La espiritualidad como mentira y
manipulación de la percepción
La mayoría de la gente piensa que las técnicas de manipulación de
masas se comenzaron a ensayar por primera vez en 1946 a través
de la Clínica Tavistock, que conformó en el año siguiente lo que
ya conocemos como el Instituto del mismo nombre, al menos de
forma pública. Pero lo cierto es que estás técnicas de control de
masas se llevan practicando con el género humano desde el
principio de nuestra historia conocida.
Las religiones y creencias chamánicas o paganas, no son más que
otra forma de control en la que a través de una imaginería y
leyendas que incluyen personajes y entidades sobrenaturales, se
instruye a los miembros de esos colectivos en una serie de
conductas morales que ayudan a generalizar una convivencia, al
mismo tiempo que dan poder a unos sujetos concretos, para
incentivar o solapar una serie de instintos que podrían ser
perjudiciales para los planes de aquellos que los promueven.
Desde las ceremonias sacramentales, ayudadas en las culturas
tribales de suplementos psicotrópicos, que dan con ello mayor
énfasis de veracidad a las experiencias a las que son inducidos los
practicantes. O través de las obras de arte religiosas, que plasman
en el imaginario colectivo una serie de fantasías, sumadas a la
fuerza sugestiva que producen las historias colectivas, fagotizadas
por los mismos clérigos que ven en las religiones su modo de vida
y poder sobre los demás. O incluso en una época más
contemporanea, a través de los medios de entretenimiento, en
primera instancia con la invención de la imprenta, atribuida al
alemán Johannes Gutenberg en el año 1440, y que ayudo a
popularizar la lectura, dando pie a que se pudiera extender de una
forma mucho más rápida un compendio de cuentos y leyendas que
antes dependían exclusivamente de la tradición oral (donde una
serie de entidades de índole etérico, siempre comparten esa
extraña capacidad de no poder ser vistas sino exclusivamente por
unos pocos testigos) y que ahora todo ese conocimiento podía ser
transmitido de una forma más accesible, siempre de forma
telúrica, en una plétora de experiencias que pasaban de anécdotas
a leyendas, y de tradiciones a dogmas, conformando así la
idiosincracia de un pueblo.
Y en la actualidad, tenemos los medios de entretenimiento,
díganse la radio, televisión, y concretamente, las películas, que
han conformado toda una realidad paralela, que sometidas las
masas a la presión correcta, han traspolado ingenuamente las
fantasías más peregrinas de películas y series, en axiomas que se
confirman con aquellos acontecimientos que les son servidos a las
masas de la forma adecuada, a través de los mismos medios que
nos llevan adoctrinando desde nuestra infancia más temprana.
Todas las pruebas que supuestamente conectan los puntos de la
realidad que percibimos, han sido servidos a través de ese
imaginario colectivo, pero que las únicas pruebas que tenemos de
esa supuesta realidad alternativa, está basada en experiencias
personales que nunca se pueden constatar a través de unos
mecanismos que así lo demuestren.
Por hablar de hechos históricos, podemos hacer referencia la
organización de la Sociedad Teosófica, que fue fundada en 1875
por una serie de miembros, entre los que se encontraba Helena
Blavatsky, una escritora que ejemplifica muy bien el modus
operandi que se ha repetido a lo largo de la historia. Esta
autoproclamada ocultista, escribió una serie de obras entre las que
se encuentra Isis sin velo o La Doctrina Secreta, donde con un
lenguaje subrepticio y lleno de alegorías, como es muy habitual en
obras de este estilo, difunde una serie de conocimientos diluidos
que pueden y esperan ser llenados por la fe del lector, que bajo la
necesidad de esa espiritualidad, abraza esperando entender aquello
que por lógica cartesiana, nos es inefable en esta vida.
Traspolemos esta misma idea ahora a las religiones monolíticas
que mueven a las masas. Ellas se encuentran estructuradas por una
serie de dogmas, que en todos los casos requieren de una fe por un
más allá que nunca llega, al menos en esta vida. Una serie de
promesas que advierten de un castigo para los infractores, junto a
unas dádivas para aquellos que son dóciles a las directrices
impuestas. Y todas ellas, para ser mejor digeridas por el bulgo, son
aderezadas con historias de personajes atropomórficos, con los
que podemos más facilmente empatizar, para al mismo tiempo dar
así respuesta a todas aquellas dudas o contradicciones que nos
asaltan a lo largo de la vida, y que fomentarían en su defecto,
actitudes muy poco aderibles a las sociedades a las que
pertenecemos.
Fantasmas, monstruos, vampiros, dioses arquitectos o seres
espirituales que interactuan con nosotros de forma arbitrárea.
Todos ellos tienen un eje en común, y es que dan respuesta de una
forma burda a todo aquello que desconocemos. Materializamos lo
que no comprendemos para poder asumirlo, y luego poder ejercer
una interacción con aquello que nos es vedado por nuestra
naturaleza material. Primero fue a traves de lo que teníamos más a
mano, que era la propia naturaleza. Los chamanes crearon totem
de animales, y dieron caracteristicas humanas a todo lo que
percibian en la naturaleza. Las estrellas, el viento, la lluvia, las
estaciones, el frio y la muerte. Luego esas entidades fueron
tomando caracteristicas antropomórficas, según las culturas y
sociedas se fueron haciendo más complejas. Y cuando el mundo
real no daba para más, creamos nuevas dimensiones esotéricas,
donde otras alternativas y diferentes posibilidades dieron rienda
suelta a la imaginación. Los medios para manipular a las masas se
fueron haciendo cada vez más complejos, en base a las
capacidades que hacían a sus miembros más exigentes. Las
técnicas dejaron de ser algo general, para enfocarse en hechos
muy concretos. Actividades de consumo, opiniones políticas o
económicas, comenzaron las guerras de información, donde
imperios someten a otros a través de ideologías, donde se hace
más daño a la mente de toda una generación con un teclado, que
tirando una docena de bombas a un pueblo. Y en la actualidad, las
personas siguen creyendo en cosas que no ven, o peor aún, que
creen haber visto en una fotografía. Del mismo modo, en el
pasado la gente creía ver un ángel con las mismas cualidades que
en las pinturas religiosas creadas previamente, o espíritus en las
hojas que movía el viento después de haber sido aneccionados por
los gurus y chamanes de la tribu. Seguimos cumpliendo las
directrices que nos dan unos magistrados, que a veces llevan
túnica y en otras ocasiones una bata. Pero que todo ha sido
previamente incrustado en la memoria colectiva a través de
películas y medios de entretenimiento. Diganse apocalipsis,
invasiones, pandemias, abducciones o exorcismos demoniacos.
Mi reflexión es que la realidad de lo sutil, no puede por nuestras
propias limitaciones físicas ser comprendido ni experimentado.
Que todo aquello que se escapa a nuestros sentidos, es así en todos
los aspectos. Que la realidad es mucho más compleja de lo que
podemos entender aquellos que no alcanzamos a sumergirnos en
sus entresijos. A mi por ejemplo, por mucho que lo he estudiado,
me sigue pareciendo mágico el mundo de las telecomunicaciones,
con sus diferentes formas de poder manejar, acumular y enviar
datos de un dispositivo a otro. Así que me sigue pareciendo
infantil que pretendamos comprender aquello que nada tiene que
ver con la razón humana. Desde mi punto de vista, el mundo físico
merece una atención que no debemos dedicar a todo aquello que
bajo el criterio de las emociones puede ser altamente manipulado.
Pero es una decisión que debe tomar cada uno de nosotros de
forma independiente.