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Multimillonario No Reclamado Chase La Obsesión Del Multimillonario 18 J S Scott

Este documento es un extracto de una novela de ficción que narra una conversación entre Savannah y Chase Durand después de la boda de Torie, la mejor amiga de Savannah. Savannah siente una atracción por Chase desde hace años pero lo oculta. Tras quedarse a solas, Chase agradece a Savannah su apoyo a Torie durante su secuestro. Aunque Savannah intenta restarle importancia, Chase insiste en que estuvo allí para Torie cuando más la necesitaba.

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Multimillonario No Reclamado Chase La Obsesión Del Multimillonario 18 J S Scott

Este documento es un extracto de una novela de ficción que narra una conversación entre Savannah y Chase Durand después de la boda de Torie, la mejor amiga de Savannah. Savannah siente una atracción por Chase desde hace años pero lo oculta. Tras quedarse a solas, Chase agradece a Savannah su apoyo a Torie durante su secuestro. Aunque Savannah intenta restarle importancia, Chase insiste en que estuvo allí para Torie cuando más la necesitaba.

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Multimillonario No Reclamado ~ Chase

La Obsesión del Multimillonario


Libro 18
Copyright © 2022 J. S. Scott
odos los derechos reservados. Queda prohibida la
reproducción o utilización de parte o de todo este documento
por ningún medio, ya sea electrónico, mecánico, por
fotocopias, grabación u otros cualesquiera sin el
consentimiento por escrito de la autora, excepto para incluir
citas breves en reseñas. Las historias que contiene son obras de
ficción. Los nombres y personajes son fruto de la imaginación
de la autora y cualquier parecido con personas reales, vivas o
muertas, es pura coincidencia.
Título original: Billionaire Unclaimed
Traducción: Marta Molina Rodríguez
ISBN: 979-8-425756-55-8 (edición impresa)
ISBN: 978-1-951102-81-4 (libro electrónico)
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Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Epílogo
Savannah
Varios meses atrás…

—Creo que nunca te he dado las gracias por todo lo que


hiciste por Torie después de su secuestro —me dijo Chase
Durand mientras permanecíamos sentados en la cocina de una
suite muy extravagante en Las Vegas. Era el lugar donde se
había celebrado antes el banquete de boda de Torie.
No estaba muy segura de cómo habíamos terminado a
solas Chase y yo, compartiendo un café, muy cómodos en la
mesa de la cocina después de que los demás invitados se
hubieran marchado. ¿Quizá se debiera a que me encantaba un
café con leche realmente bueno y Chase disfrutaba del
expreso?
«De acuerdo… puede que no». Sí, eso explicaría por qué
Chase seguía allí después de que todos y cada uno de los
invitados se habían marchado.
«¿Y yo?». Para ser completamente sincera, sabía que
finalmente había sido incapaz de resistirme a pasar un poco
más de tiempo con Chase Durand, a pesar de que sabía
perfectamente que ceder a ese impulso era peligroso.
«E increíblemente estúpido». Chase siempre me había
tratado como a una segunda hermana pequeña, igual que
trataba a mi mejor amiga, Torie. Por desgracia, yo ya no podía
verlo como a un hermano mayor honorífico y eso me cagaba
de miedo. Este encuentro era demasiado íntimo, ahora que
éramos adultos. Yo sabía que debía salir de aquel lugar como
si evacuara en una especie de emergencia extrema. Había
evitado pasar tiempo a solas en compañía de Chase durante la
última década porque me sentía atraída por él. Temía que
alguien se percatara de que mis pensamientos sobre él distaban
mucho de ser fraternales.
Me sentiría totalmente avergonzada si Torie se enterase de
que en secreto se me caía la baba por su hermano mayor. Me
sentiría aún más horrorizada si Chase descubriera lo que
realmente sentía por él.
Por supuesto, él nunca lo sabría. Yo no mostraba
abiertamente mis sentimientos. Ocultaba esa información
como si fuera cuestión de seguridad nacional. Era periodista
de investigación. Sabía exactamente cómo enterrar mis
emociones tan profundamente que nadie las viera nunca. Si no
lo hacía, perdería la cabeza en mi campo.
«Tengo que separar las cosas y solo fingir que esto no es
más que una conversación entre viejos amigos de la familia».
Lo cual era precisamente lo que estaba ocurriendo. Bueno, al
menos, para Chase.
Irritada conmigo misma por sentirme tan nerviosa estando
sola con él, respondí:
—Torie es mi mejor amiga. Haría cualquier cosa por ella.
Siempre he deseado haber podido hacer más. Creo que Cooper
Montgomery es lo mejor que le ha pasado en la vida. Parecían
muy felices por casarse hoy. La ha ayudado a superar algunos
de los problemas persistentes de su secuestro de los que yo
nunca supe nada.
Elegí mis palabras con cuidado. Había cosas que Chase no
sabía y posiblemente nunca sabría, sobre el secuestro de Torie.
Hubo incidentes que Torie no había querido revelarles a sus
dos hermanos mayores porque ya se culpaban tontamente por
lo que le había ocurrido.
Chase me lanzó una expresión dubitativa mientras
contestaba:
—No le restes importancia a que tú estuvieras allí para
ella cuando te necesitaba de verdad, Vanna —insistió—.
Dejaste tu carrera en espera para ayudarla durante su
recuperación.
—Tal vez yo también necesitara unas vacaciones —
sugerí, incómoda con el agradecimiento por algo que por aquel
entonces era necesario y en absoluto una molestia. Quería a
Torie como a una hermana. No había otro sitio donde yo
quisiera estar cuando ella sufría tanto.
Para ser franca, aquellas vacaciones que pasé con Torie
también fueron buenas para mí. No me había percatado de lo
emocionalmente exhausta que me encontraba de perseguir un
artículo tras otro durante tantos años. Todos esos encargos me
exprimieron el alma porque no informaba sobre
acontecimientos internacionales inspiradores, precisamente.
Él levantó una ceja y preguntó con voz grave:
—¿Necesitabas unas vacaciones?
Me retorcí en mi asiento mientras él esperaba
pacientemente mi respuesta.
Sus hermosos ojos grises me estudiaron como si nada más
le interesara excepto mi contestación.
«¡Mierda!». Siempre había sentido que Chase veía mi
interior, hasta el profundo y oscuro pozo de emociones que yo
no quería reconocer. Esa era una de las cosas que lo hacían tan
peligroso y, sin embargo, tan condenadamente atractivo. Tenía
la capacidad de hacer que una sintiera que era la persona más
importante del mundo para él simplemente porque
realmente… escuchaba.
Lo más probable es que fuera un rasgo que había
aprendido a usar en su beneficio como multimillonario
magnate de los negocios, pero para mí, era increíblemente
desconcertante y cautivador al mismo tiempo. Me hacía querer
sincerarme con él, pero sabía que no lo haría. Ser vulnerable
con alguien era mucho más aterrador que mi necesidad de
hablar de mis sentimientos. Además, una vez que abriera esa
compuerta, probablemente nunca más se cerraría. No había
trabajado tan duro durante más de una década para sofocar
esas emociones solo para perder el control sobre ellas ahora.
Especialmente, no con él.
Como Chase se consideraba un hermano mayor
honorífico, probablemente me apretara hasta que se lo contara
todo. Intentaba arreglar cualquier cosa que anduviera mal en
mi vida, como hacía cuando Torie y yo éramos niñas. Por
desgracia, yo ya era adulta y Chase, también. Una tirita o mi
caramelo favorito ya no arreglarían lo que me pasaba.
Asentí despacio, a sabiendas de que debía ser imprecisa a
propósito.
—Estaba cansada. Fue bueno para ambas pasar tiempo
juntas.
Él se reclinó en su silla y siguió estudiándome mientras
respondía:
—Dudo mucho que lo digas en serio, porque pasaste
muchísimo de ese tiempo en el hospital con ella. No son
precisamente unas vacaciones relajantes, Vanna.
Estuve a punto de suspirar mientras me comía con los ojos
al guapísimo hombre frente a mí, convencida de que ningún
hombre podía lucir un esmoquin como Chase Durand.
Era guapísimo, desde sus fascinantes ojos grises hasta los
atractivos tonos mezclados de cabello castaño en su cabeza.
Aquel hombre me era familiar, pero también un enigma.
Nunca había logrado entender cómo se las arreglaba para ser a
la vez natural e increíblemente sofisticado.
Probablemente sería mucho mejor si no pensara lo en
forma y musculoso que estaba su cuerpo ni cuánto me
superaba en estatura con su altura casi intimidante. Yo era un
poco más alta que el promedio para ser mujer, pero en realidad
Chase me hacía sentir diminuta cuando estábamos de pie uno
al lado del otro.
No podría decir que no se hubiera vuelto más duro y un
poco más cínico debido a los años que pasó en las fuerzas
especiales, pero por extraño que parezca, eso lo hacía aún más
fascinante. ¿Cuántos tipos que nacían ricos como Chase
terminaban en las fuerzas especiales?
Él y su hermano mayor, Wyatt, nunca hablaban mucho de
sus años en el ejército ni tampoco se jactaban de pertenecer a
las fuerzas especiales como harían algunos. Según Torie, eran
bastante discretos e ignoraban la mayoría de las preguntas que
ella había hecho sobre esos años.
La forma en que evitaban el tema siempre me hacía
preguntarme si guardaban silencio por el secreto de sus
misiones o porque habían sido tan traumáticas que ya no
querían pensar en ellas.
—No me importó —dije en voz baja y totalmente en
serio.
Mi mejor amiga estaba hecha pedazos física y
emocionalmente después de ser secuestrada y dejada por
muerta en el Amazonas. Lo único que yo quería de verdad era
estar allí para ella. Sinceramente, me sentía muy agradecida de
que no hubiera muerto. Agradecida de que aún fuera posible
pasar tiempo con ella, fuera donde fuera.
—Eso sí me lo creo, porque tú y Torie siempre habéis
estado muy unidas —contestó Chase—. Y tienes razón con
respecto a Cooper. Es bueno para ella y viceversa. Casi resulta
ridículo lo enamorados que parecen.
Le sonreí, divertida por la manera en que había escupido
aquella palabra. Prácticamente parecía normal que nosotros
dos mantuviéramos aquella clase de conversación, aunque
nunca lo hacíamos.
Durante nuestros encuentros poco frecuentes después de
hacernos adultos, por lo general nos llevábamos la contraria
mutuamente y lo debatíamos casi todo. Para mí, siempre había
sido más seguro seguir siendo adversarios amistosos.
—¿No crees en el amor? —pregunté; las palabras se me
escaparon antes de que pudiera medirlas.
Siempre había temido el día en el que descubriría que
Chase tuviera una relación formal con alguien, aunque sabía
que no debía sentirme así. Había tenido novias, probablemente
más de las que yo podía contar, especialmente durante sus
años de instituto y universidad. Yo sabía por Torie que también
había tenido algunas relaciones fugaces mientras estaba en el
ejército. Chase tenía la habilidad natural de su padre de ser
completamente encantador cuando quería serlo. El padre de
Torie era un francés carismático y extremadamente adorable.
Era fácil ver que su hijo menor tenía algunas de las mismas
características.
Por extraño que parezca, yo no creía que hubiera habido
ninguna mujer especial desde que Chase dejó el ejército para
unirse a su hermano mayor, Wyatt, como codirector ejecutivo
de Durand Industries.
Si la hubo, Torie nunca me había hablado de la mujer en
la vida de Chase, lo cual era totalmente posible porque yo no
preguntaba. Lo único que mi mejor amiga había dejado muy
claro era su disgusto por no tener sobrinos a los que adorar.
Bueno, eso y la falta de interés de sus dos hermanos en casarse
algún día. Pero eso no significaba que no hubiera una mujer en
la vida de Chase. ¿Cómo no iba a haberla? De hecho, me
sorprendí cuando apareció solo en la boda de su hermana.
Aunque, pensándolo bien, tampoco había una mujer a su lado
durante el periodo de recuperación de Torie, lo cual era… raro.
Para ser tan buen partido como Chase, resultaba extraño no
haberlo visto nunca con una mujer desde el final de su carrera
militar.
Por otra parte, a veces podíamos pasar un año o más sin
encontrarnos. Había pasado más de un año desde que lo había
visto antes de hoy. No es que no quisiera que Chase fuera
feliz. Simplemente, no había querido ver cómo ocurría en
persona.
«¡Maldita sea!». ¿Por qué no podía superar sin más aquel
ridículo enamoramiento del hermano de mi mejor amiga? No
iba a ir a ninguna parte. No lo había hecho en la última década
y yo me estaba acercando rápidamente a los treinta y tantos.
Pasar una década loquísima por un chico que no me
correspondía en absoluto a mi edad no tenía sentido.
Y yo era realista, de cabo a rabo. Una periodista de
investigación que veía la cruda realidad y lo peor de las crisis
humanitarias de todo el mundo con regularidad.
Para mí, no existían los cuentos de hadas.
Sí, había tenido relaciones durante la última década.
Varias. Incluso me las arreglaba para olvidar la absurda
atracción que sentía por Chase mientras salía con otra persona.
Luego me lo encontraba y esas tontas emociones volvían
apresuradamente como si nunca hubieran desaparecido. Ni
siquiera podía afirmar con precisión por qué me sentía así.
No se trataba únicamente del hecho de que Chase fuera
atractivo. Yo trabajaba en el campo de las noticias y el
entretenimiento. Veía hombres tan guapos que estaban de
muerte todos los días, pero ninguno me hacía sentir como una
adolescente soñando despierta durante su primer
enamoramiento.
Era mucho más lo que me atraía de Chase Durand que su
cuerpo y rostro increíbles. Tal vez por eso nunca había resuelto
cómo sacudirme esas emociones.
Él me dedicó una sonrisa de oreja a oreja y mi maldito
corazón saltó de alegría en respuesta. Tuve que recordarme
una vez más que Chase y yo nunca tendríamos nada más que
una relación fraternal.
—Sin duda, creo en el amor para Torie —explicó—.
Nadie se merece un felices para siempre más que ella. ¿Y tú?
Oí que estabas saliendo con una gran celebridad hace tiempo.
¿Por qué no ha venido hoy?
Tragué saliva, intentando no recordar lo dolida y
humillada que me sentí después de aquella relación en
particular que había terminado de manera tan pública.
Obviamente, Chase no prestaba atención a las revistas de
cotilleo o sabría exactamente por qué no estaba allí Bradley.
—Rompimos hace tiempo —dije a toda prisa, sin deseos
de hablar de mi efímero amorío con el famoso actor—. Los
dos teníamos que viajar mucho. No funcionó.
Él frunció el ceño.
—Me cuesta creer que tú renunciaras tan fácilmente si de
verdad te importaba, Vanna.
«¡Maldita sea!». Evidentemente, Chase no iba a dejar el
tema hasta que consiguiera algún tipo de explicación.
—Él no tenía ni idea de cómo tener una relación
monógama, especialmente cuando yo pasaba tanto tiempo
fuera —confesé—. No podía mantener el pito en los
pantalones cuando yo no estaba.
—Qué lástimas —dijo Chase con empatía—. Aunque no
tengo ni idea de por qué iba a desear a nadie más cuando te
tenía a ti.
Evalué su mirada de empatía y respondí secamente:
—Por lo visto, para él las mujeres son intercambiables.
Supongo que no le importaba que yo estuviera fuera del país
porque siempre había otra cerca. Muchas, de hecho.
Sinceramente, lo más probable es que yo nunca hubiera
sido el tipo de Bradley Warner. Pero creí que finalmente había
encontrado un chico al que no le importaba que yo prefiriera
pasar más tiempo deambulando por el mundo en botas
embarradas y pantalones sucios que asistiendo a fiestas de
moda. A todas luces, me equivocaba. Cualquier interés que
hubiera tenido por una mujer como yo se desvaneció tan
rápido como se había manifestado.
—Entonces, claramente, no te merecía —farfulló Chase.
Intenté mantener un tono más ligero al contestar:
—No te preocupes. De todas maneras, no creo que mi
carrera sea conducente a una relación seria. Mi trabajo se hace
con mi vida la mayor parte del tiempo.
—Necesitas a alguien que te trate mucho mejor —
respondió Chase—. No te conformes con menos, Savannah.
Desconcertada por estar hablando de mi vida amorosa con
Chase Durand, me puse en pie y llevé mi taza a la pila.
—Supongo que debería volver a mi habitación —dije
incómoda.
—Oye —dijo Chase levantándose y acercándose a mí—.
No pretendía hacerte huir. ¿De verdad te hizo daño ese cabrón,
Vanna?
Se detuvo demasiado cerca de mí cuando yo respondí:
—En realidad, no. Solo fuimos novios menos de un año.
Él era una gran estrella del cine. Yo hago reportajes especiales
en una pequeña cadena de noticias por cable.
—¡Y una mierda! —dijo Chase con voz ronca—.
Deadline America no es un pequeño e insignificante programa
de televisión. Eres famosa porque tu trabajo es increíble.
Me sorprendí al volverme hacia él y ver la expresión
genuina en su rostro.
—¿De verdad has visto mis especiales? —pregunté.
Distaba de ser famosa. Simplemente era una cara
reconocible para las personas interesadas en acontecimientos
mundiales actuales y veían noticias por cable. Mi programa
había acumulado una audiencia decente a lo largo de los años,
pero no era tan familiar para la población en general. Ser la
novia a la que dejó Bradley Warner probablemente me había
dado más notoriedad que Deadline America.
Dejó escapar un suspiro exasperado mientras me
atravesaba con esos hermosos ojos grises.
—Claro que los he visto. Lo que haces es fascinante,
aunque es un poco perturbador verte en algunos de esos
lugares. Si ese cabrón no te amaba por la mujer inteligente y
compasiva que eres, no te merecía, joder.
—Él no era el hombre adecuado —confesé en voz baja—.
Dudo que ningún hombre me adore nunca de la forma en que
Cooper ama a Torie. O como cualquiera de los hermanos
Montgomery adora a la mujer que ama.
Había conocido a los dos hermanos mayores de Cooper
Montgomery, Hudson y Jax, en el banquete. Tal vez no los
conocía bien, pero era obvio que ambos estaban
comprometidos de todo corazón con las mujeres de sus vidas.
Chase sonrió:
—Los Montgomery son intensos, desde luego, pero no
puedo decir que no me alegre que Cooper Montgomery
terminara enamorado de mi hermana pequeña. Moriría antes
de permitir que nada ni nadie le hiciera daño.
Yo le devolví una sonrisa.
—Dudo que vaya a ser infiel. No creo que tenga ojos para
ninguna otra mujer excepto para Torie.
Quizás yo debería ser cínica tras mi propia experiencia
con un novio infiel, pero no lo era. No cuando veía juntos a
Torie y Cooper. Era evidente que tenían algo especial que,
desde luego, yo nunca había experimentado en mi propia vida
amorosa. Pero solo porque nunca me lo hubiera encontrado,
eso no significaba que no existiera un amor como ese.
—Bien por él que no tenga ojos para ninguna otra mujer
excepto mi hermana pequeña —respondió Chase con voz
ronca—. Dudo que Wyatt y yo pudiéramos haber tragado con
llevarla al altar hasta un tipo que no le fuera completamente
devoto. Torie ha sufrido bastante.
De inmediato quise recordarle que era elección de Torie
con quién se casara. También quise señalar que él y Wyatt no
habían llevado al altar literalmente. En cambio, por una vez en
mi vida, no quería discutir con Chase. Sabía a qué se refería al
decir que Torie había sufrido bastante. Yo había visto
personalmente por lo que había pasado y verla con Cooper
ahora me daba ganas de llorar de felicidad. Rara vez lloraba
por nada, especialmente no por algo que me hacía feliz.
Había visto las miradas de agonía en los rostros de ambos
hermanos Durand cuando Torie estaba gravemente herida y
luchando por su vida tras el secuestro. No podía culparlos por
sentirse un poco protectores, en realidad. Yo me sentía así a
veces. Siempre había habido tanto amor entre los hermanos
Durand que era casi palpable. Cierto, los tres se tomaban el
pelo constantemente, pero ¿qué hermanos no se burlaban?
Wyatt y Chase siempre habían sido los protectores de
Torie desde que yo tenía memoria. Si se sentían aún más
protectores por lo que le pasara, ¿quién era yo para criticar?
Suponía que Chase se había vuelto aún más protector con su
hermana desde que estuvo a punto de morir en el Amazonas.
Como yo no tenía hermanos, entendía perfectamente el
miedo de Wyatt y Chase justo después del secuestro de Torie y
tiempo después. Yo también estaba loca de preocupación. Para
mí era más una hermana que una mejor amiga.
—Ahora es feliz —le recordé en voz baja mientras veía la
expresión de preocupación en su rostro.
Chase respiró hondo y se pasó una mano por la cara como
si estuviera tratando de hacer desaparecer esos horribles
recuerdos.
—Sí —convino—. Creo que estaba tan molesto por lo que
le habían hecho esos cabrones que a veces es difícil recordar
que se acabó y que ella es una mujer adulta perfectamente
capaz de dirigir su propia vida.
Yo ya lo sabía. También sabía que él y Wyatt se culpaban
a sí mismos por no cuidar de su hermana menor ahora que sus
padres ya no estaban, lo cual era completamente absurdo.
Torie tenía mi edad y era una mujer totalmente independiente.
Era imposible que Chase y Wyatt pudieran haber predicho lo
que le había sucedido a Torie en el Amazonas. Se suponía que
estaba de vacaciones y, a menos que Chase y Wyatt fueran
psíquicos, no había absolutamente ningún motivo de
preocupación.
—Se veía preciosa e increíblemente feliz hoy, Chase. Se
acabó —dije con firmeza, odiando la forma en que todavía
parecía culparse a sí mismo por el aterrador suceso—. Deja
que el pasado sea el pasado. Torie no se regodea en nada
excepto en su felicidad presente.
Ya era hora de que los hermanos Durand dejaran de
culparse por la experiencia de pesadilla de Torie. Estaba bien,
sana y exultante con su nuevo esposo.
La tensión se desvaneció lentamente de su expresión
mientras respondía:
—Tienes razón. Se acabó. Simplemente no es tan fácil de
olvidar, supongo.
Yo asentí.
—Lo sé. Pero ella está bien y está empezando un capítulo
completamente nuevo y emocionante de su vida, Chase.
Un escalofrío me recorrió la espalda cuando él me miró de
la cabeza a los pies.
—¿Qué hay de ti, Vanna? —preguntó—. ¿Hacia dónde te
diriges ahora? ¿Vienes a casa por un tiempo?
Me reí, con la esperanza de aligerar el ambiente.
—Como actualmente no tengo casa después de vender la
de mi madre, voy a pasar unos días aquí en Las Vegas antes de
pasar a mi próximo encargo. Me compraré un apartamento o
alquilaré algo en San Diego, al final. Todavía no he tenido
tiempo suficiente allí para mirar seriamente.
Habían pasado diez años desde la muerte de mi madre en
un accidente de avión en el monte mientras recogía muestras
para investigación en Alaska. Siempre habíamos estado solo
nosotras y me quedé destrozada cuando la perdí tan
inesperadamente. Estábamos realmente unidas, así que tardé
toda una década en desprenderme del hogar en el que había
crecido después de que mamá muriera. A pesar de que la casa
nunca había funcionado con mi estilo de vida de trotamundos.
—No es como si te faltaran casas donde quedarte en San
Diego —respondió Chase—. Cooper tiene una inmensa sobre
el mar en La Jolla.
Yo solté un bufido.
—¿De verdad crees que haría de sujetavelas con mi mejor
amiga cuando acaba de casarse?
Su expresión era sincera cuando me dijo:
—Yo tengo una casa bastante grande, no lejos de la de
Cooper y Torie. Sin duda sabes que siempre eres bienvenida
allí, Vanna.
Me humedecí los labios y tragué un nudo en la garganta,
intentando no dar rienda suelta a la tos nerviosa que se me
había atragantado.
«¿En serio? ¿Realmente piensa que me quedaría con él?».
Mientras consideraba su oferta, me percaté de que
probablemente creía que la sugerencia no tenía importancia
porque se suponía que era como un hermano para mí, ¿verdad?
«Ay, Dios, no va a pasar nunca», me dije. Si veía a este
hombre desnudo por accidente, nunca sería capaz de alejarme
como una invitada avergonzada y olvidar rápidamente que
había ocurrido. El mero hecho de estar sola con él tan cerca
que podía tocarlo era demasiada tentación ahora mismo.
—¿Qué vas a hacer mañana? —preguntó
despreocupadamente—. Podría alargar mi estancia un día o
dos sin problema. Quizás podríamos pasar el día juntos.
También podríamos ir a cenar o a ver un espectáculo mañana
por la noche.
Yo sacudí la cabeza de manera reflexiva. Probablemente
no podía pasar más tiempo en compañía de Chase sin revelar
cómo habían cambiado mis sentimientos con el paso de los
años.
—No puedo —dije con nerviosismo—. Tengo una cita y
un sitio con mi nombre en la piscina.
No los tenía. Estaba mintiendo totalmente. Pero pasar un
día y una velada con un hombre que me atraía y que me veía
como a una segunda hermana pequeña sería una auténtica
tortura.
Chase se encogió de hombros mientras me estudiaba
atentamente.
—¿Y cenar después de eso? —insistió.
Yo sacudí la cabeza con más vehemencia.
—Tengo otros planes. Lo siento.
La habitación se quedó completamente en silencio
mientras él me miraba como si intentara descifrar si estaba
diciéndole la verdad. Y lo cierto es que me sentía culpable
realmente porque no estaba siendo sincera con él. Chase y yo
nos conocíamos desde que yo era una niña. Mucho antes de
que desarrollara ese estúpido enamoramiento de él, era como
el hermano mayor que nunca había tenido.
Mi corazón dio un vuelco y di una bocanada profunda y
ansiosa antes de decir:
—Será mejor que me vaya, Chase. Ha sido agradable
verte de nuevo, pero ya te he quitado suficiente tiempo. Eres
un director ejecutivo multimillonario ocupado. Estoy segura
de que tienes mejores cosas que hacer que sentarte aquí
hablando con la mejor amiga de tu hermana.
Parecía nervioso y lo sabía, pero no podía hacer nada con
la estúpida atracción que sentía por Chase Durand cada vez
que lo volvía a ver. Simplemente empeoraba cada año.
Podría haberme pasado toda la noche aquí sentada
hablando con Wyatt. Todavía lo sentía como un hermano
honorario. Pero la mera idea de hacer lo mismo con Chase me
hacía entrar en pánico.
Caminé hacia la mesa para recoger mi bolso, sintiendo
cómo me perforaba la mirada de Chase mientras él decía en un
tono bajo y fascinante:
—Yo no estoy tan seguro de prefiera hacer otra cosa que
pasar un tiempo contigo. Savannah. Ha pasado demasiado
tiempo desde que tuvimos la oportunidad de ponernos al día.
«¡Hostias!», pensé. Sabía que no pretendía que esa voz de
barítono suya fuera seductora, pero me tentaba de un modo
que nada más lo conseguía. «¡Mantén la compostura,
Savannah! ¡No le interesas de esa manera!».
Dejé escapar un suspiro agitado y giré para encontrármelo
frente a mí con mi bolso en mano. Obligándome a no huir
como una idiota, le sonreí.
—Lo dices de una manera tan encantadora que casi te creo
—bromeé mientras avanzaba y me forzaba a darle un abrazo
fraternal. Intenté no inspirar su aroma único, masculino y
atractivo, pero fracasé estrepitosamente.
Cerré los ojos, resistiéndome al instinto de enterrar toda la
cara en su cuello.
«¡Mierda!». Tocarlo sentaba tan bien, olía tan
increíblemente alucinante que apenas pude evitar gemir de
placer. Clavé los dientes en mi labio inferior mientras él
envolvía mi cintura con un fuerte brazo para devolverme el
gesto.
Cuando finalmente me di cuenta de que estaba
alargándolo demasiado, mis ojos se abrieron de golpe y
rápidamente me separé de su cuerpo musculoso y espléndido.
La acción fue casi dolorosa, pero tenía que separarme de
Chase o avergonzarme con el hermano mayor de mi mejor
amiga.
—Cuídate, Chase —dije, forzando una voz despreocupada
mientras me dirigía hacia la salida de la suite.
—¿Savannah? —inquirió él con voz ronca mientras yo
empezaba a abandonar la cocina.
Yo me volví porque no pude evitar mirar una vez más al
único hombre que deseaba pero que nunca podría tener.
—¿Sí? —Contuve la respiración al ver la intensidad y el
conflicto en sus ojos.
Chase parecía querer decir algo que no supiera muy bien
cómo expresar. Nuestras miradas se encontraron y el corazón
me dio un vuelco cuando sus iris se tornaron de un gris oscuro,
casi como si quizás se sintiera atraído por mí.
No lo sentía. Yo lo sabía. Simplemente era un truco de la
luz de la habitación, pero una podía fantasear unos segundos,
¿no? En ese momento, quise decirle cómo me sentía
realmente. Quería decirle que me encantaría pasar el día
siguiente con él y también toda la noche, si eso era lo que él
quería. Cualquier cosa para aliviar el anhelo persistente que
este hombre dejaba en mi interior.
Él inspiró hondo y mi breve período de locura me
abandonó cuando finalmente dijo con voz ronca:
—Ten cuidado ahí fuera, Vanna.
La decepción inundó mi ser. Pero, en serio, ¿qué esperaba
que dijera? Aunque me consideraba lo bastante atractiva, yo
no era exactamente el tipo de supermodelo preciosa con el que
solía salir Chase cuando era más joven. Yo tenía curvas, el
cabello rubio ceniza en lugar de platino, y mis ojos eran de un
color miel indefinido. Nada en mi aspecto inspiraría deseo ni
un ligero interés siquiera por parte de un chico como Chase
Durand. Me pasaba la mayor parte de mi tiempo trotando por
el mundo en lugares violentos y poco recomendables, lo cual
distaba mucho de ser glamuroso.
«No se siente atraído por ti, Savannah. Abre los ojos».
—Lo haré —musité mientras le daba la espalda y huía
hacia la puerta lo más rápido que podía sin parecer
absolutamente impaciente por escapar. Al dejar la bonita suite
del hotel, me prometí a mí misma que nunca más volvería a
acercarme tanto ni de manera tan humillante a revelar lo que
sentía por Chase Durand. Mi amistad con Torie lo significaba
todo para mí, y no pensaba que los restos de un
enamoramiento ridículo se interpusieran entre mi mejor amiga
y yo. Había evitado estar a solas con Chase durante años.
Podía seguir haciéndolo todo el tiempo que fuera necesario en
el futuro fácilmente.
Chase
En el presente…

—¿Qué cojones quieres decir? —le pregunté a Marshall


mientras nos informaba sobre una posible situación de rescate
en la sala grande de misiones del cuartel general de Last Hope
—. ¿Cómo puede estar desaparecida Savannah Anderson?
Siete pares de ojos estaban vueltos hacia el líder de Last
Hope mientras esperábamos que Marshall nos lo explicara.
Casi me mata ver la angustia en el rostro de mi hermanita
Torie. Savannah era su mejor amiga desde la infancia y las dos
estaban increíblemente unidas. Miré a mi hermano mayo,
Wyatt, que estaba sentado junto a mí, y reconocí su expresión
turbada, que probablemente era un reflejo de la mía.
Hudson Montgomery también estaba presente, junto con
sus hermanos Jax y Cooper. La mujer de Jax, Harlow, que era
una climatóloga especialista voluntaria en Last Hope, también
miraba a Marshall expectante. Este había enviado un código
de rescate de emergencia para que lleváramos nuestros traseros
al cuartel lo antes posible, así que yo sabía que lo que fuera a
decir no podía ser bueno.
—Quería decir exactamente lo que acabo de decir —
contestó Marshall airadamente desde su lugar en la cabecera
de la gran mesa de reuniones—. Desapareció hace una semana
mientras estaba destinada en Bajo Chiquito con un encargo.
Nadie lo llama secuestro. Las autoridades de Panamá dicen
que es probable que se alejara deambulando y se perdiera. El
pueblo está rodeado de selva. Sin embargo, todas las tentativas
de búsqueda han resultado vacías.
Observé a Marshall mientras nos entregaba un sobre
grande a cada uno de nosotros. Yo agarré el mío con muy poco
interés, ya consciente de lo que había en su interior.
Contendría una comprobación detallada de los antecedentes de
Savannah y cualquier información sobre el caso que tuviera
Marshall. Era el procedimiento normal cuando nuestra
operación de rescate voluntario sopesaba cualquier tipo de
rescate.
En ese momento, yo tenía asuntos más urgentes que
pensar que la información sobre el papel, sobre todo porque
conocía a Savannah desde que era niña. No necesitaba su puta
biografía. Tenía que saber qué estaba pasando realmente.
«¡Dios!». Sabía por la forma en que Marshall había
elegido cuidadosamente sus palabras que había mucho que aún
no nos había contado.
—Esa zona es bastante remota —dijo Hudson en tono
pensativo—. ¿Qué estaba haciendo en esa región de Panamá?
El Tapón del Darién era una ruta traicionera y muy
peligrosa que conectaba Norteamérica y Sudamérica. La
utilizaban migrantes principalmente para escapar de
circunstancias intolerables en otros países. Esa zona no solo
presentaba desafíos físicos extremos al cruzar, sino también la
posibilidad muy real de secuestros y ataques de bandas
criminales que tenían su hogar en la selva de Darién.
—Estaba haciendo un reportaje especial para Deadline
America sobre la crisis humanitaria allí debido al elevado
número de personas que cruzan el Tapón del Darién ahora
mismo. La cantidad de niños que llegan a través de ese tramo
infernal de noventa y seis kilómetros de selva es
particularmente alarmante —explicó Marshall.
—Se suponía que regresaría a San Diego hace casi una
semana para buscar una nueva casa —dijo Torie en tono
nervioso—. Tras días intentando localizarla después de que no
se presentara, finalmente le pedí a Marshall que me ayudara.
No es propio de Vanna cambiar sus planes sin más y no
hacérmelo saber. Sabía que algo andaba mal.
—Me costaba creer que una periodista experimentada
como Savannah se hubiera adentrado en la selva sin más —
comentó Marshall pensativo—. Después de consultar con
algunas de mis fuentes y hablar con su productor frenético, sé
que no lo hizo.
Las fuentes de Marshall eran legendarias. Tenía gente que
podía proporcionar información y recursos en casi todos los
rincones del planeta, probablemente a ambos lados de la ley.
Pero ninguno de nosotros había dudado nunca de la exactitud
de su información. El tipo tenía un historial perfecto.
Hudson Montgomery se cruzó de brazos mientras decía:
—Solo cuéntanos que ha pasado, Marshall. Está bastante
claro que sabes dónde está. Si fue secuestrada, ¿dónde
demonios están las demandas de rescate?
—Ese es el problema —respondió Marshall—. No ha
habido ninguna. El Gobierno, tanto en Panamá como en
Estados Unidos, sigue tratándolo como un caso de
desaparición.
—Pero, por lo visto, tú tienes la verdad —dijo Jax con
ironía.
—Lo más cercano que he podido conseguir, en cualquier
caso —replicó Marshall en tono estoico—. Mis fuentes ficen
que fue secuestrada por una banda criminal rebelde
colombiana. En un principio, pensaron que traería un buen
precio en el mercado de la trata de personas porque es una
personalidad de la televisión estadounidense. Los idiotas no se
dieron cuenta de que tendrían dificultades para traficarla
porque su cara es reconocible. Nadie quiere que lo atrapen con
una mujer estadounidense y, mucho menos, con una
preeminente.
«¡Joder!». No era como si yo no entendiera cuánto tráfico
de drogas y personas se producía en la remota selva del
Darién, pero…
—Yo creía que las bandas colombianas evitaban cruzar a
Panamá porque no querían arriesgarse a ser capturadas por el
Senafront —dije en voz alta, preguntándome por qué a los
criminales no les había preocupado la policía fronteriza de
Panamá.
Marshall asintió.
—Normalmente, no se adentran mucho en Panamá solo
por esa razón. Los migrantes que atraviesan el Tapón del
Darién por lo general están seguros una vez que entran en
Panamá y llegan a Bajo Chiquito. Aparentemente, esto no es
una red de crimen muy organizado. Solo unos pocos canallas
que se separaron de un grupo más grande. En realidad, no
controlan ningún territorio en Colombia, por lo que tuvieron
que ser mucho más audaces y actuar en Panamá para ganar
dinero.
—Es una locura que se adentren tanto en Panamá para
secuestrar a alguien. Esta mierda solo suele suceder cuando los
inmigrantes pasan por el Tapón del Darién —señaló Jax.
Marshall levantó una ceja.
—Exactamente. Estoy seguro de que el equipo de
Deadline America pensó con razón que estaban relativamente
seguros filmando desde esa zona —convino—. Así que, eso os
dice con qué clase de lunáticos vamos a lidiar aquí.
Wyatt gruñó para mostrar su acuerdo antes de preguntar:
—¿Tienes una ubicación?
—Sí, pero es una región remota de Colombia en el Darién
—advirtió Marshall.
Yo no pensaba cuestionar la necesidad de que nos
adentráramos. Ambos gobiernos tardarían demasiado en
abandonar la teoría de la persona desaparecida, y Savannah no
tenía ese tiempo. Ya íbamos casi una semana por detrás del
secuestro. Aunque no dudaba que Marshall tenía la ubicación
correcta ahora, eso podía cambiar en cualquier momento si
estos cabrones encontraban un comprador para Savannah.
Me dolía el estómago de pensar cuánto podría haberle
sucedido a ella a estas alturas. Habían pasado días sin que
fuéramos conscientes siquiera de que había sido secuestrada.
Savannah me gustaba mucho. Siempre lo había hecho. Ella
estaba empezando el instituto cuando yo me fui a la
universidad, pero nos habíamos encontrado ocasionalmente a
lo largo de los años porque ella y Torie estaban unidas.
Intenté con todas mis fuerzas no pensar en cuánto me
había percatado de lo mucho que había madurado muy
recientemente. La última vez que la vi hacía meses en la boda
de Cooper y Torie, la mujer en la que se había convertido me
había resultado prácticamente imposible de ignorar.
—No es que no estemos acostumbrados a hacer rescates
en lugares difíciles —le recordé a Marshall—. Me apunto.
Vamos a necesitar un helicóptero para acercarnos a ese lugar.
Soy tu puñetero piloto.
Como expiloto del 160.º Regimiento de Aviación de
Operaciones Especiales, yo era uno de los pocos pilotos de
helicópteros involucrados en Last Hope. También sabía que
era el mejor y el más capaz de entrar y salir de situaciones
difíciles de manera segura.
Marshall me lanzó una mirada dubitativa.
—No tienes que hacer esto personalmente, Chase.
Podríamos utilizar…
—No va a pasar —le interrumpí con voz ronca—. Voy yo.
Conozco a Savannah desde que era niña, Marshall. Esto es
algo que tengo que hacer personalmente.
No pensaba permitir que nadie más fuera en busca de la
mejor amiga de mi hermana. De acuerdo, tampoco pensaba
admitirle a nadie que algo en mi interior me corroía las
entrañas para ir a buscar a Savannah yo mismo, pero esos
instintos estaban ahí. No eran algo que pudiera ignorar sin
más.
—Yo también voy —dijo Wyatt en un tono que,
probablemente, nadie iba a discutir.
Marshall puso los ojos en blanco y dejó escapar un suspiro
de resignación.
—¿Qué ha pasado con eso de que vosotros ya no ibais a
dirigir misiones vosotros mismos?
—Eso fue antes de que unos cabrones decidieran joder a
alguien a quien conocemos y que nos importa —respondí
enfadado, aún intentando controlar mis emociones.
—Lo entiendo —comentó Hudson—. Yo mismo he
pasado por eso. No voy a objetar.
Asentí con la cabeza, agradecido de que Hudson
comprendiera mi postura. También me alegraba que Wyatt se
hubiera presentado voluntario. Necesitaba su temple y
habilidades en esta operación en particular.
—¿Tengo que preguntar si vosotros dos necesitáis
refuerzos? —inquirió Marshall secamente.
—Me apunto si los necesitan —dijo Cooper con firmeza.
—Yo también —farfulló Hudson.
—Y yo —se ofreció Jax.
Wyatt y yo sacudimos la cabeza al mismo tiempo. Aunque
yo agradecía que todos estuvieran dispuestos a jugarse el
pellejo, Wyatt y yo podíamos ser más disimulados si
estábamos solos. Había considerado por un instante la ayuda
de Jax, porque tenía más formación médica que el resto de
nosotros, pero sabía que Wyatt podía lidiar con prácticamente
cualquier cosa que surgiera hasta que pudiéramos llevar a
Vanna a un hospital.
—Probablemente sea mejor así —convino Marshall—.
Esta operación debe ser lo más silenciosa posible, ya que
ninguno de los gobiernos está dispuesto a admitir que se la
llevaron.
—Aunque sea mi mejor amiga, nunca le hablé a Vanna de
Last Hope porque operamos en el más absoluto secreto —dijo
Torie desde su asiento a mi lado—. No estará esperando que
los dos aparezcáis allí precisamente. Quierro que vayáis,
porque confío en ambos para traer a Vanna de vuelta sana y
salva. Pero tampoco quiero que resultéis heridos.
Se me hizo un nudo en la garganta al ver el conflicto en
los ojos de Torie. Me alegraba que confiara en Wyatt y en mí
para traer de Savannah de vuelta a casa. Solo deseé tener la
misma fe en que podíamos traerla de vuelta ilesa. Teniendo en
cuenta quién era el enemigo esta vez, no estaba seguro de
cómo estaría Vanna cuando fuera rescatada.
También tenía que considerar al menos el hecho de que
podría estar muerta en la selva a estas alturas. Especialmente si
resultaba ser más problemática que valiosa para estos
imbéciles. Su objetivo era hacer una venta rápida y pasar a la
siguiente.
Se me retorció el estómago ante la idea de que nadie
hiciera daño a Savannah, pero no podía ceder a esos
pensamientos en ese preciso instante. No sería capaz de
concentrarme. Sonreí a mi hermana pequeña para
tranquilizarla y le dije:
—Todavía no he muerto y muchas personas han querido
matarme.
Torie me dio un puñetazo en el brazo mientras respondía:
—Deja esas mierdas arrogantes. Puede que tú y Wyatt
seáis duros, pero no sois completamente intocables. También
sois humanos.
¿Acaso yo no lo sabía? Había estado más cerca de morir y
de la muerte de lo que quería admitir ante mi hermana
pequeña.
—Estaremos bien, Torie —dijo Wyatt con firmeza antes
de mirar a Marshall—. ¿Qué más sabemos?
Marshall frunció el ceño.
—Hablé antes con Jennifer, la productora de Savannah.
Dijo que dio la alarma casi de inmediato después de que
Savannah no volviera de una zona de duchas al aire libre antes
de que oscureciera. Cuando el equipo técnico empezó a
buscarla, lo único que encontraron fue la ropa sucia de
Savannah esparcida por el suelo al pie de los escalones de
fuera. Parece que la dejó caer cuando se la llevaron.
—¿Por qué está tan empeñado el Gobierno en creer que se
alejó y se perdió? —preguntó Jax—. Como has dicho,
Savannah no es ninguna novata a la hora de sobrevivir en
lugares peligrosos. La he conocido. Es extremadamente
inteligente. No es realmente factible que se adentrara sin más
en la selva y dejara la ropa en el suelo.
Marshall se encogió de hombros.
—Probablemente porque en esa zona normalmente no se
producen secuestros. Es la única posibilidad que quieren
aceptar ahora mismo.
—Es más espabilada que eso —dijo Torie, la voz
temblando de emoción—. Vanna es pragmática y racional. Yo
sabía desde el principio que ella nunca haría nada para ponerse
en ese tipo de situación. Tenemos que encontrarla. Yo sé por lo
que probablemente está pasando en este momento.
Observé cómo Cooper acercaba su silla a Torie y la
rodeaba con un brazo protector.
—La encontraremos, cariño —le aseguró a mi hermana
pequeña.
Ver la angustia de Torie me dio ganas de arrancarle la
cabeza a cada uno de los secuestradores de Savannah. Mi
hermana no solo estaba preocupada por su mejor amiga, sino
que las circunstancias seguramente traerían a Torie recuerdos
horribles de su propio secuestro. También estaba enojado
porque Savannah siempre había sido como una segunda
hermana para mí.
Bueno, hasta hace poco. Hasta el día en que Cooper y
Torie se casaron. Para mí, algo había cambiado ese día. No es
que nunca me hubiera dado cuenta de lo atractiva que era
Savannah Anderson, pero no fue solo mi pene lo que ese día
me motivaba a quedarme más tiempo en Las Vegas para pasar
un tiempo con ella. Lo que sea que me había animado a actuar
tan fuera de lugar ese día había sido lo bastante fuerte para
hacerme ignorar mi sentido común.
¿Realmente había pensado que alguna vez me vería como
algo más que el hermano de su mejor amiga? Demonios, no
tenía idea de por qué me decepcioné cuando ella me rechazó
como si fuera un grano en el trasero. Pero no había dejado de
pensar en ese rápido rechazo desde el día en que se produjo.
«¡Mierda!». Tenía que dejar de intentar averiguar por qué
Savannah se marchad ese día como si tuviera un petardo en su
hermoso trasero. Obviamente, no quería pasar ni un minuto
más en mi compañía. ¿Realmente importaba por qué se sentía
así? Desde luego, yo había captado el mensaje. Por desgracia,
su falta de entusiasmo por quedar conmigo no había cambiado
mi deseo de estar con ella. Todavía pensaba en ella desde la
boda de Cooper y Torie.
«Todos los putos días».
Me puse de pie, tan agitado que ya no podía seguir
sentado.
—¿Puedes programar un pequeño helicóptero para
nosotros en Panamá? —le pregunté a Marshall—. Necesitaré
algo que pueda aterrizar en un espacio reducido. Wyatt y yo
tenemos que empezar a movernos.
Era un vuelo largo en avión a Centroamérica y yo no
quería esperar ni un minuto más para empezar. Cada momento
que desperdiciábamos ponía a Savannah en mayor peligro, y la
necesidad de llegar a ella estaba matándome. Tanto si quería
verme la cara como si no, iba a rescatar a Savannah Anderson.
Cuando supiera que ella estaba a salvo, yo me mantendría tan
ocupado que no tendría tiempo para pensar en que ella era la
primera mujer con la que quería pasar tiempo desde hacía
mucho.
Chase

—¿Estás seguro de que no necesitáis una traductora? —


preguntó Torie ansiosa mientras me veía reunir dos mochilas
para Wyatt y para mí en la sala de equipamientos—. Sé que
hablas francés como un nativo, pero dudo que puedas
mantener una conversación en castellano.
Le lancé una mirada que decía “ni de coña vas a venir con
nosotros” antes de seguir empacando. No iba a llevar a mi
hermanita a un agujero infernal, aunque Savannah fuera como
una hermana para ella. Y no solo éramos Wyatt y yo quienes
pondríamos objeción esta vez.
—Ni hablar —dije con firmeza—. Cooper me cortaría las
pelotas.
Me lanzó una sonrisa triste.
—Sé que nunca podré estar a vuestra altura, pero la espera
va a volverme loca. Vanna es dura como una roca. Lo sé. Pero
me da pavor pensar que no vuelva, Chase.
Un escalofrío me recorrió la espalda cuando Torie
mencionó la posibilidad que yo no me había permitido ni
plantearme.
—Volverá —gruñí, no muy seguro de si intentaba
convencer a Torie o a mí mismo de que aquella afirmación era
cierta. Fallar no era una opción. Savannah Anderson estaba
viva y la traeríamos a casa. Y punto. No había otra opción
posible.
—Tú también estás preocupado —dijo suavemente—. Lo
noto.
—Estoy… inquieto —mascullé—. Savannah era como
una hermana pequeña para mí cuando éramos más jóvenes.
—¿Y ahora? —preguntó.
¡Joder! ¿Cómo responder a esa pregunta? Y ¿cuándo
había dejado de ser Savannah una hermana honoraria para mí?
Sinceramente, había pensado mucho en eso últimamente.
Probablemente fue antes de que ella pasara de mí en la boda
de Torie y Cooper, pero yo había tenido el suficiente sentido
común para ignorar esa posibilidad antes de aquello.
Había algo en la mirada herida de los preciosos ojos de
Savannah mientras hablaba de su relación fallida que me hizo
tambalearme aquel día. El hecho de que un imbécil la hubiera
engañado era más de lo que yo podía soportar, evidentemente.
Saber que Savannah estaba sola y vulnerable había despertado
un nuevo instinto protector en mí.
En algún momento, decidí que ella definitivamente
merecía algo mejor y había a la ridícula conclusión de que
sería mucho mejor para ella salir con tipos que nunca fueran a
hacerle daño. Alguien como… yo. Ella ya había salido por la
puerta antes de que yo reflexionara y me diera cuenta de lo
tonta que había sido la idea. Así que, sí, quizás esa irresistible
atracción había estado allí antes de la boda de Torie, pero yo
había sido lo suficientemente inteligente para hacerle caso
omiso antes de aquel día. Había visto cada reportaje que ella
había hecho para Deadline America con una mezcla de horror
y admiración a lo largo de los años.
Siempre quise proteger a Savannah, incluso cuando era
niña, por lo que era difícil descifrar exactamente cuándo la
preocupación por su seguridad se había vuelto menos fraternal.
No es como si alguna vez le hubiera comentado mis
inquietudes a ella, o a nadie más, dicho sea de paso. Ella era,
después de todo, una mujer adulta, y meterse en situaciones
peligrosas formaba parte de su trabajo. Cuando veía sus
especiales en televisión, también sabía que Vanna podía cuidar
de sí misma y que tenía más sentido común que la mayoría de
la gente, pero eso no me impedía desear que no se pusiera en
peligro tan a menudo.
—Me sigue importando su bienestar, Torie —contesté
finalmente, mientras añadía algunos artículos de primeros
auxilios a nuestras mochilas.
Torie frunció el ceño.
—Creo que te importa más que eso. Vi como la mirabas
en mi boda, Chase. Quizás estuve un poco lenta en darme
cuenta, pero creo que te gusta.
¡Joder! ¿Tan evidente había sido?
—No es así. —Mentí sin dudarlo—. Y, aunque así fuera,
Vanna no siente eso por mí. Éramos amigos, Torie. Ella es
brillante y yo disfruto de un animado debate cada vez que nos
vemos. Eso es todo lo que hay.
—No estoy tan segura de eso. —Reflexionó Torie—. A
mí me parece que ella te miraba del mismo modo en que tú la
mirabas a ella.
—No es verdad —dije llanamente mientras embutía más
suministros en las mochilas. Diablos, más valía que cortara
aquello de raíz. Conociendo a mi hermanita, me habría
perseguido hasta la muerte si hubiera pensado que a su mejor
amiga le gustaba de verdad. —Savannah y yo nos quedamos
hasta que todos los invitados marcharon. Le dije que quería
quedar con ella al día siguiente. Me rechazó de plano.
—¿En serio? —Preguntó Torie en tono confuso—. Qué
raro. Quizás solo dudaba después de lo que le hizo Bradley.
El comentario de Torie llamó inmediatamente mi
atención.
—¿Qué hizo ese capullo?
Por el tono de mi hermana, se podía saber que la situación
no era tan sencilla como Vanna había retratado.
Ella soltó un suspiro exasperado.
—¿Nunca ves las noticias del corazón? Había vídeos de él
por todos lados con otra mujer cuando se suponía que seguía
con Vanna, y él dejó muy claro que era algo sexual. Humilló
muy públicamente a Vanna. Los paparazzi la acosaron durante
meses para que hiciera declaraciones sobre cómo se sintió
cuando el capullo la dejó. Ella estaba realmente dolida, aunque
intentara aparentar que no era para tanto. Vanna no ha salido
con nadie desde entonces y pasó hace casi dos años.
¡Mierda! ¿Dónde estaba yo cuando eso pasó? Por otra
parte, no solía seguir las noticias del corazón, y Wyatt y yo
habíamos pasado mucho tiempo en Francia los últimos años.
—No lo sabía —confesé—. Me dijiste que estaba saliendo
con alguien famoso. No me di cuenta de que hacía tanto que se
había acabado. Ella me contó que él la engañó, pero actuó
como si no hubiera sido algo importante para ella. En cierto
modo, yo sospechaba que no era cierto.
Probablemente había evitado escuchar nada sobre su
relación. Incluso entonces, me molestó que pudiera ir en serio
con otro tipo. Probablemente no quería admitirlo. Ni siquiera a
mí mismo.
Sabiendo lo que sabía ahora, debí haber prestado atención.
La mera idea de algún imbécil hiriendo y humillando a Vanna
me revolvía las tripas.
—¿Cuándo ha admitido Vanna algo que no sea estar bien?
—preguntó Torie con un suspiro—. Puedo ver a través de esa
piel de rinoceronte que lleva para protegerse, pero dudo que
mucha gente lo haga.
—Tiene que ser dura para hacer lo que hace —le recordé a
Torie.
—Lo sé —contestó ella—. Pero creo que ambos sabemos
que esa no es la auténtica Vanna. Tiene un corazón blando tras
esa piel dura. Temo por ella, Chase. Sé lo que es estar retenida
como rehén con pocas esperanzas de sobrevivir a esa
situación. Debe de estar aterrorizada.
—Torie —dije con cautela, preocupado porque no
estuviera preparada para ver a la Vanna que quizás acabáramos
trayéndole de vuelta. Sabía que yo de seguro no lo estaba y he
visto muchas cosas que espero mi hermana pequeña nunca
tenga que saber que existen—. Te das cuenta de que Vanna
quizás no sea la misma cuando regrese, ¿verdad?
Había tratado con demasiados secuestros. La gente
raramente sigue siendo la misma tras ser retenida prisionera.
—No importa —respondió con obstinación—. Ella me
cuidó incluso después de que mi experiencia me cambiara
profundamente. Yo era la misma Torie para ella. Vanna me
ayudó a mantener la cordura. Haré lo mismo por ella.
—Vuestras situaciones podrían ser diferentes —le advertí.
—O podrían ser extremadamente similares —respondió
ella—. También fui secuestrada por una banda criminal que no
tenía respeto por la vida, Chase.
—Pero a ti no…
—¿Me violaron? —interrumpió sin aliento, sonando algo
aterrorizada—. Sí, Chase. Sé que este no es un buen momento
para hablar de esto, pero tengo que hacerlo. Nunca quise que
Wyatt y tú lo supierais porque ya os culpabais ridículamente
por un secuestro que nunca podríais haber impedido. Sé
perfectamente lo que es sentir esa desesperanza e impotencia.
Nunca debí haberos mentido a ti y a Wyatt, pero quería que
dejarais de sentiros culpables y no estaba preparada para
hablar del tema, especialmente con mis dos hermanos
mayores. Ahora, ya no importa realmente. He superado todo
eso y estoy más feliz que en toda mi vida. Solo quiero que
sepas que lo entendería si eso le pasara a Vanna.
Mi cuerpo se tensó mientras me giraba para mirarla.
Quería estar furioso, pero me di cuenta de que no tenía
derecho a estarlo. Lo que le pasó a ella eran sus secretos para
compartirlos con quien ella quisiera. También me di cuenta de
que aun cuando había estado tan rota, sus pensamientos eran
siempre para salvarnos a Wyatt y a mí del dolor adicional.
—¿Lo sabe Coop? —pregunté roncamente.
Ella asintió.
—Sí, por supuesto. Él y Vanna son los únicos que saben lo
que pasó.
Tragué saliva.
—Sabes que Wyatt y yo lo habríamos entendido.
—Lo sé —respondió en voz baja—. Solo es que no estaba
preparada para contároslo a ninguno de los dos. Quiero que lo
sepas ahora porque ya no importa. Le contaré a Wyatt la
verdad, también, antes de que os vayáis. Necesito que ambos
sepáis que le pase lo que le pase a Vanna, puedo con ello
porque lo he vivido. Esos cabrones que me secuestraron ya no
merecen ni uno solo más de mis pensamientos. Ahora tengo a
Cooper y prefiero con mucho pensar en mi maravilloso
marido.
Abrí los brazos y Torie se lanzó a ellos sin dudarlo. La
abracé tan fuerte que seguramente no era cómodo para ella,
pero no se quejó.
—¡Jesús! Lo siento tanto, Torie —murmuré contra su
pelo.
Ella me abrazó tan fuerte como pudo.
—Estoy bien, Chase. Lo prometo. No podrán volver a
tocarme, física o emocionalmente. Por favor, no culpes a
Cooper o Vanna por no contártelo. Les pedí que no dijeran
nada.
—Diablos, no podría enfadarme con ninguno de ellos,
aunque quisiera. Tienes derecho a tu privacidad.
Definitivamente no puedo enfadarme con Cooper por intentar
defender a la mujer que ama —le dije.
Sinceramente, me alegraba que Coop fuera terriblemente
leal a Torie. Solo odiaba el hecho de que ella hubiera sufrido
incluso más de lo que pensábamos. ¿Tenía derecho a
enfadarme porque no le contara todo a sus hermanos,
especialmente algo tan personal? Diablos, no. No es como si
yo no tuviera cosas de las que tampoco quisiera hablar.
—Lo he superado, Chase. Tengo una maravillosa vida que
no podría haber soñado hace un año. He pasado página.
Espero que tú y Wyatt lo hagáis, también.
Dejé marchar a Torie mientras se sacudía del abrazo.
Vanna me dijo que pusiera lo que le había pasado a Torie en el
pasado, donde pertenecía, y tenía razón.
—Supongo que todos debemos hacerlo —admití, aún no
muy seguro de cómo apagar mis instintos de hermano mayor
hacia mi hermanita. Casi seguro que nunca desaparecerían,
pero ahora tenía a Cooper y confiaba en él para guardarle las
espaldas a Torie.
—Tienes que hacerlo —insistió—. Desgraciadamente,
Cooper ya se preocupa por mí lo suficiente por ti y Wyatt. Lo
último que necesito es a otra persona preocupándose por mi
bienestar.
Le sonreí. No hacía tanto, me habría costado mucho
imaginar a Cooper Montgomery perder la camisa por nada,
especialmente una mujer.
—Su lógica de genio y su capacidad de raciocinio parecen
salir por la ventana cuando se trata de ti —asentí conforme.
Ella cruzó los brazos sobre el pecho mientras decía:
—Así es. Completamente. Si no le amara del mismo
modo, su necesidad de mantenerme a salvo me volvería
completamente loca. Pero lo amo, y no me molesta, aunque
sea sobradamente capaz de cuidar de mí misma.
—Entonces, ¿qué puedo hacer para ser un mejor hermano
mayor ahora que tienes a Cooper? —pregunté con aspereza.
Ella me dio un toque en el brazo antes de decir:
—Tú y Wyatt habéis sido siempre los mejores hermanos
que nadie pudiera esperar tener. Os quiero tanto a ambos. Solo
seguid queriéndome y apoyándome como lo habéis hecho
siempre. Nunca seré suficientemente vieja o adulta como para
no necesitar eso.
Diablos, Torie era una de las mujeres más fuertes que
hubiera conocido. Había dado tumbos por todo el mundo
durante años como traductora para la ONU antes de su
secuestro. Quizás Wyatt y yo habíamos estado algo
controladores desde aquel incidente del secuestro porque
nuestro padre ya no estaba. Pero era obvio que ella ya no
necesitaba que actuáramos como padres protectores. Quizás
nunca lo había necesitado.
Levanté mis manos en señal de rendición jocosamente.
—Haré lo que pueda, pero si Cooper alguna vez la caga…
—No lo hará —dijo ella con confianza—. Ahora ponte en
marcha y tráeme de vuelta a mi mejor amiga. Siempre que siga
con vida, puedo afrontar cualquier infierno por el que haya
pasado. Solo necesito volver a ver su cara, Chase.
—Yo también —confesé sin realmente pararme a pensar
en mis palabras.
Torie resopló.
—Entonces intenta dejar de convencerme de que esta
misión es solo para rescatar a una amiga de la infancia. Te
conozco, Chase.
Ignoré su presunción porque pensé que era mejor
simplemente dejarlo pasar.
—¿Estarás disponible aquí en caso de que necesitemos
intérprete?
—Sabes que sí y que todos estaremos monitorizando toda
la operación —contestó—. Vanna habla algo de español, por lo
que no será totalmente ajena a lo que esté pasando.
Levanté una ceja.
—¿Hay algo más que deberíamos saber?
Torie asintió despacio.
—Aunque no lo demuestre, ella no es completamente
irrompible. Cada triste historia de la que hace un reportaje se
come un pedacito de su alma porque tiene más compasión y
más empatía por la gente que está sufriendo de lo que quiere
admitir. Sé que vosotros dos bromeáis y debatís entre vosotros
cuando os habéis visto en el pasado, pero hay mucho más en
Vanna de lo que se ve en la superficie.
Lo sabía. Savannah no había sido tan reservada de niña.
—Si podemos rescatarla, tendré cuidado de no herirla —le
prometí a Torie.
—Por favor, ten cuidado. Los dos —dijo ella como un
ruego.
Levanté las dos mochilas sobre un hombro y besé a Torie
en la frente antes de decir:
—De ninguna puñetera manera ni Wyatt ni yo vamos a
permitir que unos idiotas nos asalten.
Me lanzó una mirada escéptica.
—Estoy segura de que eso es lo que Cooper pensó cuando
me llevó de vueltas al Amazonas, y mira lo que pasó. Ninguno
de vosotros es invencible y a veces pasan cosas horribles.
—No esta vez —respondí bruscamente. Había demasiado
en juego como para joder este rescate en particular. Necesitaba
traer a Savannah Anderson de vuelta a casa, donde debía estar.
Donde estaba a salvo. Donde no necesitaba sentir miedo.
Donde nadie podía herirla.
No tendría un momento de paz hasta conseguirlo.
Savannah

