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HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA
UNIDAD CULTURAL
HISPANOAMERICANA
Vicente Sierra
Prof. Vicente D. Sierra
In Memoriam
Este primer mimero de “Signos - Ensayos” incluye un trabajo péstumo del
ilusire Profesor Vicente Dionisio Sierra, fundador de la Escuela de Historia y Le-
tras, “Doctor Honoris Causa” de la Unwersidad del Salvador desde 1962, titulo
que se le otorgé por su meritoria actuacidn como docente ¢ investigador.
El Profesor Vicente Sierra, ilustre historiador, miembro de honor y ex-pre-
sidente de la Junta de Historia Eclesidstica Argentina, trabajé en el Instituto de
Investigaciones Histéricas de la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad
de Buenos Aires, junto al Dr. Emilio Ravignant, al Dr. Diego Luis Motinari y af
Dr. Luis Maria Terres.
Fue disctpulo de José Ingenieros, de Juan Mds y Pi y del Dr. Romulo D.
Carbia quien fo orienté hacia ei cultive de la ciencia histérica
Su actuacién como docente fue por demds fecunda, Entre sus muchas acti-
vidades, que desarrollé con reconocida capacidad pedagégica, fue Profesor de
Historia de América en ei Colegio del Salvador desde 1946 hasta 1960; Profesor
de Introduccién a los Estudios Histéricos, Historia de América I ¢ Historia Ar-
gentina I en la Faculted de Historie y Letras de la Universidad det Salvador,
donde se desempefié desde 1957, Por otra parte, invitado por el Gobierno Espa-
iol, dicté cursos en 1960 en las Unwersidades de Madrid, Sevilla y Barcelona,
En reconocimiento a su labor en el campo de ia ciencia histérica le fueron
otorgadas dos distinciones por parte del Gobierno Espafiol: fa de “Comendador
de la Orden de Isabel la Catclica”, por su obra: El sentido misional de ls conquis-
ta de América y la de “Comendador de la Orden de Alfonso el Sabio”.106 ~ HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA,
Investigador incansable, se desempefs como Director del Instituto de In-
vestigaciones Histéricas de la Facultad de Filosofta y Letras de la Universidad
de Buenos Aires y como Vice-Director del Instituto de Historia Argentina y
Amcricana de lo Fucnitod de Historia y Letras de la Universidad del Saivador,
fiesde 1970, entre otros actividades, Por ofra parte, el Instituto ae Cultura His-
panice de Bueno. Aires to conté entre sus miembros honorurios. Participé, ade-
me's, Un aumerasos congresos nacinnales * internacionales relacionados con el
quehacer nistériza,
Enre sus muchus virtudes, se destacé especialmente la ae fecundo eseritor
y, 2a este wentido, supe dar aportes invalorabies al campo d. te eiencia hietorica
Sélo risnstunarcmos alg-na: de sus recordadas obras: C) sentiao misional de la
conquists de Amétiva 1950); Asi se hizo América —bvemio “Reyes Catdlices”
Gl mejor trabajc subre la obra de Esparia en América durante el siglo XVI—
(1955); Historia de la Argentina, obza en once tomes, de fos que ya aparecieron
acho que abarcan ta bi argentina desde 1492 asia 1890 y estén for spare
cer los restantes, que -ubren los pertodos desde 1890 hasta 1930; Américo Ves-
preci, un enigma histarico (7268;,
Locents cuidadose de su labor, ‘noestigador infadigable y d2tado escritor,
hi figure ded orufesor Vicente Sierra se nos impone comoun ejemplo fundarentel
no sdle en ¢ orden de los estudios histéricus, sinu por su capacidad parc focjar
discipulos creadores, herederos de su irayectocia.
Los hombres de hoy viven una etapa dentro de la historia;
ésta, a su vez, ha impreso un ritmo tan veloz a su desarrollo que
apenas nos damos cuenta del presente cuando ya es pasado.
