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Un Agujero en La Ciencia Social Crítica Breve, Estudios Críticos

Texto crítico acerca de las Ciencias Sociales y revisión de los autores más representativos de lo social, que han dado su aporte en el Siglo XX.
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Un Agujero en La Ciencia Social Crítica Breve, Estudios Críticos

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Un agujero en la Ciencia Social

Crítica breve, estudios críticos


Carlos Silva Koppel

Un agujero en la Ciencia Social


Crítica breve, estudios críticos

2
… dar la espalda a la realidad
es al mismo tiempo
salirse de la comunidad humana.
Sigmund Freud, Tótem y tabú

3
Índice

Prólogo ..................................................................................................................................... 6

Escribir sobre lo social y la muerte del etnoconocimiento ......................................................... 7

¿Sociología en extinción? ........................................................................................................ 12

¿Sociología de regreso al sujeto?......................................................................................... 14

Globalización y posmodernidad .............................................................................................. 15

Globalización, ¿corriente de identificación? ............................................................................ 19

Algunos apuntes sobre Pierre Bourdieu para llegar a una sociología reflexiva ......................... 22

Más allá de la división del trabajo social de Durkheim y de otros reduccionismos ................... 25

En defensa de la Teoría del Conflicto de Ralf Dahrendorf ........................................................ 27

Desigualdad social y lo que no queremos saber....................................................................... 30

Evaluar, empoderar, repetir .................................................................................................... 34

El Estado como protector de la familia .................................................................................... 37

Cuantitativo mayor que Cualitativo ......................................................................................... 40

Conversando nos entendemos ................................................................................................ 43

4
Investigación en Ciencias Sociales: disputa metodológica y crítica para defender los disensos

teóricos................................................................................................................................... 46

¿Niños “superdotados” o un sistema (educativo) perverso? .................................................... 49

Negación de la migración ........................................................................................................ 52

La Democracia y nosotros ....................................................................................................... 55

Globalización: visión y lectura de Europa, para Europa ............................................................ 57

Un caso hipotético de Eurocentrismo académico .................................................................... 61

Breve análisis de la cultura a partir del uso de los BTR ............................................................. 64

El argumento ...................................................................................................................... 65

La cultura ............................................................................................................................ 68

La acción colectiva en el uso del BRT Metrovía .................................................................... 71

Normas sociales y elección racional..................................................................................... 72

Comportamiento y hostilidad social ¿una cuestión del clima? ............................................. 78

La Cultura Ciudadana de Mockus ........................................................................................ 79

Convivencia Ciudadana ....................................................................................................... 80

Referencias Bibliográficas ....................................................................................................... 82

5
Prólogo

Empiezo diciéndoles gracias. Gracias por tener el interés de leer los apuntes que
hago en este texto, que van desde la revisión de posturas centrales en el campo de las
Ciencias Sociales, hasta la lectura de la cultura desde los usos de un medio de transporte.
Lo que les traigo acá en este, mi primer libro y de difusión para todo público, es
una serie de aportes y digo así “serie”, porque son el resultado de un tiempo prudencial
de trabajo, un escrito tras otro, que lo que intentan es exprimir los trapos que aún
quedaron mojados en los dichos de las disciplinas del espectro social.
El esfuerzo está encauzado en ese empeño de pasar el lápiz por el camino que
señalan los puntos, no sin que el pulso tiemble y que queden algunos puntos por fuera o
sin marcar y, sin embargo, al final resulte un boceto a la vista.
No me alejo de la rigurosidad académica con la que insisten los universitarios,
pero tampoco me olvido de escribir para los noveles o para quienes no están muy
avezados, y ni tienen por qué estarlo, en estas disciplinas hoy llamadas científicas.
La lectura es para todos y todas, quienes estén interesados en acercarse un poco
a la Sociología vista con un prisma crítico y un poco roto, el mío, agujereado con la
influencia del psicoanálisis que es el oficio al que me dedico teórica y prácticamente, y
remachado con el sentido que da la Filosofía, una muleta de la que no me puedo librar
fácilmente.
Mi interés sobre la Sociología y Ciencias Sociales es más grande que mi dominio
sobre ellas, por eso me pareció muy necesario hacer un trabajo de acercamiento y con
este primer intento, quiero dialogar con los autores: algunos clásicos olvidados y otros
actuales no reconocidos, los mismos que les traigo a presentar.
Siempre se preguntan y es incluso una forma de comedia: “¿Para qué sirven la
Sociología y Ciencias Sociales?” y eso es lo que intento responder con el presente libro
pequeño, pero concentrado.

6
Escribir sobre lo social y la muerte del etnoconocimiento

Habría que considerar lo social como todo lo que implique la relación con el otro
que desde las Ciencias Sociales puede ser llamado “otro social”, indistintamente que esta
relación sea económica, política, amorosa, terapéutica… regidas todas estas por el
lenguaje y que contengan acontecimiento; ésta última categoría en el sentido que lo
define Badiou (1998): “todo acontecimiento es una proposición infinita, en la forma
radical de una singularidad y de un suplemento” (p. 14). Se hablaría así de Ciencias
Sociales, pero que en la consideración de éstas no seríamos indiferentes en sentido
alguno a las Ciencias Humanas ya que nos referimos en ambos discursos al significante
“hombre”.
Girando alrededor de este concepto es cómo nos expresamos de nosotros en tanto
individuos y sociedad; lo hemos visto a lo largo del tiempo en las columnas de opinión
en los diarios, por ejemplo, en donde se pretenden hacer sendos análisis sociales,
políticos, económicos o psicológicos, sin necesariamente haber incurrido en el tema o ser
un “científico social”, como suelen llamar a quienes se dedican a estudiar las ciencias
humanas o sociales. Así mismo las opiniones sobre temas varios de índole social o
cualquier otra cosa, se abanican hoy en día en redes sociales informáticas1. Es decir, lo
que antes se hablaba en espacios más íntimos ahora se hace público, como manifestó en
su momento Umberto Eco (2015):

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero
hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad.
Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que
un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.

La opinión -cuya base sería la visión- que tenemos de nosotros y sobre lo social,
no necesariamente consistiría en la descripción de los hechos en sí o menos podría
pensarse en la cosa en sí o el fenómeno como tal, si queremos tomarlo en un sentido
metafísico o fenomenológico, respectivamente. Sino que sería una especie de
conocimiento muy primitivo o vulgar, lo que se conoce como doxa y que difiere de la
episteme, un conocimiento elaborado y trabajado, es decir, su opuesto. Lo que habilita a
cualquiera a hablar sobre todo, sin tener previamente una exhaustiva revisión no de los

1
Tengo a bien especificar “red social informática”, como una construcción mía, ya que de por sí nuestras
relaciones sociales sin medios informáticos, estarían ya estructurados en red. Término aparecido por
primera vez en diario El Telégrafo. Véase: Redes sociales informáticas: un medio democrático
http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cartas-al-director/1/redes-sociales-informaticas-un-medio-
democratico

7
cánones de la disciplina desde la que se somete a auscultar, sino la revisión al menos de
sus postulados más importantes. Así lo vemos en La República de Platón:

(…) continuemos llamando ciencia a la primera y más perfecta manera de


conocer; conocimiento razonado, a la segunda; fe, a la tercera; conjetura, a la
cuarta; comprendiendo las dos últimas bajo el nombre de opinión, y a las dos
primeras bajo el de inteligencia. (pp. 294-295)

Sin embargo, esto no sería garantía clave que un estudioso de las ciencias o en su
defecto llamado “científico social”, incurriera en el error al momento de tomar
conclusiones producto de sus estudios previos. En un artículo reflexivo, ¿Para qué la
Ciencia Social?, Emilio Lamo de Espinosa (2003) se basa en Garfinkel para develar dos
formas de conocimiento, uno que es el científico que estaría relacionado al saber experto
y que no por ello dejaría de ser esotérico, minoritario o universitario; y otro
etnocientífico, que contrariamente al anterior es mayoritario, de sentido común e
informal. Este último, es un saber que de alguna manera detentan quienes conforman
la sociedad, sin ser sociólogos, por ejemplo. Sin embargo, bajo esta postura, tomando en
cuenta que el primer saber es A y el segundo es B, nada implicaría que las características
de A puedan ser de B o viceversa, o que A esté en B y que B esté en A.
Lo que la etnometodología representa en tanto Lamo de Espinosa (2003)
siguiendo a Garfinkel, sostiene que es un saber performativo, pero olvidándose que es un
saber limitado, reglado, habituado, condicionado, sometido, entre otros, a estructuras
simbólicas e imaginarias 2… que es un saber para poderse manejar más o menos en la
trama social. Sobre lo mencionado cito a Lamo de Espinosa (2003):

Esto es muy importante: lo que sabemos sobre la sociedad contribuye


poderosamente a formar esa sociedad mientras lo que sabemos sobre las plantas
o los insectos no forma parte esencial de este fenómeno. (p. 27)

Lo que sabemos sobre la sociedad podría incluso, deformar poderosamente esa


sociedad y cabría mejor preguntar si las sociedades se han formado no por lo que
sabemos, sino por lo que no sabemos sobre la sociedad motivo por el cual ha devenido
barbarie. En tanto en la relación entre el saber que se tiene sobre animales o plantas,
¿cómo no habrían de tener algún tipo de relación? Eso se conoce como ecosistema y no
es poco popular que nuestra relación directa con la naturaleza y de lo que supuestamente

2
Entendido desde una perspectiva lacaniana.

8
conocemos de ella, se basa en explotación, uso y consumo; consecuentemente si no forma
potencial parte esencial de ese fenómeno, por lo menos sí lo cambia:

Si mañana los humanos perdiéramos la memoria, y con ella todos nuestros


conocimientos sobre el mundo, la naturaleza seguiría su curso impertérrita
mientras la sociedades, todas, se irían al garete. Así de sencillo. (Lamo de
Espinosa, 2003, p. 27)

La naturaleza siempre sigue un curso, así sea su fin por la intervención del
humano o su progreso por la ausencia de éste. De la misma manera las sociedades tienen
un curso, que puede ser la probabilidad de irse al garete, cuando realmente su camino
hacia el garete es constante ¿O es que alguna vez ha existido alguna sociedad apolínea,
exenta de conflicto, de fracasos o crisis y que no hayan dejado a sus actores sociales en
anomia alguna?
Cuando en el planteamiento citado apela a la falta de memoria, es
coincidencialmente esa falta de memoria inexorable (histórica, por ejemplo), que lleva a
repetir el conflicto y el desastre social; lo que en este ejemplo extremo se quiso
demostrar, llevó a decir todo lo contrario: el saber que se detenta desde lo social, que
sirve de base para construir el concepto de etnosociología/etnometodología, es
insuficiente, superficial, endeble.
Los discursos aparecen y van ordenando otros discursos en los distintos
dispositivos sociales que podrían determinar -con coerción si es la ley o religión. O
consensuales si es el mercado o la ciencia- las ontologías de la sociedad. Es conocido que
algunas concepciones freudianas se han permeado en la cotidianidad de las sociedades,
pero esto no quiere decir por ejemplo que se profundice en sus conceptos estructurales
o que se conozca cómo operar con ellos. Me atrevo a decir que pasaría lo mismo con la
teoría marxiana, que se entiende y se lleva a cabo según intereses ideológicos, partidistas
y con intenciones de llegar y sostener la posesión del poder.
Los alcances del discurso de la ciencia pueden determinar ciertas conductas
sociales y de ello se encargan los ingenieros del comportamiento y mercado. Así mismo
sucedería con hallazgos médicos o el uso de sus terminologías, que son de fácil acceso
para cualquiera a través de recursos tecnológicos y en este sentido, conllevan a un saber
etnocientífico pero que en el primer caso sirve para consumir y en el segundo, es obvio
que no serviría para ejercer la medicina, ni siquiera para auto curarse. Lamo de Espinosa
(2003):

En resumen, es posible argumentar que los modelos científicos-sociales, al ser


difundidos, alteran su estatuto ontológico pasando de ser teorías puras usadas

9
por los científicos sociales y que modelan al mundo, a ser mapas cognitivos que,
integrados a la etnociencia, orientan a los nativos, quienes eventualmente los
utilizan para generar estrategias, en un proceso de deslizamiento desde la theoría
(científica) a la praxis (etnocientífica) sin solución de continuidad. (p. 33)

Es discutible que lo que se entienda comúnmente sobre alguna interpretación del


mundo, la vida, la muerte, la mente, la sociedad, sea lógico sin que se haga un estudio
reflexivo y serial. Las posverdades, el relativismo, el conocimiento superficial o el “todos
tienen la razón” se cuela en los intersticios de todas las disciplinas. La opinión, la doxa,
hoy como síntoma social se toma las disciplinas y los discursos del orden de los saberes
y hace decir algo como esto a Lamo de Espinosa (2003):

El sociólogo, un licenciado más, deja de ser un intelectual crítico para pasar a ser
un profesional que oferta sus servicios y cobrar por ello. (p. 38)

De algo hay que vivir. Subrayemos que las labores que impliquen tiempo,
reflexión, esfuerzo, estudio, tienen ahora un valor menor en la era de la velocidad y de la
información, lo que resultaría un punto menos para los etnosaberes. Vale más lo
instantáneo y superficial. Un trabajo teórico sesudo e importante que pueda involucrar
todo un cambio social, que demande responsabilidad y esfuerzo por parte del
interlocutor, tiene menos valor hoy porque son otros referentes los que mueven el mundo
y al común denominador, según las necesidades impuestas y adquiridas, y que esas sí
entrarían a la categoría de etnosaberes según los planteamientos en este escrito.
Entonces tiene mayor valor para la sociedad, en el marco respectivo de comodidad al que
se ajusta, que el “científico social” arme un proyecto que resuelva sendas problemáticas
sociales bajo la lógica de un discurso político intervencionista estatal que refuerza su
estadía en el gobierno bajo el cumplimiento de la promesa de resolver el problema social
afianzando políticas de Estado, que un estudio riguroso sobre aquéllos síntomas sociales
y que implique un insight por parte de los actores sociales sobre sus problemáticas. No
hay tiempo para leer o estudiar a fondo nuevas producciones, peor reflexionarlas; Lamo
de Espinosa (2003) lo considera material solo para académicos; pero asimismo es cómo
existe material académico en el discurso médico.
Freud, por ejemplo, escribía para una comunidad médica, sin embargo, sus
lecturas eran agradables y de cómoda inteligibilidad; por otro lado, no es lo mismo si se
lee a Lacan o a Kant, o a otros de la filosofía y el psicoanálisis. Nadie se despierta un
buen día queriendo leer a Kant. El fácil acceso a Freud, no convierte al común
denominador social en psicoanalista, menos aún lo conduciría a hacerse un autoanálisis.

10
Con la misma línea de pensamiento, se propone que sobre lo que se ha escrito
desde las ciencias sociales y humanas en general para el público: no significa que la
sociedad lectora de ello (y si es que es lectora), se “auto-observe sistemáticamente”3 para
encontrar(se) la causa del síntoma y tomar medidas sobre ello. La lectura sería para
tener una idea del “fenómeno”, no para operar sobre él. La auto observación sería un
ejercicio de los más honestos, que no lleva a otro lugar que a encontrarse con lo ominoso
y desagradable del problema, que desarmonizaría el status quo de cualquiera.
Tanto leer como escribir temas de observación compleja, requieren un
componente intelectual. Así, el intelectual no necesariamente debe prescindir de la
complejidad que lo convoca. Cabría destacar hasta este punto, que los estudiosos de los
fenómenos del mundo estarían en ese saco de intelectuales, categoría que se encontraría
regida sobre el contenido y peso de sus producciones, sobre lo observado, estudiado o
investigado. Oficio que hoy por hoy es menos apreciado que otrora y por lo tanto
demanda mayor responsabilidad y esfuerzo. El título de “intelectual”, así como el de
psicoanalista, sociólogo, filósofo, no tendría que ser reprochado como suele serlo; todos
estos son oficios y profesiones, pero desprestigiadas en la actualidad por carecer de un
sostén “objetivo”, desmereciendo desde la obcecación al objeto tinta-papel o a la
mathesis que cada discurso lleva en su estructura.
Jesús Ibáñez (2012) ve a la intelectualidad como una función no exenta de
responsabilidad y obligaciones, alegando que una de ellas es con la libertad. Sin perder
de vista que también existen aquellos intelectuales que se alían con sistemas perversos y
trabajan en función del poder. Sobre la libertad se quiere saber mucho y es seguramente
un rasgo de interés común que una vez filtrado en la sociedad, propicia el
acontecimiento; esto se aleja ampliamente de aquellos saberes conocidos como
etnocientíficos, que se limitan a un hacer solo para funcionar dentro de la maquinaria
social.
Si hubiera alguna dirección de producción escrita a la que el “científico social” de
Lamo de Espinosa (2003) tendría que dirigirse, es hacia ese camino: enunciar acerca de
la libertad –en cualquier ámbito– a través de una de estas dos vías de escritura: la que se
proyecta hacia afuera, que pueda ser leída y entendida para quienes no estén dentro de
un discurso determinado ya sea científico, filosófico, artístico y que signifique un interés
sobre su vida intra o inter subjetiva. Mientras que la otra vía de trabajo intelectual es la
que se dirige hacia adentro que implique deconstruir, interrogar, cuestionar o fortalecer
el discurso en el cual esté inscrito quien escribe, según la ética que su praxis demande,
sea éste científico, sociólogo, filósofo o psicoanalista.

3
Solo lo que está en comillas corresponde a las palabras de Lamo de Espinosa (2003, p. 38).

11
¿Sociología en extinción?

Habría que preguntarse hoy, ¿quién en uso de su pleno raciocinio se sienta a leer
a los clásicos del pensamiento libremente? Entre esos clásicos podemos sin duda barajar
los nombres de los padres de la sociología y no solo de ellos, sino de sus predecesores.
Sin embargo, el deterioro e impopularidad no es solamente de la sociología, sino en
general de las ciencias humanas y sociales, por lo que habría que advertir en primera
instancia esa rajadura al narcicismo que sufre la sociología en los rostros que encarnan
los mismos sociólogos.
“La sociología clásica quedó atrás” (Wieviorka, 2009, p. 228) son las palabras
precisas de quien manifiesta el declive de la sociología clásica a través de una afirmación
que a grandes rasgos refuerza a la vez el mismo enunciado. Wieviorka (2009)
responsabiliza de ese deterioro a dos fenómenos: la globalización y posmodernidad. Esta
última como un cuestionamiento a la modernidad y a sus relatos caracterizados por la
razón, de la misma manera siendo la sociología criticada en sus postulados principales
(Wieviorka, 2009). Lo posmoderno como el cuestionamiento de la razón, (Wieviorka
aludiendo incorrectamente “la deconstrucción” derridiana) y que en esa intención,
podría agregarse el ¿para qué caer en el cuestionamiento cuando es mejor saltárselo?
Pregunta del común denominador de profesionales; lo que conlleva a que las prácticas
posmodernas se caractericen como acéfalas, carentes de racionalidad y de reflexión
alguna, y destaquen en lo técnico, lo cómodo o las pasiones.
Por otro lado, el mismo autor francés piensa e insiste en que la globalización y la
hegemonía mundial es netamente estadounidense, lo que nos advierte ya en sospechar
sobre la posición de este autor respecto a su sesgo y anacronía con lo suscitado en los
últimos 30 años; culpa a su idea de globalización de hacer a una sociología perezosa y
conformista en el abordaje de los fenómenos sociales, pasando por alto otras lógicas y
variables:

La globalización se traduce, en el aspecto cultural, en un doble proceso: de


homogeneización de la cultura, bajo la hegemonía estadounidense; y de
fragmentación, lo cual ha permitido alimentar debates extremadamente
animados, ligados claramente a las inquietudes suscitadas por el crecimiento
reciente del Islam y por el éxito del islamismo desde la revolución iraní.
(Wieviorka, 2009, p. 238).

12
No obstante, el concepto de globalización ha alimentado una sociología perezosa
que piensa los hechos sociales en términos de respuestas o reacciones a la
evolución de un sistema (…) (Wieviorka, 2009, p. 238).

Pensemos mejor en cómo la sociología, la de los institucionalizadores, de los


compiladores y constructivistas (Lamo de Espinosa, 2001, p. 30)4, fue presa de
militancias y religiosidades, las que imaginariamente aniquilan a cualquier esfera o
campo del saber, llevándolos a un inexorable fin. Es hora de confesar: la sociología se ha
alejado de la filosofía. Es decir que la sociología, en tanto es ejercida por sociólogos,
sucumbe haciendo uso de sus herramientas teóricas en los terrenos de la conveniencia
partiendo a su ética en dos –si es que alguna vez la estudiaron o la tuvieron–. Una
variable más a considerar: ¿qué se puede entender como sociología o sociólogo, en tanto,
un experto que detenta un saber que es útil para manejar, controlar, llevar, conducir la
sociedad por los senderos que dicte un discurso Amo o Universitario, que ostenten los
criterios de “normalidad”?
Es así como la sociología –los sociólogos, como meros ingenieros sociales– quedó
para uso de los sistemas de poder y de mercado, sociología que pregona una línea anti-
intelectual, objetivista y pragmática para concebir la sociedad, y conseguir los objetivos
planteados. Mientras haya mercado (triada: crear demanda, venta y consumo) y el bien
rentable negocio de mantener las desigualdades/problemas sociales para llevar a cabo
proyectitos (triada: crear demanda, establecer problema, solución); el sociólogo desde
sus tecnicismos y al servicio de cualquier poder tendrá trabajo, asentado en alguna base
teórica ecléctica que le sirva nada más como sostén técnico para cumplir una consigna
determinada:

(…) el sociólogo debe saber encontrar su camino más allá del puro pensamiento
de rechazo, de la protesta o la denuncia erigidas en modo de análisis, del
compromiso hipercrítico; por el otro, debe trascender la práctica del experto que
frena las demandas populares y procura oponerse a los actores contestatarios que
parecen poner en cuestión el orden o la razón, y evitar el riesgo de lucir como una
herramienta de legitimación al servicio de los actores dominantes o de las fuerzas
sociales y políticas instituidas. (Weviorka, 2009, p.256)

Por esta misma vía… más allá de tratarse del imperialismo estadounidense -
fantasma para llevar a cabo los proyectos de izquierda de los 70; arraigado como
sabemos, en muchos políticos y pensadores- al que Wieviorka atribuye la globalización o

4
E. Lamo de Espinosa divide a la historia de la sociología en cinco generaciones: pioneros, fundadores,
institucionalizadores, compiladores y constructivistas.