Quería desesperadamente un trago de agua, pero ni siquiera


podía abrir los ojos y, mucho menos, levantarme de la cama
para tomar uno. Sentí un estallido de dolor en la cara y luego a
través de todo el cuerpo, más notablemente en el hombro
izquierdo y las costillas. Y tenía calor. Tenía muchísimo calor
y estaba sedienta.
«¿Dónde estoy?». Por algún motivo, no era capaz de
razonar lo que me estaba pasando o por qué la superficie
debajo de mí era tan dura. «Desde luego, no estoy en una
cama. ¿Por qué no puedo abrir los ojos?¿Por qué mi mente
está tan confusa?».
Recordaba vagamente haber empezado a despertarme de
esta manera antes, pero luego… nada.
«¡Mierda!». Tenía que abrir los ojos. Necesitaba ver qué
estaba pasando. Intenté concentrarme y luego me sentí
completamente impotente porque no conseguí levantar los
párpados.
«No te rindas. Sigue intentándolo». Dejé de concentrarme
en abrir los ojos por un momento y solo escuché.
El coro de insectos era inconfundible, junto con el grito
ocasional de un pájaro que no reconocía.
«Sonidos de la selva».
¿Cómo era posible que todavía estuviera en la selva? Lo
último que recordaba era haber hablado con mi productora
sobre nuestro horario y que saldríamos de Panamá a la mañana
siguiente. ¿Qué había pasado después de eso?
«¡Maldita sea!». Cuanto más intentaba recordar, menos
claros parecían los acontecimientos. Pequeños retazos de lo
que supuse que eran recuerdos me atravesaban la mente como
destellos, y no sabía si eran reales o imaginados. ¿De verdad
me había dirigido a la ducha al aire libre después de charlar
con Jen? Mi cuerpo se tensó al recordar un momento de pánico
que nunca había experimentado en toda mi vida. No podía
respirar. ¿Realmente me habían atacado por la espalda?
«¡Mierda!». ¿Por qué no lo recordaba? Nada de esto tenía
sentido. Quizás estuviera teniendo alucinaciones. Tal vez nada
de aquello había pasado. Quizás estuviera soñando. Y de ser
así, estaba costándome muchísimo despertar.
Empecé a tiritar, a pesar de sentirme como si estuviera a
punto de entrar en combustión espontánea del calor. Intenté
abrazarme el cuerpo, pero apenas pude mover las manos.
«¡Mierda!». ¿Por qué no podía mover las manos? Y ¿por qué
era tan horroroso el dolor cuando lo intentaba? El miedo, el
dolor y la frustración me superaron cuando no conseguí mover
los brazos.
«¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!». De alguna manera tenía
que encontrarle el sentido a lo que me estaba pasando. El
instinto me decía que probablemente mi vida dependía de mi
capacidad de sacudirme lo que estuviera limitando mis
movimientos.
Tenía que refrescarme y conseguir agua. Tenía que
resistirme a lo que me estaba provocando ese dolor y falta de
movilidad. Sobre todo, tenía que aclararme la cabeza para
poder decidir qué hacer exactamente.
Estaba casi segura de que no estaba soñando. Estaba en un
aprieto. Presentía que aquella situación era real, y era el
mismo instinto que me había salvado el pellejo varias veces a
lo largo de los años. La confusión en mi cerebro comenzó a
disiparse ligeramente. Lo suficiente para darme cuenta de que,
de hecho, seguía en la selva.
Mi discusión con Jen, mi productora, realmente había
tenido lugar. Teníamos programado salir de Panamá al día
siguiente. Pero algo había sucedido.
Estaba herida o enferma, o ambas cosas, en la selva del
Darién. No recordaba exactamente qué había sucedido después
de hablar con Jen, pero sabía que no habíamos salido de
América Central. Todavía estaba en la selva del Darién.
Tenía que levantarme. Necesitaba encontrar a mi equipo
técnico y hacerles saber que algo andaba mal conmigo. Tenía
que usar este momento de claridad para mover el trasero.
«¡Levántate, Savannah! ¡Levántate de una vez!». No
podía abrir los ojos. Mis brazos no funcionaban. Tal vez si
pudiera sentarme, ayudaría.
Estaba acostada bocarriba, así que intenté doblar un poco
las rodillas para ayudarme a sentarme. Ignoré el terrible dolor
que me causó cuando empecé a mecer el cuerpo para
sentarme. Estaba tan débil que apenas podía moverme, pero
traté de superarlo. Antes de que me diera tiempo a
balancearme hasta sentarme, de repente caí de nuevo sobre mi
espalda de un poderoso golpe en las costillas.
—¡Perra estúpida! —exclamó una voz masculina que
sonaba malvada en un inglés con mucho acento—. Creo que
quieres morir.
Una sensación helada me recorrió la espalda cuando me di
cuenta de que reconocía ese barítono chirriante. Este cabrón
era la razón por la que me dolía todo. Probablemente fuera
bueno que yo estuviera demasiado débil y tuviera la boca
demasiado seca para hablar.
Mi capacidad de recordar de repente se aceleró y envió
una sacudida de terror por mi cuerpo. Intentar luchar, intentar
escapar, no me había llevado a ninguna parte. Cada vez que
me resistía, me golpeaban. Ahora lo recordaba, aunque mi
mente no estaba del todo despejada. No podía mover las
manos porque estaba fuertemente atada. Lo más probable era
que no pudiera abrir los ojos porque estaban cerrados por la
hinchazón. Me había resistido con todas mis fuerzas a mis
secuestradores, pero había perdido esa batalla y todas las
batallas adicionales que luché desde entonces.
El pánico llenó mi ser cuando reconocí el hecho de que ya
no sabía cuánto tiempo había estado cautiva en medio de la
selva. Repetí tantas veces este ciclo de olvidar para luego
recordar algo de lo que me había pasado que perdí la cuenta.
Después de la primera vez, mis recuerdos se habían vuelto
cada vez más confusos. Cada vez tardaba más en recordar que
era rehén de cuatro imbéciles que me veían solo como una
posible nómina.
Mi estado se deterioraba rápidamente. ¿Me despertaría la
próxima vez? El terror me inundó cuando escuché a mi
carcelero hurgando entre sus pertenencias.
«¡Por favor, otra vez, no! ¡Otra vez, no!».
Mi cuerpo estaba golpeado y roto, pero al menos quería
mantener la mente intacta. Ahogué un sollozo de ira e
impotencia cuando sentí clavarse la aguja en el brazo. Las
drogas que poseía esta banda criminal eran potentes y yo sabía
que solo tenía unos momentos antes de hundirme en la
oscuridad, preguntándome si volvería a despertar.
A juzgar por mi confusión con cada despertar, estaba casi
segura de que estaban aumentando la dosis con cada
inyección, con la esperanza de mantenerme tranquila durante
un período de tiempo más largo.
Sabía que mi lucha por permanecer consciente era
infructuosa, pero intenté resistirme a los efectos de las drogas
de todos modos.
«Alguien debe haberse percatado de que he desaparecido.
Mi equipo debe de estar buscándome», me dije.
Mi muerte no era una certeza total mientras el rescate
fuera posible, ¿verdad? Traté de no caer en el pánico y
aferrarme a ese pequeño rayo de esperanza mientras caía en el
gran agujero negro que instantáneamente me tragó por
completo, otra vez.
Chase

—¿Estás bien? —preguntó Wyatt sin hacer ruido sentado


en su sillón reclinable mientras íbamos camino de Panamá en
mi avión privado.
Mi hermano y yo habíamos hablado sobre la confesión
que Torie había hecho en la sede central justo después de
embarcar, pero habíamos permanecido en silencio las últimas
horas.
Mis ojos volaron a su cara mientras escuchaba el
murmullo del motor del avión acercándonos cada vez más a
nuestro destino. Ambos habíamos estado repasando el papeleo
que Marshall nos había dado sobre Savannah.
—Sí. ¿Por qué lo preguntas?
Wyatt se encogió de hombros.
—No te he visto mover así la pierna en años. ¿Estás
nervioso?
Abrí la boca para negar que estuviera inquieto, pero de
repente me di cuenta de que había vuelto a un tic nervioso que
había superado hacía mucho tiempo.
Mi pierna estaba saltarina, como si estuviera más que
impaciente por llegar al aeropuerto en América Central.
¡Mierda! Me había librado de ese fastidioso y delatador
hábito hacía años (justo después de unirme a la 160). Mostrar
cualquier señal de emoción durante una operación era
peligroso.
Inmediatamente paré el movimiento espasmódico.
—Lo siento —balbuceé al notar la mirada de
preocupación de Wyatt—. No estoy nervioso por la misión en
general, aunque no hemos hecho una nosotros mismos desde
hace mucho tiempo. Te guardo las espaldas. Solo quiero sacar
a Vanna de allí.
La expresión de mi hermano mayor era severa mientras
contestaba:
—Ni una vez me he preocupado por la misión o tus
habilidades. Te pregunto como tu hermano mayor si estás
inquieto por Savannah. Para serte sincero, yo también estoy
preocupado por ella. Torie se morirá si no podemos traerla de
vuelta con vida. Y siempre me gustó Savannah. En el pasado
no pasé tanto tiempo con ella como tú, pero es buena persona
y una periodista condenadamente buena. No se merece esto.
Dejé escapar un suspiro pesado. Wyatt y yo siempre
hemos estado unidos. Sí, discutíamos y él podía ser un cínico
sarcástico y capullo a veces, pero yo nunca había dudado que
quería a su familia y a la gente que le importaba. Cuando
estaba en una misión solía concentrarse en ella únicamente,
pero esta era un poco diferente porque conocía a Savannah y
se preocupaba por ella, que lo era todo para Torie.
Tal vez yo hubiera pasado más años con Savannah cuando
era más joven, antes de que yo me marchara a la universidad,
pero eso no quería decir que él no la considerase familia. Ella
era la mejor amiga de Torie y la mujer que había estado al lado
de nuestra hermana pequeña durante la peor experiencia de su
vida. Esto era suficiente para que Wyatt se sintiera protector
con Savannah.
—Ella es más que una buena persona —admití—. Es
jodidamente alucinante, Wyatt. Solo pensar que está pasando
dolor o que está en problemas no me sienta bien.
Él asintió.
—Me lo figuraba —dijo sencillamente.
—¿Qué significa eso? —le pregunté mientras le lanzaba
una mirada confusa.
—Ella es más para ti que simplemente la mejor amiga de
Torie —replicó Wyatt, con tono irritantemente confiado.
—No lo es —dije apresuradamente—. Quiero decir, que
no debería serlo. ¡Joder! No puede serlo. El hecho es que es la
mejor amiga de Torie. Me ve como un hermano mayor
honorario, Wyatt. Siempre lo ha hecho.
Él levantó una ceja.
—Quizás no digo mucho, pero ¿crees que la gente no se
dio cuenta de cómo os mirabais en la boda de Torie? Tal vez
vosotros estabais enfrascados en algún debate, como siempre.
Pero vuestras miradas decían algo completamente diferente.
—¡Dios! —espeté con disgusto—. ¿Todo el mundo cree
que vio algo que no existe?
Primero Torie, y ¿ahora Wyatt?
—Oh, estaba ahí —corrigió él—. Creo que eras tú quien
no lo veía. Dudo que todo el mundo se diera cuenta. Solo la
gente que te conoce. Ha pasado mucho tiempo desde que has
mirado a una mujer como si desearas que estuvierais solos y
desnudos.
—Es atractiva —murmuré—. Me di cuenta en la boda de
Torie. Fin de la historia.
—¿Y? —incitó Wyatt.
—Es inteligente —añadí a regañadientes—. Siempre ha
sido divertida para discutir en modo de debate amistoso.
Wyatt no habló. Solo me lanzó una mirada expectante.
¡Mierda! Odiaba como mi hermano mayor podía hacerme
hablar sin decir una palabra.
—Ok, ¡maldita sea! —dije bruscamente—. Ojalá
estuviéramos ya allí. Odio pensar que alguien está hiriendo a
Vanna. Sí, perdí momentáneamente la cabeza cuando los dos
estábamos solos tras la boda de Torie. Le pedí salir. Me
rechazó de plano. Eso fue todo. Pero eso no quiere decir que
no la siga considerando… una amiga de la familia.
—Y una mierda —farfulló Wyatt.
Lo fulminé con la mirada.
—¿Qué significa eso? —Me estaba cansando de hacerle
esa pregunta.
—Un hombre no deja de sentirse atraído por una mujer
porque esta le rechace. Y si no me equivoco, ese interés era
mutuo —contestó Wyatt.
De repente odié el modo en que Wyatt podía parecer
desinteresado, pero en realidad se daba cuenta de cada puto
detalle en su entorno.
—No era mutuo. Hazme caso —contesté irritado—.
Déjalo estar, Wyatt. Es un rescate importante porque significa
mucho para Torie.
Sabía que Savannah había dejado perfectamente claro que
no podía esperar a salir de allí después de que le pidiera una
cita aquel día. Era evidente que la había sentir incómoda.
Probablemente supo que mi verga estaba dura y eso hizo
que saliera corriendo.
—Sigo pensando que mientes —dijo Wyatt arrastrando las
palabras—. Pero si no quieres hablar de ello, lo dejaré
correr… por ahora. Necesitamos centrarnos en el rescate ahora
mismo.
Diablos, tampoco quería hablar de toda esta historia
después.
—No fue nada de todos modos —dije con voz ronca—.
Solo un breve periodo de locura transitoria. Lo tengo
superado.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste uno de esos?
Pensé en la pregunta de Wyatt antes de contestar con
evasivas:
—No se me ocurre ninguno ahora mismo.
—Exacto —contestó calladamente—. Ahora centrémonos
en la operación.
Le lancé una mirada irritada antes de dirigir la mirada al
archivo que ambos estábamos estudiando.
No es como si Wyatt tuviera algún motivo para andar
dando consejos de relaciones. No podía recordar la última vez
que había salido en una cita o mostrado algún interés real en
alguien que no fuera familia o amigos.
En su mayoría, éramos ambos adictos al trabajo que
habían estado intentando probar que éramos dignos de heredar
el enorme imperio de nuestro padre.
Last Hope se llevaba todo el tiempo que teníamos libre
fuera de Durand Industries.
Ahora que habíamos reubicado la mayoría de nuestras
sedes de vuelta en San Diego desde París, probablemente
tendríamos más tiempo libre. Simplemente no estaba seguro
de si alguno de nosotros tendría la inclinación de pasar menos
tiempo en el negocio.
Después de todo, tenía un buen motivo para evitar las
relaciones, que eran algo que había olvidado temporalmente
cuando seguí ese impulso de pedirle una cita a Savannah.
Wyatt, sin embargo, no lo tenía. O si lo tenía, yo
ciertamente no lo conocía. Simplemente se mantenía firme en
mantener su estatus como uno de los solteros de oro
mundiales. No es que creyera que él quisiera ese título.
Básicamente, solo quería que le dejaran en paz.
—No hay nada importante aquí que no supiera ya —dije
mientras ponía los papeles de nuevo en orden.
—Nunca supe que estaba saliendo con Bradley Warner —
reflexionó Wyatt—. El muy cabrón hizo su vida pública
miserable y su cara aún más reconocible, por desgracia.
Quizás por eso simplemente no está preparada para salir con
otro tipo de perfil alto . No puedo decir que la culpe.
—Sabía que salía con un tipo famoso. Solo que no sabía
con quién hasta que lo leí en el papeleo —le informé,
esperando que se desviara en otra dirección. Lo último en lo
que quería pensar era en la vida sexual de Savannah.
Warner era un imbécil total, una estrella de películas de
acción que probablemente se veía bien en pantalla, pero tenía
mierda en el cerebro y ninguna motivación de ayudar a nadie
excepto a sí mismo en la vida real.
—No tendría sentido para los secuestradores matarla —
dijo Wyatt pensativo mientras repasaba los papeles—.
Supuestamente están intentando formar su propia banda
criminal. Necesitan fondos.
—¿Qué pasa si la cosa se calienta demasiado para ellos y
no pueden venderla? —pregunté—. Ella es conocida y sus
captores son idiotas. ¿Quién te dice que no querrán matarla si
no pueden encontrar un comprador privado?
Mi tripa reaccionó negativamente a la idea de encontrar a
Savannah muerta, pero me resistí incluso a considerar esa
opción. Aunque también existía la posibilidad de que hubiera
sido vendida y trasladada antes de que pudiéramos encontrarla,
intentaba no pensar en eso tampoco.
No importa dónde la hubieran llevado, la encontraría,
joder.
—Lo dudo —respondió Wyatt—. Dudo que se caliente la
zona colombiana de la selva del Darién. Sin mencionar el
hecho de que ella es su único premio por el momento. Allí hay
muchas drogas, pero necesitan contactos para venderlas.
Diablos, si tienen ya alguno de esos contactos, se la habrán
llevado ya a Dios sabe dónde. En cierto sentido, supongo que
es una suerte que fuera secuestrada por inútiles.
Asentí. Wyatt tenía razón. Si una banda con experiencia se
hubiera llevado a Savannah, habrían traficado con ella bastante
fácilmente con sus contactos, aunque ella tuviera una cara
reconocible.
—Por otro lado, dudo que los experimentados la hubieran
tomado como rehén en primer lugar —refunfuñé.
Las bandas criminales inteligentes y establecidas no se
habrían arriesgado. Controlaban amplios territorios y tenían
multitud de posibles víctimas ya que una plétora de migrantes
cruzaba el Tapón del Darién cada año.
—Cierto —admitió Wyatt—. Aun así, vamos a
recuperarla.
Giré la cabeza para encontrarme una mirada decidida en la
cara de mi hermano mayor.
—¿Te sientes a la altura de esto? —le pregunté—. Hace
mucho tiempo.
Me lanzó una mirada irritada.
—¿Estás intentando decirme que estoy demasiado mayor
para esto? He pasado años liderando un equipo Delta Force de
miembros de élite en operaciones altamente clasificadas
mucho más difíciles que esta.
Ok. ¿Estaba Wyatt poniéndose un poco a la defensiva por
el hecho de que iba a cumplir cuarenta en su próximo
cumpleaños o qué?
¡Mierda! No necesitaba ponerse susceptible por eso. Yo
solo iba unos años por detrás de él.
No es como si dudara de su experiencia o sus habilidades.
Mi hermano tenía pelotas de acero y estaba además más en
forma que muchos tipos con la mitad de edad.
—Diablos, no —le dije—. Eso no es lo que estoy
diciendo, pero han pasado algunos años desde que hemos
hecho un rescate en persona.
Como los hermanos Montgomery, Wyatt y yo
intentábamos mantener un perfil bajo al involucrarnos en Last
Hope ya que nuestras caras eran reconocibles.
Pasar desapercibidos era una importante ventaja para
nosotros, y lo sabíamos.
—Siempre estoy preparado —soltó arrebatado—. ¿Y tú?
Le sonreí mientras citaba el lema de la 160 SOAR.
—Los acechadores nocturnos nunca abandonan. —En un
tono más serio, añadí—: Sabes que confío más en ti que en
nadie más para guardarme las espaldas.
Wyatt asintió con fuerza.
—Igualmente. No podía quedarme sentado y verte asumir
esto sin estar aquí. Sé la importancia de mantener un perfil
bajo, pero también entiendo por qué te ofreciste voluntario.
Este caso es personal.
—No podía quedarme sentado en la sede de Last Hope
dirigiendo esta misión mientras otro estaba aquí fuera
buscando a Savannah —confesé.
—Claro que no —me reafirmó Wyatt—. La
encontraremos y la llevaremos a casa.
Un nudo comenzó a formarse en mi garganta mientras
contestaba con firmeza:
—Tenemos que hacerlo.
—Lo sé —contestó mi hermano. Por suerte no insistió en
mi admisión. En lugar de eso, sacó el mapa y comenzó a
estudiarlo—. Deberías ser capaz de aterrizar tu pájaro en un
pequeño claro que esté lo suficientemente cerca de la
localización de Savannah —dijo él en tono serio que no
admitía disputa—. Desde allí, iremos un poco remando en
canoa para conseguir una buena localización para entrar en la
jungla. Los Marshall tendrán un guía local esperando para
tener un ojo en el helicóptero.
Yo ya sabía que “un poco remando en canoa” era de hecho
un tramo largo del río.
Ya había memorizado de memoria toda la ruta y nuestros
planes, pero no me importó repasar los detalles. Me apartó de
pensar en nada más.
—No creo que a Marshall se le haya escapado ningún
detalle —le dije a Wyatt.
Planeamos los tiempos de la operación para que toda la
misión ocurriera bajo la cobertura de la oscuridad, lo que no
era un problema para mí. Había pasado la mayoría de mi
carrera militar volando de noche y en misiones en el
crepúsculo.
—¿Se le escapa algún detalle a Marshall alguna vez? —
preguntó Wyatt secamente—. Estoy casi seguro de que el tipo
nunca duerme.
Solté una risita.
—Todo el mundo involucrado en Last Hope es muy
quisquilloso. Tenemos que serlo. Pero Marshall es uno de esos
tipos que sobresale en pensar cada mínima cosa que pudiera ir
mal y tener un plan preparado para cada posibilidad.
—Razón por la que es tan respetado y por la que los tipos
que salen de Operaciones Especiales están dispuestos a jugarse
el pellejo en el mundo civil —señaló mi hermano.
—Cierto —coincidí—. No habría Last Hope sin Marshall.
Aunque a veces me pregunto por qué decidió dedicar su vida
civil a una organización de voluntarios.
—No creo que estuviera preparado para jubilarse —
susurró Wyatt—. Necesitaba un propósito. Lo entiendo, al tipo
sin duda le vendría bien algo de tiempo libre. —Comenzó a
apartar el mapa mientras añadió —creo que estamos
preparados. Necesitamos intentar dormir algo antes de
aterrizar. Tenemos unas pocas horas.
Tenía razón. Teníamos que estar lo más descansados
posible.
Me levanté para volver a mi cama.
—¿Chase? —dijo bruscamente mi hermano.
—¿Sí?
—Asegúrate de dormir de verdad —exigió Wyatt—. No
hay nada que podamos hacer hasta que lleguemos a Panamá.
Asentí. Dormiría porque tenía que hacerlo, pero dudaba
que soñase con nada ni nadie que no fuera Savannah.
Savannah

—¿Vanna? ¡Háblame, cariño! ¡Venga!


Escuché la voz que me llamaba con urgencia en un susurro
ronco al oído, pero no lograba despertar. ¿Por qué me pedía
que hiciera eso?
—¡Savannah! ¡Joder! ¡Háblame, maldita sea!
La voz que había sonado tan lejos se acercó un poco.
Cuando algunos de mis sentidos empezaron a despertar, noté
algo que no había sentido durante lo que pareció una
eternidad: una ligera brisa en la cara. De repente me di cuenta
de que alguien tenía una mano delicada sobre mí, intentando
de despertarme de una sacudida, por lo visto.
«Seguro que no es uno de mis captores, porque este roce
no me duele».
—Le di algo de Narcan antes de que subiéramos al bote
porque estaba tan drogada que apenas respiraba —comentó
una voz distinta en un susurro más áspero—. Pero dudo que
solo estuvieran dándole opiáceos. No contrarrestará algunas de
las otras drogas.
A través de mi niebla mental, comencé a preguntarme si
alguien estaba tratando de ayudarme. Al menos dos personas,
de hecho. Ambos eran hombres, pero ¿eran estos dos tipos
amigos o enemigos? Mientras mi mente se aclaraba un poco
más, también noté que la segunda voz había mencionado…
¿un barco?
«¡Mierda!». ¿Estaba soñando?
Escuché, tratando de sacudirme la confusión lo suficiente
para darme cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Definitivamente estábamos en el agua. Notaba el balanceo de
estar en movimiento en el río. Un momento de pánico se hizo
presa de mí, pero lo aplasté. ¿Dónde me llevaban?
—Respira, pero tiene el pulso acelerado y todo su cuerpo
tiembla. Venga, Savannah. Háblame. Discute conmigo si
quieres. Incluso te dejaré ganar el debate —me engatusaba la
primera voz en un tono más tranquilo mientras volvía a
agitarme ligeramente.
—Creo que podría tener sepsis por las heridas —contestó
la segunda voz—. No tuve mucho tiempo para hacer un
reconocimiento a fondo, pero algunas de las heridas de
Savannah parecen gravemente infectadas.
De acuerdo, estaban usando mi nombre. Eso era…
diferente. Tal vez debería haberme aterrado que me alejaran de
mi ubicación anterior, pero, por alguna razón, ya no lo estaba.
Finalmente me di cuenta de que alguien me acunaba con
cuidado en su regazo, un brazo firme pero suave en torno a mi
cintura.
—Savannah —volvió a sonar la voz junto a mi oído—.
Torie está preocupada por ti. Quiero poder decirle que te
pondrás bien. Háblame. Aunque solo sea para mandarme a la
mierda. Necesito saber que tu cerebro funciona.
Todo mi ser recibió un choque que me hizo prestar mucha
atención. Dios, ahora reconocía esta voz. «¿Chase?».
La posibilidad de que Chase Durand estuviera allí en la
selva del Darién era menor que cero, pero no lograba
sacudirme el instinto de que era él quien me abrazaba, quien
me suplicaba que despertase.
Me obligué a abrir los ojos, que finalmente obedecieron,
pero no veía nada excepto oscuridad. Era noche cerrada.
—Mucha sed —logré decir con una voz que no sonó
como la mía. Notaba la garganta como una lija y fue un alivio
cuando la persona que me sujetaba me ofreció un trago. El
instinto tomó el control y bebí, a pesar de que no veía
absolutamente nada.
—Bebe despacio —dijo la voz; el tono sonaba aliviado de
que finalmente hubiera abierto los ojos.
Di otro sorbo. Y luego otro. Bebí despacio hasta que
finalmente me quedé satisfecha.
—Por favor, dime que estáis aquí para llevarme de vuelta
a casa —dije con un sollozo ahogado.
—Estamos aquí para protegerte y llevarte a casa —
respondió obedientemente la voz divertida.
«Espera. ¿No es eso lo que dicen en las películas cuando
envían a los marines a rescatar a alguien?». Sacudí la cabeza,
con la esperanza de que eso disipara la confusión. No lo hizo.
—¿Militares? —inquirí.
—No exactamente, pero solíamos serlo si eso te hace
sentir mejor.
—¿Chase? —solté su nombre sin pensar—. ¿Eres tú?
—Soy yo, cielo. Wyatt está remando para ponernos a
salvo —me dijo en voz baja—. Ya ha pasado, Vanna. Estás a
salvo.
Todavía estaba desorientada, pero el alivio que inundó mi
cuerpo fue muy, muy real. Intenté contener un sollozo, pero la
mano amable que acariciaba mi cabello me hizo perder esa
batalla.
Enterré la cara en el hombro de Chase, tratando de no
hacer ruido porque no tenía la certeza de que estuviéramos
totalmente fuera de peligro. Traté de hablar en voz baja al
preguntar:
—¿Cómo es posible? ¿Dónde estamos? ¿Y cómo habéis
llegado hasta aquí? ¿Qué hacéis aquí? ¿Cómo me habéis
rescatado? ¿Cómo conseguís ver nada? La oscuridad es total
aquí.
—Son muchas preguntas de una vez. Relájate, Vanna —
apuntó—. Responderé a todas tus preguntas tarde o temprano.
¿Cómo te encuentras?
—Creo que estoy enferma, Chase —murmuré, incapaz de
dejar de tiritar descontroladamente—. Sé que estaba muy
drogada y no estoy segura de si estoy herida, porque me duele
todo el cuerpo.
—Lo sé, cariño. Te llevaremos a un buen hospital lo más
rápido posible. Una vez que lleguemos al helicóptero, Wyatt
puede ver tus heridas mientras yo me apresuro en llevarte al
hospital. Estás herida, deshidratada, desnutrida y
probablemente tienes septicemia. No te voy a engañar.
Por extraño que parezca, en realidad era reconfortante que
estuviera siendo completamente sincero.
—Gracias. Ayuda a saber la verdad. He estado tan
drogada que no estoy segura de cuánto tiempo llevo aquí.
—Ha pasado una semana —respondió él—. Tardamos en
darnos cuenta de que te habían secuestrado porque nadie vio ni
oyó nada. El gobierno creía que simplemente te alejaste y te
perdiste. Hubo interminables partidas de búsqueda que no
encontraron nada. Torie dio la alarma cuando no volviste a San
Diego a tiempo. Sabía que algo iba mal.
—¿Cómo me encontrasteis? —pregunté, la mente todavía
confusa.
—Esa es una historia más larga —dijo amablemente—.
Centrémonos en cosas más sencilla de momento.
—Dios, me siento tan aturdida —gemí—. Todavía no
estoy segura de no estar alucinando.
—Son las drogas y la infección —respondió él—. Wyatt y
yo estamos aquí y vamos a llevarte a casa. Tendrás que confiar
en mí. Quiero orientarte, pero no quiero abrumarte por ahora.
Obtendrás todas las respuestas difíciles más tarde. Solo quiero
que sepas que estás a salvo, Vanna.
«¿A salvo?», me pregunté. Sinceramente, no había
experimentado nada excepto miedo y dolor desde el momento
en que me percaté de que estaba siendo secuestrada.
—Estaba tan asustada, Chase —reconocí en voz baja, el
corazón admitiendo lo que mi mente no podía en ese
momento. Chase estaba allí. Era real. Él y Wyatt estaban
rescatándome de verdad. Por ridículo que pareciera, estaba
sucediendo realmente—. Intenté escapar —le expliqué—. Me
golpeaban a cada intento. Sabía que iban a traficar conmigo.
Supongo que les resultaba más fácil mantenerme inconsciente.
Fue entonces cuando empecé a perder la noción del tiempo.
Chase meció mi cuerpo lentamente.
—Has sido valiente, Vanna, y tendrías que estar loca para
no cagarte de miedo. Sobre todo, desde que te diste cuenta de
cuáles eran sus intenciones. ¿Te agredieron sexualmente?
Tenemos que saberlo para tratarte cuando lleguemos al
hospital.
Sacudí la cabeza despacio.
—No creo. Si lo hicieron, no lo recuerdo. He estado tan
perdida…
—Está bien —dijo Chase en tono ronco—. Haremos que
te chequeen de todos modos. No te frustres porque no
recuerdes las cosas. Estabas drogada. Wyatt te dio Narcan para
contrarrestar los efectos de los opiáceos, pero estoy seguro de
que también te sedaron, razón por la que no puedes pensar con
claridad.
—Quiero recordar —le dije—. Simplemente… no puedo.
Gran parte de toda la experiencia seguía siendo un gran
espacio en blanco en mi mente. Había pasado cautiva una
semana entera, pero lo único que recordaba era el primer día
más o menos.
—No pasa nada, Vanna. Ahora mismo, vamos a que te
pongas bien —contestó Chase con voz firme y reconfortante.
Yo dejé escapar un breve suspiro. Como si tuviera
elección. Era muy poco probable que mi cabeza fuera a
aclararse de pronto.
—Supongo que tendré que concentrarme en eso —le dije
—. No estoy para debatir contigo ahora mismo.
Aquel Chase era nuevo para mí. Este hombre que me
abrazaba me tranquilizaba suavemente y me hacía sentir
segura era una parte de él que no había visto desde que era
niña. Me había curado varias veces cuando era niña, pero
probablemente yo había olvidado lo amable y tranquilizador
que podía ser.
Pero esta vez éramos mayores y no podía negarse que era
diferente.
—Maldita sea —dijo en un tono burlón—. Contigo en este
estado, tendría la oportunidad de ganar un debate.
—Siempre ganas de todas maneras —protesté yo
débilmente.
—Mi padre era parisino —farfulló—. Tuve mucha
práctica. Y tú dabas tu punto de vista con suficiente
frecuencia.
Intenté sonreír, pero era doloroso. Recordaba cuánto le
gustaba un debate animado al padre de Torie.
—Ya estamos aquí —dijo Wyatt en un tono firme que no
admitía tonterías—. Vamos a poner a volar a este pájaro.
Noté el golpe del barco al conectar con la tierra e hice una
mueca. «¡Mierda!». Me dolía todo.
—Esto va a doler, Vanna. Tengo que trasladarte al
helicóptero. Lo siento —dijo Chase, la voz plagada de
remordimiento.
—No veo nada, Chase. ¿Hay alguien aquí para sacarnos
volando? —pregunté desorientada porque no veía nada más
que oscuridad.
Di por hecho que Chase y Wyatt llevaban una especie de
gafas de visión nocturna, ya que parecían no tener problema
orientándose en la oscuridad.
—Sí —respondió en tono jocoso—. Yo. ¿Lista para poner
tu vida en mis manos, cariño?
De pronto caí en la cuenta de que Chase iba a sacarme de
allí pilotando él mismo. Contuve un grito cuando me cambió
de postura en sus brazos.
—No tengo nada de miedo —respondí sinceramente
mientras jadeaba para aguantar el dolor—. Según Torie, eras
uno de los mejores pilotos de helicóptero del mundo.
—Aún lo soy —replicó mientras se ponía en pie—.
Agárrate fuerte, Vanna. Esta es la parte realmente
desagradable.
Solté un gemido de dolor que no logré ahogar cuando él
empezó a moverse. Todo me dolía tanto que noté que la
oscuridad se cernía sobre mí. Me resistí. Finalmente era un
poco consciente de lo que estaba pasando. No quería perder
esa consciencia ahora.
—¡Dios! Lo siento, Vanna, pero tengo que sacarte de este
maldito barco. Creo que tienes el hombro dislocado y sé que
va a doler muchísimo —me dijo al oído.
Cuando bajó del barco de un salto, la agonía de mis
lesiones se volvió demasiado para aguantar y perdí la batalla
por no quedarme inconsciente.
Chase

Dos semanas después, sentía que había atravesado el infierno


y vuelto de nuevo. Savannah se había recuperado en el mejor
centro médico en Ciudad de Panamá, pero el camino a esa
mejora había sido precario para mí. Cuando por fin vi en qué
condiciones estaba a la luz del día, quise matar a los cuatro
bastardos que la habían agredido. Ahora, aún quería matarlos,
pero mi mente estaba algo más calmada dado que ella ya había
superado lo más difícil. Pero también ayudaba que los cuatro
capullos responsables de su secuestro ya habían sido todos
detenidos, declarados culpables y encarcelados.
Supe que nunca olvidaría el grito de angustia que salió de
su boca en el momento en que salté del bote para meterla en el
helicóptero. O los indefensos gemidos de agonía después de
aquello. El vuelo a Ciudad de Panamá pareció el más largo que
jamás hubiera tenido, aunque fuera relativamente corto. Vanna
había perdido la consciencia y permanecido ausente y fría
durante todo el vuelo, lo que había sido una bendición para
ella.
Echando la vista atrás, fue un puñetero milagro que Vanna
tuviera fuerza para hablar mientras estaba en el bote.
Le habían arreglado el hombro dislocado y ya no
necesitaba cabestrillo. Sus costillas fracturadas estaban
sanando. Un cirujano plástico había reparado lo mejor que
pudo las heridas de su cara. Los médicos tenían sus dolores
bajo control desde poco después de llegar y, tras muchos
antibióticos intravenosos de los que perdí la cuenta, estaba por
fin libre de la infección que había invadido todo su cuerpo.
Así que, ¿por qué me sentía tan hipervigilante, aunque su
condición mejoraba e iba a llevarla a casa para terminar su
recuperación?
Diablos, la verdad es que aún se la veía tremendamente
frágil cuando se sentó en el borde de la cama en la habitación a
bordo de mi avión privado. No había ganado todo el peso que
había perdido, y las curas de las laceraciones en su rostro
parecían dolorosas y rabiosas en contraste con su pálida piel.
Me estaba sonriendo mientras me ponía en jaque en el
tablero de ajedrez, pero sus preciosos ojos avellana aún
estaban ligeramente turbados.
No es que ella hablara mucho de sus miedos, pero esa
mujer había sido más valiente en su recuperación que un
soldado herido del doble de su tamaño, aunque yo veía que la
inquietud seguía allí.
Iba a llevar tiempo. Lo sabía. Con suerte, ella se sentiría
más segura una vez que estuviéramos de vuelta en los Estados
Unidos.
—Jaque —dijo al terminar su movimiento.
Levanté una ceja en mi posición con piernas cruzadas en
el otro lado del tablero.
—¿De verdad piensas que puedo salir de esta?
Podía librarme perfectamente del jaque, pero diablos,
tenía que darle crédito a Vanna por haber podido jugar tan bien
mientras aún se estaba recuperando de sus lesiones.
El suspiro que salió de sus labios fue directo a mi mientras
ella respondía susurrante:
—Estoy segura de que puedes, pero me entretiene ver
como lo haces.
—Malvada —murmuré mientras pensaba en qué
movimiento hacer.
Savannah era una digna oponente, y estaba seguro de que
podía ganar tantos juegos como perdió viendo sus habilidades
en su actual situación.
—Gracias por quedarte conmigo hasta que estuviera
mejor —dijo mientras me veía hacer mi movimiento—. Te has
perdido las vacaciones con tu familia, Chase.
Me encogí de hombros.
—No ha sido nada. Torie habría sido aún más infeliz si
hubieras estado aquí sola. Estaba impaciente por llegar a
Panamá.
Pero no habría dejado a Vanna, aunque Torie hubiera
aparecido.
Mi hermanita había contraído una mala gripe, lo que la
había retenido en California. Ella y Savannah habían hablado
por teléfono, y Vanna le había asegurado a Torie que la vería
pronto para que mi hermanita no cogiera el jet de Cooper.
Wyatt se había quedado bastantes días para asegurarse de
que Vanna estaba fuera de peligro. Volvería a los Estado
Unidos para gestionar algunas cosas en Durand que tenían que
estar terminadas para el comienzo del año.
—Ha sido mucho —contestó ella—. No sé qué habría
hecho sin ti.
Yo no estaba seguro de cómo responder.
¿Cómo habría podido estar en cualquier otro lugar?
Había estado temeroso incluso aunque había estado justo
allí a su lado.
No estaba seguro de cómo había pasado, pero estaba
totalmente obsesionado con protegerla hasta que estuviera bien
de nuevo. Para mí, tenía sentido como me sentía. Ella era la
mejor amiga de mi hermana pequeña y había tratado a Vanna
como una hermana cuando era una niña.
Sí, quizás esos antiguos instintos hacia Vanna habían
reaparecido vengativamente, pero ¿no era natural
considerando las circunstancias? No podría haberla dejado,
aunque hubiese querido, y no hubiera podido imaginar no
querer estar aquí para ella.
Quizás, en otro tiempo más feliz, tuve algún momento en
el que hubiera querido tenerla desnuda. Eso había sido una
mala idea y poco realista, especialmente cuando ya sabía que
ese grado de intimidad ya no era una opción. No sé en qué
estaba pensando el día de la boda de Torie en Las Vegas. Ya no
era el tipo que ninguna mujer querría a su lado en la cama. No
estaba seguro como lo había olvidado por un solo segundo. Lo
único que alguna vez podría ser para Vanna era un amigo y un
protector. Ninguno de esos roles me era imposible para mí. De
hecho, estaba bastante seguro de que era el hombre perfecto
para ese papel.
Vanna era vulnerable, y necesitaba tanto un protector
como un amigo ahora mismo.
—Jaque mate —informé mientras hacía finalmente mi
movimiento.
Ella arrugó la ceja al ver el tablero.
—¡Maldita sea, Chase! Pensé que te tenía. ¿Por qué no lo
vi venir?
Bueno, veamos… ¿Quizás porque estuvo a punto de morir
por poco y aún estaba recuperándose?
No… Vanna nunca se daría una tregua a sí misma por eso.
—Esa es la idea, ¿verdad? —me burlé—. Se supone que
no lo tienes que ver venir.
—Supongo —dijo ella, sonando descontenta mientras se
recostaba contra el cabecero.
Luché contra el impulso de reírme.
Oh, sí, esa era otra. A ella no le gustaba nada perder. No la
llamaría mala perdedora. Ella simplemente esperaba la
perfección de sí misma a todas horas.
—Pareces cansada —le dije mientras apartaba el ajedrez
—. Ya ha sido suficiente ajedrez por hoy.
—Estoy cansada todo el tiempo —dijo tristemente—. Y
antes de que lo sugieras, no necesito una siesta. Todo lo que
hago es dormir. Creo que es hora de que me expliques
exactamente por qué y cómo tu y Wyatt vinisteis a mi rescate.
Me dijiste que me lo explicarías más adelante. Estoy
recuperada. Cuéntamelo.
Vanna no estaba exactamente recuperada, ya que solo
acababa de recibir el alta del hospital. Me había hecho las
mismas preguntas bastantes veces a lo largo de los días
anteriores porque estaba más orientada y yo las había evitado.
Lo único que quería que se concentrase era en sanar. Ahora
que estaba perfectamente coherente, aquellas preguntas eran
cada vez más frecuentes.
A juzgar por la cabezonería de su mirada, no iba a
conseguir no dar explicaciones durante más tiempo.
Además, ella era rescatadora en Last Hope. Tendría que
saberlo antes o después.
—Como dije, es una larga historia —le advertí mientras
dejaba el juego de ajedrez en la mesita auxiliar.
Ella se cruzó de brazos.
—Bueno, estás de suerte, porque parece que no tengo otra
cosa que tiempo ahora mismo. Es un vuelo largo y no voy a
echarme una siesta, así que, suéltalo.
Sonreí porque adoraba su descaro. Era un signo seguro de
que se encontraba mejor.
En ese momento entendí completamente lo que Torie
había dicho de su máscara de rinoceronte exterior. Incluso
cuando era vulnerable, intentaba esconder esas emociones. A
veces con éxito. A veces… no, especialmente en los primeros
días de su recuperación, pero joder era una mujer resistente.
No podía sino maravillarme por el modo en el que había
llevado su recuperación.
Arrastré mi cuerpo contra el cabecero para que
estuviéramos sentado uno al lado del otro antes de empezar mi
explicación.
—Antes de que te cuente exactamente qué pasó, tengo que
enfatizar lo importante que es que esta información nunca
llegue a ninguna persona ajena.
Ella dudó antes de contestar.
—¿Qué información?
Dejé salir una respiración pesada. No tenía que describirle
Last Hope a nadie que no lo conociera desde hacía mucho
tiempo.
—Fuiste liberada por una organización civil de
voluntarios de rescates conocida como Last Hope. No
mantener esa información para ti misma podría ir en
detrimento de nuestros voluntarios y contactos en todo el
planeta.
—No estoy segura de entenderlo completamente —dijo
ella, sonando confusa.
No me sorprendió ya que no estaba precisamente
aclarando las cosas muy bien.
—Es complicado.
—Estoy escuchando —dijo ella con calma.
—Last Hope es una organización no gubernamental que
lleva años rescatando con éxito a víctimas de secuestro.
Marshall, el líder del grupo, era de operaciones especiales. Se
retiró tras una lesión que le forzó a apartarse del cuerpo antes
de lo que habría querido. Si el gobierno no quiere tocar una
situación hostil, Last Hope está generalmente dispuesta a
hacerlo. Todos los voluntarios que llevan a cabo misiones eran
previamente de las fuerzas especiales.
Giré la cabeza para verle la cara. Podía ver las tuercas
girar mientras intentaba procesar lo que le estaba contando.
—¿Cómo de grande es esta organización exactamente? —
me preguntó.
—Mundial —la informé—. No empezó así, pero ha
crecido con los años.
—¿Tú y Wyatt estáis los dos involucrados? —preguntó.
—Sí —le confirmé—. Ambos, junto con los hermanos
Montgomery, ayudamos a financiar y planear las operaciones.
Mientras giraba su cabeza para mirarme, pude ver la
sorpresa y el asombro en su mirada al preguntar:
—¿Hudson, Jax, y Cooper también están involucrados?
Asentí.
—Se apuntaron un poco antes de que lo hiciera yo. Wyatt
se apuntó justo después de que lo licenciaran, y luego yo me
hice voluntario cuando él me lo contó. Somos la única
organización que queda que tiene la escala y el tamaño para
realizar casi cualquier rescate sin ayuda gubernamental. Pero
que nuestra existencia continúe depende del secretismo.
Vanna movió ligeramente la cabeza, como si aún estuviera
asumiendo la información.
—¿Cómo acabó Last Hope viniendo a rescatarme? ¿Con
cuánta frecuencia tenéis Wyatt y tú que recorrer junglas para
traer rehenes a casa? Dios, ¿sabes lo increíble que suena todo
esto? Sé que me estás contando la verdad, pero todo parece
increíble. ¿Cuántos hombres terriblemente ricos están
dispuestos a lanzarse a peligrosas situaciones de secuestro?
Sonreí.
—Solo aquellos que ya lo han hecho muchas veces en el
ejército, y nosotros cinco ya no solemos llevar a cabo misiones
nosotros mismos. De hecho, todos decidimos que no lo
haríamos porque nuestras caras son reconocibles, y tenemos
multitud de voluntarios dispuestos a trabajar sobre el terreno.
Nosotros planeamos estrategias y somos el refuerzo desde la
sede en su mayoría.
—Vosotros vinisteis a rescatarme —señaló ella.
Me encogí de hombros.
—Era personal, y necesitábamos un piloto de helicópteros
que pudiera volar por la noche y moverse por un espacio muy
estrecho. ¿De verdad piensas que íbamos a dejar tu destino en
manos de otros, Savannah? Wyatt y yo te conocemos de toda
la vida. En tu caso, Torie estaba preocupada cuando no
volviste a San Diego en la fecha indicada, por lo que acudimos
a Marshall. Intervenimos porque eras considerada una persona
desaparecida y ninguno de los gobiernos estaba dispuesto a
salirse de esa postura. Last Hope sabía la verdad, pero las
fuentes de Marshall no son precisamente gentes que el
gobierno vería como creíbles. Ninguno de nosotros tiene
ningún problema con su información. Marshall nunca se ha
equivocado o nos ha defraudado cuando hemos necesitado
algo. Por desgracia, nosotros estábamos seguros de que tú no
podías esperar a que los gobiernos lo descubrieran por sí
mismos. Así que nos movimos en cuanto Marshall tuvo tu
localización segura. Todos decidimos que la operación estaría
más encubierta si éramos solo Wyatt y yo, pero todos se
preocupaban por tu seguridad, Vanna, especialmente Torie,
aunque Cooper y sus hermanos también ofrecieron sus
servicios.
La vi tragar saliva antes de decir:
—No tenía ni idea de nada de esto, asique sigo en shock.
Entonces, ¿Torie lo sabe?
—Lo sabe, pero desde hace poco —le dije—. Tras
recuperarse de su secuestro, decidió investigar algunos
rumores que había oído sobre Last Hope mientras trabajaba
para el FBI. Cuando finalmente encontró a Marshall, se
ofreció como traductora voluntaria. Poco después, descubrió
que Wyatt y yo habíamos sido parte de Last Hope desde hacía
años.
—¿Torie también es voluntaria? ¿Cómo es eso posible si
vuestros voluntarios han de haber pertenecido a las fuerzas
especiales?
—Cambio reciente de política —le expliqué—. Nadie
excepto antiguos miembros de las fuerzas especiales puede
hacer misiones de campo, pero Marshall empezó a relajar las
reglas cuando se trata de servicios especiales. La mujer de Jax,
Harlow, era especialista meteorológica en el ejército. Ella fue
la primera excepción. Las habilidades de traducción de Torie
era un valor, por lo que Marshall la inscribió, también.
—Espera —murmuró—. Pensé que Harlow dijo que ella y
Jax se casaban el día de San Valentín cuando la vi en la boda
de Torie.
Sonreí confiado.
—Tienes razón, ese era el plan. Pero Jax se impacientó y
en lugar de eso se escaparon a Las Vegas. Como Harlow no
estaba tan emocionada con una gran boda, yo diría que ella lo
incitó.
El evento había sido tan espontáneo que la familia
inmediata y los amigos apenas llegaron a tiempo a la boda.
Wyatt y yo llegamos por los pelos, y nosotros tenemos aviones
privados a nuestra disposición.
—¿Qué pasa con Hudson y Taylor? —Preguntó ella con
curiosidad.
—Oh, ellos tienen su boda planeada en octubre —
compartí—. Ha pasado mucho desde la boda de Torie.
—Supongo —dije con nostalgia—. Salí del país varias
veces después de que Torie se casara. Íbamos a ponernos al día
tan pronto como volviera a San Diego. ¿Taylor también es
parte de esta organización?
—De momento, no —le dije—. Taylor está terminando su
doctorado y trabajando como geóloga a tiempo completo para
Montgomery. Ya le ha dicho a Hudson que quiere ser
consultora tan pronto como termine su doctorado.
—¿Consultora? —preguntó ella—. ¿Es eso voluntario?
—No exactamente. No podía comentarlo antes, pero
Taylor fue una rescatada por Last Hope. Ella y Harlow
estuvieron en la misma situación de secuestro mientras hacían
trabajo de campo en Lania para Montgomery Mining —le
expliqué—. A veces antiguos secuestrados quieren
involucrarse en Last Hope tras su rescate. ¿Quién sabe más de
cómo superar el proceso de recuperación que un secuestro?
Tenemos algunos grandes consejeros que eran voluntarios,
pero algunos eran antiguos rescatados. El trauma de ser
secuestrado va más allá de la recuperación física.
Esencialmente, esos consejeros están allí para los cuidados
posteriores. También tenemos algunos profesionales, como
terapeutas y facultativos que conocen Last Hope, pero
mantienen el secreto.
Vana guardó silencio un momento antes de hablar de
nuevo.
—¿Me estás diciendo que tienen una red entera dedicada a
cuidar todas las necesidades de las víctimas?
—Sí —dije simplemente—. Esa red es más completa cada
año. Ese es uno de los principales motivos por los que hemos
podido pasar desapercibidos. No podemos forzar a nadie a un
tratamiento que no quiera, pero de momento nadie nos ha
traicionado.
—Entonces, ¿sabe el gobierno que existe Last Hope? Has
dicho que Torie lo oyó por el FBI.
—Oficialmente, ellos no saben que existimos. Pero sí, lo
saben. Creo que Marshall era tan respetado cuando era
comandante de las fuerzas especiales que nadie en el gobierno
quiere parar esta operación. Intentamos no entrar en su terreno
cuando se trata de algo que están dispuestos a gestionar ellos.
A cambio, ellos fingen que nunca han oído hablar de nosotros.
Con toda sinceridad, estamos bastante seguros de que algunas
veces recibimos informaciones de su parte cuando ellos no
pueden hacer nada, pero no podemos probarlo.
Se frotó las sienes distraída mientras decía:
—Dios, todo esto es una locura. Taylor y Harlow nunca
mencionaron su secuestro por razones obvias. Incluso aunque
soy una periodista de investigación envuelta en asuntos
extranjeros, nunca había oído nada sobre la organización.
—Nos gusta mantenerlo así —contesté honestamente—.
Ninguno de nosotros lo hace por el reconocimiento o la
notoriedad. Pensamos que lo que hacemos es importante.
Llenamos un vacío que ha de ser llenado. Con suerte, tampoco
nadie oirá nunca nada de lo que te ha pasado a ti. Fuimos con
una historia como tapadera ya que tú ya habías sido declarada
persona desaparecida, y las autoridades ya han capturado y
encarcelado a tus captores.
—Haré lo que tú quieras —contestó inmediatamente—.
No quisiera poner en peligro la existencia de Last Hope.
Salvaron mi vida. Tú y Wyatt salvasteis mi vida. Torie
también, ya que fue ella quien llevó mi desaparición a
Marshall. Tenías razón. Los engranajes gubernamentales giran
muy despacio. Me habría muerto allí fuera en la selva antes de
que se dieran cuenta de que me habían secuestrado. Dios, es
posible que nunca se hubieran dado cuenta.
—Te prometo que seré sincero contigo —dije
cuidadosamente—. El tiempo no estaba a tu favor, y lo
sabíamos. Si no hubieras recibido tratamiento…
¡Joder! No quería ni pensar en lo que habría pasado si
hubiera permanecido prisionera incluso solo unos días más.
—Habría muerto por sepsis —acabó en voz baja—.
¿Crees que no lo sé? Sabía que me estaba muriendo poco a
poco, Chase. La mayoría de mis esperanzas de ser rescatada se
me habían agotado. Os debo a Last Hope, a ti, a Torie, y a
Wyatt más de lo que nunca podré devolveros.
—Verte bien de nuevo es más que suficiente —dije
bruscamente.
Ella soltó una risita.
—Sabes que cooperaré con cualquier cosa que necesite
para ayudar a Last Hope. ¿Necesitarás encontrarme un
consejero para que guie en el proceso?
—No. Ya tienes uno —le informé.
—¿Torie? —preguntó ella.
—Ella es muy nueva en la organización para gestionar esa
tarea —dije con voz ronca—. La mejor persona para ese
trabajo sería… yo.
Savannah

