BURKE, PETER - La Fabricación de Luis XIV (OCR) (Por Ganz1912)
BURKE, PETER - La Fabricación de Luis XIV (OCR) (Por Ganz1912)
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PETER BUREE
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Enseguida se ve que la majestad es efecto de la peluca, los zapatos de tacón alto y el manto...
Así hacen los barberos y zapateros los dioses que veneramos.
William Thackeray
Cubierta: Rigaud, Luis XTV, Madrid, Prado.
Publicado originalmente en inglés com o The FaLrication ofLouis XIV, Yale
University Press, Londres, 1992.
l s edición: 1995
2S edición (tapa dura): 2003
ISBN: 84-86763-97-5
Depósito legal: 39.106-2003
Durante los años que he dedicado a estudiar a Luis XIV he recibido ayuda y consejo
de muchas personas. Quisiera expresar en particular mi agradecimiento a Derek Bea-
les, Antonia Benedek, Robín Briggs, Ivan Gaskell, Serge Grozinski, Mark Jones, Mar-
garet McGowan, Maj Nodermann, Betsy Rosasco, Alian Ellenius, y el grupo de la Fun
d ación E uropea de la C ien cia que trabaja sobre «Ico n o g ra fía , P rop agand a y
Legitimación». El Wissenschaftskolleg de Berlín me ofreció un entorno ideal para
preparar el libro en 1989-1990, mientras otro antiguo régimen se encontraba en pro
ceso de demolición. Deseo también expresar mi agradecimiento al público que hizo
comentarios sobre varias partes de este estudio presentadas en forma de conferencia
en Amsterdam, Berlín, Cambridge, Campiñas, Ithaca, Jerusalén, Londres, Lund, Mu
nich, Nueva York, Oxford, Providence, Tokyo, Upsala y York. Por las mejoras en la
penúltima versión del libro estoy muy agradecido a mi mujer, María Lúcia, a mi co
lega Emmanuel, Heniy Phillips, y a Peter France, con quien en 1972 impartí un
curso sobre «Literatura y sociedad en tiempos de Luis XIV» en la Universidad de Sus-
sex. Deseo también dar las gracias al personal de Yale University Press, y especial
mente a Sheila Lee, por su ayuda y su atención a los detalles verbales y pictóricos.
ganzl912
IN D IC E
P R E S E N T A C IO N D E L U IS X IV
Pascal, Pensées
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Luis XTV, rey de Francia, accedió al trono en 1643, a los cuatro años de edad, y reinó
72 años, hasta su muerte en 1715. Es el protagonista de este libro, que no pretende
ser, sin embargo, una nueva biografía del Rey Sol. Biografías de Luis XTV hay mu
chas, algunas excelentes1. Por lo demás, este estudio se centra no tanto en el hombre
o el rey com o en su imagen. No en su autoimagen, aunque también ésta se ha re
construido 2. No en su imagen a los ojos de la posteridad, que ha sido objeto de otros
estudios !. El libro se centrará en la imagen pública del rey, en el lugar que Luis XTV
ocupó en la imaginación colectiva.
Este estudio, com o otros del autor, tiene por objeto contribuir a la historia de la
comunicación, la historia dé la producción, circulación y recepción de formas simbó
licas i. Estudia las representaciones contemporáneas de Luis XTV, su imagen tal com o
fue retratada en piedra, bronce, pintura e incluso cera. Trata también de su «ima
gen» en sentido metafórico, com o representación del rey proyectada por m edio de
textos (poemas, dramas, historias) y en otros medios, com o ballets, óperas, rituales
cortesanos y otras formas de espectáculo.
La imagen pública de Luis ha sido objeto de n o pocos estudios de especialistas en
arte, literatura, numismática, etc., no sólo en Francia sino también en los Estados
Unidos, Alemania y otros países. Se han escrito monografías sobre iconografía de sus
retratos, sobre sus estatuas ecuestres y sobre las medallas donde se representaron los
principales acontecimientos de su r e in o s. El teatral decorado de Versalles, que ha de
entenderse com o «mensaje» además de com o «escenario», ha sido objeto de nume
rosos estudios 6. En la literatura francesa contemporánea puede hallarse una investi
gación general de las representaciones de Luis XTV, así com o un detenido análisis de
retratos literarios concretos y de las estrategias de los escritores 7. Hay monografías
sobre los historiadores oficiales del reino, así com o sobre la propaganda guberna
mental durante la Guerra de Sucesión española8. Ballets, óperas y otros espectáculos
han sido objeto de muchos estudios9. La idea de un dios sol se ha rastreado hasta el
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PRE&m ACIONDE LUIS XIV 13
12 LA FABRICACION DE LUIS XIV
mundo antiguo 10. La relación entre arte y política en este período, que Voltaire pasó grado de control central) o han seguido su propio ritmo (indicio de que las artes
prácticamente por alto en su famoso Siécle de Louis (1751) ha sido cuidadosa eran relativamente autónomas). Desgraciadamente, n o es fácil atenerse rigurosa
mente estudiada en los últimos cien años, especialmente por Augusta Dilke (una mente a la cronología. La imagen del rey era objeto de constante revisión. Se acuña
dama que tenía buenas razones para considerarse m odelo de la Dorotea de George ban, por ejemplo, nuevas medallas para celebrar, o reinterpretar, acontecimientos
Eliot) y por Ernest Lavisse (cuya posición entre los intelectuales de su tiempo tuvo que habían tenido lugar en fechas anteriores del reinado. Ello nos obliga a tener pre
sentes dos escalas temporales, lo que podría llamarse «tiempo metálico» y la fecha de
que ayudarle a com prender m ejor la situación que prevalecía 300 años antes) u .
los acontecimientos 18. La Grande Galerie de Versalles ha de estudiarse no sólo com o
No conozco, sin embargo, ninguna relación general de las representaciones con
representación de acontecim ientos anteriores (1661, ó 1672) sino también com o
temporáneas de Luis ^ XIV. C om o señaló hace pocos años un historiador de los ritua
acontecimiento cultural en sí mismo, en el decenio de 1680.
les monárquicos, «El culto del Rey Sol... no ha sido aún objeto del estudio global que
No es, por tanto, de extrañar que los historiadores, aunque hayan destacado a
merece» I2. Incluso las representaciones desfavorables de Luis, en su país y en el ex
tranjero, se han estudiado fragmentariamente “ • menudo hitos en la historia de la imagen real, discrepen en lo tocante a las fechas.
Algunos hacen hincapié en 1670 (o esos años), cuando el rey dejó de bailar en los
Mi objetivo en este libro es presentar la imagen real co m o un todo. El mismo Luis
Y sus ministros contemplaban el sistema de com unicación en su conjunto, por lo que ballets de corte y las comparaciones con Alejandro Magno se hicieron menos fre
deberíamos seguir su ejem plo y unir lo que ha sido escindido por distintas disciplinas cuentes 19. Otros han postulado el año 1674, cuando el lenguaje de los festivales em
pezó a cambiar, y 1677, com o apogeo del culto real 20. A m enudo se ha subrayado la
académicas Mi intención es analizar las imágenes individuales de Luis XIV para re
velar su imagen pública en su tiempo. Sin embargo, este análisis no se hace por el importancia de 1679, fecha en que un programa mitológico para la Grande Galerie
fue sustituido por un programa histórico 21. Otros estudiosos prefieren 1682 ó 1683,
m ero hecho de hacerlo. El libro pretende ser un estudio monográfico sobre las rela
ciones entre arte y poder, y más con cre^ mente sobre la «creación de grandes hom cuando las grandes fetes declinaron y la corte se instaló en Versalles, o 1685-1686,
bres» 15. Por consiguiente, las comparaciones y contrastes que configuran el capí cuando se diseñaron estatuas de Luis para plazas públicas de toda Francia 22. Espero
tulo 12 son parte esencial del proyecto. haber reunido en las páginas siguientes material suficiente para que los lectores pue
Luis es, por varias razones, objeto idón eo para un estudio monográfico de esa na dan extraer sus propias conclusiones.
turaleza. El rey mismo y sus consejeros prestaban gran atención a la imagen real.
Aparte del tiempo empleado en rituales de diversa especie, el rey debió pasar mu Evidentemente, un estudio de esta naturaleza es hijo de su tiempo. Ya en 1912, la
chas horas posando para sus distintos retratos. Un dibujo del rey en campaña en «gloriosa empresa» de Luis XIV le recordaba a un estudioso francés la publicidad
Flandes atestigua el cuidado con que se analizaban esos retratos: «es necesario mos contem poránea 23^El paralelo es aún más claro a fines del siglo XX, cuando jefes de
trar al Rey con el bastón levantado, en vez de apoyándose en él» [ ilfaut que le Roi ait Estado, com o Richard Nixon o Margaret Thatcher han confiado su imagen a agen
la canne haute, au lieu de s'appuyer dessus] 16. Luis fue además muy afortunado por lo cias de publicidad 24. Para expresarlo en términos modernos, lo que me interesa es
que se refiere a la calidad de los artistas, escritores y compositores que tuvo a su servi «la venta de Luis XIV», el empaquetado del monarca, la ideología, la propaganda y la
cio. La creación de la imagen del rey fue un m odelo para otros monarcas (infra, pá- manipulación de la opinión pública.
■gina 160). Está, por lo demás, extremadamente bien documentada. Han sobrevivido Obviamente, hay peligr o de caer en anacronismos. No tengo intención alguna de .
cientos de retratos, medallas y grabados del rey. Versalles sigue existiendo en una presentar a los panegiristas de Luis XIV com o equivalentes exactos de Saatchi and
forma que nos permite imaginar su aspecto en tiempos de Luis XIV. Y, lo que es aún Saatchi. Por lo demás, la referencia a la venta n o es tan anacrónica com o podría pen
más sorprendente, ha sobrevivido una serie de docum entos confidenciales, desde sarse, pues el Duque de Saint-Simon, que con ocía personalmente al rey, afirmó en
cartas particulares hasta actas de reuniones de comités, que nos permiten percibir los cierta ocasión que nadie sabía ^tr bien com o Luis «vender sus palabras, su sonrisa,
designios y métodos de los creadores de la imagen del rey en distintos m edios 17- incluso sus miradas». Con todo, la cultura del siglo era muy distinta de la nues
La gran ventaja de contemplar los m edios en su conjunto es que esa perspectiva tra, y esas diferencias se reflejan necesariamente en las imágenes de los gobernantes
pone más de relieve los cambios. Raro habría sido, ciertamente, que las representa (infra, página 185) . '
ciones de Luis no hubieran cambiado en el curso de un reinado que duró 72 años Otra form a moderna de describir este libro sería llamarlo un estudio sobre la
(incluidos 54 de lo que se llamó «gobierno personal»). En los primeros retratos lo ve «propaganda» de Luis ^ XIV, sobre los intentos de moldear o manipular la «opinión
mos com o un bebé en pañales; en los últimos, com o un anciano en silla de ruedas. pública», o un estudio sobre «ideología» (en el sentido de «las formas en que el sig
Entre esas fechas, su perfil en medallas. y monedas cambió varias veces. Con el paso nificado sirve para sostener relaciones de dominación») 25. Ninguno de esos tres con
de los añ os se fundaron nuevas instituciones para glorificar al rey, artistas y ministros ceptos — propaganda, opinión pública e ideología— existía en el siglo XVII. La Con-
aparecieron y desaparecieron, y a las victorias sucedieron las derrotas. gregatio de pmpaganda fidei romana era un comité para «la propagación de la fe», no
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Una de las ventajas de un enfoque estrictamente cronológico es que revela si los de «propaganda» en el sentido político del término. El concepto moderno de la pro
cambios en diferentes medios han tenido lugar al mismo tiempo (indicio de un alto paganda sólo se rem onta a finales del siglo XVIII cuando las técnicas de persuasión
14 LA FABRICACION DE LUIS XIV
utilizadas por los simpatizantes de la revolución francesa se compararon con las téc
nicas cristianas de conversión26. Siempre es útil para el historiador buscar lo que falta
en un lugar y un tiempo dados, y estas ausencias concretas son sin duda significativas.
No significan, sin embargo, que los espectadores y oyentes del siglo xvn no se
apercibieran de los intentos de persuasión, o incluso de manipulación. Dada la im
portancia otorgada a la retórica en la educación de las elites de aquel tiempo, proba
blemente eran más conscientes de las técnicas de persuasión de lo que hoy en día lo
somos la mayoría de nosotros 27. Si el término propaganda se define con suficiente
amplitud, por ejemplo, com o «el intento de transmitir valores sociales y políticos», es
difícil oponerse a que se aplique al siglo x v n 2S. Con todo, llamar a un estudio com o
éste un análisis de la propaganda de Luis XTV conlleva el peligro de inducir tanto al
autor com o a los lectores a interpretar los poemas, pinturas y estatuas que represen
tan al rey com o si no hubieran sido otra cosa que intentos de persuadir, antes que
(por ejemplo) expresiones del poder del rey y de la devoción de al menos algunos de
sus súbditos. Como el historiador de la antigüedad Paul Veyne ha sugerido reciente
mente, algunas obras de arte son creadas para existir y no para ser vistas. Los relieves
de la Columna de Trajano, p or ejemplo, son invisibles desde el suelo29.
Más exacto sería, tal vez, decir que las representaciones de Luis fueron encarga
das para glorificarlo. Los escritos del período n o nos permiten dudar de la importan
cia que para gobernantes y nobles tenían la reputación o la gloria. En un diccionario
del período se distinguía la gloria de la alabanza porque «la alabanza es dispensada
por individuos, y la gloria por el mundo en general» [la louange se donne par les parti-
culiers, et la gloire par le général du monde] 30. Gloire era una palabra clave de la é p o ca 31.
Su importancia se subrayaba en las Mémoires de Luis32. Mademoiselle de Scudéry reci
bió una medalla de la Academia Francesa por un ensayo sobre el tem a33. La gloria
personificada aparecía en representaciones teatrales, en ballets y en monumentos
públicos. En los jardines de Versalles había una Fuente de la Gloria.
También era común en el siglo xvn observar que el fasto tenía una función polí
tica. Daba éclat al rey. Eclat era otra palabra clave de la época, con significados que
iban desde el «relámpago» al «trueno», pero siempre refiriéndose a algo inesperado
e impresionante. El fasto se consideraba impresionante, en el sentido literal de que
dejaba una «impresión» en los espectadores, com o un sello en un pedazo de cera.
En ese sentido, Colbert decía del palacio del Louvre que imprimía respeto en los
pueblos del mundo [toute la structure imprime le respect dans l'esprit des peuples] M. La re
ferencia es probablemente a los pueblos de Europa, y no sólo al francés. Com o a su
vez Luis (o, más exactamente, uno de sus secretarios) explicaba al Delfín, los festiva
les gustaban a los súbditos y daban a los extranjeros «una impresión muy útil de mag
nificencia, poder, riqueza y grandeza» [une impression tres avantageuse de magnificence,
de puissance, de richesse et de grandeur] 35. Bossuet usaba palabras análogas cuando en su
tratado sobre política señalaba que la corte de un monarca es «deslumbradora y mag
nífica» [édatante et magnifique] para que «los pueblos lo respeten» [pour imprimer aux
peuples un certain resped]36. Un teórico social com o Montesquieu, que se crió en el rei
nado de Luis XTV, afirmaba algo parecido: «El fasto y esplendor que rodean a los re
yes forman parte de su poder» [Le Jaste et la splendeur qui environnent les rois font une
partie de leur puissance] 37.
PRESENTACION DE LUIS XIV 15
Las opiniones sobre la relación entre el arte y el poder vigentes en el siglo XVH
pueden clasificarse com o un espectro de frecuencias. En un extremo se encontraban
los escritores que aparentemente creían a pies juntillas en la imagen del rey, ya fue
ran poetas que escribían odas al monarca, historiadores que narraban sus victorias o
estudiosos que describían las decoraciones de Versalles. Describían las estatuas y
otros monumentos com o medios para «la instrucción del pueblo», al que alentaban a
amar y obedecer a su prín cipe38.
Al otro extremo estaban los observadores, moralistas y satíricos que veían esen
cialmente la glorificación del rey com o una artimaña de aduladores cínicos y con
temporizadores, cuya víctima era el pueblo. Una generación antes, un escritor al ser
vicio del Cardenal Richelieu ya sugería que las «bonitas palabras» eran un medio
para que el príncipe «sedujera» al pueblo, «para que lo engañara con apariencias»,
«lo manejara a su a n tojo»39. De manera análoga, los detractores de Luis XTV utiliza
ron considerablemente otra palabra clave de la época, divertissement, «diversión» en el
doble sentido de «entretenimiento» y «distracción». Aducían que los festivales y es
pectáculos — com o los antiguos circos romanos— tenían por objeto distraer al pue
blo de la política o, en la vivida frase de La Bruyére, dormirlo [laisser le peuple s ’endor-
■mirdans les jetes, dans les spectacles] 40.
Ciertamente, estos conceptos del siglo xvn arrojan luz sobre la corte de Luis XTV.
No podem os permitimos el lujo de pasarlos p or alto. Por otro lado, un historiador
del siglo x x que escribe para un público del siglo xx tam poco puede pasar por alto
los conceptos modernos, tanto si se toman de la ciencia política com o si provienen
de la antropología social o la psicología social. Lo que sobre todo me interesa de la
escritura histórica es la labor de m ediación entre dos culturas, el pasado y el pre
sente, el establecimiento de un diálogo entre los dos sistemas de conceptos, la tra
ducción de un lenguaje a otro. «Propaganda» es un concepto m oderno útil, pero
también hay otros.
Podría ser conveniente, por ejemplo, ver en este libro com o un estudio sobre el
mito de Luis XTV41. La expresión parece en principio apropiada porque Luis era
constantemente com parado con los dioses y héroes de la m itología clásica, com o
A p olo y Hércules. Sin embargo, el térm ino «m ito» puede utilizarse en form a más am
biciosa.. y más polémica. Podríamos definir el m ito com o una historia con signifi
cado simbólico (com o el triunfo del bien sobre el mal) en la que los personajes, hé
roes o villanos, revisten p rop orcion es mayores que las naturales. Cada historia
particular se encuentra en el punto de intersección entre el arquetipo y la coyuntura
o, en otras palabras, entre un legado de imágenes y unos individuos y acontecimien
tos específicos42.
El mito de Luis XIV existía en el sentido de que se le presentaba com o omnis
ciente [informé de tout\, com o invencible, divino, etc. Era el príncipe perfecto, aso
ciado con el retom o de la edad de oro. Poetas e historiadores describían al rey com o
«héroe», y a su reino, en palabras de Racine, com o «una ininterrumpida serie de ma
ravillas» 43. Su imagen pública no era meramente favorable: tenía una cualidad sa
grada.
Los historiadores profesionales utilizan a m enudo el término «mito» en el sentido
16 LA FABRICACION DE LUIS XIV
de «historia que no es cierta» (en contraste con sus propias historias, tal com o ellos
las ven). Sin embargo, mi objetivo no es oponer el Luis «real» al Luis mítico. Por
el contrario, lo que me interesa es precisamente la realidad del mito, sus efectos en el
mundo exterior a los medios de comunicación: extranjeros, súbditos de Luis y, no
menos importante, el rey mismo. El término «mito» tiene también la ventaja de re
cordamos que los artistas y escritores, lejos de circunscribir su trabajo a imágenes es
táticas del rey, trataban de presentar una narrativa, lo que denominaban l ’histoire du
roi, tanto en pinturas, tapices, medallas y grabados com o en las historias oficiales.
Para combinar esta sensación de movimiento con la sensación de espectáculo, p o
dríamos emplear el concepto de «teatro» de Luis XTV.
Resulta tentador ir aún más lejos y hablar del «Estado espectáculo» del Rey Sol. El
concepto de «Estado espectáculo» fue propuesto hace diez años por el antropólogo
americano Clifford Geertz en su influyente estudio sobre el Bali decim onónico La
frase habría gustado sin duda a los contemporáneos de Luis XTV, que estaban acos
tumbrados a ver el mundo com o un escenario. Luis mismo utilizó la metáfora alguna
vez ( infra, páginas 17 y 51). El Duque de Saint-Simon usó constantemente términos
com o comedie y scéne en sus descripciones de la corte 45. Más de uno de los sermones
pronunciados con ocasión de la muerte del rey se refirieron a su vida com o un gran
«espectáculo» 46.
El ritual, especialmente, se veía com o una especie de drama que tenía que esceni
ficarse para fomentar la obediencia. Un estudioso alemán, J. C. Lúnig, que publicó
un estudio general sobre ceremonias públicas en 1719 y 1720, lo llamó Theatrum Cere-
moniale y explicó que ese tipo de teatro era necesario porque «entre la gente co
mún... las impresiones físicas tienen un efecto mayor que el lenguaje que se dirige al
intelecto y la razón». En las memorias de Luis se sostiene algo p a recido47. Los análisis
de la importancia del ritual en la política contemporánea se basan en supuestos aná
logos48.
A lo largo del libro recurriré con frecuencia a una perspectiva dramática, aprove
chando especialmente los trabajos del antropólogo social Erving Goffman, que re
calcó la importancia de la actuación, lo que él llamaba la «presentación de uno
mismo» en la vida cotidiana, el arte de la «administración de la impresión», la dife
rencia entre las zonas «delantera» y «trasera», la función del decorado y sus propie
dades, etc.49.
Todos esos términos m odernos son utilizables para estudiar a Luis XTV. Versalles,
por ejemplo, era un decorado donde el rey podía exhibir su poder. El acceso al m o
narca estaba cuidadosamente controlado y pasaba por varias etapas. Los visitantes cir
culaban de patios exteriores a patios interiores, subían escaleras, esperaban en ante
salas, etc., antes de que se les permitiera vislumbrar al rey.
Los términos utilizados p or Goffman apenas habrían sorprendido a contemporá
neos del rey com o La Rochefoucauld o Saint-Simon. Saint-Simon) p or ejemplo, usa
con frecuencia el término les derriéres para referirse a la zona de la corte situada «en
tre bastidores». A veces se dice que Luis vivió su vida entera en público. En cierto sen
tido ello es cierto: siempre había alguien que lo estaba observando, aunque sólo
fuera uno de sus ayudas de cámara. Sin embargo, algunas de sus actividades, políticas
y no políticas, eran menos públicas que otras. Sus relaciones con sus amantes, com o
PRESENTA a ONDE L VIS XIV 17
corte, se hacen eco las memorias de un noble italiano que visitó la corte en los años
setenta. «En privado» [en son particulier], es decir, en su cámara, rodeado de un p e
qu eño g iu p o de cortesanos, Luis se olvidaba de su gravedad, pero si la puerta se
abría, «cambiaba inmediatamente de actitud y expresión, com o si tuviera que apare
cer en un escenario» [il compose aussitót son attitude etprend une autre expression defigure,
comme s’il devait paraitre sur un théátre] 61.
Luis ocupaba también el lugar de Dios, com o pusieron de relieve el predicador
de la corte Jacques-Bénigne Bossuet y otros teóricos políticos. Los gobernantes eran
«imágenes vivientes» [images vivantes] de Dios, «representantes de la majestad divina»
[les répresentants de la majesté divine] 62.
También pordría decirse que Luis representaba al Estado. Un escritor político
p oco con ocid o de la época declaró que era rey «quien representa a toda la repú
blica» [celui qui représente toute la république]. Luis es, naturalmente, con ocido por el
epigrama que se le atribuye, «el Estado soy yo» [lEtat c’est mof¡. Si no dijo tal cosa, al
menos permitió a sus secretarios que escribieran en su nombre que «cuando uno
tiene presente el Estado, está trabajando para sí» [quand on a l’état en vue, on travaille
pour soi] 63. Amigos y enemigos del régimen estaban de acuerdo con esa identifica
ción. Bossuet declaraba que «todo el Estado está en él» [tout l ’Etat est en luí], mientras
que en un panfleto protestante se deploraba que «el rey ha ocupado el lugar del Es
tado» [Le roi a pris la place de l Etat] 64.
Sin embargo, representar al Estado n o es lo mismo que identificarse con él. Bos
suet recordaba al rey que él moriría, mientras que su Estado debía ser inmortal, y se
dice que Luis, en su lecho de muerte., dijo «Yo me voy, pero después de mí permane
cerá el Estado» Je m’en vais, mais l’état demeurera aprés moi] 65. No conviene tomar de
masiado literalmente el célebre epigrama.
Una ventaja del término «representación» es que puede referirse no sólo a los re
tratos visuales o literarios del rey, la imagen proyectada en o por los medios de comu
nicación, sino también a la imagen recibida, la imagen de Luis en la imaginación co
lectiva, o, c o m o d ice n los h is to r ia d o r e s y a n t r o p ó lo g o s fr a n ce se s, las
«representaciones colectivas» d é la época. La desventaja de la expresión «representa
ciones colectivas», es que puede creerse que entraña que todos tenían una imagen
idéntica del rey, o incluso que existe algo com o la imaginación colectiva, según el
m od elo del inconsciente colectivo de Jung. Para evitar esos malentendidos se ha es
cogido un título distinto.
No he titulado este libro la «fabricación» de Luis XJV con el fin de destruir o de
moler al rey, com o demolieron los revolucionarios sus estatuas en 1792. R econozco
que de hecho el rey hacía bastante bien su trabajo, le métier du roi, com o lo llaman las
memorias reales. No tomó todas las decisiones que se le atribuyeron en su tiempo,
pero sí algunas de ellas. Luis era m ucho más que un «rey pintado», com o describen a
un monarca débil algunos escritores del siglo xvn. El término «fabricación» no tiene
por objeto sugerir que Luis era artificial mientras que otras personas eran naturales.
En cierto sentido, com o demuestra sagazmente Goffman, todos nos construimos a
nosotros mismos. L o excepcional de Luis fue la ayuda que recibió en la labor de
construcción.
El título se ha escogido por dos razones más positivas66. En primer lugar, «fabrica-
PRESENTACION DE LUIS XIV 19
siones que dominan la cultura balinesa: desigualdad social y orgullo de clase. Era un
Estado espectáculo donde los reyes y príncipes eran empresarios, los sacerdotes di
rectores y los campesinos actores secundarios, personal técnico y público». De ahí
que Geertz critique la visión cínica, por considerarla reduccionista, aduciendo que el
ritual monárquico no era un instrumento, y mucho menos un fraude, sino un fin en
sí mismo. «El p od er servía a la pom pa, no la pom pa al p o d e r »71.
La exactitud o inexactitud de esta descripción de Bali en el siglo XIX no es algo
que deba preocuparnos aquí. Lo que nos interesa es el m odelo de Geertz de la rela
ción entre pompa y poder. ¿Es o no aplicable a la Europa de principios de la Edad
moderna, y en particular a Francia? El ejem plo más evidente de un «Estado espec
táculo» en la Europa del siglo xvu es sin duda el papado, que carecía de fuerza mili
tar (Stalin preguntó en una ocasión que cuántas divisiones tenía el Papa), pero com
pensaba esa carencia con el esplendor de sus rituales y sus escenarios72. También en
el caso de Luis XTV puede utilizarse el modelo. Luis era considerado un gobernante
sagrado, y en su corte se veía un reflejo del cosmos. De ahí las muchas comparacio
nes entre el rey yjúpiter, A polo y el sol.
Desde un punto de vista comparativo, podría decirse que ambos modelos rivales
hacen hincapié en determinadas percepciones al precio de excluir otras. Los cínicos
son, ciertamente, reduccionistas, y se niegan a considerar el mito, el ritual y la devo
ción com o respuestas a una necesidad psicológica. Dan por supuesto con demasiada
facilidad que las clases gobernantes del pasado eran tan cínicas com o lo son ellos.
Por otro lado, el m odelo rival da por supuesto demasiado fácilmente que todo el
mundo en una sociedad dada creía en sus mitos. No es capaz de reconocer ejemplos
concretos de falsificación y manipulación.
También en el caso de Luis XTV ambos enfoques son reveladores. Por un lado,
concuerdo con los cínicos en que Luis no fue un monarca tan maravilloso com o lo
pintaban. Los testimonios que después se presentarán ponen claramente de mani
fiesto que el gobierno trató de engañar al público en algunas ocasiones, desde el
saco de Heidelberg (infra, páginas 109, 121, 187 y 193) a la derrota de Blenheim.
También es probable que algunos cortesanos y algunos escritores cantaran las ala
banzas de Luis en beneficio de sus propias carreras, enganchando sus vagones al sol.
Sería, sin embargo, un error centrar el análisis de la conducta de Luis o de sus
cortesanos en las ideas de sinceridad y autenticidad. El culto m oderno a la sinceridad
no existía en el siglo xvu. Otros valores, com o el decoro, se consideraban más im por
tantes75- En cualquier caso, el sistema n o se basaba únicamente en la adulación. Es
improbable que todas las contribuciones a la glorificación del rey fueran cínicas en el
sentido de constituir intentos de persuadir a otros de algo en lo que uno mismo no
cree. Es cuando menos posible que Luis mismo, la corte y el país creyeran en la ima
gen idealizada del rey com o creían en las virtudes del toque real (cf. Capítulo XI).
Fuera de contexto, la imagen de Luis XTV com o monarca sagrado e invencible puede
muy bien parecer una manifestación de megalomanía. Sin embargo, tenemos que
aprender a verla en su contexto, com o creación colectiva y — al menos en cierta me
dida— com o respuesta a una demanda, aunque el público no fuera del todo cons
ciente de lo que deseaba. Los procesos por los que las imágenes sostienen el poder
son tanto más poderosos cuanto que parcialmente inconscientes.
PRESENTACION DE LUIS XIV 21
Am bos modelos, por consiguiente, tienen su utilidad. Podría aducirse que tam
bién la tensión enere ellos es fructífera. Si fuera posible resolver las oposiciones y al
canzar una síntesis, ésta sería tal vez la siguiente. El rey y sus consejeros conocían
bien los métodos por los que puede manipularse al pueblo con símbolos. Después de
todo, la mayoría de ellos habían sido adiestrados en el arte de la retórica. Sin em
bargo, los fines al servicio de los cuales manipulaban a otros se escogían, com o es na-
. tural, del repertorio que ofrecía la cultura de su tiempo. Tanto los fines com o los mé
todos son parte de la Historia, y parte de la historia que se relata en este libro.
En los siguientes capítulos intentaré combinar el enfoque cronológico con el ana
lítico. Una relación narrativa de la fabricación del rey a lo largo de más de siete dece
nios se intercala entre capítulos temáticos donde se estudian los medios de comuni
cación del período y la recepción de los mensajes en el país y en el extranjero. Para
concluir el análisis, trataré de dar un paso atrás y contemplar a Luis con cierta distan
cia, comparando y contrastando su imagen pública con la de otros monarcas del si
glo xvn y situándola en la historia general de las imágenes de los gobernantes.
El objetivo de este estudio puede resumirse, mediante fórmula derivada del tra
bajo de los analistas de la comunicación de nuestro tiempo, com o el intento de des
cubrir quién decía qué sobre Luis a quién, por conducto de qué canales y códigos,
en qué escenarios, con qué intenciones, y con qué efectos74. El capítulo siguiente se
dedicará a los canales y códigos, en otras palabras, a los medios de persuasión.
II
P E R S U A S IO N
Bouhours
En este capítulo se presenta una breve descripción, o tal vez más bien un collage, de
las imágenes de Luis XTV, destacándose temas, motivos y lugares comunes recurren
tes. Sin embargo — com o suelen sostener los teóricos de la com unicación— es im po
sible separar el mensaje del m edio en que se presenta. Los críticos literarios vienen a
decir lo mismo sobre la imposibilidad de separar el contenido de la form a y la necesi
dad de tener en cuenta lo que significan los géneros y sus convenciones. De ahí que
al retrato compuesto del rey preceda un examen de los medios y los géneros.
Medios
Desde el famoso ensayo del crítico alemán Lessing sobre el Laocoonte (1766), los crí
ticos suelen hacer hincapié en las características específicas de cada m edio artístico.
Sin embargó, en la era de Luis XTV, com o en el Renacimiento, se recalcaban más los
paralelismos entre las artes, desde la poesía a la pintura1. Las escenas de la vida del
rey se presentaban en formas parecidas en medios distintos. Los retratos y las estatuas
ecuestres evocaban mutuas resonancias, las medallas se reproducían en bajorrelieves,
y se escribían panegíricos del rey, entre los que destaca el Portrait du roí de Félibien
(1663), que pretende describir una pintura de L ebrun 2, en form a de descripciones
de pinturas.
En esa profusión de medios, es difícil determinar si las imágenes visuales ilustra
ban los textos u ocurría lo contrario. Lo importante es, sin duda, que se influían y
reforzaban mutuamente. La figura de la Victoria, por ejem plo, aparece no sólo en
medallas, estatuas y pinturas, sino también en obras de teatro com o el Toison d ’Orde
Corneille (1660). Los arcos triunfales provisionales erigidos para las entradas reales
y los arcos construidos en piedra en París y otros lugares eran más o menos idénti
cos. Los relieves esculpidos en torno a la estatua de Luis en la Place des Victoires
imitaban a algunas medallas del reinado, pero también se acuñó una medalla para
conm em orar la inauguración de la estatua. Medallas y monumentos se reproducían
24 LA FABRICACION DE LUIS XIV
podría considerarse como una exhibición permanente de imágenes del rey10. Luis se
veía a sí mismo por todas partes, incluso en el techo. Cuando el reloj instalado en
1706 daba la hora, una estatua de Luis aparecía y la Fama descendía para coronarlo
de laurel.
Un palacio es algo más que la suma de sus partes. Es un sím bolo de su propieta
rio, una extensión de su personalidad, un m edio para su autopresentación (figura 3).
Como más adelante veremos (página 70), Colbert criticó los diseños para el Louvre
del arquitecto y escultor italiano Gianlorenzo Bem ini por considerar que eran incó
modos y p oco prácticos, pero incluso Colbert se preocupó de que tuviera «una fa
chada digna del príncipe» n. Versalles, en particular, fue la imagen de un gobernante
que supervisó su construcción con amoroso cuidado. No era únicamente escenario
de representaciones, era por sí mismo protagonista de representaciones com o la
Grotte de Versailles de Lully (1668), Les fontaines de Versailles (1683) de Lalande y Morel
y Le canal de Versailles (1687) de Philidor. Se publicaban oficialmente grabados de
Versalles, que se distribuían para mayor gloria del rey.
Géneros
Las imágenes no son tan fáciles de leer com o parecen, al menos cuando la distancia
cultural entre el creador y el espectador es tan grande com o la que nos separa del si
glo xvn. Para compensar ese abismo es de elemental prudencia prestar considerable
atención a las descripciones contemporáneas de esas imágenes. Algunas pueden en
contrarse en guías contemporáneas de Versalles, que, com o las inscripciones en m o
numentos y medallas, estaban ideadas para moldear las percepciones de los especta
dores 12. C om o ya hemos visto, poetas e historiadores hacían descripciones de los
retratos reales.
Para no malinterpretar las imágenes de Luis debemos tener presentes no sólo los
medios, sino también los diferentes géneros y sus funciones. Cada género tenía sus
propias convenciones o fórmulas. El público, o parte de él, estaba familiarizado con
esas convenciones, que moldeaban sus expectativas e interpretaciones. En contraste
con los espectadores y oyentes postrománticos, que rechazan el estereotipo com o
una ofensa contra la espontaneidad, no parece que el público del siglo xvn tuviera
objeciones a los lugares comunes y las fórm ulas13.
Por lo demás, la función de la im agen no era, en términos generales, presentar
una copia reconocible de los rasgos del rey o una fría descripción de sus acciones. Su
objeto era, por el contrario, celebrar a Luis, glorificarlo, en otras palabras, persuadir
de su grandeza a espectadores, oyentes y lectores. Para lograrlo, artistas y escritores
aprovecharon una larga tradición de f ormas triunfales.
La entrada real en las ciudades, por ejemplo, seguía en lo esencial el m odelo de
una entrada triunfal romana, y el relato de la entrada de Luis, con su reina, en París
en 1660 recibió de hecho el título de enlrée triomphante14 (figura 4). Como en otras
entradas reales en ciudades, la pareja atravesó una serie de arcos de triunfo provisio
nales que marcaban la naturaleza de la ocasión. Durante el reinado de Luis XIV se
construyeron también arcos de triunfo permanentes en París, en la Porte St Denis, la
Figura 4. Arco de triunfo provisional erigido en el Marché Neuf grabado de Entrée Triomphante....
1660. British Library, Londres.
28 LA FABRICACION D E LUIS XIV PERSUASION 29
Porte St Antoine y la Porte St Martin, así com o en ciudades provinciales, desde Lille a
Montpellier.
Otra forma triunfal era la estatua ecuestre, también un antiguo género romano,
que estampaba la imagen del gobernante en los espacios centrales de la ciudad. Las
convenciones que regían esos monumentos ecuestres eran bastante estrictas. El caba
llero se representaba por lo general co n armadura romana. El caballo solía estar al
trote. Bajo sus pies podía haber alguna figura que representara la derrota de las fuer
zas del mal o el desorden.