13
posmodernidad (como fin de los grandes relatos en la línea de Lyotard) que mecen a los
sociólogos en la hamaca del pensamiento para interpretaciones y soluciones fútiles sobre
la sociedad… más allá de eso, son más bien sus alianzas con el poder, con las militancias
y con la academia con sus respectivos particularismos torpes, que ajustan y gangrenan
la(s) disciplina(s) en sí, y burocratizan al sujeto, es decir, ejercen su poder sobre éste.

¿Sociología de regreso al sujeto?

En la prolongación de los debates abiertos por el pensamiento posmoderno, la


introducción del tema de la globalización constituye una etapa que obliga a la
reflexión a ir de lo general, lo global y lo universal, a lo singular, lo local y a la
persona misma (nosotros diremos aquí: al sujeto). (Wieviorka, 2009, p. 241)

Tendríamos que plantear el laborioso trabajo de ¿qué entienden los sociólogos


por sujeto? Y que en la vehemente intención de ser llamados científicos sociales, tan
enraizados y desesperados a la competencia y homologación de sus postulados al de las
ciencias naturales, y por las circunstancias anteriormente mencionadas, se han perdido
de vista cualquier cercanía a la comprensión en sí de sujeto, que en algún un momento
la sociología tuvo el abordaje en bruto de la mano de Weber. Es decir, se torna
imprescindible hoy volver a los clásicos y reformular, deconstruir. Es un trabajo que
quienes se encuentran en las estancias cómodas de algún tipo de situación de poder, no
querrían hacer. No se trata entonces del reduccionismo de concebir al sujeto como “una
realidad concreta, histórica: la persona humana” (Wieviorka, 2009, p. 244), sino de una
lógica que comprende otras lógicas, por lo que la sociología -el sociólogo de cepa y de
proyectos sociales- en la mezquindad y el victimismo, al no abrirse al diálogo con otras
disciplinas ha sembrado su propia degeneración y esto ha suscitado en el campo de los
saberes y propuestas a otras prácticas como los Estudios Culturales, por ejemplo.
Se dice que hay que marcar un regreso al sujeto, pero ¿cuándo realmente echaron
su mirada hacia allá? Y si hubiera una respuesta para ello, sabríamos también que no
habría ningún tipo de rentabilidad para la subsistencia de la disciplina sociológica en ese
abordaje.
Hay que pensar, haciendo principal hincapié en esto, que es posible que la
ciencias humanas y sociales (no todos sus componentes: los que no están alejados de la
lingüística, las matemáticas, la filosofía… de la ética), aún no superan la caverna de
Platón y han levantado sus llamadas ciencias sobre la observación de sombras.

14
Globalización y posmodernidad

La concepción de Jameson (1999) de globalización en tanto implica una


desmaterialización del capital monetario, no sin embargo con influencia sobre la cultura
con efecto desterritorializador lo que comúnmente conocemos como posmodernismo,
fue antes del acontecimiento de las Torres Gemelas. Es un imperativo insistir en que este
evento marca un cambio del fenómeno globalización en relación a los mecanismos de
movilidad humana y hacia la visión eurocéntrica sobre la cual se sostiene que la
hegemonía globalizadora se sustenta en una norteamericanización del mundo.
Pensemos cómo a partir de ese evento lo que se conoce como globalización tomaría un
giro o variaría de cierta manera paralelamente a los atentados extremistas. Se ha sumado
al llamado fenómeno de globalización con su alianza capitalismo-ciencia, la categoría de
“seguridad” interna, el control sobre las movilidades humanas, las denominadas luchas
contra el terrorismo, etc., que formarían parte también de otro gadget de consumo y
motor del mercado, siendo a la vez una forma de control y represión; de la misma manera
se le puede adjudicar a esta marejada la autoría de ciertas fobias colectivas de índole
racial, religiosa, un exceso de ignorancia que raya en lo inmoral hacia las alteridades, hoy
aún más asentadas en Norteamérica, así como también en algunas regiones de Europa;
y ante esto tenemos en su reverso al terrorismo como un mal mayor que la globalización.
Por otro lado, este capitalismo global se articula al Estado-Nación en la medida
en que los Estados-Naciones realizan intercambios de soberano a soberano, sin separarse
de la dinámica explotador-explotado, colonizador-colonizado y que esta vez ya la figura
de colonizador no la encarna un Estado-Nación sino las empresas globales (Žižek, 1997)
a través de servicios corporativos con buenas ofertas de endeudamiento. Los Estados-
Nación podrían volverse obstáculos para el libre tránsito del mercado global (Hard y
Negri, 2002), que al menos al día de hoy circulan con mayor facilidad gracias a las nuevas
tecnologías desvaneciendo las fronteras entre los Estados-Naciones. Nuevas tecnologías
las mismas que han sido insertadas desde el mismo proceso de mercado, desvirtuando
toda marca de frontera comunicacional como característica principal de la
posmodernidad. La importancia de las organizaciones toma fuerza con sus respectivos
estamentos en comunicación, además de las oleadas de preferencia en el marketing y
mejoras comunicativas (comunicación efectiva, etc.), son de sustrato estrictamente
posmoderno y síntoma del capital global, como forma de meta-relato, caracterizado con
las exigencias políticas del mercado global de “eficiencia y eficacia”. La organización
síntoma del capitalismo global, es una de las máximas expresiones de la globalización y
también es en donde se desenvuelven los teóricos, ingenieros y científicos sociales que

15
actúan en consonancia, a veces sin saberlo y a veces criticándolo, sometidos al mercado
con las condiciones políticas y sociales inherentes a éste.
Los ideales que acompañan al capitalismo global, como buenos estrategas del
mercado, del estudio de las sociedades y su respectiva ingeniería social a cargo de
científicos sociales, luego del fortalecimiento de la organización, es la farsa del
multiculturalismo. Esto en detrimento a lo que se dice sería un “respeto” por la alteridad,
sobre “lo nativo”, hacia lo cual los estudiosos de la ingeniería y normativa social, ven con
distancias gracias a una posición global privilegiada, eurocéntrica por ejemplo: el
multiculturalismo es un racismo invertido (Žižek, 1997). La posición de superioridad
que supondría cualquier intervención social, es la misma que detenta el mercado global
a la hora de circular desde cualquier organización y sus concernientes estrategias de
marketing. Veamos también que lo que se ha hecho síntoma a la vez, a través del
multiculturalismo y sus defensores, son los fundamentalismos identitarios que luchan
para preservar la esencia de su identidad (Žižek, 2009), de esta manera encontramos
otro frente para la lucha de razas y las fobias hacia el otro. Cabe recalcar que el exceso
de ignorancia de los académicos, pensadores, multiculturalistas o científicos sociales,
sobre sus aportaciones movidas por el mercado global en maridaje con la academia y
organizaciones bajo sus propios ideales y consignas, y que coadyuven a los
fundamentalismos, a los racismos invertidos, afiancen las desigualdades, etc., no los
exenta de responsabilidad alguna. Agregando que sí hay quienes inescrupulosamente a
sabiendas de los efectos que podrían contraer sus labores, trabajan bajo el discurso Amo,
lo que sería un agravante para el tema que aquí estamos tratando, más bien reforzando
los discursos hegemónicos desde los distintos dispositivos sociales sobre los “débiles”
nativos, cuya “identidad” hay que respetar en la figura de “lo políticamente correcto”,
reformas de las leyes, ayuda social. Lo que deriva, siguiendo la idea de Appadurai (1996),
en una confrontación entre nación y Estado.
En lo que se refiere a Jameson y su re encuadre sobre la globalización, es esa
permeabilización del capital hacia todos los sitios, trasponiendo prioridades dentro de
las culturas, modificando su capital cultural (utilizando la construcción de Bourdieu), y
que dicho triunfo se debe a que por naturaleza somos consumidores mientras seamos
individuos que quieran formar parte de grupos. Los mercados reconocen esto y se
introducen en todos los discursos apuntando a las necesidades que no son las básicas o
las trascendentales, sino las ontológicas.
¿Cómo entonces no pensar que los discursos que se forjan desde la
posmodernidad no van en dirección a una suerte de alienación subjetiva que deviene
sometimiento a través del control, por medio de estrategias de seducción, motivación y
engaño? Por ejemplo, vender la idea que el saber se adquiere en las universidades

16
adjudicando títulos o que algunas necesidades científicas son en pos de la ciencia con
aval ético, cuando son las corporaciones, las organizaciones y las entidades de control
social las que están detrás de estas mentiras, elaborando las currículas en función de
preservar el estatus global de un mercado.
La ciencia podría ser un tentáculo más de los sistemas de manipulación y control,
así como “las ciencias sociales son muy frecuentemente utilizadas como instrumento de
dominación” (Bourdieu, 1997, p. 80). La asunción de las nuevas tecnologías es vista
como una forma de libertad de expresión y como medio democrático de primer nivel, sin
embargo, no está demás considerar en cómo esta tendencia tecnológica afectaría al lazo
social en la medida que la hiperconectividad, estar conectado con todos en apariencia,
es contrariamente una expresión muy alta de la soledad subjetiva. Por otro lado, también
es importante emprender la crítica que se dirige a pensar que los ideales máximos de la
libertad de expresión y nuevas formas de democracia se cumplirían con el ascenso de las
tecnologías, alimentado esto con el volcamiento de los medios de comunicación
tradicionales hacia las redes informáticas con su respectiva promoción y garantía, es
solamente para un sector poblacional determinado. Podemos hablar de una realidad
ficticia sostenida por el gadget que afecta directamente a las subjetividades creando
torres de babel con ideales de democracia, información y libertad de expresión, mientras
lo político y económico se da y se transa en otros espacios y por otros actores5.
Saben los científicos sociales e ingenieros del marketing que trabajan bajo la
modalidad de la ciencia engranada al mercado, que las sociedades funcionan mejor
seducidas por el ideal de la motivación, que bajo la punición. Esta perspectiva es
enteramente de mercado. “Ánimo”, “tú puedes”, “Just do it”, “sobrepasa los límites”, “el
proyecto de vida”, “vive sano, vive bien”, el ideal de la felicidad, etc., son eslóganes que
bien pueden utilizarse en el discurso universitario, en un comercial de Nike o de tarjeta
de crédito. No deja de ser un tipo de disciplinamiento y normatividad desde un discurso
Amo, que mejor convendría para mantener cierto control de masas, el movimiento de
divisas (de consumo) y un potencial colonizador ideológico. El sujeto neoliberal funciona
mejor y acepta esta condición de mercado, que bajo sistemas represivos (Byung-Chul
Han, 2012). Se establecen condiciones de aparente libertad (libertad de adquisición),
con ciertas flexibilidades, todas bajo un bombardeo motivacional que le son seductores
al sujeto, pero que perpetúan una muy evolucionada forma de explotación. Es el sujeto
que Byung-Chul Han (2012) llama de rendimiento y que en su existencia es el único
responsable de su empresa, de su estudio, como grado máximo de realización vital. Es
el alcance de la última potencia del mercado global: independiente, auto-realizado, auto-
gestionado, el producto del coaching. Y que, en su fracaso al no cumplir con las

5
Digo “realidad ficticia”, pensando en que haya una que no lo sea.

17
exigencias motivacionales, en el esfuerzo de estar inserto es este programa nefasto y
malévolo, deviene depresión, cansancio, compulsión, adicciones o lo que se conoce como
workaholic, todo esto para alcanzar los logros, las metas que impulsan las organizaciones
como efectos posmodernos producto del capital global.

18
Globalización, ¿corriente de identificación?

En una publicación de la Complutense de Madrid, Álvarez Benavides (2005) se


enfoca en Bourdieu para resaltar que la globalización menoscaba aspectos culturales y
democráticos en las sociedades, no a través de una homogeneización –también a partir
de la tecnología-, sino de imposiciones políticas por un mercado dominante, siendo éste
el estadounidense. De esa manera sería una extensión, una especie de tentáculo
económico, político y cultural. Para algunos autores –eurocéntricos en su mayoría– el
fenómeno “globalización” significaría a grosso modo una estodounidización del mundo.
Para Castells (2005) en cambio, sociólogo español, pensar en una
“americanización”6 del mundo no sería correcto. Habla de esto en concreto, haciendo
hincapié en que se teme a una homogeneización cultural y aludiendo que el sentido
identitario de alguna manera se ha acabado. Todo esto nos lleva a hacer un
cuestionamiento que en principio puede ser visto como ingenuo y es ¿por qué sería tan
importante la llamada identidad o la conocida cohesión social? ¿Para que la maquinaria
social funcione? ¿Funcione mejor? ¿Para respetar la memoria histórica de una nación o
población? Las respuestas a esta pregunta apuntan a la política y a estrategias de control,
para lo que es necesario establecer semblantes que impliquen aglutinamientos como
soportes de los gobiernos. Aunque Castells considere al individualismo una forma de
identidad, la identidad en un sentido general para este autor es:

Una reconstrucción del sentido de la vida de las personas en el momento en que


lo que tenían como forma de agregación, de organización –que
fundamentalmente en la Edad Moderna era el Estado- se pierde. El mercado no
es suficiente para dar sentido. El Estado pasa a ser en cierto modo agente de la
globalización y no de una colectividad particular, y la reacción es la construcción
alternativa del sentido a partir de la identidad. (2005, p. 16)

En Psicología de las Masas y Análisis del Yo, Sigmund Freud (1920) estudia la
identificación lo que para la sociología y la psicología social podría ser la “cohesión
social”. Estudia la identificación a partir de dos grandes grupos: La Iglesia y el Ejército.
El ideal de yo del sujeto pasa a convertir al Otro en su ideal.

Es evidente que el soldado convierte a su superior, o sea en último análisis, al jefe


del ejército, en su ideal; mientras que, por otro lado, se identifica con sus iguales

6
Aunque él lo diga mal, ya que seguramente debe estar hablando de una “norteamericanización” del
mundo”.

19
y deduce de esta comunidad del yo las obligaciones de la camaradería, o sea el
auxilio recíproco y la comunidad de bienes. (Freud, 1920, p. 2603)

Freud (1920) sostendrá que en ese Otro7, cualquier caudillo donde estaría
encarnado el padre (de la horda primitiva) o líder carismático en palabras de Weber, la
masa depositará el querer ser dominada por un poder sin limitaciones.
Castells (2005), insistiría en que la globalización es un proceso que implica que
los problemas sean ahora una cuestión global y no como el desarrollo económico que
surge a partir de los racionalismos liberal y económico, dándole estatuto de ideología.
Dirá que lo concerniente a los problemas del mundo, toca a todos los Estados, planteando
al “ciudadano del mundo”, señalando así una crisis de identidad nacional (entendida
como Estado-nación). Sostendrá también que la globalización no es una ideología sino
“un proceso <objetivo> de estructuración del conjunto de la economía, sociedades,
instituciones y culturas” (Castells, 2005, p.12).
Es de obligación epistemológica criticarle a Castells su insistencia en dar valor a
sus tesis con datos estadísticos, a lo que le llama alegremente: verificación empírica.
Igualmente es criticable hablar de la globalización como algo objetivo, cuando en su
diversidad, multicausalidad, complejidad y discursividad, se vuelve líquida, más que algo
concreto y medible.
Castells (2005) dice que lo más fácil es recordar que la globalización no es una
ideología, pero eso es para él. ¿Qué tal para las corporaciones? ¿La globalización no es
una lucha interminable por adentrarse en lo más íntimo del sujeto, tomarlo, ofrecerle la
promesa de la felicidad a costa de su dinero-trabajo-tiempo? El corporativismo vende
ideales a través de imperativos amigables a costos existenciales menores, que los que
vende la religión o el Estado. El mercado es un aglutinador social a través del objeto de
consumo, proyecto que lleva a cabo a través de la tecnología, por ejemplo.
En Stavrakakis (2007) encontramos que el sujeto lacaniano es imprescindible
para salir de cualquier lógica empirista y simplista, y para tener una mejor concepción
del sujeto socio-político. No puede ser pasado por alto el sujeto descubierto por Freud y
luego trabajado por Lacan, el sujeto del inconsciente: uno que está en falta por
constitución subjetiva. La identidad es una búsqueda del sujeto para completarse y está
condenado a esa búsqueda; por lo tanto, la identidad en sí misma es una imposibilidad
o solo es posible como una identidad fracasada lo que devendría en una identificación
(Stavrakakis, 2007). La identificación:

7
“Otro” (gran otro) ya una concepción lacaniana de orden simbólico, es decir, del lenguaje.

20
Es un proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una
propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el
modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie
de identificaciones. (Laplanche y Pontalis, p. 184)

Continuando con Stavrakakis (2007), que sea imposible llegar a construir la


identidad es lo que hace posible que se lleve a cabo la identificación, que no solamente
es lograda a través de la ideología, sino por los objetos que son construidos socialmente;
como las construcciones históricas-ficcionales o como la proliferación de objetos de
consumo. A lo anterior se declara importante resaltar que los “fundamentalismos
identitarios” que desde una teoría parcial habla Castells (2005), son el reverso extremo
de las identificaciones que se logran a partir de la globalización. ¿A cuál le tememos más?

21
Algunos apuntes sobre Pierre Bourdieu para llegar a una sociología
reflexiva

No pretendo hacer una revisión exhaustiva de la obra de Bourdieu o que intente


posicionarse desde un banco de experticia, ni mucho menos desde el lugar de un
interpretador bourdieusiano. Se trata de una austera reflexión sobre una de las
construcciones más ambiguas y complejas del sociólogo francés para abordar los
<<fenómenos>> sociales que hasta ese entonces interesaban a la sociología, entre éstas:
el capital simbólico.
Desde mi postura es inexorable no leer esta construcción, la del capital simbólico,
a partir dos vertientes importantes dentro de los cánones de la filosofía y ciencias
humanas: Marx y Lacan. A primera vista, Marx obviamente por capital y Lacan por
simbólico. Sin embargo podría incurrir en el error si no hiciera la siguiente observación:
Bourdieu utiliza el significante capital, pero llevándolo a su deconstrucción para hacer
una lectura de éste desde la teoría de campo8, así como otros conceptos provenientes de
la economía: mercado, producción, beneficios, plusvalía (Fernández, 2012), rompiendo
con el economicismo marxista (von Sprecher, 2007) que ahogaba ya a la sociología; sin
embargo el uso de capital, para capital simbólico, valió para desarrollar el estudio las
luchas entre dominantes y dominados:

“la existencia de las clases, cada uno lo sabe por experiencia, es una coyuntura de
luchas. Y ese hecho constituya sin duda el obstáculo mayor para un conocimiento
científico del mundo social y para la resolución (porque hay una…) del problema
de las clases sociales”. (Bourdieu, 2008, p. 37)

El concepto de campo es originario de la física y, no obstante, cabe señalar su


vertiente abstracta y matematizada, lo que al extraer ese recurso pensado desde las físicas
y matemáticas podríamos remarcarlo como un utensilio científico por antonomasia; una
suerte de mathesis vista y aprovechada para el sostenimiento de un discurso. No habría
por qué caer –nuevamente– en el error de pensar en un abordaje dual de lo objetivo y
subjetivo o ceder a la tentación del empirismo, cuando al considerar “capital” en general
a partir de campo, llevaría ya consigo una fuerte carga significante para argumentar la
tesis de capital simbólico.
El campo es concebido como espacio (social) (von Sprecher (Coord.), 2007), lo
que irremediablemente le hace tener una condición topológica, no trabajada en

8
En Kurt Lewin se halla la “Teoría del Campo”.

22
Bourdieu, pero sustentada con la hipótesis de que espacio social supone un campo que
sería un área de orden imaginario (social), lingüístico/discursivo entre “dominantes y
dominados, y la dominación se define en relación al capital en juego” (von Sprecher,
2007, p. 49); en tales relaciones sociales podría observarse el concepto los faits sociaux
de Durkheim, con sus respectivas críticas de plantear la observación de lo objetivo a
partir de intangibilidades. La noción de campo se presta para dejar de ser la ya gastada
perorata de la objetivación de las ciencias sociales, para convertirse en un discurso para
el análisis de las fuerzas de la sociedad, la lucha de clases y luchas de discursos:

Construir el espacio social, esa realidad invisible que no se puede mostrar ni tocar
con los dedos y que organiza las prácticas y las representaciones de los agentes,
es darse de un solo golpe la posibilidad de construir clases teóricas tan
homogéneas como posibles desde el punto de vista de los dos determinantes
mayores de las prácticas y de todas las propiedades que de allí se derivan.
(Bourdieu, 2008, p. 34)

Por otro lado, lo simbólico da pistas para pensar a Bourdieu en relación a Lacan
y a este respecto se puede referir que Bourdieu no habla de Lacan y si lo hiciera sería de
forma distorsionada, pero reconocía su importancia intelectual (Steinmetz, 2006).
Bourdieu justifica el no reconocimiento de Lacan en su obra Homo Academicus por no
encontrarse, Lacan, dentro del espacio universitario (Steinmetz, 2006), e hizo bien en
considerarlo así.
Para Bourdieu Homo Academicus es un trabajo en el sentido psicoanalítico para
referirse a la brutal objetivación para el estudio del sujeto desde las ciencias (Bourdieu y
Wacquant, 2008). A todo esto, hay cierta confianza de Bourdieu hacia Lacan y es
importante reconocer que Lacan da las pautas para comprender los dos conceptos más
complejos en la obra de Bourdieu: el ya mencionado capital simbólico y el habitus
(Steinmetz, 2006).
En Lacan lo simbólico hace referencia al lenguaje, al significante y significado, el
cual el primero produce el campo de los segundos; igualmente utilizamos la categoría de
campo para referirnos a lo simbólico. En Stavrakakis (2007) se menciona la utilización
de significante que hace Bourdieu para definir las significaciones de grupo y que en Lacan
puede ser leído como la ley del lenguaje, en Bourdieu como poder simbólico.
Veamos entonces que Bourdieu hace una separación importante sobre los
empirismos sociológicos y las prácticas de “lo objetivo”, y se traslada al concepto de
campo, que me atrevería a decir noción de lenguaje/significante, lo que significaría un
importante aporte epistemológico. El mismo que nos llevaría a rescatar a la sociología
de los aspectos fenomenológicos y etnometodológicos para sostener un retorno reflexivo,

23
alejándose así de una herencia weberiana que implicaba una distancia entre etnógrafo y
nativo, para convertirse en una suerte de analista9 del objeto a “estudiar” con sus
necesidades inconscientes básicas epistemológicamente resueltas (Bourdieu y
Wacquant, 2008).

