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Psicoterapia Resumen para El Parcial

Este documento presenta los elementos esenciales de la psicoterapia, incluyendo al cliente, al psicoterapeuta y la relación terapéutica. Describe al cliente como alguien que experimenta dificultades y busca cambiar a través de la terapia. Explica que el psicoterapeuta requiere formación científica y ciertas características como la empatía y la introspección. Finalmente, distingue entre motivaciones funcionales y disfuncionales para ser psicoterapeuta.

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Psicoterapia Resumen para El Parcial

Este documento presenta los elementos esenciales de la psicoterapia, incluyendo al cliente, al psicoterapeuta y la relación terapéutica. Describe al cliente como alguien que experimenta dificultades y busca cambiar a través de la terapia. Explica que el psicoterapeuta requiere formación científica y ciertas características como la empatía y la introspección. Finalmente, distingue entre motivaciones funcionales y disfuncionales para ser psicoterapeuta.

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Aproximaciones a la psicoterapia

Feixas y Miró.

Capítulo I:“La aproximación inicial”

Los elementos esenciales de toda psicoterapia son:

 El cliente
 El psicoterapeuta
 La relación terapéutica
 El proceso terapéutico

El problema de la definición de la psicoterapia.

Aristóteles decía “la psicoterapia será una, pero hoy por hoy se dice de muchas maneras”.

Hay muchas definiciones acerca de la Psicoterapia, pero aquella que tendremos en cuenta será:
“es un tratamiento ejercido por un profesional autorizado, que utiliza medios psicológicos
(estrategias de intervención) para ayudar a resolver problemas humanos, en el contexto de una
relación profesional.” Se entenderá como tratamiento de naturaleza psicológica que, a partir de
manifestaciones psíquicas o físicas de sufrimiento humano, promueve:

 El logro de cambios o modificaciones en el comportamiento. Y ese cambio de


comportamiento supone:
 La adaptación al entorno.
 La salud física y psíquica.
 La integridad de la identidad psicológica.
 El bienestar bio-psico-social de las personas y grupos tales como pareja o familias.

El cliente

En un sentido operativo, el cliente o paciente es la persona que acude a los servicios


psicoterapéuticos. Lo que todas las personas que acuden a psicoterapia tienen en común, es que
experimentan algún tipo de dificultad, malestar o trastorno, que es lo suficientemente importante
en sus vidas como para provocar un deseo consciente de cambio.

Habitualmente, los clientes expresan conflictos con otras personas, y también síntomas tales
como ansiedad, insomnio, amnesia, etc. Resulta común que estos sentimientos se expresen
como algo “extraño a sí mismos”, desconocido y que no pueden controlar, por lo tanto, es
frecuente que los clientes acudan a la terapia con expectativas poco realistas, es decir, buscando
que el terapeuta les dé “la” solución a sus problemas. Es importante tener en cuenta que el
proceso de la terapia se diseña no para cambiar a los pacientes, sino para ayudar a los pacientes
a que se cambien a sí mismos. El cliente o usuario de los servicios psicoterapéuticos, es
cualquier persona que siente la necesidad de realizar cambios en su forma de relacionarse
consigo mismo y con el mundo, cambios que no puede realizar por sí mismo, ni recurriendo a las
fuentes naturales de ayuda existentes en la comunidad, y que requieren la ayuda de una persona
especialmente preparada. La persona que tiene dificultades y se está cuestionando acudir a la
consulta de un psicoterapeuta, por un lado, tiene que poder admitir que ella no puede resolver la
situación por sí sola, lo cual supone un reconocimiento de un cierto fracaso personal; por otro
lado, va a ingresar en un proceso, el psicoterapéutico, en el que lo que interesa es incrementar el
sentimiento de competencia personal.

Otro elemento a tener en cuenta respecto al rol del cliente es la ansiedad que puede despertar el
hecho de iniciar una psicoterapia. Existen muchos casos en los que la persona que solicita la
psicoterapia no es la que sufre el síntoma, y otros en los que no se acude a psicoterapia por
decisión e iniciativa propia sino por indicación o mandato de otros. Por ello parece conveniente
distinguir entre demandante, aquel que determina que es necesaria la intervención de un
profesional de psicoterapia, y paciente identificado (PI), el portador del síntoma o problema.
Cuando demandante y PI no coinciden, la psicoterapia resulta mucho más compleja.

Ahora bien, la figura del cliente no se refiere únicamente a un individuo concreto sino que puede
incluir también a una pareja, familia, un grupo o una institución.

El psicoterapeuta

La pregunta sobre quiénes son los que practican la psicoterapia en la actualidad puede
plantearse, de dos formas distintas. Desde el punto de vista de los requisitos formales que se
requieren para ser socialmente autorizado como psicoterapeuta, área que abarca la formación
profesional de los psicoterapeutas. Pero también puede formularse desde el punto de vista de las
características personales asociadas con la elección de la profesión de psicoterapeuta.

La psicoterapia tiende en la actualidad a consolidarse como una profesión autónoma. Esta


consolidación lleva consigo el problema de la formación del psicoterapeuta. En la actualidad, la
formación de los psicoterapeutas tiende a consolidarse en el marco de la psicología científica.
Para poder desempeñar su labor, los psicoterapeutas necesitan poseer conocimientos
específicos sobre los procesos de aprendizaje, la dinámica de la personalidad, los procedimientos
y técnicas de la evaluación psicológica, etc.

También podemos ver que hay características personales asociadas con la elección de la
profesión del psicoterapeuta. Este autor ha distinguido entre motivaciones funcionales, es decir,
las que resultan beneficiosas para el ejercicio de la profesión, y motivaciones disfuncionales, que
son las que pueden minar la eficacia psicoterapéutica y reducir la satisfacción profesional:

Motivaciones funcionales

 Interés natural por la gente y curiosidad sobre sí mismos y los demás. Aprecio por los
aspectos creativos, expresivos y artísticos de la vida. También se ha descrito como un
deseo de descubrir los aspectos más profundos de la vida y la experiencia humana.
 Capacidad de escuchar: tendencia natural a disfrutar oyendo a los demás hablar de sí
mismos.
 Capacidad de conversar: buena habilidad verbal y el conversar resulta reforzante y
reconfortante.
 Empatía y compresión: estas personas son capaces de reflejar el significado y la
motivación de la conducta, los pensamientos y los sentimientos de sí mismos y los demás.
 Capacidad de discernimiento emocional: el trabajo del psicoterapeuta no solo requiere
tolerar un amplio rango de emociones, tristeza, ira, alegría, desilusión, sino que puede
requerir también su facilitación.
 Capacidad introspectiva: la tendencia a la introspección en los psicoterapeutas puede
ayudarles a facilitar las autoexploración del cliente.
 Capacidad de auto negación: capacidad de abnegación y de negación de las
gratificaciones personales. La tarea requiere que el terapeuta deje a un lado sus propias
necesidades personales y se centre exclusivamente en las necesidades del paciente.
 Tolerancia a la ambigüedad: capacidad para soportar lo desconocido, las respuestas
parciales y las explicaciones incompletas. El terapeuta debe tener la capacidad para
resistir un cierre prematuro, dar respuestas rápidas o asumir una posición autoritaria ante
el estado de confusión y crisis del cliente.
 Capacidad de cariño: actitud de paciencia y cariño hacia los demás, a menudo
acompañada con una actitud no crítica que permite aceptar a las personas como son.
 Tolerancia a la intimidad: el terapeuta eficaz debe ser capaz de tolerar una intimidad
profunda durante largos periodos.
 Confortable con el poder: el psicoterapeuta eficaz debe saber evitar la trampa de sentirse
omnipotente.
 Capacidad de reír: esta capacidad de reír es interesante para la práctica de la psicoterapia
no solo por la inherente cualidad tragicómica de muchas situaciones de la vida, sino
también porque el humor, cuando se expresa en el momento oportuno, tiene ciertas
propiedades curativas.

Motivaciones disfuncionales
 Aflicción emocional: esta motivación, puede ser perjudicial o beneficiosa para el ejercicio
de la profesión en función de si el futuro psicoterapeuta consigue, a través de su
formación, superar sus trastornos personales. Si ello no es así, el futuro psicoterapeuta
puede desarrollar un deseo mesiánico de compartir vicariamente la curación de otros
cuando la propia parece inalcanzable. Esta actitud mesiánica puede ser totalmente
contraproducente para el ejercicio de la profesión, porque puede distorsionar seriamente la
distancia terapéutica.
 Manejo vicario: el psicoterapeuta se pone en la posición de ayudar a otros a superar
cuestiones no superadas en su propia vida. Esta situación puede conducirle a adoptar una
posición voyeurista en la relación terapéutica.
 Soledad y aislamiento: superar una profunda sensación de soledad y aislamiento,
provocada por circunstancias diversas. Esta motivación permite satisfacer la necesidad de
contacto e intimidad en un contexto estructurado y seguro.
 Deseo de poder: es cuando el psicoterapeuta no consigue una distancia apropiada de este
poder, la idealización del mismo que realiza el cliente puede producir en el terapeuta una
tendencia general hacia la agresividad, el dominio y la explotación de los demás en sus
relaciones personales. Los terapeutas que sienten una necesidad de influir, controlar o
convertir a los demás, pueden convertir la relación terapéutica en una plataforma de
debate, confrontación e influencia.
 Necesidad de amor: puede ser perjudicial cuando va acompañada de un afán mesiánico o
cuando el psicoterapeuta entiende que su amor y aceptación, por si mismos, son agentes
curativos.
 Rebelión vicaria: conducir a recomendar a los clientes actitudes contrarias a la tradición
que pueden, de hecho, funcionar en contra de los intereses de estos.

La elección de la profesión de psicoterapeuta se ha estudiado también en relación con


determinadas condiciones familiares. Como ya hemos indicado, muchos terapeutas admiten que
entraron en la profesión buscando satisfacer una necesidad de intimidad. Igualmente lo que
verdaderamente interesa, tanto para facilitar la formación de psicoterapeutas como para
consolidar la propia profesión, es saber que características y habilidades del terapeuta están
asociadas con el proceso y el resultado de la psicoterapia.

Ahora bien, hasta el momento nos hemos referido al terapeuta en un sentido unipersonal, pero
para ser estrictos nos deberíamos referir al sistema terapéutico como entidad, por ejemplo,
muchas psicoterapias, contemplan el rol del co-terapeuta el cual es una figura que trabaja de
forma coordinada con el terapeuta, pudiendo ser su relación muy variada. Esto nos lleva a
plantear un concepto más amplio, el de equipo terapéutico; este equipo se caracteriza por
compartir parte de la responsabilidad terapéutica, asesorando al terapeuta a partir de sus
comentarios acerca del estado del caso, observando el proceso directamente, y eventualmente
participando de modo simultaneo en dicho proceso.

La relación terapéutica

La relación entre terapeuta y cliente es uno de los elementos distintivos esenciales de toda
psicoterapia. Para que la relación sea verdaderamente terapéutica, debe ser diferente de otras
relaciones en la vida del cliente. La diferencia esencial reside en que se trata de una relación
profesional: el terapeuta se interesa genuinamente por el cliente, pero no forma parte de sus
relaciones interpersonales cotidianas. De su carácter profesional se desprenden otras
características de la relación terapéutica, tales como su asimetría, su carácter retributivo y su
encuadre.

La relación terapéutica es ASIMETRICA, porque se inicia a partir de la demanda del cliente y se


centra en sus necesidades. Además, al terapeuta se le RETRIBUYE por su trabajo. Al ser una
relación profesional, la relación terapéutica requiere una estructuración específica, el
ENCUADRE terapéutico, para hacer referencia al conjunto de reglas fijadas por el terapeuta para
hacer viable la psicoterapia. Estas incluyen los honorarios, duración, frecuencia de las sesiones,
lugar donde se realizan, vacaciones, etc. La relación terapéutica resulta más útil cuando se
establece con un encuadre preciso que contribuya a alejar la confusión de roles. Resulta
desaconsejable, que el terapeuta acepte como cliente a un familiar, amigo, conocido, con quien
mantiene una relación previa.

Hay que destacar que los diferentes modelos terapéuticos sugieren visiones particulares de lo
que debe ser la relación terapéutica. Por ejemplo, desde el modelo humanístico existencial se
destaca la calidez personal mediante las actitudes de empatía, consideración positiva y
autenticidad del terapeuta; desde el modelo conductual se propone al terapeuta como objeto de
modelamiento y reforzador de las conductas apropiadas; desde el modelo cognitivo se propone
una relación de guía orientador; y el modelo sistémico sugiere que el terapeuta se sitúe en una
posición de equidistancia con relación a las posturas de los distintos miembros de la familia. La
relación terapéutica es un tema de crucial importancia teórica en psicoterapia, desde sus
múltiples perspectivas.

Bordin nos va a hablar de alianza terapéutica, y defiende que el desarrollo adecuado de la


misma es un factor de cambio esencial en todas las formas de psicoterapia, aunque su naturaleza
particular varíe según la modalidad de terapia. Un primer componente de esta alianza es el
VÍNCULO establecido entre el cliente y terapeuta; este vínculo determina el tono emocional de la
vivencia que el cliente tiene del terapeuta, que influye en su colaboración en el proceso
terapéutico. Un segundo componente es el grado de acuerdo en los OBJETIVOS de la terapia, se
trata de si cliente y terapeuta orientan sus esfuerzos en la misma dirección. El tercer componente
es el acuerdo en las TAREAS de la terapia, es decir, en el acuerdo acerca de los medios que son
adecuados para conseguir los objetivos propuestos. Los tres aspectos, vinculo, acuerdo en los
objetivos y en las tareas, no son independientes sino que se influyen mutuamente.

El proceso terapéutico

Cuando hablamos de proceso terapéutico, hacemos referencia al conjunto de procesos


psicosociales que tienen lugar desde el inicio al fin de la psicoterapia, y este depende, del modelo
psicoterapéutico que se adopte. Rogers, había propuesto un modelo general del proceso
terapéutico que constaba de tres etapas básicas: catarsis, insight y acción. Carkhuff tomo este
mismo modelo como punto de partida, pero enfatizando el papel de la tercera fase más de lo que
hizo Rogers, y sometiéndolo a investigación empírica. Según esta propuesta, el cliente sigue las
siguientes fases en el proceso terapéutico:

a) Exploración de la situación
b) Comprensión de la situación en relación con los objetivos
c) Actuación para conseguir los objetivos

Carkhuff apunta que la terapia centrada en el cliente tiene su foco de aplicación en la primera
fase, el psicoanálisis en la segunda y la modificación de conducta en la tercera.

El modelo de Egan constituye uno de los manuales sistematizados más utilizados en los EE.UU;
el modelo concibe la ayuda psicológica como un proceso secuencial en tres etapas, cada una de
las cuales consta a su vez de tres pasos:

Fase Identificación y clarificación de las situaciones problemáticas y de las


I oportunidades no utilizadas.
Primer paso I-A: ayudar a los clientes a contar su historia.
Segundo paso I-B: centramiento, la búsqueda de nivelación.
Tercer paso I-C: puntos ciegos y nuevas perspectivas.
Fase Establecimiento de metas, y desarrollo y elección de escenarios
II preferidos.
Paso II-A: construcción de un nuevo escenario.
Paso II-B: evaluación de las metas de un nuevo escenario.
Paso II-C: elección y compromiso.
Fase Acción, avance hacia el escenario preferido.
III Paso III-A: descubrir estrategias de acción.
Paso III-B: elección de estrategias y desarrollo de un plan de acción.
Paso III-C: implantación de planes y logro de metas.
En la primera fase, el terapeuta tiene que responder al cliente de modo que facilite la exploración
de su problema. Una vez explorado el problema, el cliente debe comprender sus implicaciones
hasta conseguir una valoración adecuada de su situación; cuando esto se consigue, se pasa a
planificar la acción. En el caso de la terapia, no todos los clientes aceptan el mismo tratamiento, ni
los problemas son unitarios.

