Carlos Marín Schiaffino
Fundación de una ciudad romana. ROMA
Sobre los orígenes de los fundadores de la ciudad de Roma, Rómulo y Remo, Dionisio de
Halicarnaso nos cuenta en su obra Historia Antigua de Roma que quien crió y amamantó a
Rómulo y Remo no fue una loba (‘lupa’ para los latinos), sino Laurencia, una mujer que vivía
con Fáustulo (pastor que encontró a Rómulo y Remo) a la que los residentes del Palatino
apodaron como Lupa, un antiguo sobrenombre griego aplicado a mujeres que vendían placer.
Mientras que por otra parte Plutarco en su obra Vidas Paralelas, afirma que estas funciones
de crianza y defensa fueron ejercidas durante un tiempo por una loba amamantadora y un ave
quebrantahuesos protectora que representaba a Marte antes de pasar a manos de Laurencia y
Fáustulo. En mi opinión parece más verosímil la versión de los hechos narrada por Dionisio.
El origen de los nombres Rómulo y Remo según Plutarco viene de la acción de mamar de la
loba ya que en el mundo latino esta acción va unida a Rumilia, deidad asociada a la crianza
de los niños.
Tanto Plutarco como Dionisio coinciden en que el inicio de la creación de una ciudad
liderada por ambos hermanos vino tras la muerte de Amulio en su conflicto contra Numitor y
la mezcla de poblaciones entre troyanos y habitantes de Alba Longa. No obstante, Plutarco
menciona la creación de un templo-refugio consagrado al dios Asilo que Dionisio no recoge
en su obra, quizás como alegoría de un lugar o empresa común en la que partidarios de ambos
bandos de la anterior guerra, sin importar su posición social o ideológica, podían convivir
bajo el amparo de Rómulo y Remo en su misión de fundar una nueva ciudad. No obstante, no
coinciden en el nombre que Remo quería dar a su ciudad localizada en una colina del
Aventino, alegando Plutarco que era Remonio y después Rignario, mientras que Dionisio
recoge el nombre de Remoria. Solo Plutarco recoge la forma en la que Rómulo quería
disponer su ciudad, concretamente una disposición cuadrada. Sí coinciden en el hecho de que
la primera gran división entre ambos hermanos y su empresa común se origina en la
localización de la ciudad, queriendo Rómulo asentarla en el monte Palatino y Remo en la
colina del Aventino.
También coinciden en establecer la primera batalla entre ambos hermanos por la supremacía
fue en un ritual de adivinación con augures en el que Rómulo aparentemente resultó ser
victorioso pero ante la desaprobación de Remo que no reconoció como legítima tal victoria.
En su obra La idea de ciudad, Joseph Rykwert trata el papel de la adivinación durante las
fundaciones de las ciudades, llegando a la conclusión de que la tarea podía tardar muchos
días y sus resultados no se interpretaban de forma binaria como un sí o un no ante una
pregunta concreta, sino que se interpretaban como orientación antes de actuar. La constancia
de sacrificios en los ritos de creación de las ciudades no sin particularmente significativos, ya
que se consideraban como un método de dar a los participantes la seguridad de que los dioses
sancionaban lo que se disponían a hacer. También habla sobre el papel de la orientación y la
salubridad de las ciudades como criterios de peso durante su creación, llegando a la
conclusión de que sobre la base de no se puede confirmar si romanos o griegos asociaron la
orientación de sus asentamientos con vientos dominantes o algún otro factor logístico. Afirma
que si la decisión se tomaba en base a motivos racionales, estos solían ser ajenos a la higiene,
sino que más bien pesaban más los motivos militares y comerciales.
El motivo de la muerte de Remo es descrito por Plutarco como la consecuencia que este pagó
por traspasar la muralla de Rómulo en el Palatino mientras que Dionisio simplemente
menciona esta supuesta historia sin opinar que fuera realmente lo que sucedió, no obstante
ambos coinciden en que Remo fue asesinado por alguien del bando de Rómulo.
La descripción que Rykwert hace sobre el primer paso del proceso conocido como Mundus,
coincide con la narración de Dionisio, ambos relatos concuerdan en que se encendían
hogueras para que los habitantes saltaran sobre estas y de este modo quedaran limpios de
impurezas. Los tres autores coinciden en la descripción del ritual de fundación conocido
como sulcus primigenius en el que 2 bovinos arrastran un arado delimitando el área en donde
se establecería la muralla. Se araba de forma oblicua con el fin de que toda la tierra cayera de
la parte de dentro del surco, contando con encargados de introducir la tierra en caso de que
cayera en la parte de fuera. A partir de este momento, esta práctica sería aplicada a la
fundación de toda ciudad romana según Dionisio.
La ciudad contaba con una choza fija de madera desde donde se observaban los augurios
llamada ‘Templum’. Esta se encontraba dentro del témenos, una zona delimitada y
consagrada a a un fin santuario. Cualquier zona en la que se realizaran funciones religiosas y
de estado se consideraba templum.
La urbs tenía que tener tres entradas por exigencias rituales y compartía con el templum
además de su delimitación cercada, la ‘conectio’, una división cuatripartita igual que los
diagramas realizados por el augur.
La orientación de los auguracula no parecía estar definida por las líneas trazadas por los
augur sino que se establecieron de modo muy ambiguo. El templum augural tenía libertad
tanto de localización como para ser cercado o no. Los límites del templum se establecen en
base a palabras de encantamiento o ‘verba cáncepta’ las cuales conformaban una red mágica
alrededor de los accidentes topográficos designados por el augur.
El campamento militar estaba estrictamente relacionado con el templum augural. Ambos
contaban con límites permanentes pero el primero se encontraba orientado hacia un mástil
blanco localizado en medio del praetorium, donde se asentaban los mandos. Cercano a este
mástil se encontraba el auguraculum, donde el general se asentaba y escrutaba los presagios.
También utilizaba la tribuna para arengar a los soldados tras haber recibido la voluntad de los
dioses.
La destrucción de una ciudad no requería de una mera devastación física o estructural sino
también de una desinstauración que solo podía efectuarse dándole la vuelta a si ritual de
fundación, desarando el terreno que componen sus fronteras.