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Ríos, Juan Pablo y Nicolino, Marcela

Este documento resume los principales aspectos de la compensación económica en las uniones convivenciales según la legislación argentina. Explica que la compensación económica busca reequilibrar la situación patrimonial de un conviviente que sufrió un desequilibrio manifiesto como resultado de la convivencia y su ruptura. Detalla los requisitos para que proceda, como el cese de la convivencia y el desequilibrio económico, y diferencia esta figura de otras como los alimentos y la indemnización por daños.

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Este documento resume los principales aspectos de la compensación económica en las uniones convivenciales según la legislación argentina. Explica que la compensación económica busca reequilibrar la situación patrimonial de un conviviente que sufrió un desequilibrio manifiesto como resultado de la convivencia y su ruptura. Detalla los requisitos para que proceda, como el cese de la convivencia y el desequilibrio económico, y diferencia esta figura de otras como los alimentos y la indemnización por daños.

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La compensación económica en

las uniones convivenciales


Por Ríos, Juan Pablo y Nicolino, Marcela

SUMARIO:
I. Introducción.— II. Compensación económica.— III. Diferencia con otras
figuras jurídicas.— IV. Requisitos de procedencia.— V. Forma de la
prestación compensatoria.— VI. Modos de pago de la compensación
económica.— VII. Pautas para la fijación judicial de la compensación
económica.— VIII. Plazo de caducidad de la acción de reclamación de las
compensaciones económicas.— IX. Diferencias con el régimen
compensatorio del matrimonio.— X. Conclusiones.
(*)
(**)
I. Introducción
Entre las novedades introducidas por el Código Civil y Comercial de la Nación —en adelante,
"Cód. Civ. y Com."— al mundo del derecho privado argentino, la compensación económica es
sin dudas una de las más significativas.
En una primera etapa, se exigió el estudio de este instituto, a los fines de comprender su
naturaleza, sus requisitos, sus pautas, como primera aproximación.
Hoy, se puede decir sin hesitación alguna, que la compensación económica ha ganado terreno en
la realidad familiar, como un tema crucial dentro del derecho de las familias.
El presente trabajo desglosa ciertas cuestiones atientes a las compensaciones económicas en las
uniones convivenciales, y destaca diversas circunstancias que se han ido manifestando en los
tribunales argentinos.
II. Compensación económica
La prestación compensatoria puede definirse como la institución mediante la cual el cónyuge o
conviviente que ha sufrido un desequilibrio durante el matrimonio o la unión convivencial tiene
derecho a exigir al otro una compensación por el empeoramiento padecido, al momento del
divorcio o el cese de la convivencia (1).
En los Fundamentos del Anteproyecto se expresa que se "...recepta una figura que tiene
aceptación en varias legislaciones del derecho comparado, y que es coherente con el régimen
incausado de divorcio; en efecto, con fundamento en el principio de solidaridad familiar y en
que el matrimonio no es causa-fuente de enriquecimiento o empobrecimiento económico de un
cónyuge a costa del otro, se prevé la posibilidad de que, para aminorar un desequilibrio
manifiesto los cónyuges acuerden o el juez establezca compensaciones económicas..." (2).
Como punto de partida, se debe aclarar que la compensación económica, puede: i. ser acordadas
por las partes a través de los pactos de convivencia, siempre que se respete el orden público; y
ii. en el caso de no existir acuerdos convivenciales, el juez puede establecerlas a pedido de
parte, siempre que se configuren los requisitos exigidos por la norma.
III. Diferencia con otras figuras jurídicas
Las características especiales que definen la compensación económica le conceden a este
instituto una naturaleza jurídica propia, que exige diferenciarla de otras figuras jurídicas.
III.1. Alimentos y compensación económica
La compensación económica tiene una naturaleza jurídica distinta de la prestación alimentaria.
Si bien comparte algunos elementos del esquema alimentario, ya que se tienen en cuenta en la
fijación judicial algunas necesidades del beneficiario y los recursos del otro; su finalidad y la
forma de cumplimiento es diferente.
El objetivo sustancial de las compensaciones económicas es el de reestablecer una igualdad
patrimonial que tuvo su génesis en aquel vínculo convivencial que provocó un desequilibrio
manifiesto que impactó en el empeoramiento económico de uno de los sujetos como
consecuencia de ese vínculo, diferenciándose de las prestaciones alimentarias que tienen
carácter exclusivamente asistencial (3).