Para Bourdieu, la reflexividad es precisamente aquello que nos permite escapar


de dichos engaños, al descubrir lo social en el corazón del individuo, lo
impersonal por debajo de lo íntimo, lo universal enterrado profundamente dentro
de lo más particular. (Bourdieu y Wacquant, 2008, p. 73)

Las corrientes de pensamiento que influyen a Bourdieu son varias, el francés lo


toma todo y no solamente iza velas para agarrarlas, sino que las enrumba y las disuelve.
Aunque se vea que “el agente social de Bourdieu carece de la pulsión creativa del actor
social de Weber y se aproxima mucho más a la concepción durkheimiana del sujeto”
(Fernández, 2012, p. 54) y que se diga que haya más de Durkheim en Bourdieu que
Weber, hay quienes consideran (Fernández, 2012) que Bourdieu es más una ampliación
analítica de Weber, que de Durkneim. Es pertinente entonces apuntar a decir que
Bourdieu atribuye a los conceptos weberianos que apelan a la subjetividad, su
construcción de capital simbólico.

9
Psicoanalista.

24
Más allá de la división del trabajo social de Durkheim y de otros
reduccionismos

Sobre la visión de un temprano Emilie Durkheim se edifica un pilar fundamental


de la Sociología que servirá como base para sostenerla posteriormente como una
disciplina científica, además que de la obra que se menciona en las siguientes líneas se
determinará el enfoque sociológico durkheimiano, palpable en el estudio a lo largo y
ancho de su obra. Para Durkheim la sociedad empieza a percibirse, a “objetivizarse”,
cuando aparecen determinadas conductas colectivas –faits sociaux– en calidad de
fenómenos, pero haciendo una hipóstasis de la sociedad (T. W. Adorno, 1968) como un
algo espiritual, como lo que no es aprehensible por los sentidos, sin embargo otorgándole
un carácter de realidad y dando a la sociología el estatuto de cosificadora de la sociedad
por estar sometida –la sociedad–, a leyes como índices externos y que en eso se trama lo
social. Para Adorno (1968) es criticable también tomar la sociedad desde una posición
cosificada y dar esto por sentado para la construcción de todo un corpus sociológico y
que más bien deberíamos ir por el buen camino de concebir la sociedad como un
concepto que implica la relación entre seres humanos, aquella relación que Durkheim
toma como un aspecto secundario ya que no es medible y por lo tanto un irrelevante
aporte para el estudio científico, lo que sería ya un reduccionismo.
Durkheim divide la vida social en la similitud de conciencias representada por
una sociedad primitiva cuya solidaridad se lleva a cabo a través de representaciones,
llamada solidaridad mecánica producto del sometimiento a leyes, lo cual es observable
positivamente. Por otro lado, está la división del trabajo social provocadora de una
solidaridad orgánica, donde se arraiga la interdependencia entre los individuos
sometidos a la vez por reglas jurídicas o formas contractuales.
El sociólogo norteamericano Robert K. Merton realiza una crítica aguda a
Durkeim en el artículo La División del trabajo Social de Durkheim, intentando hacer una
revisión epistemológica e indicando las que a su criterio, son inconsistencias en el tratado
de uno de los padres de la Sociología, develando, Merton –quizá en forma de lapsus–, la
limitación que tuvo al estudiar la obra en el idioma original, teniendo que esperar 40
años hasta su traducción al inglés. Increpa a Durkheim que no pueda sustraer de sus
concepciones de formulaciones contractuales que determinan la relación social, una
modificación apropiada que produzca fenómenos sociales concretos. Sabemos que
Durkheim va contra todo individualismo y es con la misma teoría de la división del
trabajo social que se explicarían los fenómenos subjetivos en los que individualmente no
se entromete, a lo que Merton también alude pensando en que existen además otras

25
variables sociales en sí, como el honor, por ejemplo, que permiten el comportamiento
social, la cohesión y otros tipos de solidaridad, fuera de la orgánica o la mecánica. La
crítica de Merton por lo tanto está basada en que Durkkeim haya pasado por alto ciertas
variables que condicionarían también la vida social, sin embargo, éste tampoco
abandona la visión positivista además de utilizar el mismo método durkheimiano para
comprender la sociedad a través de componentes intangibles, pero que a la vez permite
fenómenos observables -“cosificables” desde la crítica de Adorno antes mencionada- y
que igualmente tampoco consiste una oposición sustancial de modelos teóricos así como
ocurre en la sociología en general, ya que en el paradigma metodológico de la ciencia
moderna, de llevar a experimentación, la recolección y medición datos, y observación de
fenómenos que se creen son objetivos, algo siempre falta y que será rellenado y
legitimado por medio de hipótesis ad hoc.
Para Lakatos (1974) ninguna teoría científica tiene validez desde algo
comprobable, a lo sumo se puede constatar su falsedad (p. 344): “las instancias
confirmadoras no tienen valor epistémico alguno”. Así Lakatos no comulga con el
modelo falsasionista popperiano del rechazo y refutación de otras teorías, a partir de
eventos objetivables:

¿Pero cuándo debería una teoría en particular, o todo un programa de


investigación ser refutado? Yo declaro, solo si hay otro mejor que lo reemplace.
(Lakatos, 1974, p. 350)

Los señalamientos de Merton a Durkheim, no llegan a la categoría de “reemplazo”


de teoría, más bien se alimenta de ella para incorporar nuevas hipótesis, como pasa en la
mayoría de ocasiones entre teóricos de la ciencias sociales y que sin haber
desmerecimiento en cada uno de sus postulados, es en el contraste de los modelos
teóricos donde pueden superarse, dependiendo de los recursos que se empleen y no
llegar solamente a la crucifixión de teorías a través de recursos metódicos y lógicamente
erróneos y en palabras de Merton, unilaterales, o solamente condicionados a la
experimentación.

26
En defensa de la Teoría del Conflicto de Ralf Dahrendorf

Empecemos por pasar revista a la denominación que le ha sido otorgada a la


teoría de Dahrendorf catalogándola como eclética, por presuntamente atribuir a su obra
una selección de los postulados más importantes del marxismo y del estructural-
funcionalismo (Duek, 2010). Sin embargo, bien se puede sostener que se trata de una
operación lógica dialéctica que produce una teoría a partir de dos tesis expuestas o que
por condiciones de época y su cercanía con la filosofía y no solamente con la sociología,
dio pie para la construcción de sus conceptos.
Entrar al debate con un autor, de la rama que sea, implica un trabajo harto
minucioso, de arqueólogo, ya que al criticarle es poco más que posible pasar por alto
sendas variantes que conciernen a sus producciones: vida, contexto, deslices, estudios,
relaciones académicas etc. Dahrendorf, alemán que circula en una época de posguerra,
elabora la concepción de conflicto atribuyéndole a ésta el carácter de violencia que existe
en las relaciones humanas. Planteemos que esta relación de conflicto en el entramado
social, una relación entre grupos dominantes y otros dominados, es superior a la relación
de la construcción ideológica de burguesía y clase obrera. Para intentar acabar de una
vez por todas con la visión marxista economicista de la sociedad, se llega a concluir que
el poder no proviene de la propiedad, sino al revés (Duek, 2010). No es muy arbitrario
pensar que un fresco nazismo es suficiente para reflexionar que la lucha entre clases
sociales no se define solamente en lo económico.
Duek (2010) argumenta que la visión “economicista” de la teoría marxista va
mucho más allá, que implican también la intervención en criterios políticos e ideológicos
citando a Poulantzas para sostener su tesis, uno de los principales intelectuales del
comunismo del siglo XX. Es en este punto que podemos argüir que según Duek, el
marxismo no es solamente una teoría de clases lineal o por decirlo mejor, para un mejor
entendimiento de la dinámica social en relación al poder, sino que es también una
doctrina ideológica. Por ese lado, entonces sí, supera a la teoría del conflicto
dahrendorfiana en tanto que el marxismo pasa de ser una teoría, una doctrina que
persigue un fin determinado: a estar por supuesto en una posición de dominación.
Dahrendorf apuesta a un punto importante y es a la singularización de “la clase
social”, es decir, que para la lucha de clases no hay una sola entelequia imaginaria de
adversario, sino que hay varios rasgos distintivos para la separación y la implicación de
conflicto. De esta manera le da un estatuto de singular, con lo que, el concepto de clase
se ajustaría a cualquier contexto en cuanto a relación de poder.

27
“La clase”, ese concepto unificador universal marxista con rasgos ideológicos y
sustrato económico que persigue el poder político, bien como ya lo mencionamos, puede
reducirse a un mero artefacto ideológico-político. Lo que la teoría del conflicto alude es
al antagonismo entre los grupos sociales, manifestando su particularidad según sus
intereses, en que existen unos que se encuentran en el campo de la dominación y otros
en el dominio. Por lo tanto, no es igual a lo que la doctora Duek replica en que dicha
superación dahrendorfiana a la teoría marxista solo consiste en el cambio de palabras
entre “explotación”, por la de “dominación” (2010), porque la distancia que hay entre
estos dos conceptos puede ser mayor si considerásemos que entre éstos existe la variable
económica que antecede al primero y de relación de poder que caracteriza al segundo.
Esto no quiere decir que se esté desmereciendo alguna de las dos categorías, pero no se
debe incurrir en la permutación de palabras o hacerlas sinónimas si desconocemos por
ejemplo las posibles lógicas que les implican; la dialéctica amo y esclavo, es un caso.
A simple vista con el estudio de la explotación podría creerse que es el amo el que
domina al esclavo, pero si observamos que el esclavo es el ideal del amo, el que le aporta
el estatuto amo y solo así puede convertirse en uno, el amo está esclavizado lo más que
le sea posible al esclavo y no de esto siendo el esclavo completamente inconsciente
(Lacan, 1968-1969).
Sobre la perspectiva anterior podemos abordar de mejor manera el concepto de
dominación, que no solo debe ser tomado al nivel reducido materialista, sino que hay
que ser cuidadosos y concebir los aspectos simbólicos e imaginarios que implican
organización, identificación, agrupaciones como bien propondría Dahrendorf, y que solo
son visibles según Duek (2010) dos posiciones: mando y carencia de mando. A Duek
(2010) le preocupa la visión particularista de Dahrendorf aduciendo que soslaya el
conjunto. Cuando en concreto si llevamos la visión dahrendorfiana a algo más universal,
es simple, hay dominantes y hay dominados, y en esa dinámica se lleva a cabo la acción
social, en conflicto. Siendo el conflicto una constante de la sociedad ¿Y cuándo se ha
visto una sociedad completamente apolínea libre de conflicto? Dahrendorf apela a la
cuestión del interés de los grupos que deviene conflicto entre éstos, siendo éste el
componente subjetivo al que por ejemplo el marxismo u otras teorías pasan por alto
escribiendo así su fracaso. “Interés”, categoría que comulga con las postulaciones
freudianas para la identificación de grupos.
Adorno (2006) diría que es inofensiva la teoría del conflicto de Dahrendorf y de
Coser, pero parte indicando que esos antagonismos (desde una visión patológica del
conflicto) pueden resolverse saliendo del mismo conflicto. Sin embargo, ese no sería el
problema mayor según Adorno (2006) sino la hipóstasis de la teoría, atinándole también
a que no se toma en cuenta el sufrimiento que hay detrás de cada conflicto.

28
Dahrendorf realiza una demarcación en cuanto la relación entre dominación de
clases haciendo el señalamiento del interés, por ejemplo, pero no ahonda en él
pareciendo obvio por tratarse de un tema de estudio profundo de otras disciplinas;
siendo “el interés” algo de índole subjetivo. De la misma manera podemos advertir sobre
el sufrimiento y lo ya mencionado desde Lacan con la lectura que hace de la dialéctica
del amo y el esclavo de Hegel. Agreguemos que Duek (2010) toma la referencia de
Adorno, pero no contextualiza.
El conflicto en sí para Dahrendorf es una constante en la trama social. No hay
resolución, sino tensión. Así se concibe lo político de Schmitt (2009) en el juego de
tensiones entre el amigo y enemigo, cuya relación de lo político culminaría con los
belicismos. Pero para que lo político pueda estar vigente, son necesarias estas dos
instancias de tensión.
No es fácil detectar el componente ideológico que se toman los trabajos de los
teóricos contemporáneos. Pero bastaría solamente en dar cuenta de cómo se ignoran
ciertas variantes que no siempre son concretas, para taparlas con la gastada letanía de
“lucha de clases” marxista y el empujón para las militancias. El aporte marxiano
importante para el pensamiento occidental es el concepto de lucha, que en Dahrendorf
no es pasado por alto. ¿Qué es sino la relación de grupo dominante y grupo dominado
una suerte de lucha?

29
Desigualdad social y lo que no queremos saber

Habría que suscribir a la idea dahrendorfiana que en su réplica a la teoría


marxista de lucha de clases argumenta que la división social no solo se sustenta en la
desigualdad económica, sino en un sinnúmero de subgrupos o cuasi-grupos que
comparten intereses entre sí (Duek, 2010). Sobre esta iniciativa solventamos la
argumentación de que las clases se pueden agrupar/dividir por razas, por razón
económica, por estatus, por género, por modas, por ideología, por amor al poder, por
religión, entre otros. Conviene hablar aquí de que una clase bien pasa a ser un grupo de
identificación y a la vez uno de exclusión sobre otro. Así mismo se van sucediendo dentro
de los grupos de identificación nuevas formas de exclusión a través de micro estrategias
de poder y burocracias mínimas a seguir para ser parte de dichos grupos.
Podríamos sostener que detrás de todo el entramado de
subyugación/sometimiento/explotación/dominación social se encuentra la cuestión del
poder, lo que nos hace dar un salto directamente al plano subjetivo de cada individuo en
relación a su subjetividad. En Enguita (1993) para entender cualquier forma de
desigualdad social, es importante el concepto de Weber de privilegio, en cuanto a las
posibilidades de poder hacer o poder desenvolverse dentro de la sociedad. Como
podemos observar se trata de un estatuto de “poder”, en relación a un <posibilidad de
hacer>. Etnia, sexo, raza, idioma, religión, nacionalidad, gustos e incluso hábitos de vida
son diferencias tanto particulares como generales, pero lo que marcaría una desigualdad
estaría relacionado con las pretensiones sobre la monopolización de ciertas posiciones
sociales, lo que se llama privilegio en Weber (Enguita, 1993), es decir, un fenómeno
subjetivo, más que social.
Partamos en que las desigualdades se establecen en la verticalidad y dinámica de
campos de dominio: quienes dominan y quienes son dominados. Lo dicho, se puede
observar en su máxima expresión desde las formas de gobierno 10, más que en los que
detentan propiedad y medios de producción: son los que detentan el poder. Así, el
Estado, lo que podríamos asumir como único salvador del vórtice de las desigualdades,
como entidad que acuña identidad, fomenta valores nacionales y asegura el bienestar
social, bien puede ser el máximo ente privilegiado o explotador de la maquinaria social.
La maquinaria disciplinaria del Estado –desde Foucault (2001) para hablar de la
biopolítica como forma tecnológica del poder– para no tener que lidiar directamente con
el sujeto, su cuerpo o la sociedad, se inventa lo que se conoce como población. Entonces
así, se aplicará sobre este artilugio de población, como objeto de estudio político y

10
Destacando la desigualdad más grande entre los que gobiernan, sobre los que son gobernados.

30
científico, desde marcadores de normalidad y anormalidad, estrategias globales de
disciplinamiento y preocupados por una suerte de bienestar social (el hacer vivir =
biopolítica) que al Estado le tiene que competer por historia. Entre estas características
tenemos, por ejemplo: la seguridad, lo que nos lleva a establecer al poder estatal dentro
de una categoría policial (Foucault, 2001).
Foucault en Defender la Sociedad (2001) hace una distinción entre mecanismos
disciplinarios del poder y mecanismos regularizadores del poder. Los primeros son
sobre el cuerpo y los segundos sobre la población; estos dos se encontrarían articulados.
¿De qué manera? En el estudio, por ejemplo, de la longevidad de una población, la
fecundidad, la nupcialidad, migración, demografía en general, todo esto a partir de
parámetros de normalidad y demás estándares, solventados por supuesto con sordos
estudios estadísticos. Lo que no es ajeno para Foucault, es decir, el establecimiento de
regulaciones en cuanto a la sexualidad (conociendo sus estudios sobre el poder y la
sexualidad), ya que sexualidad tiene relación directa con los fenómenos de población
(2001): “la norma es lo que puede aplicarse tanto a un cuerpo al que se quiere disciplinar
como a una población a la que se pretende regularizar” (p. 229).
Indiscutiblemente podemos observar sobre lo referenciado a partir de Foucault,
que de lo que se está tratando aquí es lo que se ha llamado hoy “Estado de Bienestar”,
que implica todas esas políticas públicas que llevarían al sujeto –a la población– a su
nivel máximo de desarrollo, salud, seguridad, etc. Lo que en su reverso genealógico
señalamos es que no se logra si no a través de mecanismos de regularización y
disciplinamiento, con formas policiales de dominio sobre la vida, la sexualidad, el
cuerpo, etc. Así en el famoso llamado Estado de Bienestar, donde muchos profesionales
se suman convencidos de proyectos políticos-sociales salúbricos y normalizadores con
avales dizque científicos, se ejercen formas de dominio y control sobre la población que
devendrían lo que Freud llamó en 1930 el Malestar en la Cultura, malestar en el sujeto
y que, dicho sea de paso, al que el psicoanálisis tendría la puerta abierta para escuchar.
Lo que asume el Estado de Bienestar, bien compagina con la promesa de la
felicidad regada por el capitalismo tardío y globalización con el ideal de felicidad. En
esta pugna entre Estado y Mercado, entre cuál de los dos garantiza la “felicidad” de la
población”, se forja una maquinaria de aparente bienestar entre la oferta de empleos y
demás bienestares, económico en teoría por parte estatal, para la adquisición de las
nuevas y caras mercancías básicas para alcanzar la felicidad y su homólogo el “éxito”.
Nuevas mercancías en el matrimonio Estado y globalización: salud, vivienda y educación.
Estos objetos de consumo tendrían a su vez un desglose variado de matices cubiertos de
vanidades, sin embargo, a lo que dirigiremos nuestra atención será en la relación que
existe entre:

31
Dominación -> Regulación -> Bienestar -> Felicidad -> Éxito

Base Promesa/oferta Exigencia/demanda

Sobre esto apuntar que lo que se conoce como “desigualdad social” toma otros
matices. Según lo anteriormente expuesto se sostiene que como base se encuentra el
campo de dominador-dominado que comprende a los grupos privilegiados de poder,
que determinan por medio de regulaciones basadas en estándares de normalidad,
ejecutadas a través de políticas públicas11, se oferta lo que se conoce como bienestar; que
en maridaje con un capitalismo global, se espera y demanda a la población (compuesta
principalmente por el conjunto de sujetos individuales), logre la felicidad y bienestar, no
sin su esfuerzo y trabajo para la adquisición de lo que el Estado ha permitido (salud y
educación, con todos los agregados del mercado global) en complicidad con los campos
de la ciencia, la medicina y la educación. Lo que podría ser reconocido también como la
popular organización social basada en un sistema de recompensas.
La organización social está estructurada a partir de estándares de bienestar,
felicidad, éxito y normalidad. Justificando esta sentencia con la existencia de cárceles y
manicomios, por ejemplo; lo que no anda es eyectado. En los estratos más bajos donde
no llegan las promesas de bienestar y las estadísticas no se atreven a entrar y el éxito es
inaccesible, se abren paso formas más oscuras de comercio y otras dinámicas de política
como la que Achille Mbembe (2011) opta por llamar Necropolítica, categoría
principalmente manifestada en sociedades postcoloniales.
Para Mbembe (2011) en lo postcolonial se halla un poder difuso y no
necesariamente estatal, en donde existe una economía de la muerte en cuanto a sus
relaciones de producción y poder. Mientras la biopolítica se encarga de la regularización
de la vida bajo lo científico lo demográfico y estadístico, la necropolítica por su parte sería
la reificación del cuerpo y su utilización como mercancía. Así lo ha reconocido también
Sayak Valencia en Capitalismo Gore (2010), en aquéllas prácticas que el común
denominador de los ciudadanos no sabe que existen, que se dan en una especie de infra-
sociedad, en lo lumpen para utilizar alaguna palabra de Marx, pero que sin embargo
aparecen todos los días en la crónica roja de los medios de comunicación, despertando
el horror de la sociedad inserta de la mecánica del bienestar del orden Estatal.
Lo que se cocina tras bastidores no se conoce en general, es lo gore; son los actos
más miserables de corrupción y alianzas entre estructuras orgánicas legales con las que

11
Decididas por diputados, senadores o asambleístas; promovidas por académicos; y ejecutadas
por científicos e ingenieros sociales y de la salud

32
no aparecen en los márgenes de la legitimidad social. Ante esto hay un mercado policial
de bienestar avalado por el Estado e instituciones, mientras que por debajo de la mesa se
corrompe gente, trafican y matan personas, entre otras clases de explotación que tienen
como fin primero la muerte a costa de poder, éxito, dinero… bienestar, que para el Estado
y Ciencias Sociales en general son estadísticas y fenómenos superficiales con
explicaciones ingenuas, para lo que se les adjudicarían nuevas políticas, leyes
prohibitivas y tratamientos (tratamientos costosos, es decir, beneficiados con esta forma
de necrocapitalismo) para paliar dichos males, cuando entre otras cosas, las Ciencias
Sociales o quienes estemos preocupados por las desigualdades, veamos que el problema
real son las diversas formas de terrorismos que se comercian en el lado oscuro del que
nadie habla y del que nadie, mucho menos los grupos más vulnerables, está exento de
sufrir o consumir.

