VACACIONES
EN EL
INFIERNO
Título: Vacaciones en el infierno
© 2017 Catherine Rosell
Todos los derechos reservados
1ªEdición: Diciembre, 2017
Es una obra de ficción, los nombres, personajes, y sucesos descritos son productos de la
imaginación del autor. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, sin el permiso del autor
-El corazón de los hombres es un nido para la maldad
Hans V. Murder
-Aprendí que solo debía sentirme aterrado del miedo mismo
Anónimo.
Capítulo 1
“Invitación a un sueño oscuro”
Una gota de sudor corrió por la frente de Evan, deslizándose como si
siguiera el cauce de un rio recorrió varios centímetros de su rostro antes de
chocar por fin contra el suelo. En condiciones normales aquello habría sido
un ruido apenas imperceptible, pero en el estado de excitación del policía
aquello pareció un millar de vasos de vidrio rompiéndose contra el suelo.
La adrenalina recorría su cuerpo con velocidad, alterando sus sentidos,
llevándolos más allá del límite. En ese estado podía apreciar el sonido de sus
latidos cada vez más acelerados, como si de un ritmo tétrico se tratase.
Apretó con más fuerza la pistola, sintió el metal de la empuñadura contra su
piel y le reconfortó, mientras tuviera su arma y balas sería capaz de salir de
allí con vida.
Pero aquello no era precisamente lo que más le preocupaba.
El Ágape estaba en ese lugar, lo sabía. Por primera vez desde que había
iniciado el ciclo de muertes se había adelantado al asesino y ahora el quien
lo cazaba, hubiese preferido que fuera en una locación diferente, el hospital
de Ravenville era una edificación demasiado compleja, puertas, pasillos,
corredores, almacenes y un sinfín de lugares donde un psicópata podría
apertrecharse y acecharlo en la oscuridad.
-El ala de los recién nacidos… El maldito está en el cuarto de los bebés.
Pensó Evan mientras subía a trompicones las escaleras que lo llevarían
hasta el quinto piso. El asesino había sido lo suficientemente astuto al cortar
la electricidad justo después de que ordenaran el desalojo de todos, los ojos
de Evan luchaban por adaptarse a la penumbra.
-Un contacto interno… Está trabajando con alguien del hospital…
La mente de Evan trabajaba a mil por hora para tratar de descifrar las
acciones del Ágape mientras continuaba su persecución en el oscuro
hospital.
Treinta años de vida, doce años de carrera. Y todo aquello se resumía a ese
momento, el primer asesino. Nada de lo que se aprendía en la academia
podía prepararte para eso, un muy acelerado juego de ajedrez donde las
piezas estaban vivas y corría el riesgo de caer en jaque mate.
Había trabajado en todo tipo de casos, violaciones, robos, narcóticos…
Pero era la primera vez que se topaba con un asesino serial, había estado
siguiéndolo por un año entero…
-Un maldito año
Aquello lo había llevado hasta el borde de la locura, no sabía lo que era
conciliar el sueño desde hacía tiempo. Cuatro víctimas, todas ellas
encontradas en escenas del crimen en extremo bizarras, no le cabía duda
alguna de que solo la mente de un loco podría haber ideado semejantes
cosas. Cuando había descubierto el segundo cadáver, ocho meses atrás,
había descubierto que el asesino solo estaba copiando aquel maldito libro
que había causado tanto revuelo el último año.
Subió los últimos peldaños de las escaleras y le pareció escuchar ruidos del
otro lado de la gran puerta de metal con hojas dobles, levantó la pistola y
comprobó que estuviera cargada y le quedaran suficientes balas. Se llevó la
otra mano al cinturón, por puro instinto, una costumbre que había adquirido
por mera necesidad durante su tiempo de servicio.
-Dos cargadores de 20 balas…
Evan inhalo el viciado aire del oscuro hospital, apestaba a muerte, un olor
al que se había acostumbrado desde que habían iniciado los asesinatos. Dejó
que aquel vaho hediondo inundara sus pulmones, de cierta forma se sentía
revitalizado. Exhaló lentamente, como queriendo guardarse la mayor
cantidad de oxigeno que le fuese posible.
Abrió la puerta con lentitud y se adentró en las penumbras del quinto piso…
Si uno buscase en el diccionario la palabra “Misterio” jamás esperaría
encontrar al lado de la definición la fotografía de una ciudad para
ejemplificar, sin embargo, a Louis Massari aquello le hubiera parecido lo más
normal del mundo siempre y cuando esa fotografía fuera de Ravenville.
Ubicada en el condado de Sossex, lo más al sur posible de su ciudad
hermana: Abbyscreek, bastante pequeña como para distinguirla con facilidad
en el mapa del país, pero aún bastante grande como para albergar 97.000
habitantes. Era la joya de la zona industrial, grandes industrias se asentaban
en la ciudad otorgándole una pujante y creciente economía, la prosperidad
atraía a las personas…
-Y a las ratas…
Pensó Louis con amargura mientras apuraba el vaso de bourbon a través de
su garganta. Aquel líquido lo encendía por dentro, como si se tratase de un
rio de lava abriéndose paso a través de su interior.
Lo necesitaba, a veces sentía que era así. Necesitaba el licor porque este
mataba un montón de cosas que llevaba por dentro y que lo único que
merecían era ser asesinadas.
Estrelló el vaso de vidrio robusto contra la mesa con una fuerza
irresponsablemente desmedida, quizás en su subconsciente esperaba que el
vaso se rompiera y lo cortara, haciéndolo sangrar, quizás así sentiría algo.
Pero ni siquiera se agrietó. Louis sonrió de forma irónica y volvió a rellenar
el vaso con una abundante cantidad de licor.
-¡A la salud de todas las malditas ratas que hay en la ciudad!
Exclamó el policía casi en un grito a pesar de que la sala estaba vacía a
excepción de él y del cadáver envuelto en sabanas y con el cinturón amarrado
al cuello.
Louis pasó una de sus manos por su cabeza retirando un poco de caspa,
cuando terminó observó cómo unos cuantos de sus cabellos se habían
quedado en su mano.
Canas.
No le sorprendió, ya no era el mismo joven detective que corría detrás de
cuanto criminal le ordenaban y los perseguía a costa de su propia integridad.
No. Ahora era más como “Louis, el zorro viejo que se mete en las
madrigueras de las ratas y las hace salir”. Un demorador, eso era lo que él
era.
Y gracias a eso se mantenía vivo. No podía decir lo mismo del maldito
abusador de mujeres tirado en el suelo envuelto en sabanas que empezaba a
sufrir los efectos del rigor mortis. Era un hijo de puta, de eso no cabía duda,
pero debía admitir que tenía un gusto exquisito para el licor.
Louis a diferencia de los otros policías veteranos del departamento tenía su
propia manera de hacer las cosas, nunca tan lejos de la ley, pero jamás bajo
su sombra. Cuando se llevaba tanto tiempo como el en el negocio de
despachar las malditas ratas de la ciudad uno aprendía que la justicia solo
existía cuando se forjaba con mano propia.
-Y así es como debe hacerse, siempre, sin miramientos, sin contemplaciones.
Aquel desgraciado había violado ya a cinco mujeres, y estaba preparado
para añadir una sexta víctima a su lista, bueno, al menos lo estaba antes de
que Louis apareciera en su puerta en vez de la rubia de grandes tetas a quien
el abusador esperaba.
Dos tiros en los testículos, un navajazo a la altura de la yugular.
Simple, una rata menos en las alcantarillas de Ravenville.
De no haber actuado de esa forma ahora existiría una mujer más sufriendo
de trauma, y un hijo de puta satisfecho después de haber descargado
nauseabundo esperma en un útero que no lo deseaba.
-Pero ahora al único que violaran es a ti, cuando el diablo te meta su tridente
en el culo. ¿A qué te gusta?
Dijo Louis levantándose y terminando de un solo trago el vaso
prácticamente lleno. Caminó alrededor del cadáver y lo movió con uno de sus
pies, lo inspeccionó por un instante mientras pensaba como explicaría
aquello. No tenía que hacerlo, realmente. Pero lo haría porque al igual que
sentía la necesidad de beber licor, a veces necesitaba sentirse como un policía
“bueno”, llenaría un informe y se lo entregaría a su superior, aún a sabiendas
de que Mckeena se lo pasaría por el culo antes de tan siquiera pensar en
suspender a Louis por lo que había hecho.
Pero lo haría.
Daria su explicación: “Me encontraba paseando tranquilamente por las
aceras oscuras de Maine Street, porque ya saben, no hay mejor sitio para
dar un paseo nocturno que una comunidad llena de traficantes, drogadictos,
delincuentes y asaltantes sexuales… Bien, entonces resulta ser que escuche a
un tipo gritar con fuerza, ya saben, como uno grita cuando algo le causa un
dolor insoportable… Fue entonces que siguiendo el sonido llegue hasta la
puerta de ese buen tipo, me dijo que le ardían las pelotas y el pito, que tenía
una infección por tanto sexo abusivo y que había contraído eso de la última
mujer que había violado… Así que me pidió que lo ayudara a rascarse,
simple, saqué mi pistola le pegué dos tiros ahí abajo para ayudarle a mitigar
el ardor… El me agradeció y se acercó a darme un abrazo, solo que yo no lo
esperaba y había sacado mi navaja para contemplar su brillo a la luz de la
luna… Cuento corto, se acercó tanto que terminó clavándosela en el cuello y
murió. Lo envolví en una linda sabana y lo dejé preparado para los chicos de
forense”.
Un cuento tan absurdo como ese solo podía salir de la mente de Louis
Massari. Pero eso no significaba que el capitán Mckeena no lo escucharía con
atención solo para sonreír al final y decirle que no había nada de qué
preocuparse y que se tomara un par de días libres.
Así eran las cosas en Ravenville, esa era la única forma de lidiar con las ratas.
Louis sonrió débilmente y se dio la vuelta, atravesó el umbral de la puerta y
envió un rápido mensaje de texto con la dirección de aquel lugar, en menos
de diez minutos estaría plagado de patrullas y una van del equipo forense
para recoger el cuerpo.
Empezó a caminar por el mismo trayecto que había recorrido para llegar, iba
de vuelta a su casa, en lo que a él respectaba ya había terminado su día de
trabajo. Era hora de llegar a su asqueroso apartamento, abrir una botella de
whisky barato y beber hasta caer inconsciente. Dio un último vistazo a aquel
lugar y suspiró, no por nostalgia, sino más bien por ansiedad. Se preguntó
cuántas veces más tendría que hacer aquello, ¿cuantas alcantarillas más
tendría que visitar para hacer salir a las ratas? En su mente el sabia la
respuesta, solo que sus labios no se atrevían si quiera a pronunciarla por lo
bajo.
Caminó por aquella densa y pesada oscuridad que ofrecían las calles a
media noche, siempre le había gustado caminar de noche, sin embargo,
hacerlo en Ravenville no era precisamente placentero. Era como si aquella
oscuridad no fuera otra cosa que la representación de todo lo que estaba mal
en la ciudad, Louis lo sentía de esa manera, nunca se atrevería a contarle eso
a nadie, ni a Mckeena, ni a ninguno de sus amigos… Ni siquiera a los de
verdad… Ni siquiera a Evan.
No se atrevía a explicarlo de la manera en como él lo veía, esa oscuridad
pesada era apenas una forma de catarsis intangible que tenía la ciudad para
demostrar lo podrida que estaba, la oscuridad era el alma de los violadores y
asesinos, de los pedófilos y los traficantes…
Era el alma de Ravenville misma.
Pero Louis jamás diría eso, no. Era su secreto mejor guardado, incluso más
que “aquello”, Louis lo sentía como un reto personal, un objetivo auto
impuesto: acabar con esa pesada oscuridad que lo enloquecía… Incluso,
puede que él no fuera el único que se hubiera dado cuenta de ello. Le
preocupaba, realmente le preocupaba el hecho de que en alguna casa, de
alguna calle, de alguna zona, de la maldita ciudad, un niño estuviera sin
poder dormir mientras miraba por la ventana y sentía el peso de aquella
oscuridad.
Suspiró.
Se llevó las manos a los bolsillos de su chaqueta, era lo que hacía siempre.
Pensó en lo que había hecho esa noche, y lo que seguiría haciendo todas las
noches que hicieran falta, pensó en todas las ratas a las que había
despachado… También pensó en Evan… Evan. Tan distinto pero a la vez tan
parecido al… Si, Evan.
Pensó en su mejor amigo, y en cómo se sentía de aliviado al saber que
nunca conocería esa faceta de él, hubiera sido contra producente.
-Aquella vez fue un accidente… Nunca se repetirá.
Pensó Louis y se reconfortó en aquella dulce mentira blanca.
-Evan…
Si había alguien que podía ser capaz de lavar la mugrienta cara de la justicia
en Ravenville, era Evan… A pesar de todo, de cualquier cosa, Louis creía
fervientemente en Evan. A pesar de que sus métodos fueran tan diferentes, a
pesar de que el mismo lo mataría si alguna vez se enteraba de lo que hacía…
Pero en el fondo, lo admiraba. Admiraba el ideal de justicia que el transmitía,
admiraba el hecho de que se había mantenido justo y limpio a pesar de
meterse todos los días a las alcantarillas, admiraba el hecho de que no fuera
como él.
-El corazón de los hombres es siempre un nido para la maldad… Un nido de
ratas.
Pero no el de Evan, nunca el de Evan. Ese pensamiento le hizo sonreír, a
pesar de que fuera una sonrisa fría, cansada y demasiado gastada.
Louis Massari se adentró en la oscuridad de la noche, con una luz en su
corazón.
Algo se movió rápidamente en la oscuridad.
Evan levantó la pistola rápidamente intentando apuntar, pero había tanta
oscuridad y obstáculos que le fue imposible tener un tiro claro. Escuchó los
pasos rápidos sobre el suelo y pudo ver como algo se escondía tras la
esquina.
-Es el Ágape
Pensó mientras se movía casi con la misma rapidez del sujeto a quien
estaba persiguiendo. Escuchó un ruido sordo, algo metálico había caído
sobre el suelo y había delatado la posición del asesino, Evan se echó a la
carrera en aquella dirección sin importarle mucho el hecho de que se estaba
metiendo de lleno en una posible trampa.
En medio de la oscuridad pudo descubrir del otro lado del pasillo las
grandes puertas blancas con el letrero de “Maternidad” encima. Se felicitó
internamente por haber acertado en su pronóstico, el asesino se estaba
comportando justo como lo había previsto. Todo lo que podía esperarse de
quien veinte años después de aquello estaría liderando el “DIE” de
Ravenville, curioso, que significara “muere”, curioso, sí, porque era justo a
la muerte a lo que se enfrentaría en aquel hospital.
Evan se movió a toda la velocidad que su cuerpo le permitía, por pura
intuición esquivo una camilla que estaba atravesada en el corredor, dejada
por Kelly Baldwin, la sexy pero cobarde enfermera que no se había
molestado en devolver el mobiliario a su respectivo depósito de materiales
cuando habían dado la alarma para desalojar el hospital.
-Por favor, por favor… Que hayan tenido tiempo de sacar a los niños…
Aquel turbio pensamiento asaltó la mente de Evan, como traído por el
mismísimo diablo. Sin embargo, en su pecho un pálpito de miedo no le
dejaba reunir la suficiente esperanza para convencerse de ello.
Probablemente todos los trabajadores habían corrido como gallinas apenas
se enteraron de que un asesino serial se había infiltrado en el hospital, a
trompicones, demasiado temerosos y preocupados por salvar el propio
pellejo como para cerciorarse de que los indefensos estuviesen a salvo.
¿Acaso habían al menos cerrado con llave las habitaciones de los pacientes
que no podían ser trasladados? ¿Habían tenido la decencia algunos cuantos
de atrincherarse en algún pabellón e intentar capturar al Ágape ellos
mismos?
-No. No lo hicieron.
Se respondió a sí mismo.
En el fondo lo sabía, siempre lo supo, y aún así intentaba engañarse. El
hospital probablemente estaría lleno de pacientes que estarían muriéndose
de miedo, intentando guardar el mayor de los silencios posibles ante la
amenaza de que un lunático entrara en su habitación y los asesinara.
Una locura, pero eso era lo que pasaba en Ravenville.
Ruido, pasos, risas…
Evan levantó la pistola y apuntó en la dirección desde la que había venido el
ruido, preparado para apretar el gatillo y disparar apenas tuviera en la mira
al asesino. Pero para su sorpresa nada de aquello ocurrió, en cambio una
débil voz se dejó escuchar.
-Dejad que los niños vengan a mí… Dejad que los niños vengan a mí…
Aquello se repetía en eco por todo el lugar como un tétrico estribillo. Evan
sintió como la sangre se helaba dentro de sus venas y corría a través de ellas
como si fuera nitrógeno puro, aunque eso duró apenas un segundo antes de
que fuera la adrenalina la que se instalara en sus vías sanguíneas.
A partir de ahí todo pareció ocurrir en cámara lenta.
Evan vio como frente a él, desde la esquina aparecía una figura
encapuchada vistiendo lo que parecía ser un traje completo, la capucha solo
tenía la abertura para los dos ojos, y de resto se extendía hasta sus pies, le
recordó a esos trajes que usaban los miembros del Klu Klux Klan. La figura
blandía un enorme cuchillo de carnicero que fácilmente podía medir treinta
centímetros
Se abalanzó sobre el buscando asestarle una puñalada en el pecho o
cualquier lugar que resultara fatal. Evan apretó el gatillo dos veces y los
proyectiles de plomo se incrustaron en el pecho de aquella figura
encapuchada tiñendo de rojo carmesí el habito que había sido blanco hasta
hacia un par de segundos.
El policía aprovechó de pegarle una fuerte patada en la cara antes de que
se desplomara totalmente en el suelo, Evan se acercó de forma apresurada y
arrancó la capucha… Algo no estaba bien.
Aquel hombre tenía tatuajes en la cara, garabatos y diseños tribales de esos
que usaban los malvivientes inquilinos de Wokak, el instituto correctivo de
Ravenville, la prisión donde solo los delincuentes más peligrosos iban a
parar.
Evan apenas tuvo tiempo para maldecir antes de que otra figura
encapuchada a la que no había visto antes lo atacara por la espalda, sintió
la fría y metálica hoja del cuchillo enterrándose sobre su hombro, había sido
afortunado de que su atacante fallara el cuello.
-¡Estos tipos son señuelos! ¡El Ágape me engañó!
Con la misma desesperación de una gacela que está a punto de sucumbir a
las fauces del león, Evan se revolvió con fuerza hacia atrás, estrelló el
cuerpo de su atacante de espaldas contra la pared, aquello hizo que el
cuchillo se internara más en su carne dándole un tremendo pinchazo de
dolor. El policía uso el impulso que le ofreció el sufrimiento para continuar
con su embestida, chocó con pared tres veces más hasta que el hombre
encapuchado soltó su cuello y se dejó caer rodando por el suelo.
La pistola se había escurrido de las manos de Evan y ahora se encontraba
en el suelo, como un tesoro abandonado que se encontraba a la espera de ser
reclamado. Por un segundo que pareció volverse eterno, los ojos de Evan y
las cuencas negras que se adivinaban tras los pequeños agujeros de la
capucha se encontraron. En ellos se apreciaba el mismo instinto
desesperado, casi animal, de sobrevivir a aquel encuentro… Esos mismos
ojos que Evan se encontraría desde ese momento en adelante en todas las
caras de todos los psicópatas y asesinos a los que se enfrentara a lo largo de
su carrera… Esos ojos gritaban “MIEDO”, lo gritaban en el mudo idioma
que solo la mirada de un desgraciado puede hablar.
Evan y el hombre encapuchado se lanzaron sobre la pistola al mismo
tiempo, ganando el encapuchado por una fracción de segundo. Rápidamente
llevó la pistola hasta la frente de Evan y rió de forma desquiciada mientras
jugueteaba con el gatillo. No se atrevía a jalarlo, al menos no de inmediato,
esa clase de sujetos disfrutaban con la agonía, probablemente esperara ver
el miedo reflejado en los ojos del policía, cosa que no ocurriría tan
fácilmente.
-¿Últimas palabras?
Masculló el psicópata a la espera para jalar el gatillo de la pistola.
-Te veo en el infierno, hijo de puta.
Espetó Evan tirándose a un lado al momento en que también sacaba su
navaja de bolsillo y la enterraba en el cuello del encapuchado. La sangre
empezó a manar a borbotones por la herida tiñendo de rojo carmesí la
capucha y el traje, bajando por el pecho del psicópata como un rio. En un
momento determinado que Evan no habría sabido diferenciar su voz y la del
encapuchado se habían fundido en una sola en un largo grito que continuo
hasta que el cuerpo inerte y sin vida del psicópata dejo de moverse. A Evan
el corazón le palpitaba con tanta fuerza que bien podría haberle reventado el
pecho.
Arrebató la pistola de las frías y muertas manos del encapuchado, ni
siquiera intentó sacar la navaja. Sabía que aquello ya no le seria de utilidad
en lo que estaba a punto de enfrentar, bien podían ser un batallón de
psicópatas fugados de Wokak, el Ágape o hasta el mismísimo diablo.
No tenía tiempo que perder.
Evan se levantó de golpe, levantó el arma y recorrió los escasos metros que
ahora lo separaban del área de maternidad, cada uno de sus pasos iba
acompañado con un latido de su corazón. En ese justo momento el policía
tuvo la sensación de haberse sumergido hasta el cuello en un foso de mierda
más profundo de lo que aparentaba, todo se había ido de las manos. Había
dos muertos, prófugos de Wokak, y detrás de aquella enorme puerta blanca,
le aguardaba algo mucho peor de lo que hubiera imaginado.
Con trémulos dedos apretó el pasamanos y abrió la puerta.
Había leído una vez un libro, no podía recordar si era parte de la obra de
Hans V. Murder o quizás una de esas novelas terroríficas de William
Dembrough. Ese libro contaba la historia de un hombre que horrorizaba
ante la oscuridad, vivía todo el tiempo con el miedo a ser succionado por
aquella oscuridad incipiente y perderse para siempre entre las penumbras de
la noche… Al final aquel hombre desgraciado descubría que aquella
oscuridad a la que tanto temía venia de su propia alma, resignado y con la
mente totalmente descompuesta se dejaba llevar a las tinieblas,
convirtiéndose uno solo con la noche.
Evan recordaba aquel libro por una sola razón… Había sido la única vez
que había sentido autentico miedo… Hasta esa noche.
“5 de 12 / la venganza del justo es la justicia de los afligidos”
Evan cayó inmediatamente de rodillas al contemplar la dantesca escena
que aparecía frente a él. Un cuadro pintado y exhibido en las galerías del
mismísimo infierno no habría más descabellado que lo que sus ojos le
mostraban. El mensaje estaba escrito con lo que horas más tarde las
pesquisas determinarían como sangre.
Ahí, frente a él, estaban dos docenas de incubadoras con sus tapas abiertas,
sobre ellas chorreando, goteando, como si estuvieran simplemente llorando,
las válvulas de emergencia, aquellas que se activaban solo en caso de
incendio dejaban caer un ligero rocío… Acido que derretía la piel al primer
contacto, bajo la cruel lluvia de químicos se adivinaban los cuerpos
parcialmente derretidos de todos los recién nacidos.
En cada una de las incubadoras, dibujados con la misma sustancia que
adornaba la pared con el tétrico mensaje, estaba dibujado un Ágape. El
símbolo del asesino que había basado todos sus crímenes en aquel concepto
antiguo que significaba amor incondicional, tres figuritas de personas, como
aquellas que dibujaban los niños tomados de la mano formando un corazón.
Entonces Evan lo entendió, entendió por fin el por qué se había sentido de
esa manera desde que había empezado a subir las escaleras al quinto piso,
entendió porque su instinto le gritaba en su mente que subiera, que detuviera
al asesino de una vez por todas… Pero también, entendió porque desde un
principio, en lo profundo de su pecho, no había albergado nunca la más
mínima esperanza de lograrlo.
Y es que aquello no había sido más que la expresión interna de ese sexto
sentido con que cuentan los hombres… La infame capacidad de saber
cuándo ya todo está perdido.
El Ágape nunca había estado ahí, en esa sala, ni siquiera en el hospital…
Evan, el glorioso Evan, el hombre con nervios de acero e intelecto de genio
se había precipitado en una elaborada estratagema por una mente criminal
que lo había opacado a totalidad.
Uno de los moribundos recién nacidos alzó su corroído bracito, aquello no
podía ser más que un simple acto reflejo llevado a cabo por su organismo
para combatir el dolor… La pequeña extremidad estaba carente de carne en
su gran mayoría y era apenas un bulbo gelatinoso compuesto por hueso,
sangre y tendones que cayó con la misma facilidad como se había alzado
apenas un segundo antes.
Evan sintió un escalofrió recorrerle por toda la espina dorsal y asentarse en
lo más recóndito de su ser.
-Estoy… Estoy en el infierno.
Clamó el derrotado policía apreciando como la vida de aquel bebé se
extinguía frente a sus ojos.
Afuera de aquel hospital se escucharon sirenas, y aparecieron las luces de
las patrullas… Luces que, sin embargo, no podían iluminar aquella
oscuridad pesada…
Evan se despertó de golpe, jadeante. Un rio de sudor había bañado su cuerpo
de tal manera que el colchón se encontraba húmedo. El experimentado policía
llevó las manos a su mesita de noche, justo donde dejaba su arma cargada
antes de irse a dormir.
Instinto… Aquello que mantenía vivos a los hombres en las situaciones más
desesperadas.
Era la quinta noche seguida donde tenía la misma maldita pesadilla. ¿Podía
catalogarse como pesadilla? ¿En qué libro de reglas del sueño decía que
revivir los recuerdos más jodidos de tu vida era suficiente para que estas se
catalogaran como pesadillas?
Busco a tientas la pistola sobre la mesita y tiró por descuido el frasco de
pastillas que le habían recetado.
(Es solo una ayuda, no lo tomes a mal… Te ayudara con esos recuerdos…)
Eso era lo que le había dicho el boticario… Aquel pobre diablo no tenía ni
idea de los recuerdos que el policía guardaba en su mente, ni siquiera él
quería rememorarlos…
Al fin consiguió la pistola, había sido su arma de reglamento desde que había
ingresado al departamento de policía… De eso hacían ya treinta y dos años.
Puso el cañón del arma en su boca y posó el dedo sobre el gatillo,
jugueteando con él y acariciando la idea de pegarse un tiro y acabar de una
maldita vez con todo aquello. La vergüenza, y el remordimiento que lo
aquejaban… No había podido detener al Ágape. No. Había fallado.
Sintió el frio metal del cañón en su boca y se imaginó la bonita postal que
dejaría para el equipo de forenses que tuviera el honor de atender su caso.
Sesos desparramados contra la pared de su habitación. Qué bonito se veía
todo aquello…
Pero cuando más seguro se sentía el policía para tirar del gatillo y acabar
con su patética vida, algo lo distrajo.
Miró a través de su ventana y vio la oscuridad… Esa oscuridad pesada,
ominosa y avasallante que siempre había predominado sobre la ciudad. No
supo decir que fue lo que ocurrió en ese momento, solo colocó la pistola de
vuelta en la mesita, se acostó y contempló el techo de su habitación.
Aquella oscuridad parecía llenarlo todo, y si no hubiera estado en casi
bancarrota, habría apostado mil dólares a que esa oscuridad… Venia de
adentro de él.
La noche había caído sobre Ravenville y esta vez, no se iría cuando saliera el
sol.
Capítulo 2
El ciclo de los doce
Louis Massari atravesó la puerta de su despacho y la cerró con fuerza
tras de sí. El sonido pareció devolverlo a la realidad, antes de eso habría
jurado que se había estado moviendo por pura inercia como si de un ser
autómata se tratara. Miró el reloj sobre su escritorio, las siete menos cuarto,
aquello le pareció ideal, iba a tener tiempo de vaciar la información que
recién había adquirido anoche antes de tener que reunirse con Mckeena y
Evan. Ese era uno de los momentos que Louis más disfrutaba de su trabajo,
tenía una especie de “diario” donde anotaba toda la información acerca de las
ratas que despachaba.
Se sentó frente al ordenador y empezó a vaciar la información, cinco
minutos le bastaron para colocar el nombre, edad, dirección, y todos los
demás datos que le resultaran relevantes para una posible investigación. A
Louis le gustaba tener a las ratas lo más vigiladas posibles, por si existía
alguna conexión entre ellas. De la forma en que él lo veía, era aplicación de
justicia preventiva, y aquella practica le había ayudado mucho últimamente,
había tenido la oportunidad de desarticular una banda de traficantes de
éxtasis, y un grupo de estudiantes que estaban planeando un atentado
terrorista en nombre de un Yihad.
-Pero todavía no es suficiente… No… Aún hay demasiadas ratas en las
alcantarillas, y alguien tiene que limpiarlas.
Pensó Louis mientras se reclinaba en su silla y seguía examinando la
lista de nombres que había ido agregando en los últimos tiempos, leer
aquellos nombres de ratas hacia que a su mente volvieran todos los recuerdos
de esas reconfortantes experiencias donde actuaba como exterminador de
plagas.
