EL PAPEL DE LA IMAGINACIÓN EN LA RECONSTRUCCIÓN DE
LA HISTORIA
Roberto J. Walton
El primer apartado introduce la visión de Edmund Husserl sobre la
imaginación. Se trata de un modo de presentificación o re-presen-
tación (Vergegenwärtigung), que si bien, como fantasía libre, no está
condicionada y no sitúa lo presentificado o re-presentado en un lugar
del tiempo, puede quedar atada, en otra modalidad de sus operacio-
nes, a datos que la motivan. En segundo lugar se examina el modo en
que, según Husserl, la imaginación opera en una constitución regresi-
va mediante la cual es posible figurarse mundos ya desaparecidos. Esta
presentificación se realiza sobre la base de indicios en una apertura
a las generaciones anteriores y en un traspasamiento de lo generati-
vamente constituido. En tercer lugar, siguiendo a Paul Ricoeur, se
indican diversas modalidades de la intervención de la imaginación en
la historiografía y en la historia hecha y padecida. Por último, se vuel-
ve sobre el análisis de Husserl para examinar su visión sobre algunos
aspectos de la historiografía.
1. Fenomenología de la imaginación
El análisis fenomenológico de la correlación intencional entre la con-
ciencia y el objeto, entre la noesis y el noema, distingue del lado obje-
tivo un sentido que se articula en una X vacía o sustrato y un “objeto
en el cómo de sus determinaciones”, es decir, un conjunto de propie-
dades. Este sentido está acompañado de una tesis o carácter de ser
cuya forma originaria es la efectividad. De ella derivan, en razón de
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Roberto J. Walton
una menor convergencia en las experiencias, los caracteres de ser de lo
probable, lo posible, lo dudoso, etc. Correlativamente, según el para-
lelismo noético-noemático, se encuentran del lado de la noesis un dar
sentido y los caracteres de la creencia cuya forma básica es la certeza.
De ella derivan la conjetura, la sospecha o la duda, etc. Caracteres de
ser y caracteres de creencia son caracteres que implican una posición
modal con respecto al objeto. Frente a ellos se encuentra la modifica-
ción de neutralidad que se diferencia porque el objeto no está puesto
de una determinada manera modal. La neutralización como carácter
noético deja en suspenso, pone entre paréntesis. Se trata de una con-
ciencia neutra que retira toda eficacia a los caracteres ya existentes. Así
se establece un corte radical en la conciencia entre la conciencia posi- Suspencion del jucio,
neutralización del
cional y la conciencia no-posicional que responde a la neutralización o mundo como conciencia
no-posicional
Presencia y “abstención voluntaria de toda posición” (Husserl, 1980: 577).
presentificación
El conjunto formado por sentido y tesis tiene diversas maneras
de darse según la plenitud conferida por intuiciones que nos ponen
en contacto con objetos. Aquí se distinguen las presentaciones y las
presentificaciones. Las presentaciones son las percepciones que ponen
el objeto en el presente como algo que está ahí en su presencia. Con
otras palabras: en la percepción el objeto está presente originalmente,
en persona o en carne y hueso (leibhaft). Por el contrario, la presentifi-
cación o re-presentación no da el objeto en su presencia misma. Puede
ser simple o compleja.1
La presentificación simple da el objeto en sí mismo aun cuando
no lo da en carne y hueso. Si bien no están ahí en carne y hueso, los
objetos presentificados en cada caso aparecen en sí mismos ante la
conciencia y no a través de un elemento mediador. Un caso de presen-
tificación simple pone el objeto en algún lugar de nuestro horizonte
temporal. Hay una presentificación de pasado (rememoración), una Distentio
animi
presentificación de futuro (espera) y una presentificación de presen-
1. Sobre esta distinción, véase Husserl, 1976: 232 ss.: tr. 327 ss.
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
te (una re-presentación no-perceptiva de un objeto presente). El otro
caso de presentificación simple es la imaginación o fantasía que im-
plica una neutralización del momento temporal. Toda fantasía es una
presentificación neutral que no pone lo presentificado en el tiempo.
Esto significa que la imaginación se libera de toda relación con el aquí
y ahora. O más bien la fantasía pone el objeto “como si” estuviera
presente o “como si” fuera efectivo. De ahí que Husserl se refiera a una
cuasi-posicionalidad de la fantasía. El objeto fantaseado –por ejemplo,
un centauro– se da también en sí mismo sin mediación.
Husserl contrapone el mundo de la percepción al mundo de la
fantasía en los siguientes términos:
[…] el reino de la experiencia actual, que está atado (gebunden) a la
realidad del sujeto cognoscente y sus experiencias, es un reino único
y fijo; por otro lado, los mundos de la fantasía son infinitamente
múltiples, son […] una multiplicidad desordenada de mundos posi-
bles infinitamente múltiples, de los cuales cada uno presenta la idea
del correlato de un orden armónico y determinado de ficciones, que
se unen unitariamente, de un modo análogo al que las cosas se unen
efectivamente en el mundo efectivo (Husserl, 1980: 523).
Por otro lado, Husserl se plantea el problema de “si hay tal cosa
como una fantasía completamente pura” (Husserl, 1980: 509). Tiene
en cuenta que toda experiencia está “atada” tanto al curso de la con-
ciencia como a un contexto de experiencia. Señala que la fantasía se
inserta en el curso de la conciencia, y pregunta si esta inserción no
establece una relación entre la ficción y la realidad de modo que la
imaginación queda sujeta a una limitación. Y observa que las fanta-
sías que ordinariamente se nos ocurren no son libres sino “fantasías-
en (Hineinphantasien) que imaginan algo ficticio en una porción
de realidad experienciada intuitivamente o aun de realidad oscu-
ramente puesta” (Husserl, 1980: 509). El problema de la “fantasía
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Roberto J. Walton
atada” interesa por el papel de la imaginación en la reconstrucción
del pasado.
Husserl califica la fantasía en el sentido habitual como “fantasía
reproductiva” (reproduktive Phantasie). Pero lo reproducido, es decir,
lo que se hace venir de nuevo a la conciencia, es transformado en algo
cuasi-efectivo. Esto diferencia la fantasía reproductiva de la rememo-
ración, que también es reproductiva, pero en el modo de la efectividad
de su objeto. Mientras que la rememoración es una reproducción mo-
dalmente no-modificada, la fantasía contiene, además de la modifi-
cación reproductiva, una modificación de la posición o tesis: “En la
fantasía no tenemos conciencia sin más ni más de algo incluido como
efectividad, pasado, etc., sino que tenemos conciencia de algo con su
contenido ‘como si’ fuera presente, etc. Para nosotros es efectividad
‘como si’” (Husserl, 1980: 504). Así vemos en una intuición ninfas,
centauros, etc., pero en el modo del como-si, esto es, en una forma que
carece de fuerza. No llevamos a cabo ninguna posición o tesis porque
no ponemos lo fantaseado como existente o efectivo.
