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Historia de La Etica Medica

Este documento presenta la hoja de vida del Dr. Fernando Sánchez Torres, un médico y académico colombiano que se ha destacado tanto en el campo científico como en las letras. Sánchez Torres obtuvo su título de médico cirujano y se especializó en ginecobstetricia. Ha ocupado cargos como decano de la facultad de medicina y rector de la Universidad Nacional de Colombia. Además de su trabajo académico, Sánchez Torres también se ha dedicado a la escritura y la pintura.

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Historia de La Etica Medica

Este documento presenta la hoja de vida del Dr. Fernando Sánchez Torres, un médico y académico colombiano que se ha destacado tanto en el campo científico como en las letras. Sánchez Torres obtuvo su título de médico cirujano y se especializó en ginecobstetricia. Ha ocupado cargos como decano de la facultad de medicina y rector de la Universidad Nacional de Colombia. Además de su trabajo académico, Sánchez Torres también se ha dedicado a la escritura y la pintura.

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Enviado por Biblioteca:

Fernando Sánchez Torres


Librería Digital
http://www.encolombia.com/etica-medica-capitulo-II.htm

Hoja de vida del Dr. Fernando Sánchez Torres


En una época en la que la especialización y el pragmatismo profesional
constituyen el signo de los tiempos, Fernando Sánchez Torres es un
magnífico ejemplo de que la consagración a la ciencia no tiene por qué
reñir con el cultivo de las humanidades. Sánchez Torres obtuvo el
título de Médico Cirujano por la Universidad Nacional de Colombia y
posteriormente se especializó en Ginecobstetricia. Fue decano de la
Facultad de Medicina y más tarde rector de su Alma Mater, de la cual
es profesor titular, emérito y honorario. Ex Presidente del Tribunal
Nacional de Ética Médica, Sánchez Torres es miembro fundador del
Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos y de la Sociedad
Colombiana de Historia de la Medicina.

En la actualidad ejerce la presidencia de la Fundación Pro Derecho a Morir


Dignamente, es miembro emérito de la Sociedad Colombiana de Obstetricia y
Ginecología, y pertenece a once sociedades científicas extranjeras y a trece nacionales.
Sus méritos profesionales lo han hecho acreedor al Premio Nacional de Medicina
Federico Lleras Acosta, al título de Maestro de la Obstetricia y la Ginecología
Latinoamericanas y al de Excelencia de la Medicina Colombiana.
Sánchez Torres ha sobresalido igualmente en el campo de las letras y de las artes.
Además de ser creador de una obra pictórica de reconocida calidad, ha escrito
alrededor de un centenar de artículos científicos. Fue columnista del periódico El
Tiempo durante cuatro décadas y es autor de los libros Sobre la medicina y los
médicos, Alto riesgo obstétrico, Ciencia y reproducción humana, Historia de la
ginecobstetricia en Colombia, Historia de la obstetricia y la ginecología en
Latinoamérica, Temas de ética médica, La eutanasia, Catecismo de ética médica y La
mujer en la vida y la obra de Porfirio Barba Jacob. Quizás heredera de una tradición
intelectual que se remonta a otros médicos-humanistas como Gregorio Marañón y
Pedro Laín Entralgo, la obra ensayística de Sánchez Torres se distingue por la agudeza
y el casticismo del estilo y por la claridad de las ideas, fiel reflejo de la doble condición
de literato y científico que caracteriza a su autor.

ORÍGENES DE LA ÉTICA MÉDICA

La ética, es decir, el conocimiento organizado de la moral, no tiene una antigüedad


mayor de veinticinco siglos. Para Aristóteles fue Sócrates su fundador, puesto que fue
el primero en señalar y definir las virtudes éticas y en cuestionar la forma como
debemos vivir. Séneca confirma este concepto cuando dice que Sócrates fue quien
puso la filosofía al servicio de las costumbres y definió que la sabiduría suprema es
distinguir los bienes de los males1.
Antes de Sócrates y Aristóteles la virtud era atributo de los dioses. SI alguna se les
asignaba a los hombres, tenía que ver con disposiciones guerreras y otras cualidades
físicas, que eran regalo de los dioses, dones divinos. En concepto de Sócrates, la virtud
es única y a partir de ella se puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es, vale
decir, lo que es bueno y lo que es malo. Esa única virtud consiste en la obediencia de
la ley. En diálogo con Critón, Sócrates pregona su respeto por las leyes, pues atentar
contra ellas puede derivar en daño para la colectividad. No obstante estar hechas por
los hombres -dice-, las leyes son de naturaleza divina2. De ahí que se hubiera opuesto
a los sofistas, que amenazaban el auténtico fundamento de las leyes. De esa manera
pretendió, además establecer una cultura ciudadana, lo cual le da créditos para
considerarlo fundador de la ética social. Más tarde Platón, influido por los pitagóricos
que habían hecho de la filosofía de las matemáticas un sistema ideal de vida, eleva la
teoría de la ética a nivel de ciencia.

La Etica Médica, por su parte, es ligeramente posterior a Sócrates, o mejor,


contemporánea. Sócrates consideraba que la medicina era un servicio de los dioses
(medicina teologal). En Faidón, que relata sus postreras horas, dice a Critón: "Critón,
debemos un gallo a Asclepios. Pagadle esta deuda. No lo olvidés"4. Fueron sus últimas
palabras. Posiblemente con ellas quería agradecer el poder morir sano de cuerpo y
espíritu, como también comprometer la ayuda que el dios pudiera prestarle en la otra
vida. En mi concepto, en este pasaje se consagra un aspecto de la ética del paciente, a
la que no se le ha prestado mayor atención. Sin duda, hermoso testimonio de respeto
al principio de gratitud.