Unos pocos retratos de Luis lo muestran en forma relativamente informal, con su
ropa de diario, cazando, sentado en un sillón o incluso jugando al billar 1S. Sin em
bargo, lo probable es que esos retratos se hicieran para exhibirse en privado y no en
público. La mayoría de los retratos del rey corresponden al género que los artistas
denominan «retrato de Estado» construido de acuerdo con la «retórica de la ima
gen» desarrollada en el Renacimiento para retratar a la gente importante. En esos re
tratos de Estado el modelo se presenta generalmente de tamaño natural o mayor, de
pie o sentado en un trono (figura 5). Sus ojos están a un nivel más alto que los del es
pectador, para recalcar su superior condición. El decoro no permite que el m odelo
se muestre con ropa de diario. Lleva armadura para simbolizar el valor, o ricas vesti
duras como señal de alta condición, y está rodeado de objetos relacionados con el
poder y la magnificencia — columnas clásicas, cortinas de terciopelo, etc. 16. Su pos
tura y expresión transmiten dignidad.
El género es igualmente importante en el caso de la poesía, y en cierto sentido
aún más evidente. Las reglas de los diferentes géneros se resumieron en tratados for
males y en el Artpoétique (1674), ensayo en verso de uno de los principales poetas del
reino, Nicolas Despréaux, más con ocid o com o Boileau. N o parece que Luis haya fi
gurado nunca com o héroe de un poem a épico, circunstancia que probablemente re
fleja una pérdida de confianza en el género más que en el monarca. Jean Chapelain,
poeta que asesoraba al gobierno en materia de glorificación literaria del rey, argu
mentaba en contra de la epopeya aduciendo que ésta entraña necesariamente «fic
ciones» (sin duda pensaba en el papel de los dioses en H om ero y Virgilio) que p o
dían dañar la re p u ta c ió n d el rey h a c ie n d o q u e el le c t o r c o n te m p la ra c o n
escepticismo sus éxitos reales n . Se escribió, sin embargo, un «poem a heroico» en la
tín sobre la habilidad del rey como jinete, y Luis era celebrado frecuentemente en so
netos, madrigales y odas 18.
La oda puede definirse com o un poem a lírico en estrofas donde se combinan ver
sos largos y cortos ln. Su función — com o la de la estatua ecuestre o el retrato de Es
tado— era fundamentalmente enaltecedora. El antiguo poeta griego Píndaro había
escrito odas en alabanza de los vencedores de las carreras de carros. Un verdadero
ejército de poetas alabó de manera análoga las victorias del rey. En 1663, Racine cele
bró la recuperación del rey de una enfe^ edad con una oda sobre su convalecencia,
en la que se describía la «perfidia» de la «insolente enfermedad» que había osado
amenazar al rey, y se comparaba a Luis con el sol y a su reinado con la Edad de Oro 20.
Muchos ecos de esta oda resuenan en los poetas menores del reinado, especialmente
en 1687, cuando el rey se estaba recuperando de una operación grave 21. Figura 5.-<<Luis en el trono». Retrato de Luis como Protector de Acr^ademia. de Pintura y Escultura,
Tanto en prosa com o en verso, la imagen del rey se engastaba en una retórica de Henri Testelin, óleo sobre lienzo, 1666-1668. Chateau de Versailles.
30 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Estilos
El estilo apropiado para la pintura narrativa y los retratos de Estado era la form a de
nominada «grande» o «magnífica» [la grande maniere, la maniere magnifique] 28. Ese es
tilo entrañaba idealización. Com o com entó Bemini mientras trabajaba en un busto
del rey, «el secreto de los retratos es exagerar lo hermoso, añadir grandeza, y dismi
nuir lo feo o mezquino, o incluso suprimirlo, cuando sea posible hacerlo sin adula
ción» [Le secret dans lesportraits est d ’augmenter le beau et donner du grand, diminuer ce qui
est laid ou petit, ou le supprimer quand cela se peut sans intérét de la complaisance] 2q.
Dentro de esa gran forma había importantes variaciones de estilo: por un lado, el
estilo que los historiadores del arte generalmente llaman «barroco» y asocian con
Bemini, caracterizado por el movimiento — caballos encabritados, ademanes teatra-
Figura 6. Luis como protector de las artesy del Panegyricus de La Beaune, 1684. British Library,
Londres.
32 LA FABRICACION DE LUIS XIV
les, etc.; por otro lado, el ideal del «clasicismo» asociado con Poussin, caracterizado
por ademanes restringidos, una serena dignidad y una mayor preocupación por lo
cierto, natural o en cualquier caso verosímil [le vrai, le naturel, le vraisemblable] , al m e
nos en cuanto a los detalles. Luis llevaba a sus artistas Lebrun y van der Meulen con
él en campaña para que representaran sus conquistas con exactitud.
C om o la epopeya, la oda era uno de los géneros que exigían el denom inado «alto
estilo», el equivalente de la gran form a en la pintura. Su objetivo era la expresión de
elevados pensamientos en lenguaje elevado, mediante el em pleo de eufemismos o
perífrasis para evitar términos técnicos o referencias a la vida ordinaria. La incompa
tibilidad entre los «barbáricos» nombres geográficos de Flandes y Holanda y el alto
estilo era un problema para los poetas de la é p o c a 30. Boileau, solucionó ese y otros
problemas debatiéndolos en sus propios poemas. Además de odas formales, escribió
epístolas semiformales. Introdujo también una nota irónica, que rompía con la tradi
ción del panegírico y a veces se ha interpretado co m o subversiva, aunque tal vez
fuera sólo un intento de adaptar un género antiguo a las exigencias del m undo m o
d ern o31.
Se daba por supuesto que también los sermones, al menos los predicados ante el
rey, debían ser de alto estilo. Bossuet criticó a su rival el gran predicador Massillon
por no alcanzar lo sublime. La historia, por su parte, era el equivalente en prosa de la
epopeya. Los historiadores tenían que celebrar acciones heroicas y, por consiguiente,
escribir en el alto estilo que exigía la «dignidad» de su tema. Al describir el reino de
Luis com o «un continuo encadenamiento de hechos maravillosos» en el que un «mi
lagro» seguía de cerca a otros milagros [un enchainement continuel de faits merueilleux...
le miracle suit de prés un autre miracle] 32, Racine no hacía más que utilizar el vocabula
rio normal de su tiempo.
Por otro lado, ya fuera en verso (com o algunos de los diarios del decenio de
1660) o en prosa, la Gazette empleaba un estilo «bajo» cercano al lenguaje ordinario y
no evitaba términos técnicos o nombres geográficos extranjeros. El estilo de la Gazette
solía ser sencillo, escaso en adjetivos y otros embellecimientos, pero profuso en infor
mación. El tono era frío (salvo en ediciones especiales conmemorativas de victorias,
etc.), lo que daba una impresión de imparcialidad y, por ende, de fiabilidad. El apa
rente rechazo de la retórica fue la forma adoptada por la retórica de la Gazette.
Al igual que los poetas, los historiadores y los escritores de inscripciones eran, por
razones tanto políticas com o estéticas, expertos en el arte del eufemismo. La captura
de Estrasburgo por tropas francesas en 1681 se conm em oró en una medalla que lle
vaba la leyenda «Estrasburgo Recibido» [a r g en to r a tu m receptu m ] . La leyenda de
la medalla que celebraba el bom bardeo de Argel en 1683 era «Argel fulminado» [AL-
GERIA FULMINATA], que entrañaba una elegante referencia clásica a Luis com o Júpi
ter, presentando al mismo tiempo la acción de los buques de guerra franceses com o
una fuerza de la naturaleza.
Ni que decir tiene que la hipérbole es una figura retórica que aparece constante
mente en esta literatura laudatoria. Otra es la sinécdoque, donde Luis es la parte que
designa al todo, atribuyéndose al rey en persona los éxitos de sus ministros, generales
e incluso ejércitos (cf. pág. 76). Ezechiel Spanheim, que a la experiencia diplomática
en Versalles sumaba la del ex profesor de retórica en Ginebra, analizó las técnicas de
PERSUASION 33
los panegiristas de Luis. «L o presentan com o único autor e inspiración de todos los
felices sucesos de su reinado, atribuyéndolos enteramente a sus consejos, su pruden
cia, su valor y su conducta» [On sattache á le ¡aire seul Vauteur et le mobile detous les heu-
rmx succés de son régne, á les attribuer uniquement á ses cansáis, á sa prudence, á sa valeur et
á sa conduite] 33.
Alegoría
El lenguage alegórico era bien conocido en la época, al menos entre las elites. Los
dioses, diosas y héroes clásicos se asociaban con cualidades morales — Marte con el
valor, Minerva con la sabiduría, Hércules con la fuerza, etc. La Victoria adoptó la
forma de una mujer alada, la Abundancia la de una mujer con una cornucopia. Tam
bién se representaban en forma de mujer (a veces con ropajes regionales) reinos
com o Francia y España (figura 7), y ciudades com o París y Besangon, mientras que
los ríos adoptaban la forma de hombres ancianos33. Las alegorías no eran siempre fá
ciles de descifrar, ni siquiera para los contemporáneos, pero el interés por los enig
mas literarios y pictóricos era parte del gusto de la é p oca 36.
Luis figuraba a m enudo representado con figuras alegóricas de ese tipo. La
Grand Galerie de Versalles, por ejemplo, está poblada de personificaciones, algunas
de ellas clásicas, co m o N eptuno o Victoria, otras modernas, com o la Académ ie
Franfaise, en form a de mujer portando un caduceo, u Holanda, en form a de mujer,
sentada sobre un león, que sostiene siete flechas para simbolizar las siete provincias.
M erced al lenguaje alegórico, el artista podía representar acontecimientos difíciles
de visualizar, com o la decisión de gobernar personalmente.
El rey mismo era a veces representado indirecta o alegóricamente. El retrato de la
familia real de Jean Nocret (figura 8), por ejemplo, es un «retrato m itológico» o por-
trait historié en la tradición renacentista que identifica a individuos con dioses o hé
roes particulares 37. Los ciclos de pinturas mitológicas del Louvre, Versalles, las Tulle-
rías y otros palacios reales tenían que leerse también alegóricamente, con Luis en el
lugar de A polo (figura 9), Júpiter, Hércules o Neptuno. Las normas de un concurso
organizado en 1663 para escoger la mejor pintura de las acciones heroicas del rey
exigían que éstas se «representaran bajo la form a de Danaé, adaptándola a la historia
de la recuperación de D unquerque»38. La famosa Fuente de Latona en Versalles, que
representa la transformación en ranas de los campesinos que se burlaron de la ma
dre de A polo, se ha interpretado con cierta verosim ilitud co m o referencia a la
Fronda (véase página 45) 39.
Las representaciones del pasado eran otro tipo de alegoría. A menudo debían en
tenderse com o referencias indirectas al presente (y los espectadores del siglo XVII esta
ban capacitados para ello). Cuando Luis pidió a Charles Lebrun que pintara escenas
34 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 7. Alegoría de la Paz de los Pirineos, de Theodor van Thulden, óleo sobre lienzo, c. 1659.
Louvre, París.
PERSUASION 35
Figura 8. LaFamilia de Luis XIV, de Jean Nocret, óleo sobre lienzo, 1670. Cháteau de Versailles.
« Figura 1O. «Luis como Alejandro Magno». La familia de Darío a /.os pi.es de Alejandro, de Charles
| Lebrun, óleo sobre lienzo, c. 1660. Chateau de Versailles.
corte. Clélie (1654-1661), por ejemplo, de Mlle de Scudéry, celebraba a Luis com o
«Alcandre», y la Histoire amoureuse des Gaul,es (1665), de Bussy Rabutin, era una alego
ría transparente de las intrigas cortesanas 44 A veces hasta las obras eruditas tenían
significado alegórico. No se debió al azar que el padre Jean-Baptiste Du Bos, asig
nado al Ministerio de Asuntos Exteriores, publicara una historia de la Liga de Cam-
brai contra Venecia precisamente en el momento en que había una liga de potencias
europeas contra Francia 44
Figura 12. «El malhadado monumento de Bernini». Modelo para un monumento ecuestre a
Luis XIV, de Gianlorenzo Bemini, c. 1670. Gallería Borghese, Roma.
máscara de la juventud», Luis pudo envejecer discretamente en sus retratos. Sin em
bargo, Rigaud ha puesto la anciana cabeza sobre un cuerpo joven. Otro historiador
ha llamado la atención sobre las elegantes piernas y la «postura de ballet» de los pies,
recuerdo de los días en que el rey bailaba49.
El retrato logra también establecer un cierto equilibrio entre formalidad e infor
malidad. Representa al rey con vestiduras de coronación, rodeado de sus atributos,
corona, espada y cetro, símbolos de su poder. Sin embargo, Luis deseaba también ser
un monarca moderno conform e a los criterios de principios del siglo xvm, el primer
caballero de su reino, y hay una informalidad estudiada en la forma en que sostiene
el cetro, con la punta hacia abajo, com o si fuera el bastón que normalmente llevaba
en público (figura 18). Tal vez Rigaud aludía al retrato informal de Carlos I por Van
Dick, en el que Carlos (a quien también gustaba llevar bastón), vestido para la caza,
adopta una postura parecida (figura 1 3 )50. Luis lleva a un lado la espada medieval de
justicia, pero más com o una espada normal que com o un objeto sagrado. Com o Boi-
leau, Rigaud presenta al rey llevando con ligereza su dignidad, y adapta la tradición
clasico-renacentista al mundo moderno.
El retrato de Rigaud sugiere que los artistas del períod o tenían poco que apren
der de Goffman sobre la importancia de lo que éste llama «frente» en la presenta
ción de un individuo51. Luis es habitualmente retratado rodeado de un conjunto de
propiedades dignificadas o dignificantes com o orbes, cetros, espadas, relámpagos,
40 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 13. «Modelo para el retrato de Rigaud». Retrato de Carlos I, de Antón van Dyck, óleo
sobre lienzo, c. 1635. Louvre, París.
PERSUASION 41
parte, La Fontaine, cuando cantaba las alabanzas de Luis, cosa que no ocurría muy a
menudo, se refería a sus hazañas pacíficas, no a las militares62.
Ese tipo de consejos se daban con mayor libertad en los primeros años del rei
nado, que se analizarán en los siguientes capítulos.
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III
ORTO
La coronación
La coronación y unción de Luis [le sacre], aplazada por los disturbios de la Fronda, „
tuvo lugar en 1654. El ritual se celebró, com o era costumbre, en la Catedral de
Reims, cuyo arzobispo tenía el derecho de coronar al nuevo rey (derecho ejercido en
esa ocasión por su vicario, el obispo de Soissons) 10. La ceremonia incluía un jura
mento del rey en virtud del cual éste prometía mantener los privilegios de sus súbdi
tos, y una pregunta a la congregación: si aceptaban o no a Luis com o rey. Venía des
pués la ben d ición de las insignias reales, incluidas la denom inada «espada de
Carlomagno», las espuelas y lo que el historiador Denys Godefroy llamó «el anillo
con el que el citado Señor se desposa con el Reino» [l’anneau duquel le dit Seigneur
¿pause le Royanme] 11.
Llegaba entonces el m om ento de la consagración. El cuerpo del rey era ungido
con crisma, óleo sagrado de la Santa Ampolla, la botella que, según se decía, había
traído del cielo una paloma cuando Clodoveo, primer rey cristiano de Francia, fue
bautizado por San Remigio. El obispo colocaba el cetro en la m ano derecha del rey,
la «mano de justicia» en su izquierda y la «corona de Carlomagno» en su cabeza. A
continuación venían el homenaje de los principales nobles del reino, y la suelta de
diversas aves.
Contemplaban el ritual los embajadores de otros países y (con más dificultad,
desde el exterior de la catedral) una multitud de personas comunes. Era seguido de
otras celebraciones, incluida la representación de una obra de teatro por los jesuítas
de Reims. Los que se perdían el acontecimiento podían leer su descripción en una
serie de folletos, y también contemplar los grabados de la coronación, oficialmente
encargados al artista Henri d’Avice. La escena se conm em oró también en un tapiz di
señado por uno de los principales pintores del reinado de Luis, Charles Lebrun.
El significado del evento para los participantes y espectadores, y especialmente la
imagen del rey proyectada por la ceremonia, n o son del todo claros. Lo que el histo
riador ha de descubrir no es tanto «lo que realmente sucedió» cuanto cóm o interpre
taron los contemporáneos lo que había sucedido. No cabe suponer que todos vieran
el evento de la misma forma. Parece, por el contrario, que el sacre fue interpretado
en f ormas muy distintas por gente distinta.
El ritual de inauguración y consagración era esencialmente un ritual medieval.
Había sido codificado por Luis Vil en una época en la que el rey no era «absoluto» y
compartía el poder con sus nobles, por lo que el juramento real y la aprobación for
mal del nuevo gobernante por la asamblea expresaban esa idea de la monarquía. El
Duque de Saint-Simon, firme defensor de esa idea tradicional de la monarquía limi
tada, seguía interpretando así el ritual a principios del siglo xvm.
No es probable que los círculos próximos al rey vieran en el sacre una expresión
ORTO 49
de la idea de la monarquía limitada. Esa forma de ver las cosas haría difícil entender
por qué el gobierno organizó la representación en aquel mom ento, tan p oco des
pués de la Fronda. Un detalle de m enor entidad, pero posiblemente revelador, que
sugiere un intento de reinterpretar el ritual tradicional, es que Luis pronunció el ju
ramento sentado, cuando sus predecesores lo habían pronunciado de p ie 12.
Para la dinastía de los Borbones, relativamente nueva, el sacre era sin duda una
forma de demostrar su legitimidad estableciendo contacto con anteriores gobernan
tes, desde Clodoveo a San Luis. La ceremonia proyectaba también la imagen de una
monarquía sagrada. Podríamos decir — de hecho, los contemporáneos lo dijeron—
que el crisma hacía a Luis análogo a Cristo y que el sacre lo hacía sagrado.
Más adelante, Luis alegó en sus memorias (com o los teóricos de la monarquía ab
soluta) que su consagración no lo hacía rey, sino simplemente declaraba que era rey.
Añadió, no obstante, que el ritual hacía de su realeza algo «más augusto, más inviola
ble, y más sagrado» 13. Esta santidad puede ilustrarse por el hecho de que dos días
después el joven rey cumplió p or primera vez el ritual del toque real14. Se creía tradi
cionalmente que los reyes de Francia, com o los de Inglaterra, tenían el poder mila
groso de curar la escrófula, una enfermedad de la piel, tocando a los enfermos y di
ciendo «el rey te toca, Dios te cura» [Le roi te touche, Dieu te guérit], El poder curativo
del toque real era un poderoso símbolo del carácter sagrado de la realeza. En esa
ocasión Luis tocó a 3.000 personas. En el curso de su reinado habría de tocar a
muchas más.
La entrada real
El viaje del rey a Reims y su recepción allí form ó parte de una serie de visitas oficiales
a ciudades, que a menudo adoptaban la form a ritualizada, triunfal, de una entrada
real, un tipo de ritual que se remonta a la baja Edad Media. Como hemos visto, Luis
hizo una entrada solemne en París en 1643 para celebrar su accesión. Volvió a entrar
en París en 1649 y en 1652, para demostrar la derrota de la Fronda. Hizo una visita
de Estado a Lyon en 1658. Sin embargo, la más importante de las entradas reales fue
la del rey y la reina en París en 1660, tras la boda rea l15 (véase figura 4).
La entrada en París no era un evento patrocinado por el gobierno. Era una bien
venida oficial al rey por parte de la ciudad, organizada por el préuót des marchands,
equivalente al alcalde, y sus concejales o échevins. Sin embargo, parece que el go
bierno supervisó tanto las ceremonias com o el decorado, que se describen detallada
mente en una serie de publicaciones contem poráneasl6.
La entrada real tuvo lugar el 26 de agosto de 1660. Por la mañana, el rey y la
reina fueron entronizados en una tarima elevada para recibir «el respeto y sumisión»
de la Ciudad y sus corporaciones (incluidos la universidad y el Parlement), que mar
charon en procesión por delante de la plataforma mientras sus representantes ren
dían homenaje al rey, com o había hecho la nobleza con ocasión del sacre. El préuót des
marchands presentó solemnemente al rey las llaves que simbolizaban su posesión de
la Ciudad 17. Sin embargo, el presidente del Parlement de París representó un papel
relativamente p oco importante en la ceremonia, haciendo al rey «una profunda reve
50 LA FABRICACION D E LUIS XIV
nadie en el escenario» [qu’il n'y ait personne sur le théatre] 21 parece indicar que el mo
narca era consciente de su papel.
Luis también aparecía en el escenario en sentido literal, com o bailarín. Entre
1651 y 1659 participó en nueve ballets de cour creados por el poeta Isaac Benserade,
representando papeles diversos, incluido A polo destruyendo a la Pitón y también el
sol naciente — para lo cual el rey llevaba una magnifica peluca dorada (figura 15).
No era raro que un rey danzara en un ballet de corte — Luis XIII lo había hecho re
gularmente— pero la pericia de Luis com o bailarín fue destacada por algunos de sus
contemporáneos, entre ellos el cortesano Bussy-Rabutin. De esa forma hizo una im
portante contribución a su propia imagen.
Hay relativamente pocas imágenes visuales de Luis entre principios del decenio
de 1650 y el año 1660, cuando inesperadamente apareció com o joven adulto con un
bigote incipiente y una peluca corta. La peluca se ha explicado como consecuencia
de una enfermedad padecida en 1658 en la que Luis perdió m ucho pelo. La costum
bre de llevar peluca se estaba extendiendo entre la nobleza europea de la época, por
lo que es difícil decir si Luis estaba siguiendo o creando una moda. En cualquier
caso, la peluca daba al rey el suplemento de altura que necesitaba para impresionar.
A partir de ese momento, jamás se le vio en público sin peluca.
La imagen real debe verse com o una producción colectiva. A ella contribuyeron
pintores, escultores y grabadores. También lo hicieron los sastres del rey, el fabri
cante de sus pelucas y su maestro de danza. También los poetas y coreógrafos de los
ballets de corte, y los maestros de ceremonias que supervisaron la coronación, las en
tradas reales y otros rituales públicos.
¿Quién escribía el guión del drama real? En cierto sentido, la respuesta a esa pre
gunta es que fue la «tradición», y no un individuo concreto; los retratos se acom oda
ban a determinados modelos, y los rituales a determinados precedentes. Es, sin em
bargo, razon able su p on er que la p r o d u c c ió n tenía un d ire cto r: el C ardenal
Mazarino.
Mazarino fue la principal figura del gobierno entre 1643 y 1661. A él se debe la
educación política de Luis. Fue también un importante mecenas de las artes, que
apreciaba el trabajo de pintores com o Philippe de Champaigne y Pierre Mignard,
y de escritores com o Com eille y Benserade. Era un gran amante de la ópera, y gra
cias a Mazarino se encargaron, para su representación en París, tres óperas italianas:
Orfeo (1647) de Luigi Rossi, Peleo e Theti (1654), de Cario Caproli (combinada con el
ballet de Benserade sobre el mismo tema) y Ercole Amante (1660), de Francesco Cava-
lli (un tema escogido en alusión al matrimonio real). Los diseñadores del decorado,
Giacomo Torelli y Gasparo Vigarani, eran también italianos.
Mazarino amaba el arte p or el arte, pero era también consciente de su utilidad
política. Esa circunstancia está bien documentada en un episodio que tuvo lugar en
1660, cuando el Cardenal planeaba conm em orar la Paz de los Pirineos mediante una
gran escalinata que condujera a la entrada de la iglesia francesa de la Trinité des
Monts en Roma 22. Mazarino pensaba en Bemini com o arquitecto, y parece que éste
llegó a realizar un diseño. Sin embargo, la erección en una plaza pública de Roma de
una estatua de Luis XTV, y más aún de un m onum ento conmemorativo de una paz
que se había hecho sin mediación papal, planteaba enojosos problemas políticos.
Figura 15. «Luis en el escenario». Luis como Apolo, diseño anónimo para un disfraz, 1654. Cabi-
net des Estampes, Biblioteca Nacional, París.
I
Mazarino murió sin que esos problemas hubiesen llegado a resolverse. En cualquier
caso, la preocupación por la política artística en general, y por la conmemoración de
la paz de 1659 en particular, tal com o se pone de manifiesto en la correspondencia
del Cardenal, sugiere que pudo ser también él quien inspirara los temas de la en
trada en París de 1660, en la que se celebraba no sólo la boda real sino también la
paz, así com o a Ana de Austria y los afanes del Cardenal.
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L A C O N S T R U C C IO N D E L S IS T E M A
Figura 16. Retrato de Luis XN rodeado de los atributos de las artes, de Jean Gamier, óleo sobre lienzo,
1672. Cháteau de Versailles.
LA CONSTRUCCION DEL SISTEMA 57
Buena parte de esos medios se había utilizado ya para glorificar al rey, especial
mente en la entrada en París en 1660. De todas formas, es extremadamente intere
sante disponer de esa prueba documental de un gran designio en una etapa tan tem
prana de la historia del gobierno personal de Luis y de la carrera de Colbert como
consejero real. El plan se llevó a la práctica en el siguiente decenio, en el que pode
mos observar la «organización de la cultura» en el sentido de construcción de un sis
tema de organizaciones oficiales que movilizaron a artistas, escritores y eruditos al
servicio del rey.
En tiempos de Richelieu, la Académie Frangaise, junto con su comité, denomi
nado «pequeña academia» [petite académie], establecido en 1663 y transformado en
1696 en la Académie des Inscripdons 4, desempeñaba un papel importante. Entre
otras nuevas f undaciones cabe citar la Académie de Danse (1661); la Académ ie Ro
yale de Peinture et de Sculpture, fundada en 1648 pero reorganizada en 1663; la Aca
démie Frangaise de Rome (1666), una escuela para la formación de artistas; la Acadé
mie des Sciences (1666); la Académie d ’Architecture (1671); la Académie d’ Opéra
(1671), de corta vida, sustituida por la Académie Royale de Musique (1672); y la
abortada A cadém ie des Spectacles (su fundación, en 1674, nunca llegó a regis
trarse) 5. Todas estas instituciones tenían su sede en París, pero en etapas más avanza
das del reinado se fundaron academias provinciales sobre el m odelo de la Académie
Frangaise (mfra, página 146).
Las academias eran congregaciones de artistas y escritores que en su mayoría tra
bajaban para el rey. También ejercían de patronos, encargando trabajos para mayor
gloria de Luis. La Academia de Pintura y Escultura, por ejemplo, admitía nuevos
miembros basándose en una «pieza de recepción» cuyo tema debía entroncarse en
l’histoire du roí6. En 1663 se empezaron a convocar concursos en los que se otorgaba
un premio al mejor cuadro o estatua que representase las «heroicas acciones» del
rey. A partir de 1671, la Académie Frangaise convocó concursos de panegíricos del
rey, cada año con un tema distinto. Al final del reinado, varias academias tenían con-
. tratado a un compositor cuya función era escribir música en honor del rey7.
También formaban parte del sistema otros tipos de instituciones. Entre ellos es
taba, por ejemplo, la fábrica estatal de los Gobelinos (inaugurada en 1663), que daba
empleo a unos 200 trabajadores (incluidos varios pintores) que producían muebles
para los palacios reales, así com o los famosos tapices de l’histoire du roí8 (figura 17).
Cabe también citar el Journal des Savants, fundado en 1665 y editado por la imprenta
real, que publicaba necrologías de eruditos, descripciones de experimentos y, sobre
todo, reseñas de libros (una idea entonces nueva). El periódico, editado por hom
bres de letras del círculo de Colbert, difundía noticias sobre el mundo del conoci
miento, y al hacerlo daba publicidad al mecenazgo del reyg. La censura de las obras
literarias se hizo más estricta en 1667 bajo la dirección del nuevo teniente de policía,
La Reynie10.
¿Qué significaban esas fundaciones? ¿Eran expresión de una política guberna
mental coherente en pro de las artes? ¿Era la glorificación del rey su único objetivo,
o tenían metas más amplias? Para responder a esas preguntas es necesario analizar
más detenidamente el patrocinio real de las diversas artes y ciencias.
Por lo que se refiere a la literatura, los consejos de Chapelain se tomaron en se-
58 LA FABRICACIONDE LUIS XIV
Figura 17. «Luis como patrón de las artes». Visita a los Gobelinos, de la serie «Historia del rey»
de Charles Lebrun, tapiz, c. 1670. Collection Mobilier National, París.
rio. A partir de 1663 se adjudicaron pensiones por una cuantía total aproximada de
100.000 livres anuales a una serie de escritores y estudiosos. Algunos de ellos, incluido
un poeta que Chapelain describía com o «un joven llamado Racine», eran franceses11.
Otros eran extranjeros — holandeses, alemanes e italianos. Naturalmente, al igual
que ocurría con otros regalos, esas «gratifications», com o se denominaban, se daban
con expectativas de rendimiento.
En sus cartas a Colbert y a los estudiosos extranjeros interesados, Chapelain expli
caba, a veces con notable candor, las reglas del juego. Probablemente, las contradic
ciones entre esas reglas se ponían de manifiesto cada vez que se daba un regalo. Sin
embargo, eran particularmente sagaces en un período de transición del ideal tradi
cional de la magnificencia real al sentido de la publicidad característico de las cultu
ras basadas en la imprenta.
Por un lado, comunicaba Chapelain al poeta italiano Girolamo Graziani, «Su Ma
jestad hace regalos a las gentes de mérito sin más motivo que el de actuar siempre
com o un rey y en ningún caso para que se le alabe» [5a Majesté gratifie les gens de mente
par le seul motif d ’agir en toutes chases royalement et point de tout dans la vue d’en attirer des
louanges] K. La cuestión era, com o decía a Colbert, que las gratificaciones «parecerán
tanto más nobles cuanto menos desinteresadas parezcan» [parcristront d’autantplus no
bles qu’elles paroistront plus désinteresées] 13 Para conmemorar la liberalidad del rey con
LA CONSTRUCCION DEL SISTEMA 59
escritores y artistas se acuñó una medalla con la leyenda BONAE ARTES REMUNERATAE,
y la fecha 1666.
Por otro lado, no se dejaba a los receptores de las gratificaciones concebir nin
guna duda sobre lo que a su vez se esperaba de ellos. «El rey es generoso», escribía
Chapelain al erudito holandés Nikolaes Heinsius, «pero sabe lo que hace y no desea
en absoluto que se le tome por un necio» [Le Roy est généreux, mais il sait ce qu ’ilfait et
ne veut point passer pour dupe] 14. «Conviene para honra de Su Majestad», explicaba
Chapelain a Graziani, «que las alabanzas parezcan espontáneas, y para parecer es
pontáneas han de imprimirse fuera de sus dominios» [R importait en effet pour l'hon-
neur de Sa Majesté que son éloge parüt fait volontairement et, pour paraitre volontaire, ilfallait
qu’ilfút imprimé hor.s de ses Etats] 15. La mayoría de los beneficiarios (decía Chapelain al
abogado alemán Hermán Conring) «han aceptado poner el gran nombre del rey en
el encabezamiento» de sus obras16. Se instruyó a u n o de ellos que redactara la dedi
catoria al rey «en los términos más respetuosos y magníficos que podáis» [dans les ter
mes les plus respectueux et les plus magnifiques que vous pourriez] 17. Se aconsejó a otro que
en su panegírico de Luis hiciera referencia a la decisión del rey de dar audiencias pú
blicas todas las semanas 18.
Aunque se cultivaba, por distintas razones, a poetas, a juristas y a filósofos natura
les, se prestaba especial atención a los historiadores. El puesto de historiador real ya
era para entonces una tradición en Francia I9. Con todo, Colbert y Chapelain redo
blaron sus esf uerzos por encontrar historiadores que registraran y celebraran los éxi
tos del rey. D ieciocho de los noventa escritores sobre los que Chapelain inform ó
eran historiadores. En 1662 había seis historiadores oficiales en poste. Uno de ellos era
Mézéray20. A pesar de este embarras de richesses, Chapelain intrigó — sin éxito— para
lograr el nom bram iento de Nicholas Perrot d ’Ablancourt, que era más con ocid o
com o traductor, mientras que Colbert logró que se asignara a André Félibien un
nuevo puesto, el de «historiador de los edificios reales» [historiographe des bátiments du
roí]. En desempeño de sus funciones, Félibien publicó descripciones oficiales de las
pinturas, tapices, edificios y jetes encargados por el rey21.
El patrocinio gubernamental se extendía a las ciencias naturales, com o atestigua
la fundación de una Académie des Sciences, la construcción de un observatorio as
tronóm ico y la publicación de un periódico científico. Aunque aparentemente la
idea de establecer uria academia de ciencias tuvo su origen en un grupo privado de
estudiosos, la mano de Colbert es fácilmente visible en esas empresas 22. El director
de la Académie era su antiguo bibüotecario, Pierre de Carcavy; el astrónomo italiano
Gian-Domenico Cassini fue a Francia por invitación suya; y el Journal des Savants íue
originalmente publicado por otros tres protegidos suyos, Denis de Sallo (amigo de
Chapelain), Amable de Bourzeis (anteriormente escritor al servicio de Richelieu) y
Jean Gallois (ex tutor de los hijos de C olbert).
Conviene subrayar que el patrocinio estatal de la ciencia no era por entonces cosa
corriente. La Royal Society inglesa se fundó unos pocos años antes que la Académie des
Sciences francesa, y empezó a publicar sus Philosophical Transactions dos meses después
que su rival, pero a pesar de llevar el título de «Real», la sociedad inglesa no estaba fi
nanciada por el gobierno. Sin embargo, al rey de Francia se le asoció públicamente con
la investigación científica, y se dio a esa asociación forma visual en un grabado de finales
f
del decenio que muestra a Luis visitando su academia y rodeado de instrumentos cientí
ficos (figura 18). No está de más añadir que la visita fue imaginaria 23
Para mostrar al mundo que Luis era un hombre culto, Colbert procedió a enri
quecer la colección real de pinturas, estatuas, medallas, manuscritos, libros, etc., que
el rey había heredado de sus predecesores. Para dar publicidad al buen gusto y la
magnificencia del monarca, se encargó a un protegido de Colbert, Charles Perrault,
la publicación de volúmenes de grabados de las colecciones del cabinet du roi. Otro
protegido de Colbert, el estudioso Pierre Carcavy, fue puesto a caigo de la Biblioteca
Real. Fue Carcavy quien inspiró la tentativa de Colbert (por conducto de Chapelain y
de Conring) de comprar la fa ñ osa biblioteca de Wolfenbüttel para añadirla a la co
lección real 24..
Por lo que se refiere a las artes, se instruyó a embajadores y otros agentes guber
namentales en el extranjero (entre los que destacan dos clérigos italianos, Elpidio
Benedetti en Roma y Luigi Strozzi en Florencia) que buscaran esculturas clásicas,
pinturas de maestros renacentistas, etc. La correspondencia de Colbert revela sus m é
todos hasta el último detalle, incluido el regateo de precios, la preferencia por mol
des y copias porque eran más baratos que los originales, y la. presión política ejercida
sobre individuos e instituciones renuentes a vender sus tesoros al rey de Francia, en
tre ellos una Ultima Cena de Veronese, propiedad del convento de los Servi de Vene-
cia. Así com o la colección de arte estuvo al servicio de la política, también a veces la
política estuvo al servicio de la colección de arte 25.
Naturalmente, no bastaba con com prar antigüedades. Luis tenía que encargar
pinturas y estatuas nuevas, y tenía que saberse que lo hacía. Así com o dependía del
consejo de Chapelain en materia de literatura, en lo tocante al arte Colbert general
mente escuchaba a Charles Lebrun, premierpeintre du roi26. Según Bernini, que los vio
juntos en 1665, «Colbert se com porta con Lebrun com o con una amante, y está total
mente sometido a sus deseos» 27. Según otro contemporáneo, Lebrun había estable
cido «una especie de tiranía en la pintura [une espece de tyrannie dans la peinture] gra
cias a la confianza en él depositada por Colbert» 28 La frase ha llamado la atención
de algunos historiadores modernos, impresionados por el paralelismo entre el abso
lutismo real y el papel de Lebrun en el reino del arte 29. Este paralelismo es un poco
exagerado, pues algunos artistas trabajaban para el rey con independencia de Le
brun so.
En cualquier caso, Lebrun era un patrono importante en virtud de su posición
com o figura dominante de la Académie Royale de Peinture (institución que había
contribuido a fundar en 1648), com o director de los Gobelinos, donde se estaba pro
duciendo l’histoire du roi en forma de tapices, y com o artista encargado de la decora
ción interior de los palacios reales del Louvre y Versalles.