La especificación del contrato terapéutico es un aspecto esencial del proceso terapéutico, no


nos referimos a un documento legal firmado por ambas partes, sino a un acuerdo acerca del
problema a considerar y la forma de tratarlo. Por tanto, el contrato terapéutico supone un plan de
la terapia para poder construir el proceso posterior. La idea básica del modelo es fomentar una
buena relación terapéutica en las fases iniciales adoptando una actitud no directiva y expresando
respeto y comprensión, para proceder a partir de ahí a una acción más directiva que conduzca a
un cambio de conducta que es el objetivo final del modelo de Egan. La realidad del cambio
psicoterapéutico no siempre sigue una secuencia tan lógica como los modelos intentan plasmar.

¿Cuáles son las formas de padecimiento específicas que justifican la indicación de una
psicoterapia?

Se trata, en primer lugar, de formas de sufrimiento gratuitas que, no poseen sentido para la
persona que las padece. Pero además se requiere que esa persona realice alguna forma de
atribución que refleje su incapacidad personal para resolver la situación que le toca enfrentar.

El paciente que puede beneficiarse con la psicoterapia será entonces aquella persona que,
sufriendo por lo que juzga un padecimiento innecesario o injustificado ya sea por su contenido,
por su magnitud o por su persistencia, considera que dicho sufrimiento se relaciona con algo en
su manera de enfrentar la vida que no se corresponde con lo que él mismo esperaba de sí o de lo
que supone debería ser su modo de actuar en ese momento.

Características del padecimiento que justifica una indicación de psicoterapia.

1) Existe una situación de malestar que puede ser indefinido, o bien relacionarse con alguna
circunstancia particular. Dicho malestar puede expresarse como una forma de sufrimiento,
padecimiento, queja, etc.
2) Existe la convicción de que dicho malestar no se circunscribe a un hecho físico (el dolor
que provoca un traumatismo o la fiebre que acompaña a una infección) ni a un desorden
social (preocupación por el desempleo o inquietud frente a una violencia urbana).
3) Existe la sensación de que es imposible evitar dicho malestar mediante acciones
voluntarias y conscientes.
4) Existe la creencia de que ciertos cambios internos modificaran ese estado de cosas y que
un experto será de ayuda para lograrlos.
Examinemos detenidamente cada uno de estos puntos:

1) El malestar que da lugar al comienzo de una psicoterapia puede alcanzar diferentes grados
de extensión, tanto desde el punto de vista de la gama de sensacionesincluidas, como de
las zonas vitales afectadasy las razones o causas atribuiblesa su origen. Algunas personas
padecen con sensaciones homogéneas, como en el caso de ciertas depresiones, el
miedo y la angustia frente a un examen, etc., mientras que otras tienen sensaciones
mixtas de ansiedad y depresión, persecución y violencia, etc. Tales estados pueden ser
vivenciados con diferentes grados de intensidad. Las zonas vitales afectadas pueden
localizarse en zonas corporales (dolor en el pecho, cansancio, dolor de cabeza) zonas de
actividad (estudio, sexualidad, trabajo, deporte) zonas temporales (sufrimientos
esporádicos, transitorios, permanentes). Y en lo que respecta a las causas atribuibles a
un trastorno a saber:
- Algo realizado por otros (abandono personal, retraimiento afectivo, despido laboral,
desacato de los hijos, incomprensión del mundo).
- Algo inherente a las circunstancias que rodean a la persona, sin que ello tome la forma
de una atribución personalizada (el deterioro del país, la hostilidad de la sociedad frente
a los sentimientos pacíficos, el paso del tiempo).
- Algo inherente a un acontecimiento definido (una violación, un asalto, una quiebra
económica)
- Algo inherente a un proceso interno (perdida del interés por las cosas, inconstancia
para enfrentar una tarea, incapacidad para resolver situaciones)
- Algo atribuible a un proceso interno indefinible (sensación de desvalor, confusión e
incertidumbre generalizada)

El malestar que conduce a una persona a realizar una consulta en busca de psicoterapia resulta
de una determinada combinación de esos elementos (nivel de extensión, zonas afectadas y
causas atribuibles), de forma única y particular para cada situación.

2) Algunas personas atribuyen principalmente su padecimiento a factores psicológicos y


realizan una consulta llevados por esa creencia, despreciando la importancia que pueden
desempeñar en esa situación los factores sociales o físicos. La cuestión debe centrarse no
en determinar si existe involucración o no de factores psicológicos o de otro orden, sino en
evaluar el grado de compromiso relativo de cada uno de esos niveles. La psicoterapia
merecerá indicarse cuando se pueda suponer que el compromiso de los factores
psicológicos y la promoción de cambios en ellos resulte suficientemente significativa como
para justificar este tipo de intervención terapéutica.
3) Independientemente de las causas que se atribuyan a un malestar, la persona que padece
debe tener la sensación de que, para mejorar su situación, debe producirse algún cambio
dentro de sí misma, al tiempo que se considera imposibilitada de lograrlo por sus propios
medios. Nadie puede estar mejor capacitado que la propia persona para conocer sus
dificultades, sus formas de reaccionar, etc. por lo tanto la persistencia del padecimiento es
la razón que induce a revisar esas opiniones, abriendo la posibilidad de confiar en la ayuda
de un terapeuta.
4) Todo ello confluye en la expectativa o creencia de que si la terapia resulta eficaz, algo
ocurriría en el interior de su mente capaz de eliminar, o atenuar al menos, su malestar.
Esto asume diferentes formas de representación, como:
- Aumento de la capacidad de una determinada dimensión (asertividad, resistencia física)
- Aparición de nuevas formas de observación de los hechos (diversificación de
alternativas)
- Cambios en la manera de sentir (pasaje de la indiferencia a la emocionalidad, reducción
de la imposibilidad)
- Desbloqueo de una conducta (perdida de la inhibición)
- Recuperación de una función perdida (capacidad del sueño, control del apetito)
- Recuperación de un estado de cosas (recomposición de la pareja, estima de los otros)

Esquemas de percepción del sufrimiento (categorías)

La experiencia del sufrimiento es inmediata, y como tal, llegamos a organizarla de manera directa
sin que requiera ninguna elaboración. La puesta en marcha de la conducta dirigida a producir una
demanda de ayuda psicoterapéutica, resulta e una vivencia de disfuncionalidad en nuestra
manera de organizar la realidad, marcada por la dificultad para continuar con el desarrollo de
nuestro guion personal, la interrupción o la fractura del mismo. Los motivos de consulta pueden
agruparse en tres categorías principales: síntomas, problemas y conflictos.

Síntoma: situaciones en las que la persona evalúa la presencia de alguna forma de trastorno
que compromete directamente su comportamiento y marca su disposición para actuar, su cuerpo
o sus funciones en un actividad específica; la identificación recae sobre la persona que padece.
(Reacciones de ansiedad y de depresión, trastornos psicosomáticos, perturbaciones del sueño,
alucinaciones, conductas adictivas, descontrol de la agresividad).

Problema: resultado de una evaluación en que la persona considera que su trastorno está
vinculado a la dificultad o imposibilidad de afrontar una situación de compromiso interpersonal.
(No poder manejar las circunstancias que rodean una relación afectiva, incapacidad para elegir
adecuadamente los acompañantes adecuados para una tarea, dificultad para vivir en
determinadas condiciones sociales)
Conflicto: resultado de una evaluación donde el paciente concluye en que algo inherente a su
forma de vida en general es el punto de partida de su padecimiento. Su radicación puede
encontrarse en la concepción más amplia del estilo de vida, en la peculiar manera como la
persona siente que está enfrentando la experiencia de forma global. (Sensación de inseguridad
generalizada, sentimientos de confusión personal)

Ciertamente todo síntoma implica un problema para su portador y al mismo tiempo expresa un
conflicto, parcial o totalmente.

Que la persona que consulta haya auto detectado su trastorno simplifica el camino para trazar los
objetivos del tratamiento. Cuando esto ocurre, el paciente podrá mostrar cuales son los
indicadores que ha seleccionado para esa detección. La auto observación cumple habitualmente
un papel importante, pero no excluye la importancia de las observaciones de los otros, sean estas
explicitas o implícitas.

Otra forma de detección de un trastorno depende de un juicio alterno llevado a cabo por otras
personas que señalan e identifican el comportamiento de una persona como perturbado. En estos
casos, la definición de los objetivos terapéuticos se hace mucho más difícil, y en la mayoría de
estas situaciones no hay posibilidad de emprender un camino exitoso, sin contar con la
participación activa de los otros en el tratamiento.

En cierta situación, cuando el paciente identificado por otros no tiene ninguna conciencia del
trastorno ni, por consiguiente, necesidad de ser ayudado, en ese caso los verdaderos
consultantes son quienes emiten el juicio sobre la existencia del trastorno o la perturbación (el
paciente identificado presenta signos psicóticos o de grave perturbación). En estos casos se
insiste en no iniciar ninguna acción terapéutica sobre la persona identificada que no incluya
simultáneamente una participación activa y comprometida del grupo de pertenencia en el
tratamiento.

“Los objetivos de la psicoterapia”

Las psicoterapias o terapias por medios psicológicos constituyen un conjunto de técnicas


destinadas a promover situaciones de cambio personal en individuos que padecen, cuando dicho
padecimiento no se sostiene en alguna forma de valoración que lo justifique. La situación que
precede a la indicación de una psicoterapia surge de un proceso al que llamamos admisión, la
tarea principal del mismo es dilucidar sobre la pertinencia o no de la consulta y, por consiguiente,
establecer si el motivo de consulta justifica una indicación terapéutica. En el caso de que ésta sea
alguna forma de psicoterapia, podemos sostener que dicho proceso se extiende desde la
declaración del malestar hasta la fijación de un proyecto o plan de acción psicoterapéutica.
Durante la admisión, los objetivos de ayuda que persigue el paciente se transforman en metas de
una psicoterapia.

Para responder estas preguntas se deben contemplar:

a) Las características del malestar


b) El sujeto de la consulta
c) La evolución de la demanda

Las atribuciones del paciente sobre su propio malestar

Características del malestar

Para conocerlas, se exige un examen detallado de las variables, para lo cual el terapeuta emplea
los recursos teórico - clínicos que constituyen su modelo de trabajo.

El sujeto de la consulta

¿Quién consulta? ¿Quién (quienes) es (son) el (los) paciente (s)?

Determinar quién es el sujeto, o en otros términos, quien es el paciente y, por extensión, a quien
deberá dirigirse la indicación de la psicoterapia. El paciente es el portador del malestar que da
origen a la investigación del problema. El que padece es al mismo tiempo el paciente y, por ende,
a quién se tratara de ayudar para aliviar su sufrimiento. En este caso, el pedido de ayuda se
canaliza a través de una consulta que realiza la propia persona para ser asistida individualmente.
Sin embargo, asistimos a personas que consultan manifestando estar padeciendo situaciones que
otros le provocan, o bien estar padeciendo por el padecimiento de otros y declarar su interés por
ayudarlos. Una situación interesante se plantea cuando la forma de detección del trastorno
depende de un juicio alterno, en estos casos los pacientes consultan afirmando que buscan
ayuda por requerimiento de otras personas. La psicoterapia es un recurso que suele tener éxito
cuando responde a una libre disposición del paciente y que fracasa cuando se la inicia en
respuesta a alguna forma de coerción, generando una fuerte frustración.

La evolución de la demanda

Entre el momento de la consulta y el momento en que se inició el malestar, media una separación
temporal, lapso durante el cual ha evolucionado la demanda de tratamiento. ¿Cómo se inició, qué
alternativa recorrió desde su gestación y cómo llegó a formularse de la forma en que estamos
escuchando? El malestar que da lugar a la demanda puede iniciarse, de dos maneras:

A) Bruscamente, cuando alguna nueva experiencia comporta un incremento del caudal de


información que desborda ampliamente la capacidad de procesamiento del individuo
(experiencias traumáticas). Es posible observar como un organismo, súbitamente sufre un
desequilibrio que se traduce en un fuerte malestar. En esta clase se incluyen los casos de
muerte cercana, catástrofes naturales, accidentes y cualquier forma de experiencia que
implica un cambio de estado violento y acelerado. La evolución de la demanda generalmente
es corta y ha habido pocos intentos de solución previos.
B) Progresivamente, cuando el déficit de procesamiento se va acumulando de manera gradual,
hasta alcanzar el límite de la disfuncionalidad. En este caso, la disrupción pudo ser oscilante
en un primer tiempo y el paciente haber dudado de si lo que ocurría era algo momentáneo
que desaparecería poco después o no. Durante cierto tiempo, oscilara entre la sensación de
pérdida y recuperación de su bienestar, a lo que seguían nuevas apariciones del malestar,
que lo confrontaban con la evidencia de padecer los efectos de alguna perturbación. Este
estado, describimos con disfuncionalidad constructiva.

Hay que estudiar la evolución de la demanda para poder conocer el tipo particular de
procesamiento de cualquier perturbación. Cuando la evolución es corta y el paciente ha intentado
pocas soluciones, hay más probabilidades de que esté disponible para incorporar las nuevas
situaciones propuestas por la terapia para promover los cambios necesarios. Cuanto más
prolongada y sinuosa sea esa evolución, más factible es que la disfuncionalidad sea el resultado
de un desequilibrio complejo con implicación de estructuras más primarias. La longitud de la
demanda puede evaluarse por el tiempo transcurrido desde los primeros registros que conserva
el paciente sobre su disfuncionalidad hasta el momento en que tiene lugar la consulta.

Las tentativas por superar una perturbación, no se restringen a las propuestas conscientes que
las personas realizan con ese fin sino a todos los cambios que llevan a cabo una vez que han
registrado la existencia de una disfuncionalidad de forma nítida. La demanda que recibimos
formula, no solamente la declaración de un malestar, la expresión de un conjunto de síntomas,
sino que recoge al mismo tiempo las señales de esta evolución.

Estimaciones en la admisión

El proceso de la admisión nos enfrenta a una situación que revela, simultáneamente, una doble
evaluación: del paciente y del admisor. La evaluación del paciente se compone del conjunto de
estimaciones subjetivas e intersubjetivas que confluyen en torno a la naturaleza del malestar, la
intensidad del sufrimiento y las consecuencias que acarrea. Centramos el padecimiento siempre
en el plano personal, la clínica pone en evidencia que siempre son las personas que sufren las
que, en última instancia, reclaman la ayuda de los expertos.

La evaluación del terapeuta está conformada por su estimación en torno a la severidad del
trastorno, la comprensión teórica de que dispone, así como de los recursos técnicos con que
cuenta para enfrentar esa situación y también la cantidad de recursos adicionales que será
necesario movilizar para ayudar al paciente. La situación que se abre en la admisión es, la
confluencia de dos maneras de evaluar la experiencia, y todo lo que ocurrirá en el contexto de un
proceso psicoterapéutico estará determinado por el grado de acuerdo que pueda generarse en
dicho encuentro y de la posibilidad de cumplir con los objetivos que de dicho acuerdo se
desprenda.

“Un sufrimiento, por pequeño que sea, merece una consulta. Un deseo, por imposible que se
revele, es para ser escuchado.”

Acuerdo entre paciente y terapeuta en torno a los objetivos

El resultado de la admisión que facilitara el inicio de un buen proceso psicoterapéutico debe


confluir en la elaboración de un acuerdo entre el paciente y el terapeuta en relación con los
motivos que ponen en marcha el proceso y la definición de los objetivos a que habrá de ajustarse
el tratamiento. Éste será el resultado de la articulación entre las estimaciones respectivas hechas
por ambas partes comprometidas en la situación.

