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Interdisciplinariedad y Cientificidad en Relaciones Internacionales

Este documento presenta una compilación de lecturas básicas para la introducción al estudio de las Relaciones Internacionales. Incluye información sobre la Universidad Nacional Autónoma de México, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y la Coordinación de Relaciones Internacionales. Además, contiene un artículo sobre la interdisciplinariedad y cientificidad en Relaciones Internacionales.

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Interdisciplinariedad y Cientificidad en Relaciones Internacionales

Este documento presenta una compilación de lecturas básicas para la introducción al estudio de las Relaciones Internacionales. Incluye información sobre la Universidad Nacional Autónoma de México, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y la Coordinación de Relaciones Internacionales. Además, contiene un artículo sobre la interdisciplinariedad y cientificidad en Relaciones Internacionales.

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Lecturas básicas para Introducción al estudio de

Relaciones Internacionales

Ileana Cid Capetillo


Compiladora

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
División de Estudios Profesionales
Coordinación de Relaciones Internacionales

2001
Primera edición 1999
Primera reimpresión 2001

ISBN 968­36­7429­1
© Derechos reservados
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM
Ciudad Universitaria. México 04510 D.F.

Cuidado de la edición
Lic. Ileana Cid Capetillo
Eva Isabel Sánchez Ruiz

Diseño de por tada


Ediciones y Gráficos/Olga B. Olvera Rosas

Impreso y Hecho en México


Printed and made in Mexico
UNIVERSIDAD NACIONAL FACULTAD DE CIENCIAS
AUTÓNOMA DE MÉXICO POLÍTICAS Y SOCIALES

Rector: Director:
Dr. José Narro Robles Dr. Fernando Castañeda Sabido

Secretario General: Secretario General:


Dr. Sergio Alcocer Martínez de Mtro. Roberto Peña Guerrero
Castro
Jefe de la División en Estudios Profesionales:
Secretario Administrativo: Dra. Claudia Bodek Stavenhagen
Mtro. Juan José Pérez Castañeda
Coordinador del Centro de Relaciones
Secretaría de Desarrollo Internacionales
Institucional: Dr. Ignacio Martínez Cortés
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Secretario de Servicios a la Universidad Abierta y Educación a Distancia:
Comunidad: Mtra. Ma. Lourdes Durán Hernández
MC. Ramiro Jesús Sandoval
Coordinadora de Informática:
Abogado General: Arq. Guadalupe Gómez Goujón
Lic. Luis Raúl González Pérez

Lecturas básicas para la introducción al estudio de


Relaciones Internacionales
Ileana CiiD Capetillo
Compiladora

Publicado en México D.F., Ciudad Universitaria, Abril de 2010

Edición y publicación electrónica:


Coordinación de Informática ­ Centro de Investigación e Información Digital
F ac u l t a d d e C i e n c i as P o l í t i c as y S o c i al es

www.politicas.unam.mx

ciid.politicas.unam.mx
Inter disciplinariedad y Cientificidad en
Relaciones Internacionales

Roberto Peña Guerrero*


Introducción: reflexiones preliminares.

E l tema interdisciplinariedad y cientificidad en Relaciones Internacionales nos ubica


en el centro de la polémica histórica, relativamente añeja pero trascendental ante la
actual revalorización y reestructuración de las Ciencias Sociales en el mundo, sobre
el cuestionado status científico de nuestra disciplina, su reconocimiento como ciencia social
con identidad propia, los prolegómenos de su esencia interdisciplinaria y su estructuración
epistemológica.
Existe consenso entre los científicos sociales y, particularmente, en la comunidad aca­
démica de los internacionalistas, de que la disciplina de Relaciones Internacionales posee
como rasgo distintivo una esencia interdisciplinaria. Sin embargo, afirmar o aceptar tal
esencia no se ha traducido ni se ha considerado como un factor determinante que
contribuya a fortalecer de manera directa la especificidad científica de la propia disciplina.
La respuesta al por qué de esta situación será parte central del objetivo del presente ensayo.
Un acercamiento inicial al carácter interdisciplinario de la ciencia de Relaciones In­
ternacionales, permite percibir que éste ha sido interpretado (principalmente por aquellos
que ignoran el papel fundamental que ha desempeñado la interdisciplinariedad en el
desarrollo de las ciencias) como una "debilidad estructural" ante las demás Ciencias
Sociales, que supuestamente tienen delimitadas sus fronteras disciplinarias. Hay quienes
desconociendo el proceso de estructuración epistemológica de la disciplina, su
institucionalización como carrera universitaria en el mundo y, en general, su historia y
consolidación como una más de las ciencias sociales, interpretan su carácter
interdisciplinario de manera mecánica, en el sentido de agregación o suma de
conocimientos pertenecientes a diferentes disciplinas, lo que conduce a percibir a los
internacionalistas como "todologos" sin identidad propia. Ello se deriva de una perspectiva
errónea de lo que significa la propia interdisciplinariedad de las ciencias.
Ante esta confusión que se sigue reproduciendo en la actualidad y, cabe señalarlo, ante
el desconocimiento pleno o parcial de otras comunidades académicas sobre el sorprendente

*
Texto original: Roberto Peña Guerrero. "Interdisciplinariedad y cientificidad en Relaciones Internacionales" (inédito), 21 pp.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 180

desarrollo epistemológico que ha experimentado la disciplina de las relaciones


internacionales en los últimos 30 años, es necesario recuperar y actualizar el debate de la
interdisciplinariedad y cientificidad, a través del análisis de tres tesis sustantivas que
articulan el presente ensayo:
♦ La disciplina de Relaciones Internacionales es una ciencia social.
♦ La cientificidad de la disciplina de Relaciones Internacionales no se deriva de su
carácter interdisciplinario.
♦ La cientificidad de la disciplina de Relaciones internacionales se sustenta en su
propia construcción epistemológica.

