BRAUER-La Historia Desde La Teoría-I
BRAUER-La Historia Desde La Teoría-I
(C o m p .)
Yol. I
, p ro m e te n )
I l i b r o s
La h isto ria d esd e la teo ría : un a gula de cam p o p o r el p en sam ien to
filo sófico acerca del s en tid o
de la h isto ria y del co n o c im ie n to del pasado / D aniel B r a u e r ...
[ e t.a ll ; ed ic ió n a cargo d e D aniel Brauer. - l a ed . - B uen os Aires
: P ro m eteo L ibro s, 2 0 0 9 .
v. 1, 3 0 8 p . ; 2 1 x 1 5 cm .
ISBN 9 7 8 - 9 8 7 - 5 7 4 - 3 5 5 - 7
© D e e s ta e d ic ió n , P r o m e te o L ib r o s , 2 0 0 9
P r in g le s 5 2 1 ( C 1 1 8 3 A E I ) , B u e n o s A ir e s , A r g e n tin a
T e l.: ( 5 4 - 1 1 ) 4 8 6 2 - 6 7 9 4 / F a x : ( 5 4 - 1 1 ) 4 8 6 4 - 3 2 9 7
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H e c h o e l d e p ó s ito q u e m a r c a la L ey 1 1 . 7 2 3
P r o h ib id a s u r e p r o d u c c i ó n to ta l o p a r c ia l
D e r e c h o s reserv a d o s
índice
PREFA C IO
Sobre el discurso h istó rico (o acerca de có m o vinim os a parar aquí)
M anuel C r u z .........................................................................................................................9
PR Ó LO G O DEL E D ITO R
Daniel Brauer..................................................................................................................... 15
IN TR O D U C C IÓ N
La reflexión filosófica en torno del significado del pasado y el proceso
de configuración de sus princip ales tem as y problem as
D aniel B ra u er..................................................................................................................... 19
Estructuralism o e historia
Jo séS a zbó n ......................................................................................................................... 7 9
Manuel Cruz
U n iv e r s id a d d e B a r c e lo n a
A ndaba h ace u n as sem anas ho jean d o distraídam ente una revista de di
vu lg ación cie n tífica cu an d o llam ó m i aten ció n un a rtícu lo del prestigioso
profesor de genética BryanSy kes, autor del libro L a m ald ició n de A dán. En él
se afirm aba, co n profusión de datos y argum entos, que el cro m o so m a Y es
una ruina genética que, al ritm o degenerativo que lleva, podría desaparecer
dentro de un os 1 2 5 ,0 0 0 años, m o m en to en el que el 9 9 p or cie n to de la p o
blació n sería, según esto, fem enina. Resultaría m ás que arriesgado (d irecta
m ente: tem erario) que u n p rofesion al de la teoría co m o el que firm a este
texto, sin m ás g alones que un do ctorado en filosofía, entrara a ju zg ar acerca
del grado de probabilidad de que se cu m plan este tipo de vaticinios, supues
tam ente científicos. ¿Aciertan los especialistas com o el m encion ado Sykes (u
o tros) qu e n o s an u n cian la ex tin ció n de lo s ind iv id uos de sex o m ascu lino?
¿Es m ás o m enos probable un m u ndo poblado exclusivam ente po r m ujeres?
De algo podem os estar seguros: las m agnitudes e n que nos m ovem os n o nos
perm iten resp on d er rotundam ente n i a ésta ni a otras pregun tas parecidas.
A caso sea un h o rizo n te sem ejan te, tan u n ilateral, el qu e n o s aguarda, pero
queda a dem asiada distancia co m o para co nv ertirlo en punto de referencia.
O , m ejor d ic h o , falta dem asiado tiem po co m o para aventurar nada co ncreto
co n garantías.
En m edio - e n e 1m ien tras tanto—lo que sí podem os augurar es que, de no
m ed iar catástrofe de algún tip o, las po sib ilid ad es del género hu m an o en
orden a su rep ro d u cción (en todas las d im en siones del térm in o) n o d ejarán
de crecer. Y es que al ritm o al que se ha desarrollado el co n o cim ie n to cie n tí
fico tan sólo e n el pasado siglo xx, co n las consiguientes innovaciones tecn o
ló gicas, plantear u n a am enaza a 1 2 5 .0 0 0 años vista no pasa de ser una
brom a. Pero una brom a, eso sí, algo pesada. Q ue sirve para no plantear aque
llo q u e verdaderam ente im p o rta; ¿tenem os u n criterio (y en tal caso, cu ál)
co n el que afrontar ese hori zonte de cam bios que la naturale za, según parece,
no s está anunciando? Y si es el caso que podem os intervenir para frenar o m o
d ificar el signo de lo previsible ¿en qué sen tid o querem os hacerlo ? Im porta
explicitar, aunque sea en grado de tentativa, alguna respuesta, a riesgo, sí no
lo h a c em o s, de co n v ertir el futuro le jan o e n u n a cortina de hu m o cuya fu n
ció n s e a , p recisam ente, n o enfrentarnos co n el presente, co n aquello que ya
-q u ie re d ecirse, e n estos m ism os m om en to s - es u n p rob lem a.
Y el problem a, en nuestras sociedades, no es, por utilizar la jerga feminista
que ha hecho fortuna, el sexo sino el género, esto es, el co nju nto de imágenes,
roles y discursos con los que se ven revestidos - y en función de los cuales son
tratados y, p o r tan to , se ven obligados a a c tu a r - los individuos de la especie
hu m an a co n atrib u to s m ascu lin o s y fe m e n in o s1. Lo que equivaldría a afir
mar, c o n una form ulación no sé si rotunda o sencillam ente tosca: lo que ver
daderam ente im porta n o son los m ach os o las hem bras (sus características,
su decreciente capacidad reproductiva o inclu so su eventual desaparición),
sin o lo sh o m b r e sy las m u jeres. O sea, lo s indiv iduos de una esp ecie, la h u
m ana, que se ha co n v ertid o de m anera irrev ersib le en la h u m a n id a d y que,
p recisam ente por ello , ya no adm ite seguir siendo pensada en térm inos m e
ram ente cu an titativo s o prob abilístico s. P orqu e sólo del n acim ien to de un
in d iv id u o de la especie hu m ana puede d e cirse aquello que d ecía Hannah
A rendt: e n ese m o m en to irrum pe en el m u nd o todo un universo im previsi
ble de posibilidades.
V iene todo este tal vez largo rodeo a cu enta de la im presión m ás viva que
dej ó en m í la lectura de este m anu scrito que con tanta tenacidad co m o am or
ha co o rd inad o Daniel B rauer y que ahora, por fin, tiene el lecto r co m o libro
en sus m anos. Aquel princip io general según el cual el historiad or es un sutil
1La referencia poco m enos que obligada a este respecto la constituye el libro deJud ithB utlerE Igé-
nero en disputa, Barcelona, Paidós, 2 0 0 1 , aunque bien pudiera afirmarse que la distinción sexo/gé
nero venía ya prefigurada en el célebre díctum de Sim one de Beauvoir “no se nace m ujer, se llega a
>-*|i* i i.ili-.i.icncl presente se cu m p le en este caso de m anera paradigm ática.
'idliM lpiicn muy p o co fam iliarizado co n el discurso histó rico se podría sor-
Iti »'ih Ir 11Hir el enunciado de dicho principio general. El profesional de la his-
l.tio está, viaja perm anentem ente al pasado (y hay b rillantes m uestras
■I* i iili-, viajes en el presente volum en), pero con el o b jetiv o m uy claro de re-
imi i mi al presente para m ejor co n o cerlo. La su tileza atribuida al historiad or
i in ir (|itt* ve rco n la estrategia que éste sigue para alcan zarsu objetivo clarifi-
i mli ii l o ocurrido e s analizado de m anera p erm anente a la luz del presente,
i Ir li problem as, inquietudes y desafíos que lo realm ente existente ofrece al
lilMut lador. El p a r a qu é es en este caso cen tral, constituyente, vertebrador, del
i |(ii-liai‘e rh istó rico ;e n m o d o alguno un im ponderable o una servidum bre a
superar.
No estam os - p o r si n o he co n seg u id o d e jarlo c la r o -a n te u n im perativo
m etodológico sin o fu nd am entalm ente m o ral, au n qu e co n dem asiada fre-
i u n id a esta últim a dim ensión parezca quedar diluida en discusiones acerca
de la fu ndam entación. U no de los sig n o s m ás ca ra cte rístico s de nu estro
i lempo es, sin duda, el estupor que genera hab er adquirido co n cien cia g ene
ralizada d éla im posibilidad de proporcion ar garantías de carácter firme e in
d iscutible acerca de cu alesquiera co n v iccio n e s (in clu id as las de carácter
m oral). Pero se m ejan te gen eralización no co n stitu y e, en sí m ism a, prueba
co nclu y en te de nad a. M ás aún, co n v ien e reflexio n ar algo al resp e cto , no
fuera a resultar que la conversión del convencim iento en tópico estuviera ge
nerando efectos anestesiantes desde u n punto de vista crítico.
Entiéndasem e bien . No se trata-q u izá convenga apresurarse a m atizarlo-
de plantear por enésim a vez la discusión acerca de si es posible encontrar una
fu ndam entación argum entativa para unas (u o tras) virtudes o , su p erfecto
correlato sim étrico, si no queda otra que asum ir la absoluta im posibilidad de
dicha fundam entación. Entiendo que es posible escapar a esa tópica disyun
tiva o , quizá m ejor d ich o , que esta últim a no constituye la últim a p alab ra. La
reflexión es p o sib le, si som os cap aces de co lo carn o s en otro lugar. Hay que
pensar acerca de lo que nos pasa y hacerlo atendiendo a la realidad de dicha
e xp erien cia. Pero eso , ¿qué quiere d ecir exactam ente? Pues, p o r e jem p lo,
que no es cierto (o , co m o m ínim o, m u ch o m en o s cie rto de lo que se suele
afirm ar) que vivam os en una época de com pleta incertid um b re, ni que el re
lativism o se haya convertido en nuestro ún ico horizonte m o ral. En realidad
hay una m ultitud de cosas cuyo rechazo co m partim os (la crueldad, el orgu-
lio, la in ju sticia.. de la m ism a m anera que existen m uchas otras (la bondad,
el ag rad ecim ien to, la g e n e ro sid ad .,.) que provocan en casi tod o s nosotros
una adm iración esp o ntánea. No debiera inquietarnos tanto acuerdo: a fin de
cuentas las coincidencias n o constituyen la últim a palabra, ni la prueba co n
clu yen te de n ada, sino sim p lem en te el in d icio de que nu estra reflexión
acerca de estos asuntos puede transitar por otros parajes.
A lguien podría objetar que, soslayando el debate acerca de la iundam en-
tación, se p retende esquivar el problem a del origen de buena parte de los va
lores co m p artid os. Inclu so ese m ism o alguien p o d ría -riz a n d o el rizo de la
s o s p e c h a - adv ertir que p o r esa vía p o d ríam o s te rm in ar en co n trán d o n o s
co n la restau ració n de n o cio n e s y categ orías qu e, de p resen tar e x p líc ita
m ente su árbol g en ealóg ico , tend eríam o s a rechazar. Tal vez sí, pero no a l
canzo a ver qué tendría eso de m alo, si lo restau rado soporta bie n la prueba
de la crítica in m a n e n te , m a te r ia lis ta , p or d ecirlo a la antigua m anera (G ta-
com o M arram ao ha escrito u n excelente lib ro, C ielo y tierra2, argum entando
en esta m ism a d irecció n).
F.n todo caso, lo que parece estar claro es que las dificultades (si la palabra
im posibilidad suena dem asiado rotunda) en m odo alguno debieran sum ir
nos en un a perp lejid ad p aralizante. De la m ism a form a que en la vida c o ti
diana el m ás arraigado escepticism o práctico no nos im pide andar tom ando
decisiones de todo tipo a cada m om ento (de otra forma no haríam os otra cosa
que reeditar la figura d el asno de Burid án), así tam bién, de acu erdo con lo
que h em os visto, las discusiones de carácter program ático no debieran qu e
dar b lo q u ead as p o r el h e ch o de que h u biéram os d esistido de alcan zar un
fu ndam ento absoluto para nuestras propuestas.
El artícu lo divulgativo al que em pezaba refiriéndom e (y que tanto llamó
m i aten ció n ) acreditaba que este peligro puede revestirse con los ropajes de
la cien tificíd ad , entre otros m u ch o s. Y m ostraba sobre todo en que m edida,
en e fecto , aquello a lo que en tanto s m o m e n to s nu estro tiem po ha ren u n
ciado (esto es, a form ular p lanes y o bjetivos: a ex p licitarcó m o quisiéram os
que fuera el m undo, en definitiva) sigue siendo necesario. No m e refiero úm-
2 Giacom o Marramao, C íeloy tierra, Barcelona, Paidós, 1 9 9 8 , Este libro desarrolla y com pleta algu
nos de los tem as planteados en su anterior P odery secu larización , Barcelona, Península, 1 9 8 9 . En
todo caso, reco n stru ir el debate acerca del contenid o de la secularización nos ale jaría del eje de
nuestra argum entación en el presen te texto.
cam ente a una n ecesidad que derivara de una su puesta dem and a por parle
de nuestros contem poráneos, sino a algo que se sigue del proceso m ism o del
pensam iento. Enu nciar con la mayor claridad posible los fines a los que c o n
sid eram os que vale la pena tender constituy e un com p rom iso que se deriva
de nu estro propio quehacer, de ese so sten id o em peño que m an ten em o s
todos quienes trabajam os con las ideas por arrojar luz sobre cu anto nos pasa,
e m p eñ o que se so stiene en la co n fian za de que se m ejan te co n o cim ie n to
pueda p rop o rcion arn o s e lem entos para vivir m ejor, esto es, para ir m o d u
lando un co n cep to de vida bu ena universal mente asu m ible. En eso ha co n
sistido desde siem p re, a fin de cu en tas, el qu ehacer de los pensadores. Al
m enos de los m ejores, si por tales entendem os aquellos que nos resultan m ás
próxim os, los que seguim os considerando com o n uestros interlocutores.
E n esta clave he interpretado el libro en el que el le cto r se apresta a ad en
trarse, y no creo en absolu to que mi in terp retació n ande m u y alejad a de las
intenciones del propio autor. De hech o, tanto Daniel B rau erco m o el resto de
colaboradores (si bien es cierto que cada uno a su mane ra, y co n un grado dis
tinto de explici tación) participan de la idea según la cual es necesario exam i
nar la historia desde la p erspectiva d e la actualidad. Pero no desde esta o
aquella particular actualidad, sino desde la actualidad en cu anto tal, estu es,
desde la perspectiva ele lo que ha term inado siendo real. Pe ro ñ o para e n sal
zarlo, ni para cargar de razón, co n efe cto s retroactivos, el proceso que nos
trajo hasta aquí (reeditando, por enésim a vez, el engaño de contar la historia
desde el punto de vista de los vencedores) sino, ju sto a la inversa, para m o s
trar su fragilidad, para destacar precisam ente que lo que algunos se em peñan
en co nsid erar universal y necesario - p o r el solo hech o de haber term in ado
o cu rrien d o - es en realidad histórico y contingente. He aquí el gesto más co n
secuentem ente histó rico posible. En co n ira de lo que a m enu do los propios
historiadores acostum bran a hacer, los autores que participan en el presente
volum en proponen un retorno a lo que bien pudiéram os co nsid erar el pro
gram a fundacional del discurso h istó rico (una especie de ju ram e n to h ip o -
crático del profesional de la historia): el punto de vista no puede ser ajen o al
devenir histórico m ism o. C on vertir el p re se m e e n un lugar a salvo en m odo
alguno constituye un gesto m aterialista sin o al co n trario, po r m ás que p a
rezca regalarle a lo que hay una aparatosa dignidad o ntológica.
¿Cuál es la m ejor form a de enfrentarse a los heredados discu rsos de la le
gitim ación, en los que tantas veces incurrieron los historiadores? ¿Cuáles son
las m ás eficaces h e r ra m ie n ta s -o quizá fuera m e jo r d ecir las a r m a s - co n las
que elaborar un discurso q u e pueda enfrentarse co n firmeza argum entativa
y solidez teórica a tales discursos? A fortunadam ente para quienes pensam os
que el pasad o co n tin ú a constitu y end o una fu ente casi inagotable de le cc io
nes, no hay n i form a n i h erram ien tas privilegiadas, sin o que la tarea adm ite
ser llevada a cab o de m uy diversas m aneras (y todas estarán b ie n si alcanzan
su o b je tiv o ). Lo im portante es que el p rop ó sito , el o bjetivo final, esté claro: a
los in te n to s de san cionar lo real p resentánd olo co m o la desem bocadura in
evitable del pasado, hay qu e oponer una historia critica y eficaz. C ritica para
dem oler esas co n stru ccion es narrativas, obsoletas y com placientes, que ob
turan realm ente la posibilidad de entender la fragilidad de lo que pasa, y eficaz
porque n o olvide que, a fin de cuentas, lo que está en j uego es la posibilidad (o
n o ) de co n trib u ir a que el m u nd o sea diferente. E s cierto que, a estas alturas,
n o hay form a de asegurar si esa diferen cia lo haría realm ente m e jo r o peor
(¡ha habido errores tansangrantes en nuestro pasado reciente!). Pero e n todo
caso seria bu en o que, al m en o s p o r una vez e n la vida, n o s dejaran que fuera
co m o querem os (y n o co m o quieren otros, siem pre los m ism os).
B arcelona, 2 1 de abril de 2 0 0 7
Prólogo del editor
Podría d ecirse que el libro deAron introdujo la preocupación porla dim ensión histórica en la tra
dición de una filosofía francesa de cuño racionalista y reflexiva de la prim era mitad d elsiglo xx. La
filosofía “crí tica” de la historia que el autor propone se dirige tanto contra la concepción hegeliana
de la m isma com o contra el positivismo. La influencia de la obra de W ilhelm Dilthey, Heinrich Ric-
kert y particularm ente de Max W eber es n otoria sin que esto le quite originalidad a la propuesta.
Acerca de la im portancia de la obra para la época el lector interesado puede consultar: el artículo de
G eorges C anguilhem , “Raymond Aron et la ph ilosophie critique de l’h isto ire”, E nquéte, M ax
Weber, 1 9 9 2 , http://enquete.revues.org/document 138.h tm l,
Walsh, W. H .: Introducción a la filosofía d e lahistoria ( 1 9 6 1 ),Siglo XXI, trad. de FlorentinoM . Torner,
M éxico 1 9 6 8 . El m érito del libro de W alsh es haber vuelto a hacer plausible luego de su gran des
crédito en el ám bitoacadém icoen el m undo anglosajón lanecesidad de una filosofía de la historia.
Claro que para ello se rechaza toda con cepción “especulativa” acerca del sentidoy fin de la historia
y ella queda reducida a la problem ática epistem ológica. Su fuerte no es precisamente la historia de
la disciplina. La em presa es tam bién aquí denom inada filosofía “critica" de la historia, h oy la aso
ciaríam os a una filosofía “an alítica”, si bien todavía n o estaba presente el exam en lingüístico del
discurso histórico que condujo al narratívísm o.
Por últim oel libro de Henrí Marrou: Dekonocim kntohistórico ( 1 9 7 5 ), ed. Per Abbat, trad. de Stella
Abreu, B uen o s Aires, 1 9 8 5 , presenta un acercam iento original a los tem as e interrogantes del
cam po. Se d ebe tener en cuenta que el autor es un historiador de la antigüedad tardía y del cristia
nism o, filosóficam ente cercano al personalism o. El libro no recoge la controversia epistem ológica
de los últim os años, pero su lectura sigue siendo recomendable. No es casual que Paul Ricoeur haya
dedicado a su m emoria su m onumental Tiem poy narración, e d . Siglo XXI, obra ricay com pleja, que
m ásallá de las tesisdel autorofrece un panoram a de las discusiones y problem as de la teoría de la
historia contem poránea.
fíeos, una posterior edición podrá conducir a una ampliación y reformulación
de los textos presentados.
Q uisiera agradecer a todos aqu ello s que p articiparon en la redacción de
los artícu los que lo co m p o nen y m en cion ar muy particularm ente a nuestro
coleg a, el Prof. Jo s é Sazb ón , que ya no está entre n o so tros y que se p restó a
co n trib u ir a la em presa con dos trab ajo s en los que el le cto r reen con trará la
erudición y claridad co ncep tual que caracterizaban su labor filosófica.
No puedo dejar de m encion ar aquí m i profundo agradecim iento a las ge
nerosas palabras de M anuel Cruz, que sirven de presentación de este libro.
Esta p u b licació n no h u biese sid o p osib le sin el apoyo fin anciero de la
A gencia N acional de Prom oción C ie n tífica y T ecn oló g ica de la A rgentina
co m o parte del proyecto m encionado.
D aniel B rau er
C on sejo N acional de Investigaciones C ientíficas y T écnicas
U niversidad de Buenos Aíres
Introducción
Daniel Brauer
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad de Buenos Aires
1H eródoto, El Egipto Antiguo, L ib io l Clío, Proem io, traducción de Carlos Schratlcr. Planeta-DeA -
gostini, Madrid, 1 9 9 6 ,p. 15,
n b id em .
Md..
4íd.
5 Para la historia del concepto de historia, véase la entrada: G cschíchte, en: C c s ih k M ic h c C r u n S e -
griffe. Hístorisches Lcxikon z u rp olitisch -sozialen S p m ch em D eu tsch h n d , ed itado por Orto Bruner,
W erner C onzey Reinhardt Koselleck, tomo 2 , Klett-Cotta.Stuttgart 1 9 7 5 , p. 5 9 7 en adelante. Para
lo que sigue - la visión de la historia en el m undo an tigu o- véase la prim e ra parte a cargo de C hris-
tiari Meyer, pp. 5 9 7 -6 1 0 .
De este lexto hay una ve rsión castellana en form ato de libro: Reinhart K oselleck, historia/His loria,
Trotta, trad. de Antonio Gómez Ramos, Madrid, 2 0 0 4 .
Resulta cu rio so que la palabra “histo ria”, en el sentido de u n género par*
ticu lar de escritu ra acerca del pasad o, se presente por prim era vez, de
acu erdo co n los textos que nos han sido legados de la antigüedad clásica, en
el Cap. IX de la Poética de A ristóteles ( 3 8 4 - 3 2 2 a. J . C .) (véase 1 45 la 3 6 ss.),
es decir en u n escrito de un filósofo y no de un historiador. Las breves líneas
en las que A ristóteles hace r e fe re n c ia -e n form a muy crítica por cierto—al al
can ce y lím ites de ta tarea del “histo riad o r” resultan m u y significativas por
varias razones. En prim er lugar, porque se señalan allí problem as básicos de
los que toda futura epistem ología de la historia deberá dar cu enta, con inde
pendencia de la co n cep ció n aristotélica de la m ism a. E n segundo lugar, por
que sorp rend entem ente desde el p un to de vista actual el tem a es tratado en
el m arco de lo que hoy calificaríam os de una teoría estética y co lo ca a la h is
toria e n la ce rcan ía de la po esía en g en eral, y d el dram a en p a rtic u la r—aun
cu a n d o , co m o verem o s, la em p resa esté co n d en ad a al fracaso. Y e n tercer
lugar, p o rq u e co n sid era a la h isto ria co m o una form a degradada del saber.
C on viene aq u í d eten ern o s e n la cita de A ristóteles po rqu e ha sid o decisiva
para la histo ria de la d iscu sión en torn o del status de la historia co m o form a
del co n o cim ie n to .
Luego d e estab lecer que la diferencia entre la obra del “h isto riad or” y la
del poeta no radica en que “uno hable en prosa y el otro en verso”,6 ya que esto
es algo m eram ente secundario, A ristóteles considera que ella debe buscarse
m as b ie n en el h e ch o “de que uno narra lo que ha su ced id o y el otro lo que
puede su ceder”.7 Pero de ahí extrae el autor la para nosotros hoy extraña co n
secuencia de que la “poesía es más fi losófica y elevada que la historia, pues la
poesía refiere m ás bien lo u n iversal, la historia en cam bio lo particular".8 La
afirm ación según la cu al la histo ria sería m enos “filosó fica” y por lo tanto
m enos cien tífica que la poesía no puede sino residí ar paradójica si se la co n -
trasta c o n la p retensión de'rigor y cie n tificid ad que lorm a p an e de los su
p uestos de la disciplin a h istó rica tal co m o se ha ido estableciend o al m enos
desde el siglo xix, pero resulta com prensible desde la perspectiva tanto de la
epistem ología aristotélica,9para la cual el saber tiene com o referente lo uni-
" Cito de acuerdo con la versión castellana de Eilhard Schlesinger: Aristóteles, Poética, Emecé, Bue
nos Aires 19 4 7 , Cap. ¡X,p.óO .
Hd..
3 íd„
g A m enos que se piense de acuerdo con la in geniosa hipótesis de Cario Guinzburg, según la cual
22 -
versal, co m o de su teoría estética e n la cual la particularidad só lo debe servir
de vehículo, en una obra lograda, para hacer visible lo general. La obra de arte
tipifica la acción hum ana y de este m odo form a parte de un cam ino que co n
duce al enten d im ien to de su d inám ica.
Lo que A ristóteles echa de m enos en la historia, a diferencia de lo que su
cede en el d ram a, es la unidad significativa de los acontecim ien tos, su co nca
ten ació n , p o r la cu al cada h e ch o form a parte de un p ro ceso , que tiene u n
co m ienzo y u n desarrollo o rientad o s hacia un fin acabado y adquieren se n
tido en tanto co nd u cen a él. En la historia, en cam bio, lo que daría cierta uni
dad al relato es la mera pertenencia de su cesos yuxtapuestos a u n período de
tiem po co m ú n y no una co n e x ió n interna.
E n esta visión negativa de la historiografía seguram ente A ristóteles tenía
en m ente la obra de Heródoto que nom bra en este co ntexto y quizás otros au
tores que hoy n o podem os precisar, en cuyos relatos sólo recon ocía una cro
nología azarosa de aco n te cim ien to s sin rigor alg uno . Sin em b arg o, sus
co nclu sio nes n o dejan de ser discutibles ya que la relación entre lo particular
y lo universal tam po co en u n texto de h isto ria necesariam ente aparece d es
vinculada, no solam ente p o rqu e el histo riad or n o puede d ejar de recu rrirá
esqu em as g enerales y co n cep to s un iversales co m o por e j. E stad o , R evolu
ción , e tc ., sino tam bién porque la historia es esencialm ente com parativa y el
caso particular se hace inteligible co m o una variante de form as posibles. Tal
es tam bién el m odo de proceder de Aristóteles mism o en su Constitución de los
aten ien ses que, com o es sabido, form aba parte del estudio las co nstituciones
de c ie n to cin cu e n ta y o ch o ciu dades griegas para cuya tarea recu rre entre
o tras fu entes tam bién , aunque co n reservas, a histo riad ores co m o H eró-
A ristótdes identificaba la palabra “historia" con lapoco seria empresa de H eródoto, mientras que
colocaba al “anticuarianismo” de Tucídídes en la tradición de la retórica, que de acuerdo con su pro-
pia con cep ció n ofrecía un m étodo serio de in ferencia y de prueba de acon tecim ien to s pasados.
Véase el a rticu lo: A rístotk on History. Once more, en: History, R hetoric an d P ro o f.H m n o v er y Londres,
1 9 9 9 , pp. 3 8 -5 3, esp. 45 y ss. De hecho en el texto de la Retórica 13 6 0 a 3 6 , se encuentra una ver
sión más benévola del cam po historiográfico, pero que a m i ju icio lo coloca más cercano a la política
que a la retórica. Véase El Arte d e la Retórica, versión española de E. Ignacio Granero, EUDEBA, Bue-
nosAires, 1 9 6 6 , Cap J V ,p .6 1 y ss„ así en p. 6 3 Aristóteles sostiene: T e r o o c u rre q u e n o es posible
c o n o c e r e n con ju nto todo esto solamente porm ed io d e la experiencia lograda en la propia ciudad,
sin o que es necesario, para acon sejaren esta m ateria, poseerla historia de todo aquello que se ha
ideado en los otros pueblos”.
d o to id y T u cíd id es.11 Adem ás, lo sucedido por el hech o de hab er acontecido
forma parte tam bién de “lo que puede suceder”. Con todo, Aristóteles parece
echar de m eno s en la historia no tanto la posibilidad, sino cierta co heren cia
interna necesaria. “Lo universal consiste en que a determ inado tipo de h o m
bre, corresponde decir u obrar determ inada clase de cosas según lo verosím il
o lo n ecesario . Lo particular, en cam bio , co nsiste en decir, por e jem p lo, lo
que obró A lcibíades y qué cosas padeció”.12 Pero, ¿qué puede ser más verosí
m il por sorp rendente que parezca que lo que realm ente sucedió?
C on viene ahora deten ern o s m uy brevem en te en la obra casi dos siglos
posterior de Polibio (2 0 0 a 1 2 0 a .C .), ya que encontram os en ella, com o en la
de n in g ú n otro histo riad or de la antigüedad clásica p o r su am plitu d, una
serie de reflexiones m etahistó ricas que co n tien en tanto una crítica a la co n
cep ción aristotélica de la historia co m o , p arad ójicam en te, una ulterior ela
b o ración de las propias ideas del filósofo a favor de la m ism a.13
En efecto , una crítica porqu e para Polibio la historia es una em presa que
co nfiere un saber leg ítim o 14 y adem ás de una relevancia in su stitu ible. Su
tema principal no es tanto una serie de acontecim ientos bélicos -c o m o lo era
en H eródoto y T u cíd id e s-sin o la política com o tal y particularm ente —com o
en A ristó teles- las co nstitu ciones p o líticas.15
Por otra parte, Polibio se apropia de elem entos de la filosofía aristotélica
en general y tam bién com parte la oposición entre tragedia e historia, sólo que
invierte co m p letam en te la valoración que am bas tenían para A ristóteles
desde el punto de vista del co n o cim ien to : la m isión de la prim era es persua
dir al esp ectad o r aunque el co n ten id o de lo narrado sea falso; el historiad or
en cam bio, sólo tiene por guía la verdad.16
10La constitución de los atenienses, J 4 , 1 5 ,2 0 , traducción, y notas de Manuela García Valdés, Planeta-
DeAgostini,M adrid 1 9 9 6 ,p .8 2 y 's s ; p .9 7 y s s .
11 Ib., 1 8 ,2 9 ,3 3 .
12I b .,p .6 0 y s s .
,3S o b relain flu en cia d e Aristóteles en Polibio véase el Prólogo de Manuel Belasch Recort a su tra
d ucción: Polibio, H istorias, Planeta-DeAgostini, M adrid 1 9 9 9 , pp. 5 -1 0 .
14 “No hay enseñanza más clara que el conocim iento de los hechos pretéritos”, op. cií., Libro 1 1 , p.
13.
15La “historia pragm ática” es en Polibio a la vez una historia política y un com plem ento necesario
de la política. Véase la nota 7 de Manuel Balach Recort al Libro l, pp. 1 5 -1 6 de la edición citada an
teriorm ente.
16 Op. d i., 11, cap. 5 6 , p. 1 0 y s s .,p . 2 1 3 (crítica a lh istoria d o rF ila rco).
I'ero adem ás de lo que se trata ahora es de dar cu en ta de un aco n te ci
miento nu evo, el su rgim iento in co n te n ib le y apogeo del Im perio R o m a n o ,
que a m odo de una fuerza centrípeta hace que la trayectoria de las historias
i le los reinos particulares co n v erjan hacia él. C on Polibio la historia deja de
\er regional y se vuelve por prim era vez ecu m én ica, “universal”, en la m edida
en que Rom a abarcaba cada vez m ás el m u ndo co n o cid o . Precisam ente por
ello tam bién adquiere un carácter teleológico en la m edida en que el im perio
m ism o se va co nfigu rand o co m o la m eta del a co n te ce r.17 La su cesió n de
a co n tecim ien to s adquiere de esta m anera su sentido u n ita rio y significativo,
"orgánico”, 18 en el cual cada evento si bien es singular form a parte co n stitu -
n va de un todo. Esta n o ció n de una unidad orgánica en que las partes apare
cen concatenadas en relación co n una totalidad ordenada teleológicam ente
presenta paradójicam ente rasgos com u nes co n la visión aristotélica de la tra
gedia.19
Desde un punto de vista epistem ológico lo decisivo es que para Polibio la
historia no se o cu p a de establecer la v erosim ilitud , sino de la v e r d a d 20 de lo
sucedido y a la vez no puede renunciar a la búsqueda de una explicación cau
sal de la serie de avatares de que trata y m ostrar así la n ecesidad de lo que ha te
nido lugar, aun cu ando el tipo de e x p licació n de que se sirve el autor y el
papel que desem peña en ella la “fortun a” -q u e opera sin duda aquí más que
com o un recurso lite ra rio -, d ifícilm ente sería aceptada p o r un h isto riad or
contem poráneo.
Pero a pesar de que para Polibio la irrup ción del Im perio R om ano repre
senta un h ech o nuevo, único y trascendental de la historia hu m ana, esto no
significa que haya abandonado definitivam ente el esquem a de una visión cí
clica del aco n te ce r h istó rico que co n d u ce luego del su rg im iento y auge de
una form a de organizar la vida política a su necesario perecim iento.
De acuerdo co n una visión por cierto algo esqu em ática y unilateral -q u e
perdura aún com o un lugar com ú n de las historias de las co n cep cio n es de la
h is to ria -, los griegos, com o la trad ición g recolatina en general, no d isp on
drían de una co n cep ció n ni abierta ni d ireccio nal de las transfo rm acion es
17 Los ‘ hechos ( ...) com ienzan a referirse a un único fin”, 1 3, op. cít., p. 17, véase 14, p. 18.
18Ibídem.
19 Sobre la conexión con la estética aristotélica ha llamado la atención Reinhard Koselleck en el ar
tículo citado anteriorm ente, p. 5 9 9 , véase además la nota 20.
20 La historia “una vez elim inada la verdad, resulta un relato in servible". Op. cit., 1 14, p. 3 4 .
h istó ricas, sin o que en analogía co n los ciclo s de la naturaleza y particu lar
m ente los procesos biológicos, pensaban el devenir de las instituciones hum a
nas com o un desarrollo circular a través de una serie de fases que condu cían a
su auge y decadencia. En un ensayo brillante A rnaldo M om igliano ha m o s
trado la endeble base sobre la que se erige el esquem a m encion ad o.21N o o bs
tante , el autor adm ite que la visión cíclica de la historia resulta predom inante
en los filósofos y no así en los historiadores griegos y rom anos.22
A un en el una y otra vez citad o dictum de C icerón -p a r a quien la historia
pasa a quedar subordinada a la o rato ría-se g ú n el cual: “La historia es el testigo
de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajero
de la antigüedad’’,23 puede reco n o cerse una co n cep ció n p rem od erna en la
m edida en la que ésta se convierte en un arsenal de ejem p los m orales y situa
cio n es análogas a d isp osició n del p resente, cuya u tilidad es h ech a p o sib le
p recisam ente por la ausencia de la novedad radical para la que no en co n tra
m os respuestas en el pasado. Pero la instalación de la historia bajo la égida de
la retó rica co m o una form a particu lar de narración puede recon oce rse aún
e n su co nsagración en el írívium medieval.
Si b ie n co n v ien e e je rce r cie rta reserva e scé p tica, co m o h em o s visto,
frente a generalizaciones esqu em áticas, lo que no puede negarse es qu e co n
la irru p ció n del cristian ism o y co n él, de la trad ición ju d ía , se prod u ce una
tran sfo rm ació n decisiva e n la co m p re n sió n del cam bio h is tó ric o , aun
cu ando la transición pueda no h ab er sido tan brusca co m o se suponía c o n
tinúe co e x istie n d o co n otras visiones o sea el resultado de in flu en cias m u
tuas. E n prim er lugar, p orqu e el m u nd o deja de ser un co sm os e tern o para
co n v e rtirse e n algo p rod u cid o p o r D io s y po r lo tanto datado. El h o m bre
m ism o hace su aparición sobre la tierra en u n tiem po determ inado y su per
m an en cia e n ella se extiende desde el co m ienzo de su creació n hasta la S al
vació n , el A p ocalip sis, la llegada del M esías, o el fin de lo s tiem p o s. Los
aco ntecim ien to s adquieren un nuevo sentido en cuanto están dirigidos a un
desenlace tem ido o esperado, a la vez que se convierten e n sím b olo s o signos
21 Amálelo M omigliano, "El tiempo en la historiografía antigua” en: Ensayos clchistoiiogm fia antigua
y m oderna, F.C .E., trad de StellaM astrangelo, M éxico, 1 9 9 3 , pp. 1 5 4 -1 7 5 .
22lb .,p . 166.
2J C icerón, D e Oratore Libro 11 ( 2 .3 6 ): “Historia est testis tem porum , lux veritatis, vita m em oriae,
m agistra vitae, nuntia vetustatis”.
i Ir la voluntad divina. La historia deja de ser cíclica para volverse direccional
y lo singular (com o el nacim iento de Cristo) se convierte en acontecim iento
único e irrepetible.
Una obra em blem ática para el periodo es La ciudad de Dios de San Agus-
(in, en la que la historia pagana se conjuga co n la historia teológica. Ambas
“ciudades” la terrena y la divina se originan en la am bigüedad de la libertad
hum ana y se desarrollan en forma paralela. La prim era es el resultado de la
caída y el p redom inio del “am or de sí”, la segunda de la renuncia de sí y del
am or a Dios. La historia co m o el tiem po m ism o son el resultado de la C rea
ción y discurre por una serie de etapas, pero lo decisivo no está en la serie de
peripecias hum anas en sí sino en su relación con el acontecim iento decisivo
ya sucedido, la resurrección de Cristo y la venida del juicio final.24
Estam os m uy lejos aún de la concep ción m oderna de la historia y su sur
gimiento paulatino resulta difícil de atribuir a autores, períodos o aconteci
m ientos aislados y particulares.25 Para ello es necesario que se den una serie
de condiciones que hagan posible la génesis de ciertas nociones que hoy nos
parecen haber existido siem pre. Entre esos factores pueden enum erarse los
siguientes. El encuentro co n el “Nuevo Mundo” (1 ) y otras formas de civiliza
ción en general, cuya heterogeneidad abre nuevas perspectivas para juzgar y
relativizar el propio p asad o. La creciente conciencia del anacronismo (2 ), es
decir, en el hecho de que las instituciones hum anas y las formas de pensar se
van m odificando y no dependen de una naturaleza inm utable; es necesario
tener en cuenta aquí los debates y cam bios conceptuales que trajo consigo el
redescubrim iento de la cultura antigua (2 a ) en el “R enacim iento” (palabra
que m uestra aún su dependencia de un esquema cíclico). Si este debate tuvo
com o eje principal a la pintura y la escultura la controversia vuelve a presen-
21 Véase San Agustín, La ciudad de Dios, (escri[o en tree l4 1 3 y 4 2 6 d.C .), Libros 1 1 -1 4 ,1 9 -2 2 , Tomo
XVI de las O bras, trad. d ejó se M oran, BAC, Madrid 1 9 5 8 (bilingüe). Acerca del libro puede con
sultarse: Etienne Gilson, La m etam orfosis de la ciu d a d d e Dios,Troquel, trad. de B. Agüero, Buenos
Aires 1 9 5 4 , R oben A. M a rk u s,S aec u lu m :H istoiy a n d S oeiely in th c T h eo b g )'ofS tA u g u stin e,2 a .ed .,
Cambridge University Press, 1 9 9 9 .
25 No quisiera dejar de m encionar aquí a la obra excepcional de Ib n ja ld ú n , que con el título Intro
ducción a la historia universal ( 1 3 7 4 - 13 8 2 ) ha sido traducida al español por Juan Feres (por pnmera
vez en 1977)co nu nE stu d io p relim inard eE líasT rabu lse, M éxico, E C .E., reim presión 2 0 0 5 . Digo
inclasificable porque el libro es tanto histórico com o filosófico. En él conviven el esquema provi-
dencialista con la perspectiva secular, la historia dinástica con la social y cultural, en una sim biosis
original e inclasificable.
larse un siglo d espués en el ám b ito de la literatura en la céleb re “querella de
los antiguos y m o d ern os”26( 2 b ) .
A todo esto deben agregarse las transform aciones en la imagen de la natu
raleza en la que la eternid ad del un iverso aristotélico es m odificada p oco a
poco p o r la incorporación de la dim ensión tem poral (3 ), tanto porque la tie
rra, y co n ella el universo, adquieren una historia (3a), com o por el hech o de
que las especies biológicas com ienzan a ser vistas com o resultado de m odifi
cacion es evolutivas (3 b ), al com ienzo co m o “degeneraciones” de un m odelo
p aradigm ático.27
O tro factor decisivo esla separación paulatina de la historia teológica de
la historia terrenal o civil y el establecim iento de una cu ltu ra secular que al
canzará su apogeo en la Ilustración francesa (4).
Se trata de distintos procesos que no tienen un origen com ú n y se dan en
forma paralela obedeciendo a una dinám ica propia, pero con m últiples entre-
cruzam ientos que convergen en la gestación de la idea moderna de historia.
La filosofía de G ianbattista V ico puede considerarse una figura de transi
ció n , puesto que se encu entran en él en fascinante sim biosis elem entos de la
co n c ep ció n clásica y m edieval de la historia ju n to a una visión de la in c i
piente cien cia m oderna y del papel activo del hom bre en la transform ación y
evolución de las instituciones políticas. Aquí la retórica se vuelve decisiva, ya
n o co m o m era ex p o sició n de lo su ced id o , sino co m o una form a de persua
sió n que interviene en la acción histórica m ism a. Pero las transform acion es
so cio p o líticas se m antienen en el m arco de un esqu em a cíclico “e tern o ” de
c o r s ic r ic o r s i.28
Tanto en lo a n terio rco m o en lo que sigue, m en cion o a una serie de auto
res tanto po r ser los más co n o cid o s co m o por el h ech o de que sus nom bres
fu ncionan aquí al m odo de indicadores para orientar al lector en sus e x p lo
racio n es po r el territo rio d e scrip to , no pretendo hacer ju sticia a su pen sa
m iento co n estas breves in d icacio n e s ni m en o s aún desdeñar el de tantos
otros que no son nom lirados.
29 La fuente m ás conocid a de esta tesis polém ica es el libro de Karl Lówith: El sen tido d e la histo ria ,
(1 9 5 4 ) trad. (del o riginal aparecido en inglés) p o r j. Fernández B uján, Aguilar, M adrid, 3 a ed.
19 6 8 . Hay una nueva traducción reciente publicada por la edit. Katz de Buenos Aires.
cada vez m ás el significado de lo acontecido y el vocablo Historie pasa a deno
m inar su n arració n , es u n resultado de un desplazam iento de sentidos que
resulta revelador.30
Pero esta transform ación sem ántica no podría entenderse sin el im pacto
de ese gran acontecim iento que representó la Revolución Francesa. U n su
ceso que m odifico no sólo defacto, durante su breve período tum ultuoso, el
m apa político y el calendario del m undo europeo y por lo tanto la medida del
espacio y del tiem po, sino también porque se convierte, en palabras de Kant,
en “signo histórico" (Geschitszeichen) a p artir del cual retrospectiva y p ros
pectivam ente es repensada y reescrita la historia. Es que las formas de orga
nización social se presentan ahora com o: (1 ) intencionalm ente modificables
y el criterio de su validez pasa a ser no su mera vigencia sino su capacidad de
ser leg itim ad as-n u evam en te en térm inos de K a n t- ante el “tribunal de la
razón", (2 ) el terreno de la historia es puesto así irrevocablem ente en co n e
xión directa co n la política, co m o un ám bito de realización paulatina de for
m as ideales de Estado. Su dinám ica pasa a definirse en función del carácter
“reaccionario" o “revolucionario” de los acontecim ientos que tienen lugar en
ella. Lo que pasa a ser su piedra de toque es una noción diversam ente defi
nida y entendida de “perfectibilidad" y de “progreso” del “género hum ano”.
En tercer lugar (3 ), y precisam ente p o r eso, nos enfrentam os así a un espacio
de m últiples controversias entre la Ilustración, partidaria de una interven
ción activa en la realización de los ideales de “la razón” y lo que con Isaias Ber
lín puede llam arse la “co n trailu stració n ”,31 cuy o énfasis está puesto en la
J0 Además del artículo sobre la historia del concepto de historia citado, particularmente la sección
V “La form ación del con cepto m od erno de historia", redactada por Reinhardt Koselleck, op. d i.,
pp. 6 4 7 - 7 1 7 véase: del m ismo autor: “H istoria magistra vitae. Ü b e rd ie Auflósung des Topos im
H orizom neuzeitlich bewegter G eschíchte” [“Historia magistra vitae. Acerca de la disolución del
topos en el h orizom e de la movida historia de la m odernidad”! , contenido en su libro: V ergm gene
Z u bn/í.ZurSm am ífegeschichílidierZriíO T.Suhrkam p.FrancfondelM eno 1 9 8 9 ,Versiónal espa
ñol: Koselleck, Reinhart: Futuro p asado. Sobre la sem á n tic ad e los tiem pos históricos, Paidós, trad, de
N orberto Sm ilg, Barcelona, 1 9 9 3 .
31 Es sabido que la Ilustración ha tom ado distintos derroteros en Francia, Gran Bretaña, España y
América Latina. Además, resulta difícil encasillar a m uchos autores en algunode los polos de esta
d icotom ía, tanto el pensam iento de M ontesquieu com o el de Rousseau, por ejem plo, contienen
elem entos que han inspirado a am bas tradiciones. A esto se agrega la influencia que se han ejercido
m utuam ente am bas corrientes, com o en el caso del m ismo en Herder.
La llamada Segunda Escuela de Francfort se entiende a sí misma com o una continuación de la tra
dición ilustrada, com o puede com probarse en el libro d ejürgen H abermas: El discurso filosófico de
tradición y la crítica a los “excesos” de una racionalidad desencarnada que re
niega de la tradición y de la providencia.
En efecto, la “filosofía de la h istoria” -té rm in o acuñ ado p or V oltaire-se
ocupa de responder a la pregunta p o r el sentido global de los acontecim ien
tos desde un punto de vista secular, en conform idad con el estado de la cien
cia de la época. Pero la pregunta misma se hizo posible tras el abandono m ás
o m enos drástico del esquema teológico-escatológico. Se inaugura así lo que
podríam os caracterizar co m o una prim era etapa de la filosofía de la historia,
que sus detractores - q u e veían en ella un intento de establecer a priori el
curso de la h isto ria- caracterizan co m o filosofía “especulativa” o “sustancia-
lista” de la historia y que, si bien resulta difícil de delimitar, conduce en líneas
generales de Voltaire, pasando por Diderot, C ondorcet, Turgot, hasta Hegel,
M arx y C om te. Esto no significa que no puedan encontrarse con cep cio n es
p osteriores (y anteriores) acerca de la direccionalidad de la historia, tem a
que, p o r el contrario, recientem ente ha vuelto a ponerse en el escenario de la
discusión, por ejem plo por las especulaciones de F rancis Fukuyam a acerca
del “final de la historia”.32 La diferenciación de períodos en la historia de la fi
losofía de la historia no puede ser estrictam ente cronológica; en ella se super
ponen un criterio epocal co n uno concep tual que conciern e al paradigm a
dominante desde el cual es encarado el problema. Por cierto que en sus diver
sas e tapas se presentan textos notables ace rea de aspectos que han estado en
el centro de la discusión intelectual de otro tiem po. Pero no es casual que su
rehabilitación se suela llevar a cabo desde un horizonte co ntem po ráneo de
relevancia.
34 Esprecisam ente frente a un historicism o que cond uce a lo que podría llamarse la m usealización
del pasado que reacciona la crítica de N ietzsche.
35Véase ante todo laentrada “historicism o" en este manual. Para una visión de con ju nto del movi
m iento historicista y el debate teórico con él vinculado, particularm ente en Italia, puede con sul
tarse con provecho el libro de Fulvio Tessttore, recien tem en te trad ucido a n uestro idiom a:
Interpretación ckl historicismo, Anthropos, Barcelona, 2 0 0 7 .
36 Señalo en lo que sigue en form a esquem ática - c o n tod os los in con ven ien tes que esto trae con
s ig o - una sene d e fases que caracterizan el desarrollo de debates teóricos en to rno de la teoría his
tórica , en los que predominan determ inados tem as y problemas. Estas fases n o pueden datarse con
precisión y no resultará difícil encontrar autores anteriores y postenores que tam bién se ocupan de
ellos, del m ism o m odo que autores contem poráneos a esos periodos que se ocupan de otras cues
tiones, D e lo que se trata aquí es de mostrar tendencias y el m odo en que se van desplazando temá-
ticascontroversiales. Lo cual no significa porcierto qu ese haya llegado a la “solución” definitiva de
las polém icas anteriores.
cien cias sociales en su propio te rren o .37 Esta tem ática y discusión puede re
enco ntrarse paralelam ente en el interio r del m arxism o entre q u ien es ven la
unidad o la op osició n y co m p le m e n tació n entre el llam ado “m aterialism o
d ialéctico ” y el “m aterialism o h istó rico ".M
Por o tro lado y e n estrech a relació n co n esta cu estió n se presenta (2 b ) la
necesidad de una revisión y elucid ació n co ncep tual de uno de los supuestos
del historicism o. Me refiero a lo qu e podría llam arse un anacronism o co n sti
tutivo del discurso histo rio g ráfico , es decir, la distancia a la vez inelu dible y
problem ática entre el pasado y el presente desde el que se escribe la historia.
Si bien el perspectivism o era ya, al m enos desde C hladeníus39 un tópico de la
d iscusión historiográfíca, la d iscu sión se profundiza en la m edida en que se
aban d on a la idea de un a naturaleza hu m ana in m u table y el tiem p o m ism o
afecta al ho rizo nte cu ltu ral y co n cep tu al desde donde se traza la m irada. Es
la interde pendencia de la imagen del pasado de un presente cam biante lo que
debe ser dilucidado.
El carecer “co n tem p o rán eo ” del pasado es precisam ente lo que está en la
m ira de las teorías de autores co m o B enedetto C roce y el ya citado R. G. C o
llin gw ood, pero que alcanzará una m ayor claridad concep tual, al m enos en
lo que atañe al planteo de las dificultades del prob lem a, sólo en la herm en éu
tica de H ans-G eo rg Gadam er, e n la que el historicism o es revisado y a la vez
co n d u cid o en una nueva dirección.
37 Para una visión de conju neo acerca de esto , véase el libro de j ürgen Habermas: Zu r Logik d erS o-
Zíalwissenschafien, Suhrkam p, Francfort del Meno 1 9 7 1 , trad. en español (de la cuarta edición): La
,2 0 0 7 .
mo apa
rato conceptual en la mayoría de los debates teóricos acerca del curso de la historia desde fines del
siglo xix hasta la actualidad. Su desarrollo puede explicarse por ires factores: un debate teórico in
terno, u ñ a r
y, por últim o, la recepción y toma de posición frente a c
de ahí que n os reencontrem os en su seno c o n un m arxism o cienttfícista, historicista, estructura-
lista, an alítico , etcétera.
Acerca de estos desarrollos el libro de H elm ut Fleischer, M an ásm u s und G esch ich te, Suhrkam p,
Francfort del M eno, 1 9 7 2 (hay versión castellana: M arx ism oe h istoria, C aracas, 1 9 6 9 ) resulta útil
aún hoy, a pesar de que sólo llega hasta fines de los años 6 0 . No com am os todavía, que yo sepa, con
,(1 7 5 2 ), r
prelim inar de C hristoph Friederich y un Prólogo de Reinhard Koselleck, Bóhlau, Víena-Colonia-
Graz, 19 8 5 .
El com plejo de problem as de que se ocupa una tercera fase (3 ) está en re
lación con el auge de la teoría de la ciencia en el cam po de los estudios filosófi
cos. Resulta natural entonces contrastar las teorías acerca del m étodo de las
ciencias de la naturaleza con los de la historia, con lo cual la vieja polém ica es
retom ada, pero ahora en nom bre de una “filosofía analítica de la historia” y
desde la perspectiva de una dilucidación de los m odelos de explicación de que
se sirve el historiador y definen el status científico de su disciplina. Podría de
cirse de un m odo aproxim ado que desde fines de los años '5 0 hasta fines de
los ’7 0 el tem a central de la filosofía de la historia era el debate entre “explica
ción” y “com prensión” en el que participaron filósofos de la tradición analí
tica tanto co m o los partidarios de un enfoque herm en éu tico , sin que esto
signifique que la reivindicación de un paradigm a específico para la historia
haya sido una prerrogativa de los últim os, o que no se haya intentado una
simbiosis de ambas posiciones, com o sucede a su m anera en la obra de Georg
H. W right o de Paul Ricoeur, aunque desde perspectivas diferentes.40
En cuarto lugar, desde los años ’7 0 hasta m ediados de los ’8Ü (4 ) lo que ha
estado en el foco de la controversia es el redescubrimiento de la naturaleza in
eludiblemente narrativa del discurso histórico. Aquí convergen lo que suele
caracterizarse co m o “giro lingüístico” en la teoría de la historia, con algunos
rasgos de la co n cep ción “posm oderna” (“el fin de los grandes m etarrelatos”
segúnJean-Frangois Lyotard) y tendencias del llam ado posestructural ismo
(com o p o rej. en Roland Barthes) que paradójicam ente vuelve a co lo cara la
historiografía en la cercanía del arte o, en sus versiones extrem as, d irecta
m ente co m o género literario (tal es el caso en la co n cep ció n de Hayden
W hi te). Un lugar incóm odo si se tienen en cuenta las pretensiones de verdad
y cientificidad que caracterizaban a la historia desde su instauración com o
cam po del saber acerca del pasado y que, com o vimos al com ienzo, a pesar de
considerarla una em presa fallida, ya le había asignado Aristóteles.