Todas las caracteristicas de la hora actual coinciden en demos
war que aos encontramos cn un momento inestable, caracteristica
en que las areas sefialan la ley-muerte de algo que fue y cl amane-
cer de aigo que debiera ser. El signo de Ja hora es, pues, la inestabi-
fidad,
Puede advertirse que, en ninguno de los muchos momentos
semngjautes recogidos por la historia, la ruptura entre un pasado
estimaao muerto y un futurs desconocido pero promisorio ha side
absoluta y tajante. Por esta razon son caprichosas las divisiones con
que, desde e! Siglo XVIIL, se ha fracturado el proceso histérico con
denominaciones antojadizas como “Edad Media”, “‘Renacimiento”,
“Edad Modena”, “Edad Contemporanea”, etc, Si bien estas deno-
1amaciones pueden ser utiles a ciertas finalidades didacticas, care-
cen de todo valor cientitico. Lo que se quiso demostrar con ello
fue ‘a existencia de ua progresismo en virtud del cual, cl hombre
ibe a lograr aa> pasos cada vez mas firmes hacia un mundo mejor.HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 197
En la hora actual, para sostener tal desvario se necesita una
tremenda dosis de buena fe, o la dulce ingenuidad con que los
periodistas se desviven en demostrar que vivimos en la cra cdsmica,
que nadie sabe en qué consiste, como no sea el que lo césmico se
trueque en atémico y a fuerza de megatones suene la hora del
Juicio Final,
Lo histérico, © sea, ese “algo” que los historiadores procura:
mos conocer con nuestros desvelos, es un misterio, porque ningin
hecho es histérico por si mismo y es asi como muchas veces tene-
mos que considerar histéricos, hechos ocurridos“en el pasado
muy remoto, a los que durante centenares de afios nadie habia
considerado tan importantes. Y es que los hechos vividos por cl
hombre, en la historia. poseen un caracter singular: ¢s su trascen-
dencia, su perennidad,
No son ya, Han dejado de ser. Pero de alguna manera siempre
son pi¢sente y se nos muestran avides de futuro. Es la gran parado-
ja con que nos asombra el estudio de la historia, realizado con més
seriedad y hondura que la requerida para narrar sucesos del pasado,
que es a los que muchos consideran que se reduce la labor propia
de los histeriadores,
El Dr, Angel Castellan, distinguido exponente del saber filosé-
fico argentino, dice que ¢! pasado debe ser considerado en su pa ti-
cular naturaleza de algo que fue, sigue siendo, y seguira siendo en
su presente, en el que inscribe notas peculiares. Y es asi, ya que si
el pasado fuera realmente pasado, ao sc lo podria estudiar, porque
no existiria, Se lo puede estudiar poryue —como acota Xavier Zu-
biri—, la historia no es mas que una revelacion de lo que ei hombre
es ya desde siempre, no como naturaleza, sino como ser estrecha-
mente vinculado a las posibilidades de 1a existencia con que se ha
encontrado, y que es lo que Ja Historia nos trae a ia luz.
Hemos caido en el culto estipido de las cosas, y lo que es
peor, de las cosas relacionadas con la economfia, hasta crear la
ideologia que trata de explicar todo el vivir de los hombres como
un problema simplemente econdémico. Yo creo que cuando el
hombre aparecié en la tierra lo primero que pensd, que dijo, no
fue “écémo haré para vivir?” ni tampoco “‘cqué hay aqui para
comer?”., Greo que lo primero que debi decir es “¢cémo es
vivir? ”; “‘épara que voy a seguir viviendo? “, Con razén acota el P,
Quiles: “La concepcién del hombre como ser simplemente relative,
sin ningin punto de apoye y sin ningin fin y meta de la existen-108 - HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA
ni
cia, destruye el mismo proceso histérico del hombre porque le
quita su apoyo, y cuando le concede un sentido, la historia se
convierte en una serie, en un desfile irracional y arbitrario de accio-
nes desconectadas entre si”. No hay Historia.