Estuve a punto de atragantarme con la lengua cuando me dijo


que iba a actuar como mi consejero.
—Ya has hecho suficiente por mí, Chase. Ya has pasado las
últimas dos semanas rescatándome y cuidándome. Entre
Durand Industries y Last Hope, debes de estar increíblemente
ocupado.
Después de todo lo que había pasado, lo único que quería
era permanecer cerca del hombre que me había salvado la
vida. Aunque odiara depender de alguien más aparte de mí
misma, había tenido miedo, había necesitado a alguien en
quien apoyarme y había estado a punto de morir.
Chase había estado allí cada vez que me despertaba en el
hospital aterrorizada y vulnerable, pero aferrarme a él como a
un salvavidas ahora que sabía que iba a recuperarme no era
justo para él. Tenía una vida. Sí, era el hermano de mi mejor
amiga y lo conocía de casi toda la vida, pero no éramos
amigos exactamente.
—No voy a encargarle tu bienestar a otra persona, Vanna
—dijo con voz ronca—. Es demasiado importante. Estás
atrapada conmigo, te guste o no. Voy a tomarme unas
vacaciones de Durand con el apoyo de Wyatt. Puedo trabajar
desde casa mientras te recuperas. Torie también estará cerca.
Ella y Cooper viven a un paseo de mi casa.
«¡Espera! No creerá que vaya a incomodarlo quedándome
en su casa, ¿verdad?, pensé alarmada.
—No puedo quedarme contigo, Chase —dije con
vehemencia.
—¿Por qué no? —preguntó, su expresión perpleja—.
Todavía no has encontrado casa propia en San Diego. ¿Dónde
te vas a quedar si no? Alguien debe estar disponible si
necesitas ayuda, y Torie está en su trabajo con la universidad
durante el día.
—Encontraré algo —dije intentando imponerme a este
hombre terco.
Yo no era el tipo de mujer que contara con nadie más.
Nunca. Y Chase ya había hecho mucho por mí.
—Ahora mismo, no —insistió—. ¡Por Dios, Savannah!
No estás en condiciones de buscar casa nueva. Sé razonable.
Mi plan inmediato había sido conseguir una habitación de
hotel decente hasta que pudiera encontrar algo un poco más
permanente. Sería pequeña y fácil para moverme. De acuerdo,
probablemente no era una posibilidad de la que él quisiera oír
hablar en ese momento.
—Yo… pensaré en una solución —balbucí—. Encontraré
algo temporal hasta que…
—No —me interrumpió—. Eres una amiga y tengo una
casa grande.
—¿Cómo vas a explicarle mi presencia a quien esté
saliendo contigo? —pregunté, desesperada por una buena
excusa, pero temiendo su respuesta igualmente.
—No tengo que hacerlo porque no estoy saliendo con
nadie —dijo él con obstinación—. Mencionaste que no querías
importunar a los recién casados. Sé que Torie pediría un
permiso en su trabajo en la universidad, pero eso no es
necesario porque yo estoy dispuesto y disponible.
Yo ni siquiera quería reconocer el alivio que sentí después
de su respuesta. «¡Mierda!». Ahora, ¿qué iba a decir?
Él tenía razón. En realidad, yo no tenía otro sitio a donde
ir de momento. Antes del secuestro, estaba planeando volver a
San Diego en perfecto estado de salud y finalmente encontrar
una nueva casa lo antes posible.
El secuestro, mis heridas y la enfermedad habían
arruinado esos planes por completo. Estaba tan débil ahora
mismo que apenas podía levantarme de la cama para orinar y,
mucho menos, ir deambulando por San Diego intentando
encontrar un nuevo apartamento.
Yo era sensata. Necesitaba tiempo para recuperarme.
Simplemente no quería ser una carga para Chase después de
todo lo que había hecho por mí. Para ser sincera, nuestra
relación había cambiado. En realidad, no podía decir que ya no
era un amigo. No después de todo lo que había pasado
conmigo durante las últimas semanas.
Por desgracia, la amistad era bastante unilateral en este
punto. En serio, ¿qué había hecho yo para ayudarlo?
—Intentaré no ser demasiado problema —cedí a
regañadientes—. En cuanto esté lo bastante bien, empezaré a
buscar mi propia casa. Debería haberlo hecho hace mucho
tiempo.
Me sobresalté cuando Chase envolvió mi mano
suavemente con la suya, más grande.
—Nunca serás una molestia, Vanna. Sería un honor ser su
amigo y consejero. Tú no pediste esto. Solo intentabas hacer tu
trabajo. Nunca debería haber ocurrido.
Saboreé la calidez del contacto físico mientras dejaba
escapar un suspiro nervioso. Chase se había convertido en mi
apoyo, tanto física como mentalmente. Yo no tenía idea de
cómo romper ese hábito y no estaba segura de querer hacerlo
en ese momento.
—Ay, Dios, mi equipo técnico.
Jen, mi productora, probablemente estaba muerta de
preocupación, junto con el resto del pequeño equipo que tenía
conmigo en Bajo Chiquito.
—Tu productora estaba histérica —confirmó Chase—.
Todos los que trabajan cerca de ti en Deadline America se
sintieron aliviados al saber que te pondrías bien. Marshall no
les dijo mucho. Solo que te perdiste y te secuestraron en la
selva. También dijo que más tarde te encontraron unos
excursionistas después de que escaparas de los secuestradores
y que te enviaron a Panamá para recuperarte. Esa es la historia
oficial. Resolveremos los detalles de cómo te perdiste más
tarde.
—No estoy segura de que Jen se crea del todo que me
perdí —le dije con escepticismo—. Ha sido mi productora
durante años. Seguimos muchos protocolos de seguridad que
no incluyen ser tan estúpida como para alejarse de nuestra
estación base después del anochecer.
Me apretó la mano y dijo:
—Te sorprendería lo creativo que puede ser Marshall
cuando se trata de inventar historias oficiales creíbles. Le dará
la vuelta hasta que se adapte a tu personalidad. Confía en mí.
—Tienes razón —convine—. Esa es probablemente la
menor de mis preocupaciones.
—No te preocupes —insistió Chase—. Arreglaremos
todo. Nos hemos vuelto muy buenos guardándonos las
espaldas con los detalles.
—Tengo un trabajo que hacer, Chase —dije con pesar—.
Tengo que hacer una narración en el estudio para rellenar
espacios de este reportaje especial sobre el Tapón del Darién
para terminarlo. Ya acabé todas las entrevistas y estábamos
preparándonos para partir hacia los Estados Unidos al día
siguiente, pero aún no está listo para emitirse.
—Eso puede esperar hasta que estés sana —farfulló Chase
—. Relájate, Vanna. ¿Te preocupa el dinero? Si es así,
puedo…
—¡No! —dije apresuradamente—. No es el dinero. Estoy
bien económicamente.
Había ganado mucho dinero a lo largo de los años y
acababa de vender la casa de mi madre hacía poco tiempo. Las
noticias por cable no me pagaban como si fuera una estrella de
cine de primera categoría, pero tenía dinero más que suficiente
en el banco para mantenerme por ahora.
—Entonces, ¿qué te preocupa? —inquirió Chase
amablemente.
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas
mientras sollozaba:
—No lo sé. Toda esta experiencia me resulta abrumadora
ahora mismo. Estoy nerviosa por todo y eso no es propio de
mí.
Me sentía débil, tierna y vulnerable. Me sentía
completamente incapaz de enterrar mis emociones cuando
estaba cerca de Chase y eso era aterrador para mí.
Soltó mi mano y envolvió mi cintura con un fuerte brazo.
—Es totalmente normal que te sientas así —me informó
con voz ronca—. Has pasado por un infierno, cariño,
emocional y físicamente.
Dios, me encantaba cuando me llamaba por uno de sus
dulces apodos, aunque sabía que era la comodidad de la
amistad.
Era realmente patética. Dejé escapar un largo y ansioso
suspiro, apoyé la cabeza en su hombro y saboreé la sensación
de su cuerpo fuerte y cálido mientras me acunaba contra él.
Por ahora, me permitiría consolarme con la amistad y la
confianza de Chase en que las cosas irían bien y en que
superaría esto. No tenía fuerzas para hacer otra cosa.
Si él quería ser mi amigo y mi asesor, lo aceptaría porque
lo necesitaba más de lo que necesitaba obsesionarme con mi
atracción por él. Además, el sexo era lo último que tenía en
mente en ese momento.
—Háblame, Vanna —me animó Chase mientras me
acariciaba el pelo.
—Recuerdo muy poco de lo que pasó, Chase. Me acuerdo
de lo que sucedió el día del secuestro y de cómo me llevaron
justo después de salir de la zona de las duchas. Hacía mucho
calor ese día y pasé más tiempo del que debía en la ducha.
Pero estaba justo al lado de nuestro dormitorio, así que no
tenía que caminar más que unos pocos pasos para llegar a las
escaleras que conducían al pequeño edificio que ocupábamos.
Todo sucedió muy rápido. Caía la noche y se me acercaron por
detrás. Uno de ellos me tapó la boca con la mano antes de que
pudiera gritar pidiendo ayuda. Otro me golpeó hasta que quedé
tan aturdida que ni siquiera podía pensar. No tuve más remedio
que empezar a caminar hacia la selva con ellos. Más que
caminar yo, me llevaban ellos cuando salimos de Bajo
Chiquito.
—¿Cómo se desgarraron tanto tus pies? —preguntó.
Yo hice una mueca. Mis pies estaban hechos un desastre,
aunque estaban mucho mejor que antes.
—Una vez que me di cuenta de lo que estaba pasando
exactamente, intenté escapar varias veces. Sabía que, si no lo
hacía, moriría o traficarían conmigo hasta que deseara estar
muerta. No estaba segura de que me importara que me
disparasen. Así que me quitaron las botas. Tuve que caminar
por la selva sin ellas. Era de día antes de que llegáramos a su
campamento improvisado —expliqué mientras volvía
rápidamente hacia mí el terror que había sentido—. Cuando
intentaron atarme antes de arrojarme a una tienda de campaña,
intenté escapar de nuevo, con botas o sin ellas. Sabía que era
mi última oportunidad. No tardaron en atraparme y tirar de mis
brazos para terminar de atarme. Fue entonces cuando se me
dislocó el hombro. Me golpearon hasta que perdí el
conocimiento. Cuando volví en mí después de eso, empezaron
a drogarme. Me despertaba de vez en cuando, pero en cuanto
sabían que estaba consciente, me pateaban y volvían a
drogarme. Aparte de esos breves momentos en los que me
desperté tan sedienta que estaba dispuesta a suplicar agua,
todo lo demás está en blanco. Me daban agua suficiente para
que siguiera con vida y empecé a perder la noción del tiempo.
Cuando llegasteis Wyatt y tú, estaba tan confusa que no estaba
segura de si estabais allí para ayudarme o para acabar
conmigo.
—No es raro que pienses eso —respondió mientras yo me
acurrucaba más cerca de su calor—. A los rehenes a menudo
se los mantiene tan débiles y confundidos como sea posible
para que no se resistan.
—¿Alguna vez recordaré más? —pregunté con aprensión
—. Odio no saber qué pasó. Es como si hubiera perdido una
semana entera de mi vida. Ni siquiera sé si me agredieron
sexualmente. El médico dijo que no vio pruebas de que
hubiera pasado, pero no estaba cien por ciento seguro. Me
dieron medicamentos preventivos y todavía estoy con
antibióticos, pero pasarán unos meses antes de que puedan
descartar definitivamente el VIH o la hepatitis por una posible
agresión o agujas sucias.
—No sé si recordarás algo más. Debido a la gran cantidad
de drogas que te dieron, es posible que no lo hagas —dijo con
franqueza—. Y es poco probable que esos imbéciles te
agredieran sexualmente si no era evidente. La forma en que te
trataron fue brutal.
Me quedé en silencio mientras asimilaba sus palabras.
—Gracias por ser sincero —respondí finalmente.
Cruda o no la realidad, podía contar con que Chase sería
sincero. Había sido así desde el primer día, lo cual era un gran
alivio para mí, porque prefería la sinceridad brutal a las
mentiras en aquel momento.
—Te dije que no te mentiría —me recordó—. A veces no
saber es más aterrador que saber la verdad.
«¡Exactamente!».
—Sinceramente —dije, mi voz quebrada por la emoción
—. Nunca he estado tan aterrorizada. Me he metido en algunas
de las situaciones más peligrosas del planeta, pero esta es la
primera vez que no tenía ni idea de qué hacer.
No fue fácil para mí admitir eso, pero sabía que Chase no
iba a juzgar.
—Por eso exactamente es por lo que necesita un asesor —
intervino—. No será así para siempre, Vanna. Solo tomará un
tiempo volver a ponerse de pie. Eres inteligente y totalmente
capaz de cuidar de ti misma, pero es difícil razonar las cosas
solo después de haber pasado por algo como esto. Por eso Last
Hope tiene servicios de apoyo disponibles mucho después de
que un rescate haya sanado físicamente.
Tenía que reconocer que aún me costaba hacerme a la idea
de una organización de rescate privada tan sofisticada como
Last Hope. O a la de que cinco multimillonarios
asquerosamente ricos optaran por dedicar la mayor parte de su
tiempo libre a dirigir esa organización de rescate. Por otra
parte, tal vez no debería estar tan sorprendida. No conocía bien
a los Montgomery, pero la familia Durand nunca había sido
pretenciosa ni egoísta. Siempre habían elegido el amor, el
deber y la familia por encima del dinero.
No había absolutamente ninguna razón por la que Chase y
Wyatt fueran al ejército. Siempre supieron que algún día se
harían cargo de Durand Industries. Se habían alistado
simplemente porque querían servir a su país. El padre de Torie
se inquietaba por la seguridad de sus hijos, pero nunca dejó de
hablar de lo orgulloso que estaba de ambos.
—Creo que tengo mucha suerte de tenerte como mi asesor
—le dije con sinceridad.
Esta faceta de Chase era completamente desconocida para
mí, pero era una que realmente quería conocer, con atracción o
sin ella. Durante años, había intentado mantener las cosas
superficiales y ligeras entre nosotros dos. Había evitado llegar
a conocer realmente al hombre en el que se convertiría
después de que ambos hubiéramos crecido. Ahora, lamentaba
no haberme permitido acercarme más a un chico que
obviamente valía la pena conocer, aunque fuera difícil porque
me atraía.
Tal vez fuera eso lo que sucedía cuando estabas a punto de
morir. Sabía que probablemente iba a empezar a repensar
muchas de las decisiones que había tomado.
—Puedes decir que tienes suerte de tenerme como asesor
ahora, pero quizás te parezca que soy un grano en el trasero en
el futuro —advirtió en tono de broma—. Estaré muy pendiente
de ti.
Bostecé contra su hombro, sintiéndome completamente
agotada de repente.
Chase se deslizó de la cabecera hasta que su cabeza estuvo
sobre la almohada, llevándome suavemente con él hasta que
mi cabeza estuvo sobre su pecho.
—Duerme, Vanna —gruñó—. El descanso es tu prioridad
número uno en este momento. ¿Necesitas algo para el dolor?
Negué con la cabeza mientras cerraba los ojos.
—No. Ahora mismo, no.
Casi ronroneé como un gato satisfecho cuando Chase me
acarició el pelo con la mano. Preferiría estar tan cerca de
Chase sin embotar mi mente con analgésicos.
Savannah

—Todavía me veo horrible —le dije a Torie dos semanas


después mientras ambas veíamos mi reciente corte de pelo en
el espejo del baño. Pasé mi mano por el poco pelo que me
había quedado con un suspiro—. Aunque me siento mejor.
Gracias por encontrar a alguien para cortarme el pelo.
La terrible apariencia de las laceraciones de mi cara se
desvanecería con el tiempo, pero siempre serían visibles.
Chase me había conseguido el mejor doctor disponible para
intentar reparar esas heridas faciales en Panamá, pero eran
cortes feos con días de antigüedad.
Torie había encontrado un estilista para cortarme el pelo
hoy porque era un desastre. Todavía estaba enmarañado y
enredado, aunque había intentado de todo para arreglarlo.
Finalmente me di por vencida y simplemente le pedí al
estilista que lo cortara justo por debajo de la mandíbula en un
estilo bob corto.
—Es adorable —dijo Torie con una sonrisa—. Te pega. Es
atrevido.
Pose los ojos en blanco. Estaba contenta con cómo me
veía, pero no me sentía aún como mi antigua yo.
—Se ve sano —enfaticé—. Y no hay nada que pueda
hacer por estas cicatrices. —Seguí una de estas marcas desde
la parte superior de la mejilla hasta donde acababa bajo mi
barbilla.
Torie me cogió de la mano y me guio a la habitación en la
casa de Chase. Se sentó y tiró de mi hacia su lado de la cama
mientras decía:
—Sé cómo te sientes. Recuerdo sentir como si mis heridas
nunca fueran a sanar. Pero lo harán, Vanna. Se te ve mucho
mejor que hace dos semanas.
Me esforcé mucho por no quejarme demasiado ya que
Torie había pasado por muchísimo peor, pero en realidad me
seguía sintiendo horrible. Resoplé.
—Definitivamente he recuperado algo de peso. Más del
que necesito, en realidad. Nunca me dijiste que tu hermano
sabía cocinar.
Torie se rio.
—Mamá les hacía a ambos cocinar, limpiar, y hacer la
colada durante su adolescencia. Sinceramente, creo que Chase
tal vez sea mejor cocinero que yo. Él lo disfruta. Wyatt cocina
simplemente porque le encanta comer.
—Hace las crepes más alucinantes —le dije.
—Eso lo aprendió de mi padre —compartió Torie—. No
creo que papá nunca hiciera una crepe que no le encantara,
salada o dulce.
—He tomado de ambas en abundancia, y el tamaño de mi
trasero lo demostrará pronto —la informé nostálgica.
Torie frunció el ceño.
—Sigues pesando menos que antes del secuestro.
—No por mucho tiempo si tu hermano sigue haciendo
esas crepes —bromeé—. Cuando le dije que no podía comer
más crepes, cambió a estofado de pollo y quiche.
Sinceramente, todo lo que cocina está delicioso, pero
probablemente necesito algunas noches de ensalada. Vamos a
empezar a compartir los turnos de cocinar. No es como si yo
trabajase y me gustaría mucho hacer algo útil para ayudarle.
—Esas también eran recetas de mi padre —me confió
Torie—. Le encantaban sus platos franceses y a nosotros
también. Mamá era más de comida casera americana, lo cual
no nos molestaba precisamente tampoco.
—Lo recuerdo —le dije afectuosamente.
Por mi adinerada que fuera la familia Durand, nunca
tuvieron cocinera. Hacían del preparar la cena un asunto en
familia, y yo había tenido la suerte de ser incluida muchas
veces.
—Deberías dejarle cocinar —insistió Torie—. ¿No estás
todavía haciendo rehabilitación para tu hombro?
Asentí.
—Habré acabado en seguida. Tengo que cuidarlo un poco,
pero está bien. De verdad. Necesito algo que me mantenga
ocupada.
Cuanto más ociosa estaba, más tiempo tenía para pensar, y
ninguno de esos pensamientos era positivo por el momento.
—Por favor no intentes decirme que no estás trabajando
—Torie advirtió—. Te vi en tu ordenador cuando llegamos
aquí antes.
Sonreí.
—Solo estoy trabajando en la voz en off de la narración
que necesito hacer en el especial del Tapón del Darién.
—¿Paras de trabajar alguna vez? —preguntó Torie en tono
exasperado.
—No muy a menudo —admití—. Pero me encanta ser
periodista, así que no es todo trabajo para mí.
—Necesitas descansar, Vanna, y eso incluye darle a tu
mente un descanso. Necesitas algo en que ocupar tu cerebro
fuera del trabajo por un tiempo —advirtió ella—. Esa historia
es muy importante, pero también deprimente.
—Mi consejero dijo lo mismo —le dije—. Pero no estoy
segura de que entienda que el trabajo siempre ha sido lo
principal en mi mente. He tenido que trabajar muy duro para
llegar donde estoy en mi carrera.
—Ya has tenido éxito, Vanna —me recordó Torie—.
Puedes tomarte algo de tiempo ¿No te cansas nunca de pasar
toda tu vida trabajando?
Permanecí en silencio por un momento antes de
finalmente contestar sinceramente.
—Solía encantarme, pero ya no estoy tan segura. Creo que
estoy un poco quemada. Esta historia en concreto te partía el
corazón. Lo que esos niños han tenido que pasar solo para
llegar a Bajo Chiquito era horrible. Algunos de ellos han
perdido a sus padres o hermanos en el camino, y algunas de las
mujeres fueron agredidas sexualmente. Y solo eran niñas,
Torie.
Me cogió de la mano.
—Tu cubres mayoritariamente crisis humanitarias, Vanna.
Cualquiera se quemaría tras una década de hacer de ese tipo de
historias tu carrera sin nada agradable entre medias.
Asentí porque sabía que Torie lo entendía.
—Ya no hay alegría en mi vida, Torie. Justo antes de salir
para Panamá, intenté recordar lo último divertido que había
hecho y fallé miserablemente. Sé que estoy haciendo algo
importante al contar estas historias, pero mi trabajo también se
ha comido parte de mi alma porque cada una de esas historias
es sobre la miseria humana. Vivir siempre con la maleta hecha
es extenuante también.
Durante un tiempo, viajar y la sed de historias me había
motivado.
Últimamente, estaba temiendo empezar un nuevo
proyecto justo después de haber terminado el último.
Me apretó la mano.
—No necesitas permiso de nadie para tomarte un
descanso ahora mismo, Vanna, y no estoy hablando de dormir.
Se que estás cansada de hacerlo. Sé lo traumático que es ser
secuestrada. Recupera ese pedazo de tu alma. Utiliza la piscina
de Chase que nunca usa. Ponte un maratón de películas en su
sala de cine. Tómate una copa de vino y contempla el
atardecer. Está bien hacer… nada importante. No tienes que
estar salvando al mundo cada momento del día. En lugar de
eso salva tu cordura. Si no te tomes un descanso, te garantizo
que ese trabajo se comerá el resto de tu alma. No importa lo
fuerte que seas, el trauma de lo que te ha pasado te pasará
factura si no lo afrontas.
—Sabes que no recuerdo mucho —dije débilmente,
sabiendo que tenía razón.
—Lo que recuerdas es suficientemente malo —dijo Torie;
su expresión se tornó preocupada—. También sé lo difícil que
es esperar meses a saber si estas libre de enfermedades de
transmisión sexual, hepatitis y SIDA.
—Pero no creen que…
—No me cuentes historias, Vanna. Hemos sido como
hermanas demasiado tiempo. Lo piensas, sin importar lo que
digan los médicos.
Asentí.
—No puedo evitarlo. Aunque sé que las probabilidades de
haber sido agredida sexualmente son pocas, está también el
tema de las agujas porque me drogaron tanto. Se que suena a
locura…
—No —me reafirmó Torie—. Es normal después de lo
que pasó. Sé que me recuerdas lamentándome por ello.
Me acordaba, pero su situación había sido diferente. Ella
sabía que había sido violada más de una vez. También lo había
pasado mucho peor que yo con sus heridas físicas. Le llevó
mucho tiempo curarse emocional y físicamente.
—Tus heridas eran tan terribles —dije en un tono lleno de
remordimiento por todo lo que Torie había sufrido.
—Eso no hace lo que te pasó a ti menos aterrador y
horrible. Tampoco significa que no necesites tiempo para sanar
—me regañó—. Reconozco el estrés postraumático cuando lo
veo, y tú te sobresaltas cada vez que entro en una habitación
estando tú de espaldas.
Cerré los ojos y liberé aliento. Debí haber sabido que
Torie notaría si había cualquier cosa diferente en mi
comportamiento. No es que no quisiera compartirlo con ella.
Ella era mi mejor amiga. Solo es que. no quería que mi
experiencia le reviviera recuerdos de su propio secuestro. Ella
era tan feliz ahora. Quería que siguiera así.
—Me atacaron por la espalda —admití mientras abría mis
ojos de nuevo—. Mi terapeuta dijo que llevaría un tiempo que
esas reacciones instintivas desaparecieran.
—Por favor no tengas miedo de hablar conmigo, Vanna —
dijo suavemente Torie—. Llevó mucho tiempo, pero
finalmente he superado mi experiencia. Ayudarte, escucharte,
no va a hacer que tenga flashblacks. Tu estuviste ahí para mí.
Todo el mundo procesa el trauma de manera diferente, pero
para las mujeres especialmente, muchas de nuestras
experiencias son las mismas. Me sobresalto con cada sonido
que no reconozco o con cada voz masculina que no es la de
mis hermanos. ¿Está todo bien aquí con Chase? Sé que le
conoces de siempre, pero quedarte con él podría ser un poco
diferente.
Sabía que me estaba preguntando si el hecho de quedarme
con un hombre me molestaba. Sacudí la cabeza.
—Ha sido increíble, Torie. No creo que nunca pudiera
tenerle miedo. Reconocer su voz en la oscuridad cuando me
rescató fue lo mejor que jamás he escuchado. Solo que me
siento más que culpable de estar ocupando espacio en su casa.
Nunca fuimos exactamente… amigos. Éramos más…
adversarios amistosos a los que les encantaba debatirlo todo.
—¿Y ahora? —dijo con voz queda.
—Muy generosamente me ha ofrecido su amistad y más
—dije sinceramente—. Me llevó un tiempo darme cuenta del
gran compromiso que supuso para él ofrecerse como mi
consejero.
—Oh, es algo grande —dijo Torie con una sonrisa tímida
—. Jax Montgomery fue el consejero de Harlow y míralos
ahora.
Resoplé.
—Están casados. Eso definitivamente no va a pasar. Pero
ser un consejero de Last Hope es una responsabilidad que no
todo el mundo asumiría. Eso, o tu hermano se toma el trabajo
muy en serio. Se asegura de que esté bien, haga lo que haga.
Comprueba mi bienestar emocional tropecientas veces al día
ahora mismo. Me conoces. No estoy precisamente
acostumbrada a algo así, pero tengo que admitir que es
reconfortante. Y se preocupa por cada una de mis lesiones. Se
preocupó de que tuviera todo lo que necesito aquí. Incluso se
aseguró de que tuviera mis maletas y otras cosas para mi
productor. Incluso repasó mi despensa. El hombre cocina
como un chef profesional solo para tentarme a comer. Todo
eso, y en su tiempo libre, dirige una de las más exitosas
organizaciones voluntarias del planeta y dona su tiempo a una
organización privada de rescates. Es asquerosamente perfecto.
Torie levantó una ceja.
—Es mi hermano, así que sé que no es un santo. Puede ser
un pesado mandón cuando quiere. Y Wyatt también, por
cierto.
Me reí.
—Conozco un poco esa faceta suya, pero tú lo conoces
mucho mejor ya que eres su hermana pequeña.
—Pero también sé que es un tipo fantástico —confesó—.
Espero que pueda encontrar una mujer que lo aprecie.
Mis ojos escrutaron la expresión lastimera de Torie.
—Dijo que no estaba viendo a nadie. Parecía que desde
hace tiempo.
Se encogió de hombros.
—No le interesa. Algo le paso a Chase justo antes de salir
del ejército. Se que fue herido, pero eso es todo lo que sé. Yo
estaba ilocalizable cuando pasó porque estaba haciendo una
ruta de senderismo remota sin cobertura de móvil. Tardé en
enterarme incluso de que estaba herido, y él no habla de ello.
Eso, o no habla de ello porque era algo de alto secreto. Parece
estar bien físicamente. Tuvo un par de citas casuales después
de unirse a Wyatt en Durand Industries, pero es como si él…
se hubiera rendido. No tengo ni idea de por qué, siempre le
han gustado las mujeres. Todas las mujeres de cualquier edad.
Una de sus novias de la universidad solía decir que era capaz
de seducir a la mujer más mezquina de una sala. Creo que
llevaba razón, pero no he visto esa parte juguetona de él en
mucho tiempo.
Fruncí el ceño, al no gustarme la idea de Chase siendo
herido.
—Quizás le dejaron o alguna mujer le engañó —sugerí.
Incluso mientras decía esas palabras, no podía imaginarme
a ninguna mujer dejando a Chase Durand por otro hombre.
Tendría que estar ciega, o ser completamente idiota, o ambas.
—Supongo que podría ser —Torie coincidió conmigo—.
Pero me cuesta creer que una mujer podría encontrar un
partido mejor. Es terriblemente rico, bien educado, solía saber
cómo divertirse, y supongo que algunas mujeres lo encuentran
atractivo. Es difícil pensar de ese modo en mi hermano.
Me reí.
—Créeme, como mujer que no es su hermana, es
tremendamente atractivo —dejé escapar una tosecita cuando
me di cuenta de lo que acababa de decir—. Bueno, lo sería
para otra mujer. Estéticamente me refiero.
Torie se centró en mi error de inmediato.
—¿Crees que es atractivo?
—Quizás no esté interesada, pero no soy ciega —dije
precipitadamente.
—Y si te digo que él piensa que tú también eres atractiva
—concluyó sonando ligeramente dubitativa.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—Te diría que estás completamente loca. Chase quiere ser
mi amigo y consejero. Eso es todo. Dios, ¿Qué clase de
hombre loco me miraría ahora mismo y sentiría nada que no
fuera repulsión? Parezco algo que el gato ha traído después de
jugar con ello durante días.
—La atracción es algo más que físico —señaló Torie.
Levanté una mano.
—¡Para! Chase y yo somos amigos. No nos sentimos
atraídos de ese modo, Torie.
Ok, puede que deseara secretamente a Chase Durand, pero
no era algo que fuera a compartir con Torie. Me acosaría con
consejos sobre una posible relación con su hermano para
siempre.
No escondía el hecho de que quería que Chase y Wyatt
encontraran una buena mujer. El que ella intentara que ambos
nos enredáramos sería embarazoso considerando que Chase
Durand nunca me vería de ese modo. Era protector, cariñoso, y
teniendo en cuenta el hecho de conseguirme todo lo que
necesitara en este momento. Chase me escuchaba con la
preocupación de un amigo que no quería verme sufrir.
Pero él no me miraba como si quisiera desnudarme. No
ahora, o previamente, desde que lo conocía.
—Ok —coincidió amigablemente—. Intentaré no decirte
que ya te lo advertí algún día.
—Muchas gracias —murmuré, haciendo caso omiso de su
advertencia.
—Te gusta su compañía, ¿verdad? —persistió.
En serio, ¿cómo podía no gustarme Chase Durand?
Especialmente después de todo lo que estaba haciendo por mí.
—Cada minuto que pasamos juntos —dije sinceramente
—. Hay algo en Chase que me hace sentir… segura. Como
consejero, me ha hecho sentir tan cómoda que podría contarle
casi cualquier cosa de mi secuestro y sé que no me no me
juzgaría. Sabes que eso es importante para mí. Normalmente
no suelo confiar.
Torie asintió.
—Sentirse segura está bien después de lo que has pasado.
Nadie involucrado en Last Hope te juzgaría nunca, Vanna.
Somos voluntarios por un motivo. Todo el mundo quiere
ayudar.
Moví la cabeza en respuesta.
—Sigue siendo difícil de creer que una organización así
exista. Pero no me entiendas mal, estoy agradecida de que
empezara Last Hope y de que continúe creciendo. Pero tengo
que admitir que las cosas que son capaces de hacer y lo
pensado que está cada rescate es un poco abrumador.
—Tenemos unos cuantos voluntarios alucinantes por todo
el mundo —me informó Torie—. Y Marshall dirige Last Hope
como si su vida dependiera de ello. Descubro algo nuevo que
no sabía de Last Hope casi cada día. Es definitivamente única
y muy alucinante.
—¿Te gusta ser voluntaria? —pregunté.
—Sí —contestó Torie inmediatamente—. Creo que ser
voluntaria me da la oportunidad de convertir algo negativo en
algo positivo.
Suspiré.
—Me gustaría tener una habilidad especial que poder
aportar.
Torie gruñó.
—Por favor. Tienes un millón de habilidades especiales,
pero este es tu momento para ser simplemente ser una
superviviente y recuperarte. Déjanos ocuparnos de ti por
ahora.
Para mi espanto, sentí lágrimas que llenaban mis ojos.
—Gracias. Dios, odio sentirme así de indefensa, inútil, y
temerosa de todo. Me conoces, Torie. Tengo cada minuto del
día planeado con asuntos de trabajo. No tenía tiempo para ser
improductiva.
—Lo que no era necesariamente algo bueno —señaló
mientras me rodeaba con sus brazos. Todo saldrá bien, Vanna.
Te lo prometo. Poner tu cabeza de nuevo en orden es la parte
más dura.
Rodeé a mi mejor amiga con mis brazos y la abracé fuerte.
—No estoy segura ni de si soy la misma persona —
murmuré.
—Eres la misma mujer inteligente, valiente, y talentosa
que antes —argumentó Torie—. Creo que pasar por este tipo
de pesadilla cambia a cualquiera hasta cierto punto, pero tú
sigues siendo la Vanna que conozco y adoro. Tú me dijiste
esas mismas palabras cuando aún me estaba recuperando. Lo
conseguí, Vanna. Cierto, soy un poco diferente y algo más
cautelosa, pero soy incluso más fuerte de lo que era antes. Eso
no cambiará la esencia de lo que eres.
Mientras continuaba llorando, me pregunté qué habría
hecho sin Torie y Chase.
Habría pasado la mayor parte de mi vida adulta
recorriendo el mundo persiguiendo historias, y no tendría
familia cercana.
—¿Sabes lo afortunada que me siento de tenerte como
mejor amiga? —le pregunté llena de lágrimas.
Ella soltó una risita mientras continuaba abrazándome
fuerte.
—Eso es porque aún no he sido una pesada contigo.
Nunca has estado cerca tiempo suficiente para que pase —me
advirtió—. Te he echado tanto de menos, Vanna. Me alegro de
que estés en casa.
La había echado menos también. Más de lo que
probablemente ella nunca sabría porque ella era todo lo que
tenía además de mis compañeros de trabajo, y no estaba tan
unida a ninguno de ellos en lo personal.
—Te he echado de menos, también me alegra estar de
vuelta en casa —dije formalmente.
Por raro que fuera, lo decía de verdad. Tras una década de
constantes viajes y una horrible experiencia que casi había
acabado con mi vida, no había otro lugar en el que quisiera
estar.
Chase

—Me pareció oír a Vanna llorando cuando subí antes —le


dije a Torie cuando entró en mi despacho de casa. Sabía que
mi hermana estaba con ella y no había querido interrumpir,
pero estaba preocupado.
—Lo estaba —dijo mi hermana vagamente mientras se
sentaba en una silla frente a mi escritorio—. Dudo que sea
algo que no hayas visto antes. Pasaste mucho tiempo con ella
mientras se recuperaba en Panamá y, ahora, aquí.
Yo sacudí la cabeza sintiendo una opresión en el pecho
ante la idea de que Vanna estuviera sufriendo tanto que llorase.
—Sinceramente, no la he visto derramar ni una lágrima
desde que está aquí. Fue raro incluso durante su recuperación
en el hospital. —No estaba seguro de si debía preocuparme u
ofenderme de que Vanna no compartiera esa pena conmigo.
Después de todo, yo era su asesor.
—Está bien —dijo Torie con ligereza—. Está en el
gimnasio haciendo fisioterapia.
Fruncí el ceño.
—¿Estás segura de que está bien?
Yo había visto a Vanna perturbada, asustada. Había visto
todas las señales del SEPT que aún parecía molestarla. Poco
después de que llegara a casa me había percatado de que no
podía acercarme a ella por la espalda porque a veces le
provocaba flashbacks. Me hablaba como su asesor sobre su
secuestro. No podía quejarme de su falta de franqueza. Pero no
podía evitar pensar que podría estar omitiendo algunas cosas
que no estaba relacionadas con su secuestro. Por supuesto,
tampoco había ido por allí con ella.
Torie asintió.
—Se pondrá bien. Vanna llora raramente. Ya sabes que se
tarda un poco en trabajar lo sucedido. Creo que tiene miedo.
—¿De qué? —pregunté—. Estoy haciendo todo lo que
puedo para protegerla.
Ella sacudió la cabeza lentamente.
—No es solo eso. Tienes que entender que Vanna dedicó
toda su vida a su carrera. Estaba empezando a agotarse,
incluso antes de que la secuestraran. En realidad, nunca habló
de ello antes del secuestro, pero yo lo veía. Estaba emocional y
físicamente agotada. Ser arrojado constantemente a las peores
cosas que le pueden pasar a la gente una y otra vez exprime el
alma y Vanna nunca se dio la oportunidad de hacer una pausa.
Nunca experimentaba cosas divertidas ni relajantes en su vida.
Dios, ni siquiera se ha tomado unas vacaciones de verdad
desde que se hizo adulta. El único tiempo libre que se tomó
fue para cuidarme a mí.
—No lo sabía —le dije con remordimiento.
La información de Torie me hizo preguntarme si Vanna
realmente se había tomado unos días en Las Vegas para
sentarse junto a la piscina o ir al spa. Conociéndola como lo
hacía, estaba casi seguro de que probablemente trabajara en la
habitación del hotel hasta que llegara el momento de pasar a su
siguiente encargo.
—No es tu culpa —dijo ella en tono tranquilizador—. Ni
siquiera me lo ha admitido a mí hasta ahora. Su carrera la
exprimió, creo. Añade su secuestro a eso y dudo que sienta
que le quedan fuerzas.
«¡Mierda!». Me di cuenta de que su situación actual tenía
que ser difícil para una mujer como Vanna. Había pasado su
vida al mando de su destino. Nunca titubeó. Nunca se
estremeció ante ningún tipo de desafío, independientemente
del hecho de que estuviera completamente aniquilada. Darse
cuenta de repente de que no le quedaban fuerzas para luchar
porque su vida estaba fuera de control tenía que ser
desgarrador para ella. ¿No veía que todos tienen un límite?
—Entonces tendremos que darle fuerzas —le dije a mi
hermana.
—Puede que no sea tan sencillo —dijo Torie pensativa—.
No solo está cansada, Chase. Creo que su espíritu está
aplastado.
—¡A la mierda con eso! —farfullé—. Una mujer tan
fuerte como Vanna se recuperará sin duda. Solo necesita un
poco de tiempo.
—Lo que necesita es un poco de felicidad en su vida —
dijo Torie rotundamente—. Una vez que esté lo
suficientemente bien física y emocionalmente, querrá volver a
trabajar de inmediato. Dios, todavía está trabajando en su
reportaje del Tapón del Darién, aunque no está completamente
recuperada. ¿Te imaginas cuánto aumenta eso solo su
depresión en este momento? Voy a hacer todo lo que pueda
para que recuerde lo que es divertirse antes de que vuelva a
perderse por completo en su trabajo.
—¿No tiene tiempo para relajarse? ¿En absoluto? —
pregunté, dándome cuenta de repente de lo poco que sabía
sobre la vida de Vanna después de la infancia.
La mujer tenía un trabajo increíblemente estresante.
¿Cómo era posible pasar de un encargo a otro sin descanso?
Nadie era tan sobrehumano.
—Nunca —respondió Torie—. Bradley fue un perfecto
cabrón y no creo que nunca le importase hacer feliz a Vanna.
Los otros chicos con los que ha salido en serio estaban en el
mismo sector que Vanna y probablemente eran adictos al
trabajo como ella. Vanna nunca ha tenido ningún equilibrio
entre vida y trabajo. Y a nadie que se preocupara por su
bienestar psicológico excepto a mí. Eso siempre me ha
preocupado. Bajo ese exterior duro, es una mujer que siente
una enorme empatía por las personas que sufren. Temía que la
forma en que estaba trabajando hiciera mella en su psique
algún día.
—¿Qué más puedo hacer para ayudarla? —inquirí con voz
ronca. Caray, yo era su asesor, pero, a decir verdad, no había
mucho que no estuviera dispuesto a hacer por Vanna, fuera su
asesor o no.
—Creo que lo descubrirá —reflexionó Torie—. Creo que
ha llegado a su punto de ruptura debido al secuestro. Al menos
puede admitir que ahora está totalmente agotada.
—Cuéntamelo —dije con los dientes apretados.
Si Torie sabía cómo arreglar las cosas, yo también quería
saberlo.
—Necesita algo en su vida además del trabajo —
consideró Torie pensativa—. Vanna ya no tiene ni idea de
cómo hacer algo por puro placer y se está castigando a sí
misma. Eso tiene que parar. En este momento, se siente fea por
sus cicatrices. Hoy se ha cambiado el corte de pelo.
Terminamos cortándole la mayor parte del cabello porque
nada de lo que hicimos solucionó el daño permanente.
—Sus cicatrices no están mal —dije con firmeza—.
Siempre será guapa. ¿Y a quién le importa una mierda su corte
de pelo?
Torie me lanzó una mirada dudosa.
—Intenta decirle eso a una mujer que ha pasado por un
infierno y se está recuperando de esa pesadilla. Créeme, ella
no se siente guapa y yo lo entiendo totalmente.
Me mesé el cabello con una mano frustrada.
—Tal vez he estado cumpliendo mal mis deberes de
asesor.
—No, Chase —dijo Torie en voz baja—. Esto no se trata
de ti. Has sido muy bueno con ella. Has estado allí cada vez
que necesitaba hablar sobre el secuestro. Se trata de Vanna y
de lo que está pasando. Solo te estoy diciendo la mayor parte
de lo que sé para que puedas entender mejor su situación.
—¿La mayor parte de lo que sabes? —cuestioné—. ¿Qué
estás omitiendo?
—Solo las partes que no tienen nada que ver con su
recuperación —evadió—. Hay cosas que los mejores amigos
no comparten con nadie más.
—Necesito saber qué hacer para arreglar esto, Torie —
dije con voz ronca.
Demonios, yo también quería que Vanna fuera feliz.
—Llévala afuera con una copa de vino a ver la puesta de
sol —respondió Torie—. Hazle saber que, aunque las
cicatrices nunca desaparezcan, sigue siendo guapa.
—Eso puedo hacerlo —convine. No se me había ocurrido
que Vanna pudiera tener inseguridades con su físico después
de lo que le había ocurrido. Probablemente porque yo nunca
sería capaz de verla como nada menos que preciosa, por
muchas cicatrices que tuviera o cómo se cortara el puto pelo.
Joder, desde que me había percatado de cuánto quería
pasar más tiempo con ella en la boda de Torie, esa obsesión no
me abandonaba. Había intentado darle un poco de espacio,
aunque vivíamos en la misma casa. Pensaba que necesitaba
tiempo para sí misma entre sus vistas de los terapeutas y de
Torie.
—Ahora mismo necesita no estar sola mencionó Torie
como si me hubiera leído la mente—. Lo que necesita
realmente es mantener la cabeza ocupada con algo aparte de
trabajo y del secuestro. Lo último que necesita es más tiempo
para pensar o trabajar.
—He estado intentando asegurarme de que tiene todo lo
que necesita —expliqué.
—Y has estado haciendo un trabajo maravilloso como su
asesor —convino Torie—. Físicamente, se está fortaleciendo
cada día. Por desgracia, creo que le vendría bien otro
compañero. Vanna y yo estamos demasiado unidas. Ella pasó
gran parte de mi recuperación conmigo. Ahora que estoy
eufórica con un marido maravilloso, creo que le preocupa que,
si comparte lo que tiene en la cabeza, me provocará o me hará
infeliz. Creo que ambas sabemos que eso es ridículo, pero en
su mente, no quiere volver a verme así nunca. Lo entiendo,
Chase. A mí también me mata verla así.
—Tal vez estás demasiado cerca de la situación —sopesé.
Ella me lanzó una mirada dubitativa mientras proseguía:
—Tampoco estoy tan segura de que tú puedas ser
totalmente objetivo, pero creo que podrías ser una gran
distracción para ella si quisieras.
—No sé muy bien a qué te refieres con eso —respondí.
—Venga ya, Chase —dijo ella en tono exasperado—. Sé
que Vanna no es solo una especie de proyecto para ti. Te
importa.
—Probablemente más de lo que debería —contesté yo, la
voz grave y áspera—. Pero eso no significa que me necesite
delante de sus narices todo el tiempo, ¿verdad?
—Sinceramente, creo que quizá sea exactamente eso lo
que necesita —dijo Torie pensativa—. Vanna no ha tenido a
nadie que se preocupara por ella de verdad excepto a mí desde
hace mucho tiempo. Se quedó destrozada cuando perdió a su
madre. Creo que ha pasado mucho tiempo huyendo de su
soledad. Creo que se hizo adicta al trabajo para no tener que
lidiar con el hecho de que no tenía a nadie y no le quedaba
familia.
—Obviamente confiaba en Bradley —dije a la defensiva,
aún deseoso de arrancarle la cabeza de cuajo a ese cabrón por
haberle hecho daño a Vanna.
Torie resopló.
—No, no lo hacía. Creo que era seguro para ella porque
no le exigía mucho emocionalmente. Le hizo daño y la
humilló, pero podría haber sido mucho peor. Ella no estaba
enamorada de él y pasaban muy poco tiempo en el mismo
lugar. Se merece algo mucho mejor.
—No voy a discutirte eso —le dije—. Pero eso tampoco
significa que ella quiera verme la cara todo el tiempo. Te conté
lo que pasó cuando le pedí que pasara un día conmigo. Le faltó
tiempo para salir de esa suite de hotel.
Quería ser su amigo, pero tampoco quería hacerle sentir
que tenía que aceptar mi compañía si necesitaba intimidad.
—Es supervivencia —respondió ella con indiferencia—.
No creo ni por un segundo que no se sintiera tentada a aceptar,
pero evita como la peste a cualquier tipo con corazón. Esos
actos son mecanismos de autodefensa, Chase. Si encontrase a
un chico que estuviera realmente loco por ella y quisiera estar
con ella, no estoy segura de que supiera manejar la situación.
Está convencida de que no encontrará a nadie porque pasa la
mayor parte de su tiempo atravesando zonas de conflicto y
situaciones catastróficas en botas y pantalones sucios.
Supongo que cree que todos los chicos quieren de pareja a
supermodelos que están preciosas todo el tiempo.
—Estás de broma —dije anonadado.
—Ojalá —compartió ella—. Pero has de reconocer que tú
has salido con tu buena parte del tipo de supermodelo.
—Solo porque han sido abundantes en el mundo de la
moda y los productos de lujo que Durand es famosa por
producir —repliqué—. Y como probablemente hayas visto,
ninguna de esas relaciones ha funcionado.
—Creo que simplemente no has conocido a la mujer
adecuada —sopesó Torie—. No estoy diciendo que no haya
supermodelos brillantes que sepan querer a alguien. Pero crecí
en el mismo mundo que tú, Chase. Las personas auténticas
eran la excepción y no la norma en la alta costura y los
productos de lujo. Es un sector realmente competitivo y
despiadado. A papá le gustaba porque apreciaba los productos
de calidad y consiguió ignorar el resto. Jugaba al juego, pero
nunca se implicó emocionalmente.
—Wyatt y yo aprendimos del maestro —dije secamente
—. ¿Crees que nosotros no sentimos lo mismo? Lo único que
importa son los productos.
—Sé que sí —dijo Torie en voz baja—. Solo digo que tal
vez es hora de pasar un tiempo fuera del brillo y el glamur
artificiales. Durand es tan exitosa como siempre lo ha sido. Tú
y Wyatt no necesitáis pasar más tiempo demostrando eso. Solo
digo que es posible que no encuentres lo que realmente estás
buscando mientras estés completamente sumergido en ese
mundo. La mayor parte de la belleza allí es extremadamente
superficial.
¿Como si yo no lo supiera ya?
—Tal vez por eso ya no estoy buscando —dije
brevemente.
—Estabas interesado en Vanna —apuntó ella.
—Y ese interés no era recíproco —afirmé rotundamente
—. Déjalo, Torie. Invitarla a salir fue un error. La conozco
desde que era una niña. Ahora mismo, mi mayor preocupación
es verla recuperarse.
—No me digas que no te importa su felicidad también —
me advirtió Torie.
Golpeé el escritorio con el puño, frustrado con la
conversación.
—¡Por supuesto que me importa! Simplemente no tengo
ni puta idea de cómo hacerla feliz y no estoy convencido de
que quiera pasar conmigo más tiempo del absolutamente
necesario.
Sabía que algo no andaba bien con Vanna, pero no podía
obligarla a decirme qué pasaba. Y no estaba dispuesto a
hacerla soportar mi compañía si ella no quería eso. Ya había
sufrido bastante.
Torie se cruzó de brazos.
—Puedes ser increíblemente encantador cuando eliges
serlo —me dijo—. Nuestros padres nos enseñaron a disfrutar
la vida. Enséñale a Vanna a hacer eso también.
Dejé escapar un suspiro atribulado antes de decir:
—Ya no estoy seguro de recordar cómo hacerlo yo
mismo.
Vaya, prácticamente lo único que habíamos hecho Wyatt y
yo durante los últimos años era trabajar.
—Por supuesto que sí —me regañó Torie—. Está
arraigado en nosotros porque nos criaron así. Simplemente no
lo has practicado durante un tiempo. Eres obstinado, Chase.
Nunca has dudado si querías algo. Sé persistente. Creo que
Vanna se alejó de ti porque estaba asustada, no porque no
quisiera pasar tiempo contigo.
—Estoy intentando ser su amigo y consejero —protesté.
—¿Y cómo está funcionando eso? —presionó ella.
«¡Joder!». Sabía que era un completo asco, pero no tenía
muchas opciones. Había cosas que Torie no sabía ni entendía,
y yo no iba a tratar de explicarle eso a mi hermana. Ahora, no.
Probablemente… nunca.
—Está funcionando bastante bien —respondí con
irritación.
Ella se puso en pie y dijo:
—Sigue diciéndote eso. Tal vez empieces a creerlo.
—¿Qué demonios quieres que haga? —pregunté
bruscamente.
Ella me miró.
—Si lo que sientes por Vanna realmente ha cambiado,
entonces nada. Pero si te importa, ahora es el momento de
demostrárselo. A ella le vendría bien algo de eso ahora mismo.
—¡Me importa, maldita sea! —gruñí.
Torie me lanzó una sonrisa satisfecha.
—Entonces sé el hermano incansable que conozco y al
que quiero.
Sin una palabra más, mi hermana pequeña salió de mi
despacho y cerró la puerta a su espalda.
Me recliné en la silla de mi despacho con un gemido,
sintiendo como si el estómago se me hubiera vuelto del revés.
Tal vez había cometido un error al limitar el tiempo que
pasaba con Vanna. Tenía la impresión de que ella lo quería así
mientras intentaba recuperarse física y emocionalmente. Ya
tenía gente entrando y saliendo de la casa todos los días para
intentar ayudarla a sanar.
«Pero ¿y si realmente se siente sola y necesita a alguien a
su lado a quien le importe lo que le pase?». No era como si yo
no me preguntara cómo estaba ella a cada momento del día
ahora mismo. Mucho de lo que Torie había dicho tenía
sentido. Bueno, excepto por la parte en la que supuso que
Vanna había huido de mí en Las Vegas porque tenía miedo.
Vanna Anderson nunca había tenido problema en decirme
cómo se sentía exactamente. Aunque había parecido un poco
descentrada aquel día, especialmente después de que yo le
pidiera que pasara el día siguiente conmigo.
Su rechazo me había molestado desde entonces, pero
nunca había considerado que simplemente la incomodara
porque no era la clase de chico con la que solía salir. «¡A la
mierda!». Había prometido ser su amigo y consejero.
Sí, había cumplido mi deber como asesor, pero había
dudado en imponerle mi presencia para ser un amigo.
«¿Y si Torie tiene razón? ¿Y si Vanna realmente necesita a
alguien aparte de su mejor amiga ahora mismo? ¿Y si la
distancia es lo último que necesita en este punto de su
recuperación? ¿Y si tener un amigo que le diga que es preciosa
la ayudara?», me pregunté.
Si Vanna necesitaba a alguien, yo le daría encantado todo
lo que tenía. El problema era que no estaba muy seguro de
cómo ofrecérselo. De pronto, las palabras de mi hermana se
abrieron camino a través de mi vacilación. «Nuestros padres
nos enseñaron a disfrutar de la vida. Enséñale eso a Vanna».
Sonreí de oreja a medida que mi mente se inundó de
recuerdos. Tal vez yo no hubiera practicado el disfrutar de la
vida lo suficiente en los últimos tiempos, pero había cosas que
uno nunca olvidaba realmente.
Savannah

