El Secreto Del Barro Cantaro Neolitico
El Secreto Del Barro Cantaro Neolitico
Alicante 2008
EL SECRETO DEL BARRO
En una visita posterior pude contemplar el vaso en la leja que se le ha reservado en el Gabinete de
investigadores, en el año 2006, como espacio dedicado a la investigación donde en armarios vitrinas se
recogen aquellos buenos fondos del Museo que no se muestran en la exposición permanente por no
abigarrar las salas con objetos o, como resulta en este caso, por haberse descubierto después de la
inauguración del Museo. De manera muy reciente, el pasado 3 de octubre en ese ámbito del MARQ se
celebró el Patronato de su Fundación, acto que da testimonio de la importancia que para esta
Presidencia tienen los fondos de un Museo que goza de un prestigio internacional.
Ahora, cuando ha culminado el proceso de investigación desarrollado en el MARQ del vaso neolítico
vuelvo a tener la satisfacción de presentar el catalogo en el que se aborda la razón de ser de una
realización milenaria que ahora, por su sencillez y sentido, se nos desvela increíblemente próxima. La
muestra del vaso acompañada de una elaborada producción audiovisual, del catálogo y de una guía
didáctica, permitirá que todos participemos del conocimiento que ha desvelado su investigación, del
secreto del barro.
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EL SECRETO DEL BARRO
UN CÁNTARO NEOLÍTICO DE LA COVA D’EN PARDO
(PLANES, ALICANTE)
Jorge A. Soler Díaz
Consuelo Roca de Togores Muñoz (Eds.)
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Textos de presentación
Manuel Olcina Doménech
ÍNDICE
11 José A. Cortés Garrido
13 Bernat Martí Oliver
18 Nota de los editores
107 TRes Vasos anfoRoIDes loCalIzaDos en las CaVIDaDes De en PaRDo, CenDRes y sanTa MaIRa.
noTas en CUanTo a sU MoRfología DesCRIPTIVa
Consuelo Roca de Togores Muñoz
131 analíTICas RealIzaDas PaRa DeTeRMInaR el ConTenIDo Del Vaso anfoRoIDe De la CoVa D’en PaRDo.
Consuelo Roca de Togores Muñoz
Teresa Ximénez de Embún Sánchez
144 sIgnIfICanCIa De la PResenCIa Del beTa-CeDReno en ResIDUo De Un Vaso CeRáMICo Del neolíTICo MeDIo (CoVa D’en PaRDo)
ROSA M. LAMUELA RAVENTÓS
145 bIblIogRafía
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INVESTIGAR PARA DIFUNDIR
MANUEL OLCINA DOMéNECH
DIRECTOR TéCNICO DEL MARQ
l secreto del barro es el título de la tercera muestra que se realiza en el espacio expositivo dispuesto en
el vestíbulo del MARQ. Como elemento, el objeto a exponer puede parecer común dentro del repertorio
de objetos que custodia un museo arqueológico. Sin embargo, todos los que trabajamos en este Museo
quedamos impresionados cuando observamos que el recipiente objeto de la exposición, ingresaba
prácticamente incólume tras haber estado depositado más de 6 milenios en la Cova de En Pardo de
Planes.
El que ese proceso de investigación se halla realizado desde el MARQ es buena muestra de que la
institución, lejos de conformarse con cumplir únicamente la imprescindible acción de custodia de
elementos materiales, asume de modo sistemático tareas de conservación, restauración, catalogación e
investigación de los mismos, guardando protocolos que se rigen por rigurosas normas de calidad. En este
caso, además el objeto se ha descubierto en una de las intervenciones arqueológicas más importantes
desarrolladas dentro del programa de excavaciones ordinarias que, con la correspondiente autorización
de la Administración Autonómica, impulsa el Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Al respecto,
recordaré que en la Cova d’En Pardo se han practicado 14 campañas de excavación arqueológica; y que
de sus buenos resultados, se ha venido dando cuenta en memorias anuales y artículos científicos,
guardando una perspectiva pluridisciplinar.
En la planificación del programa expositivo que aprovecha el vestíbulo del MARQ para la muestra
de un objeto singular acompañado de un potente recurso audiovisual, fuimos inmediatamente
conscientes de la importancia y el atractivo que ahí podía tener la exposición de este vaso, como acción
de divulgación científica de un proceso de investigación dirigido desde 1993 por Jorge A. Soler Díaz,
Conservador de Prehistoria de este Museo, y a partir de 2003 también por Consuelo Roca de Togores
Muñoz, Técnica auxiliar del MARQ y arqueóloga de reconocido prestigio en el ámbito de la Antropología
Física.
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Con todo, los resultados alcanzados son altamente satisfactorios, siendo buena muestra de ello,
los contenidos de este catálogo donde firmas expertas ofrecen una información completa del hallazgo
del recipiente, incluyendo el proceso de restauración y los resultados de las analíticas a las que ha sido
sometido; a la vez que trazan un completo panorama del desarrollo cultural que afectó a las tierras de
Alicante en los tiempos neolíticos en los que estos cántaros encontraron su sentido y funcionalidad.
Además, en clave de rigurosa divulgación científica la exposición aborda de un modo atractivo y ameno
la trascendencia que tuvo este objeto dentro del grupo humano que lo disfrutó, haciéndonos partícipes
de la vida cotidiana de los pastores neolíticos.
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EL VASO y LA VIDA
l transcurrir de nuestra personal historia nos hace adentrarnos en terrenos hoy por ayer insospechados.
Lo mismo podríamos decir, a buen seguro, del devenir de la Historia así en mayúsculas. Quizás por ello,
siempre he pensado que lo honesto es perseguir la verdad. Aquella que también mañana nos permitirá
seguir siendo, sin dejar de ser nosotros mismos; uniéndonos al resto de la especie humana desde el
principio de los tiempos en la búsqueda constante del conocimiento a través de esa invisible cadena que
atraviesa el ciclo de la vida.
La Cova d’En Pardo en Planes asomada desde el alto del cerro a los barrancos, se suspende en el
paisaje por una larga y abancalada escalera ofreciéndonos un ejemplo singular de un hábitat
largamente utilizado por el hombre tras el umbral de una estrecha oquedad de roca y piedra.
Jorge Soler retomó el testigo de otros que, llevados por esa búsqueda del conocimiento y la
verdad, flanquearon antes que él el umbral de esta cueva de El Comtat, dedicando a su estudio e
investigación cerca de veinte años, ¡que se dicen pronto! pero que hay que pasar campaña tras
campaña, superando obstáculos, accidentes de tráfico, actos vandálicos y un largo etcétera que sólo él y
cuantos con él se han ido sucediendo en el equipo de excavación conocen, y muy particularmente
Consuelo Roca de Togores, pilar fundamental de la misma en estos últimos tiempos.
De manera que año tras año, verano a verano, un grupo de hombres y mujeres avanzaban en la
excavación e investigación de la cueva de manera silente y calmada. Avances en los que empecé a
interesarme ya en el verano de 1999, cuando me incorporé a la Diputación de Alicante como diputado
de Arquitectura y Conservación de Edificios y conocí a Jorge Soler. A aquella mi primera visita a En
Pardo le sucedieron otras tantas acompañadas de largas y agradables charlas con Jorge, con los
miembros de su equipo y de cuantos decidían ocasionalmente compartir esos momentos de amigable
conversación ora en Planes, ora en Benimarfull, o en Margarida o ya más recientemente en Vall d’Alcalá.
De todos estos momentos el más recordado, sin duda alguna, lo fue el encuentro en la Venta de
Margarida en Septiembre de 2004, precedido de una llamada telefónica de Jorge que con gran
excitación me decía “¡tienes que ver lo que hemos encontrado!”. Apenas unos días más tarde estaba yo
en el interior de la Cueva frente a una figura circular cerámica que apenas si asomaba escasos
centímetros del suelo.
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Feliz por compartir tal hallazgo y ansioso por verlo definitivamente en su exacta proporción
imaginábamos juntos como pudiera llegar a ser aquél recipiente mientras éste emergía lentamente del
espacio que lo había guardado miles de años, cuál sería su uso, cómo llegó hasta la cueva, a qué
período respondería…, en definitiva, intentábamos adivinar su historia en prolongadas y apasionadas
charlas a la caída del sol frente a un bien ganado vaso de cerveza… ¿Quién me iba a decir a mí que iba
a vivir una experiencia semejante?
Y si bien es cierto que primero creció la amistad entre nosotros, es más cierto, que ambos
hallazgos unieron nuestras vidas de un modo hasta entonces inimaginable con las de aquellos hombres
y mujeres de En Pardo y Lucentum. De modo que cuando ya en Julio de 2005 a nuestra amistad se le
añadió la relación profesional y de trabajo que desde entonces mantenemos en el MARQ,
intencionadamente nos propusimos compartir todo aquello, de algún modo, con todos cuantos se
acercan al Museo Arqueológico de Alicante.
Hacer coincidir estos anhelos con el 75 Aniversario del Museo y el 5 del MARQ junto a la serie de
acontecimientos que se han ido sucediendo en estos últimos años ha superado todas mis expectativas,
sintiéndome profundamente agradecido por todo ello tanto a José Joaquín Ripoll, Presidente de la
Diputación de Alicante, como a Manuel Olcina y a Jorge Soler por su amistad y confianza, pero también
por haberme permitido compartir tantas experiencias y acercarme a tanto conocimiento.
Agradecimiento que extiendo a todos y cada uno de los patronos de la Fundación así como a todos y
cada uno de cuantos dedican su quehacer diario a este proyecto tan querido para nosotros y que
llamamos MARQ.
Sólo me queda desear que muchas historias como ésta se sucedan en cada uno de los cientos y
cientos de visitantes que a diario acuden al MARQ, ahora nos disponemos a ofrecerles una nueva
oportunidad que las puede hacer posibles a través de un VASO, y ello puede resultarles simple o
complicado, les aseguro que tan simple o complicado como la VIDA.
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CONTEMPLAR UN VASO NEOLÍTICO
BERNAT MARTí OLIVER
MUSEU DE PREHISTòRIA DE VALèNCIA
uchas son las historias en las que el “cántaro” de la Cova d’En Pardo, que nos muestra el Museo
Arqueológico de Alicante como pieza singular de la presente exposición, podría desempeñar el papel de
protagonista. De una u otra forma todas ellas se contienen en el libro que ahora comentamos, donde se
recoge una parte de la importante investigación interdisciplinar llevada a cabo durante la última década
sobre el yacimiento de En Pardo, bajo la dirección de J. Soler Díaz. Una investigación que nos ha
revelado cómo, tras los prolegómenos de los tiempos paleolíticos, la cavidad fue intensamente ocupada
por los primeros grupos agricultores de las tierras valencianas, convertida después en lugar de
enterramiento durante el período Calcolítico, de nuevo frecuentada en los finales de la Edad del Bronce
y en los tiempos de la cultura Ibérica, hasta quedar vinculada postreramente al corral construido en su
exterior en época morisca. Se trata, pues, de un documento complejo, capaz de ofrecernos múltiples
informaciones sobre cada una de estas épocas, cuyos restos son los que subyacen, acompañan o
recubren a nuestro vaso anforoide. Pero en esta nota introductoria, en la que no es posible hacernos eco
de todo ello, queremos destacar el hecho de que se nos invita a contemplar un objeto encontrado en las
excavaciones arqueológicas de la cueva, con el método pero también con la sorpresa y el suspense que
acompañarían a su hallazgo. A partir de ahí, de lo particular a lo general, la reflexión nos lleva al
significado de la cultura material como exponente en este caso de aquellos pequeños grupos de
agricultores y pastores que inauguraron un nuevo modo de vida en nuestras tierras. Sobre ellos ha ido
profundizando la investigación prehistórica valenciana desde hace décadas. Una labor en la que ocupa
lugar destacado la propia Cova d’En Pardo, con su particular singladura. Por último, todo nos conduce,
como en el propio libro, a la evocación concreta de quienes en este lugar custodiaban su pequeño
rebaño de ovejas y cabras durante los tiempos neolíticos.
La crónica de las campañas de excavación iniciadas en 1993, dentro de las actividades del MARQ,
nos aporta como primera reflexión la complejidad y fragilidad de los testimonios conservados en los
yacimientos arqueológicos. Restos materiales de sociedades pretéritas, sobre ellos han actuado las
acciones antrópicas posteriores y los distintos procesos naturales, hasta concluir en la formación del
depósito que finalmente es objeto de excavación. Como se insiste al hablar de estratos y niveles, la
estratigrafía de la cueva va revelándonos la dimensión temporal de los procesos, a la vez que los suelos
de ocupación y las estructuras que se entrelazan en la dimensión horizontal describen episodios
concretos. Resulta fácil imaginar, pues, el alud de preguntas que se desencadena en el mismo momento
en el que asoma entre la tierra la boca de este vaso, un alud que no cesa de aumentar mientras los
trabajos de excavación van delimitando la fosa que lo alberga y que, como aquí se nos cuenta, fue
excavada por las gentes neolíticas “en el suelo que pisaban, de modo que en su realización ahondaron
en las tierras inferiores”.
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El silencio y la penumbra de la cueva extiende sus interrogantes sobre el azar y el cúmulo de
circunstancias en las que tuvo lugar la deposición del vaso, aquel contexto oral irremediablemente
perdido que tantas veces evocamos ante los testimonios de las sociedades prehistóricas. Pero también
nos parece maravillosa la permanencia y excelente conservación de este recipiente. De modo que, al
rememorar las jornadas dedicadas a su exhumación, casi podemos sentir la expectación que envuelve al
equipo excavador mientras escruta el vaso a medida que emerge, como lo haríamos ante los detalles de
una pintura capaces de delatar su autoría o escuela. Aquí serán la estratigrafía comparada, la tipología
y la decoración del propio vaso, las dataciones absolutas... las que van conformando los detalles que
permiten al equipo excavador establecer certezas sobre su adscripción cultural y cronológica. Algo que
se comprende fácilmente si tenemos en cuenta la relevancia que adquiere la cerámica dentro de la
cultura material desde los tiempos neolíticos. A las posibilidades que ofrece una materia prima como el
barro, capaz de transformarse en multitud de objetos diversos bajo la acción del fuego, desde los vasos
de cocina a las urnas cinerarias, hay que sumar unas excelentes condiciones de conservación que hacen
de los pequeños fragmentos cerámicos el material más abundante en muchos yacimientos. Las formas y
más aún las decoraciones de los vasos, al igual que los usos y costumbres que una vez los convirtieron
en soporte de la identidad o en vehículo para mostrar las imágenes del universo religioso, y en otras
ocasiones en la simple vajilla cotidiana, varían con el paso de las generaciones. Por ello, a la postre, no
resulta extraño que las formas y decoraciones de los vasos cerámicos constituyan la principal referencia
de las culturas arqueológicas a partir del Neolítico.
Las precisiones que aquí se exponen sobre el vaso anforoide con superficie peinada de la Cova
d’En Pardo han requerido, pues, el estudio de muchos yacimientos, cuyo concurso forma una especie de
mosaico al que van incorporándose nuevas teselas. Como volvemos a comprobar en el presente caso,
somos herederos de una larga y fecunda investigación valenciana que dirige su atención hacia nuestra
cavidad alrededor de 1960, cuando es prospectada por V. Pascual, dentro de la importante labor
desarrollada por el Museu Arqueològic d’Alcoi. Cuentan que las lamentables acciones de un buscador de
tesoros aceleraron su excavación por parte del Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Valencia
en 1965, bajo la dirección de M. Tarradell y con la colaboración de V. Pascual y E. Llobregat, cuyo
avance de resultados era dado a conocer en 1967. Se destaca entonces la gran potencia del depósito, de
unos 5 m, en el que se sucedían un nivel de enterramientos, un nivel de habitación eneolítico con restos
de hogares y molinos –sobre el que M. Tarradell puntualiza que “es la primera vez que aparece en una
cueva valenciana”–, un nivel neolítico con cerámicas impresas y el nivel inferior del Paleolítico superior
final-Epipaleolítico. Noticias que se completan pocos años después con el estudio de J. Fortea en 1973
de los materiales líticos de este nivel inferior.
En su excelente obra sobre las cuevas de inhumación múltiple valencianas, tras un largo
paréntesis que nos lleva hasta 2002, J. Soler analiza minuciosamente los diarios de aquella excavación,
obra casi exclusiva de V. Pascual. Aquí, sin embargo, sólo nos detendremos en el punto que puede
afectar a nuestro vaso de superficie peinada, a saber, el de su posible atribución a uno de aquellos
niveles de habitación que se mencionaban en la nota de 1967. La singularidad que M. Tarradell atribuyó
entonces a la Cova d’En Pardo, con sendos niveles de habitación eneolítico y neolítico de las cerámicas
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impresas, enlazaba con los planteamientos que había expuesto en su brillante síntesis sobre nuestra
Prehistoria reciente, El País Valenciano del Neolítico a la Iberización, publicado en 1963. Por entonces
ya había quedado bien establecido que nuestra primera agricultura y ganadería era de origen
mediterráneo y se asociaba a los grupos que decoraban los recipientes cerámicos mediante las
impresiones del borde de una concha de Cardium edule. Así se había vuelto a comprobar en las
recientes excavaciones en la Cova de l’Or, de las que se conocían las primeras noticias, sin que ellas
alcanzaran a precisar su evolución posterior. En esta coyuntura, observaba M. Tarradell, las tierras
valencianas ocupaban una posición entre Cataluña y el oriente de Andalucía, donde se conocían
culturas posteriores a la de la cerámica cardial, como la de los Sepulcros de Fosa y la de Almería. Sin
embargo, no existía en las tierras valencianas una segunda fase neolítica, con poblados, que pudiera
corresponder a las observadas en aquellas zonas inmediatas, de modo que, tras el Neolítico de las
cuevas con cerámica decorada, se pasaría aquí a la fase eneolítica que correspondería a la cultura de
Los Millares en el sureste y a la cultura megalítica pirenaica en el norte. La hipótesis de un nivel de
habitación eneolítico en la Cova d’En Pardo, como una de las novedades que aportaba el yacimiento,
quería significar que en nuestros yacimientos había perdurado el Neolítico de las cerámicas cardiales y
la vida troglodita hasta el punto que, antes de pasar a ser una cueva de enterramiento, había sido un
lugar de habitación en los inicios de la Edad de los Metales. Una hipótesis que todavía perduraría con
matices en 1973, cuando E. Llobregat estudiaría los vasos anforoides de la Cova de l’Or, de la Cueva de
Nerja y del poblado de El Garcel, precisamente aquellos que hoy forman el cortejo de nuestro cántaro.
La Cova d’En Pardo fue durante este tiempo un testigo de apariencia silenciosa pero siempre
avizor. En 1977, al finalizar la campaña de excavaciones en la Cova de l’Or, visitamos por vez primera la
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cueva acompañado por los miembros del Centre d’Estudis Contestans. Una densa y coriácea vegetación
protegía su entrada. Después, estudiamos el diario de V. Pascual y los materiales más sobresalientes en
el Museu Arqueològic d’Alcoi. Finalizaba la década de 1970 y M. Tarradell, ahora desde la Universidad de
Barcelona, todavía pensaba en reanudar las excavaciones. En el Laboratorio de Arqueología de la
Universidad de Valencia habían quedado los tacos de grabado de los materiales líticos, listos para
imprenta, sin llegar a utilizarse. Era persistente, pues, la invitación de la Cova d’En Pardo, no sólo en
relación con los problemas de la evolución del Neolítico, sino también de aquellas otras épocas
anteriores y posteriores, de las que sólo nos referiremos a la nota de M. Gil-Mascarell sobre la presencia
de materiales del Bronce final, allá por 1981. Con el cambio de década, la iniciativa de reanudar las
excavaciones arqueológicas correspondería decididamente al MARQ, bajo la dirección de J. Soler, junto a
un amplio equipo pluridisciplinar, del cual se nos permitirá la excepción de recordar a M.ª P. Fumanal.
Hay, pues, una larga e intensa historia de la investigación hasta llegar al encuentro de estos
pequeños grupos de agricultores que poco después del inicio del quinto milenio a. de C. fabricaban
grandes vasos con las superficies peinadas, vivían en pequeños poblados y utilizaban las cuevas como
rediles, como nos delatan esos paquetes sedimentarios originados por la combustión de los restos
orgánicos debidos a la reclusión del ganado. Ellos fueron quienes dejaron ¿tapado y enterrado? este
cántaro en el que ahora converge nuestra curiosidad y nuestra admiración, y que da pie a la detallada
crónica de los trabajos llevados a cabo en la Cova d’En Pardo, bajo la dirección de J. Soler, con la
colaboración de Consuelo Roca de Togores; a la aproximación al poblamiento de la zona durante el
horizonte neolítico de las cerámicas peinadas, por parte de G. García Atiénzar; a las analíticas
encaminadas a determinar la funcionalidad del vaso, por C. Roldán, S. Boularand y M. Vendrel, entre
otras colaboraciones decisivas, como las del amplio equipo que sustenta las campañas de excavación y
cuyos nombres se recogen en la mencionada crónica.
Los episodios concretos bien pudieron ser los que aquí nos proponen. “Al final de la estación
veraniega, cuando el grupo humano de pastores se desplazara a algún emplazamiento en llano, acaso el
de Tamargut, el vaso permanecía en la cueva tapado para evitar que se llenara de tierra, con un tapón
de barro realizado con margas del entorno y acaso cubierto con piedras que permitieran identificarlo. En
algún momento, y para nuestra fortuna, pastores que se seguían sirviendo de una vajilla sencilla y
caracterizada por un tratamiento de peinado en su superficie, llegados a la cueva no identificaron la
posición del vaso quizá porque hubiera sido cubierto por tierra procedente de algún aporte del exterior
o acaso, porque los que llegaron no fueron los mismos que se fueron...”.
La estrecha entrada de nuestra cueva favorecía sin duda la utilización de un espacio que goza de
condiciones medio-ambientales favorables. El modelo que solemos proponer aboga por una utilización
preferente durante el verano con el fin de aprovechar los pastos frescos, para sestear allí en las horas de
más calor. Pero también en invierno se recogerían allí los animales, con aporte de forraje para los más
jóvenes, especialmente en los días más fríos. El corral morisco en su exterior delata esa voluntad de
permanencia, y el vecino poblado ibérico del Xarpolar confirma que territorios próximos con mayor
altura resultan apropiados a lo largo de todo el año. En fin, falta aquel contexto oral irremediablemente
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perdido, pero sabemos que estamos ante grupos que durante un gran número de generaciones han
afianzado su modo de vida agricultor y ganadero, lo que comporta una cierta especialización de las
cuevas, los abrigos y los poblados, los campos y pastos; una complejidad creciente en el uso del
territorio, una intensificación en el aprovechamiento de los animales domésticos, de su carne, de los
productos lácteos y de las pieles... La impronta sobre el paisaje será pequeña, de acuerdo con su
demografía, aunque notable en el entorno de los lugares de habitación, máxime si reparamos en que las
plantas y animales ahora principales son especies introducidas durante el milenio anterior. Unos
caminos tenues unen los pequeños poblados, los cultivos, los prados, los puntos de agua, los refugios,
los cazaderos o los rediles. En muchas de las cuevas quedarán los vasos que recogen las gotas de agua,
o que ocasionalmente se emplean para recoger la leche. Debe tratarse de recipientes para todo, como
sucede con el vaso con asa pitorro que V. Pascual encontró en las grietas de la Cova de l’Or relleno de
polvo de ocre; o el que E. y L. Siret hallaron en la Cueva de Toyos, que contenía los perforadores de
sílex, las conchas marinas y las tabletas redondeadas preparadas para ser convertidas en cuentas de
collar, sin duda el taller de quien se dedicaba a la fabricación de perlas de concha. Nuestros pastores,
acaso unos niños, pudieron dejar el vaso vacío, sellado y enterrado, escondido, para reutilizarlo en una
posterior visita, tal vez para ordeñar y/o cuajar la leche, o para el agua, valorando su gran importancia
como recipiente de múltiples posibilidades.
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NOTA DE LOS EDITORES
El título de esta exposición lo sugirió la poeta Pilar Blanco Díaz tras escuchar de modo paciente
las vicisitudes del hallazgo y las conclusiones de su investigación. El secreto que en todo caso pueda
tener el éxito del proyecto que, desde 1993, se viene desarrollando en la Cova d’En Pardo residirá en la
participación en los trabajos de campo y de modo voluntario de más de un centenar de estudiantes, en
la disposición y entrega de curiosos y abnegados colegas especialistas en diversos campos de
investigación, en el apoyo de quienes han dirigido el Museo Arqueológico Provincial de Alicante desde
los noventa del s. XX hasta la actualidad, y en el consejo de maestros como Enrique Llobregat, Pilar
Fumanal, Mauro Hernández, Michelle Dupré o Bernat Martí.
En cuanto al catálogo les revelaremos otro secreto: en principio, cuando en 2006 iniciamos el
proyecto sólo se pensó en realizar un folleto o todo lo más un cuaderno. Esa idea se fue engrandeciendo
al poder contar con las magníficas fotos que del vaso realizó Alberto Hernández; con la oportunidad de
estudiar de modo directo el recipiente de les Coves de Santa Maira –gracias a Mauro Hernández, Pere
Ferrer y Enrique Catalá– el del Camí de Missena –gracias a Agustí Ribera y Josep Pascual–, el que el
MARQ conserva de la Cova de les Cendres, con los datos que nos proporcionaron Vicente Bernabeu y
Guillermo Moreno, y el que, de la misma cavidad, conserva el S.I.P., éste con la información aportada por
Joan Bernabeu y María Jesús de Pedro; con todo el repertorio fotográfico y documental que, del Museo
de Alcoy, puso a nuestro disposición Jose María Segura; y con la prontitud que nos enviaron fotos todas
las instituciones y personas mencionadas en los créditos. Los planos que pacientemente fue
componiendo Teresa Ximénez a partir de los que se generaron en la excavación, la escena de los
18
pastores realizada por Juan López, y los buenos consejos de Carles Ferrer, Guillem Pérez y Agatángelo
Soler completaron ese cuadro de apoyos que ha permitido sin prisa, pero también sin pausa elaborar lo
que nosotros suscribimos en este volumen. Capítulo aparte merecen las colaboraciones que permiten
tener una visión global del recipiente y su época, suscritas por Gabriel García, Silvia Roca, Teresa
Ximenez, Clodoaldo Roldán, Sarah Boularand, Marius Vendrell, el SCSIE y Rosa María Lamuela.
Finalmente, remitiendo esa información a Bernat Martí, éste nos hizo el honor de aceptar la
presentación científica de este volumen que ha podido componerse de modo paciente, con sumo
cuidado y gusto por Llorenç Pizà, contando con la ayuda de José Piqueras.
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20
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
Un cántaro del Neolítico Medio
en un hábitat de pastores
Para Manuel santonja,
por su magisterio en galisancho,
cumplidos 25 años
del primer andar en la Veguilla. JORGE A. SOLER DÍAz
CONSERVADOR DE PREHISTORIA. MARQ
EL DESCUBRIMIENTO DE LA VASIJA
En septiembre de 2004 se produjo un hallazgo especial en la Cova d’En Pardo de Planes. Tras 11 años de
investigación se descubría un recipiente cerámico entero en un contexto arqueológico que remite al uso
de la cavidad en una fase media del desarrollo del Neolítico que, en lo que afecta a la cultura material,
viene a caracterizarse en lo cerámico por la abundancia de vasos con un tratamiento de peinado en la
superficie exterior o en ambas, acabado decorativo conseguido con un instrumento dentado de madera o
hueso antes de la cocción de los recipientes. El hallazgo resultó excepcional por la buena conservación de
un vaso que, por lo que se irá adelantando en estas páginas, se sabe fue elaborado hace unos 6.600 años.
Las gentes neolíticas que en lo material se caracterizaban por las cerámicas peinadas dejaron buenos
vestigios de su actividad en esta cavidad de Planes en la que el MARQ excava desde 1993. El registro de
los restos de fauna obtenido en las excavaciones y otros datos que luego se comentarán resultantes del
análisis del sedimento indican que entonces la Cova d’En Pardo se utilizó como aprisco o redil de un
ganado integrado por cabras y ovejas. La ocupación intensiva por los pastores y el rebaño de un espacio
reducido y oscuro hace que lo normal sea encontrar los restos cerámicos integrados en el sedimento
totalmente fragmentados, sobre todo por las pisadas de las pezuñas de los animales, acción que se
provocaría cada vez que los pastores dejaran sus recipientes y otros enseres en un lugar no protegido por
un descuido o porque ya estuvieran amortizados.
