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Gomez y Munoz 2015 Parentalidad Desarrollo Infantil y Vulnerabilidad Psicosocial

El capítulo analiza las recomendaciones para intervenciones en habilidades parentales con familias de alta vulnerabilidad psicosocial, con el objetivo de apoyar un desarrollo infantil positivo. Datos de encuestas nacionales en Chile muestran que aproximadamente un tercio de niños presentan problemas de desarrollo socioemocional. El capítulo identifica características clave de intervenciones efectivas, como diseños mixtos centro/hogar, visitas domiciliarias intensivas, uso de video-feedback, y enfocarse en la interacción pad

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Gomez y Munoz 2015 Parentalidad Desarrollo Infantil y Vulnerabilidad Psicosocial

El capítulo analiza las recomendaciones para intervenciones en habilidades parentales con familias de alta vulnerabilidad psicosocial, con el objetivo de apoyar un desarrollo infantil positivo. Datos de encuestas nacionales en Chile muestran que aproximadamente un tercio de niños presentan problemas de desarrollo socioemocional. El capítulo identifica características clave de intervenciones efectivas, como diseños mixtos centro/hogar, visitas domiciliarias intensivas, uso de video-feedback, y enfocarse en la interacción pad

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CAPÍTULO EN PRENSA.

DOCUMENTO DE CIRCULACIÓN RESTRINGIDA, NO CITAR NI DIFUNDIR


________________________________________________________________________________

Capítulo 6
Parentalidad, desarrollo infantil y vulnerabilidad
psicosocial: recomendaciones para la intervención.
Esteban Gómez1, María Magdalena Muñoz
Fundación Ideas para la Infancia

RESUMEN
El capítulo ofrece una revisión sobre la intervención en habilidades parentales con familias con alta
vulnerabilidad psicosocial, para apoyar el desarrollo de una parentalidad positiva y respetuosa que
promueva el desarrollo socioemocional temprano. Se revisan datos de las principales encuestas
nacionales que se han realizado en Chile en los últimos años. Resalta que aproximadamente uno de
cada tres niños y niñas presenta indicadores de problemas significativos en el desarrollo socioemocional.
Estos datos convocan a la acción profesional basada en la evidencia científica sobre las intervenciones.
En este capítulo se identifica las características que incrementarían significativamente los resultados de
la intervención desde tamaños de efecto pequeños, a tamaños moderado-grandes, tanto en indicadores
de parentalidad como de desarrollo infantil. Dentro de estas características destacan: diseños mixtos
centro/hogar, incorporación de la visita domiciliaria intensiva, uso del video-feedback, servicios no sólo
grupales sino también personalizados, y particularmente la generación de experiencias positivas de
interacción u oportunidades para practicar en vivo las competencias parentales; privilegiando como
focos de la intervención la interacción padre-hijo y la respuesta parental sensible.

Palabras Clave: competencias parentales, familias vulnerables, intervención familiar

Introducción

En la última década, Chile ha realizado importantes avances en el diseño e instalación


de un sistema integral de protección a la infancia (Chile Crece Contigo, 2010), centrado en la
promoción del desarrollo infantil temprano en sus distintas dimensiones y en el fortalecimiento
de las competencias parentales y la crianza respetuosa en los distintos nichos ecológicos de
desarrollo, como la familia, el jardín infantil y el vecindario. Sin embargo, el abordaje de este
desafío en contextos de alta vulnerabilidad psicosocial, con familias multi-estresadas o con alta
concentración de factores de riesgo (Gómez, Muñoz & Haz, 2007), continúa siendo una tarea
pendiente.

Este capítulo pretende difundir conocimiento respecto a dos áreas interconectadas: la


parentalidad y el desarrollo infantil temprano, con foco en poblaciones de alta vulnerabilidad
psicosocial. Para ello, se revisan datos de las principales encuestas nacionales que se han
realizado en Chile en los últimos años, a partir de lo cual se dibuja un panorama que convoca
a la acción profesional basada en evidencia. La segunda parte del capítulo comparte las
recomendaciones de dos revisiones sistemáticas para orientar la intervención en competencias
parentales y el diseño de programas basados en evidencia a partir de meta-análisis recientes. Se
concluye relevando los principales desafíos que a juicio de los autores resulta necesario abordar

1
Agradecimientos a CONICYT-PCHA/Beca de Doctorado Nacional 2013-18763.

1
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de cara a construir un camino de progreso informado por la evidencia, en las políticas públicas
de infancia y familia.

