribución de la criminalidad en cuatro etapas del día:

Madrugada 11,9%;

Mañana, 21,4%;

Tarde 30,8%;

Noche 35,9% (25)

5.- CRIMINALIDAD URBANA Y RURAL. Las estadísticas de la criminalidad


urbana y rural muestran que aquélla es menor que ésta, en líneas generales; si
bien la
155
156
proporción de delitos graves es más o menos igual en ambas áreas, la
discrepancia desfavorable a la ciudad se manifiesta en los delitos leves.

Es notorio que algunos delitos se acumulan en las áreas urbanas, mientras


escasean en el campo; así sucede con los fraudes, estafas, bancarrotas,
falsificaciones que requieran de alta técnica, fabricación y expendio de
estupefacientes, vicio comercializado, etc. En cambio, hay delitos típicamente
rurales, tales como el abigeato.

Dentro de una tentativa de caracterizar de modo muy general las diferencias


cualitativas, puede afirmarse que la delincuencia urbana es de tipo
predominantemente fraudulento mientras la delincuencia campesina es de tipo
predominantemente violento. Nicéforo atribuyó estas diferencias al grado de
civilización; las ciudades son centro de ella, en tanto que el campo la asimila
menos y más tardíamente y conserva muchas características de la vida primitiva.
Ahora bien: el paso de la barbarie a la civilización se traduce, en lo delictivo, por el
decrecer de la violencia y el incremento de la fraudulencia; según hace notar el
penalista italiano, los caracteres delictivos anotados pueden también deducirse de
la simple mayor aglomeración urbana que, al aumentar el número de relaciones
sociales, aumenta paralelamente el de las oportunidades para delinquir (26).

Barnes y Teeters reproducen datos claros; por ejemplo, en 1920, en


Massachusetts, los arrestos eran dos veces y media más numerosos en las
poblaciones de más de
10.000 habitantes que en las poblaciones menores o el campo. En 1910 los
campesinos constituían el 18,6% de la población masculina mayor de 10 años de
edad, en el país; pero sólo eran el 3,3% de la población penitenciaria, si bien se
aglomeraban en los delitos más graves (27). En algunos delitos, las ciudades casi
decuplican al campo, como sucede en los relativos a estupefacientes (28).

Al mismo tiempo, se ha observado que la proporción del delito crece más que la
población de las ciudades; Jacksonville, entre 1920 y 1925, aumentó su población
en un 50%, pero los homicidios pasaron de 31 a 69; Miami creció entre el 125 y el
130%, pero sus homicidios aumentaron en un 660%; en Tampa, el crecimiento de

157
la población fue de 80% el de homicidios, de 320% (29). En general, las ciudades

158
mayores dan, proporcionalmente. mayor delincuencia que las menores, si bien
existen excepciones, como sucede con las grandes ciudades de Holanda, Austria
y Hungría.

El crecimiento del delito, desproporcionadamente mayor al de la población general


en las ciudades, se ha manifestado de manera grave en las naciones
subdesarrolladas, donde los centros urbanos han aumentado mucho en tamaño.
En tales casos, no se trata simplemente de un aumento de la población sino
también y quizá especialmente, de que se produce una notable migración del
campo a la ciudad; los inmigrantes llegan para vivir en barrios donde las
condiciones materiales son pésimas (los tristemente célebres barrios callampa o
villas - miseria; hay altos índices de desocupación. tendencia a la disgregación
familiar, etc.).

Entre las causas que se han dado para explicar la mayor criminalidad urbana,
están las siguientes: la ciudad ha destruido o relajado los vínculos familiares y
vecinales que en el campo aún se mantienen fuertes: la ciudad supone más
movilidad, más cercanía para imitar las conductas criminales, más posibilidades de
profesionalizarse en el delito; atrae más a los delincuentes, inclusive a los que
iniciaron su carrera en el campo; la ciudad es fértil en roces sociales y ofrece
mayores tentaciones por la esperanza de la ocultación y del anonimato;
incrementa el número de necesidades sin hacerlo paralelamente con las
posibilidades de satisfacerlas el vicio comercializado tiene en las ciudades sus
cuarteles generales (alcoholismo, diversiones nocturnas, drogas, estupefacientes,
juego, prostitución): ofrece distracciones frecuentemente peligrosas como
sustitutivo o equivalente de la vida activa y sana del campo; en éste, la pobreza no
suele llegar casi nunca a los extremos que en las ciudades; las bandas infantiles y
juveniles son fenómenos urbanos y sólo raramente campesinos; se carece de
lugares -parques, jardines- para que la población se distraiga sanamente; la vida
ciudadana es más nerviosa; inclusive se puede citar el hecho de que en las
ciudades existe un mayor número de disposiciones que pueden ser transgredidas
(30).

Sin embargo, es muy probable que las diferencias consignadas en las estadísticas
159
sean menores en la realidad; por ejemplo, en los lugares pequeños y en el campo,

160
autoridades y pueblo se conocen, por lo que es muy fácil que aquéllas dejen pasar
las faltas menores, resignándose a dar curso sólo a las más graves; por otro lado,
los lazos familiares extensos y las vinculaciones vecinales evitan que muchas
faltas sean llevadas a conocimiento de las autoridades. El número de delitos que
así escapan a las estadísticas difícilmente pueden ser compensado por el de
aquellos que, al amparo de las facilidades ofrecidas por las grandes ciudades,
eluden a la justicia o el de aquéllos que se hallan protegidos por los sistemas de
corrupción política que existen en las ciudades.

6. LAS ÁREAS DE DELINCUENCIA. LAS BANDAS INFANTILES Y JUVENILES.


Los mejores estudios ecológicos modernos en Criminología fueron iniciados en
1926, en Chicago; su primer fruto y de primer orden, lo constituyó la obra de
Clifford Shaw y Mackay: Las Áreas de Delincuencia, publicada en 1929. Este libro
contiene conclusiones de capital importancia, que en su mayor parte han sido
confirmadas por estudios realizados en otras ciudades.

Shaw partió de una observación: En la ciudad de Chicago había barrios en los


cuales el delito se daba en grandes cantidades, mientras en otros las cifras eran
sumamente bajas. Al estudiar las características de los barrios con alta
delincuencia, se dio cuenta de que en ellos existían:

a) Áreas de alta concentración industrial.

b) Malas condiciones en la habitación.

c) Muchos individuos que viven de la caridad o de la asistencia social.

d) Muchos inmigrantes, inclusive de diversas razas.

e) Carencia del sentido de vecindad y del control que de ella resulta. Shaw
puso especial énfasis en la importancia de este último factor (31), (32). Hizo notar,
por ejemplo, que muchas veces la delincuencia resulta porque los individuos se
han adaptado a los moldes de conducta aceptados y hasta alentados por la
vecindad (33).

161
La importancia de este factor es obvia pues no es sino la comprobación de que las
ideas morales y las costumbres de la comunidad tienen gran influencia en la
determinación del número y tipo de los delitos que en ella se cometen.

En los barrios con las características apuntadas, se forman de preferencia bandas


infantiles y juveniles: eso no depende sólo de que el hogar pobre, que es allí la
media, sea poco atractivo, sino de la carencia de lugares de recreo donde niños y
adolescentes pudieran dar salida normal a sus energías; también se originan
porque existe poca vigilancia de los padres, pues es frecuente que ambos se vean
obligados a trabajar y dejen a los hijos poco menos que abandonados. La
importancia de estas asociaciones se destaca si recordamos que sólo una mínima
parte de la delincuencia infantil y juvenil es cometida por individuos aislados; ella
proviene preferentemente de niños y jóvenes que se hallan asociados integrando
bandas bien organizadas. No siempre las bandas comienzan sus actividades
dedicándose al delito; pero llegan a él como resultado de la peculiar disciplina que
en ellas reina, el ansia de mostrar condiciones de jefe, la tendencia a las
aventuras peligrosas, la solidaridad, la necesidad, etc. Es frecuente que los
ideales propugnados por la banda se encuentren en contradicción con lo3
sostenidos por la sociedad normal: jugarle una mala pasada a la policía no sólo es
un fin deseado, sino que suele convertirse en el non plus ultra del valor y fuente de
prestigio entre los compañeros.

Lo recién dicho vale en buena medida también para las bandas de adultos.

El aporté de Shaw y de sus discípulos ha sido considerable, en el terreno de la


Criminología; sus estudios son modelo de buen método y de conclusiones bien
meditadas; sin embargo, se han formulado las siguientes observaciones
fundamentales:

1. Shaw descuidó tratar de la capacidad selectiva de ciertas áreas; por ejemplo, si


encontramos muchos delincuentes en al-guna de ellas, tal fenómeno puede
deberse no precisamente a que el lugar los produzca, sino a que han ido a parar
allí desde otra región; en efecto, si un delincuente comete sus actos en un lugar lo
más probable es que al sentirse perseguido por la policía, o vigilado por ella

162
después de

163
cumplir la sanción, trate de alejarse de las regiones donde es conocido; entonces,
al trasladarse, va de manera natural a dar a áreas con ciertos caracteres que
seleccionan y atraen a los delincuentes foráneos. Taft, en sus estudios sobre 71
delincuentes de Danville, comprobó que sólo ocho de ellos habían nacido en el
lugar y se habían criado en él.

Esta selección se ha dado, por ejemplo, en algunos lugares de Bolivia en que


existe mayor cantidad de fábricas clandestinas de cocaína y tráfico de
estupefacientes. Atraídos por estas actividades, vienen delincuentes de otros
países. De ahí por qué, entre los procesados por delitos sobre drogas prohibidas,
alrededor de la mitad sean extranjeros, en un país en que los mismos son una
ínfima minoría. Las facilidades para cometer el delito se han traducido en una
indeseable selectividad criminal.

2. Los barrios residencíales son considerados por Sháw como modelo de


vecindad; sin embargo, hay barrios residenciales, sobre todo con grandes casas
de departamentos, en los cuales el sentido de vecindad no se ha formado, pero
que dan, sin embargo, muy poca delincuencia; estos datos constituyen, sin duda,
material para algunas rectificaciones y complementaciones (34).

3. Shaw no ha concedido debida importancia a ciertos factores familiares y a los


resortes inhibitorios propios de algunos grupos raciales o nacionales; por ejemplo,
los inmigrantes japoneses viven en Estados Unidos en muchos barrios que tienen
todas las características de las áreas de delincuencia; sin embargo, la acción de
frenos propios hace que su criminalidad sea mínima.

7. HABITACIÓN. MOVILIDAD. BARRIOS INTERSTICIALES. La influencia que la


habitación ejerce sobre la criminalidad, puede verse en distintos casos; el hecho
se presenta, por ejemplo, cuando la habitación carece de sol, luz, aire y
comodidades, por causa de pobreza; los niños y adultos no suelen considerarla
como verdadera sede del hogar en la cual pasar la mayor parte del tiempo que
dejan libre la escuela y el trabajo; los adultos prefieren la taberna o el círculo de
amigos y dejan de ejercer próxima vigilancia sobre los niños. Estos prefieren la
calle, la banda, las aventuras, a un hogar que casi los expele de sí por sus

164
condiciones; es indiscutible que muchas carreras delincuentes tempranas se han
iniciado a causa del abandono del hogar

165
durante tedas o casi todas las horas libres y de la consiguiente ausencia de
vigilancia paterna. Al mismo tiempo hay que anotar que la habitación estrecha
conduce a la promiscuidad, fuente de malos ejemplos y hasta de delitos, sobre
todo sexuales.

También la carencia de habitación en referencia con la población es causa de


aumento en el número de delitos; situaciones de este tipo han sido comprobadas
en las ciudades que crecen mucho en población y delincuencia; algunos ejemplos
quedaron en páginas anteriores.

En cuanto a la movilidad, puede decirse que cuanto mayor es. más delitos
provoca; la movilidad se refiere a las personas que cambian realmente de
residencia, pero no a quienes se desplazan por turismo o vuelven continuamente a
un centro fijo, como los agentes viajeros. El incremento de criminalidad puede
explicarse por dos razones fundamentales: 1) La movilidad excesiva implica la
carencia de un centro fijo, con la consiguiente inestabilidad personal y familiar (si
el traslado se realiza en compañía de la familia). 2) Los inmigrantes deben buscar
en cada lugar al que llegan, un nuevo ajuste cultural el que se logra después de
roces de muy variada intensidad, o no se logra; si la migración tiene causas
económicas, los recién llegados son vistos con malos ojos por los trabajadores
establecidos, pues traen consigo la competencia y la posibilidad de bajas en los
salarios. Las dificultades de adaptación se acrecientan cuando entre los grupos
establecidos y los inmigrantes existen grandes diferencias de idioma,
nacionalidad, costumbres, etc.; eso vale, por ejemplo, para las numerosas
migraciones desde el sur de Bolivia hacia el norte de la Argentina.

Los barrios intersticiales han sido también acusados de favorecer la delincuencia;


estos barrios se encuentran en los límites entre las secciones urbanas y
suburbanas o rurales que difieren entre sí notoriamente por caracteres sociales,
raciales, políticos, económicos, etc. Se ha mencionado especialmente el caso de
los suburbios que se hallan bajo jurisdicción distinta a la de la ciudad vecina; allí
suelen hallarse las bandas y delincuentes individuales que se amparan bajo la
protección

166
ofrecida por la jurisdicción diferente: realizan sus delitos en las ciudades y burlan o
entorpecen la persecución pasando al suburbio.

Las áreas que dividen poblaciones de distinta raza -negros, indígenas, judíos
(ghettos), etc.- dan lugar a aumento de roces sociales y de delincuencia. Lo mismo
puede decirse de aquellas regiones que aún representan la progresiva línea
fronteriza de la civilización que avanza.

8.- CONCLUSIONES. La influencia que en la criminalidad ejercen factores


geográficos y ecológicos no puede ser puesta en duda; sin embargo, hay que
tener siempre presente que las influencias directas son menos frecuentes que las
indirectas. Por eso, muchas veces se suele decir que el factor ambiental físico
más bien condiciona que determina las características de cierta sociedad y de la
delincuencia que en ella aparece; por ejemplo, la orografía intrincada puede
dificultar las comunicaciones y causar el retraso y hasta la miseria de una región.
Hay que guardarse, empero. de la tendencia a buscar indefinidamente, a lo largo
de una serie causal, las determinaciones y condicionalizaciones en relación con el
delito; por ese camino no llegaríamos nunca a nada concreto; es preciso que la
prudencia nos lleve a detenernos en un lugar adecuado en la serie de causas (35).

(1) La ecología -animal y vegetal- es la ciencia dedicada a estudiar las maneras en que las plantas y los animales se
adaptan a los variados ambientes de la tierra. Explica la coloración protectora, la distribución, el número, el modo
de vida de aquéllos Gillin y Gillin: An Introduction 4o Sorlology, pág. 264.
(2) Le Crime, Causes et Remedes; pp. 20 - 21.
(3) Ibidem, pág. 21.
(4) Criminología, pp. 205 - 207; Cursillo de Criminología y Derecho Penal, pp. 86 - 88.
(5) Ob. cit., pp. 1 - 5.
(6) Cit. por Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pág. 134: los autores aceptan la tesis moderada de
Leffinwell.
(7) Biología Criminal. Pp. 118-119.
(8) Criminología, pp. 202-203.
(9) Ibidem, pág. 203.
(10) Puede criticarse aun otro hecho; la simple proximidad al ecuador no basta para determinar el clima; debieron
haberse tenido en cuenta otros factores naturales que lo alteran, por ejemplo. la ortografía, los vientos y las
corrientes marítimas.
(11) El primero, en La Transformación del Delito, pp. 18-25; el segundo, siguiendo las conclusiones de Ferrero (V. ob.
Cit. Pp. 50-52).
(12) Tarde llegó a la misma conclusión; no desconoció la importancia de la temperatura, pero la subordinó a la de la
civilización (V. La Criminalidad Comparada, pp. 274 - 283).
(13) En Estados Unidos, el estudio realizado por Dexter sobre ciertos delitos cometidos en Nueva York, ha sido uno de
los más completos que se conoce; él pensaba que el clima influía en la delincuencia, a través de alteraciones
corporales. Sus conclusiones relativas a distintos fenómenos meteorológicos, han sido así resumidas por Gillin
(Criminology and Penology, pág. 65):
1.- El número de arrestos aumenta asaz regularmente con la temperatura. En efecto, la temperatura, más que
cualquier otra condición, afecta a los estados emocionales y conduce a riñas. La influencia de la temperatura
sobre las mujeres es mayor que sobre los varones.

167
2.- A medida que el barómetro baja, sube el número de arrestos-. Esto lo explica porque un barómetro bajo
precede a las tormentas y este presentimiento ocasiona en cierta gente estados emocionales que se resuelven en
violencias. 3.- Gran número de asaltos puede correlacionarse con la baja humedad mientras sólo un pequeño
número, con la humedad alta. Explica esto suponiendo que la alta humedad atmosférica deprime vital y
emocionalmente.
4.- Los días en que los vientos son suaves, o sea de 150 y 200 millas al día, se caracterizan por alto número de
pendencias. En días calmos o de vientos altos, los arrestos son menos. No explica estos datos y se limita a decir
que cuando el tiempo es calmo un exceso de dióxido de carbono en la atmósfera puede amenguar la vitalidad.
5.- Estudió también el número de arrestos en días límpidos y nublados; halló que los días nublados son los más
libres de pendencias personales que atraigan la atención policial. Explica este hecho por la hipótesis de que los
días límpidos son vitali-zadores".

(14) Pueden verse gráficos en Bonger; Introducción a la Criminología, pp. 175 - 182 y 280 - 282 (para México, datos
acotados por Garrido); Exner, ob. cit., pp. 120-121; etc.

(15) V. ob. cit., pp. 6 - 8 y especialmente, Le Crime Politique et les Révolutions, I, pp. 60 - 78. Sin embargo, es, por lo
menos, de dudar que las revoluciones acaecidas en Bolivia primen en verano; todo induce a creer que son más
abundantes en otoño e invierno.

(16) Ob. cit., pág. 135.

(17) Ob. cit., pág. 64.

(18) Principies of Criminology, pág. 75.

(19) Una nueva prueba de la importancia del factor social se tiene en el estudio realizado por Calvin F. Schmid, quien
halló que, en Seattle, los homicidios aumentan en invierno a causa de la miseria y los desórdenes provocados por las
migraciones de trabajadores que se producen precisamente por aquella época. V. Barnes y Teeters, ob. cit., pág. 135.

(20) V. Havelock Ellis: Estudios de Psicología Sexual; T. 1°; pp. 132 -174. Resúmenes en Bernaldo de Quiroz:
Criminología, pág. 223 y Cursillo de Criminología y Derecho Penal, pp. 103 - 104.

(21) Criminología, pág. 47.

(22) Para este y otros ejemplos, v. Criminología, pp. 223-225.

(23) Así, en Exner, eb. cft., pág. 126 quien por esta razón considera que la prueba no es segura.

(24) Ibidem, pág. 300. Las cifras de lesiones se reproducen aquí en conjunto.

(25) Factores geográficos y meteorológicos del delito en Chile, pág.

44. (26) V. ob. cit., pp. 5 -17 y 23 - 43.

(27) Ob. cit., pág. 147.

(28) V.: Gillin, ob. cit., pág. 53.

(29) Barnes y Teeters, ob. Cit., pp. 151-152.

(30) Para estas causas explicativas de una diferencia real en las cifras de delincuencia pueden consultarse las obras
citadas de Barnes y Teeters, pág. 148; Gillin, pp. 53 - 55; Parmelee, pp. 51-64 y Reckless: Criminal Behavior, pp. 84-
85.

31) V. Shaw y MacKay: Social Factors in Juvenil Delinquency; pp. 60 - 139. Es el segundo volumen del Report on de
Causes of Crime, publicado por la National Comission on Law Observance and Enforcement.

32) He aquí dos conceptos de vecindad acotados por Hentig, en )a pág. 371 de su Criminología: Vecindad es "la
primera agrupación después de la familia que tiene significación social y que es consciente de alguna unidad local" (R.
M. Maclver); por su parte Niles Carpenter se expresa así: "Las características distintivas de una vecindad son su
relación con una superficie lo cal suficientemente compacta para permitir la asociación frecuente e íntima y la aparición
de aquella asociación de homogeneidad y de unidad suficientes para permitir una agrupación social primaria o directa
dotada de un fuerte sentimiento de conciencia de sí y capaz de influir en la conducta de sus varios integrantes".

(33) V. Shaw y Mac Kay, ob. cit., pág. 139.

(34) Las observaciones anteriores, y otras, pueden verse en Taft. ob. cit., pp. 156-159.

(35) "Por ejemplo, el nacimiento del industrialismo en Inglaterra tiene, sin duda, una relación estrecha con la presencia
de hierro y carbón debajo de la superficie de la tierra; pero atribuir el enorme aumento de la delincuencia de esos días
a este hecho físico es, con toda seguridad, ir demasiado lejos en la investigación de la causalidad. Con razonamientos
de esta misma clase podríamos decir que el inventor de la pólvora fue el causante de todos los delitos cometidos por
medio de las armas de fuego"; ííónger, ob. cit., pp. 173 - 174.

168
CAPÍTULO

SEGUNDO LA

FAMILIA

1.- FUNCIÓN SOCIALIZADORA DE LA FAMILIA. El recién nacido, si bien lleno de


grandes potencialidades, precisa ser nutrido, cuidado y guiado tanto para
preservar su vida como para adaptarlo a la sociedad en la cual ha de desarrollar
sus actividades. En el consiguiente proceso de adaptación, los primeros pasos y
los llamados a tener más profundas repercusiones, los dan el niño y el
adolescente, en el seno de la familia; ésta posee, por los característicos lazos
emocionales que ligan a sus miembros, especial capacidad para influir
decisivamente en el futuro de los niños.

La familia está destinada a cumplir una finalidad estrechamente relacionada con la


naturaleza y forma de desarrollo del ser humano. El proceso de adaptación en la
especie humana, es más largo que en cualquier otra; el hombre tiene la infancia
más prolongada, lo que implica una también más prolongada dependencia en la
relación con los padres. De ahí por qué la misión de los padres no concluye con su
concurrencia al acto generador, sino que es necesario que luego permanezcan
establemente unidos para asegurar la educación del hijo, habiendo la naturaleza
dispuesto que tal educación exija la intervención de ambos progenitores. La unión
estable de los sexos no sólo se presenta en el hombre, sino también en ciertas
especies animales en las cuales los nuevos seres no alcanzan apenas nacidos la
madurez suficiente para desenvolverse independientemente.

La familia, como sociedad natural, por la presencia de padres y hermanos, brinda


asimismo al nuevo niño las primeras ocasiones para que se manifieste el instinto
social en todas sus múltiples facetas. Al mismo tiempo, la familia -como todo grupo
en que el hombre se integra (sindicato, club, sociedad nacional)- es un medio de
defensa y protección de sus miembros contra peligros provenientes del exterior.

Los estudios más recientes acerca de Psicología evolutiva han demostrado la


enorme importancia que tienen los primeros años de vida en la determinación de

169
la personalidad. Investigar las experiencias sufridas en esa etapa no tiene
importancia

170
sólo para explicar la mala conducta del niño o del adolescente sino también la del
adulto. Esas experiencias tempranas se viven casi exclusivamente en la familia la
que, así, pone muchas de las causas profundas de todas las actividades
posteriores.

En resumen, podemos decir que la familia es el elemento necesario para la


socialización del niño; tarea que está lejos de ser fácil de realizar porque supone
en los padres la capacidad y la voluntad de operar por medio de influencias
positivas, apartando o anulando las influencias perniciosas; ni basta que se
ejerzan influencias buenas, sino que es necesario que ellas se prolonguen por
largo tiempo y que partan tanto del padre como de la madre pues cuando uno de
éste» falta surgen desequilibrios educativos fáciles de comprobar cuando se
estudian la psique y la conducta de las generaciones huérfanas; la actividad
supletoria de agencias estatales o privadas -asilos, orfanatos, etc.- si bien evita
males mayores, no puede ni cuando está óptimamente organizada, suplir
adecuadamente al hogar bien formado.

2.- CAUSAS QUE DESTRUYEN O AMINORAN LAS INFLUENCIAS FAMILIARES


POSITIVAS. Del hecho de que la familia sea una agencia importantísima de
socialización no se sigue automáticamente que se halle siempre bien capacitada
para cumplir esa función. Quizá sin exagerar, podamos decir que más son los
casos en que la familia falla en uno o varios aspectos importantes que aquellos
otros en que acierta plenamente. Las causas de la crisis son numerosas y no
todas tienen su origen en tiempos recientes; algunas se hallan entroncadas desde
hace siglos en diversas Costumbres; pero ahora se han reunido de tan coincidente
manera, que se han potenciado mutuamente. Aquí apenas hemos de hacer algo
más que enunciarlas; luego se verán con más detalles sus repercusiones en el
aumento de la criminalidad.

Entre las razones de la crisis están las siguientes:

a, La familia es menos unida que antes, frecuentemente por divergencias de


intereses entre los esposos, por la tendencia a hacerles desempeñar, en aras de
una igualdad conyugal mal entendida, idéntico papel en el hogar, con lo cual

171
muchas

172
familias llegan a carecer de verdadero jefe; el número de problemas sobre los
cuales pueden presentarse divergencias entre los esposos, es mucho mayor que
antaño.

b) La vigilancia educativa de los padres sobre los hijos se ha relajado; los


miembros de la familia pasan cada vez menos tiempo juntos sobre todo porque las
actividades de cada uno se desarrollan dentro de horarios que divergen de los
ajenos. Es frecuente que ambos padres trabajen y deban estar mucho tiempo
fuera del hogar y lejos de los hijos (1).

c) El divorcio, que, si bien fue instituido con el pretexto de que serviría de


remedio sólo a situaciones extremas y, por tanto, raras, se ha extendido hasta
convertirse en un problema social de primer orden, lo que era fácil de prever
desde un comienzo. Generalmente el divorcio adviene por puro interés de los
padres, sin consideración por los hijos. El resultado es la aparición de niños que,
para fines prácticos, pueden ser asimilados a los huérfanos, con la agravante de
que existen corrientemente sentimientos de repulsión hacia uno de los padres o
hacia ambos; el cuadro general suele complicarse mucho con la aparición de
padrastros y madrastras en vida del progenitor por naturaleza.

d) Los niños pasan mucho tiempo fuera del hogar, no sólo en las escuelas,
sino en las calles, los clubes y los centros de recreo, frecuentemente sin la
necesaria vigilancia. La inexistencia de un hogar digno de tal nombre suele
ocasionar la fuga de los hijos.

e) Los hijos se emancipan prematuramente, lo que sucede principalmente


cuando, como resultado de urgencias económicas, el niño o joven se inicia
tempranamente en el trabajo. La independencia económica así conseguida se
convierte pronto -y la mayoría de las veces sin oposición de los padres- en
independencia en otros sentidos, en momentos en que el joven carece aún de
capacidad y madurez para conducirse solo. Concluye frecuentemente por ser
víctima de influencias perjudiciales tanto más posibles si cuenta con dinero
disponible.

173
f) Malas condiciones materiales del hogar, sobre todo miseria, suciedad y
estrechez que provocan promiscuidad e impulsan hacia la calle a los niños.

g) Impreparación de los padres para cumplir la tarea educativa; ella exige un


conocimiento algo más que instintivo de la naturaleza, necesidades e ideales del
niño y del joven; la mayor parte de los padres parecen creerse naturalmente
dotados para educar a sus hijos y poco se preocupan de estudiar y prepararse
para hacerlo; una educación mala, suele ser el resultado, pese a la óptima
voluntad e intención de los padres.

h) Las generaciones de huérfanos de uno o ambos padres. Cuando ha


fallecido sólo uno de éstos, lo corriente es que el supérstite esté obligado a
trabajar y descuide a sus hijos. Si han fallecido ambos, el destino es la calle o la
institución especializada en que falta el calor auténticamente familiar. Las últimas
guerras - monstruosas en cuanto al número de bajas- han incrementado la
cantidad de huérfanos.

i) A veces no se trata sólo de que los padres sean incapaces de educar


debidamente, sino que ellos son inmorales y que su inmoralidad se transmite a los
hijos, directa o indirectamente.

Vemos pues, por las razones apuntadas -que no son todas sino las principales de
las que podrían enumerarse- que la familia está lejos de reunir siempre las
condiciones necesarias para cumplir su función socializadora; sólo en la minoría
de los casos satisface las necesidades de los niños, necesidades que no son
exclusivamente las de alimentación, ropa y habitación, sino de seguridad psíquica,
cariño, comprensión, consejo, etc.; fuera de que debe darle un estado personal
socialmente aceptable, el de hijo legítimo que le proporciona satisfacción interna y
valentía para encarar muchas situaciones externas y elimina una fuente de
probable vergüenza e inferioridad. En el seno del hogar, el niño debería contar con
el aliento necesario para formar su propia personalidad y crearse un sentido de
responsabilidad y la capacidad de obrar por propia iniciativa.

174
3.- NÚMERO, ORDEN DE NACIMIENTO Y SEXO DE LOS HIJOS. Ingresamos a
tratar el problema estrictamente criminológico.

a) EL PRIMOGÉNITO. Estadísticas antiguas ya mostraban que el hijo


primogénito es mucho más delincuente que sus hermanos que le siguen; pero
Sutherland hace notar que las estadísticas modernas, si bien apuntan en el mismo
sentido, ya no demuestran una mayor proclividad delictiva tan acusada en el
primogénito (2). Las razones para la mayor delincuencia, según se admite
corrientemente, son tanto de tipo biológico, como social. Entre las primeras, están
la inferioridad biológica de los padres, consecuencia de la inmadurez sexual, fuera
de que, en general, el primer parto es el más difícil y dañino para el nuevo ser.
Entre las razones sociales -cuyas consecuencias se ligan más directamenté con lo
psíquico- se citan las siguientes: falta de experiencia educativa de los padres;
mimos exagerados que debilitan la personalidad del niño; celos, cuando de Ta
situación de preferido se pasa a otra secundaria, al nacer un hermano. Ha sido,
sobre todo, Adler, quien ha estudiado las repercusiones que tiene el
desplazamiento afectivo de los padres, sobre la psique del primogénito. Las
causas de inferioridad psíquica y social son en general, más importantes que las
biológicas.

Ruede agregarse, que frecuentemente el hogar, durante sus primeros años, suele
ser menos estable no sólo por la menor compenetración entre los padres -que se
hallan aún en plena etapa de ajuste y comprensión- sino también porqué la
situación económica suele ser más incierta; es en tal ambiente familiar donde el
primogénito ha de moverse, en mayor proporción que los hermanos que le siguen.
Además, no es raro que el primogénito sea sacrificado por sus hermanos,
teniendo que trabajar pronto para contribuir al sostenimiento del hogar y hasta a
los estudios de sus menores.

b) EL HIJO ÚNICO. En general, la delincuencia del hijo único es


proporcionalmente mayor que la de los niños que tienen hermanos; sin embargo,
no todos los datos apuntan en esa dirección.

He aquí un cuadro sobre jóvenes delincuentes y no delincuentes. todos ellos hijos

175
únicos:

176
NUEVA YORK Y LONDRES

Muchachos Muchachos

Delincuentes no delincuentes

% %
Nueva York (Slawson-

Burdge) 4,5 7,1

Londres (Burt) 15,4 2,5 (3)

Quizá parte de las discrepancias pueda explicarse porque mientras unos toman en
cuenta sólo a los hijos materialmente únicos -hay uno solo en la familia- Burt
incluye a aquellos que psíquicamente pueden ser considerados únicos, aunque de
hecho tengan hermanos (4).

La existencia de grupos de control da valor a las conclusiones de Burt. Y es que la


mayor proclividad criminal del hijo único, difícilmente puede ser puesta en duda;
para explicar esa mayor proclividad deberán tomarse en cuenta varios de los
factores que valen para el primogénito con la agravante de que los mimos y la
solicitud excesiva se prolongan por más tiempo, lo que forma una tendencia al
capricho, causa falta de virilidad, de iniciativa y no prepara para la vida ruda y
combativa del adulto; se crean así reacciones compensatorias inferiores con las
cuales se pretenden alcanzar el objeto deseado.

Es corriente que la situación de los hogares en que se da el hijo único, sea


económicamente más firme -el hijo único no es precisamente característico de las
familias pobres-; pero aún en el caso de que se trate de familias modestas, el
presupuesto no debe ser repartido entre muchos. La atención de los padres se
concentra sobre un hijo.

Las razones recién anotadas destacan que, en cuanto toca sólo a las relaciones e
influencias familiares, el ser hijo único constituye una desventaja: como que lleva

177
delincuencia mayor, o por lo menos igual, que la de varios hermanos, pese al
contrapeso constituido por la buena situación económica (5).

Muchas de las estadísticas que sirven de base a las conclusiones a este respecto,
se realizan tomando en cuenta la población de los reformatorios; ahora bien: los
hijos únicos, más frecuente mente que los otros, provienen de familias en buena
posición económica, por lo que los jueces, ante los cuales aquéllos se hubieren
presentado por inconductas, no los envían a reformatorios u otras instituciones,
sino que los devuelven a los padres; de manera natural, las sentencias del juez de
menores tienen que tomar en cuenta el hecho de que el presupuesto familiar esté
o no recargado. Con lo cual, parte de la criminalidad de los hijos únicos escapa a
las estadísticas

c) LA FAMILIA NUMEROSA. En general, los hijos de familias numerosas, y más


cuanto más numerosas, muestran mayor delincuencia que los hijos que integran
hogares pequeños.

He aquí un cuadro comparativo:

MUCHACHOS DELINCUENTES Y MUCHACHOS

DE NUEVA YORK, POR MAGNITUD DE FAMILIA

Número de hijos Muchachos Muchachos del Estado de

en la familia delincuentes Nueva York, empleados

% %
1
4,5 7,1

2 7,6 12,3

3-4 25,4 33,6

5-7 46,6 37,8

8 y más 13,9 9,2 (6)

178
Las cifras anteriores parecen indiscutibles; sin embargo, Reckles no las acepta de
manera terminante y considera que tienen algunos puntos aún discutibles (7).

De un modo teórico, parece que la familia numerosa, precisamente por serlo,


brinda un ambiente más amplio de socialización y, consiguientemente, debería dar
menos delincuencia. Pero en la realidad, la familia numerosa suele verse ante
varias desventajas, sobre todo de tipo económico. En efecto, la familia numerosa
se da sobre todo en sectores modestos o pobres; en ellos, debido al número de
bocas que hay que satisfacer, ambos padres se ven obligados a trabajar, por lo
que descuidan la vigilancia y educación de los hijos; el hogar suele sufrir de
muchas deficiencias materiales, por todo lo cual el hijo vive en la calle. Además,
por razones de angustia económica, los niños se ven obligados a iniciarse
tempranamente en el trabajo. La familia es una unidad no bien cohesionada y. que
fácilmente se dispersa. Sin embargo, las virtudes de la misma resaltan cuando los
estudios se realizan sobre familias campesinas o de poblaciones pequeñas, donde
muchas de las deficiencias anotadas no se dan, por lo menos tan agudamente (8).

Recientes estudios franceses, sobre población de detenidos en Estrasburgo, han


demostrado que las personas pertenecientes a familias con cinco o más hijos
constituyen el 5,32% de la población general, pero, en los dos grupos de
delincuentes analizados, el 45,6% y el 40,21%; es decir, la delincuencia
proveniente de las familias numerosas es de ocho a nueve veces mayor que la
que proviene de familias menores (9).

d) SEXO DE LOS HIJOS. Es un hecho que los varones dan, en términos


generales, mayor delincuencia que las mujeres. De ahí que no llame la atención
que Sletto haya podido comprobar que cuando una sola mujer es educada entre
varios hermanos varones la delincuencia de aquélla es mayor que la de las
muchachas que tienen hermanas; parecería que la mujer, en aquellas
condiciones, asimilara la mayor proclividad delictiva masculina. La contraria —
disminución de la delincuencia masculina si hay un solo varón entre varias
mujeres— no se ha demostrado (10).

4.- EL HOGAR DESHECHO. Para cumplir su función socializadora, el hogar debe

179
constar de padre y madre; el primero, al menos idealmente, como factor de

180
disciplina y como sostén económico; la segunda, como elemento conservador,
esencialmente hogareño, al que los hijos pueden acogerse en busca de cariño y
de comprensión. Si alguno de los padres falta, la capacidad educativa del hogar
queda deteriorada.

Entonces la influencia nociva se deja sentir sobre todo en el campo de la


delincuencia infantil y juvenil, aunque no deben descartarse tampoco las
repercusiones en la delincuencia de adultos. Pero en los casos de éstos, los
estudios no han alcanzado el nivel de precisión de los primeaos.

Si bien hemos de hablar aquí fundamentalmente del hogar deshecho -lo que
implica que en algún momento él existió- hemos de incluir también los casos en
que el niño proviene de un hogar que nunca llegó a formarse dentro de los moldes
socialmente aceptables; en tal condición se encuentran los hijos ilegítimos.

El problema de la ilegitimidad tiene relevancia criminológica. En primer lugar, en


relación con la madre y sus parientes, quienes, para evitar complicaciones futuras
y el peso de una carga frecuentemente indeseada, pueden recurrir al aborto o al
infanticidio; a veces resulta complicado también el amante. Pero los que resultan
socialmente más perjudicados y son más impulsados al delito por la situación
irregular, son los hijos.

Burt ha logrado establecer las siguientes cifras comparativas:

Entre los delincuentes Entre los no delincuentes

por ciento de Ilegítimos por ciento de ilegítimos

Hombres 6,5 2,5

Mujeres 9,5 1,0 (11)

En el estudio de Carr - Saunders, Mannheim y Rhodes sobre la delincuencia


infantil y juvenil en Inglaterra se contienen o datos igualmente probatorios. En
Londres, el 3,7% de los delincuentes eran ilegítimos, mientras en la población
normal (grupo de control), los ilegítimos sólo llegaban al 0,8%; para poblaciones
provinciales de aquel

181
país, los porcentajes correspondientes eran del 5,1% para los delincuentes y el
2,5% para los grupos de control (12).

Las razones que pueden explicar estas diferencias numéricas son múltiples; la
primera, entre todas, se halla en la escasa capacidad educativa que poseen
hogares en que las relaciones son ñor- males. Lugar preponderante tiene la
censura social que deprime al niño, lo aparta de ciertos círculos y reduce sus
posibilidades para alcanzar un alto nivel cultural y social; tal situación puede
quedarse en la depresión que el niño sufre, pero frecuentemente ocasiona una
reacción de repudio de parte de él hacia sus padres, con lo cual aún la escasa
influencia que ellos podrían ejercer se esfuma; esta reacción crítica no resulta sólo
como consecuencia de las dificultades materiales que se oponen a los hijos
ilegítimos, sino que también puede tener un fundamento estrictamente moral: por
ejemplo cuando el niño adquiere una conciencia moral estricta -y exacerbada por
el conocimiento de su origen- que comienza por censurar la inconducta de los
padres y termina por provocar graves tensiones internas. Sin embargo, es también
corriente que los niños concluyan por adaptarse a su situación, a ser indiferentes
contra las críticas y a aceptar como molde de conducta el de sus padres; por eso,
los hijos ilegítimos suelen ser muy proclives a tenerlos de la misma categoría.

Podrían aún agregarse otras razones: así, la ausencia del padre -usual en los
casos de ilegitimidad- mengua la capacidad moralizado» hogareña; aunque allí se
predique la virtud, el niño no la asimila porque es más arrastrado por la fuerza de
los hechos; la madre generalmente trabaja para sostener al hijo, por lo cual lo
descuida; muchas veces ella se conduce con su hijo como con un ser indeseado,
que dificulta el formar luego un hogar legítimo o, por lo menos, el formarlo con las
condiciones que se lograrían si no existiera la prueba de una culpa pasada: la
madre soltera, por el hecho de serlo, se ve obligada a disminuir sus pretensiones
matrimoniales; frecuentemente, el ambiente hogareño es inmoral aun después del
nacimiento del hijo. Como los padres no atienden debidamente a las necesidades
de los niños, éstos se ven obligados a iniciarse prematuramente en el trabajo.
Fuera

182
de que suelen darse casos de inferioridad biológica, pues los niños nacen
dañados por maniobras abortivas fracasadas que intentaron las madres.

En cuanto al hogar que alguna vez existió debidamente constituido para


disgregarse luego, pueden darse tres situaciones distintas, según la razón que
llevó al rompimiento.

a) MUERTE DE UNO O DE AMBOS PADRES. Esta situación se traduce en falta


de cariño y de disciplina familiares, desequilibrio emocional y aun biológico, crisis
económica, etc.; esta causa en sí no comporta vergüenza para los hijos. Sin
embargo, la destrucción del hogar ocasiona el que los huérfanos den, de manera
general, mayor delincuencia que los no huérfanos. Las estadísticas tienden a
demostrar que la desaparición del padre es más perjudicial que la de la madre;
eso puede deberse a que la muerte del padre priva al hogar de sostén económico,
debiendo la madre trabajar por lo que descuida a los hijos (13); también debe
considerarse que el padre representa en el hogar, más que la madre, el factor
orden y disciplina.

b) ABANDONO O DESERCIÓN. El hecho puede ser voluntario, como cuando


resulta de la falta de comprensión entre los padres y la vida familiar se torna
intolerable; pero también puede deberse a causas ajenas a la vida intrahogareña,
causas que, a veces, son irresistibles; así sucede cuando, en épocas de crisis, el
padre se traslada a algún lugar lejano en busca de trabajo y no logra -o termina
por no querer- que su familia se le reúna; también son causas de deserción
involuntaria, el servicio militar obligatorio, las levas de guerra y, como caso
especialmente importante por sus repercusiones psíquicas, la reclusión en
hospitales, manicomios y cárceles. Fuera de las consecuencias que antes se
anotaron al tratar de la orfandad, el abandono ocasiona vergüenza, odios
familiares y resentimientos.

c) EL DIVORCIO. Esta separación legal en vida de los cónyuges ha sido


justamente acusada de provocar gran cantidad de delitos. Corrientemente, los
hijos tienen conciencia de lo poco que significan para los padres, pues es lo
común que sean los intereses de éstos y no los de aquéllos los que determinen la

183
separación; se crea un ambiente de odio y resentimientos entre los padres y entre
éstos y los hijos.

184
Como no es raro que se formen nuevos hogares por los divorciados las relaciones
entre padrastros, madrastras e hijastros, aumentan los problemas familiares y las
tensiones emocionales infantiles y juveniles.

En todos los casos anteriores puede hablarse de hogar deshecho; la influencia


que él tiene en la criminalidad especialmente infantil y juvenil, ha sido puesta en
evidencia por varios estudios. Estos muestran, con ciertas divergencias según los
autores, que los delincuentes provenientes de hogares deshechos llegaban del
36% al 54% del total, mientras sólo el 25% de los niños no delincuentes provenían
de tales hogares. Slawson demostró que, entre los delincuentes, el 45% provenía
de hogares deshechos mientras que esta circunstancia sólo se daba en el 19% de
los escolares que fueron tomados como grupo de control (14).

Sin embargo, Shaw y McKay, en sus estudios que envolvieron a 7.278 escolares y
1.675 delincuentes, hallaron hogares deshechos en la proporción de 36,1% y
42,5%, respectivamente, con una razón de 1 a 1,18 que es sumamente baja sobre
todo comparándola con las establecidas por otros autores; bien es verdad que se
han formulado serias críticas a Shaw y McKay principalmente en cuanto al método
de investigación utilizado (15).

Los problemas del hogar deshecho se complican, según adelantamos más arriba,
cuando aquél se reconstituye por medio de matrimonio posterior con otra persona.
En tales casos, parece que la presencia del padrastro es menos perjudicial que la
de la madrastra, sobre todo como emergencia de las tensiones internas que se
provocan. La variedad de casos particulares, empero, ha tornado difícil el
establecer generalizaciones con base aceptable, acerca de si uno u otra provoca
mayores dificultades hogareñas. De cualquier manera, las tensiones apuntadas
tienen importancia criminal y tanto más grave si el nuevo matrimonio subsigue a
un divorcio y el padre o madre según la naturaleza aún vive, pues se debe prestar
obediencia, respeto y acatamiento a un extraño, a quien los niños y jóvenes
consideran un intruso y hacia quien se ven predispuestos a adoptar actitudes de
resistencia que son fuentes de disgustos inclusive entre los cónyuges. Si del
nuevo matrimonio nacen otros hijos, la situación se complica aún más, en vista
de preferencias y
185
pretericiones -reales o imaginarias- entre los grupos de hermanastros; surgen
problemas para los padres, pero también entre los hijos que experimentan celos
entre sí.

Es evidente que el hogar deshecho origina contraposiciones, celos, odios,


desprecio entre los propios cónyuges a los que pueden conducir a delitos sobre
todo contra las personas; pero la mayor importancia comprobada de estas
irregularidades se da en la delincuencia infantil y juvenil. De cualquier modo, y
para evitar exageraciones unilaterales, habrá que tomar en cuenta factores
biológicos y psíquicos -por ejemplo, la naturaleza de cada niño- así como la forma
en que actúan otras agencias sociales de control y educación; éstas pueden
aumentar o disminuir los resultados de las influencias estrictamente familiares.

Lo anterior no tiende a desconocer la importancia de estas influencias sino a


colocarlas en su verdadero lugar; ya las experiencias vividas sobre todo a
consecuencia de la crisis familiar suscitada por la última guerra han confirmado de
manera incontrastable lo mucho que la familia pesa en la determinación de las
conductas antisociales de los niños y jóvenes.

5.- HOGARES NO BIEN INTEGRADOS. Para cumplir su función socializado», el


hogar debe estar no sólo material sino también espiritualmente integrado. Cuando
esto no sucede, la labor educativa sufre de deficiencias; por eso últimamente se
tiende cada vez más a tratar extensamente en las obras de Criminología, del
problema constituido por los hogares psicológicamente deshechos.

La situación se presenta, por ejemplo, cuando existen conflictos de cultura que


dificultan la comprensión entre los miembros de la familia: los hijos tienen mayor
cultura que los padres, a quienes desprecian o desobedecen; los matrimonios se
realizan entre personas sumamente dispares por su cultura, sus ideales n su
naturaleza de donde surgen continuas discrepancias. Por ejemplo, la gran
delincuencia de los hijos de inmigrantes en los Estados Unidos, se ha explicado en
buena parte por la falta de concordancia entre padres e hijos, quienes a veces
difieren de sus progenitores inclusive por el idioma: los Glueck encontraron entre
los jóvenes delincuentes que estudiaron, dos veces y media más hijos de

186
inmigrantes que en la población normal (16). Tan extremas discrepancias no
suelen darse con frecuencia en países en que la inmigración es poco numerosa.
El alza de nivel cultural de generación a generación lleva en no raros casos a las
mismas consecuencias. Estas condiciones provocan la deserción, el divorcio, el
alcoholismo compensatorio, los atentados personales contra el cónyuge al que no
se puede soportar y el abandono del hogar por los niños

Otras veces el hogar se convierte en fuente de emociones que llevan directa o


indirectamente al delito; la importancia de estos factores puede ser deducida del
hecho de que Healy y Bronner (17) hallaron en los delincuentes comparados con
los no delincuentes las siguientes proporciones: sentimientos de inferioridad, 38 a
4; hiperactividad, 46 a 0; perturbaciones emocionales generales, 91 a 13. Las
tensiones emocionales pueden deberse a distintas causas: sentimientos de celos
por las preferencias o pretericiones de unos hermanos en relación con otros;
reacciones de venganzas contra injusticias paternas reales o imaginarias; celo i
contra el progenitor del mismo sexo a causa de la intimidad que goza en relación
con su cónyuge (si bien la situación no se presenta en tantos casos como
pretende el psicoanálisis, no puede dejar de reconocerse que el problema se da
en ciertos niños); las riñas entre los padres, que ocasionan odios y resentimientos
en los hijos, frecuentemente inclinados a tomar parte por el progenitor más débil;
inclinaciones que el niño considera pecaminosas, y que a veces lo son, luchan
contra los ideales puritanos rígidamente predicados por la familia (18).

La pobreza puede traer por resultado la pérdida de la autoridad del padre,


encargado de sostener económicamente al hogar. Las necesidades tornan
irritables a todos, arrojan a los niños a las calles, causan promiscuidad en la
vivienda, ocasionan robos y hurtos de alimento, ropa, combustible, etc.; a veces la
miseria avergüenza a los niños ante sus compañeros, pues ella trae por
consecuencia la suciedad y la incomodidad; los niños no pueden ser alimentados
ni medicados adecuadamente ni encuentran oportunidades de sana diversión. Es
particularmente significativo desde el punto de vista criminológico, el hecho de que
la pobreza obligue a ambos padres a trabajar, abandonando total o casi
totalmente a los niños
187
durante ciertos períodos de tiempo. Los Glueck comprobaron que en el 60% de los
casos por ellos estudiados, los niños y jóvenes provenían de hogares en que uno
o ambos padres estaban prolongada o permanentemente ausentes del hogar (19).

Finalmente, una familia ideal no sólo no debe ser fuente de tensiones


emocionales, sino que debe constituir un ambiente de confianza en que el niño y
el joven hallen ayuda y guía ante los conflictos provocados fuera del hogar; tales
conflictos son provo-cados por fracasos, problemas sexuales, amistades
prematuras o indebidas; los padres deberían comprender y aconsejar en todos los
casos; de otro modo, el niño y el joven buscan confidentes y consejeros
extrahogareños que sólo excepcionalmente tienen la capacidad intelectual y moral
para desempeñar adecuadamente tales papeles.

6.- EL HOGAR CRIMINAL. Cuando tratábamos el tema de las familias criminales,


ya hicimos notar la influencia que ejerce el hogar en que existe un ambiente
delictivo. Las investigaciones modernas han probado plenamente la importancia
del contagio de conductas delictivas, contagio que no sólo proviene de los padres,
sino que también puede proceder de los hermanos.

Los Glueck, en sus estudios sobre delincuencia juvenil, hallaron que los
delincuentes provenían de familias de las cuales el cincuenta por ciento tenían
registros criminales; otro 30% de las familias tenían miembros que, aunque
criminales, no habían sido registrados por una razón u otra (20).

No se trata sólo de aquellos casos en que el delito es producto de enseñanza


expresa; son igualmente importantes las circunstancias cuando el hogar ofrece
ejemplos que el niño y el joven, por sus particulares caracteres psicológicos,
pueden imitar fácilmente.

Tampoco se trata sólo de los casos en que se enseña o imita el delito en sí


mismo; también hay que tomar en cuenta las actitudes meramente antisociales,
como el alcoholismo, la prostitución, la mendicidad, etc.

188
7.- INDISCIPLINA FAMILIAR. La disciplina familiar adecuada está lejos de ser la
regla; al imponerla, los padres se atienen a su leal saber y entender, cuando no a
sus instintos ciegos.

Las situaciones criminológicamente más interesantes se dan en los hogares en


que la disciplina es demasiado laxa, demasiado estricta o en que, lisa y
llanamente, no existe ningún tipo determinado de disciplina.

Burt encontró que en el 25% de los delincuentes juveniles ingleses por él


estudiados, existía el antecedente de disciplina hogareña laxa; en el 10%, de
disciplina demasiado estricta (21). La relación era de cinco a uno, de delincuentes
a no delincuentes, en lo tocante a disciplina demasiado laxa o rígida (22).

Los mayores perjuicios provocados por la laxitud son fáciles de explicar: ya vimos
que los mimos, la demasiada condescendencia, forman en el niño un carácter
caprichoso que tiende a satisfacer sus deseos por medios compensatorios
derivados y criticables, pues carece de la virilidad suficiente para buscarlos a
través de las dificultades presentadas por la vida social normal. La voluntad se
debilita, no se crea el sentido de la iniciativa ni se forma para la lucha leal y dura;
al permitir que desde temprana edad los niños triunfen en sus deseos usando
medios poco viriles, la laxitud prepara casi seguros fracasados para la vida juvenil
y adulta. Por eso. Edgar Hoover, jefe del FBI y que conoce de cerca a los
criminales, tuvo razón al escribir: "Si tuviera que catalogar a los que considero los
contribuidores actuales más grandes de nuestros crecientes anales del crimen,
temo que honradamente me vería obligado a censurar la excesiva indulgencia
paterna" (23).

Por el otro lado, la disciplina exagerada incrementa el natural sentimiento de


inferioridad de los niños; bajo un régimen de este tipo, los castigos no enderezan
lo torcido, sino que sólo logran deprimir la personalidad infantil y juvenil; el hijo,
para escapar de los castigos provocados por sus faltas -o por conductas que los
padres incomprensivos califican de tales- se ve obligado a fingir, a mentir o a huir
de la casa. Fugas, mendacidad, odios y resentimientos contra los padres,
hipocresía, etc., que son resultado de los regímenes draconianos, constituyen

189
malos antecedentes para la conducta futura.

190
Por fin, la labor educativa familiar es nula cuando no existen exigencias de ningún
tipo, sino que cada miembro del hogar se comporta como mejor le parece, sin
vigilancia, corrección ni consejo.

8.- EL ESTADO CIVIL. Se ha intentado también determinar la importancia que el


estado civil pueda tener en la delincuencia.

Hentig trae las siguientes estadísticas de Estados Unidos, promedios de los años
1933 - 1936, por 100.000 de las admisiones penales de cada grupo; delitos
cometidos por varones:
Casados Viudos Divorcia
DELITO Solteros

Homicidio 10,0 6,33 11,5 18,0

Lesiones graves 6,4 3,99 3,9 12,9

Violación 4,3 2,6 3,8 13,7

Los otros delitos

sexuales 4,0 2,4 2,5 17,9

Hurto 36,2 13,9 8,9 61,2

Robo con escalo 53,2 11,2 11,7 65,4

Robo 26,6 7,5 4,5 37,9

Desfalco - fraude 6,4 3,8 3,9 12,9

Se han tomado en cuenta, como se ve, ocho delitos tipos; para la delincuencia
femenina, se han considerado sólo cinco, en los mismos supuestos estadísticos
que el caso anterior; los resultados son los siguientes:

DELITO Salteras Casadas Viadas Divorciadas

Homicidios 0,66 0,52 1,1 2,4

Lesiones graves 0,31 0,25 0,21 0,75

Hurto 1,2 0,69 0,46 3,9

191
Desfalco - fraude 0,13 0,14 0,15 1,3

Otros delitos sexuales 2,5 0,95 0,63 6,4 (24)

Los datos proporcionados por Sutherland (23) tienden a demostrar la misma


situación, o sea que en la criminalidad general el porcentaje menor corresponde a
los casados, siguen los viudos, luego los solteros para darse la criminalidad más
alta en los divorciados. Los números no cambian mucho si se hacen
comparaciones por grupos de edades. Las excepciones que se dan para ciertas
épocas no son suficientes para anular la tendencia general mostrada por las cifras
arriba reproducidas.

Sin embargo, no hay que descuidar el hecho de que el estado civil se combina con
otras condiciones sobre todo de edad, para dar por resultado cierto tipo de
conducta.

De cualquier modo, será preciso estudiar aún otros datos que pueden explicar las
cifras anteriores. Por ejemplo, es claro que, si un hombre o una mujer permanecen
solteros a los cuarenta años, se pueden sospechar otras causas, fuera del mero
estado civil, para explicar su delincuencia. Se ha hecho notar que la mayor
proporción de casados y menor de divorciados se da en las áreas rurales, por lo
cual estas implicaciones deberían ser tomadas en consideración.

La menor delincuencia del casado debe ser más tenida en cuenta porque se halla
en condiciones de cometer más delitos para él propios, como el abandono de
familia o de mujer embarazada y la bigamia; las urgencias económicas, relevadas
por la obligación de mantener a. toda la familia, deberían empujarlo más, sobre
todo a delitos contra la propiedad.

En la viudez desempeña papel importante la ruptura vital que se produce; muchas


veces, cuando el fallecido es el marido que sostenía el hogar, resultan también
graves consecuencias económicas.

En cuanto al divorciado, sobre todo a la divorciada, es preciso tomar en cuenta


que su mayor delincuencia puede deberse a la falla vital implícita en la disolución
matrimonial, la censura social, etc., o a causas que preexistían al divorcio y que
192
llevaron a éste y a la delincuencia; tales los casos de anomalías mentales o de
fallas

193
en el carácter y la capacidad social; como datos de alta significación hay que
tomar en cuenta aquellos de internamientos en manicomios y de suicidio; allí las
cifras demuestran que los divorciados de ambos sexos se inclinan a las
anormalidades mentales y al suicidio con mucha mayor frecuencia que los
casados y solteros y aun que los viudos, si bien en este caso las distancias son
menores (26).

Generalmente se considera entre los solteros a quienes viven en concubinato. El


número de ellos es particularmente alto entre quienes son calificados de
maleantes, que recaen continuamente en delitos y contravenciones, hasta ser
considerados habituales en el delito. Trabajos prácticos realizadas por alumnos de
Criminología en los locales de detención policial de la ciudad de La Paz, muestran
que entre el 80% y el 90% de los maleantes viven en concubinato y cambian
frecuentemente de pareja con lo cual se suman los males de la ilegitimidad y el
divorcio, en lo que toca a los hijos.

(1) "He aquí que una mujer, con el fin de aumentar las entradas de su marido, se emplea también en una fábrica, dejando abandonada la
casa durante la ausencia. Aquella casa, desaliñada y reducida quizá, se torna aún más miserable por falta de cuidados. Los miembros de la
familia trabajan separadamente en los cuatro confines de la ciudad, a horas diversas. Escasamente llegan a encontrarse juntos para la
comida o el descanso después del trabajo, mucho menos para la oración en común. Qué queda entonces de la vida familiar ¿Qué atractivos
puede ofrecer ese hogar a los hijos?" (Discurso de Pío XII a las mujeres católicas italianas).

Véase cuán de acuerdo con lo anterior se encuentra lo que dice Hentig:

"Con la energía y la atención que los hombres y mujeres han de consagrar a su trabajo, se privan de aquellas reservas de potencialidad
nerviosa que se requieren para la vida común y la felicidad cuando vuelven por la noche al hogar. Un hogar existe sólo el sábado por la
noche y el domingo. Todo el resto de la semana es una casa de alojamiento: el contacto real entre el marido y la mujer, entre padres e hijos
se reduce a los cortos encuentros de personas nerviosas, impacientes y agotadas que consideran ai hogar solamente como una posada
gratuita" (Criminología, pp. 293 - 294).

(2) Principles of Criminology, pag. 150.

(3) Henting, ob. cit., pág. 301.

(4) "Es sorprendente advertir, reiteradamente, que el delincuente es el hijo único de ta familia. A menudo, si no el hijo único en el momento de
la investigación, lo ha sido durante sus primeros años; es el mayor y sus hermanos y hermanas son agregados posteriores y todavía
menudos. O bien él puede ser el hijo único en otro sentido: es el más joven de una familia y todos los otros retoños de sus padres han crecido
y no son ya niños". Burt, citado por Hentig. loe. cit.

(5) Y no se trata sólo de delincuencia; muchas anomalías mentales se dan preponderantemente en hijos únicos: v. Hentig, loe. cit. y
Tappan: Juvenil Delinquency, pág. 140.

(6) Hentig, ob. cit., pág. 300.

(7) Criminal Behavior, pág. 224.

(8) Ibidem, loc. Cit.

(9) Leaute: Criminologie et Science Penitenciaire, pp. 563-564.

(10) Puede verse un buen resumen de los excelentes estudios de Sietto, en Reckless, ob. cit., pp. 224 - 226.

(11) Cit. Hentig, ob. cit., pág. 352.

(10) Young Offenders, pág, 97.

194
(11) V. Gillin, Criminology and Penology, pág. 152

195
(12) Para estos datos. Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology. pp. 216 - 218.

(13) Shaw y McKay: Social Factors In Juvenil Dettnqnency, pp. 25S 284; to mo II del Report en the Causes of Crime - Para las críticas,
Barnes y Teeters, loc. cit.

(14) Eleanor y Sheldon Glueck: Later Criminal Careers; pp. 3-4.

(15) Citados por Taft. Criminology, pág. 144.

(16) V. Ibldem, pp. 140 - 147.

(17) Ob. cit., pág. 3. Sobre la importancia de esta causa en la reincidencia, v. el cuadro de la pág. 78.

(18) Ibidem, pág. 3.

(19) Cit. por Gillin, ob. cit., pág. 158.

(20) Cit. Por Hentig. Ob cit., pag. 292

(21) El Crimen en los Estados Unidos, pág. 25.

(22) Ob. cit., pp. 324 - 326; se reproducen sólo los totales.

(23) Principies of Criminology, pp. 154 - 155.

(24) Pueden verse varias estadísticas en Hentif, ob. cit., pp. 329.

196
CAPÍTULO TERCERO

LA RELIGIÓN

1.- RELIGIÓN Y DELINCUENCIA. Nadie está libre de sentir la tentación de llevar a


cabo conductas que, de ser realizadas, constituirían delitos. Sin embargo, entre et
impulso interno primitivo y su actualización externa se dan instancias represivas
que evitan estos delitos. Las instancias represivas pueden derivar del temor que
se tiene de la opinión ajena o del castigo de la ley humana -en ambos casos se
trata de fuerzas que tienen un origen exterior al individuo- o de la mera conciencia
moral y religiosa (en este último caso asociada con él temor de un castigo
ultraterreno).

Si se quiere evitar el delito, por tanto, pueden reforzarse los frenos de origen
externo: aumentar las leyes, darles eficaz vigencia, crear una fuerte opinión social;
o, complementaria o supletoriamente, acrecentar las fuerzas morales y religiosas.
Entre ellas se mantiene tal equilibrio que cuando unas aumentan su fuerza, la de
las otras disminuye.

Así se ha planteado el tema de la influencia de la religión en la criminalidad: si ésta


ha aumentado de manera notable en los tiempos actuales, el fenómeno se debería
a que la religiosidad ha disminuido paralelamente dejando al hombre sin frenos
internos para sus malas inclinaciones; y, por ello, la represión externa ha tenido
que aumentar correlativamente, pero sin grandes resultados.

Este planteo de la cuestión ha hecho que, de manera natural, la Criminología haya


dedicado un capítulo a la religión.

Pero obrar así, no significa que de antemano se acepte el planteamiento


propuesto líneas más arriba. Simplemente se incluye un tema de estudio; de los
hechos que se descubran dependerá la posición que se tome.

Las opiniones están 'divididas y se esgrimen variados argumentos para


sostenerlas. Por lo menos debemos consignar tres posiciones: la de quienes
creen que la religión ayuda a disminuir la criminalidad; la de quienes piensan que
contribuye a aumentarla y la de quienes consideran que en realidad y de modo
197
general, la religión es indiferente en el campo criminal.

198
Entre los que afirman la influencia beneficiosa de la religión se hallan, desde
luego, los que la profesan y dirigen; pero no sólo ellos, sino toda una serie de
investigadores provenientes de los más distintos campos de especialización, como
luego veremos.

Entre quienes piensan que la religión perjudica a la moralidad y conducta


generales del hombre se hallan asimismo distintos científicos, sobre todo basados
en las doctrinas materialistas; así, el doctor Salkind, renombrado psiquiatra
soviético, decía en el primer Congreso Mundial de Higiene Mental, al que
concurrió como delegado: "Un punto de vista fundamental en higiene mental,
creemos, es una completa separación de la actividad religiosa y de la educación.
La preocupación religiosa interfiere, según nuestra opinión, con otras formas de
actividad cortical; interfiere el desatollo del punto de vista realista de la vida;
aumenta la introspección, debilita la psicoestabilidad total del individuo,
sustituyendo el análisis crítico del ambiente por la fe..." (1).

Más claramente, Bonger ha afirmado que los ateos son individuos más morales y
menos delincuentes que los religiosos; y explica tales características por dos
razones fundamentales: 1) los irreligiosos pertenecen, en general, a las clases de
cultura más elevada; 2) son hombres de más carácter, como lo prueban por el
simple hecho de ir contra la corriente; así eran también –agrega- los primeros
cristianos y de ahí su moral más alta (2).

Aquí comienza a ponerse en evidencia un punto de vista de primaria importancia:


el valor de la convicción -fundamental sobre todo en lo religioso- frente a la actitud
de seguir simplemente la corriente, que se traduce en una observancia religiosa
puramente ritualista (3).

Ya Lombroso había hecho destacar estos aspectos; para él, n mero ritualismo
conduce a deformaciones de fanatismo y superstición, favorables al delito: pero si
se deja de lado el formulismo exagerado y se trabaja con la conciencia del
individuo, para llevar a ella convicciones morales, entonces se tiene un verdadero
y eficaz freno contra la delincuencia (4).

199
En cuanto a los que creen que la religiosidad es indiferente, podemos anotar ya a
Garofalo; para él la religión carece de influencia en los principales criminales, en
los autores de los delitos más graves, pites es incapaz de reprimir las inclinaciones
criminales instintivas (5).

Rex Mursell, por su lado, después de algunas investigaciones, cree no haber


hallado ninguna razón para pronunciarse en pro o en contra de la religión (6).
Barnes y Teeters, se muestran igualmente escépticos (7), actitud que comparten
con Suthov land (8).

Ahora podemos ingresar al estudio de temas especiales y a crítica de los métodos


que se han empleado. Pero con una advertencia que desde ahora será preciso no
olvidar: la investigación de la influencia ejercida por la religión tropieza con
especialísimas dificultades; y no sólo porque ella se conjuga con otros actores -
como sucede con cada uno de éstos- y resulta tarea ímproba el aislarla de manera
siquiera relativa, sino también y principalmente porque no podemos tomar como
punto de partida las meras declaraciones de los delincuentes, que falsean la
realidad en todo lo que les es favorable, sino que habrá que averiguar cuáles son
las convicciones íntimas; pero hasta ahora no se ha descubierto un método que
nos permita ingresar en la conciencia ajena.

2.- RELIGIOSIDAD DE LOS DELINCUENTES. Uno de los medios más adecuados


para descubrir las relaciones entre la religión y el delito consiste en investigar los
porcentajes de personas religiosas que existen entre delincuentes y no
delincuentes. Hay ciertos países en los cuales la posibilidad de error es grande,
porque la afiliación religiosa se afirma automáticamente o por costumbre. Pero eso
no sucede en Estados Unidos, donde la afiliación es voluntaria y relativamente
bien registrada.

Las estadísticas formadas por Kalmer y Weir -sacerdotes católicos


estadounidenses- causan sorpresa en un primer momento; ellos comprobaron que
mientras sólo el 40% de la población total de Estados Unidos se hallaba registrada
como perteneciente a una religión, entre los penados el porcentaje de afiliación
religiosa se elevaba al 87% (9); de esta manera parecería que la religión inclina a

200
la

201
mayor delincuencia. Pero tal opinión queda descartada con los datos posteriores
que buscaban distinguir entre la religiosidad declarada y la religiosidad practicada,
es decir, aquella que se traduce en la observancia de algunos preceptos que
demuestran la real adhesión religiosa (10).

Los autores citados comprobaron que -dentro del sector que a ellos les interesaba
especialmente- muchos que se declaraban católicos en realidad no lo eran; de
entre tales supuestos católicos, una décima parte no había sido siquiera
bautizada; otra décima parte no había recibido la primera comunión; más de un
quinto no había recibido la confirmación; cuatro quintos habían descuidado el
cumplimiento del deber pascual inmediatamente antes de ser encarcelados; y el
95% no recibía los sacramentos en la proporción media de los católicos corrientes
(11).

¿Por qué, entonces, la gran afiliación religiosa de los penados? Porque ése es un
dato importante ante las comisiones que conceden indultos, rebajas de pena,
libertad bajo palabra, etc. Taft cita un caso comprobado, en el cual los presos
cambiaban de afiliación religiosa, según fueran las creencias de quienes
integraban esas comisiones (12).

El estudio de Kalmer y Weir, como se ve, puede al fin ser interpretado en el


sentido de que la religión es una fuerza que aparta del delito, cuando ella es
realmente vivida y no meramente declarada.

Los Glueck, en sus investigaciones sobre quinientos delincuentes, calificaron así


la asistencia a la Iglesia:

39 regular (el día de obligación).

407 irregular (sólo de manera ocasional).

14 ninguna.

50 desconocida (13).

Esta asistencia es, en los criminales, notoriamente inferior a la propia de los fieles
corrientes en Estados Unidos.

202
3.- CRIMINALIDAD POR AFILIACIÓN RELIGIOSA. Hay que averiguar si algunos
grupos religiosos,' por ser tales o cuales, inclinan más a la delincuencia, por lo
menos a ciertos tipos de delincuencia.

Estudios realizados en Europa, principalmente por Aschaffenburg y Bonger (v.


cuadros II (14) y III (15) tienden a demostrar la mayor delincuencia de los
católicos, una intermedia de los protestantes y la menor de los judíos. Sin
embargo, estas tendencias delictivas es muy dudoso que dependan sólo de la
afiliación religiosa; en efecto, en Europa, los católicos pertenecen
predominantemente a naciones latinas, mientras los protestantes pertenecen a
naciones germanas, sajonas y escandinavas; tos primeros viven en regiones más
cercanas al ecuador y más montañosas, los segundos, en regiones llanas,
templadas y hasta frías. Los católicos abundan más en los sectores
económicamente pobres, mientras los protestantes tienen una situación más
elevada. El fenómeno de las familias numerosas toma así gran relieve, porque se
presenta sobre todo entre los católicos.

Los protestantes arguyen que los católicos no tienen mayores escrúpulos en


cometer delitos ya que la confesión los liberará en su momento, de la carga del
pecado: de ahí su mayor delincuencia. Los católicos, por su parte, explican las
mayores cifras de delincuencia de protestantes, por la falta de confesión, la que, al
privar de confidentes en quienes descargar el alma del culpable, provoca la
aparición de conflictos internos que pueden llevar a verdaderos desequilibrios
psíquicos en que los resortes inhibitorios resultan debilitados; así se explicaría la
mayor insanidad mental entre los protestantes: por otra parte, se agrega, el hecho
de tener que manifestar actos frecuentemente vergonzosos, hace que la confesión
verbal se convierta en un freno.

Tampoco debe descuidarse el tipo de vida y ocupaciones de los delincuentes; así,


el comercio y la banca, donde actúan más los protestantes y judíos, señalan un
alza en los delitos de estos grupos, sobre todo en bancarrotas, estafas,
falsificaciones, encubrimiento, etc.

La criminalidad judía, tan baja, puede explicarse por el hecho de que en ellos pesa

203
mucho la comunidad, la que se ha hecho compacta y ceñida, debido en parte a las

204
persecuciones y a la influencia que conservan los rabinos, aún sobre los no
creyentes.

El sentido de comunidad que se ha creado, impide que muchos delitos sean


denunciados; sobre todo los de menor monta, son resueltos amigablemente sin
intervención de las autoridades (16).

Es usual que las minorías con fuerte personalidad de grupo y sujetas a presiones
formen fácilmente este sentido de comunidad; suelen también mostrar un nivel
moral superior al corriente en la comunidad en que viven.

La importancia de las razones anteriores puede comprobarse ante lo que sucede


en el estado de Israel. Los judíos forman allí la mayoría y no están sujetos a
presiones del tipo de que históricamente sufrieron. La consecuencia se muestra en
que Israel tiene una delincuencia similar a la de otros países desarrollados tanto
en la cantidad como en la distribución en tipos penales.

Se puede agregar que los grupos católicos cometen delitos de fácil descubrimiento
y prueba, lo que no sucede con los protestantes y judíos.

4.- FORMAS EN QUE LA RELIGION PUEDE INFLUIR EN LA DELINCUENCIA. La


religión occidental, basada en la paternidad de Dios y en la fraternidad de todos
los hombres, no puede ser acusada por sí misma de causar la criminalidad. En tal
sentido, no es asimilable a otras religiones cuyas concepciones llevan a la
comisión de delitos, por ejemplo, sectas africanas e hindúes que exigen sacrificios
humanos.

Sin embargo, el propio cristianismo puede dar lugar a que el número de delitos
aumente, a través de algunos mecanismos indirectos que pueden reducirse
esencialmente a tres:

1) Creación de formas penales. Si las concepciones cultural de un momento dado,


influidas por las creencias religiosas, consideran delitos a actos que previamente
no lo eran, el número de delitos aumentará ya que nuevos campos de conducta
son cubiertos por el derecho penal. Por ejemplo, si hoy se declarara delito la
blasfemia o la inasistencia a misa los domingos, es seguro que habría más
205
delincuentes, pero

206
no porque hubiera aumentado el número de actos criminales, sino porque los que
antes eran penalmente irrelevantes se los califica de otra manera.

2) La superstición. La religión no es siempre bien entendida por sus adeptos,


sobre todo la religión occidental que tiene bases teológicas generalmente fuera del
alcance del común de los fieles. De la religión malentendida resultan la
superstición y el fanatismo, fuentes de numerosos delitos.

Podemos pensar, por ejemplo, en los casos en que la creencia en un Ser


Superior, en intermediarios hacia El, en demonios, etc., deriva en prácticas de
adivinanza, brújenos, etc., que dan lugar por sí solos a la comisión de delito
cuando las actividades dichas están definidas como criminales, fuera de delitos de
otra índole, principalmente venganzas contra supuestos embrujadores, muertes y
lesiones por celos confirmados por un adivino, etc. (17).

Podemos pensar, por lo que a nuestro país toca, en las borracheras que se
desencadenan con el pretexto de festividades religiosas, sobre todo de tal o cual
santo o imagen reputados por patronos o por milagrosos; allí suelen originarse
muchos delitos de violencia. Tampoco dejan de tener ligazones con el delito
ciertas creencias cercanas a la idolatría, en que ha derivado una religión
malentendida (18).

3) Ejercicio del Culto. Con frecuencia, en los últimos tiempos, se declara que el
ejercicio de la religión, bajo ciertas circunstancias, constituye delito. El
cumplimiento de su deber religioso acarrea así a los fieles, el calificativo de
criminales, simplemente como emergencia de situaciones políticas que, por
desgracia, hoy están lejos de ser excepcionales.

Uno de los casos más recientes es el de los Testigos de Jehová en Argentina. Por
sus creencias se niegan a honrar los símbolos de la patria. En consecuencia,
miembros de la secta han sido arrestados, a veces por decenas y la secta misma
ha concluido por sufrir prohibiciones.

5.- MORAL Y RELIGIÓN. Todas las religiones se encuentran estrechamente


ligadas con tal o cual sistema de preceptos morales. Así, la moral basada en la

207
religión

208
adquiere un carácter sagrado. Aquélla servirá de freno en cuanto sea aceptada la
religión a que se adjunta, con sus premios y sus castigos.

La fuerza represiva de estos últimos disminuye en toda moral a la que se atribuye


origen puramente secular, desprovista de toda relación con lo ultraterreno. Se
sostiene que la moral debe ser cumplida por su propio valor intrínseco, sin miras a
la recompensa posterior de los actos; desde luego, esto sería lo ideal, pero no
debemos alejamos de la realidad hasta el extremo de pensar que los hombres
obran el bien sólo por el bien mismo; la experiencia nos demuestra, por el
contrario, cuánto peso tiene la idea del premio o castigo -terrenales o no- que la
acción traerá por consecuencia; por lo demás, una moral por la moral, ceñida en
sus propios límites, sin relación alguna con sus consecuencias, no puede
convencer ni teóricamente a nadie, porque sería una moral injusta; una moral justa
exige que se premie-« quien obró bien y se castigue al que obró mal superando, la
indiferencia con que se quiere mirar a los actos humanos en este aspecto. Kant ya
lo vio sumamente claro y se limitó a dar relieve a una evidencia ya comprobada
durante milenios por los pensadores más destacados.

Pero si la moral por la moral es difícil, lio es imposible; de hecho, se presentan


casos en que más deja de desear la conducta de algunos que se dicen religiosos
que la de quienes se autocalifican de ateos. Dentro de esta corriente, sobre todo
en los dos últimos siglos, se ha buscado sustituir la fe en Dios y en el mundo
futuro, por la fe en este mundo y en los hechos naturales: la verdad teológica por
la verdad científica, como se suele decir. Sin embargo, puede observarse que el
hombre verdaderamente religioso conserva aún en las peores circunstancias de la
vida un destello de esperanza, mientras puede perderla totalmente el que sólo se
atiene a la fría sucesión de los hechos: "un hombre religioso, de esta manera -se
suele argüir- continúa fácilmente por el recto camino, porque conduce
eventualmente al triunfo, mientras el agnóstico, acobardado por la vida, puede
convertirse en un criminal en el proceso resultante de una extrema
desmoralización" (19).

Desde el punto de vista de la responsabilidad personal, casi todas las religiones


consideran que el hombre es libre y, por tanto, responsable de las actitudes que
209
asume; esto es especialmente cierto del cristianismo, salvo sectas que aún
sostienen la predestinación. El criminal es responsable porque es culpable; y es
culpable porque es libre dé elegir tal o cual tipo de conducta; si se inclinó más al
mal que al bien, debe sufrir las consecuencias de su elección. Si en algún caso el
hombre no obra libremente, no es culpable y, por tanto, no es criminal si de este
tipo de conducta se tratare. Esta teoría se opone radicalmente a aquella otra -
lombrosiana o de determinismo económico o, más ampliamente, social en general-
según la cual la libertad no existe, sino un fatalismo cerrado, condicionado por
causas internas o externas al agente (20).

Las Iglesias, sobre todo cristianas, han insistido de manera permanente en los
aspectos sexuales, de la conducta; el catolicismo llega inclusive a imponer el
celibato de sus sacerdotes.

El tema cobra relieve para la Criminología, en el caso de los nacimientos y las


relaciones ilegítimas; a causa de las concepciones reinantes, los niños nacen con
un minus en su estado social. Este minus, que los persigue a lo largo de toda su
vida, suele dar lugar a graves conflictos no sólo sociales sino también internos, los
que pueden llevar hasta el delito, como en otro lugar dejamos explicado con más
extensión.

La prédica de la castidad tropieza frecuentemente con un escollo: la carencia de


educación sexual entre niños y adolescentes. Suele suceder que éstos cometan
faltas; se producen tensiones emocionales en la conciencia del culpable; el
sentimiento de culpabilidad puede convertirse en verdadera obsesión con las
repercusiones consiguientes en el equilibrio anímico que caracteriza 3 la
personalidad normal. Esta situación es más frecuente de lo que se cree porque
hay personas que titulándose religiosas, sólo se fijan en el mal al hacer sus
prédicas y facilitan la creación de conciencias escrupulosas, fuente de consultas
continuas para los psiquiatras; mucho daño quedaría evitado si padres, sacerdotes
y todos los que insisten en estos temas, fueran más francos y más sinceros al
enseñar directamente lo que propugna el cristianismo sin exageraciones
perjudiciales que, a veces, pueden calificarse de auténticamente criminales.

210
Frente a la opinión condenatoria de tales personas, suele el niño tratar de ocultar
sus faltas con el velo de la hipocresía y con el pretexto de no llegar al escándalo.
Pero este simple temor y las salidas aberradas que se buscan al instinto, suelen
agravar a su vez el cuadro de inestabilidad interna. Cosas todas que podrían
evitarse sin exceder los límites marcados por la religión; que aquí también, son
sus deformaciones, por ignorancia o mogigatería, las que causan el mal.

Fuera del beneficio que significa un freno fundado en la moral y la religión, éstas
ofrecen otros modos de prevención del delito.

Así, por ejemplo, las parroquias formadas como es debido crean el sentido de la
vecindad y de la ayuda mutua.

Además, las distintas agrupaciones religiosas realizan muchas obras de carácter


no estrictamente religioso si bien ligadas con tal finalidad; esas obras contribuyen
directa o indirectamente a prevenir la delincuencia, luchando contra algunas de
sus causas; tal el caso de los orfanatos y asilos para ancianos o personas
desvalidas, colegios, casas de reposo momentáneo (especialidad del Ejército de
Salvación), asistencia hogareña y ayuda económica a los pobres, reparto de
alimentos, etc. Todavía no se ha hecho un estudio adecuado, en el cual se sopese
debidamente la indiscutible importancia de estas actividades.

(1) Cit. por Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, p. 222.


(2) V.: Introducción a la Criminología, pp. 201-206.
(3) Sin embargo, Bónger parece creer que sólo la religiosidad su pone sumisión a la corriente, mientras su negación supondría fuerte
y culta personalidad; tal suposición peca de simplista: hay muchos que, por no poder destacarse en su grupo por ninguna cualidad
especial, se dedican a asumir poses de extremistas, entre otras las de ateos; basta observar nuestra realidad para comprobar
eso. Por otra parte, el notable criminólogo holandés, quizá cegado por sus prejuicios, cometió aquí un error metódico de primer
orden: el de creer que todo el que se dice religioso lo es; sobre esta base -que, por motivos luego explicados, es deleznable-
edifica toda una construcción acerca de la importancia de la religiosidad, para bien o para mal. Tanto valdría. por ej emplo, que, al
estudiar la influencia del estado económico, nos atuviéramos a las declaraciones de los interesados si, por cualquier motivo -como
sucede con la religión- tuvieran ventajas en falsearlo.
(4) V.: L' Homme Criminel, pp. 415 - 421 y Le Críme, pp. 162 - 170.
(5) V.: Criminología, pág. 163.
(6) Cit. por Barnes y Teeters: ob. cit., pág. 225.
(7) V.: Id. id., pp. 222 - 225.
(8) V.: Principies of Criminology, pp. 176 - 177.
(9) Datos estadísticos referentes a 1926.
(10) Sin embargo, aun en Estados Unidos se sigue cometiendo el error de basarse exclusivamente en declaraciones de los presos; así
sucede en el estudio de Cantor, citado por Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 222 - 223.
(11) Para un resumen del estudio de Kalmer y Weir, v. Taft: Crimínology, pp. 212 - 213, donde se agregan aún otros datos.
(12) V.: Id. id., pág. 212.
(13) V.: Later Criminal careers, pág. 266.
(14) Bonger. Ob. cit., pág. 202.
(15) Id. Id., pág. 203.
(16) Eso puede comprobarse en la colectividad israelita-boliviana de tres delitos de quiebra producidas en pocos meses del año 1947,
y varios más de estafa, en que quebrados y estafadores, pero también querellantes y acreedores eran israelitas, todos fueron al
fin arreglados amigablemente por mediación de entidades nacionales y religiosas - judías.

211
(17) Los ejemplos que podrían citarse al respecto, son inacabables Véase, a título demostrativo, el libro de Fernando Ortiz: Los Ne pos
Brujos - Hampa Afro - cubana. En la página 100 se explica la muerte de un niño para utilizar su cerebro en la curación de la
esterilidad de una mujer; en otro caso, la muerte se da para obtener algunas vísceras con las cuales elaborar ungüentos mágicos
(pp. 168 - 175). Nada que hablar de los casos en que se consultan daños ya hechos por tal o cual brujo que, a veces, se aducen
en la muerte del embrujador. Muchos casos pueden ser consultados por el lector, en las pp. 296 - 349 de la obra citada.
(18) Por lo que a nosotros toca, admiran las deformaciones que ha alcanzado el catolicismo que. sobre todo, en circuios del hampa, es
interpretado en provecho propio de mil maneras. Eso, en buena parte se debe a lo que ya creían los españoles, aunque aquí la
situación se ha complicado por las raras mezclas existentes de catolicismo y cultos primitivos de los indígenas. Recuérdese, a
este propósito, lo que trae esa deliciosa obra de Cervantes, "Rinconete y Cortadillo", de datos acerca de los delincuentes de aquel
tiempo y se verán cuántos puntos de contacto existen; allí, dos abispones (encargados de espiar y preparar el camino para los
robos), son ancianos de buena y honrada presencia; Monipodio, jefe de la asociación dice de ellos que "era la gente de más o
tanto provecho que había en su hermandad y que de todo aquello que por su industria se hurtaba llevaban el quinto, como su
Majestad en los tesoros; y que, con todo esto, eran hombres de mucha verdad, y muy honrados, y de buena vida y fama,
temerosos de Dios y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña devoción"; una ladrona deja la ropa hurtada en su
casa y va a encender un vela al santo de su devoción. Acerca de esto de pedir ayuda al cielo para cometer algún desaguisado,
mucho podría decirse, entre otras cosas, que no es propio sólo del hampa ni de los incultos.
(19) Por ejemplo, la consistente en otorgar respeto y reconocer poder a imágenes por sí mismas. Hace, algunos años estuvo a punto
de desencadenarse una sublevación porque se quiso trasladar momentáneamente la imagen de la Virgen de Copacabana hasta
La Paz. Y en esta ciudad, el traslado del cuadro del Señor del Gran Poder a un templo más amplio, motivó la "piadosa" reacción
de los vecinos de la primera capilla, hasta el extremo de blandirse armas, atropellar a policías y ocasionar algún herido y decenas
de contusos.
(20) Taft, ob. cit., pág. 217.
(21) Desde luego, el tema tiene también importancia en Criminología ya que ésta, en resumidas cuentas, trata de determinar hasta
dónde ciertas causas naturales pueden anular al libre albedrio -que nunca es absoluto- y empujar hacia el delito con mayor o
menor intensidad y eficacia.

212
CAPÍTULO CUARTO

EDUCACIÓN

ESCOLAR

1.- ESCUELA Y EDUCACIÓN. Cuando se habla de educación, esta palabra puede


ser entendida en dos sentidos diversos: uno amplio y general y otro estricto,
equivalente a educación escolar. En el primer sentido, se denomina educación a
todo el proceso resultante de las influencias externas que se ejercen sobre un
individuo para adecuarlo a cierto tipo de sociedad; en el segundo sentido, sólo se
involucran las influencias exteriores ejercidas por In escuela, a la educación que
se ha calificado de sistemática.

En este capítulo, hemos de limitamos a estudiar la educación escolar. También


dedicaremos un párrafo al estado general de la civilización ya que aquélla se halla
condicionada por ésta, de la que es un reflejo (1).

La escuela es uno de los ambientes por los cuales el niño está rodeado desde sus
más tiernos años; ingresa en ella en momentos en que posee un alma
esencialmente moldeable y en que la imitación tiene especial relieve; continúa en
los años en que se abren los horizontes del conocimiento; sigue cuando se
plantean los grandes problemas de la vida social, de la responsabilidad personal v
de la procreación. Allí forma sus primeros grupos de amigos y recibe el legado de
las tradiciones y los conocimientos propios de su tiempo y lugar. Allí se le señalan
los ideales de la vida. Allí se le proporcionan los instrumentos de que ha de
valerse para lograr su adaptación en la edad adulta. Pero también, ya en la
escuela puede mostrarse como persona adaptada o desadaptada y puede adquirir
conocimientos, costumbres y tendencias que posteriormente lo conduzcan a actos
antisociales y criminales.

Contemporáneamente con las influencias escolares, la familia deja sentir las


suyas; como ambas agencias -familia y escuela- deben tender a la misma
finalidad, lo lógico es que mantengan una comunidad de esfuerzos e ideales para
llegar al objetivo perseguido. Sin embargo, en multitud de casos, esa armonía no

213
existe; casi nos sentiríamos inclinados a decir que ella, es sólo excepcional. A
veces la familia

214
no cumple debidamente su misión y es la escuela la que debe tratar de suplir las
deficiencias educativas hasta reducirlas a un mínimo; otras, es la escuela la que
funciona mal y lejos de cooperar con la familia, anula los esfuerzos moralizadores
de ella, predica otros ideales o permanece neutra e indiferente, provoca
desconcierto en las mentes infantiles y juveniles y concluye por deformar en vez
de formar; por fio, existe el caso -más frecuente de lo suponible- en que la familia
y la escuela carecen de voluntad o de capacidad, o de ambas, para educar al niño
de modo que desde tales fuentes no llegan a niños y jóvenes los medios que ellos
necesitan para su adaptación social.

Así como la familia y otras instituciones tienen caracteres favorables y


desfavorables al delito, así la escuela. A continuación, nos hemos de referir a los
más relevantes de entre ellos.

2.- EDUCACIÓN ESCOLAR Y CRIMINALIDAD. Entre los métodos existentes para


investigar la influencia que la educación escolar ejerce sobre la criminalidad, está
el de averiguar si los delincuentes han asistido a la escuela más o menos que los
no delincuentes.

Desde el mismo nacimiento de la Criminología, salió a colación esta pregunta: ¿Es


eficaz la escuela para disminuir el número de delitos? Aquí también las opiniones
fueron dispares; de un lado se hallaban quienes opinaban cerradamente que la
escuela ejercía influencia favorable y suscribían aquel dicho de que por cada
escuela que se abre una cárcel se cierra; en el otro extremo, estaban los que
pensaban que la escuela más bien aumentaba el número de delitos o, por lo
menos, ciertas formas del mismo; y. desde luego, tampoco faltaron las posiciones
intermedias. En general, estas posiciones son las mismas que existen hoy.

Al decidirse por tal o cual afirmación y no ponerse de acuerdo, los diversos


autores suelen referirse a cosas distintas; mientras unos no pueden menos que
reconocer las bondades de la escuela -concibiéndola no como es sino como
debería ser- otros se atienen a la realidad, a los hechos y estadísticas, a la
escuela tal cual es -y, sobre todo, era hace un siglo- y notan que por su excesivo
intelectualismo, que es a veces simple memorismo, carece de condiciones

215
adecuadas para contribuir seriamente a

216
mejorar las costumbres y disminuir el delito. El segundo punto de vista adquirió
relieve cuando se formaron las primeras estadísticas acerca de las relaciones
entre la alfabetización y la delincuencia, como si la primera fuera un índice capaz
de medir la eficacia real o posible de la escuela; así se malentendía la función
escolar porque se la amputaba, se la reducía a la cáscara, aunque hay que
reconocer que, en muchos casos, no es otra ni mayor la obra que la escuela lleva
a cabo (2).

Otras estadísticas intentan relacionar el grado de instrucción, con la delincuencia.

Las conclusiones eran y son contradictorias, especialmente cuando se comparan


cifras correspondientes a varios países y se dejan de lado muchos otros factores
coactuantes, aun de aquellos que provienen de la misma escuela.

Ya Lombroso anotó sagazmente que la educación escolar puede servir tanto para
aumentar como para disminuir la delincuencia. De manera general, la escuela,
muestra del grado de civilización, ocasiona una disminución de los delitos feroces,
pero aumenta el número de los de otra naturaleza. Fue Lombroso quien hizo notar
que los adelantos científicos transmitidos por la escuela no traen necesariamente
consigo la capacidad requerida j-ara servirse de ellos moralmente (3).

Ferri creyó en la influencia beneficiosa de la escuela (4).

Más cauto, Garofalo se planteó claramente la contraposición entre las influencias


hereditarias y las educativas. ¿Hasta dónde pueden éstas anular o corregir a
aquéllas? En términos generales. Garofalo no reconoció muchas virtudes a la
escuela en este aspecto; creyó siempre que las naturalezas perversas resisten
victoriosamente a todos los intentos de reforma con estos medios (5). Vio también
algo hoy indiscutible: que las buenas influencias escolares pueden ser anuladas
por fuerzas contrarias del ambiente general (6).

Al filo de nuestro siglo, Niceforo afirmaba que los analfabetos tienden a los delitos
de violencia, mientras las personas cultas se inclinan a los delitos fraudulentos (7).

Como se ve, la opinión de aquellos pensadores está lejos, de manera general, de


cualquier optimismo exagerado; plantean reservas, hacen distinciones. Esta
217
posición crítica fue clara y condenadamente expuesta por Tarde, al escribir lo

218
siguiente: "Es inútil repetir lo que se ha dicho de todos modos respecto a la
ineficacia, demostrada hoy, de la instrucción primaria, considerada en si misma y
abstracción hecha de la enseñanza religiosa y moral. Este resultado no puede
sorprendernos. Aprender a leer, a escribir, a contar, a descifrar, algunas nociones
elementales de geografía o de física, no contradice nada las ideas sordas que
envuelven las tendencias delictivas, no combate en nada el fin que ellas
persiguen, no basta para probar al niño que hay mejores me-dios que el delito
para alcanzar ese fin. Esto puede únicamente ofrecer al delito nuevos recursos,
modificar sus procedimientos, advertirlos en menos violentos y más astutos y, en
ocasiones, fortificar su naturaleza. En España, donde la proporción de los
analfabetos en la población total es de dos terceras partes, no participan más que
por una mitad, sobre poco más o menos, en la criminalidad" (8). Véase cuánto de
lo transcrito puede también aplicarse a la instrucción secundaria y al total sistema
actual de educación escolar.

Por eso, los autores modernos participan, en general, de estas reservas; para
hacerlas no se basan, se sobreentiende, en el ideal de escuela que se puede
estudiar en los libros, sino en su real influencia actual, comprobada por medio de
estadísticas, en lo que toca n repercusiones criminales.

Tenemos el caso de la alfabetización.

Ya Lombroso había notado que ella aparece contradictoriamente caracterizada


según les países de que se trate: mientras en unos parecería que el
analfabetismo, favorece la criminalidad, en otros resulta precisamente lo contrario.

Gillin, guiándose por las estadísticas estadounidenses del año 1923 (primer
semestre), halló que entre los internados en presidios y reformatorios los
analfabetos constituían los siguientes porcentajes según los diversos tipos de
delitos: asalto, 24%; homicidio, 19,7%; violación de leyes antialcohólicas, 17,3%;
violación, 14,3%; violación de leyes sobre estupefacientes, 11,5%; violación de
domicilio, 10,8%; hurto, 5,9%; robo simple, 6%. Pero los porcentajes quedaban
muy debajo en los siguientes delitos- abuso de confianza, 1%; falsificación, 2,9%
y

219
fraude, 2,6%. Estas cifras pueden compararse con las del analfabetismo en la
población estadounidense normal de entonces que era del 7,1% (9).

A ello pueden agregarse otras observaciones; por ejemplo, Fontán Balestra halla
que entre los condenados se encuentran pocos que hubieran recibido una
educación esmerada los Glueck, en sus estudios tantas veces citados,
encontraron como característica un notorio retardo en la educación (11).

Estos datos no deben llevarnos simple y llanamente a la afirmación de que el


analfabetismo es más favorable al delito y con la fuerza que señalan estas
estadísticas y opiniones. En primer lugar, no hay que olvidar que muchos no
inician estudios o los abandonan al poco tiempo de comenzados, por causa de
deficiencias físicas, psíquicas o sociales (en este caso, sobre todo familiares y
económicas), que por sí pueden explicar la aparición del delito y la carencia de
educación, que así resultan efectos paralelos, pero no uno causa del otro. En
segundo lugar, allí donde los analfabetos o los que poseen escasa educación
aparecen como los más delincuentes, ello puede deberse a razones distintas a la
educación escolar misma; por ejemplo, se halla entre los incultos mayor cantidad
de delitos violentos que son los más difíciles de ocultar y los más fáciles de probar;
en cambio -véanse las estadísticas transcritas por Gillin- las personas cultas
cometen delitos fraudulentos, fáciles de ocultar y de difícil prueba. Tanto más vale
lo anterior si recordamos que en buen número de casos el grado de cultura
alcanzado está en relación con el grado de inteligencia: los tontos son más fácil
presa de la ley que los inteligentes. Las personas de elevada educación pueden
escapar de las sanciones -y de las estadísticas- exclusivamente porque plantean
mejor la propia defensa y cuentan con mejores abogados. También es frecuente
que los intelectuales gocen de mejor posición económica, con lo cual también este
factor entra en funciones.

En tercer lugar, hay que reconocer que algunos tipos de delitos, sobre todo
fraudulentos, suponen una cierta preparación en quienes los cometen; por lo
menos, esa preparación tienta y favorece su comisión; así sucede, por ejemplo,
con las quiebras fraudulentas, las malversaciones, los abortos, etc.

220
Entre los problemas ligados con la criminalidad, se halla el de los alumnos que
repiten cursos o que abandonan sus estudios antes de concluirlos y sin razones
legítimas. Las estadísticas muestran que los repitentes de cursos dan mayor
delincuencia que quienes los vencen normalmente; se ha advertido una relación
directa entre el número de reincidencias y la repetición de cursos (12). Lo mismo
ocurre con los que abandonan los estudios, al extremo de que esta característica
constituía uno de los puntos en el sistema alemán de pronóstico.

Pero hay que evitar sacar conclusiones precipitadas de los hechos anteriores y
pretender establecer una relación inmediata y sin complicaciones entre el fracaso
escolar y la delincuencia. Con frecuencia, la causalidad es mucho más compleja.
Desempeñan papel notable la carencia de inteligencia, la falta general de
adaptabilidad, malas condiciones familiares, variados factores extraescolares,
anormalidades mentales, etc. Además, suele ocurrir que el propio instituto
educativo provoque reacciones destructoras y conflictos, por su mal
funcionamiento.

Lo anterior puede aplicarse también para los casos en que se trata de problemas
de disciplina más que de rendimiento. Todo ello, sin olvidar los caracteres propios
de la edad evolutiva en que se encuentran los estudiantes.

Citamos estos factores perturbadores como un ejemplo de las imbricaciones


causales que impiden atribuir sólo a la escuela la disminución o aumento de la
delincuencia.

3.- FORMAS EN QUE LA ESCUELA PUEDE CONTRIBUIR AL AUMENTO DE LA


DELINCUENCIA. Hemos de dedicar este capítulo a aquellos caracteres de la
educación actual que provocan la comisión de algunos delitos. El estudiarlos es
tarea ya realizada y que tiene mucha importancia también en lo referente a la
política criminal.

a) Falta de educación religiosa y moral. No se trata aquí de la mera instrucción,


pues el conocimiento no lleva por sí solo a la acción, aunque trace e ilumine su
camino.

221
Es error persistente, como dejamos ya dicho, que se hable exclusivamente de la
alfabetización como panacea de los majes que sufrimos en todos los órdenes;
error

222
que se comete también en algunas de nuestras prisiones con sus cursillos de
alfabetización que ni logran ni pueden lograr la rehabilitación de los penados; en
este sentido, lo que en su tiempo dijo Tarde, no ha perdido actualidad.

Ahora bien: la escuela actual se limita, en general, a cultivar la inteligencia;


inclusive, muchas veces a atiborrar la memoria de cifras y data» y nada más. No
es ajena a esta deficiencia ni siquiera la educación moral y religiosa, que se ha-
convertido en mecánica repetición de algunos temas abstractos, sin la
correspondiente formación de la voluntad y de los sentimientos que impulsan a
obrar conforme a lo conocido, sin la formación de hábitos. No debemos olvidar que
el delito supone, en la generalidad de los casos, una falla moral, más atribuible a
la voluntad y a los sentimientos que a la inteligencia; si sólo ésta es la cultivada,
puede producirse diariamente el obrar contra lo que se- sabe que es bueno,
repitiéndose la situación por la que se dijo: Video meliora, proboque deteriora
sequor.

La importancia de la formación de la voluntad y de los sentimientos, puede


deducirse de la siguiente estadística consignada por Gillin; se refiere a pruebas de
honestidad realizadas con distintos grupos a quienes se ha colocado en una
escala jerárquica.

PUESTO GRUPO Promedio en la prueba

Primero Boy Scouts (dos años) 82,3

Segundo Boy Scouts (seis meses) 80,4

Tercero Escuela Particular 78,2

Cuarto Escuela Particular 75.0

Quinto Muchachos exploradores

(cuatro meses) 62,2

Sexto Boy Scouts (recién organizados) 60,5

Séptimo Escuela Particular 59,5

223
Octavo Boy Scouts (recién organizados) 58,1

224
Noveno Escuela Pública 56,8(13)

El propio Gillin advierte que el índice de honestidad en el primer grupo fue sólo el
apuntado, porque en él existían algunos muchachos recién ingresados; entre los
que habían pertenecido al grupo los dos años, el promedio fue del ciento por
ciento.

El resultado anterior no debe sorprendernos pues corresponde estrictamente a la


lógica de los hechos. En los grupos de scouts, la formación de los sentimientos, de
la voluntad, del espíritu de lealtad, solidaridad, sacrificio, etc., ocupa el primer
lugar relegando a uno secundario los conocimientos teóricas que se imparten en
mucha menor proporción que en nuestra enciclopédica escuela actual; el poder
formativo de este sistema educativo se manifiesta por el mejoramiento que se
obtiene, en el sentido de honestidad, a medida que los muchachos pertenecen
más tiempo a los grupos escautísticos, cosa que no sucede ni de lejos con los
cursos vencidos en la escuela. En cuanto a la superioridad de las escuelas
privadas sobre las públicas, ella puede explicarse sobre todo porque en países
como Estados Unidos, aquéllas son de tipo confesional, que conceden lugar
principal a la formación ético - religiosa, descuidada generalmente en las escuelas
públicas. Es esta educación, bien dada, la que impediría muchos dejitos derivados
de supersticiones y fanatismos, a que en otro lugar nos referimos más
extensamente.

La conducta moral es inducida fundamentalmente por la imitación y el ejemplo;


pero hay profesores que no están en condiciones de producir buenos ejemplos no
sólo porque toda persona tiene humanas flaquezas que le impiden ser
continuamente un modelo deseable, sino porque aún no se realiza una selección
moral del profesorado, del que sólo se excluye a quienes han cometido faltas
sumamente graves; lo único que se examina es la capacidad intelectual.

Dentro de la educación ético - religiosa, no debería descuidarse la formación en el


campo sexual. Aquí se han erigido tabúes estúpidos que es necesario superar. No
dudamos de que, en tan delicados temas, el papel pro t agón ico corresponde a la
familia en la doble tarea de informar y de formar; pero hay que reconocer que,

225
generalmente, hoy, la familia o no quiere o no puede tomar esta tarea a su cargo.
Los asistentes religiosos suelen ser escasos y muchas veces, se hallan cohibidos

226
por no se sabe qué razón para ser francos. Como agencia supletoria, y para evitar
males mayores, queda sólo la escuela; si ésta tampoco cumple la misión dicha no
nos llame la atención que el niño recurra a condenables fuentes de información: el
cine y la revista pornográficos, el compañero mayor al que se supone más
enterado y que sólo es más corrompido, las relaciones sexuales resultantes de la
incitación de los compañeros o de la curiosidad insatisfecha, etc. La escuela a
duras penas podrá ayudar algo en ciertos casos: los profesores no suelen estar
preparados para dar una educación de este tipo, no siempre cuentan con la
confianza de sus alumnos, no conocen la psicología de ellos y suelen no tener
tiempo porque este tipo de educación ha de darse, en sus puntos más delicados,
de manera individual, supuestas las diferencias de alumno a alumno; las clases
colectivas sólo pueden darse para el término medio; éste puede provocar
escándalos y hasta traumas en los más delicados, mientras hará sonreir
burlonamente a los que se consideran más enterados. Muchos delitos, y no sólo
sexuales, podrían evitarse si se lograra una racional colaboración entre las
distintas agencias educativas para resolver este delicado problema; racional
colaboración que supone una previa superación de la hipócrita gazmoñería con
que se encaran corrientemente los hechos sexuales y de la moral puramente
negativa que se predica y que suele llevar a que niños y jóvenes se formen
sentimientos de culpabilidad injustificados que pueden terminar en verdaderas
neurosis.

Como una compensación a la educación exageradamente rígida o como


consecuencia del descuido que deja a niños y jóvenes librados a sus propias
fuerzas, resultan también casos de extrema desmoralización, de indiferencia a
todo lo ético y hasta criminal, un precoz cinismo que se advierte en numerosos
muchachos que han adquirido vicios o caído en el delito.

Dentro de la educación ético - religiosa deberá tomarse en cuenta la necesidad de


crear respeto por la persona humana, por sus derechos inalienables.

Demás decir cuánto ganarían la sociedad en general y la Política Criminal en


particular, si la escuela se dedicara a formar buenos padres.

227
b) Falta de educación social y política. El tema pudo también ser desarrollado en
el acápite anterior ya que en el fondo la responsabilidad social y política entroncan
directamente con la moral gcnerai -pues no cabe el introducir una división tajante y
menos contradicciones entre la moral general, la privada y la pública-. Pero el
tema es suficientemente importante como pira que se justifigue el dedicarle
párrafo aparte.

Si la escuela -coadyuvada por otras instituciones- empren-diera esta tarea de


manera eficaz, pronto desaparecerían nuestras continuas revoluciones, los
atropellos de derechos mediante resistencia y opresiones ilegales, las instituciones
serían más respetadas y se echarían bases sólidas para una auténtica
democracia. No se trata de la consabida cátedra de Instrucción Cívica que se
limita a suministrar datos superficiales acerca de la Constitución y de las leyes,
sino de la formación de los hábitos de conducta correspondientes.

No es propio de un libro de Criminología el indicar los medios de que la escuela


pueda valerse para fomentar la buepa formación social y política -que no debe
contundirse con formación partidista-; pero quede establecido que si se siguieran
como es debido los postulados de la Pedagogía, sería también la Política Criminal
la que experimentaría beneficiosos resultados.

c) Existencia de causas que crean complejos. Esto sucede, por ejemplo,


cuando existen colegios sólo para ciertas clases económicas, o para ciertas razas,
con barreras infranqueables. Suele así provocarse una ridicula vaoidad en unos y
actitudes de resentimiento en otros; también cuando los profesores provocan
preferencias o pretericiones injustificadas; cuando los profesores ejercen una
autoridad tiránica o no se preocupan de la disciplina o ésta es muelle y no sujet a
responsabilidades; cuando se compor tan de tal maneta que avergüenzan
indebida o desproporcionadamente a los altamos.

Barnes y Teeters apuntan la necesidad de introducir cursos que atiendan a los


alumnos según una cierta selección de acuerdo a la capacidad; de otro modo,
cuando esta selección no existe, se dan clases para el término medio, con lo cual
sus exigencias son muy pequeñas para los superdotados y demasiado altas para

228
los de poca inteligencia; los primeros holgazanean, mientras los segundos
fracasan y se desalientan (14).

d) Carencia de preparación práctica para el trabajo. Si se la diera


debidamente, sería uno de los factores capaces de disminuir el delito. Por
ejemplo, se ha visto que muchas personas no se adecúan a las exigencias del
trabajo moderno, no lo encuentran o rinden poco, y concluyen como resentidos o
necesitados, porque una educación verbalista y enciclopédica los ha atiborrado de
conocimientos inútiles, sin proporcionarles una formación capaz de prepararlos
para rendir en el trabajo y obtenerlo. Si cada persona tuviera, al concluir sus
estudios en un ciclo, una profesión por humilde que fuera, es seguro que
disminuirían muchos de los delitos debido a la necesidad. Ya los Glueck
encontraron entre los padres de los delincuentes estudiados un gran número qur
no eran obreros calificados (15).

No debe olvidarse la contrapartida: para la comisión de algunos delitos se requiere


de cierta habilidad profesional; así en la fabricación clandestina de
estupefacientes, abortos, prevaricatos, etc.

Es preciso guardarse de ir al extremo opuesto: el de dar una educación puramente


práctica; eso crearía el peligro inherente a toda formación unilateral.

4.- CIVILIZACIÓN Y DELINCUENCIA. La escuela tiene como una de sus


finalidades, la de transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos y las
concepciones culturales logradas en una sociedad. Es evidente que tales
conocimientos y concepciones condicionan y determinan las formas de
delincuencia características de cierto tiempo y lugai.

Ya vimos que la civilización no ocasiona la desaparición de la delincuencia, sino


su transformación. Sólo ciertas formas criminales rudimentarias son borradas en
algunas partes; tal sucede, por ejemplo, con la piratería, el tráfico de esclavos, etc.
En cambio, aparecen nuevas formas delictivas, más numerosas que las que
desaparecen.

Las estadísticas demuestran un continuo incremento en el número de delitos; sin

229
embargo, hay que ponerlas en tela de crítica, pues ese incremento puede deberse

230
o a que han aumentado los tipos penales, que cada vez cubren más áreas, antes
penalmente indiferentes, o a que se ha perfeccionado el funcionamiento de los
tribunales y de la policía.

Pero no puede dudarse de que un aumento real de la criminalidad existe; y no tan


sólo entre los delitos fraudulentos, sino hasta en algunos violentos. Terrero habló
ya de civilizaciones violentas y fraudulentas. Si quisiéramos caracterizar a la
nuestra diríamos, y no precisamente en elogio de ella, que ha logrado la síntesis
de esas dos formas, tradicionalmente únicas, del comportamiento criminal" ( 16). En
efecto, algunas formas criminales violentas parecen haber logrado equivalentes
exactos en los tiempos modernos; por ejemplo, es lo que sucede entre los
bandidos de ayer y los modernos gangsters.

Las razones para el aumento de criminalidad son tantas que resulta tarea punto
menos que imposible el hacer un análisis detallado de todas ellas. Por eso, en un
intento de resumir y sin la pretensión de agotar el tema, podemos ofrecer las
siguientes causas, como las que fundamentalmente permiten explicar, sobre todo
actuando en cooperación, la cantidad y calidad de la criminalidad civilizada actual:

1.- Creación de nuevas figuras penales destinadas a proteger nuevos bienes


jurídicos que antes no existían o que, de existir, sólo contaban con protección no
penal.

2.- Nuevos inventos que posibilitan la aparición de nuevas conductas delictivas;


así, los automóviles y demás vehículos son ocasión para los delitos de tránsito; la
electricidad es un nuevo bien que puede ser robado; los cheques dan
oportunidades de falsificación y estafa antes desconocidas, etc.

3.- Las ocasiones ofrecidas por el mayor contacto social, han crecido en
intensidad y número: por ejemplo, las transacciones comerciales o las reuniones
sociales y aún las meras aglomeraciones. Estas ofrecen la tentación del
anonimato.

4.- Pérdida de fe en las normas éticas y religiosas, lo que ha ocasionado que más
personas deban sufrir la represión legal porque no basta para ellas la de su

231
conciencia.