Con el vaso anforoide, objeto de este texto que ilustra su exposición temporal en un lugar destacado del
Museo, no ocurrió esa circunstancia, lo que indica que quienes ocuparon la cueva pusieron en su cuidado
una protección especial, conseguida con su instalación enterrada y fija en un lugar señalado, sugiriéndose
con todo, un uso apreciado y constante del recipiente por parte de los pastores prehistóricos que
habitaban la Cova d’En Pardo.
21
Situación de
la Cova d’En Pardo
(Planes, Alicante).
Como ocurre en muchos yacimientos arqueológicos en verano, en cada una de las campañas de excavación
que se han ido practicando en la Cova d’En Pardo han participado en régimen de voluntariado distintos
licenciados y estudiantes universitarios, iniciándose o apoyando sus conocimientos en Prehistoria y
Arqueología. A cambio de vivir en directo la gestión de la excavación y la parte de la investigación
arqueológica que atiende su proceso, aportan de modo entusiasta su trabajo. A Jorge Molina, alumno
entonces de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, le correspondió la suerte
de descubrir el día 18 de septiembre de 2004 parte del borde del recipiente justo en el límite o perfil del
área de excavación. Lo hacía tras levantar unas piedras que tapaban su boca, resultando la más próxima
plana y de 10 cm en su dimensión máxima. De manera inmediata pudo apreciarse que el borde, de unos
13 cm de diámetro, presentaba un engrosamiento externo.
Aquella campaña se destinaba a terminar la excavación en extensión de lo que se denomina nivel VI, una
unidad de sedimento caracterizada por una tierra más granulosa que fina, de tono claro, pardo y
amarillento, con extensas manchas cenicientas que acoge en su interior un buen número de restos de
Pág siguiente
Vaso anforoide. animales en su mayor parte domésticos, infinidad de fragmentos cerámicos, la mayor parte de ellos
Secuencia de extracción,
embalaje y bajada de la peinados, punzones y adornos en hueso, lascas y láminas en sílex. La aparición del borde de la boca del
Cova d’En Pardo. recipiente en el perfil del área excavada hizo que la extracción del vaso fuera una acción que llevara varias
Septiembre 2004.
jornadas, si se tiene en cuenta que había que abrir más el área de excavación, extrayendo tierras de 5
22
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
niveles arqueológicos suprayacentes. En esa tarea se implicaron del todo Mario Díaz,
Gabriel García, Francisco Javier Molina y Teresa Ximenez de Embún, miembros
veteranos del equipo que dirigen Jorge A. Soler y Consuelo Roca de Togores.
Descubierta del todo la boca del vaso y ayudados de una linterna pudo comprobarse al
iluminar su interior que el recipiente estaba entero y vacío. La no apreciación de restos
de materia orgánica o de tierra llevó a dos consideraciones en ese primer examen:
primero que el recipiente estuvo tapado, y segundo que pudo haber servido para
contener líquido. En el borde de la vasija enterrada se apreciaban pellas blanquecinas
de lo que podría haber conformando una tapadera conseguida con barro elaborado
conmargas del entorno.
23
pastores prehistóricos habían hecho una fosa en el
suelo que pisaban, de modo que, en su realización,
ahondaron en las tierras inferiores a las propias nivel
VI, las de los niveles VII y VIII, que ahora en 2007
sabemos contienen materiales resultantes de la
ocupación de gentes previas en el tiempo a las que
gustan de decorar las cerámicas, rayando el barro
fresco con un peine o instrumento dentado para
conseguir motivos de haces de líneas paralelas muy
juntos y guardando distinta dirección. Enterrando
parcialmente el vaso, aquellos pastores del Neolítico
de las Cerámicas Peinadas conseguirían la mayor
protección del recipiente, que quedaría en una
posición fija en la fosa. Posiblemente tapado con la
masa blanquecina y protegido por las piedras
encontradas por encima, el vaso, enterrado del todo
con el paso del tiempo, había permanecido incólume
Planta de la Cova d’En Pardo con indicación de los sectores excavados en la sala de durante unos 6 milenios, hasta que fuera
la derecha.
descubierto en septiembre de 2004.
Para la excavación que se plantea en la Cova d’En Pardo se utiliza un sistema de cuadrícula
cartesiana que divide el área excavada en cuadros de un 2 m2 que se identifican mediante
pares de números. Cada uno de estos sectores se subdivide en 4 de 1 m2 que se denominan
con las cuatro primeras letras del abecedario. Además para una mejor localización de los
hallazgos, en la sala de la derecha de la cavidad se han establecido tres áreas diferenciadas:
la de la entrada, la central y la del fondo. El hallazgo del vaso se produjo en la excavación del
área del fondo en el cuadro o subsector 7.6/A, a una cota con respecto al punto 0 (punto de
referencia de todas las medidas que en altura se toman en el proceso de excavación) de —3,05
m. Cuando el 28 de septiembre, esto es, 10 días después de su hallazgo, se extrajo del todo la
vasija, se limpió bien el fondo de la fosa y se tomó su cota (—3,56 m), comprobándose que el
agujero que los pastores neolíticos habían realizado en el suelo del fondo de la cueva había
alcanzado la profundidad de 0,5 m, esto es, lo justo para encajar esta vasija que, en altura,
mide 46,5 cm.
Vista del corral que antecede a la
cavidad desde la pista de acceso en
la Serra de la Albureca. Bien documentada toda la excavación del cuadro 7.6/A en plano se observa que la fosa era de
planta más o menos circular, alcanzando en su diámetro 45-50 cm. El recipiente de 32 cm
24
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Panorámica de la Serra Foradada desde la Cova d’En Pardo. Vista del Castell de Benissili.
en su anchura máxima no se disponía centrado sino que quedaba prácticamente en contacto con la pared
de uno de los cuadrantes del círculo que conformaba la fosa. Entre las paredes de los otros cuadrantes de
la fosa y el vaso se disponían piedras que, a modo de calzo, venían a asegurar la posición vertical de este
vaso de fondo picudo, y por ello no diseñado para sostenerse por si mismo sino hincado o parcialmente
enterrado en el suelo. De manera obvia, quienes lo instalaron en la cavidad de ese modo nunca guardaron
la intención de sacarlo, por lo que queda otra buena deducción: el vaso anforoide de la Cova d’En Pardo
cumplía una función de contenedor fijo.
La cavidad donde se localizó el vaso anforoide es un yacimiento significativo dentro del panorama del
Neolítico y del Eneolítico Peninsular. Se encuentra al norte de la provincia de Alicante en el término
municipal de Planes, un pueblo de unos 800 habitantes que se emplaza en la comarca de El Comtat
(Alicante), de cuyo Ayuntamiento dependen tres núcleos de población más reducida: Benialfaquí,
Catamarruch y Margarida. De Margarida queda más cerca la cavidad, abriéndose justo en el límite que
Planes guarda con Benissili, un núcleo poblacional en valle, que con Benialí, Benirrama, Benissiva,
Benitaia, La Carroja, Llombai y Al Patró, conforma el municipio de unos 630 habitantes de la Vall de
Gallinera, en la comarca de La Marina Alta, paso natural para llegar a población de Pego y la costa.
Desde la cueva se contempla bien el castillo de Benissili, emplazado en la Serra de Foradada, fortificación
afectada por un terremoto en 1644 que, construida entre los siglos XI y XIII, perteneció al mítico caudillo
árabe Al-Azraq (1208-1276). Cerca y más arriba del castillo, en una meseta en el extremo occidental de la
Foradada, se dispone a 900 m s.n.m el poblado ibérico de El Xarpolar, un importante y maltratado yacimiento,
25
que ha ofrecido materiales entre los siglos VI y I a.C., entre los
que destacan las producciones ibéricas cerámicas y metálicas, y
que guarda la circunstancia común con la Cova d’ En Pardo de
haber sido excavado en el verano 1965 por el que fuera Director
del Museo de Alcoy, Vicente Pascual, bajo la dirección del Miguel
Tarradell (CASTELLÓ y ESPí, 2000), entonces Catedrático de la
Universidad Literaria de Valencia.
En Pardo (toma el nombre del apellido de los antiguos propietarios de su emplazamiento) es una
cavidad de origen cárstico. Se dispone en el margen de un barranco, antiguo sumidero de una
dolina, hoy desventrada. El barranco inmediato a la cueva culmina al llegar al valle en un pequeño
cono de deyección formado por depósitos de edad pleistocena, resultando cabecera del conocido
Barranc de l’Encantada de Planes. En frente de ese cono, en un ensanche de la carretera que
conduce de Muro de Alcoy a Pego, en el mismo límite de municipal entre Planes y La Vall de
Gallinera, se han dejado estos años de excavación arqueológica los automóviles del equipo de
excavación del yacimiento de En Pardo, justo al lado del cambio de vertientes donde las aguas dejan
de correr hacia la Encantada y el interior para pasar a verter a la costa cruzando la Vall de Gallinera.
Corrales de Benissili. Serra
de la Albureca. A la cueva se accede por una pista privada que conduce desde el cambio de vertientes descrito
hacia el término de Beniarrés cruzando por lo alto la Albureca. Junto a la pista y antes de llegar
a En Pardo quedan los corrales de Benissili, posibles construcciones de época morisca, que hasta
hace pocos años se usaban para recoger el ganado. Desde la pista a la cueva el acceso resulta
muy abrupto y difícil. Con el correspondiente permiso de Juan Luis Cort, propietario del terreno
y la Autorización de la Consellería de Cultura, al inicio de las campañas de excavación
desarrolladas, con considerable esfuerzo ha habido que subir un grupo electrógeno, focos y todas
las herramientas necesarias para la excavación, contando para ello con la ayuda continuada de
26
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
27
Díaz, Seila Soler, Laura Acosta y Alejandra Marí. Luego,
los dibujos de los objetos realizados en diferentes años
por Juan López, Consuelo Roca de Togores, Roberto
Ferrer, Francisco Javier Molina, Emilia Alfosea y Rosa
López, permiten una adecuada catalogación de los
materiales hallados en la cueva. Por supuesto detrás de
todas las tareas que se desarrollan en En Pardo queda
el soporte presupuestario que anualmente aporta el
MARQ, cuya gestión y control, a cargo de Rosario
Masanet y Marian Agulló en su mayor parte, exige un
trabajo lo suficientemente arduo como para merecer
aquí su reconocimiento.
28
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
tinaja justo por encima de un osario calcolítico y por tanto posterior al anforoide propio del
Neolítico Medio (SOLER eT alII, 1999 b). La tinaja de fondo plano resultaba de la época de los
moriscos. Elaborada a torno se disponía en parte enterrada y casi en contacto con huesos
humanos que conformaban un osario prehistórico. Se encontró en el sector 7.5, esto es, en el
cuadro inmediato al del sector donde años después se localizó a una profundidad mayor el vaso
anforoide. Este fragmento de tinaja alcanza un diámetro máximo de 75 cm y una altura de 40
cm. Es la única pieza original que se muestra en la sala de arqueología de campo que dispone el
MARQ, un ámbito que recrea bien la excavación en cueva y que ha tomado muchos de sus datos
de la investigación desarrollada en la Cova d’En Pardo. En su posición original esta tinaja de
época moderna quedaba instalada tras cavar un hoyo en el fondo de la sala de la derecha de la
cueva, por debajo de una formación estalagmítica que gota a gota la iría colmando de agua.
Ahora la estructura del corral que abandonaron los moriscos sólo conserva parte de las paredes,
quedando su interior del todo relleno por las tierras que en buena medida proceden de la
excavación del interior de la cavidad. Su alzado y contenido protegen la estrecha boca de la cueva,
que resulta ser una fisura colmatada de tierra y orientada hacia al noreste. En la actualidad, de la
entrada de la cueva sólo se observa y traspasa su parte superior, a modo de cúspide triangular de
un desarrollo que, cubierto de sedimentos, debe ser considerable a juzgar por la potencia que los
Detalle de excavación y
mismos guardan en el interior de la cavidad. En Pardo es una cueva de dimensiones medias. Se documentación de perfiles
estratigráficos. Septiembre
trata de una nave dividida en dos por una estalactita de considerable tamaño, formada sobre el 2005 y 2006.
29
Situación de la Cova
d’En Pardo en el
margen de un eje principal, bajo la que en 1994 también se encontraron fragmentos de una tinaja también de época de
barranco en la
vertiente meridional los moriscos, éstos dispuestos bajo una costra estalagmítica cuya formación, necesitada de la tranquilidad
de la Serra de la
Albureca. que proporciona la no frecuentación de la caverna, es buen testimonio del abandono del territorio
inmediato de la cueva, circunstancia que podría coincidir con la dramática expulsión de aquellos
Derecha: habitantes.
Vista de la entrada
desde el interior de
la cavidad. Agosto
Los dos ámbitos que separa esta estalactita quedan perfectamente comunicados por el espacio que queda
de 1993.
entre esa formación y la entrada. Presentan una bóveda afectada de modo diferente por el proceso cárstico
que ha conformado la cavidad. La parte de la izquierda, de 11 por 6 m en sus ejes mayores, dispone de una
techumbre regular no afectada por las columnas estalagmíticas que quedan adosadas a la pared izquierda,
mientras que la otra parte o sala de la derecha, de 14 por 8 m en sus ejes mayores, dispone de una bóveda
caracterizada por profundas grietas que han provocado que los procesos de formación de las estalactitas
se determinen en mayor grado en toda la parte del fondo de ese ámbito, destacando junto con la central
otra grande y próxima a la pared derecha que, como aquella, continua su crecimiento en la actualidad y
una columna ya completa (columna 1) que permite separar un ensanche que, hacia la mitad del desarrollo
de la sala, se observa en la mencionada pared. Esta columna queda enfrentada a otra de la pared del fondo
(columna 2), no descubierta del todo por quedar en medio de un testigo de reserva. Las dos columnas, a
modo de pórtico resultan el inicio de un espacio de no más de 12 m2 que se determina entre su alineación
y la pared derecha –afectando a los sectores 6.4, 6.5, 7.5, 6.6 y 7.6– y que resulta del todo significativo en
el estudio de la Cova d’En Pardo por la concentración de hallazgos que le caracteriza.
Como cualquier cavidad, la d’En Pardo es una trampa de sedimentos, de aportes de tierra y piedras, que
procedentes del exterior la han ido colmatando por causas naturales o por la misma actividad humana.
También de ese relleno participan fragmentos rocosos desprendidos de la bóveda y paredes de la caverna.
30
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Salas de la izquierda y
derecha tras los primeros
Por los estudios de sedimentología que inició Maria Pilar Fumanal (†) y que a lo largo de estos años trabajos de limpieza.
Agosto de 1993.
ha continuado Carles Ferrer (SOLER eT alII 1999 y 2008) se sabe que el relleno de la cueva ha sido
intenso al menos, y según las evidencias documentadas, desde el Pleistoceno superior final. En gran
parte es el resultado del funcionamiento de flujos de agua procedentes del exterior, que han
generado un depósito de tierra y piedras con importantes hiatos sedimentarios producidos por fases
erosivas que han desplazado de los perfiles estudiados sedimentos preexistentes al fondo u otro lugar
de la cavidad. Durante el Holoceno, los flujos han sido de menor energía predominando los depósitos
de limos y arcillas, del todo alterados por una intensa ocupación humana, que ha aportado además
extensos depósitos detríticos en relación con el uso de la cueva como corral de ganado.
La cueva está en la actualidad protegida por una puerta de hierro. De su instalación participaron
amigos de Planes, entre los que recuerdo ahora por su apoyo y entrega a los entonces Alcalde y
Concejal de Cultura Alfons Llorenç y Vicent Martínez (†); por su particular entusiasmo a Toni, a el
Cell y, de un modo especial, a Andreu Ruiz, quien con Francisco Barberá nos ayudó años en las
tareas de campo. La puerta se puso en 1992 porque mientras preparábamos la intervención unos
delincuentes realizaron una excavación clandestina que afectó gravemente el interior y por tanto a
los sedimentos que contienen materiales arqueológicos de escaso valor crematístico pero de alto
nivel científico. La puerta volvió reventarse en 1998, centrándose el ataque en el sector 7.6. De
manera afortunada, entonces no estaba abierto y el daño que efectuaron los excavadores
Puerta metálica que
clandestinos se concentró en los niveles superiores de enterramientos humanos, no llegando a
protege la entrada a la
afectar a las tierras que contenían el vaso anforoide, un objeto único por su excelente estado de cueva.
conservación, que pudo ser destrozado o sustraído y no servir ahora de magnífico testimonio para
a reconocer el pasado y de un modo particular las prácticas que en la cavidad guardaron los
pastores prehistóricos que la ocuparon.
31
LA COVA D’EN PARDO COMO yACIMIENTO ARQUEOLÓGICO RECONOCIDO.
LA EXCAVACIÓN DE 1965 y LA TRASCENDENCIA DE SUS hALLAzGOS.
La Cova d’En Pardo fue reconocida como yacimiento arqueológico por Vicente Pascual (1917-
1976), quien tras ser informado de la existencia de la cavidad por miembros del Centro
excursionista de alcoy, en 1961 practicó un sondeo en el ámbito de la sala de la izquierda,
encontrando restos humanos sin guardar la posición anatómica de al menos dos
inhumaciones, puntas de flecha en sílex, cuentas de collar de forma discoidal, varillas planas
y punzones en hueso. Esos hallazgos constituirían el anuncio de todo lo que se encontraría
durante el transcurso de la intensa excavación que el mismo V. Pascual realizó en la cavidad
en el verano de 1965, como una de las acciones impulsadas por el Laboratorio de Arqueología
de la Universidad de Valencia bajo la dirección del Dr. Miguel Tarradell Mateu (1920-1995).
En la excavación de En Pardo, como joven universitario participó Enrique Llobregat Conesa
(1941-2003). Luego, siendo Director del Museo Arqueológico de Alicante el mismo Enrique
resultaría decisivo para que el Conservador de Prehistoria de este Museo retomara los
trabajos de excavación de la cavidad a partir de 1993 (SOLER, 2000).
La excavación de 1965 se planteó en los meses de verano en dos campañas entre las que
medió la actuación arqueológica en el poblado ibérico de El Xarpolar. Por distintas
circunstancias los resultados de esa excavación quedaron inéditos, salvo una reseña recogida
en las actas del X Congreso nacional de arqueología celebrado en Mahón en 1967. Teniendo
Vicente Pascual Pérez. en cuenta los restos materiales y la ordenación estratigráfica que se recogía en el cuaderno
Archivo Museo Arqueológico de
Alcoy. de campo que había realizado V. Pascual durante el transcurso de la excavación
arqueológica, en el congreso de la capital de Menorca, M. Tarradell trazaba una secuencia
del uso de En Pardo que, en lo que se refiere a la prehistoria integraba 4 fases de distinta
cronología, no necesariamente sucesivas. La más antigua reconocida por elementos
apuntados en sílex con el dorso rebajado quedaba adscrita al Paleolítico final o al
Epipaleolítico, mientras que la más reciente resultaba propia del Eneolítico, ésta última bien
caracterizada por el uso de la cavidad, como un lugar de enterramiento colectivo similar al
que hacía años la comunidad científica reconocía en la Cova de la Pastora de Alcoy o la Cova
de la Barcella de Torremanzanas. En medio de ambas y tan distintas fases quedaban
evidencias, basadas sobre todo en la observación de los fragmentos de cerámica recogidos,
de la ocupación habitacional de la cavidad que se remontaban a un Neolítico caracterizado
por las cerámicas con decoración impresa, fase que encontraba su continuidad en una
posterior, para M. Tarradell también eneolítica y de habitación, evidenciada por restos
Enrique Llobregat Conesa.
Archivo MARQ cenicientos de hogares y molinos de mano (TARRADELL, 1969).
32
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
33
Puntas de flecha en
sílex, colgante
acanalado en piedra y
alfiler óseo de cabeza
acanalada. Museo
Arqueológico de Alcoy.
Excavaciones de 1965.
34
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
35
Fragmento de cerámica con
decoración impresa de
instrumento y colgante óseo
con decoración acanalada.
Museo Arqueológico de Alcoy.
Excavaciones de 1965.
cerámicas peinadas, una fase media dentro de la evolución del Neolítico en las tierras valencianas, bien
reconocida cuando se enunció en la Cova de les Cendres de Moraira - Teulada (BERNABEU, 1995, 42), se
podría asimilar ahora el magnífico vaso anforoide que en 2004 se encontró en la cavidad de Planes.
De otra parte, la fase posterior a la de la ocupación neolítica, esto es, la propia del uso de la cavidad como
necrópolis, fue objeto de atención por el que subscribe este texto, en la intención de estudiar los
materiales propios de la vertiente funeraria del Calcolítico o Eneolítico que en 1965 se habían encontrado
en la excavación de la cavidad y en general los que de ese periodo se conocían en todo el panorama de
cuevas de enterramiento que de esa época ofrece la Comunidad Valenciana. Con ese trabajo de la mano
de Enrique Llobregat y de nuestro querido profesor Mauro Hernández iniciamos nuestra aproximación a la
Cova d’En Pardo, resultando a la postre el contenido material de la fase funeraria de la misma una parte
significativamente importante del Corpus de cuevas de inhumación múltiple valencianas (SOLER, 2002).
En todos estos trabajos se podían valorar los datos que ofrecía la Cova d’En Pardo siempre con las
limitaciones que suponía estudiar los resultados de una excavación antigua y realizada con una
metodología del todo diferente a la que en la actualidad se debe exigir para la práctica arqueológica.
Además, el trabajo que en 1965 se había realizado en En Pardo quedaba inconcluso al no haberse
publicado nunca las reflexiones y las ideas que al respecto de los resultados de la excavación hubiera
aportado M. Tarradell. En el Museo Arqueológico Camil Visedo Moltó de Alcoy se custodian los materiales
que se hallaron y las notas que en el cuaderno de campo tomara de manera diaria V. Pascual,
acompañadas de los dibujos de los fragmentos de cerámicas y otros objetos que al final de cada intensa
jornada en la cueva realizaba en la Venta de Margarida. En ese cuaderno queda reflejado el día a día de
36
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR
aquella intervención que, afectando del todo a la sala de la izquierda, no puede comprenderse bien si,
sobre el terreno, no se reconoce el yacimiento.
Acompañados del que hoy es Director del Museo de Alcoy, José María Segura, en 1992 visitamos por
primera vez la Cova d’En Pardo, extrayendo la conclusión de que había que destinar una buena parte del
esfuerzo que suponía la excavación del yacimiento a tratar de reconstruir el proceso de la intervención
que en 1965 se había desarrollado en la cavidad. A ello y a la limpieza y planimetría de la cueva se
destinó la primera campaña desarrollada en agosto de 1993, con la ayuda de los entonces recién
licenciados universitarios y hoy en su mayoría profesionales en el ámbito de la arqueología Francisco
Javier Jover, Juan López, Thomas Schumacher, Palmira Torregrosa y Beatriz Rivero. Limpia la cavidad se
pudieron comenzar a “leer” los perfiles de la excavación de mediados de los sesenta, a la vez que intentar
comprender bien lo que quedaba escrito en los cuadernos de campo de V. Pascual. No en vano en la cueva
se conservaban (y todavía se conservan) los perfiles de aquella excavación que, realizada en no más de
dos meses, con escasa luz de carbureros y muy pocos operarios, afectó a la práctica totalidad de la sala
de la izquierda, alcanzado la profundidad de 5 m en el centro del área excavada. Ahí V. Pascual había ido
profundizando en capas artificiales de 20 a 50 cm de potencia en distintos cuadros que señaló con letras
en un plano. En uno de sus croquis se recoge una de las secciones de aquella excavación donde se
distingue por debajo del nivel del “Eneolítico con enterramientos” un nivel de casi 1 m de potencia
asimilado al “Neolítico” con la presencia de “restos de hogares”. Si se consulta el diario se descubre que
en los distintos cuadros que se asimilan a ese nivel neolítico se localizaron, entre otros y con profusión,
fragmentos de cerámicas peinadas, esto es, fragmentos de vasos cerámicos con el mismo tratamiento
decorativo que caracteriza al vaso anforoide.
37
EL PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA DE LA COVA D’EN PARDO
QUE IMPULSA y DESARROLLA EL MARQ
Secuencia de la excavación
de la sala de la derecha
de la Cova d’En Pardo.
Desde 1993 se ha venido excavando la Cova d’En Pardo dentro del programa que para las
Fotos de final de campaña 1994-2007. excavaciones ordinarias dispone el Museo Arqueológico de Alicante (SOLER, 1999). Con el
enfoque pluridisciplinar de una excavación que suscita el interés y la dedicación de
distintos especialistas, la actuación desarrollada en la cavidad hasta 2007 ha guardado
tres objetivos: 1º) documentar bien la excavación de 1965, estudiando los perfiles de
aquella intervención, 2º) aproximarse al uso funerario de la cueva durante el Eneolítico o
Calcolítico y 3º) estudiar las fases de habitación de la cavidad por parte de gentes
1994 neolíticas. Para cubrir los objetivos 2º y 3º se ha venido planteando la excavación en
1995
38
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
1999
2001
foto: josé Carruana
1997
2003
39
El estudio de los perfiles resultantes de la excavación de 1965 ha
proporcionado 20 unidades o niveles diferentes de sedimentos, quedando el
más infrayacente por encima de una costra calcárea. De uno de los más
profundos (nivel XVIIc), y por tanto más antiguos, se dispone una datación de
25.720 ± 120 BP –beta 124122– (SOLER eT alII, 1999), lo que permite
considerar que la estratigrafía que ofrece el perfil se remonta a cerca de unos
2005 26.000 años antes de presente, si bien en relación con este nivel no hay una
asociación clara de elementos de cultura material. Parece que las laminitas de
dorso o elementos en sílex con el borde abatido localizados en la excavación
de V. Pascual, como mucho podrían remontarse a los niveles XII ó XIII,
unidades sedimentológicas para las que se disponen dataciones de 11.880 ±
70 BP –beta 89287– y 10.940 ± 70 BP –beta 89288– que no resultan
coherentes con la ordenación estratigráfica (SOLER eT alII, 1999). En las nuevas
excavaciones estos elementos líticos han aparecido en el nivel X, que además
de ser el nivel más bajo de los excavados en el nuevo ciclo de trabajos
2006 desarrollados en la sala de la derecha, resulta posiblemente con el XI el más
antiguo del Holoceno. Por ello, sí parece que puede afirmarse que la cavidad
fue frecuentada por cazadores-recolectores del final Paleolítico Superior
(Magdaleniense) y del principio del Epipaleolítico (Antiguo o Microlaminar).
2007
40
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
De los perfiles de la excavación de 1965, también resultan los datos que, sobre el medio ambiente y a
partir del estudio del polen, ha venido proporcionando esta cueva que en la actualidad tiene en sus
alrededores una zona de matorral con proximidad a cultivos de secano y escasas coníferas de
repoblación. El último incendio constatado en su entorno data de la primavera de 1992, y desde entonces
ha resultado muy difícil la recuperación del suelo edáfico y la regeneración del carrascal climáticamente
característico, teniendo en cuenta la escasez de manto vegetal, la topografía y el clima actual (GONzÁLEz,
1998). Esta situación resultaría muy diferente al inicio de la secuencia, en una fecha anterior a hace unos
26.000 años, cuando por el estudio del denominado nivel XVIII se sabe que la cueva quedaría inserta en
un pinar relativamente denso en un ambiente fresco y húmedo. Con el paso del tiempo, y en una fecha
41
próxima al inicio del Holoceno, ese pinar prácticamente puro, pasará a convertirse
en un carrascal (SOLER eT alII, 1999). A partir de entonces, la carrasca siempre
predominará sobre el pino, dándose en la temporalidad propia de las cerámicas
peinadas, una cobertura arbórea menor que en los inicios de la etapa más reciente
del Cuaternario. A este respecto hay que indicar que las variaciones que ofrecen
los análisis de pólenes a partir del nivel X, no responderían tanto a cambios en el
clima, como a modificaciones en un paisaje, resultante de una cada vez más
intensa actividad humana, que queda plenamente constatada cuando, entrado el
Neolítico, se incendia y rotura tierras para cultivarlas y dedicarlas a la ganadería
(GONzÁLEz, 1998).
42
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Excavación de restos
humanos junto a la
pared del fondo de la
cavidad. Nivel IIb.
La otra fase de inhumaciones que se determina en En Pardo es previa en el tiempo y denota un ritual del Subsector 6.6/B-D.