—¿Tinto o blanco? —me preguntó Chase cuando


terminamos de cenar.
Mis ojos volaron de los platos que acababa de poner en el
lavavajillas a Chase, que estaba parado junto a la pila
basculando una botella de vino en cada mano. Mi corazón se
debocó al ver la sonrisa maliciosa en su cara. Había pasado
mucho tiempo desde que había visto esa sonrisa en particular.
Era también la primera vez que había permanecido en la
cocina tras haber acabado de cenar. Su compañía era siempre
entretenida en la cena, pero por lo general se retiraba a su
oficina una vez habíamos terminado.
—Oh —dije sorprendida—. Realmente no necesito…
—¿Tinto o blanco? —preguntó insistente—. Elige o
elegiré encantado por los dos. Se que no odias el vino. Te he
visto beber una o dos copas alguna vez.
—¿Tinto? —dije insegura.
Asintió mientras dejaba el blanco.
—Buena elección. Tengo un excelente burdeos con un
buen cuerpo, de una pequeña bodega en Francia.
Observé, completamente fascinada mientras retiraba
expertamente el corcho, sirvió una pequeña cantidad en una
copa, oler su contenido y después hacer girar el líquido. Por
alguna razón, contuve el aliento mientras tomaba un sorbo.
Él continuó sonriendo mientras decía:
—Es aceptable.
Agarré una gran y preciosa copa de él que solo estaba
llena hasta la mitad.
—¿Estás racionando mi vino? —le pregunté con una
pequeña risa.
Sacudió la cabeza mientras tomaba su copa que estaba
llena más o menos como la mía.
—En absoluto —protestó—. Para apreciar el vino, has de
ser capaz de apreciar toda la experiencia—. Revuélvelo,
huélelo, y saboréalo. No te tragues el primer sorbo de
inmediato. Este debe ser saboreado.
Tomé un pequeño sorbo y lo dejé rondar sobre mis papilas
gustativas por unos segundos. Nunca me había tomado de
verdad el tiempo de reconocer la primera ráfaga de distintivos
sabores de un añejo, pero cerré los ojos antes de tragar
finalmente.
—Es increíble —le informé mientras me lamía el labio
inferior.
—¿A qué te sabe? —preguntó él con curiosidad.
—Arándano y ciruelas —compartí—. Sabe mucho a
tierra.
Soltó una risa.
—Eso puede ser bueno o malo.
Le sonreí.
—Es definitivamente bueno. Bebo vino ocasionalmente.
Algunos me gustan. Algunos no. Nunca me he parado a
reconocer sabores específicos.
—No creo que yo lo haya hecho en mucho tiempo
tampoco —dijo Chase con consideración—. Me ha llevado
bastante recordar que todo lo disfrutable merece la pena
alargarlo lo máximo posible.
Cerró el lavavajillas y me tomó la mano antes de que
pudiera responder a su comentario.
—¿A dónde vamos? —pregunté con suspicacia.
—Es invierno en San Diego, Vanna. No hay nada como un
buen vino y un precioso atardecer —contestó él mientras
procedía a llevarme hacia las puertas correderas de cristal del
patio.
Sentí el frescor de la tarde tan pronto como abrió la
puerta.
—Chase, ni siquiera llevo puestos los zapatos.
Tomó ambas copas de vino y las colocó en una mesa
auxiliar en el patio entre dos tumbonas. Entonces, me
enganchó por la cintura y me balanceó a sus brazos como si mi
peso no supusiera nada para él.
—No hacen falta zapatos —dijo con tono brusco—. Yo te
transporto.
Me depositó gentilmente en una tumbona y me envolvió
en una manta lanuda antes de sentarse en su propio asiento en
una tumbona gemela al otro lado de la pequeña mesa exterior.
Aún estaba sin respiración mientras agarraba mi vino y
me acurrucaba en la manta.
—Estoy empezando a pensar que has perdido la cabeza —
murmuré sin un ápice de criticismo en mi tono.
—Eso no es verdad en absoluto —contraatacó—. Tendría
que estar loco para no querer estar con una hermosa mujer
contemplando el atardecer de invierno.
Tenía razón. Los atardeceres parecían más espectaculares
en esta época del año en San Diego por una variedad de
razones. Me di cuenta de eso cuando era niña. Desde entonces,
no me he tomado de verdad el tiempo de ver el atardecer en
ningún lugar.
«De acuerdo, quizás el atardecer es bonito, pero
definitivamente se equivoca con la parte de la mujer hermosa
en la ecuación».
—¿No trabajas en la oficina hoy? —pregunté nerviosa,
preguntándome por qué Chase estaba cambiando su habitual
rutina.
—No —respondió él, sonando como si estuviera
perfectamente satisfecho con donde estaba exactamente en ese
momento—. Relájate Vanna. ¿Estás suficientemente caliente?
—Sí —dije con un gritito antes de tomar otro sorbo de
vino.
Relajarme no era exactamente mi fuerte o algo que
supiera cómo hacer. Especialmente con alguien como…
Chase.
—Es una bonita noche —comentó él mientras se reclinaba
en su asiento.
Finalmente retiré mi mirada de él y me centré en el cielo.
Estaba encendido con rojos y dorados que se
arremolinaban juntos hasta que no podías decir dónde acababa
un color y empezaba otro.
Respiré hondo, notando que, aunque había un ligero
frescor en el aire, no estaba precisamente helando allí fuera.
—Es muy agradable —coincidí, permitiéndome
finalmente relajarme un poco.
Chase tenía una preciosa casa frente al mar, y entre la
distante cadencia de las olas y el precioso atardecer cegador,
me sentí un poco fascinada. Un confortable silencio se asentó
entre nosotros y mientras bebimos nuestros vinos y vimos el
sol lentamente desaparecer.
—Ha sido increíble —murmuré cuando la luz dejó el
cielo.
Chase agarró un mando a distancia de la mesa y encendió
una luz baja, lo justo para ver su cara mientras sonreía.
—Lo bastante bueno para alargarlo lo máximo posible,
¿verdad? —preguntó jocoso.
Asentí, aún no me acostumbraba a este nuevo y diferente
Chase Durand.
—Lo fue.
—Ahora que se ha acabado, dime cómo te sientes
realmente, Vanna —dijo Chase en un tono más serio—. Tu
cuerpo se está curando. Es una cuestión de tiempo. Quiero
saber cómo te sientes.
—¿Sobre el secuestro? —pregunté ya que raramente
discutíamos cualquier otra cosa.
—Sobre todo y nada —corrigió él.
Incómoda con la intensidad de su expresión, giré la cabeza
hacia las luces de algunos barcos en el agua.
—Chase, estás tan ocupado…
—No —gruñó Chase—. Dijiste algo similar cuando te
pedí que pasaras tiempo conmigo en Las Vegas. No estoy
ocupado para escucharte. No estoy ocupado para pasar tiempo
contigo. No estoy ocupado para que no me importe una mierda
si te sientes bien emocionalmente o no, y no se limita a tu
secuestro, Vanna. No te pregunto como director ejecutivo de
Durand. Te pregunto como un tipo que se preocupa por ti.
Abrí la boca para protestar, pero acabé cerrándola sin
decir una palabra.
Quería contarle todo lo que me estaba pidiendo, pero no
estaba segura de cómo hablar con Chase de otra cosa que no
fuera el secuestro.
—Confesé.
—Es muy simple —dijo zalamero—. Solo abre la boca y
dime que hay en tu mente. Mi plan es ser honesto contigo.
Quería pasar tiempo contigo en Las Vegas. Ese deseo no ha
cambiado para mí.
Resoplé.
—Estaba sola allí. Tu solo intentabas ser agradable.
—Si recuerdo correctamente, yo también iba a estar solo
allí —corrigió él—. ¿Nunca se te ocurrió que solo quería pasar
un tiempo contigo haciendo algo más que debatir temas de
actualidad?
—No —respondí honestamente.
—Quería. Aún quiero.
Sacudí la cabeza.
—Entonces no tengo idea de por qué.
—No estoy seguro de que quieras que te responda a esa
pregunta con franqueza —me respondió. Solo digamos que
prefiero tu compañía a la mía propia. Quizás no me guste estar
siempre solo.
Dios, puedo identificarme con eso. Yo me sentía del
mismo modo.
—Pero tú tienes tu familia —disentí—. Y ¿cuándo está
solo un multimillonario en tu industria?
Era una locura pensar que un hombre como Chase Durand
no pudiera conseguir la atención de una docena de personas si
quería.
—¿Has estado alguna vez en una habitación llena de gente
y aun así sentirte sola? —peguntó él con voz ronca—. ¿Cómo
si te faltara algo o alguien?
Se me cortó la respiración.
Me había sentido así más veces de las que podía contar.
Pero Chase…
—No me entiendas mal —aclaró—. Amo mi familia, pero
Torie tiene a Cooper ahora y Wyatt no es precisamente
hablador. Sí, puedo encontrar compañía, pero dudo que la
consiguiera por las razones adecuadas. Aquel día en Las
Vegas, todo lo que de verdad quería era pasar tiempo contigo.
No porque sintiera pena por ti. Sentía pena de mí mismo
porque ha pasado mucho tiempo desde que he estado con una
mujer que me viera a mí, no a mi dinero.
Le miré con sorpresa.
—¿De verdad piensas que eso es todo lo que puedes
ofrecerle a una mujer?
Se encogió de hombros.
—No. Por desgracia, eso es la primera cosa en la que se
fijan.
Quería de verdad discutirle aquella observación, pero no
lo hice. Chase Durand podía atraer a una mujer por una
multitud de razones al margen de su cuenta bancaria. Pero
probablemente era cierto que lo primero que la gente pensaba
de él al conocerle era poder y dinero. Me dolía el alma de
pensar en Chase sintiéndose tan solo como yo me había
sentido a veces.
—¿De verdad quieres estar con una mujer que pasa la
mayoría del tiempo en localizaciones terribles en botas y con
muy poco maquillaje a no ser que esté en rodando?
—Más que nada —contestó rápidamente—. Me rompiste
el corazón cuando te marchaste corriendo sin mirar atrás.
Rompí a reír.
—Ahora te pones ocurrente.
—¿No me crees? —me preguntó con una burla de
indignación.
—Ni por un momento —contesté—. Pero entiendo
totalmente lo de la soledad. Si quieres saber la verdad, creo
que estoy quemada severamente en mi carrera.
Continué explicándole lo que había hablado antes con
Torie.
Chase me escuchó con intención hasta que hube
terminado.
—Una persona solo puede dar durante un tiempo antes
tener que encontrar un modo de despejarse y reponer la
energía que ha perdido —meditó Chase.
Una lágrima bajó por mi mejilla mientras decía:
—Creo que estoy completamente vacía. Estaba ya en
conflicto antes del secuestro. Ahora me siento totalmente
perdida, Chase. Tengo miedo de mi maldita sombra ahora, y lo
odio. Me encanta ser periodista de investigación, pero no estoy
segura de que me encante ir corriendo de sitio en sitio
constantemente. Solo pensar en ir al siguiente proyecto me da
náuseas. No sé cómo arreglar esto.
Se puso de pie, me levantó, con la manta y todo, y
después se acomodó en su tumbona conmigo en su regazo.
—Lo arreglaremos juntos, cariño. Te ayudaré a trabajar en
estos asuntos uno por uno. Supongo que los dos debemos ir en
busca de nuestra alegría de vivir.
Apoyé mi cabeza en su hombro y suspiré, adorando como
podía pronunciar esa frase como un hablante nativo francés.
—Me temo que la mía se me fuera hace mucho tiempo.
¿Tú?
—No hace tanto como para no encontrarla si la busco —
dijo Chase con una risita—. Creo que probablemente hice un
mejor trabajo encontrando cosas que disfrutaba en mi tiempo
libre cuando estaba en el ejército. Siempre había otros tipos
alrededor buscando distraerse o sacudirse el estrés.
—Si piensas que voy a salir y correr ocho kilómetros
contigo por diversión, estás loco —le advertí—. Te he visto
torturarte en el gimnasio y sé que sales a correr temprano por
la mañana. Yo a duras penas ando al ritmo de un caracol ahora
mismo.
—Esa idea nunca ha cruzado mi mente, preciosa —me
dijo con burla.
Dios, ahora quería pasar más tiempo con Chase sin pensar
o hablar de mi secuestro, y si él quería lo mismo, la tentación
era casi irresistible.
Mi brazos se deslizaron alrededor de su cuello cuando por
fin pregunté:
—¿Qué tienes en mente exactamente?
Chase

—Esos te quedarían bien —le dije a Vanna con un


asentimiento varios días más tarde. Tomé los pendientes de
turquesa y diamante que ella sostenía junto a su oreja y se los
entregué a la dependienta—. Nos los llevamos. Te dije que
conocía a un chico que tenía joyería de turquesa de calidad.
—No, no nos los llevamos —dijo ella con obstinación—.
Son bonitos, pero están rodeadas de diamantes, Chase. Si
pagara tanto por un par de pendientes, me suicidaría si
perdiera uno. Y en efecto conoces a muchos tipos. Conocías a
un chico cuando nos metiste en uno de los mejores
restaurantes de San Diego por un capricho de última hora.
Conocías a un tipo que tenía un barco, que resultó ser un
catamarán de lujo, cuando decidiste llevarme a ver ballenas.
También conocías a un tipo que podía prepararnos un picnic
de estrella Michelin cuando fuimos al parque. ¿A cuántos de
estos tipos que pueden hacer cosas milagrosas conoces
exactamente?
Le guiñé un ojo mientras le entregaba al empleado mi
tarjeta de crédito.
—A los suficientes para mantenerte feliz durante mucho
tiempo —bromeé.
Había crecido en San Diego y tenía suficiente dinero para
hacer que sucediera casi cualquier cosa. No tenía vergüenza a
la hora de usar ese poder si le sacaba una sonrisa de cinco
segundos a Vanna.
Demonios, me conformaría con un segundo o dos si fuera
necesario. Después de haberla visto reír varias veces en los
últimos días, ahora era completamente adicto a ese sonido y la
sonrisa en su adorable rostro, que inevitablemente aparecía
justo después de eso.
Ella se apoderó de mi tarjeta de crédito antes de que la
vendedora pudiera pasarla por el terminal.
—No acepté pasar esta semana contigo para que me
compraras cosas, Chase.
Lo sabía. Nos divertíamos juntos. Le gustaba estar
conmigo. A mí me encantaba estar con ella. Pero aún quería
comprarle los malditos pendientes. ¿Por qué tenía que ser tan
condenadamente terca a veces? Le arranqué la tarjeta de entre
los dedos y se la devolví a la dependienta.
—Para, Vanna. Estás confundiendo a la pobre mujer—dije
mientras me interponía entre ella y la dependienta que pondría
los pendientes en el joyero de Vanna—. Sé que no necesitas mi
dinero y que no estás aquí conmigo por eso. Quiero comprarte
algo que vayas a disfrutar. Déjame hacerlo porque me hace
feliz a mí. No me importa si pierdes uno. Te compraré otro par.
Sus cejas se fruncieron de una manera que había llegado a
adorar mientras respondía:
—Eres absolutamente exasperante. ¿Lo sabes? Solo vine
aquí para mirar. En realidad, no he comprado físicamente en
mucho tiempo.
—Supongo que eso significa que no estás enfadada —
aventuré—. Venga, Vanna. Son pendientes de calidad, pero no
son precisamente lo que yo llamaría caros.
Ella puso los ojos en blanco.
—Creo que tu idea de calidad y la mía son muy diferentes.
—Te das cuenta de que soy dueño de varias de las marcas
de lujo de mayor calidad del mundo —respondí—. Puedo
hacer una llamada y conseguirte lo que desees.
—Eso no sería nada divertido y yo no compro tus marcas.
La mayoría de ellas son escandalosamente caras. ¿Quién paga
tanto por un vestido o un bolso? Gano un dinero decente en lo
que hago, pero no tanto como los periodistas de renombre. No
tengo que calcular hasta el último centavo, pero estoy muy
lejos de tener una de esas tarjetas de crédito opacas. También
estoy en el mercado buscando casa. Me gustaría comprar algo
bonito en un buen vecindario que esté razonablemente cerca
del mar.
Yo le compraría esa casa en un santiamén, pero sabía que
encontraría resistencia en eso. Además, no era como si
quisiera que ella se marchara a ningún lado.
—No tengas prisa con eso —dije rotundamente—. No es
como si tuvieras un límite de tiempo en cuánto tiempo te
quedas en mi casa. Me gusta tenerte allí.
Ella suspiró mientras tomaba la bolsa de la empleada.
—Créeme, no me cuesta nada estar allí. Sería la casa de
ensueño de cualquiera, pero tendré que marcharme tarde o
temprano.
No. En realidad, no tenía que marcharse nunca. Por
desgracia, ella sentiría que debía hacerlo una vez que estuviera
completamente curada. Físicamente, no estaba tan fuerte como
antes del secuestro, pero lo estaría. Emocionalmente, también
parecía estar mejorando.
Se abría a mí acerca de cómo se sentía mucho más a
menudo y no estaba tan tensa como un tambor. Vanna solo me
había prometido una semana sin hacer nada y yo planeaba
aprovechar al máximo el tiempo que tuviera. Ella no era la
única que se reía y sonreía más a menudo. Yo valoraba cada
minuto que pasaba con ella. Había olvidado lo que era estar
con una mujer a la que no le importaban un carajo mi dinero ni
mi poder. Caray, para ser sincero, no estaba seguro de haber
experimentado eso antes.
Probablemente volvería a la oficina a la semana siguiente,
a pesar de que Wyatt me había dicho que me tomara todo el
tiempo libre que necesitara.
Vanna sostuvo en alto la pequeña bolsa.
—Me encantaría ponérmelos, pero no estoy vestida para
llevarlos.
Yo la miré de arriba abajo mientras decía:
—Estás guapa. No son exactamente llamativos y, aunque
lo fueran, ¿importa? Si te hace feliz, póntelos.
Me sonrió mientras sacaba los pendientes de la caja, se
quitaba los que llevaba puestos y empezó a ponerse los
nuevos.
Apoyé una cadera contra el mostrador y la observé, lo
cual se había convertido en una de mis actividades favoritas.
Su nuevo corte de pelo realmente le quedaba bien a su
personalidad. Era descarado y atrevido, igual que Vanna. Sí,
tenía unas cuantas cicatrices en su piel de alabastro, pero eso
no le restaba a su increíble atractivo, que siempre estuvo y
siempre estaría ahí. Había engordado un poco desde el
secuestro, así que sus preciosas curvas habían vuelto, y me
ponían la verga más dura que nunca.
—¿Qué piensas? —preguntó volviéndose de frente a mí
con los pendientes puestos.
—Hermosa —dije con la garganta seca; la palabra no
tenía nada que ver con los pendientes. Vanna era la clase de
mujer que siempre estaría despampanante, sin importar lo que
llevara puesto. Incluso con unos pantalones y su suéter rojo
fuerte me cortaba la respiración.
Después de que guardara la bolsita con los otros
pendientes en su bolso, tomé su mano y salimos de la joyería.
El gesto me parecía tan natural como respirar, a pesar de que
no teníamos una relación íntima.
—Gracias —dijo en tono agradecido mientras me
golpeaba con el hombro—. Probablemente es lo más bonito
que un chico haya hecho nunca por mí. No estoy intentando
decir que estemos saliendo ni nada —añadió a toda prisa.
«¡Mierda! Qué prisa se ha dado en corregir el error»,
pensé. De acuerdo, aquello fue un golpe a mi ego, pero lo
ignoré. Estaba conmigo porque era donde quería estar, con
dinero o sin él, y aquella sensación era alucinante. Yo no podía
pedir más. Ahora, no. Nunca. Y necesitaba recordarlo.
—No ha sido nada, Vanna —le aseguré. Y, sinceramente,
para mí, comprarle esos pendientes realmente no era nada.
—Ha sido muy detallista —me contradijo ella—. Todavía
no entiendo por qué no te ha pescado ya una buena mujer.
—Puede que yo no quisiera que me reivindicara cualquier
otra mujer —sugerí, consciente de que nos adentrábamos en
terreno peligroso.
No habíamos hablado en realidad de cuánto significaba
aquella semana para ninguno de los dos. Básicamente
habíamos disfrutado de la compañía del otro. Tendría que
bastar que Vanna no huyera de mí como si tuviera un petardo
en su precioso trasero. En serio, ¿tenía el camino abierto yo,
aunque ella quisiera algo más? Probablemente, no. ¿Me
mataría cuando ella decidiera alejarse y dejarme como amigo?
Quizás… Pero odiaría aún más no pasar tiempo con ella ahora
mismo. Era vulnerable en ese momento y tenerla junto a mí
apaciguaba mi deseo de asegurarme de que estuviera feliz y a
salvo.
—Qué mentiroso —me retó Vanna—. Si conocieras a la
mujer adecuada, te desvivirías para hacerla feliz, Chase. Sé
que lo harías. Me has mimado muchísimo y no soy tu
enamorada.
«¡Dios!». ¿De verdad no sabía que era la única mujer que
había deseado tan desesperadamente en toda mi vida? Si no,
me merecía un Oscar de la Academia por mi actuación.
—No lo sé —dije sin comprometerme mientras abría la
puerta del pasajero de mi Ferrari y esperaba a que ella entrara.
Vanna dudó y rápidamente se arrojó en mis brazos. Yo la
atrapé y sostuve su cuerpo cálido y suave contra el mío
mientras cerraba los ojos. No era la primera vez que lo hacía,
pero me pillaba desprevenido cada vez.
—Gracias por los pendientes —dijo en voz baja cerca de
mi oído—. Gracias por esta semana. Gracias por estar aquí
para mí. No me siento tan perdida como hace unos días.
Yo apreté los dientes, no muy seguro de si era una
bendición o una maldición que ella no se apartara de
inmediato. La envolví con los brazos y la sostuve fuertemente
contra mi cuerpo, deleitándome en el olor de su sutil perfume
y en la manera en que su precioso cuerpo encajaba
perfectamente contra el mío.
«¡Dios!». Estaba volviéndome completamente loco, pero
yo parecía disfrutar con la tortura.
—Sabes que es un placer para mí, Vanna —dije en sentido
literal. Nada me hacía sentir mejor en el mundo que abrazarla.
Sí, se me ocurrían un par de cosas que podrían resultar aún
más satisfactorias, pero no pensaba contemplar lo imposible.
Sinceramente, solo quería disfrutar del tiempo que pudiera
pasar con ella. Tendría suficiente tiempo para regodearme en
la miseria después de que ella se marchara. Cierto, si
conseguía que mi verga accediera a ese plan, las cosas serían
mucho más fáciles. No solo Vanna no parecía tan afectada por
estos gestos de afecto espontáneos como yo, sino que había
otras razones por las que nunca terminaríamos quemando las
sábanas juntos. A veces yo olvidaba eso cuando estaba con
ella, o cuando ella estaba tan cerca de mí. Perdía toda
capacidad de raciocinio tratándose de Vanna, pero tenía que
ser realista.
No tuve más elección que aflojar cuando ella retrocedía,
me sonreía y me besaba en la mejilla. Estuve a punto de gruñir
de frustración.
—¿Qué hay en la agenda para mañana? —preguntó.
—Hoy todavía no ha terminado —le recordé. Ella levantó
una ceja.
—¿Estás intentando decirme que no tienes el día
planeado?
«Sí lo tengo, pero solo porque soy masoquista, por lo
visto», pensé.
—No he dicho eso —contesté—. ¿Cuánto tiempo hace
desde que viste la nieve?
Su rostro se iluminó cuando respondió:
—Hace mucho tiempo. En Colorado. Hace unos cinco
años. Estaba haciendo un reportaje sobre avalanchas. ¿Volveré
a ver la nieve pronto?
Caray, la forma en que sonrió estuvo a punto de hacer que
mi dolor de huevos pareciera insignificante.
Sonreí y dije:
—Conozco a un tipo con un helicóptero y una cabaña en
Big Bear…
Savannah

—Ok, esto es de lejos lo más loco que has hecho por mí de


momento —le dije a Chase con un suspiro mientras miraba el
árbol de navidad y la orgía de regalos que había abierto antes
justo debajo—. Navidad fue hace semanas.
Él se encogió de hombros mientras tiró de mi cuerpo
gentilmente hacia el suyo mientras estábamos sentados en el
sofá y entonces envolvió la manta a mi alrededor.
—¿Acaso importa? Te perdiste Navidades y Año Nuevo.
Estabas luchando por tu vida en ese momento.
Me acurruqué bajo la manta y puse mi cabeza en el
hombro de Chase. Resultó que el tipo que conocía con un
helicóptero era él mismo, y la cabaña en Big Bear en la que
nos estábamos quedando también era suya.
Nos llevó volando antes, justo a tiempo para desayunar en
un pequeño restaurante que tenía los mejores rollos de canela
que he comido jamás. Como mis costillas y el hombro aún
estaban curándose, no estaba precisamente preparada para
hacer snowboard o esquiar. Sin embargo, no había límites en
la creatividad de Chase. Simplemente nos ponía a montar a
caballo para ver unas imponentes vistas del invierno en las
montañas.
La “cabaña” de Chase era más como un mini finca. No era
tan grande o grandiosa como su casa en La Jolla, pero para Big
Bear, era prácticamente una mansión. Volví a la cabaña
después de un día increíble para descubrir que Chase no había
acabado. Olí el pavo asado el momento en que puse un pie en
la cabaña. Y eso no era todo… Disfrutaríamos una completa y
tradicional cena de Navidad mientras veíamos la nieve caer
fuera por las gigantescas ventanas panorámicas. El árbol de
Navidad era precioso, y completamente adornado con
ornamentos y luces parpadeantes. Parecía no poder evitar
mirarlas mientras mirábamos el atardecer y la nieve caer ligera
en el exterior.
—Sabes que todos esos regalos eran demasiado —le
regañé.
Había recibido una masiva cantidad de regalos útiles,
todos ellos caros y la mayoría de su propia línea de
producción. Artículos que nunca me habría comprado yo
misma por el precio en la etiqueta.
—No he sido yo —dijo él con una mala sorpresa fingida
—. Fue Santa Claus. Supongo que sabía que has sido una niña
buena este año.
Resoplé.
—Obviamente, Santa tiene el mismo gusto por la calidad
que tú.
—Por supuesto —dijo en un tono de satisfacción.
—¿También sabe que me encanta la joyería con
turquesas? —pregunté.
Me había dado un bonito collar que casi hacía conjunto
con los pendientes que Chase me había dado el día anterior.
—Santa lo sabe todo —dijo inexpresivo.
Le di unas palmaditas en el hombro.
—Estás completamente loco, y es completamente injusto
que yo no lo supiera con antelación. Habría sido más divertido
si Santa te hubiera dejado alguna cosita a ti también.
—Lo ha hecho —dijo Chase simplemente mientras
apretaba su brazo een torno a mi cintura—. Estar aquí contigo
es el mejor maldito regalo que podía haber tenido este año.
Puse los ojos en blanco.
—Eres un mentiroso, Chase Durand, pero gracias por
esto. Hace mucho tiempo desde que estaba en un lugar en el
pudiera de hecho celebrar la Navidad. No desde que mamá
murió, de hecho.
Decía las cosas más dulces a veces, y nunca estaba segura
de cómo reaccionar. Sí, Chase era de manera natural muy
encantador, pero siempre había una nota de sinceridad en todas
las cosas agradables que decía. Estos habían sido de verdad los
mejores días de mi vida, pero a veces no estaba segura de
cómo gestionar esas cosas agradables que decía o hacía por
mi… o su consideración.
Se las había arreglado también para espantar cada
resquicio de soledad que había sentido durante la última
década, solo porque sabía que le gustaba estar conmigo,
también. No estaba solamente siendo agradable. Nada era
fingido. No estaba aquí porque sintiera lástima por mí. La
alegría y ligereza que Torie dijo que Chase había perdido
estaba aquí completamente a la vista. Se reía. Sonreía. Él
disfrutaba genuinamente mi compañía como yo la suya. Noté
que estaba más feliz, como yo. ¿Se volvió un poco loco con
los regalos? Sí. Pero era Chase siendo Chase, tuve la sensación
de que incluso eso le hacía feliz, así que no le insistí más sobre
el tema.
Puede que fuera patético, pero esta amistad significaba
más para mí que cualquier relación romántica que hubiera
tenido. Nadie se había preocupado lo suficiente por mí para
hacer algo así por mí desde que mi madre murió y, por esa
razón, su esfuerzo por hacerme feliz significaba más para mí
de lo que él nunca sabría o vería.
—¿Aún la echas de menos? —preguntó Chase con voz
ronca—. Siento no haber estado allí para el funeral, Vanna.
Habría estado si lo hubiera sabido. Estaba en una localización
que no tenía mucho contacto con el mundo. Para cuando me
enteré por Torie, ya se había acabado.
Asentí.
—Ha pasado ya una década y sigo echándola de menos
cada día. No creo que se pase nunca. Ella era toda mi familia.
Si no fuera por el hecho de que estaba empezando mi primer
trabajo como reportera en ese momento, seguramente habría
estado allí con ella. Casi todo su trabajo se desarrollaba en el
centro de investigación, pero era siempre una aventura cuando
tenía que ir a una localización. Yo casi siempre iba con ella si
podía.
—Era una mujer maravillosa —dijo Chase formalmente
—. Te pareces mucho a ella, ¿sabes?
—Definitivamente me tomaré eso como un cumplido —le
contesté—. Puedo ver mucho de tu padre en ti, también. Él era
piloto y le encantaba volar.
—Lo era —confirmó Chase—. Torie no estaba realmente
interesada en aprender, pero Wyatt y yo sacamos la licencia de
piloto en cuanto fue legal que voláramos solos. Esta era la
cabaña de papá antes de que yo la heredara. Tengo muy
buenos recuerdos aquí. Era nuestra escapada favorita con
nuestro padre cuando Wyatt y yo veníamos a la vez.
Pescábamos y bebíamos un montón de cervezas mientras
estábamos aquí. Era uno de los modos de mantenerme
humilde.
—No sabía que esta cabaña perteneció a tu padre —
medité—. ¿Con cuánta frecuencia vienes aquí?
Sentí que se encogía de hombros al contestar:
—Esta es la primera vez desde que murió. Por un tiempo,
era demasiado doloroso estar aquí sin él. Había pensado venir
un par de veces en los últimos años, pero simplemente nunca
tenía tiempo. Hasta hace poco, Wyatt y yo estábamos en París
más de lo que estábamos en San Diego. Tener nuestra sede
principal en los Estado Unidos significa que ya no tenemos
que viajar tan a menudo.
Me dolía el corazón por la pérdida de Chase.
—Lo siento. Sé lo unidos que estabais todos, y cuánto
debes echarlo de menos.
—Se vuelve más fácil con el tiempo, pero como ya sabes
por haber perdido a tu madre, perder un padre no se supera
realmente nunca. Probablemente nunca aprecié lo bueno que
era hasta que los perdí a los dos —dijo, con un tono lleno de
arrepentimiento.
—¿Cómo te sientes estando de vuelta aquí? —pregunté
suavemente, sin saber si era doloroso para él estar aquí ahora.
Sabía por experiencia lo duro que era superar el dolor de
la pérdida de alguien a quien amas. Después de todo, me había
llevado casi diez años vender el hogar de mi infancia.
—Está bien —dijo Chase—. Ahora puedo rememorar los
recuerdos felices sin que se vuelvan dolorosos. Sinceramente,
creo que por eso pensé en las Navidades aquí. Cuando éramos
más jóvenes, toda la familia pasó junta las Navidades algunas
veces.
—Es un sitio bastante mágico —dije nostálgica—. Solo
me gustaría que Santa no hubiera sido tan generoso.
—Los regalos no han sido nada, Vanna. Baratijas y cosas
útiles. No es como si Santa te trajera una nueva casa o un
coche.
Incliné mi barbilla para enviarle una mirada de
advertencia.
—Más le vale que no. Y no es ya solo los regalos, es lo
considerado de toda esta experiencia, Chase. Como he dicho,
no me he parado de verdad a disfrutar un árbol de Navidad o
una comida casera en años.
Sinceramente, el precio de los regalos no era nada para un
tipo que tenía la cantidad de dinero que tenía Chase. El
sentimiento era algo completamente distinto.
—¿No tuviste Navidades íntimas en las montañas con
Bradley? —preguntó Chase ásperamente.
Sonreí a medias.
—Oh, Dios, no. Los dos estábamos destinados ese año.
—Estoy seguro de que Torie te invitó a nuestra Navidad
—consideró Chase—. Nosotros tres hemos tenido muy pocas
Navidades en que no estuviéramos en el mismo lugar para las
vacaciones, incluso aunque tuviéramos que volar a algún lugar
para estar juntos.
—Cada año —recalqué—. Pero siempre estaba fuera del
país. Creo que perdí la noción de lo importante que es pasar
esas vacaciones con la persona que era la más importante para
mí. Torie es la hermana que nunca tuve. Ahora, me arrepiento
de haberme perdido esas celebraciones con ella. Mandar un
regalo por correo no es realmente igual que pasar tiempo
juntas. Supongo que no sabía lo afortunada que era hasta que
casi la pierdo.
—Estabas allí cuando ella te necesitó de verdad, Vanna —
me recordó Chase—. Sabiendo lo que te importa tu carrera, no
puedo imaginarme lo difícil que debió ser poner tu propia
carrera en espera tras su secuestro.
Agité la cabeza.
—No lo fue, de verdad. No había ninguna duda sobre
dónde quería estar cuando pasó. Ella ha estado ahí para mí,
también, Chase.
Él se rio entre dientes.
—Ella no estaba feliz cuando le dije que iba a ser tu
consejero y que te quedarías conmigo. La única razón por la
que no me ha machacado demasiado es por lo cerca que vive.
Estaba aterrada cuando desapareciste, Vanna. El sentimiento
de hermandad va en las dos direcciones. Habría estado en el
rescate si hubiera pensado que podía engatusar a alguien para
entrar en mi jet.
Sonreí porque eso sonaba exactamente como mi mejor
amiga.
—Estoy segura de que lo habría hecho. Estoy agradecida
de estar lo suficientemente unidas para que se diera cuenta de
que seguí mi calendario. Si no fuera por ella y Last Hope, no
creo que hubiera conseguir salir de la jungla con vida.
—No voy a mentir —contestó Chase en tono gutural—.
Estoy seguro de no lo habrías hecho. Ya tenías mucha sepsis, y
la infección sistemática fue la parte más desafiante de tu
recuperación.
Asentí.
—No recuerdo mucho de aquellos primeros días en el
hospital. Solo recuerdo que estabas allí cada vez que me
despertaba asustada. ¿Dormiste algo?
—Lo suficiente —dijo él, descartando mi preocupación
por él—. Nunca he necesitado realmente mucho sueño y en el
ejército aprendí a dormir una hora o dos cuando y donde
puedo.
—¿Alguna vez extrañas tu vida militar? —pregunté con
curiosidad.
—A veces —dijo cándidamente—. Hay una camaradería
que no creo que encuentres en otra línea de trabajo. Y
raramente hay un momento aburrido. Nuestras operaciones
han de ser planeadas al segundo, y no había espacio para el
error, por lo que la duración de la vida de las fuerzas
especiales en el terreno no es generalmente larga. Pero
mientras lo hacía, sentía que era parte de un equipo haciendo
algo importante. Es duro perder ese sentido que te da un
objetivo más grande que tú, y ese instinto de salvar el mundo
es difícil quitártelo cuando vuelves a la vida civil. Supongo
que por eso nos gusta a todos estar en Last Hope. Ahora somos
grandes y nos hemos expandido, pero esa camaradería sigue
ahí, y nos da la oportunidad de hacer lo que podamos para
ayudar.
—Sé que la mayoría de tus operaciones militares estaban
envueltas en secretismo. Probablemente no puedas decir
mucho específicamente de ellas, pero ¿estaban realmente
medidas al segundo? —pregunté inquisitiva—. La periodista
de investigación que hay en mi tenía que preguntar.
—La mayoría de ellas eran top secret en el 160.º SOAR
—reveló—. Nos coordinábamos con otras pocas unidades
especiales como la Fuerza Delta y los SEALS de la Marina
para localizaciones de objetivos específicos. Los Night
Stalkers se especializan en vuelos nocturnos. Y sí, mi amiguita
curiosa, medir el tiempo era fundamental. Nunca he fallado un
objetivo en tiempo, más o menos treinta segundos. Ese era
siempre nuestro objetivo, sin importar que clase de operación
realizáramos.
Hice una mueca.
—Eso es brutal.
—Cuando dependen vidas de no fallar en tiempos, lo
haces —contestó con una nota de regocijo en su voz—. No
éramos conocidos como lo mejor de lo mejor en pilotaje de
helicópteros por nada.
Sonreí por su arrogancia, pero supuse que cuando alguien
es desafiado con misiones así de difíciles, una confianza
descarada era probablemente necesaria.
—Así que tomar el control de Durand con Wyatt fue un
gran cambio de carrera —ponderé.
—Sí —coincidió—. Pero el negocio ofrece un reto
distinto. Hay cierta satisfacción en un trato bien hecho, o
lanzar un nuevo producto que sabes que tiene la mejor calidad
del mercado.
—Muchos de los cuales fueron entregados a Santa para
ponerlos bajo el árbol —le bromeé.
—Por supuesto. Reconoce la calidad cuando la ve.
Rompí a reír porque no podía reprimirme.
—Eres terrible cuando se trata de los productos Durand y
su calidad.
—Tenemos que serlo —confirmó sin una pizca de
arrogancia—. Las líneas Durand no serían ni la mitad de
solicitadas si no estuviéramos ofreciendo un producto que
durará toda la vida. Es suficiente sobre mí. Cuéntame cómo es
la vida como periodista de investigación.
Respiré hondo, pero no respondí inmediatamente.
Como Chase siempre había hecho hincapié en ser honesto
conmigo, quería corresponderle.
Chase

—¿Vanna? —apunté cuando no respondió—. ¿Es algo de


lo que no quieres hablar?
Joder, habría obviado la pregunta si creyera que podría
disgustarla.
Ella sacudió la cabeza ligeramente antes de decir:
—No es eso. Solo estoy intentando encontrar la manera
precisa de responder. No es exactamente la carrera que
imaginaba cuando salí de la universidad.
—¿Qué quieres hacer?
Vanna respiró hondo antes de responder:
—Creía que iba a hacer investigaciones innovadoras y
escribir artículos que me harían ganar un Pulitzer algún día.
Pero no había mucha demanda de periodistas sin experiencia
real en escritura. Así que acepté un trabajo en un pequeño
canal de noticias por cable en San Diego, con la esperanza de
poder adquirir algo de experiencia y reconocimiento. Por
alguna razón, he estado allí desde entonces. Deadline America
se hizo cada vez más popular, y simplemente no tenía sentido
dejar de hacerlo. Mi salario aumentó lentamente hasta que
también ganaba un dinero decente.
—¿Pero?
Escuchaba la vacilación en su tono.
Ella levantó la cabeza para mirarme y se me retorció el
estómago se retorció ante la expresión melancólica en sus
hermosos ojos.
—No me malinterpretes —dijo en voz baja—. Le debo
mucho a Deadline America. Pude hacer algunos reportajes que
eran realmente importantes, aunque no pudiera contarlos
exactamente como quería. Tengo un productor, un director y
muchas otras personas a las que responder sobre mi contenido.
Por lo general, hay un límite sobre cuán crudas pueden ser las
cosas en la televisión, y a veces hay un sensacionalismo
adicional cuando solo quiero escribir…
—¿Los hechos? —terminé.
—Exactamente —dijo con una sonrisa triste—. Aunque
esos detalles sean crudos y demasiado para la televisión. Creo
que esa puede ser parte de la razón por la que estoy quemada.
Sé lo que es real, pero no siempre tengo una salida para contar
la cruda realidad. Hago historias que vale la pena contar, pero
a veces hay demasiado relleno y poco realismo. Estoy
escribiendo un artículo de investigación escrito además de mi
reportaje para Deadline America sobre la crisis del Tapón del
Darién. Es algo que he hecho para muchas de mis historias a lo
largo de los años, aunque nadie las lea. La situación en el
Tapón del Darién es horrible, Chase. Hay tantos niños sin un
lugar a donde ir y tanto sufrimiento que han tenido incluso
antes de llegar a Bajo Chiquito y algunas de las otras áreas de
recepción.
—Me gustaría leer ese artículo —le dije con sinceridad—.
Tienes razón. Si eres escritora, esa probablemente sea la mejor
salida para ti. Especialmente teniendo en cuenta los temas que
cubres. Me he maravillado con todas las historias que has
contado en Deadline America, Vanna, así que imagino lo
increíbles que serían esos artículos si los estuvieras
escribiendo exactamente como quisieras.
—No es posible que hayas visto todos los episodios —me
reprendió.
—Sí, de hecho. Incluso los primeros. También me jacto
ante cualquiera que escuche de que te conozco desde que eras
una niña porque siempre he sentido que es un honor conocerte.
Tal vez no nos hayamos visto mucho a lo largo de los años,
pero nunca he dejado de pensar en ti —le confié.
Curiosamente, ese era un hecho que no podía negar. Tal
vez nunca me desperté lo suficiente como para admitir que
sentía algo más que amistad por Vanna, pero
inconscientemente, probablemente siempre lo había sabido. Lo
más probable es que me mantuviera en negación porque sabía
que Vanna siempre sería inalcanzable para mí. La mejor amiga
de mi hermana pequeña. Era muchísimo más fácil cuando
simplemente la veía como una compañera de debate desafiante
y una amiga de la familia.
Nunca me había perdido un solo episodio de Deadline
America. Si sabía que me iba a marchar, lo grababa. Cierto,
era un programa fascinante y Vanna era una periodista de
investigación, pero ahora yo sabía que era obsesivo con verlo
por ella. Por Savannah.
—Yo también pensaba en ti —dijo vacilante—. Y me
preocupaba cuando volabas en el ejército. Torie me mantenía
al tanto de ti y de Wyatt.
¿Wyatt? A la mierda Wyatt. Sí, yo quería a mi hermano
mayor tanto como Torie, pero habría preferido que Vanna solo
estuviera pensando en mí.
Por alguna razón, esta era una instancia en la que
realmente no quería que me emparejaran con mi hermano. Eso
me convertía en el otro amigo de la familia por el que se
preocupaba.
Bien, volvamos a nuestra conversación anterior. Lo último
en lo que quería centrarme era en lo que quería de Savannah
Anderson.
—Entonces, ¿por qué no renuncias a Deadline America y
escribes de lo que quieres como freelance?
Frunció el ceño mientras decía contemplativamente:
—No estoy segura de sí Deadline America fue una
bendición o una maldición en ese sentido. Definitivamente mi
nombre es conocido, pero no estoy en el escalón superior de
los periodistas de investigación serios que ganan Pulitzer. Ni
tengo libertad creativa en mi trabajo. Escribo las historias,
pero las desarmo para hacerlas apropiadas para la televisión.
—Vanna, nada de lo que has hecho es relleno. Si quisieras
hacer esa transición, sé que podrías. Tu nombre es respetado.
Caray, yo te respeto. Se necesitan ovarios solo para estar en
algunos de esos lugares.
«¿No es esa la verdad?».
Yo me había encogido repetidamente mientras ella
caminaba penosamente a través de algunos de esos puntos
críticos geográficos mortales sin pensar en su propia
seguridad.
Ella pestañeó juguetonamente.
—¿Así que no estabas mirando solo para comprobar lo
sexi que estaba con botas de goma y sombrero?
«¡Mierda!». No importaba lo que llevara puesto.
—¿Cómo sabes que no me gustan las mujeres con botas
de agua? —pregunté con ligereza.
Para ser sincero, se veía sexi con cualquier cosa que
llevara, incluidas las botas de agua. No importaba. Con
maquillaje o sin él. Asquerosamente sucia o limpia. Delgada o
con curvas. Con cicatrices o sin ellas. Era la mujer más
deseable que jamás había conocido. No había límite en las
formas en que conseguía ponerme el miembro duro. A veces
deseaba tanto estar dentro de su hermoso cuerpo que casi no
podía respirar.
«¡Mía!». Savannah era mía. Siempre estuvo destinada a
ser mía. Podía sentirlo con cada inspiración que tomaba, a
cada segundo que estaba cerca de ella. Era ella quien siempre
me faltaba. La persona a quien añoraba en una habitación
atestada de gente. Quería reivindicarla de manera elemental
como un maldito troglodita y llevármela a mi guarida. Solo
que había tardado demasiado tiempo en percatarme. Intenté no
pensar en lo que podría haber pasado si hubiera espabilado
hacía años…
—¿Te gustan? —dijo en un susurro entrecortado que hizo
que me doliera la verga.
Está bien, me había distraído un poco.
—Yo, ¿qué?
—¿Te atraen las mujeres con botas de agua?
En realidad, no. Era más o menos solo… ella.
—Tal vez —respondí sin comprometerme—. Ahora dime
exactamente por qué no puedes hacer lo que quieres en tu
carrera. Creo que probablemente valga la pena correr el riesgo.
No eres feliz. Sin mencionar el hecho de que Deadline
America casi hace que te maten.
—Acepto los peligros en cada encargo —dijo con
indiferencia—. Es parte del trabajo. Siempre sabes que puede
pasar algo, pero la verdad es que he estado en lugares más
peligrosos que Bajo Chiquito y todo fue bien. Simplemente
estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Tal
vez solo tengo miedo de fracasar si intento vender artículos
escritos. Por no hablar de que gano bastante dinero en mi
trabajo actual. Estaría empezando de cero, Chase. Tendré que
pensar en ello un poco más.
Si el dinero era una de sus preocupaciones, yo podía
mitigarla en un abrir y cerrar de ojos.
—¿Y si el dinero no fuera un problema? —pregunté.
Ella me lanzó una media sonrisa.
—El dinero siempre es un problema para la mayoría de la
gente, Chase. No tengo un colchón de reserva. Tengo que
ganar un sueldo decente. California no es barata.
Probablemente podría retrasar la compra de una casa hasta ver
cómo van las cosas. Podría alquilar un apartamento o una casa
pequeña. No necesito mucho espacio para escribir.
—O… podrías quedarte donde estás todo el tiempo que
sea necesario para poner en marcha una nueva carrera. Dijiste
que no era un sacrificio vivir conmigo —le recordé.
Ella dejó escapar una risa atónita.
—Ay, Dios. Dije que no es un sacrificio para mí. No creo
que quieras una invitada semipermanente y no estoy arruinada
exactamente. Tener una mujer viviendo en casa sería
realmente duro para tu vida amorosa y Torie se está
impacientando un poco por tener sobrinos. Creo que está a
punto de renunciar a la esperanza de casar a cualquiera de sus
hermanos mayores.
—Está casada. Puede tener sus propios hijos —farfullé—.
Y ya te he dicho que no estoy saliendo con nadie.
—Las cosas podrían cambiar —respondió amablemente
—. Ya has hecho más por mí que nadie en toda mi vida,
Chase, y no solo me refiero a económicamente.
Independientemente de las circunstancias, esta ha sido la
semana más feliz de mi vida. Me ha hecho darme cuenta de lo
enterrada que he estado en mi trabajo y de lo mucho que me he
estado perdiendo. Nunca podré agradecértelo lo suficiente.
Vaya, lo último que quería era que ella me diera las
gracias.
—No me des las gracias —insistí—. Te dije que
necesitaba lo mismo. Ha sido bueno para mí. Esto es lo más
feliz que he sido, también. Esa oferta siempre seguirá en pie,
Vanna. Quiero que seas feliz. Mientras tanto, todavía tienes
que curarte. ¿Cómo te sientes después de estar a caballo la
mitad del día?
Traté de asegurarme de que los establos le dieran un
caballo lento sin ningún entusiasmo por levantarse e irse
porque sus costillas y su hombro todavía estaban sanando.
Pero pareció divertirse de todos modos.
—Me siento increíble —dijo con entusiasmo—. El aire
libre definitivamente me sienta bien, pero probablemente me
dolerá en lugares en los que no me dolía antes cuando me
despierte mañana. Hace tiempo desde que monté a caballo.
Aunque no es nada que un poco de ibuprofeno no solucione.
No me lo hubiera perdido por nada del mundo.
«Yo, tampoco». Sólo con ver el brillo de felicidad en sus
mejillas había valido la pena montar un segundo caballo
tranquilo que se mantendría al mismo ritmo que el de ella.
—¿No te duele de montar? —cuestioné.
—No —me aseguró—. Las costillas y el hombro solo han
sido un dolor sordo de vez en cuando durante días.
—Las lesiones físicas suelen ser las primeras en curarse
—le dije—. ¿Qué pasa con algunos de los otros problemas?
—Todavía recuerdo únicamente pequeñas partes de lo que
pasó después del primer día —confió—. Mi terapeuta dijo que
quizás nunca recuerde más que eso porque estaba muy
drogada. Pequeños trozos de memoria me vuelven a la cabeza
de vez en cuando.
Creo que empezaron a ponerme más y más drogas con el
paso del tiempo para no tener que lidiar conmigo. Tampoco
recuerdo mucho de lo que se dijeron mis secuestradores
después de ser drogada. Entiendo el castellano bastante bien,
pero no diría que hable lo bastante bien para tener una
conversación larga sobre temas complicados.
—Hablas mejor que yo —respondí—. Crecimos hablando
francés con papá, pero mi castellano es bastante limitado. No
hay una regla estricta sobre lo que debes y no debes recordar,
corazón. Solo tienes que ser capaz de lidiar con lo que
recuerdas. Te drogaron bastante. No es sorprendente que no
recuerdes mucho.
—Creo que poco a poco estoy haciendo las paces con eso
—dijo pensativa—. Al principio, me molestaba de veras no
tener ni idea de lo que pasó durante la mayor parte de esa
semana, pero estoy empezando a pensar que estoy mejor sin
esos recuerdos. Mi terapeuta probablemente tenga razón. Una
de las pocas conversaciones que recuerdo fue cuando mis
secuestradores estaban intentando decidir si matarme o
mantenerme con vida después de darse cuenta de que iba a ser
difícil venderme como a una mujer normal. Creo que nunca
olvidaré lo condenadamente indefensa que me sentí, Chase.
Mi destino estaba en manos de cuatro criminales y no podía
hacer nada para salvarme.
Enterré la mano en sus mechones sedosos y le acaricié el
cuero cabelludo.
—¡Joder! ¿Por qué no me contaste que recordabas eso,
Vanna?
—Recordé la conversación hace unos días y no he tenido
oportunidad. Además, he tenido mejores cosas en las que
concentrarme. Como encontrar la alegría de vivir.
«¡Mierda!». Sabía que yo había encontrado la mía sin
duda, pero no estaba seguro de poder mantenerla.
Acuné su cabeza contra mi pecho mientras le preguntaba
bruscamente:
—¿Ya la has encontrado?
Estreché mi abrazo en torno a ella, tratando de no
aplastarla.
¡Dios! De repente sentí rugir la necesidad de proteger a
esta mujer por cada célula de mi cuerpo. El instinto era tan
elemental y primordial que cerré los ojos, recordándome que
ella ya estaba a salvo. Nadie volvería a hacerle daño nunca.
Jamás. Me dolía el jodido pecho cuando finalmente ella
murmuró:
—¿Sabes? Estoy casi segura de que sí.
Savannah

