DEDICATORIA
A LOS PIES DE JESÚS
Un discipulado con el más grande de todos los maestros Volumen I
El Sermón del Monte
Las Normas de Vida del Reino de Dios
Iván Castro De la Hoz
Contactos:
Correo: [email protected] Teléfonos: 378 5777 - 378 5780 Barranquilla,
Colombia
A mi amada esposa Patricia Vega, compañera fiel en
el ministerio, ayuda idónea incondicional y una
adoradora de verdad.
A mis hijos Iván Moisés y Daniel Enrique; verlos
crecer ha sido toda una aventura y motivación.
A mis nietos Thiago y Francesco, quienes me han
enseñado una nueva forma de amar.
ISBN:
Impresión
Editorial Mejoras
Calle 58 No. 70-30
[email protected] [email protected]
www.editorialmejoras.co
A este libro se le aplicó
Patente de Invención No. 29069
Noviembre de 2015 Barranquilla
Printed and made in Colombia
A mi madre Rosa De la Hoz, una verdadera discípula
de Cristo.
AGRADECIMIENTOS
A Dios, fuente de toda gracia y de sabiduría, sin su
inspiración y guía esta obra jamás habría visto la luz.
Al reverendo Néstor Blanco, un hombre de Dios, por
su invaluable aporte en la corrección de los textos
originales. Sin su colaboración este libro solo sería un
boceto.
A las hermanas Cruz Elena y Rebeca Salcedo,
quienes con sus correcciones, sugerencias y aportes,
dieron a esta obra su presentación final.
A Rosana Quevedo, por el diseño de la portada y su
sensibilidad para recoger en ella el espíritu de esta
obra.
CONTENIDO
Prólogo
..........................................................................
............. 11
Introducción
..........................................................................
..... 13
Parte I. El carácter y la influencia de los
discípulos de Cristo Encuentro 1. El Reino de Dios y
el discipulado ........................... 19
Encuentro 2. Humildes, sufridos y mansos
................................ 26
Encuentro 3. Justos, compasivos y puros
................................... 35
Encuentro 4. Pacificadores, los que sufren por causa
de la justicia y los perseguidos por causa del Señor
Jesús ......... 46
Encuentro 5. Los discípulos como la sal de la tierra
................... 55
Encuentro 6. Los discípulos como la luz del mundo
................... 63
Encuentro 7. El carácter y la influencia de los
discípulos
de Cristo (Un repaso y algo más…)
............................................. 71
Parte II: Los deberes de los discípulos de Cristo
Encuentro 8. Demandas superiores a la ley
............................... 79
Encuentro 9. “No te enojarás con tu hermano”
......................... 87
Encuentro 10. “No cometerás infidelidad
conyugal”.................. 95
Encuentro 11. “No te divorciarás por cualquier
motivo” ........... 101
Encuentro 12. “Hablarás con verdad”
........................................ 108
Encuentro 13. “No te vengarás de quienes te hacen
daño” ....... 111
Encuentro 14. “Amarás a tus enemigos”
.................................... 117
Encuentro 15. Los deberes de los discípulos de Cristo
(Un repaso y algo más…)
............................................................ 124
Parte III: La vida devocional de los discípulos
de Cristo
Encuentro 16. Una advertencia contra la hipocresía
religiosa ... 131
Encuentro 17. Ayudar a los necesitados
..................................... 138
Encuentro 18. La oración
............................................................ 148
Encuentro 19. El Padrenuestro: Un modelo de oración
............. 159
Encuentro 20. El ayuno
............................................................... 172
Encuentro 21. La vida devocional de los discípulos de
Cristo (Un repaso y algo más…)
............................................................ 179
Parte IV: Los intereses de los discípulos de
Cristo
Encuentro 22. ¿Qué es lo más importante?
............................... 187
Encuentro 23. Las intenciones
.................................................... 195
Encuentro 24. Dios o las riquezas
............................................... 201
Encuentro 25. El mejor uso del dinero
....................................... 211
Encuentro 26. No a la ansiedad
.................................................. 223
Encuentro 27. ¿Cómo afrontar la ansiedad?
.............................. 234
Encuentro 28. Los intereses de los discípulos de
Cristo
(Un repaso y algo más...)
............................................................ 244
Parte V: Las relaciones de los discípulos de
Cristo
Encuentro 29. No juzgues a los demás
....................................... 251
Encuentro 30. Reprende con sabiduría
...................................... 259
Encuentro 31. Trata a los demás como esperas ser
tratado ....... 266
Encuentro 32. Las relaciones de los discípulos de
Cristo
(Un repaso y algo más...)
............................................................ 274
Parte VI: Los enemigos de los discípulos de
Cristo
Encuentro 33. Los falsos caminos
............................................... 281
Encuentro 34. Los falsos maestros
............................................. 294
Encuentro 35. Los falsos discípulos
............................................ 302
Encuentro 36. Los falsos
fundamentos....................................... 309
PRÓLOGO
Pastor Néstor A. Blanco S.
El Sermón del Monte es la estructura discursiva más
importante de la Biblia, porque está constituido con
palabras textuales en el más largo y profundo
mensaje expresado personalmente por Jesús.
Comprende la totalidad de los capítulos 5, 6, y 7 del
evangelio de Mateo, con excepción de unos cuatro
versículos que sirven de presentación y cierre.
El Señor establece comparaciones entre ley y gracia,
y en términos muy domésticos e inteligibles nos
confronta por el desfase que suele haber en nuestra
vida cristiana cuando el discurso y la conducta
carecen de coherencia.
El reverendo Iván Castro De la Hoz, es un Ministro
del Evangelio con vasta experiencia como evangelista
y pastor. Su vida de integridad es el principal aval
para desarrollar este trabajo tan singular que ha
llamado A los pies de Je- sús, en el cual interpreta
magistralmente el más famoso de los discursos del
más famoso de los Maestros: Jesús de Nazareth.
El pastor Iván nos demuestra que no seremos
verdaderos cristianos hasta que no seamos
verdaderos discípulos. Todos los tomos de nuestro
conocimiento teológico serán inútiles si no podemos
sentarnos a los pies de Jesús para oírle y…
obedecerle. Debo confesar que la lectura de esta
producción del pastor Iván significó una
confrontación de lo que ha sido mi experiencia
cristiana.
A los pies de Jesús es un trabajo enjundioso que
viene a ocupar un lugar obligado en esta hora de la
Iglesia, cuando la estructura eclesiástica amenaza
con tragarse al Cuerpo de Cristo.
Gracias, pastor Iván.
INTRODUCCIÓN
Muchos de nosotros hemos oído hablar de Mahatma
Gandhi, pensador y líder del nacionalismo indio.
Gandhi es la personalidad india más relevante de la
época contemporánea. Dominó la escena política y
social de la India durante la primera mitad del siglo
XX. Y promovió entre sus compatriotas la revolución
pacífica. Sin el uso de las armas, logró que la India
dejara de ser una colonia inglesa y llegara a ser
dueña de su destino político. Lo que muy pocos
sabemos de este extraordinario líder político, es que
en su juventud leyó los Evangelios y fue
impresionado por las enseñanzas de Jesús,
especialmente por lo que Él dijo en el Sermón del
Monte. Después de leerlo muchas veces, llegó a la
conclusión de que “quienes viven el Sermón del
Monte tienen que ser las mejores personas de esta
tierra”. En una ocasión Lord Irwin, quien fue virrey
británico en la India, preguntó a Gandhi sobre qué
creía él que resolvería los problemas entre Gran
Bretaña y la India. Gandhi tomó una Biblia, la abrió
en el capítulo cinco del evangelio de Mateo y dijo:
“Cuando su país y el mío sigan las enseñanzas
expuestas por Cristo en el Sermón de la Montaña, se
habrán solventado los problemas no solo de nuestros
dos países, sino los de todo el mundo”.
Este líder religioso y político de la India, hubiese
llega-
Iván Castro De la Hoz A LOS PIES DE JESÚS
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
do a ser un fiel cristiano, de no ser porque después
de la enorme impresión que le causó el Sermón del
Monte en su juventud, quiso conocer a las personas
que leían el Sermón del Monte y las enseñanzas de
Jesús. Se dirigió a una igle- sia cristiana en Londres y
cuando iba a entrar, el encargado de darle la
bienvenida a las personas, lo detuvo y le dijo que él
no podía entrar allí, porque “esa era una iglesia para
blancos”. Asombrado, se retiró de la puerta y nunca
más visitó una iglesia cristiana con el propósito de
unirse a ella. Al pasar el tiempo, cuando alguien le
preguntaba a Gandhi su opinión acerca de los
cristianos, se limitaba a decir “los cristianos tienen
un gran Cristo, pero Cristo tiene muy ma- los
cristianos”. Qué tristeza, una iglesia racista, selectiva
y segregacionista. Cristianos que leen el Sermón de
la Mon- taña y no lo ponen en práctica.
Gandhi tenía razón al afirmar dos cosas, que las
mejores personas del mundo deberían ser las que
oyen y ponen en prácticas las enseñanzas de Jesús, y
que eso haría cesar los conflictos entre los pueblos y
las personas. Basta con leer Mateo 5, 6 y 7 para
darse cuenta que las enseñanzas de Jesús superan
en gran medida cualquier norma de vida. El Sermón
del Monte es como la Constitución Política del Reino
de Dios. Debería ser considerado la norma de normas
por todo discípulo de Cristo. Es la quintaesencia de
las enseñanzas de Jesús, en él están de forma
sucinta las grandes verdades del Reino de Dios que
todo discípulo de Cristo debe conocer y practicar.
En el Sermón del Monte, no encontrarás un tratado
de teología, ni de dogmas cristianos, sino una clara
invi- tación a honrar a Dios en la vida cotidiana, a
permitir que el carácter del Señor Jesús se desarrolle
en tu vida, una exhortación a cuidar las intenciones
de tu corazón y revisar permanentemente tus
relaciones. Oirás al Señor decir, que “antes de ofrecer
tu adoración a Dios, tendrás que examinar tu corazón
y si encuentras que un hermano está ofendido
contigo, es preferible que suspendas tu adoración y
te reconcilies con él”. En fin, encontrarás un llamado
a vivir para Dios en el día a día.
En este volumen te invito a estudiar el Sermón del
Monte en oración, con una actitud humilde y de santa
expec- tativa, a que junto con quienes lo escucharon
por primera vez, en la falda de una montaña, te
sientes a los pies de Jesús, escuches sus principios
de vida, atiendas sus adver- tencias y creas sus
promesas, a que revisemos cuidadosamente cada
una de las máximas aquí expuestas y que le digas a
Dios que te ayude a ponerlas en práctica.
Este libro consta de 36 capítulos o encuentros, los he
llamado así, porque quiero conservar el sentido de
que la propuesta del libro no es tanto académica
sino, más bien relacional. Pretendo que cada lección
sea un encuentro con el Señor Jesús y sus verdades.
Un encuentro que estoy seguro cambiará tu vida.
Estos 36 encuentros se desarrollan dentro de seis
divisiones principales, que siguen la división temática
que el mismo Señor hizo en la exposición de su
sermón. He llamado a estas divisiones partes, ellas
son:
Parte I: El carácter y la influencia de los discípulos de
Cristo.
Parte II: Los deberes de los discípulos de Cristo.
Parte III: La vida devocional de los discípulos de
Cristo.
Parte IV: Los intereses de los discípulos de Cristo.
Parte V: Las relaciones de los discípulos de Cristo.
Parte VI:Los enemigos de los discípulos de Cristo.
Encontrarás también al final de cada una de estas
divi- siones o partes, un capítulo de repaso, en el
cual intento resaltar las verdades o principios de vida
estudiados, también he hecho una ampliación de las
explicaciones de las secciones, teniendo en cuenta el
tema dominante en la división. Por ejemplo, en las
primeras dos partes del libro en las cuales tratamos
el carácter y la influencia de los dis- cípulos de
Cristo, en el encuentro de repaso de esta sección,
ampliamos el significado del término bienaventura-
dos, para señalar que aunque la felicidad, no es una
meta en la vida de un discípulo de Cristo, sí es el
resultado de una manera de vivir acorde con las
demandas de Dios. Se concluye que la verdadera
felicidad es posible. De manera, que quienes aplican
el Sermón del Monte en su vida diaria, serán felices.
Bienvenido a este encuentro fascinante con las
enseñanzas de Jesús, que de seguro cambiarán tu
vida.
PARTE I EL CARÁCTER Y
LA INFLUENCIA DE LOS
DISCÍPULOS DE CRISTO
Encuentro 1 EL REINO DE DIOS
Y EL DISCIPULADO
• Relación entre el Reino de Dios y el
discipulado
Iniciaremos esta serie de encuentros con las
verdades enseñadas por Jesús a sus discípulos,
estableciendo la re- lación existente, entre ser un
discípulo de Cristo y aceptar el Reino de Dios en la
vida. Establecer esta relación es muy necesario,
especialmente, si nos damos cuenta de que en la
actualidad, muy pocos de quienes se dicen
seguidores de Jesús, están dispuestos a obedecer lo
que Él ordena.
Tengo la impresión de que una de las razones por la
cual no entendemos el discipulado como un acto de
someti- miento al señorío de Cristo, es porque no
comprendemos la relación entre estos dos grandes
hechos, de los cuales nos habla la Biblia: El Reino de
Dios y ser un discípulo de Cristo. Si somos discípulos
del Señor Jesucristo, debemos empezar por
preguntarnos seriamente ¿Qué es el Reino de Dios?
Es nuestro deber examinar cuidadosamente este
concepto en las Sagradas Escrituras, porque ese fue
el mensaje central de Jesús a sus discípulos; fue la
base de sus demandas a ellos y el sustento de sus
promesas. Jesús no se dedicó a enseñarles “un
manual de doctrinas cristianas” o de teolo- gía, a sus
seguidores, sino que les mostró el Reino de Dios en
acción y se los explicó con sus enseñanzas.
Tenemos que reconocer, que muchas veces, cuando
hablamos del Reino de Dios, lo hacemos pensando en
nuestra vida futura en el cielo. Lo vemos como una
realidad distante, tanto en el tiempo, como en el
espacio y nos ol- vidamos, que si bien es cierto que
uno de los significados de la expresión Reino de Dios
tiene que ver con el cielo y la eternidad, pero no es
el único que tiene, pues, encontra- mos muchos
pasajes en el Nuevo Testamento, que colocan al
Reino de Dios, en el aquí y ahora. Por ejemplo:
Mateo 3:1-2, “En aquellos días vino Juan el Bautista
predicando en el desierto de Judea, y diciendo:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha
acercado”; también en Mateo 5:3 el mismo Señor
afirma: “Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos”. Existen
otros textos en el Nuevo Testamento que podemos
citar en apoyo a esta verdad, como Mateo 10:7;
10:17; 12:28; Ro- manos 14:17; y Colosenses 1:13.
En otras palabras, en este mismo momento, mientras
lees estas palabras, el Reino de Dios se encuentra en
acción en el mundo.
Ninguno de nosotros podrá entender el concepto de
Reino de Dios, si no fijamos nuestra atención en las
en- señanzas de Jesús, pues es Él quien mejor nos lo
puede explicar, ya que vino a esta tierra con el
propósito de es- tablecerlo en el mundo y segundo,
porque es el único ser humano que en verdad se
sometió a las leyes de ese Reino.
JESÚS Y EL REINO DE DIOS
• Prioridad del Reino de Dios en las enseñanzas
de nuestro Señor Jesús
El Reino de Dios fue el tema central de las
enseñanzas de nuestro Señor Jesús. Basta con leer el
evangelio de Ma- teo, en el cual la palabra Reino es
usada por el Señor Jesús por lo menos 55 veces, ya
sea sola o acompañada con alguna de sus variables,
Reino de los cielos o Reino de Dios. Esta insistencia
del Señor en el tema, indica que es fundamental en
sus enseñanzas. Tanta importancia le dio nuestro
Señor al Reino de Dios en sus enseñanzas, que
prácticamente to- das se pueden bosquejar tomando
elReino como su eje temático, fijémonos, por
ejemplo, en los cuatro (4) discursos más conocidos
del Señor Jesús:
• El Sermón del Monte (Mateo, capítulos 5-7). Habla
de
las normas éticas del Reino de Dios.
• Las parábolas del Reino (Mateo 13 y 14). Ilustran el
establecimiento, la explicación y la extensión del
Reino de
Dios.
• Los discursos escatológicos (Mateo 24-25).
Anticipan la
consumación del Reino de Dios.
• Las últimas palabras de Jesús (Juan 14-17).
Explican la
transmisión del Reino de Dios.
Además de lo anterior, si tomas como ejemplo el
Sermón del Monte (Mateo 5-7), el más famoso de los
predicados por Jesús, observarás cómo está lleno de
alusiones al Reino de Dios. Se dice que:
• El Reino de Dios pertenece a los humildes de
corazón
(Mateo 5:3).
• El Reino de Dios pertenece a los que padecen
persecución por causa de amar y practicar la justicia
(Mateo
5:10).
• En el Reino de Dios los que quebrantan los
mandamientos de Dios serán considerados
insignificantes (Mateo
5:19).
• En el Reino de Dios quienes obedecen los
mandamientos de Dios gozarán de reconocimiento
(Mateo 5:19).
• En el Reino de Dios quienes no practiquen la
justicia de
Dios serán excluidos de la recompensa celestial
(Mateo
5:20).
• El establecimiento del Reino de Dios debe ser el
principal motivo de nuestra oración (Mateo 6:10).
• El reconocimiento del Reino de Dios en nuestra vida
es uno de los fundamentos de nuestra vida de
oración
(Mateo 6:13).
• El Reino de Dios en nuestro corazón debe ser
nuestra búsqueda permanente como hijos de Dios
(Mateo
6:33).
• El Reino de Dios en nuestras vidas comienza con
una
declaración genuina de su señorío en nuestro corazón
(Mateo 7:21).
El significado de la expresión Reino de Dios
para nuestro Señor Jesús
Recordemos, que cuando el Señor Jesús hace uso de
la expresión Reino de Dios, lo hace dentro de un
contexto judío, por lo que es necesario entender
primero, que para un judío de la época de Jesús, el
Reino de Dios es el gobier- no de Dios sobre todos
los asuntos de la nación: su orga- nización, leyes,
dirigentes y destino, por lo tanto, cuando el Señor
utiliza esta frase y la aplica a sus discípulos, está
diciendo que ellos serán aquellas personas sobre las
cuales Dios ejerce su voluntad soberana. Dios es
quien decide bajo cuáles normas viven, cómo se
organizan y quiénes los dirigen, Él es la autoridad
final en la vida y comunidad de discípulos de Cristo.
Por otra parte, para el Señor Jesús, la expresión “El
Reino de Dios”, también se refiere al gobierno moral
que Dios ejerce sobre todos los que nos hemos
arrepentido de nuestros pecados y le hemos
É
confesado a Él como el Señor de nuestras vidas. En
Mateo 4:17, leemos:
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:
Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha
acercado.
• El Reino de Dios en nuestras vidas, demanda
nuestro arrepentimiento genuino
El Señor Jesús enseñó, que, sin un arrepentimiento
ge- nuino es imposible que los seres humanos
experimentemos el Reino o gobierno de Dios en
nuestras vidas. Dios ejerce su gobierno moral sobre
los que se arrepienten. El arrepentimiento es un
cambio de actitud hacia Dios y hacia el pecado que le
ofende; por lo tanto, el arrepentimiento ge- nuino
implica un cambio de nuestros pensamientos, senti-
mientos y conducta con relación a Dios y al pecado.
• Diferencia entre arrepentimiento y
remordimiento
Debemos tener en cuenta, que Dios reina sobre
quienes se han arrepentido, no sobre aquellos que
sienten remor- dimiento. El remordimiento es un
sentimiento muy pareci- do al arrepentimiento, pero
a diferencia de este, es maso- quista, acompañado
de pensamientos y comportamientos
autodestructivos; por eso, el remordimiento, no
produce cambios en la vida de las personas, sino una
sensación desagradable por la falta cometida y un
fuerte deseo de no seguir viviendo, por esto, muchas
personas que experimentan remordimiento se
deprimen y hasta se suicidan, tal y como le ocurrió a
Judas Iscariote (Mateo 27:3-5).
Otro aspecto que debemos observar, en relación con
el significado que el Señor Jesús le atribuyó a la
expresión Reino de Dios, es que la usó
intercambiándola con la frase: la voluntad de Dios.
En Mateo 6:10, cuando nos está enseñando a orar,
nos dice que pidamos:
Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así
como se hace en el cielo. (DHH)
Estas dos peticiones, en realidad son una misma.
Pedir “Venga tu reino” es lo mismo que decir:
“Hágase tu vo- luntad” y de allí se desprende que el
Reino de Dios, también puede definirse como: todo
lugar, persona o grupo de personas donde se hace la
voluntad absoluta de Dios. De manera que, si te has
arrepentido y haces la voluntad de Dios, se puede
decir que estás bajo el gobierno de Dios y perteneces
a su Reino, eres su súbdito, un ciudadano del Reino
de Dios, en quien Él puede ejercer su voluntad so-
berana. Ahora, si solamente te has arrepentido y no
te in- teresas en conocer la voluntad de Dios para
luego hacerla, solo estás cumpliendo una parte del
proceso. Eso es igual a una obediencia parcial, y una
obediencia parcial, es una desobediencia total.
El Señor Jesús es nuestro ejemplo de alguien que en
verdad obedeció plenamente a Dios, que se sometió
a vivir de acuerdo con las normas del reino de Dios
tal y como lo dice Juan 17:4 y 4:34. De su ejemplo
aprendemos que todo aquel que acepta el gobierno
de Dios en su vida debe:
• Conocer y hacer la voluntad de Dios.
• Manifestar su fe en una obediencia irrestricta a la
voluntad de Dios y
• Reconocer, que una vida cristiana victoriosa será el
re - sultado de una obediencia absoluta a Dios.
De manera que, si quieres ser un verdadero discípulo
de
Cristo, tendrás que reconocer que eres un pecador,
arrepentirte de todos tus pecados, confesar a Jesús
como tu Salvador y Señor, darle el derecho de
gobernar tu vida y disponerte a hacer su voluntad.
Entonces, y solo entonces, podrás considerarte un
discípulo de Él y por consiguiente un súbdito o
ciudadano del Reino de Dios en esta tierra.
Encuentro 2 HUMILDES,
SUFRIDOS Y MANSOS
Leamos la primera parte del Sermón del Monte, la
cual aparece en Mateo 5:3-12:
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de
ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán
consolación.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la
tie- rra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos
verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán
lla- mados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal
contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fue- ron antes de vosotros.
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
Esta sección del Sermón del Monte ha sido llamada
las Bienaventuranzas por la mayoría de personas que
las leen, porque antes de cada una de estas
afirmaciones de estos versículos Jesús usa la palabra,
BIENAVENTURADOS; pero quienes le dan ese
nombre a esta sección olvidan que el énfasis del
Señor, no está en la Bienaventuranza o felicidad que
disfrutan estas personas, sino en la descripción del
carácter de ellos. Lo que el Señor se propone
decirnos es quiénes son sus discípulos, cómo es el
carácter de ellos, ¿Qué es lo que los identifica?
Es fácil para ti y para mí decir “yo soy un creyente”,
“yo asisto a una iglesia” o “soy miembro de este o
aquel grupo religioso”, pero, ¿En verdad somos
ciudadanos del Reino de Dios? ¿Pertenecemos a la
familia de Dios? ¿Somos en verdad discípulos de
Jesucristo? Eso es lo realmente importante, y estas
preguntas no las debemos responder a la ligera,
hagamos primero un análisis detallado de las
palabras de Jesús en su introducción del Sermón del
Monte, de las implicaciones éticas y morales de esas
palabras y solo después de eso podemos responder.
Empecemos nuestro análisis de las palabras del
Señor Jesús, diciendo que NUNCA menciona a un
grupo religioso en particular; no dice
Bienaventurados, ustedes los fari- seos, los
saduceos, o los escribas, ni siquiera los cristianos y
mucho menos evangélicos o católicos, sino que
describe el carácter de ellos, su forma de ser, lo que
llevan por dentro, independientemente de la
investidura externa. En es- tas palabras se describe a
los ciudadanos del Reino de Dios o lo que es igual, a
los discípulos de Cristo.
• ¿Quiénes son los ciudadanos del Reino de
Dios, o discípulos de Cristo?
Como señalamos en el primer encuentro, para ser
ciudadano del Reino de Dios o un discípulo de Cristo,
es indispensable: Arrepentirse de todo pecado,
aceptar a Jesús como Señor y estar dispuesto a
obedecer incondicionalmente la voluntad de Dios.
Solo los que se han arrepenti- do, han aceptado a
Jesús como el Señor de sus vidas y han decidido
obedecerle, podrán desarrollar el carácter de un hijo
de Dios.
Lee nuevamente Mateo 5:3-12, mira las cualidades
que hacen parte del carácter de los discípulos de
Jesucristo. Son en total nueve cualidades o virtudes,
que los distin- guen de las demás personas:
Humildes
Sufridos
Mansos
Justos
Compasivos
Puros
Pacificadores
Los que sufren por la justicia
Los perseguidos por causa del Señor Jesús.
¿Te das cuenta que para el Señor lo importante es lo
que va por dentro?, no las apariencias, ni lo que
hagas, sino el carácter. Teniendo en cuenta que son
nueve cualidades en total, las que conforman el
carácter de un discípulo de Jesús o ciudadano del
Reino de Dios, te propongo que las examinemos en
tres encuentros diferentes, a fin de que te sea fácil
comprenderlas y más que eso, que puedas aplicarlas
a tu vida.
Las primeras tres cualidades que estudiaremos se
encuentran en Mateo 5:3-5.
3. Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de
ellos es el reino de los cielos.
4. Bienaventurados los que lloran, porque ellos
recibirán consolación.
5. Bienaventurados los mansos, porque ellos
recibirán la tierra por heredad.
1. Los humildes son ciudadanos del Reino de Dios y
verdaderos discípulos de Cristo (Ver. 3)
En Mateo 5:3, la versión Reina Valera de las
Sagradas Escrituras, utiliza la frase, “pobres en
espíritu”, puede ser que estas palabras te confundan,
especialmente, si no estás familiarizado con el
español de los años 60, pero si puedes entender que
un pobre en espíritu, es quien reconoce que su
necesidad espiritual es suficiente, es una persona
que se declara en bancarrota espiritual consciente de
su necesidad de Dios. Es quien tiene la suficiente
humildad para decirle a Dios: “no merezco nada de
ti”, “estoy total- mente perdido”, “mi vida lejos de ti
no tiene sentido” y “ni mi bondad, buenas obras,
religión, o mis esfuerzos pueden colocarme bajo tu
dominio”. Solo quienes hacen eso, pueden
experimentar el gobierno de Dios en sus vidas. Estos
son los humildes.
Por el contrario, las personas orgullosas, no
reconocen su necesidad espiritual, ni suplican a Dios
por salvación, no se arrepienten de sus pecados, ni le
piden perdón a Dios por ellos. Seguramente tú
mismo has conocido a hombres y mujeres, que son
así, ellos dicen “yo no necesito a Dios”, “yo no tengo
nada de qué arrepentirme”, “eso de pedir per- dón y
del Evangelio es para la gente mala, eso no es para
mí”, “yo tengo una buena religión”, en fin, solo
excusas. La realidad es que su orgullo, no les permite
doblegarse ante Dios, ni reconocer que en verdad
todo ser humano sin Jesús está perdido, que todos
somos pecadores. El apóstol Juan escribió: “Si
afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos
a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si
confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y
justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda
maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo
hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita
en nosotros” (1a de Juan 1:8-10 NVI).
También se puede agregar que un pobre en espíritu,
es quien ha perdido toda confianza en su propia
justicia y re- conoce que depende absolutamente de
Dios, ese sentido de insuficiencia, incapacidad y
dependencia espiritual, lo predispone para rogarle a
Dios por su liberación, salvación y redención. El
sentimiento de insuficiencia espiritual es el que nos
hace clamar, Dios socórreme, sálvame, te necesito y
por eso mismo se convierte en la puerta de entrada
al Reino de Dios, al verdadero discipulado.
Solo si reconoces tu total perdición espiritual y tu
completa incapacidad para salvarte a ti mismo,
estarás listo para vivir bajo el gobierno absoluto de
Dios. Piensa que esto se parece a una persona que
es rescatada después de haber naufragado en alta
mar, a menos que acepte aferrarse
desesperadamente al salvavidas que le es lanzado o
que desista de luchar para confiar en sus rescatistas,
será muy difícil que le ayuden. Hasta tanto el ser
humano no reconozca que está perdido y sin la
menor esperanza de salvarse a sí mismo, no podrá
ser rescatado por Dios.
Aunque confío que ya hiciste tu decisión de fe en
Jesús, me gustaría decirte que si no fuera así, este es
un buen momento para que ores diciendo: “Señor, yo
reconozco que soy pecador, que toda mi vida he
estado de espaldas a ti, te he ofendido, desconocido
y he hecho solo mi voluntad. Te ruego me perdones,
entiendo que Jesús murió en la cruz del calvario por
mis pecados y creo que Él resucitó para darme una
nueva vida, yo lo acepto como mi Salvador y Señor,
hazme un hijo tuyo, y enséñame a vivir bajo tu
gobierno” Amén.
2. Los que lloran son ciudadanos del Reino de Dios y
verdaderos discípulos de Cristo (Ver. 4)
“Bienaventurados los que lloran…” (Mateo 5:4).
Ninguna de las afirmaciones del Señor Jesús en el
Sermón del Monte, es más paradójica que la segunda
de las Bienaventuranzas, léela nuevamente y observa
lo que dice: “Bien- aventurados los que lloran…”
seguramente te preguntarás ¿Cómo puede ser
Bienaventurado o feliz alguien que llora? Bien, el
Señor Jesús tiene el secreto para hacer feliz a los que
sufren, pero es importante que entiendas que aquí
no habla de los que lloran por cualquier causa, sino
de aquellos que sufren por motivos correctos. Son los
que lloran de arrepentimiento, de compasión por los
que no conocen a Dios, de angustia por la maldad
imperante en el mundo o por las injusticias que le
son cometidas. Quienes sufren de esa manera tienen
garantizado el apoyo de Dios, Él les con- solará, les
ayudará, les animará y fortalecerá; esa en reali- dad
es la dicha de estas personas, contar con el consuelo
de Dios en medio de su dolor. En el libro de los
Salmos dice: “Muchas son las angustias del justo,
pero el Señor lo librará de todas ellas” (Salmo 34:19
BAD).
En tu vida, aun en tu condición de discípulo de Cristo
vas a pasar por momentos difíciles, tendrás
experiencias dolo- rosas que te harán sentir triste,
por las cuales llorarás, eso algunas veces te parecerá
extraño, pero un justo del pasado exclamó: “Mis
lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me
echan en cara a todas horas: “¿Dónde está tu Dios?”
(Salmo 42:3). Aunque te parezca extraño, a pesar de
vivir para Dios, es posible que en esta tierra sufras.
No ol- vides, que como discípulo de Cristo, eres un
ciudadano del Reino de Dios, que tu verdadero
destino es el cielo, por lo tanto las penas y
sufrimientos que tengas en esta tierra son el
resultado de que no perteneces a ella, Dios te
permite ese sufrimiento en esta tierra, para que no
te acostumbres mucho a ella, y reconozcas que tu
É
satisfacción plena está en tu relación con Él, en vivir
para Él y que al final de todo, Él mismo te
recompensará en su gloria.
3. Los mansos son ciudadanos del Reino de Dios y
verdaderos discípulos de Cristo (Ver. 5).
Ante todo, me gustaría aclarar acerca de la
mansedumbre, ser mansos no significa ser débil de
carácter, o tener un concepto pobre de sí mismo, que
le predispone a permitir el maltrato, el abuso y la
humillación; sino por el contrario, mansedumbre es
fortaleza sujeta a control. Una persona mansa, sabe
que tiene la capacidad de hacer daño, con sus
palabras o con sus acciones, pero se niega a hacerlo,
deja la venganza a Dios, por lo tanto, no actúa
violentamente, ni se desquita de los que le intentan
hacer daño, prefiere su- frir ella misma el daño,
antes que lastimar a otros. El mejor modelo de una
persona mansa fue el Señor Jesús, Él dijo: “…
aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón” (Mateo 11:29). Piensa solo por un
momento, en el gran poder que Él tenía. Mientras lo
injuriaban, laceraban, golpea- ban y vejaban,
simplemente pudo haber hecho uso de ese poder, el
mismo poder con el cual expulsó a los demonios de
la vida de las personas, o con el cual detuvo la
tormenta en el lago de Galilea; también pudo haber
rogado a su amado Padre Celestial, que enviara un
grupo de ángeles para que lo defendieran y
destruyeran a sus verdugos, pero no, no lo hizo así,
sino que soportó el sufrimiento con valor y la
humillación sin rencor, ni espíritu vengativo; hasta
pidió perdón por sus agresores; eso es verdadera
manse- dumbre. Tendrás que reconocer que esa es
una virtud extremadamente necesaria en un mundo
tan violento como el nuestro y al mismo tiempo una
virtud extremadamente difícil de cultivar; se necesita
tener una relación muy ínti- ma con el Señor Jesús,
aprender de Él, contemplarle en las páginas de los
Evangelios y permitir que el mismo Espíritu Santo
que lo fortaleció a Él, para vivir de esa manera te
fortalezca a ti.
Iván Castro De la Hoz
La mansedumbre es tan escasa en nuestros días, que
se ha convertido en una joya perdida, incluso algunos
que presumen de ser cristianos, discípulos de
Jesucristo, ciuda- danos del reino de los cielos y
hasta ministros del Evangelio, se portan
altaneramente, son violentos en sus acciones y
agresivos en sus palabras, ofendiendo a otros, lo
hacen y luego se justifican diciendo, que no van a
permitir que ninguna persona los humille, que ellos
son así, porque sus antepasados eran así, que tienen
temperamento, en fin, solo excusas. Si eres un
verdadero discípulo tendrás que ser manso, tendrás
que permitirle al Espíritu Santo que do- mine tus
reacciones, aprenderás a no ser reactivo y a dejar
que el amor compasivo de Dios se refleje a través de
ti.
Por último, con relación a la mansedumbre, también
se puede decir que es someterse alegremente a los
designios de Dios. Es aceptar la voluntad de Dios sin
protestar por ella. Es cuando le dices a Dios: sé que
puedo hacer lo que yo quiera pues tú me hiciste un
ser libre, pero solo quiero hacer lo que tú quieras,
quiero agradarte. Someterse ale- gremente a la
voluntad de Dios, es el secreto de un discipulado
gozoso.
Encuentro 3 JUSTOS,
COMPASIVOS Y PUROS
Consideremos a continuación, las siguientes tres
cuali - dades o virtudes que definen el carácter de los
discípulos de Jesús o ciudadanos del Reino de Dios.
En Mateo 5:6-8 dice:
6. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justi - cia, porque ellos serán saciados.
7. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.
8. Bienaventurados los de limpio corazón, porque
ellos verán a Dios.
1. Los justos son ciudadanos del Reino de Dios y
verdaderos discípulos de Jesús (Ver. 6)
La cuarta característica de un ciudadano del Reino de
Dios o discípulo de Jesús, es: “…Tener hambre y sed
de jus- ticia”, lo cual significa sencillamente ser justo.
Ahora bien, una persona justa, de acuerdo con el
Diccionario de la Real Academia Española es quien
obra según justicia, es alguien que actúa con arreglo
a la justicia y a la razón. Es el que vive de acuerdo
con las normas legales; también se dice de aquel que
vive según la ley de Dios. Y en términos generales,
de las cosas que son exactas, que no tiene en
número, peso o medida ni más ni menos que lo que
debe tener. Si eso es así, entonces, debemos
reconocer, que todos los seres humanos estamos en
serios problemas, pues nosotros no ajustamos
nuestras vidas a la ley de Dios; nuestra naturaleza
está inclinada a la desobediencia y no se sujeta a las
demandas de Dios. Por eso lo primero que tienes que
comprender es que, ni tú, ni yo, ni ninguna persona
en esta tierra es justa delante de Dios. El apóstol
Pablo hizo esta afirmación cuando le escribió su carta
a un grupo de cre- yentes judíos que se encontraban
en la ciudad de Roma, en el primer siglo. Él les dijo:
Así está escrito: “No hay un solo justo, ni siquiera
uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a
Dios. Todos se han descarriado, a una se han
corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no
hay uno solo!” (Romanos 3:10-12 BAD).
El mensaje de las Sagradas Escrituras es concluyente
en este sentido: Ningún ser humano es justo por sus
propios méritos o esfuerzos. Solo por la gracia de
Dios revelada en el sacrificio de Jesús por todos los
pecadores, es que tene- mos la posibilidad de ser
declarados justos, eso fue precisamente lo que
ocurrió, cuando tú decidiste confiar en Jesús como tu
Salvador y Señor, Él te justificó.
Nuevamente, es el apóstol Pablo quien nos explica
esta otra realidad, en la carta a los Romanos 5:6-9
donde dice: “En verdad, como éramos incapaces de
salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los
malvados. Difícilmente habrá quien muera por un
justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir
por una persona buena. Pero Dios demuestra su
amor por nosotros en esto: en que cuando todavía
éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y
ahora que hemos sido justificados por su sangre,
É
¡con cuánta más razón, por medio de Él, seremos
salvados del castigo de Dios!”.
Tú fuiste justificado, es decir, declarado justo,
inocente, libre de culpa y responsabilidad delante de
Dios, por tu fe en el Señor Jesucristo (Romanos 5:1),
quien pagó el precio de tu pecado con su muerte en
la cruz. Tú eres justo, no por tus virtudes, méritos,
obras, o religiosidad, sino por creer en Jesús.
Para que comprendas mejor este hecho, imagina que
tienes una deuda impagable en una entidad bancaria.
Un día decides ir a hablar con el gerente del banco,
con el propósito de que te perdone por no haber
pagado y que te amplíe el plazo para cancelar, algo
que sabes que jamás podrás hacer. Al llegar al banco,
el gerente te da la buena noticia, de que alguien con
mucho dinero, en un acto de misericordia pagó tu
deuda y no solo eso, sino que además, colocó toda
su fortuna a tu nombre, de manera que ahora, ya no
solo no le debes al banco, sino que tienes un saldo a
tu favor. Algo parecido es lo que te ocurrió cuando
creíste en Jesús como tu Salvador, Él no solo pagó tu
deuda ante Dios, sino que también te atribuyó su
justicia y obe- diencia perfecta, por eso eres justo
ante Dios.
Desde esa perspectiva, tener hambre y sed de
justicia, en primera instancia es entonces, aceptar la
gracia redentora de Dios, agradecerle por la obra
perfecta del Señor Jesús en la cruz del calvario y
anunciar a otros que aún no han experimentado el
perdón y la justificación, que Dios sigue dispuesto a
salvarles, es predicar con alegría e insistencia que el
perdón está disponible para todos, es establecer la
justicia de Dios, quien se entregó en la persona de
Jesucristo.
Solo después de que reconozcas y experimentes esta
justicia de Dios por la fe en la obra del Señor
Jesucristo, estarás apto para practicar la justicia en
las demás dimen- siones de tu vida. Entonces y solo
entonces, ajustarás tu vida a las demandas de Dios
con relación al amor y cuidado del prójimo, serás un
hombre o una mujer con un criterio apropiado de lo
correcto, de la igualdad y el derecho que cada ser
humano debe tener. Te convertirás en defensor o
defensora de la verdad y promotor o promotora de la
justicia social. Anhelarás con todas tus fuerzas que
haya menos personas en pobreza en el mundo,
menos desplazados por la violencia, menos
desposeídos por la ambición de unos pocos. Te unirás
a programas de ayuda social, que busquen, sin el uso
de la violencia, vindicar los derechos de los
huérfanos, las viudas y las personas de escasos
recursos. Harás de tu amor a Dios, la fuente de tu
amor al prójimo. Tendrás hambre y sed de justicia y
lo que es mejor ¡la practicarás!
2. Los misericordiosos son ciudadanos del Reino de
Dios y verdaderos discípulos de Jesús (Ver. 7)
La quinta característica de un ciudadano del reino de
Dios o discípulo de Jesús es la misericordia, en Mateo
5:7 Jesús dice: “Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia”. Según el
Diccionario Vine de las Sagradas Escrituras,
MISERICORDIA es “El aspecto compasivo del amor
hacia el ser que está en desgracia o que por su
condición espiritual no merece ningún favor. La
misericordia y la gracia son actitudes y disposiciones
muy semejantes en Dios; mientras que la primera
trata al hom- bre como un ser miserable, la segunda
lo toma como culpable”. De tal manera que una
persona misericordiosa, es la que se inclina a ayudar
a las personas en necesidad, ya sea espiritual o
física.
La raíz de la palabra misericordia en la Biblia
significa: “Entrañas”, “de en medio del corazón”, de
donde se entien- de que el misericordioso es alguien
que siente dolor por el sufrimiento de los demás, es
compasivo, son personas que se identifican con el
dolor de los otros y se comprometen a ayudarle a
aliviar ese dolor. Un misericordioso “llora con el que
llora”, le duele ver a alguien sufrir y procura
consolarle.
Si eres un ciudadano del Reino de Dios, y un
discípulo de Jesús, seguramente tu corazón será
compasivo, no puede ser de otra manera, pues en el
mismo momento que recibiste al Señor Jesús como
tu salvador, el Espíritu Santo vino a morar en ti, y te
comunica la vida y el carácter de Jesús, te hace
sentir lo mismo que Jesús siente. Cuando vivíamos
de espaldas a Dios, la mayoría de nosotros, por no
decir todos, éramos egoístas, esa era nuestra
naturaleza, pero desde el mismo momento que le
entregamos nuestras vidas al Señor Jesús, para que
las gobierne, ocurrió un cam- bio en nuestro interior,
un cambio que afectó toda nuestra manera de ser e
incluso nuestra manera de relacionarnos con los
demás; empezamos a pensar, sentir y actuar de
manera diferente. Habrás notado en tu propia
experiencia, que ahora te cuesta centrarte en ti
mismo, que hoy sientes dolor por otros, te sientes
inclinado a consolarles, apoyarles y ayudarles y
seguramente te preguntarás ¿Por qué eso es así?
pues bien, eso se debe, a que la compasión de Dios
llegó a formar parte de ti. Recuerda que ahora, no
soloeres un discípulo de Jesús, sino un hijo de Dios y
su carácter te ha sido entregado por el Espíritu
Santo, hoy te pareces más a tu Padre Celestial.
El mejor ejemplo de alguien compasivo, que
podemos tener, es el del Señor Jesús. Durante los
tres años de mi- nisterio público mostró su
compasión a los enfermos, los necesitados y los
desprovistos de atención espiritual (Mateo 9:36;
14:14). De la misma forma que Él lo hizo, tú y yo
como sus seguidores debemos ser compasivos.
Ten siempre en cuenta, que la misericordia o
compasión es más agradable a Dios que los
sacrificios o la religiosidad. En el libro del profeta
Oseas 6:6 leemos: “Porque misericordia quiero, y no
sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos”. Con el paso de los años y mientras más
experiencia vayas adquiriendo en la vida cristiana,
cuando hayas asistido a muchas reuniones de
adoración, escucha- do muchos sermones y conocido
a más cristianos, te senti- rás tentado a fundamentar
tu relación con Dios en el culto, en lo que ofreces el
fin de semana, en el cumplimiento de las normas
externas del grupo religioso al cual pertenezcas; por
eso te quiero advertir desde ya, no permitas que eso
te suceda. Mantén siempre presente, que Dios ama
más el hacer misericordia, el que seas compasivo,
que tus cánti- cos o esfuerzos religiosos. Nunca
permitas que la práctica religiosa, te aleje del
prójimo, porque quien es un discípulo de Jesús, sabe
que Amar a Dios y al prójimo, resume la vida
cristiana. No permitas que tu religión esté por encima
de la compasión que debes tener por los que han
caído en desgracia. Sé compasivo, de la misma
manera como Dios lo fue contigo.
Además, la Biblia nos enseña que si tratamos sin
compasión a los demás, nosotros mismos seremos
tratados sin compasión. En este sentido, la
compasión hacia el prójimo actúa como una cuenta
bancaria: “Mientras más compasi- vos seamos, más
compasión acumulamos a favor de nosotros” y así,
en los momentos difíciles por los que nosotros
pasemos, Dios proveerá de su misericordia por medio
de alguien para nosotros. ¡Dios tiene compasión del
compa- sivo!
3. Los puros son ciudadanos del Reino de Dios y
verdaderos discípulos de Jesús (Ver. 8)
La sexta característica que el Señor Jesús nos señala
de un seguidor suyo, es “la limpieza de corazón”. Él
dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque
ellos verán a Dios”, cuando leemos estas palabras,
nos surge la pregunta, ¿Qué significa tener un
corazón limpio? Tenien- do claro que Jesús no habla
literalmente en este pasaje, vale decir, que siempre
que el Señor Jesús o cualquier es- critor de la Biblia
utilizan el término corazónen sentido figurado lo
hacen para referirse a la fuente o asiento de los
sentimientos, deseos, esperanzas, motivos, voluntad
y percepciones intelectuales de los seres humanos.
Expresiones tales como: Carácter, personalidad,
voluntad y mente son términos modernos, que ahora
representan lo que corazónsignificaba para Jesús y
los escritores judíos de la Biblia; de manera
entonces, que cuando el Se- ñor nos invita a tener
un corazón limpio, lo que nos está pidiendo es que
tengamos sentimientos sanos, deseos co- rrectos,
motivos apropiados, una voluntad rendida y una
percepción sin malicia de los demás. Nos está
diciendo, que el carácter de un discípulo suyo debe
ser íntegro y su personalidad (la forma como nos
proyectamos ante los demás), coherente con ese
carácter.
Los de limpio corazón son los que viven en pureza
es- piritual, la cual no debes entender como un
puritanismo religioso, pues este se limita al
cumplimiento de ciertas normas externas, tal y como
lo hacían los fariseos en los tiempos del Señor Jesús
y a quienes Él condenó severa- mente diciéndoles:
“¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos,
hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato,
pero por dentro están llenos de robo y de
desenfreno. ¡Fa- riseo ciego! Limpia primero por
dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio
también por fuera. ¡Ay de ustedes, maestros de la
ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros
blanqueados. Por fuera lucen hermosos pero por
dentro están llenos de huesos de muertos y de
podredumbre” (Mateo 23:25-27 NVI). Puedes
imaginar esta comparación tan fuerte, un puritano,
un religioso es como un sepulcro, se ven hermosos,
muy bien dispuestos y adornados, pero ninguno de
nosotros quiere estar en su interior, pues el hedor
nos espanta, así son los que confunden la pureza de
corazón con las prácticas externas y formalistas de
una religión, son “sepulcros adornados”, cumplen con
el ritual cristiano, pero en sus almas hay odios,
rencillas, lujuria, rebelión, resentimientos,
deshonestidad, avaricia, orgullo y toda especie de
maldad.
En la medida que vayas creciendo en tu experiencia
cristiana, vas a encontrarte con un grupo de
personas en la Iglesia parecidas a los fariseos,
quienes intentarán convencerte de que ser un
discípulo de Cristo se trata simplemente de ir al
mayor número de servicios religiosos que puedas;
cumplir con pagar los diezmos, dar tus ofrendas;
dejar de frecuentar ciertos lugares de dudosa
reputación y ayunar y orar en una que otra ocasión.
Comprende, que aunque indiscutiblemente tendrás
que hacer eso y más si eres un cristiano, no debes
permitir que ninguna persona te enseñe que
únicamente eso es ser cristiano; pues, hay muchos
(más de los que debería haber en realidad), que
hacen todo eso, pero su corazón no es recto delante
de Dios, sus sentimientos están dañados, sus
motivos son in- sanos, su voluntad es rebelde, son
maliciosos, en fin, no tienen un carácter como el de
Cristo. Nunca permitas que tal forma de entender el
Cristianismo te afecte; ven cons- tantemente a Dios,
trae tus emociones, sentimientos, vo- luntad,
intereses, percepciones a Él; permítele al Espíritu
Santo que te examine a la luz de las Sagradas
Escrituras y pídele a Dios en oración que te haga
íntegro, pues eso en esencia es tener un corazón
limpio.
Un corazón limpio también significa puro , es decir,
sincero, sin mezclas, ni doblez, en una sola dirección.
Una persona limpia de corazón, no tiene dobles
intenciones en lo que hace, no tiene una agenda
secreta en la relación con los demás, brinda su
amistad de forma sincera, inspirado en el amor
bondadoso que busca el bien del otro, no se
aprovecha de los demás, ofrece su amistad y
compañerismo de forma desinteresada.
Una persona que es limpia de corazón es alguien que
no guarda resentimientos, ni amargura con los que le
han ofendido; aprendió a sufrir las ofensas y a
perdonarlas de la misma manera que Dios le
perdonó. Un limpio de corazón sabe que el
resentimiento es una emoción supremamente
dañina, que puede destruir su vida espiritual, por esa
razón lucha ferozmente contra ese sentimiento,
apenas lo iden- tifica, lo combate.
Nos damos cuenta de que tenemos resentimiento con
alguien, porque al recordar que nos ofendió, todavía
nos duele; nos gustaría desquitarnos de lo que nos
hizo y has- ta le deseamos el mal. Esa clase de
sentimientos nos hace mucho daño, pues, nos
impiden crecer en nuestra relación con Dios, disfrutar
de su gracia perdonadora y muy seguramente nos
convertiremos en alguien cínico, irascible, mur-
murador e hipócrita, que deseará hacerle daño a
quien lo ofendió. Esos sentimientos nos impedirán
vivir en paz y en santidad, tal y como lo dijo el
escritor de Hebreos, en el capítulo 12 versículos 14 y
15: “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la
cual nadie verá al Señor. Asegúrense de que nadie
deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna
raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a
muchos”.
Sergio Scataglini, en su libro El fuego de su santidad
dice: “Ninguno de nosotros tomaría agua 98 %
mineral y 2 % contaminada, ¡Dios tampoco!”. ¡Es
verdad!, para Dios la pureza de corazón es más
importante que las prácticas religiosas. Su comunión
es con los limpios de corazón.
Encuentro 4 PACIFICADORES,
LOS QUE SUFREN POR CAUSA
DE LA JUSTICIA Y LOS
PERSEGUIDOS POR CAUSA DEL
SEÑOR JESÚS
Llegamos a las últimas tres Bienaventuranzas, que a
su vez nos permiten describir las tres últimas
características de los ciudadanos del Reino de Dios o
discípulos de Cristo. Continuemos nuestra lectura del
Sermón del Monte, en los versículos 9 al 12 del
capítulo 5 de Mateo:
9. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos
serán llamados hijos de Dios.
10. Bienaventurados los que padecen persecución
por causa de la justicia, porque de ellos es el reino
de los cie- los.
11. Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal
contra vosotros, mintiendo.
12. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.
1. Los pacificadores son ciudadanos del Reino de Dios
y verdaderos discípulos de Jesús (Ver. 9)
Los pacificadores son, en el significado estricto del
tér-
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
mino, los que procuran la paz, pero como la palabra
paz, puede tener varios significados en el texto
sagrado, vale la pena que nos preguntemos ¿Cuál de
esos significados es el que el Señor Jesús tenía en
mente cuando habló de los pacificadores?, para esto,
es importante entender que en el Nuevo Testamento,
el término PAZ es la traducción de la palabra griega
eirene, la cual hace referencia a una condi- ción
propia del estado y del tiempo en que no hay guerra,
es decir, que PAZ es ausencia de guerras o conflictos,
por lo cual podemos concluir que el Señor Jesús está
diciendo que los pacificadores, son aquellos que
procuran vivir fue- ra del conflicto; esto tiene varias
implicaciones en la vida práctica:
La primera implicación es que un pacificador es una
per - sona con una disposición pacífica, la cual
consiste en amar, desear y disfrutar la quietud, el
reposo y la tranquilidad; esto tiene que ver con ellos
mismos, son personas emocio- nalmente estables,
sosegadas, que disfrutan los ambientes tranquilos y
tienen un estilo de vida reposado. Son los que hacen
de la paz su medio natural, viven en ella, de la
misma manera que el pez vive en el agua, se siente
a gusto en los ambientes tranquilos en los que no
existen conflictos.