1998.
todo diferenciado del expuesto. Caracteriza del todo al nivel III (SOLER, 1999) y responde al concepto que
ya enunciara M. Tarradell como resultado de las excavaciones realizadas por V. Pascual en la sala de la
izquierda, en la que se encontraron distintos cráneos, uno de ellos trepanado (CAMPILLO, 1976; SOLER y ROCA,
1999). Para entonces la cavidad es de enterramientos múltiples o sucesivos de miembros de un colectivo
que tendría su hábitat en algún emplazamiento cercano, difícil de identificar, una vez que los
asentamientos del final del Neolítico y el Calcolítico se producen en tierras bajas y de fondo de valle,
quedando en el caso de la inmediaciones de la cueva ese posible emplazamiento de aldea en una tierra Varilla plana. Nivel III
Subsector 6.5/D. 1997.
del todo modificada por las prácticas agrícolas. Tras la identificación de la totalidad de los huesos
humanos localizados y del registro material que los acompaña, los estudios se centran ahora en la
distribución y análisis de lo encontrado, a los efectos de poder reconocer mejor las características físicas
y los rasgos culturales de la población que inhuma ahí a sus muertos (RODES eT alII, 2006 y SOLER, ROCA DE
Desde luego, es cierto que En Pardo ofrece en esta fase un riquísimo material, considerando tanto el
hallado por V. Pascual en 1965 (SOLER, 2002, Lams. 82 y ss.) como el descubierto a lo largo de la excavación
del nivel III y del nivel IIb, o unidad suprayacente a la III que, con los mismos rasgos sedimentológicos del Cabeza acanalada.
Nivel III Subsector
nivel II, se concentra junto a las paredes de la cueva con un registro material similar al que ofrece el 6.5/C. 1998.
amarillento nivel III. De modo general este conjunto funerario integra en sílex útiles como puntas de
flecha y hojas cuchillo de excelente factura; y en hueso y dentro del concepto de elementos de atuendo
y adorno colgantes, cuentas, varillas planas, punzones elaborados sobre tibias de lagomorfo y alfileres de
cabeza con decoración acanalada. Del mundo de las creencias resultan ídolos planos en hueso; y del ritual
que acompañara las inhumaciones una cerámica que nos llega tremendamente fragmentada y restos de
fauna de animales domésticos, que constituirían la ofrenda alimenticia.
43
El uso de la cavidad como lugar de inhumación podría alcanzar el milenio de años. Unos quinientos años
de ese tiempo se aseguran con los resultados de los análisis de C14 de los fragmentos de huesos humanos
enviados a datar al laboratorio beta (Miami, USA), recogidos de la parte superior e inferior del osario que
en el sector 7.5 se localizó por debajo de la tinaja de la Edad Moderna. La datación de la parte inferior,
obtenida a partir de un calcáneo ofrece una fecha en C14 convencional de 4.550 ± 40 BP (beta 231875)
y la de la parte superior, resultante del análisis de un fémur de 4.270 ± 50 BP (beta 95394). En años reales,
tomando en cuenta su expresión calibrada a 2 sigma (m), el calcáneo ofrece unas fechas de 3315 y 3175
a.C., (SOLER, ROCA DE TOGORES y RODES, 2008) que resultan entre 408 y 548 años más antiguas que la que, en
Punta de flecha.
Nivel III Subsector
4.3/A. 1998.
Tabla I. Dataciones de
la Cova d’En Pardo
referidas en el texto.
(BP=antes del presente;
BC=antes de Cristo;
Cal=calibración con rango a
1 ó 2 sigma;
(m) media de los rangos a 1
ó 2 sigma;
Intersección de la edad del
radiocarbono con la curva
de calibración. En color azul
cian dataciones de vida
corta sobre materiales
desplazados.
44
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
los mismos términos proporciona el fémur: 2.767 a.C. (SOLER eT alII, 1999). El cálculo hasta el
milenio resulta verosímil a partir de las dataciones que se disponen extraídas de la base del
sedimento del nivel III: 4.960 ± 40 BP –beta 152955– y 4.980 ± 50 BP –beta 156661– (SOLER eT
alII, 2008). En este caso su expresión en años reales (3.895 / 3.730 y 3.895 /3.740 CAL BC 2 sigma
(m) resulta entre 1.128 y 963 años más antigua que la fecha que en esos mismos términos se
establece para el calcáneo (SOLER, ROCA DE TOGRES y RODES, 2008).
Fragmento de cerámica
Las dataciones de radiocarbono no han avalado la propuesta de considerar el carácter funerario cardial. Nivel VIII Subsector
5.6/C. 2005.
del nivel IV, de modo que no puede subscribirse con todas las garantías que el inicio del fenómeno
de inhumación múltiple en En Pardo resulte contemporáneo a la cronología propia de las
cerámicas con decoración esgrafiada que le caracterizan. Las previsiones iniciales, fundamentadas
en los datos que se derivaban de la excavación de 1965 (SOLER, 2000 y 2002) y en principio
refrendadas por el hallazgo en 1998, al inicio de la excavación del nivel, de puntas de flecha en
sílex y huesos humanos (SOLER, 1999, 365) no han terminado de avalar que el nivel IV pueda
vincularse con una inhumación sucesiva de cadáveres, una vez que finalizada su excavación en
extensión esas evidencias se muestran más escasas de lo esperado. La datación de un fragmento
de clavícula humana 3.080 ± 40 BP –beta 202432– arroja una fecha que, expresada en años
reales –1.350 CAL BC 1 sigma (m)–, vincula al hueso con los enterramientos en fosa de la Edad
del Bronce expuestos en el comentario del nivel II (SOLER eT alII, 2008, 85), resultando muy posterior
a las fechas que, en años reales –4.285 y 4.350 CAL BC 1 sigma (m)–, se deducen de las
dataciones de la base del sedimento del nivel IV (5.400 ± 60 BP –beta 89289– y 5.510 ± 50 BP
–beta 79492–), dataciones éstas acordes con la fechas que se disponen para el inicio del
horizonte de las cerámicas esgrafiadas (SOLER eT alII, 2008, 85).
El tercer objetivo, o el estudio de las fases de habitación de la cavidad por parte de gentes
Fragmento de cerámica
neolíticas, deviene de la excavación en extensión de los niveles IV a VIII, donde abunda la cerámica
esgrafiada. Nivel IV
decorada bien identificada con la colaboración de Gabriel García y la fauna ahora en estudio por Subsector 4.3/B. 1998.
parte de Rafael Martínez y Pilar Ivorra. Como en otros yacimientos la evolución de las técnicas
decorativas aplicada a los vasos cerámicos constituye una buena guía para adecuar los diferentes
niveles arqueológicos generados por la ocupación de la cueva con la secuencia que, en tierras
valencianas, se establece para la evolución del Neolítico. De este modo, el nivel IV, conteniendo
también fragmentos peinados, se identifica mejor con las cerámicas con decoración esgrafiada
propias de una fase final neolítica; mientras que en los previos niveles V y VI son del todo
significativas las cerámicas tratadas o decoradas mediante peinado, lo que en el área resulta
acorde con una fase propia del Neolítico Medio (MARTí y JUAN, 1987, 90). Además de cerámicas
peinadas el infrayacente nivel VII engloba fragmentos cerámicos de distintas técnicas decorativas
45
en proporciones equivalentes, de modo que están presentes las cerámicas cardiales junto con incisas,
impresas con un instrumento de madera o hueso (gradina) o con relieves, esto es, con apliques como
cordones, al objeto de embellecer los recipientes. Toda esta amalgama decorativa permite la asimilación
de este nivel VII al denominado horizonte de las cerámicas inciso e impresas. Proporcionalmente,
cerámicas cardiales e impresas de instrumento resultan mejor representadas en el nivel VIII, un nivel rojizo
con una buena presencia de piedras que integra un contenido que va en consonancia con su asimilación
a pastores propios del primera fase de la neolitización de las comarcas centro-meridionales valencianas u
horizonte de las cerámica impresa cardial (SOLER eT alII, 2008, 87-88).
Fragmento de cerámica
cardial. Nivel VIII
Subsector 5.6/D. 2005. Queda el primer momento de la ocupación neolítica de la cueva en los primeros centímetros del
sedimento oscuro y fino del nivel IX, donde en 2006 y 2007 se ha podido excavar un Hogar en una
cubeta con materiales arqueológicos propios del VIII que condicionan su denominación –VIII inferior–,
junto con fragmentos de cerámica y fauna salvaje, todo lo que podría indicar el primer uso de la cavidad
de Planes por gentes de economía agropecuaria, sí, pero ahí entonces del todo interesadas por una
práctica cinegética. Salvo esa intrusión superficial, el potente nivel IX es arqueológicamente estéril o
contiene en su base alguna pieza en sílex de dorso rebajado, susceptible de vincularse con las laminitas
de dorso abatido del nivel X, un nivel bien reconocido en la campaña de 2007, que resultante de una de
una arrollada externa, integra grandes bloques y cantos, producto de escorrentías de agua favorecidas
por la escasez de la cobertura vegetal que viene a caracterizar el final del Boreal. Se trata en cualquier
caso este nivel X de una unidad sedimentológica susceptible de vincularse con los tiempos propios del
Epipaleolítico Antiguo y por lo tanto de una época del todo anterior y diferenciada de la propia del
primer horizonte de la neolitización.
Queda entonces como cuestión de interés la falta en el área excavada así como en la totalidad de los
perfiles estudiados de niveles asimilables al denominado Epipaleolítico Reciente o Mesolítico Geométrico,
fase inmediatamente previa en la zona si no contemporánea a la propia de la llegada del Neolítico en el
VI milenio a.C. Los niveles IX, VIII y VII, el primero con el hogar y los otros dos plenamente caracterizados
Fragmento de cerámica
impresa de por la presencia de fragmentos cerámicos no enlazan en su formación con el X, sino que resultan de los
instrumento. Nivel VII
Subsector 6.4/A. 2005. procesos denudativos que volvieron a darse en las vertientes hace unos 8.500 años. En lo que afecta a la
vasija anforoide, ésta se depositó en la cavidad, coincidiendo con el Holoceno Medio, en el clima benigno
y de mejor distribución de la humedad característico del denominado óptimo climático holoceno,
resultando las tierras del nivel VI que la acoge, así como la de los siguientes V a III, de aportes debidos
sobretodo al resultado de la acción humana.
46
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Las dos unidades sedimentológicas que en la Cova d’En Pardo se definen por la presencia porcentualmente
mayoritaria de cerámicas peinadas están caracterizadas por limos y arcillas que apenas contienen piedras,
pero en las que sí abundan restos de carbones y cenizas, testimonio obvio de la acción humana. El color
permite su diferenciación, una vez que el nivel V tienen un tono pardo intenso, mientras que el inferior
presenta una coloración similar aunque más clara. En los dos niveles abundan carbones dispersos. Los
estudios de antracología iniciados por Helena Grau (SOLER eT alII, 1999) han encontrado su continuidad en
los informes que anualmente remite David M. Duque, quien ha señalado, en consonancia con los datos
derivados de polen y del estudio de los sedimentos, que los carbones de los niveles V y VI de En Pardo
revelarían un entorno mesomediterráneo húmedo donde con las carrascas tendrían su importancia el
fresno, el madroño y las quercíneas de hoja caduca. Desde el análisis de la microfauna, Pere Guillem
también ha dejado constancia de la presencia de restos de micromamíferos aportados por rapaces
susceptibles de existir en ámbitos de redil como la lechuza que también resultarían acordes a un medio
ambiente con un gradiente de humedad mayor que el actual, conformado por una formación boscosa
adehesada, esto es, con espacios abiertos por el hombre con fines agropecuarios.
47
En el transcurso de la excavación de ambos niveles también pudieron localizarse extensiones de cenizas y
carbones que al principio se interpretaron erróneamente como hogares y que son el resultado de la quema
intencionada de los lechos vegetales vinculados a la estabulación del ganado con la intención de sanear
el redil. Los estudios del sedimento de estos niveles a partir de las muestras tomadas en el perfil que la
nueva excavación ha ido dejando en el cuadro 4.3/A han sido realizados con diferentes técnicas por Carlos
Verdasco y Carles Ferrer, aportando interesantes conclusiones sobre esos lechos de cenizas. El primero,
desde una analítica microestratigráfica, valiéndose de la técnica de extracción de lámina delgada y de
observación con microscopio petrográfico ha podido identificar en el nivel VI una franja microscópica de
intensa incineración de paquetes orgánicos determinada por la combustión de restos vinculados con la
estabulación del ganado; el segundo, del análisis de visu del perfil, donde los paquetes afectados por el
fuego alcanzan un espesor en ocasiones superior a los 10 cm, ha podido encontrar distintos rasgos entre
los niveles VI y V que pueden significar diferencias en la gestión del espacio del redil. Mientras que en el
perfil, las cenizas del nivel V se apoyan sobre restos vegetales no quemados del todo, orden que viene a
indicar que estos lechos de estiércol se quemaron in situ; en el VI no se observan esos restos vegetales en
una posición infrayacente a las capas de cenizas horizontales. Esta falta se interpreta como el resultado
de haber acumulado los lechos de excrementos antes de su combustión, volviéndose a expandir una vez
calcinados por los agentes sedimentarios (SOLER eT alII, 2008).
De otra parte quedan los restos de encendidos que, por su menor extensión, incluir una buena
concentración de carbones y por estar más o menos delimitados por piedras pueden considerarse
auténticos restos de hogares. De éstos Begoña Soler ha estudiado uno del nivel V localizado en el cuadro
5.5/D. Como se va a exponer, otro de estos pudo localizarse en el nivel VI en el mismo sector y a una cota
suprayacente a la propia de la boca del vaso anforoide.
Hogar.
Nivel V Subsector 5.5/D. 2001.
48
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Los datos de estos estudios hacen considerar que En Pardo formaría parte de un
circuito de áreas de estabulación o rediles que gestionarían los pastores prehistóricos,
saneando de modo planificado y drástico aquel que en el recorrido estuviera
colmatado en exceso de los lechos con excrementos, mientras que el ganado
estabulara en otro emplazamiento. Sobre la alimentación de los pastores también hay
datos destacables. A este respecto Guillem Pérez ha centrado su interés en el estudio
carpológico, identificando escasas semillas de trigo (Triticum aestivum/durum) y
cebada (hordeum vulgare) en las decenas de litros de sedimento del nivel VI pasado
o lavado por una criba de agua que también permite recoger carbones y restos óseos
de pequeños animales o microfauna. El nivel VI de la Cova d’En Pardo es el que ha
aportado un mayor conjunto de especies cultivadas en toda la secuencia lo que es
indicativo del uso de la misma como lugar de habitación. Todos los restos son de
cereales, la base de la alimentación humana de las primeras comunidades agrícolas y Lavado del
sedimento.
entre ellos destacan los trigos desnudos y en menor medida la cebada vestida. Los Septiembre 2007.
trigos desnudos son los más productivos y los que con más facilidad se procesan, características que los
han convertido hasta la actualidad en la principal especie cultivada. Su aparición en este nivel de En Pardo
resulta acorde a su inserción en un periodo medio en el desarrollo del Neolítico, una vez que aunque es
cierto que desde el inicio de la neolitización son la especie dominante, con respecto a los trigos vestidos
y las diferentes cebadas, es cuando avanza el Neolítico cuando se observa un proceso de crecimiento de
los trigos desnudos sobre las otras especies.
Pilar Ivorra y Rafael Martínez han avanzado datos del estudio que van realizando sobre los restos de fauna
del yacimiento. Por ahora su investigación abarca hasta el nivel V, aportando datos que contribuirán a
49
entender otro de los rasgos definidores del horizonte de las cerámicas peinadas en la cavidad: la enorme
presencia de restos de ovicápridos dispersos y acumulados junto a las paredes del fondo de la sala de la
derecha, justo por debajo de los osarios de huesos humanos que caracterizan el uso funerario de En Pardo.
Por ahora en el nivel V se han identificado restos de ovejas y cabras domésticas, haciéndose constar la
presencia más testimonial de bóvidos. Sobre algunos de estos huesos son patentes las marcas de carnicería
probablemente producidas con instrumental de sílex, que ponen de manifiesto que en la cavidad se
realizaba el descuartizado y el descarnado de los animales. La evidencia de algunas alteraciones
producidas por la disposición de algunos de los huesos en un suelo vegetal y su encuentro en el ámbito
sin luz natural que se determina en el fondo de la cavidad, sugiere el traslado y la acumulación de los
Fragmento cráneo mismos junto a las paredes de la cueva tras haber sido primero enterrados o acumulados en el exterior.
humano Nivel VII.
Subsector 6.5/A.
2004. También estos niveles han ofrecido restos humanos que de manera rigurosa ha ido estudiando Consuelo
Roca de Togores. En este caso los huesos consisten en contados fragmentos de cráneos y mandíbula, así
como alguna pieza dentaria, todo ello en un horizonte del todo alejado del posterior uso de la cavidad
como necrópolis de inhumación múltiple. Uno de estos fragmentos de cráneo resulta alterado por causas
que podrían tener una significación ritual, al existir una alta probabilidad de que el mismo hubiera sido
sometido a una cocción, el otro apareció en el transcurso de la excavación del nivel VII, pero con seguridad
debe entenderse en el en el VI, una vez que parte del mismo se envió a datar obteniendo la fecha 5.740
± 40 BP (beta 208464), cuya expresión calibrada a 1 sigma (media) remonta el final de su vida hacia el
4.650 - 4.570 a.C (SOLER eT alII, 2008), una fecha que podría resultar contemporánea a la que se deduce de
un hueso de bóvido recogido en el nivel VI y enviado a datar en 2007: 5.790 ± 40 BP (beta 231876), que
en años reales aplicando la misma calibración resulta en torno al 4.645 a.C. Ambas dataciones son
posteriores a la que data el sedimento del nivel VI: 6030 ± 40 BP (beta 186170) - 4895 CAL BC 1 sigma
Fragmento cráneo (m) (SOLER eT alII, 2008) y anteriores a la del sedimento del nivel V: 5710 ± 50 BP (beta 166164) - 4535 CAL
humano Nivel VI.
BC 1 sigma (m) (SOLER eT alII, 2008). Su relación permite considerar una cronología para el vaso anforoide
Subsector 5.4/A. 2002.
en torno al 4.900 - 4.600 a.C
En lo que respecta al registro material, ambos niveles ofrecen algunas diferencias, con la característica
común de estar definidos por una buena presencia de fragmentos cerámicos con un tratamiento de
peinado. Contabilizando los hallazgos producidos hasta la campaña de 2005, cuando ambos niveles
estaban prácticamente excavados en su extensión a lo largo de la sala de la derecha, el nivel VI ofrece un
volumen mayor de fragmentos cerámicos, cerca del millar, identificándose decoración en un 37%. La
presencia de fragmentos en el nivel V se reduce a algo menos de la mitad, presentando decoración un
31%. Del cómputo de los fragmentos decorados se extrae un porcentaje en torno al 75% de cerámicas con
un tratamiento de peinado en los dos niveles, indicándose en V una cierta presencia (15%) de las
cerámicas con decoración esgrafiada características de nivel IV y una representación minoritaria de otras
especies decorativas: incisas (3 %), impresas (6 %) y relieves (3 %). En lo que afecta al nivel VI no hay
50
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Plano de dispersión de
hallazgos. Nivel VI.
Sala de la derecha.
2004.
ningún grupo que destaque por debajo de las peinadas que lo caracterizan plenamente, observándose una
presencia reducida de esgrafiadas (2%), incisas (4%), impresas (7%), cardiales (2%) y con relieves (8%).
Sí hay que destacar de nuevo la tremenda fragmentación de todo lo hallado, circunstancia plenamente
producida en el VI, de modo que resulta muy difícil la reconstrucción de formas que, cuando se intuyen,
resultan dentro del referente geométrico de la esfera y la elipse en sentido vertical (SOLER eT alII, 2008).
51
PLANO DE DISPERSIÓN DE hALLAzGOS.
NIVEL VI. COVA D’EN PARDO
Plano de dispersión de
hallazgos. Nivel VI.
Fondo derecha de la
Cova d’En Pardo. 2004. Expuestos por encima los rasgos que definen el horizonte de las cerámicas peinadas en la cavidad de
Planes, nos podemos centrar ahora con más detalle en lo hallado cerca del vaso localizado en la campaña
de 2004 en la fosa del cuadro 7.6/A que, recordaremos, se encuentra en el ámbito más recogido que se
conforma al fondo-derecha de la cavidad, a partir de las columnas estalagmíticas enfrentadas 1 y 2. En
ese cuadro, por encima de su hallazgo pudieron localizarse en 2002, al inicio de la excavación del nivel VI,
sobre una cota de —2,42 m, un buen número de restos de fauna, entre los que se identificaron mandíbulas
y otros huesos de entidad mezclados con algunos fragmentos cerámicos, de modo que podría afirmarse
52
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
que, con el paso del tiempo, el área que albergaba el anforoide enterrado estaba cubierta por una acción
provocada por gentes de la misma cultura de las cerámicas peinadas pero con toda seguridad posteriores
a las que hubieran depositado el vaso y de seguro ignorantes de su existencia. Esta acción consistiría en
la acumulación de desperdicios, resultado de una actividad de sacrificio y carnicería de animales
domésticos, depósito que encuentra su continuidad en el inmediato cuadro 7.5/C en los niveles VI y V, de
modo que hubo un tiempo que el rincón que se conforma al fondo derecha de la cavidad fue utilizado
como basurero de animales probablemente sacrificados en el exterior de la cavidad.
Entre ese depósito de huesos y las referidas piedras que en 2004 se encontraron sobre la boca del
anforoide, todavía median hallazgos producidos en el transcurso de la campaña siguiente, en septiembre
de 2003. En ese año se encontró en la excavación del cuadro 7.6/A los restos de una mancha de
combustión 03 - VI - 1, a —2,52 m, que afectaba a distintos cuadros 6.6/B, 6.5/D, 75C y 7.6/A. Esta mancha
de combustión quedaba delimitada por piedras, aunque no de un modo nítido y presentaba carbones de
gran tamaño, entre los que se encontraron fragmentos cerámicos. Tras el análisis antracológico se ha
podido dirimir que el fuego ahí se alimentó con leña del entorno, de modo que se han identificado taxones
de fresno (fraxinus sp), madroño (arbutus unedo) y pino carrasco (Pinus halepensis), restos que en el área
del hogar quedan porcentualmente mejor representados que en la globalidad del sedimento que
proporciona la excavación en extensión del nivel VI. En total la potencia de carbones sería de 10 cm,
dejando de aparecer a —2,62 m.
De la base del Hogar 03 - VI - 1 hasta el borde del vaso anforoide localizado a —3,05 quedan unos 40 cm
de sedimento que aseguran el carácter no contemporáneo de los dos hechos detectados: encendido del
fuego estable y depósito de un recipiente con una función de contenedor, si bien ambos revelan que el
53
Subsector 7.5/A. Planos
de secuencia de la
excavación. Campañas
1995-2001.
rincón que luego sería un basurero durante un tiempo resultó un lugar preferido para la habitación de los
pastores que ocuparon la cavidad de En Pardo, rincón donde por otra parte también se localizaría alguna
de las semillas de trigo encontrada en la criba de las tierras del cuadro 7.5/C.
Todavía en ese ámbito que ahí se delimita por la pared de la cueva y la columnas 1 y 2, se produjo en 2004
otro hallazgo de interés en el cuadro 6.5/B al identificarse in situ una piedra de travertino con una
oquedad, en su centro, posible resultado de la acción de un trabajo de moler o percutir, cerca de la cual
se localizaron también una buena acumulación de carbones entre piedras –Mancha 04-VI-3–, una mano
de molino en piedra arenisca; en sílex: 1 fragmento distal de lasca laminar, 1 segmento de círculo y 1 un
segmento o trapecio afectado por retoque abrupto; una concha de bivalvo, de las que son idóneas para,
perforándola, realizar un colgante; y más de una treintena de fragmentos cerámicos, entre los que
destacan aquellos con tratamiento de peinado. Se referencian ahora sólo los hallazgos de un área de 1 m2
y esa abundancia, que debe vincularse con una ocupación humana, aunque en menor cuantía también se
determina en los otros cuadros del fondo-derecha de la sala, localizándose además de fragmentos
cerámicos una lasca de sílex en el cuadro 6.5/A; otra mano de molino en piedra arenisca y un fragmento
de laminita en sílex en el 6.5/D; y un rectángulo en sílex en 7.5/C.
54
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Como quiera que en ese rincón que se conforma al fondo-derecha de la cavidad se encontró la tinaja
morisca, resulta de sumo interés observar la secuencia del cuadro 7.5/A donde ésta, dispuesta junto a la
pared, se apoyaba a —1,73 m, cortando del todo el nivel III con los huesos humanos del osario propio de
la fase del enterramiento múltiple de la cavidad (SOLER eT alII, 1999B, Fig. 1.6 y 1.8). Extraída la tinaja en
1995, la excavación de ese cuadro se retomó en 1999, localizándose en el nivel IV una mancha –Mancha
99.4– de aspecto circular, más o menos 50 cm de diámetro, con cenizas muy finas y carbones de buen
tamaño que integraba en su interior restos de fauna y algún hueso humano. Inmediatamente por debajo,
a —2,05 m ese mismo año pudo localizarse lo que en principio parecía otra mancha cenicienta –Mancha
99.5– de dimensiones similares aunque de una delimitación perfecta, de forma que su contorno constituía
una circunferencia de 50 cm de diámetro.
Esa superficie se levantó 2001, comprobándose su buen espesor, más de 10 cm y su naturaleza, resultando
una plataforma compacta elaborada con un material margoso. Esta superficie podía haber constituido una
base idónea para la sustentación de algún tipo de recipiente, posiblemente asimilado al tiempo propio de
las cerámicas esgrafiadas que acaso pudiera beneficiarse del mismo goteo que milenios después afectara a
la tinaja morisca. Por debajo de esa superficie pudo detectarse en aquella campaña, ya dentro del ámbito
propio del nivel V parte de la acumulación del fauna que en ese nivel se observa en todo el ámbito que se
genera al fondo derecha de la cavidad, tras la fase de ocupación que de modo general viene a definir el vaso
anforoide, la piedra de travertino y toda la relación de hallazgos expuesta y característica del nivel VI.
55
ANFOROIDES EN LA COMUNIDAD VALENCIANA. CARACTERÍSTICAS y CRONOLOGÍA
Los vasos con la forma del encontrado en la Cova d’En Pardo debieron ser muy corrientes en su época. De
hecho, pese a lo increíble de su conservación existen buenos símiles, algunos de ellos también muy bien
conservados, por guardar la misma circunstancia de haber aparecido enterrados. Provistos de una base
cónica, recuerdan en su forma a alguna de las ánforas de época ibero-romana. Para mantenerse en pie,
como aquellas necesitarían de algún tipo de soporte, o estar parcialmente enterrados, condición ésta para
la que la base, de forma apuntada, resulta idónea. En su momento, estos vasos tuvieron su importancia en
el ámbito de la investigación prehistórica valenciana, una vez que se utilizaron para considerar una fase
del Neolítico posterior a la propia del Neolítico de las cerámicas impresas cardiales. Esa propuesta la
realizó E. Llobregat (1973) considerando el paralelo formal entre tres vasos localizados en el poblado de
El Garcel de Almería, la Cueva de Nerja de Málaga y la Cova de l’Or de Beniarrés, Alicante. De éstos el
conocido de más antiguo era el de El Garcel, recipiente de unos 42 cm de altura publicado por Luis Siret
(1913, lám. II, 57), quien incluiría los vasos anforoides entre los elementos similares que mantenía la
península ibérica con Troya (SIRET, 1913, Fig. 3 CHAPMAN, 1991, Fig. 2). Como anota Llobregat (1973, 4) los
vasos de fondo apuntado y de modo particular el de El Garcel serían referenciados por V. Gordon Childe
en The Dawn of european Civilisation como ejemplo para tratar las relaciones que pudiera haber tenido la
denominada Cultura de almería con el geerzense egipcio y el norte de África (CHILDE, 1949, 292). La misma
opinión, sin duda influenciada por las corrientes de investigación de la época (PELLICER y ACOSTA, 1986, 343)
la subscribiría M. Pellicer, quien consideraba que los mejores paralelos para la forma de fondo cónico
estaban en el norte de África, revindicando igualmente las similitudes que ofrecían con recipientes del
gerzeense como origen de los ejemplares españoles y de los norteafricanos localizados en la escargotière
de la batterie espagnole de Orán y en el emplazamiento también argelino de Kef-Ahmar (PELLICER, 1963,
nota 21).
Vasos anforoides de la
cuevas de Nerja y l’Or y
del poblado de El Garcel
según E. Llobregat
(1973).
Recipiente anforoide de El Garcel
según L. Siret (1913)
56
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
57
La datación en torno a los finales del IV milenio a. C de este recipiente de la Cova de l’Or la propondría E.
