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La Lupa de La Nueva Medicina

Este documento presenta un resumen del libro "No es posible curarse sin aprender a vivir" del Dr. Fernando Callejón. El documento incluye la biografía del autor, agradecimientos, un prólogo del Dr. Sergio Rozenholc y la introducción del autor, donde describe los objetivos y enfoque del libro basado en la Nueva Medicina de Hamer y los arquetipos.

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La Lupa de La Nueva Medicina

Este documento presenta un resumen del libro "No es posible curarse sin aprender a vivir" del Dr. Fernando Callejón. El documento incluye la biografía del autor, agradecimientos, un prólogo del Dr. Sergio Rozenholc y la introducción del autor, donde describe los objetivos y enfoque del libro basado en la Nueva Medicina de Hamer y los arquetipos.

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Acerca del autor

El Dr. Fernando Callejón, nació en Rosario, Argentina, en 1955. Se


graduó de médico en la Universidad Nacional de Rosario en el año
1980. Cursó estudios de Psicoanálisis y Antropología Filosófica.
El 1995,asistió a los seminarios dictados por el Dr. Ryke Geerd
Hamer. Fue presidente del primer curso de Nueva Medicina en la
Argentina en el mismo año.
Dicta cursos y conferencias sobre Medicina Psicobiológica a nivel
nacional e internacional.
Es autor del libro “No es posible curarse sin aprender a
vivir”. Dedicatoria
A mis queridos pacientes.
Agradecimientos
A mi familia, que me permite pensar.
A mis sobrinos, Gabriel y Gerardo, con mucho cariño.
Al Dr. Reynaldo Oscar Ojeda, un excelente médico y buen amigo.
Al Dr. Eduardo Virginillo, del que he aprendido más de lo que él
cree. Al Dr. Sergio Rozenholc, por su generosidad.
A la Sra. Lilian Mérida, por su valiosa ayuda.
A todos los que han escrito a mi página web, dejándome sus
comentarios y sus valiosos aportes.

ACLARACIÓN
Este libro ha sido escrito con la intención de dar a conocer las
bases de la Nueva Medicina del Dr. Geer Hamer y las de la Medicina
Psicobiológica, que surge desde la anterior. Esto se desarrolla en diez
capítulos en los que se habla de una forma comprensible y simple.
Luego, hay una serie de apéndices, dirigidos a una lectura más
profunda y que necesita de los conocimientos previos. Esto se ha
hecho así para facilitar el acceso a todo el público de un tema tan
importante, sin dejar de tratar los temas que requieran de un esfuerzo
y un estudio.
En el primer apéndice, se encuentran dos capítulos que han sido
especialmente escritos por mi amigo y colega, el Dr. Reynaldo Oscar
Ojeda, en donde se discuten alguno de los temas expuestos en el libro
a través de un ingenioso diálogo entre dos médicos que confrontan
sus saberes entre sí y con una célula. Mi profundo agradecimiento a
su colaboración.
El último apéndice es un especial aporte de mi hija
Bárbara. Espero, querido lector, que lo disfrutes. El autor

PROLOGO
Hace algunos años, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer escribió que
“los sueños y la realidad son materiales intercambiables”. Eso fue un
estandarte que llevé durante muchos años, con la ilusión de encontrar
una medicina incruenta y no invasiva que recuperase los valores
esenciales en el tratamiento para seres humanos. Así me encontré
con La Nueva Medicina que pareciera transformar de manera
revolucionaria la visión médica, superando la dicotomía que proviene
de la concepción de los antiguos Persas, la cual polarizaba el Bien y el
Mal, fundamentos actuales que la medicina alopática sostiene hasta
nuestros días, en su filosofía práctica.
En esta lupa en la que de manera brillante el Doctor Fernando
Callejón nos propone un recorrido entre los descubrimientos del Dr.
Hamer y su Nueva Medicina y una nueva formulación del tratamiento
médico, a partir de la inclusión de los ARQUETIPOS, logramos
apreciar un abordaje que tiene en cuenta varios ejes fundamentales. El
filogenético, que posee la incorporación intrínseca de lo ontogenético,
los planos de la problemática celular, de la problemática del conflicto
biológico y por último, de la problemática simbólica. En esta dirección,
recupera para la Medicina Psicobiológica el verdadero desarrollo
teórico práctico de un modelo que pasa de la exclusión a la inclusión
de la totalidad porque recorre los capítulos del Cuerpo, de la Familia,
de la Voluntad de Poder, de la Autovaloración, de las Máscaras y de lo
Inconciente produciendo una clínica de cuatro dimensiones: Cerebro,
Psique, Órgano y Dimensión Simbólica.
Pues es entonces en donde las manos del sueño me traen un
sueño de la mano, como dice Joan Manuel Serrat. En este caso son
las letras de un sueño las que traen el sueño de la mano y de la pluma
de un soñador rosarino que busca recuperar una Medicina Humana
para
un destino humano. (*)
Dr. Sergio Rozenholc
(*) El Dr. Sergio Rozenholc es médico egresado de la Universidad
Nacional de Buenos Aires. Miembro activo de la Liga Médica
Homeopática Internacional.
Ha asistido durante variosañosa losseminariosdictadosporel Dr.
Hamer.