Todos nosotros estamos conscientes de que vivimos
en un mundo muy agitado, el cual nos obliga a andar
a ritmos acelerados, cargados de compromisos,
atestados de activi- dades y bajo la presión de un
estrés permanente. Un pacificador es una persona
que simplemente se rehúsa a vivir en la agitación
que ese mundo le quiere imponer, prefiere el silencio
y la quietud al activismo de la sociedad contem-
poránea.
Si eres un pacificador, no vas a permitir que las
ocupa - ciones de la vida diaria te llenen de ansiedad,
preocupación o desesperación, que te impidan tomar
tiempo para la reflexión y la devoción, recuerda
siempre esto, un pa- cificador ama los ambientes
sosegados, que le permiten oír la voz de Dios y la de
su propio corazón, lejos del ruido mundanal.
La segunda implicación práctica de ser un pacificador
es que son personas que no solo mantienen una
conducta pa- cífica, sino también pacificadora,
haciendo todo lo posible para preservar la paz;
aborrecen las relaciones conflictivas, prefieren perder
discusiones con hermanos o amigos, tie- nen una
actitud conciliadora frente a las situaciones con-
flictivas, no son contenciosos, contumaces ni
querellosos, y aunque no están dispuestos a negociar
sus principios, siempre intentan comprender y están
listos a escuchar el punto de vista de las otras
personas. Son defensores de la verdad, pero todo lo
hacen por consideración hacia los demás.
El primero que hizo un llamado a ser pacificadores,
no fue el Señor Jesucristo, en el Sermón del Monte,
sino que ya desde el Antiguo Testamento, Dios te
invita a ser un pa- cificador. En el Salmo 34 versículo
14, dice: “Apártate del mal, y haz el bien; busca la
paz, y síguela”. Busca la paz y síguela, quiere decir:
identifica la paz, la que solo Dios puede dar y
practícala, vívela, haz lo necesario para vivir
tranquilamente, libre del conflicto.
En Romanos 12:18, el apóstol Pablo, dice: “Si es
posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en
paz con todos los hombres”. Si le prestas atención al
contexto en el cual expresa estas palabras, te darás
cuenta de que ser un pacifi- cador, no es sencillo,
tiene que ver con perdonar a quienes nos hacen
daño, amar a las personas a pesar de los errores que
cometen, pasar por alto las ofensas de los demás,
reaccionar amigablemente ante las ofensas verbales;
eso es amar y buscar la paz.
Tienes que reconocer que tu tendencia natural es
responder agresión por agresión, desquitarte de
quien te ha hecho daño, pero si eres ciudadano del
Reino de Dios y por tanto un discípulo de Jesús, no
puedes ceder a tu naturale- za pecaminosa, debes
amar, defender y procurar la paz en todos y cada uno
de los aspectos de tu vida.
2. Los perseguidos por causa de la justicia son ciuda
- danos del Reino de Dios y verdaderos discípulos de
Jesús (Ver. 10)
A partir de la octava Bienaventuranza, el Señor Jesús
hace referencia no tanto a una cualidad del
ciudadano del Reino de Dios, sino más bien, a algo
que les sucede; el Se- ñor se refiere en esta
Bienaventuranza en particular a los que sufren
persecución por causa de la justicia, es decir, los que
sonmenospreciados y calumniados de forma mentiro-
sa, aquellos que soportan de manera paciente las
calumnias, difamaciones y críticas destructivas, sin
responder de la misma manera. Estos son los que
deciden guardar silencio ante las ofensas, confiar en
la justicia divina, entendien- do que como dijo el
apóstol Santiago: la ira del hombre no obra la justicia
de Dios, estos dejan a Dios la venganza, callan ante
los agravios, oran por los que les ofenden y esperan
que Dios los defienda.
Honestamente tendrás que reconocer que asumir
esta posición frente a las calumnias, difamaciones e
injusticias, exigirá de tu parte un autocontrol, una
disciplina y un dominio propio, que probablemente no
posees. Necesitarás descansar en la gracia de Dios
en tu vida; para poder sopor- tar y cumplir todo esto,
te ayudará mucho estudiar la Primera Epístola del
apóstol Pedro, pues él, dedicó gran parte de ella (la
cual dirige a los cristianos gentiles del primer siglo,
dispersos por toda Asia y parte de la Mesopotamia, a
causa de la persecución del Imperio Romano), a
explicarles que tales persecuciones, son parte del
propósito de Dios para examinar su fe y producir el
carácter de Cristo en sus vidas; allí puedes aprender
lo que debes hacer frente a las acusaciones falsas,
las calumnias, las ofensas, los agravios, agresiones
de las personas y cómo responder ante las injusticias
de las cuales somos víctimas.
En el capítulo tres (3) de esta carta, Pedro te enseña
algunos principios de vida para que puedas soportar
pacientemente los agravios; examínalos y colócalos
en práctica cada vez que te encuentres en una de las
circunstancias mencionadas:
• No debes asombrarte cuando las personas que no
conocen al Señor, inclusive tus amigos, te persigan
por tu fe, o te calumnien (Ver. 12); en lugar de eso
recuerda que Dios puede estar permitiendo todas
esas cosas para ayudarte a desarrollar tu fe.
• Frente a las persecuciones y ofensas reacciona
siempre
reverentemente con Dios y lleno de la esperanza de
que todo eso es transitorio, pues a los que
permanecen fiel en medio de la prueba, Dios les ha
reservado una gran recompensa (Vers. 13-15).
• Gózate en tanto que sufras por causa de la justicia,
pues de esta manera te conviertes, en un copartícipe
con Cristo en sus sufrimientos (Ver. 13).
• Asegúrate de que la causa de tu sufrimiento, sea tu
fe en Cristo (Vers. 14-15), no una conducta
indecente ni reprochable, y si es así, serás
participante también de su gloria.
• Depende absolutamente de tu comunión con el
Espíritu Santo, para recibir la fortaleza espiritual que
necesitas a fin de soportar el sufrimiento por causa
de la justicia.
•Entiende que el sufrimiento presente por causa de
la justicia te librará de la tribulación que ha de venir
sobre el mundo entero.
• Comprende que tus padecimientos son por la
voluntad de Dios, para disciplinarte, a fin de que no
perezcas con el mundo; por lo tanto, tendrás mucha
razón para con- fiar en Dios con buen ánimoen medio
de tus aflicciones, perseverando en hacer el bien.
3. Los que sufren por causa de Cristo son ciudadanos
del Reino de Dios y verdaderos discípulos de Jesús
(Vers. 11-12)
La novena y última Bienaventuranza es semejante a
la octava, en el sentido de que tampoco hace
referencia a una cualidad del discípulo o ciudadano
del Reino de Dios, sino a una situación a la que se
verá sometido y en la cual será probada su capacidad
para soportar el sufrimiento; solo que a diferencia de
la Bienaventuranza anterior, en esta el sufrimiento es
causado por ser un seguidor del Señor Jesús. En los
versículos once (11) y doce (12) leemos:
Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal
contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos,
porque vuestro galardón es grande en los cielos;
porque así persiguieron a los profetas que fueron
antes de vosotros.
Un ciudadano del Reino de Dios, está dispuesto a
soportar el sufrimiento por causa del Señor Jesús,
sabrá en- frentar las burlas, el menosprecio, las
calumnias y aun las agresiones físicas por ser
discípulo de Jesús.
Ser cristiano indiscutiblemente es un gran honor y
algo muy digno, pero no te extrañes que para
muchos de tus familiares y amigos sea motivo de
burlas, especialmente porque ahora tú no participas
con ellos en algunas de sus actividades mundanas,
pues las consideras ofensivas con- tra Dios. Ellos no
te entenderán y tú no debes esperar que lo hagan;
recuerda que muchos de los familiares, amigos y
conciudadanos de Jesús tampoco lo entendieron.
Tu vida ha cambiado para bien desde que aceptaste
al Señor Jesucristo como tu Salvador y Señor. Hoy
eres mejor persona, ya no te controlan tus impulsos
insanos, ni tus bajas pasiones, no eres
autodestructivo, ni lesivo para los demás, por el
contrario, como discípulo de Cristo, has aprendido a
amar incondicionalmente a tu prójimo, a procurar el
bien de los demás y a preferir la honra de otros; por
eso no puedes entender que algunas personas te
rechacen por ser cristiano. Para entender este
rechazo, ten en cuenta que Jesús muriócrucificado, la
crucifixión era una muerte oprobiosa, la pena capital
que las autoridades romanas imponían a quienes
consideraban criminales peligrosos. Acuérdate que
con Jesús fueron crucificados unos ladrones y que
ese mismo día un sedicioso (Barrabás) fue dejado
libre en lugar de Jesús, lo cual te servirá como in-
dicador del concepto en el que las autoridades
romanas y los líderes religiosos judíos tenían a Jesús,
lo considera- ban en el mismo nivel que un ladrón o
un rebelde, en fin, como un criminal digno de la peor
de las muertes, por esto las persecuciones se
desataron en los primeros años del Cristianismo
contra los seguidores de Jesús; persecucio- nes que
por supuesto tuvieron su origen en el mundo de las
tinieblas que distorsionó a los ojos de las autoridades
religiosas y civiles el carácter de nuestro Señor
Jesucristo; por lo tanto, perseguir a un cristiano en el
primer siglo fue sinónimo de querer erradicar una
plaga, defender la legalidad del Imperio y conservar
la tradición de los padres. Hoy como ayer muchos
persiguen a los cristianos, considerán- dolos
personas indeseables, enemigos de la diversión y de
la tradición.
Seguir a Cristo en el mundo de hoy, demanda valor,
capacidad de soporte y fidelidad, tendrás que
enfrentar el escarnio, el menosprecio, tu fe en Jesús
será cuestionada y hasta ridiculizada, pero no olvides
lo que el Señor le dijo a sus discípulos, así
persiguieron a los profetas que fueron
Iván Castro De la Hoz
antes que ustedes , a ti y a mí nos añadiría, así
persiguieron a mis primeros discípulos. No te
entristezcas por la persecución que sufrirás, pues
sufrir por Cristo, es un privilegio (Filipenses 1:28),
imagínate, tú y yo somos colocados por el Señor al
mismo nivel que los profetas del Antiguo Tes-
tamento y que los apóstoles y discípulos del Nuevo
Testamento.
El verdadero discípulo de Jesús es el que toma la de -
cisión de vivir para Él, sin importarle los
inconvenientes que esto le pueda generar. Cuando
algunos se acercaron al Señor para seguirle, Él les
dejó claro, que tenían que despojarse de sí mismos,
tomar su cruz e imitarle (Mateo 10:37-39; Lucas
14:26), esa es la medida del verdadero discipulado,
nuestra negación, soportar su oprobio e imitar su
ejemplo. Debes estar listo a eso y disfrutarás de su
consuelo, compañía y recompensa.
En lugar de entristecernos por las persecuciones a
causa de ser cristianos, el Señor Jesús nos invita a
que estemos felices, que le demos gracias por su
ayuda y por hacernos semejantes a los santos de
todos los tiempos, al final vivi- mos para la eternidad
y no para este tiempo.
Encuentro 5 LOS DISCÍPULOS
COMO LA SAL DE LA TIERRA
En Mateo 5:13-16 leemos:
13. Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se
desva - neciere, ¿con qué será salada? No sirve más
para nada, sino para ser echada fuera y hollada por
los hombres. 14. Vosotros sois la luz del mundo; una
ciudad asentada sobre un monte no se puede
esconder.
15. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un
almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los
que están en casa.
16. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos.
Tenemos en estos versículos la aplicación práctica de
los principios que anteceden, para los discípulos
quienes escuchaban sentados, y para sus sucesores
en todos los tiem- pos. El Señor, aunque comenzó
declarando ciertos caracteres sin hacer referencia
expresa a ninguno de sus oyentes, no termina su
exposición de las Bienaventuranzas sin dar a
entender que tales caracteres existían, y que allí
estaban frente a Él; por lo tanto, de las
características, pasa a las personas que las poseen,
diciendo: “Bienaventurados sois cuando os
vituperaren” (Mateo 5:12 RV60) y ahora, conti-
nuando con su manera personal y directa de hablar a
sus oyentes, sorprende a aquellos hombres humildes
y desconocidos, declarándolos como los excelsos
bienhechores de la humanidad, al decirles, “ustedes
son la sal y la luz del mundo”.
Una vez descrito el carácter de los ciudadanos del
Reino de Dios o de sus discípulos, el Señor Jesús
pasa a decir cuál es la misión de ellos en el mundo;
para eso se vale de dos metáforas, en las cuales
compara la influencia de sus dis- cípulos en el mundo
con la sal y con la luz. Veamos en este quinto
encuentro la primera de estas dos metáforas y qué
quiso significar el Señor con ella:
“Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja
de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? ya
no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la
gente la pisotea”. Mateo 5:13 (DHH)
cristiana, ya el Señor nos considera la sal de la tierra
y esto puede llevarnos al descuido espiritual.
Recuerda que usar una Biblia, entonar un tipo de
cánti - cos, hablar de forma piadosa y cumplir con las
ordenanzas de una religión, no nos convierte en
ciudadanos del Reino de Dios, ni en discípulos de
Jesucristo. Ten en cuenta que tú mismo te has
encontrado con personas que pertenecen a grupos
cristianos, que hacen todas las cosas que acabo de
mencionar y su conducta es totalmente contraria a lo
que el Señor Jesús demanda de sus discípulos.
Son sal de la tierra los hombres y mujeres que
después de reconocer sus pecados, se han
arrepentido, los han con- fesado y le han pedido al
Señor que les perdone. A partir de ese
reconocimiento y confesión experimentaron una
transformación en sus vidas, que ahora se refleja en
el ca- rácter de un ciudadano del Reino de Dios o
discípulo de Jesús. Esas son las personas que ejercen
una influencia po- derosa en el mundo. Son como
sal, ahora bien, tal vez te preguntes qué quiso decir
el Señor con esa comparación.
Entendamos primero que el Señor Jesús no se está
refi - riendo a ningún grupo religioso en particular;
cuando dice “ustedes son”, está hablando de aquellos
cuyo carácter acaba de describir, es decir: los
humildes, sufridos, mansos, justos, compasivos,
puros, íntegros, sinceros, perdonadores,
pacificadores, menospreciados por causa de su vida
justa, vituperados por ser seguidores de Jesús. En-
tender esto es supremamente importante, ya que, si
no lo hacemos, podemos asumir incorrectamente que
por el solo hecho de pertenecer a alguna religión de
profesión
• La sal sazona y preserva los alimentos
La sal ha sido usada desde hace mucho tiempo, inclu
- sive en la Palestina del Nuevo Testamento, para
sazonar y preservar los alimentos, por eso cuando el
Señor compara a sus discípulos con la sal, se puede
decir, que estos, están en el mundo para sazonarlo y
preservarlo.
• El estilo de vida dichoso de los discípulos de
Jesús, alegra la vida de las demás personas
De la misma manera que la sal sazona los alimentos,
los ciudadanos del Reino de Dios o discípulos de
Jesús, le dan un sentido diferente a la vida humana,
hacen que su exis- tencia sea una experiencia
agradable, que invita a quienes los ven, a pensar que
la vida vale la pena, que la vida de un discípulo de
Jesucristo es dichosa, son personas que se muestran
satisfechas en cualquier circunstancia que estén
experimentando, dan gracias a Dios en todo
momento, alaban a Dios permanentemente por sus
bondades y testifi- can constantemente de los
cuidados amorosos de Él como Padre Celestial
(Efesios 5:19-20).
Si lees nuevamente las palabras con las que Jesús
ini- cia el Sermón de la Montaña, las cuales hemos
examinado en los encuentros anteriores, cuando
describe el carácter de los ciudadanos del Reino de
Dios, en los versículos 3 al 12, observarás que
comienza cada descripción, utilizan- do la palabra
BIENAVENTURADOS, esta palabra proviene del
griego: makarios que deriva de la raíz mak, que
indica algo grande o de larga duración. Se trata de
un adjetivo que denota felicidad, alguien muy
bendecido, digno de ser congratulado. Es una palabra
de gracia que expresa un regocijo y una satisfacción
especiales, concedidos a la perso- na que
experimenta la salvación; en pocas palabras, bien-
aventurados quiere decir dichosos, doblemente
felices o sumamente felices, de ahí, que un
verdadero seguidor de Jesús, ES FELIZ, disfruta de
un estado interno de satisfac- ción, que ninguna
cosa, ni ninguna persona le pueden quitar. Es una
felicidad que no es temporal, ni circunstancial, sino
permanente e incondicional, por lo tanto, no se
pierde con las adversidades, por el contrario, nos
sostiene en me- dio de ellas.
Esa felicidad fue la que sostuvo a Pablo y Silas,
estando prisioneros en la ciudad de Filipos, tal y
como lo na- rra Lucas, en el libro de los Hechos:
“Después de haberlos azotado mucho, los metieron
en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los vigilara
con el mayor cuidado. Al recibir esta orden, el
carcelero los metió en el lugar más profundo de la
cárcel y los dejó con los pies sujetos en el cepo. Pero
a eso de la medianoche, mientras Pablo y Silas
oraban y cantaban himnos a Dios, y los otros presos
estaban escuchando” (Hechos 16:23-25 DHH). Si te
preguntas ¿cómo es posible que unas personas oren
y canten himnos, en tales circunstancias? la
respuesta está en el gozo, la felicidad y
bienaventuranza que produce en el espíritu saberse
un hijo de Dios y reconocerse como ciudadano de su
reino, ese gozo no cambia con la situación.
Si eres un ciudadano del Reino de Dios o un discípulo
de Jesús, vas a vivir de manera gozosa, feliz y
dichoso, in- dependientemente de lo que te rodee,
porque tu gozo y felicidad vienen de Dios y no del
mundo, esa manera de vivir hará que los que te
conocen, se interesen en saber, cómo logras
mantenerte feliz en todo momento, y se dirán a sí
mismos, que la vida vivida a tu manera, vale la pena,
eso es sazonar la vida.
• Una vida santa preserva a la sociedad de la
corrupción moral
La sal no solo se usó para sazonar los alimentos, sino
que además, fue usada para la preservación de ellos.
La sal es el preservativo natural por excelencia;
especialmen- te antes de que existieran los
modernos sistemas de re- frigeración y conservación
de alimentos. Cuando el Señor Jesús compara a sus
discípulos con la sal, también tiene en mente este
hecho, es más, probablemente la razón central por la
que hace esta comparación sea esa; leamos sus
palabras: Ustedes son la sal de este mundo. Pero si
la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su
sabor? ya no sirve para nada, así que se la tira a la
calle y la gente la pisotea (Mateo 5:13 DHH).
Los judíos del primer siglo de nuestra era, no se
fijaban tanto en que la sal da sabor, sino en su
función de conservar los alimentos, para ellos un
pacto de sal era el pacto de Dios con los sacerdotes,
por cuanto era duradera y representaba la
permanencia del pueblo elegido por Dios (Nú- meros
18:19). Así, pues, los discípulos de Jesús son sal de
la tierra porque ellos hacen entrar el mundo en el
pacto de Dios. Deben mantener en el mundo las
inquietudes por la justicia verdadera y, con esto,
impedir que las sociedades humanas se estanquen
en la mediocridad.
La humanidad, en su ignorancia espiritual y la
maldad de su corazón, es como un montón enorme
de carne, listo para corromperse, pero Cristo envió a
sus discípulos, para preservar al mundo, por medio
de su estilo de vida santa, sometida a la perfecta
voluntad de Dios, con unos valores morales muy
altos, que glorifican a Dios, separado de la
contaminación del pecado.
En las Sagradas Escrituras, la humanidad, bajo los
impulsos no restringidos de su propia naturaleza
malvada, se representa como completamente
corrompida. El remedio para esto, dice el Señor aquí,
es la presencia activa de sus discípulos entre la
gente. El carácter y los principios de los cristianos,
puestos en íntimo contacto con la humanidad, tienen
el designio de detener la corrupción de esta y dar
sabor a su insipidez.
Jesús concluye esta comparación de sus discípulos
con la sal, con una sentencia muy seria, “si la sal
pierde su sa- bor, no sirve más para nada sino para
ser hollada por los hombres” (Mateo 5:13). ¿Qué
quiso decir, con la frase, si la sal pierde su sabor?
Nada distinto, a perder nuestra razón de ser en este
mundo, dejar de ser una influencia santa, victoriosa
y gozosa; perder el sentido de nuestra existencia y
terminar convertidos en un grupo humano más.
Perder el sabor, es perder el carácter diferencial de
seguidores de Cristo y terminar actuando de la
misma manera que actúan los que no son ciudadanos
del Reino de Dios, es acep- tar el estilo de vida que
impone la sociedad contemporá- nea, con su desafío
permanente a la ley de Dios, guardar silencio ante
las injusticias, encerrarse en los “santuarios” a
disfrutar de la liturgia cristiana y de la comunión
entre nosotros, mientras el mundo que nos rodea se
aleja cada vez más de Dios. Es vivir la fe dentro de
los “templos” y no en los hogares, universidades,
lugares de trabajo, calles, plazas, centros
comerciales, donde realmente se necesita la
influencia santificadora de una Iglesia que ha
entendido, para qué está en esta tierra.
Eres un discípulo de Cristo y tu vida hará la
diferencia, donde quiera que te encuentres,
indudablemente, será más cómodo quedarte en tu
casa o reservar tu fe para los fines de semana en el
santuario, pero eso no es lo que el Señor espera de
ti, Él sigue diciéndote: “Sácame de los
Iván Castro De la Hoz
templos, donde los religiosos me encerraron hace
tanto tiempo”, “Llévame contigo al barrio”, “Llévame
a la empre- sa donde trabajas”, “Quiero ir contigo al
lugar donde estu- dias y hacer parte de tu vida
cotidiana”. Haz que tu fe sea un factor determinante
en lo que piensas, sientes y haces, no te des el lujo
de ser un discípulo de Cristo y seguir viviendo a tu
manera, no te conviertas en un “agente secreto de
Dios” con una fe insípida.
Es de suma importancia que tomes en cuenta lo
dicho en el párrafo anterior, pues hay dos
consecuencias muy nocivas, para un discípulo de
Cristo, que ha perdido su esencia y su propósito en el
mundo. En primer lugar, se vuelve inútil, su vida
carecerá de significado y sentido, ninguno lo
extrañará si desaparece; y en segundo lugar: será
despreciado por los hombres. ¡Qué paradójico, que
ironía!, aquellos a quienes debería influenciar,
terminarán despre- ciándolo e irrespetándolo. Sucede
tan a menudo esto que hasta duele. Cuántas veces
has oído decir a alguien que no es cristiano, que no
cree, porque conoció a alguien que se decía cristiano,
y estafó o mintió, que no creen en el Evangelio,
porque conocen a ministros del Evangelio, que solo
buscan su propio beneficio, su propia gloria, son
arro- gantes, avaros o inmorales. ¿No es verdad que
cuando has escuchado eso te avergüenzas, sientes
que no debería ser? ¿No es verdad que antes de
confiar en el Señor Jesús como tu salvador, muchas
veces cosas como esas te impidieron creer? Por eso,
hoy que eres un discípulo de Jesucristo, decide con
todo tu corazón, ser genuino, íntegro y transparente,
decide que tú harás la diferencia, que no traerás
vergüenza al nombre de Jesús.
Encuentro 6 LOS DISCÍPULOS
COMO LA LUZ DEL MUNDO
La segunda metáfora que el Señor Jesús usa para
hablar de la influencia que sus discípulos tienen en el
mundo, es la luz, al declarar: “ustedes son la luz del
mundo” y luego agrega como ampliación de esta
afirmación, que una ciu- dad edificada sobre una
colina no se puede esconder, ni se toma una
antorcha o lámpara y se coloca debajo de un cajón.
Leamos el texto completo en Mateo 5:14-16 para
tener una impresión general de lo que el Señor está
ilustrando con esta metáfora:
14. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad
asentada sobre un monte no se puede esconder.
15. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un
almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los
que están en casa.
16. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos.
Lo primero que nos debe llamar la atención del signifi
- cado de esta comparación, es que los ciudadanos
del Reino de Dios o discípulos de Cristo, se identifican
con Jesús en esta característica, pues en el evangelio
de Juan 8:12, Él dice de sí mismo: “… Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da
vida, y nunca andará en la oscuridad”. Jesús es en el
mundo espiritual, lo mismo que el sol para la tierra;
es quien le orienta y guía. El Señor hace esto
mediante sus enseñanzas. Jesús no es un iluminado,
ÉL es la luz. Sus enseñanzas, preceptos y vida
pueden sacar de la ignorancia espiritual a los seres
humanos. Él no nos enseña acerca del camino, Él es
nuestro camino. esta característica, no queremos
decir que es en toda su magnitud, pues eso es
imposible para cualquier ser humano, lo que sí
queremos decir, es que por tu unión con Él, tú que
eres su discípulo, llegas a ser para los que te conocen
un reflejo de Él; también por su gracia eres hecho
imagen de Dios para el mundo. A manera de
ilustración de esta verdad, puedes pensar que Jesús
es como la luz del sol y que sus seguidores son como
la luz de la luna, la cual no es otra cosa que luz
refleja.
• Un mundo sin Jesús, un universo sin la luz del
sol
Imagínate por un momento, cómo sería el mundo sin
Jesucristo; seguramente no habría Navidad,
villancicos, Semana Santa, ni santuarios cristianos,
pero, peor aún, el mundo permanecería en la más
profunda oscuridad espiritual, sin esperanza y sin
Dios, el pecado seguiría reinando en la humanidad,
las personas morirían y no habría nada más,
viviríamos sin un ejemplo del verdadero amor. Sin
Jesucristo, únicamente conoceríamos a Dios como el
Creador y sustentador del universo, Dios aparecería
como el ayudador de una sola nación. Sin Jesucristo,
nos quedaríamos solo con la santidad, la soberanía y
la justicia Divina, pero sin su amor, misericordia y
gracia salvadora. ¡Gracias a Dios por Jesucristo! ¡Él
es la imagen viva del Dios invisible! Y el dador de
todo bien espiritual.
• Los discípulos de Cristo son una luz refleja
Ahora bien, al decir que Él comparte con sus
discípulos
• Luz del mundo por medio del testimonio
personal
Puedes ser luz refleja del Señor Jesús, de varias
formas, primero, con tu testimonio a los que te
conocen. Los que saben que eres cristiano, a pesar
de que no compartan tu fe, son conscientes de que
hay algunas conductas que son anticristianas y no
estarán dispuestos a aceptar tu mensaje si no es
coherente con tu vida; algunos de ellos hasta te lo
dirán y harán burla de ti, si descubren que
promueves la doble moral: “Hagan lo que digo mas
no lo que hago”. Recuerda que tu estilo de vida,
palabras y conducta, están siendo supervisadas por
aquellos a quienes les has contado de tu experiencia
de salvación, ellos estarán muy pendiente de ti,
especialmente tus familiares, amigos, com- pañeros
de empleo o de estudio. No se trata de que seas
perfecto, pero sí de que seas coherente. Que tus
hechos confirmen tus dichos. Entonces serás un
mensaje viviente, como dijo el apóstol Pablo: “…una
carta leída por los hom- bres” o como dijo Juan el
Bautista “…Una voz… Un mensa- je”. Se dice, que en
una ocasión Francisco de Asís, le dijo a un grupo de
sus discípulos: “Vamos a predicar el Evangelio y si es
necesario abriremos la boca”. Que tu testimonio sea
tan consistente con tu fe, que muchos encuentren a
Dios, por medio de ti, que seas una luz, para guiarles
hacia Dios.
• Luz del mundo por medio de la enseñanza de
las Sagradas Escrituras
La segunda forma como puedes reflejar la luz del
Señor Jesús a los que te conocen es con la
enseñanza del Evange- lio y de las Sagradas
Escrituras. Cada vez que las compartas con alguien
estarás iluminando su conciencia con la verdad. ¡No
tienes idea, cuán necesario es esto! En esta época
posmoderna, no es tan fácil enseñar las verdades
inmutables de la Palabra de Dios, pues la mayoría de
personas han decidido rechazar los valores absolutos.
Hoy muchos se escudan en una falsa idea de la
tolerancia, apoyada en el pluralismo ideológico, para
aceptar casi todas las corrientes de pensamientos,
inclusive las que parecen contradecirse entre sí.
Dicen cosas como: “En realidad no podemos saber si
Dios existe o no” (Agnosticismo). “Al final si Dios
existe, Él buscará la forma de salvar a todos los
hombres” (Determinismo). “Si Jesús resucitó o no,
no importa, lo que importa es que su ideal subsiste
en el mundo” (Espiritualismo). “Todas las creencias
tienen algo bueno, deberíamos tomar lo mejor de
cada una y eso es suficiente” (Ecumenismo). “Dios
salvará a cada pueblo de formas distintas, a los
cristianos por Cristo, a los musulmanes por medio de
Mahoma, y a los Budistas por medio de las
enseñanzas de Buda” (Sincretismo).
Cuando le enseñas la Palabra de Dios a alguien estás
sacándole de la ignorancia espiritual y mostrándole
algo firme en lo cual creer. Estarás enseñándole la
única verdad inmutable, en un mundo cambiante; y
serás luz para esa persona. No tienes que ser
teólogo, ni experto en Biblia, pero sí debes conocer lo
que la Palabra de Dios enseña, acerca de los temas
más importantes de la vida. El salmista escribió:
“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi
camino” (Salmo 119:105). La luz de una lámpara
siempre se usa al frente, a fin de que nos muestre el
camino por donde debemos andar. Enséñale a otros
cómo vivir, por medio de la Biblia.
• Luz del mundo por medio de las buenas obras
La tercera forma como puedes reflejar la luz del
Señor Jesucristo al mundo, es por medio de las
buenas obras. Observa las palabras de Jesús en los
versículos que estamos considerando en este
encuentro: “Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras, y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Lo
que ilumina la conciencia de las personas que te ven,
en este caso son las buenas obras, aquellas acciones
que realices a favor de los más necesitados. Cuando
le das de comer a los hambrientos, visitas a los
enfermos, socorres a los huérfanos y a las viudas,
consuelas a los que sufren, eres la mano compasiva
de Dios para ellos.
• Un mundo necesitado de las buenas obras de
los discípulos de Cristo
Nuestro mundo se caracteriza por la injusticia social,
hay unos pocos que tienen mucho y hay muchos que
ca- recen de lo más necesario. La desigualdad social,
se ve reflejada de muchas maneras en nuestra
sociedad; cifras de la Organización de las Naciones
Unidas, dicen que en el mundo actualmente, hay
cuatro mil millones de personas en estado de
pobreza, cuatrocientos cuarenta y ocho millones de
niños sufren de desnutrición, más de mil millones de
personas se acuestan cada día sin comer. Todos los
días mueren por lo menos treinta mil niños por
causas evitables y cincuenta millones de personas
sufren de enfermedades relacionadas con la extrema
pobreza en que viven.
Estas cifras son realmente dolorosas porque
representan el sufrimiento y la vida de millones de
niños, mujeres, ancianos y hombres; inclusive de
familias enteras. Estos números no son solo
estadísticas, son importantes porque nos ayudarán a
tener en cuenta la magnitud de la crisis humanitaria
actual y lo peor es que lamentablemente esta
realidad sigue incrementándose, lo que nos
concientiza que hoy más que nunca en la historia, los
discípulos de Cristo debemos resplandecer con
nuestras buenas obras. Si eres un discípulo de Cristo,
dejarás a un lado el egoísmo y te comprometerás en
ayudar a los necesitados; para eso no tienes que
realizar grandes hazañas, Dios no te pide eso, solo
que ames genuinamente a tu prójimo y te
compadezcas de los que sufren. Él te pide pequeños
actos de atención, los cuales pueden hacer una gran
diferencia en la vida de alguien. No se trata de que
resuelvas el problema de desnutrición de los millones
y millones de niños del mundo que hoy sufren ese
flagelo, pero sí puedes ayudar a que uno menos haga
parte de esa cifra. Tal vez no puedas visitar a todos
los enfermos, pero seguramente conocerás a alguien
que necesite tu visita. En fin, no se trata de que-
jarte por lo que no puedes hacer por el mundo
necesitado, sino de que hagas lo que está a tu mano.
Las buenas acciones que realicemos a favor de los
ne- cesitados, recibirán recompensa de parte de
Dios. La Biblia dice: “Servir al pobre es hacerle un
préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas
acciones” (Proverbios 19:17), Dios no es deudor de
nadie, Él ha prometido que bendecirá a todos
aquellos que se involucran en ayudar a los más
necesitados, por lo tanto, involúcrate en actividades
de acción so- cial, apoya fundaciones sociales que
trabajen en pro de los menos favorecidos con tus
aportes, ideas y trabajo. Eres un hijo de Dios y debes
amar a quienes Dios ama.
Algunas veces en tu experiencia como discípulo de
Cristo, te encontrarás con algunos grupos “cristianos”
que serán apáticos a las acciones de beneficencia
social. Eso no te debe parecer extraño, lo que sucede
es que muchos cristianos evangélicos, especialmente
en Latinoamérica, asociamos las buenas obras con la
creencia de la religión tradicional que para ser salvos
hay que hacer buenas acciones y como somos
conscientes de que eso no es verdad, pues la
salvación es por gracia, no por obras, como enseñó el
apóstol Pablo en Efesios 2:8-9, entonces nos vamos
al extremo de no involucrarnos en las acciones de
ayuda social. Tú no caigas en ninguno de estos dos
extremos: Ni realices buenas obras para alcanzar el
favor de Dios, ni dejes de hacerlo, porque las
consideres innecesarias. Entien-
Iván Castro De la Hoz
de que debes realizar buenas obras porque eres
salvo, NO para ser salvo. Eres hijo de Dios y discípulo
de Cristo y eso te impulsará a servir a los demás,
mientras lo hagas ellos te verán y glorificarán a Dios
por su bondad manifestada a través de ti. De esta
manera serás una antorcha encendida para todos.
Encuentro 7 EL CARÁCTER Y LA
INFLUENCIA DE LOS
DISCÍPULOS DE CRISTO (UN
REPASO Y ALGO MÁS…)
En esta lección te invito a que hagamos un repaso de
las verdades que hemos estudiado hasta este
momento, con el fin de aclarar cualquier duda que
tengas acerca de quié- nes son los ciudadanos del
Reino de Dios o, lo que es igual, cuáles son las
características que identifican a los verdade- ros
discípulos de Jesús; además, espero poder
mostrarte, cómo Jesús le prometió la felicidad a sus
discípulos y en qué consiste esa felicidad.
Los ciudadanos del Reino de Dios o discípulos de
Jesús son definidos por su carácter, no por la religión
que pro- fesan, esta es la primera conclusión que
debemos sacar después de examinar cada una de las
Bienaventuranzas pronunciadas por el Señor
Jesucristo, en el Sermón de la Montaña. A Dios no le
interesa nada nuestra filiación reli- giosa, nuestros
rituales, ni ordenanzas; Él quiere ver vidas
cambiadas como el efecto de nuestra relación
personal, de amor y práctica con Él. Para Dios es
más importante lo que somos que lo que hacemos.
Recuerda que Jesús fue enfá- tico en este sentido
con los escribas y fariseos de su época, a quienes
comparó con “sepulcros blanqueados” porque según
explicó: “se ven bien arreglados por fuera, pero lle-
nos por dentro de huesos de muertos y de toda clase
de impureza” (Mateo 23:27 DHH). En cambio, un
ciudadano del Reino de Dios o verdadero discípulo de
Jesús se carac- teriza por ser: humilde, sufrido,
manso, justo, compasivo, puro, pacificador, que
soporta el menosprecio y el vitupe- rio. Cada una de
estas características es una cualidad o vir- tud, que si
ya aceptaste al Señor Jesucristo, hará parte de tu
forma de ser, de tu carácter, será una huella
indeleble en tu interior, que te inclinarán a actuar
como cristiano en las diferentes situaciones de la
vida.
El Cristianismo no se trata de leer tu Biblia, saber
qué es lo que Dios quiere de ti y luego intentar con
todas tus fuer- zas de obedecerle, solo para sentirte
frustrado porque no lo logras; más bien, se trata de
una relación de amor con Dios, la cual se establece
por medio de la fe en la muerte y resurrección del
Señor Jesús. A partir de esa experiencia de fe, Dios
viene a morar en tu corazón, te transforma, cambia
tu ser interior, te imparte el carácter de Cristo, por
medio de su Espíritu Santo; y entonces sí, entonces
sí podrás vivir como Él espera que tú lo hagas,
porque ya no serás tú, sino Él viviendo a través de ti.
Esta es una realidad poderosa en la que tienes que
descansar.
Los ciudadanos del Reino de Dios o discípulos de
Cristo, con su vida gozosa, santa y victoriosa, son
una poderosa influencia en el mundo, es más, esta
es la única explicación de por qué aún están en esta
tierra y Dios no se los lleva para el cielo, Él, los
quiere aquí, aunque al tenerlos aquí, les exponga a
las tentaciones de Satanás, persecuciones del mundo
incrédulo y las adversidades y contingencias de un
mundo caído. El plan diseñado por Dios, es que sus
hijos sean el canal por medio del cual muchos más
lleguen a conocerlo, ellos son sus embajadores en
esta tierra, tienen la misión de representarlo, de
darlo a conocer: Extendiendo su Reino en el mundo,
por medio de una predicación Cristo-céntrica,
sobrenatural, dinámica y gozosa de la salvación.
Además de todo lo anterior, debes saber que los ciu-
dadanos del Reino de Dios o discípulos de Cristo son
Bien- aventurados. Cada una de las descripciones
que Jesús hace de los ciudadanos del Reino de Dios
en Mateo 5:3-12 comienza con la palabra
Bienaventurado, esta expresión es la traducción al
español, del término griego makários que significa
supremamente bendecido; por extensión: afortu-
nado, bien librado, bendecido, dichoso y hasta
glorioso; de manera que una persona
bienaventurada, es una persona feliz, dichosa, que
goza del bien como ya vimos en el encuentro número
6. Para evitar que te confundas asumien- do la
felicidad, de la misma forma que lo hacen las
personas que no han reconocido a Jesús como el
Señor de sus vidas, déjame decirte, que el concepto
de Bienaventuranza, trasciende en gran medida al
concepto secular de felicidad, no solo lo trasciende,
sino que hasta puede llegar a ser diferente, pues,
mientras para la mayoría de personas, la felicidad
está asociada a la satisfacción plena de todas sus
necesidades, la ausencia del sufrimiento, la armonía
en todas las relaciones; la Bienaventuranza, va más
allá, la felicidad en el Reino de Dios es un concepto
paradójico
(aparentemente contradictorio). “Felices los que
lloran...” (Mateo 5:4), tu felicidad no depende, ni
dependerá de tu bienestar físico, de las condiciones
económicas, o de las buenas relaciones con todas las
personas, sino de tu comunión con Dios, de saberte
su hijo y entender que en cada circunstancia Él está
enseñándote y formándote.
En el Antiguo Testamento, que es de donde Jesús
real - mente toma el concepto de bienaventurado
(aunque Jesús se expresó en idioma griego, su
pensamiento es el de un judío de la Palestina del
primer siglo), el término comuni- ca básicamente la
“prosperidad” o “felicidad” que experimentan los que
son favorecidos (bendecidos) por alguien superior. En
la mayoría de los pasajes del Antiguo Testa- mento,
donde aparece este término, quien otorga el favor es
Dios mismo, sin embargo, la persona bienaventurada
no siempre goza de una situación “feliz”: En Job
5:17-18, Elifaz, uno de los amigos de Job, dice: “He
aquí bienaventurado (feliz) es el hombre a quien Dios
castiga; por tanto, no menospreciéis la corrección del
Todopoderoso, porque Él es quien hace la llaga, y Él
la vendará”. Elifaz no quiso decir que la condición de
Job era, en sí, “feliz”; sino que Dios es- taba
interesado en él, por tanto era “bienaventurado”; en
otras palabras, su situación era “feliz” porque el
resultado sería bueno. Job, por tanto, debería reírse
de su adversidad (Job 5:22).
Tu felicidad descansa en este hecho: Dios tiene
control de todas y cada una de tus circunstancias; Él
las usa para cumplir su propósito en ti, eres amado
por Él y su favor está de tu lado. No permitas que
ninguna persona, enfermedad o adversidad, te hagan
dudar de eso. Dios te ama, protege, ayuda y está
guiándote en la vida, eso no ha cambiado, ni
cambiará, pues no depende de ti, sino de su gran
amor.
Cuando descubrimos que no estamos en el mundo
para ser felices, sino, para traer honra al nombre de
Dios, en ese mismo instante nuestro enfoque de la
vida cambia, ya no nos enfocaremos en nosotros, en
la satisfacción egoísta que nos ofrecen el
humanismo, materialismo, secularismo e
individualismo de esta época postmoderna, sino, que
intentaremos honrar a Dios en cada uno de nuestros
actos, con independencia de las consecuencias físicas
e inmedia- tas que esto traiga. Si sufrir, ser
menospreciados, vituperados o responder con
mansedumbre ante las ofensas y agresiones de los
demás, glorifican a Dios, entonces habrá valido la
pena todo eso.
Otra de las grandes verdades que podemos aprender
de la bienaventuranza de los ciudadanos del Reino de
Dios o discípulos de Cristo, es que la felicidad en el
Reino de Dios, no solo es una posibilidad, sino un
derecho para aquellos que entendiendo el sentido de
caminar con Cristo, asumen con gozo el dolor,
soportan las persecuciones y el oprobio de ser
cristianos y se niegan a vivir según los estándares
del mundo. Para aquellos cuyo único propósito en la
vida es honrar a Dios, para esos, están reservadas
las más gloriosas bendiciones de Dios. Fijémonos en
el hecho de que cada una de las Bienaventuranzas
termina con una promesa, que a su vez se convierte
en la explicación de por qué se puede ser feliz en
medio de las situaciones descritas. Al final los
discípulos de Cristo o ciudadanos del Reino de
Iván Castro De la Hoz
Dios, son bienaventurados por la esperanza que les
genera la recompensa que Dios el Padre ha
preparado para ellos. Tu recompensa no viene del
mundo que te rodea, viene del Dios que te llamó. No
llores por la incomprensión del mundo, alégrate
porque Dios te ama. Recuerda que,el cielo no es la
tierra.
PARTE II Los deberes de
los discípulos de Cristo
Encuentro 8 DEMANDAS
SUPERIORES A LA LEY
Consideraremos a partir de este encuentro la
segunda gran división del Sermón del Monte, la cual
se encuentra en Mateo 5:17-48. En este discipulado
hemos llamado a esta sección: Los deberes de los
ciudadanos del Reino de Dios, porque el Señor Jesús
trata con las normas que rigen la vida de quienes le
han confesado como el Amo y Señor de sus vidas.
Jesús empieza este aparte de su sermón, señalando
en primera instancia, la importancia de la ley de Dios
para Él y para sus seguidores. Usa las siguientes
palabras:
17. No penséis que he venido para abrogar la ley o
los profetas; no he venido para abrogar, sino para
cumplir.
18. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el
cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la
ley, hasta que todo se haya cumplido.
19. De manera que cualquiera que quebrante uno de
estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a
los hombres, muy pequeño será llamado en el reino
de los cielos; mas cualquiera que loshaga y los
enseñe, este será llamado grande en el reino de los
cielos.
20. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere
mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis
en el reino de los cielos.
Mateo 5:17-20
Cuando leemos sus palabras, nos parece oír al Señor
diciendo: “No se vayan a equivocar pensando que la
ley de Dios no es importante para ustedes”. Si eso es
lo que han pensado, cambien de manera de pensar,
pues si quieren ser mis discípulos van a tener que ser
más cuidadosos en obedecer la ley de Dios que estos
escrupulosos escribas y fariseos judíos (Ver. 20).
Ninguno de nosotros es un verdadero discípulo de
Cristo, si no obedece la ley de Dios, esto es cierto por
las siguientes consideraciones:
• Cambiaste de Reino
Desde el mismo momento que le entregaste tu vida
al Señor Jesucristo, cambiaste de nacionalidad. Una
persona que cambia su nacionalidad ya no puede
vivir según las nor- mas del antiguo reino, sino que
debe ajustarse a las leyes de su nuevo país. El
apóstol Pedro dice que los que hemos aceptado a
Jesús como el Señor de nuestras vidas, “somos
peregrinos y extranjeros en este mundo”, por lo
tanto, “no debemos vivir conforme a las costumbres
de este mundo” (1ade Pedro 1:17; 2:11-12). Tú ya
no perteneces aquí, aho- ra eres ciudadano del Reino
de Dios, eres un discípulo de Cristo, por eso para
muchos que te conocieron antes de ser cristiano, les
parece extraña tu nueva manera de vivir. Es simple,
a ti te rigen unas normas de vida, no solo diferentes
sino más altas que las de la mayoría.
Las normas que rigen la vida de los ciudadanos del
Reino de Dios o discípulos de Cristo, son más altas
que cualquier otra norma ética que el hombre haya
creado. En rea- lidad es muy difícil esperar que los
seres humanos tengan normas éticas o de moral
altas, pues ellos están atados al pecado, al egoísmo y
su condición natural se lo impedirá.
• El Sermón del Monte es la constitución política
del Reino de Dios
El Sermón del Monte es “la Constitución Política del
Rei- no de Dios”. En él se establece todo el
ordenamiento legal, por el cual deben regir sus vidas
todos aquellos que aceptan a Jesús como su Señor y
Salvador. Él es la norma de normas. En sus principios
se fundamentan todas las demás demandas que Dios
hace a sus hijos; por tanto es de suma importancia,
que lo comprendamos y practiquemos.
• Los principios rectores de nuestra conducta
Desde el versículo 17 de Mateo 5, el Sermón del
Monte, sigue un patrón básico. En primer lugar hace
una afirma- ción, la cual funciona como principio
rector y luego aplica esa afirmación a situaciones
prácticas. Por ejemplo, en Ma- teo 5:17 el Señor
Jesús afirma: “No penséis que he venido a anular la
ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a
darles cumplimiento” (RV 60). Esta afirmación será el
principio rector de las aplicaciones que el Señor Jesús
hace a continuación a situaciones específicas como:
El manejo de la ira (Vers. 21-26), el adulterio (Vers.
27-30), el divorcio (Vers. 31-32), los juramentos
(Vers. 33-37) y el amor hacia los enemigos (Vers.
38-48). Si tienes en cuenta esto, podrás interpretar
las enseñanzas del Señor Jesús en su contexto real,
con su intención, pues, el principio rector cumple el
objetivo, en este caso, de develar la intención de
quien ha- bla, o la verdad principal a tomar en
cuenta.
Con eso en mente, leamos una vez más, Mateo 5:17:
“No penséis que he venido a anular la ley o los
profetas; no he venido a anularlos sino a darles
cumplimiento”. Nos debe quedar claro, que Él no
quiere dar por nula la ley de Dios o dejarla sin
fuerza, no está suspendiendo la obligación de cumplir
la ley de Dios, sino que como lo afirma, vino a
cumplirla, a ajustar su vida en obediencia perfecta a
ella. Escucharás a algunas personas decirte, que ya
Jesús cumplió la ley de Dios y que por lo tanto, los
cristianos no estamos obligados a cumplirla, te
invitarán a desconocer los Diez Mandamientos, hasta
te acusarán de religioso y legalista por querer
obedecer los mandamientos de Dios, pero recuerda
estas palabras de Jesús: “No vine a anular sino a
cumplir la ley de Dios”.
• Los Diez Mandamientos están vigente para los
discí- pulos de Cristo
Ahora bien, lo que sí te debes preguntar es ¿A cuál
ley se refiere el Señor Jesús?, puesto que la
expresión leytie- ne por lo menos seis connotaciones
distintas en el Nuevo Testamento. La palabra Ley en
el Nuevo Testamento puede significar: Los cinco
primeros libros de la Biblia o Pentateu- co; el cuerpo
de leyes (morales, ceremoniales y civiles) que
regulaban la vida del pueblo judío; la ley moral (los
Diez Mandamientos); la ley ceremonial; la ley civil,
una fuerza o principio interior que gobierna la vida
del hombre y la mujer.
En Mateo 5:17-48 Jesús menciona únicamente lo que
tiene que ver con la ley moral, es decir, los Diez
Manda- mientos; nos habla de: No matar, no
adulterar, no tomar el nombre de Dios en vano y
amar aun a los enemigos. Esos son aspectos de la
vida regulados por el Decálogo, de manera que,
podemos entender que estos mandamientos siguen
vigentes hoy. Si somos discípulos de Cristo, vamos a
tener que obedecer los Diez Mandamientos, más aún,
podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que
ninguna persona puede decir que es santo, sin
cumplir los Diez Man- damientos.Ellos son la medida
de la justicia y la santidad divina; por medio de ellos
Dios nos revela las exigencias de su justicia y su
santidad.
Antes de continuar con nuestra exposición, acerca de
la necesidad de obedecer los Diez Mandamientos,
para un discípulo de Cristo, vale la pena aclarar que
ningún ser humano, en su condición natural, puede
cumplir la ley de Dios. El apóstol Pablo lo afirma de
esta manera: “La menta- lidad pecaminosa es
enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios,
ni es capaz de hacerlo” (Romanos 8:7 BAD). No es
capaz de someterse a la ley de Dios. “Ni tampoco
puede” dice otra versión de la Biblia. Es imposible
para un hombre o una mujer que no han sido salvos
vivir conforme a la ley de Dios, pero, los que después
de haber escuchado el mensaje del Reino de Dios, se
arrepintieron, confesaron sus pecados y confiaron en
Jesús como su Salvador, esos sí pueden, porque ya el
pecado no los domina, son nuevas criaturas y todo lo
viejo pasó. Así que Jesús les pide a sus discípulos
que cumplan la ley de Dios, porque son salvos, NO
para ser salvos como lo exigía el legalismo de los
fariseos.
Tú puedes obedecer los Diez Mandamientos, porque
Dios te hizo una nueva criatura, eres un hijo de Dios,
tie- nes su Espíritu Santo, el cual actúa en ti y te da
la capa- cidad de agradar al Señor con tu vida. Jesús
no te exime de cumplir la ley moral, sino que te da la
fuerza espiritual para cumplirla. Él no dice: “Contigo,
como eres mi discí- pulo voy a pasar por alto mis
normas”, “Tú no tendrás que atender mis demandas”
¡NO!; por el contrario, te dice: ¡A ti te exijo más!
“Pero, no te preocupes, porque ¡Te ayuda- ré!” ¡Te
transformaré! ¡Te entregaré una nueva disposición
que regirá tu corazón y entonces podrás! “No
rebajaré mis demandas, pero te elevo de condición
espiritual para que puedas cumplirlas” ¿Ves la
diferencia? En tu interior hoy tienes todo lo que
necesitas para obedecer a Dios.
• Jesús cumplió la ley de Dios
Hay un último aspecto en lo relacionado con la ley de
Dios, que es tan significativo, que no quiero pasarlo
por alto, sin invitarte a que lo consideres; tiene que
ver con la forma como el Señor Jesús se relacionó
con la ley de Dios. Recuerda que al principio de este
encuentro te dije que la palabra ley en el Nuevo
Testamento, tiene por lo menos seis connotaciones
diferentes, y que una de esas connotaciones hace
referencia a la Ley Ceremonial; pues bien, esa Ley
Ceremonial o Ritual, consistía en una serie de
ceremonias, ritos, ofrendas, sacrificios y liturgias que
el pueblo judío, tenía que cumplir de manera estricta
para acercarse a Dios en el Antiguo Testamento. No
existía otra forma en esos tiempos, en que alguien se
acercara a Dios en adoración;más aún, estos
sacrificios y esa forma de cul- to, se hacían para que
si algún israelita o extranjero viola- ba alguno de los
mandamientos del Decálogo, tuviera una opción de
venir a Dios, al ofrecer el sacrificio de un animal
inocente, para que lo sustituyera, pues la paga del
pecado es la muerte. En este caso el cordero
inocente, moría en lugar del ser humano pecador y
se entendía que su culpa había sido quitada.
