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Orígenes de La Democracia Cristiana en El PAN

Este documento describe los orígenes de la relación entre el Partido Acción Nacional (PAN) y la Organización Demócrata Cristiana de América entre 1952 y 1964. Explica que en ese periodo el PAN tuvo malos resultados electorales y estaba débil frente al Partido Revolucionario Institucional (PRI). También describe las dos facciones dentro del PAN, una quería afiliar al partido a la organización demócrata cristiana mientras la otra se oponía a vínculos internacionales o religiosos. Finalmente, analiza cómo el proyecto

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Orígenes de La Democracia Cristiana en El PAN

Este documento describe los orígenes de la relación entre el Partido Acción Nacional (PAN) y la Organización Demócrata Cristiana de América entre 1952 y 1964. Explica que en ese periodo el PAN tuvo malos resultados electorales y estaba débil frente al Partido Revolucionario Institucional (PRI). También describe las dos facciones dentro del PAN, una quería afiliar al partido a la organización demócrata cristiana mientras la otra se oponía a vínculos internacionales o religiosos. Finalmente, analiza cómo el proyecto

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 107

Los orígenes de la Democracia


Cristiana en el Partido Acción Nacional
(1952-1964)
Héctor Gómez Peralta*

Resumen
Este trabajo explica los orígenes de las relaciones entre el Partido Acción Nacional y la Orga-
nización Demócrata Cristiana de América. Se hace una exposición de la situación electoral en
que se encontraba ese partido político entre 1952 y 1964. Posteriormente se muestra cómo
fueron los primeros intentos por hacer de Acción Nacional un partido Demócrata Cristiano.

Palabras clave: Ideología, doctrina, partido político, sistema político mexicano, democracia
cristiana.

Abstract
This work explains the origins of the relationship between the National Action Party and the
Christian Democratic Organization of America. It takes an exposition of the electoral situation
in which that political party was between 1952 and 1964. Afterwards, it shows the first attempts
to make of National Action a Christian Democratic organization.

Keywords: Ideology, doctrine, political party, mexican political system, christian democracy.

Introducción
Insisto en que quien se dedica a la política establece un pacto con los poderes satá-
nicos que rodean a los poderosos. Para sustraerse a este designio, los grandes virtuo-
sos del amor al prójimo, de Nazaret, de Asís o de los palacios reales de la India, no
se inmiscuyeron en los medios políticos, no actuaron dentro del poder. Quien busque
la salvación de su alma y la redención de las ajenas no la encontrará en los caminos
de la política, cuyas metas son distintas y cuyos éxitos sólo pueden ser alcanzados
por medio de la violencia. Los genios o los demonios de la política viven en pugna
interna con el Dios del amor, y esa pugna puede convertirse en cualquier momento
en insoluble conflicto.
Max Weber

a Democracia Cristiana es una organización internacional de partidos

L cuyas raíces doctrinales se encuentran en la Doctrina Social de la Igle-


sia. En la actualidad, el Partido Acción Nacional (PAN) forma parte de
la familia Demócrata Cristiana, e incluso preside a la Organización Demó-

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM.

D.R. © 2011. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Centro de
Estudios Políticos,
Estudios novena
Políticos. época,Políticos
Estudios núm. 25 (enero-abril,
núm. 2012):
25 (enero-abril, 107-129
2012): 107-129. México, D.F. ISSN: 0185-1616
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crata Cristiana de América (ODCA) y cuenta con la vicepresidencia de la In-


ternacional Demócrata de Centro (IDC).1
La orientación Demócrata Cristiana del PAN es relativamente reciente
al oficializarse en 1998. Sin embargo, los encuentros y desencuentros de
la ODCA con el PAN datan de mediados del siglo XX. Es precisamente du-
rante ese periodo que la literatura especializada en la historia de Acción
Nacional menos información nos proporciona, debido a que es un periodo
en que el PAN, frente al aplastante poderío del Partido Revolucionario Ins-
titucional (PRI), estaba aislado y extremadamente débil. Incluso Soledad
Loaeza, una de las especialistas en el tema, llama a ese periodo “la tra-
vesía en el desierto”,2 por haber sido una época de desolación para el pa-
nismo por los magros resultados electorales.
Sin embargo, durante 1952 y 1964 se dio el primer intento por convertir
al PAN en un partido Demócrata Cristiano. Por ello, para entender lo ocu-
rrido en ese periodo, haciendo uso de fuentes primarias, se hizo un re-
cuento de las principales experiencias electorales panistas de la década de
los años cincuenta, que de hecho fueron los primeros comicios federales
donde participaron como un partido independiente, puesto que en las elec-
ciones donde apoyaron a Juan Andrew Almazán (1940), fueron parte de
una coalición de partidos, y muchos e importantes panistas aceptaron esa
candidatura a regañadientes.3
Posteriormente se documenta el choque entre las dos facciones que se
disputaron la dirección del PAN durante los primeros años de la década de
los sesenta. El primer grupo, integrado principalmente por el Sector Juvenil

1
Durante el siglo XX el nombre oficial de La Internacional fue Democracia Cristiana. Sin
embargo, en la década de los ochenta y noventa ocurrieron una serie de cambios geopolíti-
cos en Europa, como la caída del bloque soviético, que provocaron que en noviembre de
2001, durante la Reunión de Líderes de La Internacional en las oficinas centrales del PAN en
la ciudad de México, la Internacional Demócrata Cristiana modificara su denominación a Inter-
nacional Demócrata de Centro (IDC). La anexión a La Internacional de partidos provenientes
de países de Europa del Este y Turquía, con grandes sectores de población musulmana, ge-
neró que se optara por que el nombre de la organización no tuviera una alusión directa a una
religión en particular. La resolución de La Internacional dejó abierta la opción de que cada
partido que la conforma elija la denominación “Demócrata Cristiana” o “Demócrata de Centro”,
según lo juzgue conveniente. Sin embargo, quedó ratificada por unanimidad la declaración
doctrinal llamada “humanismo cristiano”. Reunión de Líderes IDC-ODCA, Seminario humani-
zación de la sociedad-memorias, México, Partido Acción Nacional, 2001, p. 105.
2
Soledad Loaeza, El Partido Acción Nacional, la larga marcha, México, FCE, 1999, pp.
182-246.
3
Cfr. Héctor Gómez, Las doctrinas políticas del Partido Acción Nacional: del falangismo a
la Democracia Cristiana, Tesis de doctorado en Ciencias Políticas y Sociales, México, FCPyS-
UNAM, 2010, pp. 106-108.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 109

bajo el liderazgo de Alejandro Avilés, Federico Mügemburg y Hugo Gutié-


rrez Vega, trató de afiliar al partido a la ODCA. Mientras tanto, el segundo
grupo, liderado por Adolfo Christlieb y apoyado por Manuel Gómez Morin,
se oponía a que el partido tuviera vínculos con organismos internacio-
nales, además de tener una afiliación que lo relacionara con una religión,
cuando en México aún estaba fresco el recuerdo de la lucha cristera.