1. La disciplina de Relaciones Internacionales es una ciencia social.


El reconocimiento del status de "ciencia social" y, en consecuencia, de la "autonomía"
científica de la disciplina de Relaciones Internacionales se ha enfrentado, desde su
institucionalización como disciplina universitaria en 1919,1 a una resistencia permanente de
otras Ciencias Sociales que se atribuyen una supuesta exclusividad o "supremacía" en el
estudio de los fenómenos internacionales. Es el caso particular de la Historia, el Derecho, la
Ciencia Política y la Sociología.
Tal resistencia ha tenido dos efectos. Uno negativo, al provocar que la disciplina de
Relaciones internacionales sea frecuentemente excluida de los esquemas de sistematización
y organización de las Ciencias Sociales.2 Simplemente se le ignora, como es el caso de
algunas publicaciones auspiciadas por la UNESCO sobre las ciencias sociales o ciencias
humanas;3 o bien se le excluye de manera intencional, como es el caso del reciente Informe
de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, titulado Abrir
las Ciencias Sociales,4 coordinado por Immanuel Wallerstein, donde sólo en una ocasión en
todo el texto se alude al termino "relaciones internacionales", el cual es considerado
erróneo, sin más detalle, agregando que dentro de cada una de las ciencias sociales (obvio
que se refiere únicamente a las tradicionales) existen "subcampos dedicados al llamado

1
En 1919 se crearon las primeras cátedras sobre relaciones internacionales en universidades de Estados Unidos y el Reino Unido.
Además, durante la Conferencia de Paz de París, al término de la Primer Guerra Mundial, se constituyeron dos instituciones dedicadas al
estudio de la problemática internacional: el Royal Institute of International Affairs, de Londres y el Council on Foreing Relations, de
Nueva York. Cfr. Trevor Taylor. "Introduction: The nature of international relations", en T. Taylor (ed), Approaches and theory in
international relations. USA, 1978, p. 7.
2
Cfr. Graciela Arroyo Pichardo. "Enseñanza e investigación de las Relaciones Internacionales" en Revista Mexicana de Ciencias
Políticas y Sociales, nos. 136­137, México, abril­septiembre, 1989, FCPyS­UNAM, p. 12.
3
Lo señalado se puede constatar en los siguientes textos: UNESCO. La Ciencia Política contemporánea; contribución a la investigación,
al método y a la enseñanza. Francia, 1950; UNESCO. Tendances principales de la recherche dans les sciences sociales et humaines.
Francia, 1970; UNESCO. Interdisciplinariedad y ciencias humanas. Francia, 1983.
4
Immanuel Wallerstein, et. al. Abrir las Ciencias Sociales. (Traduc. Stella Mastrángelo), Ed. Siglo XXI México1996.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 181

espacio internacional".5 De ahí se infiere el no reconocimiento de la disciplina como una


más de las Ciencias Sociales.
El otro efecto de la resistencia aludida ha sido altamente positivo, en la medida en que se
ha desplegado en el tiempo un esfuerzo sistemático, particularmente desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial, por emancipar a la disciplina de Relaciones Internacionales de su
estadio precientífico, en el sentido que propone Jean Piaget,6 pero no a partir de imitar a
otra u otras disciplinas, sino definiendo su propio objeto y campo de estudio, así como con
su proyecto epistemológico específico. Este esfuerzo sistemático se ha venido realizando en
diferentes países y ámbitos académicos. Existen estudios pioneros sobre el particular desde
la década de los treinta, donde ya se reconoce a Relaciones Internacionales como una nueva
disciplina de las Ciencias Sociales.7 Sin embargo, fue a partir de las décadas de los
cincuenta y sesenta que los esfuerzos por dotarla de un estatuto científico propio alcanzó su
madurez, a través de una pléyade de autores, entre los que se pueden mencionar como
ejemplo, a Quincy Wright, Raymond Aron, Stanley H. Hoffman, Frederick S. Dunn y
Kenneth W. Thompson.8 Es más, desde finales de la década de los setenta y principios de la
de los ochenta, se consideró como superado, por la gran mayoría de las academias de
internacionalistas en el mundo, el debate sobre la "autonomía" y status de ciencia social de
la disciplina.
No obstante el reconocimiento "autónomo" de la disciplina, es necesario mantener el
debate abierto, con el fin de estar alertas ante embates recurrentes como el Informe de la
Comisión Gulbenkian, el cual es interesante y propositivo en relación a una nueva
administración y rearticulación institucional de las Ciencias Sociales,9 pero pobre, limitado
y hasta tradicionalista (peca de lo que critica), en cuanto a lo que debería significar una
verdadera apertura.
Mantener el debate abierto, nos conduce a recuperar los aspectos que consideramos
sustantivos para fundamentar la tesis de que la disciplina de Relaciones Internacionales es
una ciencia social con identidad propia.
El proceso de reconocimiento del status de ciencia social de nuestra disciplina no ha
diferido del todo al vivido por otras Ciencias Sociales. Su institucionalización como
disciplina universitaria "autónoma" en el mundo es heterogénea. Razones históricas,
tradiciones académicas, culturales y hasta estructuras administrativas universitarias de cada

5
Cfr. Ibid. p. 90.
6
Jean Piaget. "La situation des Sciences de l´ homme dans le système des sciences" en UNESCO. Tendances... op cit. Pp. 53­66
7
Nos referimos en particular al estudio publicado en 1934 por Edith E. Ware (ed.). The study of International Relations in the United
States. Columbia University Press, USA, 1934. Ver en especial el Capítulo IX, pp. 197­220.
8
Cfr. Stanley H. Hoffmann, et. al. Teorías contemporáneas sobre las Relaciones Internacionales. (Traduc. M. D. López Martínez), Ed.
Tecnos, España, 1963. Se puede afirmar con precisión que México se incorpora a este esfuerzo en la década de los setenta, a través del
Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el cual promovió durante los primeros
cuatro Coloquios Internacionales de Primavera (de 1976 a 1979) ponencias y estudios específicos sobre el carácter científico de la
disciplina de las Relaciones Internacionales.
9
Cfr. Wallerstein, et. al. Op. Cit., pp. 102­114.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 182