Sócrates vivió entre los años 469 y 399 antes de Cristo; Hipócrates entre 460 y 377.
Fueron, pues, contemporáneos, posteriores a la llamada "era pretécnica" de la
medicina que, como es sabido, transcurre entre los orígenes de la humanidad y la
Grecia de los siglos VI y V anteriores a Cristo5. Se caracteriza por ser una combinación
de empirismo Y magia, con un transfondo sobrenatural y con unos médicos que eran
sacerdotes. La "era técnica, en cambio, se inicia con Alcmeón de Crotona e Hipócrates
de Cos. Para Lain Entralgo esa era técnica se distingue porque el médico se propone
curar al enfermo, sabiendo por qué hace aquellos que hace. Esta nueva actitud mental
lo conduce a preguntarse por lo que en sí mismos son el remedio, la enfermedad y el
hombre; para dar respuesta a lo anterior, estudia la naturaleza, es decir, se propone
conocer lo que una cosa es, su naturaleza propia.

Para los griegos, physis (naturaleza) era lo maduro, lo pleno, lo bello, lo sano7. la
enfermedad (páthos) era algo contranatural, inmoral. El médico, que tenía la virtud de
hacer volver a su cauce la physis, era, en cierta forma, un moralista, pues la
enfermedad coloca al hombre en riña con lo bueno y lo bello. Si hay páthos no hay
éthos, como que éthos no significaba rigurosamente "ética" sino "orden natural", el
"modo o forma de vida"8. El enfermo (in - firmus, sin firmeza física y moral), colocado
en condición de incapacitado, debía ser tratado como un niño pequeño y el médico, en
su función de ordenador, desempeñar el papel de padre. Esto explica el paternalismo
que caracterizó a la medicina occidental hasta época reciente.
Con Hipócrates, como ya señalé, la razón le permite al médico preguntarse: ¿qué son
las enfermedades? ¿Cómo tratarlas? Con ello la medicina pierde su carácter sagrado.
En efecto, la medicina sacralizada es sustituida por la medicina razonada, y el médico,
al hacerse un técnico, se seculariza también.

La medicina en los tiempos de Sócrates y de Hipócrates no estaba organizada ni


reglamentada como profesión. Los conocimientos médicos se heredaban, se
transmitían en el grupo familiar. La profesión tenía carácter de secta; era como un
sacerdocio profesionalizado, aunque también ejercían curadores empíricos y
autodidactos. La sociedad, en general, desconfiaba de los que hacían de médicos. No
existían disposiciones que obligaran al practicante a ser responsable de sus actos,
como sí ocurría en la Mesopotamia. Recordemos que en Babilonia el rey Hammurabi,
que reinó unos 1.800 años antes de Cristo, registró en su famoso Código derechos y
obligaciones de los profesionales de la medicina. Veamos una muestra de esas
disposiciones:
"215. Si un médico ha tratado a un hombre libre de una herida grave mediante la
lanceta de bronce y el hombre cura; si ha abierto la nube de un hombre con la lanceta
de bronce y ha curado el ojo del hombre, recibirá diez siclos de plata". "218. Si un
médico ha tratado a un hombre libre de una herida grave con la lanceta de bronce y ha
hecho morir al hombre, o si ha abierto con la lanceta de bronce la nube de un hombre
y destruye el ojo del hombre, se le cortarán las dos manos"9.

EL JURAMENTO HIPOCRÁTICO

Esta falta de disposiciones reglamentarias del ejercicio médico en Grecia, junto con la
natural desconfianza de la sociedad hacia los médicos, indujo a la secta a dictar sus
propias normas de conducta, las cuales quedaron consignadas en un documento que
pasó ala posteridad con el nombre de "Juramento hipocrático", tenido como un
paradigma de ética profesional, de responsabilidad moral e impunidad jurídica10. Más
adelante volveremos sobre este asunto.
Históricamente no existe ningún documento que legitime la autoría del Juramento, es
decir, que le otorgue a Hipócrates o a otro distinto la paternidad. Debe tenerse en
cuenta que Hipócrates fue un personaje cuasi legendario, llegándose a afirmar que fue
más un nombre que un hombre. De lo que no queda duda es que de verdad existió.
Por lo menos dos contemporáneos suyos lo mencionan. En Fedro, Platón (427-348 a.c)
recoge el siguiente diálogo:
"Fedro. - Si hemos de creer a Hipócrates, el descendiente de los hijos de Asclepíades,
no es posible, sin este estudio preparatorio, conocer la naturaleza del cuerpo.

Sócrates. - Muy bien, amigo mío; sin embargo, después de haber consultado a
Hipócrates, es preciso consultar la razón y ver si está de acuerdo con ella"11.
Por su parte, Aristóteles (384-322 a. C.) en la Política habla:
"Y así, yo puedo decir que Hipócrates, no como hombre sino como médico, es mucho
más grande qué otro hombre de una estatura más elevada que la suya"12.
Pero conozcamos el texto fiel del Juramento hipocrático, el rnismo considerado como
"un documento venerable del patrimonio moral de Occidente, testamento ecuménico y
transhistórico de la Antigüedad clásica para la ética médica"13.

"Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higiea y Panacea, así como por todos los dioses
y diosas, poniéndolos por testigos, dar cumplimiento en la medida de mis fuerzas y de
acuerdo con mi criterio a esté juramento y compromiso:
Tener al que me enseñó este arte en igual estima que a mis progenitores, compartir
con él mi hacienda y tomar a mi cargo sus necesidades si le hiciere falta; considerar a
sus hijos como hermanos míos y enseñarles este arte, si es que tuvieran necesidad de
aprenderlo, de forma gratuita y sin contrato; hacerme cargo de la preceptiva, la
instrucción oral y todas las demás enseñanzas de mis hijos, de los de mi maestro y de
los discípulos que hayan suscrito el compromiso y estén sometidos por juramento a la
ley médica, pero a nadie más.
Haré uso del régimen dietético para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto
entender: del daño y la injusticia le preservaré.
No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal ni haré semejante
sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En
pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte.
No haré uso del bisturí ni aun con los que sufren del mal de piedra: dejaré esa práctica
a los que la realizan.
A cualquier casa que entrare acudiré para asistencia del enfermo, fuera de todo
agravio intencionado o corrupción, en especial de prácticas sexuales con las personas,
ya sean hombres o mujeres, esclavos o libres.
Lo que en el tratamiento, o incluso fuera de él, viere u oyere en relación con la vida de
los hombres, aquello que jamás deba trascender, lo callaré teniéndolo por secreto.

En consecuencia séame dado, si a este juramento fuere fiel y no lo quebrantare, el


gozar de mi vida y de mi arte, siempre celebrado entre todos los hombres. Mas si lo
trasgredo y cometo perjurio, sea de esto lo contrario" 14,
Pero, ¿a qué se debe que el documento transcrito haya corrido con tanta fortuna a
través de los siglos, llegando a representar el ideal ético en medicina y aún continúe
influenciando la deontología médica occidental? Recordemos que en 1948 la Asociación
Médica Mundial lo adoptó como base deontológica.
Se ha creído ver en el Juramento un gran influjo religioso venido de sectas mistéricas.
Para algunos (comandados por L. Edelstein citado en Tratados hipocráticos, tomo I,
p.67) es un manifiesto de origen netamente pitagórico. Esta tesis es sugestiva, pues el
espíritu del juramento es, en verdad, doctrina de secta: venerar á los maestros como a
los propios padres, no revelar a los extraños los secretos del oficio, mantener la vida y
la profesión en estado de pureza y santidad. El ancestro pitagórico que ha querido
dársele dé seguro se origina en el hecho de que Pitágoras fundó en Krotón una secta,
hermandad o asociación religiosa que se regía por una norma o estilo de vida que los
distinguía entre los demás hombres.
Debo llamar la atención sobre el hecho de que el Juramento no fue emitido por la
generalidad de los médicos ni fue tenido muy en cuenta en la antigüedad. Sostiene F.
Kudlien (también citado en Tratados hipocráticos, tomo I, p.68) que, existiendo en
aquella época mucho prejuicio contra los médicos. Unos cuantos de éstos se
comprometieron a través de un documento público a seguir normas de conducta que le
proporcionaran garantía al paciente. Para mayor seriedad, esas obligaciones tenían
compromiso religioso y todas estaban encaminadas hacer bien al enfermo, a no
perjudicarlo. De esa manera el médico asume, motu proprio, responsabilidades que ni
la sociedad ni el Estado habían fijado, a diferencia, como ya vimos, de lo que ocurrió
en la antigua Mesopotamia con el código de Hammurabi.

Por eso se acepta que el Juramento es apenas una promesa religiosa, carente de
responsabilidad jurídica. Según Gracia Guillen16, el Juramento hipocrático ha sabido
expresar tan perfectamente las características fundamentales del papel sacerdotal o
profesional, que no solo ha sido el paradigma de la ética médica, sino de la ética
profesional en cuanto tal.
Como vemos, la Etica General ú ordinaria, iniciada con Sócrates al señalar la necesidad
de vivir bajo el mandato de las virtudes, da origen a la Etica Médica, iniciada con los
preceptos contenidos en el Juramento hipocrático, que a su vez señalan el actuar
médico frente al enfermo, imponiéndole una suprema regla de moral: favorecerlo, o,
por lo menos, no perjudicarlo.
Asimismo, de la ética médica hipocrática se desprende la ética moral profesional,
aplicable a cualquier actividad, como que obliga a quien la desempeñe a ejercerla a la
perfección, en procura de beneficiar al otro.

EL VIRTUOSISMO MORAL DEL MÉDICO


Queda establecido, pues, que la ética médica en sus inicios se fundamentó con criterio
"naturalista", Siendo sabia la physis, todo lo natural tenía que ser bueno. Pero, como
afirma Lain17, el gran legado de los médicos hipocráticos a la ética médica de la
posteridad, fue haber fundido en el alma del sanador lo humano y lo técnico, es decir,
curar al hombre técnicamente.
Hacia el año 190 a.C. fue escrito en Alejandría el Libro Sagrado denominado el
Eclesiástico (del latín eclesiastes, profeta), tenido como un tratado de ética ya que
diserta sobre las virtudes y la sabiduría práctica18. Uno de los capítulos está dedicado
a honrar al médico. Jesús, autor del Libro e hijo del sabio profeta Sirácides, nos legó
un testimonio importante acerca de los conceptos que sobre la medicina y el médico
tenían personas cultas e influyentes como él. El capítulo en mención no es
propiamente una guía de comportamiento para el médico sino para el enfermo. Dada
la gran influencia que los sagrados Libros ejercieron en el mundo cristiano y en la vida
de Occidente, es bueno revisar los conceptos que nos son de particular interés y que
registra el Eclesiástico:

