El Self Fragmentado
El Self Fragmentado
EL SELF FRAGMENTADO:
Del Ligeramente Fragmentado al Desorden de Personalidad Múltiple.
INTRODUCCIÓN...............................................................................................................................3
EL PROBLEMA DE LA IDENTIFICACIÓN..................................................................................5
Figura 1: El Continuo de Fragmentación..............................................................................8
Seguridad....................................................................................................................................13
NUESTRO MODELO PARA EL TRATAMIENTO DE PACIENTES FRAGMENTADOS...15
Conceptos Básicos...................................................................................................................15
Las Etapas de Nuestro Modelo.............................................................................................17
ETAPA UNO: EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO CENTRADO EN EL PRESENTE.. 23
ETAPA DOS: EXPLORANDO EL MATERIAL DE LA PRIMERA INFANCIA............34
ETAPA TRES: RECUPERACIÓN DE RECUERDOS......................................................39
Fase Uno: Dificultades Pre-Recuerdos......................................................................47
Fase Dos: Surgimiento de Recuerdos........................................................................47
Fase Tres: Aceptación Intelectual...............................................................................47
Fase cuatro: Aceptación Emocional...........................................................................48
ETAPA CUATRO: IDENTIFICAR A LOS PEQUEÑOS...................................................53
ETAPA CINCO: DESARROLLAR UN RITMO TERAPÉUTICO, CONSTRUIR ALIANZAS,
CONOCER A LAS PARTES Y FORJAR UNA CONEXIÓN EMOCIONAL.................62
ETAPA SEIS: ENTENDER Y MAPEAR A LAS PARTES..............................................66
ETAPA SIETE: EL TRABAJO CON LAS PARTES, FRAGMENTOS, PEQUEÑOS Y
PERSONALIDADES..............................................................................................................70
ETAPA OCHO: RENUNCIAR A LAS FUNCIONES........................................................74
ETAPA NUEVE: MOVERSE HACIA LA INTEGRACIÓN...............................................78
ETAPA DIEZ: INTEGRACIÓN.............................................................................................81
ETAPA ONCE: PSICOTERAPIA DE INTEGRACIÓN.....................................................85
ETAPA DOCE: CIERRE.......................................................................................................88
PROBLEMAS ESPECIALES EN EL TRATAMIENTO CON EL SELF FRAGMENTADO.89
Diagnóstico Diferencial...........................................................................................................89
Tratar con las Separaciones..................................................................................................91
Problemas de Contra Transferencia....................................................................................95
Apoyo de los Colegas..............................................................................................................96
CONCLUSIÓN.................................................................................................................................97
BIBLIOGRAFÍA...............................................................................................................................98
INTRODUCCIÓN.
Este trabajo intenta definir al self fragmentado desde una perspectiva fenomenológica,
cómo se experimenta a las personas fragmentadas en el momento y cómo se experimentan a sí
mismas en el momento, y a explorar el proceso de fragmentación en un continuo de severidad.
Presentaremos un modelo de tratamiento en el que la meta es la integración, lo que en sí
mismo es un tema controversial en la literatura psicoterapéutica. Establecemos la meta de
integración en base a lo que hemos aprendido trabajando con pacientes que tienen problemas
de disociación.
Creemos que la integración – la restauración completa de las partes del self
fragmentado en un todo, es posible y por lo tanto la meta de nuestra terapia es definitivamente
no sólo el ajuste. Este trabajo intenta presentar una propuesta balanceada, útil y respetuosa
para el tratamiento de pacientes fragmentados, con la meta final de lograr la integración de las
partes separadas del self.
Ese no es el caso. Creemos que es un honor y un privilegio trabajar con personas que
están sufriendo tanto como los pacientes fragmentados para ayudarles a volver a “armarse”, a
entender lo que les está sucediendo, a adquirir nuevas capacidades para sentir y experimentar,
y a recobrar todo el rango de su self que se perdió como resultado de traumas múltiples y
severos en la infancia. Espero que este trabajo le ayude a entender a las personas
fragmentadas y lo inspire a hacer un compromiso emocional con el trabajo que los ayudará a
liberarse de su sufrimiento, confusión, falta de claridad y de su falta de habilidades para tener
acceso a todas las partes de su self.
EL PROBLEMA DE LA IDENTIFICACIÓN.
Es difícil que los terapeutas identifiquen a las personas fragmentadas porque las partes
fragmentadas y los procesos de fragmentación con frecuencia no se evidencian hasta que se
está en tratamiento. A diferencia de otros fenómenos de diagnóstico, como el carácter
(consultar Shub, 1994ª), que son más obvios al principio del tratamiento, con frecuencia la
fragmentación no emerge hasta más adelante en el proceso terapéutico. Con el tiempo, los
pacientes fragmentados con frecuencia parecen estar luchando con problemas neuróticos,
borderline o de otro tipo debido a que la fragmentación interna del self no es visible. La falta de
visibilidad con frecuencia hace que diagnosticar la fragmentación y colocar al paciente en el
continuo de fragmentación sea difícil porque los pacientes no parecen estar fragmentados
desde el principio.
El self se fragmenta cuando traumas repetidos o agudos hacen que se fragmente para
poder sobrevivir. Partes del self que son peligrosas para ser experimentadas por el niño se
separan para obtener seguridad, que es escasa. Johnny, de quien su niñera abusa
sexualmente en forma repetida, está acostado en su cama aterrado porque la niñera entra al
cuarto en la noche y “le hace cosas.” En el pasado, si Johnny se enojaba, la niñera lo lastimaba
aún más. Para protegerlo, su self debe de hacer algo para evitar que Johnny se enoje.
Para poder eliminar totalmente su enojo y evitar que emerja, el self de Johnny se ha
disociado, separado o se ha desecho del enojo. Una parte, fragmento o el pequeño que
contiene el enojo se separa de Johnny. Usamos estos términos de manera intercambiable
porque tanto los pacientes como los terapeutas tienden a usarlos al describir una capacidad
separada del self o una personalidad distinta. Los pacientes con frecuencia mencionan “partes
de mí” y “parte” también se usa en la literatura. “El pequeño” también es un término usado por
los pacientes para describir partes que se han fragmentado o disociado del adulto. Es un
término amoroso, respetuoso que usamos de manera intercambiable con “parte.”
“Personalidad” o “fragmento” también son términos que los pacientes usan a veces y
que se usan en la literatura. Con los pacientes de personalidad múltiple, nos referimos a las
personalidades separadas que se han disociado para mantener seguro al self y para protegerlo
de la ira, dolor, miedo, sexualidad y/u otros fenómenos.
La ira de Johnny, entonces, debe eliminarse por completo para que esté más seguro.
Para protegerse de la niñera, en quien sus padres confían, Johnny debe lograr hacer tres
cosas:
Como un espejo roto al que le queda un pedazo grande y unos cuantos fragmentos, el
self de Johnny, para poder protegerlo y ayudarlo a sobrevivir este trauma repetitivo y poderoso,
ha disociado partes suyas. Johnny no puede sentir miedo o traer a la conciencia estas partes
disociadas. El grado en el que Johnny no puede tener acceso a estas partes refleja el grado en
el que han sido disociadas.
El aspecto positivo de este proceso es que ha protegido a Johnny y ha hecho que sea
más fácil sobrevivir a este horrible abuso. El aspecto negativo es que las capacidades que
Johnny necesita para ser una persona totalmente funcional le han sido amputadas en las
primeras instancias de su vida. Como resultado, Johnny experimentará una gran dificultad para
sentirse bien con sí mismo, para sentirse enojado o para tener acceso a su miedo cuando está
en peligro. Conforme Johnny crece, esta situación tendrá un impacto negativo en él de
maneras profundas. No podrá usar su self completo para funcionar en la vida diaria.
En relación con este último factor, en el caso de Johnny, la severidad del trauma era
profunda. Si la severidad hubiera sido más profunda, es posible que una personalidad o
personalidades distintas y separadas hubieran emergido como fragmentos opuestos. Si estos
fragmentos se convirtieran en personalidades, entonces las capacidades que Johnny está
tratando de recuperar, como la habilidad de expresar la ira, estarían incrustadas en una
personalidad y sería extremadamente difícil, primero, experimentar y encontrar esa capacidad
para traerla al ambiente terapéutico y eventualmente reconectar esa capacidad con Johnny.
Así es que la severidad del trauma tiene que ver con qué tan lejos han tenido que apartarse los
pequeños para poder proteger a Johnny.
Es importante entender estos factores al conceptualizar qué tan difícil será el proceso
terapéutico. Al prepararse como un terapeuta, para examinar el continuo de fragmentación y
pensar acerca del grado de fragmentación que existe en diferentes pacientes, recuerde la
importancia del problema de identificación. Diferentes clases de fragmentación pueden ser
invisibles al principio de la terapia.
Desde luego, hay otros puntos en el continuo de fragmentación. Destaco estos cinco
puntos para mostrarle al terapeuta las diferencias entre los distintos grupos o categorías. Los
que he resaltado no son distintos y separados. Son puntos de referencia de los procesos de
severidad de la fragmentación de los pacientes para ayudarle al terapeuta a entender cómo es
el proceso de fragmentación de distintos pacientes conforme se mueven en el continuo de
fragmentación. Existen muchos otros estados entre cada uno de estos puntos. No imagine que
el continuo establece un conjunto separado de categorías, simplemente he resaltado algunos
puntos de referencia en un continuo que va desde los ligeramente fragmentados en un extremo
hasta el desorden de personalidad múltiple en el otro.
El continuo ilustra con claridad las diferencias que pueden existir en el grado de
disociación del paciente y la agudeza de su trauma así como la frecuencia y duración de los
episodios relacionados con la pérdida de tiempo y la habilidad del paciente para experimentar a
los fragmentos internos rápidamente o con co-conciencia. Obviamente, los pacientes
ligeramente fragmentados con co-conciencia irán a terapia con una conciencia aguda de sus
partes o la desarrollarán en unos cuantos meses. Llegarán a la integración con mayor rapidez
que los pacientes con personalidad múltiple, los que no tienen conciencia de sus partes, que
pierden largos períodos de tiempo cuando una personalidad se hace cargo y cuyas
personalidades están separadas y son distintas.
Las personalidades en un paciente con personalidad múltiple pueden tener sus propios
guardarropas, su propia visión del mundo y su propio sistema de introyección/proyección
completo o parcial, sus resistencias y fronteras. Obviamente, integrar estas personalidades
separadas es una tarea mucho más difícil que integrar las partes de un paciente ligeramente
disociado. Simplemente ayudar a los pacientes a conocer y a experimentar sus personalidades
mientras avanzan hacia la integración es una tarea complicada.
Quiero insistir en que les tenemos un gran respeto a los pequeños. No dudamos que un
trauma agudo produzca la separación dentro de un individuo y que fragmentos o
personalidades completas nazcan para sostener las capacidades que el self adulto no puede
sostener. Entendemos que el público tiene una gran dificultad para creer que fragmentos o
personalidades distintas puedan existir dentro de un self adulto.
Un observador externo de una persona disociada puede observar en esa persona una
preocupación, un cambio de tenor o humor, un pequeño cambio en el darse cuenta conciente o
tal vez una puerilidad momentánea. En individuos más poderosamente fragmentados, los que
se sitúan por la mitad del continuo, se pueden observar cambios de comportamiento reales de
los que la persona tal vez no se de cuenta. La persona puede parecer repentinamente
asustada, distinta o infantil.
Al extremo del continuo, una persona con desorden de personalidad múltiple tiene
personalidades separadas y distintas que provocan diferencias en la manera de funcionar de la
persona. Con frecuencia los pacientes no se dan cuenta cuando pasan de ser ligeramente a
moderadamente fragmentados. Si embargo, un observador adulto puede ver que estas
diferencias en el comportamiento son manifestaciones externas de los fragmentos o
personalidades que los terapeutas tienen el placer y el honor de experimentar y conocer cara a
cara en la experiencia terapéutica.
Seguridad.
La terapia con pacientes fragmentados es difícil por muchas razones además de
identificar el grado de fragmentación del paciente. Un factor adicional es la cantidad de
seguridad que los pacientes necesitan tener antes de permitir que su mundo interno, del que
muchos pacientes fragmentados ni siquiera se dan cuenta, emerja en el encuentro terapéutico.
Si los terapeutas siquiera sospechan que un paciente está fragmentado, de inmediato deben
considerar el tema de la seguridad, la sensibilidad de fronteras, el seguimiento y medir el paso.
Deben tomarse el tiempo para enseñar el darse cuenta de las partes, deben ir despacio y
permitirle a los pacientes entender que el terapeuta realmente está ahí para ellos (Para mayor
información sobre estos asuntos, consulte Shub, 2000a).
La seguridad es vital para este proceso. Esta terapia es larga, laboriosa, y requiere de
tiempo para atención de emergencia fuera de las sesiones durante varias fases. Puede hacer
surgir sentimientos de contratransferencia, al crear un entorno en el que los pequeños puedan
emerger, enojarse, ser hostiles, asustarse o lo que sea. Este trabajo requiere que los
terapeutas trabajen duro, que no se tomen nada personalmente, que estén alertas para la
contratransferencia y que intenten no dejar que sus propias reacciones interfieran con el
proceso.
Conceptos Básicos
Nuestro modelo para tratar con un self fragmentado abarca varios asuntos importantes,
que delinearé para darle a los lectores una idea de la profundidad y la dificultad asociada en el
tratamiento de pacientes fragmentados. Aún el tratar a un paciente ligeramente disociado
siempre resulta ser un proceso complicado. El terapeuta y el paciente pueden trabajar juntos
durante años para identificar primero a los pequeños y luego desarrollar la relación que es
necesaria para acceder a los pequeños primero y después llevar a cabo la integración.
Este trabajo es difícil y lleva mucho tiempo, no se ajusta al modelo del horario normal de
oficina, y le cobra su precio tanto al terapeuta como al paciente. Sin embargo, las recompensas
son enormes. Ver como una persona deprimida y fragmentada pude convertirse en alguien
completamente funcional y totalmente integrado es un milagro que vale la pena celebrar. Es
algo en lo que definitivamente vale la pena pasar parte de la vida, aunque requiere una
verdadera dedicación. Los siguientes factores se deben considerar al desarrollar
conceptualmente un modelo holístico y orientado al proceso para tratar con un self
fragmentado.
Este hecho hace que la precisión de cualquier modelo de tratamiento para los individuos
fragmentados sea extremadamente importante. Si el modelo no es agudo, flexible y adaptable
y si los terapeutas no pueden trabajar con sus conceptualizaciones y aplicarlas con precisión, el
modelo no tiene eficacia clínica. Creemos que esta propuesta Guestalt es particularmente
poderosa y apropiada para tratar a pacientes fragmentados. Nuestra particular adaptación de la
propuesta Guestalt a través de los años ha comprobado ser exitosa con una variedad de
pacientes con distintas clases de fragmentación.
Debo enfatizar una vez más que cualquier terapeuta que aplique un modelo de
tratamiento a un paciente fragmentado debe estar conciente que las partes pueden emerger
durante varias partes del tratamiento. Esta exposición supone, por motivos de simplificación,
que el diagnóstico de fragmentación se ha dado en las primeras sesiones del tratamiento o que
el terapeuta ahora ha finalizado el diagnóstico.