Por últim o, puede hablarse hoy de un “giro m em orialista” (5 ) en la teoría
histórica, a juzgar por el auge de las discusión acerca del testimonio y las m oda
lidades de la memoria (colectiva, social, histórica), sus dimensiones (política y
40 Desde los años 601a revista H istory and T heory, editada por la Universidad W esleyan (M iddle-
low n, Connecticut/EE.UU.) y publicada por la editorial Blackwell se ha convertido poco a poco en
el foro principal de la teoría, discusiones e historia de la filosofía de la historia. Algunosde sus Bri-
h efie o números consagrados a temas específicos contienen una bibliografía cronológicam ente or
denada de las obras consagradas a la filosofía de la historia (Beiheft 1 ,3 ,7 , 1 0 , 1 2 , 1 3 , 1 8 , 2 3 , 2 8 ) .
ética), las cerem onias institucion ales del recuerdo (m useos, m o n u m en to s,
etc.) y el papel de la m em oria co m o factor constitutivo de las identidades n a
cionales. El debate va m ás allá en este caso del ám bito puram ente académ ico
y form a parte de una p ráctica cu ltu ral que interv iene en la esfera p ú b lica y
abarca diversos discursos, desde los m edios de com u nicación , el cine, la lite
ratura y m ú ltiples d iscip lin as.41
Esta p re o cu p ació n por la m em o ria co n stitu y e un fenóm eno c o m p le jo
que ob e d e ce a m ú ltip les factores, entre e llo ssin duda la m ed itació n critica
acerca de los “trau m as" que caracterizan ala historia del siglo x x e n general y
del llam ado "H olo cau sto ” en particular. Desde el punto de vista de la teoría,
la reh abilitada no ció n de m em o ria responde a una sana reacció n frente a las
un ilateralidades de un narrativism o extrem o que parecía reducir la filosofía
de la historia a cu estiones epistem ológicas y lingüísticas.
F ren te a una n arración h istó rica asép tica e im personal del pasado re
cien te, la m em oria de los a co n te cim ien to s vividos im plica no só lo una
“vuelta del su je to ”,42 sino tam b ién y ante todo un tener que enfrentarse con
una realidad del pasado que n o se agota en sus interpretaciones y co n stru c
ciones discursivas posibles y a la vez que requiere ser pensada de un m odo no
arbitrario. M ásque com o una oposición, la relación entre m em oria e historia
debe ser pensada co m o la de una co p ertenencia y co m plem entariedad en la
que am bas se construy en .43
Si b ien lo anterior rep resenta el intento de ofrecer al lector e squ em ática
m ente algunas líneas de orientación para ulteriores lecturas en el vasto pano
ram a de la histo ria de la filosofía de la histo ria co ntem p o ránea (y aquí
“contem po ránea”significa no sólo la filosofía actual sino el modo en que actual
m ente puede reconstruirse retrospectivam ente su historia), tam bién es cierto
que algunos temas centrales no pueden subsumírse en las categorías propuestas
y obedecen a un desarrollo que si bien está vinculado con el anterior discurre en
Cabe m en cion ar aquí la revista: History an dM em oty , editada p o r ellm titu te fo r (heStudy o /H ííto-
ricalC onsciou sn ess (Instituto para el E studio de la C on cien cia H istórica)de íaU niversd ad de Tel
Avív y publicada por la Indiana University Press.
42 Com o lo caracteriza Beatriz Sarlo en su libro: Tiempo p asado. Cultura de la m em oria y giro subjetivo.
Una discusión, Paidós, Buenos Aires 2 0 0 5 , p. 17 en adelante.
41 H1 lector encontrará una visión de con ju nto acerca del estado actualde la cuestión, adem ásde in
teresantes propuestas teóricas en uno de los últim os libros d e Paul Ricoeur: L a m em oria, la historia,
el olvido ( 2 0 0 0 ), HC.E., México, 2 0 0 4 .
turma paralela. C onesto m e refiero a tres grandes cuestiones sin las cuales la des
cripción del cam po que nos concierne no podría estar completa.
E n prim er lugar, ap u n to a un espacio teórico que se ubica entre la historia
y la filosofía, cu yos lím ites son bo rro sos y que d en o m in o co n el nom bre ge
nérico de “h is tó r ic a ’ ( ) , térm ino acu ñado por Gustav D roysen en el siglo xix
pero utilizado aquí en un sentido am plio, que incluye no sólo las reflexiones
de los propios historiad ores acerca del m étodo y sentido de la em presa, sino
tam bién la teorización de nuevas formas de hacer historia que van más allá de
la can ó n ica historia del E sta d o -n a c ió n , co m o lo han sid o ya en el siglo xx la
“historia so cia l” o m ás recientem ente la “h isto ria o ra l”, la “h isto ria in te le c
tual”, etc. o la “historia ecológica”, en la que el saber de la tradición hum anista
y de las cien cias so ciales se u ne al co n o cim ie n to técn ico acerca de las leyes
que rigen la transform ación de la naturaleza.
En segundo lugar, cab e m encionar aquí co n e l nom bre de “historicidad" ( )
a la exploración de la dim ensión histórica del m odo de ser h um ano, una elu
cid ació n que ha tenido su auge en las filosofías de la e xiste n cia del siglo xx
(H eidegger, Jaspers, el p rim er Sartre44) y qu e a diferencia del pensam iento
griego que bu scab a la esencia atem poral de lo hu m ano co lo ca a ésta e n el
co n te x to de un ho rizo n te fin ito e h istó rico que le es co n stitu tiv o . A quí nos
alejam os del taller del historiadorpara acercarnosa la antropología filosófica.
U n m odo de p ensam iento em parentado co n el h is to r ic is m o y e n el que d ebe
incluirse también la pregunta herm enéu tica acerca de las form as históricas del
saber, y particularm ente del saber de sí.
P or ú ltim o , tam bién form a parte de las preocu p acio n es de una filosofía
de la historia en sentido am plio, la reflexión en torno de las con dicion es histó
ricas del h om bre con tem p orán eo ( ) . Éste es el lugar para la indagación acerca
de la situ ación histó rica en que se in scrib e la reflexión filosófica. Al m enos
desde la m odern idad tardía se tiene co n c ie n cia de la relació n del p e n sa
m iento co n la propia época. Pero temas tales com o el genocidio planificado,
la crisis eco ló g ica, la tem ida perspectiva de au to aniqu ilación de la especie a
través de una guerra nuclear, e tc ., y por otro lado, las nuevas posibilidades y
a la vez desafíos que trae consigo la revolución en las com u nicaciones y en las
form as de p ro d u cció n , la biotecnología, in te rn et, e tc ., no estaban ni podían
44Ya la Crítica d e la razón d ialéctica, trad. M. Lamana, Losada, 2 vol., Buenos Aries, 1 9 6 3 , se enea-
m ina a una teoría social sin abandonar las prem isas de un individualism o m etódico que busca re-
estar en la agenda de los filósofos clásicos de la historia que solemos asociar
de una forma u otra con la idea de “progreso”, pero no pueden quedar ausen
tes de una teoría filosófica acerca de la historia. El fenóm eno de la globaliza
ción vuelve a hacer actual la n oción de una “historia universal" y con ello la
urgencia de nuevas form as de pensam iento, tanto acerca de los a co n teci
m ientos del pasado com o de las condiciones del futuro hum ano.
C om o hem os visto, ya desde Aristóteles el trabajo del historiador ha sido
una y otra vez cuestionado desde distintos pum os de vista. El escepticism o,
el llam ado “pirronism o h istórico” -d e l cual el “narrativism o” extrem o no es
sino una nueva versión— ha sido un fenóm eno que ha acom pañado com o
una som bra tanto a las obras de los historiadores com o a la de los filósofos de
la historia. Pero tam bién es cierto que es precisam ente el juicio crítico el que
abre las puertas a la discusión teórica y la revisión de los supuestos y co n tri
buye de esa m anera a la evolución de sus paradigm as y sus métodos.
Si bien el carácter frágil y provisorio del saber es un problema que la historia
com parte con todas las ciencias em píricas, en ella esto parece agudizarse en la
medida en que -particularm ente en lo que respecta a la historia presente- nos
enfrenta en ocasiones a relatos históricos incompatibles. Pero esto no debe ha
cem os olvidar que tanto la prueba documental com o la explicitación de los cri
terios de evaluación de los datos, así com o, por último, el examen crítico de los
m arcos de interpretación generales en que éstos son inscritos la proveen de ins
trumentos para limitar el arbitrio y hacer plausible una imagen de lo sucedido.15
Más allá de las múltiples controversias, tanto epistem ológicas com o po
líticas -d a d o que la re-visión del pasado tiene consecuencias para el pre
se n te - que pueda suscitar, e n lo qu e se refiere al con ocim ien to d el p a s a d o la
historia es lo m ejo r qu e tenem os.
Se trata de un cam po del saber por cierto controversial pero al que no po
dem os renunciar porque forma parte del intento siempre renovado por dar
respuesta a aquellas preguntas enraizadas en la naturaleza misma de la razón
hum ana, que en el caso de la historia conciernen tanto al terreno de lo teórico
co m o de lo p ráctico, tanto al pasado com o al futuro.'16
<5H e tratado este tema en el artículo: '‘Significado y verdad en la narración histórica. Una re-visíón
de la o bjetivid ad historiográfica”, en: Revista la tin o a m er ica n a d eF ilo so fía , vol. XXVI, N" 1 (otoño
2 0 0 0 ), pp. 4 7 - 6 6 .
46 Las célebres preguntas d e Kant se encuentran en: C ritica de la razón pura (A 8 0 5 ., B 8 3 3 ), en la tra
d ucción al español de M ario C aim i, Buenos Aires 2 0 0 7 , p. 8 2 0 y ss.
I.a historia y las acciones humanas.
I.as tesis de Robin G. Collingwood
R o sa Belvedresi
1Mientras que la literatura se m anejaría dentro del terreno de lo verosímil, es decir, form ularia re
latos de lo que pudo haber ocurrido.
1El apelativo de “crítica" deriva, p or un lado, de la form ulación diltheyana de una cuarta critica
(que com pletaría el trío propuesto por Kant), y que incluiría a la razón h istórica, por otro lado, es
una d enom inación com ún entre los intérpretes con el o bjeto de distinguirla de su antecesora, la fi
losofía “especulativa" de lahist oria, entendiéndose por esta últim a una postura filosófica m ás in
teresada en la form ulación de “p rofecías” que en dar cuen ta de los instruraen to sco gn itivos para
tratar con el pasado.
1Este m od elo, tam bién con ocid o c o m o d e cobertu ra legal ( “covering law m od el”), según la acer
este instrum ento lo transform aba en una especie de línea divisoria entre cien
cia y no -cien cia: si cierta m anifestación cu ltu ral co n pretensiones científicas
parecía resistirse a utilizarlo, enton ces, claram ente, dichas pretensiones eran
fallidas. La posibilidad de que la historia proveyera explicaciones que se ade
cu aran al m odelo p ropu esto fue cu estión de larga discusión desde los '4 0 en
a d e la n te . E n ese c o n te x to d eb en u b icarse los aportes que algunos teórico s
harán en relación co n , p o r u n lado, despegar la condición de cientificidad de
la po sib ilid ad de u tilizar el m o d elo n o m o ló g ico -d e d u ctiv o 4, y e n segundo
lugar, indagar acerca de alternativas pecu liares a la historia para e x p licar su
o b je to de estudio.
U na voz interesante en este debate, si b ie n no adecuadam ente escuchada
en su m om ento, fue la de Robin G. Collingwood (1 8 9 1 -1 9 4 3 ), arqueólogo in
glés cuya obra influiría luego en W Dray (y po r cuyo interm edio se abriría toda
una línea novedosa de indagación sobre la explicación h istó rica). La teoría de
la historia que C ollingw ood presenta es m uy interesante, aunque no exen ta
de dificultades y lim itaciones. P robablem en te, el p rim er pun to a recon ocer
sea el énfasis en definir a la historia com o interesada en las acciones de los seres
hu m ano s del pasado, de m o d o tal que el pasado “histó rico ” quedará d elim i
tado a aquello que pueda rem itirse, m ás o m enos directam ente, a las acciones
hum anas. D e este modo, todo lo referido a consideraciones que involucraran
otros aspectos, tales co m o , por e j,, las co n d icion es m acro de u n ev e n to , sólo
podrían considerarse en segundo lugar en relación co n la p rim ad a interpre
tativa de las acciones5.
tada denom inación de W. Dray. fue propuesto p o rau torescom o Hempel y Popper, y caracteriza al
tipo de explicación que tiene por explanans una premisa que específica lascímclicionesparticulares
que d escrib en la situación en la q ue se prod ujo el evento a ser explicado y otra que con tien e leyes
ti nivcisales; de ambas prem isasse infiere el enunciado que describe el evento particular a explicar
(explan an d u m ). Tam bién se suele d ecir que las leyes actúan de “puente” entre las cond iciones y el
explanandum , perm itiendo inferir el últim o de lasprim eras.
4 Laaplicacíondel modelo nom ológico-deductivose notó tempranamente problem ática,)' debió ser
refom iulado de variadas formas para poder dar cuenta de las pecul iarídadesde tos recursos explica
tivos utilizados por los científicos; así surgieron las variantes induciivo-probabilísticas.eiureotras.
5 Me refiero a consid eraciones acerca del peso que podrían tener factores com o el equilibrio de
poder entre los paísesal estallar una guerra, o lascon d icio nes económ icas o el con flicto de clases
que posibilitan un a revolución. Para hacer m ásclara la perspectiva diferencial que el enfoque de
Collingw ood introduce, com párese la definición que del vocablo “historia” da el D iccionario de la
Lengua E spañola. Real A cad em ia Esp añ ola: “C on juruod e los sucesos o h echos políticos, sociales,
eco n ó m ico s, culturales, etc., de un pueblo o de una n ación.”, (esla definición 4 q u e aparece en la
edición XX I de 1 9 9 2 ).
I . La historia como ciencia6
E n toda la o bra de C ollingw ood se n o ta una doble in siste n cia, a prim era
vista contradictoria. Por un lado, distingue agudam ente entre historia y cie n
cia, m ientras que, al m ism o tiem po, insiste en que la verdadera historia es la
'‘historia cie n tífic a ” tal co m o surgió durante el siglo xix. C uando C o llin g
wood enfrenta cien cia e historia, por “cie n cia ” debe entenderse “cien cia na-
i ural”, y esta o p o sició n respon d e, básicam e n te , a su interés en h acer d e la
historia una form a de co n o cim ie n to autónom a cuyo desarrollo no se ajusta
al m o nism o m etod o ló gico n atu ralista; de ahí su rechazo a la posibilidad de
que se apliqu e a la h isto ria el m o d elo de e x p licació n p o rsu b su n ció n de u n
caso particular a leyes generales. C uando, en cam bio, C ollingw ood define a
la historia co m o “cie n tífic a ”, está p ensando en lo que d e co m ú n tiene el c o
n o cim ien to h istó rico co n cu alqu ier o tro co n o cim ie n to co n preten sion es
cien tíficas, es decir, e n cu anto co m ien za co n la fo rm u lación de pregun tas
cada vez más precisas que el historiad or intenta responder apelando a la evi
dencia histórica disp onible7.
La prim era caracterización del concep to de historia que Collingwood for
m ula es p articularm ente interesante en cu anto la señala co m o la “cien cia de
la naturaleza hu m ana”. El concep to de “naturaleza h u m an a” resulta p rob le
m ático ya que obliga a su poner algo fijo e inm utable en el hom bre que puede
descubrirse por m edio de los m étodos de las cien cias naturales. D e esta m a
nera sería p o sib le, al igual que para el m u ndo natural, determ in ar regulari
dades que perm itan la form ulación de leyes de aplicación universal, o por lo
m enos, aplicables a una am plía variedad y cantidad de casos.
Según señala en su autobiografía, fue al rededor de 1 9 3 0 cuando llegó a la
co n clu sió n de que la historia, en cuan to la verdadera ci encia de los asu ntos
6Algunas de las id easd esatrollad asen losapartad ossiguiem es lash eex p u esto ya; “H istotíay sen-
tido: los apones d e R .G . Collingwood al reconocim iento del valor práctico de la historia” (en Ada-
movsky, E. (ed,): Histoiiay sentido, Exploivcioncsen teoría historiográfica, Buenos Aíres, El cielo por
asalto, 2 0 0 2 ).
7 “La historia tiene esto en com ún con cualquier otra ciencia: que elhistoriad or no está autorizado
a afirm ar ninguna parle de con ocim ien to , excep to donde p u e d a ju stifica r su pretensión ex h i
biendo en prim er lugar parasí m ism o, y en segundo lugar paracualquiet otro que sea capaz y que
desee segur su dem ostración, las razones en las que se basa”, I he ¡dea ojH ístory (en adelante: ÍH, p.
2 5 2 ( 2 4 4 ), a continuación de la paginación de la ed íció nen inglésse indica entre paténtesis la pá
gina correspondiente a la traducción española).
h u m an o s, es la ú n ica “cie n cia de la n aturaleza h u m an a”. El an teceso r m ás
claro de una “cien cia de la naturaleza hu m an a” fue H um e qu ien , sin e m
bargo, habría com etido el error de pensarla en analogía con las ciencias natu
rales8. Ése fue el in ten to de las filosofías de lo s siglos xvíi y xvm, que,
seducidas por el m odelo triunfal de las ciencias naturales, no percibieron que
lo que se co n sid erab a la naturaleza hu m ana no era m ás que lo s m odos de
pensar y com portarse de sus contem poráneos: “Hum e nu nca muestra la más
leve sospecha de que la naturaleza hum ana que está analizando en su obra fi
losófica es la naturaleza del o ccid en te europeo a com ienzos del siglo xvm”9;
el suyo “fue en realidad un estudio histórico de la m ente europea co n tem p o
rán ea”10. Lo m ism o o cu rrió antes co n L o c k e , y luego co n K ant, en todos los
casos, el objetivo que se propusieron fue en co n trar una cien cia que al m odo
de una cien cia política “natural” perm itiera aplicar ciertas recetas que pudie
ran resolver los problem as hu m ano s11; estos intentos fracasaron porque fue
ron falseados “por el su p u esto de que las m entes hu m anas h an fu ncionado
en todo tiem po y lugar co m o aquellas de los europeos del siglo xvm”12.
N ing u n o de ellos se percató de que p rop o nían sólo un e n ten d im ien to
“ex tern o ” de los fenóm enos hu m anos al equipararlos a los fenóm enos natu
rales. Así, C ollingw ood dirá de H um e q u e , aun cuando éste critiqu e el c o n
cep to de sustancia espiritual, al co n ceb ir lo m ental com o un proceso su jeto a
leyes sigue aceptando el supuesto de que la naturaleza hum ana nunca podría
alterarse. Para Hum e: “es un iversalm ente recon ocido que hay una gran un i
form idad entre las acciones de los hom bres, en todas las naciones y épocas, y
que la naturaleza hum ana se m antiene incluso en sus princip ios y o peracio-
8 Elerror consistiría en suponer que para “com prenderla naturaleza de nuestra mente deberíam os
proceder del m ismo modo que cuando in tentam os com prender el mundo a nuestro alrededor [...]
viendo cóm o ¡los eventos naturales] caen dentro de tipos generales y cóm o estos tipos generales
están interrelacionados. A estas ínterrelaciones las llamamos leyes de la naturaleza”; de manera aná
loga, al observar “los m odos en que nuestras propias m entes y las de otros se com portan bajo cir
cunstancias dadas” intentam os “establecer las leyes que los gobiernan”, IH, pp. 2 0 5 - 6 (2 0 1 - 2 0 2 ) .
9 ÍH, p .8 3 ( 8 8 ) .
10An A u tobiog rap h y (en adelante: A , p . 1 15 (1 1 7 ), a continuación d éla paginación de la ed íció n en
inglés se indica entre paréntesis la página correspondiente a la traducción española).
1' Collingw ood debe teneren mente aquí la esperanza de Kant de que algún día llegarán un Kepler
o un New ton que, al igual que ocurrió en las ciencias naturales, reducirán la m ultiplicidad de los
fenóm enos h istóricos a la aplicación de leyes universales de la historia.
l2A ,p. 1 1 6 ( 1 1 7 ).
ncs”13. De ahí en ton ces que la naturaleza hum ana debiera com prenderse en
i elació n co n “su p arecido co n la naturaleza p rop iam ente d ic h a ”14, es d ecir
“transfiriend o ” (la ex p resión es de H u m e) lo qu e co n o ce m o s de n u estros
contem p o ráneo s al estudio de las g en eracion es anterio res. ¿En qué se dife
rencia la posición de C ollingw ood de estas tesis de Hum e?
En los textos que conform an la introducción a The Id ea o f H istory va a soste
ner que la utilidad de la h istoria es que sirve “‘para’ el au to con ocim ien to h u
mano”lo que significa que provee a cada uno 110 de un conocim iento personal
acerca de sí m ism o , sino de “su natu raleza com o h o m b re"; la historia “nos e n
seña lo que el hom bre ha hech o y así lo que el hom bre es”15. Y nos aclara luego
que “au to con ocim ien to, aquí, significa [... 1 un co n o cim ien to de sus faculta
des co g noscitivas, su pensam iento o en ten d im ie n to o razón”16. La historia
científica nos provee co n una especial “p enetración” de la situ ación en la que
los h om bres se en cu en tran , pero cu anto m ás profundam ente se puedan c o
nocer las circu nstancias y los personajes inv olu crados en ellas, co n m ás cla
ridad surge la co n c lu sió n de que lo que los h o m b re s h an sid o y han h ech o
varía eno rm em ente de un caso a otro. De ahi que cada h ech o h istó rico deba
entenderse en relac ión con su contexto y n o com o ejem plo de un tipo general,
ya que los procesos históricos no pueden reducirse a la ident ificación de etapas
que se su ceden m ecánicam ente. Los procesos históricos parecen ser fenóm e
nos que por su unicidad n o adm iten ser explicados por re ferencia a leyes uni
versales. Sin em bargo, la m ism a posibilidad de su co m prensió n debe estar
ligada co n poder extraer algún tipo de conclusiones generales de m anera que
tenga sentido decir que su co nocim iento provee con un “o jo entrenado” para
la situación17. Si cada evento histórico es irrem ediablem ente ú n ico , si los acto
res que participaron en ellos son absolutamente irrepetibles, ¿qué tipo de co m
p rensión se puede extraer aquí, salvo la co n secu en cia negativa de que,
puesto que nada ocurre dos veces, ninguna extrapolación es posible?
IJHume,D .:/\ním ¡m n;Q m fernmgH M Km Undmfí7ndm g;N ew York,Liberal Arts Press, 1 9 5 5 , pp.
9 2 -3 .
14 Cfr. IH ,pp. 8 2 -4 (8 7 -8 9 ).
ls I H ,p .l0 { 2 0 ).
16 IH ,p. 2 0 5 (2 0 1 ). La posición más clara que Collingw ood elaboró respecto de esta cuestión está
expresada en su “H um an History an d Human Natu re” de 1 9 3 6 (ÍH, pp. 2 0 5 - 2 3 1 ). El texto esu n a
conferencia dada por Collingwood en la British Academy, y uno de los pocos incluidos en The Idea
o f History publicado en vida de C ollingw ood, (Pmccedings nfth e Bri tish A code rny, vol. x x ii).
'M ,p .l 0 0 ( 1 0 2 ) .
Los h e ch o s h istó ricos s o n , enton ces, p rocesos en los “que algo está cam
bian do en alguna otra co sa’’18.1 .o que caracteriza a un proceso histórico, y lo
diferencia de uno natural, es que en cada una de sus etapas hay una retención
de algo de la anterior que se m antiene “encap sulado” en ella: no debe co nfu n
dirse entre “un proceso natural, en el cual el pasado m uere al ser reemplazado
p o r el presente, y un proceso histó rico, en el que el pasado, en cuanto es h is
tóricam en te co n o cid o sobrevive en el presen te”19. Por ejem p lo, el co n cep to
de “civ ilización ” tal co m o aparece en The N ew L eviathan representa “un pro
ceso por el que una com u nidad sufre un cam bio m ental de una condición de
relativo b a r b a r is m o a otro de relativa c iv ilid ad ”20. E s un “cam bio m ental”, es
decir, n o una sim ple m odificación del m edio am biente sino un cam bio en la
co n cien cia hum ana: “la esencia de este proceso es el control de las em ociones
de cada h om bre por su intelecto: e stoes, la autoafirm ación del hom bre com o
voluntad”21. Este proceso tiene una dirección representada por el im pulso de
volverse cada vez más civilizado22.
Ahora b ie n , si los procesos históricos son procesos de cam bio con una d i
rec ció n , es obvio que ello da po r su puesto qu e es posible la co m p aració n
entre distintas etapas del p roceso, y a la vez plantea el problem a del progreso
histó rico, e s decir, de la verificación de la d irecció n que efectivam ente ha to
m ado el proceso en cu estión . Si se adm ite esto , sería posible establecer u n i
form idades de algún tip o entre los d istin to s procesos h istó rico s, pero
en ton ces, ¿C ollingw ood está defendiendo la m ism a cien cia de la naturaleza
hu m ana q u e antes criticó?
La co n c ep ció n h u m eana su pon e que el co n o cim ie n to que podam os ad
quirir so b re la naturaleza h u m an a no p rodu cirá n in gun a m o d ificació n en
nosotros, d el m ism o m odo qu e la naturaleza n o es modificada por el co n o ci
m iento qu e tengam os so bre ella, pero, “al lleg ar a pensar m ás verdadera
m en te so b re la co m p re n sió n hu m ana estam o s m e joran d o nuestra propia
co m p re n sió n . A si qu e el d esa r r o llo histórico d e la cien cia de la n a tu r a le z a hu
13 IH ,p ,1 6 3 ( 1 6 3 ).
lí,/H,p.225(220).
:ú The New Leviathan (en adelante N L), § 3 5 .1 . Tam bién: “civilización es el proceso de convertir a
una com unidad no-social en una so cied ad ",N L ,§ 3 7 .2 2 .
21 NL, § 3 6 .8 8 .
22 N L J 3 4 .5 1 .
m a n a im plica un d esarrollo h istórico de la n atu ra lez a h u m a n a m ism a " 13. El c o
nocim iento histórico tiene consecuencias prácticas en cu anto altera nuestras
concep ciones de lo que podem os hacer: el pasado histórico “no es un pasado
m u erto; al com prend erlo históricam ente lo incorp oram o s a nu estro pensa
m iento presente y n o s p erm ite, al desarrollarlo y criticarlo, usar esa herencia
para nuestro propio avan ce”24.
C ollingw ood defiend e com o o b je to de la histo ria a lo que d enom ina
“m índ ”, que puede entenderse co m o “m ente” o, m ejor, “lo m ental”, y en par
ticular un tipo de actividad de la m ente que es el pensam iento (actividad que
en realidad constituye a la m ente, pues “la mente es lo que hace” y “todo estu
dio de la m ente es un estudio de su s actividades”25). E n el apartado siguiente
se verá qu é in v olu cran esos co n c ep to s, pero lo que aquí hay que señalar es
qu e esto lleva a C olling w o od a afirm ar qu e, en cu anto lo qu e el h isto riad o r
co n o ce so n pensam ientos pasados, “al c o n o ce r lo que algún otro pensó, [el
historiad or] sab e que él m ism o es capaz de p ensarlo. Y d e scu b rir qu e es
capaz de hacerlo es descu brir qu é tipo de h om bre es. Si es capaz de com prender,
al repensar, los pensam ientos de m u chos tipos de gente, se sigue que debe ser
tam bién m u cho s tipos de hom bre. En realidad, debe ser un m icrocosm os de
toda la historia que puede conocer. Su propio autocon ocim iento es al m ism o
tiem po su co n o cim ien to del m undo de los asuntos h u m an o s”26.
Cuando Collingwood define a la historia com o “la cien cia de la naturaleza
h u m an a” está tom ando una clara d irecció n h istoricista: no es posible deter
m in ar una “e se n cia” hum ana in m u tab le, la deno m inad a “naturaleza h u
m ana” se resuelve en el proceso histó rico perm anente en el que los ho m bres
están inm ersos. La “naturaleza hu m an a” es, ni más ni m en o s, que la h istoria
que resulta de las accio n e s de los ho m b res. Al reco n o cerse h istó rico s, los
ho m bres com prenden su propia naturaleza, es decir, com prenden que nada
está d eterm in ado de antem ano. Por eso “no hay leyes de desarrollo o p ro
231H, p .8 4 (8 9 ), cursivas mías. Collingwood caracteriza c o m o “realism o”a la tesis filosófica según
la cual el con ocernoaftera loque escon o cid o , por lo que la postura hum eanasería, en térm inosde
Collingw ood, realista. Las críticas al “realismo” ocupan una parte im portante de su obra, así apare
cen en textos tem pranos com o Spcculum M entís, y tam bién en Aulobiography.
- Tesis sim ilares son sostenidas por ciertos enfoq ues sobre las ciencias s ocíales que entienden que
el conocim iento que provee la teoría social influye sobre las autocom prensiones que los actores tie
nen acerca de sí mismos y de la sociedad d éla que forman parte.
25 ÍH ,2 2 6 ,2 2 1 ( 2 2 0 ,2 1 6 ).
26A ,p p .1 1 4 -5 (1 1 6 ) , cursivas mías.
greso”27 ya que las etapas previas de un proceso histórico “no determ in an” a
las po sterio res28. Sin em bargo, si los p rocesos histó ricos pueden co m p ren
derse es porque presentan cierta racionalidad y continuidad con el presente.
Esto im p o ne lím ites serios a una p o sición histo ricista extrem a que, si fuera
co n secu en te, debería d efend erla peculiaridad de cada é p o cay la im posibili
dad de com prenderla desde otro contexto temporal. Una posición tal obligaría
a Collingw ood a negar el valor práctico que le ha reconocido a la histo ria. Pa ra
entender acertadam ente có m o pueden com prenderse los procesos h istó ri
co s sin red u cirlos a casos de leyes generales, y cóm o se puede sortear un his-
toricism o extrem o que sea una variante del escepticism o, habrá que analizar
có m o es posible que el historiad or “reactu alice” lo s pensam ientos que co n s
tituyen la m ateria de d ichos procesos.
27 N L, § 7 .2 8 .
28 NL, § 9.4 8 .
29I H ,p ,9 (1 9 ).
30IH ,p . 2 1 3 (2 0 8 -2 0 9 ),
31 IH, p .2 15, cursi vas m ías (2 1 0 ).
En prim er lugar, debe señalarse lo que dichos “pensam ientos”, que resul
tan ser el o b je to privilegiado de la ate n ció n de los histo riad ores, no son. Si
bien los p ensam ientos son procesos m entales, los que le interesan a la h isto
ria no se reducen a procesos psicológicos (lo que a su vez haría depender a la
historia de otra cien cia, la psicología32), ya q u e , en cu anto tales, se dan en un
co ntexto vital que resulta inaccesible para el historiador. Así, señala C olling
wood, la em o ció n que em barga a quien descubre por prim era vez la dem o s
tración de un teorem a n o resulta rep etible para o tro, au n cu an d o éste sí
pueda recon struir los pasos que llevaron a esa dem ostración . De m odo que,
si bien form a parte de la actividad psíqu ica de alguien, el p ensam iento es un
o b je to de in d ag ació n co m p le jo , ya que no se agota en d ich a cu alidad p sí
q u ica (a la que C olling w o od co nsid erará co m o su asp ecto “su b je tiv o ”, en
cu anto está inm erso en el flu jo de co n cien cia inm ediata de alguien), n i tam
p o co es un puro co n ten id o recon struib le lógicam ente (lo que caracterizará
co m o su asp ecto “o b je tiv o ”, e n ten d ien d o po r esto a aquella dim en sió n del
pensam iento que cu alq u ier otro puede, p o te n cialm e n te , recon stru ir en su
propia m ente, tal co m o la d e m o stración de u n teorem a). El p ensam iento
d ebe co nsid erarse e n térm in os su bjetiv os y o bjetiv o s, qu eriend o decir co n
esto que es el resultado de la actividad m ental de alguien que no es el historia
dor, y recon ociendo que, al m ism o tiem po que hay aspectos de dicha activi
dad que son irrecu perables, tam bién hay un aspecto que puede ser pensado
nu ev am ente (p o r el histo riad or o, inclu so , po r el m ism o su jeto en otro m o
m en to , en otro nuevo co n texto p síq u ico ).
E n este punto C ollingw ood introduce dos señalam ientos im portantes: 1.
qu e el co ntexto presente en el que se puede pensar de nuevo un pensam iento
pasado debe ser p ropicio; y 2. que volverá pensar el m ism o pensam iento no
im plica ninguna “fusión” de identidades entre el actor original y el intérprete.
Estas especificaciones apuntan a salvar dos críticas tradicionales. Una su pon
dría que la posición de C ollingw ood involucra un riesgo cierto de extrapola
ció n de las categ orías del h isto riad or a las del a cto r cu yo s pen sam ien tos
intenta interpretar, co n el consigu iente peligro de incu rrir en anacronism os
o de perder objetividad. U na segunda o b je ció n (clásica entre los críticos a la
co m p rensió n) entiende que lo que C ollingw ood propone n o es m ás que una
variante de la em patia, m ecanism o p sico lóg ico in con trastable que su pon e
11No voy a profundizar aquí en las críticas que identifican com prensión y empalia, baste decir que
dicha identí ficación no es sostenible en los textos de la mayoría de los autores criticados Considero
que más bien se trata de una confusión en los críticos producto en parte det lenguaje metafórico que
los autores com prensivistas suelen usar, así porej .d ich o s autores suden referir aL im erio r" de las
acciones, lo que exige “penetrar” el “exterior” paracom prenderadecuadam enteel “significado''de
una 'expresió n vital" (algunas de estas expresiones, adem ás de ser utilizadas porC ollingw ood, se
pueden en co n traren Dilthey).
34ÍH .p, 2 1 5 ( 2 1 0 ),
35 En cuanto dicho m odelo se cent ra en la noción de causa entendida en sentido humearlo (ind e
pendencia lógica de causa y efecto) y supone que toda relación causal es legaliforme.
36 Me refiero fundament alm em e la n io a los que la consideran exclusivamente com o una propuesta
de modelo de explicación histórica (y se han dedicado a perfeccionarla) como a los mas críticos que
apuntan a que sería una forma de intuición em palica de los contenidos mentales de o¡ ras personas.
Sí voy a h acer alguna referencia luego a quienes consideran que la re-aclualizaci ón obliga a asumir
una posición individualista en térm inos metodológicos.
37 ÍH ,p. 177 (1 7 5 ); tam bién M , p. 2 1 4 ( 2 1 0 ).
rechazo a la posibilidad de indagar p o r las causas de los evento s del pasad o ,
C ollingw ood tam bién recon oció que “no significa que palabras co m o ‘cau sa’
estén necesariam ente fuera de lugar co n referencia a la histo ria; significa so
lam ente que son usadas allí en un sentido especial [... 1 L a cau sa del evento p a r a
él [el historiador], significa el pen sam ien to e n lá m e n te d e la p erson a p o r cuya ac
ción eí evento seprodujo”. Y aclara “cu ando un cien tífico se p regu n ta‘¿por qué
este trozo de papel de torn aso l se vuelve rosa?’ quiere d ecir ‘¿en qu é tipos d e
ocasion es los trozos de papel de tornasol se vuelven rosa?’. C uando un histo
riador pregunta ‘¿p o rqu é Bruto apuñaló a Cesar?’ quiere decir ‘¿qué pensaba
Bruto que lo hizo d ecid irse a apuñalar a C esar?’”38. Lo im p o rtan te aquí es el
esfuerzo de C ollingw ood por p ropo ner una teoría de la causalidad histórica
que, a la vez que independiza la noción de causa de la de ley otorga status cau
sal a los “p ensam ientos” (tal co m o la desarrolla en An E ssay on M etaphysics).
H abrá que co n ced er el punto de que la re-actualizaci ón involu cra cierta
a p roxim ación individualista, m etod o ló gicam ente hab lan d o , a los asu ntos
h istó rico s39. En particular, si se trata de re-actualizar p ensam ientos, d ich o s
p ensam ientos son la actividad de una m ente que siem pre es p erson al, por lo
que lo s pensam ientos a re-actualizar han sido pensados originariam ente por
un indiv iduo. C olling w ood aclara, de m anera m ás bien esp o rád ica, que es
posible hablar de “la m ente colectiva (cualquiera sea el significado exacto de
esta expresión) de una com unidad o de una época” o que “la actividad mental
es una posesión comunitaria, y casi todas las operaciones que ejecutan nuestras
m entes son operaciones que aprendim os de otrosque ya las han ejecutad o”40,
y qu e los pensam ientos de tal m ente colectiva se pueden re-actualizar. Si se
co n sid eran m u cho s de los ejem p los, sobre todo arqu eoló g ico s, que utiliza,
38IH, pp. 2 1 4 -3 ; cursivas mías. Cfr. cié m odo similar Croce, para quien conceptos com o el de causa
son “antihistóricus”, aunque se use la palabra, el concepto es ilegitim o en historia: ‘'así com o no se
trata de vedar el uso de la palabra c a u sa , [... ] sólo se desea sugerir que hay que valerse de e lla s ! *ts
palabras com o “causa" com o m eiáforas, y no creer que d escriban el p roced im ieiuo efectivo d d
pensam iento histórico”, Teoría e historíacle la historiografía; Buenos Aires, Im án, 1 9 5 3 ,p. 2 6 0 .
39 La adscripción a C ollingw ood de una posición individualista m etodológica se origina en la co-
n ocidaafirm aciónde D onagand eque C ollingwood "fue un individualista m eto d o ló g ico en d sen
tido más fu erte de este discutible term ino. En su opinión, las explicacion es históricas más
elem entales lo son de los actos de individuos”, y también •"los historiadores, en to nces.n o pueden
explicar los procesos de grupos a m enos q ue puedan resolverlos en actos in dividuales o clases de
tales actos”, The L a íer P hilosophy o f G. C o ü m g w ü d ; O xford, C larendon Press, 1 9 6 2 , p 2 0 6 y p.
2 07 (cursivas mías).
40 IH, 2 1 9 ,2 2 6 (2 1 4 ,2 2 0 ).
y se p o n e n en co n ju n to una can tidad de a firm acion es dispersas, este apa
rente individualism o m etodológico puede m atizarse. Así, p or ejem p lo, dice
q u e el histo riad or “está interesado en las costum bres sociales que crean [los
hom bres] por medio de su pensam iento co m o un m arco en el que estos ape
titos (se refiere a los ap etito s bio ló g ico s! en cu e n tran satisfacción en los
m o d o s san cio n ad o s p o r la co n v e n ció n y la m o ralid ad ”41; habla favorable
m ente de V ico co m o preocu pad o por la “estru ctura real de la sociedad en la
que vivim o s”42 y critica a los ilu m inistas po r su esp íritu “an tih istó rico ” que
les im pide ver a las “in stitu cion es co m o creadas por el espíritu de un pueblo
e n su desarrollo h istó rico ”43. A pesar de que el sentido de estas afirm aciones
debilitaría una tesis individualista fuerte, debe reconocerse que Collingwood
se equivoca al negarles algún estatus teórico a las condiciones objetivas redu
ciéndolas , com o lo hace, a la percepción o el pensam iento que los agentes tie
n en de ellas. Ello le im pide ad m itir que hay asp ecto s de la realidad histórica
que o peran com o co n d icion es no reconocidas de las accion es de los agentes
y lo obliga a su p on er que é stos tienen siem p re u n co n o cim ie n to acabado de
los resu ltad os de su s accio n es. Sin em bargo, eso s resultados muy co m ú n
m ente no pueden producirse o se producen de un m odo diferente al previsto
en razón, ju stam en te, de que la realidad histó rico-so cial es m u cho más co m
p leja de lo que los propios acto res puedan percibir. Reservar u n lugar expli
cativo para lo s a sp e c to sn o in te n cio n ale s de los procesos h istó rico s no n o s
o bliga a adm itir que lo s h o m b res n o so n en absoluto respon sables p o r lo que
hacen (com o parece tem er C ollingw ood), sino que perm ite m ostrar la co m
plejidad de la situ ación en la que se in sertan , y sus esfuerzos por m an ejarla.
U n punto debiera resultar claro , la re-actualización se salva de las críticas
que la co n sid eran una variante de la em patia, y p o r lo tanto u n m ecanism o
psicológico de dudosa cientificidad y de difícil co n tro l, porque Collingw ood
insiste en repetidas ocasiones en que la historia es un co no cim iento inferen-
cial que procede interpretando testim on ios. Lo que esto significa será anali
zado en el apartado siguiente.
41ZH, p. 2 1 6 (2 1 1 ).
42Í H ,p .6 6 (7 2 ) .
« ÍH .p p . 7 8 ( 8 4 ).
3. La interpretación de la evidencia histórica
47 Estoy usando aquí “in terpretación ’’ en un sentido am plío para designa ría tarea herm enéu tica
que se propone descubrir el significado de los restos o testimonios considerados por el historiado r.
48 A, p. 81 ( 8 5 ). La exhortación baconiana de que el cien tífico natural debe “poner a la naturaleza
en cuestió n ” significa q ue: “el cien u fico d eb e lom ar la iniciativa, d ecidiendo p o rs í m ism o lo que
q uiereconocery iorm ularestoen.su propia mente en la forma de una pregunta; y [...) debe en con
trar lo s m ed ios para obligar a la n aturaleza a respond er I... ] Ésta es tam bién, aunque Bacon no lo
sabía, la verdadera teoría d elm étod o histórico”, iH , p. 2 6 9 (2 5 9 -2 6 0 ).
w Así, al d istinguirentre historia y p seu dohtstoria(aquellasc,iend asque, com o la geología, la pa
leontología o la astronom ía tienen alguna n oción de tem poralidad o de cam bios en el tiem po) se
ñala que “am bas consistían en narrativas: pero en la historia éstas eran narrativas de actividad
prepositiva, y la evidencia para ellas consistía en las i eliquiasque habían dejado detrás suyo (libros
o restos de vasija, el principio era d m ismo) que se -volvían evidencia precisamente en cuanto el his
toriador las concebía en términos de propósito, esto es, com prendía para qué eran", A , p. 109 (1 1 1 ).
También: elarqueólogo puede usar piedras y metales “com o evidencia histórica sólo en cuanto en
tiende para qué eran”, A, p. 1 0 8 ( 1 1 0 ).
toriador pueda uti lizar. La historia bien puede usar evidencia de otro tipo, en
cuya in terp retació n las cien cias naturales ju e g a n un papel im p o rtan te, por
e j., al d eterm in ar la cron olo g ía de u n fenó m eno natu ral que destruyó una
ciudad. La relevancia de este t ipo de evidencia radica en su v incu lació n con
la acción hum ana (p o r e j., si dicho fenóm eno natural m otivó una m igración
m asiva), y no parece prov echoso excluirla del cam p o d é lo h istó rico po r no
ser el resultado de actividad prepositiva alguna50. Es claro que el énfasis en el
carácter propositivo de los restos históricos le viene bien a Collingw ood para
ap licar la re-actu alización com o m odo de in te rp re tació n de estos restos:
frente a un objeto el historiador trataría de d escu brirel pensam iento que está
en su o rig en, d igam os p or caso, qué se qu ería lo grar al fab ricarlo (e sto im
plica que la tesis de la re-actualización incluiría algo m ás que u n sim p le m o
delo de ex p licación h istó rica). No cre o , sin em b arg o, que la am p liació n del
co n cep to de evidencia histórica de m odo de incluir a cu alquier objeto m ate
rial que sea un rastro del pasado ponga e n peligro las tesis de C ollin g w o od ,
ya que se ajusta bastante bien al sentido de m uchas otras de sus afirm aciones.
Así, por e j . , él m ism o so stien e que la evid en cia “debe ser algo aquí y ahora
p e rce p tib le "p ara el h isto riad o ry que “la totalidad d el m u n d o percep tible,
enton ces, es p otencialm ente y e n princip io, evidencia para el historiad or”51.
C on siderar algo co m o “evidencia histórica" significa varias cosas: la pri
m era, que se ha ingresado en la etapa de la historia cien tífica, o historia pro
piam en te dicha; la segunda, que el histo riad or adopta h acia el pasado una
actitud claram ente activa (en la medida en que toda evidencia debe ser inter
pretada); la te rce ra , que el co n o cim ien to del pasado tiene sus propios crite
rios de validación y acep tació n. El térm in o “e v id en cia” no es usado aquí en
un sentid o filosófico (co m o la señal de una certeza su bjetiv a al estilo carte
sian o) sin o com o el elem ento de prueba m aterial en el que se basa la argu
m en tació n histo rio g ráfica. Debe en ten d erse por “evid encia h istó rica” un
co n cep to cercano al de “elem ento de pru eba" que se utiliza en los procesos
ju d iciales.
C ollingw ood o pone la h istoria establecid a co m o discip lin a cien tífica a
otras form as an terio res de hacer historia a las que co nsid era deficitarias y
52 Se refiere en especia] a lo que denom inó “se issors-amí-jMStó-liistoi/’, o historia de tijeras y engrudo,
que no só lo representa u n a e ta p a previa de la discip lin a lal corno la c o n oce m o s, sin o q u e encarna
lo que podría considerarse la concepción de “sentido com ún". Según ella, una vez q u ecl historia
dor ha d efin id o el tem a q u e le resulta interesante, su p rincip al tarea es la b ú sq u e d a y edició n de los
d o c u m e n to s p en i n e m e s, m an ten ién d o se al m argen de ag re g ar a q u ita r algo a lo que e so s d o c u
m entos dicen. U n estadio posterior, au n q u e tam bién deficiente, lo constituyó la h isto n a critk a que
se esforzó po rcritica r las a firm ac io n esd e las au to rid a d e s. A m bascom partenu npu nto d c partida
erróneo: su p o n er que la verdad h istórica está disp on ib le (de m anera m ás o m en os exp lícita) en los
dichos de las autoridades, y que, por lo tanto, losd ocum entosescritosconstiiuyenlaúraca eviden
cia histórica utilizable.
531 2 6 ,p . 38 2 .
5“ ÍH, p. 2 5 2 (2 4 4 ), c u rsiv as m ías.
5i IH, p. 2 5 7 (2 4 8 -2 4 9 ) , cursivas mías.
* A , p. 9 6 (9 9 ). Lo qu e en otro lugar den o m in a “argum ento desd e el silencio" que, si bien e s m eto
d o ló g ic am e n te in d e fe n d ib le , y a q u e la ev id e n c ia no ag ota el c am p o del p asad o h istórico , “en la
práctica todo h istoriad o r lo u sa, y lo usa in cesan tem en te” , L 2 6 ,p 3 8 8 .
La historia, e n to n ce s, tiene p o r tem a las accion es del pasad o, cuyo inte-
i u>r procura re-actualizar, m anteniendo a la evidencia histórica com o piedra
(le toque de las interpretaciones que propone.
4. Conclusiones
57 NL, § 4 5 .2 4 .
su dim en sión hu m ana, en cu anto produ cto de ciertas accion es de las cuales
debem os h acern o s cargo ya qu e, al no haberlas evitado, som os en p ane res
p onsables de que un fenó m eno co m o el nazism o , p or ejem p lo , se transfor
mara en una am enaza co ncreta para la hu m anidad58.
Del m ism o m o d o que el avance del fascism o y el nazism o d esveló a C o
llingw ood y lo hizo pensaren la manera en que la historia podía aportar a m e
jo ra r la lu cha e n su co n tra, ig ualm en te n o so tros, co n tem p o rán eo s de otras
tantas catástrofes, podem os co n trib u ir a una co m p ren sió n m ás precisa del
m undo en el que estam os insertos y de nuestras propias posibilidades de ac
ció n , cu an d o co n sid eram o s “h istó ricam en te", al d ecir de C ollingw ood, los
sucesos de nu estro tiem po. D ichos sucesos se nos presentarán, enton ces, ya
no com o fogonazos in controlab les, sino com o resultados de las accion es de
los hom bres y m u jeres que son nuestros sem ejantes. Se nos hará explícita la
dim ensión histórica del presente, y de esta m anera, podrem os reconocer que
som os actores del drama que nosotros m ismos hem os contribuido a escribir.
58 C ollingw o od fue p articularm en te crítico de la j ulitu. ttm ern a nttm d * u pal | -i e m u td e t que
h ab ía ío m e rm id o iir a situ a r ió tiq u e .a lp o sib tlita n Ilo itak j m i to d 1 isk i'inii n. - 11 i i ~ m r i i
h a b ía sid o c o r r e sp u n sn b k 'd e l e sla llid o d e la Se gu n d a u n i r i M m i.li I d i \ i ., >111 i. t u n l
de C ollingw ood tío lúe favorablem ente rec ¡b id a p o Jrik d ií jt j .k n _ i i' >nu n l u iitu o i i i
B retañ a que estab a finalm ente trab ajan d o i in i fi c a i h u i h l m h a t ontr 1 11 tli i, 1 uu id e r d t ( ollita,
w o o d fue du ra para el e stom ago de su s colegas de O x io id ’';T o u lm in ,S .: Iníroflucfion (A, p .x ix ). Este
m alestar se su m ó al aislam ien to q u e C ollin gw o od ya su fria po r s u s p o sic io n e s filosóficas.
Bibliografía recomendada
1. Introducción
cuya obra podría ser analizada en la problem ática que es objeto de este cap í
tulo, serán dejados de lado por razones de espacio.
La tom a del poder de Adol í Hitler obligó al Instituto a emigrar. Se crearon
filialesen Suiza, Londres y París. E n esta últim a ciu dad co n tin u ó la p u b lica
ción del órgano Z eilschriftfü rS ozialforschu ng. Desde m ediados de esa década
hasta 1 9 4 9 el Insti tuto se trasladó a los Estados U nidos. En 1 9 5 0 reim ció sus
actividadesen Frank fu rt. C on la muerte de A dorno en 1 9 6 9 y laju bilacíó n de
H o rk heim er una nueva generación integrada por Alfred S c h m id tJ. Haber-
mas, Albrecht W ellmer, O skarN egt, parecía dar pie a una renovación. Sin em
bargo, esa nueva cam ada fue o cluida en bu ena m edida por la im portancia y
celeb rid ad prontam ente lograda por H aberm as, quien no solam ente co n ti
nuaría los principales temas de la Escuela, sino que los conduciría a una crítica
que cerraría un ciclo , sólo disputado por la obra reciente de Axel H onneth.
La trayectoria de la Escuela de Fran k fu rt estuvo co n d icion ad a por una
doble crisis: en p rim er lugar la del relato b u rg u és-occid en tal del progreso
según sus reverberaciones en la cultura en lengua alem ana; en la tram itación
de esa problem ática había otro núcleo co n el cual el aj usté de cuentas teórico
era n ecesario: la crisis del m arxism o. En el intervalo de am bas crisis se d es
plegó la problem ática de la historia,
2 M. H orkheim er y Th. Adorno, D iakktikd erA u jkláru n g . Philosaphische Fragm ente, Físcher, Frank-
furt/Main, 1 9 8 8 ,p. 3; Dialéctica del iluminismo. tr. H, A. M urena, Sur, Buenos Aires, 1 9 6 9 ,p p . 9 -1 0 ,
com o objeto de una teoría unitaria, com o algo construible, no es el bien, sino
precisam ente el horror, el pensamiento es en realidad un elemento negativo.
La esperanza de un estado m ejor se funda - e n la m edida en que no sea pura
ilusión- m enos en la certidum bre de que tal estado sería garantizado, estable
y definitivo, que en la falta de respeto p o r aquello que -e n medio del sufri
m iento u n iv ersal- se aparece co m o tan sólidam ente fundado”.3 H pensa
m iento crítico ya no aparecía co m o capaz de contribuir a la em ancipación
com o parecía posible una década atrás, sino que reclamaba su derecho a fun
dar un inclaudicable sitio de resistencia.