INTRODUCCION
En el libro anterior (“No es posible curarse sin aprender a vivir”)
comencé el prólogo con una frase que aún resuena en mí: “Nada
sucede sin que antes haya sido un sueño”.El primer capítulo de este
nuevo libro termina con una Oración que escribí hablando de ese
sueño.
Solo un año ha transcurrido entre un libro y otro. Por cierto, hay
muchas cosas nuevas que contar y ha sido necesario repensar lo
escrito. Es en este libro que presento dos aportes que estimo pueden
ayudarnos a entender mucho mas profundamente la Nueva Medicina
de Hamer. Son ellos la teoría de los Arquetipos de supervivencia y de
compensación y una nueva tópica de los lugares simbólicos del cuerpo
que hablan de un lenguaje que debe aprenderse si se quiere entender
ese misterio que es la enfermedad.
No es mi intención “psicologizar” a Hamer. Su teoría se basta a sí
misma y no necesita de mi colaboración para ser entendida. Lo que
pretendo es recorrer, a partir de las cinco leyes de la Nueva Medicina,
un espacio virgen que me invita a conocer sus posibilidades y solo me
pide a cambio que cuente fielmente este recorrido.
El haber llamado Medicina Psicobiológica a este recorrido no es
desconocer a Hamer ni querer hacer propio su revolucionario
descubrimiento. Por el contrario, reconozco en sus leyes ( a las que
trato de describir aquí) el fundamento de cualquier propuesta que trate
de entender la enfermedad. Aquí, como en el libro anterior, el eje es la
Nueva Medicina y de ella se trata.
Este libro está habitado por mis pacientes y son sus historias las
que lo construyen. Es por eso que se los dedico a ellos. Porque
“situado en una nebulosa lejana, hago lo que hago para que el
universal equilibrio del que soy parte, no pierda el equilibrio”.
El autor
CAPITULO I LA MEDICINA SIN
ALMA
La enfermedad es un momento que todos los seres humanos, de
un modo u otro, hemos vivido o vamos a vivir. Forma parte de la vida
al igual que la muerte. Habitualmente, la sociedad no nos prepara para
ninguna de las dos como si al ignorarlas pudiéramos evitarlas. Se
piensa que es algo que les sucede a los demás. Se teme por su
aparición en algún ser querido. Se piensa en ellas como un precio
brutal que se paga por estar vivos; algo demasiado horrible para ser
verdad.
Cicerón decía que la filosofía era una preparación para la muerte.
Creemos que la medicina debería ser una preparación para estar
enfermo. El aprender a convivir con ese estado, a dialogar con sus
expresiones, a no temerle, a entenderlo.
La actual medicina preventiva nada tiene que ver con esta
posición. Ella plantea normas (que más que naturales son jurídicas)
para no enfermarse, que responden a una medicina entroncada al
sistema de poder. “Usted no debe hacer esto o aquello y jamás debe
dejar de hacer lo otro”. Se niega a la enfermedad como parte de la
vida y se aceptan modas ideológicas que son tan cambiantes que lo
mismo que prevenía una enfermedad hace veinte años, hoy la
provoca.
No deja de pertenecer esta pretendida medicina preventiva al
sistema oficial que siembra el pánico y normativiza lo correcto. “Si no
hacen lo que les decimos... les pasará algo muy malo”.
En algunos países nórdicos se sugiere la mutilación de ambas
mamas (en forma gratuita ya que el estado cubre los costos de la
cirugía) a las mujeres que son portadoras de un marcador genético
recientemente descubierto y que según la ideología genetista,
actualmente de moda, podría provocar en algún momento un cáncer
en la mama. No es esto otra cosa que sostener el poder a través del
miedo.
Las mismas propuestas oficiales en la llamada prevención de la
recidiva del cáncer (que vuelva a aparecer luego de ser tratado) no
distan mucho de esta visión catastrófica de la enfermedad. Si a un ser
humano le sobra un trozo de tejido no solo se extirpa ese trozo, sino
todo lo que hay por delante, por detrás, por arriba y por abajo. Luego
se lo intoxica con drogas que destruyen gran parte de su organismo y
se lo somete a radiaciones cuyo poder para producir cáncer está
comprobado. No satisfechos aún, se lo controla con exámenes
periódicos (muchos de ellos cruentos, físicas y moralmente) y con una
desidia absoluta por el sufrimiento de este semejante se le advierte
una y otra vez que en cualquier momento todo puede reaparecer y
“habrá que seguir trabajando para vencer”.
A esto se le llama prevención. Preferimos llamarlo privación de los
derechos fundamentales de un ser humano a conocer la verdad y a
tener autoridad sobre su cuerpo y su vida. La verdadera prevención es,
justamente, conocer la verdad y el sentido y no, someterse a hipótesis
pseudo científicas que no resisten ni siquiera el paso del tiempo.
La búsqueda de la verdad no puede ser confundida con un método
ni con estadísticas. Debe ser enlazada al sentido de la enfermedad, a
la dirección que ella marca no solo en la singularidad del sujeto sino
en la sociedad como colectivo en un tiempo y en un espacio
determinado.
El determinismo lineal (por que hice esto me pasó aquello) debe
dejar paso a los cruzamientos de los distintos niveles de realidad.
Creemos en una medicina preventiva basada en la satisfacción de las
necesidades fundamentales del ser humano. Ellas son: la nutrición, la
reproducción, la defensa del territorio primitivo, la autoafirmación, la
pertenencia o la formación de un territorio moderno y la comunicación.
Cuando esos requerimientos no son contestados, la naturaleza exige
respuestas. La intención de estas exigencias es la supervivencia de la
especie. Aún en detrimento de la supervivencia del individuo, la
naturaleza impone que los requerimientos básicos para que la vida
continúe deben ser observados.
La enfermedad ha sido falsamente interpretada como un error, una
falla, una agresión. Contrariamente a ello, vemos en las exigencias de
la evolución la causa fundamental de ese acto vital que llamamos
enfermedad.
En el ser humano no basta esta interpretación biológica. A partir del
lenguaje y de las relaciones que surge de él, las leyes biológicas se
enlazan a las leyes del lenguaje. Ningún ser humano puede nacer
fuera del lenguaje. Este lo espera y lo significa. A partir de allí, no hay
sujeto sin lenguaje y no hay persona sin dimensión simbólica.
El animal salvaje cuando traga un trozo de alimento demasiado
grande, genera por haberse excedido en la necesidad de nutrición un
agrandamiento de las amígdalas para impedirle que siga tragando. Es
la respuesta de la naturaleza para que no se viole un requerimiento
básico. En el ser humano esto ocurre, a través de las leyes del
lenguaje, cuando el sujeto debe “tragarse” injusticias, presencias
desagradables, acusaciones. Las amígdalas responden desde el nivel
físico haciendo una metáfora de lo que está ocurriendo en el nivel
emocional. A partir de allí, el sujeto tose y estornuda, escupiendo a la
gente que lo rodea y logrando así “echar” a aquellos que lo están
dañando.
Se regula el requerimiento afectado. El sujeto no “traga” más y se
aísla. Ahora depende de sus decisiones. Aceptar la autorregulación
que lo biológico ha impuesto, aprender de esa situación y adaptarse
para sobrevivir, o seguir “tragando” por supuestas obligaciones
sociales e ignorar la respuesta adaptativa.
La actitud negativa ante las obligadas y necesarias adaptaciones del
cuerpo, supone un desconocimiento de las leyes naturales que es lo
que caracteriza al sistema médico oficial. El uso de anti-inflamatorios,
antibióticos y anti-alérgicos para que el sujeto enfermo vuelva
rápidamente al circuito de producción. Un sistema de salud basado en
las curas “rápidas y eficaces” sin tener en cuenta donde nos lleva esta
actitud. Cada vez más efectividad en la solución de las enfermedades
agudas y más incapacidad para responder a las enfermedades
crónicas (cáncer, sida, reumatismo, degeneración cerebrales, etc) que
a la vez aumentan sus frecuencias.
Una verdadera medicina preventiva requiere tres actitudes: 1) el
conocimiento de las leyes de la naturaleza por parte de los agentes de
la salud.
2) la divulgación de estas leyes desde las primeras épocas de la vida
(en la familia, en
la escuela, en la sociedad).
3) respuestas terapéuticas acorde a la lógica de estas
leyes. La medicina del pánico
Desde los sistemas oficiales, no se ha visto ni reconocido la lógica
que subyace en todos los procesos que llamamos enfermedad. Así se
ha caído en una interpretación de los hechos acorde a un sistema de
creencias en donde un sujeto que supuestamente sabe, enseña cual
amo a un esclavo, lo que es bueno y lo que es malo. Se ha llegado a
establecer de esa forma un poder coercitivo sobre las conductas, que
ha impuesto sanciones de vida y muerte sobre aquellos que caen bajo
el dominio del sistema.
Un médico que usualmente aparece en los medios de difusión,
emitió un micro que fue previamente auspiciado por un laboratorio
internacional (que por mera casualidad es el mayor productor de
medicamentos que se usan en el tratamiento oficial del sida) en donde
con una música emparentada a las películas de terror, lanzó a los
millones de televidentes un alerta médico en los siguientes términos:
“Según las últimas investigaciones científicas (que nunca se citan y
más parecen boletines de agencias de noticias que informes
científicos) el virus del HIV podría ser transmitido a través del llamado
beso profundo”. Luego de hacer una breve reseña de los habituales
medios de contagio volvió a repetir el revelador informe para finalizar
diciendo: “Si bien no hay conclusiones definitivas, se debe tener en
cuenta ésta noticia ante la posibilidad de este nuevo medio de
contagio”.
Esto es terrorismo médico. Si la ciencia conociera las leyes de la
Nueva Medicina sabría que esa información genera muchos más
enfermos de sida que millones de besos profundos. Esta actitud ante
el sufrimiento del semejante no solo revela ignorancia sino
compromiso con el poder.
Cuando era estudiante de medicina tomé contacto por primera vez
con un ser humano enfermo en el tercer año de la carrera en una
materia llamada Semiología. Hasta ese momento, solo había visto
cadáveres, tejidos embalsamados y células bajo el microscopio. Me
habían preparado lo suficiente para identificar al sujeto con la célula
muerta o con un cuerpo sin vida. Así llegué a esa antigua sala de
paredes blancas del Hospital Municipal en la compañía de ocho ávidos
estudiantes que apoyábamos nuestro recién estrenado estetoscopio
sobre la espalda de un corpulento joven que respiraba con dificultad o
quizás con fastidio. No había en nosotros ningún interés por esa
persona sino solo por poder escuchar el paso del aire por sus
pulmones. Era un objeto de estudio y la consigna del médico jefe de
trabajos prácticos era que aprendiésemos a usar ese objeto sin sufrir
ninguna distracción. En un momento dado, apareció en escena una
enfermera y abriéndose paso entre la multitud entusiasta de
aprendices, se llevó al objeto de estudio quedándonos todos con el
diafragma del estetoscopio en el aire. ”En cinco minutos se los
devuelvo “, fue la breve intervención de la enfermera. El joven objeto
reapareció al poco tiempo y se sentó para seguir prestando su cuerpo
mientras nosotros volvíamos, como abejas sobre la miel, a buscar los
ruidos que debíamos conocer. Sorpresivamente de su espalda
comenzó a salir un ruido que no era el esperado. Ese hombre (que ya
no era un objeto) estaba llorando; su cara estaba llena de lágrimas.
Los demás estudiantes aumentaron la presión de su estetoscopio
sobre la espalda, intentado detectar algún ruido normal ante semejante
invasión de un sujeto que se entrometía con el objeto de estudio.
Con mis veinte años me quedé sin habla y me di vuelta buscando
al médico jefe; lo encontré a pocos pasos mirando una radiografía en
un negatoscopio. Me acerqué hasta él y le conté con la timidez y la
confusión de un adolescente lo que estaba pasando. Yo quería decirle
que eso era una injusticia y que todos debíamos sentarnos a los pies
de ese joven y preguntarle por que lloraba...y que no se preocupara...
y que todo iba a estar bien...y que entre todos lo íbamos a ayudar.
Pero solo me salió “Doctor, el paciente llora ¿Qué hacemos?”. El
médico jefe me miró a los ojos con una sonrisa compasiva y
mostrándome la radiografía me contestó que no me preocupara, que
lo que había ocurrido era que se lo habían llevado unos minutos para
informarle que el cáncer de pulmón que tenía se había extendido de
tal forma (mientras, me mostraba con su dedo una gran mancha
blanca en la
placa de tórax) que ya no había nada que hacer y solo le quedaban
pocas semanas de vida. El médico siguió hablando y me pidió que
apenas dejara de llorar tratara de escuchar el “murmullo vesicular” y si
es posible el “roncus” en el pulmón derecho. Que esa era una
oportunidad que no podíamos perder. “Vaya, vaya, no se asuste”,
terminó diciendo.
Ese día tuve vergüenza de la profesión que me esperaba. No volví
a poner el estetoscopio en el joven corpulento que ya para mí no era
un objeto. Lo miré de lejos, bajé la vista y me fui a mi casa. El
Silencio
Sin el conocimiento de las cinco leyes de la Nueva Medicina, todo
lo que se hace en el campo de la salud y de la enfermedad no es más
que un vano intento de ir en contra de la naturaleza, pagando un
precio excesivo e imposible de sobrellevar.
Nos debemos preguntar porque se mantienen en silencio estas
leyes. ¿Cuál es el motivo para que se las margine de los planes de
estudio, aceptando en cambio las teorías más inverosímiles como si
se tratara de hechos verificables?
Es aquí que debemos conocer como se sostienen los sistemas de
poder. Aceptando las diferencias solo para continuar igual. Las
llamadas medicinas complementarias o alternativas comienzan a ser
aceptadas en la medida que se adapten a la filosofía del Amo del
conocimiento, que solo pregunta para reducir la respuesta a lo que ya
sabe. Se reemplaza un medicamento químico por una hierba, una
dilución homeopática o una aguja de acupuntura, desconociendo y
excluyendo la imponente filosofía cosmológica que encierran
cualquiera de estas disciplinas. Se las invita a participar para que se
adapten al modelo bacteriológico, molecular o genético imperante. Se
reduce una profunda e integrada visión del hombre a una técnica.
No es ese el camino que proponemos desde la medicina
psicobiológica. Debemos comenzar a estudiar las leyes de la
naturaleza para entender una inteligencia que va más allá del hombre
y que propone la íntima relación de todas las manifestaciones de la
vida. Son ellas las que se han ido expresando a través de los millones
de años de evolución y que se cruzan en ese lenguaje pleno de
sentido que
llamamos enfermedad.
No podemos prevenir la enfermedad destruyendo esas
expresiones, sin entender siquiera cual es su orden, su lógica, su
desarrollo.
Tenemos en nuestras manos la posibilidad de entender el sentido y si
no buceamos en él, solo nos queda el frágil papel de mártires en el
que nos hemos estancado. Víctimas de microbios, de fallas
moleculares, de tumores que se extienden apoderándose de nosotros
y de nuestros seres queridos. ¿Por qué no despertamos a una lógica
posible como la que nos proponen las leyes de la Nueva Medicina?
¿Por qué seguimos observando impávidos como millones de vidas se
escapan sin sentido?
No podemos seguir siendo peces que en medio del océano se mueren
de sed. Es hora de tomar nuestra reptil cola evolutiva y hacer con ella
y con todo lo que cargamos, una historia posible con un destino y un
sentido que es nuestra responsabilidad asumir.
¿Por qué ese joven corpulento de mis años de estudiante estaba
rodeado de fríos guardapolvos blancos y no de sus seres queridos en
un momento tan importante para su vida? ¿Qué estaba haciendo la
medicina con él? Cuando consultó al médico por su tos pertinaz, ¿por
qué no se trató de averiguar si había perdido su trabajo o si su mujer lo
había abandonado? ¡Cuánto hubiese cambiado su evolución si se lo
hubiese contenido emocionalmente, si se lo hubiese ayudado a
conseguir un nuevo trabajo! Quizás su tos hubiese continuado pero
tanto el médico como el paciente sabrían que lo importante no es la
tos sino solucionar aquello que la ha provocado. Abordar el momento
vital que está cruzando el sujeto enfermo. Hacer de ello el núcleo de
cualquier tratamiento.
Los médicos nos hemos vuelto profesionales de la muerte, no de la
vida.¿ Quién nos ha dado autoridad para condenar y vociferar
amenazas? Hemos creado hospitales que son verdaderas cárceles,
con horario de visita de los “peligrosos delincuentes” que llegan allí
para sufrir. Hay salas de castigo llamada misteriosamente “Unidades
de terapias intensivas” donde las visitas se suspenden para
“tranquilidad” de los allí alojados, aún cuando son lugares donde
nunca hay silencio y
que generan un verdadero pánico en enfermos y familiares. ¿Por qué
hemos creado una medicina del pánico?¿Quién dijo que los enfermos
internados no deben cantar y reír?¿Cuál es la filosofía de este
encierro supuestamente terapéutico?
Un 24 de Diciembre tuve que ser operado de urgencia y luego de ello
me dejaron con un tubo semirrígido que salía del riñón y desembocaba
en la piel de la espalda. Mi orina era recogida por ese tubo y
coleccionada en una bolsa muy pequeña que llevaba adherida con
cintas en mi cintura.
Nunca olvidaré una mañana en la que ya caminando fui hasta el
consultorio del cirujano para un control. La bolsa se había llenado y yo
esperaba el ascensor del hospital. El tiempo pasó y probablemente por
la negligencia de alguna persona que dejó la puerta del ascensor
abierta, éste no llegó y yo comencé a sentir la tibieza de mi orina sobre
las piernas, hasta que un pequeño charco se formó a mis pies. Nunca
podré olvidar la vergüenza y la sensación de desamparo que viví en
ese momento.
Creo que todos aquellos que quieren ser médicos deberían pasar, por
lo menos, por una semana de internación. Saber de que se trata
cuando se toca un timbre porque los intestinos reclaman vaciarse y
que ese timbre no sea contestado. Saber que se siente en la oscuridad
de la noche escuchando gritos de personas que se quejan.
Experimentar la angustia de la tardanza en la espera para un estudio o
en la visita de los médicos que nunca llegan a la hora prometida,
quedando sin respuestas todas las preguntas sobre que van a hacer
con uno. Comprobar en su propio cuerpo la sensación de invasión y de
falta de intimidad.
No me parece lógico que alguien que trate enfermos no sepa que
significa estar enfermo. Esta ignorancia es la que ha llevado a recetar
tantos medicamentos, tantos análisis, y tantos estudios radiográficos
sin importarle a nadie la verdadera eficacia de todo ello. Cuenta el Dr.
E. Contreras que una vez que se graduó como oncólogo en Viena,
volvió a México (su tierra natal) a trabajar en la clínica de su padre.
Dado que la videocolonoscopía (introducción de un caño por el ano
para mirar el intestino) le resultaba una técnica sumamente útil, la
practicaba frecuentemente en sus pacientes. Una mañana, su padre
(famoso médico fundador de la Clínica Oasis de Esperanza) lo citó en
su consultorio y le preguntó por que había recetado en solo algunos
meses decenas de videocolonoscopías. El contestó que le maravillaba
esa técnica ya que podía ver lesiones muy pequeñas.”Pues bien, -le
contestó su padre- quiero que hagas esto “. Tomó un recetario, puso el
nombre de su hijo y le indicó una videocolonoscopía. La firmó y la
selló.
Cuenta el Dr. E. Contreras que luego de ese día (el día en que se hizo
esa práctica), ha recetado muchas menos videocolonoscopías. Un
Extraño País
La medicina del pánico ha sido uno de los factores más
importantes en la pérdida de autoridad sobre nuestras propias vidas.
El ser humano enfermo es un ser indefenso. La gravedad de esto
consiste justamente en que si hay algo que necesita el sujeto enfermo
para recuperarse es tener capacidad de defenderse y valorizarse.
Tomar autoridad ante los conflictos. Poder decidir los caminos
correctos que solucionen los problemas que está atravesando.
Reconocer el sentido de lo que le está ocurriendo. Establecer los
hechos ante los cuales su cuerpo se ha manifestado al no haber
encontrado una respuesta en otro nivel. Saber a quien debe tener a su
lado en esos momentos y de quien o de que debe alejarse. Tener
claridad en los pensamientos. Tranquilidad. Contención. ¿Hay algo
menos parecido a esta situación que la que provoca la medicina ante
la enfermedad?
La consulta de algunos médicos suele ser una agravación de la
situación desde el inicio. Conseguir una primera entrevista puede
generar una gran dosis de angustia en algunos pacientes. Largas
esperas y habituales tratos despectivos por parte de secretarias
malhumoradas. Buscar recibos de la obra social (los que la tienen)y
pagar cuotas atrasadas. Averiguar nombres de especialistas,
preguntar sobre los honorarios. Esperar. El futuro paciente ya
comienza a pensar como tal y comienza a relacionar lo que le pasa
con lo que le pasó a un familiar o a un amigo. Recordar que alguien se
murió por algo parecido a lo que sufre él.
La consulta se logra para dos o tres días después y durante ese
tiempo el síntoma se hace oír. El sujeto ya no puede escucharlo
porque está demasiado ocupado con su nuevo rol de enfermo. O
mejor dicho, de persona que porta una enfermedad. Mientras tanto, se
entera que la obra social solo reconoce el pago del 30% del costo del
medicamento y que el médico elegido es una “eminencia” pero que
tiene mal carácter y no hay que hacerle preguntas. Ya ha recibido la
educación de la medicina del pánico y en lugar de escuchar las
preguntas del cuerpo, las tapa con preguntas y comentarios modernos
y precisos. “¿Y si es un cáncer?. Mi papá murió de cáncer; seguro que
es hereditario”. “¿Se arreglará con cirugía?. Yo lo que no quiero es
sufrir....No le tengo miedo a la muerte; pero sufrir no quiero”.
En algunas personas éste discurso puede convertirse en una
nueva enfermedad y si no es contenido rápidamente llega a generar
lesiones muchas veces más graves que el motivo inicial de consulta.
Pareciera que el médico desconoce esta carga agotadora que el
sujeto trae en la primera entrevista ya que lo primero que hace luego
de abrir la puerta y llamarlo, es tomar un pequeño papel y
preguntarle.....”¿Tiene algún antecedente de cáncer en su familia?”
Algo comienza a tomar forma. El paciente empieza a tener una más
clara idea del territorio en el que está deambulando. Es la lupa de la
medicina. La que busca lo que sabe que puede encontrar. Y lo va a
buscar con tal tenacidad que encontrará un cáncer de pulmón en
pacientes que están haciendo un examen preocupacional y un cáncer
de mama en aquellas mujeres que han entendido el mensaje de la
medicina y se hacen una radiografía de mama cada seis meses.
Lo que se busca se encuentra. Y el médico nunca olvidará el
momento (y lo recordará con satisfacción frente a sus colegas) de