La presentificación compleja no da el objeto en sí mismo sino que
es la conciencia de un elemento mediador. Nos encontramos también
con dos casos. El primero es la conciencia-de-imagen (Bildbewusstsein)
que surge para representar algo que no aparece en sí mismo. Implica
la percepción de un objeto como objeto-imagen retratante, es decir,
como representante de algo retratado que no es percibido y que de
ese modo es representado indirectamente. Ahora bien, para que un
objeto percibido aparezca como una imagen, debe ser neutralizado.
Se trata de una neutralización aplicada a la percepción o presentación.
La imagen es algo percibido que es neutralizado de tal modo que me
abstengo de ponerlo como percibido. Así, no percibo la estatua como
una figura de piedra sino como imagen de una persona. La percepción
de la piedra es depositaria de una intención que va más allá de ella y la
caracteriza como imagen. Se tiene entonces la cosa-imagen (Bildding)
o imagen física, es decir, la imagen como cosa física (el mármol), el
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
objeto-imagen (Bildobjekt), es decir, el objeto que representa o retrata
algo (la estatua), y el sujeto de la imagen (Bildsujet), lo representado o
retratado por medio de la imagen (un héroe) (cf. Husserl, 1980: 19 ss.,
489 s.). El segundo tipo de presentificación compleja es el signo que no
exige, a diferencia de la imagen, ninguna semejanza con lo designado.
Para estudiar el papel de la imaginación en la reconstrucción del
pasado histórico se deben tener en cuenta variaciones a las que están
sujetas tanto la conciencia-de-imagen como la fantasía.
Por un lado, el análisis de la conciencia-de-imagen lleva a consi-
derar el caso en que vivimos en lo perceptivamente presentado, esto
es, en una “pura percepción (Perzeption) carente de posición” (Husserl,
1980: 467) sin que lo percibido remita más allá de sí mismo. Por eso
Husserl habla de una fantasía perceptiva. Mientras que la fantasía re-
productiva –como modalidad de la conciencia-de-imagen– utiliza el
material de percepciones pasadas, la fantasía perceptiva se asocia con
una percepción presente a la que neutraliza. Se trata de la percep-
ción (Perzeption) de la imagen que no remite fuera de ella como la
conciencia-de-imagen originaria y que a la vez se separa del entorno
que se da en una percepción ponente. Husserl utiliza a veces el tér-
mino Perzeption, para contraponer el tipo de percepción involucrado
en la fantasía perceptiva a la Wahrnehmung o percepción posicional.
Sobre esta percepción carente de posición, Husserl dice: “Por cierto, la
figuratividad (Abbildlichkeit) no es la preocupación principal sino la
imaginería (Bildlichkeit) en el sentido de la fantasía perceptiva como
una imaginación inmediata” (Husserl, 1980: 515). En una obra de tea-
tro, por ejemplo, los actores pueden producir la imagen, por ejemplo,
de un suceso trágico, pero la “imagen de” no es un retrato (Abbild) en
el sentido de que un objeto-imagen representa un sujeto de la imagen.
Lo que el actor hace no es un objeto-imagen en el cual se retrata un
sujeto de la imagen real o ficticio: “Cuando se representa una pieza de
teatro, no es necesario provocar una conciencia-de-retratación (Abbil-
dungsbewusstsein), y lo que ahí aparece es una pura ficción perceptiva”
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Roberto J. Walton
(Husserl, 1980: 515). Aquello de lo cual trata la obra de teatro es algo
interno a la obra misma. El objeto-imagen es figurante de tal modo
que en él se figura el sujeto de la imagen.
Por otro lado, una fantasía atada aparece en la empatía cuya for-
ma originaria es la experiencia del otro percibido mediante su cuerpo
propio. Esta percepción es la motivación de intenciones vacías que se
dirigen a otro curso de vivencias y que son plenificadas por medio
de la imaginación. Presentifico o re-presento en la imaginación las
experiencias del otro yo “como si yo estuviera allí” –en el curso de vi-
vencias ajeno– mediante una variación imaginaria de mis propias ex-
periencias. La empatía se diferencia de las restantes presentificaciones.
En primer lugar, nada tiene que ver con la conciencia de imagen o el
signo, porque no capta un elemento mediador respecto de lo extraño.
Husserl contrapone la empatía a la conciencia-de-imagen originaria
en la que intenciono al sujeto de la imagen por medio del objeto-
imagen. No veo al otro yo a través del cuerpo físico sino que lo veo a
él mismo en su cuerpo propio (cf. Husserl, 1973a: 487). El otro se da
en sí mismo aunque no en persona ya que no tengo una percepción del
curso de vivencias extraño. En segundo lugar, la empatía se asemeja a
la rememoración porque está sujeta a la legitimación racional a través
de una convergencia de actos en torno de la presentificación de lo
mismo, pero se diferencia de ella porque se orienta no al propio curso
de vivencias sino a otro curso de vivencias. Por último, la empatía se
distingue de la mera fantasía que, en cuanto libre, es decir, carente de
condicionamientos, escapa a una legitimación racional. Respecto de la
fantasía que plenifica la apercepción empatizante, Husserl declara que
una vinculación con lo percibido limita su libertad: “En el como-si de
la modificación estoy atado (gebunden) por la indicación del cuerpo
propio extraño, no soy un imaginante libre, no es una mera fantasía
[…]” (Husserl, 1973b: 642). La imaginación está sujeta a limitaciones
en el sentido de que es “exigida de un modo determinado por la exte-
rioridad experienciada del cuerpo físico allí” o “motivada por un cuer-
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
po físico que existe allí” en una situación que excluye toda arbitrarie-
dad: “Aquí, la situación de motivación es una situación particular que
no permite imponer al comportamiento del cuerpo físico que está allí
una arbitraria interioridad de la fantasía” (Husserl, 1973a: 499).2
Fantasía perceptiva y fantasía atada son modalidades que permi-
ten comprender el papel que juega la imaginación en la reconstrucción
histórica. Es necesario pensar en un entrelazamiento de ambas. Cuan-
do separa la fantasía en reproductiva y perceptiva, poniendo como
ejemplos respectivamente la fantasía, que reproduce en el modo del
como-si, y la conciencia del objeto-imagen, que no es retrato de un
sujeto de la imagen exterior, Husserl observa que ambas modalida-
des son pensadas “de modo puro, sin mezcla de experiencias que les
conferirían una relación con la realidad efectiva (esto es, por ejemplo,
con un determinado tiempo, con un determinado lugar)” (Husserl,
1980: 504). La referencia a un tiempo y lugar, es decir, a un contexto
de experiencia, tiene que ser desplegada como una motivación que
condiciona la fantasía.
