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SÁNCHEZ AZCONA, J. - Introducción A La Sociología de Max Weber (OCR) (Por Ganz1912)

El documento presenta una introducción biográfica de Jorge Sánchez Azcona, profesor mexicano de sociología y derecho. Incluye información sobre sus estudios, publicaciones, cargos académicos y experiencia administrativa en la UNAM. Además, contiene un prólogo escrito por Luis Recaséns Siches donde elogia la excelencia de Sánchez Azcona como académico y la importancia de su libro sobre la sociología de Max Weber.

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SÁNCHEZ AZCONA, J. - Introducción A La Sociología de Max Weber (OCR) (Por Ganz1912)

El documento presenta una introducción biográfica de Jorge Sánchez Azcona, profesor mexicano de sociología y derecho. Incluye información sobre sus estudios, publicaciones, cargos académicos y experiencia administrativa en la UNAM. Además, contiene un prólogo escrito por Luis Recaséns Siches donde elogia la excelencia de Sánchez Azcona como académico y la importancia de su libro sobre la sociología de Max Weber.

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Sánchez Azcona

INTRODUCCION
A LA
SOCIOLOGIA DE
M AX WEBER
Jorge Sánchez Azcona (México, D. F., 1941), Licenciado en
Derecho con estudios de doctorado en Ciencia Política en
la Universidad Nacional Autónoma de México, y residencia
de investigación en Sociología Jurídica en la Universidad de
California, Berkely. Profesor titular por oposición en las
Cátedras de Teoría del Estado y Sociología, así como Pro­
fesor de Sociología Jurídica en el Doctorado de la Facultad
de Derecho de la U.N.A.M.
Ha publicado Derecho, Poder y Marxismo, Normatividad
Social, Lecturas de Sociología y Ciencia Política, ¿Hacia
Dónde va la Democracia?, Familia y Sociedad, Reflexiones
Sobre el Poder, y un número muy amplio de artículos cientí­
ficos en revistas especializadas.
Director y fundador del Instituto Técnico y Cultural, S.
C., institución dedicada a la enseñanza preescolar, primaria,
secundaria y preparatoria. Director y fundador de la Revis­
ta Rompan Filas, dedicada a la publicación de trabajos
referidos al proceso de crecimiento y desarrollo del niño a la
adolescencia.
Ha desempeñado diversas funciones en la administración
de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre las
que destacan el haber sido Coordinador de la Administración
Escolar, Director del Centro de Didáctica y Presidente de la
Comisión de Nuevos Métodos de Enseñanza, fundador y Di­
rector del Centro de Investigaciones y Servicios Educativos,
así como Coordinador de Apoyo y Servicios Educativos.
"No creo equivocarme al considerar a Max Weber como el espíritu más grande de
nuestra época. Grande, es cierto, solamente en su terreno, pero con ün carácter
universal. De la realidad de su vida aprendí lo que significaba grandeza. A l hablar
de él como del espíritu más grande de nuestra época, no pienso en escritores, ar­
tistas y hombres de Estado; no tendría sentido el compararle con ellos. Lo que
cuenta en Max Weber es realidad filosófica. ” Kart Jaspers, Entre el destino y la
voluntad.
ganzl912

JORGE
SANCHEZ
AZCONA

INTRODUCCION
ATA
SOCIOLOGIA D E
MAX W EBER

COLOFON
El cuadro que se reproduce en la portada de la presente
edición, es del pintor Humberto Oramas, propiedad del
autor del libro.

ganzl912
Primera edición en Colofón: 1991
© Jorge Sánchez Azcona
© Colofón, S. A.
Pitágoras 1143
OS100 México, D. F.

ISBN 968-867-033-2

Impreso y hecho en México


Printed and made in México
A César Sepúlveda, veinticinco años después, con el mismo
afecto y respeto.
Prólogo a la primera edición

por el doctor Luis Recaséns Siches

La excelencia de este libro, la importancia de su contenido


y la oportunidad de difundir éste, harían superfluo el presente
prólogo, si no fuese porque considero justo atraer la atención
del publico hacia los altos méritos de su joven autor.
Hace aproximadamente un año, en 1964, Jorge Sánchez
Azcona, ganó por oposición, y en virtud de fallo unánime del
Jurado, el cargo de Profesor Titular de Sociología en la Fa­
cultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de
México. Sus ejercicios de oposición constituyeron un aconte­
cimiento positivamente memorable en los anales de la Facul­
tad, porque en ellos Jorge Sánchez Azcona brilló a gran altura
por su excelente preparación, la brillantez de su capacidad
docente, y el entusiasmo en su dedicación.
En Jorge Sánchez Azcona destaca una impetuosa vitalidad
ascendente, que ha dedicado con fervor a la meditación e in­
vestigación sociológicas y al magisterio universitario, la cual
sabe contagiar a sus discípulos, y que, además, actúa como
estimulante para sus maestros. Jorge Sánchez Azcona se en­
trega plenamente, sin limitaciones ni reservas, a su tarea cien­
tífica y a su labor universitaria; y su clara inteligencia, su

7
amplia preparación, su ambición irrestricta de más y más co­
nocimientos son capaces de producir obras de tan alto rango
como la presente.
No cabe duda de que de la producción sociológica del primer
cuarto del siglo XX, la obra que sigue todavía ejerciendo
formidable influencia y poderoso estímulo, es la contribución
de Max Weber; y la que conserva más actualidad. No sólo esto.
Los trabajos ciclópeos, podría decirse, sin miedo a incurrir en
temeridad, colosales, de Max Weber, continúan siendo una
cantera en la que se pueden recoger todavía muchas enseñan­
zas y fecundas inspiraciones. Pero las obras originales de Max
Weber son a veces de lectura difícil para quien no se halla es­
pecializado muy a fondo en sus temas y en el pensamiento del
autor. Jorge Sánchez Azcona, con el presente libro hace un
servicio muy beneficioso, porque pone a un fácil alcance la
significación de la sociología comprensiva, los conceptos so­
ciológicos fundamentales según Weber, y también, y sobre
todo, la aportación de éste a la sociología jurídica, disciplina
que todavía está pugnando por constituirse y empezar a
abrirse camino.
Jorge Sánchez Azcona había publicado con anterioridad ya
varios artículos y monografías sobre temas sociológicos. Con
el presente libro entra por la puerta grande en la ciencia so­
ciológica contemporánea.

México, D.F., agosto de 1965.

8
PRÓLOGO A LA PRESENTE EDICIÓN

Característica del ser humano es estar inserto en un devenir


histórico, lineal y continuo, en el que se ve obligado a esta,
blecer espacios diferenciados y, por ende, a segmentar el
tiempo. Crea, asimismo, conceptos que lo trascienden y que
le permiten transformar el mundo que lo rodea, en una reali­
dad parcial y discontinua. De esta forma, el hombre se va
fijando metas circunscritas a una temporalidad, que le permi­
ten configurar ciclos existenciales que, a su vez, lo posibilitan
para efectuar cambios de rumbo cuando siente que dichos
ciclos se han cumplido. Entonces busca nuevas oportunidades,
intenta allanar el camino de otras metas, respondiendo siempre
a ese impulso vital que lo obliga a actuar permanentemente.
Ello explica el porqué de esta nueva edición, en Edicio.
nes COl.OFÓN de Introducción a la sociología de Max Weber;
es la búsqueda de otros espacios culturales que puedan com­
partirse con nuevos lectores, que por diversas razones no
tuvieron contacto con sus cinco ediciones anteriores, pues ser
autor conlleva la responsabilidad de divulgar lo escrito.
Tomando en consideración que esta obra cumplió veinte y
cinco años de haber salido por primera ocasión a la luz pública,
quisiera aprovechar esta oportunidad de dirigirme a los lecto-

9
res para ahondar en la forma como se originó este libro hasta
llegar a ser lo que es actualmente.
En el año de 1963, un año después de haber terminado mis
estudios de licenciatura en derecho, en la Facultad de Juris­
prudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México,
me vi obligado, como todo estudiante, a buscar y definir un
tema de investigación que sirviera como hilo conductor para
llevar a cabo el trabajo recepcional de la tesis profesional. En
principio, mi interés estaba claramente abocado a un trabajo
teórico sobre la sociología del derecho, materia que, en mi
caso particular, me vinculaba e integraba a las actividades que,
como docente, venia realizando al impartir la materia de socio­
logía, y, por otro lado, a mi formación jurídica adquirida en
la propia Facultad.
Infortunadamente los aspectos sociológicos del derecho, en
los planes y programas de dicha facultad, se han mantenido
gravemente relegados. Desde mi época de estudiante, a prin­
cipios de la década de los sesenta, ha predominado la corriente
del formalismo jurídico, representado por la escuela fundada
por el brillante maestro vienés Hans Kelsen. En tal sentido,
la sociología se imparte sólo en forma introductoria en el pri­
mer semestre. Fue hasta los años setenta cuando se creó la
materia de Sociología Jurídica, pero en los programas de la Di­
visión de Estudios Superiores de la Facultad.
Esta ausencia de contenido sociológico en los estudios de
la licenciatura en derecho, me motivó a buscar como estudian­
te en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales, hoy
facultad, marcos de referencia epistemológicos que permitie­
ran acercar lo jurídico a su matriz social. Y aunque tampoco
en dicha escuela existía esta materia como tal, los diferentes
cursos que se daban de teoría sociológica me fueron acercando
a autores como Marx, Durkheim y Weber, de quienes su lec­
tura era obligada en el campo especifico del conocimiento
sociológico.
Mi interés se canalizó preferentemente hacia Max Weber,
lo que me llevó a enfrentarme a un grave problema, pues no
existía una bibliografía suficiente, aunque fuera mínima, que
tratara específicamente sobre este autor; además de que su
obra principal Economía y sociedad, que había sido publica­
da en 1944 en su primera edición, por el Fondo de Cultura
Económica, se encontraba desde años atrás agotada. Los pocos
ejemplares que de ella se conseguían eran sólo a través de las
bibliotecas en donde se. facilitaban con extremo celo y por
periodos de tiempo demasiados reducidos como para poder
hacer estudios serios, profundos y continuados sobre dicha
obra.
Tales circunstancias me obligaron a llevar a cabo un difícil
trabajo de selección de material principalmente extranjero,

10
para integrar esa bibliografía mínima, que me permitiera ob­
tener de Max Weber sus escritos sobre sociología jurídica.
Ya una vez iniciada esta búsqueda bibliográfica me encontré
con que la rígida sistematización y la exuberancia del pensa­
miento de Weber me obligaban a profundizar necesariamente
en los aspectos epistemológicos de su obra, sin lo cual, al
intentar segregar lo jurídico de esta parte de sus estudios,
quedaba un vacío conceptual en el que se perdía lo exuberan.
te de su pensamiento, sobre todo si se dejaba de utilizar la
parte por él denominada “Conceptos sociológicos fundamen­
tales”, incluida como apéndice introductorio en su gran obra
Economía y sociedad.
Sin el estudio previo de estos “Conceptos. . . ” no es posible
poner de acuerdo al lector con los temas específicos poste­
riormente desarrollados que son de tal amplitud y consisten­
cia, incluido lo jurídico, pues no seria posible captarlos en su
verdadera dimensión. Por tanto, para introducirse en temas
específicos era necesario respetar la forma explícita señalada
por Weber.
Fue asi como me inicié en la búsqueda de conceptuar y sis­
tematizar su trabajo sobre sociología jurídica. Este fue un
trabajo arduo y complejo pero, a la vez, enormemente esti­
mulante.
La visión enciclopedista de lo social de Weber, lo obliga a
uno a participar en un e?ifoque interdisriplinario lleno de ri­
queza. Si bien la sociología es el hilo conductor de su obra, va
llevando al lector, obligadamente, a penetrar en la filosofía
primero, y posteriormente en la historia, para después parti­
cularizar en el derecho, la economía, la política, la religión e
incluso en la música.
El profundizar en Weber me llevó a cambiar el proyecto
original de la tesis que, de una búsqueda conceptual de la
sociología jurídica, se fue transformando en un estudio intro­
ductorio a la obra xveberiana que abarcaría los aspectos me­
todológicos, los conceptos sociológicos fundamentales y la pro­
pia sociología jurídica.
Estos fueron los temas que originalmente abarcó mi tesis
recepcional en 1963. Afortunadamente, y para estimular mis
inquietudes académicas, me pude iniciar, en 1964, como pro­
fesor de sociología de la Facultad de Derecho de la UNAM,
después de obtener, por concurso de oposición abierta, una
cátedra. Era una época en la vida de la Facultad que recuerdo
con gran respeto y añoranza. En ella se recuperó y se impulsó
la vida académica de sus miembros, bajo la conducción de un
director excepcional: César Sepúh'eda, quien promovía y alen­
taba el quehacer universitario, poniendo énfasis en la función de
investigación, y en novedosos programas de formación de pro­
fesores.

11
El doctor Ignacio Chávez, rector de la Universidad, me
nombró coordinador de un programa para desarrollar lo que
sería la materia de “Nociones fundamentales del derecho”.
Este programa tenia como objetivo formar un grupo piloto
de maestros que serian los primeros profesores en esta mate­
ria, que se convertiría al año siguiente en obligatoria, en los
nuevos planes de estudio del sexto año del bachillerato en la
Escuela Nacional Preparatoria.
Mi actividad como coordinador académico me dio la posi.
bilidad de continuar trabajando sobre Max Weber, contando
con el enorme aliciente que fu e la presencia gentil y generosa
del doctor Luis Recaséns Siches quien, junto con el propio
licenciado César Sepúlveda, me insistía en continuar profun­
dizando sobre Weber, de tal forma que este primer esfuerzo
se concretó, en la primera edición del libro en cuestión.
En el año de 1966 tuve oportunidad, como investigador
residente en la Universidad de Berkeley, California, U.S.A.,
de participar en un seminario permanente sobre Max Weber.
que se llevaba a cabo en el Center for the Study of Law and
Society, lo que me permitió vincularme a profesores que tenían
un amplio reconocimiento como estudiosos de la obra de Weber;
tal era el caso, por ejemplo, de Reinhard Bendix y de Leo
Lowenthal. Mi acercamiento a ellos me permitió enriquecer
mis conocimientos y ampliar los aspectos biográficos y meto­
dológicos de mi estudio. También fue posible la elaboración de
nuevos aportes en lo que serian las posteriores ediciones de la
obra, principalmente aquellos apartados dedicados a la socio,
logia política, económica y, muy particularmente, a un ca­
pitulo en que se tratan los aspectos críticos sobré Weber, y
donde se destaca su importante relación con Marx, no sólo sus
principales diferencias, sino aquello que los une.
Si bien Weber manifiesta que su obra no tiene como obje­
tivo una réplica de Marx, en alguna forma lo es, pero a pesar
de ello quizá sea más correcto decir que en muchos aspectos
se complementan. Weber utiliza también el método histórico
de Marx, aunque sus conclusiones siempre llevan a sustentar
más que una variable condicionante, la económica, una plu.
ralidad de variables, cuya incidencia varia según el momento
histórico, destacando una visión "materialista, política militar”
sobre el materialismo económico de Marx. El acercamiento
weberiano a las estructuras políticas es paralelo con el acer­
camiento marxista a las estructuras económicas. Marx siste­
matizó periodos económicos y situó las clases sociales en ellos;
Weber relacionó los hechos políticos y sociales con los medios
de producción.
Quisiera explicar el porqué se exponen en esta obra algu.
nos aspectos biográficos de Weber, incluidas las fotografías
que acompañan ál libro. Conocer a un autor no es sólo estu­

12
diar sus escritos, es necesario, y creo que Weber es un exce­
lente ejemplo, integrarlo en su medio social y familiar. Si a un
autor se le abstrae de su contexto no se logra conocer real­
mente la esencia de su obra. Juzgar a Weber, descontextuando
su obra, es un grave error. Es necesario, para entenderlo,
que se le ubique en su mundo personal y social. ¿Cómo expli­
car el sentido “avalorativo" del sociólogo sin ubicar a Weber
en el momento histórico en que participa como docente en
las universidades alemanas y sin considerar la relación conflic­
tiva de éstas con el Estado alemán? Expresión de lo anterior
es la actitud de Weber cuando buscaba que la presencia del
Estado alemán en las universidades no fuera más allá de una
relación formal y que no hiciera sentir una dirección ideoló.
gica estatizante de la enseñanza. Weber luchó denodadamente
por lograr la libertad académica de los docentes alemanes
frente a las presiones desmedidas de la burocracia política
dominante.
Si se quiere comprender sus conceptos sobre la política, sólo
entendiendo la problemática mundial previa a la Primera
Guerra Mundial, se podrá hacerlo. Weber manejó como una
constante su preocupación por el legado que se hacia a las
generaciones futuras, de un mundo sometido a un dominio
burocrático creciente. ¿Cómo seria posible establecer un meca­
nismo que permitiera una mejor selección de quienes pudieran
llegar a ser lideres politicos responsables, dentro de un con­
cepto de política en donde esta actividad está regida por sus
propias normas y no por los conceptos impuestos al hombre
cotidianof
Esta diferenciación de Weber en lo que posteriormente él
mismo llamó la moral de la responsabilidad y la moral de la
conciencia, se origina desde su infancia en el grave conflicto
familiar en donde, por un lado, su padre representa la norma,
tividad autoritaria y, por otro, su madre la moralidad de la
conciencia. Weber va adecuando esta dicotomía a su visión
pública del Estado y la sociedad alemana frente al individuo.
Es en el centro de este conflicto, donde Weber desarrolla
su propio sentido de inflexible y rígida moral personal que lo
lleva a ser el hombre compulsivo y neurótico que se enfrenta
al trabajo intelectual hasta agotarse literalmente, pero nunca
renunciando a dar ese último esfuerzo siempre en aras de su
vida académica. Ese sentido ético originado en su mundo fa­
miliar se proyecta en todos los aspectos de su vida y lo lleva a
ser muy sensible en la evaluación de las motivaciones religio­
sas en el actuar de los hombres y de los pueblos. Siendo él
una persona arreligiosa, según su propia frase, dirige su interés
intelectual a conocer la religión como fenómeno social, y a
analizar su papel relevante en las propias estructuras sociales,
tal es el caso del protestantismo y el capitalismo moderno.

13
Es por ello que he creído necesario dar como antecedente
a la visión académica de su obra, algunos aspectos relevantes
de su propia vida. El lector que desee llevar un mayor grado
de profundidad este intento, debe consultar la extraordinaria
obra de Arthur Mitzmar, The Iron Cage, en la que se exponen
con mayor detalle las correlaciones existentes entre la vida
privada de Weber y su trabajo sociológico, obra que por lo
demás se basa en la biografía que sobre Max Weber escribió
su esposa Marianne.
En la parte del libro que se refiere a la sociología económi­
ca, se integraron los planteamientos que en ediciones anteriores
fueron dedicados al estudio del capitalismo moderno, sobre
todo aquellos derivados de La ética protestante y el espíritu
del capitalismo.
En la sexta parte del libro se incluyen los principales aspec­
tos críticos que varios autores y diversas doctrinas han desa­
rrollado en relación a Weber, destacando principalmente
aquellos estudios que se oponen al “principio de avaloración”
weberiano, el enfoque critico y comparativo con Carlos Marx
y su concepto de ideología, asi como aquellas criticas a la
racionalidad de la acción social y a la sociología individualis­
ta que Weber desarrolló.
Hablar de la actualidad del pensamiento de Weber es una
expresión reiterativa, dado que es uno de los grandes clásicos
del pensamiento universal y su influencia en el mundo moder­
no ha sido decisiva. Quien quiera entender la realidad social
en la que vive tendrá que recurrir a Weber para comprenderla.
La finalidad que persigue Introducción a la sociología de
Max Weber es dar a los interesados en el fecundo y extraordi­
nario trabajo de Weber, un medio sencillo que les sirva como
preámbulo Este libro va dirigido principalmente a los alumnos
que en sus programas tienen que estudiar al fundador de la
sociología comprensiva. En esta edición las notas bibliográfi­
cas se encuentran al final de cada capítulo. Creo que en es­
ta forma se aligerará su lectura, permitiendo sin embargo a la
persona interesada, consultar las fuentes utilizadas.
Deseo expresar mi gratitud y reconocimiento a la memoria
del doctor Luis Recaséns Siches, quien con su desinteresada ayu­
da y generoso aliento hizo posible la aparición de la primera
edición de este libro.
Al licenciado César Sepúlveda, maestro y amigo, mi agra.
decimiento por permitirme el acceso a su biblioteca y por sus
certeros comentarios sobre el presente trabajo.
Las fotografías que ilustran el libro son cortesía de la fami­
lia Weber, que autorizó su inclusión en esta obra, a través de
Paul Siebeck, representante de J. C. B. Mahor Tübingen, edi­
tores del libro de Marianne Weber, Max Weber, Ein Lebensbild,
en donde se publicaron por primera vez.

14
Reconozco también la participación de Wiley & Sons, Inc.,
■Publisher, representado por Joan K. Lince, responsables editoria.
les del libro de Marianne Weber en los Estados Unidos y que
también hicieron posible la publicación de dichas fotografías.

San Jerónim o Lídice, 1991.


Jorge Sánchez Azcona

15
Max Weber en 1917 publica “El sentido de la ‘libertad de valoración’ en las Cien­
cias Sociológicas y Económicas”.
Reseña biográfica de Max Weber

Sin lugar a duda, la obra intelectual de Max Weber lo cata­


loga como el más destacado representante de la sociología
contemporánea. No sólo fue un brillante sociólogo, sino
además sobresalió como economista, historiador y filósofo,
vertiendo sus enciclopédicos conocimientos y manifestando
su grandiosa magnitud intelectual en su libro cumbre: Eco-
nom id y sociedad.
Obra postuma, publicada en 1922 por su viuda dos años
después de su muerte y en la cual está concentrada la mayor
parte de su trabajo intelectual, que lo ha llevado a ser consi­
derado como el Galileo de las ciencias sociales.1 Este libro
no fue revisado ni ordenado por Weber, las notas que él dejó
fueron estructuradas por su esposa con la ayuda de Melchior
Palgi, para su publicación.2 Es por ello que se puede encon­
trar alguna crítica en cuanto a su redacción y sistematización,
pero lo anterior en ninguna forma altera su valioso contenido.
Esto ha dificultado la lectura y la interpretación de Economía
y sociedad, por lo que no ha tenido la difusión que por su
trascendencia merece. Su esposa comenta en el libro biográfi­
co que escribió a su muerte, Max Weber, Ein Lebensbild
—una imagen de su vida—, cómo Weber se proyectaba al es­
cribir: “un torrente de ideas fluían incesantemente en su
mente, sin darle tiempo a presentarlas en un lenguaje más
accesible”.3 Este último libro ha sido considerado como
“uno de los más grandes tributos de amor de devoción jamás
rendido por una mujer a la memoria del intelectual que fue su
esposo”.4
El 21 de abril de 1864 nació Max Weber en Erfurt, Turin-
gia; su padre, Max Weber Sr., fue abogado y consejero muni­
cipal; su madre una dama de gran cultura y de un profundo
espíritu religioso protestante calvinista, Helene Fallenstein
Weber, con quien mantuvo una muy fuerte dependencia
emocional toda su vida.5
En 1869, Weber abandona su ciudad natal y junto con su

17
familia se traslada a Berlín, donde su padre, que pertenecía al
ala derecha de los liberales, pasó a formar parte del régimen
municipal de la ciudad.6
Desde muy joven Weber tuvo una gran influencia intelec­
tual, pues a su casa concurrían destacados estudiosos amigos
de la familia, allí conoció entre otros a Dilthey, Mommsen y
Treitschke.
Fue de una gran precocidad intelectual; siempre que podía
se dedicaba a la lectura, la que prefería incluso sobre juegos y
deporte. Esto último le impedía congeniar con sus condiscí­
pulos y maestros. A la edad de 13 años escribió unos ensayos
literarios históricos que son el antecedente de su interés por
la historia de Grecia y Roma.
Aunque la madre de Weber tenía una vida cotidiana im­
pregnada de religiosidad, él siempre mostró gran indiferencia
a su educación religiosa. Cuando chico lo mandaron a clases
de confirmación que sólo las aprovechó para aprender hebreo.
En 1909 escribiría: “Soy absolutamente antimusical en mate­
rias religiosas, y no siento ni la necesidad ni la capacidad de
crear en m í ninguna clase de edificios espirituales de un ca­
rácter religioso. Sin embargo, después de un cuidadoso auto-
examen, me encuentro ni antirreligioso ni irreligioso.”7
En 1882, en Berlín, Weber terminó sus estudios preuniver­
sitarios, de donde pasó a estudiar leyes a Heidelberg, allí in­
gresó a la fraternidad a la que había pertenecido su padre. Su
inquietud intelectual lo llevó a inscribirse no solamente en las
materias jurídicas que tenía que cursar, sino también lo hizo
en historia, economía y filosofía, las que como ya se dijo,
llegó a dominar perfectamente, teniendo en esa época como
maestros a Kuno Fischer, Immanuel Bakher, Wilhelm Roscher
y Karl Knies, a quien sustituiría más adelante.
En 1883, se trasladó a Estrasburgo con el fin de cumplir su
servicio militar, lo que le mortificó mucho, pues además de
que los ejercicios físicos nunca le habían atraído, tuvo que
estar separado de su labor intelectual por un año. Su carácter
se rebelaba a la disciplina militar, de la que pensaba que era
“un increíble derroche de tiempo para domesticar a las perso­
nas y ponerlas como máquinas que tienen que responder con
automática precisión a las órdenes que se les dan”.
La selección de Estrasburgo fue seguramente motivada no
sólo por el deseo de cumplir en esa ciudad su servicio militar,
sino además de tener la cercanía de su prima Emmy Baum-
gartens, con la que tuvo un muy prolongado y traumático
vínculo afectivo.
Esta relación duró de 1886 a 1892. Emmy fue una persona
con graves problemas mentales, a lo que se agregaba el senti­

18
miento de culpa de Weber por los tabúes de la endogamia,
dado que ella era su prima hermana.
Weber termina esta relación para comprometerse con
Marianne Schnitger, prima también suya en segundo grado,
hija de un primo de su padre.9
A los 20 años terminó con el servicio militar, y aunque en
1885, 87 y 88 tendría que realizar prácticas militares en el
ejército, pudo entonces reanudar sus estudios universitarios
en Berlín y Gottinga, en donde presentó su primer examen de
leyes. A continuación se estableció con su familia en Berlín,
entrando a trabajar en los tribunales. En esa época participó en
el seminario del profesor Ludwig Goldschmidt en derecho
mercantil y en el seminario de Augusto Meitzen en historia
agraria.10 Terminó con sus estudios sobre licenciatura y a los
28 años obtuvo el título de abogado examinándose en derecho
mercantil, romano y germánico. Bajo la dirección de Goldsch­
midt escribió su tesis doctoral. La historia de las instituciones
agrarias, un estudio socioeconómico y cultural de la antigua
sociedad romana.
En su examen, el famoso Theodore Mommsen, maestro
suyo, pese a que no se identificaba con las ideas de Weber,
dijo: “Pero en el día que sea necesario para mí despedirme de
esta vida, a ninguno con más gusto que a Max Weber le diré:
Hijo, aquí está mi lanza, ahora es demasiado pesada para mi
brazo.” 11
Weber ingresó a la Verein für Sozialpolitik en 1891 inte­
grándose a los llamados socialistas de cátedra.12 Al año si­
guiente se establece en Berlín, litigando como abogado y a la
vez dando clases de derecho romano y mercantil.13
A fines de 1893, contrajo matrimonio con Marianne
Schnitger. Esta unión se realizó después de haber superado
una serie de situaciones conflictivas que se habían creado en
él, originadas, no sólo por su relación amorosa con Emmy,
sino que Marianne era pretendida por un amigo suyo. Durante
toda su vida se sintió culpable por haber lastimado en sus
sentimientos a estas personas con su matrimonio.14
En ese mismo año sustituye a Jacobo Goldschmidt en la
clase de Economía en la Universidad de Freiburgo, lo que le
permitió tomar parte en exámenes profesionales para aboga­
dos, cosa que siempre había deseado.15 Y aunque dedicado a
la docencia e investigación, seguía ejerciendo su carrera de
abogado, principalmente dedicado a asesorar al gobierno en
asuntos específicos sobre los que era consultado. En dicha
Universidad entra en contacto con Enrique Rickert, con quien
llegó a establecer una muy firme amistad y de quien se consi­
dera discípulo en la metodología de las ciencias sociales.16

19
Al año siguiente, en 1894, Weber pronunció el discurso que
daba comienzo a los cursos universitarios, titulado El Estado
nacional y la política económica, en d que reflejó su acepta­
ción de la política imperialista alemana,17 destacando las
obligaciones cívicas del pueblo alemán: “cada quien en su es­
trecho círculo debe contribuir a la educación política de la
nación”.18
En 1896 tiene que trasladarse a Heidelberg, lugar en donde
realizó sus primeros cursos universitarios, tomando el lugar de
Karl Knies, en la clase de ciencia política. Al participar en los
seminarios de la Universidad, tiene que decidirse entre las
teorías de Schmoller, de la escuela histórica de economía que
consideraba a la economía como ciencia de hechos históricos
y las teorías de Menger, de la escuela clásica, que encuadraba
a la economía en las ciencias naturales. Weber se identificó
con la primera de ellas.19
Esta controversia se había iniciado en 1883 cuando Karl
Menger, profesor de economía en la Universidad de Viena,
publicó un libro referente a la metodología de las ciencias
sociales Untersuchungen Uber die Methode der Sozialwissen:
shaften und der Politischen Dekonomie insbesondere, en la
cual defendía a la Escuela clásica de economía, y atacaba a
la Escuela histórica que en aquel entonces predominaba en
Alemania. Schmoller, el líder de esta última corriente, escri­
bió una muy agresiva reseña del libro de Menger, lo que pro­
dujo que éste replicara escribiendo en 1884 Los errores de la
escuela histórica, en el cual además atacaba personalmente
a Schmoller, lo que llevó a un rompimiento brusco entre los
representantes de ambas escuelas.20
Weber fue un gran político teórico, y decimos que teórico,
porque nunca llegaron a tener verdadera trascendencia social
sus actividades e ideas políticas. Pero sus opiniones personales
jamás las mezcló con su labor científica, ya que sabía perfec­
tamente que era necesario delimitar esos campos: “Aunque la
ciencia puede prestar una gran ayuda a la política, aquella
debe ser ajena a toda política.”21
Su vida fue una lucha entre el científico y el político, tra­
tando de mantener la pureza de su perspectiva científica frente
a su apasionado nacionalismo que lo llevaba a intentar parti­
cipar —con el poco éxito ya señalado— en la vida política de
Alemania.22
A pesar de la severidad con que Weber delimita el sentido
de la acción entre la política y la ciencia, entre la moral de la
convicción y de la responsabilidad, de hecho existe una vincu­
lación solidaria en los diferentes campos. La ciencia que nos
muestra “lo que es”, viene a ser un instrumento de trabajo muy

20
eficaz para el hombre de acción, y aunque no puede designar­
le a éste sus metas, sí puede contribuir como medio para que
las alcance.23 Esto se reflejó en él como un aspecto de su
ambivalente personalidad: “continuamente se comprometía
en el simultáneo esfuerzo de ser un hombre de ciencia con un
extraordinario vigor, más común a un hombre de acción, y
ser un hombre de acción con todo el rigor y el desinterés per­
sonal común en un hombre de ciencia”.24 Y si es cierto que
como político no llegó a influir en el desarrollo político de
la Alemania de su época, esto se debió más que nada a que,
empleando sus propias palabras: “el demonio que manejaba
los hilos de su vida, era la ciencia”. El maestro José Medina
Echavarría, en el prólogo de la obra en español, Economía y
sociedad, nos dice: “El fracaso político de Weber, al que está
expuesto todo intelectual verdadero, estuvo en su incapaci­
dad de compromiso, en su negativa a pactar con las fuerzas
subterráneas y demoniacas que rodean al poder, y sobre todo
en un desdén por la mentira, el engaño dorado y las falsas
ilusiones.”25
Lo mismo podemos decir en relación con la conducta de
Weber como maestro. Consideraba que era un abuso el que
cometían los profesores que, aprovechándose de su posición,
convertían las aulas académicas en centros de difusión políti­
ca; a este tipo de maestros los combatía públicamente.2 6
Veía la amenaza tan grande que se cernía sobre las universi­
dades con la intervención del poder público; profesores que
consciente o inconscientemente proyectaban en sus cátedras
los intereses de grupos de presión.2 7 Cuando las asociaciones
científicas participan en discusiones de tipo político, se con­
vierten en asociaciones políticas y por tanto, el compromiso
del científico hacia la verdad y la objetividad, se rompe. El
maestro que quiera hacer política debe “ir por calles y plazas
y hablar allí públicamente”, en donde el auditorio pueda re­
batirle y no como en el aula, en la que los alumnos se ven
sometidos a la férula de las opiniones del profesor. El hacer
esto es faltar a la ética científica con absoluta irresponsabili­
dad. El profesor debe tratar de ser imparcial y poder servir a
un auditorio en tal forma que a pesar de las diferentes opinio­
nes de las personas que lo forman, les pueda ser útil.28 Por
desgracia hay alumnos que buscan en el profesor un líder, en
lugar del simple maestro; exigen y esperan de él una serie de
cualidades que no tiene y que al final de cuentas son irrele­
vantes para su labor docente. Weber proponía a los estudian­
tes que éstos sólo esperaran de sus profesores, dentro de las
aulas universitarias:

21
a) Una limitación rígida a sus funciones docentes.
b) La exposición objetiva de los hechos.
c) El no tomar una posición de valoración frente a éstos.
d) Evitar juicios personales. 29

La primera obligación del maestro es quitarle el encanto


místico a la ciencia y presentarla a sus alumnos en su cruda
realidad. Utilizando una frase de Tolstoi, Weber nos dice: “La
ciencia carece de sentido puesto que no tiene respuesta para
las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos
hacer y cómo debemos vivir.”30 El único interés que debe
mover al científico, es la verdad, la objetividad, dejando a un
lado los juicios de valor. “En el campo de la ciencia sólo tiene
personalidad quien está pura y simplemente al servicio de la
causa.” 3 1 El científico social debe, además, ser un hombre
modesto. La realidad social día con día va siendo captada
desde distintos ángulos; nacen nuevos problemas, nuevas so­
luciones, la dinámica científica siempre está en movimiento:
“Un sistema de las ciencias de la cultura que fijara sistemáti­
ca, definitiva y de una manera objetivamente válida las cues­
tiones y los dominios que han de tratar, sería un absurdo en
sí mismo.”32
Pero precisamente este aspecto de lo inacabado de la ciencia,
es lo que la hace evolucionar, su dinámica es el deseo de co­
nocer lo desconocido, de buscar en el devenir histórico nuevos
enigmas, preguntas y problemas que anteriormente el ser hu­
mano no tenía, nuevos focos de interés.

. . . despierta la nueva fuerza impulsora,


parto veloz a libar la luz eterna.
Ante mi tengo el día y a mis espaldas la noche,
encima de m ie l cielo y debajo las olas.33
Este conflicto entre la política y la ciencia, enmarcado en
el relativismo axiológico por él desarrollado, lo vive Weber
con fatal intensidad. Jaspers nos dice:
“En su vida me parece ver una escisión completa e incura­
ble, que nunca logró hacer desaparecer. Es la tragedia de un
hombre moderno, como la de Kierkegaard o Nietzsche. Es
posible que ambos sean superiores en capacidad creadora, pero
ambos permanecen eternamente jóvenes, captando tempes­
tuosa e instintivamente lo extraordinario, mientras que Max
Weber es el hombre que realmente soporta en sí mismo la es­
cisión. Porque Kierkegaard podía refugiarse en la fe cristiana
y Nietzsche en el eterno retomo y en la voluntad de poder,
pero ambas salidas le eran imposibles a Max Weber, dada su

22
autenticidad. Su ruptura interior era incurable: un hombre que
rompe todos los moldes; cuando pienso en él me recorre una
inquietud misteriosa; un hombre que se siente una y otra vez
impelido al suicidio, enfermo, sano de nuevo, del que hay que
decir: no sirve de modelo. No hay nada en él de lo que me
gustaría decir: voy a hacerlo también así. Pero en una cosa
fue modelo y absolutamente fidedigno, en lo que fue su últi­
ma palabra en el delirio antes de la muerte: ‘Lo verdadero es
la verdad’.”34

1897 fue un año tanto decisivo como amargo para Weber,


quien pasó por una de las experiencias más penosas de su vida.
Su padre, que era un autoritario y con el que nunca se había
identificado, daba muy mal trato a su madre, a quien como
ya dijimos, Weber estaba íntimamente vinculado intelectual
y espiritualmente.
Helene Fallenstein, madre de Weber, contrae matrimonio
con Max Weber Sr. en 1863 estableciéndose en Erfurt. De
este matrimonio nacen tres varones, Max, Alfred y Karl, y
cuatro hermanas, dos de las cuales fallecen en su infancia.
Marianne Weber comenta en su libro que para Helene
Fallenstein la relación física con su esposo sólo era tolerable
en función de la reproducción. Además su vida espiritual y
sus intereses religiosos entraban en permanente conflicto con
Weber Sr., quien no los compartía.
Este conflicto que se actualiza en la adolescencia de Weber
lo obligaba a tener que tomar partido entre sus padres.
La relación afectiva y de gran interdependencia entre Weber
y su madre se da desde una muy temprana edad. Por un lado
las dos hermanas de Weber que fallecen en tierna infancia y
por otro el hecho de que el mismo Max tuvo a la edad de dos
años meningitis, enfermedad que podía dejarlo retardado
mental o matarlo. Weber permanece con una secuela los si­
guientes años, que obliga a su madre a una permanente sobre­
protección que fomenta y consolida su mutua dependencia.
Estando radicado en Heidelberg, Max Weber invita a su
madre a pasar con él y con Marianne un periodo de vacacio­
nes en su propia casa. En principio esta invitación no fue ex­
tensiva para su padre, el cual le niega a su esposa la autoriza­
ción para que sola vaya con su hijo.
Por fin, después de una serie de aclaraciones por carta, los
padres de Weber se presentan en la casa de Max y Marianne
en donde se da un conflicto entre sus padres, en presencia de
él y de su esposa; Weber le reclamó violentamente a su padre
por la conducta que observaba hacia su madre; esto motivó
un total rompimiento entre ellos, su padre abandonó la casa y

23
nunca se volvieron a ver, su madre lo visitaría más adelante
pero sola. El padre falleció unas semanas después de este al­
tercado, el 10 de agosto, quedándole a Weber un sentimiento
de culpa que lo atormentó toda su vida, “lo cual puede ser
considerado como la expresión de un profundo complejo de
Edipo”.35
En el verano de 1898 los Weber viajaron por España, y a su
regreso se le presentaron a Weber los síntomas de una enfer­
medad nerviosa que lo esclavizaría de por vida: angustia,
tensión, insomnio, agotamiento, ansiedad y remordimiento,
manifestaciones que nunca llegaron a desaparecer. Los médi­
cos le prescribieron ejercicio, baños de agua fría y viajes.3 6
Al final del semestre escolar, se recrudeció su padecimiento,
sufriendo una parálisis parcial de los brazos y la espalda.
Weber trató de no dejarse dominar y haciendo grandes es­
fuerzos logró terminar el semestre escolar. En vista del estado
en que se encontraba y ante la imposibilidad de que siguiera
enseñando, la Universidad le otorgó una pensión al finalizar
ese año.
En el libro que Marianne escribió sobre su esposo, describe
esta etapa de la vida de Weber como un periodo casi vegetati­
vo en el cual, sentado junto a una ventana, pasaba las horas
del día sin hacer absolutamente nada, no podía leer ni escri­
bir por su estado emocional.37 Weber se encontraba en tal
estado de gravedad, que fue necesario que se le internara por
unas semanas en un hospital para enfermos mentales.
En el invierno del mismo año y en la primavera del siguiente,
por prescripción médica, los Weber viajaron por Italia.
La enfermedad de Weber tiene antecedentes familiares, se
puede presumir que factores hereditarios contribuyeron a su
enfermedad, varios familiares pueden ser considerados como
enfermos mentales. Incluso un primo suyo, estuvo hospitali­
zado junto con él. Este primo, que posteriormente se suicidó,
los acompañó en su viaje a Italia. A estos factores hereditarios
que lo predisponían a enfermedades mentales, hay que agregar
la inseguridad que siempre resintió en él mismo, la falta de
identificación paterna, la gran influencia del amor desbordado
de su madre por su hijo mayor, como consecuencia de su ma­
trimonio desgraciado, el sentimiento de culpa por su matri­
monio con Marianne, con quien nunca tuvo una relación
sexual adecuada.38
Una pregunta que se impone al leer la obra de Weber, en
donde uno de los temas básicos es el sentido del actuar, es el
por qué no utilizó las teorías de Freud, la aportación de éste
a la sociología comprensiva seguramente le hubiera ampliado
su campo grandemente. Y no sólo eso, sino por su enferme­

24
dad mental que lo obligó a tratamiento psiquiátrico, ¿qué po­
sibilidades hubiera tenido Freud, como analista, de curarlo?
La contestación no la sabemos, pero no deja de ser inquietan­
te la probable respuesta.
De hecho Weber tuvo un contacto indirecto con la escuela
vienesa en 1909, cuando estando en Heidelberg un estudioso
del psicoanálisis freudiano dictó unas conferencias sobre éste,
pregonando la libertad sexual. De acuerdo con lo que dice
Marianne, la reacción de Weber fue de rechazo: “él y su esposa
mantenían un concepto de su relación sexual que era ‘pura’
en extremo”. Es probable que posteriormente Weber fuera
más tolerante al respecto, sobre todo en sus últimos años en
que se interesó y leyó con amplitud los trabajos de Freud,
aunque nunca los comentó.39
Weber con una moralidad victoriana no aceptó la idea de
que la salud mental se lograría con una menor represión sobre
el individuo. Para él la sanidad mental en sí, pese a su particu­
lar enfermedad, no justificaba una nueva moralidad. A pesar
de ser muy generoso en sus juicios morales sobre los demás,
su rigidez era excesiva en cuanto a él mismo. Su enfermedad
la soportó con un gran estoicismo, con aceptación plena de su
destino, sin ningún asomo de sentir lástima o pena por él, con
una proyección heroica en él mismo.40
Es hasta 1904 cuando se le puede considerar relativamente
restablecido de sus padecimientos nerviosos y ya reanudando
su labor de investigación intelectual. A partir de esa fecha
produce lo más importante de su obra, sobre todo sus estu­
dios de sociología de la religión y la segunda y tercera parte
de Economía y sociedad. En esa época aparece la primera
parte de uno de sus trabajos más conocidos: La ética protes­
tante y el espíritu del capitalismo.
Weber, junto con Werner Sombart y Edgar Joffe, tomaron
a su cargo la editorial de ArchivfürSozialwissenschaftundSo-
zialpolitik, que fue desde 1904, hasta su suspensión por el
régimen nazi en 1933, el más prestigiado órgano científico in­
formativo, sobre las ciencias sociales de todo el mundo.41
En esa época se constituye a nivel doméstico lo que poste­
riormente se llamó el Círculo de Max Weber, reuniones do­
minicales en su casa con la presencia, entre otros, de Jaspers,
Troeltsch, Jellinek y Lukács.
En ese mismo año publica su ensayo titulado La objetivi­
dad del conocimiento en las ciencias y la política social, en
donde manifiesta su identificación con la escuela relativista
axiológica.42
Hugo Münsterberg, que había sido compañero de Weber en
la Universidad de Friburgo, se encontraba en 1904 en los Es­

25
tados Unidos, colaborando en la organización de la Exposi­
ción Mundial de San Luis. Aprovechándose de esto, invitó a
Weber a ir a dicho país, para que leyera un discurso en el
Congreso de Artes y Ciencias, que se realizaba con motivo de
la exposición. Weber, que siempre le había gustado viajar,
aceptó esta oportunidad y en compañía de su esposa y de
Hensel y Troeltsch, colegas de Heidelberg, se trasladó a Estados
Unidos. Era éste su primer viaje al continente americano.43
Dos cosas impresionaron grandemente a Weber de los Es­
tados Unidos: su sistema capitalista por un lado, estructurado
bajo rígidas pautas racionalistas, y por otro su democracia
cuyo soporte era un creciente aparato burocrático.44
Dentro de esta última le desagradó ver la gran corrupción
de los líderes laborales, así como también la discriminación
racial que encontró en el país.
Weber comparaba el sistema americano y lo que para él era
el falso constitucionalismo alemán, que obligaba a personas
que pudiendo ser destacados políticos, tuvieran que dedicarse
a las ciencias o a los negocios, por falta de sistemas adecuados
de selección política.
De su viaje a los Estados Unidos pudo prever: “la ausencia
de cualquier justificación de tipo religioso o moral en su ca­
mino a la riqueza material, que los llevaría a una ‘mecanización
petrificada’ ”. Confirmó sus teorías de la racionalización de la
civilización occidental llevada a sus máximas consecuencias:
en la economía, el capitalismo; en la ciencia, los nuevos mé­
todos y técnicas; y en la política la manipulación burocrática.
Sobre el desarrollo del capitalismo Weber coincidía con
George Simmel y Ferdinand Tonnies en el sentido de su fata­
lidad. No es que él se identificara con el sistema capitalista,
pero lo veía como inevitable a pesar de lo trágico que para el
mundo occidental esto representaba. Weber “formuló una
ideología de desilusión mordaz de lo cual estaba agudamente
consciente, convenientemente sostenida por una fe heroica
cuya grandeza y fuerza se admiran aún por aquéllos que
rechazan totalmente su filosofía”.45
Un mundo desencantado por la racionalización, la técnica
y la burocracia. Una existencia lúgubre, insípida, utilitaria
que deja vacía el alma del hombre. Un destino inexorable que
no tiene escape y al cual hay que enfrentar. No debemos en­
gañamos esperando un nuevo orden social que traiga tranqui­
lidad al espíritu, la fatalidad es nuestro destino. Siempre ex­
presó su gran desilusión por un futuro humanitarismo basado
en valores absolutos.
El necesario avance de la burocracia aprisiona al hombre en
la “jaula de hierro”. “No nos espera el florecimiento del

26
verano, sino la noche polar de obscuridad y aspereza gla­
ciales.”46
Weber consideraba que la única forma de atenuar una do­
minación burocrática incontrolada era el desarrollar la demo­
cracia representativa con un sólido liderazgo.
Cuando regresó a Alemania, terminó la segunda parte de
La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
Weber fue un políglota, dominaba el latín, hebreo, español,
francés, inglés, además de su propio idioma, y para poder es­
tudiar a fondo los movimientos revolucionarios en Rusia,
aprendió el ruso. Realizó valiosos estudios sobre la primera
revolución rusa, publicando dos trabajos en el Archiv: “La si­
tuación de la burguesía democrática en Rusia” y “La transi­
ción rusa al constitucionalismo”. Entre otras cosas escribía:
“que si el Zar fuera derrocado, después de una guerra europea
y la extrema izquierda llegara al poder en otra revolución,
podía resultar una nunca vista burocratización de la total es­
tructura social de Rusia” .47 Unos años después, esta observa­
ción vendría a hacerse realidad.
Weber se oponía a cualquier sistema político de tipo totali­
tario. Al año siguiente, durante uno de sus viajes escribía a su
madre: “Libertad y democracia son sólo posibles en las na­
ciones donde permanece constantemente vivo el deseo de no
permitir ser manejado como borrego. Somos individualistas y
partidarios de las instituciones democráticas en contra de la
corriente materialista.”48
A pesar de lo anterior, siempre simpatizó con el proletaria­
do, incluso llegó a pensar en formar parte de su partido, pero
no lo hizo porque debiendo ser sincero y actuar de acuerdo
con sus convicciones, si aceptaba estar con el proletariado,
debería vivir como ellos y esto lo obligaría a privarse de su
existencia cultural, ya que desde su enfermedad necesitaba de
su capital para poder dedicarse a sus actividades intelectuales.
En 1905 en el Archiv publicó: “Estudios críticos en la ló­
gica de las ciencias culturales”.49
En ese tiempo Schmoller y Brentano intentaron persuadirlo
de que volviese a dar clases, cosa que no aceptó porque toda­
vía no se sentía capaz. Se dedicaba a escribir y por entonces
atacaba la política antisemita que seguía la Universidad.
Entre 1906 y 1910, hubo una serie de seminarios intelectua­
les en Heidelberg, en los que Weber tomó parte junto con
Windelband, Jellinek y su hermano Alfred, entre otros.
En 1907 deja de depender del subsidio que percibía de la
Universidad de Heidelberg, al recibir una herencia familiar
que le permite dedicarse de lleno a investigaciones y estudios
privados.50