Pero, debes entender que todas esas prescripciones y
rituales, en el Antiguo Testamento, tenían la única
inten- ción de prefigurar la obra del Señor Jesucristo,
quien con su muerte en la cruz del Calvario, fue
quien realmente pagó el precio de la salvación de
todos los hombres y mujeres. ¡Él dio su vida por ti y
É
por mí! ¡Él cumplió toda esa ley ceremonial!; por eso
actualmente no necesitamos ir a Dios ofreciéndole
animales inocentes para que mueran en nuestro
lugar. ¡Ya Jesús murió por nosotros! ¡El justo dio su
vida por los pecadores! Dicho de otra manera,
quienes teníamos que ser crucificados éramos tú y
yo, pero Jesús se entregó por nosotros, para que
todo aquel que en Él crea, no esté más bajo
condenación, sino que experimente el regalo del
perdón y la vida eterna. Este hecho, es el
fundamento de tu salvación, del perdón de tus
pecados y de tu libertad. Eres inocente, libre y santo
delante de Dios, por medio del sacrificio de su amado
Hijo. Tú lo aceptaste y Él te perdonó y no solo eso,
también te cambió.
Todo esto ocurrió, no solo por el sacrificio de Jesús,
sino
Iván Castro De la Hoz
que como señalé en los párrafos anteriores, Él murió
sien - do inocente, Él nunca pecó, no habló mentira,
ni ofendió a Dios; por el contrario, su obediencia a
Dios fue perfecta. Esa vida perfecta de Jesús hoy te
es contada a ti. ¿No es verdad, que eso es
maravilloso? Nosotros, débiles humanos y viles
pecadores fuimos declarados santos y hechos
capaces de obedecer la ley de Dios, por su gracia y
su poder; porque Dios en un acto de misericordia,
nos imputó la justicia de Cristo. Comprender esto,
nos produce mucha alegría, gratitud y amor profundo
por Dios. Es tanto, que deberíamos preguntarnos
¿Cómo podríamos no obedecerle?
Encuentro 9 “NO TE ENOJARÁS
CON TU HERMANO”
Antes de empezar el análisis detallado de cada una
de las demandas que el Señor Jesús hace a sus
discípulos, per- míteme llamar tu atención sobre un
asunto más. Observa que cada vez que Jesús va a
hablar de alguno de los Man- damientos, comienza
diciendo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos…”.
Después de decirle lo que les fue dicho, agrega:
“Pero yo os digo” y entonces hace su aporte personal
a la comprensión del mandamiento. Al fijarte en esta
estruc- tura que el Señor usa, en esta parte de su
sermón, coincidirás conmigo, en que se parece más a
una explicación del mandamiento que a un contraste,
es decir, el Señor no pretende contraponer lo que va
a decir, con lo dicho en el Decálogo, sino que más
bien va a aclarar el sentido del Decálogo. Jesús no
pretende darnos unos nuevos Manda- mientos, sino
explicarnos el alcance de los que ya existen. Nos
alegra mucho saber que ¡no existe ninguna
contradic- ción entre lasdemandas de Jesús a sus
discípulos en el Ser- món del Monte y las de Dios el
Padre, a su pueblo Israel en el Monte Sinaí! porque
esto hace que la revelación de Dios en su palabra sea
coherente para nosotros.
A manera de ilustración de lo dicho en el párrafo
anterior, podemos decir que Jesús es como la Corte
Suprema en cuanto a la ley de Dios. Dios el padre
legisló en el Monte Sinaí, al entregarnos los Diez
Mandamientos, pero es el Señor Jesucristo quien nos
explica cuál es la intención que su Padre tenía
cuando dio sus leyes. Él nos explica, como dirían los
juristas “el espíritu de la norma” o sea, su verdadero
sentido y propósito. Con esto en mente, te invito a
que estudiemos cada uno de los deberes que
tenemos como discípulos de Cristo. En esta lección
veremos solo el primer deber:
El sexto Mandamiento prohíbe el homicidio. Éxodo
20:13 simplemente dice: “No matarás”. Los fariseos
en los tiempos de Jesús, decían: “Cualquiera que
matare”, dándo- le el sentido a estas palabras de que
la violación del Man- damiento, consistía en la acción
violenta que conducía a quitarle la vida a otro ser
humano. Siendo así, de acuerdo con la moral farisea,
una persona podía odiar a otra, podía despreciarla y
hasta podía hablar contra ella, en tanto, no la
agrediera físicamente todo estaba bien.
En Mateo 5:21-26 Jesús dice:
21. Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás;
y cualquiera que matare será culpable de juicio.
22. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje
contra su hermano, será culpable de juicio; y
cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será
culpable ante el Concilio; y cualquiera que le diga:
Fatuo, quedará expuesto al infier- no de fuego.
23. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
24. deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda,
reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven
y presenta tu ofrenda.
25. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre
tanto que estás con él en el camino, no sea que el
adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y
seas echado en la cárcel.
26. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que
pagues el último cuadrante.
• Para Jesús “no matarás” significa no estar
enojado con el hermano
En cambio, para el Señor Jesús “No matarás”
significa más, mucho más, significa que hay que
cuidar las moti- vaciones de nuestro corazón, y
cuidarse de estar enojado contra nuestros hermanos.
Él dice: “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje
contra su hermano, será culpable de juicio” (Mateo
5:22). Les recuerda a sus oyentes, que mientras para
los fariseos lo condenable solamente es la acción del
homicidio, para Dios lo condenable es la motivación
que conduce a él; es decir, la ira descontrolada, que
se convierte en enojo. Básicamente lo que el Señor
nos enseña, es que estar enojados con el hermano
equivale a matarlo delante de Dios.
Aclaremos antes de continuar, que el enojo y la ira
son distintos. La ira es una pasión natural que en
algunos ca- sos puede resultar legítima y hasta digna
de admiración y elogio. Habrá momentos en la vida
en los que tendrás que reaccionar con ira,
especialmente en aquellos momentos cuando ves que
se están cometiendo injusticias contra los débiles y
desprotegidos. Es de esperar que alguien justo,
reaccione contra eso; pero a diferencia de la ira
dañina, tu reacción será contra la situación, nunca en
contra de personas. No le harás daño a nadie, sino
que lucharás por cambiar las condiciones injustas
que el débil esté viviendo.
• La ira dañina o el enojo
Existe, sin embargo, una expresión de la ira, que es
da - ñina, que es pecado y que puede ser
considerada homicidio por el Señor Jesús. Es la ira
que se torna en enojo, que surge sin que exista
provocación alguna, no tiene un objetivo bueno y va
acompañada de ultrajes y ofensas. La ira dañina es
un sentimiento de desprecio hacia nuestros
hermanos. Es el enojo, que se instala en el alma.
Normalmente no empieza así, sino que al principio es
solo un pensamiento contra tu hermano, es una idea
que a manera de estrella fugaz se cruza por tu
mente, piensas: “No merece ser amado”, “es tan
ridículo e inadecuado”, “es despreciable”, luego te
llenas de malicia, suspicacia hacia él. Hasta este
momento aparentemente no hay nada malo, pero ya
se está gestando la semilla del odio, el resentimiento
y el deseo de hacerle daño. Todo empezó en tu
mente, en tu corazón, y esta es la advertencia de
Jesús, no permitan que su corazón se contamine con
estos pensamientos y senti- mientos, manténganse
puros. Recuerda que a las acciones le anteceden los
sentimientos y a los sentimientos le ante- ceden los
pensamientos, cuidado con lo que albergas en tu
alma, en tu mente y corazón hacia tu hermano, allí
es donde todo comienza, allí es donde debes ser
vigilante.
La ira dañina es la que surge sin provocación alguna
, ni tiene una causa legítima, se fundamenta en un
desprecio por el otro. No es la reacción valiente y
santa frente a la injusticia, sino la manifestación de
una pasión desbordada. Una explosión emotiva que
hace daño, con las palabras. Esta clase de ira es fácil
de reconocer, pues, es irracional, desmedida e
injusta. No corresponde a la falta y brota casi que de
manera espontánea, se vuelve incontrolable y no
descansa hasta que le hace daño al otro.
La ira que es dañina es el sentimiento de enojo que
pro - voca un lenguaje oprobioso contra el hermano.
En Mateo 5:22 dice: “…y cualquiera que diga: Necio,
a su hermano, será culpable ante el Concilio; y
cualquiera que le diga: Fa- tuo, quedará expuesto al
infierno de fuego”. La Biblia ense- ña que las palabras
tienen poder: “Son como un pequeño fuego que
puede encender un gran bosque” o “como golpes de
espada”, también afirma que: “En nuestras palabras
está el poder de la vida y de la muerte”. En resumen,
las palabras pueden ser sumamente nocivas,
debemos cuidarnos de cómo las usamos. Si nos
permitimos estar enojados con nuestros hermanos,
pronto pasaremos de los pensamientos suspicaces a
los sentimientos de enojo, de los sentimientos de
enojo a las palabras oprobiosas y de las palabras
oprobiosas a las acciones violentas.
En este pasaje, el Señor nos muestra esta progresión
del sentimiento de enojo, que conduce a las ofensas
ver- bales, cuando nos dice: “cualquiera que se enoje
contra su hermano, será culpable de juicio; y
cualquiera que diga:…” (Mateo 5:22). Primero se
enoja y después dice. Si alguna vez has estado
enojado con alguien, puedes confirmar este hecho, el
enojo, no es un sentimiento mudo. Cuando es- tamos
enojados con alguien, queremos hacerle daño,
intentaremos por todos los medios hacerlo sufrir,
vamos a ser ofensivos, le diremos cosas con el único
propósito de lastimarlo, usaremos palabras hirientes
y no solo con esa persona, sino que si tenemos la
oportunidad, buscaremos la forma de desacreditarlo,
de calumniarlo y dañarle la reputación ante otros.
¡Ten cuidado, eso puede ser conside- rado homicidio
por Dios!
Esa es la razón por la cual a renglón seguido, el
Señor Jesús nos instruye: “No le digas a tu hermano
Necio”, esta palabra significa en su original: “Cabeza
hueca”, “hombre o mujer inútil”; es como decirle a tu
hermano “eres alguien sin sentido”, este tipo de
ofensas se origina en el orgullo, la arrogancia y el
menosprecio de quien la hace. Jesús dice: “tampoco
debes decirle Fatuo” que en los tiempos del Señor
Jesús era una especie de maldición, inspirada por el
odio. Esta ofensa tenía que ver con la moral de la
persona, era como si le dijera: “impío”, “ateo”,
“condenado”. Mientras en la primera ofensa se ve al
prójimo como un “tonto”, en la segunda se le ve
como “alguien despreciable e indigno de honor y
además vil e indigno de amor”. La segunda palabra
equivale a decir que “es alguien que no tiene, ni
merece la gracia de Dios”. Notarás por supuesto, que
lo trascendental en esta explicación, no es el término
en sí, sino la actitud, lo que mueve a la persona que
usa estas ofensas; digo esto porque hoy no
necesariamente utilizamos términos como “necio” o
“fatuo” para ofender a las personas, pero, si tenemos
una actitud orgullosa, arro- gante, soberbia, llena de
odio, que nos impulsa a ofender a nuestros
hermanos, somos culpables ante Dios. En oposición a
esto, las Sagradas Escrituras nos recomiendan que
hablemos entre nosotros con Salmos, himnos,
cánticos espirituales, procurando edificarnos los unos
a los otros. Sé cuidadoso en tus palabras, examina
siempre tu corazón. Un proverbio popular dice:
“Conecte su cerebro antes de mover su lengua”. La
Biblia te enseña: “Examina tu corazón antes de
hablar de tu hermano”.
• El enojo contamina la ofrenda en el altar
¿Sabes por qué todo lo que he señalado en esta
lección es tan importante? Porque estar enojados con
nuestros hermanos nos impedirá que adoremos a
Dios con libertad. En los versículos 23 y 24 de Mateo
5 Jesús nos dice: “Por tanto, si traes tu ofrenda al
altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y
anda, reconcíliate primero con tu hermano, y
entonces ven y presenta tu ofrenda”. Analiza lo
siguiente, un judío promedio en la Palestina del
primer siglo, traía su ofrenda al altar una vez por
semana, de modo que cuando Jesús dice “Si traes tu
ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano
está enojado contra ti, ve primero reconcí- liate y
solo después presenta tu ofrenda”, le está colocando
un plazo máximo de siete días al sentimiento de
enojo, es como si dijera: “Ninguno de ustedes
debería estar enojado con su hermano por más de
siete días”. Ahora bien, eso era así, antes de que Él
muriera en la Cruz por los pecados
Iván Castro De la Hoz
de todos nosotros, porque desde entonces, todos los
que le hemos aceptado como nuestro Señor y
Salvador, tenemos libre acceso a su presencia todos
los días, en cualquier momento, por lo tanto, a un
discípulo de Cristo ¡No se le permite estar ofendido
con su hermano nunca!
Encuentro 10 “NO COMETERÁS
INFIDELIDAD CONYUGAL”
“No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). Es sin duda
uno de los mandamientos que más conocemos y
también se puede decir, que es uno de los que más
violamos los seres humanos. Al parecer, la gran
mayoría de nosotros pensamos que el deseo sexual
es tan fuerte que hasta justifi- camos que alguien
falte a su pacto de fidelidad dentro del matrimonio.
No sé tú, pero yo he oído a algunos hombres decir,
cuando se les pregunta ¿por qué se involucraron en
un adulterio? “Bueno, usted sabe yo soy un hombre,
a mí me atraen las mujeres”. “Es que esto de ser fiel
a una sola mujer, es muy difícil de obedecer”. Incluso
el día de hoy, por obra y gracia de un mal
entendimiento de la “liberación femenina” algunas
mujeres piensan y hablan de la misma manera, que
son dueñas de su cuerpo y que no tienen porqué
rendirle cuenta a ningún hombre por lo que hagan
con él, ni siquiera a sus esposos, expresan que así
como los hombres pueden tener relaciones sexuales
con varias mujeres sin apegarse afectivamente, ellas
pueden hacer lo mismo con varios hombres, “porque
los hombres y las mujeres somos iguales”,
argumentan.
La infidelidad conyugal se ha convertido en la
primera causa de separaciones y divorcios en
nuestros días, pues, no hay nada que destruya más
el amor y la confianza de una pareja, que la
infidelidad. El daño que causa, es en muchos casos
irreparable. Cuando una persona comete adulterio
cada dimensión de su vida se ve afectada, el sexo es
sumamente destructivo fuera del contexto del
matrimonio. “El fuego de la pasión sexual debe estar
reservado dentro del ambiente seguro del
matrimonio, fuera de ese ambiente es devastador”.
En el libro de Proverbios 6:32-33 dice: “Pero al que
comete adulterio le falta el juicio; el que así actúa se
destruye a sí mismo. No sacará más que golpes y
vergüenzas, y no podrá borrar su oprobio”. El infiel,
rompe su relación con Dios, contamina su alma,
pierde sus afectos naturales, destruye su forma de
amar, desdibuja su figura ante sus hijos (si los tiene),
siembra odio en el corazón del cónyuge inocente y se
labra un futuro solitario.
• La infidelidad conyugal en los tiempos de
Jesús
En los días del Señor Jesús, también hubo personas
que quebrantaron su pacto matrimonial, cometiendo
infideli- dad conyugal, tal vez, no ocurría con la
misma frecuencia que lo vemos en nuestros días,
pero igual se daba, por eso, Jesús les dijo: “Oísteis
que fue dicho: No cometerás adul- terio. Pero yo os
digo que cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por
tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo,
y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de
tus miem- bros, y no que todo tu cuerpo sea echado
al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de
caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se
pierda uno de tus miembros, y no pues mejor te es
que se pierda uno de tus miembros, y no 30). A
diferencia de los fariseos, que limitaban el concepto
de violación del mandamiento de no cometer
adulterio, al acto sexual mismo, el Señor Jesús
enseñó que este manda- miento prohíbe, no solo, los
actos externos de adulterio, sino todos los deseos
que conducen a la infidelidad con- yugal y toda
aproximación a esos deseos. Él enseñó que existe un
adulterio cometido en el corazón, el cual nunca llega
a ser externo, Jesús enseñó que la infidelidad
comien- za con miradas sutiles y lascivas. Afirmó: “…
yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.
• Medidas extremas contra la infidelidad
conyugal
Toda persona casada, sabe que hay miradas que
pueden resultar peligrosas para la estabilidad de su
matrimonio, que son diversiones lascivas y que
sirven de combustible de las bajas pasiones.
Tenemos que reconocer que la mayoría de personas
que cometieron infidelidad conyugal, no tenían la
intención de hacerlo, las cosas comienzan casi
siempre con una mirada sutil que insinuó un interés
mayor en la otra persona. De las miradas se pasa a
las palabras amables, de estas a los halagos y
cuando se vienen a dar cuenta, se hallan inmersos en
una relación pasional, que si no se detiene a tiempo
los destruirá. El Señor Jesús cono- cía esta dinámica
en la tentación sexual y es por eso que advierte
contra esas miradas. Sus palabras son claras, tales
miradas son tan nocivas para el alma, que sería
preferible perder la vista que deleitarse en ellas, “si
tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo
de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus
miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno”. Por supuesto no nos está diciendo que
literalmente “nos saquemos un ojo”, sino que
tomemos medidas extremas frente al pecado de
adulterio. Este pecado es tan dañino, que vale la
pena hacer cualquier cosa para evitarlo.
Existen medidas extremas que puedes tomar para
evitar el verte involucrado en una situación de
infidelidad conyu- gal. Algunas de esas medidas son:
No tengas una amiga o un amigo diferente a tu
cónyuge; no mantengas conversa- ciones secretas
con alguien atractivo para ti; permite que tu cónyuge
tenga acceso permanente a tus correos electrónicos,
llamadas de celular y las redes sociales en las que
participas. No uses el Internet en espacios donde no
ten- gas la supervisión de tu cónyuge, anda en su
compañía la mayor parte del tiempo, háblale cuando
te sientas atraído por alguien diferente y lo más
importante, busca el rostro de Dios en oración, solo
una relación íntima de amor y per- sonal con Dios, te
podrá librar en medio de la tentación, un remedio
frente al adulterio mucho más efectivo que mutilarse
es la oración ferviente a Dios, para asirnos de su
gracia y su poder.
• Cuidado con la pornografía
Probablemente no seas casado y digas, estas
recomendaciones no son para mí, yo no necesito
todo eso. Si algún día te unes en matrimonio a
alguien, todo esto te va a ser muy útil, pero antes de
terminar este encuentro, permí- teme hablarte de un
pecado que es cometido por igual, por casados y
solteros, me refiero a la pornografía, esta se ha
convertido en una de las mayores adicciones el día
de hoy, especialmente porque las modernas
tecnologías, nos permiten tener acceso a ella sin salir
de nuestra habitación. La pornografía por Internet es
como una serpiente venenosa en nuestras casas,
muchos hombres y mujeres están esclavizados a ella.
Esta es otra forma de violación del mandamiento,
“No cometerás adulterio”, hoy hay mucha infidelidad
virtual, sexo virtual y videos con material sexual
explícito al alcance de nuestras manos. Con un solo
clic en nuestros computadores, quedamos
conectados a todo un mundo de inmundicia y
depravación sexual. Evita a toda costa quedar
prisionero de esta práctica, no te per- mitas
libertades en este sentido, si ya has tenido acceso a
ella corta con toda conexión ahora mismo, si tienes
que deshacerte del computador hazlo, si tienes que
pedir ayu- da a alguien hazlo ahora mismo, habla con
un consejero espiritual o un creyente maduro sobre
esto. Hay algunos pecados de los que tenemos que
ser salvados con temor. No son sabios los que ponen
en riesgo el destino eterno de sus almas, por no
privarse de los deseos de su carne o no son sabios,
porque no saben lo que es el infierno o no creen en
él, “…es mejor entrar al cielo ciego o manco, que ser
lanzado completo al infierno”.
• Recomendaciones finales acerca de la pureza
sexual Algunas recomendaciones finales acerca de
cómo man- tenerte puro en tu sexualidad:
Iván Castro De la Hoz
• Ten una relación íntima de amor y personal con
Dios. Pasa tiempo todos los días, orando y leyendo
las Sagra- das Escrituras.
• Fortalece tu relación de pareja, habla
permanentemen- te con tu cónyuge, pasen tiempo
juntos, diviértanse jun- tos y tengan relaciones
sexuales satisfactorias.
• Evita cultivar una amistad íntima con una persona
del sexo opuesto que te resulte atractiva.
• Si eres tentado o tentada, habla con tu cónyuge del
asunto. La tentación tiene una naturaleza que cuando
se le expone, pierde su fuerza, si no te atreves a
hacerlo con tu cónyuge, entonces busca a un
consejero o una consejera espiritual, que sea
confiable, con quien pue- das hablar del asunto con
toda libertad.
• No mantengas conversaciones sugestivas por
teléfono o Internet con personas del sexo opuesto.
• Si eres soltero o soltera, haz la determinación de
guardarte puro sexualmente para la persona que
Dios ha preparado para ti. El sexo es un regalo del
amor de Dios, te lo entregó, para que lo compartas
con alguien especial, no lo destruyas usándolo de
forma irresponsable.
• Si eres soltero o soltera, igualmente no veas
pornografía, no solo destruirá tu relación con Dios,
sino que, ade- más, aprenderás a practicar el sexo
de manera incorrec- ta y esto te afectará en tu futura
relación de pareja.
Encuentro 11 “NO TE
DIVORCIARÁS POR CUALQUIER
MOTIVO”
Continuando con su exposición acerca del alcance del
séptimo mandamiento, Jesús dice:
31. También fue dicho: Cualquiera que repudie a su
mujer, dele carta de divorcio.
32. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a
no ser por causa de fornicación, hace que ella
adultere; y el que se casa con la repudiada, comete
adulterio.
Mateo 5:31-32
El Señor trae aquí a colación, el tema del divorcio y
nuevas nupcias, afirma que si una persona se
divorcia de su cónyuge, por una razón diferente a la
impureza sexual y se vuelve a casar comete
adulterio, esta es “otra forma de adulterio” y por lo
tanto otra forma de violar el mandamiento de “no
cometer adulterio”.
• El divorcio, un tema controversial
Debemos reconocer que el divorcio es un tema
controversial en nuestros días, aun en la Iglesia
cristiana evangéli- ca se discute mucho, acerca de si:
¿Se debe o no aceptar el divorcio?, y por supuesto, si
las personas divorciadas ¿pueden o no volver a
casarse? Existen hoy diferentes opiniones sobre el
tema; lo mismo ocurría en los días del Señor Jesús,
entre los fariseos existían por lo menos, dos
corrientes de pensamiento frente al divorcio: Unos
permitían el divorcio por cualquier causa y otros no lo
permitían bajo ninguna circunstancia. Quienes lo
permitían, se apoyaban en Deu- teronomio 24:1-2,
que dice: “Si un hombre se casa con una mujer, pero
luego deja de quererla por haber encontrado en ella
algo indecoroso, solo podrá despedirla si le entrega
un certificadode divorcio. Una vez que ella salga de la
casa, podrá casarse con otro hombre”. Mientras que
quienes no lo permitían insistían, en que al principio
Dios estableció, una unión única, Adán y Eva. El
Señor Jesús no aprobó nin- guna de las dos
opiniones existentes en su época acerca del divorcio,
pues, ni lo aceptó por cualquier causa, ni lo negó en
todos los casos, sino, que reconoció una sola causal
para el divorcio, que es la impureza sexual, es decir,
infidelidad conyugal, homosexualismo, pedofilia o
cualquier aberración sexual cometida por alguno de
los cónyuges.
• La impureza sexual quebranta el pacto
matrimonial
La única causa aceptada por el Señor Jesús para el di
- vorcio es la fornicación, o más exactamente, la
impureza sexual. Cuando lees la Biblia y entiendes
que el acto sexual es más que la unión de dos
cuerpos, pues incluye la unión de dos almas, de dos
espíritus, te das cuenta, entonces, por qué para Dios
cuando alguien casado tiene relaciones sexuales
extramatrimoniales rompe el pacto matrimonial. Para
que tengas una idea de todo esto, permíteme
mostrarte lo que la Biblia enseña acerca de las
relaciones sexuales. La Biblia afirma que cada vez
que un hombre y una mujer tienen relaciones
sexuales, llegan a ser UNO. Dice que en ese
momento, ocurre un intercambio corporal, pero al
mismo tiempo, de sus almas, sus espíritus. En el acto
sexual, los participantes intercambiaron
sentimientos, emociones, intereses, cosmovisiones,
se entrelazaron y mezclaron tan profundamente, que
llegan a adquirir hábitos y actitudes de la otra
persona, se hace una sola carne con el otro y lo
mismo le pasará con todos los compañeras o
compañeros sexuales que tenga, por eso, al final, las
personas llevan a su lecho nupcial a todos los
compañeros sexuales que ha- yan tenido en su vida.
Esto es delicado, porque puede ser contaminante, el
cónyuge víctima de una infidelidad, no está obligado
a contaminarse ni física, ni espiritualmente.
A manera de ilustración, de lo expuesto en el párrafo
anterior, considera que las relaciones sexuales, son
como si enrollaras una cinta adhesiva en el brazo de
alguien y luego se la despegaras, seguramente traerá
suciedad, luego tomas esa misma cinta adhesiva y la
pegas en otro brazo, igual recogerá suciedad de ese
otro brazo, si continúas realizando el mismo
procedimiento con la cinta, llegará un momento en el
que ya no se puede adherir a ningún brazo, porque
pierde su pegante, a causa de toda la suciedad que
ha recogido en los brazos donde se adhirió. Así le
sucede a quienes sostienen relaciones sexuales
indiscriminadas con muchas personas, ya no se
apegan emocionalmente a nadie, no pueden amar, no
tendrán afecto natural, porque sus almas están
contaminadas, las Sagradas Escrituras dicen: “Mas el
que comete adulterio es falto de entendimien- to;
corrompe su alma el que tal hace” (Proverbios 6:32
RV 60).
• Consecuencias del divorcio en la vida de los
hijos
Jesús enseñó que cuando su Padre Celestial dijo: “No
cometerás adulterio”, no solo prohibió la infidelidad
con- yugal, sino también el divorcio por cualquier
causa. Según el Señor Jesús, no le está permitido al
hombre ni a la mujer separarse de su cónyuge por
cualquier motivo y volverse a casar, porque estaría
adulterando, esto puede parecerte muy radical, sin
embargo es lo que el Señor Jesús enseñó, y como
discípulos de Él, debemos escucharle y obedecerle.
Además, ten en cuenta lo siguiente, el divorcio es
una plaga, un mal muy grande. Actualmente el índice
de divorcios en Latinoamérica, supera el 45 %. Es
decir, cuatro de cada diez parejas se divorcia cada
año, muchos de estos divorcios obedecen a causas
no bíblicas. En nuestros países, muchos se divorcian
por mutuo consentimiento, incompatibilidad de
caracteres, dificultades económicas y otras razones
que no tienen nada que ver con lo que las Sagradas
Escrituras enseñan. Para algunas personas puede
resultar inconcebible, que exista una sola causa
permitida en la Biblia para el divorcio, pero cuando
examinamos las consecuencias que el divorcio tiene
en la vida de los hijos de padres divorciados,
entenderemos porqué Dios limitó su práctica. Solo
para que tengas una idea, se ha demos- trado en
investigaciones realizadas por prestigiosas univer-
sidades de los Estados Unidos que los efectos del
divorcio son más dañinos para los hijos que la
muerte de uno de los progenitores, los hijos de
padres divorciados son más propensos a sufrir
depresión, a tener problemas en la escuela, y
desarrollar menos habilidades sociales en
comparación con otros niños (estudio realizado por la
University College Dublin). Otro estudio reveló que,
los hijos de padres divorciados sufren más abusos,
presentan más problemas de salud, de conducta,
emocionales y son más propensos a caer en
conductas criminales y abuso de drogas, que los
hijos de matrimonios estables (investigación sobre el
divor- cio elaborada por The Heritage Foundation,
titulada “Los efectos del divorcio en América”).
Quien te diga que el divorcio puede ser la solución a
algunos de los problemas que una pareja tiene, no
habla verdad en relación con las enseñanzas del
Señor Jesús, ni en relación con las Sagradas
Escrituras y ni siquiera en coherencia con los
resultados de las investigaciones sociales acerca de
los efectos del divorcio. El divorcio no es una buena
decisión. Es un acto egoísta en el que dos personas
adultas que no saben o no quieren resolver sus
diferencias, se separan sin tomar en cuenta las
consecuencias que esa decisión tendrá sobre sus
hijos. Divorciarse de acuerdo con el Señor Jesús es el
resultado de un corazón que se “endu- reció”. En el
evangelio de Mateo 19:7 y 8, cuando los fariseos le
preguntaron: ¿Por qué Moisés, permitió dar carta de
divorcio y repudiar a la mujer? Jesús respondió: “…
Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió
repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue
así”, la verda- dera causa del divorcio es la falta de
perdón, el orgullo y la obstinación.
• Al prohibir el adulterio y el divorcio Jesús está
prote- giendo el matrimonio
Realmente lo que el Señor Jesús está haciendo al
prohi- bir el adulterio y el divorcio por cualquier
causa, es protegiendo el matrimonio. Debes saber,
que para Dios el matrimonio es santo, una institución
valiosa, el fundamento de la sociedad humana. Él
que fue quien lo inventó y lo defiende.
El matrimonio puede definirse como la unión perfecta
y perpetua de un hombre y una mujer con el fin de
per- petuar la especie. Es perfecta, porque está por
encima de cualquier otro vínculo natural que los
seres humanos puedan establecer. Es la única
relación humana en la que dos personas distintas
llegan a ser UNO. Es perpetua, porque es para toda
la vida, hasta que la muerte los separe y es para
perpetuarla especie, porque uno de sus objetivos es
la procreación, la multiplicación de los seres
humanos. A pesar de todo eso, el matrimonio tiene
sus dificultades, porque es la unión perfecta de dos
personas imperfectas, aunque Dios lo inventó y lo
protege. Quienes conforman la pareja son dos seres
humanos, con todas sus virtudes y defectos, por eso,
es probable que en algún momento surjan
diferencias e incomprensión, es en esos momentos,
cuando como hijos de Dios tenemos que venir a Él,
pedirle su ayuda, guía y fortaleza para superar las
dificultades. Si estás casado tal vez una de las
lecciones más importantes que puedas aprender es
que el matrimonio no es para ser felices, sino para
ser santos. Sé que muchas personas te dirán que no
es así, pero, considera lo siguiente, muchas personas
se casaron esperando que su cónyuge les hiciera
feliz, eso ya es un error, pues es una expectativa
demasiado alta. No existe ninguna persona en el
mundo que pueda hacer feliz a otra, solo Jesús puede
hacer eso con los que le siguen, pero nadie más; así
que algunos se casan esperando esto, y cuando
llegan los problemas, surgen algunas diferencias o
conflictos, se decepcionan, dicen “yo que pensaba
que tú me harías feliz”, “buscaré a otra persona que
sí lo haga”. Si en lugar de pensar de esa manera,
entiendes que te casaste para ser santo, lucharás por
mejorar la relación con tu pareja, algunas veces
cederás en el afán de mantener la paz, desarrollarás
un carácter manso, pacificador y tolerante, te
preocuparás por cambiar tú, no por cambiar a tu
cónyuge.
En el matrimonio aprenderás a ser menos egoísta, a
amar incondicionalmente a una persona imperfecta,
a perdonar las faltas de otro, a reconocer tus propias
faltas, a humillarte y en la medida que hagas esto y
tu relación madure te convertirás en alguien más
parecido al Señor Je- sús. En el matrimonio,
aprenderás a disfrutar tu sexualidad dentro de los
límites de tu relación conyugal. Tus impulsos
sexuales no te dominarán sino que tú decidirás cómo
usarlos y por último tendrás que poner una y otra
vez en práctica los principios de vida de la Palabra de
Dios, dentro de tu relación matrimonial, eso
permitirá que el Espíritu Santo te gobierne, ¿te das
cuenta? Dios usará tu relación con tu esposa o tu
esposo para santificarte. Cuando te hayas santificado
a fuerza de amar incondicionalmente, per- donar,
sobrellevar, tolerar, entonces serás feliz dentro de tu
matrimonio.
Con el matrimonio sucede lo mismo que con toda la
vida cristiana, la felicidad es el resultado de una
paradoja, mientras más te entregues y te dediques a
servir al otro en la relación de pareja, más feliz
serás.
Encuentro 12 “HABLARÁS CON
VERDAD”
En Mateo 5:33-37 dice:
33. Además habéis oído que fue dicho a los antiguos:
No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus
juramentos.
34. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni
por el cielo, porque es el trono de Dios;
35. ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies;
ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
36. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer
blanco o negro un solo cabello.
37. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo
que es más de esto, de mal procede.
Continuando con su exposición en el Sermón de la
Mon - taña, el Señor Jesús aborda el tema del
juramento, lo hace de la misma forma que ha
hablado del manejo de la ira, la prohibición de
cometer adulterio y del divorcio, siempre intentando
aclarar el verdadero significado del mandamien- to
dado por Dios en el Decálogo. Cuando el Señor dice:
“habéis oído que fue dicho a los antiguos: No
perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos”,
está refiriéndose a las palabras que aparecen en
Levítico 19:12: “Y no juraréis falsamente por mi
nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo
Jehová”, y no a las que aparecen en el libro de
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
Éxodo capítulo 20 (ver. 7): “No tomarás el nombre de
Jeho - vá tu Dios en vano”; porque no dará por
inocente Jehová al que tomare su nombre en vano,
pues en Éxodo 20 que es donde encontramos escritos
los Diez Mandamientos, en realidad no aparecen
estas palabras.
Levítico 19:12es una ampliación del tercer
mandamien - to, el cual prohíbe usar el nombre de
Dios en vano, Dios le dice al pueblo de Israel que
debe cuidarse de jurar falsamente, es decir, de usar
su nombre a fin de que las perso- nas crean lo que
ellos están diciendo, cuando su verdadera intención
es engañar; por eso en los tiempos del Señor Je- sús
los fariseos permitían el juramento, solo condenaban
el perjurio, sin embargo, el Señor enseña, que el
mandamiento original prohíbe cualquier forma de
juramento, enseña que la intención del mandamiento
es proteger la santidad del nombre de Dios y
además, enseñar a su pueblo a hablar con verdad.
Lo que el Señor le dice a sus discípulos es que en
lugar de jurar, ellos deben hablar con verdad. Si tú
eres un discípulo del Señor Jesús deberías ser
conocido por hablar verdad siempre, porque la
mentira pertenece al reino de las tinieblas. Satanás
dirige su reino por medio del engaño y de la mentira,
él es un hábil estafador que se complace en engañar
a las personas, de manera que ninguno de nosotros
debería tomar la advertencia de no mentir de forma
liviana; en realidad para Dios este es un asunto muy
serio, por supuesto, para muchas de las personas con
las cuales te encontrarás en la vida esto les parecerá
exagerado, te dirán que “a veces es necesario decir
una mentira”, te dirán que “hay unas mentiras que
son piadosas”, “todo depende
Iván Castro De la Hoz
con qué propósito se mienta”, pero la Palabra de Dios
es clara en cuanto a esto, cuando dice: “Por esta
razón no se mientan los unos a los otros, sino
díganse siempre la verdad, porque somos parte los
unos de los otros” (Efesios 4:25, Paráfrasis).
La mentira es dañina porque quebranta la armonía,
ge - nera conflictos y destruye la confianza. A causa
de ella, mu- chas relaciones conyugales, familiares,
laborales, sociales, aun dentro de la Iglesia, se
rompen; por eso Dios insiste en que debemos ser
veraces unos con otros, honestos, sinceros e
íntegros. El mensaje de Jesús en este sentido es sim-
ple, si eres un hijo de Dios, que has sido
transformado, uno de sus seguidores, no puedes
andar como lo hacías antes, mintiendo y engañando
a los demás. Debes ser conocido como alguien que
tiene palabra, que habla con verdad, cuyo sí, es sí y
cuyo no, es no. Recuerda que quienes son conocidos
por hablar con verdad, no necesitan jurar.
La mentira también es dañina porque hace que toda
tu vida se convierta en una mentira; no olvides que
no hay otra forma de ocultar una mentira que no sea
mintiendo, por eso, si comienzas diciendo una
mentira tendrás que decir otra y otra y otra, hasta
que toda tu vida será una gran mentira y el día que
seas descubierto te sentirás muy avergonzado.
En lugar de andar con mentiras, debemos cultivar el
há - bito de hablar siempre con la verdad, aun en los
momentos que no parezca tan conveniente para
nosotros, pues las Sagradas Escrituras enseñan que
la verdad trae libertad (Juan 8:31-32), santificación
(Juan 17:17-19), purificación (1a de Pedro 1:22) y
crecimiento espiritual (Efesios 4:15).
Encuentro 13 “NO TE VENGARÁS
DE QUIENES TE HACEN DAÑO”
Seguramente has oído la expresión “la ley del talión”
y si lo has hecho, sabrás que dice “ojo por ojo y
diente por diente” (Éxodo 21:24; Levítico 24:20). Lo
primero que tie- nes que saber acerca de esta “ley”,
es que en realidad ella no pertenece a los Diez
Mandamientos, sino que es parte de la ley civil que
Dios les dio a los israelitas en el desierto. Como ya
sabes, pues lo mencionamos en nuestro octavo
encuentro, la ley civil daba orientaciones
relacionadas con el diario vivir de Israel en el Antiguo
Testamento, y ya que la sociedad y la cultura
contemporánea son radicalmente diferentes a esa
época, muchas de estas directrices no son de
aplicación obligatoria para nosotros hoy.
• Antecedentes de la ley del talión en Israel
La ley del talión, basada en la ley de la venganza,
tampoco es exclusiva de los israelitas, pues aparece
en muchas legislaciones orientales antiguas tales
como: El Código de Hammurabi y en las Doce Tablas.
Esta ley basada en la reciprocidad material, en
algunos casos llegaba a absurdos como este ejemplo
tomado del Código de Hammurabi: “Si una casa se
cae y muere la hija del propietario, debe morir la hija
del arquitecto constructor”. La equivalencia material
impuesta por la ley del talión, está en el fondo contra
toda justicia, pero es al final, una defensa contra los
posi- bles abusos, ya que a pesar de su carácter
aparentemente cruel, es una mitigación contra la
venganza desenfrenada, porque limita la reacción de
la víctima y de sus familiares. En ese sentido es un
avance sobre la ley consuetudinaria de la venganza
de las tribus sin organización judicial, que al
asesinato de uno de sus miembros, se vengaban no
solo matando al homicida, sino exterminando a su
familia.
• La aplicación de la ley del talión en Israel, fue
útil para limitar la venganza indiscriminada
En Israel, la ley del talión realmente, fue dada para
regular el proceder de los magistrados públicos al
fijar el valor de la compensación en todo caso de
daño, de esta manera, procuraba evitar los
sentimientos de venganza personal. Los judíos
posteriores, sin embargo, la tomaron como un
precepto moral, y por eso fue necesario que el Señor
Jesús los corrigiera, en el Sermón del Monte.
• Jesús contradice y condena la aplicación de la
ley del talión en las relaciones personales
He señalado algunos de estos hechos, para poder
decirte, que el Señor Jesús, sí contradice y condena
la práctica de “la ley del talión” en sus enseñanzas.
Nota sus palabras en Mateo 5:38-42: “Oísteis que
fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo
os digo: No resistáis al que es malo; antes, a
cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a
pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a
cualquiera que te obligue a llevar carga por una
milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que
quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses”. Si la
ley del talión estuviera vigente para sus discípulos,
nunca hubiese dicho: “…a cualquiera que te hiera en
la mejilla derecha, vuélvele también la otra…”, porque
la ley del talión decía: “golpe por golpe”, “herida por
herida”, “afrenta por afrenta”.
Es probable que te sientas un poco confundido con la
afirmación hecha al principio del párrafo anterior, de
que Jesús contradice y condena la práctica de la ley
del talión, pues en una de las lecciones anteriores
afirmé que las de- mandas del Señor Jesús a sus
discípulos en el Sermón del Monte no son contrarias
a las de la ley de Dios el Padre, dadas a su pueblo
Israel en el Monte Sinaí. Permíteme, en aras de hacer
claridad sobre esto, señalarte que la ley del talión,
NO pertenece a los Diez Mandamientos, o ley moral,
que son los que aún están vigentes, sino a la ley
civil, que como ya dije antes, solo regulaba las
relaciones entre los individuos del pueblo, por lo
tanto, no se impone a todos los individuos en todos
los lugares en todas las épocas, como sí ocurre con
los Diez Mandamientos.
• Un discípulo de Cristo, no puede ser vengativo
Hecha la aclaración anterior, digamos, que lo que el
Señor nos está diciendo en Mateo 5:38-42, es:
Ustedes no pueden vivir inspirados en la venganza,
ese sentimiento no es propio de un hijo de Dios,
deben entender que mi Reino es superior a las
demandas aun de la ley natural. De acuerdo con la
ley natural, es humano desquitarse de quien nos ha
hecho daño, es más, en algunos casos tus familiares
y amigos te animarán para que tomes acción contra
los que te ofenden, injurian, lastiman o agreden; te
dirán: “tran- quilo, si sientes odio contra esa
persona, es normal, no somos perfectos”, “Eso es
natural”, “Eres humano”, “No eres de hierro, como
para que no sientas”; pero el Señor te si- gue
diciendo, NO quiero que tomes venganza por tu
propia cuenta, no lo hagas, porque cuando lo haces,
me niegas el derecho de defenderte; si tú sabes usar
tus armas, no necesitarás que yo use las mías a
favor tuyo. Nunca olvides que Dios es pastor de
ovejas, no de leones. Los leones no necesitan que los
protejan, ellos se saben defender solos, tienen
fuertes garras y afilados colmillos, las ovejas en
cambio, sí necesitan que el pastor las defienda, pues
son indefensas. La Escritura dice: “Porque (en) la ira
del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago
1:20). Si tú no te desquitas Dios te defenderá. Él
peleará por ti.
• Soportar las afrentas en silencio es señal de
verdadera madurez espiritual
El Señor Jesús enseñó que sus discípulos deben
sopor- tar silenciosamente las afrentas, el despojo y
las injusticias. Guardar silencio frente a todo eso, te
hace más parecido a Él, que cuando le injuriaban no
abrió su boca, ni pronun- ció ninguna maldición.
Dicen los historiadores, que cuando una persona era
crucificada, moría pronunciando todo tipo de insultos
y maldiciones contra sus verdugos, en lugar de eso,
nuestro Señor pidió perdón por los que le injuriaban,
maldecían, afrentaban y torturaban “…Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen…” (Lucas
23:34). Él no solo nos lo enseñó en palabras sino con
su ejemplo; nunca per- mitió que el odio y la
venganza se apoderaran de su alma pura (1ade Pedro
1:21-23), tú tampoco lo permitas. Deja que su gracia
te embargue, para que puedas responder con
misericordia a quienes quieran hacerte daño.
¿Sabes por qué es tan importante esto?, porque la
verdadera madurez espiritual de un discípulo de
Cristo, se mide, no por la capacidad de hacer
milagros, sino, por la capacidad de soportar
pacientemente las afrentas, el despojo y las
injusticias, por la capacidad de perdonar y amar a
quienes les ofenden. Es una verdadera lástima,
observar en la vida cotidiana cómo muchas personas
que se autode- nominan discípulos del Señor, son
incapaces de contener su ira, su enojo y son
vengativos. Viven de forma tan natu- ral, que no se
diferencian de los que no conocen al Señor Jesús.
Muchas de esas personas se congregan con otros
cristianos, hablan lenguas, oran por los enfermos y
estos se sanan y creen que por eso están bien en su
relación con Dios, pero no han podido entregarle el
control total de sus emociones y sentimientos. Los
dones y milagros en perso- nas así, no corresponden
son como colocarle un adorno de oro a un cerdo en el
hocico.
Dios puede usar a una persona para obrar milagros,
sin que eso indique nada acerca del carácter de esa
persona. Sé que esto es difícil de entender, pero Él
obra milagros porque sencillamente, es
todopoderoso, misericordioso y si hay una necesidad,
Él lo hará, con independencia del ca-
Iván Castro De la Hoz
rácter de la persona a través de la cual lo tenga que
hacer. Intento decirte que una persona puede ser
usada por Dios en milagros y sin embargo no tener
un carácter tratado. El mismo Señor Jesús dijo:
“Muchos me dirán en aquel día (el día del juicio
final): Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre,
en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros? Entonces les
declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí,
hacedores de maldad” (Mateo 7:23-24). Queda claro,
que no se trata de hacer milagros, sino de ser
conocido por Él, ser su discípulo y un verdadero
discípulo de Cristo, se conoce por su carácter, como
aprendimos en las primeras lecciones de este
discipulado.
Encuentro 14 “AMARÁS A TUS
ENEMIGOS”
En Mateo 5:43-48 Jesús concluye lo referente a los
de- beres de los ciudadanos del Reino de Dios
diciendo:
43. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y
aborrecerás a tu enemigo.
44. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que
os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os
persiguen;
45. para que seáis hijos de vuestro Padre que está en
los cielos, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
46. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué
recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo
los publicanos?
47. Y si saludáis a vuestros hermanos solamente,
¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los
gentiles?
48. Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro
Padre que está en los cielos es perfecto.
Si la Biblia que usas es Reina Valera de 1960, entre
el versículo 37 y el 38 de Mateo 5, encontrarás un
subtítu- lo en negrillas: El amor hacia los
enemigos. Esta parte del Sermón del Monte, de
acuerdo con esta forma de dividir el pasaje, abarcará
hasta el último versículo del capítulo, es decir, el
versículo 48; esto es así, porque quienes hicieron la
división temática de la Reina Valera del 60,
consideraron que el tema que Jesús trata es el
mismo, desde el versículo 38 hasta el 48. Pero yo
quiero invitarte a que notes, que en el versículo 43,
Jesús utiliza una vez más la frase “Oísteis que fue
dicho” con la cual Él mismo ha venido haciendo la
separación temática de su discurso, por lo tanto, hay
que pensar que aunque el tema que trata a partir del
versículo 43 es muy parecido y tiene su fundamento
en lo dicho an- tes, es diferente en aspectos
demasiado relevantes como para incluirlo en el
estudio del tema anterior.
Otra consideración, para pensar que el Señor está
tocando un aspecto distinto en los textos que nos
ocupan en este encuentro, tiene que ver con la cita
del Antiguo Tes- tamento, a la cual Jesús hace
referencia, es Levítico 19:18, donde dice: “No te
vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu
pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo Jehová”. Llamo tu atención sobre esto, porque
como recordarás, en los versículos que estudiamos
en el encuentro anterior, Jesús contrastó sus
enseñanzas con la ley del ta- lión, que aparece en
Éxodo 21:24 y en Levítico 24:20, que es una ley
distinta a la que ahora le ocupa. Si te fijas con
cuidado en Levítico 19:18, entre otras cosas dice “…
amarás a tu prójimo como a ti mismo” y no dice
“aborrecerás a tus enemigos”. Tampoco encontrarás
esta frase en todo el pasaje de Levítico 19. Más aún,
en ninguna parte del Anti- guo Testamento, se
ordena algo como eso. Tal parece que eran los
fariseos quienes en sus interpretaciones añadían esta
segunda cláusula, pues para ellos solo se debía amar
a quienes les amaban y únicamente consideraban
como pró- jimo a los de su propia Nación.
• El trato de Dios con los seres humanos, el
mejor ejem- plo de cómo debemos tratar a
quienes nos aborrecen
Contrario a la interpretación de los fariseos, Jesús
en- señó a sus discípulos que deben amar aun a
aquellos que les aborrecen, y les explicó que al
hacerlo estarán dando el mejor testimonio de que en
verdad son hijos de Dios, “Para que seáis hijos de
vuestro Padre Celestial que hace salir su sol sobre
malos y buenos, y que hace llover sobre justos e
injustos” (Mateo 5:45). La manera como Dios trata a
todos los seres humanos es el mejor ejemplo de
cómo deberíamos nosotros tratar a nuestros
enemigos. A la mayoría de nosotros, nos gustaría
mucho que Dios hiciera diferencia, entre los buenos y
los malos, los justos y los injustos, que a las
personas buenas Dios les diera lo mejor en la tierra,
mientras que a los malos les fuera mal, pero no
sucede así, sino que tenemos que presenciar cómo la
bondad de Dios en su creación es para todos, incluso
para aquellos que no creen en Él. Viven en el mundo
de Dios, disfrutando de la generosidad de Él y
tenemos que reconocer que a algunos de nosotros
eso nos molesta, nos parece injusto, pero no es
injusticia, es el amor y la misericordia de Dios que al-
canza aun a los que le aborrecen, esta es la misma
clase de amor que el Señor Jesús espera que sus
discípulos experi- menten. Dios es nuestro Padre y
tenemos que parecernos a Él, no por un esfuerzo
propio, sino por una herencia espiritual.
• Orar a favor de los que nos aborrecen es la
mayor demostración de amor por ellos
Según el Señor Jesús existen por lo menos tres
formas prácticas de amar a quienes nos aborrecen:
• Hablar bien de los que hablan mal de nosotros.
• Hacerle el bien al que nos hace el mal y
• Orar por los que nos ultrajan.
Estas tres formas de amar a nuestros enemigos,
muestran una progresión. No podrás orar por los que
te ultrajan y persiguen, si antes no has aprendido a
hacerles el bien y no podrás hacerles el bien, si antes
no hablas bien de ellos. Créeme, se necesita mucho
más amor de Dios para orar a favor de las personas
que nos han hecho daño, que para hablar bien de
ellas, pues cuando oramos, nuestro corazón está al
descubierto delante de Dios. Él conoce nuestras ver-
daderas intenciones, deseos, emociones y
sentimientos, ¡a Él no le podemos engañar! Por eso,
sigue este consejo: en tanto puedes orar por el bien
de quienes te ofendieron, empieza por no hablar mal
de ellos, luego intenta bendecirles, trata de hacerles
el bien, hasta que puedas orar con toda sinceridad
pidiendo su bienestar.
Mientras llega el momento en el que puedes orar
sinceramente por el bienestar de quienes te han
hecho daño, no dejes de orar diciéndole al Señor lo
que sientes hacia esas personas, cuánto mal te
hicieron, lo que sus acciones produjeron en ti, pero,
no te quedes allí, luego pídele a Dios que te dé su
gracia y su amor incondicional, al hacerlo, notarás
cómo el Espíritu Santo empezará a sanar tus
emociones, traerá compasión hacia los que te
lastimaron y te impartirá su perfecto amor, para que
puedas perdonar, amar y desearle el bien a tus
enemigos.
• No amar a quienes nos aborrecen es actuar de
la mis- ma manera de los que no son hijos de
Dios
Como discípulo de Cristo, hay otra razón por la que
debes amar a tus enemigos, es porque si no lo haces
en nada te diferencias de los que no son hijos de
Dios. Jesús dice: “Porque si amáis a los que os aman,
¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo
mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros
hermanos solamente, ¿qué hacéis de saludáis a
vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de 47).
¿Cuál es la diferencia? pregunta el Señor Jesús, si
solo amas a los que te aman. Aun los publicanos y
paganos, a quienes ustedes consideran despreciables
hacen eso. El hombre y la mujer más vil, puede amar
a los que les tratan bien. Tendrás que reconocer que
para la mayoría de nosotros, por no decir que para
todos, nos resulta fácil amar a los que nos aman. ¡Lo
verdaderamente difícil es amar a quienes nos hacen
daño, nos persiguen, nos ultrajan! Como dice
Mathew Henry en su comentario de este mismo
pasaje de las Sagradas Escrituras. “Aborrecer a quien
nos ama es diabólico, amar a quien nos ama es
humano, pero amar al que nos aborrece es Divino”.
Somos hijos de Dios, compartimos su carácter santo,
amoroso y compasivo, por lo tanto, debemos amar a
quienes nos desprecian, eso es actuar mejor que los
no creyentes.
• Amar a quienes nos aborrecen es señal de
madurez espiritual
Permíteme hacer una última reflexión, con respecto
al deber que como discípulo de Cristo tenemos de
amar a quienes nos desprecian, ultrajan y persiguen.