¿Cuáles son los criterios que deben seguirse para el establecimiento de este acuerdo primordial,
previo a la iniciación de una psicoterapia? En el momento de escuchar el pedido de ayuda de un
paciente, el terapeuta interpreta lo que escucha en términos de una serie de dimensiones que
incluyen la severidad del trastorno, sus causas o determinantes y las técnicas requeridas y
disponibles para tratar de resolver la situación y ayudar así al paciente. El resultado es una
estimación, sobre el grado de severidad del motivo de consulta declarado por el paciente.

El terapeuta opera como un representante de la cultura y se ve inclinado ineludiblemente a


establecer juicios subjetivos sobre el orden de gravedad de lo que escucha. No es necesario que
exista un acuerdo total para que una psicoterapia se ponga en marcha, pero es absolutamente
necesario que exista un acuerdo mínimo que garantice el inicio con ciertas posibilidades de éxito.
Una situación que contribuye a incrementar la probabilidad de fracaso de un tratamiento es la
cantidad de intentos terapéuticos fallidos, previamente realizados por el paciente. Los
tratamientos precedentes operan muy habitualmente como un factor de perturbación. Visto desde
el punto de vista del paciente, su motivo para consultar resulta de la articulación entre la
sensación subjetiva de sufrimiento, que incluye las consecuencias que teme para su futuro, y su
evaluación de los esfuerzos que él cree que será necesario disponer para modificar esa
situación.

El terapeuta escuchara las consultas a través del filtro de su modelo clínico y estimara los
problemas planteados de un modo que resultara concordante, o no, con la propia estimación del
paciente. El conjunto de circunstancias que rodean la vivencia subjetiva de sufrimiento por parte
del paciente es resignificado por el terapeuta en el momento de la escucha, pues lo examina a
través del diagnóstico que realiza vinculando rasgos de personalidad, condiciones vitales, edad,
nivel de instrucción.

Pertinencia de los cambios psicoterapéuticos

Los logros a los que la psicoterapia apunta es a modificar estructuras internas o esquemas
preparatorios para la acción, modificación de la cual podrá surgir un cambio manifiesto en ciertas
áreas de la vida o dependiendo de las circunstancias.

Teoría y técnica de psicoterapias.

Fiorini, Héctor Juan

Capítulo II: “Psicoterapia dinámica breve. Aportes para una teoría de la técnica”.

Introducción

Son los urgentes problemas prácticos creados a las instituciones los que “fuerzan un replanteo
sobre los métodos actuales de tratamiento y la búsqueda de nuevos métodos”. Frente a
demandas ya creadas, las instituciones se ven obligadas a instrumentar terapéuticas breves.
Estas psicoterapias van haciendo la prueba de la experiencia, y arrojan resultados que permiten
construir algunas hipótesis provisionales.

Algunos elementos para un esquema referencial propio de las psicoterapias breves.

Hay conceptos básicos que pueden incluirse entre los fundamentos que dan apoyo teórico a la
ideología asistencial propia de las modalidades terapéuticas:

a) Modelo etiológico: una terapéutica breve se orienta fundamentalmente hacia la


comprensión psicodinámica de los determinantes actuales de la situación de enfermedad,
crisis o descompensación. Deben dirigirse esencialmente a aprehender la estructura de la
situación transversal en que se actualizan los determinantes patogénicos; esto obliga a
menudo a jerarquizar el papel desempeñado por las condiciones de vida del paciente,
dirigirse a la experiencia actual de “la realidad” del paciente. Se intenta una comprensión
psicodinámica de la vida cotidiana del paciente que se instrumenta en las interpretaciones,
en la planificación de su vida diaria, en orientación familiar o laboral. Por “condiciones de
vida” se alude aquí no solo a la constelación de vínculos interpersonales que constituyen el
grupo primario del paciente, sino además a sus condiciones de vivienda, trabajo,
perspectivas del futuro, las tensiones de su grupo social, su cultura particular, prejuicios,
mitos y otras formas de conciencia alienada.
Una adecuada comprensión social del paciente que no se oponga como alternativa
excluyente de su comprensión psicodinámica, sino que se dirija a complementarla y
enriquecerla, puede clarificar el interjuego entre ambos mundos, interno y externo.
También se debe tener en cuenta la situación de enfermedad, desajuste o
descompensación: ya que las crisis resultan en importante proporción del choque del
individuo con factores ambientales capaces, por sus condiciones objetivas, de desarticular
los mecanismos homeostáticos frágiles de una personalidad predispuesta.
b) Relaciones entre psicopatología y comportamientos potencialmente adaptativos:
Hartmann reformula la concepción psicodinámica “sin considerar tanto el funcionamiento
no conflictivo como los conflictos centrales del paciente no puede comprenderse la
conducta”. Si el paciente es capaz de conservar en grado variable cierto comportamiento
realista adaptativo, si interjuegan en su conducta fenómenos patológicos uy adaptativos,
pueden localizarse áreas de enfermedad, y distinguirse grados o niveles de la misma. Una
terapéutica breve organiza sus recursos de modo elástico “principio de flexibilidad”, y los
organiza en función de una evaluación total de la situación del paciente, de su grado de
enfermedad y del potencial adaptativo de su personalidad: elabora su estrategia según que
capacidades están invadidas por conflictos o libres de ellos. Se orienta hacia el
fortalecimiento de las “áreas del yo libres de conflicto”.
c) Modelos motivacionales y cognitivos de la personalidad: en este modelo la jerarquía
motivacional se caracteriza por una combinación de autonomía, dependencia e inter
penetración. En esta concepción pluralista se asigna importancia motivacional a la
orientación del sujeto hacia el futuro, su organización en proyectos de alcance diverso que
incluyen una relación con cierta imagen de sí y con un mundo de valores o metas ideales.
Una terapia breve necesita instrumentar una gama amplia de recursos, susceptibles en
principio de abarcar los diversos niveles motivacionales en lo que cada uno tiene de
especifico. Esto significa dirigirse no solo a las motivaciones primarias, sino también a sus
motivaciones secundarias y a lo que se ha denominado motivaciones de valor. La dualidad
funcional de la personalidad se expresa por la coexistencia contradictoria de un
pensamiento derivado de impulsos, y en grado variable de un pensamiento realista con
capacidad instrumental de adaptación, capaz de intervenir en la organización de la
conducta, favoreciendo su ajuste a las condiciones de la realidad objetiva. Una
psicoterapia breve puede lograr, mediante el esclarecimiento de aspectos básicos de la
situación del paciente, un fortalecimiento en su capacidad de adaptación realista. De
discriminación y rectificación en grado variable de significaciones vividas.

En conclusión: el individuo enfermo surge como un objeto complejo, multideterminado por


factores susceptibles de integrar estructuras diversas, diferenciadas por la dominancia variable
ejercida por unos y otros de sus componentes. Una de las características básicas de las
terapéuticas breves es: la de operar con una estrategia multidimensional.
De las modificaciones que produce esta terapia, comprenden:

a) Alivio o desaparición de síntoma.


b) Modificaciones en el manejo de las defensas.
c) Mayor ajuste en las relaciones con el medio.
d) Incremento en la autoestima y el confort personal.
e) Incremento en su autoconciencia.
f) Ampliación de perspectivas personales, bosquejo inicial de algún tipo de “proyecto”
individual.

Las modificaciones iniciales puestas en marcha durante el tratamiento no se detienen con una
alta, sino que el paciente continua en muchos casos aplicando a nuevas experiencias el criterio,
la actitud ante sus problemas aprendida en el tratamiento.

Limitaciones de una terapia breve

Se ha objetado cierta tendencia en la literatura sobre el tema a crear un clima de exagerado


optimismo terapéutico, dando una imagen de facilidad en el manejo de las áreas enfermas de la
personalidad. Con este abordaje podrán o no obtenerse mejorías más que transitorias.
Igualmente puede fracasar absolutamente o producir únicamente variaciones en superficie,
actuando solo por efecto de cura transferencial con desaparición de síntomas e instalación de una
pseudoadaptación a un nivel regresivo. No puede, en plazos limitados, producir cambios en la
estructura nuclear de la personalidad.

Tipos de psicoterapia

 Psicoterapia de apoyo: tiene como objetivos la atenuación o supresión de ansiedad y


otros síntomas clínicos. Intenta modificar algunas pautas de conducta estimulando el
ensayo de comportamientos nuevos durante la experiencia terapéutica. La estrategia
básica de esta técnica consiste en establecer un vínculo terapéutico reasegurador,
protector, orientador, favorecer en el paciente una disociación entre objetos “buenos” y
“malos”. La función del terapeuta es desempeñarse efectivamente en un rol reasegurador
directivo. La relación interpersonal deberá ser claramente definida, es decir, los roles y la
tarea no deben hallarse sujetos a ambigüedad. Las intervenciones fundamentales del
terapeuta son las de tipo sugestivo-directivo.
 Psicoterapia de esclarecimiento : en objetivos de esta técnica se incluyen los referidos a
una terapia de apoyo, a los que debe agregarse el de desarrollar en el paciente una actitud
de auto observación y un modo de comprender sus dificultades diferente del aportado por
el sentido común; en relación con la terapia de apoyo, el universo de discurso aquí de
complejiza al operarse a la vez con el plano de las conductas manifiestas y el de las
motivaciones latentes. La estrategia fundamental consiste en establecer una relación de
indagación, centrada en esclarecer las conexiones significativas entre la biografía, la
transferencia de vínculos básicos conflictivos a las relaciones actuales y los síntomas. La
relación terapéutica asume en gran medida el carácter de una relación de apoyo. Es
coherente con esta estrategia que el terapeuta actúe acentuando su rol real de docente
experto. La relación frente a frente refuerza ya la discriminación de la persona real del
terapeuta y de su rol específico. Con esta estrategia es necesaria una conducta del
terapeuta discretamente cálida, espontanea en cuanto capaz de favorecer un dialogo de
cierta fluidez, y activa en lo referente a proveer el terapeuta por propia iniciativa
explicaciones “pedagógicas” acerca del método de tratamiento, característica del
funcionamiento mental, expectativas sobre la evolución del paciente, etc.
La relación paciente-terapeuta es básicamente complementaria, pero debe incluir aspectos
simétricos, reclamando del paciente un papel activo en el que puede aportar datos en la
dirección que asume en cada momento la búsqueda y ensayar la formulación de sus
propias interpretaciones. La transferencia idealizadora debe ser tácitamente aceptada
mientras se mantenga en un nivel que no distorsione la tarea propia de la relación
terapéutica. Estas interpretaciones transferenciales, consisten en que aquí las mismas
tienen una función de diluir obstáculos para permitir el mantenimiento de una relación de
carácter “docente”, y una función esclarecedora que puede enriquecer la comprensión de
una perspectiva. El conjunto de aspectos propuestos como necesarios y específicos de
esta técnica de esclarecimiento resultan convergentes, en el sentido de limitar la regresión
transferencial y fortalecer funciones yoicas adaptativas.
 Psicoanálisis e interpretación transferencial en psicoterapia: ataca la habitual
disociación del paciente en objetos buenos y perseguidores, al favorecer la proyección de
ambos en el analista: tanto el objeto perseguidor como el idealizado son continuamente
incluidos en la relación médico-paciente. La situación terapéutica, tiene como componente
esencial la ambigüedad temporal y espacial. El universo de discurso es complejo, dual
“todo acontecimiento es siempre otra cosa”. El instrumento terapéutico específico y
esencial es la interpretación transferencial. La regresión, el aflojamiento defensivo, son
necesarios, permitidos, “sugeridos” como aceptables y útiles. Esta técnica tiende a crear,
una relación terapéutica complementaria compleja; compleja ene l sentido de configurar un
tipo particular de vinculo paradójico donde el analista está siempre one-up, pero lo niega
en parte al ceder al paciente la iniciativa de la verbalización y de los silencios; y
simultáneamente refuerza la complementariedad con su estilo interpretativo. La
comprensión de la transferencia cumple en toda psicoterapia una función diagnóstica y
pronostica instituíble. En las psicoterapias la explicitación de la transferencia es siempre
solo un recurso táctico dentro de otra estrategia que justamente no consiste en producir
cambios mediante la regresión y la elaboración del vínculo transferencial.

El requisito de coherencia interna para toda combinación de instrumentos técnicos

La ausencia de una clara definición estratégica, así como una incoherencia en el manejo de
intervenciones y actitudes del terapeuta pueden producir efectos confusionales, inductores e
fracasos y deserciones que en modo alguno podrían atribuirse a dificultades resistenciales del
paciente.

Capitulo IV: “La primera entrevista”

El primer contacto con el paciente desempeña un papel crucial, el manejo que haga el
terapeuta de esa primera entrevista puede tener una influencia decisiva en la continuidad o
abandono del tratamiento y, de ser mantenido, en la eficacia que alcance el proceso
terapéutico. En supervisiones y grupos de trabajo, no está suficientemente explicitado como
debe ser una primera entrevista para estas terapias. En primer lugar importa destacar el
hecho de que esta entrevista está destinada a cumplir no solo funciones diagnósticas y de
fijación de un contrato, sino que en psicoterapias jugara siempre además un rol terapéutico.
Se trata entonces, de que el terapeuta pueda realizar intervenciones adecuadas. Este enfoque
ha significado crear de entrada una alianza sólida para poner en marcha el proceso
terapéutico. Esta entrevista, para ser eficaz, debe cumplir en fases sucesivas varias tareas:

1) Diagnóstico aproximativo inicial a partir de los datos aportados por el paciente.


2) Clarificación inicial del terapeuta acerca de la problemática planteada y de la orientación
terapéutica que se desprende del diagnóstico de la misma.
3) Elaboración conjunta de ese panorama mediante progresivos reajustes.
4) Logro de acuerdos generales sobre el sentido y los objetivos que se asignarían a la
relación terapéutica que se proponga instalar entre ambos.
5) Acuerdos específicos sobre las condiciones de funcionamiento de esa relación (contrato).
6) Anticipaciones mínimas sobre el modo de conducir la interacción en la tarea.

El orden en que proponemos las fases sigue una progresión lógica; ésta, sin embargo, no puede
ser rígida. Lo esencial no es el tiempo, sino el proceso que debe jugarse entre ambos a través de
esas etapas, los objetivos a cumplir antes de poner en marcha el tratamiento. No es EL esquema
sino UN esquema de entrevista.

El diagnóstico. La información que proporciona el paciente


La función de una primera entrevista es establecer el diagnóstico del paciente en tres planos
fundamentales:

A) Clínico y psicodinámico. La búsqueda inicial orientada a una primera síntesis diagnostica


puede localizarse en la recolección selectiva de datos referentes a:
1- Síntomas principales que motivan la consulta.
2- Grupo familiar del paciente
3- Relación éxito-fracaso en la conducta del paciente referida a diversas áreas adaptativas
y con perspectiva evolutiva.
4- Aspectos interaccionales de la conducta del paciente en la entrevista

La búsqueda de datos sobre cada uno de estos planos, debe ser necesariamente selectiva,
guiada por una actividad de análisis y síntesis constante del terapeuta que se dirija hacia la
construcción de un modelo comprensivo preliminar global, etiopatogénico, clínico y
psicodinámico. Una intervención útil del terapeuta destinada a evitar la incertidumbre inicial y sus
riesgos consiste en comenzar encuadrando la primera entrevista, aclarar el sentido de la misma y
los pasos que habrán de recorrerse para lograr sus objetivos.

