Comentario al
texto bíblico
EL
LIBRO
DE
SALMOS
CÓMO CANTAR LA
CANCIÓN DEL
SEÑOR EN TIERRA
EXTRAÑA
I TRIMESTRE - 2024
UNA REALIDAD INCOMPRENSIBLE
Salmo 137:4 “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en
tierra de extraños?”
El salmo 137 nos muestra un panorama más que
conmovedor: su autor, un judío llevado cautivo a
Babilonia, expresa por medio de esta composición un
profundo dolor que, más allá de ser un mero lamento
nacionalista, entraña perplejidad ante la aparente
contradicción de la justicia prometida en la Palabra de
Dios.
Al adentrarnos en la historia del reino de Judá
encontramos un cúmulo de rebeliones que nos hacen
pensar que el juicio de Dios sobre la nación hebrea era
inevitable; sin embargo, lo que verdaderamente
sorprende es el hecho de que sea Babilonia, nación
idólatra y pervertida, el instrumento elegido por Dios
para llevar a cabo la reprensión, ¿cómo se entiende la
justicia en ese contexto?
En este sentido, las preguntas de Habacuc parecen
cobrar total sentido:
Habacuc 1:3 “¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que
vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y
pleito y contienda se levantan. 4 Por lo cual la ley es
debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el
impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”.
UNA REALIDAD INCOMPRENSIBLE
Un punto importante que hay que resaltar es que
cuando los profetas escribieron sobre el “derecho” o la
“justicia” lo hicieron en el marco de la torá (la ley o
instrucción) y más específicamente el libro del
Deuteronomio, el cual constituía la legislación sobre la
que Israel se establecería como nación para que su
prosperidad fuese asegurada.
Ahora: ¿Decía algo Deuteronomio sobre la circunstancia
que debían atravesar?
Deuteronomio 28:15 “Pero acontecerá, si no oyeres la
voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus
mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy... 36
Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti,
a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás
a dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37 Y serás motivo de
horror, y servirás de refrán y de burla a todos los pueblos a
los cuales te llevará Jehová”.
Al leer esto es inevitable que surjan preguntas que
seguramente resonaron en las mentes de los exiliados
cada día de su cautiverio: si la justicia de Dios debía
aplicarse por medio de una nación pagana, ¿cuándo
serían ellos mismos juzgados?, ¿cuánto tardaría Dios en
restituir a su pueblo escogido rescatándolo de las
fauces de un imperio idólatra y cruel que se atrevió a
destruir la ciudad de su morada?
UNA REALIDAD INCOMPRENSIBLE
Mira, por ejemplo, la forma en la que se expresa esta
inquietud en el salmo 79:
Salmo 79:1 “Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad;
han profanado tu santo templo; redujeron a Jerusalén a
escombros. 2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida
a las aves de los cielos, la carne de tus santos a las bestias
de la tierra. 3 Derramaron su sangre como agua en los
alrededores de Jerusalén, y no hubo quien los enterrase. 4
Somos afrentados de nuestros vecinos, escarnecidos y
burlados de los que están en nuestros alrededores. 5
¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre?
¿Arderá como fuego tu celo? 6 Derrama tu ira sobre las
naciones que no te conocen, y sobre los reinos que no
invocan tu nombre. 7 Porque han consumido a Jacob, y su
morada han asolado”.
NO ESTAMOS SOLOS
En este punto, podemos avistar una cruda realidad de la
que probablemente ya somos conscientes: no siempre el
justo parece ser exaltado, mientras que el impío es
humillado; de hecho, parece ser todo lo contrario,
¿cuántas veces personas rectas y temerosas de Dios
han incluso bajado al sepulcro por manos egoístas y
malvadas?