Más allá del “protomodo de la experiencia de lo extraño” –la cap-
tación de que hay un alter ego en virtud de la percepción de su cuerpo
propio–, Husserl describe “conceptos esencialmente diferentes de em-
patía” (Husserl, 1973b: 172), esto es, “modificaciones intencionales del
protomodo” que componen “todas las formas superiores y concretas
de la intencionalidad de la empatía” (Fink, 1988: 259, 269). En todas
estas formas interviene la imaginación para plenificar la apercepción
o intención vacía que se sustenta en lo percibido en cada caso y re-
mite a algo que no puede darse en persona o carne y hueso. Aquí
hay que mencionar una “empatía de contenidos determinados de la
esfera psíquica superior” (Husserl, 1950: 149; tr. 188) que se extiende
a la objetividad cultural de nuestro mundo circundante y a la huma-
nidad cultural extraña junto con sus objetos. El desvelamiento del
2. Sobre esta limitación de la fantasía, véase Aguirre, 1982: 150-64.
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sentido del objeto cultural exige trasponerse en la imaginación dentro
de lo sujetos extraños y explicitar la intención o la meta general que
ha motivado la producción de una formación cultural como una he-
rramienta, un símbolo religioso, una obra de arte o una obra literaria.
Por tanto, también son apercibidos e imaginados los sujetos que han
formado estos objetos culturales en relación con sus fines. De manera
que un objeto del mundo circundante es percibido materialmente y a
una es comprendido en su sentido teleológico, es decir, según la meta
para la que ha sido fabricado. Husserl señala que “toda ‘empatía’, toda
comprensión de la coexistencia humana y del mundo circundante hu-
mano (que es totalmente mundo cultural) está fundada por completo
en la comprensión retrospectiva (Rückverstehen) que va de la obra al
operar, de la expresión corpórea, a la vida que se expresa en ella, etc.”
(Husserl, 1993: 380). Por este camino se llega a una “empatía histórica”
(historische Einfühlung) (Husserl, 1973b: 233 n.), cuya manifestación
primaria se da dentro de una tradición que enlaza sucesivas personas,
cuando “las posteriores ejercen empatía en la vida de las anteriores […]”
(Husserl, 1973a: 198). 3
3. Con anterioridad a Husserl, Dilthey había señalado que la revivencia per-
mite la apropiación del mundo espiritual y descansa en dos momentos. Por
un lado, la vívida presencia de exteriorizaciones de la vida suscita en nosotros
la revivencia. Por el otro, la fantasía refuerza lo que poseemos en nuestro pro-
pio nexo de vida a fin de poder revivir la vida ajena. Obra sobre los materiales
ofrecidos por modos de comportamiento, fuerzas, sentimientos, aspiraciones
y orientaciones dentro de nuestro propio nexo de vida. Gracias a la fantasía
podemos revivir algo que se halla fuera de las posibilidades de nuestra vida
real, por tanto, la comprensión “amplía nuestro horizonte en posibilidades
de vida humana, que solo así llegan a ser accesibles para nosotros. Así, el
hombre determinado desde dentro puede vivenciar en la imaginación muchas
otras existencias. Extrañas bellezas del mundo y otras regiones de la vida que
él nunca puede alcanzar se hacen patentes ante quien está limitado por sus
circunstancias” (Dilthey, 1979: 216).
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
Podemos ver en la fantasía que interviene en la empatía histórica
un modo de fantasía perceptiva en la medida en que describe, al modo
de una obra literaria de carácter histórico, una situación histórica que
no está presente y un modo de la fantasía atada en la medida en que
se atiene a documentos, monumentos, huellas, etc. Se retornará a esta
cuestión en el apartado final.
2. Imaginación y constitución regresiva del mundo según
Husserl
Husserl se plantea “el gran problema del método de la construcción
indirecta, pero reconstrucción de un reino de constitución inexpe-
rienciable” (Husserl, 2008: 480). Lo inexperienciable es lo que no ha
sido percibido, y, por tanto, no puede ser el objeto de una rememo-
ración. No obstante, lo inexperienciable es intencionado a través de
apercepciones o intenciones vacías que se sustentan en lo efectivamen-
te experienciable. Husserl se refiere a “apercepciones históricas que,
vueltas retrospectivamente, introducen sentido histórico en lo consti-
tuido propio inherente al tiempo plenificado” (Husserl, 2008: 506).4
Esta introducción de sentido histórico mediante la plenificación de
apercepciones que configuran un horizonte temporal vacío requiere la
participación de la imaginación.
4. El término “apercepción” indica un acto que nos lleva más allá de lo dado
hacia otras experiencias posibles cuyo contenido está anticipado sobre la base
de la sedimentación de la experiencia pasada. Pero Husserl aclara que el tér-
mino no solo se relaciona con una habitualidad que opera como adquisición
en ulteriores experiencias de carácter semejante sino también como “una ha-
bitualidad implícita para todo un género de sentido experiencial alterado, es
decir, para experiencias como si ellas hubieran sido instituidas originariamen-
te” (Husserl, 2008: 503). Este segundo caso, el de la alteración y el como-si,
requiere la intervención de la fantasía.
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Roberto J. Walton
No solo modificamos nuestras propias rememoraciones para
adaptarlas a la plenificación de la apercepción orientada al pasado
sino que podemos recurrir a la fantasía para esa ilustración. Husserl
escribe: “Ahora debemos tomar en consideración otra forma de modi-
ficación de las rememoraciones como una forma que ingresa en aper-
cepciones (als in Apperzeptionen eintretenden) y ejerce en ellas una fun-
ción. Me refiero a las modificaciones de neutralidad de la fantasía. Así,
por ejemplo, la apercepción-en-imagen (Bildapperzeption)” (Husserl,
2008: 415). Siempre podemos pensar un pasado ulterior por medio
de una modificación de la fantasía. El yo no tiene efectivamente ese
pasado porque no puede rememorarlo, pero puede imaginarlo: “Estas
intenciones trascienden mi reino efectivamente constituido de la re-
memoración y de las posibilidades experienciales de acceso incluidas
en él, y entran en escena […] como si hubieran sido o hubieran podido
ser mis experiencias. Pero el como-si no es el como-si de una mera fan-
tasía” (Husserl, 2008: 504). Husserl afirma que el como-si inherente
a la apercepción retrospectiva no es el como-si de una mera fantasía
porque “solo en la medida en que, a partir de la primordialidad de la
experiencia efectiva, tengo una motivación, la transposición retros-
pectiva tiene un determinado contenido de validez con posibilidades
de legitimación” (Husserl, 2008: 507). La fantasía no es una mera
fantasía libre sino que su reconstrucción de lo vivido está atada a una
motivación. Por eso la fantasía puede tener una participación en la
plenificación de la apercepción retrospectiva y contribuir a la recons-
trucción del pasado. Esto es posible en la medida en que la experiencia
efectiva proporcione una motivación para alcanzar una mayor deter-
minación del pasado y para efectuar cancelaciones en lo ya alcanzado.