país, han sido determinantes en las formas en que se han establecido y promovido los
estudios internacionales. Históricamente, las facultades de Filosofía y Derecho fueron los
centros de donde se desprendieron las Ciencias Sociales que, al ir definiendo sus campos y
objetos de estudio específicos, obtuvieron su reconocimiento (no sin resistencia) como
disciplinas "autónomas". Este es el caso de la Historia, la Economía, la Sociología, la
Antropología y la Psicología, entre otras. Como se señaló, la experiencia de la disciplina de
Relaciones Internacionales no ha sido diferente. De acuerdo a las tradiciones académicas de
los países y universidades, su impulso original provino en algunos casos de las facultades
de Derecho y en otros de las de Filosofía, a través de sus departamentos de Historia o de
Ciencia Política.
Esto último tiene su explicación, por el hecho de que los antecedentes de la disciplina, o
su "prehistoria" como la denomina Roberto Mesa,10 se forjan en los ámbitos de estudios
internacionales que se desarrollaron, hasta antes de la Primera Guerra Mundial, desde las
perspectivas de la Historia (Historia de los Tratados e Historia Diplomática), del Derecho
Internacional Público y de la Filosofía Política. Hasta la fecha hay historiadores (como
Immanuel Wallerstein) y juristas que de manera explícita o implícita siguen reivindicando
la exclusividad, o al menos, la supremacía en el tratamiento de los fenómenos
internacionales desde sus respectivas ciencias.11
La experiencia de la Primer Guerra Mundial significó un parteaguas entre la prehistoria
de la disciplina y su posterior desarrollo científico, al conjugarse varios factores que con­
tribuyeron a la necesidad de individualizar el estudio de los fenómenos internacionales e
impulsar una disciplina específica que se ocupara de la sociedad internacional en cuanto tal.
Entre estos factores, destacan los siguientes: los cambios estructurales experimentados por
la sociedad internacional como consecuencia del desarrollo tecnológico e industrial; la
influencia creciente que en las relaciones internacionales tienen los movimientos sociales y
políticos; los cambios en la correlación de fuerzas internacionales a partir del desenlace de
la Primer Guerra Mundial y la nueva configuración geopolítica de Europa; el triunfo de la
Revolución Bolchevique; el deseo de instaurar un orden de paz y seguridad; la toma de
conciencia del papel que juegan los factores económicos, sociales e ideológicos y la
presencia de nuevos protagonista internacionales distintos a los estados; la acentuación de
la interrelación entre la política interna de los estados y su política exterior.12
Este nuevo escenario hizo patente la incapacidad de las disciplinas tradicionales, como
la Historia y el Derecho, para dar cuenta adecuadamente de tales transformaciones.
Además, reveló la perspectiva parcial o sectorial de las mismas respecto de la sociedad
internacional. Por otro lado, el desarrollo de la Ciencia Política y de la Sociología se
concentró en dar respuesta a los nuevos problemas que se presentaban en el seno de las
sociedades estatales. De ahí la necesidad de integrar una nueva disciplina que abordara
globalmente la problemática internacional.13

10
Cfr. Roberto Mesa. Teoría y práctica de Relaciones Internacionales. Ed. Taurus, España, 1980, pp. 22­33.
11
Cfr . Rafael Calduch Cervera. Relaciones Internacionales. Ediciones Ciencias Sociales, España, 1991, pp. 24­25.
12
Cfr . Celestino del Arenal. Introducción a las Relaciones Internacionales. Ed. reí, México, 1993, p. 61.
13
Ibid.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 183

La simple necesidad de una nueva disciplina que aprehendiera adecuadamente la


realidad internacional, no era suficiente ni justificaba su promoción y desarrollo. Era
menester definir su campo y objeto de estudio propios, precisando sus especificidades
disciplinarias en relación con las otras Ciencias Sociales. Si bien desde los años veinte se
empieza a configurar una comunidad de estudiosos,14 quienes van estableciendo una serie
de premisas básicas sobre el objeto y campo de estudio de Relaciones Internacionales, será
a partir de 1945 cuando la disciplina adquiere su status de ciencia social con base en una
delimitación clara de que sus referentes ontológicos (la sociedad internacional, sus procesos
y fenómenos) posen características específicas que requieren para su aprehensión científica
de su contraparte gnoseológica.
El factor óntico central que otorga sustento a la construcción de la disciplina con identidad
propia, es el hecho de que el medio en que se desarrollan las relaciones internacionales, se
caracteriza porque las interacciones de poder entre sociedades políticas integradas, se dan
en un ámbito atomizado, fragmentado y descentralizado. Es decir, la sociedad internacional
se caracteriza por lo que los filósofos y los juristas de siglos anteriores definieron con el
término de "estado de naturaleza", que se contrapone al estado civil o de sociedad
integrada, en la cual se ha logrado, a través del "pacto social", la concentración y
secularización del poder en el Estado soberano. La ausencia de una autoridad suprema o
"gobierno mundial" es la que explica por si misma las diferencias cualitativas entre las
relaciones internacionales y las reglas de convivencia que se establecen en el ámbito de las
sociedades políticamente integradas.15
No cabe la menor duda de que las relaciones internacionales son producto de las
relaciones sociales fundamentales que las preceden.16 Es decir, el "hecho internacional" se
configura a partir de la proyección de las relaciones sociales fundamentales que se dan en el
ámbito endógeno de las sociedades políticas integradas, hacia el ámbito exógeno
desconcentrado que conforma la sociedad internacional. El ensanchamiento de las
relaciones sociales fundamentales (económicas, políticas, militares, culturales, ideológicas,
etc.) ha configurado en el tiempo y el espacio la conformación de procesos internacionales
de todo tipo que afectan en su totalidad a la sociedad internacional contemporánea.
La disciplina de Relaciones Internacionales afirma su identidad y autonomía, al contener
un campo y objeto de estudio específico, real y concreto, el cual:17
♦ Posee su propia estructura y, por tanto, no es algo caótico.

