nepal
Integracién en Psicoterapia 2015:
Pasado, Presente y Futuro
luis Botellat Joana Maestrat Guillem Feixas? Sergi Corbellat Berta Vall!
*Facultat de Psicologia, Ciéncies de !Educacts | Espore Blanquerna. Universitat Ramon Llu
*Facultat de Psicologia, Universitat de Barcelona,
Este trabajo se entra en una revisin del estado del cuestin en integratiin en psiote-
‘pla en el momento en ques labors: 2015 Se revisan ls factoresinflayentes ena fs
‘maciin del movimiento inteprador: Ia proieracon de enfogues psioteraptstco, la
‘nadecuaci de una forma nade pscoterapla para todo lo caso la ausenca de eis
‘a diferencia entre as ploterapiay, el reconociminto dea exsenia de farts comma
esas distintas icoterapias, el afi on ne cactrstins dl patents yd a eacds
terapéutics como principales ingredienes del cambio y los fares soe poltcos yee
némicos. Se revsan también las princpalesaprxmacions ala ntegraion el exec
Imo tdcnic, la integra tebe, os actores,
munes (especialmente Ia alana ter.
putea y los procesosdscursivos narratives) Finalmente se revisen las coneones ent
Integration ivergncidnenpicoterpia,
Palabras clave: nepracin en plcterapa,
lectin tecnico ntegracn trea, feto-
"es omunes alana terapétia,procerosscirsvsaaratvs,
La psicoterapia se ha desarrollado desde
sus inicios hist6ricos articulada como una serie
de propuestas conceptuales que abarcan desde
lo mas filosofico y epistemoldgico (el néicleo
‘metatedrico de cada orientacién) a lo més con-
creto y aplicado (sus propuestas de estrategias
y técnicas), pasando por las diferentes teorias
Tormales y teorias clinica.
Asi, por ejemplo y tal como se detalla en
Ja Tabla 1, la terapia de conducta se concibe al
‘menos inicialmente como un sistema basado en
luna metateorfa positivista y empirista, una teo-
ria formal (con el tiempo mas bien tres) basada
en lo determinante de los procesos asociativos
en cuanto ala configuracién de la conducta, una
teorfa clinica (de nuevo, tres) basada en el “des-
aprendizaje” y "reaprendizaje” de las conductas
‘objeto de la intervencién y decenas de estrate-
Bias y técnicas coherentes con su teoria formal
al menos en principio. En la Tabla 1 se incluye
un resumen sintético de las otras cuatro apro-
ximaciones teéricas clisicas de la psicoterapla
contemporénea: el psicoanalisis, las terapias
cognitivas, las humanistas y las sistémicas.
Esta vist6n de las diferentes orientacio-
nes psicoterapéuticas, que sin duda resulta ttl
para distinguir unas de otras y a la vez tener
luna visién de conjunto, fomenta sin embargo
inadvertidamente una concepcién fragmentada
de todas ellas. Al estar centrada en lo que las di-
ferencia mas que en lo que las une, da la sensa-
cidn de que son todas y cada una de ellas uni
dades autocontenidas con poco o ningin con-
‘acto mutuo ni factor en comin.
De hecho esta habfa sido la visién que se
transmitia de nuestro Ambito hasta hace bien
poco, y en algunos contexto ain lo es; cada en:
foque es fundamentalmente diferente de los de
mds (y como corolario frecuente aunque no
siempre explicit) y en el que yo me posiciono es
‘mejor que todos las demas y de hecho el tnico
verdadero—o clentfico, 0 eficaz, 0 con funda:
‘mento empirico, oprofundo, 0 coherente..
Sin embargo, y como abordaremos con
detalle més adelante, esta visin fragmentada y
competitiva de las orientaciones terapéuticas
choca, al menos desde los atios 80, con serias,
evidencias empiricas que la echan por tierra
‘Ante la acumulacién de anomalias de la visi6n
de las teorias de la psicoterapia como compar
‘timentos estancos empieza a emerger desde ha-
ce décadas un interés creciente por la explora:
cién de la Integracién en psicoterapla', por
aproximarse a los modelos que uno no conoce
tanto y aprender de ellos como si realmente va-
liesen ta pena en lugar de ignorarlos, menos-
preciarlos o considerarlos competidores.
"a integracion en pcterapla ha sido defini como un
‘sfverza por "a intgrar diferentes medelosy tleneas ¥
(© entender mejor y acer avancariapscoterapla median
te a considerain de las perspectivas de diferentes en.
ques" (Castnguay & Gold, 994, p. 160).INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL
En el panorama internacional, cada vez
son mas (y en algin caso mayoria) los terapeu-
tas que se definen como integradores o eclécti-
cos—véase Caspar (2008) para una descripelén,
del panorama en Alemania y Sulza; Kazantzis y
Deane (1998) en referencia a Nueva Zelanda,
Muller (2008) para Argentina; Norcross, Kar-
piak y Santoro (2005) en los Estados Unidos y
Yin, Huang y Fu (2009) en China, En Espafia en
conereto, en una encuesta realizada entre psi-
uiatras y psicblogos que trabajaban en el sec-
tor piblico en un drea de Madrid en 1990 un
76% de ellos declaraba que fundamentaban su
prictica en més de una orientacion teérica y el
93% aseguraba utilizar o preseribir técnicas ba-
ssadas en diferentes concepciones teéricas en
funcién de indicaciones terapéuticas (Desviat et
al, 1990). Si bien el estudio se limitaba a profe-
sionales de Madrid y de la asistencia publica y
tiene ya més de 25 afios, no deja de reflejar la
situacién de la época y, a todas luces, la combi-
nacién de enfoques y técnicas ha venido a ser
desde entonces mas ia regla que la excepcién.
Una de las metéforas mas utiizadas para
cexplicar tanto el interés por Ia exploracién de la
{integracién como la propia coexistencia de mo-
delos diferentes y en ocasiones opuestos es la
conocida historia de los ciegos y el elefante. Se
trata de una pardbola de origen hind wtilizada,
curiosamente, para demostrar la imposibilidad
de acceder ala verdad absoluta, En el caso de la
exploracién de la integracin en psicaterapia su
intenci6n es diferente, se suele usar para ilus-
tar las Iimitaciones de cada orientacién en su
vision particular y la necesidad de trascender-
las. La parsbola dice mas 0 menos a
Seis sabios, inclinadas al estudio, quisteron
saber qué era un elefante. Como eran cie-
90s, decidieron hacerlo mediante el tacto,
El primero en llegar junto al elefante, cho-
6 contra su ancho y duro lomo y dio: "Va
veo, es como una pared”. El segundo, pal-
pando el colmillo, grté: “Esto es tan agu-
do, redondo y liso que el elefante es como
tuna lanza’. El tercero tacé la trompa re
torcida y grité: “Dios me libre! Elelefante
5 como una serplente’. El cuarto extendié,
‘su mano hasta la rodila, palpé en torno y
dijo: “Esté claro, el elefante, es como un
rbols”. EI quinto, que casualmente tocé
tuna oreja, exclamé: “Adin el mds ciego de
los hombres se darfa cuenta de que el ele-
fante es como un abanico’ El sexto, quien
tocé la ascilante cola acoté: El elefante es
‘muy parecido a una soga’. ¥ ast, los sabios.
discutian largo y tendido, cada uno excest-
vamente terco y violento en su propia opt-
ign y, aunque parcialmente en lo cierto,
estaban todos equivocados.
Enfocada desde esta parébola, la explo-
racién de la integracién en psicoterapla consis
tirfa en “quitarse la venda" e interesarse por el
elefante entero, Esta pretensién tiene mucho de
discutible desde una epistemologla construct
vista: por ejemplo, cedmo se puede percibir la
realidad al margen de cualquier construccién
personal (de cualquier “venda’)?, zdénde esté el
elefante que “tocamos” cuando no se trata de una
realidad fisica externa a nosotros sino de una
‘onstruccin social? Sin embargo, explorar las
posibilidades, promesas y posibles limitaciones
de Ia integracién en psicoterapia es un objetivo
valido y relevante en si mismo al menos por una
cosa: porque puede contribuir a desarrollar
nuevas formas de ayuda que permitan a mu-
chos mas pacientes beneficiarse de los recursos
que las psicoterapias ponen a su disposicién,
Entre otros elementos, el mencionado en
l pérrafo anterior es sin duda uno de los que
Ievé histéricamente al surgimiento del movi
‘miento integrador en psicoterapia. En las pagi-
zhas que siguen nos centraremos brevemente y
sin pretensiones de hacer historia de la explo-
racién dela integracién en los antecedentesy fa-
cilitadores del movimiento integrador en psicote-
rrapia asi como los factores influyentes en su
desarrollo, sus principales enfoques, el estado ac-
‘tual de la investigacién sobre factores comunes y
las limitaciones de la integracién en psicoterapia.
Factores Influyentes en la Formacién del
Movimiento Integrador
Los primeros ejemplos aislados de pro-
puestas eclécticas y/o Integradoras se dan ya
esde los afios treinta y cuarenta; por ejemplo,
Ja equivalencia de resultados a las que nos refe-
riremos mas adelante con detalle y que ha reci-
bbido el nombre de “Veredicto del Pajaro Dodo?
fue anticipada (cincuenta afios antes de poder
sser demostrada) por Saul Rosenzweig en 1936.
‘Assu ver, una de las primeras aproximaciones a
los factores comunes, que también describire-
‘mos con mas detalle, fue formulada en 1946 por
Alexander y French, que equipararon todas las
psicoterapias a la provisién de una experiencia
emocional correctiva. De hecho, el propio
French (1933) ya habia publicado un articulo
sobre las similitudes entre el psicoandlisis y el
trabajo experimental de Pavlov. También es
2 referencia l personae de Alcs en el Pale dele Mara:
ils de Lews Cerrll que organiza una caver abeurda
‘on reglas imposes ya scsbardclra, como era de pre
‘er que todos an ganado y todos merecen premio"4 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
ampliamente conocido el trabajo de Dollard y
Miller (1950) en el que intentan traducir al len-
‘guaje del conductismo algunos conceptos bi
0s del psicoandlisis.
Sin embargo, el movimiento integrador
propiamente dicho no toma forma hasta los
ochenta, y su emergencia se debe muy proba-
‘blemente a una combinacin de ls factores que
comentamos a continuacién y que ya fueron
fdentificados en el trabajo clisico de Norcross
(1986).
