RUTH EN EL MOMENTO EN QUE COMIENZA A SER UNA
NIKIA CON COMPLICACIONES
CLINICA PSICOANALITICA
INFANTIL
D. W. WINNICOTT
CLÍNICA PSICOANALÍTICA
INFANTIL
Editorial LUMEN
Viamontc 1674 (1055)
u 49-7446 / 814-4310 / FAX (54-1) 814-4310
íluL•nos Aires • Argentina HORMÉ
Título del original inglés
THERAPEUTIC CONSULT ATIONS IN CHILD
PSYCHIATRY
Publicado por
The Hogard Press, London, W. C. 2
© The Executors of the Author's Estate 1971
2da Edición 1993
Versión castellana
BERNARDO GORSD
ISBN 950-618-060-6
©
Copyright de todas las ediciones en castellano por
EDICIONES HORMÉ, S.A.E.
Castillo 540 Buenos Aires
Queda hecho el depósito que previene la ley 11 .723
Todos los derechos reservados
IMPRESO EN LA ARGENTINA
INDICE
Reconocimientos 8
PRIMERA PARTE
Introducción 9
l. "liro", 9 años y 9 meses 20
11. "Robin ", 5 años 36
111. "Elisa", 7 años y medio 50
IV. "Bob", 6 años 72
V. "Robert", 9 años 97
VI. "Rosemary", 10 años 112
VII. "Alfred", 10 años 117
SEGUNDA PARTE
Introducción 135
VIII. "Charles", 9 años 137
IX. "Ashton ", 12 afios 155
X. "Albert", 7 años y 9 meses 169
XI. "Hesta", 16 años 184
XII. "Milton", 8 años 202
TERCERA PARTE
Introducción 223
XIII. "Ada", 8 años 228
XIV. "Cecil", 21 meses en la primera consulta 247
XV. "Mark", 12 años 276
XVI. "Peter", 13 años 302
XVII. "Ruth ", 8 años 320
XVIII. "Señora X", 30 años (madre de Anna, 6 años) 335
XIX. "Lily", 5 años 345
XX. "Jason", 8 años y 9 meses 347
XXI. "George", 13 años 382
RECONOCIMIENTOS
Deseo expresar mi agradecimiento a la señora Joyce Coles por
la vasta y cuidadosa labor que ha realizado en la preparación de es-
te libro.
Masud Khan aportó generosamente tiempo, asesoramiento y
críticas constructivas, y estoy convencido de que sin él este libro
no se habría publicado.
Los editores colaboraron ampliamente en el problema de la
reproducción de los dibujos que, no concebidos con fines de pu-
blicación, plantearon no pocas dificultades de impresión. El pro-
blema es que yo prefiero los dibujos de los niños en su estado ori-
ginal a las mejores reproducciones que puedan obtenerse mediante
un retoque habilidoso.
Algunos de los casos que figuran en este libro ya habían sido
presentados en conferencias o en estudios publicados. Quedo muy
agradecido por la autorización conferida para incluirlos aquí. El
siguiente es el detalle de las publicaciones previas: Caso III: Voices
(primavera de 1968), revista de la American Academy of Psycho-
therapists; también Handbook of the Psychotherapy of Children,
compilado por el doctor G. Bierman (Ernst Reinhardt, Munich,
1969). Caso IV:International Journal of Psycho-Analysis, volumen
46. Caso VI: St. Mary s Hospital Gazette, enero- febrero de 1962,
con el título "A Child Psychiatry Interview". Caso VII: A Crianfa
Portuguesa, XXI, n~ 1962-63 (Lisboa). Caso IX; Foundations
of Child Psychiatry, compilado p01 Emanuel Miller (Pergamon
Press, 1968). Caso XII: The World Biennial of Psychiatry and
Psychotherapy, (Basic Books, 1970). Caso XIII: Crime, Law and
Corrections, compilado por Ralph Slovenko (Charles C. Thomas,
1966), con el título "A Psychoanalytic View of the Antisocial
Tendency". Caso XIV: British Joumal of Medical Psychology,
1963, volumen 36, número 1, con el título "Regression as Thera-
py". Caso XV: Modern Perspectives jn Child Psichiatry, compi-
lado por John G. Howells (Oliver & Boyd, 1965). Caso XVII:
publicado en versión abreviada como "Becoming Deprived as a
fact: A Psychotherapeutic Consultation", Joumal of Child Psycho-
therapy ( diciembre de 1966), volumen 1, número 4; también pre-
sentado en una conferencia: "Principies of Direct Therapy in Child
Psychiatry", a invitación del Judge Baker Guidance Center, abril
de 1967, en el cincuentenario de su fundación.
PRIMERA PARTE
INTRODUCCION
Este libro se ocupa de la aplicación del psicoanálisis a la psi-
quiatría infantil. No sin sorpresas descubrí que mi experiencia de
tres o cuatro décadas en el análisis de niños y adultos me ha con-
ducido a un área específica en la cual puede aplicarse el psicoaná-
lisis a la práctica de la psiquiatría infantil, dando así sentido al
psicoanálisis en términos económicos. Obviamente, no es útil ni
práctico aconsejar un tratamiento psicoanalítico para cada niño
y a menudo el psicoanalista se encuentra en dificultades cuando
intenta llevar lo aprendido a la práctica de la psiquiatría infantil.
He descubierto que el aprovechamiento cabal de la primera entre-
vista me pone en condiciones de hacer frente a las dificultades
ofrecidas por cierta proporción de casos de psiquiatría infantil, y
deseo dar ejemplos que sirvan de guía para aquellos que están rea-
lizando un trabajo similar y para los estudiantes que aspiran a in-
corporarse a esta disciplina.
Difícilmente pueda llamarse técnica al modo de operar en es-
te trabajo. No existen dos casos iguales, y entre el terapeuta y el
paciente se da un intercambio mucho más libre que el que se pro-
duce en un tratamiento psicoanalítico ortodoxo. Esto no significa
desmerecer la importancia del análisis de larga duración en el cual
el trabajo se lleva a cabo a partir de la emergencia día por día en
el material clínico de elementos inconscientes en la transferencia
--elementos que llegan a hacerse conscientes como consecuencia
de la continuidad del trabajo. El psicoanálisis sigue siendo la base
de mi tarea, y si algún estudiante me lo preguntara respondería
siempre que el entrenamiento para este trabajo ( que no es psico-
análisis) es el entrenamiento en psicoanálisis. Lo que sí creo, sin
10 D. W. WINNlCOTT ·
embargo, es que lo fundamental en la formación psicoanalítica
radica en la selección. No resulta fácil hacer de un candidato ina-
decuado un buen analista, y no cabe duda de que el factor más im-
portante en la selección reside en la autoselección. El propio aná-
lisis del estudiante amplía este problema de la autoselección. Es
preferible contar con alguien realmente capacitado para llevar a
cabo este tipo de trabajo antes que con una persona enferma auxi-
liada en su enfermedad por el análisis de que hace uso en su prepa-
ración psicoanalítica. Puede argüirse, desde luego, que si uno mis-
mo ha estado enfermo es capaz de sentir una mayor simpatía por
otros enfermos y que se tiene la convicción del valor que implica
llegar al inconsciente puesto que ya se ha recorrido ese camino.
Aun así, siempre es mejor no haber estado enfermo y en necesidad
de tratamiento.
Si supiéramos seleccionar apropiadamente, podríamos esco-
ger a quienes están en condiciones de hacer el trabajo que describo
en este libro aun careciendo de entrenamiento psicoanalítico.
Podríamos ya adelantar, por ejemplo, que debe existir una
manifiesta capacidad de identificación con el paciente sin mengua
de la identidad personal; que el terapeuta debe poder asimilar los
conflictos del paciente, esto es, asimilarlos y aguardar a que su
resolución se opere en el paciente mismo, antes que perseguir an-
siosamente su cura; que la tendencia a la represalia frente a la pro-
vocación no debe operar. Al mismo tiempo, todo sistema de pen-
samiento proclive a la solución fácil constituye en sí una contra-
indicación, ya que el paciente no quiere sino la solución de sus con-
flictos internos, a la vez que el tratamiento adecuado de las obs-
trucciones ex ternas de . naturaleza práctica que puedan gravitar en
el origen o el mantenimiento de su enfermedad. Está de más decir
que la confiabilidad profesional del terapeuta debe surgir como
algo natural y ser capaz de mantener un continente profesional en
todo momento, aun cuando se estén soportando severas tensiones
en la ·vida privada y en el proceso de maduración personal, él cual,
idealmente, jamás debe detenerse.
Una lista de cualidades deseables como las precedentes facul-
taría a un amplio número de personas para desempeñarse profe-
sionalmente, tanto en psiquiatría como en asistencia social, y, en
mi opinión, esto es aún más importante que el muy importante en-
trenamiento en psicoanálisis. La experiencia personal de un trata-
miento analítico profundo y prolongado es prácticamente funda-
mental.
Si todo esto es correcto, de ello resultaría que el tipo de tra-
bajo que expongo en este libro tiene una importancia de que el psi-
coanálisis carece cuando se deben enfrentar las presiones y necesi-
dades sociales en los consultorios.
Destaquemos desde un comienzo que esta técnica es extrema-
CLINICA PSICOANALITICA INrANTIL
<lamente flexible y que no es posible aprenderla mediante el estu-
dio de un solo caso. Veinte casos aportan un buen conocimiento;
no obstante, siempre queda en pie el hecho de que no hay dos
casos iguales.
Otra dificultad para una buena comprensión de esta obra es
la imposibilidad de transmitir los conocimientos por vía de una
mera explicación de los casos. Es menester exigir de los estudiantes
una cuidadosa y detallada lectura, al tiempo que un estudio y en-
trega hacia la totalidad de los casos.
Los fundamentos para formular semejante exigencia residen,
por cierto, en la precisión y honestidad del presente informe, y
es sabido que e.:, difí.cil informar con exactitud. Ni la grabación en
cinta magnetofónica ni el videotape pueden dar la solución a este
problema. Cuando tengo la intención de dar a conocer un caso, to-
mo nota de todo lo que sucede a lo largo de la entrevista, incluyen-
do lo que yo mismo hago y digo, y el esfuerzo riguroso que ello
implica se ve recompensado por la posibilidad de reconstruir prác-
ticamente la entrevista íntegra a partir de las notas tomadas, de
otro modo a menudo incomprensibles después de dos o tres días.
Me he dispuesto de buen grado al esfuerzo de hacer un relato com-
pleto del trabajo con el caso ya que, como bien sabemos, buena
parte de una entrevista y, en especial, sus detalles más sutiles, se
borra "como un sueño al nacer el día".
Los casos que aquí presento han sufrido algunas simplifica-
ciones debido a que en casi todos ellos he utilizado un intercambio
de dibujos. El procedimiento empleado asume generalmente la
forma de lo que podría llamarse juego de garabatos (Squ;ggle
Game). Nada hay de original, por supuesto, con respecto a este
juego de garabatos, y el solo hecho de aprender a usarlo no autori-
za a sentirse capacitado para realizar lo que yo llamo una consulta
terapéutica. Ese juego es, simplemente, un medio de hacer contac-
to con el niño. Lo que ocurra en el juego y en el curso de la entre-
vista depende de cómo utilicemos la experiencia del niño y el ma-
terial que se presenta.
A fin de aprovechar la mutua experiencia se debe tener pro-
fundamente incorporada una teoría del desarrollo emocional del
niño y de la relación de éste con los factores circundantes. En los
casos que aquí refiero se establece un vínculo artificial entre el
juego de garabatos y la consulta terapéutica, lo cual se desprende
del hecho de que, a partir de los dibujos del niño y los de él y
míos, puede hallarse un medio de lograr que el caso cobre vida. Es
casi como si a través de los dibujos el niño estuviera a mi lado y,
t•n alguna medida, tomando parte en la descripción del caso, con lo
cual el testimonio de lo tratado por el terapeuta y el niño adquiere
mayores visos de verdad. Surge asimismo una significación
práctica del garabato o material dibujado, por cuanto ofrece la
12 D. W. WlNNICOTT
ventaja de ganar la confianza de los padres al permitirles saber có-
mo se comportaba su hijo en determinadas circunstancias de la
consulta terapéutica. Esto les resulta más real que si me limitara
a transmitirles lo que el niño dijo. Si bien los padres reconocen el
tipo de los dibujos que adornan las paredes del cuarto de juegos o
los que el niño trae a casa de la escuela, a menudo quedan sorpren-
didos ante la secuencia de esos garabatos en los que se manifies-
tan rasgos de su personalidad y aptitudes evidentes que acaso no se
habían revelado en el seno del hogar. Este aspecto del asunto lo
analizaremos en varios de los casos que aquí se exponen. Por lo
demás, es obvio que no siempre resulta conveniente comunicar a
los padres estos detalles íntimos ( que pueden ser de tanta utilidad).
Los padres pueden abusar de la confianza que el terapeuta ha de-
positado en ellos y echar a perder así una tarea que depende de
esa confianza entre niño y terapeuta.
Mi concepto acerca del papel especial de la consulta terapéu-
tica y del aprovechamiento de la primera entrevista ( o primeras en-
trevistas reduplicadas) surgió gradualmente en el transcurso de mi
práctica clínica y privada. Sin embargo, hubo un hecho que puede
calificarse como de particular significación. Cuando yo ejercía la
pediatría a mediados de la década de 1920, época en la que veía
a muchos pacientes en mi práctica hospitalaria y daba oportuni-
dad a tantos niños como me era posible de que se comunicaran
conmigo, hicieran dibujos y me· relataran sus sueños, me sorpren-
dió la frecuencia con que los niños soñaban conmigo la noche an-
terior a la consulta. Este sueño sobre el doctor a quien habrían de
visitar reflejaba obviamente su propio arsenal imaginativo respecto
de figuras tales como el médico, el dentista y otras de las que cabe
esperar un servicio benéfico. También reflejaba, en grado diverso,
la a(i!titud de los progenitores y la preparación que se había hecho
para la visita. De todas maneras, para mi sorpresa, me encontraba
yo coincidiendo con una idea preconcebida. Los niños que habían
tenido tales sueños pudieron referirme que era yo la persona con
quien habían soñado. Para decirlo con un lenguaje del que no esta-
ba en condiciones de valerme en aquel entonces, me descubrí a mí
mismo en el rol de objeto subjetivo. Lo que ahora percibo es que
en ese rol de objeto subjetivo, que raramente perdura más allá de la
primera o de unas pocas entrevistas iniciales, el terapeuta dispone
de una gran oportunidad para establecer contacto con el niño.
Debe haber una relación entre esta situación y la que se logra
-si bien de un modo mucho menos fructífero- mediante la hip-
nosis. Me he valido de este concepto -en la teoría que he ido ela-
borando con los años- para explicar la gran dosis de confianza que
los niños suelen demostrarme ( así como a quienes ejerzan funcio-
nes similares) en tales ocasiones especiales, que poseen una cuali-
dad a la q~e he descripto con la palabra "sagrada". O este momen-
CLINICi\ PSJCOANALITICA INFANTIL 13
to "sagrado" es aprovechado, o bien todo se echa a perder. Si ocu-
rre esto último, la confianza del niño en que se lo comprende se des-
truye. Si, en cambio, ese momento se aprovecha, la fe que el niño
tiene en que se lo está ayudando resultará fortalecida. Casos habrá
en los que, ya en las circunstancias especiales de la primera o pri-
meras entrevistas, se realiza un trabajo en profundidad, el cual tie-
ne como resultado ciertos cambios en el niño que pueden ser apro-
vechados por sus padres y por aquellas personas que se mueven en
función responsable en su entorno inmediato, puesto que, si el ni-
ño se hallaba atrapado en un punto de su desarrollo emocional, la
entrevista tiene como efecto una liberación de las ataduras y un
paso adelante en el proceso del desarrollo.
En algunos casos, sin embargo, la labor realizada en este tipo
de entrevista es simplemente un preludio a una psicoterapia más
prolongada o más intensa, pero puede muy bien ocurrir que un ni-
ño se encuentre preparado para ello sólo después de haber experi-
mentado la comprensión de ser parte integrante de dicha entrevista.
Puede suceder, desde luego, que el niño crea haber sido compren-
dido mucho mejor de lo que en realidad lo fue, pero el resultado
habrá sido infundirle la esperanza de ser entendido y quizás, in-
cluso, ayudado. Una de las dificultades que surgen de este tipo de
Pntrevistas consiste en que, si se logra una buena comprensión, es
muy posible que el niño alimente expectativas de continuar direc-
tamente· con una terapia intensiva, lo cual deriva en ese tipo de de-
p1-ndencia respecto del psiquiatra o asistente social que vuelve in-
dispensables frecuentes secciones durante un cierto lapso. Esto no
1•s, empero, lo que sucede habitualmente.
Existe un tipo de caso en el que esta clase de c-onsulta psico-
t.Prapéutica debe evitarse. No quiero decir con esto que los niños
muy enfermos no puedan beneficiarse con un tratamiento. Lo
qu<• afirmo es que si una vez concluida la consulta terapéutica, el
niiio regresa a una situación familiar o social anormal, carecerá del
apoyo ambiental que su situación requiere y con el que yo supon-
¡.:o ("Ontar. Es preciso, en efecto, contar con que un "ambiente nor-
mal" rodea al niño y le permita sacar partido de los cambios que
vayan operando en él como resultado de la entrevista, cambios
q111• n•vclan una liberación de las ataduras en el proceso del desa-
rrollo.
l><' hecho, el principal obstáculo para una correcta evalua-
l"i1111 d1• los casos aptos para este tipo de tratamiento reside en la
difil"11lt.ad de apreciar las circunstancias inmediatas que rodean al
nii"lo. Cuando se da un persistente factor adverso externo, o la
1·an·1wia dt• una atención adecuada, es mejor prescindir de esta
das1• d1• proct•dírniento y explorar la posibilidad de recurrir a la
as1sl.1•1wia "din·1·tiva", o a una terapia que permita al niño estable-
14 D. W. WINNICOTT
cer una relación personal del tipo generalmente conocido como
transferencia!.