Estas breves consideraciones sobre temas de tanta hondura,
tan gravidos de motivos para pensar, tienden, a pesar de su obliga-
do sintetismo, a ofrecer una imagen de nuestra situacién ante los
interrogantes que abundan en la hora actual. Ademds, quiero desta-
car que no nos alarman las promesas de mundos nuevos, como de
hombres nuevos, porque lo incladible serén los hombres tal como
vienen siendo desde siempre. No hay peligro de nuevos Adanes, lo
que es una garantia de que no habra nuevas Evas, ibasta con las
que tenemos!
Se habré de producir un retorno a la fe religiosa con caracte-
risticas adecuadas a nuevas posibilidades, como base de la conquis-
ta de un equilibrio social, cuyas raices seran sdlidamente afirmadas
sobre la tierra adornada con la imaginacién, el sentido, la fantasia
y el arte de hombres capaces de comprender que lo que somos
como tales es historia, o sea, es pasado hecho experiencia, tradici6n
hecha impulso creador, ruta para avanzar y no para retroceder.
Este problema plantea la necesidad de un diagnéstico primario ele-
mental, pero frente al cual se puede ofrecer alguna medicamen-
tacion efectiva. En tal sentido, nos adelantamos a sefialar que el
mal de la hora, en su aporte mas visible, surge de haber pretendido
sustituir al individuo por Ja masa, a la persona por el hombre, a la
capacidad por la habilidad, a la ciencia por la técnica, a las élites
por el comité y a Ja razon por la fuerza —inclusive por la burla-.
Consecuencia de Supdner que todo es medible, incluso la ‘moral. El
hombre ha roto todas las jerarquias; y como sin jerarquias no hay
estados posibles, sin Estado no hay sociedad y sin sociedad no hay
hombres, .
En abril del afio 1975, Julian Marias decfa: “Creo que en 1976
se va a iniciar una época considerablemente distinta de la que se
esta terminando. Frente al pensamiento inercial de los que cuentan
con las tendencias presentes, y sobre todo aparentes, para seguir,
cada vez que se me impone con mis fuerza la conviccién de que se
va_a producir un cambio global en el mundo, de tal manera que
todo lo que parece actual va a quedar rapidamente anticuado”. Fue
una verdadera premonicién, aunque no nos convencié Ia tesis en
que la apoyara. En historia, no deben dejar de computarse losHISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 109
cambios generacionales; sobre todo en Ja era actual, con periodos
cada vez mas cortos, lo que determina una inestabilidad cada vez
mas aguda al afan de recobrar sobre el pasado y modificarlo, sobre
todo si ese pasado ha perdido su voluntad de petmanencia, que es
justamente lo que ocurre en la actualidad.
Comprendo que en buena Teologia, ningin hombre ha nacido
con derecho de gobernar a los demas, Una de las grandes finali-
dades del filésofo napolitano Juan Bautista Vico fue, a fines del
siglo XVII, destacar que Dios no interviene en la historia, que es
obra propia del hombre, para lo cual el Supremo Hacedor lo doté
de libre albedrio; para que apoyado en sus facultades de razona-
miento encontrara el camino de su salvacion. Si asi no fuera, si la
historia fuera regida por Dios, o por la economia, o por la etnolo-
gia, o por cualquier otra cosa que tratara de liberarlo de responsa-
bilidad, no habria historia de ninguna clase, ni salvacién alguna a
conseguir. Con lo que queremos decir que Io que nos pasa a los
hombres es sdlo y exclusivamente culpa de los hombres.
Todos podemos coincidir en algunos conceptos fundamentales,
y uno de ellos, destacado en su hora por Aristételes, expresa que el
hombre es un ser social, es decir, necesita vivir en sociedad para
poder desarrollar sus posibilidades. Una sociedad no es un conjunto
de seres humanos en que cada uno aprovecha de su libertad sin
mas freno que su voluntad, pues la sociedad nace, precisamente,
cuando un grupo humano fija las normas a las que todos resuelven
someterse y entregan las tareas de vigilar su cumplimiento a lo que
llamamos el Estado. Esto presupone la ineludible exigencia de que
el Estado sea confiado a algunos de los hombres que se han reuni-
do. Si se pudieran conocer “fa priori” los alcances de la capacidad
de cada ser, de cada uno de ellos, habriamos Ilegado a la perfec-
cién suprema en materia politica.