La compensación económica, por el contrario, se aleja de todo contenido asistencial y de la
noción de culpa/inocencia como elemento determinante de su asignación. Lo que importa es
cuáles son las consecuencias objetivas del cese de la unión (4).
III.2. Enriquecimiento sin causa y compensación económica
La principal diferencia entre la compensación económica y el enriquecimiento sin causa radica
en que conforme lo establece el art. 1795 del Cód. Civ. y Com. la acción de enriquecimiento sin
causa no procede cuando la ley concede al damnificado otra acción para obtener la reparación
del empobrecimiento sufrido, la que, en el tema que nos ocupa, estaría dada por la
compensación económica ante el desequilibrio económico manifiesto de uno de los miembros
de la unión respecto del otro (arts. 524 y 525 del Cód. Civ. y Com.).
Por otro lado, la compensación económica no procede con base en un accionar ilícito de uno de
los convivientes en perjuicio del otro ni tiene como parámetro esencial y determinante —el que
sí rige en el enriquecimiento sin causa—, resarcir el detrimento patrimonial del empobrecido.
Por el contrario, para determinar su monto, se valoran una serie de pautas (art. 525 del Cód. Civ.
y Com.), las que de ningún modo están constreñidas matemáticamente, en más o en menos, a la
rigidez que impera en el enriquecimiento sin causa; la que está acotada por la medida exacta del
empobrecimiento (art. 1794, párr. 1º, del Cód. Civ. y Com.).
III.3. Indemnización por daños y perjuicios y compensación económica
La compensación económica no tiene naturaleza indemnizatoria, por cuanto no persigue la
reparación de un daño, ni exige la procedencia de un factor de atribución objetivo o subjetivo.
Contrariamente, para la concesión de la compensación económica no se tiene cuenta si hay o no
culpa de uno de los convivientes y su procedencia se asienta exclusivamente en la existencia de
un desequilibrio patrimonial manifiesto producido por el cese o fin de la convivencia.
Al no tratarse de una reparación plena, no persigue dejar indemne y libre de daño al
damnificado, ni tiene en miras igualar o nivelar patrimonios (5).
En la figura bajo análisis tampoco se está ante un hecho o acto antijurídico, sino ante una
situación perfectamente lícita (el desequilibrio económico) que, no obstante, habilita el reclamo
ante la verificación de circunstancias objetivas, que tiene su base en la existencia de una unión
convivencial que se quiebra.
Se señala que en la indemnización por daños se indemniza, en la compensación económica se
compensa y su diferencia está en la extensión de la reparación. Es que en esta última se aspira
solo a corregir o equilibrar; esto es, compensar razonablemente el desequilibrio, y por eso no
tiene lugar si este no es manifiesto (art. 524 del Cód. Civ. y Com.).
De manera inversa, con la indemnización por daños el objetivo buscado es dejar indemne al
afectado, por ello se habla de reparación plena e integral, en el sentido de que el sujeto dañado
debe quedar en un estado como si la antijuridicidad no hubiera acontecido, pues lo que ha tenido
lugar es un acto que el ordenamiento reprocha. En la indemnización por daños no importa si
aconteció o no una relación matrimonial o convivencial, ya que aquella nace más allá de esta,
ante la comisión de un ilícito (6).
Como se advierte, la compensación económica presenta características propias que no permiten
equipararla a otras instituciones jurídicas. Por ello, se expresa que presenta características
variables, que en algunos supuestos puede exhibir una naturaleza mixta o compuesta.
Existe consenso en general en que las compensaciones económicas se generan con una finalidad
primordialmente reequilibradora.
Se debe tener en cuenta que en el cese de la convivencia los deberes de asistencia finalizan entre
los convivientes, en consecuencia, este cese puede eventualmente dar lugar a una variabilidad
de índole económica respecto de su situación anterior en uno de los miembros de la pareja
convivencial, provocando una realidad que se muta en un "menos" o en un desequilibrio o en un
empeoramiento de sus condiciones patrimoniales, existentes en la etapa previa a la ruptura (7).
IV. Requisitos de procedencia
La compensación económica requiere de una serie de condiciones fácticas o requisitos
necesarios que justifican su procedencia, ellos son: a) el cese de la convivencia; b) el
desequilibrio económico manifiesto que sufre uno de los miembros de la unión; y c) el
empeoramiento de la situación económica reconoce una causa adecuada en la convivencia y la
ruptura.
IV.1. Cese de la convivencia
La situación fáctica de cese de la unión convivencial podrá acreditarse por cualquier medio de
prueba.