-Melanie Clark (jodidas tetas de estrella porno que tenía…) la zorra
prostituía a su hija menor con un montón de gamberros de la zona por un
chute de cocaína, habían violado a la niña en frente de ella tantas veces que
terminaron por matarla y ella no se dio cuenta por estar hasta atrás en
droga. Le había hecho una “corbata de Medellín” a ella y a todos los
malditos violadores.
Belch Huggins, pederasta. Un hijo de perra de siete suelas que había
abusado sexualmente de sus tres hijas adolescentes… A esa rata había
optado por provocarle lo mismo que él le provocaba a sus hijas, se había
hecho acompañar de “Mandingo” uno de los presos del instituto
correccional al que a veces le hacía favores a cambio de alguna información
que lo ayudara a toparse con más ratas. El viejo Belch no la había pasado
muy bien con el enorme pene de Mandingo en su trasero. Obviamente
después de aquello se había desecho del cadáver y había enviado a las niñas
a una casa hogar, muy lejos de Ravenville…
Timothy y Edgar Hoover, el par de hermanos que estaban surtiendo a
los estudiantes de secundarias con drogas que repartían en las fiestas
ilegales que hacían en su residencia. Esa vez había sido especial, Louis los
había hecho probar de su mercancía hasta que murieron por sobredosis. Lo
que menos necesitaba la endeble y manipulable juventud de Ravenville eran
un par de universitarios fracasados con complejos de fiesteros llenándoles la
mente de mierda y las venas de drogas. Había tomado aquella exterminación
de ratas como un triunfo personal.
¿Acaso no todos lo eran?
Louis apagó el computador, satisfecho, al menos por el momento con
lo que había hecho. Aunque sabía que esa satisfacción no le duraría lo
suficiente como para quedarse tranquilo por lo que restaba de esa semana…
Sin embargo, Evan se reintegraba ese mismo día al departamento, por lo que
debería andar con cuidado si quería seguir exterminando ratas. Lo que menos
deseaba era tener algún encontronazo con su mejor amigo.
-Mi mejor amigo…
Pensó Louis mientras su mente se sumergía de nuevo en la laguna de
los recuerdos, como un experimentado buzo que explora el fondo en
búsqueda de tesoros. Pero en su mente no había tesoros, solo recuerdos
dolorosos de su pasado. Y donde la gran perla dentro de la almeja se
encontraba sumergida en lo más profundo de esa laguna, donde ni siquiera el
maldito Jacques Cousteau se atrevería a echar un vistazo. Y era mejor así,
eran el tipo de recuerdos que nadie debería tener, y que en caso de tenerlos,
era mejor dejarlos ocultos. Enterrados bajo un millar de otros recuerdos
menos importantes, pero lo suficientemente distractores como para lograr que
uno se olvidara de aquello.
Sus ojos se toparon con algo que hubiera decidido en otras condiciones
no ver, obviar desesperadamente para no reparar en aquel recuerdo que lo
acosaba desde la oscuridad de su alma.
-Mike…
La fotografía donde Louis y Mike Massari compartían una tarde de
domingo bebiendo cervezas estaba todavía sobre su escritorio, a pesar de que
el recordaba haberla quitado de allí y guardarla en el último cajón, el más
oscuro de todos.
¿Realmente la había guardado? Juraría por dios que si…
Su hermano, su único y adorado hermano… El favorito de sus padres,
realmente Mike era el favorito de todos. Bueno, lo había sido mientras estuvo
con vida. Louis sintió un nudo en su garganta y como su estómago se
revolvía ante la sombra de aquel recuerdo, no era algo que hacía por voluntad
propia, simplemente era arrastrado a ello por miles de caballos de pena
quienes corrían libres hacia el horizonte de la pena, recordándole su
culpabilidad.
Ni siquiera el tiempo había servido para borrar completamente las
huellas de aquel suceso, y probablemente no se borrarían nunca. Era algo con
lo que tendría que aprender a vivir tarde o temprano, a pesar de que ello lo
fuera consumiendo lentamente.
El golpe de un puño tocando suavemente su puerta lo sacó de sus
ensoñaciones.
-Hey, Massari ¿estás ahí adentro?
La voz del capitán Mckeena se escuchó tan firme como siempre. Louis
se tomó un par de segundos más de lo necesario para salir de esa situación
que lo tenía absorto en un mundo diferente, de recuerdos que parecía lejanos,
pero cuya cercanía y longevidad nunca caducaban. Sus ojos se toparon con el
reloj y notó que ahora marcaba las ocho y once minutos. Increíble, había
estado allí por casi media hora y ni siquiera se había percatado de cómo había
corrido el tiempo, agradeció internamente haber terminado primero con el
proceso de vaciado de información de las ratas, no le hubiera gustado tener
que hacerlo con prisa.
-Si capitán, aquí estoy.
Respondió el policía mientras se levantaba de su silla y se acomodaba
la chaqueta. No quería tener mal aspecto cuando se encontrara con su jefe, a
pesar de que ahora mismo no lucia exactamente como un modelo, Louis
siempre había cuidado la pulcritud de su vestimenta. Se acercó hasta la puerta
y la abrió lentamente para encontrarse con el capitán Mckeena.
-¿Está todo bien? Evan acaba de llegar, necesito reunirme con ambos…
Inquirió Mckeena con la mezcla de severidad y cordialidad tan
características de su persona. El capitán tenía la sublime capacidad de decirte
que iba a meterte un tizón ardiendo en el trasero mientras te sonreía como si
fueras su mejor amigo.
-Sí, todo… Todo está bien capitán… Solo… Yo solo… Estaba
haciendo un poco de papeleo, lo normal…
Respondió Louis con una tranquilidad que rayaba casi en el desinterés,
como si aquella pregunta del capitán hubiera estado vetada desde un
principio, y aún así se hubiera tomado la molestia de hacerla.
(No, nada está bien capitán… Una maldita mierda está bien.)
-¿Seguro?
Espetó Mckeena, examinándolo con sus ojos de águila que parecía
atravesarlo a uno y ver hasta el más mínimo de los secretos que se escondían
en el fondo del alma. Louis siempre había comparado aquella mirada con un
examen de rayos equis, en cierta forma conseguía ponerlo nervioso.
-Seguro. Solo estoy un poco cansado, eso es todo.
Respondió Louis fingiendo una sonrisa demasiado débil y fría como
para ser considerada por el capitán Mckeena. Este simplemente lo miró de
arriba abajo por un par de segundos antes de fijar su mirada directo en los
ojos de Louis.
-Claro… Está bien. Por cierto… El departamento de forense ya me
comentó lo de anoche… Tranquilo, me encargaré de todo lo necesario.
Olvídate esta vez del papeleo… Me gustaría que descansaras un poco Louis.
-Estoy bien capitán, ya le he dicho que no es nada. ¿Cómo esta Evan?
-Igual de testarudo que tú, le he dicho que se tomara una semana más,
que vaya a la playa o que visitara a su hija. No lo sé, a veces no los entiendo a
ustedes dos. Metidos hasta el cuello en tanta mierda y no aprecian el buen
descanso.
-Los criminales y asesinos no descansan capitán. Tampoco yo.
El capitán Mckeena lo miró por un segundo con una expresión de
incredulidad que fue reemplazada de inmediato por una sonrisa sarcástica. Se
metió las manos en los bolsillos al mismo instante en que se daba la vuelta y
se encaminaba de regreso a su oficina.
-No te pierdas en el camino, Louie.
Louis atravesó el umbral del despacho de Mckeena sintiendo un
enorme peso invisible sobre sus hombros. El peso de la culpa, al parecer, la
sola presencia de Evan en aquella sala hacia que el efecto se multiplicara mil
veces.
-Por favor toma asiento Louie, Evan y yo habíamos empezado ya la
charla.
Dijo el capitán Mckeena señalando la silla vacía frente a su escritorio,
al lado de la que Evan ocupaba.
-Por un momento pensé que tendrías tu culo pegado a la silla y estarías
acabándote una caja de donas. Pero es un placer verte de nuevo.
Dijo Evan desde su silla sonriendo con cansancio. Aquella misma
sonrisa a medias que ya había visto infinidad de veces en el rostro del
experimentado policía. Una sonrisa que reflejaba un infierno escondido tras
las fugaces alegrías (si es que alguna vez las tenía) de aquel hombre
cincuentón.
-¡Oh! Nunca me atrevería a engordar el culo con donas, esa seria tu
especialidad Evan, esa y parecer una momia andante. Pero bueno, eres
nuestro Pero bueno, eres nuestro Tutankamon del departamento y así te
queremos.
Respondió Louis divertido y sonriente estrechando la mano de su
amigo al tiempo que tomaba asiento junto a él, las vacaciones de Evan habían
durado solo un mes, pero a él le pareció estar viéndolo de nuevo después de
una de esas largas ausencias de los soldados que regresaban de la guerra.
Las miradas cansados de ambos, como dos faros viejos que se
encontraban en el límite de su ciclo útil, tropezaron entre si hasta encontrarse
en un segundo. Una simple mirada, esa era la forma en la que la hubieran
catalogado cualquiera de los dos si los hubiera interrogado acerca de ello,
pero, por el contrario, si algún ser diferente y ajeno a la simplicidad de
cualquier mortal se hubiera detenido a mirarlos justo en ese momento lo
habría visto.
Habría visto la dualidad y antítesis de aquellos dos hombres. Eran luz y
oscuridad, resplandor y sombra, verdad y mentiras, justicia y venganza. Dos
caras de una misma moneda que se reducía a la amistad irrevocable de
aquellos dos policías.
Se habían conocido hace quince años, cuando Louis no era más que un
policía novato y Evan ya un prominente agente de policía con un futuro muy
brillante. Habían hecho click con suma facilidad. Y desde entonces habían
compartido una gran cantidad de momentos, sin embargo y contra todo
pronóstico, nunca habían trabajado juntos en un mismo caso. Evan era el jefe
del DIE
(Muere policía hijo de puta, muere… Como solían llamarle los agentes
novatos)
El Departamento de Investigaciones Especiales así que normalmente
estaba implicado con los casos más importantes de la ciudad, mientras que
Louis se encargaba principalmente de atender casos relacionados con
homicidios y tráfico de drogas.
(Sin contar sus trabajos de exterminio de ratas como algo que fuera
inherente a su cargo, claro estaba).
Ninguno nunca se lo había resaltado al otro, de hecho, parecía que no
habían reparado en aquel curioso detalle, tampoco tendrían oportunidad de
hacerlo, pues eso estaba a punto de cambiar.
-Si las vecinas ya han terminado de ponerse al corriente con sus
chismes, me encantaría que empezáramos a hablar de lo que realmente nos
importa.
Cortó el capitán Mckeena con seriedad y tranquilidad al mismo tiempo
en su voz atrayendo de inmediato la total atención de los dos policías
sentados frente a él. Ambos lo miraban con expresión de concentración
atentos a lo que iba a decirles, sabían muy bien que para que el capitán
Mckeena los reuniera a ambos en su oficina tendría que tratarse de algo muy
gordo.
-Antes de eso capitán, quisiera que me contaras un poco acerca de un
caso de asesinato que ocurrió anoche en Maine Street los de forense me
dijeron que había recibido unos disparos en el pene y se había desangrado por
eso… ¿A quiénes enviaron a investigar aquello? ¿Acaso has sido tu Louis?
Preguntó Evan alternando su mirada examinadora entre el capitán
Mckeena y Louis.
Louis sintió su garganta secarse de golpe y un repentino escalofrió le
recorrió el cuerpo. ¡Evan sospechaba!
No vayas a decir una tontería Evan… Tu no, por favor tu no…
El capitán Mckeena que se había alertado en el mismo instante que
Louis decidió tomar cartas en el asunto antes de que Evan se pusiera muy
insistente. Ese hombre era una autentica ladilla en el trasero cuando algo se le
metía entre ceja y ceja, era mejor decirle algo que lo dejara tranquilo.
-Yo estoy informado acerca de ese caso, y ya puse a nuestros mejores
hombres (mentira) a trabajar en ello, te aseguro que no hay nada de qué
preocuparse Evan, en menos de lo que canta un gallo descubriremos quien ha
sido el culpable del asesinato y lo traeremos ante la justicia (una mentira
incluso más grande). Por ahora, quiero mostrarte algo que es más
importante…
El capitán Mckeena extrajo un paquete de debajo de su escritorio y lo
depositó en la mesa, se trataba de un pequeño bulto envuelto en papel marrón
del que se usaba para embalar. Evan y Louis se inclinaron hacia el frente para
poder examinar mejor aquel extraño paquete que el capitán tenía tanta
intención de mostrar. Louis no lo entendió al principio, a diferencia de Evan
cuya expresión de preocupación dijo más de lo que hubiera podido
pronunciar en palabras.
Tenía pintado tres figuritas de personas, como esas que a veces
dibujaban los niños, tomadas de la mano formando un corazón. El mismo
símbolo que Evan había visto hace veinte años en el hospital de Ravenville.
El símbolo del Ágape.
Evan sintió como su sangre se hubiera transformado de alguna manera
imposible, en fuego líquido que ahora le ardía en las venas.
-¿Eso es…?
Dijo Louis sorprendido al recordar aquel viejo símbolo, lo había visto
antes, ¿tal vez en los expedientes del departamento? No podía recordarlo en
ese momento, pero de alguna forma sabía que no era la primera vez que se
encontraba con aquel dibujo.
-Llegó hace dos días a las oficinas del departamento, venia junto con el
correo. ¿Lo recuerdas verdad Evan?
Preguntó el capitán Mckeena con severidad.
-Sí. Por supuesto…
El rostro de Evan se nubló con la sombra de la duda y los recuerdos…
Recuerdos oscuros y muy poco gratos. Recuerdos de un pasado que parecía
haber sido olvidado gracias a un centenar de fármacos y terapias. Pero que
nuevamente habían surgido para hacer de las suyas.
-Esa es la marca del Ágape…
Añadió Evan de forma casi distante, como si no se atreviera a querer
recordar completamente aquello, aunque tampoco pudiera ignorarlo.
-¡El Ágape! Ahora lo recuerdo… Leí acerca de ese caso en los
expedientes…
Louis empezó a hablar de forma ceremonial, como si creyese que Evan
y el capitán Mckeena no estaban enterados en lo más mínimo acerca del caso.
-…El hasta ahora único asesino serial del que se tenga registro alguno
en Ravenville, se caracterizaba además de por usar ese símbolo, por el hecho
de que sus crímenes buscaban asemejarse a las escenas de un infame libro
que fue publicado un par de años antes… Unas vacaciones en el infierno…
Se tiene conocimiento de que el asesino buscaba completar el llamado
“circulo de los doce”, la recreación de las víctimas que el asesino
protagonista del libro había matado… Sin embargo, el Ágape cesó sus
asesinatos de forma abrupta hace veinte años…
Louis hizo silencio y contemplo las caras de preocupación de Evan y el
capitán.
-Me alegra saber qué haces tu trabajo al documentarte correctamente
Louie sin embargo, ningún expediente puede enseñarte más acerca de ese
caso que el hombre que tienes sentado al lado.
Dijo el capitán Mckeena señalando a Evan quien parecía seguir absorto
en sus pensamientos.
-Eran doce victimas… Y realmente debieron ser doce victimas…
Murder, el sujeto que había escrito el libro dijo que no tuvo nada que ver,
pero no le creyeron… Le dieron casa por cárcel de forma perpetua por
considerarlo una especie de autor intelectual… La última vez fue…
Aquellos amargos recuerdos llegaron todos de golpe a la mente del
experimentado policía, como si aquel paquete sobre la mesa hubiera sido una
bola de nieve minúscula y que fue bajando lentamente hacia abajo en una
colina nevada, hasta convertirse en una masa inmensa de memorias.
(El hospital, los recién nacidos…)
Evan empezó a hablar, aunque él no sintiera que esas palabras
provinieran de su boca, como si solo fueran la representación natural de los
pensamientos que se aglomeraban en su mente y que luchaban para salir a
trompicones. Su voz, ausente y hueca, como si estuviese parado en una
enorme cámara vacía donde el fuera un austero monolito parlante.
-Habíamos acorralado al Ágape… Eso es seguro. Nos habíamos
adelantado al próximo asesinato… Ese maldito de Murder no dijo nada de
utilidad durante los interrogatorios, estábamos al borde de perderle la pista al
asesino…
Casi podía recordarlo con la misma claridad de sus sueños, como si
estuvieron viviendo en carne propia una de esas películas de suspenso.
-Pero lo descubrimos, casi que por casualidad… Incluso algunos
idiotas habían dicho que era el destino. El momento oportuno para atraparlo,
que dios estaba de nuestro lado.
Como si acaso dios tuviera predilección por los policías solo por ser
católicos…
-Pero nada fue así… Dimos la orden al hospital a que evacuaran a
todos de allí, que el asesino iba a atacar en cualquier momento… Los muy
malditos huyeron como gallinas ante una zorra, pero, no evacuaron a los
niños… Los recién nacidos.
Louis miraba a Evan con total atención, a pesar de que apenas era diez
años mayor que él, parecía que aquel hombre hubiera vivido siglos enteros y
ahora estuviera revelando apenas una pequeña porción de su basta sabiduría.
-Llegué antes que todos, estaba muy cerca… Subí al quinto piso tan
rápido como pude… Pero no llegué a tiempo. Los malditos que se habían
escapado de Wokak me la pusieron difícil. Eran señuelos, y lo estaban
protegiendo, o al menos lo habían hecho en algún momento. Me deshice de
ellos y continúe hasta la sala de maternidad, ahí era donde debía estar el
Ágape…
Evan se detuvo de forma repentina. Simplemente dejó de hablar, como
si a partir de ese punto en adelante aquella historia careciera de total
importancia para él. Louis lo miró con curiosidad, tratando de instarlo de
forma sutil a que continuara con el relato, pero no tuvo éxito.
-¿Qué fue lo que paso? ¿Lo detuviste?
Inquirió Louis insistiéndole al policía para que terminara el relato.
Mckeena se adelantó a cualquier nuevo intento de Louis por sacarle la
información a Evan, sabía muy bien que a él no le gustaba hablar de aquello.
El único criminal que había conseguido escapar del experimentado policía, el
único cuyo nombre reposaba en el estante de casos “inactivos” con el nombre
de Evan en la carpeta.
-¿Este paquete sobre el escritorio no te da una idea?
Louis tragó saliva. Aquello era obvio, claramente, pero no por eso
significaba que fuera algo fácil de digerir. Evan era el mejor policía que había
conocido en todos sus años de carrera, aún le parecía increíble que alguien
hubiera sido capaz de burlar su agudo intelecto y su más implacable instinto
de justicia.
-¿Entonces creen que va a volver? ¿De eso se trata todo, verdad?
Inquirió Louis mirando expectante al capitán Mckeena, como el niño
que espera la respuesta tranquilizadora de su padre al interrogarle acerca del
monstruo que vive en su armario.
-No lo creo… Sé que volvió.
Remató Mckeena de forma severa.
-Por eso quiero que Evan y tu trabajen juntos esta vez… Quiero que se
dediquen exclusivamente a rastrear cualquier mínimo indicio del Ágape.
Quiero que esta vez estemos un paso delante de él, y quiero que…
-Olvídelo capitán. Busca a otro de los del DIE si es que tan seguro
estas de su regreso… Incluso Louis puede ocuparse solo, pero ni de coña voy
a inmiscuirme otra vez en eso.
Se levantó de su silla de forma calmada, como si para el aquella
declaración no hubiese sido nada más que una respuesta formal y empezó a
caminar con dirección hacia el pasillo.
-¡Evan! ¡Espera Evan no puedes irte!
-Déjalo. Solo está sorprendido, aunque no lo parezca.
Interrumpió el capitán con mucha calma, como si estuviera totalmente
convencido de que el jefe del DIE no podía estar hablando en serio.
Probablemente solo necesitaba pensarlo con calma, después de todo, aquel
caso le había dejado demasiadas cicatrices emocionales… Su familia…
Quizás eso era lo que más le dolía a Evan, a pesar de que nunca lo dijera.
Louis simplemente asintió y se levantó de inmediato. Con lo que había
escuchado era suficiente. Podía estar metiéndose de lleno en el caso más
importante de su carrera, ahora solo podía hacer una cosa: empezar a trabajar.
Buscó a Evan por todo el departamento hasta que unos agentes novatos le
dijeron que lo habían visto salir, Louis fue corriendo hasta el aparcamiento y
se encontró con Evan a punto de subir a su auto.
-¿Qué fue todo eso de allá arriba?
Preguntó Louis interponiéndose entre el policía y su automóvil.
Necesitaba escuchar la explicación viniendo del propio Evan, y no solo las
suposiciones del capitán Mckeena.
-Es lo que es Louis… No tienes idea de lo que significa el regreso del
Ágape. ¿Cuántos asesinos seriales has perseguido hasta el día de hoy?
El silencio de Louis le dio a Evan la respuesta que quería
-Eso fue lo que pensé. Si eres inteligente Louis, te mantendrás tan
lejos de esto como puedas. Créeme, lo digo por tu propio bien.
Evan apartó a Louis del camino y se subió al auto, puso el motor en
marcha y un minuto después su coche se encontraba serpenteando por la
carretera, dejando atrás a un muy confundido Louis, Evan no tenía un destino
concreto, simplemente había sentido ganas de manejar. Como si un poder
mayor lo estuviera manejando de forma invisible… O quizás solo era el
hecho de querer huir de ahí, del departamento, de Ravenville… De los
recuerdos.
Soy inteligente Evan… Y sé que hay algo que no me estás diciendo.
Pero lo descubriré.
Pensó aquel exterminador de ratas mientras veía al mejor policía que
conocería alguna vez perderse en la distancia.
Evan se encontraba detenido frente a la catedral, admirando el viejo
reloj que se hallaba en la torre más alta, siempre había sido fanático de la
arquitectura de la ciudad, como se mezclaba el estilo clásico con el moderno.
No había conocido nunca los encargados de aquella magnifica edificación,
pero le hubiera gustado hacerlo.
Ahí sentado frente al volante del auto se encontraba cavilando en lo
que había pasado hace unas cuantas horas en la comisaria. Si todo aquello era
cierto, y habían enviado el paquete directo a ese lugar no podía caber duda
alguna, el asesino buscaba llamar nuevamente su atención.
De repente, algo que era totalmente ajeno a aquellas ensoñaciones lo
trajo de vuelta al mundo real, con una vibración en sus pantalones. Evan sacó
su teléfono celular y revisó aquella notificación inesperada. Sus ojos se
iluminaron, como los de un niño al ver un paquete entero de chocolates.
Era un mensaje de Gema.
“Necesitamos hablar, es importante. Nos vemos en el parque de Maine
Street, en media hora… No te tardes.”
Evan sonrió, hacia un par de meses que no hablaba con su hija y quería
ver como estaba, además, según el texto que acababa de recibir, ella también
estaba muy interesada en hablar con él. Sin perder más tiempo puso el motor
del coche de nuevo en marcha y empezó a manejar de vuelta hacia el centro
de la ciudad, cortaría por File Depot en la quinta avenida y llegaría a Maine
Street en veinte minutos, incluso podría sorprender a Gema antes de que
llegara.
-Como cuando era apenas una niña…
(Pero esas no eran buenas sorpresas ¿verdad?)
El policía apartó aquellas ideas de su mente. Amaba a su hija, de eso
no había duda alguna. Se había asegurado de darle todo el amor, cuidado,
interés y tiempo que una niña hubiera necesitado.
También le diste algo más…
La amaba, y ella lo amaba a el. Eso era todo lo que le importaba. A
pesar de que su relación con su madre nunca funcionó, nadie podría decir
nunca que él no lo había intentado, o que fuera un mal padre, o algo por el
estilo.
-¿Verdad?
No, no es así, lo sabes…
Las cosas no habían salido del todo bien con Ágata, de hecho, decir eso
era demasiado positivo. Aquella relación solo podía definirse como vivir con
el enemigo, había sido una lástima, sí, pero al menos le quedaba Gema.
Aunque desde hacía mucho tiempo que su hija había dejado de ser la niña
que recordaba, ahora era toda una señorita que había entrado en la línea de
los veinte.
No podía negarlo, estaba muy emocionado por verla ese día.
Diez minutos después estaba doblando en la esquina de Maine Street,
divisó el parque en la cuadra siguiente, en un par de minutos estaría
recorriéndolo para ver a su adorada hija. Llegó hasta el sitio y estaciono en
uno de los cientos de espacios libres que había ese día en el estacionamiento.
-Qué extraño… Hoy es lunes, esto debería estar saturado.
Además no veía ningún otro auto en el lugar. Sin embargo Evan no le
dio importancia, Gema bien pudo ir caminando hasta el parque, después de
todo hacia un día bastante bonito, el sol brillaba en lo alto y estaba despejado
de cualquier nubarrón que fuera sinónimo de lluvia. Probablemente solo
estaba siendo paranoico, no había nada malo en que su hija caminara por ahí
sola.
(Nada, salvo el hecho de que esta es la zona más podrida de la ciudad,
y el Ágape regresó para llamar tu atención… Y tú dejas a tu niña andar por
ahí…)
Aquel pensamiento despertó de nuevo el instinto de Evan. Algo andaba
mal, no podía decir de inmediato de que se trataba, pero lo sentía, algo no
estaba ocurriendo como debería. El policía echó un rápido vistazo adentro de
su coche, sus ojos se fueron de inmediato a la guantera, como si fueran polos
opuestos de un imán. Reparó de inmediato en su pistola, no sabía porque la
había llevado consigo, pero le pareció una excelente decisión. Además, Gema
no sabría que el la llevaba, en caso de tratarse de un simple presentimiento de
viejo solo quedaría como un idiota paranoico con el mismo.
Se metió el arma en la cintura ocultándola con la chaqueta y cerró el
auto con un portazo.
Evan marcó el número de Gema en su teléfono móvil mientras
empezaba a caminar a través del parque, se lamentó de no haberle preguntado
en que sitio especifico se verían. Ese parque era bastante grande.
Una gota de sudor bajó desde su frente hasta la comisura de sus labios
al mismo momento que la voz de la operadora a través del teléfono le
informaba que el número al que estaba llamando no podía ser localizado en
ese momento.
Empezó a moverse más rápido a través de los senderos del parque,
aquello no le gustaba en lo más mínimo. El lugar parecía estar desierto,
¿Cómo era posible? Una ciudad con el número de habitantes de Ravenville
debía exhibir al menos cierta cantidad de personas en un día como ese, pero
no estaban en ningún lugar. Tuvo ganas de llamar a la central y que alguno de
los chicos de tecnología le informara cual había sido la última posición de
Gema, podían averiguarlo a través del celular… Pero descartó la idea
pensando que seria demasiado…
-Probablemente solo se le hizo un poco tarde, eso es todo… No hay
razón para alarmarse.
Evan miró el reloj que llevaba en su muñeca, un Rolex, bueno, la
imitación de un Rolex que le habían obsequiado en la comisaria por cumplir
veinte años al servicio de la fuerza. A pesar de no ser autentico servía muy
bien a su propósito: doce y cuarenta y cinco.
-Solo son quince minutos, quizás se detuvo en algún lugar para comer
antes de venir aquí y…
Evan levantó la mirada y reparó en algo que no había visto al principio,
quizás lo había pasado por alto, pero no cabía duda, no podía estar
equivocado.
En la banca que se encontraba en dirección al frente, unos doscientos
metros más adelante, de espaldas estaba sentada una chica. Lo supo por el
sedoso y largo cabello negro que se estremecía cada vez que una brisa
arreciaba. Una súbita descarga de alegría primitiva nació en el corazón del
policía mientras caminaba en dirección a la banca, después de todo, solo se
había alarmado por el gusto. Gema estaba esperándolo, como lo habían
pactado.
-Deberías conseguirte un celular nuevo, ese que tienes es una mierda
total, estaba llamándote…
Dijo Evan desde atrás poniendo una mano sobre el hombro de la chica.
No pudo explicar por qué la retiró al mismo instante de que su piel
entrara en contacto con la de ella, fría.
Estaba fría…
Evan dio un paso más hacia la izquierda y miró con horror la dantesca
escena que ocurría frente a él.
No era Gema, por suerte.
Aquella joven llevaba muerta un buen rato, las cuencas oculares
estaban vacías, ahora no eran más que oscuros agujeros carentes de órgano
alguno que destilaban sangre, como un rio carmesí que se abría paso por el
rostro y pecho de aquella desgraciada mujer y desembocaba en su regazo. Sus
brazos estaban levantados, apoyados sobre su pecho con las palmas de las
manos extendidas hacia el frente, en ellas descansaban inertes los globos
oculares que le habían sido extraídos.
Evan miró aterrorizado aquello y sintió como las arcadas empezaban a
recorrer su garganta, llenándole de bilis que luchaba a toda costa por salir de
su organismo. Sin poder contenerlo más cayó de rodillas y ahí mismo vació
el poco contenido estomacal que tenía. Normalmente aquello no hubiera
ocurrido, pero Evan no había sido testigo de una escena como esa en casi
veinte años, desde que había ingresado al DIE para liderarlo se limitaba a
hacer trabajo de inteligencia. Pero ahora estaba reencontrándose de lleno con
los antiguos demonios que lo aquejaban en forma de crímenes violentos.
