STEVE PINCUS
1688
LA PRIMERA
REVOLUCION MODERNA
TRADUCCISN DBL INGLES
DE AGUSTINA LUENGO
BARCELONA 2013 | ACANTILADOINTRODUCCION
Le Revolucién Gloriosa de Inglaterra, de 1688-1689, ocu-
pa un lugar especial en nuestra comprensién del mundo mo-
demo y de las revoluciones que intervinieron en su confor-
‘macién, Durante tres centurias, os académicos y los intelee-
‘uales priblicos identiicaron la evoluci6n inglesa de 1688-
1689 como un momento erucial en la excepcional historia de
Inglaterea. Los fil6sofos politicos la han asociado a los ori-
genes del iberalismo, Los socilogos la han comperado con
li Revolueién francesa, le rusayla china, Los historiadores
haan seilado que fa revoluciéa confirma la excepcional na
turaleza del Estado inglés, Los estudiosos dela literatura y
dela cultura destucan la revolucién de 1688-1689 como un
importante momento en la definicién del sentido comin y
la moderacién ingleses. Todas estas interpretaciones obtie-
nen su fuerza de un relato de la revolucién inglesa de 1688-
1689 profundamente arraigado ¥ muy difundido. Por des-
atacia, dicho relato es erréneo,Susttur ee relat hist6rico
poruno nuevo necesariamente nos obligaréa revisar muchas
elas categoria bisicas—historcas, politicas, morales ys0-
ciolégieas—que utilizamos para entender el mundo moder
no, Este libro tiene por objeto explicar en qué aspectos re-
sultaerrénen esta perspectiva tradicional, as{ como los mo-
tivos por los cuales dicha visién ha tenido tanta acepiacién
dlurante mucho tiempo. El viejo relato enfatiza la revolucién
de 1688-1689 como un gran momento en el cual los ingle-
ses defendievon su particular forma de vida, Laidea que pro:
pongo en este libro es que los revolucionarios ingleses crea-
ro un miewo tipo de Estado modemmo. Fue ese nuevo Esta
do el que demostes cjercer canta infuuencia en Ia conforma:
de a faccién francesaen la corte. Sundesland
taba tan intimamente vineuladoal grupo galicano que seeps
con naturalidad un sustancioso soborno de Barillon par.
_mentar los intereses franceses a principios de 1688.
En 1687 y 1688 sir Nicholas Butler se uni al padse Pee
yalconde de Sunderland en el conscjo de ministros de Jaco
bo II, Roger Mortice pensaba que Butler «distrutaba dl fy.
vorm de Jacobo Il «como ningin otro sibdito,¥ que conocy
a todos los letrados ytenfa una gran influencia en ellos. Ly
carrera de Butler sigue siendo incierta, pero esti claro qi
como administrador de aduanas y del tesoro, habia sided
rante mucho tiempo un axegidor secreto> tanto para Jacob
como para suhermano, Carlos IL. Previamente presbiteriann
4tniembro de un conventiculoanabaptista, Butler se coavit
Ui6 al catolicismio en abril de 1687. Aunque se sabe poco de
sus compromisos eatélicos, el hecho de que estuviers «a
‘mamente aiado con lord Sunderland y el padre Pettev, 9 ée
‘que contase con la simpatia de Barillon, parece evidencs
su feancoflia.
Jacobo confiabs en los hermanos escoceses Drummond
pricticamente tanto como en Petre yen Sunderland. Janes
Drummond, conde de Perth, erael lord cancller en Escocs
‘uy conocido por su condicién de ministro principal deltey
al norte del Tweed. Su hermano John, conde de Melfort,
tavo al servicio de Jacobo II come secretario para fos aun)
ang
LA IDEOLOGIA DE LA MODERNIDAD GATOLICA
ros escoceses como consejeso de creci¢ne influencia, La
iyora de os comentaristas coincide en us Melfort ra un
Se duaeas hier Meriter
saan hombre de grandes habilidades, prudente y astuto, y
[Jun hombre de suma importancia en lafundamentaciéa
‘ppromociéa de os ilhimos méeodos para el establecimien
Inde la adasnistracién del poder y de todo lo que depende
deallo, tanto en Escocia como en Inglaterra», William Ful-
Jer quien como sirviente def marques de Powis tena la oca-
sién de observar muchos de los debates ms privados de Ja-
obo U,coincidiaen que Melfort era «un hombre de le mis
penetante sabia, serio, honesto y entusiasta del servicio
au eal seRoriay. ARadia que «ninguna persona noble en la
‘cone contaba més asiduamente con el favor del ey ydelarei-
aque mi lord Melfort». Los hermanos Drummond secon:
sinderon al eatolicismo bajo el teinado de Jacobo HI; en par
te; debian su conversién al obispo Bossuet. A propésito de
se conversén, Perth explicaba en ana cata w Ane Func:
‘Blexcelente libro del obispo de Meas, en el que se expl-
ale doctrins de la Teesia, fe una ayuda tan grande para inf
«qerodoslos dias besaria os pies deeste honorable obispo,
‘nism, le escribié al propio Bossuct: «tno tendtia que
cerrarlos ojo la huz para evitarla verdad, cen claramente la
‘expone wustta excelente plimar. La admiracién que Perth
sentiapor Bossuctdolugar una coerespondencia entream.
