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Aares,+Gestor a+de+La+Revista,+11 Unidad+Cultural

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HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA UNIDAD CULTURAL HISPANOAMERICANA Vicente Sierra Prof. Vicente D. Sierra In Memoriam Este primer mimero de “Signos - Ensayos” incluye un trabajo péstumo del ilusire Profesor Vicente Dionisio Sierra, fundador de la Escuela de Historia y Le- tras, “Doctor Honoris Causa” de la Unwersidad del Salvador desde 1962, titulo que se le otorgé por su meritoria actuacidn como docente ¢ investigador. El Profesor Vicente Sierra, ilustre historiador, miembro de honor y ex-pre- sidente de la Junta de Historia Eclesidstica Argentina, trabajé en el Instituto de Investigaciones Histéricas de la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires, junto al Dr. Emilio Ravignant, al Dr. Diego Luis Motinari y af Dr. Luis Maria Terres. Fue disctpulo de José Ingenieros, de Juan Mds y Pi y del Dr. Romulo D. Carbia quien fo orienté hacia ei cultive de la ciencia histérica Su actuacién como docente fue por demds fecunda, Entre sus muchas acti- vidades, que desarrollé con reconocida capacidad pedagégica, fue Profesor de Historia de América en ei Colegio del Salvador desde 1946 hasta 1960; Profesor de Introduccién a los Estudios Histéricos, Historia de América I ¢ Historia Ar- gentina I en la Faculted de Historie y Letras de la Universidad det Salvador, donde se desempefié desde 1957, Por otra parte, invitado por el Gobierno Espa- iol, dicté cursos en 1960 en las Unwersidades de Madrid, Sevilla y Barcelona, En reconocimiento a su labor en el campo de ia ciencia histérica le fueron otorgadas dos distinciones por parte del Gobierno Espafiol: fa de “Comendador de la Orden de Isabel la Catclica”, por su obra: El sentido misional de ls conquis- ta de América y la de “Comendador de la Orden de Alfonso el Sabio”. 106 ~ HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA, Investigador incansable, se desempefs como Director del Instituto de In- vestigaciones Histéricas de la Facultad de Filosofta y Letras de la Universidad de Buenos Aires y como Vice-Director del Instituto de Historia Argentina y Amcricana de lo Fucnitod de Historia y Letras de la Universidad del Saivador, fiesde 1970, entre otros actividades, Por ofra parte, el Instituto ae Cultura His- panice de Bueno. Aires to conté entre sus miembros honorurios. Participé, ade- me's, Un aumerasos congresos nacinnales * internacionales relacionados con el quehacer nistériza, Enre sus muchus virtudes, se destacé especialmente la ae fecundo eseritor y, 2a este wentido, supe dar aportes invalorabies al campo d. te eiencia hietorica Sélo risnstunarcmos alg-na: de sus recordadas obras: C) sentiao misional de la conquists de Amétiva 1950); Asi se hizo América —bvemio “Reyes Catdlices” Gl mejor trabajc subre la obra de Esparia en América durante el siglo XVI— (1955); Historia de la Argentina, obza en once tomes, de fos que ya aparecieron acho que abarcan ta bi argentina desde 1492 asia 1890 y estén for spare cer los restantes, que -ubren los pertodos desde 1890 hasta 1930; Américo Ves- preci, un enigma histarico (7268;, Locents cuidadose de su labor, ‘noestigador infadigable y d2tado escritor, hi figure ded orufesor Vicente Sierra se nos impone comoun ejemplo fundarentel no sdle en ¢ orden de los estudios histéricus, sinu por su capacidad parc focjar discipulos creadores, herederos de su irayectocia. Los hombres de hoy viven una etapa dentro de la historia; ésta, a su vez, ha impreso un ritmo tan veloz a su desarrollo que apenas nos damos cuenta del presente cuando ya es pasado. Todas las caracteristicas de la hora actual coinciden en demos war que aos encontramos cn un momento inestable, caracteristica en que las areas sefialan la ley-muerte de algo que fue y cl amane- cer de aigo que debiera ser. El signo de Ja hora es, pues, la inestabi- fidad, Puede advertirse que, en ninguno de los muchos momentos semngjautes recogidos por la historia, la ruptura entre un pasado estimaao muerto y un futurs desconocido pero promisorio ha side absoluta y tajante. Por esta razon son caprichosas las divisiones con que, desde e! Siglo XVIIL, se ha fracturado el proceso histérico con denominaciones antojadizas como “Edad Media”, “‘Renacimiento”, “Edad