Los artistas que no estaban en buenas relaciones con él o con Colbert no recibían
encargos que de otra form a habrían logrado, com o sucedió en el caso de Pierre Mig-
nard tras la muerte de su protectora Ana de Austria, en 1666, mientras que los prote
gidos de Lebrun solían hacer buena carrera al servicio real. Por ejemplo, el grabador
Gérard Edelinck, en cuya boda Lebrun estuvo presente, obtuvo el puesto de graveur
Figura 18. Luis XIV visitando la ABadém e des Sciences, de Sébastien Le Clerc, frontispiCÍO de Mé- du cabinet du roi, y el escultor Pierre Mazeline, de cuya boda Lebrun fue testigo, tra
manes p°ur Vhu^ire -naXiardUe des animaux, 1671, de Claude Perrault. British Library, Lo naies. bajó en Versalles y recibió una pensión del rey.
62 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 19. Diseño de un obelisco, de Charles Perrault, 1666. Biblioteca Nacional, París.
astas y escritores com o Lebrun y Moliere eran clientes del financiero Fouquet antes
de ser adoptados por el rey. Chapelain ocu pó una posición de intermediario en el
sistema de patrocinio real de la literatura. También otros intermediarios desempeña
ron sus papeles. Por ejemplo, Racine envió su primer poem a a Chapelain por medio
de uno de ellos. El com positor André Destouches fu e dado a conocer al rey por
quien después sería príncipe de M onaco. Abundan los ejemplos de este tipo.
Con todo, a medida que avanzaba el reinado, la administración de las artes iba re
cayendo en un núm ero creciente de funcionarios, com o directores, superintenden
tes o inspectores. Lebrun era directewr de la manufacture royale des Gobelins. Los ballets
reales, así como los edificios, los instrumentos y la música tenían todos sus surinten-
dants. Había un inspecteur-géneral des bátiments, un mspecteur des beaux-arts, e incluso un
mspecteur general de la scvlpture (que evoca la imagen de un desfile de estatuas).
Otra característica de la burocratización de las artes fue la construcción del sis
tema de academias, el equivalente, en el plano del arte, del sistema de colegios que
empezaba a desarrollarse en el marco gubernamental de la Europa del siglo xvii.
Colbert, además de fundar academias, reguló la conducta de sus miembros, com o en
64 LA FABRICA O ON DE LUIS XIV
A U T O A F IR M A C IO N
tión en abril, poniendo de relieve la notable aplicación del rey a los asuntos oficiales,
com o las reuniones del consejo [LeRoy, continuant de prendre le soin de ses affaires avec une
applicaticm toute particuliére, se trouva au Conseil des Parpes]. Incluso en una referencia a
las actividades cinegéticas del rey se describe esa actividad com o m odo de descansar de
la «maravillosa asiduidad» con la que el rey se dedicaba a los asuntos de Estado [des
soins que Sa Majestéprend toujours des affaires de son Etat, avec une assiduité merueilleuse] 3.
Una relación más completa del mism o incidente figura, más avanzado el decenio,
en las memorias del rey sobre el año 1661, un mem orando confidencial redactado
por los secretarios del rey, alrededor de 1666, com o parte de la educación del Delfín
para lo que las memorias mismas llaman el trabajo de rey [le métter du roíj . En ese
texto, Luis explica que había tomado la decisión de «por encima de todo, no n om
brar primer ministro» [sur toutes chases de nepoint prendre de premier ministre]. En un fa
moso pasaje se dice de él que está «informado de todo; atento al m enor de mis súbdi
tos; consciente en todo mom ento del número y calidad de mis tropas y del estado de
mis fortalezas; impartiendo sin cesar órdenes para hacer frente a todas sus necesida
des; recibiendo y leyendo despachos; respondiendo a algunos de ellos yo mismo, e
instruyendo a mis secretarios cómo deben responder a los otros; fijando el nivel de
los ingresos y gastos de mi Estado» 4.
El acontecimiento se presentó a un público más amplio mediante diversos textos
e imágenes. La noticia de la Gazette antes citada acaso fue suficiente para que el pú
blico pudiera discernir una referencia contemporánea en el Othon de Com eille, que
se estrenó en la corte de Fontainebleau en 1664. La acción de la obra tiene lugar en
el reino del emperador Galba, uno de cuyos ministros hace un comentario sobre la
poca importancia que los subordinados tienen para el gobernante, que n o depende
de ellos y distribuye por sí mismo regalos y nombramientos (véase el epígrafe de este
capítulo).
El acontecimiento también se conm em oró, más avanzado el reinado, por medio
de imágenes visuales. La más famosa de ellas es la pintura de Lebrun en el techo de
la Grand Galerie de Versalles, con la inscripción «el Rey se hace cargo de la dirección
de sus dominios, y se consagra enteramente a los asuntos públicos» (figura 20) 5. Luis
sostiene un timón, para demostrar que ahora capitanea el barco del Estado. Es coro
nado por las Gracias, mientras una figura que representa a Francia estrangula a la
Discordia, y la imagen de Hyrnen, diosa del matrimonio, sostiene una cornucopia
que representa la abundancia. Minerva, diosa de la sabiduría, muestra al rey la Glo
ria, lista para coronarlo, acompañada de la Victoria y la Fama. En el cielo, los dioses
ofrecen a Luis su ayuda6.
Tres medallas que llevan la fecha 1661 ofrecen una interpretación más precisa
del poder personal del re y 7. En la primera reza la inscripción «el rey haciéndose
cargo del gobierno» [REGE CURAS IMPERll CAPESSENTE], y se representa el «Orden y
Felicidad» subsiguiente a ese acontecimiento, frase ampliada p or el comentario ofi
cial de 1702 a la reforma de los abusos, la resurrección de las artes y las ciencias y la
restauración de la abundancia. Las otras dos medallas añaden detalles a esa imagen.
Una de ellas se titula «la asiduidad del rey en sus consejos», a pesar de otras obliga
ciones e incluso enfermedades, com o se explica en el comentario. La otra se titula
«la accesibilidad del rey» [FACILISAD PRINCIPEM a d it u s ] 8.
A UTOAFLRMÁ CION 67
Figura 20. El rey gobierna por sí mismo, de Charles Lebrun, pintura en techo, 1661. Cháteau de
Versailles.
Rivalidades
Los acontecimientos de principios del decenio de 1660 sugieren que el joven rey y
sus consejeros estaban resueltos a causar una impresión inmediata en el público,
tanto nacional com o extranjero. Los medios empleados fueron la diplomacia y los
festivales, ambos perfectamente reseñados en otros medios.
En el frente diplomático, dos acontecimientos, uno en Londres y otro en Roma,
indicaron un cambio de política. En 1661, un conflicto de precedencia entre los em-
68 LA FABRICACION DE LUIS XIV
bajadores francés y español originó lo que Samuel Pepys llamó una «refriega» entre
sus seguidores en las calles de Londres. El incidente fue algo más que una reyerta in
decorosa, pues echó a perder una recepción oficial (la llegada del embajador de Sue
cia ante Carlos II). El rey apoyó la posición de su representante, y tuvo que ser el em
bajador español ante la corte francesa quien pidiera disculpas por lo sucedido.
En otras palabras, es probable que el incidente estuviera preparado, que fuera
una afirmación simbólica de la superioridad del monarca francés sobre su colega es
pañol, Felipe IV, tío y suegro de Luis n. Refuerza esta interpretación la reacción
francesa en 1662 a un presunto insulto de los guardias corsos del Papa al embajador
francés en Roma. En esa ocasión fue el Papa quien hubo de presentar disculpas, por
medio de su representante, el Cardenal Chigi, en 1664.
Ambos triunfos diplomáticos hallaron expresión en imágenes. Dos de los grandes
tapices diseñados por Lebrun ilustran las disculpas oficiales del Papa y el Rey de Es
paña (figura 21). Los mismos temas figuran también en la decoración de la Grand
Galerie, obra de Lebrun, con las inscripciones La préeminence de France reconnue par
l’Espagney Réparation de l’attentat des Corsés. Las disculpas españolas se representaron
también en relieve en la gran Escalier des Ambassadeurs, claramente pour encourager les
autres. España estaba representada com o una mujer «rasgándose las vestiduras, para
simbolizar el despecho de esa nación» [déchirant ses vétements, pour marquer le dépit de
Figura 21. «Los tapices como propaganda». Reunión de Felipe LV y Luis XTV, de la serie «Historia
del Rey», de Charles Lebrun, tapiz, c. 1670. Collection Mobilier National, París.
AUTO AFIRMACION 69
cette nation] I2. El estudioso holandés Heinsius se ganó su gratificación con un epi
grama latino sobre el asunto de la guardia corsa. Por añadidura, se acuñaron meda
llas para conm em orar los hechos, incluida la conm em oración de una conmemora
ción, la erección (y posterior destrucción) de una pirámide en Roma para marcar el
incidente co rs o 13.
La recuperación de Dunquerque, com prado a Carlos II en 1662, se celebró tam
bién com o un importante triunfo. Colbert pidió a Chapelain que pidiera a Charles
Perrault que escribiera sobre ello 14. Lebrun pintó un retrato ecuestre del rey con la
ciudad recién recuperada en segundo plano 15. Dunquerque fue también el tema del
primer concurso premiado organizado por la Académie Royale de Peinture 16.
Magnificencia
Menos violento fue otro método empleado para impresionar a Europa. Los rituales,
el arte y la arquitectura pueden verse todos com o instrumentos de autoafirmación,
com o continuación de la guerra y la diplomacia por otros medios. Durante el rei
nado se hizo gran hincapié en la imagen del rey com o patrono espléndido y munifi-
cente. Como sus papeles político y militar, también éste fue mitologizado. En una
conferencia pronunciada en la Académ ie Royale de Peinture, uno de los artistas ofi
ciales de Luis afirmó que éste había «hecho nacer, o dado forma, a la mayor parte de
los hombres ilustres que han sido ornato de su reinado» [fait naitre, ou formé, la plus
grandepartiedes hommes illustres qui ont fait l’omement de son régne] 17.
Entre otros acontecimientos del período, posteriormente celebrados con meda
llas, cabe citar la fundación de academias y la asignación de gratificaciones a hom
bres de letras18.
En 1662 se organizó uno de los principales espectáculos públicos del reinado, el
carrousel en una plaza frente a las Tullerías. Un carrousel era una competición de jin e
tes, con carreras por el ruedo y otras demostraciones de habilidad populares en la
Edad Media. A finales del Renacimiento se había transformado en una especie de ba
llet ecuestre. La aparición de Luis a caballo com o «emperador de los romanos» fue
parecida a sus apariciones sobre el escenario, salvo que el público era en esta ocasión
mucho más numeroso. Los cinco equipos de nobles vestían trajes fantásticos, supues
tamente romanos, persas, turcos, indios y americanos. Cada com petidor tenía su pro
pia divisa en el escudo, y la del rey era un sol con la inscripción «com o vi vencí» [UT
VIDI V1CI]. De hecho, el rey obtuvo buenos resultados en la competición, y el aconte
cimiento se conm em oró en un magnífico volumen de grabados infolio, con un texto
explicativo de Charles Perrault (véase figura 22). En las memorias reales se subrayó la
importancia política del acontecimiento, primera fiesta realmente esplendorosa del
reinado [le premier divertíssement de quelque éclat\ 19.
Los principales proyectos artísticos del decenio fueron, evidentemente, la recons
trucción del Louvre y de Versalles. El Louvre era un palacio medieval, reconstruido
en estilo renacentista en el reinado de Francisco I. Sus dimensiones eran demasiado
reducidas para las necesidades de una corte del siglo xvn, y el fuego que destruyó
parte del palacio en 1661 dio prioridad a su reconstrucción. Se decidió construir un
70 LAFABRICACIONDE LUIS XIV
K . O M A N O R U M . I M P - E R A T O B ,
Figura 22. Luis XIV como emperador romano, de Charles Perrault, Festiva ad capita, 1670. British
Library, Londres.
nuevo palacio y encargar diseños a una serie de importantes arquitectos, tanto italia
nos com o franceses: Louis Le Vau, Frangois Mansart, Claude Perrault, Cario Rainaldi
y Gianlorenzo Bernini, artista que había atraído la atención del Cardenal Mazarino20.
Bemini fue invitado a Francia en 1665. Sería interesante saber si la invitación se
extendió porque Mazarino estaba interesado en su trabajo o para humillar aún más
al Papa Alejandro VII, privándolo de su mejor artista. Cuando llegó, Bemini fue tra
tado con gran deferencia, y gustó al rey, pero se enfrentó con Colbert y con Charles
Perrault, que criticaron sus diseños, y no logró obtener el encargo, aunque sí llegó a
esculpir un famoso busto de Luis21.
Colbert (o Perrault, hombre suyo) redactó memorandos en los que aducía que el
proyecto de Bemini no era práctico, se adaptaba mal al clima francés, no prestaba su
ficiente atención a la seguridad y era, en resumen, p oco más que una fachada, «tan
mal concebido para la com odidad del rey» [sz mal confu pour la commodité du Roí] que
con un gasto de diez millones de limes éste se quedaría tan estrecho com o antes 22.
Bernini, por su parte, se quejaba amargamente de que al gobierno francés sólo le in
teresaban los «retretes y las tuberías».
Los planos para el Louvre que finalmente obtuvieron la aprobación oficial fueron
obra de un pequeño comité compuesto por Lebrun, Le Vau y Claude Perrault. El
proyecto se ejecutó y fue conm em orado en varias medallas 23. El rey, sin embargo,
pasó relativamente poco tiempo en ese palacio, que se convirtió en la sede de los cre
adores de imagen. En el Louvre se asignó residencia y taller a algunos artistas impor
tantes. Girardon, por ejemplo, se trasladó allí en 1667. También se asignaron locales
en el Louvre a la Académie Frangaise, acontecimiento asimismo conmemorado con
una medalla24. La correspondencia entre el rey y Colbert sobre la materia es muy cu
riosa. Colbert sugirió que el Louvre sería «más digno» de la Académie, pero que la
biblioteca real sería más cóm oda [plus commode\. Como en el caso del proyecto de
AUTO AFIRMACION 71
Bernini, seguía insistiendo en los aspectos prácticos. Luis, sin embargo, escogió el
Louvre a pesar de la posible incom odidad de los académicos25.
Mientras tanto, el rey había centrado su atención en Versalles, a la sazón un pe
queño cháteau construido para Luis XIII en 1624. Poco después de iniciar su g o
bierno personal, Luis encargó a Le Vau que ampliara el palacio y a Le Nótre que di
señara los jardines, suscitando una protesta de Colbert ante el dispendio de dinero
en «esta casa» [cette maison, en contraste con el palais del Louvre] porque «mucho
más concierne al placer y diversión de Su Majestad que a su gloria» [regarde bien plus
le plaisir et le divertissement de Votre Majesté que sa gloire] 26.
A oídos de la posteridad, para quien la gloria del rey sol está tan estrechamente
vinculada a Versalles, esas palabras tienen una resonancia extraña. ¿Habremos de
atribuir al joven m onarca más sentido político, o un sentido de la publicidad más
agudo que el de su ministro? Más probable es que en ese m om ento de su reinado
Luis pensara realmente en sus diversiones, en un lugar donde celebrar Jetes o donde
encontrarse con Mlle de La Valliére en una relativa intimidad, y que no tuviera más
idea que Colbert de lo que llegaría a ser Versalles en el curso de cuarenta y dos años
de construcción y reconstrucción 27.
Esta famosa confrontación entre el joven rey y el maduro ministro plantea un
problema crucial. ¿Quién tomaba las decisiones? En el caso del Louvre fue Colbert
quien se salió con la suya. El rey autorizó personalmente el plano final, seleccionán
dolo entre opciones propuestas por el comité 28. Sabemos, sin embargo, que el se
gundo proyecto de Bemini le había causado una gran im presión29. Al parecer, Col
bert persuadió a Luis de que renunciara a sus preferencias. Bemini estaba al tanto
del problema. Una vez com entó que si se hubiera quedado en Francia «habría pe
dido al rey no tener que tratar, en lo tocante a sus edificios, más que con Su Majestad
personalmente» [il aurait de-mandé au Roi de n'avoir á traiter de ses bátiments qu'avec Sa
Majesté mé-me] 30. Para Luis, la magnificencia era más importante que la comodidad.
Si Colbert fue el vencedor en el conflicto de voluntades sobre el Louvre, sería
Luis quien triunfaría en el caso de Versalles. En materia de música, danza y espec
táculo, lo que prevaleció una vez más fue el gusto del rey. Luis siguió participando en
ballets durante todo el decenio de 1660, en papeles com o Alejandro Magno, Ciro
Rey de Persia y el héroe caballeresco Roger. La fundación de una Academia de
Danza en 1661 es perfectamente coherente con sus intereses personales, com o tam
bién lo es el nombramiento, ese mismo año, de Jean-Baptiste Lully com o superinten
dente de su música de cámara [ sunntendant de la musique de chambre du roí] . La organi
zación de los festivales de la corte estaba a cargo de un noble que gozaba del favor
real, el Duque de Saint-Aignan, y la participación personal del rey en esos espectácu
los es bien conocida.
Fue Luis, por ejemplo, quien escogió, inspirándose en Tasso, el tema para los
Plaisirs de l’Ue Enchantée de 1664, y posteriormente para el Amadis de Quinault31. M o
liere atribuye a Luis la adición de un personaje a su obra Les fácheux (1661) y la suge
rencia del argumento de Lesamants magnifiques (1670).
Parece que por entonces el rey mostraba p oco interés por su biblioteca o su colec
ción de estatuas. Esas formas de magnificencia eran simplemente parte de su perso
nalidad oficial32. Le interesaba, sin embargo, la pintura, al menos determinados tipos
72 LA FABRICACION DE LUIS XIV
L O S A Ñ O S V IC T O R IO S O S
Gazette, 1672
Tras la ofensiva diplomática de los años 1662-1664, era de suponer que Luis escoge
ría el camino real hacia la gloria, el éxito en una guerra extranjera. Y en efecto, sus
primeras guerras, la Guerra de Devolución de 1667-1668 y — al menos en sus prime
ras etapas— la guerra de Holanda de 1672-1678, tuvieron éxito. Este capítulo está de
dicado a la imagen del héroe conquistador de aquellos años. Se centrará especial
mente en un incidente famoso, la invasión de la República Holandesa en 1672, y en
particular la travesía del Rin por las fuerzas del rey.
La Guerra de Devolución
La Guerra de Devolución tuvo por objeto hacer efectiva la reclamación de los Países
Bajos españoles para la esposa de Luis, María Teresa, tras la muerte de su padre, Fe
lipe IV, en 1665. El terreno se preparó mediante publicaciones donde se presentaba
una imagen favorable de Luis como gobernante que no deseaba sino hacer valer sus
justos derechos. Hermán Conring, catedrático de derecho en la Universidad de
Helmstedt y uno de los estudiosos extranjeros que recibían gratificaciones periódi
cas, se ofreció a escribir en apoyo del rey1. La imprenta real publicó un tratado fran
cés anónimo acerca de «los derechos de la reina cristianísima sobre varios Estados de
la monarquía española». El tratado, obra de un equipo que trabajó bajo la protec
ción de Bourzeis (miembro de la petite académie) y revisado por Chapelain y Char
les Perrault, fue rápidamente traducido al latín, al español y al alemán2.
También Charles Sorel y Antoine Aubéry escribieron en apoyo de las reivindica
ciones del rey. Sorel, historiador real (y anteriormente pasante de un abogado), pu
blicó tratados sobre los derechos de los reyes de Francia, mientras que Aubéry, abo
gado en el Parlement de París, publicó De las justas pretensiones del rey [de Francia] al
imperio [Des justes prétensions du roi sur l’Empire]. Aunque el folleto fue desautorizado
cuando los príncipes alemanes protestaron, y el autor enviado a la Bastilla, es proba
ble que las Justas pretensiones e.stuvieran oficialmente inspiradas3.
74 LA FABRICA CIONDE LUIS XIV
A los argumentos de los folletos siguió en cosa de semanas la invasión de los Paí
ses Bajos españoles por un ejército francés. El rey desempeñó un papel destacado en
esta campaña. Siguiendo la tradición, Luis condujo a sus tropas en persona. Rom
piendo con la tradición, Luis se llevó a la corte en campaña, incluidas la reina y dos
amantes reales, la duquesa de La Valliére y la marquesa de Montespan.
También se invitó a dos artistas a acompañar al rey, probablemente para dar ma
yor verosimilitud a la histoire du roí. Uno de ellos era Charles Lebrun y el otro Adam-
Frans van der Meulen, recientemente nombrado pintor de corte. Como sugiere su
nombre, van der Meulen era flamenco, por lo que de hecho participó en la invasión
de su propio país.
Los principales incidentes de la guerra, tal como se representó en los cuadros de
esos dos artistas, así com o en grabados, tapices, medallas, poemas e historias contem
poráneas del reino, fueron los sitios de Douai (figura 23), Lille, Oudenarde y Tour-
nai, junto con una batalla victoriosa cerca de Brujas y la conquista del Franco Con
dado (figura 24). Cuando en 1668 se hizo la paz en Aquisgrán, el Franco Condado se
devolvió a España, pero Lille quedó incorporada a Francia. El fin de la guerra se ce
lebró en Versalles con una féte a la que contribuyeron Le Vau, Vigarani, Lully y M o
liere, y con una representación titulada «La reciente paz» [Pax nuperrime factum] or
ganizada por el embajador francés en Maguncia4.
Las celebraciones de la guerra adoptaron también formas más permanentes. La
Real Academia de Pintura convocó un concurso sobre el mejor trabajo dedicado al
tema «Luis pacificando Europa». Van der Meulen se ganó su pasaje a Flandes con
pinturas del rey en Oudenarde, Arras, Lille y Dole. Las cuatro pinturas se grabaron
Figura 23. «Luis en las trincheras». Sitio de Douai en 1667, de Adam-Frans van der Meulen, gra
bado, c. 1672. Anne S. K. Brown Military Collection, Brown University Library, Providence, R.I.
LOS AÑOS VICTORIOSOS 75
Figura 24. «Luis el conquistador». Conquista del Franco Condado, grabado de Charles Simonneau,
c. 1680, según una obra de Charles Lebrun, British Libraiy, Londres.
para poderse distribuir más ampliamente, y Chapelain publicó un texto para acom
pañarlas5. En la serie de tapices diseñada por Lebrun y dedicada a los acontecimien
tos del reinado se seleccionaron nada menos que cinco incidentes de la guerra: los si
tios de Douai (donde el rey, de pie en una trinchera, estuvo a punto de recibir el
impacto de una bala de cañón) y Tournai (donde Luis asoma la cabeza por encima
del parapeto); la toma de Lille y Dole; y la batalla cerca de Brujas6.
Posteriormente, en la historia metálica del reinado, una serie de piezas conm e
moró, respectivamente, la guerra, la paz, la conquista del Franco Condado, su devo
lución a España, y la captura de siete ciudades: Tournai, Douai, Courtrai, Oude
narde, Lille, Besanqon y Dole. La medalla del sitio de Douai, como el tapiz, muestra a
Luís en la trinchera, y lleva una inscripción que alude a su papel en la campaña, REX
DUX ET MILES, el rey com o caudillo y com o soldado 7.
Conviene destacar la forma en que se presenta al rey com o si lo hiciera todo él
mismo. Cabe sospechar que Turenne, un general brillante y experimentado, fue el
verdadero comandante, pero oficialmente se afirmaba que cumplía las órdenes del
rey. En una carta privada, Chapelain decía que C ondé era «el principal instrumento»
de la conquista. Sin embargo, en público, Chapelain atribuía al rey el mérito de la
conquista del Franco C ondado8. Esta sería también la pauta por la que se regirían las
76 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 25. Ludovicus Magnus, medalla de Jean Warin, 1671. Cabinet des Médailles, Biblioteca
Nacional, París.
LOSANOS VICTORIOSOS TI
francesa de los Países Bajos y con referencias a la «maravillosa sabiduría» del rey
«que sobrepasa a la de los principales estadistas de los siglos pasados» 14. A sus 73
años, Jean Desmarets, que había dedicado lo mejor de su vida a alabar a Luis XIII y
a Richelieu, dedicó un poem a a la campaña del Franco Condado. Moliere escribió
un soneto sobre el tema y Corneille se dirigió al rey «a su regreso 'de Flandes» lla
mándole «gran Conquistador», «cubierto de laureles», alabó sus «grandes acciones»
y su «augusto orgullo» [auguste fierté\, y com entó que la rapidez de las conquistas del
rey apenas daba al poeta tiempo de escribir sobre ellas 15. Fue asimismo Comedle
quien tradujo al francés un poema latino del jesuíta Charles de La Rué en alabanza
de las victorias de 1667, donde se comparaba el papel del rey en la campaña con el
de San Luis en las Cruzadas y se hacía una vez más referencia a su visita a las trin
cheras I6.
La guerra de Holanda
para atacar a sus enemigos. En el aire vuela el Valor Guerrero [la Valeur Guerrigre]. El
Rin, en forma de anciano, hace un gesto expresivo de terror»26.
En el decenio de 1680, Lebrun pintó en la Grande Galerie de Versalles nueve
cuadros sobre la guerra de Holanda, entre ellos uno de Luis sentado en un carro con
un relámpago en la mano y acompañado en su travesía del Rin por Minetva, Hércu
les y las personificaciones de la Gloria y la Victoria (figura 26). También aquí, com o
en los versos de Corneille y Boileau, Lebrun mostraba al dios-río «sobrecogido por el
m iedo» 27. Una conocida descripción contemporánea del decorado de Versalles se
ñala a la atención del lector no tanto las imágenes com o la travesía misma, «una ac
ción tan arrojada, tan sorprendente y tan memorable que los siglos pasados jamás
vieron igual», así com o la «intrepidez» de Luis y «la grandeza de su coraje»28.
Las de Lebrun son sólo las más famosas de las muchas imágenes contemporáneas
de la travesía. El escultor Michel Anguier la representó en forma alegórica, con H o
landa en forma de mujer sentada en un león «que parecía asustado» 28 El pintor Jo-
seph Parrocel realizó para la galería de Marly una versión de la escena que «pareció
al rey tan digna de su atención que la hizo colocar en la cámara del consejo de Versa
lles» 30. Otro artista que creó una imagen memorable de este incidente fue Van der
Meulen (figura 27). Los acontecimientos de 1672 se conmemoraron también en una
serie de medallas que mostraban la derrota de los holandeses, la captura de sus ciu
dades y, desde luego, la travesía del Rin. Los artistas de la corte debían estar agotados
de tanto representar Victorias aladas31.
Figura 26. La travesía del Rin en 1672. de Charles Lebrun, pintura en techo, c. 1678-1686. Chá-
teau de Versailles.
80 LA FABRICACION D E LUIS XIV
1
i
Figura 27. La travesía delRin, de Adam-Frans van der Meulen, óleo sobre lienzo, c. 1672. Musée
des Beaux-Arts, Caen.
Figura 28. «Luis victorioso». Luis en Maastricht, de Pierre Mignard, óleo sobre lienzo, 1673. Pi
nacoteca de Turín.
82 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 29. Are de triomphe, Porte St Martin, grabado de Adam Perelle, c. 1674. British Library,
Londres.
En este coro de alabanzas pueden detectarse algunos consejos en los que se insi
núa cortésmente al rey que ya ha ido suficientemente lejos y que es hora de dar
descanso a la tierra [Laisse-lá tes vertus de guerre/ Mets en repos toute la Terre] 35. Sin em
bargo, la guerra prosiguió. Las campañas de 1676 y 1677 se conmemoraron con me
dallas relativas a la liberación de Maastricht, la toma de Valenciennes, Cambrai y
St Omer y la victoria de Cassel, y se celebraron en poemas de Paul Tallemant, Boi-
leau y, una vez más, Com edle («La sola aparición de Luis basta para que vuestros
muros se derrum ben») 36. Las celebraciones alcanzaron su punto culminante en
1678, cuando se cantó cinco veces el TeDeum por la toma de Ypres, Puigcerdá y, so
bre todo, Gante (en sólo seis dias), y por los tratados de paz firmados en Nimega.
Con independencia de lo sucedido en el caso de la breve Guerra de Devolución,
en la guerra de Holanda resultaba difícil ocultar ciertas discrepancias entre las refe
rencias oficiales y la realidad de las campañas. En 1672, diez días después de la trave
sía del Rin, los holandeses abrieron sus diques e inundaron el país, imposibilitando
al ejército francés toda operación en el territorio anegado. Luis tuvo que regresar a
Francia sin haber obtenido una victoria decisiva. En 1673, la toma de Maastricht fue
seguida de la retirada del ejército francés de la República Holandesa37. El desplaza
miento del teatro de operaciones al Franco Condado en 1674 fue un reconocimiento
de la tenacidad de la resistencia holandesa. También lo fue el compromiso alcanzado
en las conversaciones de paz de Nimega en 1678 (facilitado porque Inglaterra y Es
paña se habían unido a los holandeses en una triple alianza).
LOS AÑOS VICTORIOSOS 83
Figura 30. Luis recibiendo homenaje, relieve en un tímpano del arco triunfal de la Porte St Mar
tin, 1674.
Sin embargo, en la historia oficial las dificultades sólo existían para que Luis las
superara. En una de las raras (y acaso indiscretas) referencias a la inundación de la
República Holandesa, Desmarets habla del rey com o si fuera él, y n o el enemigo,
quien rompiera «diques y barreras» [ comme unjleuve enflépar les eaux des hyvers/ LOUIS
domte ses bcrrds, rompt digues et barrieres] 38.
Com edle presenta al rey como si, lejos de haber aceptado un compromiso, hu
biera dictado sus propias condiciones de paz a los holandeses. «Apenas habláis, su
obediencia convence al universo entero de vuestra omnipotencia» [A peine parles-tu,
que son obéissance/ Convainc tout VUnivers de ta toutepuissance] 39. De tal modo se cele
bró la paz en 1679, en versos impresos en el Mercure Galant, en un ballet presentado
en los Gobelinos, en ceremonias en Toulouse, etc. No se revelaban las debilidades
del rey, sino su fuerza, su «moderación», la «bondad» de que daba muestras al conce
der «reposo» a Europa40 (figura 31).
Sólo las desdeñosas referencias de C om edle a la Triple Alianza, tildándola de
«com plot» o «motín» (com o si las tres potencias fueran súbditas del rey francés)
revela que estaba al tanto de la situación41. De ello se hace eco la imagen visual, obse-
84 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 31. «El reposo del conquistador». Luis descansando tras la paz de Nimega, de Noél Coypel,
óleo sobre lienzo, 1681. Musée Fabre, Montpellier.
sivamente recurrente, del rey pisoteando el Cerbero tricéfalo. El problema de las dis
crepancias entre la triunfal retórica oficial y la realidad de los reveses franceses se
agudizaría más avanzado el reinado.
VII
L A R E C O N S T R U C C I O N D E L S IS T E M A
ción de Luis XTV, que se ha analizado en el capítulo IV. Bajo Louvois, sucesor de Col-
bert, también se procedió a reconstruir ese sistema.
El palacio
Figura 32. «Imagen del creador de imagen». Retrato de Charles Lebmrt, de Nicolás de Largilliére,
1686. Louvre, París. Lebrun señala con la mano la pintura que se reproduce en la figura 24.
Figura 33. Luis XIVpisoteando a sus enemigos, de Antoine Coysevox, relieve en escayola, 1681.
Cháteau de Yersailles.
LA REC0NSTRUCC10NDEL SISTEMA 89
Figura 34. Busto de Luis, de Antoine Coysevox, mármol, c. 1686. The Wallace Collection,
Londres.
La corte
Hoy en día, el nombre «Versalles» evoca no sólo un edificio sino un mundo social, el
de la corte, y en particular la ritualización de la vida cotidiana del rey. El simple he
cho de levantarse por la mañana y acostarse por la noche se transformó en las cere
monias del lever y el coucher, la primera de ellas dividida en dos etapas, el petit lever,
menos formal, y el grand lever, más f ormal. También las comidas reales se ritualiza-
ron. Luis podía comer más formalmente (el grand couvert), o menos formalmente (el
petit couvert), p ero incluso en las ocasiones m enos f ormales, el tres petit couvert, se ser
vían tres platos, con gran profusión de vajillas13. Esas comidas eran representaciones
ante un público. Para un cortesano era un honor poder contemplar al rey mientras
comía, un honor más grande que el rey se dignara dirigirle la palabra durante su al
muerzo, un honor supremo que se le invitara a servirle la comida o a comer con él.
T odos los presentes menos el rey llevaban sombrero, pero se destocaban para hablar
con el monarca o si él les dirigía la palabra, salvo que estuvieran sentados a la m esa14.
Como ha señalado el sociólogo Norbert Elias, en un argumento paralelo al de
Marc Bloch sobre el toque real, no debe restarse importancia a esos rituales atribu
yéndoles un carácter meramente anecdótico. Hay que analizarlos por lo que pueden
decim os acerca de la cultura que los englobaba — sobre la monarquía absoluta, la je
rarquía social, e tc .15. Y no deja de ser razonable ampliar ese enfoque al resto de la
vida cotidiana del rey — su misa diaria, sus reuniones con sus consejeros, e incluso sus
90 LA FABRICACION DE LUIS XIV
campañas, sus expediciones de caza y sus paseos por sus jardines. Podría aducirse
que ampliar de tal manera el análisis entraña diluir el término «ritual», despojándolo
prácticamente de todo su significado. Sin embargo, los observadores destacaron que
todos los movimientos del rey estaban estudiados, «hasta el más insignificante ade
mán». Los mismos hechos tenían lugar todos los días a la misma hora, hasta tal
punto que uno podía poner su reloj en hora por el rey16.
Ese espectáculo estaba regulado por normas formales: quién tenía autorización
para ver al rey, a qué hora y en qué parte de la corte, si esa persona podía sentarse en
una silla o en un taburete [tabouret] o tenía que permanecer de pie 17. La vida coti
diana del rey se com ponía de actividades que, además de ser recurrentes, estaban
cargadas de significado simbólico porque las representaba en público un actor cuya
persona era sagrada. Mientras estuviera despierto, Luis vivía prácticamente sobre el
escenario. A su vez, los objetos materiales más estrechamente relacionados con el rey
adquirían un carácter sagrado porque representaban al monarca. De ahí (página 17)
que fuera una ofensa dar la espalda al retrato del rey, entrar en su dormitorio vacío
sin previa genuflexión o llevar sombrero en la habitación donde se estaba poniendo
la mesa para el almuerzo del rey18.
Lo ideal sería complementar el análisis sociológico del orden en la corte con una
historia de la creación y desarrollo de los rituales. Por difícil que hoy en día resulte
imaginarse a Luis XTV sin ellos, no debemos suponer que siempre estuvieron vigen
tes. La pregunta sobre su origen, a la vez obvia y pasada por alto, es tan fácil de for
mular como difícil de responder. Lo que podría llamarse la «invención» de la tradi
ción de Versalles permanece en la oscuridad19. ¿Comenzaron los rituales domésticos
cuando Luis trasladó su residencia permanente al palacio en 1682? ¿Qué sucedía en
anteriores visitas a Versalles, o en visitas ulteriores a otros palacios? ¿Creaba el rey los
rituales personalmente, eran obra de sus consejeros o sus maestros de ceremonias, o
realmente seguían una tradición? ¿Se crearon por razones políticas?
Dada la importancia que esos rituales diarios tuvieron en la construcción de la
imagen de Luis XTV, merece la pena resumir lo que se sabe sobre ellos. Casi todos los
testimonios provienen de una etapa relativamente avanzada del reinado. La descrip
ción más completa, más viva y más frecuentemente citada de lo que el autor llama «la
corteza exterior de la vida de este monarca» [l ’écorce extérieure de la vie de ce monarque]
se encuentra en las memorias de Saint-Simon. Esta sección concreta de las memorias
se escribió probablemente no antes del decenio de 1740, pero se basa en recuerdos
del decenio de 1690, cuando el autor era uno de los cortesanos de Luis20. Otra rela
ción valiosa, aunque menos detallada, de esos rituales es la de Ezechiel Spanheim,
embajador del Elector de Brandenburgo, en una descripción de la corte de Francia
[Relation de la cour de France] , escrita para su señor en 1690. Como Spanheim fue em
bajador durante todo el decenio de 1680, el hecho de que no haga ningún comenta
rio sobre posibles cambios en 1682 es sin duda significativo.
Tanto Saint-Simon com o Spanheim describen el sistema en su conjunto, pero los
testimonios anteriores a 1690 son más fragmentarios. Desafortunadamente, el volu
minoso Dangeau no comenzó su diario hasta 1684. En sus memorias del año 1674, el
noble italiano Primi Visconti ofrece una breve descripción del petit coucher del rey, ex
presando su sorpresa por el hecho de que el rey estuviera siempre rodeado de sus ca
LA RECONSTRUCCION DEL SISTEMA 91
mareros, incluso cuando se encontraba installé sur sa chaise percée21. En 1671, un ex di
plomático, Antoine Courtin, publicó un libro sobre etiqueta que incluía instruccio
nes sobre la form a de comportarse en Versalles22. El embajador del Duque de Saboya
hace referencia a la multitud que presenciaba el lever real en el Louvre en 1661 23.
Aunque al parecer la corte de Enrique IV y Luis XIII era bastante más laxa que la
corte española (infra, página 170), también en ella se percibe un cierto grado de for
malidad.