33
Evaluar, empoderar, repetir

Hasta el día de hoy se ha desacreditado el valor de los investigadores sociales,


además que aún nos encontramos definiendo para qué sirven a la sociedad, a la
academia, al Estado o a sí mismos. ¿“Para sacar fotografías de las realidades sociales” ?,
sostienen algunos sociólogos o quizá, ¿para intervenir en la sociedad? ¿Para cambiarla?
Entre los saberes que facultan a un investigador social o de ciencias humanas, no
podemos descartar su adiestramiento para la evaluación y el diagnóstico.
Las evaluaciones pueden tener muchas aristas, es decir, cualquiera de nosotros
puede evaluar lo que se nos dé la gana, si es que nos lo proponemos ajustados, apretados
u holgados, a alguna metodología y teoría. Todo está sujeto a evaluación y si hubiera algo
que no, algún artilugio teórico se puede ajustar para evaluar. Con esto cabe recordar que
no son lo mismo las evaluaciones promovidas desde los dispositivos de poder, que las
que provienen, de lo que se podría llamar como “científicos sociales”. Se rescata el valor
o mejor dicho, la importancia de las “científicos sociales” para fines de gobernabilidad y
establishment, pero que sin embargo, en las regiones donde los vicios del poder se
encuentran desbordados, estas funciones de los investigadores son pormenorizadas y los
roles son asumidos por funcionarios públicos cualquiera con algún entrenamiento
mínimo de recolección de datos e información y que además tienen que cumplir con
agendas difusas de gobierno, dejando sin trabajo a los investigadores sociales de
profesión.
En el paradigma problema (psicológico, social, etc.) /solución, la evaluación
tendría también el lugar de evaluar cómo está evolucionando la solución, si es efectiva o
no, en términos en este caso, de la implementación de algún proyecto o programa social.
O sea, en este paradigma problemas/solución se adhiere inexorablemente el de
evaluación (Milner, 2004).
Para esto están los que sostienen que las evaluaciones en tanto participativas no
solo que otorgan a la sociedad o comunidades, un valor, significado de justicia y validez
del programa que se está implementado y evaluando, sino que implica un aprendizaje y
lo que se ha denominado “empoderamiento”, de la comunidad evaluada (Heras, Soler,
Úcar, 2014).
Sin embargo, siempre nos va a resultar agradable teorizar sobre las bondades de
la evaluación y hablar sobre los aprendizajes que recibe el evaluador proveniente de las
sociedades evaluadas, más allá de ser objeto de estudio, un objeto folclórico y
completamente ajeno a los ojos del investigador, delatando de esta manera la distancia
sempiterna que existe entre el que evalúa y el que es evaluado.

34
Pero el evaluador está ahí para cumplir con lo que se le ha pedido y cabe pensar
en el porqué: ¿Porque eso es lo único que sabe hacer? ¿No hay trabajo? ¿Tiene que ver
con la correspondencia saber-poder? ¿No encuentra otro oficio? Por más horizontalidad
que pensemos que exista entre el observador y el grupo estudiado, sabemos que al final
del día, ese aparente aplanamiento de poder en el lugar de investigación/evaluación, es
eso, solo aparente.
Quien trabaje con lo social, lo humano, lo psicológico, tiene por delante la
obligación, si no ética, al menos teórica, de revisar con paciencia de qué va lo que está
ejerciendo desde su discurso y para el bien de quién; por lo tanto, tiene que definir “bien”
y tiene que definir “quién”.
Se ha creído en términos políticos que la evaluación es sinónimo de democracia,
entendamos la evaluación como registros sumamente exhaustivos, que pueden tomar
mucho tiempo, largas horas, en fin, el reinado del tedio y la burocracia. Se ha creído
también y profundamente, en la validez científica de los procesos evaluativos debido a
que se toman las posturas teóricas desde la misma academia, sin el chance de hacer
digestión o alguna genealogía a la teoría, porque hay una agenda académica y un mercado
que espera. Entonces, con la validación a las metodologías aplicadas, “la ciencia” se usa
como nombre facultativo para estas prácticas y el evaluador sería algo así como un Amo
ilustrado.
Para Jean-Claude Milner (2004) la evaluación no es nada científico y agrego a
este comentario, que los evaluadores que tengan una formación epistemológica seria
deberían saberlo. Es decir, no porque haya números, registros, datos, la evaluación se
convertirá en científica. No es la matematización del discurso como lo hace Lacan o la
mathesis que defienden Foucault para el abordaje de las cuestiones humanas o
Agambem, para rebatir el fantasma de lo empírico en los discursos para establecerse
como científicos.
Lo que se ha dicho como evaluación participativa (Heras, Soler, Úcar, 2014)
intenta rescatar el ejercicio evaluativo, quizá con buena intención, remarcando que una
comunidad al involucrarse a una agenda de decisión política, política aplicada a ésta
misma comunidad, toma partido, “se empodera” y logra un conocimiento. Pudiera
tenerse una lectura positiva de esto, en el sentido de que sería una especie de
descentralización del poder estatal, otorgándole a la comunidad parte de poder y
responsabilidad. Pero sabemos que tal cosa como soberanía comunitaria no existe, ni
tampoco una comunidad “empoderada” sin los mismos vicios del poder, pero a menor
escala.
Para el sociólogo peruano Martín Tanaka el concepto de comunidad no existe,
porque no es posible hablar de intereses comunes (Penaglia Vasquez, 2012); hay luchas

35
internas, dinámicas de dominación y disputas por el poder. Se defenderá como
conclusión que no puede haber participación ciudadana sin una cuota poder. A la vez
planteamos varios cuestionamientos que irían por la siguiente vía: ¿si se otorga poder
desde una posición de poder, se lo haría en tal sentido que conlleve a perder dicha
condición de poder? Con lo que se quiere decir que el “empoderamiento” es limitado y
nada más sobre un segmento determinado, no pasa a mayores… las decisiones
importantes siempre las toman allá arriba y si grupos “empoderados” se oponen, quedará
el viejo truco de usar el recurso de la fuerza pública; ¿el empoderamiento implicaría
internamente micro dinámicas de poder, velar por intereses personales? El poder no
recae en el colectivo, sino en los líderes (Penaglia Vasquez, 2012).
Nos encontramos entonces con posturas contrapuestas en las que se sostienen
que el empoderamiento social está conformado por líderes que tienen sus propios
intereses ajenos al comunitario y el que dice, que el empoderamiento es la capacidad
organizativa de la comunidad para tomar sus propias decisiones para su desarrollo y
sostenimiento (Penaglia Vasquez, 2012); habría que ver por cuál nos inclinaríamos si
hubiera que tomar una.

36
El Estado como protector de la familia

Al hablar de trabajar en políticas para la familia, se puede pretender a que Estado


intervenga en las más íntimas esferas del ser humano. Por la tanto es necesario a partir
de aquí hacer el esfuerzo de pensar en clave de biopolítica, concepto de ese olvidado
Foucault en muchos papers de académicos de las ciencias sociales. Será con una
metodología minuciosa de reflexión que se pensará sobre el ideal de Estado gigante,
abarcador de los núcleos institucionales más pequeños de la sociedad.
Hemos sido testigos de que últimamente se discute el declive de la familia como
amenaza para el Estado, pensando en que las alternativas son la implementación de
políticas sobre la familia, cuando lo que se necesitarían son mejores políticas
económicas.
Para este ejercicio, el tema de la política comprende cierta densidad, que llegando
hasta su profundidad (la que al menos podemos sospechar), encontramos situaciones
que no son visibles para los académicos o científicos sociales que trabajan con la
tangibilidad imaginaria del dato y para tareas por encargo, corriendo detrás de cumplir
criterios de normalidad impuestos por macro dispositivos de poder, que se benefician de
ello. Hago referencia concretamente a la corrupción, entre otras maniobras truculentas
que se dan en la esfera política, que influyen en la precariedad de las instituciones
sociales que caracterizan a la sociedad.
Entonces, esto de hablar de políticas es la galletita que nos comemos, mientras lo
turbio que sucede por debajo de la mesa no es mencionado en absoluto, ni siquiera como
sospecha. Acá estamos discutiendo nomás las capas superficiales de la cebolla, que
sirven como hojas para escribir aparentemente sesudas producciones académicas.
Seguramente se prescinde de las bondades de la ética y curiosidad que brinda la
filosofía, cuando se es capaz de hablar del declive de la familia y sus procesos de
pauperización hoy, cuando existen familias monárquicas y en algunos casos formando
parte de la actividad política. Las mismas que tienen en su haber una gran fortuna
acumulada por siglos, y vaya saber quién qué porcentaje representa ello frente a la
riqueza total de las naciones que cobijan reyes y reinados ¿Será el modelo de familia del
que estamos detrás? Definitivamente no.
Al tratar el tema del futuro de la familia, de apostar que el Estado trabaje en
políticas sobre la familia, estamos hablando de la intromisión, o al menos del control, del
Estado sobre la decisión de cada sujeto de independizarse o no, bajo el consentimiento o
no de su familia; sobre la decisión de la mujer de ser madre o no, sobre la postergación
de su maternidad, etc. (Cabeza, 2010).

37
Es la postura disfrazada de luchas para implementar políticas que impliquen que
el Estado mejore las condiciones familiares, so pretexto que cambie políticas para que
las mujeres puedan trabajar y Estado cuide a sus hijos, pero reforzando y disuadiendo, a
fin de cuentas, a que se tengan hijos. Sin embargo, con todo un bagaje por detrás que
denuncia la perversidad patriarcal en la esfera laboral, desigualdad entre los sexos, etc.,
etc., pero el fin es el mismo, una suerte de conservadurismo disimulado en beneficio del
Estado.
Una cosa diferente a este menester perverso, es la persecución de lograr mejores
políticas económicas y laborales que permitan independencia, conformación de familias
y ma-paternidades… apuntando a la libre elección de los sujetos, evitando a toda costa la
intromisión del Estado en las vidas íntimas, avaladas con la academia, feminismos o
posturas seudo científicas.
En todo caso, podríamos estar confundidos con respecto a las nomenclaturas: no
son políticas familiares, sino laborales que afectan a la familia y a los individuos. No está
demás señalar, y además de prestar principal atención en la perversión implícita que
existe aquí, que lo que le importa al Estado es una familia que cultive hijos que funcionen
como activos, como objetos de uso y de cambio, para salvar la economía del Estado que
es fallido por antonomasia.
Por otra parte, hay que remarcar lo problemático de llegar a comprender que se
trata de políticas económicas. Planteemos la conclusión de que nos referimos a un
problema de economía de Estado, no de familia, ni de patriarcado, ni de desigualdades
de los sexos, etc., sin olvidarnos que políticas laborales siempre pesarían y se aplicarían
más a instituciones privadas que a las públicas. Las políticas laborales no solamente
afectarían a las familias, sino a otras instituciones sociales.
Ahora, las corrientes feministas son las que se han puesto en contra de quienes
se oponen a que el Estado intervenga en lo más íntimo de la familia (Esping-Andersen,
2004). Esto convierte al ideal de alcanzar políticas que generen un verdadero bienestar
(verdadero bienestar que es una utopía), en una serie de disensos, luchas ideológicas,
guerra de los sexos, acefalías de masa, etc., que se alejan enteramente del bien común.
Se presenta un gran problema cuando se feminizan los fenómenos sociales, al
decir, por ejemplo: que el grupo olvidado o vulnerado en cuanto a las políticas de Estado
sobre la familia (y laboral agregaría yo) son las mujeres. De esta manera reduciendo al
grupo multiparadigmático y complejo de la familia al género.
No pensamos en los hechos de discriminación positiva que puedan existir en las
esferas laborales, en los casos de que solo haya trabajos en los que se convocan a mujeres
y no a hombres. Denunciar esto, podría ser considerado como un abuso ya.

38
También hay que decir que existen labores que las mujeres no se atreven a ejercer:
se tratan de los oficios pesados y feos, esos que les corresponde a los hombres. Sobre
esto en cambio, se dice muy poco.
La cosa no radica en hablar de una división de trabajo por género, ni de plantear
todo en función de roles. Hay quizá preguntas sobre la masculinidad y feminidad que no
se alcanzan a contestar en las investigaciones universitarias o el paradigma del dato
estadístico es muy sonso para abordarlas.
Proponer que el Estado se encargue del cuidado de los hijos, estamos hablando
ya no de una institución cargada de leyes y que representa a una nación, sino de un padre.
Nuestros hijos se volverán entonces hijos del Estado. No es muy en vano pensar ahora
que esos huérfanos de padre y madre (porque trabajan, quieren hacer su vida, tienen
metas profesionales, son esclavos del Estado) son ahora un instrumento más, un objeto
en el que se ha invertido y posteriormente se espera retribución.
De aquí que hay que pensar que cada uno tiene que cumplir un trabajo. Atribuir,
a través del enfoque de género y academia, a la falta de políticas laborales que premien o
permitan la concepción de hijos, es ir en contra del deseo de los sujetos, de su vida íntima,
de su cuerpo, de su dinámica familiar, de su consenso en la división de tareas, etc. No
sabemos a qué modelo de familia estamos apuntando, pero hay una que se quiere
construir: una ausente. No existe sistema que tenga sus elementos haciendo una misma
función, lamentablemente así no funcionan las cosas. Ni todos ganan, por un lado, sin
perder por el otro.
Si se establece desde la academia, o algún dispositivo discursivo autoritario, una
postura determinante como decir que las políticas de trabajo están basadas en posturas
sexistas (Cabeza, 2003), como es una conclusión desde un podio seudocientífico,
obviamente tendrá repercusión entre su comunidad creyente.

39
Cuantitativo mayor que Cualitativo

Es problemático, pero he de suponer que no nos queda de otra, es decir, utilizar


métodos que cuantifiquen, numeralicen al ser humano para poder operar sobre éste de
manera colectiva y garantizarle algo que mal se le ha negado (el bienestar social) o se
niega a sí mismo a buscarlo. ¿Perdemos de vista al ser humano y lo pensamos como dato?
Vale decir entre líneas que la intervención social no es la misma en un hemisferio
que tuvo modernidad y en otro que no, evidenciado en los "problemas sociales" a los que
nos vemos volcados a "intervenir" y ¿a identificar?
Propongo que no es lo mismo llevar a la estadística un problema, que
matematizarlo. Me parece que podemos entrar en una confusión terrible para la
investigación científica, ya que lo uno, la estadística/el dato, tiene pensado que sus
formulaciones están asentadas sobre una base empírica, y el mathema/mathesis, en el
infinito/lo imposible, por ejemplo, no.
Es problemático también pensar que el interventor/investigador social pueda
despojarse de sus afectos más básicos gracias al método cuantitativo, si bien sabemos
que, de la ideología política, del narcisismo al que le dicen altruismo y aspectos
románticos que nos llevan a "la ayuda social", es muy difícil separarnos. Trabajar con lo
humano, no nos deshumaniza, al contrario, nos hace más humanos, pero invito a que
esto sea leído en el sentido de dinámicas de poder. Recordemos también que detrás de
todo proyecto hay quien esté interesado en resolver aquél problema social al que el
proyecto va dirigido, con intereses políticos, de poder, promesas de campaña, etc. De esa
manera, el problema establecido más allá de estar en la fenomenología de los estándares
de salud o los problemas definidos por una colectividad, son los mismos síntomas
sociales producto de un sistema social-político convenientemente corrupto.
Planteo alcances y límites de la cuantificación versus intereses políticos, sociales
y el ejercicio político como intervención social, con respecto al polémico y considerado
ilegal referéndum, que fue previsto el 1 de octubre del 2017 para la independencia de
Cataluña.
Se ha considerado como ilegal y se ha condenado todo tipo de apoyo a dicho
referéndum. Según las evidencias empíricas ¿cuántos catalanes consideran viable la
independencia? ¿Cuántos "independentistas" hay no confesos? ¿Por qué no ir por la
independencia catalana?
Datos cuantitativos de Muñoz & Tormos (Montserrat Clua i Fainé, 2014), revelan
que los motivos para llevar a cabo tal independencia son cuestiones económicas; siendo
en aquella época, 2012, año duro para España. También datos cuantitativos han

40
señalado el fuerte apoyo para la independencia por parte de la población catalana
(Montserrat Clua i Fainé, 2014) hasta convertirse hoy en un proyecto político.
El 9 de enero del año del 2017, El Confidencial anota que si en aquellos días se
hubiera celebrado el referéndum hubiera ganado el "SÍ" con el 42,3% a un "NO" del
41,9%, ante un 5,9% indeciso. Estos datos tomados a través de encuestas.
Lo que pongo en cuestión no es si Cataluña deba o no ser independiente. Hay
muchas variables e historias en juego que habría que estudiar para emitir algún criterio
más elaborado. Voy por el asunto del juego político, de la muestra de datos, de las
decisiones tomadas a partir de las muestras que ¿representan a toda la población? ¿En
sí un reflejo de la realidad social? o es otro de esos "aparecen esas estadísticas y a mí
nadie me ha consultado", tan común por parte de muchos ciudadanos.
Es preciso subrayar que son instrumentos de poder y disciplinamiento, digo: los
datos, las estadísticas... donde hay intereses en juego. ¿Vamos a ser parte de esa dinámica
o a deconstruirla?
Quisiera precisar que no se trata de "la descalificación" del método cuantitativo,
sino de una revisión epistemológica, reflexiva y crítica que desmonta incluso lo que
nosotros creemos saber acerca de la ciencia. Quizá en el apuro de la idea espontánea y
otras consideraciones me he expresado no tan prolijamente.
Si utilizamos los famosos métodos que estamos estudiando, entonces cualquier
cosa puede ser ciencia. En detrimento de los ojos del investigador, lo que sea que siga
una secuencia aparentemente lógica, en tanto numérica, estadística, de repetición, se
trata de ciencia. Así puedo decir: el sol sale todos los días, ¿eso es científico?
Peter Winch (2011), mi favorito en este tema, nos trae lo necesario para guiarnos
sobre este aspecto, al referir que la ciencia ¡y la natural! no se trata pues de predicción,
medición, mucho menos de control, cuando hablamos de la meteorología, sismología o
mareología (la ciencia de las mareas), por ejemplo. Como ven, son ciencias naturales y
duras, que utilizan métodos y ultra herramientas tecnológicas, matemáticas,
logarítmicas que deberían asegurar rigurosidad científica a la hora de predecir. Pero
como ven ustedes, estos fenómenos no se pueden predecir, ni controlar, ni dar
tratamiento; solo actuar a posteriori. Al igual que nuestro objeto de estudio, la sociedad.
La sociedad es objeto a moverse como terremoto o a revolverse como huracán.
Winch (2011) cita a J.S. Mill para decir que de lo que trata lo humano podría estar
en ese nivel de ciencia, como la mareología: por ser tan complejo e imprevisible a lo
mucho se pueden hacer generalizaciones estadísticas de los fenómenos sociales. Sus
variables son numerosas y diversas que, aunque se junten, nunca se repetirán o pasarán
por la misma línea. (Winch, 2011).

41
La matematización que critico es la de la matemática aplicada, no de la mathesis
en sí. Es decir, la cuantificación, no la operación lógica matemática para explicar lo que
se conoce como realidad, lo que bien hacen filósofos y matemáticos. Sino el paradigma
reduccionista del conteo.

42
Conversando nos entendemos

No hay realidades cuantitativas, ni realidades


cualitativas, o, si se prefiere, caracteres cuantitativos
o atributos cualitativos inherentes de los
objetos. No las hay, simplemente, porque no
existen objetos externos, preexistentes e independientes
del sujeto observador.
(Montañés, 2007, p.15)

Existe un debate sumamente complejo en el campo de las disciplinas que se


encargan de abordar las “fenomenologías” humanas y sociales. Dentro de estas
discusiones salen a la vista las batallas entre si la disciplina que detenta cada uno es
ciencia o no, es más eficaz/eficiente/efectiva o no, entre otras, sin primero haber definido
ampliamente la discusión de ¿Qué es ciencia? O ¿A cuál definición de ciencia se refieren?
Dentro de nuestras preocupaciones de estudio, en L/A (LA tachada) política, todo se
regirá en el marco de lo cuantitativo, por lo que desde ya hemos de advertir un fracaso
rotundo, nada nuevo, lo que ya venimos conociendo.
Sin embargo, podemos proponer que el debate entre lo denominado cuantitativo
y cualitativo –aunque los dos vienen cortados con las mismas tijeras– se tratarían de
problematizaciones desde viejos y estancados paradigmas provenientes de una
epistemología revisada sin seriedad, cuestionamientos personificados en profesionales
que se dicen científicos de la sociedad o psique, pero que no pasan de meros tecnócratas
al servicio de las institucionalidades o de un discurso Amo.
La tecnoburocracia y las urgencias institucionales, con el pragmatismo que les
caracterizan y sometidas a las demandas globales políticas, académicas o de mercado,
presionan para que cada vez más, lo concerniente a la producción de conocimiento, de
información o de abordajes de problemas sociales (decirlo así para anclarlo a nuestro
tema), pasan por alto o desacreditan aquello que requiera mayor profundidad, tiempo o
de alguna teoría compleja, como la del significante, por ejemplo.
En un escrito valioso y muy didáctico que lo encontramos dentro del campo que
se ha definido como “investigación social”, elaborado por Manuel Montañés Serrano 12
(2007) (de donde se tomó la cita para iniciar el presente comentario) se defiende y se
hace un esfuerzo por comprender de qué va el significante, además de las posibles

12 Docente e investigador de la Universidad Complutense de Madrid.

43
problematizaciones que podrían darse dentro de la elaboración de investigaciones
estadísticas, las que, para operacionalizar y elaborar datos, establecer variables, etc., se
trataría de un contaje obviamente, pero de un contaje de un cuento. Visto de esta
manera, lo aparentemente duro de lo cuantitativo se convierte en blandengue. Montañés
también señala que el significante remite al malentendido, aunque lo apunta de forma
polisémica, sin embargo, me atrevo a remarcar que también se trata de una cuestión de
sentido.
Al leer el Seminario XX de Jacques Lacan, encontramos en la página 11 de la
editorial Paidós una alusión a Bentham y la Teoría de las Ficciones y dice también que
“demuestra del lenguaje el valor de uso, o sea, el estatuto de útil” (2007). En cambio en
www.staferlla.free.fr se puede traducir la misma cita que el lenguaje “ha demostrado el
valor de instrumento, el valor de uso” (p. 4)13. No vamos a reparar esta vez en los errores
editoriales, sino a conjugar lo que en el psicoanálisis estudiamos, con la propuesta que
hace Montañés (2007) de que los seres humanos cuentan cuentos, estructuran una
ficción que tiene cualidad de “real” o al menos de utilidad.
Pero por mi parte me alejaría parcialmente de la postura de Montañés cuando
comulga con la teoría que dice que los seres humanos son de una naturaleza (porque no
existe nada menos natural que lo que concierne a lo humano), que tienden a auto
organizarse –regido por las posturas de Maturana y Varela– y saben que saben algo, a
diferencia con otras especies de seres vivos, que no saben nada de su existencia más que
a nivel semiótico.
Me parece pertinente señalar que los que trabajamos sobre lo humano y sus
idilios es precisamente porque no se sabe que se podría saber algo o en su defecto, no se
quiere o no se puede saber sobre ello por su calidad indescifrable, además que, nadie ha
adelantado que eso que posiblemente no se quiere saber, resulta así porque se trata de
algo ominoso.
Para actuar sobre esto es menester que el sujeto (o la sociedad si es esta el objeto
de estudio) no sepa, se presente como enfermo, como necesitado, en alguna demanda,
para que los “para quién” o “los para qué” que se toman para trabajar en este ámbito
cobren sentido. Es decir, para gobernar y resolver problemas sociales, se necesitarían
que los haya; para curar a un enfermo, es necesario que el enfermo exista; para enseñar,
el profesor procurará a un alumno ignorante. No nos desmarcamos de las posiciones de
poder.
Tiene mucho mérito entrar a subrayar la calidad de particularidades que existen
a la hora de abordar lo social o lo humano, lo que da pie a un sinnúmero de posibilidades,

13 Traducción personal.

44
causalidades y probabilidades inciertas. Pero también indican una imposibilidad de
aprehenderlo sin estrategias homogeneizantes y arbitrarias.
Planteemos la problemática que existen objetos de estudio que no se pueden
estudiar más que desde y a través de ellos mismos. Es decir, que el uso de cualquier
“herramienta” extranjera a lo social que está atravesado por el lenguaje, solo implicaría
un ajuste teórico de lo que se ha observado; quiere decir también que lo necesario para
poder abordarlos se encuentran en estos. No se necesitan de microscopios o tintes
reactivos, tal como se observan las células, sino el mismo e indeterminado lenguaje.
Tomando en cuenta lo planteado desde el significante que trae Montañés: tratar lo social
no desde un significante de autoridad que “manda” a investigar, resolver, intervenir, sino
con los significantes que el mismo sujeto habla. Es lo que Montañés denomina “procesos
conversacionales” (2007) para tomar distancias del dilema cuanti-cuali.
Recalco también la toma de distancia de considerar el significante como una
semiótica y replantear(nos) la concepción concerniente a “realidad” ―si es una
construcción, una acción, un decir, una invención, un objeto, un artilugio; se pretendería
una revisión exhaustiva de la mathesis de ésta―, es decir, desde dónde se conceptualiza,
porque a fin de cuentas siempre se está en busca de algo concreto y pensado desde el
sentido común, la intuición, el empirismo, la interacción y el mundo de las formas.