Modena”, “Edad Contemporanea”, etc, Si bien estas deno- 1amaciones pueden ser utiles a ciertas finalidades didacticas, care- cen de todo valor cientitico. Lo que se quiso demostrar con ello fue ‘a existencia de ua progresismo en virtud del cual, cl hombre ibe a lograr aa> pasos cada vez mas firmes hacia un mundo mejor. HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 197 En la hora actual, para sostener tal desvario se necesita una tremenda dosis de buena fe, o la dulce ingenuidad con que los periodistas se desviven en demostrar que vivimos en la cra cdsmica, que nadie sabe en qué consiste, como no sea el que lo césmico se trueque en atémico y a fuerza de megatones suene la hora del Juicio Final, Lo histérico, © sea, ese “algo” que los historiadores procura: mos conocer con nuestros desvelos, es un misterio, porque ningin hecho es histérico por si mismo y es asi como muchas veces tene- mos que considerar histéricos, hechos ocurridos“en el pasado muy remoto, a los que durante centenares de afios nadie habia considerado tan importantes. Y es que los hechos vividos por cl hombre, en la historia. poseen un caracter singular: ¢s su trascen- dencia, su perennidad, No son ya, Han dejado de ser. Pero de alguna manera siempre son pi¢sente y se nos muestran avides de futuro. Es la gran parado- ja con que nos asombra el estudio de la historia, realizado con més seriedad y hondura que la requerida para narrar sucesos del pasado, que es a los que muchos consideran que se reduce la labor propia de los histeriadores, El Dr, Angel Castellan, distinguido exponente del saber filosé- fico argentino, dice que ¢! pasado debe ser considerado en su pa ti- cular naturaleza de algo que fue, sigue siendo, y seguira siendo en su presente, en el que inscribe notas peculiares. Y es asi, ya que si el pasado fuera realmente pasado, ao sc lo podria estudiar, porque no existiria, Se lo puede estudiar poryue —como acota Xavier Zu- biri—, la historia no es mas que una revelacion de lo que ei hombre es ya desde siempre, no como naturaleza, sino como ser estrecha- mente vinculado a las posibilidades de 1a existencia con que se ha encontrado, y que es lo que Ja Historia nos trae a ia luz. Hemos caido en el culto estipido de las cosas, y lo que es peor, de las cosas relacionadas con la economfia, hasta crear la ideologia que trata de explicar todo el vivir de los hombres como un problema simplemente econdémico. Yo creo que cuando el hombre aparecié en la tierra lo primero que pensd, que dijo, no fue “écémo haré para vivir?” ni tampoco “‘cqué hay aqui para comer?”., Greo que lo primero que debi decir es “¢cémo es vivir? ”; “‘épara que voy a seguir viviendo? “, Con razén acota el P, Quiles: “La concepcién del hombre como ser simplemente relative, sin ningin punto de apoye y sin ningin fin y meta de la existen- 108 - HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA ni cia, destruye el mismo proceso histérico del hombre porque le quita su apoyo, y cuando le concede un sentido, la historia se convierte en una serie, en un desfile irracional y arbitrario de accio- nes desconectadas entre si”. No hay Historia. Estas breves consideraciones sobre temas de tanta hondura, tan gravidos de motivos para pensar, tienden, a pesar de su obliga- do sintetismo, a ofrecer una imagen de nuestra situacién ante los interrogantes que abundan en la hora actual. Ademds, quiero desta- car que no nos alarman las promesas de mundos nuevos, como de hombres nuevos, porque lo incladible serén los hombres tal como vienen siendo desde siempre. No hay peligro de nuevos Adanes, lo que es una garantia de que no habra nuevas Evas, ibasta con las que tenemos! Se habré de producir un retorno a la fe religiosa con caracte- risticas adecuadas a nuevas posibilidades, como base de la conquis- ta de un equilibrio social, cuyas raices seran sdlidamente afirmadas sobre la tierra adornada con la imaginacién, el sentido, la fantasia y el arte de hombres capaces de comprender que lo que somos como tales es historia, o sea, es pasado hecho experiencia, tradici6n hecha impulso creador, ruta para avanzar y no para retroceder. Este problema plantea la necesidad de un diagnéstico primario ele- mental, pero frente al cual se puede ofrecer alguna medicamen- tacion efectiva. En tal sentido, nos adelantamos a sefialar que el mal de la hora, en su aporte