‘eshombres que curs toda la vida, Mellor, quien se convir.
‘iovatios meses después que su hermano, también tuvo es
‘rochos contactos con Francia. Mantuvo wna constante co-
‘respondencia secreta con el marqués de Seigneay, ano de
los secretatios de Estado de Luis XIV. Melfort también fue
Uneercano colaborador del padrede La Chaise. Elhecho de
‘ue Jacobo Il emyplease alos hermanos Drummond relicja
be tanto su habilidad para confie en adiinistradores intl
fate ycompetenes como su vin ieoyieo con el -
tiie ances.Jacobo no séo eligi6 consejeros de orientacidn cathe,
francesa, sino que se asegurd de que sus hijos companteng
su orientacin galicana. El hijo ilegtimo de Jacobo, Jang,
Fitzjames, duque de Berwick, recordabe que, «en ctutty |
‘cumpli los siete afios, [me] enviaron a Francia, para ques,
ime educase alli en la religién catia, apostiea y roms.
nna». En 1684 regres6 a Francia «y, por consejo del peda
ecers, ingres6 en la escuela jesuita de La Fléche. Asinis
‘mo, Jacobo designs a su propio capellén jesuita yfraniy,
Louis Sabran, para que bautizase en sectetoy prestase ser
Vicio como capellin a su hijo legitimo y hesedero, Jacoby
Francisco Eduardo.*
Jacobo hizo todo posible para qu ls esrits carci
franceses estuviesen, en genctal, disponibles. Ei Whiteal,
recomendaba los escritos de Bossuet contra los hugoncs
cuantos quisieran escucharlo, El impresor del res, Hear
quien poco antes se habia eonvertido al estolicismo,
imprimi6 varias tradueciones de obras francesa, includ,
las de Bossuet. Barillon pensaba que la edicién inglesa que
Hills haba llevado a cabo de la Exposition de la doctrine ds
PE lise catboligue {Exposicién dela doctrinadelaIglesiacs
tolica, de Bossuet, estaba teniendo un efecto muy posi
vor, El enviado especial Bonrepaus, al parecer por érdene,
del marqués de Seignelay, también hizo traducie al inglés in
indimero de controvertidas obras galicanas. Para esta tae,
Bonrepans se ditigié a un experto y entusiastatraduetor de
Palacio det. James, Henry Joseph Johnston, unodelosdie.
. Dbl
también les hizo un gran favor aJacobo yalos franceses cst,
dlo consiguié que se «incorporase al eno de a Talesiacas
ica» cl enviado de Jacobo en Hamburgo, Peter Wyche. Ny
sorprende que, dada a orientacién ideol6gica del cuerpod:
plomatico de Jacobo, cada vex mis catélico, Wyche asistes
alos oficios religiosas en la capilla de los residentes france
ses en Hamburgo.**
Elnombramiento de Bevil Skelton para sustituir a sir Wi
liam Trumbull como embgjador en Francia fue solo unaaps
En 1685, Jacobo nombrs eno
Soren oma al conde de Cae
pine connidrado ox gee |
‘orbleaten jess. Daca
te howlidad entre cl pape ys |
iin fo onremposinas oo
prendisn vn medida oe os
feclaracién expres de asin |
EEE) ones rancor del
t
|
reate conteadiccién en la nueva politics de Jacobo, gue pa
{eva consist en emplear exclusivamente a catdlicos en los
{santos de politica exterior. El odio patoldpice que Skelton
‘eatin por fos holandeses era legendario, lo que lo conver:
tien un encmigo del nuncio apostéico y del grupo catélico
“acionab.[gualmente decisive fue el hecho de que se com
ponaba como un catlicoen Francia, Elsbad Placidus Flem-
fag le asegur6 a Charles Whteford el vicerrector del Co:
lege des Ecossais en Paris, qu wciertamentc encontrati en
aun muy buen amigo», aunque no estabs en condiciones
devetfcar los rumores de que Skelton «habia hecho profe-
sibn pica de a fe cxticas.~
Jacobo TI se rodeaba no slo de consejetoscatéicos, sino
deconsejeros que teniaa una panicular orientacién en los
debates catdlicos en Europa, Asi como el ereciente contlcto
faire Luis XIV e Inocencio XI forz6 los catdlicos europeos
stomar partido, det mismo modo Jacobo Ise vio obligado a
lpi entre el papa ye rey Francés. Aunque Jacobo consult
bra unaampliavariedad de catdicos britinicos yeurapeos,
invariablemente esos catdicos tomazon paride por el ban-
dofancés en aguella disputa enconada. No sorprende que
Lais XIV insistiese en que, «si bien no hay ningiin erate»
«uelo vineularaa Jacobo, «con todo, los lazos de la concor
dindesde su ascenso a ono han creado un vincilo més es
trecho que si hubigramos establecido wn tratado formal».
