GUÍA N° 3
Detección de necesidades espirituales y competencias en su abordaje
«Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo
que están más secas las esperanzas».
(MIGUEL DE CERVANTES)
Cada vez existe mayor conciencia de la importancia de detectar las necesidades espirituales. Se
va abriendo camino, justamente promovido por la filosofía de los cuidados paliativos, un estilo
relacional en salud que se define como holístico, centrado en la persona, integral, donde se
contemplan las necesidades que tienen que ver con la dimensión física, la intelectual, la
emotiva, la social o relacional y la espiritual.
Si bien en muchos hospitales públicos y privados se reconoce la figura encargada de los
servicios religiosos, es competencia de todos los profesionales de la salud la detección y
atención a las necesidades espirituales. Dice Gómez Sancho: «Entender el asunto de que las
necesidades espirituales y religiosas no son sinónimas tiene una gran importancia práctica. No
es asunto exclusivo del sacerdote o pastor intentar hacer frente a este tipo de necesidades.
Todos los componentes del equipo pueden y deben, en uno u otro momento, ayudar al
enfermo en unos aspectos de su recorrido, tan importantes como intangibles»1.
No obstante, poco avanzada parece estar la construcción de herramientas para detectar las
necesidades espirituales. Parece que nos movemos en un terreno aún poco explorado2.
Durante un tiempo, en el Hospital-Residencia San Camilo de Santa Pere de Ribos (Barcelona) se
usaba la siguiente tabla para la detección de las necesidades espirituales.
Nombre .
Apellidos
Habitación
N°de Historia clínica.
DETECCION DE NECESIDADES Y RECURSOS ESPIRITUALES
No se No
Sí No
detecta valorable
Sentido de la vida
Vivida como proyecto realizado
Vivida como un sinsentldo
Vivida como truncada, con proyectos
inacabados
Sentido de la muerte
1
M. GÓMEZ SANCHO, Cuidados paliativos: Atención Integral a Enfermos Terminales, Vol. II, ICEPSS, Las
Palmas 1988, p. 800
2
R. LORA, Cuidados paliativos. Su dimensión espiritual. Manual para su abordaje clínico, Toromítico,
Córdoba 2007.
1
Algo Inevitable vivido con paz
Algo inevitable vivido con angustia
Una liberación (para él o para sus
Un castigo
cuidadores)
Angustia existencial: destrucción propio
Ruptura
ser/cuerpocon la posibilidad de continuidad
(no hijos)
Sentido de su enfermedad
Evitación
Negación
Oportunidad para crecer, para ser más
Oportunidad para reconciliarse
persona
Oportunidad para desaparecer y romper con
Una prueba
todo
Un misterio
Un absurdo, un sinsentido
Injusta (un castigo injusto)
Un castigo (merecido
Culpabilidad
Hacia si mismo (su vida previa)
Hacia los otros (familia, amigos, pareja, )
Hacia Dios
Esperanza
Se vive a sí mismo como esperanzado
Se vive a sí mismo como desesperado
Sí No No se No
detecta
valorable
Experiencia religiosa
No creyente - no existe
Vivencia de Dios como ausente
Vivencia de Dios como ayuda, liberación
Vivencia de Dios como quien pone a prueba
Vivencia de Dios como alguien que castiga
Creencia en el más allá
Necesidad de expresar sentimientos y
vivencias religiosas
En este momento se están utilizando otras herramientas en el mundo de los cuidados paliativos y se
está investigando para crear otras nuevas que puedan ayudar con más precisión, tanto en la
identificación como en el abordaje y el seguimiento.
Es de sumo interés el material preparado por el equipo de espiritualidad de la Sociedad Española de
Cuidados Paliativos (SECPAL) bajo el título «El acompañamiento espiritual en cuidados paliativos».
En este sentido, los autores del trabajo refieren diferentes niveles de atención a las necesidades
espirituales, debiendo tener todos los profesionales y voluntarios una capacidad básica y sabiendo
2
derivar a expertos en momentos en que la atención ha de ser más específica y especializada, o los
recursos estén en manos de otros especialistas.
En el trabajo realizado por el grupo de espiritualidad de la SECPAL se publica la siguiente guía
interesante3.
GUÍA BÁSICA
PARA LA EXPLORACIÓN DE NECESIDADES ESPIRITUALES
R. Vallés - X. Busquets - E. Juan - J. Maté
Formular las preguntas sentado, en un lugar protegido, en un contexto empático, con contacto visual y
dando tiempo para una escucha activa tan prolongada como sea necesaria.