Aun cuando la rememoración está ausente, Husserl habla de una
apercepción “que por así decirlo ad-memora (ad-memoriert), es decir,
opera un rememorar-por-añadidura (Hinzuerinnern), en el que lo pre-
sente recibe sentido como algo que ha llegado a ser previamente (y
que aún existe ahora)” (Husserl, 2008: 414). Lo peculiar de la aper-
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
cepción del pasado es que no solo apresenta sino que “a-temporaliza”
(ad-temporalisiert) (Husserl 1973b: 242) colocando lo apercibido en
un lugar del tiempo pasado. La apercepción retrospectiva remite a
“una retención-como-si, una modificación de la retención que no fue
mi retención” (Husserl, 2008: 507), y posibilita una presentificación
de mi mundo pasado por medio de la imaginación.
Además, puedo efectuar una síntesis de mi continuidad reme-
morativa con los recuerdos de otros. Puedo recordar “en otros”, esto
es, evocar un “‘recuerdo’ por el medio de los otros, de los otros de los
otros, etc.” (Husserl, 2008: 501). Junto con la empatía como expe-
riencia de la coexistencia presente y perceptiva de los otros, hay una
empatía orientada hacia yoes que no son percibidos en el horizonte de
simultaneidad, o que han existido en el pasado. En la empatía com-
prendo no solo los objetos culturales de mi ámbito espiritual o mundo
familiar y los del mundo extraño presente en el horizonte de simulta-
neidad sino también los objetos culturales de mundos pasados dentro
de mi propia tradición o de otras tradiciones. Husserl caracteriza esta
empatía histórica como “una experiencia constructiva mediata (eine
konstruktive mittelbare Erfahrung)” (Husserl, 1952: 378). El modo
constructivo de empatía está en juego en tanto se requiere un fuerte
grado de modificación intencional de nuestra experiencia presente en
el proceso por el cual “el historiador reconstruye los pasados, los an-
teriores presentes, en sus representaciones y juicios” (Husserl, 1973b:
393). Y la empatía es mediata en tanto los monumentos, documentos,
etc., que aparecen en el presente, nos remiten a presentes pasados que
pueden ser reconstruidos por las presentificaciones de la imaginación.
Husserl se refiere también a una empatía indirecta e inductiva, y
la contrasta con las formas primarias: “Empatía como primaria, como
experiencia del ser-ahí-con presente, en el modo de la percepción, de
los otros. Empatía de modo indirecto en los otros pasados, o en los co-
presentes, pero que no están ahí directa y corporalmente de un modo
perceptivo; empatía indirecta por medio de la expresión inductiva”
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Roberto J. Walton
(Husserl, 2006: 371). Es una empatía indirecta porque se basa en los
signos o huellas del mundo circundante en que se expresan otros yoes
de los cuales no tenemos una aprehensión por medio de sus cuer-
pos propios. Además, la empatía se realiza por medio de la expresión
inductiva porque tiene en cuenta, por ejemplo, en la ampliación del
mundo familiar, las formas típicas de esos signos o huellas que se han
configurado en un proceso de sedimentación o inducción. Accedemos
a ellas por medio de una modificación imaginaria de la tipicidad ca-
racterística de nuestro mundo como un mundo circundante de induc-
tividad universal que implica, en medio de un horizonte de cosas des-
conocidas, un espacio de objetos y conductas conocidas sobre la base
de la experiencia pasada. La empatía indirecta también se atiene a las
indicaciones proporcionadas por la comunicación lingüística. Husserl
se refiere a una “empatía mediata, por cierto por comunicación indi-
recta, por ejemplo, lingüística, […]” (Husserl, 1973b: 239).
En nuestro mundo de la vida encontramos testimonios, esto es,
indicios de seres humanos con los cuales no nos une ningún encadena-
miento de la tradición. Y podemos colocarnos en el lugar de aquellos
hombres con cuya generatividad no podemos establecer un nexo y que
han tenido una experiencia del mundo. Husserl tiene en vista la exis-
tencia pasada no solo de seres humanos sino de animales cuyas huellas
encontramos en nuestro mundo circundante presente. Tenemos una
indicación indirecta que no se limita a los testimonios de una existen-
cia humana que está fuera de nuestra tradición, sino que se extiende
a animales anteriores a la generatividad humana con los cuales pue-
do entrar en una relación de empatía. Tenemos “huellas de animales”
(Husserl, 2008: 510), con su respectiva típica, que nos permite ente-
rarnos de que había animales y de las clase de animales que eran. Por
tanto, puedo imaginarme viendo con los ojos de un animal como el
ictiosaurio que me es indicado de alguna manera por sus restos fósiles.
Así, en un experienciar-como-si se constituye lo experienciado-como-
si. Esto significa que no estamos limitados a un fragmento de tradición
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
efectiva y a la recomprensión de estos o aquellos animales en su mundo
circundante actual, sino que nuestra conciencia se amplía al infinito.
Tenemos la capacidad de introducirnos comprendiendo en el mundo
animal y su desarrollo, y de ese modo, por un camino de mediación, de
reconstruir todos los mundos de las especies, aun cuando no podamos
acceder a una plena intuitividad. Se comprende analógicamente estos
mundos “como ‘apariciones’ del único y mismo mundo en las especies
subhumanas y en la especie humana” (Husserl, 2008: 663).
Es preciso ir más allá de lo que se constituye en relación con las
generaciones incluso animales: “Si esta constitución fuera todo, es-
taría agotado el mundo. Pero el sentido de ser de nuestro mundo se
extiende más lejos, y de lo que se trata es de esto que se extiende más
lejos y de su constitución” (Husserl, 2008: 511). Las indicaciones re-
cibidas se extienden más allá a épocas de la tierra en que no hay una
vida animal en cuyo lugar puedo colocarme para experienciarlas como
indicaciones desde allí. Por ejemplo, la roca petrificada de la corteza
terrestre es una indicación de sucesos de una época geológica lejana.
Husserl se pregunta: “¿Qué sucede con las épocas de hielo terrestres
o con los tiempos de las épocas geológicas en que la tierra era una bola
de gas incandescente?” (Husserl, 2008: 502). No se trata solo de lo
inaccesible en el tiempo sino también de lo inaccesible en el espacio;
por ejemplo, el interior fundido de la tierra actual no es un ámbito de
experiencia objetiva como tampoco lo es el sol o la estrella Sirio: “Pero
el mundo se extiende más allá de la tierra, y específicamente en apre-
hensiones que provienen de la ciencia y son diferentes derivaciones de
configuraciones de sentido teóricas que los científicos han construido
y solo ellos comprenden originariamente, […]” (Husserl, 2008: 410).
A estas cuestiones se retornará en el apartado final.
23
Roberto J. Walton
3. La imaginación en la historiografía y la historia hecha y
padecida según Ricoeur
El análisis de Ricoeur sobre la historia se despliega en varios planos.