aquel encuentro casual entre él y el cáncer...del paciente.
Comienza el territorio de “Estar enfermo”. Un país habitado por
sujetos sin alma. O regido por un gobierno que cree que sus
habitantes no tienen alma. Los documentos que acreditan la
ciudadanía en este país son las tomografías, los exámenes de
laboratorio y las temidas biopsias. Con ellos se podrá circular
libremente por sus calles ya que en cualquier momento las
autoridades podrán requerir tal documentación.
El país “Estar enfermo” es un país triste. Sin colores. Sin risas. Hay
casas para pobres y otras para los que no lo son. Algunas están muy
adornadas y la gente cree que allí se sufre menos. Es solo una
apariencia ya que el método es el mismo. En este, país uno sabe
como entra pero no como sale. Allí, todos van a sufrir.
“Estar enfermo” es sin duda un país peligroso. Dentro de sus
fronteras, se vive una realidad impuesta en base a la repetición de
ciertas hipótesis que se confunden con la verdad. Cuando ellos
hablan, todos los habitantes creen que habla la “Verdad” y los
“creyentes” saben que no pueden hacer preguntas.
El habitante de “Estar enfermo” es un objeto. No toma decisiones
ni puede tener dimensiones simbólicas. Es una unidad
anatomofisiológica cuyas partes son estudiadas y tratadas por
autoridades llamadas “especialistas” que no conocen el nombre del
habitante sino qué parte del cuerpo está enferma. En este país no
existe el “sujeto” llamado “enfermo” sino el “objeto” llamado
“enfermedad”. De ahora en más, la persona tiene algo que es
patrimonio de las autoridades de este país destruir o eliminar. Se hará
“todo lo posible” para lograr ese objetivo y si es necesario “destruir
algo de lo bueno” no se pondrá reparos en ello, porque lo importante
es “que usted pueda liberarse de esta enfermedad”.
La medicina del pánico ha perdido el rumbo y su ceguera la está
llevando necesariamente a su autodestrucción. Los parámetros
fundamentales ya no se observan y la voz de la vida se ha silenciado
de tal forma que se hace oír con nuevas enfermedades, nuevos
microbios y más y numerosas complicaciones. Se inventan teorías
fantásticas para explicar estas nuevas enfermedades (cáncer, sida,
etc.) y no se puede ver el grito de la vida que quiere seguir su curso
detrás de todas ellas. No podemos tratar humanos sino somos
humanos. Debemos entender el concepto de humanidad y dejar de
actuar como seres sin alma.
La historia de María
Hace ya algunos años, fui invitado por una fundación a dar una
conferencia en una importante ciudad del país. El motivo principal de
esa invitación era mantener una entrevista con una niña de 13 años
que sufría un sarcoma en ambas mandíbulas en “estado terminal”. La
madre me había contactado telefónicamente varias veces y esperaba
ansiosamente mi visita.
Yo decidí viajar sin conocer más datos. Al llegar al aeropuerto y
solicitar mis pasajes se me informa que los mismos aún no habían
sido pagados. Me veo en la obligación de llamar varias veces por
teléfono a esta lejana ciudad hasta que la situación se soluciona. El
avión parte con una demora de dos horas ya que había una fuerte
tormenta. En aquel momento pensé que el viaje no estaba
comenzando bien y mi intuición me decía que quizás no iba a seguir
mejor.
Llego a destino con un retraso mayor del esperado. El horario de la
conferencia era a las 20 horas y llego al aeropuerto a las 21 horas. Me
espera un comité de bienvenida con un cartel identificatorio y con
muestras de alegría, me comentan que el auditorio municipal, donde
yo tengo que hablar, está colmado de gente y que ya han sido
informados de la demora en mi llegada.
En el transcurso del viaje desde el aeropuerto me muestran una
carpeta con artículos de Hamer y varias entrevistas al director de la
fundación. También folletos de publicidad de mi visita. Esto me crea
cierta incomodidad ya que nunca me consideré un representante de
Hamer. Quizás por el cansancio del viaje y el apuro del momento se
me pasa por alto una frase que luego rescataría: “la gente está
cansada de mentiras y quiere escuchar la verdad”.
Llegamos a la municipalidad y sale a recibirme uno de los
directivos de la fundación, tomándome del brazo me dice: “los
médicos del hospital no quieren que vos hables. Van a hacer
problemas. Son unos hijos de puta”
En ese momento comencé a respirar un clima enrarecido, pero mis
pensamientos (como siempre que voy a hablar frente a un público)
estaban concentrados en la profunda conexión que trato de establecer
con lo que quiero transmitir. De todos modos, ya no me pasó por alto
la mirada hostil que al entrar en el auditorio un grupo de personas
(identificados por sus chaquetas y guardapolvos como médicos) me
dirigió como si yo fuera el representante del enemigo.
Nunca entendí la soberbia de los que creen saber tanto que
concluyen que lo que ellos desconocen no existe. Y si alguien quiere
hablar de lo que no existe, hay que hacerlo dejar de existir. Entré al
auditorio flanqueado (o protegido) por tantas personas, que mi
presencia pasó inadvertida por la gente que aguardaba pacientemente
dentro del salón, hasta que quedé solo subiendo las escaleras que
llevaban al escenario. Ahí me acordé de un famoso boxeador que
decía que fuera del ring todos le daban consejos pero que cuando
sonaba la campana: - “me dejan tan solo que hasta el banquito me
sacan”.
El lugar era imponente. Tenía un excelente sistema de audio y un
retroproyector muy bien ubicado. Me sentí cómodo, agradecí la
presencia de tanta gente y comencé a hablar. A los pocos minutos de
tan amable momento, pude observar que entraba en silencio el grupo
de médicos cuya mirada hostil había percibido en el hall. Todos se
sentaron en la última fila. Hablé media hora con absoluta tranquilidad
hasta que se escuchó una voz femenina que provenía justamente de
la última fila. Como no interpreté lo que decía le pedí que se
identificara. Me contestó de muy mala manera que era la jefa de
pediatría del hospital y que quería preguntarme, porque ya estaba
cansada de escuchar tanta “basura psicologista”, si yo era capaz de
darle una explicación de porqué los niños hacen enfermedades siendo
que ellos no tienen conflictos.
Por unos segundos se respiró un clima muy pesado. Yo esperaba
una pregunta más inteligente de quien pretendía cuestionar y
descalificar un cuerpo teórico tan serio como el que estaba
presentando. Aunque los niños pueden tener sus propios conflictos, la
mayor parte de las veces (y esto un pediatra lo debe saber) son los
conflictos de los padres los que vive el niño, ya que a través de ellos
puede incorporarse como ser en el mundo.
Pensé un segundo y muy seriamente le pregunté:” ¿Una colega no
tiene una pregunta más inteligente que esa? La gente comenzó a
reírse y una persona (que luego supe era la mamá de la nena que iba
a visitar) se paró y dirigiéndose a la pediatra le gritó “¡Qué sabes vos
de lo que sufren los chicos, si estás matando a mi hija!”. Zafarrancho
de combate. Buena parte del auditorio comenzó a increpar a los
médicos.
Ahí tomé conciencia de que había una interna de la que yo sin saberlo
estaba participando. Decidí calmar los ánimos y pasé a dar una
explicación larga y con respaldo de la diferencia entre los conflictos
psicológicos y los biológicos (lo cual no bastó para que la última fila
quedara vacía) y pedí disculpas de la broma a mi colega (que ya no
estaba). Seguí hablando en un clima distendido y acepté las preguntas
del público prolongándose el encuentro hasta después de la
medianoche. Al salir, saludé a la mamá de la niña y me sorprendió el
conocimiento de las teorías de Hamer por tanta gente y la necesidad
de aclaraciones y de profundizar en su lectura.
A la mañana siguiente tenía programada la visita a la niña enferma.
Me fueron a buscar muy temprano y me llevaron a las oficinas de la
fundación. Allí me informaron que las autoridades del hospital no
permitirían mi entrada. Me sorprendí pero no me alarmé ya que lo
sucedido la noche anterior anunciaba la continuidad de los conflictos.
Propuse entonces que sacaran a la niña del hospital y así yo podría
verla en el consultorio de la fundación. Me contaron que ya lo habían
pensado pero que había una orden del juez “de no permitir la salida de
la niña del hospital” y que si la madre lo intentaba, la amenazaban “con
sacarle la patria potestad”.
Aquí reflexioné sobre la íntima conexión de la medicina con el
poder. No actuar sobre lo que es sino sobre lo que debe ser. Ambos
participan de un sistema jurídico con sanciones para aquellos que ven
lo que es. El pobre que roba una gallina para darle de comer a sus
hijos y la madre que se opone a que le hagan quimioterapia a su hija.
La reflexión me duró poco porque sentí la mirada de todo ese grupo de
gente que quizás luchaba por otras cosas pero que en ese momento
no eran ni más ni menos que mis hermanos. Los miré con una sonrisa
cómplice, me levanté y les dije: “¡Pues entonces la vamos a ver al
hospital!”
La situación era de franco litigio y nos subimos al auto como una
especie de grupo de operaciones comando. La persona que estaba al
lado mío (que era una mujer) me susurró al oído “No se preocupe Dr.,
que si no nos dejan pasar, yo voy cargada”. No quise preguntar de que
se trataba su cargamento y volví a tomar conciencia de estar
participando de una interna entre grupos a los que yo no pertenecía.
Esto me ha hecho reflexionar con el tiempo que hay grupos de gente
que apoyan incondicionalmente todo lo que es “distinto” a lo que
propone la medicina convencional pero por el hecho de luchar contra
el sistema y sin detenerse a observar la filosofía que apoya esa visión
distinta. No se trata de medicina convencional versus medicina no
convencional, sino de la medicina que cura contra las medicinas que
enferman (y muchas de las llamadas medicinas no convencionales
pueden enfermar tanto como las convencionales). Debemos saber qué
es curarse y con que medios vamos a lograr ese objetivo. Si antes no
sabemos esto, lo que estamos haciendo es chapucería, usemos la
medicina que usemos.
Entré al hospital nuevamente flanqueado (o protegido) por este
grupo de personas que estaba convirtiendo mi paso por su ciudad en
una aventura que siempre recordaré con una mezcla de gratitud hacia
esa gente, llena de entusiasmo por cambiar toda una mentalidad
rígida, y de amargura por la hostilidad de un grupo de poder que se
interesaba más por conservar su estructura que por ayudar a los que
sufren. Detrás de esa lucha interna que ya había advertido, también
había una confrontación que articulaba preguntas sobre el poder de la
corporación médica y los límites de la libertad individual.
Y así entré al territorio físico de ese extraño país que es “Estar
enfermos”. Algo debe haber pasado en un nivel distinto al que
habitualmente percibimos porque todo se hizo claro y amable. Saludé
una por una a las enfermeras y subí por las escaleras que llevaban a
la sala de cuidados intensivos. Casi al entrar en ella, se abrió la puerta
y dos médicos que salían se hicieron a un costado y me saludaron.
Los que me acompañaban se quedaron allí y dando dos pasos ya
pude ver a la pequeña María. En una sala vidriada, muy pequeña, en
donde solo entraban su cama y una silla al costado, parecía un
extraño animalito que debía estar aislado pero a la vez controlado. Allí
la veían todos los que entraban a la sala en una clara exposición de su
cara deformada por dos tremendos sarcomas en ambas mandíbulas.
Con ella estaba su madre a la que ya había conocido la noche
anterior. Salió a mi encuentro, me abrazó llena de emoción y me
ofreció su silla. Nos
quedamos solos con María, sin presentaciones ni explicaciones. Me
senté, tomé la mano de la niña y la miré a los ojos. Había tanta tristeza
en sus ojos apagados que casi superaban su enorme vergüenza.
Tenía trece años pero no aparentaba más de diez. Estaba muy
delgada, con tubos que salían de sus brazos, con máscara de oxígeno
y con un olor muy fuerte que salía de su boca, que hacía que siempre
se la tapara con su mano al hablar.
Estuve dos horas con ella. Nadie entró en la sala en ese tiempo.
Fueron dos horas duras y bellas. Apasionadas. Llenas de ternura. Ella
abrió su corazón. Dijo cosas que quizás nadie había querido escuchar.
Me contó de sus miedos. De sus esperanzas. De sus nostalgias por
los amigos y por su perro. La historia de María era tan dramática como
su presente. Había sido concebida en una relación casual y única de
su madre con un hombre que había pasado por el pueblo donde ella
vivía. El “padre” había desaparecido y la madre la había criado sola y
con muchas dificultades económicas y familiares. Cuando la niña
cumplió siete años, aquel señor apareció en el pueblo y
supuestamente por la intervención de los abuelos de María, la
reconoció legalmente como hija, para sorpresa de todos. No reanudó
nunca la relación con la madre de la niña y solo aparecía en el pueblo
dos veces por año para facilitar algún dinero y preguntar por María.
Cuando ella cumplió doce años, hacía dos años que nada se sabía de
él. El día del cumpleaños llegó hasta el pueblo con un regalo y un
argumento que desconsoló a María ya que fue directamente a ella a
quien se lo dijo. Quería hacerse un estudio “en la sangre para tener la
seguridad de ser el padre”. A los dos meses María hace el sarcoma en
la mandíbula izquierda y es sometida a tratamiento con quimioterapia y
radioterapia.
La noticia del estudio genético (que nunca se hizo) y por sobre todo, la
manera en que este señor había encarado el tema, indignó a la familia
y el supuesto padre desapareció sin dejar rastros (antes de la
aparición del sarcoma). Es interesante destacar que el sarcoma
aparece en fase de resolución del conflicto y creo que fue la actitud de
la familia la que resolvió el conflicto de desvalorización, con
imposibilidad de devolver la mordida, que sufrió la niña. Si el sarcoma
siguió creciendo, no le
falta mérito en esto a la acción médica de punciones, manipulaciones
y pseudo terapias que agredieron nuevamente esa mandíbula.
También debe tomarse en cuenta la tremenda magnitud del conflicto
que vivió la niña al escuchar el argumento de su padre y que al
resolverse necesitó una expresión física tan imponente como el
sarcoma.
A los tres meses del primer diagnóstico, María sufre un nuevo tumor
en la mandíbula derecha y es diagnosticado como sarcoma. Vuelven a
hacer quimioterapia pero los tumores en ambas mandíbulas siguen
creciendo y aparecen lesiones en pulmón e imágenes tumorales en el
cerebro. Comienzan con morfina. Su pediatra, (en octubre de ese año)
al salir el segundo sarcoma le había dicho a la madre que la niña no
llegaría viva a la navidad. Yo la vi ocho meses después de esa
condena y fue eso lo que determinó que la madre no quisiera que esa
pediatra continuara viéndola.
El sarcoma derecho tenía mucho que ver con los médicos. Había una
increíble agresión de parte de ellos hacia la niña y hacia la madre ya
que ésta no aceptaba linealmente todo lo que le decían los
profesionales. Los cuestionaba y los increpaba. Con la niña mostraba
una gran dulzura pero se advertía la soledad en que ambas estaban.
María había vivido momentos de pánico ante los diagnósticos y los
pronósticos y su lesión de pulmón expresaba “esa falta de aire” que el
miedo provocaba. Las imágenes en el cerebro eran las repercusiones
típicas que el Dr. Hamer describe en sus trabajos sobre las distintas
fases de los tumores en el cerebro.
En medio de tanto sufrimiento, el quebrantamiento de la madre ya era
notorio. No disimulaba su agresión contra los médicos, que según ella,
tenían mucho que ver en lo que ella definía como la segura muerte de
su hija. Recuerdo que caminé junto a ella desde el hospital hasta la
fundación por unas calles llenas de sol y de árboles y en un momento
del diálogo ella expresó: “yo sé que ella se va a morir pero quisiera
que no tuviera tanto dolor”. Me di cuenta que la muerte estaba
instalada en la mirada de la madre y tomé conciencia de lo
fundamental que era esa mirada para la niña. Es muy importante que
los padres sepan que sus hijos pueden ser muy rebeldes o liberales
pero que hay mucho miedo detrás de esa pretendida individualidad. Y
que la mirada y la
palabra de los padres debe dirigirse a contener ese miedo y no a
castigar esa rebeldía. En el caso de los hijos enfermos, es tan
necesario que ellos sientan seguridad en sus padres que muchas
veces esto es determinante en el curso de la enfermedad. Y aún es
más determinante que esa seguridad sea cierta y no fingida, es decir
que los padres trabajen profundamente en su conflictiva personal y
familiar para poder brindar una seguridad que solo ellos pueden
transmitir.
Aquella mañana trabajé intensamente con María. Uno de los
momentos mas tiernos que recuerdo es cuando le entregué una carta
de mi hija Bárbara que también había sufrido un sarcoma y
exactamente a la misma edad que María, a los trece años. Ese hecho
a mí me conmovía, y debo confesar, que cada vez que trato a un niño
enfermo no puedo dejar de experimentar la misma conmoción. Ella
guardó la carta y me dijo que la iba a leer cuando estuviera sola.
Luego le di una foto de Bárbara cuando ella estaba enferma de su
sarcoma de Ewing en la mandíbula derecha. (el tumor era realmente
impresionante). La miró y para mi sorpresa se rió. Le pregunté porqué
y me contestó: “Porque ella lo tiene mas grande que yo”. Le pregunté
si quería ver una foto actual. “¿Tenés una?”, me preguntó ansiosa. La
miró largamente y luego dirigió su mirada a mí con el ceño fruncido.
Repitió el gesto tres veces. “¿Qué pasa?”, le pregunté. “Pero ella no
tiene nada”, me dijo. “Seguro, ya está curada”, le dije. Guardó silencio.
Estaba sorprendida. Quería decirme que había algo que no estaba
bien y al final lo dijo: “Pero....si nadie se cura... ¿ella que se hace?...no
puede ser”.
“Si, -le dije- está curada. Y ya no se hace nada”. La dejé convivir con
su asombro. Este momento era muy importante porque ese asombro
era un descubrimiento. Ella sabía que se iba a morir porque todo el
mundo sabía que ella se iba a morir. En esos segundos debe haber
ocurrido algo que la obligó a ir al baño. Tomó su suero y con la mano
donde tenía el catéter se levantó el camisón hasta arriba de la nariz
tapándose los tumores. Estaba conmocionada. Cuando volvió ya había
alguna aceptación. ¿”Y como hizo para curarse?”. Me llamó la
atención la pregunta. No fue como hiciste o como hicieron sino como
hizo ella. Le conté su historia. Me interrumpía a cada rato con sus
preguntas. Poco
a poco derivamos hacia su presente. Le dije que la vida era posible.
Que ella tenía que estar con sus amigos y con su perro. Que ese
hospital no era el mejor lugar para curarse. Que poco a poco, los
tumores podrían ir achicándose. Hablamos de su papá y de su mamá.
Expresó la bronca contenida en su cara contra ese hombre que le
cuestionó su origen y que dudaba de ella. (“¿Cómo que no es mi
papá? ¿Y entonces yo quien soy?”).Hablamos del perdón y del dolor
de su madre. Me dijo algo que no podré olvidar: “La que tiene que
curarse soy yo, porque mi mamá y los médicos ya no saben que hacer
conmigo”. El desamparo que tenía era muy grande y no había una sola
persona en el mundo que creyera en ella.
Le pedí que me dibujara algo. Tomó una hoja y dibujó mariposas sin
colores. Le pregunté que significaban y levantó los hombros diciendo:
“Me gustan”. Tomé conciencia que las mariposas sin colores son
dibujos que los niños a punto de morir suelen hacer como expresión
de la nueva vida a la que van. Me dio una puntada en el pecho y le
pregunté como estaba. “Muy cansada-me contestó- pero me parece
que falta poco para que esté bien”
La abracé largamente. Le pregunté si podíamos orar juntos y ella me
dijo que sí pero en silencio. Me fui de allí sin saludar a nadie. Tuve una
extensa entrevista con la madre donde le indiqué unos medicamentos
vibracionales y la necesidad de sacarla del hospital. Tomé el vuelo de
regreso a las pocas horas.
A los cuatro días me llamaron de la fundación, diciéndome que la niña
se había ido del hospital el mismo día de mi visita. Había vuelto a su
casa. Que estaba bien, alegre y sin dolor. A la semana volvieron a
llamarme. La voz de la madre sonaba desesperada. Se le había
“abierto un agujero en el hueso” del que manaba abundante pus. La
tranquilicé; le dije que ese era el mecanismo natural de curación y que
era muy importante sacar una TAC de cráneo ya que podía haber
líquido en el cerebro y quizás se necesitara el uso de corticoides. Al
otro día me llamó el director de la fundación. La niña había sido
internada. Le estaban pasando sueros con antibióticos y morfina para
el dolor. A la tomografía la pediatra la consideró innecesaria. A las 24
hs., volvieron a llamarme para avisarme que la pequeña María había
fallecido de un
accidente cerebrovascular.
Un sueño
Tengo un sueño que quiero compartir.
Sueño que el sistema médico ha cambiado su estrechez mental Y
se ha abierto su corazón
Y ha tomado conciencia que cada semejante que llega enfermo Es un
hermano que necesita ser abrazado
Comprendido. Protegido.
Sueño que los hospitales y sanatorios son reemplazados Por
hermosas casas con jardín y patio
Donde corren las mascotas. Donde los amigos se pasean. Donde se
encuentra la paz y la alegría.
Sueño que las viejas creencias sobre la enfermedad Son
reemplazadas por una cosmovisión de la salud. El viento, los árboles,
los animales,
Los pensamientos, las emociones, la historia, las esperanzas. Todos
cruzando y jugando. Sin pánico. Sin opresión.
Sueño que los médicos no se sientes superiores a los enfermos.
Sino que de ellos aprenden . Para ser mejores. Para conocerse. Para
darse cuenta que lo que les pasa a sus hermanos Les va a pasar a
ellos. Tarde o temprano.
Sueño que los deslumbrantes adelantos técnicos son usados con
respeto Sin idolatrías ni admiraciones vanas
Advirtiendo al fin la maravillosa naturaleza del ser humano Que es
creación perfecta. Y que ya es hora de asumirlo. Sueño que las
causas de la enfermedad son comprendidas. Los miedos y los
alejamientos. Las pérdidas y las injusticias. La falta de identidad.
Los ataques a la integridad de la persona humana.
Sueño que los agentes de salud trabajan con los gobiernos. No
para oprimir a los enfermos como hacen ellos Sino para ponerse al
frente de las luchas
Contra la pobreza, contra la desocupación
Contra todo lo que provoca enfermedad.
Sueño que se abandona una medicina tóxica, cruel y mutiladora. Fruto
de una ideología triunfalista y sin alma.
Sueño que todos nos hacemos responsables de nuestra salud Y no
abandonamos ese profundo compromiso con la vida En manos de
personas que ni siquiera se atreven a conocer Nuestros deseos,
nuestros miedos, nuestras preguntas.
Sueño, al fin, que los médicos no olvidamos que si no servimos para
ayudar No servimos para nada.

