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El Self Fragmentado

Este documento presenta un modelo de tratamiento en 12 etapas para pacientes con trastornos de disociación y fragmentación del yo. El autor argumenta que la fragmentación existe en un continuo y que la meta del tratamiento debe ser la integración completa de las partes separadas del yo. Aunque el trabajo con pacientes fragmentados es difícil y controvertido, el autor cree que ayudarlos a entender y sanar su trauma es un privilegio. El documento también discute problemas como el diagnóstico diferencial y la transferencia contra.

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El Self Fragmentado

Este documento presenta un modelo de tratamiento en 12 etapas para pacientes con trastornos de disociación y fragmentación del yo. El autor argumenta que la fragmentación existe en un continuo y que la meta del tratamiento debe ser la integración completa de las partes separadas del yo. Aunque el trabajo con pacientes fragmentados es difícil y controvertido, el autor cree que ayudarlos a entender y sanar su trauma es un privilegio. El documento también discute problemas como el diagnóstico diferencial y la transferencia contra.

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ULTIMA REVISION - -gav

EL SELF FRAGMENTADO:
Del Ligeramente Fragmentado al Desorden de Personalidad Múltiple.

Norman F. Shub, B.C.D.

Traducción: Alfredo Amescua V.


CONTENIDO

INTRODUCCIÓN...............................................................................................................................3
EL PROBLEMA DE LA IDENTIFICACIÓN..................................................................................5
Figura 1: El Continuo de Fragmentación..............................................................................8
Seguridad....................................................................................................................................13
NUESTRO MODELO PARA EL TRATAMIENTO DE PACIENTES FRAGMENTADOS...15
Conceptos Básicos...................................................................................................................15
Las Etapas de Nuestro Modelo.............................................................................................17
ETAPA UNO: EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO CENTRADO EN EL PRESENTE.. 23
ETAPA DOS: EXPLORANDO EL MATERIAL DE LA PRIMERA INFANCIA............34
ETAPA TRES: RECUPERACIÓN DE RECUERDOS......................................................39
Fase Uno: Dificultades Pre-Recuerdos......................................................................47
Fase Dos: Surgimiento de Recuerdos........................................................................47
Fase Tres: Aceptación Intelectual...............................................................................47
Fase cuatro: Aceptación Emocional...........................................................................48
ETAPA CUATRO: IDENTIFICAR A LOS PEQUEÑOS...................................................53
ETAPA CINCO: DESARROLLAR UN RITMO TERAPÉUTICO, CONSTRUIR ALIANZAS,
CONOCER A LAS PARTES Y FORJAR UNA CONEXIÓN EMOCIONAL.................62
ETAPA SEIS: ENTENDER Y MAPEAR A LAS PARTES..............................................66
ETAPA SIETE: EL TRABAJO CON LAS PARTES, FRAGMENTOS, PEQUEÑOS Y
PERSONALIDADES..............................................................................................................70
ETAPA OCHO: RENUNCIAR A LAS FUNCIONES........................................................74
ETAPA NUEVE: MOVERSE HACIA LA INTEGRACIÓN...............................................78
ETAPA DIEZ: INTEGRACIÓN.............................................................................................81
ETAPA ONCE: PSICOTERAPIA DE INTEGRACIÓN.....................................................85
ETAPA DOCE: CIERRE.......................................................................................................88
PROBLEMAS ESPECIALES EN EL TRATAMIENTO CON EL SELF FRAGMENTADO.89
Diagnóstico Diferencial...........................................................................................................89
Tratar con las Separaciones..................................................................................................91
Problemas de Contra Transferencia....................................................................................95
Apoyo de los Colegas..............................................................................................................96
CONCLUSIÓN.................................................................................................................................97
BIBLIOGRAFÍA...............................................................................................................................98
INTRODUCCIÓN.

Aunque trabajar con personas fragmentadas es difícil y controversial, este trabajo


presenta uno de los retos más interesantes que un psicoterapeuta puede asumir. El
movimiento del síndrome de falsa memoria, problemas de la percepción o recuerdo del abuso
sexual así como la gran cantidad de publicidad que han recibido los desórdenes de disociación
durante los últimos años, han puesto este tema bajo el microscopio. El trabajo con individuos
fragmentados ha sido examinado por varios enfoques de psicoterapia, por los medios de
comunicación y por el público en general.

Este escrutinio – además de las dudas de que si realmente existe la fragmentación o si


los psicoterapeutas han hecho que las personas traumatizadas crean en ella, desde luego que
ha creado reacciones negativas. La pregunta de que si verdaderamente existe la
fragmentación se ha difundido con tal amplitud en nuestra cultura que incluso ha sido descrita a
nivel de las novelas populares de detectives (Poretsky, Tara, “Total Recall”, Dell Press,
septiembre de 2002). Antes del movimiento de la falsa memoria y antes de los casos de
terapeutas que llevan a los pacientes al darse cuenta, en lugar de que el darse cuenta
auténticamente se origine del proceso del paciente, los desórdenes de disociación y de
personalidad múltiple eran considerados como diagnósticos apropiados (consulte Van der Kolk
y Springer, La historia del Trauma Humano: Behavioral Sciences Books, 2000, p.26). Entonces,
conforme los desórdenes de disociación y de personalidad múltiple se hicieron más populares y
el diagnóstico fue más aceptado, ocurrió el sobrediagnóstico. Nació una industria casera
relacionada con la personalidad múltiple. Una avalancha de talleres, libros y cintas crearon un
nivel de publicidad que en realidad opacó los problemas de personas que habían sufrido
abusos físicos y sexuales, por ejemplo.

Los terapeutas se vieron reacios a diagnosticar desórdenes de disociación durante la


contraofensiva del movimiento de falsa memoria debido al posible escrutinio de los medios, la
respuesta del tratamiento administrado, la amenaza de demandas y la falta de apoyo nacional
para la eficacia de este tipo de tratamiento. Se vuelve popular este patrón: un diagnóstico
psicoterapéutico tradicional, que es seguido de una reacción contraria, que ya se ha dado
antes, como en el caso del diagnóstico borderline, por ejemplo.

Creemos que las personas con desórdenes de disociación existen en un continuo


(Figura 1). En un extremo del continuo están las personas con disociación ligera con
conciencia. Esto significa que se dan cuenta conscientemente de fragmentos, pequeños, o
partes que se han desprendido de su self adulto. Hay una gran variedad en la parte media del
continuo, y en el otro extremo están las personas con un desorden de personalidad múltiple que
albergan personalidades distintas y separadas. Creemos que, debido al movimiento de falsa
memoria, la publicidad negativa, la falta de apoyo nacional y el asunto que acabo de tratar
acerca de la reacción contraria, estos pacientes con frecuencia no reciben la ayuda que
necesitan.

Este trabajo intenta definir al self fragmentado desde una perspectiva fenomenológica,
cómo se experimenta a las personas fragmentadas en el momento y cómo se experimentan a sí
mismas en el momento, y a explorar el proceso de fragmentación en un continuo de severidad.
Presentaremos un modelo de tratamiento en el que la meta es la integración, lo que en sí
mismo es un tema controversial en la literatura psicoterapéutica. Establecemos la meta de
integración en base a lo que hemos aprendido trabajando con pacientes que tienen problemas
de disociación.
Creemos que la integración – la restauración completa de las partes del self
fragmentado en un todo, es posible y por lo tanto la meta de nuestra terapia es definitivamente
no sólo el ajuste. Este trabajo intenta presentar una propuesta balanceada, útil y respetuosa
para el tratamiento de pacientes fragmentados, con la meta final de lograr la integración de las
partes separadas del self.

El trabajo con pacientes fragmentados es controversial. Muchos profesionales de la


salud mental, así como los medios y el público en general, encuentran difícil entender la idea de
trabajar con “pequeñas personas” que viven dentro de una persona grande. El trabajo es
complejo y de largo plazo, con grandes costos emocionales tanto para el terapeuta como para
sus pacientes. Los terapeutas pueden experimentar una gran tensión en sus vidas cuando
están tratando con pacientes que están recuperando sus traumas y sus recuerdos. En el curso
de este trabajo, trataré otros asuntos difíciles tanto para el terapeuta como para el paciente.
Usted puede sacar la conclusión, por lo tanto, de que, entonces, es mejor evitar estos
pacientes.

Ese no es el caso. Creemos que es un honor y un privilegio trabajar con personas que
están sufriendo tanto como los pacientes fragmentados para ayudarles a volver a “armarse”, a
entender lo que les está sucediendo, a adquirir nuevas capacidades para sentir y experimentar,
y a recobrar todo el rango de su self que se perdió como resultado de traumas múltiples y
severos en la infancia. Espero que este trabajo le ayude a entender a las personas
fragmentadas y lo inspire a hacer un compromiso emocional con el trabajo que los ayudará a
liberarse de su sufrimiento, confusión, falta de claridad y de su falta de habilidades para tener
acceso a todas las partes de su self.

EL PROBLEMA DE LA IDENTIFICACIÓN.

Es difícil que los terapeutas identifiquen a las personas fragmentadas porque las partes
fragmentadas y los procesos de fragmentación con frecuencia no se evidencian hasta que se
está en tratamiento. A diferencia de otros fenómenos de diagnóstico, como el carácter
(consultar Shub, 1994ª), que son más obvios al principio del tratamiento, con frecuencia la
fragmentación no emerge hasta más adelante en el proceso terapéutico. Con el tiempo, los
pacientes fragmentados con frecuencia parecen estar luchando con problemas neuróticos,
borderline o de otro tipo debido a que la fragmentación interna del self no es visible. La falta de
visibilidad con frecuencia hace que diagnosticar la fragmentación y colocar al paciente en el
continuo de fragmentación sea difícil porque los pacientes no parecen estar fragmentados
desde el principio.

Además, las personas fragmentadas tienen un proceso interno extremadamente


turbulento y una necesidad extremadamente grande de seguridad. Ya sea que estén
concientes de la turbulencia o no, pueden no querer revelarla. Pueden haberla estado
manteniendo en secreto desde hace mucho tiempo.

El self se fragmenta cuando traumas repetidos o agudos hacen que se fragmente para
poder sobrevivir. Partes del self que son peligrosas para ser experimentadas por el niño se
separan para obtener seguridad, que es escasa. Johnny, de quien su niñera abusa
sexualmente en forma repetida, está acostado en su cama aterrado porque la niñera entra al
cuarto en la noche y “le hace cosas.” En el pasado, si Johnny se enojaba, la niñera lo lastimaba
aún más. Para protegerlo, su self debe de hacer algo para evitar que Johnny se enoje.

Para poder eliminar totalmente su enojo y evitar que emerja, el self de Johnny se ha
disociado, separado o se ha desecho del enojo. Una parte, fragmento o el pequeño que
contiene el enojo se separa de Johnny. Usamos estos términos de manera intercambiable
porque tanto los pacientes como los terapeutas tienden a usarlos al describir una capacidad
separada del self o una personalidad distinta. Los pacientes con frecuencia mencionan “partes
de mí” y “parte” también se usa en la literatura. “El pequeño” también es un término usado por
los pacientes para describir partes que se han fragmentado o disociado del adulto. Es un
término amoroso, respetuoso que usamos de manera intercambiable con “parte.”

“Personalidad” o “fragmento” también son términos que los pacientes usan a veces y
que se usan en la literatura. Con los pacientes de personalidad múltiple, nos referimos a las
personalidades separadas que se han disociado para mantener seguro al self y para protegerlo
de la ira, dolor, miedo, sexualidad y/u otros fenómenos.

La ira de Johnny, entonces, debe eliminarse por completo para que esté más seguro.
Para protegerse de la niñera, en quien sus padres confían, Johnny debe lograr hacer tres
cosas:

 Debe deshacerse de su ira, porque la experiencia y la expresión de la ira lo pueden


poner en peligro.
 No debe creer que es básicamente bueno. Si Johnny cree que es bueno, creerá que
no merece lo que le está sucediendo y se defenderá, así es que Johnny debe pensar
que es malo.

 No debe asustarse. El miedo trémulo de Johnny también enfurece a su niñera, así es


que Johnny debe también deshacerse de su miedo.

Como un espejo roto al que le queda un pedazo grande y unos cuantos fragmentos, el
self de Johnny, para poder protegerlo y ayudarlo a sobrevivir este trauma repetitivo y poderoso,
ha disociado partes suyas. Johnny no puede sentir miedo o traer a la conciencia estas partes
disociadas. El grado en el que Johnny no puede tener acceso a estas partes refleja el grado en
el que han sido disociadas.

El aspecto positivo de este proceso es que ha protegido a Johnny y ha hecho que sea
más fácil sobrevivir a este horrible abuso. El aspecto negativo es que las capacidades que
Johnny necesita para ser una persona totalmente funcional le han sido amputadas en las
primeras instancias de su vida. Como resultado, Johnny experimentará una gran dificultad para
sentirse bien con sí mismo, para sentirse enojado o para tener acceso a su miedo cuando está
en peligro. Conforme Johnny crece, esta situación tendrá un impacto negativo en él de
maneras profundas. No podrá usar su self completo para funcionar en la vida diaria.

Varios factores jugarán un papel importante, en cuanto a la posibilidad de que Johnny


pueda recuperar sus habilidades y capacidades y reintegrarlas dentro de sí mismo para poder
vivir su vida exitosamente:

 La fuerza del trauma y qué tan seguido sucedió.


 La cantidad de capacidades que se disociaron.
 La importancia de esas capacidades para el Johnny adulto.
 Qué tan lejos del self se tuvieron que distanciar los pequeños para poder proteger a
Johnny. Este concepto es una idea que hemos desarrollado como resultado de
nuestro trabajo clínico. No ha sido discutido en la literatura y lo presentamos aquí
porque estamos seguros, con base en nuestra experiencia, que es un asunto
importante que explorar. Creemos que la severidad del trauma se correlaciona con el
grado de disociación o separación del pequeño del self. En situaciones en las que
han ocurrido eventos altamente traumáticos, hay una gran distancia entre el self y la
habilidad del self para experimentar y reintegrar la capacidad particular, al pequeño,
la parte o la habilidad que fue disociada. Así es que entre más severo sea el trauma,
mayor será la severidad de la fragmentación y por lo tanto mayor dificultad tendrán el
terapeuta y el paciente para integrar las partes disociadas del self en el self adulto.

En relación con este último factor, en el caso de Johnny, la severidad del trauma era
profunda. Si la severidad hubiera sido más profunda, es posible que una personalidad o
personalidades distintas y separadas hubieran emergido como fragmentos opuestos. Si estos
fragmentos se convirtieran en personalidades, entonces las capacidades que Johnny está
tratando de recuperar, como la habilidad de expresar la ira, estarían incrustadas en una
personalidad y sería extremadamente difícil, primero, experimentar y encontrar esa capacidad
para traerla al ambiente terapéutico y eventualmente reconectar esa capacidad con Johnny.
Así es que la severidad del trauma tiene que ver con qué tan lejos han tenido que apartarse los
pequeños para poder proteger a Johnny.

Es importante entender estos factores al conceptualizar qué tan difícil será el proceso
terapéutico. Al prepararse como un terapeuta, para examinar el continuo de fragmentación y
pensar acerca del grado de fragmentación que existe en diferentes pacientes, recuerde la
importancia del problema de identificación. Diferentes clases de fragmentación pueden ser
invisibles al principio de la terapia.

La Figura 1 ilustra el continuo de fragmentación. Muestra el rango de fragmentación que


puede existir en pacientes fragmentados. Algunos pacientes están medianamente
fragmentados, algunos contienen personalidades múltiples y otros se encuentran en alguna
parte en el medio. Hemos desarrollado el concepto de un continuo de fragmentación para
ayudar a los terapeutas a entender las distintas clases de selfs fragmentados y las distintas
clases de diagnóstico que se necesitan. Creemos que imaginar la fragmentación como un
continuo le ayudará al terapeuta a explorar este fenómeno de diagnóstico.

Figura 1: El Continuo de Fragmentación.


Ligeramente Moderadamente Extremadamente
fragmentado fragmentado fragmentado
Co-conciencia Menor darse cuenta No existe el darse
completa a co- del self. cuenta de las partes.
conciencia parcial. Mayor sensación de Grado evidente de
Alto grado de disrupción interna. disociación seria.
agitación. Vaga sensación de Gran necesidad de
Puede estar que suceden cosas seguridad.
confundido internamente que no Usualmente un alto
La fragmentación se sienten bien. grado de agitación
puede ser o no ser Comienzo de una interna junto con una
visible al principio poderosa necesidad gran necesidad de
del tratamiento. de seguridad. ocultársela a las
Agitación menos personas cercanas.
obvia, claridad, Pérdida de tiempo
darse cuenta de breve a moderada.
“algo malo” al
principio del
tratamiento

Mayor Darse Cuenta del Self

Severamente fragmentado Personalidades separadas,


Breve pérdida de tiempo o movimiento hacía distintas.
la pérdida de tiempo. Desorden de personalidad
Tremenda cantidad de agitación interna. múltiple
Comportamientos “raros” conforme el paciente Grandes pérdidas de tiempo que
se mueve dentro de diferentes etapas del no se recuerda.
ego. “Actino out” potencialmente
Una gran cantidad de experiencia negativa severo
autoaprendida, la mayor parte de las veces Gran dificultad para mantener
no se manifiesta con claridad al principio de relaciones íntimas positivas y
la terapia debido a la agitación interna. duraderas.
Necesidad absoluta de seguridad. Gran necesidad de seguridad.
Potencial de autodañarse y dañar a otros. Extremadamente difíciles
terapéuticamente.

Menor Darse Cuenta del Self


El estado de fragmentación de un paciente afectará el grado de disociación y la
naturaleza de las partes, la estructura del tratamiento, la dificultad para integrar las partes y
otros factores que trataré más adelante. Siempre recuerde que, en cualquier parte del continuo
de fragmentación en que se encuentren, al principio de la terapia los pacientes pueden no tener
idea que están fragmentados. De hecho, los pacientes con un grado más severo de
fragmentación pueden no tener la más mínima idea de ello debido a que las partes están
disociadas o las personalidades están tan separadas que esos pacientes no las experimentan
como parte de la seguridad que necesitan en la infancia. Solamente los pacientes más ligera o
moderadamente fragmentados llegan a terapia con una conciencia vaga de lo que está
sucediendo dentro de ellos. Pueden sentir una turbulencia, varias tipos de ansiedad y
depresión, pero así no tendrán una idea clara de lo que pasa.

En los pacientes ligeramente disociados (el número 1 en el continuo de fragmentación),


las partes, los pequeños o los fragmentos pueden estar en co-conciencia. Eso significa que los
pacientes pueden percibir, sentir o saber qué partes o capacidades separadas existen a las que
casi no pueden acceder. Las partes parecen tener una vida propia que los pacientes pueden
percibir, escuchar y notar pero que no pueden juntar en forma integrada. La co-conciencia
sugiere que los pacientes fragmentados llegan a tratamiento con, o que pronto adquirirán,
conciencia de de los pequeños dentro de sí mismos. Experimentan estas partes de manera
vaga o medio aguda, como si estuvieran separadas de sus selfs adultos, pero casi no entienden
o saben de qué se tratan estas partes.

Los pacientes ligeramente fragmentados pueden experimentar sus capacidades de


separación como voces o partes, o pueden darles nombres especiales o alguna otra cosa. Ser
capaz de sentir la ira propia pero no poder identificarla o usarla es difícil y desconcertante. Los
pacientes ligeramente fragmentados pueden tener una co-conciencia completa de sus
capacidades, pero en todos los casos, no pueden acceder a ellas por completo y usarlas como
una parte continua y flexible del self debido a la fragmentación.

Moviéndose hacia la derecha en el continuo de severidad, el self gradualmente pierde la


conciencia de las partes fragmentadas por la severidad o el poder del trauma. Aumentan la
disociación, la separación y la distancia y la co-conciencia se desvanece hasta la inconsciencia.
Los pacientes moderadamente fragmentados (número 2 en el continuo de fragmentación)
pueden llegar a terapia con poca o ninguna conciencia de de sus partes o fragmentos internos.
Se sienten más desintegrados, trastornados y turbulentos. Pueden percibir que algo no está
bien dentro de ellos pero no entienden lo que está mal. Los pacientes moderadamente
fragmentados pueden estar en la cúspide de tener una percepción vaga y poco definida de lo
que está mal y una conciencia interna de los problemas que han hecho que las partes se
separen. Sin embargo, a diferencia de los pacientes co-concientes, no perciben que existe algo
realmente desorganizado dentro de ellos.

Entendemos que en diferentes ocasiones los pacientes se pueden encontrar en distintos


puntos del continuo pero lo que es importante que el terapeuta entienda es que el diagnóstico
no cambia. Lo que cambia es el movimiento del paciente hacia la integración. Conforme los
pacientes tienen más conciencia de los pequeños, los integrarán y esto es un proceso a largo
plazo. Dependiendo de qué tanto hayan sido lastimados, los pacientes tendrán una mayor o
menor percepción de los pequeños. El grado en que el self adulto debe disociarse de la
persona para poder acceder al pequeño, eso significa que, el self adulto experimenta una
pérdida de tiempo para que un pequeño pueda emerger, también refleja el grado al que ha
llegado la fragmentación. En la co-conciencia puede haber períodos muy breves de tiempo,
medidos en segundos, en los que el self adulto se desvanece y otra parte se hace cargo.

Conforme avanzamos hacia lo moderadamente fragmentado en el continuo de


fragmentación, puede haber ocasiones en el ambiente de terapia en las que el self adulto se va
y el pequeño se comunica con el terapeuta directamente. Conforme avanzamos hacía los
extremadamente y severamente fragmentados y el desorden de personalidad múltiple, cada vez
se encuentra menos presente el self adulto. Esto hace que la habilidad para funcionar en el
mundo sea extremadamente peligrosa y es por esto que estas personas corren un gran riesgo.

Los pacientes extremadamente fragmentados (número 3 en el continuo de


fragmentación) no tienen conciencia de sus partes. Cuando estos pacientes entran a terapia y
durante las primeras fases, no pueden acceder a sus partes co-concientemente. Para poder
acceder a uno se sus pequeños, deben irse y dejar que el fragmento emerja. El proceso de
necesitar irse marca la línea entre un paciente moderadamente fragmentado y uno
extremadamente fragmentado.

Los pacientes con fragmentación severa (número 4 en el continuo de fragmentación) se


deben disociar y dejar que la parte emerja como un self separado para dialogar con el
terapeuta. Además, entre más cerca esté un paciente de tener un desorden de personalidad
múltiple, son mayores los períodos de tiempo cuando una de las partes está en control y el self
adulto no está conciente o dándose cuenta. Esto, desde luego, es una situación peligrosa.
Cuando sucede fuera del ambiente terapéutico, el paciente está en riesgo.
Con los pacientes de personalidad múltiple (número 5 en el continuo de fragmentación),
los distintas personalidades emergen en varios puntos. Están completamente separadas, y el
self adulto no tiene conciencia de ellas. La pérdida del tiempo, despertar en lugares a los que
el paciente no se da cuenta que había ido, entablar conversaciones y no recordar haberlas
tenido, son cosas que les pueden ocurrir a algunos individuos con desorden de personalidad
múltiple. Cuando regresa el self adulto, usualmente no tiene conciencia de lo que sucedió
excepto por las pistas que dejaron las otras partes.

Desde luego, hay otros puntos en el continuo de fragmentación. Destaco estos cinco
puntos para mostrarle al terapeuta las diferencias entre los distintos grupos o categorías. Los
que he resaltado no son distintos y separados. Son puntos de referencia de los procesos de
severidad de la fragmentación de los pacientes para ayudarle al terapeuta a entender cómo es
el proceso de fragmentación de distintos pacientes conforme se mueven en el continuo de
fragmentación. Existen muchos otros estados entre cada uno de estos puntos. No imagine que
el continuo establece un conjunto separado de categorías, simplemente he resaltado algunos
puntos de referencia en un continuo que va desde los ligeramente fragmentados en un extremo
hasta el desorden de personalidad múltiple en el otro.

El continuo ilustra con claridad las diferencias que pueden existir en el grado de
disociación del paciente y la agudeza de su trauma así como la frecuencia y duración de los
episodios relacionados con la pérdida de tiempo y la habilidad del paciente para experimentar a
los fragmentos internos rápidamente o con co-conciencia. Obviamente, los pacientes
ligeramente fragmentados con co-conciencia irán a terapia con una conciencia aguda de sus
partes o la desarrollarán en unos cuantos meses. Llegarán a la integración con mayor rapidez
que los pacientes con personalidad múltiple, los que no tienen conciencia de sus partes, que
pierden largos períodos de tiempo cuando una personalidad se hace cargo y cuyas
personalidades están separadas y son distintas.

Las personalidades en un paciente con personalidad múltiple pueden tener sus propios
guardarropas, su propia visión del mundo y su propio sistema de introyección/proyección
completo o parcial, sus resistencias y fronteras. Obviamente, integrar estas personalidades
separadas es una tarea mucho más difícil que integrar las partes de un paciente ligeramente
disociado. Simplemente ayudar a los pacientes a conocer y a experimentar sus personalidades
mientras avanzan hacia la integración es una tarea complicada.
Quiero insistir en que les tenemos un gran respeto a los pequeños. No dudamos que un
trauma agudo produzca la separación dentro de un individuo y que fragmentos o
personalidades completas nazcan para sostener las capacidades que el self adulto no puede
sostener. Entendemos que el público tiene una gran dificultad para creer que fragmentos o
personalidades distintas puedan existir dentro de un self adulto.

Sin embargo, ciertamente existen y aquellos de nosotros que tenemos el honor y el


privilegio de trabajar con pacientes fragmentados podemos atestiguar el increíble poder,
realidad, viabilidad y dinamismo de los fragmentos o personalidades que nacieron para proteger
al adulto.

Un observador externo de una persona disociada puede observar en esa persona una
preocupación, un cambio de tenor o humor, un pequeño cambio en el darse cuenta conciente o
tal vez una puerilidad momentánea. En individuos más poderosamente fragmentados, los que
se sitúan por la mitad del continuo, se pueden observar cambios de comportamiento reales de
los que la persona tal vez no se de cuenta. La persona puede parecer repentinamente
asustada, distinta o infantil.

Al extremo del continuo, una persona con desorden de personalidad múltiple tiene
personalidades separadas y distintas que provocan diferencias en la manera de funcionar de la
persona. Con frecuencia los pacientes no se dan cuenta cuando pasan de ser ligeramente a
moderadamente fragmentados. Si embargo, un observador adulto puede ver que estas
diferencias en el comportamiento son manifestaciones externas de los fragmentos o
personalidades que los terapeutas tienen el placer y el honor de experimentar y conocer cara a
cara en la experiencia terapéutica.

La identificación es complicada debido a todos los factores de los que he hablado


anteriormente. Poder definir con claridad en qué parte del continuo se encuentra una persona
requiere algo de experiencia y una comprensión del proceso que lleva tiempo. Por favor tome
nota que identificar y diagnosticar exitosamente a un paciente fragmentado requiere una
comprensión real de los procesos terapéuticos más profundos. Esta comprensión es el tema de
este Trabajo.

Seguridad.
La terapia con pacientes fragmentados es difícil por muchas razones además de
identificar el grado de fragmentación del paciente. Un factor adicional es la cantidad de
seguridad que los pacientes necesitan tener antes de permitir que su mundo interno, del que
muchos pacientes fragmentados ni siquiera se dan cuenta, emerja en el encuentro terapéutico.
Si los terapeutas siquiera sospechan que un paciente está fragmentado, de inmediato deben
considerar el tema de la seguridad, la sensibilidad de fronteras, el seguimiento y medir el paso.
Deben tomarse el tiempo para enseñar el darse cuenta de las partes, deben ir despacio y
permitirle a los pacientes entender que el terapeuta realmente está ahí para ellos (Para mayor
información sobre estos asuntos, consulte Shub, 2000a).

Ofrecerle a los pacientes fragmentados ser la persona segura como parte de su


tratamiento es un compromiso serio. Si los pacientes van a permitir salir a los pequeños que
viven dentro de ellos, deben creer que el terapeuta estará ahí para ellos, que no se asustará,
que entenderá el proceso, que permanecerá comprometido para hacer el trabajo extra que
algunas veces será necesario cuando los pacientes tengan alguna dificultad y que respetará el
difícil camino que los pacientes recorrerán conforme avanzan hacia la integración.

La seguridad es vital para este proceso. Esta terapia es larga, laboriosa, y requiere de
tiempo para atención de emergencia fuera de las sesiones durante varias fases. Puede hacer
surgir sentimientos de contratransferencia, al crear un entorno en el que los pequeños puedan
emerger, enojarse, ser hostiles, asustarse o lo que sea. Este trabajo requiere que los
terapeutas trabajen duro, que no se tomen nada personalmente, que estén alertas para la
contratransferencia y que intenten no dejar que sus propias reacciones interfieran con el
proceso.