Si se trata de una unión convivencial registrada y se ha cancelado la inscripción, ello será
prueba suficiente de la finalización de la unión.
Resulta relevante la fijación de la fecha del cese de la convivencia dado que la acción para
reclamar la compensación económica, caduca a los seis meses de haberse producido cualquiera
de las causas de finalización de la unión (art. 523 del Cód. Civ. y Com.) (8).
IV.2. Desequilibrio económico manifiesto
El desequilibrio consiste en un cambio sustancial en la situación de un conviviente con relación
al otro, comparando la forma en que se desenvolvían desde el punto de vista económico durante
la convivencia y el estado en que quedan luego de su cese (9).
En los Fundamentos del Anteproyecto se destaca: "Al tratarse (la compensación económica) de
una herramienta destinada a lograr un equilibrio patrimonial, es necesario realizar un análisis
comparativo de la situación patrimonial al inicio del matrimonio y al momento de producirse el
divorcio, esto es, obtener una 'fotografía' del estado patrimonial de cada uno de ellos, y, ante un
eventual desequilibrio, proceder a su recomposición". Asimismo, al abordarse las uniones
convivenciales, se aclara: "Se extiende a las parejas convivientes la posibilidad de que el
integrante que sufre un desequilibrio manifiesto que signifique un empeoramiento de su
situación por causa de la convivencia y su ruptura sea compensado, de modo similar al supuesto
del divorcio".
Este desequilibrio puede ser producido por diversas razones, tales como la pérdida de
oportunidades de uno de los convivientes a raíz de haber dedicado tiempo y esfuerzo —por
ejemplo— a la crianza de los hijos y al trabajo doméstico, probándose que se ha generado la
imposibilidad o dificultad de una reinserción social y laboral (10).
Claro está que, como lo señala expresamente el art. 524 del Cód. Civ. y Com. el desequilibrio
económico tiene que ser manifiesto; es decir, debe tratarse de un desequilibrio que signifique un
empeoramiento de la situación del conviviente. En consecuencia, no cabe tener en cuenta para
admitir la compensación económica todos los casos en que estamos frente a un mero
desequilibrio que carece de envergadura; vale decir, cuando las diferencias no son
significativas (11).
El desequilibrio económico, además, tiene que ser comprobado al momento de la ruptura de la
convivencia, es decir, demostrar el desequilibrio será el objeto de prueba a los fines de la
procedencia del reclamo. Ello no significa que aquel acontezca recién con la separación de la
pareja. Puede suceder que durante la unión ese desequilibrio se encuentre compensado, es decir,
que no tenga ningún efecto negativo en el conviviente menos adinerado; puesto que,
probablemente, ese cónyuge se vea favorecido con los mayores aportes de quien cuenta con
recursos importantes; aportes que suelen beneficiar a ambos en tanto comparten un mismo
proyecto de vida. De ahí que lo regular es que el mentado desequilibrio se ponga al descubierto
y exhiba sus consecuencias solo al producirse el quiebre de la convivencia (12).
IV.3. Empeoramiento en la situación económica que tenga causa adecuada en la unión
convivencial y su ruptura
Para acceder a la compensación económica no basta que se presente y pueda acreditarse el
desequilibro económico. Resulta indispensable, también, que se pruebe por quien pretende
reclamar la "causalización" (13) del mentado desequilibrio.
Lo que la ley prevé son aquellos casos en los cuales uno de los convivientes postergó su
realización profesional o laboral en pos de la vida familiar y por dicha circunstancia, no pudo
hacer realidad sus legítimas expectativas laborales o profesionales y luego, ante la ruptura de la
unión convivencial, debe reinsertarse en la sociedad para ganar su sustento, sin las mismas
chances que tiempo atrás hubiera tenido para rehacer su vida, iniciar o continuar con su carrera
profesional, comercial o universitaria abandonada (14).
Una prueba clave a estos fines es efectuar una comparación con lo que hubiera pasado con el
reclamante si no hubiera constituido una pareja mediante la unión convivencial. Es decir, en los
casos en que —muy probablemente— aquel no estaría en una situación de desequilibrio
económico, ni le hubiera faltado la capacitación suficiente de no haber armado un proyecto de
vida en común con el otro (15).