CAPITULO II LOS TRES PILARES


El compromiso
¿Cuál es la función del médico? Ayudar, servir, guiar. ¿Pero para
qué? ¿Para sanar? ¿Para reintegrar a la sociedad? ¿Para que los
síntomas no se expresen más?
Curarse es hacerse íntegro. Curar es integrarse. No hay posibilidad de
curar si el médico no se integra. No tengo dudas de que el doliente no
puede curarse si no acepta la curación. Tampoco tengo dudas que la
curación no puede producirse si el médico no la transmite. La curación
es un pase, en donde el concepto de amor debe entenderse como un
verdadero compromiso.
No hay curación sin compromiso.
Acá debemos ser tan claros como confusos, son los mensajes que nos
han venido enseñando sobre el papel del médico. Hay que restablecer
el lugar del médico.
La medicina psicobiológica reposa en tres pilares fundamentales. 1)
Una filosofía con una lógica, un conocimiento y una ética. 2) Un
cuerpo teórico basado en las cinco leyes de Hamer y extendido con
investigaciones propias.
3) Una clínica que es coherente con la filosofía y el cuerpo teórico en
la que se
sustenta.
Si no existe tal coherencia, asistimos a la confusión que viven algunos
pacientes que, motivados por lecturas sobre la Nueva Medicina, van a
la consulta con un médico identificado con ella, y se encuentran con
una clásica entrevista homeopática, floral, naturista, psicoanalítica (con
todo lo valiosa que pueden ser cada una de estas técnicas) e inclusive
una muy poco convincente sugestión de que lo que tiene se le va a
pasar solo. A ello se puede agregar o no, la lectura de una tomografía
cerebral en donde se marcan muchas veces unos círculos sobre los
que el paciente no tiene elementos para considerar su valor
diagnóstico
(algunos médicos ni siquiera saben distinguir entre un artefacto técnico
y un foco de Hamer y usan la ignorancia del paciente en beneficio de
un supuesto saber que no es más que charlatanería). Si no hay un
acuerdo en estos tres pilares, nos acercamos más a la confusión que a
la medicina.
La filosofía
Un médico no puede hacer algo que contradice sus propios valores
y conocimientos. Tampoco puede hacer algo que vaya en contra de lo
que el paciente cree y quiere para su vida.
Actualmente asistimos a un verdadero conflicto colectivo de
desvalorización de los enfermos. Cuando una persona sufre alguna
dolencia ya tiene incorporado en su cuerpo un saber, que si bien es
cultural, participa cada vez más en el desarrollo de la enfermedad.
Algo que podríamos traducir como “caer en manos de los médicos”.
Esta amenaza, que es abiertamente rechazada por los niños, produce
una serie de conflictos en la persona, que no han sido debidamente
considerados por la sociedad. Entre ellos, destacamos la pérdida de la
identidad (la persona deja de ser “Don Carlos” o “el arquitecto Juan” o
“el carpintero de la esquina”) convirtiéndose en un número o en un
ente abstracto que llamamos enfermedad. También se vive
intensamente la invasión a la intimidad, a partir de exámenes
manuales o instrumentales, algunos de ellos con connotaciones de
suciedad, de rechazo y asco. No es de olvidar el miedo que genera un
posible diagnóstico o propuestas terapéuticas cruentas. La sensación
de desconsideración y de pérdida de libertad es asombrosa. Me
contaba una paciente la intimación que recibió de su ginecóloga por no
querer hacerse una biopsia en un quiste mamario de diez años de
evolución; se llamó a un escribano para labrar un acta en la que la
paciente deslindaba de toda responsabilidad al médico y asumía que
cualquier problema que tuviera en su salud, era consecuencia de su
negativa a hacerse la biopsia. Es interesante como los profesionales
del arte de curar suelen volverse tan legalistas a la hora de “ayudar,
servir y guiar”.
Estos y muchos otros conflictos generan verdaderas
enfermedades, que quizás sean mucho más graves que la que motivó
el acercamiento al médico. En los ejemplos que hemos visto, podrían
aparecer lesiones
en recto o vejiga (pérdida de la identidad), bronquios (amenaza en el
territorio), hipoglucemia (rechazo-asco), alvéolos pulmonares (miedo),
huesos, arterias, venas (desvalorización), motricidad (no poder
escapar).
El “caer en manos de los médicos” se asemeja a una lucha “presa
predador”, en donde una persona puede hacer cosas increíbles para
huir. Desde trans-culturizarse y comer alimentos que nada tienen que
ver con sus tradiciones ni creencias hasta realizar prácticas en las que
no cree ni desea. Un médico naturista mientras daba una clase, refería
con orgullo como había logrado que una paciente de la zona litoral de
nuestro país había suprimido por completo el mate bombilla de sus
hábitos diarios. A su vez, relataba la insistencia de esta mujer en
continuar con sus prácticas a la hora del crepúsculo cuando con su
marido observaban la caída del sol compartiendo un mate. Quizás no
imaginaba este medico que los efectos irritantes y acidificantes de la
yerba mate no eran comparables con la perdida de un momento de
amor en esas personas.
El culto por el cuerpo, en donde los hombres se parecen cada vez
más a las mujeres y las mujeres cada vez se parecen más a los
hombres, nos aparta de la concepción masculino femenino con que la
naturaleza nos ha dotado. Las mujeres se mueren de lo que antes se
morían los hombres (cáncer de pulmón, infartos) y los hombres
padecen de las depresiones de la naturaleza femenina.
Los llamados hábitos de salud (no fumar, comer más verduras y
menos carne, no tomar café, hacer gimnasia) se convierten en la
preocupación fundamental de los enfermos. Como si vivir muchos
años, fuera equivalente a vivir más. Los conceptos de crecimiento
personal se reducen a tener cada vez más de lo mismo. No se
aceptan las leyes de la vida. Ni aprender la misión que tenemos, ni
morirnos.
El médico debe recuperar su función chamánica de canal de las
fuerzas de la naturaleza. Generar un grado de confianza en cada
sujeto que le permita acceder a su misión en ese momento
(enfermedad) que le toca vivir. Es por eso que debe conocer las leyes
biológicas y vivirlas en su cotidiana existencia. Si su conocimiento es
teórico, no las podrá transmitir. La curación se produce cuando el
conflicto se trasciende.
Eso no se logra solo con palabras o promesas. Hay que trabajar la
estructura del sujeto y los arquetipos que generacionalmente lo vienen
modelando. Cuando nos referimos a la función chamánica, nos
referimos al grado de compromiso que el médico tiene con sus
pacientes. Como puede comprender lo que le está pasando y ayudar a
resolverlo. La utilización de los llamados medicamentos debe
considerarse como un instrumento y nunca como el fundamento de la
terapéutica, que siempre debe ser volver a encontrarse con su misión
y el sentido de su vida.
Un viejo mito
La verdad siempre se escabulle. El sentido no es tan remilgoso
pero tiene sus complejidades. Es por ello que los mitos siempre han
estado al servicio del hombre para acercar el sentido a la verdad y
husmear (solo husmear) el misterio de la vida. Cuando un mito nos
permite hacer este acercamiento, no deberíamos (ni siquiera los
médicos) ignorarlo o descalificarlo. Las mitologías que se han escrito
sobre nuestra existencia antes de nacer ayudan a ubicarnos en
nuestra actual existencia y eso no es de despreciar.
Con absoluto respeto por todas las religiones y con el exclusivo
valor de mito (que no es poco) nos vamos a apoyar en el mito del
contrato prenatal.
Antes de venir a la vida, nuestras almas existían en un mundo muy
distante de éste en donde los conceptos de tiempo y espacio eran
diferentes a los que conocemos. Allí, no existían ni el bien ni el mal
pero sí existían niveles de evolución. En uno de ellos estábamos
nosotros en el momento en que fuimos llamados por una de las
autoridades de ese mundo ideal. Con gran ternura fuimos informados
que en una de las mediciones habituales de nuestros niveles
evolutivos, se detectó una deficiencia en nuestra alma y que ésta
debía ser superada. La misma tenía que ver con una dificultad en la
lectura de la realidad que provocaba emisiones magnéticas
perturbadoras en el nivel evolutivo en que nos encontrábamos. Eso
generaba alteraciones en todas las almas y había que solucionarlo. La
autoridad nos propuso un plan de trabajo en donde debíamos pasar
por ciertas experiencias entre las cuales figuraba el “contrato prenatal”.
El mismo
consistía en convocar a todas las almas que compartían nuestro nivel
evolutivo y en repartir tareas para llevarlas a cabo en un nivel evolutivo
absolutamente distinto y en un mundo muy distante del que
estábamos. En un pergamino muy largo figuraban todas las tareas y
los encargados de llevarlas a la práctica. Allí estaban nuestros padres,
nuestros amigos y hermanos, y todos aquellos que iban a desempeñar
una facilitación o un obstáculo en la experiencia que teníamos que
vivir.
Se leyó el pergamino y luego se firmó. Cada uno lo hizo por su propia
voluntad. Sin embargo, existía al final del contrato una cláusula en
letra chica que no todos leyeron. En la misma se exponía claramente
que todos los abajo firmantes tenían el libre albedrío de realizar las
tareas tal como se habían especificado o de la forma que mejor lo
creyeran. También se aclaraba que si alguien quisiera renunciar a ese
contrato lo podría hacer. Luego se llevó a todos los firmantes al campo
del olvido y se presentaron ante las tres Parcas. La primera era Cloto,
quien hacía girar el hilo de la vida; la segunda era Láquesis, que
determinaba la longitud del hilo, y la tercera era Átropo que era la
encargada de cortar el hilo. Luego bebieron del río de la
despreocupación y a partir de allí ya no pudieron recordar nada de lo
que había sucedido hasta entonces.
Así comenzamos esta vida que conocemos y de la que guardamos
recuerdos. Todo lo que nos pasa tiene un objetivo que ha sido ideado
por nosotros mismos para poder volver a nuestro mundo y
reencontrarnos con lo que verdaderamente somos. Las personas que
nos hacen daño son amigos que han optado por realizar un papel por
el cual sufren mucho. Los seres queridos que se fueron precozmente,
nos regalaron ese sacrificio de venir a la vida sin poder completar la
existencia, por amor a nosotros. Los sucesos injustos forman parte de
ese contrato. Así lo elegimos y solo podremos entenderlo cuando
hayamos vuelto a nuestra tierra. Todo lo que hacemos es para mejorar
nuestra evolución y no perjudicar a nuestros semejantes. Algún día lo
entenderemos y este mito traduce ese bello mensaje.
Es a partir del mito del contrato prenatal que podemos tener un pilar
filosófico de esta nueva- vieja medicina. Es por eso, como dice Vicente
Herrera, que entender la enfermedad es comprender la vida. Pero
también es necesario entender lo que somos y lo que siempre fuimos
y vamos a ser.
La lógica
Uno de los principios fundamentales de la lógica es el de no
contradicción: “Una cosa no puede ser y no ser a la vez”. Cuando
Bárbara tenía trece años, se le descubrió a partir de una consulta
odontológica de rutina, un pequeño quiste en la mandíbula derecha.
Ella había recibido hacía algún tiempo una ofensa con respecto a su
cuerpo y estaba en plena recuperación de su conflicto de
desvalorización. No había podido “devolver la mordida” y una pequeña
parte de su hueso se descalcificó. Al solucionar el problema, el
“agujerito” comenzó a rellenarse de células proliferativas y al consultar
por dolor en la muela, el odontólogo le pide una radiografía y observa
la pérdida de sustancia. Seguramente si no se hubiese hecho nada
más y se le hubiese dado suficiente tiempo al hueso, éste hubiera
curado. Lamentablemente para todos nosotros, el odontólogo decidió
hacer una punción para investigar ese déficit de sustancia. En el
momento de hacerla y dado que los osteoclastos (las células madre de
los huesos) estaban proliferando para rellenar el agujero, se les “abrió
una ventana” por donde salieron de su medio y se comenzó a formar
(inmediatamente) una tumoración que no dejó de crecer un solo día.
La tragedia estaba muy cerca. El diagnóstico fue “sarcoma de Ewing”.
Se le propuso quimioterapia, radioterapia y cirugía (francamente
mutiladora).
Es aquí donde debemos saber que una cosa no puede ser y no ser a
la vez. O el sarcoma es un programa de la naturaleza para rellenar un
déficit de sustancia o es una célula maligna cuyo único objetivo es
destruir la cara de Bárbara.
Esto ocurrió a nueve años del momento de estar escribiendo estas
líneas y por aquella época yo deambulaba entre el psicoanálisis y la
homeopatía. Una tarde, mirando televisión y “paseando” por los
canales, me encontré en un canal de España con una entrevista a un
señor que hablaba en alemán y que lo único que alcancé a escucharle
en castellano era: “de los diez mil pacientes que he tratado de cáncer,
el noventa y cinco por ciento está curado”. Me quedé observándolo
con la boca abierta. Habló de la ontogenia, de la clase médica y de la
inutilidad de los tratamientos convencionales. El nombre de esta
persona era Hamer. Quise saber quien era y logré muy poco. Escribí a
España (a través de una revista en donde le hacían un reportaje) y
encontré en Palma de Mallorca a un discípulo de él, quien me invitó a
trabajar allí para luego acceder a los seminarios que dictaba en
España este médico alemán. Corría el año 1995 y yo comenzaba este
raro camino que me hizo entender algo más sobre ese misterio que es
la enfermedad.
Cuando volví a mi país, tenía una bomba en mis manos y no sabía
que hacer con ella. Trabajé con Bárbara lo mejor que pude con todas
las dificultades que mis escasos conocimientos y la ignorancia
absoluta de un medio tan necio como el sistema médico me ofrecían.
Sin la invalorable presencia de la madre de Bárbara, nada hubiese
sido posible. Ella entendió mejor que nadie el principio de la no
contradicción y siempre supo que el sarcoma iba a detenerse. Hubo
muchas dificultades. Tantas que haría falta escribir un libro sobre ellas
nada más. Hubo muchísima ayuda. Pero por sobre todas las cosas,
estaba Bárbara, un canto a la vida y a la esperanza.
Hoy a nueve años de aquellas duros tiempos, Bárbara es mi hija
mayor y junto a Florencia, mi otra hija y a su madre, Graciela,
seguimos pensando lo maravilloso que es “tomar partido” por la vida y
no desconfiar de ella.
La cara de Bárbara, que había sido roída por el tumor, hoy no
presenta secuelas.
El conocimiento
El segundo operador del pilar filosófico es el conocimiento. Este
operador adquiere tal importancia en los fundamentos filosóficos, que
debemos hacer un poco de historia.
Luego de Kant, se produjeron algunas escisiones en la teoría del
conocimiento, que habitualmente se reducen a tres:
1) División entre un sujeto de conocimiento y un objeto de
conocimiento. Aquí la
correspondencia se establece entre un lenguaje racional y lógico
(sujeto) y una realidad
exterior que se puede analizar y descubrir (objeto).
2) División entre conocimiento no fundamentado y conocimiento
científico. En el
primero se incluyen los saberes prácticos, la superstición, las pseudo
ciencias y las
llamadas ilusiones metafísicas.
3) De la anterior, surge la división entre la actividad de descubrimiento
(conjetural e
irracional) y la actividad de justificación (verificación de hipótesis con la
construcción de
teorías racionales a través de métodos).
Estas escisiones epistemológicas fueron garantizadas por la
existencia de una serie de normas que fundaron un ethos científico.
Los cuatro imperativos que caracterizan a este ethos son: 1) el
escepticismo organizado; 2) el desinterés; 3) el comunalismo y 4) el
universalismo. Estas normas se enfrentaban al dogmatismo, las
motivaciones particulares, el individualismo y los localismos.
Sin embargo, frente a esta pretendida pureza del conocimiento
científico, garantizada por normas y métodos (que llamativamente
nunca fueron cuestionados por el conocimiento científico), comenzaron
a emerger una serie de movimientos sociales (ecología, feminismo)
que alertaron sobre la manifiesta tendencia al control social que el
proyecto científico alentaba. Al mismo tiempo, ciertos estudios, desde
la llamada sociología del conocimiento, hicieron públicas sus críticas a
las escisiones establecidas. La noción de “hecho” se comienza a
analizar como una construcción del lenguaje y no como (hasta
entonces) un “hecho bruto”. Kuhn aporta en sus trabajos, la idea de la
lucha por el poder en el seno de la comunidad científica y su influencia
en los cambios de paradigma. Feyerabeud propone la idea del
monopolio científico de la verdad. Lakatos analiza la flexibilidad de las
teorías científicas para dejarse refutar por los hechos. Los intereses y
prejuicios compartidos hacen entrar al conocimiento científico las
negociaciones de sentido y las prácticas discursivas de manipulación.
Las proyecciones antropomórficas dan nacimiento a una nueva
escisión: lo que hay y lo que se dice que hay.
Desde la llamada sociología del conocimiento se aportan dos ideas
fundamentales en esta crítica de la ciencia. Una es la llamada
“causalidad”, en donde toda investigación científica debe interesarse
en las condiciones (históricas, políticas, económicas y sociales) que
dan origen a lo que se pretende conocer. La otra es el llamado
“naturalismo”, en donde todo conocimiento corresponde a una
experiencia, la cual se racionaliza a posteriori como la explicación
lógica y se legitima como conocimiento verdadero.
De ellos surgen las siguientes afirmaciones: 1) el conocimiento
científico no está fuera del contexto práctico y cultural en que se
produce, no pudiendo distinguirse entonces entre actividades de
descubrimiento y justificación; 2) no hay criterios absolutos de verdad
ya que ella depende de las interacciones de la comunidad científica,
de las épocas históricas y de contextos concretos. No hay por tanto
división entre conocimientos no fundamentados y conocimientos
científicos; 3) la realidad no es un descubrimiento, sino una
construcción dentro de ciertos límites físicos, no existiendo la tercera
escisión entre sujeto y objeto.
Con estas ideas (y sería bueno que los médicos lo leyeran) se
investigaron debates tales como el de Pasteur y Pouchon y las
disputas frenológicas.
Actualmente se está produciendo (con gran inquietud de parte de
cierta comunidad científica) una auténtica desmitificación del
conocimiento científico como saber privilegiado dentro de todas las
formas de conocimiento. Se han puesto a la luz los recursos políticos y
comunicacionales que la ciencia pone en juego para persuadir (a
todos, incluyendo a los colegas y fundamentalmente a los
patrocinadores) de que su construcción de la realidad es la viva
representación de la realidad. La insistencia en un objeto exterior y en
la serie de prácticas metódicas para capturarlo, intenta borrar la
actividad constructora y la dimensión ideológica que la sustenta.
Desde la medicina, asistimos a multitud de representaciones sin
ninguna correspondencia con la realidad que nos dejan impávidos
ante tanta construcción ideológica. Veremos algunas de ellas para
entender hasta que punto los cambios de paradigma suelen ser tan
traumáticos. Pero debemos aclarar que no buscamos un escepticismo
estéril y sin formas. Reconocemos que la frontera de lo humano es
muy inestable y pretendemos un nuevo vínculo que lo redefina. Se
trata de interrogar lo que somos y de encontrar un hilo conductor que
nos incluya en la misma actividad de construir la realidad
Algunos “hechos”
1) El New Journal of Medicine realizó en 1998, un estudio en
donde demostró que en el
96% de los artículos publicados en revistas científicas, sus autores
tenían vínculos financieros con los medicamentos que estaban
estudiando. En ninguno de ellos se informó (como es obligación
hacerlo) conflicto de intereses de parte de los autores.
2) Un tumor del tamaño de un dedo pulgar tiene aproximadamente mil
millones de células. Aunque un tratamiento con drogas, radiaciones o
cirugías eliminara el 99,9% de las células, quedarían un millón de
células con una capacidad reproductora de hasta veinte mil veces en
quince días.
3) La Sociedad Americana del Cáncer (SAC) emitió una lista de
aproximadamente cien terapéuticas alternativas que se usan contra el
cáncer. Las llamó “Métodos no demostrados” y todos aquellos que
fueron incluidos en esta lista negra dejaron de recibir subsidios. Una
investigación realizada por el Dr. Ralph Moss demostró que el
44% de las terapias condenadas no habían recibido ningún tipo de
investigación por parte de la SAC ni por ninguna otra agencia. El 16%
fue investigado con resultados terapéuticos positivos. El 11%, con
resultados negativos. El 29% restante fue catalogado de ineficaz solo
tomando en cuenta informaciones de revistas y asociaciones médicas
extranjeras.
4) El mercado del tratamiento del cáncer mueve en Estados Unidos
(solo en medicamentos) una cifra de 150 mil millones de dólares
anuales, con un incremento del
10% anual en forma sostenida.
5) Un libro de 92 páginas publicado en 1992 por el Dr. Ulrich Abel,
experto en bioestadística de la Facultad de Medicina de Heilderber,
Alemania, llamado “Quimioterapia para cánceres epiteliales
avanzados” (pulmón, mama, próstata, colon), que constituyen el 80%
de las muertes por cáncer, concluye: “No hay evidencias de que el
tratamiento con las drogas usadas actualmente produzcan resultados
positivos en los pacientes con enfermedad avanzada, ya sea en
expectativa o en calidad de vida”. Además agrega: “Las opiniones
personales de muchos oncólogos parecen contrastar de manera
llamativa con lo que comunican a sus pacientes, ya que ellos afirman
que no utilizarían quimioterapia si tuvieran cáncer”.
6) La Oficina de evaluación tecnológica (OTA), un brazo del Congreso
de Estados Unidos, emitió un informe en que se llegaba a la
conclusión de que solo entre un 10 a un 20% de los procedimientos
empleados en las prácticas médicas, han demostrado ser eficaces a
traves de ensayos controlados.
7) Las estadísticas de supervivencia inducen a confusiones. En las
estadísticas oficiales se habla permanentemente de un aumento en la
supervivencia a cinco años en los pacientes tratados con “métodos de
eficacia comprobada”. Sin embargo en esas estadísticas no se
respetan los más mínimos criterios de control (que sí se exigen a los
métodos no convencionales). El Dr. John Bailer que perteneció veinte
años al Instituto Nacional del cáncer expresó: “Cuando los funcionarios
del gobierno, señalan las cifras de sobrevida y dicen que están
ganando la guerra contra el cáncer, no están utilizando esas tasas de
sobrevida en forma adecuada”. El Dr. Linus Pauling, ganador de dos
premios Nobel de medicina, fue más categórico: “Todos debemos
saber que la llamada guerra contra el cáncer es un gran fraude”.
8) Dos de cada tres pacientes diagnosticados de cáncer mueren al
cabo de cinco años de hecho el diagnóstico. Mientras los comunicados
de prensa hablan de los grandes descubrimientos y de la inefable
vacuna contra el cáncer, el Dr. Alan Lewin, de la Facultad de Medicina
de la Universidad de California, afirma: “La quimioterapia no elimina el
cáncer. Este hecho ha sido documentado durante décadas”. El Dr,
John Cairns, de la Escuela de Salud Pública de Harvard dice: “Solo el
3% de los pacientes tratados con quimioterapia son curados”. Más
adelante agrega: “No se puede curar el cáncer con radioterapia porque
las dosis
de radio necesarias para destruir a todas las células del cáncer son las
mismas que destruirían todas las células del paciente”. 9) El Dr. Hardin
Jones, profesor de Física médica en la Universidad de California,
analizó 25 años de estadísticas y llegó a la conclusión que los
pacientes tratados con “métodos de reconocida eficacia” no viven más
que aquellos que no reciben esos tratamientos. Y en algunos casos,
éstos últimos viven hasta cuatro veces más que los primeros. 10)
Edwuard Bernays (sobrino de Sigmund Freud), escribió en el año 1928
un libro llamado “Propaganda” en donde estableció los criterios para
persuadir a las masas. Su trabajo fue crear una imagen que hacía que
un producto o concepto pareciera favorable. Escribió: “En casi
cualquier acto de nuestras vidas, estamos dominados por un número
relativamente pequeño de personas que entienden los procesos
mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos los que
manejan los hilos que controlan la opinión pública”. El decía que la
manera más efectiva de crear credibilidad, era el apoyo de un tercero
independiente. Así creó todo tipo de fundaciones e instituciones
financiadas por las mismas industrias interesadas, que se encargaban
de elaborar estudios científicos y material de prensa como agencias
independientes. Algunos de estas fundaciones fueron “Consejo
Norteamericano de Ciencia y Salud”, “Fundación para la higiene del
aire” y el “Instituto Alerta al consumidor”. Estas instituciones son en
realidad agencias de noticias encubiertas que anuncian destacados
logros científicos mezclando historias imaginarias con investigaciones
reales. Durante décadas, han venido dirigiendo la opinión pública en
temas como el tratamiento y la investigación del cáncer. Algunas de
las empresas que contrataron originariamente los servicios de Bernays
fueron Philips Morris Pfizer, Lilly, Ciba Geigi, Goodyear. La ética
Luego de leer estos últimos datos, nos preguntamos qué lugar
ocupa la ética en la medicina. Nos damos cuenta que el pretendido
“ethos” de la propuesta científica es nada más que una máscara que
oculta un verdadero sistema de poder que en muchos casos se
asemeja más a una mafia que a una comunidad que busca la verdad.
El fracaso de la búsqueda de la verdad es tan evidente en el sistema
médico que sería interesante pensar en una ética basada en la
búsqueda del sentido y no de la verdad.
Un paciente me regaló un hermoso libro con una dedicatoria que
incluía una frase de Víctor Frankl: “Aprendí a encontrar el sentido de
mi vida ayudando a los demás a encontrar el sentido de sus vidas”. La
enfermedad es el momento de la verdad. No puede escapar de ella. La
enfermedad es la verdad de la célula. Allí se expresa lo que el ser
humano es: una célula, un pez, un niño, un viejo, un ciervo. A traves
de metáforas elaboradas por el lenguaje, el ser atrapado por el rayo,
ataca, huye, se inmoviliza o se somete. No ha podido salir de la
trampa en la que la ética de la verdad (en la que siempre está incluida
la mentira) lo ha atrapado desde su nacimiento como sujeto.
Desde la idea del contrato prenatal, todo lo que nos sucede tiene una
trayectoria. Un hilo conductor que redefine cada vínculo como un
movimiento continuo que se perpetúa indefinidamente. Desde este
libro, trato de plantear una ética distinta a la que plantea la supuesta
ética médica. Hacer lo que debemos hacer: buscar el sentido de la
enfermedad y de la vida.
Leamos un poco a Hamer: “El problema básico de la medicina
académica “moderna” es que sus dogmas pertenecen todavía al
cuadro de situación del siglo XIX, a saber, la “patología celular” del Sr.
Virchow. Esta fue en su momento muy progresista, pero es grotesco
que estas teorías de que cada causa de una enfermedad se encuentra
en el puro plano orgánico, o sea en la célula, deban ser arrastradas al
siglo XXI para el bienestar de la industria y de los “investigadores” que
viven de estos dogmas.
Pues siempre resulta que las causas del cáncer y otras
“enfermedades” se buscan en datos de la célula o incluso las más
pequeñas fracciones de albúmina o virus. Se otorgan premios Nóbel a
estas cuestiones extrañas que no ayudan a ningún paciente. Es claro
que el alma o la psique del paciente sólo pueden molestar aquí.
La Nueva Medicina no pone en duda los hechos que se pueden
comprobar, por ejemplo bajo el microscopio. Sólo las claves o dogmas
que se han derivado o derivan de aquí son muy equivocadas:
naturalmente no se puede ver bajo el microscopio, en una célula
cancerosa de glándula mamaria, si ella lo que estaba haciendo era
permitir a la mujer producir el máximo de leche. Tampoco se puede ver
si creció para provecho del bebé o si después se vuelve a
descomponer, si es que cuenta con micobacterias. Las células tienen
mitosis, las mitosis son malignas – basta!
Toda la medicina académica u oficial depende hoy todavía de las
anticuadas teorías de Virchow. Por eso sólo hemos tenido en la
medicina hasta ahora progresos esencialmente técnicos e
instrumentales; verdaderos descubrimientos médicos eran casi
imposibles con estos dogmas. La medicina oficial no ha podido
liberarse de este chaleco de fuerza de la “patología celular” hasta
ahora. Un profesor me dijo: “ Sr. Hamer, si la patología celular estaba
equivocada, entonces se cae todo.”
¡Estaba equivocada y se cae todo!”
Creemos que la Nueva Medicina en no muchos años más se
estudiará en las Universidades. El hombre no puede ser tan necio
como para seguir ignorándola mucho tiempo más. Mientras tanto,
sigamos insistiendo en los pilares filosóficos que permitirán a través
del cuerpo teórico y la clínica que emerja de ellos, un nuevo
paradigma en la relación con la vida y con la enfermedad.