B) El diagnóstico de la motivación y aptitudes del paciente para la psicoterapia. Con el


concepto de motivación, se abracan comúnmente diversos aspectos de la conducta del
paciente, sus expectativas de curación, su disposición a aceptar la psicoterapia, sus
aptitudes para participar en la misma de modo activo. Con este enfoque, un paciente está
bien motivado para iniciar una psicoterapia de esclarecimiento si se pueden identificar en
el:
1- El reconocimiento del carácter psicológico de sus trastornos.
2- La capacidad de introspección y su disposición a transmitir con honestidad lo que
pueda reconocer de sí mismo.
3- El deseo de comprenderse, la actitud de participación activa en la búsqueda.
4- La disposición a experimentar, a ensayar cambios.
5- La esperanza de que el tratamiento logre resultados positivos.
6- La disposición a realizar ciertos sacrificios para acceder a esos logros.

Si el paciente carece de estas condiciones, para beneficiarse mejor con una psicoterapia de
apoyo, directiva, supresiva de síntomas. Lo que se requiere es evaluar la aptitud del paciente
para establecer un compromiso de trabajo y para extraer provecho de la experiencia terapéutica.

C) El diagnóstico de las condiciones de vida del paciente. Condiciones que se vinculan


directamente con la posibilidad de que el paciente inicie y pueda mantener con regularidad
un tratamiento que exige en general esfuerzos mayores que los tratamientos tradicionales
en la práctica médica. Requiere sopesar estabilidad geográfica, horarios, situación
económica, lugar de residencia, obligaciones familiares, etc. Pero además este diagnóstico
hace a identificar factores patogénicos en esas condiciones de vida, así como los recursos
de medio que pueden contribuir a la curación.

La información que devuelve inicialmente el terapeuta. Clarificación del problema y


reforzamiento de la motivación.

Es esencial para el paciente saber qué piensa el terapeuta acerca de su enfermedad, de sus
trastornos y de sus expectativas en cuanto al tratamiento. Por lo tanto hay una primera fase de
información que porta el paciente orientado por el terapeuta. Luego hay un segundo momento
donde la tarea pasa por el suministro de información que el terapeuta pueda ofrecer, por su
capacidad de respuesta a los interrogantes del paciente. En esta fase de la entrevista,
corresponde al terapeuta ofrecer al paciente una imagen global, introductoria, pero lo más precisa
posible, acerca del diagnóstico en primer lugar, y del pronóstico ligado a una perspectiva de
tratamiento (diagnóstico dinámico).

Confrontación entre las expectativas del paciente y la perspectiva del terapeuta. Reajustes
y búsquedas de acuerdos.

Se trata de despejar el campo de confusiones, ambigüedades y desacuerdos implícitos, todos


factores de interferencia para un eficaz cumplimiento del contrato y para el funcionamiento del
proceso terapéutico. El papel del terapeuta es alentar aquí al paciente a que cuestione, plantee
dudas y objeciones a todo lo expuesto. Porque el problema no consiste solo en ver que necesita
hacer el paciente sino en considerar, que está dispuesto él a hacer, cuáles son sus disposiciones
y sus dificultades para tratarse. La importancia de este momento de intercambio es crucial; en él
se decide la consolidación de una alianza terapéutica.

La búsqueda activa por parte del terapeuta de las dudas del paciente tiene también una función
de apoyo, de continencia. La clarificación de expectativas no solo permite consolidar el vínculo;
cumple además una función terapéutica específica: una determinada imagen de futuro pasa a
incluirse activamente en el presente de la tarea. En todo este proceso de intercambio es
importante que la apertura del terapeuta a las objeciones del paciente sea real y sincera; que la
libertad de decisión del paciente sea tangible y no meramente formal.

Proposición de un contrato terapéutico. Anticipaciones sobre la tarea

El contrato terapéutico comprende especificaciones sobre horarios (frecuencia y duración de las


entrevistas), eventualmente honorarios y duración del tratamiento. Ofrecer al paciente una
preparación mínima para facilitar el comienzo de su psicoterapia; para el paciente no informado,
el terapeuta podrá anticipar someramente el carácter de la tarea y los respectivos roles de la
misma. A esto se le llama “entrevista inductora del rol del paciente”, en la que un miembro
experimentado del staff instruye a los pacientes, inmediatamente después de su admisión para
psicoterapia, acerca de los siguientes aspectos:

a) Visión general de la psicoterapia.


b) Caracterización de los respectivos roles, paciente y terapeuta.
c) Anticipación del surgimiento de fenómenos resistenciales.
d) Formulación realista de las expectativas sobre resultados a lograr en pocos meses de
psicoterapia.

Papel de la interpretación en primera entrevista.

La posibilidad de manejar la entrevista con un enfoque interpretativo enfrenta el riesgo de una


reacción negativa del paciente, ya que no nos encontramos en un contexto de una sesión de
psicoterapia, sino el de una consulta orientadora. Pero teniendo en cuenta las características de
este otro contexto, que exige un manejo cuidadoso de la interpretación, la necesidad de que el
terapeuta interprete resulta ineludible en dos aspectos:

a) Alrededor del diagnóstico es fundamental que el terapeuta pueda ofrecer, ya una visión
panorámica del sentido de la enfermedad, de la conflictiva central ligada al motivo de
consulta. Construye además el cuadro global comprensivo del que se desprenden los
objetivos y la estrategia terapéutica.
b) La interpretación transferencial puede desempeñar con frecuencia un papel decisivo. Su
función es neutralizar ansiedades ligadas a fantasías transferenciales intensas que pueden
precipitar el abandono a breve plazo. Está destinada a reforzar la motivación para el
tratamiento, clarificar en si aspectos de la conducta del paciente, tarea que requiere un
timing mínimo.

Capítulo VI: “El concepto de foco”

En las referencias al mismo coexisten:

 Criterios sintomáticos (“los síntomas salientes que motivan la consulta” o “los puntos de
urgencia”)
 Interaccionales (“el conflicto interpersonal que desencadena la crisis”)
 Caracterológicos (“una zona de la problemática del paciente que admita su delimitación
de otras zonas de la personalidad”)
 Propios de la diada paciente-terapeuta (“los puntos de interés aceptables para ambos”)
 O técnicos (“la interpretación central en la que asienta todo el tratamiento”)
El trabajo psicoterapéutico se orienta siempre hacia la delimitación de un eje o punto nodal de la
problemática del paciente. La modalidad asumida por la tarea en sesión es la de una
“focalización”, un diafragmado en la óptica del terapeuta que induce la concentración selectiva del
paciente en ciertos puntos de su problemática. La posibilidad de organizar el relato, seguir una
línea directriz, seleccionar recuerdos e imágenes, depende de cierta fortaleza en las funciones
yoicas adaptativas. La focalización parece expresar necesidades de delimitar la búsqueda de
modo de concentrar en ella atención, percepción, memoria; la focalización está guiada por la
dominancia de una motivación que jerarquiza tareas en función de resolver ciertos problemas
vividos como prioritarios. El trabajo sobre el motivo de consulta es reforzador de la alianza
terapéutica.

La focalización conduce a trabajar sobre asociaciones intencionalmente guiadas, más que sobre
asociaciones libres. En psicoterapias, la evitación de una actitud exploratoria intencionalmente
guiada puede ser considerada resistencial.

La estructura del foco

En la práctica psicoterapéutica el foco tiene un eje central. Este eje está dado por el motivo de
consulta; íntimamente ligado al éste, subyacente al mismo, se localiza cierto conflicto nuclear
exacerbado. Motivo de consulta, conflicto nuclear subyacente, situación grupal son aspectos
fundamentales de una situación que condensa un conjunto de determinaciones. Con este enfoque
es posible deslindar una zona de componentes de la situación que podemos caracterizar como
aspectos caracterológicos del paciente. En esta zona de determinantes caracterológicos es
posible incluir otras funciones yoicas adaptativas.

Otra zona integrante de la situación comprende el momento evolutivo individual y grupal, las
tareas que se desprenden de necesidades propias de ese momento evolutivo y la prospectiva
global que comporta esa etapa. Gran parte de la conflictiva agudizada en la situación deriva no
solamente de la reactivación de conflictos infantiles, sino del choque entre las limitaciones dadas
por la persistencia de esos conflictos y las necesidades propias de la etapa evolutiva abierta que
urgen una satisfacción.

Esta serie de componentes de la situación tiene que ser puesta en elación, además, con un
conjunto de determinaciones concurrentes, que originalmente podemos localizar en una zona de
determinantes del contexto social más amplio. Un conjunto de condiciones económicas,
laborales, culturales, ideológicas que intervienen de muchas maneras en la situación. El contexto
de situación en el que convergen las perspectivas dialéctica, materialista y existencial puede
aportar un modelo adecuado capaz de aproximarnos a una totalización concreta, singular y en
movimiento, del individuo o grupo en estudio. Es en esta noción totalizadora de situación donde
pueden encontrar su marco aportes parciales propios de una conceptualización psicodinámica,
comunicacional o psicosocial.

El modelo de foco contiene esta serie de componentes condensados en la situación estructurada.


La profundidad con que se indague el papel de cada uno de ellos, depende de otro conjunto de
factores propios de la situación terapéutica que creo posible identificar como reguladores del foco.

Diafragmado operacional del foco sobre la base de ciertos reguladores y retorno a la


totalización

Factores reguladores:

a) Desde el paciente y su grupo familiar


b) Desde el terapeuta y la institución
c) En cada momento del proceso no obstante, la focalización adquirirá una amplitud
particular.

Este conjunto de reguladores delimita sobre la situación total un cono de amplitud variable; cada
sesión puede ahondar selectivamente ciertas zonas del cono. Cualquiera sea el sector de
elementos explorados, éstos sean comprendidos como integrantes estructurados-estructurantes
de la situación.

El trabajo con el foco seguirá en psicoterapia esta secuencia:

1) El paciente inicia la sesión aportando un material disperso, hecho de episodios recientes,


recuerdos, observaciones sobre los otros y vivencias personales en esos episodios.
2) Transcurrido un tiempo de ese despliegue inicial, el terapeuta interviene para preguntar en
una dirección específica, o bien reformula el relato, subrayando de modo selectivo ciertos
elementos del relato significativos desde la situación-foco.
3) El paciente recibe esta reformulación y comienza a operar con ella: produce asociaciones
guiadas por la nueva asociación impresa a la tarea, amplia elementos recortados por el
terapeuta.
4) Nuevas intervenciones del terapeuta tomaran ya elementos parciales componentes de la
situación, a los fines de ahondar en ellos, ya articulaciones del conjunto, en un doble
movimiento analítico-sintético (momento progresivo y regresivo del análisis de la situación).

El foco en la sesión
La intervención del terapeuta selecciona un elemento que introduce en la situación actual, en la
que puede jugar un rol dominante dentro de la estructura. Se organiza el material a partir de un
eje central de la situación.

Evolución del foco

A lo largo del proceso terapéutico el foco puede ir modificándose. En una psicoterapia breve es
probable que todo el proceso gire sobre una situación focal. En psicoterapias más prolongadas
puede ir desplegándose una sucesión de focos, cada uno de ellos caracterizando una etapa del
proceso. El paciente suele proponer espontáneamente una seriación, privilegiando una situación
en cada etapa.

Algunas implicaciones teóricas y técnicas del modelo de foco centrado en la situación

1) Un modelo estructural de articulación, permite comprender que diferentes tipos de


estímulos y recursos técnicos pueden tener eficacia en cuanto a inducir reconfiguraciones
en la situación.
2) Si la situación está organizada según un modelo estructural se comprende el intento de
hacer converger sobre ella una pluralidad de recursos técnicos.
3) Si cada situación puede entenderse como una estructura dotada de una organización
interna peculiar, se la puede abordar en base a una planificación estratégica, que
seleccione las vías de abordaje y sus secuencias.
4) El modelo propuesto de foco intenta a su vez responder a la necesidad de trabajar con
enfoques psicológicos-psicopatológicos, diagnósticos y terapéuticos coherentes,
integrados en una concepción totalizadora de la experiencia humana.

Ricardo Bernardi encuentra vínculos entre la tarea focalizadora y la noción de “puntos de


urgencia” y “puntos de inflexión”. Destacó el concepto de Malan de “cristalización de un foco”
como una configuración que emerge desde y en el trabajo en conjunto de paciente y analista.

Capitulo VII: “La relación de trabajo”

Esta modalidad del vínculo propio de las psicoterapias, puede empezarse a definirla desde su
carácter de situación de comunicación cercana en estilo a la relación interpersonal cotidiana: dos
(o más) interlocutores sostienen un dialogo con ritmo, gestos, posturas, mímica verbal habituales,
comparten una tarea en una relación igualitaria, aunque sus roles son distintos; uno de ellos es
experto sobre cierto nivel de la problemática humana, el otro porta los elementos de testigo
directo de esa problemática singular. El funcionamiento de esta relación dependerá de varias
condiciones del paciente (tipo de problemática, momento vital, nivel cultural, estructura
caracterológica, inserción grupal). Pero depende también de las actitudes del terapeuta, de su
capacidad para realizar aportes específicos al vínculo.
Los ingredientes de la “oferta” del terapeuta capaces de suscitar en el paciente respuestas
complementarias para el eficaz desarrollo de la relación de trabajo son:

I) Los rasgos generales de la contribución del terapeuta


1- Contacto empático manifiesto. Capaz de comprender lo que el paciente expresa, y
de comprender además desde la perspectiva del paciente.
2- Calidez. El terapeuta evidencia en sus gestos y tonos de voz que la persona que
está tratando no le es indiferente, siente por él un afecto de fondo, discreto, no
invasor pero palpable. La calidez contiene ciertas dimensiones del amor (ternura,
solidaridad, simpatía por la condición humana) que funcionan como estímulo
irremplazable en la motivación para la tarea.
3- Espontaneidad. Mediante la cual el terapeuta contribuye a crear un clima de libertad,
creatividad, permisividad; invita al paciente a aflojarse, a que exprese mejor lo que
en él acontece. Una parte del proceso en psicoterapias consiste en la ligazón
progresiva, cada vez más íntima, entre sensibilidad y expresividad. La
espontaneidad del terapeuta es el modelo ofrecido de esa íntima ligazón.
4- Iniciativa. El terapeuta desempeña un rol activo, estimulante de la tarea y de las
capacidades del paciente aplicables a la tarea. Con esa función interroga, orienta la
búsqueda, solicita detalles, construye modelos. No queda demasiado tiempo quieto
ni silencioso en función de que la índole docente de la tarea le otorga un liderazgo.
El desempeño de este rol activo contiene una moderada vivacidad corporal. Es la
iniciativa del terapeuta una constante activadora de las capacidades yoicas del
paciente, tarea fundamental de la relación de trabajo.
5- Actitud docente. El terapeuta asume un rol docente, enmarca su actividad en una
definida concepción pedagógica de la relación de trabajo y moviliza en ella todos
sus recursos didácticos destinados a facilitar los aprendizajes; para ello aplica
ciertos principios pedagógicos generales:
a) Motivar para la tarea. Significa conceder importancia a la motivación inicial para
a psicoterapia y al trabajo sobre la misma. Es de constante reelaboración a lo
largo del proceso lo que significa aprovechar todo momento propicio para
reforzarla.
b) Clarificar los objetivos. En las primeras entrevista se impone una clarificación
que oriente la puesta en marcha del proceso. Cada momento de cualquier sesión
posterior se presta para definir los objetivos a largo plazo – objetivos estratégicos
– y a corto plazo – objetivos tácticos -.
c) Reforzar todo avance en la tarea. El énfasis esta puesto en la dirección del
movimiento realizado y sus consecuencias.
d) Claridad del método expositivo. El terapeuta trabaja atento a dar a sus
intervenciones formas, modos de construcción y palabras que faciliten su
comprensión por el paciente.
e) Exposición abierta de su método de pensamiento. El terapeuta se preocupa
por colocar su manera de razonar, sus inferencias y los datos de los que parte
para hacerlas al alcance del paciente. Lo que importa para el paciente no son
meramente sus resultados, sino el modo de procesar la información. Esto
permite al paciente compartir progresivamente el método de trabajo y le da
también la posibilidad de cuestionarlo.
f) Utilización de todo recurso facilitador del proceso de investigación y
comprensión de la problemática. El terapeuta funciona abierto a enriquecer su
método de trabajo con cuanto recurso ofrezca un valor didáctico para ilustrar y
objetivar aspectos del paciente o de la situación. Su incorporación al proceso, la
calidad y oportunidad de la inclusión, depende de iniciativas del paciente y
también de la creatividad del terapeuta. Los esquemas pueden funcionar como
instrumento habitual de trabajo. Otro aspecto sumamente rico de ampliación de
recursos consiste en trabajar con la tarea-problema; el empleo del grabador es
otro de los grandes recursos didácticos.
6- Inclusión del terapeuta como persona real. En psicoterapias la presencia del
terapeuta actúa como parte nuclear del instrumento técnico. El rol del terapeuta se
ejerce no solo por lo que permite al paciente ver de su mundo, sino por el papel que
desempeña en ese mundo. Rol real del terapeuta cuya influencia en el paciente
pasará sin duda por la “lectura” personal que él haga de aquellos comportamientos
concretos. “Tratamiento mediante la palabra y una específica relación humana,
mutuamente potenciadas”. El papel terapéutico que desempeña la personificación
del terapeuta crea una abierta compatibilidad con la existencia de vínculos con el
paciente en otros roles, fuera de la situación de tratamiento. Podemos definir como
flexibilidad la capacidad del terapeuta de actualizar, de aquel conjunto de sus
posibilidades, la constelación adecuada al momento de cada proceso.