Desarrollo Socioemocional Temprano en Chile

Para el grupo de expertos de la organización internacional Zero to Three, el desarrollo


socioemocional temprano es "la capacidad del infante para experimentar, regular y expresar
emociones, formar relaciones cercanas y seguras, y explorar el entorno y aprender" (Zero to
Three, 2001, en Zeanah, 2009, p.6). En este sentido, un niño o niña con un "buen desarrollo
socioemocional" se caracterizará por tener un conjunto de competencias que le permitan
entender a los otros y el contexto, regular o modular sus emociones en función de sus metas,
comunicar de manera flexible sus necesidades y propósitos, y ajustar o corregir sus conductas
sociales para reorganizarlas constantemente. Por ejemplo, activando conductas de apego si la
finalidad es aumentar la proximidad y reducir el estrés; conductas de juego si es recrearse y
explorar; o conductas de hostilidad si es defenderse (Cassidy & Shaver, 2008). Muchos de estos
comportamientos pueden identificarse mediante cuestionarios y encuestas poblacionales,
permitiendo evaluar el estado-país en cuanto al desarrollo socioemocional y bienestar infantil
temprano de su población.

En Chile la Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia, realizada por el Centro de


Microdatos de la Universidad de Chile con una muestra representativa a nivel nacional,
conformada por 15.000 niños/as, ha mostrado en los primeros reportes (Behrman, Bravo &
Urzúa, 2010) datos interesantes sobre el desarrollo socioemocional temprano, usando el
cuestionario Ages and Stages Questionnaire - Social Emotional (ASQ-SE, Squires, Bricker &
Twombly, 2013): así, en el rango de 9 a 14 meses de edad (N=1.749), se observó que 17,1% se
encontraba en riesgo, cifra que alcanzó un 24,2% en el rango de 15 a 20 meses (N=1.028).

Como se muestra en la figura 1, la encuesta mostró grandes diferencias según quintil de


ingreso del hogar, con peores indicadores en sectores de mayor pobreza; en la medición con
ASQ-SE a los 12 meses, 21,2% del quintil I mostraba riesgo, mientras que en el quintil V fue
solo el 8,8%; esa diferencia es aún mayor a los 18 meses, con 33,7% en el quintil I versus
11,8% en el quintil V.

Figura 1: Desarrollo socioemocional temprano (ASQ-SE) según edad y quintil de ingreso

100%
80%
60%
Normal
40%
34%
Riesgo
20% 21%
9% 12%
0%
12 meses. 12 meses. 18 meses. 18 meses.
Quintil V Quintil I Quintil V Quintil I

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Estas cifras son coherentes con los datos del cuestionario Child Behavior Check-List de
la misma encuesta, que mide indicadores de salud mental o dificultades socioemocionales a
través del reporte del cuidador principal (CBCL, Achenbach & Rescorla, 2000), aplicado a
10.958 niños/as entre 18 y 60 meses de edad. En la escala de internalización (que agrupa
reactividad emocional, ansiedad/depresión, quejas somáticas y autismo) se registró un 19,4%
en riesgo moderado y 36,4% en rango clínico; mientras que en la escala de externalización
(que agrupa problemas atencionales y conductas agresivas), 15,3% presentó riesgo moderado y
32,5% rango clínico. Repitiéndose grandes diferencias según quintil de ingreso del hogar, con
peores indicadores en los quintiles de menores ingresos (Behrman, Bravo & Urzúa, 2010).

Estas observaciones no parecen cambiar en edades posteriores. De acuerdo a un


estudio de Vicente y colaboradores (2012), realizado en cuatro regiones del país (Santiago,
Concepción, Iquique y Cautín) la prevalencia global de trastornos psiquiátricos DSM-IV entre
los 4 y 11 años fue de 42,9%, con trastornos por comportamiento disruptivo (29,7%), y
trastornos ansiosos (21%) como los principales, destacándose así las carencias en las
competencias de regulación emocional y conductual de los niños y niñas evaluados.

Tomados en su conjunto, estos hallazgos muestran una imagen inquietante del


desarrollo socioemocional y salud mental de la infancia en Chile: aproximadamente uno de
cada tres niños/as en Chile estaría necesitando atención profesional, especialmente en los
sectores de mayor vulnerabilidad psicosocial. Pero, ¿cómo se podría explicar estas tasas tan
elevadas de problemas emocionales y conductuales en los niños de Chile?

