0% encontró este documento útil (0 votos)
130 vistas17 páginas

Destrucción Masiva. Geopolítica Del Hambre

Este documento resume un libro escrito por Jean Ziegler sobre el hambre en el mundo. Comienza describiendo una escena en un centro de ayuda en Níger donde madres desesperadas esperan para tratar de salvar a sus hijos desnutridos. Luego resume las diferentes secciones del libro, que analizan la magnitud del hambre en el mundo, sus causas geopolíticas y estructurales, y los grupos más afectados como los pobres rurales y urbanos. Finalmente, describe cómo el hambre afecta la salud física y mental de

Cargado por

blinky21
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
130 vistas17 páginas

Destrucción Masiva. Geopolítica Del Hambre

Este documento resume un libro escrito por Jean Ziegler sobre el hambre en el mundo. Comienza describiendo una escena en un centro de ayuda en Níger donde madres desesperadas esperan para tratar de salvar a sus hijos desnutridos. Luego resume las diferentes secciones del libro, que analizan la magnitud del hambre en el mundo, sus causas geopolíticas y estructurales, y los grupos más afectados como los pobres rurales y urbanos. Finalmente, describe cómo el hambre afecta la salud física y mental de

Cargado por

blinky21
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 17

Destrucción masiva.

Geopolítica del
hambre [Ziegler, J. 2012]
Autor: Aznar, Margarita

Palabras clave

Hambre, Geopolitica, Ziegler.

Reseña: Ziegler, J. (2012): Destrucción masiva. Geopolítica del hambre.


Ediciones Península. Barcelona. (2011) Destruction Massive. Editions du Seuil.

“Una llave gira en la cerradura”.

La muchedumbre formada por mujeres que llevan en sus brazos un hatillo de


harapos con un niño y, a veces dos, se acerca a la puerta. Llevan esperando
desde el día anterior, desde varios días, bajo temperaturas récords de 47,5º a
la sombra. Dos años de sequía y una plaga de langostas han extremado las
condiciones. En la agrietada y reseca superficie de la sabana las mujeres han
cavado agujeros donde protegerse mínimamente del sol inclemente y
refugiarse durante la noche.
“Una hermana de origen europeo con hermosos ojos circunspectos aparece y
entreabre el portal varias decenas de centímetros. El racimo humano se agita, empuja,
se apretuja contra el portal. La hermana levanta un trapo y luego otro y luego otro más.
Con una rápida ojeada intenta identificar que niños tienen todavía una oportunidad de
sobrevivir.

Se dirige suavemente, en un hausa perfecto, a las madres angustiadas. Finalmente son


admitidos unos quince niños y sus respectivas madres. La hermana alemana tiene
lágrimas en los ojos. Un centenar de madres rechazadas ese día, permanecen
silenciosas, dignas, totalmente descorazonadas.

En silencio se forma una fila. Esas madres abandonan el combate. Se irán a la


sabana. Regresarán a su poblado a pesar de que allí no habrá alimento.

Un pequeño grupo decide quedarse en el sitio, en esos agujeros protegidos del sol con
ramas o un pedazo de plástico.

Volverá el alba. Y ellas volverán mañana. El portal se entreabrirá de nuevo durante


algunos instantes. Y ellas probarán de nuevo su suerte.” (pag. 17)

Este es el arranque del libro de Jean Ziegler con una escena presenciada por
el mismo autor en una misión desde su puesto de relator especial de las
Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación. El libro conjuga la
rigurosidad de los datos, el conocimiento y la experiencia del autor sobre el
tema, junto con un acercamiento al mismo a través de escenas como ésta que
conectan al lector con los dramas que hay detrás. Las cifras, los análisis son
reveladores, pero el poder que tiene el registro emocional de las escenas que
el autor comenta, impiden al lector permanecer indiferente.

El centro de las hermanas de la Madre Teresa en Saga (Níger) puede acoger


simultáneamente a unos 60 niños. Con ellas un niño con desnutrición aguda y
severa se puede recuperar en 12 días con alimentación vía intravenosa. “Se
curan casi todos” dice una hermana orgullosa, aunque al otro lado del patio las
tumbas son numerosas.

El escándalo de nuestro siglo es para Ziegler la destrucción cada año de


decenas de millones de hombres, mujeres y niños como consecuencia del
hambre. La agricultura mundial podría alimentar a 12.000 millones de seres
humanos, el doble de la población actual, No es una fatalidad. “Un niño que
muere de hambre es un niño asesinado” (pag.19), concluye.

El libro se divide en varias partes. En la primera parte se aborda “la magnitud


del desastre”. En la segunda el “despertar de la conciencia” después de la
Segunda Guerra Mundial con la creación de los organismos Food and
Agricultural Organization (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). La
tercera parte del libro desenmascara a “los enemigos del derecho a la
alimentación”. La cuarta trata sobre las razones de la decadencia del PMA y de
la FAO. En cuanto a la quinta y sexta parte del libro explican cómo y por qué
actualmente:
“La obsesión por el beneficio, el afán de lucro y la codicia de las oligarquías predatorias
del capital financiero globalizado prevalecen –en la opinión pública y ante los
gobiernos- sobre cualquier otra consideración, poniendo obstáculos a la movilización
mundial.” (pag. 21)

La Matanza

El derecho a la alimentación es el más violado de todos los derechos humanos.


Una sexta parte de los habitantes del planeta padece permanentemente
hambre.

La subalimentación está definida a partir de las necesidades calóricas de los


individuos en función de la edad. En un adulto serían 2220 calorías, por debajo
de esa cantidad un individuo no puede poner en juego toda su fuerza vital.

Morir de hambre es doloroso, es una lenta agonía en la que al sufrimiento físico


se añade la angustia, desesperación y abandono. En los niños es más rápido,
se consumen las reservas de grasas y azúcar, el sistema inmunitario se
desploma, aparecen diarreas, infecciones bucales y respiratorias y pérdida de
masa muscular. Finalmente ya no se pueden sostener en pie, permanecen
aletargados, con rostros de viejos y llega la muerte.