45
Investigación en Ciencias Sociales: disputa metodológica y crítica para
defender los disensos teóricos

La intención de esta intervención es de proponer que el disenso es necesario e


incluso sano para la investigación en ciencia. Para este ejercicio se ha tomado
principalmente un interesantísimo debate llevado a cabo en la Pompeu Fabra el 13 de
noviembre del 2009, en mesa redonda constituida por Rainer Bauböck, Donatella della
Porta, Ignacio Lago y moderada por Camil Ungureanu; y que llevaba por título “From
methodological ‘wars’ to methodological pluralism?” (¿De las “guerras” metodológicas
al pluralismo metodológico?) (Ungureanu, 2012).
No hay que huir al disenso, ni en materia de la política porque de eso mismo va
ésta, ni en materia de la ciencia. Las teorías científicas se han establecido de esa manera,
disintiendo y crucificándose unas con otras. Anhelar el consenso es al fin llegar a esa
construcción que les gusta a muchos llamada “zona de confort”. Pero me gustaría mejor
calificarla de autocomplaciente y que sería pernicioso para nuestros fines. Significa una
postura anti epistémica.
Los paradigmas que están en juego en este ámbito de discusión son el cuantitativo
y cualitativo, pensando también en una división de las filosofías entre la analítica y la
continental; de esta forma clasificando, categorizando y atribuyendo sentidos tanto a la
investigación científica como a la misma Filosofía. Cuando sobre este aspecto, podría
discrepar y decir que entre la Filosofía llamada analítica y la otra continental están las
mismas tijeras haciendo los cortes al pensamiento.
El problema general radica en concebir el mundo de una manera euclidiana: el
mundo de las formas, lo tangible; pensar que hay un afuera y un adentro, digamos, una
posición dualista; un objeto y un sujeto, el mundo externo y el interno. Es decir, esta
eterna postura, de racionalidad y rigurosidad científica que profesan los científicos duros
–y los sociales si es que los hubiere–, no diferiría del sentido común.
En vista de lo complejo del estudio del mundo, de la subjetividad, de lo social,
influenciado por la obra de J. Lacan, opto por el camino de pensar la realidad desde un
aspecto topológico. Lo que se conoce como realidad desde la Topología, se lo elabora en
un plano proyectivo. La Topología como bien se sabe, es una rama de las matemáticas,
y esto quiere decir que, lo pensado y conocido como matemáticas por sentido común
entre –muy bien expresado este término redundante- la comunidad científica en ciencias
sociales, para una validación científica en el estudio de la sociedad, basado en las
contabilidades, los datos o lo empírico, bien está atrasado unos trescientos años, se trata

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de argucias, simplemente de matemáticas aplicadas o, no es la única arista por donde
podemos emprender un estudio serio y científico.
Existen muchas posturas, pluralismos científicos y académicos con sus diferentes
discursos. Es verdad que aquí no vamos a hacer de policías y expresar por ejemplo que
un pluralismo metodológico podría encontrar contradicciones lógicas y epistemológicas
que tarde o temprano provocarían el mismo fracaso o uno mayor al de ir por una sola
metodología o concepción teórica. Aunque tampoco existe un consenso de lo que se
llama pluralismo metodológico para la investigación en ciencias sociales y políticas
(Ungureanu, 2012).
Sobre el debate que se ha mencionado es curioso que quien defiende el empirismo
y el llamado método cuantitativo, Ignacio Lago, incurre en problemas filosóficos de peso
como la aprehensión y conocimiento del mundo (2012); de lo que podemos establecer
preguntas que él mismo no se hace como ¿si el mundo es cognoscible en verdad? Sería
muy problemático, por lo tanto, tiene que establecer puntos de referencia que los llamará
datos empíricos para delimitar causalidades, lo que resultaría en este caso una afrenta
para el Principio de Incertidumbre, por ejemplo.
Establecer causalidades no es ir por vías históricas, sino en imaginar orígenes, y
en este sentido imaginar en la medida de esclarecer una posibilidad de llegar a la causa
u origen preciso. Así es como un Foucault nietzscheano prefiere la genealogía, aludiendo
que la búsqueda de los orígenes es una invención (Erfindung) y un artificio (Kunststück)
(Foucault, 1978). Pero sin duda, esto le da seguridad al científico empirista, lo hace sentir
“bajo control” (Lago, 2012), por lo que podemos proponer que más que una cuestión
científica, es una exigencia subjetiva, ya que sus conclusiones científicas incluso están
sujetas a grandes márgenes de error. Aunque siguiendo a un epistemólogo menor, Mario
Bunge, Lago (2012) cree en la predictibilidad de la ciencia que se da a través de la
empiria, yo resalto ese “cree” en términos religiosos. Pero la equivocación aguda radica
en creer fervientemente que predictibilidad y ciencia van de la mano.
No es así el caso de las ciencias duras que estudian los fenómenos de la tierra y
los climáticos, que con sus herramientas, tecnología, logaritmos, no han podido cumplir
la utopía de la predicción. Es el fracaso rotundo de la ciencia frente a lo azaroso de la
naturaleza.
Para Peter Winch (2011) si establecer causas significa hacer ciencia, entonces
todo el mundo lo puede hacer sobre cualquier tema susceptible a generalizarse; como
ejemplo lo relacionado con el clima: “el viento sopla, hay nubes negras, entonces va a
llover”, eso lo dice cualquiera. Aunque esto último forme parte del saber popular a través
del método basado en evidencia no constituye un estudio científico, pero coincide con los
científicos del clima y sus fenómenos, en que no pueden predecirlos. Pero los científicos

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sí pueden conformarse con estudiarlos e intervenirlos a posteriori. Winch (2011)
tomando a J. S. Mill, argumenta que lo relacionado a lo humano puede ser tomado
mínimo, como los científicos estudian las mareas. Es decir, por lo complejo que resulta
a lo mucho que se puede llegar son a generalizaciones estadísticas acerca de sus
fenómenos, pero no predecirlos; así mismo, con los fenómenos climáticos o geológicos.
Sin embargo, el paradigma de lo empírico, la experiencia, la vivencia, etc., no
abandona las posturas científicas, inclusive si hablamos de lo llamado “cualitativo” ya
que “las técnicas utilizadas” tienen un valor de experiencia. Lo cualitativo sigue siendo
empirista, porque basta y debe pasar por la experiencia del objeto estudiado para emitir
una conclusión de experto. Los métodos cualitativos serían entrevistas, observación
participante, estudios de casos, etc. (della Porta, 2012). Y con mucha razón “lo
cualitativo” es fuertemente criticado por las posturas metodológicas que se consideran
serias. Sin embargo, tanto método cualitativo como cuantitativo, no están exentos del
componente empírico.
Por su parte Bauböck (2012) trae un ejemplo valioso que se hubiese podido
explotar mejor. Él pregunta que “¿cuál es la diferencia entre un entomólogo que estudia
las colonias de hormigas y un científico social?” (Bauböck, 2012, p. 26) es fabuloso. Solo
entrar en la distinción que la preocupación del entomólogo pudiera ser también el
comportamiento en sociedad de los insectos, pero no es su fuerte, tanto como le
preocuparía a un etólogo, sin embargo, la pregunta es muy válida para poner en cuestión
a los defensores de lo cuantitativo y lo cualitativo.
Para establecer métodos cualitativos según las técnicas de della Porta ¿habría que
convertirse en parte de la sociedad animal que está estudiándose? Aunque lo han
intentado primatólogos, no lo han podido conseguir del todo. O sino ¿los datos que
tengamos de estas sociedades animales o insectos, nos dan pautas para la intervención y
posible comprensión “de su mundo”?
La diferencia entre una colonia de hormigas y una sociedad de humanos, es que
la colonia de hormigas –independientemente del tipo siendo ésta sí una preocupación
del entomólogo– sí funciona. Por lo tanto, las preocupaciones de los entomólogos no
serían tantas, como a los que nos interesan las Ciencias Sociales y que estamos sujetos
adonde soplen los vientos o se resquebrajen las placas tectónicas de lo social sin avisar.
Para abordar estas complejidades necesitamos disentir, no consensuar.

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¿Niños “superdotados” o un sistema (educativo) perverso?

Refiriéndose a una cuestión política, Noam Chomsky (2007) respondía una


pregunta afirmando que las escuelas –norteamericanas– se caracterizan por un
“adoctrinamiento tendencioso” que ni siquiera permite a los maestros comprender lo
más elemental expresado por un niño de doce años. No hay otra preocupación de la
escuela, como organismo institucional, que el de ser una máquina para fabricar
ciudadanos obedientes y adoctrinados a un sistema determinado. Por lo tanto, “la
escuela” o los organismos de educación, en sí, no son lugares donde se forman libres
pensadores, ni siquiera la manera jerárquica o curricular con la que se enseña, se
establecen para llevar a cabo ese fin. Chomsky (2007): “Pensemos en Harvard, por
ejemplo. En Harvard no aprendes solo matemáticas; aprendes, además, qué se espera
de ti por ser un graduado en Harvard, qué conducta has de seguir y qué preguntas no
tienes que hacer jamás” (p. 24).
Alrededor de este discurso Amo se puede organizar el sistema social y establecer
criterios de normalidad y anormalidad. Asimismo, es que afín a este discurso al que
obedece el sistema educativo, se condicionan las prácticas psi y de algunas ramas de las
Ciencias Sociales. Se piensa en términos de adaptabilidad e inadaptabilidad y la labor de
estos profesionales, es mantener a los individuos dentro de la norma, o como lo que se
conoce dentro de sociología como hombre típico (Vázquez, 2012). Sabemos que es
terriblemente percibido por la sociedad que un niño no asista a la escuela o que no
comience la escolaridad a temprana edad; es inaceptable mercantil, académica,
laboralmente y demás.
A los tres años de edad empieza el tormento de la introducción del sujeto a un
sistema homegeneizante, colectivizante y rapaz con cualquier indicio de singularidad y
creatividad, al mismo que los padres tienen que pagarle altas cantidades de dinero para
que puedan ejecutarse dichas labores.
Entonces se presentarán casos, concebidos por las estadísticas como atípicos, los que
repelerían los trenes de contenidos curriculares a los que son zambullidos estos niños
desde temprana edad. Y estos que no se ajusten serán catalogados como inadaptados o
diagnosticados con algún trastorno popularizado, como el mal llamado “trastorno de
atención y de hiperactividad”, o simplemente se inventarán un diagnóstico basado en la
medición de la inteligencia, lo conocido como “superdotados” a la derecha de la campana
de Gauss o “retrasados”, a su izquierda.
Recordemos que la medición de los procesos cognitivos y así mismo de la
inteligencia surgen en la época en la cual se consideraba a la medición, como la

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herramienta garante por antonomasia de la objetividad, requerida por la ciencia
moderna para establecer un estatuto científico a las diferentes disciplinas que estaban en
auge. Además de que el pionero en medir la inteligencia, Sir Francis Galton, fue también
el propulsor de ideas eugenésicas y de una “raza superior”.
Por lo tanto se puede pensar en la suposición de la existencia de personas con
“superdotación” de inteligencia, pero propongo que lo hagamos a partir de los criterios
de normalidad establecidos según las “altas capacidades” ¿para qué? Empecemos por
hacer estas necesarias preguntas: ¿para capacidad académica? ¿laborales? ¿capacidad
para amar? Es decir, superdotados ¿para adaptarse al mundo académico, laboral o
interpersonal? Agreguemos ¿Bajo qué criterios en general?
Hagamos el ejercicio de suponer que se detecta a los llamados “superdotados” en
la esfera escolar, a partir de su inadaptabilidad y desempeño en otras esferas fuera de la
escuela. Perspectiva del sistema educativo, del cual hemos dicho, es homogeneizante y
tiene que cumplir una misión, adoctrinar alcanzando los objetivos y contenidos
educativos según el nivel, en donde cualquier falla dentro de la población-sistema
estudiantil, recibirá como es debido su diagnóstico y dependiendo de ello se excluye o se
“trata”.
¿Qué padre o madre no quisiera que su hijo sea diagnosticado como
“superdotado”? o en su defecto, sea algo más “especial” que el 98% de los niños
“normales”, “especial” en equivalencia a “superior”; a más que a los hijos se los cría
haciéndolos saber eso, que son “especiales”, al menos un poco más que el niño vecino.
Estamos ante un problema grande: el sistema educativo en occidente está caduco, es
coercitivo y aburrido, y ¿Cuándo no ha sido aburrido ir a la escuela? Esta situación más
allá de si hablamos de niños más inteligentes que a los de la norma, a sabiendas ya un
poco a esta altura del escrito cómo consideramos la norma/la media estadística, se trata
de la aversión a un sistema educativo que no ha funcionado para lo importante de la vida.
Hoy quizá, más con el auge de las nuevas tecnologías, es cuando los niños
descubren por sí solos sus habilidades, que pueden ir desde aprender a tocar algún
instrumento musical de dificultad moderada, hasta ser los mejores bailarines. Para
constatar esto, basta con echar un vistazo en la web.
El famoso “educar para la libertad”, tanto en pensamiento, como en habilidades,
si no es nunca, muy pocas veces ha sido la misión principal del sistema educacional
tradicional y más bien sí lo ha sido educar para “el éxito”, para atender “la demanda
social” o ideales normativos impuestos desde los mismos organismos de poder, control
y mercado: “El control de poblaciones para asegurarse la obediencia política y una fuerza
de trabajo dócil y útil en relación con las demandas del capitalismo naciente constituyen
las preocupaciones centrales del arte de gobernar” (Marshall, 1993, p. 19).

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Sabiendo esto, un llamado “superdotado” con 5 títulos universitarios y tres
maestrías, no hace acontecimiento en la historia del mundo, como aquellas
personalidades que habiendo renunciado a la escolaridad o al mismo sistema de
educación, les debemos gran parte del pensamiento actual occidental, aportes en la
literatura, música, pintura, matemáticas o física cuántica. Es decir, cinco títulos
universitarios con algo de esfuerzo, cualquiera podría obtener y ser el ejemplo “objetivo”,
si se quiere decir así, del triunfo del sistema normativo, coercitivo, educativo, de
adoctrinamiento y control, sobre un sujeto; a lo que me refiero, es que no habría tal cosa
como superdotación ahí, sino sobre explotación, la tiranía del sistema educativo y una
sobre exigencia a quien se le ha catalogado como superdotado: “(…) la educación no
sólo opera para someter a los estudiantes al poder, sino que también los constituye, al
menos a algunos de ellos, en sujetos poderosos” (Ball, 1993, p. 9).
Los padres y educadores en general se sorprenden o ven como excepcional que
sus hijos o alumnos, respectivamente, sepan algunas cosas que no les han sido
enseñadas, subestimando siempre, la capacidad de aprender por cuenta propia. Hoy en
día ese tabú ha sido erradicado relativamente, a sabiendas, que con los recursos
tecnológicos mucho está al alcance de ser aprehendido, lo que implicaría una amenaza
al sistema educativo tradicional. El deber del profesor es enseñar y suponer que quien
está ahí, está “para aprender”, es un ignorante o al menos, eso es lo que se espera para
poder justificar y ejecutar el trabajo de “la enseñanza”.
Walkerdine (Marshall, 1993), haría una revisión foucaultiana del trabajo de
Piaget sobre le niño, en la medida que se trata como una pedagogía centrada en el niño,
forma parte del conjunto de prácticas científicas y normalizantes, cuyo objeto de estudio
es el niño en desarrollo y evolución del niño es un resultado de las mismas prácticas
aplicadas. De esta manera, plantear a los sujetos según un paradigma social, educativo,
científico, no nos permitiría efectuar otros tipos de planteamientos del sujeto y la
sociedad, al menos, no desde estas disciplinas y quizá, sí una como el psicoanálisis.

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Negación de la migración

Podemos establecer preguntas de por qué la migración, la movilidad de masas


humanas a otros territorios, podrían ser o no un problema. A través del tiempo se ha
visto que las grandes movilidades territoriales humanas, se han producido luego de que
sus lugares natales hayan sufrido cambios dramáticos ya sean políticos o económicos.
Aunque las causas siempre estarán en entredicho y serán un objeto de estudio a la orilla
de que los llamados científicos sociales se empecinen en intentar justificar casuísticas
por medio de técnicas y ajustes pseudo científicos; consideremos que no se puede saber
todo, ni tampoco se puede estar en todas partes, ni todo lugar es accesible para el pobre
encuestador, por estar fuera del límite, en la clandestinidad o por ser lugares sumamente
violentos.
Cuando ya se ha establecido alguna posible causa del fenómeno social, éste ya ha
cambiado.
Las estrategias de estudio y abordaje de lo que sucede en sociedad está fracasando
en manos del modelo académico, universitario y científico, cuyos intereses de
investigación se encuentran sumidos bajo un mandato implícito de control, de poder o
de algún criterio de normalidad.
La visión de este fenómeno, por decirlo de alguna manera, no deja de ser
asistencialista/maternalista, pero eso no nos dice que no exista. La posibles respuestas
al fenómeno migratorio giran alrededor de asistirlo, pero se hacen pocas preguntas,
como en general se hace con el abanico de fenómenos sociales o en el campo de las
llamadas ciencias sociales, en donde “la verdad” aterriza en un banco estéril de datos
estadísticos, manoseados luego por la opinión pública, bajo la autorización de alguna voz
que diga ser autoridad sociológica que responde a los intereses de alguna institución
pública o privada.
Nosotros nos podemos quedar con lo que dicen los profesores universitarios al
respecto o con los papers de seudo investigadores apurados y condicionados por la
academia, para tener ciertas luces sobre el fenómeno migratorio o podemos empezar a
hacer una historia de la historia que se nos viene contando, teniendo en cuenta como
base la gran complejidad que acompaña al tema en cuestión, en tanto cada individuo
migrante es una historia, cada territorio es una política y cada historia es una suerte de
ficción.
Debemos entonces apuntar, los que no vemos como una cuestión asistencialista,
humanitaria y de buena voluntad este trabajo, hacia los lados ciegos del fenómeno
migratorio, no desde las lecturas de países con cierto protagonismo planetario; porque

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como hemos de darnos cuenta, son noticiosos los eventos terroristas en París o Nueva
York, mas no los de Yemen, Libia, Siria, El Congo, Mogadisco, por ejemplo; o en su
defecto se le presta mayor atención a uno y no al otro ¿Por qué?
Las otras realidades, por decirlo así, se plantean como algo fuera de la burbuja en
la que vive Occidente. Pensemos en que las consecuencias xenófobas se darían entonces
a raíz de cierto protagonismo y narcisismos nacionalistas que dependerán de historia,
identidad, etnia, idioma, idiosincrasia, cultura, política y de un aparataje mediático. Es
así plausible considerar que en la cápsula en que viven los países, como se ha dicho, que
gozan de “mejores” políticas y de rentabilidad económica, siendo atractivo para los
migrantes, no reconocen la realidades violentas, de desigualdades, de muerte, etc., por
las que pasan África, Medio Oriente, Centro América, América del Sur, etc., de las que se
creen excentos, pero en el otro lado quienes conviven diariamente con la violencia en las
regiones citadas, anhelan a la vez la burbuja que pinta el primer mundo occidental.
De esta manera es como se niega o no se ve, el inminente y constante estado
violencia que ha caracterizado al mundo y a su edificación. Contradictoriamente los que
van escapando de sus realidades violentas, se encuentran que en los países a los que han
inmigrado se dan sucesos violentos en formas de ataques terroristas.
Por esta misma vía tenemos que ser sensibles y deconstruir ese humanitarismo
ingenuo o perverso, que precede por un lado las políticas que abarcan lo migratorio o las
teorías que lo estudian, que al fin y al cabo no hace nada, más que un acto pantomímico.
De los eventos sin precedentes que podemos nombrar es la gran movilidad
humana producida por el conflicto sirio. Podemos culpar al neoliberalismo, al
imperialismo, que los fenómenos migratorios son un síntoma de lo que no previó la
globalización, etc., pero no se ve más allá de las políticas, leyes o decisiones de Estado,
no se ve lo subjetivo del ser humano, esa unidad que en red podría decirse que conforma
una sociedad. Y es ahí que podemos tener otra perspectiva del fenómeno migratorio en
sus formas de exclusión, violencia, discriminación, xenofobia, explotación laboral.
Empezando por las delimitaciones más íntimas de nuestro espacio-territorio: tenemos
puertas en nuestros hogares, intentamos mantener un estatus-quo con los que están
dentro de la casa, se habla de propiedad privada, se defiendo “lo mío” en lo personal y
“lo nuestro” en la sociedad, etc.
Se pueden dar explicaciones del fenómeno discriminatorio, xenófobo como les
gustaría a los sociólogos liberales ilustrados, pero también podemos concebir que
quienes violentan a la alteridad, al extranjero, al foráneo en todas sus formas, saben lo
que hace y por qué lo hacen.
La delimitación de los espacios está desde el individuo, el hogar-la familia, y se
extiende a nociones de Estado. Las políticas migratorias o anti-migratorias, al igual que

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sus estudios llamados científicos, se desentienden del aspecto de violencia en todos sus
géneros y clases, y a lo mucho se pueden establecer casuísticas económicas y políticas
¿por qué será?