En dichas situaciones, se podrá advertir una pérdida de chance de tener más recursos o ingresos
y gozar de una mayor capacitación profesional o laboral; todos ellos frustrados por la
circunstancia de unirse en pareja. Debe entonces verificarse en el juicio que, por unirse al otro,
quien pide la compensación ha sufrido aplazamientos y dificultades para su formación y
desempeño profesional o que, de algún modo, postergó su crecimiento propio —dejando pasar
oportunidades— al dedicar su tiempo a la familia que constituía. La causa adecuada se
comprobará cuando hubo renunciamientos, postergaciones y sacrificios de uno en beneficio del
otro o del hogar familiar (16).
Para que proceda la compensación económica basta que se prueben hechos objetivos, sin que
importe si los roles desempeñados por cada cual fue producto de un acuerdo o, en cambio, de
una decisión unilateral del reclamante; vale decir que lo que se tiene en cuenta es lo que
aconteció en la realidad, más allá de las intenciones y posiciones tomadas por uno u otro
conviviente (17).
Más allá de los requisitos ut supra señalados, es dable reseñar un fallo de la Cámara de
Apelaciones de Comodoro Rivadavia que resolvió acerca de la acreditación del cumplimiento
de la etapa prejudicial de avenimiento en la compensación económica de una unión
convivencial.
En este caso, una mujer promueve demanda por compensación económica contra su ex
conviviente, manifestando haber vivido en unión convivencial con el demandado durante 25
años conformado una familia.
La jueza de primera instancia ordenó acreditar el cumplimiento de la etapa prejudicial de
avenimiento, conforme art. 88 de la ley III Nº 21 de protección integral de la niñez, la
adolescencia y la familia de la Provincia de Chubut.
En el ámbito de dicha provincia, la referida ley establece que en forma previa a la interposición
de las acciones previstas en los incs. i) y j) del art. 87 y las relativas a la atribución del hogar
conyugal como, asimismo, las cuestiones derivadas de uniones de hecho, los interesados
deberán comparecer en forma personal ante la Asesoría Civil de Familia e Incapaces (art. 88 ley
III Nº 21).
Llegados los autos al tribunal de alzada, este sostuvo que la compensación económica se
encuentra prevista tanto para la unión convivencial como para el divorcio, y si no se exige el
avenimiento para este último, no se advierte cuál sería la razón para exigirlo en las uniones
convivenciales. A su vez, entendió que la finalidad del cumplimiento de la etapa previa de
avenimiento establecida en el art. 88 de la ley III Nº 21, es lograr el acercamiento de las partes
para obtener una solución en interés de la familia y de los menores de edad, evitando
judicializar el conflicto, y en tal sentido no se advierte cuáles serían las implicancias que pudiera
llegar a tener la comparecencia ante la señora asesora de Familia en situaciones patrimoniales
donde no se encuentran involucrados derechos de niños, niñas o adolescentes.
En definitiva, hizo lugar al recurso de apelación en subsidio interpuesto y revocó el punto del
auto en crisis, debiendo continuar los autos según su estado (18).
V. Forma de la prestación compensatoria
El art. 524 del Cód. Civ. y Com. regula la forma de la prestación en la compensación
económica, estableciendo que puede consistir en: i. una prestación única; o ii. una renta.
En el caso de que no se trate de una prestación única, la norma dispone que la prestación debe
tener vigencia por un tiempo determinado, que no puede ser mayor a la duración de la unión
convivencial.
VI. Modos de pago de la compensación económica
Se prevén diversos modos de pago de la compensación económica: i) en dinero; ii) con el
usufructo de determinados bienes; y iii) de cualquier otro modo que acuerden las partes o en su
defecto decida el juez (art. 524, in fine, del Cód. Civ. y Com.).
El pago al contado se presenta como la forma óptima para alcanzar la finalidad que se propone
con la compensación económica.
Sin embargo, sin desnaturalizar su naturaleza jurídica y de menores o nulos riesgos para su
acreedor/a, en ciertos casos las circunstancias económicas en concreto pueden tornar sumamente
dificultoso su cumplimiento, máxime en un difícil contexto socio económico general (19).
Se señala que los convivientes también están facultados para celebrar un pacto en que
comprenda el establecimiento de una compensación económica (20).
VII. Pautas para la fijación judicial de la compensación económica
En el supuesto caso en que las partes no lleguen a un acuerdo respecto de la compensación
económica, el Cód. Civ. y Com. habilita al juez a decidir sobre el asunto (art. 525).
Por ende, el magistrado deberá resolver respecto a si concede o no la compensación económica
solicitada por las partes, y de ser procedente, fijar el monto que estime conveniente.
La norma del art. 525 del Cód. Civ. y Com. es una transcripción prácticamente literal del art.
