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Hora Santa Noviembre Rosario

Este documento contiene oraciones y reflexiones sobre varios misterios luminosos del rosario, incluyendo el bautismo de Jesús, las bodas de Caná, el anuncio del Reino de Dios, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía. Se reza el rosario y se pide a Dios y a María por la conversión, el perdón de pecados, y la llegada del Reino de Dios.

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Hora Santa Noviembre Rosario

Este documento contiene oraciones y reflexiones sobre varios misterios luminosos del rosario, incluyendo el bautismo de Jesús, las bodas de Caná, el anuncio del Reino de Dios, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía. Se reza el rosario y se pide a Dios y a María por la conversión, el perdón de pecados, y la llegada del Reino de Dios.

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Oh, buen Jesús: al comenzar esta Hora Santa, déjanos besar con deliquios de amor, con pasión del alma, con
embriaguez de cielo, la herida encantadora del Costado, y permítenos llegar, por medio de ese ósculo dichoso, hasta lo
más recóndito de tu divino y agonizante Corazón!”.

CANTO SÁNAME SEÑOR


Hoy señor Jesús, vengo ante ti, para alabarte Hoy señor Jesús, con tu poder puedes cambiarme

Sáname Señor, hoy quiero vivir, dame tu amor Sin ti no puedo ser feliz, sáname Señor, líbrame del mal,
toca el corazón para alcanzar la santidad.

Sáname Señor, hoy quiero vivir, dame tu amor Sin ti no puedo ser feliz, Sáname señor, líbrame del mal,
Toca el corazón para alcanzar la santidad.

En este Tabernaculo sagrado, Donde esta mi buen Jesus por mi escondido, mi corazón te adora muy
rendido Y mi fé te contempla anonadado.

Esta estación recibe con agrado Como ofrenda de mi pecho agradecido, por el inmenso amor con que
has querido quedar, por nuestro bien, sacramentado
Remedia nuestros males y aflicciones da a tu iglesia: paz, consuelo; al Papa: fortaleza y bendiciones.

Extiende tu fe santa en este suelo, Para que unidos con tu amor, Los corazones logremos adorarte en el
cielo. Amen.

ORACIÓN A JESUCRISTO: Todos: jesucristo aquí nos tienes reunidos contigo, nos sentimos
abrumados por el dolor que nuestros pecados y los pecados de los hombres te han causado. Dígnate
purificar nuestros corazones, ven y quédate con nosotros, enséñanos la verdad de tu evangelio y la
misión de nuestra vida, a fin de que unidos a ti por la gracia santificante, podamos agradarte en todo, y
ser apóstoles eficaces de tu reino entre los hombres.

A continuación se reza el rosario: En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Comenzamos
con el acto de contrición: Todos: Señor mío Jesucristo Dios y hombre verdadero, me pesa de todo
corazón haber pecado, porque eres infinitamente bueno, padeciste y moriste por mí clavado en la cruz.
Te amo con todo mi corazón y propongo firmemente no volver a pecar, amen.
Guía: Abrid señor mis labios Todos: Y mi boca proclamara tus alabanzas Guía: Ven señor en mi ayuda
Todos: Apresúrate señor a socorrernos Todos: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y
enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía señor tu espíritu y todo será creado y se renovara la faz de
la tierra. Guía: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espiritu Santo. Todos: Como era en un
principio… … …

“SE COMIENZAN LOS MISTERIOS”

MISTERIOS LUMINOSOS:

PARA QUE LA LUZ DE CRISTO ILUMINE NUESTRO DIARIO VIVIR ORACIÓN TODOS: El
punto culminante y glorioso del bautismo del Señor, es la proclamación, publica y solemne, con la que
el Padre da testimonio de su Hijo, de su predilección por El, y de la exhortación a escucharlo y
seguirlo. Por eso bienaventurada Virgen María, tú que intercediste por los necesitados en las bodas de
caná, y motivaste a tu amado hijo a iniciar su vida publica, ahora, aboga por nosotros ante El, para que
siempre lo reconozcamos como camino verdad y vida. Que nuestros corazones estén siempre
dispuestos a alimentarse de su palabra y de su divino cuerpo, y transformados e iluminados por su
glorioso rostro podamos un día contemplarlo en la plenitud eterna.

¡Sol radiante, ilumina nuestra vida!

PRIMER MISTERIO LUMINOSO EL BAUTISMO DEL SEÑOR EN EL JORDÁN.

TEXTOS BÍBLICOS MT 3,13-17 MC 1, 9-11 LC 3,21-22 JN 1, 29-34 ANTÍFONA LITÚRGICA


JESÚS INICIA SU VIDA PÚBLICA

En su bautismo, el señor Jesús lleva a plenitud el bautismo, celebrado desde esos últimos siglos del
antiguo testamento y ejercido intensamente por Juan el bautista, precursor de Jesús y último de los
profetas; su bautismo será para que se manifieste a israel que Jesús bautizara con el espíritu santo, por
lo cual queda trascendido todo bautismo anterior, y convertido en el único bautismo, del cual emana
como de su fuente, el bautismo de los fieles. ORACIÓN TODOS: Dios todopoderoso y eterno, concede
a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu
complacencia

GUÍA: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo TODOS: Como era en un principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos, amen. GUÍA: María madre de gracia, madre de
misericordia. TODOS: En la vida y en la muerte ampáranos gran señora. TODOS: Oh Jesús mío
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre
especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia, amen. GUÍA: Adoremos y demos
gracias en cada instante y momento. TODOS: Al Santísimo y Divinísimo Sacramento. GUÍA: Sagrado
Corazón de Jesús TODOS: En voz confio (3 veces).

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO LAS BODAS DE CANAÁ

TEXTO BÍBLICO JN 2,1-12 ANTÍFONA LITÚRGICA PRIMERA SEÑAL MILAGROSA DE JESÚS

Como hijos de Dios, en nuestras vidas requerimos siempre de la intervención amorosa de la


bienaventurada Virgen María, para que su hijo, con su palabra eficaz transforme el agua, a menudo
insípida de nuestro diario vivir, en vino exquisito y añejo, que venga a dar sabor y nutrientes a nuestro
peregrinar en pos del señor Jesucristo. ORACIÓN TODOS: Señor Jesús, que transformando el agua en
vino, abriste el corazón de los discípulos a la fe, abre nuestro corazón ante toda miseria humana.

GUÍA: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo TODOS: Como era en un principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos, amen. GUÍA: María madre de gracia, madre de
misericordia. TODOS: En la vida y en la muerte ampáranos gran señora. TODOS: Oh Jesús mío
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre
especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia, amen. GUÍA: Adoremos y demos
gracias en cada instante y momento. TODOS: Al Santísimo y Divinísimo Sacramento. GUÍA: Sagrado
Corazón de Jesús TODOS: En voz confio (3 veces).