Ante todo se encuentran cuestiones epistemológicas inherentes a la histo-
riografía. Ricoeur sostiene que la historiografía se apoya en la configu-
ración del mundo de la acción por medio de la narración. Ésta institu-
ye una mediación entre (i) los episodios aislados y la historia relatada
como un todo, (ii) la diversidad de factores que identifican la acción,
es decir, agentes, fines, medios, resultados, etc., y (iii) la dimensión
cronológica o episódica de los acontecimientos relatados y la dimen-
sión no-cronológica o configurante por la cual incidentes sucesivos se
transforman en una historia. Así, la puesta en intriga es una síntesis de
lo heterogéneo que es realizada por una imaginación productiva y que
da lugar a una innovación semántica mediante la reunión de aconte-
cimientos dispersos en un relato. La triple mediación permite que el
relato sea seguido por un lector que avanza a través de las peripecias
hasta la conclusión como el punto de vista que permite considerar la
historia como un todo. Una puesta en intriga como obra de la ima-
ginación productiva es una matriz común para el relato histórico y el
relato de ficción. Por tanto, la historiografía no puede apartarse de la
competencia para seguir una narración, es decir, discernir el arreglo
configurante de los hechos que “transforma la sucesión de los acon-
tecimientos en una totalidad significante […]” (Ricoeur, 1983: 105).
Ahora bien, Ricoeur defiende “la tesis de la derivación indirecta
del saber histórico a partir de la inteligencia narrativa” (Ricoeur, 1983:
135, 250). Esto quiere decir que hay un corte entre el conocimiento
histórico y la comprensión narrativa. La explicación histórica adquiere
autonomía con respecto a la explicación inmanente al relato porque
el historiador se apoya en la prueba documental y procura determinar
si una explicación es mejor que otra. Por un lado, el relato histórico
exhibe una continuidad o afinidad con la puesta en intriga en vir-
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El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
tud de la intervención de la imaginación para construir el curso de
los acontecimientos. Por otro lado, hay una discontinuidad porque el
historiador no es un simple narrador sino que da las razones por las
cuales un factor puede ser considerado en mayor grado que otro como
la causa suficiente del curso de los acontecimientos. Esto le confiere
una precisión que es ajena a la mera causalidad narrativa donde un
episodio ocurre en razón de otro o después de otro sin que se adelante
una argumentación al respecto.
La explicación histórica recurre a la imputación causal singular,
un procedimiento elaborado por Max Weber y Raymond Aron. Se
parte de la hipótesis de que un determinado factor tiene una signifi-
cación causal, y se imaginan cursos históricos alternativos en que ese
factor está ausente y otros factores desempeñan su papel a fin de pro-
ducir el mismo efecto. Si se advierte que los otros factores no bastan
para dar lugar al efecto, el factor modificado o suprimido adquiere el
carácter de causa suficiente del curso de los acontecimientos. Al eli-
minar los candidatos a la causalidad, se dan las razones por las cuales
un factor puede ser considerado con mayor fundamento que otros, y
sin llegar a una imputación definitiva, como la causa suficiente del
curso de los acontecimientos. Así, imaginar relaciones causales irrea-
les permite descubrir conexiones causales reales. Esta construcción en
la imaginación se atiene a reglas derivadas de la experiencia sobre el
modo en que los seres humanos reaccionan habitualmente ante si-
tuaciones dadas. Así se introducen reglas de experiencia y se asignan
grados de probabilidad causal a los factores en juego. La imputación
causal singular es una estructura de transición entre la explicación por
puesta en intriga y la explicación por leyes.5
5. Sobre la intencionalidad del conocimiento histórico escribe Ricoeur: “En-
tiendo por ella el sentido de la intención poética que hace la cualidad histórica
de la historia y la preserva de disolverse en los saberes a los cuales la his-
toriografía viene a unirse por su matrimonio de razón con la economía, la
25
Roberto J. Walton
La historiografía encierra también cuestiones ontológicas relativas
a la naturaleza del tiempo histórico y a la realidad del pasado histó-
rico. La imaginación exhibe en este terreno una capacidad creadora
de refiguración del tiempo por medio de la invención, con el doble
sentido de creación y descubrimiento de un tercer tiempo –el tiempo
histórico del calendario– en una mediación entre el tiempo vivido y
el tiempo cósmico. El tiempo histórico mantiene un parentesco con
el tiempo vivido ya que posee un momento axial o punto cero, aná-
logo al presente viviente, y puede ser recorrido a partir de él en dos
direcciones que conciernen a un horizonte de pasado y de futuro. Y
conserva un parentesco con el tiempo cósmico en virtud de la presen-
cia de unidades de medida fijas como el día, el mes y el año, que se
asocian con los intervalos contantes entre fenómenos recurrentes de
la naturaleza. Estos intervalos posibilitan mediciones según instantes
homogéneos entre sí, es decir, carentes del privilegio del presente en el
tiempo vivido. Así, el tiempo histórico se comprende a través de una
génesis ideal de sentido, que se distingue de una explicación genética
empírica porque prescinde de las circunstancias históricas que acom-
pañan a la aparición de los diversos calendarios.
Ricoeur analiza el papel de la imaginación respecto del calenda-
rio. Aclara que “no se trata de repetir simplemente lo que se ha dicho
geografía, la demografía, la etnología, la sociología de las mentalidades y de
las ideologías” (Ricoeur, 1983: 252 s.). Ricoeur considera que el historiador
no coloca un caso bajo una ley sino que interpola una ley en su relato sub-
ordinándola a la trama. Las leyes generales de otras disciplinas carecen de
autonomía porque se integran en la comprensión narrativa y, por ende, se
aplican al curso único de acontecimientos del que se ocupa la intriga. Cuando
ya no podemos seguir una historia y queda impedida nuestra comprensión,
es preciso recurrir a explicaciones causales y leyes generales que nos permitan
avanzar y de ese modo restaurar la comprensión. En la medida en que integra
de este modo la explicación mediante generalizaciones en el relato, la histo-
riografía se aparta de la simple comprensión narrativa.
26
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
[…] sobre el papel de la imaginación en el relato histórico en el plano
de la configuración; se trata más bien del papel de lo imaginario en la
mención del pasado tal como fue” (Ricoeur, 1985: 265). Asigna a la
imaginación una operación esquematizante en la cual nos figuramos
un instante cualquiera en el tiempo puramente sucesivo “como si”
fuera un presente vivido en el tiempo vivido. La operación esquemati-
zante hace converger dos perspectivas sobre el tiempo asignando una
datación –es decir, un lugar cualquiera en el sistema de dataciones po-
sibles– a un acontecimiento –es decir, un evento que lleva la marca del
presente, y, por tanto, la de un horizonte de pasado y de futuro–. Un
presente viviente del tiempo fenomenológico se identifica con un ins-
tante cualquiera del tiempo cósmico. Esto significa que se aprehende
un instante cualquiera, “según la fórmula husserliana”, “como si” fuera
un presente con su horizonte retencional y protensional. La datación
es asignada “a presentes potenciales, a presentes imaginados” (Ricoeur,
1985: 267 s.). De esta manera el instante cósmico es imaginado como
si fuera un presente y a este presente se le asigna una fecha. Como
consecuencia de la mediación de la imaginación entre el plano de lo
vivido y el plano del cálculo de intervalos periódicos, el presente fe-
chado revela una estructura mixta. En él se piensan en conjunto dos
perspectivas sobre el tiempo, es decir, el tiempo cósmico que puede
ser calculado numéricamente en una operación intelectual y el tiempo
vivido como presente ligado al mundo de nuestra experiencia.