Proliferacin de enfoques psicoterapéuticos
Establecer el nimero de psicoterapias
‘con las que contamos actualmente no es tarea
{ici Los célculos dependen de los criterios es-
tablecidos para distinguirlas y van desde las
cinco clisicas ya sintetizadas en la Tabla 1 a las
4150 que presentamos en la Tabla 2 y que apare-
‘cen mencionadas en diferentes paginas web de-
Tabla
150 tipos de psicoterapia*
Adis isn
Anes Bienergaieo
2 insists Conducts Apeads =
3. Ande de Suenos
dicadas a a difusion de la psicoterapla—con al-
unas propuestas de clasificacin que llegan i
cluso a mencionar mas de 400,
[BI hecho de contar en la actualidad con
tal variedad de formas de tratamiento da una
‘dea de la gran capacidad generativa de la psico-
terapia como area de conocimiento para crear
construcciones diferenciadas, pero también de
la incapacidad para integrarlas que ha derivado
cen el actual panorama de fragmentacién, De he-
‘cho viendo la lista que aparece en la Tabla 2 no
es dificil entender la dificultad (y a la vez la ne-
cesidad imperiosa) de encontrar formas de in-
‘tegrar propuestas tan diferentes. Encontramos
entre las terapias de la lista algunas tan diver-
sas entre sf que parece como si précticamente
cualquier aspecto del funcionamiento humano
pudlese ser considerado un ingrediente activo
de alguna terapia, desde bailar hasta pensar con
més racionalidad.
4 Anals Trosoecional
‘5 Are Terapia
‘beter
aT edb
teeta erate
Body alk sytem
3. Branspoting.
0 Breather
1 Clean Langu Wada
52 Glan Drctd utzon
1 Comuniescén No Violeta
14 Conductme.
1S _Constelaciones Fails
Cantina Thera
1a Gontra Me
and he Nazar Th
Th
18 Gare Berges
20 Core Process aycoriara
21 Grit incidence Sires Deb
2 Creal nlc Sees Debrging
22. Developmental Needs Mesting Seetaay
23 Dranstrapia
24. Dreomrork
25. Ecos Natur
25 Enfoques Bases en indus
27. Enenamient tigen
26 Eguinoterapia
28. Focaling
30, Focu
Hipnos Prfinda
2 fiproteopo
‘32 Himon Givens
es Giada Terapia
"35 Imago Relationship Therapy
3 Intgracn dl il iat
27 ntrPay
Journal Tarapy
39-Journey Therapy
40 Lageerapia
‘Manga de ae
|BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL.
8 etna Compemertaray Meratieg
“43 Matodo eldeniras —=
44 Mato Gowan
45 Mend Break Bape
46 Motivational Enhancement Th
Movies date
8 Mesiotrgpig
2 Newrobiigiaaerpersonal
50. Newofedback —-
SL Neuropscologa
‘52 Paren Work ——
S_Pasil Thay
‘$4 Programacidn Nerang
$5 Pacoondlis/Pscoondlis Nodeaa
35 Pucosrama
57. Psicologia del Dopo nas
[l._ Psicologia Ererpicn
59. Pscolote Orentada al Proce
Poli Pata
61 Paoli Pacer Adlerian
62 PicolgtPseterapia Humanist
(63 Pucoite
(64 Pucoterapia Contemplate
Paes
Sst corer
6 Pkesterapl Cuerpo Man
7. Pscterapl isc Buta
8 otrpi ste
8 Psotrpi Esperia ine Roda
70 Pseaerepia Experencalitomt
a
72 Paster tpl
73. Peterapia Inertia Corporal
75 Pacoterapaleterpersonal
Ts
ceri estes
2 Paeotrpi tec
75 estrpi Sesion
82 aerntSemte
tern rasp
a
"2 Pychomotor
SS Rane ear terapy
ei tacuae ear
ss ae es
SO
i eam
#2 Relationship Enhancement Tiere
8. Raslucion de Memors Hologic
29. Resprcinlolorépca
90. Rubenfeld Ser Method
31 Sif Pochalagy
32 SlfReationt
33S Acceptance Tata
‘3 Ssames Faroe nero
95 Somatic Eperiening
Sou Centred Pacha
97. Tecnica de Libertad Emocional
98 Teorfe/Terapa de Sistemas
58. Terpla Aside con Animale
100 Terapia Avera
101 Terapia Breve Contrada on Sine
102. Terapia Cored en Persona (Terapia Ragen
103 Terapia Cognitive tosoda en Windies
104. Tarapta Cognito Gonductul
105 TeraplaCogiiv onductol Contrada a ama
106 Terapia Colaborstive
107 Terapia Colaborsve de Para
“108 Terapia deAceptacisn i
08 Terapia de artes Exprsivas
i0Terpla de Bsuemas
a
Hn Terept de tedo @a
113 Terapia de ntracin Pero Fal (POT)
“Lid Teropia de Caja de Arena
11S Terapia dea Coherencia Tera
1 Terapia dele Poesia
117 Terapia de Pore de Modelo Bvoatra
118 Terapia de Realidad
113 Terapia de Roden
120_Terapi de
21 Terapia de
in
123. Terapia de
ano Desensblinacin del Movi de
122 Terapia de eslucin de Confit
cn Emocoal
124 Terapia deluge
125 Terpia Dales Conducta
126. Terapia Fania Sica
527 Terepia Feta
2 Terepia Fish
129 Teropia Fools Bocionainenta
INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
rene Profinda
Em
0 TerapiaFoalisada nl Emacln
15 Terapi Gestalt
122 TorapioNorotva
se erape Nore
1A Terapis Norativ Falla asada on eT Apago
134 Terapia ore Danzy/ Movimento
135 Terapia Profnda
Ta Terapia Prag] Een Pare Paras
137 Terapia Po Fen
138, Terapia Peedi
138. TerapiaRaionl Emotive Conducta (REBT)
140 Terapia Tra
a Seton de Sot
41 Theraplay =
142. Thoughe Feld Therapy =
143 Time Line Therapy
144 Toque Crate
$45. Trou Ree alnied (FR =
146 Vil Chandnie PicoChananiao
147 ote Dialogue
4a Voie Theray
148, Widernes Therapy
“Wot: Sea mantenido a omendatra orginal en gla ensguray des raps del
tabla dado que no a sido raducias lespatl ola an sido de diferentes formas, con
In cual afar una raducin propia sumentriala conan,
La excesiva diferenciacién de los enfo-
ques psicoterapéuticos actuales es comprensi-
ble como un intento de maximizar la individua-
Iidad en detrimento de la comunalidad, igado
sin duda a cuestiones econémicas, socio-
politicas y de divergencias ideolégicas (episte-
‘molégicas, metodol6gicas) entre los proponen-
tes de cada uno de ellos. Sin embargo es inne-
gable que a cualquier mente curiosa e inquisiti-
vase le ocurre, ante la diversidad de propuestas
de la Tabla 2, preguntarse qué deben tener en
‘comtin enfoques tan aparentemente diferentes y
dispersos coma para resultar psicoterapéuticos
todas ellos. Preclsamente esa es una de las pre-
‘guntas que hace avanzar la exploracin de la in-
tegracién desde el conocimiento cientifio.
Inadecuaci6n de una forma tinica de psicoterapia
para todos las casos
Si se concibe la psicoterapia como la gé-
resis intencional de significados y narrativas
que puedan transformar la construccién de la
‘experiencia de los clientes mediante un dislogo
colaborativo, y no necesariamente como una in-
tervencién medicalizada, es perfectamente pre-
visible que ningin modelo nico de psicoterapia
pueda responder al cambio de todos los clientes
(en todas las patologias.
De hecho hoy en dia existe una amplia
cevidencia de que no existe un solo enfoque que
podamos considerar clinicamente adecuado pa-
ra todos los problemas, clientes y situaciones. EL
‘motor que ha generado el surgimiento de tantos
nuevos enfoques es la insatisfaccién con los
modelos existentes y la conciencia sobre su
Imadecuacién en determinados casos. Este es
también el motor que mueve los esfuerzos
‘eclécticos e integradores, aunque en una direc-
cin diferente. i ninguna de las 150 propuestas
terapéuticas existentes ha conseguido demos-
tar su utilidad en todos los cases, quiz no se
twata de crear la 151 sino de plantearse la cues
‘tin desde otra perspectiva: explorar la integra-BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL
lén de los enfoques y técnicas disponibles que,
aunque parciales y con valor limitado, pueden
ayudarnos a comprender de forma més amplia y
precisa el proceso psicoterapéutico.
Otra idea en el mismo sentido es la de
fomentar la flexiblidad teérica y técnica para
adaptarse a cada caso concreto en detrimento
de la adhesién rigida a un modelo. La flexbili-
zacién que conllevan los enfoques eclécticos €
{integradores aporta de por si una mayor adap-
tacién del proceder terapéutico a las particula-
ridades del cliente,
Ausencia de eficacia diferencial entre las psicote-
rapias (1): cba psicoterapia funciona?
En los afios 80, los estudios que avalaban
la eficacia genérica de los tratamientos psicolé-
gicos en comparacin con los placebos o la au
sencia de tratamiento eran ya cientos y reco-
sian miles de datos de pacientes y terapeutas de
diversas procedencias nacionales. Entre las re-
visiones més importantes sobre el tema se con-
taban las de la Asociacién Psiquidtrica Amer
cana (1982), la Oficina de Evaluacién Tecnolé-
Bica del Congreso de los Estados Unidos (1980)
y la del Proyecto de Seguridad Cualitativa de
‘Australia y Nueva Zelanda (1983). Algunas de
estas revisiones (como por ejemple la de Smith,
Glass y Miller, 19803) se basaban en estudios
> Elrabato de Glassy Miler merece un comentario sn de
tallado por sus creunstandas histrieas. Gone V. Cas,
tadistco envestigadorenpicloia de a eduecin nacido
fen 1940, scuRs el termine means To empties
‘tando present sus resultados en discus presidential
fd Ia American Eavcational Research Asoieton en San
Francisco en 1976~discarso que hay en ia es famaso em
tre metodélogos y experts en extadic [isto por sr el
‘rgen del termine. A pesar de que Glass tein que al ser
tna metodologta nueva yentraa pas la Spo search
‘ada. se encott6 con que era aeeptada con entusasm
Posteriomente publ sus resultados junto con Maty Lee
‘Smithy Thomas Miler en la obra que amas en este te
‘aj. pesar de que Gls no era un piclogo linc, habia
‘iid coma profendanent nadertad a demledora ct
lca de ans) Eysenc a la plcoterapia en 1952 ena que,
sein Eysene, se demostraba la total ineficaca de est. El
trabajo de Eysenck se considera hoy en dia un exelente
‘jemplo de impostura, yen gran medida gracias a etn’:
Isis como os que levaron a eabo Gass yas cles El he
hoes que Gene Cass haba extado en picoterapia €l rs
‘mo, enocia de primera mano lo beneficis deat, de a
su malestar con el trabajo antedich. A Gene Glassy Mary
‘ee Smith es lev mas de dos aos y miles de hare local
‘aren billoteas los Gentos de arcu tsi ners
‘que certcaban a eiaca de lo Watamientor pecligcot
Y que queran inci n su metaails,Tengumos presen
felque hablamos de antes de que hubiee ningun Up dee
{stro informatizado, con lo cual un estudio ax representa
fala bisqueda del mater en Beha ibiogrdeae ena
pel su ubteacn fin on bbloteeasyIieramente aie de
Fras frente a fotenpladras Loeaizaron mie de mil o-
‘umentos des eases 375 cmplan los reguisios Que los
hhacian susceptbles de ser incidos en su meaandlss,
Glas alalé et tamato del efecto para cada uno con na
‘metaanaliticos que incluian més de 25.000 pa-
cientes. fin general, como destacaba Lambert
(2986) la conclusién que se obtenia de tales es-
tudios era que la persona que seguia un trata-
‘miento psicolégico mejoraba mas que el 80%
de la muestra no tratada. Asf mismo, el porcen-
taje de clientes que mejoraban como resultado
del tratamiento psicolégico se cifré entre un
65% y un 70% (Howard, et al, 1986; Lambert,
Shapiro, & Bergin, 1986; Whiston & Sexton,
1993), mientras que la remisién esponténea no
superaba el 40%. También se admitié como
demostrado que los clientes que seguian un
proceso psicoterapéutico mejoraban en mayor
proporcidn (el doble) que los que se sometian a
tratamientos placebo (véase Lambert, 1991, pa-
a una revisidn hasta ese momento).