Es el hecho de que cuando amas a tus enemigos,
alcanzas la verdade- ra madurez espiritual. Mira lo
que dice Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto”. A mi juicio esta tiene que ser una de las
demandas más altas que el Señor nos hace a sus
discípulos en el Sermón del Monte. Al meditar en lo
que significa, nos sobrecogemos y nos preguntamos
¿Puede acaso alguien llegar a ser tan perfecto como
Dios? ¿Es eso lo que Jesús nos está pidiendo? Las
palabras de Jesús no dejan lugar a dudas, Él espera
que tú y yo seamos perfectos de la misma manera
que Dios lo es, pero, ¿A qué perfección se refiere
Jesús? ¿Se refiere a no cometer pecado alguno? ¡No,
eso es imposible para cualquier ser humano,
inclusive para los que hemos sido redimidos! La
palabra perfecto, en este texto, es la traducción de la
expresión griega té- leios, que significa alcanzar
madurez, estar completo, ser maduro, por lo cual
entendemos entonces, que el Señor espera que
seamos maduros, y que esa madurez se refleje en
amar aun a los que nos aborrecen.
Comprenderemos mejor esto, si tomamos las
palabras del Señor en el contexto de lo que Él viene
hablando, que es el deber que como discípulos suyos
tenemos de amar a quienes nos aborrecen.
Parafraseando estas palabras, quedarían así: “Serás
igual a Dios cuando ames de la misma manera que
Dios ama, cuando le hagas el bien incluso a los que
te aborrecen”. Como lo dijo antes: “…Amad a
vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que
os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de
vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir
su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre
justos e injustos”. En conclusión cuando amas a los
que te desprecian te comportas como hijo de Dios,
eres diferente a los que no conocen a Jesús y
demuestras madurez espiritual.
Encuentro 15 LOS DEBERES DE
LOS DISCÍPULOS DE CRISTO
(UN REPASO Y ALGO MÁS...)
En este capítulo, te invito a hacer un repaso de cada
una de las verdades expuestas en los seis capítulos
anteriores, en los cuales estuvimos estudiando el
significado de lo que el Señor Jesús enseñó en Mateo
5:17-48. Hemos llamado a esta parte del Sermón del
Monte: Los deberes de los dis- cípulos de Cristo,
porque como notaste, en este pasaje, el Señor
presenta la demanda de una vida santa a sus
seguidores. Como dijimos en su momento, son más
altas que las que aparecen en los Diez
Mandamientos, pues están dirigidas al corazón y no
solo a la conducta, para Él, la ri- queza interior de
sus discípulos es más importante, que lo que hacen,
más aún, al leer sus palabras en este aparte de su
discurso, nos damos cuenta, que de nada nos serviría
no actuar nuestras emociones, sentimientos e
intereses, si los mantenemos en secreto.
Como corolario de lo dicho en el primer párrafo,
podemos agregar, que de nada nos serviría, no
agredir física- mente a una persona, si lo odiamos; o
que no tengamos relaciones sexuales con una
persona distinta a nuestro cón- yuge, si en nuestras
fantasías mentales imaginamos esas escenas. Para el
Señor, está claro que el pecado es más que
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
la acción, parte desde la motivación. Por eso, su
invitación a este respecto es que cuidemos las
motivaciones, que su- pervisemos las intenciones de
nuestro corazón, porque el sentido verdadero de la
ley de Dios, no era solamente im- pedir la conducta
pecaminosa, sino evitar la intención del corazón que
conduce a esa acción.
Recordarás que dentro de los deberes mencionados
en esta sección, se encuentran: No enojarnos contra
nuestro hermano, conservar la pureza sexual (tanto
en el caso de quienes están unidos en matrimonio,
como en el caso de los solteros), no divorciarse del
cónyuge, hablar verdad unos con otros, no vengarse
de los que nos han hecho daño y amar a nuestros
enemigos. En apariencia esta es una moral del NO.
No hagas esto, no hagas aquello, pero en realidad,
estas demandas apuntan directamente al corazón, al
mismo centro de la voluntad humana, donde se
originan de manera secreta nuestras acciones. Van
dirigidas allí donde en secreto nos permitimos odiar,
codi- ciar, despreciar y mentir. Jesús dijo: “…del
corazón salen los malos pensamientos, los
homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los
robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mateo
15:19). De manera que sus demandas buscan la
pureza de espíritu y no solamente de conducta.
Un discípulo de Cristo como tú, debe tener siempre
en cuenta eso, no puedes permitirte en tus
pensamientos y sentimientos, libertades destructivas,
resentimientos, odios, codicias, ni engaños. Debes
estar vigilante a la aparición de algunas de estas
cosas en tu vida y desarraigarlas inmediatamente. Te
preguntarás ¿Cómo hago para desarraigarlas? Lo
primero que tienes que hacer es identificar- las,
luego llamarlas por su nombre (no le des calificativos
indulgentes a lo que el Señor llamó pecado).
Segundo, considera el alto costo para tu vida
espiritual el mantener esto en tu corazón. Tercero,
pídele a Dios que te perdone por permitir que todo
esto esté en tu vida, y, cuarto, si tienes que hablar
con un líder espiritual maduro, que te ayude a ser
responsable por lo que sientes o deseas, hazlo. No
olvides, que ¡ninguno de nosotros es responsable por
lo que siente, pero sí es responsable por lo que hace
con lo que siente!
Por último, es muy importante resaltar que ser un
discí - pulo de Cristo, no se puede reducir a cumplir
ciertos deberes. Ser su discípulo es más, mucho más
que eso. Se trata básicamente de seguir a Jesús,
amar a Dios con todo el corazón, a nuestro prójimo
como a nosotros mismos y a nuestros hermanos en
la fe, como Cristo nos amó a nosotros (Mateo 22:37-
40; Juan 13:34-35). Como dijo el após- tol Pablo a
los gálatas “…habéis sido llamados a ser libres; pero
no os valgáis de esa libertad para dar rienda suelta a
vuestras pasiones. Más bien servíos unos a otros con
amor. En efecto, toda la ley se resume en un solo
mandamiento: Ama a tu prójimo como a ti mismo”
(Gálatas 5:13-14 BAD).
Somos libres. Libres de la pesada carga religiosa, que
solo pregona que a Dios se le honra, mediante el
cumplimiento de ciertas demandas y rituales. Es
libertad para amar y servir, pero no libertinaje. Libres
para hacer el bien a todos; de tal modo, que la vida
de un discípulo de Cris- to, es eso, una experiencia
constante de amor y servicio. El amor es la clave del
discipulado. “El amor (que) es paciente, es
bondadoso…no es envidioso ni jactancioso ni
orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta,
no se enoja fácilmente, no guarda rencor… no se
deleita en la maldad sino que se regocija con la
verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta… jamás se extingue…” (1a de
Corintios 13:4-8).
PARTE III La vida
devocional de los
discípulos de Cristo
Encuentro 16 UNA
ADVERTENCIA CONTRA LA
HIPOCRESÍA RELIGIOSA
Después de hablar acerca del carácter, la influencia y
los deberes de sus discípulos en el capítulo 5 de
Mateo, en la primera parte del capítulo 6, el Señor
nos habla de la vida devocional de ellos; lo hace
tratando tres aspectos: La ayu- da a los necesitados
o limosnas (Mateo 6:2-4), la oración (Mateo 6:5-15)
y el ayuno (Mateo 6:16-18). En cada uno de los
casos, el Señor da instrucciones muy específicas a
sus seguidores sobre cómo deben practicar estas
actividades, corrige algunos errores que podrían
cometer y les da una promesa.
Aunque en el presente encuentro espero explicar
solamente el significado de las palabras del versículo
1 del capítulo 6 de Mateo, que es donde aparece la
advertencia con la cual Jesús comienza a tratar el
tema de la vida de- vocional de sus discípulos, te
invito a que leas todo Mateo 6:1-18, para que tengas
una visión general de lo que Jesús enseñó en este
aparte del Sermón del Monte:
1. Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los
hom - bres, para ser vistos de ellos; de otra manera
no tendréis recompensa de vuestro Padre que está
en los cielos.
131 2. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar
trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en
las sinagogas y en las calles, para ser alabados por
los hombres; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
3. Más cuandotú des limosna, no sepa tu izquierda lo
que hace tu derecha,
4. para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre
que ve en lo secreto te recompensará en público.
5. Y cuando ores, no seas como los hipócritas;
porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y
en las esquinas de las calles, para ser vistos de los
hombres; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
6. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y
cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en
secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te
recompensará en público.
7. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los
genti- les, que piensan que por su palabrería serán
oídos. 8. No os hagáis, pues, semejantes a ellos;
porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros le pidáis.
9. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra.
11. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12. Y perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del
mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria,
por todos los siglos. Amén.
14. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas,
os perdonará también a vosotros vuestro Padre
Celestial; 15. mas si no perdonáis a los hombres sus
ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas. 16. Cuando ayunéis, no seáis
austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan
sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan;
de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
17. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu
ros- tro,
18. para no mostrar a los hombres que ayunas, sino
a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en
lo secreto te recompensará en público.
Nota que cada vez que el Señor va a abordar un
tema diferente en este pasaje, empieza con la
palabra cuando: “Cuando des limosna” (Mateo 6:2),
“cuando ores” (Mateo 6:5) y “cuando ayunes” (Mateo
6:16). También observa que todas estas actividades
devocionales, vienen enmar- cadas por un principio
rector o una premisa, que el Señor indica en Mateo
6:1 donde dice: “Guardaos de hacer vuestra justicia
delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de
otra manera no tendréis recompensa de vuestro
Padre que está en los cielos”.
La Biblia Al Día traduce la primera frase de este
versículo así: “Cuidaos de no hacer vuestras obras de
justicia delante de la gente para llamar la atención”.
Con estas palabras el Señor Jesús previene a sus
discípulos contra la hipocresía y la mentalidad
mundana de los fariseos, quienes tenían la
costumbre de simular su espiritualidad. Eran
amantes del reconocimiento humano, por eso
realizaban todas sus obras de piedad en presencia de
los demás, para ser vistos, reconocidos y alabados
por ellos. El Señor nos dice: tengan cuidado de eso.
La hipocresía religiosa no es buena. La verdad es que
ningún tipo de hipocresía es buena, es más, es tan
dañina, que acaba por afectar todas las áreas de la
vida, no en una sola de ellas.
• ¿Qué significa ser hipócrita?
El hipócrita es todo aquel que pretende o finge ser lo
que no es. El término hipócrita es una transcripción
del vocablo griego hypokriteis, que significaba actor o
protagonista. En el teatro griego los actores solían
ponerse diferentes máscaras conforme al papel que
desempeñaban. De ahí que la palabra hipócrita llegó
a designar a la persona que oculta su realidad tras
una “máscara” de apariencias para cada ocasión. Se
mimetizan entre los diferentes grupos. Quieren
quedar bien con todos y sacar provecho de todos,
nunca expresan sus verdaderos sentimientos. Una
persona hipó- crita no es fiel, ni leal, ni confiable.
• Jesús rechazó la hipocresía religiosa
El Señor Jesús censuró severamente la hipocresía
reli- giosa. Solamente en el evangelio de Mateo
utilizó quince veces el término, para condenar las
prácticas de los escri- bas y fariseos. Lee Mateo
23:23-32 y nota el tono firme que el Señor utiliza, al
hablar en contra de la conducta hipócrita de estos
líderes religiosos judíos. Sorprende que el mismo
Jesús que comía con los publicanos, rameras y
pecadores, el mismo que le dijo a la mujer adúltera
“Ni yo te condeno, vete y no peques más”, sea tan
severo con los hipócritas religiosos. Sabes ¿por qué
Jesús fue tan duro con ellos? Porque el hipócrita, no
busca a Dios, sino su propia gloria, anda en busca del
reconocimiento humano, no vive su fe mirando hacia
arriba sino mirando hacia los lados, cree que basta
con hacer las cosas aunque el corazón esté lejos.
Dice “yo amo a Dios” pero su corazón está lejos de
Él, “yo amo a mi hermano”, pero por dentro lo odia.
El hipócrita contamina lo que es bueno con su
corazón sucio, con sus verdaderos intereses y
motivaciones y lo que es peor, se convierte en un
obstáculo para que otros entren en el Reino de Dios,
son de tropiezo a la fe de otros.
• El peligro de la hipocresía religiosa
La hipocresía religiosa es supremamente peligrosa
porque es un pecado que se presenta
solapadamente, se enmascara muy bien, es sutil y
como no es censurado, de la misma manera que
otros pecados, puede ser que lo toleremos con
facilidad en nuestra vida, pero, una vez admitida,
puede destruirnos, porque es un pecado que va
contra el corazón mismo de nuestra fe y devoción. En
el evangelio de Lucas 12:1, Jesús comparó la
hipocresía de los fariseos con la levadura, porque así
como esta fermenta la masa y le hace tomar un
volumen que no es real, con el fin de que pueda
cocerse mejor, la hipocresía religiosa de los fariseos,
era como una levadura porque mostraba una
apariencia mayor que la realidad. La bondad de ellos
era externa, pú- blica, sin contenido. Los hipócritas
conocen muy bien el arte de la simulación, saben
cómo causar una impresión de piedad, sin poseerla.
Conocen muy bien la diferencia entre lo privado y lo
público, y cómo centrarse exclusiva- mente en lo
público, hacen todas sus obras para ser vistos de los
hombres, aman el reconocimiento público y que los
honren delante de los demás.
La hipocresía religiosa es supremamente peligrosa
porque tiene unabase de vanagloria. En el fondo, lo
que busca es la aceptación, la aprobación y el
reconocimiento de los demás, es motivada por el
orgullo y eso desagrada a Dios. Los discípulos de
Cristo, como dijimos cuando estudiamos la primera
Bienaventuranza, son humildes de corazón, quieren
honrar a Dios; viven para Él y no para sí mismos.
Recuerda que estás en la tierra con el propósito de
traer honor al nombre de Dios, de que tu vida lo
É
glorifique y no en la búsqueda de tu fama, es Él
quien merece toda la glo- ria en tu vida.
• Un llamado a no ceder a la hipocresía religiosa
de nuestros tiempos
Los tiempos que vivimos, son propicios para los hipó-
critas, porque en ellos se concede gran importancia a
la imagen. Lo que ven los ojos es esencial en las
relaciones sociales, y también en los ambientes
religiosos. No importa tanto lo que las cosas son,
sino lo que parecen. No tanto la realidad como la
apariencia. Vivimos en un mundo de apariencias que
se ha trasladado a la Iglesia. Tú no debes dejarte
llevar por ese “espíritu” que opera en el mundo de
hoy. Si alguna vez eres tentado a actuar con
hipocresía, recuerda esto: Para el Señor tiene más
esperanza de salvar- se un ladrón o una prostituta
que reconocen su condición pecaminosa, que un
religioso hipócrita. Jesús llamó a los escribas y
fariseos ¡Sepulcros blanqueados! ¡Serpientes!
¡Generación de víboras! ¡Guías ciegos! Por su
hipocresía. No, nunca permitas que este tipo de
actitud se apodere de ti. No dejes que el paso de los
años en la Iglesia, te hagan perder la espontaneidad,
sinceridad y autenticidad. No tra- tes de parecer lo
que no eres. No aprendas a usar frases
estereotipadas. No pongas cara de piedad. Ni
intentes im- presionar a los demás con tus actos de
devoción. Vive para Dios y solo para Él. Que Él sea tu
único espectador.
• Consejos para vencer la tentación de caer en
la hipo- cresía religiosa
Si quieres vencer la hipocresía, tendrás que orar a
Dios con toda sinceridad. Venir a Él y decirle lo que
piensas y lo que sientes. Hablarle de tus motivos e
intereses. Contarle una y otra vez la historia de tu
vida, se honesto con Él; al fi- nal nos conoce tal
como somos, tendrás que pedirle que te cambie,
estar siempre atento a los impulsos de tu corazón,
vigilarlos, no descuidarte jamás. En el mismo
momento que descubras motivos soterrados en lo
que quieras hacer, así sea algo bueno, dejarás que
otra persona lleve adelante ese proyecto. Entrégale
el honor a otros.
Encuentro 17 AYUDAR A LOS
NECESITADOS
Una vez hecha la advertencia en contra de la
hipocresía, el Señor Jesús pasa a señalarles a sus
discípulos algunas situaciones específicas en las que
deben evitar esa actitud. La advertencia es por
demás necesaria, porque aunque nos parezca
increíble, muchas veces las prácticas devotas de
personas “piadosas” pueden realizarse de forma
hipócrita.
En Mateo 6:2-4 dice:
2. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar
trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en
las sinagogas y en las calles, para ser alabados por
los hombres; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
3. Más cuandotú des limosna, no sepa tu izquierda lo
que hace tu derecha,
4. para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre
que ve en lo secreto te recompensará en público.
Nótese que nuestro Señor presupone, que sus
discípu- los dan limosnas. Él dice: “cuando des
limosna”. Para el Señor este asunto no admite
discusión. Sus discípulos deben ser conocidos por
ayudar a las personas necesitadas, por dar su
limosna. Una limosna es todo lo que se da por amor
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
de Dios para socorrer una necesidad, es el dinero,
alimento o ropa que alguien entrega a los indigentes
o a quienes han sufrido alguna calamidad; en fin,
toda ayuda que le das a alguien puede ser llamada
de esa manera. Lo que vengo señalando, es que el
Señor considera que sus seguidores deben hacerlo.
Sé que te resultará extraño que insista tanto en esto,
pero hay muchas personas en las congregaciones
evangélicas que se dicen cristianos, que se niegan a
socorrer a los menesterosos.
Hay muchos que presumen de su fe y son ricos a sus
propios ojos, mas, pobres a los ojos de Dios, porque
no ayudan con ninguna cosa a aliviar las necesidades
de su prójimo. Nos preguntamos: ¿Merecen tales
personas llamarse cristianos? ¿Son en verdad
discípulos de Cristo? Por supuesto que no. Un
Salvador generoso debe tener discípulos tan
generosos como Él. La principal razón que muchos de
estos falsos discípulos de Cristo esgrimen, para no
ayudar a los necesitados, es que nadie será salvo por
sus obras de piedad, confundiendo la necesidad de
hacer buenas obras como resultado de la salvación,
con el error del legalismo, de que es necesario hacer
buenas obras para conseguir la salvación. Es verdad
que ninguno de nosotros podrá salvarse por sus
obras de misericordia, pero también es verdad que
quien ha recibido al Señor Jesucristo en su corazón y
ha experimentado la misericordia de Dios, será
transformado y sentirá inclinación a ayudar a los
necesita- dos.
Después de dar por sentado, que sus discípulos
ayudan con sus bienes a las personas necesitadas, el
énfasis del Señor será acerca de la manera de
desempeñar ese deber. Esto es en gran manera
instructivo, por lo tanto, haremos bien en fijarnos en
lo que nos enseña. En este curso de dis- cipulado,
que pretende ser muy sencillo, examinaremos, las
acciones de ayudar a los necesitados, orar y ayunar,
desde las dos perspectivas que Jesús expuso en este
pa- saje, que son: Cómo lo hacían los hipócritas y
cómo deben hacerlo sus discípulos.
Cómo dan los hipócritas
El contraste que el Señor Jesús establece es claro
cuan- do nos dice: “…Cuando des limosna, no hagas
tocar trompeta delante de ti, como hacen los
hipócritas en las sina- gogas y en las calles, para ser
alabados por los hombres… mas tú, cuando des
limosna…” (Vers. 2-3). De manera que tanto los
discípulos de Cristo como los hipócritas religiosos dan
limosnas, ellos no se diferencian entre sí por la
acción, sino por la motivación, mientras los hipócritas
dan para ser vistos y reconocidos, los discípulos de
Cristo deben hacerlo sin otra intención que servir a
Dios y a su prójimo.
• Los hipócritas dan para ganar el favor de Dios;
con un sentido legalista
Así como nos sorprende que haya cristianos que se
nie- guen a ayudar a las personas en necesidad,
también nos puede sorprender enterarnos que los
hipócritas, dan limosna; pero permíteme explicarte
que en los tiempos de Jesús, para un judío, el dar
limosna era el más sagrado de todos los deberes
religiosos. Eso lo creían los escribas y fariseos y no
solo ellos, sino también sus discípulos. Hasta tal
punto era sagrado este deber, que ellos usaban la
misma palabra en hebreo, tsedaqá, tanto para
justicia como para limosna. Dar limosna y ser justo
eran una misma cosa, era ganar méritos a la vista de
Dios, y hasta ganar el perdón de sus pecados
pasados, de la misma manera el día de hoy, algunas
personas religiosas, consideran ayudar a otros en
medio de sus necesidades, una acción que le permiti-
rá escalar posiciones delante de Dios; según esa
manera de pensar, los convertía en personas
piadosas y por eso se esforzaban en realizar sus
obras de misericordia, más para ganar el favor de
Dios y de quienes les ven, que para ayudar al
prójimo. Dar limosna para ganar el favor de Dios, es
dar con hipocresía.
• Los hipócritas dan con ostentación; quieren
ser reco- nocidos
También debes saber, que en los tiempos de Jesús los
judíos consideraban que dar limosna estaba a la
cabeza en la lista de buenas obras. Así es que puedes
imaginar que era natural e inevitable que una
persona que quisiera ser buena se concentrara en
dar a los necesitados. Incluso los rabinos judíos
enseñaban que la limosna debía hacerse sin
ostentación, en secreto, “El que da limosna en
secreto –decían– es mayor que Moisés”. “Es mejor –
decían– no darle a un mendigo nada, antes que darle
algo avergonzándole”. Pero el afán por ser
considerados buenos por los demás podía más en
muchos casos que las enseñanzas de sus propios
rabinos y muy a menudo el dador daba de forma que
todo el mundo pudiera ver lo que daba, y daba
mucho más para glorificarse a sí mismo que para
ayudar a otro.
En el pasaje que hemos leído, el Señor dice: “no
hagas tocar trompeta delante de ti cuando des
limosna” y tal vez te resulte exagerado que el Señor
Jesús haga esta adver- tencia, pero te sorprendería
saber lo que muchos religiosos hipócritas hacían en
los días del Señor Jesús, para ser vistos al momento
de ayudar a alguien. Como para que tengas idea de
lo que sucedía, algunos escribas y fariseos, llegaban
a las sinagogas con sus donativos. Como era cos-
tumbre tomar ofrendas para ayudar a los pobres,
ellos se colocaban al lado del lugar de las ofrendas, al
disponerse para entregarla hacían sonar una
trompeta de manera que todos se dieran cuenta de
su generosidad, ¡Era literal! ¡Los hipócritas hacían
sonar su trompeta para ser vistos!
J. J. Wettstein en su crítica al Nuevo Testamento,
tam- bién nos cita una costumbre, que tenían
algunos escribas y fariseos de aquellos tiempos sobre
este mismo aspecto: “En Oriente, el agua es tan
escasa que algunas veces había que comprarla.
Cuando una persona quería hacer una buena obra, y
traer bendición sobre su familia, se dirigía al aguador
y en voz bien alta le encargaba: “¡Dale un trago a los
sedientos!”. El aguador llenaba algo parecido a una
cantimplora de cuero e iba al mercado. “¡Oh,
sedientos – gritaba– venid a beber de gracia!”. Y el
generoso estaba a su lado y decía: “Bendíceme,
porque soy yo el que te ofrezco este trago”. Aunque
todo esto te parezca un exceso, en nada se
diferencian de los que el día de hoy, se toman fotos
haciendo sus donativos a favor de los pobres y luego
las publican en periódicos, solo para que otros les
reconozcan como caritativos.
Los hipócritas obtienen solo la recompensa que
anhe - lan
La intención de los hipócritas al dar limosnas es ser
vistos. Ayudan motivados por orgullo, vanagloria y
ostenta- ción. Ellos no quieren ayudar, sino ser
reconocidos por los demás, esa es su gran necesidad,
eso es lo que esperan y anhelan y cuando lo
obtienen, ya tienen su premio, por eso el Señor dice:
“…de cierto os digo que ya tienen su recom- pensa”.
¿Cuál recompensa? La que querían. Observa que el
Señor dice “su”, no la recompensa. Querían que los
hombres le reconocieran y lo obtienen, cuando las
personas los comienzan a llamar bienhechores,
filántropos, caritativos y piadosos, ya recibieron lo
que esperaban. No solo es su recompensa, sino que
además, es “la única recompensa” que tendrán. Dios
le concede al hipócrita lo que desea: reconocimiento
humano, eso es lo único que obtiene.
El verdadero problema está en el corazón, en lo que
mueve a los hipócritas. ¡Ellos buscan su propia
gloria! Hago esta aclaración porque cuando
estudiamos la influencia de los discípulos de Cristo en
el mundo, en un encuentro anterior, expliqué el
significado de la metáfora de que “somos luz del
mundo”: te dije, que las buenas obras que hagamos
deben ser vistas por los hombres, para que otros
puedan glorificar a Dios, al ver su generosidad
manifestada a tra- vés de sus hijos. La gran
diferencia con el proceder de los hipócritas, es que
estos realizan sus buenas obras con la intención de
ser reconocidos, mientras que tú como discí- pulo de
Cristo, las realizarás para que Dios sea reconocido y
glorificado y para beneficiar a una persona. Si lo
haces así. ¡Siempre la gloria será de Dios!
Cómo deben dar los discípulos de Cristo
Pasemos en el análisis de este asunto, de ayudar a
los necesitados, al lado opuesto, es decir, a lo que el
Señor espera que hagan sus discípulos, y
aprendamos de esta manera, la forma correcta de
dar:
• Los discípulos de Cristo deben dar a los
necesitados con generosidad
Los discípulos de Cristo debemos ayudar a los necesi-
tados con generosidad. En una de las citas bíblicas
más abusadas en la predicación contemporánea, el
apóstol Pablo afirma: “Pero esto digo: El que siembra
escasamen- te, también segará escasamente; y el
que siembra gene- rosamente, generosamente
también segará” (2aCorintios 9:6). Digo que estas
palabras han sufrido el abuso de muchos
predicadores, porque muchos la descontextualizan, y
las emplean para promover ofrendas pro-ministerios
y pro-templo, cuando en realidad el apóstol está
hablando de la ayuda a los necesitados, como se
especifica en los capítulos 8 y 9 de esta carta. La
siembra generosa que recibirá generosa cosecha es
la ayuda a los hermanos que padecen necesidad.
Demos abundantemente, pensando en suplir la
necesidad.
En tu experiencia como discípulo de Cristo, vas a
descubrir que dar a los necesitados, abre las puertas
de la bendición de Dios para tu vida. Dios es
generoso con los generosos. Cuando tú le das a un
hermano en necesidad, le das lo que cabe en tus
manos, de acuerdo a tu limitada capacidad, cuando
Dios te da, te dará de acuerdo a su ilimitada
capacidad, a su generosidad infinita. ¿Sabes por qué
sucederá esto? Porque Dios está interesado en suplir
la necesidad de los más pobres, y si tú te le unes en
ese propósito, Él no dudará en poner recursos en tus
manos, para a través de ti bendecirlos a ellos. ¡Dios
no construye bodegas de bendición! ¡Dios construye
canales, a través de los cuales su bendición fluya! ¡Él
dará más, a quien más da!
• Los discípulos de Cristo deben dar a los
necesitados, en secreto
Jesús también dice que la limosna o ayuda a los
necesi- tados debe hacerse en secreto, lejos de todo
espíritu de ostentación y búsqueda de
reconocimiento humano. Nuestro deber es dar
sigilosamente y no hacer alarde ninguno de nuestra
caridad. Mientras menos personas se enteren de tu
generosidad, mejor. Como ya dije en uno de los
párrafos anteriores, lo trascendental es evitar el
deseo del reconocimiento, que el ser o no vistos,
pero en lo posible un discípulo de Cristo, evita que
otras personas lo vean cuando está dando: “No sepa
tu izquierda lo que hace tu derecha”. No andes
proclamándolo, ni esperando que te lo reconozcan.
Ayuda y luego intenta olvidar lo que hiciste. No
cobres un favor hecho, eso anula la bondad
realizada. Nunca le recuerdes a ninguna persona lo
que hiciste por ellos, incluso en los momentos que
parezca olvidar tu generosidad. ¡Déjalos! ¡Mientras
menos te reconozcan los hombres más te bendecirá
Dios!
ha conocido a un Dios misericordioso, que te ha
convertido en su mano proveedora.
• Los discípulos de Cristo deben dar a los
necesitados, con alegría
Las Sagradas Escrituras nos enseñan que debemos
dar con alegría. El ánimo al dar debe ser festivo,
debemos dis- frutar lo que hacemos. En esto
tendremos que reconocer que hay personas que
parecen tener una predisposición natural a ser
generosos. En Romanos 12:6, Pablo llamó a esta
predisposición natural, que algunos tienen para cum-
plir ciertos servicios “Un don de gracia” y más
adelante, en el versículo 8 explica: “…si es el de
socorrer a los necesitados, que dé con
generosidad…”. De manera que indiscuti- blemente,
existen personas a las cuales les resultará fácil
ayudar a los otros y se alegrarán mucho por hacerlo,
pero eso no nos excluye a ti y a mí si no tenemos esa
misma gracia, pues, la esencia del cristianismo es
amar y dar. De- bemos aprender a dar y a hacerlo
alegremente.
Si eres como yo, es posible que cuando comiences a
ayudar a los necesitados, no te parecerá tan
extraordinario, pero luego que lo hagas parte de tu
estilo de vida, experimentarás una alegría inmensa al
ver la sorpresa en el rostro de las personas que
ayudas. Al escucharles dar gracias a Dios por su
bendición. Te alegrará saber que una persona menos
en este mundo estará sufriendo. Al darte cuenta que
Dios te usó para suplir una necesidad, tu corazón
rebosará de gozo, el gozo que solo puede sentir el
que
• Los discípulos de Cristo deben dar a los
necesitados, por amor
Por último, para que un discípulo de Cristo, dé como
es debido, su acción debe surgir del amor de un
corazón hu- mano, que ha sido invadido del amor de
Dios. Tenemos el mejor ejemplo de este dar por
amor, en Jesucristo mismo. Pablo escribió a la Iglesia
de Corinto: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor
Jesucristo, que aunque era rico, por causa de
vosotros se hizo pobre, para que mediante su
pobreza vosotros llegarais a ser ricos”. Nuestro dar
no debe ser el resultado del cumplimiento de un
deber religioso; y mucho menos la búsqueda del
reconocimiento de los hombres, sino, la
manifestación alegre, dinámica y generosa de un
corazón lleno del gran amor de Dios. Debemos dar a
otros como Jesucristo se dio a sí mismo a todos
nosotros, con generosidad, alegría y por amor.
Encuentro 18 LA ORACIÓN
Por la importancia y la extensión del tema que vamos
a abordar en el estudio del siguiente pasaje del
Sermón del Monte, te propongo que lo hagamos, en
dos encuentros. En el presente encuentro
hablaremos de: La práctica de la Oración en forma
general y en el próximo estudiaremos: El modelo de
Oraciónque Jesús enseñó, así se nos facilitará el
aprendizaje de los principios bíblicos que regulan
esta disciplina espiritual y será más provechoso para
nuestro desarrollo como discípulos de Cristo.
Leamos el pasaje en Mateo 6:5-8.
5. Y cuando ores, no seas como los hipócritas;
porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y
en las esquinas de las calles, para ser vistos de los
hombres; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa.
6. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y
cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en
secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te
recompensará en público.
7. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los
genti- les, que piensan que por su palabrería serán
oídos. 8. No os hagáis, pues, semejantes a ellos;
porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros le pidáis.
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
L a práctica de la oración en la vida de los
discípulos de Cristo y de los religiosos
Obsérvese, en seguida, que nuestro Señor
presupone, que todos los que se llaman discípulos
suyos hacen oración, pues, dice “Y cuando ores…”. En
consecuencia, solo se centra en explicar de qué
manera se debe orar. Esta primera observación bien
merece nuestra atención, por cuanto nos enseña que
quienes no hacen de la oración una práctica cotidiana
no desarrollarán un verdadero discipulado. No es
suficiente tomar parte los domingos en las oraciones
de la congregación o durante la semana en las de la
familia, es preciso orar también en secreto, tener
vida de oración.
Lo siguiente que nos llama la atención es una serie
de advertencias, que el Señor le hace a sus
discípulos sobre la manera como deben orar, tal
parece, que el Señor siguiera el patrón de decirles
primero lo que no deben hacer y luego lo que deben
hacer. Lee cuidadosamente los versículos 6 y 7 del
pasaje que estamos considerando en este capítulo y
notarás el énfasis de Jesús: “Y cuando ores, no seas
como los hipócritas; porque ellos aman el orar en
pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles,
para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que
ya tienen su recom- pensa… Y orando, no uséis vanas
repeticiones, como los gentiles, que piensan que
por su palabrería serán oídos”. De estas palabras del
Señor Jesús, podemos aprender que existe una
forma incorrecta de orar, una forma que usan los
hipócritas, los paganos o religiosos.
Cómo oran los hip ócritas, los paganos o
religiosos Te sorprenderá saber que los hipócritas y
los paganos oran, pero eso es precisamente lo que el
Señor Jesús dice en estos versículos: “No oréis como
los hipócritas… No uséis vanas repeticiones como los
gentiles (paganos)”. Existe una forma de orar que es
religiosa, que está controlada por los hombres, que
apunta en todas las direcciones, menos a la que debe
apuntar, o sea, hacia Dios. El hipócrita, pagano o
religioso, cuando ora mira hacia los lados, no hacia
arriba.
• Los hipócritas, paganos o religiosos oran por
orgullo
Ellos oran para ser vistos por los hombres, para
recibir su aprecio, los hipócritas saben como la
mayoría de nosotros sabemos, que la oración es una
disciplina espiritual que goza de muy buena
reputación. Hablamos bien de las personas que oran,
las consideramos, piadosas, santas y devotas, de
manera que un hipócrita, pagano o religioso,
encontrará en la práctica de la oración una manera
fácil de impresionar a los demás. Como tan
acertadamente lo dice el reverendo Néstor Blanco en
su libro Una cita en el altar: “No debemos orar para
que la gente crea y se convenza de que somos más
espirituales; o para torcerle el brazo a Dios a fin de
que nos conceda una petición. Toda intención que no
sea la de humillarnos ante su augusta señoría está
con- taminada y se convertirá en cualquier otra cosa
menos en oración. Nunca debemos orar para
impresionar a las per- sonas; la oración no fue
creada para eso”.
En los días del Señor Jesús, los fariseos (a quienes ya
hemos mencionado en encuentros anteriores)
llegaban a extremos absurdos en su afán de
impresionar a los demás con su falsa piedad, tal
como lo dice el Señor Jesús, “Ama- ban orar en las
esquinas de las calles, en las plazas, en los lugares
públicos; se colocaban de pie en las sinagogas o en
el templo y levantando sus manos declaraban en voz
alta las veces que oraban en el día y los muchos
ayunos que hacían en la semana”. Esas costumbres y
sobre todo el deseo insano de reconocimiento de los
demás que las impulsaba, fue lo que Jesús no
soportó y denunció con firmeza, tanto en sus
instrucciones acerca de la oración como en el capítulo
23 del evangelio de Mateo. Puedes estar seguro que
si hay algo que Dios detesta es el orgullo religioso
que es alimentado por la hipocresía.
Por eso, permíteme advertirte, que muchas veces en
tu vida cristiana vas a sentir el deseo de orar para
impresionar a los demás, vas a querer que te
consideren una persona muy piadosa y sentirás la
tentación de instrumentalizar la oración,
degradándola de su condición de disciplina espiritual
mediante la cual te acercas a Dios para tener
comunión con Él, a una simple práctica religiosa
motivada por el anhelo de ganarte el favor de las
demás personas. ¡Nunca cedas a tal invitación de tu
naturaleza pecaminosa! ¡No te rindas a esos deseos!
Ora sin tratar de impresionar a ninguna persona que
no sea a Dios, ora con humildad y sencillez de
corazón.
• Los hipócritas, paganos o religiosos oran de
forma elaborada
La segunda denuncia que el Señor hace acerca de la
forma de orar de los hipócritas, paganos o religiosos,
es que oran “… usando vanas repeticiones, como los
genti- les, pensando que por su palabrería serán
oídos” (Mateo 6:7). La oración de los religiosos es
mecánica y sin sentido, ellos creen que pueden
impresionar a Dios con sus palabras, usan términos
elocuentes, como si Dios no conociera todas las
palabras en todos los idiomas. Al actuar de esta
manera, a quien realmente quieren impresionar es a
los que los escuchan. Sus oraciones son elaboradas
cuidadosamente, son el producto del intelecto y no
del corazón, están inspiradas en la razón y no en el
reconocimiento de una necesidad profunda de Dios.
Tanta elaboración intelectual al orar es una pérdida
de tiempo, pues a Dios no le interesan las palabras
sino la sin- ceridad del corazón. En los evangelios
(Mateo 15:21-28 y Marcos 7:24-30), aparece el
relato de una mujer pagana (la mujer cananea o
siro-fenicia), que ilustra muy bien esta verdad. Esta
mujer intentó acercarse a Jesús con una peti- ción
elaborada, quería un milagro, pues tenía una hija
gravemente atormentada por espíritus malos. El
evangelista Mateo dice que la mujer en un primer
momento viene al Señor Jesús diciendo: “¡Señor, Hijo
de David, ten miseri- cordia de mí! Mi hija es
gravemente atormentada por un demonio”. Digo, que
esta era una petición elaborada, pues siendo gentil
(extranjera), ella no tenía derecho de invocar a Jesús
como el Hijo de David, pues ese título quiere decir
que Él es el Mesías prometido para los judíos; de
manera que no tenía nada que ver con ella que era
una siro-fenicia. Probablemente, esta angustiada
madre, había oído a otros llamar a Jesús de esa
manera, y pensó que se trataba de usar las palabras
correctas, la fórmula mágica que le aseguraría una
respuesta de Jesús, pero no, las cosas no fun- cionan
de esa manera con el Señor; por eso leemos que:
“Jesús no le respondió palabra” y no solo eso, sino
que ante la insistencia de los discípulos, para que la
atendiera, les recordó: “No soy enviado sino a las
ovejas perdidas de la casa de Israel”.
Hasta ese momento en el relato, encontramos la
narración de una petición no contestada, entonces
ocurre un cambio dramático en la historia, la mujer
desesperada por el sufrimiento de su hija y dispuesta
a no perder esta oportunidad, se arroja a tierra y
desde lo más profundo de su corazón, con el dolor de
una madre que ve sufrir a su hija, clama ¡Señor,
socórreme! Dos palabras, ¡Una oración de dos
palabras! Eran dos palabras que expresaban
sumisión, reconocimiento, angustia y la
desesperación de esta pobre madre. Ahora sí captó la
atención de Jesús, quien volvién- dose a ella le
recuerda que ella no es judía, y que por lo tanto, no
tiene derecho a pedirle ninguna cosa: “Respon-
diendo Él dijo: No está bien tomar el pan de los hijos,
y echarlo a los perrillos”. Una vez más, esta
sorprendente mujer, nos da una lección de oración
humilde y sincera, cuando le dice al Señor: “Sí,
Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus amos”. En otras
palabras, Señor, tú tienes la razón, soy como un pe-
rro, no tengo derecho a sentarme a comer en el
banquete de misericordia que tú estás sirviendo a
Israel, no tengo el derecho de los hijos de la promesa
y no te pido que me des el pan, no soy tan osada,
solo necesito un pedacito de tu gracia, porque una
migaja de tu gracia es suficiente. ¡Cuán- ta fe!
¡Cuánto reconocimiento del poder de Dios! ¡Cuánta
humildad! Eso es lo que Dios ve en una oración, la fe
en Él, el reconocimiento de su grandeza y de la
bajeza de nuestra condición humana y la humildad.
Una vez más, a Dios no le interesan las palabras
elocuentes, sino la expresión sencilla del corazón
contrito y humillado. Con razón el mismo Señor Jesús
se sorprendió y dijo: “Oh mujer, grande es tu fe;
hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada
desde aquella hora”. Un final feliz, una oración
contestada, una respuesta recibida, una joven
liberada de los demonios que la atormentaban; una
madre consolada, y para noso- tros una lección de
oración sencilla y sincera que recibe la respuesta de
Dios.
Como habrás aprendido a través del análisis de esta
emocionante historia de una oración contestada, tú
no necesitas elaborar mucho tus peticiones de
oración; no se trata de llenar unas formas de
pedidos. Acércate a Dios de forma sencilla, sincera,
sin parloteos sin sentido, no apren- das las viejas
mañas religiosas al orar, no intentes impresionar a
Dios con palabras elocuentes, ni con tus
razonamientos; no lo intentes, porque no lo lograrás;
a Él solo lo impresionan las oraciones hechas con fe,
humildad y sinceridad.
Cómo deben orar los discípulos de Cristo
Frente a la oración ostentosa y elaborada de los
fariseos hipócritas, el Señor Jesús invita a sus
discípulos a orar con una actitud correcta:
• Los discípulos de Cristo deben orar en secreto
El Señor Jesús les enseñó a sus discípulos que al
orar, deben procurar, ante todo, estar solos con Dios;
escucha las palabras que dirigió a sus discípulos en
aquella solemne ocasión: “Mas tú, cuando ores, entra
en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre
que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto
te recompensará en público”. La devoción secreta es
de gran estima para el Señor; es allí, en el lugar
secreto donde Dios se encuentra con sus hijos y les
revela sus pensamientos, donde les fortalece, les
sostiene y les anima.
El que ora no necesita mostrar a los demás que ora,
eso se le nota. Dios hará visible su vida de comunión
con Él. Si te conviertes en una persona de oración,
no tendrás que andar contándoselo a todos, ellos lo
van a notar, pero mejor aún, a ti no te parecerá
importante que lo noten, pues no desarrollarás una
vida de oración con el propósito de ganarte una
buena reputación, lo harás porque necesitarás
desesperadamente conocer a Dios y que Dios te
transforme.
• Los discípulos de Cristo deben orar con fe
La principal razón por la que los hipócritas, paganos
o religiosos, usan términos elocuentes en sus
oraciones, es porque piensan que de esa manera
pueden impresionar a Dios, ellos olvidan, consciente
o inconscientemente, que Dios todo lo sabe, que no
hay forma en que lo podamos impresionar. Un
discípulo de Cristo, por el contrario, ora con la
certeza de que está hablando con su Padre Celestial
que conoce todas las cosas, que sabe cuáles son sus
necesidades y además, está interesado en suplirlas,
por lo tanto, cuando se acerca a Dios, lo hace
confiadamente, sin intención de convencerlo.
A un discípulo de Cristo le interesa más el tiempo de
comunión espiritual que puede pasar en la presencia
de su Señor, más aún que sus peticiones. Lee
nuevamente Ma- teo 5:8 y fíjatecómo el Señor Jesús
insiste en que debemos orar con la seguridad de la
paternidad de Dios, Él dice: “No os hagáis, pues,
semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de
qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le
pidáis”.
Tú cuando ores hazlo con la certeza de que Dios está
es - cuchándote y que como un padre amoroso, está
interesado en ayudarte en medio de tus necesidades.
No sé, cómo es, o fue, tu experiencia cuando
hablabas con tu padre terrenal, pero si es o fue
apropiada, tú no necesitarás prepa- rar un discurso
para hablar con él; con los padres eso no es
necesario, puedes venir a ellos sin prevención, ni
preparación, basta con estar frente a frente y todo
fluirá, natural y espontáneamente; de la misma
manera debe ser con Dios, ven a Él en oración y
háblale con libertad, sin tantos térmi- nos religiosos,
no necesitas un Ph.D. en comunicación para orar,
solo fe.
• Los discípulos de Cristo deben orar con
humildad
Si nos preguntamos ¿Cuál es la motivación de los
paga - nos al hacer oraciones elaboradas?
Encontraríamos que en el fondo lo que quieren es
impresionar a quienes le escuchan, oran en dirección
horizontal, no en dirección vertical; pensando en los
de al lado, no en él de arriba; es decir, su oración
tiene la intención de impresionar a los hombres, no
de interactuar con Dios.
En lugar de eso, un discípulo de Cristo ora con
humildad; se acerca a Dios con un corazón contrito,
no le intere- sa si otras personas lo escuchan, quiere
presentarse ante Dios tal y como es, expresa su
dolor con sinceridad y reconoce sus debilidades sin
temores, sabe que Dios lo conoce mejor que ninguna
persona en este mundo, de manera, que no intenta
esconderse, cuando ora se expone a la acción
transformadora de Dios; viene a Dios a reconocer sus
faltas, pecados, temores y necesidades, eso hace que
su oración sea una experiencia de cambio.
Si estás familiarizado con el Nuevo Testamento,
seguramente al leer el párrafo anterior, vino a tu
mente una de las parábolas que Jesús narró; me
refiero a la parábola del fariseo y el publicano, en la
cual el Señor Jesús contrasta la actitud arrogante del
fariseo al orar, con la humildad con la que ora el
publicano: “Dos hombres subieron al templo a orar:
uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto
en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios,
te doy gracias porque no soy como los otros
hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como
este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy
diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano,
estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo,
sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé
propicio a mí, pecador” (Lucas 18:10-13). La
principal diferencia entre estos dos hombres está en
que el fariseo se
Iván Castro De la Hoz
creía justo, piadoso y mejor que las demás personas,
mientras que el publicano se sabía pecador; por eso
cuando se acercan a Dios, cada uno asume una
actitud coherente con la forma como se sienten ante
Dios, eso nos debe enseñar que la humildad al
momento de orar, es el resultado de reconocer
nuestra condición pecaminosa, nuestras debilidades y
lo supremamente incapaces que somos de hacer lo
correcto. La humildad al orar, también es el resultado
de reconocer la necesidad que tenemos del poder de
Dios que es quien nos puede otorgar el perdón y
ayudar a salir adelante. Jesús finaliza la parábola
sentenciando: “cual- quiera que se enaltece, será
humillado; y el que se humilla será enaltecido”.
¿Sabes por qué? Porque Dios resiste al soberbio,
pero da su favor a los humildes.
Encuentro 19 EL
PADRENUESTRO: UN MODELO
DE ORACIÓN
Del análisis de la práctica de la oración, que hicimos
en el encuentro anterior, pasamos al Modelo de
oración, que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos.
En Mateo 6:9-15 leemos:
9. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra.
11. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12. Y perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del
mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria,
por todos los siglos. Amén.
Lo primero en lo que tenemos que fijarnos en estos
ver - sículos, es que el Señor Jesús dio un modelo de
oración, algo parecido a una guía; su propósito no es
que los discí- pulos repitieran las mismas palabras
muchas veces (lo cual sería parecido a los rezos que
muchas personas religiosas practican actualmente),
sino darle unas pautas acerca del contenido de la
oración. Esta afirmación se fundamenta en los
siguientes hechos:
• En sus instrucciones acerca de la práctica de la
oración,
que anteceden al Padrenuestro (como se conoce a
este modelo de oración), el Señor Jesús es muy
enfático en reprobar la costumbre de los paganos de
creer que por sus “vanas repeticiones” serían
escuchados, de manera que sería una inconsistencia
suya, enseñar después una oración para ser repetida.
•El tiempo que toma repetir el Padrenuestro es de
máximo un minuto y medio, es decir noventa
segundos y en el evangelio de Lucas 11:1 nos dice
que uno de los discípulos del Señor le vio orando
toda la noche y le pidió que le enseñara a orar, por lo
que, no podemos imaginar que Jesús se pasara
durante ocho horas repitiendo las mismas palabras,
cada noventa segundos.
• En los Evangelios encontramos otras oraciones
hechas por el Señor Jesucristo, por ejemplo: en
Mateo 26:39; Juan 17 y ninguna de ella es el
Padrenuestro, son oraciones hechas de acuerdo con
las circunstancias que el Señor estaba viviendo.
En lugar de vanas repeticiones, lo que sí vas a encon
- trar en cada oración que el Señor hizo es una
intención en común y una estructura similar, que te
deben servir de guía cuando ores; a esto es lo que se
refiere el Señor Jesús cuando nos dice: “Vosotros,
pues, oraréis así…”, es decir, oren teniendo en cuenta
la intención y la estructura de la oración.
Vamos a considerar cada uno de estos aspectos de la
oración en el modelo del Padrenuestro.
La intención de la oración
La oración tiene varios propósitos, el primero y más
re- levante de ellos es traer honor al nombre de Dios,
por esa razón el Señor Jesús nos dice que cuando
oremos debemos santificar el nombre de Dios (Mateo
6:9), esto quiere decir que nuestra oración debe
estar dirigida a que Dios sea conocido por sus
acciones y respuestas, que el nombre de Dios sea
glorificado, por lo tanto, nunca ores de manera
egoísta, pensando solamente en satisfacer tus
necesidades personales, pues eso impedirá que Dios
responda tu peti- ción. El apóstol Santiago escribió
acerca de esto: “Y cuando pedís, no recibís porque
pedís con malas intenciones, para satisfacer vuestras
propias pasiones” (Santiago 4:3 BAD). Siempre que
te acerques a Dios para pedirle algo, pregún- tate
¿Por qué quiero esto? ¿Cuál es mi intención al
pedírselo? ¿Es acaso un deseo egoísta el que me está
moviendo? Y si descubres que en tu corazón se
esconden deseos insanos, como el egoísmo, la
codicia o la envidia, es mejor que desistas de esa
petición, porque con toda certeza, Dios no te la
concederá. Dios te ama demasiado para darte algo
que sabe que te dañará. Él es tu Padre y no te conce-
derá cosas que luego esclavicen tu vida. La oración
debe traer honor, reconocimiento y lustre al nombre
de Dios y después aliviar las cargas de quien ora.
Primero es Dios, después nuestras necesidades. ¡El
cielo siempre está antes que la tierra en la oración!
En el Antiguo Testamento encontrarás una historia
que ilustra muy bien la verdad expuesta. Se trata del
momento en que el profeta Elías desafía a los
profetas de Baal, para que suban al monte Carmelo y
allí cada uno ofrezca un sacrificio: ellos a Baal y él a
Jehová. Este sacrificio debía ser aceptado por el Dios
verdadero, y como demostración de su aprobación, el
verdadero Dios enviaría fuego del cielo. Te invito a
leer parte de esta historia en el Primer libro de Reyes
18:21-24: “Y acercándose Elías a todo el pueblo,
dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos
pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal,
id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. Y
Elías volvió a decir al pueblo: Solo yo he quedado
profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay
cuatrocientos cincuenta hombres. Dénsenos, pues,
dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en
pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan
fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo
pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
Invocad luego voso- tros el nombre de vuestros
dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios
que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios (el
énfasis es mío). Y todo el pueblo respondió, diciendo:
Bien dicho”.
El desafío del profeta Elías era claro: El verdadero
Dios consumiría el sacrificio con fuego. Ahora fíjate
en el relato bíblico, dice que los profetas de Baal,
estuvieron pidiendo, llorando, saltando, danzando,
transpirando e inclusive se automutilaron durante
toda la mañana y no ocurrió nada, no hubo respuesta
(1° de Reyes 18:26-29). Por supuesto que no iba a
ocurrir nada, pues Baal no escucha, los dioses falsos
no escuchan por mucho que sus seguidores griten, se
mutilen y laceren para llamar su atención, pues,
tienen oídos pero no oyen, tienen boca y no hablan,
no son reales, no existen y no pueden interactuar
con sus seguidores; en cambio, cuando llegó el
momento en que el profeta Elías tenía que ofrecer su
sacrificio, hizo una breve oración y Jehová de los
ejércitos respondió, enviando fuego del cielo. Esta
oración fue tan breve que si la repitieras pausada-
mente, solo te tomaría treinta segundos: “Jehová
Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy
manifiesto que Tú eres Dios en Israel, y que yo soy
tu siervo y que por mandato tuyo he hecho todas
estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para
que conozca este pueblo que Tú, oh Je- hová, eres el
Dios, y que Tú vuelves a ti el corazón de ellos” (1° de
Reyes 18:36-37).
Pero, ¿sabes una cosa?, lo más importante de la
forma como oró el profeta Elías, no fue el tiempo tan
corto que uso, sino su intención. Elías pide fuego
para que: “…sea hoy manifiesto que Tú eres Dios en
Israel, y que yo soy tu siervo y que por mandato
tuyo he hecho todas estas cosas… para que conozca
este pueblo que Tú, oh Jehová, eres el Dios, y que Tú
vuelves a ti el corazón de ellos”. Su intención era dar
a conocer a Dios, que el pueblo de Israel que estaba
en apostasía se volviera de corazón al Señor. Así es
como debemos orar, sin importar de qué se trate
nuestra petición, sea sanidad, libertad financiera,
resolución de conflictos en el matrimonio o la familia,
prosperidad en el ministerio; sea cual sea nuestra
petición, todo, absolutamente todo, debe contribuir a
que el nombre de Dios sea exaltado y reconocido por
quienes no le conocen aún.