El pánico llenó por completo mi ser mientras abría los ojos y


solo veía oscuridad.
«¿Luces? ¿Dónde están las luces?».
Me senté, intentando aclarar mi cabeza para poder pensar.
«Estoy bien. Estoy en Big Bear con Chase. Estoy
perfectamente a salvo».
Me sobresalté cuando oí algo golpeteando fuera.
«Solo es el viento, Vanna. Cálmate de una maldita vez».
Respiré hondo unas pocas veces, preguntándome qué
había pasado con las luces que había dejado encendidas en el
baño. Desde el secuestro nunca dormía a oscuras. No podía.
Buscando hacia la mesita de noche a tientas, abrí el pequeño
cajón y saqué una pequeñísima linterna que había visto allí
antes de irme a la cama. Fruncí el ceño cuando la encendí.
—Es mejor que nada —me dije a mí misma mientras me
revolvía en la cama.
Probablemente debería tener frío, ya que llevaba puesto
un camisón que apenas me cubría el trasero, pero no lo tenía.
Estaba muy ocupada preocupándome del hecho de que todas
las luces estaban apagadas. La iluminación que daba la
linternita era mínima, apenas suficiente para ver el piso frente
a mí mientras caminaba hacia el baño.
—Está bien, todo está bien —me repetía mientras ponía la
mano en el interruptor de la luz para encenderlo. Parecía casi
imposible que hubiera olvidado encender las luces, pero estaba
exhausta cuando finalmente Chase y yo nos retiramos a
nuestras habitaciones.
Le di al interruptor. Clic. Clic. Clic. Nada. ¡Maldita sea!
Las luces del baño no funcionaban.
—Estás bien, Vanna. Todo está bien. Todo está bien. —
Seguí repitiéndome esas palabras como un mantra, como si
diciéndolas pudiera hacer que todo estuviera bien.
Mi corazón estaba desbocado, y parecía que no pudiera
respirar hondo. ¡Mierda! Odiaba la oscuridad. Por desgracia,
había mucho de eso aquí, en esta habitación, en este momento.
«¿Chase? Debería… Ver cómo está, ¿verdad?».
Algo andaba mal obviamente.
Mis pies me llevaron a su habitación tan rápido como la
minúscula linterna lo permitía.
Realmente, no estaba lejos ya que estaba justo en la puerta
de al lado. Empujé su puerta para abrirla sin pensarlo dos
veces.
—¿Chase? —dije en alto una vez que la puerta estuvo
abierta—. ¿Estás bien?
—Estaba perfectamente hasta que decidiste gritarme —
dijo Chase en una voz dormida pero burlona.
—¿Qué haces? —dije con voz tensa.
—Son casi las cuatro de la mañana, Vanna. Estaba
durmiendo. ¿Qué crees que estoy haciendo? ¿Una fiesta? —
preguntó con ironía.
—Está oscuro, Chase. Muy oscuro. Lo siento. Las luces
no funcionan. Sé que es tarde. No pretendía despertarte. Solo
estaba…
—Espera. Quédate aquí —ordenó Chase, sonando de
repente muy despierto.
Supe que había oído el pánico total en mi voz, pero no me
importó.
—No. Voy —dije; todo mi cuerpo temblaba.
«Respira, Vanna. Solo respira maldita sea. La oscuridad
no va a matarte».
Oí a Chase susurrando alrededor mientras decía:
—Se ha ido la luz. Estamos nevando muchísimo esta
noche. A veces pasa.
Estaba a mi lado en un segundo.
—No me gusta cuando está completamente oscuro —dije
con una voz débil que a penas reconocí.
—Entonces supongo que vamos a tener una fiesta de
pijamas —dijo él en tono tranquilizador mientras me tomaba
en sus brazos y me llevaba a la cama—. Métete. Todo tu
cuerpo está temblando. ¿Tienes frío?
Trepé bajo las sábanas, encontrando el lugar que aún
guardaba el calor del cuerpo de Chase.
—No l-lo creo —balbuceé.
—Entonces, ¿por qué te castañean los dientes? —preguntó
mientras se deslizaba dentro, nos tapaba a ambos con el
edredón y me rodeaba con sus brazos—. ¡Jesús! Tienes los
pies fríos, Vanna. Sabía que no había electricidad, pero pensé
que dormirías sin darte cuenta.
—Me desperté —le dije, mi voz estremecida—. Estaba
oscuro. Siempre dejo la luz encendida, Chase. Estaba apagada.
Mecí mi pierna sobre él e intenté acercarme más. Supe
que estaba intentando trepar por su cuerpo, pero no podía
evitarlo. Era cálido. Era seguro. Era Chase, y era lo único que
me impedía perder la cabeza.
—Si hubiera sabido que te daba miedo la oscuridad,
habría acudido a ti tan pronto como me di cuenta de que se
había ido la luz —dijo con voz ronca mientras acercaba mi
piel a la suya—. ¿Por qué no me lo dijiste, Vanna? Soy tu
consejero. Debería saber estas cosas.
Mi corazón empezó a ralentizarse al absorber el calor de
Chase y la dureza de su cuerpo bajo el mío. Respiré hondo.
—¿Qué se suponía que debía decir? ¿Que tenía miedo de
la oscuridad como un niño de tres años? Menuda vergüenza.
Pero es algo que no se me ha pasado tras el secuestro.
—Es perfectamente comprensible, Vanna. ¡Jesús! ¿De
verdad pensaste que no lo entendería? —Su voz sonó molesta,
pero recorría mi espalda arriba y abajo con su mano
tranquilizadora.
Comencé a relajarme mientras le imploraba:
—No te enfades. La única que lo sabe es mi terapeuta. Me
parece una absoluta vergüenza tener que dormir con la luz del
baño encendida cada noche. Soy una mujer adulta, por Dios.
Ni siquiera recuerdo tenerle miedo a la oscuridad, ni de niña.
No es racional. Sé que mis captores no van a venir a
secuestrarme.
—El miedo no es siempre racional, cariño —dijo él en su
tono bajo, lento de barítono y sensual que adoraba—. Pero eso
no significa que no esté ahí. El tuyo nació del trauma, Vanna.
Estabas obviamente aterrada. Si me lo hubieras contado, nunca
te habrías despertado sola en la oscuridad.
—Es la primera vez que pasa —admití; mi voz se apagó
porque mi cara estaba enterrada en el cuello de Chase—.
Siempre dejo la luz del baño encendida. Siempre y cuando no
esté oscuro al levantarme, estoy bien.
Mi cuerpo estaba ahora completamente relajado, y la
oscuridad ya no me daba miedo porque ahora Chase estaba
aquí.
—O si tienes compañía —dijo divertido.
—No voy por ahí trepando a la cama de la gente
exactamente —dije secamente—. Bueno, no en circunstancias
normales.
—Cariño, puedes trepar a la mía en cualquier momento en
el que la oscuridad te de miedo —dijo él en un barítono brusco
que vibró por todo mi cuerpo.
Ignoré el comentario de coqueteo. Estaba acostumbrada a
ellos. Estaba convencida que los halagos se escapaban con
facilidad de la lengua de Chase.
No es que no quisiera pensar que no estuviera atraído por
mí, pero sabía que no lo estaba.
Aflojé lentamente el abrazo asfixiante en torno a su cuello
mientras preguntaba:
—¿Puedes respirar? Lo siento.
No estoy segura de lo que llevaba puesto, pero estaba
cubierto. Estaba casi segura de que se había puesto algo
precipitadamente cuando saltó de la cama. Me parecía notar un
algodón suave de camiseta térmica y pantalones de franela.
«Dios, ¿de verdad quiero pensar en que quizás duerma
desnudo? No. No, probablemente no debería».
Aunque apreciaba su tentadora esencia masculina y cada
duro músculo de su cuerpo, me sentí culpable por arrojarme
sobre él. Empecé a retirar mi pierna de él.
—No —dijo él bruscamente mientras ponía su mano en
mi muslo desnudo para evitar que me retirara—. Quédate. Yo
cuidaré de ti, Vanna. ¿Quieres que encienda un fuego en la
chimenea? No estoy seguro de por qué el maldito generador
no ha funcionado, pero lo comprobaré mañana. Probablemente
tenga que ser reemplazado.
—No —dije con voz dormida—. Ahora estoy bien y tú
sueltas suficiente calor corporal.
La casa estaba suficientemente cálida. No llevábamos
tanto sin electricidad.
—¿Estás bien de verdad? —preguntó con suspicacia—.
¿Hay algo más que necesites decirme?
—No. Eso es todo. Solo me dio terror despertarme sola en
la total oscuridad —dije esto con un suspiro—. Sabes todo lo
demás.
«Ah, sí, por cierto, eres el hombre más alucinante que he
conocido jamás y me muero por desnudarte».
De acuerdo. Sí. Ese era el secreto que él no descubriría
nunca. Mi cuerpo ansiaba un deseo que solo Chase podía
satisfacer, pero no estaba dispuesta a renunciar a este tipo de
cercanía con él. Aún no. No podía. Aunque mi adicción a estar
con él se volvía cada vez más cruda. Me sentía atraída por más
que su atractivo cuerpo y preciosa cara. Aunque había pasado
mucho tiempo con él esta semana, me seguía fascinando.
Sinceramente, quizás nunca iba a entenderle del todo, pero
podía sentirle, comprenderle y, en cierto sentido, estaba casi
segura de que él también me comprendía a mí. Incluso cuando
tenía miedo de la oscuridad.
—Duerme, Vanna —me dijo Chase al oído—. El tiempo
amainará por la mañana. Mientras tanto, no me iré a ningún
lado.
—Gracias —susurré sin miedo—. Gracias por estar aquí
conmigo, incluso cuando me siento como una niña de tres
años.
—No te dejaré sentirte avergonzada por esto por la
mañana —dijo con una voz de advertencia.
Sonreí en la oscuridad.
Sí. Definitivamente me comprendía como ningún otro tipo
lo había hecho.
Chase

—He oído que Vanna está buscando apartamento —dijo


Wyatt varias semanas después cuando terminábamos unos
asuntos de trabajo en su despacho—. ¿Cómo te sientes?
Yo alcé una ceja.
—¿Te lo ha contado Torie?
Él asintió.
—¿Quién si no?
—Sinceramente, lo odio —contesté—. Pero me he
quedado sin excusas para mantenerla conmigo. Los médicos le
han dado el alta y en realidad ya no me necesita como su
consejero. Controla su propia terapia y ahora va al estudio
todos los días para terminar la narración del proyecto de Tapón
del Darién, así que también ha vuelto al trabajo.
Vanna había decidido volver a Deadline America por
ahora porque se sentía mejor acerca de su trabajo y su vida en
general. Iba a intentar escribir artículos aparte para ver si
conseguía publicarlos. También se había decidido por un
apartamento de momento, hasta que supiera exactamente
adónde se dirigía su carrera.
Si bien no me había emocionado con esas decisiones, las
entendía. Solo esperaba que saliera de Deadline America más
pronto que tarde. Me mataría verla partir a otro encargo.
Caray, no quería que se fuera, pero no podía obligarla a seguir
viviendo conmigo si ella quería su propia casa.
Los dos habíamos caído en una rutina agradable, incluso
después de haber pasado juntos esa semana memorable. Yo
había vuelto a mi oficina y Vanna había pasado su tiempo
escribiendo el artículo después de nuestra semana juntos.
Había pasado el resto de su convalecencia escribiendo su
historia sobre el Tapón del Darién, que creía que nadie iba a
leer o publicar.
Se había tomado la responsabilidad de planear la cena
durante ese tiempo porque estaba en casa. Yo estaba seguro de
que nunca había estado tan impaciente por salir de la oficina a
tiempo para llegar a casa a cenar. Comíamos, bebíamos
nuestro vino en el patio, jugábamos una partida ocasional de
ajedrez o veíamos películas que ninguno de nosotros había
tenido la oportunidad de ver después de la cena todas las
noches.
Las cosas no habían cambiado mucho desde que Vanna
había vuelto a trabajar en el estudio. Quien llegaba a casa
primero comenzaba la cena. Los fines de semana, todavía
jugábamos. Ya fuera con la familia o solos, nunca olvidamos
cómo dejar el trabajo por un tiempo y simplemente disfrutar
de la vida.
—¿Qué tal si le dices que estás loco por ella? —sugirió
Wyatt bruscamente—. Eso debería funcionar.
—Ella no siente eso por mí —espeté—. Estamos unidos.
Tanto como pueden estarlo dos personas sin acostarse. Pero
sigue pensando en mí como un hermano mayor postizo, Wyatt.
Como amigo.
«¡Joder!». Empezaba a detestar esa palabra.
—Y una mierda —respondió él rotundamente—. Yo
estaba en esa barbacoa improvisada que organizó Torie la
semana pasada. Lo vi. Hudson, Jax y Cooper lo vieron. Bien
podríais estar acostándoos a juzgar por el anhelo en ojos de
Savannah. Hay mucho más que amistad ahí, hermano. Creo
que tú eres el único que no lo ve. Y sabes que tiene que darme
en la cara para que yo lo vea. No soy precisamente intuitivo
cuando se trata de romance.
Yo sonreí.
—Una mujer va a venir un día y te hará caer de espaldas.
Entonces ya no serás tan condenadamente cínico.
Él me lanzó una mirada dubitativa.
—Casi cuarenta. Aún no ha sucedido. No voy a esperar
sentado. No estoy hecho para relaciones a largo plazo, y soy
feliz de esa manera. Si tuviera que andar por ahí con una
expresión de abatimiento como la tuya porque estuviera loco
por alguien, probablemente querría suicidarme. Me saltaré ese
tipo de miseria, gracias.
A veces realmente prefería que Wyatt estuviera callado en
lugar de ser un imbécil sarcástico.
—Entonces, ¿por qué me presionas para que le confiese lo
que siento a Vanna?
Levantó una ceja.
—Porque estás tan deprimido que es patético porque se
vaya y no quiero veros a ti ni a Torie infelices. Cásate con la
mujer y quítatelo de encima. Torie parece perfectamente
satisfecha con su dicha marital.
—No puedes arreglarlo todo sin más tan fácilmente,
Wyatt —farfullé—. Son emociones de lo que estamos
hablando. Sé que tú tienes unas cuantas debajo de todas esas
tonterías.
—Era una solución perfectamente buena —respondió—.
Tú estás loco por ella. Ella está loca por ti. Ya habéis hecho la
prueba de vivir juntos, por lo que sabéis que podéis convivir
sin volveros locos. ¿Qué más hay que saber?
Le lancé una mirada irritada.
—No es tan fácil cuando estás loco por alguien que no
siente lo mismo. Sí, lo reconozco, Vanna me tiene cariño. Pero
ahí es donde termina.
—¿Estar enamorado también ha afectado a tu intelecto?
—preguntó Wyatt secamente—. Mira a la mujer de vez en
cuando. Ella no quiere que termine. Tratándose de ti, yo diría
que está más que dispuesta a llevar las cosas al siguiente nivel.
Tengo que preguntarme si realmente es ella quien pisa el freno
o si eres tú.
—No, no ha dicho una palabra.
—¿Y tú? —interrumpió Wyatt—. Ha sufrido mucho,
Chase. Está marcada. No cabe duda de que sigue intentando
recomponerse, aunque parezca estar bien.
—No me importa una mierda si está marcada. Sigue
siendo la mujer más guapa que he visto en mi vida. ¡Joder!
¿De verdad piensas que soy tan superficial, especialmente
después de lo que me pasó? —le pregunté, mi cuerpo casi
temblando del enfado.
—Para nada —dijo él mientras sacudía la cabeza
lentamente—. Creo que he dicho lo que quería. Tienes razón.
Vanna es bonita por dentro y por fuera. Siempre lo ha sido.
Serías afortunado por tenerla.
Golpeé el escritorio con el puño.
—No puedo tenerla. Esa es la cuestión.
—Probablemente podrías si te apartaras de tu propio
camino —dijo Wyatt sin rodeos—. Y, desde luego, no lo
sabrás hasta que preguntes.
Lo miré, sintiéndome desesperadamente arrinconado
mientras confesaba:
—No estoy seguro de poder. No es como ninguna otra
mujer que haya conocido, Wyatt.
—No —convino—. No lo es. Es mejor. Como solía decir
papá, cualquier cosa que merezca la pena tener, merece la pena
el riesgo.
—Sí, bueno, nunca mencionó que te desgarraría las tripas
tener que sufrir el rechazo. A veces sería más fácil no
arriesgarse.
Wyatt me fulminó con la mirada mientras decía:
—Menuda chorrada. Nunca en toda tu vida has sido un
derrotista, Chase. No empieces ahora. Si quieres que Vanna se
quede, encuentra la manera. Nunca te he visto tan feliz con
una mujer.
—Teniendo en cuenta tu obsesión con no perderte nunca
su programa, diría que probablemente tienes razón —comentó
Wyatt—. Por suerte, si he de tener una cuñada, Vanna sería
tolerable. Siempre me ha gustado. Y bien sabe Dios que mamá
y papá la adoraban.
—Tal vez si fuera el hombre que solía ser, haría todo lo
posible para que se quedara. Me desviviría para hacerla mía.
—Sigues siendo el mismo hombre, Chase —dijo Wyatt
solemnemente.
Levanté una mano.
—No nos vamos a casar, Wyatt. Está buscando su propia
casa, ¿recuerdas? ¿Suena eso como una mujer que quiere
quedarse exactamente dónde está?
Él guardó silencio un momento antes de lanzarme una
mirada deliberada.
—Suena como una mujer a la que no le han pedido que se
quede. No es como si fueras un tipo que no tiene nada a su
favor, Chase. Eres inteligente, uno de los hombres más ricos
que existen y eres mucho más adulador de lo que yo lo seré
jamás. También tienes una cara más bonita. Si aún no lo está,
enamórala.
Sonreí. Mi hermano distaba de ser poco atractivo. Las
mujeres competían por su atención desde que salió del
ejército. Simplemente había elegido ignorarlo la mayor parte
del tiempo. Probablemente asustaba a algunas personas con
sus modales abruptos y su seco sarcasmo. Si a Wyatt le
gustaba alguien, era callado o burlón y cortante con su humor.
Si no, simplemente no les hablaba. Su cabello era más oscuro
que la brea y tenía la complexión de un boxeador de peso
pesado. Yo era un tipo grande, pero Wyatt era enorme y todo
músculo. Cuando un tipo así casi nunca esbozaba una sonrisa,
podía ser bastante intimidante.
La cosa era que los que lo conocíamos sabíamos muy bien
cuánto amaba y se preocupaba por su familia y las personas
más cercanas a él. Eran los que no lo conocían los que lo
encontraban un poco aterrador.
—Vanna no está impresionada por mi dinero, mi cara
bonita o mi encanto, por desgracia. Ignora mis elogios como si
se los lanzara a todas las mujeres que conozco —compartí.
—Entonces tal vez deberías hacerlos un poco más…
personales —sugirió Wyatt—. Vanna no es tonta. Te conoce
desde hace casi toda la vida. No eres conocido precisamente
por salir con mujeres con inteligencia avanzada.
—¿Qué demonios significa eso? —pregunté a
regañadientes.
Él se encogió de hombros.
—Solo digo que la mayoría de tus romances pasados no
han sido con periodistas de investigación. De acuerdo, has
tenido algunas mujeres hermosas de tu brazo, o debería decir
abrazadas a ti, pero dudo que te atrajeran sus cerebros.
—Eso fue hace mucho tiempo —respondí a la defensiva
—. Y esas relaciones no duraron mucho.
—No es de sorprender precisamente —respondió Wyatt
—. Pero ¿alguna vez se te ha ocurrido que Vanna podría sentir
que no puede competir con el tipo de mujer que parece
gustarte? Mira, sé que hay mujeres hermosas por todas partes
en nuestra órbita. No digo que no haya salido muy brevemente
con algunas de esas mujeres obsesionadas con la alta costura
también. Pero, francamente, Vanna podría sentir que no es tu
tipo. La engañó una estrella de cine de primera categoría.
—Era un imbécil y un completo idiota —dije indignada
—. Él la tenía, Wyatt. Y dejó tirada a Vanna para acostarse con
otra mujer.
Yo habría matado por tener la oportunidad de ser ese
imbécil, de tener a Vanna comprometida conmigo y con
nuestra relación. El cabrón no tenía ni idea de a qué había
renunciado.
—Suerte para ti que él era un tremendo idiota. Si no fuera
así, probablemente ella no estaría contigo ahora —comentó
Wyatt—. Y ella definitivamente se merece algo mejor. Solo
digo que tal vez deberías hacerle saber cómo te sientes
exactamente.
Tragué saliva antes de decir:
—Te das cuenta de que no he tenido una cita real en años,
y creo que sabes exactamente por qué no.
—Lo sé —dijo Wyatt amablemente.
—Definitivamente he perdido la práctica —le dije.
Wyatt puso los ojos en blanco.
—¿Cómo demonios llamas a lo que has estado haciendo
con Vanna? A mí me parece que estáis saliendo sin la parte
sexual. La has llevado a todas partes. Sales para comer y beber
con ella. Demonios, incluso la llevaste a Big Bear. Estoy casi
celoso de que no me invitarais. Hace mucho tiempo que no
voy allí.
—No bebimos cerveza ni pescamos —dije con una risita.
—Bueno. Entonces no importa —dijo Wyatt estoicamente
—. Tal vez no estoy celoso.
Eché un rápido vistazo a mi reloj.
—Mejor me voy. Vanna va a hacer lasaña esta noche.
—Mándame las sobras —ordenó Wyatt impasible.
—Ni hablar —dije rotundamente—. Si tengo que sentirme
miserable, yo me quedo con las sobras de lasaña.
Wyatt y yo sabíamos cocinar, pero la mayoría de nuestras
habilidades culinarias no llegaban al mundo de la comida
italiana. Si bien podía hacer una buena hamburguesa a la
parrilla y una selección bastante amplia de platos franceses,
ahí era donde terminaba mi talento culinario.
En general, Vanna era mucho mejor cocinera que yo, y no
tenía ningún problema en reconocerlo y apreciar el hecho de
que sus talentos eran más amplios que los míos.
Me levanté y luego apilé las carpetas que habíamos estado
revisando antes de dirigirme a la puerta.
—¿Chase? —me llamó Wyatt.
Yo me volví.
—¿Sí?
—No te has sentido miserable con Vanna hasta que
descubriste que se iba a mudar. Has sido feliz. Mantenlo así —
dijo poco antes de alcanzar una carpeta y volver al trabajo.
Yo fruncí el ceño al salir de su despacho. Era fácil decirlo
para él, que no era el que tendría que poner sus bolas en un
tajo para conseguir a la mujer que quería.
Savannah

—Así que, ¿esa es tu decisión final? —preguntó Torie


mientras saboreaba un mordisco de su galleta de chocolate.
Las dos habíamos estado sentadas en la mesa de la cocina
repasando los alquileres que había visto de momento.
—El apartamento en Gaslamp Quarter podría servir por
ahora —dije resueltamente—. No es como si fuera a comprar
un sitio por el momento.
Torie arrugó la nariz.
—El traficó será lo peor.
—Se camina muy bien por allí —repliqué—. No tendría
que sacar el auto para moverme por el barrio.
—Es mucho más agradable aquí —sugirió ella con una
sonrisa—. Y estás muy cerca de tu mejor amiga.
Dios, no tenía ni idea de lo mucho que me gustaría poder
quedarme, pero no podía ocupar espacio en casa de Chase para
siempre, y ahora que me sentía mejor físicamente, se estaba
volviendo duro para mi no querer… más. No podía estar tan
próxima a Chase, más de lo que lo habíamos estado nunca y
no querer tener al hombre desnudo. Era demasiado…
doloroso. Ambos estábamos tan conectados que casi daba
miedo. Pero ya no necesitaba apoyarme en Chase, y ahora que
estaba curada, deseaba algo muy distinto de él, algo que nunca
podría pasar entre nosotros. Sí, éramos tan cercanos que
algunas veces había estado tentada a contarle cómo me sentía,
pero eso solo habría arruinado la amistad que habíamos
construido. Las cosas podían ponerse muy raras, y yo había
llegado a valorar nuestra cercana relación. Mucho. ¿Qué otra
opción tenía sino irme?
—Ni que me mudara al otro lado del estado, Torie —
bromeé—. No puedo acampar en la ridícula mansión de tu
hermano para siempre
—No creo que le importase —insistió Torie—. De hecho,
creo que estaría bastante desolado si decidieras abandonarlo
por el Gaslamp Quarter.
Observé mientras levantaba su copa de vino, lo hacía girar
y después inspiraba antes de finalmente tomar un sorbo.
Es gracioso, conocía a Torie desde siempre y nunca me
había dado cuenta de que bebía una buena copa de vino del
mismo modo que Chase.
—Hay algo terriblemente mal en beber una copa de vino
con galletas de chocolate —dijo bromeando mientras bebía de
mi propia copa.
—Ni hablar —argumentó Torie—. Los dos son geniales.
Mi hermano tiene buen gusto en vino.
—Tiene toda una bodega —le recordé.
Ella movió las cejas.
—Solo pienso en cuanta ayuda necesitará para consumir
todo este vino.
Resoplé.
—No estás siendo exactamente sutil, Torie.
—Nunca digas que no te ofrecí a uno de mis hermanos de
todo corazón —dijo ella con una mueca de mofa—.
Sinceramente, Vanna, Chase está loco por ti.
—Me tiene cariño —corregí—. Pero ese tipo de atención
amable solo es lo que es. Necesito devolverle su casa.
—Savannah Anderson, nos conocemos de toda la vida.
Por favor no intentes decirme que no te sientes atraída por
Chase. Te conozco. Lo he visto. La semana pasada en mi
barbacoa se te veía como si prefirieses devorar a Chase que a
tu comida.
Respiré hondo.
—Dios, ¿era tan obvio?
Quería negar lo que decía porque era la hermana de
Chase, pero también quería confiar en mi mejor amiga.
Esta se encogió de hombros.
—Quizás no para todo el mundo, pero te he visto con cada
novio que has tenido. Nunca te he visto mirar a otro tipo como
miras a Chase. Abre los ojos, Vanna. Él te mira exactamente
de la misma manera. Yo digo que eso del cariño es mentira.
Vosotros dos queréis arrancaros la ropa. Lo sé. Yo miro a
Cooper de la misma manera. Aunque, no es solo eso. Sé que
vosotros dos os adoráis. Es obvio.
Oh, le adoraba. No estaba nada convencida de que él me
deseara del mismo modo. Sí, podía coquetear. Pero Chase era
un encantador nato.
—Ok, sí. Me gusta. ¿Estás contenta ya?
—Aún no —dijo ella astutamente—. Pero al menos
estamos avanzando. Entonces ¿por qué diablos quieres
marcharte?
Deseché todo intento de fingir cuando respondí:
—¿Has intentado alguna vez vivir con un tipo por el que
estás loca pero que sabes que nunca podrás tener? Adoro cada
momento que Chase y yo pasamos juntos, pero nunca va a ser
nada más. Sale con mujeres que son un diez de diez en la
escala de atractivo, Torie. Yo era del montón como mucho
antes del secuestro. Ahora soy del montón con cicatrices en la
cara. Por no mencionar algunas otras partes de mi cuerpo.
—Por favor, Vanna —contestó exasperada—. Sí, ha salido
con algunas modelos…
—No solo modelos —interrumpí—. Supermodelos. Todas
ellas ridículamente perfectas.
Torie tragó un poco de vino.
—Vanna, eso fue hace mucho tiempo y, cuando estás
envuelto en una empresa como Durand, estás rodeado de esas
mujeres. Ese es el tipo de mujeres que conoció al principio al
salir del ejército. Y sí, salió con algunas en la universidad y en
el ejército también. Sinceramente, no he visto a Chase con
nadie desde… bueno, desde hace mucho. Lo juro por Dios, no
creo que ninguno, ni él ni Wyatt se hayan acostado con nadie
en años. Ambos son adictos al trabajo.
—No tanto ahora —dije con una sonrisa—. Normalmente
llega a casa a la hora de la cena.
—Por ti —dijo firmemente, alargando la frase—. Tú has
hecho que pase. Por fin ha encontrado un sitio en el que
prefiere estar que Durand. Por fin ha encontrado a alguien por
quien se preocupa más que por su empresa. No quiero ser
pesada. Solo quiero veros felices a ambos. Y tú lo has estado
siendo. Que les den a las mujeres que son un diez de diez. Te
garantizo que nunca las ha mirado como te mira a ti. Sentirte
atraído por alguien es mucho más que una melena rubia
platino y un cuerpo alto y esbelto en un vestido de tamaño de
muñeca.
—Lo sé —dije con solemnidad. Definitivamente era hora
de sincerarme con mi mejor amiga—. Y esta atracción por
Chase no es exactamente… nueva.
Me miró con cautela mientras cruzaba los brazos a la
altura del pecho.
—¿Qué significa eso exactamente? ¿Desde cuándo,
Vanna?
Me encogí de hombros.
—¿Te acuerdas esa fiesta que tu padre dio para ti cuando
te sacaste el doctorado?
Su ojos de abrieron como platos.
—No te creo.
Asentí.
—Hemos estado en combate como dos participantes de
debates desde entonces. Nunca quise que las cosas se pusieran
raras. Pensé que simplemente… se me pasaría. Sé que es tu
hermano, pero también es un tipo atractivo por muchas
razones, y no estoy hablando de su increíble cuerpo y preciosa
cara. Me di cuenta en esa fiesta y nunca se me llegó a pasar.
Podía olvidarme cuando no estaba cerca, pero cuando volví a
verle, seguía ahí. Pasamos mucho tiempo en el mismo sitio
cuando te estabas recuperando de tu secuestro. Para cuando le
vi en tu boda, era básicamente inolvidable.
—Comentó que te había pedido pasar tiempo contigo en
Las Vegas. ¿Por qué no aceptaste? —preguntó Torie con
curiosidad.
—Él quería ponerse al día —le expliqué—. Yo quería
tenerle desnudo. Tuve mucho miedo de decir algo de lo que
me arrepentiría.
—Oh, Dios mío. Quiero chocaros las cabezas —dijo Torie
en tono frustrado—. ¿Has considerado alguna vez que tal vez
los dos queráis lo mismo, pero ambos tenéis demasiado miedo
para ser el primero en decirlo?
Moví la cabeza.
—Dios, no. Chase siempre ha sido una fantasía para mí,
Torie. Seamos sinceras. Los hombres como Chase no tienen
novias como yo.
—Vanna, salías con una estrella de cine.
—No es lo mismo —le expliqué—. Él era un hombre
atractivo con músculos que tuvo suerte haciendo películas de
acción que requerían muy poca habilidad interpretativa. No
puedes ni comparar a alguien así con tu hermano. Chase es
brillante, bien educado, sofisticado, increíblemente
considerado y no actúa en películas donde finge ser un héroe.
Era un auténtico héroe de las fuerzas especiales. Oh sí, y un
multimillonario con más dinero que Dios. No es que me
importe una mierda su dinero, pero en general, mi querida
amiga, Chase es una fantasía.
—También solía dejar su ropa interior sucia y toallas en el
suelo del baño cuando era adolescente —dijo con sarcasmo—.
Espero que ya haya superado esa costumbre. Es solo un
hombre, Vanna. Y de verdad, tengo a Cooper. Es guapísimo,
está podrido de dinero, es más inteligente que la mayoría de la
gente y también buen educado. Además, también es
multimillonario. Para que tu conclusión tuviera sentido,
deberíamos decir que Cooper debería casarse con una
supermodelo, también, en lugar de una mujer normal como yo.
—Últimas noticias —dije—. Tu eres una genio guapísima
también. Y también eres una multimillonaria que fue criada en
el mundo de los ultrarricos.
—Soy pasable en atractivo si puedes ignorar mis ojos
raros —dijo ella firmemente—. Y no podía haberme
importado menos el mundo de los ultrarricos. Tengo dinero, sí.
Pero tú sabes que nunca he vivido en ese mundo. Sigue
buscando una excusa por la que no eres perfecta para mi
hermano, porque de verdad creo que está loco por ti. También
creo que él piensa que tú eres demasiado buena para él y que
no estás interesada. De otro modo, ya habría hecho el primer
movimiento. Créeme. Conozco a mis dos hermanos. Y a ti
también, aunque tengo que admitir que escondes tu atracción
por Chase muy bien.
—Siento no habértelo contado —dije con remordimiento
—. Es lo único que sentía que no podía compartir. Es… raro.
Dime que te habrías sentido igual si Cooper fuera mi hermano.
Se encogió.
—Incómoda, sí, pero habría encontrado el modo de
desnudarlo de todos modos. Por raro que suene, Cooper y yo
simplemente… encajamos.
Le devolví una sonrisa. Dios, parecía tan feliz. Después de
todo por lo que Torie había pasado, se merecía un hombre
como Cooper. Moví la cabeza distraída.
—No, lo pillo.
Ella levantó una ceja.
—Entonces, ¿se lo vas a decir?
Me revolví en mi asiento ¿Qué probabilidades había de
que Chase quisiera ser más que amigos? ¿Estaba dispuesta a
arriesgarme?
—¿De verdad quieres que intente seducir a tu propio
hermano? —pregunté nerviosa.
Se encogió de hombros.
—No creo que te costara mucho. Él sería bastante fácil.
Todo lo que tienes que hacer es contarle la verdad y luego
quedarte de pie y respirar.
—No estoy completamente convencida de que aceptase
—confesé.
—Para, Vanna —dijo ella con voz disgustada—. Creo que
lo evitas porque tienes miedo. Lo entiendo. Pero ¿no vas a
preguntártelo siempre si no lo intentas? Sé que es duro porque
vosotros dos os conocéis desde siempre. Pero los sentimientos
cambian y evolucionan cuando uno madura. Cuando os miro
ahora, parece que los dos deberíais haber estado siempre
juntos.
—Tenía algo más de confianza antes del secuestro y todas
estas estúpidas cicatrices —revelé.
—Van desapareciendo un poco cada día y cualquier tipo
que no pueda ver por encima de ellas es un necio.
Solté una risita.
—Tienes que decir eso porque eres mi mejor amiga.
—No, sé que es verdad porque soy tu mejor amiga —
contestó ella con aire de suficiencia.
—Lo pensaré —dije con cautela.
Ya no había nada que me detuviera menos el miedo.
Acababa de compartir con Torie que ya me habían llegado
todos los resultados y eran negativos. Si había la más mínima
posibilidad de que Chase quisiera lo que yo anhelaba…
Mi teléfono empezó a sonar.
Lo tomé y miré quién llamaba.
—Es mi productora —le dije a Torie—. Debería
descolgar.
Torie se levantó y tomó otra galleta.
—Tengo que marcharme de todos modos. Cooper volverá
pronto a casa. Va a traer comida china para cenar. Llámame y
dime como ha ido.
—No he dicho que definitivamente fuera a hacerlo —dije
tras ella.
Torie no contestó al salir por la puerta.
Suspiré mientras apretaba el botón para aceptar la
llamada.
Chase

Escuché a Vanna llorar en el momento en que abrí la puerta y


me asusté muchísimo. Savannah Anderson no era el tipo de
mujer que lloraba por pequeñas cosas.
Mi corazón ya estaba acelerado cuando llegué a la cocina.
Una mirada a su rostro manchado de lágrimas casi me
destripa.
—¿Vanna? —pregunté mientras me arrodillaba frente a
ella—. Cariño, ¿qué va mal?
Sus ojos se clavaron en los míos y sacudió lentamente la
cabeza.
—Me acaban de botar, Chase. Me acaban de despedir de
Deadline America.
—No entiendo —respondí mientras tomaba su mano—.
¿Cómo y por qué demonios sucedió eso?
¿Estaban completamente locos? No había Deadline
America sin Savannah Anderson. Ella era la cara de programa.
Se señaló el rostro con el dedo.
—Piensan que mis cicatrices distraerán y no están seguros
de que puedan permanecer siempre cubiertas con el
maquillaje. Probablemente tengan razón. No trabajo en el
estudio donde estoy en un ambiente controlado. En algunos
climas, puede ser difícil asegurarse de que sean
completamente imperceptibles. Pero realmente no pensé que
fuera a importar. Supongo que les importa a los superiores.
Son unos imbéciles que piensan que la apariencia lo es todo.
Mi productora y director pelearon por mí, pero los
corporativos insistieron en que necesitaban una nueva cara
para Deadline America.
—¡Dios! —maldije—. Están completamente
desconectados entonces. A la gente que ve ese programa no le
importa un carajo tu cara, Vanna. Lo observan por la forma en
que presentas los problemas.
Ella sollozó.
—Corporativo nunca ha entendido realmente lo que
quieren sus espectadores. Solo les preocupa la imagen que
presentan.
—Probablemente por eso siguen siendo un canal de cable
bastante pequeño —refunfuñé—. Tu programa era el más
popular de la cadena.
Ella se limpió una lágrima de su mejilla.
—No puedo quejarme. Van a pagarme el resto del año del
contrato. Creo que solo quieren deshacerse de mí porque estoy
dañada ante sus ojos.
—¡Cabrones! —gruñí, incapaz de controlar mi enfado—.
Tú hiciste ese puto programa. Espero que disfruten viendo
cómo sus índices de audiencia se desploman y se queman.
Deadline America era popular porque tú hacías que a la gente
le importaran los problemas que ni siquiera sabían que existían
antes de verlos. Se arrepentirán.
Ella se encogió de hombros.
—Bueno, ahora mismo creen que necesita una renovación
y eso significa un programa sin una mujer con cicatrices en la
cara.
Me hervía la sangre con cada lágrima que caía por la
mejilla de Vanna.
—Apenas se notan —dije bruscamente— Y seguro que no
afectan a tu talento para contar historias.
Me miró con ojos tristes y líquidos y respondió:
—Quiero creer eso, pero veo las cicatrices en el espejo
todos los días cuando me levanto de la cama, Chase. No son
invisibles y, en la televisión, el aspecto a veces importa. Son
feas.
Mi temperamento se desbordó y eso era algo que rara vez
sucedía, pero estaba realmente enojado porque alguien había
hecho que Vanna sintiera que era menos valiosa solo por unas
putas cicatrices.
—No son feas y no tienen ni idea —gruñí mientras me
ponía de pie, agarraba mi corbata y me la arrancaba. Luego me
quité la chaqueta del traje y la dejé caer en la silla junto a la de
Vanna—. Eso no son cicatrices, cariño. Son pequeñas marcas
diminutas que apenas están ahí.
Empecé a desabotonar mi camisa.
Ella se secó las lágrimas de la cara nuevamente y
preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
—Mostrarte cómo son las cicatrices de verdad —respondí
mientras me sacaba la camisa de los pantalones y terminaba de
desabrocharla.
Ya no me importaba lo que hiciera falta para que se diera
cuenta de que las cicatrices de su cara no eran feas. Demonios,
sabía lo que realmente parecía repulsivo. Lo veía cada vez que
me quité la camisa y lo veía reflejado en los ojos de una mujer
cuando las observaba. Pero eso ya no importaba. Estaba
tratando de probar algo que podría hacer que Vanna se sintiera
mejor con su hermoso rostro. Todo lo que realmente me
preocupaba en este momento era… Vanna.
—Estaba haciendo una última operación antes de que me
dieran de baja del ejército hace cuatro años —dije
estoicamente—. Mi equipo y yo estábamos revisando detalles
de última hora cerca del hangar en el aeródromo cuando nos
encontramos bajo un intenso fuego de RPG. Salió de la nada y
nos tomó a todos por sorpresa. No recuerdo mucho de lo que
pasó después de eso. Casi me desangro por las heridas de
metralla cuando me llevaron a un lugar seguro. Una de ellas
cortó un vaso sanguíneo en mi pierna. Mi copiloto también
resultó herido. Por desgracia, mi jefe de equipo no lo logró. Mi
cara se salvó, pero esa es la única parte de mí que no se llenó
de metralla.
Me abrí la camisa y me la quité, impulsado únicamente
por la necesidad de hacerle entender a Vanna que sus cicatrices
no eran feas en absoluto. Escuché su rápida inhalación cuando
sus ojos se posaron en mi torso, pero aun así no me detuve.
Estaba demasiado enojado para parar.
—Ay, Dios mío, ¡Chase! —dijo ella con voz estrangulada
y angustiada.
Me dolía el pecho por la consternación y la conmoción en
su tono, pero no estaba dispuesto a detenerme solo porque le
repugnara mi aspecto. La mayoría de las mujeres lo estarían.
Mi cuerpo no era exactamente una vista bonita. Me
desabroché el cinturón y dejé caer los pantalones al suelo.
Los recogí, los arrojé al lado de mi camisa y luego extendí
los brazos.
—Ahora, estas son cicatrices, Vanna. Échales un buen
vistazo. Y no vuelvas a decirme otra vez que tus cicatrices son
feas. Eres jodidamente hermosa. Si alguien te dice algo
distinto, es mentira.
Me di la vuelta lentamente, cubierto solo por un par de
calzoncillos bóxer, la rabia que me había consumido unos
minutos atrás comenzaba a enfriarse lentamente. Sabía dónde
faltaba cada trozo de piel y cuán profundas habían sido
algunas de esas heridas. Sí, con el tiempo, algunas de las
cicatrices se habían desvanecido, pero ni una sola de esas feas
cabronas iba a desaparecer.
Tal vez no se veían en mi vida cotidiana porque hacia un
esfuerzo deliberado para cubrirlas, pero sabía que estaban allí
y había visto a una mujer enloquecer cuando las vio. Por eso
que nunca me había molestado en infligirlas a otra mujer. No
miré a Vanna mientras recogía mi ropa.
—Creo que probablemente entiendes a qué me refería —
dije con voz grave—. Déjame darme una ducha y hablaremos
de lo que pasó hoy. Creo que esos idiotas superficiales y
miopes probablemente te hicieron un favor, Vanna. Puedes
llevar tu talento excepcional a otro lugar donde sea valorado.
Sin otra palabra, salí de la cocina y subí corriendo las
escaleras. Mi nivel de ira había bajado a fuego lento cuando
saqué un par de jeans y una sudadera. Demonios, en
retrospectiva, probablemente debería haber preparado a Vanna
para ese espectáculo de striptease, pero estaba furioso al
pensar en ella agonizando por algo tan poco importante y tan
fuera de su control.
Quería arrancarles la cabeza a todos los imbéciles de la
cadena por herir sus sentimientos. No podía soportar verla
llorar por cualquier maldita razón. Mi corazón se hundió
cuando arrojé mi ropa en el cesto y me dirigí al baño principal.
Pues vaya con revelarle a Vanna lo que sentía por ella.
Probablemente no había una mujer en la Tierra que
quisiera acostarse con un tipo que se parecía a mí cuando
estaba desnudo. Lo sabía desde el principio. Pero eso no me
había impedido querer a Vanna de todos modos, cada puto
momento de cada día. Me dije a mí mismo que podía vivir sin
una mujer en mi vida. Hasta ella. Hasta el momento en que me
di cuenta en Las Vegas de que la mujer que siempre había
esperado encontrar me había estado mirando a la cara durante
años. De alguna manera, probablemente debería haber sido un
alivio cuando ella se escapó en Las Vegas después de que yo
cediera a un instinto compulsivo de invitarla a salir.
Por desgracia, a pesar de que había estado en paz con las
relaciones antes de volver a verla, el rechazo de Vanna me
había comido las tripas.
—¡Mierda! —gruñí mientras golpeaba mi puño contra la
pared. ¿Qué demonios me pasaba? ¿Por qué no podía
simplemente aceptar que Savannah Anderson nunca sería mía?
No había dicho una palabra más después de su sorpresa
inicial al ver mi cuerpo desgarrado, pero su reacción de horror
y luego su silencio habían hablado bastante alto y claro.
Abrí la puerta de la ducha y abrí el agua.
—Decirle cómo me siento, tonterías —gruñí en voz alta
mientras me quitaba los calzoncillos—. No hay una mujer en
el planeta que quiera acostarse con este cuerpo todas las
noches.
Me tensé cuando escuché una voz detrás de mí que decía:
—Oh, probablemente haya docenas de ellas, pero lucharía
contra todas para tener esa oportunidad.
Me giré para ver a Vanna apoyada contra la puerta.
Savannah

Gemí cuando la boca de Chase finalmente conectó con la mía


porque su beso era aún mejor que nada que hubiera imaginado.
Era un hombre que tomaba el control por completo y
besaba a una mujer con intenciones claras.
Me abrí a él mientras ensartaba las manos en su cabello,
sintiéndome más libre de lo que me había sentido en mi vida.
Podía saborear su deseo, y era lo más embriagador que jamás
había experimentado.
Chase me deseaba. Esa necesidad palpitaba en el aire
alrededor mientras devoraba mi boca como si fuera el único
bocado de alimento que necesitaba para sobrevivir. Saboreé su
ferocidad mientras él mordisqueaba mi labio inferior y luego
lo acariciaba con la lengua.
—Chase —gemí mientras tomábamos aire.
—¿Esto es lo que de verdad quieres, Vanna? —me dijo
roncamente al oído.
—Sí —susurré sin aliento—. Es lo que he querido desde
hace mucho tiempo.
Me alejé de él para quitarme la blusa por la cabeza y la
dejé caer al suelo, casi jadeando por la necesidad de acercarme
a él.
—Mis cicatrices…
Levanté una mano antes de bajar la cremallera de mis
jeans y empujarlos, bragas y todo, bajando por mis piernas.
—No —le advertí—. Me molesta cuando las veo, pero
solo porque odio pensar lo doloroso que ha debido de ser para
ti, pero sigues teniendo el mejor cuerpo que haya visto jamás.
Son una parte de ti, Chase. Parte de tu historia. Parte del
sacrificio que hiciste para servir a tu país. Si piensas que eso te
hace menos atractivo, estás loco.
Sí, las cicatrices eran profundas y algunas de ellas largas y
abruptas. Me estremecí pensando lo cerca que probablemente
había estado de perder su vida por ellas. Pero no había nada en
esas marcas que hiciera a Chase menos atractivo. El hecho de
haber estado dispuesto a soportarlas por mí para que me
sintiera más normal me había hecho querer llorar como una
niña.
El que hiciera algo tan abnegado solo para hacerme sentir
más normal solo me hizo adorarle aún más. No fui capaz de
contenerme de perseguirlo. Nada me habría impedido correr
escaleras arriba para hablar con él. Sin embargo, una vez que
le vi desnudo, mis planes cambiaron a algo considerablemente
más… carnal. Cuando murmuró aquel comentario sobre que
ninguna mujer deseaba su cuerpo, supe que era el momento de
tomar esta oportunidad. Después de todo, el habría hecho lo
mismo conmigo, dejándose a sí mismo completa o
absolutamente vulnerable en el proceso.
Desabroché mi sujetador y lo dejé caer al suelo mientras
miraba su musculado cuerpo, cayendo mi mirada finalmente
en la más grande y dura verga que había visto. Mis entrañas se
apretaron fuertemente con una necesidad que no había
experimentado antes. Miré arriba y me dio un vuelco el
corazón cuando reconocí la mirada de pura lujuria primitiva en
su preciosos ojos grises.
—Nunca pensé que te vería mirarme así —dije, aturdida
por cómo me hacía sentir.
—¿Hablabas en serio cuando dijiste que siempre habías
estado con tipos a los que no les importaba si estabas
satisfecha? —preguntó bruscamente.
—Completamente en serio —dije honestamente.
—A mí me importa —me dijo con aspereza.
Me estremecí en anticipación.
—Lo sé —respondí simplemente.
Los músculos de su cuello se contrajeron y relajaron.
Parecía estar luchando por el control mientras decía con voz
retumbante:
—Vanna, no he estado con nadie en años, pero te deseo
tanto que me está matando.
Rodeé su cuello con los brazos. Casi ronroneo mientras mi
cuerpo desnudo resbalaba contra su ardiente piel desnuda.
—Estoy casi segura de que recordarás qué hacer —
bromeé con suavidad—. Yo también te deseo, Chase Durand.
Tanto que casi no puedo pensar. ¿Te duchas conmigo?
—Creo que tú ya sabes que vas a recibir mucho más que
solo una ducha, cariño —dijo con tono áspero mientras ponía
sus manos en mi trasero y levantaba mi cuerpo.
Le rodeé con mis piernas y brazos mientras entraba en la
ducha y tiraba de la puerta para cerrarla.
La ducha era enorme, pero ya estaba llena de vapor
cuando Chase me apoyó contra la pared y enterró su cara en
mi cuello.
Dejé caer la cabeza hacia atrás mientras saboreaba la
sensación de su boca contra mi piel.
—Hoy me han dado los resultados de todas mis pruebas
—dije jadeante—. Eran todos negativos.
—¿Te proteges? —preguntó él, con su voz apagada de
barítono contra mi piel—. Yo sé que estoy limpio, también.
—Un implante —dije sin aliento—. Ahora, jódeme.
Soltó una risita mientras bajaba sus manos a mis caderas.
—No tan deprisa, preciosa. No pretendo apresurarme a la
meta. No después de haberte deseado durante tanto tiempo. Y
no quiero que puedas decir nunca que fuiste completamente
satisfecha. No conmigo.
¡Santo Dios! Estaba segura de que no iba a ser capaz de
decir eso nunca de Chase.
Me besó mientras se liberaba de mi agarre y dejó que mis
pies tocaran el suelo.
Entonces miré fascinada mientras él movía su fuerte brazo
a lo largo del banco y mandó todos los botes de champú y
jabón que volaron por los aires. Aterrizaron por el suelo de la
ducha, pero no me importó dónde cayeron.
Me levantó y me depositó gentilmente en el espacio ahora
vacío mientras decía con voz ronca:
—Voy a conocer cada centímetro de esta maravilloso
cuerpo, cariño.
—¡Chase! —grité mientras movió su enorme cuerpo entre
mis muslos abiertos.
Empujó mis piernas para abrirlas más mientras deslizaba
lentamente sus manos por todo mi cuerpo.
—¡Jesús! Eres tan jodidamente preciosa, Vanna. No sé
cómo ningún tipo querría verte correrte una y otra vez.
En ese momento, me sentí como la mujer más sexi del
planeta. Era difícil no hacerlo mientras veía la mirada caliente
y ávida en sus ojos. Las dudas que pudiera tener sobre no tener
el cuerpo de una modelo se desvanecieron. A Chase
definitivamente le gustaba lo que veía, y no podía negarse que
él me… deseaba.
Jadeé cuando su boca bajó a mi pecho y mordió
ligeramente mi pezón endurecido. Aspiré aire de nuevo
mientras lo calmaba con su lengua.
Cerré mis ojos, perdida en un mundo de sensualidad
donde solo Chase y yo existíamos.
—Chase, por favor —le rogué mientras jugaba con el otro
pezón con sus dedos—. Necesito…
—Te daré exactamente lo que necesitas, cariño —me
aseguró mientras iba bajando.
¡Ay, Dios! Estaba segura de que lo haría.
—Ah, Dios —siseé cuando su lengua por fin encontró mi
sexo necesitado.
Ensarté las manos entre su pelo húmedo para intentar
mantenerme conectada.
No podía creerme que nada de esto estuviera pasando, y
era mucho mejor que ninguna fantasía que hubiera tenido.
El anhelo me abrumó mientras gritaba:
—¡Sí! Por favor.
Gemí mientras su boca me devoraba tranquila pero
firmemente, como si no tuviera planes de parar en mucho
tiempo.
—Chase —dije intensamente mientras me agarraba a su
pelo, mi cuerpo gritaba para ser satisfecho.
Estaba ardiendo con un casi doloroso, primitivo deseo que
nunca hubiera sentido en el pasado, y me estaba comiendo
viva.
Gemí mientras finalmente paró de jugar con mis pezones
y se centró en mi clítoris, su lengua moviendo por lo sensible,
protuberancia hinchada una y otra vez hasta que estuve
preparada para perder la cabeza.
Me sorprendió cuando mi orgasmo empezó a formarse.
Cada terrible pasada que hacía sobre mi clítoris golpeaba mi
desesperada necesidad de liberación.
Estaba deseosa de correrme, pero Chase estaba
completamente en control de cuándo pasaría, y parecía
decidido a retrasarlo lo máximo posible.
—Ahora —rogué.
Se movió un poco más deprisa, pero no llegó a ponerme al
límite.
—Oh, Dios, no puedo más… —dije, mi voz temblaba con
desesperación.
Todo lo que quería era la liberación que mi cuerpo
ansiaba. Inmediatamente después de decir esas palabras en
alto, Chase aceleró el proceso. Cuando deslizó dos dedos en
mi canal y comenzó a follarme mientras aún atormentaba mi
clítoris, me rompí totalmente. El clímax me consumió
mientras levantaba las caderas e intentaba presionar mi sexo
con más fuerza contra su hambrienta boca.
Chase persistió como si intentara asegurarse de haber
sacado cada gota de placer que pudiera obtener de mí. El
clímax seguía y seguía, durando tanto que pensé que nunca iba
a parar. Mi cuerpo entero tembló mientras regresaba despacio
a la Tierra.
—Rodéame con tus piernas y aguanta —dijo Chase con
voz imperativa.
Apenas las había situado en posición cuando él se levantó
y mi espalda chocó con la pared de repente. Instintivamente,
mis brazos rodearon su cuello.
—No puedo esperar más, Vanna. No esta vez. Te deseo
demasiado para ir despacio justo ahora —gruñó Chase
mientras me levantaba más alto y me bajaba sobre su verga
dura como una piedra.
—No quiero que esperes —gemí; mi cuerpo respondía a
su urgencia.
Era excitante saber cuánto me deseaba Chase, y estaba
preparada para el viaje más salvaje posible con él.
A pesar de que ya había tenido un orgasmo, mi cuerpo no
estaba satisfecho por completo. Supe que no sería hasta que
Chase estuviera dentro de mí. Algún deseo primario, elemental
porque él juntara nuestros cuerpos era tan fuerte que resultaba
atroz. Inhalé aire como si no tuviera oxígeno mientras se
hundía hasta la empuñadura en mí.
—¡Sí! —grité, instándole.
Él era grande, pero no me iba a quejar de la momentánea
punzada de dolor que sentí antes de ser absorbida en la
completa dicha de tenerle dentro de mí.
Mordisqueé su lóbulo de la oreja mientras mi cuerpo se
estiraba para acomodarme a su tamaño, deseosa de que paliara
la aflicción que no abandonaba mi cuerpo.
Ansiaba esta proximidad definitiva con él y, ahora que la
había tenido, la satisfacción carnal era casi más de lo que
podía soportar.
—Te necesito, Chase —le dije, mi voz era de cruda
emoción.
—Me tienes, Vanna —dijo roncamente mientras empezó a
moverse—. ¡Joder! Me encantaría estar así para siempre
porque sentirte rodeando mi verga es maravilloso, pero no
puedo.
—Entonces, jódeme. Yo también lo necesito —dije en un
tono sofocado que nunca había oído salir de mis labios.
Comenzó a moverse, despacio y profundo al principio,
pero sus movimientos se hicieron más y más fieros mientras
me sumergía de nuevo en una dicha erótica. Esto era lo que
ansiaba, esta tumultuosa, obsesiva posesión que sacudía mi
cuerpo hasta tenerme en un frenesí.
—Dios, ¡qué bueno! —grité, sabiendo que las palabras no
podían comenzar a explicar lo que me estaba haciendo en ese
momento.
Chase agarró mi pelo y tiró de mi cabeza hacia abajo para
poder destrozar mi boca mientras nuestros cuerpos ondulaban
a un loco, frenético ritmo que solo nosotros dos entendíamos.
—Sí. Sí. Sí —dije en una voz ronca, agitada, después de
que liberara mis labios—. Más fuerte.
Él quería poseerme , y yo quería ser reclamada por él.
—Córrete para mí, Vanna —me instó mientras me daba
una y otra vez.
Mis piernas se apretaron en torno a él y sentí mi clímax
avecinarse. Era como un nudo fuertemente enrollado en mi
estómago que lentamente comenzara a soltarse, buscando
rodear cada célula de mi cuerpo.
Era pura expresión de éxtasis que me hacía tambalearme.
—¡Chase! —grité mientras mi orgasmo empezó a
moverse en mí con tanto poder que era atemorizante.
Las pulsaciones eran intensas mientras alcanzaba el
pináculo.
—¡Joder! —gruñó Chase mientras mi liberación
provocaba la suya propia—. Eres mía, Vanna. Dilo. Necesito
que me lo digas.
—Soy tuya, Chase —dije atentamente, haciéndome paso
entre esas palabras; mi respiración era áspera y mis emociones
crudas—. Lo he sido desde hace mucho tiempo.
Esta era la verdad que me había hecho darme cuenta de
que no importaba cuánto había tardado, este tipo de pasión
estaba predestinada, pero solo podía pasar con él.
Colapsé en su forma fuerte, temblando por la pura fuerza
de lo que acababa de ocurrir. Me sentía destrozada, pero más
libre de lo que había sido en mi vida. Apoyé mi frente en su
hombro y cerré los ojos, mi cuerpo aún zumbaba por la
ferocidad del clímax.
Si esto era cómo se sentía la felicidad postcoital, quería
experimentarlo todo de nuevo.
—¿Estás bien? —preguntó Chase, su respiración aun
ligeramente rota.
—Mejor que bien —contesté, sin estar preparada para
moverme mientras sonreía.
—Cariño, eso ha sido… —Su voz se cortó como si no
supiera bien qué decir.
—¿Inexplicable? —sugerí.
—Exactamente —dijo en tono áspero.
Sí… Este hombre me entendía… me entendía de verdad.
Chase