Habida cuenta de la escasez de pruebas sobre el origen de la tradición en Versa
lles, es im posible llegar a una conclusión definitiva. Una conclusión hipotética,
donde los fragmentos encajan en una relación coherente, podría ser la siguiente: la
vida cotidiana del rey ya estaba en gran medida ritualizada antes de que se iniciara su
gobierno personal, pero los rituales se modificaron después adaptando el m odelo es
pañol a las circunstancias francesas. El interés del rey por la danza y el espectáculo y
su protagonismo en esos rituales sugiere que probablemente los cambios de su core
ografía fueron hechos o al menos estrechamente supervisados por Luis mismo. La es
cenificación, cada vez más compleja, de la vida cotidiana de Versalles convirtió los ri
tuales en algo más espectacular y también más rígido, contribuyendo a producir el
efecto de un mecanismo de relojería.
Hay un cambio importante en la rutina de la corte que puede fecharse con rela
tiva precisión. Después de su traslado a Versalles en 1682, el rey abrió sus apartamen
tos al público (es decir, a las clases altas) tres veces por semana para celebrar «diver
siones» como los juegos de naipes y el billar, en las que «el rey, la reina y toda la
familia real descienden de sus alturas para jugar con miembros de la asamblea» 24.
Esa descripción oficial de la nueva institución, los appartements, sugiere que lo que se
trataba de demostrar era la accesibilidad del rey a sus súbditos, tema reiterado en me
dallas y en las memorias reales (supra, página 66).
El organizador
de los siglos y XX, que a su vez puede verse como la supervivencia de un modelo
de patrocinio político propio del comienzo de los tiempos modernos. La principal
diferencia es que, a falta de partidos políticos oficialmente reconocidos, el sistema
del siglo XVII era más arbitrario (o más flexible). El «gran hombre» tenía la libertad
de decidir si deseaba o no sustituir a quienes ejercían los cargos.
El cambio en la surintmdance era una amenaza a la posición de Lebrun, el cual,
com o hemos visto, era hombre de Colbert, mientras que Louvois apoyaba a su rival
Mignard. Lebrun no perdió sus cargos oficiales, pero sí parte de su influencia. Otro
hombre de Colbert desplazado por Louvois fue Charles Perrault, que dejó de ser
miembro de la petite académie y perdió su empleo com o commis des bátimments2L El
nuevo contróleur des béitiments — y secretario de la petite académie— era un protegido
de Louvois, el sieur de La Chapelle. Se produjeron confrontaciones entre La Chape-
lle y Lebrun 2L Otros ex clientes de Colbert perdieron sus cargos. Pierre de Carcavy
perdió el control de la Académie des Sciences y la Biblioteca Real, y André le Nótre
fue obligado a retirarse.
Pierre Mignard comprendió que por fin había llegado su hora. Se le encargó que
pintara la Petite Galerie de Versalles, fue ennoblecido, y a la muerte de Lebrun en
1690 sustituyó a éste com o premier peintre du roi. Se dio una nueva oportunidad al es
cultor Pierre Puget, cuya posición se había debilitado en los años de Colbert com o
consecuencia de una serie de desacuerdos con el ministro. Otro protegido de Lou
vois, Jean Donneau de Visé, director del Mercure Galant, obtuvo por entonces una
pensión periódica del rey. El crítico de arte Roger de Piles era otro hombre de Lou
vois, enviado a la República Holandesa para espiar y también con el fin de comprar
pinturas para el rey. Los holandeses lo descubrieron, y Piles, en prisión, tuvo tiempo
sobrado de escribir uno de sus libros 29.
Más importante que el cambio de personal sería el cambio de política, o más
Figura 35. «Luis en las provincias». Maqueta de la estatua para la Place Ruy)ale de Lyon, de Fran;:ois
exactamente de estrategia, dado que el objetivo fundamental de glorificar al rey se
Girardon, cera, c. 1687. YYale University Art Gallery, donación de Mr y MrsJ^ es E. Fosburgh, B A _
guía siendo el mismo. En sus ocho años de surintendant des bótiments, Louvois impri 1933.
mió su huella promoviendo una serie de proyectos grandiosos. Duplicó los gastos en
Versalles30. Planeó la construcción de edificios en la Place Vendóme com o sede de la
Biblioteca Real y de todas las academias. Aunque bloqueó la finalización del proyecto
Colbert-Lebrun de erigir un monumento a Luis en el exterior del Louvre, Louvois Hería. La inauguración misma se describió en un fbllet°, así c° m° en la Gazette y en
apoyó lo que se ha llamado la «campaña de estatuas» de 1685-1686, en otras palabras el Mercure Galant3Í.
la idea de encargar una serie de casi veinte estatuas del rey, por lo general ecuestres, En 1686, el Mercure Galant indicaba que «se apresuran en todas partes a levantarle
para situarlas en plazas públicas en París y en ciudades de provincias: Alx , Angers, Ar estatuas» [on s’empresse en taus lieux a luy dresser des statues\ 33. La mayoría eran estatuas
les, Besan<;on, Burdeos, Caen, Dijon, Grenoble, Le Havre, Limoges, Lyon (figura 35), ecuestres, pero en algunas el rey estaba a pie. La más espectacular de éstas fue la esta
Marsella, Montpellier, Pau, Poitiers, Rennes, Tours y Troyes 31. Algunas de esas esta tua de Martin Desjardins para la Place des Victoires, una representación del rey a pie,
tuas nunca se erigieron (Besancon, Burdeos, Grenoble), y otras sólo después de la vestido con su manto de coronación, a 13 pies de altura, pisoteando a Cerbero y co
muerte del rey (Montpellier, Rennes). Con todo, la escala de la operación no deja de ronado por la Victoria, «una gran mujer alada próxima a su espalda, sosteniendo una
ser impresionante, y recuerda más a emperadores romanos com o Augusto que a m o corona de laurel sobre la cabeza del rey» (figuras 36, 37 y 38) 34- Al pie de la estatua
narcas modernos. rezaba la dedicatoria «al hombre inmortal» [VIRO l^MMORT^Ll], y el pedestal de már
La inauguración (tal vez deberíamos decir «consagración») de cada uno de esos mol llevaba una inscripción donde se enumeraban los diez prína pales logros del rei
monumentos a la gloria del rey era en sí misma motivo de celebración. La estatua de nado . El conjunto incluía cuatro cautivos de bronce, seis bajorrelieves en celebración
Caen, por ejemplo, se inauguró solemnemente en 1685, el día del cumpleaños del de los acontecimientos más gloriosos del reinado, y cuatro columnas con antorchas
rey, con un desfile, discursos, trompetas, tambores, campanas y una descarga de arti- que se encendían todas las noches 35.
94 LA FABRICACIONDELUIS XIV
Figura 36. «Luis victorioso». Estatua de Luis XIV, de Desjardins, en la Place des Victoires, París, gra
bado de Nicolás Amou.lt, c. 1686. Musée de la Ville de París, Musée Camavalet, París.
La inauguración de esta estatua fue, como era de esperar, fastuosa, con desfiles,
discursos, salvas, música y fuegos artificiales56. En 1687 lo que se celebró fu e la inau
guración de una estatua del rey a pie, obra del escultor local Jean Girouard, en el
viejo mercado de Poitiers, con ocasión de la fiesta de San Luis 37. Ese mismo año, en
una de sus raras visitas a París, Luis fue a ver la estatua de la Place des Victoires, así
com o la Place Vendóme, donde se preveía erigir otra. Los dos escultores, Desjardins
y Girardon, acompañaban al monarca58.
Parece ser que la idea original de esta campaña de erección de estatuas fue del ar
quitecto real Mansart, y que la más espectacular de las estatuas, la de la Place des Vic
toires, fue un encargo de un particular, el mariscal Feuillade (el duque de Richelieu
encargó otra para su chiteau de Rueil). Sin embargo, sin el apoyo de Louvois esos
proyectos no habrían tenido posibilidades de éxito. Por su parte, las inscripciones de
las estatuas erigidas en las provincias sugieren que fueron encargadas localmente por
devoción espontánea al rey, y el Mercwre Galant refuerza esa impresión. Se afirma,
por ejemplo, que «la ciudad de Grenoble ha suplicado muy humildemente a Su Ma
jestad que la permita erigir una estatua suya en su plaza principal» 39. Y «la ciudad de
LA RECONSTRUCCION DEL SISTEMA 95
Figura 37. «Luis victorioso». Vista de la Place des Victoires, grabado anónimo, principios del
siglo xvni. Cabinet des Estampes, Biblioteca Nacional, París.
Caen no quiso ser la última en mostrar su celo erigiendo una estatua a Su Majestad».
También Marsella solicitó una estatua40.
Hay pruebas, sin embargo, de que ese despliegue de lealtad no fue en absoluto
espontáneo. Se alentó, cuando no se ordenó a las municipalidades y a los estados
provinciales a que hicieran la solicitud por medio de sus intendants, gobernadores
provinciales y otros funcionarios. En Caen, por ejemplo, la iniciativa correspondió al
intendant Barrillon, en Grenoble al intendant Lebret, en Le Havre al duque de Saint-
Aignan, y en Rennes al duque de Chaulnes. Es difícil imaginar que esos f uncionarios
hicieran esa sugerencia al mismo tiempo y en distintas provincias sin órdenes de Pa
rís 41. Incluso las inscripciones y otros detalles de algunos de los monumentos a la glo
ria de Luis fueron dictados por el gobierno central. En Arles, la inscripción conce
bida por la academia local fue sustituida por una compuesta por el historiador oficial
Pellisson. En Dijon, Mansart insistió en incorporar adiciones que los estados locales
no habían previsto. En el caso de Lyon fue Pontchartrain (ante el cual respondía la
petite académie tras la muerte de Louvois) quien intervino para determinar la ins
cripción 42.
Merece destacarse el creciente interés del gobierno central por la imagen del rey
en las provincias ( infra, página 147). Se ha dicho que la campaña de erección de esta
tuas se centró en los denominados pays d ’Etats (Normandía, Bretaña, Artois, Bor-
goña, Languedoc y Provenza), los últimos que se habían incorporado a Francia y los
que más independencia conservaban. Más o menos al mismo tiempo tuvo lugar la
fundación de instituciones provinciales según el m odelo de París, desde la real aca-
96 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 38. «Luis victorioso». Vista de la Place des Victoires, frontispicio de Topographical Descrip-
tions, de Northleigh, 1702. British Library, Londres.
demia de NImes al palacio de la ópera de Marsella (infra, página 146). La recién ad
quirida conciencia gubernamental de la necesidad de cultivar la opinión pública en
las provincias pudo en cierta medida ser una respuesta a la rebelión de los campesi
nos bretones en 1675 (de la que se culpó a la elitelocal).
Louvois trató también de promover la gloria del rey mediante publicaciones, con
la habitual desmesura. Algunas de esas publicaciones se asociaron con la Académie
des Sciences43. Más directamente relacionado con la imagen de Luis XIV estuvo otro
proyecto iniciado (o cuando menos reactivado) por Louvois, la «historia metálica».
La historia metálica se planeó com o una relación del reinado en f orma de libro, con
grabados de todas las medallas acuñadas para conmemorar acontecimientos particu
lares, dispuestos en orden cronológico y acompañados de un texto explicativo. El he
cho de que la petite académie, que com ponía inscripciones para las medallas reales,
fuera ampliada en 1683, y de que uno de los nuevos miembros (además de Boileau y
Ráeme) fuera un numismático, Pierre Rainssant, protegido de Louvois, cuya descrip
ción de Versalles ya se ha mencionado en este capítulo, revela el interés del ministro
LA RECONSTRUCCION DEL SISTEMA 97
por el proyecto 44. En sus últimos años, cuando la guerra había estallado de nuevo,
Louvois vigiló estrechamente la form a en que se describía en la Gazette, criticando al
gunos artículos y corrigiendo los borradores de otros45.
Como en tiempos de Colbert, el trabajo en equipo era importante. Con todo, po
dría sugerirse, sin temor a exagerar, que los proyectos de este período reflejan más la
personalidad del ministro (áspero, brutal, con tendencia a propasarse) que la del
monarca. Las manos son las manos de Desjardins, Mignard, Rainssant, etc., pero la
voz es la voz de Louvois.
Los acontecimientos
En los acontecimientos del período, aunque fue un decenio de relativa paz, puede
percibirse un acento análogo. Entre los acontecimientos escogidos para ser conme
morados destacan dos acciones navales, dos episodios diplomáticos, la recuperación
del rey de una enfermedad y, dominando con mucho a los demás, la Revocación del
Edicto de Nantes.
Las acciones navales fueron el bombardeo de Argel en 1683 y el de Génova en
1684, la primera ciudad (parte del Imperio Otomano) porque era un refugio de pi
ratas y la segunda (todavía una ciudad-Estado independiente) porque su gobierno
había autorizado la construcción de galeras para la armada española. La forma en
que esos acontecimientos se representaron en las medallas acuñadas para conmemo
rarlos nos dice mucho sobre las actitudes oficiales de la época. En una rezaba la ins
cripción «Argel fulminado» [ALGERIA FULMINATA] (figura 39), que entrañaba una
analogía entre Luis y Júpiter (a m enudo representado con un rayo) (figuras 40 y 41),
Figura 39. Algeria fulminato: anverso y reverso de medalla, grabado de Médailies, 1702. British
Library, Londres.
98 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 40. Heidelberga Fulmínala, dibujo en tinta para una medalla de «Projets de Devises de
l’Académie avant 1694». Manuscript Collections, British Library, Londres.
por lo demás explícita en otros lugares, p or ejemplo, las pinturas de Lebrun en Ver-
salles. Otra inscripción es «Africa suplicante» [AFRICA SUPPLEX] 46.
En dos medallas distintas del bom bardeo de Génova reza en un lado la inscrip
ción «se arrojan rayos a los soberbios» [VIBRATA in SUPERBOS fulm ina ], y en el otro
«Génova castigada» [GENUA EMENDATA] (figura 42) 47. Es el lenguaje del patemalismo
llevado a sus extremos. Los artistas y escritores oficiales franceses representaban a me
nudo a los Estados independientes com o la república genovesa como niños que de
bían ser «castigados» por sus faltas 4S.
Para hurgar más aún en la herida, se obligó al Dux de Génova a comparecer per
sonalmente en París a presentar disculpas o, en palabras de la Gazette, «a someterse»
a Luis [faire des soumissions au f?oy], com o había hecho el embajador argelino (y com o
en fechas anteriores del reinado habían hecho los enviados de España y el Papado en
los casos del carruaje del embajador y los guardias corsos). El Dux llegó a Versalles
con cuatro senadores y presentó disculpas con un discurso durante el cual se quitó el
sombrero cada vez que pronunció el nombre del rey. Después de que Luis aceptara
con benevolencia las disculpas, y de que el Dux se retirara haciendo tres profundas
100 LA FABRICA C10NDE L VIS XIV
Figura 42. «Génova castigada». Genua emendóla, de Frangois Chéron, reverso de medalla, 1684.
Departamento de Monedas y Medallas, British Museum, Londres.
reverencias, los genoveses fueron obsequiados con una comida, con regalos y con
una visita acompañada de Versalles49. Su sumisión se representó y conm em oró no
sólo en noticieros y periódicos sino también en una pintura de Claude Hallé (figura
43); en un tapiz ejecutado en los Gobelinos; y en medallas con inscripciones como
«La sumisión de Génova» [GENUA OBSEQUENS]50.
Figura 43. EIDux de Génova en Versalles, de Claude Hallé, óleo sobre lienzo, 1685. Musée
Cantini, Marsella.
LA RECONSTRUCCION DEL SISTEMA 101
La Revocación
Por lo que a representaciones se refiere, todos los demás acontecimientos del pe
ríodo quedaron oscurecidos por la Revocación del Edicto de Nantes. La decisión del
rey de proscribir el protestantismo, que d esem b ocó en la em igración de unos
200.000 franceses, ha sido a menudo criticada por los historiadores. Lo que hay que
recalcar aquí es la importancia de los comentarios favorables en los medios de comu
nicación de la época. Algunos de ellos pueden considerarse obra del gobierno, que
así se autoglorificaba, pero otros procedieron de órganos extemos, com o los jesuítas
o el clero secular. Si contemplamos las representaciones contemporáneas de la Revo
cación más detalladamente recordaremos que la imagen de Luis XIV no emanaba,
com o la luz del sol, de un solo centro. Era una producción conjunta de escritores, ar
tistas y patronos oficiales y no oficiales.
En lo tocante a las representaciones oficiales del acontecimiento, podríamos em
pezar por los periódicos, especialmente el Mercure Galant, que dedicó mucho espacio
al tema. Los lectores ya habían sido preparados para la noticia mediante relaciones
previas de conversiones de eminentes protestantes, que sugerían que su «partido» se
estaba debilitando por sí mismo, sin recurso alguno a la violencia52. Cada paso hacia
la Revocación iba acompañado de aplausos al cristianísimo «celo» de Su Majestad53.
Cuando finalmente llegaron las noticias del edicto real, se publicó con pocos comen
tarios 54. Sin embargo, en ulteriores ediciones se concedió mucho espacio a poemas
donde se congratulaba al rey por haber destruido la «insolente» herejía:
Figura 45. «Luis como defensor de la fe». Alegoría de la Revocación del Edicto de Nantes, de Guy-
Louis Vemansel, c. 1685.
derribados. Philippe Quinault culminó una carrera de veinte años com o libretista de
ballets y óperas de corte con una epopeya titulada L ’hérésie détruite, y Charles Perrault
escribió una oda a los «nuevos conversos», felicitándolos a ellos y a su «magnánimo»
m onarca57.
La Revocación fue también celebrada por el clero, lo que no es sorprendente,
dado que algunos de sus miembros habían instado al rey a promulgarla. De hecho, se
ha aducido que en esa ocasión el clero utilizó a Luis com o «instrumento» de sus pro
pios fines58. El panegírico más célebre del rey por esa medida concreta es un sermón
pronunciado por Bossuet en el funeral del ex ministro Michel Le Tellier, en el que
se llamaba a Luis «este nuevo T eodosio, este nuevo Marciano, este nuevo Carlo-
magno» 59. Los jesuitas en particular trabajaron mucho sobre el tema. Philibert Quar-
tier, profesor del colegio de los jesuitas de París, p o co antes rebautizado Louis-le-
Grand, alabó al rey «por haber extinguido la herejía» [pro extincta haeresí]. El tema
del ballet del colegio en 1685 fue «Clodoveo», el rey que estableció el cristianismo en
Francia. Dos años después, otro jesuíta, Gabriel Le Jay, escogió «el triunfo de la reli
gión» com o tema de su panegírico, sus inscripciones y sus divisas 60. Vistos en retros
pectiva, los ballets y oraciones de fecha anterior, com o Constantin: le triomphe de la reli-
104
LA FABRICA a ONDE LUIS XIV
OCASO
«Si l’affaire de Hochstet luí a été plus desavantageuse qu’á ses En-
nemis, en ce que ses Troupes ont été obligées de leur céder le
champ de Bataille, ils ont perdus beaucoup plus de monde que
luí».
En 1688, Luis XIV tenía cincuenta años. Llevaba en el trono cuarenta y cinco, y
desde hacía veintisiete gobernaba en persona. Era, para los criterios del siglo xvu, un
anciano. Nadie podía imaginar que su reinado duraría aún un cuarto de siglo. El rey
no estaba en buena forma física, pues había tenido que someterse a dos operaciones
a fines del decenio de 1680. De resultas de la primera perdió la mayoría de sus dien
tes. La segunda operación, más grave, tuvo por objeto curar una fístula — enferme
dad descrita en círculos oficiales mediante eufemismos como «indisposición» (Mlle
de Scudéry escribió un madrigal sobre «la indisposición de Su Majestad») o «incom o
didad» [incommodité] ! Com o consecuencia de sus enfermedades, Luis se hizo más se
dentario. De hecho, en 1692, tras llevar a la corte al sitio de Namur, el rey renunció
definitivamente a salir en campaña.
Luis fue perdiendo movilidad a medida que se agravaba la gota que padecía. En
sus últimos años se le veía a veces desplazarse en silla de ruedas (su raulette) por el pa
lacio y los jardines de Versalles. Aunque seguía cuidando su aspecto personal, hasta
el punto de que un día de 1704 se resfrió porque pasó demasiado tiempo decidiendo
cuál de sus pelucas iba a llevar, empezaba a desaparecer de la vista del p ú b lico2. El
coucher público se abolió en 1705, y las representaciones del quebrantado cuerpo del
rey se hicieron menos frecuentes tras el famoso retrato de Rigaud de 1701 (véase fi
gura 1) y la imagen en cera de Benoist, realizada en 1706 (figura 46).
También en política se manifestó una tendencia descendente. La segunda mitad
del prolongado período de gobierno personal conoció menos éxitos que la primera.
Fue un período sin paz y sin victoria. La orgullosa divisa «no inferior a muchos», NEC
PLURIBUS IMPAR (figura 47) debía parecer cada vez más improcedente en un período
en el que Francia se mostraba incapaz de derrotar a la Gran Alianza de sus enemigos.
La guerra de la Liga de Augsburgo duró de 1688 a 1697, y la Guerra de Sucesión es
pañola de 1702 a 1713. Fueron guerras costosas, que dejaron muy endeudado al Es-
106 LA FABRICACION DE L UIS XIV
OCASO m
vos decorados de Versalles, Marly y el Grand Trianon fueron obra de artistas m eno
res como René Antoine Houasse (ex protegido de Lebrun), Noel Coypel, Charles de
Lafosse, Jean Jouvenet y Franqois Desportes5. El escultor Girardon siguió en activo,
pero para 1700 había perdido el favor real, y en cualquier caso tenía más de 70 años.
La Revocación del Edicto de Nantes fue causa de la emigración de algunos artistas al
servicio del rey, com o Daniel Marot, que se adhirió a Guillermo de Orange.
En la corte se siguieron presentando espectáculos magníficos hasta que la muerte
del Delfín y nieto de Luis, el Duque de Borgoña, los hizo inoportunos, pero eran
obra de figuras relativamente poco importantes, com o los compositores Andró Des-
touches y Michel-Richard de Lalande, o el poeta Antoine de Lamotte. Racine sobrevi
vió hasta 1699 y Boileau hasta 1711, pero Racine ya no escribía teatro y el trabajo de
Boileau no estaba ya a la altura de sus mejores obras. El escritor de más talento de la
joven generación, Jean de La Bruyére, alababa periódicamente al rey y su política6,
pero era más conocido com o crítico de la sociedad cortesana de su tiempo.
Quedaban el arquitecto Jules Hardouin Mansart, que fue nombrado surintendaní
des bátiments en 1699, el escultor Antoine Coysevox, designado director de la Real
Academia en 1702, y el retratista Hyacinthe Rigaud, que fue ennoblecido en 1709.
Aunque los tres destacaban por sus dotes artísticas, no eran sustitutos adecuados de
la constelación de talentos que antes había servido al rey sol.
El patrocinio de la corte y el patrocinio del Estado — categorías superpuestas pero
no coincidentes— empezaron a fragmentarse cada vez más. Lo que podrían llamarse
cortes «satélites» de los duques de Borgoña y Orleans se convirtieron en centros cada
vez más importantes de patrocinio de la pintura y la música. A la muerte de Louvois
se separó la dirección de los edificios reales y las academias reales, como consecuen
cia de lo cual la petite académie perdió su anterior conexión con la arquitectura y se
centró aún más en las medallas y las inscripciones.
En cualquier caso, los problemas financieros del Estado ponían límites naturales
a su patrocinio. El período 1689-1715 se puede describir perfectamente como el de
«la Gran Austeridad». La fundición del mobiliario de plata de Versalles en 1689 no es
sino el ejemplo más célebre de la repercusión de la guerra en las artes. La construc
ción y decoración de Versalles se interrumpió durante un tiempo. A la muerte de
Louvois, la labor de reconstrucción de la Place Vendóme se interrumpió por orden
del rey. El pago de pensiones se suspendió, com o también las actividades de la im
prenta real. La historia metálica se retrasó, y la Academia de Ciencias tuvo que aban
donar alguno de sus proyectos más prestigiosos, com o la Histoire des plantes1.
El presente capítulo, donde se analiza más detenidamente la imagen del rey enve
jecido, se centra en dos temas: la representación de las guerras en un período sin vic
torias, y la finalización de dos importantes proyectos para la glorificación del rey, la
colosal estatua de la Place Louis le Grand y la historia metálica oficial del reinado.
Operaciones militares
Los avatares de la guerra de la Liga de Augsburgo, que duró diez años, de 1688 a
1697, se celebraron en prosa y en verso, si bien no a la escala característica de los
1 OCASO 109
••
i*í
años sesenta y setenta. Thomas l’Herault de Lionniére publicó una historia de los he
chos militares de 1689 en forma de panegírico. Boileau escribió una oda sobre la
:é toma de Namur, que también se conm em oró en pinturas y grabados8. Esos aconteci
mientos se celebraron también en al menos 45 medallas. Dieciséis representan bata
llas terrestres o marítimas, entre ellas Fleurus (en Flandes), Staffarde (en el Pía-
m on te), Leuze, Steinkirke, P forzheim , N eerw inden, Marsaglia y Ter 9. Veinte
medallas celebran la conquista de territorios o la captura de ciudades, entre ellas
i Mons, Niza, Namur, Charleroi y Barcelona — sin contar la célebre medalla acuñada
J.
vi para celebrar la destrucción de Heidelberg y después eliminada (figura 4 8 )10. Meda
■;Í llas sobre la toma de Cartagena, en América del Sur, y la derrota de la flota inglesa
}
en el C anadá" ayudan al espectador a comprender la escala del teatro de operacio
i nes de esa «primera guerra mundial», com o la ha llamado recientemente un histo
A riador.
■i
Al mismo tiempo, una comparación con anteriores campañas revela una cierta
degradación del valor de las medallas. Se conmemoraban acontecimientos de relati
i vamente poca importancia: el salvamento de un convoy de grano atacado por el ene
-í
f migo, la marcha del Delfín al Scheldt, o el hecho de que un bombardeo enemigo no
lograra destruir Dunquerque (DUNKERCAILLAESA), circunstancia que suscitó las bur
1 las de Addison («¿De qué pueden jactarse aquí los franceses?») I2. Se acuñó incluso
una medalla conmemorativa de la distribución de medallas a marineros franceses.
Las medallas conmemorativas de la Guerra de Sucesión española, 1702-1713, re
velan con algunos silencios elocuentes que los asuntos de Francia no iban bien. Doce
años de guerra generaron sólo 24 medallas. Junto con las que celebran nueve victo
rias en combate y la toma de once fortalezas enemigas, dos medallas se refieren a la
.i
¡
5
3
Figura 48. «El saco de Heidelberg», Heidelberga Dekta, de Jéróme Roussel, reverso de medalla,
c. 1690. Departamento de Monedas y Medallas, British Museum, Londres.
110 LA FABRICACION DE LUIS XIV
gura distante, sino com o el padre de su pueblo, deseoso únicamente de que éste pu
diera «reposar». «Mi afecto a mi pueblo es tan grande com o el que tengo a mis pro
pios hijos» 22. No eran expresiones totalmente nuevas; las inscripciones de la Grand
Galerie destacan a veces la «paternal solicitud de Su Majestad por el bien de sus pue
blos» [les soins patemeLs que Sa Majesté a pour le bien de ses peuples] 23. Con todo, el cam
bio de orientación fue muy notable.
Asuntos internos
Muy pocos acontecimientos civiles o internos de este período del reinado, a pesar de
su duración, se conmemoraron con medallas. Una excepción fue la recuperación del
rey de su operación de fístula en 168V, que también se celebró con una reunión ex
traordinaria de la Académie Frangaise, con la presencia del rey en una comida en el
Hotel de Ville, con esculturas (figura 49) y con una avalancha de odas y sonetos, todo
ello detenidamente reseñado en la prensa24.
También se acuñaron medallas para conmemorar el establecimiento de la Orden
de San Luis (1693), la boda del duque de Borgoña (169V), la inauguración de una
estatua del rey (1699), la creación de un consejo de comercio, varios edictos contra
el lujo y la mendicidad, y la accesión de Felipe de Anjou al trono de España (todo
ello en 1700). Se observará que en dos de esos casos, con una circularidad que ya se
ha señalado varias veces (páginas 24 y 68), la glorificación del rey en un medio se ce
lebraba a su vez en otro.
Los acontecimientos intemos más memorables de la última parte del reinado fue
ron en realidad infortunios, desde la hambruna de 1693, la revuelta de los protestan
tes de las Cévennes en 1702 y el duro invierno de 1709 hasta la muerte del Delfín en
1711 y del duque y la duquesa de Borgoña en 1712 23 En esas circunstancias, poco
había que celebrar com o no fueran los medios de expresión mismos. Había una ver
dadera necesidad de compensación psicológica o, en palabras de contemporáneos
como Surville (página 110), de distraerla atención.
La fundación de la Orden de San Luis fue el punto culminante de una identifica
ción, o al menos de un paralelismo entre los dos reyes trazado desde la infancia
misma de Luis (com o se hizo en el caso de su padre, Luis XIII). Por ejemplo, el 25
de agosto de 1648, día de la festividad del santo, el rey, que a la sazón de diez años,
oyó un panegírico del santo en la iglesia de los Jesuítas de St Antoine. En 1668, el es
tudioso Charles Du Cange publicó una edición de una biografía medieval de San
Luis, dedicada al rey, donde se comparaba a ambos gobernantes. Se sabe que se reali
zaron al menos tres imágenes de San Luis con los rasgos de Luis XTV, fechadas apro
ximadamente en 1655, 1660 y 167526.
En el curso del reinado se institucionalizó la comparación, y la fiesta del santo se
convirtió en ocasión de honrar al rey. En 1669, por ejemplo, tomó la form a de un
festival en St Germain, con la representación de una obra de M oliere27. La Académie
Frangaise adoptó la costumbre de celebrar el 25 de agosto con el otorgamiento de
un premio en forma de medalla del rey, y también con un panegírico donde se com
binaban las alabanzas a los dos Luises2a. Para la ocasión se componían motetes, y en
112 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 49. «Luis se recupera de la enfermedad». Alegoría de la recuperación del rey, de Nicolás
Coustou, relieve en mármol, 1693. Louvre, París.
1703 se entregó una medalla al rey precisamente ese d ía 29. La estatua del rey erigida
en Poitiers se inauguró el día de San Luis. La fundación por Madame de Maintenon,
en 1686, de las «damas de San Luis» (una escuela para damas pobres en Saint-Cyr),
com o la fundación de la Orden de San Luis en 1693, fue manifestación de una ten
dencia más general30. También lo fue la capilla de Versalles, que a su vez contenía
una capilla dedicada a San Luis y decorada con escenas de su vida.
OCASO 113
Figura 5O. Transporte de la estatua de Lms XIV en 1699: Salida del Convento de los Capuchtnos, de
Rene Antome Houasse, oleo sobre lienzo, c. 1700. Musée de la ViUe de París, Musée Camavalet,
París.
114 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 51. Transporte de la estatua de Luis XIV en 1699: Llegada a la Place Vendóme, de Rene Antoine
Houasse, óleo sobre lienzo, c. 1700. Musée de la Ville de París, Musée Camavalet, París.
OCASO 115
Figura 52. «El coloso». Estatua ecuestre del rey, grabado anónimo de la estatua de Girardon,
c. 1697. British Library, Londres.
116 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 53. «Reproducción en miniatura». Estatua ecuestre de Luis XIV, maqueta para la estatua
de la Place Luis le-Grand, 1691. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, Hewitt Fund,
1911.
César, Felipe Augusto y Enrique IV. El jesuita Menestrier, a sus 68 años, emergió de
su retiro para conmemorar las celebraciones en un folleto ilustrado51.
Menestrier también había participado — extraoficialmente— en otra gran em
presa para la glorificación del rey, la historia metálica del reinado planeada desde ha
cía tanto tiempo. La petite académie empezó a trabajar en ese sentido a mediados
del decenio de 1680, pero inicialmente no logró progresar mucho. En 1689, Menes
trier, que no tenía nada que ver con la academia, publicó su propia historia metálica,
titulada Histoire du roy Louis le Grand par les médailles. El libro contenía grabados de
122 medallas conmemorativas de los acontecimientos internos e internacionales del
reinado, junto con jeíons y una selección de inscripciones, emblemas y divisas que glo
rificaban al rey. La academia consideró que la publicación violaba su m onopolio,
com o evidencian sus protestas con ocasión de ulteriores ediciones del libro32. Ello re
cuerda la forma en que Antoine Furetiére le tomó la delantera a la Académ ie
OCASO
117
, „ J.í : rjM M S B T - e l J M K , ,, .
{Oesrein d>< t'su d'nrhñce dressesur,ta JUtuerede seune Pour Lfr echón de la
Statne ¿adiestre d.c'Loüu le Granel « Parles ardres deMAePreuostd.es
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Figura 54. El Templo de la Gloria, grabado de Guérard, en C.-F. Menesnier, 179 a 5. Brirish Li-
brary, Londres.
118 LA FABRICA CIONDE LUIS XIV
Frangaise publicando su diccionario en 1684 (diez años antes que ellos). El trabajo en
equipo no es necesariamente más eficaz que el de un individuo emprendedor.
Ante el reto de Menestrier, y liberada de sus responsabilidades con respecto a los
edificios reales (1691), la Academia imprimió mayor celeridad a su trabajo. A finales
de 1695, la historia había llegado a 1672. En 1699, el rey empezó a manifestar su «im
paciencia» por ver impresa la historia metálica oficial. Esta se publicó finalmente en
1702, en un suntuoso volumen infolio de la imprenta real, en un intervalo entre gue
rras en el que era algo menos difícil encontrar dinero para tan grandiosos proyectos
(figura 55). También se publicó una edición más barata in quarto. Titulada Médailles
sur les prtincipaux événements de Louis le Grand (la palabra «historia» no aparece, sin
duda para distinguir la obra de la de Menestrier), contenía grabados de 286 meda
llas, dispuestos en orden cronológico; la decisión de excluir ciertas medallas se tomó
al más alto nivel. El texto explicativo incluye no sólo descripciones de la iconografía
de las medallas sino también «explicaciones históricas» de los acontecimientos con
memorados. En otras palabras, el libro constituía lo que tantas veces se había encar
gado a muchos historiadores reales sin haberse llegado nunca a publicar, una histo
ria oficial del reinado. Se ordenó a los intendants que tuvieran esa obra de referencias
en sus escritorios.
El rey mismo participó en la revisión de la segunda edición de la obra, que conte
nía 318 medallas, pero no llegó a ver los resultados. Cuando el libro se publicó, en
1723, Luis llevaba ya ocho años en la tumba. De hecho, las dos últimas medallas del
volumen conmemoran la muerte del rey.
La postrera enfermedad de Luis XTV se escenificó hasta el fin, con varias escenas en
el lecho de muerte en las que el rey se despidió de sus cortesanos e impartió consejos
a su biznieto y sucesor, un niño de cinco años. Su comentario más recordado fue que
«he amado la guerra demasiado: no me imitéis en eso, com o tampoco en mis excesi
vos gastos» \J’ai trop aimé la guerre: ne m ’imitez pas en cela, non plus que dans les trop gran
des dépenses quej’ai faites] 33.
Las relaciones oficiales del funeral del monarca dan una impresión de magnifi
cencia. La ceremonia debió ser tanto más impresionante cuanto que no se había ce
lebrado un funeral por un rey de Francia desde 1643. Sin embargo, la actitud del pú
blico, según testigos contemporáneos, fue más de alivio que de júbilo 34.
Se publicaron más de 50 oraciones funerarias por Luis35, que dieron a los predi
cadores una oportunidad única de resumir el reinado y de hablar sin que el rey los
oyera. Algunos de los predicadores prefirieron centrarse en la muerte del rey, des
crita com o buena muerte en el sentido cristiano, y también com o un «magnífico es
pectáculo» de coraje y constancia36. Otros se permitieron decir más sobre la vida y el
reinado de Luis; llegando incluso a criticar su sentido moral, especialmente en los
tiempos en que el jo ven rey era «esclavo de sus deseos». También se hicieron referen
cias a «los males y miserias ocasionados a Francia por guerras demasiado frecuentes»
[ les maux et les miséres quede trop fréquentes guerres ont attiré sur la France] 31.
OCASO 119
Figura 56. «Desluisifícación». Detalle de linseigne de Gersaint, de Antome Watteau, cartel para
tienda, 1721. Schloss Charlottenburg, Berlín.
Con todo, el tono general de los sermones fue triunfalista, hasta el punto de evo
car, incluso desde el pulpito, las victorias en Flandes y la humillación de Argel y Ge
nova. También se m encionó el amor de Luis a las artes. Ni que decir tiene que el
celo religioso del difunto rey y sus obras de caridad (en especial la fundación de los
Invalides y de St-Cyr) recibieron cumplida alabanza.