El PAN de los años 50 como una organización


doctrinaria social-católica

Ha sido ampliamente documentado que el primer proyecto panista, el lide-


rado por Gómez Morin, consistió en que los técnicos y profesionistas se
encargaran de la administración pública. Quienes se sintieron atraídos ma-
yormente por ese programa fueron clases medias urbanas y empresarios
del norte del país.4
Es verdad que en su origen, el PAN fue un proyecto que se oponía al
programa revolucionario de Cárdenas, pero cuando ese modelo fue dese-
chado por los siguientes gobiernos, y en su lugar los presidentes adopta-
ron políticas favorables a la clase empresarial, la propuesta de Gómez Mo-
rin fue careciendo cada vez más de sentido y apoyo. Su proyecto secular
de modernizar a México por medio de las “minorías excelentes” se esfumó
cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial. A partir de Miguel Alemán,
cada vez más los militares fueron desplazados de los puestos de gobierno
por técnicos y universitarios. Mediante la cooptación gubernamental, de los
cuadros de expertos y profesionistas, conocida como la política de la “ma-
no tendida”, el PRI se hacía cada vez más del apoyo de las clases medias
ilustradas que apoyaron inicialmente al PAN.5

4
Soledad Loaeza, “Los orígenes de la propuesta modernizadora de Manuel Gómez Mo-
rin”, Revista Historia Mexicana, vol. XLVI, núm. 2, México, El Colegio de México, octubre-di-
ciembre, 1996, pp. 425-475.
5
La proporción de los profesionistas en las listas de candidatos federales, tanto propie-
tarios como suplentes, del PRI y del PAN en ese periodo fue inversamente proporcional. Entre
más profesionistas y técnicos especializados en la administración pública tenía el PRI, menos
tenía el PAN: en 1943, el PAN iniciaba con 65, mientras que en 1946 tenía 44, frente a 6 del
PRI; para 1949, el PRI contaba con 25 y el PAN se mantuvo en 44; para 1955 el PRI contaba
con 31 y el PAN con 35; al llegar las elecciones de 1958, el PRI tenía 40 frente a 22 profe-
sionistas como candidatos panistas. Luis Calderón, Memorias del PAN 1940-1952, México, EPE-
SA, 1992, vols. I, II y III; Diario de la Cámara de Diputados, diversos números, 1946 y 1949;
Diario Oficial, diversos números, 1952, 1955 y 1958; Soledad Loaeza, op. cit., 1999, p. 226.

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Durante esos años, también la Iglesia católica se apartó públicamente


de la arena política y electoral, pues la postura del Episcopado mexicano
era buscar un entendimiento con el Estado, por lo que se distanciaba de los
laicos que luchaban contra el PRI. Nadie mejor que el arzobispo primado
de México, Luis María Martínez, para describirnos la línea eclesiástica de
esos años:

Ni con el Partido Acción Nacional, ni con la Unión Nacional Sinarquista, ni con


ninguna organización de carácter cívico, o político, aunque estén formadas por
católicos y tengan tendencias católicas, está vinculada la Iglesia católica en
México, pues en muchas ocasiones ha afirmado y comprobado, con su con-
ducta, su propósito firme y sincero de mantenerse en el campo espiritual que
le corresponde por más que deje en libertad a los católicos para agruparse,
bajo su propia responsabilidad, en las organizaciones cívicas o políticas que
prefieran.6

Incluso en 1951, el visitador apostólico Guillermo Piani, ante la belige-


rancia del laicado, declaró: “hoy no se puede explicar la oposición sistemá-
tica a un régimen decoroso, que ha rodeado a la Iglesia de atenciones y
de consideraciones”.7
De esa manera, el PAN se quedó sin el apoyo de la Jerarquía, de las
clases medias y de los grandes empresarios. Cada uno de esos actores
tomó su propio rumbo buscando sus intereses particulares, por lo que el
partido perdió el apoyo necesario para aspirar a tener éxitos electorales
significativos.
En esos años tan difíciles sólo la adhesión doctrinal mantuvo unido al
partido. Lo anterior explica en gran parte que conforme se fue eclipsando
el proyecto de Gómez Morin, las posiciones social-católicas e intransigen-
tes de Efraín González Luna fueron convirtiéndose en la doctrina domi-
nante entre los panistas, sobre todo en la cúpula del partido.8
Como resultado del anticomunismo católico característico de los años
de Guerra Fría, la perspectiva de los panistas pertenecientes al grupo de

6
Citado en José Flores García, “Acción Nacional y la doctrina de la Iglesia católica”, en
varios autores, El Partido Acción Nacional: ensayos y testimonios, México, editorial JUS,
1978, p. 90. Las negritas son mías. La Unión Nacional Sinarquista (UNS), a la que hizo refe-
rencia el Arzobispo, era una organización de masas campesinas, con un proyecto social-cató-
lico que planteaba terminar en México tanto con el liberalismo como con el comunismo.
7
Revista Tiempo, vol. XVIII, núm. 458, p. 7.
8
Cfr. Héctor Gómez, “El humanismo político de Efraín González Luna”, Estudios Polí-
ticos, novena época, núm. 20, México, FCPyS/UNAM, mayo-agosto, 2010, pp. 167-182.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 111

González Luna era que el futuro del mundo se encontraba en disputa entre
la justicia social-católica y el marxismo.9 Por eso, en la Convención Nacio-
nal del PAN de 1950, el partido demandaba instituciones que protegieran y
velaran los intereses de los trabajadores de México; algo que se reiteró en
la convención de 1953. Según lo expresado en esas convenciones, al tra-
bajador tenían que otorgársele “salarios familiares” (la cantidad dependía
del número de hijos) y protección contra el gobierno, los capitalistas y los
“corruptos líderes sindicales” (priístas casi en su totalidad).10
Trece años le costó a los primeros panistas lograr construir una estruc-
tura, modesta pero suficiente, que les permitiera competir a nivel federal
de manera autónoma. Fue en las elecciones presidenciales de 1952 cuan-
do contaron por primera ocasión con un candidato propio.
La Convención Nacional del partido eligió como su candidato presiden-
cial a Efraín González Luna. Los “precandidatos” derrotados pertenecían al
grupo de Manuel Gómez Morin: Roberto Cossío y Cossío, ex-secretario
general del PAN, y Antonio L. Rodríguez, uno de los pocos empresarios de
Monterrey que no abandonaron al partido.11 La plataforma de campaña
adoptada por la convención fue un llamado a la justicia social sobre las ba-
ses del pensamiento católico pero sin usar símbolos ni lenguaje religio-
so.12 Lo anterior se debía en parte a la prohibición expresa de la legisla-
ción, tanto constitucional como electoral, de usar símbolos religiosos para

9
Todos los panistas que integraban ese grupo eran, sin excepción, miembros de la Ac-
ción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM). Sus principales escritos sobre el tema son:
Miguel Castro Ruiz, “La Iglesia abrió los caminos de la justicia social en México… sus exi-
gencias desde antes de la Revolución superan al Artículo 123”, La Nación, diciembre de
1950, pp. 14-15; “Doctrina: normas de justicia social”, La Nación, marzo de 1951, p. 6, el cual
es un reportaje sobre la perspectiva social del Papa Pío XII; Manuel Ulloa Ortiz, “La co-edu-
cación es contraria a la Naturaleza del Hombre”, La Nación, abril de 1953, p. 3; “El dilema:
justicia social o comunismo”, La Nación, julio de 1953, p. 7, el cual es un reportaje sobre un
discurso de José González Torres, vice-presidente de la Acción Católica y líder del PAN; Ale-
jandro Áviles, “Encuesta”, La Nación, junio de 1954, p. 16, que es una entrevista a González
Torres como líder laico de la Iglesia; Gerardo Medina, “Justicia social: normas para el traba-
jador en la ciudad y en el campo”, La Nación, febrero de 1956, pp. 10-11, donde se muestran
importantes puntos de vista de la Doctrina Social de la Iglesia interpretadas por la Confe-
deración Interamericana de la Acción Católica.
10
“IX Convención: el PAN lucha por la creación del complemento familiar del salario”, La
Nación, octubre de 1950, pp. 12-14, 21; “El problema del trabajo y sus soluciones”, La Na-
ción, noviembre de 1953, pp. 8-9.
11
“La Décima Convención del PAN designa candidato a la Presidencia y señala caminos
inmediatos y prácticos de salvación colectiva”, La Nación, 26 de noviembre de 1951, pp. 8-11.
12
Acción Nacional, Plataforma que sostendrá al PAN en la campaña electoral en 1952,
México, Ediciones Acción Nacional, 1951.