Todo lo anterior levé al consenso de que
la investigacién cientifica rigurosa habia de-
mostrado sobradamente, después de décadas
de producir cuantiosa evidencia, que
+ los tratamientos psicol6gicas son efica-
ces (tanto 0 mas que los farmacolégi-
os};
mul que sean gue hoy onda conocemos como d de
‘iene oun anatodel efecto pometio de d= O68,
dec, muy considerable (pra vile elo pons
Seman qu eval porelenplo un increment de 10
‘urtos en va eta de cote itletua con una des
a pe 15) Ades de demon I seacs de
Psietrapi to renitad ntretne des estado fae
fue tal como se comentaen ete wa, encontraron que
fo labia eheace diferencia are ene or etdiy gue
‘nalzaron habia terpisscetradas nel elt, conduc
tunes y rationales, todas prodjeon msm
tenon promt ta rept de yen na eh
pera, ene baba ono provocador gue aebs cos.
tan anos palemas dart sia publics en 2978
uns “respuesta” en Americon Photog qv tl An
Eercbe n Mepis (On Eton de Mege-Tonter)
‘endo un pear fuego de plas al equparar etn
alps Moga Sines Eo tana deci ierlnente
Aue el metandiis de Cane Clue responla a aagi de
orbage garbage ut nr basa sale bsus) Pec,
‘Src mocor ove soy qs Kee cade
eu uno ens sto: Gane ns hey en in oconceido
‘mo el creado del metans yuna igure deferens
fnias cena socles mientras Qu as ontinas pom
{Ss genera por Eprenkcontruyeron entrar uc
‘rernacadenien
‘En niveldeeficacia de psloterapa tly come se dedace
de los metaanlss ha sido reconsderadorecetamente 3
1s baja por un estudio de Driesen eta. (2035) ens que
comprobaron que los sesgor de publicacién padrian haber
Inado artinclalmente los resultados. En erent strata de
1o que algunos metodlogo aman lela de “can de
archivador' cuando un estudio na oben resus signi
Aeativos nose publi. As al pubiarse sé (a sobre tod)
los eto los metzandliss btenen tras del efecto con
slderablementesasgados hacia Te postv. Las props au-
‘ores recanocen gue este problema es seacamente ial
[Gerhecho bastante mis scant) en los etude con f=
‘maces y que no desmrecsensbsolit a efcaia dea pt
aerapla Mis bien hace que debamos ser ms modestor en
[Evalorain de su nivel decal tly como aparece on8 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
+ su eficacia no responde a efectos place-
bo;
+ sus efectos positives son relativamente
rrépidos y se mantienen en el tiempo una
ver acabado el tratamiento;
‘+ su eficacia redunda en un beneficio eco-
inémico general y para el sistema sanita-
rio en particular;
‘+ todo Io anterior no es producto de estu-
dios levados a cabo en condiciones arti-
ficiosas, sino que tales resultados se
mantienen e incluso se refuerzan en es-
tudios realizades en situaciones de prdc-
tica clinica “de primera linea’
Respecto a este siltimo punto, una de las
‘riticas tradiclonales a los estudios de eficacla
de los tratamientos psicolégicos iniciales habia
‘sido que se llevaban a cabo en condiciones idea-
les imposibles de replicar en la préctica clinica
real: pacientes con formas “puras" de trastor-
nos rigurosamente diagnosticados y escogidos
fen funcién de dicho diagnéstico, tratamientos
‘manualizados estrictamente llevados a cabo por
terapeutas formados especificamente en tales
‘manuales, ete
Sin embargo, los resultados de investiga
cién sobre los tratamientos psicolégicos en en-
tornos de préctica clinica real demuestran una
vvex. mis su eficacia, e incluso con mayor con-
tundencia. Parece que parte del problema de
que en ocasiones tales tratamientos hayan pa-
recido no funcionar en contextos reales es, sen
cillamente, que se aplicaban mal—es decir, du-
rrante menos tiempo del requerido, en condicio-
nes inadecuadas o por parte de terapeutas sin la
necesaria formacién. Un resultado colateral in-
teresante de tales estudios es que, cuando se
consulta a los pacientes, hay un gran porcentaje
‘que muestran una clara preferencia por los tra-
‘tamientos psicolégicos en lugar de los pura-
mente farmacolégicos incluso en entornos es-
trictamente médicos/hospitalarios.
Por ejemplo, el sofistcado y riguroso es-
tudio Treatment of Depression Collaborative Re-
search Program (TDCRP) liderado por Irene El-
kin y sus colegas del National Institute of Mental
Health de Estados Unidos en los afios 80 com-
paraba dos formas de psicoterapia y una de
medicacién antidepresiva en el tratamiento de
Ja depresién grave y en condiciones de maximo
rigor empfrico. Las dos psicoterapias compara-
das eran la terapia cognitiva y la terapia Inter-
personal.
leratura cenuics—aungue en la peti clinica la ev
dencia desu eflaca sigue a veces oU0s drrotrs y se
‘antene ntact las vicstudes de as metodslogs de
‘estiacén sespos de publics; ls lestinanio dela
‘eas dela pototerapia son miles.
Fl estudio demostré, mediante un
ANOVA de medidas repetidas de los datos de la
rmejora sintomética en las cuatro condiciones
del estudio (terapla cognitiva, terapla interp
sonal, medicacién y placebo}, entre otras mu-
chas cosas, que los tratamientos psicolégicos
ran eficaces en un nivel comparable al de la
medicacién,
En estudios més recientes sobre eficacia
de los tratamientos psicolégicos publicados en
‘el Journal of the American Medical Association y
el New England Journal of Medicine revisados
por Barlow (2008) se demostraba algo mas que
Ja superioridad de tales tratamientos respecto
al no-tratamiento o al placebo:
Estos estudios demuestran que hay una
nueva generacién de potentes interven-
clones psicoldgicas tan eflcaces, si no
‘més, que los tratamientos farmacol6gicos
© psicoterapéuticos alternativos cuando
se evalian en el contexto de trastornos
especifics. (p.871)..
La revisién de la evidencia de eficacia
acumulada llevé a la APA a emitir su dictamen
fen Agosto de 2012 declarando formalmente que
“como préctica de curacién y servicio profesio-
nal, la psicoterapia es eficaz y muy rentable. En
censayos clinicos controlados y en la practica
clinica los resultados de la psicoterapia superan
notablemente alos experimentados por las per~
ssonas que necesitan servicios de salud mental
pero no reciben psicoterapia. En consecuencia,
la psicoterapia debe ser incluida en el sistema
de salud como una préctica basada en la evi-
dencia disponible.”
Desde entonces disponemes de aiin més
evidencias interesantes, Entre muchas otras, y
para no extender demasiado este apartado, a la
‘vez que se demuestra la eficacia de nuevas for-
mas de psicoterapia se comprueba cada vez
mds que las intervenciones exclusivamente
farmacolégicas conllevan inconvenientes signi-
Acativos.
Por ejemplo, investigaciones recientes
(Read, Cartwright, & Gibson, 2014) demuestran
que los efectos secundarios de la medicacién
antidepresiva reportados por los pacientes son
mayores de lo que se suele reconocer: en una
muestra de mas de 1.800 personas medicadas
1 62% informé de disfunci6n sexual, el 60% se
quejé de sentirse emocionalmente embotado,
un 419 dijo que se sentian menos positivos y
«un 39% dijeron haber tenido pensamientos sui-
cidas, De forma preacupante, ur tercio de los
encuestados dijeron que no habian sido adver-
tidos acerca de los posibles efectes emocionales
o interpersonales adversos de la medicacién.
Sin embargo, y al mismo tiempo, la evi-
dencia clinica favorable a a eficacia de formatosBOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALI.
de psicoterapia tales como la MBCT (Mindful
ness Based Cognitive Therapy) en la prevencién
de la depresién, el estrés y la ansiedad es cada
vex. més sélida—véase, por ejemplo, Piet y
Hougaard (2011). Después de analizar sels en-
sayos clinicos que incluyeron 93 personas, los.
autores llegan a la conclusién de que la MBCT
‘redujo el riesgo de recafda en los pacientes con
al menos tres incidentes previos de depresién
fen un 43% en comparacién con el tratamiento
habitual.
Otra revisién atin mas reciente de la in-
vestigacién sobre este tema (Khoury et al,
2013) examiné 209 estudios que incluyen
12.145 personas. Los autores demastraron que
la MBCT es un tratamiento eficaz para una va-
riedad de problemas psicol6gicas, y “especial-
‘mente eficaz para reducir la ansiedad, la depre-
sidn y elestrés”. Otros estudios han demostrado
que es eficaz para la prevencién de los trastor-
nos de ansiedad y del estado de énimo y puede
serlo para otras condiciones psiquidtricas, entre
ellas el trastorno bipolar.
Volviendo a la terapia cognitiva, y como
cextensin de su eficacia més que demostrada en
el tratamiento de la depresin, un estudio muy
reciente publicado en The Lancet (Morrison et
al, 2014) demuestra que reduce significativa-
‘mente los sintomas psiquidtricos en personas
con trastornos del espectro esquizofrénico que
hhan optado por no tomar férmacos antipsicéti-
cos y parece ser una alternativa segura y acep-
table,
De hecho, mas alla de la depresin o la
esquizofrenia, los estudios demostrando la efi-
cacia de las diferentes modalidades de psicote-
rapia se cuentan por centenares y abarcan la
mayorfa de problemas psicol6gicos: sélo desde
el afio 2013 se han publicado més de 500 ar-
ticulos académicos sobre el tema.