442 del mismo cuerpo normativo, que refiere a la fijación judicial en caso de divorcio. En ella
quedan plasmados los requisitos que deben ser tenidos en cuenta al momento de valorar, no solo
la viabilidad del reclamo, sino el monto que debe fijar el juez (21).
La disposición bajo análisis presenta distintas circunstancias a tener en cuenta para evaluar dos
extremos: a) la procedencia, es decir, el cumplimiento de los requisitos constitutivos —
desequilibrio manifiesto y empeoramiento con causa adecuada en la convivencia y en su
ruptura—; y b) la cuantía (22).
Seguidamente, se analizan las diversas pautas enunciadas por el legislador en la norma.
VII.1. Estado patrimonial de los convivientes
La comparación de los patrimonios iniciales y finales es la primera pauta que el juez debe
valorar [art. 525, inc. a) del Cód. Civ. y Com.].
De ello se puede advertir si acaeció un aumento o una disminución del patrimonio de los
convivientes durante la unión.
Se señala que dicha valoración no puede ser realizada en forma aislada, sino que corresponde a
su vez analizar la colaboración que uno de los convivientes realizó en las actividades lucrativas
del otro. Desde que, puede suceder, que uno de los convivientes haya aumentado su patrimonio
en todo o en parte por la ayuda brindada por el otro y este no ha incrementado sus bienes en
igual medida (23).
VII.2. Dedicación a la familia y a la crianza y educación de los hijos
Por su parte, el art. 525 inc. b) del Cód. Civ. y Com. establece, entre otra de las pautas, la
dedicación que cada conviviente ofreció a la familia y a la crianza y educación de los hijos,
como también la que debe prestar con posterioridad al cese.
Desde un sector de opinión se destaca que este parámetro parece cumplir una triple función: a)
compensar las actividades realizadas en el seno del hogar, cuidando a la familia y a los hijos; b)
proteger a quien a causa de ello no pueden en el futuro desempañar una actividad laboral,
profesional o mercantil, de igual modo que lo hubiera hecho sino se dedicaba a la familia; y c)
reconocer el valor económico que tiene el cuidado de los hijos luego del cese de la vida en
común (24).
Esta última función está íntimamente relacionada con el art. 660 del Cód. Civ. y Com., que
reconoce de manera expresa las tareas realizadas por el cuidado personal. Esta disposición fue
concebida desde una clara mirada de género al otorgarle el valor económico a las tareas
cotidianas que realiza el progenitor que ha asumido el cuidado personal del hijo, el que
generalmente está a cargo de las mujeres (25).
VII.3. Edad y el estado de salud de los convivientes y de los hijos
La edad y el estado de salud de los convivientes y de los hijos también deben ser ponderados
por el magistrado [art. 525, inc. c) del Cód. Civ. y Com.].
Es dable señalar que no será la misma situación si se trata de un conviviente con un estado de
salud razonable, o de un conviviente que ostenta un estado de salud complicado o delicado, lo
que incidirá el tiempo de permanecía de estas afectaciones a la salud, sean psíquicas o
físicas (26).
Por su parte, también deberá estimarse la edad de los hijos, que hará variar en más o en menos
el espectro de sus necesidades, según la franja etaria en la que se encuentren.
VII.4. Capacitación laboral y la posibilidad de acceder a un empleo
En esta misma línea, el juez deberá valorar tanto la capacitación laboral como la posibilidad de
acceder a un empleo que tiene el conviviente peticionante de la compensación económica [art.
525, inc. d) del Cód. Civ. y Com.].
Se entiende que debe valorarse la concreta oportunidad y posibilidad de poder acceder al
mercado formal de trabajo o a capacitarse laboralmente de un modo que le permita en el futuro
acceder a recursos suficientes para su autogestión o manutención (27).
VII.5. Colaboración prestada en las actividades del otro conviviente
Por otra parte, el juez deberá apreciar la colaboración prestada a las actividades mercantiles,
industriales o profesionales del otro conviviente [art. 525, inc. e) del Cód. Civ. y Com.].
Es que, las actividades de este tipo prestadas por uno de los miembros de la pareja al otro,
revelan un valor que es cuantificable a la hora de fijar el monto de la compensación económica.
Esta norma viene a reconocer el trabajo que realizó, por lo general por mucho tiempo, el
conviviente en los negocios o emprendimientos de su pareja en la unión convivencial.
