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Encina, Arte de Poesã A Castellana, 1496

Este documento es la introducción de una obra titulada "Arte de poesía castellana" escrita por Juan del Encina en 1496. En ella, Juan del Encina dedica su obra al príncipe Juan y justifica la creación de un arte de la poesía castellana debido al alto desarrollo alcanzado por la lengua y la poesía en Castilla. También defiende la dignidad de la poesía y resume brevemente su historia y uso entre los antiguos.

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Encina, Arte de Poesã A Castellana, 1496

Este documento es la introducción de una obra titulada "Arte de poesía castellana" escrita por Juan del Encina en 1496. En ella, Juan del Encina dedica su obra al príncipe Juan y justifica la creación de un arte de la poesía castellana debido al alto desarrollo alcanzado por la lengua y la poesía en Castilla. También defiende la dignidad de la poesía y resume brevemente su historia y uso entre los antiguos.

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Arte de poesía castellana (Juan del Encina, 1496)

Al muy esclarecido y bienaventurado príncipe don Juan. Comiença el prohemio en


una Arte de Poesía castellana compuesta por Juan del Enzina.

Cuán ligero y penetrable fuesse el ingenio de los antiguos Y cuán enemigos de la


ociosidad, muy esclarecido príncipe, notorio es a vuestra alteza, como cuenta Cicerón
de Africano el mayor, que dezía nunca estar menos ocioso que quando estava ocioso ni
menos solo que quando solo, dando a entender que nunca holgava su juyzio. Y según
sentencia de aquel Catón censorino, no solamente son obligados los hombres que biven
según razón a dar cuenta de sus negocios, mas aun tan bien del tiempo de su ocio,
quanto mas los que fuemos dichosos de alcançar a ser súditos y bivir debaxo de tan
poderosos y cristianíssimos príncipes, que assí artes bélicas como de paz están ya tan
puestas en perfeción en estos reynos por su buena governación, que, quien piensa las
cosas que por armas se han acabado, no parece aver quedado tiempo de pacificarlas
como oy están. Ya no nos falta de buscar sino escoger en qué gastemos el tiempo, pues
lo tenemos qual lo desseamos, que puede ser en el ocio más alegre y más proprio de
umanidad, como Tulio dize, que sermón gracioso y polido; y pues entre las otras cosas
en que ecedemos a los animales brutos es una de las principales, que hablando podemos
espremir lo que sentimos, ¿quién no trabajará por eceder a otro en aquello que los
hombres eceden a los animales? Bien parece vuestra real ecelencia aver leýdo aquello
que Ciro usava dezir: «Cosa torpe es imperar el que no ecede a sus súditos en todo
género de virtud»; y vuestra muy alta señoría que tiene tal dechado de que sacar
mirando a las ecelencias y virtudes de sus claríssimos padres, bien lo pone por la obra,
pues dexados los primeros rudimentos y cunábulos, entre sus claras vitorias se ha criado
en el gremio de la dulce filosofía, favoreciendo los ingenios de sus súditos, incitándolos
a la ciencia con enxemplo de sí mesmo. Assí que, mirando todas estas cosas, acordé de
hazer un Arte de poesía castellana, por donde se pueda mejor sentir lo bien o mal
trobado, y para enseñar a trobar en nuestra lengua, si enseñar se puede, porque es muy
gentil exercicio en el tiempo de ociosidad. Y confiando en la virtud de vuestra real
magestad, atrevíme a dedicar esta obra a su ecelente ingenio, donde ya florecen los
remos de la sabiduría, para si fuere servido, estando desocupado de sus arduos negocios,
exercitarse en cosas poéticas y trobadas en nuestro castellano estilo, porque lo que ya su
bivo juyzio por natural razón conoce, lo pueda ver puesto en arte, según lo que mi flaco
saber alcança; no porque crea que los poetas y trobadores se ayan de regir por ella,
siendo yo el menor dellos, mas por no ser ingratoso a esta facultad si algún nombre me
ha dado, o si merezco tener siquiera el más baxo lugar entre los poetas de nuestra
nación. Y assí mesmo porque según dize el dotíssimo maestro Antonio de Lebrixa,
aquél que desterró de nuestra España los barbarismos que en la lengua latina se avían
criado, una de las que le movieron a hazer Arte de romance fue que creýa nuestra
lengua estar agora más empinada y polida que jamás estuvo, de donde más se podía
temer el descendimiento que la subida. Y assí yo, por esta mesma razón, creyendo
nunca aver estado tan puesta en la cumbre nuestra poesía y manera de trobar, parecióme
ser cosa muy provechosa ponerla en arte y encerrarla debaxo de ciertas leyes y reglas,
porque ninguna antigüedad de tiempos le pueda traer olvido. Y digo estar agora puesta
en la cumbre, a lo menos quanto a las observaciones, que no dudo nuestros antecesores
aver escrito cosas más dinas de memoria, porque allende de tener más bivos ingenios,
llegaron primero y aposentáronse en las mejores razones y sentencias; y si algo de
bueno nosotros dezimos, dellos lo tomamos, que quando más procuramos huyr de lo
que ellos dixeron, entonces vamos a caer en ello, por lo quel será forçado cerrar la boca
