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La Iglesia Universal, La Iglesia Local y La Obra I - (Editado Jorge Bozzano)

El documento presenta un sermón sobre la iglesia y la autoridad delegada. El orador discute que la iglesia es el cuerpo de Cristo, edificado a través de la revelación continua de Jesús. También contrasta la iglesia universal con las iglesias locales, y cita Mateo 16 donde Jesús usa el término "iglesia" para referirse a ambas. El orador concluye explicando que la iglesia se trata de la comunión entre creyentes.

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La Iglesia Universal, La Iglesia Local y La Obra I - (Editado Jorge Bozzano)

El documento presenta un sermón sobre la iglesia y la autoridad delegada. El orador discute que la iglesia es el cuerpo de Cristo, edificado a través de la revelación continua de Jesús. También contrasta la iglesia universal con las iglesias locales, y cita Mateo 16 donde Jesús usa el término "iglesia" para referirse a ambas. El orador concluye explicando que la iglesia se trata de la comunión entre creyentes.

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REUNION UNIDA

LA IGLESIA, LA OBRA, Y LA AUTORIDAD DELEGADA


(Primera Parte)
Transcripción del mensaje dado por el hermano Gino Iafrancesco V.
en la localidad de Teusaquillo, Colombia, el 7 de febrero de 2016.

***

La gracia del Señor sea con todos nosotros - todos los que estamos aquí - porque él nos ha
amado. Y nos ha amado porque Él nos ama primero, no porque le hayamos dado algo a Él y
Él venga a pagarnos algo. Él vino fue a salvarnos.
La Iglesia
Hermanos, hay algunas cosas que los hermanos que vienen de un poco más atrás conocen
bien, pero siempre el Señor - gracias a Dios - está recogiendo más hijos y más hijas porque Él
quiere llenar su casa, llevar muchos hijos e hijas a la gloria.
Entonces gracias a Dios que Él siempre está trabajando con su pueblo también, y algunas
cosas es necesario volver un poquito para repasarlas. Así los que vienen de más atrás las
refrescan y los que vienen de más corto tiempo también se familiaricen con ellas, y eso es
muy bueno porque dentro del río del Espíritu el Señor se mueve a través de toda la iglesia.
Mientras más dependamos del Señor es mejor.
Entonces hay algunas cosas; hoy algo se leyó. Entonces voy a partir de ahí para que
vayamos a repasar ciertas cositas. Vamos a Efesios que ahora se estuvo leyendo inicialmente
en el capítulo 1 y un poquito después de lo que se acaba de leer. Ya la parte siguiente se leyó
también, incluso hoy mismo. Entonces vamos a empezar por ahí.
Vamos al capítulo 1, ya casi llegando al 2. Dice desde el verso 15: “Por esta causa
también yo,” él [Pablo] ha hablado de un propósito eterno de Dios y de una realización de ese
propósito en la obra de Cristo, y ahora el Espíritu es el que aplica lo que Él ya consiguió. La
obra de Cristo empieza primero haciéndose en Cristo, Él es el Hijo del hombre, representante
de todos los hombres. Él es la nueva humanidad y el que nos lo da es Dios por el Espíritu, y el
Espíritu nos lo da no por mérito, sino como estábamos recordando de Gálatas, Él suministra el
Espíritu no por las obras de la ley porque en nosotros mismos no tenemos base para merecer
nada.
Entonces Él viene y habla la palabra a los muertos - porque estábamos muertos en delitos y
pecados - y Él vino y nos dio vida, Él nos despertó. Dice que viene la hora y ahora es. Eso no
es por allá en el milenio, no, no, ¡ahora! Desde que Él vino los muertos oirán la voz del Hijo
de Dios y los que la oyeren - que oyeren la voz del Señor - la voz de la reconciliación por el
amor de Dios, la voz que nos convida a mirarlo a Él y no a nosotros mismos, porque la voz
que nos hace mirar a nosotros mismos cambia nuestra vista. En vez de mirar al Señor
entramos en introspección y en juicio y ese es el ministerio de condenación, no es el nuevo
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pacto sino el viejo; el Señor nos llama es a mirarlo a Él. Él es el salvador y no espera que nos
resucitemos solos y nos mejoremos solos, sino que Él vino a los muertos y la hora es ahora
cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren, vivirán. Y Él vino
primero a dar, y lo que Él nos da es lo único que produce fruto.
El diagnóstico no cura, lo que cura es el remedio. Entonces Dios nos dio primero la ley
para que nos demos cuenta de que no hay cuero para tanto en el hombre. Que por sí mismo no
va a poder cumplir la ley ni agradar a nadie. Pero el Señor no nos abandonó, Él cumplió y
llegó a ser el hombre perfecto en el cual somos aceptos. Nadie es acepto en sí mismo, sino en
Él. Claro está que Él no solo trabaja por nosotros, sino también trabaja en nosotros y con
nosotros, no sólo por sí, también lógicamente que habrá fruto de la obra de Él, pero ese fruto
sólo viene de Él mismo.
Por eso el ministerio que produce no es el de condenación, sino el de justificación y
reconciliación, entonces esa es la causa.
Verso 15: “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de
vuestro amor para con todos los santos (que no es un amor que nosotros producimos sino que
lo va produciendo el Señor) no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de
vosotros en mis oraciones, (qué lindo que cuando Pablo se acordaba de los hermanos podía
dar gracias) para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu
de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro
entendimiento (¿qué es lo que tenemos que entender?) para que sepáis cuál es la esperanza a
que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la
supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación
del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a
su diestra en los lugares celestiales, (eso era mientras nosotros pecábamos y pecábamos) y
sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no
sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo
dio (no lo vendió, no es un alquiler, no es una hipoteca, es un don, dio a Cristo como
vencedor) lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la
plenitud de aquel que todo lo llena en todo.”
Entonces hermanos por ahí comenzamos, Dios nos dio todo en el Hijo y por el Espíritu. El
Padre y el Hijo le dieron esa plenitud a la iglesia. Fue repartida entre todos.
Entonces Él nos hizo un cuerpo y ese cuerpo es la plenitud de aquel que todo lo llena en
todo, todos los vacíos. Nosotros lo que tenemos es vacíos, Él es el que llena los vacíos, Él es
el que viene a dar lo que nosotros no tenemos, por eso él dice: no es tuya la guerra, es mía, no
mires a otro lado, mírame a mí y serás salvo. Puedes estar muerto, pero si oyes mi voz, yo te
doy vida eterna, no te la vendo, no te la prometo para después si tu guardas toda la ley, no, no!
Para que puedas guardar la ley, yo te tengo que regalar, si no, solamente te quedas en la arena
movediza hundiéndote cada vez más y a veces hundiendo a los que queremos agarrar. Así que
miramos es al Señor.

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Entonces aquí ya habla es del cuerpo y en la edificación de la iglesia que es su cuerpo. Esa
edificación Jesús dice que se realiza por la revelación de Cristo, o sea, en la medida en que
Cristo es revelado, la iglesia es edificada. No hay edificación si no hay revelación de quién es
él, qué ha hecho Él, qué nos da y qué nos hizo y qué somos en Él. Sólo viéndolo a Él es que la
iglesia es edificada. O sea que el Señor se revelará cada día más a la iglesia y eso es lo que Él
ha estado haciendo. Él dijo: yo edificaré mi iglesia. Pero Él dijo cómo: sobre esta roca, o sea,
la revelación de Jesucristo, Jesucristo siendo revelado cada vez más. Así la iglesia es
edificada.
Entonces vemos que en la edificación de la iglesia en la revelación de Jesucristo en ella,
porque Él vino primero y nos encontró muertos, y con su palabra nos dio vida cuando
estábamos muertos. No lo merecíamos pero nos habló: viene la hora y es ahora - cuando vino
el Hijo de Dios - que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oyeren vivirán. Su
voz nos alcanzó, nos vivificó, y ahora ya estamos nacidos en el Espíritu y esa vida divina
llegó al espíritu para ir pasando al alma y también al cuerpo. Inclusive la vieja creación pasará
y todas las cosas serán hechas nuevas en Él.
De manera que ahora estamos es en él y no debemos permitir que el enemigo nos prive de
este regalo de Dios. Que nos ponga sobre una base de justicia propia, siempre mirándolo a Él,
¿amén? Y eso es lo que de verdad produce fruto, eso es lo que realmente nos salva: el Señor
mismo y su Espíritu.
Entonces vemos que lo que está haciendo Dios es edificando su iglesia. Y cuando Él habla
de la iglesia, vemos que el Señor habla en dos planos: un plano que es en el plano universal,
que es necesario comprenderlo primero para después poder entender el otro plano donde
también el Señor, su Espíritu, y sus apóstoles hablan de la iglesia en su sentido local pero no
se entenderá bien el sentido local de la iglesia, si no se entiende bien el sentido universal.
Entonces en ese pasaje que acabamos de recordar, de aludir, de Mateo 16 en los evangelios,
solamente dos veces aparece la palabra “iglesia”, y una vez aparece refiriéndose a su sentido
universal y la otra vez refiriéndose a su sentido local, las dos vienen de la boca del Señor
Jesús. Tú pasas por todo Marcos, sí, la iglesia está ahí, pero la palabra “iglesia” no está ni
usada en Marcos, en Lucas ni en Juan, aunque si está la iglesia. Pero cuando Él usó la palabra
iglesia fue en Mateo, o sea, el que la recordó, el que la registró por providencia divina, fue
Mateo.
Entonces ya volviendo de Efesios a Mateo, vamos a abrir. Perdonen que vaya más
despacio. Yo sé que algunos ya lo entienden, pero hay otros más nuevos entonces los que lo
entienden, nos enriquecemos otra vez y lo refrescamos, y los que el Señor está trayendo se
fijan en Él, entre nosotros, en la comunión, porque de esto se trata la iglesia, somos de la
iglesia. Entonces en Mateo 16, ahí vemos el uso de la palabra “iglesia” por el Señor Jesús, la
única vez que aparece en los evangelios. Ya después lo vemos a Él hablando también en
Apocalipsis, pero por ahora vamos a verlo en el evangelio, o sea, mientras habló en su
ministerio terrenal. Ya en Apocalipsis habló en gloria.
Entonces dice en Mateo 16 - el texto al que estábamos aludiendo - y en ese capítulo leo
desde el verso 13: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo (los que acaban de venir
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de Israel saben que eso queda hacia el norte, yendo como quien dice de Tel-Aviv para Haifa,
en medio queda Cesarea de Filipo) preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los
hombres que es el Hijo del Hombre?” Cuando dice: ¿quién dicen los hombres?, ¿cuál es la
opinión de los seres humanos según su propia humanidad, ustedes? Los apóstoles fueron muy
prudentes y no le dijeron todo lo que decían los hombres, le dijeron lo más bonito. “Entonces
ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista (que pensaban que había resucitado y por eso era Jesús y
operaban en él tantos poderes) otros, Elías, y otros Jeremías, o alguno de los profetas.” O
sea, lo que los hombres, los que estaban más cerca de dar en el blanco. Porque había los que
decían que era Belcebú y que por Belcebú era que hacía milagros, echaba demonios. Eso los
apóstoles ni se lo mencionaron, pero le dijeron, más o menos lo compararon con un gran
profeta, y por eso Jesús hizo la diferencia entre lo que dicen los hombres y lo que decís
vosotros, como si ellos no fueran hombres también. Sí, pero hay una diferencia, hombres
abandonados a su mera humanidad y hombres que han recibido la gracia y la revelación de
Dios, eso hace la diferencia entre el cielo y la tierra. Unos son hijos de hombre nacidos de
carne y destinados a la muerte, los otros son hijos de Dios, nacidos de Dios, no de voluntad de
carne ni de varón, sino de Dios. Las opiniones a veces vienen de la carne y a veces vienen de
Dios, según lo que estemos mirando.
Entonces dice la palabra del Señor así: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?” El Señor
quería que se hiciera público aquello que es espiritual, que no se sabe que hay en los
corazones, pero que cuando Él pide, que salga afuera. Por eso dice: “Y vosotros”. Hace
diferencia entre los hombres y estos hombres que creyeron en Él y le siguen a Él.
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le
respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón,”. Note que la bienaventuranza no depende de
lo que uno es, sino de lo que el Señor es para nosotros, esa es la diferencia. Lo que nos hace
mejores no es que nosotros nos podamos mejorar solitos. Lo que hace la diferencia es lo que
el Señor es, lo que el Señor ha hecho, lo que su Espíritu nos da. Eso es lo que hace la
diferencia, y eso se recibe por la fe que a la vez también resulta de la semilla que recibimos de
Él.
“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo
reveló carne ni sangre, (porque Jesús se daba cuenta de lo que venía del Espíritu, del regalo,
de la revelación de Dios, que es lo que edifica y no lo que viene de uno mismo. A veces
estamos deprimidos, a veces estamos en esto y en aquello) sino mi Padre que está en los
cielos. (Es el que te ha revelado esto: mi Padre) Y yo también (ya que mi Padre te habló, ahora
yo también te voy a hablar porque ahora tú sabes quién soy yo, mientras no sepas quien soy
yo y qué he hecho yo, yo no te voy a hablar, pero como me doy cuenta que mi Padre te habló
entonces yo también te hablo) te digo, que tú” o sea el Padre nos dice quién es el Hijo, y
cuando vemos al Hijo es que pasamos a ser algo en el Hijo. Entonces ahora es el Hijo el que
nos dice: tú eres también algo. Primero tú tienes que saber quién soy yo y eso no hay carne ni
sangre que te lo pueda decir. Si no te lo revela Dios, estás con el cielo cerrado. Si te lo revela
Dios, entonces ahora me vas a entender lo que tú eres, Pedro, “Tú eres Pedro (o sea, Cefas, la
palabra es: una piedra) y sobre (no dice sobre ti, sino) esta roca” y ya usa la palabra “roca”
refiriéndose a lo que Pedro acababa de confesar por revelación de Dios: Esto no te lo reveló