1. De Dios viene toda medicina, vale decir, tiene carácter divino, es teúrgica.
2. Dios hizo al medicó para bien del enfermo. El médico es un intermediario entre
aquél y éste, y su misión es proporcionar beneficio.
3. De la tierra creó Dios los medicamentos, y la virtud de estos pertenece al
conocimiento de los hombres, por lo cual deben glorificarlo. Por tal información y
mandamiento la terapéutica es de naturaleza divina y se obtiene de la naturaleza
misma, pudiéndose equiparar al concepto naturalista griego.
4. Al sentirse enfermo, el individuo no debe descuidarse sino que debe apartarse del
pecado, limpiar el corazón, dedicarse a la oración, hacer ofrendas y oblación. Sólo
entonces será posible que obre el médico. Este, a su vez, deberá rogar al Señor para
que surtan efecto sus remedios. En resumen, lo que se quiere significar es que la
enfermedad es consecuencia del pecado y la curación se obtiene con la oración y el
arrepentimiento.

Así las cosas, la ética médica, dependiente del "orden natural" de los griegos, fue
apuntalada por los teólogos. La medicina convierte en profesión según el sentido
etimológico (professio), vale decir, con implicaciones confesionales, teologales, y
médico, además de virtuoso técnico, debe ser un virtuoso moral. El ethos hipocrático
pasa, ahora sí, a ser un nuevo estado sacerdotal. En efecto, la filosofía pitagórica y
estoica, de la que tomó mucho la ética médica, como ya vimos, viene a constituirse en
un puente hacia el cristianismo. Razón asiste a José A. Mainetti cuando dice que la
fortuna histórica del Juramento hipocrático pasó por el eje de Atenas a Jerusalén, esto
es por su notable coincidencia con los principios del cristianismo ".

Este influjo de la moral hipocrática se mantuvo vigente durante muchos siglos, hasta
bien entrada la Edad Media. con un nuevo ingrediente aportado por el Cristianismo: el
de la filantropía, el cual, al darle una nueva dimensión al papel del médico, también
imprimió nuevos rumbos al ejercicio de la medicina. En efecto, el espíritu cristiano,
siguiendo el ejemplo dé Jesús, que se llamó metafóricamente "médico" y que curó sin
cobrar, sólo por amor al hombre, obliga a cuidar y a tratar de manera desinteresada al
hermano enfermo. Es una buena acción y por lo tanto beneficia el alma. Dado que el
orden natural viene de Dios y la enfermedad es un desorden, restituir la salud es un
acto bueno, que viene asimismo de Dios a través de su intermediario, el médico.
Siendo un enviado divino, debe obrar con sentido sacerdotal, paternalista, actitud ésta
característica de la ética de orden natural.
En el año 1135 de la era cristiana nació en Córdoba, España, Moisés Ben Maimón,
conocido mejor con el nombre de Maimónides. Fue ala vez médico, teólogo y filósofo.
Su influencia fue grande a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento. Por eso, al
estudiar la historia o evolución de la Etica Médica, no pueden preferirse su figura ni sus
enseñanzas. En efecto, su Invocación20, sin ser un compromiso a través de unas
normas expresas de conducta, como es el Juramento hipocrático, es un ruego para que
el médico sea dotado de las virtudes necesarias para cumplir su delicada misión. Los
principios morales que tal invocación contempla son los siguientes:
• Amar al arte y al hombre.
• Indiferencia por el lucro y la gloria.
• Respeto por la salud y la vida.
• Respeto por la autonomía del paciente. ("Concédeme, Dios mío, indulgencia y
paciencia con los enfermos obstinados y groseros").
• Afán por la sabiduría en beneficio del paciente.
• Prudencia y modestia.

LA MORAL POSITIVA
Llegada la baja Edad Media se abre camino la concepción moderna de la ciencia y la
técnica, y del hombre mismo. El cosmos natural, divino, vedado para el hombre,
comienza a ser revelado por la razón. Copérnico inicia esa cruzada, es decir,
demuestra que lo tenido como inescrutable -el orden natural- es susceptible de ser
conocido. A ese orden natural cerrado, esotérico, se le opone la ciencia, que es
creación humana. De esa manera la ética adquiere también otro rumbo, pues ella no
puede sustraerse a las evidencias que la ciencia aporta. La ética sin ciencia sería algo
inconsistente, vacío.
Pasada la Edad Media adviene el Renacimiento, que es, como señala Lain Entralgo en
su división del curso histórico de la medicina, punto de partida del mundo moderno21.
Comienza entonces a espigar la idea de los derechos humanos, a contraponerse el
orden moral científico al orden natural divino. El Idealismo, la ilustración, el
Romanticismo y el Positivismo son épocas que le dan más firmeza al orden revelado
por la razón. La visión del cosmos, de la naturaleza y del hombre continúa
modificándose. Atrás quedan los criterios religiosos y metafísicos que fundamentaban
la ética, pues la racionalidad científica otorga, además de una lógica -como dice Gracia
Guillén-, una ética y una estética22. La nueva fundamentación, la de orden científico,
apareja una nueva moral: la moral positiva.

