La naturaleza
multivariada de las
competencias.
Tipos de
competencias
curriculares
I.S.A.E. Universidad.
Licenciatura en Educación Primaria.
Materia: Enfoque curricular basado en
competencias.
Aula: Dalep #3-21.
Profesora: Dania Vergara. S.
Estudiantes:
Dalis Camarena.
Anyuri Ortíz S.
Trabajo: portafolio.
Fecha: 23/04/2023.
Índice.
Introducción.
1. La
naturaleza
multivariada
de las
1.1 Concepto.
El concepto de competencia es multidimensional e incluye distintos niveles como saber
(datos, conceptos, conocimientos), saber hacer (habilidades, destrezas, métodos de
actuación), saber ser (actitudes y valores que guían el comportamiento) y saber estar
(capacidades relacionada con la comunicación interpersonal y el trabajo cooperativo).
En otras palabras, la competencia es la capacidad de un buen desempeño en contextos
complejos y auténticos. Se basa en la integración y activación de conocimientos, habilidades,
destrezas, actitudes, valores, capacidades y conocimientos que una persona tiene para
cumplir eficientemente determinada tarea.
Las competencias son características que capacitan a alguien en un determinado campo. No
solo incluyen aptitudes teóricas, sino también definen el pensamiento, el carácter, los valores
y el buen manejo de las situaciones problemáticas. Las competencias son adquiridas
mediante el aprendizaje y la formación de las personas; son una herramienta fundamental
para el ejercicio en el campo donde son necesarias dichas competencias.
Combinan las destrezas y la capacidad en desempeñar una función de forma efectiva y
transversal en el tiempo, generalmente definidas en el ámbito profesional o de producción.
1.2 La evolución de las competencias.
Las competencias como concepto nacen a
principios de los ochenta, como una antigua
demanda social, que buscaba reconocer
formalmente el valor de los aprendizajes
adquiridos fuera de la escuela, especialmente
en el ámbito productivo.
La evolución del concepto de competencias,
hace referencia a un "acervo" de
conocimientos y habilidades que son
necesarios para llegar a resultados requeridos
en diferentes circunstancias, es decir, a la
capacidad real para lograr resultados en un
contexto determinado.
Si buscamos una diferenciación entre calificación y
competencia, la UNESCO ya establece cómo se transita de la noción de calificación a la de
competencia, asegurando que el dominio en los sistemas de producción industrial ha vuelto
caduca la noción de calificación laboral y se tiende a privilegiar más la de competencia
personal y profesional. A las tareas puramente físicas se suceden tareas de producción, más
intelectuales, más cerebrales, más de diseño, de estudio y organización.
Bajo este esquema, la yuxtaposición de las tareas obligadas y del trabajo fragmentado, cede
ante una organización en colectivos de trabajo o grupos de proyecto; un ejemplo son las
empresas japonesas, que realizan labores en donde los empleados dejan de ser
intercambiables y las tareas se personalizan y perfeccionan.
Actualmente ya no se exigen una calificación determinada, que consideran más unida a una
pericia manual y material; en cambio, solicitan un conjunto de competencias específicas que
combinen la calificación adquirida por la formación técnica y profesional en equipo, la
capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos.
Es claro que, para lograr estas combinaciones, que deriven en las competencias solicitadas,
es necesario privilegiar el vínculo que la educación debe mantener con los diversos aspectos
del aprendizaje cualitativo: la capacidad de comunicarse, de afrontar conflictos, de desarrollar
actividades de servicio, etc.
Por todo lo anterior, es importante establecer la citada evolución, desde la relación entre
calificación (normalmente adquirida en la formación inicial), cualificación (conjunto de
conocimientos, capacidades y comportamientos que son adquiridos durante la socialización
en el trabajo) y competencia (como la capacidad real para lograr un resultado en un contexto
dado).
Desde el punto de vista educativo, la organización curricular por competencias pretende que
aprender, conocer, educarse, capacitarse, etc. consiste, no sólo en subordinarse al objeto del
trabajo, y un sujeto aprende, no sólo cuando repite exactamente un contenido y cuando
reconoce tener la capacidad para adecuarse al objeto del conocimiento, sino cuando lo que
aprende concuerda con el modelo educativo planteado.
Cabe mencionar que los nuevos procesos formativos basados en competencias profesionales,
no sólo transmiten saberes y destrezas manuales, sino que toman en cuenta dimensiones que
contemplan aspectos curriculares, sociales y actitudinales que se relacionan con las
capacidades de las personas.