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carne ni sangre. No lo estaba repitiendo de segunda mano. Si lo repites es porque tú también
concuerdas con esa misma revelación porque has recibido del mismo Espíritu. Entonces
cuando se recibe del mismo Espíritu se tiene la misma revelación, el mismo sentir, el mismo
hablar, la misma palabra. Entonces dice: “y sobre esta roca edificaré mi iglesia”.
La palabra “iglesia” que es la palabra “eklesia”, no es usada solamente por Jesús en el
Nuevo Testamento. Es una palabra que ya existía con uso normal en la cultura griega y la
palabra “eklesia” es como los llamados a formar una asamblea. A veces la misma palabra
“iglesia” - incluso en el Nuevo Testamento - se refiere a una concurrencia maligna como la de
los plateros de Artemisa que estaban diciendo: Grande es Artemisa de los Efesios, que los
Romanos llamaban Diana, pero que Artemisa es la palabra en griego, así está en el original.
Entonces a esa concurrencia de los idólatras de Artemisa también se le llama “iglesia”.
Cuando tú vas al griego es traducida por Reina y Valera como concurrencia, pero si ves la
palabra “eklesia”, o sea era también una asamblea alborotada, idólatra, contraria al Señor,
pero en el idioma griego a esa clase de asambleas públicas se le llamaba “eklesia”. Pero el
Señor no dice solo eklesia, sino “mi eklesia”, o sea muchos reúnen gente como Demetrio.
Demetrio el jefe de los plateros reunió a los plateros en Éfeso y eligieron una concurrencia y
comenzaron a protestar y esa concurrencia cuando lo lees en el griego, es eklesia, igual que
iglesia. O sea esa era la iglesia de Demetrio y los plateros. Puede ser un sindicato, puede ser
una iglesia, y algunas denominaciones que no se reúnen como la iglesia del Nuevo
Testamento también usan la palabra iglesia y en el sentido común griego lo son, pero no en el
sentido bíblico. En el sentido bíblico ya es la iglesia de Jesucristo, no cualquier asamblea, no
cualquier concurrencia, sino los que salen del mundo a Jesucristo para ser la asamblea de Él,
la de Él, mi iglesia. Y ahí cuando Él dice: Mi iglesia en el 16 donde dice: “y sobre esta roca
edificaré mi iglesia;” dice: “Y yo también te digo, que tú eres una piedra” o sea, Cefas que
quiere decir: piedra. No es la principal, es una de ellas, y el mismo Pedro también dice que
todos nosotros somos también piedras como él, eso lo dice Pedro. O sea que Pedro no
entendió que sólo él era una piedra, ¡no! Él dice que todos nosotros - también piedras vivas -
somos edificados como casa espiritual.
Entonces aquí Cefas se refiere a una de las muchas, pero “roca” ahora se refiere es al Señor
Jesucristo. Fue revelado por el Padre a nosotros y entonces somos edificados como la iglesia
de Jesucristo, o si no podemos ser asambleas de nosotros mismos, sindicatos, clubes. Y
nosotros a veces también hacemos asambleas religiosas, también las hay. La de los plateros
era religiosa, adoraban a Artemisa y defendían a Artemisa contra el evangelio, pero ¿de quién
era? De ellos, no era del Señor Jesús, eso es lo que hace la diferencia, ese es el punto
principal, que sea del Señor donde Él es el que nos reúne y Él es la cabeza, la vida, y el que
nos dirige. Porque podemos reunirnos por otra dirección, del hermano Gino, para lo que se le
ocurra al barbudo ése. Guárdense de Gino, procuren seguir al Señor mismo, al Espíritu y la
palabra. Y cuando me esté desviando, ustedes me van a ayudar porque yo soy falible, el
Espíritu Santo no, yo sí.
Entonces por eso subrayo: la iglesia del Señor Jesús, por eso Pablo no aceptaba que “yo
soy de la iglesia de Pablo, otros de Apolos, de Cefas”, todo eso no está bien. Son iglesias, sí,

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en el sentido griego común son reuniones, pueden ser sindicatos o clubes, también
concurrencia de Artemisa, esas son también iglesias, pero no en el sentido bíblico. Debemos
usar la palabra en el sentido bíblico porque el Señor santificó esa palabra en relación a los
suyos. La pueden seguir usando los que usan el idioma, pero el Señor le dio un sentido cuando
dijo: “mi” “la iglesia de Dios”, de Cristo, no como un título denominacional sino como una
realidad. Realmente Dios es el que vive, gobierna, y dirige nuestra asamblea. Es Dios por
Cristo y el Espíritu; eso es importante.
Entonces dice: “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
O sea, sí van a luchar, sí, porque cuando habla de “no prevalecerán” quiere decir que
estuvieron tratando de destruir la iglesia, confundirla, dividirla, estorbarla, pero el Señor dice:
no prevalecerán las puertas del hades contra la iglesia, o sea, la de Jesucristo.
Verso 10: “Y a ti”, ahora sí es Pedro. Hasta aquí era Cristo y aquí vemos que le da a Pedro
las llaves del reino. Ese es para abrir el reino, por eso el primero que se levantó en el día de
pentecostés para decir cómo es que podían ser salvos, ¿qué haremos? Uno al principio piensa
que es por lo que uno hace y pregunta ¿qué haremos? Le preguntaban a Jesús ¿qué es
necesario que hagamos para merecer la vida eterna? Esa es la pregunta del hombre y ¿qué le
dijo el Señor? Esta es la voluntad de mi Padre, que creáis en el que Él ha enviado, hay que
creer en el Señor Jesús. ¿Qué debemos hacer para poner en práctica? Nosotros queremos ser
muy prácticos porque confiamos en la justicia propia, nos creemos que podemos y que somos
mejores que otros, entonces por eso la pregunta ¿qué debemos hacer? Y lo que decimos es lo
que debemos hacer y el Señor sabe que nada podemos hacer sin Él; “sin mí, nada podéis
hacer”.
Entonces la pregunta del hombre porque confía en su justicia propia es lo que hay que
hacer y siempre tenemos muchas recetas para lo que hay que hacer. Estamos dando recetas
inútiles porque nada podemos hacer sin el Señor. La receta de nuestro Padre es Jesucristo, no
hay otro, no hay otra receta. Y también Pedro dijo lo mismo cuando le preguntaron: varones
hermanos, ¿qué debemos hacer? Y él los lleva directamente al Señor. O sea, primero cambiar
de mente, arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesucristo para la remisión de pecados. Lo
que hay que hacer es ser perdonado y recibir el don, el regalo. O sea el que hace es Dios, el
que remite y el que regenera es Dios, la sangre y el Espíritu, los elementos claves del nuevo
pacto, la sangre, remisión, “nunca más me acordaré de tus pecados”. En cambio el diablo que
es el acusador, se pasa recordándonos los pecados y recordándonos que no merecemos y qué
debemos hacer para merecer, y ahí nos pone en un territorio falso porque no hay nada que
podamos hacer para merecer, hay que dejarse sorprender por el Hijo de Dios que nos amó
primero, que estando muertos, nos encontró muertos en delitos y pecados y nos dio vida, no
nos vendió, nos dio vida porque le oímos. Y ¿por qué recibimos la suministración del Espíritu
que es un don? No por las obras de la ley, sino por oírle a Él con fe, ese es el Nuevo Pacto,
todo lo demás es el ministerio de la condenación. Pero a partir del Nuevo Testamento es el
ministerio de la justificación, ministerio de la reconciliación, ministerio de la palabra y del
Espíritu, ministerio del Nuevo Pacto. El Antiguo decía: el que esto hiciere merecerá, empieza
por lo que hay que hacer y los judíos estaban acostumbrados a ¿Qué debemos hacer para

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poner en práctica las obras de Dios? Y Él dice: esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él
envió, o sea su Hijo, el discípulo, Jesús el Cristo, esa es la obra de Dios.
Entonces sigue diciendo el versículo 19: “Y todo lo que atares en la tierra será atado en
los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo. Entonces mandó a
sus discípulos que a nadie dijesen que Él era Jesús el Cristo”. Note, al principio cuando no
había revelación - apenas estaba empezando - Él no quería que la gente repita precozmente de
manera carnal, repitiendo carne y sangre porque se volvió una religión. Entonces Él les dijo
que no dijeran nada hasta que Él resucitara, porque cuando Él resucitó a veces ni los
discípulos lo podían distinguir, porque a Él se le conoce según el Espíritu.
Recuerdan que se publicó un librito - no sé si ya lo tienen algunos - “A nadie conocemos
según la carne”. Al Señor no se le puede conocer según la carne. Una vez que resucitó, a Él
sólo se le puede reconocer en Espíritu. Por eso a veces algunos lo veían y ¿quién es este que
no sabe lo que ha pasado? Nosotros pensábamos que era el Cristo y andaban con Él, pero
habían dejado de pensar quién era, pensaban sí, pero ahora como que se pusieron tristes.
Entonces Él tuvo que revelarse y tan pronto como se reveló, se desaparecía otra vez y ¿por
qué se aparecía y se desaparecía? Para que aprendamos a conocer no según el hombre natural
sino según el Espíritu, porque el hombre natural no discierne las cosas que son del Espíritu y
satanás trabaja con nuestro hombre natural, con nuestros paradigmas naturales y ahí
quedamos enceguecidos por nosotros mismos, no vemos lo que sólo se puede ver por
revelación.
Al Señor no se le conoce según el hombre natural sino según el Espíritu, o sea a partir de la
nueva creación, ahí se le conoce al Señor. Entonces esos, los que nacieron de nuevo del
Señor, ya sean maduros o niños, no importa. Que haya nacido de nuevo no quiere decir que ya
esté maduro. Madurar demora mucho, pero si empezó terminará, perseverará, si de verdad
creyó en serio, no en vano, si de verdad creyó en serio. ¿Creyó qué?: El evangelio, lo que el
Señor nos dio en su Hijo, lo que Él hizo por nosotros.
Nunca Él nos va a llevar a alguien distinto de él, ni va a tener un diagnóstico distinto que el
diagnóstico de los que han recibido la gracia. Porque el diagnóstico - nuestra verdadera
identidad - es lo que Él nos ha dado y hay que creerle. Primero para que eso vaya creciendo y
apareciendo, pero entonces eso nunca va a aparecer si nuestra esperanza está en poder ayudar
nosotros un poquito como le pasó a Abraham, y con su fuerza se apresuró y engendró a
Ismael y llegó a ser el peor enemigo de Isaac. Al principio ya lo menospreciaba a su
hermanito, lo consideraba más pequeñito y esa es una actitud que no es del Espíritu,
considerar al otro menos cuando Dios nos ha dado lo mismo a todos. Lo que creí del Nuevo
Pacto, eso es lo que el Señor nos dio, a su Hijo y su Espíritu y nos hizo perfectos en Él. Y no
hay manera de salir de esa imperfección, sino mirando sólo al Señor. Porque lo que nos hace
perfectos es el regalo, y ese regalo nunca es merecido. Entonces por eso lo que debemos
predicar es el evangelio, el Nuevo Pacto, entonces ahí descubrimos los que están adentro.
Luego dice en el verso 20: “Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que Él
era Jesús el Cristo”. A veces nos adelantamos antes de sembrar la semilla, entonces las