ra la asociaciGn de Jacobo II con el catolicismo francés
metamente una afinidad personal? Se advertia en la corte
deJacobo II el contenido ideolégico del eatolicismo de est
lo francés practicade all? ¢E] catolicismo propugnado por
icobo y sus «galicanizados» seguidoses se hallaba més all
, Nadie habl6 con
tuyor claridad que Edward Scarisbrick, jesuita educado ea
Francia ycapellin real La sutoridad absoluta de los princ:
231pes, predicaba, ase refiere a todos los reyes, a todos ls po,
detes soberanos, cualquiere que sea la forma bajo la cual g
presenten: y esto cs asi para toda la gente, en todos ls Inge
tes, en todos los tiempos, y para siempre; sin ninguns cas:
de condicion, de imitacidn o de restriecionenlo querespe.
ta alas costumbres, la jerarguia oa cualquier sancién pol
tica o disposicién».
Los partdarios catlicos de Jacobo insistian en que zy
habia circunstancias en las que pueda ofrecetse resistenc,
activa o pasivamente al rey. Joho Dryden destacaba ques
pueblo nos jez de uns buena o mala administracin desy
rey; puesto que esta posiilidad contraviene lanaturalezade
la soberaniay. Al rey, desde la perspectiva de Dryden, «la
puede castigarloel rey de reyes John Wilson coinciliaseUy
poder soberano o un monarea absoluto, aunque atente con
tra estas leyes [positivas], no debe rendir cuentas, pues no
tieneningiin otro superioren sus dominios que Dios».«jNiy
esa su gobierno por la opresi6n, por la injustcia, por tode
suerte de vejaciones?», pregunt Scarisbrick, «El princge
bueno y el malo son eriaturas de poder semejante,grabadss
con la misma impronte, ytan inviolablemente sageads
tuna como la otra».
‘Los contemporincos eran conscientes de que lgalcai.
‘mo bajo Luis XIV era ms favorable alos poderes del er que
Jas teorias previas sobre el absolutism. Lo mismo podia de:
cirse del eatolicismo en la corte de Jacobo TI, En primer le
sat, los apologistaseatdlicos insistian en una obedienci
rey tanto activa como pasiva, Philip Michael Ellis, un bee
dlctino que vivian St. James, predicd ante el rey yl eins
que quien «se limita a ser pasivo ante la comunidad» et,
siembro monstruoso de la commonwealth y esti obligados
ofrecer una compensacién, esto es, a rectifica y a expiatsi
antigua frildad e indiferencia». Scarisbrick estaba deacues
do en que, cuando se trata de lealtad, los peeados de oni
sién son pecados de comisién», » desde el pilpito can
ay
1
bared falta de amor y de afecto es una gran inobservancia
ll deber: ls personas neutras estin perdidss para etn y
{servicio del gobierno y su ejemplo vuelve més frios a fos
fembrese, Los obispos catsicos ingleses designados hacia
ro tiempo hicieron explicita eta obligacién en 1688. En
fi primers carta pastoral, los obispos informaban fos in
glsescatlicos: «No sé tenis (l bligacibn] de una obe-
flencia pasive a las drdenes de su majestad en lo que respec-
tual gobiemo, sino también de una activa y alegre confor
paidad con él»
En segundo lugar, los catslieos dela corte, de influencia
francesa, negaban quc los sibditos uvieran derecho a cues
tinar la politica del rey (o 4 presentar una peticién en con
tea «Os suplicamos 2 todos que os abstengais de hablar
deactuar de mancra tal que pueda parecer que tenga el mis
fnnimo pensamsiento indecente con respecto al gobierno»,
tstribian los obispos catslicns en su earta pastoral. El pue-
ono tenia derecho a cuestionar las decisiones del sobera
0: ¥ proseguian dieiendo: «Su deber no es otto que acer
cats a {lal persona [dc los reyes] con respeto, hablar de sus
Consejos con sumisién. Scarisbrick no eca menos cautelo
s0:«Cuanda os topéis con entrometidos en politiea que he
{encomenterios sobre las pretrogativas del rey o arengan al
pcb sobre la mala administracin, sabed que se trata de
Unaposturay de una prictica sediciosas que se proponen so
twiarla corona». Y Philip Elis coincidia: «Desucreditar el
turictr de vuestros superiores temporales o esprituales es
inicho peor que profanar iglesias yrobar altars.