II) Personificación de la relación de trabajo. Fundamentos dinámicos de la


flexibilidad.
Flexibilidad del terapeuta como el ajuste y adecuación de sus actitudes y recursos
técnicos a necesidades muy particulares de cada persona en tratamiento. La intuición
del terapeuta se mide por su capacidad de ajuste automático a la demanda. Las
necesidades del paciente propondrán un clima especial de comunicación dado por la
combinación del conjunto de parámetros. Exigirán la instalación de una estructura
personificada, particularizada, del vínculo terapeuta-paciente. La flexibilidad del
terapeuta reside entonces en su disponibilidad de un amplio espectro de respuestas
que permita al paciente organizar su campo, ir desplegando sus necesidades según
secuencias enteramente particulares.

Capitulo X:“Tipos de intervención verbal del terapeuta”

Las intervenciones verbales del terapeuta son instrumentos esenciales de este proceso:

1) Interrogar al paciente, pedirle datos precisos, ampliaciones y aclaraciones del relato.


Explorar en detalle sus respuestas. Es uno de los recursos esenciales a lo largo de todo el
proceso terapéutico; preguntar es continuamente consultar a la conciencia del paciente,
sondear las limitaciones y distorsiones de esa conciencia. Este recurso revela también a un
terapeuta no omnipotente. En el pedir detalles precisos sobre cada situación puede
transmitirse, un respeto del terapeuta por el carácter estrictamente singular de la
experiencia del paciente.
2) Proporcionar información. Esta perspectiva se nutre con información. Proporcionar o
facilitar información general que enmarca la problemática del paciente cumple un rol
terapéutico específico: crea una perspectiva desde la cual los problemas del paciente, con
toda su singularidad, dejan de ser vistos como algo estrictamente individual que “sólo a él”
le pasan.
3) Confirmar o rectificar los criterios del paciente sobre su situación. La rectificación permite
poner de relieve los escotomas del discurso, las limitaciones del campo de la conciencia y
el papel de las defensas de ese estrechamiento. La confirmación por parte del terapeuta de
una determinada manera de comprenderse el paciente no tiene, por cierto, menor
importancia. Contribuye a consolidar en él una confianza en sus propios recursos yoicos.
La capacidad del terapeuta de actuar flexiblemente con rectificaciones y confirmaciones de
los enunciados del paciente es fundamental para crear un clima de ecuanimidad, propio de
una relación “madura”.
4) Clarificar, reformular el relato del paciente de modo que ciertos contenidos y relaciones
del mismo adquieran mayor relieve. Estas intervenciones apuntan a lograr un despeje en la
maraña del relato del paciente a fin de recortar os elementos significativos del mismo.
5) Recapitular, resumir puntos esenciales surgidos en el proceso exploratorio de cada sesión
y del conjunto del tratamiento. Estas intervenciones estimulan el desarrollo de una
capacidad de síntesis. Esta actividad de síntesis es fundamental en el proceso terapéutico
para producir recortes y “cierres” provisorios.
6) Señalar relaciones entre datos, secuencias, constelaciones significativas, capacidades
manifiestas y latentes del paciente. Estas intervenciones actúan estimulando en el paciente
el desarrollo de una nueva manera de percibir la propia experiencia. Estos señalamientos
invitan a un acuerdo básico sobre los datos a interpretar, dan la oportunidad de modificar
esos datos, son el trabajo preliminar que sienta las bases para interpretar el sentido de
esas conductas. Hay que señalar siempre antes de interpretar. El señalamiento estimula al
paciente a interpretarse a partir de los elementos recortados, es un llamado a su capacidad
de auto comprensión.
7) Interpretar el significado de las conductas, motivaciones y finalidades latentes, en
particular las conflictivas. En las psicoterapias de esclarecimiento la interpretación es un
instrumento primordial como agente de cambio: introduce una racionalidad posible allí
hasta donde entonces había datos sueltos, inconexos, ilógicos o contradictorios para la
lógica habitual. Con frecuencia índice también el pasaje del nivel de los hechos al de las
significaciones y al manejo singular que hace el sujeto de esas significaciones. Es
importante recordar que toda interpretación es una hipótesis. Las interpretaciones en
psicoterapia deben cubrir un amplio espectro:

a- Proporcionar hipótesis sobre los conflictos actuales en la vida del paciente. Abarca una
motivación.

b- Reconstruir determinadas constelaciones históricas significativas.


c- Explicar situaciones transferenciales de peso en el proceso. (generan alguna
modificación en el proceso con el terapeuta)
d- Rescatar capacidades del paciente negadas o no cultivadas. (se busca con la
interpretación que el paciente de cuenta tanto de sus limitaciones como de sus
capacidades)
e- Hacer comprensible la conducta de los otros en función de nuevos comportamientos del
paciente. (pudo decidir sin el papá)
f- Se busca destacar las consecuencias que se derivaran de encontrar en el paciente
alternativas capaces de sustituir estereotipos personales o grupales. (que pasa si
decide sin el papá)
8) Sugerir actitudes determinadas, cambios a título de ensayo. Con estas intervenciones el
terapeuta propone al paciente conductas alternativas, lo orienta hacia ensayos originales.
Pero el sentido de las mismas es proporcionar insight desde nuevos ángulos. La
sugerencia apela indudablemente, como la dramatización, al papel revelador del acto, a la
riqueza vivencial del hecho que muchas veces no tiene el discurso reflexivo.
9) Indicar específicamente la realización de ciertas conductas con carácter de prescripción
(intervenciones directas). Las directivas que surgen en psicoterapia aluden, tanto a
necesidades propias del proceso terapéutico como a actitudes claves a evitar o ensayar
fuera de la relación terapeuta-paciente.
10)Encuadrar la tarea.Estas intervenciones comprenden todas las especificaciones relativas
a la modalidad espacial y temporal que habrá de asumir la relación terapéutica: lugar,
ubicación en él de los participantes, duración y frecuencia de las sesiones, ausencias,
retribuciones. Hay una distinción importante entre las intervenciones que establecen un
encuadre (autoritaria), y otras en las que se propone un encuadre a reajustar y elaborar
juntamente con el paciente (igualitaria).
11)Meta-intervenciones: comentar a aclarar el significado de haber puesto en juego
cualquiera de las intervenciones anteriores.Intervenciones del terapeuta cuyo objeto son
sus propias intervenciones.
12)Otras intervenciones (saludar, anunciar interrupciones, variaciones ocasionales en los
horarios, etc.)

Gestalt.

Claudio Naranjo

Capitulo IV: “Introducción a las técnicas de la Terapia Gestáltica”

Las técnicas de la terapia gestáltica son muchas y cubren un amplio espectro de conductas. La
peculiaridad de la terapia gestáltica yace a un nivel intermedio donde una actitud da forma al
material técnico y genera una nueva síntesis a partir de las posibilidades disponibles. A un nivel
técnico, la terapia gestáltica es sobre todo una síntesis, y solo existe una síntesis en la medida en
que muchas partes puedan cristalizarse en torno a un centro unificador. El centro, que reúne una
sorprendente variedad de recursos, es aquel asunto más allá de las técnicas al que se ha hecho
referencia como una cuestión de actualidad-toma de conciencia-responsabilidad.

Durante su vida, Perls incremento su repertorio con cualquier cosa que le sirviera a su objetivo de
convertir a sus pacientes en personas más conscientes y responsables. Prácticamente todas las
técnicas de la terapia gestáltica podrían ser consideradas como una corporeización
particularizada de la amplia prescripción “percátate”, como así también del “hazte responsable,
vivénciate como el agente de tus acciones”.

Decir que la terapia gestáltica tiene por objetivo el despertar de la conciencia, del sentido de la
actualidad y de la responsabilidad, es equivalente a decir que su objetivo es la capacidad de
vivenciar. Para el gestaltista, la verdadera vivencia es terapéutica o correctiva por sí misma. En el
enfoque de la terapia gestáltica, se busca vivenciar, pero no mediante la estimulación, sino que a
través de la sensibilización. El gestaltista considera al despertar-desde-afuera como una forma de
apoyo ambiental no necesaria para aquel que ha desarrollado el despertar-desde-adentro, por lo
tanto, que ha recuperado sus sentidos.

Una forma de vivenciar es detener la evitación, dejar de cubrir la experiencia. La otra, es poner
nuestras energías para movernos rápidamente hacia el contenido de la conciencia en la forma de
una atención intensificada o exageración deliberada (técnicas supresivas, y expresivas).

Capítulo V: “Técnicas Supresivas”

El primer requisito para vivenciar lo que potencialmente podemos vivenciar, es dejar de hacer
alguna otra cosa. El vivenciar ya no es algo que tenemos que buscar, sino algo que no podemos
evitar. Para vivenciar tenemos que estar presente, tenemos que estar aquí y ahora. No podemos
“vivenciar”, “experienciar”, lo que es pasado o ausente. La realidad siempre es ahora. Incluso
cuando recordamos, nuestra realidad es nuestra acción presente de recordar, nuestro deseo de
recordar, nuestras reacciones, aquí y ahora, a nuestros recuerdos. Gran parte de lo que decimos
es un relato de anécdotas, compartir planes, comunicar creencias u opiniones. Ni siquiera nuestra
actividad mental privada se centra primordialmente en el presente. Gran parte de ella consiste en
anticipaciones, recuerdos, fantasías y “juegos de calce”.

La visión del gestaltista es que todas estas actividades, en lugar de permitirle a uno percatarse
del presente, constituyen un acto de evitación del presente. Por medio de la sencilla técnica de
dejar de hacer cualquier otra cosa que no sea vivenciar, el terapeuta y el paciente por igual
pueden poner a prueba la validez de esta suposición. La experiencia de no hacer nada excepto
atender a los contenidos de la conciencia, puede conducir a un contacto auto-gratificante con la
realidad o a una incomodidad intensa. Cuando somos dejados con nada excepto lo obvio,
nuestras actitudes hacia nosotros mismos y hacia nuestra existencia se hacen aparentes.

La supresión de las evitaciones generalmente conduce una experiencia en particular a la cual los
gestaltistas le asignan especial importancia – la experiencia de la nada. Una contradicción de
términos, porque una experiencia siempre involucra “alguna cosa”. La “nada” constituye un limbo
donde se ha abandonado los juegos de superficie de la personalidad y el auto-percatarse aún no
ha tomado su lugar. La experiencia de la nada, o el vacío, es donde hacemos juicios acerca de
nosotros mismos y pronunciamos el veredicto: “no es suficiente”. La importancia de esta
experiencia de la nada deriva de la observación de que ella, constituye un puente entre la
evitación y el contacto, o, como lo expresaba Perls, entre las capas fóbicas y expulsivas de la
personalidad. “La terapia gestáltica es la transformación del vacío estéril al vacío fértil”. La “nada”
solo es nada mientras estemos la compulsión de hacer de ella un algo. Una vez que aceptamos la
nada, todo se nos da por añadidura. La nada, entones se convierte en una pantalla sobre lo que
podemos ver todas las cosas, un “fondo” ante el cual surgen libremente todas las “figuras”.
El acto supresivo de la terapia gestáltica involucra, principios generales y lo que puede ser
considerado como prescripciones individuales (negativas). Los principales no-no de la terapia
gestáltica: contar historias, anticipación, acercadeísmo, debeísmo, y manipulación.

1) Acercadeísmo: “aboutism” es un nombre que a Perls le gusta darle al “juego científico”. En


la situación terapéutica, las manifestaciones más frecuentes de esta actitud son la ofrenda
de información (diagnostica), la búsqueda de explicaciones causales, la discusión de
asuntos filosóficos o morales, o del significado de las palabras. Junto con los clichés de las
buenas costumbres, son materia de tabú en terapia gestáltica por constituir una
manifestación de “verbiaje” (verborrea). No tenemos que creer que “el juego del por qué –
porque aristotélico” es siempre otra técnica de evitación (conducta fóbica), para dar cuenta
de la utilidad de la regla bajo discusión. Basta con que creamos que a veces las
explicaciones son evitaciones. La técnica de declarar tabú las formulaciones intelectuales
puede ser considerada, en cierta medida, como lo que el revelador es a la película
fotográfica: un medio para hacer visible lo que de otra manera hubiera permanecido
invisible. La terapia gestáltica es esencialmente un enfoque no-interpretativo, porque su
objetivo es la experiencia, el percatarse, y no la introvisión intelectual. Lo más frecuente es
que la introvisión intelectual se convierta en sí misma en una trampa, un sustituto o una
muleta que reemplaza para siempre a la experiencia acerca de la cual habla.
Si el paciente se mantiene alejado de las intelectualizaciones, tarde o temprano va a:
a. Darse cuenta que no las necesita para obtener auto-conocimiento.
b. Encontrarse con los “hoyos” de su personalidad: las áreas de impotencia, parálisis,
incapacidad para aceptar la experiencia, etc; lo que da origen a la experiencia del
vacío. Como hemos visto, esto es en sumo grado deseable. Si, el paciente explica o
busca explicaciones en él o en su terapeuta, este puede seguir uno de estos dos cursos
de acción:
1- Insistir en la regla;
2- Dirigir su atención a su experiencia del momento.