Un segundo propósito por el que debemos orar es
para que el Reino de Dios se establezca en esta
tierra. En palabras de Jesús debemos pedir: “Venga
tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra” (Ma- teo 6:10). Esto quiere
decir que cuando oremos, siempre debemos
dedicarle un tiempo a pedir a favor de la obra del
Señor en la tierra, debemos pedir que más personas
lleguen a confiar en el Señor Jesús como su Salvador,
que crezcan en el conocimiento de las verdades del
Evangelio, que sean transformadas por el poder de
Dios, que se establezcan nuevas congregaciones en
las ciudades y en los campos, que más misioneros
sean enviados a los lugares donde aún no existe una
iglesia cristiana; en fin, debemos pedir por el avance
del Evangelio en el mundo. Puedes estar seguro que
siempre que ores de esta forma y pidas por esto,
Dios te responderá, porque estarás orando conforme
a su voluntad y ese es uno de los secretos de las
oraciones contestadas, cuando se hacen en
conformidad con lo que Dios quiere hacer.
La estructura de la oración
El Padrenuestro es como ya hemos dicho, un modelo
de oración, una guía dada por el mismo Señor
Jesucristo acerca de cómo debemos orar; contiene la
estructura básica de toda oración, de manera que,
cuando lo examinamos detalladamente, el
Padrenuestro nos enseñará qué debemos hacer
mientras oramos. Una de las mayores dificulta- des
que tenemos al orar es que muchas veces no
sabemos qué hacer durante ese tiempo; valga decir,
como afirma el reverendo Néstor Blanco en su libro
Una cita en el altar, que “hasta el silencio es oración
en tanto este sea un acto de contemplación y
sumisión a Dios”. Sin embargo, si nos fijamos en el
Padrenuestro, sabremos que al orar, pode- mos:
Adorar a Dios, pedir por el establecimiento del Reino
de Dios, por nuestras necesidades, confesar nuestros
pecados, perdonar a los que nos han ofendido,
suplicar la ayuda de Dios en medio de la tentación y
dar gracias a Dios.
• Adorar a Dios
“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu nombre”. ¿Te has preguntado alguna vez qué
significa santificar el nombre de Dios? Te confieso
que yo sí me lo he preguntado, porque tengo claro
que Dios es santo y por lo tanto no se puede hacer
su nombre más santo; es más, si te dedicas a buscar
en diferentes versiones de la Biblia, para ver si
encuentras el uso de un equivalente a la expresión
santificado, en esta petición en particular, te encon-
trarás con la sorpresa que todas las versiones en
español, incluidas las de lenguaje actualizado,
conservan intacta la frase santificado sea tu nombre,
lo cual implica que aun para los traductores de la
Biblia el asunto es complejo; no obstante, por otra
parte, la mayoría de comentaristas de las Sagradas
Escrituras, están de acuerdo en que santifi- car el
nombre de Dios es desear que Él mismo en todo su
carácter sea revelado y glorificado; en términos
sencillos, santificar el nombre de Dioses pedir que Él
sea conocido como el Todopoderoso, sustentador,
proveedor, protector, perdonador, libertador y Padre
de los que creen.
De manera que cuando comiences a orar, empieza
por reconocer los atributos de Dios, por exaltarle, no
te acerques con desesperación por tus necesidades o
enfocado en tus deseos, recuerda que antes que
cualquier cosa la oración es una forma de
relacionarnos con Dios en amor, ven a Él a conocerle,
contemplarle, reconocerle y para dar- le a conocer.
• Pedir a Dios
Aunque en el punto anterior señalé que lo primero
que debes hacer cuando te acercas a Dios en oración
es adorarle, no quiero decir con esto que es lo único
que tienes que hacer cuando oras, tampoco significa
que esté mal que le pidas algo, toda oración incluye
peticiones a Dios; es más, ese es uno de los
significados de la palabra orar. Orar es hacer
peticiones a Dios; lo que está mal es convertir la
oración solo en una lista de pedidos, como cuando
vas al supermercado y olvidarte de la esencia de la
oración, que es relacionarte con el Señor.
Jesús nos enseña en el Padrenuestro, no solo que
pode - mos pedir, sino que además, nos da un
ejemplo de lo que debemos pedir, cuando instruyó a
sus discípulos para que dijeran en oración: “Venga tu
reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy” (Mateo 6:10-11). Estas palabras del
Señor, establecen unas prioridades en nuestras
peticiones ante Dios. Primero debemos orar para que
el Reino de Dios se establezca en la tierra y después
por nuestras necesi- dades personales. Nunca
coloques tus necesidades antes o por encima de la
voluntad salvadora de Dios, como dije antes, toma
tiempo para rogarle al Señor por su obra en esta
tierra, no olvides que “si buscamos primeramente el
reino de Dios y su justicia, todo lo demás nos será
añadido” (Mateo 6:33).
Antes de pasar al otro elemento dentro de la
estructura de la oración, me gustaría llamar tu
atención sobre otros aspectos importantes en
relación con las peticiones que hacemos a Dios. En
primera instancia, fíjate que el Señor Jesús dice que
debemos pedir: “El pan nuestro de cada día, dánoslo
hoy” (Mateo 6:11). Esto es importante porque nos
recuerda que Dios tiene cuidado de nuestras
necesidades físicas, es nuestro sustentador y
proveedor. Puedes estar seguro que te dará lo que
necesites, todos los días. No pasarás un día de tu
vida sin que veas la provisión de Dios, pero es
necesario, que todos los días te acerques a Él con la
confianza de un hijo con su padre, que te ama y te
va a dar lo que necesitas. No temas pedirle por tus
necesidades porque con toda certeza, Él las suplirá.
¡Dios NO satisface caprichos pero sí suple
necesidades!
Por último, me gustaría recordarte que pedimos “el
pan nuestro de cada día”. Cada día tendremos que ir
a Dios, esto es así, porque quiere enseñarnos a
depender de Él, pero sobre todo que aprendamos a
relacionarnos diariamente con Él.
• Confesar nuestros pecados ante Dios
Una de las realidades más hermosas de la oración, es
que cuando oramos exponemos nuestras emociones,
sentimientos, pensamientos, deseos, intenciones e
intereses delante de Dios. Venimos ante Él,
despojados de toda apa- riencia de religiosidad y en
ese instante su Espíritu Santo examina nuestros
corazones, actúa como un potente re- flector que
recorre los lugares más escondidos de nuestro
espíritu y de nuestra alma. Ante su mirada
escudriñadora todo queda al descubierto, por eso,
nada hacemos con intentar ocultar nuestros pecados.
Es mejor como enseñó el Señor Jesús, pedirle al
Padre Celestial: “Y perdónanos nuestras deudas…”
(Mateo 6:12). Sí, perdónanos, perdónanos porque
reconocemos que somos seres humanos imperfectos
que continuamente nos equivocamos, violamos tus
mandamientos y te ofendemos. Sí, perdónanos
porque aunque hemos sido perdonados, todavía
somos una obra en proceso de ser terminada y todos
los días pecamos, ya sea por acción o por omisión.
Nuestra confesión debe reflejar una actitud humilde,
es el reconocimiento de que somos susceptibles de
fallarle a Dios. Cuando ores, cuéntale a Dios tus
faltas, menciónalas por su nombre, no temas
hacerlo, recuerda que las conoce, pero cuando tú las
confiesas, es señal de arrepentimiento y de fe en las
promesas de Dios, de que Él te perdonará. El apóstol
Juan escribió en una de sus cartas: “Si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1a
de Juan 1:9).
A diferencia de la confesión que tuviste que hacer el
día que le entregaste tu vida al Señor Jesús como
Salvador, la cual fue muy general y que se trataba
más que nada de reconocer tu pecado de
incredulidad, ahora que eres cristia- no, cada vez que
peques tienes que pedirle perdón a Dios
específicamente por el pecado cometido, cuando lo
hagas Dios te perdonará, porque en este momento el
Señor Jesús, se encuentra en el cielo, como el
“abogado defensor” de todos los creyentes (1a de
Juan 2:1).
• Perdonar ante Dios a los que nos ofenden
El Señor Jesús no solo nos enseñó a pedir perdón en
ora - ción, sino que nos enseñó que nosotros mismos
debemos estar dispuestos a perdonar a quienes nos
han ofendido. Observa el sentido completo de esta
petición: “Y perdóna- nos nuestras deudas, como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores”
(Mateo 6:12). A simple vista parece decir que Dios
nos va a perdonar a nosotros de la misma manera
que nosotros perdonamos a quienes nos ofenden,
pero tal interpretación de estas palabras, colocaría
nuestra disposición a perdonar como prerrequisito al
perdón de Dios y eso es inconcebible, porque jamás
un ser humano podrá ser más misericordioso que
Dios. Lo que el Señor Jesús está diciendo es que
quienes no están dispuestos a perdonar a su
hermano que le ha ofendido, tampoco estarán
dispuestos a pedirle a Dios que los perdone. Si yo no
puedo aceptar que otra persona se equivoque
conmigo tampoco voy a aceptar mis propias
equivocaciones.
Lo más significativo en estas palabras del Señor
Jesús es indicarte a ti y a mí, que mientras oramos
debemos revisar nuestra relación con Dios y con el
prójimo. De nada nos servirá orar con un corazón
lleno de resentimiento o de odio; si es así, es mejor
ir a Dios y suplicarle que nos purifi- que y no avanzar
en la oración, hasta no tener la certeza de que
nuestro corazón está limpio.
Si recuerdas a alguien con quien estás ofendido, no
importa cuánto tiempo haya pasado de eso, este es
un buen momento, haz un alto en la lectura de este
libro y pídele a Dios en oración que te enseñe a
perdonar, empieza dando gracias a Dios por su
misericordia contigo; Él perdonó tus muchos
pecados, dale gracias por eso y luego dile “enséñame
a perdonar, dame un corazón misericordioso como el
tuyo”. Entiende que quien te ofendió es un ser
humano imperfecto, que más que tu juicio necesita
de tu misericordia y luego intenta ponerte en
contacto con esa persona y arregla las cosas.
sente, y seguramente sucederá, pues no hay ser
humano que no sea tentado a hacer lo malo, Dios te
socorrerá. No te acostumbres a hacer oraciones
desesperadas de última hora, para pedirle a Dios que
te saque de la tentación, ora antes por eso y cuando
llegue el momento tendrás la fortaleza espiritual
necesaria para vencer al tentador.
• Suplicar la ayuda de Dios
En su modelo de oración, el Señor Jesús tiene en
cuen - ta, que al pedir perdón y perdonar,
deberíamos notar, que ambas acciones nos colocan
ante la realidad, de que como seres humanos, a
pesar de ser cristianos vamos a librar muchas luchas
personales, contra el tentador (Satanás) y con
nuestra propia naturaleza pecaminosa, ante las
cuales en ocasiones sucumbiremos, por eso, el Señor
nos enseña que al orar debemos pedirle: “Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal…” (Mateo
6:13a). En realidad la traducción más exacta de esta
petición es: “No permitas que cedamos ante la
tentación, sino rescátanos del maligno”. Tal y como
dice la Nueva Traducción Viviente, Dios no puede
tentar a ninguna persona, Dios no nos coloca en
situaciones donde nuestro carácter cristiano sea
puesto a prueba, lo que sí hace es permitir que el
tentador lo haga, pero Él nos fortalece en medio de
esa prueba. El Señor siempre está dispuesto a
rescatarnos de la influencia del maligno.
Acuérdate cuando ores de suplicar anticipadamente
por la protección y ayuda de Dios en medio de las
tentaciones, pídele que te guarde de caer en ella, así
cuando se pre
• Alabar a Dios
El Padrenuestro termina diciendo: “porque tuyo es el
reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.
Amén” (Mateo 6:13b). En otras palabras, al finalizar
nuestra ora- ción debemos reconocer que nuestro
Padre Celestial, es digno de gobernar, de ejercer su
autoridad y de recibir todo el honor. Hemos orado
con la convicción de que lo que le hemos pedido nos
será concedido y debemos despedirnos (por decirlo
de alguna forma) reconociendo que es poderoso para
hacer lo que le hemos pedido, y que además merece
la honra anticipadamente por la respuesta que nos
dará.
Piensa además, en lo siguiente: el Dios a quien oras
en este modelo de oración que Jesús te enseñó, es
santo, rey, soberano, sustentador, proveedor,
perdonador, protector, defensor, glorioso; pero sobre
todo, es tu Padre, puedes acercarte a Él con toda
confianza, con la seguridad que no te despreciará.
Recomendación: Para una mejor comprensión del
Padrenuestro, te recomiendo que leas el libro Una
cita en el altar, del reverendo Néstor Blanco,
publicado por Editorial VIDABUN.
Encuentro 20 EL AYUNO
En el encuentro de hoy, llegamos al final de la exposi
- ción que el Señor Jesús hace acerca de la vida
devocional de sus discípulos, en el capítulo 6 de
Mateo. El tema que va a tratar ahora es la práctica
del ayuno, acerca del cual dice lo siguiente:
16. Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los
hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para
mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo
que ya tienen su recompensa.
17. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu
ros- tro,
18. para no mostrar a los hombres que ayunas, sino
a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en
lo secreto te recompensará en público.
Mateo 6:16-18.
Como notarás, el Señor Jesús trata el tema del ayuno
de la misma manera que ha tratado el de la ayuda a
los necesitados y el de la oración, es decir, haciendo
un contraste entre la forma como ayunaban los
hipócritas y la forma como deben ayunar sus
discípulos. En un lenguaje muy
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
concreto, lo que Jesús dice es: “No ayunen como lo
hacen los hipócritas” otra vez, la hipocresía religiosa
se apodera de una de las prácticas más sanas y
espirituales que el pue- blo de Dios debe realizar,
vuelve a hacer su aparición, en esta ocasión en la
práctica del ayuno.
Antes de estudiar en qué consiste la diferencia entre
la manera de ayunar de los hipócritas religiosos y la
manera como debemos hacerlo los seguidores de
Jesús, permíte- me invitarte a hacer un recorrido por
esta práctica desde la antigüedad; pues, a mi
manera de ver, es necesario co- nocer la historia del
ayuno, para poder comprender las palabras del Señor
Jesús, dentro del marco más amplio de lo que las
Sagradas Escrituras dicen acerca de ella, tengo la
convicción, de que si no tenemos este conocimiento,
podemos llegar a conclusiones erradas acerca de la
misma.
La práctica del ayuno en el Antiguo Testamento
El ayuno consiste en abstenerse voluntariamente de
ingerir alimentos durante un período determinado, ya
sean, horas, días o semanas, esto se hace con fines
devocionales y es una costumbre muy antigua; que
además, no es exclu- siva del Cristianismo, pues era
practicado por los miembros de muchas religiones
antiguas en Egipto, Mesopotamia y Grecia. Fue
introducida por la ley de Moisés como parte de lo que
los judíos tenían que hacer en el día de la expiación,
la cual llamaban “afligir el alma” (Levítico 16:29-31;
23:27; Números 29:7). El ayuno se hacía para
mostrar tris- teza piadosa y arrepentimiento de los
pecados cometidos (1° Samuel 7:6; Joel 2:12-15;
Jonás 3:5). También era apro- piado ayunar al tener
que hacer frente a un gran peligro, al encontrarse
ante una necesidad extrema de conseguir guía
divina, al soportar pruebas y estar ante tentaciones,
o al estudiar, meditar o buscar los propósitos de Dios
(2° Crónicas 20:3; Esdras 8:21; Ester 4:3, 16; Mateo
4:1, 2). El ayuno no era un castigo voluntario, sino
una manera de hu- millarse delante del Señor, una
expresión de dolor por haber ofendido a Dios y una
demostración de querer cambiar.
Sin embargo, muchos judíos en el Antiguo
Testamento practicaron el ayuno sin tener en cuenta
su valor espiritual, se limitaron a abstenerse del
alimento, echarse cenizas encima y rasgarse los
vestidos en señal de duelo, mientras seguían
oprimiendo a su prójimo, tratando con crueldad a sus
hermanos, despreciando a los pobres. En el día de su
ayuno, gritaban desde las azoteas de sus casas para
que el Señor les respondiera, pero sus vidas no se
ajustaban a las demandas de la justicia de Dios; ellos
pensaban que Dios te- nía que oírles solo porque
ayunaban. Cuando no obtenían la respuesta que
esperaban se preguntaban con aparente perplejidad:
“¿Por qué razón ayunamos y tú no viste, y nos
afligimos el alma y tú no notabas?” (Isaías 58: 3),
pero el Señor les dijo, porque durante sus días de
ayuno, mientras imploran que Dios los juzgase con
justicia, solo buscaban satisfacerse a sí mismos y sus
propios intereses. Este tipo de ayuno era para el
Señor una simple obra de teatro, que no tenía su
aprobación. Todo el capítulo 58 del libro del profeta
Isaías es una severa advertencia contra este tipo de
comportamientos; al leerlo, aprenderás mucho sobre
lo que para Dios es la verdadera forma de ayunar.
Cómo ayunan los hipócritas
A estas alturas de nuestro estudio, no nos debe
sorprender que los hipócritas ayunen, pues ya
sabemos que también dan a los necesitados y hacen
largas y complejas oraciones, pero lo que sí debemos
examinar cuidadosamente es la forma cómo
practican su ayuno, para evitarlas.
• Los hipócritas ayunan con fines
exhibicionistas
En palabras de Jesús, los hipócritas ayunan “…para
mos - trar a los hombres que ayunan” (Mateo 6:16).
Buscan el reconocimiento de los hombres, se
esfuerzan en que los demás sepan que están
ayunando, cuando ayunan “ponen cara triste”,
“rostros compungidos”, “andan de forma cansina”,
hacen eso para que los que los vean digan “qué
consagrado es”, “mira cómo ayunan”. Todo eso
significa la amonestación que el Señor nos hace de
no ser austeros cuando ayunamos. No debemos ir
tras la aprobación de las personas en ninguna de
nuestras prácticas devocionales.
Aunque las palabras del Señor son muy literales,
pues los fariseos en sus tiempos, ayunaban dos
veces en la semana y cuando lo hacían, les
encantaba que los demás se dieran cuenta, por lo
tanto se vestían ropas rasgadas, se echaban cenizas
y ni siquiera se bañaban; todo el que los veía sabía
que estaban ayunando y como esta práctica gozaba
enton- ces de excelente reputación, los consideraban
muy santos. El día de hoy, tal vez no encontrarás a
personas que hagan lo mismo que los fariseos, pero
sí te vas a encontrar con algunos cristianos amantes
de contar sus hazañas de ayunos y del tiempo que
pasan a solas con Dios en oración. Detrás de esas
historias, casi que invariablemente, se ocultan los
mismos motivos que los de los fariseos, el deseo de
ser re- conocidos por los demás como personas
piadosas y santas, y eso es precisamente lo que el
Señor Jesús está conde- nando. No se trata solo de
no demudar el rostro en el día del ayuno, se trata de
no ayunar para buscar la aprobación humana. Nunca
practiques el ayuno para impresionar a las personas
con tu santidad o piedad, pues Dios busca perso- nas
que le sirvan con buenos motivos en su corazón y no
los que le buscan para satisfacer sus ansias de
alabanza. En el día de tu ayuno apártate con Dios y
mientras menos personas sepan que estás ayunando,
mejor.
Cómo deben ayunar los discípulos de Cristo
Empezaré a responder a esta inquietud, haciendo
una aclaración muy necesaria: Los cristianos
debemos ayunar, te digo que es necesario aclarar
esto, porque existen actualmente algunos
predicadores, maestros, e inclusive comentaristas de
las Sagradas Escrituras, que consideran que el ayuno
es una práctica caduca; dicen que estuvo reserva- da
para los tiempos del Antiguo Testamento; afirman
que los cristianos no tienen que ayunar y agregan
que hacerlo es un legalismo innecesario, pero, en
contraste con estas afirmaciones, encontramos al
Señor Jesús, dando como un hecho que sus
discípulos ayunan, cuando dice: “Cuando ayunéis…”
o, “Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu
rostro” (Mateo 6:16-17). En otra ocasión, cuando un
grupo de personas le preguntó ¿por qué razón sus
discípulos no ayunaban tanto como los fariseos o
como los discípulos de Juan? Él respondió que no lo
hacían porque los que están de fiesta de bodas no
deben ayunar, pero que vendría un tiempo en el cual
el esposo les sería quita- do, entonces ayunarán
(Marcos 2:19-20). Este es ese día, el esposo, el
novio, que es Cristo, está en el cielo y mientras los
cristianos, que somos su Iglesia, la esposa de Cristo,
le esperamos, es pertinente ayunar.
• Los discípulos de Cristo deben ayunar con
fines espi- rituales
La práctica del ayuno bien entendida, puede ser de
gran ayuda para tu crecimiento espiritual, si te
abstienes de ha- cerlo con fines exhibicionistas, con
el deseo de impresionar a los demás o para ganar la
reputación de consagrado y aprendes a ayunar con el
propósito de emplear el tiempo en oración, buscar la
dirección de Dios en la lectura de la Biblia, confesarle
tus pecados, identificarte con los nece- sitados y
expresarle tu absoluta necesidad de Él. El ayuno
practicado de esta manera, nos enseña
autodisciplina, nos recuerda que podemos vivir con
mucho menos y nos ayuda a apreciar los dones de
Dios.
• Los discípulos de Cristo deben ayunar con
sinceridad Al hacer el contraste entre la forma de
ayunar de los hipócritas y la de sus discípulos el
Señor dice: “Pero tú, cuan- do ayunes, unge tu
cabeza y lava tu rostro” (Mateo 6:17). Ungirse la
cabeza, en lugar de echarse cenizas en ella, lavar el
rostro en lugar de demudarlo, es hacer todo lo
posible por evitar que las demás personas se den
cuenta que esta
Iván Castro De la Hoz
mos ayunando; por si no lo sabías, el aceite de oliva
con el cual se ungían las personas, se usaba como un
cosmético similar a una loción de nuestros días. En
términos sencillos lo que el Señor Jesús le está
diciendo a sus discípulos es: “Cuando ayunes haz
todo lo demás de forma normal. No hagas del ayuno
un espectáculo”, haz las cosas iguales, no intentes
impresionar a ninguno, acércate a Dios y de todo tu
corazón, pasa tiempo con Él, luego sal de allí y verás
a Dios trabajando en ti y por medio de ti.
Encuentro 21 LA VIDA
DEVOCIONAL DE LOS
DISCÍPULOS DE CRISTO (UN
REPASO Y ALGO MÁS…)
La vida devocional, es sin lugar a dudas, uno de los
aspectos más relevantes de ser un discípulo de
Cristo. No podemos llamarnos discípulos de Cristo y
permanecer lejos de la práctica de la oración, el
ayuno y las limosnas. Un verdadero discípulo
realizará alegremente estas activida- des, pero,
siempre tendrá en cuenta, que estas prácticas en su
vida no se vean tinturadas de hipocresía y motivacio-
nes insanas. Reconocerá, que para que esto sea así,
deben hacerse en secreto, sin ostentación, ni
exhibicionismo, con el único propósito de honrar a
Dios por medio de ellas, que fueron las grandes
advertencias de Jesús, en el Sermón del Monte,
cuando, conocedor de la naturaleza humana dijo:
“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los
hom- bres, para ser vistos de ellos;de otra manera
no tendréis recompensa de vuestro Padre que está
en los cielos” (Mateo 6:1).
La oración, el ayuno y el dar a los necesitados, son
acciones tan buenas, que sería una lástima
corromperlas con la hipocresía religiosa, por eso, el
Señor nos dice: “Guardaos de hacer vuestra justicia
delante de los hombres, para ser vistos de ellos…”.
Jesús advierte a sus discípulos del peligro de la
hipocresía religiosa y al mismo tiempo la condena,
representada en sus días por la conducta de los
escribas y fariseos, que eran amantes de realizar
todas estas activida- des en público buscando la
aceptación de la gente que los veía, pero también
trae una voz de alerta a sus seguidores en todas las
épocas, pues, la actitud de los escribas y fa- riseos,
se repite todos los días, con independencia de la
sociedad en la que vivamos.
La vida devocional y la necesidad de aprobación
Es probable que actualmente, la práctica de una
devo- ción pública, no esté más ligada a la hipocresía
religiosa que en los días y en la cultura a la cual le
habló el Señor, pero, la práctica sigue siendo la
misma. Hoy muchas per- sonas viven su
espiritualidad a la luz de sus necesidades internas de
aprobación. Vivimos en una cultura, enferma
emocionalmente, en la que tenemos que reconocer
que así es, en alguna medida mínima todos sentimos
la necesi- dad de aprobación. Es preciso reconocer
que en realidad, la necesidad de aprobación no es
algo negativo en sí misma, pero cuando nuestras
vidas giran en torno de agradar a los demás, ya es
un serio problema. El Señor Jesús dijo en una
ocasión: “Gloria de los hombres no recibo” (Juan
5:41) y el apóstol Pablo, le escribió a los creyentes
de la Iglesia en la región de Galacia “… ¿busco ahora
el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de
agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a
los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas
1:10). Dos personas, indudablemente sanas
espiritual y emocionalmente, como el Señor Jesús y
el após- tol Pablo, nos muestran que la búsqueda de
la aprobación de los hombres, está en la base de la
hipocresía religiosa. Quienes realizan su obra de
piedad, para ser reconocidos por los hombres, tienen
una necesidad extrema de apro- bación, y profundas
necesidades emocionales de aceptación, que
terminarán afectando su ofrenda a Dios.
Características de una persona que tiene
necesidad de aprobación que afecta su vida
devocional
Probablemente, te preguntes ¿Cómo puedo saber, si
estoy cumpliendo mi deber devocional impulsado por
una necesidad de aprobación? Permíteme señalar,
algunos indicios que te ayudarán a identificar esta
actitud, pero antes déjame decirte que es muy difícil,
que no nos demos cuen- ta de eso, pues si solo
examinamos los pensamientos que pasan por nuestra
mente en los momentos que hacemos algo, lo
sabremos, por esa razón, una de mis
recomendaciones, es que estés muy atento al diálogo
interno que se da en tu mente, cuando hablas de tu
tiempo de oración, tus períodos de ayuno, o de la
última vez que ayudaste a alguien, pues eso, te
ayudará a identificar las motivaciones de tu corazón
en tu vida devocional. Por otra parte, existen otras
señales o actitudes, que te pueden ayudar a identifi-
car si tienes una necesidad de aprobación patológica
que atente contra la sana expresión de tu
espiritualidad. Estas actitudes son: Mostrarse
demasiado amables cuando esta- mos en desacuerdo
con las opiniones ajenas, no saber decir no, cambiar
de opinión solo para ser amable con los demás,
experimentar tristeza cuando no aprueban tus ideas
o comportamientos. Si descubres alguna de estas
actitudes en ti, es supremamente necesario, que
ores, diciéndole a Dios que te ayude cambiar y
enfocarte en Él y no en las per- sonas que te rodean.
Piensa en las palabras del rey David, cuando
escribió: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y
en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”
(Salmo 51:6). Sí, Dios se revela en el secreto a
aquellos que le buscan en secreto. Él ha prometido,
acercarse a nosotros, si nosotros nos acercamos a Él.
Una persona que camina con Dios, no necesita
impresionar a nadie, pues, si cuenta con la
aprobación de Dios, ya lo demás no importa.
¿Cómo se forma la necesidad de aprobación en
nuestras vidas?
Todo empezó cuando éramos muy pequeños, desde
entonces, fuimos construyendo una imagen de
nosotros mismos, basándonos en los mensajes de
aprobación o desaprobación que nos daban nuestros
padres, familiares o cuidadores. Si alguna de esas
personas que fueron tan importantes en los primeros
años de vida, nos trataron con palabras duras, como
“no sirves para nada”, “tú eres un problema”, “tú
siempre serás un fracaso”, probablemente, crecimos
intentando demostrar que eso no era así. También
puede ocurrir, que un niño o una niña que fue grati-
ficado en demasía por sus cuidadores, desarrolle la
nece- sidad de ser siempre aprobado, pues, siempre
buscará los halagos, expresiones de aceptación y
recompensas de los demás; es decir, que la
necesidad de aprobación se puede dar tanto por el
maltrato como por el exceso de gratifica- ción,
ambos hacen que la persona crezca con la idea de
que siempre tiene que agradar a los demás.
Otra de las raíces de esta necesidad de aprobación
que tenemos la gran mayoría de seres humanos, está
en el hecho de que somos seres sociales y como tal,
vivimos desde pequeños en un mundo de normas a
las cuales tenemos que someternos para poder
convivir. En este mundo de normas fuimos castigados
o premiados de acuerdo con nuestra capacidad de
adaptarnos a lo que esperaban de nosotros, de esta
manera, casi de forma imperceptible, la gran mayoría
fue desarrollando un concepto de sí mismo, que está
ligado a la aprobación de las personas que están en
su entorno. Ese concepto que no es más, que lo que
piensan de nosotros o lo que queremos que ellos
piensen acerca de nosotros, es la imagen que con
tanto esmero cuidamos, que procuramos mantener
intacta, se convierte en un ídolo, ante el cual nos
postramos.
Relación entre la necesidad de aprobación y la
hipo - cresía religiosa
Te estarás preguntando ¿Qué tiene que ver toda esta
explicación acerca de la necesidad de aprobación en
nosotros (expuesta en los párrafos anteriores), con la
necesidad de evitar la hipocresía religiosa? Lo que
sucede, es que después que hemos construido una
imagen propia, la cual las otras personas aprecian o
aceptan, nos cuesta mucho hacerlo, sin pretender
que otros se den cuenta; de tal for- ma, que como
sabemos que la oración, el ayuno y ayudar a
Iván Castro De la Hoz
los necesitados, son bien vistos por los demás, si
tenemos necesidad de aprobación, seguramente
buscaremos, que se enteren que hacemos estas
cosas, a fin de que tengan una buena opinión de
nosotros. Haremos exactamente lo que el Señor
Jesús dijo que no se debe hacer, “buscar la gloria
(buena opinión) de los hombres”. Profundizando lo
dicho, cuidaremos nuestra imagen, que viene a ser
como un ídolo, creado a partir de una necesidad
interna de acep- tación y realización personal y no
permitiremos que Dios construya la imagen de su
Hijo Jesucristo en nosotros, que es el propósito final
del proceso de discipulado. En resu- men, la
búsqueda de la aprobación humana destruye la
imagen de Dios en nosotros, en cambio, permitir que
la construya destruirá la necesidad de aprobación y
por ende la hipocresía religiosa. Deja que Cristo, sea
formado en ti por medio de la Palabra y sé
totalmente libre.
PARTE IV Los intereses de
los discípulos de Cristo
Encuentro 22 ¿QUÉ ES LO MÁS
IMPORTANTE?
Habiendo agotado su explicación de la vida
devocional de sus discípulos, con el tema del ayuno,
el Señor ahora se dedica a señalar la importancia de
los intereses que mueven el corazón de ellos. Lo hace
en una de las sesiones más extensas del Sermón de
la Montaña, la cual empieza en el versículo 19 y
termina en el versículo 34 del capítulo 6 del
evangelio de Mateo; es decir, le dedica por lo menos
16 versículos. En este aparte del sermón, el Señor
primero presenta una serie de contrastes entre hacer
tesoros en la tierra o en el cielo, tener un ojo bueno
o un ojo malo y servir a Dios o a las riquezas y luego
aplica las verdades allí expuestas al manejo que sus
discípulos deben hacer de la ansiedad.
Del mismo modo, que lo hicimos con el estudio de la
vida devocional de los discípulos de Cristo, en el cual
examinamos en distintos encuentros las prácticas del
dar, orar y ayunar, en este caso, también
revisaremos uno por uno el significado de cada uno
de los contrastes expuestos por el Señor Jesús en
diferentes encuentros, y terminaremos aplicando las
verdades allí encontradas a la manera como los
seguidores de Cristo debemos enfrentar la ansiedad
que nos producen las necesidades y
responsabilidades de la vida diaria.
Tesoros en la tierra vs. tesoros en el cielo
Leamos entonces, en primera instancia, Mateo 6:19-
21.
19. No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra,
don - de la polilla y el óxido destruyen, y donde los
ladrones se meten a robar.
20. Más bien, acumulad tesoros en el cielo, donde ni
la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se
meten a robar.
21. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también
tu corazón. Biblia Al Día
• ¿Qué es un tesoro para Jesús?
Los seres humanos siempre tenemos algo que
consideramos como lo mejor, lo más importante,
indispensable y significativo en nuestras vidas, a eso
es lo que el Señor Jesús llama en estos versículos,
tesoro, es decir, lo más valioso para una persona. El
tesoro puede ser literalmente cualquier cosa: dinero,
fama, sexo, trabajo, autorrealización, satisfacción
personal, diversión, ministerio, el cónyuge, los hijos,
etc. En el mismo momento que le atribuyamos el
carácter de indispensable a alguna de estas cosas en
nuestras vidas, las habremos elevado a la categoría
de nuestro tesoro.
• Tesoros en la tierra
El Señor Jesús nos advierte: “No hagan tesoros en la
tierra…”. Él no quiere que hagamos de las cosas
materia- les, temporales y terrenales nuestras cosas
más preciadas, pero a pesar de la advertencia del
Señor Jesús en este sen- tido, con demasiada
frecuencia los seres humanos, aun los cristianos,
convertimos cosas materiales en nuestros teso- ros.
Te preguntarás ¿Por qué esto es así? ¿Por qué los
seres humanos tenemos la tendencia a desatender la
advertencia del Señor? Por eso, intentaré en el
párrafo siguiente explicarte ¿Cómo sucede esto?
Asignarle a las cosas materiales el valor de
indispensables hasta convertirlas en nuestros
tesoros, sucede de ma- nera sutil e imperceptible. Es
un proceso que se da poco a poco; sin que nos
demos cuenta. Todo empieza con un sentimiento de
insuficiencia personal, que nos lleva a una búsqueda
de autorrealización; luego desarrollamos un fal- so
sentido de satisfacción personal, que está asociado a
la aparente alegría que nos proporcionan las cosas
materiales, personas cercanas o actividades en las
que participa- mos y terminamos siendo explotados
por nuestros tesoros, nuestra vida girará en torno a
eso que hemos elevado a la categoría de
indispensable.
Cualquier cosa que ocupe toda tu atención; en la que
in - viertas tus fuerzas, recursos, tiempo y que te
aleje de Dios, tu familia espiritual y tu prójimo, es tu
tesoro y además, es peligrosa; por esa razón, el
Señor Jesús nos previene para que no hagamos de
las cosas que se ven, que son temporales, nuestras
mejores cosas en las cuales esperemos encontrar
nuestra felicidad. Él nos dice de forma clara que
todas estas cosas son perecederas y pasajeras, eso
es exactamente lo que significan sus palabras en
Mateo 6:19: “No acumuléis para vosotros tesoros en
la tierra, donde la po- lilla y el óxido destruyen, y
donde los ladrones se meten a robar”.
• Incertidumbre de los tesoros terrenales
Los tesoros terrenales son inciertos, temporales,
insufi - cientes, corruptibles y expuestos. Por más
que queramos protegerlos y conservarlos, su
naturaleza es temporal. No es de sabios invertir la
vidaen mantener algo que está des- tinado a perecer
o que tarde o temprano tendremos que dejar. Al
momento de morir no nos podemos llevar nada de
este mundo, como dice el proverbio popular:
“Todavía no conozco el primer sepelio con trasteo”,
pero sobre todo, como afirma la palabra de Dios:
“Después de todo, no tra- jimos nada cuando vinimos
a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada
cuando lo dejemos” (1a de Timoteo 6:7 NTV).
Considera estas palabras del apóstol Pablo y entiende
que todo lo que hoy tienes un día se acabará, por lo
tanto, aunque está bien que lo disfrutes, no dejes
que sea lo más importante en tu vida, no permitas
que se convierta en tu tesoro. Ten mucho cuidado de
qué cosas son las más importantes para ti, pues
ahora eres un discípulo de Cristo, y sus discípulos no
buscan las cosas de esta tierra sino las que están en
los cielos, de donde también esperamos al Señor
(Colosenses 3:1).
Además, piensa en la realidad que es sumamente
difícil adquirir riquezas, fama o posesiones materiales
y es muy fácil perderlas. Todas estas cosas tardan
mucho tiempo en acumularse y muy poco tiempo en
perderse, como dijo el Señor Jesús: “No acumuléis
tesoros en la tierra donde la polilla y el óxido
destruyen, y donde los ladrones se meten a robar”
(Mateo 6:19 BAD). Estoy seguro que has escuchado
historias de personas que tenían muchas posesiones
materiales y por un mal negocio, una mala decisión,
una tragedia o cualquier otra eventualidad, lo
perdieron todo y luego se suicidaron, esas personas
habían hecho de lo material su realización y sus vidas
perdieron sentido cuando su tesoro se acabó.
• Tesoros en el cielo
En lugar de hacer tesoros en la tierra, los discípulos
de Cristo deben esforzarse por acumular tesoros en
el cielo: “Más bien, acumulad tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los
ladrones se meten a robar” (Mateo 6:20 NTV). Eso es
claro, el contraste está entre hacer tesoros en la
tierra o hacer tesoros en el cielo, pero ¿Qué significa
hacer tesoros en el cielo? ¿Cómo se hace eso? pues,
entiendo perfectamente que hacer tesoros en la
tierra es dedicar todo mi esfuerzo, tiempo y dinero a
las cosas materiales o transitorias que este mundo
ofrece, y también entiendo que no debo hacer eso,
pero, ¿cómo se hace para acumular tesoros en el
cielo? Aquí está el asunto de mayor importancia en
estas palabras del Señor.
En primer lugar, acumular tesoros en cielo significa:
In- vertir nuestras vidas en las cosas espirituales;
eso no es fá- cil, especialmente en nuestros días, en
los que la mayoría de nosotros le dedicamos mucho
tiempo al cuidado del cuerpo y por otro lado,
descuidamos nuestras necesidades espirituales. La
cultura actual nos invita a cuidar nuestros cuerpos.
Hoy más que en ningún momento de la historia de la
humanidad existe un marcado interés por los
alimentos sanos, hacer ejercicios, ir a los gimnasios,
visitar salones de belleza, las cirugías estéticas, nada
de lo cual es malo en sí, pero mientras invertimos
mucho tiempo en esto, invertimos muy poco o casi
ninguno en la oración, el ayuno, el estudio de la
Biblia, alabar a Dios, adorarle o tener compañerismo
con otros cristianos.
El desbalance entre estos dos aspectos, el cuidado
del cuerpo y del espíritu, ha traído una verdadera
crisis de valores en el mundo y en la Iglesia, porque
lo que importa es lo que se ve. El llamado del Señor
Jesús es para que sus dis- cípulos, nos dediquemos
más a la búsqueda de los bienes espirituales, para
que le dediquemos más tiempo a estas disciplinas,
como la oración, el estudio de la Biblia, la alabanza,
la adoración y el compañerismo con los hermanos en
la fe, a fin de cultivar una relación estrecha, personal
y de amor con Dios, que redunde, en la
transformación de nuestro carácter, hasta llegar a ser
cada día más parecidos a Él.
En segunda instancia, acumular tesoros en el cielo
significa: Vivir con la expectativa de la vida eterna.
Los discípulos de Cristo sabemos que nuestro paso
por esta tierra es pasajero, “somos peregrinos y
extranjeros en este mundo” (1ade Pedro 2:11). Aquí
estamos de paso, la vida en la tie- rra es una prueba
que tenemos que superar; no es, nunca ha sido el
destino final de los que siguen al Señor. Tal y como lo
demuestra el hecho que desde el principio de la
historia del pueblo de Dios, cada vez que Él se
manifestó a una persona, quedó claro que ellos
debían vivir en este mundo como extranjeros.
De Abraham se dice que: “Por la fe Abraham, siendo
llamado, obedeció para salir al lugar que había de
recibir como herencia; y salió sin saber a dónde
iba.Por la fe habitó como extranjero en la tierra
prometida como en tierra ajena, morando en tiendas
con Isaac y Jacob, coherede- ros de la misma
promesa; porque esperaba la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”
(Hebreos 11:8-10). De Moisés: “Por la fe Moisés,
hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de
Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el
pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales
del pecado, teniendo por mayores riquezas el
vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios;
porque tenía puesta la mirada en el galardón”
(Hebreos 11:24-26). Los que siguen al Señor saben
que este mundo no es su hogar y viven esperando
algo mejor.
Tú y yo, que hemos entregado nuestros corazones al
señorío de Jesús, debemos tener claro que nuestra
verda- dera ciudadanía o destino está en el Reino de
Dios, que no podemos andar como aquellas personas
que no tienen la esperanza de la segunda venida del
Señor. Si vives con esta esperanza, soportarás
pacientemente las adversidades de la vida, cuidarás
tu conducta, te ocuparás en alcanzar la madurez
espiritual y compartirás con otros las riquezas de la
misericordia de Dios, en otras palabras, vivirás con la
expectativa de lo eterno.
Antes de terminar este capítulo, quiero que observes
la razón más importante que el Señor Jesús expone
para
Iván Castro De la Hoz
pedirnos que no hagamos tesoros en la tierra, sino
en el cielo. Él dice: “Porque donde esté tu tesoro, allí
estará tam- bién tu corazón” (Mateo 6:21). Cuando
algo adquiere la categoría de un tesoro para
nosotros, inmediatamente nos gobierna, inclina
nuestro corazón hacia él y pronto nos encontraremos
invirtiendo nuestros pensamientos, esfuerzos y
dinero en él, por eso, si quieres saber ¿Cuál es tu
tesoro? Solo tienes que preguntarte ¿En qué piensas
la mayor par- te del tiempo? ¿A qué le dedicas tu
capacidad, esfuerzo y trabajo? ¿En qué inviertes tu
dinero? Porque tu corazón se va tras tu tesoro. Si
Dios y las cosas espirituales, son tu tesoro, eso se
reflejará en tus valores, en toda tu vida.
Encuentro 23 LAS INTENCIONES
De la alternativa entre dos clases de tesoros pasa el
Se - ñor Jesús a hablar de dos clases de ojos: El ojo
bueno y el ojo malo. Teniendo en cuenta que el ojo
en las Sagradas Escrituras muchas veces representa
la intención de los seres humanos, sus objetivos en
la vida, podemos asegurar, que nos habla ahora el
Señor Jesús de las intenciones o propósitos que los
seres humanos tienen.
Mateo 6:22-23 dice:
22. La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo
es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;
23. pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará
en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es
tinieblas, ¿cuán- tas no serán las mismas tinieblas?
La intención o los propósitos como lámpara del
cuerpo Todo lo que los seres humanos nos
proponemos hacer en la vida: proyectos y planes, se
convertirán en nuestra guía, son como una antorcha
iluminándonos el camino por donde debemos andar;
de alguna manera, intenciones y propósitos
determinarán nuestra conducta o manera de vivir. Si
intenciones y propósitos anteceden a nuestra
conducta, es de suma importancia que examinemos
¿Cuáles son nuestras intenciones? ¿Cuál es nuestro
proyecto de vida?
• El ojo bueno o las buenas intenciones
El Señor Jesús dice: “La lámpara del cuerpo es el
ojo: así que, si tu ojo fuere bueno, todo tu cuerpo
estará lleno de luz”. Por “ojo bueno” debemos
entender un ojo sincero, simple, claro. Con referencia
al ojo externo, esto quiere decir sano; que no mira
en dos direcciones. Aquí, la frase se usa
figuradamente para indicar la sencillez del ojo inte-
rior, que tiene un solo objetivo, al cual mira
directamente, contrario al hecho de tener dos fines a
la vista. Tal y como señaló el proverbista: “Pon la
mirada en lo que tienes de- lante; fija la vista en lo
que está frente a ti. Endereza las sendas por donde
andas; allana todos tus caminos (Prover- bios 4:25-
26 BAD). Así como con la vista material, el hombre
que mira con ojos buenos y sanos, camina en la luz,
viendo claramente todo objeto, así una intención
simple y persistente de servir y agradar a Dios en
todo, hará que el carácter sea consistente, que es lo
que significa la frase: “el cuerpo estará lleno de luz”.
De la misma manera que debemos cuidar qué es lo
más importante para nosotros, es decir, ¿Dónde está
nuestro tesoro?, también debemos cuidar hacia
dónde miramos, o nuestras intenciones. El apóstol
Pablo animó a los creyentes que se encontraban en la
ciudad de Colosas a poner su mirada en las cosas
celestiales: “Si, pues, habéis resu- citado con Cristo,
buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado
a la diestra de Dios.Poned la mira en las cosas de
arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2). Las
traducciones más actualizadas de la Biblia dicen en el
versículo 2: “Piensen en las cosas de arriba”, “Poned
vuestra menteen las cosas de arriba, no en las de la
tierra”, o “Concentrad vuestra atención en las cosas
de arriba, no en las de la tierra”, así podemos
concluir que poner la mira- da en las cosas de arriba,
es pensar, meditar, reflexionar o poner la atención en
los asuntos espirituales y celestiales.
• Tener un ojo bueno o buenas intenciones es
tener un proyecto de vida que incluya a Dios
No hay nada malo con que tengas un proyecto de
vida, de hecho, se supone que planifiques tu vida y
te esfuerces en lograr tus objetivos, recuerda que
“quien a nada apun- ta, siempre logra su objetivo:
Nada”. Esa es una realidad. Quienes van por la vida
sin metas, sin propósito, y sin un proyecto, se
desgastan, pasará el tiempo y al final de sus días se
encontrarán con las manos vacías, solos y sintién-
dose fracasados.
Estoy seguro que has escuchado a muchas personas
hablar de la necesidad de tener sueños y luchar por
ellos, de creer en tu potencial, de rodearte de
personas que te ayuden a realizarlos y perseverar
hasta alcanzarlos. Sé que has oído hablar de esto,
pues, actualmente existen muchos seminarios de
autorrealización, que enseñan a seguir estos pasos
como indispensables para alcanzar la satisfacción
personal.
Estoy seguro que no solo habrás escuchado esta
exposición en seminarios de autorrealización, sino
que incluso, si has asistido a alguna congregación
cristiana evangélica, habrás escuchado a algunos
predicadores que han adoptado este discurso en sus
sermones. En honor a la verdad, tenemos que
reconocer que no hay nada malo en trazarse metas
en la vida y luchar por ellas, pero lo que no debe
suceder es que saques tu relación con Dios de ese
proyecto de vida, es más, la relación con Dios debe
ser la pieza clave para la realización de nuestras
vidas. El Señor Jesús afirmó a sus discípulos “…
separados de mí no podéis hacer nada” (Juan 15:5).
El principal defecto de los seminarios de
autorrealización que mencioné en párrafos anteriores
y que tanto se promueven en la actualidad, es que
no toman en cuenta a Dios, ni sus propósitos para la
vida humana. Él nos creó y conoce mejor que
cualquier persona en esta tierra, nos tra- zó un
destino y dio un diseño y a menos que lo tengamos
en cuenta en nuestros planes, no vamos a alcanzar
nuestro destino, ni vamos a funcionar de acuerdo con
nuestro diseño. La Biblia afirma que fuiste creado
para la gloria de Dios, es decir, para traer honor a su
nombre y hasta que tu vida no sirva a ese propósito,
no te vas a sentir satisfecho, ni realizado. Poner
atención en las cosas de arriba significa eso
exactamente, concentrar toda nuestra atención y
esfuerzo en agradar a Dios con nuestras vidas y
reconocerle por todos nuestros logros. Es enfocarnos
primero en tener una relación de amor, personal y
directa con Él, que sea diaria y continua.
• Tener un ojo malo es tener una doble
intención
Un ojo malo, es el que mira en dos direcciones.
Representa a personas con una doble intención, con
una visión borrosa de la vida, con un ojo puesto en
Dios y con el otro en las cosas del mundo, no saben
qué quieren, ni hacia dónde quieren dirigir sus vidas;
a veces tienen un proyecto de vida que incluye a Dios
como su prioridad, y en el siguiente momento lo
sacan completamente de sus vidas, es como si
sufrieran una especie de “estrabismo espiritual”.
Es fácilidentificar a este tipo de personas, cuya visión
de la vida está distorsionada, pues no tienen un
compromiso serio con su vida espiritual o su relación
con Dios; van por el mundo dando tumbos, llevados
por el vaivén del momento. El apóstol Santiago diría
que son de “doble ánimo” (Santiago 1:8). Son
personas indecisas e inconstantes en todo lo que
hacen, se parecen a las olas del mar, inestables,
viven sin un objetivo claro, y por eso, sus vidas se
vuelven un mar de confusión.
Si una persona tiene intenciones dobles, su conducta
será hipócrita, pecaminosa y malvada. A eso se
refiere el Señor Jesús, cuando afirma “si tu ojo es
maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas”. De
manera, que es de suma importancia para todos
nosotros tener un enfoque claro en la vida, pues, si
no, terminaremos totalmente contaminados por la
hipocresía religiosa y profesando una buena religión,
pero viviendo de espaldas a ella.
Una narración bíblica, que ilustra muy bien lo que
significa no tener un enfoque claro en la vida, es la
historia de la esposa de Lot. Quien cuando Dios le
dijo a su esposo,
Iván Castro De la Hoz
que salieran presurosos de Sodoma y Gomorra, “sin
mirar atrás” –pues estas ciudades iban a ser
destruidas con fuego y azufre, por causa de su
maldad– desobedeció y en el camino, dio una última
mirada a Sodoma, y allí mismodon- de volvió sus
ojos para mirar, quedó postrada, convertida en una
estatua de sal o de piedra. La mujer de Lot ¡huía de
Sodoma con Sodoma en el corazón! Y por esa razón
Dios la destruyó junto con los sodomitas (Génesis
19:12-26).
La historia de esta mujer, nos recuerda a todos los
que hemos oído, creído y obedecido el mensaje de
salvación de Dios, que no podemos mirar atrás, que
en el mismo momento que decidimos seguir al Señor
Jesús, no existe otra opción que permanecer fieles a
Él. Las personas indecisas, nunca logran su objetivo.
En el Nuevo Testamento el mis- mo Señor Jesús nos
dice: “Ninguno que pone su mano en el arado y mira
hacia atrás es digno del Reino de los cielos”. Quienes
se dicen cristianos, pero se la pasan recordando lo
bien que les fue cuando estaban sin Cristo, todavía
no han comprendido que el pecado no paga, que
lejos de Dios estábamos condenados. Recordar las
limosnas de placer que el mundo nos ofrecía y no las
terribles cadenas con que nos atormentaba, es signo
de no haber comprendido el mensaje del Evangelio.
Encuentro 24 DIOS O LAS
RIQUEZAS
Después de tratar el tema de lo que cada persona
considera valioso para sí mismo y la importancia de
tener buenas intenciones en la vida, al plantearle a
sus discípulos la disyuntiva entre las dos clases de
tesoros y las dos clases de ojos, ahora el Señor Jesús
pasa a hablar de uno de los asuntos de mayor
trascendencia para los seres humanos, como es el
uso de las riquezas.
Siendo honestos con nosotros mismos, tendremos
que reconocer que este es un asunto muy sensible,
pues acumulamos dinero y bienes materiales, como
resultado de vender nuestra fuerza de trabajo. El
dinero es en términos sencillos, lo que nos ganamos
por nuestra laboriosidad, de manera, que si algo “nos
pertenece” es el salario y todo lo que adquirimos con
él. Esto nos puede llevar a pensar que lo que
hagamos con el dinero y con nuestras propiedades
“es asunto nuestro”; y “ninguna persona debería
meterse con eso”. Aunque esa manera de pensar
parece correcta, la enseñanza del Señor Jesús frente
al uso y disfrute de los bienes materiales es distinta.
En Mateo 6:24 el Señor dice:
Nadie puede servir a dos señores, pues
menospreciará a uno y amará al otro, o querrá
mucho a uno y despreciará al otro. No se puede
servir a la vez a Dios y a las riquezas.