“Sin duda, el catolicismo galicano llev6 mas lejos su exal
tacin de la autoridad de lo que les resultaba eazonable a la
tyoria dels eclessticos de a Iglesia alta. Lncluso después
dela conspracin de a Rye House y de la rebeién de Mon-
fnouth los defensores de las pressogativas reales pedian so:
lisente una pasiva obediencia alos eyes. John Ketlewell,
Ecletistico de a Iglesia alta, advirté que, cuando «dalla ca:
233suulidad de que [un principe] se ha descaminado dear,
siGn», sus sibditos ano deben abrazar sus errores, ni cos
formarse con su opinion y prcticaen cuanto I rl,
‘Tatas difren J lo que entcan las Eserura Eee
cas0losstbditos deben aprovechar «sus privileios lee
en su propia defensa» ys eso fala, . Jacobo celebraba cada informe de las
oaversiones masivas de hogonotes franceses, El tutor fran-
ue Jacobo eligi para su hijos naturales no hacia un se
sa ropiign de qu el ey races habia bien
ETobligar a todos sus sibditos a ser de una rligidn, de que
ites hugonotes] eran de prineipios antimonirquicos [...]y
de que no debian esperar proteccidn alguna en Inglaterra
‘Siuiendoe! ejemplo de Bossuct, Jacobo cligiénegar el alcan-
‘ede a violencia perpetrada por los dragones de Luis XIV.
Hubia quemado pablicamente el sangriento An Account of
the Pesecutions and Oppressions of the Protestants of France
{Un relat de las persecuciones y opresiones de los protes
tuntes de Francia], de Jean Claude, por considerario un infa-
melibelo. Més dle una vez Jacobo dijo al embajador francés
suclos éxitos de Luis XLV aumentaben su propio «celoy ar
doer en el «fomento de la reigién catolica en Inglaterra».
Las afrmaciones de Jacobo sobre las minotins religiosas
‘eran las de un comprometide partidario de a tolerancia
Cuando Jacobo hablaba sobre Irlanda, dejaba en elaro que
“petaba no slo permitira la mayoria caélica wl libre ejer
{ico de su religidn», sino también otorgarles «todos los car
aco miltares, judiciales y policiales». El rey no pareeia un
bluraista rligioso cuando se tatabe de hablar de su reino
snore, Jacobo hablaba con desprecio de los faniticos»
zaescoceses que visitaban convemticulos. Abrigaba un uene
ddesco de que sélo ls eatélieos tuviesen el derecho de pris
ticar su religién» en Escocia, reconociendo a su pesat lin
sensatez politica de semejante medida, Jacobo hablaba coy
tanta pasién de la conversién de Escocia al eatolicismo gu,
«el sacerdote catéico Louis Innes exclamé: «Jams ex miyiy
habia oido tantas expresiones fervorosas respecto dela con.
versida de nuestro pobre pais como las manifestadas por
majestad en aquellaépaca». Cuando clenviedo inglés en Lis
bos se quejé de quealos eomerciantes ingleses no sees pe
imita cel beneficio del libre ejerccio desu religin»,el secre.