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La Democracia y nosotros

El significante Democracia se filtra entre nosotros a partir del adoctrinamiento


temprano de la educación primaria. Lo recordamos cuando los pobres profesores
primarios utilizan los orígenes griegos de la palabra para definir a la democracia como
“el gobierno del pueblo”. Esta es una información harto generalizada que no carece de
simplicidad y que se encuentra en cualquier libro de educación básica, dando inicio a un
largo camino de utopías y malentendidos. Los problemas mayores aparecen incluso con
el asomo de las construcciones “pueblo” y “gobernar”, las que contienen ya
complicaciones propias. Para Sartori (2007) democracia requiere un deber ser, teniendo
esto un estatuto político, una forma de Estado y una de gobierno.
En algunas sociedades se ha llevado a cabo el ejercicio del deber de la democracia,
por decirlo de alguna forma, a través de elecciones de gobernantes; “en la propaganda
actual, <<democracia>> designa expresamente una forma de gobierno” (Badiou, 2006,
p.43), el que permite que haya elecciones. Se elige una sola vez cada cierto tiempo a
quien va a tomar las decisiones importantes para una mayoría, mientras que un resto
reflejado por números estadísticos, en calidad de opuesto o enemigo, queda rezagado.
En términos numéricos estas elecciones se dividen en grupos porcentuales, que,
dependiendo de la población, la valiosa elección –o voto– de un ciudadano se reduce a
una diezmilésima del porcentaje que sumará o restará al valor total de una elección. El
conocido voto tendría implicaciones importantes a nivel subjetivo por parte de los
ciudadanos, en relación a la importancia que se le da a éste, la decisión como expresión
de fuerza y voluntad a partir de algunas variables, entre ellas, la identificación partidista
o con el caudillo a elegir.
En caso de Ecuador cada diez mil votos, por ejemplo, sería una centésima del
porcentaje que sume a un candidato. Por lo tanto, a la “elección popular” de figurines
políticos, ejecutivos y legislativos que gobernarán y tomarán las decisiones importantes
para el conocido bien común, se le ha llamado mal <<democracia>>. Cuando al insistir
de cualquier pensador, filósofo dirá Badiou, se debe señalar que ahí donde se dice que
existe democracia, solo hay un burdo parlamentarismo capitalista (Badiou, 2006).
Lo mencionado anteriormente se lo alude y se lo ha pensado siempre en
detrimento a que el ejercicio democrático se ha llevado a cabo con el mayor rigor de la
honestidad, sin ninguna sospecha de que en todos los procesos que se siguen en una
elección presidencial pueda existir algún margen de corrupción, menos ahora en la era
de los hackers; no es algo que el ciudadano de a pie, el último peldaño de la organización
social, pueda enterarse a ciencia cierta.

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Mientras para Sartori Democracia concierne una deontología, para Badiou
(2006) retomando a los griegos, Democracia es un lugar, es la asamblea. Otorgándole
así la carga de ser una construcción de conflicto, donde hay convocatoria popular para la
toma de decisiones. Por eso lo que comúnmente para nosotros es democracia
(democracia participativa) para Michel Onfray (2006) es una trampa para bobos, una
burla para los estratos más bajos de la sociedad, que no comprenden bien de política y a
duras penas están viéndoselas para conseguirse la vida. Es por tal motivo que el
populismo, por ejemplo, tendría gran acogida en Latinoamérica, vendiendo en forma de
ilusión lo que un Estado no está capacitado para dar: “Las elecciones son ahora una farsa
que pretende el ideal democrático; hacen creer en la verdad de un mecanismo que sin
embargo está quebrado hace tiempo” (Onfray, 2006, p. 28). Justificadamente se trata
entonces de otra forma de tiranía.
Más allá de ser la trampa de la que habla Onfray, el concepto de democracia es y
ha sido en última instancia un proceso sistemático de des-implicación de los individuos
y de la sociedad de su propia vida, su vida política y social, como forma de control para
la manutención de la dinámica social a beneficio del poder. Es decir, la gobernanza será
accesible para unos cuántos, mientras el resto, estará desentendido de la política e
inmersos en el status quo de la demanda estatal sobre la sociedad.

El poder del pueblo no es el de la población reunida, el de su mayoría o el de las


clases trabajadoras. Es simplemente el poder propio de los que no tienen más
título para gobernar que para ser gobernados. (Rancière, 2007, p. 71).

Sin embargo, el valor de la Democracia para Toqueville no era el mismo. Éste


creía en el poder del pueblo (Aguilar, 2008) aún en la aparición de gobiernos despóticos,
“el pueblo” democrático puede ejercer un poder inmenso para presionarle. Pero también
Toqueville era partidario en que al individuo habría que limitarle la independencia y
originalidad en pos de resaltar a lo colectivo y mantener un orden político y social
(Aguilar, 2008).
Es importante pensar en cuáles son los opuestos de la Democracia y de sus
ideales a la hora de corresponderle ciertas críticas y estar atentos en que en estas réplicas
no se caiga en promover las bases teóricas para fundamentalismos y despotismos.
Repensar la Democracia y sus respectivos sistemas, no es solamente una obligación de
académicos y filósofos, sino un asunto que concierne a todos los ciudadanos, más en
óptimas condiciones de abordaje del tema, prescindiendo de las militancias políticas.

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Globalización: visión y lectura de Europa, para Europa

Pensar la globalización como una entelequia maniquea y maligna, responsable de


innumerables fenómenos sociales puede llevarnos a sesgos sin salida que terminan en
extremos nefastos. No es desconocida la influencia de los intelectuales franceses en las
corrientes de pensamiento actual, los que se ponen de moda para ser citados vacíamente.
En fin, la colonización de la intelectualidad por pensadores galos es un hecho innegable
en Occidente; de la misma manera importantes franceses académicos desde la sociología
permean los agujeros de pensamiento actual.
Michel Wieviorka por ejemplo, sostiene que la globalización es únicamente
estadounidense (2009), así, responsable de las perezas intelectuales de nuestra época y
sus respectivos declives. “Para Bourdieu la globalización significaba la mundialización
de lo peor, la universalización de un sistema económico, político y cultural particular (el
estadounidense) (…)” (Álvarez, 2012, p. 7). En caso de que esto fuera del todo cierto,
convendría emprender un estudio para el sustento de esta tesis, ya que, si las propuestas
del liberalismo –de abrir los mercados- hayan tenido “éxito”, es porque del otro lado
hubo la demanda para la disneylandización del mundo de quienes pudieron
aprovecharse de ella.
En este sentido, yo llamaría disneylandización como aquella cualidad de vivir y
anhelar aquél mundo en el que todo es posible, bonito, estético, casi perfecto y
políticamente correcto y que resguardaría condiciones singulares de estatus y bienestar,
además sin mucho esfuerzo; nadie o pocos se salvan de demandar aquél estilo de vida.
Así nos viene bien re-pensar si nos manejamos con el ideal de globalización
impulsado por el cuco estadounidense a través, por ejemplo, del caso particular de Mc
Donald´s, que en resumidas cuentas es una muestra de la ambición de un solo tipo que
descubrió (utilizando la categoría de Kirzner), sin ser sociólogo pero que detentaba una
suerte de etnosaber, cuáles eran (y son) las instituciones sociales a las que más se debían
los integrantes de la sociedad, cuáles eran sus símbolos, los ideales comunes d todo el
mundo, más allá de la necesidad básica de comer, rápido y barato, en este mundo que no
descansa. Si es necesario mencionar el azar y decir que Ray Kroc nació en el llamado
país de las oportunidades y descubrió cómo hacer una revolución capitalista, dando
trabajo a miles y satisfaciendo necesidades de muchos independientemente de los
estragos en salud que ocasiona su producto en sociedad con The Coca-Cola Company.
Lo importante es pensar ¿qué tipo de fuerzas utilizó Mc Donald´s para entrar a otras
culturas? ¿Queremos Big Mac o pato a l’ oragne?

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El llamado “programa neoliberal” fue el anhelo de siempre de los que estuvieron
y se encuentran en situaciones de poder económico, político y social. Consideremos a la
globalización como el corporativismo hecho realidad, que, sin importar izquierdas o
derechas, se alimentan de estrategias sociológicas –con el servicio profesional
respectivo- y mercantiles que se expanden, comprando cultura, ideas, mano de obra, sin
embargo, que solo es posible porque hay quienes las venden, quienes la desean y quienes
consumen.
Podemos culpar incorrectamente a la globalización (estadounidense) - espectro,
intangible, fantasma, monstruo- como única variable de las crisis en Europa de los
últimos 15 años o podemos responsabilizar a ciertos actores que, sin escrúpulos y
movidos para la ambición, se jugaron a los dados la política y la sociedad.

¿Cómo una sociedad admite que el dinero de sus impuestos se utilice para
rescatar a entidades financieras que les están quitando la vivienda a ellos mismos
o a sus familiares y vecinos?, ¿cómo puede una sociedad admitir el
desmantelamiento del estado social, de la sanidad, la enseñanza pública, por
parte de los mismos gestores que han dilapidado el dinero público en empresas
megalómanas o que directamente lo han robado? (…) Sin duda, el poder
simbólico del discurso neoliberal (...). (Álvarez, 2012, 13)

La crisis de 1999 en Ecuador que desembocó en suicidio, muerte de ancianos,


huelgas de hambre, dolarización/pérdida de moneda propia, migración a España, Italia
y a EEUU, para realizar trabajos que nadie más quería realizar, también provocó el
ingreso de dólares a Ecuador y la restitución de su economía. ¿Podemos culpar de este
fenómeno al monstruo de la globalización con cabeza estadounidense y también
atribuirle su solución? ¿O hablamos de un poco de canallas cuya ambición no tiene
límites colindando con la delincuencia? ¿O se trata que todo está en manos de una
sociedad crítica que ha aprendido a moverse y tiene que moverse? Se habla de una
entelequia maligna que afecta a los ciudadanos de a pie, como responsable de todo un
caos y crisis, cuando aquí hay dos variables importantes: la impasividad e ignorancia de
la sociedad (tanto por deseo y estrategia de poder) que aparece desesperada en el
resquebrajamiento social y la canallada de los políticos o poderíos económicos.
En los dos análisis que hace por ejemplo Antonio Álvarez (2005) (2012) desde
una lectura muy interesante de Bourdieu, se dice que es el neoliberalismo y su capital
simbólico (estadounidense) el que conllevó a las crisis sociales, políticas y económicas en
Europa, entre ellas, la crisis inmobiliaria de España, sin embargo la que en un sentido
similar sufrió Estados Unidos en el 2009; esto es: ¿ellos son víctimas de sí mismos?

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Pensar la globalización con causa estadounidense, también ha sido promovido así
desde instancias académicas, contagiadas éstas a la vez con los respectivos “ideales de
éxito” y competencia profesional a través de la venta de títulos garantizando un saber.
Aquéllos ideales de éxito -los mismos que conllevan a la ambición corporativista- que
hasta el día de hoy la academia europea no se libera, promoviendo a la sociedad un vivir
mejor, no de la American Way of life simplemente porque es conocido que Estados
Unidos es un referente de trabajo que hace posible vivir medianamente “bien”, a
diferencia de los referentes de trabajo que nos vienen desde Oriente, ¿y Europa?
Entonces promulgar la globalización con esta visión desde la academia con su
respectiva divulgación, desde los medios y la cultura —lo siguiente a sostener no es una
única causa—, fue un causante para el 11S del 2001, acontecimiento que hay que prestarle
principal atención.
Luego de aquél evento podemos quitarnos la tierra de los ojos de responsabilizar
a Estados Unidos de toda hegemonía si no política, al menos cultural y simbólica.
Sabemos que a partir de ese evento, la globalización toma un giro y con ello sus crisis
culturales, despertando el terrorismo, el belicismo, crisis migratorias, islamofobia,
xenofobia, restricción de libertades, de mercado y posturas anti globalizadoras, etc. No
es el espectro de la globalización que acosa al mundo, sino el terrorismo (Baudrillard,
2003) y además las prácticas del capitalismo gore de lo que no se habla, pero se sabe y
se consume.
Es posible que nos encontremos frente a una lucha de cultura y comercio, y de
inventar un enemigo para hacer el discurso propio más fuerte: la estadounidización vs.
la europeización de Occidente. En este último caso diríamos una segunda europeización
de occidente y que su respectiva lectura de la globalización es eurocéntrica.
La globalización nació de las pequeñas potencias de Europa Occidental (Morin,
2003), lo que conlleva a que la crítica y supuestos que la globalización tiene su génesis
norteamericana y sostener que estamos ante una visión eurocéntrica.
En Antonio Álvarez la respuesta para la globalización es contrarrestarla con
militancias como un “pilar fundamental” para alcanzar la recuperación de los derechos
sociales (2005, p. 132), lo que en ámbitos académicos e intelectuales ya ha pasado: han
hecho metástasis por las militancias y en su reverso, son coadyuvantes de las crisis
sociales y políticas.
Globalización se contrarresta con el peor de los marxismos o con el llamado y
fracasado mascarada del “socialismo del S. XXI” en Latinoamércia o con los populismos
más nefastos, así como la asunción de extremas derechas, creando nuevas acciones
simbólicas que convenzan con significantes vacíos como “pueblo”, por ejemplo.

59
En Europa, en el caso de los populismos ofreciendo y apuntando resolver
demagógicamente las demandas ciudadanas urgentes y básicas; en los absolutismos de
derecha: cerrar fronteras, deportar, cuidar las costumbres y la cultura, etc., promoviendo
las respectivas fobias sociales ante el otro. En la actualidad el problema de la migración
ha quedado en primer plano, tanto producto de los conflictos políticos, económicos y
sociales de África, como la guerra en Medio Oriente… y sobre ésta última, pensarla no
como una consecuencia directa de la globalización con interferencia estadounidense,
sino con un efecto directo de injerencias europeas inveteradas sobre ésta región.
Hay que cuidar que el fantasma de la globalización con marca estadounidense, no
sea solamente producto de la amenaza imaginaria para los raigambres culturales y
nacionalistas que ostentan cada una de las sociedades europeas que, en su miedo de
perderlos, se le hace crítica, se le culpa y se le ve como un agente externo, ajeno, intruso
e impuesto. Ya que la misma denominada globalización desde esta visión es la que ha
producido y reforzado tanto los fenómenos migratorios transcontinentales, como los
internos en Europa. Es así notorio marcar como enemigo principal de la cultura y
economía a los EEUU, principalmente si las críticas vienen ostentadas por intelectuales
franceses.
Para Jameson (1999) la globalización:

es más bien una especie de ciberespacio en que el capital monetario alcanzó su


desmaterialización definitiva, como mensajes que pasan instantáneamente de un
punto nodal a otro a través del ex globo, el ex mundo material. (p. 202)

Esto para referirse a la especulación, a la forma de desterritorialización y


desmaterialización del mercado, definición que bien se ajusta hoy en día a la era de la
velocidad, del flujo de la información e interconectividad, que sobrepasa los cánones
culturales o financieros.

60
Un caso hipotético de Eurocentrismo académico

El debate académico de si hubo o no modernidad en América Latina está expuesto


(Bravo y Morales, 2010). El proyecto “modernizador” es una promesa que se ha visto
superada por intereses políticos y económicos, siendo éstos los mayores beneficiarios de
dicha modernización. Sin embargo, los lugares de donde se parte para pensar una
América Latina moderna podrían ser desde una hegemonía del pensamiento o
eurocéntricos, sin que tomemos necesariamente esta postura como peyorativa, pero sí
con un aún espíritu de colonización.
El debate que plantean Bravo y Morales (2010) no es tanto si hubo o no
modernidad, sino el que podría girar en torno a qué modernidad hubo. Apoyan la idea
de esa identidad refractaria en maridaje con las nociones de ilustración que advinieron
con las conquistas. Sostienen estos autores que la modernidad latinoamericana a duras
penas se encuentra en desarrollo, sin embargo, es un ideal de proyecto que se va anclando
por los intereses personales de los líderes políticos y económicos, dando resultado, si se
puede decir, a una modernidad mestiza. De esta manera es factible considerar que la
modernidad solamente ha alcanzado lo económico y político, siendo ese su interés
principal, deviniendo como síntoma un sinnúmero de desigualdades de índole social.
¿Sería pertinente reflexionar que en otros campos –culturales, artísticos o académicos–
aún no ha habido modernidad o un proceso de modernización?
Pensemos en una cuestión como una mera hipótesis para poder retratar mejor el
fenómeno de la modernidad latinoamericana:
Un profesor extranjero, apuntemos a que sea español, de gran prestigio se
encuentra impartiendo clases en una facultad de ciencias sociales de alguna universidad
de renombre en Ecuador. Su visión crítica y de alta preparación le hace fijarse en lo que
resultaría absurdo y contraproducente, que dentro del perímetro universitario, junto al
edificio principal de la universidad, se encuentre desplegada una hilera de bustos de
indios americanos, motivo para una discrepancia cultural y llevarle a formular la afilada
objeción y sostener que en una universidad no deberían estar figuras de personajes
guerreros e iletrados que no aportarían nada a la universidad o al conocimiento. Más
bien si hubiera que rendir tributo a alguien que respete la historia latinoamericana y a la
academia al mismo tiempo, deberían ser los sacerdotes alfabetizadores de la época, a
criterio del profesor. La observación crítica además sería emitida no desde una esfera
académica solamente, sino desde la perspectiva moral, sostendría el mismo catedrático.
Fin del ejemplo.

61
La discusión si no es leída con amplitud y conocimiento de las distintas variables
que le circundan, y fuera del registro académico e intelectual, podría desencadenar en
una guerra pasional de ideas y no solamente entre los mismos académicos, sino entre la
población endémica y el docente del caso propuesto.
No entraremos a cuestionar el posible reduccionismo o la falta de observación
antropológica/sociológica/genealógica de la opinión emitida por el maestro del ejemplo,
sino que nos centraremos en su asombro y desconcierto, sobre lo que para él resultaría
una atrocidad para la Academia y desde lo que ignora, que su mundo de principios,
identidad, en una suerte etnoconocimiento europeo, no es compatible y no es la misma
comunión, con el etnoconocimiento latinoamericano.
Aquél lugar que se ha mencionado existe en realidad y lleva por nombre “Plaza
Indoamérica”. Son efigies de los héroes indígenas que más representan a América,
bustos donados por sus países respectivos y además fueron colocadas dentro del predio
universitario para protegerlas de actos vandálicos, dado a su valor histórico, económico
y artístico (Comercio, 2012). Se justifica además que estos monumentos fortalecerían
arquitectónicamente a la edificación general de la universidad (Comercio, 2012), aparte
que tienen un recorrido histórico ya que los bustos fueron agregados paulatinamente
desde 1961 hasta 1974 sumando 22 en total.
Para Rojas (2009) lo más representativo de América no solamente eran sus
monumentos, sino los estudiosos precolombinos, que a partir del siglo XIX fueron
sacados. La cultura americana, entre eso su arte, se consideró como algo pintoresco, no
como obras de arte (Rojas, 2009). El mismo Rojas toma a Robertson para decir que lo
que se consideraba que había acá era menos que arte, remedos (2009) y hace la
referencia a Humboldt para destacar que fue él quien hizo frente ante el prejuicio de que
la naturaleza humana del indio era inferior, para dar inicio a los estudios arqueológicos
fuera de toda visión moderna. El profesor del ejemplo entonces diría que hubiera sido
mejor un monumento de Humboldt y no el de los indios analfabetos.
Hay que advertir que es una característica latinoamericana, tal como señalan
Bravo y Morales (2010), que la modernidad que se puede encontrar acá puede ostentar
prácticas contradictorias entre sí –desde una visión eurocéntrica–, sin embargo, son
necesarias y funcionales para que la maquinaria social funcione. Los mismos autores
señalan la importancia de pensar así (pensarnos así los latinoamericanos), considerando
las convergencias sin olvidar el pasado histórico. Es lo que otorgaría a Latinoamérica
una modernidad independiente y a la vez autónoma, con características propias (Bravo
y Morales, 2010), que no deben ser vistas desde afuera con la cosmovisión de un
paradigma cultural y académico determinado, y dominante —al que cualquier estudioso
debe estar atento—, como mero objeto pictórico, sino como un fenómeno con identidad

62
propia, “porque una de las premisas de la modernidad es justamente esta: la
supervivencia de la diferencia” (Bravo y Morales, 2010, p.15).