El que el paciente no siga la regla es tomado como una clave, y la regla, indirectamente,
ha servido entonces la función de hacer aparente la clave. Parte del éxito del terapeuta en
cualquier enfoque, depende de su capacidad para captar, en el tramo del discurso del
paciente o en el flujo de su percatarse, las claves de los aspectos significativos, la
expresión de tales aspectos en su personalidad que requieren confrontación. Las reglas
supresivas de la terapia gestáltica constituyen un medio valioso para detectar aquellos
momentos en la experiencia del paciente que necesitan ser sacados a la luz. Momentos en
que, el paciente escoge no expresar su experiencia en curso, sino que más bien hablar
acerca de sí mismo o de los demás. La regla del no-acercadeísmo, no solo se aplica al
paciente individual, sino que es particularmente efectiva en situaciones de interacción
grupal. La simple regla de suprimir la verbalización de opiniones, ideas, opiniones acerca
de los sentimientos de otros miembros, etc., es por sí misma, una garantía de que algo
significativo va a ocurrir en la sesión.
2) Debeísmo: el decirnos a nosotros mismos, o a otros, lo que debiera ser, es, como el
acercadeísmo, otro modo de no vivenciar lo que es. Una vez que se hace dormir
artificialmente al monstruo del debiera, todo lo demás es lo que es. Cesa por completo el
“juego de las comparaciones”. Uno de los objetivos de la terapia gestáltica es ser capaz de
vivir de tal manera en el presente, que ningún estándar del pasado oscurezca nuestra toma
de conciencia; que seamos tanto lo que somos, que ningún sentido de debiera nuble
nuestra identidad. Algo típico de la terapia gestáltica es que nos dice que hagamos ahora
lo que nos gustaría lograr mañana. Al igual que su prescripción, hacia el ideal de centrarse
en el presente es: “vive en el presente, ahora”, su prescripción hacia el ideal de ser libre
del debeísmo es: “detén ahora las auto-acusaciones y los auto-elogios”. En terapia
gestáltica, una de las formas de hacer surgir esta capacidad de percatarse, es exagerando
las limitaciones mismas que deseamos superar. Para vivir en el presente, podemos
encontrar útil darle el respectivo valor al pasado o perseguir deliberadamente nuestras
fantasías del futuro. Si somos lo suficientemente rigurosos en nuestra evaluación,
sentimientos tales como la angustia la culpa y la vergüenza no son vivencias directas, sino
que el resultado de alguna evaluación: la angustia, la ansiedad, la culpa, etc, son algo que
uno mismo se hace sentir o que uno elige sentir – ellas no son la vivencia que uno tiene del
mundo. Los “debieras” constituyen una actividad sociológica de estar en pugna con una
realidad que no puede ser otra que la que es. Los debieras son una expresión de nuestra
manía por el control. El punto de vista de la terapia gestáltica es que la conciencia es
suficiente; o mejor aún: la conciencia y la orientación, siendo esta ultima un aspecto de la
conciencia misma. Si tenemos un concepto de lo deseado y sabemos dónde estamos, eso
es todo lo que necesitamos para que nuestros movimientos vayan en la dirección deseada.
Cuando la terapia gestáltica dice que es innecesario “empujar el rio” (en la forma de tratar
o esforzarse); nos está diciendo que la conciencia de las limitaciones sea la expresión de
un debeísmo irrelevante. Por el contrario, solo es posible tener una apreciación realista de
donde estamos en términos de nuestros objetivos o ideales, cuando nuestra evaluación no
se basa en el juego auto-castigador o en las defensas contra restantes. El “deber” cuando
es vivenciado como un debiera, es una instancia de responsabilidad desheredada. “Mi
deber hace que yo” ha tomado el lugar de “yo elijo”; “yo debo” en vez de “yo quiero”.
Cuando empujamos al rio, lo hacemos con la energía del rio. El rio de nuestra vida juega
un mal juego consigo mismo, empujándose en lugar de fluir.
3) Manipulación: el acercadeísmo se refiere principalmente al mal uso del intelecto y el
debeísmo, al mal uso de la vida emocional. En la esfera de la acción, la manipulación
constituye una actividad semejante. Al igual que con el pensar y el sentir, la acción puede
constituir una evitación; conductualmente igualamos actitudes fóbicas con la evitación de
acciones o las situaciones de la “vida real”. La noción de evitación del gestaltista es
fundamentalmente la de una fobia de la vivencia y una evitación de la toma de conciencia.
Se podría decir que la mayoría de nuestras acciones son evitaciones de la experiencia. El
cambio solo se puede originar a partir del deseo de cabio, y la acción, a partir del deseo de
producir efectos o resultados. El punto de vista del terapeuta gestáltico es: “la conciencia
es suficiente”. En contraste con las acciones cuya intención es evitar las experiencias, hay
acciones que surgen de la experiencia y la expresan. Estas no intentan producir un efecto,
dicen si a la existencia, acciones enraizadas en el valor intrínseco de sí mismas. Las
acciones que son afirmativas de la vida, auto-reveladoras, expresivas, son, en cierto
sentido, como ninguna acción. Ya que proceden en forma natural, sin violencia hacia
nuestras tendencias, sin necesidad de auto-manipulación, pueden ser vivenciadas como
un camino de resistencia mínima – el modo más simple de estar en el momento. Perls
indicó que tales acciones se basan en la preferencia. La acción en contraste con la
manipulación (de uno mismo o de otros), se vivencia como un flujo desde adentro, no
como algo que se realiza con el fin de satisfacer estándares extrínsecos. La idea de
renunciar a la manipulación encuentra su expresión, así como los otros no – hagas –tal-o-
cual-cosa en la práctica de continuum de la atención. Para verbalizar la experiencia del
momento, tenemos que estar abiertos al momento y a aquello que este trae consigo. Con
Perls, la no-manipulación era una regla implícita, la proponía como una prueba de
admisión. Era un paso elemental por el cual el paciente podría hacerse responsable. Las
manifestaciones de la manipulación que una persona dirige fundamentalmente hacia sí
misma, pueden ser más difíciles de catar que las involucradas en los juegos
interpersonales. Pues en este último caso, el terapeuta puede sentir los tira y afloja, las
exigencias o engaños tácitos que quieren limitar su libertad o sacarlo de su propio centro.
Sin embargo, la auto-manipulación es tal vez el preciso factor que distingue la practica
genuina del continuum de a atención al engaño, o de la pseudo-practica que el “buen
paciente” puede realizar durante largos periodos de tiempo sin llegar a anda significativo.

Una vez que el paciente se percata de qué está haciendo, aparte de expresar sus experiencias,
puede avanzar descubriendo cuáles son sus experiencias naturales. El punto más sutil en la
práctica del continuum de la atención es la distinción entre estar abierto a la experiencia y fabricar
experiencias. Hay elementos particularmente relacionados con el asunto de la manipulación que
surgen fundamentalmente cuando la terapia gestáltica es conducida en un encuadre grupal:
 Preguntas: una pregunta es una forma de manipulación dirigida a la producción de una
respuesta y no expresa la experiencia del interrogador. Más bien, el interrogador necesita
una respuesta para evitar mejor la experiencia de donde surge la pregunta. Las preguntas
no solo sirven para enmascarar las experiencias del interrogador, sino también para
“tragarse” al interrogado y que así responda y satisfaga la necesidad manipuladora del
interrogador; ellas desvían el contenido e la interacción grupal alejándolo de lo que es
terapéuticamente funcional.
 Contestaciones: la mayoría de las contestaciones constituye un sometimiento pasivo a la
manipulación de alguien y no le sirven en absoluto al que contesta o al grupo.
 Pedir permiso: al pedir aprobación por alguna acción intencional, el individuo está así
manipulando la situación, de modo que otros se harán responsables de su acción y él, por
lo tanto, evitara el posible impasse de una decisión. ´
 Exigencias: la actitud del terapeuta gestáltico con respecto a la expresión de exigencias
variará según el individuo y la ocasión. Con frecuencia puede que estimule la expresión de
exigencias, ya sea en su trabajo con un determinado individuo o a modo de ejercicio
grupal, como una forma de contrarrestar la inhibición de deseos que fue parte de nuestro
condicionamiento en la niñez.

Capítulo VI: “Técnicas expresivas”

El percatarse se puede incrementar mediante la supresión o la expresión. Nos percatamos de


nuestros “si mismos” en gran medida mediante nuestra expresión. Nuestra noción de lo que
somos se ve afectada, si no bien completamente determinada, por lo que no hacemos y lo que
hemos hecho. Por medio de los requerimientos supresivos, el terapeuta desalienta al paciente en
lo que no es; invitando su expresión, lo estimula hacia lo que es. Cuando el paciente logra
expresar lo que hasta aquí estaba inexpresado, no solo se va a estar revelando a otro sino que a
sí mismo. La auto-expresión no solo es una forma de auto-percatarse, sino que un medio en sí
mismo: la capacidad de expresarse, como la conciencia, es parte de la persona plenamente
desarrollada, y por lo tanto, un objetivo de la psicoterapia. El expresarse es realizarse, en el
sentido literal de uno hacerse real. La terapia gestáltica podría ser visualizada como un programa
de refuerzo positivo de la auto-expresión, acompañado de un refuerzo negativo de la
manipulación y la falta de autenticidad. Todo acto de auto-expresión no solo es una ocasión para
el auto-percatarse, sino que la apertura de una avenida a la acción.

En terapia gestáltica, las técnicas expresivas podrían ser consideradas como instancias de
algunos de estos tres grandes principios: la iniciación de las acciones, el completar de las
acciones, la búsqueda de lo directo.
1) Iniciación de la acción: la idea de iniciar la acción o la expresión tiene, dos formas de
aplicación técnica en la terapia gestáltica: una universal y otra individual. Una técnica
universal es maximizar la iniciativa, correr riesgos y manifestar la expresión en palabras o
acciones. Una de aplicación individual es una “prescripción” basada en un diagnostico
individual de algo en cuyo hacer la persona se verá forzada a superar su evitación.
A- Maximización de la expresión: en terapia gestáltica, este principio se aplica en varias
formas. Una de ellas, de relevancia indirecta, la minimización de la acción no-expresiva.
Una vez que los clichés y la verborrea han sido suprimidos, todo lo que queda es la
opción entre el vacío y la expresión. Una segunda técnica, es el suministro de
situaciones no estructuradas. En la medida en que una situación no sea estructurada, el
individuo se verá confrontado con sus propias opciones. La falta de estructura requiere
que el individuo sea creativo. La ausencia de estructura es, la práctica del continuum de
la atención. A cada vuelta del continuum de la atención, el paciente está siguiendo o no
los dictámenes de sus deseos, impulsos, inclinaciones del momento. Sea lo que sea
que haga, él lo hace. Está optando, y una de las funciones del terapeuta es hacer que
se percate de sus decisiones, ayudarlo a darse cuenta de que él está optando – es
decir que él es el responsable. Donde la regla es “no tener reglas”, el paciente no
puede sino reconocer el conflicto como suyo propio. Al ser la regla “se tú mismo”, él
debe encarar el desafío de su libertad. Lo único que produce la falta de estructura es
suministrar un vacío que él llenara con su expresión o, en alternativa, con su propio
darse cuenta de su incapacidad de hacerlo, un percatarse de sus conflictos y su
naturaleza. Otro componente fundamental en l maximización de la expresión, es una
instigación directa a expresar, en palabras o acciones. Esta instigación va implícita en
la descripción del ejercicio básico, dado que al paciente se le urge a que exprese
minuto a minuto lo que vivencia. Hay una forma de expresión que merece ser
individualizada debido al grado en que reúne lo no estructurado y la iniciativa: la
vocalización no estructurada o jerigonza. La jerigonza es una de las pocas acciones
que no se pueden programar o ensayar. Una disposición a “hablar” en jerigonza puede
ser considerada como una disposición a decir lo desconocido, lo impensado. La
jerigonza tiene la peculiaridad de permitir una espontaneidad de expresión que sus
palabras u otras acciones no permitirían. El mensaje transmitido a través de estas
silabas supuestamente insignificantes, puede servir tanto de clave como de semilla
para el auto-percatarse.
B- Prescripciones individuales: cualquiera sea la base para la intuición o percepción del
terapeuta, es un hecho que él a veces puede ver los “vacíos” en la personalidad del
individuo. Al ayudarlo a expresar los precisos aspectos de sí mismo que él está
suprimiendo, lo está ayudando a conocerse, hacerse responsable por lo que es y, por lo
tanto, tornarse entero. Es muy probable que el terapeuta gestáltico ponga el tipo de
intuición o percepción más bien en la boca del paciente que en su oído. En otros
momentos, las prescripciones se pueden basar en otra formulación que no sea la
intuición o percepción de claves: el principio de inversión. Una de las ideas originales
de Perls ha sido la aplicación de la distinción figura-fondo al asunto de la auto-
percepción y funcionamiento de la personalidad en general. En la media de nuestra
neurosis, tendemos a aumentar la magnitud de alguno de nuestros rasgos, lo que
consideramos como virtudes y escotomizamos aquellos que llamamos defectos. En
forma similar, filtramos y dejamos afuera nuestra espontaneidad, fomentando algunas
manifestaciones e inhibiendo otras. La idea de invertir las auto-percepciones y acciones
habituales puede tomar diversas formas, todas las cuales pueden ser consideradas
como un medio para suscitar la expresión de lo que está siendo pospuesto, desviado o
suprimido en términos de una Gestalt incompatible. Lo opuesto a la actitud de la
persona posiblemente también será parte de ella, un lado menos desarrollado de su
personalidad. El principio de inversión se puede aplicar no solo a los sentimientos sino
también a las actitudes físicas. Los cuales pueden conducirnos eventualmente al
desenvolvimiento progresivo de experiencias insospechadas. Otra orientación más para
la iniciación de la acción o expresión que ha sido reprimida, es la propia sensación de la
persona de una falta de “completud” o, en terminología gestáltica, falta de cerrazón. Las
palabras no dichas y las cosas no hechas dejan en nosotros una huella que nos une
con el pasado. Una considerable parte de nuestra ensoñación y pensamiento es un
intento de vivir en la fantasía lo que dejamos de vivir en la realidad. Con frecuencia la
“incompletud” es creada por una retención de la expresión de aprecio o resentimiento.
2) El completar la expresión: al igual que el percatarse, la auto-expresión varia en grado de
una persona a otra. Una de las cosas que hace un terapeuta gestáltico, es intensificar la
auto-expresión de la persona. Él hace esto en primer lugar, reconociendo los momentos o
elementos de verdadera expresión en una acción, e invitando hacia su desarrollo.
Podemos distinguir 4 tipos de procedimientos conducentes a una intensificación de la
acción:
a. La repetición simple: método cuyo objetivo es intensificar el percatarse de la persona
con respecto a una determinada acción o afirmación suya, y puede ser visto como un
paso más allá de la acción del terapeuta de simplemente hacer de espejo o reflejar. A
veces, la repetición verbal puede tener un efecto notable. A veces la repetición no tiene
como resultado una intensificación del significado, sino que, si la afirmación original era
contraria al verdadero si mismo del paciente, un sinsentido incrementado y una
reacción en contra de la afirmación original. La técnica de la repetición se puede
adaptar a la situación grupal dirigiendo la afirmación o acción repetitiva a diferentes
miembros del grupo.
1- Repetición estricta
2- Repetición estricta seguida de elaboración según la forma en que la afirmación es
aplicable a la persona en cuestión.
3- Repetición de contenido, adaptando la forma de al afirmación a cada persona.
4- Repetición de actitud con variación de contenido.