Llobregat (1973, 6) tomando en consideración los datos que proporcionaba el símil extraído años antes
en la Cueva de Nerja. A diferencia de los recipientes de l’Or y En Pardo, cuyo par de asas viene a disponerse
coincidiendo con el diámetro máximo, el vaso malagueño dispone tres por debajo de éste (PELLICER, 1963,
Fig. 8; HOPF y PELLICER, 1970, Abb. 6, 21; LLOBREGAT, 1973, Fig. 2). Este recipiente se localizó en el estrato II
de la secuencia señalada en la primera campaña de excavaciones en la sala 1 o del vestíbulo de la Cueva
de Nerja. El vaso de 45 cm de altura y a tenor de su dibujo de unos 42 cm de anchura y 18 cm diámetro
en la boca se localizó por debajo del denominado subestrato IC, donde se había encontrado un silo con
cereales integrado por unos 30 l de trigo y bellotas (PELLICER, 1963, 18-19). Clasificándolo por su base como
Vaso picudo, M. Pellicer indicaba que este tipo de recipiente era una variante formal de los
globulares con gollete y cuello cilíndrico del registro de la cavidad malagueña, donde por otra
parte se había encontrado un fondo de otro posible vaso picudo en el estrato II de la segunda
sala o cámara del belén (PELLICER, 1963, 36), repitiéndose con variaciones la forma en
campañas posteriores, asimilándose al Neolítico Reciente (PELLICER y ACOSTA, Lam. XII, 1).
Algunos globulares con gollete y cuello cilíndrico, resultan muy próximos a los recipientes de
fondo cónico cuando la base es prolongación de la elipse que conforma el cuerpo. De ello son
buenos ejemplos los recipientes de un tamaño similar al Vaso picudo, localizados en la Cueva
Tapada de Torremolinos (NAVARRETE, 1976, I: 374 y II: Lam. CCCLXXV) o los de tamaño reducido
de la Cueva de la Carigüela de Piñar de Granada (NAVARRETE, 1976, I: 374 y II: Lam. CLXXXIII).
Vaso de la Cueva de
Nerja según M. Hopf
y M. Pellicer (1970). La valoración que entonces se hacía del conjunto material del estrato II de Nerja consistente en cerámica
a la almagra, azuelas en piedra pulimentada y brazaletes en mármol, pizarra y pectúnculo hacían que el
recipiente se incluyera el Neolítico Final (PELLICER, 1963, 36). Esa acepción cronológica se reforzaría años
después con la publicación de la datación radiocarbónica del silo de la cavidad de Nerja (grn 5526) 3115
± 40 BP (HOPF y PELLICER, 1970), de modo que, como el vaso de Nerja se había encontrado en un estrato
inmediatamente inferior y también afectado por la excavación del silo, se consideró que la cronología del
recipiente debía quedar cerca de la datación de las muestras realizada por el biologisch-archaolögischen
Rijksinstitut de Groningen (LLOBREGAT, 1973).
58
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
correcta desalación y limpieza, los fragmentos del recipiente se desmontaron y volvieron a montarse, esta
vez de la mano de la restauradora Monserrat Lastras, quien en su trabajo confirmaría la forma asimétrica
del fondo del recipiente, una vez que el pico del cono que lo conforma no queda centrado con respecto al
cuello, de borde ligeramente exvasado y con un diámetro en la boca de unos 11 cm.
Se trata de un vaso de dimensiones medias. Alcanza los 28 cm de altura y los 23 cm de diámetro máximo,
coincidiendo con éste el arranque inferior de dos asas de cinta, molduradas, no dispuestas a la misma
altura. Antes de la excavación que dirigiera E. Llobregat en los años 1974 y 1975 (LLOBREGAT, eT alII, 1981),
la Cova de les Cendres fue excavada por un grupo de aficionados adscritos a la organización de juventudes
de españa (oje) quienes también intervinieron en otra cueva sita en la Punta de Moraira con la
denominación de Cova de les Rates, reconocida por sus materiales de época ibérica (GIL MASCARELL, 1975).
Hay muy poca información de ello: recortes de prensa que indican una primera visita a la cavidad a finales
de 1965 por parte de cuatro jóvenes de esa organización del barrio alicantino de Carolinas; alguna
anotación y croquis de escaso aprovechamiento y un documento a modo de informe, mecanografiado de
tres páginas y media y no firmado; todo en dos carpetas que contienen también una escasa
documentación de la excavación que dirigiera Llobregat.
59
Vista del acantilado
en el que se abre la
Cova de les Cendres
(Moraira, Alicante).
Foto Joan Bernabeu
1
Gracias a Vicente Bernabeu, restaurador De esa intervención E. Llobregat indicaría su autoría –el grupo del Hogar J.M. Macía de la
que fuera del MARQ, a finales de enero
de 2008 hemos podido contactar con OJE de Alicante– y su intensidad, una vez que de los materiales entregados al Museo
Guillermo Moreno, uno de los jóvenes
que junto con José Antonio Tafalla Arqueológico Provincial de Alicante se deducía una secuencia que, como la de En Pardo
intervinieron en la Cova de les Cendres
en 1972, a quien agradezco la cubría desde el Neolítico al Calcolítico con enterramientos (LLOBREGAT, 1973, 6 y 1975, 123).
información. Por él sabemos que el vaso,
apareció sino entero con una forma del
De los materiales sólo se haría una sucinta relación, trascendiendo sólo algunas fotografías
todo reconible a primera vista, al actuar (LLOBREGAT eT alII, 1981, 87, 93, 95 y 106) y dibujos, incluyendo el del propio recipiente
en una especie de testigo dejado entre
los dos sectores en los que excavaron. anforoide (BERNABEU, 1982, Fig. 12, 1). De este vaso hay referencia en el informe
Primero descubrieron su boca, y tras
excavar todo su contorno extrajeron la mecanografiado, que con toda seguridad sería elaborado por el mismo E. Llobregat, acaso
vasija afectada por grietas y por un
agujero en un lateral. Moreno también con la intención de defender la necesidad de excavar el yacimiento. Su no mención en el
recordó que la zona excavada se
configuraba hacia el centro de la cueva. artículo donde considera los vasos de El Garcel, Nerja y L’Or (LLOBREGAT, 1973) sólo se explica
Por él también sabemos de su montaje
por José A. Tafalla, consolidando las por una recepción de los objetos posterior a la redacción de ese artículo1. Es posible que la
grietas y el agujero que presentaba,
valiéndose de escayola mezclada con catalogación del legado documental que la viuda de E. Llobregat, Helena Reginard, entregó
tierra del entorno. Las fotografías que en
este volumen se presentan en el
al MARQ en 2000 pueda en un futuro dar más información al respecto.
apartado firmado por Silvia Roca son
testimonio de aquella primera
restauración, realizada por uno de sus Se desprende del apartado de inventario recogido en el informe que la actividad del grupo
descubridores.
de la OJE se desarrolló en julio de 1972 en dos sectores, A y B, en los que se recogieron
respectivamente 11 y 12 fragmentos cerámicos decorados que se enumeran y describen.
Entre ambos sectores se referencia la vasija: Vaso ovoide con cuello recto levemente
60
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
exvasado hacia la boca y dos asas verticales sobre el tercio superior de la panza, con la base apuntada. 30
cm de altura. Esta descripción se complementa con la indicación previa señalada en el apartado sobre la
cronología e importancia del yacimiento de que la cueva presenta una vasija completa, reconstruida, con
paralelos en la provincia de granada, en la de almería, y en la cueva de beniarrés, que pueden fecharse por
C14 hacia el 3300 ajC. Este comentario avala, el hecho de que E. Llobregat escribió este informe al poco
de finalizar el artículo que publicaría en el número IX de los Papeles de laboratorio de Valencia. En cuanto
a la localización del vaso en el yacimiento sólo cabe valorar que se encontró aislado y, a pesar de las
pérdidas y fisuras lo suficiente entero, como para permitir la restauración por parte de la misma mano que
lo extrajo, por lo que cabe deducir que estuviera enterrado en una fosa, acaso contemporánea a la que
acoge el recipiente que se trata a continuación.
De la misma cavidad procede otro vaso, este más oscuro, producto del efecto reductor en la cocción que
se expone en el Museo de Prehistoria de Valencia (nº de inventario 5270), cuyos datos debo agradecer a
la Conservadora María Jesús de Pedro. Con un bruñido o alisado en su superficies externas, el recipiente
presenta unas dimensiones –37 cm de altura, 30 cm de diámetro máximo, y 16,20 cm de diámetro en la
boca– que lo hacen más tendente hacia lo globular, presentando con respecto al de En Pardo un desarrollo
del cuello mayor, rasgo éste que lo aproxima al de l’Or, y, como diferencia con ambos, dos asas con doble
puente situadas a la altura del diámetro máximo. Publicado como elemento documentado en el nivel IX
61
Croquis de la posición del vaso de la Cova de les
Cendres –5270– en una fosa según J. Bernabeu,
Descubrimiento del M.P. Fumanal y E. Badal (2001).
vaso anforoide en la
Cova de les Cendres
–5270–. Foto Joan
Bernabeu, 1983. (BERNABEU, 1989, Fig. IV, 22), sabemos gracias a una información personal de Joan Bernabeu de la aparición
de este recipiente en una fosa, la nº 11, relacionada con la unidad estratigráfica H 15a (BERNABEU, FUMANAL
y BADAL, 2001, Fig. 2, 15). De la fosa existe un dibujo con la sección que incluye la posición que tendría el
vaso dentro de la misma, observándose encajado y ligeramente inclinado a un lado (BERNABEU, FUMANAL y
BADAL, 2001, Fig. 2, 14). El recipiente apareció prácticamente entero, teniendo solamente el cuello
fragmentado; y al parecer estaba cubierto por una piedra plana.
De la unidad H 15a se dispone la datación extraída de carbones beta 75217: 6150 ± 80 BP / 5090 CAL BC
1 sigma (m) (BERNABEU, FUMANAL y BADAL, 2001, 73) que remite a un nivel con una presencia contenida de
cerámicas peinadas (BERNABEU, 1995, 40), incluido dentro del denominado horizonte de las cerámicas inciso
-impresas, aunque muy próximo en el orden estratigráfico al nivel VIII que toma como rasgo la presencia
porcentual del todo significativa de cerámicas peinadas y de modo concreto a la unidad estratigráfica H15
(BERNABEU, 1995, 40) para la que se dispone de una datación, también extraída de carbones –beta 75216:
6010 ± 80 BP /4935 CAL BC 1 sigma (m)– (BERNABEU, FUMANAL y BADAL, 2001, 73) y próxima en el tiempo
a la de la unidad que se vincula con el recipiente.
El vaso de Les Coves de Santa Maira, en Castell de Castells se descubrió el 6 de febrero de 1983 en los
trabajos del sondeo que bajo la dirección de Mauro Hernández, realizó el Centre d’Estudis Contestans
(FERRER, 2002, 77) en el borde oriental de lo que se considera boca oeste del yacimiento (AURA eT alII, 2000,
77 y 79). Del mismo trascendieron los materiales epipaleolíticos que se obtuvieron, quedando solamente
referenciado el hallazgo de este vaso (DOMENECH, 1990, 81) inédito hasta la fecha, por lo que agradezco los
datos para su publicación a Enrique Catalá y a Pere Ferrer, quienes estaban al frente de los trabajos el día
en que se extrajo la vasija. ésta se descubrió tras levantar una piedra manchada con ocre localizada en
62
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
uno de los perfiles del sondeo, a —0,55 m desde el inicio del corte de la excavación. La extracción de la
piedra que se apoyaba a —0,80 m, permitió observar que tras la misma se disponía un fragmento cerámico
de buena entidad, por lo que se tomó la decisión de ampliar el sondeo para procurar la extracción del vaso
fracturado y hoy reconstruido por E. Catalá. Con todo, pudo dirimirse que el recipiente se disponía entre
la pared de la cavidad y la piedra, resultando del todo afectado por el goteo de agua que ahí se produciría,
provocándose la erosión y pérdida de parte de la vasija.
El recipiente de Santa Maira ofrece la circunstancia común con el de En Pardo de estar peinado,
asemejándose a los de l’Or y Cendres por presentar un buen desarrollo del borde del cuello, carácter que en
el de En Pardo no se acusa tanto, aunque a diferencia de éstos que lo tienen recto, o del pequeño de Cendres
que lo tiene exvasado, este vaso lo presenta a modo de tronco de cono, de lo que resulta una boca más
estrecha –unos 11 cm de diámetro– que la que tienen los que pueden equipararse en su altura –43,5 cm–
y diámetro máximo –34 cm–. A la altura de esta dimensión queda el arranque superior de una de las dos
asas robustas que se prevén. Se trata de un recipiente ancho, en que el cuello se dispone como aplique sobre
una superficie plana que, a modo de hombros, conforma la parte superior del cuerpo de la vasija. En las
recientes excavaciones en el yacimiento, se ha indicado el aprovechamiento de la cavidad en el denominado
Neolítico IIa (AURA, eT alII, 83), fase definida por la presencia de destacada de cerámicas esgrafiadas, con un
63
Vaso anforoide de la Cova de
Petrolí. Foto G. Aguilella. S. I.
A. P.
contenido todavía importante de cerámicas peinadas (BERNABEU, 1995, 43). De esta fase proviene la datación
beta 75224: 5640 ± 140 BP (AURA, eT alII, 83) –4.490 1 sigma Cal BC (m) (TABLA 2)– que en principio no
resultaría muy alejada de la del nivel V, último nivel con pleno predominio de las cerámicas peinadas en En
Pardo: beta 166164 - 4535 CAL BC 1 sigma (m) (TABLA 1). Del yacimiento de Castell de Castells también ha
trascendido su uso como corral de ganado en base a análisis microsedimentológicos y antracológicos (AURA
eT alII, 2000, 73).
La vinculación con la ganadería también se ha señalado en la Cova del Petrolí de Cabanes, donde en en
el nivel 6 se localizan gerres de de coll estret, del todo relacionadas con la contención de líquidos (AGUILELLA,
2002-2003, 115). En ese conjunto, se observan dos vasos, uno más globular (AGUILELLA, 2002-2003, Fig. 6,
16) que otro, de unos 46 cm de altura y 36 cm de diámetro, cuyo perfil revela una morfología del todo
similar a la propia de los anforoides meridionales. Muy fragmentado, no conserva la base, aunque por el
dibujo se prevé más apuntada, disponíendose posiblemente dos asas en el tercio superior de un cuerpo
que culmina en un cuello troncocónico que abre una boca de unos 16 mm de diámetro (AGUILELLA, 2002-
2003, Fig. 6, 17 y Lam. VI, 3). A modo de hipotesis, del nivel 6 de esta cavidad de la Plana Alta se ha
sugerido su vinculación con un uso habitacional por parte de un grupo humano que practicaría la
64
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
un diámetro de 21,6 cm. Dispone las asas en su parte más ancha y el cuello se
65
caracteriza por su escaso desarrollo, presentando su boca un diámetro de 10 cm. Su estado de
conservación es perfecto, no teniéndose datos del lugar que ocupaba, con toda seguridad de algún modo
protegido, en esta pequeña cavidad de 9 m de longitud, 4 m de anchura y una altura máxima que alcanza
los 2 m en la boca y 2,5 m en su interior, una vez desprovista del sedimento, que en algún tramo podría
haber guardado 1 m de potencia (APARICIO eT alII, FIG. 35).
El haber traído a colación las dimensiones del espacio de la cueva del Partidor es por considerar la
posibilidad de que el recipiente esté en la cavidad de Banyeres por razones diferenciadas a las propias del
ajuar funerario. Los paralelos mencionados no hacen de la de la vinculación de estos vasos con
enterramientos en cueva un hecho que resulte común, y acaso el unicum que el vaso de la Cova del
Partidor representa en el Corpus de materiales de Cuevas de inhumación múltiple valencianas (SOLER,
2002) sea porque el recipiente no guarde relación con unos huesos humanos que en Partidor podrían
relacionarse mejor con otros elementos, sin duda más avanzados en el tiempo, a la vez que más comunes
en los registros funerarios como las puntas de flecha en sílex, las cuentas de collar, los punzones en cobre
y los botones de perforación en “V” en hueso (SOLER, 2002, Lam. 127).
Con el vaso, o cántaro para quienes lo dieron a conocer (APARICIO eT alII, 1981, 82), de la cavidad de
Banyeres podrían guardar relación la lámina de semidescortezado y las contadas laminitas en sílex que
también se adscriben al registro material del yacimiento (SOLER, 2002, Lam. 127), acaso como testimonios
de una ocupación esporádica del mismo en un tiempo previo al propiamente funerario. El tamaño de la
cavidad, aunque no es idóneo para una habitación prolongada, hace posible su uso como pequeño lugar
de refugio. De hecho en su interior se halló un cráneo de oso, hallazgo que tampoco tendría por qué
66
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Descubrimiento y
detalle del recipiente
encontrar su explicación en el uso funerario de la cavidad, y sí resultar un dato que podría ponerse en del Camí de Missena.
Foto Josep Pascual,
relación con el hecho de que la cavidad reúne un tamaño suficiente como para ser ocupada por un animal 2002.
de tamaño grande, cuando no tuviera una frecuentación humana. Las posibilidades del uso de la cavidad
como refugio se incrementan por la disposición de agua en las inmediaciones, recordándose que toma el
nombre del partidor que, en la margen derecha del río Vinalopó, regula el disfrute de las aguas de las
poblaciones de Banyeres y Bocairent (APARICIO eT alII, 1981, 79).
De manera muy amable, Josep Pascual nos ha remitido la fotografía para la publicación del borde del
recipiente, ahora en proceso de restauración, así como de la fosa de inhumación. Por él sabemos que la
fosa, de 2,00 m por 1,70 m, sólo tenía 30 cm de profundidad y que resultó arrasada por la máquina
excavadora que la descubrió, provocando la pérdida de buena parte del recipiente, ahora en proceso de
restauracion. De la mano de Agustí Ribera hemos podido observar los fragmentos en el Museu Arqueològic
de Ontiyent, pudiendo concluir que este vaso de tamaño medio y cuello cilíndrico, no se caracterizaría por
67
Cántaro y taza localizados
en el Cerro de las Balsas.
COPHIAM.
una base cónica como la que disponen los anforoides que aquí se tratan, sino que en su forma resulta un
cántaro de cuerpo globular, seguramente con dos asas a la altura del diámetro máximo y al menos una
pequeña, la que se conserva, en el hombro.
La asociación de vasos con enterramientos en fosa es una circunstancia que en lo que afecta al Neolítico
Final con cerámicas esgrafiadas o neolítico IIa, acaba de evidenciarse en el poblado del Cerro de las Balsas
de la Albufereta, Alicante, donde se han encontrado tres tumbas en fosa con recipientes cerámicos, dos
de ellas –tumbas 10 y 12– con recipientes del tipo jarra con asa y una tercera –tumba 14– con tres vasos
de los que todavía no han trascendido las formas y decoraciones (ROSSER, 2007, 26). De una de ellas
–tumba 10– se dispone de la datación realizada sobre un hueso largo beta 225224: 5.010 ± 40 BP: 3.758
- 1 sigma CAL BC (m) (tabla 2), fecha acorde al cuadro de dataciones realizadas sobre carbones del
denominado horizonte de las cerámicas esgrafiadas (SOLER, 2002, II, Fig. 155) y posterior a una fase más
antigua de enterramientos también en fosa que en el Cerro de las Balsas, con el aval de dataciones sobre
huesos humanos, se asimilan al horizonte de las cerámicas peinadas (ROSSER, 2007, 31).
68
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
2
Las dataciones de la
Baume de
Fontbrégoua, Grotta
dell’Uzzo y Cova del
Petrolí han sido
calibradas con el
programa Calib Radio
carbon M. J. Stuiver y
P.J. Reimer 1986 -
2005. En el cuadro
queda la calibración a
un sigma con mayor %
de probabilidad.
3
Las dataciones
consultadas del
yacimiento del Cerro
de las Balsas o Tossal
de les Bases han sido
calibradas con el
programa Calib Radio
carbon M. J. Stuiver y
P.J Agradezco a Pablo
Rosser los datos para
poder precisar aquí
éstas fechas, por otra
parte ya referenciadas
(RoSSER, 2007, 30).
69
Fragmento de borde de un posible
vaso anforoide. Nivel VII Subsector
5.5/C. 2004.
Globular con cuello, dos asas y con el borde recto resulta el denominado cántaro
anforoide hallado en ese yacimiento de La Albufereta, un recipiente de buenas
dimensiones –40, 5 cm de altura, unos 30 cm de diámetro y 15,2 cm de diámetro
en el borde– provisto de dos asas de cinta oblicuas con respecto al eje y decorado
con dos series dobles de cordones con digitación, uno en el cuello y otro en el
cuerpo, uniendo las asas (ROSSER eT alII, 2007, 90). De alto interés resulta el hallazgo
en su interior de otro recipiente: un cuenco hemiésférico provisto de un asa de cinta
con un apéndice de dimensiones reducidas –10,5 cm de diámetro y 8 cm de altura–
(ROSSER eT alII, 2007, 90). Ambos vasos se han encontrado vinculados a un área de
encanchados de piedra de los que se dispone de la datación realizada sobre una
semilla localizada en la Unidad Estratigráfica 34 beta 232484: 5.880 ± 50 BP: 4.751
- 1 sigma CAL BC (m) (tabla 2), que no se aleja en exceso de la que, también en vida
corta, se dispone para el nivel VI de la Cova d’En Pardo con el que se relaciona el
anforoide: beta 231876: 4.645 CAL BC 1 sigma (m), sobre hueso de bóvido (TABLA 1).
70
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
FRAGMENTOS DE ASAS DE
POSIBLES VASOS ANFOROIDES
DE LA COVA D’EN PARDO
campaña de 2004 en la Cova d’En Pardo en un cuadro, el 5.5/C, del fondo de la cavidad, no lindante con
las paredes de la cueva, en el transcurso de la excavación del nivel VII y a una cota de —2,94 m.
Del nivel VII de En Pardo, tras disponer de dataciones problemáticas realizadas sobre sedimento (SOLER eT
alII, 2008 y SOLER eT alII, 1999), se ha enviado a datar en 2007 un fragmento de mandíbula de ovicáprido,
obteniéndose la fecha beta 231877: 6170 ± 40 BP/ 5250 1 sigma (m) CAL BC. Esta datación resulta previa
a la expuestas del nivel VI (TABLA I), considerándose idónea para el contexto arqueológico que se define en
el nivel VII de En Pardo, como unidad susceptible de vincularse con el horizonte de las cerámicas inciso e
impresas. También la fecha del nivel VII de En Pardo es anterior a aquella sobre carbones –beta 75217:
6150 ± 80 BP / 5090 1 sigma (m) CAL BC (BERNABEU, FUMANAL y BADAL, 2001, 73)– de la unidad H15a con
la que se relaciona el vaso más grande los dos expuestos de la Cova de les Cendres, y algo posterior a las
inmediatamente previas a beta 75217 en la relación de dataciones que se disponen de la cueva de Teulada,
71
beta 75218: 6260 ± 80 BP / 5.320-5.070 CAL BC 1 sigma y beta 75219: 6420 ± 80 BP / 5.480-5.320 CAL
BC 1 sigma, realizadas sobre carbones de las unidades H17 y H18 respectivamente, ya vinculadas a un
momento avanzado del horizonte de las cerámicas cardiales u Neolítico IA (BERNABEU, FUMANAL y BADAL,
2001, 73; BERNABEU, 1995, 40).
Otros fragmentos pueden testimoniar que en En Pardo existieron más vasos anforoides que no tuvieron la
misma suerte en su conservación. Se trata de tres asas y un fragmento de base localizadas en tres cuadros
próximos al del hallazgo del anforoide, en los niveles VI, VII y VIII. La pieza del nivel VI (6.5/D), hallada en
2002, contiene un asa que en su disposición y tamaño recuerda del todo a la del anforoide, observándose
una impresión del tipo decoración plástica en un lateral de su arranque; dos fragmentos del VIII hallados
en 2007 responden a un asa más ancha (7.4/A) y un fragmento de base (6.3/A) que, por su desengrasante,
calizo de buen tamaño y pasta podrían ser del mismo recipiente; la tercera asa (7.6/B), hallada en 2005,
es aplanada y como el anforoide conservado está afectado por un tratamiento de peinado. El buen tamaño
de estos elementos hace considerar que pertenecieran también a vasos grandes, de los que seguro deben
quedar más fragmentos camuflados entre los informes obtenidos en distintas campañas a día de hoy en
curso de revisión. La presencia del fragmento peinado en el nivel VII podría obedecer a que el recipiente
al que se adscribe, como el anforoide conservado hubiera podido estar enterrado en una fosa en el nivel
infrayacente al VI, éste más propio de las cerámicas con tratamiento de peinado.
Fuera de la Comunidad Valenciana, además de los mencionados de El Garcel, Cueva de Nerja y de la Cueva
de la Gitana y sin pretender aquí hacer una relación de todos los paralelos del anforoide de la Cova d’En
Pardo resulta muy interesante traer a colación referentes que también remiten al sureste, y que pueden
servir para comprender mejor la presencia de la vasija en la cavidad de Planes. En primer término el
anforoide con el fondo picudo pero carente de cuello de la Cueva C6 de Aguílas, Murcia, con dos asas
dispuestas por debajo del diámetro medio y un tamaño considerable: 51 cm de longitud y 38 cm de
anchura. En este caso se trata de un hallazgo en una cueva sita en la misma línea costera que tiene su
nivel inferior inundado por agua salobre. El vaso apareció por debajo del agua, donde también se
encontraron restos humanos. Fuera, en el nivel superior cabe destacar el hallazgo de un molino de mano.
Estudios geológicos y de transgresiones marinas avalan el hecho de que la cueva se inúndó antes de finales
del III milenio (SÁNCHEz, 1988, 184-186), modificándose por tanto del todo el amplio espacio que
disfrutarían quienes se sirvieron de este gran contenedor, ubicado dentro de una cavidad totalmente
caracterizada por formaciones estalagmíticas, que constituye un lugar con posibilidades de disposión de
agua dulce sito en un entorno de escasas precipitaciones.
Otro vaso de buen tamaño, es el localizado en el transcurso de la excavación del poblado de zájara, Cuevas
de la Almanzora, en Almería; éste muy parecido en su forma al de En Pardo, que se halló en la zona central
del hábitat Calcolítico, en el denominado corte nº 36, donde se encontró una pequeña fosa excavada en
72
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
las margas del suelo. Este vaso, reúne la forma del de En Pardo Vaso anforoide de la Cueva
C-6 según C. Martínez
con las asas de doble puente observadas en el recipiente de (1988).
Cendres dispuestas a distinta altura en la parte media del cuerpo
y en número de 3, como se ha detallado en el caso de la Cueva
de Nerja. De buenas dimensiones, a tenor de su dibujo (CAMALICH,
DIMAS y GONzÁLEz, 1999, FIG.44), de unos 51 cm de altura, unos 33
cm de diámetro máximo y unos 14 cm de diámetro en la boca,
presentaba como en el caso del cántaro del Cerro de las Balsas,
otro recipiente en su interior, de unos 13 cm de altura por unos
8 cm de diámetro, éste de forma de tendencia elipsoide vertical
con sendos engrosamientos proximos al labio dotado de
perforaciones transversales para su suspensión que distan entre
sí 0,7 cm. Además, este gran vaso de zájara disponía de una
tapadera consistente en un tercer recipiente o vasija de grandes
dimensiones, acaso de forma semielipsoide y decorada con
cordones longitudinales con impresiones (CAMALICH, DIMAS y
GONzÁLEz, 1999, Fig.45).
73
Secuencia de los vasos
anforoides valencianos
con respecto al de la
Cueva de Nerja.
74
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
recipiente de la Cova de l’Or podría resultar propio del finales del IV milenio a.C., y de este modo hacer ver
que en el ámbito valenciano existía una fase neolítica posterior a la propia de las cerámicas impresas y
anterior a la propia de un Eneolítico caracterizado por los enterramientos múltiples en las cavidades
(LLOBREGAT, 1973, 6; 1975, 122-123). De modo general, lo primero que debe tenerse en cuenta es la mayor
antigüedad de las fechas que para los momentos propios del Neolítico supone la calibración, de modo que
ahora de Nerja se debiera valorar la expresión calibrada de la fecha –3.888 CAL BC 1 sigma (m) (CASTRO,
LULL y MICÓ, 1996)–, y no aquel 3.115 a.C que deviene de la expresión convencional del análisis con
identificación Gr N 5526: 3.115 ± 40 BC.