—¿Son tus cicatrices la razón por la que me rechazabas


cada vez que te preguntaba si querías usar el jacuzzi conmigo?
—preguntó Vanna mientras los dos holgazaneábamos
perezosamente en mi jacuzzi al aire libre varias horas después.
Por suerte, Vanna había encendido el horno antes de
seguirme escaleras arriba, así que tuvimos lasaña comestible
para la cena. Ambos habíamos devorado la comida como si no
hubiéramos comido en semanas. No es sorprendente ya que
nos habíamos mudado a la cama después de la ducha y no
salimos a la superficie durante horas.
Estaba seguro de que habíamos resuelto ese feo problema
de que nunca la hubiera satisfecho un hombre. No estaba
seguro de qué clase de chico no se preocuparía por su placer,
porque verla correrse era algo hermoso de lo que yo mismo
nunca me cansaba. Quería verlo una y otra vez.
—Sí —confesé—. Ya no me desnudo exactamente con
mujeres. No lo he hecho en mucho tiempo.
Tenía que admitir que era surrealista volver a estar
desnudo en un jacuzzi. Especialmente cuando estaba
abrazando a la única mujer que realmente quería contra mi
cuerpo desnudo y en cueros. Demonios, si estaba soñando,
esperaba que nadie volviera a despertarme nunca. Todavía me
costaba creer que Vanna hubiera aceptado mis cicatrices como
si no existieran. Todo este tiempo, había sido un maldito idiota
al pensar que ella reaccionaría de otra manera. La conocía, y
sin embargo había estado a punto de dejar que mis
inseguridades la ahuyentaran.
Su feliz suspiro inundó mi alma maltratada como un
bálsamo curativo cuando dijo:
—Ojalá me lo hubieras dicho. Podría haberte asegurado
de que sigues siendo el hombre más atractivo del planeta.
Obviamente, alguna otra mujer perdió esa oportunidad.
Hice una mueca, pero confesé:
—Intenté tener citas alrededor de un año después de salir
del ejército. Sin pensar en las posibles consecuencias, me
cambié la camisa frente a la mujer con la que estaba saliendo
en ese momento porque íbamos a cenar. Quedó tan horrorizada
que no llegamos al restaurante.
Vanna giró su cuerpo hasta colocarse a horcajadas sobre
mí en el asiento y quedamos cara a cara
—Debía de ser una idiota —dijo en un tono ardiente—.
No te voy a mentir porque tú nunca me has mentido. Tus
cicatrices sin duda son visibles, pero no estoy segura de qué
mujer podría resistirse al cuerpo debajo de ellas. ¿Vas a
contarme más sobre lo que pasó?
Pasé una mano por su cabello y atraje su cabeza hacia
abajo para besarla porque no podía resistirme. ¡Joder! Esta
mujer podía deshacerme con un par de palabras.
Ella tampoco me estaba vendiendo montón de tonterías.
Veía la adoración genuina en sus ojos cada vez que me tocaba.
Y cada mirada que me enviaba diciéndome “fóllame” me
volvía completamente loco. Apoyó la cabeza en mi hombro
cuando solté su boca, esperando pacientemente.
No había mucho que pudiera decirle, pero podía hacerlo
mucho mejor que mi explicación anterior.
—Desearía haberlo visto venir por un segundo o dos, pero
no lo hice —revelé—. Un minuto tenía la cabeza gacha
discutiendo la operación y al siguiente había empezado. Uno
de los RPG se estrelló contra un vehículo chatarra cerca de
donde estábamos parados. Mi casco y tener la cabeza baja,
probablemente me salvó la vida. Ni siquiera sabía el destino de
los miembros de mi tripulación hasta que finalmente desperté
en Alemania. Wyatt estaba allí. No sé cómo diablos supo lo
que pasó o cómo llegó allí tan rápido. Torie estaba en una
excursión de senderismo en un lugar remoto. No se enteró
hasta que pude hablar con ella por teléfono unas semanas más
tarde, después de varias cirugías para tratar de quitar toda la
metralla de mi cuerpo. Quería venir, pero le pedí que esperase
hasta que yo volviera a casa. Nunca llegué a hacer otra misión.
Me dieron el alta poco después de salir del hospital y volver a
Estados Unidos.
Pasó una mano por mi mandíbula.
—Siento mucho que perdieras a un compañero de equipo.
Tragué saliva.
—Yo también. Era un buen hombre con un par de niños
en casa. No llegué al funeral, pero me detuve a ver a su
exmujer y a los niños una vez que regresé a casa para ver si
podía hacer algo para ayudar. A mi copiloto le fue un poco
mejor que a mí. Volvió con su esposa en una forma
relativamente decente. Todavía hablamos de vez en cuando.
—Entonces ¿Torie realmente no sabe lo grave que fue?
Mencionó que te lesionaste poco antes de que te dieran el alta,
pero no sonaba como si supiera todo el alcance —dijo
contemplativa.
—No, diablos —me resistí—. ¿Qué chico quiere hablarle
a su hermana pequeña sobre cada cicatriz en su cuerpo y cómo
afecta su vida sexual? Ella sabe que me lesioné en una
explosión, y generalmente me quedo con manga larga para que
nadie haga muchas preguntas. ¿Recuerdas lo avergonzada que
estabas por tener miedo a la oscuridad?
Ella levantó la cabeza y asintió.
—Yo siento lo mismo acerca de que mi hermana menor
vea mis cicatrices de metralla. Cree que soy un maldito héroe
y me gusta que siga siendo así.
—Yo también creo que eres un héroe —murmuró
mientras pasaba sus manos por mi pecho—. Y he visto todas
tus cicatrices.
Aunque me encantaba oírla decir eso, sabía que no era
cierto.
—Por el amor de Dios, ni siquiera estaba involucrado en
la operación en ese momento. Como dijiste, estaba en el lugar
equivocado en el momento equivocado —me quejé.
—Dondequiera que estuvieras, estabas allí porque te
estabas preparando para volar un helicóptero hacia una
situación peligrosa. Por favor, no minimices lo que hiciste en
las fuerzas especiales, Chase. O la importancia de lo que haces
en Last Hope. Habría muerto en la jungla si no hubieras
venido por mí —dijo irritada. Y estoy segura de que lo hiciste
sin pensar en tu propia seguridad.
—Te perseguiría mil veces si eso es lo necesario para
mantenerte a salvo, Vanna —respondí con voz ronca—. Saber
que estabas en algún lugar retenida en contra de tu voluntad
me volvió medio loco. Una vez que supe toda la situación, ni
siquiera estaba seguro de si todavía estabas viva.
—Lo estaba, y me salvaste —dijo brevemente—. Así que
no intentes decirme que no eres un héroe. Es una mierda.
También estoy segura de que fui una de las muchas personas
que salvaste.
Le sonreí porque se estaba poniendo adorablemente
irritable y sabía que era porque estaba intentando defenderme.
—Desde luego, espero nunca caerme de ese pedestal en el
que me tienes, cariño. En realidad, solo soy un tipo que
persiguió a una mujer que le importa —dije arrastrando las
palabras—. Fue un instinto visceral que dispararía a la
mayoría de los hombres.
Ella golpeó mi hombro.
—Solo a los que piensan que pueden salvar el mundo sin
ayuda. No estoy segura de si eso es arrogancia, ego o locura,
pero estoy muy contenta de que lo tengas, sea lo que sea. No
puedo quejarme porque me salvó la vida.
Mi sonrisa se hizo aún más grande.
—Odio decir esto, pero no creo que sea realmente
arrogante. es confianza Todos sabemos lo que somos capaces
de hacer después de un entrenamiento intenso. Nuestros
límites se ponen a prueba casi constantemente en las fuerzas
especiales.
—Siempre has sido un poco gallito —me informó—.
Odias perder un debate cuando crees que tienes razón. Pero tu
amabilidad evita que seas totalmente odioso. Sinceramente, tal
vez fue esa confianza sin esfuerzo lo que me atrajo tanto.
—¡Maldición! —dije con fingido disgusto—. Pensé que
era mi hermoso rostro, mi cuerpo atractivo y mi estatus como
uno de los tipos más ricos del mundo.
—Basta —dijo con una risa encantada—. Lo admito,
también estaba eso. Aunque no lo de ser multimillonario.
Realmente nunca me ha importado tu dinero. Eso no es lo que
me ponía nerviosa cada vez que volvía a verte.
Era extraño que una mujer dijera que no le importaba mi
dinero, pero en el caso de Vanna, sabía que era verdad. Había
sido la mejor amiga de Torie durante mucho tiempo y estaba
acostumbrada a estar rodeada de personas que tenían una
cantidad obscena de dinero. Nunca me había tratado de
manera diferente solo por mi riqueza, ni me dejó ganar una
discusión solo para apaciguarme.
—Dime qué más te pone nerviosa y cuántas veces has
tenido esa aflicción cuando nos encontramos en el pasado —
insté, preguntándome exactamente cuándo se había dado
cuenta de que yo era un chico al que quería desnudar.
Joder, sabía que nunca había compartido ese conocimiento
conmigo. Si ella no necesitaba o no quería mi dinero, quería
averiguar cómo mantenerla feliz.
Parecía no tener problemas para ser franca cuando
respondió:
—Ha pasado un tiempo. Probablemente desde la fiesta
que tu padre le dio a Torie cuando terminó su doctorado.
Probablemente fue entonces cuando me di cuenta de que mi
mejor amiga tenía un hermano que había crecido para ser
increíblemente hermoso. En ese entonces, no tenía muchos
problemas para ignorarlo. Eras el hermano de mi mejor amiga,
un chico al que conocía la mayor parte de mi vida, y no quería
hacer el ridículo.
—¿Por qué no me lo dijiste, o al menos no me diste algún
tipo de pista? —cuestioné, preguntándome qué le habría dicho
en ese entonces si lo hubiera hecho.
—Por favor —dijo secamente—. Todavía era como tu
hermanita honoraria. Habrías pensado que era patético.
Reflexioné sobre ese comentario por un momento antes de
responder.
—Sinceramente, no estoy seguro de haberlo hecho. Tal
vez no estaba listo para admitir que eras la mujer más notable
que jamás había conocido, pero probablemente lo habría hecho
con un poco de ánimo.
—No estaba lista para correr ese riesgo —admitió.
—¿Y cuando nos vimos en la boda de Torie? ¿Qué pasó
realmente allí, Vanna? En ese momento, supe que me atraías.
Creo que tú también sentiste esa conexión. Pero te escapaste y
me rompiste el corazón.
Se encogió de hombros y pasó una mano gentil por mi
cabello.
—Me asuste. Pensé que me lo estaba imaginando y no
quería perder a las únicas personas que eran como mi familia.
No pensé que alguna vez me verías realmente como algo más
que el mejor amigo de Torie. Y sabes que no te rompí el
corazón.
—Oh, te vi —le informé—. Y no voy a mentir, estaba un
poco desconsolado. Te fuiste ese día como si la mera idea de
pasar tiempo conmigo fuera desagradable, y ni siquiera habías
visto mis cicatrices. Fue bastante desalentador.
—Lo siento —dijo con pesar—. No tenía ni idea de que te
ofreciste por ningún motivo excepto empatía porque estuviera
sola en Las Vegas.
—¿Y si hubieras sabido que esa no era la razón? —
pregunté roncamente.
Nuestros ojos se encontraron y los suyos rebosante de un
afecto romántico que hizo que me doliera el pecho cuando
respondió:
—No estoy del todo segura. En ese momento, quería tanto
estar contigo que podría haber arrojado la cautela al viento.
casi lo hice Si hubiera sabido que sentías lo mismo, podría
haber sido diferente. No me preocupaba mucho que Torie no
lo aprobara. Me ha estado rogando que le quite a uno de sus
hermanos de las manos durante mucho tiempo.
Levanté una ceja.
—¿Lo ha hecho realmente? ¿Wyatt también?
Demonios, no me gustaba esa idea. En absoluto.
—Totalmente —dijo con una sonrisa—. Cualquiera que
estuviera dispuesta a tomar. No fue exigente.
—¡Mocosa! —gruñí con muy poca animosidad—. No
necesitaba ofrecer a Wyatt también. No creo que yo lo hubiera
manejado muy bien.
—Adoro a Wyatt. Pero siempre hubo un solo hermano
Durand que realmente quise —ronroneó, su voz
repentinamente tan sensual como la de una seductora.
—¿Cuál?—pregunté bruscamente.
Sí. Bueno. Tal vez fue patético que estuviera pidiendo una
confirmación, pero todavía estaba atónito de que Vanna me
deseara después de ver todo el daño que había sufrido mi
cuerpo.
Me tensé cuando movió su mano por mi cuerpo y
envolvió sus dedos alrededor de mi pene rígido.
—Al ligeramente arrogante, discutidor, hermoso y con un
apéndice muy grande que quiero probar en este momento
desesperadamente —me susurró al oído.
—Maldita sea, Vanna —gemí mientras me acariciaba—.
Quería hablar de lo que te pasó hoy.
Sinceramente, quería, pero supe que estaba jodido en el
momento en que ella me envolvió con sus hábiles dedos. No
me quejaba. Pero no quería hablar más de mí. Necesitaba
asegurarme de que ella estaba de acuerdo con la jugarreta que
Deadline America le había hecho hoy.
Ella me mordió la oreja y pasó la lengua por un lado de mi
cuello mientras murmuraba:
—Más tarde. Estoy ocupada con algo muy importante
ahora mismo.
Tragué saliva y cerré los ojos, sabiendo que todos los días
que había esperado a esta mujer valieron la pena. Ser adorado
por Savannah Anderson era alucinante y todavía estaba un
poco preocupado de estar en pleno sueño fantástico.
—Móntame —ordené bruscamente.
—No te vas a salir con la tuya. Esta vez no —argumentó
mientras su boca se deslizaba por mi pecho—. Es mi turno de
conocer este hermoso cuerpo.
¡Jesús! Eso, era probable que me matara.
—Vanna—le advertí, mi voz cargada de lujuria.
—Arriba —insistió ella.
Me arrastré hasta el borde de la bañera de hidromasaje,
con la parte inferior de mis piernas aún en el agua.
Ella me miró mientras pronunciaba suavemente:
—Creo que eres el hombre más hermoso que he visto en
mi vida, Chase.
Nuestros ojos se encontraron y la mirada sensual y
abrasadora que me lanzó hizo que mi pulso se saliera de
control. Cierto, me mataría, pero vaya si no iba a morir como
un hombre feliz.
Observé cuando sus ojos dejaron los míos y envolvió mi
verga con sus hermosos labios.
—¡Joder!—jadeé cuando ella tomó tanto de mi polla
como pudo y luego retrocedí mientras chupaba.
Mis bolas se tensaron cuando encontró un ritmo lento e
hipnótico que estuvo a punto de volverme loco. Sus labios…
Su boca caliente y hambrienta… La forma en que parecía estar
saboreando mi miembro concienzudamente era tan
embriagadora y erótica que casi exploto en el acto.
—Vanna—dije con voz ronca y áspera—. ¡Joder, Vanna!
Ni en un millón de años podría haber imaginado tener
tanta intimidad con una mujer después de mis heridas y,
mucho menos, acostarme con ella desnudo y en cueros
emocionalmente y amar cada maldito segundo.
Agarré su cabello y guie su boca exactamente donde la
necesitaba. Ella cambió de postura, se acomodó y devoró.
Quería complacerme y no parecía importarle cómo lograrlo.
Yo quería saborear cada caricia de su lengua, pero sabía que
no iba a durar mucho. Traté de ralentizarlo. Temía que, si me
entusiasmaba demasiado, se ahogaría.
Vanna Anderson no iba a aceptar nada de eso. Estaba
resuelta a hacerme perder la cabeza y, una vez que me di
cuenta de eso, era imposible que controlara el ritmo frenético.
—Qué rico, joder —gemí, agarrando su cabello más fuerte
de lo que debería.
Cuando sus dedos empezaron a jugar suavemente con mis
pelotas mientras su boca me chupaba a un ritmo casi frenético,
me perdí por completo. La tensión que se había estado
acumulando alcanzó un nivel tan intenso que cada músculo de
mi cuerpo estaba rígido. Mis bolas se tensaron hasta el punto
de ser casi doloroso y el hormigueo en mi ingle se extendió
hasta la base de mi columna. Mi corazón latía con fuerza como
si acabara de correr quince kilómetros cuesta arriba con una
tonelada de peso en un sofocante día de verano.
¡Hostia puta! No tenía control cuando Vanna perseguía
algo que en realidad quería, especialmente cuando ese algo era
yo.
—El punto de no retorno llegará en unos dos segundos —
le advertí a Vanna mientras trataba de aferrarme a la sensación
de su boca en mi verga y al placer que me consumía.
Mi pene estaba tan jodidamente sensible que cada
movimiento que hacía era eufórico. Nunca había sentido algo
así, ni antes ni después de las cicatrices.
—¡Mierda! ¡Vanna! —gruñí cuando detoné de repente y
me di cuenta de que ella no iba a ir a ninguna parte.
Se quedó, aparentemente deleitándose en la tarea de tragar
cada gota que pudiera exprimirme. Aflojé mi agarre mortal al
cabello de Vanna y mi pecho se agitó cuando sentí la oleada de
testosterona más estimulante que jamás había experimentado
en toda mi vida. Me sentía como si estuviera flotando
literalmente, con las piernas y los brazos casi entumecidos
cuando volví a sumergirme en el agua y puse a Vanna encima
de mí.
—Casi me matas —dije con voz ronca antes de bajar su
cabeza para besarla.
A decir verdad, estaba aniquilado, física y mentalmente,
pero me importaba un carajo. Vanna podría masacrarme todos
los días y dos veces el domingo si eso era lo que se sentía.
Después de eso, empezaría otra semana sintiéndome como el
cabrón más afortunado de la Tierra.
Savannah

—Quédate conmigo, Vanna. Que les den a esos capullos de


Deadline America. Acaba tu artículo de la crisis del Darién.
Haz lo que te haga feliz. Diablos, compraré esa maldita cadena
si quieres tu programa de vuelta.
—Ah, no, no lo harás —dije con firmeza.
Tomé u trozo de queso y miré a Chase para averiguar en
qué pensaba.
Una vez que salimos del jacuzzi, nos dimos otra ducha.
Después bajamos porque Chase declaraba que aún tenía
hambre.
Cortó algo de fruta, queso y sacó galletas saladas antes de
servirnos a ambos sendas copas de vino.
En ese momento estábamos sentados en la mesa de la
cocina en mitad de la noche compartiendo la comida y el vino.
Le expliqué que en realidad ya no estaba tan terriblemente
enfadada por el modo en el que Deadline America me había
tratado.
Sí, Había sido doloroso ser despedida por los ejecutivos
simplemente porque querían una cara más bonita, pero llevaba
una década en televisión. Sabía que estábamos siempre a
merced de los caprichos de los corporativos, aunque no
tuvieran ni idea.
Mi carrera iba a cambiar constantemente, pero era un
movimiento inevitable que tenía que pasar en algún momento.
Estaba de duelo por el triste final de una fase de mi carrera
cuando Chase llegó a casa del trabajo. Puso perspectiva a mi
dolor desnudándose hasta la ropa interior delante de mí.
Quizás no había sido con intención, pero sus atrevidas
acciones me hicieron darme cuenta de lo pequeñas que eran
mis inseguridades por las cicatrices comparadas con alguien
que realmente había sufrido una decepción. Él no solo pasó un
dolor terrible en el hospital y casi perdió la vida, sino que
además fue rechazado por la mujer con la que salía. No podía
culparlo por no querer intentarlo con otra mujer que pudiera
ser así de superficial o no. Ni una sola vez Chase había
considerado mis cicatrices repulsivas o feas. ¿De verdad
importaba lo que un estirado en la oficina corporativa de una
pequeña cadena de noticias por cable pensara de las cicatrices
en mi cara?
Mastiqué el trozo de queso y lo bajé con un trago de vino
antes de preguntar:
—¿De verdad quieres que me quede? Chase, tengo
suficiente ahorrado para aguantar hasta el siguiente paso en mi
carrera. Necesito saber exactamente qué y dónde será eso, pero
desde luego no tengo por qué quedarme aquí.
—Entonces hazlo porque quieres —dijo él insistente—. Si
quieres que tenga lo que realmente quiero te quedarás. ¿Hay
alguna duda en tu mente ahora mismo sobre lo que realmente
quiero, Vanna? Te lo pregunto porque yo sé exactamente lo
que quiero. La estoy mirando, esperando que ella quiera lo
mismo. Soy más feliz de lo que lo he sido en mi vida. Por muy
diferentes que seamos, encajamos, Vanna. Quiero que te
quedes conmigo y seas mi compañera en todo.
Nuestras miradas se encontraron y me dio un vuelco el
corazón. Un anhelo brotó dentro de mi mientras me zambullía
en sus preciosos ojos grises. Definitivamente era lo que quería.
Me había pasado la mayoría de mi vida adulta vagando por el
mundo, continuamente, sin descanso y terriblemente sola tras
perder a mi madre. Sabía que me faltaba algo. Sabía
perfectamente lo que significaba estar en medio de un montón
de gente y seguir sintiéndome sola. Pero ya no me sentía así y
probablemente no lo haría más mientras Chase y yo
estuviéramos juntos. Él era aquello que había estado buscando,
y por fin sentía que estaba donde debía estar. Por primera vez,
quería quedarme en un lugar porque finalmente había
encontrado esa parte ausente de mi alma.
¿Era un riesgo porque preocuparme por este hombre era
tan básico para mí como respirar? Sí. Era aterrador. Pero era
adicta a sentirme completa y mareada de emoción por
quedarme aquí con él.
—Yo también soy más feliz de lo que lo he sido nunca —
confesé sin aliento.
Le vi mientras algo parecido al alivio cruzaba su rostro.
—¡Menos mal! —Me tomó de la mano—. Haré todo lo
humanamente posible para que seas tan feliz que no quieras
marcharte nunca.
Esta promesa llenó mis ojos de lágrimas, pero las enjugué
de nuevo.
—Yo también quiero que tu seas feliz.
Chase había pasado suficiente tiempo sirviendo a su país y
a otros. Alguien tenía que trabajar en cuidar de él para variar.
Me apretó la mano.
—Solo mirarte me hace estar eufórico. No hubiera
querido que te marcharas nunca, pero no podría haberte
obligado a quedarte si no era lo que tú también querías.
Suspiré. No podía decir que fuera un romántico florido,
pero todo lo que dijo salió del corazón, que era aún mejor.
—Lo quiero, Chase. Yo también quiero estar contigo.
Quizás lleve un tiempo, pero voy a solicitar un puesto de
periodista freelance aquí, en el periódico local, y quizás
algunas otras publicaciones más grandes. Solo tengo que
asegurarme de que no hay ningún conflicto de interés con
Deadline America si intento vender mi artículo de la crisis del
Tapón del Darién antes de intentar venderlo en serio —
compartí—. Tengo un montón de artículos escritos de
episodios previos que me encantaría poner al día y vender
también, si no hay conflicto.
Él sonrió.
—Cariño, tengo todo un departamento legal que no está
tan ocupado con los asuntos de Durand. Y en lo que respecta a
periódicos, conozco un tipo…
—Estoy segura de que sí —le interrumpí—. Conoces a un
montón de tipos que probablemente podrían solventar todos
mis problemas, pero me gustaría hacer esto por mí misma. Soy
perfectamente capaz de reunir un porfolio y presentarlo. Pero
te aceptaré esa consulta legal. Seguro que tienes los mejores
abogados del mundo.
Sus ojos brillaron con humor mientras contestaba.
—Puedes apostar tu precioso trasero a que sí. La calidad
es importante, cariño, y en Durand solo trabajan los mejores.
Puse los ojos en blanco.
—Creo que me llevará un poco acostumbrarme a tu idea
de calidad —dije secamente—. No estoy acostumbrada a
tomarme una botella de vino que cuesta más que mi coche.
—No todas son tan caras. Solo las raras. No soy un
auténtico coleccionista. Todo en mi bodega está para ser
consumido y disfrutado. Los compro porque me gustan.
Cuando se trata de vino, calidad no es siempre sinónimo de
coste —explicó.
—Bueno, gracias a Dios —bromeé mientras él sujetaba
mi copa de vino—. Este es delicioso, por cierto.
Probablemente no necesito saber si estoy bebiendo miles de
dólares en alcohol de picoteo nocturno.
Tomé un sorbo de vino y lo removí en mi boca.
Él levantó una ceja.
—Entonces quizás no deberías preguntar. Considero esta
un ocasión especial.
Casi me atraganto con mi vino antes de tragarlo.
—Entonces de verdad no quiero saberlo —dije con prisa.
Se encogió de hombros, sin ninguna preocupación.
—Si te gusta, entonces es dinero bien gastado. Soy un
hombre muy rico, Vanna, pero no te quedes solo con eso.
Trabajo duro para nuestra empresa, y compro lo que me puedo
permitir, como todo el mundo.
«¿Es solo dinero? ¿Cuántos millonarios dicen eso?».
Le miré contemplativamente, pensando de repente en el
comentario que Torie había hecho sobre Chase de adolescente
dejando su ropa interior sucia en el suelo.
—Hay ocasiones en las que me cuesta reconciliar al Chase
Durand que conozco con el poderoso billonario que sé que
eres.
Sinceramente, eso es lo que lo convertía en un enigma a
veces. Era tan humilde la mayoría del tiempo, pero había una
parte de él que empuñaba mucho poder en un mundo ultrarrico
de la que sabía muy poco.
Torie era multimillonaria, pero ella no trabajaba o pasaba
mucho tiempo en ese mundo.
Curiosamente, Chase se las arreglaba para existir tanto en
el mundo real como en el círculo de los ultrarricos sin pensar
en ello. Podía llevar un traje escandalosamente caro como si
fuera su segunda piel, o podía estar en casa en jeans y
camiseta. Había una interminable cantidad de facetas en su
personalidad, y cada una de ellas me fascinaba.
—Tú sabes quién soy —objetó él.
Lo sabía. Era el tipo que me había vendado la rodilla
cuando me había caído de la bicicleta de niña. Era el tipo que
había sollozado abiertamente con profundo dolor cuando
perdió a sus dos padres, pero que aun así se las había arreglado
para ser fuerte para sus hermanos. Era el tipo que se habría
preferido cambiarse por su hermana pequeña que verla sufrir
cuando estaba tan mal tras el secuestro. Era el tipo que me
había rescatado en la jungla cuando a penas me quedaba
esperanza. Era el tipo que se había quedado en ropa interior,
exponiendo su vulnerabilidad solo porque odiaba verme llorar.
Era el tipo que me había dado múltiples orgasmos hasta que ya
no pude moverme. Era el tipo que ahora estaba sentado
conmigo en la mesa de la cocina, queriendo ayudar porque
estaba cambiando de carrera profesional.
—Eres el hombre más increíble que haya conocido —le
dije honestamente—. Quizás estoy solo un poco preocupada
de no encajar en ese mundo ultrarrico cuando sea necesario.
—No tienes que encajar, Vanna. No importa.
Ocasionalmente, atiendo eventos cuando es importante para
Durand. No tienes que ir si no te apetece seguir el juego. Me
encantaría tenerte conmigo, pero tienes que recordar que eso
es trabajo, no mi vida personal —dijo amablemente.
—Creo que me gustaría estar contigo —confesé—. No es
que sea completamente ingenua. Yo misma he tenido que ir a
alguno de esos eventos de trabajo. Eran esnobs, pero no
exactamente el entorno adinerado en el que tú circulas.
—Esas fiestas son increíblemente aburridas. Me estarías
salvando si tuviera algo de compañía —bromeó—. Sabes con
quién me gusta quedar cuando tengo oportunidad. Mi hermano
mayor es probablemente mi mejor amigo, aunque es un
cascarrabias capullo y sarcástico parte del tiempo. Torie es tu
mejor amiga. También conoces a Hudson, Jax, y sus esposas.
Y Cooper es el marido de tu mejor amiga. Ese es básicamente
mi círculo cercano.
Había llegado a conocer a los hermanos Montgomery un
poco mejor en la barbacoa, y Taylor y Harlow me habían
encantado.
—Tristemente, Torie es prácticamente todo mi círculo —
le dije—. Casi siempre salgo con mi equipo porque estamos en
el mismo sitio al mismo tiempo. Dar tumbos alrededor del
mundo no va mucho con hacer un círculo de buenos amigos.
—Hice una pausa por un momento y añadí—: Me gustaría ser
consejera de Last Hope algún día, Chase. Creo que me
gustaría formar parte de algo tan importante. Solo necesito
algo de tiempo para tener mi carrera.
—Tómate el tiempo que necesites —coincidió él con
entusiasmo—. Cuando estés preparada, puedes aprender. Estoy
seguro de que Marshall estaría feliz de conseguir otra
consejera para ayudar a nuestras víctimas. Es un compromiso
que no todas las víctimas quieren hacer. Mientras tanto, te
llevaré a nuestra sede y te enseñaré qué es lo que hacemos y
cómo lo hacemos cuando tengas tiempo. Ahora ¿Qué más
puedo hacer para ayudarte?
Sacudí la cabeza mientras sonreía.
—¿No crees que ya has hecho suficiente? Has estado ahí
para mí como consejero durante meses; también me he
quedado en tu casa como invitada de honor.
—Ahora es tu casa, y ya no me necesitas como consejero.
Quiero apoyarte igual que tú quieres apoyarme a mí, Vanna —
dijo formalmente—. Recuerda, te prometí que te haría tan feliz
que no querrías marcharte nunca.
—Ahora mismo, creo que sería muy feliz si me llevaras a
la cama. —Levanté una mano cuando vi la esperanza en su
rostro—. Oh, no. Debemos descansar. Ambos trabajamos por
la mañana. Necesito avanzar en ese porfolio.
Se levantó y tiró de mí hacia arriba con la mano que aún
sostenía.
—Llamé a Wyatt hace mucho rato y le dije que iría tarde.
Probablemente muy tarde.
Mi cuerpo entero tembló y un calor surgió directamente
entre mis muslos mientras me besaba para después acariciarme
el cuello con sus sensuales labios.
¿Cómo diablos era siquiera posible que aún anhelara este
hombre tras el atracón de sexo en que nos habíamos
enfrascado toda la tarde y la mitad de la noche? Un solo roce y
estaba preparada para lanzar la razón por la ventana.
Solté un chillido cuando me levantó y se dirigió a las
escaleras.
—Supongo que probablemente yo también podría llegar
tarde —dije, cediendo casi inmediatamente.
Parecía que había deseado a este hombre desde siempre.
Quizás un solo día no iba a aplacar mi sed por él.
—Excelente idea, cariño —coincidió, mientras corría
escaleras arriba como si tuviera miedo de que cambiara de
opinión.
Savannah

—Oh, Dios mío, Vanna. Es realmente bonito —dijo Torie


mientras se sentaba mirando mi nuevo pastor alemán
entrenado para protección jugando con su perro, Milo.
Se llamaba Axel porque tenía un nombre largo e
impronunciable, y era espectacular.
—Chase quería que aceptara un guardaespaldas —le
expliqué—. Axel fue un compromiso intermedio.
Había pasado casi un mes desde que Chase y yo habíamos
tomado la decisión de vivir juntos y ser una pareja. Durante
esas semanas, aprendí que encontrarse a medio camino era
importante cuando una mujer vive con un hombre muy
cabezota que es obsesivo con su seguridad.
Torie me miró levantando una ceja desde el otro lado del
sofá.
—¿De verdad fue un compromiso intermedio? Axel te
mira como si ya te idolatrara y viceversa.
—No del todo —confesé—. No he tenido perro desde que
era una niña y he echado de menos tener uno. Lo adoro
absolutamente y es buena compañía. Sigo trabajando con el
entrenador para asegurarme de que tengo todas las órdenes
bajo control, pero es agradable tener una compañía que no
habla mientras trabajo.
Chase había insistido en remodelar una de las habitaciones
de abajo en un despacho para mí y lo había hecho en un
tiempo récord. Por supuesto, conocía a un tipo que hacía un
trabajo de calidad y podía completar el trabajo con un gran
equipo en una semana.
En el último mes, también había aprendido rápidamente
que casi nadie dice que no a un multimillonario Durand,
especialmente a uno tan encantador como Chase.
Me encantaba tener mi propio espacio decorado justo
como lo quería. Todo en mi despacho inspiraba mi creatividad.
—Acostúmbrate a los instintos protectores —me advirtió
Torie—. Si Cooper se saliese con la suya, tendría un
guardaespaldas conmigo siempre que él no estuviera. Pero
salimos hacia el trabajo a la misma hora cada día.
Generalmente no estoy sola en casa a no ser que él tenga que
trabajar hasta tarde. Y tiene un sistema de seguridad de
primera aquí.
—Chase también —dije—. Pero sigue preocupado, más
incluso recientemente.
Torie asintió.
—Nos dijo a Cooper y a mí lo de las cartas raras que él y
Wyatt estaban recibiendo en la oficina para que estuviéramos
alerta. A juzgar por el contenido, Chase y Wyatt piensan de
hecho que es el hijo de uno de los antiguos enemigos de papá,
Gerald Kruger. Mi padre empezó a hablar de la empresa de
Kruger no mucho antes de morir, cuando empezaron a robar
diseños. No tanto por él, como por con suerte ayudar a
pequeños empresarios independientes que estaban perdiendo
su modo de vida. Papá era de las muchas empresas grande de
lujo que estaban hartos de ver a esta empresa copiando
claramente sus diseños. Los productos eran fabricados más
baratos con esos diseños robados y luego vendidos en masa a
precio de ganga. Papá salió más fuerte que muchos de la
competencia.
Chase me había contado lo que había pasado, pero no
había dado muchos detalles.
—¿No se les pudo haber parado con leyes de patentes o
copyright?
Torie suspiró.
—Las leyes de propiedad para prendas de vestir y
accesorios son complicadas. Normalmente, mi padre no se
ponía así por empresas que hacían productos baratos parecidos
a estos. Pero esta era una empresa siniestra que era conocida
también por utilizar mucha mano de obra infantil y barata con
condiciones terribles en el extranjero. Entre eso y los pequeños
diseñadores y artistas que no podían ganarse la vida por el
robo de diseños, creo que llegó a su límite de lo que podía
aguantar sin decir nada. Con el tiempo, la empresa de Kruger
fracasó, no solo por su reputación, sino por sus precios
también. Sus productos estaban tan mal hechos que eran casi
de usar y tirar. Creo que la gente simplemente se cansó de la
calidad pobre, aunque la mercancía fuera muy barata. Es
trágico porque Gerald Kruger se suicidó, y Wyatt y Chase
piensan que su hijo busca venganza porque lo perdieron todo.
Chase había explicado algo similar.
—¿Crees que están en lo cierto? —le pregunté a Torie.
Ella se encogió de hombros.
—Hay todo tipo de personajes locos en el mundo de las
marcas de moda y lujo. Por eso nunca quise estar tan cerca del
sector.
—¿Crees que Chase y Wyatt están en peligro? —pregunté
—. ¿Y tú?
—La mitad del tiempo, no creo que nadie se dé cuenta de
que una mujer Durand existe. Me mantuve fuera del foco
principal y nunca he tenido nada que ver con la marca. Tu eres
más de perfil alto de lo que lo soy yo. No es un secreto que
eres cercana a Chase ahora que vives con él. Acabas de hacer
la semana pasada esa gala benéfica con él en la que
representaba a Durand, así que todo el mundo lo sabe. No te
diré que no me preocupó cuando Chase me contó lo que estaba
pasando, pero tampoco me sorprendió. Mi padre tuvo
amenazas de muerte más de una vez en esta industria, por eso
protegió a sus hijos. Mis dos hermanos tienen permiso de porte
oculto para armas, y te garantizo que ambos las llevan en este
momento.
—Chase la lleva —confirmé—. Sé que sabe cuidar de sí
mismo, pero puede pasar cualquier cosa.
Torie se rio.
—Ahora suenas como él cuando intenta protegerte. En el
pasado, Chase habría quemado las asquerosas cartas. Ninguno
de mis hermanos está muy preocupado por su propia
seguridad. Como has dicho, pueden cuidar de sí mismos.
Tener una novia es otra historia. Sinceramente, Chase nunca
ha tenido que preocuparse por algo así mientras era director
ejecutivo de Durand. No ha tenido una novia seria desde que
Wyatt y él se pusieron al mando de la empresa. Se paciente
con él. Si se pone muy agobiante, plántate como hiciste con el
guardaespaldas. Puede que no le guste, pero si quiere estar
contigo, tendrá que entender que tú has gestionado tu vida
perfectamente bien desde hace mucho ya.
—No puedo vivir con miedo de algo que probablemente
nunca pasará. Nunca lo he hecho —dije.
—Esa es mi filosofía también, pero Cooper siempre
intentará protegerme. Creo que está en su ADN.
—También en el de Chase —me compadecí—. Es como si
toda esta situación hubiera disparado sus instintos protectores.
Dijo que la policía está tratando de investigar, pero de
momento no tienen pruebas, y el hijo jura que no tiene nada
que ver con las cartas. No pueden arrestar a alguien solo
porque sí. Podría ser cualquier loco fingiendo ser otra persona.
—Lo sé —reconoció Torie—. Ojalá parase. Tiene a
Cooper de los nervios, también.
—Y a mí, también. No es que me haya importado sacar un
perro maravilloso de toda esta situación, pero no me gusta ver
a Chase tan preocupado.
Torie se rio.
—Todo lo que tenías que haber hecho era mencionar de
pasada que quizás querrías un perro, y Chase te habría
comprado una casa al día siguiente. Está loco por ti, Vanna.
Me sorprende que aún no te haya pedido que te cases con él.
Dejé escapar una carcajada de risa sorprendido antes de
decir:
—Acabamos de empezar a vivir juntos. No creo que él
vaya por ahí.
—Te ama —dijo Torie con confianza—. Te lo pedirá.
—No lo ha dicho —dije con firmeza—. Y no espero esas
palabras. Es demasiado pronto.
—Pero le amas, ¿verdad? —preguntó, con su voz
ligeramente nerviosa.
No pensaba mentir a mi mejor amiga. Ya había aprendido
que de vez en cuando debía tener cuidado con qué le decía
para no revelar nada que Chase no quisiera que contase. Pero
esto eran mis sentimientos.
—Sí. Creo que eso ya lo sabes, pero no se lo digas a nadie
por ahora, por favor.
—Nunca diría nada que traicionara nuestra amistad,
Vanna. Tampoco querría nunca herir a Chase. Quizás insinúe o
algo cuando quiero que os pongáis de acuerdo, pero nunca
querría hacer nada que sobrepasara mis límites como futura
cuñada.
—Torie—dije con tono de advertencia.
—Vale, vale —dijo jovial—. Me comportaré ya que eres
la mujer que ha hecho a mi hermano más feliz de lo que le
había visto nunca. Ahora, ojalá pudiera conseguir a alguien
que se quede con Wyatt.
Me reí entre dientes.
—Algo me dice que él no quiere que se lo queden.
Me encantaba Wyatt, pero le conocía desde niño. Sabía
que tenía un corazón bajo todo el cinismo, pero iba a ser
necesaria una mujer muy inteligente, y valiente para llegar a
conocerle de verdad.
—No tiene ningún interés en salir con nadie —dijo Torie,
sonando completamente descontenta.
—Quizás sea feliz así —sugerí.
Negó con la cabeza despacio.
—No creo que lo sea. Solo es que nunca ha encontrado a
nadie que quiera conocerle realmente. Creo que ambas
sabemos que es un blando bajo ese exterior duro.
Resoplé.
—Piensas eso porque él siempre haría cualquier cosa por
ti.
—Él haría cualquier cosa también por la mujer adecuada.
Hazme caso en eso —contestó ella con aire de suficiencia.
Probablemente tenía razón. Desde luego había visto a
Torie dominar a sus hermanos de niños. Aunque no estaba
segura de poder llamar a Wyatt “un blando”.
—Bueno, cuéntame del trabajo —pidió Torie—. ¿De
verdad estás bien con dejar Deadline America ahora?
—Mejor cada día. Acabo de vender mi historia del Tapón
del Darién al periódico aquí, en San Diego —informé—. De
hecho, tengo múltiples ofertas de publicaciones que ya me han
aceptado como periodista freelance. Voy a repasar y actualizar
artículos que siguen siendo temas candentes. Estaba muy
nerviosa, pero creo que puedo publicar la mayoría de los
artículos que escribo, Torie. Chase fue de increíble ayuda con
los temas legales.
Torie frunció el ceño.
—¿Hubo jamás alguna duda sobre tu habilidad para
vender ese artículo o cualquiera de los otros que escribes? —
preguntó, sonando confundida—. Vanna, eres probablemente
la periodista con más talento que jamás he leído. Esa historia
era tan conmovedora que lloré cuando la leí. Presentas los
hechos, pero viene del corazón. Tienes un don en el que has
trabajado y perfeccionado durante la última década. Nunca he
tenido ninguna duda de que las publicaciones pelearían entre
ellas por tu trabajo. ¿Crees que aún tienes que viajar?
Le sonreí, agradecida de que Torie fuera mi mejor amiga.
—Probablemente —contesté—. Pero en un mundo en el
que puedo hacer entrevistas e investigación online, dudo que
pase a menudo o durante mucho tiempo. Depende de sobre
qué trate la historia. Le estoy dando vueltas a ideas
interesantes para historias locales y regionales en las que
trabajar una vez que termine de actualizar mis historias
previas. Quién sabe, quizás algún día decida escribir libros
sobre los artículos que más han significado para mí.
—Creo que eso sería increíble —dijo Torie con
entusiasmo—. Creo que estás destinada a cosas más grandes
que Deadline America.
—Por ahora creo que estoy bastante harta de viajar por el
mundo.
Tenía una preciosa vida con Chase que quería disfrutar
durante un tiempo antes de siquiera pensar en viajar por un
reportaje.
Torie resopló.
—Bueno, al menos ahora puedes viajar en jet cuando
tengas que irte. No crees que ni por un segundo Chase
permitiría que fuera de otro modo, ¿no?
Sonreí.
—No. Ya hemos tenido esa discusión. Puede que sea
independiente, pero no estoy loca. Si le hace sentir mejor, le
aceptaré esa oferta. Lo del guardaespaldas es totalmente
diferente. Me volvería loca tener a alguien vigilándome todo el
tiempo. Entiendo su preocupación por las terribles cartas que
está recibiendo. Me preocupa su seguridad ahora mismo, pero
el guardaespaldas es un no rotundo para mí.
—No puedes culparle por intentarlo —dijo Torie.
—Chase puede ser cabezota. Si no lo supiera pensaría que
mi nombre es “Maldita sea, Vanna” cuando no está de
acuerdo. ¿Cooper lo intentó? —pregunté con curiosidad.
—Ya sabe que yo tampoco aceptaría eso —respondió ella
—. Y Cooper no es realmente un perfil tan alto como Chase.
La minería y las marcas de lujo son dos industrias
completamente distintas. Ahora que Wyatt y Chase son la cara
de la empresa, son el frente y el centro de la publicidad.
Especialmente Chase. Ya que Wyatt no es precisamente social,
Chase ha tomado por voluntad el puesto casi en solitario.
Tiene sentido que esté un poco preocupado por ti. Sin
mencionar que casi mueres cuando estabas secuestrada en un
país extranjero hace poco. Creo que esa experiencia aún está
muy fresca para él, Vanna.
—Lo sé —dije—. Aún me pregunta cada día cómo me
siento sobre el secuestro. Todavía tengo momentos en los que
me gustaría recordar más de lo que pasó, pero estoy bien con
no saberlo ahora.
También había conseguido superar mi miedo a la
oscuridad con la ayuda de Chase. Si ahora tuviera que dormir
sola, dudo que siguiera necesitando una luz nocturna.
Torie guardó silencio por un momento antes de decir con
voz apagada:
—Vi algunas cicatrices de Chase el otro día, Vanna.
Mis ojos volaron hacia su cara y me di cuenta de la
tristeza en su expresión.
Continuó:
—Pasó por casa después de una de sus salidas mañaneras
para correr para tratar algo rápido con Cooper sobre
equipamientos de Last Hope. Llevaba una camiseta de manga
corta. Pensándolo, me di cuenta de que no le había visto en
manga corta desde hacía mucho tiempo. Pude ver una pequeña
parte de esas cicatrices y le pregunté qué pasó. Me contó más
de lo que nunca ha admitido sobre esas heridas. También me
contó como una idiota con la que salía hiperventiló con lo feas
que eran. Nunca ha sido tan abierto sobre lo que ha sufrido.
Nunca lo supe. Creo que estaba tan inseguro que nunca lo
compartió con nadie, ni siquiera con su hermana. Para cuando
hablé por teléfono con él tras el accidente, estaba muy lúcido y
ya llevaba en casa varias semanas. Volvió a casa, pero se ha
mantenido distante desde entonces. Hasta hace unos días.
Teniendo en cuenta lo que pasó, voy a asumir que tiene las
mismas cicatrices por todo el cuerpo.
Por un momento hice una pausa, no muy segura de cómo
responder. Conozco a Torie desde hace demasiado como para
no entender lo que intentaba preguntarme dando un rodeo.
—Nunca me ha importado, Torie. Le amo. Él aceptó mis
cicatrices como si no existieran antes siquiera de que yo
supiera de las suyas. Odio lo que ha tenido que pasar, pero
para mí, él era y siempre será el hombre con el mejor cuerpo
del planeta.
Animé a Chase a llevar manga corta de nuevo y no ser tan
inseguro porque no tenía motivos para serlo. También le dije
que debería considerar contarle a Torie más sobre lo que pasó
ya que Wyatt estuvo físicamente allí y sabía más sobre todo el
incidente.
Era hora de que Chase dejara de sentir que tenía que
esconder sus cicatrices. La primavera estaba aquí y llegaba el
verano. No había ninguna razón para que fuera con manga
larga cuando le gustaban tanto los deportes acuáticos.
No sabía que había empezado a sacudirse la inquietud
sobre sus cicatrices. Aún no me había contado que había
decidido hacer caso de mi consejo sobre Torie, pero sabía que
lo haría cuando tuviera la oportunidad de hablar de ello de
nuevo.
Mi corazón se hinchó al pensar que por fin estaba
superando lo que pasó hacía años. Por aquel rechazo inicial,
estaba segura de que Chase veía esas cicatrices mucho más
horribles de lo que eran en realidad.
Levantó una mano mientras decía:
—No te preguntaré por demasiada información. Solo
quería agradecerte por querer tanto a mi hermano. Él
realmente te necesitaba, Vanna. Creo que no me había dado
cuenta de cuánto.
Los perros empezaron a ladrar mientras se perseguían por
la casa.
Mientras nos reíamos de sus travesuras, pensé en lo que
Torie acababa de decir. Ella no tenía ni idea de lo mucho que
yo también necesitaba a Chase ni de lo terriblemente fácil que
era amarle.
Savannah

—Estoy lista —le dije a Chase mientras abría la puerta del


baño de la habitación.
Había insistido en sacarme a cenar para celebrar la venta de mi
primer artículo independiente del Tapón del Darién.
Me pondría un vestidito negro que podía arreglar más o
menos con manga tres cuartos y escote de pico. Probablemente
estrujaría mi trasero y mis muslos un poco más de con lo que
me siento a gusto, pero me encantaba que funcionara casi en
cada ocasión. Era descaradamente sexi, pero era diferente de
mi atuendo relajado habitual. Lo completaría con medias hasta
el muslo y unos tacones.
Me había puesto bastante maquillaje para disimular las
cicatrices de la cara y llevaba puestos los pendientes y el collar
de turquesa que Chase me había regalado.
—Estás preciosa —dijo en un tono bajo y grave mientras
sus ojos grises me evaluaban.
—Tú estás guapísimo —dije mientras le sonreía,
observando el jersey de cachemir y los pantalones que llevaba.
El jersey era de un adorable tono de azul que hacía resaltar sus
ojos grises.
De verdad, Chase parecía saber exactamente qué colores
llevar que le favorecieran. Estaba increíblemente atractivo con
cualquier cosa de decidiera ponerse.
—¿Tienes idea de idea de lo preciosa que eres? —
preguntó mientras rodeaba mi cintura con el brazo.
Se me aceleró el corazón al notar la apreciación en su
mirada. No, no pensaba que fuera preciosa, pero él nunca se
olvidaba de decirme que él lo pensaba. De verdad, ya no
importaba la opinión de nadie más. A mí, no.
—Gracias —dije suavemente rodeándole el cuello con las
manos.
La expresión de sus ojos paraba la respiración. Explosiva.
Ardiente. Hambrienta. Intensa. Y todas esas emociones estaba
directamente enfocadas en mí.
Me costó tragar saliva mientras intentaba poner mis
emociones bajo control. Chase Durand podía hacerme sentir
como una malvada tentadora con una sola mirada, y nunca me
había sentido así antes. Nunca había tenido a un tipo
mirándome así, mucho menos el que más importaba de todos.
Dios, no había duda, estaba tan condenadamente feliz que casi
perdía la cabeza.
—¿Cómo demonios vamos a llegar a tiempo a esa
reserva? —preguntó.
—Sé que odias llegar tarde —le recordé bromeando.
A no ser que se estableciera de otro modo, Chase llegaba
siempre ridículamente pronto, como si esperara de sí mismo
llegar en punto, treinta segundos arriba o abajo.
—No estoy seguro de que importe una mierda hoy —dijo
mientras bajaba la cabeza para besarme.
El abrazo era exigente y sensual, reclamando mi boca y
mis labios como si le pertenecieran. Simplemente el tipo de
beso que me volvía medio loca, y él lo sabía. Sus manos
bajaron de la parte baja de mi espalda a mi trasero. Atrajo mi
cuerpo hacia el suyo con un tirón fuerte para que pudiera sentir
exactamente lo mucho que me deseaba.
—Chase —gemí mientras liberaba mi boca.
—Gírate y pon las manos en el vestidor, Vanna —exigió
mientras echaba un paso atrás—. Quédate ahí y no te muevas.
Mis pezones se endurecieron de manera atroz y un calor
increíble surgió entre mis muslos. Inmediatamente reconocí
ese tono, y casi me deshago en un charco a sus pies. Había
veces que Chase realmente quería tener el control en el
dormitorio, y a mí ciertamente no me importaba lo mandón
que se ponía. Me excitaba y me cautivaba, y confiaba en él por
completo.
Temblé de anticipación mientras empezaba a girarme,
dando un paso al frente para poder inclinarme hacia delante.
El vestidor era una mesa gris, contemporánea, de líneas
puras con cajones que llegaban más abajo que los vestidores
normales. Mi extremo de la mesa estaba casi a la altura de mis
hombros cuando mis palmas tocaron la superficie.
Dejé salir un jadeo audible cuando sus manos se movieron
a mi trasero, subieron a mi espalda, y después pasaron por
debajo de mí, hasta que tomó mis pechos con toda su mano
sobre la tela de mi vestido.
Reprimí un gemido cuando encontró mis pezones y lo
pellizcó lo justo para mandar una sacudida necesitada por todo
mi cuerpo.
—Chase —susurré desesperadamente.
—¿Sabes cuánto le llevó a mi verga ponerse dura cuando
te vi salir de ese baño? —preguntó con voz grave.
—No —chillé mientras empezó a tirar de mis picos
endurecidos una y otra vez.
—Un milisegundo —me informó antes de parar su asalto
sensual y mover sus manos justo sobre mis rodillas donde
empezaba el dobladillo de mi vestido—. Eso es exactamente
lo que tarda mi verga en ponerse dura cada vez que te veo.
La pequeña cantidad de licra en mi vestido se estiró
mientras lo levantaba lentamente por mis muslos y sobre mi
trasero.
En ese momento, era vulnerable, pero sin ningún miedo.
Chase no se preocupaba de nada menos de mi satisfacción, y
ya sabía que él se ocuparía de eso… después de excitarme
tanto que me tuviera rogando.
—Eso es muy… rápido —contesté finalmente.
Él deslizó un dedo bajo el elástico de la pierna de mi
bikini negro y me estremecí mientras me acariciaba a lo largo
de mi hendidura húmeda.
—Estás mojada, nena —me informó Chase con voz grave
que desprendía lujuria—. Pero no lo suficiente.
Oh, Dios. Podía saber por su tono de voz que estaba
empeñado en volverme loca. Dejé caer la cabeza y mi cuerpo
se tensó mientras esperaba… Y esperaba… Y esperaba…
Anticipando su caricia sobre mi clítoris.
—Lo necesito… ya.
—Dime lo que necesitas, Vanna —insistió mientras unos
pocos dedos más invadían mi resbaladiza posadera.
—¡Tócame! —dije jadeante, con el cuerpo apretado.
—¿Así? —preguntó cuando finalmente encontró mi dura
protuberancia.
—Ah, Dios, sí —gimoteé, mis caderas comenzando a
moverse involuntariamente—. Haz que me corra, Chase. Por
favor.
Eso era exactamente lo que necesitaba.
—Aún no —dijo pacientemente mientras me daba una
cachetada lo suficientemente firme en el trasero para mandar
una sacudida de fuego a mi concha—. Necesito que me desees
tanto como yo te deseo a ti ahora mismo antes de que te joda,
Vanna.
—Estoy casi, Chase. Estoy casi ¡Joder! —le dije, mi voz
necesitada—. Por favor.
En mi desesperación, empecé a elevarme, pero Chase
rápidamente cubrió mi cuerpo, poniendo sus manos junto a las
mías mientras se inclinaba sobre mí.
—No te muevas. Abre más las piernas —me ordenó.
Yo obedecí, mi cuerpo entero estaba ardiendo.
—Espero que estas no sean tus favoritas —gruñó él—. Si
lo son, mañana te compraré un camión de ellas.
Les dio a mis bragas un fuerte tirón, y se separaron de mi
cuerpo, cediendo a su fuerza. Ahora que tenía mejor acceso,
esos dedos portentosos estaban por todos lados y yo estaba tan
preparada para él que me mecí hacia atrás contra él.
—No voy a poder mucho más —gemí, mi cuerpo gritaba
de satisfacción—. Por favor, jódeme.
Deslizó un dedo en mi canal mientras me preguntaba
rudamente:
—¿Quieres mi verga, Vanna?
Asentí, mi respiración aserraba mis pulmones y mi
corazón galopaba como si se me fuera a escapar del pecho.
—Sí —siseé.
Él hundió la cabeza en mi cuello y lamió hacia arriba
hasta encontrar mi oreja. Mordisqueó, y luego siguió mi lóbulo
de la oreja con su lengua, su respiración pesada, cálida y
excitada soplaba sobre mi oreja. Me estremecí, a penas capaz
de mantener mis brazos sin sacarlos de debajo de mí.
—Eres mía, Vanna. ¡Dilo! —me instruyó bruscamente.
—Soy tuya, Chase —gemí—. Ahora jódeme y pruébalo.
Si soy tuya, tómame. ¡Maldita sea!
—Lo que necesites, nena —dijo él en una voz baja,
carnal, mientras le daba a mi clítoris un último golpe antes de
erguirse.
Sé que él notó que estaba a punto. En cuestión de
segundos, sentí la aterciopelada punta de su dura verga
posicionada en mi entrada.
—¡Ahora, Chase! Maullé, mi núcleo palpitante de
necesidad.
Jadeé mientras se hundía en mi hasta la empuñadura con
un gruñido atormentado.
—Dios, Vanna. Sentirte es tan jodidamente bueno.
—¡Sí! —grité, mi cuerpo temblando con alivio, y
estirándose duramente para acomodarse a él en ese ángulo
particular.
Él era enorme y estaba duro, pero yo estaba tan ida que no
sentí la breve molestia que sentía normalmente. Solo estaba él.
En todas partes. Rodeándome. Insistiendo en todo lo que podía
darle. Tocando mi cuerpo como un instrumento. No me
importó porque sabía que él estaba empezando a deshacerse
también. Se estaba deshaciendo y no le importaba dos mierdas
que yo lo supiera. Agarró mis caderas y empezó a moverse.
No empezó despacio, sin saboreos esta vez. Estábamos ambos
desesperados y ansiosos, deseosos y primitivos.
Gemí indefensa mientras Chase me aporreaba, cada
músculo de mi cuerpo se tensó. Algo feroz se estaba
construyendo con cada estocada, y no hice ningún intento de
pararlo. Era así entre nosotros cada vez que me tocaba.
Indómito. Salvaje. Y tan poderoso que todo lo que podía hacer
era cabalgar las olas de placer.
—Hora de venirte, cariño —dijo Chase rudamente
mientras movía su mano al frente de mi cuerpo y encontró mi
clítoris.
Implosioné casi inmediatamente. El clímax me hizo
tambalearme y mis piernas comenzaron a temblar mientras el
abrumador clímax alcanzaba su plenitud.
Eché la cabeza hacia atrás mientras gritaba su nombre:
—¡Chase!
Quería decirle que le amaba, y ese instinto era tan fuerte
que tuve que morderme el labio inferior para evitar soltarlo. La
mano que me agarraba la cadera apretó mi carne con más
fuerza y Chase se agitó una última vez mientras encontraba su
propia liberación. Mis piernas cedieron, pero él me cogió
mientras caía, me aupó, y me sujetó mientras se movía a una
posición sentada en el vestidor.
Me monté a horcajadas sobre él mientras me sujetaba
fuertemente, acariciando mi espalda, su respiración caliente en
mi sien mientras dejaba sus labios allí. Permanecimos así,
envueltos en el otro mientras recobrábamos el aliento. Enredó
una gentil mano en mi pelo y tiró hacia abajo para un beso
unos momentos después, un abrazo que me hizo contener las
lágrimas porque estaba repleta de reverencia y devoción.
—Creo que definitivamente vamos a llegar tarde —dijo
Chase en un tono grave después de que liberara mi boca.
—Eso es lo que consigues por ser tan mandón —dije con
una risita.
—Tenía que serlo —dijo él fingidamente a la defensiva—.
Tú y ese vestido que asoma el trasero casi me destruís. Si me
llegas a tocar, se habría acabado.
Sonreí suavemente mientras metía mis dedos en su pelo,
saboreando cada segundo de esa cruda intimidad antes de que
tuviéramos que levantarnos para salvar la cena.
Chase