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personas toman cosas de Dios pero según el paradigma humano y las cambian. Promovemos
otra cosa.
Ustedes saben que hasta hoy existen en Irak los “mandeos”. ¿Ustedes saben quiénes son
los mandeos que todavía existen en Irak? Los mandeos son aquellos que pensaban que Juan el
Bautista era el Cristo a pesar de que Juan dijo: no, yo no soy, yo no soy Elías, el ministerio de
Elías estaba en él, él era Juan el Bautista, Elías tisbita era otro ser humano, ¿eres el profeta el
que profetizó Moisés y que se refería al Mesías? No, no soy, soy una voz en el desierto que
prepara el camino al Señor de quien no soy digno de desatar la correa. Entonces los que creían
que Juan era el Cristo pasaron a la historia como los mandeos y hasta hoy existe mandeos que
piensan que el Mesías es Juan el Bautista. Imagínense cuando se mezcla por religión - sin
revelación - las cosas. El Señor tenga misericordia de todos porque nadie merece esto, sino lo
que Dios quiera darnos, no de vendernos.
Entonces por eso Él les mandaba a veces no ponerse a hablar cosas apresuradamente, todo
tiene su tiempo en la obra de Dios. Dios sabe qué y cómo le va a traer revelación a quien, pero
si nos apresuramos como se apresuró Abraham que engendró a Ismael, ¿Qué engendró? el
peor enemigo de Isaac, y a veces sucede que personas que estamos juntas, de pronto se
apartan y se vuelven enemigos, es delicado. Porque ¿qué dice el apóstol Juan? Dice: salieron
de nosotros, pero no eran de nosotros, porque si hubiesen sido de nosotros, habrían
permanecido con nosotros, pero salieron para que se manifestase que no todos son de
nosotros. Esto es muy delicado. Eso de “ya no me gusta esta iglesia” porque la mira no como
la mira el Señor a través de la gracia y de la sangre. Entonces salimos a hacer algo como a
nosotros nos gustaría y ¿qué tal que esa salida no sea una buena señal? No dejamos de ser
hermanos si de verdad creemos en Cristo. Nadie puede salir de la iglesia si nació dentro de la
iglesia, porque la iglesia no es un club al cual uno se afilia. Si no nace de nuevo, está fuera de
la iglesia. Puede tener cuello volteado y ser profesor de hebreo en un seminario, pero si no
nació de nuevo, está fuera.
Entonces lo que hace falta es que Jesucristo se forme en nosotros y que le oigamos y
sigamos a Jesucristo y busquemos que sea él y la palabra de Él la que reine sobre todos
nosotros. Y si nos damos cuenta que de pronto - como a cualquiera nos puede pasar, nos
deslizamos por aquí o por allá - [debemos] volvernos al camino, porque eso es
arrepentimiento: Volver a ver desde el punto de vista de Dios. Eso es lo que quiere decir
“arrepentimiento”, metanoia, meta como de metamorfosis, pero noia es el entendimiento.
Somos transformados por la renovación del entendimiento. Ahora nuestro paradigma es según
el Espíritu de Cristo. Cristo es nuestro paradigma, lo que Él es, lo que Él ha hecho y lo que
nos ha hecho, y que nos planta siempre en Él, y que si nos desviamos nos limpia y nos trae de
vuelta a estar en Cristo y confesar lo que Él es, lo que Él nos dio y lo que somos por causa de
lo que Él nos hace y ahí permanecemos firmes. O si no, seremos llevados de todo viento de
doctrina y nos pasará esto de la precocidad de Ismael que se creyó mejor y comenzó como
Agar su madre a criticar a Sara, y ¿qué dijo el Señor?: Éste no es el que te heredará, el que yo
te dé, no lo que tú puedas hacer por ti mismo, sino lo que yo te doy.

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Hay una diferencia entre lo que Él nos da y lo que nosotros hacemos, y eso es lo que nos
coloca en Ismael o en Isaac. Isaac es la simiente de Abraham según la mano de Dios. Ella era
una viejita, él era un viejito inútil, estériles, pero Dios metió la mano, los renovó hasta que
Abimelec se enamoró de esa viejita de 90 años, ¿qué le habrá pasado a Sara? ¿Que un rey se
enamora de una ancianita de 90 años? Esa es la mano de Dios, ¿se dan cuenta? Fue Dios el
que metió su mano. Lo que Sara no podía hacer ni Abraham tampoco, porque dice que Dios
esperaba a Abraham, pero lo que esperaba era que Abraham no tratara de ayudarle más con su
propia mano y cuando Abraham ya dijo: bueno, yo no sé, ojalá, ojalá - esa era la buena
intención de él - ojalá Ismael ande delante de ti. No, no es eso, Abraham, llevas 13 años
engañado, confiando en lo que no es, el que dio el alivio ese es, no el que tú has fabricado, el
que yo te daré. Hay cosas que nosotros queremos fabricar por nosotros mismos y lo
fabricamos y miren hoy, ¿qué fue lo que fabricó Abrahamcito con Agar? Miren hoy ¿qué ha
sido? El “intifá de los puñales”1 es uno de los capitulitos de la buena intención de Abraham de
ayudar a Dios. Y Dios tuvo que esperar que Abraham ya llegara a los 100 años, ya no sirviera
de nada y no confiara más en sí mismo ¿no es eso lo que hizo con Jacob? ¿Qué fue lo que
convirtió a Jacob en Israel? que Dios le puso el dedo no en la llaga, pero sí en el muslo,
porque la llaga es nuestra debilidad, pero el muslo es nuestra fortaleza. Somos tan fuertes que
si Dios no nos trata y toca nuestro muslo seguimos apoyándonos en nuestra propia fuerza.
Pero cuando estamos dislocados ¡ay! ¡ay!, con solo poner el pie ya nos duele. Pero cuando no
nos duele, sino que pensamos que todo está bien, lo que sale de nosotros, ¡Ay Señor! Que
luchita vamos a tener con Dios a ver dónde nos pone el dedo para que ya no seamos tan
fuertes en nosotros mismos, sino que nos cueste poner el pie, nos duela porque cuando a uno
no le duele, uno está muy seguro de sí mismo, y cuando estamos muy seguros de sí mismos,
no miramos lo que hace el Señor, sólo miramos el defecto de los otros, Que Dios tenga
misericordia.
La Iglesia Universal
Entonces ahí vemos cuales son los que son parte de esa iglesia de Cristo, o sea los que de
verdad nacieron de Él, o sea que de verdad el Señor regeneró sus vidas basado en la fe y le
creyeron al Señor en serio, porque hay un creer en vano, que Jesús clasifica a aquellos que no
dan fruto en los que creen en vano, pero luego se apartan. ¿Por qué se apartan? Porque están
buscando algo distinto al Señor, están buscando una perfección donde no está. Está solo en el
Señor y en la iglesia única que incluye a todos los hijos; todos los que lo hemos recibido
somos la iglesia. No podemos salir de la iglesia, menos hacernos enemigos de la iglesia. La
iglesia en lo universal incluye a todos los que el Padre engendró, esos son nuestros hermanos,
no los que a mí me gustan, sino a los que a nuestro Padre les gustaron y los engendró.
Entonces dice: El que ama a Dios, ame también al que ha sido engendrado por Dios, o sea, la
iglesia en el sentido universal son todos los que el Padre engendró por el Espíritu de su Hijo, y
como tienen el Espíritu por eso dicen: ¡Abba Padre! Esos son nuestros hermanos, no son los
que a mí me gustan, no son los que yo puedo manipular, son los que el Padre engendró. Todos

1
Referencia a los incidentes y hechos violentos con armas de fuego o armas blancas de los árabes-
palestinos contra los israelitas. (Nota del Editor).

9
ellos son nuestros hermanos y no quiere decir que sean perfectos en sí mismos. Lo que tienen
de Dios eso es perfecto, pero eso está en un vaso de barro y Dios tiene que tratar con ese vaso
de barro para que lo propio del cielo crezca y lo otro disminuya, lo propio nuestro tiene que
disminuir. De hecho, en Cristo ya no sólo disminuyó, sino que se acabó. La perfección está es
en Cristo y esa no se merece, se recibe, por eso en Hebreos habla que somos perfectos en
Cristo, no podemos buscar la perfección fuera de Cristo. Pero ¿hemos recibido a Cristo?
¿Creemos en Él? ¿Contamos es con Él, no con nosotros? Cuando hablamos del reino y todo
eso, no hablamos de eso como base ni fundamento, sino que el reino es el producto de la
gracia. La gracia se nos da para producir el reino. El reino no es un merecimiento sin la
gracia, el reino es el producto de la gracia. La gracia recibida y aprovechada ese es el reino,
pero si tomamos el reino como fruto de nuestros esfuerzos sin la gracia - porque Pablo nos
habla de esforzarnos en la gracia - pero en nosotros mismos solo es lo de Ismael, quizá vamos
a producir islámicos, pero no cristianos.
Entonces la iglesia en el sentido universal se refiere a todos los que nacieron de Cristo de
verdad. Son regenerados por el Espíritu de Cristo, comprados y limpiados por la sangre,
todos, no importa si está en una u otra denominación. Lo que lo hace miembro de Cristo es
que de verdad haya nacido y de verdad haya sido comprado por la sangre de Cristo, que de
verdad haya creído. Entonces si cree es perdonado y regenerado, es un hermano. Puede ser un
recién nacido, todos estamos apenas caminando, pero el Señor ya caminó todo lo del camino y
la manera de caminar es tomando de lo que Él ya tomó y ya Él hizo, nunca tratando de hacer
algo que ya está hecho, sino creer en Él, lo que Él hizo y está hecho y lo que Él nos da, sólo a
partir de contar con Él, como alguien también recordaba Romanos 6 donde dice: Consideraos
muertos al pecado. Eso es lo que dice la palabra, pero nosotros nos seguimos considerando
pecadores cuando la Biblia dice que el viejo hombre ya fue crucificado, el pecador ya fue
crucificado, en el bautismo ya fuimos sepultados y enterrados con Cristo, pero también
resucitados. Así que no sólo hay que considerarse muerto al pecado sino también vivo, hay
que considerarse vivo para Dios en Cristo y presentarse como vivo, eso es lo que dice
Romanos 6, presentarse como vivo, como resurrecto. Pero a veces nosotros parece que sólo
estamos viendo lo que éramos en Adán, lo que éramos en la carne, y no vemos lo que somos
en Cristo, lo que somos en el Espíritu, y hay que mirar lo que somos en el Espíritu, lo que
somos en Cristo.
Entonces [es] así como dice: consideraos muertos al pecado. No dice: consideraos como
pecadores. Sí, éramos pecadores, y en Adán siempre seremos pecadores hasta el día que este
cuerpo de humillación se torne un cuerpo glorificado. Pero no solamente tenemos lo que
heredamos en Adán. Nacimos de nuevo en la justicia y santidad de la verdad, el nuevo
hombre ya es perfecto, no que yo lo perfecciono, no, él nace perfecto, el nuevo hombre es
santo, justo, perfecto y verdadero. Ese es Cristo en nosotros y eso es lo que Él nos ha dado y
eso es lo que nosotros y la iglesia es. La iglesia es un candelero de oro y aunque el Señor dice:
tengo algunas cosas contra ti, no deja de decir que es de oro porque Él no niega lo que somos,
sino que por medio de la aplicación de nuestra liberación en Cristo a través del Espíritu nos
libra de lo que ya nos libró. Es que ser librado en la experiencia es fruto de haber sido librado
en Cristo.