Descartes en el siglo XVII y Voltaire en el XVIII colocan los cimientos para que Augusto
Compte construya su filosofía positivista. En ella establece la incompatibilidad de la
ciencia con la teología. Según ese nuevo espíritu filosófico, sólo hay que aceptar lo
asequible a nuestra inteligencia, con exclusión de "impenetrables misterios ". Para
Compte, independizar la moral de la teología y de la metafísica era una necesidad24.
Como antes se dijo, estas tesis positivistas tenían antecedentes con corrientes tales
como las que caracterizaron al Idealismo y a la Ilustración, sustentadas en una
profunda confianza en la razón humana. Voltaire, personificación de la Ilustración,
arrebató la fe de muchos en relación con el orden establecido. Por eso ha sido tenido
como el gran maestro de la duda. el que enseñó a creer sólo en lo que pudiera ser
confirmado por los sentidos. Con la Ilustración, y gracias a él, se derrumba el
dogmatismo medieval El estudio de las ciencias, según el positivismo, era el camino
para llegar a la sociedad perfecta. La autoridad y el paternalismo de los soberanos,
sustentados en el concepto de que éstos eran intermediarios divinos, comienzan a
perder credibilidad, para darle paso al concepto del Estado de origen y orientación
secular.
Pese a tan radicales cambios en la manera de entender hombre y su entorno, la ética
médica mantuvo innegable dependencia del orden natural de los griegos, como
también de los teólogos cristianos. Así se conservó hasta épocas recientes. Con razón
afirma Gracia Guillén que durante los siglos anteriores no existió verdadera ética
médica, si por ella se entiende la moral autónoma de los médicos y los enfermos;
existió otra cosa, en principio heterónoma, que puede denominarse "ética de la
medicina"25.

Bien entrado el siglo XX, la medicina, gracias a la ciencia y la tecnología, se muestra


dominadora de la naturaleza. Muchos interrogantes, que parecían imposibles de ser
respondidos poco antes, comienzan a ser revelados. Diversos estados patológicos
tenidos como inevitables o mortales, dejan de serlo. Sin desviar su atención en el
hombre, en el individuo, la medicina extiende su radio de acción á la comunidad. De
esa manera la profesión adquiere rasgos definidos, que Lain Entralgo identifica así:
Carácter técnico, posibilidades ilimitadas del médico y democratización socialización
progresiva de la asistencia del enfermo. Precisamente, esas características han sido las
culpables de que el ejercicio de la medicina haya desembocado en situaciones
conflictivas, no solo referidas a la ética, sino también a los campos penal, civil y
administrativo.

En 1948, la Organización de las Naciones Unidas promulga la Declaración Universal de


los Derechos Humanos, que fue como una actualización ecuménica de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en las postrimerías del siglo
XVIII por la Asamblea Nacional Francesa. Sin duda, ambos documentos incidieron, en
su respectivo momento, en la fundamentación de la ética, incluyendo, por supuesto, la
Etica Médica, aun cuando en ésta tal influencia se hace evidente solo a partir de la
divulgación y acatamiento de lo aprobado por la ONU. La figura del Estado,
encabezado por un gobernante omnipotente, autoritario, paternalista, representante
de la autoridad divina, es sustituida por la de un Estado de origen democrático, regido
por leyes asimismo dictadas por los representantes del pueblo. El pueblo deja de ser
un incompetente mental, como lo consideraba Platón en su República, y se le reconoce
su capacidad decisoria y su derecho a la autonomía. Algo similar ocurre en el campo de
la medicina: el médico pierde su condición de déspota ilustrado, de padre solicito, y el
enfermo gana su condición de ser pensante y autónomo. Con ello la ética sufre un
proceso de renovación, conservando, claro está, principios morales de carácter
intemporal, verdaderas constantes éticas heredadas del Juramento hipocrático, como
son el respeto por la vida humana y el propósito de beneficiar al paciente.
Como ha podido verse, la eticidad del acto médico no ha sido inmodificable, rígida,
sino que ha sufrido cambios con el paso del tiempo. No puede pasar inadvertido, sí,
que luego de lo aportado por los médicos hipocráticos, la suerte de la Etica Médica no
estado propiamente en manos de los mismos médicos. Los grandes cambios políticos y
sociales le han impreso nuevos rumbo La participación de los médicos ha quedado
reducida –como lo señala Gracia Guillén- al ámbito de la "ascética" (cómo formar buen
médico en el sentido de virtuoso) y de la "etiqueta" (normas de corrección y
urbanidad)27.

NACIMIENTO DE LA BIOÉTICA

Cuando me referí atrás al influjo que la ciencia tuvo sobre la ética en los inicios de
aquella, anotaba que si no se le añadía ciencia a la ética, esta sería algo vano,
inconsistente. Pues bien, a raíz de los sorprendentes atrevimientos de la ciencia en
terreno de la biología, los moralistas, alarmados por sus potenciales repercusiones.
establecieron que si no se le añadía ética a la ciencia, esta se convertiría en algo
peligroso para la supervivencia de la humanidad. Advino entonces una nueva revisión
de la fundamentación y sistematización de la ética, que cobijó particularmente a la
ética científica y, desde luego. a la ética médica.

No obstante que el fundador de la ética, Sócrates, relacionara el comportamiento del


individuo con las leyes y la sociedad, su curso posterior estuvo muy ligado con el
"otro", es decir, con efecto que mi comportamiento pudiera tener sobre mi congénere.
Más tarde, en virtud de una interpretación comunitaria del moral, derivada del
concepto del Estado secular y democrático la ética individual se extendió a la ética
social. Cuando la ciencia en su afán inquisitivo y transformador, se convirtió en
amenaza para él individuo, la sociedad y la especie toda, se vio la necesidad de
ponerle un freno á ese afán, dándole un nuevo rostro a la ética científica. Así surgió la
Bioética.
Ese nuevo rostro, que fue, sin duda, un original enfoque de la ética científica, se puso
en circulación hace poco más de veinte años. Esta ética novedosa gira alrededor de la
vida, no solo de la humana, sino también de las demás formas conocidas sobre el
planeta, es decir, la animal irracional y la vegetal.