14
Cfr. George Modelski. Principies of World Politics. The Free Press, usa, 1972, p. 3.
15
Cfr. Raymond Aron. "Qu'est­ce qu'une théorie des relations internationales?" en Revue Francaise de Science Politique, vol. XVII. No.
5, París, oct. 1967, pp. 837­861.
16
Cfr. Antonio Gramsci. La política y el estado moderno. Traduc. Jordi Solé­tura, Ed. Península, España, 1971, p. 107.
17
Las tres características que se detallan del campo de estudio real y concreto, de la disciplina de Relaciones Internacionales, se sustentan
en la concepción de realidad como concreción, como totalidad concreta, en los términos planteados por Karel Kosik. CFR. Karel Kosik.
Dialéctica de lo concreto. Traduc. Adolfo Sánchez Vázquez. Ed. Grijalbo. México 1967. p. 56.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 184

♦ Se desarrolla y, por ende, no es algo inmutable y dado de una vez para siempre.
♦ Se va creando y, en consecuencia, no es un todo perfectamente acabado e invariable
sino sólo en sus partes singulares o en su disposición.
Con base en todo lo anteriormente expuesto, podemos concluir este apartado con la tesis
de que el status de Ciencia Social de la disciplina de Relaciones Internacionales no se
deriva de otra disciplina social, sino es un logro propio del proceso cognoscitivo de la
realidad internacional y sus fenómenos específicos, así como de su estructuración
epistemológica propia. Esta última se ha construido en el tiempo a través de dos escuelas: la
positivista, que sustenta desde los años veinte el desarrollo de las denominadas teorías
anglosajonas de Relaciones Interncionales,18 fundamentalmente de origen estadunidense, y
la marxista, que adquiere relevancia en la disciplina a partir de la década de los setenta.19
Las teorías anglosajonas han logrado penetrar las academias en la gran mayoría de los
países donde se ha institucionalizado la disciplina como carrera universitaria. Su desarrollo
se puede periodizar en cinco etapas, entre las cuales se presentan sendos debates teórico­
metodológicos. La primera va de los años veinte hasta mediados de los treinta,
sustentándose en un enfoque histórico­juridicista, derivado de la concepción del liberalismo
wilsoniano de un mundo perfectible y armónico. La segunda se perfila a partir de los años
treinta, basada en el enfoque del realismo político o de la política del poder, que alcanza su
mayor esplendor en la década de los cincuenta. La tercera se inicia a finales de la década de
los cincuenta con las corrientes cientificistas del conductismo, consolidándose en los
sesenta y principio de los setenta con las escuelas posconductista y sistémica. La cuarta
etapa se inicia a mediados de los setenta con los enfoques interdependentistas,
fortaleciéndose en los ochenta con las teorías del neoliberalismo y neorealismo. La quinta
etapa, que se vive actualmente, se está caracterizando por la construcción teórica del
fenómeno globalización, donde la escuela neorealista pretende una síntesis epistemológica
que la ubique por encima de todos los paradigmas existentes.
Por su parte, la escuela marxista se presenta en los inicios de la década de los setenta
como una línea teórico­metodológica que va a tener gran impacto e influencia en la cons­
trucción y desarrollo epistemológico de la disciplina. Su punto de partida fueron las teorías
del subdesarrollo y de la dependencia y su consecuente efecto en el debate del denominado
conflicto Norte­Sur. Así, en diversas partes del mundo tiene auge no sólo la interpretación
marxista de las relaciones internacionales, sino también la construcción de una teoría de
Relaciones Internacionales desde una perspectiva marxista. De hecho, la presencia del
marxismo en el desarrollo científico de la disciplina ha trascendido aún en los debates
teóricos anglosajones contemporáneos, ya sea para refutarlo o, en la mayoría de los casos,

18
Cfr. Steve Smith. "Positivism and beyond". En Steve Smith, et al. International theory: Positivism & beyond. Cambridge University
Press, Inglaterra 1996, pp. 11­44.
19
Cfr. Roberto Peña Guerrero. "Ubicación del marxismo en el debate teórico de la disciplina de las Relaciones Internacionales", en
Relaciones Internacionales, no. 50, FCPyS­UNAM, México, enero­abril, 1991, p. 49.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 185

para tomar de él postulados claves y categorías científicas que han demostrado su


objetividad en el proceso cognoscitivo del desarrollo histórico de la sociedad
internacional.20

2. La cientificidad de Relaciones Internacionales no radica en su carácter interdisciplinario


Los esfuerzos por sustentar el carácter científico de la disciplina de Relaciones
Internacionales han generado tres tendencias. La primera, que se puede denominar como la
de disciplina derivada, parte de la idea de que adquiere su connotación científica al
depender de alguna otra "más formada" de las Ciencias Sociales, como el Derecho, la
Historia, la Ciencia Política, la Sociología, etc. La segunda, que se puede denominar como
tradicional, que es la que ha adquirido mayor peso, es la tendencia de la
interdisciplinariedad, la cual sustenta que el carácter científico de la disciplina de
Relaciones Internacionales se determina en función de la síntesis que logra, al conjugar
elementos de cada una de las disciplinas de las ciencias sociales. La tercer tendencia, con la
cual nos identificamos y se le puede denominar como de identidad propia, es aquella que
parte del principio de que el carácter científico de nuestra disciplina se sustenta en el
desarrollo particular de la reflexión epistemológica de su propio campo y objetos de
estudio. Es decir, su cientificidad no es derivada de otra disciplina social ni de un enfoque
interdisciplinario, sino que es un logro propio del proceso cognoscitivo y del proyecto
integral teórico­metodológico de la realidad internacional y sus fenómenos específicos.
Las dos primeras tendencias han contribuido a fortalecer el carácter científico de la
disciplina, pero han dejado de lado lo verdaderamente sustantivo: que la realidad
internacional, como una totalidad concreta, nos brinda un campo y objeto de estudio
específico, el cual requiere de una disciplina también específica con identidad propia.
La tendencia de la disciplina derivada se ha refutado conforme se ha venido
esclareciendo la visión parcial de los estudios internacionales de la Historia y el Derecho.
Superada la resistencia de estas dos ciencias, el debate se trasladó, a partir de los años
cincuenta, al terreno de dos Ciencias Sociales que se encontraban en pleno proceso de
expansión: la Ciencia Política y la Sociología. El impacto que tuvo la corriente del realismo
político en la estructuración de la disciplina, desarrollada fundamentalmente por
especialistas norteamericanos, se ha traducido como la necesidad de estudiar Relaciones
Internacionales como una parte especializada dentro de la Ciencia Política. Por otro lado,
ante las limitaciones explicativas del realismo político, centrado en un enfoque
estadocéntrico, surgió en Europa un movimiento que reivindica el estudio de la realidad
internacional como una parcela específica de la Sociología. Al respecto, nos encontramos
con afirmaciones como la siguiente: "el estudio de las Relaciones Internacionales es la rama
de la Sociología que se ocupa de la sociedad internacional. Esto explicará por que la ciencia
de Relaciones Internacionales no puede tener una exclusiva e íntima asociación con
cualquier rama particular de la ciencia que no sea la Sociología misma".21