TERCER MISTERIO LUMINOSO EL ANUNCIO DEL REINO

TEXTO BÍBLICO MC 1,15; 2, 3-15 FIL 2, 5-11 ANTÍFONA LITÚRGICA CON EL ANUNCIO DEL
REINO, JESÚS INVITA A LA CONVERSIÓN

Si Jesús enseñaba, curaba, resucitaba a algunos difuntos, instruía, padecía, moría y resucitaba, era
porque el reino de Dios estaba ya cerca; si el mundo es evangelizado es porque adviene ya su reino. De
ahí que en la oración que el mismo nos enseño (el Padre Nuestro) nos invite a suplicar la llegada del
reino de dios. ORACIÓN: TODOS: Señor Jesucristo, que no quieres la muerte del pecador, sino que se
convierta y viva, acepta el reconocimiento de nuestros pecados y ten misericordia de nosotros.

GUÍA: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo TODOS: Como era en un principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos, amen. GUÍA: María madre de gracia, madre de
misericordia. TODOS: En la vida y en la muerte ampáranos gran señora. TODOS: Oh Jesús mío
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre
especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia, amen. GUÍA: Adoremos y demos
gracias en cada instante y momento. TODOS: Al Santísimo y Divinísimo Sacramento. GUÍA: Sagrado
Corazón de Jesús TODOS: En voz confio (3 veces).

CUARTO MISTERIO LUMINOSO LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS

TEXTO BÍBLICO MT 17, 1-9 MC 9, 2-9 LC 9, 28-36 ANTIFONA LITÚRGICA JESÚS SE


TRANSFIGURA ANTE TRES DE SUS APÓSTOLES.

La escena nos presenta a Jesús viviendo esta experiencia transfiguradora en medio de una luz radiante,
que reviste de blanco sus vestiduras, rasgos propios de toda vivencia de cercanía, reveladora e intima,
con dios, ya que en el antiguo testamento, estar cerca de Dios implica purificarse del sol radiante de la
presencia divina (exodo 19: 18-20)

ORACIÓN TODOS:

Que la transfiguración del Señor Jesús sea siempre sol iluminador de nuestros criterios, para responder
a lo que nuestro Padre nos va pidiendo de respuesta, en las diferentes etapas de nuestro caminar hacia
Él.

GUÍA: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo TODOS: Como era en un principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos, amen. GUÍA: María madre de gracia, madre de
misericordia. TODOS: En la vida y en la muerte ampáranos gran señora. TODOS: Oh Jesús mío
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre
especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia, amen. GUÍA: Adoremos y demos
gracias en cada instante y momento. TODOS: Al Santísimo y Divinísimo Sacramento. GUÍA: Sagrado
Corazón de Jesús TODOS: En voz confio (3 veces).

QUINTO MISTERIO LUMINOSO LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA


TEXTOS BÍBLICOS MT 26,26-30 MC 14, 22-26; LC 22, 15-20 JN 13-17; 1 COR 11, 23-25
ANTÍFONA L1TÚRGICA JESUCRISTO NOS DA A COMER SU CUERPO Y A BEBER SU
SANGRE

Jesucristo, el hijo de dios, inmolado en la cruz y celebrado en la eucaristía, satisface plenamente la


justicia divina, por tratarse de la segunda persona de la Santísima Trinidad, que se ofrece hecha hombre
en sacrificio por toda la humanidad. De ahí que el sacrificio de Cristo sea el único eficaz y definitivo de
la nueva alianza (heb 9, 1-28).

ORACIÓN TODOS: Oh Jesús, que en tu admirable sacramento nos has dejado el recuerdo de tu
pasión, concédenos venerar de tal manera los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que
experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención.

GUÍA: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo TODOS: Como era en un principio
ahora y siempre por los siglos de los siglos, amen. GUÍA: María madre de gracia, madre de
misericordia. TODOS: En la vida y en la muerte ampáranos gran señora. TODOS: Oh Jesús mío
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre
especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia, amen. GUÍA: Adoremos y demos
gracias en cada instante y momento. TODOS: Al Santísimo y Divinísimo Sacramento. GUÍA: Sagrado
Corazón de Jesús TODOS: En voz confio (3 veces).

Recemos todos un padre nuestro por las intenciones del santo padre, el Papa Benedicto XVI Al termino
de los misterios se rezan las 3 Aves Marias en honor a la Santisima Trinidad LECTOR: Dios te salve
María Santísima, hija de Dios Padre; Virgen purísima antes del parto; en tus manos, Señora, ponemos
nuestra fe, para que la alumbres, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las
mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. RESPUESTA: Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. LECTOR: Dios te salve María
Santísima, madre de Dios hijo; Virgen purísima en el parto: en tus manos, Señora, ponemos nuestra
esperanza, para que la alientes, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las
mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. RESPUESTA: Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. LECTOR: Dios te salve María
Santísima, esposa de Dios Espíritu Santo; Virgen purísima después del parto; en tus manos, Señora,
ponemos nuestra caridad, para que la inflames, llena eres de gracia, el Señor es contigo bendita eres
entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. RESPUESTA: Santa María, madre de
Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. LECTOR: Dios te
salve María santísima, hija de Dios padre, madre de Dios hijo y esposa del Espíritu Santo; templo y
sagrario de la Santísima Trinidad; Virgen concebida sin pecado original, amén.

SALVE REGINA TODOS: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza
nuestra. Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando
en este valle de lagrimas, ea pues señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh
clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María, ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que
seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo, amén.

OFRECIMIENTO DEL ROSARIO TODOS: Por estos misterios santos, de que hemos hecho recuerdo,
te pedimos oh María, de la fe santa el aumento, la exaltación de la Iglesia, del Papa el mejor acierto, de
la nación mexicana, la unión y feliz gobierno, goce el puerto el navegante y de salud a los enfermos,
que en el purgatorio logren las ánimas refrigerio, y que este Santo Rosario, tenga aumento tan completo
en toda la cristiandad, que alcancemos por su medio el ir a alabar a Dios, en tu compañía en el cielo,
amen.

(CANTO) TU SEÑOR Tu Señor sabes bien lo que yo tengo guardado en mi interior, todo aquello que
me aturde, lo que no puedo olvidar, esas cosas que no dejan caminar.

Tu Señor hasta hoy me has seguido en cada paso de mi vida, y me has dado grandes cosas que no
puedo olvidar, los momentos que en mi vida quedaran.

Por eso ven señor Jesús, que te quiero hoy decir, que mis ojos se han abierto y que sin ti, no puedo más
seguir.

Ven señor Jesús, que ahora tengo el corazón, con un grito que me pide tu amor.

Por eso ven señor Jesús.....

NOTA: Al termino de este canto, leer cada quien en silencio, la siguente hoja.

---En silencio---

MEDITACION CON JESUS SACRAMENTADO

Vengo a tu altar Señor, A calmar mi sed de amor, En busca de Tu corazon, porque siendo tú mi Dios,
Fuente de todas las gracias, Ves mis angustias, Consideras mis necesidades Y solucionas mis
problemas. Dame mi Jesús amoroso: Luz, sostén, paz, paciencia, Conformidad y fortaleza cristiana. Me
abandono en los brazos de Tu Infinita misericordia, Porque comprendo que fuera de Ti, No se halla paz
y sosiego para el alma, Solo tu sabes amar y perdonar. Amen.