Se puede esperar que estas técnicas permitan una oportunidad para el descubrimiento.

b. La exageración y el desarrollo: frecuentemente tiene lugar en forma espontánea


cuando a una persona se le pide que vuelva a hacer o decir algo una serie de veces.
Cuando a una persona se le pide que exagere y hace esto una serie de veces, puede
descubrir algo nuevo en su acción. La exageración constituye una forma de desarrollo
de una acción, pero el desarrollo no siempre involucra exageración. A veces, si nos
quedamos con una acción o afirmación a través de la repetición, el énfasis tendrá como
resultado una modificación de dicha acción.
c. La explicitación o traducción: “explicitación” técnica más original de la terapia
gestáltica, donde el terapeuta habitualmente introduce con afirmaciones. Al hacerlo, al
paciente se le está pidiendo que traduzca en palabras un trozo de expresión no-verbal
-- un gesto, una imagen visual, un síntoma físico, etc - y se le pide, entonces, que haga
explicito un contenido que solo era implícito. En el proceso de explicitación, el paciente
necesariamente tendrá que empatizar con aquel aspecto de sí mismo o de su
percepción que él trata de colocar en palabras. Tendrá que vivenciar, el acontecimiento
desde adentro, en lugar de como un observador externo. El proceso de explicitación
conduce al deseado fin de la interpretación mediante un enfoque radicalmente
diferente. En primer lugar, al paciente se le insta a que contacte su mensaje por sí
mismo. En segundo lugar, hay una gran distancia entre “pensar acerca de” un trozo de
conducta o símbolo y empatizar con ello. El primer paso implícito en la explicitación es
vivenciar el contenido-sentimiento de la acción a ser explicitada. En segundo lugar,
traducir ese contenido en un medio alternativo de palabras. Cuando un mensaje es
traducido de las acciones, sonidos o imágenes y puesto en palabras, el proceso
justamente merece ser llamado un proceso de explicitación, ya que la actividad motora-
visual habitual está más próxima a nuestros procesos automáticos e inconscientes,
mientras que lo verbal o conceptual, vinculado al “proceso secundario”, es parte de
nuestra actividad de vigilia.
d. La identificación y la actuación: mientras que en a explicitación le ponemos palabras
a nuestros movimientos, en la actuación le damos movimiento a un pensamiento. La
actuación puede ser comprendida como un modo más de completar o implementar la
expresión. Lo que el terapeuta gestáltico está haciendo cuando le pide a un paciente
que actúe sus recuerdos o expectativas, es equivalente a pedirle que lleve a cabo
físicamente una acción que está ejecutando, repetidamente a veces, en fantasía. El
paciente podrá descubrir que se está aferrando a ese recuerdo o fantasía en particular
como consecuencia de su “incompletud” misma. En un sentido interno, la actuación
involucra un proceso de identificación, de convertirse en uno con la parte que actuamos
o reconocer “su” experiencia como nuestra. En la medida en que sea capaz de
identificarse con todo aquello que es – bueno o malo – se estará haciendo responsable
de sí mismo. Podemos saber más mediante el ser algo o alguien que razonando acerca
de ello. En la terapia gestáltica, las aplicaciones fundamentales de la actuación son la
representación de sueños, la actuación de anticipaciones del futuro, la representación
del pasado y la representación de las diferentes partes de la personalidad que están en
conflicto. Gran parte de la maestría del terapeuta está en su capacidad de indicare al
paciente los roles claves que debe explorar mediante la actuación. Las claves que
pueden revelarle al terapeuta la presencia de una actitud elegible para la actuación:
1- Síntomas psicológicos tales como la angustia, la culpa, la vergüenza.
2- Conflictos: incluso los micro-conflictos como sonreír o no, mirar al terapeuta o
alejarle la vista, etc.
3- Exageración e inversión. Amplificación de virtualmente cualquier sentimiento o acto
expresivo.
4- Una discrepancia ente la expresión verbal y no-verbal.
5- Conducta total: a veces el terapeuta se puede percatar del rol de un paciente
mediante el estilo de su conducta total en lugar de por una clave especifica.
3) El ser directo: minimización: la auto-expresión frecuentemente se ve entorpecida por
acciones tales como la minimización, el dar rodeos, la vaguedad, etc, y en tales casos, un
incremento en el ser directo va a resultar en una mayor razón mensaje-es-a-ruido en la
comunicación de un individuo. Una frecuente fuente de minimización se relaciona con el
uso de la conjunción “pero”, el “pero” es introducido con demasiada frecuencia para
descalificar una afirmación o para restarle algo de su peso o validez. Mediante esta
ambigüedad, el individuo evita tomar partido por algo o vivenciar plenamente cualquier
mitad de la afirmación, donde cada mitad invalida a la otra. Otro giro del lenguaje
íntimamente relacionado con el asunto de lo directo, es el uso de la palabra “ello” en lugar
de un contenido específico. El verdadero significado sustituido por la palabra “ello” es “yo”
o “tú”, y de esta manera, “ello” actúa como un cojín para amortiguar lo directo de un
encuentro. La evitación de la palabra “yo” no siempre va ligada a la introducción de “ello”.
“Nosotros” sirve como un bosque que esconde un árbol e involucra una falta de disposición
a hacerse responsable por una experiencia. Otra pantalla de camuflaje es “uno”.
Retroflexiones: una instancia de la falta de ser directo, es el deshacer retroflexiones: el
redirigir un impulso que ha sido desplazado de tal modo, que en lugar de encontrarse con
su objetivo intencional, se revierte al agente. Perls define retroflexión a la conducta
mediante la cual una persona “se hace a si misma lo que originalmente hizo o trato de
hacer a otras personas u objetos”. La retroflexión es una consecuencia de obstáculos
ambientales a la expresión de impulsos que han conducido a un bloqueo activo por parte
del individuo. Al reprimirse, la persona se hace a si misma lo que originalmente le fue
hecho a él por el ambiente (introyecta), y para ésta actividad utiliza la energía de sus
propios impulsos (retroflecta). Muchas de nuestras retroflexiones son disfuncionales e
incontinentes. Para Perls, la represión es una retroflexión “olvidada”. El concepto de
retroflexión es particularmente valioso para el psicoterapeuta, pues le hace prestar
atención al aspecto activo de la represión y la inhibición. En terapia gestáltica, la
posibilidad de que los sentimientos de una persona hacia sí misma puedan constituir un
caso de retroflexión, se pone a prueba no vía interpretación sino que vía experimentación.
Cuando una persona es dirigida a hacerle a otro lo que se está haciendo a sí misma,
puede ser que descubra que esto es lo que realmente quería hacer. Si es así, habrá
recuperado algo de su ser directo con respecto a la expresión.

Capitulo VII: “Técnicas de integración”

En terapia gestáltica el terapeuta con mayor frecuencia va a estimular la integración de voces


conflictivas internas por medio del encuentro intrapersonal y la asimilación de proyecciones.

 Encuentro intrapersonal: una de las técnicas más originales de la terapia gestáltica es la


de poner en contacto a los sub-si mismos de una persona, indicándole que represente sus
partes en forma alternada y haga hablar a estos “personajes” entre sí. Fritz Perls, decía
que todo lo que necesitaba era su destreza, la colaboración del paciente, algunos pañuelos
desechables, la “silla caliente” y una silla vacía. La razón es que, en estos diálogos
internos, el paciente es estimulado a cambiarse de una silla a otra para reforzar la realidad
de su identificación con estos sub-si mismos alternantes. Lo que determina la eficacia o
éxito de este procedimiento, yace en factores que pueden requerir de la sutileza del
terapeuta para evaluar. A continuación, enumero algunos de estos casos:
1- Un encuentro no debe ser prematuro.
2- El encuentro no debe degenerar en una discusión intelectual o en un juego de ping-
pong y de acusaciones mutuas y defensa; el contacto entre los su-si mismos se debe
tratar de lograr a nivel de los sentimientos.
 Asimilación de proyecciones: en la literatura psicológica existe bastante documentación
sobre varias formas de proyección. La que nos interesa aquí es el tipo de proyección que
el psicoanálisis considera como una “defensa”: el proceso de atribuirle a una persona o
cosa en el ambiente, cualidades o sentimientos propios nuestros que no estamos
dispuestos a reconocer como tales. Un aspecto importante de la terapia gestáltica es el de
asimilar proyecciones. Es decir, incorporara en nosotros mismos lo que hemos
desheredado, reconociendo como parte de nuestra experiencia aquello que hemos estado
colocando fuera de nosotros mismos. La técnica más importante para la asimilación de
proyecciones es la identificación con la proyección por medio de la actuación de su parte.
En otras oportunidades, la asimilación de una proyección se puede realizar convirtiendo un
dialogo interpersonal en uno intrapersonal. La proyección puede revelar lo que la
introspección simple o el encuentro intrapersonal prematuro no podrían, y el terapeuta
quizás desee ocupar más tiempo para estimular la expresión de las proyecciones y su
explicitación o desarrollo, antes de cualquier intento de reasimilación. Según Perls, el
temor neurótico a ser rechazado es una consecuencia de la proyección del propio rechazo
del individuo hacia los demás. En terapia gestáltica, un introyecto es visto como una
situación inconclusa, algo incorporado a la personalidad sin una asimilación adecuada, lo
cual involucraría a una acción de masticación psicológica- análisis – e incorporación
selectiva o rechazo de la partes o aspectos componentes del objeto.

El enfoque gestáltico y testimonios de la terapia.

Perls Fritz

Capítulo I:“Fundamentos”

Psicología de la Gestalt.

El enfoque presentado aquí descansa en una serie de premisas, son en gran medida supuestos
del sentido común.

 Primera premisa: es la organización de hechos, percepciones, conducta y fenómenos y


no los elementos individuales de los cuales se componen, lo que los define y les da sus
significado especifico y particular (grupo de psicólogos alemanes que trabajaron
percepción). Demostraron que el hombre no percibe las cosas como entidades sin relación
y aisladas, sino que más bien las organiza; mediante el proceso perceptivo, en totalidades
significativas. Un elemento seleccionado resalta mientras los demás retroceden al fondo.
La elección del elemento que va a resaltar es el resultado de muchos factores, todos los
cuales pueden juntarse bajo el termino general “interés”. Mientras hay interés, la escena
aparece organizada de un modo significativo. A medida que los intereses de la persona
cambian, su percepción de una sala, de las personas y de los objetos en ella e incuso la
percepción de sí mismo se modifica. Lo que está en primer plano y lo que está en el
trasfondo son intercambiables, no se mantienen estáticos. La premisa básica de la
psicología de la Gestalt es que la naturaleza humana se organiza en formas o totalidades y
es vivenciada por el individuo en estos términos y puede ser comprendida únicamente en
función de las formas o totalidades de las cuales se compone.

Homeostasis.

La premisa siguiente es que toda la vida y todo el comportamiento son gobernados por el proceso
(homeostasis/adaptación). El proceso homestásico es el proceso mediante el cual el organismo
mantiene su equilibrio y por lo tanto su salud, en medio de condiciones que varían. Homeostasis
es el proceso mediante el cual el organismo satisface sus necesidades. Dado que sus
necesidades son muchas y cada necesidad altera el equilibrio, el proceso homestásico transcurre
todo el tiempo. Podemos llamar al proceso homestásico el proceso de la autorregulación,
mediante el cual el organismo interactúa con su ambiente. En organismo también tiene
necesidades de contacto al igual que necesidades psicológicas. Si varias necesidades se hacen
presentes simultáneamente el organismo sano opera dentro de lo que podríamos llamar una
jerarquía de valores, se dedicará a entender la necesidad de sobrevivencia dominante. En
términos de la psicología de la Gestalt podemos decir que la necesidad dominante del organismo,
en cualquier momento, se convierte en la figura en primer plano y las demás necesidades
retroceden, al menos temporalmente, al fondo. Lo que está en primer plano es aquella necesidad
que presiona más agudamente por su satisfacción, sea ésta, la necesidad de preservar la vida
misma o estén relacionadas con áreas menso vitales, psicológicas o fisiológicas. Para que el
individuo satisfaga sus necesidades, para crear o completar la Gestalt, para pasar a otro asunto,
tiene que ser capaz de sentir lo que necesita y debe saber cómo manejarse a sí mismo y a su
ambiente, ya que incluso las necesidades puramente fisiológicas pueden ser satisfecha
únicamente mediante la interacción del organismo y el ambiente.

La doctrina holística.

Uno de los hechos más notorios del hombre es, que es un organismo unificado. Desde que surgió
la medicina psicosomática, la estrecha relación entre la actividad mental y física se ha hecho
cada vez más aparente. Otra de las capacidades inherentes al hombre: la habilidad de aprender y
manejar símbolos y abstracciones. Esa habilidad parece estar relacionada con la mayor
complejidad y desarrollo del cerebro. Esta capacidad de usar símbolos aparece en lo que
llamamos actividad mental. Dado entonces que el ser humano tiene una tendencia innata para
usar símbolos y par abstraer, cuando la utiliza está actuando en efigie. Está habiendo
simbólicamente lo que podría estar haciendo físicamente. Además tenemos la función de
atención. También hablamos de la capacidad de darse cuenta (awareness) la cual podría
describirse como la melliza desdibujada de la atención. El darse cuenta es más difuso que la
atención, implica una percepción relajada en lugar de una percepción tensa, llevad a afecto por lo
persona total. Y hablamos de voluntad. Aquí el área de atención o darse cuenta es altamente
restringida y la persona se focaliza en iniciar y llevar cabo una serie de acciones dirigidas a lograr
ciertos objetivos específicos.

En cada una de estas actividades mentales, la relación entre lo que hacemos y lo que pensamos
es muy clara. Cuando estamos conscientes de algo o focalizamos nuestra atención en ello, hay al
menos algunas señales manifiestas por las cuales un espectador puede ver que estos procesos
están operando. Volvamos al área de pensar. Nosotros consideramos que el pensar incluye toda
una gama de actividades: llamemos a toda esta actividad fantasía en lugar de pensar. La
actividad fantasiosa es aquella actividad del ser humano que mediante el uso de símbolos, tiende
a reproducir la realidad en una escala disminuida. Como actividad que implica el uso de símbolos,
deriva de la realidad, ya que los símbolos mismos son inicialmente derivados de la realidad. La
actividad de la fantasía, que es actividad interna utilizadora de símbolos. Anticipo en fantasía lo
que ocurrirá en la realidad. Es así entonces que la actividad mental actúa, para el individuo, como
ahorrador de tiempo, energía y trabajo. Cuando yo fantaseo o dirijo mi atención a un problema,
utilizo una pequeña parte de mi energía disponible internamente para producir una cantidad
mayor de energía corporal o externa eficientemente distribuida.

La actividad mental parece ser actividad de la persona total que se lleva a cabo en un nivel
energético inferior al de aquellas actividades que denominamos físicas. El organismo actúa y
reacciona al ambiente con mayor o menor intensidad; a medida que la intensidad disminuye el
comportamiento físico se convierte en comportamiento mental. A medida que la intensidad
aumenta, el comportamiento mental se convierte en comportamiento físico. Nuestra capacidad de
actuar en un nivel de intensidad disminuido- es decir darse a una conducta mental- es
enormemente ventajoso. Esta concepción nos permite ver el lado mental y físico del
comportamiento humano, contempla al ser humano tal cual es, como un todo, un entero y
examina su comportamiento tal cual se manifiesta en el nivel aparente de la actividad física y en
el nivel inaparente de la actividad mental. Así llegamos a introducir en la psicología el concepto
del campo unificado- concepto holístico. Ni el paciente, ni el terapeuta están limitados
exclusivamente a lo que dice o piensa el paciente, ambos pueden tomar en cuenta lo que de
hecho hace. Lo que hace es una clave de lo que piensa y lo que piensa da claves de lo que hace
y lo que le gusta hacer. Por medio de la experiencia de sí mismo en los tres niveles del fantasear,
del representar roles y del hacer, irá llegando a un entendimiento de sí mismo; LA
PSICOTERAPIA.

La psicoterapia se convierte en una experiencia de vivir en el presente. En esta situación de vida,


el paciente aprende por sí mismo como integrar sus pensamientos, sus sentimientos y sus
acciones, ya no únicamente en la sala de consulta, sino en el transcurso de su vida cotidiana.

Límites de contacto.