Un simple alejamiento.
La posibilidad, si la amenaza es lo suficientemente seria, de que uno de los
fragmentos empiece a emerger y que el paciente se comporte de manera
aparentemente extraña mientras el pequeño actúa a través del adulto.
Un fragmento se hace cargo, con lo que la respuesta emocional del paciente al
terapeuta en el momento puede parecer completamente incongruente.
Dependiendo de la severidad de la fragmentación, una desconexión total que hace
que el paciente parezca ser pequeño o infantil, por ejemplo.
Un día, Jazmín trajo un dibujo a lápiz, infantil, de una niñita flotando sobre una cama de
flores, posiblemente margaritas, con una abeja amenazadora que parecía estar picando una
flor. Con voz de niña, Jazmín me dijo que ella era la pequeña niña que había hecho el dibujo
que veía a la abeja picar a la flor muchas veces. En ese momento, la relación terapéutica era lo
suficientemente segura para que la pequeña emergiera en la sesión de terapia y que me hiciera
saber, por primera vez, que existía. Ese momento importante fue un punto decisivo. Jazmín, a
través de la niñita que vino a la sesión, estaba reconociendo ante mí que existían las pequeñas.
Ya llevábamos dos años con la terapia, y finalmente estuve seguro de que Jazmín estaba
fragmentada.
Con el tiempo se hizo evidente que Jazmín estaba severamente fragmentada. Su self
adulto no se daba cuenta de las partes. Conforme progresaba su terapia, Jazmín tenía que
adentrarse en sí misma y desaparecer mientras una o varias de sus pequeñas emergían de
forma serial para hablar conmigo, para construir una relación y para conectarse conforme se
iban sintiendo más seguras.
El terapeuta debe entender que no hay tal cosa como un trabajo a corto plazo con un
paciente fragmentado. El proceso de identificación, la creación de seguridad y la recuperación
de los recuerdos no se pueden acelerar y no se pueden lograr en un período corto de tiempo.
Ya que Jazmín fue traumatizada durante muchos años, la recuperación de esos recuerdos no
se iba a dar rápidamente. La falta de seguridad de Jazmín tardó muchos años para crearse y
ella no iba a confiar inmediatamente en nadie o nada, particularmente con su self interno. Los
fragmentos de Jazmín se tardaron muchos años para ajustarse y para desarrollar un sistema de
funcionamiento y ellas no iban a aparecer en el presente a menos de que estuvieran
absolutamente seguras que hacerlo estaba bien.
Con las personalidades múltiples, el trabajo puede ser aún más complicado y pueden
transcurrir muchas sesiones antes de que todas las personalidades emerjan en las sesiones de
terapia. En todos los casos del continuo de fragmentación, hemos conceptualizado tratar al self
fragmentado en las siguientes doce etapas, desde el ligeramente disociado hasta la
personalidad múltiple. He presentado el material anterior para ilustrar que las etapas son
flexibles y que, dependiendo del paciente, la agudeza del trauma y todos los otros muchos
factores, las etapas se deben ajustar para que encajen en la situación clínica particular.
Etapa dos: usar el material de la primera infancia para dirigirse a los problemas de
contacto y darse cuenta.
Etapa seis: entender, mapear y empezar a conocer todas las partes que emergen en
la sopa terapéutica.
Etapa ocho: apoyar a las partes para que renuncien a sus funciones.
Como he hecho notar, las primeras tres etapas pueden ser complejas y tardarse mucho
tiempo, lo que no significa que las demás no los sean. Pueden serlo. El proceso puede
parecer simple cuando se desglosa en etapas, pero es complejo y difícil. La mayor parte del
esfuerzo inicial tiene que ver con crear un entorno seguro en que el paciente pueda operar y las
partes puedan emerger. Una vez que las partes emergen, entonces empieza el difícil trabajo de
entenderlas y apoyarlas para que se vinculen con el terapeuta, ayudándolas a interactuar entre
ellas, hacer que renuncien a sus funciones y moverse hacia su integración en el self adulto.
Ahora pasaré al proceso real del tratamiento. Por favor recuerde que, aunque presento
esto como un proceso paso a paso, evidentemente no lo es. Hay muchas desviaciones y
recodos en el camino. Como todos los modelos, pretende ser integrado a la manera de pensar
del terapeuta junto con la base más amplia de teorías del terapeuta para luego usarse como
una guía para el proceso que se desenvuelve en la experiencia terapéutica y no pretende ser
una propuesta como una receta de cocina. Empezaré con la etapa uno, evaluación y
diagnóstico, que es una de las etapas más difíciles del proceso.
El diagnóstico diferencial resulta difícil, por decir lo menos, pero, como con los pacientes
borderline, nuestro modelo busca ciertos factores al evaluar el potencial de fragmentación.
Segundo, normalmente las personas fragmentadas son descritas como “algo raras”
por sus colegas, esposos e hijos, quienes sienten la agitación interna del self
fragmentado, la cambiante presentación del self en el momento y/o el alejamiento al
enfrentar amenazas. Sin embargo, debido a que los pacientes no se dan cuenta de
su fragmentación o la mantienen en secreto, con frecuencia no tienen acceso al
proceso real de sus pequeños.
Cuarto, puede haber períodos breves de tiempo en los que un paciente parece
alejarse, o largos períodos de tiempo en los que un paciente no puede recordar lo
que sucedió. Esos períodos son evidencia de disociación, en los que una parte se
hace cargo, o de un desorden de personalidad múltiple en los que una de las
personalidades toma el control físico del paciente. En una sesión de terapia,
cualquier confusión breve, aguda, alejamiento o período en los que el paciente
parece estar en el espacio en el momento puede indicar fragmentación.
Finalmente, una marca de referencia de un paciente fragmentado que no ha sido
diagnosticado claramente, son episodios de contacto poco usuales que el terapeuta
experimenta con el self fragmentado. Describir los sutiles matices de trabajar con
alguien que tiene pequeños disociados que afectan la calidad y la naturaleza del
contacto en la terapia es difícil. El terapeuta puede tardarse mucho tiempo para
sentir que el contacto no se desarrolla con el ritmo, calidad, predicción y claridad que
se da con otros pacientes después de conocerlos por un tiempo. Con un self
fragmentado hay diferencias en las sutiles cualidades del contacto que proviene de
los fragmentos que asoman la cabeza, que se hacen cargo de la personalidad, o que
ejercen su poder o control a través del adulto. Esto es algo que sólo se puede
experimentar en un nivel extremadamente sutil mientras el paciente parece
predecible pero también algo confuso y difícil de definir.
Una vez más debo insistir en la importancia de la seguridad y de estar ahí, dándole
seguimiento con claridad al proceso, aceptando a los pacientes como son, permitiéndoles poner
a prueba al terapeuta y ayudándoles a realmente creer que el terapeuta esta ahí para ellos y
que ellos le importan. Estos factores permiten que emerja el proceso fragmentado.
Tony había estado luchando toda su vida, unas veces más que otras, con la depresión y
ansiedad. Había estado en terapia de orientación cognitiva varias veces. Sus síntomas habían
sido tratados y sentía algo de alivio. Sin embargo, Tony seguía sintiéndose infantil, deprimido y
asustado y no podía “funcionar efectivamente”, para usar sus propias palabras.
Después de tres o cuatro sesiones, resultó evidente que Tony en ocasiones parecía algo
extraño y alejado y que su comportamiento se mostraba sutilmente impredecible. Por
momentos parecía enojado o infantil. Había una incongruencia en su contacto conmigo, y
empecé a notar factores sutiles que no tenían mucho sentido. No eran la clase de cambios de
comportamiento asociados con una personalidad borderline, y Tony no parecía estar
experimentando una gran agitación interna. En la conexión de Tony conmigo, yo
experimentaba un comportamiento que parecía estar ligeramente fuera de lugar.
Conforme empecé a trabajar con Tony en su darse cuenta y alentarlo a poner atención a
lo que estaba sucediendo mientras hablaba con él, empezó a reportar que se sentía
extremadamente inseguro. Dudaba, tenía dificultad en confiar, parecía estar deteniéndose y
parecía querer decir cosas que no podía decir. Todas esas eran pistas para mí de que algo
más de lo que era aparente estaba sucediendo en el self de Tony.
Tony pasó siete u ocho meses poniéndome a prueba para ver si realmente estaba yo
ahí para él. Me probaba de distintas maneras. Realmente, los pequeños de Tony me estaban
probando, pero entonces no lo sabía yo. Estaban tratando de determinar qué tan seguro era yo
en realidad.
Además, entre más severo es el trauma, más arduamente tienen que luchar los
pequeños para mantener a la persona segura. Por lo tanto, las distintas fuerzas dentro de
personas como Tony jalan en distintas direcciones. Su pequeño enojado atacaba para proteger
a Tony. Su pequeño asustado lo mantenía alejado. Tony no se daba cuenta de ninguno de
estos pequeños que tenía dentro de sí mismo. Sin embargo, ellos estaban ahí y ellos
influenciaban su comportamiento. Tony nunca entendió por qué se comportaba de estas
maneras ni por qué algunas de sus emociones parecían estar mal dirigidas.
Con Jazmín, por ejemplo, conforme sus pequeñas empezaron a emerger en el tercer
año de tratamiento, encontramos que ella tenía una parte enojada, violenta, que rara vez
aparecía en la vida adulta de Jazmín pero que esencialmente quería matar a todos los
hombres. Esta pequeña enojada guardaba la ira del trauma de haber sido víctima y el abuso
físico que Jazmín había experimentado cuando era niña. Era una pequeña separada, disociada
y escindida del self adulto de Jazmín. Sólo aparecía cuando Jazmín necesitaba acceder a la ira
violenta o cuando se sentía amenazada, lo que no sucedía muy a menudo por la manera como
Jazmín vivía su vida.
Otro factor que puede influenciar como se presentan los pacientes al principio de la
terapia y las distintas y confusas maneras como actúan son los choques potenciales de los
pequeños dentro del self. Entre más fragmentado esté un paciente y se encuentre más cerca
de la personalidad múltiple, el trauma es más agudo y los pequeños se encuentran más
poderosamente comprometidos en sus funciones de proteger al self. Potencialmente, en un
momento dado, las distintas funciones pueden entrar en conflicto.
Una persona fragmentada como Jazmín tiene una pequeña que quiere sentirse segura y
que la cuiden mientras, al mismo tiempo, su pequeña enojada quiere atacar y lastimar.
Simultáneamente, una pequeña seductora quiere atención y afecto. En un momento difícil, las
tres pequeñas pueden estar en conflicto. Conforme emergen y crean un caos interno y jalan en
direcciones opuestas y con lealtades conflictivas, el comportamiento de la paciente y su vida
interna se vuelven extremadamente confusos, aún para la paciente.
Con frecuencia las personas fragmentadas no consideran esos problemas hasta que se
encuentran profundamente inmersos en la terapia. Han vivido de esta manera por mucho
tiempo, y están acostumbrados a ella. Nunca han pensado mucho acerca de ella y no se dan
cuenta de la mayor parte de ella. El punto es que los fragmentos en sí mismos contienen
síntomas potenciales que entran en conflicto cuando se les toca. Además la interacción entre
estos fragmentos puede ser emocionalmente desastrosa para la persona fragmentada que no
esté en terapia.
Durante toda su vida, cuando Jazmín se encontraba ocasionalmente a sí misma en
situaciones sexuales con un hombre, una de sus partes hubiera querido acurrucarse y sentirse
cercana, la pequeña enojada albergaba pensamientos de ira y quería atacar y su pequeña
seductora trataba de obtener la atención del hombre. Esta tensión interna hacía las relaciones
de Jazmín con los hombres extremadamente confusas, ambivalentes y difíciles. Ella se
comportaba seductoramente y luego los rechazaba, se mostraba cálida y luego fría.
Estas fuerzas operaban sin que Jazmín se diera cuenta de ellas, pero la confusión de
Jazmín en relación a cómo estar con los hombres siempre estaba presente de manera vaga.
De hecho sabía que estaba confundida, pero no entendía el por qué. Aunque ella era una
mujer brillante, bien educada y sofisticada, estas actividades sucedían a un nivel de no darse
cuenta, y todos los hombres que la conocían creían que era extremadamente confusa. Ella era
un mujer bella y su carisma, inteligencia, integridad, calidez, y aguda sensibilidad causada por
todo lo que había sufrido la hacían una persona maravillosa. Pero las diferentes pequeñas
dentro de ella hacían que a cualquier hombre le resultara extremadamente difícil conectarse
con Jazmín y entender lo que sucedía. Jazmín misma no se daba cuenta de muchas de las
pequeñas ni tampoco tenía un control conciente sobre ellas.
Hay que entender, entonces, que evaluar a un self fragmentado puede ocurrir en
distintos momentos durante las primeras etapas de la terapia. He tratado las razones para la
multitud de síntomas que se pueden presentar al principio de la terapia así como las dificultades
para entender y experimentar al paciente fragmentado. He tratado de transmitir un sentido de
la complejidad del fenómeno de fragmentación, del poder de los pequeños y de la confusión
que puede experimentar una persona que los alberga y la gran variedad de síntomas aparentes
que se pueden observar. Parecen síntomas, pero en realidad son los pequeños asomando sus
cabezas por una rendija de la cortina del adulto.
Empezar una terapia con pacientes fragmentados debe implicar ayudarles a darse
cuenta, poner atención a sus sentimientos y a compartir o seguir su proceso. Es de suprema
importancia que el terapeuta construya una alianza, que creé un entorno tan seguro como sea
posible y que decida si él o ella realmente estarán ahí para los pacientes. No puedo hacer
demasiado énfasis en la importancia de crear seguridad y respeto para los pacientes
fragmentados. Desde luego, desde una perspectiva psicoterapéutica, debemos hacer eso con
todos los pacientes y ellos lo merecen.
Sin embargo, hacerlo es aún más importante para los pacientes fragmentados, en
cualquier parte del continuo en la que se encuentren. Los pequeños necesitan sentirse seguros
si van a arriesgarse a salir al exterior y hacerle saber al terapeuta que existen, compartir
quienes son, ponerse a disposición del proceso y eventualmente ayudarle al terapeuta a ayudar
al paciente a integrarse. Su salida siempre esta fundamentada en la seguridad y la confianza y
en experimentar un alto nivel de conectividad con el terapeuta.
Como con los pacientes borderline, el trabajo de darse cuenta y de contacto son siempre
vitales para la eficiencia a largo plazo del tratamiento. Aunque el trabajo de darse cuenta con
los pacientes fragmentados es difícil, los terapeutas deben dar absolutamente lo mejor de sí
mismos para ayudarles a aprender más cómo reportar sus procesos internos. Sin esa
habilidad, todas las etapas subsecuentes de la terapia no serán tan efectivas.