Se secó la comisura de sus labios con el dorso de su brazo mientras
hacía un gesto de asco al contemplar nuevamente el cuerpo de la joven. Ella
exhibía una expresión de terror demasiado profunda, como si en los últimos
minutos de su vida hubiera sido expuesta a algo tan perturbador que su rostro
se había deformado en la mueca de dolor que ahora tenía.
Evan entonces se percató de algo que no había detectado a primera
vista, un dibujo pequeño, no más grande que el tamaño de la palma de su
mano, sin embargo aquella figura era inconfundible…
-El ágape…
Aquel mismo dibujo que había visto por última vez hace veinte años en
el hospital.
(Hasta que te levantaste hoy y fuiste a trabajar, bien hecho, idiota)
Si había dudado de lo que el capitán Mckeena le había dicho hace
apenas un par de horas, o del entusiasmo nervioso de Louis por cooperar en
aquel caso… Si había dudado de querer inmiscuirse de nuevo en algo como
aquello. Todas esas dudas se disiparon en apenas un instante al mirar el
cadáver de aquella joven, ¿Quién podría saberlo? Parecía tener la misma edad
de su hija… Ella había sido la hija de alguien. Y ahora se había convertido en
una pieza, un sacrificio, un simple simulacro para llamar la atención del
experimentado policía.
-Entonces es así como empieza todo… De nuevo.
(El infierno es repetición)
Evan sabía que si hacia lo que estaba a punto de hacer no habría vuelta
atrás. Debería seguir adelante con ello hasta el final, sin importar las
consecuencias o los daños colaterales. No por el hecho de no poder detenerse,
si no porque sabía bien que su instinto y su consciencia no lo dejarían volver
a dormir a menos que esta vez acabara de una vez y por todas
desenmascarando al Ágape. Tenía que encontrarse con el cara a cara y
plantarle una bala en el rostro.
Aquello no podría acabar de otra forma.
Evan sintió ímpetus renovados a medida que la sangre era bombeada al
resto de su cuerpo por su corazón. Sacó el móvil de su bolsillo y marcó
rápidamente unos números que ya conocía de memoria.
-Louis, necesito que localices a Gema, envía una unidad del DIE al
parque, también necesito que vengas… Estuvo aquí.
-¿Quién?
-El Ágape.
Un silencio continuado fue la única repuesta que recibió por parte de
Louis a través del teléfono. No podía verlo, pero Evan sabía que su expresión
debía ser la del desconcierto encontrado con el miedo.
-Bien… Estaremos allá en quince minutos.
La llamada se cortó un segundo después. Evan guardó el móvil de
nuevo y echó un último vistazo al cadáver de la joven frente a él, sintió
lastima, y en lo más profundo de su ser… Miedo.
El miedo de estar de nuevo caminando en terreno desconocido.
Y aunque era de día, Evan hubiera jurado que la oscuridad de
Ravenville volvía a abarcarlo todo.
Capítulo 3
“La noche de las bestias”
-Dios mío…
Dijo Louis al mirar aquel cadáver sentado en la banca del parque, el
equipo de forenses ya se estaba dedicando a levantar el cuerpo y todas las
pesquisas necesarias. Evan se encontraba unos metros más al frente hablando
por teléfono con Gema.
-Es una suerte que tu coche no haya encendido cariño…
-Es horrible papá, ¿Cómo es posible que nadie haya visto al asesino en
el parque?
-Es lo que vamos a averiguar… Hasta entonces, necesito que estés
comunicada siempre conmigo Gema, no apagues el celular.
-¡Te he dicho que no estaba apagado papá!
-Lo sé, lo sé… Como sea, necesito saber dónde estás, telefonéame cada
dos horas ¿Esta bien?
-Papá…
-No, escucha… Envíame mensajes de texto cuando no puedas llamar,
pero no dejes nunca de estar comunicada, si yo no estoy disponible…
Telefonea a la central y pregunta por mí… Era lo que estuvo a punto
de decir, pero se detuvo justo a tiempo, un recuerdo vago, como una ínfima
mota de polvo flotando en su mente llegó hasta él. Si esto iba a ser igual a
como había sido hacia veinte años entonces no podía tomar ninguna
ligereza…
Infiltrados… Puede haberlos, pueden estar trabajando con él, desde la
comisaria… Como trabajaron con él desde dentro del hospital.
-¿Si no estás disponible qué?
-Llama a Louis, ¿está bien? Él logrará contactarme con mayor
facilidad…
Un silencio continuo se dejó escuchar a través de la línea telefónica,
podría jurar que Gema estaba asimilando todo aquello con un nudo en la
garganta, se preguntó si quizás ella recordara algo de lo que había pasado la
vez anterior.
-Bien…
Fue lo único que ella alcanzó a decir, de forma muy baja, casi en un
susurro vacío.
-Gema…
-¿Sí?
-Por favor cuídate… Cuídate mucho. No soportaría si…
Pero Evan no fue capaz de decirle lo que quería, el tono del pitido le
revelaba que su hija había cortado la llamada. Ahora el del nudo en la
garganta fue el, guardó el móvil de nuevo en el bolsillo sintiendo un gran
vacío por dentro.
Caminó de vuelta hacia donde se encontraba Louis, parecía absorto en
sus propias cavilaciones, sin embargo Evan sabía que no se trataba de eso, él
estaba “viendo”.
Una de las cualidades que más admiraba en Louis era su habilidad para
poder ver más allá de lo que tenía frente a él, aunque en ese momento
pareciera que solo estaba oteando en todas direcciones lo que estaba haciendo
era dibujando en su mente la escena del crimen, necesitaba hablar con él,
pero pensó en que lo mejor sería no interrumpirlo en ese justo momento. Dio
unos cuantos pasos más al frente, hacia donde estaba el vehículo de los
forenses, se reclinó sobre el parachoques y sacó un cigarrillo mientras seguía
contemplando a Louis.
Pasos, dos pares de pasos, idénticos en su totalidad… Al menos lo que
podía observar a simple vista, ya harían falta unas cuantas pruebas para
determinar si tenía razón. Pero por el momento se dejaría guiar por su
percepción.
En ese momento no existía nada más en aquel espacio salvo el, la
banca, y el espectro remanente del cadáver que había estado sentado allí
hasta hace unos minutos.
El cuerpo y su posición indicaban que obviamente no había sido
suicidio, un análisis más detallado había revelado tres heridas de arma
blanca a la altura de los pulmones, en la espalda, ocultas entre la camiseta
pero por las cuales había perdido una gran cantidad de sangre,
probablemente toda aquella que no se escapó en la hemorragia de sus
cuencas oculares vacías.
-La trajeron… La asesinaron en un lugar diferente, le extrajeron los
ojos y los depositaron en sus manos… Como… Como un ritual.
En su mente Louis caminó hasta la banca y de regreso, a pesar de que
su cuerpo físico no se hubiera movido ni un solo centímetro. Regresó de
vuelta al punto de partida y vio como dos figuras, sombras… Era la forma
que su mente solía darles a las ratas. Vio a las figuras cargando entre ambas
el cuerpo de la mujer, depositándola en la banca y preparándola,
extendiendo sus manos hacia el frente y depositando los globos oculares en
las palmas. Vio también como pintaban el Ágape y luego se marchaban por
el mismo camino desde el cual habían venido.
-Pero sus pisadas son idénticas, ¿Cómo es posible?...
Louis miró la escena que se repetía frente a el de forma constante,
trataba de memorizarla para repasarla más tarde cuando necesitara
responderse más preguntas acerca de aquel caso.
Había otra cosa, claro, no podía faltar en una situación como aquella,
pero no hacía falta que “viera” para poder darse cuenta de que estaba allí.
La oscuridad, pesada, incipiente… Titánica.
Ennegreciendo todo aún ante la presencia de la luz. A Louis le parecía
que aquello no era nada ajeno para lo que podría ofrecer Ravenville. Y si
aquello era apenas el inicio de un nuevo ciclo de asesinatos, y si era cierto
todo lo que habían contado Evan y el capitán Mckeena, entonces esa
oscuridad iba a extenderse sobre ellos, como nunca antes.
Una hora después de haber acudido al llamado de Evan, él y Louis
ahora estaban de regreso en la comisaria, en la sala de los expedientes
rebuscando en todo tipo de estantes y carpetas, revisando a fondo todos los
documentos que estaban relacionados con el caso del Ágape. Muy pronto se
encontraron superados por la enorme cantidad de papeles, fotografías, y
pruebas de todo tipo del caso, sin embargo, no se trataba de nada que Evan no
conociera ya.
Después de un buen rato de estar releyendo una y otra vez los
expedientes, tratando de conseguir una pista que ligara los crímenes de hacia
veinte años con el que acababa de ocurrir ese mismo día estaban agotados,
estresados y de muy mal humor.
-Esto es una mierda… Aquí no vamos a encontrar nada nuevo.
Reclamó Evan dejándose caer con la espalda recostada a la pared, le
dolía la cabeza, había pisado ya el terreno de los cincuenta y eso le estaba
pasando factura. No tenía la salud de hierro de antes, atrás había quedado su
semblante envidiable y magnifico, suplantado ahora por la sombra del
cansancio y la vejez. Pero Evan Mcloud era un zorro viejo, aquello no era
algo que lo mataría.
-Creo… Que estamos apresurándonos en esto. ¿Cómo podemos estar
absolutamente seguros de que se trata del mismo asesino al que tú
perseguiste?
Preguntó Louis imitando a su amigo y dejándose caer al suelo
apoyando la espalda contra la fría pared de la habitación.
-Viste lo mismo que yo, la posición del cuerpo, los ojos arrancados y
colocados en las palmas abiertas… ¿Quieres que te diga a que me recuerda
todo eso?
Evan rebuscó algo entre el montón de papeles que tenía a su lado y lo
arrojó al otro lado de la habitación a los pies de Louis. El policía recogió
aquello que resultó ser un libro, lo alzo hasta que la poca luz de la habitación
iluminó la portada.
“Unas vacaciones en el infierno
HANS V. MURDER”
Louis miró con curiosidad la portada.
-¿Acaso este es…?
-Exacto… Es el libro en el que se inspiraba el asesino para cometer los
crímenes, y lo que vimos hoy no fue más que una de las escenas que se
reproducen en algún capítulo de ese maldito libro.
Respondió Evan con seriedad
-¿Podría ser un asesino imitador? Vamos, ¿Qué probabilidades existen
de que el mismo asesino siga vivo después de veinte años y arremeta de
nuevo en la misma ciudad?
-Estás pensando como un policía común Louis… Tienes que sacarte de
la mente esa basura de asesinatos entre bandas, violaciones y toda esa mierda
a la que estás acostumbrado… Estos malditos son metódicos, fríos… Para
ellos no es más que un juego, uno en el que por desgracia, siempre resultan
ser muy buenos.
-Entonces tenemos que ser mejores…
Respondió Louis pensativo, Evan tenía razón… Tenía que deshacerse
de todo aquello que creía saber, esto era muy diferente a estar cazando a las
ratas, no bastaba solo con ir a las alcantarillas y hacerlas salir de su escondite.
Era diferente tenían que ser…
Asesinos.
Más listos.
Un escalofrió recorrió la espalda de Louis haciéndole sentir una
pequeña descarga eléctrica en el espinazo. Allí venían de nuevo esos
recuerdos, habían sido llamados de una forma inconsciente al asociar aquella
palabra…
Asesinos…
Es lo que eres Louis, es lo que siempre has sido…
La sombra de la fatalidad apareció con tanta claridad en el rostro de
Louis que ni siquiera se había dado cuenta de ello, estaba absorto en ese
mismo recuerdo que venía atormentándolo desde hacía mucho tiempo, eso
era lo que ocurría cuando se era un esclavo del secreto, sobre todo si era uno
tan oscuro como el que el guardaba.
Sin embargo, algo nuevo ocurrió esta vez, algo que no había pasado las
otras cientos de veces que aquel oscuro recuerdo llegaba de improviso: vio su
rostro el de el junto a los rostros de todas las ratas, como si el solo hecho de
haber perecido bajo su mano lo había condenado al mismo triste destino de
aquellos desgraciados.
-No… Existe una división, debe existir una división… Ellos no son lo
mismo que él fue, por lo tanto… No pueden estar mezclados.
Pero aquel pensamiento simplemente no terminaba de convencerle,
sabía que por más que intentara convencerse de ello, no podría.
-¿Estás pensando en eso de nuevo, verdad?
Preguntó Evan de forma tan repentina que por un instante Louis se
sintió acribillado por una ráfaga de miedo.
Las ratas, Evan ya sabe que estoy exterminando a las ratas, él no
puede entenderlo de la misma forma que el capitán, él no puede…
Pero su voz respondió otra cosa, por suerte.
-No es tan fácil de olvidar como quisiera… Ni remotamente.
-No fue tu culpa, lo sabes, fue un accidente… Yo lo sé.
Respondió Evan con la misma calma tan característica en su voz. Louis
simplemente se limitó a agachar la cabeza, como si sostener la mirada de
Evan le resultara un trabajo demasiado pesado. Como si aquellos ojos que tan
solo servían para buscar la justicia hicieran una excepción en su propósito,
para ser indulgentes con él.
-¿Estás seguro Evan? ¿Cómo puedes estarlo tú, cuando ni siquiera yo
soy capaz de convencerme de ello?
Inquirió Louis desviando la mirada a la pared del fondo, sostener la
mirada de Evan era imposible en ese momento.
-Tan jodidamente seguro como que eres uno de los mejores policías
que conozco Louis, ya no te tortures con eso… Sucedió, fue accidente… Esta
muerto y enterrado. ¿Está bien? Ahora deja de lamentarte por algo que ya no
tiene solución y mejor ayúdame a revisar estos expedientes.
Evan se acercó hasta Louis y le tendió su mano para ayudarlo a
levantarse y ponerse de pie.
-Está bien, vamos a reservarle a ese asesino hijo de perra sus propias
vacaciones en el infierno…
Respondió Louis con una sonrisa débil, mientras en su mente intentaba
convencerse nuevamente de aquello.
El capitán Mckeena inspeccionaba detenidamente las decenas de
papeles que estaban desperdigados sobre su escritorio, los informes estaban
en un lenguaje demasiado técnico para que el pudiera comprenderlos a
totalidad, sin embargo, si podía discernir a lo que se referían. A pesar de que
su mente no tuviera la agudeza de la de Mina, aún era capaz de entender un
poco acerca de psicología si se concentraba.
-Aún no respondes mi pregunta, Mckeena. ¿Por qué tuviste que
involucrar a Evan de nuevo en esto?
Preguntó Mina, sus dedos repiqueteaban sobre la superficie del
escritorio, en un muy obvio gesto de impaciencia.
Mckeena no respondió.
-¡Pudiste haber llamado a alguno de los detectives de Abbyscreek!
Dios mío, incluso solo con Massari hubiera bastado. ¿Por qué lo hiciste?
Sabes tan bien como yo que no es correcto… Es… Inhumano.
-Nadie dijo nunca que el trabajo fuera fácil Mina… ¿Los del hospital
psiquiátrico te han jodido tanto el cerebro que ya no puedes discernir entre lo
que es inhumano y lo normal para alguien como Evan?
Mckeena miró a Mina con ojos de fuego, eso bastó para que la mujer
aquietara sus ánimos de discutir con él.
-Entonces, ¿vas a seguir adelante con todo esto?
-Díselo a ese hijo de puta que anda cometiendo los crímenes que vio en
un maldito libro, quizás así podamos conseguirle más vacaciones a Evan.
Mina no respondió.
Evan había sido su amigo desde incluso antes de que empezara el
primer ciclo de asesinatos. Ambos habían estudiado en la secundaria de
Ravenville, claro que luego de eso cada uno había hecho su propio camino
según sus intereses. Mina siempre se había caracterizado por un intelecto
muy agudo así que ella empezó a estudiar psicología, especializándose en
piscología criminal, por su parte Evan y el deseo insaciable de justicia que lo
caracterizaba desde su juventud, se decantó por ingresar a la academia de
policía.
Sus caminos habían vuelto a juntarse cuando comenzaron los
asesinatos y la psicóloga se convirtió en una pieza importante en la pasada
investigación de los crímenes del Ágape. Además, su amistad con Evan los
había mantenido cercanos, pero ahora era diferente, ella lo sabía.
La amistad tan cercana que compartían podía tornarse complicada en
ocasiones debido al carácter volátil de Evan. “Conocer a un hombre, es
aceptar sus secretos” eso era lo que Mina pensaba, no podía estar más
acertada. Después de Ágata, la difunta ex esposa de Evan, ella era quien
mejor le conocía, incluso mejor que el capitán, que Louis, o hasta su propia
hija, Gema. Nadie entendía mejor que Mina el peligro que se estaba
cerniendo sobre todos ellos, no era solo la vuelta de un asesino serial en
Ravenville, no era la decadencia social y moral que se ocultaba en esa ciudad
y que servía de génesis para crímenes tan horripilantes como aquellos, ¡Dios!
Ni siquiera era esta nueva amenaza a la cordura de Evan que se enmascaraba
tras la sed de sangre de un psicópata.
No.
La oscuridad.
Mina lo sentía, casi podía atreverse a decir que ella lo veía. Un vaho de
oscuridad incipiente que se cernía sobre Ravenville, sepultándola en las
riberas de la noche plutónica. Y esa oscuridad, de alguna forma, era la
causante de todas las horribles cosas que ocurrían en la ciudad. Era la
causante de lo que le había ocurrido a Evan hace veinte años, y
probablemente sería el detonante si algo como eso volviese ocurrir de nuevo.
-No, no pasará otra vez… Evan lo prometió, además, está tomando el
medicamento que le receté… El… Él es más fuerte que todo esto… Pero…
¿Pero y si tira por la borda todo el progreso? ¿Pero y si se encuentra
con el Ágape antes de que tú puedas encontrarte con él? ¿Cuántas tumbas
habrá que cavar esta vez Mina?
Esa voz en su cabeza la puso nerviosa. Por más ánimos que quisiera
darse a sí misma para tratar de convencerse de que esta vez sería diferente, de
que Evan y Louis resolverían todo y de que Ravenville entraría en una bonita
época de paz y tranquilidad, sabía que aquello no eran más que dulces
patrañas.
La vida de Evan estaba peligrando. Pendía del hilo de una araña que
había venido desde el vacío, y que era hembra, y ponía huevecillos y jugaba
con el miedo. ¿Y que era todo aquello? Nada más que la representación que
acababa de darle su mente al impulso de desesperación que crecía en su
pecho cada vez más.
Si era cierto lo que Mckeena decía, si ese maldito símbolo y el
asesinato de la chica que encontraron en el parque no se trataba de un hecho
aislado, o una mera coincidencia… Entonces Mina podía estar asistiendo (sin
ella saberlo) al funeral previo de sus amigos.
-Quiero trabajar con Evan y Louis. Haz lo que tengas que hacer, pero
ponme en esa investigación.
Dijo Mina de forma abrupta, como si las palabras hubiesen brotado de
sus labios sin que ella hubiera tenido control de ellos.
Mckeena levantó su mirada inquisidora y contempló a la psicóloga por
un instante. Algo en su rostro había cambiado desde hacía unos instantes
atrás, como si en tan solo unos cuantos segundos hubiera tenido la epifanía de
su vida. El capitán se preguntó qué había pasado por su mente en ese corto
periodo de tiempo.
-¿No crees que Evan y Louis son capaces de arreglárselas solos?
Además, creo que el hospital psiquiátrico te necesitaría más a ti… Aunque
tampoco podría negarme. Eres la directora, y el Alcalde se volvería un dolor
en el culo si no te dejo participar.
Mina sostuvo la mirada del capitán, la determinación ardía como un
incendio forestal en sus maravillosos ojos grises.
-¿Capaces?
Rió de forma sarcástica.
-Si es el Ágape realmente, vamos a necesitar a Sherlock, a Matlock y al
maldito CSI completo.
La psicóloga se levantó de golpe, dio media vuelta y atravesó la puerta
del despacho de Mckeena con destino incierto, aunque en el fondo… Tenía
ganas de ir al zoológico.
Varias horas después…
-Esto es una locura… ¿Realmente este asesino fue capaz de pasearse en
las narices de todo el pueblo y nadie fue capaz de verlo ni una vez?
Preguntó Louis sorprendido. Ya había tenido oportunidad de leer unos
cuantos expedientes acerca del primer ciclo de asesinatos del Ágape, pero eso
no le restaba sorpresa a todos los detalles que aquellos documentos le
ofrecían.
-Era listo, demasiado. Además tenía cómplices en todos lados… Eso
creo…
Los recuerdos asaltaron la mente de Evan. No podía dejar de culparse
por no haber podido detenerlo hace veinte años y haber acabado con esa
pesadilla de una vez por todas.
El infierno es repetición.
Pero no podía echarse atrás ahora, esta vez Louis estaría ayudándole,
era el momento oportuno para terminar aquello que había empezado veinte
años atrás.
-Y podría apostar el culo a que Murder, Hans V. Murder, tiene algo
que ver con todo aquello.
-¿El escritor? ¿Lo pusieron bajo arresto domiciliario no?
Evan movió la cabeza en señal de asentimiento.
-Desde hace veinte años, el juicio recibió mucha atención de la prensa
porque decían que estábamos cortando la libertad creativa de un artista solo
bajo una sospecha… Pero nos importó una mierda ¿sabes? Mckeena
consiguió el puesto poco después de eso, nos ayudó con los abogados y todo
eso… Tiene contactos con los federales.
-¿Es verdad? Había escuchado un poco acerca de eso… Rumores
solamente…
Mentía.
Louis estaba muy consciente de las conexiones que tenía el capitán,
gracias a ellas muchas veces sus trabajos de exterminio de ratas pasaban
desapercibidos. Mckeena siempre le había dicho que era una relación ganar-
ganar.
-Pues es muy cierto… Mckeena es un hijo de puta muy duro, no tan
inteligente, pero si astuto. En este trabajo eso vale mucho más… Recuérdalo
Louis.
Louis asintió en silencio sintiendo el peso de la experiencia en aquellas
palabras. Era un motivo más para admirar a Evan. El representaba el
verdadero ideal de justicia, ese mismo que Louis había buscado
incansablemente toda su vida pero que jamás había hallado en otro lugar.
Eran dos caras de la misma moneda.
-Bueno… Como sea, esta vez debemos desplegar un operativo mayor,
no pienso dejar que ese hijo de puta maté a alguien más.
Dijo Evan con mucha seriedad.
¡Ring, Ring!
El teléfono de la habitación empezó a sonar mientras Evan continuaba
dando sus ideas acerca de cómo deberían abordar el caso esta vez, Louis se
apresuró a contestar.
-¿Diga?
La expresión en el rostro de Louis cambió en apenas un segundo.
Tragó saliva al escuchar lo que fuera que su interlocutor le estaba diciendo a
través de la línea telefónica.
-Bien… Ya vamos para allá.
Louis colgó el teléfono con la misma rapidez que había contestado.
-Entonces… Si dejamos patrullas haciendo un recorrido aquí, y aquí…
-Evan…
-¿Qué?
Preguntó el experimentado policía al verse interrumpido.
-Tenemos que irnos… Hallaron otro cadáver, en el zoológico.
Evan tragó saliva
-Y tiene su marca…
Después de cuarenta y cinco minutos de trayecto Evan y Louis llegaron
a la escena del crimen: el hábitat de los leones en el zoológico de Ravenville.
Al acceder al lugar se toparon con varias de las patrullas del departamento,
una del D.I.E y otra de forenses. Un gran número de oficiales se encontraban
repartidos por todo el lugar realizando todas las pesquisas necesarias.
-Después de todo, el zoológico… Si es justo lo que estoy pensando,
entonces…
Evan se apresuró caminando por delante de Louis, sentía el impulso de
la decadente curiosidad. Estaba obligado a cerciorarse de que la imagen
mental que estaba teniendo en ese momento se compaginara con lo que su
instinto de policía le gritaba a todo pulmón.
-Evan, espera… ¿Qué rayos pasa?
Inquirió Louis mientras trotaba detrás del experimentado policía para
alcanzarle.
Entraron en el hábitat de los grandes mamíferos, los tesoros del África.
Una atracción que había sido inaugurada diez años atrás como “regalo” del
alcalde, aunque a Evan solo le había parecido un chantaje barato para tratar
de hacer olvidar a la población de la gran ola de violencia que estaba
sufriendo la ciudad. Las luces a esa hora estaban bajas, confiriéndoles a los
animales alargadas sombras de grotesca complejidad, haciéndoles parecer
bestias sacadas de la peor pesadilla de un niño miedoso.
Los dos detectives avanzaron entre el tumulto de agentes que se
encontraban repartidos por el lugar mientras se abrían paso hacia la escena
del crimen. Louis podía sentir como el aire se le iba acabando poco a poco,
un sentimiento le oprimía el pecho de forma invisible.
-La oscuridad… Es la oscuridad. Esta aquí… Por todos lados.
Pensó mientras hacía esfuerzos para retener la mayor cantidad posible
de oxígeno a medida que se acercaban a una enorme estructura de gruesos
barrotes metálicos.
-El hábitat de los leones
Dijo Evan en voz alta, como si su pensamiento se hubiera escapado
irreversiblemente de su cabeza y no hubiera conseguido atajarlo antes de
pronunciarlo.
-¿Qué?
Fue la respuesta que Louis tenía preparada, sin embargo, nunca
consiguió ser expresada en palabras, se perdieron en alguna parte entre su
garganta al contemplar el dantesco escenario que se mostraba frente a ellos.
-“Y entonces, aquel desgraciado que había evadido la justicia del
hombre, se enfrentó de lleno con la justicia divina… A través de las fauces de
la bestia, bajo sus cruentos colmillos, y su sangre lavó los crímenes de los
criminales, y su dolor fue el principio de una macabra retribución…”
A Evan aquellas palabras se le salieron solas, conocía perfectamente el
libro, nuevamente una de aquellas malditas escenas se repetía frente a sus
ojos.
El cuerpo mutilado de lo que parecía ser un hombre se encontraba
tirado en la entrada de aquella jaula, varios metros a la derecha el equipo del
zoológico estaba trasladando la pareja de leones, sedados a una estancia de
emergencia para darle oportunidad a los agentes de policía de realizar sus
pesquisas.
-Esto es…
-Exacto… Estuvo aquí.
Respondió Evan de forma neutral, él estaba allí, pero su mente se
encontraba muy lejos, sumergida en un océano de páginas y tinta en el mar de
“Unas vacaciones en el infierno” mientras intentaba buscar la conexión entre
esa escena del crimen y la anterior. Escuchaba la voz de Louis a su lado, pero
parecía tan ahogada y distante que le costó demasiado entenderla. Hasta que
sintió aquella mano apretando su brazo y trayéndole de vuelta a la realidad.
-¡Evan!
Louis señalaba con su dedo índice algo en lo que no habían reparado al
principio. En aquella densa oscuridad era difícil ver, así que no le resulto
sorpresa haber pasado por alto aquel detalle en el fondo de la jaula.
Pintada con lo que más tarde descubrirían era la sangre de aquel pobre
desgraciado que se había vuelto comida para los leones, estaba aquella
maldita marca que los perseguía en todas las escenas de crímenes a las que
estaban acudiendo: la marca del Ágape.
-Eso… ¿Quién…?
Preguntó Louis como si esperase que la nada le respondiera aquella
pregunta. Sin embargo, una voz muy humana se dejó escuchar detrás de
ambos policías.
-Yo lo hice…
Ambos giraron al unísono para encontrarse con un fantasma del
pasado…
Capítulo 4
“En las montañas de la locura”
La oscuridad, Ravenville.
El agua del grifo corre a través del lavabo limpiando la sangre y
arrastrándola a las interminables tuberías que se extienden por debajo de
aquella ciudad podrida, irán a parar a las cloacas donde se juntaran con la
mierda y el orine, las aguas grises, los desechos… ¿No es ahí donde debería
ir la sangre de los justos? Sí. Después de todo, había sido corrompida antes
por los malvados, la única expiación ocurría cuando se purificaba, pero antes
de eso debía unirse a la suciedad, a la decadencia… A la ciudad.
La chica se mira en el espejo, el cansancio se nota demasiado en su
rostro. Esta vez resulto más peligroso y complicado de lo que había pensado.
Aquel hombre era fuerte, demasiado… Pero al igual que los otros hombres,
un cerdo. Solo le había bastado coquetear con él para que aceptara
acompañarlo, sedarlo había resultado más sencillo, dibujar la marca también,
había tenido su ayuda…
-¿Hay que seguir adelante?
Aquella voz que parecía no provenir de ningún sitio, pero de todos a la
misma vez llegó hasta sus oídos pero sin sorprenderla, de alguna forma ya lo
esperaba. Una pequeña y tenue luz iluminó la densa oscuridad revelando su
posición detrás de ella. Levantó la mirada hasta el espejo para encontrar con
el reflejo y darse cuenta que tras ella estaba solo ella misma. Podía ser
imposible, mentira, o un simple truco de su mente… Ya nada de eso le
importaba.