En M ínima moralia ( 1 9 5 1 ) A dorno extendió las consecuencias de esta
sensibilidad. La im placable ironía co n la cual A dorno pasaba revista a la ex
periencia contem poránea no era externa al filosofar por aforismos. La escri
tura de Adorno no era extraña a su noción de historia. El recurso al fragmento
suponía una m uy determ inada concep ción de la tarea filosófica, pero en ello
se conjugaba también una com prensión de lo social y de lo histórico. Adorno
rechazó el m odo “sistem ático” de acom eter la escritura filosófica pues en ello
se ocultaba la pretensión de sim plicidad y la suposición de totalidad que di
sonaba de su concepto de dialéctica. Ésta no designaba la estructura del cam
bio sino que operaba negativam ente en la pretensión totalitaria de instituir
un sentido o un destino. Im pedía, así, toda pretensión de filosofía prim era
que calaba, com o su expresión antihistórica m ás acabada, al pensamiento de
Husserl. Con la fenomenología, el pensam iento burgués se conform aría con
lo estático, y renunciaba a la com prensión del cam bio. Siguiendo la idea mar-
xista de que luego de 1 8 4 8 la burguesía había dejado de ser em inentem ente
progresista, Adorno explica las generalidades abstractas de la fenomenología
por la razón instrum enta] q u e, en nom bre de la ciencia, se im ponía sobre el
pensam iento crítico y dialéctico.
En oposición a la máquina de la razón identificante o instrum ental, se tra
taba -e n c a m b io - de elaborar una razón que contem plara lo no-idéntico. Si
la verdad no residía en el Todo, tam poco lo hacía dogm áticam ente en el mero
fragmento, pues Adorno no descartaba el m om ento constructivo a que podía
acceder la teoría crítica. La cuestión fundamental era, después del derrum be
de las ilusiones progresistas y racionalistas que delató el nazism o, cóm o
constituir una alternativa que sostuviera la posibilidad de pensar desde una
5 “Uber den B egriíí der G esch id ite", ese l texto de las “tesis", en G esam m elte S c h r ifte n J , 2 , Suhr-
kam p, FrankfurtAMain, 1 9 9 1 , p. 6 9 3 . l^ scira ssig u ien tessein d ica rá n en el texto po rlasigla BG.
¿C óm o sostener que ese m u ñeco llam ado m arxism o gane siem pre la par
tida? Sin duda p o r las cu alidades del enano jo ro b ad o que m ueve a su gusto la
m an o , que de otra m anera perm anecería rígida o no produciría los efectos de
seados. Exactam ente por esa introducción del enano al interior de la m uñeca
es plausible la victoria: “E llo puede adm itirse cuando [el ‘m atenalism o h istó
rico’] tom a a la teología a su servicio (in ihrem Dienst nimmt), que hoy e s-c o m o
se s a b e - pequeña y o d iosa, y de todos m odos no debe dejarse ver” (Ibíd .). La
extrañeza del cuerpo “teología” es adm itidam ente intrusivo, desagradable.
E n la segunda “te sis” Benj am in co m ien za a desarrollar la cu estión m en
cio nad a tan m isteriosam en te en la prim era. E n ella discute la relació n del
tiem po co n la felicidad. El tiem po, generalm ente entendido co m o un trans
currir sin cualidades, subordinaba la tem poralidad com o una instancia “tras
cen d en tal” de la historia. La felicidad nada tendría que ver e n ello.
La propuesta de Benjam ín pertenece a un esquem a teórico muy diferente
al objetivista (ontológico o ep istem o ló gico). La no ció n benjam iniana de h is
toria es la e x p o s ic ió n de las realizaciones y de los fracasos, del cu m plim iento
de la prom esa de la redención (felicidad) y de su destrucción. La experiencia
de un m u n d o y una biografía d o lorosos, de las deudas de felicid ad , no se
debe sólo a la debilidad, sino a las luchas donde hu bo v en c id o s. Ésa es la lógica
“a co n trap elo ” de la historia. D e allí una pregunta fundam ental: “¿Nos roza a
no so tros el m ism o soplo de aire que el que lo hizo sobre n u estros an teceso
res? ¿No está en co n co rd an cia co n el eco que hiere n u estros oídos el de los
desde ahora m utilados? ¿No tienen las m ujeres que hem os cortejado herm a
nas que ja m á s co n o ce rem o s?” (BG , 6 9 3 - 6 9 4 ) . B enjam ín responde que sí.
Pero no podría encontrarse una relación causal entre el tratam iento de la his
toria y el p rin cip io m eto n ím ico que n os co n ecta con esa infelicidad del p a
sado. N arrar ese pretérito im plica una identificación voluntaria y la carga de
u n ad eu d a.
Podem os ver aquí que el co n cep to “teoló gico ” de la historia (que perma
n ece aún sólo co m o in d ic a c ió n ) im plica un su puesto m etodológico, que d e
n o m in aré principio m e t o n ím ic o , por el cual todo aco n tecim ien to rem ite
in m ed iatam en te a una histo ria o culta. L a s e m a n t iz a c ió n d e l a p o l í t i c a y d e la
h is t o r ia o p e r a tá c it a m e n t e d e s d e u n a t e m p o r a lid a d h a c ia la o t r a . Benjam ín llama
ilu m in a c ió n a la estru ctu ra del m o m ento -m ó n a d a y f e n ó m e n o o r i g í n a r i o -
donde tiene luga ría verdad en la historia b ajó la forma de im á g e n e s d ia lé c t ic a s
y cuyo m étodo e se l m o n t a je .
La historia marxista tiene una responsabilidad: liberar a la tradición de las
garras de los opresores. Es una sensibilidad que no responde ajustadam ente
al m arxism o objetivista-evolucionista. A llí no interviene la su bjetividad. En
cam bio la perspectiva de Benjam ín aduce que la esp eran za es una convicción
sin la cual la co n stru cció n del saber histó rico , tal com o él prefiere, n o es p o
sible. La llamada esperanza no es otra cosa que el quiebre de la determ inación
lan habitual en la ideología fisicalista. E s deseo de interv enció n política de la
historia en las cadenas de discursos que se cruzan con prácticas. La esperanza
va m ás allá de lo dado para abrir el ám bito de lo posible. El recuerdo activo, la
rem em oración (E in geden ken ), establece esa posibilidad.
Es, enton ces, en la práctica política donde la historia existe. Fuera de ella
es nada: n o posee efectos. La oportunidad para escribir la historia no está ga
rantizada: “La verdadera imagen del pasad o pasa rápidam ente. El pasado es
retenido sólo co m o una im agen que es percibid a com o en un relám pago en
el instante de su cognoscibilidad, que jam ás volveráa ser visto” (BG , 6 9 5 ). Por
el co ntrario, una p o sición co m o la del “h istoricism o" que se lim ita ilu soria
m ente a describ ir el devenir del m u nd o, tiene u n im aginario o b je to etern o ,
siem pre allí. La historia historicista n o tiene historia.
Benjam ín reclam a lo opuesto para el materialism o histórico. El m arxism o
es perspectivista, y tiene la arrogancia de elegir sus o b jetos. La esperanza de
que el co n o cim ien to de esos o b jeto s sea útil no depende tanto de su ad ecu a
ció n realista co m o del papel id e o ló g ico -p o lítico del sab er elaborad o en un
co ntexto de disputa.
¿Es siem pre el co n cep to de progreso reo de las im pugnaciones que B e n ja
m ín co n tan bu enas razones le endilga? Aun Adorno, con la desconfianza que
le cau saba que desp u és de A uschw itz se h ablara tan lig eram en te de “p ro
g reso ”, elabo rab a la idea de que filo sófica m en te el co n c ep to podía actuar
co m o crítica de la realidad. Quizá la n o ció n de reden ción tan propia de la vo
luntad de rev olu ció n o cu lte, tam bién e n B enjam ín, una m etáfora de p ro
greso. La tarea negativa de B enjam ín atina al co m ien zo de una crítica del
ev o lu cion ism o en p o s de una in te rv e n ció n en una in stan cia (lo real) que,
co m o el capitalism o, no m orirá de m u erte natu ral.
Se com prende entonces que el tiem p o-a h ora sea el proceso mism o de la re
volución o la acción ju sticiera. El tiem p o-a h ora es la inversión de la evolución
u n iform em en te variada. Existe, pues, una relación de h o m o log ía en tre el
proced im iento su bjetivam ente sobredeterm inado de co n stitu ción político-
narrativa de la historia y la disputa em ancip atoria de las g eneraciones pasa
das (y actuales) por su lib eración. “La histo ria”, no s dice B enjam ín, “es el o b
je to de una co n s tru cc ió n cu yo lugar no lo form a el tiem p o h o m o gén eo y
vacío, sino el tiem po-ahora (Jetztzeit) pleno. Así era paraRobespierre la anti
gua Rom a, un pasado cargado co n tiem p o -ah o ra, que hacía saltar fuera del
co n tin u u m de la historia” (B G , 7 0 1 ).
La práctica historiadora deseable es concebida por Benjam ín bajo el régi
m en de la política: “La p o lítica - d i c e - o sten ta el prim ado so bre la h isto ria”.
Esta su prem acía señala que no se trata de una relación de contigüidad entre
segm entos tem porales. Del pasado al presente se podría postular una yuxta
p o sición dada por el transcu rrir propio y o b jetiv o del co sm os; del pasado al
ahora (qu e es siem pre n u estro) existe una relació n de d eseo , de req u eri
m ien to , de au x ilio , que sale de toda linealidad. El tiem p o -a h o ra para B e n ja
m ín constituy e el aco n tecim ien to total de la historicidad: la transform ación
radical del m u ndo, la creación de la felicidad, la elim inación del sufrim iento,
la venida del m esías, es decir, la revolución.
La teoría, el p rin cip io co n stru ctiv o , es la clave que in fo rm a a la h istoria,
que por ende no se acu m u la, sino que se construye. La clave es que lo s signos
hered ad os de los a co n te cim ien to s pasados só lo interesan en la m edida en
que ingresen en nuestros esqu em as de inteligilibilidad dictados po r n uestra
voluntad política y estética. Son las esperanzas presen tes las que aprovechan
la produ ctividad de sentido de aquellos signos, que co m o en los éxtasis nos
im pactan de un m odo diferente a las experiencias de un m undo doloroso. El
im pacto es com o el de la revolución, que es superior pues trastorna ese mism o
m undo trágico. El co no cim iento , enton ces, no s enseña a experim entar el éx
tasis de la lib eració n y la felicidad. B en jam ín alude a este efecto su bjetiv o
co m o la experiencia del pasado en cu anto “m ónada”, es decir, co m o el sh ock
que exp erim en tam o s en el am or o en el “instante de peligro”. La ruptura del
presente, el descom poner la cadencia del tiem po, es la virtud más im portante
del saber histórico, y ello por su capacidad de enseñanza sobre las capacida
des h u m anas de ir m ás allá de la instrum entalidad rep roductivay estru ctu
rada del m undo social.
¿Cuál en esta teoría es la especificidad histórica del pasado? Sin duda no
que h a y a pasado. Si B en jam ín aceptara esa d efin ició n estaría en co n tra d ic
ción : el pasado sería establecido en la instancia objetiva del tiem po có sm ico
y la historiografía tendría razones para reclam ar un cam po propio de análisis.
U historicidad de Benjam ín no corresponde con la facticidad. Por en contra
rio, es la aprehensión historiadora actu al la que confiere de carácter histórico
a la facticidad que ún icam ente es tal si pertenece a nuestra co n cep ció n de la
historia. La histo ricid ad de u n su ceso está dada por el recuerd o que realiza
mos en el presente. Por eso la filosofía de la historia de Benjam in es quizá más
exactam ente una teo ría d e la m em oria.
La deriva de la histo ria en m em o ria hace em erger la cu e stió n de la d ife
ren cia h istó ric a . B e n ja m in , en su p e rsp ectiva d ialé ctica tan particu lar, su
braya la prevalencia del presente sobre la presunta m ism íd ad de lo pasado.
Esa bú sq u ed a de p o litiz a ció n que es tam bién una e ste tiz a ció n se hace en
n o m bre de las g e n e ra c io n e s o p rim id as v en cid as. Pero B e n ja m in no n o s
p rovee del d e re c h o a n arrar un a h isto ria de lo s v e n cid o s. ¿De dónde o b
tiene su s cré d ito s u n h isto riad o r b e n ja m in ia n o para “rec u p e ra r” la e x p e
riencia de un o brero de M anchester en 1 7 9 0 ? ¿No hay en la “actu alizació n ”
u n fo rzam ie n to , un a nu ev a o p re sió n , so b re aqu el su je to ex p lotad o ? La
perspectiva teoló gica su tu ra la d iferen cia histó rica, p ero n o está claro que
ello esté ju s tific a d o , y m en o s aú n (para n o salir d el e sq u em a de p e n sa
m ien to de B e n ja m in ) qu e sea p o lític a m e n te ú til. Por e je m p lo , e scrib ir
sobre “los do m in ad o re s” en todo tiem p o d esd ibu jaba la particularid ad de
la d o m in ació n n azi de la d écada de 1 9 3 0 . Si la h isto ria está co n stitu id a
siem p re p o r “estad o s de e x c e p c ió n ”, ¿en qué se d istin g u e la a n iq u ilació n
ju d ía del nazism o de la n o ch e de San Bartolom é?
Sin em bargo, el co n cep to de historia que atraviesa la reflexió n de B en ja
m in no debe ser entend id o solam ente co m o un ej e rcicio especulativo, sino
que es m ás adecu ado co m p ren d erlo co m o un prefacio a u na investigación
“em pírica” sobre la historia de la m odernidad en la París decim onónica. Sólo
en ese espacio d onde la com pu lsa de fuentes posee una im portancia radical
es que se extienden las tesis histórico-filosóficas.
6 Cf, una discusión m ás am plia sobre H abermas en el estudio de Esteban Speyer en este volum en.
?J, H aberm as, le o n a de }a acción com unicativa. ¡, C ritica d e la razón ju n cio n a h sta ,T n m u $ , Madrid,
1 9 9 9 , p. 4 7 2 - 5 0 8 . En adelante citaré esta obra de 198 1 e n d o s volúm enes com o TAC, I ó 11, en el
cuerpo del texto.
8 Sobre el debate Gadam er-H abermas, cf. el estudio de Esteban Lythgoe en este m ism o vo 1am en .
historischen M ateríalismus (1 9 7 6 ) se plasmó ese proyecto que supuso un intento
de “desm ontar una teoría y luego (...) recom ponerla en forma nueva con el
único objeto de alcanzar m ejor la meta que ella mism a se ha im puesto: tal es el
modo norm al de habérselas con una teoría [el m arxismo] que en algunos pun
tos necesita una revisión, pero cuya capacidad estimulante di sta m ucho de estar
agotada”.9 Tres eran las tareas a realizar: 1) despejar toda filosofía de la historia
sin derivaren u n planteo positivista, 2) estudiar los fundam entos norm ativos
de la teoría m arxiana, y 3) establecer el lugar de la acción com unicativa en la di
námica del cam bio sociohistórico propuesto por el m aterialismo h istórico.
El nervio de la p ropuesta “m aterialista h istó rica1’ de H aberm as consistió
en defender la idea de que el desarrollo del yo m uestra en el nivel o nto g ené
tico el proceso de form ación de m o d o s h istó rico s de vida so cial ling ü ística
m ente m ediada. Las so cied ad es se p o d rían ordenar p artiend o desde las
form aciones m ás sencillas a las m ás co m p lejas siguiendo los patrones del yo
e im ágenes del m u ndo que organizan el o brar com u nicativo. Tales esquem a-
tizaciones no tenían un correlato historiográfico necesario. N o eran traduci
bles inm ed iatam ente a un programa de investigaciones histórico-em píricas,
sino que se m antenían en el nivel teórico, en todo caso utilizables para el dis
curso práctico al m odo de la idea de historia universal en K ant: “la aplicación
diagnóstica de las teorías evolutivas ún icam ente tiene sentido en el contexto
de la co n stitu ción discursiva de la voluntad, esto es: en una argum entación
práctica en la cual se trata de averiguarpor qué en ciertas situaciones ciertos ac
tores eligen ciertas estrategiasyciertas norm as de acción en lugar de o tras”.10
Esas construcciones “universales”, desde luego y contra Habermas, pueden ser
vistas co m o e tn océn tricas y parciales.
Cinco años m ás tarde Habermas publ ico su Teoría d é la acción com unicativa,
que continuaba y m odificaba la teoría de la evolución. Allí partía del últim oes-
tadio, la m o d ern id ad , siguiendo a M ax W eber en su teoría del d esen can ta
m iento del m u ndo (TA C , l,p . 1 9 7 y s s .;ll,p p . 4 6 2 -4 6 9 ) . La legitim idad de
la sociedad que antes proveía la religión se escind ió en los ám b itos profanos
de la ciencia, la moral y el arle. En éstas se verificó un proceso de “especializa-
ció n ” que las alejó de la com u nidad de habla cotidiana y dism inuyó sus po
tencias para co n trib u ir a la co n stitu ció n de norm as. A unque la ilu stració n
1Lévi-Strauss, Claude: Antropología estructural ( 1 9 5 8 ), trad.: Elíseo Verón, Eudeba, Buenos Aires,
1 9 6 8 , p. 3 2 . (En adelante: AE seguido del N° depágina.)
I•I punto de partida para esta disquisición reside en la opción decisiva que
•■i11ione el m en cion ad o “p rin cip io fu ndam ental”: co n tra otras versiones del
r-.i i ucturalismo a n tro p o ló g ico -b ie n representadas en el m étodo condu cido
Iwir el inglés R ad cliffe-B row n -, L évi-Strau ss defiende la ín d o le irreductible
ilcla estructura social a las relaciones sociales existentes, así co m o el carácter
¡mi ficial de las reglas de p aren tesco , n o derivable de los lazos biológicos. En
i «i Kisición a la deriva naturalista de las instituciones sociales y a la fijación em -
I >insta e n e l diseño de los m o delos correspondientes, Lévi-Strauss establece
r<m firm eza la d isco n tin u id ad de lo s n iv eles; su n o ció n de la “estru ctu ra”,
|e)i*sde incorporar de entrada el registro de un co n ju n to de h ech os observa
dos, co nd u ce a un tip o de m odelo de e labo ración y de in telig ibilid ad lógica
n i un sentido acord e co n el im pulso inaugural de la lingüística saussuriana,
basado en la inteligibilidad de la lengu a com o un sistem a de relaciones n e ce
a r ía s sólo accesible m ediante un enfo qu e sin crónico. En cu anto sistem a de
signos, la lengua es aprehendida siem pre en uno de su s estados, es decir, en
un m om ento de equ ilib ración de sus un idades, el que co rresp o n d e a lo que
Saussure llam a “el e je de las sim u ltan eid ad es”, m etód icam en te o p u esto al
“eje de las su cesiones”, el cual rem ite a las alteraciones del sistem a a través del
i icm poy, p or tan to , a la histo ria y la e v o lu ción (Saussure prefiere h ab lar de
"diacronía”). La ejem plaridad de la iniciativa saussuriana -s u bachelardíano
"corte e p iste m o ló g ic o "- reside en el deslind am iento rigu roso de la lingüís-
i tea estática respecto de la lingüística evolutiva con el co nsigu iente prim ado
cog noscitivo de la p rim era, ya que indagar las m u tacio n es del sistem a im
plica saber có m o el sistem a está constituido.
Lévi-Strauss, quien repetidam ente ha invocado la obra de Saussure y de su
escuela com o paradigm ática para las disciplinas h um anas y sociales, reasume
por su cuenta, en el terreno antropológico, la idea de que la inteligibilidad de
los fenóm enos sociales debe buscarse en el sistem a relacionalclel que form an
parte y que ese o bjetivo sólo es obten ible asumien do una perspectiva sin cró
nica de la que, por definición, está ausente la tem poralidad histórica. La pro
longación co n sisten te de esa a ctitu d , acom pañada de una co n cep ció n de la
historia (resg esta e) co m o su cesión de hech os discretos y dispersión “aconte-
cim iental” cuyo co nocim iento es, para la etnología, instrum entalm ente servi
cial pero co n cep tu alm en iesu baltern o ,realzaa la estructura co m o verdadero
o b je to teórico y, en el m ism o m o v im ie n to , relega a la d iscip lin a que provee
aquel tipo de in fo rm ació n (h istoria r eru m g esta ru m ) a un estatus categ orial
ancilar respecto del m étodo cien tífico privilegiado, el Estru ctu ralism o.2Tal
es la situación que delinea la correlación distintiva historia-etnología cuando
Lévi-Strau ss vuelve m ás específica la co n ex ió n intern a a esa división del tra
bajo acad é m ico . Pues el e tn ó lo g o , en su o p in ió n , tom a en co n sid eración
tanto lo s procesos h istó rico s co m o las ex p resion es co n scien tes de los fenó
m eno s so ciales, pero só lo co n el fin de “elim in ar todo lo que ello s d eben al
aco n te cim ien to y a la refle x ió n ”; lo que le im p o rta es trascend er “la im agen
co n scie n te y siem pre diferente que los h o m b re s se form an de su devenir”
para arribar a “un inventario de posibilidades inconscientes” cuyo repertorio
prov ee, en definitiva, “un a arquitectu ra lógica a [los] desarrollos histó ricos”
(AE, 2 3 -2 4 ) . Los térm inos so n inequívocos y rem iten a uno de los propósitos
m ás am b icio so s de L évi-Strau ss, declarado, entre otros lugares, en un diá
logo filosófico co n Paul Ricoeur. C uando e n esa ocasión este últim o entendió
que el asedio lévistraussiano a un “inventario" de esas características asumía
la form a de u n “k antism o sin su jeto trascend ental”, la descripción fue acep
tada sin sobresaltos por su interlocutor, para quien el bu scado “inventario de
las co n striccion es m entales” podía, sí, recordar a K ant, pero co n la diferencia
de q ue, en este caso, la indagación se situaba fuera de la propia cu ltu ra, des
p lazándose a los lím ites m ás alejad os. M ed iante tal “transp osició n de la in
vestigación k an tian aal dom inio etn o ló g ico ”, el antropólogo estructuralista
buscaba determ inar “las propiedades fundam entales y constrictivas" válidas
para todas las m entes, cualesquiera fu eren las sociedades involu cradas.3
n al, com bin atorio... un sistema categoría! sin referencia a un sujeto pensante". (Cf. Ricoeur, Paul:
“Structure et h erm éneu tique”, en el m ism o N° de Esprit, p. 6 0 0 ) . E n otro diálogo de la m ism a
época, Lévi-Strauss se expresa en térm inos parecidos sobre el sentido de su “kantism o". E in cluso
agrega: “filosóficam ente, me siento cada vez m ás kantiano... porque creo que la antropología es una
filosofía del con ocí m íen toy el c on ce p toy pienso que sólo situándola en el plano de este últim o se
puede tratar de h acerla progresar”. Cf. C aruso, Paolo: ConversacionesamLevi-Strauss, Foucaulty
, 1 9 6 9 ,pp. 2 3 y 3 3 .
Si la bú squ ed a de ese In co n scien te clasificatorio e stab lece un horizonte
transcultural que vuelve e m p íricam en te irrelevante toda m arca h istórica,
o tros desarrollos pa rticulares de la obra de Lévi-Strauss tienen en cu enta las
m odulacion es del tiem po h istó rico y su pertinencia para la tarea an tro p o ló
gica . H asta tal p un to aprecia esa p ertinen cia que en diversas oportu nidades
ha d esestim ado la fórm ula “p u e b lo s sin h isto ria” co m o u n a ap elación des
acertada que sólo alude a una situación de h e ch o , lam entable, es decir, la fre
cu ente au sencia o pobreza de reg istros del pasado en las so cied ad es que
estudia el antropólogo. Si bien “la historia de estos p ueb los no s es totalm ente
d e scon ocid a” y, p o r eso, “quedará parasiem pre fuera de nu estro alcance, no
cabe concluir que ella no existe” (A E, 92 -9 3 ). Cuando en cam bio es posible o b
tener datos sobre estados sucesivos de una com unidad indígena (en la Antro
pología estructural se m encionan algunos ejem plos), el antropólogo atesora esa
inform ación, pues ella le perm ite enriquecer sus claves interpretativas. Lévi-
Strauss ha insistid o en las ven tajas de co n tar co n in fo rm acio n e s p recisas
sobre las alteraciones en la vida de lo s pueblos estudiados por el antropólogo
para una m e jo r detecció n de las estru ctu ras y de los factores que las m o d ifi
can. Ese interés, e n su caso, es coheren te co n una am bicionada recuperación
de lo co ncreto (reverso de su recelo del form alism o) q u e , para él, constituye
el test final de la investigación etnográfica: en el diálogo co n R icoeur, afirm a
que “el etnólogo trata tam bién de restituir el sentid o , com pletando sus prue
b as objetivas por la intuición”4 y, en otro lugar, se lam enta cuando el acceso al
pasad o es ya im p o sible y sólo restan in co n ex o s v estig io s de una form a de
vida, de que “lo esencial, es d ecir la m anera e n que todo eso se co m b inaba en
u n a e x p erien cia vivida... h a desap arecid o , y desaparecí do para sie m p re ”.5
P or eso, cu anto m ayor sea el co n o cim ien to de las transiciones que p reced ie
ron al estado actual de las sociedades estudiadas, m ás válido será el resultado
de ese estudio.
A hora b ie n , e n cada o casió n esa actitud receptiva ante lo s datos que
puede proveer la inv estigación h istó rica no se desvia de una p ercep ció n de
tal co n cu rso co m o auxiliar y m ed iatizable: es m ás la datació n y la fijació n
tem poral de un desarrollo que la historicidad de la sociedad en la que incidió
ese desarrollo. Si e ntend em o s la histo ricid ad com o u n atrib u to d inám ico y
6Sartre,Jean-Paul: Critique íid araiso nd iíikctújue.t.l.G allim ard , París, 1 9 6 0 , p. 11. (En adelante:
CRD seguido del N° de página.)
7En térm inos generales, la argum entaciónantisartreana de “Historia y d ialéctica”—el últim o capí
tulo de El pen sam iento s a lv a je - es la m anifestación más expresiva del rechazo del Estructuralism o
a varias aserciones filosóficas cuya obsolescencia constituía ia premisa negativa de su elaboración
teórica; la actividad constituyente de la conciencia, la soberanía del sujeto, la translucidez de la pra
xis, la reapropiación del sentido de la Historia, el conjeturable fin de las alienaciones. Las diversas
líneas del postestructuralismo considerarán ese conjunto de postulados, en los casos en que resur
gen, com o puros arcaísm os, m ás pasiblesdel sarcasmo que de la refutación. En ese aspecto, el texto
lévistraussiano prom ovió un em ergente sentido com ún tanto más eficaz cuanto que sus tesis d i
suasivas no inspiraron ninguna contraargum entación de relieve en el cam po filosófico.
“cuesta trabajo descubrir si se trata de [(a)] esa historia que los hom bres hacen
sin sab erlo; o de [(b)] la historia de los ho m bres tal co m o los historiadores la
hacen, sabiéndolo; o, por últim o, de [(c)] la interpretación, p o rel filósofo, de
la historia de los hom bres, o de [(d)¡ la historia de los historiadores”.8
Esa distribución -irón icam en te esgrimida para sugerir un confusionism o
co ncep tu al favorecido por el uso polisém ico de la n o ció n de h is to ria - no es
tru ctu ra la rép lica lévistraussiana, pero aqu í resulta útil para distinguir sus
blan co s e sp ecífico s. De éstos, el m ás o sten sib le es el papel p resuntuoso del
filósofo de la h isto ria, por u n lado exégeta intran sigente del relato histó rico
(d ), p o r otro dispensador e tn o cé n trico de h istoricidad (c ) a sus congéneres
cu ltu rales y, siem p re, o rácu lo o m n iscie n te de la praxis ciega de los agentes
(a ), todo ello en abism al co ntraste co n el saber puram ente clasificatorio que
seria el propio de la disciplina histórica (b). Esta últim a caracterización es, de
h ech o, la epistem ológica piedra de toque de la argum entación; Lévi-Strauss
le consagra un espacio m u ch o m ayor que a las otras refutaciones y, tam bién,
en el m arco de toda su o bra, el tratam iento co ncep tual m ás dilatado.
Sus n o tas p rin cip ales so n éstas: la h isto ria (b ), co m o toda discip lin a, se
vale de una co d ificació n (la cron olog ía) cuyos “d o m inio s” (m ilenios, siglos,
años) son discontinuos; siendo sólo m étodo y no estando necesariam ente “li
gada al h om bre”, su utilidad consiste en inventariar los elem entos “de una es
tructura cu alquiera, hum ana o no hu m ana” (P5, 3 8 0 ); tiene una relación de
sim etría co n la etnolo g ía, en cu an to am bas se o cupan del aban ico de las so
cied ad es hu m anas, una e n el tiem po y la otra en el espacio. A firm ada co n
vigor esta deflación de la em inen cia de la historia (b ) co m o rama del co n o ci
m iento social, L évi-Strauss puede e jercer todo su sarcasm o co n los desliza
m ientos especulativos (d) y las im postaciones injustificadas (c) a que ella ha
dado lugar. En particular, es el inm oderado apego a la tem poralidad (com o
categ oría d elm ito ria) el o b jeto de su irrisión : e n lo que parecen ser ecos de
una antigua im paciencia ante el bergsonism o,9 sugiere que la ilusión de tem
poralidad restituida, de acceso “al ser m ism o del cam bio ” que daría la historia
R em oto F ran ce sco , E structura e H istoria. L a a n tropología d e L év i-S trau ss, trad.: Fran-
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La filosofía alemana y los problem as de
“la” historia (1 7 7 4 -1 8 3 0 ). La metafísica del Plan
M artín H, Sisto
Un en sa y ojilo sójico
q u e trate d e c o n s tm ir la h is t o ñ a universal
con a rreg lo a un Plan d e la N a t u r a le z a ...
no s ó lo d eb em os c o n sid erarla com o posib le,
sino q u e es m en ester q u e lo pen sem os
en su efec to propulsor.
Kant
1 T hecom plet Works o j Volteare, p .3 2 , IntroductionQ . H. Brum fitt). Tomo 59, Instituí et Musée Vol
taire, Genéve-U niversity o f Toronto Press, 1 9 6 9 .
aparece co m o la parte ad o ra fundam ental, no sólo en la historia religiosa sino
tam bién en la civil. F rente a las graves lu chas religiosas de la épo ca, Bossuet
considera en principio que de haber unidad religiosa en Europa, ésta no se logra
identificando e lem en tosen com ú n entre las distintas sectas. Ya otro filósofo
había entrado en polémica a fines del siglo xvii con la posición de Bossuet: Leib-
niz. El filósofo alem án escribiría m ás tarde una T e o d ic e a (1 7 1 0 ). En discusión
co n Fierre Bayle, también com o Bossuet, demuestra cóm o la Providencia actúa
en la Historia. Pero el acento aquí está dado por el título del prim er apartado de
su libro: “Tratado sobre la correspondencia entre la fe y la razón”. Leibniz, tam
bién científico y diplom ático, intenta a diferencia de Bossuet una conciliación
entre las religiones sobre la base de un entendim iento com ú n. Para ello bu sca
m ostrar có m o las verdades reveladas del cristianism o son e n realidad accesi
bles a la mera razón. Sólo que en térm inos históricos llegar a ellas es fruto de un
largo proceso . Ahora b ie n , com o dichas verdades son necesarias para la salva
ción, Dios las reveló al hom bre en un determinado m om ento de la Historia. De
tal m odo, esta “teodicea"2-n o m b re acuñado por L e ib n iz - atenúa la co nsid e
ración de la Encarnación com o el acontecim iento decisivo que divide en dos la
Historia, y vuelve relativo el “antes” y “después” de C risto. Aun así, y a diferen
cia de la antigüedad, en donde la Historia esentendida en térm inos circulares,
en la concepción de Leibniz sigue preservando el esquem a lineal de la tradición
ju d eocristian a: es decir, la H istoria no es entendida e n térm inos cíclico s, a
m odo de laN aturaleza, sino co n un origen y un destino diferentes entre sí. El
título com pleto de esta obra leibniziana es el siguiente: E n sa y o s d e t e o d ic e a s o b r e
l a b o n d a d d e D ios, l a lib e r t a d d e l h o m b r e y el o rig en d el m a l. El sello de Leibniz du
rará largo tiempo. Así Hegel, por ejem p lo, señala en las L ec c io n es s o b r e F ilo s o fía
d e la H isto r ia U n iv e r s a l:
1 De 1griego "theos" D ios, y “á ikazei n" decir correctam ente, j uzgar, decidir.
■*En este capítulo y los siguientes abundaré en citas que a m i modo de ver son claves para la lectura
de sus textos, y que dada la extensión de la obra de estos filósofos, ellas sirvan com o puntos de re
ferencia para afrontarlos. La aclaración de las abreviaturas seencuen tran en la Bibliografía.
Pero el acento que notábam os en Leíbniz será m u cho más que u n acento,
co m o verem os luego.
A la relativización del antes y despu és de la H istoria que h em os m e n c io
nado , se le sum ará luego la p u jan te au to con cien cia de la Ilustración: es una
época en la que se reflexiona m u cho sobre el lugar de la cultura del tiem po en
relación co n la H istoria. La autocon ciencia ilustrada genera una revisión h is
tórica co n el fin de esclare cer su lugar. Y el resultado - u n p oco b u s c a d o - es
una interpretació n de la Historia en la q ue, e n cierto sentido, el m ovim iento
ilustrado resulta el vértice de todo su acontecer. C uando uno lee los textos de
algún pensador de la Ilustración, da la im presión de que toda la H istoria esta
esp erand o este m o vim ien to cu ltu ral. Y m u ch o s de ello s bu scan rastros de
ilustración en la Historia anterior. El lema de esta autoconciencia histórica es
La R azón . Esta co n cie n cia de si de la Ilu stració n logrará su esp len d or co n la
R evolución Francesa, de la que se proclam a inspiradora. R ecordem os que la
R evolución F rancesa intentará cam biar la d atación de la H istoria en su tota
lidad: pretendía co nstituirse en el año cero.
V oltaire, d ecíam o s, quizás el rep resen tan te m áxim o de la Ilu stració n ,
narra una h isto ria en la cu al la in terv en ció n d ivina no cu en ta co m o parte
efectiva, en contraste co n la obra de Bossuet. T iem po después tam bién tom a
p o sic ió n co n tra el o p tim ism o de Leibniz en una pequeña o bra, cu yo título
n o s dice m u ch o : C an d íd e, ou Voptim ism e (1 7 5 9 ) . Pues cu rio sam en te, aun
sien d o ilu m in ísta, Voltaire rechaza el o p tim ism o racionalista leibn iziano.
So b re este trasfon d o de d iscu sio n es su rgirán las nuevas teorías filosóficas
sobre la Historia, co m enzan d o p o r Herder.
“( ...) porque todas las escenas (Szenen) en que cada actorsólo desempeña un
papel en el que puede desempeñarse y ser feliz, todas esas escenas también
pueden constituírun todo, una representación total.. ."(Herder, TF 114)
“(...) no es posible evitar cierta desgana cuando se contempla su ajetreo sobre
la gran escena del mundo (W eltbühne) (Kant, ¡HUC 41) ( ...) el gran teatro
(Schauplatz) de la sabiduría suprema. . . ” (Kant, íHUC 63)
“Hay la conocida anécdota de César, que refiere que en un pequeño munici
pio halló las mismas aspiraciones y actividades que en el gran escenario
(Schauplatz) de Roma. Los mismos afanes y esfuerzos se producen en una pe
queña ciudad que en el gran teatro del mundo (Weluheater)." (LFHU 39)
1 Por los m otivos aquí expuestos, utilizarem os la palabra “H istoria” con m ayúsculas, teniendo en
cuenta que el objeto de estos pensadores es fundam entalm ente '‘La” h istoria, en el sentido que lo
aclaram os eneste capítulo.
3 “Un telabrégé, M onseigneur, vos propose un grand sp ectacle” (p. 6 6 6 ) Discuurssurl'hisroire uni-
verselle, Ouvres, Textesétab líset annotés par l’abbé Ve lat ei Yvonne Champailler, Paris, Gallim ard,
1961.
1. Problemas metafísicos y prácticos. La continuidad de la
civilización
6 Todo el com ien zo del libro X V d e IFHH desarrolla esta cuestión. “Triste suerte la del género hu-
m anoque a despecho de todos susesfuerzos está condenado a la rueda de Ixionte, atadoa la peña
de Sísifo y sentenciado a la angustia de T ám alo . Nos vem os en el trance de querer y luchar sin ver
jam ás el fruto com pleto de nuestros esfuerzos ni ver de toda la historia un verdadero resultado de
to dos los afanes hum anos". (IF H H 4 8 8 )
7Véase tam bién IHUC 5 5 .
“La historia nos arranca a lo más noble y más hermoso, por qué nos interesa
mos. Las pasiones lo han hecho sucumbir. Es perecedero. Todo parece pasar
y nada permanecer." (Hegel, LFHU 25)
La pregunta es en to n ce s acerca del sentido que pueda tener todo este es
fuerzo. No sólo los acontecim ien tos del 11 de septiem bre de 2 0 0 1 nos su sci
tan nu ev am ente estas pregun tas; tam bién qu ien es han asistid o a los
resultados po sterio res a la Segunda G uerra M undial se las h ic ie ro n , aparte
del ho rror vivido por m illones de seres hu m anos, que fue tan grave que hizo
que esas preguntas lógicam ente pasasen a un plano m uy inferior.
“( ...) ¿a quién, a qué fin último, ha sido ofrecido este enorme sacrificio? Aquí
es donde habitualmente se plantea el problema de aquello que ha constituido
el comienzo gene ral de nuestras consideraciones. ” (Hegel, LFHU 64)
Este sacrificio tendrá sin duda u n valor moral inestim able, pero la exigen
cia hu m ana im p lícita en este esfuerzo es, co m o cap tan e sto s filósofos, m ás
am plia todavía. No nos basta que el valor de esas obras quede redu cido al as
pecto m oral. El intento de respon der a este problem a se abre cam in o en dos
direcciones, una teórica y otra práctica.
La dirección p ráctica apunta a la respon sabilidad histórica co m o co n cep to
articulador. Se pregunta si tiene sentido hablar de la responsabilidad por una
tarea en co m ú n de nuestra generación, es decir, si m ás allá de la respon sabi
lidad m oral inm ed iata en cu anto a nu estras accion es, ten em os alguna o b li
gación com o generación co n respecto a q u ien es nos suceden.
H erder llega a cu estion arse in clu so sobre n u esira resp on sabilid ad con
respecto al legado de las generaciones precedentes. C om o vem os, son temas
que raram ente se ven dentro de lo que llam am os “é tica”.
Ahora bien , la pregunta de carácter práctico acerca de la responsabilidad
histórica llevará a retom ar de un m odo nuevo la reílexión acerca de un tópico
teórico de la filosofía y de la teología clásicas: la cuestión de si Dios o - e n la ver
sió n más in m an e n te- la N atu raleza nos ay u d a en esta ta rea. ¿Podem os en co n
trar fu nd am entos de esta co labo ració n? Los tres filósofos respon derán que
s í; pero cada uno a su m o d o , distinguiendo el rol que toca a Dios y a los ho m
bres respectivam ente.
La continuidad de la civilización hum ana se encuentra con diversos o bs
táculos, de los cuales dos so n especialm ente graves: las guerras y las catástro
fes n atu rales. Las guerras constituyen una preocu pación constante de los tres
au to res, esp ecialm en te e n K ant: la fed eració n de naciones que este últim o
p ropone, apunta directam ente a dar una so lu ción política a esta am enaza de
d estru cción. Los efectos de las catástrofes m ás bien cu estionan tanto la fe re
ligiosa co m o la visión progresista de la m ism a Ilu stració n . C o n la plum a de
Voltaire (P oém es sur le d esastre de Lisbonne, e l su r ¡a loi naturelie, escrito al año
sig u ien te del terrem oto de L isboa de 1 7 5 5 ) y el co n te x to cu ltu ral de la
é p o ca , la cu e stió n ad q u iere una fuerza de o b je c ió n particular. E n lo que
c o n c ie rn e a la P rov id en cia, la pregunta será la qu e se repite en la filosofía y
en la e x isten cia de casi tod o ser hu m ano: si D io s quiere el bie n del h om bre,
¿cóm o p u ed e ser que p erm ita tanto este tipo de su cesos, co m o tam bién los
e fecto s de la m aldad h u m an a so bre los co n g én eres, e specialm ente los in o
cen tes? ¿Hay una ayuda o guía de la Providencia a pesar - o quizá para algu
n o s a tra v é s-d e estas circu nstancias negativas? Pregunta antigua, pero que
a p artir de esta é poca se plantea co n un n u ev o d esafío, co m o verem os m ás
adelante. N uestros filósofos tratarán de ver sí hay un legado que trasciende
las destru ccion es y el p erecer de las civ ilizacion es y e n caso positivo, de de
term in ar en qué co nsiste.
Las distintas reflexiones apuntan, en form a explícita en Herder y en K ant,
a la esp era n z a y a no desfallecer en la propia obra:
‘‘Si yo lograra unir las escenas más dispares sin entremezclarlas, si lograra de
mostrar en qué forma se relacionan (...) [Qué estímulo para tener esperanzas
para obrar, para creer incluso allí donde no se ve nada o no todo!’’ (Herder TF 63)
“La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace con
cebirla esperanza ( ...) de que podrá descubrir en el juego de la libertad hu
mana en grande un curso regular.. (Kant, IHL/C 39; véase también epígrafe
del presente capítulo)
N otem os que la esperanza era para la teología trad icion al9 una de las tres
virtudes teologales. Pero aquí adquiere otras resonancias. No se trata e n p rin
cip io de la virtud teologal sin o de determ in ar si es p o sib le en co n trar fu nda
m ento co n la so la razón - e n esp ecial, in d ep en d ien tem en te de la Sagrada
E sc ritu ra - para sostener una espera positiva.
Por ú ltim o , u n o de los asp ecto s co m u nes en las respuestas de estos p en
sadores a los problem as planteados es la tesis de que la H is t o r ia e s u n a e s p e c ie
d e e d u c a c ió n d iv in a d e l g é n e r o h u m a n o . No sólo nu estros tres filósofos so stie
n e n cada uno a su m anera esta tesis (y el opúsculo de 1 7 7 4 de H erder la lleva
en el título); otros contem poráneos la com parten. Q u ien se destaca en ello es
G o tth o ld E p h raim Lessing ( 1 7 2 9 - 1 7 8 1 ) , e n especial co n su ensayo L a e d u
c a c i ó n d e l g é n e r o h u m a n o , de 1 7 8 0 (co m o vem os p o ste rio r a la prim era obra
de Herder sobre el tem a). Basta citar el prim er parágrafo de su libro:
* Aun cuando cabe aclarar que sólo ciertas versiones del cristianism o refieren !a esperanza ex clu
sivam ente al más allá.
9 En todo este capítulo la expresión “tradicional” no es sinónim o de “tradicionalisia”.
t ra p o n e r este se n tid o m á s a m p lio a la p reten sió n d e qu e las religiones revelad as
(n o s ó lo del cris tia n is m o ) p r o p o r c io n a n u n c a m in o im p o sib le de tran sitar p o r
o tro s m e d io s . T am b ién el c ristia n ism o de la trad ició n a c e p tab a qu e to d o era re
v e la c ió n , p e ro n o en el m is m o s e n tid o , au n q u e e s to n o sign ificase q u e a m b o s
tip o s d e r e v e la c ió n fu esen c o n tr a p u e s to s . D esd e e ste p u n to de v ista, L essin g
co n tin ú a la p o sició n in iciad a p o r Leibniz p resen tad a m ás a rrib a. Si la revelación
cristia n a es relativ izad a c o m o u n co n o cim ie n to qu e tam b ién p u ed e alcan zarse
p o r o tro s m e d io s ra c io n a le s , e n to n c e s la p re te n s ió n del c ris tia n is m o d e q u e el
n a c im ie n to d e je s u c r is to d iv id e la H istoria en a n te s y d esp u és, p ierd e fu erza10.
O t r o a s p e c t o d e la d o c t r i n a d e L e s sin g , p e ro q u e e n c o n tr a m o s d e alg ú n
m o d o e n H e rd e r, y p r o g r e s iv a m e n te m á s a c e n tu a d o e n K a n t, H eg el y lu e g o
M a r x , es el c a r á c t e r e s c a t o l ó g i c o d e su s filosofías d e la h is to ria . O , d ic h o e n
fo rm a m á s p r e c is a , el c a r á c t e r in m a n e n te d e la m e ta d e la H isto ria . Si p a ra el
c ris tia n is m o d e la tra d ic ió n el fin d e la H isto ria c o n s is te e n u n ju ic io final d e
lo s h o m b re s p o r p a rte d e D io s , j u ic io tra s c e n d e n te a la H is to ria , e n e sta s filo
so fía s d i c h o e s ta d io ú ltim o p a s a a c o n f o r m a r el m o m e n to c r o n o ló g ic o final
d e la H is to ria tal c o m o la c o n o c e m o s , c o n distin tas c a ra cte rís tica s d e a c u e rd o
c o n c a d a a u to r. Se d is c u te , p o r e je m p lo , si p a ra H eg el se m e ja n te final exis te .
P e ro n o es difícil p r o b a r q u e en su filosofía la H isto ria está p lan tead a en fo rm a
a p ro x im a tiv a a u n o b je tiv o in m a n e n te , y n o h a cia u n a ru p tu ra c o n la H isto ria
e n q u e v iv im o s , tal c o m o ta m b ié n s u c e d e en K an t. M u ch o s e s tu d io s o s r e c o
n o c e n e n j o a q u í n d e l F i o r e ( 1 1 4 5 - 1 2 0 2 ) u n i m p o r ta n te a n te c e s o r d e e sta s
id e a s . F u e q u iz á s el p r i m e r o e n t e m p o r a liz a r la S a n tísim a T rin id ad : P a d re ,
H ijo y E s p íritu S a n to c o r r e s p o n d e n a tres é p o c a s d e la h u m a n id a d . E l id e a
lis m o a le m á n to m a r á e s ta id e a y la d e s a rro lla rá e n su filosofía d e la h is to ria ,
c o m o v e r e m o s e s p e c ia lm e n te e n H e g e l.
P e r o a n te s d e p a s a r al sig u ie n te a p a rta d o , v e a m o s u n p o c o m á s e ste m o
d e lo p e d a g ó g ic o d e la H isto ria . A n á lo g a m e n te a la v id a del in d iv id u o , la H is
to r ia d e l g é n e r o h u m a n o tie n e su in fa n cia , su a d o le s c e n c ia , su a d u lte z . La
in fa n c ia co in c id e c o n la h is to ria d el p u e b lo h e b re o del A n tig u o T e s ta m e n to .
P a ra d a r d ir e c ta m e n te u n a id e a d e e ste tip o d e in te rp re ta c ió n :
10 La revelación es para el cristianism o no sólo con ocim ien to de sí que Dios otorga, sino tam bién
salvación, porque ambas cosas son no un mero saber sino la persona d ejesucristo. En este capítulo
nos lim itam os al aspecto cognoscitivo, que se obtiene por abstracción. Por razones de espacio no
ahondam os aquí en el tem a, baste señalar que es muy im portante para com prender el destino de la
filosofía de la historia.
“M ientras co n d u cía Dios a su pueblo elegido por todos los grados de la ed u
cación infantil, habían proseguido los dem ás pueblos del orbe su cam ino a la
luz de la razón. Los m ás de ellos se habían quedado m uy por detrás del p u e
blo elegid o; sólo algunos se le habían ad elantado. Es lo que su ced e tam bién
con los niños a quienes se deja crecer por sí m ismos: m uchos se quedan en es
tado com pletam ente tosco y unos cuantos se autoform an m aravillosam ente”
(Lessing, 5 7 7 ).
E n la o b ra m a d u ra d e H e g e l la a n a lo g ía p rá c tic a m e n te d e s a p a r e c e , q u izá
p o r la m a y o r a d m ir a c ió n p o r la cu ltu ra g r ie g a , a la q u e su g e n e r a c ió n a n h e la
c o m o id eal e n m u c h o s d e su s a s p e c to s .
L a a p r o p ia c ió n d e e s ta s c u e s tio n e s , m u c h a s d e e llas h a s ta el m o m e n t o
p e r t e n e c ie n te s e x c lu s iv a m e n te a la te o lo g ía , n o se p r o d u c e s in u n e s fu e rz o
co n s id e ra b le a n ivel e p is te m o ló g ic o , si se q u iere re s p o n d e rla s c o n “el a u x ilio
de la so la r a z ó n ” (y e n p a r te e s ta d is c u s ió n v e rs a rá s o b re la c o n c e p c i ó n d e la
ra z ó n ). E s p r á c tic a m e n te lo ú n ic o q u e K a n t v a lo riz a d e la p rim e ra p a rte d el
lib ro d e H e r d e r I d e a s p a r a u n a f i l o s o f í a d e la h is to r ia d e la h u m a n id a d ( 1 7 8 4 ) :
Mu |un-mi n| c .« cíe n le ( . . . ) está en la valentía co n que el autor supo superar
l i i ■,( 111|mli is propios de su e sta d o -q u e tan frecuentem ente estrechan la fi-
l<>-.i >1i.i para atenerse a la m era búsqueda de la razón y a lo que ella, p or sí
111 r.m a , puede alcanzar. En este punto le deseam os m uchos continuadores”
(R c s cñ a d e K a n t, 1 0 2 ).
D el in te n to d e re s p o n d e r a lo s p ro b le m a s a rrib a e x p u e s to s c o n el a u x ilio
de la so la r a z ó n s u rg irá n así n u e v o s p la n te o s e p iste m o ló g ico s11. P u es re s p o n
d e r a tal d e sa fío re q u ie re d e s a r r o lla r o tro s tip o s d e a rg u m e n ta c io n e s . T o d as
e s ta s p r e o c u p a c i o n e s se c o n c e n t r a n e n u n a p a la b ra : el P la n . Se t r a ta d e e n
c o n t r a r u n “P la n ” e n la H i s t o r i a , q u e p o r u n la d o p a re c e ta n r e a c ia a la s is te
m a tiz a c ió n y a la v e z ta n c o n c e r n ie n te a lo h u m a n o . E s en e sta d ire c c ió n e n la
q u e se d e s p le g a rá n lo s m a y o r e s e s fu erzo s in te le ctu a le s d e n u e stro s filósofos;
11 La filosofía anterior a Kant no necesariam ente m ezclaba filosofía con Revelación, razón con fe.
No esaq uí el lugar para un exam en adecuado de la cuestión. En el caso específico de la considera
ción de la historia, lo que sucede es que es la teología jud ía y cristiana tomaron en consid eración a
la historia antes de que ésta fuese objeto de la filosofía.
D e b e m o s c o n s id e r a r d o s c a ra c te rístic a s p e c u lia re s q u e p re se n ta la H is to
ria c o m o o b je to a e ste d esafio.
La p rim e ra es la d is c u s ió n e n to r n o d e la p o s ib ilid ad de la c ie n c ia d e lo p a r
t ic u la r . É s ta p a r e c e n o s e r p o s ib le , d e a c u e r d o c o n la tra d ic ió n a ris to té lic a y
p la tó n ic a ( d e sin g u la r ib u s n o n es t s c ie n t ia ). A m b a s c o rrie n te s , q u e r e c o rre n la
h is to ria d e la filoso fía, a u n la a r is to té lic a , q u e fre n te a la p la tó n ic a p re te n d e
r e c u p e r a r el v a lo r o n to ló g ic o ir r e d u c tib le d e lo in d iv id u a l, s o s tie n e n q u e
s ó lo p o d e m o s c o n o c e r lo g e n e ra l p re s e n te e n las c o s a s , n o lo irr e d u c tib l e
m e n te p a r tic u la r . Y la h is to r ia c o m o c ie n c ia se p re s e n ta c o m o el in te n to p o r
a n to n o m a s ia d el c o n o c im ie n to d é l o p a r t ic u la r H e rd e r, p o r e je m p lo , a fro n
ta rá e sta c u e s tió n c o m o p ro b le m a p rin cip a l. Su e sfu e rz o se d irig e a c a p ta r lo
in d iv id u a l, y a se tra te d e u n a c iv iliz a c ió n , u n a é p o c a y c u ltu r a , e n su ir r e p e
tib le e s p e c ific id a d . P a ra K a n t la H is to ria e s fu n d a m e n ta lm e n te s u c e s ió n de
a c o n te c im ie n to s (ta l c o m o se d e d u c e -a u n q u e n o d e f in e - d e su H is t o r ia n a -
t u r a ly t e o r í a g e n e r a l d e l c ie lo , 1 7 5 5 ) . R e s p o n d ie n d o a lo s e s q u e m a s e x ito s o s
d e la c ie n c ia d e la é p o c a , K a n t a p u n ta rá m á s b ie n a e n c o n tr a r r e g u la r id a d e s .
H e g e l, fin a lm e n te , te n d rá e n c u e n ta a m b o s in te n to s : la b ú s q u e d a d e u n a d i
n á m ic a e x p lic a tiv a d e la H is to ria q u e n o d e sc u id e la p e cu lia rid a d d e su s m o
m e n to s c o n c r e to s .