Una imagen final del rey quedó estampada en su última voluntad y testamento,
redactados en Marly en 1714, y en una carta escrita pocos días antes de su muerte
para ser entregada al Delfín en 1727, cuando cumpliera los 17 años38. En la carta se
aconsejaba al futuro Luis XV que nunca rompiera con Roma, que prefiriera la paz a
la guerra y que no elevara los impuestos. Cabe preguntarse si debemos interpretar
este texto como reconocim iento de los errores del reinado o como un último es
fuerzo por causar una buena impresión a la posteridad.
Si su objetivo fue el segundo, parece que no lo alcanzó. La muerte del rey fue su
cedida por una avalancha de comentarios irreverentes sobre el reinado (infra, capí
tulo X ). Parece que en la Regencia prevaleció una actitud de reacción contra el rey,
elegantemente simbolizada por Watteau en su famosa imagen (figura 56) de la
tienda de un marchante de arte donde se ve un retrato de Luis, que ya no interesaba,
camino del sótano39.
IX
L A CRISIS D E L A S R E P R E S E N T A C IO N E S
Bignon
Había enojosas discrepancias entre la imagen oficial del rey y la realidad cotidiana tal
como la percibían incluso contemporáneos relativamente bien dispuestos con el mo
narca. Aunque, naturalmente, esas discrepancias no eran una característica exclusiva
de ese gobernante concreto, complicaban la labor de artistas, escritores y otros encar
gados de lo que podría denominarse la «gestión» de la imagen real.
Por ejemplo, Luis no era un hombre alto. Sólo medía alrededor de un metro se
senta. La diferencia entre su altura real y lo que podría llamarse su «altura social» te
nía que camuflarse de varias formas. Su hijo, el Gran Delfín, era más alto, pero «en
pinturas y grabados habitualmente se le situaba de manera que no resultara llama
tivo» l. La peluca y los tacones altos (figuras 1 y 57) contribuían a hacer más impre
sionante a Luis. La peluca disimulaba también el hecho de que el rey había perdido
buena parte de su cabello com o consecuencia de una enfermedad padecida en 1659.
También los retratos solían mejorar su aspecto, aunque Luis se dejó retratar enveje
ciendo, e incluso sin dientes (supra, página 38).
También hay que analizar otro tipo de discrepancia. En algunos casos, ya señala
dos (páginas 61 y 110), se ponían de manifiesto contradicciones evidentes entre las
relaciones oficiales de los hechos del rey y la información procedente de otras fuen
tes. El mito del héroe invencible era obviamente incompatible con las derrotas fran
cesas, y la forma en que los medios oficiales resolvieron — o no lograron resolver—
esos incidentes resulta reveladora. Algunos acontecimientos se celebraron en un mo
mento dado y después se ocultaron, com o el célebre caso de la destrucción de Hei-
delberg por tropas francesas (supra, página 109). Como discretamente declaraba el
abbé Bignon (censor oficial, y posteriormente cabeza de todas las academias france
sas), «Los cambios de la situación política pueden obligar a suprimir o corregir» la
inform ación2.
Tam bién es posible encontrar ejemplos contrarios, es decir, celebraciones de
acontecimientos que no habían sucedido, de lo que el historiador americano Daniel
Boorstin ha llamado «pseudoacontecimientos» 3. Alrededor del año 1670, un gra-
122 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 57. «Un estudio histórico», frontispicio de The París Sketchbook, de Titraarsh
(W. M. Thackeray), 1840. British Library, Londres.
bado de Sébastien Leclerc representa a Luis visitando la Académie des Sciences (vé
ase figura 18), cuando esa visita no había tenido lugar4.
com o el rey, con vestiduras modernas6. Los modernos «ganaron» la batalla en el sen
tido de que el cabecilla de la otra facción, Boileau, finalmente se declaró convencido.
El debate no era una cuestión meramente literaria. Los participantes eran perfec
tamente conscientes de sus repercusiones políticas. Si la era de Luis el Grande supe
raba a la de Augusto, entonces también Luis superaba a Augusto. Charles Perrault
llegó al punto de criticar a Alejandro por su «inmensa soberbia», y a Augusto por su
«crueldad» 1. Una decisión aparentemente estética, como la elección para el Louvre
del nuevo «orden francés» de columnas en vez de las tradicionales dóricas, jónicas
o corintias, tenía repercusiones políticas. De hecho, era un mensaje político.
A primera vista, la victoria de los modernos fue una victoria de Luis XIV. Después
de todo, los principales defensores del movimiento eran clientes de Colbert8. Con
todo, la presentación del monarca estaba tan estrechamente vinculada al prestigio de
la tradición clásica que hasta la menor pérdida de importancia de esa tradición creaba
dificultades a los artistas y escritores, dificultades que Boileau, por ejemplo, utilizó
com o uno de los principales temas de su Cuarta Epístola en la campaña de 1672.
El segundo problema es el de la decadencia de la equivalencia y de lo que se ha
denominado «analogía orgánica» en una era en que los intelectuales occidentales
empezaban a percibir el mundo com o una gigantesca máquina. Los historiadores de
la ciencia, la filosofía, la literatura y el pensamiento político con ocen bien el p ro
blem a9. De hecho, es una cuestión que no ha dejado de debatirse desde el decenio
de 1930 *°. También ha sido objeto de la atención de los historiadores del arte n . Sin
embargo, que yo sepa, el debate no se ha vinculado nunca al análisis de las represen
taciones de los gobernantes.
Los mitos de los gobernantes medievales y renacentistas dependían en gran me
dida de una mentalidad o concepción del mundo tradicional. La representación de
un dirigente de ese período com o (p or ejem plo) Hércules era mucho más que una
forma metafórica de decir que era fuerte, o incluso que resolvería los problemas de
su reinado con la misma facilidad con que Hércules realizó sus diversos trabajos. La
conexión, o «equivalencia» com o a veces se llamaba, era más poderosa, com o en el
caso de la equivalencia de un Estado y un buque (véase figura 20), o un rey y un pa
dre, o el cuerpo político y el cuerpo humano, o el microcosmos y el macrocosmos 12.
El gobernante se identificaba, en tod o el significado del término, con Hércules,
com o si se le hubiera pegado el aura del semidiós. Esta forma de expresarse no es tal
vez muy precisa, pero tampoco es fácil describir con precisión un proceso de esa na
turaleza, que se manifiesta a un nivel más inconsciente que consciente.
Las analogías se trataban no com o creaciones humanas sino com o paralelismos
objetivos. Los argumentos políticos daban por sentada su realidad, alegando, por
ejemplo, que la oposición a los reyes era incompatible con el mandamiento «honra
rás a tu padre y a tu madre» 13. Podemos, por tanto, hablar de una «mentalidad mís
tica», destacando su analogía con el concepto de «participación mística» [participa-
tion mystique] propuesto a principios del siglo XX por el filósofo-antropólogo francés
Lucien Lévy-Bruhl, si bien evitando su término «primitiva». Lévy-Bruhl utilizó la pala
bra «mística» para referirse a conexiones o identificaciones no observables, com o
cuando una tribu identificaba a los gemelos con pájarosI4.
La idea del matrimonio místico entre el rey y el reino es tal vez un buen ejemplo
124 LA FABRICACION DE LUIS XTV
Aunque es probable que sólo una minoría de los intelectuales de Europa occiden
tal hubiera modificado así su percepción del mundo en el año 1700, las consecuen
cias del cambio, desde el declive de la caza de brujas hasta el rechazo de las procesio
nes religiosas com o forma de luchar contra la peste, fueron profundas. El significado
del ritual se redefinió, particularmente en un estudio de un benedictino francés,
Claude de Vert, publicado en el reinado de Luis XTV, que ofrecía una explicación
por así decir «literal» del ritual, buen ejemplo de la «mentalidad literal» antes citada.
¿Por qué, por ejemplo, se ponen velas en el altar mientras dura la misa? Según la
teoría tradicional, formulada p or Durando en el siglo xni, las velas significan que
Cristo es la luz del mundo. Claude de Vert, sin embargo, rechaza la sustitución de las
explicaciones históricas por lo que llama explicaciones «místicas». Según él, las velas
eran necesarias cuando la misa se celebraba en las catacumbas, y la costumbre había
sobrevivido a su utilidad (el proceso que los sociólogos llaman ahora «desfase cultu
ral») 17.
La revolución intelectual tuvo importantes consecuencias políticas además de re
ligiosas. Los gobernantes perdieron una parte sustancial de lo que Pierre Bourdieu
llamaría su capital simbólico ls. Esas consecuencias alcanzan su expresión más explí
cita en la famosa crítica de Locke de la analogía entre reyes y padres, que se daba por
válida en Patñarcha, el libro de Sir RobertFilmer que Locke se propuso socavar19. En
resumen, los reyes estaban perdiendo su ropaje simbólico. Se estaban desmitologi-
zando y desmistificando.
Por todo ello, tal vez sería razonable aplicar a este período la famosa frase de Jür-
gen Habermas, «crisis de la legitimación». No sugiero con ello que a mediados del si
glo xvii los gobernantes europeos hubieran perdido su legitimidad, aunque Carlos I
sí que perdió por entonces su cabeza. Lo que sí sugiero, sin embargo, es que una
forma importante de legitimación estaba perdiendo eficacia.
¿Qué relación tiene todo esto con la imagen de Luis XTV? Como ya hemos visto,
se hablaba de Luis, com o de otros gobernantes (y acaso más que de otros gobernan
tes de su tiempo), utilizando el lenguaje propio del paternalismo y el patriarcado,
com o padre de su pueblo. Se le representaba en forma de San Luis, de Hércules, de
Apolo, del sol. Se le tenía por un gobernante sagrado, y, naturalmente, se dada por
sentado que sus reales manos tenían un milagroso poder curativo.
Ese poder era evidentemente incompatible con el universo mecánico de Descar
tes y Galileo. Montesquieu se burló de él en sus Lettres Persanes, publicadas unos años
después de la muerte de Luis, en las que el visitante persa escribe a su patria descri
biendo al rey de Francia como «ün gran m a go»50. El problema del rey era ser un go
bernante sagrado en un mundo cada vez más secular. Se le identificaba con el sol en
un tiempo en que se ponía en entredicho la lógica de la identificación o la equivalen
cia. En las memorias reales se explica que el sol es una imagen adecuada del mo
narca porque es «el más noble» de los cuerpos celestes. Para entonces, Galileo ya ha
bía formulado poderosos argumentos contra el uso de expresiones morales com o
«noble» o «perfecto» para describir la naturaleza inanimada.
La revolución intelectual no era desconocida en los círculos cercanos al rey. Des
pués de todo, uno de los principales relativistas culturales, La Mothe Le Vayer, había
126 LA FABRICACION DE LUIS XIV
sido tutor del rey. Furetiére, que en su famoso Diccionario dio una definición reduc
cionista de los símbolos, también escribía poemas en alabanza del rey. La Academia
de Ciencias se había f undado en 1666 com o parte de un plan encaminado a presen
tar al rey com o generoso patrono del saber. Los hermanos Perrault, vinculados a la
fabricación de la imagen oficial de Luis XTV, no eran ajenos a la nueva ciencia. Char
les Perrault rechazó algunos mitos clásicos como fábulas aptas sólo para n iñ os21. Ber-
nard de Fontenelle, además de libretista de óperas donde se aprovechaba la mitolo
gía clásica para glorificar al rey, fue también autor de un ensayo que socavaba el
poder del mito reduciéndolo a alegoría. Aunque publicó el ensayo, L ’Ongine des Pa
bles, tras la muerte de Luis XTV, parece que lo había escrito antes.
¿Qué hacer en esas circunstancias? Una posibilidad, desde luego, era obrar como
si no ocurriera nada. Bossuet siguió refiriéndose a la monarquía com o a algo sagrado
y paternal, y Luis siguió tocando enfermos (más de 2.000 el Sábado Santo de 1697, y
1.800 cuatro años después) 22. En Versalles, el lever du roi siguió correspondiendo a la
salida del sol. También podían prohibirse las enseñanzas de Descartes, como ocurrió
en las universidades francesas (decisión de la que al parecer el rey fue personalmente
responsable)2S.
Hubo otras respuestas a la crisis de las representaciones. En tiempos de Luis se
observó una modificación de la fórmula pronunciada cuando el rey tocaba a los en
fermos. Sus predecesores supuestamente decían Le roi te touche, Dieu te g-uérit (el rey te
toca, Dios te cura). La nueva fórmula, más prudente, era Dieu te guérisse (que Dios te
cure) 24.
Desde alrededor de 1680, cuando no antes, puede verse a Luis y sus consejeros
adoptar una nueva estrategia 25. Aunque la divisa solar nunca llegó a abandonarse,
perdió la importancia que había tenido en tiempos de los ballets de los años cin
cuenta o sesenta. Ya hemos visto cóm o las referencias a Alejandro y a Augusto se hi
cieron más escasas. En 1679, el programa mitológico original para la Grand Galerie,
centrado en la figura de Hércules, fue sustituido p o r representaciones de las activida
des del rey en persona. En las medallas, que por entonces se produjeron en número
creciente (página ), también se representaba al rey directa y no alegóricamente. El
rechazo, alrededor de 1680, de la mitología clásica parece altamente significativo.
El nuevo mito de Luis se apoyó en una nueva retórica, más moderna que antigua
y más literal que alegórica26. Las inscripciones de medallas acuñadas anteriormente
para conmemorar los hechos del rey se habían inspirado en las de los emperadores
romanos. Sin embargo, después empezamos a encontrar ejemplos de estadísticas.
Veintidós de las medallas acuñadas entre 1672 y 1700 tienen cifras en sus inscripcio
nes. «Veinte ciudades del Rin tomadas por el Delfín en un solo mes», VIGINTI URBES
AD RHENUM A DELPHINO UNO MENSE SUBACTAE (1688); 80 ciudades capturadas (1675);
300 iglesias construidas (1686); 7.000 prisioneros capturados (1695); 60.000 marine
ros alistados (1680); y «dos millones de calvinistas reintegrados a la Iglesia», VICIES
CENTENA MILLIA CALVINIANORUM AD ECCLESIAM REVOCATA (1685) (figura 58) son titu
lares que recuerdan a los periódicos del siglo x x 27. Después de todo, se trataba de la
era de Colberty de Vauban, que eran, entre otras cosas, grandes coleccionistas de da
tos estadísticos2S.
La tendencia no se manifestó sólo en Francia. También los británicos tenían sus
LA CRISIS D E I A S REPRESENTACIONES 127
Figura 58. Vicies Centena Milita Calvinianorum ad Ecclesiam Revócala, anverso de medalla, 1685.
Cabinet des Médailles, Biblioteca Nacional, París.
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X
E L REVERSO DE L A M E D A L L A
Anónimo, c. 1708
La imagen heroica de Luis XIV no fue la única que circuló. También, com o desta
caba un poema manuscrito de finales del reinado, hubo un «reverso de la medalla» l.
Un número considerable de imágenes distintas del rey sol, mucho menos favorece
doras que las oficiales, ha llegado hasta nuestros días2. Luis fue a veces representado,
especialmente por el artista holandés Romeyn de H ooghe, no com o Apolo sino
com o Faetón, que perdió el control del carro del sol. Para algunos críticos no era Au
gusto, sino Nerón. Para los protestantes que utilizaban términos bíblicos, no era Salo
món o David, sino Herodes o Faraón. Com o los panegíricos oficiales, las imágenes
hostiles se basaban generalmente en lugares comunes. Sin embargo, también en este
caso algunos individuos publicaron ingeniosas variaciones sobre temas bien con o
cidos 3.
Naturalmente, el concepto del «reverso de la medalla», por aplicable que sea a un
conjunto de textos e imágenes donde dominan la parodia y la inversión, resulta de
masiado vago para un análisis serio. Es necesario distinguir al menos dos clases de opo
sición a las imágenes oficiales.
La primera procedía de individuos que se consideraban a sí mismos, o al menos
se presentaban, com o súbditos leales que, com o Bussy Rabutin, se burlaban cortés-
mente de la corte o, como el Arzobispo Fénelon, daban al rey buenos consejos aun
que no bien recibidos. El segundo tipo de disidentes eran enemigos declarados del
rey y de su régimen, muchos de los cuales escribían en un momento en que su país
(Inglaterra, la República Holandesa, el Sacro Imperio Romano) estaba en guerra
con Francia. Las críticas de los hugonotes al rey se manifestaron inicialmente de la
primera forma y fueron evolucionando hacia la segunda.
Las imágenes disidentes se plasmaron en muchos medios, com o pinturas, meda
llas, grabados, poemas y diversos tipos de textos en prosa (no sólo en francés sino
también en latín, holandés, alemán, inglés e italiano). Luis no fue el único blanco de
130 LA FABRICACION DE LUIS XIV
sus disparos. En el curso del reinado los satíricos apuntaron también a Ana de Aus
tria, Mazarino, Colbert, Louvois, Madame de Maintenon, el Duque de Borgoña, el
padre La Chaise, confesor del rey, y varios de sus generales menos victoriosos, com o
Villeroi.
La forma, estilo y tono de los textos son extremadamente variados. Algunos de
ellos son simples denuncias del «tirano francés», «el maquiavelo francés» [Machiave-
Rus GaLlicus], «el Atila francés» [DerFranzosische Attila], «el Nerón francés» [Ñero Galli-
canus\, etc. Sin embargo, también se exploró la mayor parte de las posibilidades del
rico repertorio satírico del período, utilizándose, particularmente, varios tipos de pa
rodias.
Un ejemplo es la parodia del Pater Noster (relativamente común en la cultura p o
pular de los primeros tiempos de la Europa m oderna). «Padre Nuestro, que estás en
Marly, tu nombre ya no es santificado, tu reino toca a su fin, tu voluntad ya no se
cumple...» [Notre pére, qui étes á Marly, votre nom n ’est plus glorieux, votre régne est sur sa
fin, votre volonté n ’est plus faite ...] 4. En la era de los romances de Mlle de Scudéry y
Mme de Lafayette no es sorprendente encontrar romances burlescos. Uno de ellos
describe el combate entre el «gran caballero Nasonius» (en otras palabras, Guillermo
de Nassau) y el «poderoso gigante Galieno», «a quien algunos también llaman Gran
dísimo» 5.
Otro tipo de parodia muy utilizado fue el testamento burlesco, com o «El testa
mento de Luis el Grande» [Ludwig des Grossen Testament], y los testamentos políticos
atribuidos a Mazarino, Colbert y Louvois. Otro es el informe diplomático burlesco,
com o en la Relation déla Cour de France. Encontramos también el catecismo burlesco,
la confesión burlesca ( Confessio regis gallicae Ludovici XIV), la boda burlesca (La boda
del rey de Francia), la relación médica burlesca de las píldoras recetadas a Luis para
que vomitara sus conquistas, y el epitafio burlesco, especialmente popular en 1715.
El sueño es un recurso que se utiliza más de una vez, describiendo la visita del fan
tasma de Mazarino a Luis durmiente o la del fantasma de Scarron, primer marido de
Madame de Maintenon, a su esposa (figura 63).
El tono de esas piezas oscila entre lo moralizante y lo cínico, y su estilo entre la
elegancia urbana de Les conquétes amoureuses du Grand Álcandre y la crudeza alboro
tada de La boda del rey de Francia, que alega describir «El cómico Cortejo, los Maulli
dos y Sorprendentes Ceremonias Matrimoniales de Luis XIV con Madame Mainte
non, su última Manuela de Estado». Las tácticas literarias van del ataque directo a las
insinuaciones de «historias secretas» reveladas a investigadores privados.
Los principales temas de esa orquesta rival, que no siempre tocaba afinada, eran la
ambición del rey, su falta de escrúpulos morales y sentimientos religiosos, su tiranía,
su vanidad, y sus debilidades militares, sexuales e intelectuales. Tal vez sea oportuno
analizar brevemente y por separado esos seis temas, construyendo una imagen disi
dente compuesta del rey (com o en capítulos anteriores se construyó una imagen favo
rable), antes de diferenciar los distintos puntos de vista de los autores de los mensajes.1
1667 en un fam oso panfleto titulado «El escudo de Estado» [Le Bouclier
d’Etat] y frecuentemente reiterada. Se alegaba que Luis tenía «un vasto y pro
fundo plan» para convertirse en «el Amo de Europa» y establecer así una
«monarquía universal». Los críticos objetaban con pareja vehemencia al fin y
a los medios adoptados para establecerla. Según uno de ellos, los aconteci
mientos del reinado eran «libros abiertos, donde se puede leer en grandes
caracteres LUIS EL GRANDE SACRIFICA TODO A SU AMBICION E INTERES» 7. La pa
rodia tipográfica de las mayúsculas utilizadas para el nombre del rey en publi
caciones oficiales (supra, página 41) es digna de mención. La ilustración más
vivida de las ambiciones del rey figura en un grabado donde se le representa
con vestiduras robadas [L ’habit uswpe) (figura 59).
2. Luis fue objeto de frecuentes ataques por su falta de escrúpulos morales, que
los panfletistas vinculaban con la doctrina de la «razón de Estado» y las ideas
de Maquiavelo, que supuestamente el monarca había aprendido del Carde
nal Mazarino: «Todas las políticas maquiavélicas he ensayado/y todos los obs
táculos religiosos desafiado» 8. Maquiavelo había recom endado a los prínci
pes que rompieran su palabra: Luis fue acusado de «Perjurios», «Trucos» y
«Fraudes», y su Revocación del Edicto de Nantes se representó com o una
ruptura de su palabra a los hugonotes9. El rey fue también acusado de viola
ciones del derecho internacional por «Invadir, Incendiar, Pillar, Expoliar, Sa
quear y Despoblar los Territorios y Dominios de sus Pacíficos Vecinos Cristia
nos», y especialmente por la «Crueldad y Barbarie» de la invasión francesa
del Palatinado [supra, 109) 10 Ese evento se describió com o ejemplo de una
«crueldad más que turca, tártara y bárbara» [ O mehr ais türckische, tartarische,
barbarische Grausamkeitf], o, por citar el título de un panfleto alemán, de la
«razón de Estado francesa» n .
3. Otra acusación común fue la de tiranía, formulada en 1689 en uno de los
más famosos panfletos contra el rey, «Suspiros de Francia esclava» [Les soupirs
de la France esclave], pero a menudo reiterada en otras partes, especialmente
en un panfleto inglés titulado El Tirano francés (1702). El fortalecimiento del
poder absoluto, arbitrario y despótico del rey se contrastaba con la destruc
ción de las libertades de los hugonotes, la nobleza, los parlemenis, las ciuda
des, y finalmente la libertad del pueblo. Se presentaba a Luis com o «el gran
Actor que representa la Impiedad, la Crueldad, la Opresión y la Tiranía en el
Escenario del M undo» 12. Más concretamente, aveces se le describía com o «el
rey de los impuestos», «el rey de los recaudadores de impuestos», etc. [le roi
des impots, le roi des maltotiers].
4. Un cuarto motivo de acusación contra Luis era su irreligiosidad. En un pan
fleto, haciéndose eco de las palabras del Maquiavelo escenificado, se ponen
en su boca las palabras «Creemos que la Religión no es más que un Enga
ño» 13. Naturalmente, un ejemplo de la irreligiosidad del rey fue su forma de
tratar a los Hugonotes, «el ju gu ete/d e mis dragones» 14. También se manifes
taba en lo que los disidentes sostenían era una alianza con un Estado no cris
tiano, el Imperio Otomano. Una medalla satírica representaba a Luis junto
con el sultán otomano Suleimán III, el Dey de Argel «Mezomorto» y ja c o b o
Figura 59. «Luis el usurpador». L’habit usui'pé, grabado holandés anónimo, principios del
siglo xvn. Colección privada.
EL REVERSO DE LA MEDALLA 133
Figura 60. «Luis contra Cristo». Contra Christi Animum, grabado del reverso de una medalla,
de la Histoire du rai de Menestrier falsificada, 1691. British Library, Londres.
134 LA FABRIC\CIONDE LUIS XIV
Figura 61. Venit, Vidit sed n on Vicit, reverso de medalla, 1693. Departamento de Monedas y Me
dallas, British Museum.
guerras pero corres tras las bellas» [Bella fugis, bellas sequeris] 18. Se ilustraron
elegantemente en un grabado donde se ve a Luis retirándose con su «harén»
(figura 62) y en una medalla donde se representaba a Luis en un carro que,
tirado por cuatro mujeres, se alejaba del frente (en algún punto de los Países
Bajos), camino de Versalles. En flagrante contraste con la imagen oficial del
héroe real, se presentaba a Luis com o huidizo en las batallas. Sus derrotas
eran objeto de burla, com o en la inscripción de la medalla de las cuatro da
mas, VENIT, VIDIT SED NON vicit (figura 61), una referencia no sólo a César
sino a la impresa creada para Luis en el carrousel de 1662, UTVIDIVICI.
La idea de que a Luis se le daba m ejor hacer el amor que hacer la guerra
es también el tema central de las Conquistas Amorosas. La acción tiene lugar
una vez más en los Países Bajos, y el nombre del héroe, «Le Grand Alcandre»,
es una referencia maliciosa al elogio alejandrino al rey en una novela de Mlle
de Scudéry (supra, páginas 35-37). La guerra es una metáfora sexual. La his
toria se centra en cuatro de las amantes del rey, La Valliére (a quien se des
cribe com o « d’une mediocre beauté»), Montespan (que tiene otros amantes),
Fontanges y finalmente Maintenon (figura 63), «que ahora se las da de moji
gata» [qui fait maintenant la prude] 19. La conclusión es que «el Gran Alcandre,
aunque exaltado por encima de los demás, n o era, en cuanto a humor y tem
peram ento, distinto del hom bre com ú n » 20. Hoy en día, esta conclusión
puede parecer algo inspídida, pero en el contexto de la campaña oficial para
presentar el Rey como a un héroe resulta subversiva.
La metáfora militar reaparece en Los nuevos amores de Luis el Grande,
donde se representa a Luis de rodillas ante su último descubrimiento, Mme
EL REVERSO DE LA MEDALLA 135
Figura 62. «Luis como mujeriego». Luis se retira con su serrallo, grabado anónimo, 1693. Depar
tamento de Grabados y Dibujos, British Museum, Londres.
!36 LA FABRJLACIONDELWS XIV E L RE^ VERSOD E LA ^ MED/^L A . 137
de St Tron (figura 64). Al recibir noticias de sus últimas derrotas en el campo Como en el caso de las imágenes oficiales del rey, merece la pena observar la
de batalla, el rey reconoce que prefiere Venus a Marte, y Maintenon le dice forma en que los disidentes representaron — más aún, manipularon— acontecimien
con cierta aspereza que «Vuestra Majestad no va a ganar ninguna batalla en tos particulares. Ni que decir tiene que se acuñaron medallas para conmemorar la
Meudon, en Marly, en Versalles» 21. La guerra es de nuevo una metáfora se derrota de los ejércitos franceses en Blenheim, Oudenarde, Ramillies, etc. De hecho,
xual. Por otro lado, en La boda del .Rey de Francia, es el sexo lo que se utiliza en 1711 se publicó en Utrecht una historia metálica de las campañas de 1708-1709 22.
com o metáfora de la guerra. Luis es presentado — ei año de Oudenarde— Cuando en 1695 los franceses perdieron Namur, el poeta inglés Matthew Prior cele
no como m ujeriego sino com o anciano ch och o e impotente, un «viejo y bró el acontecimiento con una parodia de los versos compuestos por Boileau tres
torpe monarca», tan fracasado en el frente sexual como en el militar: años antes para celebrar la captura de la ciudad.
Tal vez dé mejores resultados examinar las imágenes de acontecimientos más an
Mujer y Guerra como Pestes han de echar tiguos o de acontecimientos inexistentes, empezando por la célebre medalla en la
Al Rey con cajas destempladas; que figuran cuatro mujeres que alejan a Luis del campo de batalla tirando de su ca
No puedes a Tu Esposa contentar rro. Es obvio que la imagen está inspirada en la ocasión en que Luis, durante de Gue
Pues siempre estará necesitada rra de Devolución, llevó en campaña a los Países Bajos no sólo a la reina sino tam
bién a La Valliere y a Montespan 23
La referencia a Maintenon como «esposa» demuestra que el segundo matri Otro ejemplo revelador de la manipulación de los hechos es la imagen de Luis
monio del rey era ya un secreto a voces. aliado con el Gran Turco. En 1681, el Emperador Leopoldo estaba en grandes apu
ros. Luis había anexionado Estrasburgo, los húngaros se había rebelado contra
el poder imperial, y los turcos aprovecharon la ocasión para reunir un ejército en
Belgrado con el fin de invadir el Sacro Imperio Romano. En realidad, Luis no con
certó una alianza con los turcos. Sin embargo, a pesar del llamamiento del Papa, no
hizo nada por ayudar al emperador cuando los turcos sitiaron Viena. Lo que subyace
a la diabólica alianza de Luis es ese acontecimiento inexistente (supra, página 135) 24.
En el caso de la Revocación del Edicto de Nantes no hubo necesidad de inventar
nada. El hecho mismo fue un regalo para los propagandistas holandeses, ingleses y
alemanes. Todo lo que tenían que hacer era describir y condenar «la más cruel y vio
lenta persecución que jamás tuvo lugar en Francia», y lo hicieron con energía en me
dallas, grabados y panfletos 25.
Naturalmente, los medios oficiales franceses habían celebrado esos mismos acon
tecimientos (supra, página 101). La íntima relación entre las dos imágenes opuestas
de Luis, la del héroe y la del villano, merece un comentario más detenido.
Como es natural, los disidentes hicieron hincapié en temas que eran tabú para el
discurso oficial, especialmente las amantes del rey y su segundo y secreto matrimo
nio. A pesar de esta evidente diferencia, los dos grupos opuestos de artistas y escrito
res escogieron una y otra vez los mismos temas, produciendo imágenes invertid as de
sus trabajos recíprocos. Como ya hemos visto, las imágenes hostiles recurren mucho
a la parodia. Imitan las formas de algunos de los medios oficiales, como las medallas
y las inscripciones, invirtiendo su contenido 26 Se refieren al «ocaso» o al «solsticio»
(en el sentido del día más corto y oscuro del año) 27. Para ellos, Luis no era el sol,
sino «ese meteoro dorado» 2a. No comparaban al rey con Apolo, sino con Faetón 29.
En vez de Constantino, erajuliano el Apóstata 30. Luis usaba el orgulloso lema «no in
ferior a muchos» [NEC PLURJBUS IMPAR]. Era inevitable que en tiempos de la Gran
Figura 63. «Ataque a la Mainte Figura 64. «Luis humillado». Frontispicio Alianza alguien lo describiera com o «el francés que ya es inferior a muchos» [ Gallus
non». Frontispicio grabado de Sca- grabado de Nouvelles Amours de Louis le iam pluribus impar].
rron apparu a Madame de Maintenon, Grand, 1696. British Library, Londres. Los panfletos califican constantemente al rey de cobarde antes que valiente, vana
1694. British Library, Londres. glorioso antes que glorioso, «injusto» antes que «justo», etc. El título oficial «Luis el
138 LA FABRICACIONDE LUIS XIV
Grande» suscitó múltiples respuestas. Era «pequeño» antes que «grande», o «tan des
vergonzadamente crecido», o «grande sólo en su am bición»31.
Otro título oficial, el de «rey cristianísimo», era también una invitación perma
nente a la parodia, cual demuestran los títulos de panfletos com o «El Marte Cristianí-'
simo», «El Cristianísimo Turco», «El Cristianísimo Por Cristianizar» [ Christianissimus
christiandus] o «El Anticristiano Bombardeo del Rey Cristianísimo»32.
Los disidentes no pasaron por alto el patrocinio real de los conocimientos y las ar
tes, pero lo condenaron en vez de celebrarlo. Las pinturas de Versalles se presenta
ron com o ejemplos de la arrogancia del rey, las academias de consideraron instru
mentos de despotismo, y las pensiones reales a escritores, e incluso la construcción
del observatorio, se interpretaron com o formas de distraer a los estudiosos de la polí
tica y de las críticas al gobierno 33. El Louvre fue comparado con el Palacio Dorado
de Nerón. Se reiteraron las acusaciones de despilfarro34.
Los disidentes recalcaban a m enudo lo que podríamos llamar el culto a la perso
nalidad real, interpretándolo com o adulación, vanidad, blasfemia y paganismo. «Ta
les han sido los Humores de Estos Aduladores, que han inflado más y más su Ambi
ción, comparándolo con el Sol... cual si pretendieran erigirlo com o un ídolo ante el
cual hubiera de postrarse el M undo entero... esos Parásitos se esfuerzan, mediante
gloriosos Epítetos, en hacerle aparecer Blanco y Brillante, llegando casi, cuando no
del todo, a la altura de la blasfemia»35.
El culto a Luis fue el tema central de varios panfletos, especialmente «El Auto
bombo Apesta» [Eigenbol Stinckt Geni], «Extracto de algunas Flores» [Extract etzlichen
Flosculorum] y «Alabanza de Luis Engañada» [Laus Ludovici Delusa]. El Extract dirige
sus ataques contra la adulación del rey por parte del historiador oficial Périgny,
mientras que Eigenlobes una crítica del Paralléle (1685) de Charles-Claude de Vertron
(otro historiador real), que comparaba a Luis favorablemente con otros gobernantes
a quienes se había llamado grandes, desde Alejandro a Carlomagno. De manera aná
loga, Matthew Prior escribe tanto contra Boileau com o contra el rey:
La estatua de Luis en la Place des Victoires dio a los disidentes una oportunidad
que se apresuraron a explotar. Tres años después de su erección, se decía en los Sus
piros (1689) que Luis permitía que «se levanten estatuas en cuyos pedestales se gra
ban blasfemias en su honor», con una nota a pie de página sobre la inscripción v i r o
IMMORTALI (la alusión en plural a un ejemplo singular es una técnica retórica bien
con ocid a)37. Un panfleto inglés refería que la estatua estaba «coronada con Rayos y
EL REVERSO DE LA MEDALLA 139
Estrellas, com o solían hacer los antiguos romanos con su Dios Júpiter... en un lado
han puesto las figuras de Europa, Asia, Africa y América arrodilladas a sus pies, com o
si dictara leyes a toda la T ierra»38. Otro panfleto afirmaba que «tal día com o hoy, los
franceses... ofrecen incienso a la divinidad de Luis el Grande, y debajo de su estatua,
cuya cabeza está rodeada de una Gloria, rezan estas blasfemas palabras, Numini Ludo-
vid Magni... hacen sus ofrendas al hombre inmortal, Viro inmortali» !9. Una «Descrip
ción del Arrogante Monumento» afanoso de Alabanza, de origen alemán [Beschrei-
bung der Ruhm-süchund Hochmüthigen Ehren-Seule], publicada en 1690, se dedica
exclusivamente al m onum ento40. En 1715, un poema contra el difunto rey se refería
a la estatua de
Hasta la corona de laurel se utilizó contra Luis. Un poeta bromea sobre las vacila
ciones de la Victoria en el acto de coronar al rey, mientras que una medalla-parodia
del monumento muestra a la Victoria quitándole el laurel, un hermoso ejemplo lite
ral de lo que el crítico ruso Bakhtin llama «descoronación» 41. La parodia visual era
quizás la form a más eficaz de socavar la imagen oficial. En un grabado que circuló en
París en 1694 se habían sustituido las figuras de las esquinas del pedestal por cuatro
mujeres que tenían encadenado al rey: La Valliére, Fontanges, Montespan y Mainte-
non 42.
los han conducido hasta los Elsevir, familia de impresores de Leiden y Amsterdam.
Es probable que buena parte de la literatura contra Luis publicada en francés se im
primiera en la República Holandesa y se introdujera de contrabando en Francia. En
Holanda ya era tradicional imprimir libros en idiomas extranjeros para exportación,
y los hugonotes que huyeron a los Países Bajos en los años ochenta se ganaban con
frecuencia la vida com o escritores o vendedores de libros. Es probable que algunos
de ellos estuvieran profundamente implicados en esas formas de comunicación clan
destina. El gran coup de las imprentas subterráneas en 1691 fue la falsificación de la
historia metálica de Menestrier (supra, página 116), en la que se introdujeron solapa
damente cinco láminas de medallas satíricas, con una nota donde se decía que «las
cinco láminas de medallas que figuran a continuación no son menos pertinentes a la
HISTORIA DE LUIS EL GRANDE que las anteriores: pero el Padre Menestrier tenía sus ra
zones para no incluirlas en su trabajo»44 (véase figura 60).
Aunque los creadores de estas imágenes hostiles son por lo general tan anónimos
o pseudoanónimos com o los impresores, resulta posible identificar al menos a algu
nos artistas y escritores. El principal artista fue el holandés Romeyn de H ooghe, fa
moso sobre todo com o grabador pero activo también com o pintor, escultor, meda-
llista y escritor. Lo que se ha llamado su «cruzada en caricaturas» contra Luis empezó
durante la guerra de 1672 y continuó hasta su muerte en 1708. En su obra destacan
una representación de las «atrocidades contra los protestantes franceses» en 1685, e
imágenes memorables de Luis com o Faetón o com o A polo tullido45. Otro adversario
obstinado de Luis XIV fue Nicolás Chevalier, un pastor hugonote que se había ido de
Francia tras la Revocación del Edicto de Nantes para convertirse en vendedor de li
bros y medallista en la República Holandesa, donde com binó sus actividades en una
historia metálica de las campañas de 1708-170946.