o hablar por boca de otro, que según dize un común proverbio: «No ay cosa que no
estén dicha», y bien creo aver otros que primero que yo tomassen este trabajo y más
copiosamente, mas es cierto que a mí noticia no ha llegado, salvo aquello que el notable
maestro de Lebrixa en su Arte de romance acerca desta facultad muy perfetamente puso.
Mas yo no entiendo entrar en tan estrecha cuenta, lo uno por la falta de mi saber, y lo
otro porque no quiero tocar más de lo que a nuestra lengua satisfaze, y algo de lo que
toca a la dinidad de la poesía, que no en poca estima y veneración era tenida entre los
antiguos, pues el esordio y invención della fue referido a sus dioses, assí como Apolo,
Mercurio y Baco, y a las musas, según parece por las invocaciones de los antiguos
poetas, de donde nosotros las tomamos, no porque creamos como ellos ni los tengamos
por dioses invocándolos, que sería grandíssimo error y eregía, mas por seguir su gala y
orden poética, que es aver de proponer, invocar y narrar o contar en las ficiones graves y
arduas, de tal manera que siendo fición la obra, es mucha razón que no menos sea
fingida y no verdadera la invocación della. Mas quando hazemos alguna obra principal
de devoción o que toque a nuestra fe, invocamos al que es la mesma verdad o a su
Madre preciosa o a algunos santos que sean intercessores y medianeros para alcançamos
la gracia. Hallamos esso mesmo acerca de los antiguos, que sus oráculos y
vaticinaciones se davan en versos, y de aquí vino los poetas llamarse vates, assí como
hombres que cantan las cosas divinas, y no solamente la poesía tuvo esta preminencia
en la vana gentilidad, mas aun muchos libros del Testamento Viejo, según da testimonio
San Gerónimo, fueron escritos en metro en aquella lengua hebrayca, la qual, según
nuestros dotores, fue más antigua que la de los griegos, porque no se hallará escritura
griega tan antigua como los cinco libros de Moysén; y no menos en Grecia que fue la
madre de las liberales artes, podemos creer la poesía ser más antigua que la oratoria.
Quanto al efeto de la poesía, quiérome contentar con dos enxemplos que escrive Justino
en su Epitoma, porque si oviesse de contar todas las alabanças y efetos della, por larga
que fuesse la vida antes faltaría el tiempo que la materia; y es el primero enxemplo que
como entre los atenienses y megarenses se recibiessen grandes daños de una parte a la
otra, sobre la possessión de la isla Salamina, fatigados ambos pueblos de las continuas
muertes, començaron assí, los unos como los otros, a poner pena capital entre sí a
qualquiera que hiziesse mención de tal demanda. Solón, legislador de Atenas, viendo el
daño de su república, simulándose loco salió delante todo el pueblo y amonestándolo en
versos le movió de tal manera que no se dilató más la guerra, de la qual consiguieron
vitoria. El segundo enxemplo es que teniendo los lacedemonios guerra con los
messenios fueles dicho por sus oráculos que no podían vencer sin capitán ateniense, y
los atenienses, en menosprecio, embiáronles un poeta coxo, llamado Tirteo, para que lo
tomassen por capitán. Los lacedemonios muy fatigados con los daños recebidos, se
bolvían a su tierra, más con mengua que con onrra, a los quales el poeta Tirteo, con la
fuerça de sus versos de tal manera inflamó, que olvidados de sus proprias vidas
mudaron el propósito y, bolviendo, quedaron vitoriosos. Y no en vano cantaron los
poetas que Orfeo ablandava las piedras con sus dulces versos, pues que la suavidad de la
poesía enternecía los duros coraçones de los tiranos, como parece por una epístola de
Falaris, tirano famoso en crueldad, que no por otra cosa otorgó la vida a Estesicoro,
poeta, salvo porque hazía graciosos versos, y Pisístrato, tirano de Atenas, no halló otro
camino para echar de sí el odio de la tiranía y gratificarse con el pueblo, salvo
mandando buscar los versos de Homero, propuesto premio a quien los pusiesse por
orden. Pues ¿qué diré en nuestra religión cristiana quánto conmueven a devoción los
devotos y dulces ynos, cuyos autores fueron Ylario, Ambrosio y otros muy prudentes y
santíssimos varones?; y santo Agustino escrivió seys libros desta facultad intitulados
Música, para descanso de otros más graves estudios, en los quales seys libros trata de
los géneros de versos y de quántos pies consta cada verso, y cada pie de quántas sílabas.
Suficientemente creo aver provado la autoridad y antigüedad de la poesía y en quánta
estima fue tenida acerca de los antiguos y de los nuestros, aunque algunos ay que,
queriendo parecer graves y severos, malinamente la destierran de entre los umanos
como ciencia ociosa, bolviendo a la facultad la culpa de aquellos que mal usan della, a
los quales devía bastar, para convencer su error, la multitud de poetas que florecieron en
Grecia y en Roma, que, cierto, si no fuera facultad onesta, no creo que Sófocles
alcançara magistrados, preturas y capitanías en Atenas, madre de las ciencias de
umanidad. Mas dexados éstos con su livor y malicia, bienaventurado príncipe, suplico a
vuestra real señoría para en tiempo de ocio reciba este pequeño servicio por muestra de
mi desseo.