tario de Estado portuguss responds que sabia que Jacobo
eno estaria de ninguna manera disgustado con su procedet
eneste asunto». Jacobo «tuvo a menudo la ocasién de aha
bilar (al embsjador francés] en contra de los calvinistas, aly
‘que agrupaba con fos presbiterianos y otros ineonformistsy,
declarando que «todos ellos tenian principios republicans
yyse oponian extremadamente a la monargufa>.++
El propio Jacobo expres6 opiniones sobre el protestan-
tismo que recordaban alas dels galicanos. En un volume
de los escritos de Jacobo, publicado péstumamente por st
cconfesor jsuita Francis Sanders, el rey explicaba quels Re
forma protestante debia sus origenes y su éxito al peot delos
‘motivos: «El orgullo fue la ocasién para que Lutero y Ca
no se rebelasen contra la Iglesia, su Madre, Entre los los,
fue la avaricia lo que los llevé a seguir a estos falsos guiasy
a abrazar su doetsina afin de enriquecerse con los botines
cde tantas iglesias, alas que robaban y de cuyas posesiones se
apoderaban por la fuerza», selamentaba Jacobo. Para is
consecuencias de un movimiento social an pernicioso ena
por completo predecibles, A propsito de a legada dlp
testantismo a Inglaterra, Jacobo escribfa: «Dado que se ht
instalado entre nosotros fo que ellos llaman reforma, todo
el mundo conoce los des6rdenes que ha causado alli y eine
nuestra isla se ha visto perturbada por una variedad de se
242
pili
Lk IDEOLOGSA4 DE LA MODERNIDAD CATOLICA
tuseala Tslesiay por diversas rebeiones ene! Estado», Aun
{ue Jacobo no fue can lejos como para pedir la erradicacin
dal protestantismo briténico,dejé en claro sus predileccio-
‘ns. Sladiendo a ta lealtad conlesional, advertia: «Cuando
jos equivocamos y no tomamos el camino correcto, no debe
{orprendernos si nos extraviamos ead ver magn.
{Jacobo no era el defensor del pluralist religioso imagi-
ado por ls historiadores revisionistas, Jacobo y sus parti-
{nros galicanos no se mantenian alejados dela polémica an-
tiprotestate, Pore contraro, adoptaron la teologi galica-
sayadeptaron{a ideologia polities de Maimboutg y Bossuet,
‘Apesardela defensapiblica dela libertad de concienciaque
hino Jacobo ante sus aliados politicos protestants, cl rey no
teofaningin inconveniente en dae vor « la ideologia opuesta
‘ntesuscorreligionaros. Las deelaruciones del circulo mas
{atime de Jacobo y de aquellos earélicos alos que favorecta
soguardaban semejanza con las olerantsefusiones del cu
‘quero William Penn o de Henty Care, periodista disidente,
tisiquiera con las de Richard Burthogae, flsofo del West
Country. Jacobo comprendié que manifestar su apoyo a la
tolerancareligiosa podia procurarleuna ventsja estate
Pero entre sus mis leales amigos y mas intimos confidentes
<&:jpen claro sus sentimientos verdaderos. La corte de Jaco-
bono estaba envuelta en un aura de tolerancia religiosa. Las
pmiebasindican que Jacobo queria establecer una iglesia ca
talica similar ala Iglesia galicana de Luis XIV,
lpensamiento catdlico francés, no obstante, no aleanz6 un
‘buitushegeménico ducanteel reinado de Jacobo Hl. Muchos
‘atdlicos se opusieron las politicas de Jacobo, Lejos de ser
liderados por hombres cautos, reticentes por temperamento
antriesgarse a perturbarsu provinciana tranguilidad, laopo-
sicin sepufa cl ejemplo del nuncio apostdlico italiano y del
‘mbajador espaital, Tanto Jacobo como sus eponentes cat6-
243PARTE Hl INGLATERRA PRERREVOLUCIONARIA ’ Ls IDROLOGIA DE La MODERNIDAD CATOLICA
licostenian posiciones ideolépices cosmopolitas. La op
cién catliea 4 Jacobo era parte inherente dela Tacha pap,
conta las poitcas y précticas de Luis XIV, Marcedas di
siones ideoldgicas separaban las comunidades eatSlcas
slesas y europens, haciendo que carezcan de sentido la de,
cipciones de las poltcas de fines del siglo xvi y de ae
volucién Gloriosa como una franca lucha confesiona.
Inocencio XI era um critco feroe de Jacobo y de sus po.