P e r o a e s ta p a r tic u la rid a d d e l o b je to “H is to ria ” se le a g re g a u n e le m e n to
n o p re se n te e n lo s p ro c e s o s n a tu ra le s : la lib e r t a d . E s d ecir: ¿h ay re g u larid ad es
a p e s a r - o a t r a v é s - d e la lib e r ta d h u m a n a ? E n su é p o c a la s o c io lo g ía se e n
c o n tr a b a e n u n e s ta d o e m b r io n a r io , p e ro c ie rto s fe n ó m e n o s d o n d e n a tu r a
le z a y lib e rta d q u e p a r e c e n e n t r a r en c o m b i n a c ió n , e n la c u a l es d ifícil
d is c e r n ir la a c c i ó n d e c a d a u n o , lla m a n to d a v ía h o y la a te n c ió n . E s u n d a to
m u y in te re s a n te p o r e je m p lo , el q u e n o ta K an t al p rin c ip io d e las IH U C :
“Así, los m atrim on ios ( ...) p arecen , ya que la libre voluntad h um an a ejerce
tan grande influencia en los prim eros, no estar som etidos a regla alguna que
pudiera perm itirnos determ inar co n anticipación su núm ero y, sin em bargo,
las tablas estadísticas anuales de los grandes países nos m uestran que trans
cu rren con arreglo a leyes naturales con stan tes...” (K an t, IH U C 6 3 )
Y y a H e rd e r se ñ a la b a :
1 ) t leí h- 11a desalentar al hombre, a mi parece r, el hecho de que con los dul-
i es alanés que él llama amory en los cuales pone tanto empeño sirva casi tan
ciegamente como las plantas a las leyes de la naturaleza.” (Herder, I F H H 47)
12También entra en esta consideración la expresión "ese gran artista llamado Nat m aleza" de la Paz
P erpetua (suplem ento prim ero, De la garantía de la paz perpetua). El desarrollo teórico constituye
una extensa parte de h C rítica d elJu ic io .
13 Para acced er al concepto expuesto por el m ism o Hegei, rem itim os a la Enciclopedia de 1 8 3 0 ,
§2 0 9 . Nótese que d icho parágrafo se encuentra dentro delapartado denom inado “Q uim ism o'.
Hasta llegar a la paradójica y provocativa tesis de Hegel:
“Suele aconsejarse a los gobernantes, a los políticos, a los pueblos, que vayan
a la escuela de la experiencia en la historia. Pero lo que la experiencia y la his
toria enseñan es que jamás pueblo ni gobierno alguno ha aprendido de la his
toria ni ha actuado según doctrinas sacadas de la historia. Cada pueblo vive
en un estado tan individual, que debe resolver y resolverá siempre por sí
mismo.” (LFHU 157y ss.)
“Significaría una falsa interpretación de mi propósito creer que con esta idea
de una historia universal, que implica en cierto sentido un hilo conductor a
priori, pretendo rechazar la elaboración de la historia propiamente dicha, la
que se concibe de modo puramente empírico...” (Kant, ¡H UC64)
B rau er, Daniel, “La filosofía idealista de la historia” en Filosofía d e la H istoria. E nciclo
p e d ia Ib e ro a m e r ica n a d e F ilo s o fía . T rotta, M adrid, 1 9 9 3 .
H egel, Georg, Lecciones sobre lafilo so fia d e la historia u niversal, en 2 tomos ( 1 8 3 7 ), R e
vista d e O cciden te A rgen tin a, Buenos Aires, 1 9 4 6 . L FH U
H e rd e r Joh an n G ., F ilo so fía d e la H istoria p a r a la E ducación d e la H u m an idad (1 7 7 4 ).
Trad. :E .T ab ern ig, Nova, Buenos Aires, 1 9 5 0 . TF
-------------------- Joh an n G ., Ideas p a r a u n a filo s o fía d e la h isto ria d e la hu m an id a d (1 7 8 4 ),
trad.: J. R oviraA rm engol, Losada, Buenos Aires, 1 9 5 9 . IFH H
K a n t , Im m an u el, F ilo so fía d e la H isto ria , Buenos Aires, 1 9 5 8 , trad.: E. Estiú. C on
tiene varios textos. Las referencias de nuestro capítulo son al texto Id ea p a r a una his
toria un iversal en sen tido c o sm op olita. 1HUC, presente en esa edición También en ella
se encuentra la cita que pertenece a la Reseña de Kant a la prim era parte del libro de Her-
d erlF H H .
L e s s in g , G otthold E . , E s c r ito s filo s ó f ic o sy teológicos. Edición preparada y traducida
por Agustín Andreu Rodrigo. Editora N acional, M adrid, 1 9 8 2 . En especial: L a ed u
cación d el g én ero h u m an o (1 7 8 0 ) , p. 5 7 3 .
Verónica Tozzi
Introducción
D u ra n te la p r im e r a m ita d d e l sig lo x x , la d is c u s ió n e n to r n o d e la e s tr u c
tu ra y ju s tific a c ió n de las e x p lic a c io n e s d ad a s p o r los h is to ria d o re s c o n c e n tró
la a te n c ió n d e m u c h o s filó so fo s a n g lo s a jo n e s d e la h is to ria , p e rte n e c ie n te s
to d o s a la t r a d ic ió n d e la filo sofía a n a lít ic a .1A su v e z , el e n fo c a r el d e b a te e n
to r n o d e la n o c ió n d e “e x p lic a c ió n ” c o m o c o n c e p to c lav e p a ra d iscu tir el s ta
tus e p is te m o ló g ic o d el c o n o c i m i e n t o h is to rio g rá fic o d e b e e n g ra n p a rte su
o rig e n al p o lé m ic o artíc u lo d e C a ri H e m p e l L a fu n c ió n d e la s ley es g e n e r a le s en
la h is t o r ia . E s te tr a b a jo , a p a r e c id o e n 1 9 4 2 , tien e el m é rito d e h a b e r lo g ra d o
q u e la d is c u s ió n g ira ra a lre d e d o r de la a p licab ilid ad o n o a la h is to ria del m o
d e lo d e e x p l i c a c i ó n e x p u e s t o e n é l, lla m a d o d e la c o b e r t u r a leg al o d e s u b -
s u n c ió n n ó m i c a (e n a d e la n te T .C .L ). U n e je m p lo d el p ro p io H e m p e l n o s
fam iliarizará c o n su p ro p u e s ta . S u p o n g a m o s q u e q u e re m o s e x p lic a r el e s ta
llid o d el r a d ia d o r d e u n a u to m ó v il d u ra n te u n a n o c h e h e la d a . A lg u ie n m e
d ia n a m e n te v e r s a d o s o b re el te m a p o d r á n o m b r a r o tr o s a c o n te c im ie n to s
1Con la expresión filosofía analítica de la historia no se pretende dar la im agen de un grupo hom o
géneo de filósofos, por el co n tra rio , dentro de esta c o m en te en con tram os autores tan opuestos
com o Hempel y Dray. Sin em bargo pueden encontrarse ciertas sim ilitudes en el tratamiento de los
problem as. Las tesis que reflejan estas coincidencias pero no p o rim plicar aceptación sino o bjeto
de polémica son: existe una distinción entre enunciados analíticos y enunciados sintéticos; la tarea
específica de la filosofía es la búsqueda por m edio del análisis conceptual de las representaciones
privilegiadas, búsqueda que no se da en el ám bito de la m ente sino en el ám bito del lenguaje; la filosofía
descubre la forma lógica o estructura gramatical profunda a partir del análisis del lenguaje (ideal o
natural); ¡a epistem ología (la teoría del conocim iento) dom ina la antología.
miiH (lando cu cnta de su o cu rrencia: “...e l veh ículo perm aneció en la calle
d n ia n tc toda la no ch e ; su radiador, de h ie rro , se en co n trab a lleno de agua
hasta el borde y co n la tapa atornillada herm éticam ente. La tem peratura, d u
rante la no ch e , d escen d ió a 4 °C , al an o ch ecer, a -4 °C , en la m añan a; la p re
sión barom étrica era norm al; la p resión que soporta el m aterial del radiador
e s x ”( 1 9 7 9 ,p . 2 3 4 ) . ¿C u áles so n las razones que nos perm ítan co n e ctar los
su cesos aducidos con el que querem os explicar? Esp ecíficam ente, el co n o ci
m iento de ciertas co n ex ion es generales em p íricas que nos dicen que “( . . . ) a
0°C , co n presión atm osférica n o rm al, el agua se congela; por debajo de 4°C ,
la presión de una masa de agua aum enta al descender la temperatura, si el vo
lum en perm anece co n stan te o dism inuye; cuando el agua se congela, la pre
sión nuevam ente aum enta, [y, finalm ente, cierta] ley cuantitativa referenteal
cam bio de la presión del agua en función de su temperatura y volum en”(ibíd).
D ados los su ceso s aducidos y los enunciados generales que los co n ectan co n
el su ceso que querem os explicar, este últim o, el estallido del radiador, resulta
algo esperable o inevitable.
En su cesiv os trabajos H em pel ofrece send os relatos accesibles al sentid o
co m ú n de ex p licacio n e s de su ce so s de d iferente tipo co n el o b je to de m o s
trarnos sus sem ejanzas. En gran parte se trata de explicaciones de fenóm enos
n atu rales y, co m o en el caso e x p u esto aqu í, tod o s apelan a o tros a co n te ci
m ientos anteriores que darían cuenta del que querem os explicar. Ahora bien,
el punto de H em pel es revelar que en todos los casos se presupone la existen
cia de leyes g enerales, las cu ales nos garantizan qu e la elección de los h ech o s
aducidos para dar cu enta del que se quiere explicar no es arbitraria. Las leyes
pueden ser enunciadas explícitam ente o no y es posible constatar num erosos
casos en donde no se las enun cia, p ero , lo im portante es q u e , explícitas o no,
sin leyes no habría e x p lica c ió n . Veamos un ejem p lo más: se nos dice que los
ag ricu ltores del D ust Bow l em ig raron a C alifo rn ia “po rqu e” la sequ ía y las
torm entas de arena co n tin u as hacían cada vez m ás precaria su ex isten cia, y
porque California parecía brindarles m ejores condicion es de vida. A diferen
cia del ejem p lo anterior aquí no s encontram os co n un acontecim ien to de un
tipo distin to , estam os ante un a co n te cim ien to hu m ano , la cond u cta de un
grupo de cam p esin o s en un m o m ento y lugar e sp ecífico s, pero al igual que
en el caso anterior, se nos ofrecen co m o explicativos ciertos sucesos particu
lares, referidos a un tiem po y lugar e sp ecífico s. Dado que estam os ante la
ocurrencia de aco n tecim ien to s hu m anos y que lo que querem os exp licar es
la co nd u cta de ciertas personas específicas en su tiem po y lugar específicos,
a sim p le v ista, la co n statació n de lo s h e ch o s ad u cid o s parecería su ficien te
para explicar el hech o en cu estión, no haría falta nada m ás y asi lo h an co nsi
derado m u ch o s teórico s de la histo ria. Sin em bargo, aun cu an d o no lo haga
exp lícitam ente, esta ex p licación se basa en una h ip ó tesis universal según la
cual las poblaciones tenderían a em igrar a regiones que ofrecen m ejores co n
d iciones de vida, sin esta p resu p o sición general acerca de la c o n d u cta h u
m ana, la ex p licació n resultaría arbitraria. E n defin itiv a, para H e m p e l, una
ex p licación estrictam ente cien tífica de la o cu rren cia de cu alqu ier aco n teci
m iento específico en u n cierto lugar y tiem p o , sea natural o hum ano (social e
h istó rico ), co n siste e n in d icar n o só lo las co n d icio n e s o las cau sas de dicho
aco ntecim ien to , sin o tam bién las leyes que co n ectan co n d icion es y su ceso a
explicar.
P recisarem os un p o co más las afirm aciones h ech as hasta aquí. Es im por
tante tener en cu enta que para H em pel la e xp licación es fundam entalm ente
una estructura lingüística, m ás específicam ente, un razonam iento. El en u n
ciad o que cu m ple la fu nción de co n clu sió n del razonam iento explicativo es
el que describe el h ech o que querem os explicar y será llam ado explan an dum .
Las prem isas del razonam iento, las que cu m plen la fu nción explicativa, son
llam adas explan an s, y co n stan de dos tipos de enun ciados; aquellos que ex
presan los aco n tecim ien to s particulares o co n d icion es iniciales para la o cu
rrencia del h ech o a exp licar y aquellos que expresan las leyes g enerales.2 E n
su cesivos artícu los H em pel expresará estas exigencias de un m odo m ás es
tricto , esp ecíficam en te, dirá que toda ex p licación cie n tífica debe seguir un
m o d elo , el m odelo nom o lógico deductivo de explicación, el cual requiere 1)
que el ex p lan an d u m sea d ed ucible de la in form ació n co n ten id a en el e x p la
n an s, porque de lo co n trario este últim o n o podría co n stitu ir una base ad e
cu ada para el ex p lan an d u m , y, 2 ) qu e el e x p lan an s e n u n cie , ju n to co n las
co n d icion es iniciales, al m enos alguna ley general para la d erivación del e x
plan an du m (cf. 1 9 7 9 , p. 2 5 0 ).
H em pel reconoce que no toda e x p licación cien tífica de aco ntecim ien to s
particulares se basa en leyes universales estrictas, pues reconoce que m u chas
de ellas utilizan leyes de tipo estadístico o probabilístico. En este caso, la c o
nexión entre explan an s y explan an dum será inductiva y no deductiva. De este
Leyes generales
E nu nciad o s que co n fo rm an el explanans
__________________________C on d icio nes iniciales
E nu nciado que d escribe el aco ntecim ien to a explicar: explan an dun
3En nuestro m edio Félix Schustcr nos ofrece un ejem plo de reconstrucción en térm inos hempelia-
n os de una explicación de un suceso h istórico concreto o , más específicam en te, de una secuencia
de sucesos históricos con cretos. En E xplicacum y predicción. 2 a ed. Buenos Aires, C LACSO, 1 9 8 2 ,
se centrará en un período de la historia argentina, la Revolución de M ayo y en especial, en el papel
protagónico de M ariano M oreno. Más allá de H em pel, su conclusión será q u ees posible formular
explicaciones nom ológicas deductivas en historia asi com o tam bién form ular predicciones.
11.a expresión "explicación histórica'’ se refiere, por un lado, a aquellas explicaciones que dan los
historiadores o que aparecen en los libros de h istoria. E n este capítulo, sólo tendré en cuenta este
sentido. Por otro lado, tam bién refiere a u n tipo especifico de explicación que destaca com o expli
cativos factores históricos. Este sentido está asociado con el historicism o defendido por historia
d ores del siglo xix, quienes, según la definición de M. M andelbaum (Íüsíory, M an and R em o n
Baltimore 1 971), consideraban que para una com prensión adecuada de la naturaleza de cualquier
fenóm eno y para una adecuada evaluación de su valor éste debe considerarse en términos del lugar
que ocupó y el rol que ju g ó dentro de un proceso de desarrollo.
5 U n representante clásico es P. G ardiner (1 9 6 1 ), para quien la vaguedad inevitable de las generali
zaciones del historiador perm ite derivar lógicam ente el ex p lan an d u m del ex p lan an s, y al m ism o
tiempo . .h ablaracerca d élo qu esu ced ió en o casio n es particulares,en toda su variedady en toda
su r iq u eza...“ (p. /7).
segunda exp lora otras fu entes de fuerza explicativa alternativas a estos dos
requisitos (n o hay necesidad de cobertura y por tanto se diluye la necesidad
de co n ex ión deductiva o inductiva entre explan an s y explan an dum y de leyes
generales), pues señalan, en el caso específico de la disciplina histórica, m os
trar la esperabilid ad (p re d icitib ilid ad ) del su ceso no es lo que m otivó a los
historiadores a buscar la explicación. Las recon strucciones tradicionales del
debate lo reducen al lugar que cu m plen las leyes generales en la explicación:
fundam ental, debilitado o ninguno. Por tanto, serán tres las principales po
siciones. E n el prim er caso, encontram os a los teóricos ortodoxos de la cober
tura legal co n H em pel a la cabeza. En segundo lugar, los teóricos m oderados
de la cobertu ra legal, entre lo s que se encu entran Pa trick Gardiner, Alan D o-
nagan y, para algunos, M ichael Scriven en cuanto a que, com o veremos ense
guida, dilucida un tipo de enunciado general de carácter debilitado im plícito
por los histo riad ores en su s exp licacion es. F in alm en te, e n co n tram os un
grupo al que llam aré p luralistas y qu e se m anifiestan co m o opositores radi
cales a la T.C .L. y que cu en ta co n W illiam Dray y tam bién en algún sentido
Scriven, en la m edida en que si bien reconoce la existencia de enunciados ge
nerales (sus llam ados truism os) éstos no cum plirían una función subsuntiva.
A hora b ien , si p ensam os en la dirección tom ada por la filosofía de la h is
toria posterior, paralelamente a los giros histórico y pragm ático en la reciente
filosofía de las cie n cia s, existe una clasificación alternativa aunque no exclu
yeme de la anterior, relacionada con los criterios de aceptación de explicacio
nes dadas por los historiadores. En otras palabras, la diferencia más importante
debe buscarse en el hech o de si consideraban que la evaluación de la explica
ción debía o no responder a los intereses de los historiadores, es decir, si res
pondían a un c riterio ob jetivo o p rag m ático , tal co m o ellos m ism os los
denom inaron. Según esto, el aspecto com ú n entre los moderados y los plu
ralistas a la T.C.L. es el de retrotraerla discusión de las cuestiones lógico-for
m ales (para evaluar la ex p licació n ) a las de tipo pragm ático. Ello significa
d ilu cidar la estru ctura y ad ecu ació n de las exp licacio n e s dadas en historia
por referencia a los intereses del historiad or, evitando así im poner desde
afuera un m odelo que resulte ajeno. Veremos de este m odo a todos ellos pre
ocupados explícitam ente por d a r cuenta de lap rác tíc a histórica rea!. En térmi
nos m etod o ló gicos, el en fo qu e pragm ático se tradu ce en una evaluación
contexto-dependiente de la co rrección de las explicaciones en historia, esto
es, se identifica la pregunta que pide una explicación -q u é es lo que se qu iere
e x p lic a r - o, con resp ecto a qué el su ceso resulta enig m ático co m o para re
qu erir e x p lica ció n . La co rre cc ió n de la e x p lica c ió n dependerá de si res
ponde o no a la pregunta form ulada; en defin itiv a, la co rre cc ió n de la
e xp licación n o puede evaluarse po r si se adecúa a un m o d elo pensado para
respon d er a in tereses y o b je tiv o s de otros cam p os de estu d io . El resultado
positivo de esta co n tien d a fue la d iv ersificación de las m aneras de e x p licar
n o red u cib les a una e stru ctu ra ú n ica, y a la vez acep tab les co m o e x p lica ti
vas, cuyas diferentes estructuras se debían a que respondían a diferentes re
q u erim iento s de explicación.
De las inn u m erab les criticas a la ap licació n del m odelo hem p eliano a la
historia, sin duda la de W illiam Dray es la m ás destacada por su com binación
de crítica analítica destructiva y de propuesta pragm ática constructiva. En su
Law s an d E xplanations in H isíory, Dray m uestra detalladam ente a través de un
sinnúm ero de argum entos por qué aun cu ando podam os e lu cid arlas gene
ralizaciones im plícitas a diferentes explicaciones dadas por los historiadores,
es tas generalizacion es no son ni necesarias nisu ficie n te s para la co rrección
de la e x p lica c ió n , pues lo que im porta, dirá Dray en sin tonía co n su interés
pragm ático por la p ráctica histó rica real, e ss i respon den o no a la pregunta
form ulada; la tarea del filósofo de la h isto ria será en to n ce s id en tificar estas
preguntas. Éste es el caso de la “explicación racional”, aquella q ue, frente a la
pregunta ¿por qué A hizo x ?, no señala las co n d icion es que h acen que la a c
ción haya tenido lugar, sino las razones del agente, no interesa si la acción era
esperable y predecible sino si era razonable. El explan an s no incluye un enun
ciado legal sino un principio de acción co m o “en una determ inada situación
lo que hay que h acer es tal co sa”. Lo im po rtante en esta e x p lica c ió n , señala
Dray, es su contingencia, el agente podría haber actuado de m anera diferente
o igual pero por otras razones, o irracionalm ente, o no todo lo adecuado que
la situación perm itía (cf. 1 9 7 0 , cap. 5 ),6
“( . . . ) e s u n a p e lo ta la r g a a l c e n tr o d e l c a m p o , y e s tá p o r g o lp e a r e n lo a lto d e l
c e r c o . E l c e n tr a l, e s tá a tr á s , e s tá d e b a jo d e e lla , la a tr a p ó , y el b a te a d o r q u e d ó
fu e r a . L a a u d ie n c ia q u e s a b ía q u e e l c e r c o e s ta b a a 2 0 p ie s d e a ltu ra n o p o d ía
im a g in a r s e c ó m o el c e n t r a l a tr a p ó la p e lo ta . L o s e s p e c ta d o r e s p o d ía n h a b e r
le s d a d o la im p r o b a b le e x p lic a c i ó n . A tr á s d e l c e n t r a l h a b ía u n a a lta p la t a
f o r m a p a r a e l m a r c a d o r . E l c e n tr a l s u b ió c o r r i e n d o la e s c a le r a y a ta jó la p e lo ta
a 2 0 p ie s s o b r e el te r r e n o .” ( I b i d . , p p . 3 . )
• Scriv en, M . “Causes, C o rm ca io n sa n d C ond iuon ¡n H istory", en Dray (eo m p,), P hilosophical
A nalysis a n d H istory, New York, Harper & Row, 1 9 6 6 . Por psicológico o m orivaeional, Scriven
quiere dar a em ende ¡c o m o no del t odo consciente o m anejable por el actor, cuestiones referidas a
su carácter o a sus d isposiciones, las cuales hacen que tienda a com portarse de determ inadas m a
neras, Porcaracterológico o controlable se refiere alas particularidades de [asituación, si son idio
sincrásicas o m anípulables.
contrasta con un estado propio libre de cáncer anterior y en el segundo con una
persona muy sim ilar a él líbre de cáncer. B ajo el prim er contraste puede surgir
una respuesta co m o una exposición a rayos ultravioleta para Ju an . E n el se
gundo caso, puede surgir una respuesta acerca de ciertos factores constitutivos
de ciertos individuos de una p oblación proclives a desarrollar cáncer. Poste
riorm ente, Scriv en se ocupa de las g eneralizaciones usadas en historia, las
llama truismos y las caracteriza com o enunciados nórmicos: d icen que todo cae
bajo una cié rta categoría excepto aquello a lo que ciertas co n d icion es se apli
can. Y aunque el enun ciado n órm ico no indica explícitam ente lo que cuenta
co m o co n d icion es excepcio nales, em plea un vocabulario que nos rem ite a
nu estro co n o cim ien to de ellas. Si el truismo no se aplica al caso particular, no
significa que sea refutado sino sólo que no se aplica aquí.8
U n últim o eje m p lo de ex p licació n alternativ o a la T. C .L. que qu iero in
clu ir aquí n o s lo ofrecen los fam osos filósofos del d erecho H art y H onoré en
su sugestivo e influ y ente “Causal Ju d g em en t in H istory and T h e Law ”9,
donde señalan que en estas disciplin as de lo que se trata es, n o de e n co n trar
leyes generales, sino de distinguir en el co n ju n to de co nd icion es anteceden
tes de los fenóm enos, aquellas que so n causa de las que so n m eras co n d icio
nes, Por e je m p lo , la cau sa de una gran ham b ru na en la India puede ser la
seq u ía para el cam p esin o indio, pero para la W orld F ood será el fracaso del
gobierno indio en co n stru ir reservas y la sequía la co n d ición . En otro orden
de cosas, la esposa de un hom bre que sufre de úlcera de estóm ago identifica
ría al haber com ido perejil com o la causa de una indigestión de su m arido; un
m éd ico, en cam b io , co n sid eraría la ú lcera co m o la cau sa y la com ida co m o
m era ocasió n . A qué llam arem os la causa de un aco n te cim ien to , es un pro
blem a que resolverem os en térm inos del cam po de investigación en cu estión
y es una decisió n que tom arem os en térm in os de los intereses y finalidades
de quien habla. Pero este recon ocim iento no nos hace descuidar el lado lá c
tico de la ex p licación cau sal, pues si bien el factor que eleg im os co m o causa
de un acontecim ien to depende de su valor práctico, de aquello que podem os
co n tro lar y m anipular, es fundam ental que sea realm ente una co n d ició n
(au nque por su p u e sto n o la única).
6 Toda explicación , según S criv en , implica un aspecto lógico (identificación de explicaciones po
sibles conectadas form almente con el acontecim iento aexplicar) y otro contextual objetivo (selec-
cion arapartird el an álisisdel material em pírico laq ue se aplicaal casopartícular).
9En Dray, W (co m p .), PhilosophicalA ndysisan dH istory, New York, H arper& R ow , 1 966.
¿En qu é sentido son alternativos a la T.C .L. estos m odelos de explicación?
El criterio de la pregunta que pide una ex p licación nos ayudará a responder
esta cu estión. En la T .C .L ., la descripción que rem ite al suceso a explicar des
taca aquellos aspectos en cu anto a su o currencia localizable espacio-tem po-
ralm en te, por ello , la e x p lica c ió n tenderá a m ostrarlo co m o necesario ,
probable o esperable. En aquellos m odelos aplicados a la historia en los cu a
les no hay su b su n ció n n ó m ica, la fo rm u lación d el ex p lan an d u m no será en
cuanto a suceso ocurrido o q u e ocurre sino, co m o en el caso de la explicación ra
cio n al, en cu anto a su ad ecu ación o no con lo qu e d eb ía hacerse. E n los casos de
c ó m o fu e posible y estado con traste, se dará cuenta de un hech o com plejo co m
pletando algunas piezas que le darían un m arco de posibilidad y norm alidad.
Pero, aún queda po r responder ¿por qué no recon ocer que siem pre y en toda
e x p licación científica hay presupuestas generalizaciones aunque sean d ebi
litadas que cu m plan un rol de co bertu ra, las cu ales son en definitiva las que
otorgan “fuerza explicativa” a la explicación? D e este modo, si bien acordarí
am os que la T.C .L. estricta n o da cu enta de la práctica histórica real, una ver
sió n debilitada de la m ism a sí lo logra. Para respon der esta cu estión y poder
apreciar co m o co existen tes y no redu cibles ex p licacion es que p resuponen
g en eralizacio n es d ebilitad as y e x p lica c io n e s que no p resu p o n en leyes en
a b so lu to , d e b e m o s n o tar lo sig u ien te: no se rechaza la in te rv e n ció n de
e n u n ciad o s generales d e b ilitad o s en razón d e qu e, al no ser e strictam en te
u niversales, su bsu m en tanto la ocu rrencia co m o la no o currencia de los su
cesos a explicar, una o bservación co rrientem ente h ech a a estas alternativas.
Sino m ás bien a la relevan cia (n o a la ju stificació n ) de mostrar que una acción
es algo frecuente, cu and o la pregunta es otra: si era lo que había que hacer o
si era p o sib le. Ilustraré este p u n to h acien d o ex p lícitas las g eneralizacion es
debilitadas para que podam os determ inar cuál es su rol en la e x p licación . En
p rim er lugar, traeré a co la ció n una o b je c ió n h e ch a por J . Pitt al m od elo de
“explicar có m o fue posib le”. Según su o b serv ación ,10 Dray sólo puede elegir
cie rto s en u n ciad o s (sing u lares) y no o tros co m o co n d icion es in iciales que
expliquen có m o (p o r e jem p lo) el jardinero central (cen terfield er) atajó la p e
lota, porque su pone una “ley de tendencia” que da cu enta de la co nexión . La
misma informaría que losjardineros centrales en la m ism a situación efectúan
Nuevam ente, una vez obtenida la inform ación fallante que posibilita lo
ocurrido, si bien la búsqueda de la m ism a es guiada por consideraciones gene
rales que cum plirían un papel heurístico, la validez de la explicación no puede
d ependerde la validez de la tendencia, aún existe la posibilidad de que los ac
tores en las mismas condiciones actúen de otra manera. Los principios genera
les que guían la búsqueda d e los datos faltantes que perm iten la reconstrucción
manifiestan una función heurística fundamental pero no agotan la explicación,
pues adm ite que aun dadas todas las co n d icion es los actores n o actúen del
m odo en que lo hicieron. Estos casos no son análogos, com o pretende P itt,al
citado po r él m ism o y que pregunta “có m o pudo ocurrir que esta solución al
calina sum ergida en papel tornasol n o se haya vuelto azul, dado los co n o ci
m ientos corrientes acerca de la soluciones alcalinas". La inform ación ofrecida
en cuanto a que el ayudante derramó ácido nítrico no sólo muestra que el acon
tecim iento era posible, sin o que además era necesario dadas las leyes de la quí
m ica. Dadas esas condiciones, el suceso no podía no ocurrir, cosa que sí podía
en el ejem p lo del parlam ento. Por todo esto, es que Dray pretende m ostrar la
independencia e irreductibilidad de su m odelo explicativo.
Para term in ar, será fu nd am ental co n c lu ir co n el intento final de A rthur
Danto ( 1 9 6 8 ) de escapar de esta aparente m ultip licidad de form as de co n ce
b ir la explicación en historia, aparentem ente incom patibles. D anto propone
un análisis en las que ellas m u estren su co m plem entariedad m ás que ex clu
sión . B rev em en te, su estrategia apunta a señalar que en sentido estricto una
e x p licació n n o exp lica los aco n te cim ien to s e n sí m ism os sin o bajo alguna
que perm itirán cada una ser incluidas en diferentes propuestas explicativas.
Así, e x p resion es co m o L a S eg u n d a G u erra M u n dial, L a G u erra F ría , si bien
n o m bran aco ntecim ien to s, co m o tales no pueden ser co nclusio nes de argu
m entos deductivos o inductivos, para ello d eben ser incluidos e n alguna ora
ció n . De este m odo, un m ism o aco n te cim ien to podrá ser d escrito de tal
m anera qu e se presente co m o un aco n tecim ien to ejem p lo de tipo m ás gene
ral - e l estallido de un co nflicto b élico, el estallido de un rebelión p o p u lar-, y
por tanto podrá se r su bsu m id o bajo una ley g eneral, o podrá ser descrito
com o un acontecim ien to específico , que lo describa en su particularidad - e l
estallido de la Segunda Guerra Mundial, el levantam iento de los cam pesinos
de la Francia del siglo xvm co ntra Luís X IV -, y que para ser explicado resulte
m ás relevante qu e se lo incluya en una narrativa.
Esta breve ilu stración de diversos tipos de ex p licación relevantes para la
historia n o s perm itió apreciar a grandes rasgos có m o discurrió el debate en
la filosofía anglosajona de la h istoria, aproxim adam ente en la prim era mitad
del siglo (m ás exactam ente, hasta mediados de los ’6 0 ). Así tam bién he inten
tado ilustrar la im portancia de la d iscusión en cu anto a la dilu cid ación de la
riqueza y variedad de lo que significa “explicar adecuadam ente el p asad o".
11W. O uthw aite, New P hilosophies o f Social Science, R ealism , H erm eneu ticsan d Critical Theory. The
M acm illan Press, Hampshire, 1 9 8 7 , denom ina tem or de ontología al antirrealism o de la filosofía
analítica.
12 A esta idea subyace, el ideal de que el con ocim ien to seguro es el con ocim ien to directo (pp.
55/57).
ficación categ orial y a la necesidad de algún p roced im ien to esp ecial de a c
ceso directo a entidades m entales y co nexion es causales. A quello que co n si
derem os la causa de un fenóm eno dependerá del cam po de cono cim iento en
el que estem os involucrados y del lenguaje usado en ese co n texto , por tanto,
las diferencias acerca de la estru ctura lógica de las ex p licacio n es en historia
se basarán, en p rim er lugar, en el papel que o torguen a la p ráctica histó rica
real y a sus prop ó sito s, de manera q u e , a partir del análisis de los textos histó
ricos, elu cid arán diferentes p ropósitos que guían la ele cció n de un facto r
com o cau sal, en co n tran d o , e n to n ce s, diferentes n ociones de causa (com o lo
anorm al en un co n te x to , lo que marca la diferencia, lo que podem os m anejar
o controlar, ser un caso de una ley).
15 Expresiones tales com o el historiador debe “volver a vivir la experiencia de 1pensam iento de oí ra
persona” (D ilthey), que “toda la historia es la historia del pensam iento" y que “el historiador debe
recrear la experiencia pasada” (CollmgwGod) fueron especialmente criticadas. Una lectura atenta
(del tipo de la efectuada por Dray) a los trabajos de C ollingw ood, especialm ente a su crítica de la
historiografía de “tijerasy engrudo”, habría evitado asociarlo con una teoría del conocim iento tan
ingenua.
entre deseos y creen cias (las razones del actuar) co n la a cc ió n es con ceptu al.
D eseos y cre e n cias son una razón su ficien te (n o una cau sa) para actuar en
co n so n an cia.14
En el caso de la relación entre la acció n y los determ in anles e x tern os (de
mayor in terés para los estudiosos del pasado) ella no es intrínseca pero tam
poco cau sal, pues no es contrad icto rio que u n agente al q ue, por ejem p lo, se
le hubiese ordenado entregar un dinero, com prendiera la orden, fuera capaz
de cu m plirla y no lo hiciera. En el m u ndo social no hay leyes en el sentido de
leyes naturales, sí puede hab er co rrelacio nes estadísticas entre determ in an
tes externos y accion es, índices de obediencia o desobediencia, grados de in-
ternalizació n que nos perm iten h acer p red icciones, pero tales predicciones
no co rro boran leyes que co n ecten los determ inantes intern os co n las accio
nes. Las razones para no llam ar leyes a las correlaciones entre determ inantes
ex tern os y accion es residen no tanto en su im p recisión ni a su dependencia
de sociedades concretas, sino más bien, en el hech o de que dependen de fac
tores , norm as y pautas institucionalizadas que so n su sceptibles de transfor
m ació n en el cu rso de la historia co m o resultado de la a cc ió n h u m ana. En
co n clu sió n , vonW right, al igual que Dray en la filosofía de la historia, W in ch
en la filosofía de las ciencias so ciales, y co ntem po ráneam en te Ricoeur, G id-
densy David Carr, ha co n trib u id o al esfuerzo de pensar la realidad social de
un m odo m ás rico que el ofrecido p o r los defensores de la T.C .L. en cien cias
sociales, de m anera de lograr conectar nuestras teorías sociales co n el m undo
vivido y experim en tado por los propios actores. Todos ha señalado el hech o
de que las categorías y concep to s utilizados para referirnos a las accion es h u
m anas, al m anifestar u n carácter in ten cion al irred u ctib le, inv olu cran en su
significado que el actor, en las m ism as circu nstancias, podría hab eractu ad o
de otra m anera.
HSí J uan tiene calor y quiere que entre aire fresco y sabe que abriendo la puerta satisfará su d eseo ,
si Juan abre la puerta entonces com prendem os cabalm ente por qué hace lo que hace, ninguna ge
neralización nos ayuda a entender esto m ejor. Si no actúa en consonancia, no lo entendem os en ab
soluto; nos resulta irracional o antirracional.
Bibliografía recom endada
Francisco Naishtat
1. Introducción
134
“Tras lo s i asgos s e n s ib le s del p a is a je , la s herramientas o la s m á q u in a s , tra s lo s
e s c r ito s e n a p a r ie n c ia m á s fr ío s f i a s in s t it u c io n e s m á s d is ta n c i a d a s d e q u ie
n e s la s e s t a b le c ie r o n , la h is t o r ia q u ie r e c a p ta r a lo s h o m b r e s . Q u ie n n o lo
lo g r e n u n c a s e r á , e n e l m e jo r d e lo s c a s o s , s in o u n o b r e r o m a n u a l d é l a e r u d i
c ió n . E l b u e n h is t o r ia d o r s e p a r e c e a l o g r o d e la le y e n d a . A h í d o n d e o lf a te a
c a r n e h u m a n a , a h í s a b e q u e e s tá s u p r e s a ”2.
Por ende, las relaciones entre la historia y la acción perm anecen siempre en
la mira de la teoría y la filosofía de la historia. C ontra todo diagnóstico de un
aplanam iento de la intervención intencional hum ana, los acontecim ientos de
las últim as décadas del siglo pasado, entre otros el consabido desm oron a
m iento del socialism o soviético en 1 9 8 9 -9 0 , han tenido un doble efecto: po r
una parte han deshecho lo que quedaba de la metafísica idealista de la historia
con su idea de un progreso ineludible y de un sentido final de la historia univer
sal; por otro han reforzado el sentim iento de una contingencia e incertidum bre
radicales en la historia, lo que refuerza la perspectiva de la acción . La acción h u
m ana reencontró así un papel en la teoría social e histórica com o el umbral que
resiste a la cosificación de las relaciones y las estructuras. Por otra parte, y desde
un plano epistem ológico, el énfasisen las peculíandadesdel lenguaje historio-
gráfico ha reintroducido la perspectiva del relato verdadero com o la forma ca
racterística de la produ cción h istoríográfica, lo que acaba dando a la acción
hum ana y a su desenvolvim iento dram ático un papel axial en la com prensión
histórica. Seguram ente el modo en que esta reem ergencia de la acción plantea
sus relaciones co n la historia no puede serya el de la im pronta clásica, sino que
transita por el co m plejo cam po de 1as con troversias ontológico-li ngüísticas y
epistemológicas, un cam po de relaciones que no son siem pre claras y unívocas,
y que no está exento de intrincadas aporíasy dificultades teóricas, con diferen
tes niveles de interrelación. Es este cam po controversial que nos proponem os
abordar aquí, recorriendo las articulaciones entre una filosofía de la historia y
una filosofía de la acción que acusan el giro lingüístico de las últim as décadas.
*Blocl\M arc, Apología piiraliihistpriaoelojiciocklhistoriador, trad.: María Jim énez y Danielle Zas-
iavsky, Fondo ele Cultura Económ ica, M éxico, 1 9 9 6 , p. 1 3 9 . Desde luego, es con cebible una h is
toria déla T ie ira -c o m o la que escribe Buffon en 1 7 4 9 - o una historia natural del C íelo, com o la que
escribe Kant en 1 7 5 5 , pero en estos casos conviene distinguir entre las historias naturalesy la his
toria a secas, donde los procesos no in tencionales sólo cuentan com o con texto de la actividad so
cial y del desenvolvim iento humanos en general. Lo dicho no niega una tendencia, de la mano de
la estadística y del influjo de la ciencia em pírica, a una suerte de naturalización de la historia, donde
2 . Historia y acción en los niveles ontológicos
y lingüísticos
En el p lano ep istem ológ ico o m etah istó rico aparece la vieja co n fro n tación
en tre la m etodología histórica y la estructura de las ciencias nom ológico-cau-
saies; se trata de:
(vi) establecer cóm o se explican los su cesos en la historia y, en particular,
s i estas ex p licacion es son del tipo nom ológico-dedu ctivo, en algunas de
stts versiones m ásajustad as a lo histórico;
(vil) si el com pren der (Verstehen) es una ope ración com plem entaria, o bien
incom patib le respecto del ex p lica r (E rk lá ren );
(ix ) estab lecer la situ ación del relato o la narración en relación a la opera
ció n explicativa y/o com prensiva.
la fascinación por la descripción estadística y otras herram ientas de la ciencia positiva genera la i lu
sión de una historiografía sin actores ni acción humana. En verdad, estas herramientas sólo cobran
relevancia histortográfica com o auxiliares de una com prensión que en últim a in stancia remite al
desenvolvimiento intencional.
En la m edida en que el segundo nú cleo de prob lem as form a parte de los
tem as ep istem o ló gicos m ás fam iliares y m ás clásico s de la m eiateoría histó
rica3, y dado los lím ites del espacio disp onible en e ste vo lu m en, p rivilegia
m os aquí el prim er núcleo de problem as, es decir, el intrincad o terreno de la
an tología de la acción en relaci ón co n la histo ria, aun que de la m ano del len
guaje, que e s aqu í nu estro h ilo de A riadna para n o q u ed ar atrapad o s e n la
m alla de las ap o rías m etafísicas. Só lo desde esta ú ltim a persp ectiva, y e n la
m edida de las dificultades concep tuales aparecidas, dam os cabida a los tóp i
co s epistem o ló gicos de la historia, privilegiando aqu ello s que están en rela
ció n m ás específica con la problem ática de la acción.
Aceptar que los problem as de la acción en la historia adm iten un nivel on-
toló g ico no sig nifica ree d itarla agenda de la m etafísica clásica. M ás bien se
trata de ver si podem os hacer inteligible la existencia de la acción intencional
baj o condicion es que están a su vez determ inadas po r relaciones causales. Es
sabido que K ant planteó este problem a y le dio so lu ción a través de su teoría
de los dos m u nd os, el de la naturaleza, cerrado por el d e te rn in ism o cau sal,
y el de la libertad, abierto a una cau sa e iniciativa lib res. La fuerza de la so lu
ció n crítica estriba e n dejar planteada la posibilidad de la a cc ió n voluntaria
co m o una cu estión de p ersp ectiv a , del prism a a través del cu al abordam os la
conducta, liberando por ende la cu estión de la libertad hum ana de la necesi-
3 La controversia epistem ológica focal en m etodología histórica estu vo definida durante décadas
por la polémica sobre el status d éla explicación histórica, consecu tiva a la aparición en 1 9 4 2 del ar
tículo de Hempel “Fu n c tio n o f General Laws in History", reim preso en H em pel, C ari, L aex p lica -
cion científica. Estudios sobre la filo so fía de la cien cia, Paidós, B arcelona, 1 9 9 6 , pp. 2 3 3 - 2 4 6 , La
publicación por Collingw ood unos años después de ¡ d e a o f History, dio todo el espesor aesta polé
m ica , entre los polos de las tesis nom ológicas de Hempel y de las ideas com prensivístas de Collm g-
w ood, en diálogo con la tradición herm en éu tica alem ana de p rin cipios del siglo xx; véase
Collingwood, Robín George, The ¡ d e a o f History, Oxford University Press, Oxford, 1 946, En las dé
cadas que siguieron, W üliam Dray, Raymond Aron, Rex Mart in, H enrik von W righl para m en cio
nar sólo a algunos de los autores que tomaron parte en el debate, desarrollaron el punto de vista de
la inherencia intencional en las explicaciones historiográficas, y de la im posibilidad de derivarlas
de leyes generales. Véase en este sentido, M artin, Rex, Histórica! Explanación, C orn ellU niversity
Press, lihaca, 1 9 7 7 . Tam bién aquí Cf. M anuel C ruz, “Com prensión histórica, a ccio n e identidad”,
e n A nales delS em in ario d e M etafísica,N ° 2 8 - 1 9 9 4 , Ed. Com plutense, M adrid, 1 9 9 4 .
dad de un cono cim iento de las prim eras causas, com o en cam bio era de rigor
en la m etafísica dogm ática desde la tradición aristotélica. Kant pretendió de
esta m anera resolver la cu estión de la acción desde un com o si (ais ob): puesto
que no podem os alcanzar un conocim iento últim o del m undo, y que nuestro
conocim iento em pírico deja abierta consiguientem ente la posibilidad de una
cau salidad lib re , e n to n ce s la razón m oral no s im p ele a dar u n co n ten id o
p ráctico a esta m era p o sib ilid ad , hacien d o com o si nu estra co n d u cta fuera
siem pre el resultado de nuestra libertad, es decir, com o si del hecho de que d e
bem os hacer A, enton ces p od em os h acerlo 4.
Ahora b ie n , este dualismo perspectivista es procedente en el plano a p ñ o ii
de la interioridad m o ra l, donde en princip io podem os separar los dos m u n
dos y depurar nuestras m áxim as, apartando de las m ism as la inclinación em
p írica; pero en el terreno de la histo ria efectiva y a posterio ri, do nd e el
problem a no es la d epuració n de un p roced er libre, sino la im bricación de la
libertad y de la necesidad, la so lu ción kantiana no term ina de aclarar el pro
blem a. Kant era muy consciente de esta dificultad, y la cuestión la historia fue
siem pre para él de una arduidad radical. De hech o, Kant se encontró con esta
problem ática casi por el m ism o tiem po en que desarrollaba los princip ios de
su filosofía p ráctica, en 1 7 8 4 . Sin em b arg o, la so lu ció n que K ant b o sq u eja
por en ton ces para pensar la libertad en la historia no alcanza el nivel de radi-
calidad crítica que posee su teoría de la fu ndam entación m oral: co m o es sa
b id o, K ant reedita una visió n teleológica so bre la histo ria, apoyado - e s
c ie r t o - en un p un to de vista (S tan dpu nkt) m oral, que le lleva a interpretar la
causalidad histórica en los térm inos de una sabiduría de la naturaleza, com o
si las in c lin a cio n e s que m u even a los h o m bres pudieran a su vez c o m p re n
derse co m o u na astu cia de la n a tu r a le z a 5, viendo en el ju e g o de estas inclin a
cio nes naturales la realización in con scien te de un progreso de la libertad en
el m u n d o 6. Pero Kant d eja aquí sin e xp licar có m o es posible una in terv en
4 La ley moral es de este modo la ratio cognoscendi de la libertad, la cual es a su vez la ratío esscndi de
la ley moral. Véase Kant, Im m anuel, Critica de ¡a razón p ráctica, trad .J. R. Armengol, Losada, Bue
nos Aires, 1 9 9 3 , p. 8.
5 Es Eric W eil quien introduce la idea de que en la filosofía de la historia de Kant opera una '“astucia
de la naturaleza” ( “ruse de la nature”), que el francés distingue así de una “astucia de la razón1’, con
cepto de tenor más hegeliano, y que im p lica -este ú ltim o -u n sujeto de la historia, inexistente en
Kant. Véase, W eil,E ric, P ro blém eskan tien s( 1 9 7 0 ) ,V rin,P arís,p. 1 1 8 ,2 aed., 1990.
6 Kant, 1., “Idea para una historia universal en clave cosm opolita’’ ( 1 7 8 4 ), en Kant, 1., ¿Qué es la IIus-
traciórt? Trad. R. R. Aramayo, Alianza, M adrid, 2 0 0 4 , pp. 9 5 -1 1 8 .
ció n libre y consciente de los ho m bres en la historia, esto es, cóm o es posible
que la acció n libre se im b riqu e co n scie n te m e n te co n la necesid ad . K ant no
fue ajeno a este prob lem a, y su idea de la Ilu stració n co m o una salida (Aus-
gan g) de la m inoría de edad lo dem uestra claram ente, al plantear de hech o la
realidad de una historia que avanza no sólo m erced a los im pu lsos naturales
hum anos que reencauza una astucia de la naturaleza, sino sobre todo merced
a una intervención deliberada y libre de los hom bres. Sin em bargo, las so lu
cio n es que la filosofía crítica alcanza en las dos décadas que siguieron a Id ea
de h istoria universal en sentido cosm opolita ( 1 7 8 4 ) refuerzan la perspectiva de
un finalism o h istó rico a partir de una teoría del j uicio teleo ló g ico , pero no
abordan el e scollo o ntológico de una libertad im bricada en la necesidad.
El problem a que se trata de resolver es el mism o que M arx resum e en una
célebre fórm ula de su 18 B ru m a ñ o d e Louis B on aparte:
“Los hom bres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariam ente, en
las con d icion es p o r ellos elegidas, sino en las con d icion es directam ente
dadas y heredadas del pasado’’7.
7 M arx, Karl, Le 18B ru m aire de Louis B on ap a rte, Editions Sociales, París, 1 9 6 9 , p. 15.
e n m ás, las situ acion es en tre la historia y el sistem a cib e rn é tico divergen ra
dicalm ente: p o ru ñ a parte, la acción histórica no procede jam ás en co nd icio
nes am bientales aisladas, y por ende no puede representarse con el grado de
form alización d iscreta y exhaustiva que adm ite el m odelo cib e rn é tico : aun
cu an d o la histo ria adm ita co n d icio n am ie n to s y regularidades cau sales e x
tem p orán eas al ag en te, existe una co n tin g en cia densa entre la intervención
hum ana y sus efectos previsibles, que hace que toda representación arbórea ex
an te tenga un grado de in exactitud y de error que se increm enta a m edida que
los efecto s rep resentados se alejan del p rim er m o vim ien to , term in ando por
volverse co m p letam en te o b scu ra despu és de una distancia su ficien te en el
tiem p o 8.
Lo que el m odelo de von W right nos aporta, sin em bargo, es la idea - b a s
tante fam iliar para el sentido c o m ú n -d e que la acción intencional es una in
tervención, una iniciativa, en un m edio am biente independiente y som etido a
sus propios cond icion am ientos causales. De este modelo casi trivial podemos
extraer no obstante algunas consecuencias relevantes para una ontología de la
acción histórica. En prim er lugar, la acción tiene la doble peculiaridad de per
tenecer a la iniciativa de un agente y deJijarse en el m undo m ediante una co n e
x ió n cau sal e m p írica qu e es p o ten cialm en te abierta y em p íricam ente
indepen diente en la línea de sus efectos. E xtrem ando esta situación, Donald
D avidson escrib ía que todo lo que los agentes h u m ano s h acem o s directa
m ente es m over nuestro cu erpo y que el resto es “up to nature"9. Sin adherir al
naturalism o del filósofo norteam ericano, que hace del m ovim iento corpóreo
la tierra firm e de la a cció n , co m o si ese m o vim ien to, a su vez, no estuviera
atravesado por m ediaciones sim bólicas y culturales susceptibles de interm e
diar en los m o vim ientos aparentem en te m ás directos del cu erp o , p odem os
c o n ced er con A rthur D anto que actuar es siem pre ejercer una capacidad b á
sica - o acción básica en el lenguaje de D a n to - que no requiere de acción inter
m ed iaria, y que h em o s ap rend id o a co n tro lar sin o bserv ación , esto es, sin
8 El punto de vista de von W right aparece en su d á s ic o E x p licació n y com p ren sión i 1 9 7 1 ), Alianza,
M adrid, 1 9 8 7 ,p p . 5 7 -1 0 6 . Asim ism o, el com entario de Paul Ricoeur, en Ricoeur, P., El discurso de
lo acción ( 1 9 7 7 ), Cátedra, M adrid, 1 9 8 1 ,p p . 1 2 1 -1 3 1 , retomado en Ricoeur, P, Sí mismo como otro
( 1 9 9 0 ) , S. XXI, M éxico, 1 9 9 5 . Respecto de la im posibilidad de la representación discreta ex ante,
véase Bergson , H enri, Essai sur les données im m édm tes de la con science (1 9 2 7 ), Presses Univ. de
F ran ce.P rís, 1 9 9 1 ,p. 1 3 3 y s s .
9 Davidson, Donald, Essays onA ctionsand Events, O xford Clarendon Press, Oxford, 1 9 8 0 , p. 59.
que haya m argen de incertidum bre em pírica entre el m ovim iento y su resul
tado. C uál sea esta acció n b ásica, si u n m o v im ien to n atu ral y d iscreto del
cu erpo o un m ovim iento del cu erpo preinterpretado sim bólicam ente co m o
p ro n u n ciar una palabra, salu dar o h a c er una m u eca, no anula el h e ch o de
que para h acer ciertas accion es realizam os d irectam en te otras accio n es para
las cu ales n o d iscern im os consigu ientem en te otra acción interm ediaria. En
este sentid o p reciso , el m ovim iento del cu erp o propio se encu entra segura
m ente entre las m ás tem pranas de estas capacidades básicas, pero ni es infa
lible, ni se trata tam poco de las ún icas que podam os po seer10.
U na vez adm itido este co n cep to , podem os co nced er que la acción (n o bá
sica o co m p le ja ) es po r ende aqu ella que realizam os m edian te u n a(s) ac-
c ió n (es) b á s ic a (s ). Por e je m p lo , ab rir la p uerta es una a cc ió n co m p le ja que
realizam os m ediante las accion es básicas de estirar el b razo, em pu ñar el p i
caporte, girar la mano y em pujar. Sin em bargo, m ientras que los m ovim ien
tos del b razo y de la m ano no n ecesitan intentarse para h acerse, ni p or ende
observarse para saberse realizados por el agente11, la apertura de la puerta po
dría depararno s una sorpresa sí, por ejem p lo, la e n co n trásem o s bloquead a
por una fuerza co n traria, y de igual envergadura, ejercid a desde el lado
opuesto al nuestro. Aquí tendría sentido decir que el intento de abrirla puerta
n o tuvo el resultado esperado. La d istin ció n entre el intento y la acción sólo
cobra sentido en la acción co m p leja, donde aparece u n eslabón interm edia
rio entre el m ovim iento corp óreo y su resultado. Pero no podem os hablar, en
g eneral, del intento d e a l z a r e l b r a z o o del intento d e d e c ir “h o la ”, a m e n o s de
im aginar situaciones artificíales para la que el m ovim iento de alzar el brazo o
de p ron u n ciar una palabra resulten accion es co m p lejas (el caso de una per
sona a q u ien acaban de extraer el yeso de su brazo y en sa y a los m ovim ientos
del m ism o co n la ayuda de su o tro b razo, o el caso de una p erson a transida
por el p ánico que no logra articu laru n a palabra).
105obre la noción de acción b á sica , D anto, Arthur, “Acciones básicas”, en W hite, A. R. (co m p .), La
/¡losofiade ¡a acción, Fondo de Cultura E conóm ica, M éxico, 1 9 7 6 , pp. 6 7 - 8 7 . Sobre la relatividad
de esta noción en relación a nuestras capacidades adquirídasy heredadas, véase, Searle J o h n , In-
te.nüonaüty.A n essay in (he P h ib sop h y o f M'mci, C am brid g e Univ. Press, C am bridge, M assachusetts,
1 9 89 , p. 100. Asim ismo m is com entarios en N aishtatE , problem asfilosóficos en la acción individual
y colectiva. U n aperspectiva pragm ática, Prometeo, Buenos Aíres, 2 0 0 5 , p. 1 0 9 y ss.