VII.6. Atribución de la vivienda familiar
La vivienda familiar puede ser atribuida a alguno de los convivientes por distintas vías: a) por
pacto de convivencia, donde se acuerda la atribución del uso a uno de sus miembros; b) por
aplicación del art. 526 del Cód. Civ. y Com., ante el cese de la convivencia —si se cumplen los
requisitos exigidos en la norma—; y c) por aplicación del art. 527 del Cód. Civ. y Com., ante la
muerte de uno de los convivientes.
Cualquiera sea la causa por la cual la vivienda familiar ha sido atribuida al conviviente, el juez
deberá valorar dicha situación a los fines de conceder o no la compensación económica
solicitada.
VIII. Plazo de caducidad de la acción de reclamación de las compensaciones económicas
El conviviente debe ejercer el reclamo por compensación económica dentro de un plazo que se
encuentra expresamente previsto en el Cód. Civ. y Com.
El art. 525, in fine, del referido código estipula un plazo de caducidad de seis meses para ejercer
la acción para reclamar la compensación económica, que debe computarse desde que se ha
producido cualquiera de las causas de finalización de la convivencia enunciadas en el art. 523
del Cód. Civ. y Com.
Entre las distintas causas del cese de la compensación económica se mencionan: a) la muerte de
uno de los convivientes; b) la sentencia firme de ausencia con presunción de fallecimiento de
uno de los convivientes; c) el matrimonio o nueva unión convivencial de uno de sus miembros;
d) el matrimonio de los convivientes; e) el mutuo acuerdo; f) la voluntad unilateral de alguno de
los convivientes notificada fehacientemente al otro; y g) el cese de la convivencia mantenida.
Trascurrido el plazo de seis meses sin que se haya accionado por compensación económica, el
derecho se extingue.
Desde un sector de opinión se critica la brevedad del plazo de caducidad establecido por la ley.
Es que, aun cuando sea de importancia poner certidumbre al reclamo judicial para la
compensación económica, de modo que no se extienda más allá de un determinado período de
haber cesado la convivencia o el vínculo, y por las particulares situaciones y circunstancias que
conlleva el inicio de una acción judicial en tal sentido, se entiende razonable que se hubiera
fijado un plazo de un año (28).
VIII.1. Algunas reflexiones sobre el plazo de caducidad
El análisis del plazo de caducidad de la compensación económica invita a reflexionar sobre
algunas cuestiones que repercuten sobre el tema.
VIII.1.a. La violencia de género
Desde las últimas décadas del siglo pasado, el flagelo de la violencia de género fue objeto de
especial preocupación en la comunidad internacional. Así, el derecho de la mujer a vivir una
vida libre de violencia, ha devenido en derecho fundamental Este fenómeno complejo y
polifacético, se expresa de las formas más variadas (29).
En este contexto, es dable recordar un novedoso fallo de la Cámara de Apelaciones en lo Civil,
Comercial, Laboral y Minería de Neuquén (30) que resolvió, desde una perspectiva de género,
dar trámite al pedido de compensación económica en una unión convivencial.
En este caso la actora, con fecha 20/09/2017, interpuso una acción judicial solicitando la
fijación de una compensación económica. Sostuvo que debió retirase del hogar e iniciar un
expediente por violencia familiar, y que durante la vida de pareja acordó con su conviviente que
ella no trabajara para poder cuidar mejor de sus dos hijos, por lo cual se encuentra desempleada.
Por su parte, el demandado se opuso, y esgrimió la falta de legitimación de la actora por haber
operado el plazo de caducidad de la procedencia de la acción de compensación económica (art.
525 del Cód. Civ. y Com.), ya que la unión convivencial cesó por finalización de la
cohabitación el día 06/02/2017, fecha en la que la actora se mudó con su hija menor de edad a
casa de su madre. En suma, entendió que el plazo de caducidad había operado el día
06/08/2017.
En este marco, el juzgado de primera instancia hizo lugar a la defensa opuesta por el demandado
y rechazó la demanda, declarando la caducidad de la acción para reclamar la compensación
económica en los términos del art. 524 del Cód. Civ. y Com. Sostuvo que el plazo de la acción
había operado al momento de la interposición de la acción, esto es, el 20/09/2017.
Seguidamente, la parte actora apeló dicho decisorio, expresando que ya había informado que la
situación de autos era grave, con una situación de vulnerabilidad muy notoria que surgía del
expediente de violencia. Agregó que el plazo de seis meses es tan exiguo que viola en forma
expresa derechos constitucionales como el de propiedad, el derecho a la intimidad, el de
peticionar cuando la persona se encuentra apta para ello, máxime cuando en situaciones de
violencia la persona no está preparada psicológicamente para decidir y actuar en tan poco plazo.