20
Cfr. Ibid. pp. 53­54.
21
Cfr. Georg Schwarzenberger. La política del poder . Traduc. Julieta Campos y Enrique González Pedrero, Ed. FCE, México, 1960, p. 8.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 186

El debate entre historiadores, juristas, politólogos y sociólogos, que reivindican la


supremacía con el tratamiento de los acontecimientos internacionales se ha mantenido hasta
la fecha.
La tendencia interdisciplinaria es la que mayor peso ha tenido en la lucha por dotar a
Relaciones Internacionales de un estatuto científico propio. Dentro de esta tendencia nos
encontramos con dos corrientes: la que se genera a partir de los estudios de Quincy Wright,
para quien la única perspectiva científica adecuada a la riqueza y complejidad de los
fenómenos internacionales es la de la multidisciplinariedad, entendida como el esfuerzo de
conjugación de los diversos conocimientos y explicaciones sobre la realidad internacional
aportados por un amplio elenco de disciplinas.22 La otra corriente, promovida por Raymond
Aron, es la propuesta de una síntesis interdisciplinaria entre la Historia y la Sociología,
dando lugar a lo que se ha denominado como corriente de la Sociología Histórica de
Relaciones Internacionales. Ciertamente, la formulación aroniana va mucho más lejos de la
simple delimitación del objeto formal de una ciencia, para entrar en el terreno de una
propuesta teórico­metodológica de alcances globales.23
Celestino del Arenal busca subsumir ambas corrientes bajo el término de
transdisciplinariedad, afirmando que las "Relaciones Internacionales se configuran como
una disciplina de integración y síntesis de los datos aportados por otras disciplinas, si bien
el objetivo de su investigación aportan un contenido superior que le confiere su especial
carácter en el seno de las Ciencias Sociales".24
Respecto los prolegómenos de la interdisciplinariedad en la ciencia, consideramos
fundamental recuperar la tipología que proponen H. Heckhausen y M. Boisot sobre las
diferentes formas en que pueden interactuar dos o más disciplinas en función de sus
necesidades epistemológicas, en términos de reconstrucción o recreación de conocimientos,
o ante la aparición de nuevos problemas que requieren de una aproximación integral para su
solución.25 La tipología de las diferentes formas de interdisciplinariedad es la siguiente:
i) Plural o múltiple: cuando dos disciplinas convergen aportando sus objetos de
estudio, teorías y métodos, para conocer nuevos aspectos o problemas, reales o mentales,
ii) Compuesta: cuando el objetivo es resolver un problema concreto.

22
Cfr. Quincy Wright. The study of International Relations. Appleton­Century­Crofts Inc., usa, 1955, pp. 3­61.
23
Cfr. Raymond Aron. Paz y guerra entre las naciones. Traduc. Luis Cuervo. Ed. Revista de Occidente, España, 1963 y Calduch. Op.
Cit., pp. 25­27.
24
Cfr del Arenal. Op. Cit, p. 201. Consideramos que aquí es importante hacer una acotación, ya que se están manejando los términos de
interdisciplinariedad, multidisciplinariedad y transdisciplinariedad con el mismo sentido y significado. Por ello, es necesario distinguir el
alcance de cada término, por lo cual se propone utilizar el término de interdisciplinariedad en relación al intercambio de conocimientos
que se da única y exclusivamente entre las ciencias sociales; el término de multidisciplinariedad al intercambio que se da entre las
ciencias sociales y las humanidades, dejando el término de transdisciplinariedad al intercambio de conocimientos entre las ciencias
sociales y las ciencias naturales.
25
Cfr . H. Heckhausen y M. Boisot. "Disciplina e interdisciplinariedad" en Leo Apostel, et. al. Interdiscipilinariedad. ANUIES, México,
1975, pp. 89­99. Graciela Arroyo Pichardo. "Interdisciplinariedad: viejo o nuevo reto" en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y
Sociales. No. 154, FCPys­UNAM, México, octubre­diciembre, 1993, pp. 10­11.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 187

iii) Supuesta: cuando la búsqueda es homogeneizar un lenguaje científico por medio