11Sobre la noción de “conocim iento sin observación”, Cf. A nscom be, Elizabeth, Intención, Paidós,
Barcelona, 1 9 91 .
Tam bién p odríam os im aginar que logram os abrir la p uerta, pero que al
hacerlo, una corriente de viento helado nos paraliza de frío. En este caso la ac
ció n tiene el resultado esperado (puerta abierta) pero los efectos de dicho re
su ltado n o s deparan una so rp resa. Podríam os m u ltip licar al infinito los
e jem p los d e efectos indeseados o im previstos de u n aaccíó n tan sim ple: lo im
portante es q ue, al fijarse en el m u nd o, la acción ingresa en el dom inio de los
efectos p rob ables, quedand o afectada, en paralelo a su cu ota de p revisibili-
d ad , de un m argen de riesgo e in certid u m b re que es propio de la co n d ición
on loíógica del actuar.
Por end e vem os que lo q u e h a c e el agente al actuar no es algo que quede
e n teram en te b ajo su co n tro l. La filosofía de la acción , b ajo la im pro nta del
giro lin g ü ístico co n te m p o rán e o , se ha prevalido de la d istin ció n fregeana
entre la descripción defin ida y su referente para plantear el problem a de esta in
determ in ación de la acción , que es asim ism o una indeterm inación en su co*
n o cim ie n to , en los térm in os de una te o r ía d e las d escripcion es d efin id as: una
mism a acción A cae bajo un abanico indeterm inado de descripciones defini-
d asD lt D2 D n ,D n + 1 , . . . B ajo algunas de estas d e scrip cio n es, la acción
co rresp o nd e al resultado esperado y es por ende intencional; b aj o otras des
cripciones, sin em bargo, corresponde a un efecto indeseado o, por lo menos,
inv olu ntario . Pero todas estas d escrip cio n es rem iten a la m ism a a c c ió n , en
tanto se encu entran originadas en la m ism a cau salidad-agen te11. Por ejem plo,
H am let m ata involuntariam ente al padre de O felia pretendiendo m atar a un
espía: en este caso tenem os dos descripciones verdaderas de la mism a acción:
D i : blam let m ata a un individuo o cu lto en la hab itación de G ertrudis; D 2 :
H am let m ata a Polonio. Baj o D ^ la acció n es in ten cion al y baj o D 2 no lo es.
Bajo D |, en efecto, Hamlet realiza ese contenido proposicional com o algo que
entendía h a c e r ; bajo D2 , en cam bio, Ham let realiza ese contenido p reposicio
nal com o algo que desconocía. Esta diferencia rem ite a la com pleja cu estión
del dolo, y plantea, m ás allá del m ism o, las intrincadas diferencias entre el dolo
y la respon sabilidad. H am let es respon sable de la m uerte de Polonio, porque
sabía que e staba m atando a un ind iv id uo o cu lto , y podía por ende prever
q ue, al m atarlo, podría tratarse de u n cab allero del palacio, y por ende del
padre de O felia. Pero H am let no es aquí cu lp able, en el sentido de haber m a
12 Cf. Anscom be, E ., op. cit. y, sobre el “efecto acordeón” en relación con las descripciones de la ac
ción , Feinberg, Jo e l, “Acción y responsabilidad", en W hite, A. R. (co m p .), op. c i t , pp. 1 3 9 -1 7 4 .
tado a P o lo n io con dolo o intencionalidad. El derecho p enal distingue aquí
entre el hom icidio doloso (con intención al hacer) y el hom icidio culposo (por ac
cid en te ), reco n o cie n d o toda una serie de casos in term ed ios, co m o el dolo
eventual, que rem iten al mayor o m enor grado de previsibilidad del efecto in-
deseado por parte del agente.
Retenem os por ende tres principios: a) u n aacció n A sólo puede señalarse,
distinguirse o considerarse bajo una determ inada descripción D (A), es decir,
n o disp on em os de un m odo de acceso a A, a m en o s que sea en el m arco de
una descrip ció n D(A ); b ) existe al m eno s una d escrip ció n D^(A) bajo la cual
A es intencional, es decir, tal que el enunciado D,-(A) describe lo que el agente
hace com o a lg o qu e éste en tiende h a c e r ; c) existe un e fecto acord eó n e n las des
crip cio n e s de A tal que el arco de estas últim as puede estirarse arbitraria
m ente según la línea de sus e fecto s, y recon traerse nu evam ente en torno de
alguna d escrip ció n b ásica (de do nd e el n om bre de efecto a c o r d e ó n ), lo que
h ace que b a jo algunas de estas d escrip cio n es A es in tencion al y no lo es bajo
otras. La co n ju n ción de estos princip ios nos perm ite ahora considerar un as
pecto prim ordial de la acción en la historia, a saber, que los motivos y el resul
tado esperado de toda acción A dan a los su m o , si la acción tiene el éxito
e sperado, una d eterm inada d e scrip ció n verdadera D q(A ); sin em bargo la
m ism a acción A, una vez abierta la caja de Pandora de su in teracció n co n
otras accion es hum anas y de su im bricación causal con todos los aleas em p í
rico s, co bra una serie de significados in d ep en d ien tes del sentid o m en tad o
originalm en te po r su agente (fen óm en o expresado en el térm in o sartreano
de con trafin alidad), es decir, admite una cadena de descripciones o significa
dos Dn (A ), D n + 1 (A), distintos de los m otivos originales.
Este aspecto de la acción, ensalzado por Hannah Arendt y Paul R ícoeu r13,
está ilu m inado aquí desde una teoría de las d e scrip cio n es, pero puede per
fectam ente pensarse para la interpre tación de la acción , ya que al abanico de
las descripciones corresponde a fo rtio r i un abanico posible de las interpreta
cio nes y de los significados, según los aspectos que se realcen de la acción en
la línea del tiem po. F.n efecto, co m o señala ya F reg e14, a toda descripción c o
rresponde un sentido (Sinn) que distinguim os de la den otación o referen cia (Be-
16 Sobre la noción de Upo idea1histórico, C í. Weber, M ax, “La ‘objetividad’ cognoscitiva de la ciencia
social y de la política so cia l", en Ensayos sobre m etodología sociológica, A m orrortu , Buenos Aires,
1 9 9 0 , pp. 3 9 -1 0 1 ,
17 Paul Veyne desarrolla la idea de q ue: a) cualquier proceso o gran ac onteciiniento admite una se
cuencia de sucesos intermedios que se pueden explicar paso a paso, la conocida explicación genética
en historia; b )elaco n te cim ie m o total perm anece im predecible desde cualesquiera de los m ini
eventos que lo com ponen , de m anera tal que nadie puede tener una representación previa del
m ism o, y esto en virtud de lacoriting en ciao n tológ icaqu e es propiad eld esenvolvim iento h istó
rico, y que genera cadenas de causación múltiple y de com plejidad irreductible aúna arborescencia
discreta y cerrada; Cf. Veyne, Paul,op. cit., p. 7 0 .
Para la Verstehen, en efecto , hay, bajo cada tipo ideal, unos individuos que
satisfacen los criterio s de la a cc ió n in ten cio n al y la red co n cep tu al m otivo-
elección -decisión . Bajo cada uno de estos tipos generales hay individuos que
persig uen una fin alidady se m ueven id e o ló g ic a m e n te en acu erdo co n m o ti
vos, c álcu lo , n o rm asy ex p e ctativ as sociales de to d o tip o . Pero la Revolución
F r a n ce s a p ropiam ente d icha es u n a individualidad histó rica de gran escala
que no es p recisam ente, en cu anto R evolución F ran cesa y bajo e s a descripción,
el resultado co n scien te de una in terv en ció n d eliberada de tod o s los indivi
duos involucrados en el gran dram a, co m o sí lo e s, en cam bio, H arn éala insu
rrección, h a b ló e n la A sa m b lea Nacional, detuvieron al rey Luis X V I en Varennes,
procesaron al rey Luís XVI, tr a z ó el p lan de d efen sa en el fla n c o n orte d e la capital,
cerraron las iglesias y las u niversidades, etc. Poder ver a los actores y a sus accio
nes por d ebajo del gran acontecim ien to o del proceso de gran escala, nos per
m ite d e s e n c ia liz a r la totalid ad histó rica y cap tu rar las su bjetiv id ad es
involucradas, para explicar co n adecuación com prensiva el acontecim ien to
histórico. Por otra parte, recon ocer en el acontecim iento histórico de gran es
cala un dram a que carece de autor y de un plan deliberado y previsible, es in
disp en sable para evitar cu alq u ie r visión ing en u am en te consp irativa de la
historia, y desde ese m ism o punto de vista, para hacerse cargo de la co m p le
jid ad de las cadenas m últip les de causación histórica. La consecuencia para
dójica de este contraste ha sido perfectam ente percibida po r Hannah A rendt,
quien la sintetiza al decir que los dramas históricos tienen seguramente actores
individuales que caen bajo la lógica d é la acción in ten cion al, pero carecen de
au tores, en contraste total co n , pongam os, una obra o un crim en pasional18.
E s en este sentido que la lógica individual del efecto acordeón queda aquí
un po co estrecha. Bajo d ich o m o d elo todavía se aplica lo que Paul R icoeur
analiza según la analogía del texto literario. El filósofo francés ad u c e 19, en
efecto, qu e de la m ism a m anera en que S, al e scrib ir una o b ra , es autor de un
texto cu y o s varios sen tid o s quedan ahora atrapados en el m aterial escrito
co m o fo ndo infinitam ente disponible, y sep ara d os en adelante de los motivos
originales de S, de m odo que adm iten en lo sucesivo una panoplia indefinida
18 Para este pum o de la d ifeiencia entre autor y actor, en el m arco de la diferencia establecida por
Arendt entre o b ra y acción, cf. Arendt, H annah, La condición h um an a ( 1 9 5 8 ) , Paidós, Barcelona,
19 9 3 , pp, 1 9 9 -2 7 6 . -
19Ricoeur, Pau l, Del texto a la acción. Fondo de Cultura E conóm ica, M éxico, 2 0 0 0 , p. 1 6 9 y ss. Asi
m ism o, Cruz M anuel, Ftíoso/ía de ¡a Justaría, Paidós, Barcelona, 1 9 9 6 , pp. 1 5 1 -1 6 4 .
y siem pre abierta de interpretaciones posibles a la luz del siem bre inacabado
trabajo de la critica literaria, la acció n es tam bién una “fijació n ” en el m u nd o
de un acto o riginal o in te rv e n ció n , cu yo sentid o queda atrapado e n el a b a
nico de sus consecuencias y de su inte rrelación social, abriendo por ende una
secu en cia ind efinid a e infinita de in terp retacio n es p o sib le s, que so n resu l
tado del trabajo de la herm enéutica histórica, social, política, ju ríd ica, e tc ., y
que resultan por ende independientes de los m otivos de su au tor. La analogía
es muy su gerente; sin em bargo, co m o dijim os u tsupra, admite un lím ite claro
cuando pasam os de la vida ordinaria a la escala de los acontecim ien tos histó
ricos: b a jo la d escrip ció n R evolución F r an cesa, ya n o po d em o s id e n tificar a
unos autores c o m o lo hacem os co n las acciones individuales del tipo de m ovió
el d ed o y d isp aró el a r m a . La analogía de Ricoeur en tre la acción y la teoría del
texto literario encu entra aqu í el m ism o escollo que el m od elo del aco rd eó n
“oficial".
C on este problem a tocam os la célebre controversia del individualism o m e
todológico vs. h olism o m etodológico. Hay m u chas versiones de la p o sición h o -
lista, pero la relevante aqu í co n siste en so sten er q u e existen fo rm acio nes
colectivas co m o los p ueblos o las clases sociales cuya entidad n o puede des
co m p o n e rse e n sus co n stitu y e n tes individuales sin o qu e, p o r el co n trario ,
son el resultado de un salto de niv el, que es característico de la ontología del
a con tecim ien to h istórico: de acu erd o co n la po sició n ho lísta, los ind iv id uo s
co n stitu y en tes no son e n teram en te co n scien tes de estar alim en tand o , m e
diante las accion es individuales que ejecutan, unas acciones y aco ntecim ien
tos co le ctiv o s de gran escala, lo s cu ales sólo p ueden co m p ren d erse b a jo la
gestalt o fig u r a irreductible de una totalidad, que es el m arco h istórico bajo el
que puede solam ente capturarse la acción o el aco ntecim ien to de peso h istó
rico. D e este m odo, opera aquí una suerte de m an o invisible: los actores in d i
viduales, sin sab erlo siem pre, se e n cu en tran en verdad e je cu tan d o una
acción de gran escala, cuya lógica se articula según la figura de un co lectiv o
indivisible, que el historiador ha sabido capturar co m o una singularidad h is
tórica. R eco n ocem o s fácilm ente en esta p o sición la hu ella de H egel, qu ien
pensaba las accion es de los actores individuales co m o em bebidas en la reali
dad h istó rica de lo s pu eb los, q u e so n en últim a in stan cia el verdadero p ro
pulsor, y por ende el único explan an s, del acontim iento de gran escala. Desde
luego, entre los individuos ordinarios y los p u eb los, Hegel reconocía la inter
m ediación de los individuos extraordin arios ag r a n d e s h om bres, es decir, de los
grandes je fe s históricos, pero estos últim os so n a su vez m eros instrum entos
de los pueblos, que perm anecen en últim a instancia com o los agentes verda
deros)? co n cretos de la histo ria20.
A diferencia de la explicaciones ideológ icas de la acción individual, el ho-
lism o es aqui afín ya sea a un tipo de explicación estructural, tal que la estru c
tura latente es causa d é la a cc ió n m anifiesta, o bien a u n tipo de ex p licación
fu n cio n alista, es decir, tal que la acción m anifiesta individual es el in s tru
m en to fu n cio n al al servicio de una totalidad latente. En cu alqu ier caso , el
aco n tecim ien to de gran escala es considerado co m o irred uctib le a la acción
individual, requiriendo por consiguiente el pasaje a una antología sui generís
de carácter m acro scóp ico u ho lista, en la que vem os aparecer a los p ueblos,
las clases, las culturas, las naciones, e tc . Ahora bien, sin negar la existencia de
una escala m acro scóp ica en los aco n tecim ien to s histó ricos, sin redu cir por
ende estos ú ltim o s al resultado o la autoría de unas cu antas accio n es in te n
cio n ales d iscretam en te id en tificables, p odem os sin em bargo su p on er que
detrás de cada aco n te cim ien to m acro scóp ico hay n o tanto una o nto lo gía
irreductible y esencializada de los colectivos, com o una síntesis hístoriográ-
fica que el investigador realiza precisam ente a partir de un sinfín de accion es
y su cesos de m eno r escala (in dividuales y/o g u íp ale s).
Desde este punto de vista alternativo, u n aco ntecim ien to m acroscópico,
co m o Revolu ción F r a n c e s a , es una sín tesis h istó rica singu lar que no es n i el
p rod u cto de un co lectiv o esencializad o , ni tam poco la obra deliberada de
una agen cy intencional, es decir, de unos cuantos agentes que procederían ex
an te dándose la m eta explícita y el propósito m anifiesto de la revolución. En
este sen tid o , el aco n te cim ien to de gran escala no tiene ni au to rn i au tores, y
esta carencia no viene del hecho de que sus autores sean en verdad de tamaño
colectivo, sino del hecho de que el acontecim iento es una síntesis e x p ostja cto
para la que no encontram os una representación deliberada anterior o sim ul
tánea a la acción , co m o si se tratara del resultado deliberado de una interven
ció n . Pero al o p erar co m o una síntesis o un tipo id eal, el aco n tecim ien to se
articula siem pre a partir de u nos actores que hacen cosas e interactúan entre
s í, aunque lo que éstos hagan no sea h ech o b a jó la d escripción del aco n tecí-
20 Hegel, G eorgW ilhem Friedrich, Lecciones sobre lafiloso/ia de la ¡m iaría universal, trad. José Gaos,
A lianza, M adrid, pp. 4 3 - 1 3 8 . En relación con la noción hegeliana defig u ra (G estalt), Cf. Brauer,
D aniel, “La filosofía idealista de la h istoria", en M. Reyes Mate (ed .), F ilosofía d e la historia, EIAF,
Trotta.M adnd, 1 9 9 3 , p. 11 5 .
miento m acroscópico, que es m ás bien una síntesis e x p o s t del historiador. En
definitiva, hay perfectam ente un salto de nivel entre la acción individual y el
aco n tecim ien to h istó rico, pero este últim o n o e se l fruto de un desnivel on-
tológico entre los ind iv id u o sy lo s colectivos, sino el fruto de un salto interpre
tativo entre la in te racció n individual te leoló gicam en ie caracterizad a, y su
interpretación historiográfica a través de una trama narrativa.
21 Se dice que una propiedad P superviene en una clase de propiedades Q si y sólo si: 1) si (existe x)
tal que P(x), entonces (para todo z) tal que z es indiscernible de x en relación con la dase de propie
dades Q , es el caso que P(z)¡ 2 ) x no puede variar respecto de P, d ejar de ser P o volverse más que P
(respectivamente m enos que P)sin cambiar respecto de algún miem bro de Q. A partir de i 9 7 0 Da
vidson tom ó de Richard Haré el térm ino de su perven iencia (el o xoniense lo em pleaba en un c o n
texto de discusión sobre los térm inos de valor com o bello o fotenoy su relación con las propiedades
fácticas) para pen sarla relación entre los conceptos m entales y los con ceptos físicos: de la m isma
trazar la diferencia de nivel e n tre , pongam os, los valores m orales y los actos in
ten cio n a les, a saber: la b o n d a d de una persona S es irred u ctib le a cu alqu ier
co n ju n to d iscreto de sus acto s in ten cio n ales y, sin em bargo, cu alquier alte
ración en las valoraciones que hacem os de S, su pon e para Richard Haré que
algo haya variado en el co n ju n to considerado de los actos intencionales de S
y, recíp rocam ente, si se considera una variación relevante de los actos in te n
cionales de S, serem os condu cidos a revisar de m anera tajante nuestra valora
ción m oral de S. E n una palabra, la valoración de una persona no es indem ne
resp ecto de su s p rácticas co n cre tas, aun que no haya nin gú n c o n ju n to de
p rácticas concretas que sirva de defin iens para u n a valoración m oral, Richard
Haré proponía d en o m in ar'‘su perveniencia" a esta relación, y afirm aba que de
este m odo las propiedades m orales supervienen e n las propiedades Tácticas de
la acción , sin reducirse de m anera alguna a propiedades fácticas de cualquier
tipo.
D e m anera análoga, podríam os decir que el acontecim ien to de nivel m a
croscó p ico n o es exactam ente la autoría de un os individuos determ in ables,
co m o tam p o co es redu cible a u n n ú m ero dado de accio n es individuales, y
sin em bargo, este a co n tecim ien to superviene en las accion es e interaccio nes
individuales, e n el sentid o de que cu alquier m o d ificació n en la caracteriza
ción del aco n tecim ien to su pon e una revisión de su base em pírica y práctica,
y p o r ende de la cadena de accion es que lo integran, y que, recíp ro cam en te,
si hay una m o d ificació n (significativa) de su base em pírica y de las accion es
co nstitutivas, en to n ce s debe revisarse el carácter del aco ntecim ien to co m o
un todo. De esta m anera, preservam os sim ultáneam ente las accion es in te n
cionales y el carácter no reductible del aco ntecim ien to , rechazando la doble
tentación del esenriaítsm oydel reduccionism o.
La relació n de su p erv eniencia n os perm ite así percibir la necesidad que
los histo riad ores y los so ció lo go s tienen de hu sm ear por debaj o de los co n
cepto s generales co m o R evolución F ran cesa para encontrase co n las interac
cio nes co n cre tas de los actores y despejar de este m odo una exp licación del
m anera que para Haré los conceptos de valor supervienen en lo sco n cep tcs íá a ic o s sin reducirse a
esios últim os, para Davidson los conceptos mentales supervienen en losconceptos fisícossin redu
cirse aestos últim os; véase Haré, Richard, The Language ofM oráis, O xford, Q arend on Press, 1 952,
O xford, pp. 8 0 - 8 8 ; véase asim ismo Davidson, Donald, “M em alEvenis”,e n Davidson, D ., op. cit. ,
2- Sobre la idea d e u n a “ap e rtu rad cl p asad o" corno con dició n h istoríográfica intrínseca de la narra
c ió n ,v in cu lad a con el carácter ab ierto del fu turo, C f. D an to , A rthur, H istoriay n arración , F aid ó s,
Barcelona, 1 989. D eboa una con versación con O scarN ud ler la idea de relacionar la noción d esu
perveniencia con la d e c on tex tod e interpretación, e vitan d o así la idea de u n a su p erv en ien cia in g e
n u am en te em pirista.
tiene un papel constitutivo en la conform ación ontológica del aco n teci
m iento interpretado. La misma noche del 14 de ju lio de 1 7 8 9 no define el
mismo acontecim iento en dos contextos de interpretación sensiblemente di
ferentes. Es sabido que en su diario personal Luis XVI escribió, en la nota co
rrespondiente a ese día, “Ríen”, nada. Luis XVI no era historiador m tenía por
qué serlo; tam poco fue un político avezado, sino más bien un monarca bas
tante m iope, cuya m o d eración rozaba el inm ovilism o. Sin em bargo, el
"Rien” del diario personal del rey para lajornada del 14 de julio no es excep
cional, e ilustra el fenóm eno que se quiere destacar; los acontecim ientos su
pervienen en los hech os y las accion es de m eno r escoda, perc siem pre al
interior de un marco interpretativo, cargado no sólo de la amplitud co n que
se toma el pasado, sino de valores y de una preínterpretación de la realidad,
de m anera que solam ente ai in terio r de un m ism o marco se cum ple que la
invariabilidad de los hech os de escala m icro produce invariabilidad del
acontecim ien to. Por ende no es cualquier relación de superveniencia la que
apuntalam os para definir la relación considerada entre el acontecim iento y
la acción , sino una superveniencia herm enéu ticam ente condicionada por el
contexto de interpretación.
Bibliografía recomendada
1E n realidad respecto de la cuestión de la autoría y paternidad del m arxism o tal vez seria con ve-
m en ted iscern irun auto r-co n cep tcxm áspropiam entellam ad oM arx-En gels.q uerecojay exprese
las virtudes y los defectos de la obra de am bos autores de m anera global, antes que atribuir roles a
cada autor por separado; de todos m odos por conveniencia en la exposición nos referiremos a Marx
únicamente. Sobre esta cuestión, específicamente la importancia de Friedrich Engels (1 8 2 0 -1 8 9 5 )
en la con cepción m arxista de la historia, véase Alvin Gouldner, Los tíos marxismos, Alianza E d ito
rial, M adrid, 1 9 8 3 ,pp.2 7 4 -3 1 1 .
: Karl Marx, M an uscrílosdc econom ía y filosofía, Alianza, Madrid (1844] ,1 9 7 7 .
5 En especial Las tesis sobre feu erb a ch de 1 8 4 5 , l a ideología alem a n a , Pueblos Unidos, M ontevideo,
(1845 -46] 1 9 6 8 (usualm ente la edición del segundo incluye a las Tesis), y La Sagrada Fa milia, Gri-
jalb o ,M éxico [1 8 4 3 -4 J1 9 6 0 .
su bjetiv o para el análisis de la p raxis establece una prim era tensió n co n los
escri tos ele 1 8 4 4 , así com o tam bién delimita un espacto de contradicción con
ulteriores elaboraciones; la historia aparece de acuerdo co n este segundo e n
foque com o un proceso em pírico y verificable que no requiere consideracio
nes en torno de lo ideal, sino más bien directrices m etodológicas en pos de un
análisis m aterialista de la sociedad . La historia tiene aquí u n desarrollo co n
final abierto, contingente -desaparece la matriz te leoló gica-, para cuya co m
p rensió n se requ iere un m ayor d eten im ien to en la actividad hu m ana c o n
creta y e n las relaciones su je to -o b je to y entre su jetos: el devenir h istó rico es
considerado aquí com o el resallado del actuar de los individuos y grupos h u
m anos según su s necesid ad es y de acu erdo co n las circu n stan cias. Este se
gundo recorrid o puede verse co m o una crítica antino rm ativ a y co m o una
depuración del m aterialism o con el o bjetivo de produ cir una m irada m enos
d eterm inista y m ás centrada en el proceso histó rico m ism o.
La tercera linea de análisis tom ará en cu enta lo s intentos de M arx de d es
arrollar la historia a partir de u n concepto lógico-objetivo y de la articulación de
una abstracción estructural, tal com o puede apreciarse en sus textos “m adu
ros”4. La historia puede verse así co m o un p roceso n a tu ra l, o b jetiv o , so m e
tido a la acción de leyes generales que regulan el desarrollo correlativo de las
fuerzas productivas y de las relaciones de produ cción. Se pasa del análisis de
la acción y la in te n c ió n hu m anas a co nsid eraciones en torno de las “fuerzas
m otoras” que las regulan. El hom bre es considerado ahora co m o un “porta
dor de relaciones sociales”, a las que expresa pero no determ ina. Inm erso en
esas relacio n es el h o m bre evo lu cion a atravesando una serie de etapas por
m edio de deslizam ientos determ in ados p o rle y e s naturales de m ovim iento
eco n ó m ico . Sí el prim er enfoque produ ce una m irada teleológica y totaliza
dora del devenir del h om bre, y sí la segunda perspectiva propone un hu m a
nism o centrado en la praxis y la acción su bjetiv a, este tercer sesgo deriva en
una abstracción form alizante que pretende respon der al unísono a los in te
rrogantes diversos que m otorizaban a los dos prim eros: ¿qué sentido tiene el
recorrid o hum ano? y ¿a través de qué proced im ientos co n cretos se efectúa?
1P o rejem p lo ,cn u n a d c las cartas dirigidas a Arnold Ruge en 1 8 4 3 , véase Karl M aix y Fried nch En-
gcls: C d k ctec l W orks, Law rence and W ish a n , 1 9 7 5 , V I , p p . 3 9 8 -4 0 0
(’ Ifn Karl M arx y F riedrich E n gels, O b ra sc om p k m s, tom o c om p lem e n tario I, p. 540,
7E n K a riM a r x y F rie d r ic h E n g e ls,o p .c ¡í.,p . 5 4 4 , p. 5 7 9 y p . 5 4 2 .
13 Karl Marx y FriedrichEngels, M anifiesto del Partido Comunista, Anteo, BuenosAires, [1848] 1 973,
P- 57.
M arx so bre la d o m inación británica en la India perm ite clarifica resto: Ingla
terra, pese a labrutalidade hipocresía de sus actos, cum ple una función h istó
rica progresiva, co m o “instrum ento inconsciente de la historia”, al introducir
las fuerzas capitalistas e n la atrasada India. El aco ntecim ien to h istórico sirve
co m o signo de la pauta de largo plazo que M arx cree h ab er elucidado: la cre
ación de las bases m ateriales de la futura sociedad com unista sobre la base de
la constante revolución de las fuerzas productivas en el periodo capitalista de
la historia14. Esta reform ulación del estatuto teórico del punto de llegada h is
tó r ic o -q u e no lo es tanto, porque com o forma evolutiva no constituirá un es
tado irreversible o in m u tab le, cosa que co ntrad iría la m etafísica m a rx ista -,
su p on d rá una nueva dinám ica h istó rica qu e p rescin d irá por co m p leto del
tipo de evo lución co n flictiva y d ialéctica propia de las form as sociales basa
das en el antagonism o. Esta carencia de antagonism os conllevará la elim in a
ció n de tod o po d er p o lític o -e x p re s ió n de la div isión de cla s e -, pero no de
todo m ovim iento so cial. Sim p lem ente “las evo lu cion es sociales d ejarán de
ser rev olu cio n es p o lític a s”15. E ste p u m o de vista perm ite una recon sid era
ció n del p roceso en su co n ju n to .
La evolución del h o m bre, así concep tuad a, supone la em ergencia de una
nueva e sp e c ie , po r m ed io de la e fectu ación de un p roceso por co m p leto in
m erso en la historia natural. Lo que define a la nueva especie es que se carac
teriza tanto p o r se r c o n scie n te co m o por se r so cial. En la m edida que los
h o m b res pueden co o p e rar y p lan ificar su h acer se van diferencian d o del
reino anim al. El ám b ito qu e po sib ilita y expresa esa d iferenciación es el del
trabaj o y por ende la pauta evolutiva del hom bre se reconfigura com o un pro
ceso de creciente o rganización co nsciente de la p rodu cción so cial. En tanto
los ho m bres pongan lím ites a la capacidad an ticip atoria de su co n cie n cia, y
n o planifiquen ni cooperen en la efectuación de su vida so cial, estarán dando
indicios de que aún no han logrado escindirse de la anim alidad. Los dos pla
nos que se o p o n en , el de la n ecesidad y el de la lib ertad , se asim ilan a la a n i
m alidad y a la hum anidad.
E l so cialism o expresa así la su p eración de la lucha por la propia e x isten
cia . “Los hom bres cu anto más se alejan de la bestia, tanto más se constituyen
14Véase “La dom inación británica en la India”y “Futuros resultados de la dominación británica en
la India", en O bras escogidas, IV, Ed .C ienciasd el H om bre, B uenosAires, 1 9 7 3 .
15 Karl M arx, M iseria d eía jilo so fia ,S ig lo X X I, Buenos Aires, [1 8 4 6 -4 7 ], 1 9 7 0 , p. 160.
en autores cíe su h istoria, co n scie n te m e n te ”, escrib e E n g e lse n el A nti-D üh-
ring15. Por el co ntrario el sistem a de libre co n cu rren cia capitalista im pone a
la produ cción m aterial un sistem a ana rquico propio de la co n d ición anim al.
El salto del reino de la necesidad al reino de la libertad im plica rá que la lucha
po r la existencia ha term inado y que el hom bre co m o especie ha encarado la
tarea de una auténtica socialización, co nsciente de sus propias potencialida
des, lo que perm itirá h acer la h isto ria de una m anera plenam en te racional.
Así dispuestas las cosas la visión reform ulada pareciera una depuración de la
prim era versión del enfoque de la totalidad histórica, elim inando las preocu
paciones por las determ inaciones esenciales del hom bre y asum iendo el carác
ter más contingente del proceso - e n cierto sentido “naturalizado" e inse rto e n
el cic lo m ás am plio de la ap arició n y d esarro llo de u n a esp ecie b io ló gica
co m o diferenciada del resto del reino anim al en virtud de su capacidad c o o
perativa y de plan ificació n -. Lo que habilita la perspectiva “naturalizada” es
una consideración de la historia desde un punto de vista m enos especulativo,
m en o s “filoso fan te” quizás, advertido de la in con v en ien cia de po stu lar hi-
postáticam ente in ten cion es y finalidades autónom as para el p roceso h is tó
rico com o totalidad. Aun así am bas versiones recurren a una idea del devenir
hum ano susceptible de ser concebido en su totalidad co m o un proceso de al
can ce universal, unívoco y basado en la realización o co nsum ación de ciertas
d isp o sicio n e s-id e ale s o “naturales”- inherentes al ho m bre co m o especie.
“ FriedrichE ngels.A ttüD úím rtg. La subversión de la cienciap ord sí ñorfc'ugínDúhring, G rijalbo, M é
xico [1 8 7 8 ], 1 9 6 8 , p .1 2 3 .
I )i‘i rechazo a las ab straccion es de Feu erb ach queda claro que la historia
no es una instancia autónom a co n fines propios, sino que es el resultado de la
acción hu m an a. E n L a id eo lo g ía a le m a n a M arx precisa qué quiere d ecir con
ello: “La historia no es otra cosa que la secuencia de las generaciones particula
res, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas de produc
ció n que le son transm itidos por las generaciones anteriores, continuando así,
por un lado, bajo circu nstancias totalm ente m odificadas, la actividad here
dada , y po r el otro lado, m odi ficando, con una actividad totalm ente al terada,
las antiguas circu n stan cias”17. De acu erdo con esto la preocu pación por las
f o r m a s totalizadoras del devenir hum ano disminuye. Lo que gana en relevan
cia es la atenció n puesta en las situacion es y accion es que constituyen la h is
toria , en la com prensión del fu ncionam iento concreto del proceso h istó rico .
De aquí el resuelto ánim o m aterialista con el que se aborda la cuestión. La h is
toria se cu m p le baj o su puestos em p íricam ente d em ostrables: la existencia
de seres con ciertas capacidades, y ciertas n ecesidades a ser satisfechas que,
por e llo , en d eterm in adas circu n stan cias desarrollan cierta actividad pro
ductiva y por el hech o de hacerlo ingresan en relaciones sociales específicas.
E n este esqu em a resulta fu ndante el m ecanism o que establece necesidades
hu m anas crecien tes y el carácter derivado de las relaciones sociales que los
h o m b res e stablecen para satisfacerlas. M etodológ icam en te M arx opta por
privilegiar el análisis materialista, apelando a un em pirism o que desconfia de
toda especulación o abstracción que no cu ente com o contraparte con un co
rrelato m aterial verificable. La “prod u cció n m aterial” se vuelve así el funda
m ento de la totalidad de los procesos vitales reales que configura el ser del
hom bre. La co n cep ció n h istó rica global se deriva enton ces de ese cim iento.
Los procesos reales de prod u cció n son el punto de partida para una explica
ción de los distintos d om inios de la actividad social que incluye, desde laac-
ció n del E stad o , hasta la e x isten cia de distintas form as de la co n cie n cia, la
religión, las artes, la filosofía y ¡am o ral. Si el estudio de la historia déla hum a
nidad es una derivación de la historia de la industria y el intercam bio es por
que la últim a provee la vía de entrada para analizar todo lo demás.
En esta situación el com u nism o no se le figura a M arx com o un ideal o un
horizonte norm ativo. Se trata de una hipótesis su sceptible de ser verificada
em píricam ente, de acuerdo con el m ovim iento real que se desprende de la si
tuación actual, ju z g a evid ente el su rgim iento de una clase rev olucionaria a
partir de una tam bién cristalina situación de desgarram iento y contradicción
en la form ación social vigente que está llevando a la des tracció n de las otrora
fuerzas productivas, desgarram iento que sólo puede ser superado por m edio
de una rev olució n co m u n ista, que elim ine la m iseria que p ropala el estado
actual de cosas.
El resum en de este enfoque centrado en la praxis postula para la historia
no una su cesió n d e estados de cu m p lim ien to d ialéctico y necesario , sin o la
ex isten cia de un proceso abierto, co n tin g en te y plagado de situacion es sin
gulares. La imagen de la historia se construye no a partir de una idea o form a
general del p roceso h istó rico , sin o que se cen tra en la actividad hu m ana,
co m o derivada de ciertas necesidades. E n las Tesis sobre Fe u erb ach se intenta
articular un n ú cle o para la su bjetividad p ráctica centrada en el co n cep to de
n ecesid ad y que serviría para anudar las relaciones entre su je to s y entre su
je to y objeto.
El corazó n de la su bjetividad práctica, tal co m o es d efinido en la Vi Tesis
sobre F eu erbach apunta a precisarla naturaleza m enesterosa del hom bre. Allí
se dice que “F eu erb ach resuelve la esencia religiosa en la esencia hu m ana.
Pero la esencia hum ana no es algo abstracto e inm anente a cada individuo. Es
en realidad, el co nju nto de las relaciones sociales”18. El núcleo de esta afirma
ció n reside en la idea de que lo que sea qu e sea la naturaleza hu m ana no
puede captarse retrocediendo a cierto atributo “intern o ”, a la subjetividad de
los su jetos individuales. Esto puede ser tom ad o o b ie n com o una supresión
de la esfera su bjetiv a, en lo que constituye u n franco giro o b je tiv is ta -y que
conform a el tercer enfoque que analizarem os en el presente ca p ítu lo -, o bien
co m o una afirm ación de que el carácter de la esencia hu m ana no puede ser
entendido al m argen de configuraciones sociales históricam ente determ ina
das. La cu estión aquí reside en q u e, si hay co n stan tes an tro p o lóg icas, un
resto persiste co m o atributo específico de los individuos m ás allá de las m o
dalidades históricam ente d eterm inadas, en tanto qu e si n o las hay, la to tali
dad de lo que co nstitu y e la esencia del h o m bre es p ropio de las relacio nes
sociales. La crítica de M arx a Feuerb ach por co n sid erar exclu sivam en te lo
prim ero, n o necesariam en te supone que esté afirm ando sólo lo segundo. Al
gunas precisiones son aquí relevantes.
M arx parece requ erir el estab lecim ien to de ciertas características g ené
ricas hu m an as -a n te s v im o s el h e ch o de se r so cial y c o n s c ie n te , es decir,
p o seer la cap acid ad de co o p e rar y p la n ific a r -. Éstas co n stitu y en la “n a tu
raleza hu m ana en general”, co n ceb id a prim ariam ente co m o un ente activo
y p rod u ctivo , una totalidad de necesid ad es e im p u lso s y de d isp osicio n es
refe re n te s al c o m p o rta m ie n to , tal co m o lo d e sarro lla en los G ru n d r is s e 19.
E n esta to talid ad pu ed en d isce rn irse im p u lso s derivados de la fisiolog ía,
natu ralm en te h eredados; e stím u lo s del m edio natural y so cial; y n o ved a
des esp o n tán eas cread oras, su scep tib les de p rod u cir efectos histó rico s de
ca m b io 20. E n lo referente a las necesid ad es se reco n o cen tres tipos: v itales,
relacionadas co n la su b siste n cia , incluidas las dem andas sex u ales.d e libre
m o vim iento y de actu ación ; sociales, relacionadas co n las volicion es en pos
de la a u to afirm ació n , el se n tim ien to de recip ro cid ad y el reco n o cim ie n to
d esig u al; p o r ú ltim o n e ce sid ad e s “c u ltu r a le s ”, esté ticas o esp iritu ale s en
se n tid o am p lio , que e x p resan d em and as del ju e g o lib re de fuerzas y de la
libre au to ex p re sió n 21.
El sistem a de las n ecesid ad es hum anas aparece así estru ctu rad o co m o
una muí ti dim ensí onalidad irreductible que n o puede reconocerse m ás que
analíticam ente. En la práctica de h ech o, en la actividad concreta, se fusionan
e integran dos o m ás de esas dim en siones. No o bstante esa irreductibilidad,
el sistem a de las n ecesid ad es e im p u lso s h u m an o s configura u n e scalon a-
m iento en el cual unas partes entran en d ependencias parciales co n o tr a s -lo
que no su pon e un funcionalism o o determ in ación, com o habrem os de acla
ra r-, Lo que quiere decirse co n esto es que una pane considerable de las ener
gías p uestas en los niveles m ás co m p le jo s de actividad hum ana tiene co m o
m otivación últim ay a la vez, co m o condición de posibilidad, la aspiración de
satisfacer las necesidades más elem entales. Si algo constituye el corazón co n
cep tu al del sistem a de las necesid ad es hu m anas, el m ism o estaría definido
p or el ansia de asegurar la a u to n om ía person al y una posición so cial a d e
cuada. Es esta com pleja estru cturación de necesidades e im pulsos lo que ha
b ilita la co m p ren sió n de la a cc ió n so cial co m o un entram ado de prácticas
19 Karl M arx, Grundrisse: E lem entos fu n d a m en ta les p a ra ¡a critica d e la econ om ía política, Siglo X X I,
M éxico 11 8 5 7 - 5 8 ],1 9 7 7 , V .l.
20 Karl M arx, op. ú t , p .1 5 7
11 Sobre esta cuestión véase Helm ut Fleischer, M on ism o e historia, M onte Ávila, C aracas, 1 9 6 9 .e s
pecialm ente pp. 5 9 -7 1 .
orientadas por el interés de satisfacer lasn ecesid ad es, lo que a su vez c o n fi
gura tipos posibles de interacción dinám ica basadas principalm ente en la po
laridad igualitarism o-privilegio.
Por sobre este sustrato genérico se asienta la “naturaleza hum ana histó ri
cam ente m odificada”, que es som etida a cam bio s h istó ricos de acuerdo con
los produ ctos y las relaciones de p rod u cció n creados p o r los h om bres. Este
enfoque requiere que las relaciones so ciales no sean objetivad as categorial-
m ente por cu anto las relaciones hu m anas refieren a co m p o rtam ien to s c o n
creto s, lo cu al su p on e qu e los h o m b res n o se en cu e n tran “e n ” relacio n es
sociales determ inadas sino que actúan para dom eñar el m u ndo exterior y así
satisfacersusnecesidades. Las relaciones son categorialm ente dependientes
de lo s individuos, en tanto que entes su stanciales que pueden relacionarse,
y n o a la inversa.
C om o vim os hasta aquí el conjunto de atributos que constituyen la esencia
del hom bre incluye pues aquel mínim o genérico definido com o constante - r e
lativo a características biológicas, sociales y relativas a las m odalidades posibles
de transfo rm ación h is tó ric a -, y la totalidad com prensiv a o m áxim o de for
m as p osib les que las relacio n es so ciales pueden asu m ir de acu erdo con las
m o d ificacio n es h istó ricas de la naturaleza hu m ana, tan to lo que ya ha sido
co m o lo que puede ser. La idea de una etapa superior de la hum anidad, com o
realización de la norm a o postulado sigue, com o vem os, vigente, pero tras la
critica a Feuerb ach ya no fue posible seguir avanzando p o r el terreno de una
determ inación esencial ideal y se com ienza a hablar de “naturaleza hu m ana”,
entendiendo a ésta co m o “totalidad de necesidades e im pu lsos”. Esta “natu
ralizació n ” de los atrib u to s esp ecífico s del h o m b re , y su caracterización
co m o m ixtura de atributos inherentes a la su bjetividad p ráctica y de atrib u
tos derivados de relaciones sociales objetivas, será de prim ordial im portancia
para entenderlas oscilaciones de M arx a la hora de utilizar fórm ulas objetivas
o su bjetivas. E n lo atinente a co n sid eracion es form ales, que hagan ab strac
ció n de accion es co n cretas, o a sentencias totalizadoras que confieran sig n i
ficado a la im agen histórica en un sentido integral, el lenguaje o bjetivante de
la determ in ación ló gico-estru ctu ral, propio del énfasis en las relaciones so
c ia le s -p o r ejem p lo las co nsid eraciones en torno de las fuerzas productivas
y las relaciones de p ro d u cció n -re su lta rá de particu lar utilidad. Por el co n
trario, a la hora de tratar con el su jeto histó rico real, aquel que al actuar e fec
túa la realización concreta del m undo social, las form ulassubjetivo-prácticas
perm itirán una p erspectiva m u cho más enriqu eced o ra. En el trayecto mar
cado p o r estas o scilacio nes quedará así señalada otra línea de tensión funda
m ental e n la co n cep ció n m arxista de la historia.
U na h isto ria cen trad a en las accion es co n textu alizad as de los ho m bres
concretos podría encontrarse en la situación de tener que explicar por qué las
a ccio n e s hu m anas frecu en tem en te co n d u ce n a resultados opuestos a los
bu scad os. Si los ho m bres hacen su propia histo ria, en el sentido de que per
siguen su s propios fines, lo cierto es que la dinám ica social excede en m ucho
tal im agen sencilla, h acien d o posible partir de u n supuesto distinto del que
exp u sim os a n terio rm en te. Las m otivaciones co n scien tes de los individuos,
b ajo este enfoque, tendrán una im portancia subordinada. Aquello que se re
qu iere es un p rin cip io integrad o r que ex p liq u e tanto a las m otivaciones
co m o a los resultados. Éste es el afán que llevó a la búsqueda de “fuerzas m o
toras” capaces de estru cturar las m otivaciones hum anas y de condicionarlas
efectiv am en te. La tercera p erspectiva so bre la c o n cep ció n de la historia en
M arx revive ciertas o rie n tacio n e s teleoló gicas de las actividades hu m anas,
pero b a jo una nueva m odalidad.
En lo s Grundrisse, así co m o en la Contribución a la crítica de la econ om ía p o
lítica de 1 8 5 9 , se esboza un decurso histórico centrado en la progresión de las
form as e co n ó m icas so ciales que encu entra su clave interpretativa en la idea
de “c o n d ic io n a m ie n to ”. Veam os có m o opera. Los su puestos de los que se
parte en este enfoque son: 1) la ex isten cia de una organización física de los
seres hu m anos en función de la naturaleza física, 2 ) organización que co nd i
cio n a la p ro d u cció n de los m ed io s de vida, p rod u cció n que a su vez co n d i
ció n ala vida material y la m anera de ser en su totalidad, lo cual supone 3) una
co nexión entre la producción de los medios de vida, la vida económ ica co lec
tiva y las dem ás organizaciones sociales, de la vida política y el Estado, lo cual
im plica 4 ) el co n d icio n am ie n to de la vida d el Esp íritu p o r parte de ese tra
m ado m aterial y produ ctivo22.
Para una e x p o sició n esq u e m á tic a de estos y o tros su p u e sto s de la con cep ció n m arxista de la his-
A ires, 1973*, p p . 2 1 9 -2 4 7 . P §
A partir de estos su puestos se articula un m odelo de lo social que apela a
las figuras de la estru ctu ray la determ in ación para m o strar có m o las id eo lo
gías de los diversos g rupos están determ i nadas por el m odo de p ro d u cció n ,
es d e cir la base estru ctu ral, la cu al abarca 1) los m ed io s de pro d u cció n que
consisten en los recursos naturales a d isposición de d eterm inado grupo h u
m ano en un tiem p o y lugar determ in ad os, la p o b lació n p o ten cialm en te
capaz de realizar trabajo prod u ctivo , y el sto ck te cn o ló g ico disponible y 2)
los m odos de p rodu cción, esto es, “las proporciones reales de fuerzas hu m a
nam ente u tilizables dadas”; por otro lado la su perestructura co n siste en las
instituciones, las leyes, las formas de organización estatal, las costum bres, las
tradiciones y hábitos que sancionan las form as sociales efectivas por un lado,
y los ám bitos de la religión, la ciencia y el arte, que proporcionan racionaliza
cio n e s de la estru ctura social existente por el otro. E sto im plica el co n d ic io
n am ien to de la po lítica por la eco n o m ía y de la co n c ie n cia p o r el ser so cial,
co m o ejem p lifica M arx en su C on tribu ción a l a c rítica d e la econ om ía p olítica:
“En la produ cción social de sus vidas los hom bres entran e n relaciones de ter
m inadas, necesarias e independientes de su voluntad; relaciones de p rod u c
ción que corresponden a ciertas etapas de evolución de sus fuerzas materiales
de p rod u cció n . El co n ju n to de estas relacio n es de p ro d u cció n form a la e s
tructura económ ica de la sociedad, la base real sobre la que se erige el edificio
ju ríd ico y político y a laq u e corresponden determ inadas form as de co n cie n
cia social. El m odo de p rodu cción d é la vida material co n d icio n a el proceso
de la vida so cial, p o lítica e in te le ctu al en general. N o es la co n c ie n cia del
h o m bre la que determ in a su ser so cial sin o, por el co n trarío , es su ser social
el que determ ina su co n cien cia (...) Y del m ism o m odo que no podem os ju z
gar a un individuo p o r lo que él piensa de sí, no po d em o s ju zg ar tam p o co a
estas épocas de co n m o ció n por su co n cie n cia. Por el co n trario , hay que e x
plicarse esta co n c ie n cia por las co n tra d ic cio n e s de la vida m aterial, p o r el
co n flicto existente en tre las fuerzas productivas so ciales y las relacio nes de
prod u cció n ”23.
A través de una analogía co n el individuo se extrap ola una co n d ició n al
plano social, la cual adem ás abre el paso a un m odelo de explicación del cam
bio histórico: las co n trad iccio n es intern as en el m odo de p rod u cció n , entre
23 Karl Marx, Prólogo a la contribución a la crítica d e la econ om ía p o lítica, Estudio, Buenos Aires,
[ 1 8 5 9 ],1 9 7 5 ,pp. 8-9 .
N kúlu s Lavag nin o
25 Karl M arx, El capital, Siglo X X I, M éxico [ 1 8 6 7 ], 2 0 0 2 , trad. Pedro S c a ro n .T .l, E pílogo a ia se
gunda edición, pp. 17 -1 9 .
N icolás L iv ag n in o
26 Seguim os aquí la clasificación presentada en el ya citado libro de Alvin Gouldner, lx>s dos marxis
mos, Alianza Editorial, Madrid, 1 9 8 3 , en especial el capitulo 8 sobre los d etern in ism o s económ i
cos en el m arxism o. Véanse pp. 2 4 6 - 2 7 5 . G ouldner en cu en tra ejem plos de d eterm inism os
“particularistas” en el volum en 1 de El capital. Para otros caso sd e determ inismo universalse sirve
de citas d elvolum en 3 de El capital, referencias al M an ifiestoC om un ktay determ inados fragmentos
de El 1 8B rum ario de Luis B on aparte. Véase Gouldner, op .cit., p. 2 6 3 -2 6 4 .
17 La con cepció n del M odo de Producción A siático -véase m ás adelante nota 3 0 - es una m uestra
de que Marx no pretendía establecer una secuencia inexorable de realización válida para Lodo tiempo
y lugar. En el análisis de la “cuestión rusa", que no podemos tratar aquí, Marx consideró seriamente la
posibilidad d e senderos di ve rgentes basados en una sucesión distinta de las etapas históricas. Para
esta cuestión remito a Theodor Shanin (ed.): Ei M a n tard íoy la vía rusa. M arxy la p eriferia del cap i-
talism o, Revolución, Madrid, 1 9 9 0 y al análisis que hace de la cuestión Gouldner, op. cit., p. 2 6 4 .
e n ciertas po stu laciones del propio M arx, lo cual llevó a inn u m erab les pro
b lem as en la ap licació n de la teoría y en la p ráctica p o lític a . Sin em bargo lo
que n os interesa ahora es destacar la relación entre esta fascinación de M arx
p o r las determ in aciones y las “leyes objetivas” y las características m ás gene
rales del pensam iento cien tífico de su ép o ca .
En prim er lugar, desde p rincip ios de siglo xix la n o ció n de cien cia estaba
im pregnada por la idea positivista de que la naturaleza se hallaba b a jo e l d o
m in io de leyes un iversales, d o m in io que in clu ía al h o m b re y su m ente. S e
gu nd o , los su p u esto s de la n o ció n básica de la cie n cia que M arx utilizó
im p licab an una div isió n entre el m u nd o y la m en te, e n el que el prim ero se
aparecía ante el segundo com o un universo de o b jetos m ateriales dispuestos
e n el tiem po y el espacio, separado por com pleto de la co nciencia hum ana, la
cual no constituía m ás que una esfera derivada y subordinada al “allá afuera”.
Este paradigm a exigía una m ente capaz de obrar co m o e sp ejo de la natura
leza28. En tercer lugar se suponía una n o ció n del cam bio de la m ateria v in cu
lado con una secuencia de estados físicos que se su ceden por necesidad
absolu ta, c o n c ep ció n derivada de la de d eterm in ació n natural de Laplace.
Por últim o, se consideraba que todas las leyes dependían en últim a instancia
de u n c o n ju n to ulte rio r de leyes a las que se r ed u cían ; así, p o r e je m p lo , las
m ú ltip les leyes físicas dependen de la “ley fundam ental de la m ecán ica”. De
m anera análoga el m arxism o heredó esa pasión por las “últim as instancias” y
el d escubrim iento de las “leyes fu ndam entales”.
Por cierto, una posibilidad interpretativa consiste en considerar tales pre
tensiones nom ológicas com o un m ero tributo de M arx al vocabulario de su
época. La idea mism a de condicionam iento bien puede suponer no una deter
m inación taxativa por parte de los presupuestos objetivos, limitan te de la po
sibilidad de la acció n subjetiva o suponiendo que esos presupuestos
“produ zcan” realm ente una determ inada co n d u cía , sin o el sim ple reco n o ci
m iento del grado de posibilidad de que algúnsujeto la suscite. De acuerdo con
esto, una lectura centrada en la praxis, com o vim os a n tes, no elim inaría la p o
sibilidad de incidencia de las condicion es previas y extem as en relación co n la
actividad hu m ana, pero las consideraría com o determ inaciones parciales e in -
La crítica de la epistem ología tradicional, en particularsu idea del conocim iento com o represen
tación especular o reflejo de la naturaleza, constituye el centro de interés de autores com o Richard
R ortyen libros com o P hilosophy an d the M irrorojN ature, O xford , 1 9 8 0 .
com pletas. La actividad hum ana se encu entra condicion ada en el sentido de
que hay un espacio variable para el despliegue de lo posible, pero su realización
efectiva, dados ciertos m edios materiales, ciertas disposiciones de com porta
m iento y cierto m arco co ncep tual, es un proceso enteram ente contingente29.