Parentalidad: discurso versus práctica

La Encuesta Nacional Bicentenario (Herrera, 2008) mostró que la parentalidad y la


crianza es un tema que importa a las familias chilenas; el perfil de familia ideal de acuerdo a
este estudio, es una en la que "los padres tienen fuerte preponderancia en guiar y controlar lo
que hacen sus hijos, pero intentan propiciar una adecuada comunicación paterno-filial,
dejando que los hijos decidan responsablemente en ciertos ámbitos, antes que imponerles
castigos y sanciones" (p. 18). Ahora bien, es importante tener en cuenta que esta encuesta
reportó las aspiraciones o representaciones sociales, el discurso social, el imaginario, pero no
informó acerca de las prácticas reales de crianza que suceden en el cotidiano.

En contraste, la primera Encuesta Nacional de Primera Infancia (Junta Nacional de


Jardines Infantiles [JUNJI], 2010) realizada en Chile por JUNJI, UNICEF y la UNESCO, con
una muestra representativa a nivel nacional de 6.598 casos, mostró que la crianza de un hijo/a
es un proceso desafiante que requiere de apoyo, especialmente en contextos de mayor pobreza
y vulnerabilidad social, donde las condiciones para el ejercicio de la parentalidad resultan más
adversas. Según esta encuesta, las áreas en que se hace más difícil el ejercicio de la
parentalidad serían "regular la conducta del niño o niña" (55%) y "establecer y hacer cumplir
las normas y reglas" (53%). En contraparte, los que se perciben como más fáciles de manejar
son la "alimentación" (73%); y la "higiene del niño/a" (59%). Es decir, que los aspectos más
desafiantes de la crianza actual de niños y niñas entre 0 y 6 años de edad en Chile, no estarían
asociados a la sobrevivencia o cuidados físicos del hijo/a, sino que mayoritariamente a los
aspectos vinculares y formativos; aspectos que podrían estar influyendo las dificultades
observadas en el desarrollo socioemocional temprano.

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Por otra parte, se observan indicadores alarmantes sobre la forma como los padres,
madres y otros responsables de crianza se relacionan con los niños y niñas. De acuerdo al
cuarto estudio sobre maltrato infantil de UNICEF (2012), de 1.555 niños/as de octavo básico
en cinco regiones del país, el 71% refiere recibir algún tipo de violencia (psicológica, física leve
o física grave) de parte de su madre y/o padre, con una presencia levemente mayor de maltrato
físico en familias de nivel socioeconómico bajo: estas cifras se han mantenido estables en las
mediciones de 1994, 2000 y 2006, utilizando metodologías comparables (Larraín & Bascuñán,
2012). Estos datos son similares a los reportados en la Encuesta Nacional de Victimización del
Ministerio del Interior (2008) realizada con 1.162 niños/as de sexto básico a cuarto medio,
donde aparecen cifras -no acumulativas- de 32,7% de violencia física grave, 51,4% de violencia
física leve y 58,9% de violencia psicológica, con un total de 72,3% declarando recibir alguna
forma de violencia por parte de sus padres; todo lo cual refleja una estabilidad cultural en las
pautas de crianza y de relación establecidas entre adultos y niños/as en Chile.

Estos hallazgos han llevado a UNICEF declarar a que tres de cada cuatro niños/as en
Chile sufre alguna forma de maltrato en sus familias. Por supuesto, estas cifras no pueden ser
generalizadas al total de la población nacional, siendo un importante desafío el realizar
estudios epidemiológicos sobre maltrato infantil que insumen a las políticas públicas en esta
materia. Aun así, los datos alertan sobre qué está ocurriendo en las relaciones entre padres e
hijos en Chile y llaman a tomar medidas para avanzar en el desarrollo de marcos teóricos y
modelos de trabajo que permitan apoyar a las familias en la instalación de una forma de
crianza más respetuosa y promotora del desarrollo humano.