El demandado contestó los agravios y solicitó que se decrete la deserción del recurso planteado.
Llegados los autos a la Cámara de Apelaciones se decidió hacer lugar al recurso incoado,
revocar la resolución atacada y rechazar la defensa opuesta por el demandado, debiendo
continuar el trámite en la instancia de grado según su estado.
El tribunal de alzada partió del estudio del expediente sobre violencia familiar de donde surgía
que la actora se retiró de la vivienda familiar junto a su hija el 06/02/2017, tras un episodio
ocurrido entre aquella, el demandado y su hijo adolescente, y sostuvo que "...dada la especial
situación de violencia que se deriva de los hechos denunciados, la inestabilidad del grupo
familiar en esos momentos y el estado de vulnerabilidad que atravesaba en dicha ocasión la
peticionante, concluimos que el cómputo del plazo de caducidad para el ejercicio de esta acción
no pudo iniciar el mismo 06/02/2017...".
Entendió que las disposiciones del Cód. Civ. y Com., en materia de caducidad, deben
interpretarse en un diálogo de fuentes, que no puede desprenderse de las directivas dadas en las
Reglas de Brasilia sobre Acceso a la Justicia de las Personas en Condición de Vulnerabilidad, la
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y, en
especial, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
Contra la Mujer "Convención de Belem Do Para". En suma, hizo una interpretación armónica
de la normativa protectoria mencionada y el régimen aplicable a las compensaciones
económicas por finalización de la convivencia.
Creemos acertada la solución dada por el tribunal de alzada dadas las especiales circunstancias
del caso.
La importancia de valorar las características de la violencia de género según el contexto en que
ocurrieron, sumado a la interpretación de la caducidad del plazo en un diálogo de fuentes, es una
clara manifestación de la constitucionalización del derecho privado, eje central de la sanción del
Cód. Civ. y Com.
VIII.1.b. Debido asesoramiento legal
No puede dejar de soslayarse que a diferencia del juicio de divorcio en que las partes
comparecen al proceso acompañados de sus abogados, en el cese de la unión convivencial
derivada de la separación de sus miembros, tal asesoramiento, por lo general, no existe.
En efecto, desde un sector de opinión se señala que debiera existir una futura propuesta
legislativa en torno al texto del art. 525 del Cód. Civ. y Com., que contemple la posibilidad de
extender el plazo de caducidad para el caso de las uniones convivenciales, considerando que el
mismo comienza a computarse desde el inicio de la separación de las partes sin que ellas hayan
accedido a un asesoramiento previo como sí sucede en el caso del divorcio (31).
VIII.1.c. Caducidad legal
Se refiere que en el derecho a la compensación económica se está en presencia de una caducidad
de origen legal por oposición a una convencional; y nuestro ordenamiento no es materia
sustraída a la disponibilidad de las partes, razón por la cual se considera que el juez no puede
rechazar in limine litis o ex officio una pretensión de compensación sobre la base de la
caducidad de una reclamación de tal naturaleza (32).
En esta misma línea se expidió un reciente fallo de la Cámara Civil y Comercial de Junín (33).
En dicho precedente la magistrada de primera instancia declaró oficiosamente la caducidad de la
acción de compensación económica peticionada, al estimar cumplido en exceso el término de
caducidad de seis meses establecido por el art. 525 del Cód. Civ. y Com.
Por su parte, el tribunal de alzada indicó que no debe perderse de vista que conforme a lo
normado por el art. 2572 del Cód. Civ. y Com., la caducidad solo debe ser declarada de oficio
por el juez cuando está establecida por la ley y es materia sustraída a la disponibilidad de las
partes.
En este contexto, y tomando en consideración la naturaleza exclusivamente patrimonial del
pedido de compensación económica, no se encontró razón de orden público alguna, que
justifique considerar a la misma como una materia indisponible, que autorice a la declaración
oficiosa de la caducidad. Es decir, se trata de un derecho esencialmente disponible (voto del Dr.
Volta).
Asimismo, el tribunal indicó que la doctrina señala que el principio general en materia de
caducidad es que debe ser opuesta por parte interesada, al igual que acontece con la prescripción
y que solo excepcionalmente podrá ser declarada de oficio, haciendo depender las facultades del
juez de las particularidades del caso atendiendo a la naturaleza de los intereses involucrados
(voto del Dr. Guardiola).