La otra consideración a tener en cuenta resulta del mayor conocimiento de la secuencia del un Neolítico
regional que entonces solamente se intuía y de una mayor disposición de dataciones susceptibles de
vincularse con los recipientes, de las que la datación de Nerja ya no resulta la más antigua sino la más
reciente. Para J. Bernabeu, los anforoides de fondo cónico, incluidos en el grupo de recipientes con cuello
que establece dentro de la tipología cerámica propia del Neolítico, sin dejar de considerar su larga
perduración, deben remitirse a los momentos iniciales del Neolítico (BERNABEU, 1989, 31), modificando la
opinión previa que en la línea del estudio de E. Llobregat, venía a considerar a esos vasos propios de una
fase avanzada del Neolítico Final, caracterizada por las relaciones que se establecerían con la denominada
Cultura de almería (BERNABEU, 1982, 122). Conforme a los referentes calibrados, la datación del silo de
Nerja resultaría contemporánea a las que en fechas de vida corta se han dado a conocer en el Cerro de
las Balsas deducidas de análisis de huesos humanos de las tumbas asociadas al horizonte propio de las
cerámicas esgrafiadas: beta 225218: 5.080 ± 40 BP: 3.840 - 1 sigma CAL BC (m) (tabla 2); beta 225224:
5.010 ± 40 BP: 3.758 - 1 sigma CAL BC (m) (tabla 2) y beta 225217: 4.710 ± 40 BP: 3.407 - 1 sigma CAL
BC (m) (tabla 2) y posteriores a las que se disponen del Mas d’Is de Penáguila - Benifallim sobre semillas
de cereales correspondientes a un momento más temprano de ese mismo horizonte: beta 171907: 4395
CAL BC 1 sigma (m) y beta 171908: 4410 CAL BC 1 sigma (m) (TABLA 2), por lo que ahora, se puede seguir
manteniendo que esos vasos existen, o si se quiere persisten bien entrado el ámbito del Neolítico Final o
IIA u horizonte de las cerámicas esgrafiadas, aunque en tierras valencianas, de ello no exista una evidencia
directa.
En el otro extremo cronológico de la serie expuesta queda en primer término el fragmento de borde y
cuerpo (¿anforoide?) localizado en el nivel VII de la Cova d’En Pardo, nivel con una datación también sobre
muestra de vida corta en torno al 5.250 a.C (TABLA 1) y después aquel más grande de Cendres localizado
en una unidad arqueológica con una datación sobre carbones en torno al 5090 a.C. (TABLA 2). El carácter
del cuello desarrollado de ambos recipientes y su tratamiento de alisado más o menos intenso de la
superficie externa son rasgos que también comparten el vaso más pequeño Cendres y el gran recipiente
de l’Or. Como quiera que el nivel H15a de Cendres contiene varias fosas (BERNABEU, FUMANAL y BADAL, 2001,
75
71), es del todo factible que los dos recipientes de esa cavidad resulten producciones contemporáneas. La
asimilación del nivel VII de En Pardo al mismo horizonte que el estrato de Cendres donde se pueden
determinar ambos vasos –horizonte de las cerámicas inciso e impresas o neolítico Ib– y la no definición
de la siguiente fase u horizonte de las cerámicas peinadas en la Cova de l’Or (BERNABEU, 1989, 120) con su
consiguiente propuesta de desocupación o menor frecuentación a partir del 4.850 a.C. (BERNABEU eT alII,
2003, 51), hace factible exponer la posible contemporaneidad de todo este conjunto de recipientes
anforoides lisos y con cuello desarrollado, debiéndose considerar, a tenor de las fechas de En Pardo y
Cendres, producciones propias del último cuarto del VI milenio a.C.
En el ámbito del horizonte de las Cerámicas Peinadas u neolítico IC quedaría el vaso de En Pardo
localizado en la fosa del nivel VI. Este recipiente, teniendo en cuenta las dos dataciones que se disponen
para dicho nivel, la extraída sobre sedimento y la resultante de un hueso de bóvido (TABLA 1), podría
considerarse una producción propia del 4.900-4.600 a.C . No tanto por su parecido formal, sino más bien
por el tratamiento de peinado en esa temporalidad cabría considerar al recipiente de Les Coves de Santa
Maira, si bien la datación que, sobre carbones, se dispone del nivel IB de ese yacimiento (TABLA 2) y la sola
distinción hasta el momento del horizonte de las cerámicas esgrafiadas u neolítico IIa en lo que atiende
al inicio ahí de la secuencia neolítica podría estimarse su realización en torno al 4500 a.C. Ambos
recipientes, y aquel localizado en la Cova del Petrolí de mayor parecido formal con el de En Pardo y
localizado en un nivel datado en torno al 4.900 a.C, quedarían entonces en la primera mitad del V milenio,
temporalidad en la que también cabe el cántaro localizado en el del Cerro de las Balsas con otro recipiente
en su interior, considerando la datación asignada a los encanchados a los que se asocia (ROSSER, 2007, 31):
4.835 a.C (TABLA 1).
En los inicios del IV milenio a.C se ubica el recipiente de Nerja, donde sitúan las dataciones más recientes
que en la secuencia regional se disponen para el denominado neolítico IIa, esto es las extraídas de
carbones de nivel más avanzado con esas cerámicas de la secuencia de la Cova de les Cendres –H7 /E12
beta 75212: 5000 ± 90 /3.815 Cal BC 1 sigma (m) (BERNABEU, FUMANAL, y BADAL, 2001, 73)– y las extraídas
de huesos humanos de los enterramientos de esa fase del Cerro de las Balsas 3.840, 3.758 y 3.407 CAL BC
1 sigma (m) (TABLA 1). Con esas fechas o con las más tempranas del Neolítico IIB o Eneolítico extraídas de
análisis de la misma cavidad de la Cova de les Cendres –IIIA Ly 4304: 4.700 ± 120 BP/3.500 CAL BC 1
Sigma (m)– (BERNABEU, FUMANAL, y BADAL, 2001, 73), o del poblado de Les Jovades de Cocentaina –Beta
43236: 4.810 ± 60/ 3.606 CAL BC 1 sigma (m)– (PASCUAL, BERNABEU y PASCUAL, 1990, 41), acaso podría
vincularse el vaso con las superficies alisadas de la Cova del Partidor, para el que no debiera descartarse
su producción en las primeras centurias del IV milenio a.C., retomando aquella idea que hacía coincidir a
los anforoides con el inicio de la ocupación de los poblados mas antiguos del Neolítico Final - Eneolítico
Pág. siguiente:
Vaso anforoide de la (BERNABEU 1982, 122).
Cova d’En Pardo.
76
EL ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO COMO CÁNTARO EN UNA CUEVA REDIL
Expresa María Moliner en su Diccionario de uso del español que “cántaro” es el recipiente, generalmente
de barro, panzudo y de boca y fondo estrechos, que se emplea, particularmente en los pueblos para
transportar y tener el agua. La funcionalidad de tener el agua es la que en principio se propone para el vaso
extraído del sector 7.6/A en la campaña de 2004 en la Cova d’En Pardo. Su forma encaja dentro del grupo
de recipientes con cuello previsto en la tipología que, para la cerámica propia del Neolítico Valenciano,
señala J. Bernabeu, conjunto que integra vasos más alargados que anchos, con asas, cuello y boca, ésta
siempre inferior en su diámetro al máximo del recipiente; características formales del todo idóneas para
el almacenamiento y transporte de líquidos. Los anforoides, o vasos que, con esas caracerísticas, presentan
el fondo cónico, se consideran en esa clasificación del todo aptos para la tenencia de líquido (BERNABEU,
1989, 31). No en vano la base de estos recipientes, enterrada con menos esfuerzo que los vasos globulares
homólogos en el suelo, asegura por si misma la verticalidad de un depósito al que, fijo, pudiera accederse
de un modo continuo, sin provocar un volcado en su uso.
Se ha indicado que el vaso de En Pardo guardaba una posición fija dentro de una fosa realizada con el
tamaño justo para su inserción, calzado con piedras para asegurar su posición y enterrado, de modo que
quedaría solo al descubierto la boca y, todo lo más el cuello. Cuando estuviera cerrado tendría un tapón
Plano de localización
del vaso anforoide.
elaborado con una masa de barro de tono
Sección en la fosa. blanquecino conseguida con margas, una
Subsector 7.6/A. 2004.
piedra plana y, sobre la misma otras, que
servirían sobre todo para identificar la
posición del recipiente en un ambiente
oscuro.
78
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
2002-2003, 115). De los demás recipientes expuestos no se han lanzado propuestas en cuanto a su
contenido, aunque al no indicarse su relleno es posible considerar que se encontraran vacíos y de ahí
inferir que contenían líquidos. La función de cántaro es la que también se ha propuesto para el recipiente
localizado entero en el hábitat del Cerro de las Balsas de La Albufereta de Alicante, contenedor éste que
como el de zájara dispone otro vaso en su interior, y que se vincula con la tenencia de agua como
elemento necesario para preparar los alimentos en un encanchado de piedra (ROSSER, 2007, 26). Con
denominación de cántaro se publicó el recipiente de la Cova del Partidor (APARICIO ET ALII, 1981, 82). Este
vaso por su menor tamaño, podría unir a la tenencia el rasgo del transporte. Su vinculación con el agua
puede considerarse por la proximidad de la cavidad donde se halló con respecto al cauce del río Vinalopó.
Ello no quiere decir que formas parecidas no puedan contener sólidos. Sirva la mención de la jarra hallada
en la fosa nº 3 del nivel III de la cavidad denominada Cova 120, Sales de Llierca, Girona, totalmente
colmatada de sedimentos y junto a una piedra plana considerada como posible tapadera. En este caso,
propio de una fase avanzada –epicardial– del Neolítico Antiguo catalán (BOSCH, 1994, 70) contemporánea
al horizonte de las cerámicas inciso-impresas propuesto para tierras valencianas (BERNABEU, 1989, 117), el
análisis palinológico del sedimento contenido reveló muestras de pólenes totalmente diferenciadas de las
propias del exterior, haciendo valorar la posibilidad de que esta jarra de base plana contuviera algunas
hierbas en flor (AGUSTI eT alII, 1987, 44). Claro, que en ese caso todo el contexto de la cueva, resulta
contradictorio con la tenencia de líquidos, una vez que el nivel III de la Cova 120 contiene un buen número
de fosas, algunas con jarra u otros recipientes de barro cocho en su interior relacionadas con el
almacenamiento de cereal a modo de silos, sin que ahí exista ninguna evidencia de una habitación
79
contemporánea a ese almacenamiento que hiciera necesaria la disposición de agua u otro líquido (AGUSTI
eT alII, 1987, 130). Aunque el caso de la Cova 120, considerado un lugar de almacenamiento colectivo
necesitado de una administración social específica (BOSCH, 1994, 71), en cierto modo recuerda al de las
fosas del nivel H15a de la Cova de les Cendres, luego amortizadas como basureros, en la cavidad de
Moraira no se indica que la presencia de esas estructuras sea contradictoria con la habitación del espacio
(BERNABEU, BADAL y FUMANAL, 1991, 64-71), resultando entonces del todo verosímil la funcionalidad de
contenedor de líquido que sus investigadores han propuesto para el recipiente de Cendres.
También se ha mencionado la existencia de fosas en la denominada Cueva del Vadico, un abrigo que
parece contener sólidas evidencias de habitación, donde también se registra un cántaro. Con todo, muy
posiblemente en el caso de En Pardo estemos frente a una realidad muy diferenciada de estas cavidades
en ese momento habitadas con ámbitos de almacenamiento, a la vista de la no documentación de ese tipo
de fosas en la cueva de Planes y la localización del vaso en un espacio que debe coexistir con el uso
intensivo de la cavidad como redil.
Los casos de los recipientes de zájara y Cerro de las Balsas son muy reveladores en cuando a las
posibilidades del uso de los cántaros vinculados con la tenencia de liquido, difíciles de mover repletos
–piénsese en el peso que puede generar lleno el vaso de l’Or–, o con una manera de depositarlos bien
hundidos en el suelo que, al menos en los casos del vaso grande de Cendres y el d’En Pardo, no refleja una
voluntad de desplazarlos o moverlos. Incluso la mejora que para su movimiento –desde consideraciones
de índole etnográfica– pudiera plantear la disposición de tres asas (AGUSTI eT alII, 1987, 44), como ocurre
en el caso del vaso picudo de Nerja o del gran anforoide de zájara, no se observa en el repertorio de estos
grandes vasos valencianos que, sin duda, deben su buen estado de conservación al carácter permanente y
guarnecido de su depósito.
El registro cerámico de los niveles con cerámicas peinadas de En Pardo no ofrece buenas pistas por
encontrarse del todo fragmentado, muy probablemente por las pisadas de los animales; pero en l’Or y
Cendres sí hay vasos que recuerdan si no al pequeño vaso ovoide de zájara provisto de un particular
sistema de aprehensión consistente en un solo engrosamiento del labio con dos perforaciones
longitudinales muy juntas (CAMALICH, DIMAS y GONzÁLEz, 1999, FIG.45) sí a la taza o pequeño vaso dotado de
asa localizado dentro del cántaro del Cerro de las Balsas (ROSSER, 2007, 22 y 25), como los llamados
cucharones o pequeños cuencos dotados de mango (BERNABEU, 1989, 50); cubiletes o pequeños recipientes
hondos con asa (BERNABEU, 1989, 50), o los cuencos de perfil sencillo, algunos con asa (BERNABEU, 1989, 22).
La disposición de estos pequeños recipientes, en el caso de la taza cogidos del mango, o colgados de forma
inclinada de una cuerda, en el caso de ese pequeño ovoide almeriense, para hundiéndolos, llegar bien al
fondo del contenedor anforoide, serían del todo necesarios para disfrutar y servirse del líquido contenido
80
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
en los vasos grandes enterrados. Del repertorio de En Pardo acaso con esa función pudiera relacionarse lo
que queda del borde de un pequeño recipiente de menos de 10 cm diámetro en la boca y provisto de dos
asas de doble puente, integrado por fragmentos que fueron localizados en sectores próximos al propio del
vaso anforoide y cuya intensa fragmentación es buen testimonio de lo que ocurre con un vaso en un redil,
de no mediar una clara intención de protección4.
Resuelta la cuestión de cómo servirse del contenedor, queda el problema de solventar su llenado. En ello
resulta muy sugestivo traer a colación tres datos, dos posteriores en el tiempo, documentados en la propia
excavación de la Cova d’En Pardo y otro contemporáneo y extrapolado del proceso de degradación que se
determina en el anforoide peinado que aquí se ha presentado de les Coves de Santa Maira.
El fondo de la tinaja morisca que en 1995 se descubrió en el sector 7.5 de En Pardo, esto es, guardando
una posición en el rincón que se configura al fondo derecha de la cueva, inmediata en plano, pero muy
por encima de la que desde milenios antes ocupaba el vaso anforoide, tuvo que secarse varias veces
durante las jornadas que duró el proceso de su exhumación, porque entre las 12 horas que transcurrían
entre las mismas ésta podía recoger hasta un dedo de agua procedente del incómodo goteo que ahí caía
desde el techo. Se ha indicado también que unos 30 cm por debajo del apoyo de la misma se localizó en 4
De este recipiente
solamente ha podido
la base del nivel IV, esto es, en la unidad que en principio se identifica con el horizonte de las cerámicas
recontruirse la boca. otros
esgrafiadas, una superficie de delimitación perfectamente circular y compacta de más de 10 cm de fragmentos, incluida un
asa no pegan con el
espesor. De esta superficie llaman ahora la atención dos rasgos: un color blanquecino que permitiría su conjunto que conforma el
borde. Integran en total el
perfecta identificación en la cavidad y su carácter compacto e impermeable, por lo que podría haber sido vaso los fragmentos con
sigla hallados en las
idónea como soporte de fácil instalación, de algún tipo de recipiente que permitiera la recogida del agua, campañas de 2004 y 2005:
Enp’04 6.5 B VI 44 (borde),
aprovechado el mismo goteo puesto en relación con la tinaja histórica. Enp’04 6.5 B VI 48 (dos
bordes, pegados con un
fragmento localizado en la
criba del mismo
En lo que respecta al vaso neolítico y peinado de Santa Maira, resulta de enorme interés observar que la subsector), Enp’04 7.5 A VI
15 (un asita y un informe)
causa de la pérdida de más de un tercio del cuerpo de la vasija se debe a la erosión que en el mismo
y Enp’05 7.4 C VI 22 (dos
provocó el agua. El encuentro de lo que resta de este vaso fragmentado entre una piedra y la roca del informes).
ángulo oriental de la boca oeste del yacimiento, sugiere que el vaso fue encontrado in situ, resultando del
todo lógico intuir que el goteo que lo destruyó fuera el que lo colmara directa o indirectamente cuando
estuviera en uso.
Durante el transcurso de la excavación del vaso anforoide de En Pardo no se localizó ningún tipo de goteo
que desde el techo vertiera directamente en la posición que guardara la boca, por lo que cabe pensar que
para llenarse fuera necesario disponer de otro recipiente, acaso cuencos abiertos como los testimoniados
con fines de culto en la Grotta Scaloria, cavidad próxima a la localidad italiana de Manfredonia, donde
pudo localizarse una pequeña balsa rectangular excavada en la roca y vasos cerámicos semielipsoides
81
dispuestos junto a columnas estalagmíticas, totalmente afectados por el proceso de formación de éstas,
sugiriéndose con todo un especial culto al agua desarrollado en una etapa avanzada del Neolítico (TINè e
ISETTI, 1975-80, Figs. 3 y 4). Desde una perspectiva meramente funcional, dentro del repertorio de formas
encontradas en el ámbito de las cerámicas peinadas de la cavidad de En Pardo, no faltan vasos abiertos,
del todo idóneos para recoger agua que luego pudieran verterse en el vaso.
Con la funcionalidad prevista encaja del todo los resultados de la analítica de espectrometría de infrarrojo
realizadas por Clodoaldo Roldán, Sarah Boularand y Marius Vendrell de la Unidad de Arqueometría de la
Universidad de Valencia a partir de dos muestras extraídas por Guillem Pérez mediante raspado de la parte
interior del cuello –M1– y del fondo –M2–, una vez que esa analítica no mostró evidencias de la
presencia de algún tipo de residuo orgánico, sino tan sólo componentes normales y propios de la
constitución de las vasijas.
Para la analítica del sCsIe de la tapadera se envió una muestra –muestra 3– del borde del vaso,
extrayendo parte del conglomerado margoso, resto de la posible tapadera y otra –muestra 4– de la
superficie circular –mancha 99.5– hallada a -2,05 m entrada la excavación del nivel IV en el cuadro 7.5/A
e interpretada como base idónea para el apoyo de vasos que guardaran la intención de recoger el agua,
que en ese punto se vierte desde el mismo techo de la caverna. El análisis por espectografía (IR) de la
muestra 3 y la muestra 4 han venido a demostrar que ambas tenían una naturaleza idéntica, por lo que el
tapón de la vasija pudo estar realizado con el mismo aglutinante margoso de esa plataforma regular e
impermeable localizada en un nivel prehistórico suprayacente.
Una segunda analítica, ésta de cromatografía de gases con detector de masas, ha proporcionado nuevas
perspectivas a la hora de valorar el posible contenido del vaso de En Pardo. Se realizó con la mezcla de
dos muestras procedentes del interior del recipiente, extraídas también mediante raspado, una a la altura
del cuello –Muestra 1– y otra hacia la mitad de su desarrollo –Muestra 2b–. Al mismo sistema de análisis
se sometió la Muestra 2a, ésta extraída de la tierra del vaso que, de manera inevitable, en el transcurso
de la excavación se vertió en su fondo.
82
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
83
Obviamente estos resultados deben tomarse con prudencia, una vez que es cierto no se dispone de la
totalidad de datos que se exige en el protocolo que empieza establecerse a los efectos de identificar
rastros de leche en vasos cerámicos, para evitar resultados positivos vinculados con la contaminación o la
propia sedimentación (CRAIG, 2006, 79). Desde esa manifiesta prudencia sirva el recordatorio de que el
sesquiterpeno solamente se halló en las muestras de raspado y no en la del sedimento que de modo
accidental entró en la vasija, y que el contexto del hallazgo hace del todo verosímil el uso del recipiente
como contenedor de algún producto lácteo fermentado, si se subraya su ubicación en una cueva redil, y
se atiende a los datos que sobre la producción de leche se empieza a reconocer en comunidades neolíticas
antiguas del panorama europeo (CRAIG, 2006, 86) y a la aceptación general en cuanto al consumo de leche
fermentada en la Prehistoria reciente (STANLEY, 2000, 51).
La presencia del anforoide en el contexto conservado en el nivel VI de la Cova d’ En Pardo, así como el hecho
de su excepcional conservación permite reflexionar sobre el uso de la cueva por parte de pastores
vinculados al momento propio de las cerámicas peinadas. De manera reciente se han dado a conocer datos
de interés sobre el aprovechamiento por parte de pastores del Abric de la Falguera de Alcoy. La información
de ese yacimiento aquí resulta del todo interesante como elemento de comparación con lo que ofrece la
Cova d’En Pardo, todavía con muchos aspectos en estudio, a pesar de la problemática que asiste a la
estratigrafía de Falguera, una vez que aún dándose dataciones realizadas sobre huesos de fauna que
resultan contemporáneas a las propias de los niveles V y VI de la cavidad de Planes (TABLA 2)6 no existe un
contexto arqueológico que remita de un modo claro al denominado horizonte de las cerámicas peinadas
(GARCíA, MOLINA y AURA, 2006, 110-115), a causa de la pérdida o desmantelación de los niveles estratigráficos
que pudieran adscribirse a ese horizonte y al propio de las cerámicas esgrafiadas o, también en opinión de
sus propios investigadores, porque decayera la ocupación del abrigo a lo largo del largo milenio que ocupa
el desarrollo de esos horizontes (GARCíA eT alII, 2006, 186), en beneficio del aprovechamiento cavidades como
la de Santa Maira o la misma Cova d’En Pardo (MOLINA, CARRIÓN y PéREz, 2006, 242).
De Falguera existen varios indicadores que revelan su ocupación estacional, así como la práctica de la
estabulación de rebaños de ovicápridos a lo largo de toda la secuencia, si bien en la fase más antigua,
remitida desde el ámbito de lo cardial hasta el horizonte de las cerámicas inciso e impresas, por la existencia
de un hogar y fosas, se especifica una ocupación más diversificada que en una segunda propia Neolítico
Final-Calcolítico, cuando el abrigo resultó totalmente afectado por fuegos de corral, que definen un uso
6
AA-60625: 5833 ± 65 BP,
especializado como cueva redil, con un registro material parco por funcional y acorde a un grupo humano
4689 Cal BC 1 σ (m); AA- dotado de una gran condición de movilidad (GARCíA, MOLINA y AURA, 2006, 110-115; CARRIÓN eT alII, 2006, 229).
60627: 5655 ± 54 BP,
4.459 Cal BC 1 σ (m)
(GARCíA, MoLInA y AURA,
2006, 115). Desde la antracología se ha apuntando la presencia de fresno como un aporte fundamental en el
componente alimenticio de los rebaños, lo que en el caso de la fase de cueva redil significaría la ocupación
del abrigo, entre los meses de abril y octubre, cuando esta especie caducifolia tuviera las hojas; desde los
84
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Esa estacionalidad, por otra parte propuesta en distintos yacimientos vinculados con la práctica ganadera
como la catalana Cova del Frare de Matadepera (MARTíN y ESTéVEz, 1992) o la italiana Arene Cándide de
Finale Ligure (ROWLEY, 1991), hace que el abrigo se considere un yacimiento satélite en un territorio
gestionado desde otros emplazamientos de ocupación más estable desde los que se desplazarían unidades
familiares para el aprovechamiento de recursos concretos. Para la fase neolítica más antigua, en función
de la identificación de componentes de distinta procedencia en la composición de las cerámicas, se ha
llegado a subscribir la posibilidad de que el Abric de la Falguera fuera aprovechado por distintas unidades
familiares. Tras el paréntesis, en cierto modo por resolver, que supone la falta de datos relativos a la
ocupación del abrigo de los horizontes propios de las cerámicas peinadas y esgrafiadas, a partir del
Calcolítico se produce una reactivación con mayor intensidad del uso pecuario de Falguera, intensidad de
uso que no respondería tanto a una diferente gestión de los rebaños en lo que afecta a la estacionalidad,
85
sino más bien a un mayor grado de planificación de las actividades en el marco de una ocupación intensa
de un territorio, por entonces más poblado y por ende acotado (MOLINA, CARRIÓN y PéREz, 2006).
A falta de completar los estudios de fauna y de terminar de enlazar todos los datos, resultado de una
investigación pluridisciplinar dilatada por el volumen de información de las 14 campañas de excavación
realizadas en la Cova d’En Pardo, todavía es pronto para pronunciarse por la definición de la ocupación de
esta cavidad de dimensiones medias a lo largo de la larga secuencia que antecede a su uso funerario.
Puede adelantarse que el fresno está muy bien representado en el cuadro antracológico de los niveles V y
VI, por lo que de tener el significado alimenticio previsto en el pequeño abrigo de Falguera es del todo
probable que la estación referida a la estabulación quede inserta en la mitad más calida del año, cuando
el árbol ofrece las hojas. Sí hay que señalar que, de modo contrario a lo que se percibe en ese abrigo, hay
una continuidad de su ocupación desde el ámbito temporal de las cerámicas cardiales hasta el propio de
las esgrafiadas y que en los niveles V y VI hay un enorme volumen de fauna, lo que revela un
aprovechamiento intensivo de una cavidad de dimensiones mayores que la que se conforma en Falguera.
Siendo evidente el carácter ganadero de la cueva, su aprovechamiento como redil pudo tener una
continuidad milenaria, de modo que si en ese uso existieron interrupciones, éstas no serían detectables
desde el registro material.
Las manchas de fuegos de corral identificadas y los resultados de los análisis microestratigráficos van en
consonancia con una limpieza de un redil desocupado e integrado en una red de apriscos que permitiera
aprovechar al máximo los recursos ganaderos. En los últimos años se ha avanzado enormemente sobre el
conocimiento del horizonte postcardial, aunque todavía se está lejos de poder ofrecer un cuadro que
integre bien todos los datos que afectan a la parte centro meridional del País Valenciano. En este mismo
volumen Gabriel García da buena cuenta de la distribución de estas cerámicas en la parte septentrional
de Alicante, tanto en yacimientos en cueva, entre las que se identifican otros rediles con buena
representación de cerámicas peinadas como la Cova de les Cendres o les Coves de Santa Maira (BADAL,
1999, 70), otras cavidades con datos todavía no contrastados al respecto y yacimientos al aire libre. De
éstos con excepción del Mas d’Is de Penáguila - Benifallim, (BERNABEU, OROzCO y DíEz, 2002), todavía no se
dispone de una información suficiente como para proponer una vinculación directa con las gentes que en
el transcurso de la primavera y el verano aprovecharon En Pardo, salvo la que atiende a un criterio de
cierta cercanía, como puede ocurrir con el hábitat de Tamargut de Quatretondeta, yacimiento sólo
evidenciado por una recogida superficial de materiales arqueológicos, entre los que se distinguen
fragmentos de cerámica peinada (MOLINA, 2002-03, 43).
La cronología propia del vaso anforoide de En Pardo –circa 4600 CAL BC– viene a coincidir con un periodo
de cambio, de transformaciones sociales tras la disolución del paisaje y en cierta manera los vínculos
86
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
Recreación de la habitación por pastores del espacio del fondo derecha de la Cova d'En Pardo. Mediados del V milenio a. C. En el centro, enterrado, se
contempla el vaso anforoide; a su derecha la piedra de travertino. Dibujo de Juan López Padilla.
sociales que debieron caracterizar y desarrollarse a lo largo del Neolitico más antiguo o cardial. Esas
circunstancias se han propuesto desde el estudio del yacimiento del Mas d’Is, un hábitat con fosos
monumentales del Neolítico Antiguo que luego, entre el 5150 y el 4450 CAL BC presenta una fase
postcardial en la que no se produce construcción alguna, y que es previa a otra –4450 / 4150 CAL BC– y
propia del horizonte de las cerámicas esgrafiadas, cuando se constata la construcción de un monumento
de menor entidad que los de cronología cardial (BERNABEU eT alII, 2002, 50 - 52).