Si ocurriera que el lector obtiene algún placer de la lectura de
estos casos, es probable que surja en él la comprensión de que yo,
el psiquiatra, constituyo el único factor constante y que nada más
puede predecirse. Por lo que a mí respecta, en las descripciones de
estos casos aparezco como un ser humano que no es exactamente
igual a ningún otro, de manera que en modo alguno se hubiera lo-
grado el mismo resultado si otro psiquiatra hubiera estado en mi
lugar. La única compañía de que dispongo cuando me interno en
ese territorio desconocido de cada nuevo caso es la teoría que
siempre está conmigo, que se ha constituido en parte de mi ser y a
la que ni siquiera necesito recurrir de un modo deliberado . Me re-
fieró a la teoría del desarrollo emocional del individuo que, en mi
opinión, comprende la historia total de las relaciones del niño con
su ambiente específico. Como no podía ser de otro modo, el trans-
curso del tiempo y las sucesivas experiencias han ido introducien-
do cambios en los fundamentos teóricos de mi trabajo. Podría
compararse mi situación con la de un celista que, sólo después de
transitar el arduo sendero de la técnica, y una vez que ésta se da
por supuesta, se halla en condiciones de hacer música. Soy cons-
ciente del hecho de que puedo hacer este trabajo con mayor facili-
dad y con mayor éxito ahora que treinta años atrás, y deseo comu-
nicarme con aquellos que se hallan recorriendo ese duro camino de
la técnica y, al mismo tiempo, transmitirles las esperanzas de que
algún día podrán hacer música. Es bien escasa la satisfacción que
se obtiene del virtuosismo en la ejecución de una partitura escrita.
El criterio con que han de medirse las presentes descripciones
de los casos debe descansar en el grado de placer puesto de mani-
fiesto en la lectura. Si ésta se hace trabajosa, significará que he
sido demasiado artificioso: me dediqué a hacer gala de la técnica y
no a interpretar la música. Por supuesto, no ignoro que, en efecto,
tal circunstancia llega a producirse de tanto en tanto, a lo largo de
las descripciones.
Los casos seleccionados
Como es de imaginar, la dificultad consiste en saber por dón-
de empezar. He optado por iniciar la serie con el caso de Iiro, un
niño finlandés con quien tuvo lugar la entrevista en el mutuo des-
conocimiento de nuestros respectivos idiomas. Ofició de intérprete
la señorita Helka Asikainen, quien distribuyó sabiamente el juego
de las pocas palabras recíprocas, ya que en razón de la barrera
idiomática los dibujos adquirían una importancia especial. Pero
elijo este caso, no por el problema del lenguaje, que tanto él como
CUNl('i\ l'Sl< 'O,\Ni\llTICA INI .. ANTIL
yo pronto olvidamos, sino porque no hubo necesidad profesional
de <¡tw yo atendiera a este muchacho. Sucedió simplemente que
1111· <'ncontraba haciendo una visita al hospital y los miembros de
su plantel me pidieron que realizara una exposición en torno de
un caso que todos ellos conocieran. Iiro estaba en la sala de or-
topedia y le hice una entrevista con el objeto de poder describir un
mútodo de comunicación con un niño. Se advertirá que, inciden-
talmente, este caso sirve de ilustración al axioma según el cual, si
se! da la oportunidad, ya sea a un niño o a un adulto, de una mane-
ra apropiada y profesional, dentro del limitado marco de ese con-
tacto profesional el paciente traerá consigo y expondrá (aunque al
principio en forma tentativa) el problema actual, el conflicto emo-
cional o la pauta de tensión que prevalece en esa etapa de su vida.
Pienso que esto es verdad si uno simplemente escucha la his-
toria de la persona que está sentada a nuestro lado durante un viaje
cm ómnibus. Si se puede hablar en forma algo privada, la historia
comenzará a desenvolverse. Puede estar referida a un reumatismo o
a una injusticia en el trabajo, pero el material ya está allí para una
consulta terapéutica. La razón por la cual no se llega a ningún lado
c!s que uno mismo, en ese momento, no se está dando deliberada-
mente y de una manera profesional a la tarea de utilizar esas histo-
rias, y por esta razón el material ofrecido en el ómnibus se hace
difuso y aburrido. En la consulta terapéutica el material se hace es-
pecífico y profundamente interesante, ya que el paciente comien-
za pronto a sentir la posibilidad de que se produzca un entendi-
miento y de que la comunicación a un nivel profundo sea también
viable. Obviamente, sería una irresponsabilidad convertir a ocasio-
nales compañeros de viaje en pacientes que inevitablemente se
convertirían en dependientes, ya que necesitarán otras oportuni-
dades o, en caso contrario, sufrirán una sensación de pérdida en
la parada del ómnibus. Pero con los niños que llegan a la consulta
psiquiátrica se puede aprovechar la situación profesional y hacer el
trabajo, como lo muestran estas historias clínicas, y también hay
maneras y medios de mantenerse en contacto; y aquí una vez más
debo destacar la necesidad que siento de contar con padres sensi-
bles, que puedan ser informados y dar opiniones con respecto a los
procedimientos que se deben seguir.
En algunos de los casos que se relatan se producen cambios
dramáticos después de una o dos consultas terapéuticas. Estos de-
ben ser tomados no sólo como prueba del trabajo hecho sino tam-
bién como prueba de la actitud de los padres. Indudablemente, los
casos con los que mejor se pueae trabajar son aquellos en los que
los padres han depositado previamente su confianza en mí. Creo
que esta situación puede darse; dicho de otra manera, la gente
en general está dispuesta a creer en el médico elegido para la con-
sulta, con frecuencia, después de muchas discusiones y después de
¡<, D. W. WINNICOTT
superar las lógicas dudas. Si las cosas van bien, o si el niño experi-
menta ciertos cambios, esto pone inmediatamante al profesional
consultado en la posición de alguien en quien los padres creen, y se
establece un círculo benéfico que opera favorablemente sobre
la sintomatología del niño. Al evaluar los resultados, sin embargo,
es necesario tener en cuenta el hecho de que los progenitores pre-
ferirán, naturalmente, creer en el profesional antes que descubrir
que sus esfuerzos han sido inútiles. Algunos de ellos, por lo tanto,
tenderán a responder favorablemente en cuanto sea posible hacerlo.
El informe de los padres, que es el que deberá utilizarse en muchos
casos, es sumamente sospechoso como rendición objetiva de cuen-
tas y como evaluación de los resultados, y esto siempre debe te-
nerse en cuenta. No soy tan ingenuo como para llegar a una con-
clusión final basado en lo que me dicen los padres. Deseo señalar,
empero, que mi propósito al presentar estas consultas no es ofre-
cer una serie que ilustre la cura sintomática; lo que intento, más
bien, es brindar ejemplos de comunicación con niños. Me parece
que es necesario presentar informes sobre los trabajos hechos con
niños.
Esta necesidad surge, en parte de la existencia, en nuestros
días, de una tendencia a concentrarse en situaciones grupales y,
pese a que es mucho lo que se puede lograr de un trabajo de grupo,
en esas circunstancias es muy fácil que desaparezca el valor del tra-
bajo con el paciente real como individuo. En una situación grupal
el objetivo es, por supuesto, dete.c tar cuál miembro del grupo está
en ese momento en apuros; pero es probable, asimismo, que el
miembro cuyos síntomas provocan la atención del psiquiatra o del
asistente social, no sea el miembro enfermo de la familia o del
grupo.
En algunos de los casos aquí presentados podrá observarse
que la sintomatología del niño refleja enfermedad en uno de los
progenitores, en ambos o en la situación social, y que es esto lo
que n'ecesita atención. De todos modos, es posible que sea el niño
quien mejor nos ponga en contacto con el defecto principal del
ambiente. La serie, como totalidad, en mi opinión, muestra no
obstante que en muchos casos el niño traído por padres preocupa-
dos por su estado es, de hecho, el miembro enfermo del grupo y
quien necesita, en consecuencia, atención primaria,. Todo niño o
adulto tiene un problema, y es ese problema, al causar tensiones en
ese momento, el que aparecerá en el material de consulta. Cuando
aparecen varios problemas de inmediato en una primera entrevista,
existen entonces pruebas de la necesidad de un trabajo de un ca-
rácter más prolongado, de modo tal que esos diversos problemas
pueden ser escindidos y tratados separadamente y, acaso, de mane-
ras diferentes.
Es necesario prevenir al lector que no se entusiasme ante un
c-t INIC ,\ l'Sl('Oi\Ni\l IIIC 'A INI .-\NTII 1!
rPsultado sintomático, ya que no es ese el principal ohJdivo que•
nw propuse cuando decidí exponer estos casos. En algunos casos
no habrá un resultado claro y en otros puede producirse, incluso,
un resultado negativo. Ciertamente, no debe computarse como un
fracaso del método si el trabajo condujo a alguna otra forma de
conducción o tratamiento; por el contrario, los métodos de alter-
nativa deben siempre estar a mano.
Quizá mi mayor esperanza sea que este trabajo de descripción·
<•n detalle pruebe ser buen material de enseñanza. En muchos de
los casos es posible describir la totalidad de lo sucedido, cosa que
no puede hacerse con un análisis o incluso con una terapia de un
día por semana. El estudiante, por lo tanto, está en condiciones de
discrepar en cualquier cosa que aparezca en el material, ya que
sabe tanto como el maestro acerca del material sometido a discu-
sión. En mi opinión, sería un resultado satisfactorio que el mate-
rial fuera utilizado con fines de crítica; lo preferiría a que se lo
utilizara, meramente para ser imitado, pues, tal como ya señalara
antes, el trabajo no puede copiarse, ya que el terapeuta está com-
prometido en cada caso como persona y, en consecuencia, no pue-
den existir dos entrevistas iguales al ser efectuadas por dos psi•
quiatras.
Deseo llamar la atención sobre otro detalle referido a estas
entrevistas terapéuticas. Debe señalarse que la interpretación del
inconsciente no es lo principal. Con frecuencia hacemos una inter•
pretación importante que altera todo el curso de la entrevista, y no
hay nada más difícil que explicar la manera en que uno se descu-
bre a sí mismo sin hacer ninguna interpretación por un largo lapso
·o durante toda la entrevista-, y luego, en algún momento, se ve
a sí mismo utilizando el material para una interpretación del in•
consciente. Casi parecería como si uno debiera tolerar la existencia
de dos corrientes opuestas en sí mismo. Para mí, el problema puede
ser menor aquí, en el sentido de que si hago una interpretación y
el niño se muestra en desacuerdo o parece dejar de responder, me
siento inmediatamente dispuesto a retirar lo dicho. En estos rela-
tos, se comprueba que a menudo he hecho una interpretación
equivocada, y que el niño ha estado en condiciones de corregirme.
Algunas veces, por supuesto, se produce una resistencia que denota
que he dado la interpretación correcta y que ésta es negada. Pero
una interpretación que no funciona significa siempre que he hecho
la interpretación en un momento o de una manera inapropiados, y
la retiro incondicionalmente. Aun cuando la interpretación sea co-
rrecta, me he equivocado al verbalizar este material, de esa manera
y en ese momento particular. Las interpretaciones dogmáticas de-
jan al niño sólo dos posibilidades: una aceptación de lo que he di-
cho como propaganda o un rechazo de la interpretación, de mí y
de toda la situación. Pienso y confío en que los niños, en esta rela-
18 D. W. WlNNICOTI
ción conmigo, sientan que tienen el derecho a rechazar lo que he
dicho o la manera en que interpreto algo. Sostengo, de hecho, que
estas entrevistas son dominadas por el niño, y no por mí. El traba-
jo es fácil de hacer durante una, dos o quizá tres sesiones; pero,
como el lector podrá muy bien advertir, si las entrevistas empiezan
a repetirse, todos los problemas de la transferencia y la resistencia
comienzan a aparecer y el tratamiento debe entonces encararse
dentro de las líneas psicoanalíticas comunes. Algo que el lector
habrá percibido es que nunca (así lo espero) hago interpretaciones
en mi propio beneficio. No necesito probarme a ·mí mismo alguna
parte de la teoría que utilizo oyéndome verbalizar el material de
este caso. He hecho todas las interpretacions que necesito hacer
para mi propio beneficio. No tengo nada que ganar en convencer a
alguien de mis puntos de vista. Los tratamientos psicoanalíticos
prolongados me han llevado a ver que intepretaciones que parecían
correctas diez años atrás, y que el paciente aceptaba por temor, re-
sultaron ser, al final, defensas colusorias. Puede darse un ejemplo
muy burdo.
Uno puede tener una tendencia ligeramente propagandística
a pensar que todas las serpientes son símbolos fálicos, y por su-
puesto pueden serlo. De todos modos, si se debe obtener el mate-
rial primario y las raíces de lo que significa el pene para un niño,
debe verse que el dibujo que el niño hace de una serpiente puede
ser un dibujo del yo, el yo que todavía no utiliza brazos ni piernas
ni los dedos de ambas extremidades. Es posible ver cuántos pa-
cientes no han podido transmitir un sentido del yo porque un te-
rapeuta ha interpretado una serpiente como símbolo fálico. Lejos
de ser un objeto-parte, una serpiente en un sueño o fobia puede ser
un primer objeto total. Este ejemplo da la clave que puede utilizar
un estudiante al leer estas historias clínicas, y sin ninguna duda ha-
brá muchos ejemplos en mi intento de proporcionar informes ho-
nestos en los cuales he cometido exactamente este tipo de error.
Escribo esto como indicación de la manera en que puede usarse
el material de estos casos en la situación estudiante-profesor.
La médula de todo el trabajo aquí descripto es la teoría del
desarrollo emocional del individuo, que creció junto conmigo. La
complejidad inherente a elia es muy difícil de explicar y no
sería apropiado que intentara una nueva declaración acerca de
lo que entiendo de ella y que utilizo en todo el trabajo que hago.
Existe una vasta bibliografía referida al tema y el e_studiante que
desee seguir el desarrollo de mi propio pensamiento puede encon-
trar lo que sea necesario en la lista de los otros libros que he escri-
to. ·
Finalmente, espero que se reconozca que, al presentar estos
casos, no estoy tratando de probar nada. Las críticas en el sentido
de que no he podido probar mi caso no serían apropiadas, ya
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 19
que no tengo casos. Quisiera agregar que sería siempre mejor que
el .estudiante pudiera reunir el material por sí mismo a partir del
contacto personal con los niños, en lugar de obtenerlo a través de
la lectura de mis descripciones, pero esto no siempre es posible, en
especial para un estudiante. En su expresión menos trascendente,
esta clase de intento de informes honestos puede encerrar leccio-
nes para el estudiante, ya sea asistente social, maestro o psiquiatra,
que trata de progresar a partir de las experiencias que se realizan
en el campo de la psicología dinaínica.
CASO 1 "//RO ", 9 AflOS Y 9 MESES
Durante una visita a Lastenlinna 1 (Castillo de los Niños) -el
Hospital de Niños de Kuopio, Finlandia-, fui invitado a describir
un caso en una reunión del cuerpo de profesionales. Este heterogé-
neo grupo incluía a los médicos, la matrona, varias enfermeras, el
psicólogo, la asistente social y algunos visitantes; y me pareció
más conveniente, en esa ocasión, describir un caso que ellos ya co-
nocieran antes que presentar uno mío. Por esa razón, fue elegido
un niño de la sala de ortopedia al que entrevisté sin que mediara
ningún problema manifiesto de urgencia que requiriera la presencia
de un psiquiatra infantil.
Me informaron que se habían producido ciertos síntomas de
un tipo impreciso, incluyendo desgana, dolores de cabeza y abdo-
minales, pero el niño estaba en el hospital a causa de una sindacti-
lia, una condición congénita por la que venía recibiendo una aten-
ción prácticamente permanente desde la infancia. Era muy conoci-
do en la sala de ortopedia y, en general, ese niño les gustaba a to-
dos. El resultado de esta entrevista no podía preverse en absoluto.
Iiro sólo hablaba finés, un idioma que yo desconozco. La señorita
Kelka Asikainen intervino como intérprete, ya que ella conocía
algunos detalles del caso y había trabajado como asistente social
con la madre. La señorita Asikainen probó ser una excelente int.ér-
prete, a punto tal que tanto Iiro como yo la olvidamos rápidamen-
te, y puedo agregar que no influyó en el curso de los acontecimien-
tos. En realidad, no hubo muchas conversaciones y, por lo tanto,
el papel que desempeñó fue mínimo. Iiro; yo y la int.érprete nos
sentamos frente a una pequeña mesa donde había dos lápices y al-
gunos papeles colocados previamente, y muy pronto estábamos
volcados en el "juego de garabatos", que expliqué brevemente.
Dije: "Cierro los ojos y hago así en el papel, y tú lo conviertes
en algo; luego te toca a tí, procedes de la misma manera y yó lo
convierto en algo."
( 1) Hice un garabato que resultó ser del tipo cerrado. Rápidamente
dijo: "Es la pata de un pato."
1 Con el auspicio de la Organización Mundw de la Salud.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 21
Esto me tomó de sorpreJa y se hizo inmediatamente evidente
que deseaba comunicarse conmigo respecto de su incapacidad. No
hice observaciones, pero deseando s~nar la situación, hice
(2) un dibujo que mostraba la pata palmeada de un pato.