Componentes para la intervención en parentalidad

Los programas de parentalidad en el mundo han evolucionado desde trabajar con


individuos en los años 70 (primera generación de programas), pasando por trabajar con díadas
en los años 90 (segunda generación), hasta llegar a trabajar con todo el sistema familiar y otros
sistemas interconectados relevantes, en los últimos años, en lo que se ha llamado "programas
de tercera generación" (Martín et al., 2009; United Nations Office on Drugs and Crime, 2010).
En el actual sistema de salud chileno, las prestaciones de educación parental directa que son
ofrecidas como recomendaciones en cada consulta o control de salud corresponderían a los
programas de primera generación; prestaciones como el taller de habilidades parentales "Nadie
es Perfecto" Intensivo, donde además del trabajo con los padres se incorporan sesiones
vinculares, corresponderían a la segunda generación de programas; pero sigue siendo un
desafío llegar a la tercera generación de intervención eco-sistémica, que aborda la familia en su
conjunto y otros sistemas significativos, esto es, a la ecología de la parentalidad. Existen
programas de este tipo en la oferta del Servicio Nacional de Menores (por ejemplo, los
programas de prevención focalizada pueden operar de esta manera), pero es una oferta
altamente focalizada en situaciones de vulneraciones de derechos de la infancia (maltrato,
negligencia) no accesibles a toda la población; así, en el país aun no existe una oferta universal
e integral, multi-componente y multi-nivel diseñada desde el marco de la parentalidad positiva
(Rodrigo, Máiquez & Martín, 2010; 2011).

En términos generales, hoy se sabe que resulta relevante disponer de una teoría robusta
y un modelo claramente articulado sobre el mecanismo predictivo del cambio; los programas
debiesen estructurar y controlar cuidadosamente las prestaciones entregadas para mantener la
integridad del diseño, asegurando mecanismos de control de la fidelidad alcanzada en su
implementación, y registrando detalladamente las adaptaciones que resulten necesarias en el

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proceso de escalamiento (Eames et al., 2009; Olds, Sadler & Kitzman, 2007; Durlak & Dupre,
2008). A nivel de los equipos profesionales, el personal debe ser entrenado apropiadamente y
contar con las competencias necesarias (Barth, 2009), y estar insertos en una institucionalidad
especialmente preocupada por el cuidado y formación continua de los equipos (Rodrigo,
Máiquez & Martín, 2011), en lo que podría denominarse una "comunidad de aprendizaje".

La investigación (Barlow, Simkiss & Stewart-Brown, 2006; Barth, 2009; Mikton &
Butchart, 2009) y nuestro propio trabajo nos ha mostrado que con familias altamente
vulnerables, o con problemas de mayor gravedad, los Planes de Intervención o "Mapas de
Oportunidades" deben cumplir con las siguientes características: (a) considerar una duración
flexible, con seguimientos y sesiones de refuerzo; (b) fundamentarse en una evaluación
comprensiva e integral de los sistemas involucrados en el caso; (c) establecer foco en
habilidades parentales específicas (ej., la empatía, la sensibilidad parental, la disciplina
positiva) vinculadas a las características y necesidades actuales del niño/a; (d) tomar en cuenta
las crisis familiares y los retrocesos como una parte esperable del proceso; (e) ampliar la
perspectiva desde la díada a la ecología de la parentalidad, buscando activamente recursos del
entorno a movilizar en el proceso.

En general, el arsenal de herramientas técnicas suele incluir el uso de la visita


domiciliaria, la consejería parental, la mediación, la psicoterapia y los talleres o la educación
parental (Rodrigo, Máiquez & Martín, 2011; Muñoz & Gómez, en prensa). Otras
intervenciones que pueden contribuir a una parentalidad más efectiva en familias altamente
vulnerables, son menos conocidas en el contexto latinoamericano, como el video-feedback:
hoy se cuenta con un meta-análisis de 29 experimentos que usaron la retroalimentación
parental de interacciones familiares registradas en video (N=1844 familias), avalando su
efectividad con efectos moderados (Fukkink, 2008). En Chile existen algunas experiencias
pioneras de uso de video-feedback con familias multi-estresadas, que han mostrado resultados
iniciales positivos coherentes con la literatura internacional (Gómez & Muñoz, 2012; Muñoz
& Gómez, en prensa).

Un meta-análisis publicado en 2006 por Lundahl, Nimer y Parsons, evaluó la


capacidad de los programas de entrenamiento parental para reducir el riesgo parental de
maltratar a sus hijos. Se incluyeron un total de 23 estudios y como muestra la Tabla 1, se
identificaron tamaños de efecto moderados (con tendencia a disminución en seguimientos).

Tabla 1: tamaños de efecto de la intervención en parentalidad y maltrato


Tamaño de Visita
Lugar Modalidad
efecto Domiciliaria
Al Segui- Indi- Gru-
Con Sin Centro Hogar Mixto Mixto
egreso miento viduo po
Actitudes
.60 .65 .76 .46 .46 .22 .82 .49 .46 .94
Parentales
Ajuste
.53 .28
emocional
Conductas
.51 .32 .64 .40 .41 .10 .85 .67 .41 .64
de crianza
Maltrato
.45
actual
Fuente: construcción propia a partir del meta-análisis de Lundhal et al., 2006.