De m anera sim ilar podría co n sid erarse a las leyes en M arx co m o meras
"tend encias”, a las que n o casualm en te casi siem pre presenta atenuadas por
“ten d en cias c o n tra -re sta n te s”. N o es m en o s evid en te que M arx n u n ca in
ten tó codificar u n esqu em a de desarrollo de la totalidad de la historia, au n
que resulta claro qu e las in clin acio n e s o b jetiv an tes en la obra de M arx
cu m p lieron un rol im p o rtan te en el e stablecim ien to de una tipología de las
transiciones históricas, la cual ha desem peñado un papel relevante en num e
rosas diatribas políticas e hístoriográficas.
Tal tipología parte de la base de que la so cied ad h u m ana su p on e en su
ev o lu ció n una serie de avatares co n lo s cu ales intenta su perar su desgarra
m iento inicial, acaecido en el com ienzo m ism o de la historia: la constitución
de una sociedad de clases basada en la división social del trabajo y la apropia
ció n desigual del prod u cto 30. Esta sociedad estratificada, alienada, parte de
una situación m ítica originaria a la cual se le asigna un papel de sim étrico e in
verso al p um o de llegada del recorrido histórico: una sociedad donde no hay
propiedad privada, porqu e no hay clases so ciales ni división so cial del tra
bajo. Lo que separa a am b os polos tem porales es que se pasa de una nulidad
de desarrollo de las fuerzas p rodu ctivas a su realización y p lenitu d , m ar
19 Sobre esta cuestión Helm ut Fieischer, op. cit., especialm ente pp. 8 5 -8 9 .
M Es pertinente aclarar una diferencia que podría darlugar a confusiones. Para M arx la división de
clases n o se halla, en térm inos estrictos, al com ienzo de la historia sino que m ás bien le antecede
una suerte de com unidad originaria carente de conflictos concernientes a la distribución de los re
cursos. Tal com unidad puede ser vista, bajo nuestra perspectiva, com o una suerte de postulación
lógica necesaria para el desarrollo de su concepción global y específica de la historia, que reconoce
caracteres em p iríco sq u e podían ser observados en sociedades rtocapitalistas de su época. Marx
considera a la historia de la h um an id ad en su totalidad com o el transcurso con flictivo entre dos
polos no conflictivos de distinta índole. U no esla com unidad originaria ya m encionada,y elotro
el mundo com unista. C uando sugerimos que la historia com ienza con un “desgarramiento in icial”
tan sólo querem os señalar el hecho de que la con cep ció n de la historia de M arx consiste básica
mente en el tortuoso pasaje de un polo hacia otro. Pero Marx no se detiene demasiado en la descrip
ción de am bos polos ni podem os com prend er los m ism os sin las etapas conflictivas e
intrínsecam ente contrad ictoriasqu e m edian entre am bos. Aun cuando en el M anifiesto Comunista
se habla de las características del p un tod e llega da, las m ism as revisten un carácteru tó p icoy poco
específico. E sen virtud de lo anteriorm ente m encionado que sostenemos que la visión de la histo
ria de M arx es em inentem ente conflictiva.
cando la capacidad por parte de la especie de apropiarse progresivam ente de
la totalidad de recursos de Ja naturaleza de una m anera ju sta e igualitaria.
Entre una etapa y otra se ex tien d e un valle in term ed io de agonía y c o n
flicto que está signado por el enfrentam iento, la división, la alienación de los
hom bres en una sociedad de clases, la cu al asum e tres form as típicas e v o lu
tivas: la sociedad antigua clásica, en la cual la relación prototípica es la que se
da entre am o y esclavo, luego la so cied ad feudal, que m arca el e n fre n ta
miento entre señores feudales y siervos, y finalm ente en un extrem o agónico
de p o sesió n y d esposesión , de p o sib ilid ad es de realizació n y realidades de
im p o sibilid ad , de riqueza m aterial y m iseria so c ia l la sociedad capitalista,
signada p o r el en fren tam ien to entre cap italistas y proletario s. C om o una
cuarta forma típica, a un costado de la historia, y su pon iendo un desafío teó
rico de m agnitud que no p odem os tratar aq u í, tenem os el m odo de p ro d u c
ció n asiático, que es una forma social que n o evoluciona ni retrocede al punto
de partida y que sirve para caracterizar a todas aquellas sociedad es extraeu -
ropeas que no siguieron autónom am ente el tránsito hacia el capitalism o 31.
Esta estru ctu ra del dram a histó rico provee en to n ce s una in terp retació n
del papel de la burguesía, com o el agente que destruye todas las barreras que
im piden la co n stitu ció n de la situ ación agónica final, esto es: elim ina todas
las form as de propiedad no burguesa, se basa en la acu m ulación del capital y
en la revolución constante de las fuerzas productivas, barre co n las fronteras
nacionales y las prebendas corporativas, elim ina la escasez desde el punto de
vista de la prod u cció n y avasalla todos los derecho s y significatividades que
no puedan expresarse en el único lenguaje que ella entiende, el del capital. La
sum isión de todas las form as de vida a un m ercado de dim ensiones m undia-
31 El M odo de Producción A státicono fue desarrollado exhaustivam ente por M arx en ninguno de
sus trabajos publicados en vida. Se encuentran referencias en dos artículos relacionados con la d o
m inación británica en la India, citados en la nota 13, y los lincam ientos establecidos en los Cru n-
drisse y que perm anecieron inéditos hasta el siglo xx. En este últim o trabajo M arx desarrolla un
catálogo de formas sociales que incluye, ju n to al m odo de producción prim itivo, al esclavista y al
feudal, un triodo que obra m ásbien com o '‘callejó n sin salida” para las sociedades que caen en é l,
que son básicam ente todas m enos las occidentales. El M odo Asiático ha sido más exhaustivam ente
tratad oa lo largo del siglo xx, en la m edida que se han ten id o en cuenta los desafíos teó rico s que
com porta. Tratamientos sistem áticos se encuentran en PerryAnclerson, '¡ransicionesde k antigüe
dad al feu dalism o, Siglo XXI, M éxico, 1 9 7 2 , y del mismo autor, El Estado absolutista, Siglo X X I, M é
xico, 1979. Otros autores relevantes para la cuestión so n jea n Chesneaux, Karl Wittfogel y M anan
Sawer, entre oíros. Para una bibliografía sobre este tema véase PerryAnderson, El Estado absolutista,
Apéndice 1, que relie re específicamente a la cuestión.
N icolás L a va gn in o
les en el que todos son expropiados, y del cual nadie puede escapar, es la c o n
d ición b ásica para que el co n flicto de clases lleve a su e nfrentam iento final
entre la sum a de los desposeídos y el ca p ita l
El riesgo que presupone tom ar demasiado literalm ente esta tipología evo
lutiva es que reintroduce la cuestión relativa al sentido de la historia, pe ro ahora
co m o derivado de un orden lógico-objetivo de la m ism a. Si en la prim era sec
ción apuntábam os los problem as que suponía una consideración teleológica
o centrada en la idea de realización, en esta últim a parte resurge el p rob lem a,
pero ante la posibilidad de una consideración puramente mecanicista de la his
toria. Podem os decir que am bas vertientes proveen un m arco consistente de
interpretación y guías para la acción e intervención práctico-política, pero al
costo de sintetizar y reducir a form ulaciones sum arias y mam pulables un co n
ju n to com plejo de postulados teóricos y conceptuales.
32 Karl M arx, P rólogo a la c o n tr ib u d ó n a la critica de la econ om ía p olítica , pp. 8 -9 . Véase tam bién La
ideología alem ana, p. 26.
cripción de la sintaxis social M arx tendió en ocasiones a reforzar el papel de la
estructura -p a r a fo rtalecerla inexorabilidad del d iagnóstico que quería e x
tra e r-la dinám ica histórica no podía basarse puram ente en determ inaciones
im personales, so pena de deshum anizar el propio designio hu m ano. Las de
term in aciones estru cturales podían, en últim a instan cia, ser horadadas p o r
m edio de la crítica, entendida com o la praxis subjetiva de los desposeídos de
v en idos p rodu ctores lib rem ente asociad os. Su de scrip ció n de la co n d ició n
p roletaria m uestra palm ariam ente esta tensión irreso lu b le, ya que tal co m o
aparece caracterizada, su pon eu na absoluta abyección , desposesión, miseria
y alienación. Y sin em bargo de allí, com o del m ás bajo lodazal, ha de extraerse
la piedra más preciosa. Frente ala construcción de un sistem a ciego, no inten
cional , irracional, naturalizado, se contrapone una visión que ofrece a los des
poseídos una m isión terrenal, provista del prem io de la salvación redentora:
la em ancipación hu m ana com o resultado de una praxis social superadora de
las lim itaciones propias de las formas antagónicas de la sociedad. Esta cuadra
tura del círculo n o pudo resolverse sin apelar en algún grado a la voluntad, la
acción in tencional y subjetiva por fuera del devaneo de la estructura.
La in ten ción del presente cap ítu lo ha sido m ostrar có m o esas tensiones,
lejo s de invalidarel pensam iento de M arx sobre la historia, entregan p un tos
de p artida in teresan tes para la reflexió n . El o b jetiv o es m o strar có m o cada
una de las lecturas, e n la m edida que no se extrem e el razonam iento co n d u
ciéndolo a señalam ientos unívocos, categóricos y sesgados, permite enfatizar
productivam ente m om entos distintos de la consideración sobre lahistoria de
M arx. Para ello quizá resulte pertinente realizar algunas precisiones en tom o
de las form as en que puede concebirse un sistem a de ideas articulado y co m
p lejo com o el de M arx. D iversos autores han señalado que cu alquier cu erpo
teórico supone la articulación co n ju n ta de categorías sustantivas, d inám icas
y est ru ctu ralesB . A las prim eras co rresp o n d en la d e term in ació n de cu áles
so n los e lem en tos fu n cio n ales e sp e cífico s a ten er en cu en ta, cu ál es el e s
quem a de individuación social co n el que se pretende trabajar. La considera
ció n del ho m bre co m o prod u ctor y la reflexió n so bre el carácter de la
m ercancía so n esb ozo s de tales categorías. Las segundas tratan sobre los as
pecto s diacrónicos y evolutivos que se postulan para el sistem a antes indivi
dualizado. Las co n sid eracion es sobre la praxis en térm in os de acción
C ohén, Gerald, La teoría de la h istoria de K arl Marx. U n adejen sa, SigloXXI, Madrid,
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Gouldner , Alvin, Losdos marxismos, Alianza Editorial, Madrid, 1 983.
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R o s d o l s k y , Rom án, Génesis}' estructura de El capital, Siglo XXI, M éxico, 1989.
E n el presente escrito utilizam os el térm in o “filosofía latin o am erican a”,
no en el sentido am plio de la totalidad de la filosofía produ cida en la reg ió n ,
sin o en un sentido restringido, esto es, referido a la tradición de pensam iento
propia de A m érica Latina, que asum e el qu ehacer filosófico co m o una tarea
de reflexión co ntextual sobre la situación general y los problem as co n cretos
de una com unidad históricam ente situada.
Esta tradición encuentra su antecedente más im portante e n ju a n Bautista
A lberdi, autor de un fam oso texto. Ideas p a r a p resid irá la confección de un curso
d e filo s o fía con tem p orán ea en el C olegio d e H um anidades (M ontevideo, 1 8 4 0 ),
qu e ha sido u n án im em en te considerado co m o el program a co n tin en tal de
esa filoso fía.
A partir d el m an ifiesto alberd iano , a lo largo de la segunda m itad del
siglo xix y las prim eras décadas del xx, ese cam po intelectual se fue en riq u e
ciendo con aportes procedentes de diversos m arcos doctrinales -o rig in ad o s
en m atrices de pensam iento e u ro p e o -, que cristalizaron en form as pecu lia
res de reflexió n , siem p re atravesadas p o r la bú sq u ed a de una d efin ició n
identitaria y por la vocació n de afirm ación de la cu ltu ra y la capacidad cre a
dora de lo s h o m b res y m u jeres de “nu estra A m érica”. E n tre o tras m u ch as
ex p resiones, ja lo n a n este desarrollo el socialism o u tó p ico de Sim ón R od rí
guez, el liberalism o radical de F ran cisco Bilbao, el pen sam ien to an tiim p e-
ralista de Jo sé M artí, el socialism o de cu ñ o positivista de Jo sé Ingenieros, el
m arxism o ind o am erican o de Jo sé C arlos M ariátegui, la filosofía del m e x i
can o de Sam uel R am o s, e tc. Sin e m b a rg o .e s en lo s a ñ o s ’4 0 del siglo p a
sado, a partir del aporte intelectu al de jó s e G aos en M éxico y de F ran cisco
R om ero en la A rgentina, que se consolida la filosofía latinoam ericana com o
un espacio d iscip lin ar y académ ico particular, co n sentido y alcan ce co n ti
n e n ta le s1.
Finalm ente, en la década de los ’6 0 todos los esfuerzos señalados con flu
yen en la efectiva constitución de un proyecto filosófico con una orientación
definida y un cam po de p roblem as esp ecífico s, entre los cuales n o es m enor
el lugar o cu p ad o p o r la reflexió n en to rn o de la historia. C u estio n es tales
co m o el estatuto universal de la historia, el carácter ideológico y eurocéntrico
del relato h istó rico heg em ó n ico , el papel ju g ad o en la historia p o r el su jeto
latino am ericano , las m odalidades de desarrollo de la dialéctica histórica en
el m arco de relacio n es glob ales de poder, devien en e n ton ces eje s de d iscu
sió n y de po lém ica filosófica. F n torno de los m ism o s se produ ce un a p ro
funda reform ulación del program a de la “filosofía latinoam ericana”, que en
adelante y durante bastan te tiem po estaría im pregnado por la inqu ietu d en
torno de su autenticidad y su originalidad. H acia lo sañ o s ‘7 0 , esa preocu pa
ción se articularía co n la exigencia de producir un com prom iso de la filosofía
con el proyecto de liberación nacional y social de los pueblos latinoam erica
nos, que, aunque recibió lo sd u ro sem batesd e los golpes militares en el Cono
Sur, que se su ced íero na partird e 1 9 7 3 , y de la posterior im plem entación del
neoliberalism o en la región, ha m antenido su vitalidad hasta el presente.
Puede decirse q ue, e n los ú ltim os cin cu en ta años, la filosofía latino am e
ricana ha girado en to m o de una suerte de leitm otiv: la situación dependiente
de A m érica Latina. Esta cu estión -v is ib í lizada e n los años '6 0 a partir de las
transform aciones sociales y políticas que abre el proceso de descolonización
de Asia y Á frica -v in o a o cupar desde en ton ces el centro de la escena teórica
y pasó a ser percibid a, dentro de esa tradición filosófica, com o el rasgo espe-
cíficod el propio lugar (colonial yperiféríco) de enunciación. A continuación
nos concen trarem os precisam ente en las figuras del pensam iento latinoam e
ricano co ntem p o ráneo que, en el últim o período señalado y a la luz de la re
ferida p rob lem ática de la d ep end encia, han prod u cid o los desarrollos
concep tuales m ás im portantes en el terreno de la filosofía de la historia.
2 Salazar Bondy, Augusto (1 9 6 8 ), ¿Existe unofilosofía de nuestra A mérica?, 15 ed ., Siglo XXI, M éxico,
2001.
tos cu ltu rale s ex trañ os y se ilu sio nan co n una im agen de sí m ism os y de su
m undo social y cultural que no corresponde a la realidad. Y la raíz de esta de-
fectividad cultural se encu entra en el plano e co n ó m ico y social: la cultura ele
dom inación resulta ser el correlato necesario del atraso social, la d epend en
cia política y el subdesarrollo eco nó m ico .
A unque por m om entos el planteo adolece de un sesgo determ inista -q u e
ha sido criticad o , entre otros, po r Arturo Roig3- , la vocación que parece an i
m ar a Salazar es la de una tom a de co n cie n cia por parte de los in telectu ales
acerca de la necesidad de transform ar las estru cturas sociales y políticas y la
de aco m p añ ar esta transfo rm ación real con una paralela transform ación de
la filosofía, que la ponga al servicio de la creació n de una “cu ltu ra de lib era
ció n ” y de la ca n ce lació n e fectiv a del su bd esarro llo , la m arginación y la de
pen d en cia. Todo lo cu al su p on e, prim eram ente, una tarea destru ctiva de
preju icio s y falsos m ito s e , inm ed iatam en te, la co n stru cción de categorías y
valores g enuinos y liberadores. E n este sentido puede decirse que Salazar es
el p ro m o to r del program a de la Filosofía de la lib eració n que se form ularía
unos años después.
Las tesis de Salazar co n te n ía n ciertas ap reciacio n es m edu lares so bre el
particular desarrollo histórico que ha pautado el ritm o vital de América a par
tir del descubrim iento y la conquista, y sobre la necesidad y las posibilidades
de som eterlo a un proceso de cam bio. E n su co n cep ció n , la conquista señala
un corte co n todo el pasado indígena y una ruptura con las tradiciones in te
lectuales vernácu las del co n tin en te, que o riginan un vacío cu ltu ral, a partir
del cual habrá qu e arrancar de cero. La filosofía es, en A m érica Latina, un
árbol transplantado; com ienza abruptam ente co n la introducción de las c o
rrientes de pensam iento predom inantes en la España de la época, de la m ano
del conquistador extranjero, y co n la finalidad de afianzar el predom inio po
lítico y cu ltu ral. Este co m ien zo im pronta toda la evolución h istó rica p o ste
rior, originando la rep etición del m ism o gesto, del m ism o com portam ien to
im itativo, que genera, con el transcurso del tiem po, el panoram a de una su
cesión de doctrinas filosóficas extrañas y carent es de raíces en nuestra reali
dad. Una situación tal de alienación e inautenticidad sólo puede superarse a
3C fr„ por ejem p lo , Roig, Arturo A ndrés, "'Filosofía y alienació n en Am érica Latina", Eipensa-
m iento L atin o am erican o}- su av en tu ra , vol. 1, C en tro E d ito r d e A m érica Latía n a, Buenos Aires,
1 9 9 4 ,9 2 - 9 4 .
partir de una ruptura revolucionaria, un salto histórico qu e perm ita trascen
der la situación dada hacia form as de vida nuevas y m ás auténticas. En esta
em presa tiene reservado la filosofía el papel de dar el im pu lso decisivo al m o
vim iento integral (e co n ó m ico , p o lítico, so cia le in telectu al) de transform a-
ció n y lib e ració n .
La posición de Salazar selló fuertem ente la reflexión y los debates filosó
ficos p rodu cidos en las d écadas siguien tes, e influyó, aun que de diferente
m odo, en los pensadores más destacados del cam po.
E n e fe c to , la filosofía de la historia de Leopoldo Zea ( 1 9 1 2 - 2 0 0 4 ) puede
ser entendida co m o una respuesta a lo s d esafíos plantead o s p o r Salazar A!
año siguiente de la aparició n del po lém ico ensayo del peruano, Zea p ublica
La filo so fía am erican a com o filo so fía sin m ás (1 9 6 9 ) , donde rep lícalas tesis fun
dam entales del prim ero, particularm ente su diagnóstico radicalm ente nega
tivo sobre la cu ltu ra y el p ensam iento latin o am erican o s, al tiem po que
traslada la solución del problem a desde el plano eco nó m ico y social -d o n d e
Salazar había ubicado sus causas: la dependencia y el su bd esarro llo -al plano
de la co nciencia4.
El m exicano entiend e que, de algún m odo, la evaluación de Salazar rela
tiva a la inautenticidad de las producciones filosóficas del pasado asume des
apercibid am ente las pautas co n las que se valora h ab itu alm ente la filosofía
europea. Pero su ced e que la exp eriencia hu m ana latin o am erican a es d ile-
rente ala del hom bre europeo; en consecuencia, lo s parám etros de pondera
ció n de n u estros p rod u ctos cu ltu rales no pueden ser lo s m ism os. C om o
pueblos conform ados a partir de la conquista, la identidad de los latinoam e
ricanos porta necesariam ente las trazas de la incorporación violenta de A m é
rica al m undo europeo. La filosofía europea fue traída a estas tierras com o se
trajo la lengua y toda la cu ltu ra de los reinos de E sp añ ay Portugal; pero fue
tomada a préstam o y utilizada para pensar, conservar o transform ar una rea
lidad hisló ricay social p articular}' específica. Eso no la hace m enos filosofía
que la europea, sim plem ente la hace distinta. Y, si b ie n es cierto que el uso ele
una filosofía nacida en o tros horizontes puede am e ritar un en ju iciam ien to
crítico, es necesario v a lo ra re n prim er lugar, que al m om ento de inautentici-
’ Zea, Leopoldo (1 9 6 9 ), LajH osojiaam ericanac o m o filo x fla sin m ás, 18 eci., SigloX X I, M éxico, 2 0 0 1 .
Cfr. tam bién: D ialéctica d e la conciencia a m eric an a. Alianza, M éxico, 1 9 7 5 ; L a tin oam érica.T ercer
M undo, Extemporáneos, M éxico, 1 9 7 7 ; Discurso desde la marginaekm v ía b a r b a r ie ,F .C .E ., M éxico,
1992.
ciad inicial siempre siguió otro de auténtica asimilación, puesto que la filoso
fía im portada fue aplicada a la solución de problem as propios. En segundo
lugar, es decisivo com prender que la superación de ese prim er m om ento de
fectivo no se logrará a partir de la decisión voluntarista de proceder a la des
trucción de todo un pasado filosófico alienado, para construir desde cero una
filosofía auténtica.
Esta actitud -q u e es la de Salazar, según Z e a -, por el contrario, está en el
origen de una dialéctica histórica patológica, originada en el fenóm eno de la
dependencia de Am érica respecto de Europa. Esa dialéctica, reiteradamente
aplicada por el hom bre latinoamericano desde la conquista hasta el presente,
nace de la necesidad, experim entada por el h om bre subordinado y so m e
tido, de construirse una identidad, y se resuelve en la adopción de la identi
dad del am o, que le im pone su m odelo de hum anidad. Se origina entonces
un “secular em peño en negarse a sí m ism os” para ser otros.
De allí que nuestra historia, la de A m érica Latina, sea el perm anente pa
saje de una forma de dependencia (colonialism o) a otra (neocolonialism o,
en sus diversas etapas y m odalidades). Esta dialéctica defectiva nos lleva a
negar nuestra dependencia a partir de la incorporación de otro modelo igual
m ente surgido de una matriz cultural ajena. Así, por ejemplo, la independen
cia de España se hizo co n las ideas de la ilustración europea y no co n ideas
surgidas de una experiencia propia. El resultado es una yuxtaposición de for
m as de vida extrañas, que no alcanzan a cuajar en una síntesis superadora, en
teAufhebung de Hegel. Pues, precisam ente, de lo que se trata, para Zea, es de
practicar correctam ente la dialéctica hegeliana, entendida com o un proyecto
asuntivo, capaz de producir la experiencia fundamental de asimilación y su
peración de todos los m om entos del pasado y de conform ación de una “uni
dad de pasado, presente y futuro”. “Ser plenamente consciente para no tener
necesidad de volver a serlo” es la consigna del filósofo mexicano. La tom a de
conciencia de la dependencia y la alienación es en sí misma el principio de la
desalienación, de la independencia, de la libertad.
La dialéctica asuntíva que propone Zea exige la superación de la antino
m ia euro p eo/ am erican o , dom inador/ dom inado, y el paso a ú n a form a de
pensarse a sí m ism os com o “hom bres sin más”, sin que ello signifique dejar
de ser am ericanos o negar nuestra realidad. En lo que respecta a la filosofía,
sucede otro tanto: practicar la Aujhebung es asum ir las sucesivas filosofías que
hanjalonad o nuestro recorrido intelectual co m o expresiones de una exp e
riencia vital particular, signada por la dependencia y p o r la in corporación
violenta de nuestro horizonte vital al m undo europeo; en definitiva, es hora
de ponernos a filosofar “sin m ás”. Cuando esto hagam os, el resultado será
una auténtica filosofía universal, que por añadidura será latinoamericana por
el solo hecho de haber sido producida en este lado del m u n d o .
A diferencia de Salazar, Zea no percibe com o extraña, com o un árbol exó
tico “transplantado”, a la filosofía hech a en el pasado en A m érica. Y ello se
debe a que evalúa de m uy diferente m odo el hecho histórico de la conquista:
para Zea la incorporación violenta de Am érica Latina al m undo europeo-oc-
cidental es un hecho objetivo e irreversible, al tiem po que constituyente de
nuestra identidad m estiza5. Com o resultado de ello nuestra cultura es here
dera de la cultura europea y nuestra historia es la continuación de la historia
europea. En este sentido se ha sostenido que Zea acepta, en térm inos genera
les, el veredicto hegeliano según el cual A m érica es “un eco del viejo m undo
y la expresión de una vitalidad ajena”, con la única salvedad de que lo inter
preta en un sentido histórico positivo, com o un juicio sobre la América de los
tiem pos de H egel, la A m érica que estaba todavía fuera de la historia porque
era el país del porvenir del Espíritu6. Ese m om en to ha cam biado, ajuicio de
Zea: la Europa imperialista, luego de las dos guerras m undiales y la desinte
gración del sistema colonial, sufre una crisis que pone en duda la pretensión
de universalidad de su concep to de hom bre; paralelam ente, A m érica - p r i
m ero la saj ona y luego la latin a- ha entrado en la historia y asume su papel de
continuadora y realizadora de la prom esa occidental de libertad.
Plenamente inserto en la tradición de una filosofía de la historia universal,
Zea le reconoce a la m odernidad europeo-occidental -hered era de H eg el-su
concepción hum anista y universalista de la historia com o progresiva realiza
ción de la libertad; su crítica se limita a cuestionar la aplicación de ese ideal en
5Raúl F ornet B etancourt ha enfatizado el sesgo “latinista” de la con cep ció n de la historia latino
am ericana de Leopoldo Zea, claram ente pensada com o una única historia: la del m estizaje, la de
las com unidades nacionales surgidas en la independencia en base al criollo y al m estizo, donde no
tienen ninguna cabida las culturas indígenas. Cfr. Fornet Betancourt, R., Crítica intercultural de la
filoso fía la tinoam ericanaactual, Trotta, M adrid, 2 0 0 4 ,2 8 - 3 3 .
6 Esta tesis sobre la recepción de la sentencia hegeliana en el pensam iento de Zea es sostenida por
GregorSauerw ald en su agudo artículo: “¿Es Am érica el eco del viejo m undo y el reflejo de vida
ajena?”, Cultura, Banco C entral del Ecuador, vol. V, N° 14, Q uito, 1 9 8 2 ,3 3 - 6 6 . La afirm ación de
Hegel se encuentra en sus Lecciones de filosofía de la historia universal, Revista de O ccidente, Madrid,
1 9 4 0 ,9 0 .
un se m ido exclusivista, parcial, d iscrim inatorio de otras culturas. O ccid ente
se traicionó a sí m ism o cu an d o , en nom bre de la libertad, oprim ió y esclavizó
a otros pueblos. El esclavo dom inado enfrenta ahora la m irada del europeo,
que descubre en ella el verdadero significado de su pretendida civilización y
universalidad. Esa falta se paga co n la pérdida del rol p rotagó nico, que E u
ropa cede ahora a A m érica -a rd id de la historia que ya estaba insinuado en la
metáfora hegeliana de la m igración del Espíritu de O riente a O ccid en te -. Así,
dentro del m arco ideológico de la d ialéctica del am o y del e sclav o , Zea p lan
tea que el papel de A m érica Latina co nsiste en oblig ar al europeo a reco n o
cerlo en su hum anidad y a redefinirse com o ho m bre en un sentido universal.
La filosofía de la historia de Leopoldo Zea se b asa, por tanto , en la am plia
ció n de la dialéctica hegeliana hasta incluir en ella a A mérica Latina, el co n ti
nente d om inado y esclavizado, negado en su hu m anidad, que, a partir de la
tom a de co n cien cia de su situación social y cultural, salda sus cuentas co n su
propio pasado, consigo m ism o y con el o tr o -e l d o m in ad o r-; redescubre e n
ton ces la universalidad de los valores de la cu ltu ra o ccid en tal, para exigir
ahora su efectiva aplicación a toda la hum anidad.
En las antípod as de Zea, la “F ilosofía de la lib eració n ” de Enrique D ussel
( 1 9 3 4 ) asum e co m o propio el diagnóstico de Salazar Bondy; tam bién para él
toda la filosofía latinoam ericana anterior está marcada por “la alienación pro
pia de toda la cultura colonial: era un pensar que estudiaba el pensar europeo
y que de esa m anera desem bocaba en la realidad europea que aquel pensar
pensaba”7. C on secu entem en te, en lugar de la am pliación de la dialéctica h e
geliana propu esta p or Zea, Dussel b u sca la su p eración de la dialéctica y del
propio H egel, al que considera el filósofo paradigm ático de la “M odernidad
europea-occidental".
A partir de las categorías levinasianas de “totalidad” y “alteridad”, Dussel
interpreta el desarrollo de O ccid en te com o una su cesión dialéctica de totali
dades, de civ ilizacion es h eg em ón icas siem pre fundadas sobre la e x clu sión
del O tro, en sus diferentes form as históricas: los esclavos, los bárbaros, los in
fieles, los herejes, las m u jeres, etc. Este gesto alcanza en la M odernidad euro
pea una expresión ap o teótica, en que la negación de la alteridad se extiende
a todas las dem ás culturas hu m anas (asiáticas, africanas y am ericanas).
1 Dussel, E nrique, Pura una ¿tica de la ¡iteración latin o am erica n a , I, Siglo XXI, Buenos Aires,
19 7 3 .1 1 .
El sistem a m undial actual, con sus 5 0 0 años de historia, es fruto de esa dia
léctica de la totalidad. Su origen se rem onta a finales del siglo xv, cuando ,ap a r-
íirde la conquista de América y p or su interm edio, se produce la transformación
de Europa -q u e hasta enton ces había sido una cultura parti cular y periférica,
asediada por la cultura tu rco-m u su lm an a-en el nuevo “centro” de la historia
m undial. Pues fue precisam ente la invasión y el saqueo del continente am eri
c a n o -q u e eufem ísticam ente suele llamarse “descubrim iento”- e l verdadero
“tram p olín” desde el cual los europeos saltaron a la m odernidad: la acum ula
ció n del oro am ericano a partir de la apropiación del trabajo indígena y afri
cano, así com o el desarrollo tecnológico y la expansión m ercantil posibilitados
por esa acu m ulación , le dieron a Europa una ventaja com parativa sobre las
dem ás culturas de la época (particularm ente la árabe y la china).
C om o puede verse, el énfasis de la interpretación de la historia que propone
Dussel está en el lugar ocupado por América Latina: primera periferia de la Mo
dernidad com o sistem a-m undo, entró en ella com o su otra cara, la dom inada,
e xplotadayencubierta. Ella es la verdadera clave del m undo m oderno.
De esta form a, la M odernidad es el resultado de u n proceso constitutiva
m en te m u ndial, prod u cto de las relacio nes asim étricas establecid as p o r la
v iolen cia. 1 4 9 2 es el o rig en del m ito e u ro cé n trico de la M odernidad y del
proceso de e n cu brim ien to del no europeo. Esa negación de la alteridad es el
n ú cleo constitutivo de la d ialéctica de la totalid ad , del sistem a que se cierra
sobre sí m ism o y excluye al otro.
Prueba de ello es que el ego cogito m oderno sólo se constituye un siglo des
pués d el ego con qu íro hisp an o -lu sitan o que im p u so su poder sobre el indio
a m erican o , y lleva sus trazas: la n eg ació n de la a lte rid a d .su absorció n en la
m ism idad. Efectiv am en te, el “yo p ie n so ” cartesian o , form a paradigm ática
del su jeto m o d ern o, está so stenid o e n la ex clu sió n de la m aterialidad del
cu erp o real. Y esa e x clu sió n só lo d eviene p o sib le a p artir de una neg ación
práctica anterior: la destru cción del O tro a partir de la negación de sus n ece
sidades, la su bsu nción de su actividad vital subjetiva en produ ctos objetiva
dos, expropiados y acu m ulados com o capital8.
8 Cfr. D ussel, Enrique, 1492. El en cu brim iento d el Otro. H a d a d origen t k l “m ito d e la M odern idad",
Plural Editores y Facultad de H umanidades y Ciencias de la E d ucación, U. M .S .A .,L a Paz, 1 9 9 4 ;
La producción teórica de M arx. Un com en tario a los G rur.drisse, Siglo X X I, M éxico, 1 9 8 5 , H acia un
M arx descon ocido, Siglo XXI, M éxico, 1 9 8 8 ; El último M arx (¡8 6 3 -1 8 8 2 ) y la liberación la tm oam eri-
cm a,5 ig loX K .l,1 9 9 0 ',É ticad ela ¡!b eración en la ed ctd d elag bbalizacw n y laex clu áón ,M 3 ¡d rid ,T roii¡L ,
1 9 9 9 ; y Hacia una filoso fía política c rítica, Desclée de Brouwer, Bi lb ao, 2 0 0 1 .
Esa v iolen cia irracion al necesita ju stifica rse frente a los propios o jo s de
quienes la im plem entan. Y de allí surge el m ito de la superioridad de la civili
zación europea, m odelo de hum anidad y prototipo de universalidad, y de su
co rresp o n d ien te m isión educadora y em ancipad o ra de los p ueblos atrasa
dos, del O tro; una misión que debe ejercerse a cualquier costo, incluso del sa
crificio del dom inado, que resulta legitim ado com o recurso “excep cio nal”.
El sistem a capitalista m undial es la últim a expresión de esa violencia irra
cional, que, en la form a de la estrategia de acu m ulación capitalista, amenaza
con arrastrar a la hum anidad al genocidio de su mayor parte: el Sur en su casi
totalidad, las naciones endeudadas, las clases oprim idas, los inm igrantes, las
m ujeres, los niñ os desnutridos, las culturas originarias, las razas sumergidas,
las crecientes masas de pobres y excluidos que habitan los suburbios del pri
m er m undo.
Frente a esta lógica de d estru cción y de m u erte, es necesario rom per con
la lógica de la totalidad y ab rim o s al O tro , al n o -se r del sistem a: el pobre, los
pueb los p eriféricos, los h o m b re s y m u jeres latino am ericano s som etidos.
Esta form a alternativa de filosofía, que asume la perspectiva de las víctim as y
exige la transfo rm ación del sistem a que las victim iza, es la “filosofía de la li
beració n ”. U na filosofía q ue, producida desde la experiencia de la exteriori
dad, so stien e a la vida de los su je to s co rp orales, reales y necesitad os co m o
princip io m aterial universal de la ética y de la política criticas.
Para d espejar esa alternativa, Dussel em prende una tarea destructiva de
toda la trad ición onto ló gica o ccid en tal, a través de la cual se abre paso para
fundar, a partir del d escu brim ien to de lo e n cu b ie rto , un nuevo co m ienzo
que haga posible pensar lo universal de otro m odo y desde otro lugar. El pen
sam iento de D u ssel co n tien e, de este m odo, el proyecto de inaugurar una
nueva edad de la filosofía y de la historia hum ana.
En relación co n lo prim ero, el filósofo argentino no pretende negar toda
la filosofía eu ropea, pero sí superarla. A hora bien , entiende esa su peración
no co m o prolong ación del sistem a (negación de la negación) sino co m o re
creació n a partir de la afirm ación de la exteriorid ad del O tro. En lugar de la
dialéctica de la mism idad, Dussel p ropone la an aléc tíc a , m om ento ético (no
o n to ló g ico ), extrasistém ico, que perm ite trascen d er el antiguo orden para
afirmar u n o nuevo.
En relación con lo segundo, Dussel plantea lasu bsu nció n de la M oderni
dad en la líTrans-modernidad”. Sólo co n o cid a la falsedad del m ito civilizato-
rio, sólo descubierta la irracionalidad e in ju sticia de su violencia sacrificial;
sólo afi rmada la in o cen cia de las victim as, será posible superar la lim itación
esencial de la razón eu ro cén trica, ilu strada, heg em ón ica, d ialéctica, m o
derna. Entonces la razón m oderna podrá ser trascendida, esto es, no negada
en cu anto tal, sino sólo e n su form a h istó rica particular. De esta form a la
“T rans-m odernidad" su bsu m e lo s contenidos em ancipadores que la M oder
nidad supone (ciertam ente recon ocidos por el autor), pero los pone al servi
cio de un proyecto un iversal de lib eració n , que perm ita la realización de la
A lteridad hasta aquí oprim ida y negada.
De esta forma, la profundidad de la crítica latinoam ericana a la filosofía de
la historia eurocéntrica e im perial encu entra un hito fundam ental en la filo
sofía de la lib eració n de E n riqu e D ussel. La ad o p ció n de la perspectiva del
O tro, le permite al filósofo argentino-m exicano poner en evidencia el provin
cialism o o p articularism o operante en la pretendida aspiración universalista
de aquella co n cep ció n , a la que propone reem plazar p o ru ñ a nueva filosofía
de la historia. En este caso, se trata de una co n cep ció n de alcance verdadera
m ente universal, pues incorpora efectivam ente a la totalidad de las culturas
que configuran el sistem a-m u n d o y, de m odo particular, otorga a A m érica
Latina su lugar propio, sistem áticam ente negado o invisibilizado, com o m o
m ento constitutivo de la M odernidad.
A hora bien, la radicalidad de la exigencia dusseliana de ubicarse desde la
exterioridad del sistem a co m o totalidad no está exenta de riesgos. El m ás n í
tido co ncierne a la mirada que ese gesto su pon e en dirección al pasado in te
lectu al, en lo relativo tanto a su po nd eración en sí m ism o co m o al m o d o en
que se construye la in scripción de la propia reflexión en una determ inada tra
dición de pensam iento. Dussel adopta una forma de enun ciación del propio
discurso que, en ocasiones, parece obturarla valoración de los elem entos au
ténticos, afirmativos de la identidad de los sujetos-otros, que pueden en co n
trarse en la filosofía latinoam ericana producida en el pasado. En definitiva,
un tal po sicion am ien to enfrenta al filósofo al dilem a de p ensar su labor en
térm inos de un proyecto filosófico e histó rico de carácter fu ndacional, con
todas las dificultades teóricas y prácticas que encierra todo intento de partir
de cero.
Tam bién el núcleo de la reflexión histórica de Arturo Roíg ( 1 9 2 2 ) se cons
truye en confrontación co n la concep ción hegeliana de la historia, entendida
co m o un desarrollo ú n ico , racional y afirm ativo. Sin em b arg o, su pecu liar
valoración del pasado filosófico de América Latina y, en general, de toda su cul
tura, aleja a Roig de cualquier diagnóstico que, en la línea de Salazar Bondy,
ponga en cuestión la capacidad creadora y transform adora de los hom bres y
mujeres del continente frente al legado cultural recibido de Europa.
Heredero crítico de la trad ición historicista d éla filosofía hispanoam eri
cana que impulsó en los años ’4 0 el “transterrado” m exicanojosé Gaos9, Roig
se posícionará a buena distancia, tanto de Zea com o de Dussel. Poruña parte,
el hegelianismo de Zea, su concep ción de la dialéctica com o un proceso fun
damental m ente intelectual, es objeto de sospecha y de critica sistem ática en
los textos de Roig. Por otra, su filosofía postula, co m o una de sus tareas fun
dam entales, la reconstrucción y reivindicación de un pasado intelectual la
tinoam ericano peculiar y filosóficamente valioso, sin cuya rem em oración y
vivificación es im posible pensar la filosofía presente y proyectar la futura.
Tras la advertencia de que no hay una reiteración más evidente del gesto c o
lonialista que la atribución de un carácter m asivam ente m istificador y alie
nado al pensam iento producid o en la región en épocas pasadas, Roig
posiciona a la historia de las ideas co m o vía fundam ental para el co n o ci
m iento y la afirm ación de la identidad latinoam ericana.
El au to r retom a la afirm ación de Hegel en la Introducción a la historia de la
filosofía, donde se señala que el com ienzo de la filosofía se produce entre los
griegos y que encuentra su condición de posibilidad en la autoafirm ación de
un sujeto q u e, poniéndose a sí m ism o co m o valioso, tiene tam bién por va
lioso el co n o cerse a sí m ism o 10. Es im portante subrayar, según Roig, que el
9 Roig planteó en lo sa ñ o $ ’70 una crítica a la noción de "circunstancia”, legada a Gaos por su m aes
tro Ortega y Gassec, porconsideraria sesgada poruña orientación más espacialque histórica y, por
tanto, poco apropiada para la com prensión de la conflictividad de los fenóm enos sociales. Sin em
bargo, en lo relativo a la im portancia concedida al d escubrim iento de antecedentes filosóficos en
el pasado, para el ejercicio presente y futuro del pensam iento latinoam ericano, R oig se sitúa com o
continuador d ejó se Gaos, quien decía: “La filosofía p a sa d a será filosofíao no según las decisiones
de la futura. Los maestros son hechos por los discípulos. El pasado, por el presente. Lo anterior, por
10 posterior [ ...] ,£ ! pen sam iento h is p a n o -a m er ica n o d elp a sa d o será lo q u e d ecid a el del presen tey f u
turo”-, en Gaos, José, ‘‘Significación filosófica del pensam iento hispanoamericano'’, Cuadernos A m e
ricanos, N° 2 ,1 9 4 3 ,7 6 . En el m ismo sentido, para Roig la filosofía latinoamericana em ancipadora
encuentra su condición de posibilidad en una Historia de las ideas capaz de descubrir(y construir)
una tradición del m ism osigno.
10Cfr. Hegel, Georg , Introducción a la historia de lafilosofía, 9 a ed., Aguilar, Buenos Aires, 1 9 7 7 ,2 6 0 -
2 6 4 . Sobre k c r í tica de Roiga la filosofía de la historia hegeliana, cfr. Roig, Arturo Andrés, T eoriay
c ríticadelpen sam ien to latinoam ericano, F. C. E ., México, 1 9 8 1 ,1 l- 1 7 y 7 6 -9 9 .
su jeto referido po r Hegel, condición de posibilidad del nacim iento de la filo
sofía y de su h istoria, rem ite a una co m u nid ad constituida co m o Estado (un
“p ueblo” co n co n cien cia de su lib ertad ), donde el individuo (particularidad)
está integrado en lo universal. En sintonía co n esta apreciación, para expresar
su p ecu liar co n c ep ció n del agente de la histo ria, R oig u tiliza la categoría de
su bjetividad. C o n ella, y a partir de su d istinción con respecto al co n cep to de
subjetividad, enfatiza el carácter social del su jeto, que no es nu nca u n y o , sino
un no so tros, un su je to co le ctiv o , plu ral, que se define a sí m ism o por o p o si
ció n a otros su jetos co n lo s que se encu entra en co n flicto , en una sociedad y
una coyuntura histórica determ ínada.
A partí r de esta tesis hegeliana y por analogía co n el a p riori lógico form al
de Kant, el autor postula la ap riorid a d antropológica del su jeto co m o princi
pio del filosofar. Sin em bargo, el a priori de Roig no se refiere a las condiciones
de posibilidad de la experiencia en general, sino a aquellas que perm iten in
terrogarse po r la em ergencia del pensam iento filosófico en A m érica Latina,
esto es, p o raqu ellas co n d icion es que posibilitan la co n fo rm ació n de un dis
cu rso propio y que rem iten , no a los lím ites dentro de los cuales es legítim o el
u so de la razón en gen eral, sin o al su je to em p írico y co n cre to q u e, en cada
caso, co no ce, y a la realidad histórica y social en que está inm erso. En la filoso
fía de “nuestra A m érica” no se encu entra, por tanto, un “co m ien zo ” absoluto
d e un desarrollo ún ico y necesario, sin o “recom ien zos”, esto es, m o m en tos
ep isó d icos en los q u e tiene lugar el lanzam iento y relanzam iento de la pro-
bl emá tica de la id entid ad .
De esta form a, el a p riori an tro p o lóg ico intro d ucid o por R oig opera una
“inversión de H egel” a partir de Hegel m ism o, y contiene una crítica a la co n
cepción de la d ialéctica hegeliana co m o procesoafirm ativo, en el cual la hu
m anidad alcanzaría cada vez grados m ás altos de co n cien cia. Para el filósofo
argentino, la in terp retació n de la h isto ria co m o u n recorrid o co n tin u o ,
donde sobresalen lo s hitos que no quiebran el desarrollo sin o que lo articulan
en m om entos de una unidad y donde transita un su je to -u n o , que sostiene el
proceso y m archa en una determ inada dirección y hacia una m eta prefijada y
racio n al, n o es otra co sa que la exp resión de una “po lítica filo só fica”, de un
“proyecto de co n tin u id ad ”, generado a partir de un m odo particular de ejer
cicio del poder.
La critica de R oig a H egel se ex tien d e a la co n c ep ció n del fu tu ro co m o
“sid o”, com o algo ya dado potencialm ente en el m om ento histórico anterior,
por lo cual la historia seria un proceso absolu tam en te inteligible y necesario
d onde el E sp íritu , en su progreso d ia lé c tic o , m o straría “novedades” pero
n u nca “alteridades”. E n co n secu en cia, la histo ricid ad de lo h u m ano , carac
terizada p re cisam e n te po r la im p revisibilid ad del futuro, se desvanece,
dando lugara una ontología evolutiva. M uy por el contrario, la distinción, en
los escritos de R oig, entre una “dialéctica puram ente discursiva”, que otorga
racionalidad y sistem aticidad a una interpretación de lo histórico, y una “dia
léctica real”, co m o p roceso abierto a u n futuro que puede quebrar las totali
zaciones discursivas, perm ite acentuar la categoría de “negatividad” y otorgar
una clara preem inencia a la p rax is hu m ana, co m o co n d ición de la trasform a-
c ió n h istó rica y co m o in stan cia que e x ced e y d esborda el nivel puram ente
discursivo. Roig pone así en sospecha la co ncep ció n de la filosofía y de su h is
toria co m o cam po del puro pensar.
Por otra parte, la historicidad que m uestra A m érica Latina no tiene nada
en co m ú n co n la d ia lé c tic a d e lp e n sa rp u ro , gobernada por la necesidad ra
cio n al. U na m irada atenta sobre n u estro pasado descubre una h istoricidad
secreta, n o historiad a, silen ciad a, co nfo rm ad a po r un co n ju n to disgregado
de aco n te cim ien to s y d iscu rso s m arginales a la histo ria “o ficial", que a lo
su m o ha quedado registrada en la forma de rupturas carentes de significado,
de m om entos de irracionalidad que no encajan dentro del relato ju stificador
del pasado.
Para Roig, el estudio de los textos de los grandes intelectuales del continente
perm ite com prender la historia de Am érica I-atina com o un esfuerzo siem pre
interrum p ido pero siem pre renaciente de e jercicio de un a priori antro po ló
gico, en el que se produ ce el lanzam iento y relanzam iento de la problem ática
de la afirm ación del hom bre am ericano11. En este sentido, la produ cción sim
b ó lica latinoam ericana conform a una co m p leja y conflictiva discursividad,
q u e , co m o la espina dorsal del pensar en Amé rica Latina, articula las diversas
11 Roig encuentra “recom ienzos” de la filosofía latinoam ericana en los textos de numerosos intelec
tuales del con tin en te, por ejem plo: Eugenio E spejo, Ju a n a In és de la C ruz, Sim ón Rodríguez,
Sim ón Bolívar, M anuela Sáenz, Andrés Bello, Esteban Echeverría, JuanBaut¡sta Alberdi, Domingo
Faustino Sarm iento, Juan M ontalvo, Francisco Bilbao, José Martí, Manuel Ugarte, José Ingenieros,
J o sé C arlosM ariátegui, Ernesto Guevara, M auricio López, etc. Cfr. Roig, Arturo Andrés, la u t o p ia
en el Ecuador, Banco Central del Ecuador, Q uito, 1 9 8 7 ; Cam inos de la filosofía la tinoam ericana <U n i
versidad del Zulla, M aracaibo, 2 0 0 1 ; É tica d el p o d ery m oralid ad de la protesta, F.DIUNC, M endoza.
2 002 .
formas históricas de em ergencia del hom bre latinoam ericano, en un proceso
transido de luchas y m arcad o por derro tas, fracasos e in te rru p c io n es, pero
tam bién por victorias y renacim ientos .A lo largo de ese d esarrollo, cuyo tras-
fondo está co nstitu id o por u n panoram a de violencia sorda y prolongada, el
hom bre latinoam ericano ha producido la inversión teórica y práctica del dis
curso colonialista europeo. En efecto, en lugar de la atrib ución a A m érica del
papel de “eco del viejo m u ndo" y “reflejo de vida ajena” y de la negación al su
je t o am ericano de la cap acid ad de transfo rm ar la h isto ria - d o s p ostulados
sistem áticam ente presentes en las filosofías de la historia eurocéntricas, im
p rentad as por el veredicto h e g e lia n o -, la filosofía latino am ericana, que re-
co m ien za en cada e je rcic io del a p r io r i an tro p o ló g ico , d ib u ja su itinerario
zigzagueante com o una form a de cono cim iento asentada sobre el autorreco-
n o cim ien to del su jeto latinoam ericano y, adem ás, co m o un sab er “m atinal”
y “de utopía”, p or o p osició n a la función vespertina, de ju stificació n y consa
g ración del p asad o, otorgada por H egel a la filosofía y sim bo lizad a p o r el
bú h o de M inerva.
U n recorrid o p or la filosofía latinoam ericana de la histo ria m ás reciente
e n cu en tra un hito relevante en la obra de F ranz H in kelam m ert. N acido en
A lem ania ( 1 9 3 1 ) , pero radicado prim ero en C hile ( 1 9 6 3 - 1 9 7 3 ) y desde
1 9 7 6 en C osta R ica, la línea de trabajo de H in kelam m ert configura una rara
y fecunda articu lació n de teología, eco n o m ía y filosofía. El resultado es una
re flexión que aborda la crítica de la sociedad actual, sus m ecanism os opera
tivos y sus m ito s leg itim ad ores, desde una m irada co m p rom etid a co n los
prob lem as de A m érica Latina. D esde ese lugar de e n u n ciació n , en ten d id o
co m o una realidad so cial e histó rica plena de p osib ilidades de resistencia y
contestación frente a la M odernidad com o cultura hegem ónica, por ser preci
samente su cara oculta y dominada, este filósofo ha producido una deconstruc
ción sistemática de la idea de progreso, muy en sintonía con el pensam iento de
W alterB enjam in.
H inkelam m ert interpreta la historia a la luz de la tradición teológica pau
lina de critica a la idolatría de la ley Según esta perspectiva, desde sus más o s
cu ro s orígenes, la hu m anidad ha estado im pu lsada p o r u na d ialéctica de
som etim iento y de rebelión frente a lo instituid o, lo objetivado, lo abstracto,
que puede sintetizarse en la o posición sujeto/ ley: la em ergencia de un p rin
cip io subj e tivo, que afir ma la vida y se resiste a I cu m plim iento de una norm a
sacrificial, por un lado, y el pod erd e la ley sacralizada y arbitraria, que niega
la vida y la libertad hu m anas, por otro. El su jeto es, en este sentido, el acto de
rebelión legítim a contra las leyes e institucion es d espóticas12.
Este co n flicto atraviesa la historia hum ana. El cristianism o lo recibe de la
tradición ju d ía , le da una dim en sión universal y lo transmite a la cultura m o
derna occid en tal; en el seno de esta últim a, la tensión sujeto/ ley no sucum be
ante la secularización de la co n cien cia religiosa operada en el siglo xvm, sino
que, por el contrario, la sobrevive bajo un ropaje nuevo, ahora profano.
Precisam ente entonces, a p anir de la Ilustración y de las revoluciones bur
guesas, el polo institucion al de la antinom ia se revela bajo una form a esp ecí
fica de n eg ació n del su jeto: la propia del individualism o lib eral, co n su
sacralización de la ley del valor y del m ercado. En el m arco del contrato ju r í
dico entre equivalentes, las relaciones m ercantiles, devenidas hegem ónicas,
despojan a lo s individuos de toda determ in ación cualitativa y co ncreta y los
co nfo rm an co m o m eros propietarios privados de m ercancías equivalentes,
cuyo libre consentim iento es la única condición válida del intercam bio. La di
m ensión de reconocim iento m u tu o, com o sujetos de necesidades y sujetos di
rectam ente so ciales, es exclu id a y trasladada a las cosas. Éstas, penetradas
ahora por la relació nju ríd ica contractual, adquieren vida propia y se relacio
nan entre sí com o seres autónom os. En virtud de este fenómeno - “fetichism o
de la m ercan cía” lo llam ó M a rx - se opera una inversión, por la cu al lo h u
m ano-concreto (el sujeto vivo, corporal y necesitado) resulta subsum ido bajo
el im perio de lo abstracto (la relación m ercantil, el individuo, el contrato).