232
5.- Organización económica defectuosa, qué choca contra la naturaleza humana -
como la colectivización forzosa comunista- o contra las nociones de justicia
difundidas por la educa ción obligatoria y la expansión de los medios de
propaganda. Crisis de producción periódicas que causan desempleos en masa.

6.- Vida cada vez más rápida y nerviosa y llena de ambiciones, todo lo que estraga
el cuerpo y desequilibra el espíritu, frente a tentaciones urgentes hacia el delito. Es
probable que nunca como ahora, ni siquiera en los momentos de mayores crisis
en las civilizaciones decadentes, haya existido tal proporción de desequilibrados
mentales.

7.- Inestabilidad política que, por la existencia de grandes estados, involucra cada
vez más a mayores sectores de población. Pasos frecuentes de los extremos de la
anarquía a los de la dictadura.

8.- Desconocimiento general, en la realidad, de los derechos naturales inherentes


a la persona humana; atropellados ellos, aumentan los delitos, si bien no van a
parar a las estadísticas porque generalmente son cometidos por las autoridades.

9.- Familias cada vez más incapacitadas para cumplir coa su función socializadora.

10.- Excesivo materialismo que ha convertido al éxito en la medida del valor de los
actos.

11.- Guerras prolongadas que envuelven a decenas de millones de combatientes y


a centenas o millares de millones de no combatientes; guerras que desorganizan
todas las agencias de control y educación.

12.- Migraciones gigantescas en tiempos de paz y guerra.

13.- Uso cada vez mis frecuente e intenso de bebidas alcohólicas y,


principalmente, de estupefacientes que hace pocos siglos no tenían relevancia
criminal.

14.- Medios de diversión y propaganda -prensa, cine, radio, televisión, etc.- cada
vez mis poderosos y que no cumplen fines educativos, sino que se desarrollan
principalmente con miras al éxito económico, sin mucha atención a los medios

233
empleados para idcanzarlo.

234
15.- También, como arriba dijimos, hay que tomar en cuenta el perfeccionamiento
de las policías, cuyo aparato científico permite, descubrir y probar más delitos.
Esta no es causa de aumento de la delincuencia, sino de que más delitos sean
recogidos por las estadísticas.

Las causas enumeradas tienen un matiz acentuadamente social; no podía ser de


otra manera tratándose de factores relacionados con las influencias culturales
sobre la conducta humana.

(1) Tomando un punto de vista distinto, en su obra Criminología y educación, Fontán Balestra emplea este término en su sentido más
amplio como se deduce de los temas tratados allí.
(2) No se critique a los fundadores de la Criminología, esta toma de posición al parecer estrecha. No la han abandonado hoy ni
siquiera algunos educadores; buena prueba de ello es la prédica acerca de la alfabetización, que se lleva a cabo en nuestro país;
como si la alfabetización, por si sola, fuera capaz de transformar radicalmente al individuo y. consiguientemente, al país.
(3) V.: Le Crime, pp. 130 - 138.
(4) V.: Sociología Criminal, I. pp. 216 - 217.
(5) V.: Criminología, pág. 156.
(6) Id. Id., pág. 157
(7) En la Transformación del delito, pp. 43-50.
(8) Filosofía Penal, II. Pág. 121.
(9) Gillin: Criminologu and Penology, pp. 164-
165. (10) V.: ob. Cit., pp. 91-92.
(11) V.: Later Criminal Carcers, pág. 4.
(12) V.: Goeppinger, Criminología, pp. 255-256.
(13) Ob. cit., pág. 167.
(14) V.: New Horizons in Criminology, pág. 226
(15) V.: ob. Cit., pág. 3.
(16) Mariano Ruíz Funes en sus Conferencia, publicadas en la Revista Penal y Penitenciaria, vols. IX y X, pág. 124.

235
CAPÍTULO QUINTO

MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

1.- IMPORTANCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL. Los medios


de comunicación social -prensa, cine, radio, televisión- llegan en la actualidad, de
manera continua, a millones de personas. Los mensajes que ellos transmiten
ejercen enorme influencia sobre los receptores, como puede advertirse por los
efectos de la propaganda y de las noticias y opiniones que esos medios difunden y
que son capaces de cambiar hábitos y de introducir nuevas actitudes.

Si, como es evidente, la comunicación privada es capaz de llevar a la comisión de


delitos, tanto más importante puede ser ta influencia de los medios de
comunicación masiva. Esa influencia deriva principalmente de tres razones: 1) el
número de personas a las que se puede llegar, número que está en continuo
crecimiento; 2) la continuidad de acción: se leen periódicos, libros, revistas, se oye
la radio, se ven los espectáculos ofrecidos por el cine y la televisión durante
muchas horas por semana;
3) la técnica con que el mensaje es ofrecido, acudiendo a campañas sistemáticas
y con recursos especialmente adaptados para atraer la atención y para influir en
los receptores; las técnicas de atracción y de persuasión son estudiadas
actualmente a nivel académico y suponen la aplicación de varias ciencias.

Nada de extraño tiene, entonces, que se haya descutido acerca de las formas en
que los medios de comunicación social pueden causar el delito, tomando en
cuenta que esos medios constituyen hoy uno más de los ambientes de que el
hombre está inevitablemente rodeado.

Este fenómeno social, que se ha desarrollado sobre todo el presente siglo, ofrece
doble cara por un lado, se piensa, puede servir para aumentar el delito; pero, por
otro, es capaz de contri buir a evitarlo y prevenirlo. Hay quienes opinan que, dados
los caracteres presentes de los medios y algunos de sus excesos, es probable que
los efectos nocivos sean mayores que los beneficiosos.

Recordemos que, en muchos casos, los medios dependen de empresas

236
comerciales que buscan ante todo el éxito económico. No prestan mucha atención

237
a los métodos aptos para alcanzar ese objetivo. De hecho, por ejemplo, hay
empresas editoriales o cine-matográficas expresamente dedicadas a la difusión de
la pornografía. Én estas condiciones, no será raro cue se generen influencias
negativas, capaces de causar delitos. Los medios que tienen fina-lidades
especialmente ideológicas no son hoy, usualmente, los que consiguen mayor
difusión de sus productos.

Dada la variedad de temas que exponen los medios de comunicación social, son
también variadas las formas en que pueden influir en el delito; pero, entre ellas,
han sido destacadas principalmente dos; las crónicas rojas y el erotismo. Las
primeras involucran sobre todo lo referente al delito, a sus formas de comisión y
aspectos derivados, como la actuación de la justicia criminal y de la policía. La
segunda toca al tema de la sexualidad no sólo expuesto de manera indiferente
sino con el claro propósito de despertar los instintos.

Podemos acá preguntarnos si al fin y al cabo, no habrá que reconocer valor a lo


que argumentan algunos empresarios cuando sostienen que ellos se limitan a
satisfacer el gusto del público; el que éste compre publicaciones de ese tipo y se
regodee en ellas, parece dar razón a los editores. Sin embargo, más la tiene
Sutherland cuando redarguye diciendo que son los propios periódicos los que, por
su Jabor, han creado ese gusto estragado (1).

No se trata sólo, de los casos en que influyen en algunos delitos, sino de aquéllos
otros en que, son medio para cometerlos; tal sucede, por ejemplo, en la apología
del delito e incitación al mismo, libelos, insultos, calumnias, incitación a resistir
mandatos legales, etc., etc.

2.- INFLUENCIAS DELICTIVAS. En cuanto a los caminos a través de los cuales


los medios provocan delitos, hemi de detenernos especialmente en las crónicas
del delito, porqtyg ellas parecen ser las más perjudiciales (2).

La primera acusación que se ha hecho a los medios dt municación es la de que


enseñan la técnica del delito. Esta tapg en ser descubierta por la policía de tal o
cual lugar; pero apenas aparece, los medios tienen un buen tema de comentario
que
238
lleva a los delincuentes a su conocimiento y práctica, antes que la policía y los
ciudadanos honrados del país se hallen debidanunl, advertidos. Tal sucede con
los nuevos métodos para evitar la identificación de automóviles robados, de
causar incendios para brar seguros, de falsificar documentos, etc. El daño no
resulta lo de la publicidad dada a los métodos novedosos, sino al éxito que tienen
los antiguos; por ejemplo, eso sucede con varias de las formas de estafa
conocidas con el nombre de "cuento del tio" del número premiado de lotería, de la
herencia, etc., que se repiten a diario con tan exacto parecido, pese a practicarse
por personas distintas, que no puede menos que pensarse que la técnica ha sido
aprendida en los periódicos. Un caso boliviano es el de las arrojadoras de ácido
sulfúrico; la prensa dio excesiva publicidad a un desgraciado acto de venganza
pasional practicado de esfe modo; hacía una decena de años que no había caso
semejante pero luego, en pocos meses se presentaron varios.

Se ha dicho que los medios de comunicación son beneficio con las noticias que
dan sobre delitos, porque mantienen alsi la atención pública, despiertan el celo de
policías y fiscales y cosu trolan los fallos judiciales. No puede menos que
reconocerse la verdad de lo alegado en muchos casos especiales. Sin embargo,
un análisis desapasionado de las influencias dimanantes de la exagerada
publicidad dada al delito, prueba que ellas son más bien, perjudiciales porque,
descontados algunos casos excepcionales, se concluye por no dsr importancia al
delito, tal como nos sucede con los hechos de la vida diaria; así, el delito no
despierta en los ciudadanos la reacción que debería.

La prensa puede convertirse en un medio para mostrar como atractivos al delito y


al delincuente. El delito es presentado como emocionante aventura lo que
favorece la imitación sobre todo de parte de niños y jóvenes; la repercusión es
mayor en los barrios pobres y especialmente en quienes carecen de otras salidas
para el exceso de vitalidad y ansia de aventuras propias de la edad.

La prensa presenta al delito como provechoso, por lo menos en la mayor parte de


los casos; el delincuente que halla una caja vacía o con poco dinero -como hace
notar Taft (3)- apenas merece pocas líneas; pero el que hubiera obtenido un gran

239
éxito merecerá columnas y columnas: quizá hasta el honor de ocupar buen
espacio en las noticias internacionales. En vista de estos ejemplos, es lógico que
muchos criminales y honrados decidan arriesgarse, como el común del público
arriesga unos pesos a la lotería u otro juego, pues se hace propaganda alrededor
de quienes se volvieron millonarios de la noche a la mañana, pero se calla lo que
sucede a millares de personas que pierden mucho más que lo que ganan.

Puede polemizarse acerca de si el criminal gusta de la pro-paganda o la odia. En


verdad no todos reaccionan de igual manera. Si quien cometió un delito fue
respetable hasta ese momento y tiene un resto de prestigio que defender, es
lógico que odie la publicidad. Sin embargo, es a él a quien suelen dedicarla los
medios, mencionando su nombre más de lo necesario y dificultando la vida social
del delincuente cuando recobra su libertad; muchos han sido arrojados en brazos
de la desesperación o de la profesionalización delictiva, por este camino. El
escándalo suele lograr sus peores frutos cuando se trata de delincuentes
menores.

Pero si el delincuente no tiene una respetabilidad que mantener porque ya la


perdió, la publicidad no lo asustará; por el contrario, quizá la desee y busque,
sobre todo si pertenece a una banda en cuyo seno adquirirá así más prestigio y
ascendiente; tanto más grave el problema si se trata de bandas infantiles y
juveniles en las cuales la publicidad es medio importantísimo para sostener el
prestigio del jefe y de los integrantes más destacados. Esa propaganda puede
favorecer también la comisión de nuevos delitos; la que se hizo alrededor de Al
Capone, impidió la presencia de testigos voluntarios contra él; los comerciantes
que sufren de extorsión no la denuncian porque se han enterado por la prensa de
que quienes lo hacen sufren inmediatas represalias (4).

A veces la propaganda de los delincuentes es tal que los convierte en héroes y


hace del crimen algo que es sancionado porque lo dicen las leyes, pero no porque
lo merezcan desde el punto de vista de la moral o del consenso público: piénsese,
por ejemplo, en los homicidios contra el cónyuge infiel y su amante o sobre la
legalidad de algunas venganzas. El reverso de la medalla lo constituyen los casos
en que el sospechoso es presentado de antemano como un culpable; prodigar
240
adjetivos como

241
delincuente nato, degenerado, perverso, incorregible, etc., crea un ambiente
desfavorable aún antes de que se averigüe la verdad total; suele así llevarse a que
el público se incline por medidas draconianas para sancionar a tal o cual persona.

La prensa puede contener crónicas que son un llamado a los más bajos impulsos
del hombre y a sus tendencias morbosas. Es claro que la narración puede
aumentar su poder cuando va acompañada de gráficos y fotografías. Piénsese,
por ejemplo, en ciertas notas acerca de descuartizamientos posteriores a
violaciones, en violaciones de niños de corta edad, en marcas hechas por
venganza (5), y se nos dará razón.

Graves son también las repercusiones sobre el respeto debido a organismos


policianos y judiciales. Si algún delito no es rápidamente esclarecido o algún
delincuente se burla de esas instituciones, tales hechos son destacados con lo
cual los criminales se envalentonan y sienten aumentar sus esperanzas de
impunidad. Las consecuencias son aún más graves cuando los ataques,
intencionados o no. se dirigen contra la administración de justicia, su honradez,
eficiencia o rapidez. La reacción lógica es la desconfianza en los tribunales con lo
cual se les quita el sostén moral de que ellos precisan. Quien se siente
perjudicado en sus intereses, o cree que ha de serlo por incapacidad intelectual o
moral de los jueces, está a un paso de imponer justicia por sf mismo, camino
rápido y tentador. Por ejemplo, no puede desconocerse la máxima influencia que
en el linchamiento de los mayores Eguino y Escóbar, tuvo la propaganda
periodística que había llegado a convencer que aquéllos no recibirían sanciones
de ninguna especie, que los jueces eran venales, etc. Bastó una ocasión para que
la chispa prendiera, y que un grupo de irresponsables tomara a su cargo la tarea
de incitar a la gente, para que aquellos linchamientos se produjeran.

Entre los hechos recientes, podemos citar el denominado caso Suxo, por el
apellido de un anciano que violó y asesinó a una niña de cuatro años. La presión
de los medios de comunicación social fue tal que, en uno de los casos rarísimos
de nuestra historia judicial, desde el comienzo del juicio hasta el fusilamiento del
culpable, apenas transcurrieron algunos meses. Los tribunales se creyeron
obligados a
242
acelerar los trámites y a dalles prioritaria atención sobre cualesquiera otros. Pese
a síntomas claros de anormalidad mental del culpable -entre esos síntomas, el
propio delito y su forma de comisión- se prescindió de todo informe psiquiátrico.
Dado el ambiente que se creó, hubiera sido imprevisible la reacción general si, por
causa de anormalidad grave, no hubiera sido impuesta la pena de muerte o ésta
hubiera sido conmutada.

A veces los medios de información intentan deformar la verdad o, por lo menos,


influir en los jueces, por medio de opiniones que se adelantan sobre la culpabilidad
o inocencia de tal o cual acusado. Este suele ser otro medio de descrédito para la
judicatura y llega al extremo en Estados Unidos, donde los "trials by newspapers"
han sido calificados por Barnes y Teeters como la peor de todas las influencias
perjudiciales de la prensa (6).

En nuestra cultura existen ciertas ideas, prácticas y prejuicios que favorecen la


comisión de delitos, según vemos en estas páginas. Muchos medios de
comunicación ahondan esas causas. Por ejemplo, cican en algunas personas un
exagerado sentimiento de superioridad simplemente porque sus apellidos
aparecen con frecuencia en las llamadas páginas sociales; otras secciones
incrementan los resentimientos. Las diferencias y contraposiciones sociales son
mostradas con lente de aumento.

Nada digamos de algunos prejuicios ya existentes. Por ejemplo, los que tocan a
diferencias de razas con la consabida creencia en la superioridad o inferioridad de
ellas: un grupo es presentado poco menos que como impecable, mientras todos
los delitos atroces se ponen a cargo de otro u otros. Así, entre nosotros, tiempo
hubo en que las rebeliones indígenas, con su secuela de homicidios y
destrucciones, eran narradas con lujo de detalles; pero se ocultaba
cuidadosamente lo referente a los antecedentes desencadenantes, de los cuales
en la mayoría de los casos no eran culpables los indios, sino las actividades de
blancos y mestizos: y se callan casi sistemáticamente los atropellos, por desgracia
frecuentes entre nosotros, que blancos y mestizos de las ciudades cometen en
ocasión de motines y revoluciones. Con propaganda de este tipo, nada raro es
que aun gente sensata hable sin más
243
de la barbarie de los indígenas. El contrapeso está dado por los casos en que los
delitos son cometidos por ellos y se los pasa en silencio y aun se los muestra
como casos heroicos.

En muchos de los defectos anterigies incurren inclusive publicaciones al parecer


sumamente inocentes e inocuas. Tal ocurre con las historietas y dibujos animados,
en los que la violencia y hasta un erotismo larvado surgen al menor análisis. Si
bien el efecto destructor no suele ser inmediato, directo, consiguen formar a la
larga en lo inconsciente, especiales actitudes y tendencias de reacción. No
carecen de razón quienes han visto en tales historietas prejuicios racistas y
sociales que están lejos de ser constructivos (7).

3.- CINE Y DELITO. El cine es un nuevo ambiente por el cual vivimos rodeados
por lo menos por un par de horas semanales; sobre todo en las ciudades ha
desplazado, y con mucho de ventaja en cuanto a concurrentes, a los otros medios
de pasar el tiempo.

Basta el sentido común para comprobar que el cine ejercc una gran influencia,
sobre todo en los niños y las mujeres. Nos presenta escenas de asesinatos y de
vida fácil como resultado de los mismos o de asaltos y robos; muestra
gráficamente, con mucha mayor vivacidad que la prensa, la forma en que se
pueden cometer delitos y rehuir la posterior persecución policial. Da falsos
modelos de relaciones entre ambos sexos, modelos que al ser imitados en la vida
real, ocasionan graves peligros. Crea odios entre clases sociales y entre pueblos,
así como espíritu de intolerancia, por medio de, falseamientos de la realidad con
fines de propaganda.

No ha de desconocerse que el cine muestra también los lados nobles y virtuosos


de la vida provocando simpatía por quienes viven sometidos a las mejores normas
culturales y morales; pero es preciso confesar que la mayor parte de las películas
sólo de manera secundaria toman en cuenta la moralidad o inmoralidad de los
temas y de la manera de encararlos. El cine es manejado por grandes empresas
comerciales que persiguen fundamentalmente el éxito de taquilla a través de
cualquier medio. Tampoco es mejor la situación cuando el cine oficializado se

244
pone

245
en mera función de propaganda de ciertas ideas y de ataque contra otras; aquí
también reina la exageración cuando no la mentira lisa y llana.

Los sectores más impresionables de la sociedad -entre los cuales están los niños
y jóvenes- encuentran por estas razones, mucho más de perjudicial que de
beneficioso en las películas que van a ver. No son excepción de lo dicho los
programas que se les dedican especialmente, pues ellos casi nunca tienden a
moralizarlos, sino simplemente a divertirlos y corrientemente con medios de
inferior calidad: en esos programas abundan las escenas de combates, aventuras
disparatadas, bandidos y policías. Para comprobar la persistencia de lo que allí se
ve, basta darse una vuelta por nuestros barrios y observar a qué juegan las
pandillas infantiles: de allí podremos deducir enseguida cuál es el tema y cuáles
los personajes de la serial de moda. Esto sin contar el agotamiento nervioso que
ocasionan películas de tensión y terror, que están entre las favoritas para integrar
programas para niños y jóvenes.

Si preguntamos directamente a delincuentes adultos y juveniles, cuál ha sido la


influencia que sobre el acto criminal ha ejercido el cine, lo probable es que
respondan que ninguna. Pero !a respuesta deriva de un mal método de
interrogatorio; muchas veces se reconocerá la importancia del cine si se pregunta
con más detalle, facilitando así la labor asociativa del interrogado; por ejemplo, en
vez de preguntar ampliamente si el cine determinó o no la conducta,
preguntémosles de dónde sacaron la idea de robar, hurtar, lesionar; de dónde, la
idea de operar con tal o cual técnica; de dónde, la forma de borrar huellas o de
ocultarse, etc.; entonces, las respuestas serán menos negativas.

Es verdad que se ha discutido arguyendo contrarias razones, acerca de la


importancia que el cine tiene para determinar la de-lincuencia general o en ciertos
grupos. Vamos a consignar aquí algunos de los datos revelados por Blumer y
Hauser, que son considerados autoridades en la materia.

Las estadísticas por ellos publicadas "... establecen que el 49% de los
delincuentes varones estudiados sostuvieron que el cine les despertó el deseo de
portar un arma de fuego; 28% que el cine les enseñó métodos de robar; 21%, que

246
aprendieron

247
formas de burlar a la policía; 12%, que fueron alentados a emprender actos
aventureros porque habían visto en el cine representados delitos similares; 45%,
que se formaron nociones de dinero fácil, partiendo de las películas vistas ..." (8).

También debe dejarse especial mención de otro sector fácilmente influenciable: el


femenino, principalmente en ciertas épocas de la vida.

Hemos de referirnos nuevamente a cifras contenidas en el trabajo de Blumer y


Hauser: "25% del grupo - muestra de 252 muchachas delincuentes estudiadas,
principalmente de 14 a 18 años de edad sostuvieron haberse comprometido en
relaciones sexuales con hombres, siguiendo la excitación de los impulsos
despertados por una película de amor apasionado. 41% admitieron que
concurriendo a reuniones turbulentas; cabarets, etc., "como se hace en ¡as
películas", cayeron en "dificultades'. Más específicamente, el 38% de ellas dijo que
abandonaron el colegio para llevar una vida turbulenta, alegre y movida, como las
que presenta el cine; 33% que fueron arrastradas a huir del hogar; 23%, que
fueron arrastradas a delincuencia de tipo sexual. En sus intentos de gozar de
ropas, automóviles, vida fácil y de lujo, como las pintadas en la escena, 27% de
ellas hallaron ocasión para abandonar el hogar. En sus esfuerzos por lograr
fácilmente una vida de lujo a través de medios sugeridos, siquiera en parte, por
pe-lículas, 18% dijeron que había convivido con un hombre dejándose mantener
por él; 12%, que se habían comprometido en otras formas de delincuencia sexual;
8%, que se habían visto arrastradas hacia hombres adinerados; 8%, el juego; y
4%, que habían descendido a hurtar en negocios" (9).

En general -y esto vale para todo el presente capítulo- habrá siempre que tener en
cuenta la receptividad de los espectadores -u oyentes y lectores- porque la simple
observación diaria nos muestra que las personas son diversamente afectadas por
los mismos hechos. No es sostenible que el cine, la prensa, la radio o la televisión
creen una personalidad proclive al delito; corrientemente se tratará más bien de
circunstancias que facilitan la explosión de tendencias ya existentes o de
ocasiones que se ofrecen porque se ha descubierto un método apto para darles
salida. A veces, para formarnos clara idea de los procesos que se han
producido, será
248
inclusive necesario salirse del campo de la psicología normal, para entrar en el de
la anormal.

En la obra de Léauté, recién citada, se muestran opiniones que sostienen la poca


influencia criminal de los medios de comunicación social. Eso puede ser verdad
cuando se trata de probar aue esa influencia es causa única o principal del delito
prescindiendo de otros factores predisponentes: la influencia de los medios de
comunicación social se imbrica y quizá confunde hasta no mostrarse claramente,
con las otras causas. Es también muy probable que esa causa quede
inconsciente, pero como una fuerza siempre dispuesta a manifestarse sin que
siquiera el propio delincuente se dé cuenta de lo que le ocurre. Baste fijarse en los
efectos de la propaganda comercial, para advertir que los medios de comunicación
forman la conciencia del público.

4.- LA RADIO Y LA TELEVISIÓN. Las repercusiones de las emisiones radiales


sobre el delito son, de modo general, menores que las de los medios de difusión
previamente estudiados. Las impresiones no son tan profundas como las del
periódico o el libro, que llevan, a veces, a meditar y a repetir la lectura; ni tan
vivaces como las del cine. Pero, en cambio, son mucho más continuadas; mujeres
o niños, pueden pasarse el dfa entero oyendo novelas o noticias radiodifundidas:
para ello les bastará cambiar la sintonía de su aparato.

El tema de la televisión ha suscitado mucho interés últimamente. La televisión,


como la radio, puede ser utilizada desde el propio hogar, por muchas horas, sin
gran costo y con la facultad de escoger lo que se quiera. Influye con las facilidades
que da la imagen en movimiento: es un medio audiovisual ideal y cómodo.

Entre los aspectos positivos, se cita que retiene a los niños y jóvenes en el hogar
evitando que se queden deambulando por las calles o integrando bandas. Une a
las familias en la casa. Los programas son más vigilados y, allí donde es
manejada por entidades públicas educativas, los objetivos suelen ser más altos
que en otros medios de comunicación social.

249
Aunque lo que se ha dicho respecto a éstos en general, es aplicable a la
televisión, faltan estudios específicos convincentes acerca de su acción en el
campo criminal. Es, por ejemplo, poco lo que puede concluirse del estudio dirigido
por Halloran y otros (10).

(1) V.: Principies of Criminology, pág. 173. Entre nosotros, donde la prensa que vive del sensacionalismo y el escándalo no es la de
mayor circulación, el fenómeno sólo se ha presentado de tanto en tanto; comprada cuan lo existe, su ausencia no fue jamás
notada; lo que puede interpretarse como que ella está lejos de ser una necesidad y que es ella la que despierta la afición, más
que la que viene a satisfacer una preexistente.
(2) (Este párrafo ha sido inspirado sobre todo por la obra de Taft, Criminology, pp. 200 - 206.
(3) Ob. ett., pp. 201 - 202.
(4) Ejemplos extraídos de la realidad y sumamente instructivos pueden verse en Sutherland, ob. cit., pp.169 - 171 y en Barnes y
TeeMrs: New Horizons in Criminology, pp. 228-229.
(5) Mucho se ha discutido entre nosotros, acerca de las noticias publicadas -con fotografías-, sobre un grupo de homosexuales.
¿Se atreverá alguien a sostener que esos artículos, sobre todo dada la forma de presentación del tema, ayudan a la sociedad?
(6) V.: ob. cit., pp. 231 -232.
(7) V.: Léauté, Crimino lo fie et Bdnet Péaitendi pp. 384-407. donde se exponen resúmenes de los estudios más recientes.
(8) Citados por Barnes y Teeters, ob. cit., pág. 234.
(9) Ibidem, pp. 234.
(10) V.: Léauté. ab. dt, pp. 395 - 396.

250
CAPÍTULO SEXTO

EL FACTOR ECONÓMICO

1.- LA ECONOMÍA EN NUESTRA CULTURA. El tipo de valor que se coloca en el


trono, dominando a los demás, varía según el momento cultural en que se vive; si
lo religioso ocupó el centro de la vida individual y social en la Edad Media y si lo
estético fue lo más altamente apreciado en ciertos momentos del Renacimiento,
hoy lo económico se ha convertido en eje de la vida, sobre todo social, fuente de
polémicas teóricas y de contraposiciones prácticas.

Esas contraposiciones se fundan en las ideas y métodos, por cierto, ya


desnaturalizados, del comunismo y del liberalismo, corrientes ambas que en el
fondo se identifican por su materialismo, explícito en el uno, implícito en el otro.
Ambos sistemas son "economismos", si se nos permite el neologismo, porque es
en el terreno de la economía donde cimientan toda su doctrina y todas sus
discrepancias.

Puestas así las cosas, es imposible no ver de antemano, que el factor económico
ha de tener enorme repercusión en la conducta humana general, incluyendo el
crimen. Lo mismo sucedía con lo religioso en la Edad Media, o los nacionalismos
del siglo pasado. Asuntos que tanto apasionan y tan profundamente dividen a los
grupos, no pueden menos que conformar la psique individual para dirigirla, en
unión con otras fuerzas, en tal o cual sentido.

No se trata sólo de teorías. La propia realidad nos muestra ejemplos de pobreza


exagerada o de exageradas acumulaciones de dinero; críticas que suelen llegar al
terteno de los hechos; huelgas y represiones frecuentemente conducidas fuera de
los cauces de la legalidad; actividades delictuosas -por lo menos formalmente
delictuosas- contra el estado y las autoridades, para imponer tal o cual sistema
económico y reemplazar al que se considera caduco e injusto; crisis más o menos
periódicas que provocan cierres de fábricas, quiebras y desocupaciones
gigantescas; padres que, al no poder sostener a su familia, pierden autoridad y
provocan la desunión en la misma; procesos inflacionarios y –raramente-

251
deflaciones; alzas de precios y baja real de los salarios; clima de descontento
propicio al desorden y tantas otras condiciones sociales que sin duda se hallan
estrechamente ligadas con el régimen económico, aunque no esclusivamente con
él. Con sólo recordarlas, ya podemos prever la importancia que el factor
económico ha asumido en nuestra cultura y la forma e intensidad con que puede
repercutir sobre el delito.

Sin embargo, aunque importante, el factor económico no es el único que


determina la conducta humana; a su lado, coactuando, se encuentran otras
fuerzas sociales que, a veces, en el caso concreto, pesan más que la economía y
sus inmediatas consecuencias; y, desde luego, están también las causas
biológicas y psíquicas.

Estas imbricaciones han confundido el tema y dado lugar a variadas polémicas


acerca de la exacta importancia del factor eco-nómico. Por descontado que aquí
no se busca ni se logrará nunca una exactitud matemática sino meramente
aproximada. Para alcanzarla pueden investigarse tres temas en los cuales, se
supone, el factor económico puede ser relativamente aislado y, por eso mejor
estudiado. Se trata de investigar los efectos de la pobreza, de las crisis
económicas y de la riqueza. A cada uno de estos temas le dedicaremos acápite
especial.

2.- POBREZA Y DELITO. La insuficiencia de medios económicos con qué cubrir


las necesidades, sobre todo si son ele-mentales, ha sido comúnmente acusada de
aumentar el número de delitos y de conductas antisociales en general.

La desproporción entre lo que se necesita y la capacidad para alcanzarlo tiene


consecuencias mucho más complicadas que las que se podría pensar en un
primer momento.

Ya el siglo pasado, von Mayr creyó descubrir una estrecha relación entre el precio
del trigo y el número de hurtos; para él, cada real de aumento en el precio del
primero se manifestaba en un hurto más; y al revés, cuando el precio del trigo
descendía.

252
Estudios realizados en otras partes sobre el cereal más importante en la
alimentación parecieron apuntalar de tal manera la tesis de von Mayr como para

253
convertirla en verdad indiscutible. Investigaciones más modernas han calificado de
excesivamente simplistas las conclusiones de aquél y se han fijado en otros
índices, como más importantes. Quizá la necesidad de tomar puntos de referencia
más complicados se deba a la naturaleza de la economía de este siglo que impide
atenerse a un solo dato (1).

Por ejemplo, si se comparan los índices comerciales -que no dependen de un solo


dato sino de la combinación de varios- es hoy posible comprobar que hay una
relación proporcional entre tales índices, por un lado, y los delitos contra la
propiedad, y la prostitución, por otro (2).

Volviendo a la afirmación de von Mayr, Exner hace notar que algunas veces la
escasez puede disminuir el número de delitos; así, por ejemplo, en la primera
postguerra, la malta y la cerveza eran caras y de mala calidad; por tal razón, se las
consumía menos y se produjo una baja en la delincuencia causada por el
alcoholismo (3). Al mismo tiempo, hace notar la interferencia que pueden significar
factores distintos a la mera alza en el precio del trigo o de otro producto
fundamental; por ejemplo, no se puede descuidar, como valor comparativo, el del
poder adquisitivo del salario; si se compara este poder adquisitivo con el índice de
hurtos, puede comprobarse una casi exacta relación inversa (4). En la apreciación
de la pobreza y de la baja de los precios hay que considerar también los casos de
desocupación colectiva; entonces hay precios bajos; sin embargo, sus influencias
beneficiosas sobre la criminalidad son anuladas y hasta superadas porque no se
cuenta ni siquiera con lo necesario para cubrir esos precios bajos (5).

Como una derivación de este método, se halla aquel otro que pretende probar la
importancia de la pobreza en la causación del delito, demostrando que existe,
entre los delincuentes, mayor número de pobres que de personas acomodadas o
ricas. Se podrá argüir que eso se debe a que también en la sociedad, en general,
las personas de situación acomodada o ricas son numéricamente menos. Sin
embargo, Barnes y Teeters han demostrado que los delincuentes pobres son
también relativamente más que en la colectividad.

254
Estos datos tienen, sin duda, mucho peso; pero hay que guardarse de otorgarles
valor decisivo en demostración de la tesis, ya que los pobres, en general, se
inclinan a delitos violentos, más fáciles de descubrir y probar, mientras las clases
acomodadas tienden a la criminalidad fraudulenta, fácil de encubrir y difícil de
probar (6). También existen diferencias notables en cuanto a los recursos de que
pueden valerse ante los tribunales, sea en cuanto a influencias que pueden ejercer
o a la calidad de la defensa que asumen.

Los autores recién citados recuerdan también una opinión de Burt que merece ser
tenida en cuenta. Burt considera que existe, como causa de delincuencia, una que
podría llamarse pobreza relativa o sea la insuficiencia de los medios en relación
con los deseos y las ambiciones (7); así se dan delitos que obedecen al ansia de
figuración, al lujo desmedido, más que a la pobreza tal como usualmente se la
entiende.

La pobreza relativa se da en quienes tienen lo suficiente para mantener su vida,


pero sienten que hay un abismo entre lo que poseen y lo que desearían poseer; la
codicia es entonces el impulso principal para cometer delitos. Esta situación es
particularmente notoria hoy, en una sociedad consumista, en que la propaganda
impresiona mucho y en que cada uno quiere tener y aparentar más que los otros.
Esta pobreza relativa se da, obviamente, también en las sociedades ricas en que
los pobres constituyen, a veces, una minoría muy pequeña.

La dificultad en establecer los limites exactos dentro de los cuales se mueven las
influencias de la pobreza no debe llevarnos a desconocerlos. Pesan y a veces
decisivamente en la comisión de delitos, si bien no siempre de manera tan directa
que sea fácil trazar la relación de causalidad. Ya Parmelee lo destacaba al decir
que la pobreza opera a través de la mala habitación con todas sus consecuencias
dependientes, de la desnutrición, disgregación de la vida familiar, carencia de
descansos adecuados, pocas posibilidades de progreso cultural, enfermedades
que no son bien combatidas, etc. (8).

La prueba la obtuvieron los Glueck que hallaron en sus investigaciones sobre


quinientos criminales que el 15% de las familias de ellos dependían en su

255
sostenimiento de instituciones de asistencia social; el 60% vivía en condiciones
límites, o sea con la ganancia del propio día sin ahorrar nada o muy poco (los
autores hacen notar que no se trataba de un período de crisis). En el 28% de los
casos también la madre tenía que trabajar; casi el 60% de las familias estudiadas
habían tenido que tratar con instituciones de asistencia, sobre todo de ayuda (9).

3.- CRISIS ECONÓMICAS Y DELITO. Este es otro método para determinar la


relación entre situación económica y delito; tiene la ventaja de permitir mayores
comparaciones, ya que generalmente las investigaciones abarcan ciclos enteros
incluyendo momentos de auge y de crisis; así se puede seguir en verdaderas
ondas la marcha de la economía y del delito. Esta posibilidad ha ofrecido nuevas
perspectivas por la agudización de los estados extremos en los últimos cincuenta
años.

Pero no vaya a creerse que la incidencia en la mayor criminalidad sólo se


encuentra en los momentos de depresión y de desempleo; el auge y el empleo
completo tienen su propia delincuencia, como se verá en el próximo acápite y
también en el capítulo dedicado a la guerra.

La depresión conduce directamente al desempleo. Este, a su vez, produce


migraciones internas y externas en busca de trabajo; así, la crisis actúa a través
del aumento de la movilidad, efectuada en las peores condiciones. Si la situación
se prolonga, concluye por crear un estado de desesperación en la gente; por
ejemplo, el pueblo alemán aceptó a Hitler como a un salvador, entre otras razones
porque los desocupados llegaron a ser entre el 40 y el 50% de la población útil y
había que agarrarse a cualquier promesa algo firme de superar tan desastrosas
condiciones (10).

Como consecuencia de la crisis, suele presentarse un proceso de inflación,


frecuentemente exagerada, lo cual contribuye a la inestabilidad general; se
produce la ruina de los que tenían ahorros, de los jubilados, de los tenedores de
bonos o títulos de valor fijo, públicos o privados. La mala alimentación es la regla,
produciéndose, como efecto de la desnutrición, cambios en la constitución
corporal. Es natural y explicable que las necesidades primarias urgentes

256
conduzcan a

257
muchos a cometer delitos de los cuales, de otro modo, se hubieran mantenido
alejados. En relación con estos fenómenos y tentaciones, hay que observar que
parece más peligrosa que la pobreza continuada, la que se presenta como
consecuencia de cambios bruscos, sobre todo en sectores sociales enteros que
estaban acostumbrados a un cierto bienestar (11).

Lugar preferente merecen las repercusiones psicológicas de las crisis. Los obreros
parados se vuelven nerviosos, irritables, prontos a la reacción violenta o
totalmente abatidos; pero aún en el abatimiento, y a través de mecanismos fáciles
de comprender, suelen presentarse momentos explosivos; se despiertan
sentimientos de repudio hacia la sociedad; el padre y el marido pierden su
autoridad de tales, toda vez que no pueden cumplir sus funciones de
mantenedores del hogar; los esposos suelen separarse, mientras uno busca
trabajo lejos del hogar; éste se coloca en vías de deshacerse, porque los hijos se
lanzan a la calle, donde integran pandillas infantiles y juveniles dedicadas a robar
para obtener lo que el hogar no les da. La ayuda oficial que en casos graves suele
crearse, conduce al abatimiento, al fatalismo, a la crítica que a veces llega al
terreno de los hechos, a la desilusión, a la vergüen-za; y no sólo en los padres,
sino también en quienes de él dependen; por eso apenas puede ser considerada
como una ayuda material que deja pendientes multitud de problemas (12).

En cuanto a las estadísticas podemos citar varias, no siempre concordantes.


Exner expone datos referentes a ciclos relativamente prolongados; las cifras
alemanas en los períodos 1883 - 1913 y 1925- 1936 muestran que el hurto sigue
las variaciones económicas: decrece en tiempos de auge y aumenta en las crisis;
la explicación puede encontrarse en el desempleo. No se han hallado
correlaciones significativas con los otros delitos, tales como los atentados contra la
moral, aborto, lesiones graves (13).

Por su lado, Dorothy Thomas, en sus investigaciones sobre estos aspectos, en


Inglaterra, con datos que abarcan el período de 1857 a 1913, llegó a las siguientes
conclusiones:

258
"1. No hay ninguna relación estrecha entre la tendencia de todas las ofensas
acusables y los delitos sin violencia contra la propiedad, y el ciclo de los negocios.

2. Los delitos violentos contra la propiedad aumentan en los periodos de depresión.

3. La conexión entre los delitos contra las personas y el ciclo de los negocios es
muy pequeña" (14).

Para ihterpretar la no alza de los delitos fraudulentos en las crisis, hay que
recordar que en tales períodos decrecen el ritmo y el volumen de los negocios, la
gente se vuelve más precavida y se ofrecen, en general, menos oportunidades
para cometer esa clase de delitos. Lo contrario sucederá en los momentos de
auge económico.

Los procesos inflaciónistas que se presentan como emergencia de las crisis


suelen también provocar caracteres especiales, en lo cuantitativo y cualitativo, del
delito. En circunstancias de inflación, durante la primera postguerra, se produjeron
los siguientes hechos, según Exner: los delitos contra las personas descienden en
un cincuenta por ciento; los delitos contra la propiedad suben en un 250%
mientras los propios de los funcionarios se duplican. Los hurtos y robos se dirigen
más a las cosas que al dinero, porque éste se halla desvalorizado; por
consecuencia, los delitos de encubrimiento se sextuplican en número (hay que
colocar cosas, lo que poco menos que obliga a recurrir al encubridor); los delitos
de incendio disminuyen porque en períodos como el señalado no es tan tentador
el deseo de cobrar un seguro, toda vez que el dinero obtenido no compensa o
compensaría muy poco, el riesgo corrido (15).

Es también evidente que los suicidios masculinos aumentan en la depresión (16).

Ya sabemos que las estadísticas tienen fallas, a veces considerables, en la


exactitud de los datos que proporcionan. Esto hay que tenerlo en cuenta
especialmente, durante las épocas de crisis, por diversas ciróunstancias. Así, las
crisis, y más cuanto más graves, ocasionan cambios en la legislación y en la
interpretación de las leyes; ambos supuestos pueden traer aumentos en los delitos
consignados en las estadísticas; pero no habrá un real aumento de conductas sino

259
una distinta calificación jurídica para las mismas. Además, como las crisis suelen

260
presentarse a modo de incubadoras de conductas antisociales y de gérmenes
capaces de trastornar el orden vigente, la eficiencia y dedicación de las policías
aumentan; los jueces se tornan más rígidos; por eso, no todo aumento en las
estadísticas puede corresponder a un aumento real de los delitos, sino
simplemente a que es mayor el número de los descubiertos y de los sentenciados.

Pero pese a estas observaciones, parece muy difícil de rechazar la influencia


criminògena de las crisis, sobre todo en algunos tipos de delitos. Si bien en tales
períodos existen algunas causas favorables, son tan ligeras y referentes a casos
tan especiales, que no pueden anular sino parcialmente la acción de otros factores
perjudiciales; se ha establecido, por ejemplo, que durante las crisis disminuye el
número de divorcios; eso puede traer por consecuencia un incremento de los
lazos familiares, tanto más si el trabajador posee mayor cantidad de tiempo libre;
pero también hay que reconocer que, en muchos casos, la baja en los divorcios no
se debe al fortalecimiento de tales vínculos -ya vimos cómo se suelen resentir-
sino a que se carece de dinero para encarar los gastos judiciales (17).

Hay otros tipos de crisis que provocan también grandes cambios en la


delincuencia; no se trata tanto de carencia de empleos, de baja producción o de
saturación del mercado, sino de cambios radicales en la estructura económica de
una nación. El último siglo ha dado muchos ejemplos siendo el principal el
constituido por la evolución de la economía agraria poco tecnificada a la gran
economía industrial. Se producen grandes migraciones, las ciudades aumentan su
población desproporcionadamente con respecto a la habitación disponible, los
hijos se emancipan prematuramente, aparecen nuevos sistemas de ideas a los
cuales hay que adecuarse con quiebra de las firmes convicciones anteriores; la
competencia adquiere caracteres de oposición violenta; surgen nuevas
costumbres aptas para producir desadaptaciones sociales y psíquicas (18).

Este es un tipo de crisis que se da, ahora, en las denominadas naciones


subdesarrolladas. En ellas, se va produciendo un auténtico cambio de estructuras
con todos los males que aparecen ante los ojos de cualquier persona.

261
4.- PROSPERIDAD Y DELITO. Desde antiguo, pudo comprobarse que las
condiciones sociales tienen influencias contradictorias; si la pobreza, las crisis
periódicas, la desocupación favorecen la aparición de ciertos tipos de delito, es
también verdad que la prosperidad, social c individual, provocan el incremento de
otros tipos delictivos.

Ya Lombroso hacía notar que el buen salario ocasionaba el que los obreros
bebieran más y cometieran, por tal razón, más delitos violentos (19). También
observó que la riqueza posee su criminalidad peculiar pues ofrece determinadas
oportunidades y especiales incentivos entre los cuales no deben descuidarse las
mayores probabilidades de impunidad (20).

Estas afirmaciones conservan su valor aún hoy y han sido confirmadas de


distintas maneras.

Ya el simple sentido común nos inclina a creer que las estafas, las
defraudaciones, los fraudes en general, aumentan en los períodos y entre las
personas prósperos; allí se presenta la oportunidad para cometerlos. Por otra
parte, es en las clases económicamente más poderosas donde se dan delitos
típicamente capitalistas, tales como destrucción de materias primas para lograr
alzas de precios, propaganda desleal, trusts y monopolios, etc.

Mucha enseñanza se puede extraer de las etapas de auge eco-nómico por las que
recientemente ha atravesado el mundo a raíz del empleo total y de los altos
salarios alcanzados durante la guerra: eso desquicia el hogar porque sus
miembros se dirigen a los lugares de producción; los jóvenes se inician
prematuramente en el trabajo y ganan suficiente dinero como para que éste
resulte peligroso en manos inexpertas; se crea -como en la pobreza- un concepto
materialista de la vida con mengua de la moral y de las buenas costumbres.

Barnes y Teeters han demostrado, además, que es en las etapas de auee cuwido
florecen las pandillas de delincuentes; eso puede explicarse porque existen más
oportunidades de dinero fácil y menos desconfianza de parte de las personas que

262
poseen bienes; confianza que sufre agudo retraimiento durante los períodos
depresivos (21).

Hentig, por su lado, llama la atención sobre el incremento de las violaciones,


durante el auge; véanse, por ejemplo, las siguientes estadísticas comparativas
tomadas de datos de la dudad de Pittsburg:

Año Violaciones Índice Comercial

1930 740 98,8

1931 606 71,0

1932 602 48,1

1933 643 56,5

1934 560 61,1

1935 582 69,8

1936 755 90,7

1937 796 98,6

1938 748 61,4

1939 822 85,0 (22)

La correlación es tan estrecha que no puede menos que reconocérsele un alto


grado de seguridad como prueba de que hay una relación de causalidad.

El hecho de que el delito descienda durante las épocas de prosperidad y se dé en


menor proporción en las clases acomodadas y ricas puede corresponder a una
tendencia general de la realidad; pero también se debe, sin duda, en buena parte,
a fallas estadísticas, las que no se refieren a los delitos realmente cometidos, sino
a los condenados judicialmente; ahora bien: ya sabemos que la policía y los
jueces son menos estrictos en épocas de prosperidad; y que los ricos cometen
delitos difíciles de descubrir y probar y cuentan con defensores e influencias
políticas que pueden anular la justicia aun en casos en que la culpabilidad es

263
clara.

264
5.- DELITOS ECONÓMICOS Y CAUSAS ECONÓMICAS. Se suelen calificar de
económicos los delitos que vulneran bienes de ese tipo. Pero es claro que, por un
lado, no toda la delincuencia económica tiene su origen en causas de igual
género; por otro, que la delincuencia no económica puede tener causas de ese
género. Esta verdad deriva necesariamente en otra: la supresión o alteración de
algunos factores económicos que hoy impulsan a la delincuencia, no traerá la
desaparición de ésta sino simplemente su transformación, disminución y, en
ciertos supuestos su aumento.

Tomemos el primer caso: delincuencia económica no debida a causas de ese tipo;


es el caso en que, por celos, por deseos de venganza, se hunde por medios
delictivos a un rival, se incendian sus propiedades, se atenta contra su crédito, etc.

En el segundo -delincuencia no económica con causas de este tipo- los ejemplos


que pueden citarse son aún mucho más numerosos: Delitos contra la moral sexual
pueden deberse a la promiscuidad, derivada, a su vez, de la pobreza; de manera
similar pueden operar causas económicas en la prostitución y el celestinaje. Igual
cosa puede decirse del aborto, abandono de hogar, etc. Son más numerosos de lo
que se cree, los casos en que la competencia industrial y comercial derivan en
delitos contra las personas. En Bolivia, tenemos varios ejemplos de delitos de
masas que se resuelven en atentados contra las personas, pero que tienen raíz
económica; piénsese en varias de nuestras huelgas sangrientas y en
sublevaciones indigenales (23).

Por eso, como hace notar Exner, resulta ingenuo el tratar ds establecer la
importancia criminògena de la economía, correlacio-nando simplemente índices de
precios o del movimiento industrial o comercial, con los de la delincuencia, sobre
todo si sólo se toma en cuenta la que atenta contra la propiedad. La índole de la
causación es demasiado complicada para que pueda ser aclarada con
simplificaciones de este tipo (24).

6.- DELITO Y CAPITALISMO. Desde hace un siglo, y cada vez con mayor
insistencia, se ha difundido profusamente la idea de que un cambio radical de la
organización económica capitalista traerá por consecuencia reducciones también

265
radicales en la delincuencia, cuando no su desaparición total. Ya no se habla, por
tanto, de riqueza y pobreza, de períodos de auge o depresión, pero siempre
dentro del mismo sistema económico, sino de algo más, profundo como sería la
sustitución del propio sistema capita- listá, el cual resultaría así culpado de todos o
casi todos los males por que tenemos que pasar hoy.

Esta es la idea, implícita o explícita, sostenida por los comunistas.

Estas posiciones revolucionarías suponen, desde luego, que la economía es,


directa o indirectamente, la causa única y última determinante de la conducta
humana, criminal o no; de modo que un cambio en aquélla traería lógicamente un
cambio en ésta.

Podemos comenzar comprobando hechos indiscutibles que de-muestran que el


sistema capitalista es fuente de muchas fuerzas favorables a la delincuencia. Ya
en otros capítulos de esta obra, al tratar de la historia de la Criminología, dejamos
sentada la opinión de Bonger que tanto tiene de verdadera. Centenares de otros
pensadores, y no sólo marxistas, apuntan en el mismo sentido con sus críticas.
Turati, Ferri, bombroso, Colajanni, von Liszt ya lo vieron desde los orígenes de
nuestra ciencia (25). El sistema capitalista crea ricos y pobres que lo son
extremadamente; condiciona las periódicas crisis de que padece el mundo entero;
es causa de inestabilidad económica, de quiebras, de despilfarro de riquezas, de
negocios arriesgados, de predominio del ansia de lucro individual por perjudicial
que sea a los intereses sociales; la división en clases contrapuestas ocasiona
frecuentemente delitos; hay delitos típicos del sistema, como los trusts y
monopolios, así como las bancarrotas. La familia es minada y hasta destruida.
Defectos todos evidentes, como lo son otros que podrían agregarse sin mucho
esfuerzo

Es claro, por tanto, que la superación de este sistema, que implica la


subordinación al capital de todos los demás valores sociales e individuales, traería
por consecuencia grandes cambios en la delincuencia y la disminución de ella en
cuanto se deba al concurso de las causas anotadas y de otras que tienen igual
origen.

266
Pero ese no es el problema, sino este otro: Modificado el sistema capitalista o
reemplazado por otro, el más justo posible, ¿desaparecerá el delito?

La respuesta afirmativa puede obedecer sólo a un total desconocimiento de la


realidad criminal. A un esquematismo teórico que no quiere descender al campo
de los hechos, a deseos de que éstos se ajusten a ideas preconcebidas, contra
toda norma científica. Porque, si bien las causas económicas tienen importancia y
grande en la determinación del delito, ellas no son las únicas que actúan en tal
sentido no siempre son las más importantes: basta estudiar unos cuantos casos
concretos para darse cuenta de ello.

¿Podrá, por ejemplo, el factor económico reformado, evitar no sólo todos, sino
siquiera la mayoría de los delitos contra las personas, los delitos sexuales, los
delitos por celos, por ambiciones, por ansia de dominio, que corresponden en su
fundamento, a fuentes endógenas que ningún sistema social podrá borrar, o los
delitos culposos y de omisión?

Creemos que puede responderse que no. Ya Ferri, en su tiempo, y pese a sü


formación socialista, nunca creyó que en un régimen de este tipo desaparecería el
delito pues, para el autor mencionado, siempre habrá que tener en cuenta las
causas antropológicas (26). Barnes y Teeters, últimamente, pese a las tendencias
progresistas a que se atienen, afirman que la ausencia del delito sólo será posible
en Utopía (27). Y lo mismo piensa López Rey (28) acompañado por la inmensa
mayoría de los criminólogos modernas que alguna vez se detuvieron a estudiar
casos concretos.

Sin embargo, es preciso dejar constancia de que no se tratará sólo de la


persistencia de los delitos debidos a causas predominantemente individuales,
como si las de tipo social hubieran sido anuladas, tesis a la que se inclina Ferri. Es
que también entonces habrá factores sociales criminógenos. Ya vimos que los
factores sociales se caracterizan por su doble influencia, una en un sentido, otra
en el opuesto: y no hay base alguna para pensar que en lo futuro no siga
sucediendo así; las grandes revoluciones económicas conocidas en la historia
trajeron consigo profundos cambios; pero las novedades comprobaron ser

267
capaces de empujar también al

268
delito, aunque fuera por medios y en direcciones distintas a las de las causas
existentes en el orden reemplazado. Una nueva sociedad, basada en un nuevo
ordenamiento económico, evitará muchas de las influencias nocivas actuales, pero
es seguro que creará otras, sin constituirse, por tanto, en una excepción histórica.

Ese ordenamiento tendrá sus propios bienes jurídicos que defender contra
ataques que siempre serán posibles, supuesto que nunca se logrará unanimidad
en la conducta de todos los miembros de la sociedad: la mayoría se mantendrá en
el terreno debido; pero otros, no. Muchas de las conductas antijurídicas podrán ser
reprimida por el derecho civil, comercial, etc.; pero los ataques más graves han de
producirse siempre y precisarán ser reprimidos por el medio enérgico del Derecho
Penal —se le llame así o no, porque aquí no es cuestión de meros nombres—; y
los individuos culpables serán verdaderos delincuentes, aunque se les llame
simplemente reaccionarios, enemigos de la sociedad, o de cualquier otro modo;
pues la palabra empleada no cambiará la realidad, que es la que nos interesa (29).

(1) Para von Mayr, V.: Hentig, Criminología, pág. 264; Exner, Biología Criminal, pp. 137 - 142.

(2) V.: Hentig, loc. cit.

(3) Ob. eit. pág. 130. A continuación hace notar, como lo haremos nosotros más tarde, que no toda la delincuencia económica es atribuible a
causas de ese tipo: y, viceversa, hay delincuencia no económica que puede atribuirse a causas de este tipo.

(4) Id. id., véase principalmente el gráfico de la página 145. La observación es tanto más digna de ser tenida en cuenta dado el proceso
inflacionista que casi sin excepciones vive el mundo desde hace tiempo.

(5) Id. id., pp. 147 - 148.

(6) En ese sentido, ya Nicéforo: La Transformación del dettto, pp. 50-56. V.: Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp 205 - 206.

(7) Id. id., pág. 206.

(8) V.: Criminología, pp. 49-97.

(9) Later Criminal Careers, pp. 2-3.

(10) Datos en Hentig, ob. cit., pp. 254-255.

(11) Puede verse, al respecto: Reckless, Criminal Befaavior, pág. 248.

(12) Véanse: Hentig, ob. cit., pp. 259 - 262 y 269 - 271; también, Taft. Crtminology, pp. 125 - 129. El primero de los autores citados anota un
hecho que vale la pena sea reproducido. En la cárcel de Sing-Sing estaba un condenado a muerte; el alcalde Lawnes "recibió la siguiente
carta de un veterano de la guerra mundial desocupado: "Deseo morir en lugar de que será ejecutado la semana entrante si su familia
conviene auxiliar a mi mujer y a mis hijos por el resto de su vida. No he ganado un céntimo en los últimos dos años y estoy cansado de vivir
del socorro"; pág. 260, nota 44.

(13) V.: ob. cit., pp. 150 y 153.

(14) Resumen contenido en la citada obra de Taft, pág. 122.

(15) Ob. cit., pp. 158-161.

(16) V.: Hentig. Ob. cit., pp. 260-261.

(17) V.: López Rey: Introducción al Estudio de la Criminología, pp. 166-167.

269
(18) V.: En tal sentido, Reckless, ob. cit., pág. 248.

(19) V.: La crime. Pág.

99. (20) Id. id., pp. 156-

158.

(21) Ob. cit., pág. 25.

(22) Hentig. Ob. cit., pág. 267.

(23) Sobre este punto, puede verse: Exner, ob. cit., pp. 130-131.

(24) Id. id., pág. 131.

(25) Véase el capítulo citado de esta obra.

(26) V.: Ferri. Sociología Criminal, I. pp. 29, 46-47 y 177.

(27) Ob. cit., pág. 208.

(28) Citamos especialmente a este autor, porque dedica larga extensión al tema de la economía como causa criminal única; v. Introducción al
estudio de la Criminología, pp. 161-171.

(29) Ruíz Funes llegó a hacer la afirmación de que hay delitos debidos exclusivamente al medio, para agregar luego, más concretamente:
"Muchos delitos, desencadenados por el factor económico, como producto de situaciones individuales, engendradas por este factor, no tienen
nada que ver con la personalidad de sus autores", (Conferencias, pág. 134. El subrayado es nuestro). Esta afirmación es tan exagerada que
dudamos pueda ser compartida inclusive por marxistas extremos; ni está de acuerdo con afirmaciones acerca del origen múltiple del delito,
contenidas en la misma página y en otros numerosos lugares. Preferimos, por eso, aunque el párrafo citado sea claro y terminante,
entenderlo como una exageración de esas que, para llamar especialmente la atención, a veces se hacen en las conferencias, sin ánimo de
que sean tomadas al pie de la letra.

270
CAPÍTULO SÉPTIMO

LA POLÍTICA

1.- ORGANIZACIÓN POLÍTICA. La organización del estado según moldes


democráticos, dictatoriales de derecha, comunistas, corporativistas, etc., no puede
menos que caracterizar cualitativa y cuantitativamente a la delincuencia que se
comete bajo su jurisdicción. Como que cada régimen supone la creación de un
medio ambiente que le es propio y que influye en los distintos sectores de la
población; cada régimen crea ciertas oportunidades para dar salida a las
tendencias humanas; cada uno de ellos implica tal o cual organización económica,
familiar, de prensa y cine, de educación escolar y extraescolar, de ideales sociales
e individuales. No es, por tanto, posible hablar sino por necesidad didáctica de lo
político como algo independiente; aunque tiene elementos que le son propios -por
ejemplo, el sistema de garantías en asuntos no económicos- la mayor parte de
ellos se encuentran estrechamente ligados con otros que son de distinto tipo.

También desde el punto de vista formal, la organización estatal y el sistema de


gobierno ocasionan indirectamente la baja o alza de los delitos. Tal sucede porque
cada sistema gubernativo crea delitos dictando leyes pata proteger los intereses
del grupo dominante; tales leyes -y consiguientemente, los delitos correlativos-
variarán de una monarquía absoluta, a una democracia liberal, a otra popular, al
nacismo, fascismo, etc. (1).

No hay régimen político sin delincuencia debida al propio régimen. Pero sería
tarea punto menos que imposible el determinar cómo influye cada uno de los
sistemas que han existido y que existen en la superficie del globo. Es preciso
simplificar de alguna manera el estudio. Para ello, creemos que nada es tan
provechoso como fijarnos en las relaciones de deberes y derechos que existen
entre el individuo y el estado.

En algunas organizaciones, el individuo prima sobre el estado; éste no funciona


sino para asegurar los derechos individuales y los intereses privados; si se dictan
reglamentaciones para el ejercicio de tales derechos, ellas no están destinadas a

271
atentar contra el individuo sino más bien a asegurarle el recto mantenimiento de
sus intereses. En estos regímenes individualistas, es norma la libertad mientras no
lesione a otros intereses privados, y la iniciativa particular mientras no coarte la
ajena. Es el ideal perseguido por las denominadas democracias a las cuales, por
espíritu de precisión, debería agregárseles el calificativo de liberales.

En el otro extremo, se encuentran los regímenes autoritarios, en que el derecho


del estado o de la sociedad se considera superior al del individuo, el cual debe
someterse. Libertad y propia iniciativa son restringidas hasta donde se consideren
compatibles con el bien general. Las garantías personales quedan reducidas al
mínimo mientras la regimentación desde arriba es la regla. Aquí pueden ser
incluidos los regímenes que han hecho del Estado una entidad mística que tiene
intereses propios, así como aquéllos otros en que se atribuye primacía a la
sociedad, cuyos poderes son delegados al Estado, suponiendo que éste es su
natural representante o, por lo menos, el instrumento necesario para llegar a
posteriores etapas de evolución, en que el propio Estado habrá desaparecido,
junto con las actuales divisiones de clases.

Estos regímenes no pueden decirse que sean fácilmente implantables en forma


pura, ya que una cosa es la teoría y otra la realidad. Sin embargo, existen o han
existido hasta hace poco, go-biernos que pueden ser presentados como
exponentes de uno u otro tipo de doctrina. Es verdad que, en la mayoría de los
casos, e undo nos presenta regímenes más o menos intermedios. Pero baitarfi
caracterizar las influencias delictógenas en los ejemplos extremos, para que se
pueda deducir qué sucede en otros países. Razón por la cual sólo expondremos
con alguna extensión las relaciones que con el delito guardan la democracia –
liberal- y las dictaduras.

2.- LOS SISTEMAS AUTORITARIOS Y EL DELITO. Los gobiernos dictatoriales,


una vez consolidados, traen, en general, un descenso de delincuencia común y un
aumento en la delincuencia política.

Numerosas son las razones que permiten explicar estos fenómenos. Se han dado,
entre otras, las siguientes para explicar la disminución en los delitos comunes:

272
a) Las dictaduras crean ideales populares que arrastran a las mayorías y las
unen, facilitando el espíritu de cooperación y de sacrificio y formando un ambiente
contrarío al egoísmo.

b) Una vez consolidados, estos regímenes suelen asegurar la tranquilidad


política y social creando para tal efecto organismos eficaces para luchar contra
toda alteración del orden.

c) Garantizan cierta estabilidad económica, así como un planeamiento racional


que impide o amortigua las crisis periódicas, disminuye la distancia entre las
clases sociales, anula la desocupación y realiza grandes proyectos en beneficio de
las masas. Buscan restringir o abolir la libertad económica en sus aspectos
perjudiciales.

d) Refuerzan las leyes penales, tanto sustantivas como adjetivas, las que
aumentan la intimidación; la simple sanción de una ley ya tiene la virtud de atraer
la atención del pueblo, pues para éste es aquélla la que determina la moralidad o
inmoralidad de las acciones; pero no basta dictar la ley para que automáticamente
se obtenga, por intimidación, un descenso de la delincuencia; que puede lograr
mucho sólo si esas leyes son eficaces, es decir, si se cumplen estrictamente; para
ello se agiliza el funcionamiento de los tribunales ordinarios, se crean otros
especiales y se forma un ambiente en el cual es convicción que el delincuente
tiene muchas más probabilidades de ser castigado que de escapar al castigo. Si
éste es tenido como segura consecuencia del delito, nada raro que descienda el
número de acciones criminales. Por eso, Exner se pregunta con razón, cuánto
descenderían los delitos si la gente tuviera la certeza de que a cada uno de ellos
le seguiría inmediata e ineludiblemente el castigo establecido (2).

e) Aplican adecuadamente las sanciones, lo que no supone simplemente su


agravamiento, sino su correlación con la corregibilidad del delincuente. La
flexibilidad implícita en estas actividades es conseguida porque el juez tiene en los
países dictatoriales más libertad de acción.

273
En tales países, por la poca consideración que merecen lo derechos individuales,
pueden llevarse a cabo medidas de seguridad que serían imposibles o muy
difíciles en las democracias. Pensemos, por ejemplo, en las ocasiones en que los
delincuentes profesionales germanos eran, como medida preventiva, sujetos a
detención indeterminada, así como otros grupos que eran mantenidos, por simple
garantía, en estado de reclusión o de vigilancia especial. La esterilización, sobre
todo por delitos sexuales, y la castración existieron desde los primeros momentos
del régimen nazi y contribuyeron a dificultar y hasta imposibilitar la comisión de
algunos delitos (3).

f) Educan totalitariamente, buscando formar una conciencia uniforme en todos


los habitantes del país; para ello se utilizan todos los medios de propaganda y se
toma en cuenta a todas las edades y clases sociales. Los sindicatos y gremios, los
clubes deportivos, las organizaciones juveniles, la conscripción militar, etc., son
grupos que tienden a uniformar la conciencia ciudadana y adaptarla al orden, la
obediencia y el respeto por las autoridades constituidas.

g) Regimentan la vida, la mayor parte de cuyos actos se hallan bajo


supervigilancia de las autoridades. El refuerzo de la policía y de otros órganos
represivos o preventivos, la creación de un derecho penal administrativo amplio, la
participación de la población entera en el control y vigilancia de la conducta ajena;
todo ello dificulta el cometer delitos o el escapar a la sanción consiguiente. La
regimentación suele llegar hasta a fijar horas para ciertas actividades, así como
límites a las zonas en que uno puede moverse libremente.

Como muestra de la eficacia preventiva de algunas reglamentaciones, podemos


citar los casos bolivianos en que el Estado de Sitio ha sido acompañado con
disposiciones que limitan el horario de funcionamiento de lugares de diversión, de
expendio de bebidas, etc. Los delitos de riñas y peleas, prostitución clandestina,
etc., disminuyen inmediatamente.

h) Asisten a la juventud y a los anormales. Los estados totalitarios no


descuidan a la juventud huérfana o mal vigilada por los padres. No sólo se crean
orfanatos, sino que las organizaciones juveniles toman al niño desde temprana

274
edad y ofrecen

275
un ambiente en que se educa para la disciplina. En cuanto a los anormales,
existen mayores posibilidades que en las democracias, de que sean retirados
preventivamente de la vida ordinaria, con un simple trámite administrativo.

Como un ejemplo de este descenso, podemos citar estadísticas referentes a la


Alemania nazi; abarcan la etapa inmediatamente anterior a la ascensión de Hitler y
a los primeros años de su gobierno (cuadro I).

CUADRO I

(Por 100.000 habitantes responsables, criminalmente condenados)

Media

DELITOS 1931/32 1933 1934 1936

Crímenes y delitos en

general 1.125 963 761 737

De ellos, la juventud 592 553 419 404

I. Contra el estado y
300 273 212 189
el orden público

II. Contra la persona 266 221 174 201

III. Contra la propiedad 556 476 372 344

IV. Funcionarios 3,6 3,8 3,4 3,2

Fuerza y amenazas con

tra los empleados 36 25 14 13

Perjurio (falso testimo-

nio) 4,6 5,6 5,2 3,8

Crímenes y delitos con

tra la moral 26 30 28 39

276
Asesinato 0,20 0,32 0,63 0,29

Homicidio 0,95 1,02 0.7 0,5

Aborto 8,1 7,6 9 6.8

Lesiones corporales
66 46 28 32
graves

Hurto leve 162 153 120 111

Hurto grave 49 49 30 26

Apropiación indebida 78 49 37 29

Atraco y exacción vio-

lenta 2,7 2,6 1,3 1,2

Exacción 2,3 2,5 1,9 1,8

Encubrimiento 20,3 21,2 15 12

Estafa 115 90 78 64

Falsificación de docu-
25 18 16 15
mentos

Daños materiales 21,5 14 8 9

Incendio doloso 1,3 1,4 1 0,9 (4)

Sin embargo, queda como contrapartida el incremento en los delitos políticos. Ello
se debe no sólo al hecho de que en los tiempos actuales el ansia de libertad es
invencible, sino a que se diclan toda clase de disposiciones con las cuales se
crean nuevos tipos delictivos, los que pueden ser aplicados generalmente por
analogía. Conductas que en un régimen democrático son lícitas por ser resultado
del lógico juego de intereses partidistas, son calificadas de traición, desacato o
sedición en un régimen dictatorial. Todo el nuevo orden es protegido con medidas
a veces draconianas.

277
278
La persona humana es desvalorizada; sus naturales derechos, desconocidos.
Sometida al estado, hasta la vida privada -que deja de existir como tal-, El
continuo temor de delaciones, malas interpretaciones, detenciones ante las cuales
no caben recursos legales de ninguna clase (5) crea un sistema de represiones
internas que concluyen o en anormalidades mentales, por causa de alguna tensión
insoportable, c en actos de violencia que son una sobrecompensación para el
miedo constante en que se vive.

Las propias estadísticas de delitos y de detenidos, suelen ser falsas, porque, sólo
incluyen a aquellos que han sido condenados por autoridades judiciales. Pero es
característico que en los estados dictatoriales, al lado del Derecho Penal
administrado por los jueces, se forme un derecho penal policial, cuyas sanciones
son aplicadas por las policías, a las que conceden una inmensa amplitud para
proceder en condiciones de "peligro social o político", sin temer la censura o
intervención de los tribunales ordinarioi. Los campos de concentración y de trabajo
forzado, es corriente que estén llenos de personas cuyo destino ha sido decidido
por la policía política, contra cuyas resoluciones no cabe recurso alguno. Otras
veces, ni siquiera existe un derecho penal administrativo: basta la mera costumbre
o el abuso de hecho que no puede ser contenido or las víctimas.

Esta intervención omnipotente trae por necesaria consecuencia la comisión de


delitos por los vigilantes y por los partidarios del gobierno; no existe ni la más
remota posibilidad de denunciar eficazmente los excesos que cometen y que se
resuelven muchas veces en lesiones, mutilaciones, violaciones y hasta muertes.
Pero, ¿quién denunciará a tal o cual guardia o al jefe de campo? Estos delitos -
que los hay a millares-, lo son desde el punto de vista del ordenamiento jurídico
aún de las dictaduras, pero escapan de las estadísticas. Como escapan todos los
delitos de funcionarios, sobre todo altos; por lo menos mientras otros más altos no
denuncien el caso.

Piénsese, por ejemplo, que en los últimos tiempos se ha denunciado la


"desaparición" de cerca de veinte mil personas sólo en el denominado Cono Sur
de Sud América. Naturalmente, tales delitos no quedan consignados en las

279
estadísticas ni sus autores son enjuiciados. Por lo demás, las autoridades no
brindan ninguna ayuda, no hacen ningún esfuerzo para que tales culpables sean
descubiertos.

El orden externo, impuesto por la tuerza y el temor, no trae por consecuencia la


aparición de una disciplina de hondo fundamento interno. Si aquella disciplina
falla, los deseos largo tiempo reprimidos explosionan como el agua largo tiempo
contenida por un dique; testigos las reacciones producidas en los países
dictatoriales, cuando el régimen cae.

La vida de continuo temor quita el sentido de responsabilidad personal o lo atenúa;


la formación de dicho sentido supone ejercicio de la libertad. De ahí la
delincuencia que se presenta, sobre todo en los jóvenes que, acostumbrados sólo
a obedecer y a ser llevados de la mano por las autoridades, no saben cómo actuar
cuando deben obrar por propia iniciativa. La enorme ola de delincuencia que se
presentó en los países dictatoriales al concluir la última guerra -y cuyas cifras
exactas o aproximadas probablemente nunca serán conocidas- ha sido una
prueba aleccionadora.

Dentro del proceso de desmoralización personal que se da en las dictaduras,


desempeña gran papel la adulación de los jefes -pese a las creencias internas de
cada uno- y la necesidad de someterse a los dictados del partido, inscribiéndose
obligadamente en él, para poder sobrevivir y para evitar ser víctima de abusos y
de represalias continuos.

A la luz de estas razones hay que examinar las estadísticas arriba mencionadas
sobre delitos comunes y al evaluar las que en-seguida se dan (cuadro II) sobre la
delincuencia política en el Tercer Reich.

CUADRO II

Número de delitos

DELITO 1932 1933

1. Crímenes y delitos contra el estado,

280
orden público, religión, en total 151.961 137.084

2. Alta traición, preparación a la alta

traición 230 1.698

3. Crímenes y delitos contra las órde-

nes del Presidente del Reich:

a) En la lucha de disturbios polí-


11.547 1.128
ticos, etc.

b) Contra el terror político 291 66

c) En defensa del pueblo y del es-

tado —.— 3.133

d) Contra la traición en el pueblo

alemán y las maquinaciones de


—.— 954
alta traición

e) Para la defensa de ataques insi-

diosos contra el gobierno de la

Revolución Nacional —.— 3.794 (6)

Este método, de comparar la delincuencia dentro de un mismo país, que atraviesa


por distintas etapas políticas, ofrece flanco a la crítica. Cada régimen se esfuerza
por ocultar las cifras que le sean desfavorables.

Lo mismo puede decirse cuando se trata de comparar la de-lincuencia en


regímenes imperantes en distintos países. Tampoco las estadísticas son
confiables y, a veces, ni existen. Hay países dictatoriales que hace tiempo arguyen
que han, poco menos, que eliminado la delincuencia; pero no proporcionan datos
probatorios.

281
Cuanto se ha dicho de los regímenes autoritarios se refiere, desde luego, a
auténticos sistemas, a algo orgánico que corresponde a ideologías bien
determinadas. No a los casos, frecuentes en América Latina y otras zonas
subdesarrolladas, en que no hay dictaduras sino simples tiranías personales o de
grupo, sin sistema ni ideología. Estos casos suelen combinar lo peor de todos los
regímenes políticos.

3.- DEMOCRACIA Y DELITO. Al revés de lo que sucede en las dictaduras, en la»


democracias aumentan los delitos comunes mientras disminuyen los políticos. Las
razones para esta inversión son deducibles en buena parte de las que se dieron
para explicar la delincuencia en los estados totalitarios. Sin embargo, pueden
agregarse algunas, que luego se enumeran, así como insistir, por la importancia
que tienen, en otras que el lector pudo inferir por sí mismo.

Podemos enunciar así las causas que provocan los caracteres del delito en las
democracias:

a) Libertad comercial e industrial, que provoca competencia la cual no siempre


es llevada por caminos legales; la ambición y el deseo de dominio llevan a guerras
verdaderas, de las que no quedan excluidos los medios violentos. La paulatina
eliminación de los más débiles da lugar a la constitución de trusts y carteles
generalmente prohibidos por ley; pero el poderío económico es muchas veces tal,
que posibilita el librar luchas contra el propio estado, buscando burlar sus leyes. El
ejemplo de la Standard Oil en los Estados Unidos, ofrece muchas enseñanzas a
este respecto.

b) Inestabilidad económica, que no puede ser controlada debidamente por las


reglamentaciones parciales dictadas, y que conduce a la aparición de crisis
periódicas, con sus fenómenos de pobreza, desocupación, migraciones, etc.

c) Inestabilidad social por las frecuentes luchas entre patronos y obreros, entre
sindicatos y empresas; estas contraposiciones dan lugar a la comisión de muy
variados delitos, que van desde la simple desobediencia a órtlenes legales, hasta
asesinatos y destracciones (7). Esta inestabilidad se debe en buena parte a que
en
282
las democracias liberales tienden a agrandarse las distancias que separan a las
distintas clases.

d) Poca vigilancia por los intereses del Estado, explicable donde predomina el
individualismo; por eso suelen cometerse defraudaciones y malversaciones en
mayor cantidad.

e) Corrupción administrativa, lo que ocasiona desconfianza del público en la


administración en general, pero especialmente en la de justicia y en la policía. En
gran parte, esta corrupción proviene de la altemabilidad en los puestos públicos;
cada político o funcionario echa mano de toda suerte de influencias y malos
manejos para lograr el apoyo inclusive de los criminales, para conservarse en el
puesto; se crea un verdadero sistema de do ut des, en que los políticos reciben
apoyo electoral a cambio de granjerias o impunidades (8).

Desde luego, también existe una corrupción administrativa en las dictaduras; pero
en éstas no se debe a la necesidad de asegurarse cargos ante elecciones en que
se juega todo, sino precisamente a la omnipotencia de los funcionarios que,
mientras cuentan con el apoyo de sus superiores, se creen impunes y cometen
toda clase de atropellos y exacciones; el dictador y sus secuaces suponen una
protección tan segura como la de los caciques políticos; pero en las democracias
nunca faltan críticas públicas.

f) Mayor inestabilidad política, consecuencia de las periódicas elecciones;


ellas suelen suponer cambios a veces grandes en las nuevas concepciones del
gobierno, en sus ideales, en sus objetivos prácticos y en sus medios.

g) Mayor inestabilidad jurídica, consecuencia de la anterior, pues cada


renovación supone un cambio en el régimen jurídico nacional. En este aspecto, las
dictaduras muestran mayor estabilidad.

h) Mayor agitación electoral, como fuente de delitos. En las dictaduras, las.


elecciones suponen una ratificación de lo que ha decidido el partido. En las
democracias las elecciones son realmente tales; de ahí las fuerzas que se

283
contraponen» a veces violentamente, por obtener el triunfo. Fraudes electorales,
cohechos, intimidaciones, están lejos de ser raros.

i) Libertad de expresión que da lugar a críticas, insultos, calumnias, etc., con su


secuela de juicios y de duelos (9), delitos que pueden darse por inexistentes en las
dictaduras, al menos por estas razones.

j) Descuido de las generaciones jóvenes, sobre las cuales las autoridades ejercen
una supervigilancia mucho menos estricta y a la cual suelen prestarse menos
atenciones, principalmente del tipo educativo, que en las dictaduras.

k) Garantías individuales a veces exageradas y que impiden o dificultan la


realización de una adecuada política criminal. Aquellas permiten que delincuentes
profesionales queden impunes en virtud de su habilidad. Por ejemplo, no ha
dejado de causar serias reflexiones del hecho de que un contrabandista y jefe de
asesinos tan notorio como Al Capone, terminara su vida en la cárcel condenado
por evasión de impuestos. Son esas garantías las que dificultan, principalmente, la
aplicación de medidas de seguridad en gran escala. Y las que se aplican siempre
han de tener en cuenta el principio in dubbio pro reo.

Pero los delitos políticos disminuyen; sobre todo aquéllos no vinculados con la
defensa del estado como tal (ejemplo, el de sedición o resistencia a las
autoridades), sino los creados en defensa de tal o cual partido o ideología. Las
actitudes, y no sólo ideas discrepantes y de oposición, existen, pero no se hallan
cubiertas por el Derecho Penal; con lo cual se da una causa formal que explica el
escaso número de este tipo de conductas.

La persona humana obtiene una valoración más alta, así como su libertad, en todo
lo que no dañe a la sociedad; este daño es concebido dentro de límites más
estrechos que en las dictaduras.

Las contrarias ideas políticas, sociales y económicas dan lugar a luchas de


propaganda o electorales que significan una salida legal para las propias ideas.

La vida se desarrolla dentro de una normalidad mayor porque no existe temor ante
abusos de las autoridades y, en todo caso, existen mecanismos legales para
284
recurrir

285
contra ellos. Estas razones son tanto más de tomar en cuenta, si el número de
delitos políticos en las democracias, se aproxima mucho a las estadísticas, pues
casi todos ellos son sentenciados por autoridades judiciales y van a parar a
aquéllas; las democracias no han engendrado un Derecho Penal Administrativo
comparable en extensión al de los países totalitarios (10) y (11).

(1) V.: Parmelee: Criminología, pág. 98.


(2) V.: Biología Criminal, pp. 197 -198.
(3) (Sobre las sanciones establecidas en los países dictatoriales, puede verse la obra de Ruiz Funes: Evonelóa del Delito Politíco,
pp. 251 - 312.
(4) afras consignadas por Exner, ob. cit, pág. 187.
(5) Es rasgo común que en los regímenes totalitarios exista un orden de garantías para el preso común, pero no para el político, el
cual se halla prácticamente indefenso frente al poder del estado. Aun en las apelaciones y ei sistema penitenciario, el reo común
resulta un privilegiado en relación con el político; para éste, los campos de concentración o los campamentos de trabajo
forzados o los lugares insalubres de confinamiento, con torturas materiales y mentales llenas del más exquisito refinamiento;
para aquél, las instituciones modelos, que pueden ser mostradas con orgullo a los visitantes propios y extraños y que son
alardes de técnica penitenciaria.
(6) Un profesor, refugiado hebreo que huyera de la Alemania nazi, al ser preguntado acerca de las diferencias entre una dictadura y
una democracia, se limitaba a comparar hechos de la vida cotidiana; decía: "Si aquí -país democrático-, alguien golpea a mi
puerta a hora desusada, mi familia siente fastidio, sobre todo si los golpes cortan el sueño; todos conjeturan: quizá un telegrama;
o el lechero que ha venido más temprano que de costumbre. En Alemania, apenas se oía el timbre en la noche, mi esposa y mis
hijos saltaban de la cama, se abrazaban a mis piernas, pálidos de terror y temblando; yo mismo estaba en iguales condiciones,
pese a mis antecedentes de oficial que en la primera guerra fue condecorado por su heroísmo. Al fin un vecino que quería una
aspirina. Pero la experiencia era suficiente para que no se durmiera el resto de la noche. Ahí tienen Uds. la diferencia entr e la
democracia y la dictadura".
(7) (6) Estadísticas consignadas por Exner, ob. cit., pág. 190. La tarea de aclarar conceptos ambiguos, como los de “ataques
insidiosos”, “defensa del pueblo y del estado”, corresponde al Derecho Penal, el que nos dirá que esa ambigüedad es
intencionada, para una visión de la tipificación del delito en los países totalitarios, puede verse: Ruiz Funes, ob. cit., pp. 167-250.
(8) V.: Tannenbaum: Crime and the Community, pp. 36 y ss.
(9) Para darse una idea de los extremos de podredumbre política a que puede llegarse en las democracias, V.: Id. id., especialmente
los capítulos V: "Política y Delito" y VI: "Política y Policía"; la descripción de los vicios democráticos es tan viva y franca como
sólo puede permitirse en una democracia. Barnés y Teeters insisten en Ias íntimas relaciones existentes entre la política
norteamericana, el gangsterismo y el vicio comercializado del cual aquél obtiene sus mejores ganancias, V.: New Horizons in
Criminology, pp. 65 - 76. Es más fácil que un rico entre en el reino de los cielos y no que un policía de una ciudad grande sea
honesto". (Id. id., pág. 258).
(10) Lo que las estadísticas digan al respecto, sin duda está muy por debajo de la realidad; los políticos aludidos se hallan tan
acostumbrados a la propaganda injuriosa que no reaccionan ante ella a menos que se trate de asuntos muy graves: la mayor
parte de estos delitos quedan así, impunes. Lo mismo dígase de los duelos: la mayor parte de las legislaciones consideran
que tales conductas son delictivas; pero nadie se preocupa de llevarlas ante los tribunales, porque hoy se han convertido en
luchas inofensivas.
(11) Por desgracia, en los últimos años, también los regímenes democráticos han comenzado a dar impulso a este Derecho Penal
Administrativo, generalmente sujeto a lo que digan autoridades policiarias o especiales; ante estas aberraciones, poco pueden
aplicarse las garantías procesales consignadas en el derecho común.
(12) Para todo este capítulo consúltese, sobre todo, Exner, ob. cit., pp. 183 - 202.

286
CAPÍTULO OCTAVO

GUERRAS Y REVOLUCIONES

1.- ALTERACIONES SOCIALES EN EL ESTADO DE GUERRA. La lucha armada


entre dos o más estados, que recibe el nombre de guerra, causa profundas
alteraciones en la marcha normal de la sociedad. Los factores capaces de
impulsar al delito varían no sólo en relación con los tiempos de paz, sino también
Kgún sean las etapas de guerra.

Para juzgar adecuadamente la delincuencia en estos períodos excepcionales, es


preciso tomar en cuenta varías consideraciones.

La guerra supone un cambio total de la actitud del hombre frente a grandes grupos
de sus semejantes. La civilización implica un proceso de inhibición del odio y de
sus manifestaciones violentas; aquél, cuando existe, halla vías de salida
compensatorias que no atentan contra la integridad física o la vida del adversario:
por lo menos, si se producen estas conductas ellas son censuradas por la
comunidad y castigadas por los tribunales. En cambio, durante la guerra, el odiar
se convierte en un deber patriótico; el matar es un recurso necesario y si se realiza
en gran escala puede convertirse en causa de fama; el que se niega a odiar
merece el ca-lificativo de débil o cobarde; el que rehusa matar es fusilado por
traidor. Así, los daños por los cuales normalmente se iría a la cárcel, en la guerra
merecen alabanzas. Todos se horrorizan si uh hombre mata a cinco personas o
dinamita una casa en tiempo de paz; pero está dispuesto a aplaudirlo si aniquila a
un batallón, incendia una fábrica o desmenuza una ciudad del enemigo. En otras
palabras, la guerra se basa en la creación de hábitos total-mente contrarios a los
propios de la vida normal en sociedad.

La civilización también ha significado el mayor respeto por la persona humana


frente a los intereses del grupo y la constitución de una escala racional de valores;
la guerra los altera y tiende a mecanizar a los hombres y mujeres, sometiéndolos a
una disciplina externa que es difícil de soportar por largo tiempo.

287
Lo anterior es tanto más digno de ser destacado hoy, cuando la guerra no alcanza
sólo a pequeños ejércitos nacionales. Ahora, el frente absorbe a millones de
hombres en lo mejor de la edad, los que abandonan familia y bienes. La
retaguardia participa en el esfuerzo bélico, no sólo porque contribuye a sostenerlo
mediante la fabricación de armas y municiones, sino porque los ataques del
enemigo se extienden a las ciudades e industrias que son como el nervio impulsor
de las actividades en el frente de batalla. La existencia de tales industrias, capaces
de muniF de recursos a los ejércitos por largo tiempo, la constitución de reservas
adiestradas que abarcan a millones de hombres, causan la prolongación de las
guerras por años, inclusive cuando las fuerzas de los contendientes, son
desproporcionados entre sí.

La creación de industrias bélicas, de centros de adiestramiento militar y de


embarque, los traslados de tropas y la evacuación de lugares peligrosos,
ocasionan olas migratorias que involucran a grandes sectores de la población, los
cuales, una vez concluida la guerra, tienen que volver a su lugar de origen,
ocasionando nuevas olas migratorias.

La economía queda trastornada pues debe colocarse al servicio del esfuerzo


guerrero; se dejan de fabricar productos de paz; los puestos de los movilizados
son llenados por mujeres, ancianos y adolescentes. Eso no sólo causa
alteraciones durante la guerra, sino principalmente en la etapa de readaptación
postbélica. Los salarios se elevan, pero por escasez de mano de obra; cosa que
suele alterarse al producirse la desmovilización.

En momentos tan irregulares, no es posible pedir gran exactitud a las estadísticas


en las cuales no ingresan, desde luego, los innumerables delitos cometidos por las
fuerzas armadas o dentro de ellas, ya sea contra el enemigo o contra los propios.
Las únicas que podrán servirnos de guía, son las estadísticas referentes a los
delitos cometidos por los civiles y contra las disposiciones penales corrientes (1).

2.- FLUCTUACIONES DE LA DELINCUENCIA DURANTE LA GUERRA.


Observaciones que se han llevado a cabo ya por más de un siglo y que se han
tornado más detalladas en la primera y segunda guerras mundiales, han mostrado

288
que en general, la delincuencia sigue las mismas lineas en cuanto a fluctuaciones
cuantitativas y tipos de delitos. Sin embargo, hay algunas variaciones. Hay que
tener en cuenta, además, que las estadísticas pueden contener muchos errores
debidos a las más variadas causas; por ejemplo, a que los policías son
movilizados y, por tanto, se descubren menos delitos, o a que surgen ambientes
de gran tolerancia o intolerancia respecto a tales o cuales delitos.

Léauté ha hecho notar que la gráfica de la evolución cuan-titativa de la


delincuencia tiene la forma de una "V" mayúscula (2). Se parte de un determinado
nivel de preguerra, al comenzar la guerra hay un descenso considerable, pero
luego un alza continua que puede llevar y muchas veces ha llevado, a que el
brazo derecho de la "V" sea más alto que el del izquierdo o del comienzo de las
actividades bélicas. Esta alza se da principalmente en la delincuencia juvenil,
luego, en la femenina y, en menor proporción, en la de los ancianos o personal no
movilizado.

Al iniciar la guerra, la delincuencia disminuye notoriamente. Ello se debe a que la


movilización retira de la circulación a muchos delincuentes profesionales o
simplemente reincidentes y habituales, al mismo tiempo que arrastra a la
población masculina precisamente en los períodos vitales en que muestra mayor
inclinación al delito. Existe un gran entusiasmo que unifica al país y ahoga los
sentimientos egoístas. La situación económica no ha desmejorado, sino todo lo
contrario: existen aún artículos de primera necesidad en cantidad suficiente, las
destrucciones no son grandes, las industrias de guerra crean un auge económico
representado por altos salarios y por la absorción de todos los desocupados.
Inclusive mujeres y adolescentes participan del auge, porque son llamados a
reemplazar a obreros y empleados movilizados; por su parte, éstos tienen
asegurada la satisfacción de sus principales necesidades. Lo que se ha tenido que
padecer aún no es tanto como para que las perturbaciones mentales aparezcan
en cantidades mayores que en tiempo de paz.

Pero el tiempo pasa y poco a poco el desánimo cunde en los sectores menos
resistentes de la población: primero entre los niños y adolescentes y luego entre
las mujeres. Los primeros ven a su hogar desquiciado, tienen que ser iniciados
289
en el

290
trabajo prematuramente y son más afectados por la propaganda bélica. Si sus
hogares son bombardeados, sufren graves shocks nerviosos. Las industrias son
destruidas o transformadas para la producción de guerra con lo cual escasean los
artículos de consumo civil; las mujeres tienen que conseguirlos para mantener al
hogar y eso las lleva a cometer actos ilegales.

Por su parte, todo sistema de racionamiento hace aparecer enseguida un mercado


negro, con su secuela de falsificaciones de cupos, corrupción de funcionarios
públicos, primeras protestas contra aquellos a quienes se consideran
privilegiados, etc.

Se firman contratos para el aprovisionamiento de armas, mu-niciones y alimentos


o ropa para los soldados; ellos son rápidos medios de enriquecimiento -que, al ser
notado por el pueblo, incide contra el entusiasmo guerrero del mismo- a través de
compra - venta de influencias y, a veces, de graves delitos porque las provisiones
implican no sólo estafas económicas, sino peligro para los propios soldados y las
operaciones que llevan a cabo (3).

Los obreros, especializados o no, tienen que trasladarse a los lugares donde
funcionan las industrias privilegiadas det momento, lo que ocasiona gigantescas
migraciones.

Comienzan a aparecer las primeras influencias de la guerra en las anormalidades


mentales; ellas se extienden a la población civil que vive bajo la continua presión
de la propaganda, cuando no de los bombardeos enemigos.

Algunos meses más y surgirán los primevos síntomas de des-aliento. La crisis de


artículos agrava los delitos anteriores. Niños y jóvenes llegan a dar cifras altísimas
de delincuencia. Las mujeres y funcionarios se ven cada vez más tentados a ella.
Los mejores optan por la política de resistir resignadamente a los sacrificios
impuestos. Crece el número de enfermos mentales. La inseguridad por el mañana,
inclusive por si se vivirá o no para verlo; las largas abstenciones sexuales en los
soldados, la continua propaganda sobre sus sacrificios, lleva a muchas mujeres,
sobre todo jóvenes, a contribuir con su pudor al esfuerzo bélico; de ahí el aumento

291
de delitos sexuales (4), de los cuales, dado el espíritu del momento, llegan a las
estadísticas, por haber sido denunciados y condenados, una proporción menor a
la de los tiempos de paz, que ya es baja. La desmoralización general cunde por
los numerosos casos de adulterio.

Después de años de soportar la tensión, el escepticismo cunde; las destrucciones


y muertes son cada vez más numerosas; la crisis de artículos de consumo se
agudiza; el patriotismo te resquebraja poco a poco y aparece la necesidad de
reprimir fuertemente el desaliento: fusilamientos y encarcelamientos están a la
orden del día. Se ejerce cada vez menos vigilancia sobre la juventud y los
funcionarios corrompidos. En los países que llevan las de perder, surgen los
primeros conatos de revolución. La retaguardia se llena de mutilados y de
anormales mentales. Luego viene la distensión, en los últimos momentos de la
lucha.

El retorno a la paz, suele no ser tal. Si bien han cesado los combates, los hombres
que han vivido por años en un ambiente de odio y violencia, tienen dificultad para
cambiar de la noche a (a mañana su actitud mental para readaptarse a la sociedad
normal (5).

En los países vencidos hay revoluciones, cambios de gobierno, desorden y


amargura. En los vencedores, desilusión ante los resultados conseguidos, siempre
menores que los que se esperaban.

Hay Una violenta crisis por la readaptación de la producción; las industrias


prescinden de sus obreros muy jóvenes y de las mujeres, para reacomodar a sus
trabajadores que vuelven del frente. Las familias quedan truncas en gran escala.
Se producen gigantescos movimientos migratorios de retorno al lugar de origen;
migraciones que ya no tienen como perspectiva los altos salarios y la ocupación
segura, sino el paro y la miseria. Aun en los países vencedores hay fenómenos de
inflación y de trastornos sociales; esos síntomas se dan centuplicados en los
vencidos.

292
Los frentes de combate y la abolición de los frenos en la población civil,
desencadenan olas de delincuencia, en parte por las condiciones sociales
alteradas; en parte, porque son reintegrados a la circulación los delincuentes
profesionales que fueran retirados de ella al comenzar la guerra; en parte, porque
las anomalías mentales han aumentado en el seno de la población (6).

Es preciso, sin embargo, dar, de manera general, más importancia a los factores
sociales, en los cambios cuantitativos y cualitativos que la guerra produce. Hay
autores que se inclinan a hacer resaltar, entre tales factores ambientales, a los
económicos (7); otras, insisten especialmente en los familiares.

Ya Exner vio que la guerra puede dividirse en varios períodos distintos:


refiriéndose a la guerra de 1914 -18 consideró que, desde el punto de vista
criminológico podía dividirse en cuatro etapas: "la época del entusiasmo patriótico,
en el otoño de 1914, con su descenso de la criminalidad conjunta; la época del
cumplimiento del deber y del ‘resistir’, con iniciaciones de desmayo en la juventud;
la época del cansancio y fatiga, con su tendencia al empeoramiento y con los
primeros relámpagos del movimiento de insurrección, en alza continua; la época
del derrumbamiento político y militar, con la catástrofe económica que sigue a ello,
época en la que se inicia una ola gigantesca de criminalidad hasta la estabilización
de la moneda" (8).

El esquema de clasificación dado por el autor germano puede ser utilizado para
casi todas las guerras, mutatis mutandis. Puede aplicarse, con los retoques
necesarios, inclusive a los países vencedores.

Las causas anteriormente expuestas, con su distinto peso según el momento de


que se trate, ocasionan las variantes estadísticas propias de la guerra en cuanto al
número y calidad de los delitos y de los delincuentes. Vamos a dar algunas de
esas estadísticas no sin antes volver a recordar que, en realidad, los delitos
aumentan más de lo que dicen las estadísticas; escapan a éstas los soldados que
cometen delitos comunes y no son sancionados; los delitos militares. Las policías
y los jueces relajan su severidad hacia los delitos comunes para centrarla en los
que pueden dificultar la buena marcha de la guerra (9).

293
Podemos comenzar con el cuadro 1, referente a la delincuencia alemana de la
primera guerra mundial.

CRIMINALIDAD EN LA GUERRA DE LOS EXENTOS DEL SERVICIO

(Sin transgresiones contra las prescripciones de guerra)

DELITO 1912/13 1914 1915 1916 1917

media

I. La Juventud

Crímenes y de

litos en general 54.565 46.902 63.127 80.402 95.701

Resistencia 365 284 261 329 320

Delitos contra la

Moral 1.388 1.346 1.168 1.126 786

Lesiones corpora-

les graves 6.682 5.680 5.134 5.543 4.400

Hurto leve 22.996 14.544 29.271 36.493 44.806

Encubrimiento
1.449 1.295 2.410 3.027 4.185
leve

Estafa 1.786 1.488 1.720 2.496 2.828

Delitos de los fun-

cionarios 10 13 276 450 443

II. Las mujeres

Crímenes y deli-
90.058 77.870 75.397 86.400 102.808
tos en general

294
Resistencia 1.047 943 986 1.224 1.256

Delitos contra la
3.017 3.123 2.524 2.431 1.699
moral ....

Lesiones corpora-
7.106 6.107 6.454 7.107 6.189
les graves ...

Hurto leve ... 19.185 16.572 21.176 25.453 37.735

Encubrimiento

leve 2.419 2.195 3.054 4.862 7.734

Estafa 3.824 3.461 3.563 4.371 4.774

Delitos de los fun-


43 45 67 162 409
cionarios…

III. Hombres de

más de 50 años

Crímenes y deli-
36.954 32.113 27.418 28.045 25.346
tos en general

Resistencia… 1.055 1.032 881 658 550

Delitos contra la

Moral… 1.530 1.054 980 862 438

Lesiones corpora-

les graves… 4.333 3.714 3.379 3.340 2.718

Hurto leve 2.804 2.353 3.017 3.540 4.656

Encubrimiento
499 239 633 945 1.370
leve

295
Estafa 1.319 1.224 949 1.024 857

Delitos de los fun-


118 109 128 217 296 (10)
cionarios…

Antes de seguir adelante, se pueden hacer dos observaciones a las cifras


anteriores. La primera toca a los delitos contra la moral, que aparentemente
disminuyen mucho en cantidad; es muy probable que ello se deba a que la
especial moral existente en tiempo de guerra torna más tolerante a la gente en
este aspecto, siendo denunciados y condenados menos actos de este tipo. La
segunda se refiere B tos delitos propios de funcionarios; el aumento de ellos, en
las categorías correspondientes a la juventud, las mujeres y los mayores de 50
años, no depende sólo de que existen mayores Agitaciones, sino de que esos tres
sectores de población contribuyen entonces con mayor porcentaje de funcionarios.

El movimiento de la criminalidad general, siguió las mismas líneas en otros países


europeos, según puede notarse por las siguientes estadísticas, en las cuales el
número índice 100 corresponde a 1913.

Año Inglaterra Francia

1913 100 100

1914 90 67

1915 80 53

1916 81 59

1917 90 68

1918 88 83

1919 88 95

1920 102 98 (11)

296
En la segunda guerra mundial, se ha notado un alza más rápida y aguda después
del descenso inicial. En general, los índices de la preguerra habían sido superadas
al mediar la guerra (12).

3.- DELINCUENCIA INFANTIL Y JUVENIL. Un capítulo que merece lugar aparte


es el de la delincuencia infantil y juvenil. Es la que más pronto vuelve a los niveles
de paz, para luego superarlos ampliamente, dejando muy atrás a la delincuencia
de los otros grupos de población. Si eso ya se hizo evidente en la primera guerra
mundial, el fenómeno resultó mucho más desolador durante la última, por las
especiales características que asumieron las operaciones bélicas, los bombardeos
y la participación de la población civil en el esfuerzo industrial.

Para el año 1943, la delincuencia juvenil femenina en los Estados Unidos subió,
en cifras generales, en un 57,4% siendo el incremento más notable en delitos
contra la propiedad y contra la moral; en este último tipo delictivo, el aumento llegó
al 69,9%. Tomado el incremento medio de varones y mujeres menores de 17
años, aquél fue del 19,9% (13).

A continuación, damos las cifras de delincuencia infantil en los cinco barrios de


Nueva York; las últimas cifras de la derecha se refieren a los cinco primeros
meses de 1944; las otras dos columnas reproducen la criminalidad por igual
período en los años anteriores:

BARRIO 1942 1943 1944

Manhattan 761 955 1.027

Brooklyn 752 962 1.020

Bronx 358 577 615

Queens 233 331 353

Richmond 58 72 51

TOTALES 2.162 2.897 3.066(14)

297
En Inglaterra y Gales, en 1939, el número de delincuentes entre ocho y dieciséis
años, llegó al total de 30.543; para 1942, tal cifra se elevó a 38.181, o sea un
aumento del 25%. Si se toma a los menores de 17 años, en Inglaterra hubo un
incremento del 41% (15).

Las razones que se han dado para estos aumentos, estan relacionadas con las
condiciones que provoca la guerra.

En primer lugar, se halla el desplazamiento de las poblaciones. Ello sucede no


sólo porque tienen que acompañar a sus padres en las migraciones ocasionadas
por el surgir de algunas industrias y la paralización de otras, sino porque cuando
los niños habitan en ciudades sujetas a peligros de bombardeos u otros similares,
son evacuados en grandes cantidades. La evacuación provoca tipos especiales de
reacciones; se rompen las relaciones normales con la familia, lo que causa
traumas psíquicos; los niños experimentan incomodidades internas porque caen
en casas de asflo u hogares de distinta situación social, lo que implica la
necesidad de adaptación a nuevos cánones de conducta, adaptación que no
siempre es posible o querida; a ello hay que agregar la inestabilidad emocional
derivada de las relaciones con los nuevos "padres" y "hermanos" en el hogar que
recibe a los evacuados (16).

El hogar se encuentra relajado y destruido; el padre, en las fuerzas armadas y la


madre, en las fábricas. Esto acarrea la falta de vigilancia y de control,
precisamente en momentos en que otras agencias educativas reducen sus
actividades, como sucede con las escuelas, cuyos profesores van también a las
fuerzas armadas o a las auxiliares. "La desintegración de la familia provocada por
la guerra, priva al niño de la atmósfera natural necesaria para sil desarrollo mental
y emocional" (17).

Pero, aunque la familia se conserve unida, por excepción, la vigilancia y la


disciplina se relajan. Existe entre los padres y entre los profesores y las
autoridades, el criterio de que es necesario pasar por alto algunas faltas de niños y
jóvenes, las que en tiempos normales hubieran ocasionado reacciones
disciplinarias. De ahí esa sensación de libertad de que gozan en la guerra todos

298
los menores y que generalmente no usan bien, por carecer de la formación
adecuada.

299
Las escenas de destrucción y de muerte ya no se reducen a los campos de
batalla; los menores tienen que asistir a derrumbas, incendios, mutilaciones,
muertes lo que no sólo ocasiona una excitación nerviosa exagerada para
organismos no totalmente formados, sino que provoca estados de angustia y
desequilibrios emocionales de variada especie (18).

La ausencia de vigilancia, la relajación disciplinaria y el uso indebido de la libertad


dan sus peores resultados cuando el ado-lescente es ocupado en las labores de
guerra. Eso es frecuente por la movilización de los adultos; aquéllos, entonces, no
sólo poseen libertad, sino medios económicos muy superiores a los normales y, no
sabiendo en qué manera normal invertirlos, y alentados por el relajamiento moral
propio de estos períodos, buscan una vida alegre, llena de emociones prematuras,
en que el sexo, el alcohol y las drogas desempeñan un gran papel. La situación es
tanto mas propicia, por cuanto los centros usuales de diversión y pasatiempos:
teatros, estadios, parques, etc., se hallan cerrados o dedicados a otros fines.

Además, la propaganda de guerra, con sus prédicas de odio y de intolerancia, de


vida fácil y de culto al héroe, deforman la mentalidad juvenil y crean nuevas
barreras para reintegrarse a la vida de paz.

Hay todavía otras razones que podrían apuntarse. Por ejemplo, la destrucción de
habitaciones por los bombardeos, así como la acumulación de población en
ciertas ciudades, ocasionan fatalmente promiscuidad; la misma situación se da en
la vida de los refugios, donde hay ocasiones para llevar a cabo o iniciar actos de
pequeños hurtos o contra la moral; lo mismo puede decirse de los oscurecimientos
(19).

4.- LAS REVOLUCIONES. Otro fenómeno, que interfiere la marcha normal de la


sociedad, es la revolución.

Estas alteraciones sociales llamaron la atención desde hace tiempo por sus
relaciones con el delito.

En principio, toda revolución es un delito, prefigurado como tal en las


disposiciones penales. Pero ya desde hace tiempo se vio que el problema no era

300
tan fácil, como no lo es en todos los actos que son, de manera general,
calificados como delitos

301
políticos. En estos, parece existir una relatividad tal, que el definirlos de manera
exacta ha sido siempre un problema para los penalistas

Ya Lombroso intentó poner orden en estos problemas (20). Para él y para Laschi,
el espíritu humano está transido de misoneísmo, de odio a las innovaciones en
todo orden, incluyendo al político (21); el filoneísmo no es sino una excepción. Por
eso, las sediciones y revueltas son delitos que chocan contra la sociedad. Pero los
autores hacen una distinción entre lo que es revolución y lo que es una revuelta o
sedición; la primera no es sino el último momento de una larga evolución social a
cuyas necesidades responde, es como el nacimiento después de la gestación; la
segunda es una mera alteración del orden que no corresponde a las bases
sociales del momento; es una anormalidad en la marcha de la sociedad, mientras
la revolución no es sino evolución acelerada (22); por eso, la revolución no es
delito, mientras la revuelta lo es (23).

En cuanto a las condiciones que llevan a las revoluciones, los autores


consideraron que el frío y el calor excesivos disminuían su número, el que era
aumentado por el calor moderado (25).

Por eso, si bien existen causas concurrentes, el mayor número de sediciones se


da en los mess cálidos y el menor, en los fríos (26). También se nota la influencia
de la raza: los dolicocéfalos y los rubios son los más revolucionarios (27). En lo
que toca a la edad, la juventud es más inclinada a las sediciones que a las
revoluciones auténticas (28). Las mujeres participan poco en las revoluciones
geniales, a menos que sean de tipo religioso; pero sí participan mucho en las
revueltas, en las cuales se distinguen por su exageración y violencia (29).
Lombroso y Laschi hicieron notar
-y en ello aciertan- que los estallidos revolucionarios dan lugar a muchos arrebatos
pasionales, para bien o para mal, para crear mártires o asesinos (30); en las
revoluciones auténticas intervienen poco los criminales natos, pero sí en las
sediciones, donde suelen ser los más exagerados y los que a veces ilevan la voz
cantante (31). Trataron de llevar al estudio de las revoluciones la clasificación de
los criminales, en general, que ya dejamos consignada al tratar de Lombroso.

302
Este estudio adolece de los mismos errores que señalamos en su lugar a la
doctrina lombrosiana en general; no es el menor de ellos, el haber prescindido de
la valoración jurídica, lo que obliga al autor a hacer consideraciones que a nada
conducen, en lo penal o criminológico, como sucede con su distinción entre
revolución y sedición (32). Sus conclusiones acerca de la mayor tendencia a la
evolución progresiva de nibios y dolicocéfalos son alcanzadas por caminos llenos
de sutilezas y con datos que no son imparcialmente manejados. Y así puede
seguirse con un análisis que nos llevaría a la conclusión de que Lombroso
tampoco en este sector alcanzó el éxito que esperaba.

Gómez considera que las revoluciones, la delincuencia político - social, en


general, se deben fundamentalmente a causas sociales cambiantes (33) aunque
también atribuye importancia a causas individuales, tales como la edad, el sexo, la
raza, etc. (34). Pero no hace ningún aporte real a la Criminología.

En verdad, desde nuestro punto de vista, no tiene objeto el tratar de las causas de
las revoluciones como delitos, pues tales causas no son distintas a las que
arrastran a otras conductas delictivas. Si se tiene en cuenta cómo operan tales
factores y, principalmente, la psicología de las multitudes y de las asociaciones
organizadas, se tendrán los datos necesarios para comprender las revoluciones.
En cambio, sí es preciso dedicar algunas líneas a las revoluciones como causas
de delito.

En primer lugar, debemos recordar que la revolución es un factor de desorden


político, de inestabilidad social y de alteración de la marcha normal de la
colectividad. Si los cambios de gobierno y de tendencias son frecuentes, se crea
un gran escepticismo que no puede actuar como fuerza social positiva. En este
caso, habrá que pensar también en el trastorno de la administración pública y en
la desmoralización de los funcionarios; éstos no se sienten seguros en sus
puestos, por lo cual se inclinan al cohecho o a otras formas de asegurarse el
porvenir; o tendrán que acallar su conciencia y sus opiniones para cambiar de
color político cada dos o tres años, buscando así el conservar el puesto. En pocos
sectores la inestabilidad es tan perjudicial como en el ramo judicial, pues, para
justificar las destituciones, se calumnia e insulta, lo que crea desconfianza hacia la
303
magistratura

304
y la dependencia de ésta en relación con quienes pueden influir en el reparto de
cargos.

Pocas veces los cambios revolucionarios se dan sin luchas sangrientas. Durante
ellas, hay gente que sacia sus más hondos deseos de destrucción y de saqueo o
que, simplemente, en la exacerbación del momento halla incentivo para vencer los
débiles frenos de una naturaleza mal inclinada que en tiempos normales podía ser
contenida dentro del respeto a la ley.

Se producen muertes, incendios, robos, sin la menor conexión con el triunfo de la


revolución. Los malhechores carecen de vigilancia y, a veces, hasta sus excesos
son aplaudidos como muestras "de heroísmo o de pureza revolucionaria (35).

El delito político ocasiona muchos delitos comunes a los cuales ampara o sume en
el anonimato. De ahí por qué, con la esperanza de la impunidad, sean los
criminales habituales y profesionales, los más activos y visibles en las
perturbaciones sociales.