-Por supuesto que tenemos que seguir, se lo debemos… Lo sabes. El y
ella nos han ayudado demasiado, no podemos echarnos atrás en esto.
Respondió con frialdad sin quitarle la vista de encima al reflejo que
estaba tras ella.
Un grito ahogado de súplica se escuchó a través de las paredes, desde
algún lugar de la casa. La joven frente al espejo rió con sorna mientras seguía
lavándose la cara.
-Lo sé… Pero ella… Ella está muy inquieta últimamente. ¿No crees
que deberíamos liberarla? Ella no sé lo dirá a nadie.
La chica del reflejo, que era ella misma y a la misma vez alguien
diferente tenía una expresión de pesadumbre. La escasa luz que ofrecía la
vela deformaba sus facciones entre la oscuridad y las sombras.
-Por supuesto que no… Quizás esté diciendo la verdad, pero aún no es
el momento… Llegará pronto, pero todavía no… Aún hay sacrificios que
necesitamos hacer, lo sabes tan bien como yo.
Su voz era un susurro sibilino que se esfumaba en el aire y parecía
volverse la voz del viento en aquella oscuridad incipiente. Estaba cargada de
odio, de tristeza y de melancolía al mismo tiempo.
-Está bien… Haremos lo que tú digas.
Respondió la chica del reflejo en un dejo triste, sumiso y obediente.
En ese momento la chica que se contemplaba frente al espejo termino
de lavar su rostro y con un súbito movimiento giró para encontrarse con la
nada, pero el reflejo no había desaparecido, y nunca lo haría.
Ella misma era alguien diferente.
-Rubí… Dulce Rubí…
La vela aún ardía en sus momentos finales arrancando pequeños tajos
de luz que apuñalaban la oscuridad, las sombras de sus figuras danzaban con
sutileza pintando las blancas paredes con siluetas. Su mano busco a tientas el
cuerpo del reflejo, aquel que era de ella pero al mismo tiempo de alguien
diferente.
-Sabes bien que debemos hacerlo… Tú eres importante, muy
importante… Y ella también. Estaremos siempre juntas ¿Lo recuerdas?
La chica del reflejo asintió lentamente antes de bajar su rostro, como si
sostener la mirada de su interlocutora fuera un esfuerzo demasiado titánico
para ella.
-Pronto acabaremos con esto y nos iremos de aquí… Seremos libres, de
los malos recuerdos, de la oscuridad… Libres…
Tocó el rostro de ella misma, no, Rubí… Sus manos recorrieron esa
suave piel, acariciándola como quien está tanteando un tesoro invaluable.
-…Pero tenemos que llegar hasta el final… Tenemos que hacerlo…
Tenemos que hacer justicia por lo que paso hace veinte años atrás…
-Pero…
-Sin peros… No tengas miedo, él y ella están ayudándonos… Creen en
nuestro trabajo… En nuestra justicia… Nadie nos descubrirá, no nos verán…
Somos una sola… Y una sola con la oscuridad.
Sus manos bajaron con firmeza desde el rostro de Rubí hasta adentrarse
en su blusa, apretó sus senos con fuerza arrancando un pequeño gemido de
los labios de la chica del reflejo.
-Nos fundiremos con la noche, seremos invisibles ante los ojos de los
malvados, de los injustos… Seremos la sombra de la justicia que caiga sobre
todos ellos cuando menos lo esperen, nos deslizaremos entre ellos y con el
cuchillo de la retribución haremos justicia de nuevo…
-Me encanta cuando hablas de esa forma…
Las palabras de Rubí eran interrumpidas entre sus jadeos, su
respiración se aceleraba a medida que las manos de ella recorrían su cuerpo
como placenteros invasores que se adueñaban de sus senos y su piel.
-Por eso necesito que sigas conmigo, necesito que estés junto a mí para
terminar esto…
-Pero… ¿Y qué pasa con él? No pudo descubrirla a ella… Pero
nosotras no somos como ella, y él es listo… Es una bestia… Oh dios…
Unas cuantas lágrimas corrieron desde el rostro de Rubí hasta caer
sobre su pecho mojando las manos de Ónix, ésta por instinto acarició sus
labios ya húmedos hasta caer en intensos orgasmos que cubrieron el hogar de
la melancolía como una barrera protectora de la pesada oscuridad que
buscaba cernirse en los débiles corazones que encontraba a su paso.
***
Evan y Louis se encuentran sorprendidos por la aparición de Mina,
quien los mira fijamente con preocupación, sin embargo, en su mirada se
encontraba un extraño brillo indescriptible.
-¿Tú hiciste qué?
Preguntó un agobiado Louis ante la posible respuesta, por su mente
pasaba la idea de que ésta mujer fuese la culpable de todos los viles
asesinatos que imitaban un corroído libro, al fin y al cabo era una psicóloga y
no sería la primera en enloquecer luego de temibles casos que llegasen a sus
manos ensuciando su corazón, era una posibilidad o ¿no?, él mismo, él por
experiencia lo sabía, mientras sus labios no se atrevían a pronunciar aquellas
temibles palabras su mente maquinaba el hecho de oscura verdad que podría
terminar con quién consideraba una gran amiga y compañera, a quién creía
pura… ¿Pero no lo veía hasta el mismísimo Evan, un ser tan inteligente y
astuto como un policía “bueno”?
-¿A qué te refieres Mina?
Dijo una entrecortada voz de Evan, Dios esto no podía estar
sucediendo, ¿mi mejor amiga?, era ella… ¿habría capaz Mina de cometer
todos esos terribles asesinatos?, eso explicaría porque se esmeró tanto y lo
ayudaba constantemente para olvidar ese férreo pasado que le atormentaba…
no esto no podía estar ocurriendo, pero ¿por qué tardaba tanto en responder?
Era desesperante…
Ante una sonrisa irónica que apareció en los labios de aquella posible
“endemoniada mujer” Louis y Evan llevaron disimuladamente las manos en
busca de un arma que parase a aquel monstruo que comenzaba a formarse en
sus mentes torturadas.
-Dar la orden de que los llamasen por supuesto, ¿Qué otra cosa podía
ser?
Dijo la irónica mujer con una extraña mirada, tan intensa que sentían
atravesaba sus almas, los más recónditos lugares ocultos en su ser, sitios que
luchaban internamente afligidos ante la vista de la mujer.
-No estarán pensando que fui yo o ¿sí?
Exclamó Mina adolorida por la acusación y no pudo mirarles más a la
cara, se giró y camino pesadamente hasta el cuerpo desfigurado del hombre
que se hallaba a sus pies, observando el lugar en sí, cada entrada y lugar a su
alrededor, ¿Cómo es que nadie se había dado cuenta?, Mina suspiró y se giró
bruscamente a los hombres que la observaban con mirada acusadora.
-¿Por qué estás aquí?
Exclamó un cauteloso Evan lo más formal que pudo, ella la directora
del psiquiátrico de la ciudad, ¿qué demonios hacía aquí?, por lo general
trabajaba desde la oficina cuando era requerida, no en la escena del crimen y
mucho menos… llamaban a los agentes encargados antes de su llegada.
-Les ruego dejen de acusarme, le pedí al capitán trabajar junto a
ustedes para que resolvamos este caso con la menor cantidad de… no, sin
víctimas de ser posible, analizando las pruebas de los asesinatos 20 años atrás
y actuales podemos concluir que no es un asesino normal, es probablemente
un psicópata que necesita ser capturado prontamente antes de que una escena
como la del maternal se repita nuevamente.
Al decirlo me sentí culpable inmediatamente, Evan se miraba afligido y
torturado, era desgarrador verlo así, ¡Oh, Evan!, lo siento tanto, pero
debemos ponerle fin a esto.
-Y probablemente peor de lo que ya sucedió, analizando las escenas del
crimen pasadas y las actuales podemos encontrar una ligera y casi
imperceptible discrepancia, ¿lo habías notado Evan?, quizás hasta tú también
Louis.
-¿De qué hablas Min…?
Pude apenas responder hasta notarlo, estaba al revés, según el libro
primero ocurría el asesinato del hombre devorado por los fieros leones y
luego la mujer en el parque por el ágape… ¿tenía razón Louis?, nos
enfrentábamos a un imitador y no al mismo asesino de hacía 20 años.
-No, sé que pueden estar pensando, pero sin duda no es un imitador, es
el mismo asesino quién está causando estas terribles muertes, podría intentar
confundirnos, o ser un síntoma que no ha notado de su desquiciada mente.
Lo que sabemos ahora es que podría ser más peligroso que nunca, y
debemos detenerlo inmediatamente. Louis, deberías ir y empaparte con toda
la información que puedas, relee tantas veces sea necesario el libro hasta que
se te grabe en la memoria el más mínimo detalle, mi deseo no es darle
órdenes, pero quiero, no, debo guiarlo a encontrar el verdadero asesino serial
que azota ésta oscura ciudad, así que por favor Evan dirígete a la casa de
Hans V. Murder y consigue toda la información que puedas sobre “unas
vacaciones en el infierno”, si bien no fuese el asesino, seguramente estará
dispuesto a ayudarnos para descubrir al verdadero psicópata detrás de esto.
-¡Es obvio que tratamos con un psicópata Mina!, pero lo que dices es
bastante contradictorio, él no quiere confundirnos, juega con nosotros y pudo
haber estado éstos 20 años planeando un regreso triunfal, por ello en lo único
que concuerdo hasta el momento, sin embargo no significa que no crea
posible tus hipótesis, es que debemos prepararnos por lo que se viene
seguramente será grande.
Exclamé bastante encolerizado, ese maldito delincuente… no
delincuente es una palabra hermosa para ese hombre, escoria, sí es una
escoria que disfruta sufrimiento ajeno y lo capturaré, observé a Louis que
miraba la nada y a la vez todo a través de sus ojos, bien, era bueno que todos
no pusiésemos serios para resolverlo lo más rápido posible.
-Por cierto Evan, debo preguntarte algo personal ¿qué recuerdas de lo
sucedido antes de la muerte de Ágata?
Susurré prácticamente en el oído de Evan, era bueno que Louis se
encontraste en un estado “disperso” en éste momento.
.-No mucho la verdad, es todo muy confuso.
-Bien, ahora ve con Hans.
Luego de dejar a Louis en la oficina husmeando entre las decenas de
archivos y papeles que se encontraban frente a él comencé a dirigirme a la
vivienda de Hans, ¿sucesos ocurridos antes de la muerte de Ágata? ¿Por qué
me preguntaba eso?
Entrecerré los ojos ante el titilante amarrillo del semáforo y me relajé
en el asiento en espera de que el rojo pasase a verde, verde, rojo, verde…
como el ácido que se derramaba en las incubadoras mezclado con el carmesí
que fluía a través de la frágil piel como el papel de arroz que intentaba
inútilmente cubrir a los recién nacidos exterminando sus llantos y sus vidas,
sonría mientras abría cada una de las incubadoras e iba apagando ese temible
llanto que me aturdía cubriendo a los causantes de ese ruin sonido, sonreía,
reía enloquecido ante la excitante escena que me rodeaba.
Los pitidos de los automóviles me trajeron en sí de esa terrible
pesadilla en la que me había sumergido, frente a mí el semáforo se
encontraba en verde y a mi lado pasaban automóviles de cuyo interior salían
vulgaridades y regaños por dormirme frente al volante, emergí nuevamente la
marcha hasta detenerme en el estacionamiento de una tienda de comestibles y
me detuve a analizar la pesadilla que había surgido en mi mente, estaba
enloqueciendo de eso no había duda y probablemente se debiese a la pesada
oscuridad que amenazaba con adentrarse en mi interior y corroerme a la
locura.
Suspiré y me acomodé nuevamente en el asiento para calmar el dolor
que atormentaba mis sienes y mi espalda, reclinarme aliviaba un poco la
presión en mi lumbar, entrecerré lentamente mis ojos para buscar relajar esa
agitación que no había abandonado mi cuerpo desde la mañana en que el
ágape había reaparecido y en sólo un día ya había tomado dos víctima, dos
almas que no llegarán a su casa nuevamente, no verán más a su familia, no…
Comencé a caminar por un oscuro pasillo con una cuerda expectante de
un buen sitio para llevar a cabo mi primera obra, tomé al joven que llevaba
rastras de la franela y sujeté su mano con el alambre de púas a la pared, luego
su otra mano y finalmente los pies hasta que lo único que lo sostuviese en el
aire fuesen solo sus extremidades, la pálida piel del joven brillaba bajo la
tenue luz de la bombilla a medio funcionar del auditorio de la universidad de
Ravenville, sudores fríos recorrían su cuerpo desnudo y su respiración
comenzaba a agitarse, quizás producto de las heridas que causaban los
amarres en su piel, lo que hacía emanar sangre que contrastaba perfectamente
con la palidez de aquel muchacho.
Su respiración comenzó a volverse más entrecortada cuando comencé a
retirar la piel de su cuerpo, con mucho cuidado de sólo quitar la epidermis,
sus latidos se volvieron música para mis oídos, la presión del alambre y su
cuerpo no le dejaban hacer el más mínimo movimiento que entorpeciera mi
trabajo, el fuerte adhesivo que sujetaba sus labios no le permitía emitir sonido
alguno, desollé incluso la piel de su rostro mientras sus suplicantes y
enrojecidos ojos me miraban, fascinante, un joven bastante fascinante, era
impresionante el hecho de que se hubiese mantenido vivo hasta el final, ahora
para cumplir la página n°10 de mi libro favorito.
Tomé chile en polvo y lo soplé con un secador en bajo nivel sobre todo
su cuerpo, inmediatamente comenzó a temblar en una alta convulsión, sus
ojos estaban inmensamente abiertos emanando lagrimas fusionadas con
sangre, para finalizar tomé las fresas del pastel, saqué cuidadosamente el ojo
derecho de su cuenca extrayéndolo con herramientas especiales que compré
para éste caso, la magia de utilizar el chile es que no puede evitar abrir los
ojos debido al ardor insoportable de ésta materia quemando su dermis,
finalicé con el ojo izquierdo y ambos colgaban terminando de darle una
apariencia del mas allá, excelente trabajo, me sentía plenamente orgulloso de
ello, un pincel con su sangre y plasmé en la pared el ágape, recogí mis
materiales y me retiré apagando la tenue luz del auditorio listo para el
espectáculo que se llevarían por la mañana los estudiantes al reunirse para la
bienvenida de nuevos ingresos.
El segundo fue de los más divertidos, o segunda debería decir, la seguí
durante dos horas y media luego de que se retiró de su trabajo a las 7:08 pm,
como todas las noches la mujer se dirigía a un local cercano compraba una
caja de donas, ponqués o cualquier dulce que le provocase y un chocolate
caliente, se dirigía hasta el parque y se sentaba sola a observar los gansos
jugar en el agua mientras admiraba el estrellado cielo nocturno, a pesar de sus
hábitos alimenticios se mantenía de cierta manera en forma, no era gorda ni
flaca, su largo y rubio cabello se mecía con la suave brisa del verano en un
rítmico baile tocándole los nervios a su dueña, la treintona con melancólica
mirada se retorcía nerviosa cada vez que una fibra capilar rozaba sus brazos
descubiertos.
Probablemente irritada recogió su rebelde cabello en una cola de
caballo que terminó con el mismo baile ahora arrítmico de su dorada melena,
ya por vencida tomó el chocolate y con mirada baja comenzó a beberlo hasta
que mi silueta frente a ella la detuvo en seco. Sus ojos color esmeralda se
posaron atemorizados en mí hasta que el aerosol la dejó inconsciente sobre el
asiento, puse sus cosas en una bolsa negra que deposité en el cubo de la
basura y la tomé en brazos hasta mi automóvil.
Tranquilamente en el sótano de mi hogar la deposité y le retiré el traje
rosa pálido administrativo que cargaba, las medias panty color piel y los
tacones de plataforma alta, con mucho cuidado de que no se dañase introduje
los cohetea más grandes que encontré en su cavidad vaginal y anal, con una
aguja gruesa abrí orificios en sus pezones por donde pasé una larga mecha
especial que compré para la ocasión, y con ella até como si de shibari se
tratase todo el tronco de la mujer, finalicé uniéndolo con las mechas de los
cohetes y unos cuantos fuegos artificiales de colores pequeños que venían en
capsulas plásticas sobre la mecha que recorría su cuerpo, se veía muy
navideño para ser solo el verano, pero cumpliría totalmente, la vigésima
quinta página de lo que ahora sería mi plan jocoso.
Cargué a la mujer en mi hombro y la llevé nuevamente al parque, al
mismo sitio donde ella admiraba los hermosos animales juguetear bajo la
dulce luz lunar, escalé un árbol con ella encima hasta que encontré la rama
perfecta para la bella durmiente que estaba por despertarse, la senté
cuidadosamente en la rama del árbol y alrededor de su cuello até una cuerda
que le daría fin a su vida, si no lo hacían los fuegos artificiales que adornaban
su canela figura, luego que estaba bien sujeta a la rama esperé el momento
perfecto en que despertarse y la empujé quedando ahorcada de la rama,
rápidamente me bajé cuidadosamente del árbol y observé su figura
retorciéndose bajo ese hermoso cielo que ella tanto adora, sus gritos bañaban
con una exquisita melodía el parque.
- ¡Feliz Navidad! - exclamé.
Y a la navidad adelantada y le ofrecí una explosión de fuegos
artificiales para que admirase mientras era corroída por las explosiones que
desgarraban su cuerpo y elevaban su voz hasta ser acallados con el fin de su
vida, para cuando la policía ya había llegado solo humo emanaba de su
chamuscado organismo que era lo que podía llamarse por su apariencia, sólo
su cabeza en cuya frente el ágape se encontraba pintado en él, cuello, brazos
y tórax guindaba balanceándose en la cuerda al árbol, el resto de su cuerpo se
hallaba desperdigado sin forma en trozos por todo su alrededor, observó las
oscuridad cerniéndose más profundamente a su alrededor, abrazándolo como
una madre a un hijo y se sintió bien… una conocida melodía trajo de su
ensoñación a Evan que se encontraba aún en el auto estacionado, asustado
parpadeó descontrolado mirando su alrededor, vio el celular en el asiento de
copiloto aún con la llamada entrando y lo recogió.
-¿Aló?
-Evan es Mina, encontraron un nuevo cadáver, una mujer embarazada
ha muerto en el hospital de Ravenville, su cuerpo estaba conectado a una
máquina de diálisis extrayendo su sangre y reinyectándole alcohol puro, en su
abdomen dibujado con un bisturí se encontraba esa terrible marca del ágape,
ven inmediatamente.
Capítulo 5
“Perdóname madre, porque he pecado”.
- ¿Qué piensas de ello Evan?
Dijo Louis mientras examinaba la escena y recorría el lugar con la
vista, en su mente se recreaba la escena como la mujer conectada a la
maquina se dormía ya sea por un narcótico o como consecuencia del
embarazo, no, eso no, se habría despertado al sentir como el alcohol quemaba
sus venas al entrar, si tuvo que ser dormida involuntariamente, la fría piel de
la mujer y ese vientre abultado manchado de sangre con aquella marca
maldita, era más de lo que Louis podía soportar, sentía ira ante la injusticia de
aquella joven mujer y ese inocente niño o niña no nacido que no tuvo la
oportunidad de conocer este oscuro mundo, no, oscuro mundo no, ésta
maldita y oscura ciudad.
Louis cerró los ojos y respiró profundo más decidido que nunca a
detener al vil asesino serial, ese psicópata que tomaba vidas inocentes como
si de inertes juguetes se tratasen, lo atraparía sí y lo torturaría terriblemente
antes de mandarlo a unas vacaciones en el infierno.
-Definitivamente el patrón no lo está siguiendo, ya no se guía por el
orden del libro, ahora nos encontramos un paso detrás de él porque nos
hallamos ante la expectativa de ¿qué hará?
Dijo Evan ausente en sus pensamientos, esas pesadillas… el cómo
autor intelectual y causante de aquellas desgracias que ensombrecieron aun
más la ciudad, el sólo pensarlo erizaba sus bellos y aceleraba su pulso a un
ritmo demencial, suspiró ante el cadáver que yacía frente a él los cadáveres…
32 semanas de embarazo ¡joder!, ;Ágata embarazada con un lindo vestido
blanco floreado llegó a su mente, el brillo de felicidad que bañaba a su mujer,
la alegría que iluminaba y como una barrera de la oscura noche que intentaba
cubrirlos los protegía, nunca fueron más felices que en ésa época.
Nunca su esposa brilló más que en esos tiempos, era la luz en medio de
la oscuridad, juntos decoraron la habitación de la pequeña que venía en
camino, mientras ella cocía trajes bonitos y mantas, él pintaba, absortos
tarareaban las canciones de los Beatles, construyó de la emoción por sí
mismo la cunita que acunaría a la pequeña en sus inocentes sueños, juntos
compraron peluches y todas las cosas que necesitaría la beba que venía en
camino, o mi dulce Ágata, como se hacía añicos su corazón al recordarla, al
rememorar esa hermosa época que fue prontamente ensombrecida por un
golpe lo destrozaría todo…
-¿Podría tener el asesino una obsesión con los infantes?, podría ser
infértil quizás o la repentina perdida de un hijo o familiar en temprana edad
haya disparado su psicopatía, sabemos que un psicópata se ve empujado por
un pasado turbulento que lo lleva a cometer acciones… “sádicas”,
probablemente esto le empujara a drenar toda aquella violencia contenida en
las victimas que hemos encontrado hasta ahora, el ágape por ejemplo puede
tener un significado simbólico en su vida, a sea la muerte de tres personas
importantes para él o ella que murieron víctimas de alguna enfermedad,
accidente o asesinato, podría ser que el psicópata se dirigía en el auto junto a
su pareja e hijo o hijos y por un accidente la vida de éstos se esfumaron, ya
sea el choque del automóvil por un ebrio que les impactó, un delincuente que
les arrebató la vida mientras paseaban por el parque, algún encuentro fatal
que sacudiera su vida y ocasionara éstas temibles consecuencias, ¿entienden a
qué me estoy refiriendo?
Exclamó elocuentemente Mina sacando de sus ensoñaciones a aquellos
hombres que se encontraban en un estado confusionalmente emocional y
atrayendo totalmente su atención, ambos la miraban fijamente probablemente
dibujando en sus mentes aquello que como el interruptor de una bomba
desencadenó esa ola de violencia que azotaba la ciudad, bien, esa era una
buena idea, los mantendría ocupados un rato.
-¿Deberíamos empezar por revisar los expedientes de los nacidos hace
20 años?
-Buena idea Evan, luego de ello los archivos de asesinatos, robos,
accidentes de hace 20 años y unirlos para encontrar así una lista de
sospechosos que nos llevarán al psicópata que causó éste desastre.
Dijo un perturbado Louis, en su mente maquinaba todo aquello que
podría servir para darle un verdadero sufrimiento a ese demente, no se iba a
dejar compadecer, no podía, nada era justificante para esa masacre que
causaba el ágape, si él, en su mente aún recaía la sospecha de Mina y por más
que le doliese no podía apartarla de su mente, la investigaría en secreto por si
acaso, pero s mente exhibía a un hombre, tuvo que serlo pues no encontraba
otra descripción más acertada que esa, el asesino necesitaba fuerza y aunque
él era testigo de la fuerza que poseían algunas mujeres simplemente no podía
concebir una mujer como causante, el tema era enloquecedor, no debía
excluir nada, todo podría ser causante.
Los tres se dirigieron a los archivos del hospital, estantes y estantes de
papeles los rodeaban, aunque se encontrase en un pasillo que contenía los
archivos de un aproximado de tres años, habían demasiados estantes, sería
una investigación larga, y complicada, podía desencadenar en otro asesinato
mientras se encontraban allí anotando nombres de miles de niños que
probablemente no tenían nada que ver en aquella investigación, la idea fue
desechada rápidamente, pues aunque un asesinato se realizase en ese
momento tenían muy pocas probabilidades de salvar aquella víctima, aun así
los radios y teléfonos se encontraban en el centro de la mesa ante la
expectativa de cualquier noticia que pudiese servirles de ayuda para aclarecer
este terrible caso, que si bien no estaban locos ya, terminaría por
enloquecerlos y sumergirlos en la profunda y abismal oscuridad que rodeaba
al trío expertos en ocultas mentiras…
Papeleo tras papeleo los hombres la mujer leían y anotaban nombre,
fecha de nacimiento y hora del recién nacido, o no nacido… que el niño
naciese muerto o por alguna circunstancia causase su muerte también podría
enloquecer a un padre o madre, ah eso también, nombres y apellidos de los
padres, dirección y teléfonos, toda información que pudiese ayudar al trío que
con ojos cansados leían expedientes que se volvían cada vez más infinitos, en
vez de ser a la inversa, o era una ilusión debido al ¿agotamiento?, lo que
fuese, la resignación tocaba puertas esa fría y oscura noche, la archivista les
trajo café negro y unos bocadillos para acompañarlos en aquella labor, cuanta
más ayuda tuviesen mejor, verdaderamente agradecidos sonrieron a la noble
mujer y los cuatros continuaron aquella pesarosa investigación, porque ser
policía no era fácil y no todo era acción.
Al igual que el médico se documenta diariamente para incrementar sus
conocimientos, así como el abogado investiga casos para aprender a
reaccionar si se le presentase la situación, así como en cada carrera era
necesario adiestrarse en diversos temas, lo era también para los policías, ¡ah y
psicólogos!, aunque entran en la rama de médicos.
Louis bostezó ante tanta información que comenzaba a torturar sus
sienes y se reclinó en la silla para descansar la vista por un rato, su mente se
entumecía ante tantos pensamientos de embarazos y sus riesgos, como tantas
causas podrían ponerle fin a una inocente vida y terminarla allí, destruir el
corazón de aquellos quienes esperaban esa bendición que iluminaría sus vidas
y a cambio sólo el dolor, un vacío, el sufrimiento ocupaba el lugar… que
delicada era la vida humana, cuantas pruebas podían poner en riesgo la
cordura de las personas, tomó un bocadillo y por un efímero momento la
azúcar endulzó su vida trayéndole a la mente la belleza de la vida.
Si bien para alguno el no nacido era oscuridad en su vida, para otros
aquel nacido llenaba de total felicidad la vida de una familia esperando, sí,
que hermoso sería tener una gota, no, un mar de felicidad como ese, ¿sería
bueno introducir esa felicidad en su vida? Quizás… su mente se vio distraída
por el expediente frente a él, Ágata Johnson, ese nombre le parecía conocido,
pero sobre todo el apellido… dio a luz unas sanas trillizas… Gema… ¿No era
ese el nombre de la hija de Evan? Y Ágata su difunta esposa, ¿pero no tenía
el una sola hija?, siempre había hablado de Gema pero de las otras no… un
atisbo de incomodidad se alojó en su mente y en su corazón…
-¿Evan no se llamaba Ágata tú esposa?
Una fibra sensible de Evan fue tocada por esas palabras y los recuerdos
inundaron su mente… su exesposa, su difunta esposa, aquella que había
abandonado voluntariamente este mundo y todo por culpa de… no, era mejor
no pensar en aquello, pero ¿a qué se debía la pregunta de Louis?, ah sí, en esa
época nació Gema, probablemente se encontró con el expediente de su
pequeña.
.Sí, has encontrado su registro, que agradables recuerdos me trae…
Me quedé paralizado ante el expediente que había tomado, ¿tres?,
¿trillizas?, pero si sólo tuvo a Gema… o por lo menos eso dijo ella, no
estaban juntos ya para esa época, pero igual, él fue al hospital apenas se
enteró de que la niña estaba llegando, compró en el camino un enorme
peluche con globos para que le diesen la bienvenida y una cesta de frutas para
Ágata… buscaba de mil formas su perdón… ¿perdón por qué?, en fin no era
eso lo inquietante, o ¿sí lo era?, no, lo es más esto, tres niñas saludables,
¿cómo era posible esto?, sólo el nombre de Gema se encontraba en el
expediente, y ¿las otras? , me encontraba paralizado, mi mente se sentía a
punto de explotar.
-Permíteme.
Mina tomó el expediente cuidadosamente para que fuese soltado poco
a poco de las tensas manos de un confundido Evan, finalmente tomó el
expediente en las manos y lo leyó, una, dos, tres veces, que extraño, esto era
muy extraño, carente de lógica total.
-Disculpe señora Mary.
Dijo Mina extendiéndole el expediente a la archivista que se
encontraba a su lado escribiendo enérgicamente sobre el papel con tablas la
información que obtenía de un lote de registros, ella le miró curiosa, con las
arrugas que dejan aposentados los años por trabajo, estrés, dolor, sacrificio...
-Este es el registro del nacimiento de la hija de Evan, el hombre que se
haya frente a usted, como puede ver dice que fue un nacimiento triple, sin
embargo el tuvo una sola hija, además aquí aparece el nombre solo de la niña
conocida, no de las otras, ¿sabe algo de esto?
