Maestría en Clínica Psicoanalítica
CIM Cohorte 2021
1º Año
Teoría y Clínica de la Psicosis
Actualidad de la clínica, errancia y consumo.
Docentes: Miguel Furman- Daniel Millas
Alumno: C. Sebastián Núñez
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Las psicosis han resultado para el psicoanálisis, desde sus inicios con Freud,
una interlocución y una frontera. A las cuales, según los sus escritos, no era posible
un tratamiento desde la joven ciencia. Partiendo desde la imposibilidad de
aplicación de su técnica a estas formas de estructuración subjetiva, ante la cual
resultaba refractaria o peligrosa.
Por el contrario, Lacan las vislumbraba como el terreno desde el cual llega al
psicoanálisis y preguntándose lo que éstas podían aportar a su entendimiento y
tratamiento, constituyéndose en una nueva frontera ante la cual, éticamente, los
psicoanalistas no debían tener que retroceder.
Sigmund Freud, al igual que para las neurosis, situaba su etiología en la
defensa frente a la libido como causa. Pero, sin lograr establecer un mecanismo
específico para la formación de síntomas en la psicosis. Y utiliza el concepto de
proyección como mecanismo de resolución de la conflictiva intrapsíquica para la
paranoia, o tomando el mecanismo de represión, pero una de características
diferentes a la que teoriza para el campo de la neurosis. Será desde Lacan que se
introducirá una nueva forma de pensar las psicosis que, siguiendo los pasos del
maestro vienés, se preguntará por la psicogénesis y la etiología de las psicosis.
Acuñará el concepto de forclusión como un mecanismo específico de estas formas
de estructuración subjetivas.
Lacan toma los desarrollos de la psiquiatría, principalmente de De Clerambault
y de Jaspers. El primero, quien será para Lacan “único maestro en psiquiatría"
(Lacan, 1984 p 59) y tendrá como referencia el concepto de fenómeno basal para
teorizar el fenómeno elemental como signo estructural de las psicosis. “Lacan tiene
el cuidado de precisar que "su automatismo mental con su ideología mecanicista
de metáfora […] nos parece […] más cercano de lo que puede construirse de un
análisis estructural que ningún esfuerzo clínico en la psiquiatría francesa"
(Dewambrechies-La Sagna 2013). Tomando los rasgos del automatismo mental
que teoriza de Clerambault con sus características de ser un fenómeno que
carácter formativo, atemático y anideico. El Pequeño Automatismo mental era para
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de Clerambault primario a los fenómenos como eran las alucinaciones y el delirio,
los cuales ya tendrían un contenido.
Es de esta manera que Lacan introducirá el concepto de significante para
pensar, en un primer momento los fenómenos alucinatorios en la psicosis. El
ubicar el automatismo mental es adentrarnos en una relación al sujeto y a la esfera
de su intimidad. Lo interior como se podría pensar desde una tópica, en la
psiquiatría, previa los desarrollos lacaniananos, tan íntima como puede ser la
esfera de los pensamientos para un sujeto. Pero también podrían ser los actos o
las sensaciones del propio cuerpo. Lacan, orientándose en un principio en situar
esos fenómenos desde la interioridad del sujeto; para luego, pensar una tópica
diferente; la cual permitiría ubicar como se presentan los fenómenos en las
psicosis. El automatismo mental nos permite ubicar, con la lectura realizada por
Lacan, como es posible que se vivencie como ajeno algo en la propia intimidad. Es
decir, en la intimidad de los pensamientos puede aparecer algo ajeno, algo como
podría llegar a ser una voz parásita. De Clerambault llamará
“pequeño automatismo mental a los fenómenos sutiles de interferencia
que vienen a perturbar el curso del pensamiento. Son procesos llamados
positivos de intrusión: continuos (sin sentido, cantinelas verbales o
ideorrea, devaneo mudo de recuerdos); episódicos, que pueden ser
intelectuales (falsos reconocimientos, percepción de semejanzas,
sentimiento de extrañeza, de déjà-vu) o afectivos (emociones sin
objetos). También existen procesos negativos de inhibición (olvidos,
detención del pensamiento, perplejidad, dudas), así como fenómenos
mixtos, que combinan procesos positivos y negativos (sustitución del
pensamiento, olvidos, pasaje de un pensamiento invisible, adivinación
del pensamiento).” (Dewambrechies-La Sagna 2013)
Es en relación con el automatismo mental que Lacan va a definir los signos de
estructura de las psicosis. Los signos de estructura serán, entonces, un concepto
que englobe a los de fenómenos elementales, es decir que los fenómenos
elementales son signos de estructura, y las características de Lacan privilegian de
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los desarrollos de De Clerambault, son precisamente los fenómenos del registro del
significante. Sus características formales, las del fenómeno elemental serán
características propias del registro significante.