Crear un entorno seguro es fundamental para el proceso. Estos pacientes pueden


haber sido traumatizados por abuso, violación u otros actos horribles. Su trauma agudo ha
creado el grado de fragmentación que sufren ahora. Si los pequeños que se han alejado para
proteger al adulto van a regresar realmente, abandonar sus funciones para integrarse, el
terapeuta debe proporcionar un entorno opuesto al trauma original. El terapeuta debe crear un
entorno seguro que permita que todas las cosas que tienen que suceder sucedan.

Entender la fragmentación; diagnosticarla, seguir su evolución en el continuo, entender


la importancia de crear una relación segura, valorar, respetar y creer en el proceso de
fragmentación y en la existencia de los pequeños presenta retos considerables para los
terapeutas. Además, los sentimientos de contratransferencia a los que he aludido hacen que
este trabajo sea difícil. Sin embargo, también es un trabajo increíblemente satisfactorio. Al ir
revisando nuestro modelo para el tratamiento de pacientes fragmentados, recuerde que los
puntos mencionados anteriormente son como un fondo o un marco de referencia para entender
el proceso terapéutico en el tiempo.

NUESTRO MODELO PARA EL TRATAMIENTO DE PACIENTES FRAGMENTADOS.

Nuestro modelo para el tratamiento de pacientes fragmentados depende de varias


creencias básicas. La terapia consta de doce fases.

Conceptos Básicos

Nuestro modelo para tratar con un self fragmentado abarca varios asuntos importantes,
que delinearé para darle a los lectores una idea de la profundidad y la dificultad asociada en el
tratamiento de pacientes fragmentados. Aún el tratar a un paciente ligeramente disociado
siempre resulta ser un proceso complicado. El terapeuta y el paciente pueden trabajar juntos
durante años para identificar primero a los pequeños y luego desarrollar la relación que es
necesaria para acceder a los pequeños primero y después llevar a cabo la integración.

Este trabajo es difícil y lleva mucho tiempo, no se ajusta al modelo del horario normal de
oficina, y le cobra su precio tanto al terapeuta como al paciente. Sin embargo, las recompensas
son enormes. Ver como una persona deprimida y fragmentada pude convertirse en alguien
completamente funcional y totalmente integrado es un milagro que vale la pena celebrar. Es
algo en lo que definitivamente vale la pena pasar parte de la vida, aunque requiere una
verdadera dedicación. Los siguientes factores se deben considerar al desarrollar
conceptualmente un modelo holístico y orientado al proceso para tratar con un self
fragmentado.

 El modelo debe contener una teoría de fragmentación.


 El modelo debe explorar la necesidad de crear un entorno seguro, para que los
pequeños del paciente puedan emerger.
 El modelo debe reconocer la importancia de una estructura adecuada para el
tratamiento, para que el paciente se pueda sentir seguro y pueda percibir un avance
en la terapia, a diferencia de una terapia que da tumbos sin dirección mes tras mes y
año tras año.
 El modelo debe monitorear las experiencias de contratransferencia del terapeuta para
que sus respuestas más profundas se puedan manejar a lo largo del camino. La
contratransferencia siempre es una posibilidad y casi siempre un problema potencial.
 Porque cualquier conceptualización que use un terapeuta no encajará completa,
precisa y exactamente en el proceso de desdoblamiento del paciente, el modelo debe
resaltar la importancia de la honestidad intelectual para que los terapeutas estén
dispuestos a confrontar constantemente las limitaciones del marco teórico y su falta
de habilidad para entender exactamente lo que está sucediendo en el momento.
Cuando uno está luchando en la profundidad y el nivel requeridos para trabajar con
un paciente fragmentado, la honestidad intelectual es decisiva.
 El modelo debe crear una zona de seguridad y distancia para el self de los
terapeutas, para que se puedan sentir intactos mientras se involucran en este
complejo proceso.
 El modelo debe tener en cuenta la necesidad de tiempo extra de sesiones,
emergencias, sesiones especiales y sesiones posiblemente largas para llevar al
paciente fragmentado por el camino hacia la integración. Aunque este trabajo extra
no es, desde luego, deseable desde el punto de vista del terapeuta, pude ser decisivo
desde el punto de vista del paciente. A veces, emergen recuerdos y la necesidad de
una sesión prolongada para ayudar a crear seguridad puede ser esencial.
 El modelo debe incluir la creencia en una aproximación longitudinal que le permita al
terapeuta comprometerse durante muchos años para alcanzar la meta final de la
integración.
 El trabajo final, y posiblemente el más difícil, del terapeuta es poder tratar los
fragmentos como individuos separados y distintos con los que tiene una relación
personal y a los que ha llegado a conocer y para los que ha creado la seguridad que
les permite emerger. El terapeuta ayuda a los fragmentos a comunicarse, respeta
sus funciones y les permite hacer lo que necesitan hacer en el presente para que el
self adulto pueda eventualmente conectarse, absorberlos e integrarlos.

El modelo que presentamos en este documento intenta incorporar estas


preocupaciones. Es particularmente sensible al impacto de largo plazo en el terapeuta
producido por una meta tan elevada como es integrar a un paciente fragmentado. Además,
nuestro modelo, toma en cuenta la realidad, que con frecuencia no es evidente, que los
pacientes están fragmentados hasta que la relación terapeuta-paciente se ha formado y han
trabajado juntos durante algún tiempo.

Los pacientes fragmentados pueden aparecer con una variedad de diagnósticos


diferentes, dependiendo de qué fragmento se presente en las sesiones iniciales de terapia. Sin
embargo, hasta que exista suficiente seguridad los fragmentos pueden elegir no emerger en el
entorno terapéutico. Un paciente puede parecer distinto en diferentes sesiones y el terapeuta
puede sentirse confundido por las presentaciones diferenciadas del paciente. Los pequeños
fragmentados pueden tomarse muchos años hasta que la relación sea lo suficientemente
segura y se sientan lo suficientemente reconocidos para emerger en las sesiones de terapia.

Este hecho hace que la precisión de cualquier modelo de tratamiento para los individuos
fragmentados sea extremadamente importante. Si el modelo no es agudo, flexible y adaptable
y si los terapeutas no pueden trabajar con sus conceptualizaciones y aplicarlas con precisión, el
modelo no tiene eficacia clínica. Creemos que esta propuesta Guestalt es particularmente
poderosa y apropiada para tratar a pacientes fragmentados. Nuestra particular adaptación de la
propuesta Guestalt a través de los años ha comprobado ser exitosa con una variedad de
pacientes con distintas clases de fragmentación.

Las Etapas de Nuestro Modelo

Debo enfatizar una vez más que cualquier terapeuta que aplique un modelo de
tratamiento a un paciente fragmentado debe estar conciente que las partes pueden emerger
durante varias partes del tratamiento. Esta exposición supone, por motivos de simplificación,
que el diagnóstico de fragmentación se ha dado en las primeras sesiones del tratamiento o que
el terapeuta ahora ha finalizado el diagnóstico.

Jazmín buscó tratamiento porque estaba teniendo dificultades en esconderle a su


esposo el hecho que robaba algunos artículos de las tiendas cuando hacía otras compras. El
esposo de Jazmín era un abogado con una buena posición y no tenían hijos, tenían pocas
preocupaciones financieras por lo que ella podía comprar casi todo lo que deseara. Sin
embargo, Jazmín entraba a una tienda de departamentos y se probaba algunas prendas,
compraba algo y luego escondía algún pequeño accesorio en su bolsa después de haber
pagado.
Jazmín se ponía cada vez más nerviosa por su comportamiento, sin decirle nada a su
esposo ni a ninguna de sus amigas por lo que decidió buscar tratamiento. Jazmín era una
maestra brillante, bien educada, que era respetada tanto por los alumnos como por sus padres,
pero también la consideraban algo rara por los comportamientos extraños que la gente
observaba algunas veces. Sin embargo, la mayor parte del tiempo Jazmín parecía ser
entusiasta, brillante, exitosa y dinámica, una buena pareja, maestra y líder en la comunidad.

Jazmín entró a terapia conmigo después de haber consultado a otros terapeutas, un


hecho que yo desconocía debido a que me lo ocultó durante la primera etapa del tratamiento.
Ella continuó consultando a otros terapeutas para compararnos, para crear un entorno seguro y
para probarse a sí misma conmigo mientras establecíamos nuestra relación. Yo no conocí esta
situación hasta mucho más adelante en nuestra empresa terapéutica. Jazmín había
desarrollado esta red de seguridad con muchos terapeutas, con un gran costo financiero y
emocional, para poder protegerse de ser lastimada. El tratamiento inicial de Jazmín giraba
alrededor de su preocupación por los robos en las tiendas, que obviamente eran una señal de
alerta roja para que me diera cuenta de que algo mucho más profundo estaba mal en la manera
como su self estaba funcionando.

Jazmín reportaba estar feliz y satisfecha en su hogar, con un matrimonio positivo y un


buen sentido de autoestima. Sin embargo, conforme empezamos a explorar su contacto y su
darse cuenta en el presente, empecé a notar algo de fastidio en su comportamiento. Cualquier
pequeña desviación del camino acordado mutuamente, como terminar la sesión un poco antes
de tiempo, o si yo no me sentía bien, cuando aparentaba estar preocupado momentáneamente
durante una sesión de terapia o cuando dudaba responder a una solicitud de información, hacía
que Jazmín -como me daría cuenta más adelante- se sintiera ansiosa e insegura. Parecía
retirarse del contacto, aunque me era difícil discernir la profundidad del alejamiento.

A diferencia de un paciente “borderline” (consulte Shub, 1998) que se siente amenazado


y luego se escinde, una persona fragmentada puede sentirse insegura y luego alejarse ligera o
profundamente del contacto. Con frecuencia el terapeuta no percibe o experimenta el
alejamiento. En general, especialmente en la parte inicial de la terapia, cualquier cosa que
haga que un paciente se sienta inseguro puede causar:

 Un simple alejamiento.
 La posibilidad, si la amenaza es lo suficientemente seria, de que uno de los
fragmentos empiece a emerger y que el paciente se comporte de manera
aparentemente extraña mientras el pequeño actúa a través del adulto.
 Un fragmento se hace cargo, con lo que la respuesta emocional del paciente al
terapeuta en el momento puede parecer completamente incongruente.
 Dependiendo de la severidad de la fragmentación, una desconexión total que hace
que el paciente parezca ser pequeño o infantil, por ejemplo.

Con Jazmín, cualquier pequeño disturbio que causara un sentimiento de falta de


seguridad, como mi necesidad de ir al baño, provocaba alguna clase de alejamiento y un
cambio sutil en el comportamiento de ella hacía mí. No me era evidente qué estaba sucediendo
en el self de Jazmín, pero estos hechos continuaban:

 Ella continuaba consultando a otros terapeutas, lo que yo aún no sabía.


 Continuaba reportando ser feliz en su matrimonio y consigo misma, lo que yo
empezaba a dudar.
 Continuaba reportando que le iba extremadamente bien en su trabajo y el mundo
externo, lo que también yo empezaba a dudar.
 Trataba se ser extremadamente confluente conmigo (para mayor información acerca
de la confluencia, consulte Shub, 2000b, Perls, Hefferline y Goodman, 1951 y Polster
y Polster, 1973, Capítulo 9).

Conforme avanzábamos en el tratamiento y empezábamos a explorar el material infantil


en el presente, Jazmín empezó a parecerme más extraña gradualmente. También dejaba ver
pistas sutiles acerca de las dificultades que estaba teniendo pero que nunca enfrentaba
directamente o regresaba a ellas. Después de siete u ocho meses de tratamiento, me di cuenta
de una gran incongruencia en mi experiencia de contacto con ella que no podía realmente
identificar. Conforme progresaba la terapia, empecé a sospechar que Jazmín estaba
fragmentada, pero no estaba cien por ciento seguro. No había empezado a emerger ningún
fragmento, y aún estábamos trabajando en el darse cuenta y el contacto (consulte Shub, 1994b
y 1994c) usando el material infantil como fondo.

Después de casi un año de tratamiento, Jazmín y yo empezamos a explorar el material


infantil con mayor profundidad y lo que yo pensé que eran introyectos, pero la terapia de Jazmín
seguía sin tener sentido para mí. Me esforzaba para ser intelectualmente honesto, para ser
claro en lo que sucedía en el self de la paciente en el presente y trabajar dentro del marco de
referencia acordado, qué tenía sentido tanto para la paciente como para mí. Había cometido
errores y había aceptado mi responsabilidad y trataba de estar conciente y quedarme con
Jazmín. Sin embargo cualquier desviación de lo que Jazmín sentía que era la seguridad total
aún perturbaba su equilibrio y se sentía amenazada.

Un día, Jazmín trajo un dibujo a lápiz, infantil, de una niñita flotando sobre una cama de
flores, posiblemente margaritas, con una abeja amenazadora que parecía estar picando una
flor. Con voz de niña, Jazmín me dijo que ella era la pequeña niña que había hecho el dibujo
que veía a la abeja picar a la flor muchas veces. En ese momento, la relación terapéutica era lo
suficientemente segura para que la pequeña emergiera en la sesión de terapia y que me hiciera
saber, por primera vez, que existía. Ese momento importante fue un punto decisivo. Jazmín, a
través de la niñita que vino a la sesión, estaba reconociendo ante mí que existían las pequeñas.
Ya llevábamos dos años con la terapia, y finalmente estuve seguro de que Jazmín estaba
fragmentada.

Con el tiempo se hizo evidente que Jazmín estaba severamente fragmentada. Su self
adulto no se daba cuenta de las partes. Conforme progresaba su terapia, Jazmín tenía que
adentrarse en sí misma y desaparecer mientras una o varias de sus pequeñas emergían de
forma serial para hablar conmigo, para construir una relación y para conectarse conforme se
iban sintiendo más seguras.

Después de que emergió la niñita, empezaron a salir a la superficie recuerdos de abuso


y la niñita desapareció otra vez y no regresó por un tiempo. Jazmín empezó a experimentar
recuerdos dolorosos y traumáticos de un abuso a temprana edad, un abuso ritual en parte.
Empezó a tener una tremenda dificultad funcionando en la medida en que los recuerdos
regresaban, conforme aparecían imágenes instantáneas y recuerdos corporales y ella sufría de
pesadillas. Pieza por pieza, el rompecabezas de lo que le había sucedido se iba armando y
aclarando sin presionar, dirigir, o dar una dirección de mi parte. El que toda la información
emergiera espontáneamente conforme las pequeñas se sentían seguras y dispuestas, es una
parte importante del proceso. Quiero insistir una vez más que conforme las pequeñas se
sentían seguras, hablaron, emergieron y controlaron. Esa libertad es necesaria para que ellas
puedan sentir el nivel de seguridad que necesitan para emerger.

El enfoque de nuestro tratamiento entonces pasó de Jazmín diciéndome que todo


estaba bien a Jazmín volviéndose totalmente desorganizada y experimentando dolores severos
y tormentos conforme sus recuerdos salían a la superficie. Eventualmente, después de otros
dieciocho meses, la imagen del recuerdo de Jazmín por fin estuvo completa y sus pequeñas
empezaron a emerger una por una en la terapia. Me hicieron saber que existían. Me retaron,
me regañaron, me asustaron, me lastimaron, me amaron e invirtieron en formar una relación
conmigo, el trabajo de Jazmín era poderoso y duró muchos años.

La historia de Jazmín es importante en cuanto a que ilustra cómo se desenvuelve el


trabajo con un paciente fragmentado. En el proceso de Jazmín, una etapa seguía a otra y
conforme empecé a entenderla, sus pequeñas emergieron como una flor que abre sus pétalos,
con cada pétalo abriéndose uno por uno.

Cuando conceptualizamos más precisamente nuestro modelo para tratar al self


fragmentado, las etapas se deben ajustar de acuerdo a la necesidad del paciente para sentirse
seguro y por la severidad de la fragmentación. Algunos pacientes como Jazmín, sienten una
tremenda necesidad de desarrollar un ambiente seguro, y como Jazmín, harán hasta lo
imposible para crear la seguridad y protegerse a sí mismos para no volver a ser lastimados o
traumatizados. Tratan de crear una relación, como la que creó Jazmín, que sea lo
suficientemente segura para que las partes puedan emerger y esto puede tomarse varios años.
El modelo que describo y las etapas del modelo que presento a continuación se deben ajustar
de acuerdo a la necesidad.

Un paciente fragmentado puede poner a prueba la seguridad, que tardará mucho en


crearse. Dependiendo del grado de fragmentación, la recuperación total del recuerdo también
puede tardarse mucho tiempo y el proceso puede ser extremadamente difícil y complicado.
Hasta ahora, los tres temas que he tratado pueden ser difíciles y tardarse mucho tiempo. El
diagnóstico puede ser muy difícil. Crear la seguridad suficiente para que los pequeños quieran
emerger pude ser difícil. Finalmente, si hay una recuperación del recuerdo (y casi siempre la
hay), el proceso de recuperar los recuerdos puede tardarse mucho tiempo, con muchos
recuerdos distintos emergiendo antes de que se complete la imagen clínica. Esto puede
resultar ser disruptivo para las vidas tanto del paciente como del terapeuta.

El terapeuta debe entender que no hay tal cosa como un trabajo a corto plazo con un
paciente fragmentado. El proceso de identificación, la creación de seguridad y la recuperación
de los recuerdos no se pueden acelerar y no se pueden lograr en un período corto de tiempo.
Ya que Jazmín fue traumatizada durante muchos años, la recuperación de esos recuerdos no
se iba a dar rápidamente. La falta de seguridad de Jazmín tardó muchos años para crearse y
ella no iba a confiar inmediatamente en nadie o nada, particularmente con su self interno. Los
fragmentos de Jazmín se tardaron muchos años para ajustarse y para desarrollar un sistema de
funcionamiento y ellas no iban a aparecer en el presente a menos de que estuvieran
absolutamente seguras que hacerlo estaba bien.

Con las personalidades múltiples, el trabajo puede ser aún más complicado y pueden
transcurrir muchas sesiones antes de que todas las personalidades emerjan en las sesiones de
terapia. En todos los casos del continuo de fragmentación, hemos conceptualizado tratar al self
fragmentado en las siguientes doce etapas, desde el ligeramente disociado hasta la
personalidad múltiple. He presentado el material anterior para ilustrar que las etapas son
flexibles y que, dependiendo del paciente, la agudeza del trauma y todos los otros muchos
factores, las etapas se deben ajustar para que encajen en la situación clínica particular.

 Etapa uno: evaluación y diagnóstico centrado en el presente del paciente


fragmentado.

 Etapa dos: usar el material de la primera infancia para dirigirse a los problemas de
contacto y darse cuenta.

 Etapa tres: empezar a recuperar los recuerdos.

 Etapa cuatro: empezar a identificar a los pequeños o partes del paciente.

 Etapa cinco: desarrollar un ritmo terapéutico con base en el grado de fragmentación


con el fin de empezar a comprometer a las partes en una relación con el terapeuta.

 Etapa seis: entender, mapear y empezar a conocer todas las partes que emergen en
la sopa terapéutica.

 Etapa siete: trabajar con las partes.

 Etapa ocho: apoyar a las partes para que renuncien a sus funciones.

 Etapa nueve: moverse hacia la integración.


 Etapa diez: integración.

 Etapa once: psicoterapia integrante.

 Etapa doce: conclusión.

Como he hecho notar, las primeras tres etapas pueden ser complejas y tardarse mucho
tiempo, lo que no significa que las demás no los sean. Pueden serlo. El proceso puede
parecer simple cuando se desglosa en etapas, pero es complejo y difícil. La mayor parte del
esfuerzo inicial tiene que ver con crear un entorno seguro en que el paciente pueda operar y las
partes puedan emerger. Una vez que las partes emergen, entonces empieza el difícil trabajo de
entenderlas y apoyarlas para que se vinculen con el terapeuta, ayudándolas a interactuar entre
ellas, hacer que renuncien a sus funciones y moverse hacia su integración en el self adulto.

Este proceso puede ser extremadamente perturbador para el paciente. Es difícil y


emocionalmente agotador tanto para el terapeuta como para el paciente y es potencialmente
disruptivo para la familia del paciente y posiblemente para la familia del terapeuta si hay
problemas de contratransferencia, así como para el resto de la vida del paciente durante las
etapas de recuperación de recuerdos e integración. Sin embargo, ver a una paciente como
Jazmín, que ha vivido una vida atormentada, torturada y secreta, eventualmente dejar la terapia
sintiéndose con poder, fuerte y completa hace que valga la pena. Este optimismo les puede
parecer castillos en el aire a algunos, pero nuestro modelo está basado en experiencias clínicas
con pacientes que se han beneficiado con y logrado la integración con este método de
tratamiento.

Ahora pasaré al proceso real del tratamiento. Por favor recuerde que, aunque presento
esto como un proceso paso a paso, evidentemente no lo es. Hay muchas desviaciones y
recodos en el camino. Como todos los modelos, pretende ser integrado a la manera de pensar
del terapeuta junto con la base más amplia de teorías del terapeuta para luego usarse como
una guía para el proceso que se desenvuelve en la experiencia terapéutica y no pretende ser
una propuesta como una receta de cocina. Empezaré con la etapa uno, evaluación y
diagnóstico, que es una de las etapas más difíciles del proceso.

ETAPA UNO: EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO CENTRADO EN EL PRESENTE


Como lo he hecho notar, el diagnóstico implica asuntos de seguridad y claridad que vale
la pena reexaminar. Existen tres dificultades primarias al hacer un diagnóstico centrado en el
presente (consulte Shub 1994d) del self funcional de un paciente fragmentado. Primero, con
frecuencia las partes fragmentadas no se muestran hasta que existe suficiente seguridad, lo
que puede tardar mucho tiempo para darse en el proceso de terapia. Segundo, los problemas
presentados son incongruentes y los pacientes fragmentados puede presentarse inicialmente
como teniendo otros tipos de problemas en el self funcional. Tercero, debido a que los
fragmentos con frecuencia están disociados y no en el darse cuenta, los pacientes pueden
tener una vida secreta, atormentada que no comparten con nadie. Por lo tanto el terapeuta no
tiene conocimiento de las experiencias internas reales del paciente al principio de la terapia.

El diagnóstico diferencial resulta difícil, por decir lo menos, pero, como con los pacientes
borderline, nuestro modelo busca ciertos factores al evaluar el potencial de fragmentación.

 Lo primero y más importante, si un paciente reporta una agitación considerable en el


self interno, la fragmentación puede ser una consideración desde el principio.

 Segundo, normalmente las personas fragmentadas son descritas como “algo raras”
por sus colegas, esposos e hijos, quienes sienten la agitación interna del self
fragmentado, la cambiante presentación del self en el momento y/o el alejamiento al
enfrentar amenazas. Sin embargo, debido a que los pacientes no se dan cuenta de
su fragmentación o la mantienen en secreto, con frecuencia no tienen acceso al
proceso real de sus pequeños.

 Tercero, cambios abruptos e incongruentes de comportamiento, sin motivo ni razón,


son reportados por el paciente, sus hijos, su pareja o personas cercanas.

 Cuarto, puede haber períodos breves de tiempo en los que un paciente parece
alejarse, o largos períodos de tiempo en los que un paciente no puede recordar lo
que sucedió. Esos períodos son evidencia de disociación, en los que una parte se
hace cargo, o de un desorden de personalidad múltiple en los que una de las
personalidades toma el control físico del paciente. En una sesión de terapia,
cualquier confusión breve, aguda, alejamiento o período en los que el paciente
parece estar en el espacio en el momento puede indicar fragmentación.
 Finalmente, una marca de referencia de un paciente fragmentado que no ha sido
diagnosticado claramente, son episodios de contacto poco usuales que el terapeuta
experimenta con el self fragmentado. Describir los sutiles matices de trabajar con
alguien que tiene pequeños disociados que afectan la calidad y la naturaleza del
contacto en la terapia es difícil. El terapeuta puede tardarse mucho tiempo para
sentir que el contacto no se desarrolla con el ritmo, calidad, predicción y claridad que
se da con otros pacientes después de conocerlos por un tiempo. Con un self
fragmentado hay diferencias en las sutiles cualidades del contacto que proviene de
los fragmentos que asoman la cabeza, que se hacen cargo de la personalidad, o que
ejercen su poder o control a través del adulto. Esto es algo que sólo se puede
experimentar en un nivel extremadamente sutil mientras el paciente parece
predecible pero también algo confuso y difícil de definir.

La literatura en general se encuentra llena de descripciones de pacientes fragmentados


que presentan una gran variedad, casi un mundo, de sintomatologías al principio del
tratamiento. Esos síntomas como depresión, ansiedad, pensamientos y sentimientos suicidas,
amnesia, fugas potenciales, problemas sexuales, fobias, abuso de sustancias, sentimientos
homicidas, automutiliación, alucinaciones auditivas, físicas y de otras clases o distorsiones y
episodios potencialmente psicóticos y regresiones instantáneas pueden ser todos ellos
aspectos de fragmentación. Los pacientes fragmentados pueden presentarse inicialmente y en
tal cantidad de maneras distintas, que sólo accediendo al proceso con el tiempo y observando
el funcionamiento del self en el presente, el terapeuta puede lograr verdaderamente la claridad
acerca de lo que está sucediendo.

Una vez más debo insistir en la importancia de la seguridad y de estar ahí, dándole
seguimiento con claridad al proceso, aceptando a los pacientes como son, permitiéndoles poner
a prueba al terapeuta y ayudándoles a realmente creer que el terapeuta esta ahí para ellos y
que ellos le importan. Estos factores permiten que emerja el proceso fragmentado.

Tony había estado luchando toda su vida, unas veces más que otras, con la depresión y
ansiedad. Había estado en terapia de orientación cognitiva varias veces. Sus síntomas habían
sido tratados y sentía algo de alivio. Sin embargo, Tony seguía sintiéndose infantil, deprimido y
asustado y no podía “funcionar efectivamente”, para usar sus propias palabras.

Después de tres o cuatro sesiones, resultó evidente que Tony en ocasiones parecía algo
extraño y alejado y que su comportamiento se mostraba sutilmente impredecible. Por
momentos parecía enojado o infantil. Había una incongruencia en su contacto conmigo, y
empecé a notar factores sutiles que no tenían mucho sentido. No eran la clase de cambios de
comportamiento asociados con una personalidad borderline, y Tony no parecía estar
experimentando una gran agitación interna. En la conexión de Tony conmigo, yo
experimentaba un comportamiento que parecía estar ligeramente fuera de lugar.

Conforme empecé a trabajar con Tony en su darse cuenta y alentarlo a poner atención a
lo que estaba sucediendo mientras hablaba con él, empezó a reportar que se sentía
extremadamente inseguro. Dudaba, tenía dificultad en confiar, parecía estar deteniéndose y
parecía querer decir cosas que no podía decir. Todas esas eran pistas para mí de que algo
más de lo que era aparente estaba sucediendo en el self de Tony.

Mientras Tony y yo trabajamos durante algunos meses y él empezó a sentirse un poco


más seguro, me resultó evidente que lo que fuera que estuviera sucediendo dentro de Tony
tardaría mucho tiempo para emerger. Se le dificultaba la confianza, y la seguridad era de
primordial importancia. Él era muy desconfiado. Sólo metía el dedo gordo del pie en el agua y
lo sacaba de inmediato.

Tony pasó siete u ocho meses poniéndome a prueba para ver si realmente estaba yo
ahí para él. Me probaba de distintas maneras. Realmente, los pequeños de Tony me estaban
probando, pero entonces no lo sabía yo. Estaban tratando de determinar qué tan seguro era yo
en realidad.

Tony se reprimía para ver si yo me impacientaba. Se enojaba para ver si podía yo


escuchar su ira. Se comportaba de maneras que no tenían mucho sentido para ver si yo las
podía aceptar y verlas como miedo en lugar de criticismo y para ver si a la vez yo lo criticaba.
Expresaba dolor para ver si yo lo apoyaba. Me pedía cosas como clips para papeles o un lápiz
para sostenerlo para poder sentirse seguro y para ver si yo se los daba. Finalmente empezó a
compartir conmigo algo de su mundo interno: qué tan asustado se sentía y qué tanto estaba
“por todas partes”.

Para el segundo año de tratamiento, me resultaba evidente que Tony estaba


fragmentado. Un día, Tony parecía no estar parcialmente ahí, reemplazado por una persona
más joven que me gritaba, me regañaba, me criticaba y me atacaba. Este fue nuestro primer
episodio fragmentado real. La parte enojada de Tony pudo emerger debido a que yo había
ayudado a hacer segura su manifestación y porque yo había tratado de estar ahí para Tony,
que ahora sentía algo de confianza.

Algunas veces el grado de confusión de síntomas al principio del tratamiento se


relaciona con la severidad del trauma. Obviamente, entre más severo es el trauma,
potencialmente existen una mayor cantidad de partes. Cada parte tiene una manera distinta
para mantener seguro al self y por lo tanto una manera distinta de resistirse a estar
completamente presente en el momento. Por lo tanto el paciente tiene una cantidad de
pequeños internos que tienen distintos esquemas y resistencias y maneras de protegerse a sí
mismos para emerger en el momento. Internamente, el paciente se siente todo confundido, con
una gran cantidad de agitación interna, y existe un esquema claro y bien definido del cual no se
da cuenta el paciente. Sin embargo, los pequeños sí lo conocen.