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Cristo tomó nuestra humanidad, la pasó por la muerte, la enterró y salió de nuevo y
comenzó una nueva humanidad. Y estando nosotros muertos, Él llega a nosotros y nos habla
la palabra a los muertos y los que lo oímos, vivimos. Los muertos oirán la voz, ¿por qué?
Porque no son los muertos son los que se pueden resucitar solos, Él es el que nos resucita, Él
es el que nos regenera, Él es el que nos da vida cuando estamos muertos, Él empieza de cero.
Él no apela a lo que nosotros somos, Él viene a librarnos de lo que somos porque no podemos
librarnos solos y Él dice así: sin mí nada podéis hacer, pero confiad en mí, confiad no en
vosotros, no esperen nada de nadie ni de vosotros porque nos vamos a engañar, confiad en mí,
yo he vencido al mundo y esa es la victoria - dice Juan - que vence al mundo, nuestra fe en el
Hijo de Dios. Entonces el enemigo nunca nos va a decir: miren al Hijo, no, mírense a ustedes,
mire ese miserable, todos aquí son unos miserables y ¿qué vamos a ser? En vez de ser la
iglesia del Señor vamos a ser el club ya no de los inmortales, como habla Daniel, sino de los
miserables, y esa es la humanidad en Adán, el club de los miserables, que no hay manera de
salir de esa miseria sin Cristo. Pero Cristo ya sacó la humanidad porque Él se tomó nuestra
humanidad, Él es el Hijo del Hombre, Él venció eso y nos lo da gratis, nos lo dio.
Así que lo que hay que hacer es compartir juntos el botín que él conquistó y confesar lo
que Él es, lo que Él nos dio, nos hizo, y lo que somos en Él. Por eso dice Pablo: considérense
muertos al pecado, no sigan confesando que son unos miserables, éramos, éramos, eso sí dice,
éramos, pero ahora en Cristo ya es otra realidad, una realidad que no viene de algo que
merecimos o logramos, que Él logró para nosotros y nos lo dio como botín y lo recibimos por
la fe. Entonces ahí recibimos porque Él nos lo dio, y nos lo dio porque no lo teníamos ni lo
merecíamos, por eso. Nos lo hubiera vendido, nos lo hubiera alquilado, nos lo hubiera puesto
con algún sistema de pagarlo por cuotas o algo así, pero no, nos lo dio.
Entonces dice: consideraos muertos al pecado, y también dice: consideraos - que ya está
explícito - vivos para Dios en Cristo. No te mires a ti mismo, siempre que te miras vas a
descubrir el pecador y la pecadora y ¿cómo vas a salir de ahí? Por más fuerza que hagas no
vas a salir, pero míralo a Él, no a ti, míralo a Él. Señor: yo todo lo destruiría, pero tú viniste y
hablaste, sembraste la simiente inmortal y ahora creemos porque tú nos diste la fe, ¿cómo?
por tu palabra, la simiente de vida eterna. Por eso el evangelio es la buena noticia de lo que el
Señor terminó en la cruz y nos dio en el Espíritu, y ahora somos hijos e hijas de Dios. Hay
que mirar lo que somos en Él y no lo que heredamos en Adán. Si solo miramos lo que
heredamos de Adán, vamos a seguir en Adán, lamentando toda la vida y hundiéndonos cada
vez más en el fango porque eso es lo que produce Adán. En Adán todos mueren, pero en
Cristo todos serán vivificados.
Entonces dice: consideraos muertos al pecado. Ya, considérese así porque vuestro viejo
hombre ya fue crucificado. No lo vas a tener que crucificar todos los días, no, ya fue en Cristo
y tú has recibido al Cristo libre y el Espíritu te da lo que Cristo es y te hace lo que Él hizo, por
eso dice: mirándolo a Él somos transformados a la imagen de Él, no mirándonos unos a otros.
Descalificándonos unos a otros sólo nos vamos a hundir, pero el Señor no vino a descalificar,
Él no vino a condenar, Él vino a dar vida a los muertos, Él es nuestro Salvador, Él vino a
ayudarnos y nos ha ayudado. Hasta aquí nos ha ayudado y nos va a seguir ayudando, no
podemos negar lo que Él ha hecho en nuestras vidas.
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Cuántas veces nos ha perdonado, nos ha limpiado, nos ha guardado de locura hasta de las
consecuencias de lo que nosotros hacemos que sería para estar en el infierno siempre. Pero
nos ha ayudado, nos ha perdonado. Pero también Él nos ha dado su Espíritu. Entonces los que
tienen el Espíritu son los hijos de Dios, y ese Espíritu se recibe por la fe, no por haber
merecido o logrado. Para poder hacer, tenemos que ser y para poder ser tenemos que nacer de
nuevo y nadie se puede regenerar por sí solo. Él nos hizo renacer, eso dice la palabra, Él nos
dio y por eso fue Él el que llegó a nosotros cuando Él quiso. Él sabía la hora, el momento en
que se iba a meter en nuestra vida y dijo: hijo, hija, aquí estoy yo, yo soy tu Salvador, no
mires a ti mismo, miradme a mí y sed salvos. Mientras Pedro miraba al Señor pudo caminar
sobre las aguas, cuando dejó de mirarlo a Él, se hundió.
Entonces todos los que son de esa iglesia universal, o sea, los que creemos en el Señor de
verdad, somos hijos nacidos de nuevo, y si andamos en el Espíritu vamos a despojarnos de
muchas cosas porque ya fueron despojadas en Cristo y viviendo por Cristo, contándonos
como vivos y presentándonos como vivos. ¿Cómo te presentas tú al Señor en tus oraciones?
¿Cómo vivo o cómo pecador? Claro que hay que arrepentirse pero no hay que mirar
solamente el espejito, en el lugar del atrio está el lavacro que nos muestra lo que somos en
Adán, pero el Espíritu Santo nos conduce a la condición de pecado por saber lo que
heredamos en Adán, que no hay esperanza en nosotros pero Él nos conduce al altar donde
Cristo murió para juzgar todo lo que el Espíritu nos muestra, y también el diablo.
El Espíritu Santo siempre nos habla para llevarnos a la salvación, a la gracia. En cambio,
satanás nos habla para condenarnos, para inutilizarnos, para hacernos sin ánimo, dejarte
hundido y si sólo vas a creer todo lo que dicen de ti, no vas a recibir al Señor; pero nadie
recibe al Señor por ser bueno. ¿Recibiste por qué al Espíritu? ¿Por las obras de la ley, por
haber obedecido? No, por el oír con fe. ¿Qué? El evangelio, la promesa de Dios, me voy a
olvidar de tus pecados, voy a poner mi Espíritu y yo haré que andes. Qué lindo, se olvida,
otros parece que no se pueden olvidar, sólo se acuerdan de nuestros pecados, pero el Señor
dice: yo me voy a olvidar y yo te voy a regalar mi Espíritu y desde ahí puedes considerarte
muerto al pecado y puedes considerarte vivo para Dios y presentarte como vivo, como
resurrecto en Cristo, ¿en base a qué? Usted cree que, si no se hubiera parado en esa base San
Pedro, ¿iba a poder predicar el primer sermoncito? ¿Ustedes saben qué decía él en el primer
sermón? Vosotros negasteis al autor de la vida, como si él no lo hubiera negado. ¿Será que era
muy desvergonzado? No, él lloró amargamente, reconoció su miseria, pero el Señor lo miró
con amor. Para que él no confiara en sí mismo, permitió que tuviera su caída, no la produjo el
Señor, pero a veces Dios permite que uno caiga para que no confíe en sí mismo. No lo
permitas Señor, no queremos ofenderte a ti, pero sabemos que si tú no eres el que nos ayudas,
¿quién nos va a ayudar? Él es el Salvador de nosotros.
Entonces hay que mirarlo a Él y recibirlo, y recibirlo no sólo como el que nos perdona,
sino el que nos regeneró y nos hizo hijos e hijas. A los que le recibieron, los que creen, les dio
potestad de ser hechos hijos e hijas de Dios que no son nacidos de voluntad de carne ni de
varón, sino nacidos de Dios. Por lo tanto, nació de nuevo, nueva criatura en la justicia y
santidad de la verdad, como vivo, y puede presentarse como vivo.

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Cuando vienes a través de la sangre, vienes como vivo, entonces ¿qué es lo que dice ahí
que hace la sangre? Primero dice que al ver la sangre, pasa por alto nuestros pecados y en
Hebreos 9:14, ¿qué dice? Leámoslo, es muy importante ese verso, dice así: “¿cuánto más la
sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció” el que no había pecado, no
podía hacer nada sin el Padre y sin el Espíritu, ¿qué le parece? Él que nunca pecó. Dice: no
puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre ¿y cómo se ofreció el
Hijo? “mediante el Espíritu eterno” aun siendo el Hijo Él no confió en sí mismo sino confió
en el Padre. No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre y lo que
hace el Padre lo hace por el Espíritu y el Espíritu eterno, la paloma guió al Cordero y dice que
Cristo por el Espíritu eterno, “se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará (noten que
es lo que limpia: la conciencia, no de que ahora participas en esta fundación porque muchos
quieren mejorarse a través de fundaciones, a través de clubes, a través de obras de
misericordia y todas esas cosas, la gente confiando en lo que no es confiable) la sangre de
Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará
vuestra conciencias” ¿Qué es lo que va a limpiar nuestras conciencias? Nada de lo que tú
haces, no las buenas obras que te enseñan por ahí. No digo que no hay que hacer buenas
obras, las buenas obras van a ser espontáneas, va a ser lo natural de andar en Cristo, pero no
es la base por la cual somos recibidos, al contrario, por recibirlo sin obras, ahora Él hace obras
y nos pide guardar sus obras, las que Él hace con nosotros pero no es que nuestras obras nos
hacen meritorio, no, dice acá: “limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que
sirváis al Dios vivo?” Obras muertas, o sea obras que hacemos en la muerte, en la naturalidad
adámica.
Entonces no podemos servir a Dios si no somos limpiados por la sangre, es la sangre de
Cristo la que nos capacita. Por eso dice ahí: limpiará vuestras conciencias, ¿por qué a veces el
diablo nos acusa en la conciencia? Porque estamos confiados en nuestras propias justicias, en
lo que hacemos, que merecemos y que somos mejores y eso nunca nos permitirá estar en pie.
Sólo te presentarás como vivo y resurrecto cuando crees, cuando cuentes con Él, eso es lo que
menos quiere el diablo que tú oigas y de que se hable en la iglesia. El diablo siempre está es
acusándote, siempre está rebajándote, él quiere que siempre estés desanimado, que siempre
mires y nunca das la talla y el Señor te hizo nacer de nuevo con la talla que necesites, naciste
en la justicia y santidad de la verdad, en Él estás vivo y eres perfecto en Él.
La Biblia dice aquí mismo en Hebreos que somos perfectos. Miren no necesita pasar la
página de Hebreos, 10:10: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del
cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. Entonces ¿ahí se da cuenta en quien
somos santificados? En la voluntad de Dios que Cristo cumplió. He aquí que vengo para hacer
tu voluntad, la voluntad perfecta de Dios fue realizada en Cristo. Ahora Dios, a hombres y
mujeres, toda la raza humana, ricos, pobres, lo que hayamos sido, a todos nos reparte el
mismo Cristo. Nos da el mismo Cristo y en Él es que nos basamos, eso es con lo que
contamos, o si no el enemigo va a estar acusándonos siempre, ese es su trabajo. ¿Para qué él
acusa? Acusaba a Job, acusaba a Josué hijo de Josadac, hasta los vencedores los quiere acusar
pero los vencedores no le creyeron. No es que no hagamos pecado y seamos débiles en la
carne, no, miramos es a lo que el Señor hizo por nosotros, nos perdonó, de corazón se lo

