ENTRE LA PLUMA
Y EL FUSIL
Debates y dilemas
del escritor
revolucionario
en América Latina
por
Claudia GilmanSiglo veintiuno editores Argentina s. a.
Siglo veintiuno editores, s.a. de ev.
(epee, UL ERAGEN CONOR MBO.
‘9 Gilman, Candia
Git, Bnet plums y ste Debates ier del exerts
revlucionaria en Ameria Latina“ ef.~ Buenos
‘Aes Silo XA Balores Agena, 2008.
1482 p Miele - (Meares)
1588 087.105-547
Titolo 1 Mitra deta tera
Portada de Daniel Chaskilberg
1 edicin argentina: 2000 ejemplares
© 2008, laudia Gilman
{© 2008, Siglo XXI Fitoves Argentina S.A.
ISBN 967-1108327
pres en Induseia Grifiea Argentina
Gra, Fructose Rivera 1066, Capital Federal,
‘enel mes de abril de 2008
Hecho e depista que marca I ley 1.723
Timpreso en Ja Argentina -Madein Argentina
indice
Agradecimlentos °
Tawoduceion 1s
os inteectales 5
Laiceratra 19
Lasrevistas 2
2, América Latina: intlecoales, itera ypotca 26
1. Las sesenta/setentaconsiderados coma épaca 35
1. Epoca: a aptesta por wna nomenclanuasutantva %
2 Singularidad:inmainencia de transformaciones
revaluconaras 39
8.Tercer Mundo y revoleiin “
4 Causura snterrogantes 52
2. El protagonismo de los ntelectuales
{ylaagenda cultural 2
1. lnqierdaylegitimidac func del intlectl ar
2. Modernitacin atic guerra fia 6
8. sctitores/intelecnales Un campo de accign
‘Yun fuerte ideal asain ®
4. La iiaqueda(yelencventzo} de un pice %
‘8 Historias de familia 7
1. La constiuciin de un campo o un ‘parsdo intlecal’
logue de reunisn 7
2, Primera disrupciones el caso Mundo Nusa 120
8. La Comunidad Latnoameriana de Esctitores
yOu 13056 Claudia ciiman
‘chazo a las politicas norteamericanas por parte de importantes
grupos de intelectuales “liberates” de los Estados Unidos 0 en.
Ja emergencia del black power y otros movimientos, considera-
dos como pruebas de la podredumbre que corrompia desde
las mismas entrafias del monstruo, para decizlo a la manera del
citadisimo Mart.
Una escena que conmovié al mundo ocurrié en julio de
1968, por la elocuencia de la imagen, Durante los juegos alim-
picos de México, dos atletas norteamericanos ganaron los dos
primeros lugares en la prueba de los doscientos metros lanos,
John Carlosy Tommy Smith subjeron al podio. Eran norteame-
ricanos, pero, ante todo, eran negros, y en lugar de mirar la
bandera de su pafs en el momento en que se alzabay sonaba el
hhimno nacional de Ios vencedores, levantaron al ciclo sus pe
fios cerrados, enguantados de negro.
Para Jos militantes ya intelectualidad de inquierdas, no fie
‘un hecho menor que el ejército norteamericano, con toda su
parafernalia yformacidn profesional, perdiera wna guerra, en.
la que todo su prestigio como potencia estaba en juego, contra
un pueblo mal armado de combatientes aficionados,
Por eso, sila époce permite que se la considere en los térmi-
nos gramscianos de crisis de hegemonia, su clausura coincidi-
ria con la recompasicin del viejo modo de dominacién hege-
ménica, que dio por tierra con las expectativas revolucionarins
que habian caracterizado su inicio. Esta hipétesis permitirfa
avanzar otra: la de clauswra como el momento en que la crisis
se dio por terminada.
El proceso de la muerte de lo viejo sin que lo nuevo pueda
nnacer implica asi la clausura de un futuro que podia ser pos-
bile, ese futuro que habia sido puntillosamente delineado por
las capas progresistas de la sociedad, En ese sentido, la época
Heg6 a su fin cuando ese futuro fue llamado utopia, cuando,
‘on palabras de Dante, “del futuro fia chiusa la porta” (Inf. X:108)
2
El protagonismo
de los intelectuales
y la agenda cultural
4 Usureros, bandidos,prestamistas,
cise
‘Ozhs borrado ef fuego.
de Is Revolucion
Hebert Padila (196
19)
Dios: sospecho que eres un intelectual
i ‘de izquierde.