Preguntandose Rousseau cual podria ser la mejor forma de
gobierno, se contestd: “Aquella que gobierne mejor”. Y la que
para él ofrecfa mejores garantias era la forma aristocratica, aunque
sorprenda a muchos que suponen haber leido E! Contrato Social, y
no tienen en cuenta que la palabra “‘aristocracia” tenfa entonces el
sentido de servidores del pueblo. En realidad, y el hecho se puede
comprobar hasta en los mas primarios estadios de cultura, el Esta-
do se coloca en manos de quienes se han destacado por sus servi-
cios a la comunidad, mediante una valoracién subjetiva de ciertos
titulos y obras, confidndolos al guerrero habil para defender la110 - HISTORIA ¥Y CULTURA HISPANOAMERICANA
comunidad con las armas, o al anciano capaz de utilizar el tesoro
de su experiencia. O sea, afirmandose en valores que hoy se deno-
minan elitistas en contraposicién a populares, lo que demuestra
que, en materia politica, el hombre —lejos de avanzar— se ha retra-
sado, Nada digno de recordar hay, en este sentido, mejor que aque:
Ila frase con que la nobleza de Aragon elevara al trono a sus
monarcas: “Nos, que somos igual que Vos y juntos valemos mas
que Vos, os hacemos Rey, si jurdis guardar la Ley, y si no, no”.
No hay una letra de mas; todo ¢s claro y concreto, todo es profun-
damente democratico, o mejor dicho, todo se ajustaba a la unica
democracia, aquélla en que los mejores eligen al mejor para gober-
nar con las leyes fundamentales con que todos concuerdan, consi-
derando la expresién del bien piblico, razon y esencia de la socie-
dad.
Pese a todo, pueden Jos gobernantes caer en afanes de tirania,
y el pensamiento politico-religioso de la raza sale a Ia capa del
hecho y a través de dos ilustres tedlogos de la Compaiia de Jesis
—Mariana y Suare2—, se afirma el derecho del regicidio para poner
fin a la relacion flagrante e intencionada de no guardar la ley. Pero
el derecho a terminar con la tirania no es para armar el brazo
asesino de cualquier pelafustan. Porque, atin para la dura tarea de
Matar, se requeria titulos subjetivos semejantes a los necesarios
para elegir.
En el pasado de los pueblos del drea cultura hispanista, cncon-
tramos a los mejores eligiendo al mejor. Asi lo comprobamos en la
integracién de los cabildos, alrededor de los cuales se desenvolvia
lo esencial de la vida de los pueblos. Todo ello, con la singularidad
de que, simulténeamente, se hacia un culto de Ia libertad de la
persona humana.
La ilustre poetisa mejicana Sor Juana Inés de la Cruz escribia:
“Los primeros que impusieron dominio en el mundo fueron los
hechos, pues siendo todos los hombres iguales no hubicra medio
que pudiera introducir Ja desigualdad que vemos, como entre rey y
“vasallo, como entre noble y plebeyo .. .”. Las jerarquias no surgen
de la naturaleza sino de los hechos; o sea, no todos sirven igual para
todo, no todos pueden ser y hacer lo mismo. Y asi fue como la
nobleza, palabra de origen aleman “que tiene un servidor y no un
servide”, degenerd en un régimen que paso a ser servido y no
servidor, perdiendo su destino social come clase.