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hacer propaganda política, aunque los colores oficiales del partido, el blan-
co y el azul, son los colores de la Inmaculada Concepción, y debido a la in-
mensa cantidad de militantes católicos de Acción Nacional, es difícil pensar
que fue simple coincidencia.
El hecho de que el PAN tuviera como candidato a González Luna —in-
telectual y activista respetado y admirado dentro del mundo católico—, hizo
que en 1952 la Unión Nacional Sinarquista (UNS) decidiera apoyar a Acción
Nacional en su campaña electoral. La combinación del prestigio de Gonzá-
lez Luna como líder católico y el apoyo de los sinarquistas reforzó la iden-
tidad confesional del partido, ya que la UNS era una organización integrada
por masas campesinas que profesaban un catolicismo intransigente y
opuesto radicalmente al capitalismo y a la democracia liberal.13
Además, muchos sucesos durante la campaña presidencial reforzaron
la identidad católica del partido: José González Torres, entonces líder de la
Acción Católica, llamó a todos los creyentes a votar por aquellos candi-
datos que ayudarían al catolicismo, lo cual era un velado llamado para vo-
tar por el PAN. Cuando el Frente Católico del Distrito Federal atacó a
González Luna en junio de ese mismo año como un traidor al mártir cris-
tero Anacleto González Flores, por no haber participado en la rebelión ar-
mada de los años veinte, la Acción Católica salió a defender a los candi-
datos del PAN, a pesar de que la jerarquía de la Iglesia no ayudaba de
manera evidente a candidato alguno.14
El principal apoyo que tuvo el PAN durante la campaña de González
Luna fueron las organizaciones de obreros que pertenecían al Frente Na-
cional de Trabajadores, una unión de sindicatos católicos liderada por el
panista Jacinto Guadalupe Silva, que era también ex-presidente del Con-
cilio Diocesano de la Acción Católica de Trabajadores y ex-subjefe de la
sección de trabajadores de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana
(ACJM).15 Por último, pero no menos importante, tres de los cinco candida-
tos panistas para diputados federales eran ampliamente conocidos por su
activismo católico: Ramón Garcilita Partida había contribuido a la funda-

13
El manifiesto sinarquista decía: “(…) la democracia liberal no puede ser aspiración polí-
tica para el pueblo mexicano, por cuanto ignora a Dios y hace radicar la soberanía en el pue-
blo, quien transmite o delega su soberanía en los órganos del gobierno. El pueblo, los gober-
nados, no pueden delegar en sus gobernantes un poder que no tienen”. “Manifiesto de la Unión
Nacional Sinarquista 1953”, p. 89, citado en Manuel Rodríguez Lapuente, El Sinarquismo y
Acción Nacional: afinidades conflictivas, México, Universidad de Guadalajara, 1986, p. 183.
14
Excélsior, 25 de abril de 1952.
15
“La Acción Católica Mexicana señala a los católicos sus normas políticas”, La Nación,
10 de marzo de 1952, p. 8; “El Frente Nacional de Trabajadores apoya a Efraín González
Luna”, La Nación, 3 de marzo de 1952, pp. 15-16.

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ción del Secretariado Social Mexicano —órgano del Episcopado Mexi-


cano—, Felipe Gómez Mont era miembro activo de la Unión de Católicos
Mexicanos, y Francisco González Chávez había ayudado a la creación de
la católica Unión Social de Trabajadores de Michoacán.16

Los primeros pasos electorales del panismo

Efraín González Luna obtuvo 7.8% del total de votos; una cifra bastante
magra si se le compara con la obtenida por el priísta Adolfo Ruiz Cortines
(74.31%), pero nada despreciable si la comparamos con los votos que se
le reconocieron a la entonces considerada mayor oposición del PRI, el ge-
neral Miguel Henríquez Guzmán17 (15.9%), y sobre todo con lo obtenido
por el socialista Vicente Lombardo Toledano (1.98%).
Desde la creación del PRI, y hasta 1964 no hubo en México más de
una docena de diputados pertenecientes a un partido diferente, lo mismo
sucedió con los casi 2,000 ayuntamientos que integraban al país y los con-
gresos estatales. Por su parte, el Senado y las gubernaturas de los Esta-
dos, sin excepción, fueron monopolio exclusivo del PRI hasta la década de
los ochenta. Si bien es cierto que desde la XL Legislatura (1946-1949) Ac-
ción Nacional contó con al menos cuatro diputados, sólo entre 1955 y 1958
llegó a seis, y no debido a un aumento en el número de votos hacia el
PAN, sino porque el número de distritos electorales pasó de 147 a 178.18
Todo este escenario vino acompañado de la aparición en las filas del
PAN de un grupo de jóvenes que tomaron la estafeta de la lucha contra los
gobiernos herederos de la Revolución. Era el Sector Juvenil de Acción Na-

16
“Biografías de los candidatos del PAN a diputados”, La Nación, septiembre de 1952,
pp. 8-9.
17
El general Miguel Henríquez Guzmán representaba a una facción importante de la fa-
milia revolucionaria integrada por militares inconformes, al ser desplazados de los puestos
políticos por los civiles como lo fue el presidente Miguel Alemán (1946-1952). Después de una
infructuosa reunión con el entonces presidente Ávila Camacho en 1945, y ante la evidencia
de que no sería el candidato del PRI en el siguiente sexenio, Henríquez Guzmán formó la Fe-
deración de Partidos del Pueblo Mexicano, con la que se presentó en las elecciones de 1952
como candidato de oposición. Durante la campaña atrajo simpatías entre la clase media ur-
bana y los campesinos pobres, así como destacados políticos inconformes con la política pro-
empresarial del presidente Miguel Alemán. La modernidad alemanista veía con mucho temor
la reaparición masiva del “viejo México agrario, revolucionario y caudillista” que se resistía a
desaparecer. Elisa Servín, Ruptura y oposición: el movimiento henriquista 1945-1954, México,
Cal y Arena, 2001, pp. 72-82.
18
Octavio Rodríguez Araujo y Carlos Sirvent, Instituciones electorales y partidos políticos
en México, México, Jorale Editores, 2005.

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cional que había sido creado desde 1943, pero ahora con dirigentes del
partido con abierta militancia católica, se había convertido en una organi-
zación bastante agresiva que rechazaba la idea de ser una organización
apartada del poder político, y su referente internacional, tanto ideológico
como programático, fue la Democracia Cristiana.19
Aunque la batalla por convertir al PAN a la Democracia Cristiana se li-
bró en la década de los años sesenta, fue en el Consejo Nacional de 1956
cuando empezó a gestarse esa lucha en el seno del partido. El Consejo,
con una fuerte ayuda del Sector Juvenil, eligió a Alfonso Ituarte Servín como
su nuevo presidente, cuyas credenciales como militante católico eran im-
pecables.20
Con Ituarte Servín, el partido hizo intentos más agresivos por sacudirse
el papel de oposición legitimadora que el régimen priísta le había im-
puesto. El Sector Juvenil del partido se colocó bajo el liderazgo de Javier
Blanco Sánchez, otorgándole una amplia responsabilidad en las campañas
electorales.21 Los jóvenes panistas querían acabar con la postura pasiva
que había tenido el partido hasta ese entonces. En un mismo frente, los di-
putados federales panistas, Ituarte Servín y el Sector Juvenil condenaron
la intervención soviética en Hungría, así como el ataque a Egipto por parte
de los británicos, franceses e israelíes.22 El PAN le exigió al gobierno de
Ruiz Cortines la expulsión del cuerpo diplomático soviético, y adherirse al
boicot internacional contra la Unión Soviética.23
El Sector Juvenil tuvo la primera oportunidad para medir su fuerza
política en las elecciones por la gubernatura de Coahuila en 1957, la cual
sirvió como práctica para los comicios presidenciales de 1958. Coahuila
era importante para el PAN, pues era la cuna de Francisco I. Madero, y el

19
De la misma manera que durante la presidencia de Gómez Morin (1939-1949), la publi-
cación oficial del partido, la revista La Nación, divulgaba odas y logros del franquismo, así co-
mo artículos donde se ensalzaban los valores de la hispanidad; durante la segunda mitad de
la década de los cincuenta, bajo el control del Sector Juvenil, La Nación dedicaba gran nú-
mero de sus páginas a la Democracia Cristiana latinoamericana, y en algunos casos también
a la europea, concentrándose en el caso de Alemania Federal.
20
Ituarte Servín militó activamente en la Liga Defensora de la Libertad Religiosa durante
la guerra cristera cuando era estudiante desde 1926. En 1930 se unió a la Asociación Pro-Li-
bertad de Enseñanza en su lucha contra la educación socialista, a los 35 años se movió de la
ACJM a la Unión de Mexicanos Católicos, sirviendo como secretario diocesano y posterior-
mente como presidente (1953-1955). “XIII Consejo de Acción Nacional”, La Nación, octubre
de 1956, pp. 8-16.
21
“La organización juvenil del PAN”, La Nación, noviembre de 1956, pp. 16-17.
22
“Mensaje del Sector Juvenil de Acción Nacional en el D.F.”, La Nación, abril de 1957,
pp. 2-15.
23
“Que se rompa con Rusia”, La Nación, noviembre de 1956, pp. 4-5.