: Graffiti en et liceo Condorcet,
mayo de 1968,
1. Izquierda y legitimidad: funcién del intelectual
En un trabajo sobre Sartre, Anna Boschetti comenta el es-
irccho vinculo existente entre legitimidad literariay apoyo a la
‘causa de la Resistencia durante la ocupacién alemana en la
Francia de la Segunda Guerra. Algo similar puede postularse
‘entre la pertenencia a la izquierda y el reconocimiento de la
condicién intelectual en este periodo,
Una particularidad conceptual de esos afios es que la for-
mula intelectual progresista entraiiaba una redundancia. El sole
‘contenido de la palabra intelectual arrastraba hacia si ese adje-
Livo. Dicho de otro modo, lo que no podia pensarse, excepto
‘como aberracién de la naturaleza social o caso de laboratorio,
es la idea de que un intelectual "reaccionario” mereciera el
nombre de intelectual. Ese clivaje podta expresarse, en todo ca
‘0, por medio de clasficaciones més tradicionales: hombres de= ‘Claudia Gilman
levras, escritores, mientras que el término “intelectual” queda:
ba reservado para el diccionario progtesista. Como afirmaba
Carlos Fuentes en La nueva novela hispanoamericana: “En ls i
‘imas décadas, y sobre todo a partir del triunfo y ejemplo de la
Revolucién Cubana, la inteligencia de nuestros paises se sida,
mayoritariamente, en la izquierda” (29). Los intelectuales de
derechs quedaron en una posicién marginal, como lo prueba
Jolin King en su trabajo sobre la revista Sue También hubo eae
S03 de escritores que no ocuparon la pasicién intelectual, aun.
‘que parezca objetable: es el caso de Gareia Marque, alo largo
deta época, aunque mucho més claramente el de Bioy Casares,
Manuel Puig o Lezama Lima, para dar algunos ejemplos muy
diversos de escritores que se mostraron reticentes a convertit
se en intelectuales,
Lapertenencia ala izquierda se convirtié en clemento cru-
cial de legitimidad de la prictica intelectual. Es cierto que no
todios los escritores adoptaron posiciones de izquierda, pero no
1o es menos que la cortiente generalizada en ese sentido cra
‘muy fuerte. Un ejemplo de ello, que casi podria ingresar en tun
anecdotario de “infamias” o de chismes malévolos, es la cusio-
8 operaciOn realizada por la escritora argentina Matta Lynch
ydenunciada por sus colegas mis *radicales”
Lynch habia publicado el cuento “El cruce del rio” en la re-
vista cubana Casa de las Américas. En él relataba los tiltimos dias
de la guervillera Tania, asesinada en la seiva boliviana junto con
€1 Che Guevara. La historia publicada en Guba estaba ambien-
{ada en Bolivia y sus personajes tenian los nombres reales de los
rotagonistas histévicos. En la edicién portefia, incluida en el
volumen Cuentas de colors, el cuento habia sido modificado, en.
luna misma orientacién, Tania ya no era Tania, una eoya lama:
dda Maria ya no era coya sino simplemente “india”, el Comandan.
te de ta primera versién se habia degradado on Teniente en la
segunda, y el Frances (Régis Debray) de la version cubana se na-
ionalizé argentino en la siguiente versin. En la edicién cubs:
nna, Lynch dedicé el cuento "A Tania, ciudadana argentinay guee
.
-
i
7
|
1 protagonisme de los intetectusles: 59
rrillera, muerta por los soldados del régimen de Barrientos. En
Bolivia, agosto de 1967”, en tanto en la segunda version, ta ho-
smenajeada es “Maria Hstela Ocampo”. Fsta estrategia revela que
sino se era necesariamente de izquierda, no era inadecuado pa-
recerlo, La revista Nuews Aires publicé una denuncia, sin firma:
sini indignarse: toda coincide com fa gracisa dusidad de
‘sta autor:doalidad que permite adnerite af nuevo regimen
Ue Chile ofrecer —ne ater o después una eonferencia en
11 Solin Dorado del jockey Cub de La Plas (‘Las malay adue
cones de Margha Lynch" 7374),
En un moviinto popes que sanz entonces ck
mnnacion cuntton el anos sesena, artsy letras
Apopiaron de espacio plico como tuna desde la cal dk
‘gis la sociedad ex deci, econvreron en inelecraes
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de que el intelectual podiny debi convertse en uno de oe
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se (386148).