Además, entre más severo es el trauma, más arduamente tienen que luchar los
pequeños para mantener a la persona segura. Por lo tanto, las distintas fuerzas dentro de
personas como Tony jalan en distintas direcciones. Su pequeño enojado atacaba para proteger
a Tony. Su pequeño asustado lo mantenía alejado. Tony no se daba cuenta de ninguno de
estos pequeños que tenía dentro de sí mismo. Sin embargo, ellos estaban ahí y ellos
influenciaban su comportamiento. Tony nunca entendió por qué se comportaba de estas
maneras ni por qué algunas de sus emociones parecían estar mal dirigidas.

Con Jazmín, por ejemplo, conforme sus pequeñas empezaron a emerger en el tercer
año de tratamiento, encontramos que ella tenía una parte enojada, violenta, que rara vez
aparecía en la vida adulta de Jazmín pero que esencialmente quería matar a todos los
hombres. Esta pequeña enojada guardaba la ira del trauma de haber sido víctima y el abuso
físico que Jazmín había experimentado cuando era niña. Era una pequeña separada, disociada
y escindida del self adulto de Jazmín. Sólo aparecía cuando Jazmín necesitaba acceder a la ira
violenta o cuando se sentía amenazada, lo que no sucedía muy a menudo por la manera como
Jazmín vivía su vida.

Conforme progresaba la terapia de Jazmín, se aclaró que su ira periódica, pero


agudamente intensa, estaba alojada en esta pequeña. Su función era mantener la ira alejada,
mantener a Jazmín segura para que Jazmín no la sintiera y por lo tanto para que no se metiera
en problemas cuando era niña. La función de la pequeña enojada era proteger a Jazmín pero
aumentó mi confusión al tratar de experimentar el self de Jazmín en el momento al principio de
la terapia y para determinar qué era lo que sucedía dentro de ella.
Para resumir, los pacientes fragmentados contienen pequeños de los que pueden no
darse cuenta. Esos pequeños contienen distintos sentimientos y experiencias. Cuando los
pequeños salen a la superficie y actúan a través del adulto, el terapeuta y el adulto pueden
estar genuinamente confundidos acerca de lo que está sucediendo y de dónde proviene.

Otro factor que puede influenciar como se presentan los pacientes al principio de la
terapia y las distintas y confusas maneras como actúan son los choques potenciales de los
pequeños dentro del self. Entre más fragmentado esté un paciente y se encuentre más cerca
de la personalidad múltiple, el trauma es más agudo y los pequeños se encuentran más
poderosamente comprometidos en sus funciones de proteger al self. Potencialmente, en un
momento dado, las distintas funciones pueden entrar en conflicto.

Una persona fragmentada como Jazmín tiene una pequeña que quiere sentirse segura y
que la cuiden mientras, al mismo tiempo, su pequeña enojada quiere atacar y lastimar.
Simultáneamente, una pequeña seductora quiere atención y afecto. En un momento difícil, las
tres pequeñas pueden estar en conflicto. Conforme emergen y crean un caos interno y jalan en
direcciones opuestas y con lealtades conflictivas, el comportamiento de la paciente y su vida
interna se vuelven extremadamente confusos, aún para la paciente.

Captar la horrible agitación interna potencialmente secreta y el burbujeo de emociones


que algunas personas fragmentadas contienen dentro de sí mismas es difícil. Imagine tener a
varios niños pequeños en su interior que se hacen cargo de usted, que le dicen cosas, que
dicen cosas por usted y que pelean e interactúan entre ellos, ya sea en un nivel co-conciente o
inconsciente, mientras usted trata de vivir su vida. Usted se encuentra a sí mismo haciendo,
sintiendo, diciendo y experimentando cosas, y usted no sabe exactamente de dónde provienen
o de qué se tratan. O usted no está seguro de cómo llego a un sitio en particular.

Con frecuencia las personas fragmentadas no consideran esos problemas hasta que se
encuentran profundamente inmersos en la terapia. Han vivido de esta manera por mucho
tiempo, y están acostumbrados a ella. Nunca han pensado mucho acerca de ella y no se dan
cuenta de la mayor parte de ella. El punto es que los fragmentos en sí mismos contienen
síntomas potenciales que entran en conflicto cuando se les toca. Además la interacción entre
estos fragmentos puede ser emocionalmente desastrosa para la persona fragmentada que no
esté en terapia.
Durante toda su vida, cuando Jazmín se encontraba ocasionalmente a sí misma en
situaciones sexuales con un hombre, una de sus partes hubiera querido acurrucarse y sentirse
cercana, la pequeña enojada albergaba pensamientos de ira y quería atacar y su pequeña
seductora trataba de obtener la atención del hombre. Esta tensión interna hacía las relaciones
de Jazmín con los hombres extremadamente confusas, ambivalentes y difíciles. Ella se
comportaba seductoramente y luego los rechazaba, se mostraba cálida y luego fría.

Estas fuerzas operaban sin que Jazmín se diera cuenta de ellas, pero la confusión de
Jazmín en relación a cómo estar con los hombres siempre estaba presente de manera vaga.
De hecho sabía que estaba confundida, pero no entendía el por qué. Aunque ella era una
mujer brillante, bien educada y sofisticada, estas actividades sucedían a un nivel de no darse
cuenta, y todos los hombres que la conocían creían que era extremadamente confusa. Ella era
un mujer bella y su carisma, inteligencia, integridad, calidez, y aguda sensibilidad causada por
todo lo que había sufrido la hacían una persona maravillosa. Pero las diferentes pequeñas
dentro de ella hacían que a cualquier hombre le resultara extremadamente difícil conectarse
con Jazmín y entender lo que sucedía. Jazmín misma no se daba cuenta de muchas de las
pequeñas ni tampoco tenía un control conciente sobre ellas.

Hay que entender, entonces, que evaluar a un self fragmentado puede ocurrir en
distintos momentos durante las primeras etapas de la terapia. He tratado las razones para la
multitud de síntomas que se pueden presentar al principio de la terapia así como las dificultades
para entender y experimentar al paciente fragmentado. He tratado de transmitir un sentido de
la complejidad del fenómeno de fragmentación, del poder de los pequeños y de la confusión
que puede experimentar una persona que los alberga y la gran variedad de síntomas aparentes
que se pueden observar. Parecen síntomas, pero en realidad son los pequeños asomando sus
cabezas por una rendija de la cortina del adulto.

Empezar una terapia con pacientes fragmentados debe implicar ayudarles a darse
cuenta, poner atención a sus sentimientos y a compartir o seguir su proceso. Es de suprema
importancia que el terapeuta construya una alianza, que creé un entorno tan seguro como sea
posible y que decida si él o ella realmente estarán ahí para los pacientes. No puedo hacer
demasiado énfasis en la importancia de crear seguridad y respeto para los pacientes
fragmentados. Desde luego, desde una perspectiva psicoterapéutica, debemos hacer eso con
todos los pacientes y ellos lo merecen.
Sin embargo, hacerlo es aún más importante para los pacientes fragmentados, en
cualquier parte del continuo en la que se encuentren. Los pequeños necesitan sentirse seguros
si van a arriesgarse a salir al exterior y hacerle saber al terapeuta que existen, compartir
quienes son, ponerse a disposición del proceso y eventualmente ayudarle al terapeuta a ayudar
al paciente a integrarse. Su salida siempre esta fundamentada en la seguridad y la confianza y
en experimentar un alto nivel de conectividad con el terapeuta.

Como con los pacientes borderline, el trabajo de darse cuenta y de contacto son siempre
vitales para la eficiencia a largo plazo del tratamiento. Aunque el trabajo de darse cuenta con
los pacientes fragmentados es difícil, los terapeutas deben dar absolutamente lo mejor de sí
mismos para ayudarles a aprender más cómo reportar sus procesos internos. Sin esa
habilidad, todas las etapas subsecuentes de la terapia no serán tan efectivas.

Enseñar el darse cuenta, o intentar tratar el contacto con los pacientes fragmentados
puede ser extremadamente confuso y difícil, dependiendo de la naturaleza de la fragmentación,
de si las partes aparecen en el episodio de contacto y exactamente cómo se presentan a sí
mismos los pacientes en la terapia. Sin embargo, sin la habilidad de poner atención a sus
procesos internos, los pacientes no podrán moverse a través de cualquier etapa de la terapia en
la que se encuentren.

Enseñarle el darse cuenta a un paciente fragmentado puede tardar mucho tiempo. Las
disrupciones en el darse cuenta debido a los cambios en los procesos internos del paciente y
los problemas en el contacto pueden dificultarle al paciente aprender las habilidades básicas del
darse cuenta. Esta dificultad de aprendizaje puede no ser causada por falta de cooperación o
de voluntad. Más bien:

 Puede ser el resultado de la agitación interna del paciente.

 Pude resultar de la resistencia de los pequeños a la cercanía, a compartir sus


sentimientos, a ser vulnerables, o a alentar el proceso porque el potencial de acceder
al self del paciente y por lo tanto, más adelante, para los pequeños puede ser
demasiado amenazante.

 Para poder mantener seguro al adulto, un pequeño puede no querer que el paciente
ponga atención a su proceso interno.
 En la personalidad múltiple o en un individuo severamente fragmentado, algunas de
las habilidades de darse cuenta pueden estar contenidas en personalidades distintas
que no son fácilmente accesibles. En esos casos, el trabajo de darse cuenta, aún
bajo las mejores circunstancias, mostrará un éxito limitado.

Como una nota aparte, hacer trabajo de introyectos con un paciente fragmentado
también puede parecer extraño. El introyecto puede estar contenido en uno de los pequeños.
No importa cuanto se esfuerce en el trabajo, si ese pequeño no está presente, no permitirá el
acceso al introyecto, o no dejara que el adulto sepa que el introyecto existe, el trabajo de
introyectos será como tratar de sacar agua de una llave cerrada. Hacerlo es imposible hasta
que alguien abra la llave para permitir que el agua salga.

Cuando algunas partes del paciente no están disponibles, el trabajo de darse cuenta
puede ser extremadamente difícil porque el self completo no está presente. Por lo tanto, el
trabajo puede ser limitado por las partes del self que no estén accesibles. Algunas veces, por
ejemplo, Sandra parecía enojada, pero no se daba cuenta de su enojo porque su pequeña
enojada sólo asomaba la cabeza ocasionalmente. Tratar de hacer que Sandra notara su ira no
funcionaba bien porque no tenía acceso a siquiera saber que estaba enojada.

Algunas veces Tina parecía estar verdaderamente asustada y luego el miedo


desaparecía. Yo trataba de hablar con Tina acerca de este incidente, pero no se daba cuenta
de que había parecido infantil al estar asustada. Cuando su pequeña se disolvía y regresaba al
no darse cuenta, Tina no lo notaba y no retenía un recuerdo sensorial del miedo. No podía
recordar estar asustada o darle seguimiento al proceso dentro de sí misma.

Sin embargo, los huecos en el darse cuenta con frecuencia son pistas de que el
paciente está fragmentado y que lo que usted vio emerger en el momento y desaparecer era un
pequeño.

En un buen día, cuando los pacientes fragmentados están en la sesión con el self
íntegro y pueden trabajar en el darse cuenta y aprender más acerca del contacto, el trabajo
avanza a pesar de la confusión en el diagnóstico y la dificultad para desarrollar habilidades de
darse cuenta y de contacto. Gradualmente, una paciente fragmentada como Jazmín empieza a
adquirir habilidades de darse cuenta y a reportar lo que está sucediendo en su interior haciendo
contacto. Los pacientes fragmentados deben desarrollar la habilidad de compartir lo que les
está sucediente internamente de una manera interactiva mientras perciben al otro y se
involucran en el contacto. Para los pacientes borderline, los cambios en el entorno terapéutico
crean amenazas, divisiones, “acting out” potenciales y dificultades con los cambios internos.
Para los pacientes fragmentados, esos cambios pueden crear confusión, alejamiento y una
reacción secreta, de la que el terapeuta no se da cuenta, de alguno de los pequeños
sintiéndose lastimado u ofendido. El paciente puede querer irse, amenazar con irse o
realmente irse de la terapia.

El trabajo de darse cuenta con los pacientes fragmentados puede durar desde unos
cuantos meses hasta varios años, dependiendo de la complejidad de las disrupciones del
contacto, la dificultad para hacer un diagnóstico, el nivel de fragmentación y la disponibilidad del
paciente para compartir al self fragmentado en el contacto. Aún los pacientes que se presentan
fragmentados al inicio de la terapia deben hacer el trabajo de darse cuenta y deben desarrollar
las habilidades básicas de contacto para que se pueda desarrollar el trabajo más profundo. Los
terapeutas deben avanzar despacio, sin importar el material que se les presenta, para que los
pacientes se puedan sentir seguros, el proceso se pueda desenvolver gradualmente y los
pacientes puedan aprender las habilidades de darse cuenta, necesarias para acceder y reportar
lo que está sucediendo dentro de ellos, especialmente en las últimas etapas del tratamiento.

Si un terapeuta encuentra fragmentación en la etapa de evaluación antes de que se


pueda hacer un diagnóstico claro, debe manejar tres aspectos de inmediato.

 Uno, el terapeuta debe tener cuidado y no presionar, debe ser gentil y aceptante, no
confrontar. Darle al paciente un gran espacio para operar.

 Dos, recuerde que la consistencia y la disponibilidad emocional son de suma


importancia. El paciente debe sentirse aceptado por el terapeuta si quiere que esta
terapia tenga oportunidad de avanzar. Si el terapeuta no puede aceptar a un
paciente en particular, debe considerar canalizarlo a otro terapeuta tan pronto como
sea posible.

 Tres, cuando ocurren problemas en la terapia, como siempre sucede (un terapeuta
llega tarde, tiene que cancelar, está enfermo, sale de vacaciones, o se da un
problema con las cuotas, etc.), los problemas que tenga el paciente con lo anterior,
deben tratarse de inmediato y sacarlos a la superficie para que entienda que sus
sentimientos han sido reconocidos. Los pacientes nunca deben ser analizados como
sobre reactores, no deben ser confrontados porque tengan problemas serios de
carácter o ser avergonzados por su necesidad de alejarse o de hacer algo que los
haga sentirse seguros.

Reconocer los problemas es una parte extremadamente importante para abrir un


proceso terapéutico de largo plazo con los pacientes fragmentados, cuyos sentimientos
probablemente nunca han sido reconocidos y cuyas experiencias internas nunca han sido
sacadas a la superficie. Reconocer el surgimiento de una “parte” enojada porque al terapeuta
se le hizo un poco tarde, reconocer que una cancelación fue desconcertante o reconocer que
un viaje que va a hacer el terapeuta, aún en las primeras etapas de la terapia, puede aterrar a
los pacientes les ayuda a sentirse seguros y a entender que sus sentimientos tienen significado
y que serán llevados a la experiencia terapéutica, serán tomados en serio y se les atenderá.

Muchos terapeutas tienen dificultad para reconocer esos asuntos y para entender su
importancia. Como alguien que cometió ese tipo de errores al principio de mi carrera y que
reaccionaba negativamente a los problemas del paciente, puedo atestiguar que la falta de
reconocimiento de los asuntos del paciente los puede aterrar, hacerlos sentirse inseguros y
posiblemente causar un daño irreparable a la potencial alianza terapéutica.

Los terapeutas que sospechan que un self fragmentado está emergiendo deben
considerar que alentar la expresión de sentimientos sin haber tenido acceso a los fragmentos
subyacentes, a los pequeños que los guardan, puede causar una crisis iatrogénica. Los
terapeutas que entienden esta realidad irán más despacio y no estorbarán, especialmente antes
de que los pequeños hayan emergido. Sin haber accedido a los fragmentos o personalidades,
los pacientes no tienen un lugar para muchas de las reacciones emocionales que engendra una
terapia intensamente afectiva. El respeto por esta realidad y el respeto a las fronteras del
paciente son extremadamente importantes si los selfs fragmentados emergen al principio de la
terapia.

No quiero decir que los terapeutas nunca deben presionar a los pacientes aunque sea
un poco. Sin embargo, los pacientes fragmentados pueden no tener espacio para poner
sentimientos que nunca han sido reconocidos, apreciados o considerados importantes.
Entonces, los terapeutas deben ayudar a los pacientes a ver lo que está sucediendo.

Aunque puede emerger material de la primera infancia, ahistórica y casualmente, en la


primera etapa no lo tratamos con seriedad, debido a que los pacientes no son capaces de
manejar sus respuestas afectivas a ese material. Nuestra meta es enseñar el darse cuenta y el
contacto y evaluar el funcionamiento del self presente, no explorar el material de la primera
infancia antes de que los pacientes hayan tenido el suficiente trabajo de darse cuenta para
reportar sus procesos internos de manera continua.

Cualquier exploración seria a profundidad del material de la primera infancia en el


presente puede disparar recuerdos. Ayuda mucho si los pacientes tienen las habilidades de
darse cuenta y de contacto para procesar los recuerdos conforme empiezan a emerger.
Nuestro modelo, como todos los modelos, es sólo una estructura y algunas veces los pacientes
pueden elegir no seguirla. Sin embargo, si los pacientes pueden trabajar para desarrollar
habilidades de darse cuenta y de contacto antes de que emerjan los recuerdos, se facilitará el
trabajo de los terapeutas para manejar este material.

Las etapas uno y dos de nuestro modelo con frecuencia se superponen e interactúan.
No olvide que esto es un modelo y que, como todos los modelos, está diseñado para ayudarlo a
entender el proceso. No es un conjunto de reglas que debe seguir paso a paso en forma rígida.
Es una propuesta fluida, sinérgica sin puntos claramente definidos de etapa a etapa.

ETAPA DOS: EXPLORANDO EL MATERIAL DE LA PRIMERA INFANCIA.

Si el terapeuta no se da cuenta que el paciente está fragmentado, empezar a hablar,


aún de una manera muy general, del material de la primera infancia y lo que le sucedió al
paciente puede agitar recuerdos aún si la plática no se dirige específicamente a ninguna clase
de traumatismo. Estos momentos pueden haber estado latentes durante la mayor parte de la
vida adulta del paciente y posiblemente de su infancia. (El problema del síndrome de falsa
memoria es demasiado grande para tratarlo en este Trabajo. Es suficiente mencionar que yo
he tenido encuentros auténticos con pacientes que no podían recordar sus experiencias
traumáticas al principio de la terapia pero que recuperaron sus recuerdos durante la terapia sin
ser guiados, estimulados o alentados por mí de ninguna manera.)

Explorar el material de la primera infancia incluso puede movilizar fragmentos que han
estado operando en la inconsciencia disociada por largos períodos de tiempo. Estas “partes” se
pueden sentir amenazadas y pueden crear más resistencia al proceso de terapia causando, por
lo tanto, mayor confusión en la frontera de contacto. O, si el terapeuta crea un entorno
suficientemente seguro, pueden elegir emerger en algún punto de la segunda etapa. En este
momento, en el self fragmentado no diagnosticado, es cuando los terapeutas tienen la
oportunidad de ver reacciones externas iatrógenas que les dan una pista de la posible
fragmentación.

Jazmín, por ejemplo, se presentaba en la etapa inicial del tratamiento como estando
emocionalmente integrada y teniendo un matrimonio maravilloso, auque parecía ansiosa y
desde luego, reportaba sus problemas de robo en las tiendas. Empezamos a explorar el darse
cuenta y el contacto, tratando de ser muy respetuoso para no entrar en un trabajo orientado al
afecto. Pero a pesar de todas nuestras precauciones, de todos mis intentos de tratar de no
agitar a Jazmín, sus recuerdos de la primera infancia empezaron a emerger. Esto no sucedió
como resultado de cualquier acto deliberado de nuestra parte, sino debido a que al ponerle
atención al darse cuenta permitió que la poderosa agitación interna de Jazmín emergiera. Ella
empezó a experimentar una mayor dificultad interna fuera de las sesiones, aunque no me lo
reportaba. Empezó a experimentar mayores períodos de tiempo estando “en el espacio” y no
podía recordar lo que había sucedido. Tenía una mayor dificultad para levantarse en la
mañana, funcionar en su trabajo y estar conectada con su esposo. Sin embargo, ella mantuvo
todo esto en secreto mientras continuaba manteniendo una fachada de integridad. Conforme
empecé a reconocer y a señalar a un nivel intelectual algunas de las cosas que le habían
sucedido a Jazmín, aún sin tratar con sus aspectos emocionales, los recuerdos empezaron a
emerger.

Una vez más, debo hacer notar que, en la segunda etapa del trabajo, cuando
empezamos a tratar el material afectivo, lo hacemos de la manera más gentil, en lo posible sin
enfocarse en lo afectivo. Esta propuesta les indica a los pequeños que estamos empezando a
explorar lo que sucedió en un nivel intelectual, sin evocar sentimientos. Los terapeutas deben
empezar este proceso en un nivel intelectual sin tirarse un clavado a la alberca de la
emotividad. Hacerlo así les permite a los pacientes encontrar su propio nivel de afecto a su
propio tiempo.

Usualmente los pequeños no han emergido a esta altura del trabajo, y los pacientes
probablemente no tengan un lugar donde poner sus sentimientos. Si, y cuando, los recuerdos
empiecen a emerger (lo que no siempre sucede porque algunas veces lo pacientes no
recuerdan), usualmente el afecto se intensifica debido a que los recuerdos contienen material
afectivo que no es accesible a los pacientes en el presente.

Cuando era joven, su padre y su madre habían abusado mucho de Bill. Bill llegó a
terapia a los veintisiete años con un largo historial de depresión y ansiedad y una falta de
habilidad para mantener relaciones íntimas duraderas. Experimentaba una gran dificultad para
funcionar en su vida diaria, pero no era evidente por qué. Había entrado y salido de terapia
varias veces. Un arquitecto que tenía problemas para mantener su actividad profesional, Bill
había estado casado por un corto tiempo, pero le costaba trabajo mantener el contacto y la
intimidad. Su esposa había dicho que él era “raro y extraño”.

Conforme Bill y yo trabajábamos en el darse cuenta, observé varias incongruencias,


pero no podía explicar ni determinar lo que estaba sucediendo en el self de Bill. Conforme se
desenvolvía su tratamiento, Bill eventualmente empezó a hablar del abuso físico y de las
golpizas que le había propinado sus padres. Él experimentaba una gran dificultad con el afecto
que engendraban estas pláticas.

Bill guardaba todos sus recuerdos y después de haber trabajado en el darse cuenta y
que habíamos empezado a hablar de su historia en el presente, él podía recordar con gran
detalle los eventos reales de lo que le había sucedido. Sin embargo, él no podía manejar el
afecto ni podía acceder las distintas partes de su self, como la ira y el sentirse bien consigo
mismo, que necesitaba para poder empezar a manejar estos recuerdos. Estaban disociados y
no podía manejar sus recuerdos como una persona completa.

Bill tenía recuerdos y memorias de todos los abusos que había sufrido, pero no tenía
acceso a las partes de su self que los pequeños contenían. Bill podía hablar de lo que había
sucedido. Sin embargo, su plática estaba limitada al no poder acceder a las partes de su self
que no estaban disponibles.

Después de un tiempo, resultó evidente que Bill tenía un sentido de lo que él llamaba las
“cosas” que estaban dentro de él, y él sabía que habían sucedido eventos que no podía
entender por completo, que no tenían sentido o que no los sentía mucho. Sabía que no podía
expresar ira y que siempre se sentía mal consigo mismo. Él había trabajado en autoestima
varias veces en terapia sin ningún resultado, en parte porque sus sentimientos positivos
estaban disociados y contenidos en un pequeño al que no podía acceder. Él sabía que tenía
una dificultad para amar porque le resultaba difícil creer que podía ser amado, un sentimiento
que siempre interfería en sus relaciones, con frecuencia en un grado muy poderoso.

Un día Bill llegó pareciendo estar en el espacio y me entregó una carta de uno de sus
pequeños. Cartas, dibujos, música, virtualmente cualquier clase de representación gráfica o no
gráfica, son comunes y son una herramienta valiosa en el tratamiento de pacientes
fragmentados. Bill recordaba vagamente haber escrito la carta, por lo que sus pequeños no
estaban completamente disociados. La carta aclaraba que un pequeño profundamente
asustado existía y que tenía miedo de emerger.

Bill debe haber estado ligeramente disociado cuando escribió la carta y cuando me la
dio, porque no estaba plenamente conciente de su contenido. En ese momento, decidí no
compartir la carta con Bill debido a que se veía tan desconectado de ella. Yo la leí y empecé el
largo y complicado proceso de tratar con los pequeños de Bill, un proceso que eventualmente
llego al final del camino para integrar y restaurar el self de Bill.

Algunas veces, con un paciente como Bill, la etapa de recuperación de recuerdos no es


larga porque el paciente tiene recuerdos pero no tiene acceso a ellos. Bill estaba entre estar
extremada y medianamente fragmentado, en alguna parte de la mitad del continuo. Cuando
sus pequeños empezaron a emerger, él no estaba completamente disociado de ellos. Bill había
podido escribir su carta con casi un semisentido de lo que estaba sucediendo dentro de él.

En los ejemplos que he dado anteriormente, conforme empezamos a poner atención al


momento y empezamos a tratar con la historia, lo que sucedió cuando era niño y cómo fue la
vida de la persona, la historia empieza a emerger sobre una base ahistórica. Permitimos que la
historia se desarrolle, usándola como una manera de ayudar a los pacientes a advertir lo que
está sucediendo dentro de ellos.

Conforme Bill hablaba de los traumas que experimentó de niño, especialmente con su
padre, le pedí que experimentara lo que estaba sintiendo y pensando, luego lo que estaba
sintiendo, y en otro momento lo que estaba experimentando. Conforme Bill adquiría habilidades
de darse cuenta, yo podía ver su afecto intensificarse. Su manzana de Adán subía y bajaba
locamente, sus ojos se humedecían y su piel se ponía roja a raíz de sus retroflexiones (consulte
Shub, 2000b). Yo también podía observar otras señales de que el afecto estaba emergiendo.

No traté de profundizar en el afecto de Bill porque él no estaba preparado para manejar


su profundidad emocional y porque mi meta era únicamente de enseñarle habilidades de darse
cuenta. En este punto yo alejaba del contacto y le permitía a Bill regresar a la zona cercana
(consulte Shub, 200a). No llevaba a Bill a la frontera ni le permitía ampliarla o profundizar en la
emotividad o en su afecto.
Es esencial este proceso de usar la historia de los pacientes es una manera de entender
lo que sucedió para enseñarles el darse cuenta, para desarrollar sus habilidades de contacto y
para ayudarlos a advertir lo que está sucediendo en su interior y entre ellos sin profundizar en el
afecto o agitar a propósito a los pequeños o los recuerdos. Este proceso les manda una señal a
los pequeños que el paciente y el terapeuta se están acercando a los problemas nucleares y
que el proceso puede ser respetuoso y seguro.

Manejamos esta emotividad lenta, paulatina y respetuosamente sin tirarnos un clavado a


la alberca del afecto. Queremos que los pequeños se sientan seguros. Queremos que sepan
que nos estamos aproximando a esta área con precaución extrema y que entendemos que
probablemente hay recuerdos que recobrar. Queremos que ellos entiendan que nosotros
estaremos ahí y que manejaremos el proceso de tal manera que nos aseguraremos que el
paciente está seguro antes de terminar la sesión.

Ese “cierre” es importante para los pacientes. Antes de pasar a la etapa tres de nuestro
modelo, quiero tratarlo más ampliamente. Cerrar significa que los terapeutas tratan de hacer
que los pacientes se “integren” antes de irse para que no anden caminado por ahí sintiéndose
en el espacio, descarnados o en un lugar emocionalmente vulnerable.

Al final de cada sesión, yo trataba de aterrizar a Bill si parecía perturbado, ausente o de


alguna manera no lo suficientemente “integrado” para irse, ya que hacerlo de esa manera
hubiera sido peligroso para Bill. Como hemos anotado, dejar a los pacientes en un estado
disociado en el que el pequeño está a cargo puede ser potencialmente muy peligroso. Los
pequeños pueden en realidad no saber manejar el auto. Los pequeños pueden realmente no
darse cuenta de la totalidad de la vida adulta. Los pequeños pueden perder contacto con el self
adulto y poner al adulto en peligro. Hacía mi mejor esfuerzo para “cerrar” a Bill y cuando no lo
lograba al llegar al fin de la sesión, le sugería que se quedara un rato en la sala de espera,
escuchando música para que regresara a sí mismo, para que pudiera reintegrarse e irse con
seguridad.

“Cerrar” es esencial. Algunas veces los pacientes pueden salir de una sesión tan en el
espacio que pueden subirse a sus autos y manejar sin saber a dónde van o habiendo olvidado
lo que están haciendo. Pueden estar en un lugar tan profundo que tienen dificultad para
regresar. Es de suma importancia que los pacientes estén tan presentes como sea posible y
tan aterrizados e integrados como sea posible antes de que salgan de sus sesiones.
Conforme empezó a desarrollarse nuestro trabajo de recuperación de recuerdos, Bill ya
había adquirido algunas habilidades para empezar a trabajar en el proceso y también entendía
el “cierre”. Sus pequeños sentían que Bill y yo veníamos de un lugar realmente seguro porque
yo había procedido paulatina y lentamente. También sabían que yo respetaba el
desdoblamiento interno de Bill por la manera como había manejado el contacto, la seguridad y
su ponerme a prueba hasta ese punto.