Al parecer, otros artistas trabajaban para quien les pagara. Con el artista suizo
Joseph Werner ya hemos tropezado antes en la corte (página 62), cuando en el dece
nio de 1660, pintó al joven Luis com o Apolo. Fracasada su carrera en Francia, Wer
ner marchó a Alemania y pintó al Luis anciano como sátiro en una bacanal (figu
ra 65). Cabe preguntarse si este viraje de la glorificación a la sátira debe interpretarse
com o efecto de una decepción personal o simplemente com o consecuencia de un
cambio de patrono47. Y ¿qué decir de Nicolás Larmessin? Este grabador-librero es so
bre todo conocido por su serie de frontispicios para el Almanach Royal, una contribu
ción importante a la glorificación del rey. Sin embargo, fue encarcelado en la Bastilla
en 1704, acusado de haber hecho o vendido una caricatura del rey y Madame de
Maintenon 4S.
Los autores a quienes se atribuyen los panfletos son una mezcla a partes casi igua
les de personajes comprometidos y de mercenarios. Entre ellos hay algunos nombres
bien conocidos en su tiempo. El Escudo de Estado es obra de Franz Paul von Lisola, un
abogado procedente del Franco Condado que trabajó com o diplomático al servicio
del emperador L eop old o19. Machiavellus Gallicus se atribuye por lo general ajoachim
Becher, que también estaba al servicio de L eopoldo, donde combinaba las f unciones
de alquimista y economista 50. Por lo general se considera que Los Suspiros de Francia
Esclava es obra del pastor hugonote Pierre Jurieu3*.
Queda p or citar el nombre más famoso. P or lo general se acepta que el autor del
EL REVERSO DELA MEDALLA 141
Figura 65. «Luis como sátiro». Luis y Madame de Montespan en una Fiesta, de Joseph Wemer,
óleo sobre lienzo, c. 1670. Zurich, Colección Von Muralt.
L A R E C E P C I O N D E L A IM A G E N D E L U IS X IV
Boileau
Hasta ahora, este libro, com o anteriores estudios sobre las representaciones de
Luis XTV, se ha centrado en la producción más que en el consumo, en la imagen pro
yectada más que en la recibida. Sin embargo, com o se han percatado los historiadores
de la literatura y el arte, ningún estudio sobre la comunicación puede considerarse
completo si no dedica una cierta atención a la recepción del mensaje, la naturaleza
del público y la forma en que ese público respon dió'.
En otras palabras, debemos estudiar no sólo «quién dice qué» sino también «a
quién» y «con qué efecto», perfeccionando esta fórmula (supra, página 20) de m odo
que englobe los procesos de interpretación y utilización de mensajes para fines que
no eran los previstos. En el caso de Luis XTV, ai menos la documentación dedicada al
público previsto es relativamente abundante, y también hay noticias documentales
que constituyen muestras fascinantes de reacciones individuales.
La recepción en el país
Cabe preguntarse a quién se quería convencer con la imagen expuesta durante más
de setenta años. No es probable que estuviera destinada a la masa de súbditos de Luis,
los veinte millones de franceses que vivían en 1643, en 1661, o en 1715 (la población
de Francia era al final del reinado más o menos la misma que al principio). Los me
dios utilizados por Luis no eran medios de comunicación de masas. Las medallas se
distribuían en ocasiones especiales, com o la inauguración del Canal de Languedoc o
de la estatua de la Place des Victoires, pero no se acuñaban en gran número. Todos
los parisinos podían ver los arcos de triunfo y las estatuas erigidas en su ciudad, pero
pocos debían ser capaces de comprender las inscripciones latinas o al menos de desci
frar la iconografía. Versalles estaba abierto a cualquier varón adulto que llevara es
pada, y en la entrada podían alquilarse espadas, pero sólo una minoría estaba en con
diciones de hacerlo. Los apartamentos reales se abrían tres días por semana para
«todas las personas de distinguida calidad» [ toutes lespersonnes d’une qualité distinguée] 2.
144 LA FABRICA CIONDE LUIS XTV
y estuvieran ansiosos de recibir noticias de París, el rey y la corte (supra, página 93).
El periódico se escribía en f orma de cartas dirigidas a una dama de provincias, lo que
demuestra un interés por las lectoras que merece recalcarse 20. La difusión de esos
periódicos oficiales es una notable muestra del creciente interés del gobierno por las
provincias. En 1685, la Gazette de París se imprimía también en cinco ciudades pro
vinciales (Burdeos, Lyon, Rouen, Toulouse y Tours); en 1699, su número había au
mentado a veintiuno, y al final del reinado a treinta51. El Mercure Galant se imprimía
también en provincias, concretamente en Burdeos, Lyon y Toulouse.
La «campaña de erección de estatuas» de los años ochenta se orientó también ha
cia las principales ciudades de provincias: Arles, Caen, Dijon, Lyon, Montpellier, Pau,
Poitiers y Troyes. Además, se erigieron arcos triunfales en Tours, Besangon y Mont
pellier (todos en 169S), así com o en Lille (1695). Se planeó construir arcos pareci
dos en La Rochelle, Marsella y Metz 22. La distribución geográfica de esos arcos se pa
rece a la de las estatuas ecuestres {supra, páginas 96-97) y las visitas oficiales. Se
concentraron en la periferia, en los territorios que se habían adquirido más reciente
mente, disfrutaban de mayores privilegios... y se rebelaban con mayor frecuencia. El
bautizo de una fortaleza en el recién conquistado Sarre con el nombre de «Saar-
louis» {supra, página 85) fue parte de esta tendencia general.
Los famosos mensajes a las provincias de 1709, para persuadirlas de la necesidad
de proseguir la guerra {supra, página 110), deben verse com o la culminación de esa
tendencia. En cartas abiertas a los gobernadores provinciales y los obispos, firmadas
por Luis pero escritas por Torcy, se exponían los esfuerzos del gobierno por hacer la
paz, la mala fe del enemigo y la devoción del rey a su pueblo. Las cartas se editaron
en imprentas locales de toda Francia23.
Esta descripción de las representaciones de Luis destinada al público de su país se
centró, com o el gobierno, en las élites. No es probable que las ediciones de la Gazette
tuvieran más de 2.000 ejemplares, y su precio oscilaba entre 1 y 4 sous. Un ejemplar
mensual del Mercure Galant, más exclusivo, costaba 25 sous en los años ochenta. Dado
su costo de producción, es probable que las medallas circularan en el ámbito de un
pequeño grupo, com o la historia metálica oficial, un volumen in folio magnífico pero
muy costoso24. Los jetons se distribuían en mayor número — en 1682, por ejemplo,
26.000— pero también ellos estaban destinados a una minoría de la población 25.
Esto no quiere decir que la gente común careciera de una imagen de su rey. Las vi
sitas oficiales a las ciudades permitían cuando menos vislumbrar a Luis a todo el que
quisiera hacerlo. Una relación oficial de la visita del rey a Cambrai en 1684 destaca la
«extraordinaria» multitud que se congregó para contemplar al monarca mientras éste
cenaba26. Otra oportunidad para que los franceses y francesas del pueblo pudieran
ver a su gobernante cara a cara era la costumbre del toque real. Una estimación más
que prudente cifraría en 350.000 el número de personas tocadas por Luis en el curso
de su reinado. De ellas podría decirse que atestiguaron físicamente su fe en una rea
leza sagrada. No hay que olvidar, sin embargo, que los tocados por el rey recibían
cada uno 25 sous, circunstancia que se publicaba con antelación (figura 66) 27.
La gente común participó también en las oraciones públicas por el éxito de los
ejércitos franceses organizadas en 1672, 1687 y 1709. El mariscal Villars leyó en voz
alta «a todo el ejército» la carta enviada por el rey en 1709 a los gobernadores de sus
148 LA FABRICACION DE LUIS XIV
DE P A R LE R O Y ,
E T M O N S I E V R LE M A R £ V I S D E S O V C HE S ,
Preuoji de l ’H o jie l de f a M a ie flé , <¿F Grande Preuojléde Franee.
Leu <¿r publie'a fon deTrompet¿rcty public par toue les (farrefours de cetteVillt&'Faux-
bourgs de Taris , par moy Charles Canto Crieur luré de fa Maieflé, accompagne' de Jean du
Bos ,Jacques k Frain, ¿yr Bftienne Chappé JureyTrompettes dudit Seigneur , ii r affkhé, le
’vingt-ftxiefme M ars, m ilfix cens cinquante-fept. Signé , C a n t o .
Figura 66. Noticia donde se publica el toque retel, 1657. Biblioteca Nacional, París. En un anun
cio de 1692 se hace referencia a los pagos a los dolientes.
provincias, com o atestiguó un espía inglés 2S. Como en el período com prendido en
tre 1701 y 1713 ingresaron en el ejército 650.000 franceses, la institución merece es
tudiarse com o un medio de difusión de imágenes oficiales del rey en toda la nación29.
Las imágenes visuales del rey podían romper la barrera a la comunicación impuesta
por el analfabetismo, y algunas de ellas, especialmente las estatuas, eran muy visibles.
Incluso los tapices de la historia del rey se exponían algunas veces en público, por
ejemplo en los Gobelinos durante la fiesta de Corpus Christi30.
Con todo, los creadores de imagen rara vez se refieren a la gente común. Char-
pentier fue una excepción a la regla al recomendar el uso de la lengua vernácula en
los monumentos públicos para que el m enú p eu p le tuviera «por una vez el placer de
participar del boato del Estado y de la gloria de su píncipe» 31. En cualquier caso, su
recomendación cayó en saco roto. En una nación de campesinos, las medidas oficia
les para crear una buena imagen pública del rey se centraron en las ciudades. De he
cho, es raro encontrar una estatua del rey en un pueblo. El único ejemplo que co
nozco es una escultura situada en G uim iliau (Finistére) don de se representa a
Luis X IV como San L u is32. Sin duda no se debe a la casualidad que la fecha, 1675,
sea también la de la rebelión de los bretones contra el rey.
LA fiECEPCIONDE LA IMAGENDE LUIS XIV 149
Figura 67. «La recepción de la historia metálica». Retrato del Graf von Dehn, de Nicolás de Largi-
lliére, c. 1702. Herzog Antón Ulrich-Museum, Braunschweig.
La recepción en el extranjero
El cardenal Mazarino describió al jo v e n Luis com o «el rey más grande del
mundo» [Ies plus grand roy du monde]33 (figura 67). La frase puede parecer pura hi
pérbole, además de puro etnocentrismo, pero fue repetida y amplificada por los pa
negiristas. En una medalla acuñada para conmemorar el tratado de Nimega se repre
sentaba a Luis com o «el pacificador universal» [PACATOR OREIS], y se mostraba a la
Victoria ofreciéndole un globo terráqueo. La imagen de los cuatro continentes o «los
cuatro rincones del m undo» (Australia era desconocida) reconociendo la suprema-
Figura 68. «El trono de plata». Grabado del Trono Real, del Mercure Galant, diciembre de 1686.
Biblioteca Nacional, París.
LA RECEPCION DE LA IMAGEN DE LUIS XIV 151
cía del Rey Sol figuraba en el E scalier des A m bassadeurs y e n otros lugares34. Entre las
inscripciones del monumento a Luis en la Place des Victoires había una referencia a
las embajadas de «naciones distantes», donde se mencionaban las de Moscovia, Gui
nea, Marruecos, Siam y Argelia. En un festival celebrado en Grenoble en 1701 se re
presentó a Luis en el trono recibiendo homenaje de las naciones del mundo, inclui
dos los «siameses, tonquineses, argelinos, chinos, iroqueses» 35. Los cinco ejemplos
son referencias precisas a eventos del reinado.
Estas imágenes obedecían a un proyecto concreto cuyas metas se extendían mu
cho más allá de las fronteras europeas. La atención prestada a la embajada siamesa
de 1686 (conmemorada con una medalla, página 101) y la embajada persa de 1715,
en particular, son testimonio elocuente de ese proyecto 36. A fin de impresionar a los
representantes de los «despotismos orientales», com o los consideraban los franceses,
Luis recibió a los embajadores otom ano y persa en «un trono muy elevado» [Un
Tronéfort ¿levé] 37 (figura 68).
El rey tenía buenas razones prácticas (página 137) para cultivar la amistad del sul
tán otomano: la hostilidad al Sacro Imperio Romano generaba intereses comunes.
Argel y Marruecos eran dependencias del Imperio Otomano. El bombardeo francés
de 1684 (página 97) había sometido a Argel. En lo tocante a Persia, no fue el rey sino
el shah quien tomó la iniciativa diplomática. Con la esperanza de obtener la ayuda
de un escuadrón francés en su intento de tomar el puerto de Máscate, en el Golfo
Pérsico, el Shah Hussein envió un legado a Luis en 1715.
Luis XTV tenía al menos un punto de apoyo en las Américas. La ciudad de Que-
bec fue fundada en 1608 por colonos franceses, y en 1663 se convirtió en la capital
de la provincia de Nueva Francia. En 1686, coincidiendo con la «campaña de erec
ción de estatuas» en las provincias francesas (supra, página 92), se instaló un busto
del rey en la Place Royale. El gobernador francés, Frontenac, obligó a los iroqueses,
que se oponían a la dominación francesa, a pedir la paz en 1696. De Quebec salió el
explorador Robert de la Salle con dirección a Luisiana, una región — mucho mayor
que el actual Estado de la Unión— que anexionó en 1682 y a la que dio el nombre
de Luis XIV.
La muerte de Luis XTV se conm em oró incluso en la América española, dado que
se trataba del abuelo del monarca reinante, Felipe V. En la catedral de M éxico se ex
puso un catafalco, el arzobispo Lanciego predicó un sermón, y se publicó un panegí
rico del difunto rey «Luis XTV el grande» donde se le describía como «espejo de prínci
pes» 38 (figura 69).
Los contactos oficiales con el Lejano Oriente se remontaban a 1661, año en el
que Luis ofreció su amistad a «los reyes de Gochinchina, Tonkín y C hina»39. El je
suíta Joachim Bouvet viajó a China y entró al servicio del emperador Kangxi, que
reinó de 1662 a 1722. Bouvet describió a Kangxi la grandeza de Luis. Desgraciada
mente, no sabemos qué impresión causó el rey en el emperador. Juzgado conforme a
criterios chinos, el monarca de veinte millones de personas debía parecer un prín
cipe insignificante. Sin embargo, Bouvet fue enviado de vuelta a Versalles para que
describiera a Luis la corte china40.
Estos contactos obedecían a fines religiosos, económicos y políticos. Los jesuítas
eran fundamentalmente misioneros que seguían los pasos de San Francisco Javier, el
152 LA FABRICACIONDE LUIS XIV
E S P E JO D E PR IN C IPES.
Fropucfto, no menos al defen=
gaño de caducas glorias, que
á la imitación de gloriofas
virtudes,
En lasJumptuofasExfequias,
Que la Imperial CortcMcxicana
celebró
A E L C H R IS T IA N IS S X M O :
Rey de Francia
L U IS D E C IM O Q U Á R T O
EL G R A N D E ,
C V T A RELACIO N
Ofrece él ExceUíttijfiteo Señor ‘De* Bthbazar
de Zuñiga, Guarnen, Sete M eyor,y Mendoza,
Morauit de Valero. de Ayamonte, y Alenqaer,
Gentil Hombre de la Cantaré defu Magefiad, de
fuCmfejo ,y Ittnta de Guerra de Indias, Virrey,
Governador,y Capitán Generalde efla Nueva
Efpaña.y Vrefidente de (n Real Audiencia,
El Do ñor Don Ju»n Di<¡« da Br«caraonf, Oydta
da *ft« R u i Radiancia.
* >8^>4ie»4g|»e@í»«3l»
H p arden de lee Superioret, en México, por íot
Herederoi de la Viuda de Miguel de Ribera
m m m m m
Figura 69. «Luis en el Nuevo Mundos. Portada del Espejo de Prínápes, México, 1715.
apóstol del Lejano Oriente, y de Matteo Ricci, fundador de la misión china. A Col-
bert le interesaba fomentar el comercio con Asia. Otra razón para cultivar las relacio
nes con aquellos reinos distantes era el deseo de difundir, y con ello ampliar, la glo
ria del rey.
Mucho más se hizo, sin embargo, para impresionar a las cortes europeas con la
grandeza de Luis XTV. El rey dedicaba buena parte de su tiempo al ritual diplomá
tico, incluidas las relaciones con Estados muy pequeños. Tomemos como ejemplo un
mes relativamente normal. Luis residió el mes de noviembre de 1682 en Fontaine-
bleau y Versalles. En Fontainebleau concedió dos audiencias al embajador de Saboya
(con quien se estaba negociando un matrimonio real) y una a cada uno de los envia
dos de Hanover, y los enviados de Saboya y Baviera le presentaron sus respetos antes
de partir (el conge). En Versalles concedió audiencia a los enviados de Wolfenbüttel y
Parma, y se despidieron de él los de Hanover y Zell 41. En ocasiones especiales, com o
LA RECEPCIONDE LA IMA GENDE LUIS XIV 153
la muerte de la reina, los representantes del cuerpo diplomático acudían uno por
uno a cumplimentarlo o, en ese caso concreto, a darle el pésame42.
Los embajadores eran parte sustancial del público asistente a los festivales, obras
de teatro, ballets y óperas de la corte. A m enudo se les hacían regalos encaminados a
realzar la imagen del rey en el extranjero: medallas y tapices de los eventos del rei
nado, volúmenes de grabados que representaban objetos de las colecciones reales, y
retratos enjoyados del propio Luis. Ese tipo de regalos desempeñaba varias funciones
simultáneas. Eran ejemplos de la generosidad real, difundían su imagen y podían ser
vir también a otros fines. Parece razonable suponer que el regalo al Papa de un tapiz
donde se representaba al Dux de Génova presentando sus excusas a Luis era real
mente una advertencia43.
Otro medio empleado para mejorar la reputación de Luis en otras partes de Eu
ropa era la representación dramática. En 1668, el embajador ante la corte del elector
de Maguncia recibió de París instrucciones de organizar un drama musical sobre el
tema de «la reciente paz» [Pax nuperrime factum] de Aquisgrán (supra, página 74). En
1682, los embajadores franceses celebraron públicamente en Venecia, Roma, Ma
drid, Berlín e incluso la republicana Suiza el nacimiento del duque de Borgoña44. En
1688, el embajador francés en Roma celebró la captura de la fortaleza de Philipps-
burg con una exhibición de fuegos artificiales45.
Los textos en que se glorifica a Luis en idiomas extranjeros demuestran la impor
tancia que se atribuía a los lectores extranjeros. Las inscripciones en monumentos
y medallas se redactaban en latín, a pesar de las protestas de «modernos» com o Char-
pentier y Desmarets, no sólo para seguir un precedente clásico sino también para co
municarse más eficazmente con la gente culta de toda Europa46. Algunos de los nu
merosos panegíricos del rey se compusieron en latín. La elección de idioma marcaba
a veces una ocasión académica: por ejemplo, Jacques de La Beaune, autor de un pa
negírico de Luis como patrono de las artes (supra, página 30), era profesor en el co
legio jesuita de Louis le Grand. Por otro lado, las traducciones al latín de los panegí
ricos (com o las versiones de Charles de la Rué de las obras de Corneille) debían estar
destinadas a un público no francés. Las relaciones de la coronación del rey y del fa
moso carroussel de las Tullerías circulaban también en latín47. Algunos de los graba
dos que representan l’histoire du roi llevan inscripciones en latín. Varios panfletos
para justificar la Guerra de Devolución y la Guerra de Sucesión española se traduje
ron asimismo al latín, com o también se tradujo la historia metálica oficial48.
El latín era utilizado por tantas clases de personas y para tantos fines en ese pe
ríodo que los textos en ese idioma no nos permiten determinar con exactitud el
grupo al que estaban destinados los mensajes. Las traducciones a varios idiomas ver
náculos pueden darnos una impresión más clara de los principales destinatarios pre
vistos.
El español o castellano era el idioma de la corte de Madrid, con la que el rey riva
lizó con especial intensidad en los años sesenta (supra, página 68). No sorprende des
cubrir que la apología oficial de la Guerra de Devolución (supuestamente declarada
en defensa de los derechos de la reina española esposa de Luis) se tradujo inmediata
mente al castellano. Llama la atención que una relación en español del famoso diver-
tissement de 1668 (supra, página 78), la Breve Descripción del Espléndido Banquete, obra
154 LA FABRICACIONDE LUIS XIV
jr
Figura 70. Luis como conquistador de la herejía, grabado de Flias Hainzelmann, 1686. Biblioteca
Nacional, París.
156 LA FABRICA CIONDE LUIS XIV
Reacciones
Figura 71. «Luis milagrero». Luis XIV curando la escrófula, de Jean Jouvenet, óleo sobre lienzo,
1690. Iglesia Abadía de Saint-Riquier.
LA RECEPCION DE LA IMA GENDE LUIS XIV 159
rios desdeñosos sobre «aduladores reales como Perault, Carpentier, La Chapel [sic]»
y sobre la «egregia vanidad» de la medalla representativa de la estatua de la Place des
Victoires66. De manera análoga, un médico inglés,John Northleigh, que viajó a Fran
cia en los años ochenta, expresó su desaprobación de las «absurdas» inscripciones en
los monumentos a Luis y «la aplicación abusiva y blasfema» al rey de palabras e imá
genes asociadas con Cristo (incluida «una Gloria sobre su Cabeza») 67. La analogía
entre esos comentarios y la propaganda contra Luis (páginas 138-139) es evidente.
Tal vez Northleigh y Evelyn fueron persuadidos de que había que ver al rey así. Sin
embargo, una respuesta no es menos genuina por el hecho de haber sido aprendida.
También, un caballero rural inglés denunciaba a Luis, en una carta privada de
1686, por su «crueldad sin parangón con sus súbditos protestantes», e incluso se ale
graba de su enfermedad (es obvio que las noticias sobre la fístula viajaban deprisa):
«Dicen que apesta Vivo, & su Cadáver apestará más cuando haya muerto, com o apes
tará su memoria por toda la eternidad» 6S.
Los ingleses no fueron los únicos que se escandalizaron por la form a en que se
glorificaba a Luis. La corte de Viena se sintió ultrajada por la «arrogancia» del emba
jador francés, cuya manera de celebrar, en 1682, el nacimiento del segundo hijo del
Figura 72. Los Suecos reinstaurados en Alemania, dejean Amould, relieve, 1686. Louvre, París.
160 LA FABRICACION DE LUIS XIV
emperador fue exponer una divisa donde se reivindicaba el Imperio para Luis XTV69.
Carlos XI ordenó a su embajador que abandonara Francia si era cierta la informa
ción de que se había representado al rey de Suecia como suplicante en un bajorre
lieve del célebre monumento de la Place des Victoires (figura 72). El Gran Elector de
Brandenburgo-Prusia se sintió igualmente ofendido por las representaciones humi
llantes de sus ríos, el Oder y el Elba70. Algunos habitantes de Roma se escandalizaron
por las celebraciones organizadas en la embajada francesa para conmemorar la cap
tura de Philippsburgo en 168871. Según Saint-Simon, las pinturas de l’histoire du roi de
Versalles «contribuyeron no p oco a irritar a Europa contra el rey».
Sin embargo, algunas cortes extranjeras le hicieron a Luis el cumplido de imitar
su estilo de autorrepresentación. Versalles especialmente se tomó com o modelo.
El caso más claro de imitación fue la corte de España bajo el nieto de Luis, Feli
pe V. El retrato de Estado de Felipe realizado por Rigaud recuerda al retrato de Es
tado de Luis del mismo artista (figuras 73 y 1). La corte española se reform ó con
arreglo al m odelo francés, y el rey se hizo más visible y accesible. Las estatuas en los
jardines del palacio de Felipe en La Granja imitan a las de Versalles: Apolo, Hércules,
Latona, etc. El pintor Houasse y el arquitecto Robert de Cotte trabajaron para Felipe
y para Luis, y el anciano rey intervino en persona en la reconstrucción y redecora
ción de los palacios españoles. También Felipe fundó academias de arte, lengua e
historia, apoyándose en el m odelo francés 72.
En otros casos la imitación era más espontánea. Nicodemus Tessin, suiintendant
des bátiments de Carlos XI de Suecia, la «estrella polar» del norte, había sido recibido
por Luis en Versalles, había tenido contactos con Lebrun, Rigaud, Mignard y otros
artistas, y tomó sus enseñanzas al pie de la letra cuando construyó el palacio real de
Estocolmo 75. Por su parte, Balthasar Neumann, cuando recibió el encargo de cons
truir un palacio para el príncipe-obispo de Würzburg, visitó Francia en 1723 para ver
«Versailie», com o él lo llamaba, y presentar sus planos al arquitecto real, Robert de
Cotte. No es de extrañar que la gran escalinata de Würzburg recuerde al Escalier des
Ambassadewrs de Versalles 71.
La lista de palacios que se describen com o imitaciones de Versalles es larga, y en
globa desde Caserta hasta Washington. Los criterios para la descripción no son siem
pre fáciles de establecer75. En cualquier caso, el palacio del sol no es sino una parte
de la imagen de Luis XTV. Por consiguiente, tal vez sea más útil estudiar tres cortes
que consideraron a Luis ejemplar en más de un aspecto: Londres, San Petersburgo y
Viena.
Carlos II tomó a Francia por m odelo cuando fundó la London Gazette en 1665, el
Observatorio Real en 1675 y el Hospital de Chelsea (el Invalides inglés) en 1681. Cu
riosamente, Guillermo III, el enemigo de Luis, lo imitó aún más a conciencia que su
pensionado Carlos. Guillermo contrató al aquitecto hugonote DanieLMarot, obligado
a abandonar Francia tras la Revocación, para que contribuyera a la reconstrucción del
palacio de Het Loo, incluyendo una réplica del Escalier des Ambassadewrs de Versalles.
Los hechos militares de Guillermo, com o los de su adversario, se conmemoraron en
una historia metálica, L ’histoire métallique de Guillaume III (1692) 76 (figura 74). En otras
palabras, algunas de las personas que se oponían más firmemente a Luis estaban lo su
ficientemente impresionadas por su imagen com o para seguir su ejemplo.
LA RECEPCION DE LA IMAGEN DE LUIS XIV 161
Figura 73. «Luis como modelo». Retrato de Felipe V, de Hyacinthe Rigaud, óleo sobre lienzo,
c. 1700. Louvre, París.
162 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 74. «Otro rival real». Frontispicio grababo de la Hisíoire de GuillaumeIII, de Nicolás Che-
valier, 1692. British Library, Londres.
Entre los particulares, Joseph Addison, que no era ni m ucho menos amigo de
Luis, recomendó la fundación de una Academia de Inscripciones sobre el m odelo de
la petite académie. El primer duque de Montagu, partidario de Guillermo III, con
trató a un arquitecto francés para que diseñara Montagu House en Londres, y a un
pintor francés (Lafosse, uno de los pintores preferidos de Luis XTV) para decorarla.
Su casa rural, Boughton, en Northamptonshire, según Nikolaus Pevsner «acaso el
edificio de aspecto más francés del siglo XVII inglés», se describía en la época com o
«concebido sobre el M odelo de Versalles, con Alas laterales, excelentes Avenidas, Vis
tas y Perspectivas» (figura 75). Los años que pasó como embajador en Francia habían
influido en el gusto de Montagu 77
Pedro el Grande estuvo en Francia en 1717 y visitó Versalles y la Academia de Ins
cripciones. De regreso a casa envió a la Academia la inscripción para su monumento
ecuestre en San Petersburgo 7S. También el zar fundó un diario oficial sobre el mo
delo de la Gazette, una fábrica de tapices sobre el m odelo de los Gobelinos, y una aca-
164 LA FABRICA.CIONDE LUIS XIV L l. RECEPCION DE L l. IMAGEN D E LUIS XIV 165
Figura 78. El emperador Leo-poldo como ApoW, de Christian Dittmann y Georg von Cross, grabado,
1674. Bildarchiv, Nationalbibliothek, Viena.
zana de Oro» [fl pomo d ’oro], una magnífica producción de 1668 en la que Júpiter y
Juno representan al emperador y su esposa 81.
El estilo de gobierno de Leopoldo era p or lo general más sobrio que espléndido.
Oficialmente se le aplicaba el adjetivo de «M odesto» , y el dormitorio imperial era
ciertamente modesto com parado con el dormitorio real de Versalles. El término
«grande» no se le aplicó en vida, sino sólo después de su muerte, en 1705. La contra
tación por Leopoldo de historiadores oficiales (los nobles italianos Galeazzo Gualdo
Priorato y Giovanni Baptista Comazzi) y su reconstrucción de su palacio de Viena, el
Hofburg, son ejemplos normales de la clase de patrocinio que se esperaba de los
principios de la época. Incluso las comparaciones entre L eopoldo y el emperador
Constantino o el dios A polo (figura 78) eran lo bastante habituales com o para no te
ner que interpretarse com o reacciones a la imagen de Luis ^ XN.
Por otro lado, el carrmcsel esce^ nificado en Hofburg en 1667 puede verse como re
acción ante el celebrado en las Tullerías cinco años antes, y la fundación de un hos
pital militar en Viena se inspiró en los Invalides. Asimismo, el encargo aj. B. Fischer
von Erlach de constmir un nuevo palacio en Schonbrunn, en las afueras de Viena (fi
gura 79), fue seguramente una reacción ante Versalles, tanto más clara cuanto que el
Figura 77. «El rival de Luis». El Rey Leapoldo I como Conquistador de los Turcos, de Matthias Steinl. primer proyecto para el palacio coincide con el estallido de la Guerra de la Liga de
Kunsthistorisches Museum, Viena. Augsburgo. De hecho, una medalla acuñada en 1700 por un tal I. V. Wolfgang pre-
166 LA FABRICACION DE LUIS XIV
Figura 79. «Un Versalles austríaco». Primer proyecto del palacio de Schónbninn, dejoseph Bera-
hard Fischer von Erlach, grabado de Johann Adam Delsenbach según un dibujo del arquitecto,
c. 1700. Bildarchiv, Nationalbibliothek, Viena.
Figura 80. «Un Versalles austríaco». Schónbninn como palacio del soi, de I. V. Wolfgang, medalla,
1700. Kunsthistorisches Museum, Viena.
LA RECEPCION DE LA IMA GEN DE LUIS XIV 167
senta Schónbrunn com o el palacio del sol (figura 80). Podría, por tanto, hablarse de
una «guerra de imágenes» o del arte com o continuación de la guerra por otros me
dios 82. El medio elegido fue en definitiva un homenaje, no por involuntario menos
cierto, a Luis com o modelo.
La presentación oficial del primogénito y sucesor de Leopoldo, José I, que reinó
de 1705 a 1711, fue aún más parecida a la de Luis XIV. La elección de José com o Rey
de Romanos en 1690 se celebró con una entrada triunfal en Viena. Se le aclamó
como un «nuevo sol», y se le representó como Apolo en el techo del com edor de
Schónbrunn. Su sarcófago se decoró con relieves conmemorativos de cuatro victorias
sobre los franceses, incluido uno de la batalla de Ramillies. Hasta en la turaba siguió
compitiendo con Luis 83.
XII
L U IS E N P E R S P E C T IV A
Qu’eüt dit Louis XIV si on lui avait prouvé qu’en touchant les
écruelles il prenait modéle sur un chef polynésien?
Reinach 1
En este libro he tratado de describir la form ación gradual de la imagen de Luis XIV
en el curso de su reinado, y de determinar el público al que estaba destinada y la
forma en que fue recibida. Para concluir el estudio me gustaría situar esa imagen en
una perspectiva comparativa. Voy a intentar tres tipos de comparación. En primer lu
gar, entre Luis y otros gobernantes de su tiempo. En segundo lugar, con gobernantes
de períodos anteriores, sobre todos aquellos que el rey y sus consejeros, artistas y es
critores conocían mejor. Finalmente, volviendo a uno de los temas del capítulo intro
ductorio, confrontaré la imagen de Luis XIV con las de algunos jefes de Estado m o
dernos.
Luis en su tiempo
Luis XIV no fue el único gobernante de su época que prestó atención a las formas de
autorrepresentarse. Así com o otros compitieron con él, también él compitió con
otros, aprendió de ellos y se definió por contraste con ellos. Aunque Luis no imitó a
L eopoldo tanto como Leopoldo a él, sí le envidió el título de emperador (y de hecho
trató de obtenerlo en la elección imperial de 1658).
Como otros reyes de principios de la edad moderna, Luis intentó, especialmente
a partir de 1648, presentarse com o igual al emperador, y presentar su reino com o un
imperio 2. Por ejemplo, en la reseña oficial de la entrada de 1660, la famosa frase de
la Eneida de Virgilio, «He dado un imperio sin límites» [imperium sine fine dedil se
aplicó a los reyes de Francia, a quienes se presentaba com o sucesores de los empera
dores romanos. La reivindicación se formuló más explícita y plenamente en 1667 en
la publicación de Aubéry sobre los derechos de Luis al imperio (supra, página 73) 3.
Muchas referencias aparentemente intrascendentes a Luis refuerzan esa reivindi
cación. Por ejemplo, Vertron, uno de los historiadores reales, compuso una inscrip
ción que se refería a Luis como «emperador de los francos» [IMPERATOR FRANCO-
RUM] 4. Las frecuentes referencias a Luis com o «augusto» o com o el más grande
170 LA FABRICACION DE L UIS XIV
monarca del mundo deben entenderse com o formas de apoyar reivindicaciones polí
ticas concretas y no sólo com o una forma general de glorificación. Lo mismo cabe
decir de su uso del tradicional símbolo imperial, el sol, para dar a entender que hay
un supremo gobernante en la tierra com o hay un sol en los cielos.
Para situar la fabricación de Luis XTV en una perspectiva histórica es necesario re
montarse a fechas anteriores a 1660, o incluso a 1643. En la generación anterior a la
suya hubo dos reyes especialmente importantes para Luis com o ejemplos dignos de
emulación y superación: uno era su padre, Luis XIII, y el otro su tío y suegro, Feli
pe IV.
Felipe IV prestaba considerable atención a su imagen publica. El término «ima
gen» es especialmente aplicable a un rey que impresionaba a personajes extranjeros
com o el embajador francés por su capacidad de permanecer prácticamente inmóvil,
«como una estatua de mármol», sin mover más que los labios, cuando aparecía en
pú blico5. De hecho, Felipe no hacía muchas de esas apariciones. El rey participaba
en rituales religiosos y diplomáticos y a veces salía en un carruaje, pero prefería no
dejarse ver. Sólo comía en público una vez p or semana.
Esa form a de representar el papel real no era exclusiva de Felipe IV, sino propia
de la tradición española, con arreglo a la cual una serena dignidad, lo que se llamaba
«sosiego», era una cualidad muy apreciada. La gravedad y la sobriedad no deben to
marse por f alta de interés por la autopresentación; el número de retratos del rey que
han llegado a nuestros días son prueba elocuente de ese interés. La atención con que
revisaba el protocolo oficial [etiqueta] pone igualmente de manifiesto el interés de Fe
lipe por los rituales cortesanos. Por consiguiente, la inmovilidad y virtual invisibilidad
del rey deben considerarse parte integrante del teatro de la corte. El que por lo ge
neral no pudiera verse a Felipe era un forma de hacer más deslumbrantes sus apari
ciones en público6.
El término «deslumbrante» puede parecer inadecuado para un monarca tan so
brio com o Felipe IV, que generalmente vestía (como su abuelo Felipe II) en colores
oscuros, especialmente a partir de la mediana edad, y llevaba un simple cuello [la go
lilla] en lugar de las espléndidas golas que habían estado de moda en la corte (figura
81). Sus retratos por Velázquez son igualmente sobrios e impresionan por su modes
tia7.
De todas formas, se comparaba a Felipe con el sol y se le llamaba «el rey planeta».
También se le llamó en vida «Felipe el Grande». En 1640 se erigió en la Plaza de
Oriente de Madrid una espléndida estatua ecuestre del rey, obra del escultor italiano
Pietro Tacca. Felipe no se oponía a gastar una buena cantidad de dinero a fin de apa
recer en público en un entorno magnífico. Durante su reinado, en los años treinta,
se construyó en las afueras de Madrid un nuevo palacio, el Buen Retiro, a un costo
de unos dos millones de ducados, que entre otras cosas tenía un magnífico salón del
trono, la Sala del R ein o8. También durante el reinado de Felipe, en los años cua
renta, se enriqueció el palacio del centro de Madrid, el Alcázar, con su magnífica
Sala de Espejos (figura 82), que había de ser escenario de las audiencias reales. Allí
se recibió a los delegados franceses durante las negociaciones que precedieron al ma
trimonio de Luis XTV9.
L UIS EN PERSPECTNA 171
Figura 81. «Un modelo para Luis como conquistador». Felipe IV a caballo, de Diego Velázquez,
óleo sobre lienzo. Prado, Madrid.