Enseñar el darse cuenta, o intentar tratar el contacto con los pacientes fragmentados
puede ser extremadamente confuso y difícil, dependiendo de la naturaleza de la fragmentación,
de si las partes aparecen en el episodio de contacto y exactamente cómo se presentan a sí
mismos los pacientes en la terapia. Sin embargo, sin la habilidad de poner atención a sus
procesos internos, los pacientes no podrán moverse a través de cualquier etapa de la terapia en
la que se encuentren.
Enseñarle el darse cuenta a un paciente fragmentado puede tardar mucho tiempo. Las
disrupciones en el darse cuenta debido a los cambios en los procesos internos del paciente y
los problemas en el contacto pueden dificultarle al paciente aprender las habilidades básicas del
darse cuenta. Esta dificultad de aprendizaje puede no ser causada por falta de cooperación o
de voluntad. Más bien:
Para poder mantener seguro al adulto, un pequeño puede no querer que el paciente
ponga atención a su proceso interno.
En la personalidad múltiple o en un individuo severamente fragmentado, algunas de
las habilidades de darse cuenta pueden estar contenidas en personalidades distintas
que no son fácilmente accesibles. En esos casos, el trabajo de darse cuenta, aún
bajo las mejores circunstancias, mostrará un éxito limitado.
Como una nota aparte, hacer trabajo de introyectos con un paciente fragmentado
también puede parecer extraño. El introyecto puede estar contenido en uno de los pequeños.
No importa cuanto se esfuerce en el trabajo, si ese pequeño no está presente, no permitirá el
acceso al introyecto, o no dejara que el adulto sepa que el introyecto existe, el trabajo de
introyectos será como tratar de sacar agua de una llave cerrada. Hacerlo es imposible hasta
que alguien abra la llave para permitir que el agua salga.
Cuando algunas partes del paciente no están disponibles, el trabajo de darse cuenta
puede ser extremadamente difícil porque el self completo no está presente. Por lo tanto, el
trabajo puede ser limitado por las partes del self que no estén accesibles. Algunas veces, por
ejemplo, Sandra parecía enojada, pero no se daba cuenta de su enojo porque su pequeña
enojada sólo asomaba la cabeza ocasionalmente. Tratar de hacer que Sandra notara su ira no
funcionaba bien porque no tenía acceso a siquiera saber que estaba enojada.
Sin embargo, los huecos en el darse cuenta con frecuencia son pistas de que el
paciente está fragmentado y que lo que usted vio emerger en el momento y desaparecer era un
pequeño.
En un buen día, cuando los pacientes fragmentados están en la sesión con el self
íntegro y pueden trabajar en el darse cuenta y aprender más acerca del contacto, el trabajo
avanza a pesar de la confusión en el diagnóstico y la dificultad para desarrollar habilidades de
darse cuenta y de contacto. Gradualmente, una paciente fragmentada como Jazmín empieza a
adquirir habilidades de darse cuenta y a reportar lo que está sucediendo en su interior haciendo
contacto. Los pacientes fragmentados deben desarrollar la habilidad de compartir lo que les
está sucediente internamente de una manera interactiva mientras perciben al otro y se
involucran en el contacto. Para los pacientes borderline, los cambios en el entorno terapéutico
crean amenazas, divisiones, “acting out” potenciales y dificultades con los cambios internos.
Para los pacientes fragmentados, esos cambios pueden crear confusión, alejamiento y una
reacción secreta, de la que el terapeuta no se da cuenta, de alguno de los pequeños
sintiéndose lastimado u ofendido. El paciente puede querer irse, amenazar con irse o
realmente irse de la terapia.
El trabajo de darse cuenta con los pacientes fragmentados puede durar desde unos
cuantos meses hasta varios años, dependiendo de la complejidad de las disrupciones del
contacto, la dificultad para hacer un diagnóstico, el nivel de fragmentación y la disponibilidad del
paciente para compartir al self fragmentado en el contacto. Aún los pacientes que se presentan
fragmentados al inicio de la terapia deben hacer el trabajo de darse cuenta y deben desarrollar
las habilidades básicas de contacto para que se pueda desarrollar el trabajo más profundo. Los
terapeutas deben avanzar despacio, sin importar el material que se les presenta, para que los
pacientes se puedan sentir seguros, el proceso se pueda desenvolver gradualmente y los
pacientes puedan aprender las habilidades de darse cuenta, necesarias para acceder y reportar
lo que está sucediendo dentro de ellos, especialmente en las últimas etapas del tratamiento.
Uno, el terapeuta debe tener cuidado y no presionar, debe ser gentil y aceptante, no
confrontar. Darle al paciente un gran espacio para operar.
Tres, cuando ocurren problemas en la terapia, como siempre sucede (un terapeuta
llega tarde, tiene que cancelar, está enfermo, sale de vacaciones, o se da un
problema con las cuotas, etc.), los problemas que tenga el paciente con lo anterior,
deben tratarse de inmediato y sacarlos a la superficie para que entienda que sus
sentimientos han sido reconocidos. Los pacientes nunca deben ser analizados como
sobre reactores, no deben ser confrontados porque tengan problemas serios de
carácter o ser avergonzados por su necesidad de alejarse o de hacer algo que los
haga sentirse seguros.
Muchos terapeutas tienen dificultad para reconocer esos asuntos y para entender su
importancia. Como alguien que cometió ese tipo de errores al principio de mi carrera y que
reaccionaba negativamente a los problemas del paciente, puedo atestiguar que la falta de
reconocimiento de los asuntos del paciente los puede aterrar, hacerlos sentirse inseguros y
posiblemente causar un daño irreparable a la potencial alianza terapéutica.
Los terapeutas que sospechan que un self fragmentado está emergiendo deben
considerar que alentar la expresión de sentimientos sin haber tenido acceso a los fragmentos
subyacentes, a los pequeños que los guardan, puede causar una crisis iatrogénica. Los
terapeutas que entienden esta realidad irán más despacio y no estorbarán, especialmente antes
de que los pequeños hayan emergido. Sin haber accedido a los fragmentos o personalidades,
los pacientes no tienen un lugar para muchas de las reacciones emocionales que engendra una
terapia intensamente afectiva. El respeto por esta realidad y el respeto a las fronteras del
paciente son extremadamente importantes si los selfs fragmentados emergen al principio de la
terapia.
No quiero decir que los terapeutas nunca deben presionar a los pacientes aunque sea
un poco. Sin embargo, los pacientes fragmentados pueden no tener espacio para poner
sentimientos que nunca han sido reconocidos, apreciados o considerados importantes.
Entonces, los terapeutas deben ayudar a los pacientes a ver lo que está sucediendo.
Las etapas uno y dos de nuestro modelo con frecuencia se superponen e interactúan.
No olvide que esto es un modelo y que, como todos los modelos, está diseñado para ayudarlo a
entender el proceso. No es un conjunto de reglas que debe seguir paso a paso en forma rígida.
Es una propuesta fluida, sinérgica sin puntos claramente definidos de etapa a etapa.
Explorar el material de la primera infancia incluso puede movilizar fragmentos que han
estado operando en la inconsciencia disociada por largos períodos de tiempo. Estas “partes” se
pueden sentir amenazadas y pueden crear más resistencia al proceso de terapia causando, por
lo tanto, mayor confusión en la frontera de contacto. O, si el terapeuta crea un entorno
suficientemente seguro, pueden elegir emerger en algún punto de la segunda etapa. En este
momento, en el self fragmentado no diagnosticado, es cuando los terapeutas tienen la
oportunidad de ver reacciones externas iatrógenas que les dan una pista de la posible
fragmentación.
Jazmín, por ejemplo, se presentaba en la etapa inicial del tratamiento como estando
emocionalmente integrada y teniendo un matrimonio maravilloso, auque parecía ansiosa y
desde luego, reportaba sus problemas de robo en las tiendas. Empezamos a explorar el darse
cuenta y el contacto, tratando de ser muy respetuoso para no entrar en un trabajo orientado al
afecto. Pero a pesar de todas nuestras precauciones, de todos mis intentos de tratar de no
agitar a Jazmín, sus recuerdos de la primera infancia empezaron a emerger. Esto no sucedió
como resultado de cualquier acto deliberado de nuestra parte, sino debido a que al ponerle
atención al darse cuenta permitió que la poderosa agitación interna de Jazmín emergiera. Ella
empezó a experimentar una mayor dificultad interna fuera de las sesiones, aunque no me lo
reportaba. Empezó a experimentar mayores períodos de tiempo estando “en el espacio” y no
podía recordar lo que había sucedido. Tenía una mayor dificultad para levantarse en la
mañana, funcionar en su trabajo y estar conectada con su esposo. Sin embargo, ella mantuvo
todo esto en secreto mientras continuaba manteniendo una fachada de integridad. Conforme
empecé a reconocer y a señalar a un nivel intelectual algunas de las cosas que le habían
sucedido a Jazmín, aún sin tratar con sus aspectos emocionales, los recuerdos empezaron a
emerger.
Una vez más, debo hacer notar que, en la segunda etapa del trabajo, cuando
empezamos a tratar el material afectivo, lo hacemos de la manera más gentil, en lo posible sin
enfocarse en lo afectivo. Esta propuesta les indica a los pequeños que estamos empezando a
explorar lo que sucedió en un nivel intelectual, sin evocar sentimientos. Los terapeutas deben
empezar este proceso en un nivel intelectual sin tirarse un clavado a la alberca de la
emotividad. Hacerlo así les permite a los pacientes encontrar su propio nivel de afecto a su
propio tiempo.
Usualmente los pequeños no han emergido a esta altura del trabajo, y los pacientes
probablemente no tengan un lugar donde poner sus sentimientos. Si, y cuando, los recuerdos
empiecen a emerger (lo que no siempre sucede porque algunas veces lo pacientes no
recuerdan), usualmente el afecto se intensifica debido a que los recuerdos contienen material
afectivo que no es accesible a los pacientes en el presente.
Cuando era joven, su padre y su madre habían abusado mucho de Bill. Bill llegó a
terapia a los veintisiete años con un largo historial de depresión y ansiedad y una falta de
habilidad para mantener relaciones íntimas duraderas. Experimentaba una gran dificultad para
funcionar en su vida diaria, pero no era evidente por qué. Había entrado y salido de terapia
varias veces. Un arquitecto que tenía problemas para mantener su actividad profesional, Bill
había estado casado por un corto tiempo, pero le costaba trabajo mantener el contacto y la
intimidad. Su esposa había dicho que él era “raro y extraño”.
Bill guardaba todos sus recuerdos y después de haber trabajado en el darse cuenta y
que habíamos empezado a hablar de su historia en el presente, él podía recordar con gran
detalle los eventos reales de lo que le había sucedido. Sin embargo, él no podía manejar el
afecto ni podía acceder las distintas partes de su self, como la ira y el sentirse bien consigo
mismo, que necesitaba para poder empezar a manejar estos recuerdos. Estaban disociados y
no podía manejar sus recuerdos como una persona completa.
Bill tenía recuerdos y memorias de todos los abusos que había sufrido, pero no tenía
acceso a las partes de su self que los pequeños contenían. Bill podía hablar de lo que había
sucedido. Sin embargo, su plática estaba limitada al no poder acceder a las partes de su self
que no estaban disponibles.
Después de un tiempo, resultó evidente que Bill tenía un sentido de lo que él llamaba las
“cosas” que estaban dentro de él, y él sabía que habían sucedido eventos que no podía
entender por completo, que no tenían sentido o que no los sentía mucho. Sabía que no podía
expresar ira y que siempre se sentía mal consigo mismo. Él había trabajado en autoestima
varias veces en terapia sin ningún resultado, en parte porque sus sentimientos positivos
estaban disociados y contenidos en un pequeño al que no podía acceder. Él sabía que tenía
una dificultad para amar porque le resultaba difícil creer que podía ser amado, un sentimiento
que siempre interfería en sus relaciones, con frecuencia en un grado muy poderoso.
Un día Bill llegó pareciendo estar en el espacio y me entregó una carta de uno de sus
pequeños. Cartas, dibujos, música, virtualmente cualquier clase de representación gráfica o no
gráfica, son comunes y son una herramienta valiosa en el tratamiento de pacientes
fragmentados. Bill recordaba vagamente haber escrito la carta, por lo que sus pequeños no
estaban completamente disociados. La carta aclaraba que un pequeño profundamente
asustado existía y que tenía miedo de emerger.
Bill debe haber estado ligeramente disociado cuando escribió la carta y cuando me la
dio, porque no estaba plenamente conciente de su contenido. En ese momento, decidí no
compartir la carta con Bill debido a que se veía tan desconectado de ella. Yo la leí y empecé el
largo y complicado proceso de tratar con los pequeños de Bill, un proceso que eventualmente
llego al final del camino para integrar y restaurar el self de Bill.
Conforme Bill hablaba de los traumas que experimentó de niño, especialmente con su
padre, le pedí que experimentara lo que estaba sintiendo y pensando, luego lo que estaba
sintiendo, y en otro momento lo que estaba experimentando. Conforme Bill adquiría habilidades
de darse cuenta, yo podía ver su afecto intensificarse. Su manzana de Adán subía y bajaba
locamente, sus ojos se humedecían y su piel se ponía roja a raíz de sus retroflexiones (consulte
Shub, 2000b). Yo también podía observar otras señales de que el afecto estaba emergiendo.
Ese “cierre” es importante para los pacientes. Antes de pasar a la etapa tres de nuestro
modelo, quiero tratarlo más ampliamente. Cerrar significa que los terapeutas tratan de hacer
que los pacientes se “integren” antes de irse para que no anden caminado por ahí sintiéndose
en el espacio, descarnados o en un lugar emocionalmente vulnerable.
“Cerrar” es esencial. Algunas veces los pacientes pueden salir de una sesión tan en el
espacio que pueden subirse a sus autos y manejar sin saber a dónde van o habiendo olvidado
lo que están haciendo. Pueden estar en un lugar tan profundo que tienen dificultad para
regresar. Es de suma importancia que los pacientes estén tan presentes como sea posible y
tan aterrizados e integrados como sea posible antes de que salgan de sus sesiones.
Conforme empezó a desarrollarse nuestro trabajo de recuperación de recuerdos, Bill ya
había adquirido algunas habilidades para empezar a trabajar en el proceso y también entendía
el “cierre”. Sus pequeños sentían que Bill y yo veníamos de un lugar realmente seguro porque
yo había procedido paulatina y lentamente. También sabían que yo respetaba el
desdoblamiento interno de Bill por la manera como había manejado el contacto, la seguridad y
su ponerme a prueba hasta ese punto.
Una vez que hemos hablado de la etapa uno: diagnóstico y la etapa dos: material de la
primera infancia, pasamos a la etapa tres: recuperación de recuerdos. Una vez más, quiero
enfatizar que esta terapia no es recetario de cocina paso a paso. La terapia de cada paciente
es única y tiene su propia vida y estructura. La terapia de cada paciente se desenvuelve de
manera idiosincrásica. Sin embargo, el modelo proporciona una guía clara y los lineamientos
de cómo sucede usualmente. Pero el lector debe comprender que la estructura de la
personalidad, el self, el trauma y la historia de cada paciente son diferentes.