Quise asegurarme de que estábamos hablando de la misma
COia.
22 D. W. WINNICOIT
(3) Entonces el optó por dibujar y presentó su propia versión de 11
pata palmeada de un pato. -
.Bµpe . en .....~me"QtQ_,que e$\\l~s·firmemerit.e metidos en
el t.ema de . . patas palmeadas y que podía eij>erár a que la situa-
ción puara a ser una c()IIAUpjcación acerca de aµ incapacidad.
(4) I)upu6a hice un
prabaio abie,to que 61 . transformó inmediata-
mente ~~ un pato n~~~ ~-º _
~ lqo.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 23
Sentí que Iiro me había comumcado una sensación positiva
acerca de los patos, la natación y los lagos. En F"mlandia abundan
101 lagos e islas, y todos los niños finlandeses practican natación,
remo y pesca.
(S) Entonces hizo este garabato y lo convirtió en un cuerno.
Nos habíamos apartado del tema de los patos y comenzamos a
hablar de música y de la manera como su hermano tocaba la
trompeta.
Dijo: "Puedo tocar un poco el piano... "; pero su incapacidad era
tal que sólo pude suponer que se estaba refiriendo a la idea de
tocar una melodía con un dedo deformado. Dijo que le agradaba
la música y que le gustaría tocar la nauta.
Aquí hice mi primera referencia al material. Viendo que Iiro e¡a
un niño saludable y que tenía sentido del humor, le dije que sería
difícil para un pato tocar la flauta, y esto lo divirtió.
Nótese que no le expliqué que estaba representando su propia
incapacidad por medio de patos. Esto hubiera sido una torpeza, ya
que era sumamente improbable que supiera lo que estaba hac~endo
o que tuviera una intención consciente de utilizar un pato para re-
presentar su propia incapacidad. Pienso, en realidad, que no esta-
ba en condiciones de reconocer y hacerse cargo de su sindactilia.
24 D. W. WINNICOTI
(6) Hice un garabato e inmediatamente lo convirtió en un perro.
Esto le gustó y puede verse que alguna cualidad de mi garaba-
to se incorporó a su dibujo del perro. Esto puede utilizarse como
una ilustración de apoyo al yo. Puede verse que ese apoyo, a la vez
que necesario, también puede ser demasiado vivo y activo.
(7) Hizo un garabato que convertí en un signo de interrogación. No
era, evidentemente, lo que tenía previsto, y dijo: "Podría haber
sido un cabello."
Evidentemente, como parte de un proceso natural, yo no de-
bía saber que el niño pensara en su cabello. Se hubiera sentido per-
turbaqo si creyera que yo poseía algún conocimiento mágico de
su intención.
(8) Su garabato, que yo convertí en un cisne de apariencia bastan-
te desgarbada.
Supongo que seguía, vagamente, con el tema del pato, pese a
que en ese momento estaba enfrascado en el juego del que ambos
disfrutábamos, y yo no rec;uerdo haberlo pensado.
Ahora podíamos hablar un poco de otras cosas y le dije: "¿Sabes
nadar?" La manera de contestar "Sí" mostró que le gustaba
mucho.
(9) Mi garabato, que según él era un zapato. Agregó que no necesita-
ba agregarle nada.
26 D. W. WINNICOTI'
(10) Hice un prabato que ahora veo como aJao deliberadamente bu.
cado, ya que ,1 podía CODTertirlo en una mano.
No puedo decir si est.e ·dibujo era un acierto o un error, pero
sentí deseos de hacerlo.
Iiro lo convirtió en una flor agregando una línea. Lo que dijo fue :
"Si junto esto con una línea, es una flor."
Mientras observo el dibujo ahora, puedo ver su falta de volun-
tad para mirar sus propias manos. Por supuesto que no hice nin-
guna observación y me alegro de haber procedido así, ya que cual-
quier cosa que hubiera podido decir en ese momento hubiera inter-
ferido con el sorprendente hecho que sucedió de inmediato.
( 11) Hizo un guabato que se aproximada mu a un dibujo premedita-
do, a pesar de que lo hizo con rapidez. Aquí podía haber una in-
CLINICA PSJCOANALITICA INFANTIL 27
Ouencia derivada de la forma que di al mío (10). Ehuyo parecía
el dibltjo de una mano deformada. Este era un momento impor-
tante, ya que cuando le pregunté en q~ estaba pensando, dijo:
"t.o hice sin pensar." Y se sorprendió a sí mismo.
Podría decine que ·en ese momento estaba cerca de mirar su
propia mano y que eso era una reacción a la negativa mostrada en
el ·.nº 1 O, donde convirtió en una flor lo· que podría ser una mano.
Dejé que las cosas se tranquilizaran un poco, confiando en que nos
estábamos comunicando significativamente. .·~
t.e pregunté acerca de sus sueflos, y me dijo: "Duermo con inis
ojos cerrados, así que no veo nada." Después de unos instantes
agreaé, : "Mis sueños 10n casi todos lindos. Hace mucho tiempo
que no tengo sueños malos." Sentí que habíamos terminado con
el tema del sueño y esperé.
28 D. W. WINNICOTT
(12) Entonces hizo esto, y le dije: "Es como tu mano izquierda, ¿no
es cierto?"
,.,
De hecho, el ángulo era casi exactamente el mismo que el
ángulo entre dos dedos prominentes de su mano izquierda que, por
supuesto, estaba sobre la mesa a unos cuatro o cinco centímetros
del dibujo, sosteniendo el papel.
Dijo : "Oh, sí, un poco."
En ese momento consideraba con objetividad sus manos y no
estoy seguro de que hubiera hablado antes objetivamente de su
condición con nadie. Me dijo que había sufrido muchas opera-
ciones y que debía soportar muchas más. Agregó que sus pies esta-
ban en las misms condiciones, y pensé en e_se momento que el za-
pato que vio en mi dibujo tenía relevancia (nº 9).
Dijo: "Tengo sólo cuatro dedos en los pies; antes tenía seis."
Y yo dije : "Es casi como el pato, ¿no?"
Comencé a sentir que era necesario que hablará todo lo que
quisiera acerca de sus ortopedistas. En realidad, pese a que en ese
entonces yo no lo sabía, el cirujano había señalado que Iiro era
casi "demasiado sumiso".
En ese momento una idea comenzó a autoformularse en mi
mente y puede ser que haya comenzado a hablar de ella diciendo:
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 29
"Los cirujanos están tratando de cambiar como eras cuando nacis-
te."
Dijo que le gustaría poder tocar la flauta y me contó acerca de sus
futuras operaciones.
Para mí, que podía ver sus manos en la mesa, era evidente la
imposibilidad absoluta de que alguna vez pudiera tocar la flauta.
En un momento en que no pasaba nada significativo le pregunté:
"¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?"
Y comenzó, tal como lo hacen los niños a menudo, diciendo: "No
sé", y luego agregó: "Voy a ser como papito, constructor de edifi-
cios." Otra idea a la que se refirió fue que quería ser como el
hombre que enseña trabajos manuales en la escuela.
Vi que seguíamos con la incómoda idea de que le gustaría ha-
cer todo aquello que su condición física hacía difícil o imposible.
Le pregunté si alguna vez se había sentido enojado porque lo ope-
raran, y respondió rápidamente: "Yo mismo elegí que me opera-
ran; es mejor para trabajar tener los dedos, y no como antes,
cuando tenía los cuatro dedos unidos."
Sentí que no sólo había mirado sus manos sino que también
había mirado su deficiencia, y que había hecho una significativa
verbalización de su problema. Pienso que era esto (sin intención
consciente) a lo que él quería llegar en el contacto profesional que
yo le estaba brindando.
(13) Volvimos a los garabatos y el convirtió el mío en la empuñadura
de una espada. Siguió
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30 D. W. WlNNICOTI
(14) con un dibujo que quiso hacer. y al que llapió una anguila. Puedo
ver. ahora en retrospectiva que esto pudo haber sido la espada per-
teneciente a la empuAadura. En eaos 4íu era la temporada de las
an¡uilas en Finlandia y jugué con su idea .d e que había dibujado
una anguila. Le dije: "¿La volveremos a arrojar al lqo o la cocina-
mos y la comemos?" Y él dijo en seguida: "La vamos a dejar que
vuelva y nade en el Iaao. ya que es muy chiquita.••
Ahora se había identificado con la anguila y tuve la certeza
de que se estaba refiriendo a su propio estado primitivo, una espe-
cie de fantasía de prenacimiento, y esto concordaba ·con la idea
que ya me había formulado en la ment.e. ·
En consecuencia, le dije: "Si pensamos en ti.como pequefto, creo
que te gustarla nadar en el lqo o flotar como el pato. Ye estú
diciendo que te gustas a tí mismo con tua manos y pies palmeados
y que necesitas aente que te quiera tal como eru cuando naciste.
Al crecer, dmas tocar el piano y la flauta y hacer trab~os manua-
les, así que aceptas que te operen, pero la primert coea es ser ama-
do tal como eras cuando naciste."
Parece haber respondido a esta observación mía diciendo: "Mami
tiene lo mismo que yo...", un hecho que yo no conocía. En otras
palabras, al encarar su propia situación, también tenía que enea-
. rada con respecto a su madre. ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 31
( 1S) Aquí hice un prabato completo~ En seguida vio _luces y pantallas.
Bn III c. . JU madre acababa de comprar una gran pantalla como
ea. Su mache, puea, estaba todavía en su mente. Hice vuiu suge-
rencias acerca de este garabato como test, pero 61 lu rechazó to,,
du. .
(16) Entonces tomó un pedazo de papel y dibujó deliberadamente. Es-
ta era una copia muy exacta de la deformidad de su mano izquier-
da, que estaba sosteniendo la pqina. Se sorprendió y exclamó:
"¡Es lo mismo otra vez!"
32 D. W. WINNICOTT
En algún momento, como alivio de las tensiones del tema
central, hablamos de su familia y su hogar. Dijo cosas positivas
acerca de su hogar, y del lugar que en él ocupaba su padre, y me
dio la clara impresión de un hogar que funcionaba con la posibili-
dad de la llegada de nuevos bebés.
En algún momento le pregunté si era un chico feliz, y me contes-
tó por medio de una generalización: "Uno sabe si está triste."
Volvimos al juego de garabatos.
( 17) Su dibujo, que yo convertí en pies y zapatos.
JI
Debe señalarse que al hacer este garabato había adoptado mi
técnica de sostener el lápiz c~rca de la posición horizontal, de mo-
do tal que la línea es variable en grosor y, por consiguiente, más in-
teresante. Supongo que lo convertí en un zapato por no querer
arriesgarme a introducir cualquier tema nuevo tan cerca del final
de la entrevista.
( 18) Llegamos ahora al último garabato, que es mío. Lo hice delibera-
damente complejo, con los ojos cerrados, y lo desafié diciéndole:
"Apuesto a que no eres capaz de hace'r algo con eso." Lo colocó
al revés y vio rápidamente lo que quería, agregando un ojo y el
pie palmeado, y dijo una vez más: "Es un pato."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 33
in•
\.__.
:l'
r·
,;'.;;
\b
Habíamos llegado al final a la refirmación de su amor por sí
mismo, que indica que se siente amado. Debe destacarse, sin em-
bargo, la necesidad que tiene de ser amado en el estado en que na-
cl6, esto es, antes de que la cirugía ortopédica y todo el proceso de
alteración y restauración hubiera comenzado.
( 19) Finalmente, a mi pedidó, escribió su nombre y edad.(no reprodu-
cidos aquí) en el reverso del nº 18.
Enp-evista con la madre
Inesperadamente, me encontré con que la madre me necesita-
ba. Estaba en el hospital, y al enterarse de que su hijo estaba ·en
una entrevista quiso verme. No sabía por qué deseaba verme, pero
1entí que tenía derecho a saber qué clase de hombre podía ser este
visitante de Inglaterra que había pasado una hora con su hijo. Una
vez más la entrevista debió ser conducida a través de la señorita
Asikainen, que había visto a la madre varias veces como asistente
social. (En realidad, la señorita Asikainen es psicóloga, pero hay es-
casez de personal en el hospital y los roles de los .~iversos profesio-
nales no están claramente determinados.) Una vez más puede de-
cirse que la traducción fue rápidamente olvidada por ambos. Yo,
personalmente, no recuerdo la traducción, y sentí que había teni-
do una confrontación directa con la madre.
No hay necesidad de describir la sesión, que se prolongó casi
34 D. W. WINNICOTI
una hora. Durante la mayor parte del tiempo, la madre habló sim-
plemente de los tem~ que ya había discutido con la asistente so-
cial. Y de pronto, en forma inesperada, sucedió algo que arrojó luz
sobre todo el caso y confirmó la idea que se me había ocurrido du-
rante mi entrevista con Iiro. La madre rompió a llorar, evidente-
mente muy conmovida. Se descargó entonces de algo que dijo no
haber contado a la asistente social, algo que probablemente nunca
había enfrentado en la parte consciente y verbalizante de su men-
te. En resumen, lo que dijo fue esto: " Sé que todos tienen senti-
mjentos de culpa acerca del sexo. En mi caso ha sido diferente. To-
da mi vida me he sentido libre sexualmente y en mi matrimonio la
experiencia sexual ha sido gratificante. En lugar de sentirme culpa-
-b.le por el sexo, lo que siempre he sentido es que la de_tormidad de
mis dedos de las manos y pies sería heredada por alguno de mis hi-
jos. Esa es la manera en que iba a ser castigada. Desde mi matrimo-
nio, con cada embarazo, estaba cada vez más angustiada por el be-
bé que iba a nacer, angustiada debido a la incapacidad heredada.
Sabía que no debía tener hijos precisamente por esa razón. Cada
vez, cuando el bebé nace y es normal, siento un inmenso alivio.
Con Iiro, sin embargo, no tuve ningún alivio porque allí estaba él,
con los dedos de las manos y los pies como los míos y había sido
castigada. Cuando lo vi, lo odié. Lo repudié por completo, y du-
rante un lapso (quizá sólo veinte minutos o quizás algo más) supe
que nunca más podría volver a verlo. Debían alejarlo de mí. En-
tonces cornencé a pensar que yo podía lograr que sus dedos se mo-
dificaran utilizando repetidamente la cirugía ortopédica. Decidí in-
mediatamente insistir en que los dedos de Iiro fueran operados,
aun cuando eso parecía imposible, y desde ese momento recobré
mi amor por él y creo que lo amé más que a los otros. Así que, por
su parte, puede decirse que ganó algo. De todas maneras, he estado
obsesionada con este impulso de utilizar la cirugía ortopédica."
:Parecía alterada por haber verbalizado esto, que debe haber
estado cerca de su conciencia muy a menudo, pero que nunca an-
tes había tenido la oportunidad o la valentía de expresar Se me
ocurrió inmediatamente que me estaba diciendo exactamente lo
mismo que Iiro me había estado diciendo en la manera como uti-
lizó la consulta terapéutica. Quizá ganó algo por el amor especial
de su madre, pero había tenido que pagar por ello al quedar atra-
pado en un impulso obsesivo que el cirujano había notado muy
bien, de la misma manera que el personal del hospital se había pre-
guntado por qué razón esta madre y su hijo eran tan perseverantes,
mientras se debía persuadir a tantos otros padres e hijos para que
aceptaran una intervención quirúrgica necesaria.
Puede decirse que el trabajo que realicé al entrevistar al niño
y a la madre dio algún resultado. Incidentalmente, me proporcionó
material preciso para la descripción ante el grupo de profesionales
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 35
que eaperaba mi informe acerca de un niño que ya conocían. Y lo
que ea más importante, se me informó posteriormente que, des-
pu,, de este trabajo, se había adoptado una actitud más realista
con respecto a la corrección de los dedos de liro. Las limitaciones
habían sido aceptadas con mayor facilidad, y esto provocó un ali-
vio ¡eneral de la tensión. Es quizá de interés señalar también que
eata entrevista no ha sido olvidada por el muchacho. Es poco pro-
bable que recuerde cómo soy o que pueda hablar acerca de la en-
trevista y los dibujos. De todos modos, ba permanecido en contac-
to conmigo por medio de cartas, debidamente traducidas por la se-
f\orita Asikainen, y me envía fotografías de él con su perro o pes-
cando con su amigo en un lago. Han transcurrido ya cinco años
deade aquella entrevista.
CASO 11 "ROB/N", 5 AROS
Tampoco en este caso mediaba uri problema psiquiátrico, de
modo que mi tarea consistió en promover un ambiente en el cual
el niño pudiera presentarse a sí mismo en función de sus conflic-
tos inmediatos. Ciertamente, en la asistencia profesional se recibe
una retribución monetaria por darla, pero, además, se tiene el gran
placer de encontrar niños que encuadran correctamente dentro del
significado de la palabra nonnal.
Hay otros niños en su familia, todos adolescentes. En la con-
, ducción de este caso, resultó que vi primero a la madre de Robin y
hubo una nueva entrevista después de mi encuentro con él. En esta
segunda entrevista, estuve en condiciones de hacerle saber lo que
había pasado entre Robin y yo. Pienso que tn este caso el paso
adelante en el desarrollo de Robin se hubiera producido en forma
espontánea. No era absolutamente necesario que recibiera ayuda
fuera de la familia, ya que sus mismos progenitores eran capaces de
manejar la situación. Sin embargo, sintieron que necesitaban ayu-
da, y es bastante probable que la entrevista que tuve con Robin
haya facilitado el trabajo que sus padres y el resto de la familia ya
estaban realizando, con la ayuda de la escuela.