(1) Para un análisis de estas alteraciones, v.: Hentig. Criminología, pp. 391-404 y Ruiz Funes; Conferencias, pp. 176-
177.
(2) V.: Léauté: Criminologie et Science Pénitenciare, pág. 210.
(3) Pueden verse datos en Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pp. 52-53.
(4) V.: Ruiz Funes: Conferencias, pp. 185 -186.
(5) "Sabemos poco de la psicología y de la sociología del odio. En la evolución humana, el odio se ha desvanecido
gradualmente hasta el punto que sólo sirve para raras emergencias. Pero el mecanismo existe todavía y puede
ser puesto en función. Con permiso oficial e incitación a odiar, volvemos con fruición a nuestro pasado espiritual.
Los que están más próximos a las etapas pasadas de desenvolvimiento mental vuelven a caer en ellas antes y
permanecen así más tiempo. El odio tiene tendencia a hastiarse de los objetos gastados y pedir estímulos cada
vez más fuertes, como una droga. Cuando ha pasado la guerra y no quedan enemigos a quienes odiar,
comenzamos a odiar a algún otro. Ese es el momento de iniciar una cura de odio por la retirada; pero los hombres
de estado temen los síntomas de la abstinencia y no se ha desarrollado todavía una técnica para reducir las dosis
diarias de la droga mental. Resultan de ese estado de cosas la intranquilidad interior y los movimientos
revolucionarios. Uno de los efectos menores es la desorganización social. "Otro efecto de la guerra -escribió un
juez-, fue la amplia diseminación del odio. Para fines de conveniencia, fue creado el odio y alimentado
cuidadosamente contra el enemigo. Los seres humanos, encerrados en el odio, no tuvieron dificultad para dirigir
luego esa emoción a los que tenían más cerca" ". Hentig: Criminología, pág. 396.
(6) Para las influencias que cambian en la guerra a los civiles y militares, puede verse: Mira y López: Psiquiatría en la
Guerra; especialmente las pp. 25 - 31. En cuanto a las psiconeurosis, los factores que a ellas conducen y sus
características entre los civiles y militares, extensamente en Gillespie: Efectos Psicológicos de la Guerra en los
Civiles y en los Militares, pp. 152 - 174.
(7) Así, por ejemplo, Pannelee: Criminología, pág. 108. Para Mez- ger, entre las causas de la delincuencia en estos
períodos, "el peso decisivo yace en el momento económico"; Criminología, pág. 214.
(8) Resumen de Mezger: ob. cit., pág. 213.
(9) Sobre este problema: Bonger: Introducción a la Criminología; pág. 170.
(10) Cifras Consignadas por Hentig, ob. cit., pág. 405
(11) Barnes y teeters, ob. Cit., pp. 981-982.
(12) V.: Leaute, ob. Cit., pp. 254-270.
(13) Datos consignados en Abrahamsen: Delito y Psique; pág. 199.
(14) Id. id., pág. 200
(15) Para un estudio detallado de los fenómenos experimentados por la evacuación, v.: Freud (Ana) y Burlinghan: La
Guerra y los niños, pp. 37-60; allí se dan casos concretos.
(16) Id. Id., pág. 10; sobre la influencia de la familia, v.: pp. 13-
305
17. (17) V.: Id. Id., p. 25-35.

306
(18) Sobre las causas del incremento de la delincuencia infantil y juvenil fuera de las fuentes citadas, pueden verse:
Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 119 -120; Tappan: Juvenlle DeUnqaeocy, pp. 154 - 158; Neumeyer: Juvenlle
Delinqaency in Modera So ciety, pp. 46 - 51 y 152 - 154; Carr - Saunders, Mannheim y Rhodes: Yonng Offenders,
pp. 12 -17.
(19) Puede verse, como excelente resumen: Eusebio Gómez: Delincuencia Político - Social.
(20) V.; Lombroso y Laschi: Le Crime Poiitique el les
Révotnttons. (21) Ob. cit., T. I., pp. 1 - 35.
(22) Ob. cit., T. I., pág. 49.
(23) Ob. cit., T. I., pág. 55.
(24) Ob. cit., T. I., pp. 60 66.
(25) Ibídem, T. I., pp. 68 - 78. Lombroso admite que existen algunas pocas excepciones; entre ellas podríamos señalar
a nuestro país.
(26) Ibídem, T. I., pp. 130 - 135.
(27) V.: Ibídem, T. II., pág. 29.
(28) V.: Ibídem, T, II., pp. 5 - 21.
(29) V.: Ibídem, T. I., pp. 171, 181 y 194.
(30) V.: Ibídem, T. II., pp. 42 y ss.
(31) Por ejemplo, acude a principios puramente naturales para determinar lo que es delito político, al que define así:
"todo atentado contra el misoneísmo político, religioso, social, etc., de la mayoría, contra el orden gubernativo que
de ello resulta y de las personas que son sus representantes oficiales"; ibídem, T. I, pág. 58.
(32) V.: Ob. Cit., pág. 11.
(33) V.: Idem, pp. 12-13.
(34) Los casos bolivianos que podrían citarse, llenarían volúmenes. En la revolución de 1930 la casa del presidente
depuesto y de sus más conspicuos colaboradores y partidarios fueron asaltadas con objeto de robo: largas filas
de 'revolucionarios salían de las casas, con todo lo que podían cargar. En 1943, la casa del presidente depuesto
fue destruida y saqueada; toda una biblioteca de obras históricas valiosas fue distribuida entre las personas que
asistieron al hecho. A raíz de la revolución del 21 de julio de 1946, los excesos fueron numerosos: destrucción e
incendio da muebles y casas de los depuestos. En la Plaza Murillo, a las seis de la tarde, pasada ya toda
actividad armada hacía horas, una persona, reconocida como delincuente común, ametralló a un agente policial
civil por el cual había sido arrestado en otras épocas; en una de las calles adyacentes se acusó a un joven de ser
militar vestido de civil; bastó eso para que se le ordenara ponerse contra una pared para ser fusilado; no fue
matado, pero una de las balas le atravesó una pierna. Esto para no hablar de hechos públicos que se
transmitieron a todas partes.

307
CAPÍTULO NOVENO

ASOCIACIONES CRIMINALES

1.- IMPORTANCIA DE LAS ASOCIACIONES CRIMINALES. La importancia de las


asociaciones criminales es evidente, sobre todo hoy cuando las grandes
compañías industriales y comerciales legales parecen tener un exacto paralelo en
los grupos que se dedican a las actividades delictivas.

Los estudios científicos sobre los fundamentos sociales y psí-quicos de este


fenómeno no se realizaron sino a partir de fines del siglo pasado y comienzos del
presente. Fue notoria la influencia ejercida sobre estos estudios por la escuela
positiva.

Hay que anotar no sólo la existencia de grupos criminales sino la importancia que
tiene, para llegar a ellos o mantenerse alejado de ellos, la elección, relativamente
tibie, de las asociaciones a que uno ha de pertenecer: grupo de amigos, clubes,
centros de diversión y otras asociaciones del más diverso tipo, entre las cuales se
hallan las criminales o antisociales. Hay, por ejemplo, bandas, especialmente
juveniles, dedicadas a que sus miembros hallen facilidades para drogarse o beber
alcohol.

El fenómeno de las asociaciones criminales es principalmente urbano, aunque no


faltan casos rurales. Por ejemplo, la mafia fue inicialmente un fenómeno
campesino; entre nosotros, en los últimos tiempos, son numerosos los casos en
que los campesinos se han dedicado a la elaboración de cocaína.

En cuanto a las investigaciones acerca de la delincuencia asociada, aún hoy


sirven las llevadas a cabo por EscipiótrSighele, secuaz de la escuela positivista a
la cual hizo contribuciones quizá de menor vuelo que las de Lombroso, pero
seguramente más sólidas en sus fundamentos empíricos. Sighele fue continuado
por otros autores y el tema por él tan brillantemente iniciado, ha suscitado cada
vez mayor interés porque se ha podido comprobar que la delincuencia asociada es
mucho mayor, en número y gravedad, que la llevada a cabo por criminales
aislados; sin exagerar podemos decir que el delincuente que opera solo es hoy

308
una verdadera

309
excepción que sólo se presenta con alguna frecuencia en ciertos delitos, por
ejemplo, los pasionales.

Aun el delincuente que actúa solo suele necesitar luego de un encubridor, de


alguien que coloque los objetos del delito, etc.

Hay algunos hechos que vale la pena anotar en relación con la delincuencia
asociada. Por ejemplo, son relativamente escasas las bandas o sectas integradas
exclusivamente por mujeres, aunque abundan las constituidas exclusivamente por
hombres. Hay mayor número de mujeres en grupos pequeños, como ías parejas;
eso sucede en el aberto y el infanticidio. En cuanto a la edad, se ha observado
que la ejecución en grupo es mucho más frecuente en los adolescentes y jóvenes;
a medida que la edad aumenta, hay mayor tendencia a la ejecución individual (1).

La asociación, en terrenos legales o ilegales, tiene su funda-mento en la psique


humana. En efecto, el hombre posee una serie de instintos cuyo funcionamiento
supone la sociedad, como, por ejemplo, los instintos genésico, familiar, paternal,
de dominio y prestigio, de sumisión, de lucha, etc. Por eso tenía razón Aristóteles
cuando decía que el hombre es naturalmente un ser social.

Esos instintos desempeñan gran papel en las asociaciones y también en muchos


delitos, como en su momento vimos. Pero, sin desconocer su importancia,
debemos fijarnos en tres de ellos que están en toda asociación, como creando las
condiciones para que se establezcan las relaciones de subordinación y unificación
que aquélla supone: son la sugestión, la simpatía y la imitación (2).

Estas tres funciones suponen una copia sea de ideas ajenas, de sentimientos o de
acciones, respectivamente. Las tres implican necesariamente la existencia de por
lo menos dos personas, agente y paciente, el copiado y el copiador, el influyente y
el influido.

Me Dougall define la simpatía como "...un sufrimiento con, la experiencia de


cualquier sentimiento o emoción cuando y porque observamos en otras personas
o criaturas la expresión de ese sentimiento o emoción" (3). En cuanto a la
sugestión, ella "es un proceso de comunicación que resulta en la aceptación de la

310
proposición

311
comunicada en ausencia de bases lógicamente adecuadas para tal aceptación"
(4). La imitación es la copia de conducta, de actos extemos; como sucede, por
ejemplo, en la moda, el lenguaje, los gritos, etc. (5).

"En cada caso el resultado del proceso es la asimilación en cierto grado, de las
acciones y estados mentales del paciente, a los del agente" (6).

Es excepcional que una de las capacidades se ponga en marcha sin arrastrar a


las demás. Generalmente se dan unidas, y unu facilita la acción de la otra. Por
ejemplo, tomemos a un individuo que participa en una manifestación política; ella
choca con algunos oponentes, se oye un disparo y un manifestante cae herido
mientras los del bando contrario huyen; aquel individuo se enfurece, grita que un
amigo ha sido asesinado por los rivales y se lanza en persecución de ellos para
golpearlos; otros manifestantes lo siguen inmediatamente. Es evidente que éstos
últimos pueden haberse indignado por su cuenta, en cuyo caso no hay simpatía
(hay sentimientos similares entre el primer individuo y los demás, pero no relación
de causa a efecto entre esos sentimientos). Pero puede ocurrir que otros
manifestantes, que ni siquiera han visto caer al herido, se enfurezcan al ver que
otro se enfureció, que en tal estado de ánimo disminuya su sentido crítico y
acepten sin discusión la afirmación de que hay un asesinado y que, movidos por
esa convicción y ese sentimiento, imiten a quienes se lanzan a golpear a los
contrarios.

Estos fenómenos de copia hemos de encontrarlos continua-mente en la


delincuencia asociada.

2.- CLASES DE ASOCIACIONES CRIMINALES. Podemos citar la clasificación


que hace Sighele, siempre con la advertencia de que existen tipos intermedios
difíciles de encasillar (7).

Por un lado, tenemos las asociaciones en los cuales el delito es una obra
planeada, en que existe una racional distribución de medios y actividades; en otras
palabras, en que se da una organización previa a la acción delictiva; organización
que, mutatis mutandis, es similar a la que tienen las asociaciones legales para
dedicarse a sus
312
actividades comerciales, industríales, ctc., o la pareja familiar, para educar a los
hijos o planificar el trabajo hogareño y extrahogareño.

Dentro de este grupo se hallan la pareja delincuente, la banda criminal y la secta.

Por otro lado, tenemos las asociaciones meramente circunstanciales y pasajeras


(8); en ellas no existe una planificación cuidadosa ni una organización
permanente; tampoco una previa de-terminación clara de los fines a perseguir; la
distribución de medios entre sus tomponentes es cambiante, así como lo pueden
ser los objetivos. Se trata de masas relativamente amorfas sin estructuración
definida.

Dentro de este grupo se halla la muchedumbre delincuente.

La clasificación de Sighele nos parece aceptable hoy mismo, aunque pueden


hacerse observaciones a la explicación que él admite en cada caso.

Hay que anotar que existen asociaciones pasajeras como en el caso de amigos
que se juntan sólo para cometer determinado delito -un asalto, una violación, etc.-
pero que luego se disuelven. Son delitos circunstanciales que hay que distinguir
de los cometidos por bandas profesionales.

3.- LA PAREJA DELINCUENTE. La sugestión es la base de la pareja criminal, sea


ella de cualquier índole: de dos mujeres, de dos hombres o de hombre y mujer y
cualquiera sea el motivo que las mueve: amor, odio común, codicia, etc. (9)

La sugestión deriva en prestigio y así se crean en la pareja las relaciones de


subordinación y división del trabajo que la caracterizan; son poco frecuentes los
casos en que la sugestión no existe por tratarse de individualidades fuertes que no
se dejan influir mutuamente.

La sugestión encuentra campo propicio para implantarse, porque existe simpatía


entre los cómplices; por ejemplo, ambos odian a un enemigo común, ambos
codician el bien ajeno, etc.

Lo anterior no implica desconocer la existencia de factores personales de los


delincuentes, factores que determinan la sugestionabiljdad de aquéllos y su

313
manera de reaccionar ante las ideas sugeridas. Se trata simplemente de que
aquí

314
suponemos conocidas esas condiciones individuales y nos limitamos a detallar lo
específico de las relaciones en la pareja.

Las parejas pueden ser clasificadas desde dos puntos de vista: tomando en
cuenta el sexo de sus componentes y el móvil que motiva la asociación.

Desde el primer punto de vista hay parejas homosexuales (10) y heterosexuales.


En el primer caso, son mucho más frecuentes las parejas de hombres que las de
mujeres.

Desde el segundo punto de vista, el móvil es frecuentemente el amor entre


hpmbre y mujer, resuelto muchas veces en delitos que tratan de destruir las
dificultades de ese amor. El hecho es el más común en las parejas
heterosexuales.

Usuales también son las parejas que se forman por amistad por codicia, por deseo
de venganza, etc.

La pareja ofrece varios caracteres típicos. En primer lugar, hay que hacer notar
que ella actúa como una unidad, aunque con cierta división del trabajo. Salvo
cuando lambas personalidades son igualmente fuertes -lo que es excepcional,
según dijimos- hay claras relaciones de subordinación. Sighele, tomando sus de-
signaciones de la demonología, habla de un íncubo y de un súcubo; el primero,
demonio masculino, activo, desempeña la tarea directiva; induce, sugestiona,
arrastra el otro; el segundo, demonio femenino, pasivo, es sugestionado, inducido,
arrastrado; el primero planea, el segundo ejecuta. Es corriente que la verdadera
tendencia criminal se encuentra en el íncubo, mientras el súcubo sea sólo un
elemento poco resistente, que posee cierto grado de moralidad, que se opone en
un comienzo a las solicitaciones criminales a las cuales sólo se suma por
debilidad, cometiendo luego el delito con carencia de aplomo y precisando,
muchas veces, hacer varias tentativas antes de consumarlo; después del delito, se
arrepiente, llora, confiesa y hasta se suicida, mientras la actitud del íncubo es más
firme y persistente en el mal.

Sin embargo, sería erróneo tomar en cuenta sólo al íncubo o sólo al súcubo o

315
considerar que la pareja es mera suma de ambas personalidades. En realidad,

316
surgen elementos típicos de aquélla, que no se encontrarían en las
individualidades aisladas. Ya de por sí la mera colaboración abre nuevos
horizontes, fuera de que
¿rea mayor tendencia criminal común -que no es igual a la del íncubo más la del
súcubo, dividida por dos- y debilita las resistencias personales.

A la pareja puede sumarse, a veces, un nuevo elemento que generalmente se


limita a prestar ayuda en el momento de la ejecución material del hecho, pero que
no altera mayormente las relaciones existentes entre los dos primeros
comprometidos.

Entre las variedades más corrientes de pareja criminal, tenemos las siguientes:

La de la mujer casada que tiene un amante; lo corriente es que mujer y amante se


unan para eliminar al marido, aunque tampoco faltan casos en que la conspiración
se urde contra el amante. Los casos prácticos demuestran que en esta pareja
heterosexual -como en las similares dedicadas a otros delitos- no es posible
afirmar a priori quién es íncubo y quién súcubo; varón y hembra se presentan
indistintamente en cada función. Pero siempre representan su papel de acuerdo a
las condiciones de su sexo. Por ejemplo, si la mujer es súcubo ejecutor material,
no escogerá los medios violentos sino los fraudulentos (veneno), salvo
circunstancias especiales. Lo contrario ocurrirá si el súcubo es el hombre. En esta
clase de delitos son corrientes las mutilaciones simbólicas.

La pareja heterosexual movida por codicia, odio, etc. En este caso, la vida familiar
íntima facilita el camino de la sugestión; lo mismo puede decirse de las comunes
condiciones de vida de las cuales ambos son conscientes. Como ejemplos más
conocidos, tenemos los de la pareja de ladrones o estafadores. No es raro
tampoco, el delito de homicidio contra parientes o extraños de cuya muerte se
piensa extraer beneficio (V. gr., una herencia).

La pareja infanticida o que provoca un aborto. En el infanticio propiamente dicho,


es usual que la madre u otro interesado actúen solos. Pero en el delito de aborto
la complicidad es frecuente sea para realizar las maniobras abortivas, sea para
eliminar las pruebas del delito. Las situaciones son sumamente variadas. Pero los
317
más numerosos son los casos en que los parientes -sobre todo la madre- y el

318
amante obran como íncubos incitadores: dada la extensión que el oficio
especializado ha adquirido, también ocurre muchas veces que, sobre una leve
disposición de la madre futura, operen las incitaciones de matronas y médicos
inescrupulosos. Los afectos familiares o eróticos, así como el prestigio profesional,
desempeñan importante papel para que la sugestión se acepte.

Menos frecuentes son las parejas de madre e hija aliadas contra el padre,
movidas por el odio o la codicia (herencia).

Podemos citar, por fin, la pareja de amigos, generalmente ambos barones, qu&se
dedican a variados tipos de delitos; a veces el terreno se halla abonado a la
sugestión, porque fuera de la amistad existen relaciones eróticas aberradas.

Fuera de estas parejas criminales, strictu sensu, existen otras en las cuales las
relaciones psíquicas son semejantes; por ejemplo, eso sucede en las parejas de
suicidas. Para no hablar de aquellas otras que se mueven en el campo de las
asociaciones no delictivas, pero cercanas al delito, como sucede en la formada por
la prostituta y su rufián (11).

4.- LA BANDA CRIMINAL. En la vida comercial e industrial de hoy, el individuo


aislado tiene, salvo excepciones, un lugar secundario; las grandes empresas
descansan en el poderío de las sociedades, capaces de hacer lo que aquél nunca
lograría.

Esas ventajas de la asociación lícita existen también en el terreno criminal. De. ahí
por qué las sociedades delincuentes de hoy cometan la mayor parte de los delitos,
incluyendo los más graves.

En la organización actual de las empresas industriales y co-merciales existe la


tendencia a la especialización y también a la integración. Lo mismo sucede en el
mundo criminal donde inclusive se da la lucha contra los competidores. Se han
formado así, bandas que, a veces, cubren con sus actividades ilícitas todo un gran
barrio de una gran metrópoli, toda la ciudad o aún todo un país; sin que falten
tampoco los trusts cuyas actividades se extienden a vahas naciones y a diversos
continentes. De esta manera, al lado de la pequeña asociación de rateros, existen

319
gigantes del crimen, cuyas entradas se computan por millones. Taft transcribe la
opinión de que las entradas anuales de Al Capone, eran de 30.000.000 de
dólares; Barnes y Teeters consideran que ellas llegaban a 6.000.000 de dólares
por semana (12); cifras difíciles de comprobar, sin duda, pero que dan una idea
aproximada de los intereses que se hallaban en juego durante la vida del
pandillero. Y transcribimos datos relativos a una sola banda, si bien de las
mayores; pero hay otros campos que han sido explotados con mayores utilidades
aún; por ejemplo, en el ramo de colocación de pólizas de seguro fraudulentas, se
calcula que los pandilleros ganaron cerca de 25.000.000.000 de dólares en diez
años (13), o sea, una cantidad superior anualmente, a los presupuestos de
muchos países medianos. Inclusive entre nosotros se han decomisado a
fabricantes ilegales de cocaína, cantidades de estupefacientes cuyo valor en el
mercado negro era de muchos miles de dólares.

Goeppinger cita cifras según las cuales el ingreso de la mafia que opera en
Estados Unidos equivalía, en 1968, al 40% del producto bruto de la economía
alemana (14).

Pero podemos descender ai campo del pequeño ladrón o ratero; también en su


mundo es necesaria la asociación; el delincuente precisa cómplices que lo
ayuden, aunque sólo sea como vigías; precisa de un encubridor y de un
receptador de los objetos robados; y corrientemente, también le urge el disminuir,
comprándolos, la agudeza visual y mental de los policías.

Las bandas pueden ser clasificadas, en cuanto a su organización interna y los


medios usados, en dos tipos: militar y civil.

Las primeras fueron históricamente lqs más antiguas: piratas, salteadores de


tierra, etc.; forman el bandolerismo propiamente dicho, que aún se eneuentra, si
bien en cantidades limitadas, en algunos países de amplio territorio y escasa
población, sobre todo en el campo. Su medio de acción es fundamentalmente la
violencia. Las segundas, las de tipo civil, se desarrollan como las sociedades
mercantiles, sin uso de violencia, sino más biéta del fraude, compra de influencias,
etc. (15).

320
Sin embargo, de manera natural dado el campo sobre el cual se mueven, es
corriente que hoy exista una alianza entre ambos tipos de asociaciones delictivas;

321
el aspecto fundamental suele ser el civil, pero detrás se coloca la fuerza, para los
casos en que el simple fraude es infructuoso o cuando se deben combatir ciertas
amenazas contra las cuales no cabe otra defensa.

A este respecto, creemos que puede aplicarse a cualquier país, la distinción que
efectúa muy claramente Taft, acerca de los tipos actuales de bandas criminales
existentes en Estados Unidos. Por un lado, habla de las bandas criminales
propiamente dichas, organizadas para cometer crímenes y que son
universalmente repudiadas; por ejemplo, las bandas de rateros, raptores, ladrones
de autos, etc. Por otro, están las asociaciones que en el país del norte se
denomina "rackets"; en éstas, hay "un delito organizado en el cual los elementos
criminales prestan o, al menos, dicen prestar, un servicio a los miembros de la
sociedad normalmente comprometidos en actividades legítimas" (16).

Por ejemplo, hay juegos muchas veces legales y gente honrada que desea jugar;
o personas que desean tener relaciones extramatrimoniales; o que desean beber.
El "racket" se organiza para suplir esas necesidades. Naturalmente, hay otros
individuos que desean prestar iguales servicios y a los cuales es preciso eliminar;
o clientes deudores a quienes es necesario cobrar sin los previos trámites
judiciales, a veces legalmente imposibles; o policías y jueces demasiado
interesados en limitar esas actividades, a los cuales es preciso silenciar o eliminar,
etc.

Esos negocios no son todos, en principio y mirada sólo la superficie, criminales.


Pero llegan a Serlo en cuanto a los medios que utilizan (17).

Por ejemplo, un día un comerciante recibe la visita de una persona que desea
colocar un seguro contra la rotura de vitrinas u otros riesgos similares; si el
comerciante se niega a aceptar el seguro aduciendo que ese riesgo le parece
remoto porque no ve que se produzca en la realidad, no tardará una semana antes
de que sus vitrinas sean rotas o algo semejante relacionado con los otros riesgos
contra los cuales se ofrece protección; naturalmente, se inclinará en seguida a
asegurarse. Al poco tiempo, todos los comerciantes del barrio o de la ciudad se
habrán sometido, por la razón o la fuerza, a pagar su cuota para evitar accidentes.

322
El carácter de los rackets ha hecho pensar a muchos en su entroncamiento con el
actual sistema económico, pues a veces es muy difícil trazar la línea divisoria
entre los procederes de aquella asociación y los de ciertas sociedades legítimas;
por ejemplo, cuando éstas hunden, vendiendo bajo el precio de costo, a los rivales
débiles; o cuando, utilizando medios de presión política, un periódico obliga a los
comerciantes a conceder avisos. En esta línea divisoria se hallan también quienes
comercian valiéndose de favoritismos políticos, los profesionales, sobre todo
abogados, que tienen bufetes en las cuales más que eficiencia se venden
influencias y un cúmulo de otras actividades similares que en nuestro país se
conocen desde hace tiempo.

Las actividades señaladas son riesgosas; pueden ser intervenidas por policías,
fiscales, jueces o denunciadas por la prensa o la radio. Pero como las bandas
tienen grandes ingresos, siempre cuentan con recursos para hacer callar a las
personas peligrosas; en algunos casos, pequeños en número, tiene que recurrirse
a la violencia; pero lo común es que se utilice el dinero como medio de corrupción;
así, el poder judicial, funcionarios administrativos, políticos protectores, etc., son
comprados y, lejos de defender a la sociedad, aseguran la impunidad de los
malhechores (18).

Es natural que esa impunidad aliente a los delincuentes; al mismo tiempo, hace
que los criminales individuales abandonen pronto su aislamiento peligroso -las
autoridades dan muestra de gran vigor con ellos, para justificar su puesto- e
ingresen en las bandas que tan bien saben proteger a sus miembros. Otra razón
de más para explicar la decadencia de la criminalidad aislada.

En cuanto a la organización de las bandas, es de hacer resaltar su disciplina


interna. También aquí la sugestión obra en gran manera para mantener las
relaciones de subordinación; el jefe es el más prestigioso, sea por su inteligencia,
su valor, su capacidad organizativa, sus conexiones, etc., o por varias de estas
razones juntas. Tampoco en ellas es todo inmoralidad; existe un código ético que
es observado con suma estrictez; ese código señala una serie de faltas y sus
codignos castigos; se observa gran honradez, por ejemplo, si así se puede
hablar, en el reparto de
323
ganancias y es un crimen interno, punible hasta con la muerte, el tratar de
engañar. El espía y el traidor son especialmente detestados y para ellos se
reservan las peores sanciones. Se forma un cierto espíritu de cuerpo -lo que, en
verdad, no excluye ciertas rivalidades y envidias- cuyas manifestaciones más
salientes son la protección y la ayuda mutuas. El pequeño mundo, que es la
banda, concluye por formar en sus integrantes un particular criterio para enfocar a
la sociedad normal, lo que hace que sea raro el pandillero que puede ser corregido
en los penales, en el caso de que concluya en ellos. Por fin, hay que notar que en
la banda existe una verdadera estructura jerárquica y una división del trabajo.
Cuando la asociación es grande, cuenta con abogados, tenedores de libros,
médicos, clínicas especiales, falsificadores, hombres de armas, etc.; esto es tanto
más evidente, cuando las actividades delictivas son cubiertas por actividades
lícitas.

Por fin, hay que anotar que la impunidad y el contagio obran de tal manera en las
bandas, que individuos que aisladamente no llegarían a cometer delitos, por lo
menos delitos muy graves, se arriesgan-a hacerlo cuando se sienten alentados y
apoyados por sus consocios.

5.- LA SECTA CRIMINAL. La asociación criminal puede estudiarse también entre


las que se han llamado sectas. Con la ventaja, derivada.de dar consideración
especial al tema, de que en este caso resalta claramente hasta dónde puede ser
fuente de delitos el que ciertas agrupaciones posean ideales de vida opuestos a
los aceptados por la sociedad corriente.

En efecto, lo que caracteriza fundamentalmente a la secta criminal, en cuanto


grupo social, es la admisión de un código de conducta que, de ser llevado a la
práctica, coloca a sus miembros ipso facto en la ilegalidad. Eso sucede también en
las asociaciones estudiadas en el párrafo precedente. Sin embargo, la actitud
mental de los pandilleros es claramente opuesta a toda concepción reinante, se
notan inmediatamente sus fines criminales. lo que es también conocido, más o
menos oscuramente, por los propios delincuentes; es difícil que entre éstos exista
la convicción de que al cometer un acto prohibido lo hagan en aras de la
instauración
324
de una moral superior a la reinante; menos aún existe la convicción de que el
castigo, de llegar a sufrirlo, equivale a un martirio en aras de los ideales soñados.

En cambio, el sectario obra en virtud de ideales que él considera superiores, tan


superiores que por ellos pueden atacarse la moral y la legalidad vigentes; el
castigo, inclusive, no es siempre evitado, sino hasta buscado, y se convierte
fácilmente a los ojos del delincuente, en un medio de dar testimonio de la
profundidad de sus creencias y de hacer resaltar las injusticias reinantes. Está
convencido de su ideal y busca implantarlo sin pararse en medios ni en riesgos.

Por otro lado, mientras los componentes de las pandillas usuales son personas de
moralidad calificable de inferior, los sectarios es frecuente que la tengan en alto
grado no sólo desde su particular punto de vista, sino del de la sociedad general
(salvo en lo tocante, en este último caso, al delito mismo). Lucro, deseo de
figuración propia, etc., se hallan ausentes o meramente larvados, por lo menos en
el auténtico sectario, si no en quienes se sirven de ellos.

El elemento moral de las sectas se centra en una ideología, sea ella ética,
religiosa, política, social, etc. La prédica constante del código respectivo es la que
crea las condiciones requeridas para que la sugestión criminal halle fácil camino.

Loe casos que pueden citarse son numerosos. Así, por ejemplo, tenemos el de los
thugs de la India, cuya divinidad principal era honrada mediante el sacrificio de
vidas humanas, las que debían ser eliminadas sin derramamiento de sangre, por
lo cual los sectarios recurrían al estrangulamiento en cuya ejecución existía
inclusive una división del trabajo.

Los anarquistas dieron muchos ejemplos durante el siglo pasado, especialmente


en algunos países, como Rusia.

Hombres deseosos de prontas y radicales reformas sociales también suelen


organizarse en sectas de las cuales reciben órdenes y las cumplen, con la
esperanza de que su sacrificio sirva para apresurar el advenimiento de las
reformas soñadás.

325
En los últimos tiempos, han conseguido amplia difusión las organizaciones
guerrilleras, con motivaciones políticas y sociales. Para no hablar de las
"revoluciones" y golpes de estado que tan frecuentes son en muchas naciones
latinoamericanas (19).

Algunas organizaciones han surgido parar combatir los delitos cometidos por los
miembros de un extremismo. Ese es el caso de la AAA -triple A argentina- que ha
ejecutado a centenares y probablemente millares de izquierdistas a los que se
sindicaba de llevar a cabo actividades criminales contrarias a los intereses de la
patria. Otras veces, las asociaciones buscan imponer una justicia estricta a los
delincuentes comunes, no castigados por los tribunales ordinarios; tal el caso de
los "escuadrones de la muerte" brasileños, que han ejecutado, torturas inclusive, a
centenares de criminales y personas de la mala vida.

En varios de los ejemplos monstruosos de torturas contra opo-sitores políticos, los


ejecutores no son simplemente sádicos o anor-males sino personas nonnales
pertenecientes a organismos respetables -como las fuerzas armadas y la policía-
que se asocian para desalentar, por cualquier medio, o para suprimir a los que
supuestamente debilitan a una nación o, de cualquier modo, la ponen en peligro.
Dentro de las policías especializadas en la represión política, se dan muchos de
estos casos, en los cuales hay inclusive acciones llevadas a cabo en otros países,
como en el asesinato de Letelier y de otros políticos.

Dado el tipo de su actividad, considerada peligrosa por las autoridades, y


consiguientemente perseguida, se impone el secreto en las deliberaciones y la
bien planeada ejecución de las órdenes. La traición y hasta la simple debilidad son
consideradas faltas gravemente castigadas por los mecanismos internos con que
la secta cuenta. Hay una estructuración sumamente rígida y una disciplina aún
mayor que en las pandillas corrientes. La conservación del prestigio -nueva fuerza
para impulsar a los sectarios- hace necesario que se recurra a un cierto ritualismo
impresionante: procesiones, juramentos, reuniones sólo en condiciones
especiales, etc.

326
Al mismo tiempo, se ha observado que se procede como en la mayoría de las
religiones antiguas y en las logias modernas: que hay una división entre lo
esotérico, sólo conocido por unos pocos individuos de confianza, y lo exotérico,
librado al consumo de la generalidad de los anherentes.

Nuestro país, en su historia reciente, ofrece algunos ejemplos acerca de crímenes


cometidos al servicio de ideales, principalmente políticos. Entre los que más han
llamado la atención pueden citarse dos.

Los fusilamientos de noviembre de 1944, de que fueron víctimas conocidos


políticos de la oposición, condenados a la última pena por un grupo de oficiales del
ejército integrantes de una logia. Se prescindió de la acción de los tribunales de
justicia y la ejecución del mandato siguió inmediatamente a la sentencia. El fondo
que posteriormente muchos de los culpables invocaron para justificar su acción,
fue la necesidad de dar un ejemplo que impidiera las continuas conspiraciones
que imposibilitaban la acción salvadora del gobierno. Es verdad que, en este caso,
la presión de la opinión pública dejó poco tiempo satisfechos a los autores, los que
concluyeron, más bien, por tratar de rehuir responsabilidades antes que de
asumirlas, como hace el sectario más convencido de haber obrado conforme a las
normas que de antemano ha aceptado (20).

El segundo caso, lo tenemos en los millares de detenciones y destierros con que


se sancionó, sin forma alguna de juicio previo, a opositores, durante el período
1953 -
56. Tales actos represivos eran evidentemente delictivos conforme a leyes
vigentes; pero se los juzgó hasta loables en aras de los ideales políticos y de las
reformas sociales que se intentaban.

En los ejemplos mencionados, a los cuales podrían agregarse muchos más, es


claro que hay un elemento sectario, idealista. Sin descuidar, desde luego, el hecho
de que muchas veces ese idealismo es fríamente utilizado por personas que
saben que se está obrando mal y que nunca faltan ni entre los sectarios ni entre
quienes influyen sobre ellos desde fuera dé la organización (21).

327
6.- LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE. Al hablar de muchedumbre hemos de
comenzar por distinguirla del mero agregado de personas (22). Diez mil personas
ambulando por el paseo de moda, no constituyen una muchedumbre. Cien
personas, aún relativamente esparcidas, pueden constituir una muchedumbre; es
decir que, para- que ella se forme no se precisa de proximidad material; un
periódico que predica ciertas ideas, puede hacer que sus lectores dispersos
constituyan una muchedumbre. Lo mismo puede decirse hoy de la radio que quizá
tenga mayor influencia que los propios periódicos (23).

No basta, en efecto, que exista una multitud de personas; es preciso que entre
ellas surjan ciertos lazos comunes, lo que se ha denominado alma colectiva; que
la multitud piense, sienta y, por consiguiente, tome una actitud común frente al
tema de que se trate. Al mismo tiempo, que surja una cierta organización, sin duda
no tan bien estructurada ni tan duradera como la de otros tipos de asociaciones,
pero que existe y se manifiesta por conciliábulos entre algunos sectores de los
miembros integrantes, discursos, incitadores y frenadores que desempeñan, a
veces por sólo breves minutos y mediante dos gritos, el papel de jefes; esa
organización se manifiesta asimismo por cierta división del trabajo (24).

Las muchedumbres así formadas pueden ser heterogéneas u homogéneas, es


decir, formadas por elementos más o menos similares o por otros diversos. Por
ejemplo, una manifestación callejera de estudiantes varones puede ser
considerada muchedumbre homogénea, lo mismo que un parlamento o una
reunión internacional de sabios; en cambio, la muchedumbre que ahorcó a los
mayores Eguino y Escóbar puede ser considerada heterogénea pues estaba
formada por niños, adultos y viejos, cultos y analfabetos, hombres y mujeres,
profesionales, artesanos y obreros; directo íes o altos miembros de partidos
políticos, así como políticamente neutrales.

Sobre la multitud amorfa cae una idea y prende en ella: de allí resulta la unidad
mental capaz de anular inclusive la perso-nalidad y tendencias individuales de
áeres relativamente bien formados. Parece que surgiera un nuevo ente, distinto de
los com-ponentes, a los cuales impone sus propias concepciones. Los miembros
de la muchedumbre realizan, así, actos que jamás intentarían aislados; hay un
328
cambio

329
tan notable en la psique particular, que ha sido notado inclusive por quienes no
han hecho estudios especiales; ya los romanos decían; senatores, boni viri,
senatus autem mala bestia.

Surge, inmediatamente, una pregunta: ¿De dónde salen esos elementos que
hacen de hombres tímidos, héroes, y de honrados ciudadanos, criminales
incontenibles? La respuesta es más o menos uniformemente admitida: surge del
descenso de los poderes críticos y del imperio de tendencias instintivas a las
cuales se despierta y fortifica por medio de los mecanismos de sugestión, simpatía
e imitación. Así lo hacen resaltar Le Bon (26), Rossi (27), Sighele (28), etc., para
no hablar de Tarde toda cuya concepción se apoya en estos mecanismos de
reproducción de lo ajeno. Freud, por su parte, pone en relieve que las tendencias
instintivas primitivas son comunes a los seres humanos, mientras las inhibiciones
dependen de la experiencia individual, como también sucede concias formas más
elevadas de conducta; el fundador del psicoanálisis considera que el hombre en
medio de la masa, deja de lado esos caracteres individuales y que quedan
operando sólo lós inconscientes instintivos (29).

La masa se mantendría unida, según Freud, por lazos eminentemente afectivos,


cuya base es la libido sexualis (30); ello sin desconocer, sino todo lo contrario, el
papel fundamental que desempeñan los caudillos, por pasajeros que ellos sean en
tales funciones (31); la muchedumbre actual es vista, por el autor mencionado,
como simple resurrección de la horda primitiva, en que el caudillo tiene las mismas
funciones que el macho - jefe antiguo (32).

Queda establecido el hecho de que el lipmbre en la muchedumbre, realiza actos


que no realizaría solo. Las razones que se dan para ello son las siguierues, según
las resume Le Bon (33).

1.- El individuo que integra una muchedumbre adquiere por ello mismo un
sentimiento de poder incontenible que anula todos los complejos de miedo o
timidez que cáda uno experimentaría si obrara solo. El propio temor de la sanción
no opera porque la muchedumbre facilita el anonimato y, consiguientemente,
asegura una alta probabilidad de quedar impune.

330
2.- En la muchedumbre existe una especie de contagio que constituye una fuerza
tan poderosa como para empujar al individuo a cometer toda clase de extremos.
De ahí que un valiente, a la cabeza de la muchedumbre, arrastre al heroísmo a los
demás; y que un criminal, impulse a los más atroces delitos. El contagia es tal que
crea una especie de estado hipnótico (máximo grado de la sugestión) del cual muy
pocos escapan.

3.- El poder crítico queda anulado o poco menos. Si en la vida normal se nos
sugiere algo, intervienen procesos mentales que analizan la sugestión de tal modo
que entre su presentación y la respuesta existen un lapso. Pero en las
muchedumbres se observa la tendencia a transformar inmediatamente lo sugerido
en acto.

De estas circunstancias se pueden deducir los caracteres esenciales de las


muchedumbres.

Por ejemplo, si priman ios impulsos instintivos, si no existen interferencias en el


camine que va del estímulo a la reacción, es lógico que la muchedumbre sea
impulsiva. Pero siendo muchos y de variada índole, los estímulos que pueden
actuar sobre la muchedumbre de manera profunda o, por lo menos, suficiente para
provocar una reacción, es también lógico que se presente una gran movilidad de
sentimientos y pensamientos. Tal hecho proviene de la carencia de crítica pues,
en la vida normal, ella nos permite conservar cierta uniformidad de conducta e
impide los cambios bruscos de emociones o pensamientos; opera a manera de
freno que lentifica los cambios. Impulsidad y variabilidad explican la forma en que
los obstáculos son triturados o cómo la muchedumbre se deja triturar por ellos; o
cómo huye ante los más fáciles de vencer.

Supuesta la carencia de sentido critico y la consiguiente sugestionabilidad, es fácil


comprender la credulidad infantil propia de las muchedumbres: en este momento,
aplaude a un orador porque lo considera veraz; al minuto siguiente lo silbará, lo
golpeará o lo matará, simplemente porque ha circulado la voz de que es un
traidor, o un provocador (34). Es característico el descenso del poder mental; las
reglas lógicas no valen para la muchedumbre; ella no enlaza ideas sino imágenes;

331
las conclusiones más absurdas son aceptadas como verdades irrefutables. Y si
alguien,

332
por medio de razonamientos rigurosos, pretende convencerla, está destinado de
antemano al fracaso. El gran conductor de masas no es el lógico frío capaz de
escribir libros llenos de bellos razona- mientes, sino el hombre de fuerte
personalidad, capaz de sugestionar, de servirse de imágenes impresionantes, de
imponer su personalidad (35).

Los sentimientos son simples y exagerados. No existe capacidad para captar o


establecer matices. Subsiste la ley primitiva del todo o nada; por eso las
muchedumbres desconocen la duda y la incertidumbre. Tienen certeza de todo. Si
se presenta un sospechoso, es ya culpable y excita el odio y la agresión. Esta se
efectúa porque la muchedumbre se siente juez y verdugo incorruptible; enjuicia y
sanciona sin mayores trámites. A menos, desde luego, que se presenten
sentimientos en contra sugeridos por una persona capaz de imponerse.

La importancia de los sentimientos en lasjnuchedurabres, la exaltación de los


mismos, explican por qué en ellos tienen tanta participación los adolescentes,
jóvenes y mujeres así como algunos anormales, todos los cuales pertenecen a
sectores que no se caracterizan por el predominio de la fría razón.

Si la muchedumbre no tiene dudas, es comprensible que no admita ni tolere


discusiones; tanto más, si tiene conciencia de su propio poder omnímodo. Impone
sus creencias sin admitir oposiciones. Si éstas se producen, aunque sólo sean de
simple palabra, inmediatamente comienzan las amenazas seguidas luego de
hechos. Los razonamientos son inútiles. Pero lo curioso es que la intolerancia y el
autoritarismo son también fácilmente sufridos por la muchedumbre; de ahí que no
sean los hombres de palabra benigna y bondadosa los que dominen, sino los
caudillos que gritan, halagan, amenazan y golpean (36).

La moralidad de las muchedumbres se halla también bajo la ley del todo o nada.
Es lo corriente que los psicólogos se refieran en sus estudios sólo a las
muchedumbres criminales o destructoras. Pero esa exposición es unilateral. A
veces, actos de sublime heroísmo, altos sacrificios son llevados a cabo por las
multitudes, precisamente por ser multitudes ya que, probablemente, la inmensa
mayoría de los individuos, de haber estado aislados, no hubieran osado tanto. Las

333
muchedumbres

334
originaron las cruzadas; ellas llenan los cuarteles en los momentos de peligro para
la patria; ellas asaltan una posición enemiga bien defendida, ellas defienden una
trinchera hasta que no quedan fuerzas. Y cuántas veces por ideales que son
apenas comprendidos esa moralidad se refiere a veces a ideas sumamente
abstractas, a teorías sumamente elaboradas. Pero han sido captadas sólo en sus
líneas más superficiales y generales, más como frases cargadas de poder
sugestivo que como ideas o teorías muy abstractas. El meterlas en la cabeza de
las muchedumbres suele ser tarea de años; como luego será el arrancarlas.
Demás advertir que, al lado de esas ideas fijas, deambulan movedizamente otras;
aquí no hay contradicción; lo que pasa es que se aceptan e interpretan hechos
siempre a la luz de la teoría o idea general, sin que se noten las contradicciones.
Así puede suceder que una muchedumbre descosa de implantar la paz, la justicia
y el respeto a la ley, juzgue que la mejor manera de lograr esos ideales sea el
ahorcar a los que encaman o se supone que encarnan las ideas opuestas.

Estos caracteres generales valen también para las muchedumbres criminales, en


especial.

Para comprender los delitos colectivos es necesario informarse acerca del


ambiente general. En efecto, hemos hablado de que la muchedumbre se forma
cuando se crea una unidad mental; pero para que la sugestión cunda, es claro que
se precisan condiciones sociales preparatorias; para que la semilla fructifique
rápidamente, es preciso que el terreno se halle bien abonado. Acá tiene que ser
recordado todo lo ue se ha dicho acerca del ambienta de cada criminal. Crisis
políticas, épocas de hambre o gran necesidad, de inestabilidad de las
instituciones, de amenazas de guerra o de desastres en la misma, de opresión
insoportable, de luchas electorales, etc., son sumamente propicias para que se
formen muchedumbres criminales (37).

De allí resulta que los jefes circunstanciales tampoco tienen un campo ilimitado
ante sí: tienen que circunscribirse al círculo de sugestiones para las cuales la
masa está sensibilizada. Por eso, si el caudillo influye sobre la muchedumbre, ésta
también lo hac; sobre aquél, de modo que, al final, integran una unidad. Si quien
quiera oficiarlas de conductor sólo toma en cuenta los propios intereses
335
fríamente

336
calculados y no los de la masa, el divorcio está a la vista, así como el fracaso del
director que enseguida será reemplazado por otro u otros que se hayan dado
mejor cuenta de lo que la muchedumbre quiere y puede.

La amplitud de los males comunes que preparan el terreno pueden ser tal que una
muchedumbre excite a otra, hasta a centenares de quilómetros, y que se
presenten delitos colectivos semejantes a reacciones en cadena. Sucede
especialmente en épocas de hambre, revoluciones, liberación de un poder
despótico y odiado, etc.

En cuanto a los componentes, es claro que hay elementos con los cuales
difícilmente se formará una muchedumbre delincuente. Por ejemplo, una
asamblea de investigadores de astronomía. Pero la persona que solemos calificar
de corriente o normal, puede perfectamente integrarla; le basta ser relativamente
débil de voluntad, lo suficiente para que la sugestión la arrastre (38). Pero es
evidente que la muchedumbre llega a los peores excesos cuando entre sus
componentes existen criminales habituales o cargados por una grave tendencia a
la fuerza, o anormales mentales; los excesos son frecuentes sobre todo cuando
esas personas toman el carácter de jefes, si bien no es raro que precisamente a la
vista de los excesos, las personas normalmente dispuestas reaccionen y tomen
conciencia de lo que están haciendo.

El enjuiciamiento final de la actitud de quienes integran una muchedumbre


delincuente, no puede efectuarse sólo con los datos anteriores. Preciso será tomar
en cuenta la naturaleza del móvil que arrastró a los delincuentes; tales móviles
suelen ser alguna vez sórdidos, pero otn veces se acercan a lo moral, siendo
condenable sólo la forma en que se oretenden hacer valer auténticos derechos
vulnerados. Eso hay que tomarlo en cuenta muchas veces en los casos de
revoluciones, motines o huelgas violentas.

De las consideraciones hechas, resulta patente la dificultad de establecer el grado


proporcional de responsabilidad de los componentes de la muchedumbre,
inclusive cuando desempeñan la función de jefes o caudillos. Sin embargo y salvo
casos especialí- simos, es posible afirmar que existe base para determinar, dentro

337
del espíritu corriente en nuestros códigos, la responsabilidad de los miembros de

338
multitudes criminales. Salvo esos casos extremos, hay acuerdo para considerar
que se conserva cierta capacidad de resistencia, que la personalidad propia no es
totalmente anulada, por lo menos en las personas normalmente honestas. Es
posible que otros, con especial propensión al delito, más bien se sientan a sus
anchas en medio de los actos ilegales y que éstos representen algo así como la
oportunidad para dar salida a tendencias antisociales; pero se supone que tal
tendencia no puede servir de disculpa, salvo los casos de anomalías mentales
determinadas por los mismos códigos.

LOS COLGAMIENTOS DEL 27 DE SEPTIEMBRE

La agitada vida institucional de nuestro país, lo hace inde-seablemente rico en


ejemplos acerca de criminalidad colectiva, en que la muchedumbre se desborda y
tiene la intención y la pretensión de actuar como juez incorruptible.

Dentro de los muchos casos que podrían citarse, el de los colgamientos del 27 de
septiembre de 1946 se distingue como clásico.

Durante el régimen del presidente Villarroel, fueron fusiladas sin juicio previo
varias personas acusadas de tomar parte en una conspiración revolucionaria. Las
circunstancias de dichas muertes y la peregrinación posterior de los cadáveres
hirieron fuertemente la imaginación popular porque algunas personas hicieron
circular rumores acerca de los sufrimientos y torturas que se habrían infligido a
aquellos políticos, antes de matarlos. Fueron designados como principales
culpables de estos atropellos, los mayores Eguino y Escóbar.

Triunfante la revolución del 21 de julio de 1946, dichos militares fueron arrestados,


incoándoseles las acciones criminales respectivas ante los tribunales ordinarios.
Durante dos meses, no se había pasado de la instructoria, mientras la prensa
acumulaba y publicaba diariamente detalles acerca de la conducta de los dos
presos, atribuyéndoles toda clase de abusos sádicos. La opinión que difundieron
fue la de que, pese a los trámites iniciados, la iropunidad sería el resultado, como
había sucedido ya muchas veoes en el pasado. La opinión general se inquietaba
cada día más, se sembraban odios y deseos de pronta justicia, mientras se
hablaba
339
de que el partido derrocado preparaba una contrarrevolución para dentro de breve
plazo.

Un dato que merece ser destacado es el del método de ajusticiamiento: el


colgamiento. Esta idea seguramente surgió de un antecedente: durante los
sangrientos disturbios que precedieron a la revolución de julio, se habló de que el
gobierno había hecho ahorcar a varios estudiantes a fin de dar un escarmiento a
los perturbadores. Esa denuncia nunca fue comprobada, pero el mismo día de la
revolución dio origen al colgamiento del presidente Villarroel y de sus más fieles
seguidores.

Había transcurrido dos meses desde la revolución.

El 27 de septiembre, poco después de medio día, el presidente de la Junta de


Gobierno, Monje Gutiérrez, notó desde su despacho que unos vidrios eran rotos
en la habitación contigua, mientras se oían fuertes voces; salido a investigar, se
encontró con un hombre joven que, empuñando un revólver, pretendía adueñarse
del poder. Se trataba del teniente Oblitas, persona que, a todas luces, padecía de
alguna anormalidad mental y cuya presencia en el interior del palacio se debía a
un descuido de la guardia.

Después de breves momentos de confusión, en que la vida del presidente de la


Junta corrió inminente peligro, Oblitas fue dominado, recibiendo un golpe de fusil
en la cabeza. Inmediatamente fue conducido a la central de Policía, sita a
cincuenta metros del Palacio de Gobierno; allí comenzó a hacer sus declaraciones
preliminares.

En el ínterin, las radios habían dado la noticia y poco a poco comenzaba a


reunirse gente curiosa. De pronto, alguien sugirió, como coronamiento de algunos
gritos de indignación, que el pueblo tomara justicia por sus propias manos y que el
alentador fuera colgado inmediatamente de un farol. La multitud, que oscilaba
entre quinientas y mil personas, se dirigió inmediatamente al local de la Policía; las
puertas externas fueron derribadas y se comenzó a buscar al culpable. Este se
hallaba en una habitación interior.

340
Entre tanto, llegaron al lugar del hecho algunas autoridades las que quisieron
hablar a los linchadores; se les oyó por cinco minutos; pero las razones, muy
sólidas objetivamente, que se dieron para que se asumiera una actitud más
serena, fueron desoídas: los silbidos cortaron las palabras apaciguadoras del
director de Policías y de otras personas; en cambio los aplausos fueron sonoros
cuando uno de ios manifestantes afirmó que se estaba perdiendo tiempo y que lo
único que procedía era que el pueblo ejecutara prontamente al culpable y a todos
sus cómplices, sin esperar la tardía e ineficaz acción de los tribunales ordinarios.
La turba rompió nuevas puertas y llegó hasta donde estaba el teniente Oblitas. Lo
sacó inmediatamente a la calle a fin de conducirlo hasta los faroles que se hallan
delante del Palacio, de uno de los cuales se pretendía colgarlo. La desesperación
hizo que el preso intentara huir por una calle lateral, aprovechando un descuido de
los captores. Estos lo siguieron. Oblitas intentó subir a un colectivo en marcha,
pero fue arrancado del mismo, yendo a caer al suelo; allí, un manifestante que
tenía varios procesos criminales en su historia, le disparó tres balazos que
ultimaron a la víctima.

La multitud, más enardecida que nunca, arrastró el cadáver hasta un farol, lo


desnudó y procedió a colgarlo. Como la primera soga cediera al peso del cuerpo,
se buscó inmediatamente otra. El segundo colgamiento, el definitivo, se verificó sin
que se tomaran en cuenta los pedidos y protestas que varios miembros del
gobierno hacían desde un balcón del Palacio.

En ese momento, apareció el Presidente Monje Gutiérrez, siendo recibido con


grandes aplausos por la multitud que ya llegaba a tres o cuatro mil personas. En
un discurso, pidió que la revolución no fuera desprestigiada por hechos de
violencia y que los manifestantes volvieran a sus hogares sin cometer otros actos
del tipo del anterior. Nuevos aplausos, y la multitud comenzó a disgregarse. Sin
embargo, en pequeños grupos que aún persistían, comenzó a hacerse notar que
seguramente el acto del teniente Oblitas no era sino parte de un plan mayor de
asesinatos y que no era posible ahorcarlo sólo a él mientras otros más culpables,
como los mayores Eguino y Escobar, se estaban tranquilamente en ia cárcel, con
todas las garantías. Inmediatamente surgió la idea de ahorcarlos también a ellos.
341
La muchedumbre se encaminó entonces al Panóptico Nacional, cuyas autoridades
advertidas, aunque algo tarde de las intenciones de los manifestantes, ocultaron
en una remota sección del penal, a los buscados. Los primeros que llegaron ante
la puerta de ia penitenciaría -situada ésta a casi un kilómetro de camino del
Palacio- eran no más de doscientos; pero pronto se les sumaron algunos grupos
mayores que anoticiados de las intenciones "justicieras" del primero, venían a
prestar su colaboración. Los gritos arreciaron y pronto las puertas fueron
atacadas. Tres ministros de estado que pretendieron contener con buenas
palabras a la muchedumbre, fueron silbados y arrastrados por ella. Pronto
comenzó la cacería; varios presos fueron confundidos con los buscados y
golpeados; pero se los dejaba tranquilos al reconocerse el error.

Al fin se encontró a los presos buscados. Estos, en un primer momento, pidiendo


clemencia, pero nadie quiso oírlos; más bien, con tono de mofa, comenzaron a
serles recordados los atropellos que habían cometido cuando eran supremas
autoridades de la Policía.

El mayor Escóbar recibió algunas bofetadas y quedó desmayado por la impresión.


La gente lo sacó del Panóptico y lo arrastró hasta la Plaza del Palacio, donde fue
inmediatamente ahorcado. Por otra vía crucis. llegó al cabo de un momento el
segundo grupo conduciendo al mayor Eguino, que sangraba de una herida que le
había sido abierta en la cabeza.

Llegado junto al farol que se le había destinado, el mayor Eguino pidió que se le
dejara hablar por breves momentos por que allí, al borde de la muerte, deseaba
hacer algunas declaraciones importantes. Gritos de que se le deje hablar y de que
se lo cuelgue en seguida. Se imponen los primeros y, entonces, Eguino comienza
su declaración, arguyendo que los fusilamientos del 20 de noviembre de 1944
habían sido una necesidad, porque los implicados habían ofrecido a un país
extranjero compensaciones territoriales si vencían, u cambio de ayuda para
preparar la revolución. En un momento, Eguino dice que no puede hablar porque
tiene la boca reseca; entonces, no se sabe cómo ni de dónde, a través de una
masa compacta de gente -quizá ya se habían reunido die mil personas- se hace
llegar al
342
condenado una botella de refresco y un helado; alguien le alcanza un pañuelo
para que se limpie la sangre que sigue manando de la cabeza. Eguino pide dos
días de plazo para comprobar lo que decía. La gente se impacienta. Surgen gritos
para que se cuelgue al culpable en seguida. Otros se oponen. La gritería arrecia.
Llega un momento en que, pese a la oposición de algunas personas que
conservaban su serenidad, la mayoría consigue que se inicien los aprestos para el
colgamiento. Ante la sentencia de muerte, que se juzga ya dictada, se pide un
sacerdote, el cual llega hasta el condenado y lo confiesa. Después logra imponer
un instante de silencio y pide clemencia para la futura víctima. Su voz es cubierta
por los silbidos y los gritos de excitación y cólera. Algunos que se animan a sugerir
un aplazamiento, reciben inmediatas amenazas y alguien hasta varios golpes. En
vista de lo que juzgaba fatal, Eguino pide que se le permita morir no colgado: que
uno de los presentes le dispare o que se le dé una pistolú suicidarse. La muc im-
bre no accede: tiene que ser precisamente colgado. Varias personas agarran a la
víctima, que se resiste. Se lo levanta de un farol, pero la soga cede. Eguino cae al
suelo, donde una persona, para evitar mayores sufrimientos, le dispara dos tiros y
lo mata. La muchedumbre no se aplaca. Exige que el cadáver sea colgado, lo que
se hace en seguida.

Pasado el momento y, según su parecer, cumplida estrictamente una tarea de


justicia, la multitud obliga a todos los presentos a quitarse el sombrero por respeto
a los muertos. En seguida, en un clima de gran recogimiento, todos entonan el
Himno de La Paz, que había sido canto de batalla durante la revolución de julio.

La multitud comienza a disgregarse, aunque nuevos curiosos reemplazan a los


que se retiran.

Ya al anochecer, unos soldados quieren descolgar los cadáveres; diez mil


personas se oponen y amenazan a aquéllos. Pero se presenta un raro fenómeno
natural: gruesas gotas comienzan a caer de repente; dos rayos cruzan el
firmamento a corto término uno de otro, seguidos de dos truenos formidables;
causan algún desperfecto en la luz eléctrica, porque ésta comienza a parpadear
por breves segundos y concluye por apagarse. La multitud se desorienta. El
segundo relámpago muestra el macabro espectáculo de los cuerpos
343
suspendidos. Cunde una ola de terror.

344
Breves instantes después la plaza está vacía, la gente corre en la oscuridad, se
pisotea y aplasta, gritando en algunos lugares. Poco después los cadáveres son
descendidos sin mayor dificultad.

(1) Sobre estos puntos y los que siguen, ver especialmente: Léauté. Crimlnologie et sciencie pénitenciaire, pp. 588 - 599; Goeppinger,
Criminología, pp. 467 - 488; Tyler, art. The crtme Corporation, pp. 192 - 209, incluido en Current perspectives on criminal behavior, dirigida
por Blumberg; Hood y Sparks, Key issnes to criminology, pp. 80 - 109; etc. La bibliografía sobre el tema es enorme lo que demuestra la
importancia de éste.

(2) No desconocemos que es discutible llamar instintos a estas capacidades de reacción, sobre todo cuando se trata de seres humanos. El
instinto es fijo en sus formas de manifestación, lo que no sucede con la sugestión, simpatía e imitación que se presentan como meras
tendencias generales capaces de adaptarse a los más variados contenidos. Por esto, se suele preferir hablar, en el hombre, más que de
instintos, de tendencias instintivas. Usamos, sin embargo, una de las denominaciones más comunes. Para su discusión, v.: Me Dougall,
Social Paycholoey, pp. 77 - 91.

La importancia de la imitación como factor social, fue ampliamente reconocida y estudiada por Tarde; sobre sus concepciones psicológicas,
véase el resumen contenido en Blondel, Psicología Colectiva, pp. 85 -108, fuera de lo que quedó dicho sobre ese autor. Tanto al leer a Tarde
como a otros autores, es preciso tener en cuenta que muchas veces dan el nombré de sugestión o imitación a todos los fenómenos de copia
psíquica y no a una sola categoría de ellos.

(3) Mó Dougall, ob. cit., pág. 79. Desde luego, queda descartado, dentro de un uso estricto, el significado de la voz simpatía como mera
inclinación sentimental de una persona hacia otra. La simpatía, como el origen etimológico de la palabra lo pone en claro, es un
consentimiento. Así, diremos que hay simpatía cuando, en una manifestación pública, el individuo A, siente ira y actúa en consecuencia, y el
individuo B, al ver esas manifestaciones, siente también ira. Naturalmente, la inclinación simpática, a que primero nos referíamos, puede
resultar de la comunidad de sentimientos a que nos referimos en segundo lugar; pero no siempre es así.

(4) Id. id., pág. 83.

(5) También existe entre los animales; por ejemplo, cuando un pato de una bandada levanta vuelo, los demás lo siguen.

(6) Me Dougall, ob. cit., pp.%77 - 78.

(7) V.: Sighele, La Muchedumbre Delincuente, T. I, pp. 32. En el mismo sentido y con referencia a las concepciones sociológicas de Tonnies
y von Wiesse, Constancio Bernaldo de Quiroz, Criminología, pp. 188 -191.

(8) Lo cual no significa que en ellas todas las causas sean accidentales; véase más adelante el párrafo respectivo.

(9) Véase, sobre este último tema, lo que expone extensamente Sighele; id. Id., pág. 139 y ss. Sobre la pareja suicida, especialmente: Ferri,
Homicidio-Suicidio, pp. 62-185.

(10) Véanse: Taft, Criminolgy, pág. 178; Barnes y Teeters: New Horizons in Criminology, pág. 32. Existen allí mismo muchos otros datos
sumamente instructivos acerca de la extensión de las bandas criminales y de las asombrosas cantidades con las cuales operan, sobre todo
en ciertas industrias acaparadas por ellas; el juego, el contrabando de licores y estupefacientes y el tráfico internacional de mujeres.

(13) V.: Taft, loe. cit.

(14) V.: ob. cit., pág. 486.

(15) V.: Bemaldo de Quiroz, ob. cit., pp. 178 - 184.

(16) Taft. ob. cit., pág. 180.

(17) Sobreentiéndase: no todos los medios; a veces sólo eventualmente y en escasísimos casos, porque basta la fama de lo ya hecho para
que las víctimas no quieran dar ocasión para que el poder de la banda se manifieste de nuevo; corrientemente, ni siquiera son necesarias
amenazas expresas ni las meras alusiones.

(18) Sobre la enorme extensión de la compra de influencias y de impunidad cómplice, véanse los capítulos dedicados al tema en las
siguientes obras: Taft, ob. cit., pp. 177 - 198; Barnes y Teeters, ob. cit., pp. 22 - 76; Reckless, Criminal Bellavior, pp. 122 - 139; Sutherland,
Principies of Criminology, pp. 187 - 193 y -principalmente para la corrupción de policías y políticos- Tannenbaum: Crime and the Community,
pp. 87 - 173. En cuanto a la protección política y hasta sindical, repásese la prensa diaria nuestra para comprobar la impunidad en que
quedan muchos delitos cometidos por jefes de secciones partidistas o por dirigentes sindicales.

(19) Podría hablarse de que aquí la fuerza que mueve a los delincuentes es el fanatismo religioso, político, social, etc. Preferimos, sin
embargo, dejar de lado esa palabra "fanatismo", por dos razones. La primera, que se le da un contenido demasiado elástico, al extremo de
utilizarse inclusive para censurar a quien tiene convicciones firmes y vive de acuerdo a ellas, como si el no fanático, el individuo loable, fuera
el que tiene alma de junco inclinable hacia aquí o allá, según la dirección momentánea que lleve el viento. La segunda: que cambios súbitos
de situación convierten a los fanáticos del día anterior en los héroes de hoy, como frecuentemente sucede en las luchas políticas y sociales y,
menos frecuentemente, en las religiosas.

(20) Es de lamentar que el juicio posteriormente iniciado a raíz de los fusilamientos de noviembre, haya arrojado pocas luces sobre la forma
en que obró la logia mencionada. El tinte político ha limitado las posibilidades de llegar a la verdad. En cuanto al otro ejemplo, el banderío
partidista es posible que cree iguales dificultades en lo futuro, aún en el supuesto caso de que alguna forma de juicio se instaurare.

345
(21) Sobre secta, puede verse Constancio Bernaldo de Quiroz, ob. cit. pp. 184 - 188. Fue Sighelu el primero que dio gran extensión,
dedicándole un libro especial, a la delincuencia sectaria. Los autores norteamericanos, en general, no hacen la distinción que, sin embargo,
es necesaria, entre las pandillas criminales y las sectas, involucrándolas en el mismo capítulo y juzgándolas con el mismo metro; véase, como
claro ejemplo, la obra citada de Reckless, loe. cit.

(22) Mucho se ha escrito sobre el tema, si bien es posible afirmar que, en los últimos decenios, muy poco se ha agregado a lo que habían
establecido obras clásicas de hace medio siglo. Nos hemos guiado especialmente por: Gustave Le Bon, Psicología de las Multitudes; Sighele,
La Muchedumbre Delincuente; Rossi, Psicología Colectiva Morbosa y Sociología y Psicología Colectiva; Tarde, L'Opinión et la Foule; Freud,
Psicología de las Masas (en el tomo IX de las Obras Completas).

(23) V.: Tarde, ob. cit., pp. 2 - 4.

(24) Recuérdese, como ejemplo demostrativo, el pánico colectivo, con todos los caracteres de una reacción de muchedumbres, causado en
diversos países por las emisiones no preanunciadas, de una novela radioteatralizada acerca de la invasión de la tierra por marcianos.

(25) V.: Tarde, ob. cit., pp. 167 - 179: Le Bon, ob. cit., pp. 29-31.

(26) V.: Ob. cit. pág. 35.

(27) V.: Psicología Colectiva Morbosa, pág. 14.

(28) V.: Oli. cit., T. I. pp. 35 - 82.

(29) V.: Ob. cit., pág. 34.

(30) V.: Ibidem, pp. 37 - 40.

(31) V.: Ibidem, pp. 73. 41 - 48 y 77 - 84.

(32) V.: Ibidem, pp. 78 - 79.

(33) En lo que sigue, nos atenemos principalmente a la clara exposición de Le Bon, aunque incluyendo los aportes de otros autores; ello sin
olvidar que muchas ideas del pensador francés fueron tomadas de Sighele, aunque desarrolladas con mayor extensión; al respecto, véase lo
que quedó dicho acerca de los dos autores recién nombrados, en la parte histórica de esta obra.

(34) La revolución del 21 de julio de 1946 presta grandes materiales, que aún están a la espera de ser sistemáticamente investigados y
elaborados, acerca de la psicología de las muchedumbres. Por ejemplo, era extraordinaria la facilidad con que grupos aislados creyeron que
en la puerta de la Municipalidad habían sido colgados varios estudiantes universitarios: y eso que muchos de los crédulos habían pasado por
allí después del momento en que se decía había comenzado la exhibición de los ahorcados; para no hablar de aquellos que, a fuerza de oír
los rumores, eran capaces de jurar que habían visto personalmente el macabro espectáculo; y al obrar así ciertamente no mentían
intencionalmente, sino que estaban equivocados. En cuanto a la manera cómo estas creencias operan luego, puede verse lo sucedido con el
presidente Villarroel y sus más fieles acompañantes; si fueron colgados, aun después de muertos, se debió en buena parte, sino en todo, a
que mucha gente quería ejecutarlos o mostrarlos en la misma forma en que se suponían muertos los estudiantes arriba mencionados.

(35) De ahí que cuando se leían en la prensa informativa los discursos de grandes conductores de masas -Hitler, Mussolinl- apenas se sentía
uno impresionado: más impresionaba, por incomprensible, la actitud fanática de las masas que oían de presente esos discursos.

(36) Citemos un ejemplo. Durante los días previos a la revolución de 1946, existía un ambiente de enorme tensión. Un estudiante cayó
muerto; desaparecido el cadáver, se realizó una manifestación simbólica de duelo que recorría el centro de la ciudad concluyendo en el
cementerio. En un lugar del camino y cuando la multitud ya se hallaba enardecida, uno de los manifestantes señaló a una persona que se
hallaba en la acera, acusándola de ser policía y espía; sin requerir pruebas, comenzaron las amenazas y unos segundos después, los golpes
que ensangrentaron a la víctima; fue inútil la intervención de algunos estudiantes que habían conservado su sangre fría y que argüían que se
estaba cometiendo un atropello, un hecho indigno de los universitarios, etc. Pero la solución vino como un rayo. Un dirigente estudiantil de
prestigio, corpulento y expeditivo, se dirigió al grupo, apartó violentamente a los agresores, puso a la víctima a sus espaldas y rechazó con
dos golpes a dos nuevos agresores; en seguida gritó que aquel atropello era propio de bestias y que, además, aquel hombre no era ni policía
ni espía. Nadie pidió explicaciones; los ánimos se serenaron; el hombre fue dejado, sin que nadie se opusiera, en una casa cercana. Y la
manifestación prosiguió como si nada hubiera sucedido.

(37) Por lo visto, se deducirá que es un error comenzar una exposición acerca de la criminalidad colectiva, haciendo resaltar el predominio
actual de las masas, así como las grandes aglomeraciones urbanas, en las cuales hay alta técnica industrial. Lo corriente es que en las
grandes ciudades y en los pueblos muy desarrollados, exista demasiado control para que sea fácil cometer delitos colectivos (queremos decir
de muchedumbres, no de asociaciones criminales); la policía es rápida, fuerte y expeditiva. Por eso, las muchedumbres criminales son
fenómenos frecuentes donde ese control no existe, donde las aglomeraciones no son tan grandes como para que en ella exista ya una
potente fuerza pública. Si comparamos, por ejemplo, Bolivia con Inglaterra, resultaría, según aquella tesis, que nuestro país debiera tener
menos criminalidad de muchedumbres; pero ya sabemos que no es así, sino todo lo contrario. Y comparación igual puede hacerse dentro de
un mismo país entre sus sectores regionales más industrializados y urbanizados y los más atrasados.

Belbey, en su obra La Sociedad y el Delito, pp. 31 - 34, cae redondo en este error tanto por el deseo de encajar los fenómenos criminales
multitudinarios en la actual sociedad caracterizada por el papel protagónico de las masas, como por la tácita creencia de que una
muchedumbre delincuente debe ser inmensa y, consiguientemente, sólo reclutable en lugares muy poblados; cuanto más poblados, mejor. En
realidad, las multitudes delincuentes rarísimamente están formadas por decenas de miles de personas; raras son, inclusive, las que cuentan
con algunos miles; lo común es que se cuenten sus componentes sólo por decenas o centenas. Sin que por eso dejen de ser muchedumbres.
En realidad, Belbey ha dado exagerada importancia a un factor secundario.

Sobre las condiciones predisponentes, véanse: Rossi, Psicología Colectiva Morbosa, pp. 108 -119; Tarde, ob. cit., pp. 203 - 213; etc.

(38) Rossi, en su obra recién citada pág. 14, dice que los fenómenos de psicología colectiva morbosa suponen "estímulos anormales por su
naturaleza e intensidad... (que) recaen sobre espíritus anormales". Evidentemente, esta afirmación es exagerada, sobre todo si se entiende lo
anormal no como lo que simplemente se aparta del término medio en cualquier sentido, sino lo que se inclina a la morbosidad.

346
CAPÍTULO DÉCIMO
VICTIMOLOGÍA

1.- PROBLEMAS DERIVADOS DE LA RELACIÓN ENTRE EL DELINCUENTE Y


SU VÍCTIMA. Las relaciones entre el criminal y su víctima constituyen el objeto de
estudio de ese nuevo capítulo de las Ciencias Penales al que se ha llamado
Victimología.

Aunque tales relaciones han sido tomadas en cuenta desde hace mucho tiempo
en las Ciencias Penales, no han recibido atención sistemática sino en los últimos
tres decenios. Pero, como ha sucedido frecuentemente con las novedades, no han
faltado exageraciones que amenazan con desnaturalizar este tema de estudio. De
ahí la necesidad de señalar algunos principios básicos para evitar desviaciones.
Tanto más si, como se reconoce universalmente, es poco lo que se ha ahondado
en estos problemas, sobre todo en el que toca a los aspectos criminológicos, que
todavía se hallan en sus primeros momentos. Sin embargo, la importancia del
asunto se demuestra por el hecho de que ya se hayan realizado dos congresos
internacionales sobre la materia, numerosos simposios, seminarios, y
publicaciones y se haya creado este nuevo capítulo en la Criminología actual.

La Victimoiogía, como totalidad, suele analizar o, al menos, pretende hacerlo,


todos los aspectos referentes a las relaciones entre el criminal y su víctima. En
ese sentido, toca tantos aspectos como algunos tratados de delincuencia juvenil
que exponen las normas penales, las causas de la delincuencia y la ejecución de
las sanciones, incluyendo la responsabilidad civil. Considerar así, unitariamente, la
Victimología, no nos parece condenable; por el contrario, puede ser muy
constructivo (1), pero no puede ser el camino que sigamos en este capítulo, que
tratará fundamentalmente del lado criminológico del problema.

Para evitar confusiones, derivadas de una carencia de delimitación de campos,


señalaremos que los grandes capítulos de que la Victimología puede ocuparse
son fundamentalmente tres:

347
a) El campo de la responsabilidad penal, es decir, de la que corresponde al
delincuente en relación con el Estado y la sociedad de que aquél es
representante. Toca especialmente a la definición del tipo penal y al orado de la
pena, en cuanto ambos aspectos jurídico - penales toman en consideración
condiciones de la víctima. Esta resulta, entonces, importante desde el punto de
vista de la valoración de la conducta criminal y de las consecuencias que la misma
debe acarrear al culpable. Es en este terreno jurídico - penal donde la víctima hizo
su primera aparición, hace ya siglos. El Derecho Penal ha tomado en cuenta
relaciones permanentes o pasajeras, situaciones momentáneas, para defitair tipos
delictivos o grados de responsabilidad. Tal ha sucedido, por ejemplo, en la muerte
dada a un pariente próximo, el derecho de corrección en la familia, el homicidio
perpetrado por el esposo ante la infidelidad de la esposa, los delitos sexuales
cometidos contra menores o anormales mentales, homicidios o heridas resultantes
de la provocación de la víctima, la situación del delincuente que se convierte en
víctima cuando ocurre un exceso en la legítima defensa. Los ejemplos podrían
multiplicarse y se hallan hasta en el derecho más antiguo.

b) El campo de la responsabilidad civil, es decir, el de la restitución y la


compensación que el delincuente debe a su víctima por los daños materiales –
corporales- financieros o morales que le hubiere causado. Esta responsabilidad
estuvo, durante mucho tiempo, confundida con la penal allí donde la sanción fue
manifestación de la venganza privada o donde rigió el sistema de la composición,
cuando un pago extinguía las consecuencias penales y civiles del delito. La
compensación del daño se halla contemplada también desde las más antiguas
legislaciones penales. Pero, generalmente bajo la denominación de indemnización
a las víctimas

amplitud en los últimos cien años (2). Ahora se tiende a que, inclusive cuando el
criminal no es capaz de pagar la indemnización, sea el Estado el que lo haga,
tanto por su obligación de tomar medidas para que las leyes se cumplan como por
razones de justicia. Este es un asunto de enorme interés en la actualidad y se
extiende hasta el momento de la ejecución de la pena, por ejemplo, cuando se

348
dispone que parte del salario del penado se destine al resarcimiento de daños y
perjuicios.

c) El campo criminológico, es decir, aquel en que la victima opera como causa del
delito. Este es el problema que aquí nos interesa y el que menos ha sido analizado
hasta el momento. Mientras los aspectos jurídicos antes expuestos existen desde
hace siglos, el criminológico fue apenas rozado por los fundadores de la
Criminología. La relación causal ha comenzado a ser sistematizada sólo en los
últimos tiempos si bien se está lejos de haber adelantado tanto como en otros
factores del delito. Sin embargo, el relieve que la víctima tiene, especialmente en
algunos delitos, es obvio. Por ejemplo, la mayoría de los conyugicidios,
seducciones, riñas, etc., no pueden explicarse si no se consideran de modo
especial las condiciones o la conducta de la víctima; ésta puede ser, en muchos
casos, la causa principal o una de las principales, para que el delito se hubiera
cometido. No tomarlo en cuenta puede llevar a que la ley penal se aplique con
exagerado objetivismo y descuide aspectos subjetivos fundamentales del delito. Si
ahora se exige que, para determinar la sanción, se tome en cuenta la personalidad
general del delincuente y su situación en el momento del delito, prescindir de la
víctima puede llevar, en muchos casos, a desnaturalizar la realidad, a no
comprender lo que ha sucedido (3).

En cuanto al lugar que la Victimología tiene que ocupar en la Criminología


sistemática, caben algunas consideraciones. Conocer a la víctima nos llevará a
analizarla desde el punto de vista biológico, social y psíquico: como a cualquier
persona, inclusive el criminal. Pero ése es el estudio de la víctima en cuanto
persona; en Criminología debemos encararla como causa del delito. Entonces,
concluiremos que la Victimología tiene que estudiarse en Sociología Criminal ya
que la víctima es, como dice von Hen tig, un elemento del mundo circundante (4).
Las causas que de ella provienen son parte del ambiente en que el criminal se
halla. Son estímulos externos que actúan sobre él.

Esta situación se presenta también y quizá de manera particularmente destacada,


cuando es el Estado la víctima directa del delito. Por ejemplo, es patente que

349
muchos delitos contra la ad-ministración pública se cometen a causa de la forma
en que esa administración tienta y hasta impulsa a que se atente contra ella.
Ciertos tipos de organización estatal son la condictio sine qua non para que se
cometan determinados delitos políticos. Cierto tipo de terrorismo no se podria
explicar sino dentro de algunos regímenes represivos.

Sin embargo, repetimos, es poco lo que se ha avanzado en este novedoso campo,


objeto de estudio especialmente después de la II Guerra Mundial. El primer autor
que, según la mayoría de los expositores, hizo un estudio amplio, fue von Hentig
(). El título de fundador ha sido disputado por Mendelsohn quien, por lo menos, fue
el primero que utilizó la designación, no por todos aceptada, de Victimología (); su
pretensión de que ésta constituya, al menos el presente, una ciencia autónoma, ha
sido, en general, rechazada.

2.- EL NÚMERO DE VÍCTIMAS. Este es un aspecto que puede llevar a que se


entienda cuál es la función que la víctima desempeña en la aparición del delito.
Por ejemplo, es instructivo que, en el sur de Estados Unidos, la mayoría de las
víctimas de linchamientos hayan sido negros. Las diferencias cuantitativas pueden
llevar a encontrar diferencias cualitativas y a establecer una siquiera relativa
tipología de las víctimas.

Sin embargo, no es fácil encontrar estadísticas confiables. Eso sucede por varias
razones entre las cuales se destacan especialmente dos. La primera, que cuando
se trata de estadísticas criminológicas, se concede mayor importancia al autor, al
delincuente, que a la víctima; ésta es frecuentemente descuidada, se la deja de,
lado. La segunda, porque inclusive allí donde se presta atención a la víctima, las
"cifras negras" son considerables: muchas de las deficiencias de las estadísticas
se deben a que las víctimas no denuncian los delitos de que han sido objeto; eso
puede suceder por interés -un banco que no denuncia estafas o abusos de
confianza cometidos por su empleador- por vergüenza -como ocurre con las
víctimas de delitos sexuales- por falta de interés -como cuando se ha sido víctima
de un hurto pequeño-. Las razones de las fallas podrían ser fácilmente ampliadas.
Ellas son lo suficientemente importantes como para que se pueda afirmar, sin
exageración que,
350
en lo que toca a víctimas las cifras negras son más notorias que cuando se
refieren a los delincuentes. En ambos casos, puede decirse lo mismo: las fallas no
son iguales en relación con todos los delitos; por ejemplo, son menores en los
delitos violentos graves; son mucho mayores en los delitos contra la honestidad, la
buena fama, etc.

Hay algunos aspectos en los cuales ya se ha trabajado con fruto, en cuanto a


cantidades de víctimas. Eso sucede, por ejemplo, en la comparación del número
de autores con el de víctimas -para establecer si éstas son las numerosas que
aquéllos-; en relación con la edad, tomando en cuenta que los menores suelen
estar especialmente protegidos por la ley y que hay edades su que, por ejemplo, la
debilidad de la víctima -ancianos, niños- es un aliciente para el criminal; en
relación con el sexo pues si la mujer da cifras menores en cuanto autora de
delitos, habrá que establecer si sucede lo mismo en las estadísticas de víctimas o
Ya se han hecho investigaciones en otros campos similares.

Queda todavía mucho por hacer, sin duda, ya que el comportamiento no es igual
en relación con todos los delitos, inclusive por razones legales; por ejemplo,
cuando la ley define ciertos delitos tomando en cuenta la edad o sexo de la
víctima.

Si en materia de estadística sobre víctimas hay fallas y vacíos, estos defectos son
mayores todavía en lo que toca al aspecto causal explicativo, el más propio de la
Criminología. Por ejemplo, las cifras que reproduciremos enseguida indican que,
en varios delitos, la edad de 20 a 29 años es aquella en que se presenta la mayor
cantidad de víctimas; pero resulta muy difícil establecer por qué sucede eso. Lo
mismo ocurre en relación con otros datos numéricos para los cuales faltan
explicaciones basadas en la experiencia y, quizá, sobran las asentadas en
especulaciones, a veces muy sutiles, pero que no son fáciles de adecuar a la
realidad. En este campo, se ha avanzado poco y es mucho lo que queda por
hacer.

En cuanto a cifras totales, en relación con todos los delitos, el número de victimas
es muy probablemente mayor que el de autores. Eso quiere decir que son más los

351
casos en que un delincuente comete varios delitos y, así multiplica el número de
víctimas, que los casos en que varios delincuentes cometen un sólo delito contra

352
una sola víctima. Por ejemplo, es mucho más común que un solo carterista robe a
decenas de personas y no que un grupo de jóvenes viole a una muchacha.

Este ejemplo nos lleva a otro asunto. Como von Hentig hace notar, hay delitos en
los que se dan pocas diferencias entre el número de criminales y el de víctimas;
tales los casos de asesinato y de incesto. Lo contrario ocurre en los delitos contra
la propiedad; el hurto corriente, los robos de partes de autos y las estafas
llamadas "cuentos del tío" son ejecutadas por los mismos delincuentes contra
muchas personas. Es un hecho comprobado por las estadísticas que el mayor
número de reincidencias se da entre los que cometen delitos contra la propiedad.

En cuanto a las diferencias por sexos, ya vimos que los varones son autores de
delitos con más frecuencia que las mujeres. Algo semejante sucede en cuanto al
número de. víctimas. Por ejemplo, en Estados Unidos, como se advertirá por las
cifras que luego reproducimos, hay aproximadamente una víctima de sexo
femenino por cada tres de sexo masculino.

Las estadísticas que siguen han sido extraídas de la obra "The challenge of crime
in a free society"; es el informe de la Comisión Presidencial sobre cumplimiento de
la ley y la administración de justicia, un trabajo oficial estadounidense considerado
ejemplar en su clase.

VICTIMACIÓN SEGÚN EL INGRESO


(Números por cada 100.000 personas de cada grupo)
INGRESO
INGRESO
DELITO De $ 0 De $ 3.000 De $ 6.000 Más de
a $ 2.999 a $5.999 a $9.999 $ 10.000

TOTAL 2.369 2.331 1.820 2.237


Violación 76 49 10 17
Robo 172 121 48 34
Agresión grave 229 316 144 252
Violación de domicilio 1.319 1.020 867 790

353
Hurto (más de $ 50) (8) 420 619 549 925
Robo de automóviles 153 206 202 219(9)
VICTIMACIÓN POR RAZA (Por 100.000 habitantes de cada grupo)

DELITOS Blancos No blancos


TOTAL 1.860 2.592
Violación 22 o2
Robo 58 204
Agresión grave 186 347
Violación de domicilio 822 306
Hurto (más de $ 50) 608 367
Robo de automóviles 164 286 (10)

VICTIMACIÓN POR SEXO Y EDAD

(Por 100.000 habitantes de cada grupo)

DELITO 10- 20-29 30-39 40-49 50-59 Más Todas las


19 de 60 edades

TOTAL 951 5.924 6.231 5.150 4.231 3.465 3.091

Robo 61 257 112 210 181 98 112

Agresión 399 824 337 263 181 146 287

Violación de domicilio 123 2.782 3.649 2.365 2.297 2.343 1.583

Hurto (más de $ 50) 337 1.546 1.628 1.839 967 683 841

Robo de automóviles 31 515 505 .473 605 195 268

MUJERES

TOTAL 334 2.424 1.514 1.908 1.132 1.052 1.059

Violación 91 238 104 48 0 0 83

354
Robo 0 238 157 96 60 81 77

Agresión 91 333 52 286 119 40 118

Violación de domicilio 30 665 574 524 298 445 314

Hurto (más de $ 50) 122 570 470 620 536 405 337

Robo de automóviles 0 380 157 334 119 81 130(11)

El documento resume así las estadísticas anteriores: "Los hallazgos de la


investigación nacional muestran que el riesgo de vic-timación es el más alto entre
los grupos de ingresos más bajos en todos los índices de delitos, salvo homicidio,
hurto y robo de vehículos; es más pesado para los no blancos en todos los delitos,
salvo hurto; es sufrido más por los hombres que por las mujeres excepto,
naturalmente, en el caso de violación, y el riesgo es mayor entre los 20 y 29 años,
salvo en el caso de hurto contra mujeres y violación de domicilio, hurto y robo de
vehículos contra varones" (12).

Hay otro punto interesante y es el de las relaciones previas que hubieran existido
entre la víctima y el delincuente. En los delitos contra las personas -homicidios,
heridas agresiones, violación-, en la mayoría de los casos, ha habido un
conocimiento, siquiera circunstancial, entre víctima y delincuente. Las relaciones
previas suelen ser mucho menores en el caso de los delitos contra la propiedad
(13).

En cuanto al lugar, se han hecho investigaciones por la Comisión Presidencial


nombrada. Los lugares en que se da mayor frecuencia en los delitos graves contra
las personas son: la calle, 46,8%; la residencia, 20,5% (muchos de estos delitos
provienen de disputas en la familia); tabernas y lugares de expendio de licores,
5,7% (son numerosos los delitos cometidos por personas alcoholizadas).

De manera general, es muy difícil que la calidad de la victima o las circunstancias


que la rodean sean absolutamente indiferentes para el criminal. Factor tan
fundamental del medio ambiente es muy difícil que no sea tomado en cuenta por

355
el

356
actor. De ahí la necesidad de analizar también los rasgos cualitativos de las
víctimas y la posibilidad de establecer una tipología de las mismas.

3.- TIPOS DE VÍCTIMAS. Las primeras clasificaciones criminológicas de los


delincuentes se plantearon hace un siglo; pero todavía no hay acuerdo acerca de
ellas. Si eso sucede en el campo de los autores, menos difícil y mucho más
investigado, no llamará la atención el que las dificultades y desacuerdos sean
mucho mayores tratándose de las víctimas. En verdad, hasta el momento se han
presentado tipologías de la víctima tan variadas que un acuerdo entre ellas parece
muy lejano, si es que llega a presentarse. Las víctimas pueden ser clasificadas
desde tantos puntos de vista que los tipos resultan exageradamente numerosos.
Algunos de los propuestos pecan de excesivamente teóricos, poco cercanos a la
experiencia; otros, en cambio, se basan en algunos contados casos concretos y
llevan a tal multiplicación, que las clasificaciones resultan poco útiles para la teoría
y la práctica.

Algo se ha hecho, sin embargo, que puede servir de base para nuevos avances y
para que se llegue a algún acuerdo futuro, siquiera en cuanto a algunos tipos
fundamentales, como más o menos ha ocurrido en lo que toca a delincuentes.

Se ha hablado, por ejemplo, de víctimas fáciles y difíciles; aisladas y colectivas;


con condiciones permanentes (v. gr., ser mujer) o transitorias (v. gr., hallarse en
estado de ebrieda'd); que denuncian y que no denuncian el delito de que fueron
objeto; que se encuentran en situaciones de inferioridad (débiles mentales, niños,
enfermos físicos y mentales) o que se destacan porque están en situación de
notoria superioridad (en cuanto a belleza, riqueza, posición social o política, etc.).

Vamos a referirnos a tres clasificaciones que, sin duda, servirán de base a otras y
que se hallan entre las más comúnmente citadas en la actualidad: las de
Mendelsohn, Schafer y von Hentig.

Mendelsohn toma como punto de partida el grado de participación "culpable" de la


víctima en el delito. Distingue seis tipos principales (14).

357
1) "Víctima completamente inocente", como los niños, algunos enfermos o que
se hallan en estado inconsciente. Tal el caso de una niña de tres años que,
descuidada momentáneamente por su madre en un almacén de Obrajes, barrio de
La Paz, fue secuestrada por un joven esquizofrénico y luego matada.

2) "Víctimas con culpabilidad menor", como la mujer que provoca una reacción
de la que resulta su muerte.

3) La víctima "tan culpable como el delincuente"; tales los casos de quienes


incitan a actos de suicidio, homicidio - suicidio, eutanasia, etc.

4) La "víctima más culpable que el delincuente"; en este tipo se hallan la


víctima que "provoca" al delincuente y la "víctima imprudente", que lo incita. En los
trabajos prácticos de nuestra cátedra de Criminología, se dieron dos casos típicos;
en uno, ocurría que las victimas de ciertos "cuentos del tío" participaban en el
delito creyendo que estafarían al delincuente; en otro, sobre violaciones de
menores, resultó que, en la mayoría de los casos, podía admitirse que las
muchachas víctimas, demasiado despiertas o sin saber lo que su conducta podía
ocasionar, actuaban como coquetas tentadoras que luego sufrían las
consecuencias (investigaciones sobre denuncias presentadas en tribunales de La
Paz).

5) La "víctima más culpable" o la que es, "ella sola, culpable", aquella que, por
su agresividad, desencadena el delito. Por ejemplo, el agresor injusto que es
matado porque otro usa de la legítima defensa.

6) La "víctima simulada o imaginaria". Se trata de aquellas personas que


acusan sin fundamento a otras, para conseguir que sean injustamente castigadas;
tal ocurra con algunos paranoicos, histéricos, seniles y niños.

Otra de las clasificaciones es la de von Hentig, quien emplea criterios psíquicos,


sociales y biológicos para crear sus tipos; éstos son, en conjunto, los trece
siguientes:

1) Los menores, por sus especiales condiciones de indefensión, debilidad,


poca experiencia, etc.
358
2) La mujer, por su debilidad física y, en especial, como víctima de ataques
sexuales.

3) Los ancianos, débiles físicos y, a veces, también con problemas mentales;


inclusive por su posición económica y social suelen ser tentadores para los
delincuentes.

4) Los mentalmente defectuosos, incluyendo débiles mentales, insanos,


drogadictos, alcohólicos, psicópatas, etc., que son más fáciles víctimas de los
delincuentes.

5) Los inmigrantes, que tienen dificultades de adaptación a nuevas culturas,


probjemas económicos, hosdiidad, aislamiento inclusive porque no hablan la
lengua de la nueva comunidad, etc.

6) Las minorías, que tienen dificultades semejantes a las de los inmigrantes


por causa de raza, nacionalidad, etc.

7) Los "tontos" normales, que son víctimas frecuentes de engaños.

8) Los deprimidos, con lo cual ingresamos al campo de los tipos psíquicos. La


depresión se manifiesta en síntomas de desadaptación, desesperación y otros que
rebajan el rendimiento físico y mental por lo cual los individuos ofrecen poca
resistencia al delito de que son víctimas.

9) La personalidad "adquisitiva", la que quiere conseguir algo; eso puede llevar


a cometer delitos, pero también a ser víctimas porque se las puede tentar con
facilidad.

10) El ligero, negligente.

11) Los solitarios y desgraciados suelen se; víctimas de los delincuentes que se
presentan con la fingida intención de consolar a quienes después serán víctimas.

12) El atormentador, que origina reacciones delictivas de otras personas.

359
13) Los'"bloqueados" y que luchan; por ejemplo, alguien que es chantajeado y
se halla imposibilitado de recurrir a la protección policial; el que lucha contra una
agresión delictiva, pero es vencido (15).

Por su lado, Schafer ha dado su propia clasificación tornando al criterio que era
fundamental en Mendelsohn: el del grado de responsabilidad que la víctima tiene
en la comisión del delito; la víctima es parte del mismo y puede ser clasificada
conforme al grado de su participación. Schafer propone los siguientes siete tipos:

1) Víctimas sin relaciones con el criminal como no sea la resultante del propio
delito. Hay muchos casos en que las relaciones previas no existen y en que las
características de las víctimas carecen de importancia para el delincuente.

2) Víctimas provocativas que hacen algo contra el delincuente, cuyo acto es


simple reacción: las que se burlan, ofenden, atacan de hecho, etc.

3) Víctimas que precipitan el delito no por medio de un ataque o provocación,


pero sí por medio de tentaciones, ocasiones en que se facilita el crimen, etc. Por
ejemplo, quien camina de noche por un lugar solitario rfande se sabe que se han
cometido asaltos.

4) La víctima biológicamente débil, en lo físico o psíquico y que, por tal


condición, despierta o fortalece la idea delictiva en otra persona.

5) Víctimas socialmente débiles como los integrantes de minorías,


inmigrantes, personas discriminadas, etc.

6) Víctimas de sí mismas; son los casos en que la víctima realiza el acto que
la perjudica. No se trata sólo del suicidio o de automutilaciones, sino también de
los casos de drogadicción, al-coholismo, homosexualidad, juego, etc.

7) Víctimas políticas que sufren en manos de sus adversarios políticos. En


estos casos, frecuentes entre los revolucionarios, ellos sufren por su posición
ideológica (16).

360
En esta clasificación como se advertirá, ya se nota la asimilación de lo que otros
autores dijeron, lo que demuestra que, aunque la tipología dé las víctimas se halla
en sus comienzos, ya se van encontrando algunos puntos comunes y de acuerdo.

Sin duda el criterio principal que tiene que seguirse, para una clasificación
criminológica, es el señalado por Mendelsohn y Schafer ya que el mismo resalta la
actuación de la víctima como causa del delito. Pero es obvio que, para establecer
tipologías, pueden tomarse en cuenta otros criterios, según sea la finalidad que se
busca.

(1) Así lo hace, por ejemplo, un libro fundamental de la materia: el de Schafer; Victimology: The victim and his criminal.
(2) V. El Delito, II, pp. 408 - 570. Este amplio capítulo lleva precisamente por título: La víctima como un elemento del
mundo circundante.
(3) Con su obra: The criminal and his victim, studies in the Sociobiology of crime; New Haven, 1948.
(4) V. The origin of the doctrine of Victtmology, en Excerpta Criminológica, vol. 3, N° 3 (mayo-junio, 1963). Vale la
pena recordar que consideraciones acerca de la víctima como causa del delito han sido hechas, aunque no
sistemáticamente, inclusive por los creadores de la Criminología, hace aproximadamente un siglo.
(5) V. von Hentig, "El Delito" II, pp. 425 y ss.
(6) Siempre hay dificultades para caracterizar un tipo penal a fin de dar notas que faciliten comparaciones
internacionales. La dificultad es especialmente grave con el derecho vigente en Estados Unidos donde ni siquiera
suele haber uniformidad legislativa. Hemos traducido forcible rape por violación (cuando hay fuerza y no otras
características, por ejemplo, imposibilidad de dar asentimiento legalmente válido); robbery por robo, generalmente
con violencia en las cosas; assault lo traducimos por agresión y supone ataque violento contra una persona o
amenaza de realizarlo; burglary, como violación de domicilio que, en derecho estadounidense, se liga con la
intención de cometer otro delito; larceny, hurto, apropiación de una cosa contra la voluntad de su dueño; motor
vehicle theft como robo de automóviles. Nos hemos guiado por las definiciones contenidas en la Encyclopedia of
Criminology, dirigida por Branham y Kutash.
(7) V. pág. 135.
(8) V. pág. 136.
(9) V. pág. 137.
(10) V. pág. 138.
(11) Véanse también. Scbafer, ob. cit., especialmente las pp. 54 - 88; von Hentig. ob. clt., especialmente las pp. 441 -
489; el análisis, en muchos aspectos modelo, contenido en el artículo Victimeprecipitated criminal homicide, de
Wolfgang, incluido en el T. I, pp. 280 - 292, de la obra Crime and Justice, dirigida por Rad- zinowicz Wolfgang;
Gosppinger, Criminología, pp. 388-375.
(12) Un resumen en Schafer, ob. Cit., pp. 35-36.
(13) Esta clasificación se halla resumida en Schafer, ob. ctt., pp. 36 - 40. Puede compararse provechosamente con las
distintas clases de víctimas que von Hentig detalla en su obra "El Delito", loe. cit.
(14) V. Schafer, ob, cit., pp. 45-47.

361
Sección Tercera Psicología Criminal

CAPÍTULO I

LAS FUNCIONES PSÍQUICAS

1. LOS FENÓMENOS PSÍQUICOS. NORMALIDAD Y ANORMALIDAD. La


persona humana funciona como un todo y es éste el que confiere sentido y
determina el exacto valor de las partes o factores aislados intervinientes (1). Si
queremos ser exactos habremos de agregar que tales factores aislados o partes
no existen por si mismos, sino que siempre se nos presentan integrando un todo
del cual pueden ser separados sólo como resultado de un proceso de abstracción.

Reconocido lo anterior como verdadero, es, sin embargo, evidente que para
realizar un estudio de la psique humana se impone la necesidad de recurrir a
dicha abstracción, como sucede en todo caso en que se utiliza un análisis para la
exposición; habremos, pues, de proceder a presentar aisladas las distintas
funciones psíquicas (2), mostrando tanto sus caracteres normales como los
anormales, pero siempre con la advertencia de que, si bien tales caracteres
insinúan
-en nuestra obra es lo que nos interesa- esta o aquella afinidad con ciertos delitos,
su evaluación final sólo será posible cuando los integremos en tai o cual totalidad.
Así, por ejemplo, si algo general puede deducirse en un análisis de ios delirios de
persecución o de celos, la repercución que ellos hubieran tenido realmente, en el
delito concreto, no puede adelantarse mientras los demás componentes de la
totalidad no hayan sido igualmente conocidos.

Si lo anterior prevendrá que se nos acuse prematuramente de ser partidarios de


un atomismo psíquico, es también necesario precaver otro error de interpretación.
Tal error podría presentarse como consecuencia de la extensión que se da en las
páginas siguientes al estudio de los fenómenos psíquicos anormales. Eso no debe
ser interpretado en sentido de que se sostenga aquí la vieja, pero aún no
totalmente desarraigada idea de que todo delincuente es un anormal. Nuestra
intención no es esa. Se trata simplemente de que tales rasgos anormales, como
los normales, integran la personalidad y la caracterizan y, por tal razón,
362
contribuyen a explicar por

363
qué se comete un delito. Pero no se trata tampoco sólo de esto sino también de
que los rasgos anormales son mucho más comunes de lo que corrientemente se
cree con un error de apreciación debido a que solemos considerar usualmente
como anormales Jos rasgos que lo son en extremo y que impiden al sujeto
proseguir su vida en la sociedad corriente; pero ese criterio, que tiende a dividir a
la humanidad en dos sectores tajantemente separados, normales y anormales, no
puede ser ya admitido porque desconoce la indudable realidad de los estados
intermedios que son más comunes que los de extrema anormalidad.

Cameron cita estadísticas según las cuales, en Estados Unidos, sólo los
anormales internados en manicomios llegan a 600.000, casi todos ellos psicóticos
(3). Por su lado, Brown estima que alrededor del 10% de los habitantes del país
citado padece de graves anomalías mentales; basado en su larga experiencia,
asegura que no hay estudiante que, a raíz de los esfuerzos realizados, no sea
merecedor siquiera una vez en su carrera, de un tratamiento psiquiátrico (4).
Datos convincentes por sí solos
-y podrían agregarse otros- para justificar la extensión dada a las anormalidades
psíquicas Otra razón, en fin, reside en el hecho de que las personalidades
anormales no son radicalmente distintas de las normales, sino que más bien,
muchas veces, ayudan a comprenderlas (5).

En las páginas que siguen, los distintos tipos de fenómenos psíquicos serán
expuestos en este orden: fenómenos de la vida representativa, de la vida afectiva
y de la vida volitiva (que otros prefieren denominar vida activa).

2.- CAPTACIÓN DEL MUNDO EXTERNO. El mundo externo es cpptado por


medio de la percepción dentro de la cual, como componentes que es posible
separar por medio de la abstracción, se hallan las sensaciones a su vez ligadas
con el cuerpo a través de los denominados órganos de los sentidos (6).

La percepción es la reproducción en la conciencia de un objeto externo (7). De


esta noción resultan varias consecuencias; en primer lugar, que la percepción es
un conjunto de sensaciones, supuesto que sólo los sentidos permiten captar el
mundo externo. Pero esas sensaciones evocan recuerdos y se ligan con ellos;

364
estos recuerdos ayudan a interpretar y dar significado a las sensaciones; en
efecto, en la

365
percepción las sensaciones no se me dan aisladas entre sí ni tampoco meramente
yuxtapuestas, sin orden ni concierto; por el contrario, se encuentran relacionadas
integrando un todo pleno de sentido dentro del cual cada una ocupa
armoniosamente su lugar. Es evidente que tal sentido no nje es meramente
impuesto por el estímulo externo como si éste fuera mecánica y pasivamente
recibido, sino que la psique actúa, opera y reacciona de acuerdo a sus propias
cualidades, experiencias, gustos y tendencias preexistentes. Así, por ejemplo, si
ante un cerro se encuentran un militar, un pintor, un agricultor, un geólogo, un
místico y un excursionista, seguramente tendrán aproximadamente las mismas
sensaciones o datos proporcionados por los sentidos; pero cada uno percibirá una
cosa distinta a la del vecino porque cada uno habrá dado un sentido destinto a la
realidad extema percibida (8). Porque es tan importante el sentido del todo es que
debemos rechazar cualquier interpretación puramente atomista que pretenda
explicar la percepción como mero aglutinamiento mecánico de sensaciones que se
impone a un receptor pasivo. La importancia de este punto se extiende hasta el
terreno criminal; por ejemplo, cuando tratamos de reconstruir el proceso causal de
un delito, podemos llegar a no comprender las razones por las cuales un sujeto
reaccionó de tal o cual manera ante un estímulo; frecuentemente la dificultad
estriba en que a los datos de hecho les damos una interpretación nuestra y
pretendemos que las aje-nas sean absolutamente iguales: en tal caso, es muy
probable que la conducta ajena nos resulte incomprensible; pero podrá
introducirse claridad apenas tratemos de averiguar cuál fue la forma en que el
delincuente mismo interpretó los datos que le ofrecía el mundo exterior.

Es sólo luego, por un nroceso posterior, que podremos aislar las sensaciones
abstrayéndolas del todo primariamente experimentado (10).

Ante la imagen perceptiva no sólo creo que corresponde a un objeto externo, sino
que así es realmente; es decir que aquélla no es mero producto de mi fantasía,
sino que pretende ser la representación, la traducción en la conciencia, de algo
extraconciencial.

366
La percepción, en cuanto estado puramente representativo, ya supone también un
análisis; en la vida psíquica real aquélla se halla siempre acompañada de un
sentimiento y relacionada con la voluntad y la acción. No hay percepción
emotivamente indiferente, como lo demostrado el psicoanálisis (11).

En cuanto a las anormalidades de las funciones sensoper- ceptivas, ellas pueden


ser cuantitativas y cualitativas (12).

Entre las cuantitativas se hallan, por un lado, el anormal aumento, en intensidad y


número, de las percepciones, lo que sucede, por ejemplo, en los estados de
manía y de euforia; por otro lado, la anormal disminución, en número e intensidad,
de las percepciones, fenómenos que se dan principalmente en los casos de
depresión, astenia, melancolía, confusión, despersonalización y en las etapás
iniciales de la esquizofrenia. A veces, se llega a la abolición de las funciones
sensoperceptivas, como en el sueño y ti ensueño, pudiendo la iriaginación
remplazar a la percepción. En los demás casos patológicos, la abolición se debe a
transtornos nerviosos; pero, en los histéricos, pueden presentarse casos de
agnosia inconsciente.

Desde el punto de vista psiquiátrico y especialmente del criminológico, tienen


mayor importancia los transtornos cualitativos; ellos se relacionan con los
llamados juicios de realidad (acerca de la realidad del objeto que se presenta
como estímulo externo y luego contenido intencional de la imagen perceptiva).

Según más arriba expusimos, la percepción implica la existencia de uh objeto


extraccnciencial que es captado: pero, a veces, una representación meramente
interna es aceptada como proveniente de un objeto externo sin que éste exista:
entonces podemos decir que se ha producido una alucinación (12). Otras veces la
imagen psíquica tiene ciertas bases reales, pero adquiere un carácter erróneo por
haber sido deformada por causas internas: falta de atención adecuada, estados
afectivos fuertes, intervención indebida de la fantasía; con frecuencia, se da una
conbinación de estas causas que inducen a interpretaciones erróneas de los datos
ofrecidos por los sentidos (13); en este caso nos hallamos ante una ilusión.
También en las ilusiones el sujeto cree que la imagen deformada corresponde

367
fielmente a la realidad.

368
Ilusiones y alucinaciones pueden referirse a distintos sentidos; pero las más
abundantes son las auditivas y las visuales siguiéndolas las referentes a los
sentidos cuya base orgánica es la piel (contacto, frío, calor y dolor); menos
frecuentes son las ilusiones y alucinaciones olfativas y gustativas y es lo corriente
que se den asociados con otras de otro tipo. Ultimamente y siguiendo el compás
de los descubrimientos de nuevos sentidos, se admite la existencia de
pseudopercepciones cenestésicas (de sed, hambre, fatiga), quinestésicas (de que
las partes del cuerpo se mueven u ocupan tal o cual posición), de posición
corporal (se cree estar continuamente echado, y de equilibrio (se cree estar
girando como un trompo).

La importancia de las alucinaciones es grande en sus reper-cusiones sobre la


conducta criminal.

En las alucinaciones auditivas, suelen oírse voces cuyo contenido injurioso o


desesperante provoca la reacción violenta del alucinado que puede llegar a
cometer delitos contra las personas; igual importancia revisten las alucinaciones
que Moglie califica de imperativas (14) y que implican órdenes que arrastran al
sujeto a la acción (supongamos a suicidarse, inferirse heridas o inferirlas a otros, a
matar, incendiar, etc.); habrá que tomar en cuenta, en ciertos casos, el que se
atribuya origen divino a las voces oídas las que, con tal fundamento, son
inmediatamente obedecidas; en estos casos, frecuentemente asociados con
delirios místicos, pueden recibirse, por ejemplo, órdenes de eliminar a los indignos
o destruir sus propiedades.

También las alucinaciones visuales tienen -mutatis mutandis- la misma capacidad


para provocar reacciones; por ejemplo, cuando el sujeto ve armas en manos de
enemigos, o animales aterradores que, si en un primer momento lo obligan a huir,
pueden provocar reacciones agresivas desesperadas cuando se siente
definitivamente acorralado como suele suceder entre los cocainómanos y durante
el delirium tremens alcohólico.

Algo semejante puede decirse de los demás tipos de alucinaciones. Pero hemos
de agregar dos palabras sobre las que se relacionan con las percepciones

369
sexuales

370
tales como las de sentirse cas- irado, violado, etc.; muchas denuncias
calumniosas se presentan por esta causa, principalmente en mujeres histéricas.

En cuanto a las ilusiones, demás insistir en la importancia que tienen para causar
el delito a través de las falsas interpretaciones a que dan lugar; piénsese en el
caso en que un marido ve juntos a su esposa y a un tercero y, bajo el impulso de
los celos, "ve" que se hallan traicionándolo: o en el de aquel otro que, puesto ante
un presunto enemigo que se lleva la mano al bolsillo, "ve" que saca una pistola
para matarlo.

Las pseudopercepciones son causa de muchos delitos de falso testimonio,


perjurios, calumnias, denuncias falsas. etc. (17).

En general, podemos decir que tamo alucinaciones como ilusiones facilitan el dar
respuesta inadecuada al medio en que se vive.

5.- LA MEMORIA. La capacidad de recordar, o sea, de reproducir hechos


psíquicos pasados, o uno de todo fundamento de la vida social la que supone un
cierto aprendizaje conservada para reaccionar adecuadamente.

Todo fenómeno, para poderse decir que o recordado, debe atravesar por las
siguientes etapas: I) fijación del fenómeno; 2) conservación del mismo lo que
asegura su permanencia, aunque sólo sea latente; 3) evocación en virtud de la
cual el hecho pasado retorna a la conciencia; la evocación o llamada puede ser
conciente o inconsciente, o, como otros prefieren, voluntaria o involuntaria; 4)
reconocimiento del recuerdo que consiste en darse exacta cuenta de que el hecho
pasado está reproducido tal como originalmente se presentó (por ejemplo, si ahora
escribo una frase que hace tiempo oí a otra persona, pero que actualmente
considero mía, puede afirmarse que ha habido fijación, conservación, evocación,
pero no reconocimiento y, por tanto, el recuerdo es incompleto, imperfecto; más
frecuentemente sucede que algunos hechos meramente imaginados son tenidos,
al cabo de un tiempo, por realmente sucedidos; aquí también se cumplen las tres
primeras etapas, pero no el reconocimiento, ya que lo producido por la
imaginación

371
es tomado como proveniente de una percepción). 5) Localización en el tiempo,
sobre todo señalando el antes y el después en relación con otros fenómenos.

Lo contrario del recuerdo es el olvido o ausencia de memoria para tal o cual


acontecimiento. El olvido suele ser distinguido en total y parcial. En el primer
supuesto, lo pasado desaparece to-talmente (ejemplo: un encargo que
desaparece totalmente de la memoria actual cuando se trata de cumplirlo); en el
segundo, la memoria actúa, pero no puede determinar su contenido, como sucede
cuando llego al lugar donde debía cumplir el encargo, sé que tenía que hacer algo
y ello me inquieta, pero soy incapaz de precisar aquello que se me encargó.

Entre las anormalidades de la memoria tenemos las que siguen.