Una vez más, en este sermón, encontramos que el
Señor Jesús nos presenta un contraste. Esta vez el
contraste es entre Dios y las riquezas, o para ser
más exactos: Dios o las riquezas. Jesús utiliza la
figura de “dos señores” para referirse a Dios y a las
riquezas, y además, para dar fuerza a su exposición,
pues, así presenta a los dos como potenciales amos
de la vida del ser humano y como rivales.
Al leer estas palabras, encontramos que su
significado es muy claro; son una advertencia, que
nos dice que “si nos descuidamos, las riquezas
pueden convertirse en nuestro amo, terminarán
gobernando nuestras vidas”, peor aún, terminarán
enfrentándose a Dios, disputarán el amor de Dios en
nuestros corazones y nos pondrán de rodillas ante
ellas.
Si eres un discípulo del Señor Jesús, debes tener en
cuenta esta advertencia en relación con el uso y
disfrute de los bienes materiales. No permitas que el
afán de las riquezas, aleje tu corazón de Dios, no le
coloques competi- dores a Dios en tu vida. Puedes
estar seguro de que el Señor quiere lo mejor para ti,
y también de que Él sabe qué es lo mejor. No te
angusties por enriquecerte, planifica, traba- ja,
esfuérzate, administra de forma correcta tus recursos
y de seguro prosperarás, pero no permitas que el
deseo de tener más, te convierta en alguien
codicioso, lleno de avaricia. ¡Eso es deslealtad
conDios!, es tener un dios extraño. Al final, eso es
idolatría, tal y como les dijo el apóstol Pablo a los
creyentes en la ciudad de Colosas: “Por tanto, haced
morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal:
inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos
deseos y avaricia, la cual es idolatría” (Colosenses
3:5 BAD).
En el versículo que venimos considerando en este
encuentro, el Señor Jesús no solo habla de forma
clara, sino que lo hace de manera concluyente,
pertinente y excluyen- te. Él es radical, no deja lugar
a dudas, ni a ambigüeda- des. El mensaje del Señor
es directo, si eres su discípulo, no puedes amar los
bienes materiales, ni las posesiones terrenales. Leíste
bien: ¡No puedes amar las riquezas! Ni siquiera hay
que agregarle, la consabida frase: “Más que a él”,
pues, un discípulo de Jesús, no se apega a las cosas
materiales, es libre del materialismo.
• “Nadie puede servir a dos señores…” es una
afirma - ción concluyente
Indiscutiblemente, esta es una de las afirmaciones
más radicales que el Señor Jesús hizo en sus
mensajes, no deja lugar a dudas, ni especulaciones:
“Servir a las riquezas es dañino”. Tú y yo podemos
intentar encontrar una explica- ción teológica, buscar
argumentos a favor de la acumulación de riquezas e
intentar infructuosamente, convencernos de que el
afán de las riquezas no es tan dañino; como lo han
hecho en la actualidad, algunos predicadores de la
mal llamada “doctrina de la prosperidad” al convertir
el dinero y las posesiones materiales en un indicador
de espiritualidad; podemos, como lo hacen algunos
de ellos, citar las palabras del apóstol Pablo, cuando
escribió: “…Él (Jesús), se hizo pobre, para que
nosotros fuésemos enriquecidos” (2ade Corintios
8:9), para luego afirmar, que el propósito de la
redención, fue hacernos ricos. Podemos hacer todo
eso, pero las palabras del Señor Jesús, seguirán
resonando de manera lapidaria en nuestras mentes y
corazones “No podéis servir a Dios y a las riquezas”.
Esto es concluyente, no admite discusión alguna,
todos los que aman y sirven al dinero, terminarán
esclavizados por él y lejos de Dios, no hay otra
opción, ni términos medios.
Presta mucha atención al lugar que le otorgas a las
posesiones en tu corazón, pues, si no están
subordinadas a tu amor por Dios, puedes estar
seguro, que ellas terminarán controlando tu vida y
convirtiéndote en su siervo. Te le- vantarás cada
mañana con afán por conseguir más, vivirás ansioso
cuidando lo que tienes; cuando los necesitados se
acerquen a pedirte una ayuda, les dirás que no
puedes ayudarlos y pensarás: “yo trabajé muy duro,
para conseguir lo que tengo, solo para regalarlo”. Si
alguien te pide apoyar la obra de Dios con tus
ofrendas o con el diezmo, te negarás a hacerlo,
pensando mal acerca de los ministros del Evangelio y
creerás que toda actividad que no sea lu- crativa, es
inútil. En última instancia serás un esclavo del “dios
llamado dinero”.
• “No se puede servir a la vez a Dios y a las
riquezas” es una afirmación pertinente
Esta es una afirmación pertinente, porque muchas de
las personas que seguían a Jesús, eran pobres,
desposeí- dos y menospreciados. Algunos de ellos,
pertenecían a un grupo llamado los cananistas,
quienes luchaban en contra de la dominación
extranjera (para la época Palestina era una provincia
subyugada por el Imperio Romano). La gran mayoría
de estos discípulos veían al Señor Jesús como un
líder político carismático, que les traería libertad del
yugo romano y luego les brindaría la oportunidad de
dirigir por ellos mismos los destinos de su nación.
Para ellos, el Me- sías sería quien les traería
prosperidad nacional y las riquezas que tanto
anhelaban. Es a estas personas a quien el Señor les
dice que el amor a las riquezas, aleja el corazón del
hombre de Dios.
Cualquiera de nosotros pudiera pensar que el Señor
Jesús estaba fuera de contexto, al hablarle de esa
manera a este grupo de personas, pero la historia de
la humanidad nos muestra que los desposeídos,
cuando llegan al poder terminan siendo muchas
veces mas déspotas que quienes les gobernaban.
Cuántas veces, nos hemos encontrado con personas
que en algún momento de sus vidas pasa- ron por
necesidades extremas y por alguna razón, su
condición económica les cambió favorablemente y ahí
mismo, su corazón cambia, sufren una especie de
metamorfosis, se tornan codiciosos, arrogantes,
indolentes, consumistas y utilitaristas. Es posible que
frente a esta realidad, digas como dice la mayoría de
personas, lo que pasa es que el dinero lo dañó. No,
no es así, la verdad es que esa manera de ser
siempre estuvo en su corazón, esa persona siempre
fue así; el dinero solo expuso lo que había adentro.
Una de las lecciones más importantes que tanto los
que escuchaban a Jesús aquel día, como nosotros
debe- mos aprender, es que con relación a las
riquezas, ninguno de nosotros está exento de dejarse
dominar por ellas, que debemos guardar nuestros
corazones para no terminar cediendo a su seducción.
Con demasiada frecuencia, en la actualidad vemos
cómo los cristianos e incluso ministros del Evangelio,
han negociado sus valores y principios por conseguir
bienes materiales.
• “Nadie puede servir a dos señores, pues
menospreciará a uno y amará al otro, o querrá
mucho a uno y des- preciará al otro…” es una
afirmación excluyente
La idea central de estas palabras es que la persona
debe decidir a quién le sirve, a Dios o a las riquezas,
debe decidir si vivirá para acumular dinero o para
glorificar a Dios. No hay alternativas, ni términos
medios con esto: ¡es Dios o son las riquezas! Tú y yo
decidimos a quién le rendimos nuestra vida. Sí, lo
estás leyendo correctamente; nadie puede servir a
dos señores, la versión Reina Valera de la Biblia dice:
¡No podéis! No se trata de si queremos o no, es que
no podemos, el imposible no es de carácter moral,
sino real.
La palabra servir en este texto, quiere decir,
“pertenecer enteramente a alguien y estar
completamente bajo sus órdenes”, de manera que
aunque los dos señores sean de un mismo carácter y
tengan un solo propósito, el siervo tendrá que recibir
órdenes del uno o del otro; aunque él haga lo que es
agradable a ambos, no podrá, por la misma
naturaleza de la situación, ser siervo para más de
uno. Mucho menos si, como en el caso que plantea el
Señor Jesús, los intereses de ellos son bien distintos,
y aun opuestos. En tal caso, si nuestros afectos están
en el servicio del uno “si amamos al uno”
necesariamente tendremos que “aborrecer al otro”.
Si decidimos resueltamente “llegarnos al uno”, al
mismo tiempo tendremos que desatender al otro; y
si él insiste en sus derechos sobre nosotros, aún
tendremos que “menospreciar al otro”, de la misma
manera que un esclavo no puede dividir su vida para
servir a dos amos. Servir a dos amos es imposible,
especialmente si estos dos marchan por caminos
diferentes y este es el caso de Dios y las riquezas.
“No se puede servir a Dios y a las riquezas”. No
importa cuáles pretextos usemos, ni las explicaciones
que queramos dar, es imposible honrar a Dios y al
mismo tiempo ren- dirle honor al dinero. Insisto, el
Señor no dijo: “No debéis” sino “no podéis” ¡Es
imposible! Ahora bien, las Sagradas Escrituras,
presentan ejemplo de personas que quisieron
caminar entre estos dos amores y no pudieron.
Si has leído los Evangelios, seguramente recordarás
la historia del joven rico, que se acercó a Jesús
porque es- taba interesado en saber qué debía hacer
para heredar la vida eterna. Este relato aparece en el
evangelio de Marcos 10:17-23, recordarás, que Jesús
le responde: “Ya sabes los Mandamientos: No mates,
no cometas adulterio, no robes, no presentes falso
testimonio, no defraudes, honra a tu pa- dre y a tu
madre”. El joven rico, le asegura a Jesús “Maes- tro,
todo eso lo he cumplido desde que era joven”; ante
lo cual, el Señor le dice: “Una sola cosa te falta:
anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres,
y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”. El
evangelista nos dice que el muchacho “Al oír esto, se
desanimó y se fue triste porque tenía muchas
riquezas”.
En el relato de este suceso, encontramos varios
aspectos dignos de observar y que pueden ilustrar
muy bien el tema que venimos tratando: En primer
lugar observa que cuando el Señor enumeró los
mandamientos, no menciona los diez en su totalidad,
solo menciona seis, es decir, omitió cuatro. Observa
también, que entre los cuatro que omitió, se
encuentran los tres primeros, los cuales están
directamente relacionados con la necesidad de amar
y honrar a Dios por encima de cualquier persona o de
cualquier cosa, el cual era al final el verdadero
problema de este joven, que aunque presumía de
haber cumplido todos los Mandamientos desde que
era un niño, ni siquiera había cumplido los primeros
tres, pues cuando Jesús le pide que le dé todo a los
pobres y le siga, no está dispuesto a hacerlo,
sencillamente, porque amaba más las riquezas que a
Dios y que a su prójimo. Su decisión reveló dónde
estaba su corazón.
En segundo lugar, quiero que pienses en lo que el
Señor Jesús le pidió al joven rico que hiciera,
después que este había asegurado que había
cumplido todos los Mandamientos, sencillamente el
Señor le dice: “vende lo que tienes, y dalo a los
pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y
sígueme”. Quiero que observes esto, porque, muchas
veces al leer este relato, nos apresuramos a asegurar
que el Señor, solo estaba probando al muchacho rico,
pero que no era, ni nunca será su intención, pedirle a
alguien que deje su bienestar material para seguirle.
En respuesta a esta creencia, vale la pena reproducir
lo que dice David Platt, en su libro, Radical, acerca de
este pasaje:
Hay dos errores comunes que cometemos al leer este
pasaje y al tratar de explicarlo a otros: Primero
algunos tratan de universalizar las palabras de Jesús
y dicen que siempre les ordena a sus seguidores que
vendan todo lo que tienen y que se los den a los
pobres. Sin embargo, el Nuevo Testamento no apoya
esta postura. Incluso, algu- nos de los discípulos que
abandonaron mucho para seguir a Cristo, seguían
teniendo una casa… Entonces, es obvio que seguir a
Jesús no necesariamente implica la pérdida de toda
nuestra propiedad privada y de nuestras posesio-
nes. Esto hace que muchos de nosotros lancemos un
sus- piro de alivio. Como quiera, antes de suspirar
demasiado profundamente, debemos ver el otro error
en la interpre- tación de esta historia, que es
suponer que Jesús nunca le pide a sus seguidores
que abandonen sus posesiones para seguirlo. Si este
pasaje nos enseña algo, eso es que Jesús algunas
veces le pide a la gente que venda todo lo que tiene
y se lo dé a los pobres. Esto quiere decir que puede
llamarnos a ti y a mí a hacer esto.
En otras palabras, no sería extraño que el Señor nos
pidiera dejar nuestras comodidades, entregar
nuestras posesiones y ayudar a los necesitados con
nuestros recursos, para ser verdaderamente sus
discípulos. Un verdadero discípulo de Cristo, no se
aferra a los bienes materiales, no ama más las
riquezas que a Dios y está dispuesto a entre
Iván Castro De la Hoz
garlo todo por el Señor. Es más, un verdadero
discípulo ni siquiera ama las riquezas, porque tiene
claro que las cosas no se aman, solo se usan para la
gloria de Dios y beneficio de los que le rodean.
En fin, debes tener en cuenta que la forma como te
re - laciones con el dinero, con tus posesiones
materiales, revelará a quién amas. Debes reconocer
que no existen términos medios en esto: Amas a
Dios o a las riquezas, es el amor por el uno o por el
otro, no puedes amar a los dos al mismo tiempo,
porque los dos, tanto Dios, como los bienes
materiales, te exigen todo tu amor y servicio.
Como probablemente estés preguntándote: ¿qué
debo hacer con mis bienes materiales? te invito a
estudiar el siguiente capítulo de este libro en el
próximo encuentro, en el cual hablaremos del uso
correcto de las riquezas o los bienes materiales por
parte de los discípulos de Cristo.
Encuentro 25 EL MEJOR USO
DEL DINERO
En el encuentro anterior, estuvimos considerando
Mateo 6:24: “Nadie puede servir a dos señores, pues
menospreciará a uno y amará al otro, o querrá
mucho a uno y despreciará al otro. No se puede
servir a la vez a Dios y a las riquezas”. Nos
dedicamos a observar especialmente lo que NO
debemos hacer, frente a la acumulación de bienes
materiales y llegamos a la conclusión de que las
enseñanzas del Señor Jesús, en relación con las
riquezas son dema- siado claras: Ningún discípulo
suyo debe amar las riquezas, porque si lo hace,
terminará aborreciendo a Dios.
En el presente capítulo, consideraremos lo que SÍ
debemos hacer con las riquezas, pues en la vida
cristiana, no se trata solamente de dejar de hacer el
mal, sino de aprender a hacer el bien. Nos
preguntamos entonces ¿Cuál es el mejor uso que
podemos darle a nuestro dinero?
• Algunos principios de vida rectores con
relación al uso del dinero
Amar a Dios por encima del dinero
En el texto que estamos estudiando, queda implícito
que hay que amar y servir a Dios, que, cuando una
persona ama y sirve a Dios, el resto de su vida
estará en orden; de manera que lo primero que
debemos hacer frente al uso de las riquezas es eso:
Amar a Dios por encima de ellas. Ninguna cosa en
este mundo debe ocupar el lugar de Dios en nuestros
afectos, ese es un lugar reservado, tal y como nos lo
ordena el primero y segundo mandamiento: “No
tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás
imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba
en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las
honrarás…” (Éxodo 20:3-5). Enton- ces, ama a Dios
más que las cosas materiales.
Servir a Dios con el dinero
Pero, por favor, nota que el Señor no solo habla de
amar a Dios o a las riquezas en Mateo 6:24, sino que
también habla de servir a alguno de los dos: “Nadie
puede servir a dos señores”, la idea es sencilla: Si
amas a Dios, servirás a Dios, eres siervo de aquel o
aquello a lo cual amas, estarás dispuesto a rendirle la
vida haciendo cualquier cosa que te pida, de manera,
que lo segundo que tienes que hacer frente al uso del
dinero o de las riquezas, es servirle a Dios con ellas,
debes colocarlas a disposición del verdadero amor de
tu vida para que le honres.
Te preguntarás ¿Quiere decir eso, que debo
despojarme de todo lo que tengo y entregárselo a
Dios? No necesariamente, pero lo que sí vas a tener
que hacer es no aferrarte a los bienes materiales y
disponer en tu corazón invertir en todo lo que
contribuya para la extensión del Reino de Dios en
esta tierra, es decir, dar para el establecimiento de
nuevas congregaciones alrededor del mundo, apoyar
con tu dinero a los que se dedican a predicar el
Evangelio.
• Diezmar es una forma de servir a Dios con el
dinero
Dirás, y ¿Cómo puedo hacer eso? Existen dos formas
de hacerlo, estas fueron establecidas por Dios dentro
de la legislación sacerdotal en el Antiguo Testamento;
me refiero a pagar los diezmos y dar ofrendas. Ahora
bien, entiendo perfectamente que este es un tema
muy delicado para muchas personas, genera muchas
controversias, especialmente la práctica del diezmo,
pues algunos cristianos, in- cluso maestros de las
Sagradas Escrituras consideran que esto fue un
mandamiento dado únicamente para el pueblo de
Israel, sostienen que nunca en el Nuevo Testamento
se nos dice que los primeros cristianos diezmaron y
además, muchos pastores o ministros del Evangelio
abusan de las personas, diciéndole que si no
diezman, se perderán eternamente.
Estoy consciente de todo eso, pero no puedo dejar de
enseñar que una de las maneras como podemos
honrar a Dios es entregando el diez por ciento (10
%) de todo lo que recibimos, con el propósito de
apoyar a quienes predican el Evangelio. Tenemos que
reconocer que el diezmo fue regulado por la
legislación levítica, no fue establecido por ella, pues
mucho antes de que Moisés la regulara en Levíti- co
27:30; Números 18; Deuteronomio 12:10-14;
14:22-23, ya los patriarcas Abraham y Jacob tenían
la costumbre de entregarle a Dios el diezmo de todo
lo que recibían.
En el libro de Génesis leemos que cuando Abraham
regresó de derrotar a los reyes que habían capturado
a su sobrino Lot y a toda su familia, pagó el diezmo
de todo el botín a Melquisedec (Génesis 14:20) “…y
bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus
enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos
de todo”. También leemos en este mismo libro, que
Jacob le prometió a Dios “Si fuere Dios conmigo, y
me guardare en este viaje en que voy, y me diere
pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en
paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta
piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y
de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”
(Génesis 28:20-22).
Ambas historias, citadas en el párrafo anterior
ocurren antes de la promulgación de la ley, por lo
que podemos asegurar que el diezmo fue una
costumbre anterior a ella y que la ley lo que hizo fue
simplemente reconocer y regular su práctica dentro
del pueblo de Israel, de manera, que no es del todo
cierta la afirmación de que el diezmo pertenece a la
ley.
El Señor Jesús aceptó que la ley reguló el
diezmo y lo aprobó
Por otra parte, el mismo Señor Jesús habló de la
prác- tica del diezmo y la aprobó, cuando le dijo a los
escribas y fariseos ¡Ay de vosotros…hipócritas!
porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y
dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la
misericordia y la fe. Esto era nece- sario hacer, sin
dejar de hacer aquello (Mateo 23:23). Lee
cuidadosamente la frase final “Esto era necesario
hacer sin dejar de hacer aquello”. ¿A qué llamó
Jesús, “esto”? A la justicia, la misericordia y la fe y
entonces ¿Qué es “aque- llo”? Diezmar la menta, el
eneldo y el comino, en otras palabras lo que el Señor
le está diciendo a los escribas y fariseos es que ellos
debían ser justos, misericordiosos, tener fe y al
mismo tiempo diezmar, queda entonces claro, que el
Señor condena en este pasaje, no es la práctica del
diezmo, sino la hipocresía de los escribas y fariseos,
quienes creían que por cumplir con el diezmo no
necesitaban ser justos, misericordiosos, ni confiar en
Dios.
Los primeros discípulos de Cristo no diezmaron,
lo die - ron todo
Con relación a la objeción de que la práctica del diez-
mo no aparece mencionada en el Nuevo Testamento
y que nunca se dice que los primeros cristianos
diezmaron, per- míteme decirte, que es cierto que
los discípulos de Cristo en los primeros años del
Cristianismo, no diezmaron, ellos no dieron el diez
por ciento de lo que recibían, porque lo dieron todo,
es decir, daban el cien por ciento (100 %). En el libro
de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 4 versículos
34 y 35 leemos “Así que no había entre ellos ningún
ne- cesitado; porque todos los que poseían
heredades o casas, las vendían, y traían el precio de
lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y
se repartía a cada uno según su necesidad”. Quienes
dicen que ellos prefieren ofren- dar como lo hacían
los primeros discípulos, no toman en cuenta este
detalle, los primeros cristianos no daban una
pequeña parte de sus ingresos, ni una parte de sus
propiedades, lo dieron todo, lo hicieron así, porque
para ellos lo más importante era honrar a Dios y
ayudar a su prójimo, además, tenían la idea de que
el Señor Jesús regresaría en sus días, entonces
consideraban innecesario acumular riquezas.
Te pregunto, si una persona no está dispuesta a dar
el diez por ciento para la obra de Dios ¿crees tú que
esta- ría dispuesta a dar el cien por ciento? No es
verdad que es muy dudoso que eso suceda, porque
quienes no están dispuestos a hacer sacrificios
menores, tampoco harán los mayores. Diezmar de
nuestros ingresos es lo mínimo que Dios nos pide, si
no estamos listos a entregar el diezmo, menos lo
estaremos para dar más.
La salvación no depende del diezmo, pero la
libertad financiera, sí
Con relación a la afirmación que algunos hacen
acerca de que algunos ministros del Evangelio
abusan de la práctica del diezmo, tenemos que
reconocer que es cierto. Hay un pequeño grupo de
líderes espirituales, que hacen de esta práctica lo
más importante de la vida cristiana y has- ta
persiguen a los creyentes que no diezman,
exigiéndoles que cumplan con este deber, bajo la
amenaza de que si no lo hacen “perderán sus almas”.
En honor a la verdad expuesta en la Palabra de Dios
hay que decir, que la salvación del alma, no depende
de la cantidad de dinero que aportemos a la obra de
Dios, no hay forma como nosotros podamos pagar el
más ínfimo favor de Dios con nuestro dinero; de
manera, que nuestra salvación no tiene que ver con
entregar los diezmos o dar nuestras ofrendas, la
salvación es un asunto de la gracia de Dios y de
nuestra fe en el sacrificio del Señor Jesús.
Con lo que sí tiene que ver el diezmo es con nuestra
libertad financiera, con una vida libre de deudas, de
esca- sez, de falta de productividad, eso se debe, a
que Dios ha diseñado para ti y para mí como sus
hijos y discípulos de Cristo, un plan para disfrutar de
prosperidad económica; dentro de ese plan Dios
incluyo que le demos el primer lugar en nuestras
vidas. Una de las formas de hacerlo es aportar
generosamente para la extensión de su reino en esta
tierra, cuidar del bienestar económico de quienes se
dedican a predicar el Evangelio, porque esa es su
vocación. Si haces y te comprometes con eso,
puedes estar seguro que Dios proveerá para tus
necesidades y te prosperará, pues Él siempre bendice
a aquellos que se convierten en una fuente de
bendición para su obra.
Un discípulo de Cristo no tiene dificultades para
diez - mar
Una de las cosas más tristes con la que te
encontrarás en este mundo, es cuando los
promotores de pornografía, adulterio, embriaguez y
libertinaje, se deciden a edificar, licoreras, casas de
lenocinio, prostíbulos y tabernas, siem- pre lo logran,
porque les abunda el dinero, mientras que cuando la
iglesia del Señor desea invertir para la apertura de
nuevas congregaciones, el envío de misioneros a
otros lugares o ampliar sus lugares de reunión, le
cuesta mucho reunir el dinero, ¿sabes por qué?
porque las personas están dispuestas a invertir en
sus deseos, bajas pasiones, en- tretenimiento y
diversión, pero les cuesta dar para la obra de Dios.
Estarás de acuerdo conmigo, en que a muchos de
nuestros amigos que no siguen al Señor, pues no son
cristia- nos, les resulta fácil gastar mucho dinero en
tantas cosas inútiles, como la diversión o el
entretenimiento, pero les extraña que tú y yo demos
para la obra de Dios. Ellos enri- quecen a los
vendedores de licor, droga, entretenimiento,
diversión y placeres mundanos y por otra parte, les
molesta mucho ver prosperar a quienes predican el
Evangelio. No te has detenido a pensar, que para
muchos de ellos no es escandaloso que a un artista o
a un deportista, se le pague tanto dinero por
presentaciones o competiciones, pero les parece
absurdo que quien predica el Evangelio y enseña la
Palabra de Dios, tenga una vida digna. Ellos gastan
más del diez por ciento de sus ingresos en lo que no
es alimento, ni beneficia sus vidas y familias, pero te
quieren ridiculizar porque tú has decidido dar parte
de tu dinero para la extensión del Reino de Dios.
No permitas que los comentarios de esas personas te
afecten, no te dejes intimidar por sus burlas, pues,
puedes estar seguro, que una de las cosas que te
caracterizarán como discípulo del Señor Jesucristo,
será tu deseo de que el Evangelio sea predicado por
todo el mundo, y vas a querer invertir en ese
propósito. Si eres un discípulo de Cristo, te alegrará
saber que si bien tú mismo no puedes ir a otros
lugares a predicar el Evangelio, sí podrás apoyar con
tus oraciones y tu dinero a quienes lo hagan. Dicho
de una forma que tal vez te parecerá dramática ¡Esa
es la única parte de tu dinero que se salvará, la que
hayas invertido en la obra de Dios!
Finalmente, la cantidad de dinero que damos para
apo- yar las actividades de la Iglesia no es lo más
importante, sino el hecho de la forma como lo
usamos dice mucho de quién gobierna nuestro
corazón, habla de a quién realmente amamos. Así
que diezmar u ofrendar no será un problema para
quienes aman a Dios, pues si le entregaron su
corazón, no dudarán en darle cualquier otra cosa que
Él les pida.
• Ayudar a los necesitados es otra forma de
servir a Dios con el dinero
Ayudar a los necesitados, es una orden recurrente en
las Sagradas Escrituras, depende del mandamiento
de amar al prójimo como a nosotros mismos, lo cual
significa que es nuestro deber como discípulos de
Cristo, velar por el bienestar no solo espiritual, sino
también material de las personas que están cerca de
nosotros, especialmente de aquellos con quienes
compartimos la misma fe, nuestros hermanos en la
familia de Dios.
El Señor Jesús se interesó por los pobres
Volviendo al relato de Jesús y el joven rico en el
evan- gelio de Marcos 10:17-32, del cual hablamos
en uno de los capítulos anteriores, recordarás que el
Señor le ordenó: “Vende todo lo que tienes y dalo a
los pobres” (Marcos 10:21). Como explicamos en su
momento, el Señor no estaba usando artilugios, para
ver si el muchacho estaba dis- puesto a hacer lo que
le pedía, y en el caso de que dijera que sí, entonces
el Señor le diría que no era necesario que se
despojara de sus bienes, que lo único que quería era
probarlo, sino que en efecto Jesús esperaba que él
ven- diera todo lo que tenía y le diera el dinero a los
pobres. A Jesús le interesaban los pobres y también
el alma del joven a quien el apego a las riquezas lo
mantenía alejado de Dios, del prójimo y de la vida
eterna.
Panorama mundial de la pobreza
La acumulación de riquezas por parte de unos pocos,
mientras que la gran mayoría de la población mundial
vive en condiciones de extrema pobreza, es uno de
los grandes males de esta época. Si colocamos esta
afirmación en cifras, resulta aterrador: Mas de mil
millones de personas en el mundo carecen de los
elementos básicos para vivir; no tienen alimento,
agua, energía eléctrica, sistemas de evacuación de
aguas negras, vestidos, ni acceso a sistemas de
salud. Viven con un ingreso mensual inferior a treinta
dólares (US$ 30). Más de dos mil millones de la
población mundial gana mensualmente, la irrisoria
suma de sesenta dólares (US$ 60). En Latinoamérica
el panorama en rela- ción con la pobreza, tampoco es
muy alentador, pues más de ciento treinta millones
de personas viven en una pobreza crónica de acuerdo
con los estudios más recientes; estos representan un
poco más del veinte por ciento (20 %) del total de
los países latinoamericanos, incluidas las islas del
Caribe.
En términos concretos, dos de cada diez personas en
América Latina, viven en una extrema pobreza, por
lo que no sería difícil que en nuestra vida cotidiana
nos encon- tremos con algunas de ellas; esa es la
razón por la que muchas veces, mientras caminamos
por las calles, o en las salidas de los supermercados,
en las paradas de los semáforos, vemos a personas,
incluso niños, pidiendo ayuda. La pregunta que
tenemos que hacernos como discípulos de Cristo es
¿Qué vamos a hacer frente a esta realidad? Podemos
simplemente cerrar nuestros ojos o endurecer
nuestros corazones y pensar solo en nosotros o
intentar ayudar de alguna manera, convertirnos en
socios de fundaciones sociales serias que estén
empeñadas en ayudar a los más necesitados,
adoptar a alguien que conozcamos y ayudarle
directamente, diseñar programas de ayuda social u
organizarnos con otros discípulos de Cristo, para
aliviar las cargas de los más necesitados. Podemos
hacer todo lo anterior con la consciencia de que “los
pobres siempre existirán cerca de nosotros” (Mateo
26:11), de que no solucionaremos el problema de la
pobreza mundial, pero de que sí, ayudaremos a
algunos a salir de ella.
Dar al pobre es prestar a Dios
Uno de los textos más significativos de la Biblia en
este sentido, es Proverbios 19:17, que dice: “A
Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha
hecho, se lo volverá a pagar”. Es muy significativo,
porque señala que todo bien que le hagamos a una
persona necesitada, Dios lo asume como una
obligación económica suya con nosotros, eso es así,
porque no debemos olvidar, que Dios se describe a sí
Iván Castro De la Hoz
mismo como “el Dios de los huérfanos, viudas y de
los necesitados” (Salmo 146:9; Deuteronomio
10:18). De modo que cualquier inversión que hagas
para socorrer a los necesitados, Dios te la
recompensará.
Ayudar a los necesitados, te garantizará el favor de
Dios en tus finanzas, tendrás su sustento y su
provisión, por una razón sencilla, cuando usamos
bien nuestros recursos para su gloria, pensando en la
extensión de su reino en el mundo y lo usamos para
ayudar a los necesitados, los estaremos usando con
el propósito para el cual nos los entregó; entonces se
verán los resultados que Él planeó, por lo tan- to,
Dios mismo se encargará de que esto siga
sucediendo. Pablo expresó esa verdad de esta
manera: El que le suple semilla al que siembra (Dios)
también le suplirá pan para que coma, aumentará los
cultivos y hará que produzcáis una abundante
cosecha de justicia. Seréis enriquecidos en todo
sentido para que en toda ocasión podáis ser genero-
sos, y para que por medio de nosotros vuestra
generosidad resulte en acciones de gracias a Dios
(2aa 11).
Encuentro 26 NO A LA
ANSIEDAD
El Señor Jesús termina la exposición del tema sobre
los intereses que deben mover a sus discípulos, en la
parte fi- nal del capítulo 6 del evangelio de Mateo.
Esta parte está comprendida entre los versículos 25
al 34, en ella el Señor trata de manera magistral el
asunto del afán por suplir las necesidades más
apremiantes de la vida cotidiana, lo que dice en
síntesis, es que ninguno de sus discípulos debe ser
movido por el afán por las cosas materiales, deben
entender que Dios cuida de ellos y que suplirá todas
sus necesidades.
Las instrucciones impartidas por el Señor a sus segui
- dores en Mateo 6:25-34, sobre no permitir que el
afán y la ansiedad dominen sus pensamientos, son
sorprendentemente actuales.
Lee cuidadosamente este pasaje, y estarás de
acuerdo conmigo en lo que estoy diciendo:
25. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida,
qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida
más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26. Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni
siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre
Celestial las alimen- ta. ¿No valéis vosotros mucho
más que ellas?
27. ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se
afane, añadir a su estatura un codo?
28. Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad
los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni
hilan; 29. pero os digo, que ni aun Salomón con toda
su gloria se vistió así como uno de ellos.
30. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se
echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho
más a vosotros, hombres de poca fe?
31. No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos,
o qué beberemos, o qué vestiremos?
32. Porque los gentiles buscan todas estas cosas;
pero vuestro Padre Celestial sabe que tenéis
necesidad de to- das estas cosas.
33. Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su
justi- cia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34. Así que, no os afanéis por el día de mañana,
porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada
día su propio mal.
El temacentral que el Señor Jesús aborda en este
pasaje es el afán o la ansiedad, Él hace una
explicación clara de la naturaleza de la ansiedad, sus
consecuencias, causas y la manera de afrontarla.
Por la importancia del tema y por la amplitud con que
se expone, te invito a que lo revisemos en dos
encuentros, a fin de sacar el mayor provecho a
nuestro estudio. En el presente, estaremos
considerando, la naturaleza de la ansiedad, sus
causas y consecuencias, y en el siguiente encuentro
veremos cómo afrontarla.
Cuando el Señor dice: “No os afanéis por vuestra
vida” utiliza para “afanéis” el vocablo griego
merimna. Este vocablo se relaciona con el termino
merizo, que significa, atraer en dos direcciones
(tensión), distraer, aquello que causa preocupación
excesiva o perturba, por esa razón, en versiones de
lenguaje actualizado de la Biblia, a veces el término
se traduce “ansiosos”, porque eso es la ansiedad por
definición, un estado de tensión emocional y
perturba- ción mental que impide afrontar de manera
apropiada las circunstancias adversas de la vida. La
ansiedad es la preocupación excesiva que una
persona sufre y que se centra en una amplia gama
de acontecimientos y situaciones de la vida cotidiana.
La persona ansiosa tiene dificultades para controlar
el estado de constante preocupación; esta se ma-
nifiesta con inquietud, fatiga, imposibilidad para
concen- trarse, irritabilidad y dificultades para dormir.
Eso es lo que prohíbe el Señor, un estilo de vida
ansio - so, una preocupación excesiva por suplir las
necesidades básicas nuestras y las de nuestra familia
que nos genera tensión emocional y perturbación
mental. Aquí, vale la pena aclarar que el Señor no
está prohibiendo que seamos responsables en el
cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones.
Aclaramos esto, porque algunas personas basándose
en las palabras hemos leído, “No os afanéis por
vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir”
han llegado a la conclusión que no debemos
esforzarnos por prosperar, que es pecado tener
deseos de surgir en la vida y por lo tanto, se pasan el
tiempo, sin estudiar, trabajar y sin un proyecto de
vida.
Para sustentar sus ideas, estas personas se remiten
a las ilustraciones que el Señor utilizó en los
versículos siguien- tes “Mirad las aves del cielo, que
no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y
vuestro Padre Celestial las alimen- ta” (Mateo 6:25)
“…Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no
trabajan ni hilan” (Mateo 6:28). La propuesta de
algunos de ellos parece ser que hay que vivir como
las aves “Cantar y cantar y nunca trabajar”. Afirman,
“los lirios del campo no trabajan, ni hilan y Dios los
viste hermosamente”. Según ellos, hay que esperar
la provisión de Dios, sin esforzarse de ninguna
manera. Aprenden a ser ociosos, dependientes y a
vivir desordenadamente, no trabajando por su
familia. No, el Señor no está promoviendo esta
actitud irresponsable, eso sería inconsistente con las
enseñanzas de las Sagradas Escrituras, que dice “…el
que no quiera trabajar que tampoco coma” (2a de
Tesalonicenses 3:10). Es necesario trabajar por el
bienestar nuestro y de nuestras familias, pero hay
que hacerlo sin angustia, ni ansiedad, recordando
que Dios es quien nos sustenta.
• Consecuencias de la ansiedad
La orden de no estar afanados o ansiosos, se basa en
el amor de Dios por nosotros, pues el afán o la
ansiedad, es extremadamente nociva para las
personas. Son muchos los efectos dañinos de la
ansiedad.
La ansiedad produce enfermedades
Una persona ansiosa vive en un estado de tensión
emocional y perturbación mental que le impide tomar
decisiones correctas; no solo eso, sino que puede
llevarlo a pa- decer un trastorno mayor que altere su
percepción de la realidad y le incapacite para trabajar
o buscar la solución a las situaciones que esté
enfrentando. La ansiedad es considerada una de las
enfermedades mentales y emocionales más comunes
en la actualidad. Hoy se venden más ansiolíticos en
las farmacias que cualquier otra clase de medicina.
La ansiedad se ha convertido, de acuerdo con las
últimas investigaciones, en la ocurrencia de
enfermedades men- tales y emocionales, en el
resfriado de las enfermedades mentales, desplazando
de ese lugar a la depresión.
Además de lo anterior, muchas enfermedades que en
apariencia no tienen ninguna conexión con la
ansiedad, son facilitadas por ella, pues, actúa como
un factor pre- disponente. Estoy seguro que has
escuchado a algunos amigos tuyos, incluido tu
doctor, decir que cuando alguien está estresado,
sufre tensión muscular, o que su sistema
inmunológico se vuelve vulnerable. Tú mismo habrás
expe- rimentado en ocasiones esto, cuando te has
sentido estre- sado o lo que es igual, ansioso, las
defensas de tu organismo se bajan y sufriste alguna
virosis. La ansiedad, también afecta la presión
sanguínea. Es muy probable, que una persona
ansiosa, sufra de hipertensión, isquemia o problemas
cardíacos. Con razón el Señor dijo: ¡No estén
ansiosos!
Consecuencias espirituales de la ansiedad
La única razónpor la que nodebemos estar ansiosos,
no son las enfermedades físicas. En realidad esa es la
de me- nor importancia, existen otras consecuencias
sumamente nocivas de la ansiedad en el campo
espiritual, por las que no deberíamos estar ansiosos
nunca:
• La ansiedad impide el crecimiento espiritual
Este tal vez sea uno de efectos más dañinos del
estado de ánimo ansioso. En uno de los apartes de la
parábola del sembrador (Mateo 13:7) Jesús dice “Y
parte (de la semilla) cayó entre espinos; y los
espinos crecieron, y la ahogaron”. Posteriormente,
cuando el Señor le explicó el significado de la
parábola a sus discípulos, en relación con esta parte
de la narración dijo: “El que fue sembrado entre
espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán
de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la
palabra, y se hace infructuosa” (Mateo 13:22). Sí, el
afán por las cosas materiales, el deseo de acumular
riquezas, invalidan el mensaje de Dios, impiden que
el discípulo reciba la Palabra, la crea, memorice y
obedezca. Una vida ansiosa impide el crecimiento
espiritual.
• La ansiedad distrae en las cosas terrenales
En su sermón acerca de los eventos que antecederán
a su segunda venida, en el evangelio de Lucas, el
Señor Jesucristo, le advierte a sus discípulos “Mirad
también por vosotros mismos, que vuestros
corazones no se carguen de glotonería y embriaguez
y de los afanes de esta vida, y venga de repente
sobre vosotros aquel día” (Lucas 21:34). No estén
tan ansiosos, que se olviden de las promesas que les
estoy haciendo. La ansiedad es un estado emocional
y mental, en el cual la persona tiende a centrar sus
pensa- mientos en los factores que le generan
angustia, casi que no puede pensar en otra cosa. Su
pensamiento se vuelve perseverante, y desatiende
todo lo demás, no puede cen- trar sus pensamientos
en las cosas que quiere, sino que es arrastrado para
poner su mente en lo que le produce desesperación,
en el factor estresante. Vive enajenado por su
angustia, todo lo demás pierde sentido.
La advertencia del Señor en Lucas 21:34, va dirigida
a combatir eso, es como si dijera: Tengan cuidado de
que los vicios y un estado ansioso, les hagan olvidar
los tiempos que están viviendo y de la promesa que
yo les he hecho, recuerden que al final, su verdadera
esperanza es el cielo, no son las cosas de esta tierra.
Tengan siempre en cuenta lo que les he prometido,
aunque estén pasando por mo- mentos difíciles ¡Yo
vendré a rescatarlos! Por eso, puedo asegurarte, que
no hay nada mejor en los momentos en que te
sientas ansioso que recordar lo que el Señor dijo. “No
os angustiéis. Confiad en Dios, confiad también en
mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si
no fuera así, ya os lo habría dicho. Voy a prepararos
un lugar. Y si me voy y os lo preparo, vendré para
llevaros conmigo. Así estaréis donde yo esté” (Juan
14:1-3 BAD).
• Causas de la ansiedad
Una lectura cuidadosa de Mateo 6:25-34, nos
revelará las causas de la ansiedad, por lo menos
desde el enfoque de Cristo. Te propongo, que
examinemos a continuación la exposición de cada
una de estas causas, de manera ordenada, tal y
como el Señor las fue presentando en esta sección
de su discurso:
fían en Él. Jesús dijo que Dios cuida de sus hijos, así
como cuida de su creación.
• La ansiedad es causada por amar más las
cosas materiales que a Dios
Mateo 6:25 dice: “Por tanto os digo: No os afanéis
por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis
de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.
¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo que
el vestido?”. Como lo dijimos en un capítulo anterior,
eran pescadores, campesinos, jornaleros y
desposeídos, muy necesitados, cuya mayor
preocupación sería cómo adquirir lo necesario para
subsistir. Al igual que todos ellos, nosotros nos
preocu- pamos por suplir nuestras necesidades
básicas, más aún, cuando a raíz de la complejidad de
la sociedad en que vivimos, estas han aumentado.
En la actualidad, tener una vivienda, pagar los
servicios públicos (agua, energía eléctrica y gas
natural), tener acce- so a sistemas de salud y a la
educación, se han convertido en necesidades básicas,
por esta razón, muchos nos preocupamos
excesivamente por estas cosas. Si vas por la calle e
interrogas a los que transitan por ella, acerca del
mayor motivo de sus preocupaciones, estoy seguro
que la gran mayoría de personas te mencionará uno
a varios de estos aspectos. No obstante, tú debes
recordar que los que di- cen ser discípulos de Cristo y
viven afanados por suplir para sus necesidades
materiales, están desconociendo que Dios ha
prometido suplir todas estas cosas a todos los que
con-
• La ansiedad es causada por la falta de fe
Continuando con la lectura de este pasaje, en el
versícu - lo 30 Jesús le dice a sus oyentes: “Y si la
hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en
el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a
vosotros, hombres de poca fe?”. ¿Notaste cómo llama
a las personas que se afanan? Los llama “hombres de
poca fe”. ¡Allí está la raíz de la ansie- dad! En la falta
de confianza en los cuidados amorosos de Dios. La
falta de fe, produce ansiedad. Puedes estar seguro
de que quienes confían en Dios, jamás estarán
ansiosos, pues, traen a Dios sus cargas emocionales
en oración, tal y como lo expresó el apóstol Pedro:
“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él (Dios),
porque Él tiene cuidado de vosotros” (1ade Pedro
5:7). Quienes tienen fe, en lugar de dejarse arrastrar
por la preocupación excesiva, van a Dios en oración y
le hablan acerca de sus necesidades y de sus
sentimientos, o sea, descansan en Dios en oración.
• La ansiedad es causada por desconocer la
paternidad de Dios
Una de las lecciones más importantes que podemos
aprender del pasaje que estamos analizando, tal vez
sea que desconocer lapaternidad de Dios, nos
producirá ansie- dad. Expongamos todas las razones
que queramos acerca de por qué las personas viven
ansiosas, digamos que tiene que ver con su amor al
dinero, que es por su preocupación por suplir sus
necesidades básicas, que se debe a la falta de fe, que
al final de todas, siempre encontraremos esta:
“Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de
todas estas cosas” (Ver. 32). Sí, los paganos, los que
no conocen a Dios o viven como si Dios no existiera,
tienen razones para estar ansiosos, ellos viven como
niños huérfanos, que no tienen quien los cuide, en
cambio, tú y yo, que le hemos entrega- do nuestras
vidas al gobierno del Señor Jesús, somos hijos de
Dios, tenemos un Padre que nos cuida. Piensa en
esto y notarás cómo una sensación de paz interior te
sobrecoge.
Dios nuestro Padre cuida de nosotros, de la misma
manera y mejor aún, que como los seres humanos
cuidamos de nuestros hijos. Si tienes hijos, habrás
visto que ellos no viven desesperados, ellos están
tranquilos, no se afanan por ninguna cosa ¿sabes por
qué? Porque ellos te tienen a ti, para que te
preocupes por ellos, de modo similar, tú debes estar
tranquilo, porque tienes un Padre que se inte- resa
por ti.
Entender la paternidad de Dios es uno de los
secretos de la vida cristiana victoriosa. Cuando
entendemos esto, vivimos con paz y alegría, puesto
que no existe un privilegio más grande y ninguna
garantía mayor.
• La ansiedad es causada por alterar las
prioridades de la vida
La última de las causas de la ansiedad, que el Señor
Je- sús nos deja entrever en su sermón es, tener
alteradas las prioridades de la vida. Fíjate en el
versículo 32: “Mas bus- cad primeramente el Reino
de Dios y su justicia, y todas es- tas cosas os serán
añadidas”. El conector, “mas” indica que va a hacer
un contraste, con todo lo anterior, en otras palabras,
es como si dijera: “En lugar de estar ansiosos por sus
necesidades materiales, denle el primer lugar a Dios
en sus vidas, y Él mismo se encargará de suplir cada
una de ellas”. Eso es lo que ocurre con las personas
ansiosas, han alterado sus prioridades. Colocan sus
necesidades materiales, su deseo de acumular bienes
materiales primero que Dios y viven enfocados en
adquirir todas estas cosas, que son inciertas y por
consiguiente, generadoras de estrés.
No tener tus prioridades en orden, te llevará a sufrir
ansiedad. No olvides, que desde que le entregaste tu
vida al Señor Jesús, renunciaste al gobierno de ella.
Él es ahora el amo y dueño de tu vida y de tus
intereses, por lo tanto, debes dedicarle tu
pensamiento, esfuerzo, trabajo y dinero. Dios, tu
familia, tu servicio a Dios y después tu trabajo. Ese
es el orden correcto. En realidad, Dios no debe ser el
primero, sino el centro de tu vida, alrededor del cual,
todas las demás cosas graviten.
En fin, un discípulo de Jesús no debe vivir ansioso.
Su corazón no debe ser movido por las tensiones
emocionales que mueven a los paganos, ni su mente,
perturbada por los pensamientos que atormentan a
quienes no conocen al Señor como su salvador, ya
que, como lo hemos visto en este capítulo, tanto las
consecuencias de la ansiedad son dañinas, como sus
causas son incorrectas.
Encuentro 27 ¿CÓMO AFRONTAR
LA ANSIEDAD?
En el capítulo anterior analizamos la orden que el
Señor Jesús, le da a sus discípulos de no vivir
ansiosos. Básica- mente lo que hicimos fue examinar
la frase “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis
de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro
cuerpo, qué habéis de vestir” (Mateo 6:25). Tomando
en cuenta su contexto literario y a partir de allí,
explicamos ¿En qué consiste la ansiedad? ¿Cuáles
son sus consecuencias? y ¿Cuáles sus causas?
Hicimos esto con el objetivo de mostrarte que no es
sabio vivir ansiosos, puesto que, tanto sus
consecuencias son nocivas, como sus causas son
incorrectas.
Al preguntarnos ¿Cómo hacer frente a la ansiedad?
Bastaría, con tener en cuenta que la ansiedad es un
estado de tensión emocional y perturbación mental,
capaz de provocar diversas enfermedades físicas,
que a su vez, tiene graves consecuencias
espirituales, como: Impedir nuestro crecimiento
espiritual y distraernos de la esperanza gloriosa que
tenemos como hijos de Dios, para afirmar que nun-
ca un discípulo verdadero de Cristo, debería estar
ansioso. Sin embargo, en este capítulo, vamos a
estudiar las razones dadas por el mismo Señor a sus
discípulos para que no estén ansiosos.
Presentaremos este estudio, porque
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
estamos conscientes que una cosa es ordenarle a
alguien que no deba vivir ansioso y otra es darle
razones de peso, para que obedezca esa orden, pues,
como ya señalamos, las personas normalmente se
preocupan por suplir sus necesidades básicas, lo cual
a simple vista, no parece ofensivo, ni dañino y hasta
se le pudiera considerar un acto de responsabilidad.
• Reflexiones sobre la vida
Antes de exponer las razones que el Señor nos da en
estos versículos para que no estemos ansiosos,
quiero llamar tu atención, acerca del método que
usa. Si observas, Él utiliza muchas preguntas
retóricas (las preguntas que llevan implícita la
respuesta). Este tipo de preguntas, sir- ven para
invitar al oyente a reflexionar, puesto que, pro-
ducen en él, un diálogo interno que desembocará en
una respuesta. Por ejemplo: ¿No es la vida más que
el alimento, y el cuerpo más que el vestido? La
respuesta a la que llegarían los interlocutores del
Señor, sería una parecida a esta: ¡Por supuesto que
sí, la vida es más que el alimento y que el vestido!
Igualmente al decir: Mirad las aves del cielo, que no
siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y
vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis
vosotros mucho más que ellas? La respuesta sería:
¡Claro que sí, los seres humanos valen más, mucho
más que las aves del cielo! Y así sucesivamente, vas
a encontrar que cada una de las preguntas que
aparecen en este pasaje de las Sagradas Escrituras,
tiene una respuesta clara, que a su vez confron- ta a
los oyentes con la necesidad de confiar en Dios en
me- dio de las adversidades de la vida. En pocas
palabras, si meditamos en nuestras vidas, de la
manera que el Señor nos invita a hacerlo, vamos a
llegar a la conclusión, de que no vale la pena estar
ansiosos.
• Razones para no estar ansiosos
Por otra parte, encontramos en este discurso por lo
menos tres razones poderosas que el Señor le da a
sus discípulos para que no estén ansiosos:
• No estén ansiosos, recuerden que Dios creó la
vida
Leamos una vez más Mateo 6:25 “Por tanto os digo:
No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer
o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué
habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido?”. Ahora, fijémonos
en la explicación que el Señor nos da para que no
estemos afanados por el alimento, ni por el vestido.
Él pregunta ¿No es la vida más que el ali- mento, y el
cuerpo más que el vestido? La respuesta a esta
pregunta es ¡Por supuesto que sí! ¡La vida es más
que el ali- mento y el cuerpo es más que el vestido!
Entonces la con- clusión a la que tendríamos que
llegar es la siguiente: No debo estar ansioso por
suplir ninguna de mis necesidades básicas, de
alimento, vestido o cualquier otra, pues, Dios hizo lo
más difícil, que es darnos la vida y un cuerpo, segu-
ramente podrá hacer lo que es más fácil, sustentar
nuestras vidas y vestir nuestros cuerpos. En pocas
palabras, el Dios que creó la vida, puede sustentarla.
Piensa por un momento en el milagro de la vida. Para
que se forme, es necesario que dos células se
fusionen, una femenina y otra masculina. Este
proceso que contado de esta manera parece algo
sencillo, en realidad no lo es, pues, la verdad es que
reviste un alto grado de complejidad. Una
complejidad de la cual habló el sabio Salomón en el
libro de Eclesiastés 11:5 cuando escribió: “Así como
no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el
niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la
obra de Dios, Creador de todas las cosas”. Tenemos
que reconocer, que por más que intentamos explicar
la vida, no lo logramos. Los seres humanos, no
sabemos cómo se forman los huesos en el vientre de
la mujer embarazada, ni cuáles son los procesos que
intervienen en la formación de la vida, o cuál camino
toma el espíritu para vitalizar el nuevo ser.
Nuestro conocimiento sobre todo esto es limitado,
hoy por ejemplo, sabemos que durante el coito, los
espermatozoides que son expulsados por el hombre
en una cantidad asombrosa, que supera los cien
millones, penetran en la vagina, pero que al no
convenirles el medio ácido de “esta, emigran hacia el
cuello uterino (un medio más conveniente),
atraviesan el útero y llegan a las trompas de Falopio
en solo dos horas, allí pueden sobrevivir hasta
setenta y dos horas. También sabemos que de los
cientos de millones de espermatozoides que contiene
el semen, apenas un centenar consigue llegar hasta
el óvulo, el resto se agota y muere. De este centenar,
solo uno de ellos logra entrar al interior del óvulo y
fecundarlo. Sí, leíste bien, ¡Solo uno! Uno que es el
más adaptado, el mejor de todos, y cuando este
fecunda al óvulo, cuya membrana, hasta entonces
permeable, modifica su estructura química y cierra el
paso al resto de espermatozoides ¡Ya en ese
momento hay vida! ¡Ya existe un nuevo ser!