Linda llegó a terapia cuando la sorprendieron robando en una tienda. Una mujer
brillante, atractiva, cuarentona, casada y con dos hijos, Linda era, según todas las apariencias
externas, una mujer exitosa. Había sido sorprendida tomando unos cepillos para el pelo en una
farmacia y estaba inmensamente apenada, desconcertada y verdaderamente asustada. Su
esposo, un médico, le sugirió que buscara ayuda, pero él no tenía ni la menor idea que robar
era sólo la punta del iceberg, no el problema real.
Linda no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, ella era
convincente y articulada, y había organizado su vida de manera que pudiera funcionar. Por lo
tanto su esposo nunca la había presionado hasta el incidente del robo. Su negación y su deseo
de que los problemas de Linda no interfirieran en su vida eran fuertes, aunque, de cierta
manera él entendía que ella estaba sufriendo.
No estoy totalmente seguro, pero creo que, cuando Linda me empezó a ver, también
estaba viendo a otros terapeutas. Esto era parte del patrón, parte de la manera como se
mantenía segura, la manera como sus pequeñas ponían a prueba, parte de la manera como
se protegía. Para poder mantenerse segura, le contaba diferentes historias a cada terapeuta.
Tampoco nunca revelaba directamente su sufrimiento o sus sospechas. Ella era brillante y
alegre y discernir lo que realmente estaba sucediendo dentro de ella era prácticamente
imposible.
Sin embargo, en ocasiones Linda era bastante difícil y todas las incongruencias me
alertaron de que había un problema más profundo flotando en el interior de su self. Conforme
comencé a trabajar con Linda en el darse cuenta y conforme gradual y gentilmente le pedía que
compartiera conmigo lo que estaba sucediendo en su interior mientras hablaba de varios temas,
empezó a reaccionar de manera distinta. Se ponía hostil, se cerraba, o se ponía rígida cuando
le preguntaba lo que estaba experimentando. Linda venía cada semana y se desconcertaba en
extremo si teníamos que cancelar una cita por cualquier motivo o si se me hacía tarde.
Evidentemente, me observaba como un halcón, atenta para ver cómo manejaba yo su proceso
y las cosas que sucedían.
Linda empezó a hablar un poco de cuando era niña, y al principio pintaba una imagen de
una niñez de película feliz. Sin embargo, gradualmente empezó a ser más honesta al hablar de
las cosas por las que había pasado, aunque sólo revelaba un poco. Cuando le pedía que
compartiera sus sentimientos, que describiera lo que estaba experimentando, que se percibiera
a sí misma, o que permaneciera con su proceso, lo que hubiera implicado abrir las puertas a su
tormento interno, ella se resistía. Solamente participaba en pequeñas partes del trabajo de
darse cuenta. Sin embargo, gradualmente empezó a permitir que el proceso se desenvolviera y
cada vez compartía más y más de su experiencia interna.
Esta lenta apertura continuó durante meses hasta que un día Linda trajo un sobre que
contenía una tarjeta de una de sus pequeñas dirigían a mí. En ese momento, muchas de las
sospechas de los comportamientos extraños de Linda se confirmaron. La carta estaba dirigida
a “Querido Norman”. Esencialmente decía que la pequeña quería que yo supiera que estaba
muy asustada, que no confiaba en mí, que nunca le había importado a nadie, que tanto ella
como las otras no quería que yo supiera que estaban ahí (aunque me estaban haciendo saber
que estaban ahí) y que ella sólo me estaba previniendo acerca de lo que vendría. Obviamente
esta advertencia con sentido/sin sentido era una manera de decirme “No confío en ti, pero
confío lo suficiente para hacerte saber que existo.”
La tarjeta no fue una señal del surgimiento de las pequeñas, aunque sí señalaban su
existencia. No significaba que si, en la siguiente sesión, Linda se disociaba, emergería una de
las pequeñas. La tarjeta era simplemente una advertencia que había mucho por venir por lo
que yo debería estar preparado y también era una especie de prueba para ver si yo estaba
preparado.
Linda sabía que algo traumático le había sucedido y que estos incidentes eran partes de
su historia que no podía enfrentar. Sabía que todo el dolor y la ansiedad que guardaba en
secreto de todos, incluyendo a sus hijos, la estaba lastimando severamente. Si embargo,
conforme empezó a experimentar las imágenes instantáneas, ideas, sentimientos y recuerdos
corporales, erráticamente y sin ningún orden en particular, empezaron a llenar el espacio.
La recuperación de los recuerdos fue realmente un infierno para Linda. Con frecuencia
me decía que si hubiera sabido qué tan duro sería, seguramente no hubiera entrado a terapia.
Sin embargo, seguía regresando porque de cualquier manera estaba viviendo en un infierno,
aunque empezó a tener una mayor dificultad para sobreponerse a su agitación interna. A
veces, Linda hablaba de estar hospitalizada mientras empezaba a recordar lo que le había
sucedido en el granero, los traumas de abuso causados por sus tíos y otras experiencias
horribles. Linda empezó a darse cuenta que estas cosas realmente le habían sucedido a ella.
Al procesar los recuerdos recuperados con los pacientes, no los guíen, ni hagan
sugerencias ni traten de hacerlos que crean. Yo los apoyo para que completen sus propias
imágenes y para que lleguen a sus propios supuestos e ideas acerca de lo que les sucedió. De
ninguna manera algo proviene de mí. Hago énfasis en este hecho en los términos más fuertes
posibles por la existencia del síndrome de falsa memoria y las sospechas del público acerca de
las personas que han sido abusadas.
Los recuerdos de Linda no tenían nada que ver conmigo. Provenían totalmente de su
propio proceso. Yo sólo era un testigo y escuchaba. La ayudé apoyándola para juntar las
piezas. Yo era una red de seguridad. Era su terapeuta. Validaba su experiencia y era alguien
a quien ella podía recurrir cuando se volvía insoportable el dolor. Le permitía confiar en que no
estaba sola en el proceso. Sin embargo, yo no era un guía o un intérprete. Yo no estructuraba
la imagen o sugería vínculos. Estaba ahí para permitirle a Linda seguir su proceso y ayudarla a
enfrentar su pasado conforme emergía en el presente.
La Asociación Médica Americana (1985). Barnier & McConkey (1992), Beck & Van der
Kolk (1987), Billing (1991), Gabbard (1989) y otros importantes autores en este campo están de
acuerdo que la recuperación de los recuerdos es una de las partes más traumáticas y difíciles
de la terapia con pacientes fragmentados. Una vez que un terapeuta empieza a explorar el
material de la primera infancia a cualquier nivel afectivo o intelectual, existe el potencial de
evocar los recuerdos. Estos recuerdos pueden o no ser compartidos por todos los distintos
pequeños. Pueden salir a la superficie como recuerdos corporales, sensaciones o de otras
maneras, pero en algún momento los pequeños tienen la imagen completa en sus manos si la
persona está fragmentada.
Eventualmente, los pequeños pueden hablar de la historia y reconocen que ellos tienen
la verdad. Pero estos procesos de recuperación de recuerdos obviamente son profundamente
perturbadores, y también alborotan a los pequeños. Este “acting out” junto con la experiencia
de recuperación de los recuerdos puede ser perturbador. Así es que al mismo tiempo que
Linda estaba volviendo a experimentar los recuerdos del trauma, sus pequeños también me
estaban poniendo a prueba.
Este era un doble golpe que era particularmente difícil y terriblemente perturbador para
todos.
Conforme empieza la recuperación de recuerdos, los pacientes usualmente se resisten a
aceptar algo que no ha estado en su darse cuenta hasta ese momento. Dependiendo del grado
de disociación de los recuerdos del self conciente, los pacientes pueden estar renuentes a
aceptar la realidad de estas experiencias como parte de su primera infancia o de los problemas
de su familia de origen. Definitivamente estarán renuentes a aceptar las consecuencias
afectivas y emocionales de integrar estos recuerdos al self. Ayuda a conceptualizar los
recuerdos en tres niveles:
Los recuerdos que regresan y que no guardan los pequeños (consulte Claridge, 1992)
juegan varios papeles. Primero que nada, les regresan a los pacientes sus historias. En
segundo lugar, pueden servir como una prueba para permitirles a los pequeños saber si
realmente le importan a un terapeuta y si realmente está disponible y es seguro. Tercero, éstos
recuerdos dibujan una imagen de las cosas para las que nacieron los pequeños: para impedir
que volvieran a suceder otra vez. Eso realmente espanta y le resulta difícil a cualquier
paciente, pero hace que los pequeños por fin emerjan. Ellos aparecen cuando han visto que el
paciente y el terapeuta han creado un entorno seguro en el que pueden emerger estas
experiencias traumáticas y cuando ellos ven que el terapeuta realmente está ahí para ayudar al
paciente a sentir y a integrar los recuerdos.
Para repetir, el difícil proceso, que toma mucho tiempo, de la recuperación de recuerdos
con frecuencia es una prueba, una necesidad, una realidad y una parte del proceso de
curación. Casi siempre es importante en situaciones en las que la fragmentación ha ocurrido
como resultado de un trauma. Digo “casi siempre” no porque haya tenido experiencias en las
que no haya sido importante sino porque siempre dudo de decir “siempre” acerca de cualquier
cosa. Los pequeños están probando para ver si el terapeuta realmente les dará una
oportunidad de estar seguros. La recuperación de los recuerdos, como el surgimiento y el
desarrollo de las partes en una terapia larga, es un proceso, no un evento.
El primer recuerdo puede ser el más difícil de aceptar para un paciente debido a que es
el más nuevo y representa todos los recuerdos que el paciente debe experimentar.
Después de que emerge el primer recuerdo, los terapeutas pueden decidir ver a los
pacientes más de una vez a la semana debido a las necesidades conflictivas del proceso
interno del paciente. Primero el paciente experimenta la sesión de recuperación de recuerdos y
luego manejarlos afectivamente. Este proceso por lo general es extremadamente traumático,
doloroso y aterrador.
Segundo, se necesita una sesión de integración para ayudar a los pacientes a “cerrarse”
(aunque, desde luego, el terapeuta quiere tratar de “cerrar” después de la primera sesión en
lugar de permitirles regresar a sus vidas mientras están conteniendo el material emocional). El
terapeuta también necesita tiempo en la sesión de integración para poner al recuerdo dentro del
marco de referencia de la vida del paciente.
Cuando los recuerdos empiezan a emerger, el terapeuta debe estar preparado para
trabajar tiempo extra por las noches, en las mañanas o en fines de semana debido a que los
recuerdos emergen cuando emergen. Si emergen y un paciente está agitado y realmente está
pasando por un momento difícil para manejar un recuerdo en cualquier parte de su surgimiento,
el paciente puede necesitar venir para procesar el recuerdo. Eso no significa que todas y cada
una de las veces que emerja un recuerdo, el paciente necesite una sesión extra. Eso no
significa que cada vez que le ocurra algo traumático a un paciente necesite venir a una sesión.
Eso, desde luego, no es posible, relista o saludable. Hay veces, sin embargo, cuando la
situación se vuelve tan difícil para los pacientes que ellos necesitan a alguien para apoyar la
experiencia, confrontar e integrar lo que les está sucediendo. Los pacientes necesitan manejar
el potencial de afecto y luego tratar de integrar los recuerdos al esquema de sus vidas.
No hay rima ni razón para que los recuerdos emerjan o lo que los disparará. Tampoco
hay manera de determinar cuándo empezará esta fase en particular en el proceso de terapia.
Cerrar les enseña a los pacientes cómo salir situados en el presente. Es una habilidad
importante para que la desarrollen a fin de aprender a protegerse a sí mismos y para minimizar
el daño caótico en sus vidas fuera de la terapia. Tratamos de hacer que los pacientes se
comprometan a no irse hasta que se sientan aterrizados o situados. Aún así, pueden emerger
nuevos recuerdos después de una sesión, o que el paciente se sienta integrado pero que se
vaya de la sesión sin estarlo realmente. Hasta donde nos es posible, ayudamos a los pacientes
a cerrar, a aterrizar, a calmarse y a sentirse seguros antes de irse. Enseñarles a los pacientes
cómo y cuándo cerrar es una parte importante del proceso terapéutico. También minimiza el
estrés del terapeuta.
La fase uno es una experiencia previa de surgimiento de recuerdos que señala que algo
está burbujeando en la inconsciencia y que está a punto de emerger al darse cuenta. La
experiencia actual de que emerja un recuerdo o que empiece a emerger es traumática. Los
pacientes empiezan a volver a sentir, a volver a experimentar, a volver a conocer y a volver a
recordar el dolor del trauma original en el presente.
Jim, que estaba fragmentado, vino a terapia debido a una severa depresión y ansiedad.
Empecé a evaluar lo que le estaba sucediendo a su self en el presente y a enseñarle a darse
cuenta y hacer contacto. Después de dieciséis meses, Jim reportó una terrible pesadilla que lo
había mantenido despierto toda la noche. Me dijo que había sollozado, temblado, sudado y
vomitado, síntomas que sólo había experimentado anteriormente en un caso severo de gripe.
La pesadilla asustó severamente a Jim por su intensidad y contenido.
Es una manera para que los pequeños pongan a prueba el entorno terapéutico.
Es una manera para que los pacientes recuperen su historia y para que empiecen a
revivir las experiencias emocionales que originalmente causaron la fragmentación.
Este es un proceso aterrador y difícil para muchos pacientes.
Les ayuda a entender los violentos traumas que originalmente hicieron que se
fragmentaran.
Prepara el escenario para el surgimiento de los pequeños o de las personalidades
separadas. Una vez que saben que el terapeuta es seguro, pueden empezar a
aparecer en el presente y comunicar lo que están haciendo
He dado algunos ejemplos de cómo pueden emerger los pequeños en una sesión. Sin
embargo, no hay un modelo consistente para recuperar los recuerdos y para pasar al trabajo
con los pequeños. Este proceso nunca ocurre con precisión, linealmente o de la misma
manera.
Molly, que tiene dos hijos, vino a terapia porque su marido se quejaba de su forma de
ser en la relación. Algunos días era maravillosa, decía él, pero otros simplemente no estaba
presente. En ocasiones, Molly tenía una vaga sensación de que algo estaba sucediendo y
podía reportar más tarde que había ocurrido una especie de cambio en su darse cuenta. Ella
entendía que hablaba y se comportaba incongruentemente.
A diferencia de Julia, que había logrado una claridad real relacionada con su proceso
interno, Molly no entendía qué sucedía en su interior y no me lo podía reportar. La primera
pequeña de Molly apareció cuando estaba sentada en la sesión y repentinamente parecía y
hablaba como una persona joven. Me di cuenta de que una pequeña había emergido.
Entonces Molly regresó, parecía que había estado dormida y que acababa de despertar.
Estaba ligeramente aturdida, pero realmente no se había ido y retenía un recuerdo vago de lo
que había sucedido.
Cuando el primer pequeño de David apareció, David estaba realmente ido. Sentado en
el suelo se encontraba un niñito asustado de siete años que hablaba con voz de niño y que,
aunque parezca difícil de creer, realmente no tenía el vocabulario de un adulto o su capacidad
intelectual.