Bill pasó a la etapa de recuperación de recuerdos con un conocimiento y entendimiento


que le fueron de gran ayuda en las etapas más avanzadas de la terapia. Me caía bien Bill y me
importaban sus pequeños. Empecé a tener un sentido de lo que se aproximaba conforme Bill y
yo nos movíamos hacia sus pequeños permitiendo que los recuerdos emergieran. Me percaté
de que estábamos a punto de embarcarnos en un viaje tormentoso de tiempos emocionalmente
difíciles.

ETAPA TRES: RECUPERACIÓN DE RECUERDOS.

Una vez que hemos hablado de la etapa uno: diagnóstico y la etapa dos: material de la
primera infancia, pasamos a la etapa tres: recuperación de recuerdos. Una vez más, quiero
enfatizar que esta terapia no es recetario de cocina paso a paso. La terapia de cada paciente
es única y tiene su propia vida y estructura. La terapia de cada paciente se desenvuelve de
manera idiosincrásica. Sin embargo, el modelo proporciona una guía clara y los lineamientos
de cómo sucede usualmente. Pero el lector debe comprender que la estructura de la
personalidad, el self, el trauma y la historia de cada paciente son diferentes.

Linda llegó a terapia cuando la sorprendieron robando en una tienda. Una mujer
brillante, atractiva, cuarentona, casada y con dos hijos, Linda era, según todas las apariencias
externas, una mujer exitosa. Había sido sorprendida tomando unos cepillos para el pelo en una
farmacia y estaba inmensamente apenada, desconcertada y verdaderamente asustada. Su
esposo, un médico, le sugirió que buscara ayuda, pero él no tenía ni la menor idea que robar
era sólo la punta del iceberg, no el problema real.

Linda había consultado a un par de terapeutas acerca de sus extraños comportamientos


y hábitos. Ella se encerraba en su cuarto y a veces se comportaba de manera rara a la hora de
las comidas. Cuando viajaba, necesitaba, verificar, volver a verificar y verificar una tercera vez
varios asuntos de seguridad. Linda preguntaba, varias veces si la comida que iba a comer
realmente estaba buena. La comida había jugado un papel importante en sus experiencias
traumáticas. Con frecuencia se sentía insegura y algunas veces verificaba y volvía a verificar
una habitación para asegurarse que no hubiera nadie o nada porque creía haber escuchado un
ruido. En los autos que rentaba, Linda se sentía extraña con frecuencia y creía que percibía
olores a los que continuaba regresando porque le recordaban eventos de su niñez, aunque no
sabía eso.

Linda no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, ella era
convincente y articulada, y había organizado su vida de manera que pudiera funcionar. Por lo
tanto su esposo nunca la había presionado hasta el incidente del robo. Su negación y su deseo
de que los problemas de Linda no interfirieran en su vida eran fuertes, aunque, de cierta
manera él entendía que ella estaba sufriendo.

Cuando Linda me vino a ver, obviamente estaba siendo extremadamente cautelosa y


sospechosa. Había algo que no era congruente al estar con Linda, una fuerte señal de alarma
de que podía ser una persona fragmentada. Linda estaba severamente fragmentada, sin tener
co-conciencia. Ella no tenía una idea clara de que sus pequeñas existían, pero sí sabía que
vivía un mundo secreto de tormentos, depresión y ansiedad, con alguna disociación y alguna
pérdida de tiempo. Linda estaba empeñada en mantener todo eso en secreto.

No estoy totalmente seguro, pero creo que, cuando Linda me empezó a ver, también
estaba viendo a otros terapeutas. Esto era parte del patrón, parte de la manera como se
mantenía segura, la manera como sus pequeñas ponían a prueba, parte de la manera como
se protegía. Para poder mantenerse segura, le contaba diferentes historias a cada terapeuta.
Tampoco nunca revelaba directamente su sufrimiento o sus sospechas. Ella era brillante y
alegre y discernir lo que realmente estaba sucediendo dentro de ella era prácticamente
imposible.

Sin embargo, en ocasiones Linda era bastante difícil y todas las incongruencias me
alertaron de que había un problema más profundo flotando en el interior de su self. Conforme
comencé a trabajar con Linda en el darse cuenta y conforme gradual y gentilmente le pedía que
compartiera conmigo lo que estaba sucediendo en su interior mientras hablaba de varios temas,
empezó a reaccionar de manera distinta. Se ponía hostil, se cerraba, o se ponía rígida cuando
le preguntaba lo que estaba experimentando. Linda venía cada semana y se desconcertaba en
extremo si teníamos que cancelar una cita por cualquier motivo o si se me hacía tarde.
Evidentemente, me observaba como un halcón, atenta para ver cómo manejaba yo su proceso
y las cosas que sucedían.
Linda empezó a hablar un poco de cuando era niña, y al principio pintaba una imagen de
una niñez de película feliz. Sin embargo, gradualmente empezó a ser más honesta al hablar de
las cosas por las que había pasado, aunque sólo revelaba un poco. Cuando le pedía que
compartiera sus sentimientos, que describiera lo que estaba experimentando, que se percibiera
a sí misma, o que permaneciera con su proceso, lo que hubiera implicado abrir las puertas a su
tormento interno, ella se resistía. Solamente participaba en pequeñas partes del trabajo de
darse cuenta. Sin embargo, gradualmente empezó a permitir que el proceso se desenvolviera y
cada vez compartía más y más de su experiencia interna.

Esta lenta apertura continuó durante meses hasta que un día Linda trajo un sobre que
contenía una tarjeta de una de sus pequeñas dirigían a mí. En ese momento, muchas de las
sospechas de los comportamientos extraños de Linda se confirmaron. La carta estaba dirigida
a “Querido Norman”. Esencialmente decía que la pequeña quería que yo supiera que estaba
muy asustada, que no confiaba en mí, que nunca le había importado a nadie, que tanto ella
como las otras no quería que yo supiera que estaban ahí (aunque me estaban haciendo saber
que estaban ahí) y que ella sólo me estaba previniendo acerca de lo que vendría. Obviamente
esta advertencia con sentido/sin sentido era una manera de decirme “No confío en ti, pero
confío lo suficiente para hacerte saber que existo.”

La tarjeta no fue una señal del surgimiento de las pequeñas, aunque sí señalaban su
existencia. No significaba que si, en la siguiente sesión, Linda se disociaba, emergería una de
las pequeñas. La tarjeta era simplemente una advertencia que había mucho por venir por lo
que yo debería estar preparado y también era una especie de prueba para ver si yo estaba
preparado.

La tarjeta de la pequeña marcaba el principio de la recuperación de los recuerdos de


Linda. Yo nunca entendí si algunos de estos recuerdos ya habían salido a la superficie, pero
Linda gradualmente empezó a revelar lo que había experimentado de niña, lo que había sido y
lo que estaba experimentando como adulta. Me relató cómo se sentía enferma y se agarraba el
estomago, se iba a su cuarto y se recostaba en la cama, paralizada del miedo porque sentía
que algo terrible estaba a punto de suceder. Ella hablaba de cómo algunos incidentes le traían
imágenes instantáneas de su niñez, y ella seguía viendo un reloj haciendo tictac en una mesa.

Linda sabía que algo traumático le había sucedido y que estos incidentes eran partes de
su historia que no podía enfrentar. Sabía que todo el dolor y la ansiedad que guardaba en
secreto de todos, incluyendo a sus hijos, la estaba lastimando severamente. Si embargo,
conforme empezó a experimentar las imágenes instantáneas, ideas, sentimientos y recuerdos
corporales, erráticamente y sin ningún orden en particular, empezaron a llenar el espacio.

La recuperación de los recuerdos fue realmente un infierno para Linda. Con frecuencia
me decía que si hubiera sabido qué tan duro sería, seguramente no hubiera entrado a terapia.
Sin embargo, seguía regresando porque de cualquier manera estaba viviendo en un infierno,
aunque empezó a tener una mayor dificultad para sobreponerse a su agitación interna. A
veces, Linda hablaba de estar hospitalizada mientras empezaba a recordar lo que le había
sucedido en el granero, los traumas de abuso causados por sus tíos y otras experiencias
horribles. Linda empezó a darse cuenta que estas cosas realmente le habían sucedido a ella.

La experiencia casi insoportable de la recuperación de recuerdos fue especialmente


difícil para Linda debido a que tenía un marido, hijos y responsabilidades. En la segunda o
tercera semana de este proceso, llegó con un dolor de estomago muy intenso, sintiendo como
si alguien la estuviera apuñalando. Estaba experimentando un recuerdo corporal y también
tenía una imagen instantánea visual de ser golpeada y pateada en el estomago mientras estaba
tirada en el piso. Linda dibujó esta escena y luego volvió a experimentar el dolor tan
agudamente que estaba sollozando y casi gritando mientras se agarraba el estomago.

Yo me quedé en silencio y estuve con Linda mientras se desarrollaba la escena. De


todas maneras no había nada más que pudiera hacer porque el proceso se estaba
desenvolviendo. La recuperación de recuerdos es así. Es como una tormenta. Una vez que
empieza, no hay mucho que el terapeuta pueda hacer excepto realmente estar ahí. Más
adelante, cuando Linda pasó por poderosas experiencias similares, ella me llamaba después.
Necesitaba tocar base y asegurarse que yo estaba ahí para que pudiera sentirse más segura y
posiblemente hablar un poco de la experiencia. Luego teníamos una sesión extra otro día de la
semana para que pudiera procesar de manera no afectiva lo que había sucedido.

Al procesar los recuerdos recuperados con los pacientes, no los guíen, ni hagan
sugerencias ni traten de hacerlos que crean. Yo los apoyo para que completen sus propias
imágenes y para que lleguen a sus propios supuestos e ideas acerca de lo que les sucedió. De
ninguna manera algo proviene de mí. Hago énfasis en este hecho en los términos más fuertes
posibles por la existencia del síndrome de falsa memoria y las sospechas del público acerca de
las personas que han sido abusadas.
Los recuerdos de Linda no tenían nada que ver conmigo. Provenían totalmente de su
propio proceso. Yo sólo era un testigo y escuchaba. La ayudé apoyándola para juntar las
piezas. Yo era una red de seguridad. Era su terapeuta. Validaba su experiencia y era alguien
a quien ella podía recurrir cuando se volvía insoportable el dolor. Le permitía confiar en que no
estaba sola en el proceso. Sin embargo, yo no era un guía o un intérprete. Yo no estructuraba
la imagen o sugería vínculos. Estaba ahí para permitirle a Linda seguir su proceso y ayudarla a
enfrentar su pasado conforme emergía en el presente.

Después de que ha empezado el trabajo de darse cuenta y de contacto y los pacientes


empiezan a explorar el material de la primera infancia, aún en el nivel más intelectual y no
intrusivo y antes de que cualquiera de los pequeños haya salido a la superficie, existe el
potencial para la recuperación de recuerdos. Por lo tanto siempre existe la posibilidad de
imágenes instantáneas, episodios de disociación, recuerdos corporales, perturbación del sueño,
pesadillas, automutilación, confusión sexual, “acting out”, frigidez, disgusto y vergüenza. La
medicación u hospitalización a veces es una consecuencia de este proceso.

La Asociación Médica Americana (1985). Barnier & McConkey (1992), Beck & Van der
Kolk (1987), Billing (1991), Gabbard (1989) y otros importantes autores en este campo están de
acuerdo que la recuperación de los recuerdos es una de las partes más traumáticas y difíciles
de la terapia con pacientes fragmentados. Una vez que un terapeuta empieza a explorar el
material de la primera infancia a cualquier nivel afectivo o intelectual, existe el potencial de
evocar los recuerdos. Estos recuerdos pueden o no ser compartidos por todos los distintos
pequeños. Pueden salir a la superficie como recuerdos corporales, sensaciones o de otras
maneras, pero en algún momento los pequeños tienen la imagen completa en sus manos si la
persona está fragmentada.

Eventualmente, los pequeños pueden hablar de la historia y reconocen que ellos tienen
la verdad. Pero estos procesos de recuperación de recuerdos obviamente son profundamente
perturbadores, y también alborotan a los pequeños. Este “acting out” junto con la experiencia
de recuperación de los recuerdos puede ser perturbador. Así es que al mismo tiempo que
Linda estaba volviendo a experimentar los recuerdos del trauma, sus pequeños también me
estaban poniendo a prueba.

Este era un doble golpe que era particularmente difícil y terriblemente perturbador para
todos.
Conforme empieza la recuperación de recuerdos, los pacientes usualmente se resisten a
aceptar algo que no ha estado en su darse cuenta hasta ese momento. Dependiendo del grado
de disociación de los recuerdos del self conciente, los pacientes pueden estar renuentes a
aceptar la realidad de estas experiencias como parte de su primera infancia o de los problemas
de su familia de origen. Definitivamente estarán renuentes a aceptar las consecuencias
afectivas y emocionales de integrar estos recuerdos al self. Ayuda a conceptualizar los
recuerdos en tres niveles:

 El primer nivel es el darse cuenta conciente.

 El segundo nivel es el potencial de recuerdos recuperados, con toda su


sintomatología concomitante que yace bajo el nivel de darse cuenta.

 El tercer nivel contiene a los pequeños, quienes guardan las experiencias


emocionalmente más difíciles. Es posible que no se acceda a ellos durante mucho
tiempo.

Los recuerdos que regresan y que no guardan los pequeños (consulte Claridge, 1992)
juegan varios papeles. Primero que nada, les regresan a los pacientes sus historias. En
segundo lugar, pueden servir como una prueba para permitirles a los pequeños saber si
realmente le importan a un terapeuta y si realmente está disponible y es seguro. Tercero, éstos
recuerdos dibujan una imagen de las cosas para las que nacieron los pequeños: para impedir
que volvieran a suceder otra vez. Eso realmente espanta y le resulta difícil a cualquier
paciente, pero hace que los pequeños por fin emerjan. Ellos aparecen cuando han visto que el
paciente y el terapeuta han creado un entorno seguro en el que pueden emerger estas
experiencias traumáticas y cuando ellos ven que el terapeuta realmente está ahí para ayudar al
paciente a sentir y a integrar los recuerdos.

Para repetir, el difícil proceso, que toma mucho tiempo, de la recuperación de recuerdos
con frecuencia es una prueba, una necesidad, una realidad y una parte del proceso de
curación. Casi siempre es importante en situaciones en las que la fragmentación ha ocurrido
como resultado de un trauma. Digo “casi siempre” no porque haya tenido experiencias en las
que no haya sido importante sino porque siempre dudo de decir “siempre” acerca de cualquier
cosa. Los pequeños están probando para ver si el terapeuta realmente les dará una
oportunidad de estar seguros. La recuperación de los recuerdos, como el surgimiento y el
desarrollo de las partes en una terapia larga, es un proceso, no un evento.

El primer recuerdo puede ser el más difícil de aceptar para un paciente debido a que es
el más nuevo y representa todos los recuerdos que el paciente debe experimentar.

Después de que emerge el primer recuerdo, los terapeutas pueden decidir ver a los
pacientes más de una vez a la semana debido a las necesidades conflictivas del proceso
interno del paciente. Primero el paciente experimenta la sesión de recuperación de recuerdos y
luego manejarlos afectivamente. Este proceso por lo general es extremadamente traumático,
doloroso y aterrador.

Segundo, se necesita una sesión de integración para ayudar a los pacientes a “cerrarse”
(aunque, desde luego, el terapeuta quiere tratar de “cerrar” después de la primera sesión en
lugar de permitirles regresar a sus vidas mientras están conteniendo el material emocional). El
terapeuta también necesita tiempo en la sesión de integración para poner al recuerdo dentro del
marco de referencia de la vida del paciente.

Obviamente, tener un ritmo no siempre funciona. La primera sesión no siempre es de


recuperación de recuerdos y la segunda no siempre es de integración, discusión y para agregar
más cosas a la imagen. Esta es la manera en la que preferimos que sucedan las cosas en
nuestro modelo, y con frecuencia así suceden. Sin embargo, una vez que los recuerdos
empiezan a emerger pueden continuar emergiendo a una velocidad increíble, uno tras otro.
Puede no haber el tiempo suficiente para integrarlos rítmica y sistemáticamente hasta que la
tormenta de la recuperación de recuerdos haya amainado un poco. En algunas personas la
recuperación de recuerdos se da muy lentamente, en otras, sucede con gran rapidez.

Cuando los recuerdos empiezan a emerger, el terapeuta debe estar preparado para
trabajar tiempo extra por las noches, en las mañanas o en fines de semana debido a que los
recuerdos emergen cuando emergen. Si emergen y un paciente está agitado y realmente está
pasando por un momento difícil para manejar un recuerdo en cualquier parte de su surgimiento,
el paciente puede necesitar venir para procesar el recuerdo. Eso no significa que todas y cada
una de las veces que emerja un recuerdo, el paciente necesite una sesión extra. Eso no
significa que cada vez que le ocurra algo traumático a un paciente necesite venir a una sesión.
Eso, desde luego, no es posible, relista o saludable. Hay veces, sin embargo, cuando la
situación se vuelve tan difícil para los pacientes que ellos necesitan a alguien para apoyar la
experiencia, confrontar e integrar lo que les está sucediendo. Los pacientes necesitan manejar
el potencial de afecto y luego tratar de integrar los recuerdos al esquema de sus vidas.

No hay rima ni razón para que los recuerdos emerjan o lo que los disparará. Tampoco
hay manera de determinar cuándo empezará esta fase en particular en el proceso de terapia.
Cerrar les enseña a los pacientes cómo salir situados en el presente. Es una habilidad
importante para que la desarrollen a fin de aprender a protegerse a sí mismos y para minimizar
el daño caótico en sus vidas fuera de la terapia. Tratamos de hacer que los pacientes se
comprometan a no irse hasta que se sientan aterrizados o situados. Aún así, pueden emerger
nuevos recuerdos después de una sesión, o que el paciente se sienta integrado pero que se
vaya de la sesión sin estarlo realmente. Hasta donde nos es posible, ayudamos a los pacientes
a cerrar, a aterrizar, a calmarse y a sentirse seguros antes de irse. Enseñarles a los pacientes
cómo y cuándo cerrar es una parte importante del proceso terapéutico. También minimiza el
estrés del terapeuta.

Le ayudamos a los pacientes a cerrar de varias maneras. Una manera es brindando


apoyo. Con frecuencia les damos un momento tranquilo para que regresen a sus cuerpos y
para que regresen al momento con el fin de sentirse aterrizados y más en contacto. Segundo,
podemos cambiar de tema. Sin parecer burdos u obvios, podemos cambiar la figura a algo
menos intenso y más coloquial. Tratamos de llevar a los pacientes más cerca de su zona
cercana y ayudarlos a sentirse seguros, a bajar la intensidad para que no estén vulnerables
cuando salen. Tercero, podemos usar el humor y/o la calidez para aligerar la situación y para
reconectar a los pacientes a la conversación. Esto les ayuda a regresar al consultorio y a
sentirse más conectados y comprometidos y menos abiertos.

El proceso de cierre es terriblemente importante. No queremos mandar a los pacientes


a la calle encarnados, abiertos de maneras inapropiadas, deslumbrados o tan preocupados con
el self que no puedan manejar o funcionar. Necesitan regresar a ese mundo interno con el que
llegaron a la sesión. Si, en la sesión, experimentaron intensamente algún poderoso evento
interno que los hizo meterse completamente en su interior y desconectarse del presente,
necesitan regresar. Cerrar les ayuda a los pacientes que tienen un gran dolor o que están
inundados de emoción a regresar y a reconectarse a la vida diaria. Todos los que trabajan con
pacientes fragmentados necesitan pensar en y practicar el cierre.

La recuperación de recuerdos es un aspecto importante de la terapia de fragmentación.


La conceptualizamos en cinco fases. Estas fases son sólo una manera de pensar acerca de
cómo funciona la recuperación de recuerdos para algunas personas. Estas fases forman un
modelo para ayudarle al terapeuta a entender el proceso.

Fase Uno: Dificultades con Pre-Recuerdos.


Usualmente, el surgimiento de recuerdos es señalado por alguna forma de experiencia
de preemergencia, como una disociación, confusión, aislamiento o falta de sueño. Después de
que emergen los primeros recuerdos, usualmente se forma un patrón. Los pacientes se
empiezan a dar cuenta de cómo funciona el patrón y que señala específicamente el surgimiento
de un nuevo recuerdo. Este patrón no sólo ayuda a los pacientes, sino también a los
terapeutas.

La fase uno es una experiencia previa de surgimiento de recuerdos que señala que algo
está burbujeando en la inconsciencia y que está a punto de emerger al darse cuenta. La
experiencia actual de que emerja un recuerdo o que empiece a emerger es traumática. Los
pacientes empiezan a volver a sentir, a volver a experimentar, a volver a conocer y a volver a
recordar el dolor del trauma original en el presente.

Fase Dos: Surgimiento de Recuerdos.


La fase dos comprende el surgimiento de recuerdos, que especialmente con los
primeros recuerdos, puede y aterrará a los pacientes que en primer lugar no están
acostumbrados a ese tipo de experiencia y en segundo lugar, además, no pueden apropiarse
del contenido del material que están empezando a volver a experimentar. El surgimiento de
recuerdos puede tomar la forma de pesadillas, soñar despierto, imágenes, sensaciones
corporales o revivir la experiencia en un estado de fuga. Una vez que un paciente ha vuelto a
experimentar un recuerdo, el terapeuta debe estar disponible para el paciente para que, juntos
en un entorno seguro, puedan revisar lo que ha ocurrido.

Fase Tres: Aceptación Intelectual.


Generalmente un recuerdo recuperado es tan desconcertante, horroroso y aterrador que
es difícil, sin importar cuantos recuerdos se hayan recuperado, que un paciente los acepte. La
aceptación intelectual viene después de que el paciente le narra el recuerdo al terapeuta y
juntos discuten cómo encaja en el esquema general de la vida del paciente. Entonces surge la
necesidad de manejar afectivamente el recuerdo.
Recordar experiencias de haber sido victimado, aterrorizado o abusado, obviamente
engendra muchos nuevos sentimientos. La aceptación intelectual contiene tres implicaciones
para los pacientes:

 Primero: necesitan expresar estos sentimientos. Especialmente en nuestro modelo,


esa expresión necesita darse en el presente, debido a que los pacientes han vuelto a
experimentar algo que han negado completamente por mucho tiempo.

 Segundo, la aceptación intelectual empuja las fronteras de los pacientes y les da un


rango más amplio de sentimiento y expresión.

 Tercero: La aceptación intelectual permite que los recuerdos continúen emergiendo


para que la intensidad afectiva no embotelle el proceso de recuperación de recuerdos
de un paciente.

Fase cuatro: Aceptación Emocional.


Esta fase es posiblemente la más difícil de todas las fases de recuperación de
recuerdos.
El proceso de fragmentación protege a las personas del dolor y el terror que
experimentaron cuando eran niños. David, de quien habían abusado sexualmente de manera
repetida cuando era niño, vino a terapia sufriendo de depresión y ansiedad. Después de
algunos años de trabajo de darse cuenta y de contacto, David empezó a experimentar la
recuperación de recuerdos. David había sido sodomizado y golpeado brutalmente durante
mucho tiempo tanto por su padre como por su madre.

Conforme sus recuerdos empezaron a emerger en su darse cuenta presente, David


tenía gran dificultad emocional para aceptar que se podía permitir a sí mismo tener estos
sentimientos. Cuando emergía un recuerdo de las veces que lo sodomizaron y cuando David lo
había experimentado, sentido y entendido, durante mucho tiempo fue incapaz de aceptar sus
sentimientos. Él no podía aceptar saber que sentiría tanto el dolor físico como el terror mental
siempre que pensaba en los incidentes de sodomía. David quería olvidarlo, alejar el recuerdo,
intelectualizarlo por completo o negar que hubiera sucedido. David quería hacer lo que fuera
para escapar a tener que vivir con recuerdos tan abrumadoramente horribles y dolorosos de
haber sido brutalizado por sus padres.
Aceptar un recuerdo emocionalmente significa vivir con su dolor hasta que se trasciende
el dolor en cierta medida, aunque nunca puede ser borrado completamente. Se trabaja con el
dolor manejando el recuerdo durante un tiempo, aceptando que los pequeños que fueran
creados cuando ocurrió el trauma salgan y por medio de la integración aceptar y perdonar.
Este es un largo proceso y David lo combatió a cada paso debido a que le resultaba demasiado
horroroso. La fase de aceptación emocional, que significa vivir con el dolor durante mucho
tiempo, es extremadamente difícil para todos los pacientes.

Fase Cinco: Integración


Integrar un recuerdo puede tardarse un tiempo. Especialmente al principio, los
pacientes que ya tienen dificultad para creer y reconocer que estas cosas realmente les
sucedieron pueden resistirse a la experiencia de integración de varias maneras cuyo propósito
es:

 Enlazar el recuerdo en la cronología de la vida del paciente.


 Encontrar una pieza faltante del rompecabezas.
 Colocar firmemente en la realidad la verdad de que esto realmente sucedió y que el
paciente lo entienda, esté viviendo con los sentimientos y lo esté integrando en la
trama de su existencia para que ahora sea una parte del self.

Jim, que estaba fragmentado, vino a terapia debido a una severa depresión y ansiedad.
Empecé a evaluar lo que le estaba sucediendo a su self en el presente y a enseñarle a darse
cuenta y hacer contacto. Después de dieciséis meses, Jim reportó una terrible pesadilla que lo
había mantenido despierto toda la noche. Me dijo que había sollozado, temblado, sudado y
vomitado, síntomas que sólo había experimentado anteriormente en un caso severo de gripe.
La pesadilla asustó severamente a Jim por su intensidad y contenido.

En la pesadilla, Jim se vio a sí mismo amarrado en el aire con unas cuerdas, en un


cuarto o espacio extraño. Gente que conocía le clavaba alfileres gigantescos hasta que
sangraba, lloraba y balbuceaba. La pesadilla desconcertaba a Jim por sí misma pero también
empezó a despertar algo dentro de él que había negado para poder sobrevivir. La realidad que
esta pesadilla reflejaba uno de los pequeños de Jim emergió más adelante. El hecho de que
este darse cuenta emergiera solamente a través de una pesadilla revelaba el intento general de
Jim de mantener alejadas las experiencias dolorosas del pasado, más allá de los pequeños o y
del presente.
Conforme Jim y yo empezamos a hablar acerca de la pesadilla y a trabajar con ella, Jim
recordó una ocasión cuando sus hermanos y hermanas lo habían atrapado y se reían mientras
le clavaban alfileres hasta que sangró. Al principio, Jim creía que él había inventado este
incidente y durante meses negó que fuera real. Sin embargo, varios meses después en un viaje
para pescar en Michigan, Jim confrontó a sus hermanos. El hermano minimizó lo que Jim
decía pero admitió que lo había atormentado repetidamente porque era un mariquita y el más
débil de todos los hermanos y las hermanas. Él aseguraba que todo había sido cosa de
diversión y juegos infantiles. Más tarde se hizo evidente que la diversión y lo juegos infantiles
de los hermanos había escalado a un severo abuso traumático.

La pesadilla de Jim, que resultó de su trabajo de contacto y darse cuenta, fue la


precursora del surgimiento de los pequeños más adelante en la terapia. También desató una
reacción en cadena de otros recuerdos, cada uno de los cuales estaba asociado con una
pesadilla o sueño. También, con el paso del tiempo, Jim empezó a experimentar recuerdos
físicos. Sentía dolor en los sitios en los que había sido torturado y golpeado por sus hermanos.
Debido a que el dolor fue verificado y validado, Jim pudo aceptar con mayor facilidad, la
realidad de cómo esos abusos afectaban su vida actual.

El período de recuperación de recuerdos de la terapia de Jim, antes de que empezara el


trabajo con las partes, fue turbulento y difícil. Él tenía dificultad para mantener su trabajo
debido a que algunos de los recuerdos regresaban durante sus horas laborables, no estaba
durmiendo bien y necesitaba verme para procesar los recuerdos. Hicimos todo lo que pudimos
para contener la necesidad su en sesiones dos veces por semana pero, desde luego que esto
rápidamente se hizo imposible. Tuvimos muchas sesiones de emergencia, sesiones nocturnas
y sesiones en el fin de semana durante este período mientras los recuerdos de Jim emergían
sin ton ni son. Necesitaban ser procesados y los recuerdos ya ciclados hacían que otros
regresaran. Conforme se fue llenando el cuadro de recuerdos de Jim, se hizo aparente que él
era una persona disociada y fragmentada, y el trabajo finalmente pasó a la etapa del
tratamiento de trabajo con las partes.