(DESPUÉS DE ESTO ALGUNO DE LOS PRESENTES LEE UNA LECTURA DEL EVANGELIO Y
HACE UNA REFLEXION SOBRE LA LECTURA EN VOZ ALTA). PASADOS UNOS MINUTOS
DE SILENCIO, EL GUÍA DICE LAS SIGUIENTES

INVOCACIONES. (SE DICE 3 VECES CADA UNA DE LAS INVOCACIONES) V. Señor creemos
en ti R. SEÑOR CREEMOS EN TI V. Señor esperamos en ti R. Señor esperamos en ti V. Señor te
amamos R. Señor te amamos V. Señor te adoramos R. Señor te adoramos V. Señor te damos gracias R.
Señor te damos gracias V. Jesucristo creemos que eres el hijo de dios vivo R. Jesucristo creemos que
eres el hijo de dios vivo V. Jesucristo creemos que eres el salvador de los hombres R. Jesucristo
creemos que eres el salvador de los hombres R. Jesucristo santifícanos. R. Jesucristo santifícanos. V.
María ruega por nosotros R. María ruega por nosotros

LETANÍAS (SE DICE UNA SOLA VEZ) V. Señor ten piedad de nosotros R. Señor ten piedad de
nosotros V. Cristo ten piedad de nosotros R. Cristo ten piedad de nosotros V. Señor ten piedad de
nosotros R. Señor ten piedad de nosotros V. Cristo óyenos R. Cristo óyenos V. Cristo escúchanos R.
Cristo escúchanos V. Dios padre celestial R. Ten piedad de nosotros V. Dios hijo redentor del mundo R.
Ten piedad de nosotros V. Dios espíritu santo R. Ten piedad de nosotros V. Santísima trinidad que eres
un solo dios R. Ten piedad de nosotros V. Santa maría R. Ruega por nosotros V. Santa madre de dios R.
Ruega por nosotros V. Santos apóstoles R. Hacednos apóstoles de cristo V. Santos apóstoles pedro y
pablo R. Conservadnos la fe V. Santos evangelistas R. Hacednos predicadores de cristo V. Santos
mártires R. Hacednos testigos de cristo V. Santos confesores R. Hacednos seguidores fieles de cristo V.
Todos los santos de dios R. Rogad por nosotros V. Por el misterio de tu encarnación R. Sálvanos señor

V. Por tu nacimiento R. Sálvanos señor V. Por tu bautismo R. Sálvanos señor V. Por tu pasión y muerte
R. Sálvanos señor V. Por tu resurrección. R. Sálvanos señor V. Por tu admirable ascensión. R. Sálvanos
señor V. Por la venida del espíritu santo. R. Sálvanos señor V. En el día del juicio. R. Sálvanos señor V.
Por la conservación, el florecimiento y la santidad de la iglesia. R. Te rogamos señor V. Por el sumo
pontífice, para que le otorgues gracias de santidad y le asistas con tu espíritu en el gobierno de la iglesia
R. Te rogamos señor V. Por los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los seglares, para que sean
siempre fieles a la doctrina y a la disciplina de la iglesia, y vivan adheridos al vicario de cristo. R. Te
rogamos señor V. Por los sacerdotes, los religiosos y las almas consagradas, para que fieles a su
vocación, sean testimonio de vida cristiana y acreciente cada día su celo apostólico R. Te rogamos
señor V. Por los seglares para que conscientes de su compromiso bautismal, se esfuercen por instaurar
el reino de cristo en su propio corazón y en su ambiente familiar y profesional R. Te rogamos señor V.
Por la unión de todos los cristianos en una sola fe bajo el vicario de cristo R. Te rogamos señor V. Por
la conversión de todos los hombres a la verdad del evangelio. R. Te rogamos señor

V. Por todos los perseguidos a causa de tu nombre. R. Te rogamos señor V. Por la conservación y el
florecimiento de la familia Cristiana. R. Te rogamos señor V. Por la defensa de tu iglesia frente a sus
adversarios R. Te rogamos señor V. Por la formación y la educación cristiana de la juventud R. Te
rogamos señor V. Por la irradiación del evangelio sobre los hombres de la ciencia y de la técnica R. Te
rogamos señor V. Por el incremento del espíritu cristiano en el mundo del trabajo R. Te rogamos señor
V. Por todos los que gobiernan los pueblos, para que lo hagan con justicia, equidad y respeto a sus
derechos. R. Te rogamos señor V. Por los pobres, los enfermos, y cuantos sufren en el cuerpo o en el
espíritu R. Te rogamos señor V. Por la paz, la tranquilidad y el progreso de los pueblos R. Te rogamos
señor V. Por la conversión de los pecadores R. Te rogamos señor V. Por todos nuestros seres queridos
que has llamado a tu presencia, para que gocen del descanso eterno R. Te rogamos señor V. Por todo el
pueblo de dios R. Te rogamos señor V. Señor ten piedad de nosotros R. Señor ten piedad de nosotros V.
Cristo ten piedad de nosotros R. Cristo ten piedad de nosotros V. Señor ten piedad de nosotros R. Señor
ten piedad de nosotros

ALABANZAS DE DESAGRAVIO Bendito sea dios Bendito sea su santo nombre Bendito sea
jesucristo, verdadero dios Y verdadero hombre Bendito sea el nombre de jesús Bendito sea su
sacratísimo corazón Bendita sea su preciosísima sangre Bendito sea jesús en el santísimo sacramento
del altar Bendito sea el espíritu santo paráclito. Bendita sea la gran madre de dios, maria santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción Bendita sea su gloriosa asunción Bendito sea el nombre
de maria virgen y madre Bendito sea san jose, su castísimo esposo Bendito sea dios en sus ángeles y en
sus santos, Amén. Guía: Dios Todopoderoso y Eterno, que has querido fundar todas las cosas en tu Hijo
muy amado, Rey del universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu
majestad y te glorifique sin fin, por Cristo nuestro Señor, Amén.

--SE ENTONA UN CANTO---

CANTOS EUCARÍSTICOS
ALTÍSIMO SEÑOR Altísimo señor, que supiste juntar, A un tiempo en el altar, ser cordero y pastor,
Quisiera con fervor, amar y recibir, A quien por mí quiso morir. Venid hijos de adán, al convite de
amor, Que hoy nos da el señor, de este divino pan, De tan dulce sabor, de tal gracia y virtud, Que da
alegría, que da salud. ALTÍSIMO SEÑOR… Los ángeles al ver, tal gloria y majestad, Con profunda
humildad, adoran su poder, Sin ellos merecer, la dicha de probar, Al rey del cielo hecho manjar.
ALTÍSIMO SEÑOR… Suavísimo mana, que sabe a dulce miel, Ven y del mundo vil, nada me gustara,
Ven y se trocara, del destierro cruel, Con tu dulzura, la amarga hiel. ALTÍSIMO SEÑOR… Oh convite
real, que sirve el redentor, Al siervo del señor, comida sin igual, Pan de vida inmortal, ven a entrañarte
en mi, Y quede yo, trocado en ti. ALTÍSIMO SEÑOR…

CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES Cantemos al amor de los amores, Cantemos al señor,
dios esta aqui, Venid adoradores adoremos, a cristo redentor. Gloria a cristo jesús, cielos y tierra,
Bendecid al señor, honor y gloria a ti, Rey de la gloria , amor por siempre a ti, Dios del amor. Oh gran
prodigio del amor divino Milagro sin igual, prenda de amistad Banquete peregrino donde se come el
Cordero celestial. GLORIA A CRISTO JESÚS... Por nuestro amor oculto en el sagrario, Su gloria y
esplendor, para nuestro bien Se queda en el santuario esperando Al justo y pecador. GLORIA A
CRISTO JESÚS … Jesús piadoso rey de las victorias A ti loor sin fin, canten tu poder, Autor de
nuestras glorias, cielo Y tierra hasta el último confín. GLORIA A CRISTO JESÚS... Al pie de tu
sagrario nos convidas, A recibir tu amor; por que tu jesus Al alma das la vida y la llenas de Fuerza y de
valor. GLORIA A CRISTO JESÚS...