La subalimentación deja secuelas en el cerebro de los niños menores de 5


años, que se añaden a las derivadas de la subalimentación de su madre en el
embarazo. El hambre provoca enfermedades específicas como el noma que
es un tipo de gangrena fulminante que se produce por la incapacidad del
sistema inmunitario frente a las bacterias de la boca y que “devora” el rostro
fundamentalmente de los niños. En enfermedades como el SIDA, habría una
mayor resistencia a la enfermedad con la alimentación adecuada. No se
pueden dejar de lado los estragos psicológicos que origina la presión de no
poder alimentar adecuadamente a la familia.

El hambre invisible: La desnutrición, es decir la deficiencia en vitaminas y


sales minerales, es el llamado hambre invisible porque sus estragos no se
aprecian a simple vista. Pueden darse en personas con un peso normal. El
cuerpo necesita los micronutrientes en cantidades ínfimas, aunque su ausencia
origina enfermedades y carencias que pueden ser severas tales como anemia,
ceguera, beriberi, escorbuto, raquitismo, bocio etc. La inversión necesaria para
resolver este “hambre invisible” es menor, pero no hay voluntad por parte de
algunos estados. La degradación de los servicios de atención primaria en
muchos países incluso ha favorecido el aumento de las cifras. Las encuestas
realizadas desde 2004 muestran que un tercio de la población mundial infantil
menor de 15 años no puede desarrollarse completamente por carencias de
vitaminas y sales minerales. Nuevamente azota a los menores de 5 años.

La geografía del hambre: La FAO tiene un modelo estadístico complejo y a la


vez útil para determinar las cifras del hambre basadas en las necesidades
calóricas de los individuos junto con multitud de variables económicas. El
problema de la desnutrición es computado aparte.

Hay un hambre estructural en determinados territorios, y un hambre coyuntural


fruto de unas circunstancias adversas concretas. Los grupos más expuestos al
hambre son los pobres rurales, los pobres urbanos y los que son víctimas de
una catástrofe.

Los pobres rurales representan la mayoría de los hombres que padecen


hambre en el mundo. El 75% de los 1.200 millones de seres humanos que,
según el Banco Mundial, vive en la extrema pobreza pertenecen al medio rural
y tienen rentas de menos de 1,25 dólares diarios.

No ser propietario de la tierra es una de las causas, pero también hay


campesinos cuyas tierras no tienen el tamaño y la calidad suficiente. En el
hemisferio sur el 90 % de los campesinos no dispone de herramientas más
sofisticadas que la azada, ni tampoco del uso de abonos, ni de irrigación de los
campos, ni siquiera de estiércol pues no tienen animales. En estas condiciones
la productividad es escasa y a esto se une la presencia de roedores, las plagas
de langosta, la insuficiencia de silos de almacenamiento y la escasez de
transporte hacia otros mercados. En 2003 en Etiopía Ziegler vivió la absurda
situación que en una parte del país el hambre devastaba a 7 millones de
personas mientras a 600 km. de allí, decenas de miles de toneladas de teff se
pudrían a falta de carreteras y vehículos para trasladarlas.

Los pobres urbanos, que pueblan, por ejemplo, las favelas de Sao Pablo,
poseen una renta extremadamente limitada, un mínimo incremento de los
precios supone una catástrofe para ellos.
Las Crisis Prolongadas: El concepto “protracted crisis”, engloba las
situaciones en las que el hambre estructural y el hambre coyuntural conjugan
sus efectos y el país no consigue recuperarse. Aunque son diferentes suelen
tener en común fenómenos como la larga duración o los conflictos armados.
Actualmente 21 países figuran en este apartado, en 18 de los cuales confluyó
una catástrofe natural junto con un conflicto provocado por el hombre.

La situación de Níger es un ejemplo. Es un país de mas de 1 millón de


kilómetros cuadrados. Tiene sólo un 4% de tierras cultivables. Los habitantes
son, en su mayoría seminómadas con 20 millones de cabezas de ganado. Los
suelos son ricos en sales minerales y la carne es buena. Los nigerianos están
aplastados por su deuda externa y el Fondo Monetario Internacional (FMI)
arrasó el país en 10 años con varios planes de ajuste estructural.
Particularmente obligó a la liquidación de la Oficina Nacional Veterinaria dando
paso a la entrada de las multinacionales de la farmacopea animal. El estado ya
no ejerce control sobre las vacunaciones ni los medicamentos que llegan
muchas veces caducados, siendo usados. Los ganaderos tienen que comprar
en el mercado libre los antiparasitarios, vacunas y vitaminas con precios
marcados por las multinacionales. El clima es duro y mantener a los ganados
saludables cuesta mucho dinero y los ganaderos no los pueden pagar, los
animales perecen o son malvendidos antes. Los antiguamente orgullosos
propietarios del ganado se ven forzados a emigrar a los barrios de chabolas de
los alrededores de las ciudades, con el deterioro social y la desesperanza que
lo acompaña.

Al mismo tiempo, este país con sequía recurrente, subalimentación y


malnutrición, fue obligado por el FMI a desmantelar los stocks de reservas de
cereales que ascendía a 40.000 toneladas y que estaban destinadas a resolver
situaciones de emergencia alimentaria. El criterio del FMI es que estas
reservas pervierten el libre mercado. Desde mediados de los 80 Níger vive una
hambruna cada dos años de media.

Níger es el segundo país más pobre del planeta, pero también es el segundo
productor de Uranio del mundo. Explota el uranio en monopolio una
multinacional, Areva, controlada por la antigua metrópoli, Francia. El estado
nigeriano recibe un canon irrisorio. Un intento de contrato con otra compañía
explotadora fue abortado con un oportuno golpe de estado y volvieron las
cosas a su origen.

El FMI hizo hace cinco años un estudio de viabilidad de un sistema de


irrigación en Níger. Se podrían regar 440.000 hectáreas de tierra y se
garantizaría la autosuficiencia alimentaria del país, pero el segundo productor
del mundo de uranio no tiene dinero para financiar el proyecto.