En primer lugar, podemos hablar de la amnesia o carencia de recuerdos; ella


puede ser parcial o total. En la amnesia parcial, el olvido se extiende a sectores
limitados de hechos y generalmente se halla relacionada con lesiones nerviosas;
en la amnesia total, el olvido cubre todo el campo de actividad pasado si bien,
salvo pro- cesos demenciales graves, sólo es alcanzado tal o cual período. Si se
toma en cuenta el tipo de falla que causa la amnesia, se las suele distinguir en
amnesias de fijación y de evocación. Por fin, si se considera la distancia que
separa el momento de amnesia de aquél otro en que se produjeron los fenómenos
olvidados, pueden distinguirse la amnesia anterógrada, la retrógrada y la
anteroretrógrada; en la primera, son olvidados los hechos inmediatamente
anteriores: en la segunda, los alejados en el tiempo; en la tercera, la anormalidad
es mixta.

A veces no hay desaparición de la capacidad mnémica sino una notoria


disminución, como suele suceder en ciertos estados psiconeuróticos y en las
primeras etapas de los procesos que concluyen en demencia; esta disminución del
poder memorativo se denomina hipomnesia.

El polo opuesto está representado por la hipermnesia que es una capacidad


memorativa exagerada: los recuerdos se presentan en número excesivo, se
suceden y atrepellan los unos a los otros y provocan estados de confusión mental
(17).
372
Las anormalidades anteriores pueden ser referidos fundamentalmente a las tres
primeras etapas de la memoria; pero existe otra, tocante al reconocimiento del
recuerdo, que asume especial relieve criminológico; se trata de la paramnesia,
caracterizada por la confusión memorativa y la dificultad o imposibilidad del
reconocimiento.

Podemos, por fin, citar el recuerdo obsesivo en el cual una imagen mnémica
ocupa persistentemente el foco de la conciencia y no puede ser desplazada de
allí, por lo cual tiñe de cierto colorido toda la actividad psíquica del individuo. Es un
fenómeno qtr suele presentarse, en pequeña escala, hasta en las personas
normales.

La memoria es la que da continuidad a la vista psíquica y facilita la adecuación


social por medio del uso de experiencias pasadas: por tanto, sus defectos facilitan
la desadaptación. El individuo tendría que aprender a vivir cada día, porque lo
aprendido en el pasado no le sería aprovechable.

Sin embargo, principalmente en el caso de amnesias, el paciente trata de rellenar


el vacío; a falta de datos verdaderos, comienza a imaginarlos. Al cabo de un
tiempo, acepta como realmente sucedido lo que es meramente una fantasía, por
fuerza de un querer angustioso del sujeto. Es esto lo que se llama confabulación,
falta de reconocimiento que se halla en la base de muchas conductas condenadas
como calumnias, injurias, perjurio, etc.

Ya hemos mencionado aquí la carencia de reconocimiento; ella, en general, puede


arrastrar a la comisión de los delitos recién enumerados. Como es un fenómeno
que puede darse, en pequeña proporción, aún en personas normales, júzguese la
importancia explicativa que asunte en tales delitos y en otros -como los de falsa
denuncia y falso testimonio- aun en sujetos de buena fe en los cuales el psiquiatra,
si es consultado, no puede hallar dentro del criterio que generalmente siguen los
códigos, razón alguna para opinar por la irresponsabilidad del delincuente a causa
de una enfermedad mental.

4.- COMPRENSIÓN Y ASOCIACIÓN DE IDEAS. Comprender, para Mira y López,


es la capacidad de dar significado a las cosas, poner orden en la multiplicidad de
373
los datos sensoriales unificándolos en un todo armónico y lleno de sentido. Es
capacidad no poseída por los idiotas y sólo parcialmente poseída por imbéciles y
los débiles mentales y desaparecida en las demencias y en los estados
confusionales; se altera cualitativamente en la esquizofrenia (18).

La falta o disminución de la comprensión ocasiona la desorientación, que tiene


cuatro variantes: "Las personas que se desorientan en el espacio no saben dónde
están, las que se desorientan en el tiempo no saben en qué momento viven, las
que se desorientan en el ambiente psíquico no saben quiénes las rodean y las que
se desorientan respecto a sí mismas no saben quiénes son".

Los fenómenos psíquicos se ligan entre sí, se atraen, imbrican y ayudan a


evocarse mutuamente, es decir, se asocian de acuerdo a tendencias internas que
ocasionan el que las asociaciones tomen cierta dirección (19).

La conexión entre los fenómenos psíquicos puede efectuarse mecánicamente, por


su exterioridad, o por su significado y contenido; en el primer puesto, se da una
sucesión mecánica de elementos (20); en el segundo, el carril está dado por la
comprensión y la ilación lógicas, caso en el cual ya no encontramos en el campo
de los conceptos, de la abstracción.

De lo anterior, puede extraerse la distinción entre pensamiento mágico y lógico. En


el primer caso, priman como leyes de asociación y como impulso de las mismas,
las apariencias externas, las meras coincidencias tempoespaciales; eso ocasiona
el que cada imagen tenga significados multívocos lo que, a su vez, acarrea el que
no se respete el principio de no contradicción. La aceptación de este principio
marca el paso al pensamiento lógico, cuya base imprescindible es; tal principio
provoca orden, precisión entre los conceptos, permitiendo jerarquizarlos de
acuerdo a su extensión y comprensión lógicas. Luego vendrá el principio de
causalidad o razón suficiente que introduce entre la abigarrada multitud de los
fenómenos, las cuñas de una explicación racional. Es dentro de este orden mental
como se deslizan, como sobre precisos carriles, el juicio y el raciocinio.

374
Ahora podemos pensar a tratar de las anormalidades de las funciones de
comprensión y asociación.

a) Flujo (fuga) de ideas (22). Se caracteriza, según dice Noyes (23), por la
sucesión rápida de los contenidos mentales que no tienen punto de llegada ni
finalidad que guíe esa sucesión. Barbé, por .su parte, trata de estos fenómenos en
el capítulo dedicado a la atención y los caracteriza diciendo que en la fuga de
ideas éstas no pueden ser fijadas en el foco de la conciencia siendo arrastradas
las unas contra las otras, por asociaciones caprichosas (24); es un síntoma clásico
en los enfermos maníacos. "De todos modos, lo interesante es que, en el flujo de
ideas, las relaciones entre un término y otro de la cadena asociativa se conservan,
aun cuando ésta resulta en su conjunto disparatada e incomprensible. Este dato
resulta esencial para diferenciar dicho síntoma del de la disgregación del
pensamiento, que es propia y característica de los enfermos esquizofrénicos" (25).

b) Inhibición del pensamiento. Es lo contrario de lo ante-rior y acostumbra


darse en los estados depresivos y también en los momentos iniciales de la
esquizofrenia. Debe anotarse que, en estos casos, las asociaciones, de
producirse, son eminentemente lógicas e intrínsecas.

c) Perseveración. En este estado, existen ideas que se in-troducen


persistentemente en el curso de la asociación; es como un leit motiv que tiende a
volver y repetirse continuamente.

d) Prolijidad. Esta anormalidad consiste en la excesiva detención en los


detalles de las ideas asociadas; por eso, el proceso asociativo se torna pesado,
lento y trabajoso en lo que tiene de esencial; el pensamiento y el lenguaje, que es
su expresión, se tornan minuciosos y ampulosos, sin ganar ni en profundidad ni en
consistencia (20).

e) Disgregación. El pensamiento se desorganiza, pierde sus lazos, se


fragmenta; en esta anormalidad, característica de la esquizofrenia, los términos
inmediatos de la asociación no guardan

coherencia lógica, por lo cual el producto final resulta incomprensible (27).

375
f) Bloqueo o interpretación. El curso ae la asociación se interrumpe
bruscamente y allí queda; luego se inicia otro proceso asociativo independiente. El
resultado de ello, como de las anormalidades anteriormente relatadas, es la
incoherencia del pensamiento.

g) Ideas fijas y obsesivas. Las ideas fijas, como hace notar Barbé (28), se
caracterizan porque ocupan permanentemente el foco de la conciencia, cerrando
el camino a todo cambio o variación: en el mejor de los casos, estas ideas
permanecen como telón de fondo inmutable, sobre el cual resbalan las demás;
desde luego aquí nos referimos c las ideas fijas de carácter patológico (por
ejemplo, a las resultantes de un delirio de persecución), pero no al caso,
supongamos, de un investigador tenaz. Mira hace notar que las ideas fijas son
neutras. En cambio, las obsesivas, aunque falsas, no sólo ocupan el centro de la
conciencia, sino que pugnan por arrastrar a la personalidad total por lo cual
originan luchas internas que van acompañadas de estados de profunda angustia;
es lo que sucede en las personalidades compulsivas o anancásticas. Otras veces,
la obsesión se manifiesta a través de contrapuestas ideas que plantean dudas
nunca resueltas. Si el resultado es el temor, se producen las denominadas fobias
(29).

Como las anormalidades enumeradas caracterizan frecuentemente a tal o cual


tipo nosológico, dejaremos para entonces el estudio de las repercuciones
criminales.

5.- LA INTELIGENCIA. Comprende los fenomenos de la función de pensar, la cual


distingue específicamente al hombre de los demás seres vivos. Ella opera
esencialmente con objetos abstractos; tales objetos abstractos o conceptos no
nacen meramente de la inteligencia, sino que son extraídos de los dalos concre-
tos que ofrecen las otras funciones mentales representativas (30).

El primer material de los pensamientos son los conceptos, los cuales, en una
mente bien organizada, se hallan jerarquizados de acuerdo a su extensión y
comprensión. Los conceptos pueden ser relacionados entre sí con lo cual se
forman los juicios; éstos se caracterizan esencialmente por su pretensión de

376
verdad (ej. si establezco el juicio "Bolivia es una nación mediterránea", él tiene la
pretensión de corresponder a una auténtica realidad).

377
Por fin, tenemos el raciocinio, la más alta función del pensamiento que consiste en
extraer juicios desconocidos de otros conocidos. Puede ser deductivo, en el cual,
de juicios generales se extraen conclusiones particulares (V. gr.: todo hombre es
mortal; Sócrates es hombre, luego Sócrates es mortal); se emplea en ciencias
como las matemáticas y el derecho. En el raciocinio inductivo, se va de lo
particular a lo general; es lo que se hace en las ciencias naturales en que,
después de comprobaciones experimentales, se induce una ley general que se
pretende hacer valer inclusive para los casos similares no experimentados. En
tercer lugar, podemos incluir el raciocinio llamado analógico que va de lo particular
a lo particular: en él, si se advierte que dos objetos se parecen en algo, se infiere
que se parecen en el resto (v. gr.: la corvina, que vive en el agua, es un pez; por
tanto, la ballena, que también vive en el agua, es un pez); es el raciocinio
característico del escaso desarrollo intelectual y el más sujeto a errores (31).

Las anormalidades de la inteligencia son difíciles de sistematizar porque sus


facetas son múltiples pudiendo atacar a la capacidad de comprender, inventar,
criticar (y autocriticarse) que engloban corrientemente bajo el único nombre de
inteligencia junto con esa resultante práctica, que es la consecuencia de las
anteriormente enumeradas y que se describe como la capacidad de adaptarse a
las situaciones nuevas. Ya vimos cómo cabían en el número anterior, parte de las
anormalidades de la inteligencia.

Mira y López las distinguen en cuantitativas y cualitativas.

Entre las anormalidades cuantitativas se hallan las procedentes de detención,


retraso o regresión, estados que luego serán más detallados al tratar de la
oligofrenia y las demencias.

Ahora, podemos detenernos en las anormalidades cualitativas, de las cuales ya


estudiamos algunas dejando para esta parte el tratar, en especial, del
pensamiento delirante o delirio que tiene extraordinaria importancia en los
procesos criminógenos y que se halla presente en numerosos síndromes
mentales: psicopatías, neurosis, psicosis, demencias, etc. Existe una gran
variedad en la especie del delirio y en su intensidad.

378
El delirio es un error morboso de juicio y, según Mira y López, puede definirse
como "la actividad intelectual cuyo contenido está integrado por errores
morbosamente engendrados e incorregibles por la influencia psíquica directa
(razonamiento, demostración experimental del error, sugestión, etc.)" (32).

Esta falla en el juicio puede agravarse porque se asocia, como sucede muchas
veces, con errores de la percepción (ilusiones y alucinaciones), de la imaginación,
del recuerdo, etc.

Los delirios pueden distinguirse en grupos según ciertos caracteres comunes;


entonces puede hablarse de delirios sistematizados y no sistematizados; agudos y
crónicos; permanentes e intermitentes; parciales o generales. Algunos son
fácilmente reconocibles como anormalidades (delirio de enormidad), pero otros
requieren de finos estudios para ser diagnosticados debidamente, como sucede
con algunos delirios sistematizados. Tomando en cuenta las fuerzas que desvían
el curso del pensamiento de su correcto desenvolvimiento, se han hecho varias
clases de delirios; éstos son, siguiendo a Mira y López (33)

a) De perjuicio; el enfermo se cree dañado y perjudicado por el mundo en que


vive; suelen ser resultado de la debilidad, consciente o inconscientemente sentida,
del sujeto.

b) De persecución; es uno de los más frecuentes y de los que más insertos se


hallan en variadas enfermedades mentales; es la exageración del anterior: el
sujeto se siente agredido, por el ambiente, en su fama, su salud, su vida, sus
intereses, etc.; se halla frecuentemente mezclado con delirios de grandeza y
enormidad. El delirio de persecución es uno de los más relevantes desde el punto
de vista criminológico pues suele provocar la reacción del perseguido contra el
perseguidor, como única forma de superar los injustos ataques que cree recibir de
él; los delitos más comunes resultantes se cometen contra las cosas (destrucción,
incendio) y contra las personas (heridas, homicidios) (34).

c) De influencia: se halla emparentado con el de persecución junto con el cual


lo exponen algunos autores; el sujeto se considera influido por poderes mágicos,

379
sobrenaturales que pueden llevar a la disgregación de la personalidad, creando
así personali-dades contrapuestas en el mismo individuo (35).

d) Delirio hipocondriaco; "traduce una preocupación cons-tante y mal fundada


acerca de la salud física, el estado de los diversos órganos" (36). El sujeto se cree
canceroso, sifilítico, tuberculoso, etc. A veces, el delirio se apoya en alucinaciones;
otras veces, se trata de simples interpretaciones morbosamente condicio-nadas.

e) Delirio nihilista o de negación; es un agravamiento del anterior; el sujeto


niega la propia existencia o la ajena, o de algún órgano; afirma que no puede
moverse ni obrar en ningún sentido, eso puede llevar a cometer delitos de omisión
o culposos variados, principalmente cuando se tienen deberes que cumplir. Otra
manifestación de este delirio es la tendencia a la oposición sistemática, a
contradecir en todo a los demás; son los casos de negativismc característicos de
la catatonía.

f) Delirio melancólico; en el que priman los sentimientos pesimistas acerca del


presente o de lo que guarda el futuro. Se diferencia del delirio de persecusión
porque no se atribuye a nadie en especial el mal que existe o ha de sobrevenir: se
trata de resultados ocasionados por la ciega fatalidad. No es raro que los
pacientes se sientan inclinados al suicidio como única forma de abreviar los
sufrimientos.

g) Delirio de autoacusación; "una parte de la personalidad del sujeto erigida en


enemiga del resto ... le provoca todo género de errores en la valoración ética de
sus acciones. Hasta los actos -más insignificantes y anodinos son considerados
por su auto; como síntomas de una gran maldad. Además, surgen seudomemorias
en virtud de las cuales el delirante de este tipo se cree responsable de delitos,
crímenes y atrocidades sin cuento que no ha cometido" (37). Su ansia de
autocastigarse resultante, puede llevadlo a acusarse ante las autoridades por
delitos supuestos y aún a automutilarse.

h) Delirio de transformación cósmica; en que el mundo exterior tanto como el


propio paciente cambian, evolucionan, se convierten en seres distintos o de
distintas materias (por ejemplo, el paciente se convierte en piedra, vidrio, en
380
demonio, en

381
animal); el mundo mismo se altera, sus cosas componentes cambian de materia,
se funden, etc.

i) Delirio místico y de posesión; Dios, algún santo, han elegido al paciente; se


muestran a él; le charlan y le dictan las normas a que debe sujetarse su actividad
apostólica destinada a redimir al mundo, a salvar a los buenos y a convertir o
destruir a los malvados. Otras veces, el espíritu no ordena desde fuera, sino que
se posesiona del sujeto, se encarna en él, hazaña que suele ser cumplía también
por los espíritus malos (posesos diabólicos) que guía al cuerpo, lo inclinan al mal
(muchas veces tendencias relacionadas con el sexo) y lo impulsan a cometerlo de
manera irresistible. La posesión diabólica delirante explica muchas veces la
comisión de algunos delitos que son atribuidos al súcubo que se ha adueñado de
la persona. Pero aun los delirios relacionados con los espíritus del bien pueden
provocar delitos graves porque inspiran el castigo y la destrucción de los indignos
y de los ateos.

j) Delirio de grandezas; en que hay un acrecentamiento valorativo de todo lo


que se relaciona con el paciente; él es el más bello, rico, inteligente, poderoso; en
sus manos, están el destino del mundo, el porvenir de la civilización, de la ciencia,
del arte, de la religión. Como una exageración del delirio de grandezas, está el de
enormidad; mientras en el primero todavía hay ciertos atisbos de verosimilitud, en
el segundo toda idea de proporción esá perdida y se cae en los mayores
absurdos. Su carácter es tan extremo V, por lo mismo, tan revelador de la
anormalidad del sujeto que hay autores que conceden al delirio de enormidad un
lugsr aparte (39).

k) Delirio reformador idealista; en el cual se cree poseer la verdad que ha de


reformar al mundo (contacto con delirios de grandeza y místicos); los individuos
afectados se sienten felices actuando de apóstoles de las utopías más
disparatadas, si bien algunas veces conservan cierta capacidad para sistematizar
los ideales. No es raro que se injurie y calumnie y hasta que se reaccione de
hecho contra los opositores y críticos, reacciones tanto más probables por cuanto
el delirante reformador suele tener una energía inagotable para escribir,
pronunciar
382
conferencias, realizar viajes, en fin, para utilizar incansablemente todos los medios
de propaganda de sus ideas.

I) Delirio de invención; en que el paciente cree haber inven-tado algo de


máxima importancia para el mundo, en el terreno de las artes, las ciencias, la
filosofía, la técnica. Se asocia con el delirio de grandeza (es un gran sabio), con el
de perjuicio y persecución (incomprendido y envidiado) y con el litigante (sigue
juicios a quienes lo calumnian o contra quienes le roban su invento).

II) Delirio pleitista; denominado también querulante, reivindicativo, litigante; el


paciente se cree continuamente atropellado en sus derechos por todos; inicia
juicios a derecha e izquierda para lograr que la justicia se imponga y restablezca;
los abusos –supuestos- más pequeños, hacen desplegar al delirante pleitista una
energía desproporcionada. En medio de los juicios iniciados, antes de ellos o
después, injuria a las personas presuntamente enemigas de su derecho; puede
llegar hasta medidas de hecho, si considera que los tribunales no le dan la razón
que tiene; inclusive los jueces son acusados de prevaricadores cuando sus
sentencias son contrarias. Estos personajes están lejos de ser raros en la
actividad de los estrados judiciales.

m) Delirio de celos; en ellos, una falsa interpretación de la realidad,


frecuentemente enlazada con alucinaciones e ilusiones, llega a convencer al
paciente de que su cónyuge es infiel; suele darss conjuhtamente con
anormalidades cualitativas y cuantitativas del instinto sexual. Arrastra a delitos
graves, generalmente de heridas y homicidio en la persona del cónyuge
supuestamente infiel.

Todos estos delirios, por ser tales, suponen una inadecuada concepción del
mundo y de la vida y, consiguientemente, dificultan el adaptarse a ellos; es a
través de esas dificultades cómo se puede llegar al delito buscando una salida o
solución a las concepciones delirantes.

Por otra parte, "las concepciones delirantes conducirán irre-sistiblemente al sujeto


hacia el crimen, si ese crimen, por muy atroz„que le parezca, representa para él la

383
sola solución posible de una situación intolerable. La determinación criminal es en
se-mejante caso el término inevitable y lógico de un proceso mental de
razonamiento, es decir de un encadenamiento racional de conceptos, de un
riguroso silogismo. El error fundamental y primordial de las premisas, bases del
delito, es el elemento propiamente patológico del oue conviene considerar menos
el lado puramente intelectual que el lado afectivo, la hipertrofia morbosa del ton)
emocional que hace perder al enfermo, toda noción de los valores" (39).

6.- LOS SENTIMIENTOS. Hasta aquí nos hemos referido preferentemente a la


vida representativa, en sus distintas variedades; pero, junto a ella, en un plano
más profundo y primitivo, se halla la vida afectiva, cuyos fenómenos se resisten a
una definición cabal y son más bien experimentados por uno mismo, vividos de
manera intransferible.

Resulta difícil distinguir especies de estados afectivos o sentimentales; una de las


clasificaciones menos alejadas de la realidad, puede diferenciarlas en cuatro
grupos. En el primero, se hallarían los estados afectivos o sentimientos -usando
estas palibras en sentido restringido-, que son estados no fuertes.ni duraderos;
luego, las emociones: estados fuertes, pero no duraderos: las pasiones, estados
fuertes y duraderos; los estados de ánimo, débiles, pero duraderos.

También los fenómenos afectivos, latu sensu, nos permiten comprobar la unidad
funcional humana resultante no sólo de la imbricación de los fenómenos psíquicos
entre sí, sino con el cuerpo, que es su asiento material. En efecto, en todo estado
afectiva hemos de notar asociaciones con fenómenos representativos (imágenes
perceptivas o fantásticas, recuerdos, ideas, etc.) y con fenómenos corporales
(palidez, rubor, lividez, aumento de la presión arterial, alteraciones en la
composición química de la sangre, en el funcionamiento de los órganos
vegetativos, etc.).

Los sentimientos son fuerzas poderosas que impulsan a Ia acción o la reprimen;


muchas veces la conciencia es un campo de batalla entre ellos; algunos están
enraizados en las oscuras profundidades del instinto, otros, iluminados por la luz
de la razón y provienen de la experiencia, de la educación, del tono adjunto a

384
los

385
valores que son captados y conocidos. Por un lado, el tono afectivo-
temperamental está intimamente relacionado con la constitución corporal (40); por
otro, con las tendencias derivadas del medio ambiente y de la necesidad de
adecuarse a él.

Toda persona normal suele experimentar los más variados estados afectivos; pero
éstos se quedan dentro de los límites -ciertamente amplios- marcados por la
proporcionalidad con la causa provocadora. Pero, en los anormales, esa
proporcionalidad no existe, como tampoco existe la variabilidad de sentimientos
carac-terística del normal; los sentimientos se apagan, el alma se enfría, ios
afectos disminuyen (hipotimia) o, al contrario, se exageran (hipertimia); a veces,
llegan a anularse (atimia). Los sentimientos pueden retardarse, asociarse
lentamente los unos con los otros (braditimia) o acelerarse hasta atropellarse entre
sí (taquitimia); pueden ser estables, firmes (derotimia) o fácilmente sustitufbles,
cambiantes, lábiles (metatimia). Anormalidades todas que frecuentemente se
asocian entre sí.

En las alteraciones cualitativas de los sentimientos, se hallan las paratimias o


distimias. Puede tratarse de sentimientos nuevos ligados con transformaciones de
la personalidad, como sucede en los delirios de influencia, misticismo,
transformación, etc.; o de sentimientos que no corresponden normalmente a los
contenidos representativos, como sucede con muchas fobias, obsesiones, an-
gustias; o fenómenos de ambivalencia afectiva en que coexisten en el mismo
individuo estados afectivos contradictorios que no se integran, caso frecuente
cuando la unidad de la conciencia está dañada, como en la esquizoidia y en la
esquizofrenia; por fin, puede suceder que un tipo de sentimientos predomine
anormalmente sobre los demás al extremo de subordinarlos y teñirlos con el
propio color (las llamadas, por algunos autores, psicosis pasionales) (41).

7.- LA VIDA ACTIVA. LA VOLUNTAD. El mundo exterior no sólo produce


reacciones sentimentales en el ser humano, no sólo lo altera al provocar la
aparición de imágenes perceptivas sino que es a su vez influido por ese ser
humano; éste no se comporta pasivamente frente al mundo, sino que reacciona
sobre él y trata de modificarlo. La serie de actividades que iniciándose en lo
386
más profundo de la

387
conciencia llega a manifestarse en movimientos corporales, es lo que
denominaremos vida activa.

En su nivel más alejado de la conciencia, las respuestas ad-quieren carácter casi


puramente fisiológico y automático; son los reflejos, reacciones inconscientes e
inmediatos ante ciertos estímulos específicos (42).

Más cercanos a la conciencia, se hallan los actos instintivos que merecen ser
examinados con alguna extensión.

El instinto es generalmente entendido como la "aptitud innata y hereditaria, que se


manifiesta en todos los individuos de utn misma especie, por la capacidad para
realizar automática y fatalmente ciertos actos sin aprendizaje previo y sin
deliberaciones, sin progreso posible y sin conocimiento del objeto a alcanzar, ni de

la relación entre el objeto y los medios puestos en juego para llegar a él" (43). En
otras palabras, se trata de "mecanismos perfectamente montados por la herencia,
qúe sólo esperan el estímulo propicio para ponerse" en marcha.

Los instintos presentan en los animales notable rigidez, pero ello no sucede, en el
hombre, en el cual, si bien los impulsos instintivos suponen fuerzas enormes,
pueden ser guiados y contrastados por la inteligencia; en el hombre, más que de
instintos con rígidas formas de expresión, cabe hablar de tendencias instintivas; en
éstas, subsiste el origen inconsciente y hereditario de la conducta, pero ésta
asume gran variedad de formas de presentación (44).

En cuanto a los tipos de instintos, Roger los clasifica en instintos de conservación


del individuo e instintos de conservación de la especie. Entre los primeros se
hallan el de alimentación o nutrición y el instinto de defensa, límite con el instinto
batallador y el sanguinario. Entre los segundos, se hallan el instinto genésico
(junto con el maternal y el familiar), el migrador, el gregario y el social (45). Basta
la anterior enumeración para anotar las relaciones entre el instinto y muchos de
los impulsos delictivos.

También los instintos pueden tener anomalías; por ejemplo, la actuación


inadecuada del instinto de propia conservación puede llevar al suicidio o facilitarlo.
388
Ya hemos hablado tambiéu de las perversiones y variaciones cuantitativas del
instinto genético, causa de muchos delitos sexuales, aberrados o no. Además, el
instinto sexual se halla en la base de muchas enfermedades mentales o ligado a
ellas.

Antes de llegar a los actos voluntarios, debemos mencionar otro tipo de


reacciones en las cuales existe un momentáneo auto-matismo inconsciente, si
bien en su origen fueron conscientes; nos referimos a los hábitos en los cuales la
conducta, a fuerza de repetirse, se inscribe de tal manera en el sistema nervioso
que las respuestas se suceden, al cabo de un tiempo, como en los reflejos (46).

La voluntad.- El acto voluntario es el más propiamente humano, el más


directamente relacionado con la responsabilidad penal y con el sentido moral,
razón por el cual constituye uno de los temas que ha suscitado mayores
discrepancias no sólo en el terreno de la filosofía y la psicología sino también en el
de sus repercusiones sobre la responsabilidad penal.

El propio nombre de "actos voluntarios" o de "voluntad" ha sido rechazado por


ciertos psicólogos, principalmente los partidarios de la psicología objetiva. A ellos
se pliega Mira López quien prefiere hablar de "conación"; "con el término de
conación, designan los psicólogos anglosajones el aspecto impulsor del ciclo
psíquico, es decir, el conjunto de actividades referentes que se ini-cian en la
intención y terminan en la acción. Si se quiere mayor claridad, diremos que la
conación es la fase psicomotriz de la actividad personal" (47). La preferencia
manifestada por el profesor español tiene su origen en su temor de incurrir en algo
que parezca admitir la teoría de las facultades psíquicas, una de las cuales sería
la voluntad.

Sin embargo, Baruk, a quien no puede acusarse de retrógrado, nos dice: 'Puede
alguien sorprenderse al notar que retomamos ei vocablo voluntad, que recuerda a
algunos las antiguas abstracciones de las "facultades del alma". Pero no es
suprimiendo este vocablo que se suprimirá la abstracción metafísica de que se
halla rodeada. Y, de hecho, los autores aparentemente más rigurosos, los que
parecen más objetivos y ajenos, aparentemente, a los prejuicios metafísicos,

389
conservan,

390
como vimos más arriba, sin darse cuenta, esos mismos prejuicios sobre la
inalterabilidad de la voluntad, etc. Entonces, vale más no tener miedo de las
palabras y abordar con espíritu verdaderamente científico el estudio
psicofisiológico de la voluntad" (48).

En los actos voluntarios, los mis típicamente humanos, el fin que se persigue es
claro y consciente (diferencia con el instinto). En efecto, dicho acto supone la
presentación de los motivos y objetivos que pueden inducir a obrar, un
enjuiciamiento de los mismos sopesando su pro y su contra (49); y, por fin, el
momento propiamente volitivo que es el de la decisión la cual, a su vez, es el
primer paso hacia la acción (50).

Cualquiera de estos momentos que falle y ya tenemos un acto que no puede ser
calificado de voluntario (51). Por ejemplo, si entre los fenómenos representativos
que entran en contienda, los hay anormalmente deformados, como los
provenientes de alucinaciones, delirios, etc.; o cuando los deformados son los
sentimientos con fuerza para arrastrar a toda la personalidad o cegar su juicio.

Pero existen anormalidades típicas de la voluntad. Esas anormalidades pueden


ser cuantitativas o cualitativas.

Entre las cuantitativas, tenemos la disminución del poder de la voluntad o


hioobulia; su ausencia se denomina abulia. En cuanto a la hiperbulia, sólo en
casos muy especiales puede ser considerada como patológicamente anormal.

Entre las cualitativas se hallan ios impulsos patológicos y las compulsiones.

A veces, los impulsos se presentan a manera de cuerpos extraños que la voluntad


no puede expulsar del campo psíquico ei el cual quedan sin someterse al control
racional. No existiendo, en muchos casos, pérdida de la conciencia, el paciente se
angustia y sufre a causa de esos impulsos que siente contrarios a su perso-
nalidad.

Así sucede con las ideas obsesivas que ocupan el campo conciencial y pugnan
por arrastrar tras de sí a toda la persona; lo mismo, con los impulsos; con una
diferencia de matiz, suele designarse con este nombre la imposición de un
391
movimiento (52).

392
Entre los impulsos patológicos, se citan los relacionados con el instinto de
nutrición: de comer cosas extrañas y hasta repugnantes y tóxicas; de beber
inmoderadamente (dipsomanía); los relativos al instinto sexual: onanismo,
sadismó, masoquismo, exhibicionismo, uranismo, fetichismo, bestialismo,
necrofilia, incesto, satiriasis, ninfomanía, etc., de particular relevancia en la
criminalidad.

Los instintos de combate y destrucción son fundamento de otros impulsos cuyas


consecuencias criminales suelen ser graves: así tenemos los impulsos al suicidio,
al homicidio, al incendio (pilomanía). Lo mismo puede decirse de los impulsos de
apropiarse de cosa ajena (cleptomanía).

Asimismo, se puede mencionar, aunque con repercusiones criminales menos


directas, el impulso a la fuga (dromomanía), el que puede operar en estados de
inconciencia (sobre todo en la epilepsia y la histeria) o acompañados de
conciencia.

Al tratar de las fobias, denominadas también obsesiones inhibidoras, ya no


tenemos que pensar en objetos o conductos que atraen formalmente, sino oue
repelen y causan temor. Las fobias pueden recaer en muchos objetos o conductas
(panofobias), en alguno especial (monofobias). Las fobias relacionadas con d
espacio han merecido mucha atención, hablándose de agorafobia (de los grandes
espacios) y de claustrofobia (de los espacios cerrados). Asimismo, es importante
la obsesión de duda, también denominada obsesión o manía interrogativa que
contribuye a paralizar la voluntad del sujeto o a disminuirla.

La compulsión es el resultado de la lucha entre un impulso y una fobia y conduce


a disminuir la capacidad de acción práctica del sujeto. Es característica de la
personalidad anancástica, también llamada compulsiva.

En cuanto al momento de la acción externa, el defecto fundamental es la apraxia:


imposibilidad de realizar ciertos movimientos por razones puramente psíquicas, es
decir, existiendo completa normalidad en los mecanismos corporales,
principalmente nerviosos, correlativos; es lo que sucede en las afasias y en
muchas pseudqparálisis que se presentan en los histéricos. Se habla también de
393
las estereotipias que consisten en la repetición constante de detertninados
movimientos

394
complejos; cuando los movimientos son simples, se prefiere denominarlos tics
(principalmente, en éstos puede evidenciarse la imposición del movimiento,
imposible de controlar por medio de inhibiciones voluntarias). El manerismo
consiste en la adopción de poses teatrales, exageradas, que manifiestan carencia
de espontaneidad. En la denominada flexibilidad cérea, el paciente actúa como un
maniquí: si una de las partes de su cuerpo es colocada en cierta posición, así
queda. Lo contrario es el negativismo, frecuente en algunos tipos esquizofrénicos:
el sujeto no obedece las órdenes, por racionales que sean, hace precisamente lo
contrario.

Desde el punto de vista psiquiátrico, tiene importancia la denominada obediencia


automática; pero esa importancia es menor desde el punto de vista criminológico.
Se ha discutido si un paciente sugestionado hasta los límites del hipnotismo puede
ser inducido a servir de instrumento material inconsciente para cometer algunos
delitos; los casos presentados como ejemplares son sumamente raros y
discutibles y generalmente producidos en laboratorios lo que permite sospechar
que el paciente se da oscuramente cuenta de que se trata de situaciones ficticias.
Lo que parece más cercano a la realidad es que el paciente no pierde totalmente
su conciencia moral, de modo que si accede a las órdenes del sugestionador
puede suponerse que el acto delictivo no choca contra su conciencia. Son muy
frecuentes los casos, aún de laboratorio, en que la alarma moral provocada por el
acto inducido se manifiesta en el brusco despertar o en ataques histéricos de los
pacientes (53). Más comunes son los ejemplos en que se ha aducido que el
hipnotismo sobre el sujeto pasivo del delito ha facilitado la comisión del mismo; los
ejemplos más comunes se citan entre los delitos de violación y otros semejantes.

(1) Acerca de este criterio que coloca primero el todo y luego las partes, véase lo que dicen la psicología de la forma y de la dinámica
del delito.
(2) Lo que aquí se dice supone admitir la posibilidad de distinguir claramente los fenómenos psíquicos de los de otra especie,
admisión que está lejos de tener alcance puramente teórico. Esa distinción es la única que justifica la disposición sistemática de
las partes de la Criminología. Pero, pese a su importancia, obviamente el tema no puede ser tratado aquí. Al respecto pueden
verse: Roustan: Lecciones de Psicología, pp. 19-69; Müller, Psicología, pp. 47-58; Messer: Psicología, pp. 101 -109.
(3) The Psychology of Behavior Disorders, p. 4.
(4) V. The PsychodjTnanies of Abnormal Behavior, p. 5.
(5) En cuanto a la disposición de los párrafos, había que atenerse a la efectuada por algún especialista, con modificaciones de
detalle; en las páginas siguientes se notará que ha sido tomado como texto fundamental la Psiquiatría de Mira y López.
(6) Cabe otra justificación para ello en esta obra que es elemental y principalmente dirigida a los estudiantes; se trata de que éstos
suelen ya tener previamente conocimiento de la psicología normal, lo que no sucede con los fenómenos anormales.
(7) Por eso Mira López las llama funciones senso-perceptivas. V. Psiquiatría, p. 92 y ss.
(8) Nótese que aquí la palabra objeto no sirve para designar tal o cual "cosa" aislada sino a la entera y estructurada situación que

395
es captada por el sujeto.

396
(9) Esta concepción totalitaria ya se encuentra expuesta en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Ha sido mérito de la moderna
corriente denominada de la psicología de la forma (o Gestalttheo-rie), el haberla redescubierto apuntalándola ahora con el aparato
de las inumerables experiencias nuevas. En cuanto al problema de la variedad de interpretación de acuerdo a la propia
personalidad, ese es el tema central de la biotipología de base axiológica que Spranger ha desarrollado en su obra Formas de
vida de donde se ha sacado la idea del ejemplo presentado. El libro de Spranger abarca toda la realidad anímica, razón por la
cual introduce los valores sin los cuales todo intento de comprender la conducta humana está destinado a fracasar
(10) No juzgamos necesario, por lo menos en una obra elemental como la presente, ingresar en un estudio detallado de
las sensaciones.
(11) Este descubrimiento es muy anterior a la aparición de Freud y sus discípulos; pero ha sido el psicoanálisis el que ha puesto
énfasis en el tema.
(12) Véase fundamentalmente Mira y López, Psiquiatría, p. 95 y ss.
(13) Por eso, y dejando de lado la contradicción interna de la frase, suele denominárselas percepciones sin objeto. Para evitar
equívocas interpretaciones se hace necesario insistir, con Baruk (Précis de Psychiatrie, p. 248) en que el estado alucinatorio
no implica el mero darse de una imagen sin objeto externo, sino también la creencia de que ese objeto existe; de otro modo
podría tratarse de una elaboración fantástica perfectamente normal.
(14) La psiquiatría moderna tiene como uno de sus postulados la creencia en la insensible transición de la normalidad a la anormalidad
y entre los grados de esta última; como justificativo, podemos mostrar lo que sucede con las ilusiones, como luego lo haremos
con otros fenómenos psíquicos; nuestro juicio no ofrecerá lugar a dudas cuando se refiera a tal individuo que continuamente
malinterpreta la realidad y, consiguientemente, no logra adecuarse a ella; pero antes de llenar a tal extremo-habrá que recorrer
toda la escala que se inicia en cualquier persona a la que consideramos normal, pero que seguramente de vez en cuando sufrirá
de ilusiones. Ahora bien: ¿quién se animará a determinar cuál es la ilusión que, agregada a las anteriores, sirve para atravesar
claramente la línea que separa a la persona normal de la anormal? Y si se piensa más en la intensidad que en el número, ¿cuál
es aquel gramo espiritual que permitirá emitir un juicio tan terminante?
(15) Moglie, La Psicopatología Forense p. 100.
(16) Véase lo que dice en la primera nota del próximo capítulo acerca del problema que significa el calificar de delincuentes a
los anormales.
(17) Si la hipermnesia ha de ser calificada, como se hace aquí, como una anomalía, es evidente que hay que considerarla con los
caracteres recién mencionados. Si se trata de una persona capaz de recordar precisamente todo el pasado, de reproducirlo y
de hacerlo servir normalmente dentro de la vida, habrá una cualidad anormal, en el sentido de poco usual, pero no en el sentido
patológico, que es el que aquí tomamos en cuenta.
(18) Si la hipermnesia ha de ser calificada, como se hace aquí, como una anomalía, es evidente que hay que considerarla con los
caracteres recién mencionados. Si se trata de una persona capaz de recordar precisamente todo el pasado, de reproducirlo y
de hacerlo servir normalmente dentro de la vida, habrá una cualidad anormal, en el sentido de poco usual, pero no en el sentido
patológico, que es el que aquí tomamos en cuenta.
(19) V: Psiquiatría, pp. 124-125. Sin embargo, recuérdese lo que se dijo hace poco acerca de la percepción y de la función
significativa que ella tiene. A decir verdad, no existe total acuerdo acerca de la función mental a que ha de adscribirse la
comprensión; ni eso debe causar escándalo ya que el espíritu -si se nos permite la palabra- también actúa como un todo entre
cuyas actividades es difícil establecer distinciones tajantes. Al respecto, puede recordarse que Binet, al explicar el ámbito al cual
eran aplicables sus tests de inteligencia, incluyó entre las funciones de ésta la comprensión.
(20) Mira y López: Psiquiatría, p. 126; subrayado en el original.
(21) Se ha hablado de asociación de ideas, pero entonces la palabra "idea" es tomada, como lo hacía la psicología asociacionista
inglesa -que universalizó la expresión "asociación de ideas"- como equivalente a "fenómeno psíquico" en general; en tal sentido
amplio, la asociación de ideas abarca la asociación de recuerdos, imágenes fantásticas, conceptos (que podrían considerarse c
on el nombre de la idea, en sentido estricto), etc. "Asociación de ideas" es expresión equívoca, como se tornará evidente cuando,
en seguida, se estudien las anomalías particulares de la asociación. Desgraciadamente, tiene carta de ciudadanía en la inmensa
mayoría de los textos de psicología y psiquiatría; y decimos desgraciadamente porque puede ser, y muchas veces es. fuente de
confusiones para los estudiantes.
(22) Aquella palabra "mecánica" tiene que ser entendida en base a lo expuesto acerca del funcionamiento de la psique, donde nada
hay de mecánico en el sentido estricto y usual del término.
(23) En estos puntos, más que en otros, nos ceñimos al esquema general propuesto por Mira y López Y: Psiquiatría, 124 y ss. Sin
embargo, nos parece mejor, según hacen otros autores, pasar el estudio de los delirios, errores de juicio, al número dedicado a
la inteligencia.
(24) Psiquiatra Clínica p. 71.
(25) Précis de Psychatrie, pp. 28-29.
(26) Mira y López, Psiquiatría, p. 135. Subrayado en el original.
(27) Como este libro está destinado a servir principalmente a los estudiantes de leyes, poco cercanos a casos clínicos observables
en la realidad, hemos de procurar citar ejemplos típicos que aclaren algo las caracterizaciones generales. Véase, así, el
siguiente caso, mencionado por Mira y López, en que la prolijidad es acompañada de perseveración. Se trata de una carta
dirigida por una epiléptica a su madre:
(28) "Querida madre: Me encuentro muy enfadada porque no vienes a verme. No sé qué te puede pasar para que no vengas a verme.
Tampoco me han venido a ver el tío Juan ni la tía Francisca. Ya no me queréis ver, a pesar de que yo sí os quiero ver. Veremos a
ver si vendréis a verme sabiendo que os quiero ver. Dile al tío Juan y a la tía Francisca que quiero verlos y que no dejen de venir a
verme. El domingo, cuando vengáis, si venís a verme, traedme las medias que me prometiste, aquellas medias que me compraste
en la feria el día que a tío le reventaron el pus de la pierna. Ya sabes que son amarillas y la costura es muy delgada. Te pido las
medias porque aquí las medias que tengo están muy rotas, y como no queréis venir a verme y no me traéis las medias amarillas
que os pido, estoy mal vestida y las demás ya no miran con la envidia que les daba cuando me veníais a ver y me traiáis cosas.
No te olvides, pues, de las medias que te pido. Ya sabes que son las amarillas y, si acaso no te acuerdas, dile a la tía Francisca,
que ella estaba cuando las comprasteis y ella sabe cómo está la costura y te las encontrará enseguida, que están en el cajón de
arriba de la cómoda, que está en la habitación que tiene la ventana que mira al patio. No tienes más que recordarlo a la tía
Francisca y en abriendo el cajón de la cómoda las encontraréis. No dejéis de traérmelas, pues las que tengo están rotas. Venid a
verme tú, el tío Juan y la tía Francisca. No dejéis de venir que ya sabéis que quiero veros. Venid. Te abraza tu hija. María"
Psiquiatría, p. 138).
(29) He aquí un ejemplo de Sanchís Banús en que la expresión es síntoma claro de disgregación: "Un concurso de óperas y, por tanto,
de los idiomas sin traducción difícil como su música, haciendo ésta a la letra y la letra a ésta, entonces los que se creyeran
capaces para construir una gran Victoria, algunos, sobre todo los que tuvieran arte ni honor, tal había fundido haciendo y
componiendo en cada país y…" etc., cit. por Mira y López, Psiquiatría, p. 139.
(30) Ob. cit. p. 29-30.
(31) Con estos últimos párrafos, entramos ya en el terreno de la vida volitiva; allí daremos más detalles.
(32) De donde resulta que las anormalidades en la percepción, la memoria, la asociación, la imaginación, etc., turcen de antemano
la función intelectual al proporcionar un material incorrecto.

397
(33) Por tanto, se presentará predominantemente en los nifios, olí gofrénleos y cretinos.
(34) Psiquiatría, p. 141.
(35) Conservamos el esquema del mismo, pero agregando las opiniones de otros autores ya sea en lo puramente psiquiático -
ateniéndonos, entonces, sobre todo, a la obra citada de Barbé, pp. 62-65, quien sigue en mucho a Séglas-, ya en las
aplicaciones criminológicas.
(36) Para una descripción detallada del proceso por el cual el perseguido se transforma en perseguidor y sus consecuencias
delictivas. v: Verger, Evolución del concepto médico sobre la Responsabilidad de los Delincuentes, pp. 75-79.
(37) Véase el siguiente ejemplo, citado por Mira y López, de una carta escrita por un paciente joven a su médico; el paciente se halla
en las etapas iniciales de la esquizofrenia y es estudiante del quinto curso de medicina:"... y lo que más me molesta es que
cuando estoy solo en mi habitación, siento a veces con perfecta claridad la presencia de algo a de alguien detrás de mí. Sin que
pueda evitarlo, esa fuerza, penetra en mi interior -me parece que por detrás de la oreja y por las puntas de los pelos- y se
apodera de mi pensamiento y de mi voluntad: debe ser una influencia electromagnética que aspira como un imán mi fuerza
psíquica. Tengo la convicción de que cuanto hago es sugestionado. Dudo de que Ud., a pesar de su talento, pueda por si solo
librarme de esta especie de misterio. Sería necesario reunir las fuerzas de muchas voluntades formando una cadena para
oponerse a esta acción. Ahora mismo, ya no puedo escribir más y no sé si tendré que romper esta carta, porque me vuelvo a
sentir su presencia
..." (Psiquiatría, p. 147; el subrayado proviene de allí).
(38) Séglas, transcrito por Barbé, ob. cit., p. 77.
(39) Afira y López, Psiquiatría, p. 149.
(40) Así Séglas. cit. por Barbé; véase la ob. cit., p. 64.
(41) Verger, ob. cit., pp. 67-68.
(42) Recuérdese todo lo que se expuso al respecto en el capítulo destinado a la Biotipología.
(43) Véase estudios sobre la importancia que tienen en la configuración general de la personalidad, el resentimiento y el deseo
de venganza, respectivamente, en Mira y López, Psiquiatría, pp. 185-186 y Moglie, ob. cit., pp. 135-136.
(44) Estas características han hecho que ni las escuelas extremistas hayan considerado que los actos reflejos simples
puedan constituir materia de delito.
(45) Roger, Elementos de Psicofisiología I, p. 103. Sin embargo, esta definición puede dar lugar a equívocos alrededor de la esencia
del acto instintivo; para algunos autores, notoriamente Thorndike, el instituto es mera cadena de reflejos; toda la teoría de la
forma se alza en contra; sobre este asunto de indudable importancia psicológica y criminológica, véase: Kofka: Bases de la
Evolución Psíquica, pp. 84-112 y Roustan, ob. Cit., pp. 429-448.
(46) La circunstancia de que un acto tenga una fuerte base instintiva no es suficiente por sí sola para anular o disminuir
la imputabilidad. Inclusive puede dar lugar a penas más graves por implicar una -especial capacidad para el delito.
(47) Roger, ob. cit., p. 105 del tomo I. Aparentemente faltan algunos como el instituto de dominio, de imitación, etc.; pero se verá
que ellos pueden ser incluidos dentro del vasto campo delimitado por los tipos establecidos por Roger. Para un desarrollo de
tallado, véase ibídem, pp. 130-220.
(48) Sobre los reflejos condicionados como mecanismo de formación de los hábitos: V: Pavlov: Los Reflejos condicionados; Dravovich:
Les Reflexes Condicionnés; Frolov: La Actividad Ce- Cerebral.
(49) Psiquiatría, p. 194.
(50) Ob. cit., pp. 225-226. Las observaciones recientes pueden hacerse también a Mira y López y a cuantos siguen la corriente
objetiva; por lo demás, de ser consecuente, el autor español debió haber prescindido igualmente de otras designaciones t an
peligrosas o más que la de voluntad; por ejemplo, no debió hablar de inteligencia, memoria, percepción, etc. En el fondo, se da
más importancia a las palabras que a su significación. La mayor parte de los autores siguen utilizando el término sin sentir ni
provocar escándalo. En gran parte, éste deriva del desconocimiento exacto de lo que debe entenderse por facultad, tal como fue
concebida por la filosofía aristotélico-tomista.
(51) Entre las contrapuestas fuerzas, no se hallan estados representativos puros, sino también los sentimientos que les son adjuntos,
las tendencias instintivas, los hábitos (que facilitan la acción), etc. La etapa de valorización de motivos, normalmente
desarrollada, es lo que muchos códigos, entre ellos el nuestro, denominan con el vocablo "discernimiento" u otros similares.
(52) Por razones metodológicas, los momentos fisiológicos de la acción (vibraciones nerviosas, contracciones musculares, etc.),
quedan fuera del estudio psicológico. Para más detalles, véase: Gemelli: Metodi, compiti e Umiti della psicología nello studio
del delincuente, pp. 63 70.
(53) En la mayor parte de las legislaciones penales, acto voluntario equivale a acto libre, típica base de la responsabilidad penal.
(54) Al respecto, v: Barbé, ob. cit., p. 130.
(55) V.: Verger, ob. Cit., pp. 61-63.

398
CAPÍTULO II

LA OLIGOFRENÍA

1.- LAS ENFERMEDADES MENTALES. En estas y las siguientes páginas, han de


ser estudiadas las enfermedades mentales (1). Sin embargo, la distribución
sistemática de las distintas entidades nosológicas tropezará con las mismas
dificultades con que tropiezan los psiquiatras, quienes aún no se han puesto de
acuerdo y es difícil que lo hagan en un plazo corto (2). Una dificultad adicional
para un texto de Criminología es la que surge de la especial dirección que aquélla
ha de imprimir a la psiquiatría ya que ésta es estudiada con fines limitados; de ello
pueden resultar, y resultan, discrepancias entre la ordenación de las distintas
enfermedades y la extensión que se les dedica si se escribe un texto de psiquiatría
clínica u otro de Criminología, en que el estudio se limita a los efectos que las
anormalidades mentales pueden ejercer en la aparición del delito.

En los primeros capítulos de esta obra, dijimos que el campo de la Criminología es


delimitado por las disposiciones jurídico-penales; por eso, éstas pueden contribuir
en algunos campos, con algo de luz; pero eso no sucede en el terreno de las
anormalidades mentales pues en lo que a ellas toca los textos legales más que
capacitados para dar luz están necesitados de ella (3).

Otra dificultad que no se puede dejar de lado sino a riesgo de falsear los hechos
consiste en el tránsito insensible entre unas formas nosológicas y otras, así como
entre los grados de anormalidad. Las citas al respecto, provenientes de psiquiatras
de las más opuestas escuelas, podrían multiplicarse indefinidamente. Barak insiste
en el paso insensible del normal, al neurótico y al psicòtico (4); las diferencias que
se dan entre unos tipos y otros son de simple grado, para Brown (5), Noyes (6),
etc.

2.- CONCEPTO DE OLIGOFRENÍA. Esta palabra deriva de dos vocablos griegos


que unidos significan: escasa inteligencia. En efecto, el núcleo de esta
anormalidad está constituido por el escaso desarrollo intelectual en relación con la
edad cronológica que se ha alcanzado. En estos casos, la detención mencionada
es congènita o sumamente prccoz y repercute sobre toda la per-sonalidad no sólo
399
por

400
su gravedad sino porque dicha personalidad funciona como una unidad total en la
que es imposible aislar tales o cuales funciones.

El concepto enunciado es teóricamente claro y preciso; sin embargo, existen


muchas dificultades prácticas para establecer criterios de acuerdo a los cuales
determinar cuándo la inteligencia se encuentra retrasada y hasta qué punto.

Para introducir orden, se han empleado las ideas de edad cronológica y edad
intelectual.

La primera se mide desde el momento del nacimiento y puede ser establecida por
el documento del registro civil.

La segunda se mide por el grado de inteligencia más común entre las personas de
determinada edad. Por ejemplo, la edad mental de ocho años es la poseída por la
mayoría (7) de los niños de esa edad; se trata, según se ve, de un criterio
estrictamente estadístico, de un promedio, tal como sucede, por ejemplo, con la
estatura propia de tal o cual edad. Sin embargo, en el caso de la edad intelectual o
mental, las dificultades de una determinación exacta aumentan por carecerse de
unidades adecuadas, análogas a las que se dan para medir los caracteres físicos.

La psicología experimental moderna, ha ideado muchas variedades de pruebas o


tests, con las cuales pretende determinar el grado de desarrollo de las distintas
capacidades humanas. Naturalmente, tales pruebas tampoco se basan en ninguna
unidad mental que, superpuesta a la capacidad por medir, nos exprese en nú-
meros exactos la magnitud de ésta, sino que se atienen a los términos medios (8).
En tal sentido, son usados los llamados tests mentales que buscan determinar la
edad mental o intelectual de una persona.

Poseído este último dato, así como el de la edad cronológica o natural, todavía
queda por establecer el grado de discrepancia entre una y otra. Para ellq, se
comenzó usando el sistema de la resta; a la edad mental, se le sustraía la
cronológica y el resultado servía para determinar el grado de atraso o adelanto; en
el perfectamente normal, el resultado debía ser cero.

401
Ejemplos: si un niño tenía ocho años de edad cronológica (EC) y los mismos de
edad mental (EM). era perfectamente normal, tenía la inteligencia correspondiente
a su edad; el resultado era 0. Si otro niño tenía seis de EM y nueve de EC, el
resultado era — 3 (6 — 9); si, a la inversa, la EM era de 9 y .la cronológica de 6, el
resultado era de 3 (ahora, tres años de adelanto; antes, de atraso).

Sin embargo, el sistema demostró poseer muchos defectos, por lo que pronto fue
sustituido por el llamado cociente intelectual (CI) que resulta de dividir la edad
mental (EM) por la edad cro-nológica (EC); generalmente el resultado se multiplica
por 100 para facilitar los cómputos; de donde, en resumen, la fórmula para
establece ei CI es la siguiente:

EM

CI= — X 100.

EC

3.- GRADOS DE DESARROLLO MENTAL. De la operación recién mencionada,


resulta toda una escala de capacidades mentales que van desde los individuos
geniales hasta los idiotas profundos.

El campo medio está dado por los normales (que están dentro del promedio) que,
idealmente, tienen CI = 100; sin embargo, como es imposible trazar un límite tan
exacto, en la práctica se acepta que los normales tienen un CI que oscila entre 90
y 110. Los demás valores admitidos son los que consigna el cuadro que sigue:

CI Calificación

Más de 140 Inteligencia genial

Superdotados 120—140 Inteligencia muy

superior

110—120 Inteligencia superior

90—110 Inteligencia normal

80 — 90 Casos límites
402
70 — 80 Debilidad mental leve

60 — 70 Debilidad mental

media Oligofrénicos50 — 60 Debilidad mental grave

10 — 50 Inbecilidad (tres grados)

0 — 10 Idiota (tres grados) (9).

Estas escalas pueden utilizarse en aquellos individuos que se encuentran en


etapas vitales en que se supone que la inteligencia -no la simple experiencia- aún
se halla en pleno desarrollo; según los distintos autores, ese desarrollo cesa a los
16 ó 18 años teniendo que usarse después una escala única para adultos. Como
la edad cronológica sigue creciendo, de emplearse entonces el sistema del CI,
éste iría disminuyendo año tras año. Razón por la cual, cuando se trata de adultos,
se prefiere utilizar la mera edad intelectual para determinar el grado de oligofrenia;
con este criterio, la escala más corrientemente aceptada es la siguiente:

De 0 a 3 años de edad mental: Idiocia (tres grados).

De 3 a 7 años de edad mental: Imbecilidad (tres grados).

De 7 a 12 años de edad mental: Debilidad mental (tres grados).

4.- CARACTERES DE LOS DISTINTOS GRADOS DE OLIGOFRENÍA. Las


clasificaciones anteriores demuestran que es necesario caracterizar por separado
a cada uno de los grados de oligofrenia, aún sobreentendiendo que el rasgo
común es la deficiencia intelectual.

La idiocia o idiotismo ocupa el más bajo nivel del desarrollo intelectual. Llaman la
atención las anomalías craneales y cerebrales (micro y macrocefalia; hidrocefalia);
alteraciones en los reflejos, en los instintos; falta de proporcionalidad corporal, etc.

En cuanto a la vida psíquica, ella está en el nivel que corresponde a un nene de 3


años de edad o menos, según sea el grado de la idiocia; son incapaces de valerse
hasta para cumplir sus más elementales necesidades pues, si son idiotas
profundos, apenas forman reflejos condicionados y, si lo son menos

403
profundamente, sólo

404
forman unos cuantos reflejos condicionados elementales. En los casos menos
graves, se puede llegar a la bipedestación y al lenguaje; pero éste es sumamente
reducido, lejos de la oración correcta; las partes irregulares dan lugar a continuos
errores. Abundan estereotipias en algunos otros y los hay que se sumen en la
apatía. Desde luego, carecen hasta de elementales formas de raciocinio, así como
de toda forma de apreciación crítica y moral.

Las causas que pueden llevar a la idiocia son esencialmente tres: las hereditarias,
(idiotas, ab initio), las lesiones cerebrales y el mal funcionamiento endocrino. En
cuanto a sus formas clínicas, las hay muy variadas siendo las más importantes: la
cretinoide o mixedematosa, por hipofunción de la tiroides; la mongoloidc.
caracterizada por la pequeña estatura, epicanto, color amarillento, braquicefalia;
desde el punto de vista criminal, es relevante su erotismo; por fin la idiocia
amaurótica de Tay-Sachs que se da predominantemente entre los judíos; se
caracteriza por la ceguera proveniente de atrofia del nervio óptico, parálisis, etc.;
suele presentarse, a manera de regresión, en la adolescencia. En la idiocia
epiléptica, hay destrucciones del cerebro y ataques comiciales precoces. Por fin,
én la encefalítica, la enfermedad se liga con encefalitis infecciosas y se acompaña
de múltiples lesiones cerebrales.

La imbecilidad tiene las mismas causas y signos, aunque más atenuados, que la
idiocia. Posee ya algo desarrollada la memoria, lo que facilita ciertos aprendizajes,
principalmente en los imbé-ciles leves, que les permiten desempeñar algunas
labores rutinarias que impliquen pocas exigencias (campesinos no tecnificados,
limpieza, etc.); pueden, algunos, hasta dibujar; también expresarse relativamente
bien por medio de la palabra; forman varios reflejos condicionados no
complicados: pueden atender bien sus necesidades inmediatas. Su capacidad, sin
embargo, para valerse en la vida por sí solos es tan pequeña que no debe
extrañarnos el que muchas veces se inclinan a romper por la línea de menor
resistencia: la delincuencia, vagancia, mendicidad, prostitución, etc.

En cuanto al débil mental (de siete a diez o doce años de edad mental),
generálmente puede vivir en la sociedad normal, si bien con dificultades y dentro
de
405
actividades inferiores; puede aprender a leer y escribir, así como las operaciones
artméticas básicas, Dibuja, copiando, domina lo suficiente sus músculos como
para bailar o realizar algunos trabajos mauales.

5.- OLIGOFRENÍA Y CRIMINALIDAD. El oligofrénico, en toda su variedad de


grados, es incapaz de conocer los valores morales y de hacerlos servir para
refrenar su conducta; la captación de lo abstracto, la autocrítica, le son ajenas. En
cambio, predominan en él los componentes temperamentales y las costumbres. Si
el temperamento es plácido, ordenado y tranquilo y el ambiente del cual se copian
los ejemplos hasta formar costumbres, es bueno, difícilmente tendremos
delincuentes y seres antisociales; si existe temperamento agresivo y rebelde, pero
las costumbres han logrado imponerse a él, ciertamente aumentan las
posibilidades de delito, pero éste ha de esperarse sólo si las circunstancias llegan
a anular pasajera o definitivamente la fuerza del hábito; por fin, tendencias
temperamentales indeseables y falta de buen ambiente llevan con mucha
probabilidad a la delincuencia.

Como se verá, se trata del equilibrio que existe entre la capacidad de agresión al
medio y el temor aue se tiene; fuerzas ambas de las más primitivas, pero cuyo
nivel no puede excederse en toda política preventiva o correctiva dada la
mentalidad a que están dirigidas. De lo anterior, puede deducirse hasta dónde es
erróneo atribuir la delincuencia de los oligofrénicos a esta su anormalidad psíquica
prescindiendo de las costumbres que se crean y del ambiente en que se mueven
(10).

Podemos, hechas las anteriores advertencias generales, entrar ahora a distinguir


algunos caracteres especiales de la criminalidad.

En los idiotas, la criminalidad está casi exclusivamente relacionada con acóesos


de furia semianimal que se presentan; en tal caso, los delitos suelen ser graves:
homicidios, heridas, lesiones, incendios, violación, etc. También pueden dar
delincuencia en hechos en que la anormalidad moral muestra destrucción o
perversión elemental de los instintos, como en los casos de necrofilia, zoofilia, etc.
Sin embargo, como, por su propio estado, los idiotas suelen ser internados en

406
manicomios o sujetos a constante vigilancia, su criminalidad efectiva
probablemente no sea muy alta.

El problema planteado por los imbéciles suele ser más grande por cuanto mayor
parte de ellos viven sin tan estrecha vigilancia y, a veces, hasta realizando algunas
tartas fáciles. Eso hace que, fuera de contar con más ocasiones para cometer los
delitos típicos de los idiotas, puedan cometer otros más, por ejemplo, contr.» la
propiedad; tienen mayores oportunidades y tentaciones, entonces, y no mucho
mayores frenos inhibitorios que los idiotas (11). "Son muchos los casos de niñeras
imbéciles que han matado niños confiados a su cuidado; algunas veces se
perpetran crímenes completamente inmotivados, verbigracia, el de una criadita
que a la edad de quince años ya había matado once criaturas clavándoles alfileres
en la fontanela. Pertenecen también a este grupo de delitos los incendios
intencionados, los actos de vandalismo, por ejemplo, los derribes de árboles. Por
último, los oligofrénicos incurren en los más variados y salvajes atentados contra
el pudor, muchas veces unidos con actos de brutal crueldad. Hay delitos que
desde el primer momento despiertan la sospecha de estar ejecutados por un
imbécil, por ejemplo, los de bestialismo, necrofilia, etc". (12).

Pero el grupo más interesante está dado por los débiles mentales; éstos, a la
inversa de idiotas e imbéciles, viven corrientemente en la sociedad normal y han
de adaptarse a las exigencias mínimas de ella; pero su anormalidad mental aplica
mucho de sus sufrimientos en esa tarea adaptativa, sufrimientos que se iniciac ya
en sus primeros estudios donde fracasan con frecuencia allí donde otros triunfan
sin gran espueizo; posteriormente, se puede decir que quedan eliminados de las
prolesiones superiores, de la fama y hasta del dinero. Su inferioridad,
inconscientemente sentida, choca con sus instintivos deseos de sobresalir; de allí
nacen las creencias en las envidias ajenas, como racionalizada explicación de los
fracasos propios, los resentimientos, las venganzas. Con compensaciones
exageradas "tratan de obtener a toda costa una lutosatisfacción atrayéndose la
atención de ios demás con sus actos extravagantes o violentos. Esta segunda
actitud conduce a la delincuencia y al extremismo de todo tipo (político, religioso,

407
deportivo, etc.) sin que esto quiera decir -ni mucho menos- que todos los
extremistas sean débiles mentales. Lo cierto es, no obstante, que con frecuencia
tales oligofrénicos realizan actos antisociales "para salir en los periódicos" o
adquirir fama de terribles en algún asnecto y calmar así su íntima insatisfacción.
Otra actitud posible es la determinada por el proceso de proyección: en este caso,
el sujeto, desconfiado, hipócrita y cruel, hace responsables a los demás de su
defecto, les supone intenciones hostiles, especialmente de tipo económico, y no
es raro que así se engendren en él odios familiares (especialmente fraternales)
que le llevan a un desarrollo paranoide, siempre peligroso, pero mucho más
cuando obedece a esta patogenia" (13).

Por lo demás, resulta evidente que su mayor participación en la vida social les
pone ante los ojos mayores tentaciones, más numerosas oportunidades de
delinquir; frente a ellas, como decíamos más arriba al tratar de los imbéciles, no
puede actuar el freno de la alta moralidad, que queda fuera de su alcance, sino
sólo las costumbres y el temor.

Lo anterior, sin embargo, no debe llevarnos a admitir, sic ct simpliciter que los
oligofrénicos sean mucho más delincuentes que los normales; menos aún a
sostener que el defecto intelectual actúe en los casos de delincuencia poco menos
que como causa única. Tal tesis fue sostenida, entre otros, por Goring y Goddard:
éste último, como se recordará (14) llegó inclusive a pensar que el delincuente
nato de Lombroso no era otra cosa que un débil mental. Sin embargo, las
investigaciones que se han realizado con tesis entre los convictos dejan muchas
dudas, porque han arribado a conclusiones discrepantes. Podemos agregar que,
aunque las estadísticas demostraran que entre los presos hay más oligofrénicos
que entre los no presos -y repetimos que eso no está terminantemente
comprobado- aún se podría racionalmente argüir una serie de razones; por
ejemplo, que los oligofrénicos son más fácilmente detenidos y condenados que los
delincuentes inteligentes, tanto por el tipo de delitos que cometen como por la
forma de cometerlo y de plantear su defensa.

408
Esto sin desconocer que la oligofrenia predispone a ciertas formas delictivas más
bien que a otras: pero eso sucede con todos los estados normales y anormales.

6.- INTELIGENCIA SUPERIOR Y CRIMINALIDAD. Si la alta capacidad intelectual


se traduce, en la práctica, en la mayor facilidad para adaptarse a la vida social
resolviendo los problemas que ella plantea, es claro que, por tal lado, aquella
apunta hacia una disminución de la criminalidad pues es evidente el dicho de que
donde concluye la inteligencia empieza la fuerza; si la primera no consigue
superar la dificultad, tendrá que acudirse a la segunda.

Y, en efecto, si consideramos aislado el factor inteligencia, cuando ésta es escasa


se tiene tendencia natural a utilizar los mecanismos inferiores de reacción; por eso
la oligofrenia, de por sí, inclina más a los mecanismos de fuerza que la inteligencia
superior.

Pero es también indiscutible que la persona inteligente, por el mero hecho de


serlo, ocupa situaciones en que las tentaciones a determinados delitos son graves;
por ejemplo, altos puestos en la banca, la industria, el comercio, la administración,
etc.; fuera de las profesiones liberales que crean ocasión para muchos delitos
propios. Es posible que los hombres caracterizados por una inteligencia superior a
la normal se hallen en proporción menor entre los presos que entre los libres: pero
de ello no puede deducirse que los inteligentes sean menos proclives a la
delincuencia que los oligofrénicos: ambos tienen sus tentaciones, aunque de
distinto tipo. Es probable que entre los delincuentes la proporción favorable a los
inteligentes se deba a que éstos cometen delitos fácilmente ocultables y
difícilmente comprobables, como son los fraudulentos; inclusive si cometieron los
mismos delitos que los oligofrénicos o normales, es evidente que contarían con
mayores recursos para planear su impunidad, su defensa en juicio y fuera de él.

Por otra parte, conviene recordar que si es frecuente que en los oligofrénicos las
tendencias instintivas y los sentimientos cubran o se traguen a la inteligencia, en
los superdotados no es raro que el cálculo frío se trague o sobreponga a las
exigencias instin- tiyas y sentimentales. Por ejemplo, refiriéndose al Brasil,
Drummond Magalhaes destaca que los delitos de los intelectuales cultos son

409
sumamente

410
crueles, detalladamente preparados, fríamente ejecutados y no provocan los
remordimientos usuales en las personas nonnales (15).

Tanto más que la inteligencia superior está lejos de ser incompatible con otras
anormalidades mentales patológicas (16).

(1) Aquí se plantea, desde las primeras líneas, el problema de si los locos pueden ser llamados criminales. No nos referimos a los casos de
semi-imputabilidad que indudablemente dejan lugar a la actuación del derecho penal, sino a aquellos otros en que la anormalidad mental es
lo suficientemente grave como para destruir toda imputabilidad (idiocia, psicosis, demencias, etc.). Evidentemente, las anormalidades nos
interesan como causas de delito; pero, ¿podemos incluir aquí el estudio, por ejemplo, de la idiocia, sabiendo que, de acuerdo a la
legislación penal, todo idiota, por el mero hecho de serlo, no puede ser considerado como criminal?

Planteado así el tema, hay que confesar que no es fácil superarlo. Sin embargo, creemos que existen razones para justificar esto que ya
sucede, de hecho, en la inmensa mayoría de los textos de criminología; estas razones son fundamentalmente tres:

a) Una de tipo formal: una conducta que choca objetivamente con las normas penales es delito por lo menos así: objetivamente. Es evidente
que, si el autor de la conducta es inimputable, se comprobará que no existe el elemento subjetivo del delito; pero, para ello, se habrá tenido
que estudiar la enfermedad como causa del delito en sentido objetivo.

b) Una razón doctrinal: la escuela positiva ha considerado siempre que los dementes pueden ser delincuentes en todo sentido, quedando la
imputabilidad no como condición de la culpabilidad, sino como una de las determinantes del tipo de sanción que ha de aplicarse al
delincuente (por ejemplo, un demente asesino no irá a presidio sino a un manicomio judicial). Y no puede negarse que muchas
legislaciones de este siglo han recogido parcialmente las conclusiones a que, en este aspecto, llega la escuela positiva.

c) Porque en la inmensa mayoría de las legislaciones penales se reconocen las medidas de seguridad aplicables también a los anormales,
para prevenir sus posibles actos objetivamente delictivos. Si bien asunto jurídico, merece siquiera apuntarse aquí el hecho similar acaecido
con la legislación de menores. Sobre el tema pueden verse claros resúmenes en Soler: Derecho Penal Argentino, II, pp. 129 33;
Grispigni.Diritto Penale Italiano, I pp. 80-83 y 171-218 así como el apéndice de ese primer tomo Regresso di un secolo nella legislazione
penale. Sobre las dificultades, que hoy no pueden menos que notarse, cuando el Código penal no tiene nada que hacer con los enfermos
mentales, v: Donnedieu de Vabres, Traité Elémentaire, pp. 177-181. Asimismo, el tomo segundo de la Sociología Criminal, de Ferri.
Cuando se trató de las clasificaciones de los criminales por este autor y por Lombroso, también hubo de adelantarse algo sobre el t ema.

(2) Mira y López se atiene a la clasificación de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría (v: Psiquiatría, p. 268 y ss.). Desgraciadamente,
errores materiales de impresión producidos en la obra del autor español nos inclinan a recomendar que dicha clasificación -que es la que aquí
seguiremos, conforme a Mira y López- sea leída en la Psiquiatría Clínica Moderna de Noyes, pp. 130-133. Las dificultades para la
clasificación subsisten aún en caso de que se tomen sólo ciertos criterios rectores; así lo reconoce Laburu, cuando trata de referirse a las
alteraciones del carácter; v: Las Anormalidades del Carácter, p. 45-51.

(3) Sobre los problemas adicionales que plantean a juristas y peritos psiquiatras las discrepancias entre la ley y la ciencia pueden verse
las Actas del Seminario Latinoamericano de Criminología, celebrado en Santiago, II, pp. 81-129.

(4) V: Précis de Psychiatrie, p. 2.

(5) V: Psychodynamies of Abnormal Beb&vior, p.

351. (6) V: Ob. cit., p. 130.

(7) ¿Cuál debe ser esta mayoría? Generalmente los criterios oscilan alrededor del 75% del total de personas de la misma edad sometidas a
estudio.

(8) Por eso, debe huirse de dos extremos opuestos. El primero, el de conocer a las pruebas mentales plena confianza; tal actitud supone que
se han encontrado modos para medir exactamente los fenómenos psíquicos (de suyo inmedibles por ser inespaciales), lo que es falso; que
se ha encontrado un medio para medir la inteligencia misma, lo que también es falso pues sólo se miden las respuestas o conductas capaces
de considerarse como correspondientes a la inteligencia; que se han encontrado preguntas dirigidas a la capacidad pura, sin mezcla de
experiencia, lo que es sumamente dudoso; que se pueden dejar de lado los estímulos perturbadores, lo que es admisible sólo en ciertos
casos. El segundo, el de creer que los tests no sirven para nada; esta posición también es falsa porque, si bien aquellos no logran un éxito'
completo, constituyen el medio menos exacto de que podemos echar mano hoy; son más cercanos a la verdad y más científicos
indudablemente, que las meras apreciaciones a ojo de cubero que suponen en el examinador la posesión de capacidades intuitivas
incontrolables.

(9) Sobre estos valores v: Mira y López, Psiquiatría, pp. 821-282 y, del mismo, Manual de Psicología Jurídica, pp. 141-242; aunque obras del
mismo autor, hay variedad en los índices, según podrá comprobarse cotejándolas; por lo demás, la uniformidad está lejos de haberse
alcanzado entre los propios especialistas. Hacemos resaltar el grupo de los casos límites pues quienes pertenecen a tal grupo no se destacan
de manera notable cuando se dedican a menesteres que no requieren aptitudes normales o superiores para su ejercicio.

(10) V.: Mira y López: Manual de psicología Jurídica, pp. 141-268; Gemelli: Metodi, Compiti e Limiti, etc., pp. 106-107.

(11) Sin embargo, el imbécil es igualmente moldeable para el bien; por eso, aunque tengan mucho de verdad no la tienen totalmente, las
siguientes palabras de di Tullio; "Esto quiere decir que todo imbécil, por su carácter apático o inestable, por su inconstancia en el trabajo, por
su facilidad para adquirir malos hábitos, por la gran sugestionabilidad que lo vuelve fácilmente súcubo, por la falta de sólida capacidad de
resistencia y de enérgicas defensas de orden moral, puede devenir fácilmente ladrón, vagabundo, parásito, pervertido, violent o, toda vez
que

411
se encuentre bajo la influencia de estímulos criminógenos generales y especialmente de auto o heterosugestiones. Como afirma Tanzi, su
mentalidad está abierta a toda clase de sugestiones, a las lisonjeras porque es crédulo, a las intimidadoras porque es miedoso, al mal
ejemplo, por falta de iniciativas contrarias. De ahí la frecuencia con que tales sujetos de mentalidad imbécil se encuentran en las asociaciones
delictivas y participan con tanta facilidad en todo fenómeno de delincuencia colectiva" (Trattato di Antropología Crimínale, p. 479). Pese a que
luego reconocerá la existencia de imbéciles buenos (p. 481), sin embargo, dice un poco antes que el imbécil tiene una predisposición
genérica a la criminalidad cosa que, si tomamos los casos excepcionales, puede afirmarse que cualquier persona; pero si pretende señalar
un rasgo característico, es falso porque creemos que hay delitos para los cuales ni el imbécil ni el débil mental están corrientemente
predispuestos; por ejemplo, quiebra, falsificaciones delicadas, bancarrota, etc.

(12) Weygandt: Psiquiatría Forense, p. 255.

(13) Mira y López: Psiquiatría, p. 290.

(14) Puede verse la tesis desarrollada con mayor extensión en los capítulos de historia de las tendencias antropologistas y de her encia.

(15) V: Estadios de Patología e Dimite Penal. pp. 33-41.

(16) De por sí el ser superdotado Implica una anormalidad, es decir un salirse de lo normal, típico o del término medio; pero esa á
normalidad, de por sí no es patológica; cualquier identificación en este último sentido, es abusiva y no de acuerdo a la realidad ni a la teoría.
Menos aún puede sostenerse que existen concomitancias intrínsecas -no meras coincidencias en tal o cual detalle- entre él genio y la
degeneración o que aquél, por el simple hecho de serio, se halle más próximo a las anormalidades patológicas, principalmente mentales, que
el promedio o normal: su embargo tal tesis fue defendida por Lambroto que le dedicó íntegramente su libro: Genio e Degenerazione.

412
CAPÍTULO III

LAS DEMENCIAS

1.- CONCEPTO DE DEMENCIA. La demencia es la "pérdida primaria y


permanente de la inteligencia, adquirida después de los primeros años de vida y
ligada a la existencia de lesiones de los centros encefálicos" (1). Lo fundamental
es, pues, la decadencia y destrucción de la capacidad intelectual. Esta
anormalidad es lo suficientemente grave y ligada a tales lesiones como para
considerársela irreparable; si bien esta certeza de irreparabilidad no es
incambiable ya que puede progresar simultáneamente con la terapia, sin embargo,
es mantenida por casi todos los autores, por ejemplo, Noyes quien también,
considera a la demencia como estado permanente e irreversible (2).

El demente pierde la inteligencia, peto ni aún el período de estado es asimilable al


idiota o imbécil; en un 6ímil usado desde hace un siglo, el demente es un rico
empobrecido que aún en su miseria actual muestra restos del pasado esplendor;
el idiota o im-bécil es un pobre de siempre, que nunca tuvo experiencias distintas
a las de su nativa pobreza.

La anormalidad intelectual es el punto de partida en las de-mencias; pero su


gravedad es tal que arrastra a la personalidad entera. Entre sus caracteres
generales más notables están la pér-dida de la capacidad de abstracción, de
crítica y autocrítica, de concentración (atención) mental voluntaria, de aprendizaje,
de asociaciones lógicas, de imaginación racionalmente dirigida, etc. En lo afectivo,
se nota la decadencia y desaparición de los sentimientos más delicados
adquiridos en la vida social, en el estudio, en el sometimiento a las normas de la
moral, la religión, el arte. Por el contrario, la emotividad primitiva, ligada a los
instintos, parece readquirir nuevas fuerzas dominando el campo conciencial; de
ahí que el egoísmo animal se torne dominante relegando a las tendencias
altruistas. Al mismo tiempo, la vida práctica desciende de nivel por destrucción de
inhibiciones condicionadas (hábitos) y por debilitamiento de las inhibiciones
conscientes o voluntarías; si combinamos estos caracteres de los tres tipos
fundamentales de actividad psíquica

413
-representativo, afectivo y volitivo- nos resultará explicable el porqué la conducta del

414
demente sea no sólo inconveniente e inadecuada a las exigencias prácticas del
medio ambiente, sino también a las exigencias morales y legales: pueden caer en
los mayores delitos y los más variados. Estos, por lo demás, son cometidos
descaradamente, es decir, sin el menor recato, puesto que falta en el sujeto una
clara conciencia de su gravedad. Asi es posible que un viejo demente se lance
sobre su nieta para realizar un estupro, o asesine a mansalva a una familia, o
realice un grosero acto exhibicionista sin encontrarse de antemano excitado ni
ofreciese signos que hiciesen sospechar tales acciones" (3).

En cuanto a las formas clínicas principales de las demencias, Mira cita las
siguientes: Paralítica, precoz, senil, arterioesclerótica, epiléptica, alcohólica,
postraumáticas, tumorales, encefalíticas. No reconoce como formas especiales las
denominadas demencias terminales.

En casi todas estas formas -habrá que excluir las demencias postraumáticas-, el
estado demencial mismo, resultante de un proceso, es el menos peligroso desde
el punto de vista criminal, aunque sea el más grave desde el punto de vista
psiquiátrico. Cuando la persona es ya demente es lo corriente que se halle interna
en una institución especializada donde es difícil cometer delitos. Pero el peligro es
mucho mayor durante el proceso que lleva a la demencia. Ese proceso suele durar
mucho tiempo, iniciarse de manera insidiosa de modo que quienes rodean al
anormal piensan más en rarezas que en auténticas anomalías peligrosas. La
persona sigue viviendo en la sociedad común, frecuentemente por años, antes de
que se tomen medidas preventivas. Suelen ser los parientes quienes, por
prejuicios, no buscan enseguida la atención médica requerida; otras veces, de por
medio está h ignorancia. Piénsese, como ejemplo, en lo que sucede con los
padres anciano, quizá en camino de una peligrosa demencia senil, pero cuya
conducta es tolerada con el argumento de que simplemente se ha incurrido en
chocheras o ligerezas propias de la edad.

2.- DEMENCIA SENIL Y ARTERIOESCLERÓTICA. Aunque distinguibles, pueden


involucarse en el mismo párrafo porque confluyen entre sí.

415
La demencia senil aparece en las personas de más de sesenta años de edad;
entre sus causas, están la decadencia corporal general, el mal funcionamiento
glandular, la herencia, las enfermeda des anteriores no totalmente curadas, las
intoxicaciones, la pérdida de los puestos ocupados, los sentimientos ocasionados
por el alejamiento de los hijos, la imposibilidad de competir con los jóvenes.

Los síntomas suelen presentarse no de golpe, sino de manera solapada y


progresiva, desempeñando gran papel los mecanismos de autodefensa; el humor
cambia, tendiendo a las distimias, malhumor permanente, desconfianza del medio,
delirios de persecución, de daño, incremento anormal del mecanismo de
proyección, encerramiento autístico, etc. Hay un descenso natural de la-
actividades psíquicas, en cantidad y calidad; es típica de pérdida de la memoria
anterógrada con conservación de la retrógrada. La voluntad decae, así como la
sentimentalidad moral. En etapas más avanzadas, son frecuentes los estados
delirantes más variados, la excitación, confusión mental, así como los estados
depresivos que concluyen por dar a la personalidad rasgos paranoides.

Entre los caracteres relacionados con el delito pueden citarse varios. La avidez por
riquezas y propiedades que puede llevar a delitos contra la propiedad. La
decadencia del poder sexual que ocasiona la aparición de actos sustitutivos, tales
como exhibicionismo, actos contra natura, pedofilia, violaciones. La pérdida de
situación social, de belleza y de fuerza causan delirios de persecución, de celos
que, a su vez, conducen a ataques contra las personas, sea en su fama -
calumnias, insultos- sea en su integridad corporal, sea en su misma vida.

Se distinguen algunas variedades dentro de la demencia senil, sobre todo la


denominada presbiofrenia que se presenta principalmente en las mujeres y se
caracteriza por amnesia grave y precoz y por confabulaciones.

La demencia arterioesclerótica suele coincidir con la anterior, a la que sirve de


terreno adecuado; tiene con ella muchos síntomas comunes que dificultan el
diagnóstico diferencial. Entre sus características dominantes podemos citar:
"cefalea (hipertensiva). fatigabilidad mental, dificultad de concentración atentiva,
málhu- mor y pequeñas alteraciones vertiginosas, disfásicas, disártricas,

416
amnésicas, vasomotríces (hormigueos, calambres, etc.), y sobre todo de insomio,
polaquiuria e inquietud y desorientación nocturnas (4). Suelen asociarse estados
de reblandecimiento cerebral y degeneración de las neuronas, en cuyo caso hay
delirios, alucinaciones, cambios de humor, etc.

3.- DEMENCIA EPILÉPTICA. Hemos de dejar para más tarde el tratar de todos
los caracteres distintivos de la epilep-sia, porque esta entidad abarca mucho más
que la demencia epiléptica. En efecto, hay epilépticos que nunca llegan a perder
su inteligencia y que inclusive se mantienen como genios después de ataques
convulsivos repetidos (César, Mahoma, Dostoievski, etc). Pero, en otros casos,
exclusivamente dentro del ámbito de la llamada epilepsia genuina o esencial, las
crisis convulsivas son rebeldes, se asocian con mala herencia y con alteraciones
constitucionales y concluyen por llevar a la persona hasta la demencia.

El carácter esencial es el estrechamiento de la conciencia. El mundo exterior


pierde interés; éste se cenua en el yo y su afección patológica. La clásica lentitud
de los procesos psíquicos, la viscosidad aumenta manifestándose en el propio
lenguaje, lleno de detalles y repeticiones y en el que unas palabras siguen
lentamente a las otras, como pronunciadas apenas. Pero tal lentitud puede ser de
pronto seguida de un acelerámiento que da lugar a reacciones explosivas durante
las cuales se cometen los delitos más graves. Estes pueden explicarse también
recordando que en la demencia epiléptica se presentan delirios crónicos,
especialmente de grandezas y persecución, así como ilusiones y alucinaciones.

4.- DEMENCIAS POSTRAUMÁTICAS. No son comunes; se presentan como


consecuencia de traumatismos graves; después de éstos suele aparecer una fase
confusional a cuyo término se instala la demencia, üs corriente que se acompañe
sintomato- logía nerviosa. Hay descenso de la capacidad mental, dificultades para
la atención, abulia, etc.

Las demencias traumáticas no es raro que se asocien con bases luéticas, sobre
las cuales se instalan con ocasión del trauma

417
5.- DEMENCIAS TUMORALES Y ENCEFALÍTICAS. Ligada como se halla la
actividad mental con los nervios y principalmente con el encéfalo, resulta natural
que los tumores, inflamaciones y degeneraciones del sistema nervioso repercutan
en la vida psíquica. Se ha insistido en la importancia que tienen los lóbulos
frontales, cuyas alteraciones patológicas son fuente de variadas anormalidades
mentales.

Es característica de las demencias tumorales la somnolencia, la cefalea y el


entorpecimiento general del sujeto, con la presencia de síntomas papilares y la
progresiva aparición de los síntomas neurológicos focales.

En las neoplasias frontales puede producirse la forma demencial especial


denominada moría, caracterizada, como ya sabemos, por la regresión del sujeto a
un estado mental parecido al de la niñez, con ánimo jocoso y predisposición al
chiste malo y a la extravagancia constante. Los enfermos de moría carecen de
autocrítica y se comportan como niños mal educados, alterándose en ese sentido
incluso el lenguaje y la entonación de la voz, los gestos y las actitudes; toman a
chirigota y a broma todo cuanto oyen, se entretienen con fruslerías y, a pesar de
su edad, se hallan día- puestos a jugar como si fuesen niños de escuela" (5).

En los resultados demenciales de la neuraxitis epidémica más importantes, desde


el punto de vista criminológico, que las alteraciones intelectuales, son las del
carácter: un acrecentamiento de los impulsos primarios, junto con relajamiento de
las inhibiciones, ocasiona la aparición de personalidades amorales, capaces de
cometer los más variados delitos (6).

6.- DEMENCIA.PARALÍTICA, PRECOZ Y ALCOHÓLICA. REMISIÓN A OTRO


LUGAR. Estas formas clínicas serán tratadas con la extensión requerida en los
capítulos destinados a estudiar, respectivamente, la sífilis y sus resultantes
mentales, la esquizofrenia y el alcoholismo.

En cuanto a las demencias terminales, que suelen ser entendidas como estados a
que llegan muchos psicóticos después de largo internamiento. Mira y López
piensa que no hay necesidad de abusar de la denominación; generalmente, el
descenso mental de los psicóticos se debe a simple falta de estímulos: cuando se
418
los

419
proporciona, la actividad mental retorna; o se trata de procesos demenciales que
ya lo eran desde un princinio (7).

(1) Mira y López, Psiquiatría, p. 299.

(2) V.: Psiquiatría Clínica Moderna, p. 98.

(3) Mira y López, ob. Cit., pp. 302-303.

(4) Id., id., p. 306.

(5) Mira y López, ob. cit., pp. 311-312.

(6) Véase lo que más adelante se dirá sobre la encefalitis epidémica y sus posibles repercusiones

delictivas. (7) V: ob. cit., p. 312.

420
CAPÍTULO IV

PSICOPATÍAS

1.- QUE SON LAS PSICOPATÍAS. Personalidad Psicopática es un término


aplicado a varias anomalías y desviaciones de la estructura de la personalidad en
individuos que no son ni psicóticos ni débiles mentales y que, sin embargo, son
incapaces de participar en relaciones sociales satisfactorias o de someterse a las
normas comunes de determinada cultura. Debido a que hay diferencias de
concepto acerpa de lo que constituye la desviación psicopática y a que suá
características y límites clínicos no están claramente definidos, muchos la
consideran como una designación sin significado; aunque vago, demasiado amplio
y usado con frecuencia de manera incierta, es un término conveníate para ciertos
problemas y transtornos de la personalidad que no están clasif i de ninguna otra
manera, que se encuentran en la amplia zom limítrofe entre la salud y la
enfermedad mental y que se manifiestan tan por desadaptaciones continuas o
repetidas en forma recurrente, sin los rasgos sintomáticos de las neurosis o de las
psicosis" (1).

Hemos querido transcribir in extenso la noción que du Noyes acerca de la


personalidad psicopática, porque el ámbito ocupado por ésta es de los más
amplios e inprecisos; su límite con la normalidad es tan difuso y fluctuante que
suelen presentarse discrepancias notables entre los mejores especialistas; para
no hablar de las multiplicadas diferencias de opiniones cuando, descendiendo de
las fahuras teóricas, se busca diagnosticar -especialmente con fines procesales-
los casos concretos (2). Por eso, más que definiciones, han de encontrarse en los
tratados, descripciones, generalmente muy minuciosas a fuerza de querer ser
exactas (3).

Esta misma impresión dificulta el saber cuál es el porcentaje en los psicópatas


contribuyen a la delincuencia general. Hay un hecho y es que ellos constituyen
materia de la mayor parte de las consultas que se hacen a los psiquiatras en los
procesos penales. Di Tullio calcula que, los psicópatas constituyen el 70% de los
reclusos (4). Pero esta afirmación no está umversalmente apoyada por otros

421
datos. Uno de los equívocos que pueden presentarse con-siste en considerar que
todo delincuente grave, sobre todo si es reincidente, es un inadaptado social y, por
tanto,

422
desde el punto de vista psicológico, un psicópata. Ciertamente la inadaptación es
un criterio que puede permitir que se reconozca una psicopatía; pero esta forma
de razonar no debe generalizarse pues llevaría a concluir que una persona es
psicópata porque delinque y delinque porque es psicópata, lo que muestra un
círculo vicioso inadmisible.

La psicopatía, eso sí, no se refiere esencialmente a alteracio-nes intelectuales,


sino más bien de los sentimientos y del carácter (dentro de lo que este aislamiento
tiene de aceptable supuesto el funcionamiento articulado de la personalidad), lo
que origina condiciones propicias a la desadaptación social. El mal funcionamiento
psíquico proviene precisamente de falta de armenia dentro del mecanismo
psíquico y de objetividad en relación con el mundo externo.

Si bien los estados psicopáticos pueden ser un paso hacia una psicosis análoga a
la que luego se llega (por ejemplo, del esquizoidismo a la esquizofrenia), aquéllos
no pueden ser califica dos de enfermedades strictu sensu.

Este es uno de los asuntos más difíciles cuando se trata de de-terminar la


imputabilidad de los psicópatas ya que la anormalidad de éstos no se presenta en
todos los casos con igual intensidad. Parece lo mejor el no dar reglas aplicables a
todos los casos sino resolver el problema ante cada situación personal.

Las clasificaciones intentadas de las psicopatías son sumamente discrepantes


entre sí, motivo por el cual, en ausencia de razones que inclinen a aceptar más
bien una que otra, autores hay que se limitan a una mera enumeración.

Por nuestra parte, dejando a los especialistas el resolver tan difícil tema, hemos de
atenernos a las formas de presentación que acepta Mira y López, tanto en su
Psiquiatría como en su Manual de Psicología Jurídica (5).

Este autor admite ios siguientes tipos de personalidades psicopáticas:

Personalidad asténica, compulsiva, explosiva, inestable, histérica, cicloide,


sensitivoparanoide, perversa, esquizoide, hipocondríaca y confabuladora (6).

Por su interés criminológico, añadiremos las psicopatías sexuales.

423
2.- PERSONALIDAD ASTÉNICA. El medio que nos rodea provoca en las
personas normales reacciones proporcionadas en cuanto a intensidad; en el
asténico no existe esa proporcionalidad, pues la respuesta es insuficiente, como si
se careciera de fuerza necesaria para llevarla a cabo. Hay abulia.

Si bien el tipo puro -a quien usualmente llamamos flojo o indolente- existe, también
se dan algunas derivaciones. Así, cuando el asténico se fija principalmente en el
funcionamiento de su organismo, preocupándose continuamente de él, se llega a
la neurastenia; cuando no obra por falta dé decisión voluntaria, que es el principio
de la acción, tenemos la psicastenia. El paso al esquizol- dismo se verifica en los
asténicos que se encierran en sí mismos.

Fuera de les casos en que delinquen durante accesos de malhumor o nerviosidad,


las conductas criminales de los asténicos no son de tipo violento o que suponga
acciones vigorosas y duraderas; se inclinan más a los delitos de omisión que a los
de comisión; desde el punto de vista de la forma de culpabilidad, más a los delitos
culposos –negligencia- que a los dolosos -con in-tención voluntaria de hacer algo-.

3.- PERSONALIDAD COMPULSIVA. Si bien es un tipo discutido y a veces


asimilado a otras psicopatías, la influencia de la escuela psicoanalítica ha logrado
que, de manera cada vez más corriente, se le conceda puesto propio. Su rasgo
característico es el exceso de compulsiones. Impulsos a obrar, por un lado;
críticas continuas y detallistas, por el otro -contraposición de "ello" y "super yo",
dentro del vocabulario del psicoanálisis-, lo que conduce a la parálisis de la acción.
Sobreentiéndase que no por falta de fuerza, como en la astenia, sino porque,
aunque ellas son poderosas, se contraponen y anulan mutuamente.

Sin embargo, bajo presión de ciertas circunstancias, una de las fuerzas puede
escapar, manifestándose entonces en acciones notables por su duración e
intensidad.

La criminalidad de los compulsivos puede ligarse, en lo que a falta de acciones


externas se refiere, a la de los asténicos; pero hay que agregar que, en los
momentos de descontrol de fuerzas, aiando los instintos vencen toda resistencia,
la
424
criminalidad se acerca más bien a la de los explosivos. Pero estos últimos casos
son excepcionales.

4.- PERSONALIDAD EXPLOSIVA. En ella, priman la reacción rápida, las fuerzas


impulsivas que son lo suficientemente poderosas como pan vencer toda
resistencia moral y manifestarse en conductas violentas.

Se puede decir que, en cierto sentido, es el polo opuesto de la personalidad


asténica; es ésta la respuesta es menor que el estímulo; en la explosiva, la
respuesta es mucho mayor que el estímulo; a veces las grandes explosiones son
desencadenadas por estímulos baladíes.

Este rasgo -la violencia de las reacciones-, lleva a que muchos autores denominen
a esta personalidad "epileptoide" pues hallan parentesco entre la conducta de ella
y la diel epiléptico; es verdad que no cabe una asimilación, empero.

Este tipo de personalidad ha tenido mucha importancia en la historia de la


Criminología, pues se recordará que Lombroso le dio lugar especial, junto al
epiléptico puro, en la explicación de la criminalidad natural o nata.

Los delitos que cometen son generalmente graves y hasta brutales; como si la ola
impulsiva arrastrara todo resto de con-ciencia, actuándose durante algún tiempo
de modo puramente animal. De ahí que un explosivo que ataca a cuchilladas a
una persona le infiera decenas de heridas; u otro, siga rastrillando el disparador de
un revólver aunque se hayan terminado las balas; u otro, mutile y descuartice.

Su criminalidad destructiva se dirige contra la vida, la inte-gridad corporal; provoca


incendios, destrucción de objetos, etc.

5.- PERSONALIDAD INESTABLE. Es característica la falta de persistencia y de


tenacidad en los distintos aspectos de la vida.

Emprendida hoy una actividad, con alegría y entusiasmo, mañana es abandonada


por otra, entonces más atractiva, la que luego caerá también en el abandono.

425
Los inestables lo son en sus ideas, en sus gustos, en sus sentimientos, fuera de
serlo en su conducta; en realidad, ésta no es sino una exteriorización de aquéllos,
a cuyo compás varía.

La fuerza psíquica y vital se desparrama en múltiples objetivos que, perseguidos


un momento, son abandonados antes de haber sido alcanzados del todo. Falta
una voluntad bien formada que encamine la actividad en determinado sentido, la
mantenga mientras sea necesario e inhiba todos los estímulos y obstáculos
perturbadores. Con razón, hace notar Mira López que en estos individuos
persisten muchos caracteres infantiles (7). Como dice el mismo autor, el que el
inestable se meta en todo y sea incapaz de contenerse, manteniendo secretos que
sabe o cree saber; el que pretenda lucirse con ellos ante los demás, lo hace un
agente que desencadena muchos conflictos sociales.

Di Tullio, por su parte, observa que el inestable no tiene condiciones para


permanecer en un trabajo, por lo cual, eventualmente, cae en hurtos para
satisfacer sus necesidades. Esta forma de anormalidad se encuentra mucho entre
vagos, mendigos y prostitutas (8); dicha anormalidad, combinada con la forma de
vida — cambios continuos de trabajos, de domicilio, de responsabilidad— puede
llevar a los inestables a variadas formas delictivas, principalmente contra la
propiedad, por medio de hurtos, pequeñas falsificaciones de comerciantes
ambulantes, pequeñas estafas, delitos culposos y omisivos, etc.

6.- PERSONALIDAD HISTÉRICA. He aquí una de las personalidades sobre la


cual más se ha especulado en los tiempos actuales, principalmente a través de la
influencia ejercida por Charcot y por Freud.

Y es que la histeria es mültifacética -camaleónica, la denomina Moglie (9)-,


multicaracterizable y capaz de presentarse en muchos grados de gravedad.

Se han dado como caracteres, los que a continuación se enumeran.

Descenso de nivel en la vida psíquica; la conducta del histérico obliga a suponer


que en él priman los mecanismos inconscientes e instintivos, sobre los
conscientes.

426
El descenso se nota prin-cipalmente en el poder de crítica acerca de lo ajeno o lo
propio.

La conciencia distinta a la normal; está disociada y su círculo de intereses se


reduce, el foco de la conciencia se estrecha; esto, unido a la falta de capacidad
crítica, hace de los histéricos personas fácilmente auto y heterosugestionables.
Como que en ellas se presenta la máxima propensión a ser hipnotizadas, es decir,
o llegar al máximo de sugestión.

La falta de crítica y el estrechamiento conciencial permiten explicar por qué los


histéricos -en lo cual se parecen a los niños- confunden con frecuencia el plano
subjetivo con el objetivo. Pueden llegar a afirmar como reales, hechos que
simplemente han fantaseado. De ahí también que puedan desdoblar su
personalidad.

La inadecuación al mundo se demuestra por la forma teatral que tienen de actuar


en el mismo. Todo actor, aún el más "natumi" exagera en el escenario; esas
exageraciones son parte de la vida corriente del histérico.

Por fin, se ha señalado como notable característica, la denominada idioplastía,


"que consiste en una mayor facilidad parn la conversión del potencial psíquico de
las tendencias, en energía física (manifestada en formas de acciones o
inhibiciones musculares, es decir, contracturas y parálisis") (10).

Hasta dónde es difícil distinguir la corriente aptitud idioplástica con la anormal del
histerismo, puede deducirse de experiencias que poseen aún las personas
normales; por ejemplo, cuando desean (plano subjetivo) ser mimadas o muy
cuidadas por unu persona y se teme que ella no lo haga, ¡cómo surgen dolores
repentinos, golpes que paralizan momentáneamente y hasta sudores, livideces o
palideces que manifiestan cierta indisposición, pero que no son sino armas para
lograr la finalidad perseguida! (11). ¡Cuánto de eso sucede cuando alguien,
mimado hasta cierto momento, cree, estar en peligro de perder su situación
privilegiada!

La delincuencia de ios psicópatias histéricos es variada, aunque no siempre de la

427
más grave. Su incapacidad de distinguir entre mundo interno y extemo, lo lleva

428
fácilmente a injurias y calumnias, así como a mentiras, perjurios y estafas. " La
criminalidad histérica está caracterizada por la tendencia a cometer hurtes y
estafas, por la afición a los arrebatos pasionales, a la calumnia, a la ofensa y
escritura de anónimos, el gusto por las denuncias falsas, por jurar en falso y mentir
a todas horas. Las ladronas de almacenes y las mecheras suelen ser histéricas en
su inmensa mayoría" (12).

Como muchas veces, según ha demostrado la práctica, el his-terismo se asocia


con condiciones anormales referentes al impulso sexual, no son raras las falsas
denuncias contra tal o cual persona, por supuestos delitos contra la honestidad.
Por ejemplo, si una mujer histérica, llevada por sus propios deseos, lleea a
imaginar que un hombre la ha violado, pronto se convencerá de que así ha
sucedido en realidad y denunciará al supuesto violador. Tanto más que, por
autosugestión oueden llegar a sentir algunos síntomas del embarazo y hasta
náuseas, vómitos, etc. (idioplastia).

También es criminalmente relevante el caso en que el psi-cópata histérico es


víctima, pues entonces, los daños pueden aparentar ser mayores de lo que
realmente son; por ejemplo, un golpe en el brazo puede causar una parálisis de
tipo histérico.

7.- PERSONALIDAD CICLOIDE. LA PERSONALIDAD ESQUIZOIDE. Al tratar, en


el capítulo de la Biotipología, la elaborada por Krestschmer, dimos suficientes
detalles acerca de estas dos personalidades, tanto desde el punto de vista do la
biotipología general, como de la aplicada al estudio de la delincuencia. Nos
remititaios a lo allí dicho.

8.- PERSONALIDAD SENSITIVO PARANOIDE. El ya es hipertrofiado y se


convierte en centro del universo en estas personalidades; como consecuencia, el
individuo se cree envidiado y malquisto por los demás, a quienes supone siempre
dispuestos a atacarlo de variadas maneras. Como cree que todo se refiere a él,
que todo tiende a dañarlo, es persona susceptible; como las observaciones de los
demás las interpreta como tendientes a evitar que realice obras valiosas, a
deprimirlo y menguar su Dersonalidad, es testarudo; como el mundo está contra

429
él, es desconfiado, temiendo siempre ataques.

430
El paranoide da la impresión de pensar brillantemente y mucho; da razones para
sostener todos sus puntos de vista; discute dé onme re scibile. Cuando se trata de
defender sus propiedades, sus ideas, sus supuestos inventos, los raciocinios
suceden a los raciocinios. Pero la anonnalidad del paranoide consiste en que tales
encadenamientos de juicios marchan por senderos anormales, conforme a la
errada intención del sujeto. En éste, se hallan sumamente desarrollados los
mecanismos de racionalización, puestos a la tarea de justificar todo lo que cree,
hace y dice. Por otra parte, en su posición de centro de los demás, tesulta también
explicable el desarrollo que adquiere la proyección.

El tipo de delirio de que sufre el paranoide marca el tipo de delito y de actividad a


que se dedica. Si se cree un perseguido, reaccionará pronto contra el perseguidor,
ya sea iniciándole juicios por supuestos daños, ya murmurando de él, injuriándolo,
calumniándolo o agrediéndole de hecho, dependiendo la forma de reacción de la
manera en que el delirio de persecución se combina con otros elementos
constitutivos de la personalidad. Demás decir que los actos antisociales y aún
delictivos a que algunas vece; llega no despiertan remordimientos en él, porque
previamente los ha racionalizado y convertido en mera legítima defensa. En este
grupo, podemos incluir a los multireincidentes que atribuyen sus condenas a que
jueces y policías les tienen mala voluntad.

Otras veces, la personalidad paranoide lo es en relación con ideales políticos,


frecuentemente extremistas; de ello resultan de litos políticos repetidos en que la
testarudez del criminal no cedo ni ante los hechos directamente contrapuestos a
las doctrinas que defiende.

Un lugar donde los paranoides serán encontrados con frecuencia, son los estrados
judiciales; no como enjuiciados sino como enjuiciantes. La creencia de haber sido
perjudicados en sus intereses materiales, intelectuales o morales, los lleva a iniciar
juicio tras juicio, persistiendo en ellos con tenacidad exagerada -aún en los casos
en que exista un punto real de apoyo de las pretensiones-. Sentencias contrarias a
sus peticiones originan apelaciones inmediatas y graves y calumniosas
acusaciones contra los jueces a ouienes estiman integrantes de la gran conjura.

431
Di Tullio insiste mucho en la aptitud de los paranoides para todos los delitos en
que el engaño bien fundado constituye la parte fundamental; tal sucede, por
ejemplo, en muchas estafas. El autor italiano hace notar lo bien que se combina
esta capacidad para engañar y convencer, por un lado, con el deseo de brillar, de
ser considerado por las mujeres, por otros, para facilitar la comisión de estafas
matrimoniales y bigamia (13).

9.- PERSONALIDAD PERVERSA. He aquí otra de las anormalidades que tiene


larga historia en Criminología, pues y vimos el relieve que le concedía Maudsley y
cómo Lombroso su-puso que la personalidad perversa -el loco moral- constituía
una explicación de la criminalidad nata. El primero de los autores nombrados, al
referirse a esta anormalidad, decía;

"De igual modo que existen personas incapaces de distinguir ciertos colores y
afectadas de lo que se llama daltonismo, y otras, careciendo de oído musical, son
incapaces de distinguir una nota de otra, hay personas que carecen de sentido
moral. Este defecto es no siempre, pero sí a menudo, acompañado de una
disminución intelectual mayor o menor; sucede, asimismo, en ocasiones, que la
inteligencia es sumamente aguda, mientras que no existe rastro de facultades
morales".

"Hétenos llevados, como por la mano, a tratar del parentesco del crimen con la
locura. Una persona que carece de sentido moral es naturalmente apta para
terminar en criminal y, si la inteligencia no es lo bastante fuerte para convencerla
de que, a fin de cuenta, el crimen no tendré buen évito, y que por consecuenciu,
esto es, según el más bajo cálculo, una locura, hay gran probabilidad de que el
crimen sea llevado a cabo" (14).

Si bien esta anormalidad ya no puede ser enfocada con el criterio y alcances de


Lombroso, sin embargo, su importancia cri-minológica relevante es hoy reconocida
de manera general (15).

Prueba de ello es que, en el Seminario Latinoamericano de Criminología, se le


dedicó una sesión especial (16). Las discusiones mostraron discrepancias de

432
detalle; pero todos estuvieron de acuerdo en que la personalidad perversa es
sumamente proclive al delito. El prof. Iturra, por ejemplo, la consideraba inclinada
al delito y la reincidencia (17). Y lo mismo decía Nerio Rojas en su ponencia, si
bien insistía en que aquél calificativo se reservara para quienes sufrían
perversiones en los instintos éticos y sociales, pero no en otros (18).

Pese a lo dicho, la verdad es que no resulta fácil caracterizar claramente al


perverso o amoral; eso se debe, en parte, a que la patogenia no es siempre igual.
Mira y López observa que la conducta -no inmoral, sino amoral- puede deberse a
tres razones especiales: 1) la excesiva fuerza de los impulsos instintivos anti-
sociales;
2) la carencia o enorme debilitamiento de las inhibiciones; y 3) la ausencia de
sentimientos morales (19); de este modo, la no-ción de personalidad perversa se
amplía, pero no puede dudarse de que esa triple patogenia es admisible; en
efecto, la práctica muestra casos en que la conducta perversa causa en la persona
que la ha llevado'a cabo la misma satisfacción causada por los impulsos instintivos
satisfechos cuyo choque con las normas morales no se percibe; así como otros en
que, no obstante la buena inteligencia y educación, parece tenerse una
incapacidad innata para crear inhibiciones; en fin, hay casos en que ni existen
fuertes impulsos a !a acción antisocial, ni se busca poner en marcha las
inhibiciones, simplemente porque dicha acción es llevada a cabo sin sentir
remordimiento alguno, sin ver su lado inmoral, como quien se toma un vaso de
agua.

Sin embargo, aunque justamente ampliada la noción de personalidad perversa,


por un lado, por otro se impone la necesidad de darle limites; es el propio autor
quien considera que para que aquélla exista, se requiere: "1) que su grave
perversión moral no sea incidental sino permanente; 2) que no se halle justificada
por un factor de ambiente (defectuosa educación, mal ejemplo, necesidades
vitales insatisfechas por un régimen económico opresivo, etcétera) y, por
consiguiente, que los actos perversos no tengan una utilidad primitivamente
biológica; 3) que el sujeto no sufra ninguna otra psicosis (esquizofrenia, locura
maníacodepresiva, etc.) bien clasificable, es decir, que se nos muestre
433
perfectamente normal en todos sus restantes aspectos, sin sufrir tampoco ningún
déficit intelectual suficientemente

434
marcado para explicar su conducta por un defecto de capacidad de juicio moral"
(20).

La capacidad delictiva de la personalidad perversa es prácticamente ilimitada;


ataca la fama, la propiedad, el pudor, la inte-gridad corporal, la vida ajena sin
mayores consideraciones: sólo las circunstancias particularmente adversas o el
temor a las con-secuencias podrán alguna vez detenerle. Durante el juicio hará
gala del mayor cinismo, sin sentir ni demostrar remordimiento por lo que ha hecho.
En la prisión, son difícilmente corregibles, lo que ouéde deducirse al estudiar sus
características y pensar lo poco que hoy la ciencia puede influir en ellas (21).

Hay que anotar lo temible que es esta personalidad, habida cuenta de que su
carencia de sentido moral, de inhibiciones v la hipertrofia de los impulsos
primitivos se asocian por definición, con una inteligencia normal, cuando no
superior.

10.- PERSONALIDAD HIPOCONDRIACA. El núcleo de esta anormalidad es la


excesiva preocupación del psicópata por la marcha de su organismo; el
hipocondríaco cree estar continuamente enfermo, que el hígado no marcha bien,
que el corazón sufre ataques, que tiene úlceras o cáncer. Suele plantear
verdadero: dolores de cabeza a los médicos ante quienes acude continuamente
como enfermo imaginario, víctima de las más variadas dolencias.