Siempre, hasta cuando ocurrió el holocausto de Hiroshima y Nagasaki, la ciencia había


sido considerada neutra éticamente. Se vio entonces que las implicaciones derivadas
de las aportaciones científicas podían ser funestas para la humanidad, por sus efectos
directos sobre el hombre o por el daño causado a su entorno. Unos años atrás, en
1933, un biólogo llamado Aldo leopold escribió en The Journal of Forestry, de los
Estados Unidos de Norteamérica, un artículo titulado "Etica de la conservación". Diez y
seis años después, vivida ya la explosión atómica, ese escrito, ampliado, fue publicado
en la popular revista Almanac con el título de "La ética de la tierra".

Por lo anterior se considera a Leopold como el precursor de la Bioética, el primero en


vislumbrar las bases de una nueva moral para la conducta humana, a través del
desarrollo de una ética ecológica. Inspirado en el escrito de Leopold, Van Rensselaer
Potter, médico oncólogo y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Wisconsin, Estados Unidos de Norte América, publicó en 1971 un libro que bautizó
Bioethics, bridge to the future29. Potter, interesado también en la relación del hombre
con la tierra, los animales y las plantas, había llegado al convencimiento de que si no
se ponía freno al comportamiento del ser humano frente a la naturaleza, su
supervivencia sobre el planeta no iría a ser muy larga. Luego de profundas reflexiones
concluyó que la pervivencia del hombre podía depender de una ética basada en el
conocimiento biológico. A esa ética le dio el nombre de "Bioética", vale decir, "Ciencia
de la supervivencia". "Una ciencia de la supervivencia -decía~ debe ser más que
ciencia sola; por lo tanto yo propongo el término Bioética en orden a enfatizar los dos
más importantes ingredientes, en procura de la nueva sabiduría tan desesperadamente
necesaria: los conocimientos biológicos y los valores humanos"30. En el prefacio de su
libro anotaba además: "Si hay dos culturas que se muestren incapaces de entenderse -
ciencia y humanidades, y si ello contribuye a que el futuro se muestre incierto, es
necesario tender un puente hacia el futuro: ese puente entre las dos culturas podría
ser la Bioética". Y más adelante: "Debemos desarrollar la ciencia de la supervivencia, y
debe arrancar con una nueva clase de ética: la bioética, que también podría llamarse
"ética interdisciplinaria" es decir, que incluya tanto las ciencias como las
humanidades"31.

Como se sabe, la ética en sus inicios tuvo que ver con la relación de los individuos
entre sí; después con la relación del individuo y la sociedad. En la década de los 70,
con Potter, surge una ética diferente, dado que se ocupa de la relación del hombre con
su entorno, es decir, una ética ecológica que, por lo mismo, habría de considerarse
interdisciplinaria, pues incluye tanto las ciencias biológicas como las hurnanidades.
Como buen conocedor de lo que se presagiaba en el campo de la reproducción
humana, Andrés Hellegers, profesor de Obstetricia en la Universidad de Georgetown,
Washington, y especialista además en Fisiología fetal, en 1972 dio los primeros pasos
para crear un centro de Bioética. Se denominó inicialmente "Instituto José y Rosa
Kennedy para el estudio de la reproducción humana y la bioética". Hellegers falleció en
1979y el nombre entonces fue trocado por el de "Instituto Kennedy de Etica",
vinculado a la Universidad de Georgetown.

Al revisar la historia de la Bioética no es posible preferir un hecho importante en su


evolución. En Nueva York, en 1969, el filósofo Daniel Callahan y el psiquiatra Willard
Gaylin llevaron la iniciativa para adelantar reuniones periódicas con científicos y
filósofos interesados en las ciencias biomédicas, con el fin de analizar cuál debía ser la
posición de la sociedad en general y de los profesionales en particular frente a los
avances de ellas. Así nació el "Instituto de Etica y Ciencias de la Vida", conocido más
tarde como "Hastings Center". Este, Junto con el Instituto Kennedy constituyen hoy los
epicentros de la bioética mundial. En su seno comenzó a desarrollarse una nueva ética,
llamada Bioética, es cierto, pero distante en mucho de la propuesta en sus inicios. Su
enfoque ha sido esencialmente médico, pues su ocupa sólo de los asuntos relacionados
con las ciencias médicas: reproducción humana asistida, distanasia, eutanasia, muerte
digna, geneterapia, trasplantes, derechos del paciente, aborto, etc. En otros términos,
se trata de una Bioética medicalizada. En 1978, también en los Estados Unidos, el
llamado "Informe Belmont"32 consagró los tres principios morales que orientan a la
Bioética medicalizada: autonomía, beneficencia y justicia, los cuales no son aceptados
por todos como principios morales propiamente dichos, sino como procedimientos para
resolver problemas corrientes surgidos en el proceso de prestación de servicios
sanitarios. La Bioética ecológica, por su parte, quedó huérfana de sistematización.