El niño era parte del self de David que se había dividido cuando David tenía siete años y
estaba experimentando todos sus traumas. La función de este pequeño, que no se había
desarrollado al parejo de David era contener su miedo. Este pequeño no tenía conceptos
maduros y cuando emergía se comportaba de acuerdo a su edad. Desde luego que eso era
parte del problema de David. Cuando emergía este pequeño, en la terapia o en su vida, David
hablaba y se comportaba como un niño de siete años.
En una sesión de terapia, tuve que tratar al niño como se trataría a cualquier niño, con
gentileza, calidez, sensibilidad y paciencia. Estaba terriblemente asustado y no quería yo hacer
que se fuera. Sin embargo, cuando el niño asomaba la cabeza y entraba a la vida adulta de
David, realmente empezaban las dificultades. David hablaba y se comportaba de manera
inapropiada en su vida adulta. Estaba asustado, pasivo, débil y retraído. Cuando el niñito se
iba, David volvía a ser un adulto. Cuando aparecen los pequeños, algunas veces influían la
vida adulta de formas que son difíciles para que el adulto las maneje y las recuerde.
Avanzando hacia esa meta, la siguiente etapa del tratamiento es identificar a los
pequeños y entender quiénes son y qué están haciendo para proteger al adulto.
El alguna parte de la fase de surgimiento de recuerdos, puede aparecer un pequeño.
Una de las pequeñas de Laura surgió brevemente durante el principio del proceso. Yo lo supe
porque de repente Laura se comportó con mucha mayor juventud de lo que se había estado
comportando y parecía muy chica, como una niñita, sólo por unos momentos. Esto me
sorprendió y me alarmó. Desapareció rápidamente y luego este comportamiento de niñita
volvió a surgir durante la etapa de recuperación de recuerdos. Ese tipo de experiencias son
pruebas diseñadas por los pequeños para poner a prueba la habilidad del terapeuta para
manejar los requerimientos de seguridad, tiempo y apoyo emocional necesarios para la
recuperación de recuerdos y para el trabajo de partes. Esta es una pregunta, ¿estará ahí el
terapeuta para mí?, que los pequeños siempre hacen muchas veces a lo largo del tratamiento.
Después de seis meses de terapia, Beth reportó, con co-conciencia, que tenía varias
pequeñas y le dio a su terapeuta sus nombres y sus descripciones. El terapeuta se alarmó,
porque no tenía la menor idea de que estaba tratando con una paciente fragmentada. Beth
eventualmente le dio nombre a siete pequeñas, cada una en conflicto con las otras, confundida
y trastornada. Cada una nació para proteger a Beth como resultado de un trauma agudo que
había experimentado. Para poder sobrevivir tuvo que disociar sus capacidades del self adulto.
Cada una de las pequeñas desarrolló formas para funcionar en la niñez, que en la vida
adulta de Beth se interponían y hacían difícil o imposible que ella pudiera acceder a sí misma
por completo. Al negarle las capacidades que necesitaba, algunas de estas pequeñas
lastimaban a Beth y algunas lastimaban a los hijos de Beth. Su co-conciencia le permitía a Beth
explicarle estos hechos al terapeuta. Ese tipo de situación es de cierta manera más difícil
porque el terapeuta y el paciente de inmediato experimentan a todos los pequeños. De cierta
forma, es más fácil porque no es tan difícil esperar para ver qué va a surgir a continuación,
como los terapeutas deben hacer con los pacientes más fragmentados. En estos pacientes, los
pequeños están disociados y el adulto debe de irse para que los pequeños puedan emerger.
La terapia de Carol tomó un curso distinto. Carol no se daba cuenta de sus partes, que
emergieron por completo sólo después de tres años de trabajo de contacto, darse cuenta y
recuperación de recuerdos. Un día Carol simplemente se fue. En su lugar se sentó una
pequeña que se veía chica, retraída, protegida y poco comunicativa. Inmediatamente me
alarmé, pero, mientras me esforzaba por mantener la compostura, no tardé en darme cuenta de
lo que sucedía, saludé a esta pequeña infantil que se había aparecido en mi consultorio.
Para ser completamente honesto, cuando empecé el trabajo de fragmentación, tenía mis
dudas acerca de que ese tipo de cosas pudieran ser reales. Resulta difícil creer que una parte
de una persona que habla y se comporta como un niñito pueda emerger sin que sea un truco.
Ahora, después de todos estos años de estar trabajando con personas fragmentadas, aún
mantengo un asombro respetuoso de lo que puede hacer el self para protegerse a sí mismo.
Cuando la pequeña de Jazmín apareció, era real. Habitando el cuerpo adulto de Jazmín
había una persona que dibujaba y se comunicaba como una pequeña niña. Cuando esa
pequeña estaba presente, Jazmín no lo estaba. Jazmín estaba severamente fragmentada.
Cuando llegaba una de las pequeñas, Jazmín se iba.
Cuando la pequeña le permitía a Jazmín regresar, y eso es algo que se debe tratar con
los pacientes, ya que seguramente no queremos que Jazmín ande por ahí disociada y
comportándose como una niña, Jazmín se estremecía y estaba aterrada. Se había ido durante
toda la sesión y no tenía ningún recuerdo de lo que había sucedido. Me reportó que se sentía
un poco más tranquila, como resultado de que yo hubiera trabajado con la pequeña al principio
para establecer una conexión.
Jazmín y yo hablamos acerca de lo que había sucedido, pero desde luego que ella
estaba incrédula. Sin embargo, algo dentro de ella sabía que lo que yo estaba diciendo era
verdad. Ella retenía concientemente un poco de darse cuenta de algunos eventos en su vida
que no tenían sentido. Además, su pequeña resonaba de alguna forma con mi historia, Jazmín
sentía la verdad en su interior. Tanto su propio reconocimiento, sutilmente inconsciente, como
el reconocimiento de su pequeña le ayudaron a calmarse, a aceptar lo que había sucedido y a
sentirse bien con eso.
La vida aún le da miedo y es difícil para Jazmín debido a que se iba y la pequeña venía
y ella y yo hablábamos. Gradualmente, construimos la confianza y una conexión y empecé a
entender a la pequeña. Aprendí que quería que alguien la escuchara le importara, la apoyara
y la reconociera. Ella quería a alguien que escuchara su historia y a quien le importaran sus
sentimientos. Ella quería a alguien que reconociera la importancia de su función de guardar el
dolor de Jazmín para que estuviera segura.
Conforme fui conociendo a la pequeña asustada de Jazmín, me dijo que había otras.
Gradualmente, empecé a conocerlas y a descubrir quiénes eran y cuáles eran sus funciones.
Identificar y conocer a las partes de Jazmín fue un trabajo difícil por varias razones.
Conforme empecé a conocer a sus pequeñas, no podía parecer como falto de atención o no
responder directamente a cualquier cosa que dijeran. Si hacía cualquier cosa que oliera a falta
de sinceridad, falta de apoyo, distracción o falta de calidez, de inmediato se trastornaban y se
sentían lastimadas. Se volvían sospechosas, se alejaban, se retraían y se rehusaban a creer
que a mi me importaban.
Los terapeutas que hacen este tipo de trabajo deben entender que los pequeños son
perros guardianes, guardias o centinelas. Ellos creen que su función es proteger al adulto de
más trauma y dolor. Conocerlos y construir una conexión y una relación con ellos se lleva
tiempo, es difícil y frustrante debido a que, si sospechan que hay un problema, se ponen en el
modo de protección y se retraen. Hacerlo requiere mucha paciencia y ternura debido a que son
niños. Ellos piensan, hablan y se comportan como niños. Tienen las defensas de un niño.
Tratar con sus exigencias infantiles, sus respuestas y defensas no es sencillo.
Con Bob, un caso de personalidad múltiple que tenía cuatro personalidades distintas, la
situación era algo diferente. Las personalidades de Bob eran de distintos géneros, dos mujeres
y dos hombres. Las personalidades de Bob, a diferencia de las pequeñas de Jazmín, eran selfs
adultos totalmente separados, con puntos de vista, formas de pensar y creencias distintas. Uno
estaba muy enojado, era hostil y se vestía de manera agresiva, mientras que otra era coqueta y
seductora. Por ejemplo, Sally era tímida y apenada, mientras Rolf era listo y eficaz. Cada
personalidad, sin embargo, nació para proteger a Bob del trauma que había experimentado y
que había sido muy severo.
Aunque usé el mismo modelo para conocer a las personalidades de Bob para entender
cómo percibían al mundo, qué sentía y cuáles eran sus funciones, la situación era distinta.
Eran adultos y podían comportarse de manera mucho más peligrosa.
Llegar a conocer y trabajar con las distintas personalidades de Bob fue demasiado
estresante debido a lo que potencialmente podían hacer -a diferencia del trabajo con las
pequeñas de Jazmín, que era frustrante porque eran niñas-. Conocer sus partes y entender
que las pequeñas realmente estaban viviendo dentro de ella fue una experiencia aterradora
para Jazmín. Para Bob resultó casi aplastante.
Becky, una personalidad múltiple, sospechaba que podía tener una “severa perturbación
mental,” como la llamaba ella, debido a que se “quedaba en blanco” durante largos períodos de
tiempo. Becky estaba más manifiestamente desconcertada que muchos pacientes
fragmentados al principio del tratamiento. Ella estaba visiblemente más afectada y preocupada
por su comportamiento de lo que están muchas personas fragmentadas. Ella se daba cuenta
de que algo estaba seriamente mal, aunque no tenía una idea clara de qué era. Tomó mucho
tiempo para que sus personalidades separadas emergieran en la terapia. Aún después de que
había recuperado muchos recuerdos, se dio un largo período infértil en el que las
personalidades no se sentían lo suficientemente seguras para salir y hablar con el terapeuta de
Becky.
Los pacientes con pequeños co-concientes pueden permitirle a las partes emerger en
las sesiones junto con el self adulto conciente. Con los pacientes más fragmentados, las partes
o los pequeños pueden emerger en una sesión de terapia con el self adulto dependiendo del
grado de disociación requerido para que ocurra el surgimiento. Entre más disociados estén los
pequeños del self adulto, tanto más se debe alejar un paciente cuando emerge un pequeño.
Estas partes pueden tener co-conciencia y estar en la superficie del, o cerca del, darse
cuenta desde el principio de la terapia. Pueden ser fragmentos enterrados que se han
disociado y que requieren que el adulto se aleje para que ellos puedan salir. Pueden ser
personalidades separadas. De cualquier manera, todos cumplen con los mismos criterios:
Tuvieron una razón para nacer. O dicho de otra forma, algo le sucedió al self de la
persona que hizo que nacieran.
Todos tienen una función o una razón para existir. Ellos guardan la ira, guardan los
recuerdos, guardan las lágrimas o son personalidades separadas que pueden hacer
cosas que el self adulto no puede hacer.
Algunas veces, la función de uno de ellos entra en conflicto con las funciones de
otros o potencialmente con el self adulto. Puede emerger uno enojado y puede
querer atacar con instintos asesinos a todos los hombres. El enojado piensa que le
está ayudando al self adulto y que lo está protegiendo de más abusos. Obviamente,
sin embargo, esa necesidad de atacar con instintos asesinos es aterradora y
perturbadora y crea una disfunción potencial y otras dificultades.
Cada uno tiene cosas que necesita decir. Que necesita ser escuchado es una
verdad que no me canso de repetir. Cada fragmento, cada parte, cada pequeño
nació en secreto y usualmente nunca ha sido reconocido ni ha visto la luz del día.
Más que nada y como prerrequisito para cualquier clase de integración, sin importar
qué tan difícil sea para el terapeuta, necesita ser escuchado. Escuchar y reconocer a
las partes les permite sentir que son reales. Permite que partes que nunca han
emergido, aunque han actuado sobre el self adulto, salgan al darse cuenta. Entre
más gradualmente salgan al darse cuenta, tanto más control tendrá finalmente el self
adulto sobre ellas. Esta necesidad de ser escuchadas se personifica en todas las
partes, aunque puedan expresarlo de distintas formas. Algunas necesitan que las
sostengan, las reconforten y sentir que le importan a alguien. Algunas necesitan
convertir al terapeuta en el blanco de su ira en un entorno seguro. Algunas necesitan
seguir poniendo a prueba hasta que están seguras de la seguridad. Algunas
necesitan proteger a otras partes que las partes en la primera capa consideran más
vulnerables.
Todos los pequeños quieren ser tratados con respeto y ser reconocidos como partes
funcionales separadas del self, ya sean fragmentos co-concientes o personalidades separadas.
Traer a todos los pequeños a una sesión de terapia es una tarea difícil y con frecuencia
desafiante debido a que las partes controlan qué tanto se expone y cuáles emergen cuándo. La
niñita de Jazmín, que existía como un testigo de las experiencias traumáticas, vino primero.
Ella buscaba ser confortada, apoyada y nutrida y quería importarle a alguien y ser reconocida.
La niñita de Jazmín se convirtió en la personalidad guía, quien, además del self adulto, se
vincula más profundamente con el terapeuta y se convierte en la guía para explorar el mundo
de las partes.
Como hemos visto anteriormente, la parte guía vincula al self adulto y al terapeuta y
particularmente al terapeuta y a las otras partes. La guía ayuda al terapeuta a saber cuándo
traer a un pequeño al entorno terapéutico es seguro y le cuenta al terapeuta acerca de las otras
partes o personalidades. Gradualmente, con el tiempo, forma una relación estrecha de trabajo
con el terapeuta en la empresa terapéutica. Ganarse a la parte guía es con frecuencia
extremadamente difícil debido a que es el primer fragmento y, como hemos visto anteriormente,
está buscando la seguridad, la confianza, la sensibilidad, el calor, la apertura, la recepción y el
compromiso del terapeuta para todas las otras partes.
Jazmín empezó a darse cuenta de que no estaba presente durante gran parte de las
sesiones de terapia. Sus partes no eran co-concientes. Jazmín cerraba los ojos, se adentraba
en su self y concientemente, dándose cuenta, le permitía a la niñita emerger. Cuando la niñita
estaba ahí, Jazmín no estaba. La niñita y yo empezamos a tener un diálogo terapéutico y a
hacer el trabajo. Cada vez más, las sesiones estaban dedicadas a hablar con la niñita.
Conforme empiezan a emerger las partes, los fragmentos, los pequeños o las
personalidades de un paciente y conforme los voy conociendo, empiezo a entender no sólo la
historia del paciente sino también el rompecabezas de fragmentación del que se forman los
distintos pacientes de los que he hablado. Es casi como ver un rompecabezas al que se le han
quitado las partes y luego se vuelve a armar y entonces hay una parte grande y luego hay una
parte enojada que encaja en la esquina derecha, una parte de miedo que encaja en la esquina
izquierda y una parte buena que encaja hasta arriba.
Repentinamente puedo ver que, si todos los fragmentos se integraran, surgiría una
persona completa con todas sus capacidades intactas.