El problema consistía en que Robin acababa de iniciar sus es-
tudios y mostraba signos de rechazo hacia la escuela~ Era un niño
con una vida familiar rica y para él ir a la escuela marcaba cierta-
mente una etapa importante. Al mismo tiempo, por ser el menor
de la familia y presumiblemente el último hijo, al conflicto de Ro-
bin con la escuela se sumaba, en alguna medida, el conflicto per-
sonal de su madre: para ella este desprendimiento venía a significar
el final de su· relación con los hijos. Cuando el niño entrara en la
escuela, nunca volvería a experimentar la sensación de tener una
familia, con toda la dependencia que esto significa. Pero, al mismo
tiempo, la madre es una mujer de inmensa energía y con intereses
espeéíficos, y el fin de este período de preocupaciones maternales
podía reportarle un alivio, permitiéndole proseguir con la tarea es-
pecial para la cual se había preparado. En este caso particular, ta-
les problemas se hubieran resuelto con toda naturalidad, pero se
planteó el síntoma de Robin frente a la iniciación de las clases, y
acompañaqo de ciertos reclamos regresivos para obtener la aten-
ción de su madre, cosa que le recordaba las experiencias de la in-
fancia de Robin, cuando el niño podía contar con ella para satisfa-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 37
cer sus necesidades. Me intrigó entrevistar a este niño y ver cómo
se mostraría y de qué manera presentaría su problema en el cuno
de la entreviata. No hubo dificultades en que acudiera a mi consul-
torio y que la madre quedara en la sala de espera. ·yo no estaba se-
guró, sin embargo, de que, a los cinco años, pudiera acompañarme
en el juego de garabatos. Debe señalarse que buena parte de la en-
trevista depende de mí y de la forma en que actúe. De todos modos,
finalmente son las propias manifestaciones del niño y su problema
inmediato .los que emergen. Fue evidente que Robin y yo nos co-
municamos mutuamente en loa cuarenta minutos que pasamos jun-
tos, y es probable que •i yo hubiera sido más estricto en mi técnica
y no hubiera puesto flexibilidad de mi parte, la entrevista habría
concluido en forma prematura o artificial, sin ningún resultado po-
sitivo.
Com.enc:6 con gran confWlZ&, haciendo un prabato.
( l) No pudo hacer nada con esto.
(2) Respondió con esto. Lo convertí en una aruiL
(
/
38 D. W. WINNICOTT
(3) Mío otra vez. Comenzó agregando cabello enrulado en su extremo
superior y noté que él también tenía una cabellera alborotada.
Agregó cejas y ojos y algo que tenía que ver con piernas y dijo
que era un pescado.
Me sentí confiado. Este era un dibujo primitivo personal y que
le gustaba, y había comenzado a jugar de manera creativa. Observé
que era uno de esos niños que no sostienen la hoja de papel con la
otra mano mientras dibujan. Eventualmente yo la sujetaba, pues
de otra manera el papel se corre hacia uno y otro lado y no se lo-
gra nada. Tomo esto como un leve signo de dependencia, que bien
puede desaparecer como síntoma en el curso de una entrevista.
Después de ganar confianza, el niño puede comenzar a sostener el
papel con su mano libre. Espero que se produzcan cambios y los
observo.
(4) Hizo ahora un garabato que convertí en un• serpiente. Esta no
era precisamente mi idea mientras lo consultaba y seguía adelan-
te. De todos modos, la idea de la serpiente se originó en mí antes
que'en él.
(5) Mío. Sentí que era un buen dibujo. Podía ser transformado prác-
ticamente en cualquier cosa y tenía un cierto valor por sí mismo,
en la medida que los garabatos pueden te,ierlo. No pudo hacer na-
da con él. Después de unos instantes, dijo:
"Claro, es ya una jarra... ", y yo le dije: "Bueno, ¡ya lo has con-
vertido en algo al darle un nombre!"
Este es un ejemplo de un objeto encontrado -tal como si
unO:- caminando por la playa, encuentra un guijarro o un trozo
de raíz de alga, con cierto parecido a una escultura y la ubica co-
mo adorno en una repisa.
(6) Su garabato que yo convertí en una cara.
Tuve conciencia de que, con este dibujo deliberado estaba ha-
ciendo algo que él no podría, pero corrí el rie910; y puede decirse
que su iealismo no ·era algo que él deseara imitar. ·
\
'
·/
•W O. W. WINNICOTT
( 7) MI 11rabato siauiente que él, sorprendentemente, convirtió en un
cerdo. Este, a semejanza de su n º 3, era un dibujo personal, un
cerdo que nadie sino él podía hacer hecho de esa manera, y la co-
la me dio pruebas de su sentido del humor.
Este sentido del humor demuestra libertad, lo contrario a la
rigidez de las defensas que caracterizan a la enfermedad. El sentido
del humor es un aliado del terapueuta, y le proporciona una sensa-
ción de confianza, así como cierta libertad de acción. Revela en el
niño imaginación creativa y felicidad.
Ahora estaba enfrascado en el Jueao y dijo: "¿Es su turno o el
mío? Es divertido, ¿no?" Era su tumo, de modo que hizo
(8) un garabato que convertí en u-. pato después de consultarlo a él.
Aquí comencé a hacer preguntas tentativu acerca de sus sueños,
pero prosiguiendo, al mismo tiempo, con el jue10.
(9) Hice un garabato que él no pudo utilizar. Debe tenerse en cuenta
que en estas entrevistas yo tenía la intención definida de lopv
material real de sueño, es decir, de sueños soñados y recordados..
Los suC'jlos contrastan con el fantaseo, que es improductivo, sin
forma y, en alguna medida, manipuleado.
El problema de llegar al material de sueños se repetirá prác-
ticamente en todos los casos, y se requiere un juicio sutil para de-
terminar cuándo siente el terapeuta que el material que emerge en
los dibujos o en la convenación está alcanzando el nivel de un sue-
ño, y ha llegado el ~omento de la pre111nta: "¿Alguna vez sue-
ñas?" En realidad la mayoría de los niños tienen un sueño o algu-
nos sueños que les interesan, quizá sueños recurrentes, y si uno los
ayuda a comprender un sueño, tienden a producir otros más. Esto
es, obviamente, algo que los padres no pueden proporcionar; ade-
más, pienso que los padres no deben interpretar los sueños de sus
hijos porque, como es sabido, el sueño manifiesto contiene11n ele-
mento de defensa, y las defensas deben ser respetadas. A parti,r del
momento en que se comienza a analizar las defensas, uno se ha
convertido en psicoterapeuta y, automáticamente, se ha alejado de
su rol de progen.itor.
/
I
42 D. W. WINNICOTT
Robin expresó voluntariamente que soñaba con perros, elefantes
y canguros. En su caso, sus sueños eran simplemente expresión
de cosas vivas y activas, de modo que dejamos el tema.
En este momento le pregunté si estaba enojado por haber venido
a verme, ya que sabía que su madre lo había traído del campo, y
que él allí disfruta. Neg6 enfáticamente estar enojado por eso e
hizo un garabato
(10) que él mismo convirtió eñ una serpiente. Podemos ver aquí una
persistencia de la idea del n° 4 que, por supuesto, debo ·recordar
que era mi idea. Este dibujo, empero, era otra cosa para él, ya que
era totalmente suyo. Había hecho un uso deliberado de su propio
garabato. ·
(11) Hice entonces un garabato que él volvió a convertir en una ser-
piente. Esta vez se tomb mucho trabajo en los detalles, y se com-
placía en la manera en que esta serpiente particular tenía una nue-
va cualidad que podía ser considerada como simbólica de una
erección. Iba hacia arriba de una manera muy obvia.
(12) El próximo fue de él y yo lo COl)vertí en un montón de tierra. No
se me ocurrió otra cosa. Le dije: "¿Piensas que pueden ser heces?"
(Mientras trabajaba le pregunté cómo llamaban en su familia a las
heces, y él me lo dijo.)
Pero dijo que era tierra ..Quizá yo tenía en mi mente la ne-
cesidad de dibujar algo lo más alejado posible del concepto de
erección, de modo de no insistir en una cualidad que podía haber
sido un hecho casual en el último dibujo. Naturalmente, eso en el
momento no lo pensé.
(13) Hice un garabato y lo transformb en una "serpiente enroscada".
"Es feliz." Prestó atención al dibujo por un momento y luego dijo
muy espontáneamente: "Me gusta esa serpiente que está enrosca-
da."
Mientras sucedía esto, comenzó a poner los dedos en su cara
y a jugar con el lápiz en ella. Sentí una relación entre la idea de la
serpiente enroscada y esos vestigios infantiles que se mostraban al
acariciarse la ca,ra. También recordé que su madre me había dicho
que cuando Robin era muy pequeño, en lugar de usar un objeto
transicional tendía a necesitar su cara, cuya ~iel acariciaba hasta ir-
'
, f
' ',
13
~
k
44 D. W. WINNICOTT
se a donnir. No mencioné esto porque había sido la madre, y no
él, quien me lo había dicho, pero sí hice referencia a la serpiente
feliz como él mismo arrollado en el regazo de su madre, sintién-
dose protegido y a salvo del mundo. Sentí confianza por haber al-
canzado ahora, una declaración de su conflicto hecha por él, una
declaración expresada en términos de un ir hacia el mundo y cre-
cer, en oposición a una dependencia regresiva.
Dijo: "Es su tumo, ¿no?", y de esa manera hizo que el juego ade-
lantara un paso.
(14) Su garabato, que yo transformé en algo que llamamos un fantas-
ma.
(15) Mío. Lo convirtió en un ganso.
Teníamos todos los dibltjos diseminados por el suelo al costado
de la mesa donde est,bamos jugando o trabajando juntos, de mo-
do tal que podíamos verlos todos a la vez, y descubrimos que te-
níamos una graitja... las serpientes, la araña, la tierra, el pato, el
ganso, un pez para la laguna y un cerdo... y comenzamos a pre-
auntarnos si el n°9 era algo que yacía en tiena. El sugirió que era
un pedazo de alambre. Agregó : ''y tenemos un granjero" ... refi-
riéndose a mi dibujo nº 6. Le dije: "¿ Te· gustaría ser granjero?",
y contestó: " Bueno, sí, pero el problema es que en una graitja hay
mucho trabajo." Recordemos que había venido a la consulta
desde una granja. Y él podía ver que, para un granjero, la granja
no es un "objeto encontrado". En mi mente'estaba el intenogan-
te de hacer algún tipo de interpretación: "Te preguntas si saldrás
al mundo para ser un granjero y trabajar o estar donde puedas vol-
ver al regazo de tu madre y enrollarte como una serpiente, y to-
carla cuando quieras, por placer." Aceptó esta idea sin ninguna
dificultad aparente, y
( 16) dibujó diciendo: "Bueno, ya que tenemos una granja, bien pode-
mos llamarlo un nabo."
( 17) Dibujé esto, que era una serie de espirales. Pienso que lo hice algo
deliberadamente, sin saber por qué, quizá con la idea del alambre
todavía en mi mente. Tomó su 1,piz y jugó con él como si lo aca-
riciara. Parecía como si hubiese encontrado algún tipo de objeto
transicional, así que le pregunté qué llevaba a la cama para que le
hiciera compañía cuando era pequeño. Me habló de monos y un
oso, de modo que puse la cabeza de un oso en el extremo superior
y se convirtió en un oso de juguete. Penisti un poco con mi in-
terpretación acerca de la alternativa entre "voy hacia adelante,
hacua el mundo, o vuelvo a la dependencia y a acurrucarme en el
regazo de mi madre". (Naturalmente, no utilizo una palabra como
dependencia cuando hablo con un niño de su edad,)
--
-,.,....
46 D. W. WINNICOTI
(18) Este fue de él, y dijo: "Oh, es una R, pero al revés." Mientras de-
cía esto, dejó caer el lápiz. Yo diría que esto era, en forma bas-
tante evidente, una parapraxis y llena de significado. ie señalé
que la R era la inicial de su propio nombre. No había pensado en
eso y el detalle lo divirtió. Le dije: "Está al revés, porque la R tie-
ne miedo de ir de freníe hacia el mundo. Necesita estar muy segu-
ra de poder volver rápidamente al regazo de su madre."
(19) Este fue mi garabato complejo. Le dije: "¿Es demasiado difícil?"
Contestó rápidamente: "No; podría convertirlo en un pescado... ",
y el pescado lo satisfizo. Había algo respecto de ese pescad9 y él
no podía encontrar la palabra justa,pero cuando le sugerí que el
pescado podía .estar orgullosq, pensó que era una manera de expre-
sarlo. Me parecía como la serpiente en el n° 11, al que consideré
una declaración de sí mismo yendo hacia el mundo, Yo soy, con
la cualidad adicional de una dirección de movimiento. Debe des-
tacarse, sin embargo, que la palabra orgulloso fue mía y no de él.
Creo realmente que era la palabra que él estaba buscando.
(20) Suyo. Este lo sorprendió. Dijo : "Oh, esa es una R mejor", de mo-
do que lo convr.rtí en un petirrojo,• siguiendo con la idea de que
él estaba dibujando un retrato de sí mismo. Había una línea, sin
embargo, que no podía acomodarse en el dibujo, pero observó:''y
también tiene su pequeño rifle", dando así sentido a la línea, y
ubicando el dibujo dentro de la serie en la que exponía el tema
principal, Esto es, el peligro del Yo soy cuando es una dirección
de movimiento hacia adelante, hacia el mundo y fuera del regazo
de la madre. Le dije algo _de esto en su propio lenguaje.
(21) Mío, que transformó en un conejo que le gustó mucho.
•Robin, en in:;,.és; ea tambi,n el nombre del niño.[T.]
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..:t
~
J
48 D. W. WINNICOTT
(22) Hice entonces el último garabato que transformó en otra serpien-
te, y agregó : "Con su pequeño rifle", y ambos nos reímos.
Después de esto, supimos que habíamos concluido; la declara-
ción ya había sido expresada. Como hacen muchos niños, se diri-
gió hacia el material de los dibujos una vez más, y, obviamente, es-
tuvo considerando la idea de que me había revelado su conflicto:
si ir adelante hacia el mundo o estar pronto para volver corriendo
al regazo materno. Tomo esto como un retrato de Robin a los 5
años con un problema básico asociado con el ingreso ~n la escuela,
y junto con esto la posibilidad de un conflicto en la madre por la
terminación de la etapa de crianza. Tuve la certeza de que Robin
no era una persona enferma; por otro lado, sabía que el problema
práctico de conducirlo a la escuela dependería en gran medida de
los padres y de la manera en que pudieran adaptarse a esta fase
CLINICA -PSICOANALITICA INFANTIL 49
11encial del desarrollo del niño. Tal como sucedió, los padres fue-
ron capaces de dejar de lado sus ocupaciones ante este problema
matinal de una manera que pronto dio resultados. Esto significó un
sran esfuerzo por parte del padre, quien abandonó parte de su tra-
b~o para estar disponible cuando debiera llevar al niño a la escue-
la.
No puedo opinar acerca de si los padies discutieron este pro-
blema con mayor libertad gracias a mi informe. En cualquier caso,
el problema se resolvió por sí mismo y, como dije al comienzo de
este relato, creo que los padres hubieran tratado el problema sa-
tisfactoriamente sin mi ayuda. Ellos, por su parte, piensan que la
consulia terapéutica los ayudó en esta fase particular.
CASO 111 "ELISA "; 7 AflOS Y MEDIO
Sería quizás apropiado seguir en esta primera parte con casos
de niños que no están suficientemente enfermos como para reque-
rir un diagnóstico psiquiátrico. Como en la mayoría de los casos
que aquí describo, estoy apuntando a un blanco accesible, y en
verdad es una característica de este trabajo que si el blanco está
fuera de alcance, ni siquiera intento hacer puntería. Para continuar
con esta analogía, parece lógico que, apuntando a un blanco acce-
sible, podamos lograr algunos buenos impactos.
Quisiera señalar, aun a riesgo de ser reiterativo, que enlama-
yoría de los casos, la atmósfera general es favorable, y si uno es
capaz de brindar una pequeña ayuda al niño o a la persona enfer-
ma en la familia o el grupo social, la mejoría clínica sobreviene por
las fuerzas de la vida y del proceso de desarrollo. La cuestión es
cambiar un círculo vicioso en uno benigno. La mayoría de los ca-
sos potenciales son de este tipo. En el caso 111, los padres ya tenían
razones para confiar en mí como persona antes de que trajeran su
hija a verme, y estaban conformes en dejarla conmigo sin una con-
versación previa a su respecto. Posteriormente, la madre no quiso
hablar conmigo acerca de lo que había sucedido porque, según di-
jo, le interesaba el resultado y no cómo se había llegado a él. La
madre tl'JljO a Elisa y ambas me esperaron en el consultorio al que
yo había provisto de varios ejemplares de la revista Animals. Esto,
sin duda, influyó sobre el material de la entrevista en su comienzo.
Elisa era la hija intermedia de una familia compuesta por varo-
nes y mujeres. En los pocos minutos que pasé con la madre y Elisa
juntas, hablamos sobre la revista. Animal,. Conseguí que Elisa me
acompañara a la sala de espera, donde se había preparado para la
madre café listo para servirse; todo eso le interesó. Después regresó
conmigo al consultorio sin ninguna dificultad, le dí una sencilla ex-
plicación del juego de garabatos, y aceptó que lo iniciaramos. Ella
no lo conocía como juego.
Elisa es una niña agradable y de figura delicada. Daba toda la
impresión de dulzura que puede tener una criatura de 7 años; bas-
tante independiente y totalmente confiada en el contexto de la re-
lación que tuve con ella.