Se consideran dos niveles:
Nivel general:
- ¿Cómo está de ánimos? ¿Bien, regular, mal...? ¿Vd. qué diría?
- ¿Hay algo que le preocupe? ¿Qué es lo que más le preocupa? ¿Hasta qué punto se le hace
difícil la situación en que se encuentra? ¿Por qué?
- ¿En general, ¿cómo se le hace el tiempo? ¿Lento, rápido...? ¿Vd. qué diría? ¿Porqué?
- En su situación actual, ¿qué es lo que más le ayuda?
- ¿Hay algo, que esté en nuestra mano y que crea que podamos hacer por Vd.?
Nivel específico:
¿Tiene algún tipo de creencia espiritual o religiosa?
¿En caso afirmativo, ¿le ayudan sus creencias en esta situación? ¿Quiere que hablemos de ello?
¿Desearía, tal vez, hacerlo con alguna persona en concreto? ¿Un amigo, un sacerdote, un
psicólogo...?
Barbero, Cachón en 2008, así como en la propia reflexión y preparación de Investigaciones al respecto,
podemos presentar de manera sucinta las siguientes necesidades.
1. Necesidad de ser reconocido como persona
Al final de la vida es fácil que el enfermo sienta su enfermedad como una Intrusa, una visitante
Incómoda que hace peligrar su vida, su autonomía, sus facultades físicas y mentales, su capacidad de
comprender la realidad.
El peligro de ser considerado por los cuidadores de manera anónima en el mundo sanitario constituye
una amenaza más, que hace que emerja Intensamente la necesidad de ser reconocido como persona y
no mediante mecanismos de despersonalización.
3
E. BENITO - J. BARBERO - A. PAYÁS, El acompañamiento espiritual en cui-dados paliativos, SECPAL,
Madrid 2008.
3
2. Necesidad de amor
Todo ser humano necesita amar y ser amado. Al final de la vida, el riesgo de soledad, de
despersonalización, y la posible tendencia a centrarse en sí mismo por el reclamo de los síntomas y las
necesidades de cuidado, trae consigo un fuerte refuerzo de la necesidad de amor.
3. Necesidad de releer la propia vida
El pasado reclama una particular atención en la enfermedad, particularmente cuando la persona se ve
amenazada por la proximidad de la muerte. Surge entonces la necesidad de narrar la propia vida. La
mirada al pasado a veces es realizada en la soledad, descubriendo las cosas que realmente han valido la
pena y relacionándolas con las que han sido menos significativas. Esta relectura despierta en ocasiones
el sentimiento de culpa, que reclama procesos de perdón4 5.
4. Necesidad de sentido
La proximidad de la muerte, el repaso del pasado, sitúa a la persona frente a lo esencial, ante lo que
realmente puede haber dado o descubrir que proyecta sentido. Surgen preguntas vitales, las preguntas
sobre el sentido último de las cosas, el deseo de satisfacer las necesidades más hondas o elevadas, las
necesidades de autorrealización. Es aquí donde el ser humano puede ser capaz de dar sentido a lo que
aparentemente no lo tiene, mediante valores cultivados o no con anterioridad.
5. Necesidad de perdón
La mirada al pasado, la búsqueda de sentido, reclama hacer las paces con uno mismo y con los demás. El
ser humano desea morir en paz, reconciliarse quizá con alguna persona, quizá con Dios (en el caso del
creyente), pero ante todo consigo mismo, que en ocasiones es más difícil que con los demás. A veces es
la culpa racional y proporcionada la que genera esta necesidad; otras veces, la culpa Irracional; pero, en
todo caso, el deseo de poner paz en el corazón se hace sentir.
6. Necesidad de establecer la vida en un más allá
Algo nos distingue del resto de los seres vivos. Por eso las personas, al final de la vida, experimentamos
la necesidad de trascendencia. Es una necesidad cultivada a lo largo de la vida mediante diferentes
caminos: mediante el arte, la contemplación de la naturaleza, el encuentro interpersonal significativo y
profundo, el culto desde las propias creencias. Ahora es el momento de satisfacer ese deseo, nunca
suficientemente satisfecho, de proyectarse de alguna manera más allá del tiempo, negando así la
hipótesis de que todo termine definitivamente y nada de uno mismo traspase la frontera de la muerte.
7. Necesidad de continuidad
En estrecha relación con la anterior, muchas personas, al contemplar su vida al final, desean traspasar el
testigo de alguna forma a otros, seguir «vivos», con la satisfacción de haber logrado algo (hijos que
viven, proyectos realizados, esperanzas cumplidas...). Es un modo de vivir el deseo de prolongación de
uno mismo por encima del límite de la muerte.