En este sentido, y tal como afirmaba re-
cientemente Brandon A. Gaudiano en el New
York Times (Gaudiano, 2013) para los pacientes
con los trastornos més comunes, como la de-
presién y Ia ansiedad, las psicoterapias con
apoyo empirico, es decir, aquellas que han mos-
trado ser seguras y eficaces en ensayos contro-
lados aleatorios, son los mejores tratamientos
de primera eleccién. Los medicamentos, debido
4 sus posibles efectos secundarios, deben con-
siderarse en la mayoria de los casos s6lo si la
terapia no funciona bien o el paciente no esta
dispuesto a intentarla.
Esta claro que hay toda una serie de te-
rapias que tienen un fuerte apoyo empiric, in-
luyendo la cognitive-conductual, basada’ en
‘mindfulness, interpersonal, familiar y teraplas
psicodindmicas incluso breves (por ejemplo, de
20 sesiones). A corto plazo, estas teraplas son
tan eficaces como los medicamentos para redu-
cir los sintomas de la depresién clinica o tras.
tornos de ansiedad. También pueden produc
mejores resultados a largo plazo para los pa-
lentes y sus familiares, mejorando el funcio-
namiento en contextos sociales y laborales y
evitando la recafda més que los medicamentos.
Probablemente todo esto y més factores
‘iin (por ejemplo socio-econémicos) sea lo que
esté llevando a la situacién de que, cuando se
consulta alos pacientes, haya un gran porcenta-
je que muestren una clara preferencia por los
tratamientos psicolégicos en lugar de los far-
‘macolégicos incluso en entornos estrictamente
médico/hospitalarios.
Sin embargo, y paradéjicamente, esta
preferencia no se traduce en un aumento de la
‘demanda ni de la provision de servicios psicote-
rapéuticos dado que una buena parte del pibli-
0 (incluyendo médicos, aseguradoras, derivan-
tes e incluso muchos terapeutas) no esta infor-
‘mado de lo comentado hasta este punto.
Ausencia de effeaciadiferencial entre las psicote-
rapias (I): Qué psicoterapia funciona mejor?
A pesar de las diferencias teéricas entre
modelos psicoterapéuticos y el interés de sus
proponentes por demostrar su superioridad re-
lativa, la conclusién que se extrae de la revision
de la literatura hasta el momento es que ningu-
na de ellas sobresale claramente por encima de
todas las demés.
En la década de los 80, tanto la investiga-
ign metaanalitica de Smith, Glass y Miller
(1980), que inclufa 475 estudios con mas de 78
formas de psicoterapia, como otras investiga
ones mas restrictivas ineidfan en la misma
conclusi6n: no habia un vencedor claro en la
competicién entre diferentes modelos psicote-
rapéuticos.
En 1997, Wampold et al. publican un
nuevo metaandlisis de los 300 estudios de com-
paracién directa hasta la fecha que incide en la
‘misma conclusién. En el trabajo de Laska, Gur-
man y Wampold (2014) se informa de una de-
cena de metaanalisis mas ninguno de los cuales
permite rechazar la hipétesis nula de falta de
eficacia diferencial—Baardseth et al, 2013; Be-
nish e¢ al, 2007; Culjpers et al, 2012; Culjpers,
van Straten, Andersson, & van Oppen, 2008;
Imel, Wampold, Miller, & Fleming, 2008; Lei-
chsenring & Leibing, 2003; Powers, Halpern,
Ferenschak, Gillihan, & Foa, 2010; Shedler,
2010; Tolin, 2010; Wampold, Minami, Baskin, &
Tierney, 2002.
En 2013 la APA dictamina una Resolu-
cién sobre la Eficacia de la Psicoterapia que
concluye que, a la vista de la evidencia disponi-10 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
ble, las comparaciones de diferentes formas de
psicoterapia dan lugar generalmente a diferen-
las relativamente insignificantes y los factores
contextuales y relacionales median 0 moderan
casi siempre las escasas diferencias de resulta-
dos.
En 2014, Markus eta. incluyen los St es:
tudios de eficacia publicados en los 17 afios
posteriores al de Wampold et al. (1997) y, si
‘bien emplean una forma de andlisis més riguro-
sa, vuelven a llegar al mismo resultado de equi-
valencia por lo que respecta a la eficacia de los
tatamientos comparados (aunque observan
tuna ligera ventaja de los modelos cognitivo-
conductuales por lo que se refiere a la eficacia
‘en cuanto a objetivos primaras a corto plazo)..
Resulta paradéjico que modelos terapéu-
ticos pretendidamente diferentes (e incluso
opuestos) sean igualmente eficaces. La resolu~
cidn de esta paradoja pasa para muchos por la
cuestion de la integracién, tanto en lo que res-
pecta a la identificacién de los factores comunes
{que afectan al éxito terapéutico como a la com-
plementariedad de la valider de unos enfoques
con la de otros en un esfuerzo de integracion
te6rica y téenica.
Reconocimiento de la exstencia de factoresco-
rmunes a las distintas psicoterapias
Asi mismo, dicha paradoja reorient6 la
Investigacion en psicoterapia al andlisis de los
factores que contribuyen al cambio terapéutico,
De entre estos, Lambert (1986) en su ya clésico
¥y mencionadisimo estudio, cifraba la contribu-
ci6n de las técnicas terapéuticas especificas en
s6lo un 15% (véase Figura 1), mientras que la
contribucién atribuible 2 factores comunes se-
ria el doble (30%).
Mas recientemente, Wampold (2001),
bbaséndase en estudios metaanaliticos, llega a
las siguientes conclusiones a este respecto:
+ Del total de la variancia que explica el
cambio terapéutico, los diferentes estu-
dios revisados atribuyen desde un 79% a
‘un 21% a la alianza terapéutica—en to-
das las orientaciones terapéuticas, con
todos los grupos de edad de pacientes y
para todas las modalidades de terapia
(individual, de pareja, familiar y grupal).
+ Sil porcentaje anterior parece modesto,
ddeberia tenerse en cuenta que el atribui-
ble al modelo teérico 0 téenieas especii-
‘25 no supera en ningin caso el 1% 0
2%-~frente al 15% que le atribuia Lam-
bert (1986). Es decir, la alianza como fac-
tor comin explica entre 7 y 10 veces mis
pporcentaje de cambio terapéutico que el
modelo teérico o las técnicas utilizadas.
+ Elporcentaje de variancia atribuible a las
variables propias del terapeuta (por
ejemplo su estilo personal), explican en-
te un 6% y un 9% del total (véase Dun-
can, Miller y Sparks, 2007).
‘+ En cuanto a la contribueién al cambio de
los factores extraterapéuticos, la mayoria
deautores (por ejemplo, Duncan, Miller y
Sparks, 2007) reconocen la dificultad de
operacionalizarlos y evaluarlos teniendo
fen cuenta la tendencia actual al estudio
de Tratamientos Empiricamente Valida-
dos mediante Ensayos Clinicos Aleatori-
zados. Sin embargo, la acwualizacion de
Miller etal, (1997) de los datos de Lam-
bert (1986) le segula atribuyendo un
40%. Resulta paradéjico que siendo la
principal fuente de variancia sea la més
difel de estudiar debido a los rigores de
las metodologfas impuestas por el mode-
lomédico.
+ Igualmente, al efecto placebo (0 expecta-
tivas en términos de la reelaboracién de
Miller et al, 1997) se le sigue atribuyen-
do un 15% del porcentaje de la variancia
total del cambio terapéutico.
En resumen, los factores comunes a las
diferentes pslcoterapias han demostrado en
centenares de estudios empiricos rigurosos
contribuir entre 7 y 10 veces més al total de
‘cambio del cliente que los ingredientes especifi-
cos diferenciales (teorfa y/o téenicas). Y lo an-
tedicho es sin tener en cuenta la contribucién
propia del cliente (factores extraterapéuticos y
expectativas), que en todos los estudios revisa-
dos demuestra ser la mayor fuente de variancia
del cambio total (un 55% aproximadamente) es
decir que mas de la mitad del cambio terapéuti-
‘co depende de cliente, que claramente es el hé=
roe de la terapia tal como lo definen Duncan,
Miller y Sparks (2004).BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL un
El reconocimiento de la existencla de fac-
tores comunes que operan en la mayorfa de las
psicoterapias, hayan sido o no explicitados por
‘sus proponentes, se hace cada vez mas eviden-
te, En este sentido, se va extendiendo cada vez
‘més la actitud de buscar los ingredientes com
nes a los diferentes enfoques en lugar de cen-
trarse exclusivamente en sus diferencias. Hace
ims de 50 aos que Frank (1961) por ejemplo,
planteé que los métodos de psicoterapia repre-
Sentan, con algunas variaciones, actualizaciones
de procedimientos muy antiguos de curacién
psicol6gica. Pero las psicoterapias contempord-
reas enfatizan sus diferencias para hacerse més
competitivas, de acuerdo con el contexto socio
econémico mercantilista y lberal de nuestra
sociedad occidental, por lo que estas diferencias
se exageran,
r
|
|
|
|
L
Figura
del éxito terapéutico en su estimacién mas fa-
vorable (véase Figura 1),
Resulta mucho més logico que los esfuer-
208 de sistematizacién permitan adaptar los re-
cursos disponibles dentro del campo de las psi-
coterapias a las necesidades del cliente, En este
sentido, y tal como se resume en el detallado y
sistemitico estudio de la segunda Task Force on
Evidence-Based Therapy Relationships de la APA
(véase Norcross y Wampold, 2011 para una sin-
tesis), esté sobradamente demostrado que para
‘que la terapia sea eficaz se debe adaptar te-
niendo en cuenta los siguientes factores del
cliente: (i) nivel de reactancia/resistencia, (i)
preferencias sobre el tratamiento en general,
(ii) eultura de pertenencia y (iv) creencias reli-
‘iosas y espirituaes.
En consecuencia, si el foco de interés se
|
—_
Contribucién relativa de los factores que influyen en el resultado de la psicoterapia (Lambert, 1986)
Enfasis en las caractertsticas del pacientey dela
relaci6n terapéutica como principales ingredien-
tes del cambio
Los datos sobre la contribucién de distin-
tos factores al éxito terapéutico plantean el
uinto factor influyente en el auge del movi-
lento Integrador. El reconocimiento de que la
mayor proporcién de variancia del éxito tera-
péutico se debe a factores del cliente o de la re-
lacién terapéutica obliga a un replanteamiento
de la cuestién,
En efecto, no parece muy productivo de-
ddicar la mayor parte de nuestros esfuerzos a en-
fatizar la diferencia entre las técnicas de cada
orientacién cuando este factor explica un 15%
desplaza de las técnicas al cliente y del terapeu-
ta a la relacin, lo que pasa a cobrar mayor re-
levancia son lgicamente los factores que el
cliente aporta a la terapla y a la relacién, y no
los especificamente técnicos de cada orienta:
ign. Este interés fomenta a su vez el interés por
laexploracién de la integracién en psicoterapia.