Otro conector entre el tiempo cósmico y el tiempo fenomeno-
lógico es la noción de huella o rastro (trace). La huella es algo visible
aquí y ahora como una marca o vestigio. Su presencia se debe a que
un ser humano o un animal ha pasado por ahí. El vestigio indica aquí
y ahora sin mostrar, esto es, sin hacer aparecer. Es la marca de una
cosa que fue parte de un mundo que es y no es y con la cual tuvieron
un trato los seres humanos que han vivido en ese mundo. El papel
de la imaginación consiste en figurarse el contexto de vida, esto es, el
entorno social y cultural, o mundo de la vida, que hoy falta en torno
27
Roberto J. Walton
de esa marca o vestigio. La huella también revela una estructura mixta
como consecuencia de la mediación efectuada por la imaginación entre
dos regímenes de pensamiento. Porque la huella es “un efecto-signo”
(Ricoeur, 1985: 177), y por tanto, combina una relación de causalidad
(entre lo que marca y lo marcado) con una relación de significancia (la
relación del vestigio con el pasado acabado que preserva). Es un efecto
que remite a una causa, y es un signo que remite a un sentido. Puesto que
remite al contexto de sentidos que han configurado ese mundo pasado, la
huella tiene el carácter de un signo. Pero tiene también un aspecto ma-
terial por el cual puede ser considerado como el efecto que remite a una
causa. Esta relación causal puede ser remontada poniendo de manifies-
to un lapso que está sujeto a una medición por medio del calendario.
En tanto marca material, la huella se relaciona con la noción de fecha,
se conecta con el calendario, y queda referida al tiempo del universo. En
tanto signo inmaterial, remite al mundo ausente, se vincula con la pre-
ocupación humana, y se cruza con la perspectiva fenomenológica sobre
el tiempo. En suma: la huella es un efecto-signo porque en ella conver-
gen una relación causal en el ámbito físico y una relación de sentido en
la dimensión humana: “Esta doble adhesión de la huella, lejos de dejar
ver una ambigüedad, constituye a la huella en conector de dos regí-
menes de pensamiento, y, por implicación, de dos perspectivas sobre
el tiempo: […]” (Ricoeur, 1985: 177). Remontar la huella es descifrar
una extensión de tiempo. El trayecto desde la huella a aquello que dejó
la huella es lineal. Descifrar un lapso de tiempo requiere el cálculo y la
medida proporcionados por el tiempo cósmico. Pero nos remontamos
no solo a una causa sino a actos de significar que se relacionan con la
preocupación humana y transcurren en el tiempo vivido.
Ricoeur ha analizado el problema de la realidad de un pasado
que ya no es y que puede ser reconstruido a partir de las huellas que
ha dejado. La noción de huella encierra un problema ontológico. Aun
cuando ya no es y solo puede ser alcanzado en el presente por medio
de vestigios, el pasado ha tenido lugar y no deja de gobernar la referen-
28
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
cia histórica confiriendo al relato histórico un rasgo que lo diferencia
del relato de ficción.
Como el pasado ya no es, no resulta adecuado hablar de una
representación. Sin embargo, en cuanto es dejada por el pasado, la
huella tiene una función de lugartenencia o representancia: “Esta fun-
ción caracteriza la referencia indirecta, propia de un conocimiento por
huella, y distingue de cualquier otro el modo referencial de la historia
en relación con el pasado” (Ricoeur, 1985: 149). Ricoeur observa que
debemos aproximarnos al pasado bajo el signo de lo análogo como
una noción que asocia lo mismo y lo otro, es decir, enlaza la reefectua-
ción del pasado y su puesta en distancia. Hay que dar cuenta de una
cierta correspondencia entre el relato histórico y lo que ha sucedido
realmente, y tener conciencia de que la reconstrucción difiere del cur-
so de los acontecimientos en cuyo lugar nos colocamos. Junto con el
papel que la imaginación tiene en el relato histórico, en el plano de la
configuración o puesta en intriga, hay que añadir el papel que tiene en
la mención o intención (visée) del pasado tal como ha sido. Lo imagi-
nario se incorpora a la mención de lo que ha sido sin debilitar su carác-
ter realista. Un trabajo de la imaginación acompaña la interpretación
de un resto, un fósil, una ruina, una pieza de museo, un monumento,
etc. Solo se le asigna el valor de huella si se figura el contexto de vida,
el entorno social y cultural, es decir, el mundo de la vida que hoy día
falta entorno de la reliquia. Este figurarse es una actividad de la ima-
ginación, y de una imaginación productiva porque no se limita a ser
una mera reproducción. Entre el relato histórico y el curso de los acon-
tecimientos pasados no hay una relación de reduplicación. Ricoeur
distingue la representancia de la representación porque la referencia al
pasado es metafórica, y, por tanto, se caracteriza por un ver-como que
tiene como correlato un ser-como. Es importante tener en cuenta que
este ser-como es a la vez un ser y un no-ser.
Ricoeur considera también la historia que hacemos y padecemos
en tanto agentes responsables. Su análisis se basa en las nociones de
29
Roberto J. Walton
espacio de experiencia y horizonte de espera.6 La primera alude al pa-
sado que hemos incorporado y se encuentra presente en virtud de un
proceso de integración como una adquisición que se ha convertido en
hábito. La segunda noción designa todas las anticipaciones privadas
y comunes del futuro, esto es, todas nuestras formas de expectativa.
Mientras que la experiencia adquirida es limitada y tiende a la inte-
gración, el horizonte de espera implica un traspasamiento y estallido
de perspectivas. No obstante, espacio de experiencia y horizonte de
espera se condicionan recíprocamente. La experiencia se reúne en vir-
tud del efecto retroactivo de las esperas, y las esperas encuentran en la
experiencia adquirida caminos que pueden ser recorridos. Son dimen-
siones a la vez irreductibles y complementarias.
Dentro del espacio de experiencia se da una relación subordinada
entre la eficacia del pasado y nuestra receptividad a ese pasado. Esta
relación subordinada se conecta de doble manera con el horizonte de
espera. Por un lado, el grado de recepción del pasado influye en el ho-
rizonte de espera proporcionándole un contenido determinado. Por el
otro, el horizonte de espera influye en la eficacia del pasado porque las
esperas determinadas obran retrospectivamente sobre el pasado y per-
miten abrir en él un potencial de sentido olvidado. Esta indetermina-
ción del pasado es coextensiva con el grado de proyección del futuro.