En el salmo 88, por ejemplo, se nos presenta al salmista
moribundo sin que se le presente un solo vestigio de
salvación:
Salmo 88:3 “Porque mi alma está hastiada de males, y mi
vida cercana al Seol. 4 Soy contado entre los que
descienden al sepulcro; soy como hombre sin fuerza, 5
abandonado entre los muertos, como los pasados a espada
que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, y
que fueron arrebatados de tu mano”.
Vemos la misma desesperación en el salmo 69:
Salmo 69:1 “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han
entrado hasta el alma. 2 Estoy hundido en cieno profundo,
donde no puedo hacer pie; he venido a abismos de aguas, y
la corriente me ha anegado. 3 Cansado estoy de llamar; mi
garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos
esperando a mi Dios”.
NO ESTAMOS SOLOS
Podemos llegar a la conclusión de que, aun nuestro
rebelde corazón, clama por una justicia que en la
mayoría del tiempo no vemos, pero incluso en ese caso
tenemos la certeza de que no estamos solos, ya que
hasta los autores de los salmos plasmaron este anhelo,
muchas veces, sin siquiera agregar una posible
esperanza de liberación.
LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA
ANGUSTIA
Salmo 77:10 “Dije: Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a
la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me
acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus
maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, y
hablaré de tus hechos. 13 Oh Dios, santo es tu camino; ¿qué
dios es grande como nuestro Dios? 14 Tú eres el Dios que
hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder. 15
Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y
de José. Selah”.
Medita en el tramo final del libro de Job: La voz de Dios
se manifiesta desde un torbellino, pero en lugar de
responder a todas las preguntas que hizo el patriarca
durante su argumentación, la mueve a reconocer el
poder que creó todas las maravillas de la naturaleza,
¿por qué?, ¿por qué no le aclaró que fue Satanás el
causante de sus calamidades?: porque aun en las
circunstancias que no podemos explicar, cuando el dolor
abunda y la justicia parece inexistente, el hacer memoria
del poder del Señor debe ser nuestro sostén.
Incluso Cristo, el compasivo Salvador, en su condición
humana, tuvo que enfrentar la más grande agonía sin
una sola señal palpable de su resurrección, más que la
confianza de que era la Palabra de su Padre la que la
había prometido.
LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA
ANGUSTIA
“Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de
Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de
la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del
sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de
su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan
ofensivo para Dios que su separación resultase eterna.
Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la
misericordia no interceda más por la raza culpable. El
sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él
como substituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la
copa que bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón”. El
Deseado de Todas las Gentes, p.701.
LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA
ANGUSTIA
Es, precisamente, siguiendo el ejemplo de Cristo como
permaneceremos sujetos a la Palabra de Dios, aun cuando
las circunstancias sean las peores posibles, fue esto lo que
también reflejó el salmista Asaf cuando escribió:
Salmo 73:15 “Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la
generación de tus hijos engañaría. 16 Cuando pensé para
saber esto, fue duro trabajo para mí, 17 hasta que
entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.
18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en
asolamientos los harás caer. 19 ¡Cómo han sido asolados de
repente! Perecieron, se consumieron de terrores. 20 Como
sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares,
menospreciarás su apariencia”.
Puede que en este mundo lleno de pecado los justos tengan
que padecer por un tiempo, pero al refugiarse por la fe en
el santuario de Dios, en Aquel que es el fundamento de toda
la economía ritual de Israel, encontrarán sustento y
esperanza en el día de la aflicción.
LA ESPERANZA EN MEDIO DE LA
ANGUSTIA
Llegará el momento en el que la voz del buen pastor
repercutirá en los oídos de quienes le amaron y siguieron en
la tierra como la música más melodiosa y apacible. No
obstante, esa misma voz, despertará el terror de los que,
rechazando los bienes de la vida eterna, se regocijaron en
la piedad con el fin de gozar de los bienes pasajeros del
mundo. Guardemos con fe su palabra para vivir en la
seguridad que solo Dios ofrece, esperando la
bienaventurada promesa de una vida eterna junto a Él.
¡Que esta breve guía pueda ser utilizada por Dios para tu
edificación!