Factores socio-polticosy econémicos
Finalmente, puede verse el movimiento
{ntegrador como una respuesta a influencias so-
ciales, politicas y econémicas diversas, Espe-
cialmente en paises donde la psicoterapia es fi-
nanciada en parte por entidades aseguradoras,
existe una gran presin para mejorar la calidad
y acortar la duraci6n de los tratamientas psico-
lgicos. Este énfasis ha llevado tradicionalmen-2 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015,
te a estudiar cudles son las "mejores précticas
de cada modelo tedrico para poder hipotética-
‘mente combinatlos,
Por otro lado, el hecho de que un pro-
bblema pueda tratarse de formas tan distintas
segin qué psicoterapeuta lo atienda no aporta
‘ning prestiglo a nuestra profesién desde el
ppunto de vista de un lego que no entienda la ba-
‘se profunda del porqué se da esa equivalencia,
Sila diversidad existente en cuanto a en-
foques y téenicas ya fomenta una imagen de
fragmentactén entre los profesionales de la psi-
coterapia, resulta ain més incomprensible para
el resto de la comunidad~incluyendo a los res-
ponsables de decisiones politicas en centros de
salud y de investigacién y a la opinién paiblica
fen general. La imagen de una profesién donde
{mpera la lucha de escuelas, las descalificaciones
‘mutuas, y en la que sus practicantes no son ca-
ppaces ni tan s6lo de dialogar, nos resta credibi-
lidad ante nuestros clientes y ante la sociedad
cen general
El espiritu integrador pretende sustitulr
‘este clima de enfrentamiento por la coopera-
cidn entre escuelas y el esfuerzo comin por ha-
cer madurar nuestro émbito de conacimiento y
prictica no necesariamente hacia una psicote-
rapia unificada, pero sf hacia una coordinacién
mds consensuada de los recursos disponibles y
de la experiencia acumulada durante décadas
por los practicantes de las distintas orientacio-
Desde un punto de vista asociativo y so-
ial, la existencia de la Society for the Explorati-
(on of Psychotherapy Integration (SEPM) y su filial
cspafiola Sociedad Espafiola para la Integracion
de la Psicoterapia (SEIP) constituye un frum
pperiédico—mediante sus congresos anuales,
revista clentifica y plataformas de debate y par-
ticipacién en Internet—de fomento de esta
cooperacion y dislogo.
Hasta aqui nos hemos ocupado de los fac
tores que han influido en la tendencia hacia el
eclecticismo y la integracién en los altimos
afios. A continuacién describiremos cada uno de
los principales enfoques a los que ha dado lugar
el movimiento integrador; es deci, el eclecti-
cismo técnico, la integracion teérica, el estudio
de los factores comunes, la integracién asimila-
tiva y la integracién metatebrica).
Principales Enfoques del
Movimiento Integrador
El Eelecicismo Téenico
Esta tendencla del movimiento integra-
dor se centra en la seleceién de téenicas y pro-
‘cedimientos terapéuticos con independencia de
Ja teorfa que los ha originado. Se caracteriza,
por tanto, por un fuerte énfasis en lo téenico en
detrimenta de la teor‘a, despojando a las técni-
‘as de los supuestos tedricos que las han gene-
rado, Segiin Norcross (2005), se trata de un en-
foque predominante en la préctica elinica ac-
tual.
Historicamente, entre las propuestas
eclécticas se encuentran algunos de las prime-
ros trabajos sobre integracién en psicoterapia.
Por ejemplo, la conocida “letanfa de Paul” (Paul,
1967) centrada en la necesidad de investigar
qué tratamiento es el més eficaz para qué pa-
cliente yen qué condiciones.
Fl primer autor en formular esta posicién
fue Lazarus (1967; véase 2005, para una revi-
sin), sin embargo, a partir de los afios setenta
han sido varios los enfoques que han seguido
esta filosofia.Lazarus (véase el debate expuesto
fen Lazarus y Messer, 1991) defiende este tipo
de eclecticismo, entre otras cosas, porque ve en
la integracién tebrica un esfuerzo inti. Segin
1, entre dos enfoques cualesqulera se pueden
encontrar similitudes, pero a costa de ignorar
sus diferencias que a menudo son fundamenta-
les, Lazarus considera que se ha hecho tun énfa-
sis desorbitado en las teorias, lo que ha condu-
cido a una proliferacin cadtica de enfoques, co-
sa que la intogracién te6rica atin empeora més,
por lo que se necesitan “menos teorias y mas
hechos". Su propuesta enfatiza las técnicas co-
‘mo expresin de lo que los terapeutas “real-
‘mente” hacen con sus clientes. Integrar técnicas
permite enriquecer la préctica empleando sin
rningin recelo los hallazgos de orientaciones
teéricamente incompatibles. Para este autor
existe un nivel de observacién bisico en el que
enfoques muy distintos, después de haberlos
despojado de su carga teérica, nos revelan fe-
rnémenos a considerar®, Es a este nivel de ob-
servaciones de hechos elinicos donde se pueden
{ntegrar los recursos téenicos disponibles.
La estrategla ecléctica consiste en selec-
cionar la técnica que se cree que funcionar me-
Jor con un cliente o paciente concreto. La cues
‘én clave es saber cuales son los criterios con
los que decidir cudl es la téenica oportuna con
tun cliente determinado, La postura del eclecti-
EL comentario crc de Messer ala posta de Lars
(vine Lazarus & Messer, 1991) rechaza le propuesta de
‘ars por cosiderar que se basa en el realismo ingen y
‘que pasa por alt a Imposbidad de Ia obsereacion para
Producrhechorabjetvor por sf misma. Messer ula el
Ergumento de que I reahdad ex una crescidn del observa
dor par suger a Lazarus qu lo que éste denomina “cas
‘Se podtaredefinir como” vest cress dar labien-
‘ena Ta feria que colleva en lugar de intent re-
{duro anularo mediante ana lamada a antntelectss
smo implica en ln renin a teorsars favor de lo “da
tosebjecos.BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VAL. 3
No-direciva = Directiva
‘xternalizador + entrada en el sintoma (por + Contrada en el sintoraa (por
ejemplo: paradéjica 0 de sjempecconductal
autoayuda cognitiva)
Ya desde las primeras propuestas en los
afios treinta y cuarenta, los intentos de integra~
clén teérica se han centrado en gran medida en
Ja combinacién de los enfoques psicoanalitico y
conductual. Como ya hemos comentado resu-
‘midamente, en la década de los cincuenta, en el
contexto del acercamiento de algunos psicélo-
{gos académicos de Yale al psicoandliss, se da la
primera aportacién realmente signifcativa en
‘esta linea por parte de Dollard y Miller (1950).
Estos autores presentan un ambicioso intento
de sintetizar ambas teorfas en cuanto a su con-
ccepcién de la neurosis y de la psicoterapia con
la meta de articular una teorfa unificada. En su
elaborada propuesta, Dollard y Miller no s6lo
explican el principio del placer en términos de
refuerzo y la represién en términos de Inhibi-
cidn de respuesta, sino que formulan una com-
pleja teoria acerca de la dinamica del contlicta y
Ja ansiedad en la neurosis. A su vez, proponen
formas de tratamiento integradas, que se avan-
zaron a muchas de las propuestas posteriores
‘mis conocidas.
{A pesar del enorme valor conceptual y
terapéutico de esta primera gran propuesta in-
tegradora, el zeitgeist 0 clima de la época no
ppermitié que se le diera una buena acogida. Al
inicio de los afios cincuenta no soplaban vientos
favorables a la integracién (como si lo harian
‘poco después) sino que, muy al contrario, la lu-
cha de escuelas legaba a su punto més élgido.
Hubo que esperar hasta los aflos setenta para
un clima més propicio, En esa década el modelo
conductual tenfa ya establecida firmemente su
dentidad y su relevancia dentro del eampo te-
rapéutico, y ademés empezaba a desarrollar
luna apertura hacia los procesos cognitivo-
simbélicos (por ejemplo, Bandura, 1969). Por
‘otro lado aparecieron algunos formatos de te-
rapia psicoanalitica que enfatizaban la fijacién
de metas, el trabajo sobre un foco terapéutico,
asi como sobre los acontecimientos y procesos
presentes, Ademés, los enfoques humanistas,
sistémicos y los propiamente cognitivos, que
centraron en la escena terapéutica en la segunda
mitad de este siglo, también propiciaron pro-
ppuestas integradoras. Fueron varias las que
aparecieron en los 70, y muchas més a partir de
los 80. A continuacién comentamos un ejemplo
de las que integran dos teorias.
Ena actualidad el enfoque que mejor re
presenta este planteamiento, quizas en parte
por ser heredero de los clisicos esfuerzos cita-
{dos mas arriba por integrar el psicoanalisis con
cl conductismo, es la terapla psicodinmica cf
clica de Wachtel (por ejemplo, 1977, 1992,
vvéase una revisin actual en 2014). Disefpulo de
Dollard y Miller, Wachtel se formé como psi-
coanalista y posteriormente tuvo la oportuni-
ddad de observar el trabajo de algunos de los te-
rapeutas de conducta més reconocidos. Con:
dera que la perspectiva psicodindmica y su é
fasis en el insight como mecanisrno de cambio
es insuficiente en la mayorfa de casos, y que hay
que prestar atencién a los componentes actua-
les que favorecen las fantasias y conflictos in-
conscientes. En contraste con la visién psicodi-
nnamica clésica respecto al papel causal de los
confictos infantiles, la de Wachtel es cilica, en
el sentido de que los problemas y los sintomas
son el resultado de circulos viciosos que se
‘mantienen en la situacién actual. I bien reco-
nnoce que la experiencia temprana favorece de-
terminada predisposicién (y, por tanto, aumen-
ta la posibilidad de aparicién de determinadas
conductas), se centra en los aspectos actuales
del eireulovicioso,
Esta concepcién integrada de los pro-
blemas neuréticos conlleva notables implica-
ciones para la practica de la psicoverapia. Desde
esta visién cicica del problema resulta légico
pensar que hay que intervenir primero en los
factores actuales que lo mantienen para produ-
cir el cambio y promover después la compren-
sién de la persona acerca de su conflicto y de su
participacién en las condiciones actuales para
su mantenimiento. Pero el mérito de la pro-
puesta terapéutica de Wachtel no radica solo en
fl hecho de combinar téenicas de accién con
téenicas de insight, sino en el hecho de postular
los procedimientos conductuales como fuente
de nuevos insights a la vez que éstos pueden
‘generar nuevas conductas.BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL 1s
‘También la propuesta de Héctor Fernén-
dez-Alvarez (1992) ilustra este tipo de integra-
cién, no s6lo por su originalidad sino por su co-
nocimiento de algunos de los intentas més des-
tacados en este ambito (Greenberg y Safran,
1987; Guidano y Liotti, 1985; Horowitz, 1991;
Mahoney, 1991). Fernéndez-Alvarez (1992)
toma como punto de referencia la psicologia
cognitiva atendiendo a su doble vertiente, la
4que considera los procesos humanos como pro-
cesamiento de la informacién, y la constructi-
vista (0 cognitivo-social) que concibe al ser hu-
‘mano como agente (pro)activo en la construc-
cidn del significado,
El planteamiento teérico de este autor
articula as aportaciones constructivistas de
Feixas y Villegas (1993), Guidano (1991) y
Mahoney (1991) con el saber psicodinémico
sobre el inconsciente y con el procesamiento
cemocional (Greenberg y Safran, 1987), a la vez
que contempla algunos aspectos interacciona-
les, De esta forma, describe la experiencia en su
cardcter constructive, es deci, como proceso en
el que se elaboran una serie de estructuras de
significado. Particular interés merece la des-
cripcién de la evolucin de estas estructuras de
significado a través del tiempo, y as influencias
circunstanciales en esta evolucién. Asi, vemos
ccémo el nifio se inserta dentro de un guién pa-
terno, y que sélo posteriormente se halla en-
frascado en la tarea de construir su propio
guién personal, idea muy conectada al pensa-
miento de Adler y al de los existencialistas. Este
suién personal constituye una trama en la que
se forjan las estructuras de significado, y en
funcién de la cual se van organizando jerérqul-
camente. Ademés de por Ia diferenciacién je-
rérquica, las estructuras de significado se dis-
tinguen por su rigidez o flexibilidad, y por su
grado de desarrollo hacia la complejidad, aspec-
105 todos ellos ya contemplados por Kelly.