Como quiera que el yacimiento de Penáguila tiene una magnitud y una influencia en el entorno del todo
considerable, ese hiatus o parada en las construcciones que le afectan, se interpreta como síntoma de una
crisis coincidente con la época de apogeo de las cerámicas peinadas, que implicaría el retroceso de las
formas tradicionales de organización social y su sustitución por otras nuevas, o la preferencia por formas
más descentralizadas de poder en cuanto al control de un territorio (BERNABEU y KöHLER, 2005, 494) en el que
en la época cardial quedan cavidades de significación ritual especial como la Cova de la Sarsa de Bocairent
y la Cova de l’Or de Beniarrés, ambas con elementos muebles de Arte Macroesquemático, una manifestación
87
de suma importancia ideológica de la que resultan principales los conjuntos de la Sarga de Alcoy y Pla de
Petracos de Castells de Castells y que encuentra su mejor acomodo geográfico en las tierras comprendidas
entre las sierras de Mariola, Aitana, Benicadell y el mar (HERNÁNDEz, FERRER y CATALÁ , 2002, 93).
También se han indicado otros rasgos que contribuyen a comprender mejor lo que acontece en el neolítico
IC, horizonte de las cerámicas peinadas, postcardial o postimpreso, de forma que, valorando su enorme
entidad, no resultaría inadecuado retomar la acepción de Neolítico Medio para su definición. Quizá
alrededor del 4.850 a.C. dejarían de frecuentarse las grandes cavidades de l’Or y Sarsa, y un poco antes,
en torno al 5.000 a.C. la Cova de les Cendres pasaría a ser un lugar preferente para la estabulación de
ganado, como también lo serían en fechas más o menos próximas Les Coves de Santa Maira (BERNABEU eT
alII, 2003, 51). Además se ha escrito que en lo que había sido el territorio cardial, ahora encontraría su
desarrollo el Arte Levantino, manifestación que en ese territorio ha terminado definiéndose como
plenamente neolítica y posterior la propia del Arte Macroesquemático (MARTí y JUAN, 2002, 163-164),
proponiéndose su marco de desarrollo en el horizonte temporal propio de las cerámicas peinadas, un
tiempo que por todo lo antedicho resultaría del todo propicio para asimilar motivos artísticos totalmente
diferenciados de los previos (MOLINA, GARCíA y GARCíA, 2003, 61) cuya plasmación en las paredes, acaso
contribuiría a señalar límites territoriales o diferencias en las relaciones sociales (BERNABEU eT alII, 2003,
51), en el ocaso de esa unidad que en lo territorial podría haber significado las construcciones
monumentales de Mas d’Is o el impactante arte de Pla de Petracos.
Como la Cova de les Cendres y les Coves de Santa Maira, en el Neolítico Medio En Pardo se utilizó como
redil y en ese contexto se depositó este vaso anforoide idóneo para la contención de líquidos. El grupo
humano que gestionaba el ganado de cabras y ovejas puso sumo cuidado en su depósito en el espacio
especialmente recogido que queda en el fondo a la derecha. Entre las dos columnas estalagmíticas que le
preceden pudo disponerse algún tipo de separación de modo que los pastores pudieran realizar ahí
actividades cotidianas en las que podría caber la propia del ordeño, compartiendo de ese modo
nocturnidad en la cavidad con el ganado. Al respecto cabe mencionar evidencias de estructuras ligeras
como las que se presupone en En Pardo, deducidas de los agujeros de poste que se descubren en el redil
del yacimiento eneolítico del abrigo del Cinto Mariano de Requena (JUAN CABANILLES, eT alII, 2005, 169), o
testimonios más rotundos de una articulación del espacio en claros contextos de estabulación, mediante
7
Grotta dell’ Uzzo: UD-
165: 6.720 ± 80 BP. construcciones de muros de piedra como los siciliana Grotta dell’ Uzzo o en la francesa Baume de
5660 Cal BC 1 σ (m).
Baume de Fontbrégoua: Fontbrégoua (BROCHIER, VILLA y GIACOMARRA, 1992, 83 y Fig. 22) que, datadas (TABLA 2)7 en su expresión
Gif 2436: 5.600 ± 120
BP, 4445 Cal BC 1 σ
calibrada a 1 sigma (m) remiten respectivamente al 5.660 a.C. y al 4.440-4.445 a.C, un marco cronológico
(m). Baume de
Fontbrégoua Gif 2437:
del todo próximo con respecto a En Pardo, en el caso del muro de Fontbrégoua, que hace plantear como
5.420 ± 120 BP, 4291 hecho del todo verosímil la posibilidad de la existencia en el redil de En Pardo de algún tipo de
4445 Cal BC 1 σ (m).
compartimentación que permitiera un mayor aprovechamiento del mismo.
88
VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
joRge a. soleR Díaz
89
EL POBLAMIENTO NEOLÍTICO DURANTE EL
hORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
Una mirada desde la Cova d’En Pardo
(Planes de la Baronia, Alicante)
A mediados del VI milenio a.C., el registro arqueológico de las comarcas centro-meridionales valencianas
nos indica la presencia de grupos neolíticos con una economía basada en la agricultura y la ganadería y
con un equipamiento tecnológico completamente nuevo. Hoy sabemos que estos grupos pioneros, llegados
a estas tierras desde algún punto de la costa del Mediterráneo occidental, se asentaron en zonas que no
habían sido ocupadas por cazadores-recolectores locales desde hacía varios siglos.
Este territorio prístino, denominado también cardial por ser este tipo de decoración cerámica realizada
mediante la impresión de la concha del berberecho sobre la arcilla aún sin cocer el más representativo de
este grupo, verá cómo, en unos pocos siglos, los primeros neolíticos desarrollen un sistema de explotación
y ocupación del espacio que acompañarán, además, de unos códigos ideológicos reflejados en el arte
rupestre. En este primer asentamiento colonizador se ocuparán cuevas, situadas tanto en las montañas
interiores que rodean los valles del Serpis o el Albaida como en las sierras litorales, y lugares al aire libre
localizados sobre las terrazas de estos mismos ríos y junto a espacios anfibios hoy totalmente desecados.
Las excavaciones llevadas a cabo desde hace más de medio siglo tanto en las distintas cavidades como en
algunos de los yacimientos situados en los fondos de los valles nos permiten actualmente ofrecer una
visión de cómo estos primeros neolíticos habitaron y explotaron estas tierras.
Así, estos primeros neolíticos ocuparán un territorio desocupado y portarán consigo un bagaje cultural,
económico e ideológico completamente nuevo que rápidamente se expandirá por el territorio más
próximos, pero también lo hará entre aquellos grupos locales que en este momento basaban su
subsistencia en la depredación de las posibilidades económicas del medio ambiente.
Durante los siglos que ocupan el tránsito entre el VI y el V milenio cal BC se asistirá a una clara expansión
del fenómeno neolítico tanto dentro del denominado territorio cardial de las comarcas centro-meridionales
valencianas (JUAN y MARTí, 2002) como en las zonas anexas a él (GARCíA ATIéNzAR eT alII, 2006). A partir de este
momento, se observa la presencia de varios focos de neolitización fruto de diversos fenómenos de
91
colonización de territorios desocupados y de
aculturización de grupos epipaleolíticos
asentados en regiones vecinas. Estos contactos
van a mostrarnos la existencia de un proceso de
neolitización, o mejor dicho, procesos ya que
estos serán diferentes según región, algo que nos
obliga a pensar en la existencia de barreras
sociales, medio-ambientales, ideológicas, etc.,
que condicionarán y generarán respuestas
diferentes en cada área.
Los mecanismos que explican esta diversidad de facies cerámicas y culturales responden a una casuística
compleja pero, como mostraremos en las siguientes líneas, resulta evidente el éxito del proceso de
neolitización a mediados del V milenio a.C. cuando es prácticamente imposible diferenciar características
tecno-culturales en buena parte del territorio de la fachada centro-mediterránea de la península Ibérica.
A partir de este momento, se evidencia un claro retroceso de los patrones sintácticos y estilísticos en la
decoración impresa de los vasos cerámicos, imponiéndose en el Levante peninsular el tratamiento peinado
de las superficies. Pero esta uniformidad, básicamente tecnológica, es, en muchas ocasiones, una ilusión
generada por el estado de conocimiento de un registro arqueológico en el que, a ciertos niveles, las
diferencias entre el antiguo territorio cardial y las zonas aledañas es más que evidente.
92
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
La secuencia documentada en la Cova d’En Pardo, tanto en las excavaciones llevadas a cabo en la década
de los 60 como las que hasta la fecha se han venido realizando, evidencian perfectamente esta mutación de
los patrones decorativos. No obstante, y fruto del intenso trabajo pluridisciplinar llevado a cabo desde 1993,
se puede apreciar que los cambios decorativos son sólo un aspecto más de las profundas transformaciones
sociales, económicas e ideológicas que se advierten en la secuencia neolítica de las comarcas centro-
meridionales valencianas. Pero el caso de En Pardo no es un hecho aislado ya que estas mismas mutaciones
se observan en otros conjuntos arqueológicos del V milenio cal BC de las tierras valencianas.
Durante el horizonte de las cerámicas peinadas, también denominado postcardial si atendemos a la progresiva
desaparición de esta técnica decorativa vinculada al primer neolítico y que ocupa buena parte del V milenio
a.C., se inicia una evidente expansión del poblamiento hacia zonas anteriormente no ocupadas o que, por lo
menos, habían mostrado una presencia muy endeble. Así, en los primeros siglos del V milenio a.C. se observan
importantes cambios en cuanto a la distribución de los principales asentamientos, pero estas transformaciones
afectan no sólo a su localización espacial sino que también se observan profundas alteraciones de la
funcionalidad de los yacimientos que venían siendo ocupados desde los inicios de la secuencia.
El panorama representado por los yacimientos de hábitat localizados en el fondo de los valles se ve
transformado de manera considerable. Dentro del territorio situado en el norte de la actual provincia de
Alicante parecen perdurar muchos de los asentamientos asociados al horizonte cardial/epicardial (ca.
5600-5000 a.C.), manteniéndose el principal foco de poblamiento en los alrededores del paraje de Les
Puntes articulado en torno al rio Penàguila (BERNABEU eT alII, 2002; 2003). Todo parece indicar que se sigue Ubicación del
yacimiento de Sant
utilizando la misma estrategia de ocupación y explotación del territorio Benet (Alcoi)
estudiado, pero empiezan a apreciarse cambios significativos que se
traducen en una expansión del poblamiento fuera de la zona nuclear del
cauce del Penàguila y una mayor diversidad en el patrón de asentamiento.
93
Vista de la Vall de
Seta con la ubicación
del yacimiento de
Tamargut (Penàguila).
del Penàguila (MOLINA HERNÁNDEz, 2003; GARCíA PUCHOL eT alII, 2006), Sant Benet ubicado en una terraza
sobre curso alto del Serpis (GARCíA ATIéNzAR, 2004) y otros documentados en la Canal de la Sarga y Canal
de Ibi (BARCIELA y MOLINA, 2008; FAIRéN y GARCíA, 2004). En este sentido resulta significativa la aparición de
un asentamiento, Tamargut, localizado sobre tierras fértiles en el curso del Riu Seta (MOLINA HERNÁNDEz,
2003), a una distancia lineal de 7 km desde el Mas d’Is y a poco menos de dos horas de camino de la Cova
d’En Pardo.
Tal y como se indica para la primera expansión observada durante momentos epicardiales (GARCíA ATIéNzAR,
2002/2003), esta multiplicación de focos al aire libre bien podría responder a la segmentación desde las
unidades habitacionales asentadas en el valle del Penàguila motivada por el crecimiento demográfico y/o
la necesidad de más espacios de cultivo. Pero esta segregación no supone una ruptura total con el modelo
de ocupación y gestión del territorio observado hasta el momento. Los yacimientos detectados fuera del
ámbito del Penàguila repiten de alguna manera el sistema conocido hasta el momento. Es decir, se ocupan
zonas vinculadas estrechamente a recursos hídricos, las terrazas del Riu Seta y del Riu d’Alcoi para los
casos de Tamargut y Sant Benet respectivamente. Todos estos yacimientos siguen localizándose sobre
zonas con suelos ligeros, de bajo índice de pedregosidad y con buena retención de la humedad, es decir,
áreas con un alto potencial agrícola muy similares a las documentadas en el paraje de Les Puntes. Esta
continuidad evidente en cuanto al modelo de asentamiento invitaría a pensar en una perduración de las
técnicas agrícolas y por tanto de buena parte del sistema de producción.
Pero en los albores del V milenio a.C. se asiste también a modificaciones en la funcionalidad y
estacionalidad de varias cavidades, aunque puede que se trate más de una intensificación de la ocupación
que de un cambio propiamente dicho. Se observa cómo diversos yacimientos que se habían empleado
anteriormente como lugares de hábitat, ocupaciones esporádicas o refugios, ven transformada la
intensidad de su ocupación convirtiéndose muchos de ellos en auténticos rediles para el ganado.
94
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
El mejor referente para este tipo de transformación lo encontramos en la Punta de Moraira, concretamente
en la Cova de les Cendres (Teulada). Si para los primeros horizontes neolíticos, niveles sedimentológicos XI
(Beta 75220: 6.730±80 BP -5.750-5480 cal BC 2σ−), X (Beta 75219: 6.420±80 BP -5.540-5.210 cal BC 2σ- /
Beta 75218: 6.280±80 -5.470-4.990 cal BC 2σ-) y IX (Beta 75217: 6.150±80 BP -5.300-4.850 cal BC 2σ-)
se había determinado la presencia de varias estructuras de almacenamiento, algunas de ellas con vasijas
similares a la de En Pardo en su interior, asociadas a niveles arqueológicos con evidencias de una economía
basada en la explotación de los recursos marinos, principalmente los malacológicos, ahora se observa una
clara transformación que deja una más que evidente huella en el registro (BERNABEU, FUMANAL y BADAL, 2001).
Desde los momentos finales del Neolítico I hasta los niveles de la Edad del Bronce (desde H-14 hasta H-0)
se documentan una serie de estructuras de combustión prácticamente superpuestas las unas a las otras.
Definidas como “laminaciones formadas por la acumulación de una tierra marrón muy oscura en su base y,
por encima, otra capa más o menos gruesa de cenizas, ocasionalmente mezcladas con cal, que tienden a
ocupar extensas áreas de la superficie excavada” (BERNABEU, FUMANAL Y BADAL, 2001,65), este tipo de
estructuras se han asociado a la práctica controlada de desinfectar con fuego el interior de las cuevas tras
haber sido empleadas como corrales de ganado. Estas estructuras han sido documentadas en diferentes
cuevas y abrigos rocosos del ámbito mediterráneo (Fontbrégoua, Font Juvénal, Baume Ronze, St. Marcel
d’Ardèche en Francia, Grotta dell’Uzzo en Italia, Kitsos en Grecia, etc.), gracias a la aparición en sus
sedimentos de las coronas dentarias de animales, la presencia de coprolitos y la detección de esferolitos y
fitolitos (BROCHIER, 1991; BROCHIER eT alII, 1992).
En la zona montañosa del norte de Alicante, la ocupación postimpresa de Coves de Santa Maira (Castell
de Castells), yacimiento localizado en la margen derecha del Barranc de Famorca y en la cabecera del que
aguas abajo conformará el rio Gorgos, se vincula también a un uso como lugar de estabulación para el
ganado (AURA eT alII, 2000). Para el horizonte de las cerámicas esgrafiadas y peinadas (Beta-75224:
5640±140 BP -4620-4340 cal BC 2σ-), los análisis microsedimentológicos llevados a cabo hablan de la
95
Entorno del Abrigo de
la Falguera (Alcoi)
A los datos aportados por Cendres y Santa Maira, se unen ahora las primeras noticias de la evolución
sedimentológica de En Pardo (SOLER eT alII, 2008) que son objeto de una detallada descripción por parte de
J.A. Soler en este mismo volumen. Si para los primeros niveles con presencia neolítica (niveles VIII y VII,
caracterizados por cerámicas cardiales, impresas e incisas) se observa una intensa antropización pero que
no llega a alterar las características sedimentológicas, los niveles V y VI, asociados a la proliferación de
las cerámicas peinadas, presentan una notable transformación generada por la actividad humana que se
vincula al uso de la cavidad como redil para el ganado.
La secuencia sedimentológica de En Pardo nos viene a indicar que la actividad pastoril va en aumento a
lo largo del V milenio, aunque no cabe descartar tampoco la posibilidad de que ya estuviera en
funcionamiento desde los primeros horizontes. No obstante es posible que tal actividad dejase huella
evidente en los sedimentos y tendrá que ser corroborada o refutada por los análisis microsedimentológicos
en curso actualmente. Llevar el uso como redil de la cavidad hasta los niveles VII y VIII de En Pardo requiere
de una mayor cantidad de datos que aún no se encuentran disponibles. Sin embargo, no resultaría nada
descabellada esta posibilidad si se tiene en cuenta la ocupación de la Fase VI del Abric de la Falguera de
Alcoi, fase datada entre la primera mitad del VI milenio y los primeros siglos del V a.C. (Beta 142289:
6.510±80; 5.616-5.320 cal BC 2σ / AA 60625: 5.833±65; 4.844-4504 cal BC 2σ/ AA 60627: 5.655±54;
4.667-4.357 cal BC 2σ). En este nivel se han documentado evidencias de estabulación de ganado
96
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
Así, los diferentes estudios (microsedimentológicos, antracológicos, etc.) realizados en los niveles
postimpresos de yacimientos como Cendres, Santa Maira, En Pardo, Bolumini e incluso, en la Cova de l’Or
de Beniarrés (BADAL GARCíA, 1999; 2002, AURA eT alII, 2000), plasman una vocación pastoril para este momento
de la secuencia repitiendo en muchos casos las estructuras de redil. A estas cavidades cabría unir otros
yacimientos bajo cueva cuyas características sedimentarias no son bien conocidas, pero que reúnen una
serie de parámetros que también se repiten en los asentamientos ya mencionados. Así, pequeños abrigos y
cavidades situadas en los valles que comunican la cuenca del Serpis con el mar (Vall d’Alcalà, Vall d’Ebo,
etc.) como son el Tossal de la Roca de la Vall d’Alcalà (CACHO eT alII, 1995), la Penya Roja de Catamarruc
(ASQUERINO FERNÁNDEz, 1972), Coves d’Esteve y Cova Fosca, ambas en la Vall d’Ebo, la Cova del Somo de Castell
de Castells (GARCíA y ROCA DE TOGORES, 2004) o Abrics del Barranc de les Calderes de Planes (DOMéNECH FAUS,
1995) pudieron estar en uso en este momento si atendemos a su registro material postpaleolítico (GARCíA
ATIéNzAR, 2004; 2006). Por sus características morfológicas, pudieron funcionar como puntos de descanso o
áreas de refugio dentro de los movimientos de transterminancia que caracterizarían la gestión de los
rebaños durante este momento de la secuencia neolítica.
97
Interior de la Cova de
l’Or (Beniarrés).
Pero el proceso de mayor ocupación de las tierras llanas y el empleo de cavidades con diversos usos no es
exclusivo de las cuencas del Penàguila o del Serpis, sino que también afecta a los valles colindantes. La
ocupación neolítica fuera del área cardial ya se había documentado en los últimos siglos del VI milenio
a.C. durante el horizonte epicardial, aunque va a ser a partir de este momento cuando se reafirme. La
presencia más que significativa de cerámicas con decoraciones postimpresas en los yacimientos de Camí
de Missena, Mas de Sant Joaquim, la Torrosella, el Tossal de les Basses o El Barranquet apunta a una
consolidación del poblamiento en estas zonas.
Por una parte, el asentamiento de Camí de Missena (La Pobla del Duc), ubicado en plena cuenca de drenaje
del Riu d’Albaida, repite los convencionalismos observados para otras zonas en cuanto a la elección del
emplazamiento. Este yacimiento, que arrancaría su ocupación a finales del VI milenio, presenta un
conjunto de estructuras que permiten plantear una perduración hasta el IV milenio (PASCUAL eT alII, 2005).
Los datos reconocidos para este asentamiento son todavía demasiado parcos como para ofrecer una visión
acerca de la gestión del entorno inmediato, aunque dentro del mismo valle se documentan una serie de
cavidades que podrían arrojar más información a este respecto. Para los niveles postcardiales de la Cova
de l’Or, situada a poco más de 8 km en línea recta del yacimiento de Camí de Missena y abierta en la orla
montañosa que delimita la cuenca del Albaida por el sur, se ha documentado una ocupación que podría
relacionarse con un uso de su espacio interno como redil para el ganado (BADAL GARCíA, 1999; 2002).
Aunque los datos impiden relacionar de una manera directa ambos asentamientos, su proximidad obligan
a retener la posibilidad de la existencia de un patrón de gestión del territorio desde un asentamiento
estable localizado en el fondo del valle y con una clara vocación agrícola (así se desprende de las
características de las estructuras y del registro arqueológico documentado en Camí de Missena). De este
asentamiento dependerían otros, que podríamos clasificar como “satélites” entre los que cabría incluir la
Cova de l’Or e, incluso, la Cova del Garrofer (Ontinyent) que también muestra materiales vinculados al
98
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
El Barranquet de Oliva
(Foto: Arpa Patrimonio S.L.).
horizonte postimpreso (BERNABEU AUBÁN, 1981), que se localiza en la cabecera de la Vall d’Alcaida y en las
elevaciones montañosas que delimitan este valle por el suroeste. Aunque con argumentos también
preliminares, la ocupación del yacimiento de Mas de Sant Joaquim (Moixent) vendría a reflejar también
la expansión hacia nuevos valles, en este caso el del Cànyoles (MOLINA y MCCLURE, 2004).
Por otro lado, la vecina comarca de La Safor presenta una serie de lagunas en cuanto al registro del
horizonte postimpreso debido, en parte, a los avatares de la investigación que hace que sea una de las
zonas con un número de evidencias más importante pero de las que tan sólo se puede reconocer el registro
material. No obstante, recientes excavaciones como las llevadas a cabo en el yacimiento de El Barranquet
de Oliva suponen un importante avance. El registro arqueológico de este yacimiento, cuya ocupación
arranca a mediados del VI milenio a.C., muestra una clara continuidad durante el horizonte postimpreso.
En este momento, el recurso más cuantioso lo protagonizan los restos malacológicos (ESQUEMBRE eT alII,
2008), aunque cabe tener presente el bajo potencial calórico de este recurso frente a otras especies
animales domésticas también representadas en el asentamiento. De todas formas, no es de extrañar la
explotación sistemática de este tipo de recurso silvestre si atendemos a los datos ofrecidos por
yacimientos vinculados también a los primeros horizontes neolíticos en el Mediterráneo occidental como
la propia Cova de les Cendres (BADAL eT alII, 1992), el Tossal de les Basses de Alicante (ROSSER, 2007) o los
yacimientos italianos de Arene Candide (Finale Ligure, Savona) (MAGGI, 1997; TINé, 1999) Masseria
Candelaro (Monte Aquilone, Foggia) (MANFREDINI, 1983; CASSANO y MUNTONI, 2002), etc.
99
Estructura de
combustión 1
(izquierda) y planta y
sección (derecha) de las
estructuras
documentadas en el
yacimiento de la calle
Colón de Novelda.
Plantear un empleo como redil para el ganado para las distintas cavidades abiertas en las proximidades
de estos asentamientos, y que también presentan materiales típicos del horizonte postimpreso, resulta
muy aventurado si tenemos en cuenta el estado de conocimiento que se tiene de su registro. No obstante,
encierran ciertos paralelismos con otras cavidades que sí muestran un uso como redil como pueden ser En
Pardo, Cendres y Or en las que se observa, para los inicios de la secuencia neolítica, una ocupación
habitacional y/o estacional que durante el V milenio se convierte en redil para el ganado. Algunas de las
cavidades de la comarca de La Safor como Recambra, Meravelles, Llop (Gandía) o Bernarda (Palma de
Gandía) presentan también, a partir de la lectura de su cultura material (APARICIO, GURREA y CLIMENT, 1983),
un uso habitacional durante el horizonte cardial/epicardial. Mantener este uso o plantear una ocupación
como lugar de estabulación resulta, cuanto menos, arriesgado ya que los datos (caracterización del
registro material, registro faunístico, sedimentológico, antracológico, etc.) que permiten defender o
refutar esta segunda posibilidad son inexistentes en las cavidades de La Safor.
Pero la expansión del horizonte de las cerámicas peinadas también se documenta hacia las tierras del sur
de la actual provincia de Alicante. Así, en plena Foia de Castalla se documenta un asentamiento con
indicios de haber sido ocupado durante los inicios del V milenio a.C. El yacimiento de la Torrosella de Tibi
(SOLER LÓPEz, 2004) se localiza junto al Riu Montnegre, al sur de un antiguo espacio endorreico del cual
hoy tan sólo nos queda la Marjal d’Onil. En la otra parte de este espacio, ya en las vertientes de la Serra
d’Onil, se abren los abrigos del Fontanal (Onil) que ofrecen evidencias de una ocupación neolítica que se
remontaría, por lo menos, al horizonte epicardial (CERDà i BORDERA, 1983).
100
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
Esta ocupación tan precoz para esta región entra en clara consonancia con lo observado en el Camp
d’Alacant en donde las recientes excavaciones llevadas a cabo en el entorno de la Albufereta de Alicante
han puesto al descubierto un importante asentamiento humano. La ocupación de este asentamiento,
caracterizada por la presencia de estructuras de combustión y una gran cantidad de restos de moluscos, se
vincula a una explotación más o menos intensiva de los recursos marinos. Además, la presencia de varios
fosos y cabañas han permitido plantear una ocupación estable en la zona durante el V milenio a.C. tal y
como ponen de manifiesto las dataciones radiocarbónicas obtenidas, algo que cuadraría bien con la
existencia en el yacimiento de varios enterramientos en el interior de fosas excavadas en el suelo (ROSSER,
2007).
Otra región alicantina que también asiste de manera temprana a una ocupación por parte de grupos
neolíticos es el valle del Vinalopó. Las evidencias arqueológicas permiten proponer que la primera zona
ocupada fue la localizada en torno a las antiguas zonas lagunares situadas en las proximidades de Villena.
Así, los yacimientos localizados en el término municipal de Villena de Arenal de la Virgen o Casa de Lara
(SOLER GARCíA, 1981) presentan un registro cerámico que arrancaría en el Neolítico epicardial y que
perdurará prácticamente hasta la Edad del Bronce. Estos yacimientos, de los que tan sólo conocemos
evidencias materiales y ningún dato acerca de su economía, se verían complementados con la ocupación
de cavidades situadas en las sierras próximas a la cubeta de Villena como la cueva del Lagrimal (SOLER
GARCíA, 1991) para la cual, en los momentos de ocupación neolíticos, se ha advertido un uso relacionado
con la caza de la cabra montés.
101
El medio Vinalopó también muestra indicios de
una ocupación temprana. El entorno de la
población de Novelda se revela como el punto de
asentamiento inicial. Así, el vaso con decoración
impresa de Ledua (HERNÁNDEz y ALBEROLA, 1988) o
las estructuras de combustión documentadas en la
calle Colón (GARCíA eT alII, 2006) de esta localidad
advierten una presencia temprana en esta zona,
corroborada por la fecha obtenida de la base de
una de las estructuras de combustión de este
segundo yacimiento: Beta 227572: 6410 ± 40 BP;
5480-5310 cal BC 2σ. La presencia de cerámicas
Boca de acceso de la peinadas en este yacimiento vendría a demostrar
Cova de Sant Martí la continuidad en la ocupación de esta parte el
(Agost) (Foto: F.J.
Jover Maestre). valle. Continuidad que también se advierte a partir del uso de algunas cavidades como la cueva de los
Calderones (La Romana) o la Cova Sant Martí (Agost) que, situadas en la orla montañosa que rodea la
cubera del Medio Vinalopó, pudieron jugar un papel asociado a la explotación de determinados recursos.
El tramo final del río Vinalopó presenta también evidencias de una ocupación neolítica temprana. El
importante yacimiento ibero-romano de L’Alcudia de Elche presentó en la base de su estratigrafía unos
pocos fragmentos cerámicos que remitían a los momentos finales del VI milenio a.C. (RAMOS MOLINA, 1989).
No obstante, el yacimiento que más información ha ofrecido es el de la cueva de las Arañas de Santa Pola
(RAMOS FERNÁNDEz, 1983). Situada en un escarpe en primera línea de costa, su interior albergó una ocupación
asociada a momentos epicardiales y postcardiales tal y como se desprende de los materiales recuperados a
lo largo de las distintas intervenciones realizadas. Sin embargo, las actuaciones clandestinas sufridas y el
hecho de que durante mucho tiempo se hubiera convertido en punto visitado habitualmente, han eliminado
cualquier posibilidad de encontrar un registro que permita caracterizar el tipo de ocupación.