mas visible, surge de haber pretendido sustituir al individuo por Ja masa, a la persona por el hombre, a la capacidad por la habilidad, a la ciencia por la técnica, a las élites por el comité y a Ja razon por la fuerza —inclusive por la burla-. Consecuencia de Supdner que todo es medible, incluso la ‘moral. El hombre ha roto todas las jerarquias; y como sin jerarquias no hay estados posibles, sin Estado no hay sociedad y sin sociedad no hay hombres, . En abril del afio 1975, Julian Marias decfa: “Creo que en 1976 se va a iniciar una época considerablemente distinta de la que se esta terminando. Frente al pensamiento inercial de los que cuentan con las tendencias presentes, y sobre todo aparentes, para seguir, cada vez que se me impone con mis fuerza la conviccién de que se va_a producir un cambio global en el mundo, de tal manera que todo lo que parece actual va a quedar rapidamente anticuado”. Fue una verdadera premonicién, aunque no nos convencié Ia tesis en que la apoyara. En historia, no deben dejar de computarse los HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 109 cambios generacionales; sobre todo en Ja era actual, con periodos cada vez mas cortos, lo que determina una inestabilidad cada vez mas aguda al afan de recobrar sobre el pasado y modificarlo, sobre todo si ese pasado ha perdido su voluntad de petmanencia, que es justamente lo que ocurre en la actualidad. Comprendo que en buena Teologia, ningin hombre ha nacido con derecho de gobernar a los demas, Una de las grandes finali- dades del filésofo napolitano Juan Bautista Vico fue, a fines del siglo XVII, destacar que Dios no interviene en la historia, que es obra propia del hombre, para lo cual el Supremo Hacedor lo doté de libre albedrio; para que apoyado en sus facultades de razona- miento encontrara el camino de su salvacion. Si asi no fuera, si la historia fuera regida por Dios, o por la economia, o por la etnolo- gia, o por cualquier otra cosa que tratara de liberarlo de responsa- bilidad, no habria historia de ninguna clase, ni salvacién alguna a conseguir. Con lo que queremos decir que Io que nos pasa a los hombres es sdlo y exclusivamente culpa de los hombres. Todos podemos coincidir en algunos conceptos fundamentales, y uno de ellos, destacado en su hora por Aristételes, expresa que el hombre es un ser social, es decir, necesita vivir en sociedad para poder desarrollar sus posibilidades. Una sociedad no es un conjunto de seres humanos en que cada uno aprovecha de su libertad sin mas freno que su voluntad, pues la sociedad nace, precisamente, cuando un grupo humano fija las normas a las que todos resuelven someterse y entregan las tareas de vigilar su cumplimiento a lo que llamamos el Estado. Esto presupone la ineludible exigencia de que el Estado sea confiado a algunos de los hombres que se han reuni- do. Si se pudieran conocer “fa priori” los alcances de la capacidad de cada ser, de cada uno de ellos, habriamos Ilegado a la perfec- cién suprema en materia politica. Preguntandose Rousseau cual podria ser la mejor forma de gobierno, se contestd: “Aquella que gobierne mejor”. Y la que para él ofrecfa mejores garantias era la forma aristocratica, aunque sorprenda a muchos que suponen haber leido E! Contrato Social, y no tienen en cuenta que la palabra “‘aristocracia” tenfa entonces el sentido de servidores del pueblo. En realidad, y el hecho se puede comprobar hasta en los mas primarios estadios de cultura, el Esta- do se coloca en manos de quienes se han destacado por sus servi- cios a la comunidad, mediante una valoracién subjetiva de ciertos titulos y obras, confidndolos al guerrero habil para defender la 110 - HISTORIA ¥Y CULTURA HISPANOAMERICANA comunidad con las armas, o al anciano capaz de utilizar el tesoro de su experiencia. O sea, afirmandose en valores que hoy se deno- minan elitistas en contraposicién a populares, lo que demuestra que, en materia politica, el hombre —lejos de avanzar— se ha retra- sado, Nada digno de recordar hay, en este sentido, mejor que aque: Ila frase con que la nobleza de Aragon elevara al trono a sus monarcas: “Nos, que somos igual que Vos y juntos valemos mas que Vos, os hacemos Rey, si jurdis guardar la Ley, y si no, no”. No hay una letra de mas; todo ¢s claro y concreto, todo es profun- damente democratico, o mejor dicho, todo se ajustaba a la unica