La cuestién del desarrollo es central en
la obra de Fernindez-Alvarez, y, en consecuen-
cla, presenta un esquema evolutive de los nive-
les de complejidad del self de gran interés. Este
esquema constituye una descripeién de las fa-
ses del ciclo vital en términos de la evolucién de
las estructuras de significado. A su vez, el autor
destaca el potencial tedrico de este esquema
para conceptualizar los problemas cinicos.
En la parte més prictica de su aporta-
cién, Fernindez-Alvarez (1992) describe distin-
tas modalidades de cambio, también desde una
péutica yl resultado de laterapia cuando ta alan-
Hascevautbaen aS cesin gen 2/3
sino ensesionespostriores, Por lo tant, parece Weweeert 200 Moh Marie.
serque as ocho primeras sesiones son especial Ato. H¥ang Corde (1991); Pncov,
‘mente importantes para cl estblecimiento de una
buena relacién con el paciente ode lo contrari el
pacienteabandona prematuramente a terapia,
Tainfluencia de ia alianza en el resultado dela
Fapia sea estudiado en tratamientos que van des-
dels cuatroa las cincuenta sesionesy parece ser
«ue la duracién dea terapia no aecta la relacin
entre alianzay resultado final. Pero también se ha
encontrado que ia relacion entre la allan tera-
péutia y el cambio sintomético mumentaba con la
duracién dela trap,
Tas fnalizaciones deididasunlateralmente por @l
Pactent estan relacionadas con puntuaciones bas
Jasen las evaluaciones de a alianzaterapéutica, Tryon 8 Kane (1995)
a
i
Horvath & Symonds (1993)
J lapuntuacién de a alianza evaluada porel cliente, _Solden 8 Robas 2990, rman a Rain
Ps {var 1900; tach (19) Barber eel.
3.3 st lavaloracén del cliente tiene més peso parala M1990 Bache 191) arora
© _prediccién del resultado final dela psicoterapia. Symon io5driembet a Bosna (1994)
+ Indice de eventas estresantes
+ Relaciones sociales y familiares Labor ct chstaph,Aleandr Marg-
lca cohen, (1983) Kate Tacey
{Calidad de as relaciones de objeto (9 aint G99) ord (998);
+ Motivacién Piper ta, 191) ston, Mara, Calager,
ZB + Expectativas {Thompson (1985) Horath tabs
Bs pntodeapego (983 Ees ot 200) atin
3 {le ane 198), Gaston eal 2900
28 + Detensividad, desgana hostiidad y dominan- Hiei Wis p05) Masts Senta
32 ca {aga crown (990 Supp Bee
EB * Elindice de correlacién media entre estas varia- (1979)
Sytoaeeteadt
& § = Complementaric ‘compatibilidad ‘Strupp (1990); Kiesler & Watkins (1989);
29 commentato =e
En su revisién de 2015, Wampold resu- cluye 200 estudios sumando més de 14,000 pa-
‘me el estado de la cuestién en investigacion so- _cientes y en que se calculé que la correlacién
bre alianza terapéutica refiriéndose al metaand-agregada entre allanza y resultado fue de 0,27,
lists mas reciente (Horvath et al, 2011) que in-26 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
lo que equivale a una d de Cohen de 0,57—
considerada entre media y alta
‘Ante este resultado se plantean tres po-
sibles eriticas, todas las cuales parecen carentes
de apoyo empirico.
La primera es que la causalidad sea la
contraria a la asumida habitualmente, es decir
{que una répida mejorfa sintomatica en las pri-
‘eras sesiones lleve a una fuerte alianza en la
tercera o cuarta sesién. Se han levado a cabo
‘estudios que controlan la variable de progreso
Inicial répido, asf como estudios longitudinales,
¥y en ambos tipos las conclusiones que se obtie-
nen convergen en que es laalianza la que predi-
ce el cambio sintomatico cuando se controla la
‘mejoria que ya he tenido lugar.
La segunda es que toda la contribucién a
la alianza podria deberse a caracteristicas del
cliente: es decir que podria haber un tipo de
clientes que acuden a terapia con unas caracte-
Fisticas interpersonales ptimas que les perml-
ten establecer vinculos también éptimos y tener
fen consecuencia un pronéstico especialmente
favorable. Separar Ia influencia del terapeuta de
Ja del cliente requlere modelos estadisticos
complejos, pero se han hecho estudios en esta
Tinea (por ejemplo, Baldwin etal, 2007) y se ha
demostrado justo lo contrario, es decir que es la
contribucién del terapeuta la que resulta esen-
cial. Los terapeutas més eficaces saben estable-
cer allanzas sélidas con un amplio espectro de
pacientes. Estos resultados se han corroborado
‘en metaanalisis (Del Re etal, 2012),
La tercera es la posible influencia de una
especie de efecto halo si se le pide al paciente
gue evalie tanto la alianza como el resultado:
podria estar tan agradablemente influldo por la
terapia que evaluase positivamente ambas co-
sas, Sin embargo, eso ha demostrado no ser asi
dado que la asociacin entre alianza y resultado
‘se mantiene incluso cuando esta es evaluada
or otras personas y no por el paciente.
Pero. Ela Alianza Terapéutica el
‘Unico Factor Comin?
La relevancia dela alianza esta clara, y la
revisin anterior asi lo demuestra, Sin embargo,
en los tiltimos afos algunos autores han comen-
‘ado que quiza se estaba sobrerrepresentado en
detvimento de otros factores comunes. Por
ejemplo, del trabajo de dos Task Forces recien-
tes de la APA (Castonguay & Beutler, 2006;
Norcross 2002, 2011) se desprende la Impor-
‘tancia de factores de la relaci6n terapéutica que
podrian concebirse como no subsumidos por la
alianza: concretamente la empatia y la acepta-
cién positiva incondicional
Tal y como se aprecia en la Tabla 4, no
todos ls factores comunes son necesariamente
relacionales. Algunos de los autores incluidos
en a tabla ya identiicaron o propusieron en su
‘momento factores comunes de naturaleza més
téenlca. A estas propuestasinicales se les han
sumado en los tltimes afios la de Golfried,
Raue y Castonguay (1998) que propusieron
camo factor comin el foco del terapeuta de las
intervenciones, Ia de Weinberger y Rasco
(2007) centrada en la terapia como exposicién,
Ta de Castonguay y Hill (2007) basada en los
procedimientos que fomentan la aduisicin del
dlieate de una nueva perspectiva de si mismo y
que faciitan experiencias correctivas (Caston-
guay & Hil, 2012), ast como la de Lambert
(2013) que identifica un nimero considerable
de factores de aprendizaje (por ejemplo, el
Feedback) y accién (por ejemplo, el modelado)
como elementos comunes a diferentes formas
de tratamiento. A dichas propuestas afladimos
la nuestra de considerar los procesos discur
vvos narrativos como factor comin, tal como
tlaboraremos en el préximo apartado.
Por otra parte también se ha descrito
cémo algunos de los supuestos ingredientes es-
pecifics de una terapia pueden estar presentes
fen mayor o menor medida en la otras, cosa que
hace replantear hasta qué punto son tan especi-
ficos como se pretende, Por ejemplo, Caston-
sguay (2011) encontré evidencias de que la pro-
fundizacién del experiencia emocional se daba
tanto en terapias cognitivo-conductuales como
psicodindmicas, a pesar de ser supuestamente
iis prototipicas de esta itimas. De hecho hay
evidencia de que algunas interverecionestpicas
de las terapias cognitivo-conductuales tienen
como efecto fomentar Ia adquisiién de insight
por parte del cliente (MeAleavey & Castonguay,
2014)
Preclsamente uno de los Factores comu-
nes a diferentes terapias que va més allé de la
alianza terapéuticaes el que centraréelsiguien-
te apartado de este trabajo los procesos discur-
sivos narratives y sus cambios como producto
dela terapia,
Los Procesos Discursivos Narrativos
‘como Factor Comiin
La relevancia de los procesos narrativos
‘como factor comtin en psicoterapia ha sido cada
‘vex més reconocida en las iltimas décadas. Tan-
to en términos de proponer formas espectficas
de terapias narrativas (véase, por ejemplo, An-
gus & McLeod, 2004) como de estudiar las ca-
acteristics de las narrativas generadas por los.
clientes (Neimeyer, 1995), la narracién de histo-
Flas y la construccién de significado se han afia-BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL, 27
ido al repertorio de constructas que ayudan a
comprender y fomentar el resultado y el proce:
0 psicoterapéutico desde una éptica de facto-
res comunes. Como resume Angus (2012, p.
368) “tanto los clinicos como los investigadores
de la psicoterapia se han sentido cada vez més
atraidos por el concepto de narrativa para iden-
tificar los procesos que conlleva la génesis de
explicaciones de los acontecimientos cotidianos
y la organizacidn de estas experiencias en una
Vision coherente de uno mismo como tna histo-
ria de vida en evolucién”.