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candidato por parte del PRI era su hermano Raúl Madero. Los jóvenes pa-
nistas se sentían herederos del maderismo.24 No se consideraban contra-
rios a la revolución como hecho histórico, sino que consideraban que la
revolución institucionalizada se había corrompido y desvirtuado de sus
ideales originales de democracia y justicia social. Como hecho simbólico,
la familia de Madero le regaló al Partido Acción Nacional un retrato original
del “apóstol de la democracia”, como señal de que recibían la estafeta del
maderismo.25
El hecho de que Raúl Madero fuera el candidato del PRI, le daba a esas
elecciones una relevancia sin precedentes, pues no sólo estaba en disputa
un puesto dentro de la administración pública, sino parte esencial de la he-
rencia histórica e identidad de Acción Nacional. El PAN trató, sin éxito, de
que el candidato priísta fuera declarado inelegible, pues su residencia ofi-
cial era el Distrito Federal. El día de las elecciones concentraron sus es-
fuerzos para apoyar a su candidato, Eduardo González y Fariño, pero todo
su trabajo fue en vano pues la maquinaria del PRI, y su popular candidato
con un apellido de abolengo que simbolizaba el cambio revolucionario, fue-
ron implacables con un 96% de la votación.26
Lo anterior, lejos de desanimar a los jóvenes panistas, hizo que se pre-
pararan para los comicios federales de 1958 con mayor coraje y entu-
siasmo. Lo primero era lograr elegir al candidato presidencial adecuado.
La XIII Convención Nacional del PAN, en noviembre del año 1957, fue
el campo de batalla para elegir candidato presidencial. La nominación de
Ernesto Peralta Uruchurtu, entonces regente del Departamento del Distrito
Federal, a pesar de ser un personaje famoso por su conservadurismo y
moralidad pública, con niveles de aceptación bastante elevados en su de-
sempeño como funcionario público, fue rápidamente desechada debido a
que no era militante panista. Su candidatura fue sugerida por la delegación
de Querétaro. Otro candidato era Antonio L. Rodríguez, perteneciente al
grupo de Gómez Morin. Los detractores de su candidatura señalaron que

24
Recordemos que Francisco I. Madero González fue el candidato presidencial del Par-
tido Católico Nacional (PCN) en 1911, que por medio del voto luchó contra la dictadura de la
oligarquía liberal de Porfirio Díaz. Aunque esta versión de la historia de esos panistas, difun-
dida principalmente por Pablo Emilio Madero Belden (sobrino de Francisco I. Madero y mili-
tante del PAN desde 1939), soslayaba el hecho de que en 1913 importantes miembros del
PCN apoyaron al golpe de Estado de Victoriano Huerta cuando consideraron que Madero no
cumplía sus expectativas de gobierno. Otro dato que no considero sea simple coincidencia,
es que el nombre de la publicación oficial del Partido Católico, La Nación, es el mismo que la
publicación oficial del PAN.
25
“Coahuila, la Constitución y el rescate”, La Nación, junio de 1957, pp. 4-5.
26
“Coahuila: el pueblo se organiza para la lucha”, La Nación, julio de 1957, pp. 11-13.

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116 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

era inadmisible tener como candidato de Acción Nacional a un prominente


financiero frente a la pobreza del promedio de los mexicanos. Luis Héctor
Álvarez, dueño de una pequeña empresa de Chihuahua, recibió 178 sufra-
gios en la primera votación, pero necesitaba 262 según los estatutos del
partido. José González Torres, el otro pre-candidato, obtuvo 100 votos. En
la siguiente ronda de votaciones, González Torres declinó a favor de Luis
H. Álvarez, y así este último fue nombrado el segundo candidato presi-
dencial del PAN.27
Como señalé anteriormente, los líderes panistas estaban conscientes
de que no tenían la más mínima posibilidad de hacerse de la Presidencia
de la República, pues su partido era todavía bastante débil y el PRI era
muy fuerte, pero declaraban que el PAN recibía un porcentaje de votación
que oscilaba entre el 20 y el 25% del total de sufragios, solamente que el
gobierno no admitía la magnitud del apoyo panista. Aunque no podemos
saber la votación real del PAN durante esos años, caracterizados por la ma-
nipulación y control de las elecciones por parte del PRI, para los objetivos
de este trabajo lo relevante es responder a la pregunta ¿por qué los panis-
tas de esa época, principalmente el Sector Juvenil, estaban tan entusias-
mados en competir en unas elecciones que sabían no podían ganar?
Los panistas de esa época no eran una simple comparsa del PRI, pues
buscaban socavar la legitimidad del régimen y del gobierno. De acuerdo
con la posición de González Luna, aunque contender por la presidencia de
la República beneficiaba al PRI, pues legitimaba los procesos electorales al
darle al partido oficial un contrincante en las urnas, tenía para los panistas
otros objetivos:

a) Las campañas le daban a Acción Nacional la oportunidad de difundir


su doctrina a nivel nacional;
b) Las elecciones periódicas rechazaban el caudillismo y daban mayor
oportunidad de sobrevivir a largo plazo, pues sembraban en los votantes la
práctica de sufragar por el partido, por la institución, no por un individuo;
c) Las campañas presidenciales servían de apoyo a las campañas de
los diputados federales, donde los panistas sí tenían oportunidades de ob-
tener, al menos, media docena de curules;
d) Las elecciones presidenciales le daban al partido el status de orga-
nización nacional.

27
Los debates a detalle de esa Convención Nacional se encuentran en: “XIII Convención”,
Excélsior, 24 y 25 de noviembre de 1957.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 117

La plataforma política de Luis H. Álvarez en 1958 presentó algunos


puntos nuevos para el panismo de ese entonces:28

a) Condena al artículo 130 constitucional (sobre las relaciones Iglesia-


Estado);
b) El Estado tenía la obligación de intervenir en la economía para ayu-
dar a las masas, pero sin atentar contra la propiedad privada;
c) Se atacaba a los gobiernos priístas por favorecer a los ricos, sacrifi-
cando la pobreza y enfermedad de la mayoría de la población;
d) Se reivindicaba la revolución. Se estigmatizaba al PRI como la dege-
neración del movimiento revolucionario, y se declaraba que el PAN crearía
una revolución en libertad, no autoritaria.

Los tres últimos puntos de la plataforma panista representaron un cam-


bio importante, al grado que el ex-presidente Emilio Portes Gil, partícipe de
“los arreglos” que dieron fin a la guerra cristera y viejo enemigo del PAN,
declaró en 1957 que Acción Nacional había adoptado varias de las princi-
pales tesis de la revolución mexicana.29
La estrategia de Luis H. Álvarez era reivindicar los principios de la revo-
lución compatibles con la doctrina social-cristiana y captar a su favor el
sentimiento anti-gobiernista. Pero su inexperiencia e imprudencia genera-
ron que su campaña contara con varios incidentes de violencia.
Luis H. Álvarez y el Sector Juvenil del PAN querían y creían que era
posible cambiar al régimen político mexicano de la noche a la mañana. En
la campaña presidencial fueron bastante agresivos y mantuvieron osadas
luchas contra los militantes priístas. El Sector Juvenil buscaba la confron-
tación con el PRI, como así lo demostraron los casos en que durante los
mítines a favor del candidato oficial, Adolfo López Mateos, los jóvenes pa-
nistas llegaban con música, pancartas y se enfrentaban a golpes con la
policía y los priístas.30 Esas “estrategias” de campaña por parte del Sector
Juvenil provocaron que varios de ellos recibieran disparos en Michoacán, y
varios panistas de Ciudad Juárez fueran asesinados.31 El mismo Luis H.
Álvarez llegó a estar en prisión, aunque por un breve periodo de tiempo,

28
“Plataforma política de Acción Nacional”, La Nación, diciembre de 1957, pp. 3-4.
29
Emilio Portes Gil, La crisis política de la revolución y la próxima elección presidencial,
México, Ediciones Botas, 1957, pp. 92-93.
30
Philip Taylor, The Mexican Elections of 1958, affirmation of authoritarianism?, Utah,
Western Political Quarterly, 1960, p. 722.
31
“Sobre los sucesos de Chihuahua”, La Nación, 22 de junio de 1958, p. 2.