-No, pero lo único que sé es que errores como ese ocurría hace 20 años,
los médicos en su apuro sólo continuaban el expediente aunque se hubiesen
confundido, pues la sanidad en ese tiempo era bastante… complicada, pocos
médicos para tantos partos, salían de uno y entraban en otro, incluso muchas
veces atendían dos y hasta tres partos al mismo tiempo, pudo haberse
confundido por la presión en ese momento y no percatarse, o hacerlo y por
una emergencia dejarlo así prometiéndose que luego lo arreglaría, sin
embargo fue olvidado, usted no angustie señor Evan, al fin y al cabo de tener
dos hijas más lo habría sabido o ¿no?
Dijo la tierna mujer volviendo a su trabajo nuevamente, o bueno no era
su trabajo, era una ayuda para ponerle fin a un asesino que ronda por las
calles y atemoriza una ciudad sucumbida en las tinieblas, eso sin contar que
después de muchos años se sentía de gran utilidad.
La espina incrustada en el trio desapareció y volvieron finalmente al
trabajo, releyendo y anotando todo aquello que ojalá le echase luz al caso que
había vuelto luego de 3 años, cuando tratas con criminales te acostumbras a
la muerte, sin embargo no se puede evitar sentir cierto ¿temor? Al pensar en
el psicópata y el desastre que estaba causando, era inteligente y mucho, un
asesino serial demasiado astuto que había logrado evadir la justicia así sin
más, la mente de Louis se sentía ya demasiad cansada para seguir en ello así
que se despidió del grupo para dirigirse a su hogar en busca de descanso, un
anhelado sueño que ayudara su perturbada mente…
Mina también necesitaba un receso así que prefirió quedarse en la
habitación de los médicos del hospital para continuar con la investigación
luego de un descanso, Evan prefirió dirigirse a hogar, atemorizado por las
pesadillas que invadían su mente, ¿se estaba volviendo loco?... o ¿ya lo
estaba?
-Hola papá.
La voz de su hija lo sacó de su ensoñación, a un lado se encontraba su
tierna hija, oh que parecido tenía con Ágata… su largo y sedoso cabello
negro que casi tocaba su cintura recogido un moño alto y la cofia, el gorro
que usaban las enfermeras dándoles gracia y elegancia, con un lindo y ceñido
vestido blanco con medias panty blanca, que hermosa se veía y cuánto había
cambiado desde la última vez que la había visto… su azulada y fría mirada lo
miraban fijamente, sonriéndole, o su hija le sonreía, que feliz era.
-Gema hija, mi dulce Zafiro, hace tanto que no nos veíamos, ¿cómo
estás cariño?
-Bastante bien papá, ejerciendo ya, ¿qué te parece?
Dijo dando una grácil voltereta como si de una bailarina se tratase,
estaba tan deslumbrante, tan fascinante, tan…
-Muy hermosa hija, sin dudas eres idéntica a tu madre, oh bueno, tu
mirada, sacaste mis ojos, de resto tu madre se sentiría feliz de ver cuánto se
parecían, me siento tan orgullo mi pequeña, ¿por qué no me lo dijiste?, te
habría llevado a comer algo por esa gran hazaña, nada más y nada menos que
el hospital de la ciudad, eres impresionante hija.
-Gracias papá, te llamé esta mañana para contártelo pero bueno mi auto
no encendió, lo siento, prefería contártelo en persona, vamos a la cafetería,
estaremos más cómodos allí, te ves bastante cansado.
Me encontraba delirando de felicidad, al fin alegría, luz en medio de
esta oscuridad, si todo siguiera así Dios, gracias, ¿podría ser que no me
guardase rencor ya?, nunca dio muestras de rencor, oh bueno mejor disfrutar.
-Sí vamos, ya sabes hija, el trabajo, es tan… complicado, el ágape ha
vuelto y peor que nunca, en lo que va de día tres muertos ya ¿puedes creerlo?,
yo no, me siento tan frustrado…
-Tranquilo papá todo estará bien, podrás hacerlo ésta vez, si alguien
puede ese eres tú.
Dijo mi pequeña dándome ánimos mientras caminábamos por el
pasillo, por la hora probablemente se encontraba casi desierto, pasamos al
lado de un baño y todo mi control estuvo a punto de irse, un almacén,
maldición, debía concentrarse, al fin estaba al lado de su pequeña, no
permitiría que nadie la dañase, ni siquiera el…
-La verdad estás muy agotado, tienes grandes ojeras papá, un café crees
¿qué estaría bien?, parece que necesitases descanso, deberías un dormir un
poco, tienes que estar fuerte.
-Si un café estaría bien mi pequeña, no te preocupes por mí, ya lo sabes
estoy acostumbrado a esto.
-Lo sé papá, lo importante es no dejarse consumir por toda esa
oscuridad ¿cierto?
Exclamó Gema en una tonalidad fría, o eso me pareció, la miré
fijamente, sólo fue mi imaginación, ella lucía una sonrisa y un brillo en los
ojos, mi hija era tan inocente… de verdad me estoy volviendo loco, ¿qué tan
lejos de la realidad estaré?
-Sí hija, es lo más importante, no dejarse consumir por ésta temible
tiniebla que amenaza con destruir y corroer nuestros corazones volviéndonos
inhumanos, por ello debes ser fuerte hija, fortalece tu corazón y mantente lo
más pura que puedas…
Como si no se la hubieses arrancado, ¿a qué se debía esa voz en mi
mente?, me estaba torturando a mí mismo, mi pequeña estaba sana, como en
su nacimiento, ¿habría sido distinto si de verdad hubiesen nacido trillizas?, no
probablemente habría ocurrido lo mismo, Ágata estaba mal y dos hijas más
no habrían detenido ese terrible accidente… si es que pudiese llamarse
accidente, mi dulce Ágata, lo siento tanto, que terrible era estar frente a mi
hija… era la personificación de Ágata, mi adorada Ágata, que terrible y cruel
destino te había tomado…
-Eso hago papá, ésta carrera me ha abierto totalmente los ojos, cuan
feliz me hace ayudar a quienes más lo necesitan, ver su evolución de la
enfermedad a la salud, como se reponen y logran salir de aquí, la felicidad
que cubre al paciente y su familia, es tan hermoso, triste cuando pierdes a
alguien… pero es recompensado con 10 más que salen de la enfermedad que
los aqueja, de la esperanza que los ilumina, es algo tan indescriptible papá.
-Vaya Gema, cuando optaste por estudiar enfermería pensé que quería
serlo por tu madre, ella era un médico excelente sabes, escucharte hablar me
trae recuerdos, de lo feliz que llegaba ella luego de atender un parto, de salvar
una vida, de ayudar a un paciente a reponerse, que alegre y brillante era tu
madre Gema, ella estaría muy orgullosa de ti y de escucharte hablar así,
ambas son impresionantes y mis más grande tesoro, las amo mucho Gema,
como no tienes una idea…
La mirada de mi hija se endureció… se miraba tan… irritada, era mejor
cambiar de tema ¡ya!, arruinaría el momento, no debo, no, mi pequeña cuanto
has sufrido, sin embargo allí estas, siendo tan excelente persona, igual a tu
madre, pues tu padre es una… ya atrás sentimientos tristes, debo pensar en
otra cosa algo que la alegre.
-Nunca fuiste a buscar tus cosas en casa Gema, dejaste todos tus
juguetes, tus peluches, tú ropa, tus recuerdos…
-No me hacen falta papá, ya estoy grande para jugar con esas cosas y la
ropa que hay allí no me debe quedar ya, tranquilo me va bastante bien
ahorita.
-¿Compraste un departamento?, o ¿vives alquilada?, si lo necesitas solo
dímelo y puedo ayudarte a comprarte uno, no tengo problemas con ello, es
bastante difícil cuando se inicia y más sólo, cualquier cosa, puedes pedírmela
¿bien?
-No hace falta gracias papá, vivo en la antigua casa de mamá, cuando
me fui de tú casa hablé con el abuelo y me dio las llaves, me dio dinero
también y esas cosas.
-¡Oh!, entiendo, me alegro por ello, pensé que él, ya sabes nos
guardaba rencor.
-No papá, a mí no, por el contrario, me adora, a ti sí.
-Sí, lo sé…
-Rubí, ¡eh, rubí!
Una joven enfermera pelirroja nos hacía señas, Gema se levantó de la
mesa y le hizo una seña de que esperase, terminó su café y galleta.
-Bueno papá me llaman, de seguro deben necesitarme.
-¿Rubí?
-Oh, eso, sí, dicen que soy su joya, ella me llama Rubí, otra Jade, Ónix,
ya sabes, como somos las mujeres, bueno nos vemos.
Dijo despidiéndose con la mano entre risas y corrió a reunirse con su
compañera, por suerte no había notado el GPS nano robótico que había
dejado caer en su zapato, eso la mantendría más protegida, no permitiría que
mi ángel me fuese arrebatado, no otra vez, mi dulce ágata, mi dulce gema, las
joyas de mi vida.
El joven salió del almacén, cerró la puerta con llave y comenzó a
caminar por las frías y solitarias calles casi a medianoche, se despidió de sus
compañeros un poco enchispados por el torneo de cartas y las bebidas que
habían tomado luego de trabajar, era viernes, una reunión sana ¿qué más se
podía pedir?, por supuesto el joven no esperaba encontrarse con un destino
fatal.
-¡Hey! - exclamé atrayendo la atención del joven.
Un clic al aerosol y el joven entre 20 a 25 años caía en el suelo, que
fuerte, aún entre dormido y despierto se arrastraba en búsqueda de un auxilio
hasta que el narcótico lo venció y cayó en manos de Morfeo, o al menos en la
inconciencia, porque en la realidad sería víctima del ágape, tomé una gran
bocanada de aire y cargué al joven en brazos hasta mi auto que se encontraba
estacionado a un lado de la acera, bien trigésima cuarta página allí voy,
acosté al joven en una mesa de mi sótano, retiré todas sus prendas y tomé una
pega especial para tuberías, la puse en sus labios y los sostuve hasta que
quedaron totalmente pegados y estirados como una gran sonrisa, tomé sus
dedos y los pegué haciendo la forma típica de adolescentes metalero o
rockeros, el dedo índice y meñique quedaban libres, los pegué a su cintura
como sí posase al estilo de Superman o la Mujer Maravilla, el mismo
Batman, ahora le entregábamos un Joker evolucionado, o al menos un
muñeco, si un muñeco.
Lo ahorqué del techo con cuidado que no muriese, sino que solo se
sostuviese por la cuerda mientras yo desde una escalera lo tomaba con fuerza
para evitar su pronto fallecimiento, pulsé un botón de un aparato que yo
mismo creé y el joven fue bañado desde los hombros hasta los pies por cera
hirviendo, esperé pacientemente en esa posición durante 48 minutos
exactamente, quería que el trabajo fuese impecable, no podía permitir
imperfección, me atreví a tocarlo y estaba totalmente duro, me quité la
máscara anti motín que tenía y el olor a piel chamuscada me dio de lleno, me
senté a terminar el traje de El Hombre de Cera hasta que un murmullo me
distrajo.
Se había despertado y luchaba incansablemente por moverse o por lo
menos del cuello para abajo, que estaba totalmente tieso y probablemente
adolorido a juzgar por su rostro, bien ya estaba despierto así que comencé a
vestirlo, un mono licra negro, que realzase sus muslos bien formados, la
camiseta negra con el logo de HC y por detrás cosido el símbolo del ágape,
cosí la camiseta encima por la forma de los brazos, sus tenis negros y listo, su
mirada emanaba odio, me veía fijamente, dolor, miedo, gestos que le
deformaban la cara, más de lo que ya se encontraba o como consecuencia de
ella, ¿quién sabe?, ah sí, probablemente él.
Tomé el bisturí y abrí dos grandes orificios a cada lado de su mejilla,
un círculo amorfo por los movimientos de su cabeza e inyecté dentro de su
boca miel, abundante miel e introduje polen, el tragó un parte, pero
igualmente le quedó en la boca, lo tomé y amarré al techo de mi automóvil y
encendí la marcha a un circo que haría función al día siguiente lo dejé en la
entrada, con una herramienta saqué los ojos de las cuencas, lo que le hizo
emitir un gran sonido que me hizo irritarme y aventar la caja con la colmena
de abejas contra la pared en un sonido abrupto.
Subí a mi auto y me dirigí a un sitio alejado desde el cual pudiese
observar la escena con unos binoculares, personas que vivían en las casas
alrededor y los empleados del circo se arremolinaron aterrados alrededor de
la escena, sin embargo corrieron atemorizados por las enfurecidas abejas que
se arremolinaban en el lugar, aunque lograron picar algunos entrometidos,
para más satisfacción personal, perfecta, la escena era perfecta, la cabeza del
joven colgaba hacia un lado para cuando llegó la policía… caí bruscamente
en el suelo de mi habitación, otra pesadilla… ¿qué estaba pasando?, ¿por qué
en mis sueños yo era el causante de aquellos asesinatos?, parecían recuerdos,
se veían tan reales… giré a la ventana donde observé que la oscuridad se
cernía ya tan cerca, estaba ahí, rozándome….
Capítulo 6
“El maestro de las mentes oscuras”
El reloj marcaba las 7:05 am cuando llegó Louis, notó que sus
compañeros al igual que él se encontraban agotados e irritados, la archivista y
Mina habían terminado de vaciar la información durante la noche, Ahora en
el escritorio se encontraban frente a un montón de recortes de periódico y
documentos impresos por el capitán Mckeena, incluso él había trabajado toda
la noche buscando toda la información que pudiese servir para aclarecer éste
terrible caso, Evan había conseguido una orden federal para poder interrogar
a Hans V. Murder el autor de “Unas vacaciones en el infierno”, mientras él se
haría cargo de ello, Mina, el capitán y yo buscaríamos alguna conexión que
nos llevara al asesino.
-Capitán Mckeena, necesito hablar con usted de algo urgente a solas
por favor.
El jefe de la estación de policías lo miraba curioso y preocupado, la
actitud de Louis no era normal, ¿no se encontraban a solas ya?, a excepción
de Mina claro, pero ella era como parte de la familia, no había ningún
problema con que estuviese presente, algo oscuro estaba pasando y él lo
averiguaría.
-Por supuesto Louis, vamos a mi oficina.
El capitán le hizo un asentimiento amina y ambos se dirigieron a la
oficina del capitán, la mujer se veía terriblemente herida, lo siento tanto
Mina, pensaba internamente Louis, pero no tenía otra opción, debía sacarse
esa espina que tenía clavada muy dentro del corazón.
-Adelante Louis, ¿qué sucede?
-Ciertamente Mina es una gran amiga, la veo como una madre, pero
verá, en el zoológico ella estuvo actuando extrañando… algo en sus gestos y
palabras no coincidía con su forma de “ser”, por así decirlo, yo no quiero,
pero desconfío de Mina capitán, ¿podría ser ella el ágape? Ahora que está con
nosotros o bueno cuando se encuentra con nosotros no ocurre ningún
asesinato, quiero fiarme de ella, por ello le ruego que vigile capitán,
necesito… de verdad quiero que Mina no sea el ágape, pero algo me empuja
a creerlo, por ello necesito pruebas de que ella no lo es, por favor.
-Entiendo totalmente tu dilema Louis, quiero que trabajes con ella y
hagas como s no sospecharas, pero tú que estarás tan cerca de ella necesito
que también la vigiles y cualquier acto sospechoso que realice debes
decírmelo.
-¡Sí, mi capitán! - exclamé más relajado.
Me hacía bien decirlo, hablar con el jefe de policías de la estación
siempre me tranquilizaba, me hacía sentir como el hermano peque travieso y
el como un hermano mayor que encubre y ayuda al pequeño en sus travesías,
vaya imaginación, reí internamente ante la comparación que acababa de usar,
nos dirigimos por varios cafés y unos sándwich para desayunar junto a Mina.
-Sé lo que deben estar prensando, pero yo no soy el ágape.
Exclamo una encolerizada Mina apenas ingresamos en la oficina de
investigación de Evan, sus ojos se encontraban rojos como si hubiese estado
llorando y molesta, muy molesta, ciertamente podría ser un drama
manipulador, sin embargo no puede evitar sentirme culpable, di un paso hacia
ella en busca de calmarla pero alejó, hiriéndome más, se giró y salió dando
un portazo de la oficina.
Ciertamente había sido duro para Evan abandonar a Mina luego de la
salida del Capitán y Louis pero tenía cosas muy importante que hacer y por
algún motivo quería evitarla, no sabía porque solo se lo decía algo interno.
Se detuvo en la casa de Hans V. Murder, dejó el auto estacionado en la
acera en todo el frente de la puerta y se bajó, el sitio no era tal y como lo
recordaba la última vez, el patio solía estar rodeado de flores que él mismo y
su dulce hija cuidaban, ahora sin embargo e encontraba lleno de plantas
muertas y monte, uno del cual si Evan se atrevía a tocar probablemente le
llegaría a la rodilla, suponiendo que no lo picase una culebra por entrar allí, la
casa tenía el mismo estado decrépito, la pintura hacía años que había sido
borrada probablemente por la continua lluvia y los años, la madera se veía
ennegrecida y podrida, era un estado deplorable, pero ¿qué podías pedirle a
un hombre que cae preso y cuya hija se suicida?, era un milagro que el
mismo se encontrase vivo.
Dio un paso al camino de piedras que llevaba hasta la puerta, el único
sitio que no estaba cubierto por vegetación, a su alrededor mientras caminaba
las plantas se movían intentando atraparle, zambullirlo o eso le hacía ver su
mente, que loco estaba volviéndose Dios, tenía que mejorar por el bien de
Gema, no podía abandonarla así, no debía… así como tampoco debió muchas
cosas, tocó la puerta varias veces, hasta que notó un timbre a un lado el cual
presionó, campanadas de un metal oxidado dieron un terrible sonido haciendo
que Evan pegase un brinco hacia atrás, el sonido de un picaporte moviéndose
y el chirrido espeluznante de la puerta mostraron a un hombre en apariencia
más vieja y descuidada que la casa, cosa sorprendente para un cuarentón,
vestía un bata de dormir y la sonrisa que había en sus labios desapareció al
ver a Evan, inmediatamente fue a cerrar de un portazo pero Evan detuvo la
puerta con el pie.
-¿Qué hace aquí?
Gritó a través de la puerta que luchaba por cerrar, tenía una voz rasposa
y adolorida, se escuchaba el chasquido de su lengua al hablar, era obvio que
este hombre no era el asesino, que nunca lo fue, sólo de verlo ¿cómo podría
el ser capaz de cargar un cuerpo?, era netamente imposible, o ¿no?
-Tengo una orden federal de interrogación para ti, verás Murder, yo no
creo que hayas cometido esos asesinatos…
-Vaya bastante tarde para eso, ¿no crees?
Me interrumpió con una sonora risa irónica, cosa que no me sorprendió
en lo absoluto, éste hombre había perdido 20 años de su vida encerrado en su
hogar, si es que a esto podría llamársele hogar, la niña de 3 años que había
conocido el día del juicio de Hans había fallecido a los 15 años de edad, o
mejor dicho se había suicidado, víctima del bullying que la atormentaba
diariamente como consecuencia del supuesto “crimen realizado por su
padre”, los diversos apodos como “asesina”, psicópata, “loca”, “enferma”…
entre otros que nada tenían que ver con la adorable niña,.
A causa de la conducta de sus compañeros de clases creció
extremadamente introvertida, pero la timidez no ocultaba su ternura, o eso me
dijo Mina en ocasiones que cuando ella había tratado a la niña, su muerte fue
un gran impacto para el departamento policial y para su padre, a todos nos
invadió un sentimiento de culpa y no volvimos a hablar nunca más del caso,
el mero recuerdo era doloroso, sólo un día antes de la amarga tragedia había
sido el último encuentro entre Lily y Mina, éstas sin saber que se trataba del
último habían asistido a su consulta semanal en busca de subir el ánimo de la
muchacha y ayudarla a superar el temible desastre que la rodeaba, según
Mina la niña lucía radiante, estaba alegre porque al día siguiente sería su
cumpleaños número 15, había sido un evento planeado por su padre, la joven
y su adorada psicóloga.
El día de sus 15 primaveras Mina iría personalmente hasta el hogar de
la joven para arreglarla en ese día tan especial, por vez primera la
maquillaría, le haría un bonito peinado en su pelirroja cabellera siempre
recogida y le regalaría un traje a la moda que había comprado especialmente
para ese día, todo sería perfecto, Lily, entregaría con su nuevo look las
invitaciones a sus compañeros para su fiesta el día sábado, al cual se le había
permitido asistir a Hans dándole un permiso a cambio de que fuese con dos
agentes policiales a la tan ansiada fecha, la niña y Mina habían hablado
durante dos horas y media sobre día que acontecería.
La dulce Lily no durmió casi esa noche ansiosa por lo que le esperaba,
la joven albergaba la esperanza de que a partir de ese día todo fuese diferente,
que la viesen por quien era ella y no la sombra que rodeaba su vida, que
notasen lo agradable que era la dulce niña, de niña a mujer, ¡en tan sólo
horas!, Mina apareció puntual a las 5 30 am en la casa de la radiante
mujercita que la esperaba, Hans les sirvió el desayuno con una gran sonrisa
que no podía dejar su cara, su dorada mirada brillaba con la emoción de ver a
su niña tan feliz, para Mina nunca había visto más feliz a la sombría familia,
subieron a la habitación de Lily, quien llevó de la mano a su psicóloga y a
quién veía como a la madre perdida que no recordaba desde su nacimiento,
pero bueno como podría recordarla si falleció trayéndola a este oscuro
mundo, desde el momento de su nacimiento la vida de la radiante Murder se
había visto rodeada por la desesperante y cruel oscuridad que cubría ésta
maldita ciudad.
Ya en su habitación Mina ayudó a que la niña se depilase por primera
vez sus extremidades y axilas, entre risas y lágrimas había superado la
primera prueba, esa que realizábamos las mujeres ocultas para mejorar la
apariencia de nuestra piel, una vez terminaron, la niña se la bañó mientras
Mina cuidadosamente preparaba la ropa que se colocaría, una hermosa y
brillante falda violeta (el color favorito de ésta risueña señorita), un brasier
lila que hacía juego con la blusa y la blúmer que usaría, más una boquita
chaqueta negra de cuero sintético forrada internamente con terciopelo violeta,
unos zapatos de plataforma de tres dedos de altura (su primera vez en
tacones) así se evitaría un desastre o que caminase como Bambi recién
nacido.
Mina aun recordaba la vergüenza que pasó el día de su graduación
cuando su madre le había comprado unos tacones altos que la joven no había
podido controlar y estuvo a punto de dejar su rostro en el suelo en diversas
ocasiones, Lily no pasaría por ello definitivamente, una cartera color lila de
cuero sintético Chanel que haría un juego perfecto, Lily salió impresionada
del baño al observar la ropa que le había comprado su adorada psicóloga,
Mina se regodeaba internamente por haber acertado en su elección, de verdad
veía a esta pequeña como su hija, se había encariñado profundamente con
ella, emocionada tomó las prendas y cuidadosamente como si del delicado
pétalo de una flor se tratase se la colocó, lagrimas brotaban de sus dorados
ojitos al apreciarse en el espejo, Lily era bellísima, de eso no había duda, su
cuerpo bastante proporcionado para solo una niña de 15 años, su carita de
muñeca, la radiante piel de porcelana y su carmesí melena que jugueteaba en
la mitad de su espalda con cada movimiento que daba la pequeña, se movía
grácil y élegamente, como habían ensayado durante semanas.
Mina limpió la carita de la joven y comenzó a aplicarle en las mejillas
un poco de rubor rosa, literalmente rozaba su piel para lograr ese tono natural
que sólo las muñecas y las mujeres semi avergonzadas poseían, un poco de
mascara en sus pestaña para darle más volumen y un rosa Barbie e los labios
fueron suficiente para destacar la belleza que se hallaba frente a sus ojos, “no
abras los ojos aun”, le indico diversas veces la psicóloga para que no
arruinase la sorpresa, peinó su cabello haciéndole una línea con el peine al
lado derecho de su cabeza y tejió el cabello en un bonito cintillo que unió
finalmente por debajo de la melena suelta de Lily, la hermosa flor no podía
creer lo que veían sus ojos al mirarse en el espejo, se vio tentada varias veces
a restregar sus ojos para ver si no era todo un sueño, al fin estaba viviendo su
cuento de hadas, se abrazaron emocionadas por el resultado que habían
obtenido y se dirigieron abajo para que su padre la viese y le diera la
bendición, este la apretó fuertemente a él y mordió sus labios quizás para no
llorar, no descargar la emoción contenida que le causaba la felicidad de su
hija, Mina se compadeció tanto que le fue incapaz seguir pensando que éste
había sido el causante de los temibles asesinatos que habían ennegrecido la
oscura ciudad, sacó de su bolsillo una cajita que le tendió a su hija y de allí la
joven suspiró alegre al observar una bonita cadena de plata con un lirio a
juego con dos zarcillos del mismo material que tenían el mismo logo que el
nombre de aquella muchacha, agradecida y enternecida apretó a su padre con
fuerza evitando llorar para no manchar sus ojos, observó que faltaban sólo 4
minutos para que el transporte escolar pasase a recogerla y corrió a guardar
las invitaciones, sus cuadernos, libros y materiales dentro del bolso, volvió al
lado de Mina y Hans no sin antes comprobar aquel agite corporal hubiese
dañado su apariencia y se reunió con una gran sonrisa con aquellos seres que
ella más amaba en el mundo, la misma Mina fue quien llevó a la joven hasta
la entrada de su colegio, no permitiría que la sorpresa en la institución se
viese arruinada por los compañeros que fuesen en el bus, se despidió
agradecida de Mina y unió su dedo meñique por última vez con aquella
tutora, doctora y madre que la había cuidado y ayudado a crecer durante los
oscuros años que habían cubierto su vida, ese era su saludo especial, lo
usaban cada vez que se hacían una promesa o habían logrado alguna meta,
Lily se bajó del auto y se despidió con la mano alejándose deslumbrante, sin
duda era la niña más hermosa que había pisado ese macabro lugar, el resto
fue relatado y reconstruido por los compañeros de clase de la joven, la policía
y algunos profesores, todos y cuando digo todos me refiero incluso a las
compañeras de Lily lucían sorprendidos por el cambio radical de la niña, ésta
incluso se unió a platicas durante la mañana con sus compañeros, incluso
George, el presidente del salón se acercó a ella y la invitó almorzar juntos en
la cafetería, a la hora del almuerzo ambos comieron juntos intercambiando
sus hobbies, descubrieron que tenían gustos similares en lo que respecta a
películas, libros e incluso ¡videojuegos!, sí que era perfecta, o eso era lo que
supuestamente pasaba por la mente de George, repentinamente ella le pidió
disculpas y se levantó, le entregó la invitación para su cumpleaños con una
gran sonrisa y le pidió cortésmente que la acompañase esa noche, ambos se
sonrojaron y el aceptó inmediatamente, incluso le propuso ayudarla a
entregar las bonitas tarjetas cuya función nunca sería utilizada, entre sonrisas
fueron interrumpidos por Vanessa, una frívola y cruel compañera de ambos
muchachos, tomó la tarjeta de la mano de Lily y comenzó a reír fuertemente
diciendo “Ja, quien se atrevería a ir al buffet de una asesina, quién sabe
podría encontrarse entre la carne servida la nueva víctima del ágape”, ella y
sus grupos de amigas comenzaron a reírse fuertemente provocando espasmos
de ansiedad en Lily lo que aumentó la burla de la cruel joven que se
encontraba frente a ella “Oh, está a punto de entrar en una crisis, cuidado,
corran por su vida”, a su vez las chicas que la acompañaban comenzaron a
decir entre risas “911”, “ayuda”, ”´por favor”, lo que ocasionó que todos en
el cafetín explotasen en risas terminando de quebrar a la sensible muchacha,
ésta arrancó la tarjeta de la mano de Vanessa y se fue corriendo con todas sus
fuerzas lejos de allí, no se sabe que ocurrió en ese transcurso de tiempo en el
que Lily desapareció del cafetín y el momento una hora después que apareció
en el tejado de la institución, mientras todos la buscaban en la institución ella
apareció, como un macabro espectro sobre el techo caminado lentamente con
la mirada vacía, sin expresión y negras manchas que recubrían su bonito
rostro, miró abajo, iris con iris se encontraron, Vanessa y Lily se veían
fijamente, odio que emanaba de la rota niña y miedo de la cruel… no sabría
qué palabra utilizar para el monstruo que había causado aquella conmoción
en ese dulce ángel cuyas alas no pudieron salvarla del desmembramiento de
su delicado cuerpo contra el pavimento de la institución, tarjetas de una
invitación sin fin alguno ya volaban por todo el lugar disparas del bolso que
aún se aferraba inútilmente a la mano de aquel cuerpo cuya vida había
abandonado ya.
-Supongo que no vino a mi casa a quedarse parado como una
desagradable estatua frente a mí.