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agradecemos, reconocemos que necesitamos su perdón, su sangre todos los días y su Espíritu.
Y Él nos hizo, reyes, sacerdotes, hijos, miembros del cuerpo y podemos presentarnos como
vivos de entre los muertos.
Si cuando venimos a orar si sólo nos miramos, el diablo nos va a decir: tú qué vas a orar, tú
Pedro, tú que vas a predicar, tú que atrevido que eres Pedro, cómo vas a decir a todos ellos
que ellos han negado ¿y tú? Dios mismo ya se olvidó y quiere que Pedro también se olvide,
no olvidándose haciéndose el tonto sin reconocer que ha fallado, no, reconoce que ha fallado,
pero no se queda ahí lamentándose en el muro de los lamentos todo el día.
Hermanos, nosotros debemos presentarnos como vivos. Nosotros no estamos ante el muro
de los lamentos. Nosotros entramos hasta el lugar santísimo y el velo ya rasgado. Ya Él nos
llevó en Él, en sus hombros y en su pecho, y nos introdujo y nos sentó con el Padre en lugares
celestiales. Entonces ahí te puedes levantar porque crees y no estás basado en tu justicia
propia sino en la fe, eso es lo mínimo del evangelio. Y todos los que son de la iglesia en el
sentido universal, que son los que tienen el Espíritu de Cristo, los que lo han recibido, su
sangre nos limpió, su Espíritu nos regeneró, y entonces nos presentamos como hijos o como
hijas, como miembros del cuerpo, como sacerdotes, como perfectos. Pablo hablaba las dos
cosas, todos los que somos perfectos y luego decía que todavía no había alcanzado, no hay
contradicción. En la provisión somos perfectos, ahora hay que tomar esa provisión hasta que
el Espíritu lo forme. Porque una cosa es la formación de Cristo y otra cosa es Cristo habitando
en nosotros, pero Él habita para formarse.
La formación es la obra del Espíritu y también la habitación: ya lo pone a Él en nosotros
para siempre. Entonces cuando Pablo decía: somos perfectos, es porque está en la fe, en la
posición que Cristo nos da y cuando dice: todavía procura ser perfecto. En Filipenses él habla
esos dos aspectos, los habla al mismo tiempo en el mismo capítulo sin contradicción. No hay
que mirar sólo un lado, sino los dos lados. Todavía no hemos aprovechado todo lo que Él nos
ha dado, pero ya nos lo ha dado y lo tenemos para aprovecharlo y lo tenemos porque nos lo
dio, porque Él mora en nosotros, nos hizo hijos e hijas, todo lo que tenemos de Él es perfecto,
el niño es perfecto, manitas perfectas, naricita perfecta, el niño es perfecto, su crecimiento
también está previsto, está programado en la perfección que le fue dada desde la simiente.
Entonces el Señor ya nos dio lo necesario. Lo que hay que hacer es creerlo cada vez, contar
con Él. Si miras a ti mismo o a lo que te dicen, ahí te vas a quedar hundido, pero no le oigas al
diablo, ni a ti mismo, ni a tu desesperación. No andamos por introspección, la introspección
nos hace mirarnos a nosotros mismos, pero el Señor dice: mirad a mí y sed salvos, porque
cuando miramos a nosotros mismos, entonces decimos aquí fallé, allí fallé, fallé en todo. Sí,
pero yo morí por ti y te perdono, levántate en mi nombre, apártate de eso y sigue conmigo.
Oigan hermanos, el Señor cuántas veces nos levanta y no nos deja ni acordarnos de eso.
Pero es que me dijeron; ¡no te acuerdes de eso, mires eso ni oigas eso! óyeme a mí, preséntate
como vivo de entre los muertos, como resurrecto es lo que dice la escritura, vuelvan a estudiar
Romanos que es el evangelio de Dios acerca de su Hijo. Vuelvan a estudiar Romanos para no
mirarte a ti mismo, sino mirar al Señor que vino a salvarte de lo que sea, míralo y recíbelo.
Levántate en su nombre porque el diablo sólo viene a acusarte, y si vamos a aconsejar la
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introspección, vamos a mirarnos es a nosotros mismos. Pero dice: en tu luz, veré la luz, no
andando en nuestra propia luz, ¡no! Hay que dejar que Él nos vaya mostrando la verdad.
Señor, yo quiero ver como tú ves y quiero que me ayudes, y el Señor no te muestra sólo el
espejito, sino el sacrificio, al lado del lavacro está el altar con toda clase de sacrificios para
expiación, para perdonarte la culpa, para consagrarte y hacer en ti lo que Él puede hacer.
La Iglesia Local
Entonces todos los que estamos en Jesucristo, estamos en una localidad. O sea, todos los que
pertenecen a la iglesia de Jesucristo en lo universal, si están en determinada época en una
localidad, son la iglesia en esa localidad. Eso es lo que es la iglesia, no los que se reúnen en la
casa del hermano tal, eso no es lo que nos hace iglesia. Los que nos reunimos en Cristo en
cualquier parte, en cualquier casa - si estamos en una ciudad - somos la iglesia de esa ciudad,
de esa localidad.
Entones el Jesucristo que habló de la iglesia universal en el capítulo 16 de Mateo, en el 18
de Mateo habla de la iglesia en la localidad. Entonces ahí usted puede pasar de Mateo 16 al 18
y llegamos al versículo 15, que es la segunda vez que Jesús menciona la palabra “iglesia” en
Mateo. Sólo dos veces menciona en Mateo, en Marcos no aparece la palabra iglesia, en Lucas
tampoco, en Juan tampoco. En los evangelios sólo aparece en Mateo y aparece dos veces, en
el 16 refiriéndose a la iglesia en el sentido universal.
Todos a quienes Él se ha revelado, todos los que hemos sido perdonados por su sangre,
regenerados por su Espíritu pertenecemos a la iglesia, la clave es tener el Espíritu de Cristo.
En Romanos dice: el que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Él pero el que lo tiene, es de
Él. Puede ser un niño y apenas está empezando a mover sus deditos y a lo mejor se va a rascar
el oído y mete el dedo en el ojito, la cuchara se la pone en la oreja y no en la boca, pero ahí de
a poquito va, qué lindo es ver al niñito o a la niñita haciendo todas esas gracias, cada vez va
hablando mejor y esa es pura vida.
Ahora el otro aspecto de la iglesia que menciona Jesús es el aspecto de la iglesia local,
porque es Jesús en Apocalipsis el que dice: envíalo a las siete iglesias y ¿cuáles eran las
iglesias? Éfeso, - y no le da el nombre de bautista, metodista, pentecostal, tal - es la que está
en la ciudad. Envíala a Pérgamo, a Sardis, a Esmirna, a Teusaquillo, a Fontibón, a Puente
Aranda, cualquier localidad, tanto del Distrito como municipios o aldeas. El Señor eso es lo
que tiene en cuenta, Él le da el nombre de la iglesia a todos los que son de la universal, no de
la de Macedo, “Pare de sufrir”, ¡no! La iglesia de Jesucristo es la universal, ustedes me
entienden, no hablo denominacionalmente, hablo bíblicamente, exegéticamente.
Entonces todos ellos que están donde tú moras, en tu localidad, todos ellos son la iglesia en
tu localidad, aun los que no entienden. Pero si tú entiendes, tú lo incluyes y tú cooperas para
que él crezca también. Porque él es de la iglesia porque nació de nuevo, no porque la
entienda, no porque la discierna, porque en el discernimiento del cuerpo hay que crecer, pero
un niño ya es de la familia cuando lo engendró el papá. Él no entiende nada de familia ni sabe
que el apellido Pérez ese es el apellido de él. Del papá, todos Pérez serán, todos somos Pérez,
pero después ya va cambiando ¿verdad?