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118 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

junto con su cónyuge. Incluso la esposa de Manuel Gómez Morin tuvo que
refugiarse en el palacio del ayuntamiento de Tlalnepantla, México.32
Las elecciones de 1958 pueden ser interpretadas como otro fracaso
panista frente a la poderosa y avasalladora maquinaria priísta de esos
años; sin embargo, representó un avance, si bien modesto, en términos de
apoyo electoral, logrando un reconocimiento del 9.5% de los votos, frente
al 7.9% de las elecciones pasadas.
El término de la jornada electoral no significó el fin de la lucha panista,
por el contrario, se desencadenó un fuerte y acalorado debate en el seno
del partido tratando de reflexionar sobre sus propias acciones, su papel
dentro del sistema político mexicano, y las acciones a seguir. Ese debate
tuvo lugar en el Consejo Nacional los días 12 y 13 de julio de 1958.
El primer debate trató de plantear la postura que iba a asumir el par-
tido en el ambiente post-electoral, pues prácticamente todos los panistas
manifestaban que luego de la enérgica y agresiva campaña que realizaron,
era inconcebible que los datos oficiales les reconocieran porcentajes de
votación tan bajos. En sus primeras convenciones, los panistas manifesta-
ban que su votación era pequeña, en gran en parte consecuencia de que
su partido era joven y con una débil estructura. Pero en las elecciones de
1958 ellos sentían que las cifras oficiales les habían robado millones de su-
fragios, y se habían convencido de que ellos no eran el principal problema
de sus pobres resultados electorales, sino que el gobierno tenía la deter-
minación de negarles el acceso a los puestos públicos por la vía del fraude
electoral.33
Ante ese escenario, los panistas se preguntaban qué hacer, pues se
negaban a asumir el papel de legitimar y colaborar con el gobierno. En el
primer debate, Efraín González Luna, Rosas Magallón y Gómez Morin lide-
raron al sector del PAN, que planteaba que debían de retirarse del proceso
de conteo porque no era correcto cooperar con un régimen corrupto, pues
permitiría que ellos mismos fueran usados para aparentar que México era
una democracia. Oponiéndose a la retirada del proceso de conteo estaban
los ex-diputados federales Felipe Gómez Mont, Javier Blanco Sánchez y
Jesús Sanz Cerrada, argumentando que Acción Nacional tenía la “obliga-
ción moral” de defender hasta el final el voto ciudadano, y si se retiraban
de la arena electoral, le darían el país entero al PRI.

32
“Sin odios, ni rencores ni venganza”, La Nación, 29 de junio de 1958, p. 2.
33
Entrevistas a los principales líderes del PAN sobre las elecciones de 1958, en Philip
Taylor, op. cit., pp. 722-725.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 119

El debate se volvió más virulento conforme avanzaba y fueron necesa-


rias dos sesiones para dar lugar a todos los oradores. Al final, el Consejo
votó por declarar fraudulentas a las elecciones, retirarse de la mesa de
conteo y no reconocer al “gobierno ilegítimo” de López Mateos.34
Dichas medidas parecieron surtir efecto en el Colegio Electoral, que le
reconoció al PAN seis victorias de diputados federales: el 27 de octubre,
Eduardo Castillo Molina fue declarado victorioso en Mérida, Yucatán. Al día
siguiente se reconoció la victoria de Antonio López y López en Puebla,
Germán Brambila en Baja California, Humberto Zebadúa en Chiapas y
Jaime Haro en Zacatecas. Finalmente, a Felipe Gómez Mont se le con-
cedió el tercer distrito del Departamento del Distrito Federal.35
Sin embargo, González Luna y Gómez Morin presentaron ante el Con-
sejo la propuesta de que ningún diputado tomara posesión de sus lugares
en el Congreso. Dicha propuesta, al ser presentada en conjunto por tan
importantes personajes, se convirtió en la postura oficial del PAN. Esta úl-
tima decisión sería el punto de conflicto en el seno del partido entre quie-
nes querían que el PAN se adhiriera al sistema, colaborara y tratara de
transformarlo desde dentro, y quienes consideraban que Acción Nacional,
para ser una verdadera oposición al PRI, tenía que mantenerse aislado del
resto del sistema político.
Lo anterior puso a los diputados panistas electos en la disyuntiva de
elegir entre la lealtad a su partido, y su deseo personal por ser diputados,
inclinándose al final por la última opción. Motivo por el cual todos ellos
fueron expulsados de Acción Nacional, con la excepción de Gómez Mont y
Jaime Haro, debido a que se les reconoció su lucha a favor del PAN du-
rante el proceso de conteo de votos.36
De esa manera, el PAN salió de las elecciones de 1958 fracturado y sin
tener una idea clara de cómo salir del pantano en que la maquinaria priísta
lo había colocado. En ese contexto electoral, Acción Nacional llegó a su
Convención Nacional en marzo de 1959, donde se elegiría a un nuevo
presidente del partido, junto con nuevas tácticas que revirtieran los desas-
trosos y frustrantes resultados de la elección pasada.

34
“Definición Política de acción inmediata”, La Nación, julio de 1958, pp. 27-31.
35
La Nación, octubre de 1958, pp. 4-6.
36
Idem.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


120 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

Los primeros encuentros entre el PAN y la ODCA

Para sacar al PAN del atolladero electoral en que se encontraba, fue ele-
gido como nuevo presidente José González Torres (1959-1962),37 quien
decidió seguir la senda trazada por la Democracia Cristiana Internacional.
Desde la Convención de 1956, González Torres ya había hecho pública su
intención no sólo de que Acción Nacional adoptara las estrategias y la es-
tructura de los partidos Demócrata Cristianos, sino además de afiliar al par-
tido a la mencionada Internacional,38 pero no tuvo eco su propuesta hasta
después del desastre electoral panista en 1958; por lo que en 1959 inició
una agresiva política para que el PAN evolucionara como una alternativa
electoralmente viable y como un partido de oposición agresivo.
Los partidos con los que José González Torres entabló fuertes vínculos
para afiliarse a la Organización Demócrata Cristiana de América, fueron el
Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Chile y el Comité de Organización
Política Electoral Independiente (COPEI) de Venezuela. Estos partidos te-
nían con el PAN de la primera época unas similitudes asombrosas. Los tres
partidos fueron fundados por jóvenes profesionistas e intelectuales católi-
cos que pugnaban por un régimen orgánico basado en los principios de
justicia social-católica, en oposición al liberalismo y el socialismo. De he-
cho, el 12 de diciembre de 1931, Luis Calderón Vega y Miguel Estrada Itur-
bide, que formaron en el año de 1939 al primer CEN panista, como repre-
sentantes de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) de México,
conocieron en el primer Congreso Iberoamericano de la Acción Católica
Universitaria, en la ciudad de México, a Rafael Caldera Rodríguez (que en
los años sesenta llegó a ser líder del COPEI) y a Eduardo Frei (que en los
años sesenta llegó a ser líder del PDC).39