CUNICA PSICOANAUTICA INFANTIL 51
Comenzamos con:
( (1) Mi piabato.
Por lo que yo podía saber, Elisa no había sido prevenida acer-
ca de por qué venía a viaitarme. Era evidente que se sentía muy có-
moda con un lápi,z'. ·
Tomó mi garabato y le pUSQ otra pata, dejando un espacio:ntre
ellas. (La línea de la barriga fue apegada despu6s. V6ue el n 9.)
Le dije: "¿Qu6 ea lo que significa?"
Contestó: "Algo que salió mal."
No es infrecuente en mi experiencia, que un niño se lance
desde un principio hacia temas profundos tal como ella estaba ha-
ciéndolo. Tomé nota mentalmente de la relación entre el espacio
donde podía estar la panza y las palabras "algo salió mal", que
desde el comienzo mismo de la sesión bien podían estar dándome
una indicación precisa de que Elisa tenía conciencia de un proble-
ma y que ese prob.lema podría tener alguna relación con la panza.
No dije nada. Naturalmente me pregunté si no mediaría algún pro-
blema del tipo de la pregunta:" ¿De dónde vienen los bebés?"
52 D. W. WINNICOTT
(2) De ella. Yo lo convertí en una cabeza y pareció gustarle. No hi-
ce esto por ninauna razón especial; sólo fue lo que me encontré
haciendo.
(3) Mío. Ella lo transfonnó inmediatamente en un p~aro, demostran-
do su capacidad de autoexpresarse en el dibujo.
(4) Suyo. Analicé con ella qu6 podía ser. Le encantaba la idea de ro-
pa lavada que cuelga de una soga, a pesar de que no corresponde
a la experiencia diaria de su familia, que habita en una ciudad.
"Todo va a la lavandería", pareció ser el comentario, pero no co-
mo una contribución suya significativa, por lo menos en mi opi-
nión. Me pareció más bien que había seguido mi dibujo con una
referencia a su vida hogareña.
(5) Mío. Ella lo convirtió en alguien con un gran sombrero. Le pare-
ció que había algo de cómico en el hecho de que el sombrero e•
tuviera a un costado de la cabeza. Cuando le hice alaunu preaun-
tas, me contestó que podía ser un varón o una mujer.
lnterpolaci6n
En este momento es necesario hacer referencia a una signifi-
cativa entrevista referida a ella que yo había tenido con la madre
tres meses antes. En el curso de su descripción de Elisa, la madre
me había contado un incidente que había tenido importancia en la
primera niñez de Elisa y que se refería a sombreros. Si yo hubiera
dejado que ese comentario de la ma(,ire dominara mis ideas quizá.
hubiera pensado que el dibujo 5 indicaba un tema básico de som-
breros; pero como siempre me guío por la8 indicaciones del niño,
ya había sido informado en esta entrevista con Elisa que el tema
principal concernía al espacio entre las patas delanteras y las trase-
ras (dibujo 1 ), cualquiera que fuese su significado. De todos mo-
dos, los sombreros se transformaron indudablemente en el segun~
do tema. Describiré el complejo sombrero al final de este relato de
la sesión con la niña.
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--~_..:._~--- -~/
54 D. W. WINNJCOTr
Continuación del juego
(6) De ella, al que fflNilllk'la visua1iz6 con un 10mbnro puesto.
Hiro entoncea alto que J)UIO de relieve el tema del can,uro y lo
uni6 con la idea de unJ.upr lipift,ativo _entre laa patas delante-
ru y trueru. •Seflal6. que el cu,uro tenía sus rodilla dobladu
de la manera caracteríatica en ete>1 uimalea, y io iluatr6 rec:open-
do sus propiu rodill• eóntra el ~ - Evidentemente, uno de los
efectos de ese acto, ea que esconde el vientre; por otra parte, el
canpro es un animal que los DÜlol eligen a menudo por ~ bolsa,
y para indicar un embuazo visible en lupr de uno dilimulado.
(7) Mio, al que convirtió en·una mano o un guante. ·
CUNICA PSICOANALfflCA INFANTIL SS
( 8) De ella.)untOJ lo convertimos en una trompe~.
(9) Mío, ·.que_1'1:111'forín6 en un "pem, ó alto"; Debe advertine que
este .~ tuabi6n tiene un espacio entre. la _cola y el lupr en
que ~ flpnr las extremidad•. Ba ,rideilte que reparó en
ello porqw · ,olvió 111 dibujo 1 y agrezó una li'nea ¡,ara f omuzr 1'I
panz-. '"
56 D. W. WINNIC01T
,,
/ ) 1/ W
(10) De ella, dibujo que discutimos entre ambos. Dije : "Este está real-
mente completo; no es necesario agregarle nada. Me pregunto si
no es (y aquí tuve que obtener de ella el nombre familiar para los
excrementos) 'popó'. Si no tiene panza, esto podría ser la clase
dé cosa que le caería."
Elisa me miró como si estuviese interesada, pero como si yo utili-
zase un len¡uaje que no era el suyo, y dijo que era una serpiente.
Por lo tanto, puse un plato alrededor y le sugerí que podíamos
comerlo en el almuerzo.
(11) Mío, que convirtió en un perro feroz. Me dijo que este perro pare-
cía estar "listo para golpear a alguien".
Esto era prueba de la capacidad de Elisa para llegar a una par-
te de su naturaleza que esencialmente no se traduce en su conduc-
ta habitual o en su apariencia. (Incidentalmente, pensé en relacio-
nar la idea de golpe con la ausencia de vientre y recordé que, por
supuesto, ella debió haber sido testigo del desarrollo de los emba-
razos ulteriores al suyo, en especial el segundo, cuando tenía entre
3 y medio y 4 años.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 57
(12) De ella, 1arahato que yo convertí en "un pomo o alao así". Elisa
pensó que el ,nomo iba a comerse las hojas de la rama. Aquí le
gustó tanto el dibujo como su idea.
(13) Mío, al que Elisa elaboró de una manera notoriamente imqinati-
va. "Es aiao que va por deb~o de un túnel. Puede ser UD topo."
Sentí que en esto había UD ~bolismo infantil de defecación, na-
cimiento o relación sexual, y dejé el asunto así, sin interpretarlo.
58 D. W. WINNICOTT
(14) Transformó su dibltjo en una especie de pato que uno ve en la
olCUridad. Esto sipificaba que nos íbamos aproximando a 1u
ideas que swgen en la mente poco antes de conc- el suefto. E1-
tábamo1 cerca del materitll real de 101 mello,.
(15) De ella, que yo transformé en la cabeza de algún tipo de ,~aro. y
(16) mío, que Eliaa elaboró de una manera similar. Colocó phunu en
la cabeza del pájaro.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 59
_A ,. .t , ~ ." ~. tv. ..... ,
A esta altura, se había desarrollado todo un juego que consis-
tía en colocar los dibujos uno junto a btro en el suelo y muy entu-
siasmada, tomaba cada uno de los dibujos que terminábamos y lo
colocaba en el extremo de una fila, ·. de modo tai que ahora tenía-
mos dibujos diaeminados en la otra mitad de la habitación. Cuando
iba a colocar un dibujo, o a comprobar su número, yo le decía:
"Adiós,,, y cuando volvía le decía: "Holaº. No llegaba a estar so-
breexcitada, pero sí vitalmente interesada en lo que sucedía, y am-
bos nos divertíamos jugando juntos.
(17) De ella, que yo convertí en un pato (imitándola y dici6ndolo así),
al que di un pez de comer.
60 D. W. WINNICOTT
(18) Mío, que ella transformó en ..algo feroz".
A esa altura de la entrevista, ya le había hecho algunas pre-
guntas tentativas acerca de los sueños que pudo haber tenido, pero
le costaba mucho hablarme de ellos. Había manifestado que sus
sueños eran honibles. Le señalé que evidentemente había algo ho-
rrible que era parte de sí misma, pero que ella no sabía cómo ma-
nejar, y le recordé el perro feroz (n-oll). El tema continuaba en el
dibujo (nº 18) del "algo feroz que tiene garras .y orejas grandes y
un gran ojo extraño para poder ver en la oscuridad". Dije entonces
algo acerca de la manera en que las cosas caerían del interior si no
hubiera barriga: quizá caería algo feroz como lo que ella había di-
bujado. (Cuerpo equivalente a la mente.) También dije algo acerca
de las garras y de sús ideas de llegar a lo que estaba dentro de la
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 61
panza de mamá cuando estaba por tener alguno de los bebés que
nacieron después de ella. Esta fue una idea nueva para ella. No es-
taba muy segura de recordar algo acerca de su madre en estado de
gravidez. (Por supuesto, no utilizamos esta palabra.)
;, .
1
(19) De ella, con el que yo comencé a haéer algo, y juntos lo converti-
mos en un insecto.
(20) Mío, bastante diferente de otros garabatos, y más concentrado. Di-
je: "Este es un dibujo tonto, ¿no es cierto?" Y ella dijo : "¡No!",
y en seguida lo convirtió en una especie de animal con antenas.
"Tie~e un gran pie y una cola. Puede ser lindo o espantoso."
En algún momento de esta etapa, traté de que me dijera si las
cosas terribles y feroces eran masculinas o femeninas, pero no lo-
gré ninguna indicación satisfactoria.
62 ,D. W, WINNICOl'T
(20 De en., que conv.rtí en lo que llamé "una 88Aora elepnta..
. Mi•tru Y«> dibujaba esto, ella .estaba haciea4o· .¡t ,próxao.
! (22) AquLtomó una ~ entera de papel, (Los niilos hacen esto a
miííudo ara indicar ue7o ·. • • r venir es
ujo era muy
· .
icil de •bacer" y dijo que iba a tener que
..-. "muy valiente... '~Es un sueilo espantOIO... Comenzó con la
SOD,lbra y lueao •paso J.a .cama, en la que ella estaba acostadL Dea-
pu6s de esto, fue a los detalles de la co1a que se lanza sobre ella.
'fiene u rodillas recosidas (de la DlÚIDa manera descripta por
ella cuando dibujó el canauro y que tambi6n babia mostrado~
su propio cuerpo). Tiene un pie pan4e y uno ~udo y un ojo.
Desde su punto de vista, esta cosa es "lo mú horrible posible".
CLINICA PSICOANALfflCA INFANTIL 63
Traté de que me dijera qué le haría la cosa si llegara a ella, y
todo lo que pudo decir fue: ..Sería espantosa conmigo."·Hice tan-
teos con la idea de que hubieta una estimulac1on sexual, ya fuer.a
una "~ión de.. al&ún tipo (que es poco probable en su ambiente
familiar).,o '.c onla idea de ·~ fonna de masturbación. Utilicé pa-
labras que la niña podía entender. No forcé este tema en absoluto,
sino M le di a entender que yo eabía al re,specto y me miró con
ojos IIOlnbrados, como ti fuese la primera vez que hubiera pensa-
do co*ientemente en la· muturbaci6n y en los sentimientos de
culpa ~lacionados con ~lla. Obviamente, estab1.. especulando, ba-
sandQ·mis ideas en lo que creía que estaba ocurriendo. Proced1 con J
mucho cuidado asegurándome de no cot.tprometer en modo algu-
no la ~lación que existía entre n010tros; ~ue tenía características
posi~vas muy poderosas de las que se pod1a esperar que cubrirían
los ~os.
En este punto, le propuae que eligiera entre hacer otra oosa o
dibujar, y ella optó por hacer dos dibujos más en el juego de gara-
64 D. W. WINNICOTT
2
✓
batos. De esta manera, le di todas las posibilidades de dejar el jue-
go, de cambiar el t.ema, o de jugar y ver qué podía suceder.
(23) Mío; que transfonnó en otro canguro. Esta vez el can¡uro tenía
una gran panza o bolsa con un cachorro en ella. Lu rodillu no
estaban levantadas. Hablé de la utilidad de un can¡uro para pensar
en una panza con un beb6 pero sin ir directamente a la idea de la
madre embarazada. Elisa habló del canguro como un animal que
hace cosas con las patas y que salta. Le sugerí que esa cosa ho-
rrible que viene hacia ella representa algo que nunca aceptó cabal-
mente, esto es, que tiene sentimientos semejantes a esa cosa con
respecto al bebé que está dentro d'el vientre de la madre. La cosa
horrible sería entonces algo suyo que sentía horrible pero que no
podía permitir que fuera parte de sí misma.
C'LINIC'A PSIC'OAN .\ LITICo\ INFANTIL 65
(24) De ella; lo convertí en un animal que le gustó. Pareció con deseos
de continuar, de modo que no interrumpí el juego.
(25) Mío, que convirtió en un chivo atacando. (Presumí -pero no dije
nada- que para Elisa como para otra gente, un chivo es símbolo
del instinto, por lo general del instinto sexual en los hombres.)
66 D. W. WINNICOTT
(26) Suyo, que transformé en otro animalito que le gustó.
(27) Mío, del que dijo que iba a ser un ratón. En cualquier cuo; tenía
una oreja grande. Llegamos ahora al que dijo sería el último de la
serie.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 67
(28) El dibujo final. De ella, que convirtió fantásticamente en la cabe-
za de un hombre.
Comenzó con los anteojos y era obviamente un retrato mío. El
hombre estaba leyendo un periódico. "No, tiene los brazos cru-
zados." Se manejaba con mucha libertad y, de hecho, ahora podía
ver lo que quería en sus propios garabatos.
Elisa estaba ahora lista para retirarse y le dije que iríamos a
buscar a la madre, de modo que reunimos todos los dibujos, a los
que quiso volver a examinar en su orden correcto. Estudiamos to-
dos los detalles significativos, incluyendo tanto el aspecto diverti-
do como el trabajo de interpretación. Sacó la hoja con el dibujo
del sueño y lo puso aparte como' "diferente", y pienso que, si ·la
madre hubiese entrado, la niña habría querido que este dibujo que-
dara como algo privado entre ella y yo. Puse todos los dibujos en
una carpeta y le dije que le pertenecían y que los podía tener
cuando los quisiera, pero que yo se los iba a guardar. Es mi-prác-
tica habitual decir esto al final, y los niños casi nunca desean lle-
varse los dibujos a casa.
68 D. W. WINNICOTT
Fuimos al encuentro de la madre. Elisa salió por la puerta del
frente muy contenta y yo le dije: "Quizá nos volvamos a ver al-
gún día." Y ella.dijo: "Ojalá."
Comentario
El lector que está estudiando esta técnica, y que también es-
tá tratando de utilizar el material para realizar una evaluación del
estado psiquiátrico de Elisa, deseará examinar sin ayuda la infor-
mación presentada. Varias son las opiniones que pueden emitirse,
sin duda, con énfasis ora en uno de los aspectos del caso, ora en
otro.
De todas maneras, debe hacerse un comentario para que el
lector lo utilice después de efectuar un estudio personal de lo
acontecido.
Obseroaciones generales
Esta es una niña inteligente a la que corresponde el término
normal, o, dicho de otra manera, es sana desde un punto de vista
psiquiátrico. Es decir, se muestra Ubre de argaoizacioo~ivas
rígidas. Di ae un mod ·· · . . os
· , ace a que yo juegue con ella y permite que
nue o ego se superponga, y muestra sentido del humor sin ser
maníaca.• ·
Elisa es capaz de emplear su im~nación, y luego de exami-
nar debidamente la situación dada, está en condiciones de comuni-
carme un sueño significativo, en el que aparece ferocidad, la única
característica clínicamente faltante y que está ausente de su per-
sonalidad tal como se presenta ante quienes la conocen.
Hay ciertos detalles que llaman la atención sobre zonas de la
"personalidad total" de Elisa, que le provocan algunos problemas
en razón del conflicto implícito, la ignorancia y la confusión. Es-
tos det'alles son los siguientes:
Algo que anda mal ( 1).
Espacio en lugar de línea para el vientre ( 1) .
Línea colocada después ( en el momento de hacer el 9 ) .
Tema del canguro que introduce confusión con respuecto al em-
barazo.
Embarazo genital entendido, pero fantasía pregenital (aparato di-
gestivo) del embarazo bajo una represión relativa.
1 El ténnino "maníaco" implica, para mí, la existencia de un humor depretivo que ea
negado y es reemplazado por manifestaciones contradepresivas.
CLlr-llCA PSICOANALITICA INFANTIL 69
Es como si Elisa hubiera recibido información acerca de que
los bebés vienen del vientre, pero la información no hubiera "pren-
dido" debido a que todavía estaba luchando con el concepto de
bebés como lo que viene desde adentro, el sistema de la fantasía
alimentaria. No es posible determinar si el error proviene de lama-
dre, de la niña o de ambas, ya que está claro que la angustia se or-
ganizó alrededor de la "cosa" horrible en el sistema de la fantasía
del aparato digestivo, y esto estat>a relacionado con las ideas horri-
bles o destructoras que puede haber tenido hacia las cosas en el
vientre de la madre que periódicamente la hacían engordar.
TEMA SECUNDARIO (véase Interpolación después del dibujo 9)
Elisa manifestó un interés recurrente en los sombreros, lo que
bien puede haber sido una consecuencia del episodio significativo
al que se refirió su madre, y que todavía no he relatado. Puede ser
presentado ahora sin que interfiera (espero) en los temas principa-
les del caso.
Hacia el final de la entrevista que la madre tuvo conmigo, re-
ferida casi totalmente a ella misma, me contó algo que la hizo sen-
tirse culpable en su proceder con Elisa durante sus primeros meses.