La criminalidad de estos psicópatas no suele ser grave, a menos que se mezcle


con ideas de daño, atribuyendo los propios sufrimientos a actos ajenos, en cuyo
caso se presenta la conocida inversión del perseguido-perseguidor. Más bien la
excesiva preo-cupación por la marcha del propio organismo puede ocasionar
descuido en el cumplimiento de ciertos tareas y deberes, razón por la cual es
posible que se originen delitos de omisión y culposos.

11.- PERSONALIDAD MITÓMANA, CONFABULADORA O PSEUDOLÓGICA. La


verdad de una afirmación consiste en que entre lo que en ella se dice y la realidad
exista plena concordancia. A veces, creemos que la concordancia existe, sin que
así sea: entonces nuestras afirmaciones no son verdaderas, sino erróneas: hay
una equivocación. Otras, sabemos que esa concordancia no existe, pero la
435
afirmamos;

436
aquí hay ánimo de engañar, es decir, una mentira. Otras veces, sólo estamos
parcialmente convencidos, pero concluímos por convencernos del todo por
influencia de causas emocionales que nos inducen, primero a querer que la
realidad sea de cierta manera y, luego, a afirmar que así lo es efectivamente. A
esto se llama confabulación: "confabulación es, pues, el nombre dado al proceso
en virtud del cual una tendencia afectiva se satisface autruisticamente,
confundiendo los planos real e imaginativo en uno solo: el denominado plano de
ensueño (reviere de los franceses)" (22).

La personalidad confabuladora, mitómana o pseudológica, se caracteriza por el


exceso de confabulaciones. Imagina algo y luego lo va contando como realmente
sucedido. Generalmente de escasa voluntad y de poca inteligencia, no tiene
capacidad para urdir grandes construcciones lógicas para sostener lo que dice; el
enredo puede ser fácilmente descubierto sin que el mitómano insista en él, porque
no existe una maldad de fondo en lo que dice. Es frecuente que no se Ies conceda
gran crédito por las personas que los conocen, pues llegan a tener fama de
imaginativos.

Sin embargo, desde el punto de vista de juez, testigo o perjudicado por las
actividades y habladurías del pseudólogo, se corre siempre el rieseo de atribuir la
conducta de éste a premeditada maldad y no a simple incapacidad para distinguir
lo real del imaginario. El riesgo es particularmente alto dadas las formas delictivas
en que el pseudólogo cae corrientemente, que son difamacones calumnias,
engaños, etc., aue dependen de su propio auto engaño.

Nerio Rojas dice que los confabuladores puede delinquir por varias razones; por
vanidad (por ejemplo, para demostrar que está mejor enterado que los demás), en
Ib cual sin duda se acierta; pero es discutible que otras razones sean la malicia y
la perversidad, pues en este caso ya no existe una personalidad mitómana, sino
más bien perversa, como puede deducirse sopesando bien los caracteres
diferenciales de ambas personalidades. Por lo demás, el perverso, que obra mal
sabiendo plenamente lo que hace y el daño que causa, corrientemente tiene
voluntad e inteligencia muy superiores a las del confabulador y sostiene su punto
de vista
437
contribuirlos argúmentos contrarios con habilidad evidente; el pseudólogo, según
dijimos, no construye grandes razonamientos para sostener sus afirmaciones y
ante los argumentos contrarios se desdice fácilmente; una nueva diferencia
podríamos encontrarla en el hecho de que los pseudólogos son personas de
fuertes sentimientos, los que precisamente los llevan a sus errores, mientras el
perverso se manifiesta corrientemente como persona fría y calculadora (23).

Mezger considera que los mitómanos dan buen porcentaje de los multireincidentes
en estafas matrimoniales; " son hombres en los que la estafa de otras personas y
la autoestafa se mezclan de modo inseparable y que precisamente por ello
aparecen como especialmente peligrosos". Por difícilmente corregibles,
agreguemos (24).

12.- PSICOPATÍAS SEXUALES. Las psicopatías suelen presentarse mezcladas


entre sí y sumadas frecuentemente a anormalidades sexuales. Sin embargo, la
mayor parte de los autores reconocen la existencia de psicopatías sexuales
autónomas a las cuales es preciso dar un lugar aquí no sólo siguiendo lo que
hacen la mayoría de los psiquiatras sino también por el particular relieve que esas
anomalías cobran en el terreno de los delitos (25).

Las anormalidades pueden ser cuantitativas o cualitativas, designándose


usualmente estas últimas con el nombre de perversiones o aberraciones del
instinto sexual.

Entre las anormalidades cuantitativas se hallan los extremos de hipcrsexualidad y


frigidez. La primera se llama satiriasis en los hombres y ninfomanía en las
mujeres; los delitos en que se ma-nifiesta son esencialmente sexuales, a fin de
lograr el objeto en el cual descargar el impulso, produciéndose así violaciones,
seduc-ciones, corrupción de menores, etc. El otro extremo, el de la frigidez suele
encontrarse mucho en las prostitutas, si bien más probablemente como defensa
orgánica adquirida que como causa de la prostitución; no es raro que se combine
con formas pervertidas, principalmente de sadismo y masoquismo.

438
Las formas de anormalidad cualitativa son sumamente numerosas y tienen por
característica el no estar siempre ligadas con delitos contra el pudor ejeno, sino
también contra, la integridad corporal, la vida y la propiedad.

El exhibicionismo es la anormal tendencia a exhibir en público, preferentemente


ante personas del otro sexo, los órganos sexuales.

En el sadismo la satisfacción sexual completa es lograda sólo ante el sufrimiento


ajeno; a veces basta éste para que aquélla se produzca. Los actos sádicos
ocupan toda una escala, desde los irrelevantes que muchos ni siquiera califican de
anormales, hasta los causantes de heridas graves, de muertes sanguinarias y
descuartizamiento de las víctimas. Si, en general, estas anormalidades sexuales
se dan más en el hombre que en ta mujer (26), eso es principalmente verdadero
cuando se trata de las formas más violentas y criminales del sadismo.

El masoquismo se caracteriza por la relación entre la satisfacción sexual y el dolor


propio; este dolor puede ser físico o moral; en el primer caso, usualmente no
existe gran relevancia criminal porque no se llega a extremos; en el segundo,
suelen pre- sentarse casos de corrupción de la mujer, celestinaje, etc., tomados en
cuenta por la mayor parte de las legislaciones penales.

En él homosexualismo, le satisfacción es lograda mediante contactos con


personas del mismo sexo. Los actos homosexuales, aún donde no están
tipificados como delitos especiales, dan oportunidad de caer en varios artículos del
código penal, como por ejemplo la corrupción de menores, los escándalos ligados
a actos deshonestos, etc.

Los fetichistas ligan la satisfacción del instinto con objetos normalmente neutros
desde ese punto de vista; la tendencia delictiva principal es hacia los delitos contra
la propiedad, por ansia de apoderarse del objeto fetiche. Sin embargo, tampoco
escasean los atentados contra las personas no sólo cuándo se oponen al hurto o
robo del fetiche, sino cuando éste es parte del cuerpo, por ejemplo, los cabellos.

439
Usualmente es menos grave y relevante desde el punto de vista criminal, el caso
de los transvestitistas, en los cuales la satisfacción sexual se liga con la necesidad
de vestir ropas del sexo opuesto.

Pero sí la tiene la pedofilia, o dirección del instinto hacia los niños, lo que da lugar
a múltiples formas delictivas.

Hay aberraciones instintivas que llevan a pensar inmediatamente en algo más que
una mera psicopatía; se trata de un alejamiento tan grande de las metas normales
y de las formas del acto sexual, que sólo pueden ser atribuidas a graves
alteraciones mentales, como sucede en los casos de zoofilia y de necrofilia.

(1) Noyes en su Psiquiatría Clínica Moderna, p. 437.


(2) Pueden sacarse muchas conclusiones, aún por el profano, del hecho de que un autor de la categoría de Brown, englobe
el estudio de las psicopatías dentro del título anormalidades del carácter. V: Psychodynamics of Abnormal Behavior, pp.
384- 403.
(3) Puede compararse la definición de Noyes, con la siguiente, dada por Mira y López (Psiquiatría, p. 315); para él, las
personalidades psicopáticas 'viven en un inestable equilibrio intrapsíquico fácilmente perturbado cuando las circunstancias
ambientales se hacen desfavorables, engendrándose entonces alteraciones de la conducta, más o menos aparatosas, pero
cuyo común denominador es el de no alcanzar (ni por su gravedad ni por su persistencia) un grado tal que requiera un
internamiento prolongado del sujeto, por privarle de su lucidez de comprensión y razonamiento (discernimiento) y hacerle
irresponsable. Más adelante advertirá que su aparición precoz obliga a relacionar la psicopatía con bases heredo-
constitucionales y que esa anormalidad es compatible con una inteligencia superior (p. 316). Compárese también con lo que
dice Abrahamsen y las muy dispares opiniones que cita en Delito y Psique, pp. 170-173.
(4) Principios de Criminología Clínica y Psiquiatría Forense, p. 61.
(5) No se enumeran los mismos tipos en ambas obras aun tratándose de personalidades que tienen relieve criminológico;
eso sucede, por ejemplo, con la personalidad confabuladora.
(6) Von Rohden ha intentado una clasificación de los psicópatas crimínales, en los siguientes

grupos: I.- Psicópatas instintivos:

1.-Tipos de psicópatas sexuales.

2.-Tipos de psicópatas impulsivos.

II.-Tipos temperamentales psicopáticos:

1.-Tipos de psicópatas cicloides.

2.-Tipos de psicópatas esquizoides.

3.-Tipos de psicópatas explosivos y epileptoides.

III.-Tipos caracterológicos psicopáticos:

1.Tipos de fantásticos y pseudólogos.

2.-Tipos de psicópatas inestables.

IV.-Tipos de psicópatas complejos:

1.-Tipos de psicópatas histéricos.

2.-Tipos de psicópatas pendencieros, fanáticos, querulantes, paranoides.

3.- Tipos de psicópatas amorales" (Cit. por Mezger: Criminología, p. 66).

Como se verá, incluye como tipo especial a los psicópatas sexuales, cosa que no hace, por razones que luego veremos, Mira López. Pero está
de acuerdo con él en el tipo de psicópata confabulador.

(7) V.: Psiquiatría, p. 322; Manual de Psicología Jurídica, p. 237.


(8) V: Trattato di Antropología Crimínale, pp. 441-
442. (9) Ob. clt., p. 299.

440
(10) Mira y López, Manoal de Psicología Jurídica, p. 214; el subrayado proviene de allí.
(11) Sobreentiéndase que la actuación no obedece a un plan conscientemente elaborado sino a direcciones inconscientes que,
por eso, son más difíciles de dominar voluntariamente. Si el plan es conscientemente elaborado, ciertamente no se trata de
las características típicas del histérico.
(12) Weygandt, Psiquiatría Forense, p. 295.
(13) V: Trattato, pp. 429-437, donde el tema es ampliamente desarrollado.
(14) H. Maudsley: El Crimen y la Locara, pp. 78-79. La locura moral es analizada de manera especial en esa obra, en las pp. 231-
252.
(15) Pero la concepción lombrosiana no ha sido totalmente abandonada, en este tema, ni siquiera por autores contemporáneos;
así, Gajardo (Medicina Legal, II, p. 5) todavía considera al "loco moral" un equivalente del criminal nato de Lombroso;
Rubino. por su parte, todavía habla de la "inmoralidad constitucional del criminal nato" (Introducción a la Medicina Legal, p.
290); pero agrega algo que tiene el valor de una observación digna de ser tomada en cuenta: a veces la ceguera moral no
se extiende a todos los valores, sino a sectores bien delimitados de los mismos; por ejemplo, es usual que en las cárceles un
homicida no experimente mayores remordimientos por haber matado, pero que se indigne sinceramente cuando se le acuse
de haber robado; otros delincuentes ladrones, aceptarán con tranquilidad sus crímenes contra la propiedad pero sostendrán
que sus manos jamás derramaron una gota de sangre ajena. Ferri ya hablaba, para estos casos, de daltonismo moral; V: El
Homicida pp. 169-173.
(16) Véanse las Actas, I, pp. 131-154.
(17) Ibídem, p. 134.
(18) Ibídem, p. 150; también del mismo autor: Medicina Legal II, pp. 196-201.
(19) Psiquiatría, p. 324.
(20) Manual de Psicología Jurídica, p. 113.
(21) Sobre esta personalidad, con extensión, Gemelli, La Personalitá del Dellnqneote etc., pp. 265-279; allí se encuentra
igualmente expuesto el discutido y discutible tema de la imputalidad o inimputabilidad de los locos morales.
(22) Mira y López: Manual de Paleología Jurídica, p. 214. Subrayado en el original.
(23) V: Nerio Rojas, ob. cit., II. p. 182; compárese con lo que dice Mira y López, en ej. Maraal citado, pp. 215-216, para el
diagnóstico diferencial. Conviene también, como lo hace el autor español, insistir en que la mitomanía constituye una entidad
especial que hay que distinguir de otras, principalmente de la histeria: todo histérico es confabulador, pero es algo más, tiene
otros caracteres propios, como ya dijimos en su lugar; pero no todo confabulador es un histérico; v. el Maraal citado, p. 214.
(24) (24) Criminología, pp. 72-73.
(25) (25) El autor español al que principalmente nos atenemos, ni en su Psiquiatría ni en su Manual citado concede puesto
autónomo a las anormalidades sexuales. Hasta qué punto ellas se ligan con otras, puede verse en una estadística
presentada por Weygandt: de 86 exhibicionistas estudiados, 18 eran epilépticos, 15 imbéciles, 13 degenerados, 8
neurasténicos. 5 alcohólicos y 3 psicóticos.
(26) V; Barbé, Précis, p. 486.

441
CAPÍTULO V

NEUROSIS

1.- CONCEPTO DE NEUROSIS. He aquí otro grupo a normalidades cuya


caracterización conjunta no es fácil; como no lo es, en general, cuando se trata de
hacerla en relación con las anormalidades intermedias descubiertas por la
psiquiatría moderna y colocadas entre los opuestos extremos de la normalidad -
hombre mentalmente sano- y de la anormalidad total -psicosis, demencia, idiocia,
etc.- que eran los únicos reconocidos por la psiquiatría antigua.

En general, se ha tratado de caracterizar a la neurosis en relación con la psicosis,


estado más grave. Peto es tarea imposible fijar fronteras precisas ya que el
tránsito de una forma a otra es gradual, lo que, como hace notar Cameron,
dificulta la clasificación de lo» distintos síndromes (1); el mismo autor no da una
definición de lo que ha de entenderse por neurosis y prefiere dar ejemplos en los
cuales se vea su diferenciación con las psicosis (2).

Por su pate, Noyes se limita a decir que las neurosis son anormalidades leves,
entre la normalidad y la anormalidad extrema (3); tal carácter intermedio ae nota,
agrega, en muchos aspectos; por ejemplo, el psiconeurótico puede seguir viviendo
en la sociedad común, cosa que no puede hacer el psicótico.

Mira López tampoco da una definición de las neurosis en general, sino que las
distingue en psiconeurosis y órganoneurosis, proponiendo definiciones para cada
uno de estos grupos. Las transcribimos a continuación íntegramente pues a pesar
de ser complejas y extensas, introducen mucha claridád en las nociones de estas
anormalidades.

Con el nombre de psiconeurosis "se designa a un curso mor-boso constituido por


un conjunto de perturbaciones psíquicas y somáticas, que hacen sufrir al sujeto
íntima e intensamente; aparecen principalmente determinadas por una motivación
psicológicamente comprensible (aun cuando en su patoplastia intervengan, a
veces, factores orgánicos), propenden a perdurar y hacerse crónicas (cuando no
son debidamente tratadas) y, no obstante, no alteran esencialmente la

442
concepción del

443
Mundo, la orientación pragmática ante la realidad circundante ni los medios de
expresión verbal de quienes la sufren y son esencialmente curables por la
Psicoterapia" (4).

Como se puede ver, en la definición anterior se pone el acento en el origen


psíquico de la neurosis, dejando en plano secundario de condicionantes, a los
factores orgánicos; en el mismo plano de importancia relativa se hallan los
síntomas.

Otra cosa sucede en las órganoneurosis, definibles como "cursos morbosos en los
que predomina una sintomatología corporal, casi siempre de tipo visceral y
localizable a un determinado órgano o aparato que (a través de la doble vía
diencéfalo-vegeto-hormo-vásculo-muscular) sirve de núcleo de conversión y des»
carga de los malestares y las represiones personales" (5).

Si la diferencia entre distintos tipos de anormalidades mentales es simplemente


gradual, eso puede decirse aún más, si cabe, de la existente entre psico y
órganoneurosis, resultando muchas veces imposible toda distinción.

2.- SINTOMATOLOGÍA DE LAS NEUROSIS. Los síntomas de las psico y


órganoneurosis se entremezclan y confunden frecuentemente.

En lo tocante a alteraciones psicógenas de las funciones de digestión y nutrición,


se presentan principalmente las relaciones con el hambre y la sed, la masticación
y la deglución, el dolor y el movimiento a lo largo de todo el aparato digestivo; así
tenemos anorexia, espasmos, náuseas, vómitos, úlceras, dolores estomacales,
intestinales, etc., estreñimiento, diarrea, etc.

En las funciones de circulación y respiración, existe también una abundante


sintomatología; ella suele estar estrechamente relacionada con la llamada
neurosis de angustia. Se ha llamado la atención sobre un tipo de asma de origen
psíquico; como pone en relieve Mira y López (6), a veces se inicia con el asma
una serie de influencias perniciosas a través de la formación de mor finomanías en
los supuestos asmáticos a quienes se trata de calmar así, reactuando luego la
morfina sobre el asma. Podemos señalar también estados de opresión cardíaca,

444
dificultades respiratorias, tos, palidez y arrebolamiento cutáneos (principalmente
faciales),

445
palpitaciones, etc. La hipertensión arterial parece estar relacionada con impulsos
agresivos retenidos; casi podríamos hablar, por tanto, de un sustitutivo a muchas
explosiones delictivas, A través de otros síntomas que producen timidez también
puede llegarse a actos explosivos por sobrecompensación (7).

En las anormalidades del aparato genitourinario se advierten muchas influencias


psíquicas, frecuentemente ligadas con las funciones sexuales; en los estados de
gran emoción y en las personas hipersensitivas se dan fenómenos de enuresis,
polaquiuria, poliuria, etc. Más importancia criminal tienen las alteraciones
psicógenas de las funciones sexuales, tales la impotencia y frigidez de origen
psíquico que pueden Ilevar a aberraciones y delitos contra la honestidad como
recurso último para lograr el placer normalmente no alcanzado; el paciente, que en
caso de la impotencia es generalmente el varón, centra su atención en su
irregularidad y la convierte en causa de preocupación constante, razón por la cual
se ha hablado de una "neurastenia sexual" (8).

Entre las alteraciones cutáneas y sensitivas se hallan algias, localizadas o no,


urticarias, edemas, etc.

Han cobrado mucha importancia médicolegal y criminal, en los últimos tiempos y a


raíz del seguro social que establece indemnizaciones por traumas laborales, los
síntomas motrices ligados a las psico y órganoneurosis; entre tales síntomas,
están las alteraciones en la forma de caminar, de tenerse en pie, de presentarse
en forma erguida, deformaciones en las posturas, etc. Es corriente que exista
simultáneamente alguna alteración somática pero que, por pequeña, resulta
desproporcionada para explicar las alteraciones producidas que, por eso, tienen
que atribuirse fundamentalmente a factores psíquicos (9). Aqui también pueden
citarse los casos en que hay tics, movimientos convulsivos, imposibilidad de
mantenerse en pie, parálisis, etc.

Desde el punto de vista criminológico a que nos referimos -estafas en cobro de


seguros- hemos de incluir asimismo las alteraciones psíquicas autoscópicas de
origen psíquico: los pacientes gemebundos; los que creen haber perdido la
memoria, la capacidad de concentración atentiva, la inteligencia, la facultad de

446
dormir (insomnio neurótico); muchos son los que piensan estar fatigados apenas
inician un trabajo, etc.

La aparición de las denominadas indemnizaciones por accidentes de trabajo, es


indudable que ha traído por consecuencia un aumento en la frecuencia de estos
síntomas, con el propósito de cobrar dichas indemnizaciones; evidentemente no
se trata de planes de engaño consciente y claramente formulados, sino de
reacciones neuróticas que llevan a que el paciente mismo se convenza, al menos
parcialmente, de su estado, e inicie la acción judicial o administrativa
correspondiente. La mayor parte de las veces, la falta de especialistas hace que la
indemnización se pague produciéndose luego, al poco tiempo de haberla recibido,
la súbita y completa mejoría del reclamante. Este hecho o el que algún médico
descubra que no existen lesiones corporales explicativas de las anormalidades
observadas, lleva a que se inicien demandas contra los trabajadores por estafa
consumada o tentada; no es raro que los jueces y fiscales, limitados a juzgar
sobre datos exteriores v sin asistencia de psiconeurólogos, concluyan por creer en
una inexistente voluntad de engañar en el demandado, siendo la verdad que si él
engañó a otros, fue poroue primero se engañó a sí mismo, por lo cual no es
posible asimilarlo a los estafadores normales. Es frecuente que exista el trauma -
por una caída, golpes, paso de electricidad, envenenamiento, etc.-, pero es
inadecuado para explicar las alteraciones indemnizables producidas; en general,
el trauma no es causa de los síntomas posteriores sino su mero estímulo
desencadenante, frecuentemente ofrecido como oportunidad para que se
manifiesten predisposiciones histéricas (10).

3.- FORMAS CLÍNICAS DE LAS NEUROSIS. Los anteriores síntomas se dan


combinados en varias formas clínicas. Mira y López reéonoce cuatro de dichas
formas, cada una lo suficientemente amplia como para permitir la distinción de
subformas. Como se veri, dichos cuatro grupos se hallan estrechamente
relacionados con las constituciones psicopáticas respectivas tanto en sus
caracteres clínicos como en la criminalidad a que dan lugar, y son las neurosis
histérica, neurasténica, compulsiva y angustiosa, de las que pasamos a tratar.

447
a) Histeria. La gran forma clínica denominada histeria ha sido subdividida en
varios tipos especiales, en relación con los cuales es difícil encontrar unanimidad
entre los distintos autores.

En ia histeria de fijación, aquélla se liga con algún trauma que causa gran
alteración emocional y que, luego, dejando de pre-sentarse claramente en la
conciencia, sigue, sin embargo, actuando desde planos infraconscientes y
manifestándose durante los ataques histéricos (11).

La histeria de conversión se da cuando las fuerzas psíquicas, iniciadas en ondas


emocionales, se convierte en condiciones físicas que sirven de expresión a
aquéllas.

Es característica de la histeria ansiosa el que el paciente experimente ansiedad


ante algo que lo asusta; la anormalidad consiste en que, no hay proporción entre
lo que asusta u oprime y la ansiedad causada; para remedio, inconscientemente
deseado, el paciente desarrollo mecanismos de defensa, generalmente fobias; por
ejemplo, el del anciano que temeroso de quedar solo, cae enfermo
repentinamente concitando la atención y el interés de sus parientes.

Dentro de estas variedades y recordando los caracteres generales señalados a los


histéricos, demás decir que ellos están admirablemente dotados para tiranizar a
los que los rodean, si necesario fuera haciéndolos sentirse culpables de muchos
males que realmente no han causado.' Y es que la histeria, si bien absurda e
inesoc- rada en In aparición de sus momentos culminantes (ataaucs), obedece a
influencias inconscientes que persiguen un objetivo bien establecido: dañar a
otros, satisfacer el propio egoísmo, hallar conmiseración para la propia debilidad,
etc. Esa intencionalidad inconsciente de los síntomas histéricos es posible
encontrarle aún en los casos aparentemente más alejados de una explicación de
este tipo; con lo cual no se dice sino esto: todo neto histérico tiene unn finalidad.

b) Psiconeurosis neurasténica. Ha sido más o menos uniformemente aceptada


como resultado de fatiga y agotamiento que llevan a una gran irritabilidad del
paciente, el cual sufre de insomio y experimenta un malestar general. Si se trata
de
448
una psiconeurosis. serán los motivos psíquicos los que expliquen
fundamentalmente el cuadro clínico, de manera que las causas orgánicas o no
existan o sean notoriamente insuficientes en relación con la gravedad de los
síntomas observables. Por ejemplo, el insomio suele ser mero resultado del temor
de no poder dormir; la sensación de fatiga puede llevar a que no se tenga
capacidad de concentración atentiva y se pierdan el autodominio, las inhibiciones,
el sentido de la proporción, de modo que el neurótico neurasténico reacciona
desproporcionadamente ante estímulos pequeños y padece y hace padecer con
su malhumor (12). Naturalmente, el paciente mismo se preocupa mucho por su
estado corporal (13).

c) Psiconeurosis compulsiva (14). Padece de exceso de com-pulsiones, lo que ya


fue esbozado al tratar de la psicopatía compulsiva y de las compulsiones en
general.

Se citan tres notas específicas que, por su excesiva repetición, caracterizan a esta
psiconeurosis. La primera es la iteración, la tendencia a repetir una acción por
temor de que primero no se haya tenido éxito; por ejemplo, a mirar una y otra vez
un sobre de carta por temor de no haber puesto bien la dirección, el examinar
continuamente los enchufes por temor de que se haya dejado algo que puede
recalentarse y causar un accidente. La segunda es la creencia en la omnipotencia
del pensamiento, como si lo que en él se decide tuviera inmediato efecto en la
realidad; de ahí por qué el compulsivo lucha contra las ideas y deseos para
expulsarlos de la conciencia, pero sin lograr su objeto. La tercera, la dificultad de
llegar a convicciones firmes que permitan llevar adelante una acción: los motivos
se contraponen y luchan, se analizan las últimas conciencias de la acción que
quiere llevarse a cabo y de su inhibición; con el resultado de que la duda
permanece y el acto no se ejecuta; y no por falta de voluntad sino porque no se
decide a qué aplicarla.

d) Psiconeurosis de angustia. Esta forma clínica, denominada también


aporioneutosis, es relativamente escasa en número.

Su carácter fundamental estriba en que los conflictos mentales se traducen en

449
sensaciones de "opresión toráxica y de dificultad respiratoria (asmática), pronto

450
acompañada o seguida de manifestaciones cardíacas y vasomotrices que
engendran en el sujeto el convencimiento de que su fin está próximo" (15).

(1) V: The Psychology of Beh&vior Disorders, pp. 9-10.


(2) V: Ibídem, pp. 1-3.
(3) V: Psiquiatría Clínica Moderna, pp. 291-294.
(4) Mira y López: Psiquiatría, p. 332. En cuanto a la Psicoterapia o curación a través de la psique, Hinsie considera que hoy incluye
el tratamiento por medio de la moral, sugestión, hipnotismo. descanso y excitación (V: Conceptos y Problemas de Psicoterapia).
Consúltese asimismo el Manual de Psicoterapia, de Mira y López. Bajo la dirección de Raskovsky se ha publicado una serie de
estudios bajo el nombre de Patología Psicosomática, en que se estudian casos concretos de tratamiento y curaciones por
psicoterapia, dentro de los moldes señalados por et psicoanálisis ortodoxo; en buena parte y en cuanto a sus líneas generales, la
medicina psicosomática -alivio de síntomas corporales a través de tratamiento psíquico- ocupa el polo opuesto de la psicodrugía -
alivio de síntomas mentales a través de intervenciones en el cuerpo, cuyo más claro ejemplo está dado por la labotomía. Tratar a
fondo de estos problemas compete a los especialistas pues desembocan en las concepciones generales acerca de las
enfermedades mentales, concepciones que. a su vez, se ligan con las más generales acerca del hombre, el mundo y la vida;
espiritualismo, materialismo, eclecticismo han llegado también hasta el terreno de la psiquiatría.
(5) Mira y López, Psiquiatría, p. 334. Ea la cura de las orgononeurosis. desde luego, intervienen psicoterapia y fisioterapia.
(6) V: Ibidem, p. 339.
(7) "Una manifestación vasomotriz que es muy frecuente en la adolescencia y constituye el punto de partida de una molestia actitud
neurótica es el cambio de irrigación de la superficie facial y auricular (que da lugar a una palidez o a un enrojecimiento anormales)
y provoca secundariamente, en quien lo tiene, una eritrofobia o una albofobia. El sujeto teme exteriorizar sus sentimientos de
timidez, vergüenza, etc., a través de tales cambios; se aísla del contacto social, trata de broncearse la piel,
(8) etc. Casi siempre estos individuos tienen propensión al dermografismo, presentan otros signos de labilidad emocional y vas o-
motriz, sufren de precordialogías, palpitaciones, etc., y el análisis de su historia psíquica nos demuestra que han engendrado
un sentimiento de inseguridad e insuficiencia por exceso de mimos, por narcisismo o por falta de acción y de independencia en
los primeros años de su infancia. Tanto o más que una psicoterapia explicativa, es eficaz, en tales casos, un plan de acción
gimnástica y deportiva y una socialización progresiva, bajo tutela médica" (Ibídem, pp. 339-340).
(9) La importancia de estos síntomas para la criminalidad es deducible del estudio de las causas de ellos, que aparecen,
fundamentalmente, según Mira y López: "a) Por insuficiente madurez de las apetencias y hábitos sexuales; b) por desviación
persistente o abuso de los órganos productores del placer sexual; c) por repercusión local de estados generales (personales) de
desvalimiento o alteración; d) por privación de objetos libidinosos adecuados; e) por represión (voluntaria o forzada) de impulsos
sexuales; f) por satisfacciones parciales y diferidas de tales impulsos; g) por conflictos de orden ético, creadores de inhibiciones
parciales, seguidas de irradiaciones secundarias y productoras de una desintegración funcional de los reflejos reproductores"
(Ibídem, p. 342).
(10) Por ejemplo, el temor que se tiene a un trabajo rudo; o, lo que, es fácilmente observable en muchos ejemplos de
movilizaciones militares, el temor de ser herido o muerto durante la guerra (neurosis de guerra).
(11) Estas neurosis han sido denominadas, a causa de su origen, traumáticas, si bien por sus síntomas pueden ser incluidas en
las formas clínicas que luego se expondrán. Sobre estas neurosis traumáticas y su enorme importancia médico legal, tanto en
el plano criminal como de los seguros, véase: Moglie, La Psicopatología Forense, pp. 351-359.
(12) Véase resumido un caso típico luego, cuando se hable de Freud y del primer caso que lo "ilumino" para concebir parte de
su doctrina.
(13) Estos caracteres habrán de encontrarse también en la fatiga auténtica, en la cual el envenenamiento orgánico producido por la
actividad excesiva se traduce en lo corporal por un descenso de la capacidad funcional de los órganos y, en lo psíquico, por la
Sensación canestésica de fatiga. Sin embargo, esta sensación no se halla necesariamente ligada a la fatiga misma; a veces la
fatiga o envenenamiento es tal que se produce una anestesia general que engloba a la sensación correspondiente que, por ello,
no se experimenta; otras veces, y es lo más frecuente aún en personas no anormales, la sensación se presenta sin que preexista
la fatiga, como cuando se estudia una materia ingrata: a esta sensación de fatiga sin fatiga real, nos referimos.
(14) "Desde este punto de vista, puede decirse que tos neurasténicos tienen, efectivamente, ideas hipocondriacas, pero la reciproc a
no es verdadera. Por ello el síndrome puede ser descrito como nenrastenohlpodondríaco, más la verdadera hipocondría, en la que
según la escuela psicoanalítica hay, junto al narcisismo. una tendencia autopunitiva, se halla más próxima a la melancolía (o.
incluso, a la esquizofrenia) que a la pura neurastenia. En la hipocondría, en efecto, sobrevienen frecuentemente ideas delirantes y
se observan trastornos cenestésicos y alteraciones del esquema corporal tan importantes que la hacen ser considerada como una
psicosis (cuyo grado extraño conduciría al delirio de negación y al denominado síndrome de Cotard...)". Mira y López: Pslqahtria,
p. 364; de allí procede el subrayado.
(15) Se dan como sinónimos de compulsiva, "anancástica, obsesiva, coacta, imperativa, incoercible, psicasténica, dubitativa,
etc.". (Ibidem, p. 368).
(16) Ibidem, p. 371.

451
CAPITULO VI

PSICOSIS

1.- PSICOSIS DE SITUACIÓN Y REACTIVAS. Las psicosis de situación, según


generalmente se las entiende, son aquéllas que se caracterizan por reacciones
anormales en un ambiente que también lo es y que opera como causa: sin
embargo este concepto de causa ha de ser entendido con cierta amplitud pues
muchas veces la anormalidad ambiente más que causa propiamente dicha de la
enfermedad es simple ocasión reveladora o agravadora de predisposiciones
preexistentes.

Las psicosis de reacción, según denominación de Kraeppelin, suelen tener origen


psíquico, por lo cual se curan eficazmente por la psicoterapia. Son accesos breves
con complicaciones paranoides, histéricas, depresivas y angustiosas que abren la
posibilidad del suicidio.

Entre estas psicosis se encuentran las de características paranoides que


desarrollan algunas personas que, en relación con el medio, se sienten
defectuosas, principalmente los ciegos, sordos y privados de lenguaje, con su
tendencia a la celotipia, los delirios de persecusión y daño (sentirse burlado o
perjudicado a raíz de su defecto); es clásica la desconfianza que muestran los
sordos. Entre los excluidos del lenguaje, se encuentran los inmigrantes que
desconocen el idioma del lugar en que actualmente viven; si bien en estos casos
habrá que anotar que ello implica un aislamiento no meramente lingüístico, sino
mucho mayor, incluyendo las costumbres, las creencias y hasta el repudio que los
viejos liabiltantodas que tipifican una psicosis situacional.

Mira agrega las psicosis que denomina "delirio de autorefrenda erótica de las
solteras viejas" en las que predominan los mecanismos de proyección en cuanto a
los deseos y ataques sexuales; dan, por tanto, oportunidad para delitos de injurias,
calumnias y falsas denuncias. El mismo autor se refiere a las circunstancias
desfavorables originadas en las suegras viudas, sobre todo cuando el hijo único se
casa y entra en escena la nuera (1).

452
A partir de la guerra de 1914 - 18 han adquirido mucha importancia las llamadas
psicosis de guerra que Baruk caracteriza más bien como "psicosis
desencadenadas, con ocasión de la guerra, en quienes se hallaban predispuestos"
(2). No se pueden descuidar tampoco las psicosis de cautividad provocadas por el
aislamiento, los sufrimientos físicos y morales, la mala alimentación, el temor en
que viven los prisioneros, así como por el sentimiento de desarraigo que ellos
experimentan en un país ajeno con cuyos habitantes poco o nada se entienden,
rodeados muchas veces de odios y con el temor de lo que puede suceder en el
propio hogar y patria. Cabe también citar las psicosis desarrolladas en los refugios
(principalmente por causa de guerra), en los cuales son frecuentes las reacciones
paranoides de persecución, de autoacusación y de misticismo; se suelen crear
una psicología apta para las reacciones extremas, desde el embotamiento y la
indiferencia por todo lo que sucede y lo que puedan hacer, perdiendo todo
sentimiento moral, hasta las reacciones violentas consecutivas contra aquéllos a
quienes se considera culpables de la situación; para no hablar de quienes se
retraen en sí mismos y se resignan a su suerte ayudados por sus sentimientos
religiosos avivados per las circunstancias.

En los últimos tiempos, las condiciones de vida en las prisiones han mejorado
mucho, siendo ellas, en casos más numerosos de los deseables, mejores que las
del obrero algo menos que medio y libre. Sin embargo, las restricciones naturales
en la vida del presidiario, así como la persistencia de malas condiciones materia-
les en algunas partes, hacen que no sea posible prescindir todavía de las psicosis
llamadas carcelarias, como una realidad. Tales psicosis se originan en "la falta de
luz y de estímulos psíquicos ha-bituales, la alimentación insuficiente, la
sedentariedad, el onanismo y el miedo al porvenir" (3), Las alteraciones
consiguientes son sumamente variadas yendo desde transtornos en la acción y la
palabra hasta delirios, especialmente en los presos de alguna edad que
interpretan todos los hechos como antecedentes de su perdón, indulto o rebaja de
condena.

453
2.- PSICOSIS TRAUMÁTICAS. Son aquéllas que provienen directamente de las
lesiones propias de un trauma; consi-guientemente quedan excluidas de este
grupo las psicosis postraumáticas y las endógenas activadas en ocasión de un
trauma.

Sus variedades son numerosas dependiendo tanto de la índole del trauma como
de los síntomas presentados, las clasificaciones que se intenten (4).

La gravedad de las consecuencias del trauma depende de varios aspectos y no


sólo de la lesión producida; así, la edad (los primeros años de vida suelen traer
consecuencias más graves), el lugar (cráneo, centros vegetativos, etc.), duración
del trauma, repercusiones psíquicas de angustia, temor, etc., en el sujeto, fuera de
lsKpredisposición que siempre desempeña un papel importante.

Entre las distintas formas clínicas, Mira y López reconoce las siguientes (6):

a) Psicosis conmocionales, con tres subformas: amnésica, oniroide o


crepuscular y el síndrome de Friedman. La forma amnésica entra en el llamado
síndrome de Korsakoff, caracterizado por la amnesia anterógrada por falta de
concentración y fijación. En la forma cniroide se presentan alucinaciones y, a
veces, estados confusionales, delirium tremens, estados crepusculares y hasta
accesos comiciales. En el síndrome de Friedman existe una sinto- matología
similar a la de la neurastenia.

b) Las psicosis contusionales que se acompañan de muchas alteraciones


volitivas y de alteraciones del carácter y de tipo demencial.

c) Personalidades pos traumáticas, caracterizadas por cambios


caracterológicos duraderos que tienen gran relieve criminológico, pues no es raro
que se presenten síntomas claros de falta de actuación de la voluntad. Los más
frecuentes son los actos explosivos, por carencia de inhibiciones adecuadas, y la
falta de interés por la actividad como emergencia de abulia, fuera de perversiones
éticas.

3.- PSICOSIS EXOTÓXlCAS. REMISIÓN. Estas alteraciones son agrupadas más


que por la similitud de síntomas por la de origen el que es externo al organismo, y
454
en el cual, al introducirsu, tienen una acción tóxica. Esencialmente se trata del

455
alcoholismo y de psicosis derivadas de envenenamientos con distintas
substancias entre las cuales las de mayor importancia criminológica son los
estupefacientes.

Dado el singular papel criminògeno que estas alteraciones poseen, las hemos de
tratar en capítulos especiales a los cuales nos remitimos.

4.- PSICOSIS ENDOTÓXICAS. Se denominan también psicosis derivadas de


autointoxicación, porque las fuentes del envenenamiento se hallan en el propio
organismo; éste segrega substancias que son, por su cantidad o calidad, nocivas
o porque dentro de su normal producción no funcionan adecuadamente los
órganos encargados de anularlas o eliminarlas.

En este sentido han vuelto a ocupar lugar prominente las alteraciones de origen
hepático que se relacionan con estados de melancolía, eurastenia, insomnio,
pesadillas y hasta delirios y alucinaciones. Las investigaciones modernas han
demostrado que no se hallaba totalmente desencaminada la antigua biotipología
hu-moral cuando atribuía gran acción al funcionamiento hepático en la
determinación del temperamento y del carácter.

Las disfunciones renales, sobre todo en algunos casos (psicosis brightica)


próvocan alucionaciones, delirios eróticos y de persecución.

junto con la diabetes suelen presentarse síntomas que incluyen la euforia, el


descenso de capacidad mental y ética; en otros casos, más bien depresión que
puede llevar hasta el suicidio, no faltando autores que añaden otros síntomas
como las alucinaciones, estados crepusculares y convulsiones, confusión y delirios
de persecución. Desde luco, durante el denominado coma diabético el descenso
del nivel conciencial es similar al que se da en las más graves enfermedades
mentales.

Al tratar de las psicosis endotóxicas han de incluirse nesesariamente las derivadas


de disfunciones endocrinas; pero como ya nos referimos a ellas en el capitula de
Biología Criminal, sólo nos queda hacer algunos agregados relativos a la vida
endocrina femenina. Durante la menstruación y tanto por causas biológicas

456
como'psíquicas y sociales, se presentan alteraciones favorables al suicidio, el
homicidio y las perversiones sexuales. Igual confluencia de causas puede
anotarse

457
en las alteraciones mentales existentes durante el embarazo: envidias exageradas,
irritabilidad, impulsividad incoercible (cleptomanía), obscenidad e inclinación al
suicidio; estas anormalidades pueden relacionarse no sólo con la desnutrición (el
nuevo ser quita al cuerpo de la madre substancias que éste necesita) sino con
alteraciones endocrinas que en su lugar dejamos esbozadas; sin duda estas
alteraciones corporales, unidas a otras psiquicas cuando se trata de futuros hijos
indesea- dos porque se es pobre o soltera -y en esto entran ya factores sociales- o
porque se teme perder la belleza, pueden considerarse causas del aborto criminal
en muchos casos, pues contribuyen a crear inclinaciones o a destruir inhibiciones
como no lo harían en circunstancias normales (6).

Iguales alteraciones endocrinas, acompañadas de fuertes dolores físicos, de


intoxicación por otras causas, debilitamiento, temor a la censura social,
ofuscamiento psíquico, pueden explicar ciertos casds de infanticidio,
principalmente en las madres solteras; inclusive podrá pensarse a veces que no
existe en tales cir- cunstancias un estado capaz de mantener la imputabilidad
penal de la infanticida.

Algo semejante, pero en menor grado, desde el punto de vista criminológico,


puede afirmarse de las alteraciones parejas a la lactancia, período durante el cual
la madre puede debilitarse mucho.

Algo se ha dejado apuntado acerca de las disfunciones genitales de origen


endocrino; podemos agregar aquí que fuera de las anormalidades ya esbozadas
en su lugar, pueden resultar otras, por ejemplo, del temor de la impotencia, derivar
delitos sexuales; o de lá atención concedida a la anormalidad, resultar verdaderos
estados hipocondriacos.

5.- PSICOSIS INFECCIOSAS EN GENERAL. Cualquier enfermedad infecciosa


puede provocar anormalidades mentales(9). Por tanto, un estudio exahustivo
debería llevarnos al análisis de las repercusiones mentales primero, y, luego,
criminales, de cada una de las enfermedades infecciosas. Eso es prácticamente
imposible en un libro de la naturaleza del presente. Por tal razón, nos limitaremos
a caracterizar brevemente las psicosis infecciosas derivadas de las enfermedades

458
más comunes e importantes, tomando en cuenta el punto de vista criminológico.

459
En este párrafo nos reduciremos a dar algunos síntomas generales de las psicosis
tóxicas y a tratar de algunas de ellas en particular; empero, se dejarán para
párrafos especiales tanto la encefalitis como la sífilis, por su relevancia criminal.

Los síntomas, sucesivos o simultáneos en su presentación, son el descenso del


nivel mental, estados confusionales y pérdida de la orientación; delirios poco
sistematizados, así como alucinaciones variadas; transtornos en la memoria y en
la atención; en ciertos casos también existen estupor (qeuraxitis epidémicas e
infecciones gastrointestinales) y agitación motriz paroxística.

Algunos autores, al tratar de los delirios toxiinfectivos emplean para caracterizarlos


la palabra amencia que es igual "a de-lirio infeccioso más incoherencia y confusión
mental" (8).

En general, la amencia ha sido relacionada con meningoencefalitis transitorias


resultantes de toxinas provenientes de gérmenes y que provocan delirios; Moglie
deja la denominación de amencia para designar las alteraciones duraderas de la
persona-lidad derivadas de estados infecciosos (9).

La afectividad de ios amentes es extremada; o sumamente deprimida, o excitada e


inquieta. La conciencia se nubla; ilusiones y alucinaciones se presentan con
carácter terrorífico y son fundamentales para explicar las reacciones violentas de
defensa; los resortes inhibitorios se resienten; hay momentos de logorrea
incontenible y verborrea; la atención puede ser viva, pero siempre es fugaz; la
memoria se debilita. Demás decir que, con estos caracteres, la probabilidad de
delinquir es alta en los amentes, si bien ella suele ser disminuida porque la
gravedad de los síntomas corrientemente obliga a la reclusión manicomiai. Como
delito no raro, porque no se ha tenido él tiempo de internar a la paciente, Moglie
cita el infanticidio cometido durante las psicosis provenientes de infecciones
puerperales (10).

En la fiebre tifoidea hay delirios, alucinaciones terroríficas, onirismo, confusión


mental, descenso de la memoria y la atención hasta llegar, a veces, a estados

460
amencialcs. Estas alteraciones suelen presentarse inclusive cierto tiempo después
de que la tifoidea se ha considerado curada.

Menos grave es la sintomatología psíquica en la gripe o influenza si bien todo


dependerá de la qravedad de la misma enfermedad, que es sumamente variable.

La corea -excluida la de Huntington- se relaciona con estados reumáticos


infecciosos, dando ambos lugar a anormalida des mer ales; en el reumatismo
existe como carácter central la confusión mental; la corea, por su parte, da lugar a
delirios, alucinaciones y cambios de carácter, principalmente irritabilidad, que
apuntan hacia la comisión de delitos violentos.

La tuberculosis ocasiona también síntomas mentales, sea por efectos del bacilo
sobre el propio encéfalo u otros órganos que, al ser alterados, repercuten en aquel
otro, sea activando disposiciones psicóticas preexistentes, sea por las
repercusiones psíquicas que tiene el paciente cuando toma conciencia de su
enfermedad y de las limitaciones que ella apareja. En los sanatorios, se ha podido
notar egoísmo, hipersensibilidad y erotismo en los enfermos, pero pocas
anormalidades mentales notorias; quizá eso se deba, como observa Baruk, a que
ellas aparecen después de que las lesiones corporales están curadas (11); se
notan entonces estados de angustia, obsesiones (principalmente de no tocar y de
limpieza), irritabilidad, odios insanos, carencia de altruismo (al sujeto poco le
importa seguir o no enfermo para tomar precauciones y no contagiar a los demás).
En la meningitis tuberculosa son claras la disminución de la inteligencia, la injuria a
los sentimientos morales —que previamente pudieron ser muy fuertes—, las
perversiones instintivas, las alucinaciones e ilusiones que marcan un camino
favorable al delito. Verwaek ha puesto en evidencia, mediante estadísticas, la
relación que existe entre el erotismo despertado en los tuberculosos y los delitos
sexuales por ellos cometidos (12).

El paludismo da lugar a estados confusionaies, alucinaciones, ilusiones; hay


perversiones del carácter y tendencia a las reacciones agresivas. Son frecuentes
los síndromes depresivos.

461
6.- LA ENCEFALITIS EPIDÉMICA. Las psicosis derivadas de encefalitis epidémica
han adquirido últimamente mucha importancia como causa del delito, reconocida a
través de estudios estadísticos.

La encefalitis es una "afección particularmente grave, caracterizada por la


asociación de un delirio precoz y violento, a los síntomas generales de todas las
enfermedades infecciosas; afección debida verosímilmente a la acción, sobre un
sistema nervioso pre-dispuesto por taras hereditarias o adquiridas, de procesos
infec-ciosos todavía mal definidos" (13).

Dentro de las alteraciones ocasionadas por la encefalitis, las que más interesan a
la criminología son las pertenecientes a la etapa crónica.

Durante el período agudo, la sintomatología es variada: delirios polimorfos de


presentación brusca; cambios en el carácter y en el humor, fobias, obsesiones,
alucinaciones, siendo característico el estado confusional. La fiebre suele ser
sumamente alta (40.5). El período agudo puede durar tres o más días.

Estas infecciones casi siempre dejan secuelas, algunas de ellas de manifestación


tardía; así aparecen las psicosis encefalíticas crónicas, dé máxima importancia
criminal, principalmente cuando el sujeto padeció la enfermedad durante la
infancia. La sintomatología de estos estados crónicos es sumamente variada;
Barbé la clasifica así:

a) letargía: somnolencia, obnubilación mental, cambios en el carácter;

b) estados de ensueño, con excitación psíquica y motora e insomnio, y

c) onirismo, con confusión mental, delirios y alucinaciones (14).

Noyes ha apuntado que los cambios psíquicos son mucho

más notables en la etapa crónica que en la aguda y señala las modificaciones de


la conducta, que parece sometida a impulsos irresistibles, a un debilitamiento de la
inhibición consciente, a perversiones instintivas, a la "tendencia a mentir y a robar,
fugas, crueldad, delitos sexuales, etc." (15). El mismo autor insiste en la necesidad
de considerar como causas de las anormalidades, al lado de las lesiones

462
somáticas,

463
influencias psíquicas; la gente se burla de los enfermos, los mima, los trata como a
débiles, raros, etc., lo que conduce a la formación de Complejos, sobre todo de
inferioridad, cuyos caracteres son manifestados luego en la conducta (16).

Lesiones nerviosas importantes aparecen en los centros subcorticales


relacionados con la vida afectiva, lesiones que tanto pueden causar por sí mismas
el delito como, según Di Tullio, revelar o agravar disposiciones preexistentes (17).
Los cambios en el carácter llevan a delitos disconformes con lo personalidad pre-
encefalítica del paciente. Son evidentes el descenso de nivel en los sentimientos
éticos, la crueldad brutal, la agresividad, las perversiones sexuales, muchas de
ellas de tipo homosexual, todo lo que da lugar a delitos de violencia, tales como
heridas, homicidios, violaciones, etc., pues al lado de mayores impulsos instintivos
antisociales se da una disminución del control moral de la conducta, distimias,
delirios cada vez más sistematizados. Caracteres todos que han hecho que la
psicosis crónica encefalítica sea parcialmente asimilada a la locura moral (18) y
que han inducido aun a autores poco inclinados a dar importancia a los factores
individuales en el delito, como Sutherland, a que la reconozcan a la encefalitis
(19).

La aparición de delirios, de confusión mental, etc., habla ya de decadencia de la


inteligencia; es muy raro que ésta no resulte afectada; inclusive, a veces, el
descenso en el nivel intelectual es suficiente como para poder hablar de demencia
encefalítica, en algunos casos.

7.- PSICOSIS SIFILÍTICAS Y METASIFILÍTICAS. Las anormalidades mentales de


origen sifilítico son sumamente numerosas y, desde el punto de vista de nuestra
ciencia, tienen gran importancia.

En la marcha progresiva de la infección, podemos distinguir cuatro períodos


principales:

a) En la sífilis primaria, la infección tiene todavía un carácter local; sin


embargo, puede ser suficiente para desencadenar irregularidades en las personas
predispuestas; no ha de dejarse de lado la importancia psíquica del saberse

464
enfermo y con una afec-ción peligrosa y que ocasiona el repudio social; los
primeros síntomas son de angustia, depresión, etc.

b) En el período secundario, la lúes se generaliza en el cuerpo, pgro sin llegar


a atacar directamente al sistema nervioso; las toxinas son ya suficientemente
poderosas para incidir en la conducta, la que toma matices neurasténicos.

c) El período terciario se caracteriza por alteraciones mentales ya graves y


que derivan de múltiples lesiones en las visceras, sistema nervioso vegetativo, en
las glándulas endocrinas, y vasculares; aparecen meningitis circunscritas. Los
síntomas mentales son variadísimos: neurasténicos, esquizofrénicos, epilépticos,
alucinatorios, delirantes, etc.

d) En el cuarto período la infección ataca directamente al cerebro y provoca


los síntomas de la parálisis general progresiva (20).

Es esta anbrmalidad mental la que ha de ocuparnos espe-cialmente, porque las


demás formas clínicas derivadas de la sífilis, son asimilables a otras
enfermedades; así se tiene la neurastenia sifilítica, la alucinosis sifilítica,
síndromes maníacos, circulares, depresivos, esquizofrénicos, epilépticos,
tabéticos de origen sifilítico; inclusive podemos mencionar aquí la denominada
pseudo- parálisis general (que se pretendió aparecía ya en el período sifilítico
terciario).

La parálisis general progresiva proviene de una meningeoencefalitís de origen


sifilítico y está somáticamente caracterizada por variadas lesiones y
degeneraciones nerviosas; puede definírsela como una psicosis orgánica, debida
a la acción tardía del virus sifilítico y consistente en un proceso demencial, global y
progresivo, que evoluciona bajo una sintomatología psíquica proteiforme, más o
menos desarrollada y evidente, en la que predominan las manifestaciones de tipo
delirante. Esta psicosis se acompaña de alteraciones neurológicas y humorales
específicas y de un decaimiento corporal que conduce a la muerte en el plazo de
pocos años (uno a tres), si no se consigue detener su evolución fatal mediante un
tratamiento precoz y enérgico" (21).

465
El tiempo que transcurre desde la sífilis primaria hasta la aparición de los primeros
síntomas de la parálisis general se puede calcular entre diez y quince años, si bien
suelen darse excepciones. Es una enfermedad que afecta principalmente a
personas entre 40 y 50 años de edad; pero, como excepción, puede citarse la
denominada parálisis general juvenil.

Entre sus síntomas somáticos pueden mencionarse las disartrías (sumamente


características), el tropezón silábico, de que habla Mira y López, temblores en los
dedos y en los músculos faciales, exageración de los reflejos tendinosos
(principalmente rotuliano y aquiliano), desigualdad pupilar, etc.

En cuanto a los síntomas psíquicos, ellos son de gran relieve criminológico. Desde
un comienzo, aparecen los delirios generalmente mal sistematizados; entre ellos,
delirios de persecución, de grandeza y de enormidad, si bien estos últimos no
derivan generalmente en agresiones, sino que conforman personalidades
eufóricas, que se creen capaces de todo y que lo poseen todo; sin embargo,
también ueden darse los caracteres opuestos: delirios que conducen, a la
depresión, a la fatiga, delirios hipocondríacos y de nef ciór principalmente de
algunos órganos. La capacidad intelectual disminuye cada vez más, hasta
terminar en la demencia, en Kus distintas facetas de observación atenta, creación,
crítica, apreciación de valores, posibilidad de seguirlos, valoración de las
circunstancias y las conveniencias en relación con la conducta, etc. La memoria
sufre asimismo de un gran debilitamiento.

En cuanto a la delincuencia, merecen consideración los síntomas relativos a los


instintos, los sentimientos y la voluntad. La sentimentalidad delicada es destruida
y, en los períodos terminales, inclusive la de origen instintivo, esfera en la cual se
dan perversiones variadas. El paciente se vuelve irritable, agresivo, fácilmente
encolerizable o encolerizable sin causa alguna. Es dominado por la fatuidad, la
ambición, la vanidad, la imprevisión. Al lado de ello se observa un progresivo
debilitamiento de la voluntad, pérdida de los hábitos sociales, del sentido de las
conveniencias.

466
Naturalmente, habida cuenta de tales síntomas, no llama la atención la gran
variedad de delitos que los paralíticos progresivos pueden cometer: heridas,
homicidios, Violaciones, exhibicionismo, satiriasis; hurtos, quiebras fraudulentas y
culposas, estafas (principalmente ligadas con la vanidad e imprevisión). Si estas
formas criminales se citan como las más corrientes, es difícil excluir por principio
otras a las cuales los paralíticos, en razón de esta su enfermedad, no estén
inclinados.

Es de utilidad criminológica el distinguir las etapas sucesivas que sigue el proceso


demencial paralítico.

La primera, inicial o médico legal, abarca desde la aparición de los primeros


síntomas, generalmente neurasteniformes, hasta la producción de cambios
notables en la esfera ética, carencia de sentido de responsabilidad, de delicadeza
moral, delirios variados que hemos visto, debilitamiento intelectual, atentivo y
mnémico, paulatina destrucción de las inhibiciones, disartrias, temblores, etc. Este
período se ha denominado médico legai porque durante el se presentan las
conductas más tomadas en cuenta por las leyes y los mayores problemas de
orden jurídico pues, en general, los enfermos continúan en libertad y en su vida
corriente, lo que da lugar a actos no sólo delictivos, como quedó dicho, sino
relativos al derecho privado, principalmente tocantes a la capacidad o incapacidad
del sujeto (22).

La segundá, también denominada período de estado, la vive el paciente


generalmente en los manicomios, pues la anormalidad es patente, aún a ojos de
profanos; Existen indudable desintegración psíquica y decadencia mental, con
agravamiento de los síntomas aparecidos en la etapa anterior. Los síntomas
somáticos son también más graves, por ejemplo, la disartria.

En la tercera etapa, o terminal, la decadencia es total; existe un estado demencial


definido. Las anormalidades corporales llegan a su límite; son típicos los ataques
paralíticos que denuncian lo avanzado de la infección y de las destrucciones que
ella provoca.

467
Los períodos iniciales son, desde luego, los que tienen mayor interés para la
Criminología.

8.- EPILEPSIA. Esta enfermedad -también denominada iqal sagrado (morbus


sacer), mal comicial, etc.- es una de las más antiguamente conocidas y
estudiadas. En cuanto al terreno criminológico, ella obtuvo lugar relevante desde
los primeros estudios modernos sobre las causas de la criminalidad, para alcanzar
su cumbre de consideración en Lombroso, quien sostuvo que la epilepsia era una
de las explicaciones básicas de la criminalidad nata. Hoy se le sigue concediendo
gran importancia, principalmente en los delitos violentos, pero ya no tanta como en
los tiempos de oro de la escuela positiva.

La característica fundamental de la epilepsia son los ataques convulsivos durante


los cuales se pierde completamente la conciencia. Sin embargo, hay síntomas que
se ligan con la epilepsia, sin llegar a ser ataques convulsivos; estos síntomas
reciben el nombre de equivalentes epilépticos y constituyen el denominado
pequeño mal como oposición a los casos en que hay convulsiones y que se
denominan de gran mal. Los equivalentes psíquicos se distinguen porque
comportan la anulación de la conciencia o su notable baja de nivel (23).

El centro de la descripción del gran mal es el ataque convulsivo en el cual


podemos distinguir tres periodos; el pre - accesuat o prodrómico, el del ataque-
propiamente dicho y el post - aecesual.

La fase prodrómica tiene gran importancia criminológica; precede en horas o días


al ataque. Se caracteriza por distimia, irritabilidad exagerada, impulsividad, el
llamado malhumor epiléptico, delirios (generalmente de persecución y poco
sistematizados), estados de angustia, somnolencia y por las auras psíquicas que
"son casi siempre sensopercepciones anormales, de tipo cenestésico (sensación
de quemazón, picazón, frialdad, embotamiento o dolor difuso que parte de una
extremidad, del epigastrio o de cualquier zona somática y remonta hacia la nuca o
el cuello, acompañándose a no de alteraciones visuales, fosfenos, manchas rojas,
etc.) (24).

468
Después llega la brusca irrupción: o el ataque convulsivo o una reacción brutal y
violenta, a veces resuelta en un delito.

El ataque se inicia brutalmente; el epiléptico cae como fulminado, sin tiempo para
tomar precaución alguna. Pero el acceso es sumamente breve, incluyendo sus
dos fases tónica y clónica (una fase de rigidez y otra de agitación violenta); luego
viene la salida de la crisis (estertor), en que el paciente se calma y respira regular
y pesadamente. Entre otros caracteres corporales se dan la cianosis de los labios
(signo fundamental); los esfínteres se relajan, así como el dominio adquirido sobre
ciertas funciones (hay emisión de orina y de materias fecales). La conciencia se
pierde totalmente durante el ataque, por lo cual no hay posibilidad alguna de que
los fenómenos producidos sean captados por el sujeto. Posteriormente se produce
el despertar; el paciente vuelve en sí lentamente; su conciencia no retorna
completamente, dándose más bien estados crepusculares; parece asombrado y
nada recuerda de lo sucedido (amnesia lagunar); su cuerpo está bañado en sudor.

Esta amnesia parcial es definitiva en cuanto a los fenómenos sucedidos durante el


acceso. La desorientación y el estado crepuscular pueden prolongarse durante un
tiempo variable. Particularmente relevantes, desde el punto de vista criminológico,
son los actos provenientes del automatismo consiguiente a un acceso: el sujeto no
tiene clara noción de las cosas; operan en él los impulsos primitivos, pero su
conciencia obnubilada no deja actuar a los mecanismos inhibitorios superiores;
como consecuencia, pueden presentarse delitos sumamente variados aún fuera
de ios violentos, por ejemplo, actos de cleptomanía, exhibicionismo, piromanía,
etc. Durante la vigencia del automatismo, el paciente puede emprender las
llamadas "fugas epilépticas", abandonando todos sus deberes y realizando, sin
embargo, actos relativamente complicados que podrían hacer sospechar,
indebidamente, que no son resultado de automatismo. Suelen darse también
estereotipias muy semejantes a las que se presentan en los estados catatónicos.

Con el automatismo y las fugas entramos ya en el terreno de los equivalentes del


acceso y que, en muchos pacientes, lo reemplazan. Pero existen varios otros más

469
que se explican brevemente a continuación y que son de máxima importancia
criminológica.

Las ausencias son brevísimas -duran pocos segundos- interrupciones de la


actividad conciencial en la que aparecen como pequeños vacíos, durante los
cuales es posible que continúen las actividades corporales en curso si no exigen la
intervención permanente de la conciencia.

Los estados crepusculares se caracterizan por un estado oscilante entre la vigilia y


el sueño; la conciencia no se halla totalmente despierta pero tampoco tan anulada
como durante el sueño. Los estados crepusculares suelen presentarse, según se
admite generalmente, en cuatro formas distintas: sonambúlica, estupurosa,
delirante confusional y delirante maníaca (25).

El sonambulismo epiléptico da lugar hasta a fugas del hogar por impulsos


inconscientes; no suele exceder su duración a los dos días. En los estados
crepusculares estupurosos, que suelen presentane como consecuencia del
acceso, pero también independientemente del mismo, hay apatía, torpeza, falta de
iniciativa, inexpiesividad, catatonía, etc., pero "no es raro que, en el curso del
estupor comicial, se produzca súbitamente un acto exhibicionista o incendiario o
una agresión violenta" (26); este estado dura una o dos semanas. La forma
delirante confusional presenta incoherencia, desorientación, angustia junto con
alucinaciones teñidas de profunda emotividad; dura de dos a tres semanas. La
forma maníaca o del furor epiléptico se distingue por los accesos de cólera, la
agresividad y la explosividad acompañadas de gran agitación motriz; los delitos
violentos pueden ser la salida natural de este estado, tanto más que el paciente
conserva aún la suficiente conciencia como para seguir algunos planes.

Fuera de estos síntomas sustitutivos del mal comicial y pasajeros, existen otros
permanentes; desde nuestro punto de vista, dos de ellos tienen especial
relevancia: la alternativa viscosidad agresividad y la decadencia intelectual.

Dijimos antes que las distimias son frecuentes en los epilépticos; ellas.se unen a
las bruscas alternativas en el ritmo psíquico. El epiléptico es usualmente lento en
sus
470
procesos, lentitud que se refleja hasta en el lenguaje (el sujeto habla como si las
sílabas se arrastraran difícilmente las unas a las otras, como si apenas supiera
leer y le costara pronunciar las palabras que se le presentan); pero, de pronto, el
ritmo se acelera, los procesos se atropellan y hay una crisis de explosividad que
contrasta súbitamente con la untuosidad anterior. En cuanto a los fenómenos
representativos, se nota disminución de la memoria (por dificultades en la fijación),
estrechamiento del campo conciencial y falta de agilidad mental. En lo que toca a
la inteligencia propiamente dicha (capacidad de comprensión, invención y crítica)
los procesos evolutivos no siempre caminan en la misma dirección; mientras en
algunos casos se llega a una degeneración total (demencia epiléptica), en otros
parece conservarse intocada, inclusive dentro ds un plano de genialidad
(Dostoievski, Julio César, etc.).

Por lo descrito acerca de esta enfermedad, resalta su relación estrecha con


muchos delitos; para la explicación de éstos hay que recurrir a los estados pre y
post - accesuales y a los equivalentes más que al propio ataque comicial aunque
éste sea el más característico dentro de la clínica psiquiática.

9.- PSICOSIS MANIACO - DEPRESIVA. Ya al tratar de Biotipología criminal,


dejamos anotada la existencia de personalidades en las cuales los estados de
ánimo oscilan entre los polos de la alegría y de la tristeza, de la excitación y la
depresión: se trata de las personalidades ciclotímicas que se presentan aun en el
campo de la normalidad. Al exagerarse las reacciones cíclicas o de alternancia,
pueden presentarse los casos de psicopatías cicloides; cuando la exageración es
mayor y se ingresa en lo claramente anormal, se da la psicosis maníaco
deprensiva, también denominada mania cíclica o psicosis circular. Pero no
siempre en estos psicóticos se presenta la alternancia de los dos polos; puede
ocurrir que la personalidad se fije en uno solo, que éste determine la manera de
ser de aquélla; entonces tenemos las psicosis denominadas melancolía y manía.

La melancolía es un estado depresivo en que priman los sentimientos dolorosos y


pesimistas, coloreando tanda la actividad del individuo y determinando un
descenso en su potencial psíquico. El melancólico vive angustiado; todo lo ve
negro, como
471
vulgarmente se dice; tiene ideas de pequenez, de negación, de indignidad; el
porvenir sólo le ofrece sufrimientos y fracasos, todo lo cual explica por qué el
suicidio sea tan comente entre los melancólicos. La actividad dcsciepde, salvo en
el denominado raptus melancholicus en que hay una hiperactividad semejante a la
del raptus epilepticus y que puede condudr a delitos similares. Es lo corriente que
la capacidad intelectual permanezca cualitativamente intacta, aunque sea más
lenta; sólo habrá de apuntarse la alteración referente a los delitos que se
presentan en algunas formas clínicas. Estos delirios partidpan de la característica
depresiva y pesimista general y muestran al individuo disminuido, un porvenir sin
esperanzas o un mundo al que sobrevendrán catáv trofes, matanzas y hasta la
destrucción total. Ño es raro que, por un proceso proyectivo, se piense que los
propios padres, hermanos, hijos, esposa, etc., tengan ante sí un futuro doloroso
que es preciso evitarles; de ahí los homicidios piadosos en ellos perpetrados para
prevenirles el sufrimiento (27). El temor al porvenir se asienta, en algunos
ejemplos delirantes, en la creencia de qae hay gente que asi lo prepara, creencia
que se resuelve en delirios persecutorios que, unidos a las explosiones
melancólicas, apuntan hacia la comisión de delitos violentos, contra las personas
principalmente, por Ta conocida transformación del perseguido en perseguidor.

La manía es un estado de hiperexcitación y exaltación mentales en que las


fuerzas psíquicas parecen robustecidas de manara extraordinaria, hasta el
extremo de provocar una actividad irrefrenable y un curso acelerado de los
procesos mentales. Si en el melancólico predominan las tendencias depresivas,
en el maníaco eso sucede con las tendencias expansivas, con predominio de la
alegría y de la cólera.

El curso del pensamiento se acelera al extremo de que la atención es incapaz de


fijar suficientemente los contenidos conciencíales. Este fluir de ideas (ideorrea) se
traduce en el exterior en una verborrea incansable en que las oraciones saltan sin
motivación aparente de un tema a otro. A ello hay que agregar una hiperactividad
motriz que hace que los maníacos semejen seres incansables para llevar adelante
las numerosas y variadas tareas que emprenden. El maníaco es un hombre
optimista, que ve el porvenir de color de rosa, que no concibe las posibilidades de
472
fracaso para nada de lo que intenta; el mundo es suyo, lo tiene a su disposición,
puede cambiarlo; tiene poder para todo; de ahí las ideas de grandeza, de
enormidad, de invención. Por eso, el maniaco desprecia las vallas opuestas por
las consideraciones sociales, las normas éticas, las prohibiciones jurídicas, y se
lanza a actividades que pueden desembocar en variados delitos; estafas (gira
cheques sin fondos, quiebra en virtud de operaciones arriesgadas, etc.), abusos
sexuales, contravenciones de tránsito, robos, calumnias e insultos (contra los que
se le oponen), etc. La facilidad con que se encoleriza lo hace proclive a los delitos
violentos contra las personas, tales como heridas, lesiones, homicidios; pero si
bien, sobre todo los últimos, son teóricamente cercanos a las posibilidades del
maníaco (durante la llamada furia maníaca), sin embargo, de hecho, son pocos,
porque cuando el sujeto llega a los extremos de anormalidad, generalmente ya se
halla recluido en un manicomio donde se toman precauciones; pero aún allí,
precauciones y todo, las agresiones contra otros enfermos no son raras.

La posibilidad de cometer delitos es mayor en los estados de hipomanía (una


manía en pequeño) porque el sujeto conserva mejor sus capacidades corrientes y
porque no se lo interna con tanta frecuencia como al maníaco declarado. En la
hipomanía, más que una agitación maníaca existe una hiperactividad
desordenada. Le son atribuibles en mayor número que a los maníacos, los delitos
propios de éstos. Por lo demás, Inoportunidad que sz les ofrece es mayor, porque
su conducta irreflexiva e imprevidente puede ser ejercitada libremente en
aventuras comerciales y en actos contrarios a la propiedad, la salud y la vida de
sus semejantes. Moglie hace resaltar que la disminución o desaparición de los
frenos inhibitorios se traduce en muchas mujeres en actos deshonestos,
preferentemente provocaciones sexuales (que dan muchos dolores de cabeza
cuando la hipomaníaca alega haber sido seducida o violada), exhibicionismo,
seducción y corrupción de menores, etc. (28).

10.- PSICOSIS ESQUIZOFRÉNICAS. También en el capítulo sobre Biología


Criminal adelantamos nociones acerca de esta discutida enfermedad, o grupo de
enfermedades, caracterizada por la disociación mental.

473
En esta unidad, Kraeppelin fundió, con el nombre de demencia precoz, varios tipos
de trastornos que antes se trataban aisladamente y no siempre con la necesaria
sistemática. Ese nombre fue posteriormente reemplazado por Bleuler con el de
esquizofrenia porque el psiquiatra suizo pensaba que lo más característico de la
enfermedad es la disgregación mental, la destrucción de las asociaciones lógicas;
como síntomas fundamentales, él señalaba el autismo y la ambivalencia: el
primero es la ruptura con el mundo exterior y el encerramiento en sí mismo; el
segundo, la posibilidad de que coexistan en el individuo afectos e ideas
contrapuestos.

La importancia médica y criminológica de esta enfermedad, deriva del hecho de su


frecuencia; se calcula que, entre seis y siete personas de cada mil, la padecen; los
esquizofrénicos constituyen cava de la mitad de la población manicomial.

Entre sus rasgos distintivos existen muchos relacionados de cerca con el delito.
Así sucede con las pseudopercepciones que, en el esquizofrénico, llegan a tener
notas particularmente absurdas como la de dar corporeidad espacial a lo que no
puede tenerla (el paciente dice haber visto u oído al tiempo, al dolor, etc.); tales
pseudopercepciones se asocian entre sí como las imágenes oníricas, por mèdio
de mecanismos que rebasan las reglas de la lógica. Ilógicas y absurdas son
también las ilusiones; se extienden frecuentemente al campo kinestésico y
cenestésico; por eso el sujeto puede afirmar que vuela, que desaparece en parte o
totalmente, que está nadando; desde el ángulo de nuestro enfoque son relevantes
las ilusiones en el campo sexual.

Salvo las etapas avanzadas de clara destrucción de la personalidad entera, la


memoria no suele ser muy afectada; se mantienen relativamente bien las
funciones de captación, conservación y evocación, pero hay fallas en el
reconocimiento.

Los trastornos más salientes se presentan en las funciones intelectuales; el


pensamiento se torna rígido, como ceñido inseparablemente a un tema constante,
carente de espontáneidad. La disgregación mental se manifiesta en el hecho de
que un pensamiento iniciado no llega a su conclusión: se asocia de manera

474
absurda, ilógica, a otro proceso que probablemente tampoco concluya de
manera rotunda.

475
La incoherencia, la falta de lógica -resultantes de la disgregación mental- se
transparentan en la falta de jerarquía entre las ideas.

Los delirios son graves y derivan hacia juicios absurdos que son reconocidos en
su carácter anormal aun por el profano. Delirios de influencia: alguien está
pensando por mí, alguien habla valiéndose de mi garganta, mis pensamientos son
vistos por los demás, etc.; delirios relativos a grandes trastornos-cósmicos:
terremotos antes jamás producidos, guerras con nuevas armas, mutanzas sin
cuento; delirios de autotransformación: el enfermo se convierte en aire y puede
colarse por cualquier rendija, se transforma en luz, tiene el don de la ubicuidad,
etc.; delirios religiosos y de invención: el paciente cree ser un pensador muy
profundo, capaz de plantearse y resolver problemas que para los demás han
permanecido en la oscuridad, problemas científicos, religiosos, metafísicos que
asumen caracteres del mayor absurdo. Mira y López cita un caso de Arnd en el
cual el esquizofrénico trataba de averiguar "por qué el hombre no tiene dos
cabezas que trabajen una de día yotrá de noche" (29); los delirios de invención
derivan, de manera natural, en los de persecución.

Las alteraciones del lenguaje corresponden a las del pensamiento de que son
expresión, así como a los trastornos de los demás estados internos. Hay
disgregación, falta de lógica, neologismos, rarezas, etc., todo lo cual hace que no
se entienda lo que el paciente quiere detir. He aquí un ejemplo de neologismos,
dis gregación, rarezas, etc., que surgieron después de la pregunta: ¿cómo está?:

"Está perdido en dos por la cabeza que habla del ruso maravedizo. Pañuelo.
Quítate de ahí viejo joven ven y ven; pastilla para la tos del rebuzno que suspira
por el médico. Calla tonta. La construccionalibilidad del paBaderizante es fea.

¿Cuándo marchará a su casa?. -Marcharé tan pronto como jamón de las


porquerías que salen por la escalera, pera. Rincón nunca fue. Los vestidos que
llevo por la Luna remendera de la pin de la pon que no me pongo más. Desde Ia
ventana veo y huelo los rayos que me traspasan el corcho con los sapos verdes
melifluos sinculo y del cupo cogote escupo (30).

476
Se nota también verbigeración (repetición de las mismas palabras por absurda
que sea su colocación en las frases o en las conversaciones del momento). Otra
manifestación común, aunque sólo sea en ciertos momentos del decurso de la
enfermedad, es el mutismo absoluto, durante el cual no se logra arrancar una
palabra al paciente, por ningún medio (31).

Igual disgregación, Junto con ilogismo y acumulación de detalles absur'dos, puede


verse en la escritura y en los dibujos de los esquizofrénicos.

La vida afectiva va muriendo lentamente; si bien existen momentos de


hipersensibilidad, la tendencia general marcha hacia la frialdad emocional que
permite comparar a los casos extremos con trozos de hielo; los sentimientos más
delicados son destruidos progresivamente -tales los de simpatía, los morales, los
de cooperación, etc-; por todo ello, los enfermos pueden cometer los delitos más
atroces y repugnantes con toda frialdad y sin sentir remordimientos posteriores.

La escisión propia de la esquizofrenia es comprobable también en este terreno


afectivo. El enfermo se mueve entre dos polos: el de la indiferencia o
embotamiento y el de la susceptibilidad y delicadeza extremas; pero un extremo
no repele al otro o lo sustituye, sino que ambos se dan simultáneamente, dentro
de la característica ambivalencia afectiva de líos esquizofrénicos: el paciente se
cree muerto y vivo, feliz y desgraciado, pesimista v optimista. Todo envuelto, sobre
todo en los primeros momentos, por la nube de angustia proveniente de la propia
anormalidad oscuramente percibida.

En la acción, se da predominio de los actos involuntarios, automáticos en que la


censura y la inhibición conscientes no intervienen. Se presentan extremos que van
desde la inmovilidad pétrea de la catatonia hasta los movimientos continua e
incansablemente repetidos. En la catatonia, existe la posibilidad de que el paciente
sea movido como un maniquí que conserva la postura que se le da: es lo que se
llama la impresionabilidad cérea.

Merece también citarse como clásico, sobre todo en algunas formas de la


esquizofrenia, el negativismo: el sujeto hace precisamente lo contrario de aquello

477
que se le dice; parece colocarlo en una situación de oposición total a las
influencias que provienen del medio ambiente.

En lo referente a las formas que asume la esquizofrenia, se admiten tres


principales, cuya sistematización remonta a la labor de Kraeppclin: la hebefrénica,
la catatònica y la paranoide (32).

El síndrome hebefrénico se distingue principalmente por los trastornos afectivos


que, en los primeros momentos de la evolución, parecen caracterizar más a la
psicosis maníacodepresiva que a la esquizofrénica, sobre todo por los accesos de
distimia. La impulsividad se mantiene lo que, unido a la destrucción de los frenos
inhibitorios, da lugar a variados delitos violentos, incluyendo los sexuales. La
disociación es la característica que, al hacerse evidente. permite el diagnóstico
diferencial con la locura circular. El hebefrénico inicia precozmente su proceso
degenerativo en que prontamente aparecen delirios variados, poco
sistematizados, alucinaciones cenestésicas, hipocondría, etc., que dan lo que
puede llamarse la base intelectual del negativismo hebefrénico, sin duda
ctiológicamente distinto del negativismo puro de los catatónicos.

La variedad catatònica se presenta cuando este síntoma se une a los demás de la


esquizofrenia. Los rasgos corporales son los que primero llaman la atención:
períodos de rigidez corporal (estereotipias, etc.) con violentos estados de agitación
motriz muy importantes desde el punto de vista criminológico. La vida intelectual
es sumamente pobre.

En la esquizofrenia paranoide priman las alucinaciones, ilusiones y delirios de la


más variada especie: hipocondríacos, de grandeza, de persecución, místicos, etc.

Moglie considera que la etapa más interesante, para el estudio de las relaciones
entre esquizofrenia y delito, es la que inicia el proceso degenerativo, en que la
capacidad intelectual aún no está seriamente dañada ni el sujeto recluido en un
manicomio, pero ya se han producido notables cambios en el carácter, accesos de
mal humor, disminución de los sentimientos éticos y sociales y alteraciones en la
capacidad inhibitoria porque hay disociación entre lo que se percibe, se piensa y
se
478
quiere. El paciente es visto simplemente como alguien que comienza a descuidar
sus deberes de trabajo o de familia, que parece poco interesado en conservar las
formas en las relaciones sociales y que comete actos inmorales aparentemente
sin darse cuenta. Al progresar la enfermedad, el sujeto se encierra cada vez más
en sí mismo, tiene choques más violentos con la sociedad y da muestras de no
saber lo que hace; agreguemos a ello la creciente disociación mental, el
surgimiento de odios inmotivados, los accesos de cólera y se deducirá lo peligroso
que es el enfermo; sus actos pueden sorprender a cualquiera, pues explosionan
cuando menos se los espera, sin tener justificativo aparente alguno, sin que la
víctima pueda prevenirse; esa carencia de motivos adecuados es precisamente
una de las características de la criminalidad esquizofrénica.

La falta de explicación por parte del agente, la ausencia de remordimientos, el


cinismo, siguen a la comisión del delito.

Este puede asumir las más diversas formas, siempre relacionabas con el grado de
anormalidad a que el paciente hubiera llegado; fuera de los delitos de violencia -
estupros, homicidios, heridas, etc.-, pueden darse otros de estafa, hurtos, creación
de peligro, exhibicionismo, masturbación en público, etc.

El autor últimamente citado, así como Di Tullio, ponen justamente en relación, las
llamadas fugas esquizofrénicas, con el delito de deserción (33). Lo mismo podría
afirmarse que sucede en algunas fugas de base epiléptica.

II.- PSICOSIS PARAFRÉNICAS Y PARANOICAS. He aquí conceptos que están


entre los más discutidos de la Psiquiatría actual y en relación con los cuales las
contrapuestas opiniones han creado un estado cercano a la anarquía. Inclusive
plan- lean los especialistas la asimilación de estas entidades a otras, por io menos
parcialmente (34).

En la parafrenia, según Mira y López (35), son típicos los delirios alucinatorios que
se instalan sobre la personalidad normal. Las ilusiones y alucinaciones se
traducen pronto en delirios de influencia; pero frente a ellos, como algo aparte, se
yergue la personalidad normal que se defiende de la anormalidad; esa
conservación de una
479
parte de la personalidad permite que, muchas veces, los parafrénicos puedan
continuar su vida en sociedad. En los momentos más avanzados del trastorno -
que generalmente se instala en personas entre 30 y 40 años de edad- pueden
presentarse también delirios de grandeza, de invención, etc. La inteligencia,
prescindiendo de la parte delirante, se conserva relativamente bien. Tampoco son
mayores las alteraciones afectivas, salvo la frecuencia e intensidad de los accesos
coléricos.

En cuanto a la paranoia, ella es, para Noyes, "un trastorno mental de desarrollo
insidioso que se caracteriza por ideas delirantes persistentes, inalterables,
sistematizadas y lógicamente razonadas" (36). Esos delirios suelen asumir, a
veces, tal apariencia de verdad, que el paciente es capaz de engañar a cualquier
persona no prevenida. Por lo demás, puede esta anormalidad dejar intocuda la
función intelectual en relación con otros temas ajenos al delirio, en los cuales el
sujeto desarrolla perfectamente sus actividades.

La patogénesis tiene importancia criminológica, pues generalmente se considera


que la paranoia se instala a raíz de fuertes experiencias emotivas; el yo, mej, el
egoísmo, adquiere papel preponderante, sobre todo en algunos tipos de delirios,
que revelan eí deseo que el paciente tiene de imponerse al mundo, de hacer que
éste gire alrededor de él, aunque sólo fuera en el plano delirante.

Desde nuestro punto de vista, podemos disponer las formas clínicas de la


enfermedad, de acuerdo al tipo de delirio que existe o que predomina sobre otros
que se presentan simultáneamente.

El delirio de persecución es una variedad de sumo interés criminológico; el


paranoico se cree perseguido por una persona o grupo de ellas; éstas tratan de
desprestigiarlo por medio de calumnias, o de deformarlo para hacerle perder la
belleza, o simplemente, de matarlo. La reacción natural es una actitud de defensa
contra los injustos ataques externos. El paranoico da el paso siguiente: reacciona
contra los presuntos agresores por medio de calumnias, acusaciones falsas,
heridas, homicidios. No se busque entontes arrepentimiento de lo hecho, porque el
delirante estará convencido de que obró dentro de los límites de su legítimo

480
derecho

481
de defensa. Los actos defensivos llevan el sello de toda la personalidad; a veces
son explosivos, súbitos, como salida abrupta ante una situación intolerable, pero
en la mayoría de los casos se tratará de actos planeados, no raramente con gran
detalle y fina apreciación de la realidad para asegurar el éxito, como si la parte
sana de la personalidad -por así decir-, su inteligencia intacta, se hubieran puesto
al servicio de la anormalidad. El internamien- to del paciente en un manicomio no
constituye de por sí una prevención de la actitud de defensa, sino corrientemente
lo contrario: cree que el internamiento es una nueva prueba, una nueva
manifestación de la persecución que sufre; por tanto, estará prevenido contra
médicos y enfermeros, a quienes considerará cómplices activos del atropello y
contra los cuales se amplía el derecho de legítima defensa; pero, en este caso, las
probabilidades delictivas disminuirán por las precauciones que se toman.

Otros delirios sen los de reivindicación y de celos; también en ellos la personal


hipertrofia del yo es clara.

El delirio querjlante reivindicatorío, pleitista, judicial, etc., se basa en ia patológica


creencia de que un derecho propio ha sido mellado y que es preciso buscar su
reposición por medio de trámites judiciales. Así, se inician pleitos y pleitos
continuos e interminables, que no tienen base real o, si la tienen, resulta
desproporcionada en relación con las fuerzas que el litigante pone para lograr
remedio. Los delitos no sólo resultan oJ hecho denunciado mismo, sino de que el
querulante considera que los testigos, los pericos, se hallan confabulados contra
él, por lo cual los calumnia y los denuncia falsamente. En último caso, su
desconfianza estalla también contra el juez y contra todo el poder judicial en
conjunto. Se ve, pues, que los delitos más comunes son los de injurias, faltamicnto
a la autoridad, acusaciones falsas, etc.: pero puede succdcr, en casos extremos,
que se presenten ataques materiales a las personas cuando el querulante
considera que, pues los tribunales lo dañan injustamente, ha llegado la hora de
haccr respetar los derechos mellados, por propia mano, Se cita como subespecie
de esta manía litigante la denominada paranoia genealógica en que el paciente
lucha porque se le reconozcan los derechos derivador de su alto y noble origen.

482
En cuanto a los delirios de celos, suelen iniciarse en interpretaciones erradas de
hechos corrientes; todo es considerado como prueba de infidelidad del cónyuge o
amante, inclusive los actos más inocentes. A echar leña al fuego, suelen contribuir
estados pasionales profundos o sentimientos de inferioridad oscuramente
percibidos para no mencionar la creencia en la propia' impotencia que
presuntamente lanzaría a la otra parte a buscar satisfacción por medio de la
traición. El delirio de celos suele desembocar en los delitos más graves contra la
persona sospechada -generalmente no contra el tercero en discordia, a veces des
conocido, por lo demás-, mediante homicidios o heridas que se extienden inclusive
hasta los hijos, de filiación sospechosa o no, y pueden concluir, tras una
carnicería, con el suicidio dei delincuente.

Los delirios de grandeza, que tan fácilmente derivan en los de persecución, dan
por sí solos una apreciable delincuencia generalmente relativa a gastos
desconsiderados, giro de cheques sin fondos, etc. Sólo excepcionalmente se
desemboca en delitos contra las personas; pero pueden presentarse, por ejemplo,
cuando el paciente se cree dueño del mundo, capaz de disponer de la vida, de la
honra o de la salud de sus subditos.

A continuación, habrá que citar, de modo natural, los delirios de reforma y los
místico
- religiosos. Cuando el delirante cree poseer toda la verdad o haber sido destinado
por Dios o la historia, a reformar al mundo, a purificarlo de todos sus pecados, no
se está lejos de quererlo limpiar de pecadores o de eliminar a to dos los que, con
demoníaca perversidad, se oponen a que se instaure el nuevo reino. De esta
madera están hechos muchos regicidas, muchos atentadores contra dirigentes
sociales, políticos y religiosos, muchos conspiradores, dictadores, y
revolucionarios; muchos injuriadores y calumniadores. El calor que ponen en sus
prédicas, su tenacidad, su capacidad de dirección, hacen que algunas veces se
produzcan delitos colectivos porque nunca faltan incautos, a veces naciones
enteras, que tienen fe en el delirante y lo siguen en las aventuras más
descabelladas; eso es tanto más posible, cuanto más haya conservado el sujeto
su poder intelectual y más se efectúen sus prédicas en momentos de especial

483
desesperación de ciertos

484
grupos, dispuestos a aceptar a cualquier profeta. La historia de los últimos tiempos
no escasea ciertamente en ejemplos que podrían citarse; citarse y contraponerse
a lo que su cede con los auténticos reformadores.

Los delirios de invención -de creación científica, artística o literaria-, tienen menor
importancia, salvo cuando concluyen en delirios de persecución, daño o
reivindicación, lo que tampoco es raro. Estas personalidades delirantes suelen
acompañar sus inventos, hallazgos, planes, de toda suerte de supuestas pruebas;
ora han creado grandes maquinarias, armas que permiten destruir sin mayores
gastos a los ejércitos enemigos, ora han pintado cuadros maravillosos, tienen los
planes peilectamente estudiados para resolver una crisis económica o financiera,
etc. Con la cual, por sí solo, más que delincuentes suelen resultar víctimas de los
aprovechadores.

Por fin, podemos describir la paranoia sexual o erótica, Ella aparece en algunas
personas que tienden al amor platónico; se sienten castamente amados y
corresponden de igual manera; ti la mujer o el hombre amado no dan muestras de
interés, se interpreta aquello como subterfugio para no dar a conocer
públicamente los sentimientos íntimos; si se llega a actos de verdadero desprecio,
se los cree formas de coqueteo. Y así, estos tenaces enamorados, siguen su
camino durante mucho tiempo, siempre ilusionados, como lo estaba Don Quijote
de Dulcinea del Toboso. Es claro que esta forma delirante, algo rara, no lleva
corrientemente a delitos, como no sea a indiscreciones que tesminan por exigir
reparación judicial. Sin embargo, suelen tener mayores repercusiones criminales
cuando alguién cree ser amado e intenta obtener los derechos de tal, o cuando,
complicándose con delirios de au- torreferencia erótica, se calumnie a la otra parte
por supuestos avances ilegales. Los casos extremos tienen que asimilarse a lo
que sucede en los delirios de persecución y de celos; el primero resulta, por
ejemplo, cuando el no haber obtenido plena correspondencia o matrimonio
durante años, se atribuye a dificultades opuestas por algún interesado; el
segundo, cuando la frialdad se atribuye at nacimiento de nuevos amores.

485
212.- PSIQUIATRÍA INFANTIL. Las peculiaridades de la psique infantil han dado
lugar a la formación de la psicología evolutiva propia de esa edad; al lado se ha
creado una especialidad médica, la Psiquiatría infantil, que crece continuamente
en volumen e interés.

La importancia de la nueva especialidad puede deducirse del número de pacientes


a los cuales se refiere; datos norteamericanos confirman que alrededor del 3% de
los niños tiene defectos intelectuales que dificultan o impiden la adaptación social;
la proporción de alteraciones del carácter, llega al 10%, transtornos "que, al no ser
tratados en esta época, los conducirán (a los niños), a la delincuencia, a!
alcoholismo o a la enfermedad mental" (37).

Las aplicaciones criminológicas son obvias, toda vez que el conocimiento precoz
de condiciones mentales favorables al delito puede provocar el correspondiente
tratamiento antes de que las anormalidades se enconen o lleguen a formar parle
de la personalidad del niño y del adolescente.

Uno de los problemas capitales que han de encarar actualmente las autoridades,
es el de la delincuencia de menores, continuamente creciente en número y
agravada en calidad. Poco se podrá hacer para tratar de prevenir y de remediar
esa delincuencia si no se parte del conocimiento de las causas que han de ser
combatidas; causas que muchas veces serán aclaradas por la psicología normal,
pero que frecuentemente sólo podrán ser entendidas bajo la luz de los estudios
psiquiátricos. En efecto, hay anormalidades que se presentan desde la más
temprana edad; bástenos recordar que eso sucede con la oligofrenia, las
irregularidades provenientes de mal funcionamiento de las glándulas endocrinas o
de mala alimentación, o de enfermedades infecciosas o de intoxicaciones, o de
procesos degenerativos que se instalan muy pronto (demencia precocísima), etc.;
para no hablar de los transtornos provenientes del medio que rodea al niño, púber
o adolescente; psiquiatría y psicología han tenido que detenerse a considerar las
influencias familiares, económicas, de estudios escolares, etc., que concluyen por
crear conflictos internos; para aceptar esas influencias en todo su pesó, y
principalmente las relativas al ambiente familiar, no hay necesidad de adscribirse

486
cerradamente a ninguna escuela psiconalítica: basta observar la realidad que
presenta hechos incontrovertibles. Inclusive pueden derivar transtornos de la
forma de recreo que el niño halla -o no halla-.

Han sido los maestros, con cuya actividad tanto se relacionan las tentativas de
prevenir y corregir el delito, los que mejor comprenden la urgencia de recurrir a la
ayuda de la psiquiatría. Hay problemas, como los de las mentiras, engaños,
injurias, calumnias, a que el niño se inclina, que son terreno favorable para que se
instalen ciertos delitos a veces reprimidos con dureza por autoridades poco
inclinados a estudiar la psique de los delincuentes infantiles y juveniles. Y eso que
las advertencias para que se tenga cuidado son ya viejas; aún en libros de
secundaria importancia y no precisamente modernos.

A lo largo de estos últimos capítulos hemos dado algunos detalles, los más
posibles, compatibles con una obra elemental como es la presente, a fin de que el
lector posea algunos datos acerca de las anormalidades infantiles y juveniles. Sin
embargo, el tratar más largamente del tema es propio de libros especializados a
los cuales nos remitimos.

(1) V: Psiquiatría, pp. 381 382.


(2) Précis de Psychiatrie, g, 469.
(3) Mira y López, ob. cit., p. 382.
(4) V: Ibídem, pp. 391-392; allí se encontrarán detalladamente dos de las clasificaciones más corrientemente
aceptadas. (5) V: Ibídem, pp. 396-397.
(6) Estos mecanismos son tan ciaron y frecuentes como para extrañar que. cuando se trata de las causas del aborto, no se los nombre.
Sobre los trastornos psíquico durante la gestión, véase: Langelüddeke, Psiquiatría Forense, pp. 454-459
(7) V: Mira y López, ob., ctt., pp. 427-428.
(8) Ihídem, p. 430.
(9) V: La Psicología Forense, pp. 236-238; por tanto, excluye los delirios febriles que aparecen y desaparecen junto con las altas
temperaturas ocasionadas por algunas infecciones.
(10) Sin embargo, se discute si sólo por ellas: es probable que la amencia esté relacionada con ciertos estados carenciales o
deficitarios del organismo.
(11) Ob. cit., p. 240.
(12) Ob. cit., p. 414.
(13) Cit., por Di Tullio: Trattato di Antropologia Criminale, 151.
(14) Definición de Anglade, citada por Barbé: Preda, pp. 349-350.
(15) Ibidem, p. 350.
(16) Noyes: Psiquiatría Clinica Modena, p. 169, Langelüddeke, ob. Cit., pp. 434-438.
(17) V: Ibidem, pp. 169-170.
(18) V: ob. cit., pp. 152-153 y 547-548.
(19) Así, por ejemplo, Exner: Biología Criminal, pp. 289-290; sin embargo, sobre la necesidad de evitar una asimilación completa. Di
Tullio, ob. ett., pp. 547-548.
(20) V.: Principles of Criminology, pp. 98-99.
(21) V: Mira y López, ob. dt., pp. 438-439.
(22) Ibidem, p. 444.
(23) Ibidem, p. 444.
(24) Algunos autores distinguen dos períodos previos al de estado: el premonitorio y el médico legal propiamente dicho; así, Mira y
López, pp. 450-451 de su ob. cit., Barbé, ob. cit., pp. 419-429. En contra, Baruk, ob. cit., pp. 313-319. Sobre el peligro de
circunscribir a un solo periodo la designación de médico legal, Moglie, ob. cit., 267-268.
(25) Aquí no damos sino los caracteres generales; pero, en realidad, existen diversos tipos de epilepsia. Puede verse una clasificación
en la obra citada de Mira y López, p. 467.
(26) Ibídem, p. 468. El subrayado está en el original.

487
(27) V.: Ibidem, pp. 469-471.
(28) Ibidem, p. 470.
(29) V.: Di Tulio, ob. Cit., p.
252. (30) V.: ob. Cit., pp. 285-
286.
(31) En la ob. Cit., pp. 519-520.
(32) Ibídem, pp. 521-522.
(33) En ibídem, p. 525, puede verse este otro caso de "ensalada" de palabras en que ningún pensamiento puede ser seguido: "125
millones, cruz, algodón encarnada, K. junto 1906, muere como un asesino, el señor X es asesino, cigarrillo, la luz, el sol,
reyezuelo, arroz comido, señor G. Altona, Bernardo X, carne de cerdo, Luis X, timonel, piloto, marina de guerra no muere por
nadie 1906, N. punto, K. punto, doble punto.
(34) Es preciso no confundir la esquizofrenia paranoide, con la psicosis paranoide que puede denominarse “pura”.
(35) V: para la criminalidad esquizofrénica en general, Moblie, ob. cit., pp. 327-330. Di Tullio, ob. cit., pp. 511-517.
(36) Una muestra de las discrepancias puede ser tenida de sólo observar el cuadro sinóptico contenido en Mira y López, ob. cit., p. 575.
(37) V: Ibídem, pp. 576-583.
(38) Ob. Cit., p. 421.
(39) Mira y López, ob. cit., p. 634.

488
CAPÍTULO VII

ALCOHOLISMO

1.- IMPORTANCIA DEL ALCOHOLISMO EN LA CRIMINOLOGÍA. Desde un punto


de vista sistemático, el estudio del alcoholismo debió incluirse en el párrafo
dedicado a las psicosis tóxicas (1). Sin embargo, la importancia de este factor es
tal en la criminalidad que se justifica el dedicarle un capítulo aparte, como también
se hará luego con los estupefacientes (2).

Las relaciones entre el alcoholismo como causa, por una parte, y las
enfermedades mentales y la criminalidad como consecuencias, por otra, han sido
puestas en evidencia desde hace mucho tiempo.

Sería, al menos en una obra de la índole de la presente, tarea desproporcionada


el examinar todos o la mayoría de los estudios importantes sobre la materia; nos
limitaremos a los principales dejando constancia, desde ahora, de que las
opiniones de los autores son uniformes cuando se atribuye al alcoholismo enorme
importancia criminogena.

Si dejamos de lado los precedentes más lejanos y nos detenemos en el siglo


XVIII, ya hallaremos en Montesquieu la preocupación por el problema cuando se
refiere a la distribución de los vicios y de los delitos en Europa; afirma que a una
mayor delincuencia en la Europa meridional corresponde un mayor alcoholismo en
la Europa septentrional, mas o menos como si alcoholismo y delito se
compensaran más que se compenetraran, o como si el primero fuera equivalente
del segundo. Durante el siglo XIX se publican varios libros expresamente
dedicados al estudio del alcoholismo como factor de criminalidad; nos referimos,
sobre todo, a aquellas obras ya clásicas al respecto, como la de Baer en Alemania
y las de Zerboglio y Colajanni en Italia, fuera de los capítulos que, sobre este
tema, se insertan en "El Hombre Delincuente'' de Lombroso.

En lo que va del siglo presente, las investigaciones han alcanzado gran extensión
y profundidad y se puede decir que los conocimientos elementales sobre el tema
son de dominio común. Las ligazones entre alcoholismo y delito y otras conductas

489
antisociales se han tornado tan evidentes a la luz de los hechos, que no hay
tratado de asistencia social o de psiquiatría que no toque estos aspectos del
problema.

2.- VARIEDAD EN LOS EFECTOS DEL ALCOHOL. Es preciso comenzar


anotando que el alcohol provoca efectos diversos según el individuo de que se
trate; tales diferencias pueden explicarse por las siguientes causas:

a) Grado de atracción que el alcohol ejerce sobre cada individuo; la atracción


varía desde una notoria inclinación hasta una invencible repugnancia. Producida la
embriaguez, ella será diferente según la atracción o la repugnancia (las cuales,
por su parte, nos ohligarían a investigar por sus propias causas).

b) Sensibilidad individual frente al alcohol. También aquí se dan grados que


van del individuo que puede ingerir cantidades relativamente grandes de alcohol
sin sufrir serias alteraciones corporales o psíquicas, hasta aquel otro en el cual
una dosis mínima es capaz de producir efectos absurdamente desproporcionados.
Esta sensibilidad varía de acuerdo a distintos factores como la constitución
biotipológica, el estado psíquico, las condiciones del sistema nervioso (cerebro-
espinal y vegetativo), de las glándulas endocrinas, del hígado y otras glándulas
exocrinas, de la alimentación y estado de nutrición, de los hábitos adquiridos, de
las enfermedades, etc.; probablemente será necesario agregar otras causas no
individuales, como la estación del año, la temperatura, el tipo de trabajo, etc.

c) Cantidad y calidad de las bebidas. Si se considera aisladamente, este es un


dato puramente objetivo; pero tal forma de considerarlo es posible sólo por
abstracción y por necesidades didácticas. Dentro de esa abstracción, se ha podido
comprobar, por ejemplo, que las bebidas destiladas ejercen una influencia mayor
en la aparición de la embriaguez que el vino y la cerveza (aún considerando sólo
la cantidad de alcohol ingerido y no la cantidad total del líquido). Lo mismo puede
decirse de las especies de bebidas, las cuales pueden tener, agregados al alcohol,
otros elementos que ejerzan una acción similar que se suma a la del primero o la
multiplica o la disminuye; son los casos del whisky, I ajenjo, etc. (3).

490
Se comprende que más importante que la cantidad de alcohol ingerida, es la
asimilada por el organismo; no obstante esto, ni siquiera este dato puede resolver
por sí solo todos los problemas, ya que si pudiéramos establecer la existencia de
cierta cantidad de alcohol en la sangre, eso no sería suficiente para esclarecernos
hasta dónde llega el grado de las perturbaciones psíquicas producidas en el
individuo, perturbaciones que, sin embargo, los preciso conocer en cualquier
estudio criminológico o médico legal. Desde luego, hay que dejar de lado los
casos extremos de intoxicación.

3.- CAUSAS DE ALCOHOLISMO. Es preciso detallar estas causas porque todo


intento de cura y corrección ha de tener en cuenta las causas; eso es verdadero
no sólo en el campo médico y penitenciario sino también en el criminológico; en
efecto, por cierta tendencia a simplificar los hechos, se suelen atribuir simplemente
al alcohol, actos criminales cuyas causas preceden a ¡a embriaguez, la
condicionan o se suman a su influencia.

Entre las causas principales del alholismo podemos citar las siguientes:

a) La herencia. La incluímos porque su influencia es frecuentemente sostenida y


todavía no se han dado puebas para prescindir de ella, no obstante que las
ofrecidas para sostenerla hayan sido puestas en tela de juicio y, al menos en el
momento actual, no puedan admitirse como verdad incontrastable.

Más bien puede suceder, como explicaremos en la parte criminológica, que se


deba hablar principalmente de influencias congénitas y ambientales, ya que el niño
nacido en un hogar de alcohólicos se encuentra desde pequeño en condiciones
adversas para llegar a desarrollarse normalmente desde el punto de vista corporal
y psíquico.

b) El biotipo. Las investigaciones hechos en base a la biotipología de Kretschmer


han llegado a conclusiones imprecisas. Así, Jeslin, de Moscú, estudió 1239 casos
de bebedores y encontró entre ellos 49 esquizotímicos y 90 ciclotímicos. Pero
otros investigadores han llegado a conclusiones diferentes. En todo caso, estas
cifras absolutas no tienen mucho valor porque no pueden referirse a los
porcentajes en que los biotipos se dan en la población general.
491
Por su lado, Rield estudió 800 delincuentes, entre los cuales 193 eran alhólicos; de
estos:

60% eran esquizotímicos,

22% eran ciclotímicos y

18% eran tipos mixtos (5).

Estos porcentajes pueden ser confrontados con los de la población normal que en
Alemania central es, más o menos, la siguiente:

Leptosomos 50%

Atiéticos 30%

Pícnicos 20% (6).

Si basándonos en todos estos datos buscamos, según la correspondencia


biotipológica de Kretscomer, las características temperamentales, veremos que
hay escasas posibilidades de afirmar que existe estrecha relación entre
constitución biotipológica e inclinación al alcoholismo.

Pero también es evidente que, cuando se estudia cada caso individual se halla
mucha diferencia entre esquizotímicos alcohólicos y ciclotímicos alcohólicos;
mientras en los primeros hay prevaléncia de las causas internas, según su propia
psicología (descontento del mundo y de la vida, angustia, deseo de huir del
mundo, etc.), en los segundos suelen prevalecer las causas ambientales
(imitación, mal ejemplo familiar, etc.).

c) Enfermedades mentales y de otro género. Ya el simple sentido común nos


permite afirmar que los efectos del alco-hol son más profundos y duraderos en el
individuo predispuesto por alguna enfermedad, sobre todo mental. No obstante, es
necesario tener cuidado en sacar conclusiones rápidas porque en muchos casos
se corre el riesgo de confundir la causa con el efecto, ya que frecuentemente la
enfermedad mental es efecto del alcohol, y no su causa; pero es difícil
establecerlo y entenderlo asi cuando, como sucede casi siempre, el estudio se
hace a posteriori.
492
Es indudable que, en muchos casos, la enfermedad es causa del alcoholismo; a
este propósito, nos dicen Selinger y Granford: "El simple hecho de que el
alcohólico no deje de beber pese a que sufre penosas consecuencias, como la
perdida del trabajo v del prestigio, tormentos físicos y otras miserias, demuestra
evidentemente que factores profundos lo conducen literalmente a beber y que es
psiquiátricamente enfermo"(7).

d) Deseo de huir de situaciones dolorosos de la vida y, consiguientemente, de


buscar en ciertos medios, como el alcohol y los estupefacientes, un remedio para
dolores físicos y psíquicos.

e) Por ansia de mayor felicidad, por anhelo de placeres nuevos; motivos estos que
se encuentran no sólo en las personas po-bres o enfermas (que más bien se
incluirían en el acápite anterior), sino sobre todo en personas de cultura refinada y
de buena posición económica, en lafe cuales el alcoholismo loma creciente
desarrollo comprobable por nuestra experiencia diaria. En efecto, al líido del
hombre que come mal, miserable, que busca transitorio alivio en la embriaguez, se
encuentra frecuentemente en estos tiempos, al individuo que está cansado de la
vida y que busca por todas partes la excitación de sensaciones nuevas,
encontrándola en las formas más aberradas de la conducta sexual, en el consumo
de estupefacientes, en el uso del alcohol, con el agravante, en este caso, de que
el alcohol está contenido en bebidas destiladas concentradas y, por eso, más
dañosas; si agregamos que estos individuos son proclives a diversas anomalías
nerviosas y psíquicas, veremos por qué el alcoholismo proveniente de esta causa
es de los más graves.

Se debe reconocer, sin embargo, que este alcoholismo es menos evidente y más
"fino" que el que se encuentra entre los pobres, los obreros, los incultos, etc.; pero
no menor. Es el alcoholismo propio de los sectores más cultivados de la sociedad.

f) Transformación no advertida del bebedor en alcohólico. Sucede a menudo que


una pequeña dosis de alcohol concluye por crear un hábito del que luego resulta
imposible librarse y que exige siempre más para ser satisfecho. Consideradas las

493
variantes personales, es imposible establecer a priori el camino por el cual se llega
al vicio; lo único evidente es que muchas veces se llega sin saberlo ni quererlo.

Al lado de estas causas prevalentemente individuales, podemos catalogar toda la


serie de causas prevalentemente externas. Entre ellas son las más importantes:

a) La temperatura, sobre todo extremada. Es preciso referirse tanto al calor como


al frío (en muchas regiones se busca en el alcohol un medio para procurarse una
pasajera sensación de calor). De cualquier modo, como dice Palmieri, frío y calor
excesivos facilitan la asimilación del alcohol (8).

b) El ambiente familiar; en él, por motivos evidentes, la imitación tiene carácter


más acentuado; eso es visible en muchos casos. Es frecuente, en efecto, que en
muchos hogares en que los padres son alcohólicos, los hijos también lo sean y no
por una supuesta transmisión hereditaria sino por fuerza de la imitación.

c) La situación económica. Si bien en todas las categorías económicas podemos


hallar alcohólicos, en número y calidad, resaltan en los dos extremos de la escala:
en los pobres, en los cuales no sólo hay la tendencia de huir de las amarguras de
la miseria a través de la embriaguez, sino también la ilusión de compensar con el
alcohol las deficiencias causadas por la mala alimentación, y entre los ricos, en los
cuales existe un buen porcentaje de alcohólicos por razones ya expuestas.

d) La moda que es otra forma de imitación de base más extendida. Tudos los días
es posible observar cómo el alcoholismo se va haciendo más común a través de
costumbres sociales. En este aspecto, se hace necesario referirse al alcoholismo
llamado mundano que ha establecido la máxima igualdad entre los sexos,
originando un aumento desmesurado de este vicio entre las mujeres.

La división anterior en dos grandes grupos de causas, no tiene sino un valor


expositivo ya que, en la realidad, ellas se dac simultáneamente,
complementándose o repeliéndose, siendo a veces difícil determinar la
preponderancia de unas y otras.

4.- FORMAS DE ALCOHOLISMO. Fuera de las condiciones y causas del


alcoholismo, debemos tratar de las diversas formas o especies en que se
494
presenta.

495
Demás insistir en que los límites entre una y otra son imprecisos, difícilmente
determinables sobre todo en ciertos casos concretos.

La división más aceptable, principalmente desde el punto de vista criminológico,


es la siguiente:

a) Embriaguez patológica; es aquella que conduce, como su propio nombre lo


indica, hasta estados patológicos, en los cuales la reacción es desproporcionada
con respecto a la cantidad de alcohol ingerido. Se dan inclusive delirios y
alucinaciones, se presenta en los individuos especialmente predispuestos por
ciertas condiciones sean de orden psíquico, sean de orden físico. Si dejamos de
lado el caso de los consuetudinarios, en los cuales este tipo de embriaguez suele
darse, nos queda por referimos a aquellas personas recién salidas de particulares
estados de tensión nerviosa, como los provocados por guerras, enfermedades
graves, traumas psíquicos de variado tipo, etc. Se ha insistido también en lo
mucho que la sensibilidad al alcohol es aumentada por el paludismo (9). Este tipo
dj embriaguez pertenece integramente al campo de la psiquiatría. En lo criminal,
acostumbra manifestarse por graves delitos de violencia sin causa aparente
alguna o con causas desproporcionadamente pequeñas.

b) Embriaguez alcohólica aguda ordinaria. Corrientemente es la menos grave de


las que aquí enumeramos, pero por los variables grados dentro de los cuales se
presentan los casos concretos, suscita serias dificultades. Se produce por
ingestión relativamente considerable de alcohol, la que trae por consecuencia no
sólo un transtorno en la composición química de la sangre sino también muchos
síntomas psíquicos que la hacen asemejar a las oirás psicosis de origen tóxico.

c) Alcoholismo crónico. Aquí ya no nos hallamos ante casos agudos que, por
graves que sean, son pasajeros, sino ante un estado prolongado y duradero cuyos
caracteres anormales resaltan inclusive cuando el sujeto no está propiamente
ebrio. La degeneración personal es más profunda y permanente y es resultado del
uso continuo del alcohol. Los grados del alcoholismo crónico son muy variados;
van desde sus inicios, cuando las alteraciones personales apenas pueden ser
notadas

496
por los familiares, hasta los estados de demencia alcohólica en que el manicomio
es lugar obligado de internamiento.