37
José González Torres (1959-1962) era un asceta y ex-seminarista jesuita, alumno de
Rafael Preciado y Manuel Ulloa, líderes de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UN-
EC). Entró a la ACJM en 1934 y fue presidente del comité central de 1944 a 1949. También
de 1947 a 1949 fue presidente de Pax Romana, que es una federación internacional de inte-
lectuales católicos y una de las más antiguas en el movimiento católico laico. De 1949 a 1952
fue presidente de la Acción Católica mexicana, con lo cual el Papa Pío XII lo nombró Caba-
llero de la Orden de San Gregorio y de la Orden del Santo Sepulcro. Mireya Cuéllar, Los panis-
tas: quiénes son, dónde están, qué representan, México, La Jornada, 2003, pp. 116-117.
38
“La organización juvenil del PAN”, La Nación, 25 de noviembre de 1956, pp. 16-17.
39
Luis Calderón, Cuba 88: memorias de la UNEC, México, Editorial Fimax, 1963, p. 26.
Este libro es el testimonio de uno de los líderes de la UNEC, Luis Calderón Vega, padre del
actual Presidente de la República.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 121

De una manera similar al hecho de que el PAN tuvo en su dirigencia a


todos los líderes de la UNEC, el COPEI fue creado por la Unión Nacional de
Estudiantes (UNE), y la antecesora de la Democracia Cristiana de Chile, la
Falange Chilena, fue formada por la Asociación Nacional de Estudiantes
Católicos (ANEC).40 Al igual que la UNEC, la UNE y la ANEC fueron fundadas
y lideradas por sacerdotes jesuitas. Otra similitud fue que las primeras pla-
taformas y doctrinas políticas de los tres partidos eran prácticamente idén-
ticas, incluso utilizando el mismo vocabulario, consecuencia de que su
fuente ideológica era la misma: las Encíclicas sociales de los papas, prin-
cipalmente Rerum Novarum y Quadragesimo Anno. Por si fuera poco, el
primer nombre de COPEI fue Acción Nacional, dos años después de la fun-
dación del PAN de México.41
Pero a pesar de esas raíces compartidas, los partidos tenían también
diferencias notables resultado de las particularidades de los países y regí-
menes políticos a los que pertenecían. El PAN era el único de los tres par-
tidos que vivía en una nación con un historial de persecución religiosa y
pertenecía a un régimen anticlerical, por lo que estaba imposibilitado de
ostentar un símbolo o palabra en su logotipo que hiciera alusión a un credo
religioso. México tenía un sistema de partido hegemónico que sembró en
la mente de muchos panistas la idea de que la vía electoral no iba a darles
acceso al poder. Además, los partidos Demócrata Cristianos sudamerica-
nos tenían como principal sostén electoral a las organizaciones campe-
sinas y obreras católicas, mientras que el PAN tenía la particularidad de con-
tar con un grupo dentro de su coalición dominante, el liderado por Gómez
Morin, que desconfiaba del sindicalismo y de los movimientos políticos con
cariz religioso. Por ello, Gómez Morin, con su proyecto de modernización
secular, estaba decidido a que el PAN tomara un camino distinto al de la
Democracia Cristiana.
En los años cincuenta, el corazón de la Democracia Cristiana Latinoa-
mericana era Venezuela. En ese país se encontraba también la sede de la
ODCA y los principales puestos de esa organización eran ocupados por
miembros del COPEI. El punto de penetración de la Democracia Cristiana
en el PAN fue el Sector Juvenil del partido. Desde el año de 1957, los prin-
cipales líderes juveniles panistas fueron invitados por Rafael Caldera, en-
tonces presidente de COPEI, para tomar cursos donde se enseñaba la

40
Ricardo Yocelevzky, La democracia cristiana chilena y el gobierno de Eduardo Frei,
México, UAM-X, 1987, p. 69.
41
Rosa del Carmen Garza Martínez, La democracia cristiana: surgimiento y caída de CO-
PEI, Tesis de licenciatura en Estudios Latinoamericanos, México, FFyL-UNAM, 2004.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


122 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

doctrina Demócrata Cristiana, así como la forma en que estaba organizado


ese partido, sus técnicas de lucha y proyectos de gobierno.42
El primero de los panistas en asistir a esos cursos fue, con el apoyo de
González Torres, Alejandro Avilés, director de La Nación, que regresó de
Caracas convertido en un verdadero agente promotor de la Democracia
Cristiana. En una entrevista declaró que aunque en 1957 inició sus cursos
de formación Demócrata Cristiana, desde tiempo atrás entabló vínculos
con los líderes de la ODCA:

Por cartas y conversaciones de grandes amigos míos, como los doctores


Rafael Caldera, Lorenzo Fernández, Arístides Calvani, Miguel Ángel Landáez,
Víctor Jiménez Landínez, Luis Herrera Campnis, he seguido con gran interés
desde julio de 1946, en que Rafael y Lorenzo hicieron su primer viaje a Mé-
xico, el desarrollo, las luchas y los avances del COPEI, y en mi revista La Na-
ción he dado acogida a las informaciones, todas fidedignas, que los amigos
(demócrata cristianos) me han remitido.43

Avilés no disimulaba en lo más mínimo su simpatía y apoyo hacia la


Democracia Cristiana, por el contrario, lo publicitaba cada que tenía opor-
tunidad. Hacia propaganda de todos los logros del COPEI en su país de
origen, mostrándolo como un paladín defensor de la democracia frente a
intentos de golpes de Estado.44 Incluso llegó a considerar a la Democracia
Cristiana como la defensora de los valores y tradiciones de América Latina
frente al comunismo, principalmente en lo referente a las libertades polí-
ticas, religiosas y de propiedad.45
Tanto la ODCA como el COPEI estaban doctrinalmente influenciados y
financieramente apoyados por la Unión Demócrata Cristiana de la enton-
ces Alemania Federal.46 Entre 1960 y 1962 docenas de miembros del Sec-
tor Juvenil del PAN viajaron a aquella nación europea para recibir cursos de
doctrina, gracias a becas otorgadas por la Unión Internacional de la Juven-
tud Demócrata Cristiana. Ese grupo de jóvenes panistas estaba encabe-

42
Federico Mügemburg R., La Cruz ¿un ariete subversivo?, México, SER, 1970, p. 31.
43
Entrevista, La Nación, no. 971, 22 de mayo de 1960. El paréntesis es mío.
44
“Últimos momentos del golpe rebelde… cómo lo vio un periodista mexicano”, La Nación,
12 de junio de 1960.
45
“Los socialcristianos, por la libertad, se niegan a pactar con el castrismo”, La Nación,
31 de junio de 1960. “Dilema venezolano: frente democrático o dominación comunista”, La Na-
ción, 11 de noviembre de 1962.
46
Soledad Loaeza, “La diplomacia blanda alemana: la Konrad Adenauer Stiftung y la
democratización mexicana”, Revista Foro Internacional, núm. 1 (175), vol. XLIV, México, COL-
MEX, pp. 15-16.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 123

zado por Hugo Gutiérrez Vega, Manuel Rodríguez Lapuente, Carlos Arreo-
la, Horacio Guajardo, Enrique Tiessen y, por supuesto, Alejandro Avilés. A
su regreso, ellos se dedicaban a trabajar por fomentar la difusión de la doc-
trina Demócrata Cristiana en México. Para cumplir con esas actividades,
según los cálculos del líder de la Juventud Demócrata Cristiana de México,
Federico Mügemburg, en ese par de años recibieron cerca del millón de
pesos, que para esa época era una cantidad considerable.47
Uno de los “becarios” panistas más sobresalientes fue Enrique Tiessen,
sus artículos eran de los más recurrentes en La Nación, principalmente en
lo referente al modelo económico de Konrad Adenauer y Ludwig Erhard,
llamado Economía Social de Mercado, el cual se mostraba como una alter-
nativa católica entre el capitalismo de laissez faire y el estatismo socialista:

El gobierno del Canciller Konrad Adenauer se ha dado a la tarea de cumplir


este postulado del pensamiento social-cristiano en diferentes formas, de las
cuales las más recientes son las que ahora queremos reseñar. La primera es
la aprobación en primera instancia de la ley sobre participación de utilidades
en la empresa alemana, como primer paso legal para que los obreros y los
empleados tomen parte activa en la operación y en los resultados de su propia
empresa. Los siguientes pasos serán la co-gestión y la co-propiedad en la em-
presa, dentro de una nueva sociedad que presupone una reforma en las con-
cepciones actuales de la empresa, de la profesión y de la estructura social.48