¡Definitivamente asombroso!
Pues bien, al unirse con el óvulo, el espermatozoide
fusiona su núcleo con el del gameto femenino. De
esta simbiosis se forma la primera célula del bebé: el
huevo fecundado o cigoto, que contiene una
información genética única: Desde el color de ojos
hasta la estatura aproximada que tendrá el nuevo ser
humano. La Biblia describe este proceso, de una
forma fascinante, en el Salmo 139:13-17, cuando
dice: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el
vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una
creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y
esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron
desconocidos cuando en lo más recóndito era yo
formado, cuando en lo más profundo de la tierra era
yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en
gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos
mis días se estaban diseñando, aunque no existía
uno solo de ellos. ¡Cuán preciosos, oh Dios, me son
tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de
ellos!”. Dios nos creó, nos formó. Es el dueño del
material genético con el que fuimos hechos y
también es el diseñador del proceso, mediante el cual
vinimos al mundo. Con razón David exclama en este
salmo, “¡Cuán preciosos, oh Dios son tu
pensamientos! ¡Cuán in- mensa es la suma de ellos!”.
Es increíble, que con todo el conocimiento que la
genética ha logrado acumular el día de hoy, acerca
del día a día de la formación de un nuevo ser
humano durante los nueve meses de gestación, aún
no ha podido desentrañar el misterio de la vida. En la
actualidad, los genetistas, han logrado hacer bebés in
vitro o probetas, bebés de laboratorios, pero, todavía
no han podido producir la primera vida. Los bebés in
vitro, probetas o de laboratorios, no es lo mismo que
crear una vida, pues siempre han necesitado de
espermatozoides y óvulos aportados por hombres y
mujeres para producirlos. Nunca han podido crear
una sola célula. No pueden, porque eso es facultad
única de Dios, del Creador. Solo Él puede crear una
vida. Solo Dios puede formar un cuerpo humano. Y el
argumento aquí es este: si Dios puede hacer eso,
que es imposible aun para las ciencias más
avanzadas de la humanidad, ¡cuánto más podrá
sustentar la vida que es mucho más fácil de hacer!
¿De qué te afanas?, te dice el Señor. Dios te creó, te
sustentará, hizo tu cuerpo, Él lo vestirá. Una vez
más, recuerda, quien hizo lo más difícil, crear la vida,
seguramente hará lo más fácil, sustentarla.
• No estén ansiosos, recuerden que Dios cuida
la vida La segunda razón que el Señor Jesús expone
en este pa- saje para pedirnos que no estemos
ansiosos, es que Dios cuida de todos los aspectos de
su creación. Él tiene cuida- do de la vida, incluyendo
aquellas formas de vida que son inferiores a la de un
ser humano. En el versículo 26 dice: “Mirad las aves
del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en
graneros; y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No
valéis vosotros mucho más que ellas?” y luego en los
versículos 28 al 30 “Y por el vestido, ¿por qué os
afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo
crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun
Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de
ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana
se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará
mucho más a vosotros, hombres de poca fe?”. Estos
textos afirman que Dios tiene cuidado de las aves y
de las flores, después nos llama a considerar, que si
Él hace eso con unos animales y con unas plantas,
¡cómo no lova a hacer con su creación más preciada
que es el ser humano!, más aún, si ese ser humano
es un hijo suyo.
Tú que eres un discípulo de Cristo e hijo de Dios,
puedes confiar en que Él tendrá cuidado de todas tus
necesidades, porque Dios te ama mucho más que lo
que ama a los animales y a las plantas, tú vales más
para Él que las aves del cielo, contigo tiene una
relación especial de amor, cuando te creó y rescató
del estilo de vida pecaminoso, lo hizo por- que quería
deleitarse contigo, así que, no te angusties por tus
necesidades, porque tu Padre Celestial las suplirá.
Ade- más, si su amor por ti te pareciera poco,
recuerda que Él es suficiente. No existe ninguna
situación en la vida humana que supere el gran
poder de Dios, ni sus recursos asombrosos.
Considera estos hechos, ¿alguna vez has visto una
bandada de aves protestando porque se les agotó el
alimento?, ¿verdad que eso no ocurre?, ellas emigran
en las diferentes temporadas y llegan a lugares
donde encuentran la provisión suficiente, así
determinó Dios que suce- diera. Dios pensó en toda
su creación y estableció la forma de sustentarla, de
conservar el equilibrio natural, para garantizar su
permanencia. Si tuvo cuidado de los animales, de las
plantas y planeó la forma de sustentarlos ¿Crees tú
que no lo hará contigo, que eres su hijo?
No te afanes por ninguna cosa en esta vida, trabaja,
esfuérzate, lucha por salir adelante, pero hazlo sin
afanes, sin preocupaciones excesivas, pues Dios
tiene cuidado de ti. Él es tu Padre, que te protege y
sustenta, en lugar de estar ansioso, haz lo que hacen
las aves del cielo y los lirios del campo. Te
preguntarás ¿Qué hacen ellos? Pues, solo tienes que
observar; entre otras cosas, es lo que el Señor Jesús
nos invita a hacer, cuando dice: “Mirad las aves del
cielo” y “Considerad los lirios del campo” (Mateo
6:26,28). O sea, analicen cómo viven las aves del
cielo y las flores del cam- po y hagan ustedes lo que
ellos hacen. Ni las aves, ni los lirios se quejan. No
pueden hacerlo, no tienen voluntad, conciencia, ni
cuestionan las decisiones de Dios. Cumplen
estrictamente con los designios del Creador, de modo
similar, deberíamos vivir quienes decimos ser
discípulos de Cristo, obedeciendo irrestrictamente al
Señor.
Asimismo, debemos observar que las aves cantan en
cualquier estación, en el más crudo invierno, el más
intenso verano, en otoño o en primavera, siempre
están alegrando con su canto, la creación, esa es su
manera de alabar a Dios, de expresarle su gratitud.
Nosotros, deberíamos aprender de ellas esta lección.
Sin importar cuál circunstancia estemos pasando,
alabemos a Dios, demos siempre gracias. No te
conviertas en una persona quejumbrosa, sé
agradecido, alaba a Dios en todo tiempo. Un buen
antídoto contra la ansiedad, es un corazón
profundamente agradecido con Dios. Quienes están
satisfechos por la gracia de Dios en sus vidas,
tampoco darán lugar a la ansiedad.
Igualmente, deberíamos notar cómo los lirios del
campo y en general todas las flores, tienen como la
mayoría de las plantas, una vida efímera, “La hierba
del campo que hoy es y mañana se quema en el
horno” pero, mientras dura esa vida, es un adorno
para los campos, embellece su entorno. Así, debería
ser nuestra vida; un adorno, que bendice nuestro
entorno. Un discípulo de Cristo alegra y edifica a los
que están cerca, cuando habla lo hace con sa-
biduría y gracia.
El contentamiento, esa sensación de satisfacción
perso - nal, que estamos llamados a experimentar
quienes tenemos una relación de amor con Dios,
debe caracterizarnos.
• No estén ansiosos, recuerden que Dios conoce
las ne- cesidades de la vida
La tercera razón que el Señor Jesús esgrime en estos
versículos para que no vivamos ansiosos, tiene que
ver con el conocimiento que Dios tiene, acerca de
todos los asun- tos de la vida. En los versículos 31 y
32 dice: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de
todas estas cosas”.
En ocasiones, actuamos como si Dios no supiera
cuáles son nuestras necesidades. Nos desesperamos
y hasta protestamos contra Él. Jesús nos recuerda
con estas palabras que Dios, el Creador y
sustentador de todo lo que existe, el eterno,
soberano, todopoderoso y sabio, es nuestro Padre,
que de la misma manera, que nosotros los seres
humanos, nos interesamos por el bienestar de
nuestros hijos, Dios está interesado en nuestro
bienestar. Aún no ha llegado el pensamiento a
nuestras mentes, cuando ya el Señor lo conoce. Se
trata de creer que esto es verdad y andar confiado
en ella.
En ese mismo orden de ideas, atiende también cuan-
do el Señor dice “…Porque los gentiles buscan todas
estas cosas” (Mateo 6:32). Te pido que le prestes
atención a estas palabras, porque al afirmar que los
gentiles o paganos, buscan el alimento, la bebida y el
vestido, es como si el Señor dijera: Los que viven sin
Dios, se afanan. Están ansiosos, lo hacen porque no
tienen a Dios, no tienen un Padre Celestial que los
cuide, son como niños huérfanos, que na- die se
interesa por ellos, pero ustedes, no, ustedes tienen a
quien recurrir, a su Padre Celestial, quien proveerá
para sus necesidades. En lugar de estar ansiosos,
vayan a Dios en oración, cuéntenle sus cosas, pídanle
su apoyo y Él que es su Padre les responderá, tal y
como nos aconseja el apóstol Pedro: “echando toda
vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de
vosotros” (1a de Pedro 5:7).
Resumiendo. Cada vez que te sientas tentado a dejar
que la ansiedad se apodere de ti, recuerda que no
vale la pena, pues ninguna situación se resuelve con
preocuparte; peor aún, estar ansiosos nos
predispone a enfermedades físicas y al
estancamiento espiritual. En lugar de estar an- siosos
debemos desarrollar una actitud de agradecimien- to,
alegría y confianza en Dios, que nos impulse a orar.
De agradecimiento por la bondad de Dios, de alegría
por el regalo de la vida y de confianza en los
amorosos cuidados de nuestro Padre Celestial.
¡Agradece, Celebra y Ora!
Encuentro 28 LOS INTERESES
DE LOS DISCÍPULOS DE CRISTO
(UN REPASO Y ALGO MÁS…)
En la cuarta parte del Sermón de la Montaña, el
Señor insiste en la necesidad de tener buenas
intenciones en la vida. Nos recuerda esto a través de
los contrastes de hacer tesoros en la tierra o en el
cielo, tener un ojo bueno o un ojo malo, amar a Dios
o a las riquezas. A partir de estos contrastes nos
muestra, que las cosas que para nosotros son más
valiosas (tesoros), determinarán la dirección de
nuestro corazón “…donde esté vuestro tesoro allí
estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21); que
el enfoque de nuestras vidas afectará todo lo que
hagamos. “El ojo es la lámpara del cuerpo, así que si
tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz.
Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en
oscuridad” (Mateo 6:22-23). Por último, que ninguno
de nosotros por hábil que se considere puede servir a
Dios y a las riquezas al mismo tiempo “…No se puede
servir a la vez a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).
Con esos contrastes el Señor también nos recuerda,
que en la vida siempre hay dos caminos, u opciones
y que nosotros decidimos por alguna de ellas. No hay
fuerzas externas que nos obliguen a hacer cosas que
en realidad no queramos hacer. Somos responsables
de escoger el estilo
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
de vida que queremos, como Dios se lo dijo al pueblo
de Israel en el Antiguo Testamento “Hoy pongo al
cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he
dado a elegir en- tre la vida y la muerte, entre la
bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para
que vivas tú y tus descendientes” (Deuteronomio
30:19). Tú y yo decidimos si vivimos de ma- nera
materialista, enfocados en lo terrenal y pasajero, o si
hacemos de nuestra relación con Dios lo más
importante para nosotros. Todo dependerá de a qué
le demos el carácter de tesoro en nuestras vidas.
Algunas de las preguntas más significativas que nos
ten - dremos que responder en la vida son: ¿Cuál es
el tesoro de nuestro corazón? ¿Quién o qué es lo más
valioso para nosotros? ¿Sin qué cosas no podríamos
vivir? Al responder esas preguntas, sabrás a qué le
estás atribuyendo el carácter de tesoro en tu corazón
y recuerda que él se irá tras tu tesoro. Por todo esto
es impresionantemente significativo, descubrir que
en una de sus parábolas el Señor Jesús dijo: “El reino
de los cielos es como un tesoro escondido en un
campo. Al descubrirlo un hombre, lo volvió a
esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que
tenía y compró ese campo” (Mateo 13:44 BAD). Él
comparó el Reino de los cielos, con un tesoro, dijo
que vivir para ser gobernado por Dios debería ser
considerado por sus discípulos como lo más valioso
que pueden tener en esta vida, tan valioso, que
deberían estar dispuesto a entregar cualquier cosa
con alegría, con el fin de mantenerse en él.
En realidad, si amas a Jesús como a un tesoro vas a
es - tar dispuesto a darlo todo por mantener una
relación ínti- ma con Él. Ningún sacrificio que
hagamos por Cristo será demasiado. Él vale la pena.
Sobre esto escribió el apóstol Pablo: “Pero cuantas
cosas eran para mí ganancia, las he estimado como
pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún
estimo todas las cosas como pérdida por la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi
Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo
tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses
3:7-8) ¿Qué está diciendo? Si te fijas en el contexto
anterior de estos versículos, Pablo acaba de
mencionar todos los méritos que tenía y logros que
había alcanzado, le dice a sus lectores, que él
pertenecía a una familia prestante en Israel, que
gozaba de excelente reputación entre sus
conciudadanos, y desde pequeño había sido
intachable en el cumplimento de las normas
religiosas de sus padres, que además, había sido
educado en las mejores escuelas, tenía mucho
conocimiento y habilidades con las cuales superaba a
cualquiera en su época, pero que todo eso él lo
considera ahora como nada “…por la excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del
cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para
ganar a Cristo”. En otras palabras, para este cristiano
del primer siglo, no había nada más grande que
conocer al Señor Jesús.
¿Puedes tú decir lo mismo que el apóstol Pablo? Te
digo algo, nuestro Cristianismo, no valdrá mucho
hasta que no lleguemos a una certeza semejante a
esa. Si comparamos la pasión del apóstol Pablo por
Cristo con las de muchos que hoy nos llamamos
discípulos, sentiremos vergüenza, nos sentiremos
apenados. Hoy muchos de nosotros comparti- mos el
amor por Cristo con nuestro amor por las cosas
materiales. Nos decimos cristianos, miembros de una
estirpe santa, de hombres y mujeres que en el
pasado entregaron sus vidas por amor al Señor, pero
no estamos listos a hacer el menor sacrificio por
Jesús ¡Vivimos un cristianismo muy cómodo! De fines
de semana, de servicios religiosos, sin pasión por
Jesús. Actualmente muchos cristianos, exigen que
Dios les dé posesiones, propiedades y posiciones.
Convertimos las bendiciones en derechos, son
nuestra nueva medida de la espiritualidad. Hemos
cambiado el lenguaje, hablamos de conquista, ser
campeones, empoderarnos, gobernar. Los primeros
cristianos no; para ellos Jesús era la persona más
importante, su vida, ministerio, muerte, resurrección
y glorificación llenaba sus mentes. Por amor a Cristo
estaban dispuestos a dejarlo todo, a perderlo todo,
incluidas sus propias vidas. Esa es la diferencia entre
ellos y nosotros.
Los problemas de los primeros cristianos eran distin -
tos a los nuestros, eran el desprecio del mundo, el
rechazo de los religiosos, la persecución de los
gobernantes, mientras que los nuestros son la
depresión, la ansiedad, la angustia. Ellos tenían
poder de Dios para sanar enfer- mos, nosotros
tenemos que buscar a los médicos para que nos
sanen. Ellos podían decir como le dijo Pedro al
paralítico a quien colocaban todos los días a pedir li-
mosnas en una de las entradas del Templo de
Jerusalén “…No tengo plata ni oro, pero lo que tengo
te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret,
levántate y anda” (Hechos 3:6). Nosotros,
simplemente nos limitamos a darles
Iván Castro De la Hoz
una limosna a los necesitados, pues carecemos del
poder
espiritual que hay en el conocimiento de Cristo para
or
denar a la enfermedad que ceda. Los primeros
discípulos
eran ricos en su conocimiento de Cristo y pobres
material
mente, nosotros por el contario somos ricos
materialmen
te y pobres en el conocimiento de Jesús.
Esta es la gran diferencia, entre el cristianismo del
siglo
XXI y el del primer siglo,
para ellos Cristo fue todo,
para PARTE V
muchos hoy, solo es una
parte de nuestras vidas,
un pasaLas
relacionestiempo más; por
eso, ellos vieron el poder
de Dios en me- de los
discípulos de Cristodio de
la aflicción “…
experimentaron vituperios
y azotes,
y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron
apedreados,
aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de
espada; an-
duvieron de acá para allá cubiertos de pieles de
ovejas y de
duvieron de acá para allá cubiertos de pieles de
ovejas y de
37). Dios estuvo con ellos, no negaron su fe. La
clave: Jesús
era el tesoro de su corazón.
Encuentro 29 NO JUZGUES A
LOS DEMÁS
En los encuentros anteriores, hemos realizado el
análisis del capítulo cinco (5) y seis (6) del evangelio
de Mateo, a partir del presente encuentro,
estudiaremos el capítulo siete (7), que es el último
capítulo que el evangelista Mateo dedica a la
presentación del Sermón del Monte. En nuestro
recorrido por las enseñanzas de Jesús, hasta el
momento hemos hablado del carácter, la influencia,
los deberes, la vida devocional y los intereses de los
discípulos de Cristo, todas verdades esenciales para
ser un verdadero discípulo del Señor.
A continuación consideraremos las relaciones de los
dis - cípulos de Cristo y cuáles son los enemigos que
enfrentan. Empezaremos por sus relaciones, con el
entendimiento de que este es uno de los asuntos
más importante de la vida cristiana. Al final, como
hemos señalado en lecciones an- teriores, de nada
serviría presumir de una buena relación con Dios, si
no tenemos una buena relación con nuestros
hermanos y con nuestro prójimo. Una fe que no
afecta nuestras relaciones, es muerta. Tal y como lo
explica el apóstol Santiago en su epístola:
“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice
que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?
Y si un hermano o una hermana están desnudos, y
tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y
alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y
saciaos, pero no les dais las cosas que son
necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así
también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí
misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo
obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te
mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2:14-18).
Definitivamente la fe genuina se ve reflejada, en el
amor compasivo por nuestros hermanos y nuestro
prójimo. Por lo tanto, ten muy en cuenta cada una de
las instrucciones que vamos a estudiar, desde esta
lección en adelante, pues, la práctica de las mismas,
será un reflejo de que tu experiencia de salvación es
genuina.
En la mayoría de las biblias, estos versículos
pertenecen a una misma sección, bajo el título de: El
juzgar a los de- más. No obstante, en nuestro
discipulado, para facilitar su aprendizaje, la
estudiaremos en dos capítulos diferentes. En el
primero (Vers. 1-3) veremos el principio de no juzgar
a los demás y en el segundo (Vers. 4-6) el de
reprender con sabiduría.
• ¿Por qué no debemos juzgar a las otras
personas?
En el Sermón del Monte, encontramos no solo la
prohibición de juzgar a los demás, sino que nos da
razones muy poderosas para evitar esta práctica:
Leamos atentamente los seis primeros versículos, de
Mateo 7:
• Juzgar a los demás revela un conocimiento
imperfecto
1. No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis
juzgados, y con la medida con que medís, os será
medido.
3. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu
hermano, y no echas de ver la viga que está en tu
propio ojo?
4. ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la
paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
5. ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y
en- tonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu
hermano.
6. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras
perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen,
y se vuelvan y os despedacen.
Cuando el Señor Jesús dice “No juzguéis, para que
no seáis juzgados” está dando una orden directa, sin
paliati- vos, una orden que significa eso: no juzguen
a nadie. Nin- guno de ustedes debe sentirse en la
posición de juez de los demás, ni emitir juicios
condenatorios contra ninguna persona, pues, el único
juez justo es Dios. Él es quien en realidad conoce el
corazón, sus intenciones y también su final, nosotros
no, porque solo vemos el comportamiento de las
personas en un momento determinado de la vida,
tenemos un conocimiento parcial, limitado y finito,
tanto de ellas como de los hechos que las rodean,
por lo tanto, cuando emitimos un juicio sobre
alguien, ese juicio está viciado, es imperfecto.
• Juzgar a los demás revela falta de compasión
La prohibición de juzgar a los demás, está
fundamentada también en el hecho innegable de que
los seres humanos cuando juzgan a otros,
normalmente lo hacen sin misericordia, justicia y
reflexión. La falta de compasión está en la base del
condenar a otros. Dios nos mandó a amar a nuestros
hermanos y a nuestro prójimo, eso implica ser
compasivos con ellos, amarlos desde las entrañas,
con misericordia, siendo comprensivos, entendiendo
que todos podemos cometer errores, y todos
podemos corregirlos, pero, quienesdesarrollan un
espíritu crítico con los demás, se olvidan de todo eso
y simplemente rotulan a las personas por una o
varias acciones, no piensan, este hermano o esta
persona se está equivocando en la forma como está
actuando, pero estoy seguro que si le hago ver su
error, cambiará; en lugar de eso, emiten un juicio de
valor, que resulta lapidario. Por ejemplo, frente a una
persona que dijo una mentira, no dicen: “No deberías
decir mentiras, porque…” sino: “Eres un mentiroso”.
Como notarás, el en- foque es diferente, ya que, en
la primera fórmula, se ataca el problema, no a la
persona, mientras que en la segunda, el ataque va
dirigido a la persona, y además, se le rotula, se le
atribuye una manera de ser inmodificable.
• Juzgar a los demás revela un corazón
orgulloso
Una actitud crítica con nuestros hermanos y nuestro
prójimo, puede ser muy dañina, no solo para ellos,
sino que de seguro lo será para nosotros, porque,
criticar y con- denar a los demás revela un corazón
lleno de orgullo que es un pecado sumamente
nocivo, para quien lo practica; lo convierte en una
persona ensimismada, autosuficiente, distante y
cruel, como tan acertadamente señala John Ortberg,
en su libro La vida que siempre has querido: “En su
nivel más profundo, el orgullo es la decisión de
excluir a Dios y a las demás personas del lugar que
tienen el de- recho a ocupar en nuestro corazón… El
orgullo destruye nuestra capacidad de amar… nos
lleva a excluir en lugar de abrazar, nos lleva a
inclinarnos ante un espejo en lugar de hacerlo
delante de Dios, nos lleva a juzgar en lugar de
servir”. Un discípulo de Cristo orgulloso, es una total
contradicción. El orgullo es el más antiguo de los
pecados, por el cual Luzbel fue expulsado del cielo.
Excluir y condenar al hermano o al prójimo refleja
orgullo, y Dios resiste a la per- sona orgullosa: “Así
mismo, jóvenes, someteos a los ancianos. Revestíos
todos de humildad en vuestro trato mutuo, porque
Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los
humildes” (1a de Pedro 5:5).
• Juzgar a los demás revela un corazón injusto
e hipó- crita
Casi siempre somos estrictos al juzgar las acciones
de las demás personas. Usamos demandas muy altas
para otros, mientras somos indulgentes con las
propias, eso es lo quiere decir “¿Y por qué miras la
paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de
ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3).
Si somos sinceros con Dios y con nosotros mismos,
tendremos que reconocer, que usamos diferentes
medidas para evaluar las acciones de las otras
personas y las nuestras. Somos injustos. Lo que los
demás hacen son pecados graves, groseros e
insoportables, mientras cuando nosotros cometemos
las mismas faltas, las consideramos pequeños
errores, un desliz o que simplemente “somos así”. En
este mismo orden de ideas, tenemos que reconocer,
que los seres humanos se pasan la vida tratando de
cambiar a los demás, intentando quitarles sus
pequeños defectos, sin preocuparse en lo más
mínimo por los propios. En palabras de Jesús
“quieren sacarle la paja del ojo al hermano sin tener
en cuenta el tronco que tiene en el suyo”. El Señor
dijo que eso es hipocresía (Mateo 6:5). Es más, en
realidad, esa forma de actuar, no es más que una
estrategia que usan los hipócritas: Señalar el pecado
de otros, para que ninguno vea los de ellos. Son
cortinas de humo, distractores.
La experiencia en la vida cristiana y la interacción
con muchas personas, te enseñará que la forma más
fácil de ver los defectos de los demás, es tener
grandes defectos nosotros mismos. Si tenemos
pecados del tamaño de un tronco, tendremos visión
20/20 o sea, visión perfecta, para ver los pecados
ajenos, así sean tan pequeños como una paja, por
eso, antes de estar juzgando y condenando a los
demás, cada discípulo de Jesús debe preocuparse por
co- rregir sus propios defectos, por juzgarse a sí
mismo, y no a los otros.
• El juicio para los que juzgan a sus hermanos
En su advertencia, a sus discípulos, para que no
caigan en esta actitud de crítica y condenación, Jesús
dice: “No juzguéis, para que no seáis juzgados,
porque con el juicio con que juzgáis, seréis
juzgados…” (Mateo 7:1-2). Dicho de otra manera, si
ustedes se vuelven críticos y condenado- res con los
demás, pueden esperar que ellos se vuelvan de esa
manera con ustedes. Quienes critican, serán criti-
cados, quienes condenan a los demás, serán
condenados por ellos. Es simple, el juzgar a los
demás funciona con el mismo principio que en el
Antiguo Testamento, funciona- ba la ley del talión
“ojo por ojo, diente por diente”. Si te acostumbras a
señalar, criticar, murmurar y condenar a las
personas, tendrás que acostumbrarte a que a ti
también te señalen, critiquen, y condenen, pues, eso
sembraste, eso cosecharás. Recuerda “Juicio sin
misericordia se hará a los que hacen juicio sin
misericordia”. ¡No habrá misericordia para la
reputación, de los que no tienen misericordia para
destruir la reputación de otros! Eso es precisamente,
lo que significa, “Con la misma vara con que ustedes
miden, serán medidos”. Las mismas reglas que uses
para juzgar a los demás, Dios la usará contigo. Dicho
de forma gráfica, si tú usas un metro de 90
centímetros, para medir las accio- nes de tu hermano
o tu prójimo, las personas te pedirán prestado ese
mismo metro, para medir las tuyas. No esperes que
usarán uno con las medidas correctas.
• Una aclaración, sobre la necesidad de
confrontar el pecado y el error en la Iglesia del
Señor
Por supuesto, hay que aclarar, que toda esta
explicación acerca de no juzgar a los demás, nada
tiene que ver con la necesaria confrontación del
pecado que alguien esté cometiendo, o la necesaria
defensa de la verdad de Dios,
Iván Castro De la Hoz
que algunos ministros del Evangelio, hacen desde los
altares, cuando confrontan las falsas enseñanzas que
esparcen los falsos maestros, pues, en esos casos,
está bien que lo hagan, porque es un deber delante
de Dios. Claro que a diferencia de lo que hemos
expuesto a lo largo del presente capítulo, quienes
confrontan valientemente el pecado de alguien o
exponen los errores doctrinales de los falsos
maestros, no asumen una actitud condenatoria,
crítica, ni soberbia, sino que más bien, buscan
ayudar a las personas que han caído en algún pecado
a salir de él o defienden a la Iglesia de los efectos
dañinos del error. Además de eso, quienes restauran
al caído y defienden la verdad del Reino de Dios, no
tienen una actitud condenatoria, no son im- pulsados
por el orgullo o la falta de compasión, sino por el
amor a Dios, a sus hermanos y a la iglesia del Señor.
Resumiendo lo dicho en este capítulo. El Señor Jesús
nos prohíbe a sus discípulos, emitir juicios
condenatorios contra alguien, porque nuestro
conocimiento de las razones por las cuales las
personas actúan de cierta forma, es imperfecto,
además, porque la actitud crítica y condena- toria
reflejaría orgullo, dureza, injusticia e hipocresía; por
otra parte, nos expondría a ser tratados de la misma
manera por aquellos a quienes hemos juzgado
severamente y por los demás. No obstante, si vemos
a alguien cometer un pecado, estamos autorizados
por Dios para corregirle con amor, procurando su
restauración y en el caso de los ministros del
Evangelio, es un deber defender la verdad de la
Palabra de Dios, confrontando las doctrinas erradas,
sin necesidad de atacar a las personas que las
promueven.
Encuentro 30 REPRENDE CON
SABIDURÍA
A pesar de la prohibición de juzgar a los demás,
hecha por el Señor Jesús, en los versículos que
citamos al comien- zo del capítulo anterior,
encontramos, por otra parte, que el Señor sí nos
permite que amonestemos con sabiduría a quienes
consideremos que están cometiendo alguna falta.
Hacer esto, no solo es correcto, sino que es un deber.
Sería un acto de desamor, ver a un hermano cometer
alguna falta y no corregirlo.
Sin embargo, la reprensión debe hacerse con
sabiduría, pues no todas las personas están en
condición de ser corregidas, tal y como lo señaló el
Señor Jesús cuando dijo:
No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras
perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen,
y se vuelvan y os despedacen.
Mateo 7:6
Estarás de acuerdo conmigo, en que estas palabras,
son sumamente duras, en ellas, el Señor llama a la
reprensión “lo santo” y la compara con “perlas” y a
las personas que no aceptan la amonestación, las
asemeja con “perros” y “cerdos” para señalar, que
hay personas que no solo no valoran la reprensión,
sino que, además, atacan a quien le reprende. Estas
palabras te resultarán más duras aún, si tomas en
cuenta, que para un judío de la Palestina del primer
siglo, tanto los perros como los cerdos, eran
animales despreciables. El punto aquí, es que existen
personas, cuya obstinación los vuelve irracionales y
por más que se les muestre la verdad y les exhiban
razones para que cambien, persisten en sus
comportamientos autodestructivos y lesivos para los
demás. Son personas que no aceptan la corrección y
se tornan peligrosas para quien les reprende, como
dijo el sabio Salomón: “Mejor es encontrarse con una
osa a la cual han robado sus cachorros, que con un
fatuo en su necedad” (Proverbios 17:12). En este
versículo encontramos una metáfora muy conocida
en las Sagradas Escrituras, “la osa a la que le han
quitado sus crías”, que apunta al concepto del peligro
(2° de Samuel 17:8; Oseas 13:8). El oso, por sí solo
significa peligro, cuánto más, “una osa, a la que le
han quitado su cría”. Eso es peligrosísimo, así es el
necio o indiferente a la sabiduría, es sumamente
peligroso, porque no escucha la corrección, ni acepta
a quien le corrige.
• Cada persona es responsable de su vida
En la mayoría de los casos, la persona que se obstina
en su conducta pecaminosa, desprecia a quien le
reprende, busca excusas y hasta termina hablando
mal de quienes le señalan sus faltas. Esto es tan
común, que estoy segu- ro que tú mismo habrás
tenido la experiencia, de intentar ayudar a alguien
que no se quiere dejar ayudar, que sencillamente no
está dispuesto a cambiar. Si lo has intentado, te
habrás sentido frustrado, al notar cómo se
empecinan en su conducta. Ten en cuenta esto,
ninguno de nosotros puede cambiar la vida de otra
persona, solo Dios puede hacer eso si la persona se
lo permite, pues, a todos Dios nos dio libre albedrío,
es decir, nos dio la libertad de elegir la vida que
queremos vivir y un día rendiremos cuenta a Dios por
las decisiones que hayamos tomado, nosotros y
nadie más, somos los únicos responsables de nuestra
vida. Las personas necias, deciden no prestar
atención a los consejos sabios, deciden ir en
contravía de las correcciones y luego empiezan a
buscar culpables, de las consecuencias de sus
propias decisiones.
Somos los arquitectos de nuestras vidas y
responderemos a Dios por lo que edifiquemos. Así
que, cuando re- prendas a alguien, intentando
ayudarle a modificar una conducta pecaminosa y te
encuentres con su resistencia, con que no te presta
atención y quiere seguir en su estilo de vida
autodestructivo, no te frustres. Esa es su decisión.
Ora por él o por ella y no insistas, pues, como los
cerdos de la metáfora del Señor Jesús, si insistes, se
volverán contra ti para despedazarte. Si ya te ha
ocurrido, que alguien a quien quisiste ayudar, se
enojó contigo y ha intentado ha- certe daño, no
permitas que tu corazón se llene de resenti- miento o
amargura contra esa persona, porque lo peor que te
puede hacer, es convertirte en semejante a ella.
• ¿A quiénes no se debe amonestar?
Sobre este tema de evitar reprender a las personas
que se niegan a escuchar la amonestación, las
Sagradas Escrituras son reiterativas, especialmente
en el libro de Prover- bios, escrito por el sabio
Salomón, que es donde más encontramos esta
prohibición. Proverbios 9:7-8 dice: “El que corrige al
escarnecedor, se acarrea afrenta; el que repren- de
al impío, se atrae mancha. No reprendas al
escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al
sabio, y te amará”. En 17:10 dice: “La reprensión
aprovecha al entendido, más que cien azotes al
necio”. En 23:9 “No hables a oídos del necio, porque
menospreciará la prudencia de tus razones”. En estos
pasajes, tenemos lo que bien podríamos llamar “la
teología de a quienes no se debe reprender”. Los
textos mencionan a los escarnecedores o burladores,
los impíos o crueles y a los necios u obstinados,
estas son personas que se niegan a aceptar la
amonestación y suelen tornarse ofensivas con
quienes intentan orientarles. En esos casos, es mejor
tomar en cuenta la advertencia del Señor de “No dar
lo santo a los perros, ni echar perlas a los cerdos”.
• ¿Quiénes están incapacitados para amonestar
a otros?
Aunque Jesús nos permite amonestar a otros, nos
ad- vierte como ya lo hemos explicado, que no todos
están en condición de ser amonestados, pero
además, nos enseña, que no todos están en
condición de llamarle la atención a los que cometen
alguna falta. En este caso, nos recuerda que si somos
culpables de cometer los mismos pecados que
intentamos corregir, estamos incapacitados para
reprender a otra persona, a esto se estaba refiriendo
el Señor cuando dijo: ¿O cómo dirás a tu hermano:
Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en
el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu
propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja
del ojo de tu hermano (Mateo 7:4-5). En realidad, no
solo es falta de sabiduría amonestar a los demás,
cuando nosotros estamos cometiendo las mismas
faltas que les intentamos corregir, sino que es un
acto de hipocresía. Nuestros propios pecados
deberían aparecer ante nuestros ojos, como mayores
que los de los demás. Debemos primero exponer
nuestras propias faltas ante Dios, para ser liberados
de ellas y entonces, estaremos en disposición
espiritual de ayudar a otros a ver las suyas.
• ¿Cómoreprender a quienes han cometido
alguna fal- ta?
En otro pasaje de los Evangelios, el Señor Jesús dio
ins- trucciones muy específicas, acerca de lo que
debemos ha- cer, cuando tenemos que corregir las
faltas de un hermano; me refiero a Mateo 18:15-17
donde dice: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti,
ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere,
has ganado a tu hermano.Más si no te oyere, toma
aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o
tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a
ellos, dilo a la Iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle
por gentil y publicano”.
Observemos el procedimiento que el Señor establece
en este pasaje. En primer lugar tengamos en cuenta,
que quien va a ser corregido es “tu hermano”, es
decir, siempre que confrontemos a alguien, que nos
ha ofendido, debemos hacerlo sobre la base de una
relación de amor fraterno, no como si fuera nuestro
enemigo. En segundo lugar, al reprenderlo, debemos
tener la precaución de no exponerlo en público, no
humillarlo, de eso trata la ins- trucción, hay que
“reprenderle estando a solas con él”. En tercer lugar,
el objetivo de la reprensión debe ser “ganar a
nuestro hermano” es decir, restaurar la relación de
amor fraterno, con quien nos había ofendido. ¡No se
trata de ga- narle al hermano, sino de ganarnos a
nuestro hermano! En cuarto lugar, si no escucha la
reprensión que le hacemos a solas, debemos
confrontarlo en presencia de “uno o dos testigos”.
Esta instrucción, tiene la intención de evitar que las
diferencias que surgen entre discípulos de Cristo,
queden en el plano meramente personal, debe haber
testigos de las actitudes que asumimos frente a la
resolución de nuestros conflictos. En quinto lugar, el
Señor dice “Si no los oyere a los dos, dilo a la
Iglesia” pues, la Iglesia es la reguladora de las
relaciones de sus miembros, es la autoridad
legítimamente constituida por Dios para dirimir
conflictos entre ellos, y aquí se prueba cuán sumisos
estamos a Dios, al aceptar la reprensión de nuestra
comunidad de fe. En sexto lugar, “si no oye a la
Iglesia, se le debe considerar un pagano”, en otras
palabras, como alguien que no es un discípulo de
Cristo, ni miembro de su Iglesia.
¿Te das cuenta, todos los pasos que hay que agotar,
antes de poder declarar que una persona, ha
decidido por su propia voluntad alejarse de la
comunión con los creyentes?, por lo menos cinco
pasos, precisamente por eso, es muy doloroso, que a
pesar de tener instrucciones tan claras, dadas por el
Señor acerca de lo que debemos hacer cuando
surgen conflictos entre nosotros, hagamos todo lo
contrario. Algunos cristianos cuando tienen conflictos
con otros creyentes, en lugar de reprenderlos a
solas, con la intención de restaurar la relación, lo que
hacen es contarle a muchos acerca de sus diferencias
con ellos y terminan convirtiendo la relación con los
otros creyentes en un con- flicto permanente, porque
la crítica, la murmuración y la difamación, no
construyen relaciones fuertes, sino que por el
contrario, las destruyen. Tú no caigas en estas
prácticas, eres un hijo de Dios, nacido de nuevo, un
discípulo de Cristo, que has decidido aprender de Él,
la mejor manera de vi- vir. Debes tener un corazón
puro, libre de orgullo, soberbia, resentimiento y
siempre dispuesto al perdón y la reconci- liación.
Eres un discípulo de Cristo, que entiendes que tus
relaciones con los demás revelan la calidad de tu
relación con el Señor Jesucristo.
Encuentro 31 TRATA A LOS
DEMÁS COMO ESPERAS SER
TRATADO
Después de corregir la actitud condenatoria, crítica y
difamadora de algunos de sus oyentes y de instruir a
sus discípulos acerca de la forma sabia de reprender
a quienes están en disposición de ser corregidos, el
Señor Jesús, continúa su discurso exponiendo uno de
los principios más importantes de las relaciones
humanas. Tan importante, que ha sido llamado, por
la gran mayoría de intérpretes de las Sagradas
Escrituras y aun por sociólogos seculares: “la regla
de oro de las relaciones humanas”. Este principio lo
encontramos expresado en Mateo 7:12 donde dice:
“Así que, todas las cosas que queráis que los
hombres hagan con vosotros, así también haced
vosotros con ellos; porque esto es la ley y los
profetas”.
Algo de lo cual debemos estar conscientes es que
nuestro éxito, logros y felicidad dependen de nuestra
capacidad de relacionarnos eficazmente con las
demás personas. Ninguna cosa es más importante en
la vida que las relaciones, por lo tanto, debemos
procurar tener primero excelente relación con Dios y
después con el prójimo. Ningún aspecto de la vida
aportará más a nuestra felicidad diaria que tener
relaciones pacíficas y armoniosas, basadas en el
buen trato.
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
De acuerdo con Mateo 7:12, la clave para
relacionarse bien con los demás, es ponerse en el
lugar de las personas, en vez de poner a las personas
“en su lugar”. Colocarse en el lugar de las personas,
es intentar comprenderlos antes de juzgarlos. Es
buscar una explicación a las acciones de los demás,
de la misma manera que lo hacemos con las
nuestras. Recuerda cuán indulgentes somos con
nuestras propias faltas y la terrible tendencia que
tenemos de tratar con severidad, las faltas de los
demás, por eso, debemos adoptar la costumbre de
examinar las razones por las que alguien podría estar
actuando de cierta manera, para poder ser
misericordiosos con ellos. Antes de emitir un juicio
sobre las acciones de las otras personas, deberías
preguntarte ¿Por qué actúa de esta manera? ¿Qué
experiencias ha tenido en la vida, que le llevan a
actuar así? Intenta conocer mejor el trasfondo
espiritual, personal, familiar, laboral, intelectual y
social de la persona y comprenderás su forma de
actuar, solo de esa manera, podrás ayudarle a ser
mejor.
Estas palabras del Señor, nos enseñan a ver a las
personas como aliadas, no como adversarios, son
nuestros hermanos, condiscípulos nuestros. No son
enemigos a los que tenemos que derrotar, sino
hermanos a los que estamos llamados a amar
incondicionalmente. La manera como queremos ser
tratados, será la forma como los tratemos. Piensa en
esto, y considera si todos aplicáramos este principio
de vida en nuestras relaciones, cuán diferentes
serían las mismas. No existirían cárceles, rejas de
seguridad, sis- temas bancarios, ejércitos, ni policías.
Nada de eso, ya que, cada uno se convertiría en el
protector de los intereses de los demás.
Simplemente les haríamos el bien, porque se supone
que eso es lo que esperaríamos de ellos, por
ejemplo: no habría adulterios, pues todos
respetaríamos al cónyuge de nuestro prójimo, en
virtud, de que esperaríamos que los demás respeten
al nuestro.
• Trata a los demás como esperas que te traten:
Tan fácil y al mismo tiempo tan difícil de
practicar
Es curioso, pero un principio de vida tan sencillo,
claro, justo y útil, ha sido al mismo tiempo, tan difícil
de asimi- lar por las personas, de tal manera que,
existen hombres y mujeres por todas partes,
irrespetando a los demás y esperando ser respetados
por ellos. Muchos que le son infieles a su cónyuge y
esperan que estos le sean fieles. Deman- dan lo que
no dan. Exigen una cosecha buena, donde solo han
sembrado semillas de maldad. Quieren ser amados,
valorados, escuchados, admirados, pero ellos no
aman, no valoran, no escuchan, ni admiran a nadie.
No olvides, trata a las personas como esperas que te
traten. Tú mismo eres la medida, e impondrás la
forma en que te tratarán. Si quieres ser tratado con
respeto, tendrás que respetar, si quieres ser tratado
con amor, tendrás que amar, si te gusta que las
personas te escuchen cuando hablas, tendrás que
aprender a escucharlas, si quieres que tengan
paciencia cuando te equivocas, vas a tener que ser
paciente con las equivocaciones de los demás. En fin,
las personas actuarán como un reflejo tuyo, será
como si estuvieras viéndote en un espejo.
• Una historiailustrativa, del principio de cómo
el buen trato puede ayudar a otros a cambiar
Una historia que ilustra muy bien lo que acabamos de
exponer cuenta que: Hace mucho tiempo, una joven
a quien llamaremos Zu se casó y fue a vivir con el
marido y la suegra. Después de algunos días, no se
entendía con ella. Sus personalidades eran muy
diferentes y Zu fue irritándose con los hábitos de la
suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses
pasaron y Zu y su suegra cada vez discu- tían más y
peleaban (de acuerdo con una antigua tradición
china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y
obedecerla en todo). Zu, no soportando más vivir con
la suegra, decidió que tenía que liberarse de ella y
fue a visitar a un amigo de su padre. Después de
oírla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo: “Estas
hierbas son venenosas, debes colocar una porción de
ella en sus alimentos, pero no deberás usarlas de
una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello
causaría sospechas. Deberás darle varias hierbas que
irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos
días pondrás un poco de estas hierbas en su comida.
Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera
nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado
y actuar de manera muy amigable. No discutas,
ayúdala a resolver sus proble- mas. Recuerda, tienes
que escucharme y seguir todas mis instrucciones”. Zu
respondió: “Sí, Sr. Ko, haré todo lo que me pida”. Zu
quedó muy contenta, agradeció al Sr. Ko, y volvió
muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar
a su suegra.
Pasaron las semanas y cada dos días, Zu servía una
comida especialmente tratada a su suegra. Siempre
recordaba lo que el Sr. Ko le había recomendado
sobre evitar sospechas, y así controló su
temperamento, obedecía a la suegra y la trataba
como si fuese su propia madre. Después de seis
meses, la casa entera estaba completamente
cambiada. Zu había controlado su temperamento y
casi nunca la aborrecía. En esos meses, no había
tenido ni una discusión con su suegra, que ahora
parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con
ella. Las actitudes de la suegra también cam- biaron
y ambas pasaron a tratarse como madre e hija. Un
día Zu fue nuevamente en procura del Sr. Ko, para
pedirle ayuda y le dijo: “Querido Sr. Ko, por favor
ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra.
Ella se ha transformado en una mujer agradable y la
amo como si fuese mi madre. No quiero que ella
muera por causa del veneno que le di”. El Sr. Ko
sonrió y señaló con la cabeza: “Zu, no tienes por qué
preocuparte. Las hierbas que le di, eran vitaminas
para mejorar su salud. El veneno estaba en su
mente, en su actitud, pero fue echado fuera y
substituido por el amor que pasaste a darle a ella”.
Una inquietud que probablemente te asalte, a partir
de la lectura de los párrafos anteriores sea ¿Qué de
aquellas personas, que a pesar del buen trato que se
les da responden de forma agresiva? ¿Son acaso una
excepción a la regla de oro? No, no son ninguna
excepción. En esos casos, debes seguir la
recomendación que el apóstol Pablo hizo a los
creyentes que vivían en la ciudad Roma, cuando les
dijo “…Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si
tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se
avergüence de su conducta. No te dejes vencer por el
mal; al contra- rio, vence el mal con el bien”
(Romanos 12:20-21 BAD). No permitas que el mal te
venza. Haz el bien, que tarde o temprano tendrás tu
recompensa. Entiende, que tu recompen- sa no viene
de las personas a las que les haces el bien, sino de tu
Padre Celestial. Él lleva la cuenta de todas tus
buenas obras. ¡Dios tiene un registro exacto de toda
buena obra! Solo confía en su justicia. Además, de
acuerdo con estos versículos, existe la posibilidad
real de que esas personas sean confrontadas por el
Espíritu Santo, al ver tus buenas obras y cambien su
actitud.
• Las buenas relaciones con el prójimo y la
oración
En otro orden de ideas, si eres de los que confirman
con una lectura bíblica, las citas que aparecen
mencionadas en los libros, ya habrás notado, que
dimos “un pequeño salto” entre los versículos que
explicamos en el encuentro anterior y el que hemos
estado exponiendo en el presente, pues pasamos del
versículo seis (6) al versículo doce (12). La razón
para este “pequeño salto” es que, los versículos siete
(7) al once (11) tratan aparentemente de un tema
distinto al de las relaciones. Parecen estar fuera de
contexto, digo, parecen, porque, tenemos claro, que
tanto el Señor Jesús, como los escritores sagrados
fueron inspirados por el Espíritu Santo, de tal
manera, que es imposible que se hayan equivocado.
Por el contrario, cuando leemos estas palabras, en su
contexto próximo, confirmamos una de las verdades
más hermosas del Evangelio, que es esta: La oración
a Dios está subordinada a las buenas relaciones con
nuestros hermanos y con nuestro prójimo. Sin perder
de vista esto, leamos, ahora sí, lo que dice Mateo
7:7-11.
7. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y
se os abrirá.
8. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que
busca, ha- lla; y al que llama, se le abrirá.
9. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le
pide pan, le dará una piedra?
10. ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?
11. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos dará buenas
cosas a los que le pidan?
lo que nos está diciendo es que para ser libres de
una acti - tud crítica, murmuradora, difamadora,
condenatoria, para tener la sabiduría, al corregir a
los que están cometiendo alguna falta, para poder
reconocer nuestras propias faltas, antes de
amonestar a los demás, y para tratar a las personas
con respeto y consideración tendremos que orar. En
suma, la oración es un elemento fundamental para
ser liberados de las actitudes que destruyen la
comunión con nuestros hermanos. Siempre que
oremos por estos moti- vos estaremos seguros que
Dios nos escuchará y nos responderá, pues Él es un
buen Padre, que sabe dar buenas cosas a sus hijos.
Nada más apropiado, para un discípulo de Cristo, que
la ley de la justicia esté subordinada a la ley de la
oración; en otras palabras, de nada servirá que
pasemos mucho tiem- po en oración, si nuestra
actitud hacia nuestros hermanos, es de juicio o
menosprecio. En realidad, una actitud así, es un gran
obstáculo en la vida de oración. Para Dios la vida
cristiana es integral, monolítica. De una sola pieza.
No admite ambigüedades, ni confusiones. No
podemos tener excelente relación con Él en la
oración y pésimas relaciones con nuestros hermanos
y nuestro prójimo en la práctica, tal actitud sería
inconsistente con el verdadero discipula- do.
Cuando el Señor dice: “Pedid y se os dará; buscad y
ha - llaréis; llamad y se os abrirá” dentro del
contexto de las relaciones con nuestros hermanos y
con nuestro prójimo,
Encuentro 32 LAS RELACIONES
DE LOS DISCÍPULOS DE CRISTO
(UN REPASO Y ALGO MÁS…)
Como señalamos a lo largo de los capítulos
anteriores, para Dios las relaciones son lo más
importante. En realidad, no interesa mucho cuánto
éxito alcancemos en la vida, si no nos llevamos bien
con Dios y con nuestros semejantes. Mantener
buenas relaciones con Dios y el prójimo, es el secreto
de la felicidad. Una persona que carece de amor
genuino por Dios y hacia los demás, pasará por la
vida llena de resentimiento y en medio de grandes
conflic- tos, por eso, el Señor Jesús fue muy enfático
en el Sermón del Monte, al pedirle a sus seguidores,
que se cuidaran de aquellas actitudes que destruyen
las buenas relaciones.
Si recapitulamos las enseñanzas de Jesús en esta sec
- ción, recordaremos que nos prohibió: Juzgar a los
demás, reprender a los que se resisten a cambiar, y
corregir a otros cuando nosotros estamos cometiendo
los mismos errores, además, nos animó a reprender
sabiamente a quienes están cometiendo algún
pecado, a que hagamos con los de- más lo que
queremos que ellos hagan con nosotros y que no
permitamos que los conflictos contaminen nuestro
ser- vicio a Dios. En fin, nos enseñó que ser un
discípulo suyo implica cultivar el amor hacia los
demás.
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
Como consecuencia de este hecho, en el Nuevo
Testamento encontramos no menos de 35 deberes
que tenemos que cumplir con nuestros hermanos.
Son mandamientos específicos, acerca de lo que
cada uno de nosotros debe hacer a favor de los
otros. Encontrarás estos mandamientos, prestándole
atención a la fórmula bíblica “…los unos a los otros”
que se repite en los Evangelios y en las cartas
apostólicas. Para que tengamos solo una idea, a
continua- ción citaremos algunas de ellas: “…lavaos
los pies los unos a los otros” (Juan 13:14), “…si
tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13:35),
“…en la comunión unos con otros” (Hechos 2:42),
“Amaos los unos a los otros” (Romanos 12:10), “…
recibíos los unos a los otros, como también Cristo
nos recibió” (Romanos 15:7), “…ya no nos
juzguemos los unos a los otros” (Romanos 14:13),
“…servíos los unos a los otros” (Gálatas 5:13), “…sed
benignos unos con otros” (Efesios 4:32), “…alentaos
los unos a los otros” (1a de Tesalonicenses 4:18), “…
orad los unos por los otros” (Santiago 5:17).
El cumplimiento de cada uno de estos deberes hacia
nuestros hermanos, nos ayudará a forjar el carácter
de Cristo, puesto que, nos sacará de nuestro
pequeño mundo egoísta y ampliará nuestra
capacidad de amar desinteresadamente. Estarás de
acuerdo que el mundo en el que nos ha tocado vivir a
ti y a mí, es sumamente egoísta, es un mundo
“autista”, de personas ensimismadas, que no tienen
afecto natural, centradas en sí mismas (egocéntri-
cas), que rinden un culto a su yo (ególatras), a
quienes les cuesta demasiado buscar el bien del otro.
Un mundo en el cual predomina que el individualismo
y el pensamiento de que cada uno de nosotros es
superior a los demás. Un mundo que te dice que la
persona más importante para ti debes ser tú mismo,
que tú eres el número uno y que debes vivir a tu
manera. ¿Te puedes imaginar cómo reciben personas
influenciadas por esa manera de pensar, los
mandamientos de los que venimos hablando? De
seguro los consideran absurdos y hasta tontos; se
dirán ¿Cómo así, que tengo que preferir a los otros
antes que a mí? Pero, eso es precisamente lo que el
Señor nos pide, que tratemos a los demás con amor,
consideración, generosidad, respeto y bondad, que
busquemos el bien de ellos. ¿Sabes por qué? Porque
el Señor sabe que cuando hagamos eso, seremos
libres para siempre de nosotros mismos, libres de la
necesidad de autocomplacernos y libres para
agradarle a Él.