27
Al año siguiente, en 1908, realiza investigaciones empíricas
en una fábrica de telas que era propiedad de su abuelo ubica­
da en Westfalia. En estos trabajos analiza cómo factores físicos
y psicológicos influyen en la productividad de la industria.51
En ese mismo año funda con Sombart la Deutsche Gessell-
schaft für Soziologie, que todavía existe dirigida por Von
Wiese, y publica un artículo “Sobre la metodología en las en­
cuestas psicosociales y sus análisis”.52
En 1910, en el congreso de sociólogos alemanes, presentó
un trabajo intitulado Técnica y cultura, en donde disertó
sobre el arte en la sociedad. Probablemente en esa misma
época escribió Los fundamentos racionales y sociológicos
de la música, que fue publicado por el musicólogo Th. Kroger
en 1921 y agregado a la segunda y tercera edición de Econo­
mía y sociedad. 53
Weber tenía hondamente arraigado el sentimiento naciona­
lista, aunque sin llegar a ser un fanático. Cuando estalló la
primera guerra mundial, tanto por sus 50 años de edad,
como por su mala condición física, no se le permitió ingresar
a su compañía, cosa que le mortificó enormemente, ya que a
pesar de lo que la guerra significaba, la aceptaba como un
medio para que Alemania llevara a cabo su política imperia­
lista. Se opuso a la anexión de Bélgica, pero era partidario de
que Alemania estableciera bases militares en Lieja y Namur
por 20 años, y de que ocupara permanentemente Luxembur-
go.54
Siempre había sido partidario de un tratado de paz con In­
glaterra, pues era a Rusia a quien consideraba el enemigo
mortal de Alemania. Previo la participación de los Estados
Unidos en la guerra y la supremacía industrial que éstos llega­
rían a alcanzar.55
Como pertenecía a las reservas, se le encargó la dirección
de nueve hospitales en Heidelberg, retirándose en 1915 de este
puesto. Esta experiencia le sirvió en relación con los futuros
trabajos que realizó sobre la organización burocrática.56
Fue a Bruselas, Viena y Budapest en comisiones guberna­
mentales. En 1916, regresó a Heidelberg, en donde realizó un
estudio sobre los profetas hebreos —él se identificaba con Je­
remías—,57 y continuó trabajando en su obra cumbre, Eco­
nomía y sociedad.
Desde su enfermedad, Weber no había dado conferencias
públicas, fue hasta el 27 de octubre de 1916 cuando en Mu­
nich pronunció una conferencia titulada “Alemania y los
poderes mundiales”. Esta participación de Weber se logró
gracias a la intervención decidida de Karl Loewenstein, quien

28
se puso de acuerdo con Marianne para obligar a Weber a salir
de su retiro y volver al foro universitario.
Loewenstein en su libro da un generoso testimonio de gra­
titud a quien fue su maestro.s8
Weber publicó en la revista Archiv für Sozialwissenschaf
und Sozialpolitik, en 1917, el articulo “El Sentido de la ‘li­
bertad de valoración’ en las Ciencias Sociológicas y Econó­
micas”.
Como resultado de unas brillantes conferencias intituladas
“Una crítica positiva a la concepción materialista de la his­
toria”, que dictó en 1918, en la Universidad de Viena, ésta le
ofreció un puesto permanente, cosa que él denegó.59
Con posterioridad a la guerra formó parte de la comisión
que preparó el memorándum sobre la culpabilidad de la
guerra, que se presentó en la Conferencia de paz de París.
Argüyó contra el Tratado de Versalles, que consideró como
una humillación para Alemania:
“Ponerse a buscar después de perdida una guerra quiénes
son los ‘culpables’, es cosa propia de viejas; es siempre la es­
tructura de la sociedad la que origina la guerra, la actitud
sobria y viril es la de decir al enemigo: Hemos perdido la
guerra, la habéis ganado vosotros. Esto es ya cosa resuelta.
Hablemos ahora de las consecuencias que hay que sacar de
este hecho respecto de los intereses materiales que estaban en
juego y respecto de la responsabilidad hacia el fu turoqu e es
lo principal y que incumbe sobre todo al vencedor.”60
También perteneció a la comisión que redactó la Constitu­
ción de Weimar, formando parte como asesor del concité pri­
vado para la reforma constitucional. I
En 1919 ocupó, por última vez, una cátedra en (Munich
como sucesor de Brentano; dada su precaria salud daba sola­
mente una conferencia semanaria, allí publicó algunos traba­
jos que por solicitud de sus alumnos se editaron bajo el título
de Historia económica general.61
A consecuencia del exceso de trabajo y de su mal estado
físico, cae víctima de pulmonía, muriendo el 14 de junio de
1920 en Munich, a los 56 años.62
Jorge von Kapherr, discípulo de Weber, en la oración fú­
nebre de éste, mencionó las tres premisas fundamentales de
Weber como individuo:

a) Enfréntate a problemas difíciles,


ó) Acepta tus responsabilidades diarias,
c) Aprende a guardar silencio.63

29
Notas

Lewis, John: Critica Marxiste a la Sociología de Max Weber. Traducción de


Beatriz Talamantez. Editorial Nuestro Tiempo, S. A. México, 1977, pág. 49
2 Encyclopedia o f Social Science, Editor Edwin R. A. Seligman. Volume
Fifteen. The MacMillan Co., New York, 1959, pág. 387. Menzel, Adolfo. Intro­
ducción a la Sociología —versión en español de Angela Selke y Antonio Sánchez
Barbudo—, Fondo de Cultura Económica. México, 1940, pág. 67.
2 Bendix, Reinhard: Max Weber: an Intellectual Portrairt. A Doubleday
Anchor Book, New York, 1962, pág. XXI.
9 Antoni, Cario: From History to Sociology. The transition in Germán Histo-
rical Thinking. —Translated by Hayden V. White—. Wayne State University Press.
Detroit. 1959. pág. 119.
* Hughes, Stuart: Consciousness and Society. A Vintage Book. New York,
1958, pág. 291. Gerth, Hans H., and Mills, Wright C.: From Max W eberEssays
in Sociology, a Galaxy Book, Oxford University Press. New York, 1958, págs, 3 y
ss.
® Timasheff, Nicolás S.: La Teoría Sociológica —traducción de Florentino W.
Tomer—. Fondo de Cultura Económica. México, 1961, pág. 213.
7 Hughes, Stuart: op. cit., pág. 293. Mayer, J. P.: Max Weber and Germán
Poütics. A S tudy in Political Sociology. Edited by: Faber and Faber Limited.
London, 1956, pág. 22.
° Gerth, Hans H., and Mills, Wright C.: op. cit., pág. 8.
9 Mitzman, Arthur: The Iron Coge The Universal Library. United States of
America. 1971, pág. 34
0 Weber, Marx: op, cit., pág. 275
j* Antoni, Cario: op. cit., pág. 124
Weber, Max: Basic Concepts in Sociology. Translated and with introduc-
tion by H. P. Secher. The Citadel Press. New York, 1964, pág. 9.
J Honigsheim, Paul: “ Max Weber. Una apreciación critica de su obra” —tra­
ducción de Pedro Félix Hernández. Revista Mexicana de Sociología, año XXYI,
Vol. XXIV. Núm. 1. pág. 11.
9 Gerth, Hans, y Mills, Wright C.: op. cit., pág. 29.
Weber, Marx: op. cit., pág. 275.
Aron, Raymond: La Sociología Alemana Contemporánea —traducción de
Carlos A. Fayard—, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1953, pág. 82.
Weber, Max: Sobre ¡a Teoría de ¡as Ciencias Sociales —traducción de Michael
Faber—Kaiser. Ediciones de Bolsillo, Nueva Colección Iberia, Ediciones Península.
Barcelona, 1971, pág. 8.
j 7 Gerth, Hans H., and Mills, Wright C.: op. cit., pág. 25.
Weber, Marx: Basic Concepts in Sociology, op. cit., pág. 10. En esta época
Weber inicia una serie de investigaciones empíricas sobre el trabajo agrícola.
Lachman: The Legacy o f Max Weber. Heinemann. London, 1970, pág. 24.
Aron, Raymond: op. cit., págs. 81.
77 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology. op, c it, págs. 8 y 9.
23 Freund, Julien: Sociología de Max Weber —traducción de Alberto Gil No­
vales—, Colección Península. Historia, Ciencias, Sociedad. Barcelona, 1967, pág.
11. Loewenstein, Karl: Max Weber’s Political Ideas in the Perspective o f our Time
—translated from the Germán by Richard and Clara Winston—, The University of
Massjjchusetts Press. 1966, pág. 9.
9 Bendix, Reinhard: op. cit., pág. 6.
5 Weber, Max: Economía y Sociedad. Edición preparada por Johannes Win-
ckelmann. Traducción de José Medina Echavarria, Juan Roura Parcha, Eduardo
García Máynez, Eugenio Imaz, y José Ferrater Mora. Fondo de Cultura Económi­
ca. México, 1964, página XX.

30
26 Gerth, Hans H., and Mills, Wright C.: op. cit., págs. 146 y ss. Mayer, J. P.:
op, cit.. pág. 112. Antoni, Carlos: op. cit., pág. 121.
7 Loewenstein, Kart: op. cit., pág. 95.
28 Weber, Max: E l Político y el Científico —introducción de Raymond Aron—.
Alianza Editorial. Madrid, pág. 211.
® Loewenstein, Karl: op, cit., pág. 98.
30 Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., pág. 207.
33 Idem, pág. 192.
32 Freund, Julien: op. cit., pág. 51
33 Loeweinstein, Karl: op. cit., pág. 91.
Jaspers, Karl: Entre el Destino y la Voluntad Traducción de L. Sagredo.
Ediciones Guadarrama. i>. A. Madrid. 1969, págs. 49 y ss.
Gerth, Hans, y Mills, Wright C.:op, cit., pág. 10. Mitzman, Arthur, op. cit.,
págs. 19-22.150-151.
36 Id e m , pág. 11.
^ Weber, Max: Basic Concepts in Sociology. op. c it, pág. 10.
Mitzman, Arthur: op. c it , pág. 276.
J? Hughes, Stuart: op. cit., pág. 298.
Roth, Guenther and Berger, M. Bennett: “ Max Weber and the Organized
Society” . The New York Times Book Review. April 3 ,1 9 6 6 . pág. 6.
Agramonte, Roberto: Estudios de Sociología Contemporánea. Instituto de
Investigaciones Sociales. U.N.A.M. México, 1963, pág. 124.
"*2 Brecht, Amold: Teoría Política. Los Fundamentos Pal íticos del siglo X X
—traducción de Juan Manuel Mauri—. Ediciones de Palma y Ediciones Ariel. Bar­
celona, 1963, pág. 231.
Mayer, J. P.: op. c it, pág. 38.
Gerth, Hans H., and Mills, Wright C.: op. cit., pág. 71.
5 Lewis, John: op. c it, pág. 19.
Gidens, Anthony: Política y Sociología de Max Weber. Traducción de Andrés
Linares. Alianza Editorial. Madrid, España, 1976, págs. 74 y ss. Lewis, John: op.
c ít.^ á g s. 92 y ss.
Agramonte, Roberto: op. c it, págs. 125.
qg Gerth, Hans H., Y Mills. Wright C.: op. c it, págs. 72 y ss.
Weber, Max: Sobre la Teoría de las Ciencias Sociales, op. c it, pág. IV.
Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. cit., pág. 11.
1 Gerth, Hans y Mills, Wright C.: op. c it, pág. 19, Lazarsfeld, Paul, y Abers-
chall, Anthony R.: “ Max Weber y la Investigación Social Empírica” . Traducción
de Francisco Casanova Alvarez y Francisco González Ortiz. Publicado en Ameri­
can gociological Review. Vol. 30, No. 2. Abril 1965, págs. 185-199.
Agramonte, Roberto: op. cit., pág. 126.
3 Freund, Julien: op. c it, pág. 243
Aron. Raymond: op. cit., págs. 102-104.
5 Gerth, Hans, and Mills, Wright C.: op. c it, pág. 39.
® Agramonte, Roberto: op. c it, pág. 126.
7 Hughes, Stuart: op. cit., pág. 316.
58 Loewenstein, Karl: op. cit., págs. 92 y ss.
^Jlbidem .
Weber, Max: El Político y el Científico, op. c it, pág. 158.
Weber, Max: Historia Económica General. Traducción de Manuel Sánchez
Sarto. Fondo de Cultura Económica. México, 1964.
82 Dourado de Gusmáo, Paulo: Teorías Sociológicas. Editora Fondo de Cultu­
ra. R ío de Janeiro, 1962, pág. 148.
Loewenstein, Karl: op. cit., págs. 100 y ss.
Loewenstein abandonó la casa de Weber minutos antes de que éste expirara.

31
Max Weber en 1917, tras retornar a su vida universitaria después de haber dirigido
nueve hospitales en Heildelberg en su calidad de reservista militar.
Primera parte
Metodología

La sociología como ciencia comprensiva.—Ciencias naturales


y ciencias culturales.—Los valores y las ciencias culturales.—El
proceso de avaloración.—Sociología y psicología.

La sociología como ciencia comprensiva

Para Max Weber la sociología “es una ciencia que se propone


entender el obrar social, interpretando su sentido, para me­
diante ello, explicar casualmente su desarrollo y sus efectos”. 1
Tomando en cuenta la definición anterior, Weber nos dice
que la sociología forma parte de las llamadas ciencias com­
prensivas, o de la cultura. La clasificación correcta de las
ciencias es aquella que divide el campo científico en natural y
cultural.2 Weber expresamente manifiesta en su artículo “La
objetividad del conocimiento en las ciencias y la política so­
ciales” publicado en 1904, en la revista Archiv für Sozialwis-
senschaft und Sozialporlitik cuando él, Sombart y Edgar
Joffé se hicieron cargo de ella, su adhesión a la metodología
de Windelband, Simmel y sobre todo de Enrique Rickert, su
colega y amigo en la Universidad de Freiburgo, al que como
ya hicimos notar, consideró su maestro en relación con la me­
todología de las ciencias sociales.3
Una de las principales causas que dificultan el poder preci­
sar el método de estudio que corresponde a las ciencias socia­
les, es la que se presenta por la cantidad e interrelación de los
fenómenos sociales.4
Weber se negó a considerar a la sociología como ciencia na­
tural, al querer aplicarle el método naturalista, vendría a ser
ineficaz, ya que pertenece a las ciencias de la cultura. Refutó
a quienes consideraban que el conocimiento positivista basado
en la cuantificación matemática, era el único método cientí­
fico, el cual obligaba a interpretar el material recolectado a
través de los números. El método naturalista que utiliza cien­

33
cias como las matemáticas, capta sólo un segmento de la rea­
lidad; querer que aprehenda al mundo en su totalidad, desvir­
túa la objetividad y limitación innata de la ciencia. Utilizar las
matemáticas en sociología puede ser una ayuda que amplíe su
campo de estudio, pero reducirla a la conceptuación matemá­
tica, es invalidarla Weber utilizó en sus propias investigacio­
nes de campo la ayuda numérica, incluso la consideraba de
gran utilidad sobre todo en la econom ía.5
Los autores defensores del positivismo, postulaban su uso
en el ámbito social; consideraban que para que los estudios
que se hicieran sobre las relaciones sociales pudieran tenerse
como científicos, debería aplicarse el método de las ciencias
naturales. Para ellos sólo se podía formar un conocimiento
objetivo, cuando éste se refiriera a los objetos del mundo ex­
terior. Querer conocer, decían, el sentido del actuar de las
personas, no es posible; si se quiere hacer algún estudio sobre
ello, éste no podrá tener validez científica. Para realizar un
trabajo científico de los fenómenos sociales, se deberá partir
de la objetividad derivada de las relaciones intersubjetivas,
esto es, se debe tomar en cuenta sólo la conducta externa de
las personas, que es el único índice que nos puede guiar en los
fenómenos sociales. Si se quiere llegar a formular leyes dentro
del campo social, éstas claro está, serán leyes naturales y para
su formación se partirá primero de la observación de la con­
ducta externa de las personas y, segundo, se llevará un control
estadístico de las mismas.6
De acuerdo con lo anterior, estos autores naturalistas pen­
saban que la sociología era una ciencia natural. Los grandes
éxitos de la física fortalecieron la influencia de la corriente
positivista, llevando a pensar que si el método natural se podía
emplear en el campo social, se alcanzarían resultados efecti­
vos y sólo en esa forma, científicos.
Weber sostenía que si bien es cierto que a través del méto­
do naturalista se puede llegar a explicar los fenómenos natu­
rales, existe otro tipo de fenómenos que no se agotan en su
explicación, sino que además para poder completar su estudio,
hay que “comprenderlos”, y para lograr esto último, se re­
quiere de un método diferente al empleado por las ciencias
naturales. Este método es el llamado comprensivo de las cien­
cias culturales.7

Ciencias naturales y Ciencias culturales

Para poder llegar a la conclusión anterior, Weber tiene que


aceptar una serie de presupuestos. Estos nos dicen que la rea­

34
lidad, tal cual es, no se le puede captar en conceptos, sino que
es necesario transformarla para poder lograrlo. Sólo a través
de un proceso de transformación podemos nosotros llegar a
conocer la realidad, y a conceptuarla. Unicamente así llega el
investigador a percatarse de los diferentes objetos que la
componen y mediante ello, puede señalar los distintos campos
a que pertenecen, y por tanto, el empleo del método de estu­
dio respectivo que permita rigidez científica en el trabajo.
No es posible considerar que cuando conocemos algo, es­
tamos frente a una reproducción de la realidad, sino que
estamos ante una transformación y podemos decir, una sim­
plificación de la misma.8
El investigador no puede abarcar a la realidad tal cual ella
es, en conceptos, sin que sufra un proceso de transformación.
La ciencia sólo puede aprehender un segmento de la realidad
de acuerdo con un punto de vista parcial, lo que legitima que
otros aspectos, incluso opuestos, se justifiquen. La realidad
tal cual es, no se puede reproducir, hay que modificarla para
conceptuarla.9
¿Cómo se explica lo anterior?
Basta echar una mirada al mundo que nos circunda. Si pres­
tamos atención a éste, encontraremos que cualquier ser o
suceder a nuestro alrededor, no se encontrará limitado total­
mente, sino que nos encontraremos frente a una serie de trán­
sitos paulatinos. Dentro de la naturaleza, todo sigue un pro­
ceso de continuidad, cualquier forma que tenga lugar en el
espacio, o que abarque un tiempo, pasa por este fenómeno.
El mundo se rige por el principio de la continuidad de todo lo
real.
Por otro lado, si seguimos con la observación de nuestro
contorno, encontramos otro principio: nunca habrá algo idén­
tico a otro ser o suceder; por muy semejantes que nos parezcan,
no se podrán considerar como iguales. No hay nada en la rea­
lidad que sea homogéneo a otro. Y al decir lo anterior, nos
referimos a cualquier ámbito. Este principio que nos lleva a
afirmar que todo es diferente, es el principio de la heteroge­
neidad de la realidad.
Resumiendo los dos principios, llegaremos a decir que
cualquier ser o suceder en la realidad, tiene como caracterís­
ticas el ser continuo y heterogéneo. Por tanto, ya es más fácil
poder comprender por qué un concepto no podrá, si lo inten­
ta, reproducir a la realidad tal como ella es, y si a pesar de lo
anterior lo intentásemos, caeríamos en un escepticismo abso­
luto. 10
El camino es el de transformar la realidad. Para lograrlo
hay dos formas. Primero, si queremos conceptuar la realidad

35
continua, habrá que transformar su heterogeneidad. Segundo,
si intentamos transformar la realidad heterogénea, habrá que
limitarla, esto es, modificarla de realidad continua a una reali­
dad discreta. Es en esta forma como se llega a aprehender, a
captar la realidad, ya sea transformándola en una continuidad
homogénea o en una discreción heterogénea.
Cuando se transforma la realidad en una continuidad ho­
mogénea, caemos en el terreno de las matemáticas. Esta ciencia
está formada por los objetos ideales. Estamos frente al mundo
de las cantidades puras, el cual decimos que no tiene un sen­
tido real, porque sólo se puede llegar a conocer las realidades
cualitativamente formadas.
Si se quiere que las cualidades de la realidad perduren aún
después del proceso de transformación, se debe seguir el se­
gundo camino, aquel que convierte la realidad de continua en
discreta. En este caso no podemos prescindir del carácter he­
terogéneo de la realidad, pero a cambio de eso, podemos llegar
a hacer cortes en ella. La desventaja que tiene este proceso es
de que se pierde todo aquello que está fuera del campo limi­
tado por los conceptos. No se puede agotar la totalidad de la
realidad, es imposible el tratar de reducir ésta en su totalidad
a leyes. Se acepta esta limitación con tal de que los objetos
que se estudien mantengan sus cualidades.
No debemos olvidar que la realidad es una, se le divide a
través de un proceso mental, y aunque las ciencias enfocan
esa realidad desde diversos puntos de vista, ésta en sí es la
misma.11

Los valores y las ciencias culturales.


El proceso de avaloración

Como dijimos, para que la realidad pueda llegar a trans­


formarse, se necesita que las ciencias empleen algún prejuicio
que permita limitarla. Esto quiere decir, que las ciencias al
escoger su material de conocimiento, no lo hacen en forma
arbitraria, sino que requieren un índice a través del cual se­
leccionan los objetos de su estudio.
Existen dos prejuicios que resuelven el problema anterior,
uno es aquel que trata de formar conceptos universales; el
otro es el que relaciona a la realidad con los valores.
El primero de estos prejuicios es el que emplean las ciencias
naturales. Aquí se eliminan aquellos contenidos únicos, indi­
viduales, específicos. Se trata de que los conceptos que emplea
la ciencia natural abarquen el mayor número de objetos, esto
es lo que los hace que sean considerados como universales.

36
El segundo de los prejuicios mencionados, tiende a todo lo
contrario, aquí se trata de seleccionar aquello que es único,
peculiar, característico, individual; es el método histórico del
campo cultural que tiende a aprehender todo lo que tenga re­
lación con los valores.
Por tanto, podemos decir que los objetos del mundo se nos
presentan en dos formas distintas: como algo único o for­
mando parte de conceptos universales. Para que podamos
estudiarlos en alguna de esas formas, esto es, para decidir si
las encuadramos en un concepto universal, o las separamos y
aislamos como algo individual, necesitamos recurrir a los
valores.12
De aquí se originan dos métodos científicos, que aunque
pertenecen a campos distintos, tienen igual rigidez científica:
por un lado, el llamado m étodo naturalista, que abarca los
conceptos universales, y por otro el llamado m étodo histórico
que estudia los conceptos individuales. El primero de ellos es
el método que emplean las ciencias naturales y el segundo
es el empleado por las ciencias culturales.13
“Las ciencias de la naturaleza son nomotéticas, es decir,
ciencias que enuncian leyes y proceden generalizando. Las
ciencias de la cultura, por el contrario, son ideográficas e in-
dividualizadoras, su meta no consiste en establecer leyes uni­
versales, sino en describir lo individual. Pero como el científico
no puede dedicarse a estudiar cualquier entidad individual, es
menester hacer una selección. Tal selección presupone un
juicio de valor, por lo tanto, la estimación axiológica consti­
tuye la base de todas las ciencias de la cultura.” 14
En realidad estos campos no se hallan radicalmente separa­
dos, lo que sería imposible. Hay una gran vinculación entre
ellos.
Weber se opone a la separación total y absoluta de la reali­
dad en cuanto al método, tiene una posición flexible que
considera que, de acuerdo con el tipo específico de investiga­
ción que se esté realizando, es posible en un momento dado
emplear cualesquiera de estos métodos, tanto en las ciencias
naturales como en las sociales. La rigidez en ello impediría el
avance científico, lo importante es la objetividad, y si uno de
los métodos la logra con mayor eficacia, es un error querer
circunscribirlo a determinado campo sólo por el contenido
específico de su materia. Por supuesto que en cada uno de los
grupos de las ciencias predomina uno de los métodos, pero lo
importante no es aceptar que ello es necesariamente absoluto
en todos los casos.15 No debe importamos cuál sea el conte­
nido de los diversos órdenes científicos, como pauta única y
exclusiva para escoger qué método debe emplearse,16 lo im­

37
portante es que alguno de éstos se use ya que son los que le
dan validez al conocimiento. El científico investigador se dis­
tingue del que no lo es, por el método que utiliza para captar
la realidad.17
Se dijo en el inciso anterior, que hay grandes lazos que unen
a los dos campos, por lo que es posible hablar de estudios que
si bien por un lado son en su contenido culturales, por otro
son naturalistas en cuanto a su método de estudio. Por tanto,
también habrá estudios de contenido naturalista en los que se
emplee el método cultural. Lo antes expuesto no modifica ni
anula la distinción de los campos de las ciencias culturales y
las ciencias naturales.18
Así como existe un concepto formal de las ciencias natura­
les, “el de la existencia de las cosas en cuanto que éstas están
determinadas por leyes universales”, 19 es indispensable tratar
de formar también un concepto formal sobre las ciencias
culturales.
La cultura encierra el resultado de la conducta de las per­
sonas. Estas actúan impulsadas por determinados valores.
“Cultura es un segmento específico del infinito sin sentido
del proceso del mundo, un segmento al que los seres humanos
le confieren sentido y significación.”20
El hombre puede tratar de llegar a producir algo porque lo
considera valioso, o en caso de que ya exista, puede tratar de
cultivarlo, porque también considera que hay algún valor en
eso. De cualquier forma como sea motivada la conducta de
las personas, éstas siempre serán impulsadas en su actuar por
algo que consideran como valioso. El mundo de la cultura está
formado por las aportaciones o modificaciones que el hombre
hace a la naturaleza. Es por eso que los objetos del mundo
cultural tienen un sentido que es dado por el valor que ellos
encierran.21
De acuerdo con lo anterior, podremos hablar de los valores
en sí por un lado y por otro de las realidades valiosas, a las
que para distinguirlas de los primeros, llamaremos bienes.
Cuando a un objeto que se cataloga de cultural se le quita
su cualidad valiosa, lo que estaremos haciendo será reducirlo
a una cosa natural. Es sólo por medio de la relación con los
valores, como es posible distinguir las realidades valiosas de
aquellas que no lo son.
Dice Weber que el investigador en su trabajo, debe evitar
las pretensiones extracientíficas, que pueden venir a influir en
él. La ciencia está limitada, nunca podrá dar solución a todos
los problemas que se puedan presentar, si alguna persona no
toma en cuenta lo anterior, se llevará una desilusión.22
La ciencia muestra al científico que toda acción significa:

38
“Tomar partido en favor de ciertos valores y a la vez, cosa que
generalmente ignora, estar en contra de otros valores.”
Los valores están regidos por la dialéctica, ningún sistema
de valores puede tener la pretensión de ser absoluto, y sí en
cambio chocar con otro sistema opuesto que demande el re­
conocimiento de su propia legitimidad.23 Las verdades de la
ciencia son parciales y los valores múltiples. Por lo anterior
nunca encontraremos en la ciencia normas de conducta que
nos prescriban qué debemos hacer. El determinismo histórico
es, por tanto, una posición parcial. “La ciencia es por esencia
inacabable.”24
“Una ciencia empírica no puede enseñar a nadie lo que debe
hacer, sino sólo lo que puede hacer y en algunas circunstan­
cias también lo que quiere hacer.”25
La actividad científica es noble, su influencia en el mundo
actual es decisiva, pero su realización es ardua. En cuanto a
ella, dice Weber: “que si no se tiene una tal pasión por el co­
nocimiento, es que se carece de vocación científica y se debe
dedicar uno a otra cosa”.26 Recuérdese lo visto al respecto
en la parte biográfica.
En relación con los valores, se debe distinguir entre el prin­
cipio de la avaloración y el de la valoración. Esto es, el soció­
logo tiene vedado emitir algún juicio de valor dentro de su
labor científica. Estos juicios sólo deberá tomarlos como
datos, pero por ningún motivo opinará sobre la conducta
humana cuando la considere dentro de su trabajo científico;
no podrá juzgar sobre la corrección del actuar de las personas.
El trabajo del sociólogo debe regirse por el principio de la
avaloración, esto es, se debe hacer referencia a los valores, lo
que es indispensable para formar el mundo científico-cultural,
pero eso no quiere decir que se esté estableciendo en este
caso, un valor. El investigador cumple y agota su esfera al re­
ferir la realidad a los valores, pero se sale de su campo si opina
sobre si ésta es o no valiosa. Esto último sería valorar: “Valo­
rar es la apreciación práctica de un fenómeno, en el cual
pueden influir nuestras acciones al aprobarlo o reprobarlo.”27
El principio de avaloración, es el que permite que se forme
el material del mundo cultural, lo que afirma el carácter cien­
tífico del mundo de la cultura y permite determinar cuándo
un hecho debe ser motivo de estudio porque tiene relación
con los valores.28
¿Cuál es la esencia de los valores? Estos pueden ser reco­
nocidos universalmente, esto es, que todos de hecho los
acepten o cuando menos la mayoría de los miembros que
forman una comunidad cultural, los admitan. Por lo que la
esencia de los valores radica en su vigencia.

39
De conformidad con lo anterior, podemos entender por
qué no se puede considerar como histórico un hecho que sólo
tiene una importancia individual. Sólo a través del reconoci­
miento de la vigencia universal de los valores, se pueden llegar
a constituir conceptos culturales científicos.
Con lo anterior, estamos haciendo una doble distinción,
por una parte dentro del mundo cultural los objetos indivi­
duales valiosos considerados como material científico, por la
otra, los objetos individuales no relacionados con los valores
que en sí mismos no ejercen ninguna influencia en la distin­
ción de los campos científicos.29
Max Weber no dejó de percatarse que en el tiempo y en el
espacio, ha habido cambios en relación con los sistemas de va­
lores. Lo que obliga a que el material científico cultural
cambie como consecuencia de esa variabilidad que provoca
una reforma en los procesos culturales.30
Aunque Weber critica el método naturalista porque no
capta lo que es particular, accidental, contingente, no acepta
como lo hace Rickert que las ciencias de la cultura puedan
estar basadas en un sistema de valores universales.31
Parsons pregunta: “ ¿Cómo pudo Max Weber escapar del
círculo cerrado del relativismo que convierte al conocimiento
en una mera función de los valores subjetivos del investiga­
dor?”32
Weber resuelve lo anterior por medio de la separación entre
las manifestaciones subjetivas del investigador, con la acepta­
ción lógica y universal de los valores que tienen vigencia para
éste.
Ya dijimos que dentro de una comunidad hay un sistema
de valores que es, o reconocido por todos, o por casi todos
los miembros de esa comunidad. Se acepta de hecho la exis­
tencia de esos valores, aunque la persona no vaya de acuerdo
con ellos, esto es, aunque el investigador pueda o no, simpati­
zar con ellos.
Se puede hablar de un relativismo histórico, pero a la vez
éste se supera en ciertas circunstancias y en relación con al­
gunos fines.
“La historia de las ciencias sociales es y permanece como
un proceso continuo que va pasando del intento de ordenar
analíticamente la realidad a través de la elaboración de con­
ceptos —el disolver las construcciones analíticas así construi­
das por medio de la ampliación y el cambio del horizonte
científico— y la reformulación de nuevo de los conceptos en
esta forma transformados.”33
De acuerdo a lo anterior, Weber nunca aceptó que la histo­
ria llegara a tener una objetividad derivada de un esquema
universal de los valores.

40
Seria absurdo aceptar la existencia de una jerarquía abso­
luta de valores. Se debe considerar que sería imposible llegar
a conciliar las preferencias humanas. Cuando se presenta un
conflicto de valores, sólo por medio de la selección arbitraria
que la persona interesada haga, se podrá resolver ese conflic­
to. Una persona únicamente podrá decidirse a elegir, de acuer­
do con la clase de gente que sea y el medio cultural en que se
haya formado.34
En relación con la selección de los valores es, en última ins­
tancia, una actitud subjetiva e irracional la que motiva al suje­
to a una elección inclusive la racionalización creciente que
sufre la sociedad occidental no logra superar esta limitación,
en cuando que es insalvable la problemática que surge de la
multiplicidad de valores y fines posible. No es posible con-
ceptualizar en forma absoluta nociones como verdad, justicia,
el bien, la belleza, la libertad, etc.
“Juzgar la validez de los valores es cosa de fe.”35
Es por eso que no se puede aceptar una ciencia objetiva
que trate de regir todo el pasado y a toda la sociedad. Las
ciencias culturales necesariamente son parciales, porque su
punto de partida es determinado arbitrariamente por el cien­
tífico estudioso. Esto debe destacarse aunque las ciencias cul­
turales formen leyes. Cualquier avaloración siempre tendrá
que circunscribirse a una determinada comunidad, dentro de
la cual exista el reconocimiento a los valores mencionados.
No importa que alguna persona no acepte estos valores, pues
basta que reconozca que éstos no son valoraciones subjetivas
para reconocer su vigencia.36
Con el hecho de reconocer a la verdad como un valor uni­
versal, se debe aceptar la posibilidad de formar un sistema de
valores.37
El investigador está obligado a aceptar la vigencia de los va­
lores, si es que quiere considerarse un científico.38
Debemos tomar en cuenta que cuando se limita el campo
de las ciencias culturales a través del principio de avaloración,
no se está restringiendo propiamente éste, sino que así es
como está adquiriendo su validez. Por supuesto que no debe
tomarse como anarquía el hecho de que la elección del objeto
sea meramente un acto arbitrario del investigador, pues cuando
éste ha escogido, debe someterse a la limitación a que su elec­
ción le obliga, no podrá determinar ni la materia ni las causas
de su objeto.3 9 El científico elige libremente el objeto de su
conocimiento, pero una vez hecho esto, se tiene que someter
rigurosamente al procedimiento que el método científico le
impone.40
En resumen, las relaciones entre los valores —históricos y

41
circunstanciales— y la realidad social, de acuerdo con Weber,
las describe Freund en la siguiente forma:

a) Determinan el campo del conocimiento.


b) Seleccionan lo principal de lo accesorio.
c) Resaltan las relaciones entre los diversos elementos que
configuran esa realidad.
d) Desechan las apreciaciones subjetivas.
e) Enfatizan la objetividad.41

Por medio de los pasos anteriores se llega a la interpretación,


y por ella a la evidencia.42

Sociología y psicología

Max Weber se opuso siempre, tanto a que se considerara a la


psicología como una materia del campo cultural, como a con­
siderarla como base fundamental para la sociología.43
Si se quiere distinguir a los campos científicos tomando en
cuenta sólo como índices diferenciales por un lado, al ser
corporal que vendría a ser en este caso quien representara al
mundo natural y por otro al ser psíquico, que representaría
al campo cultural, no se podrá llegar a una solución precisa.44
Uno de los errores que pueden llegar a hacemos pensar en
esa forma, se desprende de que el ser psíquico es constante­
mente tratado en el mundo cultural, pero seguir ese camino,
nos lleva a alejamos de una solución lógica. Al distinguir los
campos científicos, debe hacerse no sólo desde un punto de
vista material, sino también formal. Y si tratamos de obtener
esta última distinción, nunca podríamos llegar a aceptar una
división de ciencias naturales y ciencias psíquicas o espirituales.
Uno de los fundamentos en que se basan los autores que
tratan de imponer esta diferenciación de ciencias naturales y
ciencias espirituales, es aquel que considera como básico
y determinante el que el proceso de avaloración sea realizado
por una persona, esto último como fenómeno psíquico. Pero
basta con recordar lo ya dicho, de que lo psíquico no es en sí
objeto cultural, porque la vida psíquica pertenece al mundo
natural, para no aceptar el argumento anterior.
Así como distinguimos la vigencia de los valores de los
bienes —objetos valiosos— así hay que distinguir entre el suje­
to psíquico en sí, que valora algo, con los valores mismos. La
frase “valor espiritual” nos puede llevar al equívoco, y para
evitarlo, debemos aclarar que en este caso lo que importa es
el valor y no lo espiritual. A través de un proceso psíquico se

42
realiza el principio de la avaloración, pero no se identifica
este proceso con el valor que transforma la realidad en mundo
cultural.45
Cuando la sociología estudia los actos humanos en sí
mismos, no trata de formar leyes de validez universal, como
lo hace la psicología. Se trata de estudiar en principio, la
conducta de las personas, como hechos particulares; cada
hecho requiere un estudio especial, es por eso, dice Weber,
que la sociología pertenece a las ciencias culturales.
Para poder estudiar el actuar de las personas, se requiere
poder interpretarlo. Esto es, llegar a conocer el sentido men­
tado subjetivo del agente actor. El científico del mundo cul­
tural no se conforma, como lo hacen los investigadores del
mundo natural en explicar los fenómenos que se dan en la
realidad, sino que además trata de “comprenderlos”, por lo
que debe saber valerse de la introspección, o sea, poder en­
tender, penetrar en el porqué de la conducta de las personas
que se están estudiando.45 Esto se ampliará en el próximo
capítulo.
Por lo que si la psicología trata de dar sólo una explicación
causal de los fenómenos que estudia, no podrá servirnos para
agotar el estudio del fenómeno cultural. El hecho social, dice
Weber, debe ser estudiado en tal forma, que se logre conocer
la intención de la persona y esto no es algo meramente psico­
lógico. El creer que lo que no es físico es psíquico, como ya
dijimos, agrava el problema. Pero la intención que un sujeto
ponga en su actuar, no es físico, ni tampoco psíquico, es algo
que va más allá, caemos en el mundo de las ideas y las signifi­
caciones. Si se realiza una operación aritmética, verbigracia,
pensar que cuatro por cuatro será igual a dieciséis, estamos
ante un fenómeno psíquico; pero la idea en sí de esta opera­
ción, esto es, la idea de que cuatro por cuatro es dieciséis, es
ajena al contenido del pensamiento de las personas.47
Resumiendo, la psicología siempre tiende a formar leyes
naturales, se vale del método generalizador para formar con­
ceptos universales de los procesos particulares que estudia.48
Por el contrario, la avaloración toma en cuenta sólo situacio­
nes particulares. Las ciencias culturales se refieren únicamen­
te a hechos particulares de trascendencia social.49
Además, Weber acaba por separar la psicología de la socio­
logía, con la formación de tipos promedios y tipos ideales, 50
que también será motivo de estudio en el próximo capítulo.
Concretando este tema, la sociología pertenece a las cien­
cias sociales, que forman el mundo cultural. Este necesita de
los valores para adquirir su calidad científica y éstos tienen
un sentido para las personas, el cual debe ser interpretado, o

43
sea, comprendido. La psicología no es fundamental para el
estudio de la sociología, pues esta ciencia pertenece a otro
campo científico, por lo que el método que emplee la socio­
logía no será psicologista.

Notas

1 Echánove TrujiUo. Carlos A.: Diccionario de sociología. Editorial José M.


Cajiga, Sr. S. A. Puebla. México, 1957, pág. 297. Weber, Max: E conom ía y Socie­
dad, Esbozo de sociología comprensiva,. —traducción de José Medina Echavarria,
Juan Roura Parella, Eduardo García Máynez, Eugenio Imaz y José FerraterM ora—.
Fondo de Cultura Económica. México, 1944, pág. 4. Weber, Max: La Etica pro­
testante y el espíritu del capitalismo -traducción de Luis Legaz Lacambra—.
Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1955, pág. 182.
í Germani, Gino: La Sociología científica. Instituto de Investigaciones Socia­
les de la U.N.A.M. México, 1962, pág. 15. Timasheff, Nicolás: La Teoría Socioló­
gica, op. cit., pág. 215. Weber, Max: Sobre la Teoría de las Ciencias Sociales, op.
cif., pág. 8.
3 Hughes, Stuart: op. cit., pág. 293. Aron, Raymond: op, cit., pág. 82. Ency-
clopedia o f Social Science, op. cit., pág. 387. CuviUer, Armond: Manual de Socio­
logía —traducción de Armando S. Cabo—, Editorial El Ateneo, Buenos Aires,
Argentina, 1959, pág. 59, Orgaz, Raúl A.: Introducción a la Sociología. Editorial
Assandri. Córdoba, Argentina, 1945, pág. 145. Weber, Max: The Methodology o f
the Social Science, op. cit., p ág. VII.
4 Kaufmann, Félix: Metodología de las Ciencias Sociales, —versión en español
de Eugenio Imaz—, Fondo de Cultura Económica. México, 1946, pág. 198.
5 La forma como Weber usó las matemáticas destaca en sus trabajos empíri­
cos. Véase a Lazarfeld, Paul F., and Oberschall, Anthony R.: “Max Weber and the
Social Empirical Research.” American Sociological Review, Vol. 3. No. 2, april
1965, págs. 185-199.
¡: Kaufmann, F élix: op, cit., págs. 171 y ss.
Dourado de Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 143. Rickert, Enrique: Ciencia
Cultural y Ciencia Natural —traducción de Manuel G. Morente—. Colección Aus­
tral. Buenos Aires, Argentina, 1943, pág. 21. Runciman, W. G.: Social Science and
Political Theory. The University Press. Cambridge, 1963, pág. 59.
® Rickert, Enrique: op, cit., pág. 61
9 A ron, Raymond: op, cit., pág. 97. Freund, Julien: op, cit., págs. 10-13.
10 Rickert, Enrique: op. cit., págs. 61 y ss.
11 Freund, Julien: op. cit., pág. 37.
12 Aron. Raymond: op. cit., pág. 82.
Maquet, Jacques S.: The Sociology o f Knowledge —translated by John F.
Locke—. The Beacon Press. Boston, 1951. pág. 40.
14 Bockenski, I. M.: La Filosofía Actual, -traducción de Eugenio Imaz—.
Breviarios del Fondo de Cultura Económica. México, 1962, pág. 119.
Freund, Julien: op.cit., pág. 38.
: 6 Rickert, Enrique: op. cit., págs. 26 y ss.
2 Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., pág. 193.
* Kaufmann, Félix: op. cit., pág. 253.
9 Rickert, Enrique: op. cit., págs. 35 y ss.
0 Hughes, Stuart: op. cit., pág. 308. Menciona al libro de Weber; Objetividad
en las Ciencias Sociales.

44
2* Rickert. Enrique: op. cit., pág. 50.
Agramonte, Roberto: Estudios de Sociología Contemporánea, op. cit., pág.
136. Bames, E., Harry y Becker, Howard: Historia del Pensamiento Social. Tomo
II. Corrientes Sociológicas de los diversos países —traducción de Tomás Muñoz
Molina—. Fondo de Cultura Económica. México, 1945, pág. 106.
*" Freund, Julien: op. cit., pág. 30.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., págs. 17 y 55.
Brecht, Amold: op. cit., págs. 233 y ss.
Merton, Robert, Broom, Leonard, and Cotrell, Leonard: Sociology Today.
Basic Books Inc. New York, 1960, pág. 217. Ogbum, William F., y Nimkoff,
Meyer F.: Sociología —traducción de José Bugeda Sánchez—. Editorial Aguilar.
Madrid, 1955, pág. 13.
Weber, Max: Sobre la Teoría de las Ciencias Sociales, op. cit., pág. 93.
® Rickert, Enrique: op. cit., págs. 155 y ss.
J j Rickert, Enrique: op. cit., págs. 188 y ss.
Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 215.
* Freund, Julien: op. cit., pág. 48.
Bames, Harry, y Becker, Howard: op. cit., pág. 104.
J ) Hughes, Stuart: op. cit., pág. 314.
Brecht, Amold: op. cit., pág. 234.
Loewenstein, Karl: op. cit., pág. 50.
Kaufmann, Félix: op. cit., págs. 253 y ss. Rickert, Enrique: op. cit., pág.
218á7
Aron, Raymond: op. cit., pág. 83. Merton. Robert: Social Theory and So­
cial Structure. The Free Press. Illinois, 1957, pág. 537.
Rickert, Enrique: op. cit., pág. 231.
Aron, Raymond: op. cit., pág. 85. Runciman, W. G.: op. cit., pág. 54.
Freund, Julien: op. cit., pág. 101.
* Idem. pág. 52.
2 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., 1964, pág. 2.
^ Aron, Raymond: op. cit., pág. 92. Bames, Harry, y Becker, Howard: op.
cit.,^>ág. 104. Menzel, Adolfo: op. cit., pág. 126.
Rickert, Enrique: op. c it, págs. 4 0 y ss.
Rickert, Enrique: op. c it, pág. 58.
Agramonte, Roberto: op. cit., pág. 132. Rickert, Enrique: op. c it, pág. 141.
Aron. Raymond: op. c it, pág. 91.
47 Kaufmann, Félix: op. cit., págs. 218 y ss. Timasheff, Nicolás: La Teoría
Sociológica, op. cit., pág. 223.
^ Simpson, George: El Hombre en la Sociedad —traducción de Elizabeth
Gelin—. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1961, pág. 114. Rickert, Enrique: op. c it,
Pág49 °‘ - 110.
Rickert, Enrique: op. cit., pág.
50 Como se verá m ás adelante, lso tipos promedios y los tipos ideales, son
también el índice que separa a la sociología de la historia, aunque ésta es la que le
proporciona el material a aquélla.

45
x Weber a los 24 oños, con su familia en Berlín, época en q u t Weber estudiaba
licenciatura de abogado, Weber presenta en la mejilla izquierda una cicatriz
fruto de sus duelos en las fraternidades estudiantiles.
Segunda parte

Capítulo primero

Conceptos sociológicos fundamentales

Concepto de acción —Concepto de acción so c ia lS e n tid o de


la acción social.-Métodos de interpretación del sentido a) La
comprensión actual b) La comprensión explicativa.-Método
comparativo y método imaginario.—Historia y sociología.—
Tipos promedios y tipos ideales —Tipos ideales de obrar
social —Los fenómenos naturales y la sociología —Sociología
individualista.—

Concepto de acción

En el capítulo anterior quedó asentado por qué Max Weber


considera la sociología como ciencia comprensiva. De acuerdo
con lo dicho, nos será más fácil entender sus conceptos socio­
lógicos fundamentales, los cuales a pesar de ser la parte intro­
ductora de su obra Economía y sociedad fueron elaborados
hasta 1918-1919. Estos conceptos son la parte medular para
la interpretación de esta obra, a través de ellos se integra y es­
tructura.1
En relación a éstos, dice Weber: “Deseo formular, teniendo
la esperanza de haberlo conseguido, en forma más convenien­
te y correcta lo que toda sociología empírica entiende de
hecho cuando habla de las mismas cosas.”2
De la definición de sociología como: “la ciencia que preten­
de entender, interpretándola, la acción social para de esta
manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos”,3
debemos partir para el estudio de sus conceptos.
Lo primero que se desprende de la definición anterior, es la
diferenciación que hace Weber de la acción humana y de
la acción social.
La acción humana es: “una conducta que puede consistir
en hacer, en no hacer, en tolerar, lo mismo que se manifieste
externa que internamente, a la que la persona le liga un senti­
do subjetivo”.4

47
Muchas veces es difícil poder precisar cuándo estamos
frente a una conducta a la que el sujeto actor le liga un
sentido consciente, y cuándo frente a una conducta simple­
mente reactiva, a la cual el sujeto actor no le liga ningún sig­
nificado.