4
J. BARBERO, «El apoyo espiritual en cuidados paliativos»: Labor Hospitalaria 263 (2002), 5-24; E.
BENITO - J. BARBERO - A. PAYAS (Grupo de trabajo sobre espiritualidad en cuidados paliativos de la
SECPAL), El acompañamiento espiritual en cuidados paliativos, Arán Ediciones, Madrid 2008.
5
E. CACHÓN, Aspectos emocionales y espirituales en la terminalidad, San Pablo, Madrid 2008, pp. 29-34.
4
8. Necesidad de esperanza
El enfermo es siempre alguien que espera. Entre negación, aceptación y otras reacciones, la esperanza
se mantiene siempre. Es un dinamismo vital; es la expresión, por un lado, del instinto de supervivencia
y, por otro, la vivencia del deseo traducido en buenos augurios: alivio, encuentro o re-encuentro, vida
más allá de la vida, mejoría...
9. Necesidad de expresar sentimientos religiosos
El creyente, particularmente, necesita expresar sus experiencias más o menos vividas a lo largo de su
pasado. Mediante el culto, especialmente, muestra aquello en lo que cree, se une a la comunidad a la
que pertenece o ha pertenecido, ritualiza la dimensión sagrada, se comunica y hace experiencia de
presencia del Dios en quien confía...
10. Necesidad de poner orden
Relacionada con la necesidad de perdón, algunas personas viven la necesidad de poner orden en las
propias cosas o asuntos, cerrar un círculo, traspasar responsabilidades, expresar últimas voluntades,
deshacerse de las cosas y asignarlas a otros, relacionarse con alguien para traspasar un mensaje o
arreglar un conflicto. Dejar resuelto aquello que se experimenta no cerrado proporciona una gran paz a
la persona.
5
EJERCICIO
Ejercicio (Conversación con Carmen, esposa)
Carmen es una mujer mayor, cercana a los setenta años. Parece una persona con bastante formación,
pese a que no revela sus estudios, trabajo, etc. Carmen vive con una hermana, también mayor y con una
salud bastante precaria. La hermana de Carmen, una mujer muy obsesionada por lo religioso, tiene un
especial interés en que Carmen reciba los sacramentos y «esté bien preparada».
Carmen tiene leucemia, en un proceso muy avanzado e irrecuperable. Los médicos están planteándose
enviarla a su casa con atención domiciliaria, pero desconocen la situación familiar. Carmen siempre está
sola en la habitación. Rara vez el personal sanitario ve a alguien con ella.
La supervisora de la planta me pregunta esa misma mañana si yo conozco algo de su historia familiar y
personal, pues nadie se acerca a preguntar ni hablar con los médicos sobre su evolución. Le respondo
que lo siento, que no le puedo contestar, pues conmigo o no quiere hablar o se hace la dormida. Yo,
como agente de pastoral, lo desconozco todo.
Carmen es una mujer muy reservada y poco comunicativa. Es más, tengo la sensación de que mi
presencia la incómoda. Cuando entro para darle la comunión a la vecina, ella, o bien se hace la dormida,
o bien se gira hacia la ventana. Incluso he llegado a percibir que cierra los ojos para que ni siquiera la
salude. No obstante, cuando entro y la veo con los ojos abiertos, la saludo afectuosamente, pero no la
molesto más.
No acostumbra a mirar a la cara; tiene los ojos como perdidos, como si no deseara encontrarse con
nadie. Tal vez sea su manera de demandar auxilio. Está completamente sola y desea que alguien la
acompañe, pero teme pedir.
Acepta el contacto físico. Cuando le tomo la mano, no me rechaza; incluso parece agradarle ese
contacto. Se siente viva. Mira a los ojos durante la conversación, como queriendo leer más en mi
expresión facial que en mis palabras. Por este motivo, mantengo esa mirada, pese al cansancio que ello
me suele producir.
Después de rezar y darle la comunión a la vecina, me acerco a su cama para saludar a Carmen, pues hoy
mantiene los ojos abiertos.
P1. ¡Buenos días Carmen! ¿Cómo estás? Hoy te veo con los ojos abiertos y despiertos.
C.1. ¡Estoy enfadada! (Con el pulgar indica al cielo, y acompaña con sus gestos este signo). ¡Me gustaría
tener una pistola!
P.2. Lo siento, Carmen, pero yo no la tengo y no te la puedo facilitar; pero si te puedo ayudar en algo,
aquí me tienes. Para empezar, si quieres hablar, estoy dispuesto a escucharte.