Iticas. El conde de Ailesbury secordaba que «lnocencio Xi
desaprobaba todo lo que se hacia aquir, Esto se debiaagie
Tnocencio sabia que Jacoba tomaba partido por la facia
salicana, James Wellwood recordaba que Inocencio XV eng
‘ra muy afeeto» a Jacobo porgie sentia «una natural sx
sién a una faccién on la que él sabia que se habia embarc
doe! rey Jacobo». Tanto francés Fustache Le Noble cia
Ailesbury, que era amigo del rey, coineidian en que «la post
indulgencia gesv santdad tenipara con eles Jacobo pie.
cedia de su intima uni6n con el rey de Francia.
EI papa traté con sumo desprecio al embajador del mo.
sarca de Inglaterra, l primero abiertamente catdlico en mis
de un siglo, Al decir de todos, el conde de Castlemaine t=
nla que esperar innumerables dilaciones para que le cones
diesen audiencia con el papa, y cuando finalmente seo al
sufia oportunamente un acceso de tos, ie
interrumpia el discurso del embajador». Los sentimienes
dl papa eran un buen indicio de sus predilecciones poli:
cas, Barillon pronto informé a susefior de que ela ente
‘muy insatisfecha aqut con la aspereza con la que el papa ha
techazado todo lo que el conde de Castlemaine le he pedide
cen nombre de su majestad briténica». En particular, Inoce
cio XT se neg primero a convertir al padee Petre en obispo
yylucgo en cardenal, a pesar de las repetidas stiplicas pers
snitia wel paps
nales por parte de Jacobo, Los abservadores eran undnimes
fen su creencia de que Inocencio jamds preferiria de bueot
‘gana a un jesuita oa un miembro dea faccién frances Pot
244
cqnttaste, se sabia queen 1687 Inocencio habia tenido fre
Tents audicocias privadas» con Henty Sicney, conocido
* erun «titere del principe de Oranges.”
"H nuncio apostdlico en Londres pronto coments a eri
tea las politicas de Jacobo y sus propensiones galicanas
uindo el enviado del papa, Ferdinando d’Adda (que se
tenis formalmente en nuncio en 1687), legé a Londres
tn noviembre de 1685, Bacillon advirtié de que «los clsi-
re del papa yla gente por entero wna ala corte de Rome
foestin bien dispuestos con respecto a Francia», D’Adda,
yor un lado, yel padre Pettey Tos jesus, por el otro, no se
folemban, Pete dijo a Jacobo II que «Daada era un who
‘Quedaba igualmente en claro que el desagrado que d’Adde
seria por Petre era ideolégico més que personal. El eadlico
teeocés Richard Hay lamentaba que, pablicamenteyy con re
‘uencia, Adda «no hiciese otra cosa que protestar contra
Insfranceses por considerarlos here>. En general, ’Adde
cacontrabe macho para eriticar en las politics de catoliza
én de Jacobo. «En un tono de lamenton, disctia con Ai
Jesbury con quien se mostraba muy cordial, las deisiones de
Jacobo. También James Wellwood informaba de que el mu
‘doapostélico «tenia demasiado sentido comin como para
‘probar todas las medidas tomadas [por Jacobol». Barillon
tambien advertia la resistencia ded’ Adda a una variedad de
iniiavas politicas por parte de Jacobo.* Partcularmente,
‘PAdda era sumamente ertico con ls controvertdas medi-
‘das tomadas contra el Magdalen College en 1687 ycon el uso
‘qu acta Jacobo del poder de dispensa.*
embajador desu muy catélica majestadelrey de Espatia
‘compara las inclinaciones ideolégicas de! nuncio aps
‘0. Ronguill y d’dda trabajaron juntos contra la faccion
tatslica francesa dominante en ta corte. En su primera au
iencia con el nuevo rey, Ronquille previno a Jacobo de! he-
irlos consejos de «varios sacerdotes de su entor:
nines de 1685 Ronquillo laments piblicamente
245eltrato que daba el rey inglés al Parlamento, Lleg6 inchio, |
proclamar que «la seguridad de la monarquta depends dd)
Paslamento» afrmacién queno podia oponersemas ral
mente alas declaraciones galicana sobre la soberani, Ron. |
quillo se qujaba ante cuantos estuviesen dispuestos acs
char de agucel rey de Inglaterra era por entero lal lreyde
Francia, yhabia hecho una alanaa privadaoun contatosay
lparala destrucciéa de Alemania, landesy Holandas.Ny
eraextafio, pues, queel embsjador espaiol proveyesedecs
pias dela Declaration of Reasons [Declaraci6n derazones]
Guillermo a aquienguiera que as desease>a fines de v688-
EL nuncio apostlico y el embajador espaol obteniay
mucho apoyo de sectores de la comunidad catsica ingles
Muchos ingleses catdlicos se habian opuesto durante mi.
cho tiempo a Tos jesitas y mis en general al cero regular
Eseudios recientes han mostrado que, desde prncipios dl
siglo xv, hubo un vivo y profundo debate en el seno dey
comunidad inglesa calicaentze los defensores del senable
cimiemtode unepiscopado catsicoylospartidavios deve
‘ lnglaterea «como un territoio misionero, ms paecda:!