El proceso de recuperación de recuerdos, si es parte de la experiencia de fragmentación


tiene varios propósitos:

 Es una manera para que los pequeños pongan a prueba el entorno terapéutico.
 Es una manera para que los pacientes recuperen su historia y para que empiecen a
revivir las experiencias emocionales que originalmente causaron la fragmentación.
Este es un proceso aterrador y difícil para muchos pacientes.
 Les ayuda a entender los violentos traumas que originalmente hicieron que se
fragmentaran.
 Prepara el escenario para el surgimiento de los pequeños o de las personalidades
separadas. Una vez que saben que el terapeuta es seguro, pueden empezar a
aparecer en el presente y comunicar lo que están haciendo

Como he hecho ver anteriormente, la transición de la recuperación de recuerdos al


surgimiento de los pequeños no es algo predecible. Creemos que el terapeuta no puede
controlar el proceso de surgimiento de los pequeños. Los pequeños y el paciente deciden
juntos emerger cuando sienten que existe la suficiente seguridad para que ocurra este evento.

He dado algunos ejemplos de cómo pueden emerger los pequeños en una sesión. Sin
embargo, no hay un modelo consistente para recuperar los recuerdos y para pasar al trabajo
con los pequeños. Este proceso nunca ocurre con precisión, linealmente o de la misma
manera.

Lo que sucede es que, en algún momento del proceso de recuperación de recuerdos,


cuando el sentimiento de seguridad es fuerte, los pequeños empiezan a emerger y a señalarle
su presencia al terapeuta. Qué tanto se aleje o se disocie un paciente cuando emerge un
pequeño depende del grado de fragmentación. O sea que, entre menor sea el grado de
fragmentación, la disociación del paciente es menor. Realmente no existe una fragmentación
leve, pero Julia representa la co-conciencia de la forma menos severa de fragmentación. Ella
se da cuenta ligeramente de sus voces internas. Julia pensaba que estas voces eran
simplemente aspectos naturales de sí misma hasta que empezó a tener problemas de
depresión y empezó a consultar a un terapeuta.

Molly, que tiene dos hijos, vino a terapia porque su marido se quejaba de su forma de
ser en la relación. Algunos días era maravillosa, decía él, pero otros simplemente no estaba
presente. En ocasiones, Molly tenía una vaga sensación de que algo estaba sucediendo y
podía reportar más tarde que había ocurrido una especie de cambio en su darse cuenta. Ella
entendía que hablaba y se comportaba incongruentemente.
A diferencia de Julia, que había logrado una claridad real relacionada con su proceso
interno, Molly no entendía qué sucedía en su interior y no me lo podía reportar. La primera
pequeña de Molly apareció cuando estaba sentada en la sesión y repentinamente parecía y
hablaba como una persona joven. Me di cuenta de que una pequeña había emergido.
Entonces Molly regresó, parecía que había estado dormida y que acababa de despertar.
Estaba ligeramente aturdida, pero realmente no se había ido y retenía un recuerdo vago de lo
que había sucedido.

Cuando el primer pequeño de David apareció, David estaba realmente ido. Sentado en
el suelo se encontraba un niñito asustado de siete años que hablaba con voz de niño y que,
aunque parezca difícil de creer, realmente no tenía el vocabulario de un adulto o su capacidad
intelectual.

El niño era parte del self de David que se había dividido cuando David tenía siete años y
estaba experimentando todos sus traumas. La función de este pequeño, que no se había
desarrollado al parejo de David era contener su miedo. Este pequeño no tenía conceptos
maduros y cuando emergía se comportaba de acuerdo a su edad. Desde luego que eso era
parte del problema de David. Cuando emergía este pequeño, en la terapia o en su vida, David
hablaba y se comportaba como un niño de siete años.

En una sesión de terapia, tuve que tratar al niño como se trataría a cualquier niño, con
gentileza, calidez, sensibilidad y paciencia. Estaba terriblemente asustado y no quería yo hacer
que se fuera. Sin embargo, cuando el niño asomaba la cabeza y entraba a la vida adulta de
David, realmente empezaban las dificultades. David hablaba y se comportaba de manera
inapropiada en su vida adulta. Estaba asustado, pasivo, débil y retraído. Cuando el niñito se
iba, David volvía a ser un adulto. Cuando aparecen los pequeños, algunas veces influían la
vida adulta de formas que son difíciles para que el adulto las maneje y las recuerde.

La transición entre la recuperación de recuerdos y el surgimiento de los pequeños no es


lineal o predecible. Jerry era un paciente con personalidades múltiples que se apareció un día
en mi consultorio vestido de mujer. Esta persona hablaba en un tono de voz que Jerry nunca
había usado y se comportaba de una manera en la que Jerry nunca se había comportado, con
desfachatez, hostilidad y seducción. Evidentemente esta era una personalidad separada y
completa. No era unidimensional, como el niñito de David, que solamente contenía su dolor.
Esta era una personalidad separada, no una parte o un fragmento que tenía un
sentimiento, una función y un enfoque. Tenía el cuerpo de Jerry, y una de sus funciones era
hacer que Jerry no se comportara como pequeño para que no fuera lastimado. Contenía la ira
de Jerry y otra de sus funciones era retener esa ira para que Jerry no se defendiera y fuera
aniquilado. Contenía el miedo de Jerry y otra de sus funciones era hacer que Jerry no sintiera
ese miedo para que pudiera vivir su vida sin terror. Contenía la autoestima de Jerry, y una
función más era no dejar que Jerry se sintiera bien para que no pensara que podía salir al
mundo y tener éxito, lo que podía resultar en que saliera lastimado.

Las personalidades separadas existen en un nivel distinto de disociación y


disponibilidad para el self adulto que el de los pequeños. No tienen un solo sentimiento o una
sola función. Son personas completas, separadas (y usualmente hay más de una), con la
misma complejidad que tiene una persona. Esto es lo que hace que un paciente con
personalidad múltiple sea muy difícil de tratar. Cada personalidad tiene todo un rango completo
de experiencias adultas y pude tratar con otros adultos de manera totalmente separada de la
personalidad adulta. Por lo tanto el mundo interno del paciente se encuentra en total agitación.
Cuando emerge una de estas personalidades, las otras desaparecen y entonces se enfrenta al
mundo entero con una persona distinta pero que se ve igual.

Sin embargo, estos supuestos básicos y el trabajo de proceso de fragmentación también


son aplicables. Esa personalidad tiene una función. Nació para hacer ciertas cosas y para
proteger al adulto. La misma meta terapéutica es la de integrar esas personalidades en el
adulto.

ETAPA CUATRO: IDENTIFICAR A LOS PEQUEÑOS

Los pequeños emergerán en una sesión cuando se sientan seguros y cómodos. El


trabajo del terapeuta entonces es identificarlos, conocerlos, construir una relación con ellos,
entender sus funciones, convencerlos de confiar en él y ayudarlos a sentirse seguros.
Eventualmente, el trabajo del terapeuta es ayudar a los pequeños a decidir que renunciar a sus
funciones es seguro debido a que confían en el terapeuta y que crean que ya no necesitan
seguir haciendo lo que estaban haciendo. Este proceso es difícil, pero es lo que fomenta la
integración.

Avanzando hacia esa meta, la siguiente etapa del tratamiento es identificar a los
pequeños y entender quiénes son y qué están haciendo para proteger al adulto.
El alguna parte de la fase de surgimiento de recuerdos, puede aparecer un pequeño.
Una de las pequeñas de Laura surgió brevemente durante el principio del proceso. Yo lo supe
porque de repente Laura se comportó con mucha mayor juventud de lo que se había estado
comportando y parecía muy chica, como una niñita, sólo por unos momentos. Esto me
sorprendió y me alarmó. Desapareció rápidamente y luego este comportamiento de niñita
volvió a surgir durante la etapa de recuperación de recuerdos. Ese tipo de experiencias son
pruebas diseñadas por los pequeños para poner a prueba la habilidad del terapeuta para
manejar los requerimientos de seguridad, tiempo y apoyo emocional necesarios para la
recuperación de recuerdos y para el trabajo de partes. Esta es una pregunta, ¿estará ahí el
terapeuta para mí?, que los pequeños siempre hacen muchas veces a lo largo del tratamiento.

El surgimiento y la identificación de los pequeños, las personalidades o los fragmentos,


es un proceso confuso y atípico. Ningún surgimiento de pequeños es exactamente igual nunca.
Algunas veces surgirán dos o tres a la vez, pero es más común que aparezcan gradualmente,
uno a la vez.

Después de seis meses de terapia, Beth reportó, con co-conciencia, que tenía varias
pequeñas y le dio a su terapeuta sus nombres y sus descripciones. El terapeuta se alarmó,
porque no tenía la menor idea de que estaba tratando con una paciente fragmentada. Beth
eventualmente le dio nombre a siete pequeñas, cada una en conflicto con las otras, confundida
y trastornada. Cada una nació para proteger a Beth como resultado de un trauma agudo que
había experimentado. Para poder sobrevivir tuvo que disociar sus capacidades del self adulto.

Cada una de las pequeñas desarrolló formas para funcionar en la niñez, que en la vida
adulta de Beth se interponían y hacían difícil o imposible que ella pudiera acceder a sí misma
por completo. Al negarle las capacidades que necesitaba, algunas de estas pequeñas
lastimaban a Beth y algunas lastimaban a los hijos de Beth. Su co-conciencia le permitía a Beth
explicarle estos hechos al terapeuta. Ese tipo de situación es de cierta manera más difícil
porque el terapeuta y el paciente de inmediato experimentan a todos los pequeños. De cierta
forma, es más fácil porque no es tan difícil esperar para ver qué va a surgir a continuación,
como los terapeutas deben hacer con los pacientes más fragmentados. En estos pacientes, los
pequeños están disociados y el adulto debe de irse para que los pequeños puedan emerger.

En la etapa de identificación de la terapia, las diferencias en el proceso de


fragmentación afecta de manera importante el curso del tratamiento desde la personalidad
múltiple hasta los ligeramente disociados. Sarah tenía co-conciencia casi desde el principio de
la terapia y llegó a la etapa de identificación bastante rápido. Su terapeuta empezó a conocer a
sus pequeñas sin mayor dificultad. La co-conciencia completa de Sarah le permitió escuchar,
sentir y conocer a sus partes aún antes de entrar a terapia.

La terapia de Carol tomó un curso distinto. Carol no se daba cuenta de sus partes, que
emergieron por completo sólo después de tres años de trabajo de contacto, darse cuenta y
recuperación de recuerdos. Un día Carol simplemente se fue. En su lugar se sentó una
pequeña que se veía chica, retraída, protegida y poco comunicativa. Inmediatamente me
alarmé, pero, mientras me esforzaba por mantener la compostura, no tardé en darme cuenta de
lo que sucedía, saludé a esta pequeña infantil que se había aparecido en mi consultorio.

Para ser completamente honesto, cuando empecé el trabajo de fragmentación, tenía mis
dudas acerca de que ese tipo de cosas pudieran ser reales. Resulta difícil creer que una parte
de una persona que habla y se comporta como un niñito pueda emerger sin que sea un truco.
Ahora, después de todos estos años de estar trabajando con personas fragmentadas, aún
mantengo un asombro respetuoso de lo que puede hacer el self para protegerse a sí mismo.

Cuando la pequeña de Jazmín apareció, era real. Habitando el cuerpo adulto de Jazmín
había una persona que dibujaba y se comunicaba como una pequeña niña. Cuando esa
pequeña estaba presente, Jazmín no lo estaba. Jazmín estaba severamente fragmentada.
Cuando llegaba una de las pequeñas, Jazmín se iba.

Cuando la pequeña le permitía a Jazmín regresar, y eso es algo que se debe tratar con
los pacientes, ya que seguramente no queremos que Jazmín ande por ahí disociada y
comportándose como una niña, Jazmín se estremecía y estaba aterrada. Se había ido durante
toda la sesión y no tenía ningún recuerdo de lo que había sucedido. Me reportó que se sentía
un poco más tranquila, como resultado de que yo hubiera trabajado con la pequeña al principio
para establecer una conexión.

Jazmín y yo hablamos acerca de lo que había sucedido, pero desde luego que ella
estaba incrédula. Sin embargo, algo dentro de ella sabía que lo que yo estaba diciendo era
verdad. Ella retenía concientemente un poco de darse cuenta de algunos eventos en su vida
que no tenían sentido. Además, su pequeña resonaba de alguna forma con mi historia, Jazmín
sentía la verdad en su interior. Tanto su propio reconocimiento, sutilmente inconsciente, como
el reconocimiento de su pequeña le ayudaron a calmarse, a aceptar lo que había sucedido y a
sentirse bien con eso.

Mi trabajo con la pequeña asustada de Jazmín continuaba. Gradualmente, llegué a


conocerla, y me dijo que había empezado a existir debido a que Jazmín estaba lastimada y que
ella tenía que quitar y guardar el dolor de Jazmín. Obviamente, sin embargo, Jazmín
necesitaba sentir su miedo para estar segura y completamente presente en el mundo. Hablé
con la “pequeña”, es decir, con la pequeña guía, -de la que hablaré más en detalle en la
próxima sección de este trabajo- y, conforme me fue conociendo, vacilante y lentamente,
aunque con confianza creciente, sesión a sesión, Jazmín empezó a sentirse un poco mejor. La
pequeña guía es la líder, la exploradora, la que sale primero para proteger a las demás y para
asegurarse que el terreno y el mundo son seguros para que el resto emerjan.

La vida aún le da miedo y es difícil para Jazmín debido a que se iba y la pequeña venía
y ella y yo hablábamos. Gradualmente, construimos la confianza y una conexión y empecé a
entender a la pequeña. Aprendí que quería que alguien la escuchara le importara, la apoyara
y la reconociera. Ella quería a alguien que escuchara su historia y a quien le importaran sus
sentimientos. Ella quería a alguien que reconociera la importancia de su función de guardar el
dolor de Jazmín para que estuviera segura.

Conforme fui conociendo a la pequeña asustada de Jazmín, me dijo que había otras.
Gradualmente, empecé a conocerlas y a descubrir quiénes eran y cuáles eran sus funciones.

Identificar y conocer a las partes de Jazmín fue un trabajo difícil por varias razones.
Conforme empecé a conocer a sus pequeñas, no podía parecer como falto de atención o no
responder directamente a cualquier cosa que dijeran. Si hacía cualquier cosa que oliera a falta
de sinceridad, falta de apoyo, distracción o falta de calidez, de inmediato se trastornaban y se
sentían lastimadas. Se volvían sospechosas, se alejaban, se retraían y se rehusaban a creer
que a mi me importaban.

Los terapeutas que hacen este tipo de trabajo deben entender que los pequeños son
perros guardianes, guardias o centinelas. Ellos creen que su función es proteger al adulto de
más trauma y dolor. Conocerlos y construir una conexión y una relación con ellos se lleva
tiempo, es difícil y frustrante debido a que, si sospechan que hay un problema, se ponen en el
modo de protección y se retraen. Hacerlo requiere mucha paciencia y ternura debido a que son
niños. Ellos piensan, hablan y se comportan como niños. Tienen las defensas de un niño.
Tratar con sus exigencias infantiles, sus respuestas y defensas no es sencillo.

Con Bob, un caso de personalidad múltiple que tenía cuatro personalidades distintas, la
situación era algo diferente. Las personalidades de Bob eran de distintos géneros, dos mujeres
y dos hombres. Las personalidades de Bob, a diferencia de las pequeñas de Jazmín, eran selfs
adultos totalmente separados, con puntos de vista, formas de pensar y creencias distintas. Uno
estaba muy enojado, era hostil y se vestía de manera agresiva, mientras que otra era coqueta y
seductora. Por ejemplo, Sally era tímida y apenada, mientras Rolf era listo y eficaz. Cada
personalidad, sin embargo, nació para proteger a Bob del trauma que había experimentado y
que había sido muy severo.

Aunque usé el mismo modelo para conocer a las personalidades de Bob para entender
cómo percibían al mundo, qué sentía y cuáles eran sus funciones, la situación era distinta.
Eran adultos y podían comportarse de manera mucho más peligrosa.

Este es un asunto importante relacionado con ir conociendo a los pequeños. En


pacientes con personalidades múltiples, las personalidades tienden a comportarse de manera
más obviamente adulta. Tienen comportamientos de adulto, como la seducción sexual,
crímenes menores y mayores, acciones autodestructivas y la manipulación de otros adultos.
Pueden poner al self adulto en situaciones peligrosas y difíciles que pueden llegar a ser
extremadamente traumáticas en sí y por sí mismas. Los pequeños se pueden comportar de
maneras inapropiadas y llamar la atención hacia sí mismos, pero, debido a que no entienden el
mundo adulto, no se comportan de maneras que estén fuera de la ley, que sean peligrosas,
como lo hacen las personalidades múltiples.

Llegar a conocer y trabajar con las distintas personalidades de Bob fue demasiado
estresante debido a lo que potencialmente podían hacer -a diferencia del trabajo con las
pequeñas de Jazmín, que era frustrante porque eran niñas-. Conocer sus partes y entender
que las pequeñas realmente estaban viviendo dentro de ella fue una experiencia aterradora
para Jazmín. Para Bob resultó casi aplastante.

Becky, una personalidad múltiple, sospechaba que podía tener una “severa perturbación
mental,” como la llamaba ella, debido a que se “quedaba en blanco” durante largos períodos de
tiempo. Becky estaba más manifiestamente desconcertada que muchos pacientes
fragmentados al principio del tratamiento. Ella estaba visiblemente más afectada y preocupada
por su comportamiento de lo que están muchas personas fragmentadas. Ella se daba cuenta
de que algo estaba seriamente mal, aunque no tenía una idea clara de qué era. Tomó mucho
tiempo para que sus personalidades separadas emergieran en la terapia. Aún después de que
había recuperado muchos recuerdos, se dio un largo período infértil en el que las
personalidades no se sentían lo suficientemente seguras para salir y hablar con el terapeuta de
Becky.

Nuestra meta con todas las personas fragmentadas es la de crear la seguridad


necesaria para que las partes disociadas o las personalidades múltiples separadas puedan
emerger gradualmente y conocer al terapeuta. En nuestra propuesta Guestalt, se les permite
emerger a los pequeños o a las personalidades múltiples en el entorno de terapia en el aquí y
ahora de manera aceptable, honorable, respetuosa y sensible.

Dondequiera que se encuentren los pacientes en el continuo de fragmentación, creemos


que cada paciente tiene un self adulto, que es el self completo menos las partes y una parte
guía. Le self adulto es la persona, menos las capacidades que están disociadas, que no está
fragmentada y dentro de la cual se integrarán los otros fragmentos. La parte guía es un
pequeño co-conciente o una personalidad distinta que trabaja para ayudarle al self adulto y al
terapeuta. Usualmente emerge primero. Debido a que el guía es el primer pequeño, fragmento
o personalidad en emerger, construir una relación con él es obviamente importante para
construir la seguridad, poner a prueba y la explorar los límites de la terapia.

La personalidad guía usualmente construye la relación más fuerte con el terapeuta,


aunque no es así en todos los casos. Una vez que la personalidad guía se siente conectada
emocionalmente con el terapeuta, quiere ayudarlo a crear un entorno en el que los demás
pequeños puedan salir y tener la misma experiencia que él o ella tiene, sentirse seguro, sentirse
escuchado, sentirse reconocido y sentirse apoyado. Esto se debe a que a la parte guía le
importan las otras partes. Entonces, desarrollar una relación con la personalidad guía, la
primera en una serie de relaciones con partes o personalidades, es intrínseco para el éxito del
tratamiento. Si se desarrolla exitosamente esa relación, entonces la personalidad guía puede
ayudar a brindar la ayuda, el apoyo y la información que el terapeuta y el paciente necesitan
para lograr el éxito en el largo tratamiento.

La personalidad guía incluso puede proporcionar la visión interna de lo que se necesita


para crear el entorno que le permita a los pequeños emerger debido a que, como ya hemos
visto, la personalidad guía se siente muy conectada con el terapeuta y quiere apoyar y ayudar
para que la terapia tenga éxito.

Los pacientes con pequeños co-concientes pueden permitirle a las partes emerger en
las sesiones junto con el self adulto conciente. Con los pacientes más fragmentados, las partes
o los pequeños pueden emerger en una sesión de terapia con el self adulto dependiendo del
grado de disociación requerido para que ocurra el surgimiento. Entre más disociados estén los
pequeños del self adulto, tanto más se debe alejar un paciente cuando emerge un pequeño.

Este proceso, el “alejamiento” del paciente cuando emerge un pequeño, no


necesariamente es evidencia de una personalidad múltiple. Hemos encontrado que el self
adulto de muchos individuos fragmentados debe alejarse para que un pequeño pueda emerger.
En la experiencia de terapia, el fragmento no es una personalidad separada, completa. Es una
parte, un pequeño que contiene la ira, un ángel que rescata a la persona fragmentada de ser
abusada, un adolescente que se quiere rebelar contra una madre controladora, victimadota, o
un pequeño asustado que guarda el miedo.

Estas partes pueden tener co-conciencia y estar en la superficie del, o cerca del, darse
cuenta desde el principio de la terapia. Pueden ser fragmentos enterrados que se han
disociado y que requieren que el adulto se aleje para que ellos puedan salir. Pueden ser
personalidades separadas. De cualquier manera, todos cumplen con los mismos criterios:

 Tuvieron una razón para nacer. O dicho de otra forma, algo le sucedió al self de la
persona que hizo que nacieran.
 Todos tienen una función o una razón para existir. Ellos guardan la ira, guardan los
recuerdos, guardan las lágrimas o son personalidades separadas que pueden hacer
cosas que el self adulto no puede hacer.
 Algunas veces, la función de uno de ellos entra en conflicto con las funciones de
otros o potencialmente con el self adulto. Puede emerger uno enojado y puede
querer atacar con instintos asesinos a todos los hombres. El enojado piensa que le
está ayudando al self adulto y que lo está protegiendo de más abusos. Obviamente,
sin embargo, esa necesidad de atacar con instintos asesinos es aterradora y
perturbadora y crea una disfunción potencial y otras dificultades.
 Cada uno tiene cosas que necesita decir. Que necesita ser escuchado es una
verdad que no me canso de repetir. Cada fragmento, cada parte, cada pequeño
nació en secreto y usualmente nunca ha sido reconocido ni ha visto la luz del día.
Más que nada y como prerrequisito para cualquier clase de integración, sin importar
qué tan difícil sea para el terapeuta, necesita ser escuchado. Escuchar y reconocer a
las partes les permite sentir que son reales. Permite que partes que nunca han
emergido, aunque han actuado sobre el self adulto, salgan al darse cuenta. Entre
más gradualmente salgan al darse cuenta, tanto más control tendrá finalmente el self
adulto sobre ellas. Esta necesidad de ser escuchadas se personifica en todas las
partes, aunque puedan expresarlo de distintas formas. Algunas necesitan que las
sostengan, las reconforten y sentir que le importan a alguien. Algunas necesitan
convertir al terapeuta en el blanco de su ira en un entorno seguro. Algunas necesitan
seguir poniendo a prueba hasta que están seguras de la seguridad. Algunas
necesitan proteger a otras partes que las partes en la primera capa consideran más
vulnerables.

Todos los pequeños quieren ser tratados con respeto y ser reconocidos como partes
funcionales separadas del self, ya sean fragmentos co-concientes o personalidades separadas.
Traer a todos los pequeños a una sesión de terapia es una tarea difícil y con frecuencia
desafiante debido a que las partes controlan qué tanto se expone y cuáles emergen cuándo. La
niñita de Jazmín, que existía como un testigo de las experiencias traumáticas, vino primero.
Ella buscaba ser confortada, apoyada y nutrida y quería importarle a alguien y ser reconocida.
La niñita de Jazmín se convirtió en la personalidad guía, quien, además del self adulto, se
vincula más profundamente con el terapeuta y se convierte en la guía para explorar el mundo
de las partes.

Como hemos visto anteriormente, la parte guía vincula al self adulto y al terapeuta y
particularmente al terapeuta y a las otras partes. La guía ayuda al terapeuta a saber cuándo
traer a un pequeño al entorno terapéutico es seguro y le cuenta al terapeuta acerca de las otras
partes o personalidades. Gradualmente, con el tiempo, forma una relación estrecha de trabajo
con el terapeuta en la empresa terapéutica. Ganarse a la parte guía es con frecuencia
extremadamente difícil debido a que es el primer fragmento y, como hemos visto anteriormente,
está buscando la seguridad, la confianza, la sensibilidad, el calor, la apertura, la recepción y el
compromiso del terapeuta para todas las otras partes.

Cuando la niñita de Jazmín emergió durante la segunda etapa, realmente presagiaba lo


que vendría. Jazmín, quien evidentemente estaba deleitada y ligeramente disociada, me dio un
dibujo infantil de una flor y una abeja. Hablaba de manera sutilmente distinta, con un
vocabulario, manerismos y un ritmo para hablar algo más infantiles. Cuanto traté de dirigirme a
la niña, desapareció. Jazmín regresó y no le dio importancia a lo que acababa de suceder en
ese momento. Después de que se fue la niñita, vinieron los recuerdos de Jazmín, y la niñita no
volvió a emerger hasta cerca del final del período de recuperación de recuerdos, un año y
medio después.

Entonces, repentinamente, en esa ocasión, la niñita volvió a emerger y empezó a hablar


conmigo. Gradualmente, la niñita se quedaba más tiempo hasta que la mayor parte de la
sesión se pasaba relacionando a la niñita con quien era y lo que había experimentado, por qué
estaba ahí y quien más existía. Gradualmente, a lo largo de muchos meses, formé una alianza
con la niñita.

Jazmín empezó a darse cuenta de que no estaba presente durante gran parte de las
sesiones de terapia. Sus partes no eran co-concientes. Jazmín cerraba los ojos, se adentraba
en su self y concientemente, dándose cuenta, le permitía a la niñita emerger. Cuando la niñita
estaba ahí, Jazmín no estaba. La niñita y yo empezamos a tener un diálogo terapéutico y a
hacer el trabajo. Cada vez más, las sesiones estaban dedicadas a hablar con la niñita.

Conforme empiezan a emerger las partes, los fragmentos, los pequeños o las
personalidades de un paciente y conforme los voy conociendo, empiezo a entender no sólo la
historia del paciente sino también el rompecabezas de fragmentación del que se forman los
distintos pacientes de los que he hablado. Es casi como ver un rompecabezas al que se le han
quitado las partes y luego se vuelve a armar y entonces hay una parte grande y luego hay una
parte enojada que encaja en la esquina derecha, una parte de miedo que encaja en la esquina
izquierda y una parte buena que encaja hasta arriba.

Repentinamente puedo ver que, si todos los fragmentos se integraran, surgiría una
persona completa con todas sus capacidades intactas.

Entonces, conocer a las partes es extremadamente importante desde varias


perspectivas. Primero está entender la fragmentación del paciente; ¿cuáles son las partes?,
¿cuáles son sus funciones?, ¿qué tan fuertes son?, ¿qué tan disociadas del self están? y
¿cómo puede el terapeuta conceptualizar que todas las partes se pueden unir para formar un
todo? Es casi como si el terapeuta tuviera que conceptualizar un mapa en su mente. Entender,
experimentar, conocer, pensar acerca de y desarrollar un mapa conceptual del adulto y de
todas las partes, la parte guía y todas las otras partes, es una parte importante del proceso.
Segundo, la única manera en la que se pueden integrar los pacientes, ya sea que estén
ligeramente disociados, severamente fragmentados o con personalidades múltiples, es hacer
que todas las partes renuncien a sus funciones. La única manera como las partes empezarán a
renunciar a sus funciones es a través de que el terapeuta las vaya conociendo y que vaya
formando relaciones emocionales con ellas. Tercero, conforme las partes van conociendo al
terapeuta y se van sintiendo más seguras disminuye su “acting out”. Los pequeños no
necesitan llamar la atención. La personalidad sexualmente seductora de Bob no necesita salir
a media noche a buscar hombres. La parte de cleptomanía destructiva de Jazmín no necesita
robar en las tiendas.

Conforme las partes se sientes oídas y escuchadas, empiezan a encontrar su seguridad


en la conexión emocional con el terapeuta. Empiezan a ver al terapeuta como alguien que las
escucha, lo que disminuye su necesidad de gritarle algo al mundo. Gradualmente, con el
tiempo (esto es un proceso, no un evento) conforme nos movemos a través de las etapas del
tratamiento y conforme los pequeños se sienten más y más seguros conforme se acercan a la
integración, el paciente adulto es capaz de hacer más. Aún en las primeras etapas, si
disminuye el “acting out,” el paciente tiene un rango de acción mayor y una habilidad mejor para
manejar las situaciones que la que tenía antes. Entonces, desde el principio, conforme el
terapeuta empieza a conocer a todas las partes, hay movimiento hacía la recuperación.

ETAPA CINCO: DESARROLLAR UN RITMO TERAPÉUTICO, CONSTRUIR ALIANZAS,


CONOCER A LAS PARTES Y FORJAR UNA CONEXIÓN EMOCIONAL.

Al pasar a la quinta etapa del tratamiento, empezamos a establecer un ritmo terapéutico.