democracia, aquélla en que los mejores eligen al mejor para gober- nar con las leyes fundamentales con que todos concuerdan, consi- derando la expresién del bien piblico, razon y esencia de la socie- dad. Pese a todo, pueden Jos gobernantes caer en afanes de tirania, y el pensamiento politico-religioso de la raza sale a Ia capa del hecho y a través de dos ilustres tedlogos de la Compaiia de Jesis —Mariana y Suare2—, se afirma el derecho del regicidio para poner fin a la relacion flagrante e intencionada de no guardar la ley. Pero el derecho a terminar con la tirania no es para armar el brazo asesino de cualquier pelafustan. Porque, atin para la dura tarea de Matar, se requeria titulos subjetivos semejantes a los necesarios para elegir. En el pasado de los pueblos del drea cultura hispanista, cncon- tramos a los mejores eligiendo al mejor. Asi lo comprobamos en la integracién de los cabildos, alrededor de los cuales se desenvolvia lo esencial de la vida de los pueblos. Todo ello, con la singularidad de que, simulténeamente, se hacia un culto de Ia libertad de la persona humana. La ilustre poetisa mejicana Sor Juana Inés de la Cruz escribia: “Los primeros que impusieron dominio en el mundo fueron los hechos, pues siendo todos los hombres iguales no hubicra medio que pudiera introducir Ja desigualdad que vemos, como entre rey y “vasallo, como entre noble y plebeyo .. .”. Las jerarquias no surgen de la naturaleza sino de los hechos; o sea, no todos sirven igual para todo, no todos pueden ser y hacer lo mismo. Y asi fue como la nobleza, palabra de origen aleman “que tiene un servidor y no un servide”, degenerd en un régimen que paso a ser servido y no servidor, perdiendo su destino social come clase. Los cambios generacionales determinan el cambio, y la noble- HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 111 za debe entregar la tarea de gobernar a una nueva clase: la burgue- sia, constituida en una nueva élite. La integra un nuevo tipo social —“el burgués”— un hombre que, merced a su habilidad, ha logrado reunir riquezas materiales que le permiten facilitar a la nobleza los medios monctarios que la conducirén a tener que renunciar a su destino clasista. El burgués integra un grupo dotado de ciertos principios morales notorios, espiritu creador, capacidad construc. tiva, pero tiene poco afecto por los titulos subjetivos; sélo estima los medibles. Y sin quererlo ni buscarlo, cac en el drama de crear una moral para ganar, y no ganar para sostener una moral. Hosta entonces se podta hablar de la gloria de las naciones; en lo sucesivo se hablard de ias riquezas de las nactones. Para que tal cosa ocurra fue menester una revolucién de todos los principios: lay ideas, los sentidos vitales y fundamentalmente, los religiosos, que abrieron jas paginas de la historia a la llamada Edad Moderna, cuya elaboracién venia desde el llamado Renacimiento, empefiado en sustituir cuanto no respondiera a uma concepcion racionalista y materialista de Ja vida. No es raro, por consiguiente, que con la burguesia surgiera su oponente: el socialismo, el cual llega para plantear el problema del reparto de las riquezas. Y los entonces llamados patrones y los lamados obreros, aparecen como clases gobernantes. El burgués pasara con el tiempo a ser sustituido por el empresario y el obrero por el proletario, pequeiio burgués dirigen- te. El primero, cediendo en posiciones que no le interrumpen su ideal lucrativo y el segundo, buscando que en el reparto le toquen cada vez mayor numero de cosas, con lo cual todo contribuye a la aparicién de los lamados partidos, a cuya cabeza se coloca el diri- gente, es decir, el hombre que aspira a detentar el gobierno en. virtud de una profesionalidad que logra prometiendo de nada, algo, y de poco, mucho; usando como testigo a la masa que siendo falsaria de ojos y de entendimiento —como decia Quevedo— “oye lo que no escucha y ve lo que no mira”. Yo no puedo dejar de advertir un hecho singular en la historia argentina y es que, desde 1810, nuestra historia politica se caracte- riza por su inestabilidad, No es un problema de hoy, ni de ayer, ni de anteayer, es de la primera hora. El mimero de tipos de institu- ciones —de organizaciones politicas que se suceden desde el afio 1810 hasta 1830—, revela una inestabilidad extraordinaria, porque frente al problema con que