Concepto de acción social


La acción que vimos en el inciso anterior, es el género de la
conducta con sentido. Dentro de ese género hay una especie,
la llamada acción social, que es uno de los puntales donde se
apoya el sistema sociológico de Weber. No cualquier actuar
deberá ser considerado como social, sólo: “La conducta hu­
mana en la que el sentido mentado subjetivo del agente actor
de la misma se refiere a la conducta de otra u otras personas,
orientando hacia ellas su desarrollo.”5
A diferencia de los visto en el inciso anterior, la acción
social tiene como característica, no sólo el de tener un senti­
do, sino que además éste debe tener un contenido específico,
consistente en dirigir el actuar tomando en consideración la
conducta de otra u otras personas.
En este caso no se requiere que la conducta ajena se en­
cuentre manifiesta, el sujeto actor podrá actuar basado en la
expectativa de la conducta de las personas a las que dirige su
actuar, tratando de provocarlas en tal forma que éstas reac­
cionen de acuerdo con lo que él espera.6
Esto último lo podemos ejemplificar: un sujeto contesta el
saludo de una persona, en este caso se está actuando de acuerdo
con la pauta que señala la conducta de otra persona, la que,
además, se encuentra presente. Pero también el sujeto actor
puede escribir una carta a alguien ausente tratando de provo­
carle una reacción, y en este caso la conducta se manifiesta
ante la expectativa de la respuesta de una persona no presente.
La acción no sólo puede estar orientada a una persona es­
pecífica, sino que además se puede dirigir a gentes desconoci­
das e indeterminadas. Ejemplo de esto lo podemos encontrar
cuando una persona realiza una venta. Al recibir el dinero en
pago, lo hace sabiendo que en el futuro, cuando piense adqui­
rir algo con el dinero recibido, habrá personas, que en este
momento son desconocidas e indeterminadas, que lo acepten.
Por tanto, es por la conducta que en el futuro tendrán esas
personas, lo que motiva a actuar en el presente al sujeto actor,
él sabe que el dinero es un satisfactor reconocido por todos,
tiene la seguridad que su expectativa —la de que le acepten el
dinero—, se cumplirá.7

48
En resumen, de acuerdo con la definición de acción social,
se debe entender que el sujeto actor de la misma dirige su
conducta a otra u otras personas, hacia las que encauza el de­
sarrollo de su actuar. Sólo en el caso anterior, o cuando el su­
jeto es motivado en su actuar por una provocación proveniente
de una conducta ajena, estamos frente a la acción social.8
Cuando una persona se encuentra resolviendo un problema
aritmético, estamos frente a la acción humana, porque aunque
la persona tiene plena conciencia de su actuar, no orienta éste
hacia un tercero. Pero cuando solicita la ayuda de éste para
resolver su problema, nos encontramos frente a una acción
social, porque su conducta se encauza a provocar una reacción
en otra persona.
La definición de actuar social, ha motivado críticas en
cuanto que se ha considerado que de acuerdo con ella los
hechos fisiológicos, los actos reflejos, los procesos inconscien­
tes o subconscientes que se dan en una persona, no caen en el
campo sociológico, porque el sujeto actor de la misma no
tiene un sentido consciente de ellos. Para que una acción se
considere de interés para la sociología, de acuerdo con Weber,
nos dicen algunos autores, la persona debe percatarse conscien­
temente del sentido que está otorgando a su actuar.9
No estoy de acuerdo con dichos autores: en mi opinión esas
críticas son infundadas, pues aunque en principio y, de acuerdo
con la definición dada de actuar social, se le podrían hacer, él
posteriormente en todo el desarrollo de sus conceptos expre­
samente las contradice. Y no podría ser de otra forma, limitar
el campo de la sociología al actuar consciente, sería amputarla.
La acción social, base de sus conceptos sociológicos,10 va
más allá del actuar consciente.
Para confirmar lo anterior, volveremos a insistir más ade­
lante, cuando hayamos expuesto parte de sus conceptos so­
ciológicos en los que demuestra que el actuar social no se
circunscribe a la actitud consciente.
Max Weber no se conformó con plantear la definición de
acción social, sino que además trató de limitar lo más riguro­
samente posible, ciertas acciones que podrían ser tenidas por
sociales, y que en realidad para él no lo eran:

a) Cuando dos o más personas sufren un contacto fortuito.

Ejemplo de esto lo tenemos cuando un ciclista que va por


la carretera choca con otro que viene en sentido contrario.11
Aquí dos personas han entrado en contacto, pero en una
forma meramente accidental, esto es, que no hubo intención
de hacerlo, por io tanto, hasta ese momento no se puede

49
hablar de acción social. Pero, si alguno de los ciclistas trató
de evitar el choque, entonces s í aparece por parte de éste, la
acción social, porque su conducta se desarrolló de acuerdo
con el actuar del otro ciclista. Lo mismo pasará cuando después
del choque, las personas entren en contacto, ya sea para reñir
o para excusarse.

ó) Cuando dos o más personas actúan análogamente, siem­


pre y cuando esto sea una mera coincidencia.
c ) La imitación que podemos catalogar de meramente reac­
tiva.

No debemos confundir lo anterior con el caso que se da


cuando alguien actúa impulsado por la moda, en este caso, la
conducta sí es acción social.
Muchas veces es difícil el delimitar los ejemplos anteriores,
porque como veremos más adelante, el sujeto actor puede no
darse plena cuenta del motivo de su actuar, o creer en un mo­
tivo equivocado.

Sentido de la acción social

Si seguimos con la definición antes dada de sociología, en­


contramos otro elemento fundamental, el del sentido de la
acción social, el cual hay que precisarlo con toda exactitud.
Nos dice Weber que podemos hablar de distintos tipos de
sentido, como el de las ideas puras, o como el del sentido ob­
jetivo de las obras culturales, pero ambos difieren de aquél
que importa a la sociología. Esta trata de interpretar el senti­
do de la acción social, esto es, de conocer las causas que mo­
tivan a actuar al sujeto actor, el porqué de su conducta. Se
trata de conocer el sentido mentado subjetivo de una acción
social. Esto es, el conocer la motivación real de la conducta.
Se vio en el capítulo anterior que la sociología es una ciencia
comprensiva, a diferencia de las ciencias naturales, las que
agotan el estudio de sus fenómenos correspondientes, al dar
una explicación de los mismos; pero la sociología, dijimos, si
hiciera esto, dejaría trunco su trabajo, porque los fenómenos
sociológicos deben ser comprendidos, ya que las conductas
humanas tienen un sentido. Por tanto, la sociología recogerá
para su estudio, no los dos tipos de sentido de que hablamos
en el principio de este inciso, sino el último visto, al que Weber
denomina sentido mentado subjetivo del sujeto actor.12

50
Métodos de interpretación del sentido

Asi como vimos distintas acepciones de sentido, habrá, por


tanto, también distintos métodos de interpretación de éstos.
Si las matemáticas emplean un método racional o lógico, la
sociología tendrá que emplear otro método diferente, el cual
le permita comprender el “sentido mentado subjetivo”. Para
lograrlo, la sociología necesita poder reconstruir, revivir, el
proceso seguido en la mente de las personas en su actuar.13
Es importante señalar el peligro que entraña el pensar que
la intuición en este caso pueda ser utilizada como conocimiento
científico. Esta se encuentra inserta en el mundo emotivo y
subjetivo, y por tanto, para tener relevancia científica, debe
someterse a los imperativos ordinarios de la transformación
conceptual, a la comprobación, a la prueba plena que le otorgue
validez objetiva y no sólo sea una manifestación de la subjeti­
vidad, sino que se verifique en pruebas empíricas.14
Weber estuvo influido principalmente por Dilthey, Simmel,
Gottlottlilienfeld, Lipps, Jaspers y Rickert en su concepción
de la comprensión.15 Su sociología fue denominada com­
prensiva —verstehende. De acuerdo con ella hay que inte­
riorizarse en el actuar social, llegar a la motivación real del
mismo,16 sólo mediante la introspección, el volver a actuali­
zar lo motivado por el agente de la conducta, es como se lo­
grará comprender su actuar. Mientras mayor sea la facultad
de reviviscencia de una persona, mayor será la eficacia de su
investigación. Será relativamente fácil de estudiar la conducta
realizada por un sujeto que viva en el mismo ambiente cultu­
ral del investigador, mientras más se aleje de éste, mayor será
para el observador la dificultad que se le presente. Lo mismo
se puede decir en aquellos casos en que el científico haya pa­
sado por situaciones iguales o semejantes de las que trata de
estudiar.17
No siempre el sociólogo se encuentra capacitado para poder
llegar a conocer, a comprender totalmente el sentido que el
actor da a su conducta. Como ejemplo de esto podemos en­
contrar, nos dice Weber, a “los estados de éxtasis, las expe­
riencias místicas, la vida interior de los niños, ciertas condi­
ciones psicopáticas”. En estos casos es muy difícil poder llegar
a percatarse del sentido real que encierran estas acciones, cosa
que generalmente requiere de ciertos estudios especiales dentro
de cada caso. Lo mismo podemos decir de aquellas actitudes
místicas, que muchas veces no se manifiestan por medio de la
palabra hablada.
Estas limitaciones son relativas, no debemos tomarlas rígi­
damente, porque para que un observador pueda comprender

51
el sentido que un actor da a su conducta, no es necesario que
pueda realizar esa conducta por él mismo; empleando las pa­
labras de Weber: “no es necesario ser un César para compren­
der a César”.18
A este método de investigación del sentido del actuar lo
llama Weber de reviviscencia endopática, y al aplicarlo pode­
mos obtener dos resultados, los cuales se complementan entre
sí:
La comprensión actual

El efecto obtenido de la aplicación del método sociológico


de interpretación de sentido, nos lleva a entender el significa­
do externo de la conducta; es la forma de conocer la manifes­
tación de una acción, ejemplo: al ver a una persona escribiendo,
nos damos cuenta de lo que hace, aunque no conozcamos el
motivo. Esto es, se percata uno de una acción por la forma
como el sujeto actor de la misma, la manifiesta.19

La comprensión explicativa

La segunda consecuencia nos lleva a interpretar desde otro


punto de vista, a la acción social. En este caso se llegan a co­
nocer los motivos, el porqué de un actuar. Por la comprensión
actual conocemos la forma como se manifiesta externamente
una conducta, por la comprensión explicativa llegamos a
conocer y a explicamos la causa que tuvo una persona para
actuar.
Aplicando los dos tipos de comprensión se llega a percibir
la conexión de sentido, entre el actuar y su motivación. De
acuerdo con el ejemplo puesto en el inciso anterior, llegaría­
mos a conocer el porqué esta persona está escribiendo: puede
ser un oficinista que cumple con su trabajo, o un enamorado
que escribe a su amada.20
Claro está que el proceso de que hemos hablado se basa en
una hipótesis, tanto la comprensión actual como la explicativa.
Por más clara que se nos presente una conexión de sentido,
no debemos aceptarla como cierta, hasta que podamos con­
firmarla, en su totalidad, lo cual es muy difícil de lograr, ge­
neralmente sólo se llega a aproximaciones.21
Se debe esto a que la clara conciencia del motivo que im­
pulsó al actor a su proceder, rara vez se manifiesta en estado
de pureza. Pueden ser causas pretextadas o reprimidas, el su­
jeto actor ni siquiera puede llegar a conocerlas en su realidad,
porque a él mismo se le presentan o modificadas o distintas,
por lo que no llega a percibir el resorte verdadero que lo im­

52
pulsa a actuar. Aun en aquellos casos en que la persona mani­
fieste abiertamente el porqué de su conducta, aunque lo haga
con sinceridad, el investigador no debe dar crédito absoluto a
sus palabras y tratará, a través de su trabajo personal, de llegar
a encontrar las verdaderas causas del actuar. En aquellas
acciones que se dan en el límite del campo sociológico —tra­
dicionales y emotivas que veremos más adelante—, viene a
acentuarse el problema.25
Es importante para el sociólogo aceptar que muchas veces
se pueden manifestar como iguales, en sus expresiones exter­
nas, ciertas acciones que internamente están motivadas en
muy diversas formas, incluso por causas contrarias, y aun
en estos casos él debe tratar de llegar a la verdadera compren­
sión de cada actuar.23
Por supuesto que es muy difícil encontrar el grado de presión
que cada causa ejerce sobre la persona, y por tanto, el resulta­
do que se pueda obtener. Es por ello que mientras la realidad
no confirme los resultados obtenidos en el estudio de las con­
ductas humanas, se considerarán aquellos como hipótesis.24
Vimos que la conexión de sentido, se refiere a la relación
existente entre las manifestaciones externas como el sujeto
actor demuestra su conducta y las causas que lo impelen
a actuar así.
En aquellos casos en que la relación entre la forma como se
manifiesta una conducta y los motivos que la provocan,
se considera adecuada, es cuando se logra una interpretación
efectiva de la conducta en cuestión.
Para que la interpretación de la acción social nos lleve a
una total comprensión de la misma, se debe buscar que ésta
sea: causalmente adecuada y adecuada en la esfera de la sig­
nificación.2 5 Esto lo explicaremos a continuación:
Una acción social es causalmente adecuada cuando de
acuerdo con la experiencia, exista la probabilidad de que una
conducta específica sea la causa de otras, que son compren­
didas por el sentido subjetivo de los agentes actores. Cuando
esta acción social de acuerdo con las probabilidades, sea
comprendida en los medios para realizarse será adecuada en la
esfera de su significación.26
Cuando al estudiar varias conductas, nos percatamos que
siguen una misma secuela, podremos esperar que en su desa­
rrollo probablemente se encauzarán en determinada forma.
Cuando existe la probabilidad de que esas conductas se suce­
dan siempre en la misma forma, estaremos frente a una inter­
pretación causalmente adecuada.2 7 En estos casos la estadísti­
ca jugará un papel importante, ya que su empleo es necesario.
El que una conducta sea adecuada en la esfera de la signifi­

53
cación se presenta en dos formas: la primera de ellas, es la
comprensión directa, la comprensión actual, que ya estudia­
mos en el inciso anterior, nos percatamos de la forma cómo
se manifiesta una conducta,2 8 la segunda es la comprensión
del motivo, que también ya vimos, tratamos de revivir, de
repensar, cuál ha sido la causa que motivó al actor, tratamos
de reproducir el proceso que siguió en su conducta.
Cuando haya factores irracionales que influyan en el actuar,
el investigador hará uso de la empatia —estudio de las con­
ductas irracionales. Aunque, como ya se dijo, el investigador
no necesita opinar, pensar o sentir igual que el actor, para
poder comprender su conducta.29
Ahora bien, es claro que entre la comprensión causalmente
adecuada y la comprensión en el plano de la significación hay
una relación íntima, la cual es descrita por Weber en la si­
guiente forma: “Una interpretación causal correcta de la
acción típica significa que el proceso que se dice ser típico, es
adecuadamente captado en el plano de la significación y al
mismo tiempo la interpretación es en cierto grado causalmen­
te adecuada. Si falta la adecuación respecto de la significación,
entonces por alto que sea el grado de uniformidad y por
exactamente que pueda ser numéricamente determinada su
probabilidad. . . es todavía una probabilidad estadística in­
comprensible. . . ”30
Cuando no hay una comprensión causal adecuada estaremos
siempre frente a una hipótesis. Se debe tratar siempre de en­
contrar las causas que motivan un actuar. Esto último no
quiere decir que se reduzcan las conductas a leyes fatales,
porque eso que es propio en el campo natural, no se da en las
ciencias culturales. 1 Los motivos que provocan un suceso,
deben buscarse porque sólo a través de la casualidad adquie­
ren objetividad las proposiciones científicas.32
De acuerdo con lo anterior, debemos entender por ley so­
ciológica: “determinadas probabilidades típicas, confirmadas
por la observación de que, dadas determinadas situaciones de
hecho, transcurran en la forma esperada ciertas acciones so­
ciales que son comprensibles por sus motivos típicos y por el
sentido típico mentado por los sujetos de la acción”.33
Las ciencias sociales dependen de la probabilidad de que se
cumplan sus postulados. Estos no pueden darse en forma ab­
soluta y permanente, la sociedad es cambiante y las estructu­
ras sociales evolucionan por la transformación que sufren las
acciones sociales de los individuos que configuran la realidad.
A pesar de esto, la probabilidad es un pilar en los estudios
sociales, les da la consistencia científica.34
El científico observa que de hecho se dan regularidades en

54
las conductas humanas y de acuerdo con eso forma las leyes
sociológicas, esto es, tomando en cuenta la probabilidad de
que se actúe en la forma prevista.
El tratar de formular leyes sociológicas de aquellas conduc­
tas irracionales es, por así decirlo, imposible, porque aquí la
causalidad y la significación, ni siquiera se presentan clara­
mente para el actor.35
Además del método comprensivo, la sociología emplea
otros dos métodos, el llamado comparativo y el imaginario,
de éstos hablaremos en el inciso siguiente.

Método comparativo y método imaginario

El primero de ellos consiste en estudiar y comparar aquellos


hechos análogos que sólo difieren en algún motivo, que es en
realidad el que importa estudiar.36
Este método lo aplicó Weber en sus trabajos particulares.
En el primer capítulo dijimos que una de las obras más im­
portantes de Weber es La ética protestante y el espíritu del
capitalismo, en ella el autor aplica el método comparativo.
Esta obra fue publicada por primera vez en dos artículos en la
Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, entre 1904 y
1905.37
La mayor parte de la obra intelectual de Weber, está dedi­
cada a estudiar la civilización occidental, aquello que la hace
única en la historia de la humanidad, sus caracteres originales,
tratando de explicarlos.38
Weber dedica especial atención a la estructura económica
occidental. Nos dice:
“La economía es la distribución de poder de disposición
efectivo sobre bienes y servicios económicos que se producen
consensualmente —consensus— según el modo de equilibrio
de los intereses y de la manera como esos bienes y servicios se
emplean de acuerdo con el sentido de ese poder fáctico de
disposición que descansa sobre el consenso.”39 La acción
económica será aquella en la que el sentido mentado subjetivo
del sujeto actor se oriente por el deseo de conseguir utili­
dades. 0 La economía está basada en la escasez de los satis-
factores, los cuales se hallan regulados por el mercado. Los
bienes y servicios en sentido económico se determinan en
cuanto a la posibilidad de ser utilizados con fines económicos
y no en cuanto a bienes y servicios tales. “Las relaciones de
producción consisten en las oportunidades —reales o supues­
tas— de aplicación presente o futura de medios en vista de
asegurar la vida material de los individuos.”41 Cuando un

55
grupo “trata de aumentar las posibilidades de su actividad en
contra de otras, por medio de barreras, límites, etc., se forma
un monopolio”. 2 El sistema económico occidental se carac­
teriza por su racionalidad, destacan las relaciones de produc­
ción sólidamente estructuradas y reguladas tanto en el presente
como para el futuro.
En La ética protestante y el espíritu del capitalismo,
Weber llega a ciertas conclusiones en relación al capitalismo
como sistema económico dentro de la civilización occidental.
Para confirmar sus hipótesis realiza un estudio comparativo
con otras civilizaciones, principalmente la china, la hindú y la
judaica.43
Estos estudios se refieren a la relación que hay entre la re­
ligión protestante con el sistema capitalista moderno, “señor
absoluto en la vida de la economía”.44
Para Weber hay una correlación íntima entre el factor reli­
gioso y el económico. Es uno de los autores que ha llevado
esos estudios hasta sus últimas consecuencias.45
Cuando el método comparativo no puede emplearse, se
deberá usar el método imaginario, a pesar de que no tiene la
misma eficacia que tiene el anterior. Este método consiste en
lo siguiente: el científico trata de imaginar como inexistentes
las causas que para él han motivado algún suceso histórico y
ver así cuál hubiese podido ser el resultado de éste, sin esas
causas, que en realidad lo motivaron.46
En este caso Weber destaca que la causa decisiva es sólo
desde el punto de vista del investigador, el cual en su metodo­
logía, tiene que utilizar un sistema de valores.47 En su Ensa­
y o de la teoría de la ciencia, nos dice Weber: “Para determi­
nar las relaciones causales reales, construimos a partir de ellas
otras ideales.” El científico debe implantar una diferencia
importante entre los antecedentes del suceso que está anali­
zando, por supuesto que el resultado es probabilístico, pero
esto es característico de las ciencias sociales, en éstas no es
posible construir leyes fatales, necesarias. Recuérdese que el
devenir histórico no es racional, múltiples factores accidenta­
les intervienen en él, pero a pesar de ello el científico llega a
racionalizar —relativamente— ese proceso a través de juicios
objetivos de carácter probabilístico integrándolos en relacio­
nes lógicas entre causa y efecto y adecuándolos en su relevan­
cia significativa.48
Weber menciona a Eduardo Mayer que aplicó este método
a la batalla del Maratón, imaginándose las consecuencias de
una victoria persa y comparando esto con la realidad históri­
ca.49
El método imaginario aplicado al ejemplo que hemos men-

56
donado en relación con el método comparativo, trataría de
encontrar la forma en que hubiese sido la evolución del capi­
talismo sin la intervención de la religión protestante como
una de sus causas.
Aunque al aplicar el método imaginario no se pueda preci­
sar con absoluto rigor el resultado de los acontecimientos
históricos, basta saber que éstos hubieran sido distintos.50
Con aceptar esto último, se podrá tratar de determinar la
influencia de las causas aceptadas y reconocidas como reales
sobre el suceso estudiado.51

Historia y sociología

Aunque Weber emplea el material histórico y su obra es un


modelo no solamente para sociólogos, sino para historiadores,
es importante destacar que él no hace historia, sino sociolo­
gía.52
En relación con esta diferenciación de historia y sociología
en la ob ra de Weber, nos dice Francisco Ayala: “El mérito
imperecedero de Weber consiste en haber sabido dar a la con-
ceptuación sociológica el contenido histórico y el emplaza­
miento histórico sin los cuales se pierde el objeto de la socio­
logía en una serie de formas, al propio tiempo que acentuaba
frente a la historia el formalismo de los conceptos sociológicos,
destinados a servir al conocimiento de estructuras que se repi­
ten con contenidos históricos variables.”53
Weber sobrepasa el problema de considerar su obra coiyo
histórica, con la creación de dos conceptos sociológicos:54

Sentido promedio o genérico

Tomando como índice los caracteres comunes de un con­


junto de conductas similares, Weber forma este tipo de senti­
do. Se estudian varios casos semejantes y se seleccionan
aquellos caracteres específicos que en cada caso se dan, pero
que a la vez se encuentren en las demás conductas. Cuando se
habla de la conducta de los hijos para con los padres, se puede
hacer un índice común que contenga las manifestaciones más
generales en estas relaciones y que traten de abarcar a la tota­
lidad.
Por supuesto que únicamente se podrá trabajar con este
tipo en aquellos casos en que se trate de acciones que sólo
tengan diferencias de grado entre ellas, esto es, que el sentido
que encierran en esencia sea análogo.55

57
Sentido típico o ideal

Aquí Weber considera hipotéticamente que la conducta de


las personas es motivada racionalmente. Esto es, que la persona
al actuar lo hace dándose plena cuenta del porqué de su con­
ducta, del motivo, de la causa que lo mueve a actuar.5 6 Debe­
mos tomar en cuenta que la conducta meramente racional no
se da en la realidad porque hay una serie de elementos irraciona­
les de los que no es fácil desprenderse, sentimientos afectivos,
religiosos, etc.57
Por lo tanto, si a este tipo se le llama ideal, es porque se da
como una idea, como una forma mental.58
Sobre el tipo ideal nos dice Weber: “Se obtiene un tipo ideal
al acentuar unilateralmente uno o varios puntos de vista y en­
cadenar una multitud de fenómenos aislados, difusos y dis­
cretos, que se encuentran en gran o pequeño número, y que
se ordenan según los precedentes puntos de vista elegidos
unilateralmente para formar un cuadro de pensamientos
homogéneo.” 59
El tipo ideal permite captar a través de una conceptuación
científica un hecho particular, único, una singularidad histó­
rica. Por medio de una racionalización ideal, acentuando
caracteres originales de una realidad histórica, la llegamos a
conceptuar, en su originalidad, dado que no es posible elabo­
rar una ley general. Los hechos históricos como ya hemos
dicho, son individuales y no generales.60
La creación del tipo ideal ha sido una de las más grandes
aportaciones de Weber al campo de la sociología.61
Hay autores que tomando en cuenta el tipo ideal, creado
pensando supuestamente que la conducta es guiada por moti­
vos meramente racionales, han querido catalogar a la sociolo­
gía de Weber como racionalista.6*
Estos autores han ignorado la expresa repulsa que hace
frente a la anterior afirmación. El proceso que se sigue con el
tipo ideal al aplicarlo a los fenómenos sociales, no es raciona­
lista, porque la sociología se da cuenta de la existencia de
factores irracionales que influyen en la conducta de las per­
sonas. En realidad, lo que sucede es lo siguiente: pensando en
una situación concreta que de hecho se da en la realidad, se
forma un tipo que abarque esa realidad, pero considerando
que en ésta sólo intervienen factores racionales, esto es la que
constituye el tipo ideal, pero su empleo no se agota allí, sino
que se debe comparar esa formación ideal con la realidad
misma de donde fue sacado, entonces se podrá ver que no en­
caja con ella, porque en la realidad hay una serie de factores
irracionales que, gracias a esa comparación, salen a la luz y así

58
es posible el percatarse de su existencia. Por tanto, se pueden
estudiar, precisando qué tanta influencia tienen en la conducta
que se está observando. Primero se determina la acción y su
desarrollo de acuerdo con motivos meramente racionales,
pensando que no ha sido influida por motivos irracionales, y
después se verá cuáles son los factores irracionales que han
venido a perturbar la acción y que modifican los resultados
que se hubieran obtenido si la acción fuese sólo racional.63
Donde más se emplea este tipo, es en el ámbito económico,
político y jurídico. Unicamente la experiencia nos muestra lo
que encaja y lo que difiere de una realidad concreta, con el
tipo de sentido creado idealmente. Por más evidente que para
el científico se presente el resultado de la interpretación de
un tipo ideal, para aceptar esta conclusión como efectiva, se
requiere que la experiencia nos muestre hasta qué grado se ha
logrado esto.
El tipo ideal es el medio por el cual la sociología capta a la
realidad, pero para que el resultado sea positivo, la realidad
debe superar a esos tipos ideales y gracias a eso, se puede llegar
a su propio conocimiento.64
Por tanto, para formar el tipo ideal, no se debe tomar so­
lamente en cuenta los caracteres generales de las conductas
estudiadas, sino lo que se hace es una racionalización utópica,
esto es, de los caracteres antes mencionados, se desecharán
algunos, otros serán modificados, algunos exagerados. Con
esto se forma un concepto que incluya a las conductas estu­
diadas y que sea coherente y racional. El tipo ideal viene a
sustituir a las conductas de donde se originó.
Es importante insistir que una cosa es una labor histórica y
otra una labor sociológica. La primera tiende a estudiar con­
ductas particulares, analiza hechos concretos, por ejemplo, la
vida de una persona o un suceso importante. En cambio, la so­
ciología, como ya se dijo, forma conceptos genéricos y típicos
o ideales. Sobre todo, estos últimos son conceptos abstrac­
tos, que en sí mismos pueden parecer sin un contenido espe­
cífico. Pero esto es así, porque la sociología forma normas
generales del obrar social.66
Por lo antes dicho, podremos comprender qué significa
decir que el tipo ideal se aleja de la realidad, la que está for­
mada por los hechos históricos particulares. Pero gracias al
tipo ideal, es como podemos conocer con precisión el conte­
nido del hecho histórico, comparando la realidad con los tipos
ideales. Por supuesto que un suceso histórico puede ser cata­
logado de diferentes tipos a un mismo tiempo, ejemplo: en
un caso concreto se pueden encontrar caracteres burocráticos
y a la vez carismáticos. Pero sólo por el tipo ideal se puede

59
llegar a expresar algo uniforme. En la realidad un suceso no se
agota en una sola clasificación.
Y volvemos a insistir, la sociología al construir los concep­
tos ideales, no desecha la posibilidad que el sujeto actor sea
también influido por motivos irracionales, incluso puede
construir conceptos ideales basados en motivos irracionales,
por ejemplo: religiosos, emocionales, tradicionales, etc.
Al aplicar el tipo ideal, la sociología reconoce que para el
sujeto, pudo no haberse manifestado con claridad la causa de
su conducta, como en aquellos casos en que se actúa por cos­
tumbre o por instinto, en que el sujeto actor sólo percibe
vagamente el impulso que lo dirige a actuar. Con todo y que
la sociología reconoce que es imposible que una persona actúe
libre de motivos no racionales, no por eso deja de formar sus
conceptos como si la conducta de las personas fuera mera­
mente racional, como si el sentido mentado subjetivo del
sujeto actor tuviera su origen en causas meramente racionales
que éste percibe con toda claridad.
El concepto ideal no es, por tanto, la imagen de conductas
concretas, ni trata de ser una ley universal.
Por más que el concepto típico sea algo ideal, se debe insis­
tir en que está formado tomando en consideración la realidad
misma, a la cual trata de comprender.67
Posteriormente a Weber, y basándose en su teoría del tipo
ideal, Joseph Schumpeter la utilizó magistralmente en el
campo de la sociología económica bajo la denominación de
modelo.68

Tipos ideales de obrar social

Toda conducta tiene un motivo, aunque como hemos dicho


anteriormente, puede suceder que el sujeto actor no lo perci­
ba, o incluso que lo crea equivocado. Weber hace una clasifi­
cación de cuatro diferentes motivos típicos ideales que orien­
tan la conducta de las personas. No quiere decir que todas las
motivaciones de la conducta necesariamente deban estar entre
las que él clasifica, pues esto ni siquiera el mismo Weber lo
acepta; lo que sucede es que esa clasificación trata de abarcar
aquellas motivaciones más comunes. La clasificación de los
tipos ideales de obrar social es la siguiente:69
Conducta racional con arreglo a fines

El que una acción esté motivada racionalmente con arreglo


a fines, quiere decir que el sujeto actor de la conducta en

60
cuestión seleccionó, escogió de varios fines que se presentan a
su acción, uno de ellos, y posterior a su elección, buscó de
entre varios medios, que también se le presentan como posi­
bles, aquel que para él es el más idóneo al fin escogido. El su­
jeto trata de prever las consecuencias de su acción, y además
las acepta, pues con los medios empleados se llegará posible­
mente al fin previsto. Su primer paso antes de actuar, es rela­
cionar el medio y el fin, y del resultado de su elección, pasar
a la acción .70
Puede suceder que el sujeto actor pensando que actúa
correctamente, seleccione medios inadecuados, y además
puede darse el caso que el medio sea contrario al fin, pero
mientras él crea que está actuando correctamente, la acción
debe considerarse como orientada racionalmente con arreglo
a fines. Esto se debe a que la sociología, al partir de la acción
social, está partiendo del sentido mentado subjetivo, esto es,
el investigador para poder comprender una acción social,
debe necesariamente partir del sujeto actor, solamente las
conductas individuales son comprensibles.
Weber enfatiza que la acción racional a la manera del tipo
ideal se utiliza como un recurso metodológico, pero de nin­
guna manera aceptando que en el actuar del individuo pre­
domine lo racional.
A pesar de lo anterior, los sistemas sociales tienden a al­
canzar una racionalización progresiva,7 1 sobre todo, esto es
un rasgo característico de la civilización occidental, es el re­
sultado de la gran división del trabajo, con las diferencias
técnicas que esto implica, tratando de adquirir el mayor pro­
vecho y rendimiento en las diversas actividades humanas. Esto
no quiere decir que el individuo medio desarrolle al máximo
su conducta racional e intelectual, por el contrario, la racio­
nalización ha llevado a la mecanización y esto ha hecho de­
pendiente al individuo de objetos y técnicas que le son total­
mente desconocidos en su aspecto íntimo. El hombre usa el
coche o el tranvía, etc., como parte de su vida externa, pero
qué poco sabe de por qué el coche y el tranvía son, en cuanto
a su aspecto mecánico, medios de locomoción.72

Conducta racional con arreglo a valores

En este caso el sujeto actor es guiado en su conducta por


su creencia en un valor. Este puede ser de diverso contenido:
religioso, político, estético, cultural, etc. El valor en el que
cree el sujeto siempre se le presentará como un deber ser.
Aquí el actor cree en la validez de algo, por tanto su obtención
se le presenta en forma imperativa. Frente a esto, el sujeto

61
buscará racionalmente la forma de obtenerlo, y es esa bús­
queda consciente de los diferentes medios, lo que hace que su
actuar sea catalogado de racional.
Cuando una persona actúa sólo impulsada por sus convic­
ciones, sin pensar cuál podrá ser el posible resultado de su
conducta, ya que aquéllas se le presentan como obligatorias,
estamos frente a una conducta racional con arreglo a valo­
res.73
Esta acción difiere de la primeramente estudiada, en cuanto
que en aquélla el sujeto puede seleccionar a su arbitrio, tanto
los fines como los medios para obtenerlos, en cambio en ésta
el sujeto está vinculado a un fin que se le presenta como obli­
gatorio, fin que no escoge libremente, pues le es impuesto por
sus convicciones, el actor sólo podrá elegir los medios para al­
canzar la finalidad propuesta.
Conducta emocional

Cuando una persona actúa solamente impulsada por sus


sentimientos, estamos frente a una conducta emocional.
Es muy difícil para la sociología llegar a obtener resultados
plenamente satisfactorios en el estudio de este tipo de con­
ductas, pues no siempre se pueden llegar a comprender. Exis­
ten estímulos extraordinarios frente a los cuales las personas
reaccionan en muy diversas formas.
Esta acción se diferencia de la anterior en cuanto que en
aquélla cuando menos los medios son buscados racionalmente,
en cambio en ésta, no lo son ni los fines ni los medios. Pero a
la vez se parecen en cuanto que en ninguna de las dos es selec­
cionada racionalmente la finalidad de actuar.74

Conducta tradicional

Cuando un sujeto actúa impulsado por una costumbre


hondamente arraigada, estamos frente a una acción tradicional.
Como sucede en las acciones emocionalmente dirigidas, la
acción tradicional también es difícil de comprenderse total­
mente, ambas acciones son consideradas por Weber en la
frontera del campo de estudio de la sociología. Aunque en
este caso, el sujeto actor pueda darse cuenta que su actuar es
tradicional y aceptarlo.75
En la acción tradicional se presenta en muchos casos el
problema de poder determinar cuándo se está actuando con
algún sentido y cuándo sólo reactivamente. Esto último es
frecuente en los hábitos cotidianos, a pesar de lo cual son es­
tudiados porque muchas veces se dan en ellos ciertos aspectos
conscientes.7®

62
Los tipos de acciones aquí estudiados, son para Weber los
más importantes, pero por ningún motivo son los únicos.
Como dijimos anteriormente, el investigador puede tomar
diversos índices y de acuerdo con ellos formará otros tipos de
actuar diferentes.
También sucede en la generalidad de los casos que al estu­
diar una conducta en particular, se encuentre el sociólogo
ante caracteres que se pueden catalogar en los distintos casi­
lleros ya estudiados, lo raro sería que una conducta fuese mo­
tivada total y absolutamente por una de las acciones vistas.
A propósito he dejado hasta el final de este inciso para
hacer la aclaración que advertí al estudiar el concepto de
acción, al empezar este capítulo. En aquel lugar criticaba a
algunos autores porque según ellos, Weber excluía del con­
cepto de acción social ciertas acciones, y como posteriormente
vimos que todo lo que queda fuera de la acción social, no
entra en el campo sociológico, esas conductas no serían moti­
vo de estudio de la sociología. Me estoy refiriendo a la elimi­
nación de las acciones inconscientes o subconscientes, acciones
irracionales. Trataré de rebatir a estos críticos empleando
únicamente argumentos derivados de los conceptos vistos.
Primero que nada, debe quedar sentado que puede haber
conductas humanas inconscientes o subconscientes que pueden
tener relevancia social. Por tanto, aunque el sujeto actor no lo
perciba, deben ser estudiadas por la sociología; el científico
puede llegar a conocer esas motivaciones y de esta manera
comprenderlas, siendo esto último la finalidad de la sociología
de Weber: comprender las conductas humanas. Una persona
tiene un sentimiento de odio que reprime, llega a desaparecer
éste de su conciencia, pero más adelante puede presentarse
aunque sea en forma velada o inconsciente. Esta persona podrá
actuar motivada en su conducta por ese sentimiento reprimi­
do, aunque sin darse cuenta de esto, puede pensar que no
existe ese motivo, que es el verdadero de su actuar. Cuando
esta actuación vaya más allá de la persona, entonces deberá
ser motivo de estudio de la sociología.
Esto último es lo adecuado y además no se amputará el
campo de la sociología. En estos casos se puede emplear la
ayuda del psicoanalista para poder comprender las conductas
inconscientes o subconscientes, o motivadas irracionalmente
pero que tienen trascendencia social.
Vimos que dentro de la misma acción humana, Weber acepta
que hay ciertas condiciones psicopáticas que pueden influir
en una persona en su actuar; después agrega que hay acciones
que sólo podrán ser comprendidas por ciertos especialistas.
En esto caben los actos inconscientes e irracionales de tras-

63
cendencia social, que para poder ser comprendidos se requiere,
como dijimos, del psicoanalista.
Posteriormente agrega Weber, en relación con la interpre­
tación de sentido de las acciones sociales, que toda interpreta­
ción debe considerarse como una hipótesis mientras no se
confirme con la realidad. Esto es a consecuencia de que el
motivo en un actuar puede ser reprimido o pretextado. El
actor puede no darse cuenta de la verdadera causa de su
conducta.
Después, en el tipo ideal, Weber acepta que en las conduc­
tas siempre intervienen factores irracionales, y la sociología
deberá precisar qué tanta influencia ejercen éstos sobre la
conducta de las personas.
Cuando hablamos de las conductas emocionales, se dijo que
el sujeto actor puede conducirse tratando de desahogar un
estado emocional.
Vimos también al interpretar el sentido del actuar, cómo
por medio de la simple comprensión se trata de entender ac­
tuares racionales, y que por medio de la empatia se trata de
entender actuares motivados irracionalmente.77
Se trató de precisar por medio de la conexión de sentido,
la relación entre el actuar externo y la motivación provocado­
ra.78
La ayuda de la psicología, como psicología comprensiva
—verstehende psychologie—, se dirige sobre todo a los facto­
res irracionales del actuar.79
Con lo anterior creemos que quedó superada la crítica que
se le hace a Weber de limitar su sociología a actuares mera­
mente conscientes y racionales.
¿Qué hubiera pasado si él hubiese podido revisar sus concep­
tos fundamentales en Econom ia y sociedad ? Probablemente
hubiera suprimido esa aparente contradicción, enfatizando
expresamente en su concepto de acción, aquellas conductas
inconscientes o subconscientes de trascendencia social que
son motivo de estudio de la sociología, porque son conductas
que tienen un sentido comprensible.

Los fenómenos naturales y la sociología

El que la sociología pertenezca al mundo cultural, no quiere


decir que no se relacione con los fenómenos naturales. Podrá
suceder que éstos puedan, en un momento dado, ejercer al­
guna influencia sobre las personas y entonces la sociología los
debe mencionar.
Como ejemplo de lo antes dicho, podemos ver lo siguiente:

64
a) Los nacimientos, las enfermedades, la muerte. Estos
fenómenos pueden presentarse como causas que motivan a la
conducta humana.
b) Los fenómenos naturales que rodean al hombre for­
mando el medio ambiente, condicionan y posibilitan las acti­
vidades productivas de las sociedades.80
El medio ambiente puede presentarse como un estimulo o
como un obstáculo en la actividad de las personas.
Aunque como ya se dijo en el primer capítulo, los fenó­
menos naturales tienen otro método de estudio porque carecen
de sentido.
Estos fenómenos únicamente se tomarán en cuenta cuando
puedan ser de interés para la motivación de la conducta hu­
mana, y allí podemos incluir tanto a los fenómenos biológicos,
como los físicos o los zoológicos, etc. Pero insistimos que
nunca se podrá encontrar un sentido del actuar en este cam­
po.81
No es lo mismo un objeto natural que una cosa inanimada.
Estas últimas abarcan un campo mucho mayor que los prime­
ros, pues en ellas se incluye todo lo producido por el hombre.
A éstas se les puede tratar de encontrar algún sentido, el que
la persona puso en su creación, o el fin para el que las va a
emplear.

Sociología individualista

La sociología, dijimos, es: “la ciencia que pretende interpre­


tar la acción social. . . etc.” La acción social es la conducta de
una persona dirigida hacia otra. Por lo anterior saca Weber en
conclusión que la sociología comprensiva que él postula,
tiene que ser individualista en cuanto que solamente la perso­
na humana tiene conciencia, solamente ella es capaz de pro­
ducir la acción social. El sentido mentado subjetivo únicamente
se da en las personas en particular. Es por lo que, al hablar de
colectividades humanas, la sociología las estudia a través de los
miembros que la forman, de las personas en particular. Por­
que sólo éstas son capaces de realizar la acción social y ésta,
en última instancia, es el pilar fundamental del pensamiento
de Weber. La sociología únicamente debe recoger las conduc­
tas individuales, sólo a éstas se les puede comprender, encon­
trar un sentido.82
Cualquier agrupación es incapaz por ella misma, de tener
conciencia de su actuar; lo mismo se puede decir esto de las
células biológicas, que de las asociaciones, es por eso que sólo
las colectividades humanas en cuanto que están formadas de
personas conscientes, interesan a la sociología.83

65
Por lo que las personas morales que el derecho crea con
fines prácticos, interesarán a la sociología, en cuanto que
están configuradas por personas individuales, pero nunca en
el mismo sentido que en el campo jurídico son consideradas.84
Las sociedades, el Estado o cualquier agrupación, interesan
a la sociología por los elementos que los forman, pero no en
sí mismos, esto es, sólo por el hecho de ser un conjunto de
personas que realizan una acción social caen en el campo
sociológico.
Cualquier concepto para ser comprendido, requiere ser visto
en cuanto a una comunidad de conductas individuales.85
La sociología de Weber tiene su entronque en la corriente
liberal de la ilustración. Su concepto de acción social hace del
individuo la unidad de la que parte y se estructura todo su
sistema, es por ello que refuta la tradición idealista de Hegel,
que tanta influencia había tenido sobre la cultura alemana.
Otra pregunta que nos podemos hacer, es el considerar si es
posible hablar de una comprensión en la conducta de los
animales. A esto Weber contesta diciendo que aunque en
apariencia hay algunos que al parecer comprenden ciertas
manifestaciones de las personas, como actos de cariño, rega­
ños, etc., no es posible con los medios de trabajo que se tienen,
poder llegar a controlar y conocer la mente de los animales.
Cuando hay que hacer un estudio sobre éstos, sólo se logra
con analogías humanas.87

Notas

* Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., 1964, pág. VIII. Weber, Max:
Basic Concepts in Sociology, op. cit., pág. 13.
7 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 3.
3 Aron, Rayraond: op. cit., pág. 114. Kelsen, Hans: Teoría General del Esta­
do, —traducción de Luis Legaz Lacambra. Editorial Nacional. México, 1959, pág.
387. Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 221. Von Wiese,
Leopoldo: Sociología Histórica y Principales Problemas, —traducción de Jasmin
Reuter—. Editorial América. México, 1957, pág. 189. Weber, Max: Economía y
Sociedad, op. cit., pág. 4.
Bames E., Harry, y Becker, Howard: op. cit., pág. 101. Menzel, Adolfo: op.
cit., pág. 93. Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 4.
Ayala, Francisco: Tratado de Sociología. Editorial Aguilar. Madrid, 1959,
pág. 20. Dourado de G usm io, Paulo: op. cit., pág. 144. Gurvitch, George: Ele­
mentos de Sociología Jurídica, —traducción del Lie. José M. Cajica, Sr. Editorial
José M. Cajica. Publicaciones de la Universidad de Puebla, Puebla. México, 1948,
pág. 30. Kelsen, Hans: op. cit., pág. 487. Rumney, Jay., y Maier, J.: Sociología.
La Ciencia de la Sociedad, —traducción de Eduardo Loedel. Editorial Paidós.
Buenos Aires, 1961, pág. 219. Von Wiese, Leopoldo: op. c it, pág. 191.

66
® Recaséns Siches, Luis: Exposición y Crítica de la Historia del Obrar Social y
de su Comprensión según Max Weber. Revista Mexicana de Sociología. Publicada
por el Instituto de Investigaciones Sociales de la U.N.A.M. México, 1946, Año
VIII. Vol. VIH, Núm. 1, pág. 61.
"j Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. cit., pág. 20.
8 Kaufmann, Félix: op. cit., pág. 267.
Agramonte, Roberto: Sociología, Tomo II. Editado por Cultural, S. A. La
Habana, Cuba, 1947, pág. 200. Timasheff, Nicolás: A n Introduction to the Socio
togy o f Law. Cambridge, Harvard University, L. S. A. 1939, pág. 138.
u Simpson, George: op. cit., pág. 112.
11 Cuviller, Armond: op. cit., pág. 146. Ginsberg, Morris: Sociology. Thornton
Gutterworth, L.T.D. London, 1934, págs. 10 a 12.
j2 Dourado de Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 144.
8 Simpson, George: op. cit., pág. 113.
;4 Freund, Julien: op. cit., pág. 43. Hughes Stuart: op. cit., pág. 311.
® Freund, Julien: op. cit., pág. 84.
Agramonte, Roberto: Estudios de Sociología Contemporánea, op. c it, pág.
121. Rumney, Jay, y Maier, J.: op. c it, pág. 6.
' Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. cit., pág. 6.
8 Loo mis, Charles P., and Loomis, Zona K.: M odem Social Theories. D. Van
Nostrand Co. Inc. New York, U.S.A., 1961, pág. 29.
^ Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 221.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 12.
Aron, Raymond: op. cit., pág. 91.
2 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 9.
Aron, Raymond: op. cit., pág. 92.
_ Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 9.
5 Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. c it , pág. 216. Dourado de
Gusm áo, Paulo: op. cit., pág. 145.
2® Freund, Julier: op. cit., págs. 106 y ss.
2 Kaufmann, Félix: op. cit., pág. 293.
8 Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 221.
Aron, Raymond: op. c it, pág. 90.
Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 224.
* Aron, Raymond: op. c it, pág. 93.
2 Idem. pág. 96.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. cit., pág. 17.
Recaséns Siches, Luis: Revista ciutada, pág. 73. Freund, Julien: op. c it,
pág.105.
* Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. c it, pág. 224.
Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 216. Menzel,
Adolfo: op. cit., pág. 66. Greenwood, Ernest: Sociología Experimental —traduc­
ción de José Medina Echavarría. Fondo de Cultura Económica. México, 1961,
pág. 114. Dourado de Gusmao, Paulo: op. cit., pág. 146. Becker, Howard, and
Boskoff, Alvin: Modem Sociological Theory. Holt Rinehart and Winston Inc.,
U.S,A., pág. 673.
Weber, Max: The Protestant Ethic and the Spirit ofCapitalism. The Scribner
Library. New York, 1958, pág. IX.
38
Aron, Raymond: op. c it, págs. 107 y ss. Agramonte, Roberto: Estudios de
Sociología Contemporánea, op. c it, pág. 128. Gerth, Hans H., y Mills, Wright C.:
op. g t., págs. 73 y ss. Medina Echavarría, José: op. cit., pág. 186.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. c it, 1964, pág. 303.
° Idem, pág. 46.
* Freund, Julien: op. cit., pág. 146.
2 Idem, pág. 140.
Orgaz, Raúl A.: op. c it, pág. 163. Parsons Talcott: Essays in Sicological

67
Theory. The Free Press. Illinois, U.S.A., 1954, págs. 26 y ss. Mannheim, Karl:
Bssays on Sociology and Social Psychology. Oxford University Press. England,
1953, pág. 218. Sprott, W. J. H.: Introducción a la Sociología, —traducción de
Florentino M. Tomer. Fondo de Cultura Económica. México, 1964, pág. 185.
JasjJCTs, Karl: op. c it, pág. 239.
Weber, Max: La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo, op. cit.,
pág.45.
Bierstedt, Robert: The Social Order, McGraw-Hill Book Co. Inc. Londres,
1957, págs. 524, 952 y ss. Ganón, Isaac: Resumen de Sociología General Volu­
men 2, Biblioteca de Publicaciones Oficiales de la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales de la Universidad de Montevideo, See. III-LXIV. Montevideo, 1952, pág.
599. Hagen, Everett E.: On the Theory o f Social Change. The Darsey Press Inc.
Homewood, Illinois, U. S. A., 1962, pág. 16. Maciver, Robert, and Page, Charles
H.: Sociología —traducción de José Cazoiia Pérez. Editorial Tecnos, S.A. Madrid
1960, págs. 608 y ss. Sorokin, Pitrim A.: Sociedad, Cultura y Personalidad —tra­
ducción de Aníbal del Campo. Editorial Aguilar. Madrid, 1962, pág. 45.
Aron, Raymond: op. cit., pág. 93.
47 H uríes, Stuart: op. cit., pág. 306.
48
Freund, Julien: op. cit., pág. 66.
49 Weber, Max: E conom ía y Sociedad, op. cit., pág. 10. Timasheff, Nicolás:
La Teoría Sociológica, op. cit., págs. 219 y ss.
0 Weber, Max: Ibidem.
, * Aron, Raymond: op. cit., pág. 94.
Rumney, Jay., y Maier, J.: op. cit., pág. 219. Menzel, Adolfo: op. c it, pág.
122
3 3 Ayala, Francisco: Tratado de Sociología, op. cit., pág. 202.
54
’ Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 223.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 9. Ayala, Francisco: Tradado de
Sociología, op. cit., pág. 199. Bodenheimer, Edgar: Teoría del Derecho, —traduc­
ción de Vicente Herrero. Fondo de Cultura Económica. México, 1964, pág. 366.
Simpson, Geoige: op. cit., pág. 114.
55 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 19. Timasheff, Nicolás:
La Teoría Sociológica, op. c it, pág. 216. Bogardus, Emory S.: op. cit., pág. 563.
Dourado de Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 146. Menzel, Adolfo: op. c it, pág. 66.
Weber inicia el uso del tipo ideal en 1904 cuando está trabajando sobre los
problemas metodológicos de las ciencias sociales. —Lachmann: op. cit., pág. 3.
56 Bemard, L L.: The Fieldsand Methods o f Sociology. Ray Long S. Richard
R. Smith Inc. New York, 1934, págs. 25 y 26. Germaní, Gino: op. cit., págs. 27 y
41. Orgaz. Raúl A.: op. cit., pág. 146.
57 Kaufmann, Félix: op. cit., pág. 34.
^ Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 225. Dourado de
Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 143, Rumney, ja y , and Maier, Joseph: Sociology
the Science o f Society, Henry Shuman. New York, 1953, págs. 34 y 35. Jaspers,
Karl: op. cit., pág. 240.
Weber, Max: The Protestan Ethic and the Spirit o f Capitalism, op. cit., pág.
56.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., págs. 57 y ss.
Schoch, Magdalena M.: The Jurisprudence o f Interests. 20th Century Legal
Philosophy Series. Vol. II, Harvard University Press. Massachusetts. U.S.A. 1958,
pág. 150.
62 Bames, E. Harry, y Becker, Howard: op. cit., pág. 102.
63 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 6. BIau, P. M.: La Buro­
cracia en la Sociedad Moderna. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1962, pág. 33.
Maquet. Jacques S.: op. cit., pág. 9. Timasheff, Nicolás: A n Introduction to the
Sociology o f Law, op. cit., pág. 40. Bodenheimer, Edgard: op. cit., pág. 31.
6^ Simpson, Gcorge: op. cit., pág. 112.