Dijo la ronca voz de aquel afligido hombre, culpa, culpa, culpa, era lo
que cada latido del corazón de Evan gritaba a sus oídos sordos, el muy dentro
siempre supo que ese hombre no era el ágape, sin embargo las masacres se
detuvieron luego de su detención, aquello sólo termino de inculparlo y
desterrarlo a una lúgubre vida.
-Ya debería saberlo, estoy aquí por la ronda de asesinatos que han
comenzado a azotar nuevamente la ciudad.
-Ya veo, entonces viene aquí para alargar mi cadena perpetua o a
darme una pena de muerte por dichos crímenes.
-No creo que usted sea el culpable, he ahí por qué estoy aquí.
-¿En serio?, vaya si no me lo dice no me habría dado cuenta, así que
puedo sentirme aliviado por no ser yo el causante de la muerte de esos
miserables, no sabe cuan bien le cae esta gran noticia a mi corazón.
Era lógica la reacción sarcástica de Murder, ¿cómo culparlo?, mis
palabras no hacían más que abrir las cicatrices en aquel hombre golpeado
innumerables veces por una oscura ciudad, cerré los ojos meditando en las
palabras que pudiesen llegar al hombre que se encontraba reclinado frente a
mí.
-Señor Murder necesito su ayuda por favor, el asesino volvió y por su
culpa más víctimas caerán a causa de la mano de ese vil asesino.
-No soy policía, sólo un fracasado escritor de negra imaginación que
incito a un cobarde a cometer terribles crímenes, aunque quisiera no podría
ayudar.
-Usted lo ha dicho, su imaginación guía a éste asesino, por ello puede
ayudarnos a desenmascarar al causante de la perdida de todas aquellas almas
inocentes.
Una extraña sonrisa apareció en el rostro del hombre que me miraba
fijamente y su dorada mirada se oscureció pronosticando males que podrían
retorcer totalmente el caso, ¡oh!, de verdad estaba enloqueciendo, ya parecía
un fanático enfermo.
-Si usted realmente desea atrapar al asesino debe pensar como el e ir un
paso más adelante, debe actuar y volverse como él, fundirse ambos en un solo
ser que guíe el camino a su caída.
Esas palabras sí que eran realmente disparatadas, suspiré y miré por la
ventana la oscura noche que comenzaba a penetrar los cristales de las
ventanas profanando la vivienda de un hombre envuelto por la oscuridad,
acepté finalmente, porque ¿qué perdía con intentarlo?, todo lo contrario,
ahora lo que necesitaba era tomar todos aquellos caminos que lo condujesen a
desenmascarar al vil asesino que podría estar acechando a su nueva víctima,
Hans como le pidió que lo llamase invitó a una prostituta a la casa, en mi
mente era inconcebible a que podría llegar con aquella locura, pero
nuevamente me asaltó el pensamiento ¿qué podría perder?.
-Muy bien Evan, observa a la mujer que está frente a ti, despierta todos
aquellos instintos depredadores de tu interior y materialízalos en la mujer que
se haya frente a ti.
Haciendo caso a sus palabras la miré, de arriba abajo, era una alta y
voluptuosa mujer de aterciopelada mirada azul marino, su larga melena
oscura azabache caía como una cascada alrededor de su cara hasta el final de
sus caderas, su muy ceñido vestido blanco que no llegaba ni siquiera a la
mitad de su muslo luchaba por levantarse debido a la presión del escultural
cuerpo, me acerqué lentamente a ella hasta acariciar su bonito rostro, en
respuesta ella le besó chupando sus labios con fuerza, él dolor invadió su
boca y la apartó bruscamente tomándola sobre un mueble de la sala de estar,
algo oscuro, como la negra noche que rozaba su corazón comenzó a emerger
dentro de él, de un tirón arrancó el vestido de la mujer mientras que con su
otra mano liberaba su apretado miembro, antes de que ella reaccionase le tapó
la boca con su mano libre y la penetré duramente, un grito ahogado y la
amplitud de sus ojos evidenciaban que no estaba lista aún para permitir la
entrada y menos brusca en su cavidad, aquello extrañamente hizo hervir mi
sangre en adrenalina pura que energizaron ocasionando que empujase cada
vez más y más duro dentro de ella, se retorcía como una presa bajo un
depredador que estuviese a punto de devorarla, sus mejillas se encontraban
rojas como un tomate y una imagen que no debería estar allí apareció en mi
mente, no, ella no, por favor, ahora las cosas van bien, por favor no pienses
en ello, ¡detente!, aticé un puñetazo en la cara de la mujer mientras me
derramaba dentro de ella totalmente bañado en lujuria, Hans quien había
olvidado se encontraba en la habitación acarició el rostro de la mujer con esa
extraña sonrisa nuevamente en su cara.
-Calma mujer, calma y déjate llevar, si no colaboras te verás expuesta a
más de esto y recuerda Evan “no se trata del inicio, sino de cómo termina”.
Dijo mientras apretaba duramente el moretón que comenzaba a
formarse en la cara de la prostituta, la hizo girarse hasta que se encontrase de
espaldas a mí y comencé a penetrarla duramente desde atrás, como si fuese
un animal penetrado por una bestia, tomé su mano derecha y la doblé hacia
atrás apretándola duramente contra el mueble, ella ahogaba sus gritos con su
mano libre intentando evitar que la dañásemos aún más, pero no, yo quería
más, si más, la empujé delante y penetré duramente por ese pequeño orificio
que sin duda había sido explorado anteriormente en prácticas que
acostumbraba esta mujer, sin embargo la falta de lubricación y la dureza de
mis embestidas la enloquecieron haciéndola gritar, rápidamente la tomé por
el cuello atrayéndola hacia mi cuerpo y con el empujándola hacia delante una
y otra vez, sí, sí, se sentía tan bien, “por favor, señor, por favor”, o algo así
salía de sus aullidos y gritos desgarrados intentando fieramente huir y
apartarse, apreté más fuerte su cuello y la embestí más duramente hasta que
finalmente mi éxtasis se liberó dentro de ella con la cara de mi adorada Ágata
en ese rostro morado.
No supe nada de mí ni cuando me dormí, hasta que desperté adolorido,
tenía todos los músculos engarrotados a mi lado se hallaba aun la prostituta
que había sido invitada anoche, toqué débilmente su brazo para despertarla y
disculparme por los eventos ocurridos la noche anterior, definitivamente no
lograba recordar con claridad lo sucedido y lo que su mente le mostraba le
parecía inhumano y monstruoso para ser realidad, suspiró y se quedó
totalmente helado al sentir la fría piel de la mujer que yacía a su lado, la
volteó se encontró con un cuerpo totalmente azulado, con mirada aterrada a
un mundo lejos de aquí, totalmente tiesa y sin respiración la mujer suya vida
había abandonado esa masa corpórea ya no estaba, terror me inundó al
comprobar en el seno de la mujer la marca del ágape, sirenas de policía y
gritos en la puerta lo dejaron en un total estupor.
Capítulo 7
“Bienvenido sea el final”
Inconcebible, esto era realmente inconcebible, el hombre que tanto
admiraba se encontraba frente a mí, esposado y con olor de jabones
industriales que le suministraron para asearse luego de verle en mal estado,
primero Mina, ¿ahora Evan? Tenía que ser una cruel treta del destino, si, era
esa oscuridad que se cernía en las noches sobre aquellas almas que habitaban
en la ciudad buscando corromperlos y acabar con su cordura, si lo pienso
detenidamente Evan encontró muchas veces los cuerpos asesinados antes que
nadie más y… ¿Si realmente hubiese sido él?, no era imposible, eso no podía
estar ocurriendo, me recliné contra la pared mirando fijamente a un ausente
Evan, probablemente sumergido en una ensoñación amarga que lo corroía
internamente, quizás invadido por la culpa y la vergüenza o pensando en
cómo huir de ésta, Mina entró iracunda a la sala de interrogación y se sentó
frente a Evan, su mirada lo decía, ella también dudaba…
-Muy bien Evan, cuéntanos que ocurrió anoche.
Le dije lo más profesional que salió de mí, era difícil enfrentarse a los
amigos, que sencillo era todo cuando cazaba ratas…
-Yo… no lo recuerdo bien.
-¡Haz un esfuerzo! – exclamé duramente.
Tomé foto mentalmente de cada gesto y movimiento del hombre frente
a mí, su mirada se alzó hasta posarse en mis ojos fijamente, algo emanaba de
él sin saber el qué, no era el mismo Evan que había conocido todos estos años
desde que laboraba en la agencia.
-Hans me dijo que para atrapar al ágape debía pensar como uno,
fusionarme con él y así abría cuales serían sus acciones a continuación…
-Así que te cogiste y mataste a una mujer para ser como el ágape.
Incluso a mí me fue duro tragar las palabras de Mina, ella lo miraba
dolida y por eso podía ser así de fría con él, que profesional era ésta mujer.
-¡No!, bueno no lo sé es tan confuso, yo estaba haciéndolo con ella
hasta que acabé en su… trasero, luego de ello no sé, me dormí o me desmayé,
sólo recuerdo que desperté a un lado de ella y ¡estaba muerta!
-Las huellas en el cuerpo de la prostituta pertenecen a ti, sólo una en el
rostro de la mujer pertenecen a Hans, éste fue quien nos llamó cuando
encontró el cuerpo, dijo que te tomaste muy en serio sus palabras y ésta fue la
consecuencia de ello.
Dije fríamente revelando al delator que quizás hubiese causado la
perdida de locura de Evan o peor aún, hubiese sacado su verdadera naturaleza
exponiendo al verdadero ágape.
-Fue él, tiene que haberlo sido, yo…
-Ya basta Evan. Encontraron tus huellas en su cuello, la causa de su
muerte, la ahorcaste, confiesa la verdad Evan.
Dijo una iracunda Mina, sus manos temblaban en el escritorio quizás
por rabia o algo más…
-¡Si apreté su cuello, pero no la maté!, yo me encontraba terriblemente
excitado y fascinado, no podía parar, pero no fui yo, tiene que haber un error.
Evan se había levantado de la silla y alejado de la mesa dejándose caer
contra la pared extremadamente angustiado y ¿si dijese la verdad?, ¿podría
haber caído en una trampa?, ¿si fue incriminado?
-Verás Evan, al final no somos tan puros como creemos, es más lo
sabemos pero nos damos constantemente excusas irracionales para nuestros
macabros actos que no poseen justificación, yo maté a esa rata, disparé en sus
testículos y lo apuñalé en el cuello, era un violador, una basura y no sólo a él,
sino al resto de criminales que aparecieron en su hogar asesinados de viles
manera, eso hago, me dedico a investigar y encontrar ratas, voy hasta sus
madrigueras y las sacó a plomazo de su corrosivo estilo de vida, las despacho
de éste mundo y limpio un poco la pesada oscuridad que azota Ravenville, lo
que quiero que entiendas es que puedo ayudarte Evan, podemos ayudarte,
sólo debes confesar, admite tu pecado e inculparemos a alguien más, no es la
primera vez, ¿No fue inculpado Hans?
Era más de lo que podía soportar, me levanté del suelo mirando las
personas frente a mí totalmente asqueado, eso era todo ¿cometías ruines
delitos y eras perdonado así de simple?, no, esto estaba mal, sus compañeros
y grandes amigos no eran quienes él pensaba, se sentía traicionado, herido, la
justicia en la que creía no existía en el departamento policial, era todo
corrupto e ilógico, ¿ellos no sabía si él era realmente el asesino?, pero aun así
le ofrecían una oferta vil.
-Si confieso ¿qué exactamente es lo que me sería personado?
Escuché atentamente la pregunta de mi mejor amigo hiriéndome
terriblemente, apuñalándome con cada palabra que salía de boca, entonces si
era él el asesino, le habíamos encontrado, después de 20 años, no era más que
quién había llevado el caso, decepción, decepción, decepción, ¡maldición!, no
podía ser… Evan el ágape, eso no tenía sentido, suspiré cabizbajo meditando
mi siguiente respuesta.
-Disculpen que intervenga su conversación chicos, pero me parece
necesitan ayuda para que fluya mejor, ¿Evan te importaría tener una sesión de
hipnosis conmigo?
No sabía a lo qué quería llegar, ciertamente no era la primera vez que
hipnotizaba a Evan, el pobre era tan volátil y frágil de corazón, tan
manipulable…
-Déjenme ver si comprendo esto, ¿ustedes me van a cubrir incluso si
fuese yo el ágape?
Una tuerca interna se quebró en mi interior y todo comenzó a darme
vueltas, tuvo que sentarse para encontrar el equilibrio, sentía que esto era
demasiado terrible, sin embargo externamente debía verme tan duro como
una piedra y más frío que el polo norte en su temporada invernal, bien, si
Evan es el asesino, ni siquiera nuestra gran amistad lo salvará del infierno
que vivirá en mis manos.
-Por supuesto, de ser así, asistirás a terapia con Mina y te ayudaremos
en lo que necesites.
Dije lo más serenamente, casi indiferente como si fuese lo más normal
del mundo, pero por dentro se encontraba un volcán a punto de hacer
ebullición para arrasar con todas esas escorias que se encontrasen a su paso.
-Sinceramente nunca había sentido más asco en mi vida, pensar que
ustedes sean tan grotescos y corruptos, me parece que la palabra escorias les
queda demasiado grande para catalogarlos.
Evan se encontraba hecho una furia, mirándonos fríamente como s de
una fiera se tratase, sus palabras salían de sus labios como acido, no, como
acero hirviente derramándose sobre nosotros.
-Suficiente de esto, Louis y Mina diríjanse a mi oficina, Evan aquí
tienes tu placa y armamento, espero esta vez sí logres sacarle algo a Hans y
descubrir quién está detrás de todo esto, infórmame de lo que necesites y sea
necesario para aclarecer esto finalmente.
Me quedé petrificado mientras observaba al capitán Mckeena decir
aquellas palabras como si nada hubiese sucedido y dándole unas palmadas en
el hombro a Evan, le liberó de las esposas y le dio la llave de su automóvil.
-Tómate tu tiempo antes de hablar nuevamente con Hans, tienes que
estar lo más cuerdamente posible y encontrar cualquier pista que nos lleve al
asesino, nosotros continuaremos investigando los recortes de periódico, me
parece que nos encontramos más cerca de lo que parece.
Dicho esto Evan abandonó la sala como una bala completamente
aturdido, dejándonos sorprendidos y más desconfiados que nunca,
ciertamente si me inculpasen de algo así y utilizaran las mismas palabras que
yo escupí, probablemente habría reaccionado peor, mucho peor...
-Ahora síganme inmediatamente.
La confusión reinaba en mi interior deseando acabar con todo esto ya,
volver a mi anterior vida con mis amigos y creencias, nuestra amistad estaba
tan fracturada que se veía totalmente irrecuperable, ¡maldición!, ¿quién
diablos es el asesino?, ¿Mina?, ¿Evan?, ¿Quién?
-Louis, comprendo el estupor en el que debes encontrarte pero debes
entender algo, irritado no llegarás a nada, en absoluto, así que siéntate e
intenta calmarte para que logres analizar la situación, sin dudas sé que
encontrarás el camino y te encuentras más cerca de lo que piensas, ahora
bien, Mina te quedarás analizando los archivos conmigo en la oficina de
Evan, quizás algo podamos encontrar de ello, mientras tanto y tú investigaras
a Evan, todo lo que haga, con quién hable, a dónde se dirija, todo, quiero que
seas su sombra, dejé un GPS en su ropa por lo que no tendrás dificultad de
encontrarlo, pero Louis ten mucho cuidado, si lo que más tememos es cierto,
te estarás enfrentando a un demonio bastante ajusto y sin cordura alguna,
estamos cerca, muy cerca, vamos a ello.
Allí estaba yo, parado frente a la puerta de Hans, si era posible la casa
se vislumbraba más oscura que nunca, mis vellos se erizaron al acercarme a
la teórica casa, arbustos chocaros contra mis piernas a medida que avanzaba
activando todas mis alarmas, no, debía respirar y calmarme, el capitán confía
en mí, puedo hacerlo, sólo respira profundo y relájate, todo estará bien, tengo
que lograrlo, ese maldito cuarentón de apariencia vieja y tosca no podría
conmigo, yo soy el mejor policía de la DIE, yo…
Presioné el timbre que erizó toda mi piel como si de una gallina se
tratase, sonreí mentalmente a mi imaginación tan… extraña, pero graciosa,
tonto que tonto era y que horrible era el repiqueteo de aquellas campanas
oxidadas, el solo hecho de pensar que alguien pudiese vivir así… al fin en mi
puerta apareció Murder, con mirada sorprendida y esa extraña sonrisa me
recibió, ¿por qué reía así? ¿Qué sucedía con él?
-Regresas nuevamente sádico policía.
Dijo con una risita sarcástica mientras me abría la puerta de par en par
para que ingresase en la extraña vivienda, un extraño frío recorrió mi espina
dorsal y me llené de miedo, le temía a éste hombre que descontrolaba
totalmente todo mi ser, a ese hombre que me hizo asesinar a una mujer, a
destrozarla, sodomizarla y golpearla, a ese temible ser que sacó la peor parte
de mí, suspiré internamente y me senté en el sillón más alejado de la escena
que ocurrió la noche anterior y de él…
-¿Qué me hiciste anoche?, ¿acaso me drogaste?
-En absoluto, te recuerdo que yo bebí y comí de los alimentos que
coloqué frente a ti, fuiste tú quien escogió que servirse de lo que
amablemente te invité, yo no te obligué a realizar ninguna acción grotesca,
todo salió de ti, tu verdadero ser.
Hizo una pausa pensativo, caminando con una pipa entre los labios que
intentaba encender, la tomó con la mano y sopló un asqueroso humo blanco
que aspiraba el hombre como si de oxigeno se tratase, llevó una mano a su
espalda y volvió mi mirada fija a mí.
-Verás, lo que te voy a explicar estará en ti creerlo o no, todos y cuando
digo todos, me refiero a que todo ser vivo existente en éste inmundo planeta
nace con un instinto salvaje, con tendencias irracionales y psicópatas, con
conductas viles que ocultan muy dentro de ellos y llegan incluso a olvidar,
dicen que los animales cazan para alimentarse o protegerse, pero se
documentado focas que juegan con el cuerpo de un pingüino moribundo
como si de un balón se tratase, sólo por mero placer, gatos que se comen a
sus hijitos recién nacidos, aves que lanzan a sus polluelos del nido para que
aprendan a volar sabiendo que no todos lo lograrán, tortugas marinas que
entierran sus huevos en la arena y no vuelven más hasta que éstos nacen y
sólo se dirigen al inmenso mar que tienen en frente, si acaso 1% de estos
animales sobrevive, el resto son comidos por animales marinos o cualquier
otro ente acuático que se encuentre en el lugar.
Y los humanos, ¡oh, los puercos humanos! Son las peores bestias que
jamás existirán, pueden llevar 9 meses una criatura en su vientre y luego
expulsarla para abandonarla en medio de un bosque, en una cesta sin nada
más que una manta en medio del frío invierno en la calle, aquellos que los
crían siguiendo su supuesto instinto protector acaban por darles una vida de
sanguijuelas, muchos se drogan hasta la pérdida de conocimiento dejando a la
pobre criatura pasar hambre hasta que su vil padre o madre vuelva en sí para
alimentarlo, otros violan a sus propios hijos desde que pequeños, sus
inocentes y vulnerables frutos que son abusados hasta más no poder…
-¿Por qué me dices todo esto?
-No me interrumpas, debes comprenderlo, el pensamiento de un
asesino serial si quieres atraparlo, ahora antes de que cortases mi inspiración
decía, los humanos son seres instintivamente psicópatas que disfrutan
jugando con la vida de otras personas, si toda criatura existente en éste
mundo es así ¿qué quedará para nuestro Dios?, desde la tierna edad niños
abusan de otros niños, hay casos documentados de niños que han torturado y
asesinado a sus hermanitos, padres, amigos o compañeros de clases, éste es el
mundo en que vivimos, quizás la oscuridad cubre todo este planeta y su
núcleo se encuentra aquí, alimentándose y alimentando a quienes vivimos en
esta temible ciudad, cada noche se vuelve más y más oscura, más pesada,
más corrosiva.
-Allí te equivocas, no todos son tan grotescos e impuros, mi mujer era
un gran médico y mi hija adora ayudar a quienes padecen temibles males,
ambas aman y adora a la humanidad, a todo ser vivo existente en éste mundo
que necesite ayuda…
Fui interrumpido por una extraña risa que salió a borbotones de su
garganta, su mirada sarcástica y fría se posó en mí.
-Evan, mi querido e inocente Evan, ellos son los peores, la mayoría de
casos de psicopatía registrados fueron en personal de salud, son seres
temibles Evan, detrás de su fachada de ángeles esconden un cruel monstruo
interno, se creen Dios y con el derecho a salvar o no una vida, si un paciente
tiene cáncer terminal lo acaban, basta y sobra con una sobredosis de morfina
para acabar con la vida de aquel padecido, son seres narcisistas y fríos, que
bajo una falsa de ética de evitar el sufrimiento en pacientes terminales juegan
a ser Dios y con su mazo de conocimientos orgánicos arrancan la vida de
aquel que pudo seguir viviendo un poco más, de aquel que aunque fuesen
horas pudo ver a su familia un poco más, a sus amigos, al mundo que les
rodea, pero no, tienen que robar esa efímera vida para sentirse orgullosos y
engrandecidos, asco, malditos, mil veces malditos, son basuras.
-¿Y tú hija Hans?, ¿no era ella una joven inocente en este oscuro
mundo?
-Sí lo era, por eso fue arrancada de éste mundo por unos mal nacidos
engreídos que creen saberlo todo, por unos superficiales y triales seres que no
entienden el sentido de la vida, por escorias que se creen un Dios cuando no
son más que un saco de carne y huesos fáciles de destrozar, por eso Evan, ten
mucho cuidado, protege a tu inocente ángel de la tentación y de éste vil
mundo que la rodea.
-No te atrevas a tocar mí…
-No Evan, no, jamás me atrevería a tocar un ser puro, si tu hija fuese
como la mía definitivamente son víctimas de este oscuro mundo, de esta
temible ciudad, conocido como el “Doctor Muerte”, fue el asesino serial más
prolífico en la historia del Reino Unido, sí, tu cara me lo dice todo, por
supuesto que has escuchado de él.
Asesinó a todas sus víctimas, con inyecciones de morfina, pudiendo
acabar con unas 270 personas o incluso más. Espera también a Erzsébet
Báthory “la Condesa Sangrienta” como era llamada no deja a salvo ni
siquiera a las mujeres, con el record de la mujer que más asesinó teniendo un
total de 630 muertes sino más, obsesionada por su belleza y la juventud
eterna, utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse
joven, sacrificando niñas de entre 9 y 16 años para sus rituales sangrientos. O
de Stalin, aquél ruin presidente que tomó la vida de un alrededor de 10
millones de personas (4 millones por la represión y 6 por el hambre),
socialismo, maldito socialismo que sólo los ignorantes son capaces de seguir
y los psicópatas de adoctrinar, destruyen países enteros y acaban con la vida
de miles de personas, ¿lo comprendes Evan?, dime puedes entender a lo que
me refiero o necesitas más ejemplos, permíteme sentarme la artritis me está
matando.
Me encontraba paralizado ante sus palabras, si bien tenía razón, eran
muy difíciles de digerir, maldición, el ágape podía ser cualquiera y quien
menos uno pensara, mierda…
-Respecto al pensar como el asesino, ¿podrías ayudarme con ello?
-No creo que hago falta Evan, sin duda tus rasgos de psicopatía son
inmensos, aterradores, si, no creo que necesites ayuda, pero dime algo Evan
¿la prostituta te recordó a tu mujer?, ¿Ágata?
Mi cuerpo temblaba sin control… lo notó… no pudo haberlo notado,
no, no please, no, esto no pudo haber ocurrido, respiré profundamente y me
levanté, salí disparado de ese lugar directo a mi auto, ágata, mi adorada
Ágata, no, no, eso no pasó, o ¿sí?, no por supuesto que no, ¿a quién quieres
engañar?, basta maldición, que sucedía conmigo, era esta la locura que
maquinaba mi cuerpo, era esta la psicopatía que me explicó Hans con
anterioridad, no, no puede ser, yo no enloqueceré, no lo haré, ya lo habías
hecho Evan, recuerda, recuerda, ¡nooo!, definitivamente no, escuché el grito
de mi nombre y me giré, era la voz de Hans, pero no se hallaba por ningún
sitio, la puerta de su casa se encontraba cerrada y no había el más mínimo
movimiento en las ventanas, si definitivamente enloquecía, ya incluso
escuchaba voces.
Conducía lentamente y con cuidado de no causar un accidente o
matarme en mi automóvil cuando recuerdos de ágata invadieron mi mente, su
hermoso traje de médico, su largo cabello negro azabache, más suave que la
seda, ella tejiendo o cosiendo algo para Gema, Ágata, mi ágata… suspiré y
me detuve frente al semáforo justo cuando pasó de amarillo a rojo, rojo,
rojo…
Se encontraba en la casa de Hans nuevamente, miró a la prostituta en el
suelo sentado que lo veía con mirada retadora, con egocéntrica mirada azul
marino y su largo cabello negro cayendo alrededor de su cuerpo desnudo.
-Maldita puta.
Grité encolerizado y comencé a abofetearla, no había muerto se hallaba
allí frente a mí mirándome aún con su cara crecida, con ese maldito ego, me
recordaba a alguien, pero no podía recordar a quién.
-No te fue suficiente con lo de anoche ¿eh?, quieres más, si eso es,
viniste por más, bruja mentirosa.
La tomé de las manos y la alcé en vilo violentamente hasta estrellarla
contra el suelo quedando totalmente debajo de mí, apreté su suave carita de
zorra y comencé a penetrarla duramente, ella gemía y gritaba adolorida, si, si
que te gusta verdad, había desaparecido por fin esa mirada que tanto odiaba,
ahora era suplantada por una sumisa y rogante cara de dolor.
Suplicaba y suplicaba que parase, que la dañaba, ¿no era eso lo que ella
quería?, por supuesto que quería, así son las putas masoquistas cuando en
realidad quieren más y sí que le daría más, la giré y la penetré por detrás, sus
gritos eran música para mis oídos, se sentía tan pero tan cerrada, no como
anoche, quizás de la irritación, si las mujeres que eran penetradas duramente
por el ano se volvían así por la destrucción de sus esfínteres, no había mejor
manera de bajarle los humos a una perra que sodomizándolas por detrás.
Excelente, perfecto, si, no podía evitar reír y excitarme ante la zorra
que era reventada debajo de mí, el éxtasis fue más grande que mi adrenalina y
terminé en ella, me levanté lentamente observando como temblaba en el suelo
buscando huir o levantarse, no aún no había terminado, le demostraría a esa
perra lo que era buscarme, tomé sus pies y la arrastré hasta la cocina, debía
haber algo aquí por supuesto que sí, ella debía recibir más, o si , esto era
bueno, pega para tuberías, embarré sus labios con ello pegando más que su
boca, su mejilla estaba embadurnada con aquello por los movimientos
frenéticos de la puta que quería huir, pero no, ella no iba a escaparse.
Apreté más el frasco sobre su mano y la pegué al suelo, presioné con
mucho cuidado su mano para no mancharme hasta que su mano no emitiera
casi movimientos y proseguí con la otra, ahora sus piernas doblando sus
rodillas colocándolo en la posición de parto que utilizaban las mujeres a la
hora de dar a luz, si, era perfecto, pega en las plantas de sus pies para que no
los moviese y siquiera así, con los ojos llenos de lágrimas, no, ya no lloraba,
odio, odio puro era lo que recibía al hacer contacto visual, yo acabaría con
eso, sí lo acabaría, oh, un rodillo, de unos 8 cm de grosor aproximadamente,
si, perfecto.
Su cara se horrorizó mientras me acercaba con una gran sonrisa, lo
coloqué en posición lo introduje con todas mis fuerzas, si, fue difícil, la
resistencia y la presión de su ano, pero yo era más fuerte, introducía y sacaba
con más y más fuerza, más, mucho más, debía ser más duro, su cara estaba
deformada en morisquetas, excelente, así, sí, así, fluido anal mezclado con
sangre emanaba de su ano facilitando la introducción de ese material en su
conducto, ya era hora de buscar algo más grande…
“Piiii” sonó lejano, muy lejano, oh, levanté la cabeza y noté el
semáforo verde, que horror fue una pesadilla terrible, la realidad no era tan
temible como la imaginación humana, debía volver con Hans, si, él tenía
razón, todos tenemos un psicópata dentro, crucé las calles apresurado por
llegar a ese destino hasta toparme con su sombrío hogar, frené de golpe y me
bajé del auto corriendo.