MI JESÚS SACRAMENTADO Mi jesús sacramentado, yo te adoro y te bendigo, porque oculto en el


sagrario, Has querido estar conmigo, Has querido estar conmigo. Yo te adoro y te bendigo, Porque en el
pan consagrado, Te has querido unir conmigo, Mi jesús sacramentado, mi jesús sacramentado MI
JESÚS SACRAMENTADO… Tu eres mi jesús amado, el esposo prometido, De las almas el deseado,
eres mi jesús querido, Eres mi jesús querido. MI JESÚS SACRAMENTADO… Eres tú la flor del
campo, lirio hermoso de los valles, y de mi alma dulce encantado, Mi jesús tu bien lo sabes, Mi jesús tu
bien lo sabes. MI JESÚS SACRAMENTADO… Jesús hostia inmaculada, inmolada por bien mio, Que
mi alma sea tu morada, Amantísimo dios mio, amantísimo dios mio. MI JESÚS SACRAMENTADO…
Yo soy tuyo, oh jesús mio, con mi vida y cuanto tengo, Me consagro a ti dios mio, A ti todo me
encomiendo A ti todo me encomiendo. MI JESÚS SACRAMENTADO…

CORAZÓN SANTO CORAZÓN SANTO TU REINARAS: TU NUESTRO ENCANTO SIEMPRE


SERÁS. (2) Venid cristianos y aca en el suelo, Como en el cielo se ve adorar, También nosotros
adoraremos, Y ensalzaremos al dios de paz CORAZÓN SANTO… Jesús amable, jesús piadoso, Dueño
amoroso, dios de piedad, Vengo a tus plantas si tu me dejas, Humildes penas a presentar. CORAZÓN
SANTO… Divino pecho donde se inflama, La dulce llama de caridad, ¿por que la tienes ahí encerrada,
Y no abrazada la tierra esta? CORAZÓN SANTO... Veante mis ojos desenojado, Dueño adorado dios
de bondad, Tu eres la prenda de mi victoria, Tu eres mi gloria, mi eterna paz. CORAZÓN SANTO...
Corazón dulce manso y clemente, Principio y fuente de santidad, Por ti suspiro ábreme el pecho, Que
en el cuan bueno es habitar. CORAZÓN SANTO… 31
OH BUEN JESÚS Oh buen jesus, yo creo firmemente, Que por mi amor, estas en el altar, Que das tu
cuerpo y sangre juntamente, Al alma fiel en celestial manjar, Al alma fiel en celestial manjar. Espero en
ti piadoso jesus mio, Oigo tu voz que dice "ven a mi", Porque eres fiel, por eso en ti confio, Todo señor
esperolo de ti, Todo señor, esperolo de ti. OH BUEN JESÚS... Dulce maná y celestial comida, Gozo y
salud de quien te come bien, Ven sin tardar, mi dios, mi luz, mi vida, Desciende a mi, hasta mi pecho
ven, Desciende a mi, hasta mi pecho ven. OH BUEN JESÚS... Dulce jesús, constante y fino amante,
Mi corazón se abraza en santo amor, Si te olvide, hoy juro que constante, He de vivir, tan solo de tu
amor, He de vivir, tan solo de tu amor. OH BUEN JESÚS...

QUE VIVA MI CRISTO Que viva mi cristo, que viva mi rey, Que impere doquiera, triunfante su ley
Que impere doquiera, triunfante su ley Viva cristo rey, viva cristo rey. Mexicanos un padre tenemos,
Que nos dio de la patria la unión, A ese padre gozosos cantemos, Empuñando con fe su pendón,
Empuñando con fe su pendón. QUE VIVA MI CRISTO... Él formo con su voz hacedora, Cuanto existe
debajo del sol, De la inercia y la nada incolora, Formó luz en candente arrebol, Formó luz en candente
arrebol. QUE VIVA MI CRISTO... Nuestra patria, la patria querida, Que arrulló nuestra cuna al nacer,
A él le debe cuanto es en la vida, Sobre todo el que sepa querer, Sobre todo el que sepa querer. QUE
VIVA MI CRISTO... Su realeza proclama doquiera, Este pueblo que en el tepeyac, Tiene inhiesta su
blanca bandera, De sus padres la rica heredad, De sus padres la rica heredad. QUE VIVA MI CRISTO...
33

TÚ REINARÁS Tu reinarás este es el grito, Que ardiente exhala nuestra fe, ¡tú reinarás! ¡oh rey
bendito!, pues tu dijiste "reinaré" REINE JESUS POR SIEMPRE, REINE EN SU CORAZÓN, EN
NUESTRA PATRIA, EN NUESTRO SUELO, ES DE MARIA LA NACIÓN, EN NUESTRA PATRIA,
EN NUESTRO SUELO, ES DE MARIA LA NACION ¡Tú reinarás! Dulce esperanza, Que al alma
llena de placer, Habra por fin paz y bonanza, Felicidad habrá doquier. REINE JESÚS POR SIEMPRE...
¡Tu reinarás! Dichosa era, Dichoso pueblo con tal rey, Será tu cruz nuestra bandera, Tu amor será la
nuestra fe REINE JESÚS POR SIEMPRE... ¡Tu reinarás! En este suelo, Te prometemos nuestro amor,
Oh buen jesus danos consuelo, En este valle de dolor. REINE JESÚS POR SIEMPRE... ¡Tu reinarás!
Reina ya ahora, En esta casa y poblacion, Ten compasión del que te implora, Y acude a ti en la
aflicción. REINE JESÚS POR SIEMPRE... 34

DIOS MÍO, DIOS MÍO DIOS MÍO, DIOS MÍO, ACERCATE A MÍ, PUES YO YA NO PUEDO,
VIVIR MAS SIN TI (2) Arrullos de amores, del alma salid Suspiros de fuego al cielo subid, Suspiros
de fuego al cielo subid. DIOS MÍO, DIOS MÍO… Quien dara a mi pecho como el alheli Rocio que
apague la sed que hay en mí, Rocio que apague la sed que hay en mí. DIOS MÍO, DIOS MÍO… Beber
en tu caliz al mundo morir Y morir al mundo es dulce vivir, Y morir al mundo es dulce vivir. DIOS
MÍO, DIOS MÍO… Hoy día, dios mío, te dignas abrir La fuente dichosa en que he de vivir, La fuente
dichosa en que he de vivir. DIOS MÍO, DIOS MÍO… A ti voy, dios mío, pues vienes a mí Dichosas las
almas que viven en ti, Dichosas las almas que viven en ti. DIOS MÍO, DIOS MÍO…

Do Sol Lam
Tanto amó Dios al mundo
Fa Rem Sol Mi7
que a su único hijo Él entregó
Lam Sol Fa
para que todo aquel que crea en él,
Rem Fa Sol Sol7
no muera más tenga vida eterna.(BIS)

Do Sol Lam
JESÚS ESTÁ VIVO, JESÚS ESTÁ VIVO,
Mim Fa Rem Sol
ES EL PAN DE VIDA BAJADO DEL CIELO.
Do Sol Lam
JESÚS ESTÁ VIVO, JESÚS ESTÁ VIVO,
Mim Fa Rem Sol
SU SANGRE ME SANA Y SACIA MI ALMA.