Es relevante mencionar que esas ideas se tradujeron en propuestas


legislativas que el PAN presentaba en la Cámara de Diputados, como fue
el caso del “reparto de utilidades alemán” que cita Tiessen, pero el PRI re-
chazó la iniciativa, para posteriormente presentarla ante el pleno como
suya y, obviamente, aprobarla por mayoría absoluta.49
Otro trabajo sobresaliente de Tiessen fue aquel donde relató el IX Con-
greso Europeo de la Unión Internacional de la Juventud Demócrata Cris-
tiana, donde él mismo se acreditó como delegado mexicano.50
47
Mügemburg, op. cit., p. 35. Además del testimonio de Mügemburg, en las entrevistas
que Donald Mabry hizo a varios panistas de esa época, también se aceptó el financiamiento
proveniente de la Democracia Cristiana Alemana, aunque sólo Mügemburg nos proporciona
cifras y datos sobre ello. Los panistas entrevistados fueron Luis Calderón Vega, Francisco Ca-
brera, Fernando Estrada Sámano, Salvador Morales Muñoz y Carlos Guzmán Guerrero:
Donald Mabry, Mexico’s Accion Nacional: A Catholic Alternative to Revolution, New York,
Syracuse University Press, 1973, p. 219.
48
“Justicia Social en Alemania”, La Nación, 26 de febrero de 1961.
49
“Plataforma política de Acción Nacional, XV Convención, México 1961; Cuando lo
propuso el PAN no era bueno”, La Nación, 5 de noviembre de 1962, pp. 2-3.
50
“Reunión de Jóvenes Demócratas”, La Nación, 12 de marzo de 1960.

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124 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

En mayo de 1960, Rodríguez Lapuente y Pedro Lara formaron el Insti-


tuto Técnico de Estudios Sociales (ITES), ubicado en la calle de Anaxá-
goras, colonia Narvarte de la ciudad de México, el cual tenía el objetivo de
difundir información y doctrina Demócrata Cristiana.51
Ese mismo año, con el apoyo total del presidente del partido, José Gon-
zález Torres, y de Efraín González Luna, entonces presidente de la Comi-
sión de Asuntos Internacionales, Hugo Gutiérrez Vega logró su designación
como Director Juvenil. La idea de hacer del PAN un partido Demócrata Cris-
tiano de proyección internacional se ve reflejada en la declaración que hizo
el nuevo dirigente juvenil al momento de tomar su cargo: “la juventud de
Acción Nacional lleva orgullosamente en el pecho la etiqueta Demócrata
Cristiana”.52 De la misma manera, Gutiérrez Vega, al luchar por una curul
en el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados el 23 de agosto de
1961, manifestaba pública y abiertamente su afiliación doctrinal:

Vengo en nombre de Acción Nacional a decirle a todo el mundo que mi par-


tido no acepta la clasificación simplista de izquierda o derecha; que mi partido
levanta para México y para el mundo la bandera de la Democracia Cristiana
(…) vengo a levantar la voz por un orden demócrata cristiano que ya la juven-
tud lleva en la mano como una antorcha, y en el corazón y en la convicción.53

Los panistas partidarios de la Democracia Cristiana no se limitaban a


hacer propaganda, sino que estaban preparando toda una estructura, con
la ayuda financiera y logística internacional ya mencionada, para convertir
al partido en una fuerza política capaz de competirle al PRI en las urnas.
En ese sentido, Enrique Tiessen, después de regresar de uno de sus múl-
tiples viajes a Alemania Federal, le mandó una carta a Hilarión Cardozo,
directivo mundial de la Unión Internacional de la Juventud Demócrata Cris-
tiana, cuya sede se encontraba en Venezuela, donde le manifestó que:

De acuerdo con las pláticas que tuve contigo en Caracas y con el Dr. Bernan-
do Level Ozuna en París, quiero informarte que estamos ya en pleno periodo
de preparación inmediata para la fundación de la Juventud Popular Social
Cristiana de México. El acto constitutivo de ella se realizará, Dios mediante, el
próximo 16 de septiembre, aniversario de nuestra independencia nacional.54

51
Mügemburg, op. cit., p. 33.
52
“Ni izquierda ni Derecha: ¡Democracia Cristiana!”, La Nación, 21 de diciembre de 1958,
p. 17.
53
La Nación, núm. 1051, 6 de octubre de 1961, p. 6.
54
Carta transcrita por Mügemburg, op. cit., p. 33.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 125

Así, en septiembre de 1961, se llevó a cabo la reunión constitutiva de


la Juventud Popular Social Cristiana en la calle de Lago Mayor 212, de la
Colonia Anáhuac, en la Ciudad de México. Dicha organización contaba con
tres ramificaciones hechas a imagen y semejanza del COPEI: el Frente
Auténtico del Trabajo, el Movimiento Campesino y el Frente Estudiantil.55
Sin embargo, los viejos militantes del partido que pertenecían al grupo
de Gómez Morin rechazaron el proyecto Demócrata Cristiano, y no esta-
ban dispuestos a entregar su partido a unos jóvenes que cada vez más los
desplazaban de los puestos importantes del PAN. Como consecuencia, se
gestó en el seno del PAN una fuerte y encarnizada lucha respecto a si el
partido debía o no afiliarse a la Internacional Demócrata Cristiana.
Es menester aclarar que Efraín González Luna simpatizaba con los
Demócrata Cristianos, incluso era amigo de Rafael Caldera Rodríguez,
pero no estaba de acuerdo con el hecho de que el PAN adoptara esa deno-
minación de manera oficial, pues estaba prohibido por la Constitución, por
lo que hubiera sido un “suicidio político” ostentar públicamente la etiqueta
de la Democracia Cristiana.

La derrota inicial de la Democracia Cristiana en el PAN

La Asamblea Nacional de 1962 mostró lo dividido que se encontraba el


partido. Con todo el apoyo de Manuel Gómez Morin, se eligió como nuevo
presidente de Acción Nacional a Adolfo Christlieb Ibarrola,56 el cual estaba
en contra de la política de González Torres, y por ende, opuesto a que el
PAN formara parte de la familia Demócrata Cristiana.
Fue en ese contexto que se generó la frase de Christlieb, famosa den-
tro de las filas panistas hasta el día de hoy, donde calificó a los católicos
tradicionalistas (por ejemplo, Efraín González Luna, González Torres, Palo-

55
Idem, p. 35.
56
Adolfo Christlieb Ibarrola nació en el Distrito Federal en 1919, recibió el título de abo-
gado por la UNAM en 1945, pero no formó parte de la UNEC, sino que al igual que González
Torres, fue reclutado a las filas del PAN en 1943 por sus profesores de la Facultad de De-
recho que sí fueron miembros de la UNEC y fundadores del partido, como Miguel Estrada
Iturbide y Manuel Ulloa. Directamente vinculado al grupo secular de Manuel Gómez Morin y
Antonio L. Rodríguez, Christlieb durante años tuvo una participación discreta en la vida de Ac-
ción Nacional concentrándose más en sus negocios privados hasta que, después de las elec-
ciones de 1958, formó parte de la Comisión Federal Electoral como representante del PAN,
en donde entabló contactos con el entonces Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz.
Mireya Cuéllar, op. cit., pp. 55-56.