Los cambios generacionales determinan el cambio, y la noble-HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 111
za debe entregar la tarea de gobernar a una nueva clase: la burgue-
sia, constituida en una nueva élite. La integra un nuevo tipo social
—“el burgués”— un hombre que, merced a su habilidad, ha logrado
reunir riquezas materiales que le permiten facilitar a la nobleza los
medios monctarios que la conducirén a tener que renunciar a su
destino clasista. El burgués integra un grupo dotado de ciertos
principios morales notorios, espiritu creador, capacidad construc.
tiva, pero tiene poco afecto por los titulos subjetivos; sélo estima
los medibles. Y sin quererlo ni buscarlo, cac en el drama de crear
una moral para ganar, y no ganar para sostener una moral.
Hosta entonces se podta hablar de la gloria de las naciones; en
lo sucesivo se hablard de ias riquezas de las nactones. Para que tal
cosa ocurra fue menester una revolucién de todos los principios:
lay ideas, los sentidos vitales y fundamentalmente, los religiosos,
que abrieron jas paginas de la historia a la llamada Edad Moderna,
cuya elaboracién venia desde el llamado Renacimiento, empefiado
en sustituir cuanto no respondiera a uma concepcion racionalista y
materialista de Ja vida. No es raro, por consiguiente, que con la
burguesia surgiera su oponente: el socialismo, el cual llega para
plantear el problema del reparto de las riquezas. Y los entonces
llamados patrones y los lamados obreros, aparecen como clases
gobernantes. El burgués pasara con el tiempo a ser sustituido por el
empresario y el obrero por el proletario, pequeiio burgués dirigen-
te. El primero, cediendo en posiciones que no le interrumpen su
ideal lucrativo y el segundo, buscando que en el reparto le toquen
cada vez mayor numero de cosas, con lo cual todo contribuye a la
aparicién de los lamados partidos, a cuya cabeza se coloca el diri-
gente, es decir, el hombre que aspira a detentar el gobierno en.
virtud de una profesionalidad que logra prometiendo de nada, algo,
y de poco, mucho; usando como testigo a la masa que siendo
falsaria de ojos y de entendimiento —como decia Quevedo— “oye
lo que no escucha y ve lo que no mira”.
Yo no puedo dejar de advertir un hecho singular en la historia
argentina y es que, desde 1810, nuestra historia politica se caracte-
riza por su inestabilidad, No es un problema de hoy, ni de ayer, ni
de anteayer, es de la primera hora. El mimero de tipos de institu-
ciones —de organizaciones politicas que se suceden desde el afio
1810 hasta 1830—, revela una inestabilidad extraordinaria, porque
frente al problema con que aquellos hombres se encuentran inespe-
yadamente —pues lo que ocurre el 25 de Mayo no responde, en112- HISTORIA ¥Y CULTURA HISPANOAMERICANA
i
absoluto, a ningin factor interno, sino a factores externos—, se
encuentran de pronto con un panorama en que lo primero que
tienen que resolver es el problema del poder; no es un problema de
Estado ni politico, es: simplemente el problema del poder. Circuns-
tancias especiales han colocado a un grupo de gente que no repre-
senta sino a una ciudad en la terrible responsabilidad de afrontar y
tomar sobre si lo que significa gobernar el Virreynato del Rio de la
Plata, De inmediato también se escuchan las censuras en el propio
sistema, porque es tan importante la gestion de poder que lo pri-
mero que se contesta es: “Yo no tengo porqué obedecer a la Junta
de Mayo” —, lo.dice Montevideo y eriseguida, Paraguay. Hay inquie-
tudes en Cordoba, hay inquietudes en el Alto Pera, No se tiene mayor
informacién; el conocimiento de los hechos es muy precario. Hay
intereses en juego. Hay algo nuevo, porque la formacion del Rio de
Ja Plata aparece como algo nuevo en la historia de América. Y con
la formacién de este Virreynato coincide el surgimiento del funcio-
nario de carrera, el burécrata. Ah... iE] burécrata! En una em-
bajada hay una bandera; una revolucién dramdtica determina un
cambio en ese pais que también importa un cambio de bandera, y
el mismo funcionario que una hora antes levantaba la bandera
vieja, ahora levanta ia nueva. Porque para un burécrata es impor-
tante conservar el puesto, su estabilidad, su carrera, su oficio, su
profesion. . ,
El liderazgo ya no es la nueva organizacion, porque el lideraz-
go significa la introduccién de una nueva organizacién, en la cual,
aunque no se diga con toda claridad, porque nunca se dijo con
toda claridad, ya no somos dependencia de los Reyes de Castilla,
sino, provincias ultramarinas de Espafia. Hasta ese momento nos
defendiamos de Espafia; que se gobernaba con un Consejo Real de
Castilla, y América se gobernaba con un Consejo Real de las Indias.