Figura 82. «Un modelo para la Grande Galerie». Carlos ¡I de España en la Sala de Espejos de El Es
corial, de Juan Carreño de Miranda, óleo sobre lienzo. Prado, Madrid.
Figura 83. La recuperación de Bahía, de Juan Bautista Maíno, c. 1633. Prado, Madrid.
tanto de las formas monárquicas de Felipe IV. En el curso de las negociaciones que
precedieron a la boda de Luis, el embajador francés visitó los apartamentos reales en
el Alcázar. Luis tuvo en 1660 la oportunidad de reunirse con su tío (página 50, véase
figura 21).
Com o pone claramente de manifiesto el conflicto de precedencia de 1661, el ob
jetivo de Luis era superar a Felipe. Su m étodo era la imitación, en el sentido renacen
tista del término: emular un m odelo a fin de mejorarlo. Aunque nunca pemitió que
Colbert llegara a convertirse en un Olivares, Luis tuvo a su propio Velázquez en la
persona de Charles Lebrun, que era el conservador de la colección real y compraba
obras de arte para el rey en todos los rincones de Europa H. Versalles se parecía al
Buen Retiro tanto en su concepción — un palacio en las afueras de la capital— com o
en su decoración con pinturas de victorias reales. La Galerie des Glaces, por su parte,
emulaba — y superaba— el ejemplo de la Sala de Espejos del Alcázar. Los rituales co
tidianos de Versalles, tanto más fórmales que los de la corte de Luis XIII, deben algo
al precedente español. Parece que los cortesanos franceses se interesaron por el es
tilo español: lo cierto es que entre 1684 y 1702 se publicaron al menos och o edicio
nes en francés de la guía para la supervivencia en la corte del español Baltasar Gra-
cián. Luis era, probablemente, menos accesible y menos visible que sus predecesores
174 LA FABRICACIOND E LUIS XIV
inmediatos. Así opinaba, p or lo menos, Saint-Simon, que criticaba «la idea de ha
cerse más venerable hurtándose a los ojos de la multitud» [i’idée de se rendrepius vene
rable en se dérobant aux yeux de la multitude] 15.
La imagen oficial del rey resaltaba su accesibilidad. Las memorias reales contras
tan expresamente el estilo monárquico francés con los de las «naciones» — obvia
mente España— donde «la majestad de los reyes consiste en gran parte en no dejarse
ver» [oti la majesté des mis consiste pour une grande partie, á ne se point laisser voir] 16. El je
suíta La Rué felicitó a los habitantes de las provincias conquistadas a España porque
a partir de ese momento podrían ver a su m onarca17. Algo parecido se afirmó en uno
de los sermones funerarios en memoria de Luis, en el que se decía que el difunto rey
había sido «muy distinto de esos reyes misteriosos que se esconden para hacerse res
petar» [bien différent de ces rois mysténeux, qui se cachent pour se faire respecter] 1S. Desde
luego, Luis aparecía en público m ucho más que Felipe. Su estilo de autorrepresenta-
ción era majestuoso, pero también comunicativo. Cuando instituyó la costumbre de
los appartements en Versalles, él y la reina visitaban las mesas de ju e g o e incluso parti
cipaban en ellas, honrando así a sus súbditos (com o inmediatamente destacaría el
Mercure Galant) con su familiaridad 19. El estilo de Luis podría describirse como un
término medio entre la rígida formalidad española y el estilo, más popular, de otros
reyes del siglo xvn, especialmente Christian IV de Dinamarca y Gustavo A dolfo de
Suecia, a quienes gustaba hablar con sus súbditos en la plaza del mercado. Ya se ha
sugerido (véase página 39) que el famoso retrato de Luis por Rigaud trata de lograr
ese equilibrio entre f ormalidad e informalidad. Tanto la exhibición de atributos rea
les como la postura relajada del rey son rasgos que los retratos reales españoles evita
ban cuidadosamente.
El contraste entre Luis y Felipe pudo deberse a diferencias de temperamento,
pero también debe explicarse en términos de tradición política y cultural. La sobrie
dad de Felipe, com o la del emperador Leopoldo (supra, páginas 164 y 165), era el es
tilo de los Habsburgo. Podría aducirse que una familia que reinaba desde el siglo XIII
tenía tal legitimación genealógica que no necesitaba mucha glorificación por otros
medios. Luis sólo era, en contraste, rey de Francia de tercera generación (aunque un
Borbón anterior había sido rey de Navarra). De ahí que los retratos de Luis tuvieran
que ser más llamativos y más heroicos. Luis necesitaba más estatuas ecuestres y más
medallas que Felipe o Leopoldo. El gobierno francés también utilizó la imprenta mu
cho más que los Habsburgo. En ese sentido, com o en otros, seguía el modelo del go
bierno de Luis XIII y el Cardenal Richelieu.
Richelieu, junto con dos de sus asistentes, el fraile capuchino Pére Joseph (para
literatura) y el intendant Sublet des Noyers (para arquitectura y pintura), había hecho
mucho por amarrar a los artistas y escritores al carruaje del Estado, con objeto de
presentar una imagen favorable del rey y su gobierno. A esos efectos creó en 1634 la
Académie Frangaise, un grupo de cuarenta personas nombradas con arreglo a diver
sos criterios literarios y políticos20. A solicitud de Richelieu, el noble Jean-Louis Guez
de Balzac, miembro de la academia, escribió un tratado sobre El Príncipe en el que se
presentaba a Luis XIII com o gobernante ideal. Se escribieron algunos folletos para
justificar la política del gobierno frente a los críticos interiores y exteriores. Uno de
ellos, obra del sieur de Fancan, tenía un título adecuado, La voixpublique'21. En 1631
LUIS E N PERSPECTIVA 175
Figura 84. «Un modelo para Luis triunfante». Entrada triunfal de Enrique TV en París, de Pedro
Pablo Rubens (detalle), c. 1625. Florencia, Ufíizi.
Precedentes
por el cardenal Mazarino (supra, página 52). Había aprendido a ser patrono en
Roma, en el círculo del Papa Urbano VIII, y era propenso a favorecer a los italianos.
Contrató a un italiano, Francesco Buti, com o su asesor artístico en París, mientras El-
pidio Benedetti y Luigi Strozzi le mantenían en contacto con Roma y Florencia.
Llevó a Francia a cantantes, compositores, pintores y escenógrafos italianos (Gia-
com o Torelli y Gaspare y Cario Vigarani).
Una conexión italiana específica que merece especial atención es el eje París-Mó-
dena. Francesco d’Este, duque de Módena, siempre demostró un gran interés por las
artes. Para mejorar su palacio consultó a Bernini, a quien encargó un busto suyo, y
contrató a a Gaspare Vigarani com o arquitecto y superintendente de los festivales de
corte. El duque también cultivó las relaciones con la corte de Francia. Viajó a París
en 1657, propuso a su hija como esposa de Luis XIV, y él mismo contrajo matrimo
nio con una sobrina de Mazarino30.
El rey de Francia siguió en diversas formas el éjemplo del duque. Gaspare Viga
rani fue convocado a París en 1659 y diseñó los arcos para la entrada real en la ciu
dad del año siguiente, mientras que su hijo pasó veinte años diseñando máquinas
para jetes reales. El secretario del duque, Girolamo Graziani, recibió una pensión de
Luis XIV en los años sesenta y escribió panegíricos del «Hércules francés» (supra, pá
gina 58). El hecho de que tanto Francisco I com o Luis XIV pidieran consejo a Ber
nini para modificar sus palacios y realizar sus bustos no fue probablemente una coin
cidencia.
Com o demuestran esos ejemplos, la conexión italiana sobrevivió a Mazarino. Re
cibió nuevo impulso con la fundación de la Academia Francesa de Roma (1666),
donde podían estudiar artistas jóvenes. De hecho, la costumbre de estudiar en Italia,
y más especialmente en Roma, ya se había establecido antes de institucionalizarse.
Lebrun habíavivido cuatro años en Roma, de 1642 a 1646. También Girardon estuvo
en Roma en los años cuarenta, y Mignard residió allí más de veinte años (1635-1657).
Italia tenía m ucho que ofrecer a los artistas al servicio de Luis XIV. En Roma po
dían observar cómo se utilizaban obeliscos para transformar espacios urbanos en m o
numentos dedicados a los papas. En Venecia, el uso de pinturas históricas en el Pala
cio del Dux co m o m edio de glorificar al régim en. En Florencia, la sucesión de
salones — asociados con los planetas— del Palazzo Pitti (figura 85), residencia de los
Grandes Duques de Toscana, parece verdaderamente un m odelo para Versalles 51.
Esos salones fueron decorados por Pietro da Cortona entre 1637 y 1647, con una
combinación de escayola, dorados y frescos que glorificaban a la familia Médicis. El
ejemplo era tanto más apropiado cuanto que Luis XIV tenía una abuela Médicis.
Un anterior Gran Duque de Toscana, Cosimo de Médicis, fue muy probable
mente un m odelo para Luis XIV o para sus consejeros. Cosimo, que gobernó de 1537
a 1574, convirtió su Gran Ducado en una monarquía absoluta en miniatura. Gober
naba un Estado con menos de una veinteava parte de la población de Francia bajo
Luis XIV. Cosimo era hijo de un capitán mercenario que accedió al gobierno de Flo
rencia tras el asesinato de Alessandro de Médicis, que no dejó hijos. Su falta de legiti
midad le hizo más consciente aún de la utilidad política de las artes para crear una
buena imagen pública.
Cosimo, por ejemplo, erigió una columna en la Piazza Santa Trinitá de Florencia
178 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 85. «Un modelo para Versalles». Salón de Saturno, Palazzo Pitti, Florencia, de Pietro da
Cortona, c. 1640.
para conmemorar su victoria sobre las fuerzas de los republicanos exiliados. Hizo
acuñar doce medallas para conm em orar acontecimientos del reinado. Contrató a
Bronzino, Cellini y Vasari para que lo retrataran en ademán heroico, grave y leonino
en pinturas, estatuas y frescos32. Se hizo representar con los artistas a los que patroci
naba (figura 86). Nombró historiadores oficiales, a quienes se otorgaron pensiones y
se dio acceso a documentos oficiales y de quienes se esperaba que contasen una his
toria favorable a los Medicis. En 1565 gastó 50.000 escudos en un espléndido festival
para recibir a la esposa de su hijo (hermana del emperador) con arcos triunfales, re
medos de sitios, fuegos artificiales, etc. Fundó dos academias, la Academia Floren
tina, que trabajó en una gramática y un diccionario italianos, y la Academia de Di
bujo. Esas academias fueron los prototipos de la Académie Franfaise y la Académie
Royale de Peinture.
Los artistas y escritores que trabajaron para Luis XIV eran grandes admiradores
de la Italia renacentista. Jean Chapelain, por ejemplo, conocía bien la literatura ita-
L UJSEN PERSPECTIVA 179
Figura 86. «Un modelo para Luis como patrono». Cosimo y sus Arquitectos, de Giorgio Vasari,
pintura en techo. Palazzo Vecchio, Florencia.
liana, e incluso escribía versos en italiano33. Los grandes debates entre antiguos y m o
dernos y, en materia de pintura, entre la primacía del dibujo o la del color, se hacían
eco de anteriores debates en Italia. En su «historia poética» de la guerra entre los anti
guos y los modernos, Franpois de Calliéres puso el ejército de los modernos al mando
de Torquato Tasso. Las epopeyas de Ariosto y Tasso eran bien conocidas y muy admi
radas. Apenas sorprende descubir que la ópera Armide, de Quinault-Lully (1686), se
basa en episodios de la Gemsalemme Liberata de Tasso, o que en los Plaisirs de VIsle En-
chantéese adaptaban escenas del Orlando Furioso de Ariosto al escenario de un torneo.
El famoso carrousel de 1662 debe mucho a modelos italianos. La idea misma de combi
nar torneo y teatro se remonta a las cortes renacentistas de Ferraray Florencia34.
Las divisas o imprese utilizadas en festivales o en medallas, pertenecían a una tradi
ción renacentista italiana. Lo mismo ocurría con las medallas, y con buena parte de
su iconografía, especialmente las personificaciones com o la Fama, en forma de mu
jer, la Discordia, en forma de monstruo, etc., a menudo tomadas de la Iconología de
Cesare Ripa (1593), ese inestimable libro de referencia para artistas, que se había tra-
180 L A FABRICACION DE LUIS XIV
ducido aJ francés en 1644. Los escritos de Menestrier sobre lo que él llamaba «la filo
sofía de las imágenes» revelan su conocim iento de la literatura renacentista italiana
sobre emblemas35. De hecho, podría considerarse a Menestrier com o un ejemplo tar
dío de un fenóm eno renacentista, el llamado «asesor humanista» de los artistas.
También en materia de estilo la Italia renacentista brindó un modelo, o más bien
varios modelos, pues tanto el estilo florentino com o el veneciano tenían sus partida
rios. La «gran forma» de Lebrun era el estilo del Alto Renacimiento, y en particular
de Rafael. Lebrun rindió homenaje simultáneo a Rafael, Colbert y el rey en el Triunfo
de Constantino, un grabado en el que figura Constantino en un carro, coronado por la
Victoria, que tenía por modelo un dibujo de Rafael. Dedicado a Colbert, represen
taba a uno de los gobernantes con los que más frecuentemente se comparaba a Luis.
También las disertaciones de Frangois Blondel, director de la Academia de Arquitec
tura, muestran indefectiblemente un conocim iento de los precedentes renacentistas.
Blondel cita a menudo en ellas a los principales arquitectos italianos del período,
com o Alberti, Palladio, Vignolay Scamozzi.
Esas formas de imitación no eran serviles. No son ejemplos del «peso muerto» de
la tradición. Los artistas y escritores franceses escogieron del repertorio italiano pre
cisamente los modelos que podían utilizar. Su respeto por los logros italianos no im
pidió que algunos se consideraran capaces de superarlos36.
Figura 87. «Luis identificado con San Luis». Luis como San Luis, pintura anónima, c. 1660. Poi-
tiers, capilla del Colegio de los Jesuítas.
diar las antiguas estatuas y regresaban para hablar a sus alumnos sobre el Laocoonte,
el Hércules de Farnesio y el torso de B elvedere48. Por razones tanto políticas com o
estéticas, para impresionar a los extranjeros y para demostrar que París era una
nueva Roma, Colbert llevó a París estatuas clásicas y moldes de estatuas en escayola
(incluida la columna de T rajano)49.
Las estatuas ecuestres de Luis siguieron a menudo el modelo de la estatua de
Marco Aurelio en el Capitolio. Un molde en escayola de esa estatua estaba expuesto
en la Académie Royale de Peinture et Sculpture, donde los enviados siameses lo con
templaron en 168 6 50. Girardon fue uno de los escultores que siguieron este modelo,
aunque tuvo buen cuidado de que su estatua fuera m ayor51. En el debate sobre si se
debía dorar la estatua de Luis en la Place des Victoires se invocó el ejemplo de Marco
A urelio52. Los medallistas seguían precedentes romanos tanto en imágenes com o en
inscripciones, aunque ocasionalmente estaban dispuestos a romper con esos prece
dentes (página 126). No es probable que artistas com o Lebrun y Desjardins, que re
presentaron a Luis com o Hércules, desconocieran que también se había represen
tado así a los emperadores romanos.
La relación entre la literatura de la antigua R om a (y, en m en or grado,
Grecia) y la de Francia en el siglo xvii era a la vez más estrecha y más compleja que
la de las artes visuales, porque los escritores (en contraste con los artistas, o en mayor
medida que los artistas) podían esperar que sus lectores estuvieran en cierto m odo
familiarizados con los clásicos. Los escritores explotaron esa familiaridad jugando
con citas y alusiones.
Si Bossuetera un nuevo Eusebio, Boileau se presentaba com o un nuevo Horacio,
cuyos Mecenas y Augusto eran, respectivamente, Colbert y Luis. Com o H oracio,
escribió odas, epístolas, sátiras y un arte poético. Los retratos en prosa del rey p or Féli-
bien y otros seguían la tradición de la clásica ekphrasis o descripción de una obra de
arte53. Los panegíricos formales del rey, e incluso la costumbre de pronunciarlos con
ocasión de su cumpleaños, tenían precedentes clásicos. El jesuíta La Beaune publicó
panegíricos clásicos además de escribir otros modernos. El panegírico dedicado por
Plinio al emperador Trajano era especialmente bien con ocid o. Cada vez había más
traducciones para quienes no sabían leer latín o griego.
Benserade, por ejemplo, tradujo en verso las Metamorfosis de Ovidio, y el rey or
denó que se publicara una edición ilustrada, sin duda porque ayudaría a los especta
dores a descifrar muchas de las pinturas alegóricas en su honor. Los escritores veían
la antigua Roma como un rival que habían de superar. También usaron para glorifi
car a Luis XIV la idea de que Roma había sido superada. Sería, por supuesto, ab
surdo reducir la famosa «batalla de los libros» entre los antiguos y los modernos a un
simple medio de propaganda de Luis XTV. De todos modos, en el tópico literario de
que Luis era un nuevo Augusto o incluso, según una inscripción en el busto del rey
en el convento de los Maturinos, «más augusto que Augusto» [Augusto augustior] 54,
había un elemento político.
Como han mostrado los estudiosos del clasicismo, Augusto se ocupaba mucho de
su imagen pública, de m odo que tal vez sea interesante llevar la comparación un
poco más lejos55. Los paralelismos entre los dos gobernantes son realmente notables.
Augusto era un hombre pequeño, y para aparentar más estatura llevaba tacones al
184 LA FABRICACION D E LUIS XIV
Figura 88. El Emperador Claudio, camafeo. Cabinet des Médailles, Biblioteca Nacional, París.
El siglo XX
Hasta ahora hemos intentado ver a Luis en perspectiva mirando hacia atrás por el tú
nel del tiempo. Hemos comparado y contrastado a Luis con otros monarcas para des
cubrir si su manera de autorrepresentarse era o no habitual. Dado que el rey mismo
186 LA FABRICACION DE LUIS XIV
y los artistas y escritores a su servicio también miraban hacia atrás, ha sido necesario
estudiar sus actitudes con respecto a distintos períodos y gobernantes del pasado.
No podemos olvidar que nuestro punto de vista es necesariamente distinto del
suyo. En los tres siglos que separan a Luis de nosotros las representaciones de los go
bernantes han cambiado en m uchos sentidos. Consciente o inconscientem ente,
nuestra manera de ver el siglo x v i i está moldeada por nuestra propia experiencia del
siglo xx. Para evitar juicios anacrónicos, tal vez lo mejor sea hacer explícitas las com
paraciones. De hecho, podemos llegar a entender más a fondo no sólo nuestro pro
pio tiempo sino también el de Luis XIV si analizamos tanto las analogías como las di
ferencias entre esos dos períodos. Por consiguiente, me gustaría terminar este
capítulo — y el libro— comparando y contrastando los medios del siglo X V II con los
del siglo xx, y la imagen pública de Luis con las imágenes de algunos jefes de Estado
más recientes.
Los estudiosos de los medios de comunicación del siglo xx, al referirse a períodos
anteriores, incluido el llamado «antiguo régimen» que precedió a la Revolución
Francesa, parten aveces de supuestos que pueden ponerse en tela de juicio. Tómese,
por ejemplo, un conocido estudio sobre la propaganda, escrito en los años veinte de
este siglo, en el que se sugiere que «los tiempos han cambiado» desde Luis XIV, y
que el gran desarrollo de la propaganda y «la nueva profesión de las relaciones públi
cas» son fenómenos del siglo xx, consecuencia tal vez de la Primera Guerra Mundial
pero imprescindibles para la libre competencia de ideas en una sociedad democrá
tica70.
El perspicaz y provocativo ensayo sobre «la imagen» publicado a principios de los
años veinte por el historiador americano de la cultura Daniel Boorstin es otro ejem
plo de estudio del mundo moderno distorsionado por falsos supuestos sobre el anti
guo régimen. En ese ensayo, Boorstin aduce que lo que él llama la «revolución grá
fica» de finales del siglo xix y principios del xx (gracias a la imprenta de vapor, la
fotografía, etc.) ha dado nacimiento a lo que él llama «pseudoacontecimiento», un
término cuyo significado abarca desde los acontecimientos escenificados para los me
dios de comunicación hasta aquellos que se proclaman antes de suceder71. Confío en
haber demostrado la utilidad de ese término de Boorstin para el análisis de los me
dios de comunicación del siglo xvn, incluidos los periódicos, las medallas y los graba
dos. En tiempos de Luis XIV, actividades aparentemente espontáneas, desde los fes
tejos públicos por las noticias de las victorias francesas hasta la erección de estatuas
del rey, se escenificaban a veces con cierto cuidado.
Un estudio escrito en los años setenta utiliza también expresiones com o «el Es
tado espectáculo» [ l’état-spectacle] y el «sistema del estrellato en la política» para des
cribir el mundo de Kennedy y De Gaulle, Pompidou y Cárter. El autor contrasta esa
«personalización de la política» y el esfuerzo por presentar favorablemente a los can
didatos con el sistema «anteriormente» (cuando quiera que ello sea) vigente, en el
que las ideas tenían importancia y los políticos escribían sus propios discursos. Atri
buye la diferencia a la influencia del cine — incluido el Luis XIV de Rossellini— y la
publicidad n .
Los lectores de este libro comprenderán que esa argumentación es exagerada. El
poder ya estaba personalizado en el siglo xvn. El Cardenal Richelieu y Luis XIV utili-
LUIS EN PERSPECTIVA 187
zaban negros para sus discursos, memorias e incluso cartas (páginas 17-18). Puede que
a los políticos contemporáneos se los presente com o productos, pero también podría
aducirse que los productos contemporáneos, por su parte, son objeto de alabanzas
antaño reservadas a los príncipes.
Mucho antes del advenimiento del cine, el teatro daba fe de una forma de com
prender la política. Cuando el Dux de Genova llegó a Versalles en 1685, un observa
dor contemporáneo, que además era un dramaturgo, Donneau de Visé, comentó
que «el personaje que tenía que representar no era fácil» [le Personnage qu'il avoit á
soutenir n ’estoit pas aisé]73. La comparación entre la política y el teatro era habitual en
el período que estamos tratando. Para sus contemporáneos, como para la posteridad,
el Rey Sol era una estrella.
Los medios de persuasión empleados por gobernantes del siglo xx como Hitler,
Mussolini y Stalin, y en menor medida por los presidentes franceses y americanos,
son en algunos aspectos importantes análogos a los medios empleados por Luis XTV74.
Por ejemplo, la grandiosidad de la arquitectura y escultura oficial, que empequeñece
al espectador para hacerle consciente del poder del gobernante; el mito del héroe
omnisciente, invencible y destinado a triunfar sobre las fuerzas del mal y el desorden;
la imagen del caudillo que trabaja de noche mientras su pueblo duerme (mucho an
tes de que se pusiera en circulación esa imagen de Mussolini — o también de Napo
león— , La Brnyére contaba cómo «descansamos, mientras este rey... vela solo sobre
nosotros y sobre todo el Estado» [nous reposons... tañáis que ce roí... veille seul sur nous et
sur tout l'Etat]75). También la publicación de periódicos oficiales, y la organización de
escritores enl86 academias oficiales encargadas de la publicación de prestigiosos dic
cionarios y enciclopedias. Incluso un detalle com o la insistencia de Mussolini en que
su título de DUCE se imprimiera en mayúsculas tiene su paralelo en la presentación ti
pográfica de LUIS. Ambos gobernantes fueron presentados en público com o un se
gundo A ugusto76. Si las partes pudendas de Lyndon Johnson fueron objeto privile
giado de publicidad cuando se operó de la vesícula biliar, también lo fueron las de
Luis en tiempos de la fístula.
Mirando atrás por el túnel de la historia, la supresión de la medalla de la destruc
ción de Heidelberg, como la desaparición de Olivares del retrato de Baltasar Carlos,
son análogas a la eliminación de Trotsky de la Enciclopedia Soviética. Las instrucciones
dadas a las municipalidades francesas para que se ofrecieran a erigir una estatua de
Luis XTV en la plaza principal de la ciudad (supra, página 94) son buenos ejemplos
de lo que un historiador de la Rusia revolucionaria llama «el mito de la espontanei
dad» 77 Nombres com o Saarlouis y Luisiana, igual que Leningrado, parecen expresio
nes de un culto a la personalidad. Chapelain es el perfecto apparatchik, y la reacción
contra Luis XTV en tiempos de la Regencia un caso de «desluisificación» análogo a la
desestalinización. Mirando en dirección contraria, podem os ver en la Academia de
Ciencias Soviética un curioso homenaje a la Francia de Luis XTV — o, más exacta
mente (página 162), la sucesora de una institución fundada por Pedro el Grande en
homenaje a las academias francesas.
Esas analogías son sin duda notables. Nos recuerdan no sólo la importancia del ri
tual, el mito y el símbolo en la política de todos los tiempos, sino también la continui-
188 LA FABRICA CIONDE LUIS XIV
I LIVRE. La livre toumois era una unidad de cuenta. Como en el caso de las libras, chelines y
j peniques tradicionales, la tizarevalía 20 sous, y el sou 12 deniers.
I PARI EMENT. No era un parlamento en el sentido inglés del término, sino un tribunal. Ha
bía parlements provinciales en Aix, Besan^on (desde 1676), Burdeos, Dijon, Douai (desde
J 1686), Grenoble, Pau, Rennes, Rouen y Toulouse. El parlement de París era el tribunal su
premo del reino.
. P E T I T E A C A D E M I E [p e q u e ñ a a c a d e m ia ]. Originalmente un comité de la Académie
j Fran^aise, establecido por Colbert en 1663 para supervisar la glorificación del rey. Se inde
pendizó en 1696 con el nombre de Académie Royale des Médailles et Inscriptions, que en
1701 se cambió por el de Académie des Inscriptions et Médailles y en 1717 por el de Aca-
f démie des Inscriptions et Belles Lettres.
SURINTENDANT DES BATIMENTS [superintendente de las edificaciones]. Título del fun-
j cionario encargado de las edificaciones reales, o, como decían los ingleses contemporá-
t neos, las «obras del rey». Colbert ejerció este cargo de 1664 a 1683.
I
APENDICE 1
L A S M E D A L L A S D E L U IS X I V
Contar las medallas de Luis XIV no es tan fácil como podría parecer, y fecharlas es aún más di
fícil.
En primer lugar, la frase «medallas de Luis XIV» es ambigua. Hay que distinguir entre me
dallas y jetons. Los jetons eran más pequeños y se producían en mayor númerol. Otro problema
es que no todas las medallas que representaban al rey eran acuñadas, por el rey. La ciudad de
París, por ejemplo, acuñó en 1671 una famosa medalla de Luis «el Grande» (figura 14).
Para calcular el número de medallas acuñadas por el rey podría pensarse que se pisaba te
rreno firme recurriendo a la historia metálica oficial del reinado, publicada en 1723, que com
prende 318 medallas. Sin embargo, esa cifra incluye dos medallas en las que se representa la
muerte de Luis XIV, y que, por tanto, deben atribuirse al reinado de su sucesor. Por otro lado,
al menos dos medallas se excluyeron deliberadamente de la historia oficial: la medalla donde
se representaba la estatua de la Place des Victoires, y la medalla de Roussel donde se represen
taba la destrucción de Heidelberg2. Nos queda así un total de 318 medallas oficiales. Una com
paración entre las ediciones de 1702 y 1723 muestra otras discrepancias. Cada una de las colec
ciones contiene medallas omitidas en la otra. Sumándolas se llega a una cifra de 332 medallas,
y añadiendo a ella las suprimidas, a un total de 3343.
Fechar esas medallas es aún más difícil. A menudo se tratan como si la fecha de la medalla
fuera la fecha de acuñación y no la del acontecimiento conmemorado. En el caso de las me
dallas más tardías ese supuesto no está demasiado lejos de la verdad, pero en el caso de las
medallas de los acontecimientos anteriores a aproximadamente 1685 es extremadamente en
gañoso. Hay que diferenciar, por tanto, las fechas de los acontecimientos de las fechas de las
medallas que los representan, así como de las fechas de agrupación de las medallas en la his-
toire métallique.
1. Fecha de ios acontecimientos. Si analizamos el corpus metálico con arreglo a la fecha del
acontecimiento representado, hallaremos la siguiente distribución:
1630- 1640..................... 2
1640- 1650..................... 29
1650- 1660..................... 26
1660- 1670..................... 70
1670- 1680..................... 67
1680- 1690..................... 49
1690- 1700..................... 53
1700-1710..................... 25
1710-............................. 11
Total 332
194 LA FABRICA CION DE LUIS XIV
Fecha de las medallas. Dieciséis medallas se han atribuido ajean Warin, que murió en
2.
16724. En 1675, tras la muerte de Warin, su pupilo Frangois Chéron fue llamado a Pa
rís y nombrado graveur ordinaire des médailles du roi. Chéron había trabajado en Roma
para los Papas Clemente X e Inocencio X. Se ha dicho que en tiempos de Colbert, es
decir, entre 1661 y 1683, sólo se acuñaron 37 medallas, pero esta cifra es demasiada
baja para ser fiable. Una fuente contemporánea alega que para principios de 1685 se
habían acuñado 99 medallas5. La historia metálica publicada extraoficialmente por
Menestrier en 1689 comprende 122 medallas que representan acontecimientos sucedi
dos entre 1638 y 1688. Si se resta esa cifra a 332 quedan 220 medallas acuñadas en el
período 1689-1715. Noventa y dos de ellas corresponden al período 1689-1715. Si éstas
se restan de las 220 nos quedan 128 medallas acuñadas en el período 1689-1715, pero
en representación de acontecimientos anteriores del reinado.
Fechar la historia metálica del reinado también plantea problemas. Por lo general, el
proyecto oficial de realizar una historia metálica se fecha en c. 1685 y se asocia con
Louvois 6. Si lo que buscamos es un proyecto bien definido de una publicación en
forma de libro, esa fecha bien puede ser correcta, pero también se encuentran ideas
vagas menos avanzado el reinado, especialmente en cartas de Jean Chapelain (1 de
agosto de 1665 y 28 de septiembre de 1672). En 1673, el Mercure Galant afirmaba que
Jean Warin ya trabajaba en «l’Histoire du Roy en médailles».
La realización del proyecto oficial se encomendó a la petite académie. El trabajo progresó
lentamente, pues la academia tenía otras cosas que hacer. Mientras tanto, en 1689, Claude-
Frangois Menestrier publicó su famosa (pero extraoficial) Histoire du roi par les médailles. Parece
que esta colección de las medallas y divisas conmemorativas de acontecimientos entre 1638 y
1688 era un homenaje al rey en su quincuagésimo cumpleaños. Tal vez como reacción a esa
públicación extraoficial, la petite académie cambió su nombre en 1691 por el de Académie des
Inscriptions, y recibió la orden de centrarse en la historia metálica. En 1693 se dio nuevo título
L’Histoire du régne de Louis XTV, al libro de Menestrier, probablemente para que la academia pu
diera usar la frase clásica Vhistoire du roi. Sin embargo, cuando su trabajo se publicó finalmente,
en 1702, fue con el título Médailles sur les principaux événements du régne de Louis le Grand. Para
más detalles véase Jacquiot (1668),Jones (1979ay b), Ferrier (1982) y Oresko (1989).1 6
5
4
3
2
I C O N O G R A F I A D E L U IS X I V
No parece posible estimar el número total de retratos de Luis XIV ejecutados durante su rei
nado en distintos medios. El inventario más completo que conozco se limita a las obras que
han llegado hasta nuestros días, por lo que no incluye las famosas estatuas del decenio de 16801.
También se limita a obras de «artistas que vieron o pudieron haber visto al rey». Los compi
ladores enumeran sólo 99 grabados, aunque indican (página 4n) que en el Cabinet des Estam
pes de la Biblioteca Nacional hay 671 grabados de Luis. Su inventario tampoco incluye meda
llas y tapices. Aun con esas restricciones, el total alcanza una cifra de 433 (incluidos esbozos y
escenas donde a veces el rey no ocupa un lugar destacado). De esta cifra he extraído, para ul
terior análisis, 287 retratos completos fechables.
La distribución de las imágenes por decenios merece algún comentario. En contraste con
las medallas, normalmente hay pocas discrepancias entre la fecha representada y la fecha de la
pintura, grabado, etc. (aparte de los números 7, 165 y 271, que, por tanto, se omiten de la si
guiente tabla).
1630-1640..................... 5
1640 - 1650..................... 30
1650- 1660..................... 14
1660- 1670..................... 48
1670-1680..................... 40
1680- 1690..................... 62
1690-1700..................... 44
1700- 1710..................... 36
1710-... ......................... 5
Total............................... 284
C R O N O L O G I A DE P U B L I C A C I O N E S C O N T R A R I A S
A L U IS X IV
La lista que figura a continuación sólo incluye publicaciones que se refieren al rey (y no a
Francia) con cierto detalle. Casi todas ellas son anónimas o seudónimas, y el lugar de publica
ción rara vez es fiable.
1665 Histoire amoureuse des Gaules 1690 The Most Christian Turk
1667 Bouclier d’éíaí 1690 Concursus
c. 1667 Chimaera gaUicana 1690 Ñero Gallicanus
1673 Diefranzosische Türckey 1690 The Present French King
1673 Das franzosische Cabinet 1690 Beschreibung... Ehren Saule
1674 Machiavellus gallicus 1690 SoLstitiumgallicum
1674 Risées de Pasquín 1691 Ludwig derfranzosische Greuel
1678 Christianissimus chrisíiandus 1692 The French King’s Lamentations
1678 TheFrench King Conquered 1692 Monarchie Universelle
1680 The French Politician 1692 L ’Ombre de Louvois
1681 French Intrigues 1693 French Conquest
1684 Mars christianissimus 1693 Royal Cuckold
1684 Breuiarium Mazanni 1694 On the Taking of Huy
1684 Conduct o/France 1694 Giant Galieno
1684 Triomphe de la Vérité 1694 La Politique Ncruvelle de la Cour de
1685 Les Conquétes amoureuses du Grand France
Alcandre 1694 Scarrcm apparu
1686 L e Dragón missionaire 1695 Alcorán de Louis XIV
1687 Mars Orientalis et Occidentalis 1695 Amours de Mme de Maintenon
1688 La France galante 1695 Tombeau des amours de Louis le
1688 L ‘Esprit de la France Grand
1688 Remarques sur le gouvemement du 1695 On the Taking of Namur
royaume 1696 Grand Alcandrefnzstré
1689 Intrigues 1696 Nouvelles amours
1689 Bombardiren 1697 Paralléle
1689 Soupirs de la France esclave 1697 Chrestien non frangais
1689 Laus Ludovici delusa 1699 Télémaque
1689 Montespan im Schlaf 1700 La Partage du lion
1690 Eigenlob stinckt gem 1702 TheFrench Tyrant
1690 Der Franzosische Attila 1702 Franzosische Ratio Status
APENDICE 3 197
1705 Catechismus van de Konig van c. 1709 Piilers geordeneerd voor L14
Frankñjk 1709 Curses
1706 AlleTchristliche Fragstücke 1709 The French Kings Dream
1708 T h e F r e n c h K i n g ’s W e d d in g 1711 C lea r View
ABREVIATURAS
HARI H i s t o i r e d e l ’A c a d é m i e R o y a l e d e s I n s e r í p -
tio n s
M.G. M e r c a r e G a ila n t
1 Lavisse (1 9 0 6 ); G o u b e rt (1 9 6 6 ); W o lf
(1968); Labatut (1984); Bluche (1986).
2 Sonnino (1964); Thireau (1973).
3 Vries (1947); N. R.Johnson (1978).
4 Burke (1987, 1990).
5 M aumené y d ’ H arcourt (1932); Jacquiot
(1968); Mai (1975); Jones (1979a); M. Martin
(1986); Oresko (1989).
6 Entre los estudios recientes cabe citar a Be-
aussant (1981); Verlet (1985); Himelfarb (1986);
N éraudau (1 9 8 6 ); P om m ier (1 9 8 6 ); W alton
(1986).
7 Ssymank (1898); Ferrier Caveriviere (1981);
Marin (1981).
s Ranum (1 9 8 0 ); Fossier (1 9 8 5 ); Tyvaert
(1974) ; Klaits (1976)
9 Kantorowicz (1963); Elias (1969); Haueter
(1975) ; Giesey (1985, 1987); Christout (1967); Is-
h erw ood (1 9 7 3 ); A p ostolid és (1 9 8 1 ); M oin e
(1984).
10 L’ Orange (1953); Hautecoeur (1953); Kan
torowicz (1963).
n Dilke (1888); Lavisse (1906).
12 Giesey (1985), pág. 59.
13 Z w ied in eck -S ü d en h orst (1 8 8 8 ); G illot
(1914b); Gaiffe (1924); Malssen (1936); Jones
(1982-3).
14 Hartle (1957); Posner (1959); Grell y Michel
(1988).