H inkelam m ert retom a la cu estión del fetichism o de la m ercancía y la ge
neraliza, más allá del m ercado, a todo el sistem a institucional de las sociedades
m odernas. Verdadera clave de interpretación del enigma de la existencia h u
m ana, el fenóm eno del fetich ism o pone al d escubierto la esencia del capita
lism o: cu lm in ación de la racionalidad m o d ern a, es un sistem a habitado por
una pulsión de muerte, que se expresa fundamentalmente en la tendencia a la
ab stracció n , a la creación de dispositivos abstractos (len guaje, cie n cia, insti
tu cio nes, leyes). Esta tend encia, com o es obvio, es inherente a la co nd ición
hum ana, q u e , por su finitud, requiere del desarrollo de tales dispositivos. Su
necesidad radica en que, al perm itirnos pensaren térm inos de universalidad
12Cír. H inkelammert, FrarezJoseph.Elgritodel sujetó. Del teatro- mundo del evangelio de Juan al pcrro-
mundodelagíobflfeación, 2 a e d ., S a n jo s é , Costa Rica, D E 1 ,1 9 9 8 ; L a fe d e A b r a k a m y e l Edipo occi
dental, 3 a e d ., San José, Costa Rica, DEI, 2 0 0 0 ; y El retom o del sujeto reprimido, Bogotá, Universidad
Nacional de C olom bia, 2 0 0 2 .
y am pliar el ám bito lim itado y restringido de la experiencia directa, disparan
el proceso de h u m an ización ; sin em bargo expresan , sim u ltáneam ente, el
deseo im posible - y potencialm ente p elig ro so - de eludir la muerte com o traza
im borrable de nu estra co n d ición . C uando esta dinám ica se desencadena
-c o m o sucede en la sociedad capitalista, que exacerba la tendencia a suplir la
finitud hum ana por la construcción de mecanism os abstracto s-, “el sueño de
la razón produ ce m o n stru os”: los p rod u ctos ab stractos de la actividad h u
m ana se independizan de sus creadores, los dom inan, aplastan y matan.
Ello se debe a que la racionalidad m oderna -q u e para H inkelam m ert está
definitivam ente basada en la relación m edio-fin y; por tanto >en el cálculo de
costos y b e n e ficio s-e s radicalmente reductiva y fragmentaria: ignora la totali
dad concreta hombre-naturaleza que configura el marco de toda acción directa
y calculada, sobre la cual ésta revierte y produce efectos “no in tencionales”. En
la época actual, en virtud del “ach icam ien to ” del planeta que ha resultado de
la revolución tecno lóg ica y de la globalización de los m ercad o s, esos efectos
“n o in te n cio n ale s” h an alcanzado la envergadura de crisis g lob ales, que
p o n en de m an ifiesto q u e el “asesinato e s su icid io ”. La paup erización cr e
cien te de la p o b lació n , la violencia social que afecta cad a vez m ás a la co n v i
vencia hum ana y la destru cción irreve rsible del m edio am b iente configuran
tres m anifestaciones de esa situación critica, que m uestra la gravedad del pe
ligro que se cierne sobre el planeta.
El origen de esta situación se encuentra, para H inkelam m ert, en los resor
tes profundos del im aginario constitutivo de la M odernidad. M ás allá de su
pretendido carácter secular, en la racionalidad m oderna subsisten m itos p o
d erosos, que o rien tan la actividad hu m an a -p a rticu la rm e n te el d e scu b ri
m iento cie n tífico , la a p licació n te cn o lóg ica y el in tercam bio m e r c a n til-e n
d irecció n al logro de m etas im po sibles, ubicadas m ás allá de los lím ites que
im pone la co n d ición hum ana. Se trata siem pre de m etas pensadas en térm i
nos de instituciones perfectas, convertidas en verdaderos ídolos, a lo s que se
ofrece la vida h u m ana en sacrificio.
El n ú cleo de ese co m p o rtam ien to irracion al, su p u estam en te in c o n
gruente con la razón m oderna, es para H in kelam m ert el m ito del progreso o
del crecim ien to ind efinid o. Prod ucto de la alianza en tre tecn o log ía y e m
presa, laboratorio y fábrica, este m ito introduce una trascendencia externa a
la vida hum ana, a la que im pone una tensión hacia el futuro, resultado de la
proyección infinita de los desarrollos técn icos presentes.
C on el triunfo de la burguesía y la instaurac ion de la sociedad capitalista,
el m ito del progreso devino la escalera que une la tierra con el nuevo cielo se
cularizado. E n él habitan las utopias del ego im aginar m oderno. Pues, a pesar
del alegato k an tian o sobre el carácter regulativo y trascend ental de las u to
pías, la razón utópica m oderna tiende sistem áticam ente a concebirlas en tér
m in os de m e can ism o s id ealizados de fu n cio n am ien to perfecto, pensados
co m o ám bitos efectivos (em p írico s) de p lenitud posible.
De esta suerte, el mito del progreso, operante e n la proyección de utopías,
sirve en la práctica com o sacralización del statu quo. El sistema vigente pasa a ser
considerado corno un rnomenio necesario en un can u 110 que conduce por apro
xim ación a la meta de plenitud re a l O perando de este m odo, la razón utópica
ha originado los sucesivos regímenes totalitarios del siglo xxy alimenta actual
m ente la estrategia capitalista de acum ulación global, impuesta por las grandes
burocracias privadas de las empresas de producción mundial y sostenida m ili
tarmente por lo que hoy se proyecta com o un poder político hegemónico total13.
La co n stru cció n de m etas definitivas de la historia colapso en el siglo xx,
a partir del sistem ático fracaso de los reiterados experim entos sociales que se
ensayaron a lo largo de la cen tu ria y que cu lm in aron en la estrepitosa caída
del socialism o r e a l Sin em bargo, en el nihilism o contem poráneo, expresión
de la totalización del m ercado co m o fatalidad frente a la cual no hay alterna
tivas, sigue respirando la lógica del progreso. Se trata ahora de la idea de una
infinitud co m o p roceso infinito en el tiem po, sin m eta y sin d ir e c c ió n -q u e
celebra la co nflagració n que se avecina o se refugia en la ilusoria im agen del
sacrificio de una parte de la hum anidad para la salvación del resto -, pero que,
m ás allá de su apariencia rem ozada, es co n tin u ació n de la m ism a dinám ica
deshum anizante de la M odernidad.
n I ,a critica de la razón utópica pane de considerar la proyección de utopias com o una dim ensión
espacio d”e realización de lo posible. Por tanto no es, ella mism a, antiutópica; lo que le im porta ilu
m inares la falacia de la ilusión trascendental de que es presa la razón utópica cuando proyecta con
ceptos abstractos y los con cibe com o una realidad alcanzable. C om o se ve, la critica a la razón
utópica de 1 Im kelam m erl remite a la con cepció n kantiana de la razón com o origen de principios
trascen d en taleseíncon d icio nad o s(n oem píricos), que no surgen de la experiencia niencueniran
en ella una referencia inm ediata, pero que rem iten a la totalidad de las cond iciones de toda expe
riencia posible. La razón, a travésde sus ideas, puede conceptuar lo in co n dicio n ad o.com o aquel
rien d a. Cfr. Kant, l., C rítica de la razón p u ra, M éxico, Porrúa, 1 9 7 7 ,1 6 8 - 1 7 4 ; y H inkelam m ert,
Franz, Crítica d e la razón utópica, Bilbao, D esclée de Brouwer y ju n ta de Andalucía, 2 0 0 2 .
C om o el Angelus N ovus de Benjam ín, H m kelam m ert advierte sobre la n e
cesidad de detener, m ientras todavía sea posible, el flujo catastrófico que lla
m am os “prog reso ’-, ese m odo de m irar la histo ria co m o un tiem po lineal y
h o m o gén eo lanzado al íuturo. Para ello es n ecesario ren u n ciar a la o p ció n
por el suicidio co lectiv o, que es la del m ercado global y la ley del valor. En d e
finitiva, co m o siem pre en la historia de la hu m anid ad , pero hoy co n m ás ur
gencia que nunca, la posibilidad de intervenir el sistem a vigente y dotarlo de
racionalidad dep end e de la resistencia del su je to , esa dim en sió n de lo h u
m ano que la “ja u la de hierro” de la sociedad capital ista reprim e y neutraliza
a partir d esu reducción am ero individuo. “Pero el ser h u m a n o -n o s d ic e - d i
fícilm ente se reduce a ser individuo. Siem pre tiene un pie fuera de la ja u la ”14.
Ese pie es la e speranza de la histo ria, e l M esías que p ued e en trar p o r la p e
queña puerta de cada seg u n d o 15.
C rítica radical del progreso y rescate de la oportunidad m esiánica abierta
por la resistencia hum ana configuran en H inkelam m ert dos ejes de una filo
sofía de la historia que ilum ina, desde A m érica Latina, una lectura sin co n c e
sio n es del presen te. C on ella cerram os un recorrid o p o r lo s m o m en tos
fu ndam entales de la reflexió n latin o am erican a so bre la h istoria de los ú lti
m os cincuenta años. A lo largo de los m ism os la preocupación por las propias
condiciones filosóficas para producir una interpretación original y auténtica
de la realidad latinoam ericana y m undial fue cediendo lugar al ej ercicio so s
tenido de un p ensam iento confiado en su capacidad crítica y en la p ertinen
cia de su lugar de enun ciación para la produ cción de una interpretación de la
historia con fuertes pretensiones de universalidad y originalidad.
14E J . Hm kelam m ert, “La vida es m ás que el capital. La dem ocracia de ciudadanosy el proyecto de
la sociedad en laq u e quepan todos los seres hum an os", Pasos. Segunda É poca, N °1 1 3 ,D E 1 , San
Jo sé , Costa Rica, m ayo-junio de 2 0 0 4 ,1 5 .
" B e n ja m ín , Walter, “Tesis de filosofía de la historia”, P ara una crítica d e la violencia, 3 a ed ., Premia,
M adrid, 100-1 3 2 .
Bibliografía recomendada
1Fukuyam a, E lfin d ela h isto n a y e lú ltím o hom bre. Planeta, Buenos, Aires, 1 9 9 2 , p . l l .
co n capacidad para generar el recon ocim ien to entre lo s su jetos. Las críticas
desplegadas co n tra el texto de F uk uyam a excedieron el terren o académ ico
para form ar parte del debate p ú b lico : desde la lectura de Perry A nderson
asentada sobre la n ecesidad de reivin d icar un futuro p o sib le para el so cia
lism o, hasta las o b je cio n e s posteriores a los eventos de 11 de septiem b re de
2 0 0 1 , cu and o se to rn ó visible qu e cie rto s co n flicto s ya no po d ían ser vistos
co m o ” guerras de periferia”, cada voz se ocu p ó a su m anera de o bjetar el tono
triunfalista del texto.
Q u e Lutz N íeth am m er haya p u b licad o su Posthistoire tam bién en 1 9 8 9
aleja cu alquier posibilidad de azar tem poral para volver la co incid encia algo
m ás que sin tom ática. A partir de n oviem bre co n la caída del M uro de Berlín
m u ch o s proclam aron que “el fin de la h isto ria” había aban donado el cam po
de la esp ecu lación teórica para tornarse políticam ente real. Sin em bargo, la
investigación de N ietham m er no sólo tiene o b jetivo s diversos de los e stric
tam ente estratégicos desplegados por Fukuyam a, sino que adem ás investiga,
n o el acceso definitivo al objetivo final del progreso, sino las distintas teorías
abocadas a analizar la ausencia de algún tipo de princip io m o to r de la h isto
ria. De acuerdo a la recon strucción realizada por N ietham m er, gran parte de
las miradas posthistóricas de la posguerra europea definen su origen co n cep
tual en los desarrollos de Antoine C ou m o t. Más allá de la im posible precisión
en adju dicarle a C o u m o t el apelativo de “padre de la p o sth isto ria”, lo cierto
es que el filóso fo y m atem ático del Segundo Im perio desplegó una idea ín ti
m am ente relacionada: según su análisis, los tiem pos históricos resultan m o
m ento s de transició n h eroicos y tu rb u len tos insertados entre dos perío d os
estables, llam ad os “n o -h istó rico s”. De acu erd o co n esta reco n stru cció n , en
el siglo xix el co n c ep to de ‘p o sth isto ria’ no en cerrab a fru stració n ni p esi
m ism o cu ltu ral, sino la esperanza de que el caos de la historia seria superado.
E n su análisis N ieth am m er evalúa no só lo el pu n to de partida de C ou rn o t,
sino tam bién el rol cu m plid o por la filosofía del siglo x x e n la m etam orfosis
del concepto en un síntom a del pesim ism o m oral. Es así com o los desarrollos
de W alter B e n jam ín , A rnold G e h len 2, Peter B rú ck n er, Sigm u nd F reu d , y
m u y especialm ente, Ernst Jü n g e r son elegidos com o paradigm as de este e s
píritu de época. El rol cum plido por la novela Eum esw il d e jü n g e r resulta en
14 Birulés, “U critica de lo que hay: entre memoria y olvido", en: Cruz, Manuel (com p .): Hacia dónde
va el p a sad o , Paidós, Barcelona, 2 0 0 2 , p. 141.
C cália Macón
26 Held, Ibíd ., p. 2 3 4 .
27 Brown en H n y McGr, p . 4 5 9 .
o bjetivo de Habermas es construir una dialéctica entre una teoría universalista
y el particularism o en un co n texto donde el Estado-nación está desapare
cien do. La legitim ación de la dem ocracia cosm opolita im pone d e lib eració n
apoyada en reglas racionales: una m ed iación co m p le ja capaz de ten er en
cu en ta tanto la racionalidad co m o la diversidad, cuya legitim idad surge de
un p roced im iento que puede dar su stento al rol central otorgado a los d ere
ch os hum anos. E s así co m o la posibilidad de una ciudadanía global, capaz de
abrir las fronteras nacionales y recon ocer la m ovilidad global co m o un d ere
ch o hu m an o resulta u n o de lo s e je s fu ndam entales para dar lugar a u n m o
m en to h istó rico que haga de la g lobalización - a veces a pesar de algunos de
sus a c to re s - la expresión de un nuevo sentido histórico.
“ Gray, Ibíd., p. 6 1.
“ Gray, Ibíd. ,p . 198.
31 Gray, Ibíd., p. 155.
32 Gray, Ibíd., p .9 6 .
É
C ecilia M acón
propia norm atividad. Se trata, por cierto, de una norm atividad que es útil a
la hora de rec o n ce b ir la dem o cracia. Derrida afirm a que es posible d eco ns-
truir los fundam entos m etafísicos, frecuentem ente racionalistas de la moder
nidad o ccid en tal y aún m a n te n e rla s prom esas del Ilu m in ism o , una de las
cu ales es, ju stam ente» la idea de d em o cracia. A quello que D errida define
com o “dem ocracia por venir” consiste en “una dem ocracia que debe tener la
estru ctura de una prom esa” capaz de red u cirla violencia. Desde el punto de
vista d ern d ean o, la identidad se constituye a través de un proceso abierto de
rep etición q u e no es n u n ca final, pero que requ iere de esa co n tin u a rep eti
ció n, una identidad diferida h a d a un futuro que nu nca llega com o tal. El m o
vim ien to de la rep etición prom ete el establecim ien to de una identidad que
está constantem ente socavada y referida a la repetición. Siendo enton ces im
posible dar cuenta de una identidad final y cerrada, estas definiciones suponen
que el futuro no es un horizonte de expectativas o de posibilidades determina
das, sin o un “p un to ciego” en el horizonte que cede a otros ho rizo ntes, e sp e
ranzas e in terp retacio n es. La d em o cracia, en una d im en sió n que Derrida
denom ina ‘p o st-u tó p ica', dem anda así su asociación con una teoría decons-
tructiva y cu asi-trascen d en tal del futuro abierto capaz de expresar una per
fe ctib ilid ad infinita. Se trata de una d em o cracia capaz de ab rir un espacio
en tre su c o n d ic ió n actu al y su esp acio futuro situán dose entre el presente-
presente y el p resente-futuro, entre la p re se n ciay el futuro p o rv enir; u n e s
pacio en el q u e la d efin ició n del ideal, y el sentid o de térm inos clave co m o
‘igualdad’ y ‘lib ertad ’, se m an tie n e n abierto s y de donde resulta inferida la
h isto ricid ad de la política. El futuro abierto se transform a así en una co n d i
ció n de po sib ilid ad del evento, de la id en tid ad , la decisió n , la resp on sabili
dad, la h o sp italid ad , y la relació n co n el otro, co n cep to s que definen los
co m p rom iso s norm ativos de la dem o cracia u b ican d o la otredad originaria
en el espacio de una cierta ind ecibilid ad y la h ospitalidad in con d icio n al
com o un ideal regulativo pero n ouniv ersal. La violencia, afirma Derrida, no
es m ás que el resultado de la pretensión de cerrar el futuro. Esta expresión del
posthum anism o im plica una invención constante de reglas donde lo político
no puede ser redu cido a lo hum ano. Se trata, de acuerdo co n D ernda, de una
“histo ricid ad fu tu ral”: un cu rso h istó rico esen cialm en te abierto al futuro y
refractario a cu alquier expulsión de sus propias aporías.
D entro de este co ntexto es im portante señalar el im pacto académ ico, po
lítico y m ed iático , logrado p o ru n trabajo co m o Im p erio de M ichael Hardt y
A ntonio Negri. De acu erdo co n su m irada sobre una g lobalización que co n
sideran irreversible es necesario reconstruir un panoram a atento a las inesta
bilid ad es p o sm o d ern as. La d e clin ació n del poder del E stad o -n ació n no
im p lica que la so beranía haya entrad o en d ecad en cia, sin o que asistim os a
una nueva forma global de soberanía llamada “im perio”33: “el im perio no es
tablece nin gún centro de poder y no se sustenta en fronteras o barreras fij as.
Es u n aparato descentrado y desterritorializador de dom inio que progresiva
m ente incorpora la totalidad del terreno global dentro de sus fronteras abier
tas y en p erm anente ex p an sió n . E l im p erio m aneja id entid ad es híbrid as,
je ra rq u ía s flex ibles e in tercam bio s p lu rales a través de redes ad aptables de
m ando”. F rente a la fu n d ó n policial ejercida po r el im perio hacia la m ultitud
-d e fin id a co m o nu ev o agente h is tó r ic o - a ésta le cab e in v en tar nuevas for
m as d em o cráticas y u n nu ev o p o d e r co n stitu tiv o 34. E ste nu ev o e scen ario
co n tien e adem ás su propia lógica histó rica: “El im perio agota el tiem po h is
tórico , su spende la historia y co nv oca al pasado y al futuro dentro de su pro
pio orden ético ( . . . ) el im perio presenta su orden co m o perm anente, eterno
y necesario”35. Es a la multitud a quien le corresponde m odificar estas preten
sio nes de necesidad del orden im perial. E xiste, p or lo tan to , la exigencia de
un nuevo princip io m o to r de la historia capaz de expulsar tanto esta alegada
eternidad co m o la lógica acum ulativa del progreso ilustrado.
El esbozo de un nuevo sentido para la historia puede ser identificado tam
b ién en los trabajos de Paolo Virno. A quí es la reform ulación de una su b je ti
vidad transform adora la encargada de rearm ar una tram a teórica para
nu estro prob lem a. El filósofo italiano ha desarrollado una propu esta d esti
nada a dar cuenta del su jeto po lítico en térm inos alternativos, capaces de ar
m onizar co n sociedades transform adas: form as de vida post fordistas donde
la dupla público-privad o y el par colectiv o-individual han estallado defin i
tivam ente36. Resulta necesario, afirm a Virno, pensar la su bjetividad p o lítica,
no ya en térm inos de p ueblo - a la m anera de H o b b e s -sin o de m u ltitu d -re
cu p eran d o una n o ció n de raíz spinozian a d o nd e resultaba identificada la
base de las libertades p o líticas-. La m ultitud es definida en tanto “una plura
lidad qu e p ersiste co m o ta l”, “la form a de existencia so cial y po lítica de los
4. Algunas conclusiones
Bibliografía general
B i r u l é s , F ina: “La critica de lo que hay: en tre m em oria y olvido”, en: C ru z, Manuel
(co m p .): H acia dónde va el pasado , Paidós, Barcelona, 2 0 0 2 .
C ecilia M acón
En com paración con H erdery con Kant, el filósofo más fam oso e n relación
a la filosofía de la historia es, sin duda, H egel. El m ás leído y el m ás discutido.
Y sin embargo, Hegel no escribió ningún libro que se llame “Filosofía de la his
toria” o algo por el estilo. Las ediciones de la Leccion es de filo s o fía d e ¡a historia
(e n adelante L FH U )2 que poseem os hasta el m om ento en castellan o, y casi
todas las ediciones en alem án, son una recon strucción de sus clases que reali
zaron su h ijo Karl y algunos discípulos del filósofo. En la prim era parte de este
capítulo n o s concen trarem os en el co ntenid o fundam ental de la co n cep ció n
hegeliana de la historia, tal com o se n o s ha transm itido en las LFH U , haciendo
referencia de paso a los problem as derivados de sus distintas ediciones.
En la segunda, que hem os denom inado “Hegel 11”, tom arem os co m o re
ferencia ciertos estudios recientes, que m uestran que lo que se e ncu entra en
las fam osas L FH U , no es to d a, y m eno s su m e jo r y m ás original filosofía de la
historia. V erem os seguidam ente en qué d ire cció n apuntaría este intento de
reco n stru cció n de su filosofía. U na co n c e p ció n de la h isto ria q u e, dada su
m uerte prem atura, Hegel habría dejado apenas sugerida.
Al le cto r que sólo quiera aproxim arse a las clásicas L FH U , le bastará co n
la prim era p arte. De h ech o, la recep ció n del siglo xix y xx se lim ita p ráctica
a) La del h ijo de Hegel, Karl, que se rem onta a 1 8 4 0 , y que resulta una ver
sió n perfeccionada de la prim era ed ición que existe, realizada a cargo de
Eduard Gans, discípulo de Hegel, en 1 8 3 7 , con sucesivas reediciones que
corrigen detalles.
b ) Más amplia que la de Karl Hegel es la de Georg Lasson, publicada entre
1 9 1 7 -1 9 2 0 , que am plía notablem ente a la edición de Karl Hegel. La ver
sión de Lasson está traducida al castellan o por J osé G aos en 1 9 2 8 y es la
que seguim os en nuestras citas. La prim era parte, publicada con el título
L a razón en la historia, fue revisada por J. HoíTmeister en 1 9 5 5 , el cual ad
vierte , sin em bargo, que se necesita de una revisión m ás a fondo.
. .. los acon tecim ien tos siguen con stituyendo la base; y la actividad del co n
cepto queda reducida al contenido formal, universal, de los hechos, a los prin
cipios y reglas. Se reconoce, pues, que el pensamiento lógico es necesario para
las deducciones, que así se hacen de la historia; pero se cree que lo que las ju s
tifica, debe provenir de la experiencia. En cam bio, lo q u e lafilosofia entiende p o r
co n cep to es o tr a co sa ; el con cep to es aq u í [Hegel se refiere aq u í a l m odo adecu a d o de
h ace rfilosofía] la actividad m ism a del ccm ceptoy no la concurrencia d e una m ateria
y una f o r m a qu e vienen c a d a u n a d e s a l a d o . (L F H U 1 7, resaltados M.S.)
.,. una nueva vida surge déla muerte. Es éste un pensamiento que los orien
tales ya concibieron ( ...) más umversalmente conocida es ( ...) la imagen del
fénix, de la vida natural, que se prepara eternamente su propia pira y se con
sume sobre ella, de tal suerte, que de sus cenizas resurge una nueva vida reju
venecida y fresca. Pero ésta es sólo una imagen orien tal; conviene al cuerpo,
no al espíritu. Lo occidental es que el espíritu no sólo resurge rejuvenecido,
sino sublimado, esclarecido. (LFHl/25/26.)
Pero he señalado esta primera aparición del pensamiento de que la razón rige
al mundo, así como las deficiencias que había en él, sobre todo porque lo d icho
tiene su perfecta aplicación a otra forma del mismo pensamiento (...) la forma
de la verdad religiosa que dice que el mundo no está entregado al acaso, ni a
causas exteriores, contingentes, sino que una Providencia rige el mundo.(...)
apelaría a la fe eneste principio, bajo esta forma religiosa, si la índole propia de
la ciencia filosófica no prohibiese hacer supuestos... (LFHU 28.)
Le corresponde a la filosofía indagar por esta razón que rige al m u ndo, de
m odo más com pleto y cabal que la religión. A esta razón la denom ina Hegel,
com o Kant, “Idea” [Id ee]. Pero es una idea que está presente en la historia, que
rige a la h isto ria , y no es só lo u n m odo de co n sid erarla. Pasam os ahora al re
sultado de la co nsid eración filosófica propio de Hegel.
El sujeto de la historia
5 Todavía se d iscute cuál es la posición religiosa de Hegel. De cualquier m odo es m uy difícil soste
ner, en mi o p in ió n , que Hegel acepte la existencia de u n Dios trascendente.
"C fr. especialm ente Encic/opcdiíi, §§ 5 6 6 -5 7 1 . El tem a está am pliam ente d esarrolladoen M .Bor-
guesi, L’eíáiíüospiritoín Hegel, Rom a, Edizfcm iStudium, 1995 .
7 H egel, en consonancia con la Ilustración alem ana, y a diferencia de la francesa, intenta una c o n
ciliación con la conciencia religiosa cristiana. La valo riza com o una aproxim ación a la verdad, pero
a su vez la absorbe bajo la filosofía. El concepto, con el que trabaja la filosofía, es superior epistem o
lógicam ente a la representación, que mezcla ideas e im ágenes, y en la que se basa la religión. El c o n
cepto es su verdad más pro funda, porque está m ás cerca de la com prensión racional acabada, entre
otros motivos. La filosofía n o es más ancíllae teologhiae, esclava de la teología, sino al revés.
de un trabajo cultural (p o r lo tanto no reducido a la acción m eram ente p o lí
tica) , que perm ita realizar una integració n de fondo8. T am bién aquí es rele
van te el asp ecto religioso del co n cep to de esp íritu , en la m edida en que la
co nciliació n interna alem ana depende en ese m om ento tam bién de una co n
ciliació n entre distintas co n cep cio n es del cristianism o.
C o n lo dicho vem os có m o el co n cep to de “Esp íritu” es un co n cep to com -
p lejo . Convergen en él varias connotaciones.
Si tenem os en cuenta las connotaciones políticas, se com prende m ejor por
qué la libertad en su aspecto político recibe en Hegel un estatus prioritario.
Pasam os ahora al p rin cip io de m o vim iento de la histo ria la libertad
C om prender el concep to y la dinám ica de la libertad es en el fondo co m pren
der el Plan de la Providencia.
8Es otro italiano quien desarrolla este tema, con una amplia d ocum entación sobre el con texto his-
tó rico-político de la posiciónde Hegel. Cír. D. Losurdo, Hegel e la lib e rta d a moderni, Roma, Editori
Riuniti, 1 9 9 2 . La tesis principal de este extenso libro de Losurdo esque Hegel intenta disociar los
ideales de la Revolución Francesa de Francia de la invasión napoleónica, que a los ojos del pueblo
alemán habían quedado estrecham ente vinculados. Esta situación era aprovechada por los conser
vadores, que alu diana la invasión para rechazar dichos ideales. Hegel, entre otros de su generación,
em prende una batalla cultural al respecto.
tanto a nivel personal com o co m u nitario , y es la que dicta el m otivo del des
arrollo de éste. La meta es el espíritu, en am bos sentidos, que es libre y se sabe
libre. Es im portante según Hegel que este proceso sea llevado a la au to con -
cien cia, es decir, que los ho m bres se den cu enta de que son los artífices de lo
que parece obra ajena, de ahi el sentido de la frase famosa:
Tanto los acontecim ien tos co m o las institucion es de un pueblo son parte
de esta “e x p licita ció n ”. E l Esp íritu só lo se co n o ce en sus ex p licitacio n e s,
co m o el artista sólo se co n o ce en su obra. Al verla observa sus lim itaciones y
reelabora otra idea, a la que dará realización. Y así transcurre la dinám ica su b
yacente a la historia.
b) A n iv el m oral, las no rm as tam p o co están dadas por un ser tra sce n
dente, sino que tienen en su form ación la mism a dinám ica; de aquí que Hegel
dé prioridad a lo que llam a “eticid ad ”, co n resp ecto a la m o ralid ad , la cu al
queda reservada al ám bito del asentim iento subjetivo a las norm as heredadas
y la capacidad de transform arlas.
c) A unqu e esta n o ció n se e n cu en tra en las L FH U , éstas en su desarrollo
tom an un asp ecto de la lib ertad , la lib ertad p olític a . A quí Hegel sigue de
cerca la n o ció n clásica de la libertad po lítica (EN C agregado al § 5 3 9 ): la p o
sibilid a d qu e tienen todos los m iem b ro s d e u na com u n id ad de p a r tic ip a r e n el g o
bie r n o d e la com u n idad d é l a qu e fo r m a n parte, d a d o qu e son con sid era d os com o
seres au toconcientes, es decir, hom bres, y p o r lo tanto libres e iguales. Esta libertad
p o lítica se co n creta en lo qu e hoy co in cid e aproxim adam en te co n el “d ere
ch o p ú b lico ”, cuyo órgano es el Estado. Su co n cep to se encu entra expuesto
y desarrollado en lo s P rincipios d e ¡a F ilo so fía d el D erech o [en adelante P F D ].
Las LFH U versan sobre el desarrollo en la historia este aspecto de la lib erta d
y en este sen tid o se en cu en tran en continuidad con los PFD. Hegel induda
ble m e n te pone el acento en la libertad co m o p articip ació n en el g ob iern o y
n o en la libertad co m o esp acio de posibilidades individuales. En esto c o n ti
nú a la lín e a rou sso niana. D e este sen tid o p o lític o co n v ien e h acer algunas
o bservaciones.
Po r em pezar, este asp ecto p o lítico pretende rescatar un ideal cercan o al
tercero de la Revolución Francesa, lafr a te r n id a d , que para Hegel, con varian
tes, resulta ser uno de los m áxim o s valores de realización hum ana. Ese ideal
es com partido por m u cho s de su g eneración. Pensem os por ejem plo en el úl
tim o m ovim iento de la N ovena Sinfonía de Beethoven, cuyo texto es una oda
d e S c h ille ry que hoy esel him no de la U nión Europea.
La realización del hom bre no está en el m ero bienestar, o el desarrollo in
dividual de su s cap acid ad es p sico físicas. A quí el filósofo adm ira el ideal
( “id ealizad o ” quizá) de la polis griega: el h o m bre se realiza en la m edida en
que la com u nidad a la que pertenece se realiza, Estado. Es m ás, se trata de un
ideal superior al de la m era realización individual y por el cual puede llegara
ser razonable sacrificar la propia vida. La libertad individual es una quim era
sin la realización de la lib ertad política, p orqu e de hecho se term ina dep en
diendo de otra cosa, generalm ente ilusoria. La m ás com ún de las ilusiones es
la d ep en d en cia de un m ás allá co m o so lu ció n futura a las co n trad iccio n e s
presentes. E s en la realización de la libertad política que se puede em pezara
vivir no m ás dividido, u n ificado a todo nivel.
Hegel categoriza a los individuos co m o los "m edios" [Mittel] del Espíritu
para llegara la libertad. Desde el punto de vista de la historia universal, hay bá
sicam ente dos tipos de individuos. Por un lado, el de gente en su mayoría, que
con su acción lleva adelante día a día la cu ltura vivida y que encarnan un cierto
tipo de mentalidad. Esta categon'a es denominada en las L F H U “lo s individuos
com o conservadores”. Tam bién con sus intereses y sus pasiones. Los hombres
en general presentan un derecho que vale la pena destacaren Hegel en relación
con ciertas interpretaciones reductivasque se han hecho de su pensam iento:
L o s h o m b r e s e x ig e n q u e , si h a n d e la b o r a r p o r u n a c a u s a , é s t a le s a g r a d e ;
q u ie r e n e s ta r e n e lla c o n su o p in ió n y c o n v ic c i ó n d e la b o n d a d d e la c o s a , d e
s u le g itim id a d , d e s u u ti lid a d , d e la v e n ta ja q u e r e p r e s e n t a p a r a e llo s , e tc .
(L F H U 6 5 .)
E l e s p ír itu c a b a lle r e s c o d e lo s h e r o ic o s n a u t a s p o r t u g u e s e s y e s p a ñ o le s , el
c u a l [n o te m o s e l s u je to ] e n c o n tr ó u n n u e v o c a m in o h a c ia la s I n d ia s O r i e n ta
le s y d e s c u b r ió A m é r ic a .
Es luego de esta cita que se m enciona a C olón. 1.os m otivos de este ú ltim o ,
según Hegel, eran otros:
Lil fin de C olón era particularm ente un fin religioso; su designio era em plear en
una nueva cru zad a los tesoros d élos ricos países de las Indias, que estaban aún por
descubrir, y con vertir a sus habitantes paganos al cristianism o. El hom bre averiguó
que la tierra es redonda, o sea, algo cerrad o para él; y la navegación se encontró faci
litada p o r el m edio técn ico de la aguja im antada, recién descubierto, co n el cual
aquélla dejó de ser m era navegación costera. (L F H U 3 5 2 .)
.. .el Estado no es una abstracción que se oponga a los ciudadanos, sino que
éstos son elementos, en los cuales, como en la vida orgánica, ningün miem
bro es fin ni medio (LFHl/89),.. Llamamos Estado al individuo espi ritual, al
pueblo, en cuanto está en sí articulado, en cuanto es un todo orgánico. Esta
denominación se halla expuesta a la ambigüedad, porque con las palabras
Estado y derecho del Estado, designamos habitualmente sólo el sector polí
tico, adiferencia de la religión, la cienciay darte. Pero aquí se tomaelEstado
en sentido más amplio, tal como usamos la expresión de “reino”, cuando de
signamos la manifestación de lo espiritual. (LFHU 91.)
3. La narración filosófica
U na vez presentado el m arco teó rico , H egel exp one la historia desde el
pun to de la filosofía. Aquí se m uestran articulados y ejem p lificados los co n
ceptos expuestos en la prim era parte. La narración m uestra que el ideal n o es
una m era declam ación de lo que debe ser, sin o que se está realizando.
A grandes rasgos las L F H U (cfr. pp. 1 2 5 - 1 2 6 ) siguen la división trazada
por la filosofía del d erech o e n los § 3 5 4 - 3 5 8 (P F D ), en el m u ndo o riental,
griego, rom ano y germ ánico:
Los orientales sólo han sabido que uno es libre, y el m undo griego y rom ano
que algunos son libres, y nosotros que todos los hom bres son en sí libres, que
el hom bre es libre c o m o h om bre. [LFH U 49.1
Sin con cep to y sin razón, un idealismo regido por la m era imaginación, sin li
b ertad , un en su eñ o que tom a su origen y su m aterial de la existencia, pero
que to d o locon vierte en cosa puram ente im aginaria. (LFHU II2 9 4 .)
U n idealism o sem ejante se m uestra incapaz de concretarse en insti tucio -
nes sólidas que breguen por la libertad, y por tanto incapaz de hacer historia.
E n los fenicios se hace un aporte m uy interesante:
B. Filosofía e historiografía.
1. Tipos historiográficos
Aquí ya vam os más allá de las LFH U . En ellas más que desarrollado es alu
dido, al acusar recibo de un reproche que dirigen a la filosofía de la historia
algunos historiadores de su tiempo. Ellos sostienen que la filosofía al abordar
ia historia tergiversa los hech os en fu nción de un esqu em a previo. C om o
hem os visto, la Idea para Hegel no es una im p o sició n a priori sin o que nace
de la consideración de los hech os m ism os y de la naturaleza de lo espiritual.
Incluso Hegel les hace notar lo siguiente:
¿En qué consiste esta actividad del historiador, y qué supuestos im plica?
En el agregado del § 5 4 9 de la E n ciclopedia de las Cien cias F ilosóficas (1 8 3 0 )
desarrolla la distinción entre interés subjetivo y objetivo que apenas enuncia
en las LFH U , O bserva que, de h e ch o , de la infinita m u ltip licidad que se
ofrece com o m aterial previo para el relato, el historiador no sólo debe forzo
sam ente seleccionar, sino que de algún m odo esjustam ente ésa su tarea. Por
lo general, no nos interesan relatos hasta los ínfim os detalles. La cuestión e n
tonces se traslada al principio de selecció n .
Para co m p rend er la distinció n entre estos tipos de in terés y có m o fu n
ciona el interés objetivo com o principio de selección, Hegel plantea la analo
gía co n la actitud de un ju e z; éste debe ser im parcial co n respecto a los
intereses de las partes, pero debe ser “parcial” con respecto al derecho y la ju s
ticia. El historiad or político no debe escrib irla historia obedeciendo a in te
reses de poder, influencias, etc. Pero sí apun tar al ideal de la historia de un
pueblo que es su constitución en Estado, y éste com o realización de la liber
tad . La evolución en la libertad p olítica es aquí el princip io de selección. Al
respecto Hegel resulta categórico, pero tiene una gran virtud: dice de acuerdo
co n qué criterio se le ccio n a y está dispuesto a fundam entarlo. No es el caso,
según su parecer, de m u cho s de los historiadores que le reprochan a la filoso
fía de ir a la histo ria co n co n c ep to s “a p rio ri" (y da e je m p lo s ), C uando uno
analiza sus relato s, su pon en m u chas cosas a p riorí y sin fundam entar.
In clu so sostiene H egel que ese princip io de selecció n corresponde al in
terés genuino del lector cu and o lee historia:
“Cuando tenemos ante la vista la lucha de los griegos contra los persas o el
duro dominio de Alejandro, nos damos muy bien cuenta de lo que nos inte
resa, que es ver a los griegos libres de la barbarie. Nos interesamos por la con
servación del Estado ateniense (...) Figurémonos que Alejandro fracasase en
su empresa. (...) no nos sentiriamossatisfechos. Tenemos en ello un interés
material, objetivo. La razón... se propone fines que interesan esencialmente
al espíritu, al ánimo, y que ya en la lectura nos mueven a la tristeza, la admi
ración o la alegría”. ILFHU24.]
Una historia sin finalidad alguna y sin juicios de esta clase sería solamente un
desahogo tonto de la representación, y no alcanzaría siquiera la categoría de
cuento infantil, pues incluso los niños piden que los cuentos tengan un inte
rés, es decir, un fin establecido que se pueda al menos sospechar, y que los
acontecimientos y acciones guarden relación con ese fin. (ENC §549n.)
A. Historia e historicidad
Q uien ha tenido contacto co n las obras escritas de H egel, puede n o tar que
éste no es el m étodo hegeliano típ ico 10. E n este te x to , que es un discurso aca
10Retomo aquí, en forma reelaborada, algunas de las sugerencias de WalterJaeschke en los trabajos
citados en la Bibliografía (véase).
dém ico y que forma parte de la edición de las lecciones, Hegel da por descon
tado el significado del co n cep to , se lo entrega a la representación popular, y
pasa luego directam ente a m ostrar el motivo del tratam iento filosófico. No es
propio de Hegel abordaras! los concep tos, es decir, separando la exposición
del conten ido, por un lado, de la exp osició n del m étod o filosófico por el o tro .
C o n o tros co n cep to s (el ser en la C ien cia de la L óg ica, el esto en la F EN , para
citar dos de los co n cep to s co n o cid o s de H egel) es ju stam e n te la pregunta
“qué e s”, lo que pone en crisis la rep resentación habitu al de ellos y da lugar,
desde el vam os, desde la m ism a pregunta, al tratam iento filosófico. Algo si
m ilar ocurría en lo s diálogos platónicos, por eje m p lo , cuando Sócrates en La
R epública pregunta a Trasím aco qué es la ju sticia.
Pero la gran pregunta es: ¿qué es la historia?. Y en las LFHU hay que su po
n er la respuesta m ás que encontrarla. E s obvio que el filósofo no podía pro
ceder especulativam ente en un discurso inaugural. Pero entonces no tenem os
qu e p e r d e r de vista esta ob serv a c ió n , esto es, qu e se trata de un d iscu rso , y no
considerar que, porque esté publicado bajo la forma de libro, seria lo m ism o
que si H egel h u b iese escrito so bre filosofía de la h istoria. De h e ch o , p or los
testim on ios que se conservan I legel estaba preocu pado en sus últim os años
por retom ar toda la parte intro d u cto ria.
Si al no encontrar una form ulación del co n cep to de historia en las LFHU,
recurrim os para entender qué es la historia a las obras por él publicadas, nos
enco ntram os co n escasas y herm éticas alusiones co m o las del capítulo final
de la F EN , “El Sab er A bso lu to ”. En ellas la historia es un co n cep to m ás bien
“recapitulad o r”, el exp licitarse de un itinerario recorrid o, y es definida con
expresiones com o las siguientes:
o b le n
No resulta difícil entender por qué las lecciones fueron más populares que
estas nociones de la FEN. Pero estas escuetas definiciones de historia de la FEN
no dicen algo muy dístint o que el § 3 5 3 de las PFD citado anteriorm ente, Estas
definiciones nos perm iten ir más allá de la historia considerada com o conjunto
de hech os para pasara lo histórico co m o dim ensión esencial y exclusiva de lo
espiritual m ism o, esto es, el concep to de historicidad \Geschích-dichkeii]
Historicidad
A primera vista, estas hazañas del pensamiento [se refiere Hegel a las teorías
filosóficas anterioresi, en cuanto históricas, parecen pertenecer al pasado y
hallarse más allá de nuestra realidad presente, Pero, bien mirada la cosa, se ve
que lo que nosot ros somos, lo somos, al mismo tiempo, históricamente Iges-
chichtlích] [.,, 1. La razón concierne de sí misma que hoy consideramos como
patrimonio nuestro y que forma parte del mundo actual no ha surgido de im
11 De h ech o, en la exposición sistem ática que constituye la E nciclopedia d e las Ciencias Filosóficas
(publicada en vida por Hegel, en adelante ENC), los parágrafos correspondientes a la historia uni
versal (§ 5 4 8 -5 52) se encuentran en la sección del “espíritu objetivo” dentro de la parte “El Estado”
( § 5 3 5 -5 5 2 ). Esto confirm aría que la historia universal es historia fundam entalm ente política,
12 La necesidad de basar la filosofía de la historia de Hegel en el concepto de historicidad la plantea
- d e acuerdo con m isco n ocim ien to s-W .ja esch k e.V éa seJa esch k e (1 9 9 5 ).
15Nótese que no hablam os aquí de las lecciones d e filoso fía de la historia sino de historia de lafilo sqfia ,
que igual resultan pertinentes al caso .
proviso, en forma directa, como si brotase por sí sola del suelo del presente,
sino que es también, esencialmente {wesentlich], una herencia y, más en con
creto, el resultado del trabajo de todas las anteriores generacionesdel linaje
humano. [...] las artes de la vida externa, la gran masa de recursos y aptitu
des , de instituciones y hábitos de la convivencia social y la vida política son el
resultado de las reflexiones, de la inventiva, de las necesidades y de la pena,
del ingenio, la voluntad y la creación de la historia anterior a nuestro tiempo.
Lo que hoy somos 1... ] lo debemos también a la tradición, la cual se deslizaa
través de todo lo que es perecedero y, por tanto, pasado, como una cadena sa
grada, según la frase de Herder f... ]
Pero esta tradición no es solamente una buena ama de casa que se dedique a
guardar fielmente lo recibido para transmitirlo íntegramente a los herederos.
I...]
El contenido de esta tradición es lo que ha creado el mundo espiritual. El espí
ritu universal no se está quieto; y es este espíritu universal lo que nos interesa
examinar aquí. Puede ocurrir que en una nación cualquiera permanezcan es
tacionarios la cultura, el arte, la ciencia, el patrimonio espiritual en su conjunto;
tal parece ser, por ejemplo, el caso de los chinos, quienes probablemente se ha
llen hoy, en todo, como hace dos mil años. Pero el espíritu del mundo no se
hunde nunca en esta quietud indiferente [gleichgültige Ruhcl. Esto reside en
su concepto simple; su vida es acción. Y la acción tiene como premisa una ma
teria existente sobre la que se proyecta y que no se limita a incrementar, a en
sanchar con los nuevos materiales que le añade, sino que, esencialmente,
elabora y transforma. Este heredar consiste a la vez en recibir la herencia yen
trabajarla. Pero, al mismo tiempo, esta herencia queda reducida al nivel de
una materia prima que el espíritu se encarga de metamorfosear. Lo recibido
se transforma de este modo y la materia se enriquece a la par que se trans
forma. ( ...)
Lo que vale tanto como decir que el curso de la historia no nos revela precisa
mente el devenir de cosas extrañas a nosotros, sino nuestro propio devenir, el de
venir de nuestra propia ciencia14.
14La cita correspon d e a la trad ucción castellana de Lecciones sobre la historia d e ¡afilosofia, en ires
tomos, M éxico, Fondo de Cultura Económ ica, quinta reim presión en castellano, 1 9 9 5 . Me he per
m itido algunas m od ificacion esen la traducción de W Roces, aclarando en las variaciones signifi
cativas el térm ino alem án correspond iente. Incorporé tam bién algunos subrayados del propio
Hegel (en cursiva). La de Roces se trata de una traducción de la segunda ed ición en alem án, de
1842, cuya preparación estuvo a cargo de Karl LudwigM ichelet (cfr. Hegel W erke, Band 18, Frank-
furt a.M. 1 9 7 1 , pág. 2 0 ). Recientem ente, la edición critica de las lecciones de la editorial Félix Mei-
ner confirm a la autenticidad de este texto, el cual reproduce un m anuscrito de Hegel para la
El pasaje es m u y sim ilar al que h em o s visto de H erder, y a él rem ite en
form a explícita. Pero hay acen tos de Hegel m uy significativos:
1) antes que nada el carácter constitutivo de lo heredado históricam ente:
la historia no es algo externo al observador, sino que locon stü u y e;
2) esta h erencia, sin em bargo, no es algo que determ ina a un su jeto abso
lutam ente pasivo; cada generación, a su vez, la rejorm u la co n su trabajo;
3 ) por ú ltim o , el espíritu universal no es una entidad que se sitúa m ás allá
de estas generaciones, sino que m ás bien es el co n ju n to de ellas en la m edida
que form an p arte, en su labor y en su ser, de esa herencia.
La historicidad es así:
a) tanto el h ech o de estar constitu id o s h istó ricam en te,
b ) co m o la co n cien cia de esto m ism o.
Aún falta precisar: tenem os una historia y reflexionam os sobre esta h isto
ria; pero esta reflexión no es m eram ente una constatació n, sino que tam bién
tiene influ encia so bre el ru m b o h istó ric o , y p o r lo tanto n u estro ser. Hay
com o una especie de mutua in fluencia entre “a”y “b ”. Q ueda así más claro el
significado de las definiciones de historia que daba en form a críptica la F en o
m enología. Y tam bién queda más claro el concep to hegeliano de Espíritu.
in troducción a h s lec c io n es de filoso fía de la historia, fechadoen 1 823. Cfr. Vorksungen üb erd ie Ges-
chichiederP hilosoph íe.E inkU u ng . Oríentalísche PhilüSophie.Hamburg, F élix M einerVerlag, 1 9 9 3 ,
neu herusgegeben von W ak e rja esch k e. Cfr. especialm ente págs. 6 -9 . E s ja e sch k e quien llama la
atención sobre este párrafo.
Resta form ular dos preguntas, que h e m o s planteado a H erder y a K an t, y
que tenernos en la obra de Hegel material cierto y suficiente com o para respon
derlas: ¿hay progreso para Hegel? A lo ya expuesto, añadim os a modo de res
puesta directa lo que señala Hegel en los Principios de la Filosofía del D erecho:
Esto la saber], que el fin subjetivo en tanto poder lo fuerza) de este proceso en
el que lo objetivóse desgasta por fricción mutua y se supera, se detiene fu era
de ellos [del Mecanismo y del Quimismo] y es lo que en ellos está mantenién
dose, es la astucia de la razón.
La vida esp iritu al surge co m o “ch isp a ” de la fricció n de lo natu ral, que
llega a un lím ite. Análogam ente su cedería así en la vida espiritual co m u n ita
ria y su lógica propia, fruto de la fricción “natural” entre los individuos. La as
tucia de la razón es una lógica íntim a que rige la sociedad hum ana.
Hem os visto la inm anencia del concep to de Espíritu al de las generaciones
h umanas. Está lejos de la co ncep ció n de un Dios trascendente que “provee” a
los hombres. Las crípticas definiciones de “historia” de la Fenomenología, co m o
la del § 3 4 3 de lo sP F D , m uestran al co n cep to de historia de la filosofía hege-
liana rad icad o e sen cialm en te en la d in ám ica del espíritu . La m eta fís ica del
p!anesSich-Selbst-Metaphysik,m etafísicadenuestrasobrasydewsotrosmismos
en cu an to g eneraciones. Lo que b u scáb am o s “m ás allá de” está en nosotros,
en la dinám ica de nu estra vida espiritual.
D e una reflexión sobre la historia considerada en el fondo com o co n ju n to
de acaecim ientos externos, tal co m o predom ina en H erdery en Kant, hem os
pasado al co n cep to de historicidad. U n co n cep to que está presente de algún
m odo ya en H erder, pero que Hegel lo colo ca com o dinám ica interna y esen
cial de la vida espiritual.
La razón tiene una h isto ria , a diferencia de lo que pensaba la 11ustración.
Éste es un aporte de peso del idealism o alem án, en especial de H e g e l
A ún m ás: en la h isto ria puede h ab er “razó n ”, tal co m o dice el título que
H offm eister puso a la prim era parte de las LFH U : “La razón en la histo ria” (el
subrayado es m ío, M .S.) [Die Vernunfiin der Geschichte]. Hasta allí podem os
conceder.
Pero que la historia sea racional es difícil de aceptar, al m enos en cu anto la
filosofía n o s pretenda revelar su secreto. O bien el m al y las graves lim itacio
nes que padece el hom bre tienen una razón de ser que escapa a nuestra co m
prensión, y aun recon ocien d o el aporte de estos autores a la form ación de la
sociología co m o disciplina, en lo que co n ciern e al Plan bu scado volvem os al
p un to de partida. O bien , si es tod o es co m p ren sib le, se tratará de una racio
nalidad profundam ente irracional. La filosofía posterior del siglo xix e x p lo
rará dram áticam ente estas posibilidades, y los aco n tecim ien to s del siglo xx
hablarán m ás qu e la filosofía m ism a.
Bibliografía recom endada
H erder escribe dos libros sobre filosofía de la historia. Tam bién u n a filoso
f í a d e la h istoria d e la h u m an idad (1 7 7 4 ) [en adelante T am bién u na F ilo so fía...,
T F en las citas] e Id ea s p a r a u n a filo s o fía d e la h istoria d e la h u m a n id a d (1 7 8 4 -
1 7 9 1 ) [en adelante ideas]. El segundo es m uy extenso (la ed ición castellana
tiene unas 7 0 0 páginas en letra ch ica), y fue publicado en partes separadas (4
en total). La prim era parte de este cap ítu lo de nu estro m anu al se co n cen tra
en También u n afilosofía, la segunda e n Ideas. Si tenem os en cuenta el volum en
de cada libro, la e x ten sión que le ded icam os a cada un o no es proporcion al.
He dado bastante espacio al prim ero, aun cuando m ás que u n libro es un en
sayo. Sin em b arg o, T am bién u n a filo s o fía co n tie n e “germ in alm en te” (ex p re
sión cara a H erder y a Kant) las ideas que e n la obra posterior se desarrollarán
o corregí rán. Por ot ro lado, aún cuando am bas obras son las más im po rtantes
en lo que co n ciern e a la filosofía de la historia de Herder, en las ex posicio nes
es frecuente en co n trar el desarrollo de su filosofía casi exclusivam en te ce n
trado en Ideas. Para proporcionar otra ó p tica, enton ces, no m enos com pleta
en cu anto a los co n c ep to s fu ndam entales, darem os bastan te espacio al e n
sayo inicial de H erder sobre el tem a y en la secció n siguiente m arcarem os las
líneas m ás im portantes de su segunda obra.
! Este artículo fue realizado m ediante un subsidio de la Fundación A ntorchas, a la cual agradezco.
En n u estro libro h e m o s dado im p o rtan cia a la filosofía de H erder. Es
que cu an d o uno lee estos escrito s después de h ab er accedido al m eno s in i
cialm en te a la o bra de K ant y H eg el, co m o le su ced e a la m ayoría de los le c
tores, resulta sorp rendente n o tar có m o en la p o sición de Kant está presente
de fo n d o la p o lé m ica co n H erder, y có m o e n la filoso fía de la h isto ria de
Hegel se e n cu en tran co m o in sp iración inn egable varios leit m otiv de la filo
sofía herderiana.
Tam bién u na f i lo s o f í a ... se p u b lica en form a anónim a, d ebido pro b ab le
m ente a las fuertes criticas que dirige al gobierno. El subtítulo e s A porte a m u
c hos a p o r te s del siglo. El “tam b ié n ”, co m o aclarará años d espu és, tiene un
sig n ificad o irón ico y hace referencia a la m u ltitud de ensayos que por esa
é poca se p u b lican siguien do la nueva “m oda" generada por Voltaire: la filo
sofía de la historia. E l libro es esencialm ente u n a polém ica co ntra la Ilu stra
ción, en especial contra Voltaire y el d espotism o ilustrado de Federico 11. Pero
la crítica abarca tam bién a Bossu et, H um e, M ontesquieu y m u cho s otros. La
p o sición positiva de H erder está expuesta en form a fragm entaría y co n s ti
tuye, dicho sin téticam en te, un intento pecu liar de m ostrar que la Providen
cia de D ios guía el cu rso h istó ric o .