de ciertas herramientas como las matemáticas,
iv) Auxiliar: cuando para profundizar en un dominio de estudio, una disciplina provee
a otra de sus métodos y/o técnicas,
v) Suplementaria: cuando los dominios materiales de dos diferentes disciplinas se
superponen dando lugar a una integración teórica.
vi) Estructural: cuando por la interacción entre dos o más disciplinas, surge una tercera,
vii) Unificadora: cuando por la integración teórica y metodológica de dos o más
disciplinas se logra una mayor consistencia en un dominio de estudio y se da
surgimiento a una tercera disciplina.
Obvio que esta clasificación de interdisciplinariedad se refiere indistintamente a la
interacción que se pueda dar entre dos o más ciencias, sin precisar su origen en cuanto a
Ciencias Sociales, naturales, o del área de humanidades. Los siete tipos de
interdisciplinariedad propuestos se pueden ordenar en dos grupos: uno se integra con los
primeros cuatro tipos expuestos, ya que cada uno de ellos se sustenta en una mera
yuxtaposición o complementariedad de conocimientos. El otro, donde se percibe una
efectiva integración interdisciplinaria, corresponde a los últimos tres tipos, ya que en ellos
tiene lugar la recreación, la construcción y/o la síntesis de un nuevo cuerpo de
conocimientos. Es en este último grupo en donde la interdisciplinariedad como proceso
busca la unidad de diferentes ramas del saber a partir de la estructuración de un sistema de
relaciones y acciones mutuas.26
En el caso particular de Relaciones Internacionales, consideramos, de acuerdo a la
tipología expuesta, que nuestra disciplina se ubica en el segundo grupo, moviéndose entre
la interdisciplinariedad suplementaria, estructural y unificadora.
Por otro lado, estamos de acuerdo con Rafael Calduch cuando señala que el debate sobre
la perspectiva ínter, multi o transdisciplinaria en torno a las ciencias que alimentan a
nuestra disciplina es superficial y estéril. Superficial por cuanto es evidente que todas las
ciencias, naturales o sociales, recurren, en mayor o menor medida a los conocimientos
aportados por otras ciencias afines, a las que se les califica de ciencias auxiliares en
relación con la ciencia que requiere de sus aportaciones. En consecuencia, todas las
ciencias son también ínter, multi o transdisciplinarias. Agrega Calduch que lo que hace que
los conocimientos aportados por las ciencias auxiliares resulten útiles y, al mismo tiempo,
diferenciables en el seno de la ciencia de Relaciones Internacionales, es el hecho de que
tales conocimientos adquieren una función instrumental que facilita pero no sustituye los
conocimientos alcanzados propios de esta ciencia.27
En este contexto, se puede afirmar que no existen disciplinas totalmente cerradas.
Además, en los hechos, la interdisciplinariedad ha caracterizado en su nacimiento a todas
las disciplinas científicas dignas de esta noción.28
26
Cfr . Arroyo Pichardo. "Interdisciplinariedad..." Op. Cit, p.ll
27
Cfr . Calduch. Op. Cit., pp. 26­27.
28
Cfr . Mohammed Allal Sinaceur. "¿Qué es la interdisciplinariedad?" en UNESCO. Interdisciplinariedad y Ciencias Humanas. Op. Cit.,
pp. 24­25.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 188

La cooperación y la articulación de saberes provenientes de distintas disciplinas de las


Ciencias Sociales forma parte de un ejercicio intelectual cotidiano. Pero tales saberes
siempre están referidos a fenómenos históricos sociales específicos. Por ello, el carácter
interdisciplinario de la ciencia de Relaciones Internacionales se articula a partir de la propia
especificidad de los fenómenos y procesos que se presentan en la sociedad internacional,
que para su estudio y análisis requieren de conocimientos y saberes que si bien pueden
provenir de otras disciplinas como la Historia, el Derecho, la Ciencia Política, la
Sociología, la Economía, la Geografía, la Psicología, la Antropología, etc. ello no significa
que estas disciplinas sustituyan el resultado integrador del análisis que se articula en el seno
de la disciplina de Relaciones Internacionales.
Esta forma de visualizar la interdisciplinariedad no es atributo único de la ciencia de
Relaciones Internacionales. De hecho cada una de las Ciencias Sociales tiene y promueve
su propio contenido interdisciplinario, ya que, en última instancia, sus campos y objetos de
estudio adquieren su especificidad cognoscitiva al estar inmersos en el marco de procesos
históricos sociales concretos, en los que intervienen y participan una diversidad de pro­
tagonistas y ámbitos de la realidad (sociales, políticos, económicos, jurídicos, militares,
culturales, ideológicos, etc.) que se relacionan y sobredeterminan. Esta dimensión de la
interdisciplinariedad de las Ciencias Sociales, se ha tergiversado en ocasiones ante el afán
de mantener de manera artificial fronteras límite disciplinarias, por una supuesta
parcelización de los campos y objetos de estudio de cada ciencia social.
El propio desarrollo epistemológico de nuestra disciplina ha demostrado que su esencia
interdisciplinaria conforma una de sus fortalezas relevantes. Hoy en día esta esencia se
revela como una ventaja sustantiva en relación con las otras Ciencias Sociales, que por
cuestiones gremiales academicistas y administrativas (en ocasiones inconfesables) se han
preocupado por mantener una identidad formal que ya no es funcional ante la actual re­
valorización y reestructuración de las Ciencias Sociales.
Es a partir de esta esencia interdisciplinaria de las Relaciones Internacionales que se ha
venido consolidando. Por ello, se puede afirmar que ya no requiere "abrirse" como las
demás Ciencias Sociales, en el sentido que propone Immanuel Wallerstein, ya que surge
abierta y se ha fortalecido en el tiempo bajo estos términos.
La esencia interdisciplinaria de las Relaciones Internacionales ha sido un factor de­
terminante en los debates teórico­metodológicos que han caracterizado su desarrollo epis­
temológico. La diversidad de actores y factores que intervienen en los fenómenos y
procesos internacionales, conforman los referentes ontológicos que requieren para su
aprehensión gnoseológica de métodos de estudio inscritos en teorías del conocimiento de
alcances globales, cuya cobertura filosófica, conceptual e instrumental sean lo
suficientemente amplias para abordar a la sociedad internacional como objeto de estudio
específico.
3. La cientificidad de Relaciones Internacionales se sustenta en su construcción
epistemológica.
Consideramos interesante iniciar este apartado, refiriéndonos a dos cuestiones muy
concretas, que se encuentran íntimamente relacionadas, y se centran en el aspecto medular
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de la construcción científica de la disciplina de Relaciones Internacionales. La primera se