Yo empezaba cada sesión con Jazmín de la misma manera. Cuando llegaba la niñita,
nos sentábamos en el mismo lugar, que era diferente a como nos sentábamos cuando Jazmín
estaba ahí. Jazmín y yo nos sentábamos frente a frente en sillas mientras que la niña y yo nos
sentábamos en el suelo en una cierta posición frente a frente. Este era el lugar de la niña, que
le daba a impresión de ser dueña de una parte del consultorio, de ser una persona única,
separada, especial para mi y que, cuando ella estaba ahí, hacíamos algo especial juntos. La
niña empezó a tener un sentido del self o forma, un reconocimiento de su existencia separada y
al mismo tiempo de ser parte de algo mayor.
Cuando hay co-conciencia, el trabajo toma un ritmo distinto. Los pacientes pueden
entrar y salir, o experimentar, las distintas partes, posiblemente más rápidamente y con mayor
vivacidad que un paciente severamente disociado o con personalidades múltiples. En cualquier
parte del espectro de fragmentación en la que se encuentre un paciente se debe crear un ritmo
en la quinta etapa mientras el terapeuta continúa con el trabajo de partes. El terapeuta necesita
un método para conocer al primer pequeño y para hacerlo sentirse seguro y un método para
desarrollar una relación con el guía. El terapeuta necesita crear un entorno seguro en el que
los pequeños puedan emerger repetidamente mientras él los va conociendo.
Peter era un hombre de veintinueve años que había sido acusado de lastimar a una niña
de quince años. Peter, que venía de un pequeño pueblo en una región de minas de carbón, se
había destacado en la preparatoria, donde lo consideraban arrogante y déspota pero
básicamente un buen muchacho. Su padre había muerto en un accidente en una mina de
carbón y su madre posiblemente tenía una personalidad borderline. Aterrado de trabajar en las
minas de carbón como todos los demás, Peter asistió a una escuela religiosa. En ella, una de
las personas legas se interesó en él y posiblemente (nunca se aclaró) abuso sexualmente de él.
Desear que ya no haya más es muy tentador, en especial con los pacientes ligeramente
fragmentados cuyas partes co-concientes riñen interminablemente. Es fácil después de muchos
años de lucha esperar que las riñas terminen y que el paciente deje de sufrir. Con los pacientes
de personalidades múltiples, varias personalidades pueden emerger que requieran un profundo
compromiso interpersonal de largo plazo con el fin de entenderlas y conocerlas y aprender
cuáles son sus funciones particulares. Con esos pacientes, es fácil que el terapeuta pierda la
paciencia, se sienta abusado, se irrite, se sienta agotado o que deseé que la confusión y el
tremendo dolor que el paciente está experimentando en la vida termine y que deje descansar al
terapeuta.
Todos los terapeutas experimentan esos sentimientos cuando trabajan con las distintas
clases de pacientes fragmentados. Sin embargo, no debe dejar de perder de vista, que por
causa de su propia frustración o por su necesidad de alivio, que una parte necesita ser sacada
a la superficie, respetada y reconocida. Obviamente, aquí es donde una buena supervisión
juega un papel importante. Es indispensable para el proceso contar con alguien con quien
hablar que le responda al terapeuta y que ayude con los propios sentimientos de
contratransferencia. No puedo dejar de insistir lo suficiente en la importancia de la supervisión
al tratar a pacientes fragmentados.
Recuerde a Sarah, que estaba fragmentada con partes disociadas. Me pasé varios
años trabajando para identificar estas partes, para hacer un diagnóstico preciso, para conocer a
Sarah, para enseñarle a darse cuenta y contacto, para permitirle a los pequeños emerger, para
conocerlos y para trabajar con cada uno a la vez en la terapia. Al final del séptimo año, la niñita
de siete años, la adolescente de dieciocho, la pequeña que tenía como cuatro, la rebelde de
nueve años y la Sarah adulta se sentían totalmente cómodas conmigo.
En ese momento, la más pequeña me habló acerca de una aún más pequeña, a la que
estaban protegiendo debido a que tenían miedo de lo que sucedería si esa pequeña se
exponía. Esta parte contenía la mayor vulnerabilidad de Sarah, su bondad y su gentileza antes
de que comenzara el abuso. Esta era la parte de Sarah que era pura y que yo no podía
experimentar hasta que conociera a esa pequeña y la ayudara a integrarse.
Por un lado, era emocionante pensar que había llegado al final de identificar y trabajar
con los pequeños, que ya no existía ningún otro y que esto era el final. Por el otro lado, me
sentía desanimado y algo desinflado debido a que pensaba que ya había hecho eso antes. En
conjunto, Sarah estaba mejorando. Su funcionamiento había mejorado. Estaba en una escuela
de postgrado y estaba planeando su boda y pensando en tener hijos. Ya no trabajaba en
restaurantes de comida rápida ni vivía parcialmente en la calle. Toda su vida había mejorado
tremendamente. Después de siete años de mi vida, sin embargo, estábamos a punto de
zambullirnos en un trabajo con un nuevo ritmo y una nueva pequeña empezando de cero. Esto
era difícil, para decir lo menos.
Con los tipos de pacientes ligeramente disociados, con fragmentación co-conciente, con
personalidades múltiples y otros tipos de fragmentación, el trabajo con las partes casi siempre
se desarrolla lentamente conforme la confianza generada al tratar a una parte permite que las
otras emerjan. Muy rara vez (nunca en nuestra experiencia, aunque hemos escuchado a otros
terapeutas hablar de ello) todas las partes emergen simultáneamente.
La tercera forma de estar seguros que han entendido el mapa terapéutico completo es
formar el vínculo más positivo, más estrecho y más conectado que sea posible con el pequeño
amable y confiar en él para trabajar con el terapeuta para entender lo que hay ahí. La parte
guía, ya sea un fragmento co-conciente positivo, un pequeño cuyo trabajo es controlar a los
otros pequeños inconcientes en un paciente disociado, o una personalidad enojada, cooperativa
o seductora, usualmente es el primero en emerger y formar una relación con el terapeuta. Le
permite al terapeuta conocerlo y comunicarse con él de una forma que le permite desarrollar un
ritmo y confianza. Aún si es pre-verbal y hay que comunicarse a través de dibujos, signos o
juegos, esta parte puede convertirse en una ayuda invaluable para ayudarle al terapeuta
entender todo lo que hay ahí durante un largo período de tiempo.
Entender, mapear e ir conociendo a todas las partes es un proceso que puede tardarse
muchos años, un proceso con el que el terapeuta tiene que ser extremadamente sensible y
permitir que se desenvuelva lentamente y un proceso al que el terapeuta puede acceder de
cualquiera de estas cinco formas. Es, sin embargo, un proceso que se debe mantener en
mente si el terapeuta trabaja con pacientes fragmentados y mientras se mueve hacia el ritmo y
la claridad del trabajo de partes.
Sin importar si los pacientes están ligeramente fragmentados con partes co-concientes o
las personalidades múltiples más divididas, nosotros creemos que comparten algunas
similitudes así como diferencias distintivas. Con adultos co-concientes, dependiendo de qué
tan concientes estén las partes, los terapeutas hacen mayor trabajo de grupo con los pequeños.
Trabajan con cada parte sistemáticamente para llegar a conocerla, para ayudarla a hablar, para
desarrollar una relación positiva con ella y para entender el papel que juega dentro del sistema.
Muchas sesiones presentan oportunidades para que los terapeutas trabajen con varias partes y
una vez que se ha establecido el ritmo y que las partes se sienten seguras, con frecuencia el
terapeuta y el adulto pueden pasar de parte a parte, entrelazando diálogos para que el paciente
realmente pueda desarrollar una relación con las partes para entenderlas y el papel que
desempeñan dentro del sistema.
Los terapeutas deben recordar que potencialmente todas las partes pueden hablar en
cualquier momento. Trabajar con las partes conforme van emergiendo no es como trabajar con
un paciente disociado fragmentado, en donde se trabaja con una parte a la vez debido a la
forma en que funciona el individuo. No es como el trabajo con una personalidad múltiple,
cuando usted se ve obligado a tratar con una persona a la vez.
El trabajo con las partes, ya sea que se haga interactivamente con partes separadas una
a la vez o con personalidades que emergen rápida o lentamente, tiene algunos temas en
común. El terapeuta debe reconocer, escuchar y respetar a cada parte, formar una relación
personal con ella y aprender la función de la parte. Finalmente, el terapeuta debe aprender lo
que esa parte guarda del self adulto. ¿Guarda la ira o los recuerdos?, ¿Vino a atacar al sexo
opuesto?, ¿Está ahí para castigar a otras personas por los daños que ha sufrido?, ¿Está ahí
para violentar a otros?, ¿Esta ahí para guardar lo bueno que no puede demostrar el self
adulto?, ¿Está ahí para guardar todos los sentimientos sexuales que fueron arrancados
brutalmente del self adulto?
Algunas de estas relaciones se llevan muchos años y requieren de una gran paciencia,
sensibilidad y respeto para crearse. Conforme la parte viene al presente, necesita su propio
ritmo. Puede necesitar su propio lugar en el consultorio. Sólo puede emerger bajo ciertas
circunstancias; por ejemplo, después de que el terapeuta ha reconocido al adulto por un tiempo,
puede ser que la parte sólo pueda ser sacada a la superficie a través del fragmento guía, lo que
le permite al terapeuta conectarse con la parte disociada.
Después de que usted entienda quién es la parte, puede crear una forma rítmica,
uniforme, segura y sensible para desarrollar una relación con esa parte y, con el tiempo, llegar a
conocerla. Entonces puede ayudar a esa parte a sentirse segura, entendida y que le importa a
alguien. Finalmente, dependiendo del tipo de trabajo que se necesite, le puede ayudar a la
parte a valorar, creer en y aceptar la idea de que está segura y que el mundo no es el mismo
lugar que era cuando el self adulto era joven. Usted puede ayudarla a aceptar la idea de que
debe renunciar a su función y permitirle al paciente experimentar lo que la parte está guardando
y por lo tanto ser más completo conforme cada parte va renunciando a su trabajo y se va
integrando al adulto. Entonces el paciente entenderá, accederá y experimentará pensamientos
y sentimientos acerca de los que él o ella sólo había podido pensar anteriormente debido a que
las partes los mantenían alejados.
Yo pasé por las etapas de tratamiento y evaluación y traté de entender lo que sucedía
con Jill, pero me estaba costando trabajo hacer un diagnóstico. Entonces, después de veintiún
meses, se hizo evidente que una pequeña quería emerger. Un día Jill llegó con un dibujo que
la pequeña había hecho para mí. Gradualmente empecé a acceder a la pequeña, y el trabajo
con las partes empezó.
Jill vivía una vida secreta muy torturada. Aunque en la superficie aparentaba estar
calmada, interna y secretamente, cuando ella estaba sola, sufría tremendamente mucho dolor y
ansiedad y lo mantenía en secreto de todos. Realmente no se daba cuenta en un nivel
conciente de que estaba sufriendo tanto. Sólo más adelante, cuando empezó a experimentarse
totalmente a sí misma en la terapia estuvo mucho más conciente de qué tanto dolor había
sufrido. Tenía escaso acceso a partes de su personalidad, lo que la hacía sentirse timorata y
maleable y casi aduladora debido a que no podía acceder a su ira, a los sentimientos positivos
de sí misma o muchas otras partes separadas de su personalidad. Después de que conocí a la
primera de las pequeñas, resultó evidente que esta pequeña estaba extremadamente asustada
y necesitaba una gran cantidad de apoyo, sensibilidad y reconocimiento.
Jill y yo empezábamos sentados en unas sillas. Luego, después de un rato, cuanto ella
se sentía segura, se sentaba en el suelo y yo también me sentaba en el suelo en otra parte del
consultorio. Ella tomaba alguno de los animales de peluche que estaban debajo de mi
escritorio y lo sostenía. Eventualmente, cerraba los ojos, la pequeña aparecía y yo empezaba a
hablar con ella. La pequeña tenía como siete años, era tímida y estaba asustada. Esta
pequeña era la parte guía.
En el transcurso de varios meses, la pequeña parecía irse haciendo más fuerte y más
conciente. Al principio me reportaba que estaba encerrada en un cuarto en alguna parte y no
podía salir. Estaba lejos, muy lejos, y no se podía llegar a ella. Después de muchas sesiones
en las que describía este lugar, salió de ese cuarto y se permitió entrar en mi consultorio y estar
realmente ahí. Mientras más tiempo pasaba hablando de su situación, fue más fácil acceder a
su pequeña. Gradualmente, ella empezó a hablar acerca de por qué había nacido, por qué
había venido y cuál era su función. Entonces empezó a hablarme de las otras partes y
eventualmente se me permitió conocer a una de ellas.
En todo el trabajo con partes que hice con Jill, cada parte apareció muy lentamente, y yo
sólo podía acceder a ellas a través de la primera, la parte guía. Eventualmente, hacia el final
del trabajo, yo podía acceder a ellas más directamente, sin la guía, pero, durante varios años,
yo empezaba con la Jill adulta y luego iba con la parte guía quien hacía su ritual. Hablaba con
ella por un rato y luego ella se iba a otra parte del consultorio o hacía otra cosa. Eso permitía
que otra parte emergiera y yo trabajaba con ella.
Me pasé muchos, muchos meses con cada parte cuando emergía, conociéndola y
trabajando con ella. Obviamente, el trabajo no ocurría tan sistemáticamente como se puede
entender por mi descripción. Debido a mis errores, a eventos externos en el entorno, visitas
familiares y situaciones que Jill no podía tolerar debido a que no podía acceder a las partes que
necesitaba para manejarlas, ocurrían regresiones terapéuticas. Yo necesitaba hablar con
alguna de las otras partes debido a algo que había sucedido. Jill se encontraba con dificultades
en su vida o había faltas de armonía internas que se podían resolver con mucha mayor rapidez
hablando con alguna de las partes que haciendo terapia tradicional. El trabajo nunca es tan
sistemático, limpio y claro como se muestra aquí. Este es un punto extremadamente
importante.
Conforme el terapeuta forma relaciones con las partes y estas se sienten seguras y
realmente unidas, la seguridad y la estructura les proporcionan una conexión sustituta para la
seguridad que las partes sintieron en primer lugar cuando asumieron sus funciones. Su fe en el
terapeuta, su sensación de que le importan a alguien y que las apoya y su conocimiento de que
el terapeuta conoce y entiendo por lo que han pasado y por qué deben de continuar
protegiendo al self adulto haciendo sus funciones, los ayuda a sentir una sensación alterna de
seguridad. El terapeuta puede dar la seguridad, para que juntas las partes puedan considerar
renunciar a sus funciones.
Con las partes co-concientes que se dan cuenta, con los pequeños disociados o con
personalidades múltiples, la meta final del tratamiento es que las partes renuncien a sus
funciones después de que se sienten seguras y han sido escuchadas y reconocidas y han
completado el trabajo con lo que sea que necesitan trabajar. Debo insistir una vez más que
cada parte fue creada como una defensa contra el trauma y el peligro y que, en las mentes de
los pequeños, sus funciones mantienen a la persona que están protegiendo segura para que no
vuelva a suceder el evento traumático.
Si el paciente fue traumado una y otra vez durante la infancia o como adulto, estas
funciones están más profundamente atrincheradas en el individuo. Entre más agudo sea el
trauma, tanto más sentirán las partes que deben seguir con sus funciones para que no vuelva a
suceder el trauma. Esta es la razón de su existencia. Esto es lo que creen que deben hacer
para mantener al paciente seguro.