La miseria de los pueblos del norte del Níger ha sido caldo de cultivo para
organizaciones terroristas como Al Qaeda del Magreb islámico. Han reclutado
jóvenes tuaregs a los que la política de Areva ha reducido al paro, la
desesperación y miseria. La presencia de las temibles plagas de langostas es
otro elemento que se une al conjunto de los demás.
Níger es un ejemplo de la complejidad multicausal en las crisis prolongadas. El
autor se detiene también en el problema de Gaza con la destrucción
sistemática del gobierno israelí de los abastecimientos de agua y alimentación,
es decir el uso del arma del hambre en un conflicto y también a la actitud del
gobierno chino con los refugiados del hambre que escapan de Corea del Norte.

La distribución geográfica del hambre en 2010 colocaba a Asia y Pacífico con


578 millones de personas de los 925 millones en total. Seguían el Africa
Subsahariana con 139 millones, Latinoamérica 53, Oriente Próximo y Africa del
Norte con 37 millones y los países desarrollados con 19 millones de personas
subalimentadas.

Hay que añadir en este marco geográfico que en las zonas rurales de Africa y
Asia las mujeres y niñas sufren una discriminación añadida porque pueden
acceder al alimento solamente después de que los hombres y los niños
varones lo hagan.

El Despertar de las Conciencias

Malthus planteaba en el siglo XVIII que el hambre obedece a una especie de


ley de necesidad ya que establece un equilibrio entre la población en aumento
constante y los recursos limitados. Hasta mediados del siglo XX las ideas
malthusianas han sido para los occidentales una forma de descarga de su
responsabilidad moral.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los sufrimientos compartidos


relacionados con el hambre favorecieron el despertar de las conciencias de los
europeos. Una figura destaca sobre las demás. Se trata del médico brasileño
Josué de Castro. Su trabajo en la década de los 30 le permitió observar y
recoger datos de cómo la subalimentación y desnutrición provocaban estragos
en la población y como los latifundios y los monocultivos eran la causa del
problema. Cómo la alta natalidad no era la causa de la escasez, sino que la
escasez promueve la alta natalidad, frente a las angustias del mañana, se
tienen muchos hijos para intentar asegurarse ayuda cuando pasen los años;
también mostraba la deslegitimación de planteamientos racistas acerca de la
vaguería e indolencia de determinadas poblaciones, que son fruto en realidad
de los estómagos vacíos que impiden el desarrollo de las capacidades.

Josué Castro le debe a Hitler su victoria sobre Malthus. Su libro geopolítica del
hambre, mostraba la estrategia deliberada de Hitler con respecto al arma del
hambre: La acaparación de los recursos alimentarios de los países invadidos y
la existencia de varios tipos de categorías de ciudadanos y diferente acceso a
la alimentación para cada grupo. También describía los problemas concretos
que tenían las naciones europeas en su lucha para salir del hambre de la
posguerra.

En este espíritu de un occidente concienciado se crearon las Naciones Unidas


y en 1946 la FAO. En 1963, se creo el PMA como forma de responder a
situaciones de urgencia. En el espíritu de los creadores de los pactos está el
que el hambre no es una fatalidad y que hay que intervenir con acciones
concretas, no dejando al libre movimiento de los mercados sino con reformas
agrícolas, subvenciones de los alimentos básicos, inversión pública para la
productividad de las tierras etc.

Josué Castro fue perseguido y también reconocido con diferentes menciones


internacionales a lo largo de su vida. El subtítulo de este libro es un homenaje a
su libro homónimo.

Los Enemigos del Derecho a la Alimentación

Los Cruzados del Neoliberalismo:


“Para Estados Unidos y sus organizaciones mercenarias –la Organización Mundial del
Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial – el
derecho a la alimentación es una aberración”. Para ellos los únicos derechos humanos
son civiles y políticos.” (pag. 143)

Detrás de la OMC del FMI y del Banco Mundial están las grandes compañías
transcontinentales que ejercen un control creciente, en concreto, sobre toda la
cadena alimentaria. Controlan los alimentos, cereales, carnes, pero también las
semillas, los pesticidas, los abonos, el almacenamiento, transporte y
distribución de los productos. Su objetivo no es producir alimentos sino obtener
los mayores beneficios. Pueden fijar los precios y, como poseen grandes
depósitos, almacenar los productos para que suba el precio y después distribuir
rápidamente cuando suben. La empresa Cargill es un ejemplo.

Estas empresas poseen además organizaciones financieras que operan en las


principales bolsas de materias primas agrícolas y tienen un papel determinante
en que los precios suban. Imponen los precios del mercado y cuando quieren
conquistar un mercado local inundan con sus precios bajos, practicando el
dumping. Así ocurrió con la producción avícola autóctona del Camerún. Se
suprimieron los aranceles a la importación de aves y las grandes compañías
pusieron los pollos en el mercado nacional a precios muy bajos, los
productores locales de aves no pudieron competir y tuvieron que dejar sus
explotaciones. Una vez eliminada la competencia, estas compañías ya
impusieron los precios.

Estas grandes compañías son enemigas del derecho a la alimentación. El


hambre, plantean, es una tragedia pero la solución es el aumento de la
producción con una industrialización enorme, la eliminación de las pequeñas
granjas familiares “improductivas” y la liberalización de los mercados, cualquier
intervención de los Estados o de los organismos internacionales entorpece este
libre comercio que llevaría a la producción necesaria para eliminar el hambre.

Hay un abismo en el planteamiento de los Estados frente al derecho a la


alimentación. Estados Unidos nunca ha aprobado el pacto de las Naciones
Unidas sobre los derechos económicos, sociales y culturales, el FMI y el OMC
lo combaten.

Los estados firmantes del pacto de las Naciones Unidas se comprometen a


respetar el derecho a la alimentación de los habitantes, proteger este derecho
frente a violaciones contra el mismo por parte de terceros y a solicitar ayuda
internacional cuando la hambruna golpee al Estado.