Quedaba una corta distancia entre nosotros, toqué el timbre una, dos,
tres veces… Nadie salía, mi corazón latía ferozmente preocupado por ese
hombre que aún no aparecía, ¿estaría dormido?, giré el picaporte y descubrí
que no tenía seguro entré y observé el desastre que había de muebles
volteados y marcas de rasguños en el suelo que llevaban a la cocina, la seguí
y me encontré con Hans en el suelo, como si mi pesadilla se hiciese realidad,
allí se encontraba él con los labios pegados y deformando su rostro, sus
manos y pies al suelo, sodomizado y sangre emanando de su ano… un
machete a un lado respondía la causa de su muerte y allí en el mesón se
hallaba ese símbolo, el símbolo del ágape, ¿fui yo?, totalmente enloquecido,
no puede ser, oh cierto, página 49, sí esto así estaba relatado allí, quería
confundirme el asesino, debía encontrarlo y ya.
Capítulo 8
“Por ella”
No podía creer lo que veían mis ojos, el cuerpo de Hans asesinado de
una manera tan terrible, definitivamente eso lo sacaba de la lista de
sospechosos, el ágape, el maldito ágape pintado en el muro del mesón, ¡oh,
dios!, ¿qué era todo esto?, no podía estar ocurriendo… no, por favor no, te lo
pido detén estas masacres, no, debía hacerlo yo, detendría el ágape, sí yo lo
haría.
Evan, saliste de aquí sin siquiera avisar a la policía y con mirada
lunática, no te preocupes yo terminaré con esto, te ayudaré, definitivamente
la locura se ha apoderado de tu ser, yo te purificaré con ésta misma arma
que tú mismo me diste el día de mi ingreso, esto debe culminar ¡ya!
-Tenía que encontrarlo en algún sitio, de seguro por aquí.
Dije mientras giraba por el parque, nada no había nadie por allí, me
estacioné unos segundos y seguí, no quería caer víctima de las pesadillas
nuevamente, si estaban por enloquecerme, no podía, no otra vez… El
hospital, debo ir allí, debo revisar que esté bien sí eso es, podría ser lo que
sigue, en camino a ello, rojo, semáforo rojo, a la mierda, seguí adelante, ya le
tenía pavor a ese temible color, a los semáforos, lo peor, a mí mismo…
El hospital, que grande era, comencé a recorrer los pasillos uno por
uno, entrevistando al personal y a los pacientes, si no habían visto a alguien
sospechoso, que estuviesen atentos, éste lugar era peligroso, aún faltaba una
muerte en el centro hospitalario, si, tenía que tener cuidado con ese lugar, el
quinto piso, los recuerdos eran muy fuertes pero aun así seguí adelante,
caminé lentamente como si un gran peso m aplastase, debía encontrarlo, tenía
que hacerlo, yo podía… nada, los bebes dormían profundamente en el lugar
sin temores, sanos y tranquilos, salí de allí disparado hasta la protección de
mi auto.
Cualquiera que me viese pensaría que era un lunático, “Evan ha
envejecido”, “el ágape lo tiene loco de remate”, “es un viejo, si no puedo
antes ya no podrá…”, claro que podré, por supuesto que sí, conduciendo me
topé con una tienda de electrodomésticos, los televisores de la entrada
pasaban el noticiero justo en ese momento, CNN hablaba de la nueva víctima
del ágape, Hans V. Murder el autor de “Unas vacaciones en el infierno”,
quién injustamente había sido arrestado en su hogar con cadena perpetua, un
hombre inocente del cual causaron su muerte para darse cuenta de que no era
el autor de esos crímenes, imágenes de su hija y su muerte llenaron la
pantalla, fue más de lo que podía ver.
Tuve que seguir conduciendo, la culpa de la muerte de Hans palpitaba
en su interior, de su encierro, de… Su hija ¡dios!, deseo tanto que los
causantes de la muerte de la nena se retuerzan de culpa en este momento, que
la imagen de la caída y el destrozo de la niña contra el pavimento no
abandonen jamás sus mentes, se lo merecían, al igual que los policías y el
juez que trataron el caso, todos ellos eran tan culpables como los adolescentes
ignorantes, enloquecería si algo así le pasase a un hijo mío, o Gema, mi
Gema, no la vi en el hospital, de seguro se encontraba libre, eso era bueno.
Un café, eso era lo que necesitaba ahora o un trago, lo que encontrase
primero, pero antes de ello había algo más importante, se estacionó y marcó
el número de su hija, repique, repique, pum al buzón, ¿podría haberle pasado
algo?, eran las 8 pm, no podría estar dormida a ésta hora, o ¿quizás sí?
Al fin y al cabo la encontró la pasada noche en la guardia nocturna, la
pobre debía estar agotadísima, definitivamente un trago esta noche no, debía
estar lo más consciente posible, si eso era, tendría que ir a una cafetería, por
aquí, a dos manzanas, condujo de mejor humor en dirección a la cafetería
hasta encontrarla y estacionarse frente a una librería, una joven mujer de
larga cabellera negra suelta estaba cerrándola, su bonito y bien proporcionado
cuerpo bailaba al ritmo de la música que sonaba a través de los audífonos que
llevaba, un vestido deportivo morado que apenas y llegaba a la mitad de su
muslo incitaba un oscuro deseo dentro de mí, la observé fijamente desde la
cabeza hasta sus pies, sus bonitas piernas resaltaban a través de la ligera
desnudez de la mujer, ésta como si mis oscuros deseos la hubiesen llamado se
giró hasta detenerse frente a mi auto, su mirada azul como el cielo me hizo
avergonzar hasta el punto de asquearme de mi mismo, suspiré y me bajé del
auto llamándola.
-Gema, soy yo.
Dije a medida que me acercaba con una gran sonrisa hasta mi pequeña,
bueno no tan pequeña ya, yo mismo lo había comprobado, desde hacía
mucho tiempo ya… miré su ropa con reprobación.
-¿No estás muy descubierta cariño?
Su confusa mirada me hizo retractarme, no debía regañarla, sino que
sonase como un consejo, si, ya ella era toda una mujer y no debía seguir
tratándola como una niña.
-Es decir hace mucho frío y podrías atraer a un criminal pervertido.
-¿Es que no lo traje ya?
Dijo mi pequeña agujereando mi corazón, la culpa, vergüenza, dolor,
invadió mi ser destrozándome, oh mi pequeña Gema, no había desaparecido,
el rencor seguía allí, sí que lo hacía.
-Yo lo siento, no…
Mis palabras salieron como titubeos hasta que Gema me interrumpió
sonriendo cansada.
-Vamos por un café estoy agotada papá.
No me atrevía a responder, sólo asentí y caminé junto a ella hasta el
interior de la cafetería, nos sentamos en una mesa apartados del bullicio de
las personas y nos miramos fijamente.
-¿Ya lo saben papá?
-El… ¿Qué?
-Que Hans no era el culpable de las muertes, el abuelo lo dijo tantas
veces, pobre hombre, el sí que pasó unas largas vacaciones en el infierno.
-Tienen razón y todo por nuestra culpa, no supimos manejar bien el
caso y tomamos dos víctimas inocentes.
-¿Dos víctimas papá?, ¿cómo así?
En ese momento el mesero nos trajo la carta y comenzamos a buscar lo
que nos apetecía, un batido de fresa con crema y chispas de chocolates, junto
a un helado de banana Split y un chocolate caliente, espeso más galletas con
chispas de chocolate. Recuerdos invadieron mi mente, hace tiempo ella había
elegido eso mismo, sí que lo había hecho, fue luego de…
-¿Usted qué desea señor?
Indicó el mesero sonriente, el café más fuerte que tuviesen junto a 4
donas de maní relleno de arequipe y unos bizcochitos.
-¡Eh!, ¿eso no es mucha azúcar y carbohidratos papá?
-Mírate, pediste más que yo.
Dije entre risas, idéntica a Ágata definitivamente, sus conocimientos de
la salud no las dejaba ni un momento… ¿no trabajaba Gema ya en un
hospital?
-¿Qué pasó?, dejaste el hospital.
Confusión bañó su rostro, luego sonrió irónicamente y me miró
fijamente.
-Tengo dos trabajos papá, he sobrevivo gracias al trabajo en la librería,
es del abuelo ¿no lo sabías?, te había dicho que él me ha ayudado bastante.
-¡Oh, sí!, tiene una gran colección de libros interesantes, ¿ya has leído
alguno?
-Sí, todos lo que tiene, son magníficos, no podría decir cual me gusta
más, creo que la nueva, adquirió todos los libros publicados por Stephen
King hasta el momento sólo para mí, cuando se enteró que era mi autor
favorito los encargó y me los dio de cumpleaños, fue maravilloso.
Sus tiernos ojitos brillaban maravillados y alegres, que angelical era mi
pequeña, su aura de luz y pureza no tenían precio, si lo tenían, yo lo había
ennegrecido… ¡basta!, no pienses en ello.
-Por cierto te debo un regalo de cumpleaños Gema, no viniste a
buscarlo éste año.
-Es que he estado tan ocupada, lo siento, pasaré por allí, lo prometo,
por cierto papá, no me respondiste a que victimas te referías cuando hablabas
del caso de Hans.
-A su hija y él por supuesto, fue terrible.
Le conté lo sucedido con la tierna Lily a mi dulce hija, no quise obviar
nada para que ella se diese cuenta de la oscuridad que rodea este mundo,
Hans tenía razón, no debía permitir que mi hija se manchase o fuese víctima
de la fría oscuridad que nos rodeaba esta noche, Gema, mi Gema, no
seguirías el camino de tu hermosa madre, su mirada e encontraba en un
mundo intangible mientras movía su helad con la cuchara, quizás la historia
era demasiado cruda para ser asimilada por mi pequeña.
-Que terrible y oscuro es este mundo, ¿no crees papá?, tan injusto…
fue por ello que se llevó a mamá.
-¿A qué te refieres hija?
-El abuelo me ha contado que internaron a mamá en el instituto de
salud mental de Ravenville y ella se suicidó poco tiempo después.
-Eso es… cierto.
-¿Realmente fue tu culpa papá?
-No… no lo sé cariño, nosotros discutíamos tanto, nos veíamos poco
por el trabajo, tu madre tenía una agenda llena en el hospital, se dedicaba al
100% por 100% a sus pacientes, de verdad le importaba el estado de salud en
que se encontrasen y bueno Ravenville es un sitio tan negro, demasiado
oscuro, me llegaba caso tras caso, las veces que coincidíamos en el hogar
discutíamos, nos arreglábamos y terminábamos felices, era un patrón, tú
madre engendró depresión a causa de ello, trabajar en un centro hospitalario
no es fácil, ves morir tantas personas, pierdes pacientes… en casa tienes que
convivir con, bueno con un policía, a vista de tu madre solo generaba más
pacientes, luego se retractaba decía que hacía un buen trabajo conduciendo a
todos esos pacientes a prisión, pero todo cambió…
-Con nuestra llegada.
-Exacto cuando llegaste todo mejoró, pedí incluso vacaciones en la
agencia, ella en el hospital y compartíamos mucho, el amor volvió a nuestra
vida llenándonos de felicidad, era tan mágico Gema, juntos hacíamos los
deberes del hogar, ¿recuerdas tu cuna?, ella la dibujó y yo la creé, recuerdo
cada corte, cada ensamblaje, cuando la pintamos y preparamos para tu
llegada, salíamos a pasear y volvíamos llenos de juguetes y cositas para ti, era
de verdad fantástico, nunca en la vida fuimos más felices, de verdad fue
grandioso.
Sin darme cuenta enmudecí sumergido feliz ante los hermosos
recuerdos que nos acunaban, todo era tan perfecto…
-¿Y qué pasó?
-Terminaron mis vacaciones, tuve que trabajar nuevamente y ella que
tenía un embarazo de alto riesgo debía permanecer sola en casa, al llegar de
trabajar discutíamos, tu madre se encontraba más sensible y emocional que
nunca, ella se encontraba tan alterada…
-¿Y por eso la encerraron?
-No, ella me abandonó, tu abuelo se la llevó y el la cuidó mejor de lo
que podría hacerlo yo alguna vez…
-¿Entonces fue el abuelo quién la encerró?
-No Gema, ella fue encerrada dos años después del nacimiento de
ustedes, Mina una compañera del trabajo y su mejor amiga era su psicóloga
la trataba porque la depresión postparto de Ágata terminó de hundirla aún
más en la tristeza, supongo que eso combinado con los asesinatos del ágape
no sólo asustaron a toda la población, sino que terminó rompiendo los nervios
de tu madre, ésta atacó a tu abuelo y el la detuvo, llamó a Mina y la
encerraron en un psiquiátrico…
No podía continuar hablando, los recuerdos me lastimaban, ella estaba
tan mal, probablemente por mi culpa, yo la había enloquecido, si hubiese
atrapado al ágape… quizás no habría terminado con esa fatalidad, Ágata, mi
dulce Ágata ruego que alguna vez me perdones y a todos aquellos que tanto
mal le hicimos a la diosa de la nobleza.
-Bueno ya es tarde papá, debo trabajar mañana y debo buscar mi
automóvil antes de que cierren ele estacionamiento.
-Puedo llevarte yo, no te preocupes.
Saqué mi teléfono para escribirle a Mckeena todo lo que había
acontecido antes de llevarla cuando me percaté que no aparecía la
notificación del GPS, se suponía que debía aparecer notificado cuando me
encontraba cerca de Gema, observé a mi hija que terminaba café para
retirarse y noté que había cambiado de zapatos.
-¡Eh!, Gema, te había dicho que los mejores helados con melocotón
son de éste sitio, fíjate en la barra.
Bien se giró observando la barra y aproveché el descuido para que el
GPS cayera en el suelo justo dónde ella pisaría al levantarse y giré
nuevamente a la barra con el café en la mano y sonriendo porque hacía un
buen trabajo, definitivamente nadie tocaría mi pequeña joya y quien se
atreviese le destruiría, ¿te destruirás a ti mismo?, ¡maldición!...
-Genial papi, tendré que venir en algún momento ya que estoy tan
cerca, los batidos de aquí también son excelentes, quizás mañana mismo
venga a probarlos.
-Está bien hija, pero no te sobreesfuerzo mucho ¿vale?
-Si tranquilo, bueno hasta luego.
Se despidió con la mano sonriendo y yo me levanté a pagar la cuenta,
la satisfacción me invadía porque ya dos pares de zapatos de mi pequeña se
encontraban registrados en caso de una emergencia y si mañana utilizaba
unos diferentes ya sabía dónde encontrarla y utilizar un tercer GPS, trillizas,
que fantástico habría sido tener tres, todo un buffet, me cacheteé mentalmente
y seguí hasta mi automóvil.
Había recibido una llamada del capitán notificándome que Evan le
había escrito para contarle lo que había sucedido en casa de Hans,
ciertamente él había salido un rato de la casa y vuelto a entrar, ¿quién niega
que no lo había matado cuando se hallaba dentro la primera vez?, además…
Salió despavorido del lugar y se subió a su auto mirando varias veces hacia
atrás, que terrible era encontrarme llevando a un compañero contra la espada
y la pared, pero más terrible era no haber hecho nada para salvar a Hans, si
sólo no me hubiese dado vuelta cuando escondido escuchaba la cháchara que
mantenían sobre psicópatas y de “lo perfecta de sus hijas”, a vista de un padre
su hijo siempre sería perfecto o al menos uno de ellos, Mike por supuesto era
mi culpa, ya no podía confiar en las palabras de Evan y si bien realmente
hubiese ocurrido un accidente, eso no niega el hecho de que él lo hubiese
deseado siempre, era lo mismo que matarlo.
-Lo más complicado de seguir a un policía es que ellos son expertos en
el reconocimiento del lugar, plasman todo el área mentalmente e investigan
a todas las personas que se encuentran a su alrededor en cualquier lugar y
momento, por ello nos dicen paranoicos, pero ¿Cómo saber si corremos
peligro?, no es eso, la constante entrada y salida del peligro una y otra vez lo
causaban, si era eso, maldición no podía entrar en la cafetería, Evan se
había sentado pegando la espalda a la pared y tenía todo el perímetro
cubierto con la mirada, aunque diese la impresión de encontrarse aturdido o
melancólico sus ojos se posaban con cada movimiento que era generado por
personas y objetos en el lugar.
Aunque en algo si podía afirmar, que hermosas eran Lily y Gema,
lástima que la primera hubiese fallecido, Gema era toda una mujer candente,
su cuerpo, sus prendas, eran tan… y su carita de muñeca de porcelana que
contrastaba con su largo cabello negro azabache, esa mirada de cielo tan
enigmática, su actitud de niña comiendo postres y manchando sus mejilla, era
perfecta sin duda, la pureza si era algo que había que comprobar.
Ambos se despidieron y ella salió dejándolo pagar la cuenta, si ella
fuese mi hija no la dejaría salir así a estas horas de la noche y menos vestida
así, que permisivo era Evan con su hija, la joven pasó a mi lado hablando por
teléfono con alguien <<... no se dio cuenta que era…>>, su voz se perdió en
el bullicio del viento, mi atención fue llamada inmediatamente por la salida
de Evan, su rostro tenía un gesto nada común en él, parecía un… lunático,
caminé en dirección a mi auto y me subí en él, simulando como si hubiese
salido del bar que se encontraba allí, encendí mi auto y comencé la marcha
lejos de ese extraño hombre que parecía guardar terribles secretos que le
atormentaban.
Capítulo 9
“Réquiem de los malditos”
Observé un hombre que salía de un bar cercano y se subía a un
automóvil alejándose de allí, subí al mío y comencé a seguirlo por las calles
de Ravenville, era muy extraño pero debía hacerlo por si acaso, el hombre se
detuvo frente al semáforo y no tuve más opción que detenerme a un lado, el
semáforo cambió a verde rápidamente y el siguió por detrás de mí hasta
detenerse una manzana después del semáforo en un complejo de
departamento, entró por el estacionamiento y la reja se detuvo detrás de él,
que paranoico me había vuelto, veía el ágape por todos lados.
Seguí en dirección a una última vuelta por la ciudad antes de reunirme
con el capitán Mckeena cuando mi teléfono pitó con una notificación, lo
levanté para observar que un video llegó a través de la mensajería y un
escalofrío recorrió mi espina dorsal, era de gema, reproduje el video del cual
nada describía solo oscuridad total, un sótano iluminado tomó forma en el
video revelando a mi pequeña atada, con el vestido subido hasta los pechos
dejando ver una bonita ropa interior negra de encaje, no podía molestarme
con mi hija por vestir de forma sexy, me molestaba conmigo por idiota y
haberla dejado irse sola, un GPS no era suficiente para protegerla, la
reproducción continuó alejando la cámara y el símbolo del ágape se hallaba
allí, pintado a un lado en la pared, mi pequeña, mi niña, maldición, esto no
podía ser.
Una llamada Mckeena me hizo devolverme en la oficina en vez de
dirigirme a seguir la pista de Evan, al parecer era urgente y tenía que ver con
el ágape, recorrí todos los pasillos de la estación hasta entrar en la oficina
cuando vi a mina y el capitán sentados, dibujando y escribiendo cosas en una
gran lámina bond que cubría toda la mesa de 2m y medio, a Mina se le
ocurrió esto, necesito tu ayuda Louis, tu eres excelente armando escenas del
crimen así que ayúdanos a plasmar los eventos ocurridos hace 20 años y
actualmente, comenzó a leer los expedientes que le daban aturdido.
-¿Qué sucede Louis?, sé que no ves esto importante pero la
investigación es necesaria, deja a Evan estoy seguro que él no es el asesino…
-Señor Mckeena, disculpe la pregunta, ¿ustedes investigaron a las
víctimas de hace 20 años?
-No bueno, aparte de lo que se dedicaban y esas cosas no ¿por qué?
-Porque las victimas actuales las conozco, fueron víctimas o
victimarios de abusos en su infancia, observe Karen Smith quien estaba
embarazada y se dializaba, la mujer fue violada por su padre durante su
infancia, de niña fue entregada a su padre debido a los problemas de
drogadicción de la madre, los mismos que causaron sus problemas nefríticos
de nacimiento, sin embargo el padre era alcohólico y tendía a abusar de ella
en estado de ebriedad, hasta que la joven se fue de su casa y rehízo su vida
luchando sola, lo sé porque fue ella misma quién denunció a su padre y yo
mismo le hice sodomizar hasta que lo maté por un recluso, creo que debe
recordar cuando el caso llegó a sus manos y este de aquí Brian Brown, el
hombre conseguía niñas que secuestraba en la calle y vendía al tráfico infantil
o a enfermos pedófilos, Key Williams la joven del parque, ésta era vendida
por su madre a cambio de droga a diversos delincuentes de los suburbios, ésta
me lo contó para rescatar a su hermana pequeña de quién abusaban luego de
Key huir de su casa, necesito los expedientes de éstas personas o hablar con
sus familias, dividámonos los casos entre los tres, estoy seguro que ésta es
una gran pista que nos llevará al asesino serial.
-Bien hecho Louis, sabía que lograrías descifrar la maraña que se
escondía detrás de éste enigma.
-En tal caso Mckeena y Louis, la victima podría ser un abusado infantil
o un abusador, me temo revisaré mis expedientes para dar con el vil asesino
que azota ésta ciudad, les dejo el resto muchachos.
Con ello salí presurosa de la oficina en dirección del hospital
psiquiátrico más convencida que nunca de que el asesino sería encontrado
casi inmediatamente y yo podría...
Mi hija, mi adorada Gema, ese vil asesino no iba a dañarla, no, yo la
salvaría, mi pequeña, Hans me lo advirtió y yo no hice caso, debí prestarle
atención, si debí hacerlo, Gema… no tendrías el mismo destino que Ágata,
que mala memoria tenía ya, definitivamente debía haber leído el libro
nuevamente, no fue en un hospital común el 9no y 10mo asesinato, fue en un
psiquiátrico, ¿sería todo un plan del asesino?
Lo había planeado así para perder a mi tesoro en el mismo sitio que
había perdido a Ágata, no, no lo creo, a quién engaño tiene total lógica,
comencé a caminar por los pasillos del hospital en dirección al área donde
Ágata había muerto, se encontraba en remodelación ahora por lo que estaba
aislada y… sola, el sitio perfecto, somos unos imbéciles, unos completos
idiotas, ¡joder!, me detuve y me recosté en una pared a respirar el aire que
tanto le costaba ingresar a mis pulmones, Mina, ella era la directora de ésta
institución, o bueno es actualmente, ¿podría ser ella?, no, Mina jamás sería
capaz de tocar a mi pequeña, no lo sería…
Caminé a través de los eternos pasillos, uno tras otro revisando
habitación por habitación, me detuve en una en específico, 512, la habitación
de Ágata y dónde ella había… giré el picaporte y entré en la habitación color
hueso que recuerdos trajo a mi mente, era ésta su habitación, la veía a ella en
diversos sitios sentada triste sin siquiera hablarme o mirarme, viendo
fijamente siempre ese oscuro cielo que buscaba ahogarnos, consumirnos…
mi dulce Ágata…
El sonido de un gemido me hizo girar y vi allí a mi adorada Gema, se
encontraba atada, “shibari”, sería la mejor definición de ello, su boca
amordazada y sus brazos maniatados hacia atrás, su vestido subido por
encima de sus pechos,, pechos apretados por una vil cuerda que hacía que su
figura se viese voluptuosa se viese resaltada aún más con la cuerda que cubría
su brillante piel, su sexo, apretado en medio, “entre los labios”, sería mejor
acotar ofrecían un buffet del cual no podía apartar la vista, cuanto había
pasado desde que no lo veía otra vez, me acerqué a ella y me detuve en su
bonita cara de muñeca que me miraba con ojos suplicantes, ¿no le había
dicho a ella que no se vistiese así?, ¿Qué podría atraer aun pervertido?, o
peor, un criminal pervertido.
Cierto, ella dijo que eso fue justo lo que había hecho, era hora de
castigar a mi pequeña por su mal comportamiento, esa mirada egocéntrica,
como la odiaba, sin embargo ella, su madre, la prostituta, todas, lo habían
mirado así, con suficiencia haciéndole sentir inferior… Idiota, arranqué la
blúmer que yacía casi apretada a su pubis y observé su bonito y depilado
monte de venus, o hija como podías no tener vello alguno en esa zona,
¿experimentabas con otros hombres?
Comencé a juguetear con los dedos sus labios rozándolos de arriba
abajo, sus piernas, víctimas de las ataduras se encontraba presionadas por las
cuerdas, su pierna se encontraba doblada por la rodilla y su pie tocaba su
muslo apretujado contra él, que buen trabajo había hecho, ella no podría
moverse ni evitar fue ultrajada de la manera en que me viniera en gana, si, ya
estaba húmeda, bajaba y mojaba mis dedos que no podían parar de juguetear
con mi pequeña, subí su brasier hasta dejarlo hecho un montón junto al
vestido amontonado por encima de los pechos, si, sus rozados pezones yacían
indefensos a mi boca que lo succionaba y mordía con fuerza haciéndole
emitir bajos quejidos que se encontraban apaciguados con la mordaza que
llevaba.
Mi pantalón comenzaba a lastimar al endurecido prisionero que se
hallaba bajo su voluntad, lo liberé para esclavizarlo dentro de mi dulce hija,
si, que bien se sentía, estaba tan apretada… era magnífica, no podía evitar
empujar una y otra vez duramente, una y otra vez, si, totalmente exquisito, mi
pobre y hermosa hija, sus mejillas se encontraban rojas y sus ojos apretados
llenos de lágrimas, buena chica, sigue haciendo disfrutar a papi así, bien,
comencé a jugar con sus pezones mientras empujaba descontroladamente
dentro de ella, estaba tan cerca, sólo un poco más, la dejaría rellena como una
pavo en navidad, excelente, me retiré de ella para observar su bonita carita
corrompida por la polla de su vil padre.
Debía apresurarme, el psiquiátrico quedaba al otro lado de la ciudad,
lejos muy lejos de la estación de policía, esos expedientes podían ser una
complicación, debía localizarlos inmediatamente, que tonta había sido a no
percatarme antes… cuantos problemas me rodeaban, maldición, oh, Evan,
observé como se bajaba de su auto y se dirigía al interior del hospital, no
debía permitir que él la viese, claro, debía avisar a Louis de dónde encontraba
Evan, él seguro lo hallaría y podría… matarle.
-Hola Louis, es Mina.
-Sí, ¿encontraste algo?
-Aún no, apenas acabo de llegar, pero acabo de ver a Louis entrar en el
hospital psiquiátrico, ¿recuerdas lo que sigue en el libro?
-Sí, el siguiente lugar es…
-Exacto, estaré en el archivo, cualquier cosa avísame ¿bien?
-Por supuesto, lo mismo digo, ten mucho cuidado.
Subí rápidamente las escaleras hasta mi oficina para buscar aquellos
archivos que aún conservaba en mi poder, no debía permitir que nadie los
encontrase… saqué mi llave y abrí el picaporte cerrando rápidamente detrás
de mí, no pude siquiera molestarme en saludar a los empleados que me
hablaban durante mi marcha hasta aquí, bien si mal no recuerdo está por aquí,
abrí la segunda gaveta a la derecha del escritorio y los extraje, bingo, ahora
sólo me quedaba reescribirlo y destruirlos, un chirrido atrajo mi atención y
giré al picaporte que se movía lentamente abriendo la puerta de mi oficina y
entrando…
Esto era tan magnífico, sí, que hermoso era el cuerpo de mi hija, era
como recorrer el cuerpo de Ágata, si idéntico al de mi dulce y creída Ágata,
la giré e iba a penetrarla por mi sitio favorito, el quiebra alma, si una mujer se
creía la última coca cola del desierto, esto haría que la tuvieses totalmente de
rodillas ante ti suplicándote piedad, ahí te mostraría quién es el verdadero ser
inferior, quien domina a quien, nalgueé su trasero hasta que sus glúteos se
encontraban enrojecidos, el color carmesí bañaba su hermoso trasero, la
posicioné y “saz” Lo introduje de golpe en ella sintiendo sus esfínteres
oponer resistencia hasta el final, una vez más, y otra, bueno algunas cosas no
cambiaban, sólo que el helado le fue… el estupor desapareció y me encontré
de rodillas en el suelo frente a la habitación de Ágata, 512 decía la sucia
puerta de la habitación, introduje mi mano en el bolsillo y extraje mi teléfono
que sonaba nuevamente en una llamada.
-¿Sí?
-Evan es Louis, encontramos información que necesitas saber…
-¿Sobre qué?
-Es el Ágape, descubrimos que todas las víctimas de hace 20 años y
actualmente eran víctimas de abuso infantil… o victimarios, a excepción de
los recién nacidos del maternal en el hospital, sin embargo dos bebés de allí
eran hijos de padres abusivos, por lo que probablemente en un futuro habrían
sido… maniatados.
-¡Oh Dios Gema!
-¿Sucede algo con Gema?
-Fue secuestrada por él ágape, intento localizarla, recibí un video de
ella atada y amordazada en una habitación de éste instituto y un mensaje con
la dirección.
-Mina también se encuentra allá, está en archivos buscando
información acerca de abusados que puedan ser el asesino, ¿te ha hablado ella
de alguien que cumpla ese requisito?
Un largo silencio probablemente me delató, ¿pero qué podía decir?,
claro que conocía a uno, un vil abusado infantil que había…
-¡Evan!, debes buscar a Mina, quizás ella te pueda decir quién es el
asesino, salió presurosa, así que probablemente tiene una idea de la identidad
del psicópata.