Una parte importante para crear la seguridad es la consistencia. Hacer las mismas cosas de la
misma manera una y otra vez le permite a las partes sentirse seguras y elimina el potencial para
la confusión, experiencias interactivas que provocan ansiedad, retraimiento y otros estados que
experimentan las personas fragmentadas.

Yo empezaba cada sesión con Jazmín de la misma manera. Cuando llegaba la niñita,
nos sentábamos en el mismo lugar, que era diferente a como nos sentábamos cuando Jazmín
estaba ahí. Jazmín y yo nos sentábamos frente a frente en sillas mientras que la niña y yo nos
sentábamos en el suelo en una cierta posición frente a frente. Este era el lugar de la niña, que
le daba a impresión de ser dueña de una parte del consultorio, de ser una persona única,
separada, especial para mi y que, cuando ella estaba ahí, hacíamos algo especial juntos. La
niña empezó a tener un sentido del self o forma, un reconocimiento de su existencia separada y
al mismo tiempo de ser parte de algo mayor.

Conforme progresaban nuestras sesiones, resultó evidente que yo necesitaba ver a


Jazmín más seguido. Otras pequeñas empezaban a revolverse y a aparecer lo que hacía que
Jazmín experimentara más dificultades emocionales. Las partes en conflicto que flotaban en su
falta de darse cuenta ahora estaban entrando al darse cuenta gradualmente. Jazmín se estaba
dando cuenta con mayor claridad de cosas que había ignorado hasta ahora o que ni siquiera
había sentido antes.

Cuando hay co-conciencia, el trabajo toma un ritmo distinto. Los pacientes pueden
entrar y salir, o experimentar, las distintas partes, posiblemente más rápidamente y con mayor
vivacidad que un paciente severamente disociado o con personalidades múltiples. En cualquier
parte del espectro de fragmentación en la que se encuentre un paciente se debe crear un ritmo
en la quinta etapa mientras el terapeuta continúa con el trabajo de partes. El terapeuta necesita
un método para conocer al primer pequeño y para hacerlo sentirse seguro y un método para
desarrollar una relación con el guía. El terapeuta necesita crear un entorno seguro en el que
los pequeños puedan emerger repetidamente mientras él los va conociendo.

La meta de la etapa cinco de nuestro modelo es la de permitirle a los pequeños,


personalidades o fragmentos, salir después de que se ha creado la seguridad. Una vez que
están afuera, la meta es construir una alianza emocional a través del ritmo de irlos conociendo
para que sientan una conexión con el terapeuta. Ellos empiezan a depender del terapeuta para
su seguridad, para escuchar, para oír, para que les importe, para procesar y para hacer con el
terapeuta las cosas que normalmente haría con el adulto, las que, aunque puedan ser
destructivas o difíciles, o se hubieran hecho en nombre de la seguridad. Queremos que las
partes puedan hacerse cargo del self adulto y contarle su historia al terapeuta o qué fue lo que
sucedió. Queremos que las personalidades aparezcan y dejen que el terapeuta las conozca y
construya una alianza. Queremos que el terapeuta sepa cómo se sienten, qué necesitan y qué
debe suceder para que puedan cambiar y renunciar a sus funciones y para que confíen en el
adulto.

En este momento quisiera insistir en que cada fragmento, parte co-conciente o


personalidad tiene un interés creado en mantener al sistema sin cambios. Están ahí para
proteger al adulto y mantener a todas seguras. Perciben que conocer al terapeuta, cambiar la
forma como se enfrentan a la vida o renunciar a sus funciones es peligroso. Los terapeutas
deben estar concientes de este hecho. Aunque muchos de los pequeños se pueden sentir
atraídos por el terapeuta, también se encuentran terriblemente asustados y resistentes.
Usualmente pondrán a prueba al terapeuta una y otra vez antes de que se sientan lo
suficientemente seguros para retirarse aunque sea un poco.

Consideremos, por ejemplo, a un paciente de personalidad múltiple como Peter, cuya


terapia, desde luego, duro varios años. Después de casi cien horas de terapia con Peter,
Steve, un joven de trece años hostil, enojado, maligno emergió repentinamente sin previo aviso
y se apropió de una sesión cuando estábamos empezando a tratar un material que amenazaba
a Peter.

Peter era un hombre de veintinueve años que había sido acusado de lastimar a una niña
de quince años. Peter, que venía de un pequeño pueblo en una región de minas de carbón, se
había destacado en la preparatoria, donde lo consideraban arrogante y déspota pero
básicamente un buen muchacho. Su padre había muerto en un accidente en una mina de
carbón y su madre posiblemente tenía una personalidad borderline. Aterrado de trabajar en las
minas de carbón como todos los demás, Peter asistió a una escuela religiosa. En ella, una de
las personas legas se interesó en él y posiblemente (nunca se aclaró) abuso sexualmente de él.

A Peter lo tachaban de maricón, afeminado y homosexual y, cuando era un joven, había


sufrido varias experiencias traumáticas, incluyendo ser golpeado físicamente por otros
muchachos que le decían cosas y lo consideraban distinto a ellos. Las muchachas también lo
molestaban porque no encajaba en la imagen estereotipada del hombre macho de su mundo
del pueblo de la mina de carbón. Eventualmente huyó de casa a la gran ciudad, donde se
involucró con otros hombres y mujeres jóvenes de su misma edad que también eran abusivos y
victimas de abuso. Peter no sabía sobrevivir en las calles o no era los suficientemente apto
psicológicamente para protegerse a sí mismo por lo que fue vuelto a arrestar por cometer un
crimen y fue canalizado a la Comisión de la Juventud donde lo conocí. Peter estuvo en la
cárcel desde los dieciocho años hasta los veintiuno.

La forma intempestiva del surgimiento de la personalidad de Steve me sorprendió. Este


muchacho de trece años era amenazador y maligno. Él guardaba la ira de Peter y los
sentimientos de malignos, vengativos de atacar a toda la gente que se había burlado de Peter.
Tenía una mirada salvaje y casi babeaba de gusto (no estoy exagerando) mientras describía los
actos violentos que estaba pensando cometer si Peter se alejaba.
Con gentileza y respeto sincero, fui conociendo a Steve y descubrí que también existían
otras personalidades que aún no salían a la superficie. Durante varios meses, estas
personalidades emergieron, y eventualmente se les reconoció y se integraron de alguna
manera. Sin embargo, antes de que el trabajo llegara a estar siquiera cerca de ser resuelto,
dejé la Comisión de la Juventud y no se me permitió continuar el trabajo que habíamos
comenzado. Así es que no tengo una idea clara de lo que sucedió y si nuestro trabajo
realmente acercó a Peter a la integración.

Un punto que ilustra que yo haya salido de la Comisión de la Juventud es la naturaleza


a largo plazo de este trabajo y la importancia de un entorno terapéutico estable. Si hubiera
sabido que iba a dejar mi puesto como consultor, no hubiera aceptado el reto de trabajar con
Peter. Tratar de canalizar a este paciente a otro terapeuta resultó ser extremadamente difícil,
ya que muchos de los otros terapeutas tenían poca o ninguna experiencia en esta clase de
trabajo y no le daban importancia o no lo entendían.

Este ejemplo realmente ilustra la importancia de desarrollar un ritmo, especialmente con


los desórdenes de disociación. Crear una igualdad semana tras semana le dio a la
personalidad de Steve la oportunidad de conocerme, verme y confiar en mí. También creé una
seguridad para él después de que emergió. Cada semana, con respeto, gentileza y
sensibilidad, hacía que Steve apareciera, lo trataba como una persona separada, le preguntaba
por su salud y su bienestar emocional y lo iba conociendo. Nunca llegó a caerme bien, pero
aprendí a respetarlo y a entenderlo y podía hablar con él. Empecé a entender la perspectiva de
Steve y a entender por qué estaba ahí y cuál era su función. Steve guardaba la ira, la maldad y
la rabia que el adulto de Peter no podía expresar hacía toda la gente que había abusado de él y
lo había victimado.

Quiero insistir en este momento acerca de la importancia de tratar a las partes o


personalidades co-concientes o disociadas (en cualquier parte del continuo de fragmentación
en la que se encuentre el paciente) como individuos separados, completos, con su propio
sentido de valor en el mundo, sin importar qué tan retorcidos puedan ser sus motivos. EL
terapeuta debe respetarlos, conocerlos, escucharlos y tratarlos de una forma que ellos sientan
que sea segura. Sólo entonces se acercarán a usted, le permitirán conocerlos y eventualmente
confiarán en usted lo suficiente para renunciar a sus funciones. Sólo entonces desearán la
integración y entenderán por qué necesitan integrarse.
Después de que el terapeuta ha establecido un ritmo y esté aprendiendo lo que le
sucedió al paciente y esté explorando cualquiera de las partes que haya emergido primero (o
aún trabajando con el adulto) el siguiente paso es avanzar a la etapa seis del tratamiento. La
etapa seis implica empezar a conocer, a mapear y a entender todas las piezas que componen
el espejo roto, o el rompecabezas, de la vida interna del paciente.

ETAPA SEIS: ENTENDER Y MAPEAR A LAS PARTES.

Conforme el terapeuta pasa a la etapa seis y empieza a construir el mapa terapéutico, él


o ella deben de estar conciente del peligro de no experimentar a todas las partes internas. Un
terapeuta puede haber pasado muchos años de terapia con un individuo disociado,
fragmentado, cuyos pequeños han emergido gradualmente durante largos períodos de tiempo y
han requerido atención individual, respuestas, respeto, atención y sensibilidad. Es fácil
sentirse, a manera de contratransferencia, frustrado y agobiado y a desear secretamente que
no quede ningún material por ser extraído, que no haya otras partes que encontrar y que no
queden problemas por tratar. Sin embargo el paciente puede tener una gran frustración
interpersonal como resultado de que no todas sus partes han sido experimentadas y una parte
enojada puede emerger:

 que no quiera hablar con usted.


 que no quiera escucharlo.
 que sólo quiera hacer pucheros y estar de mal humor, gritar, insultar y sacar su ira
sesión tras sesión hasta que se sienta lo suficientemente segura o que crea que
usted está escuchándola, reconociéndola, aceptándola, y oyéndola como un igual
separado.

Desear que ya no haya más es muy tentador, en especial con los pacientes ligeramente
fragmentados cuyas partes co-concientes riñen interminablemente. Es fácil después de muchos
años de lucha esperar que las riñas terminen y que el paciente deje de sufrir. Con los pacientes
de personalidades múltiples, varias personalidades pueden emerger que requieran un profundo
compromiso interpersonal de largo plazo con el fin de entenderlas y conocerlas y aprender
cuáles son sus funciones particulares. Con esos pacientes, es fácil que el terapeuta pierda la
paciencia, se sienta abusado, se irrite, se sienta agotado o que deseé que la confusión y el
tremendo dolor que el paciente está experimentando en la vida termine y que deje descansar al
terapeuta.
Todos los terapeutas experimentan esos sentimientos cuando trabajan con las distintas
clases de pacientes fragmentados. Sin embargo, no debe dejar de perder de vista, que por
causa de su propia frustración o por su necesidad de alivio, que una parte necesita ser sacada
a la superficie, respetada y reconocida. Obviamente, aquí es donde una buena supervisión
juega un papel importante. Es indispensable para el proceso contar con alguien con quien
hablar que le responda al terapeuta y que ayude con los propios sentimientos de
contratransferencia. No puedo dejar de insistir lo suficiente en la importancia de la supervisión
al tratar a pacientes fragmentados.

Recuerde a Sarah, que estaba fragmentada con partes disociadas. Me pasé varios
años trabajando para identificar estas partes, para hacer un diagnóstico preciso, para conocer a
Sarah, para enseñarle a darse cuenta y contacto, para permitirle a los pequeños emerger, para
conocerlos y para trabajar con cada uno a la vez en la terapia. Al final del séptimo año, la niñita
de siete años, la adolescente de dieciocho, la pequeña que tenía como cuatro, la rebelde de
nueve años y la Sarah adulta se sentían totalmente cómodas conmigo.

En ese momento, la más pequeña me habló acerca de una aún más pequeña, a la que
estaban protegiendo debido a que tenían miedo de lo que sucedería si esa pequeña se
exponía. Esta parte contenía la mayor vulnerabilidad de Sarah, su bondad y su gentileza antes
de que comenzara el abuso. Esta era la parte de Sarah que era pura y que yo no podía
experimentar hasta que conociera a esa pequeña y la ayudara a integrarse.

Después de años de terapia con Sarah, me enfrentaba a la tarea de comprometerme


con la nueva pequeña y empezar desde el principio otra vez. Eso significaba tratar con la
resistencia, conocer a la pequeña, encontrar un lugar en el consultorio donde pudiera salir y
estar segura, tratar de comunicarme con ella (podía estar en la etapa anterior al habla) a través
de dibujos, señales o juegos y eventualmente trabajar a través de todas las etapas del trabajo
de fragmentación. Yo estaba extremadamente frustrado y descorazonado.

Por un lado, era emocionante pensar que había llegado al final de identificar y trabajar
con los pequeños, que ya no existía ningún otro y que esto era el final. Por el otro lado, me
sentía desanimado y algo desinflado debido a que pensaba que ya había hecho eso antes. En
conjunto, Sarah estaba mejorando. Su funcionamiento había mejorado. Estaba en una escuela
de postgrado y estaba planeando su boda y pensando en tener hijos. Ya no trabajaba en
restaurantes de comida rápida ni vivía parcialmente en la calle. Toda su vida había mejorado
tremendamente. Después de siete años de mi vida, sin embargo, estábamos a punto de
zambullirnos en un trabajo con un nuevo ritmo y una nueva pequeña empezando de cero. Esto
era difícil, para decir lo menos.

Con los tipos de pacientes ligeramente disociados, con fragmentación co-conciente, con
personalidades múltiples y otros tipos de fragmentación, el trabajo con las partes casi siempre
se desarrolla lentamente conforme la confianza generada al tratar a una parte permite que las
otras emerjan. Muy rara vez (nunca en nuestra experiencia, aunque hemos escuchado a otros
terapeutas hablar de ello) todas las partes emergen simultáneamente.

Los pacientes co-concientes se pueden comunicar con sus partes internamente y


eventualmente las partes pueden hablar con el self adulto en las sesiones de terapia. Aún
estos pacientes, sin embargo, no le permiten al terapeuta conocer todas las partes que están en
su interior al mismo tiempo, Yo experimenté a una paciente que había pasado varios años en
terapia, con un terapeuta que había hecho un trabajo excelente, y se daba cuenta ligeramente
de sus partes internas. Solamente porque su vida se había vuelto bastante desorganizada, ella
se vio forzada a buscar una terapia otra vez. Esta paciente trajo una lista de sus pequeñas.
Sin embargo, a pesar de esta lista y del conocimiento de la paciente de sus pequeñas, sólo se
nos permitió conocer a una pequeña cada vez y sólo por cortos períodos de tiempo.

Cuando los terapeutas están tratando de imaginar el espejo roto de la vida de un


paciente fragmentado y están seguros que entienden conceptualmente a todos los fragmentos,
deben considerar el problema desde tres puntos de vista.

Primero, cuando el terapeuta va conociendo la historia completa de la vida del paciente,


él o ella deben empezar a buscar señales de las cuales no se da cuenta el paciente o que no
están accesibles.

 Si el paciente ha sido lastimado mucho y nunca se enoja hay grandes posibilidades


de que exista una parte enojada.
 Si el paciente no puede ser juguetón o infantil, entonces hay una gran posibilidad de
que exista una parte pequeña.
 Si el paciente es una persona obviamente positiva y sensible pero está viviendo una
vida de dolor y no pude encontrar nada bueno, sin importar cuánto trabaje con su
autoestima, debe de haber un lugar en el que resida la autoestima y las buenas
experiencias que se pueden acceder indirectamente a través de una parte.
 Si hay recuerdos de grandes piezas de la vida del paciente que no se pueden
experimentar con claridad, hay grandes posibilidades de que una parte u otra
guarden esos recuerdos.
 Si hay creencias extremadamente negativas u hostiles y “acting out” o maldad hacia
el sexo opuesto, es posible que una parte haya sido tan lastimada que haya
desarrollado un actitud contrafóbica hacia el sexo opuesto o hacia un grupo de
personas y que esa actitud resida en un fragmento, una parte co-conciente o una
personalidad separada.

Una manera de determinar lo que puede existir potencialmente es examinar el


rompecabezas de la vida del paciente y buscar las piezas que están accesibles para el
terapeuta.

La segunda manera es confiar en el proceso. Suponga que la terapia va por buen


camino, que ha hecho un diagnóstico preciso, que el material de la primera infancia ha surgido
intelectualmente en términos generales o a grandes rasgos a través del darse cuenta y del
contacto, que usted haya tenido una experiencia positiva con el primer fragmento o
personalidad co-conciente y que usted ya ha establecido un ritmo con el que se siente cómodo
el paciente. Hay buenas posibilidades (aunque habrá muchas vueltas y recovecos, errores,
callejones sin salida y mucha confusión ya que usted no está exactamente seguro de hacia
dónde se dirige en el laberinto de la mente del paciente), de que usted eventualmente descubra
todas las partes si se hace bien la terapia.

Creemos en el proceso. Lo hemos visto funcionar a pesar de nuestras frustraciones,


nuestros múltiples errores, nuestros sentimientos de contratransferencia que han interferido,
nuestra confusión y nuestro etiquetamiento erróneo de comportamientos que creíamos que
eran resistencias o falta de respeto premeditado en lugar de entender que estos
comportamientos provenían de las partes. Cuando la terapia iba por buen camino y estaba
funcionando, era evidente que todas las partes emergerían eventualmente.

La tercera forma de estar seguros que han entendido el mapa terapéutico completo es
formar el vínculo más positivo, más estrecho y más conectado que sea posible con el pequeño
amable y confiar en él para trabajar con el terapeuta para entender lo que hay ahí. La parte
guía, ya sea un fragmento co-conciente positivo, un pequeño cuyo trabajo es controlar a los
otros pequeños inconcientes en un paciente disociado, o una personalidad enojada, cooperativa
o seductora, usualmente es el primero en emerger y formar una relación con el terapeuta. Le
permite al terapeuta conocerlo y comunicarse con él de una forma que le permite desarrollar un
ritmo y confianza. Aún si es pre-verbal y hay que comunicarse a través de dibujos, signos o
juegos, esta parte puede convertirse en una ayuda invaluable para ayudarle al terapeuta
entender todo lo que hay ahí durante un largo período de tiempo.

Entender, mapear e ir conociendo a todas las partes es un proceso que puede tardarse
muchos años, un proceso con el que el terapeuta tiene que ser extremadamente sensible y
permitir que se desenvuelva lentamente y un proceso al que el terapeuta puede acceder de
cualquiera de estas cinco formas. Es, sin embargo, un proceso que se debe mantener en
mente si el terapeuta trabaja con pacientes fragmentados y mientras se mueve hacia el ritmo y
la claridad del trabajo de partes.

ETAPA SIETE: EL TRABAJO CON LAS PARTES, FRAGMENTOS, PEQUEÑOS Y


PERSONALIDADES.

Sin importar si los pacientes están ligeramente fragmentados con partes co-concientes o
las personalidades múltiples más divididas, nosotros creemos que comparten algunas
similitudes así como diferencias distintivas. Con adultos co-concientes, dependiendo de qué
tan concientes estén las partes, los terapeutas hacen mayor trabajo de grupo con los pequeños.
Trabajan con cada parte sistemáticamente para llegar a conocerla, para ayudarla a hablar, para
desarrollar una relación positiva con ella y para entender el papel que juega dentro del sistema.
Muchas sesiones presentan oportunidades para que los terapeutas trabajen con varias partes y
una vez que se ha establecido el ritmo y que las partes se sienten seguras, con frecuencia el
terapeuta y el adulto pueden pasar de parte a parte, entrelazando diálogos para que el paciente
realmente pueda desarrollar una relación con las partes para entenderlas y el papel que
desempeñan dentro del sistema.

Los terapeutas deben recordar que potencialmente todas las partes pueden hablar en
cualquier momento. Trabajar con las partes conforme van emergiendo no es como trabajar con
un paciente disociado fragmentado, en donde se trabaja con una parte a la vez debido a la
forma en que funciona el individuo. No es como el trabajo con una personalidad múltiple,
cuando usted se ve obligado a tratar con una persona a la vez.

El trabajo con las partes, ya sea que se haga interactivamente con partes separadas una
a la vez o con personalidades que emergen rápida o lentamente, tiene algunos temas en
común. El terapeuta debe reconocer, escuchar y respetar a cada parte, formar una relación
personal con ella y aprender la función de la parte. Finalmente, el terapeuta debe aprender lo
que esa parte guarda del self adulto. ¿Guarda la ira o los recuerdos?, ¿Vino a atacar al sexo
opuesto?, ¿Está ahí para castigar a otras personas por los daños que ha sufrido?, ¿Está ahí
para violentar a otros?, ¿Esta ahí para guardar lo bueno que no puede demostrar el self
adulto?, ¿Está ahí para guardar todos los sentimientos sexuales que fueron arrancados
brutalmente del self adulto?

Conforme el terapeuta llega a conocer la función de una parte o la razón de su


existencia, el terapeuta empieza a entender quién es esa parte. Una vez que lo ha logrado,
cada parte debe ser tratada con respeto, como si fuera una persona separada debido a que es
una persona separada, entonces el terapeuta puede formar alguna clase de relación con esa
parte dependiendo de qué clase de self fragmentado exista.

Algunas de estas relaciones se llevan muchos años y requieren de una gran paciencia,
sensibilidad y respeto para crearse. Conforme la parte viene al presente, necesita su propio
ritmo. Puede necesitar su propio lugar en el consultorio. Sólo puede emerger bajo ciertas
circunstancias; por ejemplo, después de que el terapeuta ha reconocido al adulto por un tiempo,
puede ser que la parte sólo pueda ser sacada a la superficie a través del fragmento guía, lo que
le permite al terapeuta conectarse con la parte disociada.

Después de que usted entienda quién es la parte, puede crear una forma rítmica,
uniforme, segura y sensible para desarrollar una relación con esa parte y, con el tiempo, llegar a
conocerla. Entonces puede ayudar a esa parte a sentirse segura, entendida y que le importa a
alguien. Finalmente, dependiendo del tipo de trabajo que se necesite, le puede ayudar a la
parte a valorar, creer en y aceptar la idea de que está segura y que el mundo no es el mismo
lugar que era cuando el self adulto era joven. Usted puede ayudarla a aceptar la idea de que
debe renunciar a su función y permitirle al paciente experimentar lo que la parte está guardando
y por lo tanto ser más completo conforme cada parte va renunciando a su trabajo y se va
integrando al adulto. Entonces el paciente entenderá, accederá y experimentará pensamientos
y sentimientos acerca de los que él o ella sólo había podido pensar anteriormente debido a que
las partes los mantenían alejados.

Jill es una paciente fragmentada severamente disociada con múltiples problemas de


abuso sexual durante mucho tiempo. Ella estaba asustada de la terapia después de varios
intentos abortados y desconfiaba de los terapeutas. Ella llegó a terapia conmigo con mucho
miedo y resistencia. Jill estaba casada con un buen hombre que realmente la amaba y tenían
tres hijos, pero su relación no era estable. Jill trabajaba como ayudante de enfermera y era
excelente en su trabajo, pero nunca progresaba porque era muy tímida, timorata y ansiosa y no
abogaba por sí misma. El personal del hospital le sugirió a Jill que entrara a terapia debido a lo
que ellos percibían como una falta de confianza en sí misma.

Yo pasé por las etapas de tratamiento y evaluación y traté de entender lo que sucedía
con Jill, pero me estaba costando trabajo hacer un diagnóstico. Entonces, después de veintiún
meses, se hizo evidente que una pequeña quería emerger. Un día Jill llegó con un dibujo que
la pequeña había hecho para mí. Gradualmente empecé a acceder a la pequeña, y el trabajo
con las partes empezó.

Jill vivía una vida secreta muy torturada. Aunque en la superficie aparentaba estar
calmada, interna y secretamente, cuando ella estaba sola, sufría tremendamente mucho dolor y
ansiedad y lo mantenía en secreto de todos. Realmente no se daba cuenta en un nivel
conciente de que estaba sufriendo tanto. Sólo más adelante, cuando empezó a experimentarse
totalmente a sí misma en la terapia estuvo mucho más conciente de qué tanto dolor había
sufrido. Tenía escaso acceso a partes de su personalidad, lo que la hacía sentirse timorata y
maleable y casi aduladora debido a que no podía acceder a su ira, a los sentimientos positivos
de sí misma o muchas otras partes separadas de su personalidad. Después de que conocí a la
primera de las pequeñas, resultó evidente que esta pequeña estaba extremadamente asustada
y necesitaba una gran cantidad de apoyo, sensibilidad y reconocimiento.

Jill y yo empezábamos sentados en unas sillas. Luego, después de un rato, cuanto ella
se sentía segura, se sentaba en el suelo y yo también me sentaba en el suelo en otra parte del
consultorio. Ella tomaba alguno de los animales de peluche que estaban debajo de mi
escritorio y lo sostenía. Eventualmente, cerraba los ojos, la pequeña aparecía y yo empezaba a
hablar con ella. La pequeña tenía como siete años, era tímida y estaba asustada. Esta
pequeña era la parte guía.

En el transcurso de varios meses, la pequeña parecía irse haciendo más fuerte y más
conciente. Al principio me reportaba que estaba encerrada en un cuarto en alguna parte y no
podía salir. Estaba lejos, muy lejos, y no se podía llegar a ella. Después de muchas sesiones
en las que describía este lugar, salió de ese cuarto y se permitió entrar en mi consultorio y estar
realmente ahí. Mientras más tiempo pasaba hablando de su situación, fue más fácil acceder a
su pequeña. Gradualmente, ella empezó a hablar acerca de por qué había nacido, por qué
había venido y cuál era su función. Entonces empezó a hablarme de las otras partes y
eventualmente se me permitió conocer a una de ellas.

En todo el trabajo con partes que hice con Jill, cada parte apareció muy lentamente, y yo
sólo podía acceder a ellas a través de la primera, la parte guía. Eventualmente, hacia el final
del trabajo, yo podía acceder a ellas más directamente, sin la guía, pero, durante varios años,
yo empezaba con la Jill adulta y luego iba con la parte guía quien hacía su ritual. Hablaba con
ella por un rato y luego ella se iba a otra parte del consultorio o hacía otra cosa. Eso permitía
que otra parte emergiera y yo trabajaba con ella.

Me pasé muchos, muchos meses con cada parte cuando emergía, conociéndola y
trabajando con ella. Obviamente, el trabajo no ocurría tan sistemáticamente como se puede
entender por mi descripción. Debido a mis errores, a eventos externos en el entorno, visitas
familiares y situaciones que Jill no podía tolerar debido a que no podía acceder a las partes que
necesitaba para manejarlas, ocurrían regresiones terapéuticas. Yo necesitaba hablar con
alguna de las otras partes debido a algo que había sucedido. Jill se encontraba con dificultades
en su vida o había faltas de armonía internas que se podían resolver con mucha mayor rapidez
hablando con alguna de las partes que haciendo terapia tradicional. El trabajo nunca es tan
sistemático, limpio y claro como se muestra aquí. Este es un punto extremadamente
importante.

Conforme progresaba el trabajo constantemente y yo iba conociendo a cada parte y


trabajaba profundamente con ella, empecé a hablar con varias de las partes para que
renunciaran a sus funciones. El trabajo con las partes implica irlas conociendo, sacarlas a
todas a la superficie, formar alguna clase de relación con ellas, ayudarles a salir y acceder a
ellas más rápidamente, ayudarles gradualmente a trabajar junto la parte adulta para hacer su
vida más fácil y entonces moverse hacía la integración. En casi todos los casos, esto se lleva
mucho tiempo. Conocer a estas partes, formar una relación emocional con ellas, escucharlas,
entender quiénes son y ayudarlas a sentirse lo suficientemente seguras para que empiecen a
hablar por sí mismas acerca de renunciar a sus funciones es una parte curativa increíblemente
difícil, sin embargo muy importante, del proceso.

Es un largo camino. Conforme se desenvuelve el proceso de trabajar con pacientes


fragmentados, aún desde los primeros pasos de identificar a las partes y luego formar una
conexión con ellas, desarrollar un ritmo y hacer el trabajo ellas, los pacientes empiezan a
sentirse más enfocados, más abiertos y concientes y a creer que existe una estructura que les
da esperanza. Los pacientes pueden lograr una sensación de curación y dirección aún en las
primeras fases del tratamiento. Esto es importante. No es sólo la integración lo que permite
que ocurra la curación. Es el proceso completo, seguridad, confianza, conexión, estar ahí,
atestiguar, que le importe a uno, todo lo que forma parte de la relación terapéutica y trabajar
con los pequeños.