Capítulo I
Del nacimiento y origen de la poesía castellana, y de quién recebimos nuestra
manera de trovar.

Sentencia es muy averiguada entre los poetas latinos ser por vicio reputado el acabar
de los versos en consonantes y en semejança de palabras, aunque algunas vezes
hallamos los poetas de mucha autoridad, con el atrevimiento de su saber, aver usado y
puesto por gala aquello que a otros fuera condenación de su fama, como parece por
Virgilio en el epigrama que dize «Sic vos non vobis», etc. Mas los santos y prudentes
varones que compusieron los ynos en nuestra cristiana religión, escogieron por bueno lo
que acerca de los poetas era tenido por malo, que gran parte de los ynos van compuestos
por consonantes y encerrados debaxo de cierto número de sílabas; y no sin causa estos
sabios y dotíssimos varones en este exercicio se ocuparon, porque bien mirado, estando
el sentido repartido entre la letra y el canto, muy mejor puede sentir y acordarse de lo
que va cantando por consonantes que en otra manera, porque no ay cosa que más a la
memoria nos traya lo passado que la semejança dello. De aquí creo aver venido nuestra
manera de trobar, aunque no dudo que en Ytalia floreciesse primero que en nuestra
España y de allí decendiesse a nosotros; porque si bien queremos considerar, según
sentencia de Virgilio, allí fue el solar del linage latino, y quando Roma se enseñoreó de
aquesta tierra, no solamente recebimos sus leyes y constituciones, mas aun el romance,
según su nombre da testimonio, que no es otra cosa nuestra lengua sino latín
corrompido. Pues, ¿por qué no confessaremos aquello que del latín deciende, averlo
recebido de quien la lengua latina y el romance recebimos?, quanto más que claramente
parece, en la lengua ytaliana aver avido muy más antiguos poetas que en la nuestra, assí
como el Dante y Francisco Petrarca y otros notables varones que fueron antes y
después, de donde muchos de los nuestros hurtaron gran copia de singulares sentencias,
el qual hurto, como dize Virgilio, no deve ser vituperado, mas dino de mucho loor,
quando de una lengua en otra se sabe galanamente cometer. Y si queremos arguyr de la
etimología del vocablo, si bien miramos, trobar, vocablo ytaliano es, que no quiere dezir
otra cosa trobar, en lengua ytaliana, sino hallar; pues, ¿qué cosa es trobar, en nuestra
lengua, sino hallar sentencias y razones y consonantes y pies de cierta medida adonde
las incluyr y encerrar? Assí que, concluyamos luego el trobar aver cobrado sus fuerças
en Ytalia, y de allí esparzídolas por nuestra España, adonde creo que ya florece más que
en otra ninguna parte.