5.- SÍNTOMAS DEL ALCOHOLISMO. La ingestión de alcohol se manifiesta, en


primer lugar, por las alteraciones producidas en la constitución química y en el
funcionamiento del cuerpo.

Las primeras dosis operan a modo de excitantes del sistema nervioso. Aumenta el
número de las pulsaciones cardíacas, se experimenta vasodilataeión, un aumento
en la frecuencia respiratoria, es excitada la actividad funcional del tejido muscular,
la secreción urinaria y (un poco menos), la salivar; la temperatura del cuerpo
desciende levemente por la dispersión de calor producida por la vasodilatación"
(Palmieri) (10).

Las alteraciones químicas corporales se evidencian principalmente en la sangre;


mas como ésta no es sino un vehículo, subsigue la alteración en la composición
químico de diversos tejidos, principalmente en el nervioso.

Se noiá gran excitación sexual, especialmente en los primeros momentos de la


intoxicación aguda. Con el progreso de dicha intoxicación, puede llegarse al
extremo opuesto, a la impotencia.

Los nervios sensitivos funcionan cada vez con menor agudeza, principalmente los
que atienden la sensibilidad dérmica: quedan disminuidos los sentidos del
equilibrio, del movimiento (y más cuanto más pequeños y precisos sean) y hasta la
simple posibilidad de moverse. Por eso sucede que los ebrios queden durante
largo tiempo en posiciones incomodísimas, sin cambiarlas.

La sintomatología visceral es también notable; así, la gastritis de defensa, con


dolores de estómago, náuseas, etc. Sobrevienen vómitos que son verdaderas
tentativas de defensa orgánica. Los riñones se alteran, así como la composición
de la orina. Ahora vuelve a darse fundamental importancia a las hepatitis y otras
alten- cionej del hígado colocándolas en lugar importante en la explicación de
muchos síntomas corporales y psíquicos del alcoholismo (11).

497
A medida que el alcoholismo deviene habitual y crónico, estas características se
agravan. Se manifiestan desórdenes permanentes en el hígado: alteraciones en el
tejido nervioso, que llegan hasta la atrofia de la corteza cerebral; transtornos en
los linones y en las funciones de los órganos sexuales y en los órganos de los
senlidosi

Desde nuestro punto de vista, nos interesan más las alteraciones psíquicas que
envuelven la personalidad total del individuo y que se presentan -muchas de ellas-
en los diversos tipos de alcoholismo (si bien hay síntomas específicos de tal o cual
forma de embriaguez, como luego veremos). Los síntomas varían en cuanto a su
importancia, siendo más graves en el alcoholismo crónico. Por otra parte, hay que
distinguir síntomas pasajeros y síntomas más o menos permanentes.

Vamos a analizar las anormalidades de acuerdo a los tipos de fenómenos


psíquicos.

a) Vida representativa. La intoxicación se traduce en la perdida de gran parte de la


agudeza y precisión de los sentidos con la consecuencia de que se pierde
simultáneamente claridad y precisión en los elementos básicos para la vida
representativa superior, que son las sensaciones. Es evidente en los alcohólicos
una cierta mayor velocidad de las asociaciones de ideas; pero aquí esta expresión
"asociación de ideas" debe ser entendida ante todo como asociación de imágenes
concretas que se subsiguen rápidamente, dando la apariencia de una gran
agilidad mental; pero lo que realmente sucede es que tales imágenes se deslizan
y encadenan velozmente por falta de frenos inhibitorios superiores y críticos, que
son los que ponen orden en las asociaciones de los adultos normales. La
secuencia de imágenes en el alcoholismo tiene muchos puntos de contacto con lo
que sucede entre sueños: inconexión, carácter absurdo, repetición insistente,
desconocimiento de la irrealidad de la imagen.

Ilusiones y alucinaciones. Ambas anormalidades son síntomas de falta de


adecuación al mundo real.

Las imágenes resultantes son sumamente variadas, desde las muy agradables,
que suelen presentarse en los primeros momentos de la intoxicación, hasta las

498
terroríficas que se dan durante el delirium tremens.

499
Las alucinaciones son de todos los tipos: visual, auditivo, dérmico y. menos
frecuentemente, gustativo y olfativo. Su importan cia aumenta en el alcoholismo
habitual y crónico.

A menudo sucede que et alcohólico se forma, a través de estas alucinaciones, una


imagen tétrica del mundo, en el cual ve un conjunto de personas y de cosas
hostiles que conjuran continuamente contra sus intereses; una mirada, una
palabra, un cierto tono de la voz, son captados como manifestaciones hostiles
sobre las cuales se edifica toda una serie de actitudes de defensa. Las
alucinaciones suelen diferir de acuerdo con la personalidad previa del ebrio.

Del terror, del miedo, suele pasar a la reacción cuya comprensión también
supondrá el estudio de la personalidad anterior del sujeto. En efecto, individuos
hay que se encierran en sí mismos, aterrados; pero también los hay que tienden a
reaccionar violentamente contra la supuesta hostilidad ambiental. En lo que se
refiere a la fuga del mundo, se dan formas diversas; desde el punto de vista
criminológico no tienen importancia aquellos casos que se resuelven en el puro
aislamiento interior, pero la tienen cuando la fuga se resuelve en la definitiva de
todas: el suicidio.

Las alucinaciones, especialmente si son graves, suponen ya algo más que un


estado agudo de intoxicación y se dan principalmente en los alcohólicos habituales
y patológicos.

Delirios. Ellos son característicos durante el período inicial del hábito, el


alcoholismo crónico y la demencia alcohólica.

En los primeros delirios, generalmente de persecución, es posible que persista, en


'otros aspectos, la personalidad normal y que el paciente pueda seguir
desempeñando su profesión u oficio; hay crisis de mal humor que duran largo
tiempo.

Desde el punto de vista criminológico, tienen gran relieve, en la intoxicación


alcohólica, los delirios de celos que se presentan en la etapa crónica, aunque
excepcionalmente se los puede observar antes; son relativamente sistematizados,

500
tanto como para poder convencer de la realidad de las sospechas de infidelidad a
una persona desprevenida. (12).

¿Cómo es posible explicarse estos delirios de celos en personas normales hasta


cierto momento y cómo explicarse su aparición precisamente en el alcoholismo
habitual y crónico? Existe una hipótesis, ya formulada por Kraft-Ebing, según la
cual en la base de todo está la consciente o inconsciente convicción de la propia
impotencia sexual provocada por el alcohol y del poco atractivo que puede ejercer
una persona material y espiritualmente decaída.

El alcohólico, precisamente por el vicio de que es esclavo, causa repugnancia a


propios y extraños, incluyendo a su esposa la amante. Su decadencia moral, su
brutalidad, su desconsideración, lo tornan poco atractivo. De ello tiene cierto
conocimiento, por oscuro que sea. Así ya tenemos una base para que se
construyan los juicios delirantes.

El alcohol, en un comienzo, tiene acción afrodisíaca; el hombre quiere realizar el


acto continuamente. Tal acto es prolongado, porque el alcohol retrasa la
eyaculación, por lo que resulta un martirio para la mujer. Luego, entre el instinto
exacerbado y la falta de delicadeza moral y de inhibiciones, el alcohólico busca
satisfacciones aberradas que repugnan al cónyuge que termina por odiar la
intimidad. Esto lo advierte el alcohólico y no tardará en atribuir a la existencia de
un amante la falta de interés del cónguye, la resistencia con que se somete a las
exigencias exageradas, el desapego sentimental.

Posteriormente, el poder sexual decae y es él el que desempeña el principal papel


en los delirios de celos.

El paciente puede llegar a creer que no experimenta placer porque el cónyuge


guarda toda la capacidad de proporcionarlo, para el amante supuesto.

Miradas, sonrisas, palabras inocentes, manchas, enfermedades, todo es


interpretado por la personalidad delirante como pruba clara de la infidelidad. Y el
cómplice -nueva muestra de decadencia moral- no siempre es sospechado entre

501
personas ajenas al círculo familiar: frecuentemente se señala como culpable al
hijo, padre, hermano, etc., del cónyuge acusado (13).

Estos delirios conducen no sólo a provocar la muerte o lesiones graves en el


cónyuge, sino también a actos de aberraciones sexuales: sadismo, masoquismo,
exhibicionismo, etc.

Por otra parte, el coito excesivamente prolongado puede ser tan doloroso como
para llevar hasta el suicidio al cónyugc no alcohólico.

"Como síntomas típicos de esta variedad delirante deben citarse los siguientes: 1)
la violencia nocturna de los accesos (coincidiendo con la sobrecarga alcohólica);
2) el carácter siempre agresivo (verbal o motor) del delirio; 3) la fijación de la
reacción exclusivamente sobre la mujer (y no sobre los supuestos amantes); 4) la
progresiva extensión de las interpretaciones y las intuiciones delirantes hasta
alcanzar un carácter de ilogismo que presupone una grave falta de la capacidad
de autocrítica y del juicio de realidad" (14).

Si bien los de celos son los delirios más notables, no dejan de tener importancia
también los de invención y de grandeza que, sobre todo en las etapas terminales
del proceso degenerativo, llegan a tener carácter absurdo por su exageración.

Funciones mentales superiores. Sus transtornos quedan en parte patentes al


haber hablado de los delirios. Ahora podemos circunscribirnos a las funciones de
creación y de critica. Lo que aquí puede afirmarse es deducible de las premisas: si
la vida psíquica más alta se basa en las funciones inferiores, es evidente que
siempre que éstas decaigan, decaerán también las capacidades superiores.

En un primer momento, puede creerse que la inteligencia mejora en su poder


creador con el uso del alcohol, porque en los primeros instantes de la embriaguez
se experimenta una sensación de agradable omnipotencia; hay una aparente
lucidez mental; pero todo queda en el terreno de la imaginación irrefrenada, con
un inconsciente o casi inconsciente subseguirse de imágenes que son
Independientes dél poder creador; esto se hace evidente por su contenido
inestable, impreciso, que

502
huye apenas el alcohólico priende fijar el contenido de ellas en obras de arte o de
ciencia.

La capacidad crítica queda reducida a su mínimo; es tu está comprobado por la


sugestionabilidad de los alcohólicos, por la fa cilidad con que cambian de ideas; en
electo, el poder crítico es el que permite escoger entre el material ofrecido por las
sensaciones y constituir un conjunto firme y duradero de conceptos; la crítica que
una vez los ha aceptado, mientras permanece vigorosa no se resigna fácilmente a
que fuguen o cambien; en el estado normal, el conjunto de ideas se enriquece y
empobrece con lentitud; pero supuesta la ausencia de crítica, nada más
comprensible que el continuo ir y venir de las más contradictorias afirmaciones,
hoy sostenidas con empecinamiento y mañana tenazmente combatidas.

La memoria. A este mayor desorden en el plano del pensamiento, se suma un


progresivo debilitamiento de la memoria; esto sucede porque cada una de las
etapas de ella, se debilita por sí, en el plano de la aprehensión (por falta de
buenas percepciones, dé atención, de comprensión), de la evocación, sobre todo
voluntaria, por la debilidad de la voluntad; del reconocimiento y de la localización
(por la confusión mental, que crece paulatinamente en el alcoholismo habitual y en
el crónico).

La amnesia anterógrada y retrógrada, con la desorientación y la confusión


consiguientes, forman el núcleo de la polineuritis de Korsakoff. El alcohólico, para
rellenar las lagunas de sus recuerdos, acude a la fabulación. Las paramnesias son
también frecuentes. La polineuritis de Korsakoff se origina la mayoría de las veces,
por alcoholismo del sujeto, generalmente en su fase habitual o crónica, aunque no
falten casos de síndrome de Korsakoff producido a consecuencia de intoxicación
alcohólica aguda. La misma anormalidad se origina otras veces en intoxicaciones
por otros medios, así como en infecciones.

Delirium tremens. También podemos tratar aquí del delirium tvemens, así
denominado porque en las observaciones primitivas se dio máxima importancia al
temblor corporal que acompaña a este transtorno.

503
El delirium tremens es "un síndrome de excitación psíquica con desorientación
espacial y temporal, violentas alucinaciones (preferentemente visuales y táctiles),
confusión mental angustiosa v numerosos síntomas corporales (especialmente
temblor e hiperhidrosis) que evolucionan en pocos días hacia la curación o la mucr
te" (15).

Se da principalmente en individuos de cuatro o más décadas de vida y que se


hayan dedicado habitualmente a la bebida. El inicio puede ser tanto súbito como
paulatino. Comienza con insomnio, nerviosidad, pesadillas, temblores, sudores
profusos, fugas de angustria, etc.

Luego se instalan las alucinaciones, muchas de ellas terroríficas; el paciente ve


monstruos, seres que lo amenazan, escenas espantosas; cree captar doquiera
voces que insultan y amenazan: siente que por su cuerpo caminan pequeños
animales inasibles. El paciente se aterroriza, grita, se agita, tiembla, huye, se
golpea y golpea a quienes tratan de impedirle que se defienda contra los
supuestos peligros. A ello suelen agregarse, con menos frecuencia, alucinaciones
cenestésicas (un animal vive y muerde en las entrañas), kinestésicas (se halla, el
paciente, en continuo movimiento), del equilibrio (cree girar como un tompo);
además delirios, desorientación, confusión mental, mientras el cuerpo sufre de
fiebre muy alta (39 grados o más), el sistema nervioso y muscular se agota y el
cuerpo tiembla.

La gravedad criminal puede aumentar por el hecho de que el ataque de delirium


tremens coincide, a veces, con ataques epilépticos.

b) Vida afectiva. Para las dosis pequeñas de alcohol o en las etapas iniciales del
alcoholismo crónico, se puede observar cierta tendencia a la euforia, a la felicidad,
al optimismo; pero gradualmente. tal estado va tornándose de optimista'en
pesimista: patetismo, períodos de profunda depresión alternados con breves pero
intensos fenómenos de excitación y de furia. Luego, apatía por el propio estado.
En cuanto a los sentimientos éticos, Kraft-Ebing dice que la degeneración llega a
un punto tal que se convierte en una verdadera y propia enfermedad equivalente a
la locura moral (16).

504
Con referencia a tales sentimientos, Tanzi y Lugaro, a su vez, afirman. "La
decadencia ética y estética es un hecho de los más constantes en el alcoholismo
crónico. A veces los enfermos, sin faltar a las leyes de la honestidad, se limitan a
descuidar los propios deberes o la limpieza de la persona o las normas de la
cortesía, volviéndose negligentes, cínicos, groseros, chocarreros y procaces. Poco
a poco, pierden todo sentimiento altruístico e inclusive de amor propio, se
desinteresan de todo cuanto no les toca de cerca, descuidan o miran con
indiferencia escéptica la vida pública y las luchas sociales; se despojan de toda
solidaridad y amistad, se desamoran de la familia. Por la fácil pendiente de las
transacciones con la propia conciencia, terminan gradualmente en la abyección,
perdiendo toda compostura moral, todo sentimiento de honor, de dignidad
personal, de pudor, Es en esta categoría de gente donde se encuentran muchos
pordioseros profesionales, ladrones habituales, madres que prostituyen a las hijas,
padres incestuosos" (17).

Entre los sentimientos que son destruidos se hallan también los religiosos; la
religiosidad queda reducida a cierta sentimentalidad vaga y plañidera, a un
ritualismo puramente externo que no servirá para dar un impulso del cual esperar
la regeneración a través de las potentes fuerzas de la religión.

Nótese, por lo que ha sido expuesto, que la degeneración no se limita a los


sentimientos más delicados y sutiles, aquellos que precisan de una sociedad muy
evolucionada para ser entendidos, sino que llega a los sentimientos más
elementales, puramente instintivos, como los sentimientos de la familia,
sociabilidad, prestigio y predominio, etc.

c) Vida volitiva. Entre el estímulo que se presenta como excitante a la acción y el


movimiento que es su respuesta, pueden presentarse instancias intermedias
críticas c inhibitorias; o la respuesta puede seguir inmediatamente.

En las formas inferiores de acciones automáticas o automatizadas, como los


reflejos y los hábitos ya fijados, la respuesta es inmediata y se manifiesta sin la
intervención de los planos superiores.

505
Pero existen otras formas de conducta superiores en las cuales es evidente la
intervención de la inteligencia y de la voluntad.

En los párrafos anteriores, habíamos dicho que el alcohol deprime la vida


intelectual; otro tanto podemos decir en cuanto refiere a la vida volitiva.

El debilitamiento de la voluntad se manifiesta sobre todo en la falta de frenos


inhibitorios, de tal modo que les impulses, inclusive los más bajos, buscan y
encuentran la salida más inmediata, en una especie de corto circuito psíquico
tanto más peligroso cuaníu los instintos y las tendencias antisociales (al menos
directamente antisociales), parecen crecer con el alcohol.

Fsta ausencia de dominio sobre la conducta puede explicarlo por varias razones
concurrentes:

a) Por falta de dominio del pensamiento sobre los músculos. Por lo tanto,
prevalencia de los mandatos subcorticales sobre los mandatos cortioales.

b) Por falta de poder crítico que permita el análisis de las diversas


posibilidades de reacción, el pro y el contra de cada una de ellas.

c) Por el despertar de la afectividad inferior con un poder tan grande como


para arrastrar tras de sí a toda la personalidad.

d) Por pérdida de la capacidad de valoración, sobre todo ética y estética.

e) Por debilidad de la voluntad propiamente dicha, entendida como capacidad


de elección y principio de acción.

De lo que precede, pueden extraerse dos consecuencias:

a) La explicación de la conducta del ebrio; en efecto, la voluntad (con sus


presupuestos), nos penpite poner orden y uniformidad en nuestra manera de
comportarnos, inhibiendo algunas reacciones, midiendo, en otras, la justa
proporción entre estímulo y respuesta, con el fin de que no se produzcan saltos en
nuestra vida. Con la voluntad perdida o debilitada, en el ebrio se presentan
bruscos

506
cambios de conducta, de la alegría al llanto, de la acción sin freno a la pereza y al
descuido.

b) La dificultad para obtener el abandono del vicio; en efecto, la abstinencia,


aún breve, trae como consecuencia un malestar que el alcohólico no tiene fuerza
para soportar y vencer; este malestar conduce fácilmente a la recaída. Así se
establece un círculo vicioso: el alcoholismo produce la debilidad de la voluntad; la
debilidad de la voluntad hace que se vuelva imposible dejar de recaer en el
alcoholismo.

La dipsomanía. Con el nombre de dipsomanía se indica la anormal tendencia de


beber. Puede presentarse por múltiples causas; una, entre las principales, es el
alcoholismo crónico. Pero la propia dipsomanía puede ser causa de alcoholismo
cuando es síntoma de la existencia de otras enfermedades mentales que agravan
el cuadro total.

La inclinación a las bebidas puede ser tan pronunciada que, para obtener su
satisfacción, el ebrio no se detendrá ante considederaciones de honor, de
vergüenza, ni siquiera ante delitos graves: finge, estafa, hurta, roba.

c) El alcoholismo y otras enfermedades mentales. Tanzi y Lugaro afirman que


"en ciertos casos una disposición latente a la epilepsia no se manifiesta sino en
circunstancias extraordinarias, bajo ta influencia de emociones intensas. Puede
también revelarse en forma de intolerancia o de reacción patológica al alcohol;
excesos alcohólicos mínimos provocan accesos convulsivos o crisis psíquicas"
(18).

Esto, no obstante, ante el caso concreto suelen presentarse dificultades (que, por
lo demás, también se presentan en el estudio teórico), para establecer si la
epilepsia preexistía, aunque sólo fuera en estado latente, y el alcohol no ha hecho
otra cosa que revelarla, o si el alcohol fue la verdadera causa eficiente de la
epilepsia. En general los ataques epilépticos se producen como resultado de la
ingestión de alcohol y suelen desaparecer con la abstinencia; esto parece hablar
en favor de la segunda hipótesis. Lo que puede afirmarse es que la preexistencia
de ciertos caracteres como la herencia morbosa, traumas psíquicos, etc., facilita la
507
aparición de la epilepsia alcohólica.

508
Kraft-Ebing hacía notar que la cumbre de la gravedad de la enfermedad se
alcanza cuando se presentan al mismo tiempo la epilepsia tóxica (con los accesos
epilépticos) y el delirium tremens (19).

El problema de las velaciones entre el alcoholismo crónico y la epilepsia debe


ponerse en referencia con la embriaguez patológica; la conducta del ebrio
patológico y otros síntomas acercan esta forma de alcoholismo a la epilepsia: así,
explosividad exagerada, conciencia obnubilada, accesos de cólera, breve
duración, pérdida de la memoria de los hechos realizados durante el ataque, etc.

Además, hace tiempo que se insiste en la importancia que el alcoholismo tiene en


relación con varias enfermedades mentales, fuera de la epilepsia. Este hecho
debería ser tenido en cuenta cuando se trate de explicar la delincuencir, con el fin
de no atribuirla exclusiva o prevalentemente al alcoholismo sólo porque esta causa
es la más evidente.

Sobre este tema, Tanzi y Lugaro dicen: "La intoxicación alcohólica entra además
como factor predisponente o complicante o agravante en varias otras psicosis,
sobre todo las que dependen de arterioesclerosis, en la epilepsia, en la neurosis
traumática, en la parálisis progresiva, en los estados de excitación maníaca" (20).

6.- EL ALCOHOLISMO Y LA CRIMINALIDAD. Co mo ya dijimos, las relaciones


existentes entre el alcoholismo y la criminalidad han sido estudiados desde hace
tiempo, De acuerdo a las conclusiones a que se ha llegado se puede decir, en
líneas generales, que el alcohol por sí solo no ha de considerarse como la única
causa importante pat;a la ejecución de un delito, sobre todo si éste es grave
(homicidio, lesiones, incendio, violación, etc). En efecto, acaece más
frecuentemente que se hallen otras causa en relación con las cuales el
alcoholismo es una fuerza más y alguna vez, una mera causa ocasional que
ofrece la oportunidad de revelarse a tendencias que, en condiciones normales,
podían ser reprimidas (21): por ello sucede que tantas veces, entre los alcohólicos
que han ingerido la misma cantidad de alcohol unos delinquen y otros no; aquí se
hace evidente que para explicar los efectos desiguales es necesario bucear en
aquello que es diferente entre las causas, o sea, la personalidad previa de los

509
ebrios. En otras palabras, la

510
predisposición individual desempeña un papel importante, inclusive cuando
consideramos que el alcohol es Ia condición sine qua non del delito, como la gota
que hace rebalsar el vaso. También y para evitar confusiones, es preciso tener en
cuenta que no siempre que delito y alcoholismo se manifiestan juntos se puede
atribuir aquél a éste ni siquiera como simple cau-sa desencadenante; pues suele
suceder que alcoholismo y delito son efectos de una causa común anterior,
generalmente una deficiencia, o enfermedad psíquica; entonces el alcoholismo es
hermano, pero no padre del delito (22).

Lo dicho puede sufrir excepciones cuando se trata de delitos poco graves, en los
cuales la pura lógica nos dice que para comprender el delito no es necesario
buscar profundas raíces en la personalidad precedente del culpable.

Es probable que lo mismo pueda decirse de los delitos culposos en los cuales la
falta de atención, coordinación, memoria, etc., derivada del uso del alcohol puede
muy bien explicar el delito cometido; sin embargo, será necesario hacer alguna
reserva, al menos para los delitos culposos más graves, teniendo presente que no
puede ser íntegramente dejada de lado la explicación dada por el psicoanálisis
para los delitos culposos (23). Hay que llamar la atención sobre los delitos de
tránsito.

Otro tanto puede afirmarse de algunos delitos realizados por omisión.

De cualquier modo, el alcohol influye de tantas maneras y tan profundamente, que


admitimos la opinión de Tanzi, según el cual, en relación con el delito, el
alcoholismo tiene más importancia que cualquier enfermedad mental (24).

Estadísticas de la criminalidad. Las estadísticas están para demostrar cuanto


precede.

Anie todo, es un hecho que, entre los criminales, existe un numero de alcohólicos;
superior a aquel que existe entre las personas no delincuentes.

Así. nos dice Taft que los Gluccks hallaron que el 39,4% de los hombres
internados en reformatorios, habían abusado del alcohol hasta el exceso. Un
cuarto (25,4%) de las mujeres delincuentes se habían dado a la embriaguez ya en
511
la adolescencia" (25).

512
Con referencia a Alemania, Kraft-Ebing ya había establecido que el 50% de todos
los delitos y de todas las contravenciones se verifican bajo la influencia del
alcohol; alrededor del 25% de las admisiones en los manicomios tienen por causa
primen el vicio de beber (26).

Exner nos proporciona los siguientes porcentajes, en cuanto a los alcohólicos que
hay entre los delincuentes:

"Stumpfl, (entre) 195 delincuentes reincidentes 32%

Schied, 500 casos no preseleccionados en

las centrales de Munich 41%

Schwaab, 400 delincuentes reincidentes contra la propiedad 44% "(27).

Acerca de las costumbres alcohólicas, Marro encontró en 307 delincuentes por él


estudiados, que

Abusan de las bebidas alcohólicas 379

Las usaban, simplemente 120

Son abstemios o inciertos 8

Total 507(28).

En sus investigaciones, Marambat encontró, sobre 2.950 condenados, 2.124


alcohólicos, o sea el 72% (29).

A su vez, Di Tullio, en sus estudios sobre 4.000 delincuentes, halló entre ellos el
90% con costumbres alcohólicas (30).

En cuanto a Alemania, Lombroso proporcionaba los siguientes datos:

"En las prisiones para condenas a perpetuidad:

Delito Total Alcohólicos

Heridas y golpes 773 575, o sea el 74,5%


Asalto y asesinato 898 618, o sea el 68,8%
Homicidio simple 348 220, o sea el 63,2%

513
Impudicia y estupro 954 575, o sea el 60,2%
Hurto 10.033 5.212, o sea el 51,9%
Tentativa de homicidio 252 128, o sea el 50,8%
Incendio 304 148, o sea el 47,6%
Homicidio premeditado 514 237, o sea el 46,1%
Perjurio 590 157. o sea si 26,6%(31).

Sutherland hace notar que el número de los arrestos efectuados en las grandes
ciudades es mayor que el de los efectuados en los pueblos pequeños; esta
diferencia se nota, entre otros, en los arrestos por ebriedad (32). Citando a
Aschaffenburg, dice que entre las ciudades de Alemania existe diferencia en el
número y calidad de los delitos; el autor alemán considera que las diferencias en
los delitos contra las personas se debían al consumo de bebidas alcohólicas (33).

El autor dice que "entre las personas conducidas a las instituciones penales o
reformatorios en 1923, el 58% era culpable de embriaguez o de conducta
desordenada" (34).

Y opina, con referencia a los delitos contra las personas, que su aumei to en
verano puede ser causado, entre otros, por el aumento de consumo de alcohol
(35).

Luis Garrido, en las notas a la Introducción a la Criminología, de Bonger, da las


siguientes cifras cuyo paralelismo en sus líneas generales, es altamente
sugestivo, para mostrar la influencia que ejerce el consumo de alcohol sobre el
incremento de la criminalidad, en Méjico (36):

"Producción de pulque y delitos contra las personas en México, D. F.

Meses Produccion de pulque en Setenciados por


millones de litros delitos contra las
personas
Enero 135 1.129
Febrero 122 1.133
Marzo 134 1.551
Abril 123 1.233

514
Mayo 102 1.196
Junio 101 1.069
Julio 103 1.126
Agosto 102 1.124
Septiembre 98 879
Octubre 102 858
Noviembre 97 934
Diciembre 99 900"

En la ciudad de La Paz, las reuniones en que se bebe mucho en locales públicos


se realizan el viernes en la noche; ése es el período en que hay más detenciones
por riñas y peleas y mayor cantidad de accidentes de tránsito.

Explicación. En las páginas precedentes, hemos consignado las estadísticas que


prueban la gran influencia que el alcohol cjerce en la criminalidad. En las que
siguen, trataremos de mostrar cómo se puede explicar, a través de qué
mecanismos, aquel aumento de criminalidad. Para introducir orden, distinguiremos
la criminalidad directa, la indirecta y la proveniente de degeneración hereditaria
para concluir con un esbozo de los males acarreado; por algunas medidas
actualmente en vigencia para combatir el alcoholismo.

Llamaremos criminalidad directa o directamente derivada del uso del alcohol, a


aquella en que la relación entre el estado alcohólico y el delito es evidente, sobre
todo porque existe proximidad temporal entre un fenómeno y el otro. Llamaremos
criminalidad indirecta a aquella que resulta del alcoholismo, pero a través de
mecanismos más complicados y ocultos, hasta tornar difícil el establecer el nexo
causal por el largo tiempo que va de un fenómeno al otro y por otras múltiples
causas que se interponen en tal período intermedio, operando de los modos más
diversos, entre el alcoholismo como causa y el delito como resultado; dificultad
tanto mayor si, como luego veremos, hay muchos casos de delitos debidos al
alcoholismo ajeno. En otras palabras, en la criminalidad directa, el alcohol causa
más o menos

515
inmediatamente el delito; en la criminalidad indirecta, el alcohol causa ciertos
efectos, los cuales engendran una serie de procesos que llevarán a la
delincuencia.

Llamaremos criminalidad por degeneración hereditaria a aquella que se presenta


en muchas personas como consecuencia del alcoholismo de los antepasados, los
cuales, se presume, han transmitido a sus descendientes la criminalidad o alguna
anormalidad biológica favorable a la aparición de la criminalidad (36).

a) Criminalidad directa. En su base, está la destrucción de la personalidad normal


o su debilitamiento, consecuencias del uso del alcohol en todos los estados de
embriaguez. Los delitos resultantes son, por lo común, de naturaleza violenta,
explicable por la falta de frenos inhibitorios.

La influencia de esta criminalidad es evidente en las llamadas curvas semanales


de la criminalidad, atribuibles, sobre todo en los delitos por lesiones, al mayor
consumo de alcohol en los días feriados.

Anotamos algunos ejemplos: "Sobre 2.178 delitos analizados por Lombroso, el


58% habían sido cometidos el domingo por la tarde; Mathei, de Danzig, sobre 207
casos de. golpes y heridas observados en seis meses, ha hallado que el 27,5% se
habían verificado el domingo, el 18,6%, el sábado, el 16,4% el lunes, o sea, con
un total del 62,8% en estos tres días, contra el 37,2% en los restantes cuatro días
de la semana".

"Lang, (Alkohol und Verbrechen, Basel, 1898), de una encuesta hecha en Zurich
en el año 1890-1892, ha concluido que el 70,9% de todas las lesiones personales
del año se habían verificado entre el sábado y el lunes. La contrapueba de la
influencia del alcohol se tiene en el hecho de que cuando el domingo,
excepcionalmente, es día de trabajo, el número de delitos disminuye" (37).

Por su parte, Exner nos ofrece las siguientes cifras:

Dia de la semana Lesiones corporales en Delitos brutales


Dusseldorf, Werms y contra la moral en
Heidelberf Viena

516
Domingo 877 282

Lunes 339 190

Martes 173 128

Miércoles 138 100

Jueves 129 86

Viernes 134 110

Sábado 222 128 (38).

Ordoñez, refiriéndose a la criminalidad colombiana, utiliza este mismo argumento -


del aumento de la criminalidad en días feriados, en que se consume mas alcohol-
para demostrar la importancia que este tiene para aquella; pero, y es lastima, no
acompaña estadísticas, Considera que tiene gran rpercucion en la criminalidad
colombiana el exceso consumo de chicha (39).

En cuanto a la naturaleza de los delitos, podemos referirnos a diversos autores.

Lombroso hacía nota, y las estadísticas modernas lu han confirmado, que el


alcohol es fuente de los más aberrados y repugnantes delitos sexuales (Eber
encontró, en cien casos de incesto, 17 ebrios) (40). Esto es comprensible si se
toma en cuenta que hay toda una serie de individuos que llega al alcoholismo por
causa de una personalidad anormal o, de cualquier modo, desadaptada; con estos
antecedentes es común que en la vida de todos los días se sientan impulsadas o
deseos que la presencia de los frenos inhibitorios usuales reprime, evitando las
manifestaciones externas; pero, con el relajamiento de tales frenos durante la
alcoholización aguda o crónica, las tendencias profundas hallan un fácil camino de
salida; no de otra manera puede explicarse que personas más o menos normales
en su vida ordinaria, cometan atroces delitos sexuales. En otros casos, la vida
diaria ofrece la tentación de cometer el hecho y en la embriaguez sólo se busca
una fuerza para acallar la conciencia moral o para vencer la repugnancia que
aquél provoca (41).

517
Para probar la naturaleza violenta de la criminalidad, transcribiremos los números
siguientes sobre los condenados en Nürenberg y Fürther que eran ebrios:

Injurias a la policía del estado 42,6%

Injurias a otras personas 9,5%

Resistencia contra el poder del Estado 67,6%

Lesiones corporales 11,7%

Inctuyendo todos los delitos (media) 5,5%(42).

El doctor Peeters halló entre los delincuentes, que los tipos de delitos se repartían
de la siguiente manera;

Costumbres 46% de alcohólicos

Homicidio 63% de alcohólicos

Actos inmorales 60% de alcohólicos

Violencias 74% de alcohólicos (43).

Degeneración alcohólica

Di Tullio hace una distinción según el grado de alcoholismo y presenta estas


estadísticas:

Alcoholismo Carácter mínimo en los alcohólicos delincuentes

Alcoholismo Carácter Degeneracion

mínimo en los alcohólico alcohólica

delincuentes

Contra la propiedad 125 25 11

Contra la propiedad
34 48 19
y las personas

518
Contra las personas 82 59 38

Sexuales 9 10 5

Delitos en general 61 10 11

Total 312 152 84(44).

Cuando el alcohol se transforma en una necesidad para el or ganismo, el


alcohólico siente el ansia de beber casi con tanta urgencia como el morfinómano
la de usar su estupefaciente; pero como en muchos casos, precisamente por sus
costumbres, el alcohólico se encuentra sin trabajo o, por lo menos, no lo frecuenta
y por eso le falta dinero, para obtenerlo comete delitos contra el patrimonio:
asaltos, robos, hurtos, estafas y fraudes.

Otra vía a través de la cual el alcoholismo puede conducir al delito, la encontramos


en el campo de los delitos de omisión. La pérdida parcial o total de la conciencia,
de la memoria y de la coordinación psicomotora pueden llevar a omitir las
acciones exigidas por ley (piénsese en los militares en servicio, ferroviarios,
guardas, médicos, etc.).

Por iguales razones se habla de la repercusión del alcoholismo en los delitos


culposos (recuérdese la impericia, la imprudencia, la negligencia que forman la
base de los delitos culposos). Por ejemplo, en los últimos tiempos asumen
caracteres de endemia los delitos culposos cometidos por conductores de
vehículos, y por los peatones (homicidios, lesiones, violaciones de normas de
tránsito, etc., que multitud de veces dependen de la ebriedad).

b) Criminalidad indirecta. Esta especie de criminalidad es. sin duda, mucho más
importante y extendida que la criminalidad directa; pero si, por la proximidad entre
causa y efecto, en ésta es fácil establecer el nexo causal, en la primera, por el
contrario, es difícil, por la propia naturaleza de la acción y por muchos factores
intermedios que complican y enturbian la neta percepción de la causalidad. Por
estas mismas razones, se puede explicar la carencia de estadísticas seguras en

519
relación con la criminalidad indirecta, mientras las hay abundantes para la
criminalidad directa. Por otra parte, como ha de verse luego, gran porcentaje de la
criminalidad consignada en las estadísticas como producto de te transmisión
hereditaria del alcoholismo, habrá de ser atribuida más bien a los factores
indirectos del uso del alcohol.

Sutherland nos dice que estos efectos, indirectos "del consumo excesivo de
alcohol son mucho más serios que los efectos directos. Tales efectos indirectos se
manifiestan principalmente en la incapacidad de mantener a la propia familia y la
deteriorización de la vida familiar. Healy observó que en el 31 % de mil casos de
delincuentes juveniles en una de sus series, uno o ambos padres bebían hasta el
exceso; en otras seríes, 26,5% y, en sus series de Boston, el 51%" (45).

Aquí encontramos ya la primera gran causa de la delincuencia indirecta: el


empeoramiento del ambiente familiar: los padres comienzan a dar mal ejemplo a
los jóvenes y a los niños en la edad en que éstos son más inclinados a la
imitación. Luego, cuando los hijos no pueden ser mantenidos por medios
honrados, se recurre a medios innobles y aún francamentes ilegales para obtener
lo necesario para vivir. La familia pierde su disciplina normal y para restablecerla
se recurre a menudo a medios brutales; las riñas entre los progenitores son
frecuentes; se pierde el respeto al padre, cuando no se lo odia, por la vergüenza
que representa ante otros y por su incapacidad para cumplir con el sostenimiento
de la familia; mutatis mutandis, piénsese lo mismo cuando es la madre la ebria y,
peor aún, cuando lo son los dos progenitores. Los niños y los adolescentes salen
por las calles a pasar parte de la vida y para gastar el día lejos del indeseable
ambiente hogareño; en las calles comienzan a integrar bandas infantiles y
juveniles que le dedican a pequeños delitos. Agregúense la pobreza y aún miseria
que son compañeras acostumbradas del alcoholismo y podremos darnos una idea
de la importancia del conjunto de estas influencias.

Esto basta para justificar lo antes dicho, o sea, que el número de los delitos que
son indirectamente provocados por el abuso del alcohol es mucho mayor que el
número

520
de delitos debidos a influencias directas; y que es muy difícil determinarlos y
reducirlos a estadísticas.

c) Criminalidad por degeneración hereditaria. Este es uno de los temas más


discutidos y discutibles. La pregunta del caso puede ser formulada así: ¿Se
transmite el alcoholismo de los padres a los descendientes, por medio del plasma
germinal? Y consiguiente y especialmente, supuesta la criminalidad de los
progenitores, ¿se puede afirmar que la criminalidad, semejante o no, manifestada
en los descendientes, es debida a una trasmisión hereditaria proveniente de los
padres?

En la Criminología, la situación se complica, porque no se trata simplemente de


establecer la relación alcoholismo-alcoholismo, sino también, y quizá más
importantes, las relaciones alcoholismo-delincuencia y delincuencia-alcoholismo.

Pero aún comprobadas las relaciones anteriores como existentes, no se resuelve


el problema, sino que meramente se lo expone. En efecto, como dice Sutherland,
"si hallamos que hay una estrecha relación entre la criminalidad de los jóvenes y el
alcoholismo de los padres, será necesario conocer si esta conexión es debida a un
defecto constitucional que puede ser causa, al mismo tiempo, del alcoholismo del
padre y de la delincuencia del hijo, o si el hijo es delincuente porque los padres
gastan demasiado dinero en el alcohol, dinero que debería ser usado para
satisfacer las necesidades del niño, o porque la disciplina de la familia es irregular
y brutal, o porque el status de la familia está deprimido" (46). En otras palabras,
nos hallamos ante el problema de discriminar las influencias biológicas de las
sociales.

Los sostenedores de la transmisión hereditaria, se hallan ya entre los fundadores


de la psiquiatría y la Criminología. Morel, por ejemplo, coloca armónicamente el
alcoholismo en su teoría de la degeneración; Kraft-Ebing, Marro. Zerboglio eran
sostenedores de la transmisión hereditaria. Y una figura, aún más impor tante,
Lombroso, no-sólo acepta esta tesis, sino que pretende ilustrarla con ejemplos
escogidos a propósito (47).

521
Pero no menos importantes por el número y la calidad y, sobre todo, por la
modernidad, son los autores que consideran no probada aún la influencia
hereditaria del alcoholismo.

Entre ellos está Sutherland que dice: "han sido hechos muchos esfuerzos para
determinar si el alcoholismo de los padres produce un efecto fisiológico en la
descendencia. El trabajo experimental sobre algunos animales no es concluyente;
y aunque lo fuera, no lo sería en lo que se refiere a la criminalidad.
Aparentemente, la relación más importante entre alcohol y criminalidad es social y
económica" (48).

La Enciclopedia of Criminology, por su parte, sostiene que no se ha probado aún


que el alcoholismo sea transmisible por herencia (49).

Siempre dentro del problema general de la distinción, enlre lo que es debido al


ambiente y lo que es debido a la herencia. Exner concluye -y participamos de su
opinión- que hay una cierta relación enlre el alcoholismo y la herencia, pero que
nada de preciso puede afirmarse ni siquiera sobre el problema de si la
delincuencia y la degeneración de los descendientes sean más bien provocadas
por el ambiente

Podemos también preguntarnos si no siendo el alcoholismo específicamente


transmisible por herencia, sin embargo, sea transmisible una cierta tendencia que
finaliza, dados ciertos factores externos, en el alcoholismo de padres o hijos.
Sobre este aspecto, Tanzi y Lugaro aseguran que "en cuanto concierne al
alcoholismo, no se ha de discutir sino acerca de la herencia de una disposición.
Mas la tendencia a los excitantes es un síntoma corriente de hi debilidad orgánica
y, por lo tanto, puede aparecer en varias generaciones como signo no ya de una
herencia específica, sino de una disposición degenerativa de amplios rasgos que
puede asumir acaso este aspecto, sea bajo los auspicios del ejemplo y del
contagia educativo, sea por fuerza de otras influencias'' (51).

Además, debemos proponernos otra interrogante: si los rasgos degenerativos que


se hallan inclusive en los recién nacidos hijo de alcohólicos, son debidos a la
herencia en sentido estricto o a los factores congénitos; porque una cosa es
522
segura: que es posible hallar numerosas anomalías entre los hijos de los
alcohólicos. Aquí

523
también hemos de citar la autorizada opinión de Tanzi y Lugaro. quienes dicen:
"No menor es la importancia del alcoholismo, que ocasiona en la prole
detenciones del desarrollo, y procesos cero- bropáticos ensombrecidos por idiocia,
epilepsia, retardos de desarrollo, tendencia a las bebidas alcohólicas v a los
excitantes en genera o bien, no hace olra cosa que disminuir la resistencia de los
hijos en los mismos agentes externos, en su mayor parte infecciones que
enconándose en los primeros años de vida, los exponen a sufrir el grave daño de
cerebropatías infantiles. El alcoholismo parece tener no poca importancia inclusive
si se verifica en la línea paterna, en cuyo caso su acción no puede ejercitarse sino
a travói de las células germinales masculinas alternadas antes de la fecundación.
Especialmente la fecundación en estado de ebriedad es inculpada de dar
productos degenerados".

De lo dicho puede concluirse:

1.- No se puede negar, supuesta la unidad del organismo, qu'un estado más o
menos permanente de alcoholismo y aun una intoxicación aguda cambien de
manera sensible la composición química de las células germinales y provoquen,
así, daños a los descendientes.

2.- Pero la índole y amplitud de tales cambios no han sido establecidas; por eso no
se puede asegurar sic et simplicitei la transmisión del alcoholismo.

3.- Menor todavía es lacerteza en cuanto toca a las relaciones hereditarias


alcoholismo-delincuencia y viceversa.

4.- Cualquier investigación sobre la criminalidad alcohólica, no puede prescindir


del estudio del ambiente.

5.- Puede admitirse la transmisión de ciertas tendencias generales que pueden


conducir a padres e hijos al alcoholismo y a la delincuencia.

d) Delincuencia derivudu de la aplicación de erróneas medidas de represión del


alcoholismo. Aunque en su mayor parte estas causas de delincuencia pueden ser
incluidas en uno de los acápites anteriores, juzgamos preferible darles un lugar
espccr.il tanto por algunos caracteres típicos de ellas, como porque es preciso
524
destruir las infundadas ilusiones que muchas personas forjaron en base a medidas

525
supuestamente favorables a una política social y criminal antialcohólica. Hornos de
referirnos a dos de dichas medidas por considerarlas las más extendidas y
perjudiciales.

El arresto y la multa. Estos sonólos medios más corrientemente propuestos por los
códigos penales y leyes especiales para combatir la ebriedad; también son los
más ineficaces. En efecto, no se alcanza a comprender cómo el arresto de breve
duración puede influir en la reeducación del ebrio y, sobre todo, no se comprende
cómo el arresto pueda cortar la marcha de las causas criminógenas.

Como siempre, o casi siempre, el arresto y la multa son alternativos, lo más


frecuente es que los pobres sufran la primera pena porque no tienen dinero para
cancelar la segunda. Pero ¿qué significa el arresto para los familiares del ebrio?
Ante todo, la ausencia del jefe de familia, con el consiguiente relajamiento de la
disciplina hogareña y la falta de medios para subsistir; el ebrio, supuesto pobre, ve
agravarse la situación económica de su esposa e hijos. Ni tampoco son sólo éstos
los que sufren las consecuencias; como el arresto es generalmente de breve
duración, no hay posibilidad de colocarse en los trabajos de la penitenciaria; y
aunque se lo lograra, generalmente no se podrá disponer de la totalidad del
salario. Ninguna reeducación es posible, porque las penas suelen ser fijas y con
su conclusión se interrumpe cualquier proceso reeducativo (si alguno se hubiera
iniciado).

Aún podemos preguntarnos si es justo que el ebrio (cuya contravención no es de


las más graves), deba sufrir la influencia perniciosa a la prisión sólo por haberse
excedido en la bebida.

Desde luego, este género de privación de la libertad no tendrá, por razones


obvias, ningún éxito con los alcohólicos consuetudinarios.

Tampoco la multa debe ser adoptada porque cuando es pagada por un pobre es
una sanción desproporcionada cuyas consecuencias caen siempre también sobre
los familiares; cuando la paga un rico, significa poco o nada.

526
El prohibicionismo. Se conoce con este nombre una medida de vastos alcances,
destinada a prohibir el consumo del alcohol de modo absoluto o casi absoluto. Es
ya conocido el experimento norteamericano y cómo no tuvo éxito, no obstante, los
esfuerzos realizados.

Entre las dificultades que presenta este sistema y que pueden dar lugar más bien
a un incremento de la delincuencia, Taft menciona las siguientes (53):

1.- La gente simplemente no quiere obedecer; es lógico que no vea fácilmente


las razones para ser privada de un placer generalmente inocente. Las estadísticas
demuestran, por otra parte, que el consumo aumentó durante el régimen llamado
"seco".

2.- Por un hecho sin mayor importancia, como es el de beber un vaso, mucha
gehte queda automáticamente contra la ley

3.- La vigilancia es costosísima.

4.- El sistema impulsó el conocido "gangsterismo" estadounidense y favoreció el


contrabando, la fabricación y venta clandestinas, que se hacían sin garantías
sanitarias.

5.- Estallaron muchos escándalos por la corrupción de las autoridades,


corrupción muy posible, pues con la prohibición los precios de las bebidas
alcohólicas subían haciendo que los infractores dispusieran de ingentes
cantidades de dinero. Las razones citadas son iguales, mutatis mutandis, para el
monopolio estatal y para los impuestos demasiado elevados.

(1) En nuestro primer programa sobre la materia incluíamos el estudio del alcoholismo en la sección de Biología Criminal (también lo hace
López Rey en su Introducción a la Criminología, p. 148 y ss.); habida cuenta de que el delito puede relacionarse más directamente con
las alteraciones psíquicas provenientes del uso del alcohol y que esas alteraciones son fundamentales dentro de los síntomas generales,
preferimos ahora tratar del tema dentro de la sección destinada a la Psicología Criminal y, en ésta, en la parte de Psiquiatría Criminal.

(2) El desarrollo de este capítulo se ceñirá en su mayor parte a nuestra obra: El Alcoholismo ante las Ciencias Penales; los agregados y
supresiones serán pocos. Esta advertencia explica el uso de fuentes bibliográficas que al redactar aquel folleto pudimos consultar,
posibilidad que ahora, por desgracia, ya no tenemos; por lo cual hay autores y obras que, mencionados en este capítulo, no lo han sido en la
bibliografía general.

(3) Entre nosotros, mucho se ha hablado de que la chicha por contener, fuera del alcohol, elementos especialmente excitantes, es causa de
gran parte de la criminalidad violenta que se comete en nuestras regiones del valle. Y, en efecto, las apariencias apuntan en esa dirección.
Sin embargo, nos vemos obligados a prescindir de cualquier afirmación definitiva, ante nuestro desconocimiento de estudios que se
hubiera realizado sobre la composición química o la acción fisiológica de esa bebida.

(4) V: Palmieri: L'Alcoolismo come Problema Médico-Legale, p. 7. cit. en El alcoholismo, etc., ya mencionado.

527
(5) De Greef: Introduction á la Criminologie, p. 202; cit. en Ibí-dem, p. 13.

(6) V. Mezger: Criminología, p. 137.

(7) En la Euciclopedia of Crimlnolofy, p. 12 (dirigida por Branham y Kutash).

(8) Cit., en El Alcoholismo, etc. P. 16.

(9) V. Barbé: Précls, p. 307.

(10) Cit. en El Alcoholismo, etc., p. 18.

(11) Vease, por ejemplo. Barbe, ob. cit., pp. 298 y 307.

(12) V. Moglie, La Psicologia Forence, pp. 211-212.

(13) Sobre esta explicación, hoy generalmente aceptada, acerca de la motivación de los delirios de celos, véase: El Alcoholismo, etc.,
pp. también. Mira y López: Psiquiatría, pp. 405-406.

(14) Mira y López, ob. cit., p. 406.

(15) Ibidem, p. 403.

(16) Cit, en El Alcoholismo, etc., 24.

(17) Cit, en Ibidem, p. 25.

(18) Cit, en Ibidem, p. 27.

(19) Cit. en Ibídem, p. 28.

(20) Citados en Ibídem, p. 28.

(21) En tal sentido. Di Tullio, Zerboglio, Garofalo, Tanzi, Grispigni, etc.

(22) V: Encyclopedia of Criminology, p. 10.

(23) Como es sabido, según el psicoanálisis, el delito culposo es la manifestación de un querer inconsciente del sujeto, quer er cuya salida
al exterior se ve facilitada cuando los frenos inhibitorios y los poderes críticos están relajados, como sucede durante la embriaguez. .4
Psicopatología Forense p. 293 cit. en El alcoholismo, etc. p. 32. 23 Criminology, p. 243.

(24) De igual opinión es la mayoría de los psiquiatras; Zerboglio hacía notar que, en Francia e Inglaterra, el 20% de los enfermos mentales
eran alcohólicos. V: El Alcoholismo, etc., 33.

(25) Biología Criminal, p. 303.

(26) Cit. en El Alcoholismo, etc., p. 33.

(27) Cit. en Ibídem, p. 33.

(28) Cit. en Ibidem, p. 33.

(29) Cit. en Ibidem, p. 34.

(30) V. Principies of Criminology, p. 34. Pero habrá que tener siempre presente las otras causas que hacen difícil toda comparación numérica
entre la delincuencia del campo y la de la ciudad.

(31) V: Ibidem, p. 120.

(32) Ibídem, p. 13.

(33) Ibidem, p. 75.

(34) P. 278; no se indica el año al cual las estadísticas pertenecen. Muy importante, en cuanto al peligro creado por la tentación, son los
datos de la p. 279, referentes a las relaciones entre delito y número de expendios de bebidas alcohólicas.

(35) Esta división tripartita es generalmente aceptada; la siguen López Rey, en su Introducción a la Criminología; Taft, Exner, etc., etc.

(36) Palmieri, cit. en El Alcoholismo, etc., p. 37.

(37) Ob. cit., p. 300. Las cifras de lesiones se reproducen aquí en conjunto.

(38) V: Programa de Defensa Social, pp. 83-85.

(39) Datos transcritos en Exner, oí. cit., p. 298.

(40) Esto es comprensible si se recuerda que la inteligencia es el mayor y mejor medio para adaptarse al ambiente; nos referimos a la
adaptación socialmente aceptable que, muchas veces, está en contraposición con las tendencias instintivas egoístas. Pero, si la inteligencia
desaparece o se debilita con la intoxicación, nada raro es que venzan los mecanismos inferiores que llevan a reacciones instintivas en
contraste con las formas de reacción adquiridas.

528
(41) V: Exner, ob. cit., p. 298.

(42) Cit. en El Alcoholismo, etc., p. 39.

(43) Cit., en Ibidem, p. 40.

(44) Ob. Cit., p. 103.

(45) Ibidem, p. 57.

(46) Cit. en El Alcoholismo, etc., p. 43.

(47) Oh. clt., p. 104.

(48) V: p. 13.

(49) Ob., cit., pp. 303 304.

(50) Cit. en El Alcoholismo, etc., p. 44.

(51) Ibidem, o 45.

(52) V: Ob. cit. p. 243.

529
CAPÍTULO

OCTAVO

ESTUPEFACIENTES

1.- ESTUPEFACIENTES. Las anormalidades derivadas del uso, pasajero o


prolongado, de productos estupefacientes, pueden ser tratadas jumo con las del
alcoholismo si nos fijamos en el origen, que es cxotóxico. Ese punto de contacto
resalta en ei estudio criminológico del tema pues, como luego ha de verse, la
criminalidad derivada de ambas fuentes es sumamente similar y puede ser
distribuida en iguales grupos; tanto es esto asi, que algunas consideraciones
hechas para el alcoholismo no habrá necesidad de repetirlas ahora.

Sin embargo, mientras- en el caso del alcoholismo sabemos con claridad a que
nos referimos, no sucede lo mismo cuando usamos las palabras "estupefacientes",
"sustancias peligrosas", "drogas” o "tóxicos". Todas estas expresiones, así como
las derivadas drogadicción y toxicomanía, son equívocas. Por ejemplo, si droga
es, como generalmente se la entiende, toda sustancia capaz de producir una
alteración en la marcha del organismo, difícilmente encontraremos alguna
sustancia, incluyendo el agua pura, que no merezca ese nombre. Ciertamente no
podemos usar el término en sentido tan amplio.

Tampoco soluciona el problema el hablar de drogas peligrosas pues lo son, por lo


menos en algunas formas de uso, sustancias de que aquí no trataremos, como
sucede con todos los venenos y la inmensa mayoría de los fármacos -de allí que
tampoco sera aclarado el asunto si usamos la expresión farmacodependencia-.

La propia expresión estupefaciente, aunque tiene a su favor una larga tradición, no


es exacta pues no todas las sustancias de que trataremos producen acción
estupefaciente; las hay que provocan, por el contrarío, una reacción estimulante,
alucinógena, etc.

Es que, en la determinación de cuáles son estas sustancias, no influyen sólo


criterios químicos o fisiológicos sino culturales, los que se traducen en leyes. Son
éstas las que determinarán más que nunca, el ámbito en que se mueva la
530
Criminología, así como otras ciencias penales. Nos referimos tanto a la legislación

531
interna como a los convenios internacionales. Estas normas amplían
continuamente el campo cubierto. Eso resulta evidente con sólo comparar el
contenido de tratados internacionales de principios de siglo con los actualmente
vigentes; o nuestra ley de 1961 con los decretos que hoy nos rigen.

Las disposiciones vigentes cubren sustancias que son estupefacientes, excitantes,


alucinógenas, hipnóticas, calmantes, analgésicas, etc. Las listas suelen ser largas
porque las. sustancias básicas se venden con muchos nombres según las
combinaciones en que se hallen y las fábricas que las producen.

Para que se hable de estupefacientes, sustancias peligrosas, etc., en el sentido en


que empleamos tales expresiones en este capítulo, Be tiene que pensar en
algunos requisitos entre los cuales ocupa lugar principal el que la sociedad
reaccione con una actitud de censura ante los daños que aquéllas producen: el
factor valorativo nunca se halla ausente.

Entre esos requisitos se hallan también los siguientes: que la sustancia provoque
alteraciones psíquicas, que dificulte el normal funcionamiento del cuerpo y del
espíritu; que produzca adicción, es decir, un hábito dañino, dependencia tal que
resulta sufrimiento cuando el consumo es suspendido -sin embargo, hay
sustancias que cumplen este requisito, como el tabaco, el café, etc., que no se
hallan prohibidas; además, hay que considerar los casos en que un solo acto de
uso o tenencia, ya constituye delito-; que produzca creciente tolerancia, o sea, que
se necesite cada vez mayor cantidad de sustancia para obtener el mismo
resultado. En todos los casos; se toman en cuenta las alteraciones de la
inteligencia, de los instintos, los sentimientos, la agudeza perceptiva, la rapidez y
exactitud de las reacciones motrices, la fantasía incontrolable, etc. Como se
advertirá, se trata de condiciones muy variadas y que no siempre se cumplen o se
toman en cuenta totalmente para incluir una droga entre las legalmente prohibidas
o para quitarles tal condición (1).

Dada la enorme variedad de sustancias'enumeradas en las leyes, no nos hemos


de referir a todas ellas en lo que sigue, sino solamente a las más notorias y más
relacionadas con el delito.

532
2.- CAUSAS DEL CONSUMO. Tanto las toxicomanías como el alcoholismo han
sido catalogados dentro de las anormalidades que tienen origen en elementos
tóxicos externos: son alteraciones con causas exotóxicas. En los dos tipos de
anormalidades, hay muchos caracteres comunes.

Eso puede decirse, en primer lugar, de las causas que inclinan al uso de los
estupefacientes. Por ejemplo, aquí habrá que contar la nerviosa vida característica
de los tiempos actuales, que busca remansos de tranquilidad; los dolores, físicos o
morales, la disconformidad con el mundo, que empujan a que se busque la
felicidad en los paraísos artificiales según los llamaba Baudelaire: del mundo real,
siempre lleno de aristas hirientes, se huye hacia un Nirvana en el cual no se
recuerdan las miserias diarias -esto, dejando aparte si las esperanzas forjadas son
luego realizadas-. No son raros los especialistas que atribuyen el vicio a que sus
seguidores son psicópatas o, de cualquier modo, anormales mentales; sin duda,
cuando se estudia a los internados en casas de cura, no puede menos de notarse
la abundancia de anormales entre los endrogados lo cual permite deducir que
algunos ya lo eran antes de dedicarse a la droga preferida; sin embargo, una
generalización es ilícita, porque resulta difícil establecer si las anormalidades
fueron causa o efecto del consumo de estupefacientes; tanto más que hay
numerosos casos en que se ha podido demostrar que la personalidad anterior era
normal; por tanto, debe dejarse de lado esta explicación cuando pretende erguirse
en la única capaz de poner luz en todos los casos (2).

Se ha llamado, más bien, la atención sobre el relevante papel que desempeñan la


curiosidad y la imitación; ta primera tanto más excitante, cuanto mayor es la
propaganda realizada acerca de las maravillas provocadas por los
estupefacientes, influencia dañina que puede adjudicarse inclusive a gran parte de
la propaganda destinada a separar del uso de los estupefacientes o de prevenirlo;
la segunda, porque generalmente se da dentro de estrechos círculos de relaciones
que se incitan mutuamente y que, de modo general, concluyen por crear una
actitud de indiferencia moral. Desde luego, la simple comprobación de que hubo
curiosidad e imitación en los actos iniciales no excusa de una investigación más
profunda de las
533
causas, pues siempre será necesario establecer por qué, mientras algunos
abandonaron sin pena la práctica de usar estupefacientes, otros no pueden
lograrlo y concluyen por crear hábitos ineludibles.

Debe anotarse aquí que existe una causa accidental que tía buen número de
viciosos; el tratamiento médico; usada la drogu con algún fin terapéutico lleva
insensiblemente a crear un hábito del cual luego el paciente no logra
desprenderse.

Este problema del, hábito o de la dependencia es de los más graves pues se


relaciona con la dificultad de la cura o rehabilitación de los adictos. Goode cita
estadísticas según las cuales, en Chicago, se comprobó una reincidencia del 86%;
hay quienes calculan una reincidencia del 90% (3). Sin embargo, el hábito no tiene
igual fuerza en relación con todas las sustancias; es difícil, por ejemplo,
abandonarlo por quienes consumen morfina; pero no por los que usan marihuana.

Tiene también importancia la oportunidad o facilidad de que gozan los


profesionales de las ramas médicas -ni lieos, dentistas, farmacéuticos,
veterinarios, etc.- en cuanto a sustancias que generalmente requieren receta para
su expendio. Si excluimos la marihuana -de uso muy general y que no tiene
aplicación médica, es decir, no se expende ni bajo receta-, en los demás casos, la
preponderancia de la clase sanitaria es notoria. Linz mostró que, en Berlín, el 58%
de los toxicómanos pertenecían a profesiones médicas (4). Goode informa que del
1 al 2% de los médicos de Estados Unidos son adictos a alguna droga, o sea, en
ese país hay entre 3.000 y 4.000 médicos drogadictos (5). Moglie expone
lenificativas estadísticas sobre la morfina; dice así: "La morfina es el
estupefaciente aristocrático, como el alcohol lo es democrático: el primero domina
entre las clases más elevadas y cultas y no extraña, por eso, que cuente mayor
número de víctimas entre los médicos, en los cuales la tendencia al tóxico es
facilitada en mucho al disponer sin esfuerzo de la substancia. Según las
estadísticas de Lawinstein y Pichón, de 230 morfinómanos, no pertenecían a la
clase sanitaria; según las de Oppenheim, el 42% eran médicos, según las de
Rodet, 287 sobre mil; siguen los militares, los propietarios, todos los profesionales
escasamente ocupados; en último lugar, los
534
sacerdotes y los obreros: los campesinos son completamente inmunes". (La
Psicopatología Forense, p. 217).

3.- LOS PRINCIPALES ESTUPEFACIENTES. Nos referimos a continuación a las


principales sustancias dañinas tomadas en cuenta por leyes vigentes.

Morfina. Es muy probable que se trate del estupefaciente más peligroso, tanto por
sus efectos como por la facilidad con que crea hábito y por el número de adictos
con que cuenta.

El producto fundamental es el cloridrato de morfina y el mecanismo, las


respectivas inyecciones.

El papel desempeñado por la ocasión, como desencadenante, puede


comprobarse por el hecho de que la mayor parte y los más graves, de los
morfinómanos, son médicos, farmacéuticos, enfermeros, etc. -es decir, personas
que pueden procurarse el estupefaciente, cuya venta es controlada-, y enfermos
de males que producen grandes dolores físicos cuyo alivio llevó a que se Ies
suministrara morfina.

Durante la fase de iniciación queda, al lado de indisposición y malestar generales,


vómitos, cefalalgias, la satisfacción del dolor vencido; el consumo posterior
produce creciente euforia lo que facilita la implantación del hábito. Firme éste, se
habla de la luna de miel del morfinismo, porque serán las sensaciones placenteras
las que predominen sobre las demás generalmente, aún no se ha establecido una
clara degeneración moral e intelectual: el morfinómano sigue cumpliendo sus
deberes usuales sin experimentar especiales dificultades; pero el organismo
reacciona ante la morfina y crea un cierto equilibrio de defensa lo que torna más o
menos inocuas las cantidades de morfina que previamente se usaban; eso obliga
a aumentar continuamente su dosis di se persigue tener las mismas satisfacciones
que en un inicio; así se recorre la distancia que llpva a la degeneración aún a los
individuos orgánicamente más resistentes: sé ha creado una verdadera necesidad
tan urgente como la de comer o de beber.

La voluntad se debilita grandemente; hay falta de iniciativa, de tenacidad, de

535
impulso consciente al trabajo y, desde luego, de capacidad para evitar
conscientemente el

536
uso de la droga; ésta a ¡moone incontrastada y la necesidad de procurarla es
suficiente pura recurrir a todos los medios, por ilícitos que ellos sean. Los
sentimientos morales se debilitan y tanto más cuanto más delicados. El
morfinómano vive angustiado y ansioso y cambia continuamente de humor -desde
la irritabilidad exacerbada éuando siente falta de la droga, hasta la euforia
pasajera que sigue a su uso-. Desciende el nivel intelectual, así como la capacidad
memorativa (amnesia retrógada) y atentiva. Desde el punto de vista criminológico
es relevante la frigidez sexual que se instala en muchos morfinómanos. Tampoco
la abstinencia de la droga es un remedio, pues trae sensiblería, somnolencia,
pérdida de lá voluntad, torpeza corporal, agitación, sudores profusos y hasta
síncopes; fuera de la obsesión por la droga preferida.

La etapa final es menos relevante desde el punto de vista criminal, porque


generalmente el enfermo se halla recluido y carece de oportunidad y, muchas
veces, hasta de capacidad, para delinquir. El exagerado enflaquecimiento, la
profunda torpeza intelectual, vómitos, diarreas, albuminuria y luego la muerte, son
los caracteres que pueden señalarse.

Menos importancia tiene, por el momento, el consumo de heroína, cuyas


consecuencias son similares.

Opio. De él se extrae la morfina, pero continúa siendo consumido por sí mismo,


sea por vía oral (opiofagia) comiéndolo, o bebiéndolo bajo forma de láudano o, y
es lo más común, fumándolo.

En la marcha de los efectos, pueden distinguirse tres períodos: 1) de euforia,


sentido de felicidad y apetito sexual acrecentado; 2) de somnolencia y sueños
deliciosos; 3) de ebriedad comatosa, confusión, alucinaciones, beatitud; marcha
lenta y torpe, lengua igualmente torpe, pupilas dilatadas. Puede llegarse al
delirium tremens y a sentir tendencias al homicidio (6). El opio se ínstala
fácilmente como hábito, creando necesidad.

537
Cocaína. Es el alcaloide de la coca (6), que se emplea en forma de clorhidrato y
se usa sea en inyecciones, pildoras o polvo que es absorbido por la nariz. La
cocaína crea rápidamente hábito y necesidad.

Se ha distinguido el cocainismo agudo del crónico.

En el cocainismo agudo se experimenta primero un estado de excitación general


que deriva en euforia, bruscas expansiones de alegría y de risas, sensación de
vigor, charlatanería, erotismo y, acompañando a lo anterior, un debilitamiento
notable del sentido moral; luego aparece un período delirante semejante al de los
al-cohólicos; hay indolencia, confusión mental y alucinaciones (7).

En la etapa crónica, la costumbre está formada y existe necesidad de la droga.


Hay indiferencia y abulia; la memoria es defectuosa; el sueño se halla turbado por
pesadillas; hay hiperestesias, alucinaciones e ilusiones. Gran relieve criminal
adquieren los delirios de persecución y de celos, estos últimos engendrados a
través de un mecanismo similar al de los Celos alcohólicos; en efecto, en las
primeras etapas, la cocaína opera como afrodisíaco, que lleva a muchos excesos
y delitos sexuales -recuérdese que, al mismo tiempo, se debilitan los sentimientos
éticos y la voluntad- pero luego, sobre todo el hombre, conduce hasta la
impotencia. La capacidad intelectual decae continuamente. El humor es variable
caracterizándose, durante la abstinencia, por ima irritabilidad exacerbada que
condiciona frecuentes reacciones de violencia.

Últimamente se ha llamado la atención sobre los barbitúricos tanto porque son


frecuentemente usados en la terapia, lo que puede dar lugar a la costumbre, como
porque son fáciles de obtener. Todos los derivados suprimen o debilitan el dolor y
crean estados de euforia. Su consumo frecuente trae cambios en el carácter,
impulsividad directa y sobreexcitación.

El uso del éter puede revelar psicopatías hasta entonces la tentes; produce
agresividad, perversiones sexuales, inquietud, agitación, ansiedad, insomio.

En los últimos decenios ha adquirido triste fama en nuestro continente, por su


difusión, el uso de la marijuana o marihuana. Su producción es muy difícil de

538
controlar dada la forma en que crece la planta. Parece evidente que las dosis
elevadas excitan a la violencia; hay quienes citan casos en que ese efecto se ha
obtenido con un solo cigarrillo. Se ha señalado con insistencia que el consumo de
marihuana conduce a excesos y delitos sexuales. La gravedad del problema
resalta por el hecho de que buena parte de los consumidores son adolescentes y
jóvenes, mushos de ellos estudiantes que han constituido verdaderas
fraternidades secretas que facilitan la iniciación en el vicio y dificultan la labor
controlados de las autoridades. Su uso se ha extendido en Estados Unidos, Méjico
y Brasil, donde se le llama Maconha; cuenta, según se calcula, con doscientos
millones de adeptos en el mundo. Wolf considera que la marihuana tiene
influencia criminògena tanto en delitos sexuales, por la excitación y por la falta de
frenos, como también en hechos brutales, objetivamente inmotivados o
desproporcionalmente motivados (9).

En Bolivia, en los últimos diez años, se ha extendido el uso de la marihuana


especialmente en círculos juveniles. Algunos estudios afirman que, en los
momentos en que cundió la moda, entre el 20 y el 40% de los alumnos de algunos
colegios secundarios privados habían usado marihuana, siquiera por una vez y por
curiosidad.

4.- ESTUPEFACIENTES Y DELITO. En casi todos los países civilizados existen


leyes que declaran delito la producción, tráfico y expendio de estupefacientes,
fuera de ciertos casos excepcionales relativos a la medicina y la industria.

En general, el mero consumo no es considerado delictivo; pero esta posición de


legalidad es meramente teórica, pues hay que suponer otros actos prohibidos por
la ley y que han sido cometidos por el endrogado; por ejemplo, la tenencia
injustificada, la compra, etc. Por ello puede decirse que, salvo el caso en que el
vicioso se dé maña para obtener recetas, su inclinación lo lleva fatalmente a caer
en la malla de la ley. Y así tenemos señalada la primera repercusión directa de los
estupefacientes en el delito.

En cuanto a la otra criminalidad directa, la derivada de las alteraciones mentales


subsiguientes al uso de la droga, en general se ha apuntado que no es muy

539
notable; la criminalidad así resultante está de acuerdo a las características
señaladas antes

540
para cada droga. En esta exigüidad es probable que influyan diversas razo nes;
por ejemplo, que el número de endrogados no sea muy alto, en todo caso menor
que el de los alcohólicos; el que existan etapas de estupor; el que se tomen
precauciones por los viciosos, para no ser identificados, etc. En todo caso,
repetimos, esta criminalidad directa ha sido considerada escasa (10).

La excepción está constituida por los delitos de tránsito debidos a alteraciones de


la percepción y de la capacidad motriz; la situación no suele presentarse, sin
embargo, en quienes usan los estupefacientes más peligrosos sino otras drogas
respecto a las cuales la gente no toma precauciones especiales; tales los
calmantes nerviosos, analgésicos, etc.

En cambio, la criminalidad indirecta es abundante. Puede ser estudiada en dos


sectores: en el marco de la vida individual del endrogado y de su familia, y en el
surgimiento de una industria clandestina.

En cuanto a la familia, es evidente que los altos precios alcanzados por los
estupefacientes adquiridos en él mercado ilegal, ocasionan dificultades
económicas y educativas semejantes a lás qun se han estudiado para el
alcoholismo. La necesidad creada por la droga es, por término medio, mayor que
la del alcoholismo; si los propios recursos se Agotan, como sucede con frecuencia,
el vicioso tiene que recurrir a otros medios para procurarse la sustancia deseada;
esos medios pueden ser fácilmente ilegales: falsifica recetas, roba, hurta, estafa,
comete abusos de confianza, etc., para obtener dinero; no siendo raro, en las
mujeres, que se facilite así el camino hacia la corrupción y la prostitución (11).

Estas implicaciones son más probables por el hecho de la destrucción moral y


material del hogar, así como por el descenso de la capacidad ética (12).

La prohibición de expendio de drogas y la urgencia de consumirla se suman para


que aquéllas adquieran altos aprecios y provoquen el nacimiento de bandas,
generalmente internacionales, destinadas a fabricarlas, exportarlas o importarlas,
distribuirlas y venderlas; bandas que, al mismo tiempo, se dedican a nroteeer su
comercio eliminando por la fuerza a entidades competidoras o comprando a

541
autoridades judiciales, políticas y policiales que pudieran ocasionar dificultades.
Los negocios realizados por estas bandas dan pingües ganancias que han creado
muchas fortunas, junto con famas internacionales indeseables.

Para concluir, puede citarse el caso del suicidio en que incurren los endrogados. A
decir verdad, no hay datos que permitan deducir que ellos son muchos o aue
derivan directamente del uso actual de la sustancia. Parece que, cuando ellos se
producen, obe decen fundamentalmente a dos razones: la inquietud causada per
una prolongada y ya insoportable abstinencia a la cual no se ve remedio y los
remordimientos presentados en algunas personas aue temen el propio
desprestigio o el sufrimiento de su familia (13).

Concluimos con algunas Estadísticas referentes a la situación boliviana y


suministradas por la Dirección Nacional de Control de sustancias Peligrosas.

En cuanto al consumo, de enero a diciembre de 1976:

Casos 185

Por sexo: Varones, 164; mujeres, 21.

Por nacionalidad: Bolivianos. 153: extranjeros. 32

Por edad: De 10 a 15 años 15 casos

De 15 a 20 añoa 90 casos

De 20 a 30 años 80 casos

Clase de droga:

Cocaína 34 casos 18%

Thinner 37 casos 20%

Peyote 28 casos 15%

Marihuana 26 casos 14%

Estimulantes 20 casos 14%

542
Depresores 20 casos 11%

Gasolina 6 casos 3%

LSD 3 casos 2%

Floripondio 5 casos 3%

Llaman la atención, enseguida, algunos hechos. Por ejemplo, el alto porcentaje de


extranjeros: 20% entre los consumidores, menos del 2% en la población general.
Se trata especialmente de turistas jóvenes.

La totalidad de los casos anteriores involucran a adolescentes, jóvenes y adultos


jóvenes; no es que no haya casos de personas mayores que. sin duda, saben
ocultar meior su conducta; pero es relevante el que no haya, entre los
descubiertos, personas mayores de 30 años. La facilidad de conseguir la droga se
manifiesta en el hecho del alto porcentaje de consumidores de cocaína y
marihuana mientras otras drogas, comunes en otros países, como la morfina, el
opio, el LSD, etc., están escasamente representadas o no se han registrado
casos.

En cuanto a elavoración y tráfico, la misma oficina a que nos hemos ya referido,


proporcionó los siguientes datos correspondientes a 1976:

Personas encausadas por tráfico de cocaína 133

Personas encausadas por elaboración de cocaína 136

Personas encausadas por tráfico de Marihuana 7

El mismo año se descubrieron 46 fábricas y laboratorios de cristalización de


cocaína.

En los años 1977 y 1978 se dio un fenómeno extraño en las cárceles -de hombres
y mujeres- de La Paz: cerca de la mitad de los detenidos lo estaban por delitos
relacionados con drogas. Ciertamente eso demuestra la gravedad que el problema
ha adquirido entre nosotros, especialmente en relación con la cocaína. Sin
embargo, hay que considerar que esa proporción no puede considerarse sin tomar

543
en cuenta otros factores; por ejemplo, que las sanciones con que se reprimen los
delitos sobre

544
drogas son muy graves -en muchos casos, mayores a las propias del homicidio
intencional- y que los detenidos preventivos por estos delitos no gozan de libertad
provisional bajo fianza -situación muy importante en un país en que el noventa por
ciento de los detenidos no tienen todavía sentencia definitiva ejecutoriada-.

(1) Sobre estos puntos, véanse principalmente, Langelüddeke, Psiquiatría Forense, pp. 467 y ss. y el artículo The Criminology of drugs and
drug use de Erich Goode, incluido en las pp. 165-191 de la obra Current perspectives on criminal befaavior, dirigida por Blumberg.

(2) A este respecto, v. Taft, Criminology, pp. 250-

251. (3) V. ob. cit., p. 182.

(4) Cit. por Langelüddeke, ob. cit., p. 468.

(5) Ob. cit., p. 169.

(6) V: Barbe, Precis, p. 334.

(7) Por desgracia, desconocemos cualquier estudio científico efectuado -si se ha efectuado-, acerca de los efectos psíquicos del uso de la
coca, tan extendido en nuestro país y en algunos vecinos. Y que, desde luego, separe los efectos propios de la coca de los provenientes de
deficiencias alimenticias -calóricas o vitaminas- de la Índole del trabajo o de otras enfermedades e intoxicaciones con los cuales es fácil
confundirlos dados los circuitos sociales y económicos en que el uso de la coca se halla difundido.

(8) En este caso, como en el de otros estupefacientes, se sobre-entiende que los efectos eufóricos son comunes y que se dejan de lado los
no raros ejemplos de Intolerancia en que las sensaciones experimentadas son patosas.

(9) V: Wolf: La Marihuana en América latina pp. 25-40; allí Be encuentra el cálculo sobre el número de adeptos, p. 8. La marihuana no es otra,
en esencia, que el célebre Naxix, conocido por los occidentales desde el tiempo de las cruzadas.

(10) En tal sentido, Taft, ob cit., pp. 254-255; Barnes y Teeters, New Horizons in Criminology pp. 876-880; Pescor, en las pp. 130-133 de la
Enciclopedia of Criminology, dirigida por Brannam y Kutash, etc.

(11) Esta posibilidad es tanto mayor si se piensa que tráfico clandestino de alcohol y de estupefacientes, juegos ilegales y prostitución, suelen
estar monopolizados por las mismas bandas.

(12) Como estos actos derivan de la necesidad creada por el consumo habitual de una droga, es posible tratarlos también en la criminalidad
directa.

(13) También aquí podemos repetir lo dicho al hablar del alcoholismo y por similares razones: que la política criminal suele ser tan errada
como para provocar nuevos delitos en lugar de disminuirlos. Medidas aconsejables, teniendo en cuenta los descubrimientos de la
Criminología, serían las Siguientes:

1º Someter a tratamiento médico obligatorio a los viciosos. Como la pérdida de la costumbre sólo se lograría por medio de paulatinas rebajas
de dosis, se permitiría que se suministren pues que su finalidad es curativa, evitando, al mismo tiempo, los peligros de una abstinencia total
súbita.

2º Las drogas proporcionadas con el fin anterior se venderían a precios ligeramente superiores al costo de producción. Así se interesaría a los
propios viciosos, por una parte, y. por otra, se daría un golpe mortal a las bandas de traficantes, porque el negocio dejarla de ser rendidor.

3º Se llevarla a cabo una campaña educativa a fin de prevenir los males provenientes del uso de drogas, peso sin exagerarlo. Esta medida,
evitarla, siquiera en parte, que se caiga en el vicio por mera curiosidad, como hoy sucede con frecuencia (la campaña evitaría ser ella misma
excitadora de la curiosidad).

A este respecto, véase todo el capítulo que Taft dedica a los estupefacientes. en su ob. ct., pp. 242-256.

545
CAPÍTULO NOVENO

EL PSICOANÁLISIS

1.- ORIGEN DEL PSICOANÁLISIS. Entre las escuelas psicológicas de cuyo


florecer ha sido testigo el siglo presente, probablemente ninguna ha tenido la
amplia difusión del psicoanálisis ni ha suscitado tantos problemas novedosos ni
provocado tantas discusiones, ni originado tantas subescuetas heterodoxas, tan
importantes, sin embargo, como para merecer lugar especial en los tratados (1).

Los cimientos del psicoanálisis fueron puestos durante los dos últimos decenios
del siglo pasado y obedecían a la necesidad en que se encontraba la psicología
del momento, de solucionar algunos problemas viejos, sí, pero recién planteados
desde un punto de vista científico. Pero aquella psicología era incapaz de
solucionarlos con sus discrepantes opiniones que iban desde el idealismo más
extremo hasta el mecanicismo que pretendía manejar los fenómenos psíquicos
como se manejan los físicos y químicos. Para tales ojos resultaban
incomprensibles los problemas de la psicología animal y la evolutiva, que
comenzaban a surgir, y más aún las interrogantes planteadas por la patología
mental y nerviosa; pare no hablar de los métodos hipnóticos usados en la
Salpetriere por Chacot, y los propios de la escuela de Nancy, encabezada por
Bernheim.

Las experiencias de estos dos últimos autores habrían de ejercer enorme


influencia sobre los primeros pasos y concepciones de Freud, el fundador y
estructurador del psicoanálisis (2).

Como este autor recuerda, las primeras investigaciones y leí hallazgos


consiguientes, tuvieron como punto de partida, un caso de histeria que fue tratado
por Breuer, luego asociado de Freud. durante los años 1880-82. La paciente era
una joven vienesa de buena familia y cultura que experimentaba los ataques
histéricos, cuando pretendía beber agua de un vaso; esta particular especie de
hidrofobia había hecho que la enferma sufriera mucho de sed, porque se vía
reducida a beber jugos o comer frutas y otros productos que contuvieran buena
cantidad de líquido (3).
546
Los métodos corrientes no habían servido para aliviar los síntomas. Breuer utilizó
el hipnotismo. Entonces la paciente, "cuando ya llevaba unas seis semanas en tal
estado, comenzó a hablar un día, en la hipnosis, de su institutriz inglesa a la que
no tenía gran afecto, y contó con extremadas muestras de asco, que un día había
entrado ella en su cuarto y había visto que el perrito de la inglesa, un repugnante
animalucho, estaba bebiendo agua en un vaso; mas no queriendo que la tacharan
de descortés o im-pertinente, no había hecho observación ninguna. Después de
exteriorizar enérgicamente, en este relato, aquel enfado que en el momento en
que fue motivado tuvo que reprimir, demandó agua, bebió sin dificultad una gran
cantidad y despertó de la hipnosis con el vaso en los labios. Desde este momento
desapareció por completo la perturbación que le impedía beber" (4).

De este caso, Breuer extrajo la conclusión de que los síntomas histéricos se


debían a la acción de uno o varios traumas psíquicos anteriores; por eso se podía
decir que los histéricos sufrían de "reminiscencias" y que en la anormalidad, los
"síntomas son residuos y símbolos conmemorativos de determinados sucesos
(traumáticos)" (5). Este concepto acerca de la etiología histérica fue luego
ampliado a todas las neurosis (6).

Pero aún descubrió más: que existía en la psique una parte consciente y otra
inconsciente; ésta última, afloraba a veces durante la hipnosis, pero permanecía
desconocida durante la vida normal. Precisamente, cuando se recordaba el origen
del trauma -guardado en lo inconsciente- tal trauma dejaba de actuar como causa
de reacciones anormales. Por así decir, al hablar de él, el paciente eliminaba de la
psique una impureza causante de dificultades; se purificaba; de ahí que se hablara
de la cura por el habla (talking cure) y de catarsis o purificación (7).

Cuando Freud siguió adelante, asociado con Breuer, en estas investigaciones,


tropezó con una dificultad: que no siempre lograba hipnotizar al paciente. Utilizó
entonces el método de interrogatorio a presión, siguiendo el ejemplo de lo que
había hecho Bernheim en la escuela de Nancy por él encabezada (8).

El interrogatorio así llevado a cabo, permitió a Freud comprobar que exiktfa una
fuerza que se oponía a la exteriorización de las respuestas y que mantenía en la

547
oscuridad a los traumas psíquicos primitivos que se pretendía descubrir. Freud
concluyó que esa fuerza de resistencia, que ahora se oponía al recuerdo, era la
misma que había hecho olvidar los traumas y la llamó represión. Da todo, lo cual
resultó la concepción íreudiana de que el olvido no es mero resultado del correr
del tiempo, sino producto de unu letxtf activa. "Mas aún, podía plantearse el
problema de cuáles eran estas fuerzas y cuáles las condiciones de la represión en
la cual reconocemos ya el mecanismo patógeno de la histeria. Una investigación
comparativa de las situaciones patógenas llegadas a conocer en el tratamiento
catártico permitía resolver el problema. En todos estos casos se trataba del
nacimiento de una optación contraria a los demás deseos del individuo y que, por
lo tanto, resultaba intolerable para las aspiraciones éticas y estéticas de la
personalidad. Originábase así un conflicto, una lucha interior cuyo final era que la
representación que aparecía en la conciencia llevando en sí el deseo inconciliable
sucumbía a la represión, siendo expulsada de la conciencia y olvidada junto con
los recuerdos n ella correspondientes. La Incompatibilidad de dicha idea con el Yo
del enfermo era, pues, el motivo de la represión, y las aspiraciones éticas o de otro
género del individuo, las fuerzas represoras. La aceptación del deseo intolerable o
la perduración del conflicto hubieran hecho surgir el dolor en alto grado, dolor qu la
represión ahorraba, revelándose así como uno de los dispositivos protoctores.de
la pencmalidad anímica" (9).

Pero reprimir no es suprimir. Lo reprimido subsiste, aunque haya sido


momentáneamente anuládo. Esas fuerzas, sacadas de lo consciente, en lugar de
reaparecer ellas mismas, mandan al exterior sustitutos, enmascarados, que son
los síntomas. Si descubrimos, por medio del psicoanálisis, la conexión entre lo
reprimido y el síntoma, y la hacemos consciente, sobreviene la cura. (Lo reprimido;
como luego veremos; puede tener otras salidas, fuera de los síntomas neuróticos;
por ejemplo, puede compensarse en la sublimación, o manifestarse en un simple
olvido, etc.).

548
Síntomas y fuerzas que no se dan aislados sino en conjunto; de alli nació el
concepto de complejo que "el un conjunto de ideas que permanecen uñidas y
tienen un tono emotivo común" (10).

Posteriormente se utilizaron las asociaciones libres y la interpretación de los


sueños como métodos psicoanalí ticos; principalmente la segunda, que ha sido
llamada " la vía regia para llegar al conocimiento de lo inconsciente y la base más
firme del psicoanálisis...(11). Luego Freud dedicó todo un volumen a estudiar los
actos fallidos, los cuales constituyeron el último método cuya investigación llevó al
autor a afirmar el estricto determinismo de todos los fenómenos psíquicos.

¿De qué naturaleza eran los traumas cuya represión causaba luego los síntomas
neuróticos? De naturaleza sexual. Pero ya con esto nos salimos de este número
destinado simplemente a exponer los inicios del sicoanálisis, para entrar en la
exposición de sus doctrinas finales. Por eso, nos detenemos aquí.

No sin advertir que esas doctrinas no fueron expuestas desde el primer momento
tal como ahora se las conoce, por el contrario, Freud introdujo complementaciones
y rectificaciones (12) a medida que el tiempo transcurría y se acumulaban mayoi
es experiencias y críticas. Por otra parte, Freud mismo no hizo una exposición
sistemática, hasta el último momento, de sus teorías, por lo que, para ordenarlas,
recurriremos a otros autores que intentaron hacer resúmenes sistemáticos d
psicoanálisis.

Por fin, debemos dejar constancia de que en el psicoanálisis se pueden distinguir


los siguientes aspectos:

a) Un conjunta de métodos destinados al análisis de la psique total


especialmente en su región inconsciente, de la que la consciente no es sino la
corteza.

b) Un conjunto de HECHOS descubiertos por medio de la aplicación de esos


métodos.

c) Una doctrina o teoría que trata de explicar y ordenar esos hechos.

549
d) Una filosofía de la vida, derivada de la doctrina y que pretende dar normas
de conducta y de interpretación de to das las formas de la vida (familia, arte,
religión, ciencia, historia, etc.).

Desde nuestro punto de vista, nos internarán sólo los tres primeros aspectos; el
tercero es propio sólo de la concepción freudiana de la psique; en cambio los dos
primeros, en general, son aceptados por casi todos los psicoanalistas, incluyendo
los heterodoxos, si bien con algunas rectificaciones; esta aceptación se ha
extendido en buena medida, también a psicólogos de otras escuelas así como a
psiquiatras que podríamos calificar de clásicos.

2.- LOS MÉTODOS DEL PSICOANÁLISIS. Ellos son fundamentalmente los cuatro
que ha continuación se detallan (14).

a) Interrogatorio a presión. Como en todos los métodos psicoanalíticos, se


busca con éste descubrir las ligazones entre las regiones inconscientes y
conscientes y hacer que aquéllas se eleven al plano de éstas.

El paciente se recuesta de manera cómoda y relaja sus músculos, cerrando los


ojos, en un ambiente del cual se tratan de eliminar todos los estímulos sensoriales
perturbadores. El analista pregunta lo que le interesa; entonces se hace evidente
la "resistencia" de que hablaba Freud; para vencerla, el analista presiona, asegura
al paciente que, si se lo propone, podrá recordar, podrá responder a la pregunta; si
aún estos recursos directos fallan, puede iniciarse u ataque de flanco,
comenzando a preguntar por hechos relacionad; con el asunto principal, aunque el
paciente no se dé cuenta de ello.

b) Las asociaciones libres. Se pide al paciente analizado que comience a


divagar, que deje que su imaginación siga su propio camino sin preocuparse de
dirigirla o contenerla por medio de una labor crítica consciente. Resulta entonces
algo semejante a lo que a todos nos sucede cuando, colocamos entre la vigilia y el
sueño, sentimos que la fantasía comienza a elaborar contenidos por su propia
cuenta.

550
La imaginación del adulto no está atenida a sus solas fuerzas, sino que su marcha
es canalizada o contenida por acción de frenos críticos conscientes. Para evitar
que esto suceda, el analista advierte al paciente que no debe preocuparse de las
observaciones planteadas por la critica mencionada y que debe seguir con el
proceso de asociaciones de imágenes.

El paciente comunica verbalmente lo que le va ocurriendo en lo interno; el analista


apunta y toma también nota de los actos sintomáticos que acompañan a la prueba
(suspiros, movimientos de los miembros, cambios de postura, lágrimas, etc.).

Así el analizado manifiesta, con uh mínimo de intercepciones censoras, lo que


existe en lo inconsciente de su psique, facilitando la labor del investigador.

Algunas veces, se deja simplemente que el paciente discurrn por su cuenta, sin
directiva alguna; pero principalmente a raíz de los descubrimientos hechos por
Jung con su prueba de las asociaciones determinadas -véase más adelante- es
corriente que ahora aún los psicoanalistas ortodoxos presenten algunas palabras
guías relacionadas con los síntomas y problemas que parecen tener especial
importancia en el paciente.

c) Interpretación de los sueños. Es el método que más ha utilizado Freud en sus


investigaciones, como puede comprobarse recordando os casos concretos que
cita en sus obras.

Según Freud, en el sueño hay que distinguir Un contenido aparente y un contenido


latente. El primero es el que se nos presenta por medio de imágenes. El segundo,
son las intenciones que provocan, desde lo más profundo de la psique, la
aparición de tales imágenes y no de otras.

Hay que recordar aquí parte de lo dicho en las páginas anteriores: hay deseos que
chocan contra nuestras concepciones éticas o de otro orden, o contra la
imposibilidad de realización; de persistir en el plano consciente, esos deseos se
tomarían molestos y hasta dolorosos; para evitarlo, actúa la censura o represión
que los arroja a lo inconsciente. Pero los deseos, reprimidos y no su-primidos,
siguen actuando, tienen fuerza y vida; la censura, que en un momento los anuló,

551
impide que vuelvan directamente a la conciencia; sin embargo, esa censura se
halla especialmente rela-jada durante el sueño, lo que puede ser aprovechado por
los deseos para descuidar la vigilancia a que están sometidos y aparecer en la
conciencia. Si los deseos son inofensivos, si no chocan contra nuestras
concepciones más profundas, es posible que se manifiesten directa y claramente;
por ejemplo, es el caso del niño glotón que sueña estar ante una mesa llena de
dulces, o del alumno que. en vísperas de un examen difícil, sueña que lo vence
con las mejores notas y felicitaciones de los examinadores. Pero la mayor parte de
los sueños no tienen este carácter directo. Por el contrarío, inclusive cuando
tienen cierta apariencia de lógica y realidad -un animalito que se mete en un hoyo,
un tren que avanza a toda velocidad y que nos atropella porque somos incapaces
de movernos de las vías por las que corre, etc.-, notamos algo de oscuro en ellos;
lo curioso as que luego, por medio de lo que el psicoanálisis denomina procesos
de elaboración secundaria, al despertarnos u olvidamos los sueños, inclusive los
que se presentaron vívidamente, o los convertimos en una novela cuyas partes
encajan entre sí con lógica estricta.

Los deseos no realizables en la realidad -si se nos permite la expresión-, lo son en


el terreno de la mera fantasía; poi eso Freud consideraba que los sueños son una
realización imaginaria de deseos reprimidos. La imaginación onírica los presenta
directamente en pocos casos; en la mayoría de ellos, los deforma para que, así
disfrazados, puedan burlar la vigilancia, ya relajada durante el sueño, de las
instancias censoras.

Ahora podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos que deforman hasta tal
extremo la manera de presentación de los deseos, que el reconocerlos a través
del contenido aparente es tarea difícil. Esos mecanismos son los de
condensación, desplazamiento y dramatización, siendo, según Freud, los dos
primeros los más importantes.

El mecanismo de condensación permite que una sola imagen cargue muchos


significados, simbolice muchos aspectos del deseo: por eso algunas imágenes
oníricas parecen absurdas y despiertan en nosotros la sensación de que se
refieren
552
a muchas cosas y a ninguna en particular. Se suele decir, por esto, que la imagen
onírica es multívoca.

El desplazamiento es un proceso que permite que ciertos significados o


emociones sean cargados, en el contenido aparente del sueño, por objetos o
situaciones normalmente neutros con los cuales aquéllos tienen ligazones
asociativas inconscientes. Así, por ejemplo, sucederá que un objeto de madera
represente al sexo femenino o que la caída de un diente signifique la castración
(15). Para mayor claridad, veamos cómo también en la vida normal existen estos
desplazamientos; por ejemplo, eso sucede con la bandera o la cruz que cargan
con ideas y afectos que por sí solas no tienen.

La dramatización es un proceso por el cual los elementos del sueño desempeñan


papeles, como en una representación teatral; con la diferencia de que los trucos
son muy superiores, tan ilimi-tados como los de los dibujos animados.

Todos estos mecanismos hacen que entre el contenido aparente y el latente o


profundo, medie un abismo. Tarea del psico-analista será el colmarlo.

El sueño más corriente -quitando los escasos en los cuales la intención es directa-,
es simbólico; presenta un elemento que está en lugar de otro; el problema es
determinar a qué o quién simboliza ese elemento aparente.

Supongamos que un habitante de otro planeta llegara a descubrir que un par de


maderas cruzadas era suficiente como para que, durante siglos, unos hombres
llamados cristianos dieran gustosos su vida. Si se detuviera en la cruz, si ignorara
qué es lo que ella representa, tendría derecho para pensar que los cristianos
obraban absurdamente, sin sentido alguno. Pero si llegara a comprender el
cristianismo, entonces el panorama se aclararía; el absurdo dejaría de ser tal; pero
eso sucedería parque se habría llegado al conocimiento del símbolo y del
correspondiente objeto simbolizado.

Lo mismo sucede en los sueños: su apariencia es absurda la inmensa mayoría de


las veces, o tiene, por sí misma, un significado directo trivial. El analista deberá
operar como aquel hombre de otro mundo: investigar lo, que hay detrás; conocido

553
el contenido aparente (símbolo), averiguar cuál es el contenido real o latente
(simbolizado).

Esta tarea fue emprendida con mucho entusiasmo por Freud el cual llegó a
establecer toda una serie de simbolizaciones que tenían carácter sexual; y no
podía ser de otra manera, dadas sus concepciones acerca de la índole de los
deseos reprimidos (16). Esa simbología puede ser consultada en las diversas
obras de Freud, así como los resúmenes que se han hecho de ellas (17).

d) Intervención de los actos sintomáticos. Las tendencias reprimidas, que


conservas su fuerza, pueden manifestarse aún en la vida de vigilia por medio de
actos que podemos llamar sintomáticos (de las tí fisiones internas); eso sucede
especialmente cuando la vigilia de la instancia censora se halla relajada por
cualquier motivo.

Según vimos, esos actos sintomáticos se presentan principalmente en las


neurosis; pero también se dan en personas completamente normales y por causas
similares.

Entre estos actos sintomáticos, Freud estudia los olvidos (ds nombres propios, de
palabras extranjeras, etc.), equivocaciones en la lectura, escritura y palabra
hablada, olvidos de propósitos, torpezas, actos fallfidos, supersticiones, etc.

Demos algunos ejemplos para aclarar la idea (18).

Cuando una persona bien educada tiene visitas de las que desearla verse libre,
comienza a hacerles encargos que, se sobreentiende, sólo se dan en el momento
de despedirse.

Un alumno, al que se le ha hecho una pregunta cuya respuesta ijpiora, comienza a


tartamudear, como si supiera lo que ha de decir, pero no pudiera decirlo por
nerviosidad; o da a la pregunta un significado totalmente distinto al corriente y que
le permite deslizarse hacia un terreno menos ignoto para el (se supone que la
desviación se realiza sin intención o engaño consciente, porque en este caso ya
no se trataría de un acto sintomático, por lo menos en el sentido que aquí le
damos, aunque podría serlo en otro sentido, para un profesor experimentado).
554
Es de todos conocida la facilidad eon que olvidamos una cita indeseada o el
nombre de una persona antipática.

Como caso típico, Mira y López cita el del presidente de una eámara que
esperaba, en la sesión por iniciarse, ásperas discusiones y actitudes que
atemorizaban a dicho presidente. Sus deseos se hicieron presentes cuando en
lugar de decir: queda abierta la sesión, dijo: queda clausurada la cesión (19).

Aquí también entran los casos de equívocos y de los chistes (20).

3.- PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA TEORIA PSICOANALITICA. Con el uso


de los métodos detallados fueron descubiertos los principios doctrínales del
psiconálisis ios que, a su vez, permitieron mejoras en el uso de aquéllos. La
elaboración de esos principios no se hizo de golpe, sino a través de rectificaciones
y complementaciones.

Tales principios fundamentales son los siguientes:

a) Principio del deterninismo psíquico. Todo fenómeno psíquico se halla


estrictamente determinado por otros. Existe una causalidad cerrada. Eso puede
derivarse, por ejemplo, del estudio de los actos fallidos o de los sueños; su
investigación se basa en la certeza de que no son actos casuales, ex nihilo, sino
de que tienen causas, aunque momentáneamente desconocidas, cuyo secreto es
necesario desvelar. Si se admitiera un libre arbitrismo absoluto según el cual hay
actos no causados, provenientes de la nada, derivados de la mera casualidad, los
propios métodos del psico-análisis caerían por su base, porque ante ciertos actos
no habría que investigar en el orden causal, no habría explicación posible.

b) Principio del desplazamiento afectivo (21). La psicología moderna insiste en


que los momentos de la vida psíquica son complejos; que la distinción entre
aspectos representativos, cm-j- tivos o volitivos sólo puede hacerse por
abstracción pues en la realidad ellos se dan fundidos, integrando una unidad total.
Por eso puede decirse que no hay estado representativo alguno -percepción,
imagen fantástica, idea, recuerdo, etc.- que no tenga un afecto adjunto.

555
Pero mientras algunas escuelas psicológicas del siglo pasado, pensaban que la
unión entre un estado representativo y su afecto era permanente e indestructible,
el psicoanálisis ha sostenido que ese vínculo puede romperse para luego
establecerse otros. Las emociones pueden abandonar el estado representativo al
que primitivamente estaban unidas, para juntarse con otro, hasta ese momento
neutro. Así puede suceder que objetos como una mesa, un lápiz, el sol, que no
provocaron por sí mismos nunca miedo ni asco u otro sentimiento negativo, de
pronto lo adquieran porque se asocian a ellos sentimientos provenientes de otras
experiencias. Naturalmente, estos desplazamientos afectivos, como todos los
fenómenos psíquicos, no se realizan por mera casualidad, sino que obedecen a
determinantes causales; pero quede aquí sentado el principio, porque ir más allá
nos llevaría demasiado lejos.

Por el principio, del desplazamiento psíquico, el psicoanálisis pretende demostrar


el surgir de fobias y de obsesiones: temor, por ejemplo, de contagiarse, que lleva a
continuas abluciones y uso de desinfectantes; temor a la noche, a las
aglomeraciones humanas, a la soledad, a ciertos animales que no son dañinos;
tendencia a beber inmoderadamente, con un impulso irresistible, tendencia a
deambular inútilmente por las calles; y aún casos de la vida diaria, como el preferir
un plato a otro o un color a otro.

a) Principio del pandinamismo psíquico. La psique es escenario de un juego


de fuerzas, coadyuvantes entre sí unas, contrapuestas otras. Unas pueden
sobreponerse momentáneamente, pero las otras, reprimidas, no desaparecen,
sino que quedan como un resorte comprimido por una fuerza externa y siempre
dispuesto a saltar ante cualquier debilitamiento de la represión; aún cuando ésta
subsista, la fuerza reprimida tiende a expandirse y si no lo logra de manera
directa, lo hará indirectamente, a través de los mecanismos de compensación
(véase más adelante). Siempre hay que tener en cuenta íjue reprimir no es
suprimir.

Todo el que lea a los psicoanalistas tiene la impresión de que le presentan la


psique como un vasto escenario en el cual luchan intereses contrapuestos,
personajes varios que podrán perder fuerza en cierto momento, pero que nunca
556
mueren.

557
b) Principio de la tripartición de la personalidad adulta. Esas tres partes
componentes de la personalidad adulta son el Ello, el Yo y el Super-yo. Veamos
en qué consiste y cómo se origina y desarrolla cada una de ellas.

El Elío está constituido por una serie de instintos estrechamente ligados con el
fondo biológico del individuo. Freud, dentro de la corriente evolucionista en que se
movía fundamentalmente la ciencia de su tiempo, encuentra en todo ser vivo dos
tendencias: una que busca la continuidad de la vida y de lo que le es agradable y
placentero o favorable, y otra que arrastra hacia la inmovilidad de las materias
inorgánicas, hacia la muerte. Estas dog. tendencias también se hallan en el
hombre, tienen un carácter iaaSntivo e inconsciente y son denominadas,
respectivamente, libido sexualis e instintos tánico - destructores; la líbido es una
fuerza creadora y conservadora -del individuo y de la especie- mientras los otros
tienden a la muerte y al dolor.

Y aquí tenemos uno de los puntos más discutidos y discutibles del psicoanálisis: el
tocante a la libido sexualis. Evidentemente, como antes vimos en palabras del
propio Freud, la libido es de naturaleza sexual, pero entendiendo esta palabra en
un sentido mucho más amplio que el corriente: engloba lo que usualmente
denominamos instinto sexual, pero muchas otras tendencias que no solemos
considerar como sexuales; la afirmación de Freud, en lo que tiene de novedosa,
consiste en que también las otras manifestaciones placenteras, favorables a la
vida,
-supongamos, el comer, o el fumar- tienen una naturaleza sexual, ligándose con
ese fondo vital de una manera más o menos directa, pero permanente e
indudable.

Por su lado, los instintos tánico-destructores, de inclinación al dolor, al castigo, a la


muerte, se pueden dirigir contra el propio individuo –masoquismo- o contra otros –
sadismo- ligándose de manera estrecha con las manifestaciones y la evolución de
la libido, como hemos de ver dentro de poco.

Pero ese fondo instintivo no constituye toda la psique del individuo.

El niño, desde que nace, se halla rodeado de un medio am-biente, cuyos


558
estímulos recibe y ante los cuales reacciona por medio de acomodaciones. A
medida que el

559
tiempo transcurre, se tienen del mundo más claras percepciones y los
mecanismos de acomodación se manejan de manera más exacta y consciente.
Ahora bien, ¿ste mundo de las percepciones sensoriales -y de sus derivados
representativos de categoría superior- así como los movimientos voluntarios no
son ya de naturaleza inconsciente sino consciente. Desde luego, esta sección
consciente, investigable por introspección, no se halla radicalmente separada del
ello, sino que se enlaza funcionalmente con él, como si fuera su órgano de
acomodación al mundo extemo.

Ese sector consciente se denomina Yo y está regido no por los principios


libidinosos y tánico-destructores, sino por la lógica fría y el "egoísmo", si así se nos
permite expresarnos (22).

Pero los elementos conscientes no lo son permanentemente; pueden ocupar un


instante el foco de la conciencia, pero luego se alejan de allí para dar lugar a otros
contenidos. Los que salen de la conciencia pueden ser alejados pasajeramente y
acuden a aquella ante su llamado: por ejemplo, el nombre del padre de cada lector
que, un segundo antes habia estado fuera de la conciencia, acude a ella ante esta
mera sugerencia. Este conjunto de fenómenos que, aunque momentáneamente
fuera de la conciencia, pueden acudir a ella, es lo que se llama el preconsciente.
Otros fenómenos, conscientes un momento, son reprimidos, mandados a la
inconciencia y allí permanecen, siendo imposible tornarlos a la conciencia, por lo
menos directamente o con los solos medios que sirven para revivir lo
preconsciente. Esto nos lleva a distinguir un inconsciente primitivo –ello- y un
inconsciente reprimido.

Ahora ya podemos detallar la evolución de la libido a lo largo de la vida, su


ligamen con los instintos tánico-destructores y el nacimiento y formación del
SUPER-YO.

La libido se localiza en ciertas partes del cuerpo de manera preferente, según las
etapas de la evolución; o en todo el cuerpo; en el propio o en el ajeno; en
personas del mismo sexo o del opuesto; puede detenerse en cierta etapa de
evolución o volver a la misma después de haberla sobrepasado. Expliquemos

560
esto.

561
El instinto libidinoso, o sexual, si se quiere, se manifiesta primero en el acto de
alimentarse; por eso, la boca y sus alrede-dores se convierten en zona erotógena,
fuente de placer sexual. Es la fase oral. El nene todo lo lleva a la boca: chupón,
dedos, objetos de toda clase; todo lo refiere así: por eso, considera el psicoanálisis
que a esta fase se ligan los celos y envidias, en lo psíquico, y la tendencia, en lo
material, a llevar algo entre los labios (v. gr: un cigarrillo).

Eso sucede, de modo esencial -aquí no hay límites temporales rígidos- en el


primer año de edad. Pero el nene es destetado y, además, comienzan a
inculcársele hábitos; entre ellos es fundamental el de retener la orina y las
materias fecales porque su evacuación comienza a obedecer a cierta disciplina.
Surge así la fase anal, en que la libido se localiza en ese extremo del tubo
digestivo. El niño retiene las heces y halla placer en ello (retener que luego se
manifestará, en aquellos en quienes hay fijación o regresión a la fase anal, por
ejemplo, en la avariciá); o puede hallarlo en evacuar prontamente las heces (y, por
fijación o regresión, será un pródigo). Le interesan el color, olor, etc., de las heces,
con las cuales juega y se deleita (23).

Luego viene la tercera fase de evolución, que se denomina fálica, porque


alrededor del falo giran el interés y el placer infan-tiles. Para el niño sólo existe un
sexo: el masculino; las niñas son niños castrados; por eso, -afirma Freud- la mujer
se siente inferior, incompleta; por eso, el niño puede tener el temor de ser también
él castrado, temor a cuyo acrecentamiento contribuyen las palabras de algunos
mayores que amenazan castigar así ciertas faltas de los niños.

Corresponde a este mismo período el llamado enigma de la esfinge: el niño se


pregunta por su origen, de dónde viene, por qué mecanismos ha nacido. Las
respuestas falsas de los adultos no lo engañan; pero carente aún del suficiente
conocimiento acerca de la anatomía y fisiología humanas, llega a creer que ha
sido expulsado de igual manera y por los mismos conductos que las materias
fecales.

Por fin, sobre todo cuando los padres son descuidados -o creen que sus hijos
nada se preocupan de lo sexual- los niños perciben ciertos indicios del trato íntimo

562
de los

563
padres y le atribuyen un contenido de contraposición, de lucha u origen de
sufrimiento.

La localización i'áiicn abarca hasta los seis años (24).

Posteriormente se inicia una etapa en que parece que el interés sexual infantil ha
desaparecido, aunque sólo se halla latente (estado o fase de latencia). Estas
apariencias durarán hasta la pu-bertad en que la localización comienza a darse en
los órganos genitales, como fuente principal de placer (fase genital), aunque
quedan rastros, sublimados o no, de las anteriores etapas de localización.

En cuanto a lo funcional de la libido, se produce una evolución paralela a la de sus


localizaciones.

En las primeras etapas de la vida, el niño es sujeto y objeto de la libido; s satisface


en sí mismo. Es lo que se denomina autoerotismo. Posteriormente, el contacto con
el medio y la necesidad de adaptarse a él provocan el nacimiento del YO; hacia él
tienden las fuerzas libidinosas del ello, caracterizándose por tal fenómeno la
llamada etapa narcisística; durante ella, el niño es egoísta, tiende a encerrarse en
sf mismo, a vivir en su mundo interno (25).

Pero la libido sigue en busca de un objeto; como el niño no distingue aún los
sexos, le es indiferente que la persona hacia la cual dirige su libido sea de un
mismo sexo o de otro. Es la fase que Freud denomina homosexual (26).

A medida que pasa el tiempo, el niño se da cuenta de las diferencias sexuales y


de su distinta consideración en medio de la sociedad; la mujer tiene un papel, el
hombre, otro; de allí resulta la fase heterosexual, en que la libido se fija como
objeto en individuos del otro sexo.

Y, ahora, expliquemos la génesis del SUPER-YO.

Durante la etapa fálica-heterosexual (o sea, a partir de los cuatro años de edad,


más o menos), la libido infantil busca objetos extemos del otro sexo; de manera
natural, por su proximidad inclusive física, la líbido se fija en el progenitor de sexo
contrario: los niños, en la madre; las niñas, en el padre. Pero surgen naturales
dificultades
564
para satisfacer esas tendencias libidinosas, fuera de las limitaciones orgánicas
que tiene por la edad; el padre del mismo sexo se convierte así en competidor,
que provoca celos, odios, deseos de muerte, etc. Así se crea el. complejo de
Edipo. por semejanza con el héroe de la tragedia griega que, sin saberlo, mató a
su padre y se casó con su madre (27).

Pero el niño no sólo odia al padre y desea su desaparición -o la niña, de su madre-


sino que es alimentado, cuidado y protegido por él, por lo cual le tiene amor y
gratitud, con lo cual se presenta una situación de ambivalencia afectiva.