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El análisis de moderadores mostró que el ofrecimiento de servicios mixtos (grupales e


individuales), desarrollados tanto en el centro como en el hogar, mejoró los resultados hasta
tamaños de efecto altos. Cabe destacar que una de las intervenciones que se recomienda
incorporar en el trabajo con familias multi-estresadas es la visita domiciliaria, en línea con lo
que otros autores han propuesto para el contexto latinoamericano (Kotliarenco, Gómez,
Muñoz & Aracena, 2010). Sin embargo, debe considerarse que los resultados en casos de
maltrato infantil a la fecha han sido de tamaños de efecto pequeños a moderados y no se
logran con 1-2 visitas (que suele ser lo que ofrece el sistema Chile Crece Contigo en la
actualidad) sino con una dosis e intensidad significativamente mayor, y una mixtura de
técnicas de intervención (Howard & Brooks-Gunn, 2009).

Respecto a componentes o focos de intervención asociados con la efectividad de


programas de entrenamiento parental dirigidos a mejorar la conducta y ajuste socioemocional
de niños y jóvenes, Kaminski, Valle, Filene y Boyle publicaron en 2008 un meta-análisis
resumiendo 77 evaluaciones publicadas entre 1990 y 2002. El tamaño de efecto global, en
todos los estudios y usando todas las medidas de resultado fue d = .34, es decir moderado-bajo.
Sin embargo, estudiando los contenidos específicos de las intervenciones, se detectaron
importantes diferencias en los tamaños de efecto, tanto en las competencias y conductas
parentales como en los problemas de conductas externalizantes del niño/a (esto es, el
desarrollo socioemocional asociado a la regulación emocional y conductual), que se reportan
en la Tabla 2; estos hallazgos se replicaron usando regresiones y un modelo de efectos mixtos
(Kaminski, Valle, Filene & Boyle, 2008). Como conclusión de este meta-análisis, se afirma que
el componente más robusto y transversal a ambas áreas sería la incorporación de momentos
para practicar los contenidos y habilidades aprendidas, con el propio hijo/ o niño/a a cargo, lo
cual permite llegar a tamaños de efecto significativamente más altos.

Tabla 2: tamaños de efecto según foco de la intervención


Resultados de la Intervención
Competencias y Problemas
Conductas Parentales Conductuales del Niño
Foco de la Intervención Con Sin Con Sin
Habilidades de comunicación emocional 1.47 .35
Respuesta consistente .59 .36
Practicar con el propio hijo .91 .33 .69 .18
Interacciones positivas con el niño .36 .13
Responsividad, sensibilidad y cuidado .58 .22
Tiempo fuera .54 .15
Resolución de problemas .49 .22
Modeling .39 .16
Fuente: construcción propia a partir del meta-análisis de Kaminski et al., 2008.

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Discusión

Frente al desafío de promover el desarrollo socioemocional temprano, especialmente


en familias vulnerables, el fortalecimiento de las competencias parentales surge como una
estrategia central y transversal a los contextos de intervención. Los estudios de meta-análisis
reseñados (Kaminski et al., 2008; Lundhal et al., 2006; Fukkink, 2008) y las revisiones de
revisiones (Barlow et al., 2006; Barth, 2009; Mikton & Buchart, 2009) ofrecen evidencia
robusta sobre la efectividad de programas de intervención en competencias parentales con
familias vulnerables o multi-estresadas, en general con tamaños de efecto moderados.

La incorporación de ciertas características en el diseño de los programas de


intervención con familias multi-estresadas, parecen incrementar significativamente los
resultados, llegando a tamaños de efecto moderado-altos y altos, si bien se requiere más
investigación en la materia. Entre éstas, se identifican: (a) diseños mixtos con servicios
ofrecidos tanto en el centro como en el hogar, (b) la inclusión de la visita domiciliaria, (c) el
uso de video-feedback, (d) la mezcla de servicios a nivel individual/grupal y (e) la inclusión de
espacios para la práctica en vivo. Asimismo, la literatura recomienda considerar tres focos
principales en la intervención: (a) la interacción padre-hijo, (b) la respuesta parental sensible y
(c) las habilidades parentales de identificación y comunicación de emociones. Creemos que
este conocimiento debiese incluirse en el marco del Sistema Chile Crece Contigo y en la red de
programas del Servicio Nacional de Menores, integrándose activamente en el diseño de
intervenciones tanto en salud, como en educación preescolar y escolar, y por supuesto en la
protección especializada de derechos de la infancia. Es un imperativo fortalecer la
sistematización y evaluación de resultados de los programas que trabajan con familias multi-
estresadas y en contextos de graves vulneraciones de derechos a la infancia, un área en la que
sigue predominando la argumentación discursiva por sobre la práctica informada por
evidencia.