La India es el país con el mayor número de niños malnutridos del mundo, en


proporción y en números absolutos, existen grandes latifundios con una tierra
muy rica y fértil aunque inexplotada junto con una población sin ningún recurso.
Además son exportadores de trigo. La Constitución de la India defiende el
derecho a la vida y dentro de ella el derecho a la alimentación. Se plantean
leyes que promueven dotar de tierra a los parias de la casta inferior y esto
choca en la práctica con la corrupción administrativa y la extorsión de estos
latifundistas que llegan a asesinar a los nuevos propietarios a los que la ley ha
brindado una hectárea de tierra para cultivar. El tribunal supremo indio defiende
estos derechos, pero los campesinos ignorantes y desposeídos no saben de
todo ello. Sociedades civiles y otras instituciones están consiguiendo
sentencias favorables a este derecho.

En Sudáfrica también la Constitución defiende el derecho a la alimentación. Se


privatizó el agua potable en una zona del país. Subió el precio del agua lo que
imposibilitó el acceso a la misma a una parte de la población. Apelando a este
derecho constitucional, los tribunales pudieron intervenir frente a un abuso del
derecho al agua y por tanto a la alimentación.

Por último, los Estados con necesidades de intervención internacional para


paliar el hambre se resisten a esta petición muchas veces por el descrédito que
conlleva.

Todas estas intervenciones son consideradas por el FMI atentados intolerables


contra la libertad de mercado. Los argumentos esgrimidos por los partidarios al
derecho a la alimentación, son para ellos, pura ideología con tintes comunistas.
Hay un dibujo de Plantu en el que se ve a un orondo hombre blanco delante
una opípara comida y un niño africano escuálido a su lado le dice “tengo
hambre”. El hombre le contesta “¡Deja ya de hablar de política!”. (pag.159)

Los tres Jinetes del Apocalipsis son la OMC el FMI y en menor medida el
Banco Mundial. Son los que disponen de poderes excepcionales sobre la
economía de los países más débiles aunque la Carta de la ONU encomendó
esta tarea al Consejo Económico y Social.

El FMI y el Banco Mundial se crearon en 1944 y forman parte del entramado de


la ONU. La OMC, que nació en 1995, no. Ésta vino a sustituir al GATT que se
creó en la posguerra de la 2ª Guerra Mundial con el fin de disminuir
progresivamente las tarifas aduaneras de los países industrializados. Con la
liberalización total de los flujos de mercancías parece que se quiere conseguir
“el desarme unilateral de los países del sur” (pag.161). Los aranceles, el control
del tráfico de mercancías hacen de protección de la soberanía de los países
más desfavorecidos. La experiencia acumulada en los últimos decenios y
estudios muy solventes lo demuestran. Tal es el caso de un estudio del Oxfam
(Oxford Committee for Famine Relief) que demuestra como:
“En todos los lugares donde el FMI aplicó a lo largo del decenio 1990-2000, un plan de
ajuste estructural, millones de nuevos seres humanos fueron arrojados al abismo del
hambre” (pag.163).

La explicación es simple, el FMI se encarga de la deuda externa de los países.


Estos países necesitan divisas para poder pagar los tramos de la deuda que
les corresponde. Para conseguir estas divisas necesitan producir algún tipo de
riqueza que sea susceptible de exportarse. Muchos de ellos son
eminentemente agrícolas y entonces se tienen que dedicar a monocultivos
como el cacao o el café por ejemplo y no a cultivos que permitan satisfacer las
necesidades alimenticias de la población. Al mismo tiempo, el FMI renegocia
con moratorias la deuda, a condición de que los países establezcan severos
planes estructurales en los que se restringen servicios como la sanidad y
educación y se eliminan las subvenciones para los mas necesitados. Los
profesionales de los servicios públicos que se dedicaban a estas actividades
son despedidos. También incluye en sus exigencias estructurales las
eliminaciones de las subvenciones a los productos alimenticios o la eliminación
de los stocks de alimentos que interfieren el libre comercio.

La evolución en las últimas décadas de países como Níger, Haití, Zambia o


Ghana ejemplifican estas aseveraciones. Haití, por ejemplo, en 1980 era
autosuficiente en la producción de arroz, su alimento básico. Los 2 planes de
ajuste estructural que introdujo el FMI en esa década abrieron el mercado local
al arroz procedente de USA cuyo precio está muy subvencionado por
Washington. Esto aumentó las importaciones de arroz y el desplome de la
producción de arroz local. Con el consiguiente éxodo de los campesinos a los
suburbios de Puerto Príncipe y el deterioro de los servicios públicos por la
masificación. Desde la década del 2000 el gobierno de Haití tiene que
conseguir dinero para importar el 80% de arroz que necesita y, por lo tanto se
endeuda mas, si a esto le añadimos subidas del precio del arroz que en 2008
se triplicó, pues tenemos un panorama bastante completo de la hambruna.

Cuando el libre cambio mata: La distribución gratuita de alimentos en


situaciones de necesidades extremas, es para la OMC una práctica que
contraviene los principios más elementales del intercambio comercial. En 2005
en una conferencia interministerial en Hong Kong la OMC planteó que era
inaceptable que el PMA y otras instituciones distribuyeran gratuitamente en
campamentos de refugiados, sitios devastados por la langosta, hospitales de
niños severamente desnutridos arroz harina, y tortas de aceite... gracias a los
excedentes de los países. En Hong Kong los países del sur se sublevaron
contra estas pretensiones.

Otra derrota de la OMC se la ha infringido la India. Este país está afiliado a la


OMC y esto tiene un carácter vinculante con el poder ejecutivo para el libre
mercado etc., pero no es vinculante para el poder judicial. Esto hace posible
que en este país haya instituciones que reparten comida a bajo coste con un
protocolo específico por categorías de necesidad. Existe la correspondiente
malversación y abuso en el desarrollo de estas medidas pero se ponen en
práctica. Otra de las muchas contradicciones de este inmenso y complejo país.

La Ruina del PMA y la impotencia de la FAO


La FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) son herederas de las ideas
de Josué de Castro. En su origen el planteamiento de fondo era el derecho a
la alimentación, a lo largo del tiempo se ha perdido este concepto, pareciendo
que se trata de instituciones de ayuda humanitaria. El autor defiende mantener
su espíritu original. Las dos instituciones tienen su sede en Roma, aunque las
instalaciones del PMA son mucho más modestas que las de la FAO. Ambas
están amenazadas de ruina.