La noción de competencia implica una forma diferente de establecer y abordar objetivos de
formación relativos a las necesidades de desarrollo económico y social.
El desempeño como eje central, se convierte en un elemento esencial de la competencia, ya
que conlleva la condición de que el individuo resuelva situaciones concretas mediante y con
los recursos de que dispone. Lo importante es entender que el valor de los conocimientos no
es poseerlos, sino hacer uso de ellos.
Pedagógicamente implica un nuevo diseño curricular (teórico-práctico) y su respectiva
evaluación. La sola correspondencia entre saber y hacer, desaparece para integrar ambos en
esquemas diversificados de situaciones por aprender (saber-hacer-ser-compartir-crear-
innovar y emprender).
Las condiciones de desempeño relevantes, que reconocen a la práctica en su sentido más
amplio, se convierten en experiencias de aprendizaje como recursos didácticos, permitiendo
que se consolide lo que saben y que lo pongan en juego para aprender y seguir aprendiendo.
La competencia profesional es entonces, unidad y punto de convergencia, es decir que los
elementos de una competencia tienen sentido en su conjunto, solas pierden su valor, esto
exige que se le otorgue significado a la unidad de competencia y su correspondencia en el
diseño curricular. En la próxima entrega, la aplicación de las competencias en el nivel
preescolar.
1.3 ¿Cómo impactan la formación y el desarrollo de
competencias a las personas, las empresas y la
sociedad?
Contando con un entorno económico y social propicio, la formación y el desarrollo de
competencias contribuyen a la mejora del desempeño de las personas y de las empresas, lo
que se traduce en crecimiento del empleo y desarrollo para la sociedad.
Las personas que participan en la formación pueden acceder a mejores condiciones de
trabajo, de remuneración, a una mayor empleabilidad y una mejor calidad de vida. El
desarrollo de cualificaciones y competencias debería garantizar su capacidad para adaptarse
a los cambios en las tecnologías y la organización del trabajo.
Investigaciones de Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional
(CEDEFOP), han demostrado que una combinación de la educación y la formación
profesional con medidas sociales y laborales ayuda a adaptar a los diferentes perfiles de
jóvenes en riesgo de abandono prematuro de la educación y la formación (CEDEFOP, 2016).
En América Latina y el Caribe, factores como la heterogeneidad y la segmentación en el
mercado de trabajo inciden en los impactos de la formación. Casi un tercio del mercado
laboral se encuentra en zonas rurales y más de la mitad del empleo corresponde a
trabajadores independientes, domésticos, trabajadores familiares no remunerados, o
asalariados en microempresas. Una alta proporción de la población activa es joven y
vulnerable al desempleo. En estos segmentos se concentra gran parte de la pobreza, de la
informalidad y del déficit de trabajo decente en la región.
La sociedad percibe los impactos del desarrollo de competencias mediante empleos de mejor
calidad. Mayores tasas de ocupación y formalidad, reducción de la pobreza, inclusión social,
respeto de los derechos laborales y competitividad en los mercados mundiales.
La formación profesional debe responder al entorno productivo, tecnológico, laboral y
sociocultural, así como a las características, condiciones, necesidades y expectativas de sus
sujetos de atención. Esta es la doble pertinencia de la formación, tanto social como
económica.
También, el desarrollo de las cualificaciones puede contribuir a la construcción de sociedades
más equitativas. Existe una estrecha relación entre las diversas formas de exclusión del
mercado de trabajo como el desempleo, el subempleo y los bajos ingresos laborales con la
pobreza y la discriminación, por tanto, acciones de formación que coadyuven a resolver tales
formas de exclusión, incidirán en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. Los
beneficios sociales incluyen temas sensibles a la familia, la comunidad y la sociedad en su
conjunto.
Un ambiente formativo adecuado estimula el aprendizaje en equipo, la construcción de
conocimientos y mejores actitudes, motivaciones y valores, todo lo cual conduce a una mejor
integración social. El reconocimiento que se otorga mediante un certificado de competencia se
valora en el mercado laboral y en el ámbito educativo, favoreciendo la participación social y el
compromiso con el aprendizaje permanente.
2. Tipos de
competencia
s.
Conclusiones.
Bibliografía.
Enfoques educativos - Modelo centrado en el desempeño - Que es una competencia (uam.mx)
Evolución de las competencias (elsiglodetorreon.com.mx)
https://test-guia.oitcinterfor.org/contexto/abanico-beneficios
https://www.redalyc.org/journal/356/35657597006/html/