Capítulo II
De cómo consiste en arte la poesía y el trobar

Aunque otra cosa no respondiéssemos para provar que la poesía consiste en arte,
bastava el juyzio de los claríssimos autores que intitularon de arte poética los libros que
desta facultad escrivieron, y ¿quién será tan fuera de razón, que llamándose arte el
oficio de texer o herrería, o hazer vasijas de barro o cosas semejantes, piense la poesía y
el trobar aver venido sin arte en tanta dinidad? Bien sé que muchos contenderán para en
esta facultad ninguna otra cosa requerirse, salvo el buen natural, y concedo ser esto lo
principal y el fundamento; mas tan bien afirmo polirse y alindarse mucho con las
osservaciones del arte, que si al buen ingenio no se juntasse el arte, sería como una
tierra frutífera y no labrada. Conviene luego confessar desta facultad lo que Cicerón en
el De perfeto oratore, y lo que los profesiones de gramática suelen hazer en la difinición
della, y lo que creo ser de todas las otras artes, que no son sino osservaciones sacadas de
la flor del uso de varones dotíssimos, y reduzidas en reglas y precetos, porque según
dizen los que hablaron del arte, todas las artes conviene que tengan cierta materia, y
algunos afirman la oratoria no tener cierta materia, a los quales convence Quintiliano
diziendo que el fin del orador o retórico es dezir cosas, aunque algunas vezes no
verdaderas, pero verisímiles, y lo último es persuadir y demulcir el oýdo. Y si esto es
común a la poesía con la oratoria o retórica, queda lo principal, conviene a saber, yr
incluydo en números ciertos, para lo qual el que no discutiere los autores y precetos, es
impossible que no le engañe el oýdo, porque según dotrina de Boecio en el libro de
música, muchas vezes nos engañan los sentidos; por tanto, devemos dar mayor crédito a
la razón. Comoquiera que, según nos demuestra Tulio y Quintiliano, números ay que
deve seguir el orador, y huyr otros, mas esto ha de ser más dissimuladamente y no tiene
de yr astrito a ellos como el poeta que no es éste su fin.

Capítulo III
De la diferencia que hay entre poeta y trobador

Según es común uso de hablar en nuestra lengua, al trobador llaman poeta y al poeta
trobador, ora guarde la ley de los metros ora no; mas a mí me parece que quanta
diferencia ay entre músico y cantor, entre geómetra y pedrero, tanta deve aver entre
poeta y trobador. Quanta diferencia aya del músico al cantor y del geómetra al pedrero,
Boecio nos lo enseña, que el músico contempla en la especulación de la música, y el
cantor es oficial della. Esto mesmo es entre el geómetra y pedrero y poeta y trobador,
porque el poeta contempla en los géneros de los versos, y de quántos pies consta cada
verso, y el pie de quántas sílabas, y aún no se contenta con esto, sin examinar la
quantidad dellas. Contempla, esso mesmo, qué cosa sea consonante s y assonante, y
quando passa una sílaba por dos, y dos sílabas por una, y otras muchas cosas de las
quales en su lugar adelante trataremos. Assí que, quánta diferencia ay de señor a
esclavo, de capitán a hombre de armas sugeto a su capitanía, tanta a mi ver ay de
trobador a poeta; mas pues estos dos nombres sin ninguna diferencia entre los de
nuestra nación confundimos, mucha razón es que quien quisiere gozar del nombre de
poeta o trobador, aya de tener todas estas cosas. ¡O, quántos vemos en nuestra España
estar en reputación de trobadores, que no se les da más por echar una sílaba y dos
demasiadas que de menos, ni se curan que sea buen consonante que malo!; y pues se
ponen a hazer en metro, deven mirar y saber que metro no quiere dezir otra cosa sino
mensura, de manera que lo que no lleva cierta mensura y medida, no devemos dezir que
va en metro, ni el que lo haze deve gozar de nombre de poeta ni trobador.