Dijo: "Parece ridículo, pero esto es lo que sucedió cuando Elisa te-
nía sólo 10 meses. Tuve que ausentarme por unos pocos días, y lo
hice a disgusto, pero dejé los niños (Elisa era la menor entonces) al
cuidado de una niñera sin modificar ·el ambiente ni la rutina de la
casa. Pensé que no sucedería nada anormal, pero debo haberme
sentido culpable porque cuando regresé corrí hacia donde estaba
Elisa. sin quitarme antes el sombrero. Lo terrible fue que Elisa se
paralizó. No reaccionó a nada de lo que hice. La alcé y la tuve en
mis brazos, y finalmente (quizá después de todo un día) se rela-
jó y volvió a ser tal como era antes de mi ausencia. Gradualmente,
todo volvió a la normalidad, excepto que Elisa había desarrollado
y mantenido una fobia por los sombreros. Durante un largo tiem-
po, muchos meses, la nena no podía tolerar a las mujeres que lleva-
ban sombrero."
Tal vez haya sido a causa de esta fobia por los sombreros, y
de la posibilidad de que hubiera en Elisa un residuo de esa expe-
riencia de los 10 meses de la pérdida de la madre por tres días, que
la madre decidió traerla a una consulta psiquiátrica, ya que la enu-
resis no la preocupaba en absoluto, y de hecho el problema co-
menzó a superarse alrededor de la época de la consulta.
Pero como ya se ha señalado, lo importante, era prestar
atención al material presentado por la niña, y no al tema subsidia-
rio de los sombreros, que pude haber reconocido por lo que la ma-
dre me había contado acerca de los primeros meses de vida de Eli-
sa.
70 D. W. WINNICOTT
EL TEMA PRINCIPAL
Gradualmente, el tema principal~ hlzo evidente. Se relacio-
naba precisamente con la caractenstica faltante en la penonatidad
de Elisa, la ferocidad que apareció por primera vez en el "algo fe-
t e n ~ . s u miedo por las cosas aue 11uag,n
!t~!:cocidad
roz',' (nº 18), y luego la. "cosa" en el sueño (n~ 22):
~<>
-et(el !!mlt~ de su madre, basada en un modo de ver las funciones
coipoftlln eoma"""iñitst1ón-~-ªnc16n-etññmaciOn ( o visión pregeni-
tal).
También estaba ligada a sus propios impulsos agresivos, su ira
contra la madre que se apartaba de ella a causa de su nuevo emba-
razo y su ataque por el temor hacia los objetos horribles imagina-
dos dentro de la madre. Detrás de todo esto subyacía el ataque su-
perpuesto a los contenidos de la madre, producto del impu1Bo ins-
tinUvó·de entablar una relación de objeto, o impullo de amor pri-
mitivo, con una historia previa de la idea de ataque a los conteni-
dos del pecho, o voracidad.
El trabajo cumplido en esta única consulta terapéutica fue su-
ficiente para liberar el primitivo impulso de entablar una relación
objetal, o primitivo impulso de amor, de los impulsos secundarios
que contenían ira reactiva, y la consecuencia clínica fue que la per-
sonalidad de la niña se hizo más libre en general, logránd~ que
los sentimientos mutuos entre la niña y su madre se manifestaran
con mayor facilidad.
La parte principal de este trabaJo fueron los descubrimientos,
o secuencia ordenada de descubrimientos, que hizo la niña misma
y que culminaron cuando pudo utilizar el sueño que babia tenido,
pero del que no había podido extraer todo su provecho hasta que
no estuvo en condiciones de exponerlo en la consulta terapéutica.
En otras palabras, las inte reta · · sul-
j tado, · ªY'! n a que a mna misma descubriera lo que ya
estaba en ella. EsUl es la esencia de la terapia. ·
Resultado
El hecho de que Elisa llegara a tratar estos temas en su rela-
ción conmigo tuvo el efect9 de convertirla en una persona mucho
más relajada, de manera que los padres se sintieron muy satisfe-
chos con el resultado clínico de la consulta. Esto apuntaría a la po-
sibilidad de que Elisa estaba en condiciones de recibir una explica-
ción más imaginativa e infantil del origen de los bebés que la que
se le había dado.
Comentario general
Una vez más, pienso que este caso puede permitir entender
algo de la riqueza y el potencial de lo que llamo la consulta tera-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 71
péutica, o el aprovechamiento de la primera hora. En el análisis del
caso., uno podría tomar el tema de la privación a los 10 meses y de
la reacción de Elisa ant.e ese hecho, y la manera con que su madre
encaró esa reaccióll. El tema principal, sin embargo, debe ser el
que .apareció (para sorpresa de Elisa) en el mat.erial y que yo no po-
día predecir en absoluto, aun cuando hubiese tenido una entrevis-
ta con la madre de Elisa.
Este es el tipo de historia clínica que respeto. Podría expre-
sar mi punto de vista de otro modo y decir que-no respeto ninguna
otra clase de historia clínica.
No es de eran valor conocer hechos expuestos por la madre,
y las respuestas de u.n paciente a las preguntas que se le hagan no
conducen a ningún lado, ~xcepto a alejamos del tema central que
en psiquiatría es siempre un tema dif(cil, y es siempre, de hecho,
allí dondé se debe encontrarexa~f!.,_merite el conflicto:__ _
- ----··
CASO IV: "BOB", 6 AROS
Deseo continuar con otro caso 1 , el de un niño de casi la
misma edad que, por una vía totalmente inesperada, mostró un
bloqueo que le impedía emplear el aspecto regresivo de la tenden-
cia ambivalente a encaminarse, por un lado, hacia el mundo, y por
el otro, a regresar a la dependencia. En este caso, el bloqueo era al-
go que residía en la madre, según lo denuncian los detalles del ca-
so. Igualmente aquí obtuvimos un resultado favorable.
Durante algunos años la madre había estado bajo atención de
un colega psiquiatra que también era analista, a causa de sus páni-
cos y depresiones. Había estado, evidentemente, muy enferma y
fue tratada con psicoterapia. El padre también había tenido fases
depresivas, y ambos habían concurrido a terapias de grupo. Expre-
saron que sentían que durante esos años la existencia misma de la
familia había dependido de la ayuda brindada por mi colega.
Contacto preliminar
La primera vez que vi a Bob estaba acompañado de sus pa-
dres. Me enteré de que la familia estaba compuesta por Bob, de 6
años, un hermano de 5 años, y otro hermano de l. Había asimis-
mo una muchacha de 15 años adoptada por los abuelos ma-
ternos. El padre de Bob trabajaba en una fábrica. La casa disponía
de tres dórmitorios, que resultaban insuficientes. Bob y el herma-
no de 5 años dormían a menudo en la misma cama.
Ya estaba descubriendo cómo era Bob. Acortaba las palabras
y muchas resultaban ininteligibles. Sin embargo, se comunicaba li-
bremente. Cuando llegó y ocupó su lugar en una de las pequeñas
sillas se mostró excitado e impaciente por lo que pudiera suceder.
Puede decirse que estaba realmente poseído por una vaga esperan-
za. En ese momento, los padres se retiraron a la sala de espera y
Bob se quedó en el consultorio conmigo durante cuarenta y cinco
minutos.
1 Publicado anteriormente en el /ntemational Journal of Psycho-Analyns. nº 46.
CLINJCA PSJCOANALITICA JNF ANTIL 73
Entrevllta con Bob
Bob era un niño muy dado. Esperaba amistad y ayuda. Yo
había colocado papel y lápices y le sugerí que jugáramos, mostrán-
dole cuál era mi intención. El estaba hablando con excitación y en
una oportunidad tartamudeó en la palabra puñetazo (p ... p ... p ...
puñetazo).
Esto sucedió cuando estaba hablan~o acerca del primer dibu-
Jo.
(1) Hice un garabato para que él lo convirtiera en algo. Supo qué era
lo que quería hacer y lo llenó cuidadosamente con sombras y lo
llamó "toro" (bull). Me llevó mucho tiempo caer en la cuenta de
que la palabra significaba pelota (ball), pero para ayudarme me
contó una larga historia acerca de bombear (pumping) -o quizás
haya querido decir topar (bumping)- y dar puñetazos (punching).
Hice una nota mental de la capacidad del niño para concebir un
objeto total, y también comencé a dudar del diagnóstico que ha-
bía sido tenido como correcto: déficit primario.
74 D. W. WINNICOTT
---D ·
i
Sugerí entonces que 61 debía hacer un garabato para que yo lo
transforman en algo, pero o no entendió o no estaba en condicl~
nea de hacerlo. Dijo: "¿Puedo dibl.tjar un coche?"
(2) Este es el dibujo del coche.
(3) Le present6 un garabato y pareció confundido. Dijo que era una
mano, pero agregó: "Es demasiado düícil", dando a entender que
no podía seguir el juego.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 75
(4) Opt6 por dibujar el Sol.
.,.
Elte fue el fin ·de una primera fase muy caut.eloaa, ea la que
usó el aspecto de su yo que trata de acatar y amoldane, pero que
no conllev• sentimientos ni tampoco emplea impulsos.
76 D. W. WINNICOTT
La segunda fase comenzó con
(5) Su versión de un garabato. Era un dibltjo hecho mediante una lí-
nea oachJlada, y Pod(a Nr una ¡,,nona o un fantasma. Yo agregu6
la Luna. .
loJ
Éra·mi. tumo Ydibttj6
(6) nu pnibato. Bl agregó los ojos y to llamó Humpty Dumpty.
El tema de Humpty Dumpty me alertó hacia la idea de desin-
tegración,* relacionada con· un apoyo prematuro en la organiza-
• Humpty Dumpty, personaje de una canción infantil tradicional en los paísee
de habla inglesa, se cae desde lo alto de una tapia y se desintegra. Laa ilustra•
ciones que lo representan recuerdan la forma de un huevo, al que, por lo de·
más, personifica. tT.J
C'LINIC'A PSICOANALITIC'A INFANTIL 77
ción del yo. En esta etapa, yo no tenía idea de que los ojos agrega-
dos por él tenían significación, pero en el dibujo crítico (nº 26)
el tema de Humpty Dumpty y los ojos cobraron sentido.
Debe señalarse que en este trabajo, por lo general, no hago in-
terpretaciones, sino que espero hasta que el aspecto esencial del
mensaje del niño se haya revelado. Entonces hablo de ese aspecto
esencial, pero lo importante no es tanto mi comentario como el
hecho de que el niño ha llegado a algo.
(7) Bob hizo otro garabato característico, compuesto por una lí-
nea ondulada; vio rápidamente lo que él mismo quería hacer y lo
convirtió en una serpiente, "peligrosa porque pica".
Este dibujo es pues un dibujo particular de Bob, basado en su
78 D. W. WINNICOTT
propio garabato, y muy distinto de los dibujos del coche y el sol,
percibidos objetivamente (nos. 2 y 4). Su dibujo propio lo satisfl•
zo.
En este momento, se interesó en los números que yo coloca-
ba en cada uno de los dibujos, y me dijo por sí mismo el número
del próximo.
(8) Mi garabato, que según él era un cabello.
Después dijo que era un ..elefante" (sic) con una gran boca. Aire·
gó los ojos. ( ¡Otra vez ojos!)
No estoy intentando reproducir la curiosa distorsión del len-
guaje que me hacía difícil entender lo que decía. A la larga, siem-
pre resultaba posible entenderlo.
(9) Este fue su garabato, hecho con la misma técnica de la línea on•
dulada. Dijo que era un ..rodeo", "un lugar que confunde".
Descubrí que quería decir un laberinto, pero no podía utilizar esa
palabra. Era horrible. Había ido con su padre. Hablando rápido,
contó una historia acerca de la visita a un laberinto, y se mostr6
angustiado al recordarla.
Aquí hice otra anotación mental de la idea de una reacción a
una falla ambiental. En este caso, la idea era de una falla por parte
del padre, que parecería no haber advertido que un laberinto po-
día provocar una angustia arcaica en Bob. Había visto los signos de
su estado de confusión, su desorientación potencial. Naturalmen-
te, se estaba gestando en mi mente una idea de su enfermedad co-
mo esquizofrenia infantil, con una tendencia· a recuperarse espon-
táneamente.
( 1O) Este era mi garabato, que Bob repasó para destacar cada cosa. Di·
jo que era un ..rodeo como el mío".
Con esto parecía dar a entender "como el suyo", pero se hizo
claro en el contexto que Bob quiso decir "un rodeo' como el nue-
ve (nine). No quiso decir mío (mine). Esto ilustra la peculiar dis-
torsión del lenguaje a la que tuve que adaptarme para poder réei•
bir su mensaje que en otros aspectos era muy claro. (Supongo que
esta distorsión del lenguaje se corresponde con el vidrio o acrílico,
o lo que sea, que el esquizofrénico señala con frecuencia como al-
go que se interpone entre su yo y su mundo real.)
80 D. W. WINNICOTT
(11) Bob optó por dibujar. Hizo el Sol a su manera característica y un
avión de reacción por medio de la otra técnica (después de haber-
lo delineado mediante el método de la línea ondulada). Dijo "El
doce viene después." Ahora estaba numerando los dibujos, y usa-
ba correctamente las palabras "él" y ''yo" que yo ponía al lado
de los números para señalar el orden de los hechos. Podía llamarse
él a sí mismo, y a mi yo, consintiendo en mi propio punto de vis-
ta, o identificándose conmigo en el juego.
/ ·7
·,,, o. D
. lJºº
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V~
y. ty-
' \\
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\, <'<"
Hablando acerca del nº 11, le pregunté si le gustaría viajar en un
avión de chorro. Dijo: "No, porque puede ponerse cabeza abajo."
Por' sus palabras, pude reunir pruebas adicionales de que Bob
mé estaba haciendo conocer su experiencia de la inestabilidad am-
biental durante su etapa de dependencia casi absoluta. Continué
con mi política de no hacer interpretaciones.
Creo haberle preguntado en este momento: "¿Recuerdas cuando
naciste?" El respondió: "Bueno, eso fue hace mucho tiempo."
Luego agregó: "Mamita me mostró dónde yo había sido un be-
bé."
Descubrí más tarde que hacía poco su madre lo había llevado
a ver la casa donde había nacido.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 81
Mientras hablábamos de esta manera, seguíamos con los dibujos.
(12) Mi garabato, que convirtió en un pez. Agregó el ojo y la boca.
J
j
\.
(13) Este era uno de sus garabatos característicos, que convirtió en un
bote. Me contó una larga historia de alguien que se había ido a
Australia en un bote grande.
Luego dijo: "Mis líneas son todas movidas."
82 D. W. WINNICOTI
(14) Mi garabato que se prolongó en otrahojadepapel(véase nº 18),
lo que lo divirtió muchísimo. Convirtió en una mano lo que h•
bía en esta hoja. .
( 1S) Hizo un garabato ondulado, y yo hice otro sobre el de 61 y amboe
estábamos deliberadamente haciendo un embrollo sin· remedio.
Entonces lo vio como el Pato Donald y le agregó /01 0/01.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 83
(16) MíQ, que transform6 en un "elefante... ~16: "Tiene un pico
puede qamarme." Dtamatiz6 este comentario.
( 17) f:onvirti6 su J>n>pio aa,ab_atQ en·Uil zapato.
84 D. W. WINNICOTT
(18) Estas eran 1,11s puntas que habían rebasado del dibltjo 14. Lo con-
virtió en un "animal que te va a comer". En ese .momento puso la
mano en su pene, sintiendo el peligro allí. Se lo hice notar, ya que
de otro modo no hubi~ra advertido que había hecho ese ¡esto.
( 19) Su dibujo de un tigre.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 85
Ahora había dominado su angustia inmediata por las represa-
lias basadas en el sadismo oral, y habló de números.
"¿ Vamos hasta 100?"
En realidad, sólo era capaz de contar hasta veinte, tal vez un
poco más con esfuerzo.
Ahora estábamos detenidos entre la segunda fase y la siguien-
te. Yo no sabía, por supuesto, si iba a pr~ucirse otra fase.
(20) A mi pedido escribió su nombre, dibujando una letra al revés. Es·
cribió el número seis (su edad), ya que no podía deletrearlo.
(21) Su garabato, que según él era "una montaña; caminas por todos
lados y te pierdes".
Habíamos entrado en la tercera fase, y comenzamos a pro-
fundizar en los detalles significativos. El contenido del nº 21 me
preparó para una nueva versión de déficit ambiental que originara
una amenaza de angustia primitiva relacionada con caída, desper-
sonalización, confusión, desorientación, etcétera.
.,_
22. ce {
~
~-•~=-~~•~•=-•--~~-V
(22) Mío. Dije, en tono de desafío: "Apuesto a que ao puedes hacer
nada con eso." Dijo: "Voy a tratar" y ·coa baltame rapidez lo coa-
virti6 en un guante.
En ese momento, me pidió un ~pel más.grande. Obviament.e,
t.enía algo important.e que dibu,iaJ", y utilizó lu hoju más-crande1
hasta el final. · · · ··
(23) Su dibltjo delibeiado de ''una pm calina, muy arude, una pan
montaila". "Uno aabe hasta .U arribe Y• Nlbali;ea todotaie- .
lo.''.~g6: "¿Usted
-¡ tiene.
codie"? - .
--- - .
CLJNICA PSICOANALITICA INFANTIL 87
Con esto, me sentí seguro de que me estaba hablando de ser
sostenido y de sufriJ a causa del retiro de la catexia por parte de
otra peJilon~ y pm supuesto, me pregunté. si esto podría ser una
ima,en de la depNSión de;su madre, y el efecto que tuvo sobre él
cuando era un bebé. Seguí absteniéndome de hacer comentarios, y
le pregunté si sus sueños eran acerca de esta clase de cosas.