El PMA se ocupa de la ayuda humanitaria de urgencia. Tiene 36 países


miembros y emplea a unas 10.000 personas, el 92% de ellas sobre el terreno.
Se abastece de las ayudas de los países miembros. Estados Unidos aporta el
60% de las contribuciones. Durante décadas estas han sido fundamentalmente
en especie, con sus enormes excedentes agrícolas. Las cosas han cambiado
en los últimos tiempos, esta contribución disminuyó en un 80% a partir de 2005
por el uso de estos excedentes como agrocarburantes. Europa tiene unas
contribuciones menores.

El PMA se plantea intervenciones ante situaciones de urgencia alimentaria Sus


objetivos de 2009-2010 fueron las víctimas de las inundaciones de Pakistán de
la sequía en el Sahel y del terremoto en Haití, pero también sus objetivos
incluyen eliminar la pobreza en el mundo y disminuir la mortalidad infantil. Para
ello hasta 2009, se encargó de las comidas de 22 millones de niños a los que la
asistencia a los centros escolares garantizaba la comida y además raciones
adicionales para llevar a su familia.

Otro programa interesante era el de comida por trabajo, cambiando la


participación en tareas de creación de infraestructuras por comida, las
prioridades en estas obras eran decididas por las poblaciones afectadas; de
esta manera se dignificaba el trabajo que realizaba la gente convirtiendo a las
poblaciones intervenidas en actores de su propio crecimiento.

Ziegler nombra a muchos responsables de que los proyectos salgan adelante.


Las misiones realizadas por el PMA en conflictos bélicos son recogidas y
valoradas por el autor con nombres propios de personas al frente de misiones
difíciles, con riesgos personales importantes en muchos casos.

La gran victoria de los depredadores: Los momentos mejores para Ziegler


en su tarea de relator especial del derecho a la alimentación se producían en
las cantinas escolares viendo los efectos de las buenas intervenciones que
solucionaban problemas. Las raciones de alimentos a los niños que favorecían
su escolarización y que llevaban comida a casa cuando esto era posible.

En 2008 se disminuyeron drásticamente las cantinas escolares. A partir del 22


de octubre cuando los países de la zona euro destinaron 1,7 billones de
dólares para desbloquear el crédito interbancario, las financiaciones de los
países al PMA cayeron a la mitad hasta finales de ese año. El PMA ha ido
suprimiendo país por país esta ayuda a los comedores y también a otras
situaciones de extrema necesidad como la de Bangladesh.
Aunque los líderes occidentales han intervenido disminuyendo el dinero
destinado a estos programas, no son los responsables últimos. Dice el autor
que tienen que ocuparse de los intereses de sus países y añade con un poso
de ironía que los países del sur no son votantes y no hay gente muriendo de
hambre en la fachada de Nôtre Dame. Para él los verdaderos artífices del
desastre son los depredadores de los sistemas financieros que con sus
actividades para conseguir lucro arruinaron el sistema financiero mundial con
las consecuencias acumuladas que se describen y que para el autor
merecerían ser llevados a los tribunales por crímenes a la humanidad. Sin
embargo, han continuado en 2009 alegremente con sus actividades con unos
leves controles financieros y con ejemplos de remuneraciones escandalosas en
sus blindados puestos de trabajo en todos los países.

Ante la situación generada por la disminución de recursos el PMA tiene que


establecer unos criterios muy finos para dictaminar quien puede entrar dentro
de las ayudas y quien no. Ziegler hace una dramática comparación con los
campos de exterminio nazi en los que al final de una cola se determinaba la
supervivencia o la muerte. De alguna manera, como consecuencia de las
restricciones que se han producido, personas como Joyce Luma, directora del
Vulnerability analysis and Maping Unit (VAM), aunque pretenden ser justas,
tienen en sus manos decidir quien se salva y quien no. Ziegler es más explícito
y con un ejemplo hace visualizar la situación de una familia concreta muy
desfavorecida que se queda sin la ayuda porque existe un criterio objetivable y
un límite que hay que poner cuando no se puede abarcar más. El desgarro que
conllevan las decisiones se asemeja a la escena del comienzo del libro.

La FAO, en su acta constitucional con respecto a la nutrición, alimentación y


agricultura, tiene como funciones reunir, analizar, interpretar e informar;
también estimular y recomendar acciones de carácter nacional e internacional
para la investigación científica tecnológica y social. La mejora de métodos y
técnicas de producción y transformación agrícola, comercialización y
distribución de alimentos y la adopción de una política internacional sobre los
productos agrícolas

La FAO está lujosamente instalada en un palacio romano. Con esta


presentación Ziegler recoge su actitud ante esta institución en la que se hace
eco de algunas de las críticas que recibe, como ciertos excesos de burocracia,
despilfarro en planes de acción inoperantes y en investigación, pero relativiza el
peso de las mismas porque defiende el fondo del cometido de la institución y
atribuye gran parte de las razones de las críticas a la carencia de medios que
la han dejado “exangüe” (pag. 210) y a que muchas críticas son interesadas y
proceden del negocio agroalimentario que la combaten abiertamente debido a
sus funciones.

La política agrícola mundial está determinada por el Banco Mundial, el FMI y la


OMC, la FAO está completamente ausente.

Un apunte: En 2010 los estados industriales de la OCDE (Organización de


Cooperación y Desarrollo Económico) se gastaron en subvenciones a la
producción y exportación de sus campesinos 349.000 millones de dólares.
Estas ayudas a la exportación son responsables del dumping a los países de
los estados pobres. El presupuesto de la FAO es 340 millones de dólares.

El autor denuncia un caso en que la propia ONU ha sido responsable de la


muerte de cientos de miles de seres humanos por el hambre y se refiere al
programa Petróleo por Alimentos que se impuso al pueblo iraquí durante 11
años.

Los Buitres del Oro Verde

La mentira: Los trusts agroalimentarios que dominan la producción de los


agrocarburantes hablan de las excelencias de la transformación del uso del oro
negro por el oro verde que representan los biocarburantes para disminuir el
deterioro del clima y del medio ambiente, pero sus argumentos son engañosos.
Hay dos tipos de biocarburantes: el bioetanol y el biodiesel. Bio indica que
proceden de materia viva. No hay que confundir con cierto sentido ecológico y
limpio. El bioetanol se obtiene de vegetales que tienen sacarosa (remolacha,
caña de azúcar) o almidón (trigo, maíz etc.). Los biodiesel se obtiene a partir
del aceite vegetal o animal.