Especiticamente en el Ambito de la inves-
tigacién en psicoterapia, los psicoterapeutas
sicodinémicos interesados en las narrativas
relacionales conflicvas observaron que un
porcentaje muy alto de la sesi6n psicoterapéu-
tica tena una estructura discursiva narrativa
(véase Luborsky, Barber, & Diguer, 1993), Estos
‘autores informaron de que los pacientes en psi-
ccoterapia psicodinémica breve narraban espon-
‘téneamente un promedio de entre cuatro y seis
historias personales por sesidn. Este hallazgo
ha sido confirmado en Ia Terapia Centrada en el
Cliente (Angus, Lewin, Bouffard, & Rotondi-
‘Trevisan, 2004) y en la Terapia Focalizada en
las Emociones (EFT; Rotondi-Trevisan, 2002).
La presencia de procesos discursivos narrativos
en alto porcentaje y en terapias de diferente
orientacién tedrica demuestra hasta qué punto
se pueden considerar factores comunes. En la
EFT, por ejemplo, se establecié que un 74% de
todas las secuencias narrativas externas impli-
‘aban la narracién de una historia personal, lo
que llevé a Angus y McLeod (2004) a la conclu-
sién de que “la psicoterapia puede ser caracte-
rizada como una actividad interpersonal espe-
cializada que implica transformacin emocional,
‘onstruccién de significado y restauracién narra:
‘va” (Angus, 2012, p.368),
Por lo que respecta a los correlatos na~
rrativos como factores comunes a diferentes
formas de psicopatologia, Goncalves y Machado
(4999) llevaron a cabo un andlisis mediante
Metodologia de Teoria Fundamentada de entre-
vistas sobre relatos significativos de la vida de
pacientes que cumplian los criterios del DSM-IV
para la agorafobia (n = 24), dependencia de
opioides (n = 18), alcoholismo (n = 20), anore-
xja (n = 11) y depresién (n = 20). Agruparon je-
rrérquicamente sus significados y derivaron una
narrativa prototipica de cada grupo diagnéstico,
Sus resultados indicaron que “la validez con-
vergente de las narrativas prototiplcas de este
tipo de trastornos da apoyo a la naturaleza es-
pecifica de la organizacién cognitiva en cada
tuna de ellas, asf como ala posibilidad de identi-
ficar esta especificidad en las narrativas proto-
Uipieas"(Pég. 1187).
El foco en la estructura narrativa de los
trastornos psicopatolégicos llevé a Dimaggio y
Semerari (2001) a proponer una categorizacién
de las formas narrativas patoldgicas que com-
bina estructura narrativa (por ejemplo, falta de
Iintegracién), proceso (por ejemplo, falta de
complejidad jerérquica) y contenido (por ejem-
Plo, falta de estados emocionales en la narra-
cin).
Segin estos autores (Dimaggio & Seme-
rari, 2001, p. 5) una narrativa empobrecida no
permite al paciente disponer de un conjunto de
historias suficientes para lidiar con el mundo de
las relaciones, Una narrativa alexitimica no se
rofiere a los estados emocionales y no contiene
descripciones comprensibles de problemas a
los que se deberia estar haciendo frente en la
terapia. El défict de integracién bésico implica
tuna impostbilidad de "mezclar los elementos de
la actividad mental en una narrativa coherente”
(p. 10). El déficit en la integracién entre miilti-
ples representaciones del selfy el otro no permi-
te que el sujeto se de cuenta de que miltiples
representaciones son diferentes facetas del
‘mismo fenémeno (p. 10). El déficit de jerarqui-
zacién resulta en la “falta de un tema dominante
gue predomine sobre los demés en el discurso”
(P. 11). Finalmente, las narraciones pueden ser
patoldgicas al no discriminar entre la realidad y
1a fantasia,
La dimensién de factor comiin de los
‘cambios narrativos en psicoterapia se demues-
ta en un estudio de Moreira, Beutler y Gongal-
ves (2008) en el que abordaron los procesos
narrativos de los clientes en psicoterapla como
luna combinacién de estructura, proceso y con-
tenido narrativo, Seleccionaron dos pacientes,
uuno con un buen resultado terapéutico y el otro
con un mal resultado terapéutico, de tres mode-
los psicoterapéuticos diferentes (terapia cogni-
tiva, terapia narrativa y terapias prescriptivas).
Para cada paciente evaluaron sesiones de las fa-
ses inicial, media y final en términos de cohe-
rencia narrativa estructural, complejidad del
proceso y diversidad de contenidos. Encontra-
ron algunas diferencias entre la produecién na-
‘rativa total de los pacientes al final del proceso
terapéutico: los casos con buen resultado pre-
sentaron un camblo narrativo total estadistica-
mente superior alos casos con mal resultado.
Estudios de nuestro grupo (Vall & Bote-
lla, 2014) demostraron que hay diferencias en
las narrativas de pacientes depresivos y ansio-
0s. Concretamente, los pacientes con depre-
sign parecen caracterlzarse por una mayor
proporcién de puntuaciones altas en (a) varie-
dad de personajes, (b) objetivacién y (c) inteli-
agibilidad/claridad. Esta combinacién da una
imagen de una forma de experimentar la vida28 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015,
‘marcadamente especifica en su grado de deta-
lle, pero privada de cualquier contenido o signi-
ficada emocional profundo (debido al alto nivel
de objetivacién). Al mismo tiempo, las metas
narrativas aparecen bastante coherentes y cla-
ras~como indica el alto nivel de inteligibili
ddad/claridad. También hay una notable varie-
dad de personajes. Estas dos iltimas caracterls-
ticas podrian dar una impresién equivocada:
de un mundo interpersonal muy rico y un pro-
yecto existencial muy claro. Sin embargo en es-
te caso esto no es asi debido a que el alto nivel
de objetivacién priva a la narrativa de cualquier
sentido profundo de significado emocional. Por
lo tanto, las narrativas de este grupo son bas-
tante objetivas y claras, pero también bastante
individuales, rigidas, y demasiado coherentes
para ser existenclalmente relevantes.
En el caso de pacientes cuya demanda es-
‘4 relacionada con la ansiedad, parecen caracte-
rlaarse por una mayor proporcién de altas pun-
‘uaciones en (a) subjetivacién cognitiva, (b) me-
taforizacién y (c) inteligbilidad/estabilidad. Es-
‘ta combinacién da una imagen de una forma de
experimentar el mundo muy detallada en la di-
mensién de pensamiento y reflexin, bastante
explorada metaanaliticamente y estable.
Controversias Actuales sobre Factores Comunes
La tradicion centrada en la terapia co-
‘mo aplicacién de técnicas especificas con efec-
tos especificos para patologias especticas sigue
evando a una polémica poco fructiera con la
investigacion sobre factores comunes. En esen-
cia, se trata de equiparar cualquier factor co-
‘iin a un ingrediente inespectfico equivalente a
un placebo e indigno de un tratamiento cientifi-
‘camente fundado y basado en la evidencia,
Sin embargo, hay potentes argumentos
‘en contra de una visign tan reduccionista y tee-
nocritica de la psicoterapia. Wampold (2001)
por ejemplo, parte de una visién de la psicote-
rapla diferente ala antedicha, que la equlpara a
tuna combinacién de (a) un vinculo emocional
entre terapeuta y paciente, (b) un entorno de
‘curacién en el que la terapia se lleva a cabo, (c)
tun terapeuta que afrece una explicacién psico-
16gica y culturalmente integrada para el males-
tar del paciente, (a) una explicacién que es
adaptativa (es decir, aporta opciones viables y
crefbles para la superacién de las dificultades
especificas) y aceptada por el paciente y (e) un
‘conjunto de procedimientos 0 rituales en los que
fl paciente y el terapeuta se implican activa-
mente y que llevan al paciente a poner en prdc-
‘tica algo que es positive, itil o adaptativo.
“Mientras la visién basada en la especifi-
cidad se contra en las diferencias, de la defini-
cién anterior se deduce claramente que, si tiene
sentido, cualquier tratamiento que cumpla lo
anterior deberia ser eficaz (a pesar de que sus
bases conceptuales y/o aplicadas sean diver-
agentes de otro igual de eficaz).
‘Un ejemplo de lo antedicho serfa la histo-
tia que explicaba George Kelly (1964/1969) en
cel contexto de las condiciones de libertad y falta
de supervisién de que gozaba en su prictica
psicoterapéutica en el Medio Oeste americano
‘en los afios 30. Esas condiciones le permitieron
dar un paso poco ortodoxo en el desarrollo de
‘su practia clinica: empezé a ofrecer a sus clien-
tes interpretaciones ficicias no tasadas en la
teorfa psicoanalitica predominante en ese mo-
‘mento (por ejemplo, que un trastorno géstrico
se debia a que el estémago se estaba rebelando
contra todo tipo de nutricién—parental, educa-
tiva y alimentaria). Para su sorpresa, esas inter-
pretaciones feticlas funcionaban igual de bien,
¥ algunas incluso mejor, que las ortodoxas. Esta
‘experiencia lev6 a Kelly a una conclusién rele-
vvante en su formulacién teérica posterior; lo
‘que contribuye al éxito de la terapia es la facili-
tacién de un marco de significado que dé a los
clientes un nuevo enfoque ante la vida.
‘Sin embargo, esto no supone que toda la
terapla se reduzca a los aspectos relacionales
del proceso; ya hemos especificado que la alian-
za terapéutica (y por extensi6n la relacién tera-
péutica) es sélo uno de los posibles factores
comunes—si bien la investigacin demuestra
que sumamente relevante,
La revisin de los principales resultados
de investigacién en psicoterapia, de hecho, con:
ccuerda mucho més con una vision de Factores
comunes que de ingredientes especificos. La di-
ficultad para demostrar eficacia diferencia, la
potencia de los factores de la relecién, las dife-
rencias entre terapeutas atribuibles a variables
personales y no de orientacién te6rica... todo
ello y muchisimas evidencias més cuya revision
excederia las limitaciones de este trabajo enca-
Jan con lo que serfa esperable desde una vision
basada en factores comunes.
ie dénde proviene pues la resistencia
alos argumentos a favor de los factores comu-
nes y de una visin de la psicoterapia como re-
lacién de colaboracién y de reconstruccién de
procesos de atribucién de significado més que
como tratamiento médico especifico? Entre
otras cosas de algunos malentendidos que re-
sumen Laska y Wampold (2014).
En primer lugar se acusa a la perspectiva
de factores comunes de ser anticientifica e in
demostrable, pero vista la enorme cantidad de
evidencia empirica que concueréa con ella ese
argumento es dificimente sostenible, Por otra
parte se ataca la idea de una posible terapia de‘BOTELLA, MAESTRA, FEIXAS, CORBELLA Y VALL 29
factores comunes sin estructura conceptual al-
guna, cosa que es evidente que nadie defien-
‘de~en la propia definicién de Wampold (2001)
resumida en el primer pdrrafo de este apartado
xyasse contempla el hecho de que una terapia efi
caz debe incluir una explicacién convincente y
adaptativa—el marco de significado que dé a los
clientes un nuevo enfoque ante la vida al que se
referia Kelly (1964/1969), La superioridad de
todas las terapias respecto a los tratamientos
placebo sin estructura conceptual demuestra
recisamente este punto.