Nuevo Mundo que a un Estado exstiano europeos. Les
os los oponentes delosjesias, sostenian que aun psc
prado catdlco en Inlatera ayudaria a poner freno al ext
mismo poltico en Inglaterra». Ahorase sabe que estos asus
tos ano perdieson nada de su vigor einresidad después de
1660%, Dentro delacomunidadeatdicainglesa, puss lst
fisticado sentimiento cosmopolita, anjesuitay de oposicis
alcero segular tenia unalasgatradiciOn, Estas divsiones sis
Jugat a dudss, se volieron cada vez més intensas cuando
provincia francesa delosjesutas se alin con los princi
alsolutstas propugnados por los galicanos. Durantela Ge
sisdela Exclus, muchos atlicos ngleses «comenzarant
calunmiaralosjesuites, a quienes abrfan exterminsdoond
actopormediodel fuegoy delaespada>. Elpadre Hume
recordaba que elamayoriadelos eatdicose de esapocicti |
246
LA {DEOLOGIA DE LA MODERNIDAD CATOLICA
aban ls «pncipios [jesuitas] por ser pemiciosos para el
obiero yconducentes als sedciin», Pocohabacatnbiado
facia el reinedo de Jacobo. El presbiteriano Roget Mortice
iEbia que ea mayoria de nuestros papistasingleses secret
feeate simpatizan y estan a favor de la facciéo antijesuite>.
Ena capila catélica en Holyroodhouse, consagrada ha
ovo, un sacerdote dio un sermgn cuya wenteradisertacion
Ja en contra de los jesuitas». Despus de la revolucin, el
unde de Tyrcontl, que no era crtico con ls jesuitas, a
tia que incluso entre los catdlicos westa época no soports-
itt demasiado afecta «los enitam*
La artaigada antipatin que muchos catélicos britinicos
‘entian por los jesuitas proporcioné un terreno fértil para
al esurollo de una opesicién ideol6gica al etocismo de
‘ilo francés fomentado por la corte de Jacobo II, «Todos
{quellos que estaban disgustados con ta buena inteligencia
‘on Francia piensan que el rey se estd moviendo con dema-
siadarapidez en lo que concierne al catolicismon, informaba
‘uillon. Un espia jesuita coincidia en esto al observar que
“satios lores catslicos dijeron al ey que su majestad se esta-
‘bamoviendo con cemasiada rapidez y demasiado celo por el
rstablecimiento desu fer. «Catélcosmasmoderadossehan
‘larzado siempre, y hasta la fecha sin resultados, por per
‘aad asu majestad de la conveniencia de otras méximas»
‘hiervaba el embajador holandé Van Citters. Los come
turstas protestantes Daniel Defoe y James Wellwood se.
liton que Jacobo recibia el apoyo de una minoria de cat
5nd minoria que Wellwood icentificabs como, «princi
yalmente, los intolerantes de algunas 6rdenesreligiosasylos
ueros conversos». A su vez, el marqués de Halifax, que es
lubs sempre bien informado sobre las maniobras politcas,
bservaba: «Los papistas que poseen propiedades comien-
“ia tener reparos y estarian dispuestos a tener une ca:
‘sri que al final podia ser muy peligosa para ellos». Mu-
«hos eatlicos sesumaban ala aversion de Inoeencio XLante
aaycl nombramiento del padre Petre para el Consejo Privads,
Roger Mortice observaba junto amuchos otros que Petre:
encuentra con mucha mas oposicisn de la que podria pie
verse, no slo por la aversién de la nacién ingles, sino pop
fa del conde Dandy la de todos los papistas anijesuitasy
‘Muchos catslicos estaban dispuestos a hacer piblica sy
‘posicién alas poitias de iniluencia galicana de Jacobo.)