La degradación de la tierra por el cambio climático lleva aparejada en grandes


zonas del mundo la desertificación y la carencia de agua. Los argumentos a
favor de los agrocarburantes no incluyen los elevados costes que presentan en
energía y en agua. Se necesitan 4000 litros de agua para fabricar un litro de
bioetanol. Para las reservas de agua del planeta esto es una catástrofe. Lo dice
alguien tan poco sospechoso de activista ecologista como Peter Brabeck
Letmathe presidente del trust alimentario Nestlé. “Con los biocarburantes
enviamos a cientos de millones de seres humanos a la más extrema pobreza.”
(pag. 231)

La obsesión de Obama:
“En 2011, subvencionados con 6.000 millones de dólares de fondos públicos, los trusts
estadounidenses quemarán el 38,3% de la cosecha nacional de maíz frente al 30,7%
en 2008. Y desde el 2008 el precio del maíz en el mercado mundial aumentó un 48%.”
(Pag. 232)

Las mayores producciones de biocarburantes proceden de Estados Unidos.


Este país representa la potencia económica más dinámica del planeta con el
25% de la producción industrial. El petróleo que necesita procede en un 61%
de la importación. Esta dependencia es preocupante para el presidente,
máxime cuando la producción procede de zonas inestables del planeta donde
Estados Unidos no es muy popular. Todo esto hace que para garantizarse el
abastecimiento esté presente y trate de controlar en todas esas zonas con un
presupuesto militar enorme.
“También si el presidente Obama quiere tener la más mínima posibilidad de financiar
sus programas sociales, especialmente la reforma del sistema sanitario necesita
urgente y masivamente disminuir el presupuesto del pentágono... Esto es sólo posible
si la energía vegetal de fabricación nacional sustituye lo más posible a la energía fósil.”
(pag. 233)
Se habla de una tercera generación de biocarburantes que utilizarán desechos
alimenticios. Son costosísimos en la actualidad y dado el interés por la
rentabilidad que hay detrás, es dudoso que se avance en su desarrollo en la
medida que necesitarían las consecuencias que todo esto está provocando.

Para llenar un depósito de coche de 50 litros que use biocarburantes hacen


falta 385 kilos de maíz. Amnistía Internacional lo resume: “Agrocarburantes:
depósitos llenos, estómagos vacíos.” (pag. 234)

La maldición de la caña de azúcar: Grandes extensiones de Brasil se están


dedicando en los últimos años al cultivo de caña de azúcar destinado a la
producción de biocarburantes. Este monocultivo se instala en zonas en la que
existían cultivos destinados a la producción alimenticia, en zonas nuevas, en
las que se está disminuyendo el territorio dedicado a la ganadería o arrancando
tierras a la selva. En todos esos casos, representan un peligro. En cuanto al
monocultivo, porque modifica la estructura económica del país, puesto que no
se autoabastece en materia alimenticia y tiene que importar productos
alimenticios que antes producía y se ve, por lo tanto, sujeto a las fluctuaciones
del mercado. En cuanto a la mano de obra, aparte del hecho de los bajos
sueldos y la sobreexplotación, los cultivos estacionales como la caña de
azúcar traen aparejados a una población de temporeros que se ven obligados a
grandes desplazamientos parar trabajar. (En Brasil se dan cosechas de caña
de azúcar en épocas del año diferentes a 2000 km. de distancia). Lula da Silva
no comparte la prevención de Ziegler sobre el cultivo masivo de la caña como
agrocarburante, la caña no se utiliza para alimentarse, dice, pero el autor
piensa que el monocultivo de caña arruinó a Brasil en el pasado y fue la base
del mantenimiento del esclavismo durante siglos. De alguna manera, para él,
esto podría repetirse.

Recolonización: Multitud de países de Asia, Latinoamérica y Africa están


sufriendo una especie de recolonización como consecuencia del auge de los
biocarburantes. Extensiones enormes de terreno se están dedicando al
monocultivo de caña de azúcar, de aceite de palma y todo ello con prácticas
extorsionistas y violentas en muchos casos. Se analizan en el libro las
realidades concretas de zonas de Colombia, Angola, Camerún, República
Democrática del Congo, Etiopía y Kenia y Sierra Leona. Como las grandes
extensiones de tierras de los países africanos son del Estado y los campesinos
las tienen en usufructo, se van sucediendo toda una serie de cesiones de tierra,
a través de prácticas que van a empeorar el panorama de la alimentación.

Aunque el consumo de energía fósil deber reducirse masivamente, la


alternativa es el ahorro de energía y el uso de las energías alternativas como la
eólica o la solar, no los agrocarburantes, porque además de los efectos ya
descritos suponen, para su fabricación, la emisión a la atmósfera de ingentes
cantidades de dióxido de carbono.

Los Especuladores

Los tiburones tigre: El autor equipara a los especuladores con el tiburón tigre,
uno de los depredadores más temibles del planeta. La voracidad de los
especuladores detecta y se traga todo lo que pueda conseguir pingües
beneficios. Las materias primas alimentarias no se escapan a esta
depredación.

El especulador, a diferencia de otro operador económico, no compra nada


para su uso. Compra y vende y puede volver a comprar si la circunstancia le
beneficia. No es la causa de la subida de precios, pero con su actividad
acelera el movimiento.

Para estabilizar el mercado de productos alimentarios hace aproximadamente


un siglo se empezó a cotizar en los mercados con productos derivados es
decir, con un activo subyacente como es la cosecha de trigo, se puede cotizar
sobre el precio de la cosecha una vez recogida. Hasta 2005 los productos
derivados eran básicamente estables, sólo se cotizaba un 10% en los
mercados y no suponían mucha rentabilidad porque la demanda era fija y la
oferta era dispersa y relativamente volátil (sujeto a las sequías, la producción
etc.).