CAPITULO III LAS LEYES DE


HAMER
El desconocimiento.
¿Hay leyes que nos permiten entender la enfermedad? Y si las hay,
¿qué ha hecho que el ser humano, luego de miles de años de
evolución, las ignore? A la primera pregunta, el médico alemán Geer
Hamer ha respondido con sus cinco leyes de la Nueva Medicina. Para
contestar la segunda pregunta debemos prepararnos a recorrer un
camino en donde se mezclan la infamia, la ignorancia y la estupidez
humana.
Ignorar las leyes que determinan la salud y la enfermedad es
desconocer el proceso de la vida quedando al margen de las
decisiones que todos los seres vivos deben tomar en los momentos
cruciales de la existencia.
Desconocer que la enfermedad tiene un sentido biológico (es decir,
que busca seguir viviendo y no morir) es quedarse dormido cuando la
naturaleza, con la presión que ejerce para que evolucionemos, nos
exige despertar. El precio de esta actitud negligente es el exterminio
actual al que está siendo sometido el ser humano a traves de
tratamientos antinaturales y pseudo terapias que matan a mucha más
gente que las propias enfermedades.
Hemos olvidado que todos los seres vivos estamos íntimamente
unidos. No somos independientes de los árboles ni de los peces. No
es parte de la sabiduría de la vida el sometimiento de pequeños e
indefensos animales a supuestas comprobaciones de laboratorio que
solo expresan la naturaleza destructiva del hombre. Llevamos en
nuestro cuerpo a la totalidad de nuestros hermanos evolutivos. Los
peces, los reptiles, las aves. Ellos aun están en nuestro cerebro bajo
capas de células más modernas y complejas que no han suprimido a
los antiguos módulos cerebrales sino que los han complementado y
recategorizados. El mapa genético del cerebro de los vertebrados se
conserva, aun cuando el mapa genético de los órganos ya no sea el
mismo. Somos humanos pero seguimos siendo reptiles, y a veces
aves, y a veces peces, y a veces...
Este es un recuerdo que la naturaleza se ha preocupado en dejar
inscripto en nuestra vida, quizás para que tomemos conciencia de que
el verdadero pecado original sea haberse desligado y renegado de
nuestros orígenes sintiéndonos superiores a la más pequeña
expresión de la vida sobre la tierra.
Creo que las leyes que el Dr. Geer Hamer va desarrollando desde
sus primeros trabajos, nos hacen comprender parte del proceso de la
enfermedad y nos da la posibilidad de trabajar para trascenderla. A
continuación haremos un recorrido por esas leyes con algunos
comentarios que nos permitan profundizar en sus conceptos.
1- Primera ley
Ley Férrea del cáncer
2- Segunda ley
Ley del carácter bifásico de las enfermedades que presentan solución
de conflicto
3- Tercera ley
Sistema ontogenético de tumores y enfermedades
análogas 4- Cuarta ley
Sistema ontogénico de los microbios
5- Quinta ley
Ley de la comprensión de que las así llamadas enfermedades
corresponden a un sentido biológico especialmente programado por
naturaleza
Primera Ley
Hamer descubre esta ley a fines de la década del setenta. La llama
“Ley férrea del cáncer”, al considerar que con ella explicaba el origen
de esta enfermedad.
Es indudablemente aquí donde debemos recalar para comenzar a
entender la Nueva Medicina. Sin ella, es poco probable abordar las
demás leyes y llegar a su quintaesencia, que es lo que Hamer
desarrollará a comienzos de la década del noventa y que llamará ley
del sentido biológico de las enfermedades.
La primera ley del Dr. Hamer se expresa en 3 criterios.
1er Criterio: todo cáncer o enfermedad equivalente al cáncer tiene su
origen en un conflicto biológico.
2do. Criterio: el tipo de conflicto biológico determina en el mismo
momento una lesión en un órgano en particular y la aparición de una
imagen tomográficamente visible en una zona cerebral que
corresponde al órgano lesionado.
3er Criterio: el modo en que evoluciona ese conflicto biológico será
determinante en los cambios de las imágenes cerebrales y en la lesión
de los órganos que han sido afectados.
Repasemos lentamente lo que está diciendo Hamer.
En el primer criterio, habla de cáncer o enfermedad equivalente ya que
inicialmente él creía haber encontrado el hilo causal de esta
enfermedad. Luego advirtió que se trataba de una ley que no dejaba
afuera a ninguna enfermedad, salvo los traumatismos y los
envenenamientos. Es decir, que todas las enfermedades tienen este
origen. Las gripes, las enfermedades cardiovasculares o las úlceras
digestivas.
Ese origen tiene que ver con un conflicto, es decir, la oposición entre
dos fuerzas. En este caso, hablamos de fuerzas biológicas. La presa y
el predador. La identidad y el desarraigo. La vida o la muerte. Un
conflicto biológico que debe tener fundamentalmente tres
características:
a) Debe ser sorpresivo. No se lo espera. No está preparado para
enfrentar ese
conflicto. Un hombre de 45 años, al que su mejor amigo le pide una
enorme cantidad
de dinero para salir de una urgencia económica y luego de obtenerla,
desaparece por 6
meses. Al poco tiempo, desarrolla un cáncer de intestino. En la
consulta refiere
literalmente “me cagó”.
b) Debe ser subjetivamente dramático. No necesariamente ello
habla de la pérdida
de un ser querido o de un desastre económico. Hamer relata el caso de
una paciente
que hace un cáncer de páncreas luego de enterarse que no iba a
recibir la herencia
que su tío antes de morir le había anticipado y que ella iba a parar a
manos de otra
sobrina. Tal herencia era un arcón para el cual ya había ideado un
lugar en su casa.
c) El conflicto no puede ser verbalizado. Sufre al comunicarlo y no
puede darle un
cauce con el cual aligere su carga. Hay una rumiación constante del
hecho durante
varias semanas aunque a veces la intensidad del conflicto es tal que
necesita menos
tiempo para producir enfermedad.
En el segundo criterio, se elabora el concepto de un sistema
superdeterminado por tres niveles:
1) La psique, como el conjunto de pensamientos, conductas y
sentimientos que
alberga un ser vivo. En el ser humano la dificultad en la comunicación
entre el cerebro
verbal que asienta en la corteza lateral y el cerebro preverbal, cuyo
órgano es el
rinencéfalo, nos va a abrir el camino a entender cómo las emociones
pueden
independizarse de la conciencia y actuar no sobre el cuerpo sino con
el cuerpo.
2) El cerebro, como un órgano que sufre un impacto que es registrado
radiográficamente. Ese registro se va a observar en un lugar
específico que depende
del tipo de conflicto y del órgano afectado. Cuando el conflicto está
produciendo
enfermedad observaremos un halo en forma de círculos concéntricos
bien nítidos. Una
imagen en el lado derecho del cerebelo nos indica un conflicto de
preocupación por el
hijo en una mujer diestra y una localización de la enfermedad en la
mama izquierda. Una imagen en la corteza temporal nos hablará de un
conflicto de amenaza de territorio y una localización en el epitelio
bronquial.
3) El órgano, en donde se produce una lesión que dependerá del tipo
de conflicto. El adenocarcinoma de pulmón se produce por un conflicto
de miedo a morir y no por cualquier tipo de conflicto. La bulimia surge
de la constelación de dos conflictos, uno de rechazo y otro de
contrariedad familiar.
Nos adelantamos a decir que sólo habrá cuatro formas de responder
por parte del órgano:
a) proliferación celular. ocurre en los tejidos filogenéticamente más
primitivos.
Ejemplo de ellos son los tumores de intestino y de mama. b) necrosis
celular. Aparece en los tejidos que evolutivamente aparecieron
con posterioridad. Ejemplo de ello son las osteólisis.
c) úlceras en los tejidos. Aparece en los epitelios evolutivamente
más modernos como los carcinomas epidermoides.
d) alteraciones en la función de los órganos. Evolutivamente afecta
a los
tejidos modernos. Ejemplo de ello es la diabetes.
En el tercer criterio, Hamer plantea que tanto la enfermedad física
como las imágenes cerebrales dependerán en su evolución de la
forma de resolver el conflicto en los tres niveles:
1) En la psique, las tres características señaladas se irán resolviendo.
El individuo, en
lugar de rumiar el conflicto, lo podrá verbalizar sin que le genere la
angustia de los
primeros tiempos y el dramatismo y la sorpresa se irán diluyendo,
permitiéndole salir
del estado de alerta mental en el que vivía constantemente. La
resolución del conflicto
es un tema arduo del que nos ocuparemos más adelante, una vez que
hayamos
expuesto otros operadores de trabajo.
2) En el cerebro, si se resuelve el conflicto, la imagen en diana se va
diluyendo y
pueden aparecer imágenes de edema cerebral y con el tiempo
cicatrización a través de
la neuroglia.
3) En los órganos, tendremos distintos tipos de resolución: a) los
tejidos que proliferaron serán caseificados o enquistados, como es el
caso del adenocarcinoma de mama.
b) los tejidos que se necrosaron se rellenarán y en muchas ocasiones
formarán tumores como es el caso de los sarcomas.
c) Los tejidos que se ulceraron cicatrizarán y edematizarán las zonas
lesionadas como es el caso del carcinoma intraductal de mama que
casi siempre se diagnostica en este momento evolutivo. En estos
procesos reparativos, intervendrán distintos gérmenes de acuerdo al
tejido comprometido. Así, las micobacterias tendrán participación en
los tejidos más primitivos de origen endodérmico, las bacterias en los
de origen mesodérmico y los virus en los de origen ectodérmico. A la
participación de los microbios, nos referiremos en la llamada ley del
sistema ontogénico de los microbios. Lo cierto es que la Naturaleza
intenta resolver los obstáculos que se le proponen con las mismas
fuerzas tanto en la salud como en la enfermedad. El dato más
importante de destacar en todos estos procesos, es la significación
biológica que cada uno de ellos tiene. Si bien este tema se desarrolla
en la quinta ley, llamada ley del sentido biológico de las enfermedades,
podemos anticipar que los tejidos endodérmicos hacen proliferar sus
células ante la presencia de un conflicto de supervivencia porque es la
manera más económica que ha encontrado la evolución para superar
ese obstáculo. La célula del hígado (el hepatocito), crece y se
multiplica como todos los tejidos de origen endodérmico para
aprovechar al máximo el escaso alimento que ingresa al organismo.
Éste es el principal cáncer que se observa en ciertas zonas de África
en donde la desnutrición alcanza índices importantes. Es la forma que
tiene la naturaleza para superar la amenaza a la supervivencia. La
célula crece y prolifera. De ninguna manera se ulcera o se necrosa. Se
trata de
una presa que no puede atraparse, digerirse o eliminarse. Por lo tanto
hay que aprovechar al máximo todo el proceso digestivo y esto se
logra a través de la proliferación de las células especializadas en la
digestión. En nuestra civilización, estas lesiones se observan en
conflictos existenciales de los que hablaremos en su momento. A
medida que vayamos conociendo la forma en que la evolución
interviene con sus propias leyes en este proceso, nos iremos
acercando a la posibilidad de interpretar porqué una persona puede
enfermarse ante un mismo tipo de conflicto y otra no.
¿Qué es un conflicto biológico?
Aquí nos encontramos frente a la dificultad de utilizar un término
que inmediatamente rememora la idea de conflicto psicológico. El
conflicto biológico (CB) es el cruce entre una necesidad biológica
(alimentación, reproducción, etc.) y su insatisfacción. Es por eso que
vamos a ver los mismos conflictos en el hombre y en el animal. La
vaca a la que le quitan el ternero hará un cáncer de mama izquierda al
igual que la mujer cuyo hijo se accidenta. Un ciervo, cuyo territorio es
violado permanentemente por otro ciervo vecino, hará una lesión en
recto o vejiga, al igual que un hombre que siente que el contenido de
su territorio es constantemente cuestionado (mala reputación de la
hija, dudas sobre sus ideas). Los ratones de laboratorio harán el
mismo cáncer de pulmón que hacen los pacientes que escuchan
pronósticos brutales sobre sus vidas (“Usted tiene cáncer y ya no hay
nada que hacer”) al experimentar un mismo miedo mortal.
La relación cerebro-órgano es igual en el animal que en el ser
humano. La relación psique-cerebro es por un lado similar (la que se
desarrolla en el cerebro pre-verbal) y por otro lado, es distinta (la que
se desarrolla en el cerebro verbal).
Este tema lo iremos desarrollando paulatinamente, pero digamos
inicialmente que es la palabra (y sus leyes) la que permite el
desplazamiento de un suceso a ámbitos cerebrales (que solo pueden
responder con programas diseñados exclusivamente para conflictos
de supervivencia).
A estos sucesos Hamer los llama DHS.
El Síndrome Dirk Hamer.(DHS)
Es en honor a su hijo Dirk, que Hamer llama DHS a esta
configuración de sucesos y respuestas que generan lo que llamamos
enfermedad.
En 1978, Dirk fallece luego de estar seis meses en coma. Al poco
tiempo, su madre muere de un infarto de miocardio luego de haber
padecido un cáncer de mama izquierda y su padre (el Dr. Hamer) sufre
un cáncer de testículo.
Es aquí que Hamer se pregunta qué tienen que ver estas
enfermedades con la imprevista muerte de su hijo. El mismo cuenta
que su hijo se aparece varias veces en sueños y le pide que
investigue porque algo importante va a develarse.
Con el tiempo, el velo se va corriendo y con una profunda metodología
que lo ha llevado a investigar decenas de miles de pacientes, se
produce uno de los descubrimientos más revolucionarios en la historia
de la medicina.
Hamer habla con sus pacientes. Les pregunta. Los escucha. Allí van
surgiendo los primeros nexos. Aquellos que unían determinados
hechos similares con determinadas enfermedades. El patrón es
siempre el mismo. En los seis meses previos a la aparición de la
enfermedad, existe un hecho sorpresivo, dramático, no verbalizable.
Comienza el sutil trabajo de hilar los conflictos que tienen que ver con
la alimentación, la reproducción, la defensa del territorio primitivo, la
valorización, la comunicación, la identidad, la pertenencia. Pero su hijo
sigue apareciendo en sueños y le pide más esfuerzo. Una tarde, frente
a una tomografía cerebral, ve una imagen que como experto
imagenólogo no había visto nunca antes. Extasiado se queda tres
horas frente a la imagen. Comienza a tomar conciencia de que esto es
lo que buscaba. Un halo concéntrico en una zona del cerebro. El
diagnóstico es cáncer de mama. Busca en todas las tomografías
cerebrales de pacientes con cáncer de mama y el halo concéntrico
insiste en estar donde antes no se veía.
Pasteur decía que los descubrimientos los hacen sólo aquellos que
están preparados para hacerlos.
Con sus tres especialidades médicas y sus estudios de post grado en
teología y física teórica, Hamer estaba preparado.
Comienza a tomar conciencia de la sincronicidad de los hechos. No
sólo el suceso imprevisto con la enfermedad orgánica. Ahora también
la imagen cerebral.
Se aboca de pleno al estudio de esta trilogía, llamándole
profundamente la atención cómo las estructuras cerebrales saben
perfectamente diferenciar y matizar las representaciones de los
sucesos en el preciso instante del DHS. Así, una desvalorización de si
mismo en la esfera sexual nunca provocará descalcificación de las
vértebras cervicales, pero sí podrá provocar osteólisis de cadera. Un
conflicto de desvalorización en la relación madre-hijo, no se traduce
jamás por osteólisis de cadera pero sí podrá producir necrosis de la
cabeza del húmero izquierdo.
Es que esa imagen cerebral que ahora conocemos como foco de
Hamer (FH) es la activacion de un programa cerebral con un mensaje
a una célula y a un órgano específico.
En el cerebro, el DHS es verificable inmediatamente por la TAC
cerebral y en el organismo se manifiesta, desde el primer momento por
una alteración celular o funcional.
Hamer llega a la conclusión que el conflicto biológico no es ni bueno ni
malo. Es sencillamente una realidad de la naturaleza; un medio de
selección y conservación de la especie. Comienza a hablar de un
código cerebral del comportamiento que se expresará ante la
insatisfacción de una necesidad. Es aquí cuando recurre a la
Embriología y comienza a estudiar los distintos tejidos y su particular
forma de reaccionar (lo que veremos en la tercera ley).
Se ha producido el DHS. Un suceso capaz de activar una
respuesta cerebral y orgánica. Todos vivimos diariamente infinidad de
conflictos y sin embargo no activamos esas respuestas. No es el
suceso, sino indudablemente la actitud que se tiene frente a ese
suceso, lo que posibilita esa respuesta. En los distintos capítulos,
iremos viendo cómo esa actitud llega a conformar un verdadero
“discurso del cáncer” que define a aquellas personas que sufren un
DHS.
Atando cabos
Decir que los conflictos generan enfermedades es tan antiguo y
empíricamente probado que debemos cuidarnos de no reducir esta
primera ley a ese concepto. Lamentablemente muchos de los
seguidores de Hamer creen que la Nueva Medicina es
fundamentalmente eso siendo ello junto con el diagnóstico a traves de
la TAC cerebral lo que sintetiza el cuerpo teórico de Hamer. Es
necesario aclarar que esto es una distorsión absoluta.
Hay una profunda necesidad en el ser humano de ridiculizar lo
posible desvalorizando la propuesta original hasta convertirla en algo
pueril.
La idea de la enfermedad como un programa creado durante millones
de años de evolución ante las crisis de supervivencia y que se activa
ante una interpretación de las vivencias actuales como crisis de vida o
muerte, es una idea que lentamente va siendo aceptada por mucha
gente. A partir de esta aceptación debe cambiar la visión médica de
esa rememoración orgánica y funcional que llamamos enfermedad. Ya
no se trata de eliminar la consecuencia de esa activacion (tumor,
úlcera, disfunción) sino de trabajar sus causas. En el ejemplo de una