El empleo de cavidades como lugares para refugiar, estabular y alimentar al ganado, uso que hasta ese
momento no se había constatado de manera tan evidente tal y como se desprende de las características de
las primeras ocupaciones neolíticas de cavidades como Falguera, Or, En Pardo o Cendres, se convierte en este
momento en un hecho notable. Esta mayor intensidad de la actividad pecuaria, observada también en otros
puntos de la fachada mediterránea de la península Ibérica, permite abordar con mayores argumentos
cuestiones relacionadas con la explotación y ocupación del territorio como pudieran ser los momentos de
uso de estos asentamientos o las relaciones con los lugares de hábitat situados en el fondo de los valles.
102
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
Determinar la estacionalidad para las ocupaciones mencionadas en este momento resulta complejo, aunque
lo que parece evidente es que pudo estar relacionada con el traslado de ganado, posiblemente de carácter
estacional, desde las zonas de hábitat del curso alto-medio del Serpis hacia los valles de las sierras
interiores, área en la que se concentran básicamente las evidencias de lugares para la estabulación del
ganado. Este tipo de movimientos de trasterminancia entre las tierras altas y las tierras bajas también han
sido documentados en otras zonas de la vertiente mediterránea occidental (GEDDES, 1983; HALSTEAD, 2002),
aunque con las matizaciones impuestas por variables como la topografía, la climatología, etc.
Si consideramos que estas cavidades pudieron estar en uso durante mediados de la primavera y los
primeros meses estivales a partir de algunos indicios arqueológicos documentados en el Abric de la
Falguera (individuos neonatos, dientes deciduales, etc.), esta ocupación cuadraría con el momento de
crecimiento de los campos de cultivo, lo que evitaría problemas de consumo de los mismos por parte de
los rebaños, y con la mayor presencia de herbáceas y forraje en los montes tras las lluvias y las nieves de
los meses invernales. No obstante, extrapolar este periodo de ocupación al resto de cavidades
103
mencionadas resulta complejo en tanto no disponemos en la actualidad de los datos necesarios para estos
sitios que permitan avalar esta posibilidad.
Establecer asimismo la temporada de retorno resulta más complejo en tanto no poseemos, hasta el
momento, de elementos de juicio suficientes, aunque las referencias etnográficas indican que el retorno
se haría en los meses finales del verano y el otoño, facilitando así la alimentación del rebaño gracias a los
rastrojos dejados tras la siega. Esta práctica ayudaría asimismo a la limpieza y abonado con estiércol de
las áreas de cultivo, evidenciándose así la complementariedad de los ciclos agrícolas y pastoriles.
El tipo de práctica pastoril documentado en los valles transversales localizados entre la cuenca alta del
Serpis y la costa, pero también en otros valles próximos a esta zona durante parte del V milenio cal BC
cuadra bien con el crecimiento tanto demográfico como poblacional que parece tener lugar en este
momento si nos atenemos al aumento y dispersión de localizaciones al aire libre. Este incremento llevaría
parejo la ampliación de la cabaña animal como forma de dar salida a las crecientes necesidades
alimenticias de las comunidades neolíticas sin transformar el modelo de agricultura intensiva de huerta
(BERNABEU AUBÁN, 1995), algo que no sucederá hasta avanzado el IV milenio a.C. con la aparición de una
agricultura de carácter extensivo basada en el cultivo de aquellas especies mejor adaptadas y en el
probable empleo del arado. Esto se traduciría en la consiguiente necesidad de buscar alimentos estables
durante todo al año evitando al mismo tiempo que se pusieran en peligro otros recursos como la
agricultura.
La lectura de las relaciones espaciales que se pueden establecer entre las ocupaciones vinculadas al
horizonte de las cerámicas peinadas permite la consideración de un paisaje social que encontraría en los
asentamientos al aire libre su punto para las actividades cotidianas, mientras que las cavidades pasarían
a jugar un papel “satélite” con una marcada funcionalidad económica. Se configura así un modelo de
gestión y explotación del territorio de carácter extenso (la distancia existente entre los lugares de hábitat
ronda los 10 km de media) y flexible (no poseemos de momento elementos de juicio que indiquen que las
cavidades se empleen de manera sistemática y cíclica sino que parecen corresponderse con ocupaciones
esporádicas). Así, la ocupación de las cavidades situadas en los valles de Gallinera, Alcalá y Ebo, pero
también de otras sierras como el Benicadell, Mariola, Falconera o Marxuquera, tendrían un carácter
eminentemente estacional y puntual tal y como se desprende de algunas de las de las características de
sus conjuntos materiales y de su morfología (GARCíA ATIéNzAR, 2006) y su ocupación estaría relacionada con
la explotación del potencial pecuario de la vegetación de sus laderas, sin olvidar otras posibilidades como
la caza, práctica que no se abandonó durante el Neolítico.
Sin embargo, la imagen aquí planteada no debe ser entendida como un cambio brusco en las estrategias
de las comunidades neolíticas sino como una evolución que ya apunta algunos indicios en los últimos
104
EL POBLAMIENTO NEOLíTICO DURANTE EL HORIzONTE DE LAS CERÁMICAS PEINADAS
GABRIEL GARCíA ATIéNzAR
Dataciones en sus expresiones a 1 sigma y 2 sigma de contextos asociados al Horizonte Postimpreso en las comarcas
centromeridionales valencianas. * Desconocemos la expresión calibrada a la que se publican las dataciones del Tossal de les
Basses.
siglos del horizonte cardial/epicardial. Estas evidencias antiguas, centradas básicamente en ocupaciones
de carácter esporádico ejemplificadas por los casos de En Pardo y Falguera, algunas asociadas con la
presencia de rebaños de ovicaprinos, no hacen más que recalcar que el empleo de cavidades con fines
económicos era un hecho desde el Neolítico cardial y que, durante el V milenio a.C. no hizo más que
intensificarse, resultando reflejo de unos mayores requerimientos de un modelo económico en continua
adaptación y transformación según las necesidades sociales.
105
TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS
CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
Notas en cuanto a su morfología descriptiva
INTRODUCCIÓN
Se realiza un estudio de la morfología descriptiva de tres vasos anforoides localizados en la Cova d’En
Pardo (Planes), les Coves de Santa Maira (Castell de Castells) y la Cova de les Cendres (Teulada-Moraira),
en el que además de presentar una ficha completa con sus atributos métricos y morfológicos1, se analizan
otros fragmentos de posibles vasos anforoides hallados en diferentes campañas en la Cova d’En Pardo.
Aparte se le ha realizado un TAC al vaso anforoide de En Pardo que aporta datos significativos a la hora
de examinar las superficies externas e internas así como para los cálculos métricos y de volumen.
El estudio se completa con un análisis de las características generales de recipientes similares
referenciados en este volumen2, desde el punto de vista tecnológico, morfológico y funcional,
complementándose con una comparativa de las capacidades volumétricas de cada una de las vasijas que
han sido calculadas mediante un programa informático.
Figura 1.
Asimetría de los elementos de prehensión
VASO DE LA COVA D’EN PARDO (PLANES, EL COMTAT) del vaso de En Pardo.
Depositado: MARQ
1
Basada en la clasificación y descripciones de cerámicas neolíticas de J. Bernabeu (1989).
2
Ver artículo escrito por J.A. Soler Díaz.
107
engrosamiento en bisel exterior. Contiene como elementos de prehensión dos asas
de cinta vertical de medianas dimensiones localizadas en el tercio superior del
cuerpo, y su posición es prácticamente simétrica, con una desviación respecto a la
horizontal de 7º (fig. 1). En el borde se observan huellas de impresiones digitales, al
igual que en una de las asas y en el cuerpo próximo a su base. Parece que estas
huellas no resultan de una intención decorativa, sino que más bien obedecen a un
efecto de agarre o apoyo de la pieza para moverla cuando aún la arcilla estaba
tierna, bien para decorar o al llevarla a cocer (fig. 2). El recipiente no muestra
marcas en la superficie externa del vaso que indiquen la profundidad a la que se
encontraba dentro de la fosa en la que se depositó. Si bien es cierto que las
concreciones calcáreas encontradas en algunas zonas de la superficie externa del
vaso no se manifiestan en el área del cuello, lo que hace suponer que se encontraría
hundido en la fosa más o menos hasta el arranque del cuello.
Figura 2.
Huellas de digitaciones en el borde del vaso Coloración, cocción y pasta: La superficie exterior está medianamente cuidada, siendo
no intencionales.
la zona del cuello la que presenta un mejor acabado de la superficie. El color de la
superficie externa es pardo-rojizo, más rojizo conforme se acerca al cuello, y el de
la superficie interna muestra coloraciones en tonos beig. La pasta de color
anaranjada, presenta porosidades y muestra gran cantidad de desgrasante de
tamaño medio-grueso principalmente de cuarcita y algo de caliza, visibles en las
superficies. Muestra una cocción reductora irregular, con algunas zonas como el
cuello y parte del cuerpo en las que ha incidido más la cocción oxidante.
Figura 3.
cuello, el borde y los elementos de prehensión sin decorar (fig. 3). El peinado,
Detalle de la decoración peinada realizado posiblemente con un instrumento de hueso o madera dentado no aparece
del vaso.
de una forma aleatoria sino que sigue un trazado de líneas mayoritariamente en
sentido vertical de una longitud entre 9-16 cm, aunque en la zona próxima a la
base son más cortas, entre 2-5 cm. Únicamente, en una zona del tercio superior del
cuerpo y próxima a las asas se observan trazos en sentido horizontal, alguno de
ellos superpuestos a otros en sentido vertical. En el cuello muestran un sentido
horizontal y una longitud entre 5 y 7 cm, que rodean toda su superficie de forma
discontinua. En la mayor parte de los casos no se interfieren o superponen los trazos
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TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
CONSUELO ROCA DE TOGORES MUñOz
Figura 4.
Dibujo del vaso de En Pardo Enp’04 7.6 A VI
32 (CS: 13.966).
sino que aparecen unos a continuación de otros y por el grueso de los mismos
se deduce que el peine sería de unos 2 cm de ancho con un número de 7 púas.
Las rayas del peine del cuello son más marcadas que las realizadas en el cuerpo
de la vasija, que en algunas zonas prácticamente son muy superficiales (fig. 4).
Este vaso tuvo un tapón que lo sellaba del que se conservan restos recogidos en
la excavación y del que también se encontraban restos adheridos en la boca del
vaso. Se realizaron unas analíticas por Espectrometría de Infrarrojos
comparando los resultados con una muestra de una masa blanquecina hallada
en otro nivel de la cueva, concluyendo que ambas eran de la misma naturaleza,
una masa calcárea de textura margosa hallada en las proximidades de la cueva Figura 5.
Restos del posible tapón que sellaba el vaso.
(fig. 5).
109
Dimensiones:
Diámetro de la boca: 13,3 cm
Diámetro máximo: 32 cm
Altura: 46,5 cm
Altura del asa: 87 mm
Anchura del asa: 39 mm
Espesor en la mitad del asa: 14 mm
Espesor del labio: 15 mm
Espesor del cuello: 9 mm
Espesor del cuerpo: 10 mm
Espesor de la base: 12’5 mm
índice de abertura: 41,56 (muy cerrado)
índice de profundidad: 145,31 (muy profundo)
Figura 6.
Corte axial en la parte media del vaso obtenida a través de Volumen: 25,9 litros
la TAC.
110
TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
CONSUELO ROCA DE TOGORES MUñOz
Intensidad), es decir, como un sumatorio de intensidad de masa para conocer dónde existe más arcilla,
dónde es más compacta. Se han realizado igualmente cortes finos para poder ser utilizados en las
mediciones del grosor de las paredes, borde y asas (fig. 6). Se ha realizado igualmente un vídeo y unas
fotos de reconstrucción en 3D (fig. 7 a-d).
Gracias a la TAC se pueden tomar medidas de todas las partes del vaso, incluso de aquellas que son
difíciles de adquirir, se pueden observar asimetrías, incluso advertir algún tipo de irregularidades en las
superficies externa e interna del recipiente. En este sentido, se ha podido observar de una manera más
clara las digitaciones halladas en el borde del vaso, incluso ver las superficies irregulares tanto del interior
como del exterior, así como tomar una serie de medidas mucho más exactas, que de otra forma hubiesen
llevado a error, como el grosor de las paredes; la altura interna del vaso. También se utilizó el corte
longitudinal del vaso para la obtención del cálculo de su capacidad que se comenta más adelante.
Figura 8.
Corte axial de la imagen en 3D por la mitad del vaso.
111
VASO DE LES COVES DE SANTA MAIRA (CASTELLS DE CASTELLS, LA MARINA ALTA)
signatura: CSMC/83/B
estado de Conservación: Fragmentado, pegado y reintegrado. Presenta pérdidas en zonas del cuello,
cuerpo, base y un asa entera, conservando un 80% del vaso. Muestra concreciones calcáreas en
algunas áreas de la superficie externa del cuerpo (fig. 9).
Morfología: Vaso cerámico de tendencia ovoide ancha y base cónica, cuerpo elipsoidal con hombro curvo
pronunciado que sale desde el cuello. El cuello es alto, estrecho y troncocónico (gollete) y muestra un
borde suavemente biselado hacia el interior. Como elementos de prehensión presenta dos asas de cinta
vertical (una de ellas perdida) de grandes dimensiones localizadas en el tercio superior del cuerpo, y su
posición es simétrica (fig. 10).
Figura 10.
Dibujo del vaso de
Santa Maira Tipología: Clase C grupo XII.2 cántaros y anforoides (BERNABEU, 1989, 31).
(CSMC/83/B).
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Dimensiones:
Figura 11.
Diámetro de la boca: 10,9 cm Cuello del vaso anterior en el que se observa
un peinado más definido.
Diámetro máximo: 34 cm
Altura: 43,5 cm
Longitud del asa: 146 mm
Altura en la mitad del asa: 42 mm
Espesor en la mitad del asa: 33 mm
Espesor del labio: 7 mm
Espesor del cuello: 8 mm
Espesor del cuerpo: 9-10 mm
Espesor de la base: 11 mm
índice de abertura: 32,06 (muy cerrado)
índice de profundidad: 127,94 (muy profundo)
Volumen: 28 litros
Figura 12.
Parte del cuerpo del vaso anterior en el que
se denota un suave peinado.
113
VASO DE LA COVA DE LES CENDRES (TEULADA-MORAIRA, LA MARINA ALTA)
Depositado: MARQ
estado de Conservación: El recipiente se encuentra reconstruido y con reintegraciones en las partes que
faltan. Presenta pérdidas en zonas del cuello, cuerpo y base, faltando un 15% del total del vaso.
Morfología: Vasija de cerámica a mano ovoide de cuerpo elipsoidal asimétrico y base cónica (fig. 13), con
cuello cilíndrico ligeramente exvasado y labio convexo. Presenta como elementos de prehensión dos
asas de cinta verticales molduradas, localizadas en el tercio superior del cuerpo, y su posición es
simétrica con una ligera desviación (fig. 14).
Coloración, cocción y pasta: La superficie exterior presenta un color marrón, con manchas más oscuras
grises, resultado de la cocción irregular a fuego reductor. La pasta es cuidada de color rojiza, compacta
Figura 14.
Vista superior del vaso anterior en la que se
manifiesta igualmente una asimetría en
cuanto a la ubicación de las asas respecto de
la horizontal.
Figura 13.
Vista frontal del vaso de Cendres en la que
observa la gran asimetría que muestra su base
respecto del centro del mismo y de las dos
asas respecto de la vertical.
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con abundante desgrasante de tamaño medio de cuarcita y algo de mica. Muestra una cocción
oxidante irregular (fig. 15).
Dimensiones:
Diámetro de la boca: 11’2 cm
Diámetro máximo: 23 cm
Altura: 28 cm
Espesor del labio: 7 mm
Espesor del cuello: 8 mm
Espesor del cuerpo: 8-9 mm
Espesor de la base: 11 mm
índice de abertura: 48,69 (muy cerrado)
índice de profundidad: 121,74 (muy profundo)
Volumen: 7,2 litros Figura 15.
Dibujo del vaso de Cendres CC s/n (CS 1.216).
115
OTROS FRAGMENTOS DE POSIBLES VASOS ANFOROIDES hALLADOS EN LA COVA D’EN PARDO
Se enumeran aquí distintos restos cerámicos fragmentados que, por su morfología podrían resultar parte
de otros vasos de tipología anforoide hallados dentro del contexto de la Cova d’En Pardo en los niveles
VI y VII, durante las campañas 2002, 2004 y 2007.
Coloración, cocción y pasta: Las superficies exterior e interior presentan un color anaranjado, y
la pasta compacta con algunas porosidades, de color grisáceo con abundante desgrasante
de pequeño y mediano tamaño compuesto principalmente por de calcita (fig. 14). Las
superficies también son de color anaranjado. El tipo de cocción es reductora en su primera
parte y muestra una débil oxidación durante la postcocción. Esto es propio de hogueras
situadas al aire libre y que provocan que el combustible arda con unas condiciones
reductoras de la atmósfera y una vez disminuye su potencia, permite la entrada de aire del
exterior dentro del horno, constituyendo una fase oxidante, aunque actuaría durante poco
tiempo, ya que sólo afectó a la parte superficial de las vasijas (GALLART, 1980, 64).
Figura 17.
Imagen del vaso anterior.
Decoración/Tratamiento de la superficie: Presenta un tratamiento de espatulado de la
superficie externa que únicamente se puede observar en el hombro y arranque del cuerpo
ya que en el cuello la superficie externa aparece muy deteriorada por efectos del agua con
adherencias calcáreas.
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Dimensiones:
Altura máxima: 98 mm
Anchura máxima: 105 mm
Diámetro de la boca: 10’9 cm
Figura 18.
Espesor del labio: 4 mm Superficie interna del vaso anterior en la que
se observa el arrastre de los dedos en la
Espesor del cuello: 6 mm fabricación del vaso y la gran cantidad de
Espesor del cuerpo: 7 mm desgrasante que contiene su pasta.
Dimensiones:
Altura máxima: 114 mm
Anchura máxima: 85 mm
Espesor medio de las paredes: 10 mm
Longitud del asa: 89 mm
Anchura en la mitad del asa: 27 mm Figura 20.
Dibujo del vaso (Enp’02 6.5 D VI 17).
Altura del asa: 39 mm
Espesor en la mitad del asa: 23 mm
117
signatura: Enp’07 7.4 A VIII (12) y Enp’07 6.3 A VIII (17)
Dimensiones de la base:
Figura 22. Altura máxima: 77 mm
Detalle del fragmento del vaso de En Pardo 7.4 A-6.3 A
VIII en el que se ve una pasta con abundante Anchura máxima: 59 mm
desgrasante de gran tamaño. Espesor de la base: 24 mm
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Dimensiones:
Figura 24.
Altura máxima: 124 mm Detalle de la superficie interna del asa en contacto con el cuerpo del vaso
Anchura máxima: 59 mm de En Pardo 7.6 B VII en el que se observa un tratamiento de peinado.
119
CARACTERÍSTICAS TECNOLÓGICAS DE LOS VASOS DE ALMACENAMIENTO TIPO ANFOROIDE
La cerámica está formada principalmente por arcilla que es una sustancia mineral terrosa compuesta
mayormente por hidrosilicato de alúmina, que al humedecerse se hace plástica y al someterse a la acción
del fuego se endurece. Además es refractaria, es decir soporta los aumentos de temperatura sin sufrir
variaciones. Para elaborar una pasta cerámica existen tres ingredientes principales: los elementos plásticos,
los magros o desgrasante y los fundentes o fundibles. Los elementos plásticos son las arcillas y caolines que
tienen la característica de ser flexibles. Los elementos magros o desgrasante pueden estar compuestos por
arena, sílice, trozos molidos de terracota (chamota) y arcillas silíceas, que se utilizan para reducir la excesiva
maleabilidad de la arcilla, así como aumentar su porosidad y facilitar su secado. Los feldespatos, las micas,
la cal y los fosfatos, entre otros, constituyen los elementos fundentes (VITTEL, 1986; LYNGGAARD, 1983).
Las arcillas se adquirían por lo general de depósitos próximos a los yacimientos y se escogían según los
objetos que se quisieran fabricar. La técnica de fabricación en este tipo de vasos anforoides es de mediana
calidad, con pastas no demasiado bien depuradas, es decir, una arcilla tosca, de color anaranjado pálido,
ocre, rojizo o gris y con abundante desgrasante de tamaño medio-grande (desde 1 a 6 mm) y compuesto
generalmente por granos de cuarzo, calcita, caliza o micaesquistos, entre otros, que eran
convenientemente machacados antes de mezclarlos con el barro. Las condiciones del horneado es una
combinación de cocción oxidante y reductora. La cocción se realizaba por contacto, es decir, el
combustible vegetal como las hojas o pequeñas ramas se depositaban junto con la cerámica en un hoyo
o montón, cubriéndose posteriormente por leña más gruesa. La hoguera ardía cociendo la cerámica y al
tratarse de una combustión libre hacía imposible controlar el aspecto final de la superficie, por lo que los
vasos aparecen con cambios de color y tonalidad. Si se quería conseguir vasos oscuros, grises o negros, se
intentaba lograr una reducción en la cocción, bien enterrándolos en pequeños restos vegetales para una
combustión más lenta, bien introduciendo los vasos en otros de mayor tamaño y rellenos a su vez de
elementos vegetales menudos, incluso húmedos para acentuar la fuerza de reducción. Las cerámicas, por
ello, solían cocerse a temperaturas bajas entre 500 ºC a 800 ºC (COLL CONESA, 2007).
La pasta tiene una serie de cualidades; regular dureza, textura compacta o semicompacta, alta porosidad,
color beig, ocre o anaranjada y abundante contenido mineral. Esa elevada porosidad hace que los vasos
sean permeables, facilitando la evaporación a través de la superficie externa del vaso, removiendo el calor
y permitiendo que se refresque su interior, lo que hace que se trate del contenedor de almacenamiento
4
El manejo del programa
y el cálculo de las perfecto para líquidos en climas calurosos (ARNOLD, 1985: 139). Todos los recipientes de tipo anforoide
capacidades de los
recipientes se ha
tienen unas características similares. Las diferencias tipológicas son mínimas existiendo una indudable
realizado gracias a la
homogeneidad en su fabricación pero se pueden registrar algunas variantes. Se trata de vasijas de paredes
ayuda de Roberto Ferrer
Carrión. gruesas que se adelgazan hacia el borde y que presentan por lo general poco cuidado en el tratamiento
de la superficie exterior.
120
TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
CONSUELO ROCA DE TOGORES MUñOz
Considerando los recipientes referenciados en el primer capítulo de este catálogo los que presentan
dimensiones más reducidas son el vaso de la Cova del Partidor y el de la Cova de les Cendres (CS 1.216),
ambos con 28 cm de altura, mientras que el recipiente que cuenta con mayores dimensiones es el de la
Cova de l’Or con unos 57 cm de altura, siendo la media del resto de los vasos señalados de unos 40 cm de
altura. El diámetro máximo, sin contar con los tres vasos que escapan por sus dimensiones, oscilaría
alrededor de los 32 cm, y en cuanto al diámetro de la boca existe una gran variedad, que no guarda siempre
relación proporcional.
Para calcular la capacidad de cada uno de los recipientes se empleó en primer lugar el sistema de rodajas,
tomando cada 10 cm el diámetro máximo del vaso, mediante la fórmula de P.M. Rice (Rice, 1987, 22) Vv=
(Σr2)πh. En algunos casos no convencieron los resultados; ciertos recipientes mostraban una gran capacidad
que no se correspondía con las medidas reales del vaso y, además, se hacía complicada la elección exacta
de la toma de diámetros máximos cada 10 cm, pudiendo acumular errores de medición. Posteriormente se
utilizó para el cálculo de las capacidades de estos recipientes un programa informático (Autocad versión
2007)4 en el que tras importar el dibujo escaneado del vaso que se quiera conocer su capacidad se perfila
el interior de la sección de la pieza y con las medidas reales se escala el dibujo realizado por el programa
informático. A continuación se busca la mitad del vaso longitudinalmente que sirve como eje para hacer
una revolución de la pieza, es decir, conseguir crear su volumen interno en tres dimensiones y una vez
creado, el programa te calcula su capacidad real (figura 25). En la tabla que se muestra a continuación se
muestran todos los vasos anforoides referenciados con sus medidas y el cálculo de sus capacidades.
Figura 25.
Áreas en 3D de los
vasos referenciados
para el cálculo de su
capacidad,
representados a igual
escala para ver
* depositado en el MARQ (CS 1.216). proporciones entre
** depositado en el SIP (Servicio de Investigación Prehistórica. Museo de la Prehistoria de Valencia). ellos.
121
Los elementos de prehensión son, en la mayoría de los casos, dos asas de cinta vertical simples, aunque
en otros, como el de Cendres (MARQ) se trata de un asa de cinta moldurada, o el de Cendres (SIP) y el de
zájara de asas con doble puente perforado (este último vaso en número de tres). Todas las asas se
encuentran más o menos en la zona de diámetro máximo del vaso.
El cuello por lo general se encuentra bien diferenciado del cuerpo, en algunos incluso mediante un hombro
más o menos pronunciado como en el caso de Santa Maira o el fragmento de En Pardo (5.5 C VII).
Únicamente el del Partidor lo presenta de una manera muy tenue. Son estrechos y altos en relación con
el cuerpo de la vasija y por lo general cilíndricos con ligero exvasado hacia la boca, excepto el de Santa
Maira que se trata propiamente de un gollete, estrecho y muy alto y se va estrechando más hacia la boca
(fig. 25).
Todos ellos muestran un labio convexo simple pero el de En Pardo (7.6 A VI 32) es el único que se
desvincula de todos mostrando un característico borde moldurado hacia el exterior. Esta característica
podría tener relación con una mayor fijación del tapón que cerraba el vaso.
El diámetro de la boca de estas vasijas oscila entre 11 y 18’5 cm (sin contar con el vaso de El Partidor, que
por sus dimensiones resulta más pequeño) y puesto que todos comparten la misma funcionalidad,
almacenamiento de líquidos, se intuye que se utilizarían unos pequeños recipientes (pequeños cazos,
cucharones con apéndice o pequeños vasos) (fig. 26a-b) que servirían como sistema de extracción del
Figura 26 a.
Ejemplos de pequeños recipientes neolíticos
que pueden servir para extraer el contenido
de grandes vasos (tomado de BERNABEU,
1989:51- fig. II.27).
122
TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
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Figura 26 b.
Recipiente de pequeñas dimensiones
hallado en el interior del vaso anforoide de
zájara (extraido de CAMALICH et al.,
1999:103-fig. 45).
contenido de los grandes contenedores (COLL CONESA, 1991:9), como los hallados en el interior del vaso de
zájara (Cuevas de Almanzora, Almería) (CAMALICH et al., 1999:103-fig.45) o en el recipiente de cuerpo
globular de El Cerro de las Balsas (La Albufereta, Alicante) (ROSSER, 2007:31). Ahora bien, puesto que la
funcionalidad de las vasijas de tipología anforoide es el del almacenamiento y se suelen encontrar en el
interior de fosas o fijas en un determinado lugar, no parece viable que el sistema de extracción de líquido
sea mediante los cucharones con mango. La utilización de los microvasos o botellitas piriformes, como el
descubierto en el interior del vaso anforoide de zájara, más profundo y estrecho que los cucharones, con
dos perforaciones de suspensión, oblicuas en el labio, serían un tipo de vaso más adecuado para la
extracción del contenido, pues pasando una cuerda por las perforaciones, se introduciría el microvaso
hasta el fondo de la vasija recogiendo fácilmente el líquido de su interior. Los cucharones o pequeños
cazos con mango, como el hallado en el interior del vaso globular del Cerro de las Balsas, serían más
apropiados para la extracción en vasijas de base cóncava, que acaso podrían tener también éstas la
funcionalidad del transporte a la vez que la de escanciar. El cuerpo globular del recipiente del Cerro de las
Balsas permite la ligera inclinación del mismo para introducir por su boca un cuenco o cucharón dotado
con mango como la que se encontró en su interior.
En el tratamiento de las superficies externas se observa que todos muestran un alisado de mayor o menor
calidad sobre el que posteriormente se añade la decoración, que en los casos de En Pardo y Santa Maira
se trata de un peinado por toda la superficie realizado con un elemento de madera o hueso dentado. Los
123
elementos de madera, al ser de naturaleza orgánica no se
conservan, en cambio sí se han encontrado peines realizados en
hueso, como los del yacimiento de Northton, Isle of Harris
(Escocia) (Simpson, D.A. en GIBSON and WOODS 1990:44) (fig. 27).