En iiltimo término, la principal fuente de
tales crticas parece ser la actitud, ya comenta-
da con anterioridad, de convencimiento dogma
tico de que la teoria y la terapia de preferencia
es la mejor y la tinica posible, No sélo no hay
ninguna otra mejor, sino que no es ni siquiera
‘admisible que haya alguna otra igual de vida.
La Integracién Asimilativa
Otra forma de integracién, de hecho bas-
tante frecuente en algunas orientaciones, con-
siste en adaptar técnicas de diversas proceden-
clas a la orientacién de preferencia. Uno de los
ejemplos més claros de este tipo de integracién
es la tendencia de las terapias cognitivas actua-
les a asimilar técnicas procedentes de practi-
‘camente cualquier orientacién y darles una lec-
tura cognitiva de forma que su uso resulte con-
ceptualmente coherente,
Por ejemplo, Davis, McKay y Eshelman
(1985) inclufan como técnicas cognitivas para
el autocontrol emocional y el tratamiento del
estrés algunas de tan variada procedencia como
la meditacién, la autohipnosis,el biofeedbak, la
nutrici6n, el ejercicio fisico, la visualizacién o la
Intencién parad6jica. En los iltimos aos hemos
asistido igualmente a un crecimiento importan-
te de los enfoques cognitivos que integran tée-
nicas de toma de conciencia (mindfulness), co-
‘mo por ejemplo la Mindfulness Based Cognitive
Therapy, y que se basan en una perspectiva di-
ferente a la clasica cognitiva en cuanto al enfo-
ue de los problemas emocionales. En este caso
se trata no de combatir los pensamientos irra-
clonales a base de otros més racionales y co-
rrectos, sino de dejarlos pasar con plena con-
clencia pero sin juzgar, de forma que su poten-
cial ansiégeno 0 depreségeno se desvanezca.
Los ejemplos de este tipo de terapias cognitivas
que integran asimilativamente técnicas de con-
ciencia plena han dado lugar al término de Te-
rapias Cognitivas de Tercera Ola.
La integracién asimilativa se puede con-
Fandir con eclecticismo técnico sino se tiene en
‘cuenta que, en el caso del eclecticismo, carece
de una teorfa firme de base. Es decir, un tera-
outa técnicamente ecléctico y otro integrador
asimilativo podrian ser vistos combinando en
luna misma sesi6n, por ejemplo, visualizacién y
resolucién de problemas. La clave es que, pre-
guntados sobre el porqué de tal eleccién, el
ecléctico dirfa que porque le ha parecido lo més
conveniente en términos exclusivamente de su
experiencia e intuiciOn clinica, mientras que el
Iintegrador podria dar una explicacién teérica
de por qué y cémo ha combinado ambos proce-
dimientos,
a Integracién Metatesrica
Si bien el principal problema de los
eclecticismos técnicos es la posible falta de
coherencia entre las técnicas empleadas o las fi-
losofias subyacentes a las mismas, el problema
de la integracién tedrica es la dificultad de unir
teorias que parten de visiones del ser humano y
de sus problemas a veces radicalmente diferen-
tes.
La integracién metateérica plantea la po-
sibilidad de articular diferentes teorias psicate-
rapéuticas bajo un marco comin, Se trata de
tuna modalidad integradora que se representa
claramente en Ia Integracién Teéricamente
Progresiva (ITP) de Neimeyer y Feixas (1990;
Feixas & Neimeyer, 1991; Neimeyer, 1992), Es-
ta propuesta integradora propone limitar la sin-
tesis tedrica y técnica a aquellos enfoques que
sean epistemol6gicamente compatibles. De esta
forma se restringe el intercambio y_sintesis
‘conceptual alos sistemas que tienen axiomas fi-
loséficos compatibles. Este intento de Incorpo:
rar s6lo los conceptos y las heuristicas que son
congruentes con su propio miicleo de presupo-
siciones responde a una de las més extendidas
‘objeciones hechas contra la practica integrado-
ra: la no explicitacién de las bases epistemol6-
gicas sobre las cuales se deben integrar varias
‘teorfas o terapias (Messer, 1986).
Los proponentes de la ITP sostienen que
la epistemologia constructivista puede ser un
marco metatedrico idéneo para realizar esta in-
tegracién por varios motives. En primer lugar,
se puede observar desde hace décadas una ten-
ddencia constructivista en el seno de distintos
modelos (especialmente el cognitiva y el sisté-
mico aunque también en otros). Por otro lado,
su alto grado de abstraccién y flexibilidad hizo
{que ya Mahoney (1988) anticipase que: "EI len-
{uaje la estructura ofrecidos por la metateoria,
constructivista pueden ser especialmente ade-
‘cuados para facilitar los esfuerzos hacia una
convergencia transteérica” (pag. 307). Final-
‘mente, el cardcter multidisciplinar de la episte-
‘mologia constructivista, asada en aportaciones
de lingtistas,flésofos, bi6logos, fisicos, ciber-30 INTEGRACION EN PSICOTERAPIA 2015
néticos yfilésofos de la ciencia, ademas de psi-
blogos, sitéa al constructivismo en una buena
posicion para realizar esta integracin metated-
rica. Los cambios de la psicologia hacia una me-
tateorfa constructivista en los ditimos 40 afios
‘ofrecen condiciones favorables para el desarro-
Ilo de un modelo més abarcador del cambio psi-
‘coterapéutico, que mantenga su coherencia filo-
séfica y téenica,
Integracion e Investigacion en Pstcoterapla
Tal y como sintetizan acertadamente
Castonguay et al. (2015), la conexién entre in-
vestigacié e integracion en psicoterapia es a la
vex intrinseca y relevante.
Intrinseca porque, taly como hemos visto
alo largo de esta exposicién, la mayoria de ar-
‘gumentos a favor de la integracién provienen
dde las evidencias empiricas sobre Ia eficaciay el
proceso de la psicoterapia. No redundaremos
fen ello més ain dado que ha sido suflciente-
mente abordado en los apartados anteriores.
Relevance porque el riesgo que corre la
Integracién en psicoterapia no parece afectar
tanto a su propia supervivencia (dada la com-
plejidad del sufrimiento humano y su alivio, pa-
rece poco probable que una sola teorfallegue a
explicarlo por completo) sino 2 su madurez y
aceptacién social, académica y cientifica,
Efectivamente, a menos que se funda-
menten empfricamente las propuestas integra-
doras y se articulen en programas objeto de in-
vvestigacién y verificacién, sera complicado in-
cluirlas en programas de formacion y préctica,
que siempre lo tendrén mas facil si se decantan
por Tratamientos Emplricamente Validados y,
sobre todo, manualizados y replicables como
puede ser, paradigmaticamente, la terapia cog-
nitivo-conductua.
Relacionando lo anterior con Jos prinel=
pales enfoques del movimiento integrador
‘mencionados antes, es posible que para cada
uno de ellos se pueda establecer un orden de
prioridades ligeramente diferente (aunque
compatible) en cuanto a qué cabria esperar de
Jas contribuciones de la investigacion a la inte-
‘gracién,
Ast, por ejemplo, en el caso del eclecti-
cismo técnico, resulta sugerente pensar cémo se
podria investigar la adecuacién de diferentes
‘téenicas y procedimientos terapéuticos a dife-
reentes estilos de cliente con diferentes viven-
cias de sus problemas y recursos. Seria posible
‘que a medio y largo plazo tal programa de in-
vvestigacién permitiese disponer de criterios de
seleccién sistematica de técnicas, 0 de relacio-
nes terapéuticas, que permitiesen complemen-
tar y enriquecer los de seleccién sistematica de
tatamlentos—en Botella y Feixas (1998), por
ejemplo, se proponia tal tipo de seleccién sis-
temética de técnicas terapéuticas en funcién de
las acho estrategias de cambio en el sistema de
cconstructos del cliente propuestos por Kelly.
‘También en esta linea, en algunos de los
trabajos de nuestro grupo (Botells, 2007) se ha
propuesto el uso de Mapas Cognitivos Borrosos
(MCBs) del proceso de formacién y resolucién
e problemas humanos como la posible base
para una Integracién conceptualmente coheren-
te de téenicas seleccionadas eclécticamente. La
propia naturaleza matematizable de los MCBs
permite investigar los efectos y el praceso deri-
vvados del uso de dichas técnicas.
En el caso de la integracién teérica, los
programas de tratamiento ¢ intervenciones te-
rapéuticas derivadas de modelos integradores
pueden ser investigados en cuanto a eficacia y
proceso de la misma manera que los clisicos, y
atendiendo a la lamada al pluralismo metodo-
Tgico que caracteriza en los itimos afios a la
investigacién en psicoterapia. Por ejemplo, en
los trabajos de nuestro grupo hemos investiga-
do la eficacia diferencial de un formato de tera-
pia constructivista relacional integradora para
la depresién postparto comparindolo con uno
de terapia cognitiva de Beck en un ensayo clini
0 aleatorizado (véase Pinheiro etal, 2013).
Por lo que respecta a los factores comu-
nes, y dado que se trata de una linea de integra-
cin en psicoterapia que se basa ya en miitiples
datos procedentes de la investigacién empirica,
seria especialmente interesante seguir investi
gando sobre cusles son y cudl es su relacién con
el resultado y proceso psicoterapéutico. En los
trabajos de nuestro grupo, por ejemplo, hemos
investigado repetidamente el papel de a alianza
terapéutica en el resultado y proceso de la tera-
pia (véase, por ejemplo, Botella y Corbella,
2011; Botella et al, 2008; Soares et al, 2010;
Soares et al, 2013) asf como el de los procesos
narrativos como factor comtin a diferentes for-
‘mas de tratamiento (véase, por ejemplo, Botella,
1997; Botella y Feixas, 1990, 1992; Botella y
Herrero, 2000 ; Botella etal, 2004; Vall & Bote-
la, 2015).
En cuanto a la integracién asimiativa, a
Investigacién puede ayudar a esclarecer cudles
son los efectos distintivos, ventajas e inconve-
nlentes, de incorporar téenicas procedentes de
diversos marcos conceptuales al propio de pre-
ferencia,
Por dltimo, la Investigacién sobre inte-
‘gracién metatedrica puede hacer avanzar el
‘campo de la integracién en psico:erapia dotdn-
olo de mayor claridad y coherencia conceptual
y_ epistemolégica—por ejemplo, en Botella
(1999) se planteaban algunos aspectos relevan-