Conforme el terapeuta forma relaciones con las partes y estas se sienten seguras y
realmente unidas, la seguridad y la estructura les proporcionan una conexión sustituta para la
seguridad que las partes sintieron en primer lugar cuando asumieron sus funciones. Su fe en el
terapeuta, su sensación de que le importan a alguien y que las apoya y su conocimiento de que
el terapeuta conoce y entiendo por lo que han pasado y por qué deben de continuar
protegiendo al self adulto haciendo sus funciones, los ayuda a sentir una sensación alterna de
seguridad. El terapeuta puede dar la seguridad, para que juntas las partes puedan considerar
renunciar a sus funciones.

Etapa Ocho: Renunciar a las Funciones.

Con las partes co-concientes que se dan cuenta, con los pequeños disociados o con
personalidades múltiples, la meta final del tratamiento es que las partes renuncien a sus
funciones después de que se sienten seguras y han sido escuchadas y reconocidas y han
completado el trabajo con lo que sea que necesitan trabajar. Debo insistir una vez más que
cada parte fue creada como una defensa contra el trauma y el peligro y que, en las mentes de
los pequeños, sus funciones mantienen a la persona que están protegiendo segura para que no
vuelva a suceder el evento traumático.

Si el paciente fue traumado una y otra vez durante la infancia o como adulto, estas
funciones están más profundamente atrincheradas en el individuo. Entre más agudo sea el
trauma, tanto más sentirán las partes que deben seguir con sus funciones para que no vuelva a
suceder el trauma. Esta es la razón de su existencia. Esto es lo que creen que deben hacer
para mantener al paciente seguro.

Convencer a cada parte para que renuncie a su función particular es por lo tanto una
tarea inmensamente difícil. Sin embargo, cuando una parte, fragmento o personalidad llega al
punto en el tratamiento en el que está dispuesta a renunciar a su función, se les facilita a las
demás considerar renunciar a las suyas.
El proceso de renunciar a las funciones tiene varias fases. Frank se ubicaba en la
sección fragmentada de co-conciencia del continuo de fragmentación. Él había estado en
terapia durante varios años y sus partes estaban fuera de control y era difícil tratar con ellas.
Dentro de Frank se libraba una guerra sanguinaria ahora que las partes habían salido a la
superficie.

Frank había crecido en un ambiente de abuso, de alcoholismo y de abandono en el que


experimentó traumas de varias fuentes. Él estaba emocionalmente inestable, confundido y
preocupado con su identidad sexual. Tenía muchos conflictos presentes y pasados con su
familia de origen. Frank experimentaba una gran dificultad para relacionarse con las personas
en su vida diaria. Se aislaba en el trabajo y con un pequeño grupo de amigos esencialmente
seguros.

Cuando empezó la etapa de recuperación de recuerdos de Frank, éste individuo agitado


emocionalmente, solitario y severamente deprimido se volvió aún más agitado y
emocionalmente inestable. Aún con medicamentos, tenía problemas para mantener sus rutinas
de vida diarias.

Con los pacientes co-concientes, el terapeuta trabaja con cada parte cuando aparece en
la terapia. Todas las partes están concientes desde el principio, sin embargo, y el adulto
también está presente, así es que el terapeuta tiene una oportunidad para la integración que es
distinta a los casos en que las partes están totalmente disociadas del self adulto. Para Frank, la
co-conciencia significaba que existía una guerra sangrienta entre las partes. En las personas
fragmentadas disociadas la guerra es menos intensa. Las partes no están tan disponibles, sin
embargo y están más profundamente separadas del self adulto. En las personalidades
múltiples, están totalmente separadas.

Las partes de Frank estaban todas ahí, como niñitos en una clase de preescolar
brincando de arriba a abajo y gritando para llamar la atención. Algunas veces las partes de
Frank estaban separadas, algunas veces le hablaban al self adulto y algunas veces hablaban
entre ellas. Yo trabajé con todas ellas para ayudarlas a entrar al presente y ser reconocidas,
para escuchar su historia, para hablar de sus sentimientos y para ayudarlas a conectarse
conmigo y luego con el self adulto.

La dificultad en el tratamiento de Frank era que había un fragmento que quería que
Frank muriera, una parte avergonzada que sentía que Frank no debería vivir debido al trauma
que había experimentado. Cuando las otras partes co-concientes habían empezado a sentirse
seguras y a conectarse con el terapeuta, Frank empezó a pensar que podría dejar los
medicamentos que había tomado durante muchos años.

Frank había estado medicado debido a que tenía una parte que quería morir y cuando
esa parte emergía, Frank se sentía suicida, tenía pensamientos suicidas y reportaba estar
ideando cosas suicidas. Aunque la terapia de Frank progresaba, el pequeño que “quería morir”
aún se hacía cargo cuando surgía cualquier oportunidad de amor, calor o cercanía. Ese
pequeño estaba aterrado de acercarse a alguien otra vez. La función de ese pequeño era
proteger a Frank de acercarse a alguien y por lo tanto ser traumatizado cuando la cercanía
llevara al dolor, al sufrimiento y al abuso.

Entonces, aunque la vida iba bien para Frank y las partes se estaban sintiendo más
seguras, cuando Frank se acercaba a una relación íntima, ese pequeño saltaba al ruedo una
vez más para “proteger” a Frank, pero en realidad causaba una crisis de proporciones épicas.
Entonces Frank se volvía severamente suicida o disfuncional y le daban ganas de abandonar la
terapia y de abandonar la vida.

Era extremadamente difícil conectarse con este pequeño. Me pasé mucho tiempo
tratando de hablar con esta parte vacía que quería que Frank muriera y lo hice con el darse
cuenta conciente de Frank. Frank no podía hacer nada para ayudarle a esta parte a sentirse
segura, para tranquilizarla o para ayudarla a entrar. Cuando emergía esta parte, Frank cerraba
los ojos y sollozaba incontrolablemente durante largos períodos de tiempo. Esta reacción podía
darse en sesiones de grupo o individuales, en el trabajo, en cualquier parte en donde estuviera
Frank cuando esta parte emergía.

Me pasé muchos meses trabajando con esta parte, estando concentrado, escuchando lo
que tenía que decir y aceptándolo. Durante todo ese tiempo, la parte insultaba, peleaba,
gritaba, discutía y constantemente me repetía que quería que lo dejara en paz, que no quería
hablar conmigo o escucharme, que no le importaba y que me fuera al infierno. Gradualmente,
sin embargo, empezó a confiar en mí. Gradualmente la parte que quería que Frank muriera
sintió que alguien la estaba escuchando y oyendo.

He dicho anteriormente que, cuando se trabaja con una parte para que renuncie a su
función, el terapeuta debe comprometerla y tratar con ella de diferentes formas, ya sea un
pequeño, un fragmento o una personalidad separada. Primero, la parte debe ser escuchada y
se le debe permitir decir lo que quiera decir. Aún si necesita decir mil veces que quiere que
Frank muera, el terapeuta debe estar dispuesto a escuchar. Discutir con ella o desdeñarla sólo
logrará silenciarla. Sentirá que al terapeuta no le importa, que el terapeuta no está realmente
ahí para ella y que a nadie le importa lo que dice o está tratando de decir. Hasta que esa parte
esté dispuesta a decir que ya no necesita ejercer su función, el terapeuta debe seguir
escuchándola. Insisto en este punto repetidamente en este Trabajo.

Renunciar a una función significa que una parte, por sí misma, está lista para hablar de
no hacer lo que supone que debe hacer. Las etapas anteriores del trabajo con las partes
prepararon el escenario para este momento. Cuando llegamos al punto en que la parte que
quería que Frank muriera estuvo lista para considerar que posiblemente ya no necesitaba
mantener esa postura, la decisión se originó en la parte. No se originó porque yo la presionara,
la confrontara o la manipulara, aunque había cometido ese tipo de errores, me había frustrado y
había tratado de presionar la decisión debido a que la depresión de Frank era tan severa. La
parte necesitaba estar de acuerdo en renunciar a su función en sus propios términos. Cuando
finalmente estuvo de acuerdo, Frank, por primera vez en su vida, experimento períodos de
tiempo cada vez más largos sin la abrumadora depresión suicida que lo hacía sentir que ya no
podía más debido a que su dolor era tan intenso.

Llegar a este punto con Frank fue probablemente la experiencia más difícil y
desconcertante del trabajo con las partes de mi carrera. Esto se debió a que la tenaz
predisposición de la parte para tratar de lograr que Frank muriera y su terca resistencia a
renunciar a su función e integrarse al self adulto. Parecía que esta parte nunca estaría
dispuesta a formar parte de algo en lugar de apoderarse del control y estar presente siempre.

Este pequeño sentía que necesitaba proteger a Frank haciendo que dejara de vivir.
Conforme el terapeuta empieza a ayudar a las partes a sentir que quieren renunciar a su
función, suceden una serie de cosas. Después de trabajar con cada uno de los pequeños por
un tiempo, el terapeuta normalmente desarrolla la conexión. Las partes empiezan a sentirse
seguras y empiezan a considerar por sí mismas la posibilidad de que pueden renunciar a su
función y dejar que el adulto se haga cargo. Las partes no sienten que pueden desaparecer
totalmente, ya que uno no puede borrar la historia, pero el proceso de trabajar con los
pequeños usualmente los lleva al punto en el que, como grupo, acuerdan que es hora de
renunciar a sus funciones.
Es una decisión de grupo ya que, en colaboración y colectivamente, los pequeños
necesitan sentir todos juntos que es hora de renunciar a sus funciones. Si uno siente que ya es
hora y los demás no, obviamente no se va a sentir seguro para proceder. Conforme el
terapeuta construye una relación con cada pequeño, sin embargo, y lo llega a conocer, escucha
su historia y le demuestra que le importa, eventualmente todas las partes estarán preparadas
para dejarse ir y renunciar a sus funciones.

Este es un momento decisivo en el tratamiento. Gradualmente todas las partes van a


dejar al adulto experimentar lo que guardaban, el enojo, los recuerdos, la habilidad para
sentirse bien, la disposición de ser asertivo o cualquier cosa que guarden. Los pacientes van a
escucharse y sentirse a sí mismos diciendo y haciendo cosas que nunca han dicho y hecho
antes. Serán momentos aterradores para ellos.

El proceso de preparar a los pequeños para renunciar a sus funciones es decisivo para
la terapia. Requiere de una gran sensibilidad y apoyo.

Etapa Nueve: Moverse Hacia la Integración.

Conforme las partes empiezan a renunciar a sus funciones, nos aproximamos a la


novena etapa, moverse hacia la integración. Posiblemente se sorprenda de que estas dos
etapas constituyen uno de los aspectos más difíciles, desconcertantes y aterradoras del trabajo
de fragmentación. Posiblemente piense que ya se encuentra en la recta final. Ya ha hecho
todo el trabajo, las partes sienten la confianza. Todo parece estar marchando bien. La
dificultad para que las partes renuncien a sus funciones y se muevan hacía la integración, sin
embargo, implica lo que sienten los pacientes adultos conforme empiezan a volver a
experimentar o a experimentar por primera vez, pensamientos y emociones que han
permanecido enterrados durante mucho tiempo. Este puede ser un tiempo traumático,
aterrador y abrumador.

Fred era un paciente severamente fragmentado que llevaba varios años en terapia
conmigo. Cuando llegamos a la etapa de renunciar a las funciones, los pequeños de Fred
empezaron a permitirle experimentar gradualmente lo que habían estado guardando para
mantenerlo seguro. El pequeño enojado de Fred siempre había contenido su ira por lo que
Fred tenía una experiencia mínima en estar enojado. Siempre era bueno, siempre agradable,
siempre sirviendo a otros y siempre estaba disponible debido a que no podía acceder a su ira.
Además de nunca enojarse, Fred no podía creer que tenía derecho a ser tratado con respeto.
Conforme su pequeño enojado fue dejándole sentir la ira, la experiencia fue abrumadora
para Fred. Imagínese ser un hombre de cuarenta y un años y por primera vez en su vida,
empezar a sentir no sólo enojo sino sentimientos intensos, aterradores de profunda ira que lo
sacuden y lo abruman. Fred estaba asustado y confundido por estas emociones. Necesitaba
ser apoyado, ser reasegurado y ser entendido.

Los terapeutas pueden pensar que cuando llegamos a la recta final, la concentración y
la intensidad disminuirán. Desafortunadamente para muchos pacientes que llegan a esta
etapa, la realidad es exactamente lo contrario. Cuando Fred experimentó todas estas nuevas
emociones y experiencias, necesitaba un lugar seguro para procesarlas. Yo tenía que estar ahí
para él.

Además del problema con la ira, Fred nunca había podido experimentar ningún
sentimiento positivo de sí mismo. Cuando el pequeño que contenía la autoestima empezó a
permitirle a Fred experimentarla, su situación se volvió aún más confusa y difícil. Fred empezó
a pensar que merecía ser tratado con más respeto por su esposa y sus empleados. Empezó a
comportarse de maneras totalmente distintas. La esposa de Fred estaba confundida y ella y
todas las personas en la vida de Fred empezaron a experimentarlo como una persona
profundamente distinta.

En todas las relaciones de Fred, él era el que daba y en ninguna de ellas había indicado
que sintiera que merecía recibir mucho a cambio. Estas relaciones habían sido creadas y
habían logrado la estabilidad con base en el comportamiento conocido de Fred. Súbitamente,
sin embargo, empezó a actuar, a sentir, a querer y a experimentar de forma distinta y este
cambio se vio reflejado en sus relaciones. Esta nueva forma de ser no sólo desestabilizó a Fred
emocionalmente, también, en distintos grados, desestabilizó a sus relaciones. Poder procesar
con las personas cercanas a él era importante para Fred en este punto, cuando empezó a
cambiar abruptamente, o así lo percibían ellos. Aunque lo que Fred estaba pidiendo no era
nada que debería haber estado recibiendo todo ese tiempo, las personas cercanas a él no
estaban preparadas.

Yo traté de preparar a la esposa de Fred y a su familia. Hablé con ellos cuando Fred y
yo alcanzamos esta etapa y les expliqué lo que podía suceder. No sabía yo específicamente lo
que iba a pasar, desde luego, pero les expliqué que Fred iba a estar mucho más pleno y más
completo. Le di a la familia la oportunidad y un lugar al que acudir para procesar los cambios
de Fred, para ayudar a encontrar un nuevo balance en su matrimonio y para ayudar a los hijos
a entender algo de lo que estaba sucediendo. Esto ayudó tanto a la familia como a Fred, que
estaba asustado y abrumado por todos estos nuevos pensamientos, emociones y acciones.

Otro problema fue que, cuando Fred empezó a sentir y a recuperar su cuerpo, empezó a
experimentar nuevos sentimientos sexuales. Debido a que había sido molestado sexualmente,
uno de sus pequeños contenía todos sus sentimientos sexuales y el sexo le asustaba a Fred.
Tenía hijos, desde luego, pero sus experiencias sexuales con su esposa había sido limitadas y
superficiales debido al pequeño que contenía toda su intensidad y poder sexual.

Cuando Fred empezó a experimentar de nuevo su propia sexualidad cuando el pequeño


renunció a su función, empezó a querer más actividad sexual y empezó a experimentarse a sí
mismo comportándose de nuevas maneras sexualmente. Este nuevo comportamiento era tanto
atemorizante como excitante para Fred y también le resultaba extraño a su esposa.
Finalmente, sin embargo, con apoyo y ayuda, llegaron a un nuevo y mejor lugar.

Conforme los pequeños de Fred gradualmente abandonaban sus funciones, se


necesitaba tratar varios asuntos:

 Uno, Fred necesitaba ser reasegurado y apoyado conforme recuperaba las


capacidades a las que había renunciado.
 Dos, Fred necesitaba procesar sus nuevos comportamientos y experiencias.
 Tres, Fred necesitaba la oportunidad de encontrar un nuevo balance en su
matrimonio y con su familia. También necesitaba algo de apoyo para ayudar a que
las personas a su alrededor, incluyendo a sus empleados, entendieran que él iba a
ser diferente.
 Cuatro, Fred mismo necesitaba entender lo que iba a suceder y recibir el mismo tipo
de apoyo psico-educativo que su familia recibió.
 Cinco, todos necesitamos respetar y entender el hecho de que, aunque estábamos
llegando al final de nuestra experiencia juntos, esta etapa sería extremadamente
difícil. Iban a haber muchas nuevas experiencias atemorizadoras y difíciles. Fred iba
a necesitar mucho apoyo y sensibilidad conforme empezara a recuperar partes de sí
mismo que nunca había experimentado o sentido antes.
Conforme los pequeños de Fred abandonaban sus funciones, el proceso continuaba
tardándose mucho tiempo. El proceso de integración, como todo cambio, es paulatino.
Gradualmente Fred empezó a experimentar nuevas capacidades, en ocasiones, más de una
simultáneamente. Conforme lo hacía, sin embargo, necesitaba el apoyo continuo de la terapia
y el procesamiento para poder mantener un lugar seguro en el que sus pequeños continuaran
siendo escuchados mientras se iban integrando al Fred adulto.

Gradualmente los pequeños de Fred fueron necesitando menos atención personal y


experimentaban una menor necesidad de salir, hablar y conectarse. Eventualmente la terapia
en la etapa de integración evolucionaría a trabajar más con Fred y raramente a trabajar con los
pequeños. Los pequeños no podían ser ignorados, sin embargo. Ellos necesitaban saber que
nunca serían olvidados, que Fred y yo los respetábamos por la función que habían
desempeñado, que sabíamos lo significante que había sido su papel para salvar a Fred y que
continuarían estando seguros porque Fred se haría cargo de ellos.

Conforme los pequeños de Fred empezaron lentamente a abandonar lo que habían


disociado y mantenido separado de Fred y conforme empezó a recuperar su self completo, él
empezó a expandirse y a crecer. Es una experiencia asombrosa el poder de hecho ver a un
hombre sentir por primera vez que es bueno o verlo ser asertivo y repentinamente empezar a
decir y a hacer cosas que nunca había podido decir y hacer anteriormente. Esto no sucede en
un instante sino como un proceso que sucede porque los pequeños internos deciden renunciar
a lo que se han llevado para que la persona se pueda recuperar a sí misma.

Etapa Diez: Integración.

Sabemos que la integración es un concepto y un constructo que no es aceptado por


todos los teóricos. Desde nuestra perspectiva, sin embargo, la meta de toda terapia con
pacientes fragmentados es la integración. Pero la integración no significa que la fenomenología
actual desaparece, que el self del paciente es ahora un todo sin grietas o que toda la historia
del paciente y todo lo que ha sucedido desaparecen para no regresar nunca.

Lo que la integración significa en términos reales es que los fragmentos co-concientes,


los pequeños, las partes o las personalidades renuncian a sus funciones al mismo tiempo
(Fagan, Julia, Comentario 3, pag. 44-47 y Voces: “El Arte y la Ciencia de la Psicoterapia,” El
Diario de la Academia Americana de Psicoterapeutas 38: 2002). Eso no significa que todos lo
hacen en un momento dado. Gradualmente, sin embargo, todos deciden que renunciar a sus
funciones es seguro. Obviamente, un fragmento no puede decidir que hacerlo es seguro
mientras otro decide que no es seguro. La integración es un proceso, tal como todas las otras
etapas del tratamiento de pacientes fragmentados son procesos. Se toma tiempo, es paulatino
y avanza lentamente, en un estira y afloja y es extremadamente difícil.

Eventualmente, sin embargo, durante el proceso de integración, todas las partes se


hacen presentes dentro de la persona y empiezan a trabajar juntas como un self completo. La
fenomenología no ha terminado y las partes no han desaparecido, pero ya no hay partes o
personalidades disociadas o co-concientes. Todo existe en el presente y está accesible y está
trabajando y colaborando conjuntamente, como en el self de cualquier persona. Eso es la
integración (consulte Ser en el momento, el capítulo El Self y el Diagnóstico Centrado en el
Presente de esta serie y a Perls, Hefferline y Goodman).

Las partes aún están ahí, y, en situaciones estresantes o en momentos difíciles, pueden
necesitar algo de apoyo o ser reaseguradas. Básicamente, sin embargo, el paciente ahora
funciona como un adulto completo y total sin ninguna capacidad, parte, fragmento o
personalidad separada del adulto de manera que el adulto no pueda acceder a ellas como una
forma de vida. Eso es lo que definimos como integración.

Algunos teóricos creen que el ajuste, en lugar de la integración total, debe ser la meta
(consulte Beckman, 1984; Putnam, 1986; Sheingold, 1979). Sin embargo, como resultado de
nuestra experiencia clínica y definiendo la integración como nosotros lo hacemos, creemos que
la integración es posible, aunque no somos totalmente realistas en lo relacionado con sus
costos. Esta es una terapia de largo plazo. Le cobra su precio al terapeuta y requiere un
tremendo compromiso de recursos y de tiempo, no se puede lograr de un día para otro o sin
una gran cantidad de apoyo, es muy difícil.

Nosotros creemos, sin embargo, que las personas que han sido traumadas en serie o
agudamente de formas poderosas pueden convertirse en adultos integrados totalmente
funcionales. La pregunta, desde luego, es si nuestra sociedad proporcionará el apoyo y los
recursos para que estas personas puedan recibir el tratamiento que hemos descrito en este
documento y otros tipos de tratamiento que les permitan acceder completamente a sus selfs y a
creer en el mundo igual que la mayoría de las personas. O sea que, ¿habrá la posibilidad de un
seguro o un programa gubernamental para ayudar a las personas de las que se ha abusado o
han sido traumadas que les permita obtener el tipo de tratamiento descrito en este documento
de trabajo?
El proceso de integración puede ser atemorizante, en lugar de tranquilizante. Implica
que los recuerdos han sido recuperados y que las partes separadas has sido traídas al
presente. Han sido escuchadas, a alguien le importaron, ha recibido seguridad, han sido
amadas y protegidas. Han hecho lo que necesitaba hacer y han estado dispuestas a renunciar
a sus funciones. Cuando renuncian a sus funciones, se da la integración.

Originalmente, yo creía que la integración estaría llena de alegría y sería algo


maravilloso, el momento de coronación de la gloria después de una larga, difícil y dolorosa
lucha. Estaba equivocado. Para la mayoría de los pacientes, la integración es realmente una
experiencia aterradora. Imagine esto: usted es una mujer adulta de cuartea años que ha vivido
la mayor parte de su vida sin experimentar el poder de la ira, sin sentirse bien consigo misma,
sin poder decir en voz alta nada positivo acerca de usted misma o de sus logros y sin poder
pedir mucho para usted en cualquier confrontación.

O imagine esto: usted es un profesional de la salud mental con muchos años de


experiencia. Usted puede entender intelectualmente el proceso de integración. Usted le ha
ayudado a otras personas a integrarse, pero nunca lo ha sentido o lo ha hecho usted. En varias
ocasiones, usted ha tratado, sin éxito, de trabajar en su propia autoestima. Ahora, en su propia
terapia, usted está en la etapa de integración. El pequeño cuya función ha sido proteger a su
self adulto de creer que es digno está renunciando a su función. Por primera vez en su vida,
usted ha empezado a sentirse bien con usted mismo.

Esta es una experiencia extremadamente atemorizante y embarazosa. Su self adulto


está siendo inundado gradualmente por pensamientos e impulsos para hablar y comportase de
maneras que usted nunca había experimentado anteriormente. Aunque usted entiende el
proceso intelectualmente, usted ese encuentra aterrado y abrumado durante meses mientras
está atrapado en este proceso. Usted, no sus partes, necesita más y más apoyo. Usted, no
sus partes, necesita hablar acerca de lo que está experimentando y a sentir que le importa a
alguien, sentirse amado, apoyado y escuchado. Usted necesita la misma clase de relación
terapéutica que su terapeuta se ha pasado años construyendo con sus partes, usted necesita
más y más tiempo para procesar lo que le está sucediendo a usted mientras sus partes están
renunciando a sus funciones y permitiéndole experimentar lo que ellos había contenido
anteriormente.
A diferencia de lo que yo creía al principio, el camino hacía la integración es
atemorizante y difícil para los terapeutas porque pone a los pacientes en un camino
desconocido. Los paciente experimentan el proceso gradualmente durante muchos meses y
ellos se encuentran pensando, sintiendo y deseando de maneras totalmente nuevas. Se les
presentan oportunidades para manejar sus vidas de maneras completamente distintas y han
sido sacudidos por sus selfs.

Un terapeuta pasará mucho más tiempo procesando estas nuevas experiencias con el
paciente e integrándolas al self adulto. Al mismo tiempo, sin embargo, hay una gran tristeza
entre los pequeños. Gradualmente se están convirtiendo en parte del todo. Gradualmente
empieza a disminuir su necesidad de existir y se mueven hacia la integración dentro del self
adulto completo. La experiencia es agridulce debido a que se encuentran cerca de, conocen y
les importa la persona fragmentada. Habiendo pasado muchos años para conocer a esa
persona, ahora se están desvaneciendo de alguna manera en la unidad de la persona
completa.

Nunca se irán por completo, pero sus funciones y lo que sea que estaban haciendo y lo
deja de tener sentido su razón de ser. Un nuevo sueño y una nueva forma de funcionar
emergen para el paciente.

Las partes están emocionadas y con una actitud positiva porque el self adulto se está
haciendo cargo de ellos, pero también están tristes porque están perdiendo sus relaciones
individuales con esa persona. Al mismo tiempo, los pacientes están siendo sacudidos desde lo
más profundo. Ahora necesitan mucho más del terapeuta que lo que nunca necesitaron antes,
porque la mayor parte del esfuerzo en los años anteriores estaba concentrado en las partes.
Algunas veces el paciente se sentirá rechazado o menos aceptado porque el terapeuta se ha
concentrado tanto en las partes o personalidades disociadas, especialmente cuando el paciente
tenía que alejarse para que las partes o las personalidades separadas pudieran emerger.

El terapeuta debe pasar mucho tiempo con los pacientes durante la etapa de integración
para que puedan sentir la solidez de la relación. Para el terapeuta, el paciente puede ser una
persona, pero esa no es la realidad del paciente. El paciente adulto individual ahora necesita el
tiempo y la atención del terapeuta. Los pacientes comúnmente experimentan el camino a la
integración como un tiempo muy confuso y caótico. Nosotros lo llamamos confusión de
integración.
Etapa Once: Psicoterapia de Integración.

El proceso continuo de integración significa continuar la terapia con el adulto integrado.


Después de que las partes se han despedido gradualmente de sus funciones y ahora están
cada vez más y más presentes en el momento con el adulto, ya no hay diferencia entre las
partes y el adulto. Todos están trabajando juntos. El adulto se está integrando. El terapeuta
ahora ya no se concentra en el ritmo del trabajo con las partes. Aunque los pequeños, los
fragmentos o las personalidades se pueden presentar, el terapeuta no accede a ellos con
mucha frecuencia. Gradualmente los pequeños dejan de necesitar ser el foco de la atención
individual y el terapeuta trata con el paciente y con sus partes juntos. En esta etapa de la
terapia, el terapeuta trata de determinar si se necesita hacer algo más.

Es una sensación rara que el terapeuta no tenga siempre a alguna parte emergiendo en
una sesión de terapia para tratar con ella mientras el paciente se aleja, no encontrar a una
personalidad separada y no tratar con disputas de las partes co-concientes. Es una sensación
rara no tratar con la confusión de integración que el paciente experimentó cuando emergieron
todas las partes y con la turbulencia de la integración. Es una sensación rara tratar con un
adulto que tiene todas las partes ahí, en el presente, y que, después de muchos años de trabajo
con el terapeuta, ahora está funcionando de manera muy distinta en el mundo exterior.

El principio del proceso de integración puede tener severas sacudidas y sobresaltos.


Conforme continúa la integración, sin embargo (y este proceso puede continuar durante mucho
tiempo) las sacudidas y los sobresaltos van disminuyendo. Las nuevas experiencias de los
pacientes, familias y colegas se hacen más aceptables. Los pacientes se ven mucho más
aterrizados en sí mismos y más completos. Aún hay baches en el camino y aún hay momentos
en los que se presentan dificultades o en los que las partes vuelven a emerger y a necesitar
atención. A grandes rasgos, sin embargo, los pacientes, con apoyo, hacen un trabajo fabuloso
para vivir sus vidas completamente. Es un tiempo emocionante, atemorizante y algo confuso
para el terapeuta porque él o ella no están acostumbrados a que estas personas se cuiden por
sí mismas.

En este punto, pueden emerger sentimientos de contratransferencia. Durante mucho


tiempo, el terapeuta es el que ha estado ahí. El terapeuta ha dado el apoyo y ha conducido el
proceso. Ahora los pacientes salen al mundo y dependen cada vez menos del terapeuta.
Debido a que es un tiempo emocionante y confuso, el terapeuta puede necesitar ajustarse
contratransferencialmente. Esto marca, sin embargo, la meta final de todo en lo que ha estado
trabajando el terapeuta.