Capítulo IV
De lo principal que se requiere para aprender a trobar
En lo primero amonestamos a los que carecen de ingenio y son más aptos para otros
estudios y exercicios, que no gasten su tiempo en vano leyendo nuestros precetos,
podiéndolo emplear en otra cosa que les sea más natural, y tomen por sí aquel dicho de
Quintiliano, en el primero de sus Instituciones, que ninguna cosa aprovechan las artes y
precetos, adonde fallece natura, que a quien ingenio falta, no le aprovecha más esta arte
que precetos de agricultura a tierras estériles. De aqueste género de hombres avrá
muchos que reprehenderán esta obra, unos que no la entenderán, otros que no sabrán
usar della, a los quales respondo con un dicho de Santo Agustino, en el primero de
Dotrina cristiana, diziendo que si yo con mi dedo mostrasse a uno alguna estrella, y él
tuviesse tan debilitados los ojos que ni viesse el dedo ni la estrella, no por esso me devía
culpar, y esso mesmo si viesse el dedo y no la estrella, devía culpar el defeto de su vista
y no a mí. Assí que, aqueste nuestro poeta que establecemos instituyr, en lo primero
venga dotado de buen ingenio; y porque creo que para los medianamente enseñados está
la verdad más clara que la luz, si oviere algunos tan bárbaros que persistan en su
pertinacia, dexados como incurables, nuestra exortación se enderece a los mancebos
estudiosos, cuyas orejas las dulces musas tienen conciliadas. Es menester, allende desto,
que el tal poeta no menosprecie la elocución, que consiste en hablar puramente, elegante
y alto quando fuere menester, según la materia lo requiere, los quales precetos porque
son comunes a los oradores y poetas, no los esperen de mí, que no es mi intención
hablar, salvo de sólo aquello que es proprio del poeta. Mas, para quanto a la elocución,
mucho aprovecha, según es dotrina de Quintiliano, criarse desde la tierna niñez adonde
hablen muy bien, porque como nos enseña Oracio, qualquiera vasija de barro guarda
para siempre aquel olor que recibió quando nueva. Y después desto deve exercitarse en
leer no solamente poetas y estorias en nuestra lengua, mas tan bien en lengua latina; y
no solamente leerlos como dize Quintiliano, mas discutirlos en los estilos y sentencias y
en las licencias, que no leerá cosa el poeta en ninguna facultad de que no se aproveche
para la copia que le es muy necessaria, principalmente en obra larga.