15 Godelier (1982).
16 Citado en Adhémar (1983), pág. 26.
17 Chapelain (1883, 1964); Clément (1868);
Jacquiot (1968).
18 Para más detalles, véase el Apéndice 1.
19 Grell y Michel (1988).
20 Apostolidés (1981), pág. 126; Picard (1956).
21 Walton (1986).
22 M oine (1984), pág. 12; M. Martin (1986).
25 Collas (1912), pág. 357.
24 McGInniss (1968); Atkinson (1984).
25 Klaits (1976); cf. Speck (1972); Schwoerer
(1977); Vocelka (1981), esp. cap. 1; Kenez (1985),
introducción; J. Thompson (1987).
35 Schiedery Dipper (1984).
27 France (1972).
28 Kenez (1985), pág. 4.
29 Veyne (1988).
30 Fureúére (1690), s.v. «Gloire».
31 Rosenfield (1974).
32 Longnon (1927), págs. 33, 37, etc.
33 Scudéry (1671).
34 Clément (1868) 5, pág. 246.
35 Longnon (1927), pág. 134.
36 Bossuet (1967), libro 10.
37 Montesquieu (1973), pág. 58.
38 Charpentier (1676), pág. 131; M. G., abril
1686, pág. 223.
39 Naudé (1639), pág. 158.
40 LaBruyére (1960), pág. 239.
41 Cf. N .R J oh n so n (1978).
42 Sobre mitos políticos, Tamse (1975). Cf.
Burke (1939-40); Kershaw (1987).
43 Racine (1951-2), pág. 209.
44 Geertz (1980); cf. Schwartzenberg (1977).
45 Saint-Simon (1983-8) 1, págs. 714, 781, 857,
etc.
46 Quiqueran (1715), pág. 48, Mongin (1716),
pág. 3.
47 Lüníg (1719-20); Longnon (1927).
48 Kertzer (1988).
49 Goffman (1959).
50 La Porte (1755).
53 Pitkin (1967); H. Hofmann (1974); Podlach
(1984).
52 Gaxotte (1930), pág. 104.
200 LA FABRJCACIONDE LUIS XIV NOTAS 201
” Furetiere (1690). " Maumené y d’Harcourt (1932), Nos. 79, " Blondel (1698), pág. 608. ’ Chapelain (1883) 2, pág. 272; cf. Collas
" Saint-Simon (1983-8) 1, págs. 803 y ss.; Ca- 178. “ Moliere (1971) 2, págs. 1193-4. (1912), Cap. 8; Couton (1976).
xotte (1930), introducción. >6 Jenkins (1947); Mai (1975); Burke (1987). " Racine (1951-2) 1, pág. 990. ’ Mesnard (1857).
55 Longnon (1927), pág. 53. Sobre la autoría 17 Chapelain (1936), págs. 335-6; Krüger 56 Menestrier (1689). ' Thuillier (1967); Hahn (1971); Isherwood
de las memorias, Dreyss (1859); Sonnino (1964). (1986), págs. 227-46. 57 Perrault (1688-97). (1973).
56 Courtin (1671), pág. 41. 18 Fléchier (1670). ■ 58 Robinet (1665), en Rothschild (1881), pág. 37. 6 Dussieux y col. (1854) 2, pág. 16.
bl Félibien (1688). 19 Jump (1974). 59 Vertron (1686). 7 Crove ('980), s. v. «Bossuet».
" Courtin (1671), pág. 40. Racine (1951-2) 2, pág. 986. 60 Finnegan (1970), págs. 111-46; Curtius 8 Gersprach (1893); Florisoone (1962).
" M. C., septiembre de 1687, pág. 178 (Poi- 21 Benserade (1698) 1, págs. 193-4. (1947); McGowan (1985), págs.l y . , 11 y .
ss ss 9 Morgan (1929).
tiers). 22 La Beaune (1684). 61 Sobre Boileau, France ( 1972); sobre Pellis- 10 H.J. Martin (1969), págs. 695 y .
ss
60 En Agde en 1687: M.C., abril de 1687, pág. “ Bossuet ( 1961); Bourdaloue ( 1707); Flé son, Marin (1981), pág. 50. Cf. Pellisson (1735, 11 Chapelain (1883), pág. 313.
141. chier (1696); La Rue (1829). Sobre el sermón, Hu- 1749). 12 Ibid., pág. 422.
61 Visconti (1988), pág. 28. rel (1872); Truchet (1960), págs. 19 y ss.; Bayley 62 La Fontaine (1948), págs. 626 y ss., 636 y ss., " Ibid., pág. 451.
62 Lacour-Cayer (1898), págs. 306, 357. (1980). 730 y .ss " Ibid., pág. 608.
“ Longnon ( 1927), pág. 280; cf. Hartung " Perrault (1688-97), págs. 262 y ss. " Chapelain (1964), pág. 28.
(1949). 25 Bossuet (1961), págs. 310, 340, etc. '6 Chapelain (1883), pág. 384.
" Bossuet (1967), pág. 177; Soupirs (1689), 26 Tmchet (1960) 2, págs. 216-58. III. ORTO 17 Ibid., pág. 667.
pág. 18. 27 Rapin (1677). !8 Ibid., pág. 509.
“ Bossuet (1967), pág. 141; Luis XIV (1806) 3, 28 Poussin (1964), pág. 170; Piles (1699) 1, 1 Campanella (1915), págs. 195-207. " Ranum (1980).
pág. 491. pág. 6; Coypel, enjouin (1883), pág. 280. 2 Gazette (1638). 20 Los otros cinco eran Denys Codefroy, un
66 Cf. el titulo de Biondi (1973). 29 Chantelou (1889), pág. 212. ' Maumené y d’Harcourt (1932), No. 151. erudito archivero; Jean Puget de la Serre, más co
67 Godelier (1982); Bloch (1987), pág.274. " Boileau (1969), pág. 45. ' Sobre el establecimiento de la Regencia, nocido como autor de una guía epistolar; Charles
68 Bloch (1924). " France (1972); Pocock (1980), págs. 74 y ss. Wolf (1968), Cap. 2. Sorel, más conocido como autor de novelas, que
69 Boorstin (1962); acerca de la investigación " Rapin (1677), págs. 43 y ss.; Racine (1951-2) 5 Keohane (1980), págs. 220 y ss. ya había comprado el cargo en 1635; S^nuel Sor
sobre comunicaciones en los Estados Unidos, W. 2, pág. 209. 6 Furetiere (1690). biere y Henri de Valois, ambos nombrados en
Schramm (1963). ” Spanheim (1900), pág. 70; sobre él, Loewe 7 La estatua era obra de Gilíes Cuerin, el ba 1660.
70 Shils (1975); Eisenstadt (1979). (1924). llet de Isaac Benserade. 21 Thuillier (1983).
71 Ceertz (1980); pág. 13; cf. Tambiah (1985). " Sedlmayr (1954). ' Menot (!987). 22 Sobre Ja iniciativa original desde abajo,
72 Burke (1987), cap. 12. 35 Véase un úúl resumen de las representacio 9 Hanley (1983), en especial págs. 307-21. Hahn (1971), pág. 8.
7! Trilling (1972), cap. l. nes tradicionales en M. C., diciembre 1684, 3-9. 10 Haueter ( 1975); Jackson ( 1984); Le Coff " Hahn (1971).
” Lasswell (1936); Hymes (1974).I. Cf. Ferrier (1978). (1986); Coquault (1875), págs. 279-96, 613-32. 24 Chapelain (1883), pág. 502.
" Montagu (1968); Rosasco (1989). n Codefroy, citado en Haueter (1975), pág. 25 Depping (1855), No. l, pág. 41; Clément
" Bardon (1974); Polleross (1988). 197. (1868), págs. 237, 281, 293, 346.
II. PERSUASION " Montaiglon (1875-8) 1, pág. 224. 12 Viguerie (1985). 26 Jouin (1889); Thuillier (1963).
” Whianan (1969). 13 Dreyss (1860) 1, pág. 450; cf. la carta real de 27 Citado en Gould (1981), pág. 91.
' Lee (1940). " Posner (1959); Crell y Michel (1988). 1654, citadaen Le Coff (1986), pág. 144. 28 Lefebvre de Venise, citado en Chantelou
2 Rpr. Félibien (1688), págs. 83-112; cf. Bos- " Polleross (1988), No. 555. " Bloch (1924). (1889). pág. 105.
quillon (1688); Benserade (1698) 1, págs. 171-2; " M. C., 1679, 1681, 1682, etc.; cf. Zobermann 15 Móseneder (1983). 29 Dilke (1888), pág. 141.
Guillet (1854) 1, págs. 229-38. (1985); Neveu (1988). 16 Especial importancia tiene Tron,on (1662). 30 Weber (1985). pág. 165.
' Maumené y d’Harcourt (1923). Scudéry (1654-61); cf. Scudéry ( 1669). 17 Ibid., pág. 9. " Perrault (1909), pág. 30; Soriano (1968),
’ Crivet (1986). « DuBos (1709); cf. Klaits (1796). 18 Móseneder (1938), pág. 42. La cita es de págs. 266-93.
5 Dotoli (1983). " Sobre retratos visuales de Luis, Mai (1975); CuyPatin. .______ ” Couton (1976); Maber (1985).
6 Christout (1967); Silin (1940). sobre retratos literarios, Marin (1981). 19 Tron,on (1662), págs. 21-2. “ Viala (1985), págs. 69 y ss.; Kettering (1986).
7 Quinault (1739), 4.145f, 269, 341, 5, 200, " Cuillet (1854), págs. 229 y ss.; Sabatier 20 Barozzi y Berchet (1857) 2, pág. 401. " Perrault (1909), pág. 31.
257, 411; cf. Gros (1926). (1984). 21 Citado en Labatut (1984), pág. 43. " Chapelain (1883), págs. 469, 583.
8 Félibien (1674); Apostolides (1981). " Wittkower (1961). 22 Laurain-Portemer (1968); Lotz (1969); Mar- " Perrault (1909), págs. 38 y ss. Los esbozos
9 Móseneder (1983). " Mai (1975) der (1980). históricos que figuran entre los manuscritos de
" Pincemaille (1985); Sabatier (1985, 1988). '' Hatton (1972), pág. 101; Blunt (1953), pág. Chapelain (Collas, 1912, pág. 380) son tal vez
“ Perrault (1909), pág. 60. 401. parte del proyecto.
12 Combes (1681);Rainssant (1687). Sobre elVan Dyck, Held (1958). N. I.ACONSTRUCCION DEL SISTEMA 97 Jacquiot (1968), pág. xx.
” Curtius (1947). 51 Goffman (1959).
“ Tron,on (1662); cf. Roy (1983); Bryant ;2 J. Espitalier (1697), citado en Rómer (1967), i Meyer (1981).
(1986). pág. l 19n. ' Chatelain (1905).
202 LA FABRICACION DE LUIS XIV
2 M. G.. edición extraordinaria, juiio de 1683, 39 M. G., junio de 1685, pág. 69.
pág. 188. 40 M. G., octubre de 1685, pág. 13; febrero de
3 K. O.Johnson (1981). 1686, parte 2, págs. 49 y ss.
4 Autin (1981), págs. 52y s. 41 Boislisle (1889), págs. 210 y ss.; Wolf (1968),
5 Rainssant (1687);Félibien (1703). 465, 787; Souchal (1983), pág. 311; Mettam
6 Walton (1986), pág. 95. (1988).
7 M. G., diciembre de 1684, pág. 7. 42 Ranee (1886); N. R. Johnson (1978); Met
3 M. G., diciembre de 1684, pág. 10. tam (1988).
9 Rainssant (1687), págs. 9-84. 43 Mallon (1985); Taton (1985).
10 Racine (1951-2) 1, pág. 68. Sin embargo, se 44 HARI (1740) 2, págs. 10-13.
gún Furetiére, las inscripciones originales eran de 45 Rousset (1865) 2, págs. 376, 464.
Tallemant. 46 Menestrier (1689), pág. 53; Médailles (1702),
11 Jansen (1981). pág. 195.
12 Félibien (1680); M. G., septiembre de 1680, 47 Médailles (1702), pág. 202.
págs. 295-310. 48 Sobre el «castigo» de Génova, véanse los ver
13 Saint-Simon (1983-8) 5, pág. 607. sos en M. G., abril de 1684, pág. 323, y agosto de
14 Ibid., pág. 604. 1684, págs. 52 y ss.
’5 Elias (1969). 49 Gazette (1685) págs. 192, 271, 295 y ss., 320;
16 Saínt-Simon (1983-8) 5, pág. 530. M. G., mayo de 1685, págs. 310 y ss.
17 Ibid., 2, págs. 553, 877, 951, etc. 50 Menestrier (1689), pág. 51.
18 Courtin (1671). 31 Para un bajorrelieve de Coysevox en la base
19 Cf. Hobsbawm y Ranger (1983), especial de una estatua del rey para Rennes, Dussieux
mente la introducción. (1854) 2, pág. 36. Para las medallas, Menestrier
20 Saint-Simon (1983-8) 5, págs. 596 y ss. Sobre (1689), pág. 66; Médailles (1702) pág. 216; Lanier
él, Coirault (1965). (1883), págs. 58 y ss.
21 Visconti (1988), pág. 61. Cf la famosa rela 52 M. G., enero de 1682, pág. 10; junio de
ción del duque de Vendóme en posición análoga, 1685, pág. 20.
Saint-Simon (1983-8) 2, pág. 695. 53 M. G., diciembre de 1684, págs. 88-9.
23 Courtin (1671). 34 M. G., octubre de 1685, págs. 324 y ss.
23 Saint-Maurice (1910) 1, pág. 157. 53 M. G., enero de 1686, pág. 18. Cf. febrero de
24 M. G., diciembre de 1682, pág. 48. 1686 (edición especial sobre la Revocación).
25 Autin (1981). 56 Menestrier (1689), págs. 36-7; Médailles
26 Corvisier (1983), págs. 375^404; cf. Duchene (1702), págs. 209-11.
(1985). 57 Perrault (1686), págs. 99-106.
27 Perrault (1909), págs. 135-6. 53 Stankiewicz (1960), pág. 179.
28 Guillet, en Dussieux (1854) 1, pág. 67. 59 Bossuet (1961), pág. 340.
29 Mélese (1936); Mirot (1924); Teyssédre 60 Quartier (1681); Jouvancy (1686); Le Jay
(1957). (1687).
30 Corvisier (1983), pág. 390. 61 Quartier (1681);LaRue (1683).
31 Josephson (1928), Boislisle (1889); Souchal
(1983), que usa el término «campagne», pág. 311;
Martin (1986). VIII. OCASO
52 Redi (1685); Gazette (1685) pág. 56Ó; M. G.,
octubre de 1685, págs. 13 yss. 1 M. G., abril de 1686, págs. 2-4; noviembre de
33 M. G., enero de 1686, pág. 2. 1686, pág. 322.
34 Lister (1699), pág. 25. Cf. Boislisle (1889), 2 Le Roí (1862), págs. 261, 277.
págs. 49 y ss.; Desciiption (1686); y M. G., abril de 3 Klaits (1976).
1686, págs. 215 y ss., 224 y ss., 240-309. 4 Magne (1976).
35 Brice (1698), págs. 169 y ss. 5 Schnapper (1967).
3S Boislisle (1889), págs. 58 y ss.; M. G., abril de 6 LaBruyére (1960), págs. 452, 454.
1686, págs. 250-309. 7 Mallon (1985); Taton (1985).
37 Relation (1687). a Herault (1692); Boileau (1969), págs. 123-7;
33 M. G-, febrero de 1687, págs. 50, 55. 57, 73. Maumené y d’Harcourt (1932), No. 254.
204 LA FABRICACION DE LUIS XIV NOTAS 205
j
9 Médailles (1702), págs. 228, 230, 238, 241, IX. LA CRISIS DE LAS REPRESENTACIONES disidentes de Luis. Entre ellas destacan Zwiede- Gillot (1914b), págs. 269 y s.
243, 249, 250, 254. necR.-Südenhorst (1888); Schmidt (1907); Gillot 'i Raunié (1879), pág. 27; Chevalier (1711),
10 Médailks, págs. 235, 236, 240, 251, 267; sobre 1 Hatton (1972), pág. 42. (1914b) y Kleyser (1935) sobre el material alemán; págs. 30-1, aclarando elmensaje con lai nscripción
la medalla de Heidelberg, Jacquiot (1968), págs. 2 Jacquiot (1968), pág. ^cvi. van Malssen (1936) sobre el holandés; y Blum AUFERT NON DAT.
617 y . , pág. 110.
ss ' Boorstin (1962). (1913) y Rothkrug (1965) sobre el francés. No co “ Clément (1866), págs. 76-7.
" Wolf (1968), pág. 546; Médailles (1702), 4 Hahn (1971). nozco ninguna monografía sobre el material in ” Janmart (1888).
págs. 234, 268. 5 Gillot (19l4a);Jauss (1964); Kortum (1966). glés, como tampoco ningún estudio sobre el mate ” Menestrier (1691), pág. 38.
12 Addison (1890), pág. 351. 5 Blondel (1698), págs. 167 y ss., 174; Perrault rial en su conjunto. 45 Kunzle (1973), págs. 109 y s.
,s Médailles (1723), págs. 303, 309. (1687); Hall (1987). ' Cf. Burke (1978). .. Chevalier (1711).
14 lbid., págs. 311, 314. 7 Michel (1987), pág. 146. ’ An Hisioñcal Romance. 47 Sobre Werner, Glaesemer (1974).
15 Gaxotte (1930), págs. 126 (Vigo), 136 (Ra- 8 A. Biderst, en Godard (1987), pág. 162. 6 Nero. " Sobre Larmessin, Grivet (1986), pág. 244.
millies). 9 Gouhier (1958); Foucault (1966). 7 Present French King. 49 Sobre Lisola, Pribrarn (1894), cap. 15, esp.
16 Maintenon (1887) 2, pág. 30. 10 Borkenau (1934); Hazard (1935); Gusdorf ' French Tyrant. pág. 353n, y Longin(l900).
17 M. G., agosto de 1704, pág. 426, y octubre de (1969). 9 French Tyrant; Nero. 5° Sobre Becher, Hassinger (1951), pág. 210.
1704, pág. 8; Surville citado en Isherwood (1973), 11 Simson (1936); Sedlmayr (1954); Bryson 10 Nero; Poliiique Nouvelle. 51 Sobre Jurieu, Dodge (1947) y Stankiewicz
pág. 281. (1981). 11 Bombardiren, pág. 11; Franzósische Status. (1970).
18 Con respecto a la reacción privada del rey 12 Kantorowicz (1957); Archambault (1967). 12 Nero Gallicanus. 52 Sobre Courtilz, Woodbridge (1925).
1 " TheFrench Tyrant. " Swift (1983); Prior (1959) 1, págs. 130-51; cf
ante la derrota de Oudenarde y la pérdida de Li- 15 Schochet (1975).
lle, Gaxotte (1930), págs. 143 y s., 147 y s. 14 Lévy-Bruhl (1921). 14 lbid. Legg (1921): Addison (1890), pág. 351.
19 Gamite (1708), págs. 118, 360. '5 Thomas (1971). 45 Soupirs.
2° M. G.,julio de 1708, parte 2, prefacio y págs. 16 Cf. Burke (1987), cap. 16; y Burke (1990). 16 TM Mosi Chñsiian Turk.
141, 167-8. 17 Ven (1706-13). 17 Swift (1691). XI. LA RECEPCION DELA IMAGEN DE
21 Médailles (1723), No. 316. i® Bourdieu y Passeron (1970). 18 Remarques. LUIS XIV
22 Gaxotte (1930); Klaits (1976), págs, 298 y s. 19 Locke (1690) 1,6, pág. 65. 19 Grand Alcandre, en Bussy (1930), pág. 178.
En sus memorias, Torcy confesó su autoría. 20 Montesquíeu (1721), carta 24. 20 lbid., pág. 12. 1 Holub (1984); Freedberg ( 1989).
” Félibien (1703), pág. 103. 21 France (1982). 21 Nouvelles Amours, págs. 36, 122. 2 M. G., febrero 1683, pág. 23.
'' M. G., marzo de 1687, parte 1, págs. 7-9, 110 22 Le Roi (1862), págs. 234, 247. “ Chevalier (1711). 3 Hólscher (1978), pág. 448.
y ss., y parte 2, una edición especial sobre los feste ” Sagnac (1945) 1, pág. 87; pero obsérvense ” Wolf (1968), pág. 261. • Furetiere (1690).
jos. las reservas expresadas por Brockliss (1987), pág. 24 Cf. ibid., págs. 505 y s.; Kopeczi (1983). ' Cf. Habermas (1962).
25 Con respecto a la reacción del rey ante la 446n. “ Menestrier (1691), pág. 39. 6 Longnon (1928), pág. 32.
muerte del duque y la duquesa, Gaxotte (1930), " Haueter (1975), pág. 250n (corrigiendo a 26 Para inscripciones burlescas véanse Der 7 Citado en Gould (1981), pág. 123.
pág. 158. Bloch, 1924). franzósische Attila y los epitafios en Raunié 8 Brice (1698) 2, pág. 309; Jacquiot (1968),
26 Pintura c. 1655 en el colegio de los jesuítas “ Cf. Aposcolides (1981) sobre «le passage du (1879), págs. 58 y .
ss documento 9.
de Poitiers, Polleross (1988), fig. 104; estatua para systeme de signes anrique au moderne». No estoy 27 Gillot (1914b), pág. 273n; Solsiiiium 9 Sonnino ( 1973-4).
la entrada real en París, 1660, Móseneder (1983), de acuerdo, sin embargo, con la fecha que da para Gallicum. 10 Auerbach (1933).
págs. 103, 107; estatua de 1675 en Guimilau (Fi- . el c^ bio, 1674, a la vez demasiado precisa (como " Swift, «Ode to the King» (1691), en Swift 11 Loret, citado en Móseneder (1983), pág. 13.
nistere), Polleross (1988), No. 555. espero hayan demostrado mis ejemplos) y dema (1983), págs. 43-6. 12 Boislisle (1889).
" Gazeiie, pág. 859. siado temprana. 29 Medalla de 1709, en Chevalier (1711), pág. 13 Locke (1953), pág. 150.
28 Zobermannn (1985); cf. M. G., 1679, 1681, “ Cf. Klaits (1976), págs. 293-5 sobre la adop 112. Faetón se había utilizado oficialmente, pero 14 Scorer (1935); Roche (1978) l, págs. 19-20;
1682, 1689, 1693, 1697. ción de •(representaciones más razonadas». como símbolo del gobierno personal. Lux (1989).
29 Jacquiot (1968), lámina K. 27 Médailles (1702), págs. 121, 126, 138, 143, 30 LaPesie. 15 Un ejemplo de 1693 en Gaxotte (1930), pág.
'° Neveu (1988). 148, 179, 183, 199, 206, 210, 213, 223, 224, 226, 31 «Louis de Petit», Raunié (1879), pág. 58; y 83.
’ Menestrier (1699). 232, 240, 244, 249, 260, 263, 271, 283. Man, pág. 108. Grande sólo en ambición, Bombar 16 M. G. (1678).
” Jacquiot (1968), pág. cx.i.i. 28 King (1949). diren, pág. 5. 17 M. G., agosto de 1682, págs. 224-34.
“ Luis XIV (1806) 3, pág. 492. 29 Lasswell (1936), pág. 31. " Marsr, Turk:, Chrisiianissimus; Bombardiren. 18 M. G., enero de 1684, págs. 184 y ss.
" N. R.Johnson (1978), pág. 100. " Fragestücke, pág. ll. 45 M. G. (1687).
“ Hure! (1872), pág. ^ « ixn. Compárese con I " Soupirs, pág. 19; Fragestücke, pág. 14; Proben, 2° Vincent (1979), Dotoli (1983).
la cifra de 35 dada en N. R. Johnson (1978), pág. X. EL REVERSO DE LA MEDALLA pág. 3. 21 Feyel (1982), pág. 33.
78. “ Turk, pág. 67. " Stopfel (J964). págs. 63-73.
" Mongin (1716), pág. 3. i Raunié (1879) 1, págs. 46-9. " Prior (1959) ! págs. 141, 220. 2' Texto en Gaxotte (1930); comentario en
31 Quiqueran (1715), págs. 18, 27. ' Para más detalles sobre panfletos hostiles, en 57 Soupirs, pág. 19. Klaits (1976), págs. 209, 213 y s.
" Gaxotte (1930), pág. 186. su mayor parte anónimos, véase Apéndice 3. " Turk, pág. 70. " Cf. Jones (1982-3), págs. 209 y ss.
" Rave (1957); Le Roy Ladune (1984). ' Hay bastantes monografías sobre imágenes ” Poliiique nouvelle. 25 M. G., enero de 1682, pág. 53.
206 LA FABRICACION DE LUIS XIV
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B IB L IO G R A F IA
En esta bibliografía figuran todas las publicaciones mencionadas en las notas, excepto los ata
ques anónimos a Luis, listados en el apéndice 3. Salvo que se indique otra cosa, el lugar de
publicación es París.
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I
IN D IC E A N A L IT IC O
Nota: Los números de las láminas figuran en cur Aquisgrán, 74, 153.
siva. arcos de triunfo, 26, 50, 76, 80, 147, 156, 182, 4,
29, 30.
Argel, 32, 97, 120, 131,39.
Abbeviile. 146. Ariosto, Ludovico, 179.
Ablancourt, Nicholas Perrot d’, 59. Arles, 41, 92, 95, 147, 156.
Abundancia, 33, 66. Amould,Jean, 72.
academias, 41, 57, 91-2, 108, 146, 162, 178, 187, Amoult, Nicolás, 36.
191. Arras, 72.
Académie d'Architecture, 57, 180. Athos, Monte, 184.
Académie de Danse, 57, 71. Atlas, 50, 171.
Académie d’Opéra, 57. Aubéry, Antoine, 73, 169.
Académie des Inscripñons, véase petite académie. Augsburgo, 154.
Académie des Sciences, 57, 59-60, 92, 108, 122, Augsburgo, Liga de, 105.
126, 187, 192. Avice, Henri d’, 48.
Académie Frangaíse, 57.
Académie Frangaise de Rome, 57, 177. Bakhtin, Mikhail, 139.
Académie Royale de Musique, 57, Bali,16, 20.
Académie Royale de Peinture et de Sculpture, 57, Baltasar Carlos, infante, 172.
61, 69, 74, 78, 91, 101-2, 108, 178, 183, 191. Balzac, Jean-Louis Guez de, 174, 182.
Addison, Joseph, 109, 141, 161. ballet, 25, 51, 72, 83, 103,175-6,191.
Aix-en-Provence, 92. Barcelona, 109.
«Alcandre», 37, 134. Barrillon de Morangis, Antoine, 95.
alegoría, 33, 66, 175, 184. barroco, 30, 176.
Alejandría, 184. batallas: Blenheim, 105; Cassel, 82; Ekeren, 110;
Alejandro VII, Papa [Flavio Chigi], 68, 70. Fleurus, 109; Fridlingen, 110; Leuze, 109; Lu-
Alejandro Magno, 13, 35, 41-2, 72, 80, 115, 123, zara, 110; Malplaquet, 110; Marsaglia, 109; Ne-
126,134, 184, 10. erwinden, 109; Oudenarde, 110; Pforzheim.
Aligre, Charles y Etienne d’, 157. 109; Ramillíes, 110; Rocroi, 47; Staffarde, 109; -
almanaques, 24,140, 44. Steinkirke, 109; Ter, 109.
alto estilo, 32. Baudouin,Jean, cita, 45.
ampolla, 48. Becherjohanjoachim, 140.
Amsterdam, 140. Belgrado, 137.
Ana de Austriá, Reina, madre de Luis XIV, 45, 53, Benedetti, Elpidio, 61,154,177.
61. Benoist, Antoine, 105, 46.
analogías, 123. Benserade, Isaac, 25, 51, 62, 72, 183.
Angers, 92, 146. Bemini, Gianlorenzo, 26, 30,_ 51, 62, 70, 115, 175,
Anguier, Michel, 56, 79. 12; cita, 61, 71.
Anjou, duque de [después Felipe V de España], Besangon, 33, 75, 92, 146.
111, 146, 151, 154, 160. Biblioteca Real, 61, 92.
antiguos y modernos, 122,178,183. Bie,Jacques de, 175.
Apolo, 47, 51, 78, 140, 165, 184, 9, 15. Bignon, Jean-Paul, 122; cita, 122.
appartemenis, 91, 191. Bizancio, 182.
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224
J
LA FABRICACIONDE LUIS XIV
Blainville, Jules-Armand Colbert, marqués de, 91. Cerbero, 41, 84, 93.
Blenheim, 105, 110, 137. César Augusto, 116, 134, 175.
Bíoch, Marc, 89. Cévennes, 111. i
Blondel, Frangois, 180, 182, 184. Ciro, Rey de Persia, 35, 71, 115.
Boileau, Nicolás [Despréaux], 28, 30, 42, 77-9, 86, clasicismo, 32.
108-9, 122, 138, 145, 183; cita, 143. Clodoveo, 35,48, 103,115, 122, 175, 180.
Bolonia, 62. Cochinchina, 151.
Boorsdn, Daniel, 121, 186. Colbert, Jean Baptiste, 14, 26, 54-7, 59-62, 64, 71,
I
Borgoña, corte de, 180. 76-7,85,91, 123, 126, 145, 175, 182-3.
Borgoña, duque de, 108, 111, 146, 153. Comazzi, Giovanni Baptista, 165.
Borgoña, duquesa de, 17, 111. concursos de artistas y poetas, 33, 57, 69, 74, 78-9,
Bossuet, Jacques-Bénigne, 18, 32, 126, 180-3. 154.
Boughton, 162, 75. Condé, Luis II de Borbón, Príncipe de, 30, 47, 75.
Bouhours, Dominique, cita, 23. Conring, Hermán, 59, 73, 77.
Bourdaloue, Louis, 30. conseiL, 191.
Bourdieu, Pierre, 125. Constantino, 103, 165, 176, 180, 182.
Bourgogne, véase Borgoña. Constantino VII Porfirogéneto, 180-2.
Bourzeis, Amable de, 59, 62, 73, 175. Comedie, Pierre, 23, 51, 55-7, 66, 78, 153, 175;
Bouvert, Joachim, 151-2. cita, 65,77-9, 82-3.
Brandenburgo, 160. coronación de Luis XTV, 48, 124-5, 180.
Brujas [Brugge], 74. corte, 89,108, 146.
Buen Retiro, 170, 173. Cortona, Pietro da, 177, 85.
Burdeos, 92, 147. Cosimo de Médicis, Gran Duque de Florencia,
Burick, 78. 177, 86.
burocraiización, 62. Cosroes, 184.
Bussy-Rabutin, Roger, conde de, 37, 51, 129. Cotte, Robertde, 160.
Buti, Francesco, 177. coucker, 89,105, 176. )
Courtilz, Gatierde, sieur de Sandras, 141.
Caen, 92, 94-5,146. Courtin, Antoine, 91.
Calliéres, Frangois de, 178. Courtin, Nicolás, 35.
Cambefort, Jean, 62. Courtrai, 75.
Cambrai, 37, 82, 146-7. Coustou, Nicolás, 49.
Campanella, Tommaso, 45. couvert, 89.
campaña de estatuas, 13. Coypel, Noél, 108, 31, 55.
Canadá, 109, 151. Coysevox, Antoine, 108, 33, 34.
capital, 125. crisis de la legitimación, 125.
Caproli, Cario, 51.
Carcavy, Pierre de, 59, 92. chaise percée, 91.
Carew, Sir George, 176. Chambord, 85.
carisma, 19. Champaigne, Philippe de, 51.
Carlomagno, 35, 48, 103, 115, 122, 175. Chantelou, Paul Fréartde, 175-7.
Carlos 1,39, 125, 13. Chapelain, Jean, 28, 56, 58-9, 69, 73, 77, 145; cita,
Carlos II de Inglaterra, 69, 160. 55-6, 58-9, 75, 175, 177-8, 194.
Carlos XI de Suecia, 160. Charleroi, 109.
Carlos V, emperador, 171. Charpentier, Frangois, 64,86,153, 159.
carrousel de 1612, 175. Chanres, 146.
carrousel de 1662, 69,153, 175. Chaulnes, Charles d’Albert d’Ailly, duque de,
carrousel de 1667, 165. 95.
Cartagena, 109. Chavattre, Pierre-Ignace, 157.
Cassagnes, Jacques de, 64. Chéron, Frangois, 194, 42.
Cassel [Kassel], 82. Chevalier, Nicolás, 140, 74.
Cassini, Gian-Domenico, 59, 62. Chigi, Cardenal, véase Alejandro VIL
Cavalli, Francesco, 51. China, 151.
INDICE ANALITICO 225
mito, 11-16, 187. 94, 108, 115; Place Royale [Place des Vosgues],
mitologización, 19, 65-7, 69. 175; Place du Tróne [Place de la Nation], 76,
Módena, 154, 177. 80; Place des Victoires, 24, 85, 93, 115, 133,
Moliere [jean-Baptíste Poquelin], 24, 55, 62, 71, 138, 151, 156, 159, 182, 193, 36-8; Pont Royal,
74, 77, 145. 145; Porte Saint Antoine, 28, 80; Porte Saint
Monaco, príncipe de, 63. Bernard, 80; Porte St Denis, 26, 80; Porte St
Mons, 109. Martin, 28, 80; TuUerías, 69, 78.
Montagu, Ralph, primer duque de, 161. Parlements, 47, 49, 192.
Montespan, Franfoise, marquesa de, 74, 134, 137, Parrocel.Joseph, 79.
139. Pascal, Blaise, cita, 11, 124.
Montesquieu, Charles, barón de, 14, 125. patemalismo, 98, 110-11.
Montpellier, 28, 92,146,156. patrocinio, privado, 56,107-8.
Morel, 26. patrocinio, real, 57, 61, 63-4, 92, 108.
Mussolini, 189. Pau, 92, 147, 156.
Pedro el Grande, 162.
Namur, 105, 109, 137, 142. Peleo e Theti, 51.
Nantes, Edicto de, revocado, 101, 137. pelucas, 51, 105.
Napoléon, 187. Pellisson, Paul, 77, 95,154; cita, 42.
Needham, Marchmont, 141. Pepys, Samuel, 68.
Neerwinden, 109. Perelle, Adam, 29.
Nerón, Luis como, 129-130, 138. Perrault, Claude, 62, 70, 76, 122, 182, 19.
Neumann, Balthasar, 160. Perrault, Charles, 62, 64, 69-70, 73, 76, 92, 103,
Nimega, Paz de, 82, 85-6, 146, 150, 31. 123, 126; 144, 182,184, 18, 22.
Nímes, 96, 146. Persia, 71, 151, 184.
Nixon, Richard, 13. perspectiva dramática, 16.
Niza, 109. Peterhof, 162.
Nocret, Jean, 33. Petite Académie, 63, 108, 110, 116, 149, 192, 194.
Northleigh.John, 159. Pevsner, Nikolaus, 162.
novelas, 35, 130. Pforzheim, 109.
Philidor, André Danican, 26.
obeliscos, 62, 144, 177,184, 19. Philippsburg, 153, 160.
Observatorio (Londres), 160. Piles, Roger de, 92.
Observatorio.(París), 59, 76, 145. Píndaro, 28.
Ockham, Guillermo de, 124. Pirineos, Paz de los, 50-1, 86, 7.
odas, 28, 32, 80, 103, 108. pitón, 41, 48, 51, 86.
Olivares, Gaspar de Guzmán, Conde Duque de, Pitti, Palazzo, 177.
172, 187. Plaisirs de l'.lleEnchanté, 71, 145, 179.
óperas, 11, 25, 51, 146, 164, 179. Plinio, 183.
opinión pública, 13, 144. poder absoluto, 47, 55, 191.
Orfeo, 51 . P o it ie r s , 9 2 , 9 4 , 1 1 2 , 1 4 7 .
Orleans, Felipe duque de, 108. Pompeyo, 80, 115.
Orsoy, 78. Pontchartrain, Louis Phélypeaux, conde de, 95,
Oudenarde, 74-5, 110, 136. 107, 149.
Ovidio, 183. posteridad, 144.
Poussin, Nicolás, 32, 175.
panegírico, 30, 42, 77,103, 153-4, 177, 183. precedencia, 67, 86.
París, 49, 76, 85, 94, 115, 145; Bastilla, 140; collége Prior, Matthew, 137, 141; cita, 138.
de Clermont [posteriormente Louis-le-Crand], propaganda, concepto de la, 13.
28, 103, 153; Hotel de Bourgogne, 145; Hotel propiedades, 38-41.
deViHe, 47, 111, 145; Louvre, 14, 25, 61, 69, protestantes, 101-4, 111, 129-130, 140-2.
92, 123, 138, 145, 182; Marché Neuf, 50; Notre provincias, 146.
Dame, 78; Palais Royal, 145; Petit Pont, 157; pseudoacontecimientos, 19, 61, 122, 186.
Place Louis-le-Grand [Place Vendóme], 24, 92- Puget, Pieire, 92.
INDICE ANALITICO 229