En este punto, se deben identificar los problemas terapéuticos finales y deben


resolverse. El terapeuta se ha alejado por mucho en acceder a las partes. A propósito, el
terapeuta ahora está tratando con todos. Aún si los pequeños emergen, el terapeuta sólo se
mueve fluidamente a tratar con ellos y ellos a su vez, se convierten una vez más en una parte
del adulto. La terapia de adulto a adulto y la forma de vida de adulto a adulto son ahora el foco
total. Si se da una regresión, los terapeutas tratan con los pequeños de la misma manera
apoyadora, gentil, de bienvenida segura como siempre lo han hecho, permitiéndole a los
pequeños emerger, permitiendo que cualquier cosa que tenga que suceder suceda,
permitiéndole a los pequeños decir o hacer lo que necesitan y una vez que han terminado
moviéndose de regreso al adulto. Regañar, increpar, sermonear, reestructurar, reprimir o
frustrarse porque los pequeños están de regreso, desde luego, que vuelve a traumar un poco al
paciente y a hacer la integración total y el progreso más difícil en vez de ayudarlo.

La idea es desarrollar una relación sólida con el adulto y reasegurar a los pequeños que
el terapeuta siempre estará ahí y que, si necesitan algo, pueden regresar y tocar base. Ellos
necesitan y quieren hacer cada vez menos, sin embargo y cada vez más sólo necesitan saber
que le importan al terapeuta, que él los apoya y reconoce que ellos han sido una parte
importante del funcionamiento de los pacientes.

El cierre con un paciente fragmentado es, desde luego, un proceso triste, difícil y
complicado, así como uno muy emocionante. El terapeuta ha conocido a esta persona por
muchos años y ha ido al infierno y de regreso con él o ella. Dejar ir en todos los niveles es
tanto una pérdida como una necesidad. Sucede cuando todas las partes junto con el adulto se
sienten listas para pasar menos y menos tiempo con el terapeuta.

Ahora el self completo le está empezando a decir al terapeuta que ya no necesita tanto,
que se puede cuidar a sí mismo y que no necesita venir tan seguido porque ahora tiene los
recursos internos para cuidarse a sí mismo. Así es que, a diferencia de otros pacientes el
procesos de cierre se acerca cuando el self integrado empieza a decir que ya está listo y que no
necesita tanto al terapeuta. Las partes aún necesitan ser reaseguradas y ser apoyadas y aún
quieren saber que el terapeuta está ahí. Pero cada vez más, el paciente viene cada vez menos
frecuentemente, trabaja menos necesita menos apoyo y se cuida más a sí mismo.
La integración, por lo tanto, es una etapa difícil y compleja. En pacientes co-concientes,
que son los menos fragmentados, la integración proporciona un alivio cuando las partes
empiezan a abandonar la necesidad de cuidar al self y empiezan a confiar en el adulto. El
proceso trae un alivio emocional cuando las partes empiezan a dejar de hacerse cargo y a
causar brotes de ira u otros problemas. También es atemorizante porque, por primera vez, el
paciente experimenta cualquier cosa que las partes mantuvieron alejadas del self adulto. La
integración se está dando cuando un paciente entiende y experimenta lo que contenía una
parte sin acceder a esa parte.

En el estado de co-conciencia, cuando ocurre la integración, el trabajo continúa mientras


cada parte gradualmente renuncia a su función regresándosela al self adulto. Las partes se
vuelven menos expresivas y menos poderosas en el sentido que ya no son necesarias para el
funcionamiento y ya hay menos episodios en los que se hacen cargo del adulto. Este periodo
es aterrador para el paciente, que experimenta nuevas ideas y nuevos sentimientos.

Marti, una mujer que había sido abusada sexualmente en múltiples ocasiones como
parte de un culto, las partes co-concientes guardaban algunos fragmentos de personalidad
positivos y otros negativos que aterraban a Marti cuando empezó a experimentarlos. Una parte
enojada a la cual nunca había podido acceder directamente era la tercera parte que empezó a
renunciar a su función. Cuando esta parte enojada se empezó a integrar, Marti empezó a
experimentar sentimientos de ira. Decía palabras, tenía pensamientos y ejecutaba acciones
que eran totalmente nuevas para ella. Peleaba con su terapeuta, se quejaba por el dinero,
exigía más cosas y trataba a sus compañeros de trabajo con mayor eficacia y fortaleza.

Parecía que había una nueva Marti, pero la demás gente empezó a tener dificultades
con ella debido a que anteriormente había sido más servil y algo pasiva. Repentinamente, era
más exigente, aunque solamente estaba tomando el lugar que merecía en el mundo. Esos
cambios, desde luego, afectan al terapeuta así como a las personas significativas en la vida del
paciente. Los terapeutas deben reconocer que se darán cambios dramáticos en la forma como
se relacionan los pacientes fragmentados con el mundo externo.

Los sentimientos positivos de Marti acerca de sí misma habían estado contenidos en un


pequeño que era un varón adolescente. Cuando Marti empezó a trabajar hacía la integración y
a sentirse bien consigo misma, se presentó al mundo de manera distinta. Ella sentía su propio
valor por primera vez en su vida y empezó a comportarse como una persona que se valoraba a
sí misma. El cambio de comportamiento creó un nuevo conjunto de problemas con los que la
familia de Marti, sus amistades y su terapeuta tenían que tratar.

Los pacientes necesitan mucho apoyo y ser reasegurados por el terapeuta y estar en
contacto con él durante la etapa de integración para no verse abrumados o asustados. Si un
terapeuta no creía en este modelo y en este proceso antes de este punto, ver a un paciente
integrarse y sentir, hablar y comportarse de distinta manera lo convertirá en un creyente. Que
el terapeuta crea en el modelo les permite a los pacientes volver a experimentar su realidad y el
terapeuta está firme como una roca mientras los pacientes pasan por estos profundos cambios.
Ahora, el tormento del pasado empieza a disminuir, pero un nuevo tormento, ser diferente en el
mundo, aparece. El dolor y el sufrimiento no son iguales, pero todo nacimiento conlleva algo de
dolor.

La etapa de integración se tarda el tiempo que les tome a las partes integrarse. Nunca
desaparecen pero ahora todas son parte del presente y retroceden y funcionan como un todo.
Su necesidad de tomar el control se debilita gradualmente y hasta que eventualmente es casi
nula. El núcleo de las partes siempre reside en el self adulto, aunque ahora ejercitan muy poco
poder y se ha trabajado con ellas intensamente. Por lo tanto, si salen al frente, se presentan
como simples incidentes emocionales molestos en lugar de fuerzas poderosas que deambulan
en el inconciente listas para hacerse cargo.

Conforme se acerca al cierre con un paciente adulto, el paciente posiblemente necesite


un trabajo menor del mismo tipo que el que hace con un paciente cuando entra a terapia. Las
creencias nucleares positivas del paciente pueden necesitar algo de apoyo (Shub, 1996). Se
puede necesitar algo de trabajo con resistencias (Shub, 2000b) o algunos introyectos negativos
que queden necesitarán ser desactivados. No debe de ser necesario mucho trabajo porque,
conforme los pacientes recuperan sus capacidades, su sistema de introyección/proyección y
otras partes del self usualmente son más fuertes y mucho más poderosos. Quedará el trabajo
individual, pero principalmente usted debe estabilizar al paciente y gradualmente terminar la
terapia.

Etapa Doce: Cierre.

El final de la etapa de integración llega con el cierre. En toda fragmentación en


cualquier parte del continuo, el cierre involucra al self adulto gradualmente diciéndole al
terapeuta, “Ya no te necesito para darme cohesión, como la persona que me mantiene seguro.
Ahora puedo pasar cada vez menos tiempo contigo.” El cierre es paulatino. El cierre se da
cuando el todo y las partes dicen que ya no necesitan al terapeuta. El cierre se da con tumbos
y a jalones y empujones. Algunas veces los pequeños regresan y el terapeuta necesita trabajar
con ellos para darles confianza. Entonces ellos regresan y trabajan junto con el adulto.

Con el tiempo, gradualmente, la necesidad por la relación terapéutica disminuye, y los


pacientes fragmentados se sienten cómodos y dispuestos a dejarse ir y completar el ciclo del
proceso terapéutico. Este final no es mismo final que con otra clase de pacientes porque el
terapeuta sabe que los pacientes fragmentados pueden necesitar regresar para chequeos
breves, apoyo, y para ser reasegurados. Ellos necesitaran sólo tocar base de vez en cuando
para recordarse a sí mismos que el terapeuta sigue ahí y continúa apoyándolos.

Después de un tiempo, aún la necesidad de ser reasegurados disminuye y los pacientes


continúan con sus vidas y abrazan una vida completa. Saber que el terapeuta está ahí siempre
es un factor importante para un paciente fragmentado. Sin embargo, muchas de las personas a
las que he tratado no han regresado en largos períodos de tiempo, si es que regresan. Ha
salido a vivir su vida sabiendo en lo más profundo de su ser que, después de todos nuestros
años de trabajo, aún estoy ahí y que estoy disponible para ellos si es que alguno de los
pequeños necesita apoyo. Así es que, como todos los aspectos del trabajo de fragmentación,
el cierre, es lento, complejo, difícil, emocionante y triste.

PROBLEMAS ESPECIALES EN EL TRATAMIENTO CON EL SELF FRAGMENTADO.

En la sección final de este Trabajo, me gustaría tratar brevemente cuatro asuntos


especiales en el trabajo con pacientes fragmentados. Son: el diagnóstico diferencial, tratar con
las separaciones, los problemas específicos de contra transferencias inherentes en este trabajo
y la importancia del apoyo de los colegas.

Diagnóstico Diferencial.

Dirigirse precisamente al problema del diagnóstico diferencial, o sea, diferenciar la


fragmentación de otro tipo de fenómenos psicológicos, es difícil. Los pacientes fragmentados
con frecuencia se presentan con múltiples síntomas, lo que hace que el diagnóstico diferencial
sea muy difícil en ocasiones. Sólo cuando se le ha dado forma al entorno terapéutico con
seguridad y se ha desarrollado una relación emergen los pequeños, fragmentos o
personalidades.
Un indicador claro de un paciente fragmentado es la recuperación de recuerdos, un
proceso que se da después de que se ha desarrollado la suficiente seguridad dentro del
entorno terapéutico. Los pacientes fragmentados con frecuencia se presentan como pacientes
borderline pero sin las variaciones perceptuales que provienen de tener dos sistemas de
introyectos distintos y separados en guerra (Shub: El Self y el Diagnóstico Centrado en el
Presente, y La Metodología del Tratamiento Borderline para más información para diferenciar
entre individuos borderline y fragmentados).

No hemos visto ninguna evidencia de escisión, que es la resistencia que tiene mayor
predominio en un paciente borderline, aunque otros autores no están de acuerdo. Creemos
que la escisión como defensa está estrictamente relacionada con los dos sistemas de
introyección/proyección en guerra de un paciente borderline y no es engendrada por una batalla
sangrienta co-conciente en un paciente fragmentado. Cuando se dan esas batallas, las
diferentes personalidades o los pequeños se hacen cargo. El paciente se comporta de manera
distinta a su comportamiento normal pero no experimenta la misma clase de separación que un
paciente borderline.

Otros indicadores de un self fragmentado incluyen la pérdida de tiempo y estados de


fuga en los que la persona fragmentada no se da cuenta del paso del tiempo después de que
una de las partes se ha hecho cargo. Con el desorden de personalidad múltiple, cuando una
personalidad se hace cargo del self adulto, casi nunca hay el darse cuenta concientemente, y
se pueden perder largos períodos de tiempo. El mismo fenómeno ocurre con el self
fragmentado disociado si un fragmento disociado se hace cargo, se pueden perder largos
períodos de tiempo y la persona no puede reconstruir exactamente lo que ha sucedido.

Las personas fragmentadas que no han sido diagnosticadas o tratadas pueden estar
acostumbradas a vivir con pérdida de tiempo y estados de fuga. Hasta que empieza la terapia,
simplemente lo aceptan como una clase de aberración y nunca se preguntan realmente lo que
está sucediendo. Después de que empieza la terapia, sin embargo, este problema parece salir
al frente. Los pacientes se dan más cuenta de su gravedad y sus efectos potenciales al
manejar un auto, en su vida y en su toma de decisiones.

Otro factor importante en el diagnóstico diferencial es la historia de la primera infancia.


Si la historia está totalmente apropiada en el presente, una historia de trauma profundo con
frecuencia se relaciona con algún grado de fragmentación. Todas las formas de abuso están
relacionadas con esta fragmentación del self adulto funcional. La existencia de material
altamente traumático en la primera infancia hace que el terapeuta considere este diagnóstico en
particular mientras trata de conceptualizar lo que está sucediendo en el presente del self
funcional del paciente.

Un último factor que le puede ayudar al terapeuta a determinar si un paciente está


fragmentado es su cambio de habilidades en la sesión. Cuando los pequeños, personalidades
o fragmentos emergen sin darse cuenta en la sesión, pude ser como ir por un camino lleno de
baches, especialmente al principio de la terapia. Los sutiles matices del comportamiento, la
comunicación, el contacto y la conexión cambian conforme los pequeños se asoman por las
persianas, exteriorizando sus sentimientos y necesidades de una manera totalmente
inconsciente.

A diferencia de los pacientes borderline, estos cambios usualmente no se proyectan al


terapeuta. Simplemente se escenifican en una sesión cuando los pequeños del paciente salen
a la superficie del darse cuenta y actúan a través del adulto. Si ese tipo de cambios son visibles
en los primeros meses de terapia, entonces el terapeuta puede saber casi desde el principio
que está tratando con una persona fragmentada. Algunas veces los cambios son tan sutiles,
tan poco intrusivos o tan difíciles de detectar que solamente en retrospectiva se puede dar
cuenta el terapeuta de lo que esta sucediendo.

Tratar con las Separaciones.

Debido a que la terapia con pacientes requiere que las partes formen relaciones
separadas, seguras, con el terapeuta, las separaciones, vacaciones e interrupciones de la
terapia pueden ser bastante traumáticas y confusas. Si no se maneja bien, pueden ser
potencialmente regresivas para los pacientes. Hay varias formas de manejar las separaciones.

Dependiendo de en qué etapa se encuentre la terapia, se debe preparar a los


fragmentos para la separación y ayudarles a entender y a saber lo que está sucediendo y a
participar en el proceso dándoles la mayor cantidad de información concreta posible acerca del
motivo de la separación hasta donde lo considere apropiado el terapeuta. Hemos usado varios
métodos específicos para mantenernos en contacto con los pacientes durante las separaciones.

 El terapeuta puede escribir una serie de tarjetas que el paciente irá abriendo durante
los días que dure la separación.
 Las cintas grabadas ayudan con frecuencia. El paciente puede reproducir las cintas
para sentirse aterrizado y conectado con el terapeuta y las partes se sienten menos
asustadas, vulnerables y expuestas durante la separación.

 Aunque obviamente más intrusivo para la vida del terapeuta y más difícil para que el
terapeuta lo haga, las llamadas telefónicas pueden reasegurar y ayudar al paciente.

 El correo de voz o el correo electrónico posiblemente puedan sustituir efectivamente


a las llamadas telefónicas y hay mucho menor posibilidad de respuestas traumáticas
y dificultades engendradas en la llamada. Con las llamadas, la voz del terapeuta
puede hacer salir a una de las partes y entonces el terapeuta tendrá que trabajar con
esa parte por teléfono para poder regresar al self adulto. Esta difícil situación nos ha
sucedido muchas veces. Recuerde que es un poco más fácil acceder al correo de
voz y obviamente es menos destructivo para la salud mental del terapeuta.

Regalarles un pequeño detalle a algunas partes en particular con las que esté
preocupado también puede ser de gran ayuda. Les hemos dado a pacientes especiales de
mucho tiempo pequeños animales de peluche para que los guarden las partes y nos recuerden
durante las separaciones. Este gesto puede parecer un poco extremo y extraño. Pero
realmente les ayuda a las partes a sentirse aterrizadas y conectadas y cercanas al terapeuta
mientras éste se encuentra alejado. Cualquier objeto, rocas, botellas, cajas, conchas o
cualquier otra cosa que pueda tener un significado especial o personal en la relación entre el
paciente y una de las partes, o entre el paciente y todas las partes pueden ser de gran ayuda.

Aunque hacerlo puede considerarse como una pérdida de tiempo, la intención es


dirigirse a todas las partes que están presentes después de una larga separación. En las
primeras etapas de la terapia, incluso una separación de uno o dos días cuando el paciente
sabe que el terapeuta va a salir de la ciudad pude ser atemorizante y traumático. Las partes
sienten que están ahí afuera solas, pequeños niños expuestos, vulnerables, a los vientos
emocionales de la vida diaria. Las separaciones sin la protección y la seguridad del terapeuta
son traumáticas y difíciles. Cualquier cosa que el terapeuta le pueda dar a una parte para que
se agarre es de gran ayuda.

El asunto de la separación trae consigo otros dos asuntos que se deben tratar ahora, el
primero es la cuestión de la dependencia contra la vulnerabilidad. Debido a que la terapia es de
larga duración, profundamente involucrada, altamente estructurada y de naturaleza orientada a
la crisis, tanto el terapeuta como el paciente están sujetos a las críticas tanto externas como
internas, en especial de que la terapia es muy dependiente. Muchas veces los pacientes y los
profesionales han criticado la naturaleza de nuestro trabajo y se han retractado sólo cuando el
paciente, después de mucho tiempo, ha emergido mucho más fuerte y mucho más sano como
resultado del tratamiento.

La dependencia y la vulnerabilidad no son lo mismo. La dependencia es la falta de


habilidad de un paciente para funcionar sin el terapeuta en su vida diaria. La vulnerabilidad se
da cuando un paciente es expuesto de adentro hacia fuera y necesita al terapeuta por un
período de tiempo para sentirse seguro para que la terapia pueda progresar.

No hay duda que la vulnerabilidad es mucha con este tipo de terapia y con este modelo
y la habilidad consistente, continua, sólida como una piedra del terapeuta para estar ahí resulta
esencial para que se lleve a cabo la terapia. Claramente debe de existir un compromiso a largo
plazo por parte del terapeuta para hacer esta clase de trabajo. Los terapeutas también deben
de creer en este modelo o en cualquier modelo con el que decidan trabajar. Deben entender
que la vulnerabilidad y la apertura del paciente para ser afectado por muchas fuerzas externas,
como con los pacientes borderline o sicóticos, requieren el compromiso del terapeuta durante
un largo período de tiempo.

Esta situación nos particularmente de dependencia. Es como criar a los hijos desde el
nacimiento, sólo que estos hijos llegan al terapeuta cuando los individuos son adultos. Es como
ayudar a una persona a cultivar una planta desde la semilla hasta que florece plenamente. Los
terapeutas que no entienden esta clase de trabajo profundo, de largo plazo lo pueden criticar,
las compañías de cuidado administrado lo pueden desaprobar y decir que es imposible y la
literatura puede indicar que la integración es una meta terapéutica falaz e ilusoria. Nuestra
experiencia, sin embargo, es que los pacientes se pueden integrar después de un largo período
de tiempo si es que el terapeuta tiene el compromiso emocional, las habilidades y los modelos
requeridos; si el paciente está dispuesto; y si ambos pueden formar ese vínculo mágico y se
han comprometido con el proceso para poder manejar las críticas externas con honestidad y
abiertamente (consulte Arnold, G., y Sotlbrow,. El Contexto de Ser. Hillside N.J.: The Analytic
Press, 1992).

En el caso de los pacientes a largo plazo, los terapeutas especialmente pueden


experimentar muchas críticas externas relacionadas con la duración de la terapia, la
vulnerabilidad del paciente, la cantidad de contacto, la dependencia percibida, etc. Hemos
procesado este asunto abiertamente. Cuando percibimos preocupaciones genuinas, hemos
traído consultores externos para ayudarnos a determinar si la crítica se originó por la ignorancia
o confusión externas o si realmente existían asuntos preocupantes. Resalto que éste es un
problema potencial y que los terapeutas deben recordarlo para poder manejar los sentimientos
de contratransferencia que son engendrados por este tipo de críticas. Obviamente, los
pacientes también son vulnerables a estas críticas, que pueden hacer que el trabajo, que ya en
sí es difícil, sea más difícil.

El otro asunto que va junto con la cuestión de la dependencia contra la vulnerabilidad es


el de la consistencia del terapeuta. En cada etapa del tratamiento con pacientes fragmentados,
sin importar donde se encuentren en el continuo, este Trabajo ha hecho énfasis en la
importancia de la seguridad. La seguridad es el antídoto para el trauma. Si los pacientes se
van a sentir los suficientemente seguros para que emerjan sus partes, para que trabajo,
sientan, sean escuchadas y se integren, debe de haber consistencia terapéutica.

Para mí, la consistencia me resultaba extremada, si no imposible, en ocasiones. Me


encontraba a mí mismo creciendo con mis pacientes y cambiando y ampliando mis propias
fronteras para poder tratar con las exigencias extremadamente complejas y difíciles que
requiere el trabajo con las partes. El terapeuta está formando una relación personal
extremadamente intensa con un paciente. Y durante un largo período de tiempo, desde las
primeras etapas de la terapia y en lo sucesivo, el terapeuta está firmando relaciones
interpersonales extremadamente intensas con las partes. Todas ellas tienen diferentes
funciones, diferentes perspectivas del mundo y diferentes necesidades.

Para mí, el aspecto más difícil era tratar de recordar siempre que el comportamiento
infantil de las partes y la forma como algunas de ellas constantemente ponían a prueba mi
habilidad para aceptar, escuchar y que me importaran no era el comportamiento de un adulto.
Además, nuestro personal a veces se confundía y se desorientaba. Un día un paciente
aparecía como adulto y capaz de tomar decisiones y tratar con el personal a un nivel de adulto
a adulto. Un día después, el paciente aparecía como un niño, exigente, necio y confuso y el
personal tenía dificultades para entender exactamente lo que estaba sucediendo y cómo tratar
con ello. De alguna manera, los pacientes fragmentados les resultaban más difíciles de
manejar a mi personal que los pacientes borderline. Explicarle al personal en términos
generales (no acerca de los pacientes en particular) lo que implicaba el trabajo con las partes
hizo que fuera más fácil para ellos entender conceptualmente que un paciente estaba
expresando la razón por la cual, para empezar, él o ella estaba en terapia.

La consistencia hizo que yo tuviera que ampliar mis propias fronteras para manejar los
asuntos en mi propia terapia y en mi propia supervisión que hasta ahora no había sido puesta a
prueba. Traté de aprender nuevas formas de manejar un entorno externo que estaban un poco
más allá de mis capacidades y en ocasiones de crecer junto con mis pacientes.

Problemas de Contratransferencia.

Los problemas de contratransferencia son, obviamente, un aspecto importante y difícil


de la terapia con pacientes fragmentados, y se deben considerar varios puntos al hablar de la
contratransferencia. Constantemente insistimos en la importancia de la supervisón, de tener a
alguien con quien hablar conforme el terapeuta se adentra en el complejo mundo del trabajo
con las partes y el trabajo con las personalidades. Es fácil perderse, asustarse o enojarse. Es
fácil perder la esperanza. Es fácil sentirse confundido en cuanto a cómo desarrollar
exactamente la estructura y el ritmo que le dará un punto de enfoque a la terapia y esperanza al
paciente fragmentado. La supervisión es un ingrediente vital en este proceso a largo plazo para
que pueda mantener su energía en un alto nivel y su perspectiva clara, para que pueda
permanecer en contacto con sus sentimientos y pueda apreciar lo que sucede cuando trata con
los pequeños, que andan en todas partes y pueden invocar muchas crisis y exigirle mucho al
terapeuta.

Los terapeutas deben de conocer y tener claros sus límites y lo que pueden y no pueden
dar. Los pequeños con frecuencia son niños. No piensan en el mundo adulto ni en las
responsabilidades y necesidades del terapeuta ni en las exigencias de su tiempo. No se
supone que lo hagan. Como todos los niños, solo piensan en sus propias vidas. Por lo tanto el
terapeuta es responsable de crear una estructura que considere las necesidades de las partes,
fragmentos o personalidades (tanto adultas como infantiles) y del terapeuta.

Los terapeutas no tienen tiempo disponible ilimitado ni energía sin fin. No pueden dar
todo lo que tienen para hacerle frente a las necesidades y exigencias de todas las distintas
partes. Tampoco pueden ignorar el hecho de que este trabajo es traumático, problemático y
difícil y que, ocasionalmente, se necesitará tiempo extra fuera de las sesiones. Proporcionar
ese tiempo sin resentimientos, hostilidad o alejamiento emocional es vital para el éxito del
trabajo.
Sin lugar a dudas, en ocasiones, las exigencias de trabajar con un paciente fragmentado
serán enormes. Articular un marco de referencia claro de lo que usted hará y no hará, qué
tanto tiempo extra dará, cómo manejará las llamadas telefónicas y cómo manejará las
separaciones es vital para proporcionar seguridad, claridad y estructura y para ayudar tanto al
terapeuta como al paciente a hacer lo mejor que puedan en circunstancias difíciles.

Apoyo de los Colegas.

Tratar con una persona fragmentada, sin importar en qué parte del continuo se
encuentre, es un trabajo duro y todos necesitamos sentir que le importamos a alguien y
sentirnos apoyados para tener la energía para darles lo que podamos a nuestros pacientes.
Para los terapeutas que hacen este tipo de trabajo, es vital tener un sistema de apoyo además
de la supervisión. Todos necesitamos renovarnos y volver a llenar nuestros tanques. Los
psicoterapeutas son notorios porque algunas veces son pésimos para cuidarse a sí mismos.

Los pacientes fragmentados pueden realmente crear crisis emocionales de mayores o


menores proporciones en los terapeutas que no hacen lo necesario para renovar sus reservas
de energía o mantenerse vitales, dinámicos y saludables. Los pacientes fragmentados pueden
arrastrar a sus terapeutas a una espiral autodestructiva cuando los terapeutas dan más, no
establecen límites claros, no renuevan sus reservas de energía, se sienten atorados y
posiblemente caigan en peligro ellos mismos. Los colegas que lo apoyarán y lo nutrirán, que le
ayudaran a permanecer claro y concentrado son una parte importante de este trabajo.

La hospitalización siempre puede ser un apoyo para el terapeuta y el paciente,


especialmente en las primeras etapas de la terapia de fragmentación, pero también puede
incrementar el costo emocional de tratar, por largos períodos de tiempo con pacientes de alto
riesgo. Si un terapeuta es vulnerable de manera contratransferencial a la ansiedad causada
por esas preocupaciones y para los que tratan con pacientes de alto riesgo, el costo puede ser
elevado. La supervisión y el apoyo siguen siendo importantes y usar la hospitalización de
manera respetuosa y estructurada para mantener a los pacientes seguros cuando están
pasando por la fase de recuperación de recuerdos y están experimentando dolores intolerables
de las imágenes instantáneas y el trauma vuelto a vivir pude proporcionar un entorno seguro
que le ayuda tanto al terapeuta como al paciente.
La disponibilidad actual de medicamentos también puede proporcionar herramientas
importantes para ayudarles a los pacientes fragmentados a enfrentar mejor lo que está
sucediendo en su terapia. Tanto la hospitalización como la medicación requieren trabajar
estrechamente con profesionales aliados si el psicoterapeuta no es un psiquiatra. Ese tipo de
cooperación es necesaria y hace que el tratamiento sea mejor para el paciente, para el
terapeuta y para todos los involucrados.

Así es que el apoyo colegiado, el apoyo institucional, y el apoyo trans-profesional le


ayudan al terapeuta a pasar a través del proceso con un paciente y permanecer aterrizado, a
tener su propia vida, estar alerta con la contratransferencia, apoyar la vulnerabilidad en lugar de
la dependencia y ayudar a ser intelectualmente honesto conforme se mueven con el paciente a
través de estas fases del tratamiento. La absoluta necesidad del apoyo emocional y profesional
no se puede poner en duda. Trabajar sin apoyo en esta forma puede tener un costo altísimo
para el terapeuta cuando no hay nadie en quien confiar, con quien consultar, con quien
quejarse o simplemente alguien que brinde apoyo cuando las cosas se ponen difíciles.

CONCLUSIÓN.

A Shelly Copp (1974, p.3) le gusta decirle a sus pacientes al principio de la terapia que
siempre habrá un final para poder ayudarlos a entender que el proceso no es interminable. Los
terapeutas que trabajan con pacientes fragmentados deben recordar la exhortación de Shelly.
Este no es un proceso interminable. Hay un principio, una fase de desarrollo, una parte media,
una de intensificación y un final. Aunque el proceso es largo y confuso, con muchas vueltas y
recovecos, ayudar a las personas a regresar completamente a la vida, a ser dueños de sus
partes, a volverse a comprometer y a recobrar sus capacidades es un gran honor.

La meta de este Trabajo consistió en dar a los profesionales de la salud mental un mapa
del camino para pensar acerca del desenvolvimiento ahistórico del self cuando una persona
fragmentada, en cualquier parte del continuo de fragmentación, entra a terapia. Espero que
este Trabajo estimule el interés, el compromiso, el entusiasmo y el deseo de comprometerse
en esta clase de trabajo que, debido al problema de la falsa memoria y otros problemas, de
alguna manera ha perdido el rumbo mientras las personas que han sido traumadas no están
siendo apoyadas para volverse a comprometer completamente con el mundo.

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