Capítulo V
De la mensura y esaminación de los pies y de las maneras de trobar

Toda la fuerça del trobar está en saber hazer y conocer los pies, porque dellos se
hazen las coplas y por ellos se miden; y pues assí es, sepamos qué cosa es pie. Pie no es
otra cosa en el trobar sino un ayuntamiento de cierto número de sílabas, y llámasse pie
porque por él se mide todo lo que trobamos y sobre los tales pies corre y roda el sonido
de la copla. Mas para que mejor vengamos en el verdadero conocimiento, devemos
considerar que los latinos llaman verso a lo que nosotros llamamos pie, y nosotros
podremos llamar verso adondequiera que ay ayuntamiento de pies que comúnmente
llamamos copla, que quiere decir cópula o ayuntamiento. Y bien podemos dezir que en
una copla aya dos versos, assí como si es de ocho pies y va de cuatro en cuatro son dos
versos, o si es de nueve, el un verso es de cinco y el otro de cuatro, y si es de diez puede
ser el un verso de cinco y el otro de otros cinco, y assí por esta manera podemos poner
otros enxemplos infinitos. Ay en nuestro vulgar castellano dos géneros de versos o
coplas, el uno quando el pie consta de ocho sílabas o su equivalencia, que se llama arte
real, y el otro se compone de doze o su equivalencia, que se llama arte mayor, digo su
equivalencia porque bien puede ser que tenga más o menos en cantidad, mas en valor es
impossible para ser el pie perfeto. Y bien parece nosotros aver tomado del latín el
trobar, pues en él se hallan estos dos géneros antiguamente, de ocho sílabas assí como
«Jam lucis orto sidere», de doze assí como «Mecenas atavis edite regibus», assí que
quando el pie no tuviere más de ocho sílabas llamarle hemos de arte real, como lo que
dixo Juan de Mena: «Después quel pintor del mundo», y si fuere de doze ya sabremos
ques de arte mayor, assí como el mesmo Juan de Mena en las Trezientas: «Al muy
prepotente don Juan el segundo». Dixe que podían, a las vezes, llevar más o menos
sílabas los pies, entiéndese aquello en cantidad o contando cada una por sí, mas en el
valor o pronunciación ni son más ni menos. Pueden ser más en cantidad quando una
dición acaba en vocal y la otra que se sigue tan bien en el mesmo pie comiença en
vocal, que, aunque son dos sílabas, no valen sino por una, ni tardamos más tiempo en
pronunciar ambas que una, assí como dize Juan de Mena: «Paró nuestra vida ufana».
Avemos tan bien de mirar que quando entre la una vocal y la otra estuviere la h, que es
aspiración, entonces, a las vezes acontece que passan por dos y a las vezes por una, y
juzgarlo hemos según el común uso de hablar o según viéremos que el pie lo requiere, y
esto tan bien avrá lugar en las dos vocales sin aspiración. Tan bien pueden ser más
quando las dos sílabas postreras del pie son ambas breves, que entonces no valen ambas
sino por una; mas es en tanto grado nuestro común acentuar en la penúltima sílaba, que
muchas vezes quando aquellas dos sílabas del cabo vienen breves, hazemos luenga la
que está antes de la postrera, assí como en otro pie dize: «De la biuda Penelópe». Puede
tan bien, al contrario, ser menos de ocho y den doze quando la última es luenga, que
entonces vale por dos y tanto tardamos en pronunciar aquella sílaba como dos, de
manera que passarán siete por ocho, como dixo frey Ýñigo: «Aclara sol divinal». Mas,
porque en el arte mayor los pies son intercisos, que se pueden partir por medio, no
solamente puede passar una sílaba por dos quando la postrera es luenga, mas tan bien, si
la primera o la postrera fuera luenga, assí del un medio pie como del otro, que cada una
valdrá por dos. Ay otro género de trobar que resulta de los sobredichos que se llama pie
quebrado, que es medio pie, assí de arte real como de mayor; del arte real son cuatro
sílabas o su equivalencia y éste suélese trobar, el pie quebrado mezclado con los
enteros, y a las vezes passan cinco sílabas por medio pie y entonces dezimos que va la
una perdida, assí como dixo don Jorge: «como devemos». En el arte mayor, quando se
parten los pies y van quebrados, nunca suelen mezclarse con los enteros, mas antes
todos son quebrados, según parece por muchos villancicos que ay de aquesta arte
trobados.