Siendo la Bioética Médica un producto típicamente norteamericano, anglosajón, dista


mucho de la Etica Médica primigenia. Esta fue siempre naturalista, paternalista y algo
metafísica; debía de ser así pues se nutrió en fuentes tales como la filosofía griega, el
derecho romano y la religión judeo-cristiana. Aquella, por su parte, es esencialmente
pragmática, alimentada por los principios de libertad y autonomía, es decir, por los
derechos humanos elementales consagrados hace dos siglos, ampliados y
perfeccionados en el presente.

Atrás se ha recordado que el desarrollo de la ética general ha estado ligado al


desarrollo de la democracia y los derechos humanos. Sin embargo, la Etica Médica se
mantuvo en su estado inicial durante veinticinco siglos. Habiendo sido la medicina
tradicional absolutamente paternalista y absolutista, a la razón de ser de ella -el
enfermo- se le trató siempre como a un incompetente físico y mental. Sólo hasta la
década de los setentas se le concedió la ciudadanía moral, es decir, se le reconoció su
condición de agente moral autónomo, libre y responsable.
Por supuesto que ese cambio radical en la concepción de la Etica Médica ha traído
consigo conflictos de distinto orden. La interpretación de los principios morales
fundamentales de esa neoética por parte del paciente, el médico y el Estado, no
siempre es coincidente. En particular, el principio de autonomía moral se presta para
ser usado con exagerado pragmatismo, que lo aparta en mucho de los lineamientos
éticos tradicionales, particularmente de aquellos que defiende la Iglesia Católica
Romana. Es por eso que ésta ha demostrado sumo interés por el estudio de los
problemas biológicos, en especial de los que tienen que ver con la reproducción
humana, para ver hasta dónde ellos son útiles a la especie, sin violar los dogmas,
valores y principios eclesiales. Puede afirmarse, sin exagerar, que en la actualidad es
la Iglesia católica la que lidera en todo el mundo el estudio y difusión de la Bioética
Médica. De ahí que sea posible afirmar además que, así como se ha medicalizado la
Bioética, también se ha querido eclesializarla.

El propósito de Potter al proponer la creación de la Bioética no era otro, como ya


anoté, que tender un puente entre la ética y las ciencias biológicas. De esa manera los
valores éticos deberían tenerse en cuenta al investigar los hechos biológicos, al igual
que al momento de darles aplicación práctica a sus resultados. La fundamentación
teórica de la Bioética es, sin duda, sólida y amplia. No se sujeta a una sola corriente
filosófica ni a un solo sistema ético. Es pluralista, secular y democrática. Los estudiosos
de la Bioética encuentran compatible su fundamentación con aquellas circunscritas al
naturalismo, al idealismo, a la epistemología y, por supuesto, a la axiología. No
obstante, para algunos eticistas católicos, como Pellegrino y Thomasma, la bioética le
ha dado demasiada importancia a la autonomía, tanta que se la ha llevado a extremos
morbosos33. La Bioética -así ha quedado consagrado- se fundamenta en el principio de
libertad moral y, por lo tanto, aceptando que el ser humano es un agente moral
autónomo, deberá ser respetado por todos los que mantienen posiciones morales
distintas, como dice Grácia Guillén34.

Lo anterior explica por qué la Iglesia católica se ha interesado tanto por la Bioética
Médica. Creo que su propósito es encauzar las ciencias biológicas médicas por el
sendero de su moral (medicina moralizada), que no es propiamente democrática ni
pluralista, prestándose con ello a que muchos bioeticistas católicos se aparten, velada
o abiertamente, de las tesis defendidas por los jerarcas de la Iglesia. Es bueno
recordar que en 1981 se fundó el Grupo Internacional de Estudios de Bioética de la
Federación Internacional de Universidades Católicas, que ha liderado la causa de esa
disciplina y ha tenido al sacerdote y médico Francesc Abel como su más entusiasta
defensor. A él, precisamente, se debe la fundación, en 1975, del primer centro de
Bioética en Europa, creado dentro del marco de la Facultad de Teología en Sant Cugat
del Vallés, en Barcelona. Además, en 1987, la Iglesia católica, por conducto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe -que sustituyó al Santo Oficio- emitió un
documento llamado "Instrucción sobre el respeto a la vida humana naciente y la
dignidad de la procreación", donde fija su rígido punto de vista sobre la manipulación
de ésta ("bebé probeta", inseminación artificial, anticoncepción, aborto, etc.), temas
de tanta trascendencia científica y social, como también de controversia filosófica y
moral, y de los cuales la Bioética médica se ha ocupado con preferencia.

Entre nosotros, el padre Alfonso Llano Escobar, sacerdote jesuita, ha tomado la


bandera de la Bioética con mucho entusiasmo y dedicación, como que en la actualidad
preside la Federación Latinoamericana de Instituciones de Bioética y el Instituto
Colombiano de Estudios Bioéticos. Al igual que él, muchos otros sacerdotes se hallan
empeñados en la labor moralizadora de las ciencias médicas. En mi concepto, tal
propósito es saludable por cuanto se preservan principios éticos defendidos por la
Iglesia católica, que tienen carácter indeclinable.