Dijo: "Me los olvido." Luego, recordando uno: "Oh, un sueño
horti~le con una bru;.."
Le pregunt6: "¿Qué sueño horrible?"
Me dijo: ..Fue anoche o alguna otra noche. Si lo veo, lloro. No sé
qui es. Es una bruja."
Y comenzó a dnunatizar.
"Es llorrible, y tiene una vara. Te hace hacer pis. Uno puede
hablu pero no puede ser visto o verse a uno mismo. Entonces di-
ces 'uno, uno, uno y vuelves'."
La palabra"pis" no sipifica micci6il. "¡No, no pipí!" Quiere de-
dir desaparecer.• La bruja tiene un sombrero y zapatos blan-
dos. Es una bruja hombre. Mientras sucedía todo esto, Bob esta-
ba dibujando.
• El niño dice "lt moke,, you pee" en lugar de "/t make, you disappear",
fruea cuya aemejanza fonética no puede reproducine en la traducción caste-
llana. ¡T.¡
RR D. W. WINNICOTI
(24) Ahora estaba dibujando una ilustración de lo que quería decirme
en ese momento. Este.ba dramatizando el horror y su pene se ex-
citó y él mismo se retorció de angustia.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 89
(25) Se muestra a sí mismo en la cama durante la pesadilla. Cuando
vio las grandes escaleras, dijo: "Oh, oh, oh", muy metido en el
hecho que estaba describiendo.
Me contó que el dibujo estaba relacionado con dos cosas. Lo
horrible era la pesadilla; pero existía un incidente real que no era
horrible, era agradable. Se había caído realmente por las escale-
ras, y allí estaba papito, al pie de las escaleras, y él lloró, y papito
lo llevó donde estaba mamita, y ella lo tomó y lo hizo sentirse
bien.
90 D. W. WJNNICOIT
Tenía en ese momeafo· la más clara1fflleba -poait,1.e del deseo
de Bob de contarme una ~ en el ambient.e, ·que• ténnin011e-
nerales había sido "b11.eao". En c01118CU.enc:ia, c..ae.cé.abablar•.y
dibujé , - · ··
(26) la figura de una madre sosteniendo un beb6. Bonon~ al niño en
sus brazos, y mientras comenzaba a poner en palabras el peligro
de caer que corría el beb6, Bob tomó el papel y tizn6 101 o/01 dt
la mujer. (V6ue el n°6. Tambi6n nos. 8,12 y lS .-)Mitntrtu tizna-
ba dijo: "St 1111 a dormir." ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 91
Este fue el dato significativo en el mensaje total. Yo tenía
ahora este dibujo que ilustraba el retiro de la catexia por parte de
le mache.
Pwie al bebé en el suelo en mi dibujo, preguntándome cómo
enfrentaría Bol, la angustia arcaica asociada a caer para siempre.
Bob dijo: "No, la bruja vino cuando la madre cerró los ojos. Yo
grité nada mú. Vi a la bruja. Mami vio a la bruja. Yo grité:
• ¡Mi JIIIJDÍ se las ver6 contigo!' Mami vio a la bruja. Papi estaba
abajo y tomó su cortaplumas y lo hundió en la panza de la bruja
para .matarla para siempre, y la vara también se fue."
En esta fantasía, puede verse material de una organización
psiconeurótica establecida y mantenida para defenderse contra
lo impensable- o la angustia arcaica o psicótica producida en el niño
poi el fracaso de la madre en su función de sostén. La superación
del trauma depende de la ayuda del padre. ·
(27) Su dibujo que lo muestra a él mismo en la cama y la bruja varón y
también la vara que "te hace hacer pis" (desaparecer).
/l
"
92 D. W. WINNICOTT
La comunicación se había realizado y Bob estaba listo para
irse. Parecía estar satisfecho con lo que había pasado, y su excita-
ción había desaparecido.
Bob fue hasta su padre en la sala de espera, mientras su madre
me proporcionaba el siguiente informe del problema familiar.
Descripción de la madre luego de mi entrevista con Bob,
mientras éste y su padre estaban en la sala de espera
A los dos años y medio Bob fue llevado a un hospital por su
llanto continuo. En esa época, la madre estaba deprimida. Un pe-
diatra opinó que el niñ,o estaba frustrado. Después de un examen
cerebral y varios tests, los padres fueron informados de que no
había enfermedad, pero que Bob estaba atrasado seis meses en su
desarrollo. Se dijo a los padres que debían esperar que su hijo fue-
ra simple.
Un año después, a los 3 años y medio, Bob fue llevado nue-
vameµte al hospital, y los padres volvieron a escuchar el diagnós-
tico de que "era simple". A los 3 años Bob no hablaba en absolu-
to. Para procurar algún adelanto, la madre abrió una guardería.
Bob mostró ser el más lento de la clase y, obviamente, estaba ata-
do a su madre. Los padres habían aceptado el hecho de que Bob
fuera "simple", pero recientemente, la psiquiatra de la madre
había sugerido que debían cuestionar ese diagnóstico, en vista de
la amplia gama de intereses que tendría Bob según los relatos de la
madre en sus sesiones. El niño estaba siempre hablando del espacio
y de Dios, de la vida y la muerte. Era muy sensible y evidentemen-
te la palabra "simple" no podía cubrir la totalidad del diagnósti-
co. En el test de inteligencia, Bob había obtenido un C. l. de 93
(Stanford-Binet).
La succión del dedo había sido una actividad permanente. Un
período de· masturbación, erect?iones y ensueños parecía haber pa-
sado. En algunas ocasiones, sacaba su pene afuera; tanto en la es-
cuela como en la casa, pero todos trataban de no darle importan-
cia al hecho.
Hablando acerca de su .propia niñez, la madre recordó haber
sido infeliz en su hogar en la época del colegio secundario; se había
sentido criticada. Fue mejor en la escuela preparatoria, con tareas
de costura y cocina. La madre no da la impresión de una gran inte-
ligencia, pero parece evidente que no es, en modo alguno, una per-
sona limitada. Terminó la escuela secundaria.
El padre, hijo único, que se sentía desgraciado en su casa,
"pasó su niñez en el país de las fantasías" (descripción de lama-
dre ). Sus padres eran personas difíciles y la madre atribuye decidi-
damente el comienzo de su enfermedad al hecho de haber tenido
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 93
que mantener relaciones con sus parientes políticos. La madre
del padre había fallecido un año atrás.
La madre de Bob ya no sufría de pánicos, y el padre se había
estabilizado y ~ra una persona tranquila. La familia pasaba algunas
épocas de escasez de dinero. Para el padre fue un golpe muy seve-
ro enterarse que su hijo S:ería un simple (el padre es ingeniero),
mientras que a la madre el hecho no le significaba mucho.
PRIMEROS Afil'OS DE BOB
El nacimiento de Bob no había presentado dificultades. El
amamantamiento se complicó por lo que la madre calificó: "Sé
que este bebé está enfermo." Luego, a las dos semanas, se descu-
brió que tenía una estenosis pilórica y fue operado inmediatamen-
te, permaneciendo dos semanas en el hospital. La madre había tra-
tado de perdonar al médico por no haber creído que el niño esta-
ba enfermo, pero no lo había logrado totalmente.
A los 4 años y nueve meses, el niño fue operado de amígda-
las. Aquí se hizo evidente para los padres que Bob estaba atrasado,
pues. advertían que mientras podían explicar a cualquier otro niño
qué iba a ocurrir no podían encontrar la manera de decírselo a
· Bob. Bob estuvo cinco días en el hospital, con visitas diarias. Du-
rante ese lapso se mostró desolado.
La madre dijo que había tenido este primer hijo en el hospi-
tal, pero que había decidido tener los otros en su casa. En el tercer
embarazo, utilizó los métodos del National Chilqbirth Trust. El na-
cimiento fue "absolutamente indoloro". El padre es.tuvo presente.
Describieron la experiencia como "hermosa y alentadora". En esta
declaración positiva fue posible detectar un aspecto de la enferme-
dad de la madre, la idealización que lleva consigo permanentemen-
te la amenaza del opuesto. Contenida en todo esto, está su depre-
sión potencial.
En la época en que Bob nació, la madre temía el hospital, aun
cuando el embarazo era normal. El parto fue, de hecho, breve y
fácil. Fue después del segundo nacimiento, cuando Bob tenía 14
meses, que comenzaron sus pánicos y que inició la psicoterapia.
Le pregunté: "¿ Cómo empezó su enfermedad? ¿De qué ma-
nera se manifestó la depresión?" Ella contestó: "Me dormía todo
el tiempo mientras estaba realizando alguna tarea. "
Fue cuando Bob tenía unos 15 meses que comenzó a sentirse
somnolienta y este fue el comienzo de su incapacidad para hacerse
cargo de la situación; luego sobrevinieron los pánicos. Esta infor-
mación, suministrada hacia el final de la consulta, me interesó mu-
cho, debido a la evidencia que yo ya tenía a través del material
proporcionado por Bob mismo.
D. W. WINNICOTT
Mientras Bob salía de mi casa, le dijo a su madre: "¿Viste co-
mo tizné los ojos de la señora?" Para él eso había sido, obviamen-
te, lo más destacable· de la entrevista terapéutica. (En realidad, yo
no le había mostrado los dibujos a la madre.)
Los padres me visitaron tres semanas después, sin Bob. En
esa ocasión, conocí muchos detalles acerca de cada uno de ellos, y
también acerca de Bob. En el hogar, sus dificultades eran compa-
tibles con un diagnóstico de. esquizofrenia infantil, con tendencia
a la recuperación espontánea. Su problema principal era la dificul-
tad para aprender.
SEGUIMIENTO
Después de 7 meses. "El aprendizaje en la escuela parece ha-
ber mejorado desde la época de la consulta. En casa, Bob se desa--
rrolla en f onna regular a pesar de la enfermedad del padre (hospi-
tal) y de la hospitalización de la madre con el bebé, que estuvo
enfermo.
Comentario
Aparentemente, este niño retuvo una clara idea del comienzo
de su enfermedad, o de la organización de sus defensas en una pau-
ta de personalidad. Fue capaz de comunicar esto, y lo hizo con
cierta urgencia en cuanto sintió que quizá yo pudiera entenderlo y
hacer, por lo tanto, que su comunicación fuera eficaz.
El trabajo realizado en esta consulta terapéutica cobra mayor
interés por el hecho de que el niño no hablaba a los 3 años, que
tenía dificultades de aprendizaje y que, en general, era considera-
do "simple" por los pediatras, las autoridades escolares y los pa-
dres. Es poco probable que Bob hubiera podido decirme lo que me
comunicó en la entrevista, medumte réplicas verbales a preguntas
verbales. Gradualmente, sin embargo, desplegó la etiología de su
complejo sintomático en los juegos de la consulta terapéutica.
El diagnóstico debió corregirse durante la consulta:· en lugar
de déficit relativo (primario)~ esquizofrenia infantil, con tendencia
a la recuperación espontánea.
Es interesante señalar que la esquizofrenia, o la condi-
ción psicótica cuyo resultado fue una severa dificultad de aprendi-
zaje, es, en realidad, una organización defensiva notablemente so-
fisticada. La defensa se establece contra la angustia primitiva, ar-
caica e'impensable") ·producida por fallas ambientales en la etapa
de la casi absoluta dependencia. Sin la defensa, se produciría un
colapso de la organización mental en forma de desintegración, de-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 95
~orientación, despersonalización, sentimiento de caída y pérdida
del sentido de lo real y de la capacidad para relacionarse con los
objetos. En la defensa el niño se aísla y alcanza una posición de
invulnerabilidad. En el extremo de esta defensa, el niño no puede
ser traúmatizado ni inducido a redescubrir la dependencia y la vul-
nerabilidad con el riesgo de volver a experimentar la angustia arcai-
ca (Winnicott,1968).
En el caso de Bob, el yo había conocido un cierto tipo de de-
sastre, relativamente limitado; había experimentado el colapso, se
había organizado contra la reiteración del trauma desarrollando la
sensación de esta!' traumatizado todo el tiempo, excepto cuando
se retraía. Todos los elementos de la experiencia habían sido rete-
nidos y sometidos a clasificación, categorización y comparación y
a formas primitivas de pensamiento. Podemos presumir que, como
resultado de la consulta terapéutica, esta compleja organización
en tomo de un hecho traumático se transformó en material que
podía ser olvidado porque había sido recordado, es decir, que aho-
ra se lo podía utilizar en un sofisticado proceso de pensamiento re-
lativamente separado del funcionamiento psicosomático.
Secuela
Este caso tuvo una secuela sorprendente. El cambio en Bob
continuó. Alrededor de un año después de la consulta, Bob dijo a
sus padres, inopinadamente: "Esa persona que una vez fui a ver a
Londres... " Y ellos recordaron mi nombre ..."Bueno, me gustaría
llevar a mi hermano a que lo vea." La consulta fue fijáda y sin en-
trevistar a los padres recibí en mi consultorio a dos niños muy vi-
vaces. Bob parecía recordar todo acerca del lugar y de la mesa don-
de habíamos hecho los dibujos, pero creo que no recordaba los di-
bujos mismos. Se ufanaba mostrando a su hermano cómo era venir
a ver a este hombre, y para mi asombro decidió llevarlo por toda la
casa, que tiene cuatro pisos. Lo llevó arriba y le mostró la terraza,
que no creí que hubiera advertido, pese a que puede verse desde la
ventana donde se había sentado el año anterior; y luego llevó a su
hermano a todas las habitaciones de arriba. No había nadie en la
casa y pudo explorarla por completo. Lo que estaba haciendo era
mostrarle a su hermano que conocía la geografía de mi casa, y am-
bos estaban interesados en cada detalle. La gira de inspección in-
cluyó el dormitorio. Cuando volvieron a bajar, hicieron algunos di-
bujos, pero esto no fue importante, y luego parecieron estar listos
para irse.
Tengo que suponer que Bob estaba buscando una manera de
recordar lo que sintió que había sucedido el año anterior, cuando
era un introvertido, casi incapaz de hablar inglés en forma inteligi-
96 D. W. WINNICOTT
ble debido a la distorsión del lenguaje. Un año antes, cualquier ob-
servador hubiera opinado que Bob no advertía nada, pero ahora
uno podía ver que no sólo había advertido muchas cosas sino que
"sabía" muchas cosas que de hecho no conocía. Creo que puede
decirse que estaba en el proceso de objetivizarme, y que yo estaba
emergiendo (para él) de la categoría de objeto subjetivo, o sueño
hecho realidad.
Se me ha informado que el cambio en Bob ha persistido du-
rante los cinco años transcurridos desde la consulta. El lector debe
recordar que ambos progenitores habían recibido ayuda psiquiá-
trica antes de la primera visita de Bob, la que continuó en el inter-
valo entre entonces y ahora. Sin ninguna duda, eso fue responsa-
ble en alguna medida de la salud psiquiátrica que Bob alcanzó y
conservó.
Nota agregada
Por razones de economía, no ofrezco los 16 dibujos que hici-
mos entre los tres, pues pienso que no agregan nada significativo
al caso. Terminamos con un garabato suyo que parecía una W,
y yo agregué ENT (WENT, ido) ya que estábamos cerca del mo-
mento en que ambos podían irse. El dijo: "Es una cosa que pones
en una palabra" y me interesó esto porque en un principio había
venido a verme con un marcado defecto del habla que había desa-
parecido, pero que ciertamente involµcraba lo que él ponía en las
palabras, casi como si deliberadamE1nte las distorsionara.
CASOV "ROBERT"
. , 9 A/ilOS
Este es un caso muy simple. A este niño' lo llamaremos Robert.
Pertenece a una familia que es toda una "empresa en marcha". En
la época de la consulta -hace quince años- Robert contaba 9 años
y tenía dos hermanas, una de 7 años y otra de 5. Los padres po-
seen un sentido muy definido de la responsabilidad, y son capa-
ces de sobrellevar malos momentos si existe la esperanza de un de-
senlace satisfactorio.
La primera entrevista se hizo con el padre, que parecía deseal'-
lo así, y por lo tanto accedí. Habitualmente primero veo al niño. El
padre me dijo: "El problema del muchacho·es que se parece de-
masiado a mí", comentando después que su propio desarrollo
había sido tardío. Robert odió siempre la escuela; se negaba a tra-
bajar o a arreglarse por sí mismo. En la casa, por ejemplo, cuando
jugaba con su Meccano no leía el manual de instrucciones, a pesar
de su interés por construir algo descripto en el libro. En lugar de
consultarlo, primero le preguntaba al padre, y después se enojaba.
Realmente odiaba la lectura. También se negaba a aprender el
nombre de las cosas. Los padres habían creído que sería un buen
alumno, pero se estaba convirtiendo en una decepción. Concurría
a la escuela primaria de la localidad en una cltie coñ 50 alumnos.
Los padres estaban preocupados porque el informe escolar comu-
nicaba que Robert "ha quedado estancado en la etapa de bebé".
El abuelo paterno examinaba -constantemente los progresos
escolares del muchacho, y ocasionalmente también el padre, horro-
rizado de que su hijo no fuera capaz de restar 9 (su edad) de 1953
(el año). Su madre había qu_erido que se le aplicara un test de inte-
ligencia, pues "o aceptamos que sea un tonto o si no debemos per-
seguirlo". El psicólogo de la escuela informó lo siguiente: "Toman-
do un repertorio de tests de amplia gama; administrados en dos en-
trevistas, su coeficiente de inteligencia promedio es, aproximada-
mente, de 130 puntos."