Capítulo VI
De los consonantes y assonantes y de la esaminación dellos

Después de aver visto y conocido la mensura y esaminación de los pies, resta


conocer los consonantes y assonantes, los quales siempre se aposentan y assinan en el
cabo de cada pie y son principales miembros y partes del mesmo pie; y porque el
proprio acento de nuestra lengua comúnmente es en la penúltima sílaba, allí devemos
buscar y esaminar los consonantes y assonantes. Consonante se llama todas aquellas
letras o sílabas que se ponen desde donde está el postrer acento agudo o alto hasta el fin
del pie, assí como si el un pie acabasse en esta dición: «vida», y el otro acabasse en otra
dición que dixesse: «despedida», entonces diremos que desde la «i», donde está el
acento largo, hasta el cabo es consonante, y por esso se llama consonante, porque ha de
consonar el un pie con el otro con las mesmas letras desde aquel acento agudo o alto
que es aquella «i». Mas quando el pie acaba en una sílaba luenga que vale por dos,
entonces contamos aquella sola por última y penúltima y desde aquella vocal donde está
el postrer acento largo, desde allí ha de consonar un pie con otro con las mesmas letras,
assí como si el un pie acaba en «coraçón», y el otro en «passión», desde aquel «ón», que
vale por dos sílabas, dezimos que es el consonante. Y si acabasse el pie en dos sílabas
breves y estuviesse el acento agudo en la antepenúltima, entonces diremos que el
consonante es desde aquella antepenúltima, porque las dos postreras, que son breves, no
valen sino por una, de manera que todo se sale a un cuento, assí como si el pie acabasse
en «quiéreme», y el otro en «hiéreme», entonces desde la «e» primera adonde está el
acento alto es consonante que ha de consonar con las mesmas letras. Ay tan bien otros
que se llaman assonantes, y cuéntanse por los mesmos acentos de los consonantes, mas
difiere el un assonante del otro en alguna letra de las consonantes, que no de las vocales;
y llámasse assonante porque es a semejança del consonante, aunque no con todas las
mesmas letras, assí como Juan de Mena dixo en la Coronación, que acabó un pie en
«proverbios», y otro en «sobervios», adonde passa una v por una b, y esto suélese hazer
en defeto de consonante, aunque b por v, y v por b muy usado está, porque tienen gran
hermandad entre sí, assí como si dezimos biva y reciba, y otros muchos enxemplos
pudiéramos traer, mas dexémoslos por evitar prolixidad. Y allende desto, avémosnos de
guardar que no pongamos un consonante dos vezes en una copla, y aun si ser pudiere no
lo devemos repetir hasta que passen veynte coplas, salvo si fuere obra larga, que
entonces podrémoslo tornar a repetir a tercera copla o dende adelante aviendo
necessidad; y qualquiera copla se ha de hazer de diversos consonantes, dando a cada pie
compañero o compañeros, porque si fuessen todos los pies de unos consonantes
parecería muy mal. Y avemos de notar que sílabas breves en el romance llamamos todas
las que tienen el acento baxo, y luengas o agudas se dizen las que tienen alto el acento,
aunque en el latín no vayan por esta cuenta.

Capítulo VII
De los versos y coplas y de su diversidad

Según ya deximos arriba, devemos mirar que de los pies se hazen los versos y
coplas; mas porque algunos querrán saber de quántos pies han de ser, digamos algo
dello brevemente. Muchas vezes vemos que algunos hazen sólo un pie y aquél ni es
verso ni copla porque avían de ser pies y no sólo un pie, ni ay allí consonante, pues que
no tiene compañero, y aquel tal suélese llamar mote; y si tiene dos pies llamámosle tan
bien mote o villancico, o letra de alguna invención por la mayor parte; si tiene tres pies
enteros o el uno quebrado tan bien será villancico o letra de invención, y entonces el un
pie ha de quedar sin consonante, según más común uso; y algunos ay del tiempo antiguo
de dos pies y de tres que no van en consonante, porque entonces no guardavan tan
estrechamente las osservaciones del trobar. Y si es de cuatro pies puede ser canción y ya
se puede llamar copla, y aun los romances suelen yr de cuatro en cuatro pies, aunque no
van en consonante sino el segundo y el cuarto pie y aun los del tiempo viejo no van por
verdaderos consonantes. Y todas estas cosas suelen ser de arte real, que el arte mayor es
más propria para cosas graves y arduas; y de cinco pies tan bien ay canciones y de seys;
y puédense llamar versos y coplas y hazer tantas diversidades cuantas maneras huviere
de trocarse los pies; mas desde seys pies arriba por la mayor parte suelen tornar a hazer
otro ayuntamiento de pies, de manera que serán dos versos en una copla, y comúnmente
no sube ninguna copla de doze pies arriba porque parecería desvariada cosa, salvo los
romances, que no tienen número cierto.