Rem Mim
Está vivo, está presente,
Fa Sol Do
Mi Dios es real y yo le adoro reverente.

“Ecce Homo”… He aquí al Hombre de todos los dolores, al Salvador Jesús, tras de esa Hostia… Doblemos la
rodilla, adorémosle en la suave y vencedora majestad de ese misterio… ¡Oh!, viene seguramente en busca nuestra, ya
que en el Paraíso tiene legiones de ángeles… Miradle…, se acerca como le vio un día su sierva Margarita María…;
viene sin fulgores de sol, sin diadema, maniatado, perseguido… Trae el alma abrumada de angustias… cargados de
lágrimas los ojos… Busca un huerto de paz en dónde orar en su agonía, y ha venido aquí, trayéndonos una confidencia
de caridad infinita, y de infinita tristeza… Callad, hermanos, y en el silencio del alma, olvidados del mundo,
desligados por un momento de los mezquinos intereses de la tierra…, oíd al Señor Jesús en esta Hora Santa…
Contempladle bajo la figura dolorida, ensangrentada del Ecce Homo, tal como se apareció en Paray-le-Monial a su
primer apóstol y confidente, para reclamar de sus amigos un amoroso desagravio…
“¡Oh, buen Jesús: al comenzar esta Hora Santa, déjanos besar con deliquios de amor, con pasión del alma, con
embriaguez de cielo, la herida encantadora del Costado, y permítenos llegar, por medio de ese ósculo dichoso, hasta lo
más recóndito de tu divino y agonizante Corazón!”.

(Presentadle el pedido íntimo que queréis hacerle en esta Hora Santa).

Voz del Maestro. Hijitos míos, ¿queréis brindar un asilo de amor, un abrigo de fidelidad a vuestro Dios, perseguido
por el huracán maldito de la culpa?… Es cierto que no veis hoy día mi cuerpo hecho pedazos…; pero creed que no
han cesado los crudelísimos azotes… No veis tampoco que el llanto inunda mis mejillas…; pero ¡con qué furor
penetran en mi frente las espinas!… No está a la vista la congoja mortal y la agonía de Getsemaní…; pero, ¡ay!, sus
indecibles amarguras llenan hasta los bordes el cáliz de mi abandonado Corazón… El pecado no da tregua a mis
dolores… Ese torrente de inquietud me persigue hace veinte siglos, sigue mis pasos, iracundo… Quiere devorar la
obra de mi sangre…; quiere condenar las almas… “¿Qué pude hacer por mi rebaño que no lo haya hecho?”… El
sacrificio de mi cuerpo, de mi alma, de mi Corazón; el holocausto del Calvario y de la Eucaristía…, todo está
consumado… Y, con todo, la culpa avanza, como hálito del infierno, penetra en las conciencias, mata en ellas mi
amor… y la gloria de mi nombre… ¡Ay! Abridme pronto, vosotros mis amigos, abridme el refugio cariñoso de
vuestros corazones… Ponedme al abrigo de la noche fría, lóbrega, del pecado que envuelve al mundo… Tendedme,
hijitos míos, alargadme con caridad filial los brazos… ¡Oh, no es el recuerdo del Calvario el que me hiere…, es el
pecado de hoy el que atraviesa sin piedad mi desolado Corazón!… Ved: estoy llorando ahora mis tristezas; estoy
desahogando entre vosotros la tempestad de mis dolores… ¡Y en el mismo instante, millares de saetas se clavan en la
llaga sangrienta de mi pecho!… ¡Oh, dad albergue de caridad y de ternura, en vuestras almas compasivas, a este Jesús,
el eterno ultrajado y perseguido de la culpa!…

(Pausa)

El alma. Jesús, Rey de los altares y Soberano de las almas: ven y asienta tus reales de dominio en estos corazones…
No serás entre nosotros el huésped, sino el Padre y el Monarca…, no el peregrino, sino el Redentor desagraviado y el
Señor mil veces bendecido… Ven… Y si es constante la ofensa de la culpa…, más constante aún ha de ser el
homenaje de nuestro humilde desagravio… Abre tu prisión, señor Sacramentado, y que los ángeles que rodean tu
pobre tabernáculo se unan a los amigos leales de tu Eucaristía, para decirte:

(Todos en voz alta)

¡Corazón Santo, tú reinarás!

No obstante los esfuerzos desesperados del infierno, que anhela la desdicha eterna de las almas.

¡Corazón Santo, tú reinarás!

A pesar de la fragilidad humana, que impele a tantos por la pendiente del abismo…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

No obstante la furia de tantos enemigos de tu moral intransigente y de tus dogmas invariables…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

A pesar de los ataques con que la razón y las sabidurías vanas de la tierra se alzan para derrocarte del altar…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

No obstante la licencia vergonzosa, que muchos pretenden erigir en ley natural de la conciencia…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

A pesar del artificio con que se trama noche y día en contra de la Iglesia, del hogar y de la infancia…

¡Corazón Santo, tú reinarás!


No obstante la sacrílega legalidad de tantos atentados de lesa majestad divina…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

A pesar del odio de los gobernantes, excitados por el poder de tu humildad y de tu silencio…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

No obstante los ataques airados de la prensa, de las leyes y de las sectas, poderes conjurados en ruinas de tu gloria y
de tu reinado entre los hombres…

¡Corazón Santo, tú reinarás!

(Pedid con todo fervor el reinado del Corazón de Jesús).

Voz del Maestro. ¿Por qué, decidme, confidentes muy amados, por qué los hijos de las tinieblas son con frecuencia
más prudentes y esforzados que vosotros, los hijos de mi dolor y de la luz?