—Esa ha sido la cena más increíble que jamás he tomado


—dijo Vanna con un suspiro mientras apartaba su plato del
postre empujándolo—. Gracias por las preciosas flores que me
diste antes y por esta delicia gastronómica esta noche. Creo
que ya he estado en todos los restaurantes buenos en San
Diego. ¿Hay algún sitio de comer en esta ciudad donde no
hayas estado?
Ella sugirió cenar en casa porque íbamos a llegar tarde a
nuestra reserva, pero yo me negué. Quizás no pudiera apartar
mis manos de ella, pero no iba a perderme una cena así de
importante. Estaba orgullosísimo de Vanna y quería que
supiera que apoyaba cada aspecto de su carrera. Era
importante para ella haber vendido su primer artículo
independiente, y no iba a dejar que mi cuerpo cachondo lo
estropeara. Había leído ese artículo del Tapón del Darién
muchas veces, y era tan increíble que no me sorprendió que lo
vendiera casi inmediatamente y con múltiples ofertas.
Al final, llamé para retrasar la reserva y, como conocía al
dueño del restaurante, no fue un problema. A Vanna le
encantaron todos los restaurantes a los que habíamos ido por el
momento. Debido a que había viajado durante años,
normalmente me pedía que eligiera yo, por lo que la llevé a
todos mis favoritos.
—Probablemente, no —admití—. De comida rápida y
cafés a estrellas Michelin, no hay muchos que no haya
probado. Me gusta la comida, y como no tenía compromisos,
he comido fuera mucho. Wyatt y yo también pedíamos para
comer casi siempre. Me gusta que te agrade este lugar. Es
probablemente un gran elogio ya que has estado por todo el
mundo.
Sacudió la cabeza despacio.
—Nunca he llegado realmente a ver los sitios o a
experimentar la gastronomía en la mayoría de los encargos que
he hecho. O bien la localización era muy remota, o bien
teníamos un horario muy apretado por el presupuesto.
Llegábamos, trabajábamos, y después nos marchábamos.
Normalmente comíamos lo que tuviéramos a mano. Me habría
gastado encantada mi propio dinero si hubiera tenido tiempo
para explorar los lugares que visitaba, pero normalmente
teníamos que marcharnos a otra localización justo después de
la anterior. Nunca paraba. Por eso casi nunca podía volver a
casa en San Diego.
Odiaba el hecho de que presionaran tanto a Vanna que
nunca tuviera la oportunidad de disfrutar los sitios. «¡Cabrones
tacaños!».
—Podemos ir a cualquier sitio que quieras solo para
disfrutar —le dije—. Haz una lista y nos aseguraremos de
encontrar tiempo para esas vacaciones. Aunque reubicamos
nuestra sede en Estados Unidos, habrá ocasiones en las que
tenga que ir a Francia también. Me alegrará enseñarte mi
segundo hogar.
Su cara se iluminó, lo que inmediatamente hizo que me
doliera el pecho. Era una lección de humildad lo abierta que
era conmigo ahora y las ganas que tenía de hacer casi
cualquier cosa que implicara a los dos juntos. Vanna tenía el
mismo entusiasmo, si sugería ir a por un helado o una
excursión a París. No le importaba.
—Me encantaría. He estado en París, pero nunca he
visitado el Louvre ni la Torre Eiffel —dijo con
arrepentimiento.
No tenía puta idea de cómo alguien podía mandar a un
empleado a París y no darle un poco de tiempo para disfrutar
la Ciudad de la Luz. Me parecía criminal. Sin embargo, eso
significaba que podría ver su cara cuando contemplara todos
esos lugares por primera vez.
—Te llevaré por todo el país —le prometí—. Adoro París,
pero hay otros sitios en Francia que también deberías ver.
Ella tragó el último sorbo de vino y puso la copa al lado
del plato desechado.
—¿Te das cuenta de que vas a malcriarme, verdad? —
preguntó bromeando—. En realidad, ya lo has hecho.
¿Malcriarla? Diablos, planeaba mimarla hasta el punto de
que ni siquiera considerase estar con otro hombre que no fuera
yo durante el resto de su vida. Vanna era una mujer que se
merecía se apreciada con todo el corazón, y yo era el hombre
perfecto para ese trabajo.
—Ya era hora de que alguien lo hiciera —gruñí después
de acabar mi propia copa de vino.
Me pregunté cómo había tenido la suerte de captar y
mantener su atención, pero no iba a cuestionarme el mejor
regalo que jamás se me había dado. A todos esos otros idiotas
que habían salido con ella antes que yo y la habían dejado
marchar tenía que faltarles un tornillo en algún lado.
Milagro o no, Vanna era mía ahora, y no había nada que
no fuera capaz de hacer para que eso siguiera así.
—Espero que Axel esté bien en casa solo —se preocupó
Vanna—. Nunca lo he dejado solo tanto tiempo antes.
—Está bien. Es un perro de protección entrenado, Vanna
—le recordé, secretamente encantado de que se preocupara
tanto por el perro dado que lo aceptó para apaciguar mi
preocupación.
—Pero sigue siendo un perro que está solo por primera
vez en una casa nueva —protestó ella.
Sonreí.
—Creo que te has enamorado del perro.
Puto perro suertudo.
Ella sonrió tímidamente.
—Quizás. Es tan buen chico, Chase. Todo lo que quiere es
jugar, estar cerca de su gente y comer galletas todo el día.
—Suena a la vida perfecta para mí —dije irónicamente
mientras firmaba el recibo que el camarero me había traído y
guardaba mi tarjeta—. ¿Quieres algo más antes de irnos,
cariño?
De hecho, el chucho y yo teníamos objetivos y
necesidades parecidos, así que creo que podía simpatizar con
él si echaba de menos a Vanna en este momento. Diablos, yo
también la echaba de menos cuando no estábamos juntos.
Axel y yo queríamos proteger a Vanna y mantenerla a
salvo. Nunca le negaríamos un premio si nos los ofreciera. Y
ambos queríamos que nos hiciera mimos, aunque de modo
distinto.
—No gracias —contestó ella.
Le hice un gesto al camarero para que se marchara antes
de preguntar:
—Entonces, ¿estoy perdonado por insistir en tener a
Axel?
Debía admitir que también me encantaba el chucho, pero
mi principal intención al adquirirlo fue una capa extra de
protección para Vanna. La manera en que lo adoraba era solo
un enorme bonus.
—Por supuesto —dijo suavemente—. Estoy
perfectamente dispuesta a llegar a un compromiso, pero no
puedo hacer lo del guardaespaldas, Chase. Me volvería
completamente loca.
Sinceramente, no podía culparla. No habría sido capaz de
tolerarlo, y Vanna tenía su propia vida. Normalmente, lo le
habría dado tanta credibilidad a un claro lunático, pero algo en
mi instinto me molestaba con este.
Esta persona era excesiva y obsesiva. Quería que Wyatt y
yo pagáramos porque, en su mente retorcida, nosotros éramos
responsables de la muerte de su padre. Eso quería decir que la
gente por la que nos preocupamos podía estar en más peligro
del que estábamos nosotros. Algo no estaba bien, e incluso
Wyatt estaba de acuerdo conmigo. Cooper estaba tomando
todas las precauciones posibles con Torie. Con lo que
prácticamente nos quedaba… Vanna.
«¡Joder!». No podía soportar pensar en ella siendo
vulnerable. No tenía problema en admitir que ambas, Vanna y
Torie, eran mi talón de Aquiles. Ahora solo tenía que
asegurarme de que estaban a salvo hasta que este psicópata ya
no fuera un posible peligro.
—Lo entiendo, Vanna, no quiero agobiarte —contesté
sinceramente—. Solo ten cuidado ahora. No bajes la guardia.
¡Dios! No estaba dispuesto a considerar siquiera cómo
sería mi vida sin Vanna en ella nunca más.
Era altamente probable que nunca pasara nada. Intentaba
recordármelo a mí mismo cada día desde que empezaron a
llegar las cartas, pero luego el miedo inevitablemente aparecía.
¿Y si le pasaba algo a Vanna? ¿Y si esta persona iba en serio?
¿Y si no podía protegerla?
—¿Estás listo? —preguntó Vanna mientras se levantaba.
—Sí —dije distraído al levantarme de la silla—. Vamos a
casa.
Tomé a Vanna de la mano mientras salíamos del
restaurante hacia el aparcamiento; mis ojos escaneaban la zona
por si había alguien merodeando.
Estaba muy silencioso ya que habíamos cenado tarde justo
antes de que el restaurante cerrara. Aun así, no podía apartar
esa sensación… Lo que pasó después ocurrió tan deprisa que
no tuve oportunidad de sacar mi arma. Una figura oscura salió
de los arbustos próximos a la acera, apartó a Vanna de mí y
gruñó:
—Muévete y le rajo la garganta aquí mismo.
De repente y sin previo aviso, Vanna estaba en una
posición que me heló la sangre. Estaba contra este hombre
loco con un cuchillo enorme en su garganta.
Sabiendo que el hombre iba en serio, dejé las manos a los
lados.
«¡Mantén la calma! ¡No pierdas los nervios! Eso no va a
ayudar a Vanna ahora mismo».
Vanna estaba solo a dos metros de mí, pero si este capullo
decidía que iba a usar su cuchillo en ella, no llegaría a tiempo
para salvarla. Podía cortarle el cuello en menos de un segundo.
—Tu problema no es con ella. Es conmigo —dije,
intentando mantener mi voz calmada cuando lo que realmente
quería era arrancarle la cabeza—. Déjala marchar.
El hombre era grande y desaliñado. Su pelo oscuro estaba
sucio, y sus ojos estaban inyectados en sangre y vacíos de toda
emoción menos locura.
«¡Dios! He visto ojos vacíos como estos, y nunca salió
bien».
—¿Tienes idea de lo que es ver morir a alguien que amas?
—ladró el hombre—. Mi padre se pegó un tiro enfrente de mí.
Lo único que pude hacer fue mirar mientras la vida en sus ojos
se apagaba. Él era todo lo que tenía. Me cuidaba. Creo que
deberías saber lo que se siente al ver morir enfrente de ti a
alguien a quien quieres.
Estaba honestamente aterrado ante la idea, pero no podía
apartar mi mente del objetivo, que era apartar aquel maldito
cuchillo del cuello de Vanna. Obviamente, su padre no había
cuidado bien de su hijo si se voló la tapa de los sesos justo
delante de él. El hombre estaba loco, y no había nada en sus
ojos salvo venganza y cólera.
Fijé mi mirada con la de Vanna mientras contemplaba mis
opciones rápidamente, sabiendo que tenía solo segundos para
decidir, y que su vida probablemente iba a depender de esa
decisión.
Vi terror en su tumultuosa mirada, pero había algo más.
Maldita resignación. Ella sabía que este maníaco iba a matarla.
Los dos lo sabíamos.
También tenía la sensación de que había decidido que
caería luchando. Hizo su movimiento rápidamente, y yo estaba
preparado para ello.
¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!
Uno tras otro, ella lanzó hacia atrás la cabeza y le golpeó
en la cara, luego el plexo solar con el codo, y finalmente le
clavó el tacón en el pie y apretó antes de dejar caer su cuerpo.
Volé por el espacio mientras él aullaba de dolor y lo tiré,
añadiendo algunos golpes extras mientras caía… solo por si
acaso.
No me molesté en volver a mirarlo una vez que golpeó el
suelo y estaba frío. Inmediatamente, me agaché al lado de
Vanna donde estaba tendida en la acera. Estaba pálida. Tenía
los ojos cerrados y en la acera había sangre goteando de una
herida de su cuello.
—La policía y la ambulancia están de camino, Sr. Durand
—dijo sin aliento el propietario del restaurante mientras venía
tras de mí—. No estaba muy lejos de usted. Llamé a
emergencias cuando me di cuenta de lo que estaba pasando.
Me alivió que la ayuda estuviera en camino, pero ni miré a
la voz que me había dicho eso. Solo señalé al atacante y grité
—Mantenlo vigilado. Ella está herida. ¡Vanna! —Grité
mientras le buscaba el pulso y ponía una mano en su pecho.
Su pulso era rápido, pero fuerte, y podía ver que estaba
respirando.
Comprobé la herida en su cuello, aliviado al darme cuenta
de que era superficial.
—Despierta, Vanna. Abre los ojos —supliqué.
Mi corazón tronó en mis oídos al ver sus párpados aletear
por un momento antes de que los abriera por completo. Su
expresión estaba llena de confusión hasta que vio mi cara y
aparentemente recordó lo que había pasado.
—¡Chase! —se atragantó con un sollozo mientras se
incorporaba y se lanzaba a mis brazos.
La rodeé en gesto protector.
—Vanna —dije aliviado.
Sabía primeros auxilios. Sabía que debía mantenerla
quieta en el suelo por si tenía una lesión en la espalda o el
cuello. Pero las probabilidades de ello eran pocas, y no podía
dejarla marchar. No después de casi perderla.
—Todo irá bien —la tranquilicé.
Lloró abiertamente contra mi hombro. Todo su cuerpo
temblaba como una hoja, así que solo la abracé, tratando de
tranquilizarla meciéndola suavemente una y otra vez hasta que
la ambulancia llegó finalmente.
Savannah

—¿Estás segura de que estás bien? —preguntó Torie al


sentarse al lado de mi cama de hospital varias horas después.
—Estoy bien —dije mientras tomaba su mano y sonreía
—. Solo es un corte superficial en el cuello. Solo me dejan
aquí durante la noche porque perdí la consciencia brevemente
cuando mi cabeza golpeó la acera. Es solo para observación de
la contusión. Todas mis pruebas han salido bien.
Era más de la una de la mañana, pero todo el grupo estaba
aquí, en la habitación del hospital. Las enfermeras lo habían
permitido porque tenía una habitación privada y acababa de
subir hacía poco de urgencias.
Hudson, Jax, y Cooper llegaron con Taylor, Harlow y
Torie, pero aparentemente, Wyatt había sido el primero en
llegar poco después de que Chase y yo llegáramos en
ambulancia. No estaba segura de si Chase le había llamado o
si Wyatt simplemente sabía siempre todo un segundo después
de que pasara algo en esta familia. Todo el mundo estaba
esperándome en la habitación cuando llegué hacía poco. Las
urgencias estaban llenas, por lo que no le habían permitido a
nadie visitarme ya que Chase estaba conmigo y la policía nos
había estado interrogando a ambos.
—Estaba tan preocupada —dijo Torie; su voz aún
reflejaba preocupación.
—Me alegra que ese capullo esté muerto —intervino
Cooper desde detrás de Torie.
Sinceramente, yo misma me sentía aliviada. El autor había
sido Jeffrey Kruger, el hijo del difunto Gerald Kruger. La
policía nos había informado antes de que subiera a la
habitación de que Jeffrey estaba muerto. Lo habían llevado a
una celda provisional en la cárcel e inmediatamente había
encontrado el modo de colgarse.
Me estremecí, aún sin superar del todo mi shock inicial.
Quizás era un alma atormentada, pero me habría matado sin el
más mínimo remordimiento. Estaba así de loco. No recordaba
nada del poco tiempo que había estado inconsciente, pero
había visto a Chase volar a la acción justo antes de que mi
cabeza tocara el suelo. Supe que tenía que intentar escapar o
iba a morir. Las intenciones del lunático habían sido
extremadamente obvias. También había sabido que todo lo que
Chase necesitaba era un segundo o dos sin ese cuchillo en mi
cuello para abatir a ese hombre. Resultó que ni siquiera había
necesitado un segundo entero. Se zambulló a por el asaltante
inmediatamente después de que dejara caer mi cuerpo.
—Yo también me alegro —dijo Torie con firmeza—. Era
malvado y retorcido. Dios, si hubiera sabido que estaba así de
loco, te habría insistido en que accedieras a ese
guardaespaldas. Al menos por un tiempo.
—Nadie lo sabía —contestó Chase desde su sitio a los
pies de la cama. Se había enganchado a nuestra conversación,
aunque estaba hablando con Wyatt, Hudson, y Jax de lo que
había pasado.
—Habrás estado aterrada, Vanna —dijo Taylor
amablemente—. Teníamos que saber si tú y Chase estabais
bien.
Taylor y Harlow estaban justo al lado de donde estaba
Torie sentada en la cama. Los dos ya habían preguntado si me
importaba tener compañía.
Les agradecí a ambos su preocupación y les dije que no
importaba en absoluto. Sinceramente, agradecía la distracción,
y me conmovía que se preocuparan. Ambos, Taylor y Harlow,
gustaban fácilmente.
—Lo estaba, pero pasó muy deprisa —expliqué—. Tenía
incluso más miedo después de que se acabara, creo.
—Probablemente eso es normal —reflexionó Harlow—.
Una vez que tienes un segundo para pensarlo y el peligro
inicial se ha acabado, finalmente puedes procesar el incidente.
¿Podemos traerte algo?
Sacudí la cabeza mientras contestaba:
—Ahora estoy bien. Estoy un poco preocupada por Axel.
—Tu perro está bien —me informó Torie—. Espero que
no te importe, pero tengo una llave y el código de la alarma ,
así que Cooper y yo fuimos a echarle un ojo mientras
esperábamos que te dieran una habitación.
Dejé salir un suspiro de alivio.
—Me alegro.
—No estaba segura de si me dejaría pasar —dijo—. Pero
reconoció mi olor y probablemente la esencia de Milo en mí
también, aunque estaba reticente al principio. Cooper esperó
fuera en la parte delantera mientras yo dejaba salir a Axel en la
parte de atrás, cogía una muda de ropa y después dejé a la
gloriosa bestia con una gran galleta. La bolsa con tu ropa está
en la silla de la esquina. Puedo pasarme a echarle un ojo hasta
que llegues a casa si quieres. Asumo que Chase pasará la
noche aquí.
—Me quedo —respondió Chase antes de que pudiera
hacerlo yo.
Asentí.
—Por favor, pasa a echarle un ojo. Dicen que me darán el
alta antes del desayuno por la mañana.
—Sin problema —accedió Torie—. Quizás lleve a Milo
conmigo por la mañana. Es sábado, así que podemos ir a dar
un paseo. Mándame un mensaje cuando te estés preparando
para irte para que sepa que vas camino a casa. Supongo que
deberíamos marcharnos todos para que puedas descansar.
Taylor y Harlow estuvieron de acuerdo y después las dos
mujeres me abrazaron antes de unirse a sus maridos. Hudson y
Jax me desearon las buenas noches antes de marcharse con sus
esposas. Abracé a Torie y a Cooper los siguientes antes de que
fueran. Levanté la mano para despedirme de Wyatt mientras el
interrumpía su conversación con Chase para marcharse. Wyatt
dio una zancada sobre la cama y recogió todo mi cuerpo en un
enorme abrazo de oso mientras decía bruscamente:
—Me alegro de no estés gravemente herida, Savannah.
Me tomó por sorpresa por un segundo antes de poner mis
brazos alrededor de su enorme cuerpo y devolverle el abrazo.
Wyatt no solía abrazarme, aunque le conocía desde que era un
niño.
Cuando Wyatt se enderezó, le dijo a Chase:
—Llámame mañana. Descansad los dos.
Wyatt se marchó sin decir una palabra más.
—Creo que es la primera vez que he visto a Wyatt abrazar
a alguien que no sea Torie —observó Chase mientras acercaba
una silla a la cama y se sentaba—. Definitivamente estaba
asustado por ti. Y yo también.
Parecía prácticamente inafectado excepto por la angustia
que podía ver en sus ojos, pero esa expresión hablaba alto.
—Estoy bien —le aseguré mientras me cogía la mano—.
Siento haberme derrumbado después de despertarme. No estoy
segura de por qué, pero seguía con el subidón de adrenalina.
Harlow tenía razón. No creo que hubiera procesado lo que
pasó hasta que me desperté y me di cuenta de lo asustada que
estaba. Gracias por salvarme… de nuevo.
—Eres condenadamente valiente, Vanna —dijo Chase; su
voz era casi como una caricia de apoyo—. Y, de hecho, te
salvaste tú sola. Yo solo rematé al bastardo.
Chase estaba muy equivocado.
—Si no hubieras estado ahí para dejar a Jeffrey sin
sentido, estaría muerta.
—Si no estuvieras conmigo, no correrías peligro —dijo
Chase con tono áspero—. ¿Dónde aprendiste a pelear así?
—Tomé algunas clases de defensa personal. Solía ir a
algunos sitios peligrosos. Pensé que sería buena idea —le dije
—. No estaba segura de qué hacer. Sabía que, si lograba
apartar ese cuchillo de mi cuello, tendría una oportunidad.
¿Cómo está tu mano? ¿Dónde está el hielo que te pusieron?
—Los nudillos de Chase estaban bastante hinchados de
pelear sin guantes, pero le hicieron radiografías, y nada estaba
roto, gracias a Dios.
—Estoy bien; Vanna —contestó Chase, apartando mi
preocupación—. Estoy más preocupado por ti. No creo que la
imagen de ti con un cuchillo en el cuello y a punto de morir
vaya a dejar mi mente dentro de poco.
—Tú también lo sentiste, ¿verdad? —pregunté con voz
temblorosa—. Estaba preparado para matarme. No era un
farol.
Chase se levantó, se quitó los zapatos y trepó a la cama
junto a mí. Acurrucó su cuerpo contra el mío antes de
responder.
—Te dije que no te mentiría, así que sí, lo sentí. Era un
loco, Vanna. Me di cuenta de que tú también lo sabías. Por eso
estaba preparado cuando te moviste.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. En realidad, no quería
pensar lo cerca que había estado de morir. Lo que me había
salvado era probablemente la estrecha conexión que tenía con
Chase… tan estrecha que casi pudimos oír lo que pensaba el
otro en una terrible situación.
—¿Es horrible que realmente me alegre de su muerte? —
pregunté en alto con voz dubitativa.
Chase enterró una mano en mi pelo y atrajo mi cabeza
gentilmente hacia su pecho.
—Joder, no. Quién sabe cuánto le habría caído al final, y
el cabrón era peligroso. He visto a gente que había pasado el
punto de no retorno. Él estaba en ese punto. Tenía una mala
espina sobre esta situación desde hacía tiempo. Algo no estaba
bien. Nunca debí sacarte. Es irónico que te consiguiera un
perro protector y que esto pasara cuando no podías ni tener a
Alex contigo.
Podía ver que estaba realmente angustiado.
—Te tenía a ti, Chase. No es culpa tuya. Nunca podrías
haber previsto que algo así pasara.
Supe que se sentía culpable por toda la situación, y no
tenía motivos para sentirse así.
—Tenía que haberlo previsto —contestó con dureza—.
¡Dios! Casi hago que te maten solo porque eres mi mujer,
Vanna. Ya has pasado por demasiado.
—No estoy muerta, Chase —dije con suavidad.
—No hablemos de esto justo ahora —dijo abruptamente
—. Solo centrémonos en que te recuperes. Suenas cansada.
—Siento que mi cerebro sigue un poco revuelto y estoy
exhausta. Creo que es probablemente más emocional que
físico. Estoy un poco abrumada —admití.
—No me sorprende —dijo reflexivo—. Has tenido dos
experiencias cercanas a la muerte en los últimos seis meses.
—Cierto —dije mientras liberaba una gran bocanada de
aire.
—Duerme, Vanna —dijo con gentileza—. Ha sido un día
de locos.
—Para los dos —añadí con un bostezo.
Estaba exhausta, y sabía que mi cabeza estaría bajo
control una vez que durmiera. Me enterré en su cuerpo,
intentando ponerme cómoda, seguía sintiendo que algo no
estaba del todo bien con Chase.
—¿Estás seguro de que estás bien? —le pregunté.
—Me sentiré mejor cuando pueda llevarte a casa —
confesó—. Odio los hospitales.
Se me cayó el corazón al pensar cuanto tiempo había
pasado en el hospital tras el ataque en el ejército.
—No había ni pensado en lo mucho que debes odiar estar
en uno. Lo siento.
—Tranquila, nena. Yo tampoco he tenido las mejores
experiencias con hospitales —dijo con tono ronco—. No va a
matarme quedarme aquí esta noche. Solo que estaré más
relajado cuando estés de vuelta en un entorno normal con
Alex.
Mis ojos aletearon hasta cerrarse. Yo me sentía
exactamente igual.
Savannah

—No estoy segura de que Chase quiera seguir conmigo —


le dije a Torie dos semanas después una tarde de sábado—.
Juré que nunca discutiría contigo ningún problema que Chase
y yo tuviéramos, pero eres mi mejor amiga. Quería que
supieras que quizás no sigamos juntos.
Me lamenté durante más de una semana por mencionarle
algo a ella, pero al final, sabía que tenía que hablar con
alguien. Chase, desde luego, no estaba hablando y Axel no era
bueno con los consejos románticos. Torie y yo estábamos muy
unidas y yo me sentía increíblemente miserable. Siempre
hemos estado ahí para la otra en lo mejor y en los momentos
más oscuros de nuestra vida. Ahora mismo, yo estaba en la
última categoría.
Chase había ido a una reunión rara de sábado en Durand y
Cooper había salido a correr, por lo que Torie pasó con Milo
para charlar.
Yo había sacado algunos aperitivos y bebidas del
frigorífico y nos sentamos en la mesa de la cocina mientras
Axel y Milo jugaban fuera.
Sus ojos estaban oscuros de preocupación mientras
contestaba:
—Vanna, hemos sido mejores amigas casi toda nuestra
vida. Puede que Chase sea mi hermano, pero también es tu
novio. Háblame. ¿Ha pasado algo?
Negué con la cabeza lentamente mientras compartí:
—No estoy siquiera segura de qué ha pasado. No
discutimos. Simplemente él puso un muro entre nosotros. Me
pregunta cómo estoy cada día, pero está muy distante,
emocional y físicamente. Chase no me ha tocado desde que
llegamos a casa del hospital. Nunca le he visto así y, cuanto
más intento hablar con él, él más se aparta.
Lágrimas llenaron mis ojos y comenzaron a fluir firmes
por mis mejillas. Que Chase echase un pie atrás en nuestra
relación en lugar de hacia delante me estaba matando.
Especialmente cuando yo no tenía ni idea de por qué estaba
pasando. No podía arreglar algo que no entendía. Y, Dios,
realmente quería arreglarlo. Le echaba tanto de menos que
estaba haciendo pedazos mi corazón.
—Espera —dijo Torie mientras fruncía el ceño—. ¿Nada
raro ha precedido a este distanciamiento?
—Nada —dije mientras sacaba un puñado de patatas de la
bolsa—. No tuvimos siquiera una pequeña riña. Aún cena
conmigo cuando llega a casa del trabajo, pero está callado.
Una vez que ha terminado, se va al gimnasio mientras yo me
atiborro por estrés en la noche. Al ritmo que consumo comida
basura, no me valdrán mis jeans en un par de días.
Torie abrió una Coca-Cola Light.
—Cuando los tíos hacen ejercicio en exceso, o te están
engañando o están frustrados —dijo ella pensativa—. Ya que
estoy segura de que Chase no te engaña, diría que algo más le
está molestando.
Mis ojos volaron a su cara mientras secaba las lágrimas de
mis mejillas.
—¿Tú no crees que haya alguien más? —pregunté,
sabiendo incluso mientras lo preguntaba que casi con
seguridad no lo había.
Chase no era de ese tipo. En absoluto. Quizás no supiera
qué pasaba, pero seguía confiando en él.
Torie puso los ojos en blanco.
—¿Estás de broma? Te ama de un modo que
prácticamente obsesivo. No hay sitio en su mente para otra
mujer. Yo diría que está definitivamente frustrado.
Tragué las patatas que tenía en la boca antes de contestar:
—Empiezo a sentirme del mismo modo.
—¿Él no te habla del tema en absoluto? —preguntó Torie.
—No —dije después de enjuagar esas patatas con algo de
refresco. Instantáneamente cogí otro puñado—. Dice que todo
va bien cuando le pregunto qué pasa. Pero todo no va bien.
Normalmente me habla de todo. Lo cual me dice que su
problema es conmigo.
—No necesariamente —meditó Torie—. O, al menos,
directamente. Sinceramente no creo que Chase haya estado
enamorado nunca. Sí, ha sido cariñoso con otras mujeres en el
pasado. Pero me pregunto si simplemente no sabe cómo
gestionar todo esto. Dale algo de tiempo, Vanna. Si él no se
anima, pégale un coscorrón para meterle algo de sentido
común. Eres lo mejor que le ha pasado, y creo que él lo sabe.
—Él nunca me ha dicho que me quiere, Torie —le dije en
confianza.
Casi se atraganta con su Coca-Cola Light. Tosió antes de
echarme una expresión incrédula.
—Me sorprende que no lo haya hecho —compartió ella
—. Pero nadie puede mirar a Chase y dudar ni por un solo
momento de que te ama. ¿Tú le has dicho cómo te sientes?
Negué con la cabeza.
—Quería hacerlo, pero siempre parecía que era demasiado
pronto. Y entonces empezó a poner distancia entre nosotros
dos. Cuando llegué a casa del hospital, prácticamente había
decidido decirle que lo amo. Si hay algo que he aprendido de
la experiencia de intento de asesinato, es que la vida es
demasiado corta como para no decirle a alguien que le quieres.
Pero estoy bastante segura de que eso es algo que no quiere oír
ahora mismo.
Torie resopló.
—Lo dudo. Creo que solo se siente culpable por lo que
pasó. Sabes que mis hermanos están siempre dispuestos a
llevarse la culpa de lo que le pase a alguien por quien se
preocupan. Primero, fuiste secuestrada y casi mueres. Luego,
casi te matan por un loco con una venganza contra Chase y
Wyatt. Mis hermanos siempre han sido el tipo de tíos que
analizan las cosas un poco demasiado.
Abrí la bolsa de galletas de chocolate y tomé unas pocas.
—Si eso es verdad, entonces no estoy gestionando el
modo en que me aleja mientras lo hace —me quejé y pegué un
mordisco de una galleta.
—Entonces hazle escucharte, Vanna —sugirió Torie—.
Estás lejos del tipo de mujer mansa y suave. Ponte delante de
él y asegúrate de que te escuche.
No, generalmente no era la clase de mujer que dudaba en
exponer mis opiniones cuando era importante. Pero de nuevo,
nunca he estado enamorada así. Quería respetar su espacio,
pero ya era suficiente.
—O me quiere o no —consideré en alto.
—O te quiere demasiado —dijo Torie, con un tono
ligeramente entretenido—. Tengo la sensación de que está
intentando decidir si es lo suficientemente bueno para ti en
este momento, o si debería ponerte en riesgo por estar con él.
La miré por un momento antes de preguntar:
—¿Estás hablando absolutamente en serio?
Tomó un trago de su Coca-Cola Light.
—Completamente —me informó—. Ambos, Wyatt y
Chase, tienen la costumbre de asumir la responsabilidad de
cualquier cosa que le pase a alguien que es importa mucho.
Dios, se siguen culpándose de mi secuestro, lo que ambas
sabemos que es completamente ridículo. Soy una mujer con un
doctorado y ya había viajado por todo el mundo para cuando
llegué a ese trabajo en la ONU. Era perfectamente capaz de
cuidar de mí misma, pero seguía siendo su hermanita pequeña,
y ellos sintieron que debían haberme cuidado mejor. Y no solo
mis hermanos se sienten así. Cooper se reprocha a muerte mi
segundo secuestro, aunque me rescató y me llevó a un lugar
seguro cuando él mismo estaba herido. A los machos alfa
como Cooper y Chase les cuesta mucho cuando la alguien a
quien quieren resulta herido bajo su mando. No es realmente
ego. Es un excesivo sentido de responsabilidad que sienten
cuando cuidan de la persona a la que quieren.
—Eso es una locura —le dije asombrada—. Ellos no
pueden controlar las acciones de otras personas.
Torie sonrió.
—No les digas eso. En sus mentes, ellos deberían ser
capaces de protegernos de cualquier cosa que nos produzca la
mínima incomodidad. Te garantizo que eso es lo que piensa
Chase ahora mismo. No es tan difícil de comprender dado que
estoy casada con un hombre que tiene muchas de las mismas
reacciones.
—Ya le dije que él no era responsable —objeté.
Torie levantó una ceja.
—He intentado convencer a los hombres cabezotas de mi
vida de lo mismo. ¿Crees que eso le importa a un hombre con
un sentido de la culpa y de la responsabilidad?
—Para ser sincera, realmente me… enfurece. Yo también
soy capaz de cuidar de mí misma. Lo que pasó fue una
casualidad. Fue resultado de alguien con una mente muy
enferma y retorcida. Chase no es todopoderoso; tampoco
piensa como alguien con una enfermedad mental.
—Pero tú le amas de todos modos —señaló Torie—. Estás
advertida de que los tipos como él siempre van a pensar que
deberían ser capaces de mantenerte a salvo sin excusas. No se
dan un respiro en eso y probablemente nunca lo harán.
—¿Cómo gestionas tú eso? —pregunté, mientras seguía
intentando procesar lo que acababa de decir.
Se encogió de hombros.
—No lo hago, porque sé que nunca voy a cambiar a
Cooper cuando se trata de sus instintos protectores.
Sinceramente, yo también odiaría verlo herido por cualquier
motivo. Realmente no quiero cambiarle. Solo tengo que
marcar un límite cuando es demasiado. Por lo demás, lo acepto
como parte de su personalidad. Una parte de mi adora esa
parte de él, a no ser que se ponga muy terco.
—¿Como preguntarte si usarías un guardaespaldas? —
pregunté secamente antes de volver a morder mi galleta.
Se rio entre dientes.
—Ahí es donde empiezas a poner algunos límites para que
su obsesión no tome el control de tu vida.
—Puedo con eso —le expliqué—. Pero no puedo lidiar
con ser completamente excluida. Me está matando, Torie.
—Entonces dile que ese es un mecanismo de defensa que
no vas a tolerar —me aconsejó—. No te culpo. Yo tampoco lo
toleraría. No creo él se dé cuenta conscientemente de que te
está haciendo daño, pero es egoísta.
—Te das cuenta de que estás hablando de tu hermano,
¿verdad?
—Mira, adoro a Chase y a Wyatt, y sé que son dos de los
tipos más alucinantes del planeta, pero también sé que no son
perfectos —dijo ella con un suspiro.
—No quería entrometerme en su espacio —razoné—.
Pero no creo que vaya a escucharme a menos que lo haga. He
esperado a que salga de esto dos semanas ya. He tenido todo el
trato de silencio que puedo aguantar. Esto no es propio de él,
Torie. Él nunca ha sido así. Dios, sabe que puede contarme
cualquier cosa.
—Seguramente, no entiende esto lo suficiente para hablar
de ello —observó ella.
—O solo quiere que lo deje en paz —dije con nostalgia—.
Estoy sopesando mudarme seriamente, Torie. Aquel
apartamento sigue disponible. Lo comprobé. Todo lo que
tengo que hacer es firmar el contrato. Está vacío. Podría
mudarme en unos días.
—¿Es eso lo que realmente quieres? —preguntó ella.
Una lágrima me cayó por el rabillo del ojo mientras
confesaba:
—No. Pero no puedo ser la única persona en esta relación
que quiera comunicarse.
—Te prometo que no lo eres —dijo con tristeza—. Pero
mi hermano se está comportando como un imbécil.
—Solía saber qué pensaba casi todo el tiempo. Ya no.
El entendimiento silencioso que Chase y yo compartíamos
estaba casi muerto. Ya casi nunca me miraba. Aunque quería
creer que todo esto venía por una extralimitación del sentido
de la responsabilidad, simplemente ya no estaba segura. ¿Por
qué no hablaba conmigo? ¿Por qué no me lo decía si
simplemente estaba… preocupado? Cada día, me preocupaba
más que él no me quisiera alrededor realmente, y me estaba
destrozando.
—Tú eres una mujer que siempre ha sabido lo que quiere
—contempló Torie mientras se levantaba y acurrucaba a mi
lado—. No voy a interferir, y sabes que te apoyaré hagas lo
que hagas. Solo piensa en hablarlo con él antes de hacer nada,
¿vale? Al menos sabrás que lo has intentado.
Asentí justo antes de abrazarla con fuerza, estaba una vez
más que agradecida de que esta mujer fuera mi mejor amiga.
Chase

—No puedo hacer esto —le dije a Wyatt después de que los
directores ejecutivos con los que nos habíamos reunido
salieran de la sala de conferencias para irse a casa.
Él levantó una ceja.
—¿Qué? ¿Te refieres a firmar este contrato que apenas has
mirado en las últimas horas?
De acuerdo, sabía que había estado distraído toda la tarde.
Fue porque lo único en lo que podía pensar era…
—Vanna. No puedo hacer esto.
Wyatt estaba sentado directamente frente a mí en la mesa
de conferencias. Se reclinó en su silla antes de decir:
—Sí, ya imaginaba. Sin duda, no estabas aquí en la
reunión hoy. No seas estúpido, Chase. Por supuesto que vas a
seguir haciéndolo. La amas. Tal vez yo no entienda ese tipo de
locura extrema. Pero la reconozco. La he visto en las caras de
Hudson, Jax y Cooper durante el último año o dos.
—Casi hago que la maten, Wyatt —dije bruscamente, con
todos los músculos de mi cuerpo tensos—.¿Tienes idea de
cómo me sentí cuando supe que Kruger iba a cortarle la
garganta en cualquier momento? No puedo hacer eso de
nuevo. No puedo vivir con el hecho de que ella está en peligro
todos los días que se queda conmigo.
Llevaba así dos semanas. Me preguntaba si Vanna estaría
más segura si no fuera mi novia. Pensando que, si la dejaba ir,
no estaría en ese tipo de peligro.
Wyatt dejó escapar un suspiro de disgusto.
—Oh, por el amor de Dios, no eres idiota, Chase. Vuelve
al mundo real por un momento. Ninguno de vosotros va a
morir. Si has estado tan distraído en casa, probablemente ella
esté a punto de matarte ella misma.
—No hemos hablado de verdad desde que llegó a casa del
hospital —admití—. He estado haciendo ejercicio. Mucho.
Él resopló.
—Entonces, ¿te retiras al gimnasio como un recluso todas
las noches para tratar de deshacerte de tu frustración? Ahora
estoy realmente sorprendido de que Vanna no te haya dejado
tonto de una bofetada. Supongo que no le has dicho ni una
palabra sobre este plan para dejarla en paz.
—No puedo decírselo precisamente. He intentado reunir
agallas para hacerlo —respondí—. ¡Mierda! Es casi imposible
para mí renunciar a ella.
—No tendrás que hacerlo si sigues tratándola así —
farfulló Wyatt—. Te dejará si sigues ignorándola durante el
tiempo suficiente. Ella no es el tipo de mujer que aguantará
esa mierda toda la vida. ¿Qué diablos te pasa? Hay un riesgo
en estar con cualquiera. Heredas los amigos o familiares locos
que puedan tener.
—Casi muere, Wyatt —dije con voz áspera e irritada.
Él puso los ojos en blanco.
—Casi muere cuando unos pendejos decidieron
secuestrarla también. ¿Fue tu culpa? ¿Fue porque ella era tu
novia? No. No, no lo fue. Estás siendo totalmente irrazonable,
Chase. Cásate con la mujer y se acabó. Tengo una teoría sobre
todo el asunto del matrimonio.
—De hecho, tengo un anillo de compromiso —murmuré
—. Iba a pedírselo cuando llegáramos a casa del restaurante la
noche del ataque. ¿Realmente quiero escuchar esta teoría?
Wyatt tomó una pluma de tinta y la hizo rodar entre sus
dedos.
—Probablemente no, pero creo que tengo razón después
de ver a otros tres hombres perder la cabeza por una mujer
antes que tú. Cada uno de ellos se calmó un poco después de
casarse. Antes de eso, eran un desastre. Hay algo en la
incertidumbre antes de que asumir ese compromiso final que
los hace perder la cabeza. Dios sabe que estaba impaciente
porque Torie y Cooper se casaran para que pudieran volver a
los asuntos de la vida cotidiana. Sólo cásate con Vanna y se
acabó. No serás feliz hasta que lo hagas.
Dejé escapar una carcajada sin una pizca de humor.
—¿De verdad crees que es tan fácil?
—Sí —respondió con aire de suficiencia—. Por lo visto,
esta locura no combina bien con ningún tipo de indecisión.
Cásate con ella, haz un voto de que siempre estaréis juntos,
etc., y la tortura terminará.
—Estás equivocado —le informé—. Quería que Vanna se
casara conmigo porque quería que supiera que estaba listo para
comprometerme con ella y solo con ella. De acuerdo, tal vez
solo quería egoístamente que ella también fuera mía de la
manera más permanente posible. Supongo que no siempre es
una decisión de vida porque el divorcio siempre sería una
opción para ella, pero me habría sentido mejor si hubiera dicho
que sí. No sé por qué, joder. Quizás tenía miedo de que un día
se despertara y se diera cuenta de que había cometido un gran
error. O de que toda esa felicidad sería fugaz para ella. O de
que realmente no yo no le importaba lo suficiente como para
hacer un compromiso de por vida. Es una tortura. Me siento
como un neandertal decidido a mantener a su pareja contra
viento y marea, por lo que no puedo dejarla ir. Eso no es
atractivo en un hombre moderno, pero parece que no puedo
luchar contra esos instintos primitivos, aunque sé que
probablemente ella estaría más segura sin mí.
—¿Lo estaría? —cuestionó Wyatt en un tono
irritantemente seco.
—Creo que sí —dije a la defensiva—. Son infinitos los
enemigos que nos hemos creado en el pasado. Tal vez incluso
hay algunos que no conocemos. Y luego también están los
enemigos de papá.
—Fue secuestrada en la selva de Darién, Chase, y casi
muere —me recordó—.Vanna también sufrió muchas más
lesiones con ese secuestro que con esa situación momentánea
con Kruger. Y, a menos que me equivoque, que nunca lo hago,
vosotros dos ni siquiera estabais saliendo en el momento de su
secuestro. De hecho, ya estaría muerta si tú no hubieras
arriesgado tu propio trasero para entrar y salvarla. Como dije,
sé razonable.
—No puedo —dije con fuerza—. Estoy jodidamente
paralizado por el miedo de que le pase algo después del
incidente de Kruger.
—Hemos pasado por muchas situaciones mortales.
Éramos de las fuerzas especiales. Nunca te has estremecido
ante la idea de lanzarte a una situación peligrosa.
—Esto no se trata de mí —dije enojado—. Se trata de ella.
—¿De verdad? —dijo Wyatt con asombro fingido—.
Porque ciertamente suena como si estuvieras siendo un
imbécil egoísta. ¿Alguna vez se te ha ocurrido que lo que estás
haciendo ahora está lastimando a Vanna? Adelante, aléjala,
pero terminarás siendo el cabrón más triste del mundo cuando
todo esté dicho y hecho. Por mucho que odie decirlo porque
no creo en toda esta mierda sentimental, vosotros dos
obviamente debéis estar juntos, y si la pierdes por esta locura,
siempre te arrepentirás.
—¿No crees que lo sé? —pregunté mientras le lanzaba
una mirada fulminante—. Ella siempre ha sido la única para
mí, pero no estoy tan seguro de que yo sea el tipo con el que
debería terminar.
—¿Porque no eres lo bastante bueno? ¿Porque estaría más
segura con otra persona? ¿Porque podría estar más feliz o
segura con un chico con un perfil más bajo? —inquirió—.
Apoyo mi caso en mi teoría. Cásate con ella.
Lo fulminé con la mirada.
—Te dije que hay más que eso.
—Y yo te di una solución simple, cualquiera que sea la
razón. Piensa por un segundo. ¿Cómo te vas a sentir dentro de
unos años si ella está con otra persona? Y lo vas a ver. Torie y
Savannah serán las mejores amigas durante el resto de su vida.
A tus ojos, nadie la tratará lo suficientemente bien ni será lo
bastante bueno para ella. La única manera de garantizar su
felicidad es casándote con ella tú mismo. Porque Dios sabe
que siempre la tratarás como la persona más importante de tu
vida.
Me encogí ante la idea de que otro chico estuviera al lado
de Vanna. Wyatt tenía razón. Nadie la trataría lo
suficientemente bien para mí. Desde luego, no un imbécil
como Bradley. Me hervía la sangre cada vez que pensaba en
cómo la había lastimado ese imbécil.
—No empieces a pensar que eres mejor que cualquiera de
esos otros tipos —me advirtió Wyatt—. La estás lastimando en
este momento y ella es lo mejor que te ha pasado.
—¿Qué diablos harías?— pregunté amargamente.
Me lanzó una sonrisa santurrona.
—Realmente no lo sabría. Nunca me voy a poner en esa
situación. Así es más fácil.
«¡Cabrón egoísta!». Tal vez pensaba eso ahora. Yo estaba
seguro de que nunca me enamoraría de una mujer como lo
habían hecho Hudson, Jax y Cooper.
—Entonces, ¿cómo diablos crees que estás calificado para
darme ningún consejo? —pregunté furioso.
Wyatt dejó caer la pluma sobre la mesa y se inclinó hacia
delante.
—Porque te conozco, Chase. Primero, pensabas que nunca
encontrarías a una mujer que te aceptara, con cicatrices y todo.
Ahora estás intentando encontrar una manera de dejar a esa
mujer que siempre has querido solo porque estás aterrorizado
por la forma en que la amas. Hacer eso sería un gran error.
Creo que quieres a Vanna más de lo que quieres darte algún
tipo de alivio de esas emociones conflictivas. Simplemente no
te has dado cuenta de eso todavía. Puedes protegerla mejor que
cualquier hombre que yo conozca si necesita protección.
Definitivamente, no te faltan los recursos. Ya has tomado
medidas para garantizar su seguridad, como darle a Axel. Ella
nunca estará completamente segura en este mundo loco en el
que vivimos, Chase. Pero está más segura contigo que sin ti.
¿Qué pasa si sucede algo como su secuestro anterior y no estás
allí para salvarla? ¿Qué pasa entonces? ¡Dios! Estás
obsesionado con su felicidad y su seguridad. Me cuesta creer
que otro sea igual de protector.
—Se salvó de que le cortaran la garganta —dije
ahogadamente, mi voz áspera y cruda.
Los ojos de Wyatt se abrieron.
—No, ella no lo hizo. Te ayudó siendo una mujer que
piensa en acción, pero quedó inconsciente por esas acciones.
¿Crees que ella habría sobrevivido si no hubieras estado allí?
¿Has perdido la cabeza por completo?
Me mesé el pelo con una mano frustrada.
—No sé. No puedo pensar con claridad.
—Sin duda la has perdido —verificó—. Y será mejor que
te desanimes antes de que la cagues tanto que la situación no
tenga arreglo.
—Nunca quise lastimarla —murmuré.
—Por supuesto que no —farfulló Wyatt—. Estás
temporalmente loco porque estás enamorado y probablemente
no se lo hayas dicho todavía. Ya que has estado
completamente desquiciado durante las últimas dos semanas,
probablemente tampoco le hayas dado la oportunidad de
decírtelo.
Asentí.
—Tienes razón. Todavía no se lo he dicho.
—Entonces, hazlo —exigió Wyatt—. Me gustaría que el
viejo Chase volviera, por favor. Aunque dudo mucho que
alguna vez vuelvas a ser el mismo. Pero al menos no serás un
imbécil que estropea algo porque piensa que es por un bien
mayor o alguna idea tan ridículamente altruista.
—Vanna lo es todo para mí. Solo quiero que sea feliz —
dije con fiereza.
—Sin ofender, hermano, pero eso no es evidente en este
momento. Estás actuando como si estuvieras demente —dijo
arrastrando las palabras—. Estoy un poco preocupado por la
seguridad de Vanna ahora. Tal vez debería empacar sus cosas y
hacer que se quede conmigo. Creo que me gusta más que a ti
ahora mismo.
Le lancé una mirada enfurecida mientras le preguntaba
con voz ronca:
—¿Estás tratando de enojarme?
—Si eso es lo que se necesita para hacerte atender a
razones, entonces tal vez lo sea.
—La amo —profesé con vehemencia.
—Entonces actúa como tal —insistió—. Nunca tendrás
éxito en alejarla por completo y no puedes seguir así. Decide
que la amarás para siempre, cásate con ella y trátala como una
reina, o déjala ir para siempre. Siempre he considerado a
Savannah como de la familia porque está muy unida a Torie.
Me siento así ahora más que nunca por todo lo que hizo por
Torie después de su secuestro. Es como la hermana que Torie
nunca tuvo, y no me gusta ver a nadie de mi familia sufriendo.
Demonios, amaría a Vanna para siempre, sin importar lo
que pasara. Eso era inevitable y, si realmente la estaba
haciendo daño, también me odiaba por eso.
—Lo resolveré —refunfuñé.
—Bien. Me alegro de que todo este episodio de miedo y
autodesprecio se resuelva. Ahora echemos un vistazo a este
contrato que no leíste esta tarde —gruñó Wyatt como si toda la
desagradable conversación que acabamos de tener nunca
hubiera sucedido.
Chase