-Bien iré allá inmediatamente.
No estaba seguro de que esa fuese una buena idea, poníamos a Mina en
un grave peligro diciéndole esas cosas a Evan, Mckeena me miraba
preocupado mientras conducía maniacamente por las calles en camino al
psiquiátrico, una oleada de policías con sirenas activadas nos seguían desde
atrás.
-¡Eh!, mira al frente, lograrás que nos matemos.
-Tranquilo Louis, sé que estás preocupado por Mina pero ella es una
mujer inteligente y sinceramente no creo que Evan sea el asesino, él mismo
fue tratado por ella durante años desde el último asesinato 20 años atrás.
-¿Tratado?, ¿por qué?
-Lo leíste no, dos docenas de bebes recién nacidos fueron derretidos
por ácido, sus vidas fueron arrebatadas por el ágape, él fue quien descubrió la
escena, desde entonces Evan no volvió a ser el mismo, necesitó terapia y unas
largas vacaciones, además, en esa época su esposa Ágata se suicidó.
-¡Dios!
No podía más que sentirme culpable, yo que había pensado mal de mi
lúgubre amigo, eso explicaba el por qué se encontraba tan alterado y
alucinado, esas imágenes no sería fácil de digerir y mucho menos de borrar
del psique.
-¿Por qué se suicidó la esposa de Evan?
-Depresión, el estrés fue el causante, se incrementó con el tiempo y su
embarazo le causó una depresión crónica, postparto fue terrible además,
decían que comenzaba a recuperarse, pero se cree que los terribles asesinatos
del ágape causaron terror en ella, sobre todo luego de la muerte de los recién
nacidos, ella enloqueció y casi asesina a su padre, éste como pudo la detuvo,
llamó a Mina y enviaron enseguida una ambulancia que la llevó al
psiquiátrico, poco tiempo después se suicidó allí.
-¿Al mismo a dónde vamos?
-Efectivamente.
-Eso es terrible, pobre Evan, ¡debe encontrarse totalmente destruido!
-Sí lo sé, aunque ahora lo que más me preocupa es su cordura.
-¿Por qué?
-Mina me dijo que la había visitado por pesadillas terribles que lo
azotaban cada vez que dormía, así que ella medicó unos narcóticos que lo
ayudarían.
-Hemos llegado jefe, apresurémonos al archivo donde está Mina…
espere.
Dije con un mal presentimiento, mi corazón se encontraba desbocado
ante la ventana de la oficina de mina iluminada, ella… ¿no iba al archivo?,
habría llevado el material hasta allá, eso era bueno, Evan se dirigía al archivo,
así que si por casualidad… espera un momento era Evan, él también podría
haberlo notado… no pude evitar correr en esa dirección, inmediatamente
fuimos abordados por unos asustados empleados del centro.
-¿Qué sucede?, la directora también entró bastante aturdida en
dirección a su oficina.
-¿Han visto a Evan?
-Sí, se fue en dirección al viejo psiquiátrico, la zona que están
remodelando ahorita.
-Bien, ustedes diríjanse al viejo psiquiátrico y vosotros vengan
conmigo.
Me dirigí corriendo en dirección a la oficina, debía salvarla, tenía que
hacerlo, rayos, yo que dudé de ella y la herí tanto, no era posible que ella
fuese la asesina, siempre lo había pensado, de los tres yo era el más oscuro de
todos… el más impuro, maldición cuantos pasillos.
Me detuve agitado frente a la puerta de la oficina de Mina, giré el
picaporte lentamente asombrado de que no tuviese seguro.
-¡Mina! - exclamé pero pude concluir la frase que se quedó trancada en
mi garganta, un gran nudo se formaba cada vez mayor ante la grotesca escena
que tenía enfrente.
Mina se hallaba… Desnuda totalmente, ataduras de “shibari” cubrían
su cuerpo, maniatando sus brazos hacia la espalda, sus piernas dobladas y
aprisionadas hasta las palmas de los pies tocas sus glúteos y… el borde de su
cuello sin cabeza que había sido colocada con la lengua penetrando su
pubis… sus pechos cortados de tajo se encontraban sobre su cabeza uno a
cada lado como si de dos coletas se tratase, y los ojos sacados de su cuenca se
hallaban en el sitio dónde sus senos deberían hallarse, vomité una y otra vez,
de rodillas lágrimas quemaban mi piel y mi garganta se secaba como si ácido
bajase a través de él, la culpa quemaba tan dentro de mí que no podía evitar
que las lágrimas resbalasen hasta tocar el suelo, página 79 cumplida, ¡joder!
-Cálmate Louis,
Exclamó la voz firme del capitán, ¿cómo era posible que el estuviese
tan calmado si fue el culpable?, giré bruscamente hasta encontrarme frente a
él que se hallaba apoyado en la pared con las manos en las rodillas
temblando, todo su cuerpo convulsionaba ante el caos que habían sido
expuestos sus ojos… no podía culparle, esto era obra de Evan y si no debía
salvarlo antes de que fuese demasiado tarde, pero sí lo era… el infierno sería
hermoso para lo que le espera, maldición esto era demasiado.
-Vamos Louis, debemos encontrarlo.
Debía apresurarme, el lugar probablemente se vería pronto infectado de
policías, ¿infectado?, si soy yo mismo un policía, suspiré y golpeé el suelo
irritado, estaba mal, realmente mal.
-¿Papi?, vamos a jugar.
-Claro pequeña, ¿qué quieres jugar?
-Monopoly.
Dijo orgullosa sacando el juego de mesa que le había regalado días
antes y no habíamos tenido oportunidad de probar.
-Bien, juguemos.
Armamos el tablero y dividimos las piezas, una vez listo comenzó el
juego, ella era realmente buena, digna de su madre, una niña muy
inteligente, decepción e ira me invadió cuando ella ganó, me había mandado
directo a la bancarrota, había perdido, un genio como su madre.
-Juguemos otra cosa Gema.
Dije de mala gana recogiendo las cosas, ella me miró con los ojitos
brillantes y deseosos de probar un nuevo juego, era tan hermosa.
-¿Qué cosa papi?
-Será un secreto sólo de nosotros bien, si no le cuentas a nadie te
compraré todo aquello que desees en la tienda de dulces ¿sí?
Terminé la botella de whisky y alcé en vilo a la pequeña gema de 5
años, comencé a quitarme toda la ropa y la dejé en el suelo, le indiqué que
hiciese lo mismo y la senté en mis piernas.
-Dime, ¿se siente bien al tocarte aquí?
Dije mientras apretaba suavemente sus pezones y los lamía, ella
temblaba debajo de mí, sus manitas me tocaron los brazos y se detuvo.
-Se siente raro papi, me hace temblar.
-Eso se llaman escalofríos, mira.
Dije mientras rozaba su pequeña vagina de arriba abajo, comencé a
lamer y succionar suavemente su clítoris e introduje un dedo en su vagina,
ella acostada gemía y temblaba mientras de su conducto el esperado líquido
comenzaba a bajar, me sorprendió encontrar con que la me encontraba duro
y la cargué en vilo, tomé su Barbie favorita y empecé a introducirle las
piernas de la muñeca en la vagina, si eso parecía gustarle aunque la
inocente niña siquiera entendiese el por qué, llevé sus manitas hasta la
muñeca y la enseñé a hacerlo ella misma.
-¿Te gusta Gema?
-Si papi aunque es raro.
Dijo entre gemidos, retiré la muñeca de sus manitas y la puse de su pie
sobre mis piernas, señalé mi pene y puse sus manitas a acariciarlo de arriba
abajo.
-Lámelo, no vayas a morderlo, como si fuese un helado y papi te
comprará uno más tarde.
La pequeña lengua de Gema se sentía bien alrededor de mi pene, sus
rostro reflejaba desagrado, obvio no le gustaba, pero bueno ya se
acostumbraría, la alcé en vilo y le indiqué para que introdujera mi parte el
doble de la muñeca dentro de ella, quizás debía probar primero otra cosa,
recorrí con la vista el lugar, el desodorante, una colonia de muestra, tantos
objetos, como disfrutarías pequeña… ella inocentemente rozaba mi gran falo
en su pequeña abertura, intentando irritada introducirlo, no podía soportarlo
más y ella lo… necesitaba al igual que yo.
-Yo lo haré pequeña.
Dije acostándola, cubrí su boquita con mi mano y con mucho cuidado
forcé mi pene hasta entrar en mi pequeña, fue complicado y ella luchó por
soltarse durante un rato, luego de eyacular me quité de encima y eché a un
lado, ella se limpió las lágrimas que salían de sus ojitos y me miraba
fijamente, veía su pequeño genital, mi parte la muñeca, iba de un lado a otro,
probablemente confundida y sin entender porque le había dolido tanto, la
jalé hacia mí y la abracé.
-¿No te gustó mi dulce ángel?
-Al principio dolió mucho papi, luego, al final se sentía raro… como
con la muñeca.
Dijo con una vocecita ronca que me erizaba la piel y me llenaba de
éxtasis, me levanté de la cama y busqué las cosas que podría usar para ir
dilatándola poco a poco, las puse sobre la cama y se las di, le indiqué como
hacerlo y advertí que tuviese cuidado de no soltarlo para que no se quedase
dentro y observé como la niña inocentemente jugaba con su vagina mientras
yo lamía sus pezones aún sin desarrollar
En la noche cuando durmiese haría un parada en un sex shop, era
hora de comenzar a entrenarla, besé su frente y luego de haber utilizado el
desodorante la penetré una vez más, igual que la vez anterior las lágrimas
bañaron su carita, pero a diferencia de esa vez ella temblaba bajo de mí y
hacía lo posible por no moverse mucho, no pude evitar de cuando estaba a
punto de venirme sacar mi parte y llevarla hasta su boca bañando su
cuerpito acabándola en la boquita.
Nos aseamos vestimos y varias veces le dije que no debía contárselo a
nadie, porque eso eran juegos de grandes y si ella era una niña grande no
debía contarlo o no sentiría más ese placer, me detuve en una heladería y la
llevé de la mano hasta la mesa más alejada del resto, allí ella pidió, un
batido de fresa con crema y chispas de chocolates, junto a un helado de
banana Split y un chocolate caliente, espeso más galletas con chispas de
chocolate.
Sentía vergüenza de ese recuerdo que venía a mí y peor de los
anteriores, como la niña amaba jugar con distintos tipos de vibradores y había
entrenado incluso su ano para recibir placer… Mi teléfono pitó y pude ver el
punto rojo que indicaba que mi hija estaba justo frente a mí, sólo que
aparecían los dos GPS y no uno solo, ¡habría ella recogido el otro par de
zapato en el auto?, como sea la había encontrado y era lo que importaba, me
acerqué hasta la puerta de la última habitación y abrí la puerta, pero, al entrar
dos disparos se alojaron en mí vil ser.
Capítulo 10
“Unas vacaciones en el infierno”
Caí bruscamente contra el suelo e instintivamente me llevé la mano al
abdomen, levanté la vista y vi a Gema frente a mí, ¡oh, mi pequeña Gema!,
estaba bien, que feliz era, alcé la mano en su dirección intentando tocarla,
papi está aquí mi niña, vine a salvarte…
-Hola papi.
Dijo ella en un tono frío pisoteándome la mano y me escupió, alejé la
mano de sus pisadas y noté que lucía un pantalón negro ceñido y un crop top
blanco, su mirada alucinada era tan distinta a unas horas antes… Su cabello
lucía recogido en una coleta de caballo y reía sarcásticamente, se acercó
lentamente y comenzó a patearme en abdomen.
-Basta Gema, ¿qué diablos te sucede?, ¿has enloquecido?
-Yo soy el ágape papi.
Dijo una voz idéntica a la de ella detrás de mí, un escalofrío recorrió mi
espalda y recordé… los expedientes, trillizas, abuso infantil. Tres, el
trivalente dibujado, ¿cómo era todo esto posible?, no, no podía ocurrir, no así.
-¿Lo recuerdas papi?, ¿cómo te divertiste con nosotras?
Dijo la voz detrás de mí me giré y allí estaba Gema, lucía igual que
cuando nos dependimos unas horas antes, quizás la otra había muerto… si
podía ser eso… ¿pero cómo?
-Nosotras si, desde nuestro nacimiento nuestra madre sólo te dejaba ver
a Gema ocasionalmente, todo cambió cuando mami murió y el abuelo se hizo
cargo de nosotras, envió a Gema contigo y se quedó con nosotras, él sabía
todo lo que le hacías a mamá.
¿Ágata?, ella dio a luz unas trillizas y me lo ocultó, me engañó todo
este tiempo… por temor… Temor a mí, eso cayó en mi como un balde de
agua fría, ella temía y con toda la razón del mundo…
Ágata siempre fue una mujer muy inteligente y hermosa desde la
secundaria, ella era totalmente extrovertida, contraria a mí que era bastante
reservado, al igual que el agua ella era totalmente transparente, sus gestos y
palabras reflejaban todo aquello que sentía en su interior, en mi vida había
conocido a una persona más sincera, extremadamente sensible solía llorar
con escenas de películas o caricaturas que viese, incluso con el relato de un
libro, Ágata amaba leer sobre todas las cosas, en clases decían que era una
enciclopedia, era raro lo que ella no supiese, siempre encontraba la
respuesta a cosas complicadas en sólo segundos, nadie podía derrotarla en
el ajedrez ni en ningún juego de mesa, ¡incluso los videojuegos! Una muerte
era suficiente para que ella supiese como pasar todo el juego, su estrategia
era magnifica.
Fue inevitable enamorarme de ella desde la secundaria, desde el
primer momento en que la conocí hice todo lo posible por conquistarla, en
clases rivalizamos en notas, ella siempre fue la primera y yo el segundo, mi
hermoso ángel, tan perfecto… hacía hasta lo imposible por llamar su
atención, era magnifico en todos los deportes y dedicaba a viva voz mis
victorias a la preciosa adolescente cuyas mejillas ardían de un rubí en cada
ocasión que lo hacía, gracias a un trabajo en clases nos unimos,
congeniamos a la primera, nos llevábamos de maravilla, habíamos nacido el
uno para el otro, todo era perfecto en esa época, ella dio el discurso de
graduación e incluso en la universidad estábamos unidos, diferentes
facultades, misma institución, ella medicina yo criminalística, nos casamos
poco antes de graduarnos y luego de la graduación vivimos un cuento de
hadas visitando todas las playas de Los roques, una bonita isla Venezolana,
todo era perfecto, pero ella lo era más.
Los problemas llegaron cuando comenzamos a trabajar, ambos
llegábamos demasiado cansados para nada, ella se dormía agotada, apenas
llegaba por las pasantías en el hospital, con guardias prácticamente diarias
que chupaban la energía de mi chica predilecta, yo muy estresado y
agobiando con el trabajo llegaba irritado, chocábamos constantemente y
todo empeoró luego de que ella quedase fija en el hospital.
Un aire afligido la cubría constantemente y me era doloroso verla así,
me hería e irritaba más, una noche luego de culminar el caso de un
malnacido asesino celebré con mis compañeros la victoria, feliz llegué
contento a hablarle de ello pero me encontré el olor de velas aromáticas
persistentes en nuestro hogar, encolerizado fui inmediatamente a nuestra
habitación donde me encontré con una Ágata dormida, velas carmesí
decoraban la estancia a punto de apagarse, pétalos de rosas rojas cubrían el
piso y parte de la cama, tomé mi teléfono y vi la fecha, 1 año de casados y 15
años de noviazgo, maldecí internamente y me dirigí hasta la cama, lo había
olvidado totalmente con el frenesí del caso, ella dormía profundamente de su
lado, acaricié su mejilla y me topé con una almohada húmeda,
probablemente lágrimas derramadas en espera del fiestero esposo que
llegaba prácticamente diario pasado de trago.
Me dirigí a la sala en búsqueda de la botella de champan que se
hallaba encima de la mesa y la abrí, me senté frente a la chimenea y la
engullí toda en un corto instante, fue allí donde el infierno de Ágata nació, le
aparté las sabanas que la cubrían y levanté su bata, arranque su blúmer y sin
esperar a que terminase de despertar la penetré y penetré hasta venirme
dentro de ella, me dormí en esa posición, así, como si nada hubiese pasado y
al día siguiente no me disculpé, la había herido probablemente, me sentía
terrible y no me atrevía a mirarla directamente a los ojos.
Ella como todas las mañanas sirvió nuestros desayunos, comimos en
silencio en la mesa y al mirarla noté por primera vez esa mirada de
superioridad en su rostro, como si frente a ella se hallase un niño un idiota
que no podía controlar sus impulsos y no tenía remedio, un imbécil que
jamás podría alcanzar el nivel de tan perfecta diosa, se marchó al trabajo sin
despedirse y yo al mío, pedí permiso para salir temprano y compré un
inmenso oso panda de peluche, con globos de colores que le adornaban y
diversos dulces dentro de una cesta, feliz me dirigí hasta la casa y la esperé
con la cena hecha para su llegada, lasaña, era perfecto, su comida favorita.
Ella llegó abatida del trabajo, había perdido a un paciente que tenía
desde hacía meses, el cáncer se lo había llevado, ella lloraba y o le mostré su
regalo, de rodillas le pedí disculpas y le prometí ser mejor, cenamos felices y
vimos una película, hicimos el amor, no sexo, por primera vez en mucho
tiempo, todo fue magnífico por unos días hasta que la escena se repitió, yo
llegando borracho, ella violada, al día siguiente esa mirada egocéntrica, en
la noche un gran obsequio para pedirle disculpas y la felicidad por unos
cuantos días que se volvieron solo una noche de promesas y amor, Ágata ya
no era la misma de antes, ella no tenía ese brillo característico de antes,
ahora su rostro siempre reflejaba apesadumbrada mirada, Ágata, mi Ágata
¿qué te hice?
-Papá se divirtió sólo con nosotras, a Gema no la tocó nunca.
-Cierto nunca la tocó, nosotras después de que fuimos usadas como
juguetes por ti no permitimos que Gema te visitase más, tú cuidabas de
“Gema” de lunes a viernes, ella pasaba los fines de casa con el abuelo, lo que
no sabías es que cada semana te llevabas a una niña diferente, hasta que
abusaste de nosotros y no permitimos que te llevases más a Gema.
-Cierto, la inocente Gema, ¿ella es muy delicada sabías?, de las tres es
la más débil físicamente, probablemente a causa del embarazo de alto riesgo
de mamá y el hecho de que fuésemos tres en vez de una.
-¡Ay papá, no nos mires con esa carita!, tú lo provocaste ¿recuerdas?,
la depresión de mamá, la locura y su ¡asesinato!
-¿De qué hablan?, ella se suicidó no fue asesinada.
-Te equivocas papi, mira lo que acabamos de enterarnos.
La chica del vestido puso su teléfono frente a mi cara y me mostró un
video de Mina, ella se encontraba de rodillas suplicando, bueno no de rodilla,
una cuerda tipo “shibari” ataba su cuerpo, <<dilo >> exclamó una de las
chicas.
-Yo maté a Ágata, le sugerí el suicidio y le di las hojillas para que se
cortase.
Ella lloraba frente a la cámara y sus palabras salían a borbotones,
intentó mover las manos y la gemela que le sostenía del cabello llevó una
extraña herramienta que parecía una paleta muy delgada a su cara.
-¿Quieres que tus ojos se liberen de sus cuencas?, ahora confiésale al
hombre que tantos amas lo que hiciste.
-Lo siento Evan, lo siento de verdad, ella amenazó con hacer público lo
nuestro, no tuve otra opción, no podía permitir que nuestros nombres se
viesen manchados, ella iba a contar todo lo que le hacías…
El video terminó y las jóvenes me miraban fijamente, expectantes,
probablemente Mina ya estuviese muerta, seguramente ella era el ágape hace
20 años y por eso acabó Ágata, mi Ágata, maldita mujer, en menudo
momento me vine a meter con ella.
-¡Evan!... ¡Evan!, mira, estoy embarazada.
Ágata había llegado más tarde de lo normal a casa, mis celos e ira se
encontraban a millón, maldita mujer… ¿embarazada?, la miré fijamente sus
ojos brillaban mostrándome la hoja que se hallaba en sus manos, la leí y feliz
la abracé, esto era lo mejor que podría habernos ocurrido en la vida, la alcé
en vilo y llené su rostro de besos, pasamos días planeando nombres si era
niño o niña, la mujer que tanto amaba me daría un bebe y eso era suficiente
para sentirme agradecido y feliz, mi dulce Ágata…
Tristemente no pude asistir a ninguna de sus revisiones médicas por el
trabajo, culpa de la maldita ciudad que se hallaba llena de oscuridad, no
importaba cuantos criminales atrapase, parecían multiplicarse, nunca
acabarse… ella siempre sonriente me decía que me daría una feliz sorpresa
después del embarazo, tejía y cosía ropitas, mantas, siempre con una gran
sonrisa, su embarazo era de alto riesgo por lo que no podía ir a trabajar,
permanecía en casa haciendo cosas para la dulce niña que esperaba, a pesar
de lo feliz que me hallaba, algo faltaba… tenía ese deseo impetuoso de volver
a… violentar a Ágata.
Por alguna extraña razón aquello me excitaba y me encantaba,
angustiado acudí a Mina, nuestra mejor amiga desde la secundaria, ella se
sorprendió mucho de las cosas que le contaba y me pidió que le diese un
ejemplo, allí en su consultorio ella se desnudó totalmente y me dijo que le
mostrase aquello que me aquejaba, vi su rubio cabello extenderse hasta los
hombros, sus desproporcional pecho e impresionante trasero, que ella me
diese permiso y mi largo tiempo sin descargar mi éxtasis me llevaron a
empujarla sobre el escritorio, maniaté su mano desde atrás y la penetré
duramente, ella con su mano libre tapaba su boca y empujé dentro de ella
hasta que la frustración que había en mi alma fue liberada dentro de ella,
dos veces más de distinta forma se lo hice y me permitió para finalizar
utilizar su ano para mi éxtasis, era un gusto que había adquirido una vez que
tomé a la fuerza a Ágata.
Ella me mostró su menstruación y desesperado tomé la única salida
que encontré, a ella le dolió lo sé por sus gritos ahogados por mi mano,
aunque intentase hacerlo lo más calmado posible, su forma de caminar al día
siguiente, su indisposición para ir a trabajar y su… ella evitaba sentarse,
solo se acostaba boca arriba por el inmenso dolor que le había causado,
compré una colección de peluches de Hello Kitty edición limitada y se la di,
más una gran cantidad de chucherías para endulzar la triste vida que
llevaba, ella me sonrió y pidió que la próxima vez que fuese hacerlo por
favor utilizara una correcta técnica para lastimarla nuevamente.
Algo dentro de mí se rompió aquella vez, compre dilatadores anales y
lubricantes, una vez ella estuvo sana lo intentamos, y el éxtasis que sentía de
sodomizar a una mujer no se igualaba con nada, cualquier mujer no, porque
aunque con Mina fue exquisita todas las veces que nos seguimos viendo
durante el embarazo de Ágata, no sentía lo mismo por ella y no me causaba
el mismo éxtasis, sin embargo la perra en el último encuentro me hizo un
chupón, al llegar a casa y desvestirme en la habitación Ágata se percató de
mi espalda y discutimos terriblemente, sus palabras y su mirada me
enloquecieron y le clavé un puñetazo que lanzó sentada en la cama, ella
empezó a llorar profundamente, asustado salí de la casa y recorrí la ciudad
en búsqueda de algo que aliviase su dolor, ella amaba los felinos, encontré
un Tigger de un metro cincuenta y seis y se lo compre, una gran cesta con
todo tipo de chucherías y un pequeño osito para la niña que venía en camino,
me detuve para comprar 18 rosas rojas, una por cada año y volví a la casa,
la cual encontré sin rastros de Ágata.
Sus cosas y la del bebé no se hallaban por ningún sitio enloquecido
llamé a todos los sitios donde creí que podría estar, al llamar a su padre me
contó que ella estaba allí y que no volviese a acercarme nunca más a su hija,
por correo envié las cosas que había comprado para Ágata, pero no recibí
respuesta alguna, en casa de su padre no me dejaban verla, decidí esperar
hasta el parto, no podían prohibirme estar allí se día, podría hablar con ella
y arreglar las cosas, incluso de ser necesario dejaría mis prácticas
pecaminosas con ella y cualquier mujer, haría lo que fuese por ella.
Me dejaron ver a Gema luego de su nacimiento, pero nada de Ágata,
las enfermeras me contaron de su grave estado, ella se encontraba en terapia
intensiva, pasé dos semanas allí esperando verla al despertarse, pero cuando
lo hizo no era la misma Ágata que había conocido, era fría, indiferente, de
mirada taciturna y lejana, era como si ella se encontrase en otro mundo
distinto a éste, le dije todo aquello que haría por ella y lo dispuesto que
estaba, me arrodillé frente a ella y besé sus manos, me dolía tanto verla así,
ella reaccionó por intente y bajó a verme, con esa mirada que tanto odiaba,
me alejé de ella inmediatamente y no volví a acercarme en persona, mi
corazón sangraba cada vez que la veía ene se estado, era tan… no era mi
Ágata y era el culpable, cada vez que era nuestro aniversario enviaba un
peluche de la colección de Winnie Poo para ella, los criados de su padre me
entregaban la niña ocasionalmente para pasearla en el parque que estaba
cerca de allí, hasta que dos años después de su nacimiento murió… no ella
fue asesinada por esa maldita… cuánto daño nos había causado, ella mismo
cavó su tumba, le deseaba lo peor a Mina.
-¿En qué piensas papi?
Dijo la chica frente a mí, mi hija, apretando con su pie la herida
probablemente en mis intestinos a juzgar por el color negro de la sangre que
emanaba desde mi lesión, lagrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin
siquiera saber la razón, ah así, yo había destruido y enloquecido a la única
mujer que había amado en este cruel mundo y a mis pobres hijas…
-¿Ya adivinaste quién fue el ágape hace 20 años papi?
Exclamó la chica con el pantalón negro quien era la que apretaba mi
herida mientras la otra me miraba fríamente de pie a un lado jugueteando con
un inmenso cuchillo que tenía en la mano.
-No lo sé, ¿Cuáles son sus nombres?
-Yo soy Rubí.
-Y yo Ónix, somos las joyas de mamá.
-Sí, son mis preciosas joyas.
Exclamé entre lágrimas, pero mis palabras solo ofendieron a Ónix que
con el gran cuchillo carnicero que sostenía comenzó a apuñalarme una y otra
vez.
-Calma hermana.
Dijo Rubí deteniendo su mano y dándole un apasionado beso en la
boca
-Antes debemos decírselo y si, la asesina fue mamá.
-Si mamá fue el ágape hace 20 años, ella usaba ese símbolo por sus tres
hijas, sus apreciadas joyas, las amas de su corazón.
Ambas reían enloquecidas entre cada beso que se daban una y otra vez,
dos pares de huellas de zapatos idénticas en la escena del crimen había dicho
Louis, que cerca estaba él sin saberlo, las pistas habían estado siempre a sus
ojos, serías un gran policía Louis, pero ahora seré yo quién te ayude en este
caso y no viceversa, saqué mi pistola de mi cinturón y atiné un disparo en la
frente de Rubí, sin darle tiempo a Ónix de escapar descargué mi alma entre
las jóvenes cuya apariencia era idéntica, el reflejo el uno de la otra. En ese
momento Gema entró en la habitación, ella vestía un pantalón azul rey que
resaltaba el color de sus ojos y una blusa negra holgada manga larga, no tenía
ningún GPS, al final era ella quién más lejos se encontraba de él, su mirada
llena de odio lo observaba fijamente.
-¿También eres el ágape?
-No, venía a detener ésta locura por fin e intentar salvarlas, ¿tienes una
tendencia destructiva no?, todo lo que tocas…
No terminó de hablar se conformó con señalar a sus hermanas, no hacía
falta que dijese nada más, sentía como la vida se escapaba de mi interior.
-Por cierto, no se trata del inicio, sino de cómo termina, fue Hans quien
ayudó a mamá desde el inicio, a Rubí y a Ónix también, es curioso que todos
se conociesen en el hospital, sabes papi, al final la venganza es más dulce que
la justicia.
Dijo Gema mientras se alejaba, le apunté y apreté el gatillo escuchando
ese característico sonido de ausencia de balas en mi arma me dejé caer
finalmente y fui sumergido en una oscuridad más negra que la noche.
Epílogo
Llegué junto a Mckeena hasta una sucia habitación al final del pasillo
donde hallamos a Evan muerto y a su lado dos jóvenes idénticas a su hija
Gema, en el suelo se encontraba un diario, tenía el nombre de Ágata y al
abrirlo se encontraba en él el símbolo del ágape, pasé hoja tras hoja sin dar
cabida a lo que en ello se relataba, era la historia de Ágata, en ella se relataba
el infierno que pasó y las ideas que dieron cabida a la historia desarrollada
por Hans, lo cerré demasiado cansado para leer algo tan doloroso como
aquello, se lo di a Mckeena y dimos por resuelto el temible caso del ágape.