En suma, se ordenó dejar sin efecto la caducidad oficiosamente declarada en primera instancia,
debiendo proseguir la tramitación de las presentes actuaciones por ante el Juzgado Civil y
Comercial que resulte sorteado por la receptoría general de expedientes.
IX. Diferencias con el régimen compensatorio del matrimonio
Si bien la compensación económica está prevista tanto para el matrimonio como para la unión
convivencial, existen ciertas diferencias entre la regulada en una y otra institución jurídica.
IX.1. Forma de pago de la compensación económica
Como ya se señaló, en el caso de las uniones convivenciales se presentan dos posibilidades
respecto a la forma de pago: a) la prestación única; o b) una renta por tiempo determinado que
no puede exceder de la duración que tuvo la unión convivencial.
En cambio, en relación con el matrimonio, el abanico de posibilidades es mayor; a) la prestación
única; b) una renta por tiempo determinado; y c) por un plazo indeterminado (conf. art. 441,
Cód. Civ. y Com.).
IX.2. Inicio del plazo de caducidad de la compensación económica
En el supuesto del matrimonio se fija un plazo de seis meses desde el dictado de la sentencia de
divorcio (art. 442, último párrafo, Cód. Civ. y Com.), en tanto en el caso de la unión
convivencial, también es de seis meses, pero desde que se produce cualquiera de las causales de
finalización de la convivencia (arts. 523 y 525, último párrafo, Cód. Civ. y Com.).
En otras palabras, si hubo matrimonio la compensación solo se habilita como efecto del
divorcio, en tanto que en la unión convivencial es más amplia, porque comprende también el
cese en caso de muerte de uno de sus integrantes.
Se destaca que esta disparidad lleva a reflexionar si resulta atinada la distinción. Se cree que
esta es arbitraria, porque lo que la ley debe proteger es si hubo o no desequilibrio manifiesto
durante la normal convivencia. De donde surge que al momento del "cese" de la convivencia,
cualquiera de las partes debería estar en condiciones de plantear la respectiva acción, trátese de
cónyuges o de convivientes. A lo que se agrega que, la circunstancia de que, si los cónyuges
estaban en trámite de divorcio y uno de ellos fallece antes de la sentencia de divorcio, el
supérstite no tendrá derecho a solicitar dicha compensación (34).
IX.3. El conviviente y la vocación hereditaria
Debe aclararse que, ante la muerte de uno de los convivientes, el sobreviviente no es
considerado heredero legitimario, por lo que, de existir una situación de empeoramiento
económica del conviviente supérstite, este no podrá verse apaciguado a través de los bienes que
recibirá por herencia (35).
X. Conclusiones
A modo de síntesis consignamos las siguientes conclusiones.
a) La compensación económica se presenta —a cuatro años de la entrada en vigencia del Cód.
Civ. y Com.— con límites definidos y consecuencias prácticas claras.
b) Se exhibe como una nueva herramienta que protege al miembro más débil de la pareja,
cuando al cese la dicha unión se produzca un desequilibrio económico a una de las partes.
c) Puede ser acordada por las partes a través de los pactos de convivencia; caso contrario, el juez
puede establecerlas a pedido de parte —siempre que se configuren los requisitos exigidos por la
norma—.
d) Es dable diferenciar la compensación económica de otras figuras jurídicas como: los
alimentos, el enriquecimiento sin causa y la indemnización por daños y perjuicios.
e) Son requisitos de procedencia de la compensación económica, los siguientes: i. el cese de la
convivencia; ii que se produzca un desequilibrio económico manifiesto de un conviviente
respecto del otro; iii que tal desequilibrio implique un empeoramiento en la situación económica
que tenga causa adecuada en la unión convivencial y su ruptura.
f) El Cód. Civ. y Com. regula diversas pautas que el juez debe valorar a los fines de evaluar la
procedencia y la cuantía de la compensación económica, entre ellas: i) estado patrimonial de los
convivientes; ii) dedicación a la familia y a la crianza y educación de los hijos; iii) edad y el
estado de salud de los convivientes y de los hijos; iv) capacitación laboral y la posibilidad de
acceder a un empleo; v) colaboración prestada en las actividades del otro conviviente; y vi)
atribución de la vivienda familiar.
g) El análisis de la compensación económica requiere de una mirada reflexiva sobre la
influencia de la perspectiva de género en las causas de familia.
h) El juez no puede rechazar in limine litis o ex officio una pretensión de compensación sobre la
base de la caducidad de una reclamación de tal naturaleza.

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