63
Breve análisis de la cultura a partir del uso de los BTR

La estructura del sistema de transporte Metrovía se encuentra armada y cada vez


se implementan nuevos accesorios para poder disminuir problemas de convivencia
descritos en la presente propuesta de investigación, pero fracasando rotundamente. Los
usuarios encuentran formas para burlar los procedimientos y normas. Esto sin duda
desmerecería a una institución que permanece trabajando constantemente para optimar
servicios, pero con fracasos, lo que implicaría una pérdida de tiempo y dinero. Esos
fracasos son los que intentaremos investigar como parte de esta iniciativa científica.
Investigar si se trataría principalmente de una cuestión cultural, será por lo tanto
de los objetivos con mayor carga en el presente proyecto. Son varios años que el sistema
de transporte se mantiene funcionando y los problemas son iguales o mayores a los de
sus inicios, a pesar de haber habilitado nuevas estaciones, unidades de transporte y
ampliar paraderos (El Telégrafo, 2017) (Expreso, 2017).
Los problemas descritos propuestos a estudiar y sus causas sensibles a
observación, permitirán tener una mejor visión sobre el funcionamiento de este sistema
de transporte (donde se movilizan alrededor de trescientos mil ciudadanos al día), para
que a futuro se puedan emprender otro tipo de medidas, como implementaciones
socioeducativas u otras decisiones acerca del servicio. Así pensando en la seguridad y
mejorando normas básicas de convivencia, que hoy se encuentran afectadas, siendo ésta
una situación poco estudiada.
De aquí que hay que decir que en Guayaquil no existen aún estudios etnográficos,
descriptivos, explicativos o de análisis sobre las problemáticas definidas anteriormente.
Es mucho decir además que, lo que podemos encontrar son reportajes periodísticos que
toman testimonios o hacen crónicas que se quedan cortas y no profundizan en el tema
como lo haría una investigación social con método cualitativo.
Aquellos fenómenos que se dan a conocer, por ejemplo, únicamente a través de
medios de comunicación, solo pondrían en jaque a la institución responsable del manejo
del consorcio de transporte Metrovía, sin poder tener una descripción clara del problema
que no proviene únicamente del servicio que brinda el organismo, sus medidas de
seguridad o sus protocolos, que cada vez son mayores por la presencia de los problemas
señalados procedentes de los mismos ciudadanos.
Las campañas de educación Que no te toque, es un ejemplo, que induce a las
mujeres a denunciar el acoso o los roces morbosos. Se manifiesta así que los problemas
de los que se habla en la presente propuesta, sobrepasaron el impacto social que pudo

64
haber ocasionado el BRT Metrovía y se debe, respetando nuestras hipótesis, a una
cuestión cultural, educativa y psico-socio-económia.
El beneficio que este trabajo de investigación social generaría, va en función de
contribuir a la comunidad científica con un estudio de esta índole (etnográfico), además
de quedar como fuente de información y conocimiento para futuros proyectos y/o
trabajos científicos y académicos.
De la misma manera, es de sencillo entendimiento para quienes deseen conocer
ciertos fenómenos que no se pueden explicar solamente desde el sentido común o
simples abordajes.

El argumento

El transporte masivo alrededor del mundo es un servicio y política social que


atiende esferas para disminuir los problemas de la transportación de personas dentro de
las ciudades y brindar facilidades a quienes no pueden conseguir automóvil propio y
mejorar el transporte urbano, aunque no necesariamente, ya que se ha revelado que es
costoso mantenerlo y consumirlo, además de producir un impacto urbano, vehicular,
etc., (Thomson, 2002).
Para Thomson (2002), en un informe cuantitativo de la CEPAL, existiría un
impacto social desde una mala planificación de un sistema de transporte masivo, pero
¿cuánto tiempo podría durar aquél impacto? De manera incipiente a partir de este
estudio podríamos conjeturar, que la sociedad se intenta moldear según cómo sea
manejada institucionalmente, la misma que adopta conductas características y en esa
dinámica funcionamiento, se torna difícil cambiarlas en lo posterior (T13, 2017).
Thomson y Bull (2002) traen a colación la idea interesante de tomar los
problemas que tengan relación con el transporte público, en clave de “congestión”.
Palabra que la podemos pensar desde el congestionamiento vehicular, hasta el
congestionamiento que sucede en el uso de transportes masivos urbanos y plantearnos
la pregunta si ¿el congestionamiento se da porque la estructura material (el transporte,
sus estaciones, el número de unidades, la frecuencia con que salen) o por elección
racional de los usuarios, por un uso consuetudinario que se constituyó como algo
cultural por la suma de los elementos antes mencionados y sumados a las características
locales?
Siguiendo este concepto introducido por Thomson y Bull (2002), tomaremos el
término congestión, de donde insitiré principalmente en el uso inadecuado del sistema
de transporte Metrovía, además de las fricciones (incluso literalmente hablando) que se
dan entre sus usuarios.

65
Thomson y Bull (2002) nos dicen que la demanda de uso del sistema de
transporte urbano no es por ocio o por un deseo personal, está relacionado más bien a
desplazarse por alguna obligación social que cumplir: trabajo, estudio, compras, etc. De
aquí que tenemos necesariamente que preguntar ¿qué otras opciones de transporte
existen en la ciudad donde funciona la Metrovía?
En relación a la pregunta anterior, el uso de este medio de transporte en sus horas
pico se vuelve insoportable para los usuarios, pero, sin embargo, como han dicho los
autores mencionados, tienen que usarlo en contra de su deseo para llegar a su lugar de
destino. El congestionamiento entonces, es un agravante para tener en cuenta, a lo que
Thomson y Bull (2002) agregarán que tiene un costo mayor, dentro del uso exacerbado
y congestionado del sistema de transporte, que implique que se consuma más. Esto
tendría consecuencias económicas para la institución a cargo del mantenimiento del
transporte; los mantenimientos a las unidades de transporte tendrían que ser continuas,
pero tomando en cuenta que dar mantenimiento a las distintas unidades, es restar buses
articulados; ese costo que en algún momento podría perjudicar a los usuarios.
Ninguna gran ciudad en el mundo está exenta de tener un sistema de transporte
masivo (De Grange, 2010), pero aquí estamos hablando en extensión y número de
habitantes. De Grange (2010) sustenta que, a nivel mundial, el sistema de transporte
público tiene relación con la cantidad de puestos de trabajo de una ciudad. De Grange
(2010), sustentado en Partridge et al. (2007), menciona que la cantidad de puestos de
trabajo en Estados Unidos, aumentó de 1990 a 2004 en la medida que las líneas de
transporte urbano aumentaron, pero específicamente este autor hace referencia al
Metro.
La cuestión de la transportación urbana siempre ha sido un problema que se ha
buscado resolver en el mundo. En ciudades un poco más cosmopolitas o capitales en
Latinoamérica, pudieron optar por sistemas de trenes, pero en otras ciudades se eligió la
factibilidad de los BRT (Bus Rapid Transit) (Pardo, 2009). En la ciudad de Quito se
decidió implementar el “Trole Bus”, un bus que funciona conectado a un cableado
eléctrico superior, pero también con combustible; aquello del BRT se trata
principalmente de buses articulados en carriles exclusivos (Pardo, 2009). De la misma
manera, con un carril exclusivo para bus, en Bogotá, por ejemplo, se encuentra una gran
red articulada de BRT llamada TransMilenio, no eximido de algunos problemas sociales.
Según el diario El Espectador (2014) existen diversos problemas en la
convivencia de transportación en el TransMilenio, por ejemplo: usuarios que se ubican
en las puertas de ingreso y salida, usuarios que irrespetan el uso de asientos
preferenciales, comportamiento hostil al ingreso y salida del vehículo, irrespeto de la fila,
ataques sexuales a mujeres (para lo que se había optado la adecuación de sillas especiales

66
para mujeres). Lo anterior devino en plan piloto para mejorar la convivencia entre los
usuarios (El Espectador, 2014).
Según el trabajo de observación social (El Espectador, 2014), se descubrió que el
90% de usuarios del TransMilenio “lo están usando bien” y sorprendió que no se
registraron ataques o abusos sexuales. El mismo informe concluye (El Espectador,
2014) que los principales problemas de irrespeto a la fila ocurren, por ejemplo, en las
horas pico, haciendo una observación a 1.342 usuarios. En cambio, en la nota
investigativa que detalla el diario colombiano El Tiempo (2014), se pueden conocer
algunas causas de ciertos inconvenientes a la hora de usar este sistema de transporte, por
ejemplo: se consideró como principal razón del irrespeto a las filas el llegar tarde a los
lugares de destino, información que se ha tomado en cuenta como un tanto reducida, ya
que hemos encontrado el planteamiento de nuevas hipótesis.
La serie de problemas y diagnósticos establecidos ubicados en el 2014 en el
TransMilenio, desde el relato preliminar, condujeron a implementar proyectos de
intervención lúdica, sin embargo, en enero del 2017, el portal de Noticias Caracol ya
anunciaba que se establecerán altas multas a los usuarios por colarse en las filas: un valor
de $210.000 pesos ($71,40 USD); por empujar, una multa de $104.000 pesos ($35,36
USD) (Caracol, 2017).
Apegados a la investigación de Pardo (2009), es en el siguiente orden que se
implementó el servicio de BRT en Latinoamércia: Curitiba 1972, Quito 1995/2001/2994,
Bogotá 2000, Sau Paulo 2003, México DF (Metrobus) 2005, Guayaquil (Metrovía)
2006, Santiago de Chile (TranSantiago) y Guatemala 2007.
En cambio, los problemas identificados en TranSantiago, por ejemplo, van más
por el camino del impacto social y malestar entre los usuarios que ha producido el alza
de costos durante los últimos diez años, evasión de pasajes, cambios de rutas o
deficiencia en los servicios (Jirón, material no publicado) (Tolosa & Olivares, 2009) (T13,
2017).
En Guayaquil los problemas del BRT Metrovía se basan, por ejemplo, en el mal
uso del sistema de transporte de forma recurrente: como poner los pies en las puertas
para que estas no se cierren, abrirlas desde afuera de la estación para poder ingresar,
consumo de drogas en los paraderos (El Telégrafo, 2015); empujones, se irrespeta el
espacio que está adelante, acoso sexual (El Telégrafo, 2012) (El Telégrafo, 2016)
(Expreso, 2016). Por otro lado, como parte de los fenómenos a resaltar, están las
aglomeraciones de personas, de las que los mismos pasajeros se quejan adjudicándolas
a que no existen unidades suficientes, sumado al clima de Guayaquil, lo que es catalogado
como “algo desesperante”; opinión que comparten muchos usuarios (El Universo, 2018).

67
Diario El Universo (2016) realizó un foro semipúblico por estas problemáticas
luego de que en el 2016 una mujer saliera disparada a la calle y falleciera, después de
abrirse una puerta del BRT Metrovía al momento que el bus se encontraba girando y
estando completamente lleno. Los participantes, internautas usuarios de la Metrovía de
Guayaquil, respondieron que la mejor solución era implementar más unidades y mejorar
el servicio.

La cultura

Lo que caracteriza a la cultura (y urbana) latinoamericana, son fenómenos


multifacéticos y muy complejos (Lindón, 2007). El ideal de cultura o su concepto en sí
mismo, proviene de la imposición de las élites en relación a la apreciación de objetos de
arte “bellos”, y quienes tendría el ojo y el alma para poderlo apreciar, eran espíritus
cultivados. Es decir, lo referente a cultura está vinculado a belleza, a lo bello y a la
apreciación prodigiosa de las cosas (Bauman, 2013). De ahí que coloquialmente en la
sociedad decir “culto” se refiere a alguien educado, conocedor, ilustrado.
Lo que Zigmunt Bauman sugiere en su texto La cultura en el mundo de la
modernidad líquida (2013), es que la cultura sería algo así como una reunión de
preferencias que implican corrección y excelencia. Bauman (2013) toma a Bourdieu para
recordar que el concepto de “cultura” fue introducido socialmente en el siglo XVIII para
asentarse como una determinante de cambio, como una misión con el objetivo de educar
a las masas, salvarlos del salvajismo.
Lo que demanda el presente apartado es que el aspecto cultural no es solamente
una variable, sino lo más importante a observar y quizá una determinante de las
relaciones sociales en este caso en particular, en un contexto específico, en el universo
BRT llamado Metrovía y sus respectivas estaciones.
El concepto de cultura se ha introducido tanto en nuestros imaginarios, ciencia y
formas de abordaje de los diferentes estudios. Parecía necesario entrar en esta discusión
ya que, tendríamos que interrogarnos sobre si “cultura” implica necesariamente un
“deber ser” en cuanto a la interacción con otros o en detrimento de aquello, como una
característica que define a los diferentes grupos sociales atravesados por su lugar de
nacimiento, religión, etnia y prácticas sociales. Estas aclaraciones se precisan
pertinentes porque no se pretende introducir en absoluto un “deber ser”, pero sí
evidenciar que las formas de relación en el contexto descrito, son conflictivas, repetitivas
y no sujetas a ningún tipo de reflexión, lectura, saber-hacer, de parte de los actores
sociales.

68
Con lo que se podría decir entonces, la cultura, como esa forma de interacción de
unos y otros en un medio determinado, es en sí misma en lo que se está estudiando aquí,
siguiendo las hipótesis que se han propuesto, conflictivas y generadoras de malestar.
Veamos a la cultura como la cara sincera de la sociedad; la cultura no miente
(Wolcott, 1987): “Prácticamente todo comportamiento está influenciado por la cultura,
por supuesto (…)” (Wolcott, 1987, p. 47). La verdad estaría en el comportamiento
cotidiano de los actores sociales que la llevan. Esto es clave para ejercer métodos
etnográficos y para poder comprenderla, justo ahí donde las recolecciones estadísticas y
objetivas no pueden entrar. Pero es tan difícil describir, comprender e interpretar la
cultura, como hacer un trabajo etnográfico. Lo referente a la dinámica, a lo cultural y a
sus prácticas sociales, entre estas: el desenvolvimiento de los individuos dentro de lo
urbano, no se puede estudiar desde una perspectiva con autoridad objetivista, material,
concreta. Hace falta una metodología de estudio que se ponga en la piel de quienes viven
el día a día en una ciudad pequeña y de muchos habitantes como Guayaquil:

(…) los planificadores urbanos basados en la economía urbana, el estudio del


desarrollo físico-espacial de la ciudad, han tomado decisiones acerca de qué se
puede construir, por dónde debe trazarse el transporte, si se debe impulsar el
Metro o el Metrobus, cuánto se puede tolerar el transporte individual o cuándo
estimularlo. En general se decide según criterios cuantitativos y de una
pretendida objetividad, sin tomar en cuenta la experiencia vivida de los que
viajan, de los que trabajan, de los que habitan la ciudad. (García Canclini en
Lindón, 2007, p. 95)

La cultura no existiría como tal, en el sentido de que los integrantes de los


diferentes grupos sociales no se encuentran pensando todo el tiempo en que su forma de
comportarse es “su cultura” o que ellos mismos son en sí mismos “la cultura” o que
representan a una. Haría falta del etnógrafo para señalar que lo que está observando es
una cultura (Wolcott, 1987).
De esta manera nos desmarcarnos de aquello que se dice que los etnógrafos están
ahí para señalar lo obvio (Wolcott, 1987), creyendo también que el único trabajo del
etnógrafo es describir lo que ve. Cuando hay que enfatizar que, de alguna manera, los
miembros de la sociedad tienen un saber-hacer dentro de su entorno, que no lo cargan
identificado como bandera cultural. Pero también hay un saber –o muchos– que no
tienen, en todo caso, el que repetirían para un fracaso de su actuación en la sociedad, por
ejemplo.
La acción social ocurre en una suerte de geografía donde confluyen los actores
sociales. Es decir, que la cultura se avizora en la espacialidad del territorio donde se

69
desenvuelven, transitan, se mueven e interactúan conjuntamente los miembros de la
sociedad. Pero aquello no se encuentra en el mundo de la evidencia, de lo objetivo, de la
edificación o en el cemento, sino que entra en un campo de la intangibilidad –de lo
simbólico también se puede decir–, por eso es la complejidad de su abordaje dentro del
campo de las relaciones sociales.
Lindón (2007) menciona que reducir estos estudios a la materialidad, es una
forma de reduccionismo para el abordaje teórico o de investigación, ya que el mismo
concepto de ciudad no es solo material, sino que implica lo intangible; esto para
referirnos a los imaginarios sociales y al estudio de “lo imaginario”, con casi las mismas
dificultades. Es decir que esto no tangible tiene que ver con cómo transitar los espacios.
Lindón (2007) también dirá que estaría relacionado con vivencias, experiencias,
representación, percepción etc., del espacio. Asimismo, pueden ser la ausencia de
fenómenos o referentes que condicionen las prácticas sociales (Lindón, 2007). Los
imaginarios urbanos convendrían lo incuestionable sobre las acciones sociales, el sentido
común de cómo hay que actuar en los espacios sociales, que son las formas
supuestamente “naturales” con las que los sujetos asumen su accionar (Lindón, 2007) y
lo repiten e imitan.
Los imaginarios son por definición colectivos y producto de la interacción de las
personas (Lindón, 2007), que, a la vez, condicionan las mismas prácticas sociales.
También Lindón (2007) atribuiría al imaginario a una forma de geografía humana en el
mero hecho de que los ciudadanos se transporten dentro de la ciudad, en una suerte de
geografía del comportamiento y que sus acciones sean (a manera de estrategia, como se
ha dicho) una carta de navegación. Sobre esto, Néstor García Canclini en una entrevista
con Alicia Lindón (2007) se refiere de la siguiente manera:

Los imaginarios (urbanos) aparecen como un componente necesario,


constantemente presentado en la interacción social y refiriendo a formas de
interacción no objetivables físicamente, o que sólo en forma inmediata pueden
aludir a posiciones particulares en la ciudad. (p. 92)

Coincidimos en esta vía de pensamiento en que hay una estrechez entre acción
social, imaginario urbano, cultura y espacio urbano: “acción no es un resultado de la
cultura, al contrario, se lleva a cabo en y por la cultura” (Berdoulay, 2003, p. 55).

70
La acción colectiva en el uso del BRT Metrovía

Haciendo una revisión del trabajo de Mancur Olson, Aguiar y Herreros (2003),
nos mencionan que la acción colectiva no siempre son las acciones de un grupo social
que corresponden al beneficio de un colectivo o una pequeña masa en detrimento a un
bien común. Es decir, que el postulado olsoniano trata que la acción individual de un
individuo que actúa en pos de la racionalidad y del bien colectivo, no necesariamente
será la elección racional y egoísta de otros individuos que conformarían una masa o
grupo social. De aquí se sostendría que, siguiendo líneas incipientes conjeturales y quizá
marcando un camino para la investigación y conclusiones finales: mientras el grupo o la
afluencia de personas es más grande en el sistema de transporte Metrovía, por ejemplo,
las acciones irracionales (o racionales/egoístas para cada individuo) individuales
prevalecerán sobre el interés del bien común, preservando el bien individual y que la
responsabilidad, y malestar, recaigan sobre el otro; logrando por consiguiente que sea la
elección racional que los demás sujetos tenderán a seguir.
Ese llamado free riding (el polizón, el que va libre) o gorroneo conduce al fracaso
de una acción colectiva racional (Aguiar y Herreros, 2003), aunque dicen los autores en
cuestión siguiendo a Mancur Olson, que podrían incluirse mecanismos que lo impidan.
Es sobre este aspecto que se trabaja en el sistema de transporte Metrovía: en las
condiciones exteriores, adecuando las estaciones de servicio con señaléticas y
prohibiciones, rejas, obstáculos para que no se cuelen por las entradas, además de
campañas de concientización para que exista “racionalidad” en la interacción y uso de
los buses, entre otros; pero la estructura material no condiciona en absoluto el
comportamiento colectivo ¿a qué se debería?
Aguiar y Herreros (2003) han establecido que no es lícito pensar que los
individuos en colectividad son egoístas y que siempre están detrás de su beneficio
personal. Basados en Thomas Shelling, Aguiar y Herreros (2003), mencionan el hecho
de que tan solo con que exista una pequeña masa de individuos que muestren
cooperatividad, es suficiente para que, dentro de una lógica de teoría de juegos, la acción
colectiva se incline por el beneficio de la colectividad en pos del uso adecuado del bien
público que en este caso es el BRT Metrovía. Aquí tenemos que aducir que la pequeña
masa crítica de individuos en cooperación, es mucho menor a la elección racional y
egoísta de una masa mayor en beneficio personal. Así, sustentándonos en el dilema del
prisionero correspondiente a la teoría de juegos, diremos que se cumple una acción
colectiva contraria al beneficio colectivo. Los autores mencionados,
circunstancialmente, plantean como posibilidad no pensar la acción colectiva solamente
desde la percepción del gorrón y son defensores de que una masa pequeña, que en

71
repetidas ocasiones opte por una acción positiva para el bien común, influirá en la acción
colectiva de una mayoría logrando la cooperación general.

Normas sociales y elección racional

No es merecedor dejar del lado el tema del estudio de cómo se articulan las
normas sociales (en este caso, la normatividad que se inclina por el uso adecuado del
sistema de transporte y de la convivencia armónica y ordenada entre sus usuarios), en
relación a la elección racional por parte del grupo social de ciudadanos y ciudadanas,
beneficiados con la Metrovía. Para lo que se considera pertinente que, en la comprensión
del surgimiento de las normas sociales, se tome en cuenta el dilema del prisionero. Sería
poco satisfactorio la no cooperación entre los sujetos sociales, ya que ocasionaría en el
otro cooperador un malestar, mas no en quien no decide cooperar; figura que se repetiría
entre los que no deciden cooperar. En el ámbito social y la multiplicidad de relaciones,
es incluso difícil ponerse a pensar en la cooperación del otro para poner en práctica la
propia cooperación.
En el sentido de la Teoría de Juegos, cooperan todos o no coopera nadie. Más
cercano a esta lógica es que no coopere nadie, dado a la facilidad que ello implica; es
decir, cooperar se lleva a cabo si es que otro jugador coopera, esto se ha interpretado la
mayoría de veces como la explicación del seguimiento de normas sociales y las
costumbres que caracterizan a la sociedad en un lugar determinado (Aguiar y Herreros,
2003).
Las normas sociales existen debido a que la elección “racional” por parte de los
individuos, no es tan racional. Es decir, se ajustan las normas según los
comportamientos inadecuados identificados por las instituciones normativas.
Habiendo dicho ya que la elección de cada individuo y que influirá en la elección
de los otros en un sentido de cooperación, iría según su propia conveniencia y siguiendo
la cooperación o no cooperación del otro; y eso es lo que llevaría el estatuto de “racional”.
Pero las normas pueden ser un dilema social (basado en el dilema del prisionero) o
pueden ser también una solución conveniente al dilema social (Aguiar y Herreros, 2003).
Siguiendo a James Coleman en Foundation of Social Theory (1990), Aguiar y
Herreros (2003) explican que una norma social no existiría como una motivación,
simplemente, porque eso no implicaría que se siga, sino que además debería gozar de la
condición de ser sancionadora por otro lado. Es decir, existe como una motivación que
conlleva por medio de un impulso positivo a ser cumplida, pero también requeriría ser
punitiva si no se cumple.