A partir de 2007 los mercados financieros estallaron, billones de dólares de


valores patrimoniales se destruyeron. Decenas de millones de personas
perdieron sus trabajos, disminuyeron las prestaciones sociales de los gobiernos
y multitud de pequeñas y medianas empresas quebraron. Esto sembró la
angustia y la precariedad social en el hemisferio norte y el aumento
exponencial de la carencia y alimentaria por hambre en el sur. No obstante “los
depredadores bursátiles, en cambio, fueron generosamente rescatados por los
Estados.” (pag. 262) Los Estados se mostraron incapaces de imponer límites
jurídicos a los especuladores y como los mercados bursátiles habían
implosionado, los tiburones tigres se dirigieron a los mercados de materias
primas agrícolas.

Se ha producido en estos años un aumento en las transacciones en las que, en


un porcentaje importante, los que las llevan a cabo, ni son los productores del
mismo ni son sus destinatarios, es decir especulan con los precios, pero en
este caso está en juego la vida y la muerte de mucha gente, porque los
incrementos de los precios consecuencia de la especulación, implican que
muchas personas se queden sin acceso a alimentarse por no poder pagar el
producto. No obedece a la carencia del mismo por razones naturales sequías o
catástrofes, sino a que se exprime el precio como cualquier otro, sin considerar
que se trata de trigo, arroz, maíz... materias básicas de la alimentación de
millones de seres humanos.

En dos ocasiones, 2008 y comienzos de 2011 los especuladores han


provocado un aumento desorbitado de los precios de los alimentos básicos,
originando una convulsión social en 37 países derribando los gobiernos de
Haití y Madagascar y originando las protestas de El Cairo, Dakar, Túnez, entre
otros.

Varios han sido los factores del aumento de los precios de 2008, el uso de
biocarburantes, la disminución de reservas de cereales, condiciones climáticas
particulares (sequía e inundaciones en diferentes lugares), el aumento de
consumo de carne de los países emergentes y, por lo tanto, de la demanda de
cereales y, particularmente, la especulación.

Un informe de la FAO de 2011 muestra como de 2003 a 2008 solamente el 2%


de contratos de futuro referidos a materias primas desembocan en la entrega
de mercancía, un 98% se revenden antes de la fecha de expiación.

Habría que abolir la especulación en las materias primas alimentarias mediante


una mandato de Naciones Unidas y con una solución a la que está adherida
multitud de instituciones no gubernamentales y que consistiría en que la
negociación de cualquier mercancía agroalimentaria derivara en una entrega
del producto.

Ginebra, capital mundial de los especuladores agroalimentarios. La lucha


contra los especuladores llevaría aparejada la lucha contra los paraísos
fiscales. Diferentes compañías desde Ginebra animan a invertir en el mercado
agroalimentario. Ponen el reclamo de la solidez y seriedad del país que les
acoge, pero ni tan siquiera es este ventajoso país en materia fiscal y de
protección a los capitales, el último destinatario de las operaciones. Dos tercios
de sus depósitos en bienes de inversión están instalados en paraísos fiscales
con mucho menos control del que se ejerce en Suiza. Sin mecanismos de
control, sin presión fiscal, es un negocio redondo para los especuladores.

Los robos de tierras. La resistencia de los condenados: Inmediatamente


después de la crisis alimentaria de 2008, países con mucha población, pero
escasez de tierra cultivable como China, India y países del golfo comenzaron a
comprar o alquilar tierras para garantizarse el alimento de sus poblaciones. Al
tener estar estas tierras un valor muy bajo en los países subdesarrollados y, al
no existir mecanismos de control para proteger a los residentes locales, la tierra
se ha convertido en un valor en alza para los especuladores.

Estos países están comprando tierras en países de Africa para especular con
el precio o para garantizarse el alimento para sus poblaciones. Los
campesinos, que poseen el usufructo desde tiempos inmemoriales, son
alienados. La corrupción de las autoridades a alto nivel y también a medio nivel
es evidente. Hay varios ejemplos concretos de estas prácticas en este
apartado, así como de las iniciativas que se están tomando en estos lugares
para neutralizar este estado de cosas, denunciando a los especuladores y
también a los corruptos en los Estados que las hacen posible.

La complicidad de los estados occidentales: El Banco Mundial financia el


robo de tierras arables en Africa, Asia y Latinoamérica, con el argumento
justificatorio ideológico siguiente: Es mucho más productiva la hectárea de
tierra que se cultiva en Europa, por ejemplo, que la que cultivan los labradores
de los países de Africa gracias a sus recursos materiales, por lo tanto es mejor
entregar a los trusts alimentarios estas tierras que dejarlas en manos de “esos
pobres africanos que son incapaces de hacerlas fructificar.” (pag. 294)

El Comité Consultivo del Consejo de los Derechos Humanos apoyado por


diferentes ONG y sindicatos campesinos elaboró durante 3 años un informe
sobre la protección de los derechos de los campesinos. Se recomendaba que
las Naciones Unidas crearan una convención internacional para proteger a los
campesinos expoliados defender sus derechos a la tierra frente a los “buitres
del oro verde” y demás “tiburones tigre”.

La cuestión es que si esta iniciativa prosperara en el derecho internacional, y


los países firmaran y ratificaran el convenio, frente a los atropellos que
compañías particulares infringieran en los derechos de los campesinos, la
jurisdicción aplicable sería la del país de procedencia de la compañía y de esta
manera la justicia de este Estado entraría en juego y no la justicia local débil y
corrupta.

Para que se debata este tema, un país miembro tiene que someterlo a estudio.
El embajador de Cuba en la ONU lo presentó en marzo de 2011, pero la
obstrucción de los países occidentales obligo a modificar la resolución.

La Esperanza

En los últimos 10 años se ha duplicado el número de multimillonarios y se ha


multiplicado por 4 el patrimonio acumulado que poseen, ascendiendo a 4,5
billones de dólares. Los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más
pobres.

¿Qué hacer frente a todo esto? Gramscy escribía desde su cárcel: “El
pesimismo de la razón obliga al optimismo de la voluntad.” (pag 305)

En primer lugar combatir la corrupción de los dirigentes de los países pobres


que hacen estragos en sus poblaciones.