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Entonces los que creen en Jesucristo, en Él, no que se afiliaron a tal o cual organización, no
que tienen tal o cual uniforme, porque cuando estamos en lo exterior nos identificamos por los
uniformes. Acabamos de venir de allá de Jerusalén, los que vienen de Rusia tienen como una
rueda aquí, tienen una ruedita como de una motico, esos son de la secta de los que vienen de
Rusia. Otros tienen la quipá negra, otros la tienen blanca, otros azul, otros no tienen quipá,
tienen sombrerito, pero como si la quipá no sirviera hay que ponerle arriba otro sombrerito,
como es muy flaco, se le pone más gordito, como una rueda. Perdónenme, no quiero burlarme
de nadie, no digo nombres propios, pero digo cómo somos los seres humanos. Queremos
identificarnos por algún uniforme, por alguna cosa, en vez de saber que lo único que es la
identidad que Dios nos dio es su Hijo, Él es. Su Espíritu es lo que nos hace hermanos, no el
uniforme, el Espíritu. Claro que el Espíritu tiene sus características.
Entonces ahí en Apocalipsis se habla de la iglesia en Éfeso y Jesús en el 18 de Mateo dice
así: “Si tu hermano peca contra ti, ve (¿a dónde? ¿a Internet? ¿a dónde? ¡A él mismo!)
repréndele estando tú y él solos; (o sea, si es un pecado contra ti, lo reprendes con el objetivo
de que él esté bien con el Señor, se recupere él, no para yo desahogarme, uhm, ¿se dio cuenta?
no, el objetivo es otro,) si te oyere, has ganado a tu hermano.” No la pelea, sino al hermano,
no ganó la pelea sino al hermano. Pero si al hermano todavía lo tenemos allá arrinconado,
verso 16: “Mas si no te oyere, (nada de prisa, ¡ay!, bueno, era lo que yo quería, no quiero
saber más nada de ese hermano) toma aún (ay, eso no termina tan fácil) contigo a uno o dos,
para que en boca de dos o tres testigos (o sea a quienes le conste la realidad, porque es que
nosotros queremos es compinches de nuestra misma secta o paradigma, y ahí no hay
equilibrio, testigo es personas que vieron como es la cosa y entienden) conste toda palabra”.
Porque a veces hay cosas que no constan y nosotros creemos lo que no consta y ¿lo viste, lo
entendiste, lo analizaste? No, no, no: Escuché lo que dijeron. Salieron todas las plumas y
ahora recoja las plumas, a ver quién recoge todas esas plumas. Por eso dice: tú y él solos, “si
no te oyere, tomas aún contigo uno o dos” testigos, o sea, personas que les consta que la
ofensa fue real.
Luego dice aquí en el verso 17: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia;”. Ahora esta
palabra “iglesia” no es la universal, porque ¿cómo se lo vas a decir a la iglesia universal? Vas
a tener que tomar la máquina del tiempo e ir al primer siglo y empezar por San Pedro. “Es que
Margarita no me pagó $10”, ¿y cuánto le costó el viajecito? Le hubiera perdonado los $10,
porque a veces es más problema, sale más caro que nos hagan justicia que perdonar. Mejor es
olvidarse y se acabó, perdona y se acabó. Entones ahí dice: dilo a la iglesia. No es a la iglesia
universal, porque no es un solo viajecito, ¿y los del siglo II y los del III y los de la Reforma y
todos los demás? ¿Cómo vamos a decírselo a esa iglesia universal? Es a la iglesia que [es
parte] de las iglesias. He aquí yo envío mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las
iglesias, o sea son las que Él dice: las ciudades de Éfeso, la de Esmirna, la de Tiatira, la de
Sardis, la de Pérgamo, la de Filadelfia, la de Laodicea, la de Antioquía o cualquier otra ciudad
o pueblo.
Entonces el mismo Señor Jesús que habla de la iglesia universal, habla también de la
iglesia en la localidad. Pero lo curioso es que nunca vas a ver una iglesia mayor que una
localidad; en el sentido universal es una sola iglesia, pero Jesús también estableció la
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administración local de cada iglesia, por eso dice: escríbele al ángel de la iglesia en Éfeso. La
iglesia en Éfeso es un candelero de oro y a pesar de que dice tengo contra ti, sigue siendo de
oro. ¿Por qué sigue siendo de oro la iglesia? Porque la iglesia reconoce sus pecados, porque el
Señor murió y la cubre. No porque uno pecó de una manera, el otro de otra, la iglesia no
existe. La iglesia siempre es de oro porque el Señor la ve en Cristo. Ahora, claro que mientras
no estemos en Espíritu y le demos lugar a la carne o al alma, al ego, cometemos algún pecado
que le ofende a Él. Entonces Él hace eso, Él nos dice, como Él dice que le digamos: tengo
contra ti esto, que has dejado el primer amor, arrepiéntete porque si no, voy a tener que venir
y quitar el candelero. O sea, si uno no se arrepiente, de pronto se acaba la iglesia, no la del
Señor, sino durante cierto tiempo el testimonio de la iglesia en la ciudad se puede acabar, ser
quitado el candelero, el testimonio, por un tiempo, como pasó con Éfeso.
Hoy en día tú vas a Éfeso ni siquiera Éfeso existe. Si vas a Éfeso que son ruinas, así como
cuando vas a ver Capernaum, son ruinas, Betsaida, ruinas. Y si la iglesia mereció ser quitada,
¡cuanto más la propia ciudad de Éfeso! Y no existe Éfeso; para ir a Éfeso tienes que ser un
turista de ruinas, “a ver, aquí era Éfeso”. Porque si el Señor tuvo que quitar el candelero de
Éfeso, ¿usted cree que Éfeso mismo era mejor que el candelero? ¡Cayó! Entonces, cuando la
iglesia cae, la ciudad cae porque existen ciudades para que existan iglesias, para eso existe
una ciudad. Dios permite que se forme una ciudad esperando tener en esa ciudad a los suyos
en la iglesia, pero una ciudad sin iglesia ¿para qué sirve? ¿Para qué existe la humanidad
hermanos? Para que haya iglesia; es importante para Dios. Yo tengo - decía Pablo - todavía
Pablo no los había visto y necesitaban nacer de nuevo, pero Dios sabía que iban a nacer de
nuevo. Pablo, no te desanimes, yo tengo mucho pueblo en esta ciudad Corinto, y era el pueblo
de Dios. Y dijo: yo tengo pueblo, y claro que tuvieron problemas, no entendían si eran de
Pablo, si eran de Apolo, había muchos problemas había hasta incesto y todo, pero bueno, el
Señor los cubría con su sangre y por eso había iglesia de Dios en Corinto, a pesar de todo
había iglesia de Dios. ¿Por qué? Como dice ese canto: la sangre de Cristo tiene vigencia.
Mientras la sangre tenga vigencia habrá un candelero de oro, si no todos están pecando en lo
mismo, ni se arrepienten en el mismo momento, pero tan pronto se arrepienten, ahí está el oro,
el candelero.
Dios ve a las iglesias como candeleros de oro a pesar de que los personajes cada uno en
particular tiene sus cositas que poner bajo la sangre que ya está ahí para eso, y el Espíritu está
ahí para corregir. Cuanto tú invocas al Señor, el Espíritu fluye de tu interior. Entonces hay que
ver esa sangre ahí y ver ese Espíritu con mayúscula, ahí porque no es sólo el nuestro, sino el
del Señor, y también hay que ver el oro ahí porque ese oro es Cristo en la iglesia, esa iglesia
es lo que es de Cristo, lo demás es de Adán, por eso el candelero es de oro. Pero si pertenece a
Cristo, es lo que hace parte de la iglesia, lo que pertenece a Adán hay que tratarlo, aplicarle la
cruz y el Espíritu, y tratarlo. Pero gracias a Dios que existe algo más, existe Cristo, su Espíritu
y su cuerpo que es su templo está ahí en la iglesia, y es respetable la iglesia. No se puede
hablar mal de la iglesia porque la iglesia es el oro, lo otro es Adán, pero la iglesia es el oro. Lo
que es de Cristo eso es la iglesia, es la plenitud de Cristo, eso es la iglesia, lo que hay de oro.
Entonces ahora ¿qué vamos a ver? ¿lo de oro o nos gusta ver otras cosas? A veces nos gusta

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ver los lunares, tenemos lupa para los lunares, pero no distinguimos al Señor en la vida de
cada hermano.
Entonces, sí, nos pasa lo de Esaú, ¿Qué era lo de Esaú? Quería que fuera castigado Israel
[Isaac]. Buscaba con lupa, buscaba los rebuscos, pero no de Cristo, sino del pecado en Israel.
No, éste no merece escaparse, está escapando, agarrémosle. Ahí paró Dios de castigar a Israel
y comenzó a castigar a Esaú y no existe la nación de Esaú, no existe y Dios le dice por qué:
Por la injuria que cometiste a tu hermano estando yo castigándolo y corrigiéndolo. Y si
alguno se iba a escapar, tú viniste a darle más duro para que no se escape y por esa injuria voy
a rebuscarte también a ti. Y empezó a Dios a rebuscar como rebuscaba Esaú y no escapó y no
fue hallado digno de continuar como país. No existe más Esaú. Lo que era Esaú - que era el
Neguev - ahora es de Israel, y es de los sefarditas, porque Dios no quiere que estamos
rebuscando, porque ¿quién va a sobrevivir así? ¿para qué vino el evangelio?, y ¿a quién vino?
¿a los perfectos? Vino a salvar lo que estaba perdido, a eso vino el Hijo del Hombre; a buscar
lo perdido, no para condenarlo. El Hijo del Hombre no vino para condenar sino para salvar,
para eso vino.
Entonces hermanos, además de la iglesia universal y de lo local de la iglesia, cuando habla
de la iglesia en Corinto, en Tesalónica, en Filipos, las iglesias de Asia, las de Antioquía en
Hechos y en algunas partes del Nuevo Testamento, vemos el aspecto local de la iglesia y
Jesús también habla de la iglesia en tal parte y es Jesús que dice, el Hijo de Dios: escribe a la
iglesia que está en Tiatira, pero no generaliza. Sí, algunos hacen esto pero otros no lo hacen,
los que han permanecido limpios, permanezcan limpios y a los otros, se lo avise porque Él
dice que se lo avisemos, que se lo digamos a la iglesia, ¿para qué?, para que tenga la
oportunidad de pedir perdón, limpiarse y levantarse, servir al propósito de Dios, como dice
ahí: limpiar la conciencia para poder servir al Dios vivo, porque con una conciencia acusada
no se puede servir al Dios vivo ¿y de qué manera se limpia la acusación?: cuando se confiesa
el pecado. Uno no se hace el tonto delante de Dios, y también cuando necesitas decírselo a
una persona, también eso lo dice. A veces si la persona no está en buena disposición, habrá
que esperar un momento en que por lo menos parezca que esté, para bien de la persona,
porque tú tan pronto cometes un error, ahí mismo el Espíritu Santo te hace dar cuenta y ahí
mismo quisieras parar y enderezarte, pero a veces hay que esperar, esperar por la otra persona,
pero hacer tu parte lo mejor que puedas. Si la falta es en entre dos, no esperemos que el otro
arregle su parte, hagamos lo nuestro, el otro sabrá. No debemos decir: hasta que él no haga o
ella no haga, yo no hago. Yo tengo que hacerlo porque el Señor me mostró, ahora la otra
persona puede haber hecho peor y no se da cuenta, pero tú no debes tener eso en cuenta.
Perdonar antes que nos pidan perdón, después nos pueden pedir perdón, pero a veces la
persona no está en la luz suficiente para entender lo que ha hecho, pero hay que perdonar
antes que la persona se arrepienta.
Entonces además de la iglesia en la localidad, la obra del Señor aparece muchas veces en la
Biblia tipificada en el Antiguo Testamento cuando habla de la obra del ministerio de la casa
de Dios, que es lo que dijo el Espíritu Santo: “Había en la iglesia que había en Antioquía,
profetas y maestros”. Menciona la iglesia en la ciudad de Antioquía, es decir, la suma de
todos los hijos en Antioquía es el candelero. El candelero no es mi casa donde se hacen las
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reuniones. Dios nos pone candeleros en casas, pone candeleros en ciudades. El candelero está
es en la ciudad y está formado por todos los hijos de Dios en la ciudad. Hay que entender que
es la iglesia en la ciudad. No es que en mi casa se hacen las reuniones, no es la reunión en tu
casa el candelero, el candelero son todos los hijos de Dios que pueden reunirse en tu casa y
también en todas las casas, y ojalá cuando nos reunimos en muchas casas lo hagamos en
común acuerdo, porque el candelero no es una casa. Es que ahora el candelero no está en tu
casa, sino en mi casa, ¡no!, el candelero nunca está en una casa, el candelero está en Éfeso, es
la iglesia en Éfeso, es la iglesia en Esmirna, no en la casa de Policarpo, ¡no! Pueden reunirse
en la casa de Policarpo, pero es la iglesia en la ciudad el candelero, y todos estemos ahí o no,
somos de ese candelero.
Muchos son miembros del candelero sin saberlo porque todavía no han madurado en la
iglesia, apenas están siendo salvos, conocer del perdón de los pecados y algunas cosas, y hay
cosas que no entendemos. El candelero no está en ninguna casa, ninguna casa o familia es
propietaria de ningún candelero, el propio del candelero es el Señor Jesucristo y Él tiene como
miembros del candelero a todos sus hijos. Algunos son niños, no disciernen el cuerpo, pero
son del cuerpo, aunque no lo disciernan, y el que lo discierne sabe quién es del cuerpo,
aunque él no quiere ni recibirte. Hay hermanos legítimos que no quieren ni recibirte porque
han oído sólo paradigmas denominacionales y son nuevos, entonces no te van a entender.
Pero hermanos, nadie es dueño del candelero sino el Señor Jesús y el Señor Jesús recibe a
todos y dice que les den el pan a todos, y que coman todos, y dice que les den el pan a todos y
que todos coman el pan y beban la copa. Y cuando se entiende el candelero y la iglesia es
grande como es el caso de Jerusalén, se reunían por las casas y partían el pan por las casas,
pero partían el mismo pan, y no quiere decir: bueno, aquí empezamos para que tú no vayas a
hacerlo y te sometas a mí.
La Iglesia es de Cristo, no del hombre
Hermanos, todos los que quieren obligar o manipular a otros, andan en la carne, esto dice: os
obligan los que quieren agradar según la carne - dice a los Gálatas - los que quieren agradar la
carne, os obligan. O sea que quieren manipular a los otros y negarles la validez a los otros y si
no se somete a mí, y si yo no soy aquí el que manda, entonces no es de la iglesia porque aquí
empezamos primero, pero ¿cuál primero?, si es el mismo Cristo el que está en todos. Pero eso
sucede hermanos, eso muestra que todavía no entiende lo que es la iglesia, piensa que la
iglesia son los que empezaron a reunirse en tu casa, ¡no! La iglesia es todos los que nacieron
de Cristo, esa es la iglesia y está ahí, ¿por qué está ahí? ¿cuándo empieza la iglesia?: Cuando
aparecen dos o tres primeros, cinco, siete, ocho. Pero no quiere decir que todos los que van
naciendo no sean, todos los que nacen de nuevo, nacen en la iglesia y no necesitan pedirte
permiso. Si ya Dios los engendró, ¿los vas a descalificar como hijos o como miembros del
cuerpo, o sea de la iglesia en la ciudad?
Entonces el candelero no es la reunión; el candelero es la iglesia las veinticuatro horas,
incluso cuando están todos durmiendo. Aunque alguno trabaje de noche, pues bueno ese
también es de la iglesia, es por ser de Cristo que somos de la iglesia, si eres de Cristo ya eres
de la iglesia. Ahora muchos que son de la iglesia no lo entienden lo que son, como un niño, no