aquellos hombres se encuentran inespe- yadamente —pues lo que ocurre el 25 de Mayo no responde, en 112- HISTORIA ¥Y CULTURA HISPANOAMERICANA i absoluto, a ningin factor interno, sino a factores externos—, se encuentran de pronto con un panorama en que lo primero que tienen que resolver es el problema del poder; no es un problema de Estado ni politico, es: simplemente el problema del poder. Circuns- tancias especiales han colocado a un grupo de gente que no repre- senta sino a una ciudad en la terrible responsabilidad de afrontar y tomar sobre si lo que significa gobernar el Virreynato del Rio de la Plata, De inmediato también se escuchan las censuras en el propio sistema, porque es tan importante la gestion de poder que lo pri- mero que se contesta es: “Yo no tengo porqué obedecer a la Junta de Mayo” —, lo.dice Montevideo y eriseguida, Paraguay. Hay inquie- tudes en Cordoba, hay inquietudes en el Alto Pera, No se tiene mayor informacién; el conocimiento de los hechos es muy precario. Hay intereses en juego. Hay algo nuevo, porque la formacion del Rio de Ja Plata aparece como algo nuevo en la historia de América. Y con la formacién de este Virreynato coincide el surgimiento del funcio- nario de carrera, el burécrata. Ah... iE] burécrata! En una em- bajada hay una bandera; una revolucién dramdtica determina un cambio en ese pais que también importa un cambio de bandera, y el mismo funcionario que una hora antes levantaba la bandera vieja, ahora levanta ia nueva. Porque para un burécrata es impor- tante conservar el puesto, su estabilidad, su carrera, su oficio, su profesion. . , El liderazgo ya no es la nueva organizacion, porque el lideraz- go significa la introduccién de una nueva organizacién, en la cual, aunque no se diga con toda claridad, porque nunca se dijo con toda claridad, ya no somos dependencia de los Reyes de Castilla, sino, provincias ultramarinas de Espafia. Hasta ese momento nos defendiamos de Espafia; que se gobernaba con un Consejo Real de Castilla, y América se gobernaba con un Consejo Real de las Indias. Eran dos Consejos de un mismo rey. En algan momento, ese mismo rey, podia, por razones de herencia, ser —como fue Felipe II— simultancamente rey de Portugal y de Espafia. Y acd peledba- mos contra Portugal en la Colonia del Sacramento, Les ibamos a pelear a todos. O sea, hay un cambio. Y la Junta tiene que apagar ese peligro burocratico que consiste, simplemente, en que esa buro- cracia pueda aceptar gobernar con José Bonaparte. Porque la alta nobleza espaiiola ha dicho también: “Siempre hijos de Bonaparte, pues sigamos con José Bonaparte”. No era un peligro falso, no era una equivocacién. Era una realidad. HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 113 Esos periodos fueron de inestabilidad absoluta. Fueron veinte afios en que se ensayaron todas las formas habidas y por haber; no se sabe para qué, porque realmente no hubo ninguna posicion. La mayoria era monarquista, pero sin monarea para elegir. La monar- quia es un régimen que tiene sus exigencias legales: la legitimidad. Algunos paises tienen sobre eso una manga mds ancha que los otros; los ingleses se pudieron dar un rey que ni siquiera hablaba una palabra de inglés, sino que hablaba todo en aleman, porque el aleman cs mas cristiano. De ahi nacié cl Parlamentarismo ..., no el Parlamentarismo, sino el dominio de los ministros que no podian hablar con el rey simplemente porque no se entendian. Pero para nosotros, si nos hubieran traido a un inglés o a un francés que hablara en “champurrias”, evidentemente no hubiera cuajado. Pero nadie pensaba en la Republica; era una mala palabra, ya que la tmica republica conocida era la francesa. Y ésta, como ejem- plo, era muy buena para asustar a los chicos que no querian ir a la cama o no quer{an tomar la sopa, pero como régimen para imitarlo no tenia nada de ideal. éQué perfodos hemos tenido tranquilos? Tranquilos en el buen sentido, ya que un pueblo tranquilo puede ser un pueblo muerto. Me reficro mas bien a una estabilidad. La estabilidad en la Argentina comienza en el afio 20 y Lega hasta el -..90. é¥aqué Iegamos? iDictadura o fraude electoral! iNo hay nada mas que hacer! O de Rosas, o bien de Sarmiento, Alber- di o Roca, en que todas las leyes se basaban en la opinién popular; icomo si el pueblo pudiera tener opinion! ... La opinién la