Caballero catélico si William Goring, de Sussex, steprochs
bbu.a sus amigos de la misma religin por su insensatez yw.
nidad, aiadiendo: "Nos arruinaréis a todos con eso», Lord
Baltimore y el duque de Gordon hicieron saber que elas
eran ade la faecin anijesuita y antifrancesa y que estabar}
a favor dela faceién del papa, y [que] por eso eran malt
tedos desde hacia algunos aios», Esto bien podria explcr
por qué Jacobo Il habia hecho que sir Robert Sawyer puss
seen tela de juici el fuero para Maryland concedil als
ancestros de tord Baltimore». Tanto el marqués de Posis
como el conde de Middleton tenian poca influencia elt
corte antes de la revolucién porque se oponian & las polit
cas del grupo galicano. La oposicién de Powis era tan bien
conocida que, cuando en 1688 una violenta turbs antics
lica lleg6 unte su casa de Londres en Lincoln’ Inn Fielé
imucheclumbrefe tuvopiedad porque alguien grité:«Dejade
paz, lord Powis estaba en contra de que los obispos fue
ran ala Torre». Al vicario apostéico John Leybuen, quete:
nia estrechos vinculas coe el grupo ms poderoso de os st
cerdotes catlicos seculares dela preguerta civil y que mis
tarde estuvo al frente del colegio inglés anijesuita en Dow
los esuitas loacusaron de ser un cobarde moderado, Ela
denal Philip Howard, que anteriormente habie sido superet
‘de Leyburn, también se oponia alos violentos rambos»ait
se estaban tomando en Inglaterra y en su lugar acooseisht
«cumbos pausados, calmos y moderedos», Esto quiza exp
aque por qué los esuitas, que allevaban las riendas» enlace
te de Jacobo If, lo detestaban tanto.”
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i
1a DEOLOGLA DE LA MODERNIDAD CxtOLICA
‘js com los cxtlicos de influencia francesa que rodea-
jpin a Jacobo manifestaban una clara posicin ideolégica,
|Elmismo modo los eatlicos més préximos al papa y alos
$absburgo desarollaron una sere altenativa de aspiracio
sex Hacia 1685 no habia duda de que aquellos catlicos que
Gjuban wands cerca dela corte de Rota» seialaban que si el
{eyese unealosintereses opuestos a Francia, tend consigo
‘Georarsn del pueblo el gran apoyo del Parlamento», Esos
fateicos querfan «un acuerdo con el principe de Orange y
{dParlamento» y se teniana sfmismos por «buenosinglesess
Guese oponian a otorgar al rey «demasiada autoridad abso:
Tua» a costa de ls eprivilegios y ibertades» dela nacién, El
tiscurso que Jacobo dirigié al Parlamento en noviembre de
1685, en el que anunciaba su intencién de mantener ilegl
rpenteen el ercito alos oficiales catdlicos romanos, provo-
‘6 uns ola de criticas por parte de este grupo de eatslicos.
Tord Bellasis pregunté al conde de Ailesbury: «2Quién po-
diaserel creador de este discurso? A partir de este dia fe
cho mi ruinay la de toda mi confesién», Incuso mis caté-
los, como el acaudalado marqués de Powis, se opontao al
sombramiento del francdfilo conde de Tyrconnel como re-
presentante dela corona.en Ilanda, La oposicisn cali
les lanes de Jacobo dle revoear las Test Acts y de llenar de
partiarios el Parlamento era més conocida. John Leybura
secontaba entre aquellos que se mostraban extremadamen
‘epesimistas con respecto alas posibilidades de éxito de Ja-
abo, Aunque muchos catdlicos estaban de acuerdo en ser
vieasi rey como representantes dela corona yjueces de paz,
seam muchos mas Ios que no lo estaban. Después de exam
tur detenidemente una variedad de colecciones privadas de
‘nanascics, el historiador catélico Charles Dodd informe:
‘Nome parece que haya habido unanimidad entre todos los
‘atlicos en relacin a la Test.
Deidelaperspectiva delos catlicas que se oponfan a Fran
ia eran tticos com Tos jsuitas, las poiticas de Jacobo I
249)eran tanto imprudentes en términos politicos como ofa
vas en términos ideoldgicos. Esos catdlicos, cuyas opinig
res concordaban con Jos sentimientos del nuncio apostl.
coitaliano y del embajador espaol, detestaban las polity
absoluistas de estilo francés propusnadas por Jacobo yas
‘consejcros de influencia francesa, En noviembre de 1688,e5
“Londres el padee Conne se lamentaba de que «todo ls my
Jes que nos amenszan se deben a [nuesteas] propiasfultasy,
refiriéndose al consejo de los asesoreseatdlicos elewidos pee
Jacobo, Elabad Placidus Fleming atributa