Estudios Políticos, novena época, núm. 25 (enero-abril, 2012): 107-129


126 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

mar y Vizcarra) de ser “meadores de agua bendita”,57 y de manera burlona


se refería a ellos como “el grupo de los piadosos” y “la mochería”, a los
que criticaba por “ver en la actividad política un medio para conquistar la
salvación del alma”.58
En esa misma Asamblea, González Luna recomendó que el partido
oficializara sus vínculos con los partidos latinoamericanos “auténticamente
democráticos”, es decir, los Demócrata Cristianos. El grupo Demócrata Cris-
tiano de González Torres organizó esa Asamblea del PAN, convirtiendo la
reunión en una ceremonia para glorificar a Rafael Caldera, eclipsando el
nombramiento de Christlieb.59
Adolfo Christlieb y Gómez Morin consideraron que si no frenaban a los
Demócrata Cristianos, acabarían por ser relegados a segundo plano den-
tro de su propio partido, que aunque en ese entonces era una organización
pequeña y modesta, no estaban dispuestos a cederla tan fácilmente.
Fue precisamente la Convención Nacional de 1962 la primera de la his-
toria de Acción Nacional donde Gómez Morin estuvo ausente. En esa oca-
sión el fundador del partido se excusó de manera oficial por causa de en-
fermedad;60 pero varios reportes periodísticos de la época señalaron que la
ausencia se debía a que Gómez Morin quería eludir la convivencia con
Rafael Caldera, de quien sabía iba a convertirse en la figura central del
acto, a juzgar por la calurosa recepción que los jóvenes panistas le hicie-
ron al mandatario venezolano en el aeropuerto de la Ciudad de México.61
La misma crónica que el PAN publicó de la citada asamblea señaló
cómo los Demócrata Cristianos estaban monopolizando los reflectores del
partido:

González Luna había tenido que interrumpir su exposición para que entrara
Rafael Caldera. ¡Qué de aplausos y vítores! Cómo resonaban en la sala aque-
llos gritos: “América de mañana, Demócrata Cristiana”, repetidos una y otra
vez a todo pulmón. Qué de aplausos para este líder que con palabras sencillas

57
Hasta el día de hoy, dentro de la militancia panista esa frase de Christlieb se usa para
descalificar a los sectores más tradicionalistas, que no hacen una diferencia entre sus convic-
ciones católicas y su activismo político.
58
Palabras de Christlieb tomadas del artículo de Alonso Lujambio intitulado “El dilema de
Christlieb Ibarrola”, publicado por la revista Estudios del ITAM en 1994. Consultado en la bi-
blioteca digital: http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras38/texto4/sec_1.html 17-febrero-
2009.
59
Vicente Fuentes, La democracia cristiana en México ¿un intento fallido?, México, Edi-
torial Altiplano, 1972, p. 55.
60
“Ausente por vez primera Gómez Morin”, La Nación, 18 de noviembre de 1962.
61
Vicente Fuentes, op. cit.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 127

cala hasta lo más hondo de las inteligencias y de los sentimientos. En nueve


ocasiones habrían todos de ponerse de pie para aplaudir. Había ocasiones en
que la garganta de todos se haría un nudo y no iba a ser raro ver cómo a lo
largo de la formidable pieza oratoria más de uno se enjugaría los ojos.62

Frente a ese escenario, el discurso de Adolfo Christlieb fue un ataque


contra la postura del grupo del presidente saliente, manifestando abierta-
mente que no les permitiría a los jóvenes Demócrata Cristianos que toma-
ran el control del partido y que su corriente sería anulada:

El Cristianismo en su contenido dogmático o moral, no puede quedar a la in-


terpretación, al arbitrio o al manejo circunstancial de los partidos políticos,
entre otras razones porque ello implica un grave riesgo: el de que los partidos
reduzcan el cristianismo a una simple filosofía, o a una actividad emotiva de
reforma social, privándolo de su verdadera esencia religiosa.63

Cuando Gómez Morin y Adolfo Christlieb mostraban su oposición a que


la Democracia Cristiana fuera del partido, argumentaban que era debido a
que la legislación electoral de México prohibía en ese entonces expresa-
mente la existencia de partidos que tuvieran filiación con organismos inter-
nacionales.64 Aunque era comprensible el temor por parte de Gómez Morin
a que el partido perdiera su registro a consecuencia de que los acusaran
de tener vínculos con la Internacional Demócrata Cristiana, tanto él como
Christlieb argumentaban al interior del partido por defender el carácter se-
cular de su organización, así como exhortar a sus militantes a mantener
diferencias entre su proyecto partidista y su fe católica.
En mayo de 1963, Adolfo Christlieb mandó publicar un folleto que se
distribuyó entre todos los militantes donde sostenía que el PAN no adopta-
ría la denominación de “cristiano”, porque este término es sinónimo de ca-
tolicismo para la inmensa mayoría de los mexicanos, y que la adopción de
etiquetas religiosas, concretamente las cristianas, en la actividad de los par-
tidos, equivale a mezclar a la Iglesia Católica en la política. Agregó que en
otros países —como Alemania— el calificativo de cristianismo, por la exis-
tencia real de distintas confesiones cristianas, podía servir para superar
diferencias temporales sin comprometer a las instituciones eclesiásticas,

62
La Nación, núm. 1101, 18 de noviembre de 1962, pp. 2-3.
63
Idem, p. 9.
64
“Christlieb Ibarrola contra la Internacional Demócrata Cristiana”, Excélsior, 21 de no-
viembre de 1962.

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128 HÉCTOR GÓMEZ PERALTA

pero en México, al combinar cristianismo con política se producen hechos


lamentables. De esa manera, el nuevo presidente de Acción Nacional se
pronunció por no aceptar una denominación religiosa ni realizar ningún
acto que, a título de adopción doctrinal y nominal del cristianismo, sem-
brara la confusión sobre el papel de la Iglesia en la política militante.65
De esa manera, Christlieb se convirtió en el verdugo del grupo de jóve-
nes partidarios de la Democracia Cristiana, cuyo liderazgo descansaba en
Alejandro Avilés, Manuel Rodríguez Lapuente, Carlos Arriola y Hugo Gutié-
rrez Vega. Este último, al narrar su salida del partido, comentó que fueron
“obligados a renunciar” por las presiones de Christlieb, que les decía que
hicieran su propio partido porque no coincidían con el programa de Acción
Nacional.66
Por si fuera poco, el 10 de septiembre de 1964, Efraín González Luna
murió por un derrame cerebral. Así, con el camino libre, Adolfo Christlieb
se dio a la tarea de buscar el mismo objetivo de los jóvenes Demócrata
Cristianos que combatió y expulsó: convertir al PAN en una institución polí-
tica capaz de competirle al PRI. Sólo que el nuevo presidente panista que-
ría lograr la modernización del partido bajo una bandera secular y libre de
nexos con organismos internacionales.

Epílogo

La lucha entre los Demócrata Cristianos y los panistas que deseaban con-
tar con un partido moderno y secular, aunque finalizó con la expulsión de
los primeros, creó las condiciones para la reformulación del cuerpo doctri-
nario panista, otorgándole al PAN un perfil más electoral, negociador y cola-
borador con fuerzas políticas ideológicamente distantes.
Sin embargo, prácticamente todas esas innovaciones doctrinales no
pudieron verse plasmadas en la praxis panista de manera inmediata, pues
las condiciones en que se encontraba el partido dentro del sistema político
priísta eran muy poco favorables para ello. Ese escenario cambió de ma-
nera brusca durante los años setenta, cuando el pacto posrevolucionario
estatista empezó a dar muestras de su agotamiento. El ocaso del Desa-
rrollo Estabilizador durante el gobierno del Lic. Luis Echeverría Álvarez

65
Adolfo Christlieb, Religión y política, México, Ediciones de Acción Nacional, 1963.
66
Hugo Gutiérrez Vega, Lecturas, navegaciones y naufragios, México, Ediciones del Ermi-
taño, 2001, pp. 10-17.

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LOS ORÍGENES DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL PAN (1952-1964) 129

(1970-1976), trajo consigo la reactivación del enfrentamiento entre diversos


sectores sociales, resaltando el fin del histórico pacto entre los empresa-
rios y el Estado. Un sector de esos hombres de negocios encontró en
Acción Nacional a un medio mediante el cual podía enfrentarse a un go-
bierno que consideraban atropellaba sus intereses.
Ese proceso de reestructuración e institucionalización del PAN fue una
auténtica refundación del partido,67 la cual no se puede explicar a cabali-
dad si ignoramos a las facciones que se habían venido disputando al par-
tido desde décadas atrás, como la ocurrida entre 1952 y 1964 que acabo
de documentar.

67
Francisco Reveles, El PAN en la oposición. Historia Básica, México, Gernika, 2003, pp.
72-102.

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