Es especialmente iluminador que el meta-análisis de Kaminski y otros (2008) haya


destacado la posibilidad de practicar nuevas habilidades con el hijo/a como un mecanismo que
logra aumentar significativamente los resultados tanto en competencias parentales como en la
conducta del niño/a. Tanto Barudy y Dantagnan (2005) como Rodrigo y colaboradores en la
literatura de habla española (2009, 2010, 2011), han destacado la importancia de que la
sociedad ofrezca oportunidades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades específicas y
reconocimiento de los logros y avances conquistados en el desafío de una parentalidad
positiva. Esta lógica de trabajo es plenamente coherente con la que Gómez y Muñoz (2007;
2012) han enfatizado en Chile para la intervención con familias multi-estresadas y en riesgo
social, y que hoy se organiza en el modelo "ODISEA: Oportunidades para el Desarrollo de
Interacciones Sensibles, Eficaces y Afectivas" (Muñoz & Gómez, en prensa) que a través de
visitas domiciliarias manualizadas y video-feedback, propone actividades concretas para
entrenar habilidades y desarrollar la capacidad reflexiva de los padres, madres y/o cuidadores
significativos.

Tras casi una década de la publicación del documento fundacional "El Futuro de los
Niños es Siempre Hoy" (Consejo Asesor de Infancia, 2006), que inspiró la creación del Sistema
Chile Crece Contigo y la oportunidad histórica que ofrece el recientemente creado Consejo
Nacional de la Infancia, es imperativo preguntarse: ¿qué espacios ofrece la política pública
actual que integren armoniosamente estos tres elementos (oportunidades, entrenamiento y
reconocimiento) para la promoción de una parentalidad positiva? ¿qué esfuerzos existen para

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modificar las condiciones estructurales de la ecología parental que afectan especialmente a la


parentalidad de las familias en situación de pobreza? ¿cómo puede potenciarse un avance
significativo en el diseño de programas desde esta perspectiva? ¿qué elementos deben
incorporarse a una nueva Política Nacional de Niñez y Adolescencia para transformar las
cifras negativas observadas en el desarrollo socioemocional temprano y las prácticas de crianza
vigentes en Chile?

La claridad del diseño y objetivos, la calidad de los servicios, la capacitación y dominio


técnico de los profesionales, la fidelidad en la implementación y los procesos de
involucramiento y participación de los usuarios, han sido identificados reiteradamente como
los factores críticos en el logro de resultados entre distintos programas de parentalidad al
momento de ser evaluados (Morawska & Sanders, 2006; Olds, Sadler & Kitzman, 2007;
Durlak & DuPre, 2008; Barth, 2009; Eames et al., 2009; Kotliarenco et al., 2010; Rodrigo,
Máiquez & Martín, 2011). Este conocimiento es importante, ya que recuerda que el avance en
la intervención en parentalidad positiva en familias vulnerables no solo pasa por mejores
diseños basados en evidencia, sino también por las competencias reales de los operadores –
médicos familiares, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, educadoras, etc. – a quienes
se solicita implementar estos programas (ej., ¿se ha incorporado en las mallas de formación los
conocimientos sobre parentalidad y desarrollo, o sobre intervención con familias multi-
estresadas?); y la instalación de mecanismos institucionales que apoyen y garanticen la
fidelidad en la implementación, por ejemplo, los tan valiosos y escasos espacios de
"supervisión reflexiva" sobre la praxis profesional, mecanismos de potenciamiento de la
calidad que además se ligan fuertemente al cuidado del profesional.

Esperamos que en la próxima década, las nuevas encuestas nacionales en primera


infancia muestren una mejoría con respecto a los resultados reseñados en este capítulo,
especialmente en los indicadores de dificultades en el desarrollo socioemocional, salud mental
y bienestar de los niños y niñas de nuestro país. Chile cuenta hoy con las bases para mejorar la
forma de pensar e implementar la política pública, hacia un sistema de protección integral de la
infancia que se sustente en los principios de una parentalidad positiva y respetuosa, donde
todos y todas somos en parte responsables por el proceso y los resultados.

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