Ningún individuo es autosuficiente. El individuo es, en todo momento, parte de algún campo. Su
comportamiento es función del campo total que lo incluye tanto a él como a su ambiente, la
naturaleza de la relación entre él y su ambiente determina su conducta. El estudio del modo como
el ser humano funciona en su ambiente, es el estudio de aquello que ocurre en el límite de
contacto entre el individuo y su ambiente. Actuamos mediante dos sistemas, el sistema sensorial
y el sistema motor. Pero el organismo contacta al mundo con los dos. Su sistema sensorial le da
una orientación y su sistema motor le da los medios para manipular. Con este nuevo enfoque, el
ambiente y el organismo están en una relación de reciprocidad. Ninguno es víctima del otro. Su
relación es de hecho una relación de opuestos dialecticos. Para satisfacer sus necesidades el
organismo tiene que encontrar sus suplementos necesarios para su sobrevivencia en el ambiente.
El neurótico ha perdido (o tal vez nunca lo tuvo) la capacidad de organizar su comportamiento de
acuerdo a una jerarquía indispensable de necesidades. Literalmente no puede concentrarse. En
terapia, tiene que aprender a distinguir de entre las miles de necesidades y como atenderlas
sucesivamente.

Organización mas ambiente es igual a campo.

Relación del individuo con su ambiente: el individuo tiene actitudes hacia aquellas cosas
existentes en el ambiente que pueden facilitar o entorpecer su búsqueda de satisfacción. Freud
se refirió a esto al decir que los objetos en el mundo reciben una catexis. De aquellos que son
deseables porque ayudan a satisfacer las necesidades del individuo y a restaurar su equilibrio
perturbado, se dice que poseen una catexis positiva. Se dice que tienen catexis negativa aquellos
objetos que son indeseables, ya sea porque son indeseables, amenazantes para el individuo, o
tienden a perturbar su equilibrio, o no logran satisfacer sus necesidades.

El hombre vive suspendido entre la impaciencia y el miedo. Cada una de las necesidades
requiere de gratificación inmediata sin dilación. La impaciencia es entonces la base de la catexis
positiva. El miedo es la base de todas las catexis negativas. Al tratar de adquirir los objetos de
catexis positiva, el individuo contacta su ambiente, va hacia lo que lo rodea. Por otra parte, el
individuo a aquellos objetos o personas que tienen una catexis negativa los quisiera aniquilar o
remover del campo. Además podemos encarar la situación y al objeto con catexis negativa, por
medio de la aniquilación mágica o fugándose del campo del peligro. Ambos son medios de
retraerse. La aniquilación mágica es bien conocida en psicoterapia bajo el nombre de escotoma,
es decir, punto ciego. Hay personas que literalmente no ven lo que no quieren ver; la aniquilación
mágica es un retirarse parcial, un sustituto para el retiro verdadero. Lo mismo puede decirse del
contacto. No todos los contactos son sanos, ni todo el retraerse es enfermo. Una de las
características del neurótico, es que ni puede establecer un buen contacto ni puede organizar su
retiro. Cuando el objeto catexial, ya sea su catexis positiva o negativa, ha sido apropiado o
aniquilado, contactado o alejado, o tratado de alguna manera satisfactoria para el individuo,
entonces tanto el como la necesidad con la cual está asociada, desaparecen del ambiente; se
dice que Gestalt está cerrada. Este “contactarse con” y “retirarse del” ambiente, esta aceptación y
rechazo del ambiente, son las funciones más importantes de la personalidad integral. Son los
aspectos positivos y negativos de los procesos psicológicos mediante los cuales vivimos.

La capacidad de discriminar: al ocurrir esto, el individuo se hace incapaz de reaccionar


adecuadamente y por ende lo describimos como neurótico. Pero cuando la capacidad de
discriminar funciona en buena forma, los componentes de aceptación y rechazo, de contacto y de
retiro están siempre presentes y activos. El contacto y el retiro, son nuestros medios de satisfacer
nuestras necesidades, de continuar los procesos siempre en transcurso que constituyen la vida
misma.

Introyección.

Conceptos, datos, patrones de conducta, valores morales, éticos, estéticos y políticos, todos
provienen originalmente del mundo externo. Estas tienen que ser digeridas y dominadas si han de
convertirse verdaderamente en propias. Pero si sencillamente aceptamos por la palabra de otra
persona, ya sea por ser de buen gusto o por ser seguras, o tradicionales, o de mal gusto, o
peligrosas, o revolucionarias, entonces yacen pesadamente en nosotros. Son realmente
indigeribles. Continúan siendo cuerpos extraños aunque hayan tomado nuestras mentes por su
morada. Tales actitudes, modos de actuar, de sentir y evaluar sin digerir, en psicología se les
denomina introyectos; y el mecanismo mediante el cual estos cuerpos extraños son agregados a
la personalidad, nosotros los denominamos introyección.

Los alimentos psicológicos que nos presenta el mundo, tiene que ser asimilado exactamente del
mismo modo como nuestro alimento real. Tiene que ser desestructurado, analizado, desarmado y
luego armado del modo como sea de mayor valor para nosotros. Si sencillamente se traga entero,
no contribuye en absoluto al desarrollo de nuestra personalidad. Por lo tanto, el peligro de la
introyección es doble. En primer lugar el hombre que introyecta, nunca tiene la oportunidad de
desarrollar su propia personalidad, porque está tan ocupado asegurando los cuerpos extraños
alojados dentro de su sistema. En segundo lugar, la introyección contribuye a la desintegración de
la personalidad. La introyección es entonces, el mecanismo neurótico mediante el cual
incorporamos dentro de nosotros mismos, patrones, actitudes, modos de actuar y pensar que no
son verdaderamente nuestros. En la introyección hemos corrido el límite entre nosotros, y el resto
del mundo, tan demasiado hacia dentro de nosotros mismos, que casi no queda nada de
nosotros.

Proyección.

El reverso de la introyección es la proyección. Tal como la introyección, es la tendencia a hacer


de sí mismo (self) responsable de lo que de hecho es arte del ambiente, así también la
proyección es la tendencia de hacer responsable al ambiente de lo que se origina en el sí mismo
(self). La mujer sexualmente inhibida que se queja de que todo el mundo le hace avances, o el
hombre altivo; frio, retraído que acusa a los demás de ser poco amistosos con él, son ejemplos de
proyección neurótica. En estos casos, los individuos han hechos suposiciones basadas en sus
propias fantasías y no han reconocido que son solamente suposiciones. Además han rehusado
reconocer su origen. El neurótico, tiene a desposeer aquellas partes de él mismo, de donde se
originan aquellos impulsos. Les confiere, por así decir, una existencia objetiva fuera de él, de
modo que puede culparlos de sus problemas sin encarar el hecho de que son parte de él mismo.
En lugar de ser un participante activo de su propia vida, el proyector se convierte en un objeto
pasivo, víctima de la circunstancia.

En la proyección, trasladamos el límite entre nosotros y el resto del mundo, un poco demasiado a
nuestro favor, de un modo que nos hace posible desposeer y renunciar, a aquellos aspectos de
nuestra personalidad que encontramos difíciles y ofensivas o poco atractivas. Mediante el
proyectar, la persona espera librarse a sí mismo de sus introyectos fantaseados, que de hecho,
no son en absoluto introyectos, sino partes de él mismo. La personalidad introyectante que se
confiere en el campo de batalla de ideas no asimiladas, en guerra entre sí, encuentra su paralelo
en la personalidad proyectiva, que hace del mundo el campo de batalla donde deben guerrearse
sus conflictos privados.

Confluencia.

Cuando el individuo no siente ningún límite entre él mismo y el ambiente que lo rodea, cuando
siente que es uno con él, se dice que está en confluencia con el ambiente. Las partes y el todo se
hacen indistinguibles entre sí. Confluencia donde los límites desaparecen y el individuo se siente
más el mismo, debido a que esta tan identificado con el grupo. Pero cuando este sentido de
identificación total es crónico, y el individuo es incapaz de ver la diferencia entre él mismo y el
resto del mundo, está psicológicamente enfermo. No puede vivenciarse a sí mismo, pues ha
perdido todo sentido de sí mismo. No se da cuenta del límite entre sí mismo y los demás. En la
confluencia, se exige similitud y se niega la tolerancia de las diferencias.

Retroflexión.

Literalmente significa “volverse atrás intensamente en contra”. El retroflector sabe cómo trazar
una línea demarcatoria entre él, y el ambiente y dibuja una línea clara y nítida por la mitad, pero la
traza por medio de sí mismo. El introyector hace lo que los demás quiere que haga, el
proyector le hace a los demás lo que él acusa a los demás de hacerle a él, el hombre en
confluencia patológica no sabe quién le está haciendo qué cosa a quién, y le retroflector se
hace a sí mismo lo que le gustaría hacer a otros. Cuando alguien retroflecta una conducta, se
trata a sí mismo como originalmente quería tratar a otras personas u objetos. Reorienta su
actividad hacia adentro y se sustituye a si mismo por el ambiente como objetivo del
comportamiento. Llega a constituirse en el peor enemigo de sí mismo.

¿Cómo se pone de manifiesto el mecanismo de la retroflexión? La retroflexión se muestra en el


uso del reflejo “yo mismo”. E retroflector dice “tengo vergüenza de mí mismo” o también “tengo
que forzarme a mí mismo para hacer este trabajo”. Hace una serie casi interminable de
afirmaciones de este tipo, todas basadas en la comprensión de que él y él mismo son dos
personas diferentes. La confusión entre el sí mismo (self) y el otro que yace tras la neurosis, se
muestra en la confusión total acerca de sí mismo. Para el neurótico, el sí mismo es o una bestia o
un ángel, pero el sí mismo nunca es yo mismo.

En terapia, tenemos que restablecer la capacidad el neurótico de discriminar. Tenemos que


guiarlo hacia la integración. Tenemos que asistirlo en su búsqueda del balance y de los límites
adecuados entre el mismo y el resto el mundo. Es fácil decir “sencillamente sé tú mismo”, pero
para le neurótico hay miles de obstáculos en el camino.

Capitulo IV:“Terapia del aquí y ahora”

Desde el punto de vista gestáltico, el neurótico no es meramente una persona que una vez tuvo
un problema, es una persona que tiene un problema continuado, aquí y ahora, en el presente.
Aunque tal vez hoy se comporta de este modo “porque” algunas cosas le ocurrieron en el pasado,
sus dificultades de hoy se relacionan con el modo como se comporta hoy. El objetivo de la terapia
debe ser entonces, darle al paciente los medios con los cuales pueda resolver sus problemas
actuales y cualquiera que pudiera surgir mañana o en el futuro. Esa herramienta es, el auto apoyo
y esto lo logra enfrentándose consigo mismo y con sus problemas con todos los medios a su
alcance en el momento, de inmediato. Si logra llegar a darse cuenta plenamente en todo instante
de sí mismo, y de sus acciones en todos los niveles-fantasía, verbal o físico- podrá ver como se
produce sus propias dificultades.
El neurótico es, para nosotros, una persona que esta crónicamente dedicada a auto interrumpirse,
que tiene un sentido de la identidad inadecuada. Que tiene medios inadecuados de auto apoyo,
cuya homeostasis psicológica está descompuesta. El neurótico encuentra difícil participar
plenamente en el presente, le interfieren sus asuntos inconclusos del pasado. Sus problemas
existen en el aquí y ahora, y sin embargo muy frecuentemente hay solo una parte del aquí como
para encararlos. Mediante la terapia debe aprender a vivir el presente. La terapia gestáltica, es
una terapia del “aquí y ahora”, en que le pedimos al paciente que dirija toda su atención de lo que
está haciendo en el presente, durante el curso de la sesión, aquí y ahora. La terapia gestáltica, es
una terapia vivencial (experiential). Le pedimos a nuestros pacientes que revivencien sus
problemas y sus traumas – que son sus asuntos inconclusos en el presente – en el aquí y ahora.

Como terapia vivencial, la técnica gestáltica exige del paciente que se vivencie a si mismo lo más
posible y que se vivencie tan plenamente como pueda en el aquí y ahora. Que se dé cuenta de
sus gestos, de su respiración, de sus emociones, de su voz y de expresión facial. El terapeuta
debe ser sensible a la superficie que presenta el paciente. El “yo” se utiliza como antídoto del “it” y
desarrollo el sentido de responsabilidad que tiene el paciente sobre sus propios sentimientos,
pensamientos y síntomas. El “me doy cuenta” le da al paciente un sentido de sus propias
capacidades, de sus habilidades y de su equipamiento sensórico e intelectual. El darse cuenta
siempre transcurre en el presente. Tanto el darse cuenta, como el contacto y el presente, no son
más que aspectos diferentes de un mismo y único proceso: la autorrealización.

Debido a que el neurótico encuentra difícil vivir y experimentarse a sí mismo en el presente,


hallara difícil atenerse a la técnica del aquí y ahora. Interrumpirá su participación presente con
recuerdos del pasado, e insistirá en hablar de ellos como si realmente fueran del pasado. Tiene
menos dificultad en asociar que en concentrar, y cuando llega a concentrarse tiene dificultad en
vivenciarse a sí mismo. Si ha de progresar hacia una participación plena en el presente y dar los
primeros pasos hacia la vida productiva, tiene que aprender a dirigir sus energías, es decir, tiene
que aprender a concentrarse. Únicamente si vivencia verdaderamente cada ahora y cada
necesidad podrá cambiar del “ahora necesito esto” al “ahora necesito aquello”. Concentrándose
en cada síntoma, en cada área del darse cuenta, el paciente aprende muchas cosas de sí mismo
y de su neurosis. En primer lugar aprende lo que está vivenciando realmente. Aprende cómo lo
está vivenciando. Y aprende como sus sentimientos y su comportamiento en un área, se
relacionan con sus sentimientos y con su comportamiento en otras áreas.

El proceso terapéutico, debe llevar al paciente al punto en que ya no se siga interrumpiendo a sí


mismo, es decir, hasta el punto en que ya no es neurótico. Si nos ocupamos de las interrupciones
per se, estaremos ocupándonos del cuadro clínico directo, de la vivencia en que esta el paciente.
El paciente, a medida que se da más y más cuenta de los modos como se interrumpe a sí mismo,
inevitablemente se dará más cuenta de lo que está interrumpiendo. Concentrándose en las
interrupciones per se y en los “como” de ella y no en los “por qué”, el paciente llega a darse
cuenta del hecho de que se está interrumpiendo a sí mismo y de lo que está interrumpiendo.
También llega a ser capaz de disolver sus interrupciones ya vivir y concluir una experiencia
inconclusa. Consiguiendo que nuestros pacientes se den cuenta; en el aquí y ahora, que
realmente están interrumpiendo, como éstas interrupciones los afectan, podemos llevarlos a
verdaderas integraciones.

Características generales:

 El ser humano es superior a la suma de sus partes, y debe ser entendido globalmente.
 La conducta humana es intencional. La búsqueda de sentido y las motivaciones
axiológicas (libertad y dignidad), y no solo las materiales son aspectos fundamentales del
ser humano.
 El ser humano es un ser autónomo, tiene la capacidad y responsabilidad de tomar
decisiones que dirijan su propio desarrollo. Solo un individuo autónomo puede asumir su
responsabilidad interpersonal, cuando uno sabe lo que quiere, también sabe lo que hace.
 El hombre tiende a la autorrealización. Y se plantea que ésta es la tendencia que tiene el
organismo a seguir creciendo y a diferenciarse de sus partes.
 El ser humano está presente a sí mismo en términos de una experiencia interior (que
aquello que dice acompañe con su cuerpo). Esta vivencia inmediata y el significado que le
da la persona son elementos fundamentales en la comprensión del ser humano.
Comprensión que tiene el ser humano de sus propias experiencias.

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