Convencer a cada parte para que renuncie a su función particular es por lo tanto una
tarea inmensamente difícil. Sin embargo, cuando una parte, fragmento o personalidad llega al
punto en el tratamiento en el que está dispuesta a renunciar a su función, se les facilita a las
demás considerar renunciar a las suyas.
El proceso de renunciar a las funciones tiene varias fases. Frank se ubicaba en la
sección fragmentada de co-conciencia del continuo de fragmentación. Él había estado en
terapia durante varios años y sus partes estaban fuera de control y era difícil tratar con ellas.
Dentro de Frank se libraba una guerra sanguinaria ahora que las partes habían salido a la
superficie.
Con los pacientes co-concientes, el terapeuta trabaja con cada parte cuando aparece en
la terapia. Todas las partes están concientes desde el principio, sin embargo, y el adulto
también está presente, así es que el terapeuta tiene una oportunidad para la integración que es
distinta a los casos en que las partes están totalmente disociadas del self adulto. Para Frank, la
co-conciencia significaba que existía una guerra sangrienta entre las partes. En las personas
fragmentadas disociadas la guerra es menos intensa. Las partes no están tan disponibles, sin
embargo y están más profundamente separadas del self adulto. En las personalidades
múltiples, están totalmente separadas.
Las partes de Frank estaban todas ahí, como niñitos en una clase de preescolar
brincando de arriba a abajo y gritando para llamar la atención. Algunas veces las partes de
Frank estaban separadas, algunas veces le hablaban al self adulto y algunas veces hablaban
entre ellas. Yo trabajé con todas ellas para ayudarlas a entrar al presente y ser reconocidas,
para escuchar su historia, para hablar de sus sentimientos y para ayudarlas a conectarse
conmigo y luego con el self adulto.
La dificultad en el tratamiento de Frank era que había un fragmento que quería que
Frank muriera, una parte avergonzada que sentía que Frank no debería vivir debido al trauma
que había experimentado. Cuando las otras partes co-concientes habían empezado a sentirse
seguras y a conectarse con el terapeuta, Frank empezó a pensar que podría dejar los
medicamentos que había tomado durante muchos años.
Frank había estado medicado debido a que tenía una parte que quería morir y cuando
esa parte emergía, Frank se sentía suicida, tenía pensamientos suicidas y reportaba estar
ideando cosas suicidas. Aunque la terapia de Frank progresaba, el pequeño que “quería morir”
aún se hacía cargo cuando surgía cualquier oportunidad de amor, calor o cercanía. Ese
pequeño estaba aterrado de acercarse a alguien otra vez. La función de ese pequeño era
proteger a Frank de acercarse a alguien y por lo tanto ser traumatizado cuando la cercanía
llevara al dolor, al sufrimiento y al abuso.
Entonces, aunque la vida iba bien para Frank y las partes se estaban sintiendo más
seguras, cuando Frank se acercaba a una relación íntima, ese pequeño saltaba al ruedo una
vez más para “proteger” a Frank, pero en realidad causaba una crisis de proporciones épicas.
Entonces Frank se volvía severamente suicida o disfuncional y le daban ganas de abandonar la
terapia y de abandonar la vida.
Era extremadamente difícil conectarse con este pequeño. Me pasé mucho tiempo
tratando de hablar con esta parte vacía que quería que Frank muriera y lo hice con el darse
cuenta conciente de Frank. Frank no podía hacer nada para ayudarle a esta parte a sentirse
segura, para tranquilizarla o para ayudarla a entrar. Cuando emergía esta parte, Frank cerraba
los ojos y sollozaba incontrolablemente durante largos períodos de tiempo. Esta reacción podía
darse en sesiones de grupo o individuales, en el trabajo, en cualquier parte en donde estuviera
Frank cuando esta parte emergía.
Me pasé muchos meses trabajando con esta parte, estando concentrado, escuchando lo
que tenía que decir y aceptándolo. Durante todo ese tiempo, la parte insultaba, peleaba,
gritaba, discutía y constantemente me repetía que quería que lo dejara en paz, que no quería
hablar conmigo o escucharme, que no le importaba y que me fuera al infierno. Gradualmente,
sin embargo, empezó a confiar en mí. Gradualmente la parte que quería que Frank muriera
sintió que alguien la estaba escuchando y oyendo.
He dicho anteriormente que, cuando se trabaja con una parte para que renuncie a su
función, el terapeuta debe comprometerla y tratar con ella de diferentes formas, ya sea un
pequeño, un fragmento o una personalidad separada. Primero, la parte debe ser escuchada y
se le debe permitir decir lo que quiera decir. Aún si necesita decir mil veces que quiere que
Frank muera, el terapeuta debe estar dispuesto a escuchar. Discutir con ella o desdeñarla sólo
logrará silenciarla. Sentirá que al terapeuta no le importa, que el terapeuta no está realmente
ahí para ella y que a nadie le importa lo que dice o está tratando de decir. Hasta que esa parte
esté dispuesta a decir que ya no necesita ejercer su función, el terapeuta debe seguir
escuchándola. Insisto en este punto repetidamente en este Trabajo.
Renunciar a una función significa que una parte, por sí misma, está lista para hablar de
no hacer lo que supone que debe hacer. Las etapas anteriores del trabajo con las partes
prepararon el escenario para este momento. Cuando llegamos al punto en que la parte que
quería que Frank muriera estuvo lista para considerar que posiblemente ya no necesitaba
mantener esa postura, la decisión se originó en la parte. No se originó porque yo la presionara,
la confrontara o la manipulara, aunque había cometido ese tipo de errores, me había frustrado y
había tratado de presionar la decisión debido a que la depresión de Frank era tan severa. La
parte necesitaba estar de acuerdo en renunciar a su función en sus propios términos. Cuando
finalmente estuvo de acuerdo, Frank, por primera vez en su vida, experimento períodos de
tiempo cada vez más largos sin la abrumadora depresión suicida que lo hacía sentir que ya no
podía más debido a que su dolor era tan intenso.
Llegar a este punto con Frank fue probablemente la experiencia más difícil y
desconcertante del trabajo con las partes de mi carrera. Esto se debió a que la tenaz
predisposición de la parte para tratar de lograr que Frank muriera y su terca resistencia a
renunciar a su función e integrarse al self adulto. Parecía que esta parte nunca estaría
dispuesta a formar parte de algo en lugar de apoderarse del control y estar presente siempre.
Este pequeño sentía que necesitaba proteger a Frank haciendo que dejara de vivir.
Conforme el terapeuta empieza a ayudar a las partes a sentir que quieren renunciar a su
función, suceden una serie de cosas. Después de trabajar con cada uno de los pequeños por
un tiempo, el terapeuta normalmente desarrolla la conexión. Las partes empiezan a sentirse
seguras y empiezan a considerar por sí mismas la posibilidad de que pueden renunciar a su
función y dejar que el adulto se haga cargo. Las partes no sienten que pueden desaparecer
totalmente, ya que uno no puede borrar la historia, pero el proceso de trabajar con los
pequeños usualmente los lleva al punto en el que, como grupo, acuerdan que es hora de
renunciar a sus funciones.
Es una decisión de grupo ya que, en colaboración y colectivamente, los pequeños
necesitan sentir todos juntos que es hora de renunciar a sus funciones. Si uno siente que ya es
hora y los demás no, obviamente no se va a sentir seguro para proceder. Conforme el
terapeuta construye una relación con cada pequeño, sin embargo, y lo llega a conocer, escucha
su historia y le demuestra que le importa, eventualmente todas las partes estarán preparadas
para dejarse ir y renunciar a sus funciones.
El proceso de preparar a los pequeños para renunciar a sus funciones es decisivo para
la terapia. Requiere de una gran sensibilidad y apoyo.
Fred era un paciente severamente fragmentado que llevaba varios años en terapia
conmigo. Cuando llegamos a la etapa de renunciar a las funciones, los pequeños de Fred
empezaron a permitirle experimentar gradualmente lo que habían estado guardando para
mantenerlo seguro. El pequeño enojado de Fred siempre había contenido su ira por lo que
Fred tenía una experiencia mínima en estar enojado. Siempre era bueno, siempre agradable,
siempre sirviendo a otros y siempre estaba disponible debido a que no podía acceder a su ira.
Además de nunca enojarse, Fred no podía creer que tenía derecho a ser tratado con respeto.
Conforme su pequeño enojado fue dejándole sentir la ira, la experiencia fue abrumadora
para Fred. Imagínese ser un hombre de cuarenta y un años y por primera vez en su vida,
empezar a sentir no sólo enojo sino sentimientos intensos, aterradores de profunda ira que lo
sacuden y lo abruman. Fred estaba asustado y confundido por estas emociones. Necesitaba
ser apoyado, ser reasegurado y ser entendido.
Los terapeutas pueden pensar que cuando llegamos a la recta final, la concentración y
la intensidad disminuirán. Desafortunadamente para muchos pacientes que llegan a esta
etapa, la realidad es exactamente lo contrario. Cuando Fred experimentó todas estas nuevas
emociones y experiencias, necesitaba un lugar seguro para procesarlas. Yo tenía que estar ahí
para él.
Además del problema con la ira, Fred nunca había podido experimentar ningún
sentimiento positivo de sí mismo. Cuando el pequeño que contenía la autoestima empezó a
permitirle a Fred experimentarla, su situación se volvió aún más confusa y difícil. Fred empezó
a pensar que merecía ser tratado con más respeto por su esposa y sus empleados. Empezó a
comportarse de maneras totalmente distintas. La esposa de Fred estaba confundida y ella y
todas las personas en la vida de Fred empezaron a experimentarlo como una persona
profundamente distinta.
En todas las relaciones de Fred, él era el que daba y en ninguna de ellas había indicado
que sintiera que merecía recibir mucho a cambio. Estas relaciones habían sido creadas y
habían logrado la estabilidad con base en el comportamiento conocido de Fred. Súbitamente,
sin embargo, empezó a actuar, a sentir, a querer y a experimentar de forma distinta y este
cambio se vio reflejado en sus relaciones. Esta nueva forma de ser no sólo desestabilizó a Fred
emocionalmente, también, en distintos grados, desestabilizó a sus relaciones. Poder procesar
con las personas cercanas a él era importante para Fred en este punto, cuando empezó a
cambiar abruptamente, o así lo percibían ellos. Aunque lo que Fred estaba pidiendo no era
nada que debería haber estado recibiendo todo ese tiempo, las personas cercanas a él no
estaban preparadas.
Yo traté de preparar a la esposa de Fred y a su familia. Hablé con ellos cuando Fred y
yo alcanzamos esta etapa y les expliqué lo que podía suceder. No sabía yo específicamente lo
que iba a pasar, desde luego, pero les expliqué que Fred iba a estar mucho más pleno y más
completo. Le di a la familia la oportunidad y un lugar al que acudir para procesar los cambios
de Fred, para ayudar a encontrar un nuevo balance en su matrimonio y para ayudar a los hijos
a entender algo de lo que estaba sucediendo. Esto ayudó tanto a la familia como a Fred, que
estaba asustado y abrumado por todos estos nuevos pensamientos, emociones y acciones.
Otro problema fue que, cuando Fred empezó a sentir y a recuperar su cuerpo, empezó a
experimentar nuevos sentimientos sexuales. Debido a que había sido molestado sexualmente,
uno de sus pequeños contenía todos sus sentimientos sexuales y el sexo le asustaba a Fred.
Tenía hijos, desde luego, pero sus experiencias sexuales con su esposa había sido limitadas y
superficiales debido al pequeño que contenía toda su intensidad y poder sexual.
Las partes aún están ahí, y, en situaciones estresantes o en momentos difíciles, pueden
necesitar algo de apoyo o ser reaseguradas. Básicamente, sin embargo, el paciente ahora
funciona como un adulto completo y total sin ninguna capacidad, parte, fragmento o
personalidad separada del adulto de manera que el adulto no pueda acceder a ellas como una
forma de vida. Eso es lo que definimos como integración.
Algunos teóricos creen que el ajuste, en lugar de la integración total, debe ser la meta
(consulte Beckman, 1984; Putnam, 1986; Sheingold, 1979). Sin embargo, como resultado de
nuestra experiencia clínica y definiendo la integración como nosotros lo hacemos, creemos que
la integración es posible, aunque no somos totalmente realistas en lo relacionado con sus
costos. Esta es una terapia de largo plazo. Le cobra su precio al terapeuta y requiere un
tremendo compromiso de recursos y de tiempo, no se puede lograr de un día para otro o sin
una gran cantidad de apoyo, es muy difícil.
Nosotros creemos, sin embargo, que las personas que han sido traumadas en serie o
agudamente de formas poderosas pueden convertirse en adultos integrados totalmente
funcionales. La pregunta, desde luego, es si nuestra sociedad proporcionará el apoyo y los
recursos para que estas personas puedan recibir el tratamiento que hemos descrito en este
documento y otros tipos de tratamiento que les permitan acceder completamente a sus selfs y a
creer en el mundo igual que la mayoría de las personas. O sea que, ¿habrá la posibilidad de un
seguro o un programa gubernamental para ayudar a las personas de las que se ha abusado o
han sido traumadas que les permita obtener el tipo de tratamiento descrito en este documento
de trabajo?
El proceso de integración puede ser atemorizante, en lugar de tranquilizante. Implica
que los recuerdos han sido recuperados y que las partes separadas has sido traídas al
presente. Han sido escuchadas, a alguien le importaron, ha recibido seguridad, han sido
amadas y protegidas. Han hecho lo que necesitaba hacer y han estado dispuestas a renunciar
a sus funciones. Cuando renuncian a sus funciones, se da la integración.
Un terapeuta pasará mucho más tiempo procesando estas nuevas experiencias con el
paciente e integrándolas al self adulto. Al mismo tiempo, sin embargo, hay una gran tristeza
entre los pequeños. Gradualmente se están convirtiendo en parte del todo. Gradualmente
empieza a disminuir su necesidad de existir y se mueven hacia la integración dentro del self
adulto completo. La experiencia es agridulce debido a que se encuentran cerca de, conocen y
les importa la persona fragmentada. Habiendo pasado muchos años para conocer a esa
persona, ahora se están desvaneciendo de alguna manera en la unidad de la persona
completa.
Nunca se irán por completo, pero sus funciones y lo que sea que estaban haciendo y lo
deja de tener sentido su razón de ser. Un nuevo sueño y una nueva forma de funcionar
emergen para el paciente.
Las partes están emocionadas y con una actitud positiva porque el self adulto se está
haciendo cargo de ellos, pero también están tristes porque están perdiendo sus relaciones
individuales con esa persona. Al mismo tiempo, los pacientes están siendo sacudidos desde lo
más profundo. Ahora necesitan mucho más del terapeuta que lo que nunca necesitaron antes,
porque la mayor parte del esfuerzo en los años anteriores estaba concentrado en las partes.
Algunas veces el paciente se sentirá rechazado o menos aceptado porque el terapeuta se ha
concentrado tanto en las partes o personalidades disociadas, especialmente cuando el paciente
tenía que alejarse para que las partes o las personalidades separadas pudieran emerger.