Vedlos a mis enemigos, perpetuamente afanados en aislarme en el Sagrario, y luego, en derribar mi altar… No se dan
descanso en el propósito de anular mi ley, de dispersar mi sacerdocio y de aniquilarme en las conciencias de los
hombres… Y vosotros… y tantos de los míos, ¿qué habéis hecho?… ¿Cómo no habéis podido velar una hora
conmigo?… Y por cansancio, por preocupaciones terrenas…, por debilidad de carácter…, por falta de amor a vuestro
Dios y Maestro, habéis descansado, mientras Yo agonizaba… Dormíais tranquilos, entre vuestro Salvador agonizante
y la turba enemiga que venía a prenderle… No habéis amado así, seguramente, a vuestros padres, a vuestros
hermanos, a los amigos íntimos de vuestro corazón… Y para mí, sólo para mí, ¿por qué no habéis tenido fineza ni
resolución en el amor?… Me prometisteis generosidad… bendije y acepté vuestra buena voluntad…, y, a poco,
desfallecisteis y fui olvidado… Os perdoné tantos desvíos, olvidé tantos olvidos…, y vosotros, los de mi casa, vivís a
menudo en un sopor de tranquila indiferencia que me lastima cruelmente… Un sueño de apatía…, de egoísmo, de
desamor por mi persona os rinde… Levantaos ya…; despertad de esta tibieza… Se acerca el enemigo que trae el
ultraje para vuestro Dios…, y para vosotros, las cadenas y la muerte… Ha llegado la hora milagrosa de una sincera
conversión… ¡Oh, venid y acompañadme, si preciso fuera, hasta el Calvario!… No queráis abandonarme, ovejitas
mías, cuando hieran al Pastor…

(Pausa)

El alma. ¿Qué tengo yo, ¡oh, Dios escarnecido!, que Tú no me hayas dado?… Aliéntame, Jesús, y haz que te siga, sin
vacilaciones, en las dulces exigencias de tu gracia y de tu amor…

¿Qué valgo yo, si no estoy a tu lado?

Y porque reconozco mi nada y mi impotencia… te ruego no quieras dejarme de tu mano, no consientas que me aleje
por un día del Sagrario…

Perdóname los yerros que contra ti he cometido…: son tantas las flaquezas de mi corazón… Perdónalas y olvida…
Pues, la mucha sangre que derramaste.

Y la acerba muerte que padeciste.

No fue por los ángeles que te alaban, sino por mí y por tantos tibios e indolentes en el ejercicio de tu amor, que te
desoyen y te ofenden…

Por eso, en esta Hora Santa, al renovar los propósitos de fervor en tu servicio, consiente que te diga con dolor del
alma:

Si te he negado, déjame reconocerte; si te he injuriado, déjame alabarte; si te he ofendido, déjame servirte, porque es
más muerte que vida la que no está empleada en el santo servicio de tu gloria y para consuelo y triunfo de tu Divino
Corazón.

(Confesadle vuestra tibieza y pedid fervor perseverante en su servicio).

Voz del Maestro. ¿Cuántos sois los que veláis conmigo en esta Hora Santa?… Es cierto que es grande vuestro amor…
¡Ah, sí!, pero inmenso, insondable es el amargo océano de delitos y de orgías, que a esta misma hora, está saturando
de tristeza mortal mi Corazón… ¡Qué frenesí de pecado…, qué desenfreno en el torbellino humano que va pasando
ahora mismo ante mis ojos!…

¡Oh, qué escenas de muerte, qué espectáculos de infierno… qué vértigo de pasión sensual en el teatro!… El gran
mundo aplaude y ríe ante un escenario donde a mí se me flagela… Si supierais cómo me despedaza el alma dolorida
la gran mentira que llaman civilización moderna… ¡Ah, cuántas fiestas de mis hijos son la befa y el Calvario de su
Padre y Salvador!… Sólo vosotros, mis amigos, podéis adivinar la congoja de este agonizar perpetuo en un patíbulo,
levantado por los míos… ¡Cómo se presentan a mi vista las grandes capitales… orgullosas como Nínive…
desenvueltas como Babilonia!… En ellas mi Evangelio es una exageración intolerable… Vosotros, mis consoladores,
que habéis penetrado tan adentro en mis tristezas, poned un bálsamo en mi herida… Reparad, vosotras, esa
embriaguez culpable y acallad, con una plegaria fervorosa, el clamar que, en esta misma noche, en centenares de
salas, de banquetes, de fiestas, de bailes y teatros, se levanta como marejada de fango, insultando la santidad de mi
Evangelio y la blancura de la Hostia…

El alma. ¡Oh, sí, Maestro!: baje de una vez fuego del cielo, que purifique, que perdone y salve a millares de infieles,
que viven sin amor, amando locamente la materia y lo nefando…

Para tantos que derrochan dinero y juventud en la disipación de placeres mundanales que te ofenden…

(Todos, en voz alta)

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para aquellos que luchan, tolerando los pecados públicos, que trafican en la profanación de la conciencia y de los
sentidos…
¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para los pervertidores de almas, que en la Prensa y en los libros se enriquecen, condenando a sus hermanos…

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para aquellos que tienen el tristísimo negocio de excitar pasiones en la escena teatral, donde todo es permitido, so
pretexto de arte…

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para tantos débiles que, desoyendo su conciencia, cooperan con remordimiento al escándalo social de modas y
teatros…

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para tantos que, relajado su criterio de cristianos, no ven mal ninguno en el atropello a tus santos mandamientos…

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

Para aquellos que, por su cargo, debieran evitarte, Señor, gravísimas ofensas, y no lo hacen por timidez o por
transacción mundana…

¡Misericordia, y sálvelos tu dulce Corazón!

(Reparemos los pecados públicos y sociales con que se ofende a Jesucristo en el mundo entero).

Voz del Maestro. “Pueblo mío, heredad preciosa de mi Corazón, ¿qué te he hecho… o en qué te he contristado?…
¡Respóndeme!… Desde aquí en la Hostia, contemplo, noche y día, el hogar de mis cariños, el campamento del Israel
de mis ternuras, la grey pequeñita de los que me juraron amor eterno… Desde aquí pongo los ojos en el corazón de
mis amigos, de los que yo he querido con predilección… Desde aquí sigo los pasos de los que tengo predestinados al
banquete de mi amor y de mi gloria… ¡Ay!, cuántos de ellos arrancan de mis ojos las lágrimas que lloré sobre
Jerusalén, mi patria… ¡Cuántos que fueron íntimos de mi alma son ingratos! ¡Cuántos gozan lejos de mi lado, muy
lejos… los bienes de talento, estimación y de fortuna con que los colmé para hacerlos santos… Sus tronos están
colocados entre los príncipes del reino de los cielos!… ¡Oh, cuántos de esos sitiales, perdidos por ingratitud, los daré a
pecadores arrepentidos, que oyeron mi llamada en la agonía!…

Para olvidar principalmente ese pecado, el más amargo, para endulzar el cáliz de la ingratitud humana, pedí a mi
sierva esta campaña deliciosa de la Hora Santa; aquí se convierten en lágrimas de bendición, de amor, las que lloré en
el desamparo de mi grey y en la fuga de mis hijos… Entre el vestíbulo y el altar, gemid, consoladores míos… tengo
sed de los consuelos que me niegan los ingratos de mi propia casa…

El alma. Divino Salvador Jesús, dígnate mirar con ojos de misericordia a tus hijos, que unidos por un mismo
pensamiento de fe, esperanza y amor, vienen a deplorar ante tu sacratísimo Corazón sus infidelidades y las de sus
hermanos culpables. ¡Ojalá podamos con nuestras solemnes y unánimes promesas conmover ese Divino Corazón y
obtener de Él misericordia para nosotros, para el mundo infeliz y criminal y para todos aquellos que no tienen la dicha
de conocerte y amarte!