Respecto de esta doble tarea de determinar el futuro e indeterminar el
pasado, Ricoeur escribe: “[…] seguimos siendo afectados por los efec-
tos de la historia solo en la medida en que somos capaces de ampliar
nuestra capacidad de ser afectados de esta manera. La imaginación es
el secreto de esta competencia” (Ricoeur, 1986: 228).
Está en juego una imaginación productiva y crítica. Ricoeur
utiliza nociones de la fenomenología husserliana para su análisis de
la imaginación según dos ejes. Del lado del objeto –eje noemático–,
señala un despliegue que va de la presencia a la ausencia, es decir,
6. Sobre estas nociones, véase Koselleck, 1979: 349-375.
30
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
de la imaginación como huella de la percepción en la imaginación
reproductiva a la ficción que diverge de lo presente en la imaginación
productiva. Del lado del sujeto –eje noético–, observa otro despliegue
que se extiende desde la imaginación fascinada en que la imagen se
confunde con lo real a la imaginación como instrumento de crítica a
lo real (véase Ricoeur, 1986: 215 s.). En tanto productiva y crítica, la
imaginación permite aumentar nuestra capacidad de ser afectados por
los efectos de la historia.
4. Relato, referencia y analogía según Husserl
Hemos mencionado que Ricoeur se refiere al “papel de la imagina-
ción en el relato histórico en el plano de la configuración” (Ricoeur,
1985: 265). Paralelamente, Husserl habla de una fantasía perceptiva
que aparece en dramas, comedias, narraciones o cuentos de hadas, es
decir, en formas literarias sin referencia histórica, pero también en la
configuración de obras literarias de carácter histórico como Wallens-
tein de Schiller o Ricardo III de Shakespeare. Lo importante es que en
la fantasía perceptiva se desvanece la diferencia entre el objeto-imagen
y el sujeto de la imagen porque el sujeto se convierte en algo interno a
la configuración literaria de modo que la ficción proporciona su pro-
pio referente. Husserl afirma que “no se tiene conciencia del sujeto
de manera meramente reproductiva, sino que es captado como exhi-
biéndose en el objeto-imagen, esto es, de modo imaginativo, aunque
perceptivamente (imaginativ, aber perzeptiv)” (Husserl, 1980: 482).
Husserl sitúa el relato literario como obra de la fantasía percepti-
va entre dos extremos. Uno es la poética idealista, que no contempla
hechos en los ámbitos empíricos de mundos de la vida sino ideas e
ideales a los que señala como valores. El autor exhibe tipos de valor en
imágenes concretas, encarna valores en personajes, y exhibe la lucha
de valores contra desvalores en cuasi-situaciones reales. El otro extre-
31
Roberto J. Walton
mo del relato literario es el del arte realista, mediante el cual “vivimos
concomitantemente una situación, el destino de una vida, etc., en el
como-si, como si estuviéramos allí” (Husserl, 1980: 540). Husserl
afirma que la intención del arte realista es exhibir a seres humanos y
comunidades según sus motivaciones con la mayor plenitud: “Es igual
a lo que sucede cuando nos guía un interés puramente contemplativo
en la realidad y en lo característico y típico de un sector dado del mun-
do” (Husserl, 1980: 541). Las características se refieren a la situación
en la época, a la época misma, el nivel de cultura, la forma de vida de
una parte del mundo, etc. Husserl traza explícitamente un paralelo
entre este arte realista, en que se producen figuras en la fantasía como
tipos para épocas del mundo, con la biografía y la caracterización his-
tórica de una época, en la que no se inventa nada sino que se describe
con espíritu científico.
Aquí aparece esbozada la distinción de Ricoeur entre el relato de
ficción y el relato histórico que añade la prueba documental. En tér-
minos husserlianos, el relato histórico resulta de un “trabajo técnico”
(kunstmäßige Arbeit) (Husserl, 1993: 343). En ambas formas de relato
interviene la fantasía, pero lo que caracteriza al relato histórico es una
fantasía atada porque el historiador, preocupado por la legitimación,
se ajusta a los hilos conductores –recuerdos, monumentos, documen-
tos, etc.– que se encuentran en el presente viviente de la comunidad, y
“reconstruye, en diferentes niveles de evidencia, anteriores presentes y
finalmente nexos continuos, trayectos que se extienden cada vez más,
de tales presentes pasados” (Husserl, 1973b: 393).
También hemos visto que Ricoeur se ocupa del “papel de lo ima-
ginario en la mención del pasado tal como fue” (Ricoeur, 1986: 265).
Si se lo analiza en una perspectiva husserliana, la reconstrucción del
pasado histórico incluye tres modalidades de la fantasía que inter-
vienen en un relato que se emparenta con la literatura realista. En
primer lugar, es necesaria una participación de la fantasía perceptiva
que configura una realidad pasada que no existe actualmente como
32
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
sujeto de la imagen. En la medida en que la realidad pasada ya no es,
la fantasía tiene que ser perceptiva. En segundo lugar, no puede estar
ausente una forma de fantasía reproductiva porque la imagen-objeto
se refiere no a un sujeto creado, como la hadas en un cuento, sino a un
sujeto que ha sido. En virtud de que la realidad pasada ha sido, la fan-
tasía es reproductiva. Pero la fantasía reproductiva es, en este caso, una
fantasía ponente. En tercer lugar, la fantasía es una fantasía atada que
se guía por huellas que orientan su carácter perceptivo y reproductivo.
En virtud de que describe bajo la exigencia de la evidencia, la fantasía
debe estar atada a los vestigios del pasado.
Es necesaria, pues, una adaptación del fictum perceptivo a las
huellas motivantes. Husserl se ocupa de la inserción de la fantasía per-
ceptiva en el mundo efectivo y describe la situación de la apercepción-
en-imagen en relación con la percepción de un paisaje (cf. Husserl,
2008: 415 s.). En el caso de una no-inserción, la escena de la fantasía
perceptiva aparece en el ámbito de la percepción de tal manera que el
entorno apercibido por la imagen entra en conflicto con la restante
percepción total del campo perceptivo y lo que este resto apercibe
inductivamente en ese lugar entra a su vez en conflicto con la imagen.
O sea: las remisiones que se sustentan en la percepción del campo
perceptivo no se plenifican en forma concordante con las apariciones
de los objetos de la imagen. El mundo-en-imagen exhibe en su propio
contexto una concordancia, pero esta es cancelada por el entorno de
realidad efectiva. Así, al tomar conciencia de un mundo-en-imagen
(Bildwelt), emerge un conflicto entre la realidad efectiva y la imagen
por el cual esta queda caracterizada como ilusión o apariencia. En el
caso de la inserción, en cambio, se da la posibilidad de algún grado de
plenificación recíproca entre las remisiones inherentes a las apercep-
ciones que se sustentan en el mundo-en-imagen y las remisiones inhe-
rentes a las apercepciones que se apoyan en la percepción del mundo
de la realidad efectiva. En tal caso, el mundo-en-imagen se inserta
más o menos adecuadamente en el resto del campo de la experiencia
33
Roberto J. Walton
y complementa nuestra aprehensión de la realidad. Este análisis de la
inserción de la fantasía perceptiva en la percepción del mundo efectivo
puede extenderse a un análisis del modo en que la fantasía perceptiva,
mediante la cual se revive un paisaje o época histórica, se ajusta a los
vestigios o huellas que se posee en relación con ese pasado y con los
aspectos que hay reconstruidos con un mayor nivel de evidencia.