Los desarrollos de Lacan en relación con las psicosis y los registros ubicarán la
noción del sujeto y el inconsciente en tanto estructurado como un lenguaje para
poder pensar en un mecanismo propio de las etiologías en la psicosis, al igual que
Freud situaba la represión como mecanismos de las neurosis.
De esta manera Lacan situará que la causalidad en las psicosis se
correlacionará a nivel significante, ubicando la alucinación en ese registro y
diferenciándose de la psiquiatría clásica, sobre la forma de concebir las psicosis y
sus fenómenos a la manera de un déficit o una perturbación orgánica; si no como
un efecto del lenguaje y la subjetivación singular de cada caso.
Lacan al presentar al inconsciente estructurado como un lenguaje, es decir con
leyes inmanentes en la conformación y relación de los significantes, es que resultan
al sujeto entre esa relación entre significantes: "el significante, como les dije en otro
momento decisivo, se distingue del signo en el hecho que el signo representa algo
para alguien", "el significante es lo que representa a un sujeto para un ser (otro)
significante" (Lacan, 2007)
Esta estructuración en el orden significante obedece en la neurosis a la
posibilidad de una lógica de la represión y sus efectos de retorno de lo reprimido y,
por lo tanto, dialectizable. Pero para las psicosis un significante representará al
sujeto para sí mismo. El significante resultará alusivo al propio sujeto, al remitirse a
sí mismo e imposibilitando toda dialectización.
Para las neurosis y su mecanismo de defensa, junto con su retorno, se realizan
en el registro simbólico, el significante reprimido en ese orden retorna por
sustitución o desplazamiento en el mismo registro, por lo cual permitirá la
interpretación del mismo orden. Mientras que para las psicosis, el retorno del
significante será en el registro de lo Real.
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Desde Freud pensamos a la Bejahung como operación primera (y por tanto
mítica de la constitución subjetiva) estableciéndose como la operación fúndante del
sujeto neurótico, y en tanto que requieren de una afirmación primera y una
negación de dicha afirmación es que resulta, en la misma operación, de la
expulsión de un real. Quedando el resto de dicha expulsión como una articulación
simbólica y, en otro sentido, se funda un resto articulado a lo simbólico. "la
distinción entre el signo y el objeto es muy clara puesto que la huella es
precisamente lo que deja el objeto que se fue a otra parte". El significante,
entonces, "es un signo que no remite a un objeto ni siquiera en el estado de huella
(...) es un signo que remite a otro signo, está estructurado como tal para significar
la ausencia de otro signo (...) para oponerse a él en un par" (Lacan 1984) esta
relación entre ausencia y significante es además la que instalará la falta en ser con
relación al objeto y es desde la Behajung que expulsando la cosa quedará el resto
y la constitución de un sujeto con su falta en ser, pero representado por un
significante para el Otro.