persona que sufre lo que vulgarmente llamamos gripe, la visión médica
es bastante conciliadora con esa idea. La persona engripada tapa sus
fosas nasales inhibiendo así la función de oler a los demás. Tose
gruñendo y avisando al entorno que se alejen de su territorio.
Estornuda alejando a los otros al echarles moco. Cae agotado y
dolorido por una carga que no puede llevar ni arrojar. Así se establece
ante situaciones de amenazas a su territorio una respuesta de
supervivencia con un fin determinado que es el de ayudar al sujeto a
superar una exigencia, una agresión o una insatisfacción. La persona
logra una pausa para no desbordar su mecanismo de estrés y poder
recuperarse luego de un breve período de descanso.
Pareciera que este común resfriado es aceptado por casi todos los
profesionales como una necesidad del cuerpo a la que hay que
responder con reposo, analgésicos, dieta liviana y nada más. Aún
cuando se siga interpretando como una virosis, cada vez hay mas
conciencia de la situación conflictiva previa que acusa esa persona.
Los términos y las interpretaciones van cambiando con el tiempo y con
la aceptación de nuevos paradigmas. Lo importante es que aquí se va
tomando conciencia de como el organismo pone límites a las actitudes
irresponsables del hombre que ponen en peligro su propia
supervivencia.
La persona se excede en hacer mejor su trabajo. Se obsesiona con
finalizar un examen. Se ve invadido por su pareja por
cuestionamientos a sus ideales. No puede responder a los
compromisos económicos pactados. Debe separarse y tomar
decisiones en el campo afectivo o laboral. Todas estas son situaciones
cotidianas que son evaluadas por nuestro cerebro analítico (moderno)
constantemente, generando la búsqueda de soluciones. Cuando
nuestra capacidad de análisis se ve desbordada o cuando un hecho
nos sorprende es nuestro cerebro emocional (antiguo) quien responde
a estos estímulos. El tener que enfrentar a una persona que lo va a
examinar será interpretado por este cerebro como una cuestión de
supervivencia (o él o yo), al igual que el alejamiento de una persona
querida o la presencia de alguien que sentimos como un invasor.
Respuestas físicas
Las conexiones entre el cerebro emocional y las respuestas físicas
son directas. Ante la activación de estas vías se generan cuatro tipos
de respuestas: huir, atacar, inmovilizarse o someterse.
En el caso de la gripe, es una combinación de estas respuestas:
atacar (tos), huir (congestión nasal), inmovilizarse (dolor y
agotamiento), someterse (vagotonía, tirarse a la cama).
La actividad del cerebro analítico contempla este tipo de
respuestas, pero lo hace como resultado de un desplazamiento que
llamamos metáfora. Dado que estas respuestas tienen millones de
años de existencia nos parece bastante absurdo que luego de tanto
tiempo no se haya reparado en ellas. Mucho más que se haya hecho
de estas respuestas una interpretación que no tiene en cuenta la
inteligencia de la naturaleza en este proceso. La inteligencia de la
naturaleza nos confronta con una paradoja; la actitud del ser humano
frente a ella ha sido negarla. “La enfermedad pretende curarnos”.
Imaginemos la actitud de nuestros antepasados ante las primeras
enfermedades. Tomemos un ejemplo que debe haber sido muy
frecuente entre ellos por el tipo de vida que llevaban. ¿Qué habrán
hecho ante las primeras fracturas de hueso? Si bien el dolor llevaba a
la inmovilidad del miembro (lo que muestra la inteligencia de la
naturaleza marcando el sentido de lo que debería hacerse), los
primeros médicos deben haber intentado todo tipo de intervenciones
con el objetivo de solucionar con rapidez el hecho. Habrán amputado
el brazo o la pierna, lo habrán quemado, le habrán agregado hierbas
supuestamente curativas, etc.. Muchos de ellos (médicos y pacientes)
deben haber estado convencidos de lo que hacían y deben haber
creído que esa era la única solución. Nos imaginamos a nuestros
primitivos colegas con sus taparrabos de cuero y sus bisturís de piedra
filosa publicitando la más rápida y eficiente mutilación. En algún
momento alguien vio lo que nadie veía. Que el dolor que impedía los
movimientos indicaba justamente lo que había que hacer: inmovilizar
el miembro. Se habrán intentado seguramente muchas maniobras
equivocadas; inmovilizaciones por poco o demasiado tiempo, posición
no funcional del miembro; rituales innecesarios. Lo cierto es que se
comenzaba una comprensión de las respuestas del cuerpo que hasta
ese momento no se habían tenido en cuenta.
Aquellos pioneros habrán sido calificados como necios y
curanderos frente a la profesionalidad de los practicantes de las
medicinas rápidas y eficaces. Muchos habrán capitulado frente a tanta
descalificación. Algunos pocos habrán continuado, movidos por la
certeza de seguir la dirección de la vida.
Hoy nadie ofrece una amputación ni el fuego y ni siquiera el uso de
modernos medicamentos frente a una fractura. Todos sabemos (hasta
los que nada saben) que con la inmovilización por un período
determinado, el organismo genera la unión de los huesos separados y
su consolidación definitiva. Es algo aceptado e incorporado al saber
colectivo. Es una verdad fruto de la aceptación de la dirección
marcada por la naturaleza. Sin embargo, frente a otro tipo de
enfermedades, esta dirección no solo es ignorada sino calificada como
un error de la naturaleza. Según esta posición hay alteraciones
moleculares y químicas, genéticas y microbianas que generan un error
en la codificación celular. Las células de una parte del cuerpo se
vuelven anárquicas y no responden al fenotipo natural. Ya no se puede
racionalizar nada. Hay que atacar y destruir a este enemigo que se ha
alojado en nuestro cuerpo. Hay que mutilarlo, quemarlo e intoxicarlo
con drogas. Como hacían nuestros primitivos colegas de hace miles
de años.
Algunos pocos vemos en este comportamiento un error que será
juzgado por las generaciones futuras como la época de los médicos
destructores e incapaces de pensar por si mismos. No podrán creer,
que nadie se preguntara cual era el sentido que marcaban esas células
y a partir de allí fundaran una terapéutica que siguiera esa dirección.
La medicina psicobiológica, desde los postulados del Dr. Hamer, no
puede reducirse a la teoría de que los conflictos producen
enfermedades. Esto es vanalizar un cuerpo teórico que nos está
guiando a comprender el sentido de la enfermedad con bases
rigurosamente científicas y comprobaciones técnicas y clínicas. Se
trata de comprender la presión que ejerce la inteligencia de la
naturaleza en cada persona y grupo social y en cada época histórica.
Esta presión responde a un plan evolutivo con leyes que siempre se
han cumplido.
La historia de Laura
Laura, de 61 años, está separada de su marido desde hace quince
años. Fue una separación muy traumática en la cual su mejor amiga
se convirtió en la actual esposa de su ex marido. Fruto de esta relación
tuvieron una hija y Laura sentía esto no solo como una traición sino
como una tremenda desvalorización al haber quedado ella a los 35
años imposibilitada de tener mas hijos ya que le habían sacado el
útero por un tumor de ovario. Laura trató de compensar esta situación
con una intensa vida social por la cual pasaron distintas parejas pero
sin que ella pudiera sentir demasiado por ninguno de ellos. Era
siempre ella la que terminaba la relación “porque la aburrían” o
“porque yo sé que me aman pero yo no los puedo amar”.
Fue una de estas parejas quien la acompañó cuando hacía dos
años su hija mayor se casó. En la fiesta estaba el padre con su nueva
esposa y su pequeña hija. “Si no hubiese estado acompañada no sé
que hubiese sentido al verlos”.
Al año, es su hijo menor el que se casa. Laura, luego de varios
fracasos amorosos, no tiene ninguna pareja que la acompañe. El
momento de la fiesta lo vive como una verdadera catástrofe.
“Yo sentí que mi lugar era al lado de mi marido”. “Ella no tenía
porqué estar ahí”. “Por suerte la chiquita no estaba, porque si no...” La
misma noche del casamiento, Laura llega a su casa con un dolor
abdominal muy intenso. A la mañana siguiente consulta a un médico
quien a través de una radiografía directa y un tacto, le dice que tiene
un tumor en el recto y que dado sus antecedentes de cáncer es muy
probable que sea una metástasis. La deriva a un cirujano, “porque
esto es urgente y hay que operar”.
Laura está a setecientos kilómetros de mi lugar de trabajo y me llama
por teléfono. Luego de escucharla, le digo que debe hacerse una
ecografía para poder evaluar de que se trata. Dado que ella vive en la
misma ciudad que vivo yo y que se siente muy incómoda e insegura
en una ciudad que no es la suya, decide regresar sin hacerse ningún
estudio.
Procedo a pedirle la ecografía y se constata una masa de contenido
líquido de 10 centímetros de diámetro que apoya en la pared lateral
del recto y lo comprime. Laura no evacuaba el intestino desde hacía
diez días y la noche que comenzó el dolor había decidido tomar un
laxante.
A través de un cirujano se procede a la punción de la masa bajo
control ecográfico, se drena su contenido y se envía a biopsia. El
diagnóstico anatomopatológico es “quiste hemático sin células
neoplásicas”.
¿Qué pasó aquí?
Laura tenía una historia escrita en sus órganos. En ese texto se leían
los deseos de sus padres, su nacimiento y sus primeras percepciones
del mundo. Su vida dentro del útero, su parto. Las primeras caricias, la
primera soledad. Los movimientos que le hacían a su cuerpo, los
olores. La tensión que no era contenida. La que era contestada con
comida. La que era satisfecha con ternura.
Sus primeros años de vida. Como se fue incorporando a un mundo
que ya estaba hecho. En ese texto, se irán leyendo sus fracasos, sus
ilusiones. La forma en que el deseo de los otros se fue convirtiendo en
su propio deseo. “Yo era negrita-dice Laura- y mis hermanos tenían los
ojos azules”. “Rechazaba la leche de mi madre”.
El lenguaje de los órganos es el tipo de respuesta que la “carne” ha
intentado en el curso de la evolución para sobrevivir ante los
obstáculos que surgían. La proliferación celular (el llamado tumor) es
una forma de responder típica de los tejidos más primitivos (sobre todo
los del aparato digestivo). Es un estilo agresivo. Un ataque celular para
superar el obstáculo. Recordemos que las respuestas que la
naturaleza tiene ante el peligro son cuatro: el ataque, la retirada, la
inmovilización y el sometimiento. En todas ellas, lo que se busca es
sobrevivir y la elección de la respuesta depende de la evaluación
primitiva que el cerebro hace.
La ulceración de los tejidos lo comparamos a la huida ya que intenta
abrir paso hacia atrás. Aquí no hay agresividad hacia fuera sino hacia
adentro. Podemos decir que la agresividad se retiene y escarba. En la
pérdida de la función (paresias, parálisis) observamos un tipo de
respuesta similar a la anterior pero que en lugar de huir se estanca. No
tiene salidas ni hacia afuera ni hacia adentro.
Por último en el encapsulamiento que se suele ver en los quistes
tenemos un tipo de respuesta muy particular en donde la agresividad
deja paso a un aislamiento formando empalizadas que evitan atacar y
ser atacado.
Cada lesión que se estudia ofrece alguna de estas características que
guarda relación con la historia de la persona y con su estilo particular
de resolver los conflictos. La naturaleza, a través de la polaridad ha
generado una complementación de estos estilos de respuesta a través
de lo que Hamer llama la conflictolisis. Los tejidos que proliferaron
creando tumores, reaccionan cuando el conflicto se resuelve,
produciendo úlceras o encapsulación. Los tejidos que se ulceraron
producirán cuando sobrevenga la solución del conflicto, lesiones
proliferativas que podrán hacer verdaderos tumores. La solución
pasará por la polaridad que así busca la vivencia del hecho que la
persona ha rechazado. Si atacó, generando tumores, ahora tendrá que
huir generando úlceras. Si huyó ahora tendrá que aprender a atacar.
Lo que busca la vida a traves de la enfermedad es que el ser humano
aprenda la ley de la polaridad : “Todo ser vivo está obligado a buscar
lo que desea (el ataque, por ejemplo) pero condenado a vivir lo que
rechaza (la huída)”. Los tumores, la úlceras, las parálisis y los
enquistamientos son las expresiones de esta polaridad que la vida
intenta resolver.
Laura se casó a los veinte años con José. Al año del matrimonio
comienza un tratamiento por “esterilidad”. El mismo consiste en
insuflar las trompas una vez por mes pasando aire por un tubo desde
la vagina. Esto le provocaba dolor por varios días pero igualmente lo
hizo durante cinco años. También le aplicaban inyecciones de leche
muy dolorosas. Al cumplirse cinco años de tratamiento, es el mismo
ginecólogo quien le recomienda dejar el tratamiento e intentar la
adopción de una criatura. Comienzan los trámites y el mismo mes en
que le avisan que la adopción es posible, ella queda embarazada.
Durante los años previos a ese embarazo, ella descubre a su marido
con otra mujer. Se va a la casa de sus padres y se queda allí cinco
meses. La actitud de sus padres es de rechazo a la separación.
Constantemente le dicen que su lugar es al lado de su marido y que
ella tiene que perdonarlo. Una noche, el marido la visita y ellos les
preparan la cama matrimonial para que duerman juntos.
Las infidelidades continúan y ella lo intima a terminar, amenazándolo
con irse cuando tenga a su hijo.
Durante el período del tratamiento por infertilidad, la operan tres veces
por nódulos en las mamas. En este período, Laura debe ser internada
por un cuadro de depresión con extrema delgadez y que debe ser
tratado con inyecciones de insulina.
En estos años previos al nacimiento de su hijo, vemos en Laura
distintos conflictos que se manifiestan sintomáticamente por nódulos
en las mamas (separación de su pareja), infertilidad (conflictos
sexuales) y depresión (cuestionamientos repetidos a su identidad y
territorio) con un sentimiento de rechazo y asco por todo lo que le
sucede (anorexia). Cuando le confirman la adopción de un hijo, sus
trompas se liberan sin necesidad de ninguna insuflación.
Hasta aquí Laura huía. No hay signos de una respuesta de ataque
ante las amenazas que provocaban las infidelidades, las separaciones
(las trompas también reaccionan ante ellas) y su identidad como
esposa. Eso es lo que ella podía hacer con lo que le sucedía. “Vivía
como en
una nube”. José hablaba en voz alta diciendo “En cualquier momento
voy a hacer una locura”. Laura tenía miedo y se sentía muy sola. Es
probable que esa nube realmente existiera ya que el cerebro genera
una constelación de “levitación” ante conflictos repetidos de miedo e
invasión.
Luego del nacimiento de su segundo hijo, su marido comienza la
relación con la que actualmente es su pareja. Ella era la amiga de la
infancia de Laura y ésta sabía que existía otra mujer pero no que se
trataba de quien la acompañaba desde los siete años. Tanto es así
que siempre que se encontraban, Laura le hablaba de la infidelidad de
su marido sin sospechar que su confidente era quien la traicionaba.
Siempre envuelta en peleas y a partir de una discusión, Laura
concurre a su ginecólogo y le plantea que tiene mucho miedo de tener
cáncer en la mama ya que ha tenido varios nódulos. Le pregunta si
existe algún método para prevenir el cáncer y el médico le contesta
que sacando las dos mamas no tendría más problemas. Laura no lo
duda y se somete a la amputación de ambas mamas. En ningún
momento dejó de pensar que esta auto mutilación la hacía para
castigar a su marido.
Fue demasiado para Laura. Al año de la cirugía le diagnostican cáncer
en los dos ovarios. Vuelven a operarla y le sacan todo su aparato
reproductor.
Ya aquí sus células no pueden seguir huyendo. Comienzan a
reaccionar los tejidos primitivos con proliferación celular atacando al
agresor. La auto mutilación de los órganos de la feminidad provocó
que los ovarios buscaran crecer para compensar la grave pérdida. A
partir de allí, Laura comenzó a sentir que estaba “vacía”. “Que nada le
importaba”. Recordemos que existe una constelación cerebral que
llamamos de “quemados emocionales” en donde se produce un
bloqueo afectivo por recurrentes conflictos en donde el miedo da lugar
a la desesperación.
Poco tiempo después, ella descubre una lesión en el pene de su
marido y a partir de allí, no vuelve a tener relaciones con él. Un día su
hermana la ve tan desesperada que le cuenta lo que todos saben.
Que su mejor amiga es la amante de su marido. Laura vuelve a
su casa y delante de sus hijos le grita a su marido su traición. La
escena es dramática y el marido decide hacer su valija e irse. A las
dos semanas vuelve porque se lo aconseja su abogado y permanece
allí cinco meses. En ese período, Laura sufre todo tipo de amenazas y
vive situaciones que la espantan, tales como encontrar un sapo seco
en su mesa de luz, fotos atravesadas con alfileres y aceite quemado
en su ventana.
El divorcio se produce y Laura comienza con infecciones urinarias a
repetición. Se la estudia y le diagnostican cáncer en la vejiga. Cirugía,
quimioterapia y radioterapia.
Luego de terminado el tratamiento reinicia su vida social y conoce
varias parejas de las que no puede enamorarse.
Allí vemos una historia que desarrollamos hasta el momento del
casamiento del hijo menor. Luego de haber pasado por las distintas
estrategias de retirada y ataque, las células ahora intentan
enquistarse. De allí no sale nada ni entra nada. Como en el corazón
de Laura. No puede dar ni recibir. La masa al lado del recto era tan
grande que “hablaba por sí misma”. Laura repetía una y otra vez: “No
le quiero cagar la vida a mis hijos”. La masa le cerró el órgano y
literalmente “no podía cagar más”.
Seguiremos hablando de Laura y de cómo su historia se enlaza a sus
enfermedades