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sabe que el apellido García es el de su papá y que él también es García, tiene que entender
mucho y si es muy complicado como el mío, imagínese qué va a entender mi nena aquí que es
Escorcia Iafrancesco; no va a saber nada, abuelito, hasta ahí. ¿Entonces deja de ser de la
iglesia porque no sepa cuál es su apellido o el de su abuelo que es el de ella? Por lo menos el
segundo sí es materno. ¡No!, es de la iglesia porque nació de Cristo, del Espíritu, fue
perdonado. Ya es de la iglesia y los que somos de la iglesia debemos entender quiénes son de
la iglesia en vez de tratar de descalificar a otros.
Pero la cuestión está, ¿me reúno alrededor de quién? ¿de Pablo? No hay iglesia de Pablo,
no hay iglesia de Gino, no se vayan a reunir nunca en nombre de Gino - pobres de ustedes -
sigamos reuniéndonos alrededor de Cristo. Por eso yo me voy y sé que la iglesia sigue porque
Cristo sigue y Dios levanta otros hermanos. Ojalá que los que Dios está levantando entiendan
que los levanta para edificar su iglesia y no la de alguno. Nosotros no somos de la iglesia de
Gino, ni de Cefas, ni de Apolo, ni pensar que sólo nosotros somos la iglesia de Cristo, eso
pasaba en Corinto. Pablo les dice que todos son la iglesia de Dios pero ellos decían que unos
eran de Apolo, otros que eran de Cefas y otros que eran de Cristo. No está mal ser de Cristo,
lo que está mal es pensar que sólo nosotros somos de Cristo, hasta los que dicen ser de Pablo
son de Cristo, aunque ellos todavía no entiendan que son de Cristo y quieran gloriarse en
Pablo, gloriarse en fulano o mengano. Son de Cristo, aunque digan ser bautistas, ah, pero
como dice que es bautista, entonces no es de Cristo, ¿cómo que no? si Cristo murió por él y él
cree y lo recibió. Sólo que no entiende lo de la iglesia, entiende que es de Cristo, empezó por
uno de los rudimentos, los dos primeros quizá, arrepentimiento y fe en Dios, pero lo del
cuerpo no está en los rudimentos, está más arribita, está en la edificación.
Entonces sobre el fundamento hay una edificación y esa sí es el cuerpo. Y ahí en el
partimiento del pan que está en el fundamento, empezamos a discernir el cuerpo, y discernir el
cuerpo es reconocer [que] a los que nuestro padre tiene por hijos, yo tengo que tener por
hermanos. Pero hay hermanos que no me gustan, porque si es que ese hermano está aquí ya no
voy a poder hacer las cosas de esta manera. Me va a tocar compartir con él y es que él es post
tribulacionista y yo pre, entonces yo voy a hacer mejor una secta “pre”. Ahí está el problema,
pero Dios también tiene hijos pre y pos, y ya son hijos porque esas cosas de pre y pos, esas
son cosas de familia que se tratan en la familia, pero no se empieza la familia en pro o en pos,
se empieza en Cristo y algunos de Cristo nos parecen pos, otros les parecen pre.
Entonces hay que seguir viendo, oyendo y soportándolos y amándolos por causa de Cristo
y la verdad de Cristo. No que alguien lo impone a la fuerza, no. Hay que dejar que la verdad
por sí sola tenga el peso, ese es el plomo, el peso de la autoridad de Cristo, del Espíritu y de la
palabra, y se deja a todos en la libertad de acatarla y los que no la acatan después se dan
cuenta que erraron y dieron vueltas por el desierto mucho tiempo, perdieron tiempo. Cuando
volvieron se dieron cuenta de que los hermanos sí estaban con la razón. No, no es los
hermanos, es la Biblia que nos hace entender cada vez mejor.
Entonces ahí volvemos, pero ya nos toca ir un poco más apuraditos porque los otros ya
vienen en el tren desde hace rato y otros apenas nos subimos en el tren, y estamos como
atrasaditos porque a veces queremos ser aislados. No entendemos el cuerpo, no discernimos el

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cuerpo, entonces comemos juicio que no es eterno, es una corrección. Puede ser una
enfermedad - como yo ya varias veces me he enfermado -, puede ser una debilidad, puede ser
una muerte prematura. Uno no sabe pero el Señor nos va corrigiendo para que aprendamos a
ser inclusivos, no ser soberbios, no ser divisivos, dejar a Cristo gobernar Él mismo por su
Espíritu y su palabra, sin querer nosotros imponernos o imponer a otros. Sólo les digo:
reúnanse en el Espíritu alrededor de Cristo en lo local y a la vez esté abierto a la comunión
universal. Y con esa parte quiero terminar, aunque no he terminado, pero ya les pedí y me da
vergüenza seguir.
Autoridad delegada
Entonces solamente voy a leer algo acá, si ustedes me acompañan. En Tesalonicenses, voy a
leer a Pablo desde la Primera a los Tesalonicenses capítulo 4; voy a leer desde el versículo 6:
“Que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo
esto”. O sea, el Señor aplica su venganza porque Él dice: ustedes no se venguen, déjenme a mí
la venganza. Él es el que vindica, el que juzga y ¿qué va el Señor a vengar?: Toda injuria,
todo engaño que hagamos a cualquier hermano el Señor nos va a corregir porque Él es nuestro
Padre y ¿cómo nuestro Padre no nos va a corregir?, entonces dice así en el verso 6: “Que
ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto,
como ya os hemos dicho” o sea cuando dice: “os hemos dicho” es el testimonio de la palabra,
pero cuando dice “y testificado”, son las ilustraciones con casos específicos de corrección del
Señor a los que injurian, a los que engañan. No se puede injuriar ni engañar a los hermanos
porque el Señor va a vindicar las cosas, va a corregir en el momento que Él juzgue
conveniente. Y dice: “ya os hemos testificado”, o sea que Pablo junto con Silvano y Timoteo
- que están hablando juntos en equipo en esta carta que es de los tres - dice que ya os hemos
testificado, ¿de qué?: De que el Señor es vengador y castiga y corrige a los injuriadores y a los
engañadores y empieza a contarles casos.
Yo podía contarles casos míos, que yo prefiero contar mis vergüenzas que mis glorias, mis
glorias me tiran para abajo, mis vergüenzas me enseñan. Entonces Dios corrige y dice en el
verso 7: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que el que
desecha esto,” hay personas que no se dan cuenta que están desechando al Señor cuando
desechan a los hermanos que Dios puso. A veces un hermano tiene que decir algo y hacer
alguna corrección y la persona piensa que es el hermano y no se da cuenta que es el Espíritu a
través del hermano, y al desechar al hermano y pretender seguir sólo a Dios, afrenta a Dios,
porque la autoridad de Dios no es sólo la que Él tiene sino también la que Él delega y si yo
rechazo la que Él delega, rechazo la autoridad que Él delegó. Entonces nosotros no debemos
ser necios en eso, porque entonces así perdemos tiempo y nos enredamos mucho tiempo si no
aceptamos la corrección del Señor por un hermano. El Señor prefiere hablarnos por alguien
que está en la misma arena que nosotros.
Yo mandaba a mi hija Silvana: “Silvana, ya van a ser las siete y Esteban debe volver a
casa”, porque era pequeño. Entonces Esteban pensaba que era su hermana: “Ya viene a
estorbarme que estoy aquí jugando”. La segunda vez dice [Silvana]: “Esteban, mi papá manda
a decir que entres ya, no es hora de estar en la calle”. Si él no se da cuenta que lo que le dice

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Silvana es su papá, entonces la tercera vez va a tener que ir directamente el papá y traerlo con
correa, ¿se dan cuenta? Entonces así hace Dios, nos habla por personas que están en la misma
arena que nosotros, que pasan las mismas pruebas, tan malos como nosotros y no los
queremos oír. Entonces le toca a Él mismo corregirnos, ¡ay! ¡ay! Yo recuerdo una vez que un
hermano estaba tratando de hacerme entender algo y después yo me quejaba con otro
hermano, que ese hermano se estaba metiendo demasiado, que era muy metido y yo que digo
eso y el Espíritu Santo me reprende directo, como quien dice: O te callas, o me pongo a la
puerta, ¡uy! De ahí nunca más en mi vida quiero irritar al Señor, no entendiendo que es el
Señor el que está tratando conmigo a través de esa persona que es tan igual a mí o quizá peor,
eso es lo que pensamos normalmente. Siempre que leemos: “el justo”, ¡ah! ese soy yo; el
impío, ese es fulano. Entonces el Señor nos dice: Tú eres más impío todavía. Entonces eso
dice acá: “el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios que también nos dio su
Espíritu Santo”. A veces no entendemos esto.
Permítanme un pedacito aquí en Segunda a los Corintios capítulo 8 para que aprendamos a
conocer este aspecto y no cometamos errores. Para que Dios no tenga que corregirnos
directamente es mejor que alguien que ha pasado por algo y que es tan débil como uno - por
amor al Señor y porque discierne - diga la cosa. Dios quiere que las personas cuenten.
Capítulo 8 de 2ª a los Corintios, dice desde el 1: “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la
gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia, que en grande prueba de
tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su
generosidad.” No importa que eran pobres, eran generosos, pero ahora dice así en el verso 3:
“Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de
sus fuerzas, (ahora noten el verso 4, que misterioso, estos hermanos generosos de Corinto
veían que había necesidad en Jerusalén y quisieron ayudar, pero en su ayuda mire como los
dirigió el Espíritu Santo) pidiéndonos” ¿a quién?: A Pablo, a Tito, a los que estaban puestos
por el Señor en la obra. Entonces la ayuda no se hizo a espaldas de los que el Señor
encomendó la obra, sino que se hizo con ellos y eso no era que lo hubiera mandado Pablo,
sino que el propio Espíritu se los hizo entender aunque a veces Pablo se quedaba callado y le
daban su codazo y lo ignoraban y él no chistaba hasta que los que van madurando se dan
cuenta que han estado dando codazos a quien no debían dárselos. Entonces dice:
“pidiéndonos”, ¿quién?, los hermanos generosos “con muchos ruegos (o sea, que los
apóstoles se hacían rogar un poquito para no pretender nada por sí mismos) que les
concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo
esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, (por eso los que están
en autoridad no deben apresurarse a recibir, hay que ver si el Señor quiere y si ellos
entienden) con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar” a los
necesitados en el cuerpo de Cristo. Y dice así: “Y no como lo esperábamos, sino que a sí
mismos se dieron primeramente al Señor” muchos han entendido esta primera frase: se han
dado al Señor, lo que no entienden es la siguiente frase: “y luego a nosotros por la voluntad
de Dios”.
Entonces uno dice: bueno, es que el Señor es perfecto, yo si con Él trato, entonces yo
vengo aquí, el Señor se me reveló, soy Pablo, llegué a Damasco, me tumbó el Señor del