“Atendiendo a las propiedades de esta articulación significante Lacan irá
construyendo la estructura propia de los fenómenos psicóticos.” (Millas 2015) y
reordenando los fenómenos clínicos de la psicosis a partir de la estructura del
lenguaje. Será en este mismo punto de la enseñanza de Lacan que establece la
función simbólica del Nombre-del-Padre a través de la llamada metáfora paterna la
cual sigifinificantizará el enigma del Deseo Materno. Esta inscripción simbólica del
enigma del Deseo del Otro le permitirá teorizar, para la psicosis, la forclusión de
dicho significante, es decir una inscripción simbólica que debía advenir en
determinado momento constitutivo de la subjetividad no es realizado. Es decir, que
ese significante nunca advino para el sujeto, dejando la relación de los registros
Imaginario y Real sin la mediación de lo simbólico. Y así lo graficá “En la psicosis el
significante está en la causa, y como el significante nunca está solo, como siempre
forma algo coherente[..] la falta de un significante lleva necesariamente al sujeto a
poner en tela de juicio el conjunto de significantes” (Millas 2015). Es esta falla en lo
simbólico, el significante no inscripto el que llevará al sujeto a responder desde ese
vacío, y desde allí que podemos ubicar como se produce el desencadenamiento.
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Desencadenamiento que hará del significante forcluído retorne en lo real “Para
que la psicosis se desencadene es necesario que el Nombre del Padre, Verworfen,
es decir sin haber llegado nunca al lugar del Otro, sea llamado allí en oposición
simbólica al sujeto” (Lacan, 1988)
El significante en lo real, tanto en el fenómeno elemental como en el delirio (en
ese momento de la enseñanza de Lacan los situaba desde el mismo lugar) desde
su característica de anideíco, el cual irrumpe en el sujeto por fuera de la asociación
de ideas, es el que caracteriza el rompimiento de la cadena de asociaciones propia
de la cadena significante. Estas características, además, dan cuenta de la
perplejidad que se vivencia ante el desencadenamiento; a la vez que se trata de
una significación enigmática (vacía), pero con la certeza que se le es dirigido a él.
“La perplejidad se expresa como detención y vacío del pensamiento y los
fenómenos de franja, caracterizados por la aparición de murmullos, cuchicheos,
carcajadas, brillos, luminosidades, etc. y que continúan luego a lo largo del
desencadenamiento” (Millas 2015) con los fenómenos que aparecen como
manifestaciones clínicas y que responden a la llamada coyuntura dramática, que
como tal puede llegar a ser contingente, pero que resultará de la confrontación a la
cual es enfrentado el sujeto con esta falla en lo simbólico.
El desencadenamiento no es pensado únicamente como un enfrentarse a una
falla en lo simbólico, sino en referencia a la emergencia de un goce que no puede
ser regulado por lo simbólico, y que lo imaginario no puede suplir. Se vivencia
como una falta de significación. Del encuentro con un goce que arrasa el sentido,
que anula la realidad y es la perplejidad la respuesta al encuentro de la coyuntura
dramática.
Estos desarrollos iniciales para pensar la psicosis desde el psicoanálisis nos
muestran como en la concepción misma de su conformación, al alejarse de la
explicación organicista, y pensarla en su relación al lenguaje y al goce; permitirá,
no solamente, comprender la potencialidad de las formas de estabilización en los
casos de psicosis; sino, además, poder pensar los casos en que la psicosis no
tiene una manifestación clínica y conservar la prudencia de las formas de
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estabilización logradas por cada sujeto en su singularidad. Sin empujar a un
tratamiento para todos igual.
Bibliografía:
- Dewambrechies-La Sagna, Carole (2013) Clérambault, una anatomía de las
pasiones. Virtualia 27 rescatado en
http://www.revistavirtualia.com/articulos/214/clinica-de-la-psicosis/
clerambault-una-anatomia-de-las-pasiones
- Lacan (1984) De nuestros antecedentes. En Escritos 1 ed Siglo XXI p. 59.
- Lacan (1988) de una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la
psicosis” ed Siglo XXI
- Lacan (2007) El Seminario 10 La angustia Ed. Paidós
- Lacan, J (1984) "El Seminario 3. Las psicosis" Edit. Paidós.
- Millas, D. (2015) El psicoanálisis pensado desde la psicosis ed. grama