68
65 Aron, Raymond: op. cit., pág. 87. Menzel, Adolfo: op. cit., pág. 43.
88 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 18.
87 Aron, Raymond: op. cit., pág. 87. Gerth, Hans H., y Mills, Wright C.: op.
cit., pág. 59.
88 Hugues, Stuart: op. cit., pág. 314.
^ Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 226. Becker,
Howard, and Boskoff, Alvin: op. cit., pág. 27. Aron, Raymond: op. cit., pág. 115.
Cuviller, Armond: op. cit., pág. 146. Gerth, Hans H., y Mills, Wright C.: op. cit.,
pág. 56. Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 23.
^ Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 261.
7* Parsons, Talcott y Smelser J. Neil: Econom y and Society. The Free Press.
New York, 1965, pág. 291.
72 Freund, Julien: op. cit., pág. 21.
78 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 24.
Ibidem.
75 ,
Loomis, Charles P., and Loomis, Zona K.: op. cit., pag. 425.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 23.
77 Agramonte, Roberto: Estudios de Sociología Contemporánea, op. cit., pág.
122.
78 Dourado de Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 145.
79
Bames, Harry E.: op. cit., pág. 114.
80
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 7-11.
81
Aron, Raymond: op. cit., pág. 115.
82
Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 228. Agramonte,
Roberto: Estudios de Sociología Contemporánea, op. cit., pág. 131. Sprott, W. J.
H.: op. cit., págs. 11 a 12. Timasheff, Nicolás: Sociology Theory: its nature and
growth, op. c it , pág. 182. Jaspers, Karl: op. cit., pág. 244.
88 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 13. Gerth, Hans H., y
Mills, Wright C.: op. cit., pág. 55. Kelsen, Hans: op. cit., pág. 487. Simpson, George:
op. cit., pág. 112.
8^ Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 228.
8S Freund, Julien: op. cit., pág. 101.
88 Gerth, Hans, y Mills, Wright C.: op. cit., pág. 65.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 14 a 16.

69
Hclenc fallenstein Weber, con quien Max Weber mantuvo una muy fuerte depen­
dencia emocional toda su vida.
Capítulo segundo

Relaciones sociales

Relación social—De lucha—De competencia—De selección.—


Biológica—SociaL—De comunidad.- De sociedad —Relacio­
nes sociales abiertas—Relaciones sociales cerradas —Relación
social de solidaridad—Relación social de representación.—
Relación social de asociación —La acción para la asociación.—
La acción de la asociación.—Asociaciones autónomas.—Aso­
ciaciones heteronomas.—Asociaciones autocéfalas—Asocia­
ciones heterocéfalas-Asociación territorial.-Constitución-
Empresa.—Asociación de empresa—Unión.—Instituto F.—
Relación social de poder—Relación social de dominación—
Tipos ideales de dominación legítima—Dominación tradicio­
nal—Dominación carismática—Dominación racional —Rela­
ción social de disciplina.—Asociación de dominación —Aso-
ción política—Estado —Asociación hierocrática—Iglesia.

Relación social

Max Weber no se detiene en el estudio de la acción social,


sino que va más allá, la sociología llega al campo de la llamada
relación social.
Esta última es: una conducta plural, que en cuanto a su
sentido, se presenta como recíprocamente referida, orientán­
dose por esa reciprocidad. 1
Para que hubiera acción social, bastaba que una persona
encauzara su conducta hacia otra, tratando de producir con
su actuar un efecto en el sujeto a quien se dirige, en cambio,
para que se constituya la relación social, eso no basta, sino
que es necesario que el sujeto a quien se dirige el actuar, con­
teste orientando su respuesta por aquella conducta.
Cuando exista la probabilidad de que se actuará en esa
forma, se está frente a la relación social. Por supuesto que no
debe importar al científico cuál sea la base en la que descansa

71
esa probabilidad, pues basta que esto exista para que la socio­
logía la recoja.2
Asimismo, tampoco debe interesar al sociólogo cuál pueda
ser el contenido de las conductas referidas en la relación social.
Y no sólo eso, sino que no se requiere que el sentido de ambas
conductas sea dirigido con carácter recíproco por cada una de
las partes. Cuando no hay esa reciprocidad, se considerará a la
relación social como objetivamente unilateral, claro está que
las conductas aun en este caso, deben estar mutuamente refe­
ridas, lo que pasa es que no tienen el mismo sentido en su de­
sarrollo. Cuando éste es recíproco, esto es, cuando las con­
ductas se desarrollan en el mismo sentido, entonces se debe
considerar a la acción social como objetivamente bilateral,3
Esto se puede ejemplificar de la siguiente manera: Una
persona tiene un sentimiento de amor hacia otra, la cual le
corresponde en igual forma. Esta relación social es llamada
objetivamente bilateral. En este caso hay una reciprocidad
total, pero no siempre es así, pues supongamos que de un lado
hay amor y por el otro únicamente estimación. Puede suceder
también que la respuesta sea en sentido contrario, cuando al
enamorado se le contesta con indiferencia o con odio. En
estos casos estamos frente a una relación objetivamente uni­
lateral.
La relación social también puede estudiarse tomando en
cuenta su duración. Puede ser una relación social presente,
cuando sus efectos no se prolongan en el tiempo, puede ser
presente y futura cuando sus efectos se producen también en
el futuro. Para juzgar esto último se debe ver la probabilidad
de que las personas continúen orientando su conducta con
reciprocidad.4
Lo anterior se da en todas las relaciones sociales y debemos
tomarlo en cuenta, así por ejemplo, cuando hablamos de la
ley nos referimos al reconocimiento que se le hace por haber
sido creada por el poder legislativo, lo que significa que se re­
conoce la existencia de determinadas probabilidades, de que
las personas afectadas orientarán su conducta en el presente y
en el futuro de acuerdo con la norma jurídica.
La relación social puede ir variando su sentido. El enamo­
rado rechazado en un principio puede posteriormente ser
aceptado, y en ambos casos estamos ante una misma relación
social, con los mismos actores, aunque varíe el sentido de su
contenido.5
Puede suceder que desde su origen los sujetos actores pacten
cuál va a ser el sentido de la relación social en que intervienen
y basándose en eso, así orientarán su conducta. En este caso,
la acción se desarrolla en un principio racionalmente con

72
arreglo a fines, pues los sujetos actores se conducen tomando
en cuenta una conducta conocida con anterioridad a su desa­
rrollo. A la vez puede ser esta conducta, racional con arreglo
a valores, pues los sujetos no sólo actúan ante la expectativa
del cumplimiento de la promesa de los demás compañeros,
sino que en ellos también influye su promesa empeñada, que
se les presenta como un deber ser.
Insistimos, en que la relación social solamente consiste —y
aquí' incluimos a los grupos sociales—, en la probabilidad de
referirse mutuamente en su actuar varios sujetos. Es impor­
tante destacar esto último para evitar eí crear una concepción
sustancialista de los grupos sociales. Estos grupos sociológi­
camente dejan de existir cuando desaparece esa referencia
mutua en cuanto al actuar.6
Weber hace una clasificación dentro de sus conceptos fun­
damentales, de las principales relaciones sociales.
Con referencia a esto, dice: “La penosa definición de estos
hechos aparentemente inútiles, es un ejemplo de que preci­
samente lo evidente por sí mismo es aquello —por intuitiva­
mente vivido—, que menos suele ser pensado.”7
A continuación vamos a estudiar dicha clasificación:

De lucha

Sociológicamente debe entenderse por lucha, aquella con­


ducta en la que el sujeto actor tiende a imponer su propia vo­
luntad, aun en contra de la voluntad de las personas a las que
dirige su actuar.8
En este caso la persona podrá emplear medios pacíficos o
violentos para conseguir su finalidad.

De competencia

Esta relación es una forma pacífica de lucha en la que se


tiende por medio del actuar: “a adquirir formalmente un
poder de disposición propio sobre probabilidades deseadas
también por otros”.9
La competencia puede estar o no regulada según se orienten
sus fines y medios por un orden determinado —ej.: compe­
tencia regulada, el juego; competencia no regulada, los favores
de una dama.

De selección

Es la lucha —latente— por obtener las probabilidades exis­


tentes de vida, y de supervivencia de los caracteres hereditarios.

73
Aquí la acción no va dirigida concretamente contra otras
personas, es su actuar en general.
a) Cuando la selección se da por las probabilidades existen­
tes es de vida, se llama selección social.
b) Cuando la selección se da por las probabilidades exis­
tentes de supervivencia de los caracteres hereditarios, es la
selección biológica.
Toda selección y, por tanto, toda lucha, provoca la distin­
ción de aquellas personas que llenan las condiciones que en
cuanto a individuos se les señalan en el campo que abarca
dicha lucha. Esto último se da aun a pesar de la intervención
del azar.
Estas condiciones personales son muy variadas, según la
particular relación social en la que se den, por ejemplo: la fuer­
za física, la falta de escrúpulos, la habilidad mental, la técnica
demagógica, la lealtad, etc.10
Pero no toda selección social es una lucha en la aceptación
sociológica de la palabra. Por selección social debemos enten­
der que: “determinados tipos de conducta y eventualmente
de cualidades personales, tienen un mayor número de proba­
bilidades de ingresar a una relación social concreta”. 11
De hecho, la selección es eterna, tanto la social como la
biológica; podrá variar la forma como se desarrolle, pero
siempre de hecho existe.

De comunidad

Esta relación se da cuando la acción social está inspirada en


un sentimiento subjetivo de los sujetos actores, consistente
en estimar que constituyen un todo.
Es importante destacar que no son cualidades comunes a
determinadas personas lo que forma la comunidad, sino que
se requiere ese sentimiento de pertenecer a ella, y es éste, el
que motiva al sujeto a actuar refiriéndose a los demás miem­
bros de la comunidad. Se ha llegado a clasificar como comu­
nidad a grupos que se caracterizan por hablar un mismo len­
guaje, el cual es derivado de una tradición homogénea de
familia y vecindad. Ahora bien, el lenguaje facilita la com­
prensión recíproca, fomenta las relaciones sociales, pero esa
comunidad de lenguaje no implica en estricto sentido una
comunidad de acuerdo con el concepto sociológico. El len­
guaje no da un contenido de sentido a las relaciones sociales y
es sólo hasta cuando los sujetos conscientemente se dan cuenta
del contraste frente a terceros, cuando se va engendrando un
sentimiento de homogeneidad, una comunidad lingüística,
pero anterior a ella, está la comunidad.12

74
De sociedad

Esta relación social se da cuando la acción social está inspi­


rada racionalmente, encauzándose los partícipes por el interés
a integrar un grupo.
En su gran mayoría, las relaciones sociales están impregna­
das de los caracteres de la comunidad y de la sociedad, gene­
ralmente lo que sucede es que aunque en su nacimiento pueden
darse en estado de pureza, posteriormente se mixtifican.
Los conceptos anteriores de comunidad y sociedad, no de­
bemos contraponerlos al concepto de lucha, pues indepen­
dientemente de que tanto dentro de la comunidad como de la
sociedad se da la selección social y biológica, también encon­
tramos verdaderas relaciones de lucha dentro de ellas.

Relaciones sociales abiertas

Esta relación que se da tanto dentro de las comunidades,


como de las sociedades, aparece cuando cualquier persona
que desee ingresar a la relación, puede hacerlo, en virtud de que
no existe ningún ordenamiento que impida su ingreso.

Relaciones sociales cerradas

Esta relación que también se da, tanto dentro de las comu­


nidades como de las sociedades, aparece cuando la posible
participación de las personas en una relación particular está
regulada por un ordenamiento de la propia relación, el que
excluye o limita la participación de los interesados en ella.13
El que una relación sea abierta o cerrada, depende de las
diferentes motivaciones de los sujetos actores, pero su tránsito
es fluido.14

Relación social de solidaridad

Esta relación se da cuando de acuerdo con el orden parti­


cular que rige la relación —estatuido o tradicional—, se señala
que el actuar de cualesquiera de los miembros de la relación
se imputa a todos los demás.

Relación social de representación

Esta relación aparece cuando de acuerdo con el orden par­


ticular que la rige —estatuido o tradicional— el actuar de un
miembro determinado de la relación, se imputa a todos los
demás.15

75
Relación social de asociación

Esta relación se da cuando el actuar de los sujetos partíci­


pes de ella se encuentra regulado, limitado. La garantía de ese
orden se encuentra representada por un grupo de personas
cuyo actuar está dirigido al cumplimiento del orden que rige
la relación social, es el cuadro administrativo. Este último es
el que da la categoría de asociación a la relación social. Es por
eso que este fenómeno sociológico puede encontrarse tanto
dentro de una comunidad, como de una sociedad. Pero úni­
camente cuando éste presente el cuadro administrativo, esta­
mos frente a una asociación, si no hay la probabilidad de su
existencia, estaremos frente a una relación social que no es
asociación.
Dentro de la asociación se pueden distinguir dos tipos de
actuar:
а) El que realizan los miembros del cuadro administrativo,
tendiente a cumplir el orden de la asociación.
б) El que realizan todos los demás partícipes de la relación
social, dirigidos en su actuar por las ordenanzas del cuadro
administrativo.16
En relación con la asociación, se pueden dar tres tipos de
acciones:

La acción para la asociación. Esta acción se da, cuando


además de la acción del cuadro administrativo o bajo la direc­
ción de éste, se desarrolla típicamente una acción de los
miembros de la relación social, orientando su conducta con­
cretamente por el orden de la asociación, esto es, tratando de
garantizar la realización de ese orden.
La acción regulada por la asociación. Esta acción se da,
cuando se desarrolla la conducta de los miembros de la rela­
ción social que configura la asociación orientándose por
normas específicas que el orden vigente de la asociación con­
tiene para los miembros de ella.
La acción de la asociación. Esta acción sólo se da, por
el actuar del cuadro administrativo mismo, y además, cual­
quiera otra que, aunque podamos considerarla para la asocia­
ción, esté dirigida y plenamente planeada por el cuadro ad­
ministrativo. 16bis

Asociaciones autónomas

Se debe considerar a una asociación como autónoma cuando


el orden que la rige está otorgado, impuesto, por los miembros
de dicha asociación.

76
Asociaciones heterónomas

Se debe considerar a una asociación como heterónoma


cuando el orden que la rige está otorgado, impuesto, por al­
guien que se encuentra fuera de la asociación.

Asociaciones autocéfalas

Se debe considerar a una asociación como autocéfala cuando


quien la dirige ocupa ese puesto como resultado de haber sido
designado por el propio orden de la asociación.

Asociaciones heterocéfalas

Se considera a una asociación como heterocéfala cuando


quien la dirige ocupa ese puesto como resultado de haber sido
designado por alguien ajeno, externo, al propio orden de la
asociación.
Una asociación heterocéfala puede ser autónoma y una
asociación autocéfala, puede ser heterónoma, y viceversa,
una asociación heterocéfala puede ser heterónoma y una
asociación autocéfala puede ser autónoma.17
Asociación territorial

La asociación territorial se da cuando sus ordenaciones


tienen fundamentalmente validez territorial.

Constitución

Se debe entender aquel orden que bajo ciertas condiciones


obliga a los partícipes de una relación social, a someterse al
dirigente, contando éste con el cuadro administrativo y con la
acción de la asociación para el caso de que disponga algo, o
que trate de imponer sus ordenamientos.

Empresa

Por relación social de empresa debemos entender aquella


relación social en la que los miembros partícipes de la misma
dirigen su actuar hacia ciertos fines en forma continua.

Asociación de empresa

Por este título debemos entender: “una asociación con un

77
cuadro administrativo orientado permanentemente en la pro­
secución de ciertos fines específicos”.

Unión
Por unión se entiende: “una asociación de empresa cuyas
ordenaciones estatuidas, sólo pretenden validez para los que
son sus miembros por libre decisión”.18

Instituto

Por instituto debe entenderse una asociación cuyas orde­


naciones estatuidas han sido “otorgadas” y rigen de hecho
—relativamente—, con respecto a toda acción que con deter­
minadas características tenga lugar en el ámbito de su poder.
Tanto la unión como el instituto son asociaciones cuyos
ordenamientos son estatuidos racionalmente.

Relación social de poder

Esta relación se da cuando existe la “probabilidad de im­


poner la propia voluntad dentro de una relación social, aun
en contra de toda resistencia”. En este caso, sociológicamente
no debe importarnos en qué puede estar fundada esa probabi­
lidad.19

Relación social de dominación

Esta relación social se da cuando existe la “probabilidad


de encontrar obediencia a un mandato de determinado con­
tenido entre personas dadas”.20

Tipos ideales de dominación legitima

De la relación social de dominación, Max Weber elabora la


clasificación tripartita de los tipos ideales de dominación
legítima:
Esta clasificación es el resultado del estudio de las diferen­
tes formas como en la historia se han presentado los diversos
tipos de dominación legítima. En relación con esta clasifica­
ción dice Von Wiese que podemos considerarla también apli­
cable a la dominación ilegítima.22
Dominación tradicional. Se da como resultado de que
las personas dirigen sus creencias y su actuar por la tradición,
por el eterno ayer.

78
Dominación carismática. Se da cuando las personas obe­
decen las disposiciones de un líder carismático.23El es­
tudio que hace Weber sobre la autoridad carismática, es con­
siderado como el mejor estudio que sobre este tema se ha
hecho.24 Weber tomó esta palabra de Rudolf Sohm y aunque
literalmente significa donativo de gracia, de hecho viene a
caracterizar a ciertas personas que destacan socialmente, no
por sus conocimientos o preparación, sino por su arraigo en
las multitudes. Se les sigue porque se cree en ellas, por su ex­
traordinaria personalidad, sus seguidores tienen una absoluta
devoción y confianza personal en él.25
Dominación racional. Es aquel actuar que se realiza ra­
cionalmente con arreglo a fines. Se actúa en cierta forma
porque se considera que es útil a la sociedad.26 En este caso
el dominio se basa en la creencia de la legalidad del orden
imperante.27
Como se dijo al estudiar los tipos ideales, de hecho en la
realidad éstos no se dan en estado de pureza, sino que puede
una relación de dominio tener características de los tres tipos,
pero predominando alguno de ellos. Estos tipos de domina­
ción los ampliaremos en la cuarta parte de este libro.

Relación social de disciplina

Por este tipo de relación social se entiende: “la probabili­


dad de encontrar obediencia para un mandato por parte de
un conjunto de personas que en virtud de actitudes arraigadas
sea pronta, simple y automática. . . debe ser una obediencia
sin resistencia ni crítica”.28

Asociación de dominación

Es aquella en la que los partícipes de la relación social están


sometidos a relaciones de dominación en virtud del orden
vigente.
Asociación política

Esta se da: “cuando y en la medida en que la existencia y


validez de sus ordenaciones, dentro de un ámbito geográfico
determinado, están garantizados de un modo continuo por la
amenaza y aplicación de la fuerza física, por parte de su
cuadro administrativo”.29

79
Estado

Por Estado debemos entender sociológicamente hablando:


“un instituto político de actividad continuada, cuando y en
la medida en que su cuadro administrativo mantenga, con
éxito, la pretensión del monopolio legitimo de la coacción
física para el mantenimiento del orden vigente”.30
En la definición dada anteriormente, encontramos que lo
característico del Estado, es el monopolio de la fuerza física.
Sólo destacando ese carácter podemos definir sociológica­
mente al Estado, y no en función de sus fines.31
Por tanto, debemos entender como actividad política,
aquella que se dirige a obtener el poder o a influir en su dis­
tribución.
Es importante destacar que la coacción física de que dis­
ponen las asociaciones políticas, no es la única forma de
presión que emplean en sus funciones, pero sí tienen como
última ratio la facultad de usarla cuando las otras formas
fracasan.
Tampoco debemos confundir las acciones políticamente
orientadas, como son aquellas que realizan los miembros de
partidos, clubes, etc., tendientes a influir en forma pacífica
en la acción política de la asociación política, de la que de
hecho se deriva la única y auténtica acción política.32
Resumiendo en relación con el Estado, nos dice Weber que
éste se caracteriza formalmente por ser: “un orden jurídico y
administrativo cuyos preceptos pueden variarse, por el que se
orienta la ‘acción de la asociación’, del cuadro administrativo
—a su vez regulada por preceptos estatuidos— y el cual pre­
tende validez, no sólo frente a los miembros de la asociación
que pertenecen a ella esencialmente por nacimiento, sino
también respecto a toda acción ejecutada en el territorio a
que se extiende su dominación, o sea en cuanto que es un
instituto territorial”.33
También el Estado será motivo de estudio en la cuarta parte
de este libro.

Asociación hierocrática

Debemos entender a aquella asociación de dominación que


emplea como garantía del cumplimiento de su orden, la coac­
ción psíquica.

80
Iglesia

Por iglesia, sociológicamente hablando, debe entenderse:


“un instituto hierocrático de actividad continuada, cuando y
en la medida en que su cuadro administrativo mantiene la
pretensión al monopolio legítimo de la coacción hierocrática”.
La iglesia se distingue de las sectas, en cuanto que por ser
un instituto, se nace dentro de ella, en cambio las sectas son
uniones que sólo reciben personalmente a los religiosos
calificados.

Notas

* Weber, Max: Economía y Sociedad, op. ciu, pág. 21. Aron, Raymond: op.
cit.,J>ág. 116. Sprott, W. J. H.: op. cit., pág. 20.
* Kauftnann, Félix: op. cit., págs. 268 y ss.
■j Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. c it, págs. 25-26.
4 Idem.
5 Weber, Marx: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 25-26.
®Kelsen, Hans: op. cit., -ag. 488.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. cit., pág. 45.
® Weber, Max: The Sociology o f Religión, —translated by Ephraim Fischoff.
Beacon Press. Boston, 1963, pág. 85.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. c it, pág. 37.
0 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. c it, pág. 86.
11 Idem.
j 2 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 41.
4 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. c it , págs. 97 a 102.
4 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 44.
*S Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. c it , págs. 103 a 105.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 48 y ss.
16bis Idem.
27 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. c it , págs. 110 a 112.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 51 y ss.
19 Loomis, Charles P., and Loomis, Zona K.: op. cit., pág. 293. Cuviller, Ar-
mond: op. cit., pág. 147. Chinoy, Ely: Society: an Introduction to Sociology.
Random House. New York, pág. 246.
20 Ayala, Francisco: Tratando de Sociología, op. cit., pág. 201. Von Wiese,
Leopoldo: Sistema de Sociología General, —traducción de Diego A. de Santülán.
Tomo i, Editorial Cajica, Puebla, México, 1959, pág. 397.
Menzel, Adolfo: op. cit., págs. 166 y 197. Ayala, Francisco: Tratando de
Sociología, op. cit., pág. 202. Runciman, W. G.: op. cit., pág. 56.
Von Wiese, Leopoldo: Sistema de Sociología General, op. c it, págs. 552 y
ss.
d Ganón, Isaac: op. cit., pág. 416. Runciman, W. G.: op. c it, pág. 58, Sprott,
W. y L , op. c it , pág. 185.
Emmet, Dorothy: Eunction, Purpose and poivers. MacMillan E. Coltd,
Lorjdon, 1958, págs. 232. y ss.
Weber, Max: La política como Vocación, op. c it, pág. 345. Gerth, Hans H.,
y Mills, Wright C.: op. cit., págs. 51 y ss. Macibrt, T. M., y Page, Charles H.: op.

81
c it , págs. 155. Me. Clung. Alfred: Principies o f Sociology. Bames S. Noble Inc.
New York, 1953, pág. 324. Menzel, Adolfo: op. c it, pág. 141. Timasheff, Nicolás:
A n Introductkm to the Sociology, op. cit., pág. 205.
Dourado de Gusmáo, Paulo: op. cit., pág. 147.
Weber, Max: La política como Vocación, op. cit., pág. 245.
8 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. cit., pág. 117. Freund, Julien:
op. cit., pág. 227.
" Runciman. W. G. op. cit., pág. 35.
30 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 54. Mayer, J. P.: op. c it,
pág. 113. Agramonte, Roberto: Estudio de Sociología Contemporánea, op. c it,
P á g il 39.
Kelsen, Hang: op. c it, pág. 25. Lowie, Robert H.: social Organization. Holt,
Rinehart and Winston. New York, 1960, pág. 156. Recaséns Siches, Luis: Pano­
rama del Pensamiento Jurídico en el siglo XX. Tomo I. Editorial Porrúa. México,
196£L pág. 171. Runciman. W. G.: op. c it, pág. 35.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, págs. 55 y ss.
3 Weber, Max: Basic Concepts in Sociology, op. cit., pág. 122.

82
Tercera parte
Sociología jurídica

Capítulo primero

Normas sociales

Normas sociales—Concepto sociológico del derecho —Cos­


tumbre—Convención.—Derecho consuetudinario—Moral y
derecho.

Dentro del ámbito social hay diferentes normas que regulan


la conducta de las personas.1 Estas se catalogan según Weber,
en la forma siguiente:

Uso

Es la conducta que de hecho se realiza en una colectividad,


como consecuencia de una imitación irreflexiva.2 El conte­
nido de ésta puede variar, por tanto debemos considerar a la
moda dentro de ella.3 El uso se acepta por su sola práctica.

Uso determinado por una situación de intereses

Esta conducta es motivada racionalmente con arreglo a


fines. Los sujetos actúan en tal forma porque asi conviene
a sus intereses, actúan esperando el mismo comportamiento
de las otras personas, porque éstas se encuentran en la misma
situación de conveniencia personal, si no actuaran en dicha
forma, se perjudicarían.4

La costumbre

Es la conducta que de hecho se realiza cuando está fundada


en un gran arraigo. Las personas se comportan de acuerdo
con ella para evitar la repulsa que les traería dentro de su
ámbito social, el no hacerlo. No es que exista una garantía
externa al cumplimiento de esta conducta, la cual es un acto
meramente voluntario que realiza el sujeto actor. A éste, nadie

83
podrá exigirle ese comportamiento, y aunque podrá esperar
que los demás la cumplan, él tampoco podrá obligarlos, es un
uso restringido.5
Orden legítimo

Es la conducta que se orienta por un conjunto de normas


que se aceptan como válidas, dichas normas se consideran
obligatorias por el consenso social.
Sociológicamente, la validez de un orden está fundada no
sólo en el cumplimiento de hecho de una determinada con­
ducta, sino además en el sentimiento de obligatoriedad del
mismo, su validez será relativa.
De acuerdo con los órdenes estudiados, una persona puede
guiar su conducta influida por varios de ellos, incluso éstos
pueden ser contradictorios entre sí.6 Ejemplo de esto último
se puede encontrar en un combate a duelo, los actores orien­
tan su conducta por un lado por el código del honor y por
otro, por el código penal.
Es por esto que para el sociólogo no rige el mismo criterio
que para el jurista, en cuanto a la validez de un orden, pues la
sociología acepta la existencia no sólo de varios órdenes, sino
incluso de aquellos que se oponen.
Un orden legítimo puede fundar su legitimidad:

a) En forma íntima.
b) Por consecuencias externas.7

El primer caso a su vez, se puede presentar como conse­


cuencia de:

a) Sentimientos.
b) Creencia en ciertos valores.

El segundo caso se puede presentar como resultado de:


a) La presión social, que se deriva de las personas que creen
en la legitimidad de este orden. Quien no lo cumpla se expo­
ne a una reprobación de los miembros de la comunidad donde
se desenvuelve,8 es la llamada convención.9
b ) La existencia de un cuadro coactivo. Esto es, el estable­
cimiento permanente de una o varias personas cuya misión es
el hacer cumplir este orden, incluso por medio de la fuerza,
es el derecho.

84
Concepto sociológico del derecho

Cuando se habla del derecho, diceWeber, hay que distinguir


el concepto dogmático jurídico del mismo, del concepto so­
ciológico. Estas dos acepciones abarcan campos diferentes.10
Jurídicamente hablando, el derecho es: “el sentido norma­
tivo lógicamente correcto que debe corresponder a una for­
mación verbal que se presenta como norma jurídica”. Aquí
estudiamos el deber ser, aquello que se considera valioso y
que debe ser actuado por los miembros de una colectividad;
de acuerdo con esas normas, se forma un esquema lógicamente
estructurado, que es el llamado orden jurídico. 11
Ahora bien, desde un punto de vista sociológico, el dere­
cho es el conjunto de normas que de hecho, regulan la con­
ducta de las personas amparadas en la existencia de un cuadro
coactivo.12
Para que se considere la existencia de este cuadro debe
haber alguna o varias personas encargadas permanentemente
del cumplimiento del orden respectivo. Estas personas podrán
emplear medios físicos dentro de su función. Por supuesto que
el cuadro coactivo no tiene por qué tener los caracteres
que distinguen a los cuadros coactivos actuales. Pero sólo por
medio de su existencia, desde el punto de vista de la sociolo­
gía, adquieren las normas su carácter jurídico.13
En la Antigüedad podría no haber un juez u otro órgano
semejante y aun así existía el cuadro coactivo, que se encon­
traba formado por compañeros o parientes entre sí; cuando
alguno de ellos solicitaba su intervención, ellos deberían pres­
tarla. Por el solo hecho de existir esa probabüidad para la so­
ciología hay un derecho subjetivo junto a las normas objeti­
vas. Por ejemplo, la guerra entre los clanes, o la venganza de
sangre. Cuando un miembro del clan solicitaba la intervención
de los otros para hacer valer un derecho personal, los demás
debían dársela, aquí es donde se presenta lo que se puede
llamar la intervención del cuadro coactivo.14
De acuerdo con lo visto anteriormente, se formará una re­
lación jurídica: cuando el contenido de la conducta de varias
personas que se vincula entre sí, sea derecho subjetivo.
La norma jurídica impone una determinada conducta a las
personas, pero muchas veces sucede que éstas, actúan de
acuerdo con ella, en realidad impulsadas por otros motivos.
Puede suceder lo que hemos visto en capítulos anteriores, que
el sujeto actor no perciba con claridad el porqué de su actuar.
Pero también se puede dar el caso contrario, la persona actúa
por la existencia del cuadro coactivo, porque en su interior
no acepta el valor de la norma jurídica y únicamente la acata
por el temor de la sanción.15

85
A su vez el orden jurídico puede tener validez a conse­
cuencia de:

La tradición

En un principio las gentes actúan tomando en cuenta lo


que siempre se ha hecho. Se mira al pasado y de acuerdo con
ello se regula la conducta. Esto es muy común en la época
primitiva. Posteriormente, para darle una mayor fortaleza al
cumplimiento de las normas, se vincularon éstas con la sanción
mágica, la cual recaía no sólo en las personas que no cumplían
con el orden reconocido, sino en los demás miembros de la
comunidad.16

Sentimientos de afecto

Esto se da con posterioridad a la tradición y además es una


manera de reformarla. Aparece esta situación con los profetas,
seres escogidos por los dioses para hacer sus revelaciones a
través de ellos. Las gentes les creían, es decir, tenían fe en lo
que pregonaban, pues los consideraban seres suprasensibles.
Por tanto, aceptaban el resultado de las revelaciones y trata­
ban de cumplirlas. Para que se aceptara un nuevo mandato,
éste debería ser revelado o en otro caso, se consideraba que
anteriormente ya existía y que únicamente se redescubría. Esto
último es a consecuencia del gran arraigo de sus costumbres.

De la creencia racional en ciertos valores

La persona actúa porque subjetivamente cree en un valor


que se le impone, ella debe tratar de cumplirlo.
El derecho natural es un ejemplo de esto, “un conjunto de
normas vigentes preeminentes frente al derecho positivo y
con independencia de él, que no deben su dignidad a un esta­
blecimiento arbitrario, sino que por el contrario legitiman la
fuerza obligatoria de éste”.17 Estamos frente a normas que se
legitiman en su carácter inmanente. Se cree en el valor intrín­
seco de estas normas, las que nunca podrán ser destruidas por
el derecho positivo, y que se encuentran constantemente
ejerciendo una gran influencia sobre éste. Es importante hacer
notar que el contenido de las normas del derecho natural,
puede ser muy variado, muchos poderes autoritarios han bus­
cado legitimarse en este derecho.
Como el derecho natural no se apoya ni en la religión ni en
la tradición, es por lo que muchas veces, invocándolo, se busca
transformar el orden jurídico positivo.

86
Por la legalidad

Las conductas son guiadas por el orden estatuido positivo.


Se obedecen las normas impuestas porque se cree en su lega­
lidad, porque en su creación se llenaron ciertos requisitos que
les dan validez.18
Esta legalidad se puede legitimar:
a ) Por un pacto efectuado entre los sujetos interesados.
b ) Por otorgamiento, esto es, el sometimiento que los suje­
tos tienen frente a una autoridad que para ellos se presenta
como legítima.
Esta clasificación no debemos tomarla en un sentido estric­
to, porque puede suceder que nos encontremos frente a una
ordenación que aparentemente se nos presenta como pactada
y que en realidad no lo sea, pues puede haber una minoría
que no acepte ese orden, y, el cual frente a ella, no es consi­
derado pactado sino impuesto, porque va contra su voluntad.
También se puede dar el caso contrario, que un grupo mi­
noritario, bien organizado, empleando medios muchas veces
ilegales, se imponga a las mayorías desorganizadas, Esto últi­
mo es frecuente cuando es a través del voto popular, como se
crea o modifica el orden jurídico respectivo, por tanto es sólo
aparente el carácter mayoritario de la votación.
Es muy común encontrar en la Antigüedad los órdenes
pactados, aunque frecuentemente vinculados a los oráculos.
De los distintos órdenes estudiados, el único que tiene una
garantía coactiva, es el orden jurídico, por lo mismo es más
fácil precisar su cumplimiento, es un derecho objetivo porque
está garantizado coactivamente.19
Lo anterior no quiere decir que nada más por medio de la
coacción física es como adquiere el derecho su objetividad,
pues puede suceder que también se encuentren medios psíqui­
cos de coacción y a la sociología no le importa esta distin­
ción,20 como en el caso del derecho canónico, en que a las
normas religiosas se les debe considerar como jurídicas.21
Muchas veces las personas pueden aceptar y cumplir con
un orden jurídico, por convenir así a sus intereses personales,
porque este orden proteje ciertos derechos, los llamados dere­
chos subjetivos. Para la sociología el reconocimiento de éstos,
sólo se da cuando existe la posibilidad de que el cuadro coac­
tivo intervenga en favor del titular del mismo cuando éste lo
solicite para hacer valer un derecho que el orden jurídico ob­
jetivo le reconoce.22
Dentro del ámbito social, junto a la sanción jurídica, se
pueden encontrar otros medios de presión que en la última
instancia sean los que determinen a la persona a actuar de

87
acuerdo con la norma jurídica. En estos casos, las personas
actúan ante el temor de ciertas consecuencias: la exclusión de
un grupo, un boicot, etc. Esto es lo que las hace actuar
de acuerdo con la norma jurídica, pero no la coacción jurídica
propiamente, aunque como ya vimos, se puede dar el caso
contrario.
Cualquier medio que ejerza presión sobre el individuo, se
considera jurídico cuando se deriva de un cuadro coactivo. A
la sociología no le importa que no sea el Estado quien forme
el grupo coactivo, pues frente a éste puede haber otros cua­
dros, por ejemplo lo ya dicho sobre el derecho canónico, el
que puede oponerse al orden jurídico estatal, y la sociología
debe recoger a los dos órdenes, ambos considerados por ella
como jurídicos. Aun cuando se den órdenes contradictorias
entre sí sobre las personas, se considerarán como jurídicos
siempre que exista el cuadro coactivo que tienda a garantizar
su cumplimiento.23
Es un error el pensar que nada más cuando la autoridad po­
lítica impone sanciones, estamos frente al derecho, esto no
siempre ha sido así, y en la actualidad, como ya vimos, pueden
concurrir distintos órdenes sobre una misma comunidad.
Muchas veces estos últimos fortalecen el orden jurídico esta­
tal, por ejemplo los propietarios de casas en arrendamiento,
pueden ejercer presión sobre los inquilinos morosos en tal
forma que éstos se vean precisados a pagar. En este caso la
presión de los arrendadores es mayor que la misma demanda
judicial.24

Costumbre-Convención-
Derecho consuetudinario

Aunque en el inciso anterior vimos ya una introducción a


este tema, aquí vamos a profundizar sobre el mismo dada la
gran importancia que estos conceptos tienen para el campo
sociológico.
Cuando estudiamos la costumbre, se dijo que es una conduc­
ta que se da de hecho a consecuencia de un arraigo duradero.
Su no cumplimiento no trae aparejada ninguna coacción.25
La convención dijimos que es un orden que impulsa a las
personas a actuar en cierta forma, tratando de evitar la des­
aprobación que les traería en el caso de no hacerlo, de los
demás miembros de la comunidad a que pertenecen, los que
consideran ese actuar como obligatorio. La comunidad espera
de sus miembros cierta conducta, pero no puede, en caso de
que éstos no la cumplan, sancionarlos en ninguna forma.

88
Para que consideremos un orden como convención, no basta
que cierta conducta se apruebe, y se desapruebe la contraria
por los miembros de una comunidad, sino que además debe
existir la probabilidad de que la conducta aprobada se repetirá
constantemente dentro de la misma colectividad. Los miem­
bros de la comunidad están ante la expectativa que dentro del
límite de su grupo se cumplirá. Al decir límite no nos referi­
mos a un límite espacial, éste puede estar formado por distin­
tas cualidades comunes de las personas que forman esa colec­
tividad, por ejemplo: una sociedad de profesionistas, el círculo
familiar, etc.
El paso de la costumbre a la convención es fluido.26
Sucede muchas veces que las personas le dan más impor­
tancia a sus relaciones personales que a los mandatos jurídicos
en sí; es por eso que la convención puede llegar a ser más
efectiva que la misma norma jurídica, pues a las gentes les in­
teresa quedar bien con los miembros de su colectividad, por­
que en esta forma protegen sus propios intereses y por lo
mismo actúan en cierta forma, que aunque se apegue al man­
dato jurídico, no lo hacen por éste.27
Puede suceder que para evitar que una persona no cumpla
con las normas convencionales, se le presione por medio de
ciertos derechos subjetivos coactivamente garantizados. Por
ejemplo, un invitado a una fiesta llega en estado de embriaguez
o no está vestido de acuerdo con la ocasión, no se le podrá
obligar directamente a que se cambie de ropa, pero sí se le
podrá impedir su entrada a la fiesta. Esto lo podrá hacer el
dueño de la casa basándose en los derechos subjetivos, garan­
tizados coactivamente, que su calidad de dueño le otorgan.
En este caso estamos frente a una coacción indirecta, por lo
que no se pueden elevar las normas convencionales a jurídicas.
Cuando las normas jurídicas hablan de portarse de acuerdo
con las buenas costumbres, a éstas se les está dando ya la ca­
tegoría de normas jurídicas, porque el aparato coactivo las está
protegiendo y sancionando.2®
El paso de la convención al derecho también es fluido.29
En un principio, las conductas que de hecho se realizan,
posteriormente pasan a ser consideradas como obligatorias, y
de allí a protegerlas con la coacción jurídica, no hay más que
un paso. La repetición constante de algo, hace pensar en su
obligatoriedad. En la Antigüedad se encuentra esto, tanto en
la conducta de las personas como en los fenómenos naturales,
ejemplo de esto era la creencia de la regulación divina del
tiempo.
En el momento en que en la convención aparece esa repe­
tición constante de la conducta, estamos ante la tradición, la

89
que generalmente es, como ya se dijo, más efectiva en cuanto
al cumplimiento de una determinada conducta que la misma
sanción jurídica.30
Cuando la sociología habla del carácter que puede tener
una conducta, esto es, de si es convención, costumbre, uso o
norma jurídica, lo hace tomando en cuenta las probables con­
secuencias que el sujeto actor pueda tener por su conducta.
Cuando se dice que una persona tiene una deuda con otra que
se encuentra jurídicamente protegida para exigir su pago, la
sociología ve en esto la probabilidad de que, de hecho, una
persona actúe en forma determinada, la que es esperada por
la otra, esto es, que la persona pague a su acreedor, el cual
así lo abriga pues se encuentra respaldado por el cuadro
coactivo.31
Es importante hacer una distinción entre la convención y
el derecho consuetudinario. Este último es un conjunto de
normas obligatorias por consenso, que aunque no se encuen­
tran estatuidas, tienen un aparato coactivo que las respalda.
Estas normas son verdaderas normas jurídicas, a diferencia de
la convención que no lo es.32 El grupo coactivo considera
que ciertas conductas que se han estado repitiendo, no son ya
meras costumbres, sino verdaderas normas jurídicas y les da
su apoyo. Hemos dicho que el hecho de que una conducta se
repita, la fortalece. Cuando a una costumbre se le reconoce
calidad jurídica, de hecho su eficacia no aumenta gran cosa,
en cambio cuando una norma jurx'dica trata de modificar o
anular una costumbre, casi siempre fracasa en su intento, pues
como dijimos, las gentes guían su conducta muchas veces de
acuerdo a sus intereses, o de acuerdo a las relaciones que
tengan con los demás.33
El derecho consuetudinario toma más bien como índices,
resultados de hecho de la realidad misma. Estos son los si­
guientes:
La repetición de las conductas de los miembros que forman
una colectividad, aquellas que de hecho se repiten constan­
temente convirtiéndose en usos —de acuerdo con la acepción
vista en los conceptos fundamentales estudiados en el capítu­
lo anterior.
Posteriormente la conducta debe estar orientada también
por un elemento psicológico, consistente en creer en la obli­
gatoriedad del uso en cuestión. Las gentes reconocen que
deben actuar de acuerdo con él.
Por tanto, si se llenan los dos requisitos anteriores, se llega
al tercero que consiste en la racionalidad de la práctica, las
gentes aceptan el uso, creen en su obligatoriedad y por eso lo
cumplen.33 bis

90
El derecho consuetudinario tuvo gran desarrollo en la época
primitiva. En principio sólo se encuentran ciertos hábitos de
conducta derivados del simple actuar de las personas. Más
adelante estos hábitos adquieren una fuerza supraindividual a
consecuencia de la vinculación psicológica que se les hace del
sentimiento de obligatoriedad, lo que desemboca en un
acuerdo tácito de los miembros de ese grupo, a tratar de actuar
de acuerdo con las pautas de conducta que el hábito en cues­
tión les señala, y por último como resultado de lo anterior,
aparece derivado del proceso de racionalización la fuerza
coactiva que viene a garantizar el cumplimiento de las normas
y a darles categoría jurídica, pues sin la garantía coactiva no
la tendrían. De acuerdo con lo visto en las normas sociales, es
en ese momento donde la norma deja de ser convención para
convertirse en norma de derecho consuetudinario.
Max Weber se pregunta, que ¿cómo es posible que con
posterioridad al establecimiento de normas de derecho con­
suetudinario y sobre todo cuando estas normas adquieren un
arraigo duradero, se pueda formar un orden nuevo? La con­
testación que él da, está fundada en el reconocimiento a la
creación inconsciente que las personas hacen de determinadas
normas, incluso se repite el ciclo anterior, aunque no haya
necesidad de que las nuevas normas adquieran inmediatamente
su calidad jurídica, pues el proceso que siguen es lento. Esto
generalmente se debe a una serie de cambios de cuya signifi­
cación no llegan a percatarse las personas, quienes frente a
situaciones novedosas no las consideran así, muchas veces
creen que son situaciones que siempre han existido y que por
tanto sólo se redescubren, por lo que regular jurídicamente
esas conductas es lo normal, dados los antecedentes que se
atribuyen a esos hechos.
Pero también puede suceder que se reconozca la existencia
de nuevas situaciones y por tanto se acepte el que un nuevo
derecho venga a regularlas. Se podrá pensar que lo anterior es
consecuencia del cambio que puede producirse en las condi­
ciones externas de vida, y que por lo mismo trae aparejada
una transformación en los consensos vigentes, pero la realidad
nos muestra que esa modificación al medio ambiente, no es ni
necesaria ni suficiente para que nazca un nuevo orden, ya que
éste requiere fundamentalmente de la existencia de pautas de
conducta diferentes que vengan a darle una nueva orientación
al derecho vigente, o que fomente el nacimiento de uno nuevo.
Cuando esto sucede, las personas pueden aceptar el nuevo
ordenamiento jurídico motivadas en muy diferente forma
—recordemos los tipos ideales de acción que ya vimos.
Una de las principales causas que pueden provocar nuevas

91
normas en la conducta de las personas, son la empatia y la
inspiración.34 Seria erróneo el querer considerar la imitación
de una nueva conducta como la causa original de una conven­
ción. La imitación es importante en su desenvolvimiento, pero
no en su creación. Cuando como consecuencia de una empatia
intensiva o de una inspiración duradera, se forma una cierta
conducta, ésta tiene grandes posibilidades de originar un con­
senso,3 5 y por tanto de convertirse en un orden normativo.