Para combatir a los especuladores que no van a despertar una conciencia


moral se puede recoger una frase que el Che Guevara citaba de un proverbio
chino: “los muros más poderosos se desmoronan por sus fisuras.” (pag. 304)

Hay que provocar fisuras en las actitudes de resistencia de los pueblos, en los
parlamentos e instancias internacionales, tanto global como localmente, tanto
teórica como prácticamente.
“Imponer la prioridad del derecho a la alimentación, prohibir la especulación bursátil
sobre los alimentos básicos, prohibir la fabricación de biocarburantes a partir de plantas
alimenticias, vencer al cártel planetario de los pulpos del negocio agroalimentario,
proteger a los campesinos contra el robo de las tierras, preservar la agricultura
hortícola en nombre del patrimonio, invertir en su mejora en todo el mundo. Las
soluciones existen, las armas para imponerlas están a nuestro alcance.

Lo que falta sobre todo es la voluntad de los Estados...

En los países occidentales existe el voto”. (pag. 305)

El Autor

Ziegler (1934) ha sido Relator Especial de ONU para el Derecho a la


Alimentación entre 2000 y 2008. Actualmente es Miembro del Comité
Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Es Doctor
en Derecho y Sociología y Licenciado en ciencias políticas. Profesor de
Sociología en la Universidad de Ginebra y la Sorbona, París. Ciencias
Económicas y Sociales por la Universidad de Berna.

Ziegler es un erudito que además conoce sobre el terreno la realidad de la que


habla. En sus últimas entrevistas hace hincapié en los problemas actuales, el
azote de la crisis y en las salidas a la misma a partir del crecimiento y no sólo
de una política de ajuste. Cuando en el libro menciona los cambios
estructurales que el FMI impone a los países para renegociar la deuda, y que
implican el desmantelamiento de la sanidad, educación y los servicios sociales,
resultan lamentablemente muy familiares y cercanos los procesos que
describe.

Valoración personal

Hay una visión del problema del hambre en el mundo que considera el hambre
como una consecuencia de la pasividad y de la falta de compromiso de los
países ricos junto con la connivencia de los corruptos de los dirigentes de los
países pobres. Lo más importante que aporta el libro, desde mi punto de vista,
es demostrar como hay muchas intervenciones que activamente están
provocando no sólo que no se resuelva el problema del hambre, sino que se
esté agravando en el siglo XXI.

Supone una gran frustración que los grandes avances que ha conseguido
nuestra civilización no estén consiguiendo que seamos más civilizados y no se
estén destinando estos progresos a mejorar las condiciones de vida de todos
los seres humanos.

Cuando se habla de los efectos del hambre se piensa en los efectos


inmediatos, en la necesidad de administrar alimentos y se pierde a veces la
perspectiva de otros aspectos que el libro resalta: Los efectos de la
subalimentación sobre el sistema inmunológico y frente a las enfermedades,
los efectos irreversibles que provoca la subalimentación en los 5 primeros años
de vida, cómo condiciona el hambre psíquicamente las capacidades de los
individuos. Ziegler hace hincapié permanentemente en los estragos psíquicos
que origina el hambre, la soledad, desesperación etc., lo que brinda un
panorama biopsicosocial del sufrimiento.

A lo largo del libro aparecen villanos individuales y colectivos, como muchos


burócratas instalados en puestos cómodos, los corruptos, los especuladores,
pero también hay muchos personajes que se suman a Ziegler en su denuncia y
su compromiso. Las personas que Ziegler retrata a lo largo del libro muestran
la cara mejor del ser humano, con su trabajo constante, con su compromiso,
con el riesgo de su propia vida muchas veces. Ellas son las que realmente
representan la esperanza

El capítulo de la Esperanza ocupa sólo las 6 páginas finales de las 300 del
texto. Espero que eso no indique que la desesperanza se ha apoderado del
autor, el hecho de hacer el trabajo de escribir este buen libro debe ser un
indicador de que tiene la creencia de que hay algo que se pueda hacer. En
todo caso yo lo siento como pasar el testigo a los lectores de hacer algo frente
al problema. Estamos rodeados por una situación de crisis en la que corremos
el riesgo de que, ante cierta precariedad de las condiciones en que se
desenvuelve nuestra vida en este momento nos dificulte mirar más allá, a la
gran precariedad de los países desfavorecidos que también tiene su origen en
los mismos depredadores como a lo largo del libro se muestra.

Ziegler finaliza el libro con un párrafo de una canción de Mercedes Sosa:


“Solo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente
que la reseca muerte no me encuentre
vacía y sola sin haber
hecho lo suficiente.” (pag. 306)

Y efectivamente no hay manera que el desarrollo de estas magníficas páginas


deje indiferente al lector que se ha acercado a ellas. Seguramente ya hay un
sesgo en los lectores de este libro. El que se acerca al libro con este título y
esta temática ya tiene una sensibilidad previa, no obstante, es importante la
difusión de su contenido, es una forma de crear fisuras, de imponer el
optimismo de la voluntad.

Bibliografía

Curriculum vitae Jean Ziegler. Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
derechos Humanos. Consultado el 23 de septiembre de 2012 en
http://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/AdvisoryCom/CVMembers/
JeanZiegler.pdf

Sanz, J.C.: (22/5/2012) Almuerzo con Jean Ziegler. El País.com.

Consultado el 14 de septiembre de 2012 en


http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/05/22/actualidad/1337716882_01254
1.html

Gil, I.: (23/5/2012) Entrevista a Jean Ziegler. El Confidencial.com

Consultado el 14 de septiembre de 2012 http://www.elconfidencial.com/alma-


corazon-vida/2012/05/23/el-vicepresidente-de-la-onu-que-quiere-ocupar-y-
nacionalizar--la-banca-98503/

Vallín, P.:(27/5/2012). Entrevista a Jean Ziegler. La Vanguardia.com.

Consultado el 23 de septiembre de 2012 en


http://www.lavanguardia.com/libros/20120527/54300351384/jean-ziegler-
hambre-espana-generacion-debiles.html

También podría gustarte