Estaba haciendo unas series con el saco de boxeo aquella


tarde cuando Vanna entró en el gimnasio. No había hablado
con ella todavía porque no sabía qué demonios decir. Había
estado sopesando mis opciones y, al final, sabía perfectamente
que solo había una. Dejarla marchar estaba fuera de discusión.
No podía. No era posible, no importaba lo mucho o muy
fuertemente que lo considerase. Nadie la amaría o la
mantendría más protegida o feliz nunca de lo que lo haría yo.
Había terminado con pensar las cosas más allá de esos
simples hechos. Todo lo que hacía era revolverme la cabeza.
Había decidido que tenía que sincerarme con cómo me sentía;
cuanto antes, menos dolería.
A juzgar por la preocupación en su mirada en la cena de
esta noche, ya había hecho algún daño que nunca había tenido
intención de infligir.
«¡Joder! ¿En qué diablos estaba pensando?».
Obviamente, no había usado la cabeza en absoluto y mi
maldito corazón me había traicionado. Tenía a la mujer más
alucinante del mundo y lo estaba estropeando. Todo porque
tenía miedo de causarle un daño aún mayor que seguramente
nunca se produciría. Sí, algunos de los molestos comentarios
de Wyatt habían calado en mí.
—Me voy de la casa, Chase —comenzó con firmeza al
detenerse a mi lado—. El apartamento que había estado
mirando sigue disponible. Firmo el contrato mañana. Saldré el
viernes, si no antes. Lo siento si me he quedado demasiado.
Dejé de moverme abruptamente. El saco se balanceó de
vuelta y me golpeó en la cabeza, pero ni lo sentí.
«¿Qué? ¡Espera!».
Encontré su mirada directamente por primera vez en dos
semanas. Ella iba totalmente en serio, y me lo había ganado yo
solo, ¡maldita sea! Estaba todo allí en su mirada:
incertidumbre, tristeza, angustia, rabia. Además del luto que
helaba mi sangre porque me decía que ella ya había aceptado
esta decisión.
«¡Oh, joder, no!».
Se marchaba. La había herido. Terriblemente. Y darme
cuenta de eso era lo más duro que había experimentado jamás.
Que le den al miedo de que ella fuera físicamente herida.
Había herido el espíritu de Vanna, y si volvía a ver esa mirada
en sus ojos otra vez, sería demasiado pronto.
—Vanna —dije secamente—. Tenemos que hablar.
Se cruzó de brazos obstinadamente.
—¿Sobre qué Chase? ¿Sobre el hecho de que no quieres
estar conmigo ni lo suficiente para tomar una cena? ¿O sobre
el hecho de que no me has tocado o ni siquiera besado en dos
semanas? ¿O del hecho de que pareces no darte cuenta de que
existo en la misma casa que tú? ¿O posiblemente del hecho de
que apenas me hablas, a pesar de que he intentado repetidas
veces hacer que me contaras que te pasa?
Ok, ahí estaba la furia, y podía gestionar eso mucho mejor
que la tristeza. Preferiría mil veces que ella estuviera enfadada
a que estuviera dolida. Pero entonces, una sola lágrima rodó
por su mejilla y me destrozó. Me sentí completamente
destripado. No podía ignorar la pena que le había causado ni
quería. Tenía que encontrar el modo de enmendarlo de algún
modo.
—No puedes marcharte —grazné mientras buscaba su
mano.
Se apartó y retrocedió. Eso dolió, pero sabía que me
merecía más que su desdén en ese momento.
—Dudo que te des cuenta de que me haya ido —bromeó
furiosamente.
—¡Una mierda! —bramé—. Estoy jodidamente
enamorado de ti, Vanna. Lo admito, me asusté. Después de lo
que pasó con Kruger, no sabía si podía mantenerte a salvo en
el futuro con mi nombre y rostro de alto perfil. ¿No sabes que,
si algo te pasara, no querría vivir más en este mundo? Pero hay
un problema con eso, porque tampoco quiero vivir en este
mundo sin ti cuando sigues en él. Así que estoy totalmente
jodido.
Su expresión se suavizó un poco, pero iba a ceder.
—¿Crees que me amas? —preguntó con cautela, con una
expresión aún recelosa.
—¡No! Sé que te amo, Vanna. Probablemente desde Las
Vegas. Diablos, quizás fue incluso antes, pero me lo negaba a
mí mismo —corregí.
—Tú definitivamente no has actuado de ese modo en las
últimas dos semanas —dijo suspicaz.
—Lo sé —dije con remordimiento—. Y lo siento más de
lo que nunca sabrás.
—¿Sí? —me cuestionó ella; su mirada seguía lívida—.
¿Tienes una idea de lo que todo esto me ha supuesto a mí? Me
he estado volviendo loca, preguntándome que había hecho mal
porque tú ni me hablabas…
—Dios, Vanna. No has hecho nada malo. Eres tan
malditamente perfecta que a veces me cago de miedo.
Ella levantó una mano.
—¡Para! No he terminado. Siempre he sido una chica de o
todo o nada. A veces me lleva un tiempo comprometerme con
algo o alguien, pero una vez que lo hago, doy todo lo que
tengo. Yo también tenía miedo, al principio. Me contuve. No
quería esperar cosas que nunca pasarían entre nosotros dos.
Pero cuando te mostraste vulnerable conmigo quitándote la
ropa en mitad de la cocina para enseñarme tus cicatrices, lo di
todo, ¡Maldita sea! ¿Se te ocurrió alguna vez que yo tampoco
quiero vivir en un mundo sin ti?
Negué con la cabeza despacio, atónito y atrapado por su
ira pasional. Oh, tenía derecho a eso y más, pero nunca había
visto a Vanna así de enfadada y furiosa antes.
—Bueno —dijo ella, su voz empezaba a flaquear—. Me
sentí así. Te digo más, también he ganado tres kilos y medio
por comer por estrés un camión de comida basura por esta
situación, y estoy a punto de no poder abrocharme los jeans.
Así que necesito dejarlo antes de necesitar un nuevo armario.
Incluso el pobre Axel está ganando peso porque no tiene
problema en acompañarme en comer galletas. Por eso de
verdad… tengo que irme.
—Estás guapa —le dije, y lo dije de verdad—. No te
vayas, Vanna. Te amo.
Diablos, le compraría un armario entero de cualquier talla
con tal de que se quedara.
Lágrimas empezaron a caer por su rostro mientras
preguntó dubitativa.
—¿Lo dices de verdad? Yo ya ni lo sé.
Me sentí agredido de que dudara de mí, pero me había
ganado esa desconfianza. Vanna me lo había dado todo, y a
cambio le he dado motivos para estar condenadamente
insegura.
«¡Joder!».
Saqué el anillo que le había comprado del bolsillo del
chándal y le entregué la caja.
—He tenido este anillo desde hace casi un mes ya. Te iba
a preguntar si querías casarte conmigo cuando llegáramos a
casa de la cena la noche del ataque. Tuve que esperar un
tiempo para que personalizaran los diamantes de la mejor mina
Montgomery. Son de calidad, y no podía darte nada que no
fuera lo mejor.
No había una turquesa central que le hiciera justicia, pero
mezclé algunas con menores diamantes de acento. La piedra
central tenía que ser un enorme diamante. Bueno, al menos
debía serlo para mí. Si ella quería otra cosa, estaría feliz de
conseguírselo. Cualquier cosa que quisiera. Todo lo que
quisiera. Si solo dijera que era mía y acabara con mi miseria,
me aseguraría de que nunca volviera a ver esa maldita mirada
triste y rota en sus ojos de nuevo. Había tanto silencio que
podías oír una aguja caer mientras Vanna miraba la caja
fijamente.
Mi corazón palpitaba tan fuerte que no estaba seguro de
que no me fuera a dar un infarto y a caerme redondo en un
minuto o dos si no decía algo pronto. Estaría perfectamente
justificado si me mandara a paseo después de haber sido tan
capullo durante las últimas dos semanas. Pero… ¡Dios! De
verdad esperaba que no lo hiciera.
—Nunca serás capaz de salvarme de cada dolor o peligro
en mi vida, Chase —mencionó ella en un tono menos
enfadado.
—Quizás no, pero sin duda lo intentaré —dije cabezota—.
Si puedo prevenir el dolor, estaré allí contigo, Vanna, bueno o
malo. Sé que he actuado como un idiota. Supongo que estaba
aterrado de que tú estuvieras en peligro porque estuvieras
conmigo. Odio lo que pasó en el restaurante.
Ella levantó una ceja.
—Así que, ¿pensabas dejarme por eso?
Me costó tragar saliva.
—¡Sí! ¡No! ¡Oh, hostia! No sabía lo que estaba haciendo.
Estoy locamente enamorado de ti. Mi cabeza no estaba bien
después de lo que pasó.
Vanna seguía sujetando la caja firmemente en su mano,
pero no la abría. Respiró hondo mientras susurraba:
—Yo también estaba enamorada de ti.
«¿Estaba? ¿Estaba enamorada de mí? Oh, diablos, no».
Eso no funcionaría. Aún tenía que amarme.
—¿Entiendo que ya no estás enamorada de mí? —
pregunté secamente; ese posible ataque al corazón parecía ya
más una realidad.
—Chase, no puedes limitarte a ignorarme cuando estés
preocupado o molesto. Se supone que debemos ser
compañeros.
Mis tripas se retorcieron mientras seguían cayéndole
lágrimas.
—Vanna —dije bruscamente, necesitando realmente una
respuesta a mi pregunta.
Ella levantó una mano.
—Espera. Esto es muy importante para mí. Pensaba que
ya no me querías. Pensaba que querías que me marchara.
Pensaba que te habías dado cuenta de que habías cometido un
error cuando me pediste que me quedara. Me dolió, Chase. No
quiero sentirme así nunca más. Me destrozaste el corazón. No
tengo miedo de estar contigo. Tengo miedo de estar sin ti.
Comprendí exactamente lo que estaba diciendo. Era claro
como el agua. Yo me sentía del mismo maldito modo. Y ahora
también estaba completamente al corriente de que ella aún me
quería, pero no había pronunciado esas palabras todavía. o
supe porque Vanna y yo estábamos conectados. Sí, dañé esa
conexión por un tiempo, pero aún estaba allí.
—No volverá a pasar, cariño. Lo juro —prometí, sintiendo
cada palabra. Había aprendido la lección sobre cuántos
malentendidos pueden venir del silencio.
Ella levantó una ceja.
—¿Lo prometes?
Empecé a sudar.
—Lo prometo.
—Entonces supongo que finalmente también puedo
decirte que te quiero, loco. He querido decírtelo desde hace
mucho tiempo.
Mi respiración soltó un gran susurro de alivio.
—¿Te casarás conmigo? —pregunté, mi voz ronca de
alivio—. Este no era el modo en que planeaba hacer esto. Soy
lo peor y no es exactamente romántico, pero no puedo esperar
otro segundo para preguntar.
—No me has tocado en dos semanas —me recordó.
—Créeme, he lamentado cada momento —me quejé—.
No habrá nunca un momento en que te mire y no quiera estar
tocándote, Vanna.
—¿Por eso apenas me mirabas?
—No lo he analizado todavía, pero te garantizo que, si te
hubiera mirado, te habría desnudado tan deprisa que ni lo
habrías visto venir. Supongo que por eso no lo hice. En el
momento no quería ceder. Quería hacer lo correcto —dije
abiertamente—. ¿Puedo besarte?
—Espera —insistió ella mientras abría lentamente la caja.
Casi gruño en alto, pero también estaba impaciente por
ver si le gustaba el anillo.
—Oh, Dios santísimo —susurró mientras la caja de
terciopelo se abría.
No estaba exactamente seguro de si esa exclamación era
buena o mala, así que esperé.
—Es enorme —jadeó mientras tocaba con cautela el
enorme diamante central.
En cualquier otro momento, me habría encantado ese
comentario, pero seguía sin estar seguro de si estaba contenta
con el anillo.
El diamante central y el juego de diamantes que lo
rodeaba engarzados en platino equivalía a un recuento de
quilates bastante alto, pero no tanto que fuera un objetivo
desde larga distancia. Además, grande y llamativo no era el
estilo de Vanna, así que me decidí por la calidad.
—La artesanía es increíble, Chase —dijo ella en tono
reverente.
—Es hecho a medida. Conozco a un tipo que hace muy
buenos trabajos —le dije.
Me miró con lágrimas en los ojos mientras contestaba:
—Por supuesto. Me encanta, especialmente los pequeños
acentos turquesa. Es perfecto.
Por fin me relajé al ver la felicidad en sus preciosos ojos.
Me entregó la caja mientras preguntaba:
—¿Me lo vas a poner en el dedo?
Le arrebaté la caja antes de que pudiera cambiar de idea.
Diablos, sí, se lo iba a poner en el dedo. «Ahora mismo».
Savannah

—¿Ya no estás enfadada conmigo? —preguntó Chase


mientras deslizaba el impresionante anillo en mi dedo.
Negué con la cabeza mientras mi corazón se aceleraba en
mi pecho
—No ahora que sé que estabas reaccionando por miedo.
No me gustó, pero lo entiendo. Por favor, recuerda que yo te
amo de la misma manera, Chase. Yo tampoco quiero verte
sufrir nunca. Pero… si alguna vez vuelves a hacer eso por
alguna razón, te juro que seguiré el consejo de tu hermana y te
golpearé en la cabeza hasta que vuelvas a ser sensato.
Probablemente no sabía que hablaba en serio, porque todo
lo que hizo fue lanzarme una sonrisa victoriosa.
Besó el anillo en mi dedo cuando terminó de ponérmelo.
—Entonces di que te casarás conmigo. Estoy totalmente
de acuerdo con que me golpees si alguna vez vuelvo a actuar
así.
Obviamente dije que sí al pedirle que me lo pusiera, pero
sabía que quería escucharlo.
—Sí —dije en un tono entrecortado y delirante—. Te
quiero mucho. —Me abracé a su cuello—. Bésame.
Se adelantó y puso sus brazos alrededor de mi cintura.
—No puedo resistirme a esa invitación, pero realmente
apesto, Vanna. Necesito darme una ducha.
Inhalé su aroma masculino almizclado mientras bajaba la
cabeza. Sí, estaba todo sudado, pero en realidad era sexi. Me
besó lentamente, sus emociones presentes con cada toque de
sus labios. Me sentía adorada. Me sentía deseada. Y
definitivamente me sentía… amada.
Estaba sin aliento cuando levantó la cabeza.
—Planeo hacerte pagar por hacerme esperar tanto tiempo
para saber que me amas —bromeó en un tono de barítono sexi
junto a mi oído.
Me estremecí de anticipación.
—Casi no puedo esperar.
Se echó hacia atrás con lo que parecía una desgana severa.
—Tengo que ducharme primero. ¿Vienes conmigo? —
preguntó mientras extendía su mano, su tono grave vibrando
de emoción.
No solo me estaba pidiendo que me duchara con él. Su
pregunta significaba mucho más, y yo lo sabía. Chase Durand
me estaba pidiendo que me quedara con él para siempre, y no
dudé en aceptar todo lo que quería mientras tomaba su mano.
Sabía que había sufrido tanto como yo, tal vez incluso más,
durante las últimas dos semanas. La próxima vez, si hubiera
una, no dudaría en enfrentarme a él porque sabía que me
amaba.
—¿Necesitas que alguien te lave la espalda? —ofrecí en
broma.
—Solo si ese alguien eres tú —gruñó.
Sonreí y lo seguí escaleras arriba hasta el baño principal.
Cuando ambos estábamos desnudos y listos para entrar a
la ducha, miré vacilante el hermoso anillo en mi dedo mientras
me preguntaba en voz alta:
—Tal vez debería quitármelo.
Era la joya más hermosa que jamás había tenido y lo
último que quería era estropearla. Sabía que se convertiría en
el artículo más preciado que poseía, no por el valor monetario,
sino por el amor que se puso en el anillo.
—No lo hagas —instó Chase, llevándome a la ducha—.
Fue hecho para durar toda la vida, Vanna. No necesitas
quitártelo nunca a menos que debas hacerlo por alguna razón.
Fue hecho para resistir cualquier cosa.
—Como nosotros —dije en broma mientras tomaba su gel
de baño y vertía una cantidad abundante en mi mano.
—Como nosotros —confirmó en un tono más serio.
Pasé las manos por su cuerpo musculoso mientras él se
ponía de pie de buena gana y dejó que simplemente lo tocara.
Hizo una pequeña mueca cuando mis dedos acariciaron su
verga totalmente erecta.
—Sigue así y nunca superaré esta ducha —gruñó con voz
de advertencia—. ¡Dios, Vanna! Han pasado dos semanas. Sé
que es mi culpa, pero intenta no torturarme. ¿Cuándo diablos
te vas a casar conmigo y a sacarme de mi miseria?
Me compadecí de él mientras me movía hacia sus
abdominales marcados con una pequeña sonrisa, trazando cada
uno de esos músculos definidos a medida que avanzaba. Por
ahora, estaba feliz de tocar a Chase, de volver a tener ese tipo
de intimidad después de lo que había sucedido. Amaba cada
centímetro de su robusta forma masculina.
—No he tenido tiempo para pensar en eso todavía
precisamente —le dije, desconcertada.
Todo había pasado tan rápido, y solo unos minutos antes
me había dicho que me amaba.
¿Realmente teníamos que pensar en eso ahora?
—Piénsalo —me instruyó con voz ronca—. Quiero que
seas mi esposa, Vanna. Si quieres una gran boda, lo
arreglaremos, pero prefiero no esperar más de lo
absolutamente necesario. Bueno, a menos que necesites más
tiempo para acostumbrarte a la idea.
Empecé a limpiarme rápidamente mientras él enjuagaba y
lavaba su cabello, no particularmente quisquillosa con mi
ducha ya que ya me había dado una antes.
—No voy a tener dudas, Chase —le aseguré—. Cuando
dije que sí, lo decía en serio. Con todo, ¿recuerdas?
Como si fuera a duda de mi respuesta. Me casaría con
Chase Durand, el que sabía que era el único hombre para mí.
Me envolvió la cintura con un brazo y me atrajo hacia él
en el momento en que terminó de enjuagar su cabello.
—¿Todavía vas con todo? ¿A pesar de saber que
probablemente siempre habrá locos que podrían tratar de
llegar a mí a través de ti?
Le retiré el cabello húmedo de la cara con ternura
mientras lo miraba; la feroz protección en su tono hizo que mi
corazón se acelerase. Siempre estaría preocupado por mi
seguridad y mi bienestar, y eso me conmovió más de lo que
podía expresar con palabras.
—Sí, todavía estoy con todo. Te amo, Chase. Las
probabilidades de que vuelva a suceder algo como el último
incidente son ínfimas. Lo entiendes, ¿verdad?
—Improbable o no, la mera idea de volver a verte en esa
posición me destripa, Vanna —dijo con voz áspera mientras
me empujaba contra la pared de la cabina de la ducha.
—No lo hará —dije en un tono tranquilizador mientras
pasaba mis dedos por su barbilla sin afeitar—. Pero estoy
dispuesta a arriesgarme si eso significa que estoy contigo.
Sabía que sus miedos eran muy reales para él después de
lo que había sucedido, pero casi todo en la vida era un riesgo.
Casarme con él no me parecía desalentador.
—Haré todo lo que pueda para mantenerte alejada de los
aspectos menos agradables de mi negocio —prometió.
—Sé que lo harás —dije en voz baja cuando nuestros ojos
se encontraron.
Me quedé sin aliento cuando vi la audaz posesividad en su
mirada.
—Entonces cásate conmigo pronto —insistió.
—¿Cómo de pronto? —pregunté mientras mi corazón
daba un vuelco.
—¿El próximo mes? —dijo esperanzado.
Solté una risa sobresaltada.
—Si vamos a tener una boda, necesito más tiempo que
eso.
No necesitaba una gran celebración pretenciosa, pero era
San Diego y nos acercábamos rápidamente a la temporada
turística.
Chase pasó una mano por mi cabello mojado y preguntó:
—¿Cuánto tiempo más?
Yo negué con la cabeza.
—No sé. Nunca había planeado una boda antes, pero creo
que incluso encontrar y reservar un lugar podría llevar un
tiempo. A menos que quieras huir a Las Vegas.
Estaba perfectamente de acuerdo con esa idea. La boda de
Torie había sido bonita.
Me lanzó una sonrisa descarada y respondió:
—No es necesario. Conozco a mucha gente.
Puse los ojos en blanco juguetonamente.
—Estoy segura de que sí.
—¿Dudas de mi capacidad para darte cualquier boda de
cuento de hadas que quieras en un corto período de tiempo,
mujer? —preguntó con voz alegre—. Dime lo que quieres y lo
haré realidad.
Suspiré. Estaba feliz de recuperar a mi hombre un poco
engreído y confiado. A Chase realmente no le iban muy bien
la ansiedad y los remordimientos, y me había matado verlo de
esa manera. No tenía ninguna duda de que podía hacer que
sucediera casi cualquier cosa. Era terco de esa manera. Chase
Durand siempre se aseguraría de que estuviera mimada y me
encantara cada minuto.
Abracé su cuello.
—Lo único que realmente quiero es a ti. No soy
precisamente quisquillosa acerca de cómo se logra eso.
—Me has tenido durante mucho tiempo, cariño.
Bajó la cabeza y me dio un beso que me detuvo el
corazón, un abrazo que me dijo cuánto me amaba y atesoraba.
Mis pezones se endurecieron y el calor envolvió mi
cuerpo mientras Chase exploraba minuciosamente mi boca con
su lengua.
Estaba esforzándome por respirar cuando soltó mis labios.
—Te necesito, Chase —le dije sinceramente—. Creo que
podemos esperar y discutir la boda más tarde.
—Más tarde —coincidió sucintamente mientras golpeaba
los controles con la mano para cerrar el agua—.
Probablemente nunca entenderé por qué quieres este cuerpo
mío lleno de cicatrices, pero me alegro de que lo hagas.
Me sacó suavemente de la ducha y empezó a secarnos con
una toalla. Probablemente yo nunca sería capaz de
convencerlo de que él era y siempre sería el hombre más
hermoso que jamás había visto. Así que tendría que seguir
mostrándoselo en lugar de eso. Chillé de risa cuando él me
levantó y me arrojó al aire para agarrarme mejor.
—Podría caminar —le dije mientras me agarraba a la
parte posterior de su cuello—. La cama no está muy lejos.
—Soy un transportador muy dispuesto en este momento,
nena —dijo con voz ronca—. Y estoy demasiado cerca de
conseguir exactamente lo que quiero para dejarte escapar.
Solté otro suspiro de felicidad mientras él me llevaba al
dormitorio. Mi cuerpo clamaba por el suyo, y quería fundirme
con él ahora mismo y no volver a salir nunca más. Chase
Durand lo era todo para mí, y no me importaba si él lo sabía,
porque no tenía ninguna duda de que yo también lo era todo
para él.
—Creo que lo que quieres es precisamente lo que yo
quiero —le susurré al oído.
Solo había la luz tenue de la pequeña lámpara en la mesita
de noche cuando me dejó caer con cuidado sobre el edredón y
se puso encima de mí.
—Entonces diría que es mi día de suerte, cariño. —
Entrelazó nuestros dedos y bajó la cabeza.
Savannah

Se sintió tan bien besarle así de nuevo que gemí en su abrazo.


Él devoró mi boca como si hubiera pasado una vida desde que
nuestros labios se habían encontrado hacía solo dos semanas.
—Te quiero, Vanna —dijo Chase con voz grave cuando
levantó la cabeza y nuestras miradas se encontraron—. No
importa lo idiota que pueda ser en el futuro, no quiero que
dudes de lo que siento por ti por un solo segundo.
Me zabullí en esos preciosos ojos grises mientras me
miraba fijamente. La sinceridad, el anhelo, la vulnerabilidad
desnuda; estaba todo allí, en esa mirada. Si le hubiera obligado
a hablar conmigo antes, supe que habría visto las mismas
cosas. Nunca habría cuestionado sus sentimientos desde aquel
momento, tampoco. Quizás, muy en el fondo, siempre lo había
sabido, incluso cuando no hablábamos. Me había dado tanto
miedo perderlo que había dejado que me invadiera la
inseguridad.
Me costó tragar.
—Yo también te quiero, Chase.
—¿Ibas a dejarme de verdad? —preguntó.
Asentí lentamente.
—Si eso era lo que querías.
No importaba lo mucho que le quisiera, no le quería a mi
lado a no ser qué él quisiera estar allí también.
—Te habría encontrado —contestó él—. Había decidido
que estabas mejor sin mí ya que no hay otro idiota en el
planeta que te vaya a querer tanto como yo. O uno que quiera
que seas feliz tanto como yo.
—Entonces, creo que estás atrapado conmigo para toda la
vida, cariño —gruñó mientras bajaba su cabeza a la tierna piel
de mi cuello.
Gemí y he eché la cabeza para atrás, dándole mejor
acceso. Esa era una sentencia de por vida que aceptaría
felizmente.
—Chase —expiré mientras un calor líquido invadía mi
entrepierna—. Te necesito.
Me hizo rodar sobre él.
—Toma lo que quieras, Vanna.
Me revolví para sentarme sobre él mientras veía la
descarada excitación en su cara. Me deseaba. Podría habernos
satisfecho a los dos en el modo en que quisiera, pero me estaba
dejando a mí decidir lo que quería esta vez.
Me lamí los labios.
—Quiero lamer cada centímetro de este alucinante cuerpo
—dije mientras recorría su pecho con las manos.
—¡Santo Dios! —blasfemó él—. Dije que tomaras lo que
quisieras, no que pudieras matarme mientras lo hacías. Hace
ya dos semanas, Vanna.
Me reí mientras besaba su cuerpo bajando por el cuello y
después pasando mi lengua por su pecho.
—No especificaste —murmuré.
Bajé, siguiendo cada músculo de su abdomen, saboreando
el modo en que tocar a Chase me hacía sentir. Finalmente
rodeé su verga con mis dedos.
—¡No, nena! —dijo bruscamente—. Estaré
completamente jodido.
Volví a subir su cuerpo y puse la punta de su verga contra
mi sexo.
—¿Prefieres que te joda de este modo? —le pregunté en
una voz sensual.
—Oh, joder, sí —accedió de todo corazón mientras
agarraba mis caderas—. Cabálgame, preciosa.
Bajé lentamente a su enorme verga centímetro a
centímetro hasta que lo había poseído hasta la empuñadura.
Me quedé quieta por un momento cuando estaba por fin
enterrado en mí por completo, deleitándome en la sensación de
estar así de conectada con Chase. Le anhelaba y esa urgencia
al final me hizo empezar a moverme.
—Qué rica estás, Vanna —dijo en una voz dura, excitada
mientras me apretaba más las caderas.
Supe que él estaba intentando no dominar, lo que era
probablemente difícil para alguien como Chase porque sin
duda le gustaba estar completamente involucrado en el
dormitorio.
Levanté mis manos a mis pechos y pellizqué mis pezones
mientras giraba despacio encima de él. Podía notarle
mirándome, lo que agudizaba tanto mi placer que podía
sentirlo hasta los dedos de los pies. Mi cuerpo estaba ahora
ardiendo, eché la cabeza hacia atrás liberando un gemido. Me
sentía poseída. Atrapada. Consumida. Y al mismo tiempo tan
increíblemente libre que apenas podía contener el júbilo que
brotaba en mi interior.
—Eres la mujer más sexi que jamás he visto, Vanna —
dijo con una voz que me indicaba que apenas estaba
manteniendo el control.
Aceleré mi movimiento, pero no logré conseguir
exactamente lo que quería. Frustrada, grité:
—Chase, necesito…
Agarró mis caderas fuertemente y comenzó a embestir
hacia arriba.
—Sé lo que necesitas, preciosa. Ven aquí.
Chase levantó su mano y arrastró hacia abajo mi cabeza.
Todo mi cuerpo comenzó a temblar un voraz anhelo que era
casi imposible de aguantar al juntarse nuestras bocas chocando
juntas en un abrazo hambriento. Renuncié a toda ilusión de
tener el control sobre Chase martilleándome profunda y
duramente. Eso era exactamente lo que necesitaba, esta
posesión fiera que satisfacía mi deseo de estar conectada con
él. Resoplaba mientras ascendía a por aire, cabalgando la
afilada necesidad que recorría mi cuerpo. Esparcí mis manos
por su pelo.
—Jódeme más fuerte —rogué, perdida en nuestra
frenética necesidad del uno por el otro.
Él cumplió, y yo sentí mi clímax acercándose.
—Eres mía, Vanna. ¡Dilo! —exigió Chase en un tono
fuera de control.
—Soy tuya, Chase, como tú eres mío —contesté.
El goce y el amor por este hombre increíble inundaron mi
alma hasta que las lágrimas bajaban por mi cara como un
torrente porque estaba abrumada por la emoción.
Olas de placer me invadían y el corazón prácticamente se
me salía del pecho mientras alcanzaba el culmen de mi
liberación.
—¡Chase! ¡Te amo tanto! —grité, la felicidad de decir
esas palabras en alto era casi insoportable.
Se enterró en mí con un último empujón potente mientras
los espasmos de mi liberación lo llevaban a él hasta la suya.
—Yo también te quiero, nena —gruñó él mientras me
rodeaba fuertemente con sus brazos.
Mi cuerpo continuó sacudiéndose mientras enterraba mi
cara en su cuello, sintiéndome completamente consumida.
Chase bajó una mano acariciando mi espalda y acabó en
mi trasero de una manera posesiva deliciosa mientras intentaba
recobrar el aliento.
Me relajé completamente, revolcándome en el éxtasis
mientras me acurrucaba en cuerpo cálido de Chase.
Él movió una mano por mi pelo y a lo largo de mi mejilla
con tacto calmante.
—Oye, cariño. ¿Estás llorando? —preguntó, obviamente
intrigado.
—Sí —confesé—. Nunca me ha pasado esto antes.
Supongo que estoy demasiado feliz.
Temblé un poco ya que había empezado a enfriarme, pero
no tenía suficiente frio como para moverme de mi cómoda
postura de descanso.
—No existe eso de ser demasiado feliz —dijo él en voz
aliviada mientras secaba una lágrima de mi mejilla con su
dedo gordo.
Alcanzó el otro lado de la cama, echó la colcha hacia
abajo, y luego nos enredó a ambos entre las sábanas. Yo
suspiré mientras me buscaba de nuevo tras tirar hacia arriba de
la sábana y la colcha rodeando nuestros cuerpos desnudos. Me
colé en su lado mientras ponía su brazo y tiraba de mi cabeza
hacia su hombro.
—¿Mejor? —preguntó.
—Sí —contesté, sorprendida por lo deprisa que había
reaccionado a un pequeño movimiento corporal—. Creo que
me gustaría tener un hijo algún día, Chase.
No estaba muy segura de por qué lo mencioné. Quizás
porque nos íbamos a casar y era probablemente un tema
importante que discutir. Sinceramente, nunca había pensado
demasiado en lo de tener hijos o si los quería o no. No hasta
Chase. Dado que estaba a mitad de la década de los treinta, era
una decisión que probablemente no deberíamos esperar para
siempre a decidir. Todo su cuerpo se congeló.
—¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —preguntó
él.
Me senté un poco para poder ver su cara. Él no parecía
precisamente asqueado por la idea de que tuviéramos un hijo.
Su expresión era más de terror que de no estar dispuesto.
Fruncí el ceño.
—¿Qué? ¿Tú no quieres hijos? No es algo en lo que haya
pensado realmente hasta ahora. No es un problema para mí si
no quieres.
Chase siempre iba a ser mi prioridad. De hecho, nunca
había tenido una necesidad de ser madre, por lo que no sería el
fin del mundo si se oponía a la idea.
Él sacudió la cabeza.
—No, nena. No te confundas. Quiero niños y me
encantaría tener hijos contigo, pero sabes que es doloroso,
¿no?
Resoplé.
—Quizás no he tenido uno, pero soy consciente del
proceso. Creo que puedo con ello.
—No es solo el dolor al tener un hijo. ¿Qué me dices de
las náuseas matutinas y las hormonas? —preguntó él, con una
expresión un poco menos tensa.
Dejé escapar un suspiro exasperado.
—Es todo parte del producto final. Un hijo. Nuestro hijo.
—Me va a matar verte pasarlo fatal, pero haré todo lo que
pueda para que te sea soportable. Tampoco voy a prometerte
que no seré un pesado preocupado durante todo el embarazo
—dijo con firmeza—. Por lo demás, nada me encantaría más
que tener nuestro hijo.
Sonreí porque no parecía dudar lo más mínimo en tener un
bebé. Solo parecían no gustarle algunos de los incómodos
síntomas que tendría que padecer en el proceso.
—Serías un padre estupendo, Chase Durand. Pero no
tenemos que tomar una decisión en firme justo ahora. Ni
siquiera estamos casados aún —murmuré antes de dejar un
beso suave en sus labios.
—Un problema que quisiera remediar lo antes posible —
me recordó.
Para ser sincera, realmente quería ser su mujer también,
así que no me importaba acelerar las cosas. Especialmente
cuando sabía lo importante que era para él.
—Dame un poco de tiempo. Comprobaré lo pronto que
podemos gestionarlo sin ir a Las Vegas. ¿Cuánta gente?
—Conozco un montón de gente, pero cuántos de ellos
tienen que estar en mi boda —sopesó—. Puedo reducir la lista
a unos cien o así. ¿Y tú?
—¡Chase! —exclamé mientras le daba en el hombro—.
Eso no es exactamente una lista pequeña. Sabes que ya no me
queda familia cercana, pero tengo algunos de fuera del estado
a los que me gustaría invitar. Y unos pocos amigos en la
cadena. Mi lista de invitados no será tan larga.
Mi futuro marido era una persona muy sociable, por lo
que el tamaño de su lista no me sorprendía realmente.
—Podría acortarla mucho más fácilmente si eso acelerase
el proceso —dijo con una irresistible sonrisa—. Y la mayoría
de esa lista será familia, amigos cercanos y unos pocos de los
tipos de Last Hope. —Sacudió la cabeza—. Es imposible que
invite a todo el mundo, pero estoy unido a algunos de los
equipos. Especialmente con el viejo grupo de Wyatt. Viven en
Michigan.
—¿Vinieron todos para ser voluntarios en Last Hope? —
pregunté con curiosidad.
Asintió.
—La mayoría de ellos… en cuanto salieron del ejército.
Wyatt puede ser un capullo a veces en el mundo civilizado,
pero cada tipo que formó parte de su equipo Delta Force le
respeta.
—Me encantaría conocerle —dije honestamente—. Y
Wyatt no es un capullo con la gente que conoce o que le
importa.
Concedido, lo era con otra gente, pero yo nunca había
recibido sus sarcasmos.
Chase dejo salir un rugido de risa.
—Créeme puede ser un enorme capullo.
Me hizo rodar sobre mi espalda y cubrió mi cuerpo con el
suyo.
—Ahora que hemos acordado que la boda ocurrirá pronto,
hablemos del tema bebé. No quiero que pienses que no estoy
interesado. Solo me pilló un poco por sorpresa. Cuanto más lo
pienso, más me entusiasma. Nunca había pensado realmente
en tener un hijo, Vanna. Demonios, nunca pensé que me
enamoraría así. Quizás no tenemos que tomar una decisión en
firme justo ahora, y me gustaría un tiempo a solas contigo
antes de empezar una familia, pero estoy siempre disponible
para practicar la parte de dejarte embarazada en caso de que lo
hagamos.
Lentamente comenzó a formarse una sonrisa en su cara, y
me corazón se aceleró al mirarle a los ojos.
—No creo que necesites ninguna práctica —bromeé
mientras lo miraba a los ojos—. Creo que ya eres un
profesional.
—Entonces quizás deba mejorar mis habilidades —dijo
esperanzado.
Se me derritió completamente el corazón. ¿Qué mujer no
querría estar locamente enamorada con un hombre como el
mío?
—Te quiero —le dije mientras rodeaba su cuello con los
brazos.
—Te querré hasta mi último aliento, Vanna —juró—. A
veces me tengo que preguntar si todos los debates que hemos
tenido no han sido más que tonterías. Siempre tenía ganas de
verte. Quizás nunca creí de verdad que pudieras ser mía.
—Tenía que mantener la distancia —expliqué—. Era eso
o quedarme pensando en desnudarte.
Sus ojos se iluminaron.
—¿Así que admites que tenías fantasías sexuales
conmigo? —preguntó él en un tono rudo de barítono que lanzó
ondas de placer por todo mi cuerpo.
—Nunca lo negaría —dije juguetona.
Levantó una ceja.
—¿Te gustaría contármelas?
Dios, amaba a este hombre. Tiré hacia abajo de su cabeza
hasta que sentí su cálido aliento en mis labios.
—Creo que preferiría enseñártelo —susurré.
—No voy a discutirte eso —dijo en un tono malévolo
justo antes de besarme y hacer realidad todas y cada una de
mis fantasías.
Wyatt

Fue en mitad de la noche antes de que mi casa en primera


línea de playa en Del Mar finalmente estuviera en silencio.
Caminé por mi patio, exhalando un suspiro de alivio porque
todos los invitados a la recepción de Chase y Savannah
finalmente se habían ido. Se habían casado en un lugar
cercano frente al mar ese mismo día. Por desgracia, todos esos
invitados a la boda terminaron aquí después de las nupcias.
No me emocioné cuando Chase me convenció de
organizar la recepción en mi casa porque supuestamente tenía
un espacio interior y exterior excepcional. Primero: yo no era
precisamente una persona sociable. Segundo: Sin duda, no era
una persona de bodas. Y tercero: había perturbado por
completo mi puta privacidad, lo cual era algo que valoraba.
Sin embargo, me alegré de que Chase hubiera logrado
planear y ejecutar esta boda y recepción en menos de dos
meses después de su proposición a Savannah. Quizás ahora
conseguiría por fin algo de paz. Probablemente nunca
entendería por qué alguien quería casarse en realidad, y mucho
menos compartir el espacio con otra persona durante el resto
de su vida. Tampoco obtendría nunca la supuesta felicidad de
enamorarme. «En absoluto. Jamás». Me parecía un enorme
desperdicio de energía.
No es que no quisiera que mis dos hermanos se revolcaran
en la felicidad conyugal si eso era lo necesario para hacerlos
felices, pero esa forma particular de vida no era para mí. Yo
nunca había perdido ni perdería la cabeza por una mujer. Era
demasiado racional para actuar como un idiota por una mujer.
Pensaba que mi hermano menor era igual hasta que de
repente decidió que una mujer que había conocido y que le
había gustado durante la mayor parte de su vida era la única
mujer para él.
Vale, a mí también me gustaba Savannah. Suponía que, si
Chase tenía que volverse loco por alguien, no podría haber
elegido a una mujer más excepcional. Aun así, no tenía idea de
por qué tenía que suceder en absoluto. ¿Qué tipo quería poner
voluntariamente sus bolas en un escurridor durante el resto de
su vida? Nunca había conocido a nadie que valiera esa clase de
tortura.
Afortunadamente, Chase había mantenido una lista de
invitados a la boda bastante pequeña, pero aun así había
muchas más personas de las que me gustaba ver en mi casa al
mismo tiempo. Me recordé a mí mismo que había habido
algunos aspectos positivos durante la noche cuando entré y
cerré las puertas del exterior.
La comida había sido buena. Realmente buena. Nada de
bocados diminutos para comer con la mano. Dejando a un lado
toda la mierda sentimental que había tenido lugar, había sido
un evento elegante y bien hecho. También pude ver y pasar el
rato con mi antiguo equipo Delta Force sin tener que hacer un
viaje a Michigan para verlos. Por último, mi casa se veía
normal otra vez. El equipo de limpieza había hecho un buen
trabajo devolviéndome mi hogar.
Mi esperanza era que, ahora que la boda y la recepción
habían terminado, Chase regresara a Durand Industries. Si lo
hacía, sacrificar mi privacidad por un tiempo valdría la pena.
Sobre todo, realmente quería ver a Chase relajarse de nuevo y
no estar tan preocupado por cómo saldría todo.
Sinceramente, era obvio que Savannah estaba tan feliz
como Chase con su estado de casada. Si estar enamorado
realmente existía, la mujer amaba a mi hermano tanto como él
la amaba a ella. No tenía idea de por qué había habido alguna
necesidad de que Chase se volviera loco por la felicidad de
Savannah cuando esta lo estaba mirando directamente a la
cara.
Me dirigí a la cocina, ansioso por ver si había sobras. Si
seguía despierto a estas horas, también podría disfrutar de
cualquier alimento que aún existiera en el refrigerador, ya que
era la mejor parte de la recepción. Me detuve para quitarme la
camisa del esmoquin y servirme un trago de la barra.
A diferencia de mi hermano menor, conocedor de vinos,
prefería el whisky si iba a tomar una copa, y no tenía especial
cuidado con el tipo siempre que fuera suave. Me detuve en
seco en la entrada de la cocina cuando me di cuenta de que no
estaba solo en casa. Evidentemente, todavía tenía una intrusa,
una pelirroja escultural que estaba comiendo un plato de
comida con una cadera bien formada contra la isla de la
cocina.
¿Qué demonios estaba haciendo ella aquí? Obviamente,
no era una invitada. Su cabello rojo estaba recogido en una
cola de caballo desordenada, los mechones ardientes y
confinados fluían sobre su espalda en gruesos rizos. Tampoco
iba ataviada como una invitada. Llevaba un par de pantalones
negros que abrazaban su trasero y caderas curvilíneas y una
camisa blanca y gris que se parecía mucho al atuendo de los
camareros de esta noche.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —gruñí.
Sin inmutarse, levantó la vista por un momento y dijo:
—Comer está en mi contrato. Di de comer a más de
cincuenta invitados la comida más cara que jamás haya
preparado y llevo aquí desde ayer por la mañana. Me muero de
hambre, aunque parezca que no necesito comer otro bocado.
Estaré fuera de tu camino en un minuto.
Volvió a consumir su cena como si yo nunca hubiera
aparecido para interferir.
De acuerdo, tal vez no estaba acostumbrado a que me
ignoraran, así que me molestó. Un poco. Yo era el jefe.
Cuando hablaba, todos escuchaban. Esa era la forma en que
generalmente funcionaba, y me gustaba de esa manera. Hacía
que todo marchara… sin complicaciones. Aun así, admití a
regañadientes para mí mismo que la mujer necesitaba comer si
realmente había pasado tanto tiempo sin sustento.
La examiné, observándola mientras comía sin una sola
inhibición, obviamente disfrutando cada bocado. Sin jugar con
la comida. Sin timidez a la hora de comer hasta llenarse. Sin
tonterías sobre la necesidad de contar cada caloría en su plato.
Tal vez estaba demasiado acostumbrado a las modelos que
enloquecían con unas pocas calorías extra, y vaya si no era
atractivo ver a una mujer que podía comer sin disculpas ni
culpa.
¿Pensaba que no parecía necesitar lo que estaba
comiendo? Ni hablar. No tenía ni idea de por qué había dicho
eso, pero yo no era exactamente un experto en la psique
femenina. Si la comida en su plato la ayudaba a mantener ese
cuerpo suyo bien curvilíneo, debería terminarla toda. Y luego
servirse el postre.
«¡Mierda!». Probablemente no debería estar comiéndome
con los ojos al personal de la boda, pero fue más su actitud que
su hermoso trasero lo que puso firme a mi miembro. Ella era
audaz e impenitente.
Tal vez yo no estaba acostumbrado a que me ignoraran
por completo y me sentía intrigado por alguien a quien le
importaba un carajo lo que yo pensara. Por alguna razón, ella
me divertía, y muy pocas personas lo hacían.
Crucé los brazos sobre mi pecho.
—¿Por qué no comiste antes? —cuestioné.
Me lanzó una mirada gélida con esos grandes ojos verdes
suyos porque una vez más había perturbado su cena.
—Estaba ocupada —me informó con frialdad—. Era la
jefa de cocina de un gran equipo. No como hasta que todos los
demás lo hacen. Sin ofender, pero la comida fue un factor
dominante en esta recepción, como creo que debe ser. Pero eso
también significa que me paso toda la recepción dirigiendo. La
preparación también fue larga y la limpieza fue masiva.
Me acerqué lo suficiente para ver que estaba cenando el
filet mignon y la langosta que habíamos tomado para la cena
principal antes. «Chica lista».
Dejé mi bebida en la isla y me dirigí a la nevera.
Evidentemente, ella no se iría antes de terminar, y por alguna
maldita razón, realmente no quería que se fuera antes de que
terminara. Sí, la enviaría a empacar después de eso, pero la
soportaría hasta el final de su comida.
—¿Y usted es? —pregunté bruscamente.
—Shelby Remington —respondió ella—. Necesitaba un
trabajo y mis primos conocen a tu hermano, el novio. En
realidad, creo que probablemente eres incluso mejor amigo de
ellos que Chase. De todos modos, mis primos me
recomendaron a Chase, y él se arriesgó, lo que me hará estarle
eternamente agradecida. Quedará bien en mi currículum.
«¿Shelby Remington? ¿Por qué me suena ese nombre?».
Ciertamente, si hubiera visto a esta mujer antes, la habría
recordado.
—¿Cómo has sabido quién soy? —pregunté con
suspicacia.
—He visto fotos tuyas con Kaleb —respondió justo antes
de terminar el último bocado en su plato.
Obviamente, ella sabía quién era yo, pero no le intimidaba
en lo más mínimo el hecho de que yo fuera un Durand.
Hice una pausa mientras buscaba cortar un trozo de pastel
y ponerlo en un plato de papel cercano.
—¿Remington? ¿Como Kaleb Remington de KTD
Remington?
Automáticamente le corté un trozo y tomé otro plato de
papel de la pila en la isla. Dejé caer la segunda pieza en un
plato para ella y lo empujé hacia ella antes de atacar el mío.
Ella asintió mientras masticaba y tragaba.
—Kaleb, Tanner y Devon Remington son mis primos.
Estamos unidos desde que éramos niños.
Casi me atraganto con mi primer bocado de pastel. Kaleb
Remington y sus dos hermanos ahora eran multimillonarios
hechos a sí mismos que vivían en Montana. Yo conocía a
Kaleb desde la universidad. Nos manteníamos en contacto y
nos reuníamos siempre que podíamos. Era una de las pocas
personas en las que confiaba. Eso explicaba por qué no
parpadeaba cuando hablaba con un tipo con un montón de
dinero y poder. Tenía tres primos que estaban en la misma
posición.
De repente recordé exactamente por qué había reconocido
su nombre. Kaleb había tratado de concertarme una cita a
ciegas con Shelby hacía aproximadamente un año, cuando se
mudó de Montana a San Diego. Rechacé la idea a toda prisa.
Yo era demasiado idiota para salir con una mujer que era
la querida prima de Kaleb. En mi opinión, había mencionado
lo dulce que ella era demasiadas veces. Lo dulce y lo salado no
siempre se mezclan bien y yo no estaba buscando una relación
a largo plazo.
Observé cómo Shelby metía el plato y los cubiertos en el
lavavajillas.
Levantó una ceja cuando se giró para mirarme.
—¿Recuerdas cuando Kaleb trató de juntarnos? —
preguntó en un tono gélido.
Asentí mientras masticaba mi pastel; mis ojos nunca
dejaron su expresión glacial.
¡Dios! Casi me sentía culpable, aunque había decidido no
quedar con ella por su propio bien.
—Solo para que lo sepas —compartió—. Yo tampoco
estaba tan emocionado de ir a esa cita contigo. ¿Viste mi foto y
decidiste que las mujeres altas, gorditas y pelirrojas no eran lo
tuyo? —Levantó una mano al instante—. No, no respondas
eso. No importa. No me importan los hombres que son idiotas
superficiales y que se encierran en sí mismos de todos modos.
Nunca entenderé por qué Kaleb quería que conociera a un tipo
que vive en el mundo de las marcas de lujo y la alta costura.
No soy exactamente tu tipo.
No pude decir una palabra mientras la veía tomar mi vaso
de whisky, beberlo sin inmutarse y luego colocar el vaso de
cristal con cuidado en la isla. Recogió el pastel que le había
acercado antes de decir con calma:
—Lo siento, ha sido un día realmente duro. Me pondré el
pastel para llevar. Que tenga una buena noche, Sr. Durand. Ha
sido una recepción realmente hermosa y un evento encantador.
Se dirigió a la puerta tan rápido que no tuve oportunidad
de responder.
Dejé caer mi pastel sobre la encimera y la seguí, pero vi
las luces de su vehículo alejarse cuando abrí la puerta
principal.
¿Qué diablos acababa de pasar? No había decidido que
ella no era mi tipo. Demonios, si hubiera visto una foto
reciente de ella, probablemente habría tenido la tentación de
conocerla. ¿Y quién diablos pensaría alguna vez que ella era
demasiado alta o con sobrepeso?
—¡Mierda! —maldije mientras cerraba la puerta de un
portazo y la bloqueaba.
Me irritaba muchísimo que se hubiera ido con la última
palabra y sin darme la oportunidad de decir absolutamente
nada. Eso nunca me pasaba. Tuve la tentación de llamar a
Kaleb a pesar de que era medianoche. ¿Por qué no me había
dicho que ella sabía sobre este intento de cita a ciegas? Supuse
que él me había preguntado primero.
Me detuve antes de llamar y preguntarle. «¿Habría
supuesto alguna diferencia si lo hubiera sabido?
Probablemente, no». Su opinión sobre mí era válida, aunque
no del todo precisa. Definitivamente era mejor dejar estar la
situación, aunque una parte de mí quería corregir su opinión
sobre mí por alguna extraña razón que no entendía.
¿Idiota? Sí. ¿Encerrado en mí mismo? No. Y ¿qué le había
pasado a esa dulce mujer que Kaleb me había instado a
conocer?
Me obligué a olvidar todo el incidente mientras volvía a la
cocina, pero no lo logré del todo cuando miré el vaso vacío en
la isla.
Shelby Remington era increíblemente hermosa y
obviamente talentosa, pero probablemente no tan dulce como
su primo siempre había pensado que era, después de todo.
Savannah
París, Francia. Dos semanas después…

Tomé un sorbo de mi café de la mañana, completamente


enamorada con la vista desde el balcón de la lujosa casa de
Chase en París. Era un apartamento de dos plantas en el límite
de los Campos de Marte con casi todas las comodidades que
tenía en su casa de La Jolla.
Sonreí al observar la Torre Eiffel, que justo había visitado
ayer. Había sido nuestro primer día en París y aún nos quedaba
algo más de una semana en Francia antes de volver a San
Diego. No visitaríamos todo lo que él quería enseñarme en el
país al que se refería como su segundo hogar, pero me aseguró
que estaríamos de vuelta en un futuro no muy lejano.
Chase y yo habíamos estado haciendo un tour por Europa
las últimas dos semanas, y no se parecía nada a mis
apresuradas visitas previas a esos lugares. Nuestros
alojamientos habían sido de lujo, justo como este en París.
Parecía que mi marido poseía una casa grandiosa en
prácticamente cualquier país importante de Europa.
No podía quejarme. Después de todo, ya me había
quedado en alguna, por no mencionar el volar de sitio en sitio
en su avión privado. La mejor parte de esta luna de miel, sin
embargo, era el hombre sentado frente a mí en la pequeña
mesa de exterior.
Seguía sin poder creerme del todo que era la esposa de
Chase Durand. Si alguien me hubiera dicho que estaría de luna
de miel con él hacía un año, le habría dicho que estaba loco.
Pero aquí estaba, casada con el tipo que siempre había
deseado, pero con el que ni en mis sueños más salvajes pensé
que me casaría. ¿Podrían las nupcias ser algo que no fuera un
sueño con mi novio amante de la calidad? Por supuesto que no
lo fueron, aunque solo tuviéramos un tiempo limitado para
hacer los preparativos.
Como prometió, Chase había ayudado con la boda. En su
mayoría, me dejó planear casi todos los detalles con mis
preferencias, por lo que todo era a mi gusto. Pero él había sido
responsable de los lugares y la comida, lo que aligeró mis
responsabilidades.
Nos habíamos casado en un lugar increíble con gloriosas
vistas al océano en Del Mar, seguido de una recepción en la
impresionante casa de Wyatt en primera línea. Torie había sido
dama de honor, y Wyatt había apoyado a Chase siendo el
padrino. Había llegado a conocer y adorar a Taylor y Harlow
porque ambos insistieron en ayudar con la boda, un gesto que
aprecié ya que ambos estaban recientemente casados. No tenía
ni idea cómo había convencido Chase a Wyatt para que nos
dejara usar su casa para la recepción, pero siempre estaré
agradecida ya que resultó ser el sitio perfecto.
Toda mi boda había sido como un cuento de hadas, pero lo
suficientemente pequeña e íntima como para tener recuerdos
de aquel día que atesoraré toda mi vida.
Suspiré mientras tomaba un cruasán de chocolate del plato
y le daba un gran mordisco. os últimos meses habían sido los
más felices de mi vida y no tenía ninguna duda de que ese
sentimiento iba a durar una vida entera, porque estaba casada
con el tipo más alucinante del planeta. Saboreé el hojaldre,
recordándome a mí misma que más me valía mirar cuántas
pastas francesas consumía ya me acababa de quitar los últimos
kilos de comer por estrés poco antes de la boda.
Axel estaba un poco más flaco, también, ya que comía
menos por simpatía, pero en su lugar habíamos dado largos
paseos, por lo que no había extrañado tanto esas galletitas
adicionales.
—Espero que ese fuera un buen suspiro —dijo Chase
mientras se servía otra taza de café—. ¿En qué piensas?
Asentí mientras tragaba.
—Un suspiro de felicidad. Estaba pensando en los últimos
meses. No sabía ni que era posible ser así de feliz.
Definitivamente he encontrado mi alegría de vivir.
Chase me lanzó una sonrisa malévola.
—Creo que yo recuperé la mía desde el momento en que
decidiste unirte a mí en la ducha por primera vez.
Sonreí sin poder evitarlo. Era muy escandaloso con sus
comentarios traviesos a veces, y yo había oído muchos de
ellos. Después de nuestra discusión sobre cómo había
gestionado el horrible incidente en el estacionamiento del
restaurante, Chase se había relajado significativamente. No es
que no estuviera constantemente mirando por mi seguridad,
pero había recuperado su sentido del humor y carácter
juguetón.
—Eres insaciable —dije con una risa.
—Te avisé de lo que pasa cada vez que te veo —me
contestó él con una sonrisa incluso más grande—. Antes no te
quejabas de eso.
No. Ciertamente no lo había hecho. Nunca había pensado
en mí misma como una mujer a la que le gustara el sexo
mañanero. Una vez más, eso era antes de despertarme al lado
de un hombre como Chase Durand cada mañana. Para
nosotros, prácticamente cada momento que estábamos juntos,
y en casi todas las habitaciones, parecía el momento perfecto
para estar desnudos.
Dudaba que eso cambiara mucho tras nuestra luna de
miel, ya que básicamente había sido así desde el principio.
Mi corazón se desbocó al recordarle:
—Ahora me estás mirando.
Él levantó una ceja como si estuviera intentando descifrar
si era una invitación.
—Oh, no, no lo hagas —dije con una risita mientras le
tiraba mi servilleta—. Estoy duchada y lista para ir al Louvre.
Nada de tonterías.
Me había duchado mientras Chase preparaba el desayuno,
para consternación de mi marido. Ya que no nos habíamos
duchado juntos, él se había arreglado en tiempo récord antes
de sentarnos a comer.
—Ya que sé lo mucho que estás deseando ir al museo;
supongo que podemos ser pacientes —se quejó bromeando.
Tragué saliva, casi arrepintiéndome de mi insistencia
mientras lo veía atacar otro cruasán. Iba vestido casual con
jeans y un polo de manga corta, un claro signo de que había
superado la vergüenza de la gran cantidad de cicatrices que la
gente podía ver cuando no llevaba manga larga. Menos mal.
Probablemente ayudaba que nadie se quedaba mirando. Nadie
miraba con horror y echaba a correr. Por fin asumió de que ni
siquiera se daban cuenta o, si lo hacían, no era para tanto.
Se me apretaba el corazón solo de ver lo muy en paz que
parecía ahora con sus cicatrices, como si ya casi no pensara en
ellas. Yo tampoco dejaba que las mías me molestaran. Chase
pensaba que era hermosa, y él era el único hombre que
importaría jamás.
—Te quiero —le dije con suavidad, incapaz de retener las
palabras en mi boca.
Había veces que lo que sentía por él era abrumador y me
daba ganas de llorar. Ya que sabía que él prefería oír esas
palabras que ver una lágrima en mi cara, las palabras
simplemente brotaron sin ningún pensamiento real.
Tragó el último bocado de cruasán, se levantó de su
asiento y me quitó del mío. Tiró de mí hacia su regazo
mientras volvía a sentarse. Envolviendo firmemente mi cintura
con sus brazos, dijo bruscamente:
—Yo también te quiero, Vanna.
Me abracé a su cuello y reposé mi mejilla contra el lado
de su cabeza. Simplemente nos sentamos así durante un
minuto, saboreando la intimidad, entrelazados.
No era la primera vez que habíamos hecho esto y sabía
que no sería la última. Cuando las palabras no eran suficiente
o cuando sentíamos la vulnerabilidad de la cruda emoción, nos
confortaba estar conectados de algún modo. Realmente no era
algo sexual. Simplemente era nuestro modo de gestionar las
intensas emociones que fluían entre nosotros dos. Me pregunté
cómo no había notado antes lo sola que estaba antes de que él
llegara a mi vida tras el secuestro. Incluso cuando había estado
con otro hombre en el pasado, algo me faltaba. Quizás nunca
lo había admitido. Quizás nunca lo había pensado
conscientemente. Pero mi corazón debía saberlo, incluso
aunque había tratado de decirme a mí misma que todo estaba
bien en aquel momento. Estar con Chase había hecho que la
felicidad adquiriera todo un nuevo significado para mí y me
enseñó de primera mano lo maravillosa que podía ser la vida
cuando tenía al tipo adecuado a mi lado.
Él me entendía y sabía lo que quería y necesitaba como
ningún otro hombre nunca pudo o quiso hacerlo. Era mi
esposo. Mi pareja. Mi compañero. Mi amigo y mi amante.
Todo envuelto en un espectacular cuerpo. Cuando finalmente
me separé un poco y miré en sus ojos, pude ver el modo en
que me sentía reflejado en él, y era precioso.
—¿Está todo bien? —preguntó con expresión pensativa.
—Más que bien —contesté asintiendo un poco—. Solo
me preguntaba cómo es que he tenido la suerte de no volver a
sentirme sola estando entre una multitud. Incluso cuando no
estás conmigo físicamente, estás conmigo de todos modos,
Chase. Vaya donde vaya.
Manteniendo firmemente un brazo en torno a mi cintura,
levantó mi mano y besó la preciosa alianza de boda en mi
dedo. Entonces entrelazó nuestros dedos antes de dejarlos
descansar sobre su pecho.
—Sabes que yo siento lo mismo —Contestó él, con
expresión absolutamente seria mientras golpeaba nuestras
manos unidas contra su corazón—. Tú siempre estás ahí,
Vanna. No importa donde esté. Soy el tipo más afortunado del
mundo porque tú eres mía. No pienses ni por un puñetero
segundo que no lo sé. En realidad, nunca ha habido nadie para
mí excepto tú.
Sonreí porque yo también sentía que todo encajaba y no
sentía la necesidad de que aquel conocimiento tuviera sentido.
Simplemente… era así. Todo lo que realmente tenía que hacer
era abrir mi corazón a él. Desde que lo había hecho, Chase
Durand había cambiado mi mundo.
—Bésame —exigió con brusquedad—. Y después te
enseñaré el Louvre. Creo que puedo mantener mi cachondo
trasero bajo control el tiempo suficiente para enseñarle a mi
mujer las obras maestras.
—Me has enseñado tantas cosas maravillosas —le dije—.
Puede que acabes aburriéndote si sigues yendo a sitios en los
que ya has estado.
Negó con la cabeza.
—Nunca. Nunca podría aburrirme cuando hacemos cosas
juntos. Y encontraremos sitios que descubrir juntos algún día.
Ahora mismo, mi objetivo es verte feliz.
—Yo también soy feliz siempre y cuando estemos juntos
—le aseguré.
Mi incliné hacia abajo y le besé; mi corazón palpitaba con
fuerza al encontrarse nuestros labios. El Louvre podía esperar
un momento o dos. Chase era y siempre sería mi prioridad
número uno. Teníamos una vida entera de experiencias que
compartir en nuestro futuro, pero ninguna de ellas sería nunca
más importante que lo que estuviera haciendo con el hombre
que amaba en ese preciso momento.

~Fin~
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La Obsesión del Multimillonario ~ Simon (Libro 1)
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Mía Por Esta Noche. Mía Por Ahora. Mía Para Siempre. Mía
Por Completo
Corazón de Multimillonario ~ Sam (Libro 2)
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La Obsesión del Multimillonario ~ Travis (Libro 5)
Multimillonario Desenmascarado ~ Jason (Libro 6)
Multimillonario Indómito ~ Tate (Libro 7)
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Multimillonario Intrépido ~ Zane (Libro 9)
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