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caballo y se me reveló hasta que quede ciego y todo, entonces yo digo: Uhm… Yo soy muy
privilegiado, se me apareció el Señor a mí, también como a los apóstoles, también debo ser un
gran apóstol, también yo. Entonces dice Pablo: ¿y qué haré Señor? El Señor no le dice que
tiene qué hacer, ¿sabe qué le dice el Señor?: Ve a la calle derecha y allí se te dirá lo que has
de hacer; esa es la parte difícil de entender. Queremos tener relación directa con Dios y no
con el cuerpo, no con las personas que el Señor ha puesto antes que nosotros; los ignoramos,
hacemos cosas a veces que desbaratan otras que se están haciendo. Pero dice: se entregaron al
Señor y por voluntad del Señor. El Señor les pidió que le rogase a Pablo, a Tito, a ellos que
estaban haciendo esa obra antes que ellos, que la hagan en comunión, en concierto unos con
otros y no por sí solos, eso es lo que a nosotros nos molesta.
Es como cuando Jesús decía: no te sientes en la primera banca, no sea que venga - y esto
que voy a decir no son palabras mías sino del Señor Jesús que no nos gustan - no sea que
venga otro más distinguido que tú y tengas que salir de la banca y tener que sentarte en la
última, mejor empieza por sentarte en la última banca y ahí vas a entender que te puedes
asociar con el penúltimo y con el antepenúltimo y puede que un día Dios te ponga allá a
recibir las primeras flechadas porque no creas que estar adelanta es cómodo, allí es donde se
recibe la lanza, la flecha, donde todos los demonios quieren empezar por esas columnas, pero
¿me entienden esto? No lo digo para ofenderlos, pero siempre en el cuerpo de Cristo hay
muchos más distinguidos que nosotros y no estoy hablando a favor de los distinguidos sino
para evitarte que sumas como palma y caigas como coco. Porque ¿qué era lo que decían los
hijos de Aarón? - los dos que tuvieron que ser sacados -: Si Aarón puede, yo también puedo
hacer la misma cosa, y se metieron a hacer lo mismo y cayeron muertos porque se pusieron a
sí mismos, sin la cabeza y sin el cuerpo, ¿están entendiendo esa frase? No sea que otro más
distinguido que tú, tenga esa silla. No es que nos sentamos donde nosotros queremos porque
aún ni Jesús quería decir, porque le pedían unos a la derecha, a la izquierda, ¿y qué decía el
Señor?: No me toca a mí decidir. Salomé que estaba viniendo como nepotista por sus hijos,
como es mi pariente entonces va a ponerme por allá en los puestos importantes. Ese es el
mundo, en el mundo hay nepotismo, en la iglesia es a quienes el Padre lo tiene separado.
Entonces aquí dice, ellos entendieron, se entregaron al Señor para servir en la iglesia,
inclusive para colaborar en todo el asunto de las ofrendas a los pobres y todo eso. Pero el
Señor le dijo que lo hicieran por mano de él, como lo hacían los apóstoles, por mano de los
ancianos, porque la cabeza es la que está ordenando todo, y si nosotros salimos como algunos
salieron sin haber sido enviados, como dice Hechos 15, provocaban disturbios, inquietudes y
confusiones. Pero si se hace en acuerdo a los que el Señor ha puesto antes y lo hacemos en
acuerdo con ellos, en la propia cabeza, tú te entregas a la cabeza y la cabeza te dice: ve a la
calle derecha y allá se te dirá. ¿Pero no me lo puedes decir ya?, pero te lo quiero decir por otro
para que entiendas al cuerpo. Nosotros a veces queremos nosotros mismos hacer las cosas a
nuestra manera y no entendemos el cuerpo de Cristo. Si Cristo dijo: apartadme a Bernabé y a
Saulo para la obra es porque se la encomendó a ellos, ahora si yo me meto donde ya está un
trabajo, ignorando a los que el Señor puso, voy a causar dificultades. Entonces yo debo llegar
al último puesto y empezar a subir en la medida en que el Señor me va subiendo.

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Para mí es muy desagradable decir esto porque es como si yo quisiera pleitesía de alguien,
pero no, ya estoy bien saciado de menosprecios y cosas para ponerme a buscar pleitesías. Yo
digo esto porque es la palabra de Dios, no pongo mi nombre ahí, pongo el de Dios. Porque en
todas partes vas a encontrar que antes que tú llegaras ya Dios había enviado a otros y si te
envió a ti, es como cuando envió después a Esdras cuando había enviado primero a Zorobabel
y a Jesúa. Vinieron a apoyar, vinieron a reforzar, no a rivalizar, no a confundir, entonces se
tiene que tener en cuenta a los otros. A cualquier parte donde vamos lo primero que tenemos
que preguntar es ¿quiénes son los que el Señor ha puesto en esta localidad? Cuando se trata de
una localidad son los ancianos ¿quiénes son los que Dios ha puesto en esta región? Quién es
en la obra: los obreros. Como dice acá, estos santos pobres quisieron ayudar y se entregaron al
Señor, pero el Señor dice también: y se entregaron a nosotros por voluntad del Señor y
vinieron a rogarnos y no estábamos forzándolos, no, nos hicimos rogar. Muchas veces nos
rogaron que les permitamos participar en el servicio a los santos, pero a veces nosotros, yo
aquí con el Señor, ¿ustedes quiénes son? ¿No sabe quiénes son?: El cuerpo de Cristo que Él
puso; el que a ellos recibe, a Él recibe, el que a Él rechaza, a él rechaza como decía aquí.
Entonces ahí regresamos a Tesalonicenses y termino.
Verso 9 del capítulo 4 de Primera a los Tesalonicenses: “Pero acerca del amor fraternal,
no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que
os améis unos a otros, y también hacéis así con todos los hermanos que están por toda
Macedonia”, y aquí nos damos cuenta Macedonia es un país. Aquí lo que era una comunión
local, ellos se amaban unos a otros. Ahora el Espíritu por medio de los obreros de la región les
pide extender esa comunión local por todo el país, porque Macedonia es un país. Tesalónica
es una ciudad, entonces la iglesia de una ciudad aprende a tener comunión con la región, con
otras iglesias que han sido encomendadas a los obreros, como la iglesia es encomendada a los
ancianos y a los diáconos, la obra es encomendada a los apóstoles, los obreros y sus
colaboradores, así que en todo lugar está la autoridad delegada de Dios donde vayas. No
quiere decir que la autoridad delegada de Dios sea perfecta, a veces se le va la mano y hay
que aprender a ser probados y entrenados cuando falla la autoridad delegada.
Fue lo que le pasó a David cuando le tocó recibir los lanzazos de Saúl y Saúl estaba con
celos de David: ¿Cómo es que van a decir que a mí me dieron mil y a David diez mil?
Entonces quería sacarlo y Dios permitió esa situación bajo David para que David aprendiera
el mal gobierno cuando estaba debajo de un mal gobierno, para que cuando él estuviera en el
gobierno, gobernara bien y no se le fuera la mano y se desviara como se había desviado Saúl
después. No se lo sacó de encima, nosotros nos queremos sacar de encima ciertos hermanos,
nos sentiríamos más cómodos si lo hiciéramos nosotros solos, pero el Señor te va a decir
cuando le digas ¿qué haré?: Yo te voy a decir hijo qué vas a hacer. Ve a la calle derecha y allí
se te dirá lo que has de hacer.
Entonces vemos que Dios es el que nos está guardando por medio de personas que han
pasado por ahí y que ya les ha pasado esto y aquello y lo otro, y pueden ayudarnos. Los
tenemos en cuenta pero inicialmente no queremos tener en cuenta a los otros. Queremos ser
siempre los primeros y a veces el Señor - como veíamos en los caballos, a veces los alazanes
van primero y a veces van de último - y a veces a uno le toca de primero y a otro de segundo.
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Entonces nunca hagamos nada pasando por encima de la altura delegada por Dios en ninguna
parte, no sólo en la iglesia; en las familias, no podemos llegar primero al hijo, a la esposa, al
sobrino y no al papá, no se puede. En el colegio, hay autoridad en el colegio, puede ser que el
policía sea flaquito y usted tiene una tractomula grande y no va a decirle al policía: yo tengo
la tractomula, entonces queremos con la tractomula pasarle por encima al policía. Usted cree
que ese policía flaquito que a lo mejor se peleó con la esposa, con el hijo esa mañana está
pitando un poco fuerte y quiere pasar por encima. Ese no es el flaquito, es el uniforme lo que
tienes que ver, esa es la policía. Si pasas por encima de uno te viene un batallón y si pasas por
un batallón te vienen dos y después no terminas amonestado sino en la cárcel y a veces uno no
entiende eso. Pasar por un policía es pasar por toda la policía, irrespetar a un soldado es
irrespetar a todo el ejército, irrespetar al gobierno es irrespetar a toda la nación, entonces
nosotros no debemos ser ciegos en esto, debemos ser sensibles en esto.
¿Qué haré Señor? Ve a la calle derecha y allí se te dirá lo que has de hacer. ¿Qué le decía
el Señor? Vosotros no habéis pasado por aquí antes, así que debes fijarte como llevan el arca
los sacerdotes, los sacerdotes tienen que llegar al fondo del Jordán, humillarse allá para ser
arrastrados por el agua si es que se los lleva el agua, pero hasta que no pasen todos no pueden
salir del fondo. Los capitanes de los barcos son los últimos que se bajan del barco, si se bajan
primero están haciendo algo indebido.
Entonces hermanos entendamos el cuerpo, entendamos lo universal, lo local, la diferencia,
y a la vez la relación entre la iglesia en la localidad y la obra en la región, quienes son los que
el Señor puso para delegar esa autoridad en cada localidad y a quienes puso para delegar en la
región de la obra y hacer las cosas en comunión, y dejar que el Señor nos ponga en la última
banca para que Él nos exalte cuando Él quiera, no sea que uno se meta solo, y ¿quién es
usted? ¿Quién es usted? Si yo también soy creyente y así decían Datan, Coré y Abiram: todos
somos santos. ¿Quién eres tú, Moisés, Aarón, que se levantan? Ellos no se levantaron solos,
Moisés no quería ni ir, dijo “envía a otro”, pero Dios le dijo: irás tú. Entonces ya no era solo
él, era Dios que estaba en la cosa. Claro que nosotros los que estamos sirviendo o queremos
servir no somos Dios y erramos, pero ¿cómo actuó David con Saúl?, tuvo la oportunidad de
matar a Saúl, Dios se lo puso en la mano, pero no lo mató porque no era solo Saúl, Dios había
puesto a Saúl. Después lo quitó y lo corrigió como los que corregían a Israel los ponía Dios,
pero como se les iba la mano después les tocaba a ellos la corrección.
Entonces hermanos, todo esto es necesario tenerlo claro, conociendo al Señor para que
hagamos las cosas dentro de la comunión del Señor, sin pretensiones. Ojalá podamos bajarnos
lo más rápido al piso como David que aunque Dios lo había puesto, se sentaba en el piso allá
delante del arca como cualquiera en el piso, pero él tenía que hacer lo que Dios le había
mandado hacer, y dice: obedeced a los que Dios ha puesto para que lo hagan sin quejarse, no
dificultarle la labor sino apoyarlo. Apoyar primero al Señor y por voluntad de Dios nos
entregamos a Él y Él nos dice: bueno hijo, tú quieres ayudar en esto, yo he puesto a Pablo, he
puesto a Tito, he puesto a Silvano, he puesto a Timoteo. Entonces hagan las cosas con ellos y
Pablo también decía: no queremos abusar de la autoridad, queremos más bien - en vez de
mandarte, aunque tengo libertad para mandarte, no voy a mandarte - voy a rogarte. Pero tenía

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libertad para mandar, pero él no ejercía esa autoridad para sí mismo, no quería, Dios nos
ayude.
Me alargué y no he terminado todavía.
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Transcripción: Marlene Alzamora
Revisión y edición: Jorge A. Bozzano
Las palabras entre corchetes son agregados del editor.

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