Moral y derecho

El estudio de las diferencias entre la moral y el derecho


propiamente no entra al campo de la sociología, en cuanto que
generalmente se basa esta diferencia en que el derecho regula
la conducta externa de las personas y la moral el aspecto in­
terno; la moral regula las intenciones de las personas y el de­
recho sus consecuencias externas. Esta distinción, así de ta­
jante, no se apega a la realidad, pues el decir que el derecho
es indiferente a las intenciones de las personas, no es lo
correcto; el decir que los preceptos jurídicos sólo toman en
cuenta las manifestaciones externas de la conducta de las per­
sonas, es salirse de la realidad; lo normal es todo lo contrario,
al derecho le interesa conocer la buena o mala fe con que se
actúa, la intención de las personas. También se encuentra en
el campo moral, que esta distinción tampoco puede ser tan
rígida, pues la moral obliga al hombre a superar ciertos esta­
dos de ánimo, ciertos pensamientos o sentimientos que van
contra las normas morales, a través de su acción externa.
La forma como debe hacerse tal distinción, es de acuerdo
con el lugar jerárquico que ambas ocupan.36
La sociología toma tan en cuenta a la moral como a la reli­
gión o a la convención, aunque generalmente lo que pasa desde
un punto de vista sociológico, es que la moral va condiciona­
da a la convención o a la religión y por tanto, las limitaciones
que tienen frente al campo jurídico son relativas. Además, lo
que siempre ha sucedido, es que los preceptos morales de
trascendencia social, han sido de algún modo absorbidos por
normas jurídicas.

Notas
Aron, Raymond: op. c it, pág. 116.
2

Rheinstein, Max: Max Weber on Law in Economy and Society, —translated


by Max Rheinstein, Harvard University Press. Massachusetts, 1954, pág. 20.

92
3 Recaséns Siches, Luis: Revista citada, pág. 73.
Weber, Max: Econom ia y Sociedad, edición 1944, op. c it, Tomo I, págs. 28
y 88. Tanto en este capítulo como en el siguiente, cuando se mencione a Weber me
estaré refiriendo a esta obra.
3 Ibidem.
't Weber, Max: op. c it, Tomo I, pág. 31.
7 Recaséns Siches, Luis: Revista citada, pág. 74.
Rheinstein, Max: op. c it, pág. 20.
Becker, Howard y Boskoff, Alvin: op. c it , pág. 428.
Aron, Raymond: op. c it, pág. 89.
* Weber, Max: op. cit.,^ o rn o II, pág. 302.
Rheinstein, Max: op. cit., pág. 20. Weber. Max: op. c it, Tomo II, pág. 304.
Weber, Max: op. cit., Tomo I, pág. 33.
Weber, Max: op. cit., Tomo II, págs. 310 y ss.
Weber, Max: op. c it, Tomo II, pág. 303.
Rheinstein, Max: op. cit., pág. 23.
Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 190 y ss.
Bendix, Reinhard: op. c it, pág. 483, Timasheff, Nicolás: A n Introduction
to the Sociology o f Law. Cambridge, Harvard University Press, 1939, pág. 87.
^ Weber, Max: op. cit., Tomo II, pág. 304.
Weber, Max: op. cit., Tomo I, págs. 34 y ss.
2 Idem.

Weber, Max: op. cit., Tomo II, págs. 307 y ss.


3 Ibidem.
Weber, Max: op. c it, Tomo II, pág. 309.
5 Recaséns Siches, Luis: Revista citada, pág. 73.
Rheinstein, Max: op. cit., págs. 21 y 23.
7 Ibidem.
28
Weber, Max: op. cit., Tomo II, p'ags. 315 y ss.
Rheinstein, Max: op. c it, pág. 26.
Weber, Max: op. cit., Tomo II, págs. 319. y ss.
* Ibidem.
7 Weber, Max: op. cit., Tomo II, pág. 312.
3 Rheinstein, Max: op. c it, pág. 21.
"*s Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 27-28.
Rheinstein, Max: op. c it , pág. 23.
Weber, Max: op. c it, Tomo II, págs. 312 y ss.
36 Weber, Max: op. c it, Tomo II, pág. 318.

93
Max Wcber de 14 años, con sus hermanos Alfred Weber, de 10 años, quien poste­
riormente destacaría como filósofo e historiador, y su hermano menor Karl, de
8 años. Foto tomada en Berlín en 1878.
Capítulo segundo

Orden jurídico

Derecho público y derecho privado —Administración y gobier­


no.—Derecho penal y derecho civil.—Evolución del formalismo
jurídico.—Evolución de los derechos subjetivos —Libertad de
contratación—Racionalización formal y material del dere­
cho.—Caracteres racionales del derecho moderno.

Derecho público y derecho privado

Aunque muchos autores han tratado de delimitar los cam­


pos entre el derecho público y el derecho privado, no se ha
llegado a un acuerdo unánime. Max Weber menciona tres de
los distintos índices que se han empleado.
El primero de ellos nos dice:
Que el derecho público es un conjunto de normas que re­
gulan la actividad estatal. Por medio de estas normas es como
el Estado realiza sus fines.
Por tanto, el derecho privado, de acuerdo con este criterio,
será un conjunto de normas que regulen las relaciones entre
los particulares.
El segundo criterio que menciona Weber, dice:
Que el derecho público está formado por el conjunto de
reglamentos, esto es, por las normas que regulan jurídicamente
las funciones de los órganos del Estado.
En este caso el derecho privado estará formado por un con­
junto de normas jurídicas, las cuales amparan los- derechos
subjetivos adquiridos de los particulares.
Prácticamente, la forma como se determina si un derecho
es adquirido es ver si su desconocimiento traerá aparejada una
indemnización.
Si el segundo criterio es el aceptado, se debe tener cuidado
en precisar el alcance que puedan tener los derechos subjetivos
que tengan un carácter público. Ejemplo de éstos, los encon­
tramos en los derechos de elección. Es evidente que a estos

95
derechos no se les podrá considerar como adquiridos en la
misma forma en que se considera, por ejemplo, la propiedad.
En realidad, los derechos públicos subjetivos son atribuciones
personales, que permiten a los individuos realizar ciertos fines
estatales, los que están sumamente delimitados; además, se les
puede considerar como reflejos de un reglamento.1
El tercero y último criterio que emplea Weber, nos dice:
Que el derecho público es un conjunto de normas jurídicas
que regulan las relaciones entre sujetos colocados en un plano
de desigualdad desde el punto de vista jurídico, pues uno de
ellos se encuentra sometido al otro.
En este caso el derecho privado vendrá a ser un conjunto
de normas jurídicas que regulan relaciones entre sujetos colo­
cados en un plano de igualdad.
Si éste es el criterio que nos va a servir para distinguir los
distintos campos jurídicos, habrá que ver dentro del derecho
público aquellas normas que no implican la existencia de su­
jetos jurídicamente desiguales, como por ejemplo, las normas
que regulan las relaciones entre los diversos órganos estatales,
los cuales tienen entre sí igual jerarquía jurídica, o como en
el ejemplo que vimos en el segundo criterio, aquellas normas
que regulan la elección de las autoridades estatales.
Pero también dentro del derecho privado habrá que distin­
guir, por ejemplo, las relaciones entre padres e hijos, en las
que no hay que confundir a la autoridad paterna con la auto­
ridad estatal, pues sólo el Estado es el representante del poder
legítimo.
En este último criterio podrá darse el caso de que no se
garanticen jurídicamente los llamados derechos subjetivos, esto
sucede cuando todo el orden jurídico tiene el carácter de re­
glamento y los derechos privados no tienen el amparo de las
normas objetivas.
Cualquier protección que estos derechos pudieran tener será
únicamente un reflejo del orden reglamentario.2

Administración y gobierno

Nos dice Weber que las funciones de la administración pú­


blica se pueden dividir en tres:

a) Creación del derecho.


b) Aplicación del derecho.
c) El gobierno.

La principal actividad de los órganos del Estado, es aquella

96
que tiende a la creación y a la aplicación del derecho. La pri­
mera se realiza a través de la formación de preceptos generales
y la segunda será el aplicar esos preceptos generales a situa­
ciones concretas. Este procedimiento es difícil de precisar
en la antigüedad —el poder determinar cuándo se está ante
la creación del derecho y cuándo frente a su aplicación—
en la época en que la administración abarca a la actividad ju­
dicial, es muy complicado pues cada caso comúnmente se
resolvía distinto del otro, porque no había normas generales
para aplicar al caso concreto; además tampoco había normas
jurídicas que regularan el proceso, ni por tanto había dere­
chos subjetivos que exijan el cumplimiento de determinadas
secuelas del procedimiento o que pidan la aplicación de tal o
cual precepto. Con frecuencia se consideraba al derecho obje­
tivo como un privilegio subjetivo y por tanto aquel no podía
originar derechos jurídicos subjetivos. Además, no es posible
precisar cuándo estamos frente a una situación jurídica de
carácter material y cuándo frente a una de carácter procesal,
pues la actividad judicial se desenvolvía por medio de siste­
mas de pruebas irracionales que eran considerados como divi­
nos.2bls Estos se aplican por igual a cualquier clase de delitos,
que, como dijimos, abarcan el campo penal y el civil.
El gobierno, en la actualidad, se legitima en las normas
constitutivas del Estado. Estas mismas normas, junto a los de­
rechos subjetivos adquiridos de los particulares, al realizar
cualquier actividad, tienen que tomar en cuenta los intereses
de los particulares, que son considerados como objetos jurí­
dicamente protegidos.
Desde un punto de vista formal, actualmente se ha tratado
de vincular la administración del derecho y la aplicación del
mismo. Esto se debe a que el juez, al dictaminar sobre algún
asunto, no sólo hace uso de las normas jurídicas, sino también
emplea ciertos principios materiales, por ejemplo, de morali­
dad, de equidad, de conveniencia, etc. Y no solamente eso,
sino además en los estados modernos, los particulares pueden
interponer ciertos recursos como defensa a sus intereses cuando
éstos se ven afectados por disposiciones de la administración.
El gobierno se aproxima a la creación y aplicación del de­
recho, cuando no hay una decisión libre en las diferentes
situaciones que se presentan. Esto, a consecuencia del esta­
blecimiento de reglamentos que regulan una serie de situacio­
nes consideradas como típicas.
El origen de la administración, se encuentra en la autoridad
doméstica. Las personas que se encontraban sometidas a
aquélla, están en un principio indefensas ante las disposicio­
nes del señor. Este no estaba limitado como lo están los go­

97
biernos actuales, en ninguna forma; no había ni derechos
subjetivos adquiridos de las personas dependientes de él, ni
normas objetivas que lo limitaran. Estas normas ni siquiera
existían. El señor, en caso de limitar su conducta, lo hace
tomando en cuenta las reglas sacras que rigen su vida.
Posteriormente aparece como una evolución el procedi­
miento arbitral de los clanes. Ya en este caso existe una regu­
lación, aunque incipiente, de las pruebas, lo que es un gran
avance frente a la todavía ilimitada conducta del titular del
poder, el que representa a la administración y al gobierno
dentro de su propio campo doméstico. En cambio, las partes
frente al clan podrán alegar ciertos derechos subjetivos; podrán
pedir que se respeten las normas que regulan el procedimiento
a seguir; estas normas han sido establecidas c'on anterioridad
al juicio, lo cual es ya una garantía.3

Derecho penal y derecho civil

Max Weber hace una distinción entre derecho penal y de­


recho civil, diciéndonos que;
El derecho penal es un conjunto de normas que tienden a
dar protección a intereses jurídicos públicos, por lo que
cuando estas normas no se cumplen, los órganos estatales
tienen que intervenir para castigar al infractor, de acuerdo
con un procedimiento preestablecido.
El derecho civil es un conjunto de normas que tienden a
proteger a los intereses jurídicos privados. En este caso, sólo
se podrá dar esa protección al sujeto ofendido, cuando éste
así lo solicite a los tribunales. En tales circunstancias, la in­
tervención de éstos será para tratar de confirmar y mantener
el interés jurídico que se protege. No es propiamente que se
le imponga una pena al infractor de la norma, como sucede
en el derecho penal, de lo que se trata es de volver las cosas,
de ser posible, a como estaban antes de la infracción.
Esta distinción no siempre ha sido así, en la Antigüedad,
sobre todo, no la había, no se conocían los contratos y las
obligaciones, así que, tanto la violación a una norma como la
actitud que perjudicara los intereses de un particular, se con­
sideraban como delitos. No se distinguía entre la conducta que
obligó a una venganza y aquella que únicamente exige una
reparación. Encontramos esta situación tanto dentro del clan
mismo, como cuando el delito provenía de un tercero ajeno a
éste.
Lo anterior se debe a que, en principio, se desconocía el
papel que la culpabilidad podía jugar en una conducta consi­
derada como delictuosa. No importaba la intención que el

98
sujeto ponía en su actuar, lo único que se juzgaba era el resul­
tado externo de su conducta, toda acción cuyo resultado per­
judicara al clan o a los miembros de éste, era un delito, no
importaba si éste hubiese sido realizado en forma involunta­
ria.4 Las consecuencias jurídicas que se derivan en principio
de la sentencia y de la ejecución, serán las mismas, no importa
que se trate del robo de un objeto, de un asesinato, o de pre­
cisar a quien corresponde un predio.
En el terreno militar aparece con posterioridad una varia­
ción en el procedimiento expiatorio; éste se llevaba a cabo
delante de un grupo de compañeros, circunstantes. La pre­
sencia de ellos se relaciona con el fallo. Cuando una sentencia
había sido dictada y no se impugnaba o se hacía esto sin re­
sultado, los presentes debían evitar intervenir para que ésta se
cumpliera. El beneficiado con ella sólo podía exigir a los
circunstantes una actitud pasiva. Cuando una sentencia no se
ejecutaba inmediatamente, el clan podía intervenir para su eje­
cución en favor del perjudicado. Cuando el infractor sancio­
nado se resistía a cumplir con la sentencia, se le castigaba. Y
aunque con posterioridad el ofendido pudo hacer uso de cier­
tos medios oficiales para que se ejecutara la sentencia, todavía
no se distinguía el derecho civil del penal.5
Fuera de la comunidad doméstica fue donde aparecieron
los primeros rasgos del derecho penal.
Se dijo que dentro de la administración doméstica el señor
dominical impone los castigos en forma arbitraria y, por tanto,
no se puede considerar a eso como derecho penal.
Este se inició en aquellos casos en que la conducta de algu­
no de los miembros del clan se consideraba perjudicial para el
grupo por haber violado algún ordenamiento religioso o mili­
tar.
Al violar la norma religiosa se provocaba el castigo de los
dioses, que no sólo caería sobre el infractor, sino sobre el clan
al que pertenecía. Para evitarlo, se le podía someter a un pro­
cedimiento expiatorio de tipo religioso, que le era impuesto
por magos o sacerdotes; generalmente éstos pedían al clan la
expulsión o el linchamiento del culpable.
Desde el otro punto de vista, la violación a normas milita­
res exponía la defensa del clan y era considerada como traición.
También se consideraba delito cuando por cobardía o faltas a
la disciplina, en los combates organizados, se menguaba la
fortaleza del grupo; el infractor era sometido a un procedi­
miento sumario.
Las sanciones domésticas, militares y religiosas, en su origen
no estuvieron sometidas a reglas y principios perfectamente
definidos. El derecho penal de hecho vino a fortalecerse en el

99
procedimiento que se seguía para los casos de la venganza,
aquí propiamente se puede hablar del inicio de un procedi­
miento penal.
Cuando posteriormente el titular del imperium (detentador
del poder político de una comunidad) imponía ciertas penas
para los infractores a las normas establecidas, en lugar de
tratar de obligar a éstos en forma violenta a cumplirlas, aparece
en sus inicios el poder disciplinario, pues el titular podía im­
poner estas sanciones, tanto a sus subordinados (poder disci­
plinario) como a sus súbditos (poder penal).6
El imperium no tenía la misma libertad de acción que, por
ejemplo, tenía el titular del poder dominical —poseedor del
poder doméstico— el cual muchas veces sólo tenía como lími­
te de su acción, ciertas normas religiosas; en cambio el titular
del imperium, frecuentemente se encontraba ante la tradición
o ante normas establecidas que lo obligaban a respetar ciertos
derechos subjetivos en favor de sus súbditos. A menudo el ti­
tular solamente podía ordenar sobre ciertas cosas y llenando
ciertos presupuestos para que se consideraran válidas, o en
otro caso, no podría intervenir en algunos aspectos determi­
nados. De todas formas, lo que sucede es que su poder no es
absoluto, tiene limitaciones, éstas varían según el caso, puede
ser una desaprobación convencional o consensual o, si hay
algún aparato coactivo, aunque sea muy primitivo, de tipo
jurídico.
Cuando en el ámbito de acción del imperio se encuentran
otros órdenes de igual categoría o superiores, su competencia
se reduce; en la actualidad la organización interna de los esta­
dos así es, esta división de poderes la podemos encontrar en
la antigüedad, aunque sin que tenga los caracteres actuales de
los estados modernos.

Evolución del formalismo jurídico

En la actualidad, en casi todas las legislaciones se sigue más


o menos el mismo camino en la formación del derecho. La
constitución que puede ser consentida u otorgada y que se con­
sidera como legítima, señala una serie de pautas a seguir en la
creación de la ley.7
Pero esto en la antigüedad no era asi'. Se puede encontrar
una evolución en el devenir histórico del procedimiento jurí­
dico:

a) La revelación legal carismática a través de los profetas.


b) La institución práctica y el descubrimiento del derecho
por los notables legistas.

100
c) La imposición del derecho por los poderes seculares o
teocráticos.
d) La elaboración sistemática del derecho y la administra­
ción profesional de justicia por personas que reciben una
formación académica legal en una forma lógica. 8

En principio las diferentes órdenes normativas no tienen


una garantía jurídica, pues las personas consideran que la
presión social es suficiente para obligar a los individuos a
actuar, éstos lo deben hacer como consecuencia de su lealtad
al grupo. La primera garantía que se da, se presenta cuando
los miembros del clan ayudan al titular de un derecho a que
se le respete éste, haciendo que se cumpla o, sobre todo, cas­
tigando al infractor. Esto último se vino a fortalecer cuando
las obligaciones se sancionaban con un castigo mágico o divi­
no; el obligado juraba cumplir con su obligación y a este ju­
ramento se le consideraba como una garantía muy sólida,
dándole una gran preferencia, ya que en el inicio de la garantía
jurídica, se prefería el juramento sobre ésta.9
Cuando los tribunales representan el poder político en
cuanto a la aplicación de la coacción jurídica, ésta es influida
muchas veces, por consensos y convenios racionales. La ex­
tensión y significación de éstos puede ser discutible. En algu­
nos casos se podrá considerar el aparato coactivo como una
segunda instancia, sin que quiera decir que éste limite o auto­
rice las normas derivadas de los consensos o convenios.
La influencia del aparato coactivo es determinante en la
selección de las normas jurídicas, en cuanto a aquellas que han
de perdurar como derecho. Esto es a consecuencia de las de­
cisiones que en cada caso concreto toma el cuadro coactivo,
pues no se debe tomar a las normas generales como el origen
de las decisiones judiciales, porque en realidad el juez impone
la coacción, como una medida para garantizar una situación
concreta, de acuerdo con los motivos que él crea convenientes
y que se desprenden de ese hecho concreto. En este caso lo
que pasa es que se inicia la vigencia real de la norma general.
Esto último que hemos estado viendo, no debemos tomarlo
como regla absoluta y única, pues en la época en que los medios
mágicos eran determinantes para solucionar las contiendas
judiciales, eso no sucedía porque siempre influían factores
irracionales en la solución de los problemas. Lo mismo pasaba
en relación con el derecho consuetudinario, ya que no había
un camino perfectamente definido en la elaboración de sus
normas, sobre todo cuando la suerte, o los medios mágicos
también en esos casos intervenían. Es hasta más adelante,
cuando el aparato coactivo adquiere un carácter laico, cuando

101
ya fue más fácil que se reconociera que la sentencia de un
caso concreto podía ir más allá de éste, pues debería aplicarse
a casos similares si es que el juez era imparcial. Los sucesores
del juez deberían también seguir esa línea de conducta y,
sobre todo, en aquellos lugares en que la tradición era muy
arraigada, ésta venía a fortalecer esa continuidad.
Otro grupo de personas que vinieron a influir en la forma­
ción del derecho, fue el jurista profesional, abogados y teóri­
cos de la ley, que junto con el aparato coactivo, persiguen el
mismo fin: la aplicación del orden jurídico; es lo que Weber
llama el derecho de los juristas.
Se debe tomar en cuenta que es imposible separar situacio­
nes afectivas en la creación del derecho, por ejemplo: la equi­
dad. Esto origina una flexibilidad en la creación de las normas
jurídicas, sobre todo en aquellos casos en que el derecho no
está sólidamente estructurado. Es por eso que al sentimiento
se le considera como una fuente irracional en la aplicación del
orden jurídico.10
En la Antigüedad no existía la formación de las normas ju­
rídicas derivadas de un pacto, no se aceptaba que fuese posible
la creación intencional y consciente de normas. El aplicar una
norma no era el resultado de subsumir el caso concreto a
la norma general. Las reglas que en un principio regulaban la
forma de resolver las contiendas, no se consideraban como
creaciones humanas, porque se relacionaban con la voluntad
de los dioses, la que se manifestaba por medio de los profetas.
La obediencia a estas normas no se hacía únicamente como
medio de resolver las contiendas, sino además para evitar un
maleficio o un castigo divino.
Un problema que se presenta en aquellos casos en que la
tradición ejerce una gran fuerza sobre el comportamiento de
las personas, es el saber conocerla e interpretarla correcta­
mente. Hay que distinguir cuando alguien trata de conocer las
normas tradicionales o de interpretarlas, pues esto no debe
confundirse con su creación. En principio se designaba a los
más ancianos del grupo para que la dieran a conocer e indica­
ran cómo debería interpretarse, pues se suponía que ellos por
su edad, eran los primeros en haberla conocido; posteriormente
fueron los hechiceros y los sacerdotes los que en su calidad de
profetas se encargaban de recibir los designios divinos y mani­
festarlos a la comunidad.
Se puede dar también un proceso de creación de nuevas
normas en forma consciente, a través de una revelación ca-
rismática, en este caso es una creación de normas jurídicas
por otorgamiento. Esta forma de crear nuevos ordenamientos,
vino a revolucionar la tradición.

102
Como dijimos, no se requiere que las condiciones externas
varíen para que una inspiración carismática pueda llegar a la
creación de nuevas normas. Indudablemente que cuando los
cambios que se producen a consecuencia de las modificacio­
nes de las condiciones externas son bruscos, habrá necesidad
de crear una serie de normas que vengan a regular las nuevas
situaciones que se presentan y que anteriormente no existían.
En este caso se podrá tratar de encontrar en la tradición esas
normas, pero como esto generalmente resultaría ineficaz,
porque son situaciones que no estaban previstas, habrá que
crear estas normas en forma artificial por medios mágicos,
siendo los designados para tratar de encontrar esos ordena­
mientos los hechiceros, magos, sacerdotes o profetas.11
Se debe tratar de determinar cuáles son las consecuencias
jurídicas del proceso anterior cuando vienen a afectar las cua­
lidades formales del derecho, ya que cuando se hace intervenir
los medios mágicos para ayudarse a resolver los problemas
que se presentan y por tanto a crear nuevas normas, se está
afectando el carácter formal del derecho, aunque sea en forma
muy rudimentaria. Es un formalismo mágico, pues a través de
esos medios es como se plantean y resuelven los problemas
que se originan. Por supuesto que no hay un procedimiento
uniforme y único que venga a resolver todas las cuestiones
que se suscitan, se pueden emplear diferentes medios, todos
ellos mágicos, según la situación que se tenga enfrente. En
estos casos estamos ante un principio fundamental del proce­
dimiento, el de la necesaria e indispensable realización de los
actos que se consideran como solemnes dentro de él. Esto era
preciso para ambas partes, pues de no actuar de acuerdo con
la formalidad establecida, se perdería no sólo el recurso jurí­
dico de que se trata, sino también la causa del litigio.
El derecho probatorio adquiere una gran importancia en el
comienzo del formalismo jurídico. En realidad, las pruebas
sirven más para que las partes planteen su problema a los dioses
por medios mágicos, que el que demuestren a quién corres­
ponde la verdad y quién es el que está mintiendo. Vemos
coincidir por un lado, los medios irracionales a través de los
cuales se plantea y resuelve el proceso y por otro al formalis­
mo del procedimiento.
Como se vio, cuando la tradición está sumamente arraigada
en una determinada comunidad, las decisiones que se toman en
un caso concreto tienden a mantenerse, a perdurar, a aplicarse
a los casos semejantes que se presentan en el futuro.
En cambio, en aquellos lugares en que no existan normas
tradicionales se da el fenómeno contrario, esto es, el derecho
objetivo representado por las decisiones dadas a las situaciones
concretas, será sumamente flexible.

103
Lo anterior se presenta también en aquellos casos en que
no hay una fundamentación racional en las respuestas dadas a
los problemas planteados, cuando no es resuelto el conflicto
por medios de prueba mágicos, es decir, que los dioses reco­
nocidos no fallan directamente sobre el problema, sino que
éste es resuelto por una persona carismática, o por el más an­
ciano del clan, o el consejo de ancianos, o en todo caso, por
un mediador que las partes designan, aunque también puede
suceder que haya un juez nombrado para ese caso o que se
encuentre establecido permanentemente.12
Hemos visto que para determinar cuáles son los elementos
jurídicos relevantes, se requiere un índice tomado del mundo
sensible y no en una forma lógica. Lo primero que se hace es
recoger aquellos problemas que se van a plantear a la divini­
dad, las cuestiones en litigio; a continuación, de acuerdo con
las distintas clases de situación que se requieran presentar, se
busca la forma más adecuada de hacerlo, de qué manera se va
a hacer llegar el problema a los dioses, y por último se les
manifiesta a las partes la forma como deben actuar y como
seleccionar y aplicar los distintos medios de prueba que en el
caso se requieren. El fallo se dictará de acuerdo con las prue­
bas ofrecidas y sobre éste recaerá la coacción jurídica. Con
frecuencia sucedía que a una de las partes contendientes se le
designaba para que cumpliera con una determinada prueba, la
que influiría en el resultado del conflicto, esta obligación era
a la vez, un derecho de la persona que tenía que realizarla. En
esta época no es posible determinar todavía ciertos conceptos
jurídico-técnicos, no es posible distinguir con claridad cuándo
se está frente a una norma objetiva y cuándo frente a un de­
recho subjetivo, ni cuándo frente a una acción de derecho civil
y una de derecho penal, pues como ya vimos, toda falta era
considerada como delito, se desconocían las obligaciones y
los contratos. La distinción entre derecho público y derecho
privado tampoco era posible hacerla en aquel entonces, pues
dijimos que la actividad tendiente a la creación de normas y
la que busca su aplicación se confunden. Todas estas distin­
ciones se encuentran en embrión. Los medios coactivos y las
instancias coactivas se confunden unas con otras, por ejemplo
cuando el hecho delictuoso expone a la colectividad a un ma­
leficio, el autor del mismo se hace acreedor a que lo linchen.
Esta última es una consecuencia religiosa, que se asemeja al
procedimiento expiatorio del clan; esta relación la podemos
comparar con la persecución actual de los delitos que se siguen
de oficio, y aquélla que se sigue a instancia de la parte ofen­
dida. 13
De acuerdo con lo expuesto, nos será fácil comprender por

104
qué el derecho consuetudinario tiene una de sus fuentes en los
precedentes judiciales. Vemos que en principio ejercieron gran
influencia los medios mágicos de prueba, los cuales eran su­
mamente variados; cuando la tradición se fue imponiendo
sobre éstos, cuando el prestigio de los magos, hechiceros y
profetas fue decreciendo, entonces ciertos medios probatorios
fueron prevaleciendo sobre los demás, lo que originó dentro
de los conflictos, ciertas variantes, pues entonces las partes no
sólo tratarían de probar determinados hechos, sino también
deberían demostrar la existencia y reconocimiento de los
medios de prueba empleados.
Los primeros estatutos que se crearon, y que pudieron ser
tanto pactados como otorgados, probablemente tuvieron su
origen en la revelación carismática, por medio de la que se
creaban nuevos órdenes, éstos se fortalecían por la interven­
ción del imperium, porque quienes creaban estos estatutos
eran los jefes o líderes de los clanes.
Posteriormente se fueron formando ciertas asociaciones
políticas o comunidades fuera de la aldea o de los clanes; se
formaban generalmente a causa de intereses políticos o econó­
micos, y su dominio era mucho más extenso que el de las
aldeas o el del clan mismo. Para poder controlar los intereses
que los unían, tenían frecuentemente reuniones, las que con
el tiempo ya no sólo abarcaron las cuestiones que en un prin­
cipio los unían, o sea las de tipo político o económico, sino
que se empezó a ampliar el campo de sus discusiones y así,
comenzaron a tratar sobre la interpretación de la tradición,
llegando repetidas veces a unificarla, pues a estas juntas con­
currían los jefes de distintos clanes o aldeas. También podían
tratar otros temas de trascendencia jurídica, como por ejemplo,
la exogamia de los clanes. La forma como generalmente se
lograba que se unificaran los criterios sobre alguna materia,
era recorriendo el siguiente camino:
Algún profeta, hechicero, mago o sabio carismático de gran
prestigio, se presentaba en las reuniones y manifestaba las re­
velaciones de que había sido objeto, éstas podían llegarle o
por medio del sueño o en momentos de inspiración; poste­
riormente al relato de sus revelaciones, los jefes unidos, to­
mando en cuenta el prestigio reconocido de quien las hacía,
podían aceptarlas y al regresar a sus grupos originales, las
propagaban tratando de que los miembros de esos grupos las
conociesen y a la vez que las cumplieran.14
Históricamente no deben ser considerados los jurados como
descendientes de los profetas jurídicos-carismáticos, aquellos
vinieron a sustituir a los medios irracionales de prueba en los
casos en que la justicia era impartida dentro de las asambleas

105
primitivas con la intervención de los miembros de la comuni­
dad.
La autonomía corporativa y estamental tuvo un gran des­
envolvimiento en el occidente medieval, pues el titular del
imperium, o su representante en aquellos casos en que se le
designaba, no intervenían en el fallo judicial, su actitud se
reducía a guardar el orden dentro del juicio, no se les permi­
tía fallar porque para eso se requería tener cierta calidad
carismática.
Cuando se integraron los jurados fueron formados única­
mente con personas de un determinado círculo, incluso el juez
no podía intervenir más que para citar a juicio; él debería
tratar de que las partes desecharan la venganza y aceptaran la
expiación, y que se siguiera el juicio llenando las formalidades
que éste requería; el juez no podía ir más allá porque no tenía
una calidad carismática que en esos casos era indispensable
para poder interpretar las normas, esta última cualidad era
reconocida solamente en magos y sacerdotes, y gracias a ella
intervenían en el juicio y no porque tuvieran alguna otra
autoridad.
La evolución que hemos venido estudiando, se encuentra
con rasgos similares en todas las legislaciones. La intervención
de los oráculos se hacía también en aquellas contiendas polí­
ticas y sociales de carácter racional, pues las revelaciones pro-
féticas estaban revestidas siempre de una gran autoridad.
La cualidad carismática de los sacerdotes les daba grandes
privilegios y además se fortaleció su personalidad, su prestigio
aumentó enormemente conforme desterraron la venganza y
sometieron a los litigantes a la expiación.15
La guerra vino a ser determinante para que el derecho ad­
quiriera un carácter laico y pudiera independizarse de la tradi­
ción. El imperium del jefe conquistador se expande, no sólo
sobre los prisioneros y el botín de guerra, sino ante todo,
sobre el territorio conquistado. Frente a esta nueva realidad,
que ha sido consecuencia de un cambio brusco, es necesario
la formación de normas que regulen esas nuevas situaciones
que se presentan. El poder de disposición del caudillo es pro­
piamente ilimitado, pues nada debe impedirle que asegure la
paz y el orden interno. Como la guerra provoca un cambio
radical, la tradición se tambalea, una serie de situaciones que
eran reconocidas como divinas y valiosas, tienden a desapare­
cer. La necesidad de la creación de nuevas formas fomenta la
racionalidad del derecho.
Cuando la expiación se había afirmado sobre la venganza
de sangre vemos aparecer por un lado un precepto que casti­
gaba el homicidio y los delitos de sangre, y por otro un cuadro

106
sancionador para aquellos delitos más leves. Estos últimos
motivaron que el ofendido muchas veces se preguntara si
valía la pena recurrir a los tribunales, dada la sanción que le
correspondía al culpable según el delito cometido.
La influencia del imperium sobre el derecho civil, aparece
mucho después que sobre el derecho penal. En principio el
imperium tiene que respetar la tradición, pero conforme va
pudiendo procura evitarla y en esa forma va ampliando su
campo de acción.
También podemos ver que algunas veces la formación jurí­
dica se realiza en otra forma. El poder del Príncipe radicaba
en una cualidad inherente a él, era, por así decirlo, un derecho
subjetivo patrimonial. Por tanto, podía hacer descansar parte
de ese poder en ciertas personas que le ayudarían a realizar
sus funciones jurídicas, en este caso estamos frente a una ad­
ministración estamental de justicia. La administración y apli­
cación de justicia también podía ser de un carácter principesco
patrimonial. En este último caso el Príncipe no delega parte
de su poder en ninguna persona, no lo hace para evitar ligarse
a nadie, y en esa forma centraliza su poder. Podía resolver
cada caso concreto que se le presentara o dirigir las actividades
de sus funcionarios, por medio de unos reglamentos que eran
un conjunto de disposiciones generales aplicables a todas las
situaciones. Todavía no se puede hablar de un derecho obje­
tivo y de un derecho subjetivo. Las personas que solicitaban
la administración de justicia, podrán estar ante la posibilidad
de que se resuelva su asunto favorablemente, como reflejo de
las disposiciones generales, pero no tienen en realidad una
garantía jurídica, y, por tanto, su pretensión no podrá ser
considerada como un derecho subjetivo. Es un caso como el
procedimiento que sigue un niño con su padre cuando le soli­
cita algo, el padre para resolverle al hijo, no tendrá que apegar­
se a ningún principio formal, ni a ningún procedimiento. Por
tanto, no es erróneo decir que se está frente a una adminis­
tración paternal de justicia, como si fuese un padre de familia
que soluciona los problemas que los miembros de ésta le pre­
sentan. Es una mera administración de este tipo de aplicación
del derecho, si es que es posible hablar de derecho en este
caso, pues como ya dijimos, el reglamento no tiene un carácter
formal. Este tipo de administración de justicia trata de llegar
materialmente a la verdad, por eso evita ligarse a un derecho
probatorio formal y por lo mismo a los medios mágicos pro­
batorios. Lo anterior viene a afirmar lo ya dicho, que en este
tipo de justicia patriarcal no existen los derechos subjetivos.
Desde cierto punto de vista, se puede considerar esta forma de
administración y aplicación del derecho como racional, en

107
cuanto que se encuentra vinculada a una serie de principios
fundamentales. No es que sea una racionalidad lógica de las
formas jurídicas de pensamiento, sino es por estar sujeto este
tipo de administración a ciertos principios materiales de orden
social, los que pueden variar en su contenido, por ejemplo,
político, utilitario, étnico, etc. Al observador se le presenta
esta situación como una unidad entre la función judicial y la
administración de justicia, claro que esto no debe tomarse en
el sentido de que toda administración toma la forma de fun­
ción judicial, sino al contrario, estamos frente a una situación
en la cual la aplicación del derecho tiene las características de
la administración. Ya se dijo que el Príncipe tiene como funcio­
narios suyos a los jueces, por lo que puede intervenir también
para aplicar el derecho, de acuerdo con un criterio personal.
La garantía que puede tener la aplicación del derecho en esos
casos no va más allá de ser una gracia del Príncipe en favor
del caso concreto.
No se puede decir que el Príncipe se encuentre limitado en
su función, pues en realidad las únicas pautas que se pueden
trazar, es no ir más allá de donde pueda llegar a perder su
trono o ir abierta y constantemente contra la tradición, la
que es tenida como sagrada y en la que por último, tiene su
base la legitimación de su poder.16
De la intervención del imperium se desprenden las codifi­
caciones. El Príncipe trataba de unificar y sistematizar el
derecho, para que en esa forma hubiera orden, disciplina y
armonía en su reino; trataba de formar una unidad jurídica y
a la vez de preparar a los funcionarios jurídicos para que pu­
dieran desempeñar sus funciones en cualquier parte de su
territorio y no tener que estar arraigados en un solo lugar,
esto último fomentó la creación del funcionario de carrera.
La guerra trae otro fenómeno que influye en la evolución
del derecho, el militarismo. Este se produce cuando la asocia­
ción política que surge de la nueva situación, conserva su as­
pecto militar y por tanto el ejército ejerce una gran influencia
en las decisiones de las contiendas, no sólo las que aparecen
entre sus miembros, sino también en los conflictos que brotan
entre personas no militares. Esto es un golpe más contra la
magia, los ancianos y la tradición.
En esta situación se ejercen distintas fuerzas sobre la co­
munidad, la del imperium del conquistador, la de la tradición
y la del ejército. Los miembros de éste se van haciendo los
propietarios de la tierra.
En Europa, durante la Edad Media, la Iglesia católica por
mediación de sus obispos, tuvo una gran influencia en la
formación y aplicación del derecho, también fue grande su

108
influencia sobre los príncipes y así pudo obtener máximos
beneficios.
Algo que se debe destacar es la intervención que en un
momento dado podían tener los miembros que formaban la
asamblea judicial en un momento dado en una comunidad,
cuando actuaban dentro de un litigio, pues aunque no eran
portadores del carisma podían intervenir en cualquier mo­
mento, señalando alguna nueva proposición que no fuese la
que el representante carismático había dado, ésta se podía
aceptar si así se llegaba a un mejor logro. Una solución última
y definitiva sólo podía derivarse del juicio de Dios, el que se
llevaba a cabo entre las partes contendientes, y como el dictar
una sentencia falsa era grave ofensa contra los dioses, al ven­
cido se le imponía una sanción. En este caso la “voz de los
circunstantes era la voz de Dios”.
Posteriormente se dio un fenómeno contrario, pues se tra­
taba de centralizar la aplicación del derecho; esto era facultad
del titular del imperium, el que en algunos casos la podía de­
legar en ciertos representantes, los cuales trataron siempre de
eliminar a los personajes carismáticos del terreno jurídico, ya
que esto les favorecía. A sí es como el derecho en esos casos,
llegó a asumir un carácter teocrático patrimonial. Esta situa­
ción también se puede presentar por otras causas, cuando una
comunidad por el hecho de llegar a ser políticamente omni­
potente, puede eliminar no sólo a los portadores carismáticos
de la función judicial, sino también a los portadores oficiales
del mismo. En estos casos la comunidad viene a ser ella misma
la única fuente soberana para la creación y aplicación del de­
recho.
En aquellos lugares donde se establece una comunidad ju­
rídica, tanto el carácter formal del derecho como su aplicación
es eficazmente vigilada, porque la aplicación del derecho no
está supeditada al libre arbitrio de aquellos para quienes el
mismo vale, porque éste tiende a dominarlos y no a servirlos.
Además, en la época en que el derecho se va formando por
las revelaciones a través de los seres carismáticos dotados, éste
tiene que corroborarse en forma conveniente, por medio de la
aceptación que los miembros de la comunidad hacen de él,
porque encierra en sí sentimientos de equidad y su aplicación
en la realidad sea efectiva.
Y a hablamos de la influencia que los juristas ejercieron en
la formación del derecho, pues al querer darle un carácter ra­
cional necesariamente implicaba el conocerlo y por medio de
este conocimiento influían en su creación. En cualquier parte
en donde el derecho tenga un carácter formal, se verá la in­
fluencia que sobre éste tienen los jurisperitos. Dentro de éstos

109
se debe considerar a los procuradores y a los consejeros priva­
dos de las partes, que formaban lo que se puede llamar los
juristas prácticos. Más adelante, debido a la especialización
del derecho, aparece el abogado profesional, cuyos conoci­
mientos y dominio de la materia tenían que ser muy amplios,
para llegar a tener la especialidad, se requería experiencia y
conocimientos técnicos, pues cualquier solución que se dé a
los problemas jurídicos debe ser racional. Este último carácter
del derecho también fue impulsado por los comerciantes, los
que se refugiaban en las normas jurídicas para proteger sus
intereses.17

Evolución de los derechos subjetivos

Para determinar cuándo existe un derecho subjetivo, desde


un punto de vista sociológico, se debe ver si existe la probabi­
lidad de que se realicen ciertas expectativas que se encuentran
protegidas por el derecho objetivo y que favorecen a una
persona que es considerada como titular de ese derecho.
Actualmente el derecho moderno es un conjunto de normas
abstractas que abarcan de hecho todas las situaciones jurídi­
cas que se pueden presentar. Estas normas se pueden catalogar
en:

a) Normas imperativas.
b) Normas prohibitivas.
c) Normas permisivas.

En estas últimas normas es donde se originan los llamados


derechos subjetivos. Sociológicamente hablando, se está frente
a una serie de expectativas en el actuar de ciertas personas, en
relación con el contenido del derecho subjetivo, de acuerdo
con el cual se les podrá exigir que realicen una determinada
conducta.
Es posible considerar como fuentes de poder a los derechos
subjetivos, pero solamente en relación al contenido que éstos
tengan y siempre tomando en cuenta que se encuentran am­
parados por la norma objetiva, pues sin ella no podrían ac­
tualizarse.18
Los derechos subjetivos representan ciertas facultades para
sus titulares; éstas las podemos clasificar, de acuerdo con el
contenido de los derechos que representan, en dos grupos: los
derechos de libertad que impiden que al titular del derecho se
le obstaculice, por un tercero o por el Estado, la ejecución del
mismo, y, por otro, aquellos que facultan a las personas para

110
que dentro de ciertos limites, regulen sus relaciones con los
particulares. Esto último se hace por medio de los negocios
jurídicos.
En la Antigüedad no se encuentra la libertad de contratación
tan desarrollada como en la actualidad, el negocio jurídico ha
tenido una gran evolución y, sobre todo, los contratos como
fuentes de obligación es que se encuentran coactivamente
garantizados.
Las consecuencias jurídicas que se derivan de la regulación
de las relaciones económicas entre las personas son muy va­
riadas, se desprende una serie amplísima de derechos y obli­
gaciones jurídicamente reglamentados.
La adquisición de derechos hereditarios constituye en la
actualidad una supervivencia a la forma en que en la Antigüe­
dad se justificaba la adquisición de derechos legítimos. Debe
tomarse en cuenta que dentro del derecho hereditario se pre­
senta una serie de situaciones de hecho, dentro de las cuales
la voluntad de las personas afectadas jurídicamente no inter­
viene, aunque representen “el fundamento y el supuesto de
esa actividad”. Esto se debe a que, en principio, la persona a
quien se otorga un derecho puede no intervenir, y por tanto
se da la situación jurídica sin voluntad suya. Generalmente es
a consecuencia de una serie de relaciones naturales; el naci­
miento, por ejemplo, que es como una persona pasa a ocupar
un lugar en una familia reconociendo el orden jurídico esta
situación, sin que la persona afectada intervenga. El derecho
reconoce ciertas cualidades inherentes a ella.
Algunas veces podía suceder que las percepciones heredita­
rias se regularan por medio de un contrato.
En la época primitiva se encuentra que distintos grupos
independientes entre sí, podían llegar a formar por medio de
convenios jurídicos, asociaciones políticas, pudiendo ser
de carácter temporal, puesto que se reunían únicamente para
la realización de un fin determinado —cazar o saquear— y
cuando se cumplía, la asociación se disolvía.19
Pero estos convenios eran externos, es decir, se realizaban
fuera de la comunidad. Es hasta que la influencia del empleo
de los medios mágicos para la creación del derecho disminuye,
cuando aparece la idea de que el orden jurídico puede ser
formado con la intervención de la mayoría de los miembros
de la comunidad. En estos casos las minorías deberían plegarse
a lo pactado por el grupo y éste podría, en caso de que aqué­
llas no lo aceptaran, imponerles sanciones. Aquí estamos frente
a la creación del derecho objetivo. Por el contrario, el derecho
subjetivo derivado de un contrato nace cuando dos o más
personas que sin tener obligación alguna, voluntariamente
celebran un contrato.20

111
Esto último fomentó el carácter técnico del proceso jurídi­
co, ya que muchas veces se daba la intervención de un órgano
oficial dentro del procedimiento para que las partes celebraran
un convenio que permitiera un mejor desarrollo de aquél.
Ejemplo de esto lo encontramos en el pacto arbitral que se
derivaba del pacto expiatorio entre los clanes, las partes con­
tendientes debían someterse al juicio de Dios.
Es acertado decir que en cierta forma el contrato, como
fundamento jurídico del cual se originaban obligaciones y
derechos para las personas, se encuentra en las épocas donde
empieza a desarrollarse el derecho, pero se daba en sectores
en donde en la actualidad no aparecen dichos convenios, o en
todo caso, ocupan un lugar secundario, como es, por ejemplo,
en el derecho público, en el derecho procesal, en el derecho
sucesorio, etc.
Contrario a esto, el contrato por medio del cual se adqui­
rían bienes económicos y que en la actualidad se realiza con
plena libertad, en la Antigüedades raro encontrarlo fuera del
ámbito familiar.
Es a consecuencia de la transformación que han sufrido los
convenios libres, por lo que a los contratos primitivos se les
considera como relativos al status de las personas, para dife­
renciarlos de los que se refieren al intercambio de bienes, los
que se consideran como contratos determinados por el fin.
Los contratos primitivos producían una transformación en
la calidad jurídica de las personas. Se modifica su habitus
social. El hecho de pertenecer a una determinada asociación,
o ser miembro de una familia.
Para que el contrato cumpliera su finalidad, se le vinculaba
con ciertos caracteres mágicos, sin los cuales no tendría nin­
guna validez; la práctica de estos actos duró por muchos
tiempo. La mayoría de estos contratos daban a las personas
que los realizaban cierta calidad; por ejemplo, pasaban a ser
miembros de una fraternidad, o la persona se convertía en
hijo, hermano, esclavo, compañero, cliente, vasallo, etc.21
En aquel entonces, el derecho era el medio por el que las
personas adquirían ciertas cualidades en su estado personal.
Por lo mismo se dificulta la distinción entre normas objetivas
y normas subjetivas.
Se conocían las normas que regulaban a los miembros de
una asociación, a las normas que regían las sucesiones; pero
insistimos, no aquellas que podían derivarse de un contrato
entre particulares y que sólo tenían valor para las partes con­
tratantes. Esto aparece con posterioridad, y como dijimos
anteriormente, una de las causas que motivaron fue el comer-

112
Con la ayuda de los medios mágicos, la persona adquiere su
nuevo espíritu. Para adquirir la calidad de miembro de alguna
fraternidad, el interesado tenía que recurrir a un juramento a
los dioses, quienes lo sancionarían si no cumplía con los pos­
tulados de la hermandad.
Una persona no podía exigir su ingreso a una agrupación,
pues a ésta le correspondía decidir quién llenaba la calidad de
miembro y quién no.
Esto ocurría tanto en una comunidad doméstica como en
el clan, o en una asociación política.
El juramento era también empleado como medio sancio-
nador en aquellos contratos que no tenían como finalidad el
dar un nuevo status a las personas, como por ejemplo, el
trueque. Este no sólo se realizaba con miembros del clan, sino
también con personas de otras comunidades; esto último era
el llamado “trueque hacia afuera” y requería el empleo de
medios mágicos para su realización. A diferencia de éste, se
encuentra el llamado trueque mudo que se verifica entre los
miembros de una misma fraternidad y no requería de la ce­
remonia mágica como garantía. Esta se daba por el solo hecho
de pertenecer los partícipes a la misma hermandad.
Con la aparición de la moneda, el trueque adquiere una
auténtica construcción jurídica de carácter formalista.
El contrato pecuniario aparece como un tipo clásico déla
contratación coactiva, es un acuerdo cuantitativamente de­
terminado, sin que tenga ninguna significación cualitativa,
pues normalmente sólo está económicamente condicionado,
sin ninguna significación ética y a consecuencia de ello es una
ayuda eficaz para que desaparezca el carácter mágico de los
actos jurídicos, contribuye a la secularización jurídica.
Es muy importante no olvidar que estas apreciaciones son
hechas a distancia, pues como hemos dicho anteriormente,
cualquier obligación jurídica era considerada como exdelicto.
El procedimiento expiatorio se aplicaba para resolver las con­
tiendas de este tipo, es por eso que se le considera el proceso
más antiguo para resolver los conflictos de deudas.
La situación se agrava cuando había algún conflicto de este
tipo entre miembros de clanes diferentes, pues no existía un
proceso formal en relación con la restitución de las cosas;
todas las acciones se fundaban en la afirmación del actor con­
tra el acusado, consistente en que éste había cometido un acto
expiable contra él. No se conocía ninguna acción derivada de
los contratos, ni siquiera la acción reivindicatoría.
Otra posesión especial se presentaba dentro de la comuni­
dad; debido a que las normas de ésta no permitían a una per­
sona declarar en contra de su hermano o llevarlo a juicio, por

113
lo que entre estos no existía la venganza de sangre. El único
castigo que se podía esperar era el que provenía de los dioses
o en otros casos, la maldición de los sacerdotes o la interven­
ción del titular del poder dominical.
Posteriormente, a consecuencia de la guerra, como se dijo,
se presenta el fenómeno del militarismo, el cual trae apareja­
da una serie de derechos en favor de los militares. Como con­
secuencia, vino una selección de aquellos que podían formar
parte del ejército, haciéndose ésta de acuerdo con los naci­
mientos de los matrimonios reconocidos como legítimos. El
esclavo y las clases inferiores no gozaban de los privilegios
militares, siendo uno de los más importantes entre éstos, el
botín de guerra. Esto hizo necesario que se estableciera un
recurso por medio del que se pudiera determinar el status de
las personas. Además, aparecieron aquellas acciones que se
derivan de la propiedad territorial y que permitían la produc­
ción de las tierras, lo que era indispensable porque los medios
de vida escaseaban, afectando tanto a la comunidad domésti­
ca, como a la asociación política.
Consecuencia de lo anterior fue que sólo se considerara
con todos sus derechos a una persona como miembro de una
asociación, cuando era propietaria de la tierra, y que por tanto
el ser miembro de una determinada asociación le daba derecho
a participar sobre la titularidad de la tierra.
Una consecuencia muy importante se desprende de lo an­
terior, la creación de una nueva acción.
Cuando algunas asociaciones se disputaban cierta propiedad
territorial, la vencedora recibía por medio de una acción rei-
vindicadora, el predio en disputa.23
Más adelante, como resultado de la apropiación individual
de la tierra, las disputas sobre ésta, se hacían entre particulares.
Ya no es la asociación la que pide ejercer la acción reivindica­
toría, sino que es el interesado en particular, quien lo hace. El
resultado del proceso otorga a uno de los contendientes la
razón, al mismo que se le otorga el bien disputado. Es aquí
donde empieza a nacer la diferencia entre acciones reales y
personales, pues ambas se encuentran dentro de las acciones
que se derivan del status personal, aun las que tratan sobre la
propiedad.
Hemos visto que las cuestiones internas de los clanes no
requerían para su solución de las formalidades y procedimien­
tos mágicos-jurídicos que se empleaban en las contiendas entre
clanes. Generalmente los más ancianos resolvían estos pro­
blemas que eran de carácter administrativo y quienes no
aceptaban la resolución se les boicoteaba por todos los
miembros del clan.