refiere al hecho de que si es considerada como una más de las Ciencias Sociales, conlleva
en el proyecto teórico que la sustenta, la gama de problemas a los que se enfrenta toda
ciencia en su desarrollo y consolidación como tal. La segunda concierne a la forma
contenido que el propio desarrollo del conocimiento debe poseer, para poder hablar del
conocimiento científico que fundamente a la disciplina de nuestro interés.
Estos planteamientos nos introducen, a su vez. a dos problemas; por un lado, a la
importancia que ha ido adquiriendo la disciplina de Relaciones Internacionales en el ámbito
de las Ciencias Sociales y, por el otro, al desafío que esta importancia presenta para los
científico sociales en la construcción científica de la misma disciplina. La importancia que
ha adquirido se debe no a su simple auge escolástico y academicista, sino al propio
desarrollo histórico­social del actuar del hombre, en todos sus aspectos, que ha hecho
posible la conformación estructural de una totalidad concreta denominada sociedad
internacional.
Este ámbito orgánico de la realidad social es el objeto de estudio global de la disciplina
que ­por el mismo proceso de esa realidad­ sustenta un proyecto teórico general que integra
y sintetiza las diversas ciencias del hombre. Tal afirmación puede apreciarse exagerada,
principalmente por aquellos "científicos sociales" que aceptan la parcialidad de las Ciencias
Sociales y se jactan o enorgullecen de su parcela de trabajo; pero esta concepción tiene su
fundamento en la misma experiencia del desarrollo histórico­social, que nos demuestra día
a día un proceso que tiende y refuerza constantemente la internacionalización y
mundialización de las relaciones sociales fundamentales.
Cuando se hace referencia al conocimiento científico en la disciplina de Relaciones
Internacionales, al igual que en toda disciplina científica, se sitúa uno en un ámbito de
carácter filosófico muy complejo, cuyos alcance y fronteras no son fácilmente definibles.
No obstante, la actividad académica tradicional ha tratado de establecer los contornos de
este ámbito, como exclusivo de la esfera de la teoría, privilegiando el momento de la
abstracción en forma única y metafísica, al formular y aceptar la identificación mecánica
entre conocimiento científico y teoría o viceversa.
Sin embargo, reducir el asunto de todo conocimiento científico a lo meramente teórico,
implica aceptar una visión deformada no sólo de la finalidad de toda disciplina científica,
sino también de la actividad concreta del científico en un contexto histórico­social de­
terminado.
Si rechazamos la identificación mecánica entre conocimiento científico y teoría en la
disciplina de Relaciones Internacionales, se debe a que ésta ­como toda ciencia­ se
encuentra sujeta a dos aspectos que se relacionan y condicionan mutuamente. El primero se
encuentra inmerso en la propia construcción del conocimiento científico que hace posible la
existencia de una disciplina, y que no es otra cosa que el cuerpo teorético en el cual se
sustenta.
Este cuerpo debe corresponder al fin propio de toda disciplina que es el de conocer y
explicar y a él subordina cualquier otra consideración. Pero este fin propio, considerado
como un verdadero fin en sí, y como forma específica de la actividad humana, inserta en un
determinado contexto social, sirve a una finalidad externa que le impone ese contexto. Esta
finalidad es el segundo aspecto referido, y es en éste en donde se concreta el fin
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propio, ya que es en el contexto externo en donde el conocimiento científico se materializa


al contribuir principalmente al desarrollo de las fuerzas productivas, en el caso de las
ciencias naturales, y al mantenimiento de las relaciones sociales de producción vigentes o a
su transformación, cuando se trata de las ciencias sociales. De tal forma, el fin propio se
persigue por una finalidad exterior y ésta se asegura cumpliendo aquél.29
Con base en esto, si se acepta la disciplina de Relaciones Internacionales como
científica, ésta debe poseer como característica intrínseca de su existencia, la relación entre
su fin propio y la finalidad externa a la cual sirve el primero. Esto, a su vez, nos introduce a
otro nivel de análisis con implicaciones epistemológicas fundamentales: la relación entre
teoría y realidad. De esta relación se deducen dos problemas para la disciplina; por un lado,
la correspondencia que debe existir entre la construcción teorética científica de algún
fenómeno específico internacional y la realidad ontológica misma del fenómeno; y, por otro
lado, el criterio epistemológico que debe regir una relación cognoscitiva que sea lo
suficientemente objetiva para que se logre con plenitud la correspondencia señalada.
Todo proceso de conocimiento científico parte de lo concreto real, porque es en él en donde
se sustenta y encuentra su propia razón de ser. La disciplina de Relaciones Internacionales
posee su objeto de estudio, que es lo concreto real internacional y es éste ámbito de la
realidad histórico­social, como ámbito cognoscible, lo que hace posible su existencia. Su
objetivo es la aprehensión o apropiación científica de su objeto de estudio por medio de la
única forma posible, es decir, por la construcción teórica, cuya estructura lógica
corresponde a la estructura óntica de la realidad internacional en "si misma".
Sin embargo, esto por sí solo no explica la relación teoría y realidad en la disciplina,
debido a que sólo se está tomando en cuenta una primera etapa de la espiral del
conocimiento; o sea, de lo concreto real a lo abstracto teórico, quedándonos en el puro fin
propio del conocimiento. La segunda etapa es, a nuestro parecer, la más importante porque
relaciona el fin propio del conocimiento con la misma realidad externa que lo "alimentó",
con lo concreto real, pero ya en forma superada, por el conocimiento científico de ella,
materializándose el fin propio en la finalidad externa; claro, si el primero es realmente
alcanzado. Entender así la relación teoría y realidad es respetar el significado real de la
espiral del conocimiento, que parte de lo concreto sensible hacia lo teórico abstracto y
regresa a lo concreto superado.
La relación teoría y realidad, como dos momentos de la espiral del conocimiento, y la
correspondencia necesaria que debe existir entre estos dos aspectos, nos conduce a un tercer
nivel de análisis que debe replantearse en la disciplina de Relaciones Internacionales: los
tres elementos constitutivos de la relación cognoscitiva. Es decir, el objeto de conocimiento
­la realidad internacional­, el sujeto cognocente ­ el científico de lo internacional­ y el
resultado de esta relación ­el conocimiento científico o la construcción teorética de la
realidad internacional­. Si rechazamos de entrada los modelos de la relación cognoscitiva
idealista (en donde el objeto se percibe en forma pasiva y al sujeto en forma activa)