Eran dos Consejos de un mismo rey. En algan momento, ese
mismo rey, podia, por razones de herencia, ser —como fue Felipe
II— simultancamente rey de Portugal y de Espafia. Y acd peledba-
mos contra Portugal en la Colonia del Sacramento, Les ibamos a
pelear a todos. O sea, hay un cambio. Y la Junta tiene que apagar
ese peligro burocratico que consiste, simplemente, en que esa buro-
cracia pueda aceptar gobernar con José Bonaparte. Porque la alta
nobleza espaiiola ha dicho también: “Siempre hijos de Bonaparte,
pues sigamos con José Bonaparte”. No era un peligro falso, no era
una equivocacién. Era una realidad.HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 113
Esos periodos fueron de inestabilidad absoluta. Fueron veinte
afios en que se ensayaron todas las formas habidas y por haber; no
se sabe para qué, porque realmente no hubo ninguna posicion. La
mayoria era monarquista, pero sin monarea para elegir. La monar-
quia es un régimen que tiene sus exigencias legales: la legitimidad.
Algunos paises tienen sobre eso una manga mds ancha que los
otros; los ingleses se pudieron dar un rey que ni siquiera hablaba
una palabra de inglés, sino que hablaba todo en aleman, porque el
aleman cs mas cristiano. De ahi nacié cl Parlamentarismo ..., no el
Parlamentarismo, sino el dominio de los ministros que no podian
hablar con el rey simplemente porque no se entendian. Pero para
nosotros, si nos hubieran traido a un inglés o a un francés que
hablara en “champurrias”, evidentemente no hubiera cuajado.
Pero nadie pensaba en la Republica; era una mala palabra, ya
que la tmica republica conocida era la francesa. Y ésta, como ejem-
plo, era muy buena para asustar a los chicos que no querian ir a la
cama o no quer{an tomar la sopa, pero como régimen para imitarlo
no tenia nada de ideal. éQué perfodos hemos tenido tranquilos?
Tranquilos en el buen sentido, ya que un pueblo tranquilo puede
ser un pueblo muerto. Me reficro mas bien a una estabilidad. La
estabilidad en la Argentina comienza en el afio 20 y Lega hasta el
-..90. é¥aqué Iegamos? iDictadura o fraude electoral! iNo
hay nada mas que hacer! O de Rosas, o bien de Sarmiento, Alber-
di o Roca, en que todas las leyes se basaban en la opinién popular;
icomo si el pueblo pudiera tener opinion! ... La opinién la tienen
los hombres, cada uno de Uds. puede tener opinidn.
Pero, équé ocurre?, Ocurre lo que todos sabemos, lo que
ocurre en Europa, ocurre entre nosotros —pero entre nosotros es
que resolvemos hacernos liberales~. Nos hicimos liberales antes de
ser burgueses, ¢ importamos socialismo antes de tener proletarios.
Consideramos que para asegurar la independencia politica tendria-
mos que prescindir de nuestra genealogia, por consiguiente, de
nuestra cultura, de nuestras raices, de nuestra razon de ser como
pueblo. Quisimos terminar con los tradicionalismos y nos dimos la
mejor ley electoral del mundo, y desde que entré a funcionar, sdlo
cuatro electos para presidir el gobierno del pais lograron hacerlo
cubriendo la totalidad del periodo constitucional. Pero, dos de
éstos, que fueron reelectos, no pudieron terminar el nuevo periodo.