C.2. Veo que no mejoro, que no hay manera de salir adelante. No me voy a curar... ¡y creo que Dios no
se está portando bien conmigo! Le he rezado mucho para no estar enferma, para no dar faena..., y no
me ha hecho caso. Ahora ya no le rezo.
P.3. Te veo muy enfadada con Dios porque no ha escuchado tus peticiones... De todas formas, la oración
no es sólo para pedir; también ayuda a entender la vida y a descubrir lo que puedes hacer. Puedes
presentarle tus quejas, aliviarte de lo que te está pasando, y tal vez así descubras que algo puedes hacer
en tu situación. Si puedes decir qué es lo que más te preocupa, igual puedes descubrir que algo puedes
hacer, antes de tener que «utilizar la pistola».
6
(Es la conversación más larga que he mantenido con ella. ¡Y precisamente en el día en que la supervisora
me pregunta si sé algo de su situación familiar! Por unos instantes parece que esté dudando si continuar
hablando o callar. Mira hacia la ventana, hacia la puerta... Finalmente, continúa).
C.3. Estoy muy sola y creo que no voy a poder irme a casa. Si pudiera recuperarme un poco y valerme
por mí misma...; pero así, en estas condiciones, no puedo irme a casa.
P.4. ¿Vives sola? ¿No tienes familia?
C.4. No, sí tengo familia: vivo con una hermana, pero ya es mayor y no está en condiciones de venir
aquí. Ella tiene una chica que la ayuda y que a mediodía la deja sola para venir a darme a mí la comida.
Pero en casa está sólo unas horas; después se marcha. Por la tarde no va, y nos quedaríamos las dos
solas toda la noche. Y si yo no puedo valerme por mí misma, ella no me puede atender, porque también
está enferma... ¡La vida es un asco! Yo me he pasado la vida cuidando a mi madre hasta los noventa
años, sin que nadie me lo pidiera.
¡Era mi madre, y yo tenía que atenderla! Y ahora estoy aquí completamente sola. No es justo.
P.5. Carmen, te sientes sola aquí en el hospital, el día se te hace muy largo, y te preocupa que te puedan
enviar a casa sin que puedas valerte por ti misma y ser una carga para tu hermana...
C.5. Sí, aquí en el hospital viene la chica que atiende a mi hermana, pero viene sólo a la hora de darme la
comida, y enseguida se va... Con mi madre, yo estaba siempre a su lado. La estuve cuidando hasta que
se murió, y lo hice porque tenía que hacerlo, y además muy a gusto... Yo pensaba que a mí también me
pasaría lo mismo, pero veo que es muy diferente. Veo que no me recupero, que los médicos quieren
enviarme a casa. Pero yo no tengo fuerzas. ¡Sería un auténtico desastre! Mi hermana está casi peor que
yo, y yo sin poder valerme... ¿Cómo nos las íbamos a apañar?
P.6. Pero, Carmen... ¿tú has dicho que necesitas a alguien a tu lado?; ¿has intentado encontrar una
salida a esa situación? Tal vez esa chica podría estar más tiempo contigo. Yo, en ocasiones, no digo lo
que necesito y espero que otros adivinen lo que me está pasando; y si no lo hacen, me quejo...
C.6. Tengo también un hijo, que es muy bueno conmigo, ¿sabes? Es médico y trabaja en... Viene todos
los días a verme (se le ilumina la mirada y muestra lo orgullosa que está de él)... Pero está casado, tiene
a su mujer y a sus hijos y..., claro, no me puede dedicar mucho tiempo. ¡Bastante hace con venir todos
los días un rato, cuando acaba de trabajar! ¡No le puedo pedir más!
P. 7. Carmen, ¿sabes que la supervisora me acaba de preguntar si yo sabía si tenías familia? Porque el
médico quería hablar con alguien de tu familia, para informarle...
C.7. Cuando venga hoy, le diré lo que me has dicho; pero ¿dónde puede encontrar al médico?
P.8. Él es médico y debe saberlo; pero no creo que tenga ninguna dificultad para encontrarlo; de todos
modos, cuando venga, que se acerque al control de enfermería y se lo digan. Y volviendo al tema de que
estás todo el día sola, ¿podrías hablar con tu hermana y arreglar mejor con esa chica que te atiende a las
dos?
C.8. Las dos tenemos una pensión y nos arreglamos bastante bien, pero estas chicas cuestan mucho
dinero... y serían muchas horas para una sola... De todos modos, algo tendré que hacer, porque de
momento no me muero, que es lo que me gustaría para no dar trabajo. Porque yo siempre he querido
morirme sin dar trabajo, sin depender de nadie.