Capítulo VIII
De las licencias y colores poéticos y de algunas galas del trobar

De muchas licencias y figuras pueden usar los poetas por razón del metro y por la
necessidad de los consonantes; mayormente en el latín ay figuras infinitas y algunas
dellas han passado en el uso de nuestro castellano trobar, de las quales no haremos
mención más de quanto a nuestro propósito satisfaze. Tiene el poeta y trobador licencia
para acortar y sincopar qualquiera parte o dición, assí como Juan de Mena en una copla
que dixo: «El hi de María», por dezir: el hijo de María, y en otra parte dixo: «que nol
pertenece», por dezir: que no le pertenece, y en otra dixo: «agenores», por agenórides;
puede assí mesmo corromper y estender el vocablo, assí como el mesmo Juan de Mena
en otra copla que dixo «Cadino», por Cadmo, y los lagos «Metroes», por Meótides, y
puede tan bien mudarle el acento, assí como en otro lugar donde dize «platanos», por
plátanos, y en otro: «Penolope», por Penolopé; tiene tan bien licencia para escrevir un
lugar por otro, como Juan de Mena que puso una Tebas por otra, y puede tan bien poner
una persona por otra, y un nombre por otro, y la parte por el todo y el todo por la parte.
Otras muchas más figuras y licencias pudiéramos contar, mas porque los modernos
gozan de la brevedad, contentémonos con éstas, las quales no devemos usar muy a
menudo pues que la necessidad principalmente fue causa de su invención, aunque
verdad sea que muchas cosas al principio la necessidad ha introducido que después el
uso las ha aprovado por gala, assí como los trages, las casas y otras infinitas cosas que
serían muy largas de contar. Ay tan bien mucha diversidad de galas en el trobar,
especialmente de cuatro o cinco principales devemos hazer fiesta: ay una gala de trobar
que se llama encadenado que en el consonante que acaba el un pie en aquél comiença el
otro, assí como una copla que dize: «Soy contento ser cativo / cativo en vuestro poder /
poder dichoso ser bivo / bivo con mi mal esquivo / esquivo no de querer», etc. Ay otra
gala de trobar que se llama retrocado, que es cuando las razones se retruecan, como una
copla que dize: «Contentaros y serviros / serviros y contentaros», etc. Ay otra gala que
se dize redoblado, que es quando se redoblan las palabras, assí como una canción que
dize: «No quiero querer querer / sin sentir sentir sufrir / por poder poder saber», etc. Ay
otra gala que se llama multiplicado, que es quando en un pie van muchos consonantes,
assí como en una copla que dice: «Dessear gozar amar / con amor dolor temor», etc. Ay
otra gala de trobar que llamamos reyterado, que es tornar cada pie sobre una palabra,
assí como una copla que dize: «Mirad cuán mal lo miráys / mirad cuán penado bivo /
mirad quánto mal recibo», etc. Estas y otras muchas galas ay en nuestro castellano
trobar, mas no las devemos usar muy a menudo, que el guisado con mucha miel no es
bueno sin algún sabor de vinagre.

Capítulo IX y final
De cómo se deven escrevir y leer las coplas

Dévense escrevir las coplas de manera que cada pie vaya en su renglón, ora sea de
arte real ora de arte mayor, ora sea de pie quebrado ora de entero, y si en la copla
huviere dos usos, assí como si es de siete y los cuatro pies son un uso y los tres otro, o si
es de ocho y los cuatro son un uso y los otros cuatro otro, o si es de nueve y los cinco
son un verso y los cuatro otro, etc.,siempre entre uso y uso se ponga coma: que son dos
puntos uno sobre otro, y en fin de la copia hase de poner colum que es un punto solo, y
en los nombres proprios que no son muy conocidos o en las palabras que pueden tener
dos acentos, devemos poner sobre la vocal adonde se haze el acento luengo un ápice,
que es un rasguito como el de la «i», assí como en ámo quando yo ámo, y amó quando
otro amó, y hanse de leer de manera que entre pie y pie se pare un poquito sin cobrar
aliento, y entre verso y verso parar un poquito más, y entre copla y copla un poco más
para tomar aliento.

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