Sí, de hoy en adelante lo prometemos todos:

Por el olvido e ingratitud de los hombres.

(Todos, en voz alta)

Te consolaremos, Señor.

Por tu desamparo en el sagrado Tabernáculo.

Te consolaremos, Señor.

Por los crímenes de los pecadores.

Te consolaremos, Señor.

Por el odio de los impíos.

Te consolaremos, Señor.

Por las blasfemias que se profieren contra ti.

Te consolaremos, Señor.

Por las injurias hechas a tu Divinidad.

Te consolaremos, Señor.

Por las inmodestias e irreverencias cometidas en tu adorable presencia.

Te consolaremos, Señor.

Por las traiciones de que eres víctima adorable.

Te consolaremos, Señor.
Por la frialdad de la mayor parte de tus hijos.

Te consolaremos, Señor.

Por el abuso de tus gracias.

Te consolaremos, Señor.

Por nuestras propias infidelidades.

Te consolaremos, Señor.

Por la incomprensible dureza de nuestros corazones.

Te consolaremos, Señor.

Por nuestra tardanza en amarte.

Te consolaremos, Señor.

Por nuestra tibieza en tu santo servicio.

Te consolaremos, Señor.

Por la amarga tristeza que te causa la perdición de las almas.

Te consolaremos, Señor.

Por las largas esperas a las puertas de nuestros corazones.

Te consolaremos, Señor.

Por los amargos desprecios con que eres rechazado.

Te consolaremos, Señor.

Por tus quejas de amor.

Te consolaremos, Señor.
Por tus lágrimas de amor.

Te consolaremos, Señor.

Por tu cautiverio de amor.

Te consolaremos, Señor.

Por tu martirio de amor.

Te consolaremos, Señor.

¡Oh, Jesús! Divino Salvador nuestro, de cuyo Corazón se ha desprendido esta dolorosa queja: “Consoladores busqué y
no los he hallado”, dígnate aceptar el modesto tributo de nuestros consuelos, y asístenos tan eficazmente con el auxilio
de tu divina gracia, que, huyendo cada vez más, en lo venidero, de todo lo que pudiera desagradarte, nos mostremos
en toda circunstancia, tiempo y lugar, tus hijos más fieles y obsecuentes. Te lo pedimos por ti mismo, que, siendo
Dios, vives y reinas por los siglos de los siglos.

(Pedidle perdón por los ingratos, que son tantos…).

Voz del Maestro. No me preguntéis, almas reparadoras, por qué vivo perpetuamente crucificado por manos de mis
redimidos… El mundo ha llegado a convencerse que merezco realmente la vergüenza y la muerte del patíbulo… ¡Ay!,
son, en realidad, tantos los sabios, los honrados y los poderosos que repiten con cruel tranquilidad estas palabras de
mis acusadores a Pilatos: “¡Si este Nazareno no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído encadenado!”…

¡Ah, sí! Y porque soy un malhechor para la turba, desenfrenada en moral y en pensamiento, me condena la
autoridad…; porque soy un malhechor, se me condena en los Tribunales…; porque soy un malhechor, se me flagela
por la prensa…; se me trata como villano y como loco, por decreto de mis jueces… Ellos, ¡qué irrisión!, me entregan
al populacho, en resguardo de los intereses nacionales… Ellos, gobernantes y legisladores, se lavan las manos, y con
pleno derecho, dicen, y por razones de libertad…, de civilización y de justicia…, me condenan al destierro y a la Cruz
por vías de la más estricta legalidad… Este es el gran delito de hoy, hijos míos: insultarme con razón y con derecho,
proscribirme por dignidad y por ley de las naciones… Sigo siendo Vermis Et Non Homo, el gusano pisoteado de la
tierra…

¡Oh, vosotros los fidelísimos, aclamadme, para acallar el grito de esa muchedumbre que, desde las alturas, asalta mi
trono y quiere sortear, burlona, el manto de mi realeza…, bendecidme con amor.

El alma. Acércate, dulcísimo Maestro… y aquí, en medio de los tuyos, estrechándote tus hijos, recibe de su mano la
diadema que quisieran arrebatarte los que, siendo polvo de la tierra, se llaman poderosos, porque, en tu humildad,
creen injuriarte de más alto… Adelántate triunfante en esta ferviente congregación de hermanos… No borres las
heridas de tus pies ni de tus manos… No abrillantes, no hermosees, deja ensangrentada tu cabeza… ¡Ah!, y no cierres,
sobre todo, deja abierta la profunda y celestial herida de tu pecho… Así, Rey de sangre, así…, cubierto con esa
púrpura de amor y con la túnica de todos los oprobios…, sin transfigurarte… ¡Jesús, el mismo de la noche espantosa
del Jueves Santo, preséntate, desciende y recoge el hosanna de esta guardia de honor que vela por la gloria del
Corazón de Cristo-Jesús, su Rey!
(Todos, en voz alta)

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de la Ley, pero, al caer del sitial del mando en la tumba del
olvido, tus súbditos seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina, y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso…; pero, al
caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los ricos, los altivos, los mundanos, encontrarán que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la
libertad de la conciencia…; pero, al confundirse con las sombras de la tumba del olvido, tus hijos seguiremos
exclamando: ¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los interesados en ganar alturas y dinero, vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones…, chocarán con la piedra
del Calvario y de tu Iglesia…, y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus apóstoles seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio…, morirán un día
envenenados por sus maléficas doctrinas y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus propios hijos, tus
consoladores seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada de tu Iglesia…, y
al perderse, derrotados, en la tumba de un eterno olvido…, tus redimidos seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

¡Oh, sí, que viva! Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, el ángel de tinieblas, al hundirse
eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando:

¡Viva tu Sagrado Corazón!

Voz del Maestro. Os he amado hasta el exceso de un Calvario… Llegado a su cima, obedecí en silencio y me tendí en
el patíbulo afrentoso… Y desde entonces, ahí estoy a merced de todos mis verdugos, los sacrílegos.
Si tantos dicen que no estoy aquí en la Hostia, ¿por qué la insultan y me hieren?… Y si creen, ¿por qué me ultrajan en
este misterio en que amo con locura, en que perdono con inagotable caridad?… ¡Oh!, sabedlo: mis lágrimas han
dejado huella de dolor en los caminos y en los muladares, donde he sido arrastrado en millares de profanaciones,
desde el Jueves Santo… He sido pisoteado con furor…; se me ha arrojado, entre blasfemias, a las llamas…; se me ha
sepultado en el fango…; he sido atravesado con puñales deicidas en antros donde se trama, con sigilo, en contra
mía…

¡Ay!, se paga vil dinero y no faltan Judas que comulguen, para entregarme, con el beso de esa comunión, en manos de
mis mortales enemigos… El incendio criminal ha abrasado mi Sagrario y convertido en pavesas la forma
consagrada… Esto, en pago de haber dejado mi Corazón entre vosotros, para abrasar el mundo en el incendio de
salvadora caridad. ¡Ah, y cuántas veces los infelices, que codician el metal dorado del copón en que os aguardo, han
salteado la prisión de mis amores…, y he sido arrojado sobre el pavimento, sin tener una piedra consagrada en qué
reclinar mi cabeza ensangrentada…!