Otros anforoides, como el del Partidor, los dos de Cendres o el de
L’Or muestran como tratamiento de las superficies un espatulado
y un excelente bruñido.
En su conjunto estos vasos cerámicos de tipología anforoide presentan unas formas y unas técnicas de
fabricación similares, por lo general de mediana calidad, con pastas no demasiado bien depuradas,
abundante desgrasante y de gran tamaño, con un tratamiento de las superficies medianamente cuidadas,
alisadas, pero sin excesiva finura, en ocasiones espatuladas o bruñidas y en otras con decoración peinada.
Las cocciones, por lo general son reductoras, aunque de forma irregular. Habitualmente llevan asociados
dos o tres asas como elementos de prehensión, en su mayoría de cinta vertical, situadas aproximadamente
en la parte media del cuerpo y en posición más o menos simétrica. Existe una variedad en cuanto a la
124
TRES VASOS ANFOROIDES LOCALIzADOS EN LAS CAVIDADES DE EN PARDO, CENDRES Y SANTA MAIRA
CONSUELO ROCA DE TOGORES MUñOz
morfología de los cuellos, aunque la mayoría son alargados y cilíndricos (gollete), con un borde
diferenciado o no, también aparecen otros con cuellos ligeramente exvasados o cortos reentrantes.
Además, los cuellos siempre son muy estrechos en relación al diámetro máximo, que indica que son vasijas
muy cerradas. Se trata de grandes recipientes que por sus características generales son especialmente
idóneos para el almacenamiento de líquidos que, mediante pequeños vasos; microvasos, cuencos o
cucharones, se extraía su contenido. No obstante, algunos de ellos, de tamaño medio, también podrían
haberse utilizado para el transporte.
Figura 28.
Formas de cerámica de transporte de agua y modo de llevarlas en Guatemala según
REINA and HILL, 1978 (reproducido por D. ARNOLD, 1985:149-fig.6.3).
125
CONSERVACIÓN y RESTAURACIÓN DE DOS VASOS
DE TIPÓLOGÍA ANFOROIDE
Procesos e intervenciones
El estado de conservación de una pieza arqueológica viene definido en función de su entorno y naturaleza.
Las causas de deterioro más importantes vienen provocadas por un conjunto de factores físico-mecánicos,
biológicos y químicos, tales como la temperatura, humedad, luz, pH del suelo, microorganismos, sales,
acción antrópica, etc. El objetivo de las intervenciones de conservación consiste en ralentizar al máximo
estos procesos de degradación, con medidas que disminuyan los desequilibrios entre la pieza y su nuevo
ambiente. El tratamiento de restauración, sin embargo, pone remedio a daños ya ocurridos, ampliando así
la eficacia de la conservación.
127
En 1998, Montserrat Lastras realizó un tratamiento de conservación y restauración
sobre el Vaso, a raíz del proyecto del nuevo Museo Arqueológico, en la que se llevó a
cabo el desmontaje de la pieza, con un total de 93 fragmentos. Tras una limpieza
superficial realizada con jabones neutros, la eliminación de sales insolubles y
carbonatos se realizó con agentes complejantes y papetas, que reblandecieron las
concreciones calcáreas facilitando su remoción. La limpieza exterior se efectuó
después del montaje, ya que existía el riesgo de disgregación de la pasta por las zonas
Figura 2.
Fotografía del proceso de limpieza de fractura. Este pésimo estado interno impidió realizar un tratamiento de eliminación
mediante papeta de agentes
complejantes. de sales solubles, e hizo necesaria una consolidación por impregnación con silicato de
etilo, que devolvió parte de la cohesión perdida, una nueva estabilidad estructural que
podría verse perjudicada por los sucesivos baños de la desalación.
Figura 5.
Debido a la excepcionalidad de esta pieza, ya que apareció sin fracturar y con restos
Estado del vaso de Cova d’En Pardo a su de una posible tapadera de componente margoso que sellaba la parte interior,
ingreso en el laboratorio de
restauración. preservando su contenido, los tratamientos que se realizaron han sido sobre todo de
128
CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE DOS VASOS DE TIPOLOGíA ANFOROIDE
Silvia Roca albeRola
conservación, intentando evitar productos químicos que pudieran contaminar los restos
para su análisis y alterar los resultados. En el año 2005, Antonio Chumillas realizó una
limpieza superficial del exterior de la cerámica eliminando parte de las concreciones
terrosas con agua desionizada. En el año 2007, con motivo de la exposición temporal de
la pieza, la que suscribe, realizó una segunda intervención para eliminar la totalidad de
los sedimentos arcillosos y parte de las sales solubles.
Figura 6.
Fotografías del proceso de eliminación de
Como hemos comentado, la prioridad de conservar la mayoría de los restos del interior suciedades y sedimentos terrosos.
del vaso y la existencia de restos de la tapadera en el borde de la boca para su estudio,
no permitió la utilización de productos químicos o solventes que apoyasen la limpieza
física, dificultando este proceso. Se mantuvo protegido el interior de la cerámica durante
todo el tratamiento. Como agente limpiador se utilizó agua bidestilada y desionizada, a
la que se añadió puntualmente emulsiones neutras, con hisopo y a muy baja proporción,
en zonas de suciedad persistente, retirando cualquier posible resto de disolución. La
limpieza física se complementó con medios mecánicos, utilizando bisturís y escalpelos,
para la eliminación de las incrustaciones. Se decidió conservar las concreciones calcáreas,
en su mayoría concentradas en una zona lateral, por ser testigos históricos de la
ubicación de la pieza en la cueva. En este caso no se ha podido realizar un tratamiento Fig. 7.
Apoyo de medios mecánicos para la
de conservación y restauración completo en beneficio del análisis y estudio de la pieza. eliminación de incrustaciones y
suciedades puntuales.
En un futuro si resultara necesario, finalizada la investigación, se retomarían estos
trabajos para garantizar la óptima estabilidad de la pieza.
129
ANALÍTICAS REALIzADAS
PARA DETERMINAR EL CONTENIDO
DEL VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
CONSUELO ROCA DE TOGORES MUñOz
TERESA XIMéNEz DE EMBúM SÁNChEz
MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ALICANTE MARQ
La circunstancia de haber encontrado el vaso completo, in situ, en el mismo lugar donde se depositó, en
posición vertical, hace unos 6.500 años, y sin haberse colmatado de sedimento por procesos
postdeposicionales, hacía interesante la realización de análisis químicos para intentar averiguar a su
posible contenido. El hecho de hallar vacío el vaso sugiere que éste estaba sellado, circunstancia que
impidió la entrada de tierra en su interior, de modo que podrían conservarse prácticamente inalterados los
componentes orgánicos o inorgánicos de los elementos que hubiera contenido. Además, los resultados de
los análisis químicos pueden contribuir en gran medida al conocimiento de las funciones que tuviera el
recipiente cerámico e informar sobre la economía de aquella comunidad.
Los vasos prehistóricos son bastante porosos y por tanto pueden conservar un vestigio de su posible
contenido, absorbido a través de los poros de la cerámica. Esos rastros del contenido, aunque degradados
por el tiempo, dejan algunas huellas químicas, que pueden detectarse e identificarse utilizando técnicas
analíticas precisas como la Cromatografía de gases-Espectrometría de masas. Estas técnicas detectan Figura 1.
Recogida de muestras
ácidos grasos, incluso pueden diferenciar entre cuerpos grasos derivados de la carne y la materia grasa de la boca del vaso.
131
Las muestras enviadas al ICMUV se exponen en la siguiente tabla:
Al no detectar la presencia de sustancias orgánicas mediante estas técnicas se optó por enviar al servei
Central de suport a la Investigació experimental SCSIE de la Universidad de Valencia otras muestras del
vaso para realizarles unas analíticas mediante la técnica de Espectrometría de Masas (MS) con
Cromatógrafo de Gases (GC). Para ello se extrajeron dos muestras mediante raspado con bisturí, del
interior del cuello y de la pared del fondo de la vasija. Además se extrajo otra muestra de tierra suelta y
con terrones blanquecinos que se hallaba en el fondo del vaso, y que pertenecía probablemente a restos
de tierra y de un posible tapón de sellado del vaso, que cayeron al fondo durante el proceso de excavación.
Además se quiso comprobar, mediante la técnica de Espectrometría de Infrarrojos (IR), si esos restos del
posible tapón de cierre y los recuperados de una masa de características similares, hallada en una anterior
campaña de excavaciones y asimilada al nivel IV, estaban realizados con componentes afines. Para ello se
extrajeron dos muestras, una mediante raspado con bisturí de una masa blanquecina que se encontraba
adherida en el borde del vaso, y otra de un fragmento de la masa que formaba parte de la mancha 99.5
documentada en el subsector 7.5/A en 1999.
Recibidos los resultados del SCSIE respecto del análisis por IR de las muestras 3 y 4 se comprueba la misma
naturaleza en ambas por lo que puede concluirse que el posible tapón estaba compuesto del mismo
material. Un fragmento de esa masa fue estudiada por Carles Ferrer García, especialista en Geomorfología,
quien indicó que se trataba de margas miocenas, es decir, arcillas calcáreas depositadas en un medio
132
ANALíTICAS REALIzADAS PARA DETERMINAR EL CONTENIDO DEL VASO ANFOROIDOE DE LA COVA D’EN PARDO
ConsUelo RoCa De TogoRes MUñoz / TeResa XIMénez De eMbúM sánChez
Por otra parte A. Soler puntualizó, tras la lectura del informe realizado por el SCSIE,
que los compuestos que se extraen de la analítica por GC-MS son lípidos, es decir,
compuestos no solubles en agua, pero que pueden encontrarse disueltos en la grasa
de la leche. Apunta asimismo que en los aceites obtenidos por calentamiento sin
combustión obtenidos de la madera de plantas juniperoideas se encuentra Beta-
cedreno y otros compuestos con actividad insecticida y antiparasitaria (DOLAN et al.,
2007).
Figura 3.
Estructura química del beta-cedreno.
(1S,2R,5S)-8-metilen-2,6,6-trimetil
triciclo(5.3.1.01.5)undecana.
133
ANÁLISIS POR ESPECTROSCOPIA DE INFRARROJOS
DE MUESTRAS DEL INTERIOR
DE UN VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
CLODOALDO ROLDÁN
SARAh BOULARAND
INSTITUT DE CIèNCIA DELS MATERIALS DE LA UNIVERSITAT DE VALèNCIA, ICMUV
MARIUS VENDRELL
UNITAT DE PATRIMONI DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA
En el estudio arqueométrico de vasijas, que han sido continentes de sustancias, es tan importante
determinar las características del continente como la identificación del contenido que en un momento
anterior alguien dispuso en su interior. En muchos casos, como el que nos ocupa, el contenido ha
desaparecido y la única forma de identificarlo es a partir de los restos que quedan adheridos en la pared
interior de las vasijas. Esta identificación se realiza a partir de muestras que son analizadas con técnicas
analíticas específicas como: la Espectroscopía de Infrarrojos por Transformada de Fourier (FTIR), la Termo-
Gravimetría (TG) y la Cromatografía de Gases acoplada a un Espectrómetro de Masas (GC-MS). La
espectroscopia FTIR utiliza la radiación infrarroja para producir excitaciones y vibraciones de enlaces
moleculares y permite la identificación de una amplia gama de sustancias, en cualquiera de los estados
de agregación, a partir de muestras de unos pocos miligramos. La TG puede aportar información sobre la
presencia de compuestos orgánicos termolábiles en una muestra a partir de la alteración de los mismos
por el efecto de altas temperaturas, hecho que se cuantifica a partir de la variación porcentual en peso de
la muestra registrada mediante balanzas de alta precisión en condiciones de medida muy espaciales. Por
último, la GC-MS es una técnica de análisis químico utilizada para identificar sustancias puras en mezclas
complejas a partir de los compuestos gaseosos generados por la vaporización de la muestra.
Se han realizado tres tipos de analíticas del recubrimiento interior de las paredes de un vaso anforoide
(Ref.: Enp’04 7.6 A VI 32) hallado en la Cova d’En Pardo (Planes) y que corresponde a una cronología del
neolítico medio. En el presente trabajo se ha analizado mediante las dos primeras técnicas indicadas (FTIR
y TG), realizados por la Unitat de Patrimoni de la Universitat de Barcelona y por el Instituto de Ciència dels
Materials de la Universitat de València (ICMUV), con dos muestras de la materia adherida en la pared
interna del vaso: muestras M1 y M2, enviadas desde el MARQ. La muestra M1 fue tomada en la zona de
134
ANÁLISIS POR ESPECTROSCOPIA DE INFRARROJOS DE MUESTRAS DEL INTERIOR
DE UN VASO DE LA COVA D’EN PARDO
Clodoaldo Roldán / SaRah BoulaRand / MaRiuS VendRell
Figura 1.
Imagen mediante lupa
esteroscópica de las muestras M1 (a
y c) y M2 (b y d)
la boca y la muestra M2 en zona del fondo. Para los análisis mediante GC-MS, realizados por el Servicio
Central de Soporte a la Investigación Experimental de la Universitat de Valencia (SCSIE), se tomaron
muestras adicionales del material adherido al interior del cuello y al fondo del vaso.
En una primera fase, se realizó la caracterización óptica de las muestras M1 y M2 mediante una lupa
estereoscópica. Las muestras estudiadas (Fig. 1) están formadas por partículas de formas heterogéneas con
un color que abarca tonos que van desde el beige al marrón rojizo y que presentan un aspecto mineral
(Fig. 1a, 1b y 1c). En la muestra M2, además, se aprecian fibras tubulares transparentes que, sin duda, son
claramente catalogadas de origen sintético (Fig. 1d). Es muy probable que procedan de un cepillo o brocha
empleado para la limpieza de las vasijas tras su excavación.
Tras una observación detallada de las muestras y de los elementos que la constituyen mediante el
estereomicroscopio, se procedió a realizar análisis FTIR para obtener una información estructural (análisis
molecular) de los compuestos presentes, tanto de naturaleza orgánica como inorgánica. Los espectros FTIR
fueron obtenidos en modo de absorción sobre muestras molidas en mortero de ágata y compactadas con
KBr (sustancia inerte a la radiación infrarroja) en pastillas de unos 10 mm de diámetro.
Los espectros FTIR de las muestras del material adherido a la pared interna del vaso, M1 (cuello) y M2
(fondo), se pueden observar en la Fig. 2, presentando ambos características espectrales similares, sin que
se hayan encontrado bandas de absorción infrarroja que discriminen entre ambos. Es decir, ambas
muestras se identifican las mismas sustancias. En los espectros de infrarrojo obtenidos se observan bien
definidas las bandas a 3696, 3620, 1035, 916, 693, 526 y 468 cm-1, características de la caolinita (una
arcilla de fórmula Al2O3 · 2SiO2 · 2H2O). Además se detectan la calcita (CaCO3, bandas a 2977, 2872,
2514, 1795, 1632, 1441, 877, 711 cm-1) y el cuarzo (SiO2, bandas a 1162, 1080, 797, 778, 468 cm-1).
Caolinita, calcita y cuarzo corresponden a materiales estructurales constitutivos de las vasijas cerámicas
y no se aprecia ninguna banda de vibración atribuible a un medio orgánico ni tampoco a un producto
resultante de su degradación.
135
Figura 2.
Espectros FTIR de las muestras M1 (línea
negra) y M2 (línea roja).
Podría ser que no se observaran las bandas de absorción infrarroja correspondientes a medios orgánicos
debido a diversos factores. Entre ellos podemos señalar una baja cantidad de sustancias orgánicas o un
avanzado estado de degradación de las mismas, lo que unido al hecho de que los compuestos inorgánicos
detectados presenten una alta absorción a la radiación infrarroja enmascararía u ocultaría una débil señal
del medio orgánico.
Con objeto de descartar o afirmar la presencia de materia orgánica se procedió a realizar el análisis termo-
gravimétrico (TG) de las muestras M1 y M2. En los análisis TG se procedió a desecar (100 ºC) una ínfima
porción de las muestras, tras lo cual se procedió a su incineración (300 ºC). Comparando la masa (de la
muestra desecada) antes de la incineración con la masa de la muestra tras la incineración no se
encontraron diferencias que pudieran atribuirse al proceso de descomposición de materia orgánica.
Como análisis complementarios a los análisis FTIR y los análisis TG, que no detectaron la presencia de
restos de sustancias orgánicas asociadas a productos almacenados en el interior del vaso analizado, se
realizaron los análisis mediante GC-MS por el SCSIE que ofrecen una mayor sensibilidad para detectar la
presencia de compuestos orgánicos en cantidades que no podrían ser detectados por otras técnicas. Entre
los compuestos de naturaleza orgánica detectados por la GC-MS hay que señalar la presencia de beta-
cedreno. éste es un compuesto presente en determinados arbustos que consume el ganado, por lo que
pudiera ser que el beta-cedreno se transmitiera a través de la cadena trófica hasta la leche. Su detección
sería un indicio de la multifuncionalidad del vaso analizado que podría haber contenido, entre otras
sustancias, leche. No obstante, ésta es una hipótesis que necesitaría de nuevos análisis complementarios.
136
ANÁLISIS POR ESPECTROMETRIA DE MASAS-
CROMATOGRAFÍA DE GASES (GC-MS) y ANÁLISIS
POR INFRARROJOS DE MUESTRAS DE UN VASO
ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
La Espectrometría de Masas puede identificar de modo casi inequívoco cualquier sustancia pura, pero
normalmente no es capaz de identificar los componentes individuales de una mezcla. Por otra parte la
Cromatografía de Gases es una técnica experimental que permite separar y cuantificar los componentes
de mezclas muy complejas, pero el único dato que se dispone al final es el tiempo de retención de cada
uno de los correspondientes picos cromatográficos. La asociación de las dos técnicas, GC-MS, permite la
separación e identificación de mezclas complejas.
La corriente total de iones se mide y se registra como una función del tiempo. Es una medida del número
total de iones formados del material en el eluyente. En la detección con iones selectivos, durante el ciclo
de elución se registran las intensidades de iones preseleccionados, característicos de un compuesto en
particular o de una clase de compuestos.
Esta técnica es favorable para los análisis que requieren de la máxima sensibilidad particularmente en el
trabajo ambiental o biológico. Los instrumentos modernos nos proporcionan los recursos necesarios para
la recuperación, detección y caracterización de biomoléculas y sus productos de decaimiento en
materiales arqueológicos.
137
Muestras a analizar:
Se recibieron tres muestras para el estudio por cromatografía de GC-MS:
· Muestra 7.6 A (muestra 1, área del cuello del vaso).
· Muestra 7.6 A (muestra 2a, área del fondo del vaso –acumulación del fondo–)
· Muestra 7.6 A (muestra 2b, área del fondo del vaso –raspado de las paredes–).
Se analizó la muestra 2a, que se disponía de más cantidad (se pesaron 10 g), y se mezclaron las
muestras 1 y 2b, para obtener una mayor cantidad (total =0.506 g).
Parte experimental:
A cada unas de las muestras se les añade una mezcla de disolventes polares y se procede a su
extracción durante unas 6 h, con soxhlet, a fin de extraer los productos orgánicos. Seguidamente se
les añade sulfato sódico, para eliminar el agua, y se filtran.
Antes del análisis por cromatografía de gases, se filtran cada una de las muestras, utilizando un filtro
de celulosa regenerada 13/20.
Cantidad extraída para 2a: 61 mg
Cantidad extraída para 1+2b= 10 mg
Condiciones cromatográficas:
Se utiliza una temperatura inicial de 40 ºC (1 min), con una rampa de 15 ºC/min hasta 100 ºC,
seguidamente se sube hasta 240 ºC con una rampa de 20 ºC/min, y finalmente hasta 310 ºC (10 min)
con una rampa de 10 ºC/min.
Modo splitless (durante 1 min).
Flujo (helio): 1.2 mL/min
Solvent delay: 2.5 min
Rango de masas a estudiar: 30-550 m/z.
Volumen de inyección: 3µL
Columna: apolar.
Se observa que de la muestra 1+2b, se obtiene un menor número de picos en el cromatograma. Hay
que destacar que se parte de una menor cantidad de producto. Los picos que coinciden al mismo
tiempo de retención en ambos cromatogramas, corresponden al mismo tipo de producto.
138
ANÁLISIS POR ESPECTROMETRIA DE MASAS-CROMATOGRAFíA DE GASES (GC-MS)
Y ANÁLISIS POR INFRARROJOS DE MUESTRAS DE UN VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
SERVEI CENTRAL DE SUPORT A LA INVESTIGACIÓ EXPERIMENTAL, SCSIE. SECCIÓ DE ESPECTROMETRIA DE MASSES, UNIVERSITAT DE VALèNCIA.
Figura 1.
Representación de uno
de los cromatogramas
de la muestra 1+2b.
8.49: β-cedrene
8.54: benzene,1,1’-oxybis-
9.44: 1-cyclopropene-1-pentenol
10.74: 3,5-di-t-butyl-4-hydroxybenzaldehide
10.83: octadecane
11.34: nonadecane
11.83: eicosane
11.94: propanoic acid, 3-mercapto-dodecyl ester
12.65: 1-propene-1,2,3-tricarboxylic acid
13.16: tributyl acetylcitrate
13.77: familia de butanamida
En ambas muestras se detectan el dibutyl phthalate, que es un pesticida, compuestos que se han
detectado en arcillas y suelos. También se observan en estos cromatogramas los siguientes productos:
Muestra 2a:
-phenol
-nonanol
139
-tetradecane
-hexadecane
-1hexadecane
Muestra 1+2b:
-propionic acid, 2-methyl-3-hydroxy-2,4,4-trimethylpentyl ester
-octadecane
El resto de picos que coinciden al mismo tiempo de retención, son los mismos productos en ambas muestras.
Se realizó para cada cromatograma, de las muestras (2a y 1+2b), el espectro de masas para cada tiempo de
retención donde se detecta un pico, y también la comparación del espectro con los posibles productos
encontrados en la librería que dispone el equipo. No se pueden destacar grandes conclusiones a la vista de
los resultados, lo que si que cabe mencionar es que coinciden muchos productos en ambas muestras, y
algunos de ellos no se detectan en la 1+2b, posiblemente a una menor cantidad de la muestra analizada.
Se han encontrado moléculas orgánicas en materiales arqueológicos. Entre ellas cabe destacar los lípidos.
Los lípidos son moléculas de tamaño medio producidas por organismos vivos y que pueden
frecuentemente encontrarse como recubrimiento en materiales arqueológicos. Tienen un amplio rango de
estructuras debido a los enlaces carbono-carbono. Los lípidos son compuestos de carbono (C), hidrógeno
(H) y oxígeno (O) y en menor grado fósforo (P), nitrógeno (N) y azufre (S). Muchos de ellos forman parte
de resinas naturales que producen las plantas. Los lípidos referenciados en testimonios arqueológicos
(EVERSHED, 1993:83) son absorbidos y carbonizados en la superficie de cerámicas.
En los extractos de las muestras a estudiar procedentes de un vaso de la Cova d’En Pardo se ha observado
uno de los lípidos referenciados en esos trabajos, el nonacosane. Las ceras producidas por plantas y
animales también están ampliamente distribuidas en la naturaleza y están asociadas con hallazgos
arqueológicos. Estos compuestos incluyen cadenas largas de alcoholes, hidrocarburos, cetonas, etc. El
esqualeno, también es uno de los mayores lípidos que forma parte del ser humano (EVERSHED eT alII,
1992:85). En los extractos observados de las muestras del posible tapón del vaso y de la masa blanquecina
(muestras 3 y 4) se han detectado el esqualeno (16.4 min de tiempo de retención).
Unos estudios que serían interesantes realizar para este tipo de muestras, y obtener una mayor
información sería:
140
ANÁLISIS POR ESPECTROMETRIA DE MASAS-CROMATOGRAFíA DE GASES (GC-MS)
Y ANÁLISIS POR INFRARROJOS DE MUESTRAS DE UN VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
SERVEI CENTRAL DE SUPORT A LA INVESTIGACIÓ EXPERIMENTAL, SCSIE. SECCIÓ DE ESPECTROMETRIA DE MASSES, UNIVERSITAT DE VALèNCIA.
el estudio de la composición química (SiO2, Al2O3, CaO, MgO,… composición de arcillas), mediante un
análisis de absorción atómica o ICP-MS.
Composición mineralógica, mediante la difracción de rayos-X.
La Espectroscopia Infrarroja (IR) es la rama de la Espectroscopía que trata con la parte infrarroja del
espectro electromagnético. ésta cubre un conjunto de técnicas, siendo la más común una forma de
espectroscopía de absorción. Se usa para identificar un compuesto e investigar la composición de una
muestra.
Para medir una muestra, un rayo de luz infrarroja atraviesa la muestra, y se registra la cantidad de energía
absorbida en cada longitud de onda. Esto puede lograrse escaneando el espectro con un rayo
monocromático, el cual cambia de longitud de onda a través del tiempo, o usando una transformada de
Fourier para medir todas las longitudes de onda a la vez. A partir de esto, se puede trazar un espectro de
transmitancia o absorbancia, el cual muestra a qué longitudes de onda la muestra absorbe el IR, y permite
una interpretación de qué enlaces están presentes.
Muestras a analizar:
muestra 7.5 A (muestra 4, masa blanquecina)
muestra 7.6 A (muestra 3, área del borde del vaso).
Parte experimental:
La muestra se prepara triturando una cantidad de la muestra con bromuro de potasio finamente (para
remover efectos dispersores de los cristales grandes). Esta mezcla en polvo se comprime en una prensa
141
Figura 3.
Espectros de IR de la
muestra 7.6 A (posible
tapón del vaso).
de troquel mecánica para formar un pellet translúcido a través del cual puede pasar el rayo del
espectrómetro. Las muestras estudiadas por infrarrojo han sido previamente molturadas en el mortero
de ágata con proporción 1 de muestra a 100 de bromuro potásico (KBr).
Del estudio de esta técnica, se puede obtener poca información, ya que sólo se puede apreciar los posibles
grupos funcionales. Lo que cabe destacar, es que se observa un espectro similar de IR en ambas muestras,
lo que hace pensar que se trataría del mismo tipo de compuesto.
3612-3415 cm-1: -OH asociado (alcohol o de agua); N-H st (amida primaria); NH2 st
st (tipo de vibración).
2983 cm-1: arC-H st (compuesto aromático)
2880 cm-1: -C-H; O-CH2
1427 cm-1: CH3-C=C; COO-, st (ácido carboxílico); N-NO (N-nitrosoderivado).
1039 cm-1: -CH2-OH; Si-O-Si; Si-O st (derivados de silicio).
142
ANÁLISIS POR ESPECTROMETRIA DE MASAS-CROMATOGRAFíA DE GASES (GC-MS)
Y ANÁLISIS POR INFRARROJOS DE MUESTRAS DE UN VASO ANFOROIDE DE LA COVA D’EN PARDO
SERVEI CENTRAL DE SUPORT A LA INVESTIGACIÓ EXPERIMENTAL, SCSIE. SECCIÓ DE ESPECTROMETRIA DE MASSES, UNIVERSITAT DE VALèNCIA.
Figura 4.
Espectros de IR de la
muestra 7.5 A (masa
blanquecina).
875 cm-1: P-O st (P-O-C st) (derivados de fósforo); Si-OH; N-O st.
798 cm-1: P-C st; Si-H st ; benceno sustituido.
143
SIGNIFICANCIA DE LA PRESENCIA DEL BETA-CEDRENO
EN RESIDUO DE UN VASO CERÁMICO DEL NEOLTITICO
NEOLÍTICO
MEDIO (COVA D’EN PARDO)
Del estudio de los informes sobre los análisis realizados en los residuos del vaso, de los resultados
obtenidos por cromatografía de gases con detector de masas destaca la presencia del beta-cedreno.
Este compuesto es un sesquiterpeno que se halla presente en plantas (corteza de cedro, en el enebro,...)
entre ellas las hierbas o el forraje que consume vacas, ovejas, etc y de aqui pasa a la leche de estos
animales (1). Por lo que de detecta el mismo en leche de animales que han consumido forraje que
contienen beta-cedreno.
La identificación de este compuesto, el beta-cedreno, en los residuos de este vaso de la Cova d’en Padro
permite concluir que este vaso había contenido leche o plantas, sin embargo es necesario la determinación
analítica de otros compuestos que permitan diferenciar cual era el alimento o planta que se hallaba en el
vaso, como ya se ha realizado en un resíduo arqueológico en el Reino Unido (2)
144
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EL ÚLTIMO SECRETO LO DESVELÓ
FRANCISCO BURGUEñO, ALFARERO DE LUCENA
QUIEN MODELA UN VASO SIMILAR EN EL AUDIOVISUAL