7
P.9. Sí, Carmen, ése es un deseo de las personas: no ser una carga, no tener que depender de nadie;
pero creo que, hoy por hoy, es una decisión que no está en tus manos ni en las mías...
C.9. Es verdad, aunque ¿sabes? Yo ya lo tengo todo hecho, ya no hago falta, ya he hecho mi vida. Y sufrir
tanto... para no llegar a ponerme buena, creo que no vale la pena. (Por un momento, más largo que
otras veces, guardo silencio y observo su mirada: ya no es la mirada agresiva del inicio; la miro con
cariño a los ojos y mantengo su mano cogida. Ella lo acepta de buena gana, incluso noto su «acogida y
gratitud». Su mirada es mucho más serena. A continuación le digo:
P10. Yo no tengo respuesta a eso que estás diciendo, Carmen. Yo no sé cuándo una persona ya lo tiene
todo hecho o le queda algo por hacer, pero sí sé que cada día, con tu permiso, voy a venir a visitarte, a
saludarte y a escucharte si quieres hablar. También tengo clara una cosa, que los médicos pueden tener
a tu disposición unos cuantos calmantes que disminuyan o eliminen el dolor; y que, si tienes dolor,
debes pedírselo. (Y, tras una pausa prolongada y tranquila, me despido de ella). De todos modos,
cuando ellos quieren enviarte a casa, posiblemente sea porque ven que te puedes aliviar y mejorar un
poco, o porque puede ser más cómodo para ti estar en tu casa, más tranquila... si se solucionan esas
dificultades de compañía y atención de las que hablabas antes...
C11. Sí, eso parece: que ellos confían en que puedo estar en casa con la atención domiciliaria.
P.12. Bueno, Carmen, ¡hasta mañana!
C.13. ¡Hasta mañana!
Al día siguiente de la entrevista transcrita, antes de pasar a la habitación para saludar a Carmen tal como
había quedado y darle la comunión a la compañera de habitación, la supervisora de planta me dijo que
el hijo de Carmen había estado hablando con el hematólogo que llevaba su caso.
No terminó ahí la historia. A los pocos días, había con ella una mujer que la atendía tanto de día como
de noche. Ya no era sólo a la hora de darle la comida cuando Carmen estaba acompañada. Incluso llegó
a presentarse en el hospital durante bastantes días la hermana de Carmen.
Carmen no llegó a marcharse a su casa y acabó muriendo en el hospital. Cada día esperaba la visita,
incluso si algún día su hermana no la visitaba, ella misma me «llevaba la cuenta». Mantuvo su deseo de
morir durante todo el tiempo que permaneció ingresada, pero se le evitaron los dolores y mantenía
cierta actitud esperanzada y serena. Estaba acompañada, aunque no fuera la compañía que ella habría
deseado. Manifestaba sus enojos, su genio fuerte, pero no la vi en todo ese tiempo tan enfrascada en sí
misma como lo había estado en los días anteriores a la entrevista.
Indicaciones para la reflexión y el trabajo en grupo
- Analizar la conversación presentada, comentando inicialmente las reacciones espontáneas sobre la
paciente y el estilo relacional.
- Utilizar la tabla anterior y las diez necesidades descritas más arriba para analizar cómo están siendo
experimentadas, frustradas o satisfechas por parte de la paciente.
- Someter a análisis el estilo relacional y destacar los puntos más positivos y los puntos mejorables,
intentando interiorizar lo que se puede aprender de este diálogo para el propio estilo de
acompañamiento espiritual.
8
Ejercicio (Cuento: «El príncipe y el diamante»)
«Un príncipe poseía un magnífico diamante, del que estaba muy orgulloso. Un día, en un accidente, la
piedra preciosa sufrió un rayón.
Este hecho entristeció al príncipe, que decidió poner todo su empeño en conseguir que el diamante
volviera a ser lo que había sido.
Para ello convocó a los más hábiles especialistas, con el fin de que la joya recuperase su estado original.
Pero, a pesar de todos los esfuerzos, no pudieron eliminar ni disimular el rayón.
Apareció entonces un genial lapidario. Con arte y paciencia, talló en el diamante una magnífica rosa y
fue lo suficientemente hábil para hacer del rayón el tallo mismo de la rosa... de tal manera que la piedra
preciosa apareció después mucho más bella que antes».
Indicaciones para la reflexión y el trabajo en grupo
- Reflexionar sobre la necesidad de hacer las paces con la propia historia en el corazón de las personas,
particularmente al final de la vida.
- El diamante representa nuestra vida, y el rayón nuestras heridas a lo largo de la historia. ¿Cómo
acompañar para hacer una obra de arte con la propia biografía al final de la vida?