114
Más adelante vino la coexistencia de las comunidades do­
mésticas y las comunidades locales; se formaron las asociacio­
nes políticas, el clan se desintegró y es entonces cuando se
presenta un problema consistente en determinar cuál era la
competencia de la asociación política en los problemas que se
suscitaban entre los miembros de un mismo clan o de una
misma familia. Los problemas de este tipo, en relación con la
propiedad de la tierra, se tenían que presentar ante el juez.
En estos casos podía suceder que el poder político actuara
con un carácter patriarcal, por lo que el proceso en este caso,
era más o menos de tipo administrativo. En principio se difi­
cultaba poder precisar cuándo se tipificaba el conflicto de
acuerdo con la antigua forma y cuándo con la nueva.
Del mutuo, nació una de las primeras acciones contractua­
les que tuvo una coacción. En principio, cuando sólo existía
la responsabilidad personal, el mutuo se da únicamente entre
hermanos, como medida de ayuda entre ellos. En esa época
no se podía hablar de intereses ni había ninguna acción que
se derivara de ese préstamo y cuando el préstamo se realiza
entre miembros de diferentes clanes, sólo había en favor del
acreedor, acciones de tipo mágico, de las cuales se valía tra­
tando de hacer pagar al deudor. Por ejemplo, en China cuando
un prestamista no conseguía que su deudor le pagara, lo
amenazaba con el suicidio, esperando que en caso de morir, el
deudor sería perseguido por medio de la venganza de clanes.
Los miembros del clan tenían una responsabilidad solidaria,
pues recordemos que entonces todas las obligaciones eran
exdelicto,24
El contrato de expiación debía tener una formulación muy
precisa en relación con los problemas planteados y las pruebas
empleadas, porque este proceso se realizaba entre enemigos.
En realidad, una de las finalidades del proceso era evitar la
autodefensa. En algunos sistemas jurídicos el proceso se ini­
ciaba con ciertos actos de autoayuda. El ofendido llevaba al
acusado al tribunal y no lo soltaba hasta que garantizase que
no iba a tratar de evadir la sanción que se le impusiera en caso
de ser declarado culpable; esta autodefensa siempre se dirigió
contra el adversario, porque el haber cometido un delito obli­
gaba a su autor a responder con su persona. El acusado podía
garantizar lo anterior y a la vez se protegía para que no le
molestasen, mientras duraba el juicio y se dictaba el fallo,
por medio de una prenda o señalando un fiador.
A consecuencia de las necesidades jurídicas, aparece el
contrato coactivo junto a la fianza procesal.
Este representaba artificialmente a una serie de acciones
contractuales nuevas, porque era una garantía jurídica deri­

115
vada de una acción exdelicto. Posteriormente y debido a lo
que se puede llamar la racionalización económica del derecho,
nació la idea de que la responsabilidad expiatoria no debía ser
algo que sólo buscara la venganza, sino que se debería buscar
la compensación al daño causado. Por lo mismo, el incum­
plimiento de un contrato, obligaría al culpable a la expiación
del daño causado.

Libertad de contratación

Podemos aceptar que actualmente las partes contratantes


pueden, en relación con el contrato, darle el contenido más
variado, el único límite a esa libertad es el que señala el orden
jurídico expresamente.
En la actualidad el derecho interviene en las relaciones
contractuales, por medio de ciertos preceptos facultativos, los
que se aplican a algunos convenios, buscando que las conse­
cuencias legales que éstos encierran se lleguen a realizar; esto
sólo en los casos en que las partes contratantes no hayan es­
tablecido algo distinto, pues en este caso estarían haciendo
uso de su derecho dispositivo, el cual es reconocido y sancio­
nado por el orden jurídico objetivo. La existencia de estos
preceptos facultativos es necesaria, muy útil y cómoda. Lo pri­
mero es debido a que no siempre las partes regulan expresa­
mente aquellos puntos de trascendencia jurídica y por tanto
el derecho tiene que hacerlo para que se produzcan las conse­
cuencias jurídicas que el contrato implica. Lo segundo, nos
dice Weber, es debido a que el poder acogerse a ciertos tipos ya
conocidos y experimentados facilita el actuar de las partes, y,
esto último, sobre todo, ha sido una gran ayuda para las rela­
ciones comerciales modernas.
Muchas veces las consecuencias legales que resultan de un
negocio jurídico van más allá de las partes contratantes. Esto
se produce en casi todos los negocios jurídicos, pues el resul­
tado de éstos repercute en terceros que están relacionados
con las partes; por ejemplo: cuando un deudor adquiere una
nueva deuda, está afectando a su acreedor original. No es po­
sible determinar todas las situaciones que se pueden presentar
en estos casos. Es importante hacer notar que en aquellas si­
tuaciones en que los efectos de ciertos convenios trascienden
a las partes contratantes, habrá normas jurídicas que limiten
la libre contratación, como una medida proteccionista.25

116
Racionalización formal y material
del derecho

El racionalismo que el imperium dio al derecho, fue de tipo


material. Se buscaba en la aplicación del orden jurídico no
llegar a una vinculación jurídica formal o a una sistemática
racional del derecho y del procedimiento, sino a una solución
práctica de acuerdo con el contenido del problema suscitado.
Cuando las normas religiosas empiezan a separarse del de­
recho, éste va adquiriendo un carácter racional y formal, lo
que también es fomentado por la aparición del derecho na­
tural, el cual ejerce una gran influencia sobre el derecho
positivo.26
En aquellos casos en que no hay esa separación entre normas
religiosas y jurídicas, se produce una amalgama de pretensio­
nes religiosas y pretensiones jurídicas. No se podía precisar
cuándo se estaba frente a normas morales, jurídicas, religiosas,
etc., por tanto, aquí el derecho no tenía aún carácter formal.
Las formas de dominación ejercen una gran influencia en la
estructura lógica del derecho.
Muchas veces en el orden jurídico no formal, intervienen
en su creación diversos sentimientos. Esto mismo puede apare­
cer hasta en cierto tipo de democracias. Lo anterior se debe a
que el portador del poder, el rey, el déspota, el demagogo, no
tiene ninguna limitación formal en la aplicación del derecho;
ni siquiera se consideran vínculos a las disposiciones que ellos
dictan y en todo caso solamente hay cierta limitación en su
actuar derivadas de las normas sagradas, que, como se dijo,
son en las que fundamenta su poder.
Estos poderes se encuentran ante el problema que se susci­
tó entre el formalismo abstracto de la lógica jurídica y el
cumplimiento por medio del derecho de ciertos postulados
materiales.
Cuando se está ante el formalismo jurídico específico, el
órgano jurídico trabaja como una “máquina técnica racional”,
que permite a las partes interesadas calcular racionalmente
sus posibilidades frente al mismo. El procedimiento jurídico
se somete a reglas determinadas e inviolables. Esto tuvo su
inicio en el procedimiento primitivo expiatorio entre los
clanes y en la administración popular de justicia, los que tenían
un derecho probatorio estrictamente formal. En incisos ante­
riores lo vimos, diciendo que el hecho de no atenerse al pro­
cedimiento hacía que se perdiese el juicio. Las presunciones y
los testigos, que actualmente tienen tanta importancia en un
juicio, antiguamente se desconocían. En aquellos tiempos
un testigo —conjurador— jura a quien cree que pertenece el

117
derecho, pero no atestigua sobre la verdad o motivo de un su­
ceso. En este caso el conjurador se expone a una maldición
divina, si es que ha jurado en falso. Hemos dicho que el anti­
guo derecho consideraba la prueba como un derecho y no
como una obligación de las partes. El juez, para poder actuar,
requiere que las partes lo soliciten, y a él únicamente debe
importarle lo garantizado y solicitado por éstas; lo que se
resuelve y demuestra con las pruebas aunque sean irracionales
es llegar a una sentencia justa desde un punto de vista mate­
rial. Sólo cuando este tipo de actuaciones irracionales des­
aparecen, se puede hablar de un proceso lógico, el que es
orientado por los distintos intereses de las partes, tratando de
llegar a la verdad. Esto último rompe con la total dependen­
cia que se tiene con los órganos jurídicos, ya que cuando la
administración de justicia es de tipo patriarcal, no hay el libre
arbitrio en cada caso, sino hay que apegarse a ciertas normas
las partes tienen mayor libertad de movimiento.27
Hemos estado viendo cómo se encuentran caracteres racio­
nales e irracionales, tanto en la formación como en la aplica­
ción del derecho.
Desde un punto de vista formal, se considera al derecho
como irracional, cuando tanto en su creación como en su
aplicación se emplean medios que no se controlan racional­
mente.
Desde un punto de vista material, cuando las decisiones
sobre cada situación concreta, puedan variar, cuando falten
normas generales que regulen los casos concretos, entonces se
considera irracional al derecho.
Enfocado el derecho desde un punto de vista racional, es
posible hacer también una clasificación formal y material de
su creación y aplicación.
Cuando el derecho no toma de los hechos más que sus
caracteres generales, estamos frente a un derecho formal ra­
cional. Se puede caer en un extremismo del formalismo jurídi­
co cuando hay alguna característica jurídica relevante de
carácter sensible.
Un ejemplo de esto puede ser el tener que pronunciar al­
guna palabra determinada a la que se le atribuye un significado
especial, el cual haya sido previamente establecido. Aunque
lo que se procura es obtener lógicamente los caracteres jurí­
dicos relevantes y formar normas abstractas.
Encontramos el carácter racional material del derecho cuan­
do “las normas cuya dignidad cualitativa es diferente a las ge­
neralizaciones lógicas fundadas en interpretaciones abstractas,
influyen en la decisión de los problemas jurídicos’’.2 8 Esto
puede suceder cuando en las decisiones particulares influyen

118
normas de moral, conveniencia, etc. Esto permite independi­
zarse del formalismo externo por un lado y de la abstracción
lógica por otro.
Los caracteres formales del derecho son afirmados por
ciertos principios que rigen en el campo jurídico:

a) El que toda decisión a un problema concreto se derive


de un precepto general.
b) El derecho debe abarcar, bajo sus preceptos generales,
cualquier hecho concreto, no debe tener lagunas de acuerdo
con su carácter sistemático.
c) Debe desechar cualquier medio irracional, tanto en su
creación como en su aplicación.
d) La conducta de los miembros de una comunidad necesa­
riamente debe ser o apegada o en contra del derecho, pero
siempre dentro del campo jurídico.
En resumen, en la evolución de las normas jurídicas encon­
tramos cuatro tipos ideales del derecho:

a) Derecho irracional y material—Es la emotividad la que


determina a jueces y legisladores a actuar.
b) El derecho irracional y formal—Aquí tanto el legislador
como el juez se guían por normas no racionales.
c) El derecho racional y material—El legislador y el juez
hacen referencia a un libro sagrado, a una ideología, o a la vo­
luntad política del conquistador.
d) El derecho racional y formal— La creación y preciación
de justicia se basa en conceptos generales y abstractos28 bis

Caracteres racionales del derecho moderno

El derecho tiene distintos caracteres que lo hacen racional.


El primero de ellos es la generalidad, mencionada anterior­
mente, la aplicación de preceptos generales a los casos concre­
tos. En estos preceptos generales, se encuentran ciertos con­
ceptos típicos, los cuales abarcan las distintas situaciones
concretas que se pueden dar; analizando la situación particu­
lar, se podrá determinar qué concepto típico abarca.
Otro carácter racional del derecho es su construcción jurídi­
ca, esto es: “el poder precisar los elementos jurídicos relevan­
tes de una acción comunitaria o consensual cuyo desarrollo es
típico y lógico —sin contradicción—, lo que permite formar
una relación jurídica”. De las situaciones que de hecho se

119
presentan al orden jurídico, se trata de precisar los elementos
relevantes que contengan y que interesen al derecho. Esto se
puede hacer por medio de una síntesis, que desde el punto de
vista práctico, es mejor que un análisis, el cual nos puede llevar
a no poder resaltar aquellos elementos que nos interesan y por
tanto, a alejarnos del tercer carácter racional del derecho, la
sistematización.
Esta última representa un conjunto de normas que forman
un sistema coherente y sin lagunas. Es decir, el derecho debe
poder abarcar por medio de sus preceptos generales, a todas
las situaciones concretas que se le presenten; esto último no
existió en la Antigüedad y en aquellos lugares en que aparen­
temente aparece, lo hace en forma muy imperfecta.29
A pesar de que los procedimientos y jurisdicción estamen­
tales llegaron a desaparecer y con ellos la idea de que el dere­
cho se presenta como una cualidad personal, derivada de la
calidad de miembro de una determinada asociación, no por
eso se puede hablar de la desaparición de un derecho que re­
gule sólo ciertas situaciones especiales, pues en realidad se ha
dado el fenómeno contrario, la existencia de una serie de re­
glamentaciones especiales. Ejemplo de esto es el derecho
mercantil, el que regula una serie de contratos y una serie de
actos realizados por ciertas personas —los comerciantes— que
llevan a cabo su actividad profesional a través de esos contra­
tos, y también a personas que ocasionalmente realicen esos
actos. En este caso, lo que delimita el campo de acción de
estas normas es, en parte, la calidad de las personas. Esto di­
fiere de la forma que en la Antigüedad se aplicaba; entonces lo
que determinaba el campo de aplicación de las normas, era el
espacio que abarcara un determinado estamento. En cambio,
en el ejemplo visto, estamos frente a un derecho de clase y no
estamental.30
Las causas que motivan la aparición en la actualidad, de los
tribunales especiales se deben: primero a la existencia de dife­
rentes profesiones que amparan diversos intereses, los que
requieren una protección jurídica especial, pues se demandan
diversas soluciones por el aspecto técnico y profesional de
cada una, y segundo, la simplificación del procedimiento ju­
rídico común. Todo lo anterior trae como consecuencia que
el formalismo jurídico, impulsado por determinados intereses
materiales, pierda su fuerza.
Como ya vimos anteriormente, el carácter formal del dere­
cho se origina en el procedimiento mágicamente condicionado,
un procedimiento de tipo irracional, que en la actualidad en
el derecho moderno ha desaparecido.
Las relaciones económicas han fomentado el proceso de

120
racionalización y sistematización del derecho actual, ya que
las operaciones económicas requieren una gran protección
jurídica.
A diferencia del derecho que se daba en la Antigüedad,
ahora vemos aparecer en el campo jurídico la libre apreciación
de la prueba, además, actualmente es de suma importancia el
conocer la intención de las partes, cosa que antiguamente no
era así, ya que entonces no se juzgaba más que el resultado
externo de los actos. A causa de lo anterior, se derivan conse­
cuencias jurídicas de hechos jurídicos no formales.31 Todo
este proceso se debe a necesidades que de hecho se dan y que
el campo jurídico debe recoger. Otro ejemplo que podemos
dar, en cuanto al cambio del racionalismo formal del derecho,
es el que nos muestra la administración popular de justicia, el
jurado popular. Muchas veces estos jurados están formados
por personas sin ninguna preparación jurídica, y se dejan guiar
en sus decisiones por motivos irracionales como, por ejemplo:
sentimientos, afectos, falsos conceptos del hecho en cuestión,
etc. También en el campo del derecho penal se encuentra ese
fenómeno, pues con la intervención de los psicoanalistas, se
alejan las decisiones del formalismo jurídico. 123
En resumen, encontramos en la actualidad una tendencia
del derecho a ser más racional y menos formal.

Notas

1 Webcr, Max: op. cit., Tomo III, pág. 10.


2 Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 11-12.
bis Webcr, Max: op. cit., Tomo III, págs. 21-23.
3 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 13-15.
Weber, Max: op. cit., Tomo III, pág. 16.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, pág. 17.
* Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 18-20.
Recuérdese lo dicho sobre la legitimación de la legalidad.
Bendix, Reinhard: op. c it, pág. 391.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 29-31.
Weber, Max: op. c it, Tomo III. págs. 32-34.
j* Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 35 y ss.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 37 y ss.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, pág. 39.
Weber, Max: op. c it , Tomo III, págs. 40-42.
3 Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 45-47.
®Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 173-176.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, págs. 48-52.
®Weber, Max: op. c it, Tomo III, pág. 53.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, pág. 57.
Weber, Max: op. c it, Tomo III, pág. 96.

121
21 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 58 y ss.
22 Weber, Max: op. cit., Tomo III, pág. 89.
22 Weber, Max: op. cit., Tomo III, pág. 60-62.
24 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 63-65.
25 Weber, Max: ,op. cit., Tomo III, págs. 71-72.
28 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 144-145.
27 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 146-148.
28 Weber, Max: op. cit., págs. 26 y ss.
28bis Freund, Julien: op. cit., pág. 227.
29 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 24 y ss.
30 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 201 y ss.
31 Weber, Max: op. cit., Tomo III, págs. 204-206.
32 Weber, Max: op. cit., Tomo III, pág. 214.

122
Cuarta parte
Sociología política

La política como vocación.—La dominación legítima—La


dominación carismática —La dominación tradicional—Patri-
monialismo.-Feudalismo—La dominación legal.—La buro­
cracia.—El Estado moderno.

La política como vocación

Weber, como dijimos en la parte biográfica de este libro,


dedicó una atención preferente a los problemas políticos de
su tiempo. Dentro de éstos destaca la conferencia que dictó
en Munich durante 1919, para la Asociación Libre de Estu­
diantes, bajo el título de La política como vocación, en la
que enfocó la personalidad del político dentro del contexto
social.
Es importante, nos dice Weber, destacar que la política no
se puede identificar con el Estado, el cual no es más que una
de sus formas históricas, la correspondiente a la civilización
occidental.1
El político, o vive para la política, o vive de la política. Quien
vive para la política, se realiza íntimamente en ella, le da un
sentido a su vida, a su vocación. Quien vive de la política es
aquel que obtiene un ingreso económico de su actividad. Como
vemos en la vida real, generalmente estos dos aspectos se dan
mezclados. Aunque puede darse el caso de que personas in­
dependientes en el aspecto económico participen en la vida
política, pero en el caso de aquellos políticos que carecen de
esta prerrogativa, la política debe remunerarlos, ya sea por
trabajos determinados —la mordida y el cohecho son una va­
riante ilegal de este tipo de ingresos— o por un salario fijo.
Los partidarios y seguidores de un líder político buscan,
además de los intereses muy específicos del grupo político, el
lograr obtener el control y distribución de cargos, que se

123
otorgan como pago a los servicios prestados. Esto último ha
sido muy codiciado, el crecimiento de la burocracia —debido
a la ampliación de la administración pública— ha creado en
gran escala puestos que representan a sus titulares una forma
de asegurar su porvenir; por tanto el partidario político busca,
por medio de su apoyo a un candidato, el obtener algún
empleo.2
El periodismo y el partido político son los mejores medios
para colocarse, pero también puede buscarse acomodo en la
administración, en las organizaciones, en los sindicatos, en las
cámaras de comercio, etc. El político —principalmente el
funcionario de partido y el periodista— no sólo buscan obtener
con su participación en la actividad pública la retribución ma­
terial, sino además el reconocimiento social —aunque públi­
camente se le califica de inmoral— que trae aparejado el sen­
timiento de poder, el ejercer influencia sobre las personas, el
poder participar en los hechos históricos.3 Estos factores
emocionales también se dan en las naciones, e influyen en
gran escala en su política; fenómenos como el nacionalismo,
el imperialismo, etc., son manifestaciones de ello.
El partido político es aquel que tiende a obtener el poder
—en beneficio de determinados intereses muy particulares— y
a legitimarlo de acuerdo con el tipo de dominio que predo­
mine y justificándose con una ideología vaga y general.4 El
partido es “una socialización basada en el reclutamiento libre
de los individuos, con el fin de proporcionar a los dirigentes
el poder en el seno de un grupo político y a los militantes al­
gunas oportunidades ideales o materiales de realizar objetivos
precisos o conseguir ventajas personales”.5
Los grupos dominantes no sólo buscan el monopolio de los
bienes económicos, sino además el control de las ideologías
espirituales que utilizan como medio de control social, pues
por medio de imponer normas morales y religiosas, consolidan
su poder.
Cualquier tipo de dominación es ejercido por un grupo
minoritario, no existe un gobierno que pueda ser considerado
de todos para todos, ni siquiera los regímenes catalogados
como democráticos, ya que en cuanto un grupo obtiene el
poder, aunque sea en elecciones libres, es una minoría la que
lo viene a detentar, la cual tratará de mantener continuidad
en el mismo. Aunque cambien las personas, el partido, por
ejemplo, gestionará controlar el poder y esto lo realiza por me­
dio de las ideologías que justifican a quienes retienen el poder,
muchas veces dejando ocultas sus verdaderas intenciones, di­
simulándolas frente a los dominados.6
Al político se le critica dentro de la sociedad de que no
tiene moralidad. Pero la ética del político existe.

124
El enfoque moral del individuo puede verse desde dos
planos típico-ideales diferentes: u obedece a sus convicciones
íntimas —moral de la convicción— sin importarle las conse­
cuencias de su actitud, o bien tiene que responder de sus actos
ante los demás —moral de la responsabilidad- - a pesar de que
en un momento se vea obligado a actuar aun en contra de sus
convicciones personales. Es el dilema entre el hombre coti­
diano y el político, este último tiene que comprometerse
frente a los demás.7 Lo que hace típica a la ética de la res­
ponsabilidad es su medio específico: el monopolizar la violen­
cia legítima, aceptando las consecuencias que se derivan de
esto.8 Es por ello:que muchas de las actitudes del político no
pueden manifestarse a la luz pública. El fin es conocido; ob­
tener el poder o influir en su distribución, pero los medios
para lograr esto en muchas ocasiones deben permanecer en­
cubiertos, pues se oponen a la moralidad de la convicción que
predomina en el hombre cotidiano.
La racionalización tan característica de la civilización
occidental y el formalismo jurídico se han proyectado en el
campo de la política dándole también al abogado un papel
destacado. Pero, como ya vimos, es el periodista —junto con
el político del partido— quien ha obtenido un rol preponde­
rante en cuanto que es el “publicista” de la política, trata de
reclutar en el mercado electoral el mayor número de partida­
rios para su candidato. El periodista es un político, cuya acti­
vidad es permanente, aunque la vida activa política de hecho
se reduce a la época de las elecciones. En la democracia, con
la participación de las masas, se busca su manipulación a favor
del candidato, y el periódico es un medio muy eficaz para
formar —de acuerdo con ciertos intereses— una opinión pú­
blica, la que la mayoría de las veces descansa en actividades
emotivas.
En sistemas políticos pluripartidistas, los diferentes parti­
dos “se enfrentan entre sí totalmente desprovistos de convic­
ciones, son organizaciones de cazadores de empleos cuyos
mutables programas son redactados para cada elección sin
tener en cuenta otra cosa que la posibilidad de conquistar
votos. Estos programas cambian de una a otra selección en
una medida para la que no pueden encontrarse analogías
en ninguna parte. Los partidarios están cortados por el patrón
que mejor se ajuste en el momento de las elecciones”.9
Weber podía haber sido considerado como un demócrata,
aunque no es que él pensase que la democracia era la cristali­
zación de ciertas ideas, verbigracia: “ley natural”, “igualdad
entre los hombres”, etc. En realidad lo valioso que aportaba
este sistema, era la formación y selección de los líderes, los

125
que, en última instancia, vendrían a dirigir y a controlar a la
maquinaria política. Esto acarrea como consecuencia, que
la democracia adquiera un carácter burocrático, pero es la
única alternativa si se quiere tener líderes eficientes que res­
pondan al sistema. Es en los partidos políticos, donde se basa
el valor intrínseco de la democracia. Debe haber una plena li­
bertad de organización, de lo que resultará la formación de
líderes políticos que tengan un profundo sentido de respon­
sabilidad. Estas ideas Weber las confirmó en 1904 en el viaje
que hizo a los Estados Unidos.
La democracia que vio en este país, exigía tal índice de or­
ganización, que se constituía lo que él llamó, “la maquinaria
política”. Esta era la escuela, por así decirlo, donde se for­
maban los líderes, los cuales son indispensables en el sistema
democrático. Para que el sistema tuviera eficacia además del
político profesional se requería del partido político, el cual
debería estar fuertemente estructurado sobre la base de una
gran disciplina y una campaña constante e intensa de propa­
ganda.
Lo anterior lleva a un esquema democrático en la acepción
de Weber, una estructura política que permita una lucha que
lleve a la formación y selección de los líderes políticos, los
cuales para poder triunfar deberán actuar en el marco que les
impone la moral de la responsabilidad.
Resumiendo, quien se dedique a la política debe tomar en
consideración todos estos factores, a sabiendas de que al par­
ticipar en esta lucha va a comprometerse dentro de una mora­
lidad de la responsabilidad, y de antemano tendrá que aceptar
las consecuencias que su actuar le traiga.

La dominación legítima

Cuando vimos las relaciones sociales, dijimos que para


Weber se da una relación social de dominación cuando existe
la “probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de
determinado contenido entre personas dadas”.
Generalmente, en toda dominación aparece un cuadro ad­
ministrativo. Se da una relación social de asociación, en la
que existe la probabilidad de que se cumplirán una serie de
ordenamientos generales y mandatos concretos por parte de un
grupo de personas cuya obediencia se espera. El vínculo que
une a este cuadro administrativo, en cuanto a su obediencia,
con su señor o señores, puede tener una diferente motivación,
tradición, afecto, idealismo o intereses materiales. Aunque
estas motivaciones no representan en sí mismas los funda-

126
mentos en que la dominación confía, históricamente se en­
cuentra otro factor al que todos los tipos de dominación aspi­
ran, la legitimidad, la cual permite que la dominación sea prac­
ticada como tal y mantenida en una proporción importante.
Ahora bien, el motivo fundamental del reconocimiento de
la dominación no es en realidad la legitimidad, pero esta pre­
tensión la hace válida en una gran extensión, fortalece su
existencia y codetermina la naturaleza del medio de domina­
ción. El sujeto sometido a la dominación no tiene necesidad
de integrar el contenido del mandato a su código personal,
obedece formalmente sin dar un juicio de valor sobre dicho
contenido.10

En la dominación destaca:

a) Un gobierno integrado por uno o varios miembros, con


la posibilidad de la existencia de un cuadro administrativo.
b) Los gobernados.
c) La manifestación expresa del gobierno de dominar a los
gobernados.
d) La evidencia de la aceptación subjetiva de los goberna­
dos, de someterse al dominio del gobierno.

Decíamos que en el desarrollo histórico encontramos que


toda estructura de dominio tiende siempre a legitimarse, es la
justificación que tienen los gobernantes ante los gobernados,
para detentar el poder político.11 Weber configura una clasi­
ficación tripartita de los tipos ideales de dominación legítima:

La dominación carismática

Al hablar de las relaciones sociales mencionamos que Weber


tomó la palabra carisma de Rudolf Sohm.
Weber dice que “debe entenderse por carisma la cualidad
que pasa por extraordinaria —condicionada mágicamente en
su origen, lo mismo si se trata de profetas, que de hechiceros,
árbitros, jefes de cacería o caudillos militares— de una perso­
nalidad por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas
sobrenaturales o sobrehumanas —o por lo menos específica­
mente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro— o
como enviado del dios, o como ejemplar, y en consecuen­
cia, como jefe, caudillo, guía o líder”. 12
El líder carismático es reconocido a través de la revelación,
de la reverencia, de la confianza de sus sometidos. Este reco­
nocimiento es corroborado constantemente por sus cualidades

127
extraordinarias, es en esto en donde se funda la legitimidad,
en el reconocimiento de cualidades, lo que lleva consigo una en­
trega personal y subjetiva de sus seguidores. Las cualidades
deben perdurar, ya que son ellas las que ayudan a designar al
elegido, quien al perderlas deja de serlo.
“En China —nos dice Weber, ejemplificando lo anterior- la
calificación carismática de los monarcas estaba fijada de un
modo tan absoluto que todo infortunio, cualquiera que éste
fuese, no sólo guerras desgraciadas, sino sequías, inundaciones,
sucesos astronómicos aciagos, le obligaba a expiación pública
y eventualmente a abdicar.”
En cuanto al cuadro administrativo de los líderes carismá-
ticos, éste se organiza en una forma muy diferente a la de las
burocracias, y a la de las estructuras estamentales o patrimo­
niales. El cuadro mismo es electo por sus cualidades carismá-
ticas: al profeta corresponden los discípulos, al príncipe de la
guerra el séquito, al jefe en general los hombres de confianza.
Aquí no se puede hablar de colocación o destitución; no es
hacer carrera ni ser ascendido, sino sólo el llamamiento del
señor de acuerdo a su inspiración, sin ninguna jerarquía, juris­
dicción ni competencia que lo determine.
El líder carismático, por tanto, no está sujeto a un orde­
namiento jurídico de ningún tipo, ni un orden legal, como el
dominio legítimo, ni un orden consuetudinario de acuerdo al
tipo de dominio tradicional. “. . . el profeta genuino, como el
caudillo genuino, como todo jefe genuino en general, anuncia,
crea, exige nuevos mandamientos en el sentido originario del
carisma: por la fuerza de la revelación, del oráculo, de la ins­
piración o en méritos de su voluntad concreta de organización,
reconocida en virtud de su origen por la comunidad de cre­
yentes, guerreros, prosélitos u otra clase de personas.” 13
Nos dice Weber: “La entrega al carisma del profeta, del
caudillo en la guerra, o del gran demagogo en la iglesia o el
parlamento, significa, en efecto, que esta figura es vista como
la de alguien que está internamente llamado a ser conductor
de hombres, los cuales no le prestan obediencia porque lo
mande la costumbre o una norma legal, sino porque creen en
él”.14
Es por ello que el carisma es particularmente sensible al
pensamiento utópico.15
El líder carismático generalmente aparece —aunque no ex­
clusivamente— en épocas de crisis.
El grupo formado por el líder y sus discípulos no tienen
una ocupación rutinaria, incluso no llevan una vida familiar.
En el caso de Jesús tenemos un ejemplo de la radical renun­
ciación al mundo familiar cotidiano:

128
“Si alguien viene a m í y no aborrece a su padre y madre, y
mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su vida,
no puede ser mi discípulo.” 16
El grupo formado por el líder y sus discípulos se desintegra
en el momento en que a éstos se les permite volver a su núcleo
familiar y comprometerse en actividades económicas.
La rutinización del carisma se ve favorecida por los discí­
pulos carismáticos, que tratan de obtener el poder de disposi­
ción, que la influencia del líder ha creado.
La forma pura y genuina de dominación carismática tiene
que ser pasajera, dado su carácter extraordinario y fuera de lo
cotidiano. Una dominación carismática que tienda a ser per­
manente, tendrá que racionalizarse o hacerse tradicional, o las
dos cosas a la vez.17 Esto puede estar motivado o por los
prosélitos o por los miembros del cuadro administrativo, en
ambos casos las motivaciones pueden ser muy diversas, las que
generalmente se actualizan con el problema de la sucesión, el
cual se da en aquellos casos en los que la comunidad carismá­
tica perdura. Frente a este último problema de la sucesión
carismática las soluciones pueden ser:

a) Buscar una nueva persona que llene los requisitos del


carisma. Por ejemplo: Dalai Lama.
ó) Seleccionar a este nuevo titular por medio de la revela­
ción.
c) Por la designación expresa, y aprobada por la comunidad,
del antiguo líder al nuevo detentador del carisma.
d ) Por elección del cuadro administrativo carismático.
e ) Por medio del carisma hereditario, esto es, la sucesión
sanguínea.18

La dominación tradicional

Dijimos que la característica sobresaliente del tipo tradi­


cional de dominación, es la aceptación del eterno ayer, el
actuar de acuerdo a costumbres profundamente arraigadas
dentro de la comunidad. En este tipo de dominación el titular
del poder no es un elegido, sino un señor personal.
El cuadro administrativo, cuando éste aparece, está formado
por servidores.
El grupo de dominación no se considera miembro de la
asociación, sino “compañeros tradicionales, súbditos”.
Las relaciones del cuadro administrativo están regidas .ert
cuanto al soberano, por la fidelidad personal del servidor. Ño
existen disposiciones estatuidas y por lo mismo la obediencia

129
a los mandatos de aquél es completa, ya que sus órdenes, por
venir de la persona que de acuerdo a la tradición se le debe
reconocimiento no pueden ser rechazadas. Estos ordenamien­
tos se legitiman en dos formas:

a) Cuando el contenido de las disposiciones está señalado


en cuanto a su amplitud y sentido por la misma fuerza de la
tradición.
b) Cuando la misma tradición le otorga al soberano libre
arbitrio”.
En un tipo puro de dominación tradicional no se pueden
estatuir nuevas normas, todas las regulaciones están basadas
en la costumbre, es lo que se ha considerado siempre válido,
y en todo caso sólo los precedentes y la jurisprudencia podrán
ser elementos de orientación a la tradición.
Cuando en la dominación tradicional aparece el cuadro
administrativo, éste se ordena principalmente en dos formas:
Por personas dependientes de la estructura patrimonial
del señor, que pueden ser:

a) Relaciones tradicionales con el soberano.


b) El linaje.
c) Los esclavos.
d ) Los libertos.
e) Los colonos, etc.

Por personas que tienen relaciones extrapatrimoniales con


el señor:

a) Relaciones de confianza.
b) Pacto de fidelidad, vasallos.
c) Funcionarios.

Originalmente la dominación tradicional aparece sin un


cuadro administrativo, aquélla se configura por:

La gerontocracia, que es ejercida por los más viejos de la


asociación.
El patriarcalismo originario, donde la autoridad de la
asociación la ejerce una sola persona, designada de acuerdo a
la costumbre hereditaria.

Patrimonialismo
Es con la aparición del cuadro administrativo cuando la
dominación tradicional se convierte en patrimonialismo.

130
El señor en la dominación tradicional tiene que ampliar,
por su propia expansión, su administración, constituyendo la
llamada administración patrimonial, que consiste en “la ad­
ministración y adjudicación de cada caso de acuerdo con el
poder discrecional de la autoridad, dentro de la sagrada tradi-
• /„ 5
cion J
.1 Q
“Patrimonialismo significa, primero que todo, que las ofici­
nas gubernamentales se originan en la administración de la
casa familiar del gobernante. 20
Los miembros de la “casa familiar” aceptan, dentro del pa­
trimonialismo, su subordinación al señor porque eso es lo que
determina la tradición a través de su ordenamiento inviolable.
El señor puede demandar servicios, impuestos, regalos, etc.,
siempre y cuando esté dentro de lo establecido por la tradi­
ción, sobre todo que su autoridad en mucho recae en el campo
económico, conexiones, monopolios, fundación de ciudades,
etc.
El antiguo Egipto nos da una clara muestra de la estructura
patrimonial.
La dominación estamental aparece cuando determinados
poderes de mando, y sus correspondientes probabilidades
económicas, están apropiados por el cuadro administrativo.
Cuando una asociación de privilegiados estamentales, en virtud
de poderes señoriales apropiados, dictan por compromisos en
cada caso con el imperante, disposiciones políticas o adminis­
trativas o ambas, u ordenanzas administrativas concretas o
medidas de control administrativo y eventualmente las ejecu­
tan, a veces por medio de un cuadro administrativo suyo que
en ciertas circunstancias puede tener poderes de mandó
propios, aparece una división estamental de poderes.

Feudalismo

Junto al patrimonialismo, Weber estudió el feudalismo,


como el otro tipo histórico más destacado de dominación tra­
dicional legítima.
El gobierno feudal vino a remplazar la relación paternal
entre señor y súbdito por una nueva relación contractual de­
rivada de un pacto entre caballeros militantes, los cuales eran
hombres libres, aun a pesar de pasar a servir bajo las órdenes
del señor, con la compensación de obtener tierras. El vasallo
feudal tenía un status del cual se sentía orgulloso, reforzado
por un sentimiento de noble obediencia.
El feudalismo vino a ser uno de los antecedentes funda­
mentales de la historia, y evolución de la cultura occidental.

131
A pesar de que en el pasado aparecen varios tipos de feuda­
lismo, ninguno tiene la peculiaridad del de la civilización
occidental.
Bajo el feudalismo, el poder del señor no tiene el mismo
arraigo que en el patrimonialismo, el pacto es bélico y por
tanto, el dominio del señor en algunos casos podría parecer
arbitrario.21
Las principales diferencias ideológicas entre el patrimonia­
lismo y el feudalismo son:
a) La autoridad patrimonial descansa en el señor, el cual
requiere de oficiales para ejercer su autoridad.
b ) El gobierno patrimonial requiere de la aceptación ínti­
ma y subjetiva de los gobernados, de su deseo de aceptar su
situación.
El feudalismo no requiere de lo anterior, y por último:
c) El patrimonialismo es un patemalismo exacerbado; el
buen rey, el buen padre, que debe velar y proteger a las masas,
y que en ello legitima su autoridad.
En el feudalismo es un grupo de guerreros amigos com­
prometidos en la lealtad a su líder.

Al tipo puro tradicional le falta, en comparación con el


tipo de dominio legítimo que veremos a continuación:

a) Una competencia sólidamente estructurada, según nor­


mas objetivas.
b) Una jerarquía racional fija.
c) Libre contratación.
d) Ascensos regulados.
e) Una rígida formación profesional —como regla.
f) Un sueldo fijo.
g ) Salarios en dinero.22

La dominación legal

En la dominación legal destaca la regulación jurídica formal,


tanto en la aplicación de justicia como en la administración.
Las personas que gobiernan son funcionarios que hacen cum­
plir la ley. Se les obedece porque representan la ley y no por su
persona, pues los gobernados son jurídicamente iguales a ellos
y sólo por su puesto tienen el poder, el cual está reglamenta­
do jurídicamente.
La validez de la dominación legal se basa en:

a ) El derecho —de acuerdo con la concepción de Weber—

132
se constituye racionalmente con arreglo a fines, o racional­
mente con arreglo a valores;
b) Tiene un ámbito territorial, esto es, existe la pretensión
de que ese orden sea respetado y reconocido dentro de su
dominio territorial.
c) El ordenamiento legal está formado por normas abstrac­
tas que se aplican a casos concretos.
d) El titular del poder realiza su función regulado por un
orden impersonal, que le da su competencia y lo limita y or­
dena en sus funciones.
e ) Los sometidos al poder, lo obedecen no en cuanto a su
persona, sino por representar un orden impersonal que le
otorga su competencia. La competencia significa:
La regulación de las funciones limitando deberes y servi­
cios.
Los poderes que se otorgan se dan en relación a las funcio­
nes a realizar.
Los medios coactivos que garantizan el cumplimiento del
orden están estrictamente controlados en cuanto a su aplica­
ción.
A quien se otorga esta competencia es a las autoridades.
f) La existencia de una jerarquía administrativa.
g) El cuadro administrativo está formado normalmente por
los funcionarios, personas con una formación profesional que
garantizan la racionalidad del orden.
h) El cuadro administrativo, los medios de producción y
de administración están separados.
i) Usualmente no hay apropiación de cargos.
j) Los procedimientos son formales.
La burocracia

El tipo más puro de dominación legal es aquel que se ejerce


por medio de un cuadro administrativo burocrático.23
La aparición de la burocracia presupone:

a) La existencia de un sistema fiscal estable, que permita el


mantenimiento del aparato administrativo.
ó) El desarrollo racional de una oficina de funcionarios
públicos debido a la extensión y especialización de las tareas
administrativas.
c) El hecho reconocido de que no hay ningún método más
eficaz, técnicamente hablando, en la administración, que la
burocracia.24

Donde la burocracia es regulada jurídicamente, se dan los


siguientes aspectos:

133
a) La administración pública se realiza sobre bases de con­
tinuidad.
b) Las agencias administrativas están reguladas:
1— Las obligaciones de los administradores son impersonales.
2— A los administradores se les otorga autoridad para que
cumplan con sus obligaciones.
3— Los medios coercitivos legítimos que pueden emplear
los administradores públicos, están rígidamente definidos y
limitados por la ley.
c) La administración pública está rígidamente jerarquizada
y supervisada.
d) Los medios económicos para realizar las funciones inhe­
rentes a la administración pública no son propios de los ad­
ministradores.
e ) Los administradores deben rendir cuentas del manejo de
ese patrimonio.
f ) Los negocios públicos se llevan por medio de escritos.25
Los funcionarios que forman parte de la estructura buro­
crática, están sometidos a las siguientes regulaciones:
a) La relación con su cargo es meramente objetiva.
b) Una jerarquía administrativa muy rigurosa.
c) Competencia muy precisa.
d) Seleccionados libremente —en principio.
e) Calificados profesionalmente.
f) Retribuidos en dinero y prestaciones sociales.
g) Su cargo es su principal profesión.
h) Hay un escalafón que permite hacer carrera.
i) Una rigurosa disciplina y vigilancia administrativa.26
La administración burocrática es el único medio actual que
permite, desde un punto de vista técnico formal, el máximo de
precisión, continuidad, disciplina, rigor, confianza, calculabi-
lidad, intensidad y extensión de los servicios y susceptibilidad
técnica de perfección, todo lo que lleva a un óptimo resul­
tado.27
Para Weber, la sociedad moderna llegará a ser dirigida por
una “dictadura burocrática” basada en una rígida división del
trabajo, con una exigente especialización de funcionarios.
Dentro de este marco aparece una nueva aristocracia, la de
los “profesionistas”. Las universidades y los institutos de en­
señanza superior, están creando un status de privilegiados, los
cuales tienden a obtener un certificado que les otorga el pú­
blico reconocimiento de una formación que demanda el mer­
cado de trabajo creado por la burocracia. La remuneración de
estos burócratas profesionales se otorga más en función de su

134
formación que del trabajo en sí que desarrollan. A lo anterior
se aúna la creciente demanda de mayores prestaciones sociales,
médico, pensiones, vacaciones, etc., lo cual los hace que vayan
monopolizando las mejores ventajas económicas y sociales
que se dan en el mercado de trabajo.28
Weber se daba cuenta de que el racionalismo de nuestra
época atrofia al individuo, lo vuelve pragmático y falto de
iniciativa,29 pero era lo suficientemente objetivo para no in­
cluir juicios de valor en su apreciación sociológica. Sobre esto
nos dice: “. . . a pesar de los denuestos contra la santa buro­
cracia, no debe uno dejarse engañar y perder de vista que
todo trabajo continuado se realiza por funcionarios en sus
oficinas. Toda nuestra vida cotidiana está tejida dentro de ese
marco. Pues si la administración burocrática es en general
—caeteris paribus— la más racional desde el punto de vista
técnico-formal, hoy es, además, sencillamente inseparable de
las necesidades de la administración de masas —personales o
materiales. Se tiene que elegir entre la burocratización y el
dilettantismo de la administración; y el gran instrumento de la
superioridad de la administración burocrática es éste: el saber
profesional especializado, cuyo carácter imprescindible está
condicionado por los caracteres de la técnica y economía
modernas de la producción de bienes, siendo completamente
indiferente que tal producción sea en la forma capitalista o en
la socialista. . . La necesidad de una administración más per­
manente, rigurosa, intensiva y calculable, tal como la creó no
solamente él, pero ciertamente y de modo innegable, él ante
todo, el capitalismo —sin la que no puede subsistir y que todo
socialismo racional tendrá que aceptar e incrementar—, de­
termina el carácter fatal de la burocracia como médula de toda
administración de masas. Sólo el pequeño instituto —político,
hierocrático, económico, etc.—, podría prescindir ampliamen­
te de ella. De igual manera que el capitalismo en el estado
actual de su desarrollo fomenta la burocracia —aunque uno y
otra provengan históricamente de distintas raíces— asimismo,
porque desde el punto de vista fiscal aporta los necesarios
medios en dinero, constituye el fundamento económico más
racional sobre el que puede subsistir aquella en su forma
también racional”.30

El Estado moderno

El Estado moderno se inicia con la expropiación por el


príncipe, de los titulares “privados” del poder administrativo
que junto con él existen. Tiende a concentrar todos los medios

135
materiales en el que es titular de la dominación, incautándo­
les a los funcionarios estamentales aquellos de que disponen
por derecho propio.
Por estamentos se debe entender, de acuerdo con lo dicho
anteriormente, un conjunto de poseedores por derecho propio
de medios materiales para la guerra o para la administración,
o de poderes señoriales a título personal.31
Las características del Estado moderno son:
a) El monopolio de los medios de administración y domi­
nación, por medio de:
1— La creación de un sistema impositivo fiscal centralizado
permanente.
2— La formación de una fuerza militar central y estable,
bajo la autoridad del gobierno centralizado.
b) Un aparato administrativo que realiza sus funciones
dentro de un ordenamiento jurídico, que sólo puede modifi­
carse por la legislación.
c) El monopolio de la creación de las leyes y el uso legíti­
mo de la fuerza por el gobierno centralista.
d) La vinculación con la autoridad de todas las personas
—quienes usualmente obtienen su ciudadanía por nacimien­
to—con casi todos los actos que tienen lugar en su jurisdicción;
e ) El uso legítimo de la fuerza física en su territorio, de
acuerdo con la regulación jurídica.
f) La organización de oficinas públicas cuyas funciones de­
penden de la autoridad central.
g) El cuadro administrativo y los medios materiales de la
administración se dan en forma separada.32

Notas

1 Freund, Julien: op. cit., pág. 195. ^ ^


Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., págs. 99 y ss.
3 Freund, Julien: op. cit., pág. 152.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., pág. 42.
3 Freund, Julien: op. cit., pág. 202.
° Idem.
' Weber, Max: El Político y el Científico, op. c it, pág. 24.
3 Freund, Julien: op. cit., pág. 31.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., págs. 114 a 137.
10 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., págs. 170 y ss. 1964.
1 Bendix, Reinhard: op. cit., págs. 291. y ss.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., edición 1964, pág. 193.
3 Idem, pág. 195.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., pág. 86.
5 Freund, Julien: op. cit., pág. 218.