72
A lo dicho en el párrafo anterior, Aguiar y Herreros (2003) influenciados por
Coleman, plantean lo problemático que podría ser pensar en una elección racional,
cuando estamos hablando en el seguimiento de normas que son sancionatorias. Así
como evitan y sancionan a gorrones, también pueden ser vistas como beneficiarias para
estos mismos (Aguiar y Herreros, 2003), debido a que, si las normas beneficiarían a
todos en un sentido colectivo y específico, el gorrón se beneficiaría en un sentido
individual y exclusivo: en el camino por el que actuar fuera de la norma significa, actuar
fuera de los ojos de la sanción; la transgresión tendría su cuota gozosa.
A este problema Coleman llama “el problema de bien público de segundo orden
de las normas” (Aguiar y Herreros, 2003, p. 282). Y la solución que se plantea gira
alrededor de la cohesión social y la confianza que pueda existir entre los actores sociales
¿En qué sentido? Si por ejemplo de un grupo de individuos, uno o unos pocos rompen
la norma, una sanción social —considerado por Aguiar y Herreros (2003) como capital
social— proveniente de los individuos que cumplen con la norma (es decir cooperan,
siguiendo la idea anterior del dilema del prisionero), que dependerá del coste del llamado
de atención, dependiendo a la vez del grado de confianza o cohesión que exista con el
grupo social, será entonces una acción de elección racional.
Sancionar socialmente, sanciones provenientes de los mismos actores sociales a
otros actores sociales que incumplen con las normas, no parece en sí misma una acción
racional (Aguiar y Herreros, 2003). Pero la respuesta que Coleman da este problema es
que, a partir de un sistema de confianza de un grupo de individuos, podría llevar a la
desaprobación o sanción social a uno que incumpla con la norma social (Aguiar y
Herreros, 2003). Ello envolvería un sistema de cooperación y de confianza, en la sanción
social, para los actos que incumplan las normas sociales de cooperación. La cuestión es
que, si no existiera ese nivel de confianza y cohesión social, es decir, esas condiciones
determinadas, no pudiera haber ese grado para (incluso) llamarle “complicidad” y poder
ejecutar una sanción entre actores de la sociedad.
A estas alturas del entendimiento de la norma, hay que subrayar que las normas
no son impuestas por los mismos actores sociales. Que ellos las originen o las demanden
(entendiendo demanda también, en la forma de la no cooperación), es otra cosa. Las
normas sociales están a cargo de la institucionalidad que sostiene, marca o encuadra el
funcionamiento de la sociedad.
Pero sea cual fuera la norma social existente, en sistemas complejos, es decir, en
la sociedad misma y el hecho social en sí, como ya se ha descrito sucintamente, no es
posible que los individuos se percaten de la cooperación o comportamientos más óptimos
(Aguiar y Herreros, 2003), incluso que beneficien a todo el grupo social. Sino que verán
por elegir estrategias más adecuadas y óptimas para sí mismos, lo que generaría luego el

73
desencadenamiento de elecciones racionales similares de no cooperación, entre los otros
miembros de la sociedad. Es decir: se cooperaría si el otro lo hace, pero si no, no
cooperaría. Para entender mejor la idea, citamos el párrafo siguiente de Aguiar y
Herreros (2003), siguiendo los postulados de Robert Axeldrod:

En analogía con la evolución biológica, las estrategias que han sido más efectivas
tenderán a imponerse porque serán imitadas, mientras que las no efectivas
tenderán a desaparecer (Axeldrod, 1997). La misma lógica se aplicaría al
surgimiento y mantenimiento de una norma social dada. Los individuos se
adaptan a las estrategias que ven que funcionan mejor. Con el tiempo, esas
estrategias serán imitadas y pueden llegar a convertirse en una regla de
comportamiento seguida por toda la población. (p. 286)

Pero detengámonos un poco en aquello de ¿qué hace que ciertos


comportamientos se den en unos contextos y no en otros? Parece pertinente tener en
cuenta eso de que los individuos elegirán estrategias más óptimas para sí mismos y que
determinarían sus comportamientos, con lo que podríamos –aunque no es nuestra
intención principal– aludir a la forma de planificación de las condiciones exteriores y
físicas, donde los individuos se desenvuelven. Podríamos también atribuir estos
fenómenos a la gran afirmación de varios estudiosos que dicen que Latinoamérica no
tuvo modernidad. ¿O es que también tenemos que pensar en la intencionalidad de cada
individuo? Probablemente no es un asunto a ignorar.
En el sentido durkheimiano hay un hecho social (la elección racional) por alguna
arista objetivable y hay una entelequia normativa que bien lo contiene o permite su
fenomenología. Planteemos arbitrariamente a manera de pregunta que los lineamientos
institucionales, de ley y normas a seguir para una óptima afluencia de pasajeros, llevada
de manera ordenada, etc., ¿no son lo suficientemente convenientes para usuarios que
tienden a buscar estrategias que les convenga más? Esto nos remite a pensar la
planificación urbana de Guayaquil y también a la ciudad misma en los últimos años, en:
si ¿ha sido construida pensada en los ciudadanos de a pie o se ha construido bajo qué
preceptos y para beneficiar qué o a quién? En esta misma línea para reflexionar sobre
los conceptos de transporte público, urbanidad, áreas verdes, lugares públicos, seguridad
ciudadana y control ¿han sido implantados sin pensar en los principios básicos y
estándares de la planificación urbana según el beneficio de los sujetos?
Pongamos sobre esta mesa de estudio lo que significaría una suerte de “desorden
urbano” a partir de una “mala” planificación urbanística, por decirlo así. Como
preguntábamos ¿desde dónde se planifica o bajo qué parámetros? ¿Es que de repente en
una comunidad llega el urbanismo en un ejercicio de imposición y sorpresa

74
colonizadora? Tenemos necesariamente que preguntarnos si el desorden urbano se
puede prevenir si la planificación de una ciudad se realiza en beneficio de sus ciudadanos
y no de parte de intereses corporativistas, de producción, de mercado (Garnier, 1976).
La ciudad que se piensa ágil para un público reducido, el que cuenta con
automóvil propio, por ejemplo, es la contraria para los que usarían transporte urbano;
pero debemos de saber que los que van en auto también perciben un tipo desorden y
llevan su cuota de malestar urbano:

Las ciudades se extienden permanentemente, absorbiendo lo que en algún rato


fue lo rural. Su crecimiento no coincide por ningún motivo con las intenciones
del sujeto (…). Sino más bien, el desarrollo urbano está ajustado a políticas
comerciales, ornamentales, viales, que comprenden vericuetos herméticos con
fines determinados. (Silva Koppel, 2012, párr. X)

Hay un impacto espacial, aprehendido y reproducido por los mismos habitantes,


con conocimiento de causa o con ignorancia en su ejecución. Como parte de este
desorden se baraja la segregación (Garnier, 1976) de quienes, por citar algo, tienen que
adaptarse o encontrar formas más eficientes de transportarse dentro de una ciudad, pero
tengamos en cuenta, que se trata de una población determinada:

Los espacios, por lo menos en Guayaquil, se encuentran sumergidos en objetivos


completamente distintos a lo que el sujeto estaría buscando (…) Sin consumo, no
hay espacio; no hay espacio fuera del consumo (…) No quiere decir que la falta de
espacios y la planificación urbana con fines comerciales tenga que ver
necesariamente con una planificación basada en el capital, sino que, por otro
lado, también está la planificación policiaca de la vigilancia y el encierro. (Silva
Koppel, 2014, párr. X)

El espacio urbano se ha organizado de tal manera que beneficie los fines de las
clases dominantes, según Garnier (1976), siendo las clases dominantes mismas, las clases
que urbanizan; la ciudad, y su urbanización, como sostienen Berdoulay y Entrinkin,
citados por Lindón (2007), demandan que se piense en función de los individuos que la
integran.
En lo que sí hay que hacer una observación, es que la planificación urbana
dependería de cada contexto y su respectivo proceso histórico. Por ejemplo, Guayaquil
es una ciudad que se vende como una ciudad para trabajar y para visitar; siguiendo la
apuesta de Garnier, la ciudad está planificada y maquillada para producir, lo que

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menoscabaría su habitabilidad o al menos, un transitar por parte de los ciudadanos sin
tanto malestar.
Las ideas de Garnier (1976) nos son bien útiles para abordar esta temática, más
cuando plantea que la industrialización urbana es la responsable del desorden en las
ciudades, porque en primera instancia, urbanización e industrialización son (y deberían
estar considerados como) procesos diferentes. Guayaquil, planificada en función de una
suerte de productividad, para que la clase trabajadora se transporte en una forma
específica de transportación (la principal de la urbe y casi la única), ciudad que se
encuentra estructurada con ciertos parámetros; o como un parque de diversiones,
embelleciendo sus carencias con piletas de colores, ruedas moscovitas en las zonas
turísticas o un sistema de transporte que aglomera personas para llevarlas de un lado al
otro.
Garnier (1976) sostiene que los grandes problemas urbanos tienen que ver con
una mala organización del espacio, sucediendo lo mismo con la planificación urbana: las
aglomeraciones son un problema urbano y disminuirían la calidad de vida de sus
habitantes. Sería una contrariedad si es que, considerando que los problemas de la
ciudad tienen que ver con una mala administración de los espacios, entonces sería
absurdo que, a mayores problemas urbanos, mayor organización de los espacios, sobre
los espacios debidamente organizados causantes de los problemas urbanos. Es un ciclo.
Para pensar los problemas que existen relacionados a la planificación,
organización, circulación y usos de la Metrovía, y poner a prueba los argumentos aquí
presentados, reflexionemos sobre este sistema de transporte y su relación con las
compañías que le expenden combustible, las que les surten repuestos, las que brindan
mantenimiento o el protagonismo que tiene como transporte urbano exclusivo o las
concesiones y empresas privadas las que son dueñas del consorcio de transporte, etc., a
costa de una suerte de segregación de quienes serían los que usan esta modalidad de
trasladarse, quienes pierden tiempo a su espera, sufren hacinamientos, se ajustan a
largos recorridos, a la planificación vial de éste o los que tienen que aguantar gorrones
etc., para luego vender la idea como una obra social y que forma parte de una política
pública, pero se emprende desde una empresa (o empresas) privada. Citamos un
extracto del testimonio de un ciudadano que se atrevió a publicar su queja en un
importante diario de la localidad:

Los ladrones están haciendo “su agosto” desde hace mucho tiempo y no solo por
la inseguridad imperante, sino por el “apelotonamiento” de personas en cada
unidad. Los ventiladores no funcionan o no los prenden, haciendo insufrible el
traslado, conociendo el clima de nuestra ciudad (…). Han hablado mucho de que

76
lo “privado es mejor”, de la “calidez del servicio”, lo “modernas que son las
unidades” ...; pero en realidad el malestar es diario. (El Universo, 2015, párr. X)

Garnier (1976) adjudica a la planificación urbana como una autoría burguesa:


organizar la realidad espacial de la ciudad, sin pensar en la realidad social o lo que ya se
ha dicho, que con la transformación de la realidad espacial se pretenda cambiar la
realidad social; son pretensiones ingenuas o malintencionadas. Sin embargo, aquello,
por ejemplo, de la implementación y funcionamiento del sistema de transporte Metrovía,
queda grabado en la memoria colectiva como una obra de autoría municipal, la misma
que se usa como forma propagandística y es asumida culturalmente como algo positivo
de lo cual hay que estar satisfechos.
De manera contraria, pensando en que a través de estos ideales de planificación
(es decir, en beneficio de la productividad y la eficacia, al menos en la eficacia en
transporte), conllevaría a un fracaso y a un desgaste en lo productivo, porque, por un
lado, la mano de obra –que serían usuarios en general y trabajadores de una clase social
específica, los que usan el sistema de transporte Metrovía– rendiría menos en sus
actividades, en el idilio de transportarse ida y vuelta de su lugar de salida a su destino y
viceversa.
Es lo que dice Garnier (1987) cuando habla de un despilfarro económico el de
controlar el desorden y disfuncionalidad urbana producida por su mismo sistema de
planificación; eso implicaría también “la planificación policiaca de la vigilancia y el
encierro” (Silva Koppel, 2014, párr. X). Por ejemplo, gastar en campañas de
concienciación, señalética, en rejas nuevas, etc., para controlar y “reparar” lo que
ciudadanos han encontrado como estrategias racionales y más óptimas (que a la larga
son medidas transgresoras) para darle un uso al sistema Metrovía, las que son más
convenientes para ellos:

La significante ciudad se ha vendido con una noción comercial. “Ciudad es


comercio”, “ciudad es progreso”. En este aspecto, el productivo, la relación con
el otro está sustentada por la finalidad comercial, siguiendo la misma lógica de la
planificación urbana tradicional. El comercio en los lugares antes mencionados,
es denominado informal. Con este principio, se le llama informal a todo lo
opuesto a la norma urbanística planteada, por lo tanto, anormal y, por lo tanto,
desechado. Desembocará en una lucha por el espacio, por subsistir, por existir.
La transgresión, está en el comerciar en lugares prohibidos. (Silva Koppel, 2012,
párr. X).

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De esta manera dilucidamos prematuramente, que la transgresión está en buscar
formas y elegir estrategias más rentables para existir, transitar y habitar la ciudad, no
exentas de gratificación.
¿Por dónde se empieza entonces? en ver ¿cuál fue el primer individuo que no
siguió por el sendero de cooperatividad que beneficiaría al grupo social, sino que, por
medio de una elección racional, optó por un comportamiento fuera de la norma implícita
o explícita como estrategia de beneficio individual –la misma que refuerza la
cooperación–, lo que condujo a otros sujetos sociales a imitar en el juego social no-
coopera, entonces no-coopero y en lo posterior, ello se convirtió en una costumbre? Es
decir, ¿Tendríamos que remitirnos al origen o podemos ver sus accidentes? El estudio
actual sugiere reparar y detenernos en lo accidental.

Comportamiento y hostilidad social ¿una cuestión del clima?

Guayaquil es una ciudad de clima caliente y húmedo, la misma que obliga a sus
ciudadanos a buscar mejores formas de confortarse, de sobrevivir a ella. No es parte de
esta investigación tratar el tema de áreas verdes en la ciudad, pero habría que señalar
que son muy pocas y de difícil acceso. El calor se vive en la calle, en la desesperación de
los conductores al usar el claxon indiscriminadamente, aturdiéndose unos a los otros.
Las altas temperaturas se evidencian en la actitud del ciudadano de a pie, el
mismo que por una demanda social tiene que vestir formalmente para asistir a su trabajo.
Las unidades de la Metrovía transportan a muchos ciudadanos que sufren por el calor;
ya se lo ha visto, experimentado y pasado revista a las quejas que se tienen sobre el clima
y a las unidades sin acondicionadores de aire. Los buses de la Metrovía son vagones que,
con el sol inclemente de la ciudad, se convierten en hornos ambulantes.
Existen estudios que establecen una relación directa entre el calor y el
comportamiento hostil (y violento) de las personas y las sociedades. Aunque el
establecimiento directo de estos estudios es entre la violencia/crimen y el calor, podemos
hacer uso de estas investigaciones para aunarlas a nuestro interés y reflexionar sobre si
el clima caliente tendría que ver con el comportamiento hostil y muchas veces abusivo
de los ciudadanos y principalmente de los usuarios del transporte urbano. Incluyamos
en este pequeño apartado no solo el calor, sino también el ruido, sin olvidar el que se
produce en las calles y también desde las mismas unidades de la Metrovía, ya sea por el
ruido de su automotor, el abrir o cerrar las puertas, las alarmas de entrada en las
estaciones o el uso del claxon.

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En los estudios sobre esta temática a través del tiempo, se ha dicho que en los días
más calurosos se evidencian un mayor índice de violencia en las sociedades (Anderson,
C., Anderson, K., Dorr, DeNeve & Flanagan, 2000). Varios de los estudiosos en ciencias
sociales han identificado que los índices de violencia, y diremos nosotros de hostilidad,
serían mayores en las zonas cercanas a los ecuadores (Anderson et al., 2000), es decir a
los centros geográficos.
En una serie de experimentos sociales llevados a cabo por Anderson et al. (2000)
se determinó que el clima (tanto calor, como ruido), es responsable de una secuencia de
comportamientos agresivos en cualquier contexto donde el estímulo externo esté
presente: “Creemos que la incomodidad en general puede producir arrebatos agresivos
de corta duración en una variedad de entornos, como uno que se muestra en la intensidad
del ruido. (…)” (p. 125). Estos experimentos, los mismos que constaron en exponer a un
grupo de personas a situaciones de frío, calor y ruido por un momento corto de tiempo y
controlando la exposición a los estímulos, demostraron que las personas asumen
comportamientos agresivos, por lo que ya podríamos ir intuyendo cómo sería el
comportamiento en la exposición en un contexto donde están expuestos a estímulos
similares, pero de manera permanente: tendrán respuestas de hostilidad más sostenidas.

La Cultura Ciudadana de Mockus

Fue el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, que introdujo el concepto de


“cultura ciudadana” 1993-1994 (Hunt, 2015). Mockus (1995) definió la “cultura
ciudadana” como “la combinación de costumbres, acciones y reglas mínimamente
compartidas que generan un sentimiento de pertenencia, facilitan la coexistencia
urbana, generan respeto hacia patrimonios comunes e inculcan el reconocimiento de los
derechos y obligaciones de los ciudadanos” (citado en Hunt, 2015, p. 124). Hunt (2015),
siguiendo a Mockus, dice que la cuestión de la corrupción, violencia, ciertos
comportamientos ilegales que se volvieron tolerables, aunque conceptos desarrollados
en un contexto de narcoviolencia (refiriéndose al contexto de Bogotá).
Para Mockus la “cultura ciudadana” implica incentivar, por medio de estrategias
lúdicas, pedagógicas y comunicacionales, a cumplir las normas a voluntad, acordar,
ayudarse mutuamente por conciencia propia, respetando la ley y en solidaridad con otros
ciudadanos (Mockus, 2003). Para Mockus (2003) el aspecto cultural estaba sobre la ley
en Bogotá.

79
Convivencia Ciudadana

Se puede decir que la Convivencia Ciudadana resulta de la pedagogía urbana, de


la educación ciudadana y democrática, ya que no seguir normas sociales provoca
malestar entre ciudadanos, violencia e irrespeto entre los mismos; por lo tanto, los
conceptos de “ciudadanía” y “convivencia” estarían entrelazados (Molano, 2014). De esta
manera existe una responsabilidad compartida pacífica, respetuosa, que debiera existir
en los espacios públicos y de interacción colectiva, en especial en transportes masivos de
pasajeros (Molano, 2014). La convivencia se ve dificultada por los prejuicios hacia el
otro, el irrespeto, posiciones sociales de subordinación y dominación, y falta de
comunicación (Molano, 2014), lo que bien con Jiménez puede ser catalogado como una
práctica barbárica (2011).
En Jiménez (2011) encontramos unos esbozos importantes sobre convivencia
ciudadana. Se menciona que este constructo apunta a un cambio que va en pasar de la
barbarie a lo civilizado, o en su detrimento, el paso de prácticas que no son civilizadas
por otras que sí; civilización que va acorde a el establecimiento de derechos humanos y a
la individualización de las personas. Sobre este último aspecto, vale decir: tener en
cuenta su espacio, la autonomía de su cuerpo en relación a los cuerpos de los otros, etc.
Jiménez (2011) cita a Ortega y Gasset para referirse a “civilización”, destacando
que civilización no es nada más que tener la voluntad para convivir: “se es incivil y
bárbaro en la medida que no se cuente con los demás” (p. 17). El autor trata de incitarnos
con este término, “barbarie”, a tomarlo como un no-saber convivir con los demás, a
poner en primer lugar la conveniencia de uno, por sobre la de los demás, provocando así
la disociación de la comunidad cayendo en prácticas que colindan con lo bárbaro, pero
solo se puede dar cuenta de ello por parte de cada ciudadano, si es que ha logrado
internalizar lo que Jiménez (2011) alude como “autonomía” y reflexividad sobre sí mismo
y con los demás; y esto no es más que pensar en función de derechos humanos y su lugar
como ciudadano. Lo que conllevaría a que los ciudadanos puedan ubicarse con respecto
a sus responsabilidades y de saber qué es lo que también les toca recibir de parte de sus
gobiernos locales (Jiménez, 2011).
Jiménez (2011) hace hincapié que el problema cualitativo de la convivencia, no es
exclusivo de las ciudades, que también se dan en zonas urbanas, pero que es más visible
en lo urbano. Aunque el autor quiera hacer una referencia y quizá, nos pueda dar esa
impresión, que lo que acontece en el convivir cotidiano de la ciudadanía tenga que ver
con la confluencia de diferentes costumbres, religiones, etnias, etc., pero se resalta que
tiene que ver más con un componente que va del lado al individualismo, egoísmo, escasa

80
educación e irresponsabilidad, lo que anteriormente categorizamos como elección
racional, que perjudicaría a la convivencia con los demás.
Jiménez (2011), resalta otras categorías que serían de tomar en cuenta, claro,
reconociendo la realidad europea y que hace referencia a otras variables como la
migración, las ideologías extremistas, la xenofobia y racismo… y esto lo pondera para
decir que aquellos fenómenos se alinean para concebir una muerte anunciada del
multiculturalismo (Jiménez, 2011). Asimismo, el autor establece algún tipo de relación
entre inmigración y convivencia, para no dejar del lado esa consideración. Pero también
establecerá que lo que concierne a convivencia, a sus alteraciones, conflictos, etc., está
ligados a la carencia o “caída” de valores públicos (tomando en consideración que sí
existieron alguna vez), al declive permanente de la educación y a la conveniencia
individual, anteriormente mencionada:

Los problemas de convivencia ciudadana en el espacio público encuentran su


explicación, en su mayor parte, en la configuración de un mundo individualista
con escasos (o nulos) valores públicos, devorado por el consumismo extremo y
fuertemente egoísta, en el que la educación es un bien escaso y las buenas
maneras se han perdido por completo. (Jiménez, 2011, p. 23)

La institucionalidad, al detectar una fuerte presencia y repetición de acciones por


parte de los ciudadanos en cuanto al irrespeto de leyes y mores14, es lo que ocasiona una
proliferación exagerada de normativas, que como se ha dicho ya, intentan normar su
conducta (Jiménez, 2011).
En esta suerte de separación de los ciudadanos con las costumbres morales y el
respeto en cuanto a la convivencia con otros ciudadanos, se establece nuestra línea de
trabajo: se manifiesta la propia conveniencia a toda costa, en un uso subjetivo de los
derechos que uno le conviene o sirvan, los que no se ponen en ejercicio para el bien
común, lo que ocasiona una descomposición social en cuanto al gozo de derecho y al
cumplimiento de deberes (Jiménez, 2011).
Hay conductas incívicas o inciviles (Jiménez, 2011), que tensionan la relación
entre ciudadanos, por ejemplo: hacer las necesidades fisiológicas en público, entre otras,
arrojar basura en las estaciones de la Metrovía (o al interior del bus, o a la calle, desde
sus ventanas), escupir enfrente de otros en el espacio público o la serie de acciones que
se han identificado y analizado en el trabajo de investigación actual, las que generan
desorden, conflicto y no están exentas de hostilidad y agresividad.

14
Costumbres morales.

81
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