29
Cfr. Adolfo Sánchez Vázquez. "La ideología de la realidad ideológica en las ciencias sociales" en Revista Historia y Sociedad, no. 7,
México, 1975, p. 10.
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y mecanicista (en donde el objeto es el único activo y el sujeto pasivo), se debe a que
ninguno de éstos logra el conocimiento científico y, por tanto, no se alcanza la
correspondencia entre realidad y teoría. El modelo realmente válido es el que parte del
principio de interacción que existe entre el objeto de estudio y el sujeto cognocente. Esta
relación cognoscitiva se caracteriza porque el sujeto y el objeto mantienen su existencia
objetiva y real, a la vez que actúan el uno sobre el otro. La interacción, que por otro lado
determina la especificidad de cada uno de los elementos, se produce en el marco de la
práctica social del sujeto que percibe al objeto en y por su actividad.30
Si la única forma que tenemos para aprehender la realidad internacional, comprendida
como una totalidad concreta, es por medio del conocimiento científico, éste debe contener
un requisito que es condición sine qua non para poder hablar de su validez: la objetividad.
Si se renuncia a la objetividad, se renuncia al conocimiento de lo histórico­social como
científico, reduciéndose a simple especulación ideológica. La objetividad estriba en la
correspondencia del objeto teórico con el objeto real (relación teoría­realidad). La
veracidad de un paradigma es objetiva, si representa, reproduce o reconstruye un proceso
real por la vía del pensamiento conceptual.31
El problema de la objetividad nos conduce a un último nivel de análisis: la importancia
radical que posee el método de investigación en la construcción del conocimiento
científico. Para lograr la objetividad del conocimiento, se debe tener como requisito previo
la aplicación de un método objetivo, que se subsuma en el proceso mismo de la aprehensión
de la realidad y se concrete, en cuanto tal, en el cuerpo teórico resultante. La objetividad del
método proporciona en mucho la objetividad del conocimiento de la realidad histórico­
social. El conocimiento científico no existiría sin método objetivo y, por tanto, queda
descalificada toda concepción sobre lo social que prescinda de él, tanto en el proceso de
investigación, como en el de exposición o verificación.32
Ahora bien, hablar de método objetivo significa referirse al método científico correcto,
cuya aplicación en toda relación cognoscitiva objetiva­activista, determina el grado de
objetividad de su producto ­del propio conocimiento­. De esto, se deduce la importancia
capital que tiene la metodología en la construcción teórica de cada una de las disciplinas
con pretensiones científicas.
En particular, en la disciplina de Relaciones Internacionales, se plantea como un aspecto
medular de su solidez científica el que no exista un método único aceptado y consensado
por todos los estudiosos de los fenómenos internacionales, lo cual supuestamente conduce a
explicar el por qué de los debates teórico­metodológicos que prevalecen entre las diferentes
corrientes teóricas y paradigmas que se han desarrollado en el tiempo. Pero ¿acaso en las
demás Ciencias Sociales no existen debates teóricos­metodológicos y teorías del
conocimiento contrapuestas que caracterizan la riqueza de su diversidad?. En este sentido,
como nos advierte atinadamente Francisco Dávila Aldas, "el método está siempre presente

30
Cfr. Adam Schaff. Historia y verdad. Traduc. Ignaci Vidal, Ed. Grijalbo, México, 1974, p. 86.
31
Cfr. Sánchez Vázquez. Op. Cit., pp. 11­12.
32
Ibid.p. 12.
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en la construcción del conocimiento científico en las Ciencias Sociales, pero el rigor de su


construcción y de su trabajo eminentemente teórico no nos permite considerarlo como un
procedimiento probado y garantizado sino sólo como el resultado de una astucia siempre
nueva, así como de una nueva crítica constante de los propios procedimientos y de las
técnicas. Cabe por ello siempre discutir su validez dentro de una problemática en estudio y,
por esta vía, construir nuevos conocimientos, nuevas formas de llegar y de explicar las
preguntas que el método con la teoría, su herramienta, habían previamente formulado".33
A manera de conclusión, podemos señalar que el método científico correcto forma parte
central de una cosmovisión filosófica que se sustenta en una teoría del conocimiento, que
no sólo respeta sino confirma los cuatro niveles analíticos expuestos anteriormente. Pero
¿cuál es la teoría del conocimiento que posee el método objetivo que se integra en el
proyecto teórico general de la disciplina de Relaciones Internacionales y se convierte en
guía en el proceso de aprehensión de una realidad histórico­social altamente compleja como
es la sociedad internacional, sus fenómenos y procesos? No existe una respuesta unívoca ni
definitiva por la pluralidad intelectual que prevalece en los debates teórico­metodológicos
de la disciplina. Sin embargo, se ha considerado como la teoría del conocimiento más
avanzada a la del materialismo dialéctico,34 por ser la que parte de la perspectiva de un
universo cognoscitivo que contempla: la relación entre fin propio y finalidad externa de
todo conocimiento científico, la correspondencia entre teoría y realidad, la interacción entre
objeto cognoscible y sujeto cognoscente y la objetividad del conocimiento como condición
sine qua non de la validez científica. Además de destacar la importancia del método
objetivo como esencia misma de la teoría del conocimiento y de la espiral del conocimiento
científico que parte de lo concreto sensible a la teoría abstracta y regresa a lo concreto
superado.

33
Francisco R. Dávila Aldás. Teoría, ciencia y metodología en la era de la modernidad. Edit. Fontamara, México, 1996, p. 228.
34
Cfr. Roberto Peña Guerrero. "La alternativa metodológica para la disciplina de las Relaciones Internacionales: la dialéctica", en
Memoria del Primer Coloquio Internacional de Primavera: El estudio científico de las relaciones internacionales, FCPyS­UNAM, 1978,
pp. 131­153. P.F. Gonidec. Relations Internationales. Editions Montchrestien, Francia, 1977, pp. 16­27. Rafael Calduch, Op. Cit., pp. 27­
31. Roberto Mesa. Op. Cit., pp. 271­284.

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