La educación, por su parte, cumple su tarea; ella muestra al niño cómo sus deseos
son malos, inmorales, contrarios a todo deber y que pueden acarrearle merecidos
castigos. Entonces el niño comienza a reprimir sus deseos incestuosos y
parricidas y concluye por olvidarlos (28).

Pero eso no ha sucedido sin compensaciones. En efecto, d niño busca imitar al


padre, identificarse con él, como resultado inconsciente de desear poseer a la
madre. De este modo, el niño concluye por introyectar, por hacer que la
personalidad del padic sea asimilada por la propia. Pero el padre, en la imagen
infantil, es sobre todo quien dicta normas, quien censura la conducta, quien señala
el deber y premia o castiga. Esa instancia ahora interna, censora y castigadora, en
su caso, es lo que Freud denomina SU-PER-YO el cual, si bien originado en la
experiencia conscient;, tiene sus raíces en lo inconsciente, en la libido (amor a la
madre) y en los instintos tánico-destructores (odio y deseo de destrucción y
muerte del padre); no sólo eso, sino que, como dijimos, el SU- PER-YO no se
limita a juzgar sino que castiga, lo qué puede lograr provocando sufrimientos,
remordimientos, etc., porque tiene a su servicio los instintos tánico-destructores
que vigorizan la tarea de represión. Por tanto, el SUPER-YO tiene la
importantísima misión de adecuar al individuo a las normas morales y sociales; se
asemeja a aquel sector anímico que usualmente se denomina conciencia moral,
guía en el campo del bien y del mal.

No en todas las personas llega a formarse el SUPER-YO. Y cuando, en las que


han llegado al suficiente desarrollo para poseerlo, él existe, no siempre ocupa el

565
mismo lugar en cuanto a su fuerza. La psique se manifiesta como un amplio
escenario en

566
el que se mueven, aliándose o combatiéndose, Ello, Yo y Super-yo: unos pueden
imponerse a los otros momentáneamente o de manera casi permanente. Cuando
predomina el Ello, se dan individuos impulsivos, violentos, dominados por sus
instintos; cuando predomina el Yo, los individuos son lógicos, conscientes, pero
también fríos y calculadores, guiados por las conveniencias y el utilitarismo;
cuando predomina el Super-Yo, el individuo es quisquilloso, amante de los
detalles, analizador de todas las consecuencias de su conducta, próximas o
remotas, y, por lo mismo, irresoluto y atormentado.

Hemos esquematizado el origen y evolución de los componentes dispares de la


psique humana, tal como se suelen dar en una persona ideal. Pero puede suceder
y muchas veces sucede, que mientras un sector evolucione, otro se quede
retrasado o vuelva a etapas anteriores de desarrollo. Eso adquiere fundamental
importancia cuando se trata de la líbido.

Podemos aquí referirnos a los fenómenos de fijación y de regresión. Se dice que


hay fijación cuando el desarrollo de los instintos libidinosos se detiene en un
momento dado (el de la fijación, que puede ser, por tanto, anal, oral, etc.). Hay
regresión cuando la líbido ya desarrollada torna a manifestaciones anteriores
(entonces, se dice que ha habido regresión a la etapa oral, fálica, etc.). Desde
luego, cuanto mayor haya sido la dificultad para superar cierta etapa de la
evolución, mayor será la facilidad para regresar a ella. La regresión de la líbido
puede ser parcial o total.

Ahora bien; si, por fijación o regresión, la libido choca contra las concepciones del
SUPER-YO, el conflicto será grave y permanente, teniendo que producirse un
combate entre fuerzas reprimidas y represoras, del cual resultan los síntomas a
que antes nos referíamos. Para el psicoanálisis freudiano, ha de hallarse en tos
fenómenos de fijación y regresión la causa explicativa de todas las neurosis (29).
También lo son de las perspectivas.

e) Principio de autocompensación. El juego de tendencias e instancias represoras


ocasiona el que muchas de aquéllas no puedan manifestarse, al menos lisa y
llanamente, de la manera primitiva y con los mismos móviles.

567
Pero lo reprimido, según se ha dicho, no está suprimido; vive en lo inconsciente o,
momentáneamente, sólo en lo preconsciente. Allí está como un resorte
comprimido, presto a saltar al menor descuido, y presionando en un sentido u otro.
Estas fuerzas, de sumarse continuamente, terminarían por crear un desequilibrio
en la economía anímica; por eso tienen que encontrar alguna salida.

El psicoanálisis ha descubierto que la hallan y cómo. A veces se manifiesta la


misma tendencia primitiva y en idéntica forma.

pero con una justificación distinta, lo que permite dejar contento al super-yo y
evitar remordimientos o represiones. Tal sucede, por ejemplo, cuando un político
odiador quiere anular a sus enemigos, desterrarlos o encarcelarlos; su super-yo
puede presentarse como una valla; pero puede ser que al final lo convenza -
¡cuántos mecanismos irracionales se mueven para lograr tal objetivo!- de que si
los apresa o destierra es para salvar a la patria; con lo cual el patriotismo sirve de
salvoconducto. Otras veces, queda la intención primitiva, pero no su objeto o su
forma; por ejemplo, el novio despechado que desearía matar a su novia, pero que
se contenta con romper su retrato.

Así, las fuerzas, psíquicas se compensan, logran salida sin provocar nuevos
conflictos internos, anulan o aminoran las tensiones. Con lo cual se crean válvulas
de escape, las únicas que, en un mundo tan lleno de provocaciones y de
conflictos, permiten que el hombre permanezca normal.

La comprobación de que la compensación existe constituye uno de los hallazgos


más fecundos del psicoanálisis; en eso están de acuerdo inclusive los tratados de
psiquiatría de tipo clásico, siendo secundarias las discrepancias acerca de la
explicación que pueda darse a estos hechos incontrovertibles.

Pero dada su particular importancia, el hecho de que es tema hoy no reservado al


psicoanálisis y su extensión, dejaremos para un capítulo posterior especial el tratar
de los mecanismos de compensación.

f) Principio de la repetición. Freud se halla inmerso en las corrientes mecanicistas


que tanta importancia tuvieron el siglo pasado en las teorías biológicas,

568
psicológicas

569
y sociológicas. Uno de los principios más comunes de esas corrientes, al aplicarse
a lo psíquico, se refiere a los hábitos que son la repetición de conducta similares
ante estímulos también similares. Entre otros caracteres, las conductas habituales
se muestran como más rápidas, niás precisas, como si la experiencia pasada les
hubiera hecho conocer el camino de su exteriorización. El hábito, por otra parte,
según el dicho común, constituye una segunda naturaleza; persiste ante un
estímulo, sieñdi difícil sustituirlo. Cuesta más desarraigar un hábito que
implantarlo. Todo ello puede explicarse porque abierto una vez un camino, es más
fácil seguirlo, repetirlo la vez siguiente, que vencer nuevas resistencias recorriendo
caminos inéditos.

Esta explicación nos permite comprender lo sostenido por el psicoanálisis: las


conductas tienden a repetirse. Por eso, todo hecho pasado deja una huella que
será recorrida luego, quizá después de muchos años, por otra conducta provocada
en condiciones similares. El hombre no evoluciona en un sólo sentido, en línea
recta, sino más bien en espiral, ocupando las mismas posiciones, aunque sea un
tiempo después.

Por lo demás este principio de repetición, como se ve, es una lógica consecuencia
de los otros; principalmente del determinismo psíquico, la fijación y la regresión
(30).

4.- EL PSICOANÁLISIS FREUDIANO EN CRIMINOLOGÍA. Freud mismo, sólo


escribió un breve ensayo de aplicación del psicoanálisis al campo criminológico,
describiendo en él un caso de delincuencia por sentimiento de culpabilidad (31).
Pero sus seguidores no tardaron en realizar tales aplicaciones y no sólo en el
campo causal explicativo mencionado, sino en los pertenecientes al Derecho
Penal, la Criminalística, el procedimiento, la técnica penitenciaría, la política
criminal, la Medicina Legal, etc. pretendiendo, desde luego, que todo fuera
reestructurado, recon- cebido de nueva manera, conforme a los descubrimientos
del psicoanálisis, en tantos temas opuesto a las afirmaciones de la psicología
clásica y de las concepciones comunes.

Hemos de detenernos a tratar sólo el aspecto criminológico (32).

570
De comienzo puede decirse que la concepción psicoanalítica acerca de la génesis
del delito es totalmente opuesta a la de Lombroso (33). Para el maestro turinés el
verdadero criminal nace, para el psicoanálisis, se hace. Oigamos lo que dicen
Alexander y Staub a quienes seguimos fundamentalmente por ser los que han
realizado el mayor intento hasta hoy conocido para explicar cualquier tipo de
criminalidad, a través del psicoanálisis: "Todo hombre es innatamente un criminal,
es decir un inadaptado, y conserva en su plenitud esta tendencia durante los
primeros años de su vida. La adaptación del sujeto a la sociedad comienza
después de la victoria sobre el complejo de Edipo, en su período de latencia,
descrito por Freud, que empieza entre el cuarto y el sexto año de edad y termina
en la adolescencia. El desarrollo del sano y del normal son hasta este momento
completamente iguales. Mientras que el normal consigue principalmente durante el
período de latencia del complejo, reprimir las germinas tendencias criminales de
sus impulsos, excluyéndolos de su motivación y dirigiéndolos en un sentido social,
el criminal fracasa más o menos en esta adaptación.

"El criminal transforma en acciones sus instintos inadaptados a la sociedad, lo


mismo que haría el niño si pudiese. Para la criminalidad reprimida, y, por tanto,
inconsciente, del hombre sano hay, por el contrario, sólo algunos escapes
inocentes, como los sueños, las ensoñaciones fantásticas... La única diferencia
que hay entre el delincuente y el hombre normal consiste en que éste domina
parcialmente sus instintos motores criminales ... Por tanto, la diferencia entre el
delincuente y el hombre normal representa, generalmente, no una falta congènita,
sino un defecto de educación, prescindiendo de casos límites que requieren un
estudio particular..." (34). Es el transcurso de la vida el que enseñará a tomar en
cuenta la propiedad, la vida, la salud, la fama ajena; entonces se adquiere una
disciplina, una conciencia moral, usando términos corrientes, y se aprende a
dominar los instintos y a privarse de satisfacciones que se saben malas. Pero esa
disciplina, el autodominio, se esfumarán fácilmente si tienen grietas a raíz de
malas influencias sociales. Es evidente que existe, entonces, un parecido entre el
criminal y el neurótico, puesto que ambos han fracasado en lograr una adaptación
normal en el mundo que los rodea; pero mientras en el neurótico, el conflicto se

571
manifiesta

572
a través de síntomas inofensivos, en el criminal resultan las conductas delictivas.
Claro que esta solución propone otro problema: por qué un inadaptado reacciona
con síntomas neuróticos y otro con delitos; la solución sólo podrá darse después
de un análisis acerca de la psique total del individuo, su evolución y la Relativa
fuerza de sus componentes.

No todos los criminales siguen el mismo camino para llegar al delito. Desde un
comienzo, podemos distinguir, de acuerdo a la clasificación de Alexander y Staub
(35) dos grupos fundamentales de delincuencia: la fantástica y la efectiva, para
luego subdistinguir varias divisiones en este segundo grupo. Podemos presentar el
conjunto en el siguiente cuadro sinóptico:

573
Vayamos a la explicación de estas conductas.

1. CRIMINALIDAD FANTÁSTICA. En realidad, técnicamente, no se puede hablar


en este caso de delincuencia, porque no se vulnera ningún artículo penal. En
efecto, se engloba bajo la designación de criminalidad fantástica, la serie de casos
en los cuales, las tendencias delictivas quedan en el fuero interno. Hay veces en
que no existe participación de las instancias conscientes y censo ras, como
sucede en algunos sueños, actos equívocos y sintomáticos, etc. Otras veces, el
YO se adhiere a los planes forjados por la imaginación; pero no existe la fuerza
suficiente para exteriorizarlos y se quedan en el dominio meramente interno, cosa
que sucede especialmente durante el ensueño o la fantasía en estado de vigilia.

Repetimos que, si bien aquí existe una tendencia Criminal, una especie de nrimera
etapa del delito, no se puede hablar de criminalidad en sentido reguroso porque no
hay conducta extema (36).

2.- CRIMINALIDAD EFECTIVA. Es decir, aquí existe la conducta criminal, el delito


en pleno sentido. Se puede dividir esta criminalidad efectiva en dos tipos
generales, la crónica y la accidental; en la crónica existen en el sujeto calidades
relativamente permanentes que llevan al delito; en la accidental, existe más bien
una disposición pasajera, una delincuencia aguda, sea porque momentáneamente
las tendencias profundas han burlado la vigilancia del YO -se trata, pues, de un
verdadero acto equívoco que está tipificado en las leyes penales- sea porque la
situación extema es tan grave que provoca una respuesta delictiva aún en
personas normales.

a) Porque la función del YO se halla perjudicada o desconec-tada; hay en


estos casos circunstancias corporales que entran en acción: anormalidades
endocrinas, exointoxicaciones, malformaciones nerviosas, etc., que hacen que el
YO o no pueda guiar la adaptación o la guíe en escasa medida. Los códigos
consideran a estos individuos como irresponsables y son llamados por la
psiquiatría imbéciles, dementes, idiotas, psicóticos de base orgánica, etc. (37).

574
b) Delitos condicionados neuróticamente. Hay predominio de motivos
inconscientes que permanecen fuera del conocimiento y control de la región
consciente. Pueden darse principalmente dos casos:

I) Existencia de autocoacción; junto al YO surgen impulsos incomprensibles que lo


empujan irresistiblemente a llevar a cabo una conducta. Por ejemplo, los
pirómanos, los cleptómanos. El YO es arrastrado por los impulsos inconscicntes.

II) Participación total de la personalidad. En este caso, opeperan mecanismos


compensatorios que convencen al YO y al SUPER-YO de tal manera que estas
partes de la psique acompañan plenamente al ELLO durante la ejecución del
delito.

Citemos tres casos típicos; en el primero opera la proyección de culpabilidad; en el


segundo, la racionalización y, én el tercero, el sentimiento de culpabilidad (que
podría incluirse en el anterior, pero que tratamos aparte por la gran significación
que adquiere a la luz de la teoría psicoanalítica).

Como ejemplo de proyección que conduce al delito puede mencionarse lo que


dice Freud acerca de los celos patológicos (38). El futuro criminal tiene tendencias
adulterinas, deseos de romper sus actuales lazos para anudar otros; pero lejos de
reconocerlos, los proyecta en el cónyuge a quien acusa de infidelidad tentada o
efectiva; el pecado propio es atribuido a otro. De esa manera, YO y SUPER-YO
pueden plegarse a los golpes, injurias y aún muerte que se causa, porque han
sido convencidos de que ese delito no es otra cosa que una reacción ante las
infidelidades ajenas. Así, las tendencias inconscientes operan sin provocar
remordimientos y además logrando la disolución del vínculo indeseado.

Como ejemplo típico de racionalización se cita el de algunos delincuentes


políticos. Deseosos de luchar contra la autoridad, de cometer delitos aontra ella,
de modificar el Estado, (39) tropiezan con graves dificultades conciencíales para
ello; pero si se convence a YO y SUPER-YO de que tales actividades obedecen a
patriotismo, a deseo de imponer la justicia social o de evitar los abusos e
inmoralidades del gobierno, esas instancias darán pase libre a las primeras
tendencias y les permitirán manifestarse, ayudándolas para ello.
575
Fuente de las mayores reformas oropucstas por el -'sicoanálisis en todos los
campos penales, es el delito por sentimiento de culpabilidad. Ese sentimiento se
experimenta de manera sorda, inconsciente, pero poderosa; altera e inquieta la
vida y la toma imposible. Pero las instancias conscientes y censoras impiden que
se manifiesten las causas de tal sentimiento de culpabilidad pues no son, cercana
o lejanamente, pero siembre, otras que los remoi dimientos ligados, a través del
complejo de Edipo, con los primitivos impulsos al incesto y al parricidio. La
personalidad no quiere conocer conscientemente tamaña motivación. Entonces se
busca cometer un delito y se lo comete. Con tal ocasión, el delincuente neurótico
efectúa un verdadero juego oues atribuye sus remordimientos al delito cometido, a
pesar de que éste fue posterior y aquéllos. Así se racionaliza el sentimiento de
culpabilidad, se le da una base sólida y concreta sobre la cual descansar con
tranquilidad. Por eso se encuentran delincuentes que, después de cometido el
crimen y sólo entonces, parecen haberse tranquilizado, como librado de un peso
insostenible. Desde luego, lo que también se busca es la sanción,
conscientemente por el delito cometido, inconscientemente, por los deseos
incestuosos y parricidas; es claro que muchas veces las instancias egoístas
luchan por evitar el castigo; o el castigar no es tan fácil pará las autoridades,
porque no logran identificar al culpable; pero la mejor prueba de aue el castigo es
experimentado como una necesidad, está en que a la larga o a la corta, de modo
más o menos transparente, el criminal se tntiega a la justicia (40).

En la explicación de este delincuente por sentimiento de culpabilidad, se


encuentran varias afirmaciones que chocan con la; creencias comunes. Se dice,
por ejemplo, que primero se experimentan remordimientos y después se delinque
o sea que primero es el remordimiento y después ei delito. Se sostiene, asimismo,
qua el criminal desea la pena, delinque por lograrla, o sea que la pena no previene
el delito, sino que lo alienta y atrae. Por fin, que la investigación judicial es
facilitada por el propio delincuente y no entrabada por el mismo. Ya pueden
deducirse cuáles son las extraordinarias consecuencias que, de aceptarse estas
afirmaciones, yodrían derivarse en el campo de todas las ciencias penales.

576
c) Delincuencia de hombres no neuróticos con SUPER-YO criminal. La
instancia moral y censora, el SUPER-YO, no es otra cosa, para el psicoanálisis y
según vimos, que el padre introyectado; a formarla contribuyen todas las
influencias ambientales. Por consiguiente, si tal ambiente familiar y social es
criminal porque ha aceptado como moralmente tolerables conductas que chocan
contra las normas penales, se habrá formado en el individuo un SUPER-YO
criminal; por tanto, la tendencia hacia el delito no encontrará censura sino ayuda,
no chocará con la conciencia moral, sino que se acomodará a ella. Tal el caso,
como decíamos al tratar el tema, de algunos gerentes de prostíbulos, que se
sienten tan satisfechos consigo mismos como si se dedicaran a cualquier industria
honrada; tal el caso de las muertes dadas por venganza ailí donde ésta no sólo
suele ser un derecho consuetudinario, sino un deber para con la familia, el grupo
social o la región. Lo mismo puede decirse de muchos tipos de robo entre
nosotros, por ejemplo, el de electricidad.

d) Criminalidad genuino. Se da en aquellos individuos que, por cualquier


circunstancia, no se ha'n formado un SUPER-YO y, por consiguiente, carecen de
instancia censora y de frenos morales. En ellos predominan los impulsos
instintivos. Si se evita el delito será por mero temor al castigo o a otras
consecuencias dolorosas. Aquí no existen frenos internos a los cuales echar
mano, sólo operan las amenazas exteriores.

2. Criminalidad accidental. Como ya dijimos, pueden distinguirse dos variedades,


según los mecanismos que operan.

a) Delitos por equivocación. Existen tendencias criminales (como en todos los


hombres). Pero son reprimidos normalmente a causa de la vigilancia que sobre
ellas ejercen el Yo y el Super-Yo. Sin embargo, puede suceder que la vigilancia,
por algún motivo, se relaje: porque el YO está distraído, porque se encuentra
concentrado en otras actividades, etc.; entonces la tendencia criminal escapa y
produce el acto penalmente sancionable. Este es el me-canismo de los delitos
culposos. Ellos serían punibles, según el psicoanálisis, porque corresponden a
una real tendencia de la psique, aunque no de su región consciente sino de la
inconsciente. Así, el
577
guardavías que se duerme y ocasiona un grave accidente, en realidad quería –
inconscientemente- causar el descarrilamiento. Lo mismo digamos de la madre
que, al dormirse mientras da de mamar a su hijo, se mueve de tal modo que
concluye por matarlo aplastado.

b) Delitos de situación. Se trata de aouellos casos en que las condiciones


ambientales son tan extremas que producen un dolor insoportable en el sujeto -
aunque fuera normal- y lo impelen, como reacción, a delinquir. Estos casos
extremos excitan la com prensión común y hasta la justificación. Así, por ejemplo,
cuando un marido mata a su esposa infiel que fue sorprendida in fraganti. O el
padre que, por carecer de otros medios, hurta para alimentar a sus hijos.

EL SUICIDA. También merecen citarse el suicidio y las explicaciones que de tal


acto da el psicoanálisis.

El suicidio entra en el-campo del derecho penal; la prueba está, en nuestro código,
por ejemplo, en que al suicida íali, o se le aplican sanciones; y que ésta se impone
cuando se ayuda a otro a suicidarse. Si no se castiga al suicida exitoso es norque
no habría a quién castigar.

Este acto representa, sin duda, un triunfo de los instintos do muerte sobre los de
vida. Pero es evidente que alguna satisfacción se asocia al hecho de quitarse
voluntariamente la vida. Esa satisfacción puede lograrse a través de variados
mecanismos. Hemos de resumir los que consigna Jiménez de Asúa (41).

En primer lugar, está el que se suicida a causa de una deformación masoquista.


Piensa que su vida causa dificultades a otros; que él mismo es indeseable y que
su muerte lo convertirá en un ser querido del cual se conservarán sólo los
recuerdos gratos.

La pérdida de un objeto o situación que producía placer -un pariente, ser amado,
riqueza, etc.- puede llevar a que el sujeto se identifique con el bien perdido y
quiera desaparecer, inclusive con los mismos detalles de forma.

Muchas veces, el suicidio es un gesto con el cual se pretende vencer al mundo


hostil que rodea al individuo, incapaz éste de imponerse en la realidad, dirige su
578
agresión

579
contra sí mismo, pero con el inconsciente deseo de causar mal a ese mundo hostil
el cual, en primer lugar, queda burlado al no tener ya a quién atacar. En segundo
lugar, el suicida piensa en los remordimientos y pesares que su desaparición
causará; por eso tantas veces lleva a cabo, antes de suprimir su existencia,
verdaderas representaciones dramáticas para que luego los supuestos atacantes
sientan remordimientos; o deja cartas en las cuales atribuve a tal o cual persona la
causa de su extrema determinación.

Es claro que hay suicidas en los cuales la muerte no tiene ese carácter agresivo,
sino que el hecho es resultado de la simple imposibilidad -material o moral- de
conseguir algo, consecuencia de sucesivos fracasos ante un mundo que se teme.

Según vemos, el psicoanálisis ortodoxo tiene la pretención de explicar todos los


delitos, así aquellos que tienen un carácter claro aún para el no experto en tal
disciplina como los otros aue resultan incomprensibles a la luz de los
conocimientos corrientes.

Antes de hacer una valoración crítica, hemos de detenernos en un ejemplo. Eso


es tanto más necesario, poraue la mera exposición de los principios generales
suele dejar en los alumnos -a quienes se dedica especialmente este libro- la
impresión de algo extraño, bello en cuanto a la construcción teórica, pero
excesivamente alejado de las aplicaciones prácticas.

Como uno de los casos umversalmente citados, hemos dj transcribir el contenido


en la obra de Alexander y Staub El delincuente y s i jueces desde el punto de vista
psicoanalítico (pp. 159170) porque demuestra claramente la forma en que se
explica, desde ese punto de vista, un delito.

UN DELINCUENTE POR SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

"En el presente caso, debemos el material de estudio a las buenas relaciones


entre el procesado y su defensor, que, por la confianza existente entre ambos,
produjeron el mismo efecto de una transplantación (übertragung) positiva del
paciente ante el médico, como corresponde a la situación analítica. Sin embargo,
no dejó de ser deficiente la información, por otros motivos. Aparte de los

580
expuestos, en este caso,

581
el material reprimido infantil, que sólo se puede hacer asequible mediante la libre
asociación metódica, únicamente se pudo reconstruir por alusiones. Y aunque, por
este motivo, la etiología del caso no puede satisfacer las exigencias terapéuticas,
son suficientes los conocimientos logrados para la comprensión psicológica de los
mecanismos criminales inconscientes.

Se trataba de un intelectual de treinta y cuatro años de edad -a quien


denominaremos Bruno- que había sido condenado a un año de prisión por algunos
hurtos de poca importancia. Uno de los autores, encargados de su defensa, lo
encontró en el perío-do de detención preventiva en buen equilibrio anímico y hasta
satisfecho. Sus hechos no estaban conformes con su posición social ni con las
demás circunstancias de su vida. Durante varios años había ejercido la profesión
de cirujano, utilizando un título falsificado; pero con muy sólidos conocimientos
médicos. Era muy estimado y conocido, especialmente entre los directores de
clíni- cas, y había obtenido éxitos científicos publicando estudios teó-ricos
originales y en investigaciones de laboratorio.

En el transcurso de su actuación profesional en una capital del centro de Europa,


hurtó unos libros médicos de una librería, para llevarlos a vender, sin quitarles las
etiquetas del comerciante, a otro establecimiento próximo. El hecho produjo el
natural asombro. Le dijeron que volviese a otra hora y él se marchó, dejando nota
de su nombre y dirección completos. Fue descubierto y detenido, resultando que
era médico y que usaba un diploma falsi-ficado.

Desde el punto de vista de un hurto corriente, este delito, como todos los demás
que cometió el mismo sujeto, carece de móviles. En la librería donde cometió el
hecho se le conocía desde hacía bastantes años como un cliente de confianza,
con crédito bastante para poderse llevar cualquier libro. Se hallaba en buena
situación económica, por habet sido nombrado, poco antes, ayudante de una
clínica ginecológica de la universidad, con buena retribución. Algún tiempo
despues de su detención, fue puesto en libertad provisional, en razón a la
insignificancia de los delitos, siguiendo, naturalmente, el procedimiento criminal
incoado contra él. Entonces, provisto de algún dinero, se trasladó a Berlín,
donde se instaló en un
582
hotel, dando su verdadero nombre. Al cabo de una corta temporada, visitó algunas
librerías del barrio de los hospitales y hurtó varios libros médicos, que llevó con
sus etiquetas a otras librerías, repitiendo fielmente su conducta anterior. Produjo la
misma extrañeza. Se le rogó volver más tarde. Dejó su nombre y dirección y fue
detenido.

Ante el comisario de policía, que le notificó su libertad provisional, en vista de lo


insignificante de los hurtos de libros, declaró que poco antes había robado también
en una tienda de óptica unos anejos de microscopio. Sin embargo, no se le quiso
encarcelar. Entonces confesó que durante Su viaje a Berlín había robado en
Leipzig unas figuras de porcelana, en una exposición, y mostró estas figuras.
Acabó por conseguir que lo encarcelaran, quedando a disposición del juez
instructor. Ya con esto se sintió bien y como aliviado. Tenía la única preocupación
de poseer li-bros científicos, en los que estudiaba con gran celo. Durante su
detención parecía como si nada le hiciera falta. Era feliz y estaba satisfecho. Su
comportamiento era excelente. Intentó hacer amistad con el médico de la prisión,
que, si bien al principio desconfió de sus conocimientos y preparación médicos,
luego le admiró francamente, intentando ayudarle. Al defensor le constaba a
primera vista que no era posible explicar los delitos cometidos por móviles
conscientes y que se trataba de un caso típico de actuación neurótica. Hasta a los
criminalistas más profanos en psicología profunda tenía que causar asombro lo
irracional de la conducta de Bruno. Era evidente que sus acciones tenían el fin de
llevarlo a la cárcel. En la ejecución de los hechos se observa una falta completa de
precauciones y de todo intento de impedir su descubrimiento, hasta el punto de
que fueron fácilmente descubiertos y sólo puede explicarse esto por el afán
inconsciente de ser castigado. Debe advertirse que el sujeto no podía ganar nada
con los hechos que realizó y, por el contrario, tenía siempre que perder. Su
conducta ante la policia berlinesa, confesando durante un rato delitos y delitos
desconocidos, hasta que hizo imposible su libertad provisional, demuestra
claramente el influjo de su deseo de ser castigado.

583
Como problema inmediato se plantea de qué origen puede tener este afán tan
impaciente hacia el castigo. Si suponemos que sus delitos provienen del impulso
inconsciente de causarse daño, podría opinarse que este impulso representa una
reacción por el empleo del diploma falsificado, tanto más cuanto los primeros
hurtos de libros conducen al derrumbamiento de su carrera, fundada en este
fraude. Pero la historia de su vida nos mostró luego que los sentimientos de
culpabilidad, aparentemente enlazados con su profesión médica, tienen un
fundamento anterior y más profundo.

Su primer delito lo cometió a la edad de diecisiete años, poco más o menos,


perteneciendo como cadete a una academia militar. Robó en la cantina unos
dulces a presencia de los vigilantes. El mismo lo considera una falta grave,
reconociendo su culpa y la razón con que fue expulsado de la academia. En
realidad, se le quizo castigar solamente con una sanción disciplinaria. Pero él
prefirió desertar y, por esto, fue excluido del escalafón. Una alusión a las causas
más profundas de sus sentimientos culpables nos la ofrece la circunstancia de que
el hecho ocurrió inmediatamente después de una visita de su madre en estado de
embarazo, Bruno contaba a su defensor cómo se avergonzó entonces
terriblemente y tuvo la sensación de que todos le señalaban con el dedo.

Vemos que el primer hecho delictivo que comete es un caso clásico del delito por
conciencia de culpabilidad. Se sentía culpable por el embarazo de la madre,
tomándose en su fantasía inconsciente como el autor, y quiere suprimir los
remordimientos provenientes de este hecho, realizando una acción relativamente
inocente, que le conduce a un castigo. Considera tan grave el insignificante delito
cometido, por la sencilla razón de que le pueda servir para satisfacer su deseo de
expiación por un afán reprimido muchísimo más malo, transplantando a aquél
parte de la gravedad de éste. Un recuerdo de su remota niñez nos explica por qué
utiliza precisamente el hurto de dulces para provocar la pena. Su padre, de un
gran rigor para educar al niño en sus costumbres puritanas -se trataba de un
funcionario de elevada categoría- había reglamentado cuidadosamente el gasto de
azúcar que había de hacer su hijo. Éste cuenta, aún hoy, con tristeza, que el padre
no le dejaba
584
tomar más de un trozo de azúcar en el té o en el café, mientras que su madre le
permitía tomar un segundo trozo, clandestinamente, porque de advertirlo el padre
lo hubiera azotado. De esta manera, la degustación del dulce se hace el símbolo
de una relación oculta con la madre, prohibida por el padre y cuyo descubrimiento
traería como consecuencia una pena. Téngase también en cuenta que el azúcar y
los dulces se consideran como el sustitutivo de la leche materna y por esto
simbolizan el cariño de la progenitora. La afición a los dulces responde a la fijación
oral de la lactancia, que es la primera relación de placer sensible entre el niño y la
madre.

Este primer delito cometido en la academia militar reúne las dos características
que, según Freud, ha de tener el delito por conciencia de culpabilidad: el hecho se
ejecuta porque está vedado v para el fin de enlazarlo con un sentimiento de
culpabilidad pre-existen y que provenía del complejo de Edipo, suavizándolo al
sufrir el castigo. El delito manifiesto esconde la acción de Edipo, querida en
realidad.

Cuán lejos se extienden en su niñez los sentimientos de culpabilidad, lo demuestra


su neurosis infantil: una fobia que estalló súbitamente en su quinto año de edad.
Había ido solo con su madre a la ciudad para esperar a su padre. Unos caballos
desbocados que se precipitaron sobre ellos, le asustaron de tal manera que
durante varios años tuvo miedo de talir a la calle. Esta reacción excesiva puede
explicarse fácilmente por las experiencias psicoanalíticas del sentimiento de
culpabilidad, que se había despertado en el niño en una ocasión en que su deseo
era continuar el mayor tiempo posible solo con la madre y lejos del padre. La
escena de los caballos solamente pudo reproducir esta exagerada reacción
neurótica porque sorprendió al muchacho en tal situación de conflicto. En el
momento en que iba pensando en su ensueño: "me gustaría estar siempre así,
solo con mamá; papá no debía venir", aparecieron de pronto los caballos
indómitos, representando, a la manera de las fobias infantiles de animales, la
venganza del ofendido padre cuya muerte se había deseado.

Merece especial mención el procedimiento que empleó para convertir la nimiedad


del hurto en el cuerpo de cadetes en un even to importante de su vida. Entonces
585
obligó a sus padres a perdonadlo, mediante un fingido intento de suicidio, y obtuvo
permiso para estudiar el bachillerato, lo que antes se le había impedido a
consecuencia de diferentes enfermedades infantiles y "or consejo del antiguo
médico de la casa. Parece como si éste facultativo hubiera desempeñado un papel
fatal en su vida. Fue él el que impidió el deseo, manifestado muy pronto en el niño,
de estudiar medicina, convenciendo a los padres para que le hicieran escoger otra
profesión que exigiera un trabajo corporal y no intelectual, por el débil estado de
salud del niño. Esta intromisión del médico había de afectarle, tanto más cuanto el
doctor tenía entrada libre en la alcoba de la madre, continuamente enferma. Asi, la
profesión médica, para él vedada, recibió la significación de una carta de corso
para la libre relación corporal con la madre. Este era un privilegio que el médico
compartía con el padre. La equiparación de la medicina con la satisfacción de sus
deseos infantiles incestuo sos, auedó favorecida especialmente por la prohibición
de estudiar dicha carrera. Ambas formas de acercarse al cuerpo de la madre le
estaban prohibidas.

La estrecha conexión que, para él, existía entre la profesión del médico, la
curiosidad sexual infantil y el afán de ver, demuestra un hurto que cometió, cuando
asistía como oyente a las clases de la facultad de medicina. Durante una clase
robó a una compañera un aparato fotográfico y fue descubierto en seguida, porque
no se alejó del aula. Por los sentimientos de culpabilidad, que en él están
enlazados con los conocimientos médicos (interés anatómico, deseo de ver,
respecto de su madre), hurta un objeto óptico, para ser castigado por este delito y
no por su grave culpa en el terreno óptico. Así encontramos un nuevo delito
sintomático por sentimiento de culpabilidad.

Ahora podemos comptender por qué siempre hurtó libros médicos e instrumentos
de óptica. La ocupación médica adquiría para él el valor sentimental absoluto del
hecho de Edipo. Por estp tenía que hurtar, enroñar y luchar para obtener
conocimientos e instrumental médico y el falso diploma, contra la ley. Era la
manera de proporcionarse dos resultados psicológicos. Sus obstinadas
cituaciones le permitían equiparar los dos hechos prohibidos obteniendo así el
premio del nacer
586
por el hecho de Edipo, mientras que, por otro lado, los sentimientos de
culpabilidad recaían sobre el delito menos grave, frecuentemente sólo formulario.
El hecho de ejercer la profesión de cirujano sin diploma, a pesar de sus grandes
conocimientos médicos, es sencillamente una transgresión leve y de mero
carácter formalista, en comparación con su significado inconsciente, que son las
relaciones con la madre. Cuando leemos en su diario la frase de triunfo de que sin
diploma y a pesar de las prohibiciones de todas las autoridades, podía operrr
quirúrgicamente mejor que muchos médicos provistos de diploma, comprendemos
el especial premio de placer que le produjo este mecanismo.

El mantenimiento de esta rebelde actitud le fue posible mientras se dedicaba, con


toda clase de sufrimientos y privaciones, a su profesión como asistente no
retribuido. Pero, cuando ascendió en categoría y se le nombró médico para una
plaza bien pagado junto a un jefe bondadoso y además en una clínica de
ginecología, cayeron por su pie los sentimientos de obstinación, para dar paso a
los de culpabilidad. En este momento de su vida, cometió lo: mencionados hurtos
de libros, que llevaron a su descubrimiento. El hecho de que le persiguieran y
atacaran, siendo ya un médico reputado, por una falta formalista como la del
diploma, le proporcionaba un especial alivio en sus sentimientos de culpabilidad,
como prueban la euforia y el afán de trabajo que siente en la cárcel, y esto le
permite colocar de nuevo a las personas que le rodean en urja situación de
injusticia, para poder justificar su rebeldía. Ya triunfante, después de ser puesto en
libertad, escribe a su de-fensor que ha comprado lícitamente un nuevo
microscopio, mucho mejor que el robado, y "quisiera demostrar al mundo que no
es un peso muerto para la sociedad". Esta rara supervaloraron del microscopio,
proporcionado inmediatamente después de recobrar la libertad, nos muestra de
nuevo en qué gran medida su afán infantil de ver, forma especial de su deseo
incestuoso, se había trasplantado a la posesión de este instrumento científico.

El hurto de las figurillas de porcelana, que eran modernas y de bastante poco


valor, tiene ya un carácter más cleptomaníaco. Pero hay un hecho que nos
proporciona otra indicación, aparte de las ya conocidas, sobre este
acontecimiento: su confesión
587
espontánea, al referir esta acción, de que su madre había tenido, y en mucha
estima, una colección valiosa de figuras de porcelana antiguas. No es fácil
resolver si hubo en este caso una identificación con la madre o el afán de
apoderarse de ella, según el principio "pars pro toto", común a los sucesos
inconscientes. Su obstinación en el deseo de poseer a su madre, corrobora la
mayor importancia de la última determinante.

De todos modos, su vida se desarrolla bajo el signo de un tenaz mantenimiento de


sus deseos incestuosos, en obstinada re-beldía frente al padre. Todos sus actos
tienen la finalidad de provocar la injusticia del mundo exterior, ya que los demás
hombres, desaparecido el padre, lo siguen representando, induciéndolos a un
comportamiento duro e injusto, liberándose así de sus sentimientos de
culnabilidad, sin tener que desistir de su rebeldía. Sólo puede aguantar los
modelos paternos malos, crueles e injustos. Por esto rechaza al jefe bondadoso,
en la clínica, y después, la ayuda y el psicoanálisis desinteresados de su defensor.
En su juventud no había aprendido más que a ser hostil a su despiadado y
apedagógico padre, y todo su aparato anímico está adaptado a esta atmósfera
juvenil. Un padre benévolo y comprensivo le hubiera desconcertado, llevándole su
relación con él a una desconocida y lúgubre situación de culpabilidad. Así, huye de
la oferta de su defensor y le escribe, asegurado por la ausencia: "¿Quiere usted,
saber por qué no he aceptado la ayuda que me prometió? Porque el saldo de
nuestra cuenta entre el debe y el haber, es demasiado unilateral. Durante toda mi
vida sería su deudor y no puedo soportar esta idea... Mi encarcelamiento no debía
haber terminado nunca. He nacido con muy mala estrella".

No había dificultad en que atribuyese a la justicia penal actual el papel de oadre


injusto, restableciendo así el ambiente de la casa paterna. Tampoco le habría de
costar gran trabajo sustraerse al influjo moral de un padre que siempre le
castigaba injustamente y con una dureza propia de la moral muy limitada de
funcionario, privándole de todo premio de placer, mientras fue niño, y que maltrató
a su madre v la engañó. Así podía el mantenerse en su complejo de Edipo. De los
pequeños pormenores que conocemos de los métodos educativos del padre -
golpes por un
588
pedazo de azúcar, permiso para jugar con los juguetes sólo en los días festivos- se
deduce una moral militarista del deber a toque de corneta, propia de la anteguerra,
que hacía con tanta frecuencia imposible toda identificación con los modelos
pedagógicos y que condujo a la formación de un super-yo, que quedó como un
cuerpo extraño en la personalidad. Cuando, además, este padre maltrata drf
palabra y de obra a la madre, espiritual y socialmente más elevada, en presencia
del niño, y la engaña faltando a la moral predicada hipócritamente por él,
comprendemos por qué él hijo tiene siempre tendencia a colocar en la injusticia
todos los modelos paternales, liberándose por este fácil procedimiento de su
influjo impeditivo. Decimos que el procedimiento es fácil, porque las instituciones
del estado de nuestros días no ofrecen, en verdad, obstáculos para encontrar un
padre apedagógico. De todas maneras, Bruno, logra por completo esta finalidad. Y
esto significa para él un triunfo sobre la sociedad, y también la satisfacción de ser
castigado como buen cirujano y médico, de excelente preparación científica,
después de haberse abnegado en la curación y alivio de muchos de sus
semejantes. Triunfo y satisfacción que le envidiarían muchos hombres normales
en sus sanas sublimaciones.

El tratamiento de este caso de criminal neurótico, correspondiente al delincuente


por sentimiento de culpabilidad, con rasgos cleptomaníacos y de una peligrosidad
social muy limitada, serúi, como reacción adecuada para el futuro, el internamiento
pasajero, para intentar en él su curación psicoanalítica.

El castigo, en el sentido que hoy tiene, carece de objeto. Pan obtener la enmienda
del reo es ineficaz y socialmente nocivo, porque incita al agente a realizar nuevos
delitos. Adviértese que a este sujeto no se le podía hacer favor más grande que
cometer con él una injusticia, mientras que todos los beneficios le desconcertaban.
En tanto la sociedad castigue a individuos de esta especie, dejándose engañar por
sus provocaciones inconscientes, ellos tienen cierto derecho a no dejarse curar,
privándose así de estas posibilidades de satisfacción. Sólo cuando se les deje de
castigar, tendrán una espectativa real de convertirse en individuos normales".

589
Citamos este análisis de un criminal, por ser clásico; pero los ejemplos pueden
encontrarse con relativa abundancia en los libros especializados sobre
psicoanálisis criminal. (42).

5.- CRÍTICA DEL PSICOANÁLISIS. Las polémicas que han suscitado las teorías
freudianas han llegado hasta el grueso público lo cual, lejos de facilitar una exacta
comprensión de los problemas, los ha deformado y simplificado hasta límites
lindantes con lo ridículo. Por eso se han tomado posiciones extremas igualmente
injustificadas.

La investigación psicoanalítica es sumamente prolongada: en las obras antes


mencionadas se dan sólo sucintos resúmenes del trabajo del analista, casi sólo
sus descubrimientos y con clusiones. pero, no los medios por los cuales llegó a
ellos. Si se quiere tener una idea de la marcha detallada de la investigación, puede
leerse: Lindner, Rebel withont a Cause si bien, para evitar equívocos, es preciso
advertir que no se trata de una obra estrictamente psicoanalítica.

Estos extremismos, sin embargo, se dan también entre personas que conocen o
dicen conocer bien las teorías de Freud. Aquí, como siempre, tampoco faltan las
noticiones intermedias que, reconociendo por un lado los indudables méritos de
las nuevas doc-trinas, señalan concretamente cuáles son sus errores y sus defi-
ciencias; pero estas po&iciones intermedias no son siempre las mismas: admiten
una gran variedad de matices que van desde quienes apenas ven alguna falla
hasta quienes apenas ven uno que otro acierto accidental.

A continuación, hemos de resumir tales opiniones. Para introducir algún orden en


su exposición, nos referiremos primero a las críticas planteadas al psicoanálisis,
en general para luego referirnos a las que se han hecho de manera especial a sus
aplicaciones criminológicas.

Hay quienes consideran que el psicoanálisis es la llave maestra que permite


ingresar en las profundidades de la psique y no quedarnos en la mera suoetficie,
como hacen las demás escuelas psicológicas (43). Enunciar los simples nombres

590
de quienes adoptan esta actitud llenaría muchas páginas como puede
comprobarse con leer cualquier bibliografía psicoanalítica.

Pero es evidente que muchos psicoanalistas, sobre todo modernos, aún


aceptando algunos principios fundamentales de Freud, han tomado una actitud
crítica clara, tratando de revisar muchas concepciones primitivas a las que una
experiencia larga había quitado fundamento (44). Lo que admira, es que los
nuevos psicoanalistas difieren tanto entre sí, que no se sabe qué pensar en un
primer momento: si el psicoanálisis muestra, por esa anarquía, su extraordinaria
capacidad vital y sus múltiples potencialidades o sólo su carencia de fundamentos
seguros.

Es indudable que hay problemas que, al menos como tales, han sido puestos por
el psicoanálisis a la consideración de la ciencia; es también evidente que muchos
no han sido resueltos a la luz de los nuevos principios; algunas soluciones se han
mostrado o insuficientes o totalmente equivocadas. Con lo cual se ha originado el
cúmulo de discrepancia arriba mencionado y el de matices de fervor con que se
sigue el maestro. Hay que recurrir, sin embargo. a esas opiniones discrepantes de
los especialistas para tratar de ver qué es lo más aceptable, qué lo dudoso, qué lo
rechazable.

En esta tarea, poco ayudan, por ejemplo, las opiniones de Peixoto (45), de Beca
(46) u otros semejantes, para los cuales el nsi- eoanálisis tiene "mucho" de
aprovechable, en general, y en el campo criminológico, sin que especifiquen,
empero, qué es lo aprovechable y qué lo inútil.

La primera crítica surge de la impresión general que se tiene de la obra de Freud y


sus discípulos, cuando se la compara con la que dan exposiciones de otras
escuelas. Estas se esfuerzan por dar una impresión lógica de sus principios y
aplicaciones, concatenándolos de manera racional y clara para lograr una
demostración de lo que afirman o niegan. En cambio, las obras de Freud y sus
seguidores sorprenden por la ausencia de aparato demostrativo de las
afirmaciones o interpretaciones hechas; carecen del rigor y método que deben
caracterizar a la psicología científica; y eso es evidente inclusive -quizás sobre

591
todo- para quienes no pueden menos de reconocer, al lado de deducciones
aplicaciones

592
incomprensibles, aciertos intuitivos geniales e irrefutables. Por eso, lanet pudo
decir con toda razón que el psicoanálisis es "la última encarnación de las prácticas
mágicas v psicológicas que caracterizaban al llamado magnetismo animal, con
una falta absoluta de toda crítica": en otro lugar, agrega: "Este procedimiento
oermite suprimir la observación clínica, reemplazándola por la fantasía. Lo cual
conduce a las inverosímiles explicaciones de los sueños, o de las inversiones
sexuales, cosas que no pueden discutirse seriamente".

Laburu, agrega, por su parte, en el mismo sentido: "Freud luvo una gran
capacidad imaginativa, cosa que nadie puede negarle" (47).

"A las entidades psicológicas las hace personajes; las antropoformiza como en
una fábula griega, "nos las escribe en acechos, ocultaciones, antagonismo
transacciones, somnolencias, tachaduras como en los de los diarios de la prensa,
enmascaramientos como de bailes carnavalescos" (48). Por eso, el profesor
español rechaza las doctrinas psicoanalíticas.

En el mismo plano se mueve Magalhes Drummond, quien expone muchas


contradicciones internas del sistema (y, por ello, critica las aplicaciones que
pretenden llevarse al terreno dèi derecho penal) (49).

Podemos inclusive, citar la opinión de Mira y Lónez, a quien no se puede tachar de


radicalmente opuesto a las técnicas y principios del psicoanálisis: "Evidentemente
- dice el psiquiatra español-, la hipótesis psicoanalítica del inconsciente ...
representa un esfuerzo seductor para hacer menos doloroso nuestro "igno-
rabimus", mas no debe ser tomada como expresión de una auténtica realidad
científica, ya que no cuenta con una base objetiva -universalmente demostrable-
de hechos y deja demasiado al arbitrio y a la imaginación del investigador la
interpretación de los datos que el enfermo suministra y que pueden ser
involuntariamente sugeridos por el médico" (50). Y podemos preguntarnos qué
puede mantenerse sólidamente de las doctrinas psicoanalíticas si se rechaza su
teoría del inconsciente (51).

Una de las críticas más sólidas que se han hecho valer con tra el psicoanálisis, en
su desprecio por las alteraciones y condicio nes orgánicas a las que considera
593
meros predisponentes o coadyuvantes, pero no causas fundamentales de las
anormalidades psíquicas; en tal censura insiste Baruk quien, sin embargo,
reconoce que el psicoanálisis ayuda en la comprensión de muchas anomalías,
principalmente sexuales; pero hace notar que iguales o superiores resultados así
como gran economía de tiempo se lógran mediante aplicaciones de la psiquiatría
clásica, aún en la histeria (52).

Esta tendencia a la aceptación parcial de las conclusiones del psicoanálisis es


corriente hoy, como consecuencia de los indiscutibles aciertos de aquella doctrina,
así como de sus comprobados errores. Fuera de los anteriores, podemos citar
otros autores de primer orden que abonan este concepto general; por ejemplo,
Brown acepta muchas explicaciones psicoanalíticas acerca de las enfermedades
mentales, sobre todo en las relativas a anormalidades sexuales (53). Lo mismo
hace Hinsie, quien reconoce que el freudismo sirve para ciertos campos, aunque
no en otros, por lo cual su uso es limitado, lo que también puede afirmarse de las
teorías de Adler y de Jung (54).

No han faltado tentativas de introducir en el freudismo mo-dificaciones de todo


orden; por ejemplo, así lo hace London con su nueva teoría acerca de la libido.
Las explicaciones nuevas buscan, a veces, llegar a bases menos unilaterales que
las del freudismo primitivo; si estas novedades nó han logrado hallar un
fundamento universal para todos los actos psíquicos -normales o no-, la verdad es
que han introducido mucha claridad en algu-nos casos particulares, mejor
comprensibles a la luz de nuevas teorías (55).

No cabría aquí ni siquiera una síntesis de las críticas de de talle que se han hecho
sobre cada uno de los puntos de vista especiales de Freud; por eso, tenemos que
limitarnos a las objeciones en grande. En este sentido sólo nos queda un par de
puntos acerca de la terapia psicoanalítica, cuyos éxitos con sus caracteres de
portento fueron los primeros en atraer la atención del mundo médico. A este
resoecto, se ha hecho notar repetidas veces que, si bien el freudismo obtiene éxito
en algunos casos, no los obtiene en otros, lo que demuestra que sus explicaciones
son unilaterales.

594
Es evidente, por ejemplo, que se cura buena cantidad de neuróticos, pero caqi
ningún psicòtico; muchas de las curas pueden deberse a la mera sugestión y no a
la técnica psicoanalítica; por lo demás, no se olvide que el tratamiento, según los
moldes freudianos, lleva meses y aún años, por lo cual es razonable suponer que
muchos casos mejoran por la simple influencia ejercida por la presencia del
médico y no del psicoanálisis que él cree poner en marcha (56).

Estas observaciones acerca del éxito relativo de la terapia psicoanalítica nos


llevan a otra crítica sumamente sólida: que las observaciones se han efectuado
generalmente sobre anormales no viéndose lá razón para extender a los normales
las conclusiones que se hubieran extraído de aquel material (57).

En general, puede decirse que, de los distintos aspectos que tiene la teoría
psicoanalítica, se han aceptado sobre todo los descubrimientos de hechos -si bien
algunos de ellos se atribuyen más a la genialidad intuitiva de Freud y de algunos
de sus discípulos que al valor objetivo de sus métodos-; algunos de estos
métodos, si bien no con la extensión e implicaciones que ouisieron atribuírseles en
un comienzo. En cambio, hay mucha resistencia para admitir tanto la doctrina
psicológica edificada para explicar los hechos, como la filosofía de la vida que de
ella se desorende.

La mayor parte de los autores están de acuerdo en que existen puntos


aprovechables; quizá quien mejor los haya resumido sea Karen Horney, para
quien tales puntos son: el determinismo psíquico, el descubrimiento de la
inconciencia y de la emotividad como origen de conflictos mentales, la resonancia
reconocida de los fenómenos psíquicos infantiles en la vida del adulto, el
señalamiento de los mecanismos de compensación y algunos otros puntos
derivados de los anteriores. Pero se rechaza lo demás (58).

En cuanto a las aplicaciones que el psicoanálisis freudiano pudiera tener en las


ciencias penales y principalmente en la Crimi-nología, lo dicho anteriormente sirve
de mucho. Es evidente que ha querido crearse una Criminología estrictamente
psicoanalítica; pero esa pretensión puede darse hoy como propia de sólo un
reducido grupo de estudiosos. No es que se rechace en bloque todo lo que dice el

595
psicoanálisis, pero no puede menos que dudarse de sus aplicaciones cuando los
simples principios son tan discutidos y discutibles.

En general, se admite que el freudismo ha logrado dar una explicación


satisfactoria de algunos delitos que, por lo extraño de sus móviles, quedaban
oscuros con la aplicación de los conocimientos psiquiátricos corrientes. Igual éxito
es. posible que se presente en muchos delitos raros por sus caracteres objetivos o
por la perso nalidad previa del agente. Menor es la eficacia, aunque sigue
reconociéndosela, que se le asigna en la explicación de delitos sexuales,
principalmente anormales. Pero en otros casos, la aplicación exitosa será
excepcional.

Las objeciones que se han hecho valer, en el especializado campo criminal, son
muchas. Por ejemplo, que las preguntas del analista pueden inducir al delincuente
a que racionaljce su conduc-ta, que la sugestión por él ejercida puede cambiar las
condiciones reales del caso; que se tropiece con la negativa del delincuente, con
lo cual todo proceso penal podría detenerse, etc. (59).

Pero las objeciones más sólidas, hoy por hoy para la aplicación del psicoanálisis
en las ciencias penales -fuera de varias que se han hecho al psicoanálisis en
general- son las siguientes, valederas inclusive para quienes son partidarios de
cualquier forma de psicología profunda:

1.- El psicoanálisis no resuelve muchos problemas que se presentan al


criminólogo y al juez; por ejemplo, el de la parálisis general progresiva.

2.- Tampoco resuelve el problema de la responsabilidad o irresponsabilidad o


semirresponsabilidad del criminal, puesto que, en general, los códigos están
basados en la teoría del libre arbitrio mientras el psicoanálisis lo está en el
determinismo psíquico (60).

3.- El sicoanálisis puede ponerse en relación con la medicina -cuyo auxilio es


requerido para explicar algunas causas- con mucha más dificultad que la
psiquiatría corriente.

4.- La investigación y obtención de conclusiones supone un tiempo demasiado


596
largo, durante el cual el proceso penal debería detenerse (61).

597
5.- La psiquiatría corriente puede operar con más éxito que el psicoanálisis
cuando el delincuente se opone a ser estudiado.

Pero hay un punto cuya importancia positiva es difícil exagerar; se trata del relieve
que el psicoanálisis da al medio ambien-te, principalmente familiar, en la génesis
del delito, idea que, librada del aparato teórico al que estaba ligada, no ha podido
menos que ejercer una saludable influencia, principalmente para hallar los puntos
débiles de muchas teorías exageradamente antropologías que estaban en boga
coetáneamente con los primeros decenios de vida del psicoanálisis (62).

(1) La bibliografía psicoanalítica y aun la sola deseada a Freud y sus discípulos, asume hoy proporciones enormes. Tenemos,
forzosamente, que reducir la que citamos y consultamos a los lí mites compatibles con un libro elemental como éste. Nos hemos
servido de las siguientes obras: Freud: Obras Completas (en la traducción de López Ballesteros); Horney: El Nuevo Psicoanálisis;
Mira y López: Los Fundamentos del psicoanálisis; von Teslaar: An Outtime of Psycoanalysis; London: Libido and Detusion; Klein:
El Psicoanálisis dé Niños; Tramontín: Esquema de io inconsciente. También, algunos resúmenes, de los cuales son los más
claros y completos los contenidos en Hinsie: Conceptos y problemas de Psicoterapia (pp. 25-108) y en English y Pearson:
Neurosis Frecuentes en los niños y los Adultos (pp. 11-59).
(2) La situación de callejón sin salida creada por la psicología del siglo XIX JIO dio lugar sólo a la aparición del Psicoanálisis sino
también de otras escuelas, como la de la teoría de la forma y el estructuralismo, el conductismo, la neuroreflexología, para no
hablar de la vigorosa resurrección de la psicología de tipo tomista.
(3) Sobre el problema de la histeria y para comprensión del caso, v. el t. X de las obras completas: La Histeria. Tomamos el resumen
hecho por el propio Freud en las conferencias que dictó en la Clark University de Estados Unidos y contenidas en la recopilación
de Van Teslaar, pp. 21-70 y en el t. H de las obras completas bajo el título general de Cinco Conferencias sobre Psicoanálisis. A
este trabajo se refieren las notas de las páginas inmediatamente siguientes. Ver en dicho tomo II el resumen del caso citado, pp.
141- 150.
(4) Ibidem, p. 147. En realidad, los ataques fueron desencadenados en ocasión de una grave enfermedad del padre de la muchacha,
al que ésta cuidaba. Quien lea el caso entero, veri que también existía un síntoma paralítico cuya explicación permite a Freud
extenderse acerca de la interpretación psicoanalítica del hecho.
(5) Ibidem, p. 150.
(6) Ibidem, pp. 151-152. Véanse también T. V: Teoría General de las Neurosis; T. X: La Histeria; T. XI: Inhibición. Síntoma y Angustia;
T. XII: La Etiología de la Histeria, etc.
(7) V: Cinco Conferencias, pp. 154-
155. (8) V: Ibidem, pp. 154-155.
(9) Ibidem, p. 161.
(10) Preferimos, traducir esta leflnldón del inglés (contenida en van Leslaar, ob. Cit., p.44) que nos parece más exacta que la
traducción ofrecida por la edición castellana, la que dice que complejo es "una agrupación dé elementos ideológicos conjugados y
saturados de afecto", V: eb. dt., p. 170.
(11) Ibídem, p. 173.
(12) Por ejemplo, en lo tocante a la naturaleza de los instintos sádico-masoquistas, la concepción de ello, la del super-yo, la admisión
de un inconsciente proveniente de herencia arcaica y no experiencias individuales (sobre ello, v. la exposición de Beca contenida
en las actas del Segundo Congreso Latinoamericano de Criminología, T. II, p. 297), la propia metódica, etc.
(13) Como luego se verá, nos guiamos fundamentalmente por el hecho por Mira y López en Los Fundamentos del Psicoanálisis, si
bien agregándole las opiniones de otros autores, así como las del propio Freud, que nos han parecido adecuadas para un libro de
Criminología y necesarias para una exposición al alcance de los estudiantes.
(14) Un resumen de ellos, en el t. II de las obras completas, art: Técnica del Psicoanálisis, donde se incluyen los métodos terapéuticos
que sirven para aclarar los de investigación, con los cuales se hallan estrechamente vinculados.
(15) Naturalmente, la Interpretación del simbolismo, allí donde esté se supone, está de acuerdo con las doctrinas desde cuyo punto de
vista el sueño es investigado. Los ejemplos que citamos corresponden a la interpretación freudiana.
(16) No quiere decir esto, que todo detalle es de Índole sexual; pero si lo es el fondo del deseo. Eso se relaciona con la concepción
amplísima que Freud tiene de la libido sexualis, de que luego hablaremos.
(17) La bibliografía a este respecto merece ser citada, aunque sólo fuera de las obras escritas por Freud, donde se encontrarán más
detalles; véanse; en el t. II de las obras completas, el art. Introducción al Estudio de los Sueños; en el t. IV: Los actos fallidos y los
sueños; y, principalmente los tomos VI y VII sobre La Interpretación de los Sueños, para no citar otros casos clínicos o las obras
literarias analizadas.
La simple exposición de los métodos, especialmente ante alum-nos que por primera vez toman contacto con el psicoanálisis,
suele dejar en ellos más confusión que claridad, cuando no se citan casos concretos. Eso es particularmente verdadero en el
campo del freudismo que, en muchos conceptos, pone cabeza arriba las ideas que traía el bachiller. Por eso me voy a permitir
reproducir un caso, analizado por Mira y López y contenido en las pp. 67-71 de su otea Los Fundamentos del Psicoanálisis: el
ejemplo tiene la ventaja de mostrar cómo pueden colaborarse los distintos métodos para complementar al de la interpretación de
los sueños.
El caso es narrado así:

Sueño N° 5. (Observación personal). Este sueño pertenece a un enfermo de 48 años, comerciante, que presenta una psiconeurosis de tipo
neurasténico-hipocondriaco, desde hace dos años, y se queja principalmente de crisis abdominales, durante las cuales se siente morir y hace
llamar al cura. Estas crisis se presentan preferentemente cuando, por cualquier causa, se encuentra solo o tiene modo de encontrarse.

598
Contenido manifiesto. "Se encuentra solo en medio de un desierto y con, gran sorpresa constata que esta soledad le es agradable. Tiene un
perro muy inteligente y simpático, el cual ejecuta con precisión y rapidez sus órdenes. En el momento del sueño, el perro se dedica a llevarle
la comida, muy bien envuelta. El sujeto tiene ganas, -cosa rara- y desenvuelve en seguida uno de los paquetes de comida: en uno de ellos, ve
una cajita de foie gras Clignard (hace muchos años que no lo come) y se precipita a abrirla, pero se hace una herida en la mano, con la lata
de la tapadera, y el perro le lame la sangre". El sujeto se despierta preocupado por un sueño "tan extraño" y se encuentra al mismo tiempo
decepcionado, de ver que ni en sueños puede llegar a satisfacer sus deseos.

Psicoanálisis. Para completar los datos espontáneamente dados por el sujeto, y que acabamos de transcribir, le planteamos un gran número
de preguntas, algunas de las cuales provocan de su parte, respuestas que nos interesa conocer: - ¿Por qué dice que el perro del sueño era
muy inteligente y simpático? - Porque lo veía moverse con una gran seguridad y gracia, cumpliendo mis órdenes; porque sus ojos me miraban
con una gran expresión de inteligencia, y porque, no lo sé, me lo parecía. - Si Ud. se hubiera encontrado realmente en la situación soñada y le
dejasen escoger entre la compañía del perro y la de alguna otra persona, ¿cuál escogerla? - No sé qué decirle; quizá prefiera la del perro. -
¿Por qué? - Porque el perro es un ser fiel y noble. Las personas -con perdón sea dicho- a veces no lo son, - ¿Tiene resentimientos especiales
contra alguna persona que no se haya comportado debidamente con Ud.? - Mb, esto no; pero he visto tantos desagradecimientos, he tenido
tintos desengaños. - ¿Qué le recuerda el foie gras Clignard? - Mi feliz juventud. Siempre he sido aficionado a comer bien y cuando estaba en
X ... solía cenar con unos cuantos amigos en el restaurante N ..., donde nos servían esta exquisita marca de foie eras, verdaderamente
requiatmo. - ¿Cuándo ha comido por última vez este foie gras y con quién? - No lo recuerdo. Esto es muy difícil de recordar. - Seguramente lo
habrá hecho en compañía de una señorita o señora... - Sí, es verdad; con dos: una vieja y otra Joven. - ¿Cómo se llamaba la joven? - Dígame
todas las palabras que se le ocurra a partir de la palabra desierto. - Desierto, soledad, felicidad, tranquilidad, huida del mundo, egoísmos,
pasiones, corruptelas, engaños, traiciones, dolores, padecer, salud, sol, aire. luz. pureza, regeneración, vida. Muerte, amor, fracasado ... -
Dígame todas las palabras que se le acudan después de perro. - Perro, animal noble, inteligente, fiel, carifioeo, simpático, perro de caza,
compañía, excursiones, campo, montañas, bosques, maclas. Casa Pepe, Casa Roque. Casa Pipa, Casa Pedrito del Grano, María, su padre,
esposo, hijos ... escuela. - Dígame todo lo que se le ocurra de las palabras foie gras. - Foie gras, champagne Pommery, alegría, barullo, quién
pueda hacer, cenas, intimidad, Pilar, mala, asco, peor parn ella, mal corazón, Jesús, María, querida, estimación sincera, promesa, feliz.

Del resultado de esta prueba se desprende que el enfermo ha te-nido diversos desengaños en su vida, y uno de los que mis le debe molestar
es el fracaso de sus amores. Estos parecen haberse concentrado, al menos, en dos personas: Pilar y María. La primera imagen se nos
aparece en medio de uno de los recuerdos de juergas y es juzgada severamente por el soñador. En cambio, la imagen de María es evocada
en un ambiente rural, y provoca manifestaciones de ternura en el sujeto; no obstante, llevado por el libre juego de las asociaciones éste nos
informa que dicha María es casada y tiene padre, marido e hijos. Podemos ya entrever, por tanto, el conflicto en que se encuentra el soñador:
decepcionado de unos amores fáciles (que le han resultado contraproducentes), se ha enamorado de una mujer (Marta) imposible de
conseguir por la situación familiar en que se encuentra.

En el sueño realiza su deseo de huir del mundo que le impide la libre posesión del objeto de su amor. Lo vemos en el desierto con el; no
pudiente, sin embargo, expresarse esta tendencia con toda crudeza, ha acudido al proceso de simbolización y ha sustituido ia imagen de su
querida por la del perro (objeto de su preferencia en la finca), atribuyendo a éste las cualidades morales de simpatía, fidelidad, nobleza y
estimación dé su querida, sin olvidar tampoco su gran inteligencia (a juicio del sujeto). El amor que todavía conserva por su anterior querida
(Pilar) se encuentra compensado por el sentimiento de su dignidad y del amor propio herido, que le hace temer un nuevo daño si lo volviese a
revivir. Esta situación afectiva se ha simbolizado igual-mente de un modo perfecto en el sueño, mediante la herida que le predttce la abertura
de la caja de 'foie gras'. (Por razones que ahora no podemos entretenernos en exponer, dicha abertura expresa simbólicamente, el coito
realizado con su ex-amante). Recuérdese que el Sueño termina acudiendo el perro (María) solícitamente, a lamer la sangre de la herida.
Concretamente expresada, por consiguiente, la intención onírica puede resumirse aíi: "El enfermo sería feliz si consiguiera vivir con su actual
querida, lejos de las críticas del mundo. Si por azar pensara en su anterior amor, ella sabría consolarlo del dolor que este recuerdo le
produciría "(Nota: Posteriormente el enfermo, ya curado, nos dio otra explicación de esta escena final de su sueño: Gomo sea que su ex-
amiga lo había engañado con un hombre perdido, tenía miedo de haber contraído un mal feo con su contacto. La sangre que le produjo la
abertura de la tapadera de la caja simbólica esta idea).

No podemos explicar ahora las razones que han determinado que fuese escogida precisamente la imagen del perro como símbolo, de la
persona querida; esto nos llevaría demasiado lejos. Pero, hemos de decir que este sueño nos ha mostrado claramente la intención de la
neurosis: el miedo de quedarse solo que el paciente tenía, era en realidad un mecanismo defensivo contra la tendencia intensa de su
subconsciente que lo impulsaba a huir con la mujer que adoraba, aun a sabiendas del daño moral que esta acción provocaría".

(18) Al respecto, léase el T. I de las obras completas, titulado Psicopatología de la Vida Diaria. Allí se verá que la expresión "actos
fallidos" puede interpretarse en un sentido amplio, como equivalente de actos sintomáticos en general (así lo toma Mira y López) o
como designante de una especie entre ellos.
(19) V: oh. cft, pp. 72-73.
(20) Véase, al respecto, principalmente, el t. III de las obras completas: El Chiste y su relación con lo Inconsciente. Melanie Klein, en su
obra citada, para psicoanalizar a los niños, interpreta sus juegos considerando que ellos tienen muchos de los caracteres del
sueño y se asemejan a los actos que acabamos de detallar.
(21) Preferimos la expresión "desplazamiento afectivo" a la de "transferencia afectiva" que utiliza Mira y López -pese a que seguimos
en mucho el resumen sistemático por este autor efectuado-, porque la palabra "transferencia" tiene, en psicoanálisis, un
significado muy propio, sirviendo para designar los lazos afectivos que se crean entre paciente y analista durante el tratamiento.
(22) Naturalmente, nos referimos sólo a lo propio del YO porque, en la total economía anímica, es evidente que éste no es sino un
mecanismo protector y acomodador del ELLO, a quien impide choques mortales y para el cual busca y halla medios de
acomodación al medio ambiente. El YO es como la delgada capa petrificada en la lava de un volcán, que está, visible y superficial,
como el límite entre la atmósfera exterior y la lava tendida interior que le sirve de fundamento, que hierve y se mueve, aunque no
lo note el observador que está fuera. V: El Yo y Ello, en el t. IX de las obras completas.
Así como el dominio del volcán está condicionado a que quienes lo estudian conozcan de él algo más que la costra superficial, así
el dominio de la persona total depende de que la mayor parte de lo inconsciente sea tornado consciente. Que es la tarea
fundamental del psicoanálisis: hacer que cada uno conozca y domine su inconsciente.
(23) El psicoanálisis ha hecho de cada uno de los caracteres de la defecación y de los caracteres de las materias expulsadas toda una
gran fuente de inspiración para explicar múltiples calidades humanas. Véanse al respecto, en las obras completas de Freud, las
páginas del t. XIII en que trata del erotismo anal.
(24) Sobre estos aspectos es fundamental el ensayo: Teorías Sexuales Infantiles, incluido en el t. XIII de las obras completas.
(25) De donde resulta clara la relación entre narcicismo y esquizo timia. V: Introducción al Narcisismo, t. XIV de las obras completas.
(26) Es preciso que el lector distinga este concepto de homosexualidad, latu sensu, de la anormalidad que merece ese mismo nombre,
strictu sensu.
(27) Se habla de complejo de Electra, cuando es la niña la que desea a su padre y odia a su madre; en las líneas que siguen sólo se
detallará la evolución del complejo de Edipo; la evolución del de Electra puede deducirse fácilmente.

599
(28) Freud acepta la teoría evolucionista, según la cual la ontogenia es un resumen de la filogenia; por eso admite que, en la evolución
de la humanidad, los primeros delitos fueron los de parricidio y de incesto; las normas morales primitivas tienden a evitar
fundamentalmente tales crímenes. V: Tótem y Tabú, en el t. Vin de las obras completas.
En el individuo, el complejo puede ser liquidado de manera casi perfecta; o puede seguir operando continuamente, de manera que
cause irregularidades, porque fue defectuosamente reprimido.
(29) Naturalmente, esta consecuencia puede enunciarse de otra manera; diciendo que la educación, las influencias sociales, son la
explicación de todas las neurosis. Aquí no hay contradicción. En efecto, son las influencias sociales las que imponen al SU- PER-
YO e imponen formas de vida y manifestaciones distintas según el periodo de la existencia en que cada uno se encuentra. No
habría choque si no hubiera dos elementos contrapuestos. Podemos fijarnos principalmente en uno u otro, sin que. como se ve,
haya contradicción; las afirmaciones de que la neurosis proviene de fijación o regresión, o de las influencias sociales, no se
excluyen, sino que se complementan.
(30) Para una exposición detallada, en que se ve asomar este principio en cada uno de los temas tratados, véase la ob. cit. de Kar en
Horney.
(31) V: ese ensayo en las pp. 160-162 del t. XVTII de las obras completas.
(32) Naturalmente, él es el principal, pues servirá de base a los demás aspectos penales.
(33) "La tendencia de Lombroso y su escuela de hallar una delimitación exacta entre el delincuente y el hombre sano, nace del deseo
narcisista del sabio de diferenciarse a sí mismo y a sus prójimos normales de los criminales, como de una raza distinta que puede
reconocerse con facilidad por sus características corporales"; Alexander y Staub, ob. cit., pp. 43-44.
(34) Ibídem, pp. 44-45.
(35) V: ob. cit., pp. 43-76, 90-145 y, principalmente, 146-152. Esa clasificación es seguida de manera general; véasela, por ejemplo, en
Jiménez de Asúa. pp. 57-75 de su ob. cit.
(36) O si esta conducta externa existe, es distinta a la intención primitiva, es un síntoma de ella, y no tiene su carácter delictivo.
(37) Como hacen notar Alexander y Staub, en ciertos casos de intoxicación hay que tener cuidado al clasificar, porque la causa de ella
puede ser una alteración neurótica; entonces el delincuente deberá ser incluido en el acápite siguiente.
(38) V: obras completas. Psicoanálisis, t. V. pp. 17-26.
(39) En la teoría psicoanalítica, para el adulto, el estado, los gobernantes, la justicia, hacen las veces de padre. De modo que el
ataque a aquéllos equivale a atacar a éste. O sea que, en el delincuente político, habrá que ver un individuo con un complejo de
Edipo mal liquidado.
(40) Naturalmente, el delito cometido tendrá que ser más leve que aquél por el cual realmente se
obra. (41) V: Ob. cit., pp. 75-78.
(42) Véanse, al respecto, los casos incluidos en el propio libro de Alexander y Staub, en el de Alexander y Healy, así como los
numerosos resúmenes contenidos en el de Jiménez de Asúa. Otros varios ejemplos, y de primer orden, de psicoanálisis aplicado
al estudio de la delincuencia juvenil, en el libro citado de Kate Friedlander.
(43) Ya se sabe que la superficie consciente de la psique ha sido tomada en cuenta por el psicoanálisis; pero lo típico en él es el
estudio de lo inconsciente. Es posible distinguir diversos estratos, cada vez más diversificados, en la psique humana y con
relación a los cuales es difícil encontrar unánime asentimiento en los especialistas. Para dar desde ahora una idea de la
diversidad de estratos, es aceptable la siguiente clasificación de Tramontín (ob. ctt., pp. 128-129), la que tiene la ventaja de
sintetizar las concepciones de Adler, Freud y Jung:
1.- Lo consciente.
2.- Lo preconsciente, que puede tornar a la conciencia, presentándose en ella de manera lógica.
3.- Lo subconsciente, conjunto de procesos afectivos "estructurados de acuerdo al pensamiento primitivo infantil" es decir dentro de
las normas señaladas por el pensamiento mágico y no el lógico.
4.- Lo inconsciente individual, resultante de la experiencia personal de cada uno.
5.- Lo insconsciente heredado, llamado inconsciente colectivo por Jung, que contiene todo lo que tiene esta calidad, pero depende
no de las experiencias individuales, sino de lo que es común a toda la especie humana, o a ciertos grupos raciales, nacionales o
locales.
(44) Las críticas y posiciones de Jung y Adler se darán en el capituló siguiente; aquí nos referimos a otros autores, como se verá.
(45) V: Criminología, p. 82.
(46) V: Actas del Segando Congreso Latino-Americano de Criminología, H, pp. 291-317.
(47) Ambos trozos, citados por Laburu en Anormalidades del Carácter, p. 119. Desgraciadamente tales críticas pueden aplicarse a
muchos seguidores de Freud, más que a éste mismo. Véase, por ejemplo, la obra citada de Camargo y Marín, donde al lado de
aciertos, se incluyen problemas como el del sueño profético, las relaciones de algunos descubrimientos freudianos en el sentido
del Karma hindú, el análisis de obras literarias de quinto orden, todos los cuales más bien crean confusión que claridad, más bien
disminuyen el volumen de la teoría que lo amplían.
(48) Ob. cít., p. 107.
(49) V: Estados de psicología y Direito Penal, pp. 5 17.
(50) Psiquiatría, p. 267. Subrayado en el original.
(51) El propio Mira y López ofrece un apretado resumen de las críticas hechas al psicoanálisis en su Manual de Psicoterapia, pp. 135
137.
(52) Précis, pp. 12-16.
(53) V: Psychodyinamics oí Abnormál Behavior, pp. 241-248.
(54) V: Conceptos y Problemas de Psicoterapia, pp. 4-5.
(55) Supongamos el caso de Alien; para este autor, que rechaza la teoría del complejo de Edipo, el tabú del incesto y las tensiones
familiares pueden explicarse muy bien como simple consecuencia del ansia de conservar la especialización de cada uno en la
familia y del deseo de autoafirmarse. V: Psicoterapia Infantil, pp. 20-39. V. también: London, Libido and Difusión.
(56) Para estas cifras, en detalle, véase Vaz Ferreira, ob. Cit., pp. 75-85.
(57) V: fbídem, loe. cit.
(58) V: El Nuevo Psicoanálisis, pp. 16-21, 27, 28, etc. Pero puede leerse toda la obra consumo provecho, pues se trata de un estudio
critico detallado acerca de los principios esenciales del freudismo: sueños, libido, instintos tánicos - destructores complejo de
Edipo, fases de evolución de la libido, origen de las neurosis, etc.; durante páginas y páginas se maneja un apreciable conjunto de
hechos y razones para rechazar esas fundamentales concepciones freudianas.
(59) Véase un buen resumen de las objeciones, en las pp. 249-260 de la ob. cit., de Jiménez de Asúa. En las que luego se dan como
las más importantes se ha tomado también en cuenta la opinión de Vaz Ferreira, ob. dt., p. 90.
(60) El problema no es resuelto por la propuesta hecha por Alexander y Staub en sentido de que la responsabilidad se determine
tomando en cuenta la participación del YO en cada caso; véase, al respecto la obra citada de esos autores, pp. 77-103.
(61) Quizá pudiera darse un dictamen provisional rápido utilizando el método de las asociaciones determinadas de Jung. Véase Vaz
Ferreira ob. cit., pp. 18-25.
(62) A este respecto contiene muchos datos aprovechables, aun por los adversarios del psicoanálisis, la obra citada de Friedlander a lo
largo de todas sus páginas, pero especialmente en el capítulo sobre factores ambientales de la delincuencia, pp. 137-154.

600
CAPITULO X
ADLER Y JUNO

1.- LOS HETERODOXOS. El movimiento de psicología profunda iniciado por


Freud, se extendió por todo el mundo en breve tiempo; nacieron así sociedades de
psicoanalistas y los discípulos distinguidos se congregaron en gran número
alrededor del maestro.

Sin embargo, pronto surgieron discrepancias entre ellos y se hicieron evidentes


las urgencias de complementar o rectificar las primitivas enseñanzas.

Así se presentaron dos corrientes; la de los ortodoxos y la de los heterodoxos. Los


primeros seguían fielmente las enseñanzas freudianas, limitándose a extenderlas
a campos no tocados por el fundador o a ampliarlas o rectificarlas en algunos
nuntos que dejaban, empero, intocados los principios fundamentales. Los
segundos, en cambio, alteraban profundamente las concepciones de Freud y, si
bien conservaban algunos hallazgos, princinalmentc metódicos, los interpretaban
de manera totalmente revolucionaria, hasta el extremo de haber dado lugar a la
aparición de nuevas escuelas, con sus dogmas y sacerdotes propios.

Los mejores heterodoxos salieron, confirmando así un hecho común en la historia,


de los círculos más próximos al maestro, de entre sus discípulos más
aprovechados y distinguidos. Rank, por ejemplo, trató de fundar toda explicación
en el trauma del nacimiento. Adler, en el instinto o voluntad de podar. Jung, en una
psicología compleja que se relacionaba con su vida de hijo de un pastor. Y esto
para no citar sino a las personalidades más importantes.

En cuanto toca al psicoanálisis heterodoxo, es unánime el consenso en sentido de


que los herejes; más ilustres han sido Adler y fang. Sin embargo, se puede decir
que sólo el primero de los recién nombrados tiene gran importancia para la
Criminología, siendo limitada la contribución del segundo, como luero veremos;
esto sin prejuzgar acerca de la solidez y amplitud de los sistemas totales erigidos
por cada uno, campo en el cual es nosible que fung supere a Adler.

601
2.- INTRODUCCIÓN AL SISTEMA DE ADLER. Las enseñanzas de Adler han sido
designadas por él mismo con el nombre de Psicología Individual; este nombre
sería mal interpre-tado si se entendiera como un intento de resaltar, desde un
comienzo, que el motor de todos los procesos es el individuo, entendido como
opuesto a la sociedad o como independiente de ella (1).

Por el contrario, se ha dicho y repetido qué la psicología de Adler es la más


socializada, más aún que la de Freud, en cuanto a poner énfasis en las influencias
ambientales y la relación de dependencia hacia ellas en que se encuentra la
perdona humana.

Si tomamos una explicación acerca de lo que significa la voz "individuo",


podremos aproximarnos a la razón que se tuvo para elegirla. Individuo es lo que
no se halla dividido; yendo más allá podríamos decir que es lo que no puede
dividirse sin perder su naturaleza; individuo es un ser en el cual el todo depende
de las partes y éstas de aquél (2).

Porque cada persona es un individuo, at estudiarlo no puede separársela en


partes autónomas; éstas no son independientes, sino que integran un todo. Y eso
no sólo sucede en un momento dado en que toda la personalidad se coordina,
sino a lo largo del tiempo: por eso el pasado pervive en nosotros, no queda definí
tivamente ahogado, sino que influye en nuestro presente e influirá en nuestro
futuro; no es posible hacer cortes. De donde deriva la enorme importancia que hay
que reconocer a las vivencias y hábitos infantiles; como que el estilo de vida, la
forma en que reaccionamos frente a ella y al mundo, queda definitivamente
asentado en sus rasgos generales, durante los cuatro o cinco primeros años de
vida (3).

En esa vida, hay una serie de sucesos que una tentativa fallida de Freud el
quererlos poner en plena luz apelando a un deterninismo cerrado. Ese
deterninismo sólo muestra las causas eficientes; pero no son ellas las únicas que
actúan en el hombre; por el contrario, ésta obra en mira a ciertas finalidades, oue
lo conducen y orientan, a las causas eficientes. Adler opone así el finalismo al
causalismo (4). "Nuestra Psicología del Individuo se coloca decididamente en el

602
terreno de la evolución -dice Adler-... y a la luz de la misma, considera todo anhelo
humano como uní tendencia

603
hacia la perfección" (5). Eso significa que no basta explicar: preciso es captar el
todo, fin y explicación, objetivo y me-dios, metas y caminos, es decir, es preciso
"comprender", lo que rebasa los límites de la mera explicación (6).

Lo anterior, según puede fácilmente deducirse, apunta en gran ihedida contra


Freud. En efecto, Adler hace notar que el fundador del psicoanálisis tiene una
ingenua confianza en la exactitud de las leyes naturales y en la facilidad para
descubrirlas, con lo cual no hace sino seguir el espíritu reinante en el siglo XIX;
pero el creador de la psicología individual señala, con razón, que ese optimismo
en la capacidad humana, ha sido abandonado por ia ciencia moderna la que va no
cree en leyes científicas umver-salmente válidas, sino que se apoya en la mera
probabilidad; a este probabilismo explicativo se adhiere Adler (7).

En realidad, este autor ataca así, sucesivamente, todos los puntos fundamentales
del freudismo. Por ejemplo, su sexualismo predominante. Adler no desconoce la
importancia de éste, pera no le asigna el puesto de honor. "El intento de enlazar
todas las formas de la conducta humana con la sexualidad, no representa más
que una exageración de determinada clase de semejanzas" (8).

Ya de ello resulta, de modo natural, una condena acerca de la distinción entre


consciente e inconsciente y también acerca de la naturaleza de éstos (9).

En cuanto al complejo de Edipo, es rechazado totalmente "... el pretendido


complejo de Edipo no es un fenómeno "básico", sino más bien un producto
artificial y perjudicial de las madres que miman a sus hijos" (10). "Lo que Freud ha
llamado el "Complejo de Edipo", considerándolo como el fundamento natural del
desarrollo anímico, no es otra cosa sino una de las múltiples formas de
manifestación en la vida de un niño mimado, quien es el juguete, desprovisto de
resistencia, de sus deseos sobreexcitados" (11). Es evidente aue los sueños y
otras manifestaciones de algunos adultos, ponen de manifiesto deseos
incestuosos; pero ello no se debe a la persistencia del supuesto complejo de
Edipo, sino a que tal individuo, de niño, fue mimado por su madre, con la cual
anhela confundirse y a la cual vuelve como un refugio cuando, como efecto de una
educación débil que no le ha enseñado a vencer debidamente al mundo, huye de

604
éste y busca un refugio seguro.

605
Pese a estas críticas, la de Adler sigue siendo una psicología profunda; en la
investigación utiliza muchos de los métodos preconizados por Freud, sobre todo el
análisis de los sueños; pero, rechaza el simbolismo que aquél les da y más bien
los considera como un medio para lograr el objetivo de la superioridad, pres-
cindiendo de los cauces trazados por el sentido común (12); el sexuaiismo no es
llave pata comprenderlos. Los mecanismos oníri-cos son una ayuda, peto no en el
sentido que Frcud les da (13).

Hay aue dar toda la Importancia'que tiene una otra critica de Adler a Freud; segfin
aquél, éste último es censurable por haber dejado de lado la concepción científica
del conocimiento, adop-tando en c ño una visión mágica, mejor aún, mitológica
con la cual se enfocan todos los problemas y que lleva a que uno se pierda en un
laberinto de "metáforas sexualizantes" (14).

Pero lo anterior no implica el desconocimiento de que el in-dividuo debe superar


graves problemas durante su vida. Por ti contrario, éstos existen y tienen
fundamental importancia. Según Adler, los problemas que el hombre tiene que
resolver pueden resumirse alrededor de estos tres: el del YO y el TU (socius, pro-
blema de la sociedad), el del trabajo o profesión y el del amor.

Las tres cuestiones se hallan estrechamente enlazadas entre sí de niodo que una
falla en una solución, dificulta el hallarla en los otros dos camnos. (15). Esa falla se
traducirá en dificultades para vivir normalmente. Pero esto ya nos lleva a otro
tema.

3.- LA VOLUNTAD DE PODER. EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD. LAS


COMPENSACIONES. El individuo se forja ideales de perfección forzosamente;
quiere sobresalir, superarse y conseguir esos ideales. Y he ahí la fuerza impulsora
de la actividad psíquica: la voluntad de poder, el deseo de vencer que lo lleva a
obrar. Ser hombre quiere decir anhelar la superación, la perfección, la seguridad
(16). No se trata, pues, de una fuerza ciega, sino que tiene objetivos. Por eso
Adler dice:

"La superación es, la ley fundamental de la vida" (17) Cuerpo y alma se adaptan a
esa tarea para poder pervivir y también -carácter esencial- para poder convivir, ya
606
que el hombre no es un ser aislado sino que está ya colocado desde un comienzo
en una sociedad.

Es de recordar que, si bien con algunas variantes y, sobre todo, sin este carácter
tan fundamental, la fuerza de vencer, la voluntad de poder, son admitidas por
todas las escuelas psicológicas, generalmente bajo los'nombres de instinto de
prestigio, de dominio, de lucha, etc.

Pero siempre hay distancia entre el ideal que nos forjamos y deseamos alcanzar y
la capacidad real para alcanzarlo. De la tensión existente entre el ideal que llama y
la voluntad de poder, surge la acción para llegar a aquél. Muchas veces el
resultado es el fracaso; el individuo se sabe, entonces, inferior a su situación; y
más que saberse, se siente; de ahí procede el llamado sentimiento de inferioridad,
uno de los motores del progreso humano.

Este último podría parecer contradictorio; pero no es así, para Adler. En efecto, al
lado del sentimiento de inferioridad, co-mo su fundamento, sigue persistiendo la
tendencia hacia el poder y la superación. El que se siente inferior, por eso,
prosigue la lucha para alcanzar su objetivo, por superarse, por adaptarse,
adecuarse a él, buscando nuevas sendas para ello. Así, el sentimiento de
inferioridad se convierte en el principio de la superación. El saberse y sentirse
menos empuja a ser más (18). Y esto no sólo es verdadero en cada hombre, a
quien el sentimiento de inferioridad no deja nunca tranquilo (19), sino en toda la
historia de la humanidad; si ésta ha progresado, lo ha hecho porque se sintió
inferior a sus ideales y siguió pugnando por alcanzarlos (20).

Esta tendencia a la superación busca su objetivo en el mundo circundante, al que


trata de dominar. Y eso desde la más temprana edad (21). Desde niño, cada uno
se forja ideales, un sentido de la vida que le sirve de carril por el cual discurrirá su
actuación a lo largo de su existencia. Logrado un objetivo, se propone en seguida
otro; cada ideal realizado es un peldaño que posibilita el pensar en otro superior;
de donde el progreso resulta continuo, siempre entre los extremos de ansia de
poder y sentimiento de inferioridad. "Mientras el individuo no cesa de compararse
con la

607
perfección ideal inasequible, se halla poseído e impulsado por un sentimiento de
inferioridad" (22).

Pero si el centro de investigación ha de ser la conducta del individuo, con sus


fuerzas y fines, y si la psicología individual quiere lograr éxito en esa investigación,
resulta que tendencia de superación, sentimiento de inferioridad y sentimiento de
comunidad, del cual hablaremos dentro de poco, son los pilares de la nueva
escuela (23).

El sentimiento de inferioridad, ñor tanto, impulsa hacia la perfección. Pero ésta no


siempre es concebida de la manera moralmente más alta. Ya sabemos que hay
ladrones que se empeñan en destacarse y perfeccionarse en su arte y, logrado un
buen éxito, se enorgullecen de él. Esta comprobación tiene que llevarnos a otros
puntos señalados por Adler.

En primer lugar, puede darse el caso de que el sentimiento de inferioridad sea tan
prolongado, tan invencible, que se con-vierta en un complejo de inferioridad. "El
complejo de inferioridad... es el fenómeno constante de las consecuencias del
sentimiento de inferioridad y de su mantenimiento forzado (y) se explica por una
acentuada carencia del sentimiento de comunidad" (24). Aquí, por tanto, va no se
trata de un sentimiento aislado, sino de un conjunto entrelazado de ellos (es un
complejo), que radica en fracasos continuos y que, generalmente, obedece a
causas per-sistentes. El individuo no marcha adelante como en los casos arriba
mencionados, sino que se crea una forma de vida, un estilo personal que busca
salidas indebidas.

Entre las causas del complejo están, por ejemplo, la inferioridad física: la carencia
o deformidad de órganos, la debilidad de los mismos, el ser radicalmente distinto
(negro entre rubios, o viceversa, demasiado alto o gordo, etc.), el ser zurdo (25),
miope, sordo o duro de oído, etc. (26). Inclusive el ser demasiado bonito, porque
suele provocar mimos.

También hay que tomar en cuenta las condiciones sociales y económicas. Cuando
ellas son extremadamente duras fracasan inclusive los que hubieran tenido una

608
exitosa adaptación en circunstancias normales. Un caso ejemplar a este respecto,
lo consti-tuye la situación de la mujer; gran parte de la historia nos muestra, dice
Adler, cómo la mujer ha sido subaltemizada, esclavizada, hecha dependiente; esa
situación ocasiona la denominada protesta viril (27) cuyas consecuencias se ven
én muchas neurosis feme ninas; ello deriva de que aún hoy suele existir una
acentuada preferencia por los hijos varones, los que gozan de mavores libertades
y, en general, de mayores derechos desde temprana edad.

Adler ha insistido en la fundamental importancia que tiene la educación familiar; es


la familia la que primero forma al niño, la que le crea un ambiente para que forme
su estilo de vida. El eje es la madre, tanto si se comporta bien o mal, si enseña al
niño a atenerse en todo a ella, como si le dirige hacia la independencia y
autorresponsabilidad. El niño no formará una adecuadá idea del prójimo, del
respeto a sus derechos, si él mismo es odiado o despreciado o pospuesto, tanto
por ser feo, defectuoso, mujer, como por ser inesperado, ilegítimo, hijastro, etc.
Básicamente, pues, la madre, el hogar entero, contribuyen a crear complejos de
inferioridad e inadaptaciones sociales, tanto por el mimo como por el odio. El niño
mimado quiere ser siembre el centro en todo, tanto por su excelente como por su
pésima conducta; si no puede llama la atención por sus cualidades, que hará
usando el camino del mal: el caso es vencer, imponerse, llamar la atención, ser el
centro de la consideración ajena (28). Aquí es preciso incluir los mismos derivados
de las enfermedades infantiles, tan magníficamente aprovechadas por los niños
para convertirse en pequeños tiranos. En cuanto a La dureza disciplinaria, demás
exagerar su influencia en la deformación del carácter del niño, ya que éste, por su
propia condición, sé halla más próximo al fracaso, es más débil y precisa ser más
comprendido, cuidado y alentado. Mimados y castigados s sien tener la tendencia
a escapar del mundo real viviendo en un mundo de fantasías.

Adler ha profundizado también el estudio de la posición relativa que tienen los


hermanos. El hijo único es mimado, excesivamente cuidado, se cree el centro de
todo' y quiere conseguirlo todo sin esfuerzo o por caminos extraviados. El
primogénito o mayor, ocupa el centro de las preocupaciones hogareñas durante
un
609
tiempo, pero luego es destronado; si los padres carecen del necesario tino, surgen
graves dificultades cuando el niño se acostumbró al trono (tiene, por ejemplo, tres
años o más, si bien se han presentado problemas también en niños que tenían un
año cuando nació el siguiente); se presentan odios y deseos de muerte contra él
destronador. Situación similar se presenta si un hermano siguiente es, a su vez,
destronado por otro que nace luego (29). La hermana, ante los privilegios de los
varones, da muestras de la protesta viril (30). El hijo segundo se ve precedido por
otro; quiere superarlo, pero tropieza con dificultades naturales, sobre todo si no
hay gran distancia temporal; siente un ansia enorme de avanzar a toda velocidad
para descontar ventajas (31). Estos celos fraternos son difíciles de evitar,
principalmente cuando hay mimos y preferencias, reales o supuestos. Por fin, el
hijo menor es corrientemente mimado y tiene un gran deseo de superar a los
demás (32).

Por su lado, la escuela prosigue la tarea hogareña; recibe un niño que, oí cuanto a
lo esencial de su estilo de vida, viene ya formado; pero puede mejorar lo aue tiene
de bueno o contrarrestar, can oprtunas compensaciones, lo malo. Sobre todo debe
acrecentar el sentido de comunidad para que no aparezcan condiciones
favorables al complejo de inferioridad.

Por fin, fuera de la pobreza hogareña y de sus. injusticias, la mala organización


económica general, sus parcialidades y privilegios pueden formar también un
ambiente favorable al complejo de inferioridad.

Sentimiento y complejo de inferioridad no destruyen el ansia de superación, según


vimos, sino que la reavivan, buscan ser compensados por medio del éxito.

En elt caso de los sentimientos de inferioridad, ya sabemos que ellos impulsan a la


superación; sentirse inferior al ideal lleva a desearlo y buscarlo más. El pintor que
no está satisfecho con su obra, busca nerfeccionarla, pintando cada vez mejor,
aprendiendo y sacrificándose.

A veces, inclusive se da una sobrecompensación: una causa que pudo llevar


hasta el fracaso, hasta el complejo de inferioridad, es utilizada precisamente para
lograr el triunfo. Así, Demóstenes, que tenía graves defectos de pronunciación, se
610
convirtió

611
en el mejor orador ateniense; es frecuente encontrar entre los pintores a individuos
que tienen defectos visuales, a veces muy acentuados (34). Una mujer que se
sabe poco atractiva físicamente, desarrolla sus capacidades intelectuales o
sentimentales hasta destacarse entre las demás. El niño débil sigue un régimen
severo que lo convierte en un adulto fuerte y bello, etc., etc.

Como vemos, el hombre puede sacar provecho de todo y alcanzar su ideal, o


cambiarlo, pero quedando siempre en el terreno de lo socialmente loable.

Sin embargo, es evidente que no siempre se producen estas compensaciones


loables. Ya hemos visto el caso de quien, en un terreno apto para engendrar
compensaciones y aún sobrecompensaciones, desemboca en un complejo de
inferioridad. Otros casos son aún más claros. Por ejemplo, el de la mujer que.
sabiéndose fea, se inclina a la promiscuidad para sentirse amada v admirada; el
del niño tímido y miedoso que quiere demostrar valentía y hiere o tiraniza a sus
compañeros, asalta un banco para demostrar su valor o es el ejemplo de todos los
vicios. En estos casos, hay también el deseo de sobresalir: peí se sobresale en lo
indebido, en lo desagradable y lo antisocial (35).

¿Por qué ate diferencia entre los que compensan bien y los que no compensan o
lo hauen mal? Porque los primeros poseen sentimiento de comunidad y los
segundos no. A este sentimiento lo hemos citado ya en las páginas anteriores,
ahora vamos a explicar en qué consiste, según Adler.

4.- EL SENTIMIENTO DE COMUNIDAD. Decíamos antes que el hombre no es un


ser aislado sino que vive dentro de una sociedad, ea conexión con sus
semejantes, teniendo que adecuarle a la comunidad. Para tostarlo, cuenta con un
sentimiento de comunidad, formado durante su vida, especialmente en los
primeros años y a cuyo impulso escoge como compensaciones o sobre
compensaciones modos de conducta que están de acuerdo con los intereses e
ideales sociales. El hombre busca esa adecuación, se ve impulsado por ella y así
se supera, sabiendo que sus derechos terminan donde comienza los ajenos (36).

612
Ahora bien: átonas circunstancias -las que hemos mencionado antes- pueden
hacer que él niño, primero, y, luego, el adulto no forme un cabal sentimiento de
comunidad; que éste sea anormal por no estar completamente desarrollado o por
haberse desarrollado en una dirección equivocada. Entonces sobreviene la ini
aptación: neurosis, degeneración, criminalidad (37).

El problema de la comunidad es planteado originalmente para el niño en sus


relaciones con la madre que es el primer "tú" con el cual le toca enfrentarse. Es,
pues, en el seno del hogar donde se plantean tos conflictos iniciales por el dominio
o por la cooperación.

El ambiente familiar, luego el escolar y, por fin, la sociedad entera, deben


contribuir a que se forme un recto sentimiento de comunidad.

Ambientes hostiles, con ideales distintos a los corrientes -hogar criminal, pandilla
delincuente, por ejemplo- logran una adecuación a sí mismas; lo, en resumidas
cuentas, significa una preparación que llevará al choque con los ideales de la
socie- dad normal. Por eso, un diagnóstico tiene que hacerse no sólo en el estudio
de la psicología, sino también de la sociología; y lo que se dice del diagnóstico
puede también afirmarse de cualquier conocimiento teórico del individuo; o de las
aplicaciones cute nodrán hacerse en el seno del hogar, en la escuela, el grupo de
trabajo, etc.

Sin embargo, hay que aclarar que la sociedad hacia la cual uno tiende, que busca
como meta de las propias actividades y a la cual desea adecuarse no es una
sociedad real sino ideal. No existe en la realidad, sino que es un objetivo
meramente pensado; sociedad perfecta, por lo menos carente de las
imperfecciones de las sociedades de este mundo. Evidentemente, con eso se
abandona el campo estrictamente empírico para entrar en otro ajeno. Adler lo
reconoce, pero, con gran consecuencia consigo mismo, afirma que eso es
necesario siempre (38).

5.- LAS ANORMALIDADES MENTALES. Los primaros trabajos de Adler versaren


acerca de las anormalidades físicas. Pudo comprobar que, si ellas existen, el
óreano afectado funciona de tal manera que busca corregir la nroDia deficiencia,
613
trata de

614
compensarla. Lo mismo sucede en el organismo entero cuando una de sus partes
falla. Y a esta verdad no obsta el hecho de que a veces la compensación sea
imposible y conduzca a una nueva debilidad sobre todo, en este último caso,
porque la compensación supone consumo de una especial energía nerviosa (39).

El paso a la anormalidad mental ya podemos apuntarlo a partir del estudio de las


físicas, pues éstas pueden atraer la atención ajena o la propia, facilitando el
camino a reacciones hipocondríacas. El individuo se siente deficiente, inferior a
otros; la realidad le resulta ingrata. Por eso, busca introducirse en un mundo de
fantasías que le sirven, al mismo tiempo, de refugio y de mecanismo de seguridad.
En este reino interno se puede obtener lo que la realidad externa niega.

Pero es preciso distinguir entre las distintas personalidades que buscan huir del
mundo.

En un extremo, tenemos al degenerado que ha roto todo contacto con el mundo


externo y que vive exclusivamente en la propia fantasía: los posibles triunfos
reales no le llaman la atención; como uoa crisálida, se encierra en el capullo que
ha fabricado. En el otro extremo, se halla muchas veces el genio, mortificado por
el ambiente, sufriendo en él y que, por eso, se desprende del mismo; pero su
fantasía le sirve para adentrarse a su tiempo, para beneficiar con inventos,
descubrimientos científicos o creaciones artísticas, a la humanidad; se puede decir
que el genio sublima a la realidad, no que se desprende de ella totalmente. En
medio, se halla el neurótico que quiere huir del mundo por medio de la fantasia
pero que también pretende triunfar realmente en él; para ello se crea una serie de
reacciones sintomáticas que le permiten flotar entre dos, aguas, salvándose en
algo de las agresiones externas, pero sufriendo y haciendo sufrir por ejemplo, así
oora el que, deseoso de atraer la atención de sus parientes y no lográndolo por
medios socialmente aceptables, presenta graves apariencias de enfermedad que
preocupan a sus familiares, los ata a su lecho de enfermo y le permiten convertirse
en un tirano v dar rienda suelta a su ansia de dominio: los desmayos, los ataques,
los estertores neuróticos se convierten así en arma secreta, causa de muchos
triunfos. El neurótico, pues, no pertenece totalmente al mundo real.

615
Lo primero que se comorueba en los neuróticos es que son hipersensibles y que
este rasgo es "expresión del sentimiento de inferioridad" (41); luego, la
impaciencia que, sumada a la hipersensibilidad, desemboca naturalmente en
hipereootividad que busca seguridad y superación. Pero el neurótico vacila ante
los grandes problemas de la vida; se retira permanentemente ante ellos por-que
cree que, de ese tnodo, sufrirá, sí, pero menos que si los enfrentara y fracasara;
así, oculta su falta de valor. Por tanto, la neurosis es "un intento de evitar un
peligro mayor, un intento de mantener a toda costa la apariencia por lo menos de
que uno no deja de poseer valor y de que se halla dispuesto a pagar todo lo que
esto cuesta -¡oh dolor!-
, sin abandonar por eso el deseo de alcanzar este objetivo sin pagar el costo" (42).
El neurótico es una persona que, por falta de sentimiento de comunidad, se halla
mal preparada para resolver los problemas de la vida, problemas que muchas
veces se originan en la nropia personalidad del neurótico. Aquí también, por tanto,
el sentimiento de comunidad ausente es la clave de la explicación. Y lo mismo
puede decirse de los pervertidos (43).

6.- EL DELITO. Ya de lo anterior podemos deducir lo que Adler piensa acerca del
mecanismo delictivo. En primer lugar, es evidente que tiene muchos puntos de
contacto con las demás formas de inadaptación social, sobre todo en cuanto a la
importancia de los factores externos; en efecto, "el factor exógeno (la proximidad
de una tarea que exija cooperación y solidaridad), es el que hace aparecer el
síntoma, la educación difícil, la neurosis y la neuropBicosis, el suicidio, la
criminalidad, las toxicomanías y las perversiones sexuales" (44). Los delincuentes
buscan compensaciones, pero lo hacen en campos socialmente inútiles y
perjudiciales; quieren, también ellos, guardar las apariencias, portarse como
héroes, asemejarse a la divinidad, pero sólo logran meterse por caminos
equivocados (45).

Los niños mimados, los odiados, los que padecen de deficiencias orgánicas, se
hallan entre los más dispuestos a tomar el mal camino, por falta de sentimiento de
comunidad (46). Pero las circunstancias momentáneas tienen también enorme
importancia; así, existen personas que tenían suficiente educación como para
616
superar normalmente los problemas corrientes de la vida; pero, puede suceder
que

617
éstos se agraven a causa de influencias que escapan al control del individuo: por
ejemplo, durante una crisis económica; un gran desorden político, etc. Sin olvidar
que el niño criado en condiciones inferiores, que él considera injustas, se halla mal
preparado para adaptarse a la sociedad normal, por la actitud de disconformidad y
protesta que asumió desde su más temprana edad (47).

En el fondo, como se verá, se trata de falta de valor para adaptarse socialmente


venciendo las grandes dificultades que supone la vida honrada (48).

Conviene aquí, hacer la diferencia entre el criminal y otros inadaptados. El criminal


es un ser activo, que lucha en el mundo real y que quiere dominarlo por medio de
esa actividad. En el neurótico, en cambio, se manifiesta el predominio de la
afectividad que impide, como vimos, esa intensa actividad para superarse; en
cuanto al psicòtico, y otros en estados semejantes, el repliegue ha arrastrado tras
sí no sólo a la afectividad fugitiva del mundo real, sino también la inteligencia.
Dejando de lado, desde luego, los casos evidentes en que estas formas de
inadaptación se presentan juntas, por ejemplo, criminales neuróticos, psicóticos,
etc. (49). Se puede decir que mientras en las personas normales el altruismo
vence al egoísmo, lo contrario sucede en estos inadaptados; pero mientras el
criminal persiste en la sociedad real, acepta sus responsabilidades, aunque da
respuestas erróneas, los otros las rehuyen encerrándose en sí mismos en mayor u
menor proporción. Aquel busca el combate, éstos huyen antes de haber sufrido la
derrota y porque la temen y esperan.

En cuanto al suicidio, para Adler no es sino otra forma de ataque proveniente de la


carencia de sentimiento de comunidad.

7.- APRECIACIÓN CRÍTICA. La simple práctica de todos los días nos muestra
casos que se adecúan esencialmente al esquema trazado por Adler. Muchas de
sus conclusiones pueden ser aceptadas inclusive por quien no participe en sus
puntos de vista teóricos; por ejemplo, eso sucede con sus estudios acerca de los
niños mimados, odiados, descuidados, primogénitos, etc. Lo mismo puede decirse
de otras consideraciones acerca de las influencias del ambiente general. Su
concepción de las neurosis corresponde, en buena medida a la realidad (50). Y no

618
es poco el mérito que puede atribuírsele por el hecho de haber mostrado la
inconsistencia de muchas de las tesis de Freud.

Es verdad que la teoría de éste tiene un mayor vuelo; pero, como vimos, de eso
mismo derivan muchas de sus flaquezas. La psicología individual, por el contrario,
pegada de cerca a la rea-lidad, logra sus mejores éxitos en sus aplicaciones a ella,
lo que ha sido demostrado porque pedagogos, padres de familia, penitenciaristas,
directores de correccionales, etc., se hayan inclinado a asimilar y seguir más las
indicaciones de Adler que las de Freud. (51)

Sin embargo, es innegable que el esquematismo adleriano poco puede envidiar al


de Freud en su afán de simplificar excesivamente los fenómenos de la vida.
Plantea la necesidad de conciliar el ansia de dominio con el sentimiento de
comunidad: con lo cual no hace otra cosa que resucitar una antinomia expuesta
clarísimamente desde antiguo. Expone los casos en que surge un complejo de
inferioridad; pero deja en la oscuridad ei por qué otras personas que se hallaban
en las mismas circunstancias, supieron superar la crisis (52). Y, aunque sus
explicaciones se relacionan claramente con la axiología, sin embargo, deja de
lado, cuando trata del delincuente, las valoraciones implícitas en el Derecho Penal
y por ello cae en generalizaciones; por eso su interpretación del delito resulta
inadecuada para muchos casos concretos (por ejemplo, el de muchos delitos
políticos).

Obra fecunda, pues. Sus conquistas permanentes actuales probablemente sean


mayores que las del psicoanálisis ortodoxo (aunque éste haya abierto mayores
horizontes para el futuro). Pero obra unilateral que Drecisa ser complementada.

8.- LA TEORÍA DE JUNG Y SUS APORTES A LA CRIMINOLOGÍA. Se ha señalado


que la obra de Jung puede distribuirse en dos épocas distintas: la de la psicología
analítica y la de la psicología compleja. Durante la primera, Jung se atuvo a las
pruebas experimentales y se mantuvo adherido a la realidad; en la segunda, los
tonas derivaron paulatinamente de la experimen-tación a las construcciones cada
vez más abstractas, hasta desembocar en una auténtica metafísica. Por eso, en
este lugar, nos hemos de atener a lo establecido por la psicología analítica con

619
sólo breves referencias a la compleja (53).

620
Jung fue cabeza de la denominada escuela de Zürich, que pronto se apartó de las
líneas directivas señaladas por Freud. Muchas fueron las divergencias. Por
ejemplo, desde el comienzo de la escisión, Jung propuso una noción de libido que
excedía en mucho a la freudiana. Para Jung, libido es el principio que engloba a
toda fuerza que impblsa a la actividad psíquica (54); es más que lo sexual, aunque
lo comprende. Por otro lado, se contrapusieron otras concepciones; así, para el
maestro zuriqués, la sexualidad infantil no es otra cosa que un adelanto, un
aparecer antelado, de la sexualidad adulta. Es suficiente apuntar estas
discrepancias para darse cuenta de las que siguen, por ejemplo, en relación con la
interpretación del complejo de Edipo o la explicación del origen de las neurosis.
Pero mantiene la creencia del maestro en el determi-nismo psíquico, si bien
haciendo algunas aclaraciones.

Durante sus primeros estudios, Jung reemplazó, en cuanto método, la prueba de


las asociaciones libres, de Freud, por la prue-ba de las asociaciones determinadas
de propia creación. Esta prueba se realiza en condiciones similares a aquélla; pero
en vez de dejar divagar libremente al sujeto, se le dan palabras a las cuales debe
asociar, sin crítica previa, las que se le ocurran; tales palabras están relacionadas
con los problemas principales de la vida (amor, odio, padres, Dios, etc.) y permiten
darse en breve tiempo, una idea acerca de la personalidad del paciente
investigado, con lo cual queda superado uno de los obstáculos principales de la
técnica psicoanalítica ortodoxa (56). El hallazgo más importante logrado con este
método es, desde nuestro punto de vista, el de los tipos psicológicos introvertido y
extravertido, de los cuales hablamos al tratar de biotipología.

Es indudable que dicha prueba puede ser utilizada con mucho provecho en
Criminología para tener una visión rápida y de conjunto acerca de la personalidad
del delincuente. Mayor utilidad aún puede prestar a la criminalística, pues por
medio de palabras inductores debidamente introducidas entre otras más o menos
neutras, pueden lograrse buenos resultados.

621
La prueba se vuelve aún más exacta cuando se adaptan aparatos para medir las
alteraciones corporales simultáneas capaces de ser interpretadas como síntomas
correlativos (57).

Desgraciadamente, fuera de este aporte metódico de gran valor, no podemos


señalar otros de Jung a la Criminología; su escuela no ha trabajado en este
sentido.