Una forma de conectar literatura y politica consistié en pos
tular I obra literaria como la puesta en discurso de una expe--
38 ‘cinadia liman,
tiencia de lo social ylo politico. EI énfasis sobre Ia experiencia
remitfa necesariamente al escritor, menos a su biggrafia que o st:
conciencia, concediendo sentido 2 la férmula del autor compro-
metido, como un problema circunscripto alos limites de la in-
tencionalidad. Desde esta perspectva, la apelacién a nuevas for=
mas de realismo y la defensa de la criticidad y oposicionalidad
intrinsecas de la literatura sostentan la idea de Ia Hiteratwra co-
‘mo un instrumento posible de la transformacién, sitwada pri-
ilegiadamente en el terreno ideolégieo. En esos términos, la
literatura consctvaba la legitimidad de sus propias reglasy pro-
ponia un tipo de accién especifica, apropiada a los fines de la
voluntad de politizacién,
El diagnéstico inicial era el de un vacio que afectaba todos
Jos érdenes de la cultura latinoamericana: falta de conocimien:
to reciproco entre las diversas literaturas nacionales (ni auto
res ni piblicos estaban coneciados entre si, estancamiento ex
1ético, inexistencia de lectores para los productos literarios. La
inexistencia de una literatura latinoamericana, el desconoci=
miento ene los autores del continente, la desconexién entre
escritores y lectores fueron t6picasrecurrentes de lacritica, En
Jos tiltimos das de 1959 Julio Moncada se referia al vacfo de co-
nocimiento sobre el arte en el resto del continente latinoame-
ricano, y Gonzalo de Freitas sostenia que la realidad hispanoa-
mericana era todavia inasible para la literatura. Sin embargo,
algunos indicios de un nuevo interés ya estaban en el aire, co”
mo lo anunciaba Adolfo Prieto,
En 1960 se iniei6 ademas el idilio entre los eseritores lati-
noamericanos y el piblice lector del continente. Dos palabras
daban la clave del aiio: “edicion” y “compromiso”. En todo el
continente se hablaba de la explosion editorial: en e} recuadro
de best sellers de Primera Plana figuraban siempre los libros de la
editorial Jorge Alvarez, que publicaba unos diez libros por mes.
Lo misino ocurria en Pert, Venezuela, Reuador, donde se or-
ganizaban festivales del libro, se publicaban ediciones baratas
de bolsllo con un objetivo preciso: sacar el libro a la calle.
Et protagenieme de les intatectuates..
El fenémeno iba en aumento, 1964 fue el atio de la consa
sgracin de la nueva narzativa: Rama organiz6 el N* 26 de Casa
ide las Américas, en el que estaban presentes Cortizas, Fuentes,
‘Vargas Hosa, cuyos nombres, a partir de entonces, inclayendo,
os de Donose y Garcia Marquez, comenzaban a hacerse fre-
‘caentes acompaiiando a los de las ya sélidas presencias de Roa
Bastos, Rnlfo, Onettl y Carpentier. En ese aio, tanto Marcha co-
‘mo Gast de las Américas constataban el hecho, declarado por
“Ambrosio Fornet, de que habia pasado para la novela latinoa-
‘mericana tanto Ja época de las imitaciones como la de ta bue-
nna voluntad que baefa mala literatura
Elviraje latinoamericanista se consolidaba con el panora-
‘ma de Ja consagracién internacional de la literatura de] conti-
nente. Cada vez menos Europa proporcionaba los pardmetros
cestéticos y cada ver mis el foca se colocaba sobre fo propia ati
oamericano, Del estancamiento de la literatura latinoamers
‘eana, la queja de poco tiempo atrés, se pas6 2 la euforia: Ia lite-
rata estaba en ignicién, la hteratura era fargo.
“Las noticias provenientes de México informaban acerca de
Ia faria estadistica que dominaba al periodismo cultural mexi-
eano, exaltado por el movimiento editorial y las cantidades de
ejemplares por edicién, 1964 sobrepas6 a 1963 en cantidad de
novelas, con sradas de tres mil a cinco mil ejemplares cada una,
La novela de mayor tiraje ite Las reémpages de agosto, de Jorge
Thargtiengoitfa (no editada en México sino en Cuba), que g2
16 el Premio Casa de las Américasy tt6 diez mil ejemplares, nie
‘meros mas, nimeros menos. Se hablaba de una. “nueva oleada”
cen la literatura mexicana, El fenémeno se manifestaba tanto
desde el lado de los eseritores como desde el de los editores y
Teetores. Los nuevos escritores, se afirmaba, trabajaban con una
temética mas universal, influidos por la gran cindad, estaban
mis “al dia" en el uso de las tecnicas nazrativas, eran menos lo-
calistas; ye} pablico festejaba esa renovacidn (Segovia, 1965).
'Y 1965 superé al aiio anterior: en México se publicaron
veintisiete novelas contra diecinueve det alto anterior. La de20 ‘loudia Gliman
mayor draje en 1965 fue Btu Q, de Vicente Leiero (que ha
tia ganado el premio Biblioteca Breve en 1968). Lao siguien
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