Al lanzar esta ley su autor dijo: “Quiera el Pueblo votar”. Fue un
error. Debid decir “Sepa el Pueblo votar”.114- HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA
éQuién ha fracasado? No busquemos tapar el sol con un agu-
jero. Fracasé la ensefianza, que no ha sabido formar una conciencia
nacional, porque hizo de la ensefianza de la historia —que debe ser
uma cosa viva— algo muerto que debe aprenderse de memoria, a
través de textos sin sensibilidad, sin trascendencia y sin horizontes.
Fracasé un régimen de vida que slo apuntd al derroche porque
fue regido por la envidia que dejé de lado todas las reglas morales,
con tal que tener algo mas que el vecino de al lado. Fracasé un
sistema politico absurdo; fracasd el régimen de los partidos; fraca-
saron el liberalismo y el estatismo. La burguesia qued6 adormecida
y el proletariado manejado por un dirigismo vido de beneficios,
personales. Fracasaron los dirigentes y fracas, inclusive, el pueblo.
Y una yez mas, como en ocasiones anteriores, nunca tan graves,
miramos hacia los cuarteles para que de ellos viniera quien nos
librara del caos hacia donde corriamos imprevisiblemente.
La apelacién a los cuarteles no fue siempre —no fue nunca—
un remedio curativo; pero fue un ‘‘calmante beneficioso” y, sobre
todo, una experiencia que los militares necesitaban, pues en todos
los casos fueron literalmente obligados a actuar sin haberse prepara-
do para hacerlo. Con diferencias, mas de detalles que de fondo, el
hecho se fue repitiendo en todo el continente y en este momento,
ocho de los diez estados nacionales del continente estan en manos.
de militares. Hecho impuesto en todos ellos por reaiidades histd-
ricas incuestionables y mas o menos semejantes en lo esencial.
La Historia es experiencia pura y quien no la comprende, no
advertira la trascendencia de estos hechos que sefialan la carencia
de grupos sociales con derecho a gobernar,
Un avezado analista politico norteamericano, James Burham, a
quien esta realidad no le pas6 por alto, dice: ‘‘El ejército se conver-
tira, sin duda, en una vasta arena, donde se definiran. las luchas de
los ambiciosos y de los poderosos. De sus filas saldrén una parte
considerable de la clase gobernante del futuro y ejercer4 una gran
influencia, quizds una influencia decisiva, en el equilibrio social”.
Al haber dicho esto se referia, no a nosotros, sino a su pais, los
E.E.U.U. No erraba al decir todo esto. En estos dias ha bastado
que un coronel dijera alguna inconveniencia para que toda Norte:
américa, oficial y no oficial, advirtiera que también en ella una
opinién militar cuenta politicamente; y como no contar cuando es
notorio que los mas capaces, dedicados a sus esfuerzos materiales,HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA - 115
dejen de lado cumplir con los deberes de sostener con eficiencia el
sistema en el que apoyan sus derechos.
La semana pasada, el Gobemador de la Provincia de Buenos
Aires, en una reunion de empresarios, dijo: “Ustedes, en general,
son hombres de éxito, emprendedores, que han sabido imponer sus
productos, que han generado fuentes de trabajo, que perfeccionan
a diario el sistema productivo, que proveen divisas, que concentran
una parte importante del poder econdmico, por eso es mas inexpli-
cable que no ocupen con todo su poder el puesto de lucha que les
corresponde en el terreno de la ideologfa y libertad de prensa del
sistema”. Dicho lo cual, preguntd: ‘‘éCuantas horas de trabajo dedi-
can a defender nuestro estilo de vida, o més ain, para pasar a la
ofensiva?’”’ No hubo respuesta. Y no podia haberla, porque el
mundo del empresario nace y mucre en la empresa, por cuanto
pierde el valor politico como clase.