Fue esta visión de horror la que hirió mi Corazón en las angustias de Getsemaní… ¡Los que pasáis, considerad y ved
si hay dolor semejante a mi dolor!…

El alma. ¡Hosanna, gloria a Dios en las alturas… gloria, bendición y amor a ti, Señor Sacramentado, sólo a ti en el
incomprensible aniquilamiento de tu Santa Eucaristía!

¡Que te canten los cielos, porque Tú, el Dios del Tabernáculo, eres la bienaventuranza del mismo Paraíso! ¡Que te
canten, Jesús-Hostia, los campos, los mares, las nieves y las flores, panorama de belleza creado para recrear tus ojos,
cansados de llorar soledad e ingratitudes!… ¡Que te canten, dulce Prisionero, las aves y las brisas; que te canten las
tempestades; que te ensalcen los sollozos del corazón humano y sus palpitaciones de alegría, a ti, el Cautivo del
altar… Gloria a Dios en las alturas…; gloria, bendición y amor a ti, Jesús Sacramentado, sólo a ti, en el
incomprensible aniquilamiento de tu adorable Eucaristía!

(Rendidle una completa reparación de amor por el horrendo crimen del sacrilegio con que se le hiere en el altar. Si
posible, cántese el “Magníficat” con la Inmaculada en homenaje a la Divina Eucaristía).

Voz del Maestro. No os vayáis, hijos de mi Corazón, sin recoger en esta Hora Santa un desahogo de dolor, que sólo
vosotros, mis fidelísimos, sabéis comprender en toda su amargura…

No es la profanación de este Tabernáculo el atentado más cruel en contra de mi soberanía conculcada; hay otro
sagrario más valioso y que es consciente en el rechazo de su Salvador…: es el corazón humano… ¡Y decir que lo amo
tanto!… ¡Cómo lo profanan millares de cristianos con el veneno de un amor pagano!… Ese corazón debiera ser el
cáliz de todos mis consuelos…, el ara redentora de un mundo, que es infeliz porque no ama con amor de espíritu…,
con el casto amor de mi Evangelio… En ese Corazón deposité mis lágrimas para purificarlo…, y luego, sacando
llamas de mi inflamado Corazón, le he ofrecido mi amor para colmar sus ansias de amar y ser amado… Y no le basta
esta infinita dignación de caridad… Busca a las creaturas… y a Mí me olvida en ese delirio de placer, que no es ni
amor, ni paz ni vida… A Mí me deja…, y por eso, ¡pobrecitos!, tantos sufren, desgarrada el alma…, el hambre
insaciable de pasiones vergonzosas… Los que tenéis sed de amar, venid…, venid a mí: Yo soy el amor que guarda las
espinas para sí, y os da sus flores…; los que sentís ansias, necesidad de ser amados…, venid… y bebed hasta saciaros
de la fuente de mi pecho. Hijos míos, dadme vuestros corazones, ¡oh!; dádmelos en cambio del mío Sacrosanto…

El alma. Jesús Sacramentado, ejercita en nosotros tus derechos, pues somos tus reparadores… Ven. No pidas, no
mendigues… Ven. Toma con amabilísima violencia lo que es tuyo…: toma nuestros corazones… Sí, son pobres. Tú
sabrás enriquecerlos…; te los damos por manos de tu dulce Madre y de tu sierva Margarita María… Te rogamos los
aceptes en demanda urgente del reinado de tu Corazón Divino… No quieras desecharlos porque un día se marcharon,
cuando Tú perdonas, olvidas para siempre… La Iglesia perseguida, nuestro hogar necesitado, los pecadores, el
Purgatorio de tortura purificadora, las almas de los justos, todos, todos esperamos de tu omnipotencia torrentes de
gracia, prometida al homenaje de esta hora de consuelos para ti y de milagros de misericordia para el mundo…

¡Ah! Y en especial acuérdate de los que, como Gabriel Arcángel, hemos venido a darte amable refrigerio en tu
agonía… Acepta sus intereses, sus penas, sus esperanzas, su vida; lo depositan todo en la llaga-paraíso que nos
descubrió Longinos… Recoge ahora, Señor, nuestra oración de despedida:

Corazón agonizante de Jesús, estas almas te confían sus espinas…

Corazón amable de Jesús, estas madres te confían sus esposos y el tesoro de sus

hijos…

Corazón amante de Jesús, estos peregrinos te confían su porvenir y todas sus incertidumbres…

Corazón dulcísimo de Jesús, estos pródigos te confían su debilidad y su arrepentimiento…

Corazón benigno de Jesús, estos tus amigos te confían la paz y redención de sus familias…

Corazón compasivo de Jesús, estos enfermos te confían las dolencias secretas e íntimas de la conciencia…

Corazón humilde de Jesús, estos adoradores te confían sus anhelos vehementes por el triunfo de tu amor en la Santa
Eucaristía…

Corazón Sacramentado de Jesús, en ti confía el mundo, que corre desolado a refugiarse de la muerte ahí donde una
lanza abrió las fuentes de la vida…

Ven, Jesús. Sé nuestro Hermano en las castas fruiciones del amor cristiano…

Ven, Jesús. Sé nuestro Rey en las tentaciones y borrascas que azotan a las sociedades y a las almas: domina el huracán
desde el Sagrario… Serena el cielo amenazante, con los fulgores de paz y las ternezas de tu omnipotente Corazón.

Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes.

Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores.

Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora
Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria para ganar las indulgencias otorgadas a esta devoción.
(Cinco veces)

¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!

Súplica final al Sagrado Corazón de Jesús

(De Margarita María)

Escóndenos, ¡oh dulce Salvador!, en el Sagrario de tu Costado, fragua encendida del puro amor, y ahí estaremos
seguros… Elegimos tu Corazón por morada, en la firme confianza que él será nuestra fuerza en el combate, el báculo
de nuestra flaqueza, nuestra guía y luz en las tinieblas, el reparador de todas nuestras faltas y el santificador de
nuestras intenciones y obras. Las unimos todas a las tuyas, y te las ofrecemos a fin de que nos sirvan de preparación
continua para recibirte en el Sacramento de tu amor.

Para honrar tu condición de Víctima en este misterio de la fe, venimos a ofrecernos también nosotros en calidad de
hostias, suplicándote que seas Tú mismo el sacrificador y nos inmoles en el ara de tu Sagrado Corazón.

¡Ah! Pero como somos tan culpables, te rogamos, Señor Jesús, tengas a bien purificarnos y consumirnos con las
llamas de tu Sagrado Corazón, como un holocausto perfecto de caridad y de gracia, para obtener una vida nueva y
poder entonces decir con verdad: “Nosotros nada tenemos que sea nuestro; vivos o muertos, Jesús es nuestro todo;
nuestra propiedad es ser nosotros entera y eternamente de su Divino Corazón… ¡Venga a nos tu Reino!”.

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