Dios usa las relaciones humanas para forjar el
carácter de Cristo en nosotros, lo hace por medio de
lo que Él nos pide que hagamos por nuestros
hermanos y hacia nuestro prójimo. Él está
destruyendo nuestro ego, para poder for- mar a
Cristo en nosotros, lo seguirá haciendo, hasta que
algún día podamos decir con el apóstol Pablo “Con
Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo,
mas Cristo vive en mí…” (Gálatas 2:20). Cuando
reconocemos que amar incondicionalmente a
personas imperfectas, nos ayuda más a nosotros que
a ellos, lo vamos a hacer con mayor alegría. Hay sin
duda personas difíciles de amar, son pre- cisamente
las que más necesitan ser amadas. Una y otra vez en
la vida vas a necesitar amar, perdonar, sobrellevar y
soportar a alguien, cuando lo hagas te parecerás más
a Cristo, estarás creciendo, tu carácter estará
cambiando y Cristo se reflejará por medio de ti.
El discípulo de Cristo, se enfoca más en sus deberes
que en sus derechos, reconoce el valor de hacer lo
correcto, de vivir de acuerdo con lo estipulado por
Dios. Esta gene- ración no es así, ellos quieren que
reclames tus derechos, que exijas, que protestes,
que uses a los demás para escalar, pero cuando
imitas a Jesús, tú no usas a la gente para tu
beneficio, tú vives para la gloria de Dios y eres una
ben- dición gigantesca para los que te rodean. Sé
que toda esta explicación suena inapropiada, como
dirían algunos, “anacrónica”, salida de lugar, pero ese
es el mensaje de Cristo, ese es su Evangelio. Menos
de nosotros y más de Él. Menos pensar en nosotros y
más pensar en servir a nuestros hermanos y al
prójimo.
Para poder cultivar este tipo de relación, basada en el
amor incondicional, que perdona y restaura, el
mismo Señor diseñó la Iglesia, la cual es como una
familia, donde Dios es nuestro Padre, Jesús nuestro
hermano mayor y cada uno de nosotros, los
discípulos de Cristo. Somos hermanos los unos de los
otros. El Señor planeó que en esta iglesia
desarrollemos relaciones fuertes, fundamentadas en
el amor, respeto, consideración y el perdón (Mateo
18), pero, para que esto sea posible, la iglesia tiene
que pasar de ser una gran masa de personas
desconocidas entre sí, que asisten a una reunión de
adoración a escuchar a un excelente orador, a
convertirse en pequeños grupos de dis- cípulos, que
se reúnen no solo en los grandes “templos” a cantar,
danzar y escuchar, sino, que también se reúnen
Iván Castro De la Hoz
en las casas, a adorar juntos, orar los unos por los
otros,
estudiar las Sagradas Escrituras, conocerse mejor y
ayudar
se mutuamente. Pequeños grupos de discípulos de
Cristo,
que no solo compartan tiempos de adoración y
estudio
bíblico, sino que también compartan experiencias de
la
vida cotidiana, donde tengan la posibilidad de
conocerse,
incluido el ofenderse para luego perdonarse y
aprender a
amarse a pesar de las
diferencias. PARTE VI
Eso fue precisamente lo
que Jesús hizo con sus
discípu- Los enemigoslos,
compartió con ellos la
mayor parte del tiempo,
les en-de los discípulos de
Cristotregó el legado de la
fe, fuera del escenario
religioso y cúl-
tico. Lo hizo en el camino mientras andaban, en las
casas
mientras cenaban o en una noche en el huerto
mientras
velaban. Necesitamos volver a hacer discípulos por
medio
de las relaciones, las relaciones fuertes. Necesitamos
cul
tivar la amistad con los otros discípulos de Cristo, en
los
escenarios distintos a la reunión de adoración, donde
esca-
samente nos saludamos y lo único que alcanzamos a
ver es
el cuello de los que se sientan delante de nosotros.
Cuando
estemos unidos en amor, volveremos a ver la
manifesta
ción gloriosa del poder de Dios, tal y como la anunció
el
Señor Jesús: “Otra vez os digo, que si dos de
vosotros se
pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera
cosa
que pidieren, les será hecho por mi Padre que está
en los
cielos Porque donde están dos o tres congregados en
mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo
18:19-20).
Encuentro 33 LOS FALSOS
CAMINOS
En nuestro estudio de las verdades enseñadas por el
Señor Jesús, en el Sermón de la Montaña, llegamos a
la última sección del mismo, en la cual el Señor habla
acerca de algunos obstáculos, que sus seguidores
tendrán que identificar y superar, para poder ser
discípulos genuinos, completos y radicales. Estos
obstáculos, aparecen mencionados en la sección
comprendida en Mateo 7:13 al 27, donde se nos
habla de: Los falsos caminos, los falsos maestros, los
falsos discípulos y los falsos fundamentos.
En este curso hemos llamado a estos obstáculos, los
enemigos del discipulado, puesto que, los mismos
impiden el crecimiento espiritual y el desarrollo de un
compromiso real con el señorío de Jesús.
En el presente encuentro abordaremos el primero de
estos grandes enemigos.
Mateo 7:13-14 dice:
13. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la
puerta, y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y muchos son los que entran por ella;
14. porque estrecha es la puerta, y angosto el
camino que lleva a la vida, y pocos son los que la
hallan.
En estos versículos encontramos la invitación del
Señor Jesús a sus discípulos a escoger la mejor
manera de vivir. La invitación es presentada,
mediante la figura de una puer- ta estrecha, que
conduce a un camino angosto y que da como
resultado la vida eterna; también encontramos la
advertencia para evitar un estilo de vida pecaminoso,
que conduce a la perdición eterna. El contraste es
claro, existen dos caminos: uno que conduce a la
vida eterna y el otro, a la perdición eterna. Estos
caminos están delante de los seres humanos,
quienes deciden en cuál de ellos andar. Los dos
caminos representan estilos de vida, que se opo- nen
entre sí. Ninguno puede andar en los dos, pues,
estos se separan tanto el uno del otro, que no existe
la menor forma de participar de ambos al mismo
tiempo. Estos ca- minos presentan una disyuntiva,
para los seres humanos y una invitación a decidir
cuál de ellos escoger.
Precisemos a continuación las características de estos
dos caminos o estilos de vida, para que tú mismo,
consi- deres en cuál de ellos estás andando.
Empezaré el capítulo señalando las características del
camino o estilo de vida que conduce a la perdición
eterna y lo terminaré mostrándote las características
del camino que conduce a la vida; espero con esto,
ayudarte a identificarlos y a tomar la me- jor
decisión.
Características de los falsos caminos
Al señalar las características del estilo de vida
pecami- noso, Jesús dijo: “ancha es la puerta y
espacioso el camino que conduce a la perdición y
muchos son los que la hallan”. Es decir, los falsos
caminos tienen una puerta ancha, un camino
espacioso y un camino multitudinario.
• Una puerta ancha
Esta primera característica se refiere al hecho, de
que por esta puerta puede pasar todo el que quiera,
con cualquier cosa, o sea, ofrece salvación en el
pecado, no del pecado. Las personas no tienen que
abandonar ninguna cosa para entrar por allí. Esta
puerta representa una predicación falsa del Reino de
Dios, que no menciona la ley de Dios, la condición
pecaminosa del ser humano, ni la necesidad de un
arrepentimiento genuino y de una vida transformada.
Una predicación centrada en el beneficio de los seres
hu- manos y no en la gloria, la justicia y la santidad
de Dios. A esta puerta ancha, es lo que Dietrich
Bonhoeffer, el famoso pastor, teólogo y mártir
alemán de principios del siglo XX, llamó la
predicación de “una gracia barata”. Esa gracia barata,
que describió tan magistralmente en su libro El
precio de la gracia: El seguimiento, y del cual basta
citar solo algunos apartes:
Gracia barata significa gracia vendida en el mercado
como baratijas de segunda mano… el perdón de
pecados, y los consuelos de la fe se malbaratan a
precios rebajados. La gracia es representada como la
inexhaustible tesorería de la Iglesia, de la cual ella
hace llover bendiciones con manos generosas, sin
hacer preguntas o fijar límites. ¡Gracia sin precio;
gracia sin costo!...Gracia barata significa gra- cia
como una doctrina, un principio, un sistema. Signifi-
ca el perdón de pecados proclamado como una
verdad general, el amor de Dios enseñado como la
concepción “cristiana” de Dios… una gracia donde el
mundo halla una cubierta barata para sus pecados;
no se requiere ninguna contrición, y mucho menos el
deseo real de ser libertado del pecado. La gracia
barata, por lo tanto, se reduce a una negación de la
Palabra viva de Dios. Es, de hecho, una negación de
la Encarnación de la Palabra.
Gracia barata significa la justificación del pecado sin
la justificación del pecador. La gracia sola hace todo,
dicen ellos, y así todo puede permanecer como era
antes. El mundo continúa en el mismo viejo camino,
y nosotros to- davía somos pecadores “aún en la
mejor vida,” como dijo Lutero. Bueno, entonces que
el cristiano viva como el res- to del mundo, que se
moldee a los estándares del mundo en cada área de
la vida y que no aspire presuntuosamente a vivir una
vida bajo la gracia, diferente a su antigua vida bajo
el pecado…¡Eso es lo que queremos decir con gracia
barata! la gracia que es a fin de cuentas la
justificación del pecado sin la justificación del
pecador arrepentido que se aparta del pecado, y de
quien el pecado se aparta. La gracia barata no es el
tipo de perdón de pecados que nos liberta de las
fatigas y afanes del pecado. La gracia bara- ta es la
gracia que nos otorgamos a nosotros mismos…
Gracia barata es la predicación del perdón sin
requerir arrepentimiento, bautismo sin disciplina
eclesiástica, co- munión sin confesión; absolución sin
confesión personal. Gracia barata es gracia sin
discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo
vivo y encarnado.
Mejor descripción, que la de este santo del siglo
pasado, no tenemos nosotros, eso es una puerta
ancha, lo peor es que actualmente tenemos más de
esto, que cuando Bonhoeffer lo denunció. Basta con
escuchar la predicación de algunos, para darnos
cuenta que presentan un discipulado sin demandas,
que solo exige derechos, pero no cumple deberes. Es
una predicación que invita a disfrutar del amor de
Dios, pero sin confrontar las conductas pecaminosas.
Son puertas anchas donde cabe todo el mundo
menos el Señor Jesús. Son puertas anchas donde se
puede pasar sin arrodillarse, ni humillarse, ese no es
el discipulado del que Jesús habló, ese no fue el
camino que Él presentó.
El joven rico que prefirió la puerta ancha
Recordarás, que en uno de nuestros encuentros
anteriores, mencioné la historia del joven rico, que
vino donde Jesús, porque quería saber ¿Qué tenía
que hacer para he- redar la vida eterna? Cuando el
Señor le respondió, que tenía que vender sus
posesiones, repartir el dinero a los pobres y seguirle
en medio de grandes dificultades, no estuvo
dispuesto a hacerlo. Recordarás también, que en esa
ocasión, el Señor aseguró delante de sus discípulos
“… más fácil es pasar un camello por el ojo de una
aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios”
(Marcos 10:25). En verdad, cuando el Señor
mencionó “el ojo de una aguja” no se estaba
refiriendo a una aguja para coser ropa, tal y como la
conocemos nosotros el día de hoy, sino que se refería
a las puertas pequeñas, enclavadas en medio de las
grandes puertas de las ciudades antiguas, las cuales
tenían la función de permitir entrar a aquellos
ciudadanos o visitan- tes, que llegaran a la ciudad,
después que la puerta grande había sido cerrada. El
asunto es que quienes llegaban después de cerrada
la puerta grande, tenían que dejar sus cargas afuera,
hacer arrodillar sus camellos y pasarlos con mucha
dificultad. No existía otra forma de pasar por esas
puertas pequeñas y angostas, en otras palabras, lo
que el Señor le está explicando a sus discípulos, es
que si alguien quiere heredar la vida eterna, va tener
que tomar la decisión de humillarse delante de Dios,
abandonar sus cargas de pecado y aceptarle a Él
cómo su salvador.
Un discípulo de Cristo como tú, evaluará la
predicación de las Sagradas Escrituras que escuche
con este criterio. Sabrá que toda propuesta de tener
comunión con Dios, que no incluya reconocimiento de
nuestra condición pecaminosa, arrepentimiento
genuino, confesión de las faltas a Dios, un pedido de
perdón, aceptación de Jesús como Salvador y Señor
y un cambio en la dirección de la vida, es
inadecuada, es simplemente una puerta ancha, a la
que no te debes exponer, porque te conducirá a la
perdición eterna.
• Un camino espacioso
La segunda característica de los falsos caminos, es
que son espaciosos, es decir, muy amplios,
promueven un estilo de vida que ofrece libertinaje.
Quienes andan por este camino, pueden mantener su
vida pecaminosa y mundana. Se declaran cristianos,
pero no cambian con relación a su antigua vida, para
ellos es suficiente con hacer una profesión de fe,
congregarse con otros cristianos, además, aprenden
todo lo referente a los servicios religiosos y
participan de ellos, pero, también participan de las
actividades mundanas. Son personas que el domingo
por la mañana están adorando a Dios en una
congregación cristiana, pero el viernes por la noche,
bien pueden estar libando copas en una discoteca.
No existe diferencia entre ellos y los que no han
confesado a Jesús como su Salvador.
No son hipócritas, sino mundanos, viven de acuerdo
con sus deseos y pasiones. No son hipócritas, porque
no ocultan sus actividades, ni creen que están
haciendo mal, sino que piensan que se puede ser
discípulos de Cristo y al mismo tiempo disfrutar de
los placeres temporales del pecado. Quieren lo mejor
del cielo y lo mejor de la tierra. Tal vez te sorprenda
saber que existen muchos grupos que se
autodenominan discípulos de Cristo y promueven
esta manera de vivir, sobre la base que Dios salva a
las personas por gracia y nada más. No importa si
después siguen pecado, porque según ellos, quien
peca es la naturaleza antigua, no la nueva, así que si
una persona consume li- cor, droga, comete
adulterio, hurta o violenta a los demás, quien hace
eso es su cuerpo, no su espíritu, el cual ya se salvó.
La naturaleza antigua está representada por el cuer-
po (la carne), mientras que la nueva por el espíritu.
Como verás, es una forma de creer extraña, que
tiene sus raíces en una herejía (falsa doctrina)
surgida en el siglo II, conocida con el nombre de
gnosticismo. Esta manera de creer, es inconcebible e
inaceptable. Es como si un ladrón o un violador
capturadoin fraganti, le dijera al juez: “Señor juez
quien cometió esa fechoría fue mi cuerpo, no mi
espíritu, por lo tanto, usted tendría que encerrar a mi
cuerpo, no a mi espíritu, pero, como mi cuerpo
contiene mi espíritu, le va a tocar dejarme libre,
porque sería injusto encerrar mi espíritu”. ¿Crees tú
que el juez aceptaría ese argumento? ¡Por supuesto
que no! Tampoco Dios. Cuando el hombre comete un
delito, lo comete como el ser integral que es, lo
mismo ocurre cuando peca, por eso, en ambos casos
tendrá que responder por sus actos.
Si alguien te invita a ser discípulo de Cristo, sin que
eso signifique un cambio de vida, no lo sigas, pues,
te está ofre- ciendo un camino espacioso, de
libertinaje, no de libertad. Todo el que se dice
cristiano y aún vive sometido a sus pa- siones y
deseos, es esclavo del pecado. Recuerda que el
Señor te llamó a libertad.
• Un camino multitudinario
Los falsos caminos tienen una última característica:
Mu - chas personas los encuentran y andan por ellos.
Son camino de multitudes, “…muchos son los que lo
hallan” dijo Jesús. En otras palabras, losfalsos
caminos, la vida licencio- sa y libertina ofrecen
compañía. Quienes viven en pecado suelen ser
indulgentes con las faltas morales de los demás,
hasta las alientan, entre ellos se apoyan para hacer
el mal y les parece extraño que personas como tú o
como yo ha- yamos decidido por un estilo de vida
diferente, alejado de los placeres temporales del
pecado.
Los falsos caminos ofrecen mucha compañía a
quienes andan por ellos, pero es solo eso, compañía,
pues no hay amistad genuina, ni amor desinteresado.
Son compañía de fiestas, injusticias e inmoralidad. La
compañía que ofrece el mundo normalmente está
ligada a intereses comunes de hacer el mal, de
participar juntos del desenfreno moral. A esto fue lo
que el salmista llamó “…camino de pecadores”
(Salmo 1:1). Por eso, como un discípulo de Cristo, tú
debes alejarte de tales prácticas, no puedes
compartir con ellos esta manera de vivir, aunque esa
decisión te suponga el desprecio y el rechazo de
muchos de ellos. Es preferible ir solo por la vida, que
pertenecer a la compañía de los que aborrecen a
Dios. Como quien dice, “es mejor solos, que mal
acompañados”.
El verdadero camino
En contraste con la puerta ancha y el camino
espacioso, que conduce a la perdición, el Señor Jesús
presenta una puerta estrecha y un camino angosto
que conduce a la vida. Este camino angosto
representa el verdadero camino o estilo de vida, que
debe vivir un discípulo de Cristo. Al igual que los
falsos caminos, el verdadero camino también tiene
sus características: Una puerta estrecha, es angosto
y pocos andan por él.
A continuación examinaremos brevemente cada una
de estas características.
• Una puerta estrecha
Se refiere aquí en primera instancia a la necesidad
que tiene todo ser humano de aceptar a Jesús como
el único y suficiente Salvador. En Juan 10:9 “Yo soy
la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y
entrará, y saldrá, y hallará pas- tos”. No existen
muchas opciones, para restaurar la comunión con
Dios, solo existe una, es Jesús. En esto es muy claro
el Evangelio, el mismo Señor Jesús dijo: “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí” (Juan 14:6). Él dijo, “soy el camino” no
“un camino”. No existen otros o muchos caminos
para llegar a Dios, solo uno, y ese es Jesús. No es
verdad, como dicen algunas per- sonas que todos los
caminos conducen a Dios.
En otro pasaje de las Sagradas Escrituras, el apóstol
Pedro afirmó: “Este Jesús es la piedra despreciada
por voso- tros los constructores, que se ha
convertido en la piedra principal.En ningún otro hay
salvación, porque Dios no nos ha dado a conocer el
nombre de ningún otro en el mundo por el cual
podamos ser salvos” (Hechos de los apóstoles 4:11-
12 DHH 2002). Como ves, el apóstol Pedro asegura,
que en ninguna persona distinta a Jesús hay
salvación. Como si todo esto no bastara, el apóstol
Pablo aseguró: “Porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre” (1a de Timoteo 2:5). No hay dudas, existe
una sola manera de ir a Dios, es Jesús. Ni la religión,
ni maestros iluminados, ni los santos. ¡Solo Jesús es
el Salvador! ¡Él es la puerta estrecha que conduce a
la vida!
En segunda instancia, la puerta estrecha, también
hace referencia, como ya lo mencionamos en algunos
de los párrafos anteriores, a la necesidad que tiene
todo aquel que quiere aceptar al Señor Jesús como
su salvador, de recono- cer su condición pecaminosa,
arrepentirse de ella y confe- sar a Dios su pecado. La
puerta estrecha, que es el Señor Jesús, es la única
oportunidad que tenemos de restaurar la comunión
con Dios, pero para esto, tendremos que reconocer
nuestros pecados y suplicar el perdón por los méritos
de la obra redentora de Jesús.
• Un camino angosto
En contraste con el estilo de vida libertino, que
ofrecen los falsos caminos, representados por
muchas enseñanzas permisivas del Evangelio
actualmente, el Señor nos enseña que el verdadero
camino o la vida cristiana genuina, tran- sita en
medio de privaciones y dificultades, que lo hacen
angosto. Es suficiente con repasar brevemente lo que
he- mos aprendido en el estudio del Sermón del
Monte, acerca del discípulo de Cristo, para comprobar
que esto es así. De acuerdo con nuestro estudio, un
discípulo de Cristo: Tiene un carácter formado por
Dios, que es semejante al del Señor Jesús. Cumple
con deberes morales más altos que los impuestos por
el Decálogo al pueblo de Israel en el Antiguo
Testamento. Desarrolla una vida devocional, secreta
y continua, que evita la hipocresía religiosa. Mantiene
mo- tivaciones sanas en su corazón y cultiva
relaciones basadas en el amor incondicional, que le
impiden juzgar y rechazar a los demás.
Además, este camino es angosto, porque, el
verdadero discípulo de Cristo, está llamado a cumplir
con demandas muy altas, que harán que su vida, en
momentos parezca difícil. En palabras del mismo
Jesús: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su
padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y
hermanas, y aun también su propia vida, no puede
ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en
pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-
27). Sí, para ser un discípulo de Cristo, tendrás que
amarlo a Él por en- cima de todas las personas y las
cosas; tendrás que renun- ciar al placer mundano y
tendrás que aceptar ser rechazado por su causa. No
será fácil, pero vale la pena, porque quienes le
reconocen a Él en este mundo, Él los reconocerá
delante del Padre Celestial y promete recompensarlos
por la eternidad. Un día en lugar de la cruz, te será
entregada una corona de gloria.
En síntesis, uno de los grandes peligros que
enfrentarás como discípulo de Cristo, será que
muchas personas intentarán desviarte de la forma de
vida que agrada a Dios, mostrándote caminos más
fáciles, estilos de vida sin demandas de santidad. Te
propondrán un discipulado sin cruz, sin dificultades,
ni sufrimiento, pero no te dejes engañar, ten siempre
presente la advertencia que Dios te hace por medio
del sabio Salomón “Hay caminos que al hombre le
parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de
muerte” (Proverbios 16:25).
• Un camino solitario
La última de las tres características, que hemos seña
- lado del verdadero camino, es que pocos son los
que lo hallan. A diferencia de los falsos caminos o
estilos de vida pecaminosos, en los cuales andan
multitudes, este camino es solitario. No a muchas
personas les agrada arrepentirse, confesar sus
pecados, renunciar a los placeres temporales del
pecado y aceptar ser rechazados por causa de su fe
en Cristo; de manera, que muchas veces nos vamos
a sentir inadecuados, con respecto a la gran mayoría
de personas con las que nos relacionamos. Habrá
muchos lugares y actividades que ellos realicen a las
que no podremos asistir y cuando los invitemos a las
que nosotros organizamos, ellos tampoco vendrán,
pues, no encontrarán las distracciones y diversiones
típicas del que vive sin Dios. Como dijo Jesús, habrá
momentos en los que te sentirás “como una oveja en
medio de lobos feroces” (Mateo 10:16).
Encuentro 34 LOS FALSOS
MAESTROS
El siguiente obstáculo o enemigo del discipulado
genuino del cual el Señor habla, son los falsos
maestros, en Mateo 7:15-20 recomienda:
15. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a
vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son
lobos rapa- ces.
16. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen
uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el
árbol malo da frutos malos.
18. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el
árbol malo dar frutos buenos.
19. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y
echado en el fuego.
20. Así que, por sus frutos los conoceréis.
Jesús advierte a sus discípulos seriamente acerca del
peligro que representan los falsos profetas en el
Reino de Dios; les dice: “Guardaos de los falsos
profetas”. Estos fal- sos profetas, de los cuales habló
el Señor, son los predicadores del error, son quienes
distorsionan el mensaje del Evangelio, que enseñan
doctrinas a las personas, que a la
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
postre las alejan de Dios. De ellos habla el apóstol
Pedro en su segunda Carta a los creyentes
despatriados por causa de la persecución en el
primer siglo, cuando escribió: “Pero hubo también
falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre
vosotros falsos maestros, que introducirán
encubiertamente herejías destructoras, y aun
negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí
mismos destrucción repentina” (2ade Pedro 2:1); o
sea, que los falsos profetas, no son solo predicadores
que proclaman un Evangelio falso, sino que también
son maestros que enseñan una forma errada de vivir
el Cristianismo.
• El peligro de los falsos maestros
Una vez más consideremos la advertencia del Señor
“Guardaos de los falsos profetas”. Dicho en nuestros
términos: “Tengan cuidado de los falsos predicadores
y de los falsos maestros”. Pero, lo que quiero pedirte
que consideres en esta frase, es el sentido de alerta,
la sensación de peligro y también la manifestación de
amor cuidadoso del Señor por sus discípulos. A
continuación, compara a los fal- sos predicadores con
lobos rapaces. Esta comparación es muy significativa,
pues, los lobos son depredadores muy voraces que
atacan en manada y cuyo alimento preferido son las
ovejas. Ellos son uno de los riesgos más grandes que
enfrentan los pastores al cuidar sus rebaños. El
instinto de los lobos es destruir a las ovejas. De la
misma manera, los falsos predicadores del Evangelio
y los falsos maestros, desprecian la fe. Ellos no aman
a los discípulos de Cristo, no aman la Iglesia, solo
quieren destruirla. Su predicación y su enseñanza
van encaminadas a alejarlos de la verdadera senda
del discipulado y de la vida de santidad. Les
prometen libertad a sus oyentes, pero es para
convertirlos en esclavos de sus propias pasiones.
En su despedida de los pastores de la Iglesia en
Éfeso, en la ciudad de Mileto, el apóstol Pablo les hizo
la misma advertencia, que Jesús a sus discípulos,
“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en
medio de vosotros lo- bos rapaces, que no
perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se
levantarán hombres que hablen cosas pervermismos
se levantarán hombres que hablen cosas perver 30).
Además de repetir la advertencia del Señor, el
apóstol aclara que algunos de esos lobos rapaces o
falsos maestros, se levantarán de en medio de la
comunidad de los discípulos de Cristo, es decir, que
un falso maestro, puede surgir del seno de la Iglesia.
Muchos de ellos, son personas que habiendo
conocido la verdad, simplemente no están dispuestos
a aceptarla, ni obedecerla, siempre andan en la
búsqueda de algo nuevo y en esa búsqueda,
encuentran quien les diga esas cosas nuevas que
quieren oír. Como también dijo el apóstol Pablo “…
vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina,
sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán
maestros conforme a sus propias concupiscencias, y
apartarán de la verdad el oído y se volverán a las
fábulas” (2a de Timoteo 4:3). Entonces empiezan a
repetir esas enseñanzas, por todas partes. Esparcen
el error de la misma manera que una serpiente
inyecta su veneno. No desprecian la menor
oportunidad para dar a conocer sus nuevas ideas.
Ideas que al confrontarlas con las Sagradas
Escrituras, son completamente erradas.
Por esta razón, ten mucho cuidado cuando escuches
a un predicador o maestro de las Sagradas
Escrituras, diciendo que “Dios le ha dado la última
revelación”. No te dejes engañar por esos anuncios,
porque ya Dios nos dijo todo lo que tenía que decir,
con respecto a la salvación del alma, la Iglesia y lo
que está por venir. ¡La verdad de Dios ya fue
revelada en las Sagradas Escrituras! No andes por
ahí, escuchando todo tipo de predicación, porque
puedes ser engañado. Evita ser un creyente satélite,
que anda de reunión en reunión, exponiéndose a
todo tipo de predicación. Escoge una congregación
donde se predique de manera seria las Sagradas
Escrituras, sus ministros tengan un compromiso con
la vida de santidad, donde no veas intereses
económicos y comprométete a crecer espiritualmente
y a servir a Dios allí.
De lo dicho en el párrafo anterior, se desprende que
una de las decisiones más importantes que harás en
tu vida, es elegir a cuál iglesia local te unirás, para
participar de la adoración, aprender de la Palabra de
Dios y servir al Señor. Aunque te parezca exagerado,
esta decisión es mucho más importante, que escoger
la universidad donde vas a estudiar, la empresa
donde quieres trabajar o el lugar de la ciudad donde
vas a vivir. Es más importante que todo eso, porque
tiene que ver con tu vida espiritual y tu des- tino
eterno, por eso, no elijas la iglesia sobre la base de
la comodidad del lugar, de lo atractivo de la
programación o de lo divertida que parezcan las
personas que allí asisten. Hazlo pensando en la
necesidad de crecer espiritualmente. Busca una
congregación cristiana donde sus ministros ten- gan
buena reputación, la predicación sea bíblica, cuyo
objetivo sea anunciar el Evangelio por el mundo
entero. Una Iglesia donde Dios sea honrado, por
encima del hombre.
• La apariencia de los falsos maestros
Los falsos profetas o falsos maestros que para el
efecto son lo mismo, son sumamente peligrosos, no
solo, por sus enseñanzas, sino por su apariencia.
Notaste que Jesús dice que “son lobos con vestido de
oveja”, como quien dice, su apariencia es inofensiva,
se camuflan en el rebaño de Dios y se hacen pasar
por verdaderos discípulos de Cristo y hasta como
ministros del Evangelio, cuando en realidad, lo que
pretenden es destruir la fe de las personas y
arrastrarlas al pecado. Dolorosamente, tenemos que
reconocer que la historia reciente de la Iglesia
cristiana está plagada de malos ejemplos de
personas que se dicen ministros, quienes prevalidos
de su condición de predicadores o maestros de la
Palabra de Dios, han estafado a personas, abusado
de mujeres, destruido hogares, empobrecido a sus
congregaciones, mientras ellos se enriquecen
ilícitamente. Todo eso ha sucedido. No vamos a tapar
el sol con la mano, ni vamos a negar una realidad tan
evidente, por terrible que parezca. En nombre de
Dios estos falsos mensajeros, han abusado de la fe y
se han convertido en un obstáculo para que muchos
entren en el Reino de Dios.
Aunque es verdad que hay que ser tolerantes, amar
a todos los seres humanos; que no debemos juzgar,
ni con- denar a ninguna persona, también es verdad
que debemos confrontar a quienes esparcen el error,
rechazar sus falsas enseñanzas; exponer sus motivos
y defender a la grey de Dios, pues, ellos arrastran las
almas al infierno. Es por eso, que no podemos ser
permisivos. Sería un acto de desamor nuestro con
quienes son engañados por estas falsas enseñanzas,
no confrontarlos y no solo de desamor, sino también
un acto de deslealtad con la Palabra de Dios, por eso,
Dios no solo espera sino que nos ordena contender
vehementemente a estos falsos predicadores del
Evangelio y maestros del Cristianismo (Judas 3).
• Identificando a los falsos maestros
Uno de los aspectos más relevantes de la
comparación entre los falsos profetas y los lobos
rapaces, es que el Señor agrega que vienen “…con
vestido de oveja”, lo cual significa que los falsos
profetas se disfrazan, asumen una apariencia que no
es la de un depredador, sino que por el contrario,
parecen inofensivos, se hacen pasar como discípulos
de Cristo, como ministros de Dios. Hablarán
suavemente, citarán las Sagradas Escrituras, se
mostrarán interesados por el bienestar espiritual de
sus oyentes, exhibirán dones espirituales y hasta
harán milagros, pero sus enseñanzas y sus
motivaciones son destructivas. Aunque su carácter es
perverso, su apariencia es de piedad. No será fácil
identifi- carlos, pero no te dejes engañar. El Señor
mismo nos enseñó cómo podemos conocerlos,
cuando dijo: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se
recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol
malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar
malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos”
(Mateo 7:16-18). ¿Te fijaste en el cambio de
metáfora, que usa el Señor aquí? De comparar a los
falsos predicadores o maestros con lobos vestidos de
ovejas, pasa a decir que son como un árbol malo que
da malos frutos, eso para decirnos después, “…por
sus frutos los conoceréis”.
Te preguntarás ¿Qué quiere decir que por sus frutos
conoceremos a los falsos predicadores y falsos
maestros? Se refiere en primera instancia, al hecho
de lo que podemos identificar por el resultado de sus
enseñanzas. En vista de que estas promueven una
vida libertina; sin compromiso con la santidad, ni la
pureza moral, quienes los siguen no se distinguen de
la manera de vivir de aquellos que no cono- cen a
Dios. Se mantienen iguales, en el mismo camino de
pecado y desenfreno moral que antes. La única
diferencia es que ahora van a una reunión religiosa y
se hacen llamar cristianos, pero su conducta es la
misma que cuando no asistían a ningún lugar. Debes
saber, que se supone que cuando una persona recibe
a Cristo como su salvador y Señor, su vida cambie
(2ade Corintios 5:17), por lo tanto, si observamos
que las personas continúan viviendo como antes y
además, consideran que eso es correcto, sabremos
que están siendo engañados por un falso maestro.
En segunda instancia, esta afirmación, se refiere, al
ca - rácter de los falsos maestros, ellos pueden
exhibir talentos, dones y hasta milagros, pueden
tener una personalidad carismática y una apariencia
piadosa, pero lo que nunca podrán hacer, es ocultar
su verdadero carácter. En realidad ellos son
“insensibles, implacables, calumniadores, liberti- nos,
despiadados, enemigos de todo lo bueno,
traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos
del placer que de Dios” (2a de Timoteo 3:2-4 BAD).
Tarde o temprano, su esencia quedará expuesta. El
árbol malo da frutos malos, no existe otra opción; en
cambio, el buen árbol, es decir, el predicador genuino
del Evangelio, el verdadero ministro de Dios, que
ama a Dios y a su pueblo, reflejará el carácter de
Cristo, que es el fruto del Espíritu Santo “amor,
alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad,
fidelidad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22-
23 BAD). ¡Cuán bueno es el Señor Jesús! No nos dejó
a merced de estos falsos maes- tros, sino que nos
enseñó a identificarlos y luego nos orde- na evitarlos.
Por último, si todas estas indicaciones te parecen
poco, entonces lee cuidadosamente 2a de Pedro 2:1-
22 y la epístola universal de Judas, desde el versículo
7 hasta el 16, donde encontrarás, que tanto el
apóstol Pedro, como Judas, hacen una descripción
detallada de la obra, el carácter, las motivaciones, los
resultados, y el destino final de los falsos maestros;
allí tendrás suficientes elementos de juicio para
conocerlos y además para evitarlos. Te darás cuenta
cómo los considera Dios, cuán peligroso es para tu
vida espiritual exponerte a sus enseñanzas y cómo
puedes hacer para alejarte de ellos.
Encuentro 35 LOS FALSOS
DISCÍPULOS
Falsos caminos, falsos maestros y ahora falsos
discípu - los, estos son tres de los principales
enemigos del discipulado, verdadero, completo y
radical. Los tres intentan alejarte de la práctica
correcta de tu fe y tu vida cristiana.
En Mateo 7:21-23, el Señor advierte acerca del
peligro de los falsos discípulos, y no solo de ellos,
sino, de que nosotros no nos convirtamos en alguno
de ellos. Leamos esta advertencia atentamente:
21. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de
mi Padre que está en los cielos.
22. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos
fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros? 23. Y entonces les declararé: Nunca os
conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
• Un falso discípulo confiesa con su boca, pero
niega con sus acciones
Esta otra advertencia del Señor Jesús a sus
discípulos,va dirigida a señalarles el peligro que
representan en el Reino de Dios los falsos cristianos;
aquellos que hacen una pro-
Un discipulado con el más grande de todos los Maestros
fesió n pública de su fe, pero que con su conducta
niegan la eficacia de ella. Dicen “Señor, Señor” pero
no obedecen a Dios. Esta clase de confesión que no
conduce a respetar, honrar y obedecer a Dios, de
nada sirve, es puro ruido emocional y religión sin
poder. Alguien que llama a Jesús Señor, pero no
obedece sus palabras, ni hace la voluntad de Dios, no
puede ser llamado discípulo de Cristo. Un discípulo,
como dijimos en uno de nuestros primeros
encuentros, es aquel que aprende, obedece y sigue a
su maestro por el camino. Es alguien que imita el
estilo de vida de su maestro y le honra respetando
sus enseñanzas con su vida.
• Los profetas del Antiguo Testamento
condenaron la confesión de boca, sin
transformación de vida
A través de los profetas en el Antiguo Testamento,
Dios condenó esa profesión de fe que no producía
una transformación de vida. En el libro del profeta
Isaías 29:13 Dios se queja diciendo: “…Este pueblo
me alaba con la boca y me honra con los labios, pero
su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más
que un mandato enseñado por hombres”. Dios
desprecia la adoración, que se basa solo en las
palabras, pero no nace en el corazón. En el profeta
Malaquías (1:6), Dios también protesta contra los
sacerdote de Israel “El hijo honra al padre, y el siervo
a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi
honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor?…”. Del
mismo modo que los padres deben ser honrados por
sus hijos y los señores por sus siervos, Dios debe ser
amado, admirado y respetado por quienes dicen que
Él es su padre y su Señor. Dios exige coherencia
entre la confesión de labios y la conducta de la
persona.
• Un falso discípulo dice, pero no hace
Decir y hacer,son dos realidades muy distintas en el
Rei - no de Dios, una persona que declara con su
boca que Jesús es el Señor de su vida, pero actúa de
forma contraria a esa declaración, es inconsistente,
pero más importante aún, no está haciendo nada,
pues para Dios, lo que decimos y no hacemos, no
tiene ningún valor. En muchos casos, las personas
solo expresan su afecto por cumplimiento, como
quien dice cumplen y mienten, así, pretenden quedar
bien con la persona a quien le dicen que le aman,
pero miente al no poner por obra lo que dicen. Tal es
el caso de los falsos discípulos de quienes el Señor
Jesús nos está alertando. No te dejes afectar por su
forma de vivir. No pierdas tu fe por causa de su mal
ejemplo. No permitas que la mala conducta de estos
falsos discípulos, te desvíen del estilo de vida que
agrada a Dios. “Coloca tus ojos en Jesús, quien es el
originador y finalizador de la fe” (Hebreos 12:2
Paráfrasis). Él nunca te defraudará. Contempla su
vida en los Evange- lios e imítale.
No se conviertan en uno de ellos
La advertencia que el Señor nos hace, no va dirigida
úni- camente, a que no permitamos que el mal
ejemplo de los falsos discípulos nos afecte, sino que
también se trata, de que nosotros no nos
convirtamos en uno de ellos; es como si nos dijera,
“Tengan cuidado de ser uno de aquellos, que me
llama Señor, pero no hace la voluntad de mi Padre”.
Para el Señor Jesús, la obediencia es la demostración
de la aceptación de su señorío. En una ocasión les
refirió a los dirigentes religiosos de Israel una
historia, con el propósito de enseñarles, que la
obediencia es actuar como Dios espera que lo
hagamos, y no hablar como a nosotros nos gustaría,
les dijo: “…Un hombre tenía dos hijos, y acercándose
al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después,
arrepenti- do, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la
misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor,
voy. Y no fue” (Mateo 21:28-30). Terminada su
narración, les preguntó: ¿Cuál de los dos hizo la
voluntad de su padre? Ellos respondieron: “El
primero” (Mateo 21:31). En efecto, el hijo que en un
principio le dijo a su padre que NO iría, pero luego
arrepentido fue, él hizo la voluntad de su padre
¡Obediencia es acción, no mera declaración!
Los falsos discípulos, pueden exhibir dones,
evidencias y hasta realizar milagros en el nombre del
Señor. Ellos, al igual que los falsos profetas del
Antiguo Testamento y los falsos maestros del Nuevo
Testamento, se apoyan en sus hechos portentosos,
pero no tienen una relación personal, de amor, con el
Señor Jesucristo. El mismo Señor, señala esta
característica, cuando dice: “Muchos me dirán en
aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y
en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo
7:22). No te dejes engañar por esto, recuerda, que
los milagros no ocurren para ratificar el carácter de la
persona por medio de la cual Dios actúa, sino, para
mostrar el amor de Dios por las perso- nas
necesitadas; ocurren también para mostrar el poder
de Dios y sobre todo su compasión con los que
sufren. Dios, en su deseo de liberar a las personas
del dolor, usará cualquier oportunidad para sanar y
liberar aunque para eso tenga que permitir que quien
ora por la persona sea alguien cuya vida no se ajuste
a la Palabra de Dios.
Judas Iscariote, el prototipo de un falso
discípulo Entiendo que lo dicho al final del párrafo
anterior, te in- quiete, de seguro te dirás que no te
parece que eso debería ser así, sin embargo, en las
Sagradas Escrituras tenemos un ejemplo muy
contundente, que confirma esta verdad, me refiero a
Judas Iscariote, uno de los “discípulos” de Jesús,
quien no solo fue discípulo, sino que además,
perteneció al grupo de los doce apóstoles. Fue
escogido por el mismo Señor Jesús y estuvo cerca de
Él, cada vez que el Señor les envió a predicar y les
dio autoridad para sanar enfermos y expulsar los
demonios de la vida de las personas, Judas estuvo
entre los que fueron, cuando regresaban estos doce,
contando las maravillas que Dios realizaba por medio
de ellos, él era uno de los que volvían, no obstante,
su corazón estaba muy lejos de Jesús. ¡Qué tragedia
la de Judas! ¡Tan cerca y al mismo tiempo tan lejos!
Esa es la tragedia de los falsos discípulos, tienen la
oportunidad de aprender, de imitar, de tener
comunión íntima con el Señor, pero deci- den
desobedecerle y vivir muy lejos de Él.
Judas es el prototipo del falso discípulo, oye a Jesús,
pero no le escucha, camina con Él pero no le imita,
hace milagros pero no le honra, comparte mucho
tiempo con Jesús, pero no tiene relación íntima con
Él. La gran ma- yoría de nosotros conocemos su
historia. Judas es conocido como el traidor por
excelencia; se hizo famoso, por entregar a su
maestro con un beso. Su nombre es hoy un estigma,
ningún padre quiere colocárselo a su hijo, pero, él no
solo traicionó a Jesús, cuando lo entregó, sino que,
reportan los Evangelios, desde antes hurtaba, “…
siendo ladrón, metía la mano en la bolsa de las
colectas”. Sí, leíste bien, ¡Judas era ladrón! Eso es lo
que realmente era, ¡Un vulgar ladrón! que se hacía
pasar por discípulo. Un lobo vestido de oveja. Así son
los falsos discípulos. Judas nunca consideró a Jesús
como su Redentor, mucho menos como su Señor.
Simplemente le siguió porque le reportaba un
beneficio material. ¡Cuidado! No caigamos en esa
condición. Examinemos nuestros corazones,
revisemos nuestras motivaciones y sigamos a Jesús
por amor y solo amor.
Un falso discípulo no es conocido por el Señor
Jesús Te fijaste en el versículo 23 de Mateo 7, cómo
respon- derá el Señor a los falsos discípulos “…
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad”. ¡Qué sentencia tan dolorosa! Es como si les
dijera, no se trata de que ustedes sepan todo acerca
de mí, que sepan cómo usar mi nombre para hacer
milagros y realizar señales portentosas. No, no se
trata de que ustedes conozcan cómo funciona la fe,
la oración, ni lo sobrenatural. Se trata de que me
conozcan y más importante aún, que ¡yo los conozca!
No entraremos al Reino de los cielos conociendo
mucho acerca de Dios, sino siendo conocidos por Él.
Como bien ha dicho el pas- tor y teólogo, John
MacArthur, en su comentario del libro de los
romanos, “El secreto del Cristianismo, no es cuánto
Iván Castro De la Hoz
tenemos de Dios, sino cuánto tiene Dios de
nosotros”. Es ser conocidos por el Señor, que Él
apruebe nuestra vida y diga: eres mi hijo. Un
verdadero discípulo es conocido por su señor.
Los falsos discípulos son más peligrosos que los
peca - dores
Por último, no olvides que ¡Un mal cristiano es más
pe- ligroso que un buen pecador! Sí, la peor
publicidad que puede tener el Reino de Dios, son los
falsos cristianos. Los falsos maestros y falsos
discípulos han hecho más daño a la fe de las
personas que los improperios de los pecadores; antes
por el contrario, cada vez que los impíos se han
levantado a perseguir nuestra fe, los creyentes han
sido fortalecidos y el Reino de Dios se ha extendido,
pero la conducta pecaminosa de quienes se dicen
maestros de la palabra de Dios o discípulos de Cristo,
ha provocado la incredulidad en algunos y el ateísmo
en otros. Oremos fervientemente a Dios, para que
nos ayude a ser genuinos, sinceros y coherentes en
la vivencia de nuestra fe, conscientes de nuestra
responsabilidad ante el mundo que nos ve y de que
un día daremos cuenta a Dios.
Encuentro 36 LOS FALSOS
FUNDAMENTOS
Al finalizar el Sermón del Monte, el Señor Jesús dice:
24. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y
las hace, le compararé a un hombre prudente, que
edificó su casa sobre la roca.
25. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron
vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó,
porque estaba fundada sobre la roca.
26. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no
las hace, le compararé a un hombre insensato, que
edificó su casa sobre la arena;
27. y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron
vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y
cayó, y fue grande su ruina.
Mateo 7:24-27
No pudo escoger mejores palabras, pues como
notarás, el énfasis está en la necesidad de poner en
práctica lo que Él acaba de enseñar. En términos
sencillos, lo que el Señor le dice a sus oyentes es que
si no ponen en práctica sus palabras, de nada les
servirá haberlas oído. Tal y como señalamos al
principio de este libro, el Sermón del Monte, fue sin
lugar a dudas, el más importante de todos los que
Jesús predicó, en él aparecen expuestas de manera
sucinta las grandes verdades del Reino de Dios que
todo discípulo de Cristo debe conocer, pero, si
solamente las oímos o las leemos, mas no las
cumplimos, nuestras vidas terminarán en una ruina
total.
Oír a Jesús y no obedecerlo es la mayor
necedad Para explicar mejor la verdad expresada en
el párrafo anterior, fijémonos cómo a continuación en
su exposición, Jesús hace uso de dos comparaciones,
a través de las cua- les ilustra lo que ocurre tanto
cuando alguien escucha sus palabras y las obedece,
como cuando alguien escucha sus palabras y no las
obedece. De los primeros dice que son como “…un
hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”,
mientras que de los segundos afirma que son como
“…un hombre insensato, que edificó su casa sobre la
are- na”. Oír el mensaje del Señor y no obedecerlo es
la mayor insensatez, es una colosal necedad, eso es
edificar toda la vida sobre un fundamento incierto, es
construir sobre arena movediza, que a la postre
terminará trayendo caos y desolación en la vida.
todo lo que se ve, descansa sobre ellos. Así es la vida
de un discípulo de Cristo, su fortaleza espiritual, su
estabilidad emocional, reposa en el fundamento de
las enseñanzas del Señor Jesús y de las Sagradas
Escrituras. Ten mucho cuidado con los falsos
fundamentos, ten mucho cuidado con asumir la vida
cristiana sin un compromiso serio con el mensaje de
Cristo. Si únicamente lees, meditas y estudias las
palabras del Señor, para simplemente decir, que te
parecen muy bonitas, elocuentes o sabias, pero no
las obedeces, estarás edificando sobre un
fundamento incierto.
Los falsos fundamentos son peligrosos
La manera como el Señor concluye su sermón, es
una de las advertencias más serias a sus discípulos.
Es como si dijera: “Tengan mucho cuidado con oír mi
mensaje sin ponerlo por obras, pues, eso es edificar
sus vidas sobre un fundamento falso, sobre arenas
movedizas, que les expondrán a la ruina total”.
Entiende que la desobediencia a Dios, crea
inestabilidad. Una persona que conoce las
enseñanzas de Jesús, pero no las pone en práctica,
será emocio- nalmente inestable y espiritualmente
caótica.
La importancia de un buen fundamento
Para ninguno de nosotros es un secreto, que la
fortaleza de los edificios, está en la solidez de los
cimientos, por esa razón, los constructores, invierten
mucho dinero en estudios de terreno, en la
edificación de cimientos sólidos, los cuales a pesar de
que no se ven, son imprescindibles, pues
Los falsos fundamentos son peligrosos porque
no son tan evidentes
Oír y no poner por obra las enseñanzas de Jesús, es
pe- ligroso, porque al igual que una casa que se
edifica sobre arenas movedizas, el riesgo no es
evidente. En apariencia las casas que se construyen
sobre rocas y las que se construyen sobre arenas
movedizas, son semejantes, en virtud de que los
cimientos no se ven. Esta es sin duda una de las
consideraciones más importantes que tendremos que
hacer al comparar la vida de los que son verdaderos
discípulos de Cristo con la de aquellos que
simplemente dicen que lo son, pero que no le
obedecen; probablemente en apariencia sus vidas
son iguales. Los cristianos y los nocris- tianos, pasan
por las mismas etapas de la vida, tienen emo- ciones
muy parecidas, cumplen con los mismos
compromisos diarios afrontando las mismas
vicisitudes. Quienes solo observan las apariencias, no
verán ninguna diferencia, hasta se preguntarán con
arrogancia ¿Qué ventaja tiene ser discípulo de
Cristo? ¿Cuál es la diferencia entre los que creen y
los que no?
Tú mantén la calma, cuando te cuestionen de esta
ma- nera, no tienes que demostrar nada. Tú fuiste
llamado para oír y obedecer y de eso se trata, de ser
un discípulo de Cristo. No te aflijas, cuando veas que
el malo prospera y se burla de la verdad. No te llenes
de envidia cuando veas que en apariencia les va
mejor que a ti. No te dejes engañar por eso,
conserva tu confianza en las promesas del Señor. Re-
cuerda que lo que importa no es la apariencia de las
cosas, sino su esencia. ¡La casa puede verse muy
bien pero si no tiene buen cimiento, caerá!
Los falsos fundamentos son peligrosos porque
condu - cen a la ruina total
Oír y no poner por obras las enseñanzas de Jesús, es
pe- ligroso, porque tarde o temprano, quienes han
construido sus vidas sobre los fundamentos falsos de
su autosuficien- cia y han desobedecido al Señor,
terminarán arruinados. Cuando vengan las tormentas
de la vida, y puedes estar seguro que vendrán, el
que ha oído pero no obedeció, sufrirá daño total.
Jesús lo expresó así, “…cualquiera que me oye estas
palabras y no las hace, le compararé a un hombre
insensato, que edificó su casa sobre la arena; y
descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y
dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue
grande su ruina” (Mateo 7:26-27). A todos los seres
humanos, incluyendo a los discípulos genuinos del
Señor, nos azotan las adversidades de la vida,
pasamos por momentos difíciles y expe- riencias
dolorosas, pero mientras los que fundamentan su fe
y su confianza en la obediencia a las palabras del
Señor, permanecen inconmovibles, los que solamente
oyen sus enseñanzas y no las ponen en práctica, se
desmoronarán emocional y espiritualmente,
quedarán devastados por las experiencias de la vida,
en tanto que si tú y yo decidimos vivir conforme a las
enseñanzas de Jesús, ninguna expe- riencia de la
vida por trágica y dolorosa que sea, podrá
destruirnos.
Una vida edificada en obediencia a Jesús, es
estable aun en medio de la adversidad
El insigne apóstol Pablo, hace eco a esta verdad, en
su segunda carta a los cristianos de la ciudad de
Corinto cuan- do afirma: “…tenemos este tesoro en
vasijas de barro para que se vea que tan sublime
poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos
atribulados en todo, pero no abati- dos; perplejos,
pero no desesperados; perseguidos, pero
Iván Castro De la Hoz
no abandonados; derribados, pero no destruidos” (2a
de Corintios 4:7-9 BAD). ¡Derribados, pero no
destruidos! Esta es una de las verdades más
gloriosas de la fe cristiana. ¡Los cristianos tenemos
vidas estables! Podemos pasar por mo- mentos muy
difíciles, pero no podrán destruirnos. No así, quienes
juegan con su fe y se convierten en oidores
olvidadizos del mensaje del Reino de Dios.
Finalmente, tienes que entender que la manera como
te acerques a Jesús y a su mensaje determinará la
forma como vivirás. Si le crees y le obedeces tendrás
una vida estable que aunque “venga la lluvia, y
crezcan los ríos, y soplen los vientos, y golpeen
contra tu casa; no caerás, porque estarás fundado
sobre la roca” (Mateo 7:25 Paráfrasis). Si le crees y
le obedeces, serás considerado por el mismo Jesús,
una persona sabia, que reflexiona sobre su vida,
considera sus opciones, evalúa los resultados y toma
la mejor decisión. En el Sermón del Monte como
habrás notado, aparece expuesta nuestra condición
humana, las demandas de Dios y la manera de vivir
para Él. Si lees este sermón serás sabio, si lo crees
serás salvo y si lo vives serás santo. ¡Léelo y
practícalo, es de sabios hacerlo!
314