CAPITULO IV LA SEGUNDA LEY


Concepto:
Todas las enfermedades, si el conflicto se resuelve, evolucionan en
dos fases. La primera es llamada de conflicto activo (CA) y conlleva la
activación de todo el esfuerzo para superar el conflicto. La segunda es
llamada de conflictolisis (CL) y refleja el esfuerzo reparativo del
organismo una vez superado el conflicto.
Esta segunda ley expresa la inteligencia que la naturaleza ha
logrado durante millones de años para encontrar la mejor forma de
enfrentarse a las amenazas de supervivencia.
En la primera etapa, es la rama simpática del sistema nervioso
vegetativo (el sistema que ordena los órganos) la que rige el proceso.
A nivel psíquico se produce una ocupación permanente en el conflicto;
se está alerta, tal como el animal en la selva, ante la amenaza del
predador. No se concilia el sueño hasta que las primeras luces ofrecen
la seguridad necesaria. No se tiene hambre para no ocupar la
atención. Los pensamientos giran siempre en relación a la amenaza.
A nivel cerebral, hay un impacto electromagnético en la zona que
percibe el conflicto y que se expresa con una imagen circular visible en
la tomografía de cráneo sin contraste. Es el llamado foco de Hamer
(FH).
A nivel orgánico, esta fase de CA (conflicto activo), se va a expresar
con tumores, úlceras, atrofias, parálisis o disfunciones de acuerdo al
tipo de conflicto y a que hoja embrionaria ha sido afectada. Este
acompañamiento que hace el órgano del conflicto desarrollado a nivel
psíquico y cerebral, es la expresión celular que el organismo cree
conveniente desarrollar para ayudar a superar el conflicto. No es un
extravío de la célula sino una respuesta programada con un fin
determinado.
Las enfermedades (incluyendo el cáncer) que acompañan usualmente
al estrés prolongado, se consideran un efecto negativo del estado de
estrés. La Nueva Medicina propone a estas enfermedades como una
respuesta orgánica programada y necesaria ante los conflictos
biológicos. Extirpar un tumor o medicar una úlcera no son por tanto,
propuestas médicas útiles si no se considera la solución del conflicto
biológico.
Una persona recibe un DHS. Le dicen sorpresivamente que la
empresa donde trabaja desde hace veinte años y que le da de comer a
él y a su familia, está en quiebra. Se quedará sin trabajo y sin dinero.
Perderá su territorio laboral y quizás pueda perder su casa que aún no
ha terminado de pagar. La imagen frente a su esposa quedará
desdibujada. No podrá seguir pagando el colegio de sus hijos. Todo su
organismo se siente amenazado. En poco tiempo desarrolla un estado
que llamamos de simpaticotonía permanente o conflicto activo (CA).
Su pensamiento está constantemente ocupado por el dolor de la
noticia y a la vez por la búsqueda desesperada de una solución. No
tiene deseos de comer ni de dormir. Su presión arterial se eleva y su
pulso está rápido. Lo que busca la simpaticotonía es estar en la mejor
condición posible frente a la amenaza de vida o muerte. La evolución
ha hecho esto durante millones de años y no es necesario que la
persona decida estar así. Es la evolución la que piensa por él. Tanto su
cerebro como sus órganos hacen lo que la evolución les ha enseñado
hacer ante la amenaza a la supervivencia. Las arterias coronarias de
esta persona se ulceran para aumentar el espacio y así favorecer el
pasaje de la sangre que se necesita en mayor cantidad. Esta
respuesta biológica es necesaria y responde al plan que la naturaleza
ha creado para superar los conflictos. Si la persona supera este
conflicto en el tiempo que la naturaleza ha programado como “requisito
de prueba de supervivencia”, no habrá mayores complicaciones. Si no
es así, pueden aparecer serias complicaciones.
Los amigos y los familiares de la persona afectada se reúnen y le dan
la posibilidad de un nuevo trabajo. La persona toma conciencia que su
problema va a solucionarse. Vuelve a haber trabajo y vuelve a haber
dinero. Su esposa está orgullosa de él. Sus hijos siguen en el colegio.
La simpaticotonía ya no es necesaria. A nivel psíquico, la persona está
relajada. Duerme mucho para reparar su organismo. También come
mucho. Sus manos están calientes y su circulación se redistribuye. La
presión baja. El pulso baja. Todo su organismo ahora está bajo el
control del sistema nervioso parasimpático. Los focos circulares que
habíamos visto en la tomografía de cráneo sin contraste comienzan a
llenarse de líquido y en una tomografía con contraste se aprecia con
facilidad el oscurecimiento producido por el líquido (edema). El órgano
afectado deja actuar a los microbios y aparecen fiebres e infecciones.
Si había una lesión, ésta se repara. Estamos en plena conflictolisis
(CL) y decimos que el paciente está en vagotonía.
Es lógico pensar que si el conflicto duró mucho mas tiempo que el que
el determinado por el “requisito de prueba de supervivencia”, esta fase
trae en su proceso de reparación, consecuencias que pueden ser mas
graves que las que trajo el propio conflicto activo. El edema cerebral
reparativo es muy intenso y si está cercano a zonas relacionadas con
la supervivencia (ritmo cardíaco, ritmo respiratorio) genera
complicaciones severas. Es el caso del infarto de miocardio producido
en etapa de conflictolisis. En los órganos que se reparan, las
infecciones (sobre todo las virales que tienen que ver con conflictos
modernos) pueden provocar cuadros severos de meningitis, encefalitis
o septicemias. La acción de las hormonas corticales durante el CA no
permite la activación de los gérmenes, que ahora en plena vagotonía
ven liberados su acción.
Todo tiene su precio y la naturaleza también lo cobra. No puede
sostenerse un conflicto en forma permanente. El ser humano debe
aprender con esta ley a dar respuestas concretas a sus conflictos
biológicos.
La segunda ley de Hamer utiliza el ritmo simpaticotonía-vagotonía
para abordar uno de los problemas más grandes de la medicina: el no
poder considerar al ser humano como una unidad Hamer dice que la
mayor parte de las llamadas “enfermedades calientes” (fase ce
conflicto lisis o vagotonía), en donde encontramos todas las
inflamaciones, no son entidades independientes sino la expresión en
el plano orgánico de la curación de las llamadas “enfermedades frías”
(fase de conflicto activo o simpaticotonía). Es así que la curación de un
cáncer de hueso, producto de una gran desvalorización, va a
encontrar entre sus posibles expresiones de solución, una leucemia.
Las
proliferaciones celulares de las amígdalas, producto de no poder
captar una presa, generará una amigdalitis purulenta. Una úlcera en
los conductos galactóferos de la mama, producto de un conflicto de
separación, generará en su solución, una tumefacción palpable.
Una fase de conflicto, fría y de simpaticotonía es seguida, luego de la
solución, por una fase de lisis, caliente y de vagotonía. Muchas de las
enfermedades diagnosticadas en esta fase de solución son
erróneamente interpretadas como lesiones activas y tratadas
agresivamente, impidiendo la normal finalización del proceso que la
naturaleza venía gestando. Así, muchas enfermedades a las que solo
hay que sostener en sus complicaciones, se las trata brutalmente
generando nuevos conflictos que reactivan a los anteriores o hacen
aparecer nuevas enfermedades.
La polaridad en la naturaleza, la observamos en todas sus
expresiones: el día y la noche; la luz y la oscuridad; lo femenino y lo
masculino; la salud y la enfermedad. Los chinos hablan del ying y del
yang. Suelen decir que en lo más profundo de la noche es cuando
aparecen las primeras luces del día. Aquí, en el ritmo
simpaticotonía-vagotonía, observamos algo parecido. Cuando la
vagotonía es muy manifiesta, se produce una incursión brusca y
temporaria de la simpaticotonía que va a intentar terminar con el
conflicto y pasar a la normotonía. Hamer llama a este episodio “crisis
epileptoide”.
Hamer dice: “En el plano psíquico experimenta y sufre el paciente todo
su conflicto en tiempo acelerado otra vez en pocos minutos, horas o
días. Este es el truco de la madre naturaleza: ella frena la vagotonía
con una recidiva del conflicto psicofísico, casi natural, de gran
intensidad. Es increíble que hayamos tardado muchos miles de años
para comprender este sencillo pero genial “giro” de la madre
naturaleza: la crisis epileptoide es una recapitulación empaquetada, en
tiempo acelerado, de todo el conflicto.
La crisis epiléptica, que caracteriza más o menos dramáticamente
cada fase de curación después de una enfermedad de cáncer o su
fase conflicto – activa, proviene siempre sobre la base de un edema
cerebral. Hasta el más pequeño ataque epiléptico presupone un
edema cerebral. Por eso se producen mayormente estas crisis
epilépticas (e infartos cardíacos) de noche en el punto más profundo
de la vagotonía, nunca en la tensión o en una simpaticotonía, siempre
en la fase de sueño, descanso o recuperación.
Cuando el edema alcanza el centro motor de la circunvolución
precentral o un conflicto de ansiedad tiene allí su FH, puede llevar la
crisis epiléptica a breves parálisis de las extremidades o de la cara. La
crisis epiléptica tiene siempre síntomas acompañantes cerebrales
típicos, que también vemos en el infarto cardíaco: centralización, sudor
nervioso, falta de aire, náuseas, mareos, visión doble, calambres, dolor
de cabeza, inquietud, pánico, a menudo ausencia, pues la parte íntima
coronaria está sensible y es abastecida por el centro sensorial de la
corteza. Crisis epilépticas corticales son aquéllas provenientes de un
FH de la corteza cerebral; se pueden extender a toda la corteza
cerebral y producir calambres tónicos – clónicos, mordida de lengua,
espuma en la boca por golpes de lengua, etc.
Por su esencia, la crisis epiléptica es un estado de shock del
organismo, mediante el cual se intenta descomprimir el edema intra y
perifocal del foco de Hamer, porque el centro cerebral correspondiente
sería asfixiado sino por el edema excesivo. Este edema provoca el
paro cardíaco o la alteración del centro del ritmo cardíaco, si el
conflicto ha durado demasiado (más de 9 meses)
Esto se va a reducir notablemente, cuando se pueda comenzar el
tratamiento preventivamente o sea en la 3ª a 6ª semana de vagotonía
antes de la crisis epiléptica o el infarto cardíaco y se pueda frenar el
edema cerebral con ayuda de corticoides y enfriamiento de la cabeza”.

CAPITULO V LA TERCERA LEY


Esta ley es conocida como “el sistema ontogénico de los tumores”
y en ella Hamer desarrolla las distintas expresiones que las células
adoptan ante los conflictos según la hoja embrionaria de la que
derivan.
Aunque pueda parecer algo muy complicado de entender, este
sistema explica en forma muy simple la relación que existe entre
determinados conflictos y los tejidos específicos del cuerpo. A los
pocos días de haberse unido el óvulo con el espermatozoide, se forma
en el útero de la madre el disco embrionario que da origen a tres
divisiones de las que nacerán todos los tejidos del futuro cuerpo. De la
primera división (el endodermo), surgirán el aparato digestivo y la piel.
De la segunda hoja embrionaria (el mesodermo), nacerán todos los
tejidos de sostén (huesos, cartílagos, músculos). De la tercera hoja
embrionaria (ectodermo) aparecerán los epitelios que cubren a los
órganos (vejiga, bronquios, coronarias, etc.)
Cuando aparece el conflicto y comienza la fase activa, los órganos
derivados de la hoja endodérmica y algunos de la hoja mesodérmica,
van a formar tumores, es decir, proliferaciones celulares cuyo sentido
es superar el obstáculo que el conflicto representa. Así, ante un
conflicto “indigerible”, aparecerá un tumor en el estómago y ante un
conflicto de “humillación” o “mancha”, podrá aparecer un cáncer de piel
(melanoma). En cambio, cuando el conflicto afecta a los órganos
derivados del ectodermo y algunos del mesodermo, en la fase activa o
de simpaticotonía se verán aparecer pérdidas de sustancia de los
órganos. En los huesos, por ejemplo, ante un conflicto de
“desvalorización”, aparece un “agujero” o una descalcificación, y en los
conflictos de “identidad territorial” (dudas de pertenecer a algo o a
alguien) pueden aparecer úlceras en el recto.
Cuando el conflicto se supera (fase de conflictolisis) las tres hojas
embrionarias van a reaccionar en forma inversa. Los tejidos que
crecieron durante la fase activa se van a “licuar” formando quistes,
cavernas o volviendo a la normalidad. Los tejidos que se ulceraron
durante la fase activa, en la fase de curación se van a rellenar y
podrán formar pseudo tumores.
Los conflictos de todos los mamíferos, incluyendo los embriones,
los niños pequeños, los pacientes en coma y por supuesto los
animales, responden a esta ley que habla de un lenguaje muy primitivo
que identifica a todos los animales. Hamer estudió lo que él llamó “el
síndrome de la sierra circular” en la que en ciertas zonas de su país,
muchas mujeres embarazadas se mantienen cerca de sus maridos
cuando ellos trabajan con una sierra muy ruidosa. El cerebro del
embrión ya está capacitado “ontogénicamente” para detectar ese ruido
como una amenaza a su vida (león, predador) y desarrolla conflictos
motrices que le generan parálisis motoras (“no puedo escapar”) y
sensoriales (sordera por “conflicto auditivo”) de nacimiento.
Esta ley es el aporte más importante que ha hecho Hamer y nos
habla de la necesidad de replantear la terapéutica de muchas
enfermedades. Tratar con quimioterapia un tumor endodérmico que
está en fase activa, es estimular su crecimiento ya que la célula está
en simpaticotonía y la quimioterapia aumenta ese estado.
Cada tejido tiene una ubicación en el cerebro. A traves de una
tomografía cerebral puede observarse si el tejido está en fase de
conflicto activo o en fase de solución. Este detalle es muy importante a
la hora de evaluar que es lo que se hace con el paciente enfermo.
Desconocer esto es actuar a ciegas y hacer una terapéutica común a
todos, que habitualmente mas que sanar, perjudica.
La tercera ley es imprescindible que se conozca.
CAPÍTULO VI LA CUARTA LEY
Esta ley, al igual que la tercera, la hemos desarrollado en un libro
anterior y por necesitar de conocimientos médicos previos, solamente
la nombramos dada su importancia en la comprensión de la Nueva
Medicina.
La cuarta ley es conocida como “el sistema ontogénico de los
microbios” y hace referencia a la participación de los gérmenes que
conviven con nosotros desde siempre, en la solución de las
enfermedades.
Toda enfermedad, que ha superado la fase de simpaticotonía y de
conflicto activo, genera durante la fase de conflictolisis o fase
vagotónica, una reproducción de microbios cuya intención es ayudar a
resolver la lesión orgánica. Cada microbio se ocupa de los órganos de
una de las tres hojas embrionarias (endodermo, mesodermo y
ectodermo) y específicamente de aquella con la que nació y
evolucionó en el transcurso de los tiempos. Así tenemos microbios
muy primitivos y antiguos, y otros más modernos.
Tipo de microbios
Hongos y micobacterias Micobacterias y bacterias Bacterias Órganos
afectados Órganos endodérmicos Órganos mesodérmicos Órganos
mesodérmicos
Localización
Tronco cerebral Cerebelo
Sustancia Blanca
Virus Órganos ectodérmicos Corteza cerebral
Los microbios solo intervienen en la fase de curación. Ni antes ni
después. Sin excepción.
Los gérmenes ayudan a la desintegración del tumor a través de la
formación de abscesos, cavernas y quistes o a la reparación del tejido
lesionado. Las infecciones y el mecanismo fisiológico de la fiebre son
intentos de solución que el organismo pone en marcha.
El control de los microbios se lleva a cabo por el cerebro. A través de
los millones de años de evolución, su programación se hizo
conjuntamente con la diferenciación de los órganos y es por eso que
comparten (microbios y órganos) un mismo FH en una zona específica
del cerebro. Si no hay microbios especializados disponibles para
favorecer la fase de curación en el organismo, ésta es parcial. Un
nódulo de pulmón, que ha superado la fase de CA, no podrá
convertirse en una caverna tuberculosa funcional y solo podrá
encapsularse. Una hepatitis no viral implica una mayor duración, ya
que no hay virus disponibles para favorecer la curación del conflicto
territorial.
Es importante entender que no hay infección sin conflicto previo. La
entrada de microbios exóticos al organismo genera en éste un
conflicto de rechazo por no tener programado en el cerebro tal
microorganismo. La transmisión del microbio es indudable. Lo que
siempre ha sido dudoso es que ese microbio pueda generar
enfermedad.
Siempre se ha hablado del terreno y de la predisposición. También de
una disminución de las defensas. A partir de la cuarta ley, podemos
decir que la infección siempre es producida por una orden cerebral
que forma parte de aquel programa especial de la naturaleza que
llamamos enfermedad.

CAPITULO VII LA QUINTA LEY.


Concepto:
Toda enfermedad surge por la insatisfacción de una demanda
psicobiológica. El objetivo de la enfermedad es la satisfacción de la
necesidad biológica. La traslación de la necesidad biológica a
demanda psicobiológica (metáfora) la desarrolla el lenguaje y la
permite el cerebro.
El ser humano pude enfermarse (al igual que el animal y el hombre
primitivo) por la insatisfacción de la necesidad biológica (el hijo
pequeño está enfermo y la madre hace crecer su pecho para
alimentarlo mejor) pero muchas veces lo hace por el traslado de esa
necesidad biológica a una demanda psíquica en donde el lenguaje
juega un rol fundamental (no “tragarse” la actitud del mejor amigo y
desarrollar una úlcera).
En este esquema observamos el tipo de necesidad biológica
(nutrición, reproducción, defensa, sostén y comunicación), la metáfora
que el sujeto hace (a partir del lenguaje) convirtiendo la necesidad en
demanda psicobiológica y la capa embrionaria que es afectada
(aclarando donde se ve en la tomografía cerebral el foco de Hamer).
Conflicto biológico: No conseguir la presa, que se la quiten,
obstáculos a su paso o eliminación.
Nutrición
(conseguir la comida, poder digerirla y
eliminarla)
Metáfora Psicobiológica : Insaciabilidad. No poder incorporar
más. Deudas. Traiciones. Atascarse. Ser ensuciado.
Capa afectada: Endodermo (FH en tronco cerebral con
proliferación celular como respuesta orgánica).
Conflicto biológico: Perder la pareja o la cría.
Reproducción
(poder tener descendencia para que la especie
sobreviva) Metáfora Psicobiológica: Grave conflicto de
pérdida.
Capa afectada: Endodermo (FH en tronco cerebral con
proliferación celular como respuesta orgánica).
Conflicto biológico: Ataque a las corazas.
Defensa
(del territorio primitivo)
Metáfora Psicobiológica: Humillación, marginación, diagnósticos
viles, golpes.
Capa afectada: Mesodermo antiguo (FH en cerebelo con respuesta
orgánica proliferativa).
Conflicto biológico: Ataque a la verticalidad.
Sostén
(poder pararse y tenerse en pié)
Metáfora Psicobiológica: Desvalorización.
Capa afectada: Mesodermo cerebral (FH en sustancia blanca.
Necrosis como respuesta orgánica).
Conflicto biológico: Alejarse del grupo.
Comunicación
(poder compartir con los otros)
Metáfora Psicobiológica: Separación de los vínculos. Capa
afectada: Ectodermo (FH en corteza parietal. Ulcera como respuesta
orgánica).
Conflicto biológico: No tener un territorio propio (masculino). No
tener un lugar de pertenencia (femenino).
Sentido territorial
(responsabilizarse por lo que se considera propio)
Metáfora Psicobiológica : Invasión de territorio (masculino).
Pérdida de identidad (femenino).
Capa afectada: Ectodermo (FH en corteza temporal. Ulcera como
respuesta orgánica.
Conflicto biológico: Amenaza en el territorio.
Espacio externo hostil (hay predadores que pueden aparecer en
cualquier momento)
Metáfora Psicobiológica: Miedo en la nuca (el enemigo acecha).
Capa afectada: Capa afectada: Ectodermo (FH en corteza occipital).
Hamer propone aquí unas tablas que mostramos en una breve
síntesis. El contenido del CB (conflicto biológico) se refiere al suceso
que provoca la insatisfacción de la necesidad biológica. La fase CA
(conflicto activo) al tipo de manifestación orgánica que se observa
durante la fase de simpaticotonía. La fase CL (conflictolisis) es la
forma en que los órganos resuelven (con la ayuda de los microbios)
las lesiones durante la vagotonía.
Endodermo: la formación histológica es un adenocarcinoma. El
FH está en el tronco cerebral. El tracto gastrointestinal corresponde a
un semicírculo abierto hacia atrás, que empieza en la zona dorsal
derecha (boca) y termina en la zona dorsal izquierda (sigma).
Organo Contenido del CB
Faringe no poder atrapar la presa
Fase CA
pólipos nasofaríngeos
Fase CL
caseificación fétida
Hipófisis a) no conseguir la presa por ser Inalcanzable. b) no poder alimentar a la cría a)
adenoma de hipófisis con gigantismo o acromegalia caseificación del tu- mor.
b)Hiperprolactinemia b) normalización
Parótida y no poder atrapar el glándula subling. objetivo tumor compacto con
hipersalivación caseificación con saliva espesa
Paladar atrapar la presa pero (cavum) no poder tragarla
Amígdalas la presa es arrebatada en el último momento hipertofia-hiperplasia amigdalitis.
Abceso criptas
Tiroides no conseguir la presa por no ser rápido
bocio hipertiroideo encapsulación
Paratiroides no poder tragar la presa tumor compacto con caseificación y cél. primitivas de
intestino. reducción
hiperparatiroidismo encapsulación Trompas de no poder conseguir la presa Eustaquio
Glándulas lagrimales no es visto por los otros tumor compacto con hipoacusia caseificacación
fétida
Oído medio no poder atrapar la presa (oído y boca eran una misma
cavidad) no consigue la presa porque tumor productor de lágrimas
caseificación con sequedad
Submucosa enfermos graves que no bucal logran alimentarse tumor plano afta indolora
Muguet
Alveolos miedo a la muerte pumonares diagnósticos graves nódulos pulmonares
TBC encapsulación
Células caliciformes miedo a asfixiarse bronquioalveolares
Estómago (no curvatura menor) tumor de células caseificación
caliciformes mucoviscidosis
Esófago (tercio inferior) querer tragar y no poder tumor compacto otitis media purulenta
adenocarcinomas compactos
contrariedad familiar tumor compacto caseificación encapsulación
Duodeno (excepto contrariedad familiar tumor compacto caseificación Bulbo) laboral,
social Hígado “morirse de hambre” nódulos solitarios encapsulación caseificación
Páncreas contrariedad familiar herencias
tumor compacto encapsulación caseificación
Yeyuno
Ileon “atascamiento” con “miedo a morir de hambre” tumor extendido y plano
Enf. De Crohn Ileítis.
Ciego y
Apéndice suciedad indigesta tumor compacto Apendicitis
Colon (salvo acusación injusta Sigmoide) “guarrada”
Sigmoide ha sufrido algo deni- grante, vil. tumor compacto Ileo
necrosis caseificante
Recto (parte superior)
“marranada” tumor submucoso abceso rectal Epiplón mayor algo imposible de digerir
tumor compacto adherencias Endometrio (cuerpo)
a) algo feo con conno- tación sexual b) pérdida en relación abuela-nieto
adenocarcinoma necrosis
hemorragias
Próstata pérdida de territorio en hombre de edad tumor compacto necrosis
encapsulación
Trompas de falopio connotación sexual sucia
Vejiga sufrir una denigración (submucosa)
Túbulos Colectores conflicto de refugiados tumor compacto entre
cálices y tubos deformación de cálices. TBC
Ombligo
Ovario y testículo pérdida germinales deje de crecer. no poder desprenderse
caseificación residuos(várices)
tumor en coliflor caseificación
AdenoCa con obstrucción hemorragias necrosis con flujo vaginal
pólipos vesicales Cistitis.
AdenoCa reducción
grave conflicto de teratoma de células difícil que