El terapeuta debe pasar mucho tiempo con los pacientes durante la etapa de integración
para que puedan sentir la solidez de la relación. Para el terapeuta, el paciente puede ser una
persona, pero esa no es la realidad del paciente. El paciente adulto individual ahora necesita el
tiempo y la atención del terapeuta. Los pacientes comúnmente experimentan el camino a la
integración como un tiempo muy confuso y caótico. Nosotros lo llamamos confusión de
integración.
Etapa Once: Psicoterapia de Integración.
Es una sensación rara que el terapeuta no tenga siempre a alguna parte emergiendo en
una sesión de terapia para tratar con ella mientras el paciente se aleja, no encontrar a una
personalidad separada y no tratar con disputas de las partes co-concientes. Es una sensación
rara no tratar con la confusión de integración que el paciente experimentó cuando emergieron
todas las partes y con la turbulencia de la integración. Es una sensación rara tratar con un
adulto que tiene todas las partes ahí, en el presente, y que, después de muchos años de trabajo
con el terapeuta, ahora está funcionando de manera muy distinta en el mundo exterior.
La idea es desarrollar una relación sólida con el adulto y reasegurar a los pequeños que
el terapeuta siempre estará ahí y que, si necesitan algo, pueden regresar y tocar base. Ellos
necesitan y quieren hacer cada vez menos, sin embargo y cada vez más sólo necesitan saber
que le importan al terapeuta, que él los apoya y reconoce que ellos han sido una parte
importante del funcionamiento de los pacientes.
El cierre con un paciente fragmentado es, desde luego, un proceso triste, difícil y
complicado, así como uno muy emocionante. El terapeuta ha conocido a esta persona por
muchos años y ha ido al infierno y de regreso con él o ella. Dejar ir en todos los niveles es
tanto una pérdida como una necesidad. Sucede cuando todas las partes junto con el adulto se
sienten listas para pasar menos y menos tiempo con el terapeuta.
Ahora el self completo le está empezando a decir al terapeuta que ya no necesita tanto,
que se puede cuidar a sí mismo y que no necesita venir tan seguido porque ahora tiene los
recursos internos para cuidarse a sí mismo. Así es que, a diferencia de otros pacientes el
procesos de cierre se acerca cuando el self integrado empieza a decir que ya está listo y que no
necesita tanto al terapeuta. Las partes aún necesitan ser reaseguradas y ser apoyadas y aún
quieren saber que el terapeuta está ahí. Pero cada vez más, el paciente viene cada vez menos
frecuentemente, trabaja menos necesita menos apoyo y se cuida más a sí mismo.
La integración, por lo tanto, es una etapa difícil y compleja. En pacientes co-concientes,
que son los menos fragmentados, la integración proporciona un alivio cuando las partes
empiezan a abandonar la necesidad de cuidar al self y empiezan a confiar en el adulto. El
proceso trae un alivio emocional cuando las partes empiezan a dejar de hacerse cargo y a
causar brotes de ira u otros problemas. También es atemorizante porque, por primera vez, el
paciente experimenta cualquier cosa que las partes mantuvieron alejadas del self adulto. La
integración se está dando cuando un paciente entiende y experimenta lo que contenía una
parte sin acceder a esa parte.
Marti, una mujer que había sido abusada sexualmente en múltiples ocasiones como
parte de un culto, las partes co-concientes guardaban algunos fragmentos de personalidad
positivos y otros negativos que aterraban a Marti cuando empezó a experimentarlos. Una parte
enojada a la cual nunca había podido acceder directamente era la tercera parte que empezó a
renunciar a su función. Cuando esta parte enojada se empezó a integrar, Marti empezó a
experimentar sentimientos de ira. Decía palabras, tenía pensamientos y ejecutaba acciones
que eran totalmente nuevas para ella. Peleaba con su terapeuta, se quejaba por el dinero,
exigía más cosas y trataba a sus compañeros de trabajo con mayor eficacia y fortaleza.
Parecía que había una nueva Marti, pero la demás gente empezó a tener dificultades
con ella debido a que anteriormente había sido más servil y algo pasiva. Repentinamente, era
más exigente, aunque solamente estaba tomando el lugar que merecía en el mundo. Esos
cambios, desde luego, afectan al terapeuta así como a las personas significativas en la vida del
paciente. Los terapeutas deben reconocer que se darán cambios dramáticos en la forma como
se relacionan los pacientes fragmentados con el mundo externo.
Los pacientes necesitan mucho apoyo y ser reasegurados por el terapeuta y estar en
contacto con él durante la etapa de integración para no verse abrumados o asustados. Si un
terapeuta no creía en este modelo y en este proceso antes de este punto, ver a un paciente
integrarse y sentir, hablar y comportarse de distinta manera lo convertirá en un creyente. Que
el terapeuta crea en el modelo les permite a los pacientes volver a experimentar su realidad y el
terapeuta está firme como una roca mientras los pacientes pasan por estos profundos cambios.
Ahora, el tormento del pasado empieza a disminuir, pero un nuevo tormento, ser diferente en el
mundo, aparece. El dolor y el sufrimiento no son iguales, pero todo nacimiento conlleva algo de
dolor.
La etapa de integración se tarda el tiempo que les tome a las partes integrarse. Nunca
desaparecen pero ahora todas son parte del presente y retroceden y funcionan como un todo.
Su necesidad de tomar el control se debilita gradualmente y hasta que eventualmente es casi
nula. El núcleo de las partes siempre reside en el self adulto, aunque ahora ejercitan muy poco
poder y se ha trabajado con ellas intensamente. Por lo tanto, si salen al frente, se presentan
como simples incidentes emocionales molestos en lugar de fuerzas poderosas que deambulan
en el inconciente listas para hacerse cargo.
Diagnóstico Diferencial.
No hemos visto ninguna evidencia de escisión, que es la resistencia que tiene mayor
predominio en un paciente borderline, aunque otros autores no están de acuerdo. Creemos
que la escisión como defensa está estrictamente relacionada con los dos sistemas de
introyección/proyección en guerra de un paciente borderline y no es engendrada por una batalla
sangrienta co-conciente en un paciente fragmentado. Cuando se dan esas batallas, las
diferentes personalidades o los pequeños se hacen cargo. El paciente se comporta de manera
distinta a su comportamiento normal pero no experimenta la misma clase de separación que un
paciente borderline.
Las personas fragmentadas que no han sido diagnosticadas o tratadas pueden estar
acostumbradas a vivir con pérdida de tiempo y estados de fuga. Hasta que empieza la terapia,
simplemente lo aceptan como una clase de aberración y nunca se preguntan realmente lo que
está sucediendo. Después de que empieza la terapia, sin embargo, este problema parece salir
al frente. Los pacientes se dan más cuenta de su gravedad y sus efectos potenciales al
manejar un auto, en su vida y en su toma de decisiones.
Debido a que la terapia con pacientes requiere que las partes formen relaciones
separadas, seguras, con el terapeuta, las separaciones, vacaciones e interrupciones de la
terapia pueden ser bastante traumáticas y confusas. Si no se maneja bien, pueden ser
potencialmente regresivas para los pacientes. Hay varias formas de manejar las separaciones.
El terapeuta puede escribir una serie de tarjetas que el paciente irá abriendo durante
los días que dure la separación.
Las cintas grabadas ayudan con frecuencia. El paciente puede reproducir las cintas
para sentirse aterrizado y conectado con el terapeuta y las partes se sienten menos
asustadas, vulnerables y expuestas durante la separación.
Aunque obviamente más intrusivo para la vida del terapeuta y más difícil para que el
terapeuta lo haga, las llamadas telefónicas pueden reasegurar y ayudar al paciente.
Regalarles un pequeño detalle a algunas partes en particular con las que esté
preocupado también puede ser de gran ayuda. Les hemos dado a pacientes especiales de
mucho tiempo pequeños animales de peluche para que los guarden las partes y nos recuerden
durante las separaciones. Este gesto puede parecer un poco extremo y extraño. Pero
realmente les ayuda a las partes a sentirse aterrizadas y conectadas y cercanas al terapeuta
mientras éste se encuentra alejado. Cualquier objeto, rocas, botellas, cajas, conchas o
cualquier otra cosa que pueda tener un significado especial o personal en la relación entre el
paciente y una de las partes, o entre el paciente y todas las partes pueden ser de gran ayuda.
El asunto de la separación trae consigo otros dos asuntos que se deben tratar ahora, el
primero es la cuestión de la dependencia contra la vulnerabilidad. Debido a que la terapia es de
larga duración, profundamente involucrada, altamente estructurada y de naturaleza orientada a
la crisis, tanto el terapeuta como el paciente están sujetos a las críticas tanto externas como
internas, en especial de que la terapia es muy dependiente. Muchas veces los pacientes y los
profesionales han criticado la naturaleza de nuestro trabajo y se han retractado sólo cuando el
paciente, después de mucho tiempo, ha emergido mucho más fuerte y mucho más sano como
resultado del tratamiento.
No hay duda que la vulnerabilidad es mucha con este tipo de terapia y con este modelo
y la habilidad consistente, continua, sólida como una piedra del terapeuta para estar ahí resulta
esencial para que se lleve a cabo la terapia. Claramente debe de existir un compromiso a largo
plazo por parte del terapeuta para hacer esta clase de trabajo. Los terapeutas también deben
de creer en este modelo o en cualquier modelo con el que decidan trabajar. Deben entender
que la vulnerabilidad y la apertura del paciente para ser afectado por muchas fuerzas externas,
como con los pacientes borderline o sicóticos, requieren el compromiso del terapeuta durante
un largo período de tiempo.
Esta situación nos particularmente de dependencia. Es como criar a los hijos desde el
nacimiento, sólo que estos hijos llegan al terapeuta cuando los individuos son adultos. Es como
ayudar a una persona a cultivar una planta desde la semilla hasta que florece plenamente. Los
terapeutas que no entienden esta clase de trabajo profundo, de largo plazo lo pueden criticar,
las compañías de cuidado administrado lo pueden desaprobar y decir que es imposible y la
literatura puede indicar que la integración es una meta terapéutica falaz e ilusoria. Nuestra
experiencia, sin embargo, es que los pacientes se pueden integrar después de un largo período
de tiempo si es que el terapeuta tiene el compromiso emocional, las habilidades y los modelos
requeridos; si el paciente está dispuesto; y si ambos pueden formar ese vínculo mágico y se
han comprometido con el proceso para poder manejar las críticas externas con honestidad y
abiertamente (consulte Arnold, G., y Sotlbrow,. El Contexto de Ser. Hillside N.J.: The Analytic
Press, 1992).
Para mí, el aspecto más difícil era tratar de recordar siempre que el comportamiento
infantil de las partes y la forma como algunas de ellas constantemente ponían a prueba mi
habilidad para aceptar, escuchar y que me importaran no era el comportamiento de un adulto.
Además, nuestro personal a veces se confundía y se desorientaba. Un día un paciente
aparecía como adulto y capaz de tomar decisiones y tratar con el personal a un nivel de adulto
a adulto. Un día después, el paciente aparecía como un niño, exigente, necio y confuso y el
personal tenía dificultades para entender exactamente lo que estaba sucediendo y cómo tratar
con ello. De alguna manera, los pacientes fragmentados les resultaban más difíciles de
manejar a mi personal que los pacientes borderline. Explicarle al personal en términos
generales (no acerca de los pacientes en particular) lo que implicaba el trabajo con las partes
hizo que fuera más fácil para ellos entender conceptualmente que un paciente estaba
expresando la razón por la cual, para empezar, él o ella estaba en terapia.
La consistencia hizo que yo tuviera que ampliar mis propias fronteras para manejar los
asuntos en mi propia terapia y en mi propia supervisión que hasta ahora no había sido puesta a
prueba. Traté de aprender nuevas formas de manejar un entorno externo que estaban un poco
más allá de mis capacidades y en ocasiones de crecer junto con mis pacientes.
Problemas de Contratransferencia.
Los terapeutas deben de conocer y tener claros sus límites y lo que pueden y no pueden
dar. Los pequeños con frecuencia son niños. No piensan en el mundo adulto ni en las
responsabilidades y necesidades del terapeuta ni en las exigencias de su tiempo. No se
supone que lo hagan. Como todos los niños, solo piensan en sus propias vidas. Por lo tanto el
terapeuta es responsable de crear una estructura que considere las necesidades de las partes,
fragmentos o personalidades (tanto adultas como infantiles) y del terapeuta.
Los terapeutas no tienen tiempo disponible ilimitado ni energía sin fin. No pueden dar
todo lo que tienen para hacerle frente a las necesidades y exigencias de todas las distintas
partes. Tampoco pueden ignorar el hecho de que este trabajo es traumático, problemático y
difícil y que, ocasionalmente, se necesitará tiempo extra fuera de las sesiones. Proporcionar
ese tiempo sin resentimientos, hostilidad o alejamiento emocional es vital para el éxito del
trabajo.
Sin lugar a dudas, en ocasiones, las exigencias de trabajar con un paciente fragmentado
serán enormes. Articular un marco de referencia claro de lo que usted hará y no hará, qué
tanto tiempo extra dará, cómo manejará las llamadas telefónicas y cómo manejará las
separaciones es vital para proporcionar seguridad, claridad y estructura y para ayudar tanto al
terapeuta como al paciente a hacer lo mejor que puedan en circunstancias difíciles.
Tratar con una persona fragmentada, sin importar en qué parte del continuo se
encuentre, es un trabajo duro y todos necesitamos sentir que le importamos a alguien y
sentirnos apoyados para tener la energía para darles lo que podamos a nuestros pacientes.
Para los terapeutas que hacen este tipo de trabajo, es vital tener un sistema de apoyo además
de la supervisión. Todos necesitamos renovarnos y volver a llenar nuestros tanques. Los
psicoterapeutas son notorios porque algunas veces son pésimos para cuidarse a sí mismos.
CONCLUSIÓN.
A Shelly Copp (1974, p.3) le gusta decirle a sus pacientes al principio de la terapia que
siempre habrá un final para poder ayudarlos a entender que el proceso no es interminable. Los
terapeutas que trabajan con pacientes fragmentados deben recordar la exhortación de Shelly.
Este no es un proceso interminable. Hay un principio, una fase de desarrollo, una parte media,
una de intensificación y un final. Aunque el proceso es largo y confuso, con muchas vueltas y
recovecos, ayudar a las personas a regresar completamente a la vida, a ser dueños de sus
partes, a volverse a comprometer y a recobrar sus capacidades es un gran honor.
La meta de este Trabajo consistió en dar a los profesionales de la salud mental un mapa
del camino para pensar acerca del desenvolvimiento ahistórico del self cuando una persona
fragmentada, en cualquier parte del continuo de fragmentación, entra a terapia. Espero que
este Trabajo estimule el interés, el compromiso, el entusiasmo y el deseo de comprometerse
en esta clase de trabajo que, debido al problema de la falsa memoria y otros problemas, de
alguna manera ha perdido el rumbo mientras las personas que han sido traumadas no están
siendo apoyadas para volverse a comprometer completamente con el mundo.
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