Con la aplicación de esta prueba, Jung pudo descubrir muchos complejos; eso lo
condujo a la labor de su segunda ¿poca, la psicología compleja (o de los
complejos). Como antes había sucedido con Freud, la necesidad de explicar la
naturaleza y origen de tales formaciones lo llevó a intentar crear una anatomía,
fisiología y patología de la psique con métodos muchas veces alejados de los
propios de las ciencias experimentales. Sus conclusiones son abstrusas y la
afirmación de la existencia de un inconsciente colectivo, anterior y más profundo
que el individual, lejos de arrojar luz sobre las teorías junguianas las ha tomado
aún menos penetrables.

(1) La bibliografía acerca de Adler y su sistema, aunque no tan grande como la del freudismo, es sumamente copiosa;
referencias a ella se encuentran en las obras que hemos citado en el capítulo precedente. Para redactar el presente nos
hemos atenido fundamentalmente a éstas: Adler: El Sentido de la Vida; Adler: La Psicología Individual y la Escuela; Jiménez
de Asúa: Psicoanálisis Criminal, pp. 209-229; Mira y López: Los Fundamentos del Psicoanálisis pp. 171-179; Paul Bjerre:
The Adler Conception of Neurosis (Differential Psychology), en las pp. 272-298 del Outline of Psychoanalysis dirigido por van
Teslaar - Adler (y otros): Guiando al Niño.
(2) Sobre la noción filosófica de individuo palabra que puede entenderse "como significativa del atributo de la indivisibilidad", v:
Recasens Siches: Vida Humana, Sociedad y Derecho, pp. 233-246; a la última de éstas pertenece lo citado entre comillas.
(3) Sobre ello, V: La Psicología Individual etc., pp. 68-69.
(4) V., Bjerre: ob. cit., pp. 292-298.
(5) El Sentido, etc. p. 25.
(6) V: Ibídem, p. 7. Después de estas citas, inútil insistir en el parentesco que se evidencia entre la filosofía de la vida en Adler y
la teoría de los valores, así como el que existe con la psicología de la forma.
(7) V: El Sentido etc., pp. 7 y 34.
(8) El Sentido, p. 33.
(9) V: La Psicología, etc. p. 95. La triparición de la personalidad adulta, propugnada por Freud. choca inmediatamente contra las
concepciones unitaristas de Adler.
(10) ES Sentido, etc. p. 13.
(11) Ibídem, p. 36. El subrayado proviene del original.
(12) V: Ibídem p. 189; sobre la teoría adleriana de sueños y ensueños, v: ibídem, pp. 185-206.
(13) Reproducimos aquí dos trozos de Adler que arrojarán luz sobre lo dicho: "ES punto de partida para la comprensión de los
sueños fue para mí el siguiente: ¿Por qué sueñan los hombres sin comprender sus sueños? ¿Por qué esta dificultad de
interpretación? Despiertan con el sentimiento: 'Hoy he soñado una gran tontería, y no la comprendo en absoluto. No
conceden ninguna importancia a sus sueños porque no saben qué hacer con ellos. La psicología individual ha solucionado
este enigma y ha dado el paso más importante para la comprensión de nuestra vida onírica. El sueño no tiene como fin el
ser comprendido, sino producir estados afectivos y sentimientos a los cuales no se puede sustraer el soñador. Estos
estados afectivos, sentimientos y emociones subsisten, y, si tenemos esto en cuenta, comprenderemos por qué soñamos.
Soñamos para colocarnos en un estado afectivos, y merced a él conseguir algo que no lograríamos con la lógica. No se
puede negar que, aunque no comprendamos un sueño, el estado afectivo producido por él está en nosotros y nos mueve.
Cuando alguien tiene, por ejemplo, un sueño de angustia, no obrará al día siguiente con valor. Precisamente porque
produce, ese estado afectivo y no otro, experimentará el soñador algún obstáculo que se interponga en su camino. El que
tiene un examen próximo y no confía mucho en sí mismo, sueña que ha caído por la pendiente de una montaña. No nos
maravillemos que, si la afectividad angustiada de este sujeto se ha visto forzada por este sueño, pierda completamente el
valor y el siguiente día no comparezca al examen. Otro individuo que tenga confianza en sí mismo verá forzado en su sueño
el sentimiento de seguir adelante, soñará, por ejemplo, que camina por una soleaba pradera, en donde emerge
repentinamente un magnífico palacio que le llena de gran alegría y entusiasmo. Este hombre se despertará fresco y alegre,

622
y con este estado afectivo se someterá valerosamente a la prueba", (La Psicología, etc., pp. 89-90).

623
(14) Luego agrega, para mayor claridad: "Los hombres han comprendido instintivamente que sólo sueña el que no está
completamente seguro de su situación. Estudiando nuestra vida onírica podríamos ver que cuando alguien está seguro y
sabe siempre lo que debe hacer, no sueña. Una persona sueña cuando cree que no podrá resolver en la vida despierta
alguna dificultad, algún problema, porque necesita algo para dominarlo. La psicología individual ha comprobado que en el
sueño se produce un afecto, una emoción, una dirección psíquica que marca un camino determinado, el cual quiere seguir
el soñador. Lo que se intenta en el sueño es producir un estado afectivo que nos arrastre para poder resolver cuestiones y
problemas de la vida cotidiana, que no se pueden resolver en la vida diurna sin este estado afectivo. Cuando nos
encontramos ante un problema se produce en el sueño un estado afectivo, una línea directriz en la cual nos debemos
mover, y que conduce a la solución de esta dificultad que no se podía dominar en la vida diurna con los procedimientos de la
lógica, conservando al mismo tiempo el sentido de su estilo de vida. En realidad, no hay ninguna diferencia fundamental
entre la vida de los sueños y la vida despierta; trabajamos también con sentimientos y afectos cuando nos queremos
persuadir de algo" (Ibídem, pp. 98- 99).
(15) El Sentido, etc. p. 24. "Así, la libido sexual desempeña a veces el oficio de omnipotente guía del destino humano. Los
horrores del infierno están representados por el inconsciente, y el pecado original por el sentimiento de culpabilidad". El
olvido del cielo fue reparado más tarde mediante la creación del 'ideal del yo', inspirado en el concepto de una ideal finalidad
de perfección descrita por la psicología del individuo'" (Ibídem, loe. cit.). La crítica tiene especial relieve por cuanto sabemos
cuál era el concepto que Freud tenía acerca de la religión en general y, especialmente, de la mosaica y cristiana.
(16) V: Ibídem, p. 129.
(17) V: Ibídem, p. 110.
(18) Ibídem, p. 52. En seguida agrega: "A su servicio están la tendencia hacia la autoconservación, la tendencia hacia el equilibr
io tanto somático como psíquico, el crecimiento corporal y anímico, y la tendencia hacia la perfección".
(19) "La tendencia hacia la autoconservación engloba la comprensión y la evitación de peligros; la procreación, considerada
como senda evolutiva hacia la perpetuación de una partícula somática. aún más allá de la muerte personal; la colaboración
en el desenvolvimiento de la humanidad -con lo que se inmortaliza el espíritu de los colaboradores-, y en el trabajo colectivo
de todos los copartícipes con vistas a la consecución de todos los objetivos mencionados "(loe. cit.). Se verá, pues, la
enorme amplitud que tiene la voluntad de poder, tanto considerada en sí misma como en sus consecuencias, cercanas o
remotas.
(20) V: Ibídem, pp. 712-72.
(21) 191 Puesto que, según Adler, "ser hombre quiere decir sentirse inferior" (ibídem, p. 71).
(22) "El movimiento histórico de la humanidad debe ser interpretado como la historia del sentimiento de inferioridad y de los
intentos para superarlo" (Ibidem, p. 71).
(23) "La adaptación del niño a su primer medio ambiente es, por tanto, el primer acto creador que el mismo realiza utilizando sus
aptitudes e impulsado por su sentimiento de inferioridad" (Ibídem, p. 76).
(24) Ibídem, p. 25.
(25) Ibidem, p. 26.
(26) Ibidem, p. 85.
(27) Quizá las dos terceras partes de las personas sean zurdas; pero se les obliga a usar la mano derecha, principalmente en la
escuela; muchos superan esta dificultad adicional de la enseñanza, pero otros fracasan, simplemente porque su organismo
no responde.
(28) Puede leerse, como un estudio sumamente provechoso, la obra de Landis y Bolles: Personalidad y Sexualidad de la Mujer
Físicamente Defectuosa. También el art. del propio Adler, incluí-do en Guiando al Niño, pp. 59-73.
(29) La protesta viril contra el ambiente que lleva al fracaso no es propia sólo de las mujeres, aunque en ellas se encuentra
especialmente. También se da en los hombres, según demuestran numerosos estudios clínicos.
(30) Aquí se ve otra discrepancia con Freud: la mujer, según éste, envidia al hombre por un órgano que éste tiene y aquélla, no
(la famosa envie du pénis); según Adler, como efecto de la situación social. La diferencia en cuanto a consecuencias es
también fundamental; para Freud esa envidia e inferioridad subsistirán mientras subsistan las diferencias orgánicas, es decir,
in aeternum: para Adler, desaparecerán cuando la situación social subordinada de la mujer naya sido superada.
(31) (Véase a este respecto el magnífico ensayo: The Only or Favorite Chod te Ufe, de A.A. Brill, incluido en An Outline of
Psychoanalysis. pp. 128-138.
(32) V: B Senado, etc., p. 178. Véase también el trabajo de Ale- LPI Adler sobre el hijo único, incluido en Guiando al Niño, pp.
231- 222.
(33) V: Ibidem. pp. 179-182.
(34) V: Ibidem. pp. 178-179
(35) V: Ibidem. pp. 179-182
(36) V: Ibidem. pp. 182-183. También el artículo de Seidler sobre riválldad ePne hermanos, pp. 20S-210 de Guiando al Niño.
(37) "Estamos convencidos de que todos los problemas del desarrollo psíquico deben su origen e impulso a las conexiones con
los demás; lo que es válido no sólo para el niño, sino para toda la humanidad" (IUdon. p. 28).
(38) "Nuestra misión es hacer del niño un instrumento del progreso social. Este es el núcleo de la psicología individual como
concepción del mundo" (lbidem, p. 31).
(39) "Es siempre la carencia del sentimiento de comunidad, sin que el nombre que le demos tenga importancia (solidaridad
humana, cooperación, humanidad o incluso ideal del yo), la que produce una preparación insuficiente para enfrentarse con
todos los problemas de la vida" (El Sentido, etc., p. 82).
(40) "Sentimiento de comunidad quiere decir, ante todo, el afán por una forma de comunidad que fuera concebida como eterna,
tal celtio podríamos representémosla en el caso de que la humanidad hubiese alcanzado ya el objetivo de la perfección. No
se trata, en modo alguno, de una comunidad o sociedad actual, ni tampoco de formas políticas o religiosas, sino de que el
objetivo que fuere más apto para la perfección debiera ser tal que representara la comunidad ideal para toda la humanidad
y. con ello, el cumplimiento definitivo de la evolución. Se preguntará desde luego, de dónde sabemos esto. Seguramente no
por la experiencia inmediata y he de reconocer que tienen razón sobrada aquellos que encuentran en nuestra 'Psicología del
individuo vesugios de una Metafísica. Unos lo encuentran bien, otros protestan contra ello. Desgraciadamente, existe gran
número de personas que tienen un concepto completamente equivocado de la Metafísica y que quisieran excluir de la vida
de la humanidad todo cuanto no pudieran palpar directamente. Pero procediendo así detendríamos las posibilidades de
evolución y cualquier idea nueva. Toda idea nueva está más allá de la experiencia empírica. Tales experiencias no nos
proporcionan nunca nada nuevo. Tan sólo la idea global puede enlazar en un conjunto estas circunstancias y hechos
aislados. Llámase a esto posición especulativa o "transcendental", no hay deuda que no desemboque forzosamente en la
Metafísica. No veo la razón por la cual deberíamos tener a ésta, cuando ha influido tan hondamente en la vida de los
hombres y en toda ai evoludóc" (ibidem, p. 212).
(41) Bjerre. op. clt, p. 272 y ss.
(42) Ibidem. pp. 279-283.
(43) El Scatido. etc., p 119 En esta obra. pp. 117-135, se encontrará un buen resumen las teorías de Adler acerca del origen de
las neurosis.

624
(44) Ibidem, p. 123. Son clarificadoras estas otras expresiones: el neurótico “se asegura” por medio de su retirada (p.129) “La
neurosis es la utilización de las vivencias de shock como defensa del prestigio amenazado” (p. 130)
(45) “La homosexualidad no depende en obsoluto de las hormonas”, Ibidem, p. 170.
(46) Ibidem, p. 8
(47) Véase a este respecto, el cuadro sinóptico de la p 167 de La Psicología, etc.
(48) "El Complejo de inferioridad se hace constante tan pronto como el fracaso se deja sentir en la línea de la comunidad, en la
escuela, en la sociedad, en el amor. La mitad de los que llegan a cometer un delito son trabajadores sin una profesión
determinada. que fracasaron ya en la escuela. Un gran número de los criminales detenidos por la policía sufren de
enfermedades venéreas, sefial de la insuficiente solución del problema del amor. No buscan sus amistades sino única y
exclusivamente entre gentes de su estofa, demostrando así lo reducido de sus sentimientos amistosos. Su complejo de
superioridad proviene de la convicción de que son superiores a sus víctimas, y de que con cada delito que llevan a cabo les
hacen una mala jugada a las leyes y a sus defensores. En efecto, no hay acaso ni un solo criminal que no haya cometido
más delitos de los que se le acusan, haciendo abstracción del desde luego, considerable número de crímenes que quedan
sin aclarar. El criminal realiza su delito en la seguridad de que no será descubierto si se las sabe arreglar bien. Si queda
convicto y sorprendido infraganti, se hallará dominado por completo por la convicción de haber omitido algún nimio detalle y
que esto fue lo que le perdió. Investigando hasta la infancia los orígenes de la propensión a la criminalidad, encontraremos,
junto a la actividad precoz y mal empleada, junto a los rasgos hostiles de carácter y a la falta de sentimiento de comunidad,
las inferioridades orgánicas, el mimo o el descuido como motivos principales que determinan el desenvolvimiento del estilo
de vida hacia la criminalidad. Él es quizá el motivo más frecuente entre todos" (El Sentido, etc.; p. 102).
(49) He aquí un caso sacado de la experiencia de Adler: "N. era un muchacho guapo, que fue puesto en libertad provisional tras
seis meses de prisión. Su delito consistió en el hurto de una respetable suma de la caja de su jefe. A pesar del gran riesgo
de tener que cumplir una pena previa de 3 años en caso de reincidencia. volvió a apoderarse poco tiempo después de una
pequeña cantidad. Me enviaron ese joven antes de que se descubriera su delito. Era el hijo mayor de una familia muy
honrada, el preferido y muy mimado de su madre. Siempre se había mostrado extremadamente ambicioso y en toda ocasión
quiso desempeñar el papel de jefe. No trabo amistad más que con gente de nivel inferior al suyo, revelando así su
sentimiento de inferioridad. Sus recuerdos más lejanos de infancia le muestran siempre en un papel pasivo y nunca
desempeñando un activo papel. En la casa en que cometió el mayor de sus robos se vio rodeado de gente muy rica, en
momento en que su padre había quedado sin colocación y no podía atender como de costumbre a las necesidades de la
familia. Sueños de fantasía y situaciones asimismo soñadas en las cuales él era siempre el héroe, caracterizan anhelo
ambicioso sullarse predestinado al mismo tiempo, el convencimiento de ha éxito con toda seguridad. Realizó su hurto
cuando se le presentó ocasión, con el objetivo, más o menos consciente, de mostrarse superior a su padre. Su segundo
hurto -el de menos importancia- lo realizó como protesta contra la condena condicional y contra la colocación de escasa
importancia que le habían asignado en aquel entonces. Ya en la cárcel, soñó que le servían los platos que más le
agradaban; sin embargo, aún en sus sueños se acordaba de que esto no es posible en la cárcel. Este sueño revela, aparte
de su afición a las golosi la nas, su protesta contra el fallo que le condenara" (ibidem, pp. 104-105). Citamos este caso no
sólo porque es clásico dentro de la forma en que Adler explica la criminalidad sino porque, por poco que sea su
conocimiento de la criminología freudiana, cual quiera se dará cuenta que Freud pudo explicar los hechos de manera
totalmente distinta. Sobre el niño odiado, véase el trabajo de Holub y Zauker, incluído en las pp. 223-236 de Guiando al
Niño.
(50) "En los actos fracasados de un hombre no podemos hablar de valor. Un criminal no lo tiene. Intenta con astucia ser fuerte y
triunfar sobre los demás" (La Psicología, etc. p. 34).
(51) "La estructura del criminal muestra claramente el estilo de vi da de una persona provista de gran actividad, pero poco
propensa a la vida en común, persona que se había formado desde su infancia una opinión tal de la vida, que se cree
autorizada a aprovechar, en beneficio propio, el fruto del trabajo de los demás. El hecho de que este tipo se encuentre
preferentemente en niños mimados y, con menor frecuencia, en das (descuidadas) durante su infancia, no podríamos
abandonar y ser ya un secreto después de lo que venimos explicando. Considerar la criminalidad como un autocastigo, o
juzgarla como consecuencia de las formas primitivas de la perversión sexual infantil (haciendo intervenir tal vez hasta el
mismo complejo de Edipo), son procedimientos fácilmente refutables, una vez llegados a la comprensión de que el hombre,
a quien encantan las metáforas que se le presentan en la vida real, se deja prender con demasiada facilidad en los lazos de
símiles y comparaciones. Dice Hamlet: Esta nube, ¿no se parece a un camello? y Polonio le contesta: "Desde luego, a un
camello" (El Sentido, etc., p. 79).
(52) Por ejemplo, Horney se adhiere a la tesis de que las neurosis provienen del deseo de lograr mecanismos de seguridad
frente a la hostilidad ambiental. V: El nuevo Psicoanálisis. pp. 9-14.
(53) (El penalista español Jiménez de Asúa, entre otros, muestra esa preferencia. V: ob. cit.
(54) Una síntesis de las críticas mencionadas, en Mira y López, ob. cit., pp. 177-179.
(55) Para redactar este acápite, nos hemos servido de Jung: Tipos Psicológicos; Idem The Content of the Psychoses (pp. 255-
271 del Outline of Psychoanalysis); Hinkle: An Introduction to Ana lytic Psychology (pp. 218-254 del Outline mencionado);
Mira y López: Los fundamentos del Psicoanálisis, pp. 181-208; Idem; Manual de Psicología Jurídica, pp. 155-163.
(56) Por eso se compara la líbido junguiana con el "élan vital" de Bergson (V: Content of the Psichoses, p. 267).
(57) Véaselas en Ibídem, pp. 258-262.
(58) La prueba ha logrado gran difusión; quien lo desee, puede ha llar los variados tipos de asociación, expuestos, en Mira y
López, Los Fundamentos, etc. p. 185; en la misma obra, pp. 186-188, se reproduce la lista de las cien palabras tipo. Casos
concretos tocantes a problemas comunes de la vida o a delitos, pueden encontrarse en Mira y López: Manual, etc., pp. 159-
161.
(59) Como lo ha hecho Rosanoff; v: ibídem, pp. 162-163.

625
CAPÍTULO XI

FORMAS DE ADAPTACIÓN SOCIAL

1.- TENDENCIAS INDIVIDUALES Y ADAPTACIÓN SOCIAL. Cada ser humano


posee tendencias que, de ser plena y directamente manifestadas, imposibilitarían
la normal adaptación a la sociedad.

Eso sucede, por ejemplo, con los instintos; son formas de conducta seguramente
necesarias para la conservación del individuo y de la especie; pero apenas cabe
imaginar lo que el mundo sería si se manifestaran totalmente, sin freno ni medida.

De ahí por qué, desde los primeros días siguientes al nacimiento comienza no la
tarea de anular los instintos, sino de domesticarlos, de encausarlos, de educarlos,
en el más amplio sentido de la palabra.

Por descontado que esa adaptación no es siempre fácil; ahí están los millares de
delincuentes, alcohólicos, vagos, mendigos, prostitutas, viciosos, parásitos para
demostrarnos o que la sociedad no tuvo éxito en su tarea o que los modelos que
se presentaron como ideales, en realidad no lo eran, de modo que, al asimilarlos,
el individuo se puso en contra de la sociedad normal.

Tampoco el problema puede ser enfocado sólo desde el lado de la sociedad,


como si al domesticar ella a sus integrantes, toda misión hubiera sido cumplida
satisfactoriamente; eso estaría bien en una sociedad animal, en que la
personalidad de los miembros nada importara, en que sólo se tuviera en cuenta el
interés común aun destruyendo la individualidad. No puede haber quien predique
un ideal humano de este tipo. Lo que se busca es un compromiso entre el
individuo y la sociedad, no la anulación de uno de ellos en interés del otro; lo que
se busca por medio de la adaptación mutua es que ambos sobrevivan; que ni el
individuo triunfante con sus tendencias sea un elemento destructor, ni la sociedad
sea suprema reguladora en todo, aún a costa de embrutecer, anular, o enloouecer
a sus componentes.

Por suerte, el ser humano tiene una maravillosa plasticidad de adaptación a la que
recurre a fin de lograr dos objetivos al mismo tiempo: satisfacerse a sí mismo y.no
626
dañar a la sociedad. Pero, los mecanismos que pone en marcha, a veces llevan
una

627
dirección torcida y lo flue se obtiene es precisamente un resultado que daña a la
personalidad -complejos, enfermedades mentales, etc.- o a la sociedad -formas
antisociales de conducta, entre las cuales, el delito-.

Esos mecanismos de adaptación (1) serán estudiados en este capítulo con cierto
detenimiento dada la importancia que asumen en la explicación del delito (2).

El mérito de haber iniciado una investigación sistemática sobre estos mecanismos,


corresponde sin duda alguna al psicoanálisis; pero su importancia es tal, que hoy
constituyen tema en la nftyor parte de los propios libros de Psiquiatría; lo que
demuestra no sólo que se trata de hechos incontrovertibles, sino también que sus
aplicaciones terapéuticas son indudablemente beneficiosas. Sin embargo, la
práctica ha demostrado que no es necesario aceptar toda la teoría psicoanalítica
para tener una explicación satisfactoria de estos mecanismos; de hecho, otras
escuelas los han asimilado a sus propios principios, sin que la visión de aquéllos
se oscureciera (3).

Pasamos a estudiar en detalle esos mecanismos.

2.- AGRESIÓN Y RETIRADA. Estos mecanismos de adaptación, sólo en contadas


ocasiones pueden ser utilizados directamente y puros.

Ante el problema que suscita una situación cualquiera, puede caber la reacción
agresiva, la tentativa de destruir el objeto que representa la dificultad. Como hizo
Alejandro con el nudo gordiano. Algunas veces, será la única forma adaptativa
posible, que salva la sociedad y los intereses individuales como, por ejemplo,
cuando se produce una agresión ante la cual no queda sino la legitima defensa.
Pero tomar la costumbre de echar mano continuamente de este mecanismo es
claro que ha de crear problemas nuevos que los que quedan resueltos.

El mecanismo agresivo es poseído por todos y desde temprana edad, como que
es una de las reacciones emocionales primarías a que se refiere el conductismo,
siendo una variante del mismo los denominados berrinches infantiles, formas
temperamentales infantiles que se tornan raras entre los adultos. Su existencia es
general, pero sus manifestaciones directas pueden llegar hasta imposibilitar la

628
adaptación social y son fuente de innumerables delitos de los más graves. Estos
últimos pueden presentarse inclusive en las naturalezas que no se inclinan a la
agresión, pero que llegan a sus formas más violentas como efecto de un miedo
exagerado.

En cuanto a la retirada directa y pura, es también un mecanismo basado en una


emoción primaria, que es el miedo. Si a agresióp trata de resolver un conflicto por
medio de la eliminación del objeto, la retirada busca que desaparezca el sujeto. Es
frecuente cuando se tiene certeza o casi certeza de que la agresión está destinada
a fracasar; entonces, el sujeto abandona el campo y evita la contienda. Pero
puede llevar a conflictos internos, a la timidez, las reacciones ansiosas, etc., tal
como lo vimos, por eiemolo, al tratar de los sentimientos y del complejo de
inferioridad.

Muchos de estos actos de retirada evitan la comisión de ciertos delitos; pero


pueden eventualmente causar otros, principalmente omisivos y culposos, fuera de
los derivados de los conflictos internos mencionados.

Ante los problemas suscitados por la vida social, sólo pocas veces es posible
lograr una solución total por medio de la agresión y de la huida; generalmente hay
que echar mano de mecanismo más complicados, de técnicas más refinadas.
Clasificarlas es tarea difícil, por cuanto todo depende del punto de vista que se
adopte.

Por ejemplo, Cameron parte de los dos sentimientos prima- ríos de agresión y
huida (cólera y miedo); algunos mecanismos son variantes de la agresión como el
llamar la atención, la identificación, la compensación, la racionalización y la
proyección; por su finalidad última, éstas pueden denominarse técnicas de
defensa. Por otro lado, tendríamos los mecanismos de escape, en los cuales
predomina la huida o retirada; tales técnicas, según Cameron. son las siguientes:
el aislamiento, el negativismo, la regresión, la represión y la fantasía (4).

Mira y López toma en cuenta la existencia de tendencias irrealizables, porque


chocan contra la conciencia moral o contra la posibilidad material. Entonces, esas
tendencias, para no quedar perpetuamente reprimidas creando así una fuente de
629
desequilibrios anímicos, son compensadas por medio de ciertos mecanismos.
Estos pueden repartirse en dos grupos: aquél en que la tendencia primitiva no es
realizada, y que comprendería la negación del deseo, la realización imaginaria del
deseo y la sublimación, y el otro, en que la tendencia es realizada, pero de tal
modo que los conflictos conciencíales son anulados; estos últimos mecanismos
serían los de catatimia, proyección y racionalización; en los Fundamentos del
Psicoanálisis, agrega otra forma compensatoria, la holotimia, que puede colocarse
en el primer grupo.

A la verdad, establecer líneas absolutas entre una forma compensatoria y otra no


es tarea fácil; tanto más que frecuentemente actúan varios mecanismos al mismo
tiempo, aunque uno predomine sobre los otros. Es también difícil determinar de
manera definitiva, el número y naturaleza de esos mecanismos que, a veces,
aunque adquieran lugar aparte en las clasificaciones, en realidad no son sino
variedades de mecanismos adaptativos más amplios. Razones que, junto con
otras, han movido a que autores, como Hinsie y Noyes, prefieran la simple
enumeración; nos referimos de sumar a este criterio, por parecemos hoy el menos
peligroso. En lo que todos estarán de acuerdo, es en que el fondo del mecanismo
tiene carácter inconsciente.

3.- EL LLAMAR LA ATENCIÓN. Ya el propio niño llora o grita para llamar la


atención de quienes lo rodean, a fin de que ellos suplan alguna necesidad material
momentánea; pero luego se adoptan esas actitudes u otras equivalentes,
simplemente para ocupar el centro de la atención ajena. El niño lo hará, por
ejemplo, por medio de rabietas, ruptura de objetos, gritos, malhumor o fingiéndose
enfermo. Al pasar del tiempo, acudirá a mecanismos cada vez más cercanos al
delito, como el mentir, el ser procaz en el lenguaje, los pequeños hurtos, la
malacrianza permanente, la agresión contra los hermanos, etc. Tiene mucha
relación, como se habrá visto, con los instintos de supremacía y con los
desplazamientos de cariño, tal corito lo ha establecido Adler, así como con los
celos.

630
La exageración de este mecanismo tiene mucha importancia psiquiátrica pues
puede ser síntoma de una personalidad anormal. Y no es menor la importancia
criminológica.

En efecto, la práctica demuestra que muchos delitos, a veces muy graves, son
cometidos por razones aparentemente incomprensibles; pero un análisis
cuidadoso muestra que pl delincuente pretendió con su acto, fundamentalmente,
llamar la atención sobre sí mismo, ocupar un lugar importante, salir fotografiado o
meramente citado en los periódicos, etc. En otras palabras, lo que busca es la
figuración.

Fúndese este sentimiento en la agresividad, en el narcisismo freudiano o en las


compensaciones adlerianas, es un hecho que no puede ser negado (5).

4.- IDENTIFICACIÓN. Cameron la define como "una técnica adaptativa habitual


que reduce las tensiones de necesidad o ansiedad facilitando a una persona el
reaccionar ante los actos, características, status y posesiones de otras personas o
grupos, co-mo si esos atributos fueran propios, y a reaccionar ante objetos y
símbolos como si él participara de las virtudes adscritas a ellos" (6). Este es el
sentido expreso en el autor mencionado; pero otros se limitan a caracterizar a este
mecanismo como el tomar el lugar de otro, representarlo.

El origen de esta técnica adaptativa puede también ser en-contrado en los


primeros años de vida. Durante ellos, el niño está a cargo de otros y su progreso
se traduce a través de imitaciones con que reproduce la conducta de las personas
más allegadas e influyentes del círculo familiar, con las cuales se identifica. Eso
sucede, entre otros, con los códigos morales que tan bien ha observado Freud y
que lo llevaron a afirmar que el Super-yo no es otra cosa que la'identificación del
niño con el padre, el cual es posteriormente introyectado.

Hay personas que, aún de adultas, siguen pegadas a esta tendencia de


identificación estrictamente intrafamiliar; otras, se abren hacia más vastos círculos,
por mil razones diversas; los hombres admiran a nuevos héroes; las mujeres, a
nuevas heroínas; y todos tratan de imitar e identificarse con los modelos soñados.

631
Problemas psiquiátricos y criminológicos se presentan cuando la existencia de una
personalidad débil hace que el individuo busque en la identificación continua y
exagerada, un modo para resolver los conflictos de adaptación social. Pero, dentro
de ciertos límites, este mecanismo puede ser considerado normal y corriente.

Por ejemplo, niño y adulto, insumidos en la unidad familiar, tienen en gran estima
y, por ello, hasta exageran las condiciones di sus antecesores en cuanto a la
inteligencia, la virtud, el brillo e importancia sociales, etc.; niño y adulto se
autodefienden y prestigian, defendiendo y prestigiando a su familia, con la cual se
hallan identificados y cuyas formas de conducta, muchas veces idealizadas, se
preocupan en reproducir. Y lo que se dice de la familia puede afirmarse también
del grupo nacional, religioso, social, deportivo, etc.

Igual identificación puede operarse en relación con los objetos: la calidad de la


ropa que se usa, la discoteca, la biblioteca, la casa, las joyas, etc.

¿Quién no posee identificaciones de este tipo u otro semejante? Sin embargo,


exageradas, pueden llegar a constituir verdaderas manías, a las cuales se
subordina todo y en aras de las cuales no es difícil que aparezcan delitos.

Pero el caso más claro de éstos, se presenta cuando la identificación se efectúa


dentro de un grupo familiar criminal o meramente antisocial, si la tal antisocialidad
está estrechamente rela-cionada con conductas delictivas. Es lo que sucede en
muchas familias en las cuales existe criminalidad a través de varias gene-
raciones. Igual, cuando el individuo, sobrepasando los límites familiares, llega a
vivir en un medio ambiente -la pandilla, la vecindad, etc.- en que el delito está
continuamente presente. Para no hablar de los casos en que la identificación se
produce con grandes criminales que, exaltados por una propaganda mal
entendida, se ofrecen como modelos dignos de imitación, por su inteligencia, su
valor, su riqueza, su vida ostentosa o algo similar. Son estas identificaciones las
que explican la existencia de ciertos prejuicios entre los propios criminales, por
ejemplo, el orgullo por la técnica del robo, el amor propio de los asesinos que se
loan de no haber robado jamás, el sentido del honor y de la lealtad, etc.

632
5.- AISLAMIENTO. Cuando el mundo externo se muestra hostil y cuando la
adaptación activa al mismo produce sufrimiento en el sujeto, éste puede concluir
por encerrarse en sí mismo, por aislarse del mundo, pretendiendo hallar así una
forma de adaptación pasiva que huye de las influencias extrañas o no las toma en
cuenta y que es capaz de reducir la cantidad de choques con el ambiente.

Aquí es fundamental la sensación de fracaso, proveniente sea de la dureza o


extremadas exigencias del medio, sea de la particular debilidad del sujeto, o de
ambas unidas. Se huye hacfc el mundo interior, porque se parte del principio de
que es imposible actuar y lograr éxitos en la vida social.

Esta técnica adaptativa tiene más interés para la psiquiatría general que para la
Criminología. Sin embargo, puede notarse su influencia en algunos casos de
delitos omisivos y culposos; principalmente en los primeros, porque el sujeto no se
deja influir ni siquiera por las leyes que mandan hacer positivamente algo.

6.- NEGATIVISMO. Cuando una situación exige la participación de los individuos


que en ella se encuentran interesados, la mayor parte de éstos reaccionan
favorablemente; pero hay otros que adoptan una posición relativista, es decir,
contraria a los requerimientos del medio al cual parecen complacerse en
contradecir en todo. Este mecanismo supone una actitud mucho más agresiva que
el mero aislamiento, aunque las razones en que se funda son similares.

El negativismo puede dar lugar a graves explosiones afectivas durante cuyo curso
pueden cometerse delitos de gran violencia. Sin embargo, lo corriente es que se
siga la vía escogida que no es la de la agresión directa sino de una forma más
pasiva.

El negativismo puede servir de mecanismo protectivo de la propia personalidad


que no quiere dejarse arrastrar por otros, como si tal concesión demostrara
debilidad; también es posible que sirva de medio de venganza, así como de
autosatisfacción sentida porque la resistencia permanente hacia el mundo exterior
demos-traría, a ojos del sujeto, una personalidad robusta y no débil ni obsecuente.
Es claro que el negativismo puede acarrear algunas pequeñas dificultades, así
como represalias
633
del mundo exterior; pero se aceptan tales riesgos menores como buen precio a
cambio del cual se pretende haber dado una demostración de fuerza de voluntad.

Esta actitud es principalmente notable en ciertos niños y adolescentes, así como


en personas ancianas que, sabiéndose débiles, tratan de que esa debilidad quede
oculta, primero ante sí y luego ante los otros, tras las cortinas de humo de las
poses negatr vistas.

Hace poco, hemos dicho que pueden resultar algunos delitos a raíz de los
momentos explosivos que caracterizan a algunas situaciones negativistas. Pero
más importante, aunque no siempre muy evidente, es la influencia que resulta a
través de mecanismos menos directos, pero que manifiestan uniformemente el
deseo de oponerse a la sociedad como condición de autoafirmación. Así, hay
adolescentes y jóvenes que hacen lo contrario de lo que se lea índica, que
desprecian las órdenes de las autoridades y los mandatos legales, nada más que
porque la actitud negativista les ayuda a autorrespetarse. De allí resultan múltiples
delitos; desde luego más numerosos que a través de las explosiones afectivas.

No hemos de extendernos mucho más sobre estos temas porque ya quedaron, en


buena parte, explicados cuando se trataba de la psicología de Adler y
especialmente al hablar acerca de las compensaciones y sobrecompensaciones.

7.- REGRESIÓN. El ser humano, a medida que se desarrolla, va adquiriendo


nuevas formas de conducta que el momento muestra como adecuadas para
adaptarse a las exigencias personales y ambientales. Pero bien puede suceder
que las circunstancias y exigencias del medio adulto causen decepciones,
fracasos y dolores. Las responsabilidades y urgencias de la etapa de madurez en
que realmente se vive son demasiado duras para la resistencia del individuo.

Una de las maneras de superar tal dificultad es la regresión, es decir, la adopción


de formas de conducta propias de anteriores etapas de evolución, que entonces
fueron las más adecuadas y que causaban estados de felicidad. Hay una
inconsciente añoranza del bien que se gozó antaño y eso conduce a buscar la
vuelta al pasado.

634
Muchas de estas involuciones regresivas no tienen sino una importancia
psiquiátrica; pero otras se hallan sumamente cerca de la criminalidad. Tal sucede,
por ejemplo, cuando la regresión se liga a formas de conducta sexual impropias
del adulto y legalmente perseguidas, como el exhibicionismo, la homosexualidad,
etc.

8.- REPRESIÓN. En cierta medida, puede también denominarse negación del


deseo.

En realidad, buena parte de nuestro proceso educativo no consiste sino en


reprimirnos. Eso puede notarse no sólo en el hombre ya adulto aue desea
adecuarse a la sociedad, sino en el neonato, desde los primeros momentos de su
vida. Las tendencias primarias de reacción no pueden ser manifestadas
continuamente a menos que se desee desencadenar dolorosas consecuencias
para uno mismo. Posteriormente, no será sólo el temor a las conse-cuencias
materiales de la acción; poco a poco, el niño va formando su sentido moral, de
modo que si reprime algunas tendencias, puede hacerlo no por mero temor a los
sufrimientos suscitados sino porque chocan contra su conciencia.

Ya vimos hasta qué consecuencia ha llevado este hecho indudable, a los teóricos
del psicoanálisis ortodoxo.

En el caso del niño, es claro que la represión de las tendencias que chocan contra
la inmoralidad o imposibilidad de su realización externa, proviene de mecanismos
en los cuales la mayor parte es inconsciente. Sin embargo, en el adulto y en
relación con tendencias que entonces aparecen, es frecuente la represión
plenamente consciente, por lo menos en sus primeros momentos, si bien
posteriormente, al convertirse la represión en habitual, ella se torna inconsciente y
automática -como sucede en todos los hábitos ya estabilizados-.

Adviértase, empero, que reprimir no equivale a suprimir. Las fuerzas que fueron
vencidas por otras superiores quedan como en reserva, como un résorte
momentáneamente comprimido, pero siempre pronto a saltar apenas la ocasión se
presente. Lo reprimido, sobre todo si se suma a un exagerado número de
tendencias en igual estado o no tiene al frente fuerzas adecuadas ni
635
compensaciones subsidiarias, puede convertirse en origen de serios desequilibrios
psíquicos.

En cuanto a lo criminológico, siendo lo reprimido algo que persiste, es capaz de


reaparecer, aunque sea por vías secundarias de escape, en momentos en que ei
control represor se halla relajado; es lo que en su momento vimos al tratar de los
actos fallidos, los sueños, las asociaciones libres de ideas, etc. Una parte de los
delitos culposos puede ser explicada a través de este mecanismo.

Es evidente la relación de la represión con el delito -y con la manera en que él es


evitado- en los casos en que el mecanismo de adecuación falla porque las
instancias represoras se hallan relajadas. Entonces, la primitiva tendencia escapa
al control y se producen delitos a veces sumamente graves. Tal sucede, por
ejemplo, cuando existen deseos de agresión y muerte, tendencias a la apropiación
de lo ajeno, ai exhibicionismo, a los excesos sexuales, al suicidio, etc.

Esas peligrosas manifestaciones se presentan generalmente cuando hay una


causa que provoca la relajación de los mecanismos represivos, como sucede en
circunstancias de alcoholización, de obnubilización mental por uso de drogas, de
enfermedades y heridas, de momentos de exaltación, etc.

De ahí por qué, ante un delincuente que obró de modo totalmente contrario al
corriente en él, no podemos deducir lisa y llanamente que ha ocurrido algún
cambio radical, patológico o no, en sus tendencias; puede, más bien, haber
sucedido que el delito fuera manifestación directa de tales tendencias,
encadenados hasta el momento.

9.- REALIZACIÓN IMAGINARIA DEL DESEO. También ha sido denominada


fantaseo o ensoñación. Aquí, como en las formas que siguen, no sólo existe un
mecanismo de adaptación social -que, como tal, tiene sus aspectos positivos y
negativos- sino un verdadero mecanismo de compensación.

Siempre tenemos la misma situación de partida: un deseo, una tendencia que no


pueden realizarse externamente ya porque chocarían contra la conciencia ya
porque su resultado sería un se-guro y estrepitoso fracaso, originador de

636
sufrimiento. Pero si el mundo exterior está cerrado como escenario, queda
siempre el mundo interno, el de la fantasía, en el cual somos dueños y señores y
que se halla totalmente a nuestra disposición.

También cuando se trata de fantaseo o, si se quiere, de la función salvadora y


consoladora que tiene la imaginación, ya encontramos antecedentes en la
infancia. Por ejemplo, el niño hace un brioso corcel de un palo de escoba; el que
come poco, imagina banquetes a que es invitado. La realidad es hermoseada para
adecuarse a los propios deseos.

El proceso de maduración psíquica se caracteriza, entre otros rasgos, porque el


individuo adquiere paulatinamente mayor aptitud para distinguir el plano objetivo
del subjetivo. Pero eso no significa, de ninguna manera que, en el adulto normal,
la fantasía deje de cumplir muchas de las funciones que ya cumplía antes; por el
contrario, ella sigue siendo un refugio, sobre todo en los momentos más difíciles,
en que el mundo externo se muestra más duro y más invencible.

Sin embargo, lo evidente es que el hombre normal vuelve a la fantasía sólo como
un refugio momentáneo, como sitio en el cual recrear fuerzas con las cuales volver
al mundo. Pero existen personas tan castigadas por el ambiente, o internamente
tan débiles, que hacen del refugio algo permanente.

De esa actitud surgen los sueños más o menos estereotipados; la vida de


ensoñación; la característica distracción; la huida de los estímulos materiales, etc.

En efecto, lo que el mundo real niega, es ofrecido en super-abundancia por la


imaginación. Fracasados allí, triunfadores aquí; amantes desdeñados allí,
plenamenté correspondidos aquí. Todo se transtrueca: el desprecio, en amor; la
desventura, en felicidad; las dificultades, en blanda cera; la pobreza, en riqueza.

Vistas las cosas desde este ángulo, es claro que la peligrosidad criminal queda
reducida a muy pequeñas proporciones; por lo menos en los sistemas penales
modernos, en que el mundo interior escapa al derecho y en que sólo se toman en
cuenta las exteriorizaciones.

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Sin embargo, pueden aparecer delitos culposos como consecuencia de
negligencias. Al mismo tiempo, ha de tenerse en cuenta que el exceso de fantaseo
crea personalidades débiles de voluntad, incapaces de valerse en el mundo real, a
veces poseedoras de individuales códigos de conducta, todo lo que también
puede conducir al delito, si bien por caminos indirectos. Para no hablar de las
consecuencias patológicas que suelen ser graves.

10.- SUBLIMACIÓN O SUSTITUCIÓN. ( ) Es, junto con la racionalización, uno de


los mayores mecanismos de compensación de que dispone el adulto normal. De
ahí la enorme importancia que tiene en Criminología y fuera de ella.

La tendencia primitiva -imposible o indebida en su realización directa- es


canalizada, cambia de objeto o de manera de manifestarse, de tal modo que su
realización se hace posible o ya no choca contra la conciencia. Hay una
canalización útil de las tendencias.

La sustitución o sublimación puede efectuarse, según lo dicho, por cambio de


objeto o por cambio de forma de manifestación o por cambio de ambos a la vez.

Demos algunos ejemplos.

El empleado subalterno que es humillado por las amonesta-ciones de un jefe


prepotente, siente deseos de aniquilarlo o de golpearlo; como ello traería graves
consecuencias, no lo hace, se reprime momentáneamente, pero al llegar a su
puesto de trabajo toma una hoja de papel y la estruja rabiosamente entre los
dedos. La tendencia se ha manifestado, pero inofensivamente porque ha
cambiado el objeto. Lo mismo sucede cuando un individuo, ena-morado de una
lejana y bella artista de cine, se contenta con besar su fotografía.

En cuanto a cambio de forma. Una persona tiene un feliz competidor en arte,


ciencia, amor o algo semejante: desearía dañarlo, suprimirlo, rebajarlo
materialmente; pero no pudiendo hacerlo directamente, se limita a burlarse a costa
de él. Un otro que, deseando abrazar -o algo más- a una muchcha, se contenta
con estrecharle calurosamente la mano. Lo mismo sucede con el alumno
fracasado en

638
sus estudios, se dedica a los deportes o, en nuestro país, a la política de fáciles
éxitos.

Cambios de forma y de objeto. El individuo que, desdeñado por la mujer amada,


se pone a realizar una difícil investigación.

Como se verá, la sublimación es uno de los mecanismos que no sólo aquieta a la


persona, sino que evita múltiples delitos. Sin embargo, de manera no rara, puede
suceder que lós sucedáneos o sustitutos sean peores que los sustituidos, de modo
que la sublimación sea la que ocasiona el delito (aunque satisfaga algunas
tendencias internas del sujeto).

Tal el caso, por ejemplo, en que un hombre emprendedor y ansioso de riquezas,


imposibilitado de obtenerlas por medios honestos, las busca por los deshonestos.
O cuando alguien que fracasó en obtener la deseada figuración política por
medios legales, se dedica a conspirar, crear revoluciones, o dañar al estado. O
cuando aquél mismo empleado vengativo no ataca materialmente al jefe, pero
hace circular contra él anónimos ofensivos.

Pueden darse casos, pues, en que una tendencia mala es sus-tituida por otra
igualmente mala; o por otra peor. El sustituto puede ser el delito u otras conductas
antisociales (fracasos en el amor o la profesión que conducen al alcoholismo o a
las drogas; no es excepcional el que una mujer desdeñada por el gran amor de su
vida, se tome de costumbres fáciles, etc.) (8).

Naturalmente, cuando el sustituto empeora objetivamente la situación anterior, hay


que suponer en el sujeto alguna satisfacción interna. De otra manera ya no se
trataría de sublimación de una tendencia primitiva, sino de hechos que tienen un
origen independiente: no habría propiamente compensación.

11.- CATATIMIA. Ei mundo no es captado en toda su objetividad por cada


individuo, porque éste posee una serie de sentimientos previos que deforman la
realidad. El proceso defor-mador de la realidad a causa de afectos preexistentes,
es lo que se denomina catatinia.

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La deformación no siempre es tal, en estricto sentido, es decir alteradora
inconsciente de algún dato; puede resultar, y resulta la mayoría de las veces, más
bien de una selección arbitraria de los datos, de los cuales se da gran importancia
a algunos mientras otros son dejados en la oscuridad, según sean los intereses
que guían al individuo. Por ejemplo, mientras éste se halla enamorado, ve sólo el
lado bueno del ser amado; pero sucede precisamente io contrarío algún tiempo
después de un rompimiento, sobre todo si ha dejado tras de sí algún resquemor.

Cuando existe una tendencia a obrar en un sentido y se tropieza en seguida con la


imposibilidad o inmoralidad de la acción, cabe realizarla sin que operen estos
impedimentos, si previamente la realidad ha sido deformada, adaptada a las
necesidades de la conducta del sujeto.

Pongamos un caso.

Una persona desea agredir a otra; para ello adquiere un revólver. Sin embargo,
tropieza con la dificultad de que el enemigo es fuerte físicamente y de que de darle
un balazo ciertamente lo causará heridas graves con lo cual la conciencia del
agresor no está de acuerdo. Un día se encuentra con el enemigo en una calle
poco transitada; lo ve venir; ve que lleva la mano al bolsillo y que extrae una
pistola u otra arma; entonces, en legítima defensa, dispara y mata. La gente
acude. El agresor es interrogado y arguye que ha obrado en legítima defensa. Al
usar el revólver ha descartado la ventaja física del oponente; al suponerlo agresor,
acalla a su propia conciencia. Posteriormente se establece que el muerto no
llevaba arma alguna. Un juez desprevenido podrá pensar que el asesino -
considerándolo así- simplemente trata de engañar a la justicia, cuando quizá sólo
se trate de que se engañó él mismo primero.

Estas deformaciones permiten una adaptación; pero ésta es sumamente peligrosa


desde el punto de vista criminal.

En cuanto al mecanismo, es todo lo contrario de raro; se presenta en todas las


ocasiones en que un sentimiento fuerte se presenta, sea él de cólera, amor, odio,
miedo u otro semejante.

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También hay que citar aquí la que Mira y López denomina catatimia negativa, Tal
sucede, por ejemplo, cuando una madre ve que su hijo se ha hecho una ligera
herida sangrante en la cabeza y comienza a pedir auxilio diciendo que su hijo se
muere porque se ha partido la cabeza. En este caso no es que se desee algo
contra los propios sentimientos, sino que, inconscientemente, se sabe que la
exageración del mal ocasionará un socorro más pronto y eficaz.

12.- PROYECCIÓN. Consiste en atribuir a otro, lo propio. Por ejemplo, el joven


enamorado de una muchacha comienza por creer que es la muchacha quien lo
ama. El envidioso se considera envidiado, etc.

En los niños, los mecanismos proyectivos pueden ser fácilmente estudiados y con
gran pureza, es decir, sin muchos velos perturbadores. Cualquier padre recuerda
cómo su hijo, durante un paseo bajo un sol abrasador, le dice: Papá, compremos
helados porque TU tienes calor.

Los mecanismos proyectivos se dan con frecuencia en personas de edad


avanzada bajo la forma de envidioso -envidiado y de perseguidor- perseguido.
Supongamos un profesor que, llegado a cierta edad, se da oscuramente cuenta de
que sus facultades comienzan a declinar, mientras surgen competidores jóvenes,
en la plenitud de su capacidad física y mental. Apenas éstos jóvenes se
preocupan de los mismos temas que el profesor, éste comienza a sentir que su
posición es insegura, que sus fuerzas declinantes ciertamente han de ser vencidas
por las nuevas. Teme y envidia; pero entonces se produce la proyección; ya no es
él quien siente temor y envidia sino sus jóvenes rivales; por eso, éstos se
preocupan sólo de señalar los defectos de aquél, de ponerlo en ridículo, de
desacreditarlo. Es decir, el proyectante hace obrar a los otros como él tiene
deseos de obrar. Si de la proyección deriva una convicción profunda, nada raro
será que las murmuraciones, las acusaciones de ofensas supuestas se conviertan
en conducta habitual del profesor, quien considerará que, al obrar así, no hace
sino defenderse de injustos ataques.

Ese mecanismo puede también observarse, entre otros, en los delirios de


persecución, en que un profundo sentido de agresividad en el paciente, es

641
proyectado en otras personas o en el mundo circundante total; con ello se facilita
la comisión de actos que, de otra manera, serían moralmente imposibles.

Demás decir que la proyección se halla en el fondo de muchos delitos de variada


especie.

13.- RACIONALIZACIÓN. Siempre partimos de la base de que una tendencia


interna encuentra dificultades, sobre todo morales, para realizarse. Muchas veces,
esa tendencia tiene a su servicio la inteligencia del hombre que le va abriendo
caminos; para ello basta con encontrar razones que justifiquen ante el sujeto, la
conducta que ha de adoptarse. Cuando el individuo es muy inteligente, no sólo
logra autoconvencerse y acallar la propia conciencia, sino que convence a otros, lo
que se da principalmente cuando en éstos existe un terreno predispuesto.

Lo que sucede, en este caso, no es que no haya razones, sino que las aducidas
son falsas, han sido preparadas para justificar algo objetivamente injustificable.
Las que se alegan como causas de la conducta, no son sino meros pretextos; la
causa verdadera es aquella tendencia primitiva que fue capaz de tener a su
servicia un ingenio fértil en recursos.

Este es el mecanismo llamado racionalización que consista en que se dan razones


justificadoras objetivamente falsas, para actuar dando salida a las tensiones
internas.

Es un mecanismo'propio de las personas mayores, y más frecuente y peligroso


cuanto más inteligente y frías aquéllas sean. Sin embargo, los antecedentes
pueden encontrarse ya en la niñez cuando muchas veces se presenta por presión
de los padres; así, por ejemplo, cuando el niño hace algo inadvertidamente y
aquéllos comienzan a preguntarle las razones que ha tenido para hacerlo; en tal
situación, el niño comienza a fabricar razones en las cuales previamente ni
soñaba; expuestas ellas, nada raro que termine él mismo por convencerse de que
esas razones fueron reales y se considere justificado. Como que uno de los
grandes beneficios subjetivos de la racionalización de ciertas conductas es la
tranquilidad interna que provoca y que sería destruida si conociéramos la
motivación real de nuestros actos.
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La racionalización se encuentra con mucha frecuencia en el campo delictivo. Es
sumamente común, por ejemplo, en los delitos políticos. En ellos, el individuo que
odia una forma de gobierno o a sus representantes, justifica su conducta y hasta
se considera mártir, convenciéndose de que el asesinato o la conspiración o la
revolución, eran una necesidad para salvar a la patria, la libertad, para aniquilar
una tiranía, etc. Para no hablar de los casi siempre impunes delitos cometidos por
los gobernantes de toda la jerarquía administrativa, bajo el pretexto de que es
necesario asegurar el orden y la paz social contra los perturbadores. Delitos todos
que son especialmente notables en tiempos y países de instituciones no firmes;
como es nuestro caso.

Pretexto, como el de que es preciso salvaguardar al honor familiar, de que se tiene


que llevar una vida digna, etc., no son muchas veces sino la máscara con la cual
se da salida a muchas tendencias inconfesables (9).

La racionalización, en la delincuencia, tiene otra importancia: construido el aparato


intelectual justificativo de una conducta, contra él se van a estrellar todas las
tentativas penitenciarías de reeducación. El individuo cree haber obrado bien y, de
presentarse nuevamente las anteriores circunstancias, lo qué es frecuente,
reincidirá sin sentir mayores remordimientos. Tales reincidencias no han de ser
consideradas como manifestación de una interna perversidad sino como resultado
del temor de que una conducta distinta lleve a que el sujeto descubra la verdadera
índole de los actos ejecutados; eso tiene que ser evitado por él a toda costa.

14.- HOLOTIMÍA. El sentimiento de lo sagrado. Casi todas las religiones


consideran que una parte del hombre, o él todo entero, goza de la inmortalidad.
Existe un mundo al cusí se llega por la puerta de la muerte. En ese mundo se da
la posibilidad de que los actos malos sean castigados y los buenos, premiados a
través de una justicia exactamente administrada.

Por eso, cuando todos los demás mecanismos fallan para impedir un acto, la
holotimia suele ser el único que queda y, en las personas verdaderamente
creyentes, el más eficaz. Entonces se reprime el mal, se realiza el bien, aunque
momentáneamente se sienta dolor, porque la recompensa y la satisfacción han de

643
llegar con seguridad, dentro de un plazo que, comparativamente, no se con-sidera
muy largo.

De esta manera, el presente es regulado por el futuro; las acciones de este


mundo, por lo que sucederá en el otro.

Este mecanismo, sin embargo, puede conducir a ciertos delitos tanto por algunas
circunstancias exteriores como porque las creencias son deformadas por falta de
educación.

Al respecto, nos remitimos a lo que quedó dicho en el capítulo especialmente


dedicado a estudiar los factores religiosos en el delito.

(1) Creemos que, desde el punto de vista criminológico, es mejor hablar de los mecanismos de adaptación en general, y no sólo de
los mecanismos de compensación. Estos son menos que aquéllos, en los cuales quedan incluidos. Si optáramos por referirnos
sólo a los mecanismos compensatorios, tendríamos que dejar de lado, por ejemplo, las agresiones y retiradas directas que, sin
embargo, implican un intento de adaptación.
(2) Al respecto pueden verse: Mira y López, Psiquiatría, pp. 24-29 idem, Manual de Psicología Jurídica; pp. 60-67 idem; Los
fundamentos del Psicoanálisis, pp. 80-87; Cameron The Psychology of Behavior Disorders, pp. 141-186; Noyes, Psiquiatría
Clínica Moderna, pp. 15-40; Branham y Kutash: Enciclopedia of Criminology, pp. 234-242 (art. Mental Mechanisms, de Leland
Hinsie.
(3) Véanse dos casos; Mira y López, se atiende más bien al criterio freudiano; en cambio, Cameron prefiere moverse dentro de
los marcos señalados por el conductismo; y hay quienes admiten los mecanismos como hechos indiscutibles, sin manifestar la
necesidad de explicarlos a través de una u otra escuela exclusivamente.
(4) V: ob. cit., pp. 152-153.
(5) Este mecanismo ya nos puede servir de ejemplo acerca de la manera en que las técnicas adaptativas se imbrican y suponen;
piénsese, por ejemplo, que el llamar la atención puede ser y generalmente es, una simple manera de manifestación lateral
de otros mecanismos.
(6) Ob. cit., p. 154.
(7) Preferimos referirnos solo a estos dos nombres Dejamos de lado el otro sinónimo usado por Mira y López, el de “transferencia”,
porque esta palabra tiene en psicoanálisis -la escuela que más ha trabajado en esta forma de compensación- un significado
especial. Tampoco optamos por el vocablo “compensación” usado por Cameron porque si bien lo substancial desarrollado por
el con ese nombre corresponde al concepto, que aquí explicamos, de sublimación, en ciertos aspectos lo excede; sin que
pueden incluidas, sin embargo, todas las formas de compensación; pero el vocablo usado por Cameron tiene la ventaja de no
prejuzgar en relación a si el sucedáneo es mejor o peor que los sustituido, algo de lo cual se desliza naturalmente cuando
hablamos de sublimación.
(8) En tal sentido, Cameron, loc. cit.
(9) Uno de los más profundos análisis que se ha hecho sobre este mecanismo, se halla en una obra literaria anterior al tiempo en
que la racionalización fuera estudiada sistemáticamente. Lo hizo Dostoyevski en Raskolnikooff, protagonista de la novela Crimen
y Castigo.

644
Cuarta Parte

CRIMINOLOGÍA APLICADA

EL DICTAMEN CRIMINAL

CAPÍTULO I

EL DIAGNÓSTICO CRIMINAL

1.- CRIMINOLOGÍA APLICADA. La Criminología es la ciencia que trata de


establecer las causas del delito considerado como fenómeno individual y social.
Cuando logra hallar dichas causas, puede decirse que su objetivo se halla
cumplido.

Sin embargo, la Criminología no es la única ciencia que trata del delito. Existen
otras, como dejamos dicho en las primeras páginas de esta obra.

Entre esas ciencias, las hay que son eminentemente naturalísticas, como la propia
Criminología, Criminalística y la Penología; otras tienen un carácter
eminentemente jurídico, como el Derecho Penal y el Procedimiento Criminal. Las
diferencias entre ambos grupos no tocan sólo a los objetos que consideran -
hechos reales, en el primer caso, normas jurídicas abstractas, en el segundo-, sino
también a los métodos que emplean -eminentemente inductivos en el primer caso,
deductivo, en el segundo-. De esta contraposición se originó una tendencia al
divorcio entre ambos grupos de ciencias. Las unas se atenían a los hechos y,
descuidadas de las normas, concluían por despreciarlas y por desconocer todo
carácter valorativo en el delito. Las otras, sumidas en un mundo de secas y frías
abstracciones, prescindían de la humana e irreductible realidad del delito y del
delincuente, buscando atenerse exclusivamente a principios generales, pues aún
las distinciones que aceptaban eran de tipo general.

Este divorcio no podía sino ser perjudicial para todos, como lo demostró la práctica.

De ahí surgió la necesidad de establecer los puntos de contacto y de cooperación


entre las distintas ramas que se ocupan del delito y del delincuente ya que,
aunque cada una tomara a su cargo el estudio de determinado aspecto de ellos,

645
en realidad

646
esos aspectos no pueden ser tratados independientemente, porque ello conduciría
a guiarse exclusivamente por visiones parciales.

Puede hoy decirse que uno de los puentes por los que transitan las mutuas
influencias, está constituido por la Criminología. Quizá sea posible, inclusive,
afirmar que esta ciencia ha sido el principal nexo que hoy impide el
desperdigamiento de las demás.

Eso se ha visto claramente, por ejemplo, en el derecho de menores, donde las


conclusiones criminológicas han servido de base para la dictación de medidas
adecuadas al tipo humano a que se dirigen.

La última y cuarta parte de esta obra, está destinada a mostrar las aplicaciones
que la Criminología tiene en relación con las demás ciencias penales, no
invadiendo su jurisdicción, sino proporcionándoles los antecedentes que ellas no
podrían hallar por sí solas.

Es verdad que el tratar ampliamente este tema, hoy de actualidad, requeriría de


una obra especial; por eso nos limitamos a los aspectos fundamentales del mismo
(1).

Por ejemplo, la demostración de la enorme variedad de causales del delito, lleva a


que el Derecho Penal tenga que considerar la personalidad del delincuente y
flexibilizar las sanciones que establece, así las considere como castigo, como
correctivo o como un término medio entre ambos. Sanciones de tipo especial,
como la variedad de penas aplicables para cada delito, la libertad concedida al
juez para escoger entre ellas, la condena condicional, la libertad condicional y
vigilada, la sentencia indeterminada —total o parcialmente—, la reconsideración
de las penas privativas de libertad de corta duración, etc., son los frutos penales
recogidos por los estudios criminológicos.

En cuanto al procedimiento, baste considerar el que se sigue para los menores,


anormales, etc., para demostrar también esa influencia.

Para no hablar de la ejecución de las penas. Puede hoy afirmarse que una
Fenología sin base criminológica es inconcebible. Por ejemplo, uno de los

647
postulados de aquélla, la individualización de la pena, sería imposible en la
práctica

648
si no se conocieran las causas'que impulsaron ai delincuente, la total personalidad
del mismo, tarea que incumbe esencialmente a la Criminología. Y aquí hablamos
tanto del régimen penal como de la asistencia que tendría que dispensarse al
delincuente una vez cumplida la condena.

En cuanto a la criminalidad como fenómeno social, ya vimos que hay causas que
afectan no sólo a tal o cual delincuente, sino que se hallan presentes en gran
número de casos. Atacar a aquéllas supone el prevenir el delito. Esa es tarea de la
Política Criminal. Pero ésta sería imposible o debería atenerse a improvisaciones,
si no contara con los datos que le proporciona la Criminología (2).

Lo dicho es suficiente para justificar la afirmación hecha más arriba, en sentido de


que detallar las formas y maneras en que la Criminología influye en las demás
ciencias, sería contenido suficiente para una obra especial y no breve.

Por eso nos hemos de limitar aquí a tratar el problema del dictamen criminal, en
sus dos variedades, de diagnóstico y de pronóstico.

2.- DIFICULTADES DEL DICTAMEN. La emisión del dictamen -sea de diagnóstico


o de pronóstico- supone el conocimiento de las causas que llevaron al delito, así
como de la personalidad del delincuente, por lo menos en sus rasgos
fundamentales. Pero, dada la índole compleja de la conaucta humana se
comprenderá hasta dónde es difícil llegar a un conocimiento adecuado.

Estas dificultades de principio se traducen en otras de tipo práctico y económico.


Por ejemplo, para un buen dictamen se requiere el establecimiento de
instituciones dedicadas a la investigadóo, que deberán contar con especialistas
que establezcan las causas sociales en el caso, con médicos de las distintas
especialidades, psiquiatras, psicólogos, pedagogos, etc., para no hablar del
personal destinado a reunir los distintos datos a fin de tener la visión total del caso.
Fuera del personal, deberán constituirse laboratorios, clínicas, etc. En suma, se
precisa de un equipo humano numeroso y bien rentado, así como de grandes
gastos de instalación material.

649
Pero aún establecidos los medios para diagnosticar y pronos-ticar la oonducta
criminal, el análisis más concienzudo será incapaz de evitar errores. Inclusive si
suponemos la existencia paralela de instituciones penitenciarias modelos, que se
atengan a los datos científicamente establecidos y a las consecuencias de ellos
derivados, siempre habrá que esperar un apreciable número de fracasos. Ellos se
manifestarán no sólo en la inadecuación de los medios correctivos empleados,
sino en la reincidencia de los delincuentes. Y si abandonamos el campo del
tratamiento individual para incidir en el de la Política Criminal, comprobaremos
que, aunque ésta se asiente en los datos elaborados por la investigación
criminológica, será incapaz de tomar todas las medidas que se requerirían para
evitar los delitos. La propia índole de las causas de los delitos es suficiente para
asegurar de antemano que esa prevensión total excede la capacidad humana.

Sin embargo, el establecimiento de institutos de dictamen es la base siquiera para


disminuir apreciablemente el número de delitos y para tomar con cada criminal las
medidas correccionales más apropiadas para el caso concreto. El número de
personas que de esta manera son mantenidas lejos del campo criminal o que son
preparadas para no incurrir de nuevo en él, será suficiente para elevar el nivel
moral de la sociedad, así como evitarle los gastos que ahora debe hacer con el fin
de mantener juzgados, penitenciarías, establecimientos de distinto tipo.

3.- NATURALEZA Y BASES DEL DIAGNÓSTICO. El diagnóstico criminal tiene por


objeto determinar las causas que han llevado a cometer un delito así como el tipo
de delincuente de que se trata.

El conocimiento de las causas del delito supone una investigación adecuada de


las mismas, así como el establecimiento de sus correlaciones y de la relativa
importancia que puede asignársele dentro del complejo estructural que se resolvió
en el delito.

El segundo paso será el de tipificar o clasificar al delincuente. Ello supone no sólo


un conocimiento de su total personalidad, sino también la preexistencia de tipos
delincuenciales, la posibilidad de subsumir en ellos al ser individual (3). Por tanto,
el diagnóstico implica la previa existencia de una clasificación.

650
Este hecho fue claramente visto desde los primeros momentos de existencia de la
Criminología. Según en su lugar se estableció, no han tenido otro objeto las varias
clasificaciones de los criminales intentados desde Lombroso hasta nuestros días.
Vimos también que estas clasificaciones teman el inconveniente de atribuir a
ciertos caracteres, corporales o no, una capacidad distintiva que la experiencia ha
demostrado que no poseían. Como ejemplo, recordamos los rasgos anatómicos
lombrosianos que, dentro de su teoría antropologista, debían servir para clasificar
a los delincuentes, como natos o no. Caracteres más dignos de tomarse en cuenta
se contenían en las clasificaciones de Ferri y Garófalo, si bien tampoco podían
considerarse como aceptables en su conjunto.

Pero lo que ha subsistido es la conciencia de la necesidad de las tipificaciones


generales.

Con una advertencia que evite toda rigidez y exageración. Advertencia que no es
sino repetición de lo que muchas veccs se ha dicho en esta obra, principalmente
en el capítulo de biotipo- logía: la tarea de crear tipos y de clasificar conforme a
ellos a loa individuos es una necesidad sistemática ineludible, un primer paso que
arroja luz sobre el caso concreto; pero no es sino eso: un primer paso; después
tendrán que darse los relativos a la consi-deración del hecho y del individuo como
algo irrepetible. Sólo así se explica el que nadie se contente con la mera
clasificación y el que no se hable de tratamiento penal por tipos, sino de acuerdo a
cada persona.

En las clasificaciones hoy más admitidas, se hace patente la subsistencia del viejo
problema disposición-medio ambiente. Ya dijimos que si bien es imposible
determinar de manera matemáticamente exacta la proporción en que se
distribuyen las causas cri-minales de uno u otro origen, cabe la posibilidad de
establecer, en líneas generales, cuál grupo de ellas ha sido más significativo para
determinar el delito de que se trata. Cabe, entonces, distinguir un delincuente
disposicional o por tendencia y un delincuente por ambiente u ocasional. Ambos
tipos no implican un exclusivismo en cuanto a las causas, sino simplemente una
mayor acentuación en algunas de ellas. La clasificación, concorde con una teoría
dinámica del delito ha de tomar en cuenta el hecho de que el delincuente
651
ocasional capta la ocasión conforme

652
a su personalidad y que el delincuente disposicional o por tendencia tiene esa
disposición ya integrada por fenómenos ambientales, como que aquí se hace
referencia a la disposición actual, que es en gran parte disposición adquirida del
medio ambiente.

Es de suponer que si la disposición prima en un delincuente, aquélla ha de


empujar al delito, aunque se den algunos cambios en el ambiente. De ahí la
reincidencia, la persistencia en el crimen.

En el ocasional, por el contrario, los cambios ambientales tendrán influencia


decisiva en el alejamiento del delito.

Sin embargo, queda siempre el problema de establecer los caracteres distintivos


del criminal por tendencia -por disposición o de estado- para diferenciarlo del
criminal ocasional. Aun dejando de lado los numerosos casos en que es muy difícil
o imposible decidirse, porque se trata de un tipo mixto, queda siempre pendiente
el problema inclusive en relación con los ejemplares más característicos. Esa
dificultad especial surge del hecho de que las fáciles características de tipo
lombrosiano o similares han sido dejados de lado al demostrarse su
inconsistencia; es, pues, necesario encontrar otras características. Ellas no
pueden establecerse sino por inducción, comparando a posteriori los rasgos de los
delincuentes que reinciden, pese a cambios ambientales. con los de aquéllos que
se corrigen en tales condiciones. Los estudios efectuados demuestran que hay
notas que se presentan en un caso con mucha más frecuencia que en el otro, lo
cual da base para juzgar que sen caracteres diferenciales. La acumulación de
éstos en el mismo individuo puede lógicamente llevar a la conclusión de que se
trata de un delincuente por tendencia o por ocasión.

Sin embargo, como aún no se ha descubierto y es difícil que llegue a descubrirse


en el futuro, un rasgo típico del criminal disposicional, resulta claro que el
diagnóstico no puede pretender ser absolutamente seguro. Con él se cometen, si
sus bases han sido sentados científicamente, menos errores que con
apreciaciones a ojo; pero siempre es posible una equivocación.

653
La falta de certidumbre absoluta es un riesgo que hay que correr. En efecto, la
clasificación manifiesta en el diagnóstico tiene consecuencias prácticas; influye
sobre la conducta del juez y la del ejecutor de la pena; ambos tienen que apoyarse
en algo més o menos firme para actuar, aunque eventuahnente se equivoquen;
más riesgos correrían de dejarse guiar sólo por su leal saber y entender.

Alguién podrá decir que es preciso que no actúen antes de tener firme certeza.
Pero eso equivale a desconocer que juez y penitenciarista tienen que actuar, no
pueden quedarse con los brazos cruzados; o mejor, quedarse con los brazos
cruzados es también una forma de actuar. Equivale, por ejemplo, a pedir que nnte
un enfermo el médico se cruce de brazos hasta tanto adquiera todos los
conocimientos posibles y seguros acerca de la enfermedad contra la que debe
combatir; y que deje morir al paciente antes que actuar basado en una mera
probabilidad, por alta que ¿lia sea.

Son, pues, necesidades prácticas las que impulsan al diagnóstico.

Dentro de los caracteres propios del criminal por tendencia, se han establecido
muchos que son sostenidos de modo reveladoramente uniforme por criminólogos
de las más diversas escuelas, lo que habla en favor de aquéllos y abonan su
relativa certeza. Hemos de escoger la exposición que de ellos hace Exner por la
cantidad de material con que se ha trabajado y el rigor metódico con que se le
manejó. Ambas bondades dependen de que en Alemania se efectuaron
investigaciones amplísimas a raíz de la arden de 30 de noviembre de 1937 que
impuso pautas uniformes para el trabajo de informes biológico-criminales en todo
el país.

Antes de pasar al párrafo siguiente, es de recordar que la clasificación no se hace


solamente en dos grupos -criminal por tendencia o por ambiente (ocasional)-, sino
en tres, agregando a los dos anteriores el delincuente pasional o afectivo, con lo
que se recoge una larga tradición criminológica que siempre pretendió hacer de
estos delincuentes un tipo aparte. Sin embargo, sin perder de vista los rasgos
predominantes del criminal pasional, es más conveniente hacer lo aconsejado por
Exner, es decir, subsumirlo ven los dos tipos anteriores, pues también es posible

654
establecer que el delitb pasional se debe predominantemente a la disposición o a
la ocasión (4).

655
4.- RASGOS DISTINTIVOS DEL CRIMINAL POR TENDENCIA (5). Esos rasgos
pueden clasificarse en varios grupos, según sigue (6).

Nótese, además que, entre los rasgos apuntados, se hallan funda mentalmente los
que a lo largo e esta obra han sido señalado como particularmente significativos
para la aparición del delito. El diagnóstico se basa en ellos. Como ya fueron
explicados en su lugar, aquí no hacemos sino recordarlos, y no todos; nos
remitimos a cada lugar en que fueron tratados, tal como tam bién lo hace el propio
Exner.

I.- Ascendencia. Hablan en favor de delincuencia disnosicional, las psicopatías, el


alcoholismo o la criminalidad de los progenitores (7). Según las investigaciones
modernas, hay que des-cartar las psicosis, salvo las epilépticas y las relativas a
conductas sexuales.

II.- Relaciones educativas. Para ello hay que tener en cuenta los diversos medios
que realizan la tarea educativa, tales como la escuela, la familia, el ejército, los
grupos escultísticos, etc. Podemos señalar los casos en que existe nacimiento
ilegítimo, hogar mal constituido, dificultades en las relaciones familiares, orfandad,
fracaso culpable en la escuela, mal rendimiento intelectual y mal comportamiento
en ella, carencia de una preparación técnica adecuada para desempeñar un buen
trabajo que permita obtener lícitamente la satisfacción de las necesidades que el
individuo tendrá, carencia de relaciones amistosas o mala calidad de las mismas,
fracaso en las agrupaciones extraescolares, como los exploradores, mala
conducta en el ejército, inmoralidades pequeñas, pero sostenidas, etc.

III.- Carrera delincuente. Es uno de los elementos de mayor importancia en la


determinación del diagnóstico. Hay que tener en cuenta varios aspectos de la
carrera delincuente:

A) Número de delitos. Puede decirse, como en seguida se verá, que cuantos más
delitos tiene uno tras de sí, más tiene delante de sí. Parece que, como sucede
generalmente con los actos humanos, la comisión de alguno facilita la repetición
cuando se han derivado de las anteriores satisfacciones mayores a los perjuicios;

656
también aquí se crea un hábito que facilita cada vez más el romper las
resistencias presentadas por la propia conciencia, el temor a la censura social o al
castigo penal.

Exner reproduce los siguientes números comprobatorios en relación con la


reincidencia por grupos:

"De los condenados por primera vez en 1902 22,1%

Que habían ya sido condenados una vez en dicho año 48,7%

Que habían ya sido condenados 2-4 veces en dicho año 65,7%

Que habían ya sido condenados 5 veces o más en 1902 83.3%(8).

La existencia de disposición para el delito se manifiesta en el hecho de que la


criminalidad se presenta en ocasiones diferentes entre sí.

B) Momento. Hay que tomar en cuenta dos aspectos.

El primero, el caso del reincidente múltiple; si hay sólo un breve lapso entre la
puesta en libertad y la reincidencia, puede deducirse una criminalidad
disposicional. No así cuando pasa un tiempo largo, pues entonces podría más
bien deducirse que el individuo es capaz de resistir a las tentaciones. Sin
embargo, ha de pensarse en la existencia de disposición, aunque el lapso hasta la
reincidencia sea largo, cuando el delito posterior es grave o, de cualquier modo,
requería de una larga preparación.

El segundo, en cuanto al momento en que se perpetró el primer delito. La


precocidad es casi siempre un síntoma de delincuencia disposicional, como ya lo
anotara Ferri, salvo que el delito pueda ser atribuido fundamentalmente a las
pasajeras crisis que se sufren durante la pubertad y la adolescencia. Pero de lo
dicho no hay que deducir lisa y llanamente que cuando la criminalidad se presenta
en la adultez y aún más tardíamente, hay que pensar preferentemente en
delincuencia ocasional. Aquí se impone un análisis detallado del caso concreto,
tomando en cuenta que hay delitos que requieren de cierta madurez social -ocupar
altos puestos, ganarse confianza, manejar fondos considerables, tener

657
experiencia, etc.-, como sucede en las estafas, bancarrotas; o de cierta madurez
biológica, como ocurre con los delitos propios de la edad senil.

658
Como Exner observa, puede suceder que la aparición retardada del primer delito
se deba a que hasta ese momento el criminal se encontraba en circunstancias
especiales que impedían la salida de las tendencias profundas. Tal el caso de los
soldados profesionales que comenzaron una carrera de reincidencias múltiples,
cuando fueron dados de baja (9).

C) El modo. La disposición marca con un sello la actividad del delincuente. Este


tiene sus propias maneras de obrar, como sabe todo policía experto, capaz de
reconocer una técnica de ejecución por detalles personales del criminal. El
delincuente por tendencia, sobre todo si es profesional,'tiende a la especialización,
aunque de ello no pueda deducirse que todo delincuente profesional es
necesariamente de estado, o viceversa. Puede suceder más bien, en ciertos
casos, que el peso irresistible de la disposición se haga patente a través de un
prontuario variadísimo, como si el criminal no pudiera resistir a la tentación aunque
se presente de diversas maneras.

Aquí hay que tener en cuenta también el tipo de delito que se comete. Algunos de
ellos parecen apuntar menos que otros a la reincidencia. Esta se da sobre todo en
delitos contra la propiedad o contra la salud pública. Es también evidente que
ciertos delitos son reveladores, ya porque suponen organizaciones criminales que
protegen a sus miembros, ya porque presentan tentaciones, por su ganancia u
otras facilidades, que son difíciles de resistir; por tanto, habrá que tomar en cuenta
también el tipo de delito cometido y las circunstancias que lo rodean.

Waite, nos da los siguientes números en relación con la reincidencia en ciertos


delitos:

Previas reclusiones

"Envíos a prisión o reformatorio por (no

necesariamente

por el mismo tipo

de delito)

659
Homicidio 61,7%

660
Robo 61,9%

Violación de domicilio (10) 65,1%

Abuso de confianza y fraude 75,5%

Falsificación 77,7%

Violación 58,0%

Violación de leyes sobre drogas 90,3%" (11).

D) El lugar. Es característica en el criminal por tendencia, la criminalidad interlocal;


eso puede deberse tanto a que el conocimiento que de él tiene la policía de un
lugar le impulse a trasladarse adonde estén menos prevenidos, a que precisa
encontrar nuevas oportunidades pera cometer los delitos en que se ha
especializado o a que particulares anormalidades le inducen a fre-cuentes
cambios de domicilio.

IV.- Otros caracteres. Los señalados son de tipo eminentemente social e implican
un desajuste en relación con las normas que el grupo reconoce como moralmente
aceptables. Asi, tenemos al bebedor exagerado o consumidor de estupefacientes,
al que trabaja irregularmente y no cumole con tal modo de adaptarse socialmente,
el mal empleo del tiempo libre en diversiones que no son socialmente loables; el
matrimonio realizado mal, especialmente si se efectúa con un delincuente; la
asociación con grupos antisociales, etc.

Ya dijimos que ninguno de estos caracteres merece ser con-siderado como


típicamente criminal; eso implicaría volver a Lombroso, aunque fuera por un
camino distinto. Por tanto, el valor de ellos proviene de la forma en que se
acumulan y en que se combinan entre sí o con otros caracteres favorables para el
delito. Los datos señalados tienen un gran valor objetivo, son una sólida base
sobre la cual puede operarse; pero después ha de venir necesariamente una labor
más subjetiva, pero no menos importante, que es la interpretación dinámica de
esas causas, el captar el sentido total de ellas dentro de un conjunto estructurado

661
que, en suma, es el que empuja o no al delito.

662
Ayudarán a esta interpretación varios otros datos no contenidos en los acápites
anteriormente detallados; por ejemplo, el reincidente suele tener, por término
medio, menos inteligencia que el primario, fuera de otros defectos intelectuales; en
él se presentan con más frecuencia las anormalidades del carácter, como ser
frialdad de sentimientos, volubilidad, impulsividad exagerada, etc.

En este último aspecto, Di Tullio ha reunido un material de investigación


sumamente notable al hablar de la "constitución delincuencial" entendida como
"una predisposición constitucional a la delincuencia en general" (12). Es verdad
que su concepción está muy teñida de lombrosianismo, aunque éste haya sido
renovado con conocimientos modernos; pero aún así y teniendo el cuidado de
evitar los lazos de la concepción general de Di Tullio, pueden entresacarse
muchos caracteres propios del que se denomina delincuente disposicional y que
son aprovechables para el diagnóstico.

Dejando de lado los puntos en que existen coincidencias con los señalados por
Exner, para evitar repeticiones, podemos agregarles otros, por ejemplo, las
alteraciones infecciosas y tóxicas (enfermedades como la tuberculosis y la sífilis
así como disfuncioncs glandulares), anormalidades del sistema nervioso, de los
instintos (sexual, de defensa, de dominio, etc.), deficiencias morales, per-versidad,
agresividad, prepotencia, parasitismo; carencia de capa-cidad inhibitoria,
impulsividad exagerada, hipo-evolución en el desarrollo.

No hacemos sino citas las características más importantes (13).

El primer tipo de clasificación supone, como se ve, dos categorías en que la


mayoría de los criminólogos están de acuerdo: el criminal por tendencia o
disposición y el ocasional; priman en el primero tas condiciones personales -
hereditarias o adquiridas- y en el segundo, las circunstancias del medio. Pero se
pueden agregar otras clasificaciones que nos acerquen cada vez más a la
individualización. Esas clasificaciones dependerán de las posibilidades de
investigación en cada lugar y, desde luego, de la utilidad que puedan tener en el
tratamiento penal y en la determinación de la sanción aplicable.

663
Por ejemplo, se harán distinciones según el tipo de delito cometido, el sexo, la
edad; si se trata del primer delito o el individuo puede ser considerado habitual o
profesional; el tipo y la gravedad de la pena; la motivación que impulsó al
delincuente; algunas anormalidades corporales o mentales significativas, etc.

Habrán de tomarse en cuenta también, las conclusiones a que han llegado


algunos estudios de Criminología especial, sobre determinados tipos de
criminales: asesinos, ladrones, violadores, calumniadores, etc.

(1) Es un acápite central, tratar de introducir al delincuente de carne y hueso, vivo y humano, en las ciencias jurídicas para que éstas se
acostumbren a no prescindir de él. Esta finalidad ha sido claramente establecida por Piga en su ponencia: Valor del Diagnóstico Psicomédico
en lo Criminal (V: Revista de Derecho de la U.M.S.A., Nº 13, principalmente pp. 194-198). Esta ponencia ocasionó el que el Congreso
Hispano- Luso-Americano Penal y Penitenciario, ante el que fue presentada, aprobara algunas conclusiones que tienen interés para la
Criminología, aunque se refirieran específicamente al peritaje médico-legal. Pue de vérselas reproducidas en la Revista de Derecho de la
U.M. S. A., No 14, pp. 136-137. La interrelación es evidenciada como una necesidad, por la organización de los modernos Institutos de
Ciencias Penales, donde la excesiva especialización es combatida. Véase, al respecto: Giribaldi Oddo, La Creación de Institutos de
Especialización en Ciencias Criminológicas en las Facultades Jurídicas.

(2) V: Kempe: La Tarea del Criminólogo en la Sociedad, pp. 39-49 de la Revista Penal y Penitenciaria, No 47-50. Langle: La Teoría de la
Política Criminal, pp. 43-55.- Sellin: L'etude Sociologique de la Criminalité p. 112. Hood y Sparks, Key inssues in Criminology, pp. 110-140 y
193-214.

(3) V: Exner, Biología Criminal, p. 439.

(4) V: Ibídem, p. 441.

(5)) Habrá de recordarse siempre, que estos rasgos no son absolutamente típicos, sino sólo relativos en su frecuencia, que es mayor en los
delincuentes tendenciales que en los ocasionales.

(6) Sobre estos rasgos, v: Exner, ob. cit., 442 y ss. No se dan aparte los caracteres de los criminales ocasionales porque ellos pue den ser
fácilmente deducidos.

(7) Nótese que aquí no se dice nada acerca de si la criminalidad es o no hereditaria; simplemente se comprueba el hecho de que cuando
existe en los padres, tiende a aparecer también en los hijos.

(8) Exner, ob. cit., p. 443.

(9) V: Ibidem, pp. 444-445.

(10) Traducimos así la expresión "burglary", aunque ésta tiene también la significación de haberse introducido al domicilio ajeno para cometer
otro delito. En este caso, como en los demás, no puede siempre pretenderse una traducción exacta, dadas las variaciones legislativas y la
tradición penal que se encuentra detrás de cada expresión extranjera.

(11) Waite: The Prevention of Repeated Crime, p. 24. Estas cifras hay que ponerlas en relación con el término medio de reincidentes en todos
los delitos, que se encuentran en prisiones; ese término medio general es, según el mismo autor, del 50%; v: lbidem, p. 23. Carballa calcula
que, en el Uruguay, el 25% de los presos tenían otros antecedentes penales, policiarios o por faltas: v: Manifestaciones predominantes de la
delincuencia en el Uruguay, p. 13.

(12) Trattato di Antropologia Criminale, p. 49. Ver también. Principios de Criminología Clínica y Psiquiatría Forense, pp. 170-189.

(13) V: Ibidem, pp. 60-73.

664
CAPÍTULO II

EL PRONÓSTICO CRIMINAL

1.- NATURALEZA DEL PRONÓSTICO CRIMINAL. Si el diagnóstico criminal


busca establecer cuáles fueron las causas de un delito y cuál la personalidad del
delincuente, el pronóstico pretende predecir la conducía futura del delincuente en
cuanto a la reincidencia.

De ello pueden deducirse la importancia y la dificultad del pronóstico.

En cuanto a la importancia, demás decir que una lucha científica contra el delito
supone, entre otros, que no hayan de lanzarse nuevamente a la circulación, a
individuos que, habiendo cometido uno o varios delitos, han de recaer con mucha
probabilidad en ellos. Pero frente a esa necesidad preventiva se alzan los
derechos humanos, entre ellos el de libertad, la que no debe ser limitada a menos
que existan fuertes razones morales para ello. Prevención y derechos del
delincuente se contraponen en cierta medida y será tarea/del pronóstico el tratar
de armonizarlos.

Tampoco se ha de pensar simplemente en la liberación o suspensión de algún tipo


de pena, sino en la aplicación de la misma, pues dentro de un Derecho Penal
flexible y humano, la determinación judicial de una sanción y su ejecución
posterior se basan necesariamente en una prognosis acerca de la forma en que el
delin-cuente reaccionará frente a la pena que le ha sido impuesta.

Tenemos, por tanto, dos aspectos distintos pero complementarios de la prognosis;


ésta puede ser:

a) PROGNOSIS DE JUICIO. Es, la que debe efectuar el juez en el momento de


dictar sentencia y como uno de los fundamentos de la misma. Tal prognosis ge
basa en el diagnóstico cri-minal, que ya presenta al enjuiciado como criminal
disposicional o por ocasión. En base a tales datos, el juez ha de pronosticar la
conducta futura del reo, sus posibilidades de corrección, a fin de determinar la
pena en cuanto a especie y duración (siempre que tales posibilidades le sean
concedidas por el sistema penal, y dentro de ellas). La prognosis de juicio tiene
665
muchas limitaciones, entre ellas, el que el diagnóstico que es su principal punto de
arranque, se hace

666
sobre muchos datos incontrolables o difícilmente comorobables, porque el criminal
no estuvo, durante su vida libre, sometido a una observación sistemática.

b) PROGNOSIS DE EX CARCELACIÓN. "... debe contestar a la cuestión de si el


preso puede ser libertado del esta-blecimiento penal o de la casa en que cumple la
medida de seguridad sin que sean de esperar por él posteriores reincidencias" (1).

La prognosis de ex-carcelación es más completa que la de juicio pues no sólo


cuenta con los datos establecidos para ésta, sino con otros que provienen de la
observación sistemática a que el reo hubiera sido sometido mientras cumplía su
condena. Inclusive. se puede decir que el material relativo a actos previos a la
condena es enriquecido porque se dispone de más tiempo para comprobarlo
durante la ejecución penal, tiempo de que no se disnone usualmente antes de la
prognosis de juicio, pues éste, conforme a principios procesales modernos, debe
ser tan corto como, consienta la administración racional de la justicia.

En general, si la prognosis es negativa, es decir, si como con-secuencia de la


misma, se establece que el reo, una vez liberado, ha de reincidir, se lo retendrá
mediante la aplicación de medidas adecuadas. Por el contrario, si el pronóstico es
positivo, es decir, si llega a presumirse que el delincuente no reicidirá de ser
puesto en libertad, la sanción puede darse por concluida aún antes de que se
haya cumplido totalmente o se emplearán simples medios indirectos de control (2).

De estos dos enunciados ya f ede el estudiante de Criminología deducir la decisiva


importancia del pronóstico y la necesidad de que se creen bases para que él se
equivoque lo menos posible.

Siempre existirán casos intermedios en que el investigador y, luego, el juez, se


sentirán incapaces de decidir acerca de Ta futura conducta del criminal. ¿Se lo
liberará entonces o, por el con trario, se lo retendrá hasta que se tenga un
apreciable grado de seguridad de que la reincidencia no ha de producirse? A esta
pregunta no puede responder la Criminológía sino el Derecho Penal y, tras éste, la
concepción general que se tenga acerca de los deberes y derechos correlativos de
la sociedad

667
y del individuo; aquí tiene primordial importancia el que se haya optado por el
principio in dubbio pro reo o in dubbio pro república.

2.- DIFICULTADES DEL PRONÓSTICO. Supuesta la necesidad de llegar al


pronóstico criminal como base para la adecuada realización de la política criminal
y penitenciaria queda todavía por establecer el camino que debe seguirse (3).

Desde un comienzo se dijo que era vana la pretensión de pronosticar la conducta


humana; tan escéptica posición tiene fundamento cuando se refiere al pronóstico
que quiere darse como absolutamente seguro y valedero para todos los actos
humanos. Pero lo que se busca con el pronóstico criminal es algo menos
presuntuoso: simplemente pronosticar con gran probabilidad y exclusivamente
sobre la conducta criminal (4).

Por lo demás, todos nosotros, incluyendo a los escépticos, pronosticamos en la


vida diaria no sólo acerca de nuestros propios actos sino de los ajenos. Nuestros
planes no tienen otro fundamento: nunca podríamos forjarlo si tuviéramos la
certeza de que la conducta humana es totalmente imprevisible.

A la verdad, no es abusivo el suponer que las personas colocadas en las mismas


circunstancias reaccionarán, en general, de igual manera. También es lícito
suponer que la misma persona, ante las mismas causas, reaccionará de igual
modo, en la mayoría de los casos. Es evidente que la total igualdad de
circunstancias no existe sino como suposición teórica pues en la realidad es
prácticamente imposible; sin embargo, sí es posible acercarse a establecer cierta
semejanza de antecedentes causales cuando no buscamos averiguar todas las
causas, sin excepción, que determinaron una conducta, sino sólo las
fundamentales de entre ellas, aquellas que, por experiencia, sabemos que son las
que tienen más peso. Acá, por tanto, ya no se tratará de establecer un cuadro
completo de todos los antecedentes, sino sólo de los principales. Aunque,
naturalmente, surge otro problema que ha de ser resuelto antes de hacer el
pronóstico: el de determinar cuáles son los rasgos principales a que nos referimos
y que han de tomarse en cuenta.

668
Se podrá argüir que el admitir el pronóstico supone tomar una posición
determinista, contraria a toda libertad. No nos vamos a extender en este aspecto,
pero sí conviene recordar que hoy la inmensa mayoría de los filósofos, volviendo a
uño de los principios de la filosofía clásica, no considera que la libertad sea
absoluta e ilimitada. Ella existe ciertamente, pero dentro de un ámbito de
necesidad. Los factores naturales influyen en nuestra conducta en un alto grado. Y
es la influencia de estos factores naturales la que permite establecer un
pronóstico. No con la pretensión de que se cumpla siempre, pero sí con grandes
probabilidades de ser cierto; y tanto más, cuanto mayor sea el número de causas
naturales que han sido tomadas en cuenta.

Es evidente que el pronóstico presupone el análisis de los factores de la


criminalidad en general y en el caso concreto. Pero esa tarea ha sido llevada a
cabo y sen los éxitos logrados los que más han contribuido a confirmar la solidez
de las esperanzas que se fundaron en el método; y esto, en su conjunto, es
verdad pese a los fracasos parciales que se han cosechado; pero éstos no
demuestran que se esté en el camino equivocado, sino simplemente que la tarea
no ha sido aún completamente realizada y que queda aún mucho por recorrer y
por investigar.

5.- HISTORIA DEL PRONÓSTICO CRIMINAL. En sentido amplio, esta historia se


inició hace cien años, con la atta- riclón de la escuela positiva en la Criminología
(5).

Pero, en sentido moderno, tiene cincuenta años de existencia.

Debemos dejar de lado las tentativas de un dictamen emitido de manera intuitiva,


aunque sea hecho por los médicos de prisiones. Exner nos da los siguientes datos
para demostrar la magnitud de los fracasos: de 391 casos con prognosis mala, no
reincidieron 105; de 338 casos con prognosis buena, reincidieron 137: son fallas
del 20% y 40% respectivamente y sólo tomando en cuenta observaciones hechas
cinco años después de la liberación. Los errores son demasiado grandes para que
el pronóstico asi emitido mereciera ser tomado en cuenta por las autoridades;
tanto más que los médicos dictaminaron sobre los casos que consideraron

669
seguros o poco menos, prescindiendo de aquellos dudosos (6).

670
El pronóstico criminal moderno se inició con los estudios norteamericanos de
Burgess y de los Glueck, en 1928 y 1929, respectivamente (7). Dichos autores
trataban, para lograr el pronóstico, de determinar y clasificar científicamente los
datos del pasado del criminal.

Burgess clasificó los datos relativos a tres mil presos pertenecientes a tres
instituciones penitenciarias de Illinois, que habían recibido el beneficio de la
dibertad condicional; parte de tales liberados tuvieron éxito en el cumplimiento de
las condiciones, pero otros fracasaron. Al comparar los antecedentes de unos con
los de ios otros, resaltaron algunas diferencias a veces sorprendentes. Tales
antecedentes fueron clasificados en 21 categorías; dentro de cada una se buscó
establecer en qué se diferenciaban las características del exitosamente liberado,
con las del que fracasaba en la prueba. Para ejemplo, ofrecemos el cuadro relativo
al trabajo registrado en la etapa previa a la encarcelación y el posterior fracaso o
éxito en la libertad condicional (se citan separadamente las tres instituciones de
las cuales los liberados procedían en igual proporción: mil de caa una).

Registro de trabajonrevio Porcentaje de violación por

instituciones

Pontiac Mertard Joliet

Todas las personas (criminales) 22,1% 26,5% 28,4%

Sin registro de trabajo previo 28,0% 25,0% 44,4%

Registro de trabajo casual 27,5% 31,4% 30,3%

Registro de trabajo irregular 15,8% 21,3% 24,3%

Registro de trabajo regular 8,8% 5,2% 12,2% (8).

Este cuadro muestra que a delincuentes que tenían un buen registro de trabajo
difícilm tus fracasaban en la prueba de la libertad condicional, sucediendo lo
contrario con los que tenían un mal registro. La correlación era suficiente clara
como para poder predecir que los que poseían un buen registro no fracasarían
en la
671
prueba mientras los que lo teman malo fracasarían. En las veintiún categorías de
causas elegidas por Burgess, este autor asignaba un punto favorable al
delincuente, cada vez que éste se encontraba dentro de las características
favorables al éxito de la libertad condicional, es decir, siempre que perteneciera al
grupo que dentro de cada categoría, demostraba haber fracasado menos que el
término medio de los presos puestos en libertad condicional. Se sumaban esos
puntos y cuantos más fueran, era de super ner que existían menos probabilidades
de fracaso. Así se estableció el primer módulo de pronósticos basado en la
observación de datos concretos debidamente analizados y no en meras
concepciones teóricas.

El trabajo de Burgess marcó hito en la historia de la investigación criminal. Pero en


seguida, sobre todo por obra de los Gluecks, se hizo notar que aquel autor
asignaba igual puntaje tanto en los casos en que la correlación entre el factor
analizado y el fracaso era pequeña como cuando era íntima: se vio enseguida la
necesidad de establecer grados de importancia criminògena entre los distintos
factores, así como de poner en claro las correlaciones entre los mismos y sus
mutuas influencias.

Los Gluecks ciñeron su investigación a los factores que aparecían como más
estrechamente ligados con el fracaso o el éxito, es decir, con la predicción de la
conducta criminal. En un comienzo, su sistema se basaba en cálculos sumamente
complicados, pero posteriormente simplificaron tales cálculos. Vamos a dar un
ejemplo relativo a la influencia que la edad de los delincuentes juveniles pudiera
ejercer en resultado de la libertad condicional: investigación sobre 896 individuos.

Resultado de la libertad condicional

Total No violadores Violadores

Edad de los delincuentes N° N° % N° %

10 años o menos 42 30 71,4 12 28,5

11-12 años 115 83 72,1 32 27,8


672
13-14 años 196 136 69,3 60 30,6

673
15-16 años 325 228 70,1 97 29,8

17 años o más 218 161 73,8 57 26,1

Totales 896 638 71,2 258 28,7 (9).

Si tomamos el porcentaje final de éxitos y fracasos en la vida bajo libertad


condicional, es claro, que existen correlaciones; pero ellas son tan pequeñas que
surge inmediatamente la duda de si deben ser o no tomados en cuenta. En otros
casos, como por ejemplo en el transcrito de Burgess, esa duda no es posible, por
lo menos en los extremos. Los Glueclcs establecieron que cuando las
comparaciones mostraban una variante de tres o menos -como en el caso recién
transcrito- no podía considerarse como existente la relación entre el factor
estudiado y la conducta resultante; en diferencias de 4 a 7, había escapa relación;
de 7 a 15, apreciable asociación: de 15 a 26, considerable asociación; más de 26,
íntima relación. Estos porcentajes de relación llevan a establecer un promedio
general que es el que sirve para determinar el pronóstico criminal (10).

Posteriormente siguieron otros estudios que nos llevan hasta la situación actual
del problema; tales los de Argow, quien sugirió que así fomo se hacen cómputos
de los puntos desfavorables se hiciera también de los puntos favorables; esta
sugestión trae una iniciativa muy interesante y, sin duda, descuidada por gran
parte de los investigadores del pronóstico criminal; en efecto, éste debería resultar
no sólo de la suma de los puntos contrarios a un buen pronóstico, sino también de
su confrontación con los factores que detienen el delito; usando. la terminología de
Di Tulüo, puede decirse que el pronóstico debe basarse en un balance de las
fuerzas crímino-impelentes y de las fuerzas crímino-repelentes. También merece
siquiera citarse ios trabajos de Monachesi, Laune y Weeks.

4.- EL SISTEMA ALEMÁN DE PRONÓSTICO. Los mencionados estudios de


pronóstico norteamericanos tuvieron amplia repercusión en todo el mundo; pero
fue en Alemania donde, a raíz de la necesidad de fundar científicamente la política
penal y penitenciaria, se hicieron los mejores y más amplios estudios de Europa,
estando ellos aún en pañales en otros continentes.

674
También en el sistema alemán, siguiendo las pautas ya señaladas por Burgess y
los Gluecks, se ha admitido una calificación por puntos; pero éstos fueron de tal
modo reducidos y simplificados, siempre como resultado de la técnica esencial de
los fundadores, que su traslado a otros países ofrece no sólo grandes
probabilidades de éxito sino también de complementación, pues aquellos puntos
son sumamente flexibles.

Su número ha sido reducido a quince y, en algún estudio que luego se verá, a


catorce. Por cada categoría en contra se da un punto desfavorable al delincuente
de tal manera que de la acumulación de ellos se deduce la probabilidad o no de
una reincidencia.

Los criminólogos alemanes tuvieron a su favor el hecho de contar con millares de


diagnósticos legalmente obligatorios; y resulta claro que el dignóstico es ya un
primer paso, y muy importante, el pronóstico. En efecto, los delincuentes con
diagnóstico "de ocasión" tendrán un pronóstico generalmente favorable salvo que
se presuma que han de caer, a su salida del penal, en condiciones iguales, a las
que primero los arrastraron al delito. Por el contrario, los delincuentes
diagnosticados como de estado, disposición o tendencia tendrán un pronóstico
desfavorable, a menos que durante la detención se hubieran producido grandes
cambios de personalidad o que se presuma que el ambiente en que vivirán luego
de liberados será tan fuerte como para ahogar la disposición al delito.

Los trabajos que hemos de tomar en cuenta, tal como lo hace Exner (11), para
citarlos como ejemplo del sistema alemán, son los de Schied, Meywerk y
Schwaab; los tres llegan a conclusiones tan similares, pese a haber trabajado con
distinto material, la suposición de una mera casualidad debe descartarse.

Los puntos tomados en cuenta para la predicción son los siguientes (12):

1.- Tara hereditaria; bajo este acápite se comprenden las enfermedades mentales
y nerviosas, así como el suicidio y el alcoholismo en los consanguíneos.

2.- Criminalidad hereditaria en la ascendencia (13).

675
3.- Malas condiciones de educación familiar, es decir, los malos influjos hogareños
sobre los niños.

4.- Mala aplicación en la escuela, no tomando en cuenta cada materia en especial


sino el aprovechamiento general y la conducta. Por tanto, el punto se refiere
principalmente a los últimos y más indisciplinados de cada curso.

5.- Los que comenzaron una enseñanza y no la terminaron.

6.- Trabajo irregular, holganza permanente o por largos períodos, sin que exista
justificación. Cambios frecuentes e in-motivados de trabajo.

7.- Primer delito antes de los 18 años.

8.- Más de cuatro antecedentes penales.

9.- Reincidencia especialmente rápida, menos de 5 ó 6 meses entre la liberación y


el nuevo delito; más tiempo, si el nuevo delito es grave o de complicada
preparación.

10.- Criminalidad interlocal. Deducible del hecho de que las sentencias provengan
de juzgados con distinta jurisdicción.

11.- Psicopatías, según diagnóstico especializado.

12.- Alcoholismo.

13.- Mala conducta en la penitenciaría, según informe de las autoridades de la


misma.

14.- Liberación antes de los 36 años.

15.- Malas condiciones sociales y familiares después de la liberación. Las que


permitirían suponer que el liberado debería adoptar una actitud contraria para
vencer las tentaciones de la situación social o familiar.

Las relaciones entre dianóstico y pronóstico pueden evidenciarse por el hecho de


que los doce primeros puntos dan la pauta de un delincuente de estado; tal
afirmación es parcialmente válida también cuando se trata del punto 13; el 14 y el
15 se refieren más bien al delincuente de ocasión.
676
De los condenados que mostraban signos graves fueron reincidentes según las
causas en los porcentajes que damos al lado: En los 500 casos de Munich

(Schied) % En los 200 casos de Ham burgo (Maywerk En los 400


delincuentes contra la moral con antecedentes (Schwaab) (14) %

1.- Tara hereditaria 64 85 77

2.- Criminalidad en
67 —
la ascendencia 77

3.- Malas condijo-

nes de educación 70 83 84

4.- Mal resultado en


67 74 81
la escuela

5. Enseñanza comen-
65 79 83
zada no terminada

6. Trabajo irregular 75 76 79

7. Comienzo de la

criminalidad an-
70 76 77
tes de los 18 años

8. Antecedentes pe-

nales de más de 4

casos 71 73 73

9. Reincidencia de-

masiado rápida 90 84 78

10. Criminalidad in-

677
terlocal 97 78 80

De los condenados que mostraban signos graves fueron reincidentes según las
causas en los porcentajes que damos al lado: En los 500 casos de Munich

(Schied) % En los 200 casos de Hamtwrgo

(Maywerlc) % En los 400 delincuentes contra la moral con antecedentes

(Schwaab) %

11. Psicopatías 64 74 80

12. Alcoholismo 73 77 84

13. Mala conducta ge-

general en el esta-
71 84 85
blecimiento

14. Liberación del es-

tablecimiento an-

tes de los 36 años. 56 69 73

15. Malas relaciones

sociales y familia

res después de la

liberación, 83 78 89 (15).

Si en cada punto como antecedente existe tan notoria reincidencia, calcúlese lo


que será cuando aquéllos se acumulan: mayor sea la acumulación, mayor será la
probabilidad de reincidencia.

Esa verdad, ya establecida por los investigadores norteamericanos ha sido


plenamente comprobada por los alemanes, tal como resulta de los siguientes
cuadros:

678
O « 69 T8

O/OST

679
Si en cada punto como antecedentes existe tan notoria reincidencia, calcúlesse lo
que será cuando aquellos se acumulan: mayor sea acumulación, mayor será la
probabilidad de reincidencia

Esta verdad, ya establecida por los investigadores norteamericanos ha sido


plenamente comprobada por los alemanes, tal como resulta de los siguientes
cuadros.

Estas cifras son de por si elocuentes para demostrar hasta dónde la Criminología
aplicada ha logrado su finalidad de predecir la reincidencia de los delincuentes.

Pero debe tenerse en cuenta que este trabajo de compilación de puntos no releva
al criminòlogo de cualquier otro posterior; por el contrario, estol puntos no
significan sino una base objeti va sólida, solida e imprescindible -todo lo cual
constituye un verdadero adelanto- para una evaluación total de la personalidad,
sobre todo en
680
cuento toca a las relaciones mutuas entre los distintos factores criminogenos y las
direcciones en que se desarrollan las anomalia. Paro viene luego la también nece-
saria visión de conjunto, en ia cual se dispongan estructuralmente todos los
factores. Esta última etapa tiene naturaleza fundamentalmente intuitiva.

En la misma Aleínania, Gtreckt ha propugnado un sistema de puntuación más


cercano al de loa Glueck, pues propone cali-ficaciones de 1 a 4 según sea la
relación entre cada carácter y la reincidencia.

Las ganancias ya obtenidas, como puede verse por lo ex-puesto en las páginas
anteriores, son ciertamente notables. Sin embargo, el camino por recorrer es aún
mayor. Pensemos, por ejemplo, en los problemas hoy irresolubles que plantean
los delincuentes con puntuación intermedia, y nos daremos cuenta de lo mucho
que todavía le queda por hacer a la Criminología aplica- cada. Tanto más que los
puntos anotados, aunque se basan en estudios internacionales y ratificado por la
investigación en lugares muy diversos entre sí, implican siempre la posibilidad de
una adaptación a cada situación local.

Nos hemos extendido en los ejemplos anteriores porque ellos son ejemplares en
cuanto a la forma en que deben ser establecidas las normas del diagnóstico y
porque muchas de éstas siguen siendo aplicadas inclusive en los estudios más
modernos. Tal sucede, por ejemplo, con los casos de Frey, Mannheim-Wilkins y F.
Maycr (17).

El sistema de tablas de puntuación ha sido recogido por va-rios estados de


Estados Unidos y, últimamente, en el sistema Federal de prisiones. En él se utiliza
un sistema de siete puntos centrales con variaciones y puntuaciones diferenciales.
Es el resultado de la aplicación de las computadoras al establecimiento de normas
para el pronóstico y para la determinación de la pena. Este sistema muestra que
hay que tomar en consideración algunos puntos propios de la situación en cada
lugar y tiempo. Por ejemplo, uno de los puntos fundamentales es el relativo a las
drogas - uso, tráfico, fabricación- que quizá en otros países no tenga tanta
importancia.

681
También se ha trabajado no sólo en el pronóstico de la reincidencia, como hemos
hecho aquí, y que tiene un marco relativamente limitado, sino en la predicción de
la criminalidad primaria o predelineuencia. Es lo que han hecho, por ejemplo, los
esposos Glueck, quienes han reducido el número de causas tomadas en cuenta
hasta solamente tres, si bien no simples. Pero, en este vasto campo, se han
conseguido menos logros que en el otro, más reducido y concreto.

(1) Exner, Biología Criminal, p. 448.

(2) Desde luego, en este lugar no puede decirse más. La variedad y flexibilidad de instituciones creadas por el Derecho Penal moderno a fin
de llevar a cabo una eficaz lucha contra el deli to, es de todos reconocida. Todo el derecho punitivo se encamina en esa dirección.

(3) Para darse idea de la diferencia entre el pronóstico y otros sis temas, como base para conceder indultos, libertad condicional, etc.,
compárese el sistema actual con el criterio -basado en el buen comportamiento en el penal y en el arrepentimiento, preferido por Dorado
Montero: V: Psicología Criminal, pp. 323-336. Un ejemplo de cómo del conocimiento de las causas del delito puede deducirse un adecuado
tratamiento penal, en las pp. 288 y ss. de Hall: Theft, Law and Society. En cuanto al método para establecer un pronóstico criminal científico,
véase el Art. Prediction of Criminal Behavior, de Monachesi; se halla incluido en las pp. 324-330 de la Encyclo pedia of Criminology dirigida
por Branham y Kutash.

(4) Una buena exposición de las críticas al pronóstico criminal, en López-Rey, Criminología, pp. 427-443.

(5) Su sistema de diagnóstico y pronóstico se basaba lógicamente en la teoría del criminal nato.

6) V: Exner, ob. cit., pp. 449-450.

(7) V: Monachesi, ob. cit., p. 324 y ss. en que nos inspiramos principalmente para hacer este resumen de las investigaciones norteamericanas
-las primeras en su género- acerca del pronóstico.

(8) Transcrito en ibídem, p. 326.

(9) Transcrito en Ibidem, p. 327.

10) Los últimos datos acerca de la magnífica investigación de los Gluecks se hallan en su obra Later Criminal Careers, donde existe enorme
material de consulta. V: también, para la evolución de este sistema, Sheldon Glueck: The problem of delinquen cy, pp. 1003-1051.

(11) A este autor nos atenemos: véase su ob. cit., p. 453 y ss.

(12) Aquí también hemos de aconsejar que se tengan presentes los aspectos favorables al delito que quedaron estudiados a lo largo de esta
obra.

(13) Punto válido, por razones ya anotadas, aunque no se estime que exista criminalidad hereditaria strictu sensu.

(14) Schwaab se fija en los puntos favorables que no son sino la contra partida de los favorables; de ahí por qué la comparación con los otros
estudios es posible. Pero hay que anotar, para este cuadro y los siguientes, que el autor mencionado no toma en cuenta sino 14 puntos.

(15) Reproducido de Exner, ob. Cit., p. 455.

(16) Ibidem, p. 467.

(17) Ver un resumen en Goeppinger, Criminología, pp. 297-306.

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