Ese equilibrio que la sociedad reclama no tiene hoy otra pers-
pectiva que la sefialada por Burham, porque las Fuerzas Armadas,
en todos los grados, desde el Comandante en Jefe hasta el dltimo
soldado, tienen un mismo origen: la comunidad representada por
hombres de todas las clases sociales; y por su estructura jerarquica
constituye una clase que, ademas —y esto es fundamental— se apo-
ya en algunas premisas fundamentales tradicionales que constituyen
valores jerarquicos que integran expresiones esenciales de tipo cul-
tural; por ejemplo, los valores espirituales heredados, no como afan
de retorne sino como afirmacién del futuro, apoyados en el ideario
de sus maximos capitanes que lucharon por terminar con un siste-
ma politico, pero no con un sistema de vida.
Frente a todo esto se impone enfrentar con fe, amor y convic-
cién la tarea, para mi fundamental, que es la de crear una concien-
cia nacional; tarea cuyo liderazgo tiene que ser ejercido por nuestra
Argentina. La debilidad de nuestra historia y la de América es su
desunién, y ésta es la conciencia de una carencia, ademas, de una
carencia histérica hecha a base de anécdotas o de hechos sin ningu-
na trascendencia formativa. Basta revisar la literatura diddctica en
uso para advertir que en todas ellas falta lo realmente histérico
para lograt una conciencia nacional. De ahi que las consignas san-
martinianas y bolivarianas fueran sefalar la necesidad de afirmar la
unidad continental, no como un menester politico ni como opera-
cién comercial, sino como acto de fe impuesto por la conciencia
imperiosa de nuestro destino en la contienda continental forjada116 - HISTORIA Y CULTURA HISPANOAMERICANA
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por la conyuncién de la Cruz y la Espada, custodia de los valores
culturales que tal empresa comporta.
Cualquiera sea el grupo social que mafiana se sienta con titu-
Jos legitimos para gobernar, cualquiera sea el régimen institucional
que se adopte, si no se comprende que el empefo tiene que redu-
cirse a recuperar la obra que Espafia no pudo terminar, y termi-
narla nosotros: argentinos, chilenos, peruanos, colombiamos, vene-
zolanos, etc., cada cual dentro de su propio predio y todos en los
de los demas; la periodicidad en los fracasos haré de América la mas
alta expresién del corso y el ricorso sefalados por Vico, sin llegar
nunca a un destino. Para realizarlo es preciso recurrir tanto a la
fantas/a como a la contabilidad; mas a la fantasia que a la contabi-
lidad; a Ja poesia mas que a los saldos de la balanza comercial,
comprendiendo que aiin los beneficios materiales que son respe-
tables, vendran con mayor generosidad por amor que por cAlculo.
Ganaremos mas dando como fueron dando San Martin y Bolivar.
No es tarea facil, pero tampoco dificil. Es lenta pero grata. Quizas
con la Iglesia y la Universidad y con ésta, Jas escuelas y los colegios,
el triunfo estaré de nuestro lado. Las Universidades Privadas Ameri.
canas, sobre todo, deben comenzar la tarea moviendo los grandes
motivos culturales de unidad, antes de que los lunfardismos de la
incultura nos separen por el idioma dentro de nuestro propio pais.
EI viraje al pasado con sentido cientifico y no por razones de
proselitismo politico, fomentando los intercambios de hombres e
ideas, de intelectuales y profesores, elevando los valores de nuestras
representaciones culturales para que sean menos diplomdaticas y mas
cultas; fomentar el intercambio bibliografico, es decir, realizar la
labor paciente de unir grano a grano, para que en el futuro se
pueda afirmar el ideal de San Martin y Bolivar sobre un sdlido
basamento espiritual que tenga como ensefia la conviccién de que
en la vida de los pueblos, todo lo que no es tradicion es fragil y
que el plagio no es materia apropiada para construcciones trascen-
dentales,
Lo hispanoamericano es algo de la mas grande empresa de
transculturacién que registra la historia de los hombres; continuarla
hasta sus Gltimos fines dentro de nuestro predio, es nuestro des-
tino. Cumplamos con él. No dejemos a nuestros descendientes la
tarea de lorar por lo que nosotros no supimos realizar.
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