Poco tiempo después de aparecido el libro de Potter se sucedieron hechos


insospechados, de implicaciones asimismo insospechadas y que, por eso, conmovieron
hondamente a los sectores interesados en el comportamiento moral de los científicos.
Me refiero a los avances en ingeniería genética y a la manipulación de los inicios de la
vida humana. Sin duda, el nacimiento en Inglaterra de Louisa Brown en 1978,
producto de la fertilización extracorpórea del óvulo y su posterior implantación en el
útero materno, fue el detonador de la conmoción ética en el campo de la biología. Este
hecho, junto con los efectos de la reproducción humana incontrolada, condujeron al
mismo Potter, como médico que es, a llamar la atención sobre el papel tan importante
que le corresponde desempeñar a la medicina frente a los anhelos y compromisos de la
humanidad. Consciente de que su primer libro se había quedado corto en relación con
los nuevos hechos aportados por la biotecnología, escribió una segunda obra que llamó
Global Bioethics, publicada en 1988, en cuyas páginas se ocupa también de asuntos
atinentes a la reproducción humana. En él consignó lo siguiente: "Ha llegado el
momento de reconocer que no podemos ocuparnos de las opciones médicas sin
considerar la ciencia ecológica y los vastos problemas de la sociedad sobre una escala
global (...). Un ejemplo de un tema de bioética global son las opciones médicas
relacionadas con la fertilidad humana frente a las necesidades ecológicas para limitar
el crecimiento exponencial de la población (...). Ningún programa encaminado a cuidar
la salud puede esperarse que sea exitoso sin que se acepte que el control de fertilidad
humana es un imperativo ético para la especie humana"~. Puede deducirse de la
anterior afirmación que este tema de la Bioética, tal como lo concibe su creador, choca
con los principios morales expuestos por Juan Pablo II en su reciente encíclica Veritatis
Splendor.
La Bioética Global, de la que habla Potter, comprende la Bioética Médica y la Bioética
Ecológica. La primera tiene objetivos a corto plazo, la segunda a plazo largo, pues lo
que se busca es la conservación del ecosistema, de manera que contribuya a la
supervivencia de la especie humana.

Pero, ¿cuáles son las circunstancias que amenazan la pervivencia de la humanidad?


Catástrofes ecológicas, como pueden ser una nueva conflagración nuclear o la
depredación continuada de la naturaleza, y catástrofes biológicas, tales como la
explosión demográfica y la manipulación de la vida humana con fines no éticos. Por
eso -dice Gracia Guillén- la Bioética constituye un nuevo rostro de la ética científica37.
La protección y defensa de la vida sobre nuestro planeta -añade- se ha convertido hoy
en un imperativo ético, que debe regir las actuaciones tanto científicas como de los
políticos "38.
Como vemos, el radio de acción de la Bioética es mucho mas' amplio que el de la Etica
Médica tradicional. En efecto, ésta, en procura de favorecer al enfermo, comprometía
únicamente al cultor de la disciplina, es decir, al médico. Se movía en un círculo
cerrado, impermeable a otras actividades. La Bioética, al involucrar a la humanidad,
rompió ese cerco para darles cabida a disciplinas distintas a las que tienen que ver con
la biología, como son la filosofía, las leyes y la religión. La Etica Médica era una ética
profesional -alguien la llamó "ética de cercanías"-, en tanto que la Bioética es una ética
general, una moral de mayores alcance y amplitud, como que se entiende con el
universo y se preocupa por las futuras generaciones.

LA NUEVA ÉTICA MÉDICA

Dice el varias veces mentado médico y filósofo español Diego Gracia que la bioética
médica es una consecuencia necesaria de los principios que viven informando la vida
espiritual de los países occidentales desde hace dos siglos39. Es cierto, junto con la
formulación y vigencia de los principios de libertad política y libertad religiosa, se
impuso también el principio de libertad moral. El mismo Gracia añade: Todo ser
humano es agente moral autónomo, y como tal debe ser respetado por todos los que
mantienen posiciones morales distintas"40. Si lo moral es la esencia de lo ético, deberá
aceptarse entonces que la Etica Médica con el advenimiento de la Bioética ha sido
modificada en su esencia. En efecto, fue en los inicios de los años 70 cuando al
paciente se le concedió la ciudadanía libre y responsable. Esa ciudadanía quedó
refrendada con la "Declaración de los derechos del paciente", aprobada por la
Asociación Americana de Hospitales en 1973 y que, como era de esperar, ha venido
haciendo carrera en todo el mundo, siendo un ingrediente más de los muchos que han
hecho del ejercicio profesional de la medicina una disciplina francamente conflictiva. En
Colombia, en 1991, el Ministerio de Salud dictó una resolución en tal sentido, con
carácter de general para instituciones de salud, ofíciales y privadas41.
Junto con el de autonomía, los principios morales de beneficencia y justicia constituyen
el trípode que sirve de base de sustentación a la ética médica actual. El primero tiene
que ver con el paciente, el segundo con el médico y el tercero con el Estado y la
sociedad. Adviértase, entonces, que el paternalismo que caracterizó a la medicina
durante veinticinco siglos dejó de tener vigencia. El paciente, por una parte, superó su
condición de incapacitado moral para convertirse en un sujeto activo, con derechos
legales; el médico, a su vez, continúa siendo el benefactor del paciente, pero no a
contrapelo del querer de éste; a la sociedad, que no fue tenida en cuenta sino hasta
época reciente se le adjudicó la función de distribuir equitativamente los bienes
escasos en la comunidad, es decir, a actuar con criterio justo. Sin duda, tal
ingrediente, involucrado en el concepto de ética médica, tiene sus raíces en las tesis
propuestas por John Stuart Mill en su tratado de filosofía moral, El utilitarismo. Para él,
la esencia de la justicia no es otra que el derecho al bienestar que posee el individuo.
La justicia -escribió- es el nombre de ciertas clases de reglas morales que se refieren a
las condiciones esenciales de bienestar humano de forma más directa y son, por
consiguiente, más absolutamente obligatorias que ningún otro tipo de reglas que
orienten nuestra vida"~2

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