136
16 Lucas, 14:16. Mencionado por Reinhard Bendix: op. cit., págs. 300 y ss.
Weber, Max: Historia Económica General, pág. 56.
17 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit^ edición 1964. pág. 197.
Lachmann, L. M.: pág. 129.
Bendix, Reinhard: op. cit., pág. 305.
9 Bendix, Reinhard: op. cit., pág. 346.
20 Idem, pág. 330.
I I Idem, pág. 360.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. c it, edición 1964, pág. 181.
3 Idem, pág. 175.
79 Bendix, Reinhard: op. cit., pág. 383.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., edición 1964, pág. 175.
26 Bendix, Reinhard: op. c it, pág. 426.
27 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, edición 1964, pág. 178.
IR
Bendix, Reinhard: op. c it , pág. 461.—libro I, pág. 459, y ss.
29
Freund, Julien: op. cit., pág. 133.
^ Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., edición 1964, págs. 178 y ss.
Freund, Julien: op. cit., págs. 91 y ss.
32 Bendix, Reinhard: op. cit., págs. 283 y 417.

137
Quinta parte
Sociología económica

Acción social económica—Conceptos económicos fundamen­


tales—Caracteres de la economía racional —El capitalismo
moderno.

Acción social económica

Como se dijo en la parte biográfica de Weber, su formación


sociológica le llegó a través de los estudios económicos que
realizó, los cuales se encuentran reunidos en tres de sus libros
principales:
Economía y sociedad, Historia económica general y El es­
píritu del capitalismo y la ética protestante.
En estas obras, pero sobre todo en la primera, se desarrolla
con gran amplitud una serie exhaustiva, aunque no sistemati­
zada, de conceptos económicos fundamentales, que nueva­
mente llevan a pensar en que la muerte prematura de Weber
se refleja en lo inacabado de algunas partes de su trabajo.
Weber nos dice: “El hecho básico del que dependen todos
los fenómenos socio-económicos, en el sentido más amplio, es
que nuestra existencia física, al igual que la satisfacción de
nuestras necesidades más ideales, choca en todas partes con la
limitación cuantitativa y la insuficiencia cualitativa de los
medios externos precisos para ello; para su satisfacción se
precisa una previsión planificada, trabajo, la lucha contra la
naturaleza y la socialización con otras personas.” 1
El contenido económico de una realización social lo da el
sentido que los sujetos actores le den a su conducta buscando
obtener utilidades.
Como en todos los planteamientos de su sociología, Weber
parte del sentido mentado subjetivo de la acción social, para
clasificar el contenido de la misma. Es por ello que la relación
social económica será aquella que está basada “en una necesi­
dad o complejo de necesidades que exigen ser satisfechas,

139
mientras que los medios y los actos capaces de provocar la sa­
tisfacción están limitados por su rareza, penuria o indigencia
de recursos adquisitivos”.2
Por lo anterior, el fenómeno económico implica ser estu­
diado desde dos ángulos: primero, la actividad tendiente a la
satisfacción de las necesidades; lo que puede motivar la bús­
queda de todos los bienes posibles —materiales y espirituales—
siempre y cuando estos estén limitados. Y el segundo aspecto
es el que se refiere al trabajo y a su producto, esto es, a la ex­
plotación de la limitación de los bienes y de los actos para
obtener un beneficio o ventaja susceptible de garantizar la
libre disposición de estos bienes. La acción económica se en­
cuentra condicionada y orientada por la escasez de medios,
los cuales pueden ser bienes cuando se trata de prestaciones
unitarias de carácter real, y servicios cuando están referidos a
prestaciones humanas.
Partiendo de estos postulados, la actividad económica puede
proponerse:

a) La distribución planeada de utilidades disponibles—entre


el presente y el futuro.
b) La producción y suministro planeado de cosas y servi­
cios de los que se puede disponer cuando todavía no son aptos
para un aprovechamiento inmediato —producción.
c) La adquisición de un poder de disposición o de codispo-
sición sobre utilidades cuando éstas, aptas o no para la satis­
facción inmediata, se encuentran en poder de una economía
ajena.3
En todos los casos anteriores, para Weber, en un estricto
sentido, economía implica sólo el ejercicio pacífico de un
poder de disposición que, de modo primordial, está económi­
camente orientado. Esta característica de pacificidad es para
él indispensable, pues si es cierto que cualquier forma de vio­
lencia efectiva —rapto, guerra, revolución— pueden estar
orientados económicamente, se hallan sometidos a otras
normas que los de un suministro por medios pacíficos.

Conceptos económicos fundamentales

Como ya dijimos, Weber expone con gran detalle un cúmu­


lo de definiciones económicas que en mucho trascienden las
limitaciones de una obra introductora como la presente. Por
lo tanto, hemos seleccionado un conjunto breve de estos con­
ceptos con la idea de que nos sirvan como llave de entrada al
panorama general de su economía y, a la vez, de antecedente
al estudio del sistema capitalista occidental descrito por él.

140
La actividad económica \ odrá considerarse como:

á) Economía consuntiva. Cuando su acción está orien­


tada a cubrir las propias necesidades, ya sean las de un Estado,
un individuo o una cooperativa de consumo.
b) Economía lucrativa. Cuya orientación va dirigida a ob­
tener ganancias mediante el cambio.
c) Economía natural. Será aquélla en la que no se conozca
el uso del dinero.
d) Economía monetaria. Cuando se usa el dinero.
e) Explotación económica. Es una actividad económica
permanente y organizada.
f) Gestión económica. Es el ejercicio pacífico de poderes
de disposición, orientado en primer término económicamen­
te, será racional cuando discurra con arreglo a un fin planea­
do racionalmente.
De acuerdo con las definiciones anteriores, la gestión
económica debe construirse, además, de tal forma que abarque
la moderna economía lucrativa, por lo que no debe partir de
las necesidades de consumo y su satisfacción, sino por una
parte, del hecho válido también para el impulso ajeno a la
ganancia de dinero de que ciertas utilidades son deseadas y
por otra del hecho válido también para la pura y primitiva
economía de satisfacción de necesidades, de que aquel deseo
se intenta satisfacer por alguna procuración determinada,
aunque sea por completo primitiva y tradicional.4
g) Adquisición. Es la conducta económica que se orienta
según las oportunidades de un beneficio único, repetido, con­
tinuo, ofreciendo diversas posibilidades de disposición sobre
ciertos bienes.5
h) El monopolio . Esta institución económica se da cuando
un grupo pone un obstáculo de límites y razones variables
con objeto de aumentar las posibilidades de su actividad en
contra de quienes permanecen en el exterior.
i) Cambio. Se da cuando lo que está de alguna manera en
el poder de disposición de otro puede ser “transferido” y
siempre que alguien esté dispuesto a la retribución corres­
pondiente. No sólo bienes y servicios, sino probabilidades
económicas de toda especie, una clientela por ejemplo, sin
nada que lo garantice, pero puesta a nuestra disposición por
la pura fuerza de la costumbre o la situación de interés;
j) Relaciones de producción. Consisten en las oportuni­
dades, reales o supuestas, de aplicación presente o futura de
medios con vista a asegurar la vida material de los individuos
interesados. Estos medios, como ya hemos dicho, pueden ser
bienes o servicios.

141
k) Clase social. Es el resultado de la socialización de in­
tereses en virtud de la situación en la que se encuentran los
individuos que consideran tener una posición exterior y un
destino común, debido a que disponen o no del poder sobre
los bienes económicos.
De acuerdo con lo anterior, Weber hace una clasificación
tripartita de clases sociales:

a) La poseedora. Por tener un monopolio —en el sentido


que Weber le da a este concepto.
b) La productora. Se caracteriza por la voluntad de em­
presa en los diferentes sectores del comercio, de la industria o
de la agricultura.
c) La social. De acuerdo al lugar jerárquico ocupado en
el seno de la sociedad (clase obrera, clase media, etc.).6

Caracteres de la economía racional

Weber ha señalado como característica de la civilización


occidental, su creciente racionalidad. En todos los campos de
la actividad del hombre se ve reflejado este rasgo, al que Weber
le ha dedicado una atención preferente. El considera como as­
pectos sobresalientes de la economía occidental, dentro de
este marco de racionalidad, los siguientes:

а) Una distribución con arreglo a un plan, entre el presente


y el futuro —ahorro— de aquellas utilidades con las que, cuales­
quiera que sean los fundamentos, crean poder contar los suje­
tos económicos.
б) La distribución con arreglo a un plan entre las varias po­
sibilidades de empleo, de las utilidades disponibles siguiendo
el rango de la estimada importancia de aquéllas, según su uti­
lidad marginal.
c) Obtención con arreglo a un plan de la elaboración y
acarreo de aquellas utilidades cuyos medios de producción se
encuentran todos dentro del poder de disposición del sujeto
económico.
d ) Adquisición con arreglo a un plan de los poderes de dis­
posición o de codisposición, sobre aquellas utilidades.
Los sujetos partícipes de la relación económica tienen una
actitud selectiva previa, optando entre las diferentes alterna­
tivas que les brinda la realidad, aquella que para ellos repre­
senta no sólo la más viable, sino la más eficaz. Esto es, la que
tenga una relación más adecuada entre los medios disponibles
y las expectativas por alcanzar. La división del trabajo y el

142
dominio creciente de la técnica enmarcados en un espíritu de
lucro, han fomentado la racionalización progresiva como má­
xima expresión del sistema capitalista moderno.

El capitalismo moderno

La preocupación máxima de Weber fue el capitalismo como


característica de la civilización occidental. Nos dice: “Nos
hallamos ante la presencia del capitalismo allí donde, en una
economía de producción, la satisfacción de las necesidades de
un grupo humano se realiza por la vía de la empresa sin im­
portar la naturaleza de las necesidades a satisfacer, y muy
especialmente, la empresa capitalista racional es la que compu­
ta un cálculo de capitales, es decir, una empresa de producción
que controla la rentabilidad por el cálculo gracias a la conta­
bilidad moderna y al establecimiento de un balance —exigido
por primera vez por el teórico holandés Simón Stevin—. Es
evidente que una unidad económica puede orientarse de
manera capitalista en una medida extremadamente diversa.
Ciertos aspectos de la satisfacción de las necesidades pueden
organizarse según el principio capitalista, otros de manera no
capitalista, basándose en el artesanado o en la economía
agrícola.”8
Weber considera que lo característico del sistema capitalista
moderno es su racionalidad, la cual presupone:

a) La apropiación de los medios materiales como propie­


dad libre de empresas de producción privadas y autónomas.
b) La libertad de mercado que sustituye a la limitación
irracional del tráfico.
c) Una técnica racional que origina una previsión y una
mecanización considerables tanto en el aspecto de la produc­
ción como en el de la circulación de los bienes.
d) Un derecho racional claramente valorable.
e) La libertad de trabajo en el sentido de que los individuos
que venden sus capacidades no lo hagan solamente por obli­
gación jurídica, sino por razones económicas.
f) La comercialización de la economía, que comprende la
posibilidad, para quienes lo desean, de participar en la empre­
sa como accionistas.
Weber desarrolla un extraordinario y polémico estudio del
sistema capitalista occidental en su libro La ética protestante
y el espíritu del capitalismo.
Esta obra ha sido la más difundida de la producción de
Weber. En ella critica al marxismo por su sentido monista

143
económico, y porque Marx considera que en el sistema
económico capitalista predominan las relaciones irracionales
entre las fuerzas y las relaciones de producción; en cambio,
para Weber la acción predominante en el capitalismo es la
racional, característica del desarrollo y evolución de la civili­
zación occidental. Sobre esto nos dice Parsons: “empírica­
mente su principal ataque fue contra el materialismo histórico
de Max. . . ”9 A pesar de lo anterior, Weber expresamente
negaba que su posición fuera intencionalmente antimarxista
y sobre todo en ese libro: “No fue mi intención el sustituir
un monismo materialista por uno espiritualista. . . ” 10
Cuando emplea la frase Espíritu del Capitalismo, le da
como significado a la palabra espíritu, el sentido de un con­
junto de normas de conducta que dirigen a las personas, siendo
el resultado de esta dirección favorable al sistema económico
capitalista, “usamos provisionalmente la expresión espíritu
del capitalismo moderno, para describir la actitud que busca
racional y sistemáticamente la ganancia —económica”.11
El sistema capitalista, lo podemos encontrar, nos dice
Weber, en muy distintas épocas como un conjunto de empre­
sas lucrativas, que se vinculan por las relaciones de mercado:
“Existe el capitalismo dondequiera que se realiza la satisfac­
ción de necesidades de un grupo humano, con carácter lucra­
tivo y por medio de empresas. . . 5,12 De acuerdo con la defi­
nición anterior se infiere que el capitalismo como sistema se
encuentra en diferentes periodos históricos, pero el capitalis­
mo del mundo occidental presenta una serie de caracteres que
lo hacen único en el devenir histórico; esos caracteres son:
a) La apropiación de todos los bienes materiales de pro­
ducción como propiedad de libre disposición por parte de las
empresas lucrativas autónomas fuera del ámbito familiar.
b) Una gran libertad del mercado.
c) Técnica racional, la utilización de la contabilidad en
forma por demás racional y mecánica en todas las operacio­
nes económicas.
d ) Una legislación jurídica-racional y formal.
e) Trabajadores con libertad de contratación.
f) Comercialización de la economía —la aparición de los
títulos de valor.13
Es por ello que frente a las críticas que se le hacían al sis­
tema capitalista, al que se atacaba, e incluso se fomentaba la
idea de que por medio de la revolución se le podía destruir,
Weber sostenía que el sistema capitalista perduraría para el
futuro —sin poder predecir hasta cuándo— más que nada for­
talecido por la racionalidad que imperaba en el sistema, una
racionalización económica nunca antes vista en la historia del
hombre.14

144
Los juicios axiológicos contra el sistema no alteran en nada
a éste, la realidad se les impone.
Es importante destacar que algunas de las condiciones so­
cioeconómicas en las que nace el capitalismo, habían existido
con anterioridad sin que se presentase la posibilidad de que el
capitalismo industrial se gestara.15 El capitalismo existió en
China, India, Babilonia, en el mundo clásico y en la Edad
Media, pero en ninguna de estas épocas se da ese espíritu
proyectado en un ordenamiento religioso que contribuyó al
desarrollo de nuestra cultura.16 El predominio de la raciona­
lización en el sistema capitalista, fue fomentado por una mo­
ralidad pragmática y utilitaria —la teología calvinista— que en
sí rechazó el contenido humanista de las teorías del Renaci­
miento. “Es necesario destacar algo que generalmente ha sido
olvidado, que la Reforma significa no la eliminación del control
cotidiano de la Iglesia, sino más bien la sustitución de una
nueva forma de control sobre lo anterior.” 17 Esta última
vino a ejercer su predominio en todos los aspectos de la vida
en una forma mucho más pesada y con mayor fuerza coactiva
sobre sus seguidores. A esto hay que agregar que la racionali­
zación económica tuvo una de sus máximas plasmaciones en
la vida monástica de la Edad Media: “El monje fue el primero
que, en esos tiempos, vivió racionalmente, persiguiendo un
objetivo situado en el más allá, de manera metódica y con
medios racionales. . . la economía de las comunidades monás­
ticas fue una economía racional”. 18
Por supuesto que una cosa es el problema del origen del
capitalismo moderno y otro su desarrollo subsiguiente, por­
que cuando nace un sistema social, éste se desprende de sus
causas y se viene a mantener por sí mismo;19 por tanto, una
vez que el sistema capitalista ha nacido, ya no requiere de las
causas religiosas que contribuyeron a su desarrollo para
subsistir.20
Los representantes históricos del protestantismo ascético
son principalmente cuatro.2 1

a) Calvinistas.
b) Pietistas.
c) Metodistas.
d) Bautizantes.
Las encuestas realizadas para estudiar la configuración reli­
giosa de las personas que en la época de la expansión del capi­
talismo ocupaban puestos patronales, propietarios de capital,
técnicos especialistas y comerciantes, lleva a resaltar el pre­
dominio de los grupos protestantes.2 2

145
De éstos fueron, en primer lugar, los calvinistas con su idea
de la predestinación, los que más influyeron en la formación
del capitalismo.2 3
La forma como la religión protestante afectó al capitalismo
en su origen, fue la siguiente:
En principio, el protestante trata de encontrar algún signo
que le manifieste si se encuentra entre los elegidos; buscándo­
lo en su vida cotidiana, cree encontrarlo en la prosperidad de
su empresa, pues considera el trabajo como un medio que le
impide caer en tentación.24 Por tanto, no puede dedicarse a
otra cosa que no sea trabajar, ya que estaría perdiendo el
tiempo, la vida es muy corta y es preciso aprovecharla, cada
minuto es valioso, de no hacerlo así, comete pecado.25
A consecuencia de lo anterior, el protestante tiene que de­
dicar todo su tiempo a trabajar, y como el lujo le está prohi­
bido tiene que reinvertir sus ganancias, lo que viene a ser un
estímulo para su empresa, haciendo que ésta progrese. El tra­
bajo cotidiano se convierte en una forma de glorificar a Dios,
y a la vez el medio de comprobar si será uno de los elegidos.
La mística religiosa vino a ser una racionalización para el em­
presario. Dentro de los límites legal y moralmente reconocidos,
trata de obtener el máximo de utilidades y en esta forma
sentir que está cumpliendo con su deber, ya que sigue los de­
signios divinos. Su vida es guiada por preceptos como : “el
tiempo es dinero, dinero da dinero, la confianza es dinero,
etc.”26
No hay que olvidar que el deseo de lucro no lo tiene el
hombre por naturaleza, sino que le es inculcado culturalmen­
te.27
Al exponer el origen del capitalismo, Weber insiste en no
considerar al deseo de lucro como una característica peculiar
de nuestra época, sobre esto nos dice:
“La creencia de que la actual época racionalista y capitalista
posee un estímulo lucrativo más fuerte que otras épocas, es
una idea infantil. Los titulares del capitalismo moderno no
están animados de un afán de lucro superior al de un mercader
de oriente. El desenfrenado afán de lucro sólo ha dado lugar a
consecuencias económicas de carácter irracional; hombres
como Cortés y Pizarro, que son acaso sus representantes más
genuinos, no han pensado ni de lejos, en la economía racio­
nal.”28
Weber, tratando de dar mayor fuerza a sus argumentos an­
teriores, hace un estudio comparativo entre las zonas católicas
y las protestantes de Alemania, llegando a la conclusión que
estas últimas son las más prósperas.
De lo anterior, se llega a la siguiente conclusión: las normas

146
religiosas que regulan al creyente protestante lo llevan a actuar
de tal modo, que su conducta es un impulso para el capita­
lismo, por lo que esas normas son una de las causas del desa­
rrollo del capitalismo moderno; sin ellas este último no podría
ser comprendido y tendríamos que pensar en un distinto de­
sarrollo histórico. 9
“Por otro lado, sin embargo, no tenemos intención alguna
de mantener tesis dogmática y sin sentido de que el espíritu
del capitalismo —en la forma provisional en que se ha acep­
tado— pudo sólo haber nacido como el resultado de ciertos
efectos de la Reforma, o quizá que el capitalismo como sis­
tema económico es una creación de la Reforma. Por sí mismo,
el hecho de que ciertas formas importantes de actividades ca­
pitalistas organizadas son conocidas mucho antes que la Re­
forma, es una refutación suficiente a tal demanda. Por el
contrario, sólo deseamos precisar cuánto y en qué medida las
fuerzas religiosas participaron en la formación cualitativa y en
la expansión cuantitativa de ese espíritu sobre el mundo.”30
En la actualidad, “la raíz religiosa del hombre económico
moderno ha muerto”.31

Notas
1 Weber, Max: Sobre la Teoría de las Ciencias Sociales, —traducción de M-
chael Faber—. Ediciones de Bolsillo. Nueva Colección Iberia, Ediciones Península.
Barcelona, 1971, págs. 24 y 55.
3 Freund, Julien: op. c it, pág. 136.
3 Weber, Max: Historia Económica General, —traducción de Manuel Sánchez
Sarto—. Ediciones Fondo de Cultura Económica. México, 1964, página 4.
4 Weber, Max: Economía y Sociedad, op. c it, pág. 46.
5 Freund, Julien: op. c it, pág. 146.
0 Idem, pág. 150.
Weber, Max: Econom ía y Sociedad, op. c it, pág. 52.
* Freund, Julien: op. c it, pág. 154.
Parsons, Talcott: The Structure o f Social Action. The Free Press of Glencoe.
New York, 1964, pág. 715.
0 Hughes, Stuart: op. cit., pág. 320.
Weber, Max: The Protestant Ethic and the Spirit o f Capitalism, op. c it, pág.
64.
13 Idem, pág. 77.
| 3 Idem, pág. 78.
Freund, Julien: op. cit., pág. 135.
Weber, Max: The Protestant Ethic and the Spirit o f Capitalism, op. cit., pág.
17.
10 Idem , pág. 52.
J í Idem, pág. 36.
® Freund, Julien: op. cit., pág. 1155.
Gerth, Hans H., y Mills, Wright C.: op. cit., pág. 68.

147
2 ?Wem-
Weber, Max: La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo, op. cit.,
pág^lOS.
IÍ Idem, pág. 35.
Fromm, Erích: Man fo r Himself. Reinhart and Co. Ind. New York, 1947,
pág. 135.
’ Loomis, Charles P., y Loomis, Zona K.: op. cit., pág. 361.
Bendix, Reinhard: op. cit., págs. 61 y ss.
6 Weber, Max: The Protestant Ethic and the Spirit o f Capitalism, op. cit., pág.
60.
27
Idem, pág. 60.
®Weber, Max: Historia Económica General, op. cit., págs. 298 y ss.
Sánchez Azcona, Jorge: pág. 82.
I? Idem, pág. 83.
1 Weber, Max: Historia Económica General, op. cit., pág. 309.
La Teoría de Weber sobre la influencia que la religión protestante ejerció en el
origen del capitalismo no ha sido aceptada con unanimidad, todo lo contrario, ha
provocado grandes polémicas. En el libro Protestantism and Capitalism - The
Weber Thesis and its Critics, Robert W. Green reúne una serie muy selecta de
autores que no coinciden con Marx Weber. Destaca entre estos críticos a H. M.
Robertson, quien sostiene la tesis de que la Iglesia Católica Romana contribuyó
tanto como la Iglesia Protestante a acentuar durante los siglos XVI y XVII, el de­
sarrollo del sistema capitalista occidental. Véase la edición D. C. Heath and Com-
pany, Boston, 1959, págs. 65 y ss.

148
Sexta parte
Enfoque crítico a la obra de Max Weber

El valor de su obra

¿Cómo se ha juzgado el valor de la producción científica de


Weber?

Aunque, como dice Parsons, la magnitud de la obra de


Weber no ha sido todavía en su totalidad comprendida, prin­
cipalmente por dificultades técnicas y resistencias culturales,1
se le ha catalogado como el más grande, eminente y discutido
sociólogo de todos los tiempos.2 Su obra ha sido considerada
como “un esfuerzo enciclopédico que abarca la totalidad de
la vida social de los hombres”.3
El prestigio de Max Weber va en ascenso. Sus estudios sobre
la evolución de las estructuras sociales y, sobre todo, su es­
quema sobre la burocracia industrial, tienen una máxima ac­
tualidad, inclusive ha sido considerado como el gran profeta
de la racionalización burocrática a la que ha llegado la civili­
zación occidental.
El maestro José Medina Echavarría nos dice: “El nombre
de Weber tiene hoy un prestigio universal, pero un destino
adverso lo sigue, lo que de su obra ha pasado al público y se
repite en las aulas, no deja de ser una deformación o caricatu­
ra de su propio pensamiento. El nombre de Max Weber suele
ir unido casi con exclusividad al esquema de su interpretación
de los orígenes del capitalismo. Pero este esquema a fuerza de
arrastrarse por los manuales llega al público a menudo conver­
tido en un auténtico disparate que se retira con la desenvoltura
a que convida toda simplicidad.”4
A pesar de esta situación, la obra de Max Weber se ha im­
puesto. Se podrá estar en contra de algunos de sus postulados,
pero si se acepta, de acuerdo con la posición de Weber, que el
destino de la labor de un científico es ser superada, nada tiene

149
de extraño el pensar y aceptar que parte de su trabajo pueda
haber perdido actualidad.
Weber es criticado principalmente en su posición frente a
los valores; su enfoque opuesto al marxismo en lo referente al
devenir histórico; al sentido racional que tiende a darle a la
acción social y al enfoque individualista de su sociología. Pa­
semos a ver cada uno de estos aspectos.

Concepto de avaloración

Las críticas más sólidas que han hecho a la Metodología de


Max Weber se refieren a su posición frente a los valores. Den­
tro de estas críticas destacan tanto quienes lo enfocan con
una posición jusnaturalista como marxista.
A continuación presentamos una síntesis de los principales
cuestionamientos al concepto de avaloración weberiano:
a) La prohibición de los juicios de valor, en cuanto tal, es
carente de sentido porque el historiador o el sociólogo no
pueden respetarla sin comprometer la calidad de su ciencia.5
George, Lukács, amigo personal de Weber, en su libro El
asalto a la razón, nos dice:
“Max Weber se defiende reiteradamente contra el reproche
del relativismo, pero considerando su método agnóstico-for­
malista como el único científico, puesto que, a juicio suyo,
no permite introducir en la sociología nada que no sea sus­
ceptible de probarse de un modo exacto. Según él, la sociolo­
gía sólo puede ofrecernos una crítica técnica, es decir, inves­
tigar ‘cuáles son los medios adecuados para llegar al fin
propuesto, y, de otra parte, establecer los resultados a que
conduciría la aplicación de los medios necesarios, junto a la
eventual consecución del fin perseguido’. Todo lo demás,
cae, según Weber, fuera de la ciencia, es objeto de la fe y, por
tanto, algo irracional.”
“La aparente cientificidad, la rigurosa ‘libertad de valores’
de la sociología es, por lo tanto, en realidad, la fase más alta
del irracionalismo a que hasta ahora se ha llegado. Y el conse­
cuente pensamiento de Max Weber hace que estas consecuen­
cias irracionalistas se acusen en él con mayor claridad que el
neokantismo del periodo imperialista.”6
b) La aceptación de que existe una diversidad radical entre
las diferentes épocas destruiría en último análisis, el alcance
de la misma sociología histórica.
c) La irracionalidad radical de las decisiones privaría de
valor a la preocupación por la discriminación rigurosa entre
ciencia y política, entre relación con los valores y juicios de
valor.

150
d ) La intención de la universalidad que anima a la moral
formal no se comunica a las decisiones de los hombres de
acción.
e ) Lo anterior lleva a la permanente oposición entre la
moral de la responsabilidad y la moral de la conciencia.
Las respuestas que se puede intentar ofrecer de acuerdo
con Weber, a las anteriores críticas, podrían ser las siguientes:
En la primera hay que aceptar que el investigador social se
ve obligado a incluir juicios de valor en su trabajo, en la me­
dida en que él se maneja en un universo de ideas que forman
la realidad en la que se encuentra inserto, pero debe, ante
todo, reducir su trabajo a un proceso de avaloración, esto es,
describir los hechos con objetividad, libres de las preferencias
del investigador. Nos dice Gouldner Irving en su artículo “El
antiminotauro: el mito de una sociología libre de valores”.
“Las ideas de Weber sobre la relación entre valores y ciencia
social tienen poca similitud con las que hoy se sostienen. Si
bien Weber veía grandes peligros en el hecho de que los soció­
logos expresaran juicios de valor, también afirmaba que era
dable anunciarlos siempre y cuando se tomara la precaución
de distinguirlos de los enunciados fácticos. Insistía en la nece­
sidad de mantener la objetividad científica, pero advertía
asimismo que ésta es muy distinta de la indiferencia moral.
”Lo que para Weber era atormentada expresión de una fe
muy personal, sentida intensamente y defendida con grandes
esfuerzos, se ha convertido hoy en día en un catecismo vacío,
un santo y seña y una buena excusa para dejar de pensar con
seriedad; se ha convertido cada vez más, en el signo trivial de
la respetabilidad profesional, en el distintivo de casta de los
decorosos, en la promesa del caballero de que los botes no se
darán vuelta. §n lugar de mostrar por la obra de Weber el res­
peto que merece, evaluándola cuidadosamente a la luz de la
experiencia de nuestra propia generación, le rendimos culto
pero la deformamos para adecuarla a nuestros propósitos. Ig­
norar a los dioses no es excusa válida, pero puede ser conve­
niente, pues si el creyente nunca visita el altar de su dios, no
se entera si la llama aún está encendida en él o si en cambio
los sacerdotes (que entre tanto han engordado) se dedican
simplemente a tamizar las cenizas.”7
A la segunda de las objeciones se puede oponer en un sen­
tido histórico, el proceso de revivicencia que Weber señalara,
la necesidad de que el investigador se desprenda de su ropaje
histórico cultural circunstancial, para penetrar en sus estudios
libre de influencias que su propia formación le da, esto es, de­
rivar de la universalidad hipotética de la historia estudios
concretos que se limitan a situaciones particulares en donde
predominan sus propios valores.

151
Empleando la terminología de Merton, recordemos que las
ciencias sociales no son acumulativas.7 bls
La tercera crítica nos lleva a pensar en la influencia que
Nietzsche pudo haber ejercido en Weber y al aparente nihi­
lismo de alguna parte de su obra.
En la primera parte de este trabajo mencionábamos la in­
quietud de Parsons de encontrar la respuesta de Weber a la
trampa que una concepción relativista le tendía, en relación
al valor objetivo de la ciencia.
La respuesta que se dio en aquella parte vale para ésta,
Weber rompe ese círculo vicioso al separar las manifestaciones
subjetivas del científico, con el reconocimiento lógico de los
valores vigentes en la situación histórica concreta que se
estudia.
La cuarta y quinta de las críticas encuentran su mejor
blanco en La política como vocación; ¿cómo es posible
aceptar la antinomia de la moral de la conciencia y la moral
de la responsabilidad?
Se rompe la intención de universalidad a la que aspira la
moral formal. Para los jusnaturalistas no es posible hablar más
que de esta última y no aceptan la distinción de Weber, pues
en última instancia no es moral quien actúa exclusivamente
según la moral de la convicción.
Nadie tiene derecho de desinteresarse de las consecuencias
de sus actos. Ante esta oposición, es necesario recordar que
Weber, al utilizar sus esquemas ideales —en este caso de mora­
lidad—, insiste en la necesidad de probar su validez al reinte­
grarlos a la realidad que les dio vida. Por tanto, su concepto
de moral de la conciencia y de la convicción, vienen a ser
contradictorias en situaciones extremas. Para juzgar adecua­
damente lo que representa para Weber la moral de la convic­
ción, es necesario recordar que para él es la política —campo
donde predomina la moral de la convicción— la lucha por
obtener el poder o influir en su distribución. Es por ello que es
una oposición permanente de valores encontrados y que toda
elección lleva necesariamente a una oposición. Pero el hombre
es acción y por tanto lucha. Quien no quiera participar y
quiera mantenerse al margen, o es santo o es cobarde, pero el
hecho de la convivencia social demanda una participación en
un mundo de valores encontrados. Como actor, diría Weber,
debo tomar partido, como investigador debo reconocer esta
realidad de valores vigentes y opuestos.

152
Karl Marx

Pasemos a ver las principales diferencias que se encuentran


entre el concepto de ideología de Marx y tanto el principio
de avaloración de Weber como su propia perspectiva históri­
ca del capitalismo.
Para el marxismo el punto de vista del cual debe partir el
científico social, es la economía, que es la fuerza determinante
de la historia humana, Marx no considera que existe un pro­
ceso civilizador —a la manera, por ejemplo, de Alfred W eber-
que una a todas las civilizaciones y que, por lo tanto, éstas se
pudieran explicar a través de esa serie de conceptos típicos.
Sino todo lo contrario, cada época tiene que interpretarse por
sus propias leyes, y fuera del fenómeno económico no pode­
mos encontrar un denominador común. La visión económica
del mundo socio-cultural es el supuesto del que se debe partir
para analizar históricamente las distintas etapas de la huma­
nidad.8
La sociedad es una comunidad humana, agregado natural
por el hecho de que la convivencia no se puede explicar más
que como un fenómeno natural y no como resultado de un
acuerdo de voluntades de los miembros que la forman, y cada
sociedad gira en torno de sus propias estructuras económicas.
El hombre, motivado por la necesidad de la subsistencia, de­
dica su principal actividad a la obtención de los satisfactores
materiales que le permitan sobrevivir. Esa actividad está con­
dicionada a la estructura social en la que se da. La trama social
va estableciendo los canales a través de los cuales las personas
llevan a cabo su actividad económica. Hay una relación con­
comitante entre el actuar humano y la estructura social. Las
personas con su conducta van configurando las estructuras
sociales, pero a su vez éstas vienen a repercutir sobre las
personas que con su actuar las constituyen.
El hombre cree que piensa por él mismo, pero en realidad
sólo refleja la forma como está inserto en su realidad econó­
mica. Es el medio ambiente el que configura su pensamiento,
sus creencias, sus modos de actuar, y ese medio ambiente está
determinado por las relaciones de producción, por lo tanto,
son éstas, en última instancia, las que configuran la personali­
dad humana.
Nos dice Marx: “El desarrollo político, jurídico, filosófico,
literario, artístico, etc., se basa en el desarrollo económico.
Pero todos ellos actúan unos sobre otros y también sobre su
base económica. No se trata de que la posición económica sea
la causa y único principio activo, teniendo todos los demás
un efecto pasivo. Existe más bien una interacción sobre la

153
base de la necesidad económica que siempre, en última ins­
tancia, deja sentir su fuerza.”9
De acuerdo con lo expuesto, la ciencia, el derecho, el
poder, la religión, la moral, las artes, etc., como fenómenos
de la superestructura, están condicionados a la base económi­
ca sobre la que se asientan. Pero esta base no está estática, al
contrario, tiene una dinámica histórica Precisamente el cali­
ficativo de dialéctico que tiene el materialismo marxista, se
deriva de la consideración de que toda estructura social lleva
en sí el germen de una estructura antagónica, siempre hay
una oposición que motiva llegar a una nueva forma como re­
sultado de una síntesis. Todas las épocas por las que ha pasado
la humanidad han tenido este desarrollo dialéctico.
De acuerdo con esto, para Marx las personas en la sociedad
tienen un concepto sobre sí mismas que es más imaginario
que real; los individuos tienden a invertir la objetividad de la
realidad dándole a ésta ciertos caracteres derivados de su pen­
samiento, sin llegar a ver que la verdad es lo contrario, la vida
real no está determinada por la conciencia, sino al revés, la
conciencia lo está por la vida real, la que se rige de acuerdo a
las normas de la economía política que tienen como ley fun­
damental la llamada Lucha de clases.10 “Los hombres son
los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc.,
pero los hombres son reales y actuantes, tal y como se hallan
condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas
productivas y por el intercambio al que él corresponde, hasta
llegar a sus formaciones más amplias.”
Es por ello que el pensamiento idealista aleja al hombre de
la verdadera realidad, al ser humano hay que estudiarlo como
realmente es y no como él se representa a sí mismo. Porque
“no es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la
que determina la conciencia”.11
El hombre en sociedad crea un sistema de valores a través
de los que trata de captar y de legitimar el mundo que lo
rodea.12 A este proceso Marx lo llama la ideología.
Engels, en su carta a F. Mehring, describe lo anterior:
“La ideología es un proceso que se opera por el llamado
pensador conscientemente, en efecto, pero con una conciencia
falsa. Las verdaderas fuerzas propulsoras que lo mueven,
permanecen ignoradas por él, de otro modo no sería tal pro­
ceso ideológico. Se imagina, pues, fuerzas propulsoras falsas
o aparentes. Como se trata de un proceso discursivo, deduce
su contenido y su forma del pensar puro, sea el suyo propio o
el de sus predecesores. Trabaja exclusivamente con material
discursivo, que acepta sin mirarlo, como reacción del pensa­
miento, sin someterlo a otro proceso de investigación, sin

154
buscar otra fuente más alejada e independiente del pensa­
miento; para él esto es la evidencia misma, puesto que para él
todos los actos, en cuanto les sirva de mediador el pensamiento,
tienen también en éste su fundamento último.”
Esta determinada forma de pensar está condicionada por el
sistema de producción, esto se le impone al individuo en tal
forma que él encuentra en sí mismo una legitimación de la
realidad en la que se vive, se justifica al sistema a través de un
conjunto estructurado de ideas. Pero estas últimas no son fruto
de todos los individuos que forman una sociedad, sino sólo de
aquellos que por tener el dominio de los medios de producción
requieren crear esa estructura ideológica que le dé validez y
legitimidad a su posición.
“Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes
en cada época; o dicho en otros términos, la clase que ejerce
el poder material dominante en la sociedad es, al mismo
tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su
disposición los medios para la producción material dispone
con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción
espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo,
por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios
necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominan­
tes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones
materiales dominantes, las mismas relaciones materiales do­
minantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que
hacen de una determinada clase, la clase dominante son tam­
bién las que confieren el papel dominante a sus ideas.”13
Al controlar los medios de la producción, y como conse­
cuencia imponer las condiciones de trabajo, que para el obrero
representa el medio de subsistencia, la burguesía va elaboran­
do una cultura de acuerdo a la estructura económica. Al do­
minar la economía, los capitalistas dominan la sociedad en
todos sus órdenes, y como toda estructura social debe estar
regulada y legitimada en cuanto al tipo de dominación que en
ella impere, la clase dominante configura una ideología que le
justifique su poder. Las leyes y la administración pública se
llevarán a cabo de acuerdo con sus intereses económicos, los
cuales por ese medio se legitimarán y, al hacerlo, se legaliza
una situación de explotación y miseria para el obrero. La
burguesía convierte al Estado en un aparato coercitivo que
defiende y mantiene la ideología capitalista.14
Las condiciones materiales de vida que se imponen a los
individuos, y que están plasmadas en las formas y relaciones
de producción, son de hecho la base en la que se apoya el
Estado. Esta base no la crea el Estado, sino es el apoyo real
del mismo, gracias al cual él adquiere su forma específica de
dominación.15

155
Ahora bien, como la historia de la humanidad es la historia
de la explotación humana, y como ésta ha requerido siempre
de una justificación, encontramos que en todas las sociedades
ha existido siempre una ideología, pues ésta sólo podrá des­
aparecer cuando desaparezca lo que la justifica, la explota­
ción.16
Mientras esto no suceda, todo pensamiento social tendrá
un condicionamiento ideológico. Para forzar a superar esta li­
mitación, el científico deberá trascender ese mundo ideológico
que le permita poder captar la verdadera estructura de los
fenómenos sociales sin los prejuicios que el condicionamiento
económico impone al pensamiento. Lo primero que la ciencia
debe hacer, es denunciar a la propia ideología como parte de
un sistema de explotación. Es por ello que el materialismo
histórico demanda a la ciencia una actitud revolucionaria.
Nos dice Marx: “El problema de si al pensamiento humano
se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema
teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde
el individuo tiene que demostrar la verdad, es decir, la reali­
dad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio
sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la
práctica, es un problema puramente escolástico.”
“La coincidencia de la modificación de las circunstancias y
de la actividad humana, sólo puede concebirse y entenderse
racionalmente como práctica revolucionaria.” 17
Es por ello que el pensamiento científico debe darse a dos
niveles, el teórico y el práctico, ambos se presuponen. Si la
ciencia debe ser revolucionaria, se requiere de una teoría que
dirija a la práctica, así como de una práctica revolucionaria
que se dé en un marco de referencia teórico. Esta relación
entre teoría y práctica obliga al científico a participar activa­
mente junto a las clases explotadas en el proceso de trans­
formación del mundo.
Nos dice Althusser:
“La filosofía marxista-leninista, o el materialismo dialécti­
co, representa la lucha de clase proletaria en la teoría. En la
unión de la teoría marxista y el movimiento obrero —realidad
última de la teoría y de la práctica— la filosofía cesa, como lo
dice Marx, de ‘interpretar el mundo’. Llega a ser un arma para
su ‘transformación’: la revolución.”
“Para comprender verdaderamente lo que se ‘lee’ y se es­
tudia en las obras teóricas, políticas e históricas, es necesario
que cada uno haga, directamente, la experiencia de las dos
realidades que las determinan en todos los aspectos: la realidad
de la práctica teórica (ciencia, filosofía) en su vida concreta:
la realidad de la práctica de la lucha de clases revolucionaria

156
en su vida concreta, en estrecho contacto con las masas, ya
que si la teoría permite comprender las leyes de la historia,
no son los intelectuales, los teóricos, sino las masas las que
hacen la historia.” 18
Resumamos ahora las discrepancias más significativas que
destacan en los renglones anteriores:
Carlos Marx Max Weber

1— La realidad en sí esel 1— La realidad en sí es


objeto de estudio de la cien­ inalcanzable. Para captarla
cia. Esto es, la función que es necesario transformarla,
el investigador desarrolla le pues la realidad en s í no es
obliga a aceptar que a pesar conocible, se requiere de su
de la ideología existe una transformación a través de
realidad científica en sí, la un proceso mental que el
que deberá ser su objeto de investigador debe llevar a
estudio. Hay que distinguir cabo. Se pasa de una realidad
entre la ciencia en sí y aqué­ heterogénea y continua a
lla que puede tener un con­ una realidad que puede ser
tenido ideológico. El investi­ homogénea o discreta. La
gador puede, al utilizar la selección del objeto de es­
metodología adecuada, dis­ tudio del investigador, le
cernir entre ciencia e ideo­ obliga a someterse a la limi­
logía y desechar esta última. tación que su elección lo
obliga, no podrá determinar
2— La ciencia denuncia ni
y la materia ni las causas de
transforma. su objeto.
Dado que el conocimiento 2— La Ciencia explica.
científico debe librarse de la El objeto de las ciencias,
ideología, hay que denunciar en este caso de la sociología
el porqué de la existencia de como ciencia social, será el
ésta: la legitimación de la lograr “una interpretación
explotación de una clase causalmente adecuada, y
sobre otra. Pero no solamen­ adecuada en la esfera de la
te esto, sino además buscar, significación “del obrar so­
con el logro del conocimien­ cial”.
to científico, modificar la
realidad, “transformarla”.
3— La ciencia, tiene, por 3—La función del cien­
tanto, una función teórica y tífico es eminentemente teó­
una función práctica. Para rica, la aplicación del cono­
lograr efectividad, el pen­ cimiento a la realidad des­
samiento científico debe borda los márgenes de las
darse a dos niveles que se ciencias, las cuales no nos
presuponen y se retroalimen- dicen qué debemos hacer

157
tan, el marco teórico y la sino sólo lo que podemos
realidad práctica. El cientí­ hacer. “La ciencia carece de
fico tiene un deber ser y un sentido, puesto que no tiene
ser que se complementan en respuestas para las únicas
una relación dialéctica. cuestiones que nos impor­
tan, las de qué debemos
hacer y cómo debemos
vivir.”
4— El científico debe ser, 4— El científico debe ser
por tanto, un político. Al apolítico. Al estar la ciencia
regirse la actividad del in­ libre de valores, obliga al in­
vestigador por un presupues­ vestigador a no tener com­
to axiológico: al logro de la promisos políticos, su con­
revolución proletaria, su ac­ ducta debe regirse por el
tividad adquiere un conte­ principio de la avaloración.
nido político.
5— El devenir histórico 5— En la historia del
tiene un denominador co­ hombre no hay un denomi­
mún, las leyes económicas. nador común que la abarque,
El enfoque que el científico sino una multiplicidad de
debe tener en su deseo de leyes. Precisamente el carác­
captar la historia, debe ser a ter de ciencias ideográficas
través de las diferentes de las ciencias sociales im­
formas de producción que plica la posibilidad de un
se han dado, las que en úl­ condicionamiento múltiple
tima instancia han condicio­ de las estructuras sociales.
nado las estructuras sociales.
6— La economía capitalis­ 6— La economía capitalis­
ta basa fundamentalmente ta es básicamente racional.
su desarrollo en la explota­ Precisamente el gran desarro­
ción, que trae entre otras llo del sistema capitalista
consecuencias la enajena­ está fundamentado en la
ción. Al haber un sistema de “acción racional con arreglo
desigualdades sociales que a fines”. Es la aplicación de
se legitima en la ideología, se una técnica racional nunca
lleva al individuo a depen­ antes utilizada en la historia
der de condiciones que se le de la humanidad.
imponen y que lo mantienen
en un sistema permanente
de enajenación.
7— La destrucción del sis­ 7—El sistema capitalista
tema capitalista es inmi­ tiende a superar sus propias
nente. Las contradicciones contradicciones. Por medio
propias de un sistema anár­ de la planeación racional, el
quico lo llevarán a su propio desarrollo del sistema capi­
aniquilamiento. talista se ha mantenido.

158
8—De acuerdo con lo an­ 8— Dada la aceptación his­
terior, es predecible el desa­ tórica de la multiplicidad
rrollo futuro próximo de la axiológica, y por tanto del
sociedad: el sistema comu­ condicionamiento múltiple
nista fruto de la revolución de las sociedades, no se
proletaria. Si hay un deno­ puede predecir fatalmente
minador común en el devenir el desarrollo futuro, pero sí
histórico y se conoce su se puede decir que el futuro
evolución dialéctica, pode­ próximo de la sociedad se
mos científicamente prever dará dentro de un marco
cuál será la evolución hu­ capitalista, el cual, pese a los
mana. movimientos revoluciona­
rios tenderá a mantenerse,
ayudado en mucho por su
estructura racional.
9— La dictadura del prole­ 9— La dictadura de la bu­
tariado es el paso intermedio rocracia será una caracterís­
hacia el sistema comunista. tica inmediata del sistema
De acuerdo con la evolución capitalista. En el proceso de
dialéctica del materialismo secularización, formalismo
histórico, el paso siguiente creciente y racionalidad que
que se seguirá dentro del el sistema capitalista ha ido
sistema capitalista en el teniendo, la burocratización
proceso revolucionario, será del mismo es un hecho dis­
el de la dictadura del prole­ tintivo y necesario de él. El
tariado y la propiedad pri­ funcionario burocrático ad­
vada de los medios de pro­ quiere dentro del sistema un
ducción pasará a manos de papel preponderante.
los obreros.
10— El paso siguiente será 10— Hay un proceso de
la desaparición de las clases competencia y de selección
sociales. Al no legitimarse la social permanente en el sis­
propiedad privada de los tema. El hombre busca “ob­
medios de producción, des­ tener formalmente un poder
aparece la explotación y, por de disposición propio sobre
lo tanto, la diferencia de probabilidades deseadas tam­
clases sociales; no habrá más bién por otros”, principal­
poseedores y desposeídos, y mente el logro de las proba­
por lo mismo aparecerá la bilidades existentes de vida.
igualdad humana.