Ricoeur analiza la representancia como una mediación entre la
distanciación inherente a lo otro y la identificación inherente a lo
mismo: “Es siempre por alguna transferencia de lo mismo a lo otro,
en la simpatía y la imaginación, como lo otro extraño se convierte
en próximo. A este respecto, el análisis que Husserl consagra en la
Quinta meditación cartesiana a la operación de parificación (Paarung),
y a la transferencia analogizante que la sostiene, encuentra aquí per-
fectamente su lugar” (Ricoeur, 1986: 269). En la visión de Husserl,
la analogía que permite, en la forma originaria de empatía, acceder
al otro presente corporalmente es lo que permite también tener una
experiencia, no solo de las épocas de la historia de la tierra en las que
hay experiencia de hombres o de animales, sino también de aquellas
épocas remotas en que no hay organismos en cuyo lugar sea posible
colocarse para experienciar el mundo desde allí. Husserl se refiere al
papel de “las apercepciones como-si analogizantes, por medio de las
cuales ámbitos inaccesibles de la experiencia de este más lejano mundo
son representados, puestas en paralelo con la apresentación como-si
empatizante” (Husserl, 1973b: 699). Este paralelismo atañe a i) los
indicios de momentos pasados, ii) la inaccesibilidad de lo empatizado,
iii) la parificación de los indicios con alguna circunstancia de la vida
presente y iv) la presentificación por modificación intencional.
i) Los indicios motivan una apercepción, es decir, una intención
vacía dirigida a otro mundo pasado. La huella percibida de un mun-
do pasado cumple el papel de la presencia corporal del alter ego. Así
como la percepción de su cuerpo propio nos remite a un yo extraño,
la percepción de un documento motiva la apercepción de un mundo
34
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
humano pasado y la percepción de un fósil nos remite al mundo cir-
cundante de un ictiosaurio.
ii) Lo analogizado es inaccesible en el sentido de que no puede
volver a ser percibido del mismo modo en que el curso de vivencias
ajeno no puede acceder a una presentación. La presentificación imagi-
nativa de edades pasadas excluye la posibilidad de la presentación de
lo así re-presentado. Husserl observa que:
la presentificación intuitiva de las lejanías del mundo constituido por
indicación de la historia natural (de las lejanías inaccesibles) es equipa-
rada, como modo de la presentificación, a la apercepción empatizante
que también indica algo en principio inaccesible y apresenta como algo
convertido en intuitivo. De ambos lados ‘analogización’ con lo acce-
sible donde lo analogizado es en sí inaccesible (Husserl, 1973b: 242 ).
iii) Del mismo modo en que mi cuerpo propio ingresa en una re-
lación de emparejamiento (Paarung) con el cuerpo propio extraño, el
indicio entra en una relación de parificación que posibilita una analo-
gización. Ésta va de lo conocido e intuitivamente constituido a lo des-
conocido que presenta alguna semejanza. Por ejemplo, las huellas de
un hogar en que los hombres hacían fuego se empareja con la tipicidad
de mi mundo con sus formas de hacer fuego. En nuestro presente nos
desenvolvemos en medio de una típica de las causalidades que pueden
ser físicas, biofísicas o tener un carácter humanizado. El mundo circun-
dante está lleno de sucesos causales; por ejemplo, el fuego carboniza la
madera, y la temperatura muy elevada o un frío muy intenso destruyen
la vida orgánica. Estos vínculos causales son perdurables y reconocibles
una y otra vez. A partir de esta típica de causalidades podemos volver la
mirada a la historia de la tierra, de los animales y de los hombres.
iv) En la experiencia corporal del otro me coloco, por medio
de la imaginación, en el lugar del otro, como si yo estuviera allí, y
me presentifico de esa manera sus propias experiencias, mediante una
35
Roberto J. Walton
modificación intencional de mis propias experiencias. Análogamen-
te, se puede plenificar lo apercibido por medio de indicios de otras
épocas, mediante una presentificación que modifica las experiencias
del propio mundo de la vida. A organismos de tiempos pasados se les
aplica el tipo del desarrollo y el crecimiento orgánico hasta la madu-
rez, y luego el del envejecer y morir, es decir, un tipo constituido en
el mundo circundante de la experiencia subjetiva e intersubjetiva. Así,
un organismo es apercibido de inmediato en su historicidad. Lo aper-
cibimos como un organismo en su juventud, en una edad avanzada,
en un estadio de declinación, en la cercanía de la muerte. Asimismo, la
experiencia de la esfera natural inorgánica nos ofrece tipos de objetos
que son apercibidos de modo histórico. En nuestra experiencia actual
se constituyen realidades como unidades de la alteración y la no-alte-
ración, es decir, como realidades duraderas en las que hay un momen-
to de historicidad según “una típica del devenir” (Husserl 2008: 506).
En virtud de esta típica podemos considerar lo orgánico y lo inorgáni-
co como parte de una historia. Asimismo, nos imaginamos el estado
fluido de la tierra en inmensas temperaturas de un modo análogo al
modo en que percibimos un metal en fusión en la experiencia efectiva.
Como lo firme o fijo puede pasar a la fluidez en nuestra experiencia
perceptiva, o viceversa, nos imaginamos que algo análogo ha sucedido
en el pasado. Presentificamos el estado fluido de la tierra ante las in-
dicaciones que, en la corteza petrificada de la tierra, recibimos de esa
fluidez como si estuviéramos allí y lo percibiéramos. Husserl observa
que “el percibir (Perzipieren) un ‘río de vidrio’, de ‘lava’, y de cosas de
esta índole, indica un proceso de surgimiento por ‘inducción’ o aper-
cepción que capta retrospectivamente” (Husserl, 2008: 414).
La ampliación de la historia terrestre y la historia natural conti-
núa siempre de nuevo en dirección a los ámbitos lejanos de la natu-
raleza y hacia el tiempo astronómico. Así se amplía el horizonte de
pasado causal con una naturaleza que se extiende al infinito a fin de
dar cuenta de la constitución del mundo, que existe para nosotros
36
El papel de la imaginación en la reconstrucción de la historia
en su pleno sentido. Husserl escribe: “Puedo trasladarme a todos los
tiempos, […]. Mi tiempo finito es por cierto infranqueable […] Pero
obro como si tuviera alas temporales, como si tuviera una capacidad
de movimiento a través de todos los tiempos, […]” (Husserl, 1973b:
240 s.). La imaginación es el secreto de este vuelo.
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