tienen los hombres, cada uno de Uds. puede tener opinidn. Pero, équé ocurre?, Ocurre lo que todos sabemos, lo que ocurre en Europa, ocurre entre nosotros —pero entre nosotros es que resolvemos hacernos liberales~. Nos hicimos liberales antes de ser burgueses, ¢ importamos socialismo antes de tener proletarios. Consideramos que para asegurar la independencia politica tendria- mos que prescindir de nuestra genealogia, por consiguiente, de nuestra cultura, de nuestras raices, de nuestra razon de ser como pueblo. Quisimos terminar con los tradicionalismos y nos dimos la mejor ley electoral del mundo, y desde que entré a funcionar, sdlo cuatro electos para presidir el gobierno del pais lograron hacerlo cubriendo la totalidad del periodo constitucional. Pero, dos de éstos, que fueron reelectos, no pudieron terminar el nuevo periodo. Al lanzar esta ley su autor dijo: “Quiera el Pueblo votar”. Fue un error. Debid decir “Sepa el Pueblo votar”. 114- HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA éQuién ha fracasado? No busquemos tapar el sol con un agu- jero. Fracasé la ensefianza, que no ha sabido formar una conciencia nacional, porque hizo de la ensefianza de la historia —que debe ser uma cosa viva— algo muerto que debe aprenderse de memoria, a través de textos sin sensibilidad, sin trascendencia y sin horizontes. Fracasé un régimen de vida que slo apuntd al derroche porque fue regido por la envidia que dejé de lado todas las reglas morales, con tal que tener algo mas que el vecino de al lado. Fracasé un sistema politico absurdo; fracasd el régimen de los partidos; fraca- saron el liberalismo y el estatismo. La burguesia qued6 adormecida y el proletariado manejado por un dirigismo vido de beneficios, personales. Fracasaron los dirigentes y fracas, inclusive, el pueblo. Y una yez mas, como en ocasiones anteriores, nunca tan graves, miramos hacia los cuarteles para que de ellos viniera quien nos librara del caos hacia donde corriamos imprevisiblemente. La apelacién a los cuarteles no fue siempre —no fue nunca— un remedio curativo; pero fue un ‘‘calmante beneficioso” y, sobre todo, una experiencia que los militares necesitaban, pues en todos los casos fueron literalmente obligados a actuar sin haberse prepara- do para hacerlo. Con diferencias, mas de detalles que de fondo, el hecho se fue repitiendo en todo el continente y en este momento, ocho de los diez estados nacionales del continente estan en manos. de militares. Hecho impuesto en todos ellos por reaiidades histd- ricas incuestionables y mas o menos semejantes en lo esencial. La Historia es experiencia pura y quien no la comprende, no advertira la trascendencia de estos hechos que sefialan la carencia de grupos sociales con derecho a gobernar, Un avezado analista politico norteamericano, James Burham, a quien esta realidad no le pas6 por alto, dice: ‘‘El ejército se conver- tira, sin duda, en una vasta arena, donde se definiran. las luchas de los ambiciosos y de los poderosos. De sus filas saldrén una parte considerable de la clase gobernante del futuro y ejercer4 una gran influencia, quizds una influencia decisiva, en el equilibrio social”. Al haber dicho esto se referia, no a nosotros, sino a su pais, los E.E.U.U. No erraba al decir todo esto. En estos dias ha bastado que un coronel dijera alguna inconveniencia para que toda Norte: américa, oficial y no oficial, advirtiera que también en ella una opinién militar cuenta politicamente; y como no contar cuando es notorio que los mas capaces, dedicados a sus esfuerzos materiales, HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 115 dejen de lado cumplir con los deberes de sostener con eficiencia el sistema en el que apoyan sus derechos. La semana pasada, el Gobemador de la Provincia de Buenos Aires, en una reunion de empresarios, dijo: “Ustedes, en general, son hombres de éxito, emprendedores, que han sabido imponer sus productos, que han generado fuentes de trabajo, que perfeccionan a diario el sistema productivo, que proveen divisas, que concentran una parte importante del poder econdmico, por eso es mas inexpli- cable que no ocupen con todo su poder el puesto de lucha que les corresponde en el terreno de la ideologfa y libertad de prensa del sistema”. Dicho lo cual, preguntd: ‘‘éCuantas horas de trabajo dedi- can a defender nuestro estilo de vida, o més ain, para pasar a la ofensiva?’”’ No hubo respuesta. Y no podia haberla, porque el mundo del empresario nace y mucre en la empresa, por cuanto pierde el valor politico como clase. Ese equilibrio que la sociedad reclama no tiene hoy otra pers- pectiva que la sefialada por Burham, porque las Fuerzas Armadas, en todos los grados, desde el Comandante en Jefe hasta el dltimo soldado, tienen un mismo origen: la comunidad representada por hombres de todas las clases sociales; y por su estructura jerarquica constituye una clase que, ademas —y esto es fundamental— se apo- ya en algunas premisas fundamentales tradicionales que constituyen valores jerarquicos que integran expresiones esenciales de tipo cul- tural; por ejemplo, los valores espirituales heredados, no como afan de retorne sino como afirmacién del futuro, apoyados en el ideario de sus maximos capitanes que lucharon por terminar con un siste- ma politico, pero no con un sistema de vida. Frente a todo esto se impone enfrentar con fe, amor y convic- cién la tarea, para mi fundamental, que es la de crear una concien- cia nacional; tarea cuyo liderazgo tiene que ser ejercido por nuestra Argentina. La debilidad de nuestra historia y la de América es su desunién, y ésta es la conciencia de una carencia, ademas, de una carencia histérica hecha a base de anécdotas o de hechos sin ningu- na trascendencia formativa. Basta revisar la literatura diddctica en uso para advertir que en todas ellas falta lo realmente histérico para lograt una conciencia nacional. De ahi que las consignas san- martinianas y bolivarianas fueran sefalar la necesidad de afirmar la unidad continental, no como un menester politico ni como opera- cién comercial, sino como acto de fe impuesto por la conciencia imperiosa de nuestro destino en la contienda continental forjada 116 - HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA 0 por la conyuncién de la Cruz y la Espada, custodia de los valores culturales que tal empresa comporta. Cualquiera sea el grupo social que mafiana se sienta con titu- Jos legitimos para gobernar, cualquiera sea el régimen institucional que se adopte, si no se comprende que el empefo tiene que redu- cirse a recuperar la obra que Espafia no pudo terminar, y termi- narla nosotros: argentinos, chilenos, peruanos, colombiamos, vene- zolanos, etc., cada cual dentro de su propio predio y todos en los de los demas; la periodicidad en los fracasos haré de América la mas alta expresién del corso y el ricorso sefalados por Vico, sin llegar nunca a un destino. Para realizarlo es preciso recurrir tanto a la fantas/a como a la contabilidad; mas a la fantasia que a la contabi- lidad; a Ja poesia mas que a los saldos de la balanza comercial, comprendiendo que aiin los beneficios materiales que son respe- tables, vendran con mayor generosidad por amor que por cAlculo. Ganaremos mas dando como fueron dando San Martin y Bolivar. No es tarea facil, pero tampoco dificil. Es lenta pero grata. Quizas con la Iglesia y la Universidad y con ésta, Jas escuelas y los colegios, el triunfo estaré de nuestro lado. Las Universidades Privadas Ameri. canas, sobre todo, deben comenzar la tarea moviendo los grandes motivos culturales de unidad, antes de que los lunfardismos de la incultura nos separen por el idioma dentro de nuestro propio pais. EI viraje al pasado con sentido cientifico y no por razones de proselitismo politico, fomentando los intercambios de hombres e ideas, de intelectuales y profesores, elevando los valores de nuestras representaciones culturales para que sean menos diplomdaticas y mas cultas; fomentar el intercambio bibliografico, es decir, realizar la labor paciente de unir grano a grano, para que en el futuro se pueda afirmar el ideal de San Martin y Bolivar sobre un sdlido basamento espiritual que tenga como ensefia la conviccién de que en la vida de los pueblos, todo lo que no es tradicion es fragil y que el plagio no es materia apropiada para construcciones trascen- dentales, Lo hispanoamericano es algo de la mas grande empresa de transculturacién que registra la historia de los hombres; continuarla hasta sus Gltimos fines dentro de nuestro predio, es nuestro des- tino. Cumplamos con él. No dejemos a nuestros descendientes la tarea de lorar por lo que nosotros no supimos realizar.

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