11— El Estado pierde su 11—El Estado se fortalece


sentido y, por tanto, des­ dentro del sistema capitalis­
aparecerá. Si en el sistema ta. Este requiere de una es­
capitalista el Estado tiene tructura burocrática, la cual
como única justificación el tiene un “cuadro adminis-

159
mantener un régimen de ex­ trativo que tenderá a man­
plotación legítimo, al dejar tener con éxito la pretensión
de existir éste, aquél pierde del monopolio legítimo de
su sentido. la coacción física, y para el
mantenimiento del orden
vigente”.

La acción social racional

Al definir a la acción social como “la conducta humana en


la que el sentido mentado se refiere a la conducta de otra u
otras personas, orientando hacia ellas su desarrollo”, de hecho
está conceptualizado el actuar social como una especie de un
género más amplio el del sentido del actuar. A pesar del rigo­
rismo de los conceptos sociológicos fundamentales de Weber,
y que de acuerdo con él no debemos ir más lejos de lo que él
mismo señala, a la fecha y sobre todo a las aportaciones de
Freud, el concepto de la acción social en opinión de algunos
autores ha quedado restringido.19 Consideran que hay actua­
res del individuo llenos de significación a los cuales el sujeto
actor no vincula en principio un sentido, y que a pesar de ello,
puedan llegar a tener trascendencia social.
Efectivamente, Weber no desarrolla con suficiente ampli­
tud las acciones emotivas y tradicionales, que de hecho vienen
a abarcar el actuar inconsciente, pero no podemos aceptar
que la acción social no recoja el actuar inconsciente.
Primero que nada, debe quedar asentado que puede haber
conductas humanas inconscientes o subconscientes que puedan
tener relevancia social. Por tanto, aunque el sujeto actor no lo
perciba, deben ser estudiadas por la sociología; el científico
puede llegar a conocer esas motivaciones y de esa manera
comprenderlas, siendo esto último la finalidad de la sociolo­
gía de Max Weber: “comprender las conductas humanas”.
Una persona tiene un sentimiento de odio que reprime, llega
a desaparecer éste de su conciencia, pero más adelante puede
presentarse aunque sea en forma velada o inconsciente. Esta
persona podrá actuar motivada en su conducta por este sen­
timiento reprimido, aunque sin darse cuenta de eso, puede
pensar que no existe ese motivo, que es el verdadero de su
actuar. Cuando esta motivación vaya más allá de la persona,
entonces deberá ser motivo de estudio de la sociología. Esto
último es lo adecuado; además, no se amputará el campo de
la sociología. En estos casos se puede emplear la ayuda del
psicoanalista para poder comprender las conductas inconscien­
tes o subconscientes, o motivadas irracionalmente pero que
tienen trascendencia social.

160
Vimos que dentro de la misma acción humana, Weber acepta
que hay ciertas condiciones psicopáticas que pueden influir
en una persona en su actuar; después agrega que hay acciones
que sólo podrán ser comprendidas por ciertos especialistas.
En esto caben los actos inconscientes e irracionales de tras­
cendencia social, que para poder ser comprendidos se requiere,
como dijimos, del psicoanalista.
Posteriormente agrega Weber, en relación con la interpre­
tación del sentido de las ácciones sociales, que toda inter­
pretación debe considerarse como una hipótesis mientras no
se confirme con la realidad. Esto es a consecuencia de que el
motivo de un actuar puede ser “reprimido o pretextado”. El
actor puede no darse cuenta de la verdadera causa de su con­
ducta.
Después, en el tipo ideal, Weber acepta que en las conductas
siempre intervienen factores irracionales, y la sociología de­
bería precisar qué tanta influencia ejercen éstos sobre la con­
ducta de las personas.
Cuando hablamos de las conductas emocionales, se dijo que
el sujeto actor puede conducirse tratando de desahogar un
estado emocional.
Vimos también, al interpretar el sentido del actuar, cómo
por medio de la simple comprensión se trata de entender ac­
tuares racionales y que por medio de la “empatia” se trata de
entender actuares motivados irracionalmente.
Se trató de precisar por medio de la conexión de sentido,
la relación entre el actuar externo y la motivación provocadora.
La ayuda de la psicología, como psicología comprensiva
—vertehende Psychologie— se dirige sobre todo a los factores
irracionales del actuar.20
Con lo anterior creemos que quedó superada la crítica que
se le hace a Weber de limitar su sociología a actuares mera­
mente conscientes y racionales.

La sociología individualista

La sociología, dijimos, es “la ciencia que pretende inter­


pretar la acción social, etc. ”. La acción social es la conducta
de una persona dirigida hacia otra. Por lo anterior, saca Weber
en conclusión que la “sociología comprensiva” que él postula,
tiene que ser individualista, en cuanto a que solamente la
persona humana tiene conciencia, solamente ella es capaz de
producir la acción social.
El sentido mentado subjetivo únicamente se da por las per­
sonas en particular. Es por lo que, al hablar de colectividades

161
humanas, la sociología las estudia a través de los miembros
que la forman, de las personas en particular. Porque sólo éstas
son capaces de realizar la acción social y ésta, en última ins­
tancia, es el pilar fundamental del pensamiento de Weber. La
sociología únicamente debe recoger las conductas individua­
les, sólo a éstas se les puede comprender, encontrar un senti­
do.21
Cualquier agrupación es incapaz por ella misma, de tener
conciencia de su actuar; esto mismo se puede decir de las cé­
lulas biológicas, y de las asociaciones, es por eso que sólo las
colectividades humanas en cuanto que están formadas de per­
sonas conscientes, interesan a la sociología.22
Por lo que las personas morales, que el derecho crea con
fines prácticos, interesan a la sociología, en cuanto que están
configuradas por personas individuales, pero nunca en el
mismo sentido que en el campo jurídico son consideradas.23
Las sociedades, el Estado o cualquier agrupación interesan
a la sociología por los elementos que los forman, pero no en
sí mismos, esto es, sólo por el hecho de ser un conjunto de
personas que realizan una acción social caen en el campo so­
ciológico.
Cualquier concepto para ser comprendido, requiere serviste
como una comunidad de conductas individuales.24
La sociología de Max Weber tiene su entronque en la corrien­
te liberal de la Ilustración. Su concepto de acción social hace
del individuo la unidad de la que parte y se estructura todo su
sistema, es por ello que refuta la tradición idealista de Hegel,
que tanta influencia había tenido sobre la cultura alemana. 5
A pesar de que su concepción metodológica descansa en el
reconocimiento a los valores que en cada sociedad están en
vigor, él no desarrolla en sus trabajos con suficiente claridad
la interdependencia entre el individuo y el conjunto de órde­
nes normativos que éste va creando con su actuar, la forma
como las ideas, las instituciones, se revierten sobre la persona.
Cuando Weber escribe sus Conceptos sociológicos funda­
mentales, ya han sido publicadas las obras de Marx, de quien
ya hablamos con amplitud en el inciso anterior, y las de Emilio
Durkheim, sobre todo Las reglas de m étodo sociológico, en
donde el fundador de la escuela sociológica francesa ha de­
mostrado la influencia decisiva de lo que él llamó el “hecho
social” sobre el individuo. Decía Durkheim: “El sistema de
signos de que me sirvo para expresar mi pensamiento, el sis­
tema monetario que uso para pagar mis deudas, los instru-
ihentos de crédito que uso en mis relaciones comerciales, las
prácticas seguidas en mi profesión, etc., funcionan con inde­
pendencia del empleo que hago de ellos. Tómese uno tras

162
otro los miembros que integran la sociedad y lo que precede
podrá afirmarse de todos ellos. He aquí, pues, maneras de
obrar, de pensar y de sentir, que presentan la importante
propiedad de existir con independencia de las conciencias in­
dividuales”.
“Y estos tipos de conducta o de pensamiento no sólo son
exteriores al individuo, sino que están dotados de una fuerza
imperativa y coercitiva, por la cual se le imponen, quiera o no.
Sin cíuda, cuando me conformo con ellos de buen grado,
como esta coacción no existe o pesa poco, es inútil, pero no
por eso deja de constituir un carácter intrínseco de estos
hechos, y la prueba la tenemos en que se afirma, a partir del
momento en que intentamos resistir.”2 6
El no reconocer lo anterior y hacer descansar su teoría so­
ciológica en la acción social, ha llevado a Parsons a considerar
la teoría de Weber como entroncada en la corriente volunta-
rista.27 Más aún, tengo la impresión que Weber afirma su
postura como un medio de favorecer su posición frente a
Marx, que en el fondo es una de las consecuencias de su pen­
samiento, sobre todo su libro La ética protestante y el espíri­
tu del capitalismo, a pesar de que, como ya vimos, él lo niega
categóricamente.
Para resumir este inciso, creo que Weber no le dio la im­
portancia que tienen las relaciones sociales al revertirse sobre
los individuos, en esto le doy la razón a sus críticos. Indepen­
dientemente de que no se acepte el materialismo histórico
como una verdad absoluta, es un hecho que las estructuras
sociales, que nacen del actuar individual, se convierten a su
vez en un medio de presión social decisivo sobre las personas,
sobre todo en la actualidad el fenómeno económico tiende a
predominar como condicionante del actuar social.

Epígrafe

Weber seguirá siendo, a través de su obra, lo que fue en


vida, un ser polémico, luchador genuino y un gran científico;
impregnado de un espíritu estoico que se refleja en las exi­
gencias que demandan a los hombres —los verdaderos sujetos
actores de la historia— en la realización de su destino: “Es
completamente cierto, y así lo prueba la historia, que en este
mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo im­
posible una y otra vez.” Pero realizar esto dentro del marco
de referencia de nuestra vida cotidiana, luchar y no estar es-

163
perando a que los cambios lleguen por sí, sino provocarlos:
“Hay que ponerse al trabajo y responder como hombre y
como profesional a las exigencias de cada día. Esto es simple
y sencillo si cada cual encuentra el demonio que maneja los
hilos de su vida y le presta obediencia.”28
De acuerdo con esto, el “demonio que maneja los hilos de
su vida” fue la ciencia, a pesar de sus intentos frustrados a
participar en política. Es por ello que el criticar algún aspecto
de su obra, es inclusive estar de acuerdo con él:
“En la ciencia todo lo que hemos producido habrá queda­
do anticuado dentro de diez, veinte o cincuenta años. Ese es
el destino y el sentido del trabajo científico y al que éste, a
diferencia de todos los demás elementos de la cultura, que
están sujetos a la misma ley, está sometido y entregado. Todo
logro científico implica nuevas cuestiones y ha de ser supera­
do y ha de envejecer. Todo el que quiera dedicarse a la ciencia,
tiene que contar con esto.”29
Weber ha sido uno de los pocos personajes que ha tenido el
valor de mantener fidelidad a una conciencia muy personal y
autónoma, que se ha enfrentado a una despiadada lucha contra
la mediocridad del ambiente, pagando el alto precio que esto
supone, manteniéndose en esta batalla con un estoicismo
heroico, y con la humildad de un gran hombre que sabe que
está muy adelante de su época y que a pesar de ello su obra
va a ser rebasada por esa realidad.

Notas

1 Weber, Max: The Sociology o f Religión —translated by Ephrain Fischoff—.


Beacon Press. Boston, 1963, pág. XIX.
2 Becker, Howard and Boskoff, Alvin: Modem Sociological Theory. Holt, Ri-
nehart and Winston, Inc. U.S. A. 1957, pág. 26. Gurvitch, George y Moore, Wilbert:
Twentieth Century Sociology. Philosophical Library Inc. New York, 1946, pág.
309
Mills, Wright C.: The Sociological Imagination. Oxford University Press. New
York, 1959, pág. 22.
4 Medina Echavarri'a José: Presentaciones y Planteos. Papeles de Sociología,
Biblioteca de Ensayos Sociológicos. Instituto de Investigaciones Sociales, U.N.A.M.
México, 1953, pág. 177.
5 Strauss, Leo: Natural Right and History. The University of Chicago Press,
U.S.A. 1963, pág. 35. Raymond Aron reproduce un resumen de este capítulo en
la introducción al libro Max Weber, El Político y el Científico, op. cit., págs. 44 y
»• 6
Luckács, George: El Asalto a la Razón. Traducción de Wenceslao Roces.
Ediciones Grijalbo, S. A. Barcelona, España, 1972, págs. 492, y ss.
7 Gouldner, Irving: “El antiminotauro: el mito de una sociología libre de va­
lores” . Traducción de Néstor Dom ínguez. Publicado en Revista Mexicana de
Ciencia Política. Año XVI, Nueva Epoca, núm 62, Oct.-Dic. 1970, págs, 103 y ss.
Nos dice Gouldner:
164
“Mi tesis, en pocas palabras, es que una de las principales fuerzas instituciona­
les que facilitan la supervivencia y difusión del m ito de la libertad valorativa es su
utilidad para el mantenimiento de la cohesión y autonom ía de la universidad mo­
derna, en general, y de las nuevas disciplinas de la ciencia social en particular. No
es difícil, en todo caso, demostrar que entre las motivaciones que indujeron origi­
nalmente a Max Weber a formular la concepción de una sociología libre de valo­
res, se contaban las antes expuestas. Su defensa de la doctrina de la independencia
con respecto a los valores puede ser considerada, pues, como un esfuerzo, no
tanto por eliminar las valoraciones morales de la universidad, cuanto por despoli­
tizarla y alejarla de la lucha política.”
7bis Merton, Robert: Teoría y Estructura Sociales —traducción de Florentino
M. Tom cr—. Fondo de Cultura Económica, México, 1970 pág. 15.
8 Sabine, George: Historia de la Teoría Política —traducción de Vicente Herre­
ro—, Editorial Fondo de Cultura Económica. México, 1963, págs. 588 y ss.
y Rumney, Jay, y Mayer, J.: Sociología, La Ciencia de la Sociedad —traduc­
ción de Eduardo Loedel—. Editorial Paidós, Argentina, 1961, págs. 208 y ss.
A pesar de esta manifiesta modificación de Marx al m étodo hegeliano, el
problema metodológico entre ambos autores ha llegado a tal grado que, como dice
González Pedrero, ambos se presuponen. Si en un principio fue Marx, es necesario
leer a Hegel para estudiar a Marx, en la actualidad Hegel no puede verse: González
Pedrero, Enrique: “Cuestiones de Método en Hegel y Marx”, publicado en la R e­
vista Mexicana de Ciencia Política, año XIV , enero-marzo de 1969, núm . 55. pág.
65.
11 Marx, Carlos y Engels, Federico: La ideología Alemana —traducción de
Wenceslao Bores—. Ediciones Pueblos Unidos, S. A., Montevideo, Uruguay, 1968,
pág-25.
z Silva, Ludovico: Teoría y Práctica de la Ideología . Editorial Nuestro Tiem­
po, S. A. México, 1971, pág. 19.
8 Marx, Carlos, y Engels, Federico: La Ideología Alemana, op. cit., págs. 50 y
ss.
4 Mills, Wright: Los Marxistas —traducción de José Luis González— Ediciones
Era, S. A. México, 1964, pág. 74.
Marx, Carlos: Miseria de la Filosofía. Ediciones en Lenguas Extranjeras,
MoSjC^í, pág. 225.
° Silva, Ludovico: op. cit., pág. 68.
Marx, Carlos: Tesis sobre Feuerbach, en Marx Engels, Obras Escogidas, op.
cit., pág. 404.
Althusscr, Louis, Balibar, Etienne: Para Leer el Capital —traducción de
Marta Hernecker—. Siglo XXi, Editores, S. A. México 1970, págs. 10 y ss.
Recaséns Siches, Luis: Sociolog-ia. Editorial Porrúa, México 1961, págs. 83
y ss.
; 20 ,
Barnes, Harry E.: op. cit., pág. 114.
* Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 238.
Weber, Max: Economía y Sociedad, op. cit., pág. 13.
8 Timasheff, Nicolás: La Teoría Sociológica, op. cit., pág. 228.
* Frcund, Julien: op. cit., pág. 101.
® Gerth, Hans, y Mills, Wright C.: op. cit., pág. 65.
Durkheim, Emilio: Las Reglas del Método Sociológico —traducción de An­
tonio Ferrer—. Editorial Dédalo, Buenos Aires, Argentina, 1959, págs. 31 y ss.
^ Parsons, Talcott: The Structure o f Social Action. Ule Free Press o f Glene,
New Yor, 1964, pág. 715.
Weber, Max: El Político y el Científico, op. cit., pág. 241.
^ Idem, pág. 197;

165
Indice de autores y lugares

A lem an ia: 2 7 , 28, 146 G recia: 18


A lth u sser, L ouis: 156 G o o ld n e r, Irving: 151
A yala, F ran cisco : 57
H egel, G .W .F.: 6 6 , 162
B abilonia: 145, 151 H eid elb erg : 18, 20, 2 3 , 25-28
B akher, Im m a n u e l: 18 H ensel: 2 6
B au m g arten s, E m m y : 18, 19
B atalla d el M a ra tó n : 56 In g laterra: 28
B élgica: 28 In d ia : 145
B erlín : 18, 19 Italia: 2 4
B re n ta n o , F ran z: 2 7 , 29
B ruselas: 28 Ja s p e rs, K arl: 2 2 , 25, 41
B u d ap est: 28 JeU in ek : 2 5 , 27
J e r e m ía s : 28
C ésar: 52 J e s ú s : 128
C hina: 115, 128, 145 J o f f e , E dgar: 2 5 , 33
C o rtés, H e rn á n : 146
K a p h e rr,J . vo n : 25
D alai L am a: 133 K ierk eg aard , S ó ien : 22
ü ilth e y , W ilhelm : 18, 51 K nies, K arl: 18, 20
D u rk h e im , E m ilio: 162 K roger, T . H .: 2 8

E g ip to : 131 L ieja: 28
Engels, F ed erico : 1 5 4 L ip p s, T h e o d o r: 51
E rfu rt: 17, 23 L o e w e n ste in , K arl: 2 8 , 29
E spaña: 24 L u k acs, G eorge: 25, 150
E stad o s U n id o s: 2 6 , 2 8 , 1 2 6 , 1 8 0 L u x e m b u rg o : 28
E strasb u rg o : 18
E x p o sició n m u n d ia l d e San L uis: M arx, C arlos: 153, 154, 156, 157,
26 162, 163
M ayer, E d u a rd o : 56
F allen stein W eber, H elene: 17, 23 M edina E ch av arría, J o s é : 2 1 , 149
F ischer, K u n o : 18 M ehring, F: 154
F reu n d , J u lie n : 4 2 M eitzen , A ugust: 19
F reu d , S egism und: 2 4 , 25, 160 M enger: 20
F rib u rg o : 19, 23 M e rto n , R o b e rt: 152
M om m sen, T h e o d o re : 18, 19
G alilei G alileo: 17 M unich: 2 8 , 2 9 , 123
G o ld sc h m id t, Ja c o b o : 19 M ü n sterb crg , H ugo: 25
G o ld sch m id t, L udw ig: 19
G o ttin g a : 19 N a m u r: 28
G o ttlo ttlilie n fe ld : 51 N ietzsch e, F ederico: 2 2 , 152

167
Palgi, M elchior: 17 S o m b a rt, W ern er: 2 5 , 2 8 , 33
P arsons, T a lc o tt: 4 0 , 144 , 1 4 9 ,1 5 2 , S tev in , S im ó n : 143
163 T o lsto i, L eó n : 22
P izarro, F ran cisco : 146 T o n ie s, F e rd in a n d : 26
P arís: 29 T re itsc h k e , H ein rich v o n : 18
T ro e ltsc h , E m s t: 2 5 , 2 6
R ic k e rt, E n riq u e: 19, 3 3 , 4 0 , 51 T u rin g ia : 17
R o m a : 18
R o sc h e r, W ilhelm : 18 V ie n a : 2 8
R u sia : 2 7 , 28
W eber, A lfre d : 2 3 , 2 7 , 153
S ch m o ller: 2 0 , 27 W eber, K arl: 2 3 , 153
S ch n itg er, M arian n e: 19, 25 W eber, M ax S r.: 17, 23
S c h u m p e te r, J o s e p h A lois: 60 W estp h alia: 2 8
S im m el, G eorge: 2 6 , 3 3 , 51 W iese, L e o p o ld o v o n : 78
S o h m , R u d o lp h : 79, 127 W in d elb an d , W ilhelm : 2 7 , 33

168
Indice de materias

ab o g ad o : 102, 1 1 0 , 125 A rc h iv f ü r S o zia lw isse n sc h a ft u n d


a cció n : 4 8 , 54 S o zia lp o litik : 2 5 , 2 7 , 2 9 , 3 3 , 55
acció n c o n sc ie n te : 63 a rte s: 154
a c ció n c o n tra c tu a l: 115 aso ciació n : 76
a c c ió n d e d o m in a c ió n : 80 aso c ia c ió n a u tó n o m a : 76
a c ció n de la a so ciació n : 76 a so ciació n d e em p re sa : 77
acció n em o cio n al: 62 aso ciació n lib re d e e stu d ia n te s: 123
acció n h u m a n a : 4 7 , 4 9 , 161 a so ciació n p o lític a : 7 9 , 115
acció n in c o n sc ie n te : 63 a so ciació n te rrito ria l: 77
a c ció n irra c io n a l: 63 aso ciacio n es a u to c é fa la s: 77
a c ció n p a ra la a so ciació n : 76 aso ciacio n es h e te ró n o m a s : 77
a c ció n p o lític a : 8 0 , 114 a u to d e fe n sa : 115
a c ció n ra c io n a l c o n arreglo a fin es: a u to rid a d c a rism á tica: véase caris-
6 1 ,1 5 8 ma
a c ció n racio n al co n arreglo a v a lo re s: a u to n o m ía c o rp o ra tiv a : 106
62 a u to n o m ía e sta m e n ta l: 1 0 6
a c ció n reg u lad a p o r la aso ciació n : a u to rid a d d o m é stic a : 97
76 a u to rid a d p a tr im o n ia l: 132
acció n re iv in d ic a to ría : 113, 114 a u to rid a d e s : 133
acción social: 4 7 -5 0 , 52 , 53, 6 3 -6 6 , av alo ració n : véase p ro c e so de
71, 7 4 ,1 5 0 , 160-163
acción social e c o n ó m ic a : 139 b a lan c e: 143
acció n su b c o n sc ie n te : 6 3 , 160 b a u tiz a n te s : 145
acció n típ ic a : 54 bien es: 3 8 , 5 5 , 1 4 0 -1 4 2
a cció n tra d ic io n a l: 6 2 b u rg u e sía : 154, 155
acciones p e rso n ales: 114 b u ro c ra c ia : 133-135
accio n es reales: 114
activ id ad e c o n ó m ica: 140, 141 cab allero s: 131
activ id ad ju d ic ia l: 97 calv in istas: 145, 1 4 6
activ id ad p o lític a : 80 c a m b io : 141
a c to s reflejo s: 49 cám aras d e c o m e rc io : 124
ad m in istra c ió n : 96, 135 cap ita lism o : 2 6 , 5 6 , 1 3 5 , 1 4 0 , 143-
ad m in istració n d e ju s tic ia : 132 147, 158, 159
a d m in is tra c ió n d o m é s tic a : 9 9 , 100 c a p ita lism o in d u stria l: 145
a d m in istra c ió n e sta m e n ta l d e ju s ti­ carism a: 109
cia: 107 c arism a h e re d ita rio : 129
a d m in is tra c ió n p ú b lic a : 1 2 4 , 1 3 3 , c a ra c te re s fo rm ale s d el d e re c h o : 109
155 ciencia: 21, 38, 3 9 , 150, 154, 156,
a g ru p ació n : 65 1 5 7 , 163
A lem an ia y los p o d e re s m u n d iales: cien c ias co m p ren siv a s: 3 3 , 4 7
28 ciencias c u ltu ra le s; 3 3 , 3 4 , 3 7 , 3 8 ,
a p arato c o activ o : véase c u a d ro co ac­ 4 0 , 4 3 , 5 4 , y ss.
tivo ciencias esp iritu ales: 4 2

169
ciencias id eo g ráficas: 158 c o n v e n c ió n : 8 4 , 88, 89
ciencias n a tu ra le s : 3 3 , 3 4 , 3 6 , 3 7 , c o stu m b re : 8 3 , 8 8 , 89
3 8 , 4 1 , 4 2 y ss. c reen cia ra c io n a l en c ie rto s valores:
ciencias n o m o té tic a s : 3 7 86
ciencias sociales: 5 4 , 15 2 , 158 c rític a p o sitiv a a la c o n c e p c ió n m a ­
cien c ia y p o lític a : 20 te ria lista d e la h is to ria : 29
circ u n sta n te s: 99 c u a d ro a d m in is tra tiv o : 76-81 y ss.
civilización o ccid e n tal: 5 5 , 142, c u a d ro a d m in istra tiv o carism ático :
143 1 4 4 149 129
clase so cial: 1 1 3 -1 1 5 , 1 4 2 , 159 c u a d ro co ac tiv o : 84-101
159 cu lp a: 9 8
clan : 85, 9 9 , 1 1 2 , 115 c u ltu ra : 58
c lie n te la : 141 c u ltu ra alem an a: 162
c o a c c ió n ju ríd ic a : 101, 104 c u ltu ra o c c id e n ta l: 131
có d ig o de h o n o r: 84
código penal: 8 4 d e lito s: véase d e re c h o p en a l
c o h e c h o : 178 d e lito s d e o fic io : véase d e re c h o
co lec tiv id ad es: 65 penal
c o lo n o s : 130 d e lito s d e sangre: véase d e re c h o
co m e rc io : 112 p en a l
c o m p e te n c ia : 159 d em ag o g o : 128
c o m p lejo d e E d ip o : 24 d e m a n d a ju d ic ia l: 88
c o m p re n sió n : 54 d em o c ra c ia : 2 6 , 1 2 5 , 126
co m p re n sió n ac tu a l: 5 2 , 5 4 d e re c h o : 8 4 , 8 5 , 9 2 , 9 7 , 101, 125,
c o m u n id a d : 74 132, 1 5 4
c o m u n id a d d o m éstica: 9 9 , 11 3 -1 1 5 d e re c h o c a n ó n ic o : 87
c o m u n id a d ju r íd ic a : 103 d e re c h o civil: 9 8 , 9 9 , 107
c o m u n id a d e s m o n á s tic a s: 145 d e re c h o c o n su e tu d in a rio : 8 8 , 9 0 ,
c o n c e p to d e id eo lo g ía: 1 5 3 , 154 9 1 , 1 0 1 , 104
c o n c e p to s eco n ó m ico s fu n d a m e n ta ­ d e re c h o d e lib e rta d : 110
les: 1 3 9 ,1 4 0 d e re c h o h e re d ita rio : 111
c o n c e p to s ideales: 59, 60 d e re c h o irra c io n a l: 119
C o n c e p to s sociológicos fu n d a m e n ­ d e re c h o m a te ria l: 119
tales (W eber): 162 d e re c h o m e rc a n til: 120
c o n d u c ta : véase acció n y sus d ife ­ d e re c h o n a tu ra l: 8 6 , 117
re n te s tip o s d e re c h o o b jetiv o : 87, 97, 103, 107,
c o n d u c ta em o cio n al: 62, 6 4 , 161 111
c o n d u c ta racio n al c o n arreglo a d e re c h o p en a l: 9 8 , 9 9 , 1 0 7 , 121
fines: 60, 61 d e re c h o p riv a d o : 9 5 , 9 6 , 104
c o n d u c ta racio n al c o n arreglo a va­ d e re c h o p ro b a to rio : 1 0 3 , 107, 117
lo res: 6 1 , 62 d e re c h o p ro c e sa l: 117
c o n d u c ta tra d ic io n a l: 60 , 62 d e re c h o p ú b lic o : 9 5 , 9 6 , 1 0 4 , 112
c o n e x ió n de se n tid o : 5 2 , 53 d e re c h o ra c io n a l: 119
c o n fe re n c ia d e paz e n P arís: 29 d e re c h o su b je tiv o : 8 7 , 8 9 , 9 5 , 9 7 ,
co ngreso d e A rtes y C iencias: 2 6 1 0 0 , 1 0 4 ,1 0 7 , 1 1 0 , 111
c o n ju ra d o r: 117, 118 d e re c h o s ju ríd ic o s su b jetiv o s: 9 7
co n sejo de ancian o s: 102, 104 d e re c h o s su b jetiv o s p a trim o n ia le s:
c o n ta b ilid a d : 143, 144 107
c o n s titu c ió n : 77 d e re c h o s p ú b lic o s su b je tiv o s: 96
C o n stitu c ió n d e W cim ar: 29 d e re c h o s suceso rio s: 112
c o n tin u id a d h o m o g én ea : 36 d e u d o r: 115
c o n tin u id a d d e to d o lo real: 35 D e u tsc h e G esellsch a ft f ü r Sociolo-
c o n tra to s : 9 8 , 1 0 4 , 111 -1 1 5 gie: 28
c o n tr a to de ex p ia c ió n : 115 d ia lé c tic a : 39
c o n tr a to p e c u n ia rio : 113 d ic ta d u ra del p ro le ta r ia d o : 159
conv en io s ju d ic ia le s: 111 d iscreció n h e te ro g é n e a : 36

170
d iscrim in ació n racial: 26 feu d a lism o : 1 3 1 , 1 3 2
d isc íp u lo s: 128 fia d o r: 115
división e sta m e n ta l d e p o d e re s: 131 fia n z a p ro c e s a l: 115
d ivisión del tra b a jo : 13 4 , 142 física: 3 4
d o m in a c ió n carism á tic a : 7 9 , 127, fo rm a lism o ju r íd ic o : 1 0 0 , 1 0 3 ,1 1 7 ,
129 125
d o m in a c ió n e sta m e n ta l: 131 fo rm as d e d o m in a c ió n : véa se d o m i­
d o m in a c ió n le g ítim a : 78, 126, 128, n ació n :
131, 132 fu e rz a co a c tiv a : véase sa n ció n
d o m in a c ió n legal: 132 fu n c io n a rio s: 108, 1 3 0 , 1 3 2 , 133
d o m in a c ió n racio n al: 79 fu n d a m e n to s racionales y so cio ló g i­
d o m in a c ió n trad icio n al: 78, 128, co s d e la m úsica (K roger): 28
1 3 0 , 131
g e ro n to c ra c ia : 130
e c o n o m ía : 140 g e stió n e c o n ó m ic a : 141
e c o n o m ía c a p italista: 158 g o b ie rn o : 96
e c o n o m ía co n su n tiv a: 141 g o b ie rn o p a trim o n ia l: 132
e c o n o m ía lu crativ a: 141 g ru p o c o a c tiv o : véase c u a d ro co ac­
e c o n o m ía m o n e ta ria : 141 tivo
e c o n o m ía n a tu ra l: 141 g ru p o s sociales: 73
e c o n o m ía y so cied a d (W eber): 17, g u e rra : 114
2 1 , 25, 2 8 , 4 7 , 6 4 , 139 g u e rra m u n d ia l: 28
e c o n o m ía ra c io n a l: 142, 145, 146
E dad M edia: 108, 145 h á b ito s: 112
e m p a tia : 5 4 , 6 4 , 9 2 , 161 h ech ic ero s: 105, 127
em p leo : 124 h e c h o so cial: 162
em presa: 77, 1 4 3 , 144 h e c h o s ju ríd ic o s: 121
en aje n ació n : 158 h e te ro g e n e id a d d e la re a lid a d : 35
E n sa yo de la T eo ría d e la C iencia : h isto ria : 4 0 , 57
102 H isto ria d e las In s titu c io n e s Agrarias
e q u id a d : 102 (W eb er): 19
esclavo: 1 1 4 , 130 H isto ria E c o n ó m ic a G eneral (W e­
escuela clásica d e e c o n o m ía : 20 ber)-. 2 9 , 139
escuela h is tó ric a d e e c o n o m ía : 2 0
escu ela sociológica: 162 id e o lo g ía : 1 5 2 , 1 5 4 -1 5 8
escuela vienesa: véase F reu d 158
e sta d ístic a : 53 Iglesia: 81, 145
e sta m e n to s: 136 Iglesia ca tó lic a : 108
E stad o : 80, 96, 155, 159 Ilu stra c ió n : 6 6 , 162
E stad o m o d e rn o : 135 im ita c ió n : 92
E stado n acio n al y p o lític a e c o n ó ­ im p eriu m : 100, 10 5 -1 0 9 , 117
m ica: 20 im p e ria lism o : 124
E stu d io s c rític o s en la lógica d e las in sp ira c ió n : 9 2 , 128
ciencias cu ltu ra les (W eber): 27 in s titu to : 78
é tic a p ro te s ta n te : véase p ro te s ta n ­ in s titu to h ie ro c rá tic o : véase iglesia
tism o in te rp re ta c ió n : 52
ética p ro te s ta n te y e s p íritu c a p ita ­ in te rp re ta c ió n causal: 53
lista: 25, 2 7 , 55, 5 6 , 1 3 9 , 1 4 3 , in tro sp e c c ió n : 4 3 , 51
163
exogam ia: 105 ju e z : 102, 106
ex p iac ió n : 106 ju ic io : 106
ju ic io d e D ios: 1 0 9 , 112
fa c to r irracio n al: 58, 6 4 , 161 ju ra d o : 105
facto res racio n ales: 58 ju ra d o p o p u la r: 121
fe n ó m e n o n a tu ra l: 64, 153 ju r a m e n to : 101
fe n ó m e n o social: 156 ju rista : 1 0 2 , 110

171
legalidad: 79, 87 n o rm a s religiosas: 9 9 , 1 1 7 , 124
legistas: 100 n o rm a s sociales: v é a se uso
lenguaje: 74
le y : vease n o rm as o b je tiv id a d del c o n o c im ie n to en las
leyes n a tu ra le s : 3 4 ciencias y en la p o lí ti c a social:
ley es sociológicas: 54 2 5 , 33
lib e rta d de c o n tra ta c ió n : 1 1 1 , 1 1 6 o b je to n a tu ra l: 65
1 3 2 ,1 4 4 o b je to s in a n im a d o s: 65
lib e rta d de tra b a jo : 143 o b lig acio n es: 100
lib e rta d sex u al: 25 o b lig acio n es e x d e lito : 115
lib e rta d d e d em o cracia: 27 o b ra r so cial: véase a c c ió n social
líd e r c a rism á tic o : 7S, 128 o rá c u lo s: 1 0 6 ,1 2 8
líd e r lab o ral: 26 o rd e n ju r íd ic o : 8 5 -8 7 , 9 6 ,1 0 2 ,1 1 1 ,
líd e r p o lític o : 123, 126 117
lin aje: 130 o rd e n le g ítim o : 84
litig io : 104 o rg an izacio n es: 124
lu cro : 143, 146 o to rg a m ie n to s: 8 7 , 102
lu c h a : 73
lu c h a d e clases: 1 5 4 , 156 p a c to : 87
p a rtid o p o lític o : 1 2 4 , 125
m ago: 99, 105 p a tria rc a lism o : 130
m a q u in a ria p o lític a : 126 p a trim o n ia lism o : 1 3 0 , 131
m arx ism o : 1 4 3 , 1 5 0 , y ss. p e n a : véase san c ió n
m ate m á tic a s: 3 4 ,3 6 p e rio d ista : 1 2 4 , 125
m eca n izació n : 61 p ie tis ta s: 145
m ed io s m ágicos: 101, 105, 113 p o d e r: 78, 154
m é to d o : 33 p o d e r d isc ip lin a rio : 100
m é to d o co m p a ra tiv o : 55-57 p o d e r d o m in ic a l: 114
m é to d o h is tó ric o : 37 y ss. p o d e re s secu lares: 101
m é to d o im ag in ario : 55-57 p o d e re s te o c rá tic o s: 101
m é to d o n a tu ra l: 3 7 ,4 0 p o lític a : 152
m é to d o d e in te rp re ta c ió n : 51 p o lític a c o m o vocació n : 123, 152
m e to d is ta s: 145 p o se e d o re s: 142
m ilitarism o : 108, 114 p o sitiv ism o : 3 4
m o d a : 83 p re c e d e n te s ju d iciales: 105
m o n e d a : 113 p re n d a : 115
m o n je: 145 p rín c ip e : 128, 135
m o n o p o lio : 5 6 , 1 4 1 , 142 p rin c ip io d e c o n tin u id a d : 35
m o ra l: 92, 151, 154 p rin c ip io d e h e te ro g e n e id a d : 35
m o ral d e co n v icció n : 125, 152 p rin c ip io d e av alo ració n : 3 9 ,4 1 - 4 3 ,
m o ral de re sp o n sab ilid ad : 125, 1 5 1 , 158
152 p ro b a b ilid a d : 54
m o rd id a : 123 p ro c e d im ie n to : 9 7 , 1 0 0 , 117
m u n d o clásico: 145 p ro c e d im ie n to a rb itra l: 98
m u tu o : 115 p ro c e d im ie n to e x p ia to rio : 99, 117
p ro c e d im ie n to p e n a l: 100
n acio n a lism o : 124 p ro c e d im ie n to su m a rio : 99
necesidades: 139 p ro c e so : 115
negocios ju r íd ic o s : 111, 116 p ro c e so de avalo ració n : 4 2 , 150,
n o rm a : 101 151, 153
n o rm as im p erativ as: 110 p ro c e so de tra n sfo rm a c ió n : 35
n o rm as ju ríd icas: 72, 85, 88-90 p ro c u ra d o re s: 141
n o rm a s m orales: véase m o ral p ro d u c c ió n : 140
n o rm as o b jetiv as: 110, 112 p ro fe ta : 86, 100, 102, 105, 127,
n o rm as perm isivas: 110 128
n o rm as p ro h ib itiv as: 110 p ro fe sio n ista s: 134

172
p ro te s ta n tis m o asc é tic o : 145 sab io c a rism á tic o : 105
p sico an alista: 6 4 , 161 sa c e rd o te s: 9 9 , 102, 1 0 6
p sic o lo g ía : 4 2 , 4 3 , 161 sa n c ió n : 85
p sic o lo g ía co m p ren siv a : 6 4 , 161 sa n c ió n ju ríd ic a : 87
sa n c ió n m ág ica: 8 6
ra c io n alizació n : 61 sa tisfa c to re s: 55
ra c io n alizació n fo rm al d el d e re c h o : selecció n b io ló g ica: 74
selecció n so cial: 7 3 , 79, 1 5 9
117
ra c io n alizació n m a te ria l d el d e re ­ se n tid o de a c tu a r: 3 4
ch o : 117 se n tid o d e a c c ió n : 4 3 , 50
racio n a liz a c ió n u tó p ic a : 59 se n tid o m e n ta d o su b je tiv o : 4 8 , 51,
realid ad c o n tin u a : 35, 3 6 , 157 55, 6 1 , 6 5, 1 2 9 ,1 6 1
re alid ad h e te ro g é n e a : 3 6 , 157 s e n tim ie n to d e a fe c to : 8 6
re fo rm a : 145, 147 se n tim ie n to d e la “ L ib e rta d d e va­
R eglas del M é to d o S o cio ló g ico lo ra c ió n ” e n las ciencias so c io ­
(D u rk h e im ): 162 lógicas y e c o n ó m ic a s: 29
régim en d e m o c rá tic o : 124 sé q u ito : 128
re g la m e n to : 96 serv id o res: 129
relació n ju ríd ic a : 85 sin d ic a to s: 124
re lació n social: 7 1 , 72, 7 3 , 74, 76, siste m a c a p ita lista : véase c a p ita lis­
77, 79, 1 2 6 ,1 6 3 mo
relació n social ab ie rta : 7 5 sistem a de valores: 41
re lació n social cerrad a: 75 siste m a d e m o c rá tic o : véase d e m o ­
re la c ió n social de aso ciació n : 76 cracia
re lació n social d e c o m p e te n c ia : 73 sistem a fiscal: 133
relació n social d e c o m u n id a d : 7 4 sistem as sociales: 61
re lació n social de d iscip lin a: 79 S itu a c ió n de la burguesía d e m o crá ­
re la c ió n social d e d o m in a c ió n : véase tica en R u sia (W eber): 27
tip o s ideales de d o m in a c ió n S o b re la te o r ía d é la s ciencias so cia­
relació n social de lu ch a: 73 les: 147
relació n social d e p o d e r: 7 8 so cialism o : 135
relació n social d e re p re se n ta c ió n : so cied ad o c c id e n ta l: 41
so cied ad es: 75
7 5 ,
re la c ió n social de selecció n : 73 so cio lo g ía: 4 7 , 4 9 , 5 0 , 6 3 , 6 4 , 8 5 ,
re lació n social de so cied ad : 74 1 6 0 -1 6 2
re lació n social de so lid arid ad : 75 so c io lo g ía co m p ren siv a: 161
relaciones de p ro d u c c ió n : 141, 1 4 4 , so c io lo g ía in d iv id u alista: 6 5 , 161
1 53 sta tu s: 1 1 4 , 1 3 4 , 158
re lació n social e co n ó m ic a : 1 3 9 , 1 4 0 S o b re la M e to d o lo g ía e n las E n c u e s­
relació n social o b je tiv a m e n te bilate- tas P sicosocíales y su s A ná lisis
real: 72 (W eber): 28
relació n social o b je tiv a m e n te u n ila ­
te r a l: 72 té c n ic a y c u ltu ra : 2 8
relacio n es e x tra p a trim o n ia le s: 130 tip o s ideales: 4 3 , 58-60, 79, 161
relativ ism o h is tó ric o : 4 0 tip o s id eales d e d o m in a c ió n : 78
religión: 154 tip o s id eales d e d o m in a c ió n le g íti­
religión p ro te s ta n te : véa se p ro te s­ m a: 78
ta n tis m o : tip o s ideales d e o b ra r social: 60
R en acim ien to : 145 tip o s p ro m e d io : 4 3 , 57
rev elació n : 127, 128 títu lo s d e valor: 144
revelación legal carism á tic a : 100 tra d ic ió n : 8 6 , 1 0 2 , 107
reviviscencia: 51 T ransición R u sa al C o n stitu cio n a lis­
reviviscencia e n d o p á tic a : 52 m o (W eber): 27
rev o lu ció n : 156 T ra ta d o d e V ersalles: 2 9
rev o lu ció n p ro le ta ria : 159 trib u n a le s: 1 0 1 , 107
ru tin iz a c ió n del carism a: 129 tru e q u e : 113

173
u n ió n : 78 valores: 4 1 , 7 3 , 162
uso: 83 vasallos: 131
uso d e te rm in a d o p o r u n a situ ació n v en g an za d e sangre: 85, 114
de in terese s: 83 Verein f ü r S o zia lp o litik : 19
u tilid a d e s: 55, 140, 142 vigencia: 39
u tilid a d m arginal: 142
M ax W eber, E in L e b e n sb ü d (S c h n it-
validez: 84, 86, 132 ger): 17

174
Indice

Prólogo a la primera edición


por el doctor Luis Recaséns S ich es................................ 7
Prólogo a la presente edición................................................. 9
Reseña biográfica de Max Weber.......................................... 17

Primera parte
Metodología
La sociología como ciencia comprensiva, 33; Ciencias
naturales y Ciencias culturales, 34; Los valores y las cien­
cias culturales. El proceso de avaloración, 36; Sociología
y psicología, 42.

Segunda parte
I. Conceptos sociológicos fundamentales................................ 47

Concepto de acción, 47; Concepto de acción social, 48;


Sentido de la acción social, 50; Métodos de interpretación
del sentido, 51; La comprensión actual, 52; La com­
prensión explicativa, 52; Método comparativo y método
imaginario, 55; Historia y sociología, 57; Sentido pro­
medio o genérico, 57; Sentido típico o ideal, 58; Tipos
ideales de obrar social, 60; Los fénomenos naturales y
la sociología, 64; Sociología invididualista, 65.

II. Relaciones sociales................................................................... 71

Relación social, 71; De lucha, 73; De competencia, 73;


De selección, 73; De comunidad, 74; De sociedad, 75;
Relaciones sociales abiertas, 75; Relaciones sociales ce­
rradas, 75; Relación social de solidaridad, 75; Relación
social de representación, 75; Relación social de asocia­
ción, 76; Asociaciones autónomas, 76; Asociaciones
heterónomas, 77; Asociaciones autocéfalas, 77; Asocia­
ciones heterocéfalas, 77; Asociación territorial, 77;
Constitución, 77; Empresa, 77; Asociación de empresa,
77; Unión, 78; Instituto, 78; Relación social de poder,
78; Relación social de dominación, 78; Tipos ideales de
dominación legítima, 78; Relación social de disciplina,
79; Asociación de dominación, 79; Asociación políti­
ca, 79; Estado, 80; Asociación hierocrática, 80; Iglesia,
81.

Tercera parte
Sociología jurídica
I. Normas sociales..................................................................... 83

Normas sociales, 83; Concepto sociológico del derecho,


85; Costumbre-Convención-Derecho consuetudinario,
88; Moral y derecho, 92.

II. Orden ju ríd ic o ........................................................................ 95

Derecho público y derecho privado, 95; Administración


y gobierno, 96; Derecho penal y derecho civil, 98; Evo­
lución del formalismo jurídico, 100; Evolución de los
derechos subjetivos, 110; Libertad de contratación, 116;
Racionalización formal y material del derecho, 117;
Caracteres racionales del derecho moderno, 119.

Cuarta parte
Sociología política
La política como vocación, 123; La dominación legíti­
ma, 126; La dominación carismática, 127; La dominación
tradicional, 129; Patrimonialismo, 130; Feudalismo, 131;
La dominación legal, 132; La burocracia, 133; El Estado
moderno, 135.

Quinta parte
Sociología económica

Acción social económica, 139; Conceptos económicos


fundamentales, 140; Caracteres de la economía racional,
142; El capitalismo moderno, 143.

176
Sexta parte
Enfoque crítico a la obra de Max Weber

El valor de su obra, 149; Concepto de avaloración, 150;


Karl Marx, 153; La acción social racional, 160; La socio­
logía individualista, 161; Epígrafe, 163.

Indice de autores y lugares................................................... 167

Indice de materias................................................................... 169

177
Esta edición se terminó de imprimir en los ta­
lleres gráficos de PREMIA editora de libros,
s.a., en Tlahuapan, Puebla, en el primer semes­
tre de 1991. Los señores Angel Hernández,
Serafín Ascencio Rufino Angel y Donato Arce
tuvieron a su cargo el montaje gráfico y la
impresión de la edición en offset. El tiraje fue
de 1,000 ejemplares más sobrantes para
reposición.
Jorge Sánchez Azcona
La finalidad que persigue esta Introducción a la sociología
de Max IVeber es dar a los interesados en el fecundo y ex­
traordinario trabajo del sociólogo alemán un medio sencillo
que les sirva como preámbulo. Es por ello que este libro
va dirigido principalmente a los estudiantes de ciencias
sociales en cuyos programas figura la obra del fundador
de la sociología comprensiva.
Si bien YVeber manifiesta que su obra no tiene como ob­
jetivo una réplica a Marx — dice el autor en el prólogo a la
presente edición—, en alguna forma lo es, pero a pesar de
ello quizá sea más correcto decir que en muchos aspectos
se complementan. Weber utiliza también el método histó­
rico de Marx, aunque sus conclusiones siempre llevan a sus­
tanciar más que una variable condicionante, la económica,
una pluralidad de variables, cuya incidencia varía según el
momento histórico, destacan^ aML_*fclAa “HUtatWInta.
política militar” sobre el m ií
El acercamiento weberiano l
paralelo con el acercamiento a j
nómicas. Marx sistematizó n í j
clases sociales en ellos; Wefiel
y sociales con los medios de 1
“Hablar de la actualidad de|
Jorge Sánchez Azcona— es ni
que es uno de los grandes d i
sal y su influencia en el
Quien quiera entender la
drá que recurrir a Weber

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