In ten taré sistem atizar las c rític a s a la Ilu stració n (I) y la p o r c ió n c o n s
tructiva de H erder (11). C om o hem os dicho este opúsculo tiene el estilo de un
ensayo. Sin em bargo no por ello carece de densidad concep tual y de una ín
tim a co n e x ió n lógica entre las ideas. Es probable que a m u chos lecto res a c
tuales de filosofía la lectura de H erder les resulte fatigosa, co m o en su
m om ento le su ced ió a K an t. E fectiv am ente, el estilo herderiano es m uy par
ticular, co m b in a los co n c ep to s filosó ficos c o n m etáforas y u n p articu lar
vuelo literario. Por ello nu estra labo r será e n to n ce s la de su brayar las ideas
fundam entales presentes y m ostrar su estru ctu ració n lógica. N uestro estilo
será sin duda m ás á rid o , pero e n favor de acentu ar fu ertem ente lo que una
lectura superficial de H erder puede desconocer.
I. No somos el centro
L a n a tu r a le z a h u m a n a ( . . . ) tie n e q u e a p r e n d e r lo to d o , f o r m a r s e p r o g r e s iv a
m e n te ( ...) , p o r lo ta n to se fo r m a rá e s p e c ia l o e x c lu s iv a m e n te e n e s o s a s p e c to s
e n q u e s e le o f r e c e n o c a s io n e s p a r a la v ir t u d , la lu c h a , e l p r o g r e s o ( . . . ) [ p o r
e s o ] u n a n a c ió n p u e d e te n e r , p o r u ñ a p a r te , v ir tu d e s d e la ín d o le m á s s u b lim e
y por o tr a fa lla s g r a n d e s , c o n s t it u i r e x c e p c io n e s , p r e s e n ta r c o n t r a d i c c io n e s
y v a c ila c io n e s q u e s o r p r e n d e n , a to d o s m e n o s a a q u e l q u e te n g a u n a im a g e n
id e a l d e v ir tu d , d e d u c id a d el c o m p e n d io d e s u s ig lo . . . ( T F 5 5 ) ,
Tesis general
Para Herder hay progreso y hay Providen cia y se dem uestra que hay Provi
dencia principalm ente p orque hay progreso. ¿Cóm o los ju stifica? Se im pone
aquí una tarea no fácil de recon stru cció n de la argum entación, debido al es
tilo de H erder. Pero tam bién debido al tipo de em presa que H erder intenta
llevar a cab o, para lo cual advierte la necesidad de nuevos recursos m etodo
lógicos, de los que todavía quizá no dispone. Pues, del desafío de la Ilu stra
ció n , H erder acepta la exigencia de que las dem o stracion es sean sobre base
em pírica y que estén al alcance de la mera razón. No se aceptan explicaciones
que cierran el problem a rem itiendo a Dios com o j ustificante, sino que el sen
tido de la d em o stración es el inverso: “Se ve que el que trata el asunto es un
e x tran jero, que tanto podría ser m u su lm án co m o m am eluco , para e scrib ir
todo e sto ” (T F 7 0 ). Aquí se encuentra un m otivo im portante de la d istancia
que toma de Bossuet: “Bossuet inventó una historia, pura declam ación y pré
dica y registro de fechas que superó en m u ch o al sencillo Je n o fo n te y a Tito
Li vio” (1 0 7 ).
2Éste es uno de los tópicos donde se puede com parar la posición política de H erdery la de K ant.En
la evaluación de Kant sobre el gobierno de Federico II, cfr. su ensayo ¿Qué es la Ilustración?}' el ca
pítulo de este m anual dedicado a Kant.
Al m ism o tie m p o , H erder no qu iere a d o p ta r u n p r o ce d im ien to a p r io r ís tk o
com o el de L eibniz (au nque tom ará los esqu em as de la teoría leibniziana de las
m ónadas para su co ncep ció n de las civilizaciones). En eso tam bién está cerca
de la actitud de la Ilustración; a la exigencia “em pirista” ilustrada le responde
gustoso co n su vasto cono cim iento de la historia. La ju stificación de la Provi
d encia será e n to n ce s de tipo a p o s t e r io ñ , y se desarrolla en dos d ireccio nes.
U n co n ju n to de reflexiones m uestra la acción de la Providencia mediante ale
gorías. F.l otro lo hace de m odo concep tual.
Las aleg orías p rin cip ales so n tres. La prim era es la del á rb ol (T F 1 0 9 ).
Cada parte del árbol alude a una civ ilización o nación o p ueb lo. Las copas
frondosas viven de lo q u e le dan las ram as y a su vez éstas del tro n co . Éste ú l
tim o representa a la civilización fundam ental; se encuentran germ inalm ente
en ella todas las institucion es indispensables para que la historia pueda pro
seguir (T F 2 7 ). La posición ética que se deriva de esta alegoría es la necesidad
y el deber del reconocim iento del legado. La vista desde la copa es más amplia
gracias a todo el árbol que la sostiene. Q ue todo este conjunto forme una un i
dad fecunda, bajo la figura del árbol, es decir, que haya posibilidad de legado,
de aprovechar el esfuerzo de los pueblos anteriores, m uestra al m enos la po
sibilidad de progreso. C om o nadie ha diseñado esto y sin embargo responde
aú n a idea inteligente y benéfica, m uestra que hay Providencia.
Las ed ad es de la vida es la otra alegoría. Si consideram os las etapas de nues
tra vida, una se apoya en lo m adurado por la anterior: la vejez, en la exp erien
cia de la m adurez, y así co n las otras. Con esta metáfora Herder da a entender
que hay p rogreso, porque la experiencia de las civilizaciones posteriores no
podría tener lugar sm el legado recibido. Volviendo a la metáfora, los criterios
de la m adu rez so n m ás profundos que los de la infancia y la adolescen cia.
Pero ju zgar, por ejem p lo, lo actuado en la adolescencia con criterios propios
de la madurez constituye un desenfoque: en ese entonces no se tenían dichos
criterio s, y para lleg ara estos criterio s m aduros se necesitab a la p ráctica, el
ensayo y el error de la etapa ad o lescen te. Del m ism o m odo la co nciencia h is
tórica presente puede estar desenfocada con respecto las civilizaciones an te
riores (T F 6 1 ,3 0 / 3 1 ), tal co m o sucede en la Ilustración.
La tercera im po rtante es la del universo, y si bien rem ite a la Providencia
(D ios asiste a cada civ ilización en su individualidad propia, n o m eram ente
en fu nción de o tra), apunta sobre tod o co n tra el eg ocen trism o “historiográ-
fico” ilum im sta:
Mira el universo desde el cielo hasta la tierra ¿qué es medio, qué es fin? ¿Acaso
no es todo medio para millones de fines? ¿No es todo fin de millones de me
dios? La cadena de bondad todopoderosa y omnisciente está enlazada y en
tretejida mil veces; pero cada eslabón de la cadena es un eslabón en su lugar,
forma pane de ella y no se ve dónde ella está fijada. Cada uno tiene la ilusión
de sentirse centro; en la i lusión siente todo a su alrededor solo en la medida
en que éste proyecta sus ondas o rayos sobre ese punto (TF 114/115).
3 “E sto s prim eros de sarro llo s eran, p o r s u p u e st o , tan sim p le s, tan d e lica d o s y m arav illo sos com o
los que se ad vierten en to d a s las m anifestaciones de ¡a naturaleza. La sem illa cae en la tierra y d e s
a p are ce; el e m b rión se form a en lo o cu lto, co m o tal vez no lo ap rob aría a p n o ri la lente del filósofo,
y k p lan ta su rg e to talm en te fo r m a d a ” (T F 2 6 ). Cfr. N o ta d e Irm sch er, pág. 1 1 5 , a la ed ició n d e
1d ea s... d e H erd er (1 9 9 0 ). E xp olíen te p rin c ip al d e esta te o ría e s ja n Sw amm erdam. Q u ien recien
tem ente ha de sarro llad o este tenia es E. Palti (véase Bibliografía).
■*En cuan to a lasc o n ce p cio n e s p resen tes en la alegoría del un iv erso , cfr. p ág. 1 1 2 , op. c il
El a d ca fe d el p r og reso es el e n cu e n tro en tre las n e ce sid a d e s y el m ed io
geográfico co n creto en el que d eben abrirse paso. Este e n cu en tro (y d esen
cu entro) genera la búsqueda de so lu cion es, que van desde la respuesta a los
p roblem as m ateriales hasta la respuesta a las necesid ad es de org anización,
convivencia civil y exp resión cu ltu ral. Se progresa sólo en la m edida en que
el m edio geográfico estim ula.
... fundar un nuevo mundo en el mar ( ...) El primer estado comercial fun
dado íntegramente sob re el come rcio ( ...) Por lo tanto, mientras desaparecía
el odio hacia los extranj erosyel aislamiento hermético de los demás pueblos,
y aunque el fenicio visitara a las naciones no precisamente por filantropía,
nació una especie de amorinternacional, de cosmopolitismo, de derecho de
gentes del que naturalmen te no podía saber nada u na tri bu encerrada (TF 41).
Virgilio los describió en contraste con los griegos (...): Tu rege re imperio popu
las, Romane, memento (Eneida, VI, 851: “Tú, romano, recuerda de imponer tu
imperio a los pueblos”) (asi Virgilio) idealizó el valor de los romanos ( ...) d
espíritu romano... (TF 48).
Éstas so n las características del progreso. Pasem os enton ces al actor prin
cipal.
b) Que hay Providencia
Lo que incitaba cualquier reforma no eran sino insignificancias que jamás tu
vieron desde un principio el plan monstruoso que cobraron luego. Por el con
trario, muchas veces cuando se trazaba de antemano un plan grande, humano,
auténticamente meditado, fracasaba. Todos vuestros grandes concilios, empe
radores, reyes, cardenales y señores del mundo jamás lograrán cambiar algo,
pero Lutero, ese monje tosco, ignorante, sí lo logrará. Y lo conseguirá partiendo
de cosas insignificantes de las que él mismo no prevé el alcance... (TF 84).
De nada sirven los esfuerzos individuales si los tiem pos no están m adu
ros. Es una po sició n que en esp ecial Hegel dará elab o ració n teórica. Si nos
atenem os a las exp licaciones de lo s grandes cam bio s h istóricos que da Her
der, la reform a de Lutero, tal co m o es expuesta en la cita anterior, parece ser
en su filosofía el prototipo del cam bio histórico.
C om o últim o e jem p lo podem os citar el efecto de ciertos inventos, e n espe
cial la im prenta y la brújula:
... el destino volvió a darle cuerda (...) al gran reloj que se había detenido
¡Como rechinaron sus engranajes! (TF 78) El azar o más bien la fuerza bruta
que obra libremente se agotó en las formas pequeñas de la forma grande, que
difícilmente podía haber sido imaginada por un político. Caos en que todo ten
día a una nueva creación más elevada sin saber cómo, con qué figura (TF 81).
Lo que menos quiero haceres defender las eternas migraciones populares y las
devastaciones, las guerras y hostilidades feudales, losejércitos monásticos, las
peregrinaciones, las cruzadas. Sólo las quiero explicar, hacer ver cómo en todo
alienta un espíritu, cómo hay fermentaciónde fuerzas humanas... (TF 78).
... ahora lleva a los bárbaros a que aniquilen la literata ra del mundo emero,
la biblioteca de Alejandría (casi un continente que desaparece) y ahora los
trae para que mendiguen y obtengan un pequeño resto de literaturay lo im
porten a Europa por un lado totalmente distinto, por caminos que nadie
habla soñado ni deseado. (...) Todo es un gran destino no pensado por los
hombres, no esperado ni provocado por ellos (TF 84).
Herder llega a su afirm ación más ch ocante: “Tam bién el curso de la Provi
dencia llega a su destino pasando por m illones de cadáveres” (T F 1 34). La e x
p resió n es lam entable y ha sido citad a en varías o casio n es para atacar la
posición de Herder, com o una teoría capaz de ju stificar atrocidades. Pero te
niendo en cu enta el co n texto , su filosofía de la historia claram ente no lleva a
esa conclusión. Lo que intenta m o strares que, a pesar de todos los m ales que
vem os, en la historia terrena hay sin em bargo un designio divino, y qu e la
existencia de sem ejante designio se puede afirm ar p o r la razó n , aun que sea
inescru table en su sentido exhaustivo: aun cuando no llegáram os a v e rla in
tención últim a (...) aun cuando no la vislum brásem os m ás que a través de los
orificios y las ruinas de las escenas aisladas (T F 6 2 ).
El pr o b le m a del destino hu m an o individual queda resguardado en parte por
el h e ch o de que cada civ ilización tiene en sí su propio cent ro de felicidad, y
en él se realizaria. Esta respuesta no es totalm ente satisfactoria. Pero se ve que
hasta allí llega el alcan ce del libro y H erder m ism o lo adm ite. La filosofía no
agota los grandes interrogantes, y su tarea, en parte, es no pretender cerrarlos
arbitrariam ente.
E n sín te sis, ¿por qué la razón p uede afirm ar que e n la historia hay Provi
dencia?: Porque en la realidad histórica se dan ciertas coincidencias inteligentes
ben eficiosas no p lan ead as p o r el hom bre. Estas coincidencias nos hacen pregun
c) El tipo de causalidad
¿Acaso le has enseñado alguna vez a un niño a hablar con la gramática filosó
fica? ¿Le has enseñado a caminar con la más abstracta teon'a del movimiento?
¿Acaso se ha tenido, se ha podido o debido explicarle el debermás fácil o más
difícil por medio de una demostración de la ética? (TF 34).
Hay, p o r últim o , una cau salidad teleológ ica que p o d em o s detectar frag
m entariam ente. Las civilizaciones llevan adelante todas su s labores en fu n
ció n de la felicidad de sus m iem bros. Pero la finalidad últim a de esta
causalidad, en lo que a la historia en su co n j un tóse refiere, no la conocem os.
Estas estatuas colocadas por vosotros sobre pedestales en los caminos, ¿pue
den transformar en griego a cada transeúnte para que las mire como tal, que
las sienta y se identifique con ellas? Difícilmente. Esas poesías, esas hermosas
arengas al modo ático ¿pueden crear el clima de la época en que estas poesías
y arengas producían milagros? (TF 96).
Pero, querido griego, pretendesque esas estatuas [Herder se refiere a las egip
cias] tengan que ser nada menos (...) que modelos de las bellas artes de
acuerdo con tu ideal, llenas de encanto, acción y movimiento, de todo lo cual
nada sabía el egipcio, o lo cual ni respondía a su finalidad. Eran momias, re
cuerdos de padres muertos o antepasados, con toda la precisión de sus rasgos
faciales, tamaño, de acuerdo a cien reglas establecidasa las que estaba sujeto
el muchacho, es decir precisamente sin ningún encanto, sin acción, sin mo
vimiento, en postura yacie nte con las manos y los pies cargados de paz y
muerte, en el ideal de su intención (T F40).
IV Observaciones ulteriores y conclusiones
D ejo al lector, después de todo lo expuesto en este cap ítu lo del m anual y
los anteriores, la tarea de evaluar si la tesis de Cassirer es sostenible.
E s p rob able que la ausencia de v aloracio n es de la Ilu stració n se deba a
q u e , d espués de tod o , H erder se sien te parte respon sable de su propio m o
m ento histó rico y considera que su tarea es m ás bien la de m arcar los lím ites
y corregir direcciones. A e stose sum a que el presente histó rico se caracteriza
por ser u n proceso todavía abierto y po r lo tanto es difícil captarlo en todo su
alcance: “Nos aproxim am os aún a nueva escena, aunque m ás no sea que por
d e sco m p o sició n ” (T F 1 3 8 ). Y con esta afirm ación tocam os tam bién el p ro
blem a del futuro. Sobre él tiene H erder una esperanza g enérica, pero aclara:
“Mi m isión n o es vaticinar”,
y menos vaticinar cuál podría ser, será y casi tendría que ser el único sustituto
y la fuente de nuevas fuerzas vitales en un escenario tanto más amplio; de
dónde un espíritu nuevo podría sacar y sacará toda la luz y la disposición hu
mana hacia la cual aspiramos ( ...) Sin duda hablo de tiempos muy lejanos
aún (TF 139).
Es claro que las afirm aciones a favor de la Providencia necesitan una fun-
d am entación más sistem ática, que en este ensayo no está. ¿Por qué enton ces
estaba tan contento Herder de su “aporte”? La cuestión está en el objetivo. Se
ñala en el Prefacio de su obra posterior Id e a s ... que su ensayo Tam bién u n a ji-
¡ o s o fía ... es sólo “una h o ja volante [ein fliegendes B latt, un panfleto, M .S ],
una aportación a aportaciones, provista tam bién de figura propia”. Es decir,
el o bjetivo de ese ensayo es fundam entalm ente la propaganda. Tam bién Vol-
taire co n su filosofía de la histo ria hacía propaganda6. Aquí en esta obra de
Herder.se tra ta d e m ostrar qu e tanto ¡a versión escéptica com o la progresista de la
Ilustración se basan en ju n dam en tos débiles, sim plificaciones, prejuicios, etc. Her-
d e r b u s c a p o n e r en crisis esas posicion es.
A ños después co m ienza a redactar una filosofía de la historia que co n sti
tuye ya u n tratad o . Veam os al m en o s b revem en te algunos asp ecto s im por
tantes de la continuidad y la evolución co n respecto a las ideas expuestas.
Quien desee sólo especulaciones meta físicas, las tendrá en un camino más
corto; mas yo creo que éstas, separadas de las experiencias y analogías de la
naturaleza, son un viaje por los aíres que raras veces llevará a buen puerto
(Ideas, 13).
E n esta obra, Herder desarrolla explícitam ente sobre bases científicas una
filosofía de la histo ria que intenta m o strar que D ios interv iene a favor del
h om bre. En las obras filosóficas del siglo xvui sobre filosofía de la h isto riab a
posibilidad de sostener el obrar de la Providencia en la historia se apoya en el
supuesto de que la Providencia actúa en la naturaleza. Si aquí no la en co n tra
m os, la tesis de la Providencia en la historia prácticam ente se derrum ba. Para
ello el tem a de las catástrofes naturales, co m o verem os m ás adelante, resulta
u n testcru cial.
La p r im e r a p a r te de Id ea s, por e llo , se o cupa de la Providencia en la n atu
raleza. C onsidera có m o , tanto la d isp osició n co sm oló g ica co m o la de la n a
turaleza terrestre se encu en tran a favor del desarrollo y flo recim ien to de la
vida hu m ana. C om ienza co n una e x p o sició n de la co sm olo g ía, para pasar
luego al reino vegetal, anim al, y finalm ente al h o m b re , en el cual se corona la
naturaleza. En los ú ltim os cap ítu lo s d escrib e có m o se da el progresivo des
arrollo de las facultades hasta llegar al su rgim iento de la razón y la libertad.
9E stiú E m ilio, “La filosofía kan tian a de la historia” , en Filosofía de k Historia (K an t), 1 9 5 8 , B uen o s
A ires, p. 13.
H erder habla de “progreso” en la N aturaleza. El título del capítulo ID reza
“Todo el engranaje de fuerzas y form as no es retroceso ni estancam iento, sino
progreso”. El concepto no está definido, perocontextualm ente podem os enten
derlo com o la evolución desde las especies inferiores hasta llegar el hom bre. La
finalidad de todo este proceso natural es el florecim iento de la hum anidad, e n
tendida ésta fundam entalm ente en térm inos de capacidad racional, libertad y
belleza (Id e a s 145; tam bién aquí falta una definición explícita de hu m anidad,
aun cuando H erderera exigente co n Kant respecto del térm ino “género”). Se
trata - d e acu erdo con una interesante e x p re sió n - de una “finalidad sin fin”
(Ideas 1 4 5 ): “¿Quién puede decir, entre los m ortales, que alcance o haya alcan
zado la im agen pura de la hum anidad que en él se esconde?”
En todo este desarrollo, la in terv en ció n de la Prov idenciase e jerce al c o
m ienzo:
Esas fuerzas ya tienen en form a latente una finalidad (“guía que las c o n
d u ce”).
En el organism o del hom bre hay dos elem entos que lo distinguen específi
cam ente de los dem ás seres y de los cuales deriva todo el desarrollo hum ano
posterior. El prim ero e ssu posición erguida. Todala constitución física y orgá
nica del hom bre apunta al surgim iento de esa posición (Ideas 9 4 ). Y d e esa posi
ción, se deriva la casi totalidad de las características hum anas especificas. Depende
de ella, por ejem plo, que el hom bre haya desarrollado m ás la vista que el olfato.
El desarrollo del olfato, por el contrario, es propio del animal que está cerca del
suelo. Tam bién, gracias a su postura erguida “el hom bre tiene unas m anos li -
bresy artísticas, instrum entos idóneos para las manipulaciones más delicadas
y para buscar c onstantemente ideas nuevas y claras”(Ideas 1 06). Y así otras de
rivaciones. El sentido de la explicación es totalm ente teleológico: la postura er
guida se ju stifica argum entativam ente sólo por la finalidad.
El segundo elem en to e sp ecífico es el “divino don del h a b la ” (Id eas 1 0 7 ):
“Solo m edíante el habla se unifican vista y oído y aun la sensación de todos los
sentidos" (Ideas 1 0 8 ). La posición erguida es condición necesaria pero n o su
ficiente para que su rja este don (Id eas 1 0 7 ,1 0 9 ) . A quí entra la Providencia
tam bién: por eso es d on divino. La co n stitu c ió n orgánica del h o m b re favo
rece tam bién la libertad (Ideas 1 1 0 ), entendida com o capacidad de d om inar
los instin to s y dirigirlos: H erder señala fenóm enos co m o el h ech o que ya en
el vientre m atern o, el m ayor desarrollo del h om bre se da en la cabeza, a dife
rencia de los otros anim ales, y que los prim eros sentidos en desarrollarse son
los m ás delicados, es decir la vista y el oído.
Este tipo de explicaciones llam an sin duda la atención. Pero es que el pro
pósito princip al de H erder consiste en argum entar a favor de la Providencia
no m ediante una teoría m etafísica, sino m ostrando sus huellas en la realidad
y podem os ver que es una argum entación bastante “m aterialista” o al m enos
m uy inm anente a la naturaleza. Herder hab la del Creador, pero en térm inos
m ás bien del “paso de Dios en la Naturaleza, [de) las ideas q u e , de h ech o, nos
expuso el Eterno en la serie de sus o bras” (1 3 ).
El filósofo tam bién observa cóm o los hom bres, al perseguir sus propósitos in
d iv id u a les,H ev an a cum plim ien to sin s a b e r lo la intención d e la n atu raleza . H a
b lan d o por ejem p lo de la ju v e n tu d del h o m bre y la ten d en cia a la
procreación:
¡C riatu ras d u lcem en te ilusas, gozad de nu estra época! Pero sab ed que con
ello no realizaréis v uestros p equeños su e ñ o s sin o, gratam ente obligadas, el
m áxim o designio de la naturaleza” (Ideas 4 8 ).
O tras veces la naturaleza realiza sus fines por m edio de la hostilidad entre
lascreaturas:
Estas dos últim as citas son fundam entales. Ellas an ticip an dos ideas que
parecerían de la originalidad kantiana y n o lo son. La referencia de Kant al fe
n ó m e n o d e lo s m a t r im o n io s e n la in tr o d u c c ió n d e s u p r im e r en s a y o s o b r e el
te m a , Idea d e u n a historia u n iv ersa l en sentido cosm opolita, e n c u e n t r a a q u í su
a n t e c e d e n t e e n la p r ím e r a c ita ;
Así, los m atrim onios (....) p arecen, ya que la libre voluntad hum ana ejerce tan
grande in fluen cia (...), n o estar som etid os a regla alguna que pudiera perm i
tim o s determ inar con a nticip ación su n ú m ero y, sin em bargo, las tablas esta
d ística s an u ales de los grand es países n o s m uestran que transcu rren con
a rre g lo a le y e sn a tu ra le sc o n sta n te s.n o m e n o sq u e lo sca m b io sa ttn o sfé rico s
q u e , sien d o i imprevisibles sin gu larm en te, en su c on ju n to consiguen m an te
ner en un curso h om ogéneo y constante el crecim iento de las plantas, el curso
de las aguas y otros fenóm en os naturales.
Y la id e a d e K a n t s o b r e e l a n t a g o n is m o q u e g e n e ra la N a tu r a le z a e n f u n
c ió n d e u n fin , p r e s e n te e n e l p r in c ip io c u a r to d e d ic h o e n s a y o , p ie r d e o r ig i
n a lid a d a n te n u e s tr o s o jo s si te n e m o s p r e s e n te la ú ltim a c ita q u e h i c im o s de
H e r d e r. P e r o q u iz á ta m p o c o H e r d e r e s e l p io n e r o a l r e s p e c to ; se tr a ta m á s
b ie n d e tó p ic o s q u e era n p a r te d e la d is c u s ió n de la é p o c a . S e b u s c a c o m p r e n
d e r d e te r m in a d o s fe n ó m e n o s s o c ia le s e n lo s c u a le s lo q u e n a c e c o m o in t e n
c io n e s p a r tic u la r e s d e lo s h o m b r e s , c o n f o r m a u n p r o c e s o e n p r in c ip io
b e n é f ic o q u e tie n e u n a r a c io n a lid a d p r o p ia in d e p e n d ie n te m e n t e d e d ic h a s
in te n c i o n e s in ic ia le s . D e e s te m o d o e s t o s p r o c e s o s b e n é f ic o s .d a d a la in te li
g e n c ia e n e llo s p r e s e n te , s o n a tr ib u id o s a la P r o v id e n cia , a D io s.
A l m e n o s p o r e sta s o b ra s , H e r d e r tie n e so b r e la rea lid a d y lo s se re s q u e h a
b ita n e l m u n d o u n a m ira d a p o s itiv a . A p u n ta a c a p ta r e n c a d a co s a y e n c a d a
p r o c e so la b o n d a d y b e lle z a q u e p r e se n ta n , y ésta e s s u a ctitu d e p is te m o ló g ic a
d e b a s e , c o m o h e m o s v isto a n te s c o n e l p r in c ip io d e la sim p a tia . A d em ás p ara
H erd er, s in esta p o sitiv id a d c o m o h ip ó te sis, será d ifícil c o n o c e r. S in em b a r g o ,
e l n e s g o d e n u e s tr o a u to r es q u e a v e c e s e sta p o sitiv id a d lo lle v a , al m e n o s e n
Id ea s, a p r e te n d e r e x p lic a r todo. P o r e je m p lo , c u a n d o s o s tie n e q u e h a y m o
m e n to s e n q u e e l h o m b r e p a d e c e te r r ib le s m a le s d e b id o a q u e la N a tu r a le z a
to d a v ía p ro g re s a . E s e l c a s o de lo s terrem otos, y V o ltaire v u elv e a la e sc e n a :
La razón hu m ana tiene, en una especie de cono cim ien tos, el destino particu
lar de v erse acosa d a p o r c u estio n es qu e no puede apartar, pues le so n p ro
p uestas p o r la naturaleza de la razón m ism a, pero a las q u e tam p oco p uede
contestar, porque sup eran las facultades de la razón hu m ana.
Las alegorías en la nueva obra de Herder no son tan num erosas, y el autor
recorre con asom brosa erudición las investigaciones cíen tíficas de su época.
Predom ina la explicación teleológica. Y arriesga en dichas explicaciones can
tidad de co n jetu ras. El filósofo co m b in a co n clu sio n es cien tíficas co n g ene
ralizaciones sobre la base de ind u cciones no m uy co m p letas, ju n to a poesía
y distintos tip os de e speculaciones, entre las cu ales prob ablem ente algunas
sean in tu icio n es geniales. El tono de fastidio de la reseña de Kant a esta p ri
m era parte se debe en especial a la falta esta claridad m e tod o ló gica que e n
cu en tra en el libro y el m odo que tiene H erder de expresarse. M uchas
observaciones, que revelan lo fatigoso que para Kant resultaba este estilo, lle
gan a una ironía pesada, com o ésta:
“D ejem o s que el critic o del b ello estilo filosófico o, en últim a in stan cia, el
au tor m ism o .in v estig u en , p or ejem p lo , si n o hu biese sido m e jo r d ecir: ‘n o
sólo el día y la n o c h e , y el c a m b io de las esta cio n e s, m o d ifican el clim a’ q u e ,
com o en la página 9 9 : ‘no sólo el día y la n o ch e, y la ronda bailada p or las cam -
b ian tes estacion es, m o d ifican el clim a’ ’’ (Reseña de Kant 1 09).
“Pu esto que las con jetu ra s, ( ...) sólo se deb en anu nciar com o ejercicios co n
ced id o s a la im a gin a ció n -a c o m p a ñ a d a p or la r a z ó n - co n fines de recreo y
salud del ánim o, pero no com o o cu p ación seria, no se podrán m edir con una
historia establecid a y acreditada, en cuan to d ocum ento real, sobre aco n teci
m ien to s cu y o exam en d escan sa e n fu n d am en tos m uy d istin tos a los de la
mera filosofía de la naturaleza Justam en te por eso, y porque aquí me arriesgo
a u n sim p le v iaje de placer, so lic ito que se m e p erm ita em plear u n d o cu
m en to sagrado com o carta para d icho v ia je .. . ” 0 18).
Para nu estro asom bro, Kant tom ará com o pun to de partida la Biblia y no
la cien cia. Pero lo hace por m o tivo s m etód ico s, no religiosos, aun cuando
Kant tam bién es creyente. Si tenem os en cu enta lo expuesto m ás arriba sobre
Herder, po d em o s no tar que la elección no es ingenua. En e fe cto , para K ant,
en estos d o m in io s donde la cie n cia todavía n o ha entrado con seguridad,
m e jo r partir de un su puesto de la trad ición y ver ad o n d e n o s lle v a, que dar
por segura una cadena de co n jetu ras presuntam ente científicas.
¿Por qué sup oner, pues, p arad ojas in d em ostrables, com pletam ente co n tra
d icto rias, cu a n d o la co m p lexió n d el se r h u m a n o , la h istoria de su esp ecie y,
fin alm en te, com o m e p a rece, toda la analogía de la organizació n de nu estra
tierra no s cond u ce a otra in terpretación? (Ideas 9 0 ).
D esde el pun to de vista e p istem o ló gico, Ideas m u estra un esfu erzo con si
d e r a b le p o r ex p o n e r lo s resultados á e n tífic o s d e la é p o c a e n v is t a s a u n a in t e r p r e -
tación filo s ó fic a d e la historia. E sta in terp retació n es el resultado de una
reflexión a posteriori, tal co m o subraya Herder, pero tam bién una hipótesis o
perspectiva que influye en la d irecció n de la investigación. La interpretación
contiene un m om ento ético: en las argum entaciones que niegan la Providen
cia ve H erder m ás una voluntad prefijada qu e la fidelidad a los resultados de
la ciencia. Y la hipótesis de la Providencia, para Herder, perm ite respetar m ás
la totalidad de d atos a disp osició n que las teorías que la rechazan. É ste es el
intento de Herder, al que le seguirán otras tres partesen los siete años siguien
tes. Nos detendrem os sólo e n un p unto, m uy im portante para la filosofía de
la historia, e n esp ecial si tenem os en cuenta la recepción hegeliana posterior,
3. La “cadena” de la tradición
Al año sig uien te (1 7 8 5 ) se pu b lica la segunda parte del lib ro. In d irecta
m en te dirige criticas al e scrito de K ant, co m o verem os en el p róx im o cap í
tulo. H arem os m en ción aquí solam ente au n co n cep to central de esta parte:
la trad ició n , u n o de los e je s de p o lé m ica so bre el cu al se dividen las aguas
entre conservadores y progresistas (a ello se d eben las com illas e n el título de
este apartado) pero que a m enu do se pasa po r alto en la discusión a fondo.
Para Herder, la fundam ental acción de la Providencia en el nivel ya no na
tural sino h istó rico , se m anifiesta en la tradición, tanto que señala: “He aquí
el princip io de la historia de la hum anidad, sin el cual no existiría tal historia”
(¡d ea s 2 6 0 ). Para nu estro filósofo, la tradición es antes qu e n ad a un hecho, que
m ás allá d e nuestras ideas, no s ó lo n o p od em os coloc arn osfu era , sino qu e d esde el
vam os estam os con form ados p o r ella:
La filosofía de la historia que sigue fielm ente la cadena de la tradición es, por
lo tan to, la ú n ica verdadera h istoria de la h u m anid ad , sin la cual tod o s los
acon tecim ien tos del m u nd o no son m ás que hu m o o fantasm as espantosos.
( . . . ) Sólo la continu id ad de la cadena formativa sabe ordenar tantas ruinas en
un c o n ju n to d ond e, si b ien d esaparecen las figuras h u m an as, sobrevive vic
torioso el espíritu de la hu m anid ad ( Ideas 2 6 5 ).
¡Áurea cad ena de la cultura que enlazas toda la tierra y to c a s a través de Lodos
lo s ind ivid uos h a s ta e l trono de la Prov id en cia. ..! (Ideas 2 6 6 ) .
D icho volum en contien e una in tro d u cción de Estiú donde habla de la polém ica. De
allí liem o s citad o los sigu ientes esc ritos:
-------------------- C o n la abreviatura “Reseña de Kant”, el e scrito: “Sob re el lib ro “Ideas
para una filosofía de la historia de la hum anidad" de J . G. H erder";
-------------------- “C om ienzo verosím il de la h istoria hu m ana”;
-------------------- Enalem ánseencuentranen:K antI.:Schn/te!i2urG «drídifspli¡!o5í;phit\
1 9 7 4 , R e cla m , Stu ttg a rt.
Sob re H ERDER:
1. Particularidades de la hermenéutica
La voz griega h erm en éia significa prim ariam ente ‘expresión (de un pensa
m iento)’ y fue am pliam ente utilizada por la filosofía griega co n distintas acep
ciones. Sin em bargo, la expresión ‘herm en éu tica’c o m o tal no aparece antes del
sigl o xvii, y sólo promediando el siglo xx, cuando dejó de concebirse co m o una
ciencia de las reglas de interpretación y reivindicó el estatus de filosofía primera,
tom ó el lugar de privilegio que ocupa actualm ente en el pensar filosófico. Ju n to
co n esta evolución de este co n cep to , tam bién se ha m odificado su relación con
la historia. En sus orígenes intentó p roporcionar herram ientas para cerrar el
abismo abierto por el paso del tiem po en la com prensión de nuestros ancestros.
En una segunda etapa se buscó en ella los fundam entos epistem ológicos de la
historia com o ciencia. Finalm ente, en tanto filosofía primera ha intentado cons
tituirse en el fundamento de todo conocim iento histórico.
Q uienes se dedican al estudio de estas temáticas com parten tres supuestos
fundamentales. El primero de ellos apunta a que toda expresión refiere au n sen
tido que alguien quiso exteriorizar. De hecho, se podría decir que el enunciado
es algo secundario, un derivado, que depende de lo que Agustín dio por llamar
el ve rbum intcrius. Esta postura distancia a la herm enéutica de las posiciones fi
losóficas más logicistas que sostienen la autosuficiencia de los enunciados pre
posicionales. Elsegundo elemento que distingue a estos filósofoses el señalar el
hiato que existe entre lo que se pretendió decir y la palabra concreta. U na vez
dicha, la expresión pierde su contacto con el contenido de la palabra interior, lo
que la vuelve pasible a distorsiones debido a la ambigüedad, la multiplicidad de
sentidos, o la distancia cultural que separa al autor del intérprete. En la medida
en que lo que prima esel verbo in terio ry n o la expresión, se vuelve necesario re
alizar una com prensión m ediata, que lo reconstruya y verifique. El tercer su
puesto com partido es la existencia de una relación form al entre lo individual y
el todo en tanto anticipación intuitiva de lo individual, com o condición de po-
sibílidad de toda interpretación. M ientras la herm enéutica considera que este
círculo es virtuoso, los logicistas lo ven com o vicioso. Desde su prim erplanteo
por Georg Antón Friedrich Ast (1 7 7 6 -1 8 4 1 ) hasta nuestros días ha variado os
tensiblemente . La teorta herm enéutica del siglo xix concebía a la relación formal
entre el todoy lo individual com o un principio metodógico que acaba superán
dose en la com prensión com pleta del texto. M. Heideggery sus seguidores, por
el contrano, consideran a este círculo com o un mom ento de la estaictura onto-
lógica de la com prensión, que no se anula en la com prensión total.
A pesar de com partir estos supuestos no se puede considerar que este tér
mino defina una com ente filosófica, com o tam poco un área de incum bencia en
com ún. Quienes utilizan este término para calificarsusinvestigacionespueden
diferir primeram ente en sus raíces filosóficas. Entre otros encontram os herede
ros de la tradición fenom enológica existenciaria, com o es el caso de Gadam er y
Rícoeur, continuadores del pensam iento de Dilthey, tal com o M isch, Lipps y
Bolín ow, filósofos anglosajones críticos de las corrientes logicistas más duras,
com o Rorty, y hasta quien se ha basado en la ortología de N . Hartm ann, com o la
obra de Betti. Incluso existen grandes disidencias ace rea de qué es el lenguaje,
entre quienes sostienen una visión instrum entalista, y los que tienen una con
cepción constitutiva. Los prim e ros los conciben com o una herram ienta o ins
trum ento que sirve para co m u nicary ordenar nuestra aprehensión previa de la
realidad. Sólo po rque hem os com prendido la na tu raleza de la realidad, logratnos com
p ren d er el significado d é la s p ala bras. La posición constitutiva, por el contrario,
sostiene que el lenguaje es la condición de posibilidad de la aprehensión del
mundo. Com o lo explica el mayor exponente de esta posición, H . G. Gadamer,
“El lenguaje no es una de las dotaciones de que está pertrechado el hom bre
com o está en el m undo, sino que en él se basa y se representa el que los hombres
sim plem ente tengan mundo"1. Ln herm enéutica tam poco se define por un área
filosófica de incum bencia en particular. De hecho se podría distinguir e ntre una
herm enéutica que com prende las acciones hum anas, una de corte exegético,
que establece criterios para la interpretación de obras y textos, una herm enéu
tica epistem ológicaque prescribe criterios metodológicos de las ciencias hum a
nas, y una hermenéutica filosófica, que analiza las implicaciones ontológicas de
concebir al ser hum ano com o un ser histórico que comprende lo que lo rodea.
Desde sus inicios la h e rmené utica buscó restablecerel diálogo con el pasad i >
h istó rico , dando lugar a que se opusieran dos líneas a las que Gadam er deno -
mina recom í n ic d ó n e integración2. La prim era busca la determ inación original
de una obra. Toda obra es un objeto tem poral que pertenece a un m undo que
determina su significado. Si este mundo desaparece, pareciera quela única m a
nera de lograreste objetivo es reconstruyendo su mundo de origen. Los integra-
cionistas, porsu parte, no proponen la restitución del pasado, sino la m ediación
del pen sam ien to con la vida actual. Los estoicos fueron los prim eros en sostener
esta posición, al sistematizar la práctica de las llamadas interpretaciones alegó
ricas o alegare sis com o modo de elim inarlas tensiones que había entre los mitos
de la tradición y la co ncep ció n racional que esta corriente filosófica tenía del
m undo, sin prescindir por ello de la autoridad de quienes los precedieron. La
misma consistía en encontrar un sentido m ás profundo detrás del literal .esp e
cialm ente donde el sentido literal fuera chocante o absurdo. Los estoicos esta
blecieron los crite rios y límites en la tarea del intérprete y el nivel de im plicación
del sentido oculto en elliteral. Esta posición integracíonista fue trasladada a la
tradiciónjudía por Filón de Alejandría (cu. 25 a.C .-5 0 d .C .), quien com para la
relación entre el sentido literal y el alegórico, con la que existe entre el cuerpo y
el alma. Al igual que el alma, el sentido alegórico es invisible; sólo los iniciados
están en condiciones de verlo invisible a través de lo visible. La alegorización ra
dical a la que conduce obra de Filón, lo llevó al descrédito entre losexegetasju -
díos de la Torá, m ás inclinados a la interpretación verbal de las leyes, pero
abonaron el proyecto del cristianism o antiguo de conciliar la anu nciación de
je s ú s con la relativización de la ley jud ía. P o ru ña parte, el Nuevo Testam ento
impedía tomar al Antiguo al pie de la letra, especialmente respecto de sus profe
cías acerca del Mesías. Por la otra, la rem isión de je s ú s a la tradiciónjudía'hacía
imposible el de jarla de lado. D icha tensión dio lugar a interpretaciones alegóri
cas del Antiguo Testam ento, denom inadas tipología, en la que la persona de
jesú sera la pauta de interpretación. Orígenes de Alejandría (1 8 5 -2 5 4 ) extendió
la interpretación alegórico-tipológica al Nuevo Testamento. Así com o el A nti
guo Testamento era una tipología del Nuevo, éste era, a su vez, una tipología del
‘Evangelio E tern o ’. La universalización de la tipologización y la adopción de
! G rondin cita un poema didáctico de Agustín de Dacia, que dice: “El sentido literal enseña lo que
sucedió; el ale górico, lo q ue debes creer, el m oral, lo que debes hacery el anagógico, hacia dónde
debes tender.”, cf. j . Grondin, introducción a la h erm en éu tic a jib só fk a , p. 60.
ceder exegético, problematizando a la com prensión e n tanto tal. Inspirado e n la
prim acía kantiana de la teoría del conocim iento por sobre la teoría del ser, pro
puso un tratado sobre com prensión e interpretación basado en principios filo
sóficos, que buscara la unidad de las distintas especialidades exegéticas no en el
contenido de la tradición, sino en la unidad d e unprocedim iento. Su posición se basa
en la universalización del malentendido en la experiencia de lo aj eno. En su opi-
nión, resulta ingenuo suponer que inm ediatam ente hay com prensión y que la
interpretación se lim itaría a casos excepcionales. Ai unlversalizarse el m a l
entendido la interpretación pierde ese rol pedagógico que tenía en la herm enéutica del
siglo X¥in, y se vuelve uno con la com prensión. Para este filósofo el objetivo de la her
menéutica consiste en com prenderlo que el autor quiso decir, y no si lo dicho es
o no verdad. El intento de co nciliar el aspecto universal propio de la filosofía
kantiana, con la vertiente romántica de estableceruna relación viva con el autor
fue el gran desafío de este pensador. Para hacerlo distinguió dentro de cada inter
pretación dos m om entos diferentes, pero interrelacionados: el gramátic o y el
psicológico. La interpretación g ram ática u objetiva se apoya sobre los caracteres
del discurso com unes a una cultura. Este com ponen te es em inentem ente nega
tivo ya que indica los límites de la com prensión, determinados por el lenguaje en
tanto un co n ju n to de palabras y reglas de uso com partido por una com unidad
de hablantes. Q uien se com unica porinterm edio de estas reglas es el individuo.
Corresponde por lo tanto a la interpretación psicológica el com prender este pen-
sam ientoindividualporm edio de una operación de equiparación. En dicho pro
ceso se vuelven conscientes aquellos elem entos que habían quedado
inconscientes en el autor original, a fin de com prenderlo m ejor d e lo que él m ism o se
h ab ría com prendido. El fuerte com ponente ‘adivinatorio’ de este m om ento ha
sido criticado por su arbitran edad. C on todo, algunos in térpretes sostienen que
este último m om ento más que arbitrario sería un análogo al contexto de descu
brim iento en las teorías epistemológicas contem poráneas, en el sentido en que
en su seno se construyen hipótesis de interpretación sin seguir una lógica es
tricta. Sólo en el m om ento critico se establece si la hipótesis propuesta da cuenta
de lo que se intentó com unicar originalmente.
l a escuela histórica del siglo xix com partía con la hermenéutica de su época,
la teoría rom ántica de la individualidad y la aplicación del esquem a de tod o sy
de partes, lo que propiciaba la construcción de una epistemología de la historia
con bases herm enéuticas. Sin embargo, los planteos de Scheierm acher no eran
suficientes para dicho proyecto pues se centraban en la com prensión de textos
aislados. Fue W ilhem D ilthey (1 8 .3 3 -1 9 1 1 ) quien lom ó la herm enéutica ro
m ántica para enfrentarse al problem a m etodológico fundamental de explicar
cóm o era posible el conocim iento histórico. Su objetivo era oponerse a la teoría
n eokantiana de la historia de W indelband y Rickert, que planteaba un sujeto
epistem ológico abstracto y sin vida. Su crítica a ¡a razón histórica destaca las d i
ferencias que existen entre la explicación de la naturalezay la com prensión del es
píritu. En el cono cim iento de la naturaleza el hom bre se dirige a fenóm enos
ajenos a é l, cuya coseidad fundam ental se le escapa. En el orden hu m ano, en
cam bio, el hom bre no es un extraño para el hom b re independientem ente de las
distancias que lo separen. Así nos explica, “comprender, entendido en el sentido
am plio en que hay que presentarlo ahora, constituye el m étodo fundam ental
para todas las operaciones de las ciencias del espíritu... Así com o en las ciencias
de la naturaleza el conocim iento de las leyeses posible únicamente m ediante el
núm ero y la m edida, aplicados a las experiencias y a las reglas contenidas en
ellas, así tam bién en las ciencias del espíritu toda proposición abstracta sólo se
puede ju stificar por su referencia a la vida an ím ica, tal com o se nos da en la vi
vencia y en la com prensión”-1. A diferencia de las categorías de la naturaleza, que
se aplican a fenómenos exteri ores med ¡atizados por los sentidos externos, las vi
vencias son captadas inmediatamente tal com o son por medio de la vivencia in
terior. La conexión interna, o en cadenam ien to que permite este tipo de captación
es la vida, en tanto fuerza productiva compartida por todos los seres humanos.
Se ha objetado el hecho de la idea de que unsustrato vital inm ediato y com par
tido por todos los seres hum anos permite prescindir del elemento crítico enfa
tizado por Schleierm acher y Droysen. La om isión de que las descripciones y
análisis de la vida del alma tienen carácter hipotético y pueden ser falsas o co
rrectas, volvería a filtrar el tema de la arbitrariedad propia de la interpretación
alegónca. Hayherm enéutas com o Gadam ery Ricoeur, que sostienen que dicha
arbitrariedad no existe desde el m om ento en que no hay una aprehensi ón inm e
diata de la vida psíquica del otro, sino que está mediado porsus manifestaciones
sensibles. C om o explica Dilthey, “ la existencia ajena se nos da, por fuera, en
hechos sensibles, en ademanes, sonidos y acciones, y sólo mediante u n proceso
de ‘reproducción’ de lo que aparece así en los sentidos por signos aislados co m
pletamos esta interioridad”3. l a s obras o los textos son m anifestaciones que se
*E ste térm ino fue utilizado por H eideggerpara referirse a la existencia humana. Inicialmente Gaos
lo había traducido com o ser-ahi, pero debido a diversos p roblem asen esta traducción v otras que
se han intentad o, la tendencia actual, no sólo en castellano, sino tam bién en otros idiom as, es no
traducir el térm ino (cf. las aclaraciones de J. Rivera a su traducción de Ser y tiempo. Editorial U ni
versitaria , Santiago, 1 9 9 7 ,p .4 5 4 ).
10 M. Heidegger, S ery tiem po, p . 16 3 .
de historia. Generalmente se asocia a lo histórico con un hecho pasado. Heideg-
ger disocia la idea de historia con todo aquello que no seahum ano: lo primaria
m ente histórico es el D asein ; lo que hace frente dentro del m undo lo es de
manera secundaria. De este m odo, lo histórico no puede ser un hecho, sino sólo
proyectos. El modo de ser del D asein impide que se predique de un proyecto el
ser pasado, la historia no es entonces proyectos pasados. En su lugar, se lo asocia
con la estructura de tradición y herencia. La historia es concebida enton ces
com o una su ene de cantera de mundos, que heredamos de quienes no son más.
Está en nosotros el hacem os de estas posibilidades latentes y proyectamos sobre
ellas.
Si bien Heidegger le dio un giro a los supuestos ontológicos sobre los que se
podría fundar una epistemología de lasciencias hum anas, no se detuvo en este
debate, porque su preocupación era de índole ontológica. Gadam er fue quien
entró en el m ism o al relacionar la ontología de Heidegger con la epistemología
de Dilthey. Esta co nfrontación ya está presente en el título m ism o de la obra
donde se “... co n fronta el co n cep to heideggeriano de verdad co n el concep to
diltheyniano de m étodo. La cuestión es luego saber hasta dónde la obra merece
llamarse: Verdad Y M étodo, y no debería ser más bien intitulada: Verdad O M é
todo"11. Al igual que Heidegger, Gadam er no conside ra que la epistemología de
las ciencias sociales deba ser descartada; lo que plantea, en cam bio, es que el in
terés del filósofo se debe centrar en el fundamento ontológico de dicha episte
mología. “L apraxisdelhistoriadordel d e re c h o -e x p lica -ig u a l que la del ju ez,
tiene su s‘métodos’ paraevitarel error; en esto estoy enteramente de acuerdo con
las consideraciones del historiador del derecho. Sin embargo el interés herme-
néutico del filósofo empieza ju stam ente allí donde se ha logrado evitar el error,
pues éste es el punto en el que tan to e l historiador com o el dogmático atestiguan
una verdad que está m ás allá de lo que ellos co no cen, en cuanto que su propio
presente efímero es reconocible en su hace r y en sus hechos”'2. Su intención, por
lo tanto, no es establecer principios m etodológicos sobre có m o m odificar las
ciencias humanas para poder legitimarlas filosóficamente, sino que responde a
la pregunta trascendental acerca de qué posibilita toda com prensión.
La propuesta de este filósofo se apoya en dos pilares fundamentales, a saber:
sostener que ¡a herm enéutica debe com prender el sentido del texto, n olaintención del
C . - B .M o h r ,T ü b in g e n , 1 9 6 7 .
D i u h ey , W 'ilh d m , El m un do h istórico, F c n c ic d e C u ltu r a E c o n ó m ic a , M é x ic o ] 9 4 4
G a d a m e r , H a n s - G e o r g , V erdady m é t o d a ly H , S íg u e m e , S a la m a n c a , 1 9 9 6 .
H e id e g g e r , M a r tin , S e r y tiem p o, F o n d o d e C u ltu r a E c o n ó m ic a , M é x ic.o , 1 9 9 0 .
K oseli.eck, Reinhart y Gadamer, H a n s - G e o r g , H istoriay h erm en éu tica , P a i d ó s , Bar
c e lo n a , 1 9 9 7 .
R i c o E U R .P a u l.D u íe x te f lI ’cjcííon , D u S e u il,P a r í s , 1 9 8 6 .
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U n iv e r s ity P r e s s , N e w H a v e n a n d L o n d o n , 1 9 8 5 .
PREFACIO
Sobre el discurso histórico (o acerca de cóm o vinim os a parar a q u í)............. 9
PR Ó LO G O DEL E D IT O R ............................................................................................ 15
IN TR O D U C C IÓ N
El co no cim iento histó rico y la bú squeda de su significación teórica:
Introducción g en eral......................................................................................................19
Estructuralism o.
Estru ctu ralism oe h isto ria............................................................................................ 7 9
Filosofía de la acción .
Filosofía de la historia y filosofía de la acción.
A spectos onto ló gicos y lin g ü ístic o s ...................................................................... 1 33
F i l u s o l i .i l . i i i n o a m e r í c a n a d e ia h i s t o r i a ............................................................................... 1 8 3
I in de la historia.
Después del fin de la h is to ria ................................................................................... 2 0 3
Hegel, Friedrich.
Plan hu m an o y plan d iv in o ...................................................................................... 2 2 5
Herder, Jo h a n n G ottfried.
El “aporte” de Herder en 1 7 7 4 , y sus ideas ( 1 7 8 4 -1 7 9 1 1 ..............................2 5 5
H erm enéutica.
H erm enéutica e h isto ria.............................................................................................2 8 9
Historia político-intelectu al.
Las nuevas tendencias en la historia p o lítico -in te le ctu a l................................... 9
H is to n c ism o .................................................................................................................... 2 3
H u sserl.Edm u nd.
La historia en el pensam iento de Edm und H u sse rl........................................... 3 7
Kant, Im m anuel.
Kant y el pun to de vista filosófico sobre la h is to r ia ............................................ 51
M arxism o.
M arxism o, historia e h is to rio g ra fía .........................................................................6 9
M em oria colectiva.
M em oria colectiva y políticas de la m e m o ria ....................................................... 91
M em oria; traum a.
Trauma, m em oria e h is to ria ..................................................................................... 1 05
Narrativismo.
El debate sobre narratividad en la nueva filosofía de la h is to ria ..................... 1 1 7
Progreso y decadencia.
Los cursos de la historia. A rqueología de las ideas de p rogreso
y d e c a d e n cia .................................................................................................................... 1 55
Psicoanálisis.
El psicoanálisis y el tema de la histo ria: Fre ud y L a ca n ................................... 175
R icoeur, Paul.
La herm enéu tica histó rica de Paul R ic o e u r ........................................................1 93
Voltaire.
Voltaire: histo riay ra z ó n ............................................................................................2 3 9
W eber, M ax.
M axW eber: una lectura en clave h istó ric o -filo só fic a .................................... 2 5 5
Impreso por TREINTADIEZ S.A en noviembre de 2009
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