Mesodermo cerebeloso: la formación histológica es un tumor


adenoide compacto. El FH se encuentra en cerebelo.
Organo Contenido del CB
Dermis sentirse manchado, desfigurado Mancillamiento
Fase CA Fase CL melanoma necrosis caseificante léntigo
Rosácea mancha zonal Deformación
tumores amelanóticos necrosis dolorosa
Acné vulgar mancha en el
Glándula Mamaria a) pelea o preocupación nódulo compacto con la
pareja b) preocupación por el
nido o el hijo en mama derecha encapsulamiento nódulo compacto caseificación en mama
izquierda
Pericardio ataque al corazón mesotelioma derrame Peritoneo rostro pequeños tumores
necrosis caseificante amelanóticos
golpe abdominal mesotelioma ascitis

Mesodermo cerebral: la formación histológica es la necrosis


carcinomatosa. El FH se encuentra en la sustancia blanca cerebral.
Organo Contenido del CB Fase CA Fase CL Tejido conjuntivo ligera desvalorización
necrosis forunculosis queloides
Cartílago ligera desvalorización necrosis hipercondrosis Tendones ligera desvalorización
necrosis(rotura) cicatrización Huesos desvalorización de
sí mismo osteolisis, osteoporosis recalcificación de calota y cervicales: edema óseo
(injusticia, falta de paz) reumatismo cab. de húmero derecho anemia relativa (desv. con la
pareja) Leucemia
columna vertebral
(en toda la personalidad)
cuello de fémur
(no poder resistir algo)
pelvis (sexual)
Dientes no poder morder necrosis recalcificación con densidad mayor
Ganglios linfáticos desvalorización necrosis adenomegalia Hodkin
Bazo conflicto de herida trombocitopenia esplenomegalia
Corteza suprarrenal estar fuera del camino correcto cansancio Cushing
Addison Vasos desvalorización necrosis de ateroma arteriales íntima y muscular
arterial Venas limitación en la libertad
espasmo várices Vasos desvalorización necrosis linfedema linfáticos
Músculo conflicto motriz estriado
atrofia muscular restitución hipertrofia
Ovario a) pérdida grave (tejido intersticial) b) connotaciones sexuales necrosis quiste Testículo
a) pérdida grave necrosis quiste b) connotaciones sexuales

Mesodermo cerebral mesencefálico: anatómicamente pertenecen al


tronco cerebral, pero se comportan como mesodérmicos. Organo
Contenido del CB
Parénquima renal conflicto de agua
Fase CA Fase CL necrosis con insuficiencia quistes renal
Músculo intestinal atascamiento necrosis. Parálisis cólicos
Músculo uterino no ser fecundada necrosis miomas
Endocardio desvaloriz. de la eficacia cardíaca necrosis de endocardio endurecimiento de y
válvulas pared y válvulas
Ectodermo: la formación histológica es la úlcera de epitelio
pavimentoso. El FH se ve en el cortex contralateral al órgano. Hemisferio
cerebral izquierdo (femenino)
Organo
Tiroides
Contenido del CB
impotencia
Fase CA Fase CL úlceras en c. tirogloso bocio eutiroideo
Laringe pánico femenino úlceras en c. vocales disfonía. Pólipos Venas coronarias frustración
sexual úlceras con angina leve tromboembolismo
Cuello de útero frustración sexual Vagina no poder o no deber consumar el acto sexual
amenorrea metrorragias vaginismo leucorragia
Recto identidad, dudas úlcera dolorosa hemorragia indolora
Vejiga (mitad desubicación territorial derecha)
espasmos hemorragia, edemas Ureter derecho identidad úlcera con espasmos
litiasis Pelvis renal dcha. identidad úlcera cólicos
Uretra derecha identidad úlcera edema, retención
Piel pérdida de contacto neurodermitis dermatits, neuralgia descamativas del trigémino
Psoriasis separación escamas eritemas
Cabello
Párpado y conjuntiva dcha. a una persona separación alopecia areata crecimiento se pierde
de vista escamas, úlceras blefaritis conjuntivitis
Córnea dcha. separación visual grave
úlcera Queratitis
Cristalino dcho. Separación visual Grave
úlceras cataratas
Vitiligo separación horrible manchas blancas retroceso
Conductos separación de pareja galactóferos dchos.
úlcera intraductal edema con obstucción y nódulos
Nervios contacto desagradable anestesia neurofibromas Hipersensibilidad Esmalte dental no
poder o deber morder caries hiperestesia Mucosa nasal dcha. mal olor úlcera rinitis alérgica
Mucosa bucal dcha. conflicto de boca úlcera edema, cicatriz
Senos paranasales algo huele mal úlceras rinorrea
Esófago (2/3 sup.) no poder confiar, tragar úlcera, hipo edema,
estenosis Vías lagrimales querer o no, ser visto úlceras tumefacción
Parótida (conducto no poder comer excretor)
úlceras Parotiditis Conducto excretor no querer o no tener de glándula sublingual derecho a
comer úlceras inflamación Hemisferio cerebral derecho (masculino)
Organo Contenido del CB Arcos branquiales miedo frontal
Fase CA Fase CL úlceras Linfoma no Hodkin
amenaza en el territorio Bronquios úlceras tumefacción-atelectasia
Asma bronquial miedo en el territorio constelación
Arterias coronarias pérdida de territorio úlceras con angina estenosis.
Infarto. Vesícula seminal pérdida de territorio
Estómago y contrariedad; lucha con bulbo duodenal los jefes de territ. vecino (corteza
sensitiva) úlcera carcinomatosa. Edema úlcera dolorosa hemorragia
Conductos biliares invasión de territorio Disputas rencorosas úlcera con cólicos edema,
obstrucción (corteza sensitiva) hepatitis, coma hepático
Vejiga (1/2 izq.) demarcación territorial úlceras dolorosas hemorragia, cicatriz. Ureter izquierdo
no poder delimitar las fronteras úlceras con espasmos cólicos, oclusión Pelvis renal izq.
Marcación territorial úlceras cólicos nefríticos
Uretra izquierda no poder delimitar úlceras con espasmos edema con oclusión las
fronteras Piel, ojo, nervios,
cabellos, dientes,
mucosa nasal, bucal,
senos paranasales,
vías lagrimales, conductos excretores de glándulas. Iguales contenidos y respuestas en CA y
en CL que en el hemisferio femenino.
Conducto galactófero separación del hijo úlcera edemas con obstrucción mama izquierda

Enfermedades análogas al cáncer: sin reducción ni proliferación


celular. Con pérdida o disminución funcional. El sentido biológico se da
en CA.
Organo Contenido del CB Fase CA Fase CL Tálamo resignación extrema transtornos del
sistema edema del acueducto nervioso vegetativo
Hipoglucemia asco por algo o alguien insuficiencia de glucagón normalización Hiperglucemia
resistirse a algo o alguien déficit de insulina normalización Motricidad no poder huir, seguir,
marchar, parálisis espasmos. Parkinson esquivar, no saber donde empezar
Parálisis facial quedar en ridículo; ser objeto de burla
parálisis recuperación
Olfato no querer oler “esto apesta”
anosmia restitución parcial Audición no querer oír.
“no puedo creer lo que oí” zumbidos, hipoacusia hipoacusia
Visión miedo en la nuca disminución de
la agudeza visual desprendimiento de retina
Cuerpo vítreo miedo en la nuca opacidad con visión en túnel
glaucoma
Periostio separación provocar dolor a otro parestesia local reumatismo
Médula suprarrenal estrés insoportable feocromocitoma insuf. suprarrenal Tanto en los
esquemas como en las tablas, observamos la trilogía
psique-cerebroórgano que Hamer viene planteando desde sus
primeros escritos. La enfermedad es un programa que se crea en el
transcurso de la evolución, con un claro sentido biológico, cuya
expresión máxima es la supervivencia de la especie. A partir de este
fundamento, toda enfermedad surge en el plano biológico como la
respuesta a una necesidad. Cuando recordábamos que hace 200
millones de años, el ser vivo necesitó pasar del agua a la tierra,
decíamos que en ese momento debió enfrentarse a obstáculos que
amenazaron gravemente su vida. Uno de ellos fue la necesidad de
sacar el oxígeno del aire y ya no del agua. Las branquias debieron
anularse y se creó un tipo especial de células que podía ejercer esa
función. Así nacieron los alvéolos pulmonares, con miles de intentos
fallidos previos para lograr una célula tan diferenciada y tan
especializada.
Ese programa de codificación genética es el que se activa
actualmente en cada persona que sufre un adenocarcinoma de
pulmón. Como hace 200 millones de años, las células especializadas
en captar oxígeno proliferan desde la célula madre con el objetivo de
crear otras que cumplan ésa función.
Vicente Herrera dice:
“La enfermedad constituye el conjunto de cambios celulares,
funcionales y pautas de comportamiento asociadas, que tratan de
cubrir necesidades biológicas, pero en situaciones en que la respuesta
no está sintonizada en el plazo establecido por el propio fenómeno
evolutivo. Por este motivo, las formas anatómicas, funcionales y de
comportamiento observadas, tienen la misma naturaleza pero una
intensidad distinta a los cambios post-adaptativos que acaecieron al
enfrentarse los seres vivos con el medio a lo largo de la evolución”.
Y más adelante agrega, “... en este contexto, las células regresan a un
estado órgano formador u ontogenético”.
¿Cuándo aparece un adenocarcinoma de pulmón?
La respuesta de Hamer es “cuando hay un conflicto biológico de
pánico de morir”. Hay un hecho sorpresivo, vivido en soledad y que
produce un impacto capaz de generar un DHS. En el tronco cerebral
se instala una señal (visible en la TAC) y en el órgano una codificación
celular que responde al conflicto biológico: respirar más, captar más
oxígeno, vivir, seguir en contacto con el elemento que nos da vida.
Recordemos que las células alveolares, derivan embriológicamente del
intestino y es por eso que el aire, evolutivamente es una presa a
obtener para nutrirse.
Lo que sucede es que el programa que el DHS activó, sirvió para
un momento evolutivo que duró cientos, miles o millones de años. Ese
mismo programa, cuando se activa en un ser humano cuyo promedio
de vida es de 70 años, lo único que puede llegar a producir es células
primitivas, indiferenciadas y que fracasarán en su intento de formar
células u órganos maduros. Es como un libro que aunque haya sido
escrito hace mucho tiempo, al comenzar a leerlo es un nuevo libro.
No se nos escapa que en el momento de formarse las tres láminas
embrionarias, comienza un proceso que es la repetición de la
evolución de las especies. Son demostrativas las similitudes de las
imágenes del embrión humano con los distintos representantes de la
escala evolutiva de los vertebrados. Pero en el origen de la vida, las
células sexuales contienen la información genética que hará que las
células de las láminas embrionarias se diferencien y especialicen en
órganos y funciones.
En la enfermedad, no se trata de información genética albergada
por las células sexuales, sino de pautas de comportamiento que
sirvieron en algún momento evolutivo para superar un obstáculo a la
supervivencia. Una gripe responde a las mismas leyes que un cáncer
de riñón o una artritis reumatoidea. Superar un obstáculo. Defenderse.
Utilizar los cuatro mecanismos que todo ser vivo tiene para abordar un
peligro: retirada (úlceras), ataque (proliferación celular), inmovilidad
(encapsulamiento) y sumisión (disfunción).

CAPÍTULO VIII LOS ARQUETIPOS


El sueño de volar
Emilio quería ser aviador. Todas las noches al irse a dormir se
imaginaba piloteando un Pipper y haciendo peligrosas maniobras
cuyos amigos del séptimo grado de la escuelita de pueblo miraban con
admiración.
Era un buen alumno y no le costó trabajo rendir a los 13 años el
examen de ingreso a la Escuela de aviación. Lo que no pudo hacer es
superar el examen físico. Una y otra vez, al ponerle el estetoscopio en
el pecho, se le desataban crisis de taquicardia tan severas que los
médicos lo mandaban a su casa y le pedían que no volviera. Su sueño
de aviador se fue diluyendo y siguió trabajando en el almacén de su
padre pensando que su vida ya no tenía sentido.
Un sábado de otoño entró a la matinée del único cine del pueblo a
ver un estreno. La película se llamaba “Una luz que se apaga” y sus
protagonistas eran George Brent y Bete Daves. Las luces se
esfumaron y en la pantalla se fue desarrollando una trágica historia en
donde un médico rural entra a un bar y ve una bella mujer sentada a
pocos metros. Al observarla se detiene en sus manos y se sorprende
al ver que un cigarrillo prendido entre sus dedos le está quemando la
piel sin que ella lo note. Allí comienza una historia en donde él
sospecha que esta mujer tiene un tumor cerebral y se acerca a ella
para ayudarla. La historia es triste y él hace todo lo posible para
ayudarla a vivir. No lo logra y Emilio llora amargamente al prenderse
las luces.
Al salir del cine, una frase le golpea como una luz que no se
apaga. “Yo quiero ser como ese médico”.
Sus sueños de volar son rápidamente reemplazados por sus sueños
de ayudar. Hace la carrera en cuatro años y se convierte en médico de
niños. Su lema es “Hay que tener las manos calientes y el corazón
ardiente”. Poco a poco va convenciendo a “sus” madres que todas las
enfermedades se curan con el amor incondicional. Se mete en
hogares pobres y le susurra a los bebés que su mamá los ama.
Abraza a los
padres y los conmueve con su risa fuerte y contagiosa. Emilio había
encontrado su camino y lo recorrió con autoridad y alegría. Hoy Emilio
tiene sesenta y cinco años y le acaban de diagnosticar una rara y
grave enfermedad cuyo nombre es esclerosis lateral amiotrófica. Le
han dicho que afecta la neurona motora de la médula espinal y a
veces el tronco cerebral. Que actualmente no hay curación y que el
pronóstico de vida es de pocos meses con una probable muerte con
asfixia por parálisis de los músculos de la respiración.
Las piernas de Emilio están pesadas y se observan en su cara unos
movimientos ondulantes que se conocen como fasciculaciones. Tiene
mucho miedo de dejar a su esposa y a sus hijos que aún lo necesitan.
Pero mucho más, tiene miedo de morir como le han dicho que se va a
morir. Sus colegas no han ahorrado esfuerzos en describirle la
evolución de la enfermedad y le han propuesto hacer espirometrías
(estudios de la capacidad respiratoria) frecuentes para que él vaya
observando como su cuerpo se va deteriorando.
Un hombre de la calidad de Emilio con una enfermedad tan cruel y
devastadora. ¿Cómo ayudarlo?
Un viaje
En el año 1995 viajé a Europa para estudiar las bases de la Nueva
Medicina con quien en ese momento era considerado un discípulo del
Dr. Hamer, el Dr. Johannes Beckmann. Estuve varias semanas
trabajando con él y sus pacientes en un aprendizaje de las leyes de la
NM y también de la lectura de la tomografía cerebral para detectar lo
que hasta entonces yo conocía como “los misteriosos focos de
Hamer”. Siempre reconoceré que fue a partir de este profesional (que
luego se separó de Hamer) que comenzó mi pasión por el estudio de
la NM.
Luego participé de los seminarios dictados en Málaga por el propio
Dr. Hamer y fue allí que me enteré que además de las cuatro leyes
que figuraban en los escritos que circulaban en ese momento en
español (muy mal traducidos por cierto) existía una quinta ley que
trataba de asociar cada expresión de los órganos con un significado
estrictamente biológico. Así, el sentido de los tumores del aparato
digestivo era mejorar la captura, la digestión o la eliminación de la
presa; el sentido de los tumores de los huesos era hacerlos mas
fuertes y resistentes; el
de las úlceras de los conductos, abrir mas espacio para el elemento
que circulara en ellos, etc.
Este sentido, si bien era atractivo, generaba por mi formación
psicoanalítica un cierto rechazo a su linealidad absoluta. El ser
humano tiene sus complejidades y compararlo tan abiertamente con
los animales no me dejaba satisfecho. Es por eso que decidí estudiar
mas a fondo esta relación entre el cerebro primitivo y el cerebro
moderno tratando de descifrar los avatares de esa linealidad en lo que
llamé el “discurso del cáncer”. ( teoría que se describe en “No es
posible curarse sin aprender a vivir”). Creo que la quinta ley puede
leerse con menos incomodidad desde el conocimiento de este
discurso. Como las propuestas de Hamer no toman en cuenta tal
discurso, llamamos al trabajo que un grupo de profesionales hacemos
desde las leyes de Hamer, con el nombre de Medicina Psicobiológica.
Hemos adjuntado a la quinta ley dos operadores, uno biológico y
otro psicológico que nos ayudan a profundizar en su estudio. Ley
biológica: toda tensión celular que no es descargada, regresa a su
fuente y se descarga allí.
Ley psicológica: toda persona está obligada a buscar lo que desea y
condenada a vivir lo que rechaza.
¿Qué es lo que dice la quinta ley? “Todas las enfermedades
corresponden a un sentido biológico programado por la naturaleza”.
¿Qué es lo que dice el discurso del cáncer? “Todos los sentidos o
significados que los hechos podían tener, a partir de la función de
equívoco de la palabra, quedan ocluidos por el DHS para hacer
emerger un único sentido: el biológico”. Ese sentido se expresa a
traves de formas ya conocidas, que son universales y que llamamos
arquetipos celulares y que responden a la diferenciación que cada
célula intentó para sobrevivir, en el curso de la evolución. Los
arquetipos de los órganos son los conocimientos universales que ellos
tienen y que les permiten realizar una forma y una función específica
(fase diferenciada) o crecer en forma inespecífica o primitiva (fase
indiferenciada). Estos arquetipos de los órganos forman parte de las
pautas de conducta que los seres vivos han desarrollado en la historia
de la evolución y que están inscriptos como genotipos

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