El padre me habló de los primeros años de su hijo. Había na-
cido estando él ausente,..e n el ejército. Fue amamantado, pero en
esa época la madre estaba someti(la al arbitrio de todos. Un ata-
que aéreo, en el momento del nacimiento, provocó un retraso en
la llegada del médico. Las bombas voladoras complicaron las co-
sas aún más y el padre regresó y llevó a la madre y al niño al inte-
rior del país. El bel:fé fue alimentado según un horario estricto y se
98 D. W. WINNICOTT
lo dejó que llorara en los intervalos, pues había demasiada tensión
como para ensayar otros métodos. La madre es una buena madre,
y de haber contado con ayuda, hubiera comenzado de otra manera
la atención del niño, t.al como lo demostró con las dos niñas. Con
ayuda, por ejemplo, habría estado en condiciones de adoptar una
técnica menos estricta, más adecuada a las ·primeras necesidades
del bebé.
.En una descripción ulterior, el padre manifestó: "Robert
siempre se sintió muy apegado a la madre, y ambos estuvieron
muy únidos durante los primeros años." Cuando tenía 2 años
(mientras el padre seguía en la guerra), nació la primera hermana,
y Robert se volvió extremadamente celoso. Estos celos han conti-
nuado. En relación con esta hermana "tiene un demonio adentro"
y constantemente la provoca. Ella, por el contrario, es "increíble-
mente dulce". El padre dijo que Robert sabía acerca de que los be-
bés estaban dentro de la mamá y cuando ella volvió del sanatorio,
hizo observaciones como: "Ahora tu barriga tiene el tamaño nor-
mal otra vez" y "Ahora puedes volver y jugar otra vez". Cuan-
do la madre no podía ir al jardían con él o jugar como lo hacían
antes, se enojaba. La casa en la que viven ahora tiene un jardín
donde a él le gusta jugar, pero no puede jugar solo durante un
largo rato. Pero persigue a los tritones, y de esta manera consigue
liberarse de sus sentimientos con respecto a los seres humanos. Re-
vela qué está haciendo al llamar, a una, mamá tritón gorda, y a
otro, papá tritón. Así puede ser afectuoso con su madre e increí-
blemente cruel con el tritón madre. El padre, que siente afecto por
estos animalitos, está confundido y no sabe qué hacet. ¿Quizás al-
gunos tritones deban sufrir, concedió tristemente, en favor de la
socialización gradual del muchacho? Jugando con otros niños, Ro-
bert es capaz de usar la imaginación, pero, por lo general, la idea
imaginativa se toma descabellada. No es buen perdedor, y en el
juego amo\da permanentemente las reglas a sus propias convenien-
cias, con el procedimiento característico de los niños dominantes,
de tal modo que él resulta ser el único realmente capaz de adaptar-
se a las reglas, y los demás niños quedan siempre descolocados.
En una época, Robert mostró bastante ingenio en sus juegos,
pero esa facultad ha ido empobreciéndose y, en términos genera-
les, muestra lentitud en sus actividades. Esta lentitud parece ser un
síntoma de una depresión moderada que lo afecta tanto en el
hogar como en la escuela. La escuela atribuyó las dificultades al
propio hogar, pero éste es básicamente un buen hogar y los proble-
mas deben atribuirse a la propia naturaleza del niño, ya que son in-
herentes al crecimiento emocional.
Ninguno de los niños ha tenido problemas relacionados con
el sueño y por consiguiente debemos pensar que la madre se brinda
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 99
adecuadamente a sus hijos y sin duda les proporciona un ambiente
excelente. Las dos niñas menores están en mejores condiciones
que Robert para utilizar ese ambiente.
En general, la gente gusta de Robert. Puede ser amistoso, in-
cluso efusivo, sin cortedad. No sólo es parecido a su padre, sino
que además lo copia. Está en desventaja en el juego por el hecho
de que su padre es un intelectual. Se le escuchó decir que le hubie-
ra gustado tener "un padre común", con lo que quiso dar a enten-
der un padre que fuese soldado o albañil, o algo de lo que pueda
hablarse a la gente o copiar en un juego. El niño posee una mascu-
linidad satisfactoria, pero al mismo tiempo exisie una envidia ma-
nifiesta por la capacidad productiva de la madre, y su identifica-
ción femenina latente está íntimamente ligada con su afecto por
el padre. Con respecto a temas sexuales, da la impresión de no po-
der o querer preguntar, y los padres nunca encontraron la posición
correcta para darle explicaciones, excepto lo referido al crecimien-
to del bebé dentro de la madre. Piensan que posiblemente desea in-
formarse y que no puede apelar a ellos, y admiten que prefieren
soslayar estos temas. Puede excitarse, y la excitación no lo trastor-
na. La masturbación no es un problema, al menos en opinión de
los padres.
Con respecto a la escuela, de la que siempre disfruta, tiende
a enfurecerse contra ella los domingos por la tarde y hacia el fin de
las vacaciones. Una vez se escapó de la escuela y se fue a su casa.
El peor momento de su vida fue probablemente a los 6 años. El pa-
dre estaba lejos, la madre se sintió muy deprimida y la familia en-
tera quedó atrapada en esa depresión. El médico personal se con~
virtió en una gran ayuda y los asistió duran~ toda esa época.
Después de esta fase de tensión, la familia se mudó a otro distrito;
el padre estaba en casa y Robert asistía a la escuela primaria del lu-
gar. Este es el estado actual de la situación.
Sólo algunos meses después de mi primera entrevista con el
padre, la madre trajo a Robert a mi consultorio, Pude ver ensegui-
da que Robert se parecía al padre en cierta lentitud de acción
acompañando una inteligencia superior.
Primero, hablé con Robert en presencia de la madre: Los de-
talles son muy comunes, pero creo que forman parte de la técnica
del contacto humano. Al hacer ese contacto, uno debe estar libre
pero, al mismo tiempo, debe mantener una relación profesional .
. El muchacho estaba a mi lado. mientras la madre se hallaba
sentada en un confortable sillón. El niño era todo sonrisas corte-
ses. Señalé inmediatamente su insignia y se alegró de no tener que
hablar directamente de sí mismo sino de las actividades e intere-
ses que representaba la insignia.
Hablé de la escuela y él me aclaró que sólo podía trabajar con
100 D. W. WINNIC01T
su propio ritmo; los peores momentos los pasaba durante los exá-
menes, donde la celeridad es importante y el trabajo se hace contra
1~k' Le pregunt.é acerca del jardín y descubrí que él mismo tra-
baja una pequeña parte. Hizo espontáneamente una observación
algo curiosa acerca de su jardinería: "Anima un lugar triste.,,
La madre se mostraba como un tipo de persona depresiva, seria
y algo ansiosa en la situación de consulta. Supongo que en pri-
mer lugar quería estar segura de que yo encontraba al muchacho
agradable, bueno, cort.és, ya que nunca se sabe qué piensan los mé-
dicos si el niño actúa naturalmente. Pero poco a poco llegó a ver-
me como alguien que no está demasiado interesado en los hechos
superficiales.
Anot.é mentalmente que quizás el lugar triste que debía ser ani-
mado podía ser la madre en sus depresiones, especialmente porque
ya había escuchado al padre hablar de una fase , (cuando el niño te-
nía 6 años), en la que las depresiones de la madre habían plantea-
do un problema específico. 1
Pronto llegamos al tema de la lectura y le pregunt.é acerca de
las historietas. El niño miró a la madre y fue indudable que había
tocado un tema de controversia. Robert dijo que no se le permi-
tía leer historietas. Hablé después con la madre del asunto, pues
pensé que el niño llegaría a gustar de la lectura a través de las his-
torietas antes que por los buenos libros cuidadosamente elegidos.
Robert dijo: "Trato de leer los libros buenos, pero hay siempre pa-
labras largas que no entiendoP También dijo que las historietas ·
circulaban en el colegio como una actividad clandestina, una espe-
cie de pornografía moderada.
No quise permanecer mucho tiempo con la madre, ya que una
conversación prolongada hubiera desbaratado mis posibilidades de
ponerme en contacto personal con Robert; por lo tanto la acom-
pañé a la sala de espera y crucé unas palabras con ella acerca del
modo en que ella y su marido estaban tratando de implantar en el
niño sus ideas morales religiosas y sus gustos personales, lo que era
una pena pues el muchacho era capaz de desarrollar su propia mo-
ralidad y su propio gusto si se lo dejaba. La madre entendió y pare-
ció aliviada por no tener que sentirse responsable, de allf en más,
de las virtudes de su hijo.
CLINICA PSICOANALinCA INFANTIL 101
Regresé ·junto al niño y se mostró cooperativo en el juego de
tos garab~tos.
( l) Mío, que según él, era una vía de 1erro\:1U1u.
( '.!) Suyo, del que dijo que era otra vía de ferrocarril.
Estos dos dibujos revelaron su principal mterés, los ferrocarri-
les, a lo que juega con su amigo. Sus hermanas juegan a disfrazarse.
102 D. W. WINNICOTI
(3) Suyo, que dijo que podía ser una B, pero que se ttllllform6 en una
, D. La B podía significar maldad (badne11).
(4 J Suyo, que transform6 en una especie de pájaro, quizú un murci6-
lago (uri pájaro malo).
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 103
(S) Mío, lo convirtió en un pulpo, y lo importante es que uno de los
ten1'culos vuelve hacia el pulpo, y no tiene fin, algo uí como la
vía de ferrocarril que él siempre utiliza.
Interpreté esto como una especie de chuparse el dedo por par-
te del pulpo, que, por supuesto, está cub,\erto de ventosas. Dijo
que nunca se había chupado los dedos, peró enseguida informó es-
pontaneamente, que lo que chupaba era un trapo inmundo de su-
cio al que llamaba Tissie. Ocurrió que su madre no pudo soportarlo
y lo quemó; él lloró mucho hasta que lo olvidó. Tenía agujeros por-
que lo mordía y chupaba constantemente. Era un trapo de piso.
104 D. W. WINNICOTT
(6) Su dibujo de Tissie, que muestra dos de los agujeros. Recuerda cla-
ramente que a la edad de un ailo, según dijo; lo sac6 de un balde
mientras su madre limpiaba el piso, y de allí en mú fue siempre "mi
Tissie".
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 105
(7) Su autorretrato al afto de edad tomando el pedazo de trapo del bll·
de. Estaba muy sorprendido de ver que llevaba puesto un vestido, y
parecía haber alcanzado una zona remota de su ~emoria.
Ahora estaba listo para hablar de las pesadillas. ·
(8,) Su dibujo del incendio de una ca.u en un sueilo. ·
106 D. W. WINNICOTI
Interpret.é esto como una excitación sexual y lo entendió, ya
que el sueño le provoca una erección. En ese momento, le dí algu-
nas informaciones acerca del sexo, cosa que él anhelaba. Le dije
que si quería saber algo más acudiera a su padre. ·
Su otra pesadilla se refería a ladrones que robaban joyas y me
dijo que no podía dibujarla, de manera que me dispuse a dejarlo de
lado. Pero me dijo: "¿Puede dibujar un ladrón entrando en una ca-
sa?" Obviamente, quería proseguir en el tema. Escondí cuidadosa-
mente lo que estaba haciendo, de modo tal que él pudiera también
dibujar un ladrón entrando en la casa.
(9) Mi dibujo, que mantuve fuera de su vista mientras él continuaba
con su propia versión del tema.
( 1O) Su dibujo. Pude señalarle que la pistola que rompe el vidrio era un
dibujo de su propio pene erecto. Le dije que como todavía no es-
taba en contticiones de lograr la eyaculacióll que es propia de los
hombres adultos, debía utilizar la magia de su arma de fuego.
Entonces observamos los tres dibujos. Había un agujero en la
ventana, producto del disparo. Asocié esto a la primera cosa que
me dijo: que su jardín anima un lugar oscuro. Le coment.é: "Pri-
mero eras un bebé y querías a tu madre y mordías la Tissie. Un
día serás un hombre crecido como papi y te casarás y tendrás hi-
jos. Ahora estás en el medio de esas dos etapas. Amas a alguien y
sueñas con la casa que se quema porque te parece algo muy exci-
tante. Y entras en ella haciendo disparos porque no hay e1acula-
ción, y en lugar de generar bebés, robas las joyas." Prosegu1: "Hay
alguien a ·quien amas cuando tienes estos sueños", y él dijo: "Creo
que es a mami." Por ló tanto, le dije: "Bueno, si fueras un ladrón y
entraras en la casa, tendrías que voltear a papá." El dijo: "No me
gustaría hacer eso." Yo dije: "No, porqué sientes afecto por él tam-
bíen, y algunas veces, porque sientes afecto por el, te gustaría ser
una chica." Dijo: "Sólo un poquitito.. " ·
Llegamos entonces a la muy difícil relación con la hermana.
Desde el punto de vista de los padres, Robert es activo.y violenta-
mente celoso. Describió lo que sucede entre ambos y yo dije:
"Bueno, a mamá y papá les parece como que tú y tu hermana es-
tán celosos el uno del otro, y yo diría que tú estás celoso de ella
por ser mujer, y que ella' está celosa de tí porque eres varón. Al
mismo tiempo, están enamorados uno de otro, y como no son
adultos, lo más cercano a hacer el amor que pueden hacer es pro-
vocarse mutuamente y pelear."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 107
g
108 D. W. WINNICOTI
Estas declaraciones parecieron aliviarlo mucho, y decidió que
había terminado todo lo que quería hacer y que era tiempo de ir-
se, con lo que estuve totalmente de acuerdo.
El momento importante en esta consultá psicoterapéutica se
produjo cuando Robert se sorprendió de verse con un vestido
cuando tomaba el trapo del balde. En ese momento, había regre-
sado a la situación original, y probablemente no tema mucho más
de un año.
De importancia similar fue el vínculo que pude establecer en-
tre las palabras: "Anima un lugar triste", con su sentido de respon-
sabilidad por las frases depresivas de su madre, en especial la que
afectó a todos los niños cuando Robert tenía 6 años.
Un tercer detalle de importancia fue el separar el amor al pa-
dre y la correspondiente identificación con la niña (o mujer), de la
rivalidad con el padre inherente al amor (heterosexual) hacia la
madre. Esto libera el otro aspecto, que es la amistad entre un niño
y su padre o entre niños, que es posible en la salud, y que es una
sublimación natural de la homosexualidad normal.
Considero que este muchacho necesitaba sobremanera una
declaración objetiva de la situación hogareña, que los padres no es-
taban en condiciones de ofrecerle. Sentí que la entrevista podía
serle saludable, por su disposición previa y porque yo no estaba
tratando una enfermedad. Al final, me dijo: "Supongo que usted
no puede responder a esta pregunta. Cuando estoy fuera del cole-
gio, por eiemplo entre dos semestres, no auiero volver, y después
cuando vuelvo me gusta mucho, de veras." Y o tenía el material pa-
ra responder a esa pregunta, y le dije: "Cuando estás en casa, quieres
a tu madre y te gusta estar con ella, pero más importante que eso
es que debes enfrentar el hecho de que ella no se siente bien y la
mayor parte del tiempo está un poco deprimida." El dijo: "Sí,
r. se preocupa tanto cuando mi hermana y yo peleamos." Yo dije :
'Cuando estás en casa, te preguntas cómo se las arreglará mamá
cuando no tiene que preocuparse por tí. Cuando vuelves al colegio,
te alejas de las ansiedades, preocupaciones y depresión de mamá y
puedes olvidarlas, y entonces te sientes capaz de disfrutar del cole-
gio." Destaqué una vez más la necesidad que tiene de tomarse
tiempo para hacer las cosas y de cuidar que nadie lo apresure. Si lo
apresuran, simplemente no puede hacerlas. En ese sentido, la es-
cuela lo ayudó mucho al permitirle que se quedara dos años en una
clase, a pesar de que esto lo había hecho sentir muy mal, pues su
hermana había adelantado dos grados en un solo año.
Se alejó de mí con la sensación de que existe un crecimiento
natural en todas las cosas. Me dijo: "Mi tren eléctrico tiene una de-
terminada velocidad; se lo puede hacer andar o detener; no se lo
puede hacer ir más rápido, aunque, por supuesto, se lo puede hacer
ir más despacio usando un transformador."
Será necesario pedir a los padres que traten de aliviar al niño
de la carga de su propia religión, de su moralidad y sus inquietu-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 109
des. No tengo ninguna duda de que, si lo dejan, tiene con qué
hacer algo valioso con su vida.
Hicimos una cita tentativa para una segunda visita, pero la
madre me llamó por teléfono para decir que deseaba postergarla,
ya que el muchacho parecía estar mucho mejor después de la pri-
mera. Cuando salimos a la puerta, el niño estaba evidentemente
muy contento con el resultado de la consulta y dijo, como si casi
no pudiera creerlo: "Hasta hablamos de Tissie."
Naturalmente, hablé con los padres, expresándoles mi opi-
nión de que tendían a olvidar que el niño tiene sus propios proce-
sos innatos, su propia velocidad de desarrollo y su propia capaci-
dad ·para hacer eventualmente una contribución social, así como
una buena vida para sí mismo. Los padres mismos tienen unas pau-
tas religiosas y culturales algo rígidas, derivadas de su propia edu-
cación, y se sintieron realmente muy aliviados de que se les recor-
dara que no necesitaban inculcarlas en el niño. Por otra parte, por
supuesto, es útil para el niño que exista un marco bien determina-
do en el que pueda crecer y que podrá usar o rechazar de acuerdo
con la filosofía personal que vaya desarrollando.
Como resultado de la consulta, los padres adoptaron una nue-
va actitud frente a la escuela, y se le permitió al niño que tomara
el tiempo que necesitaba para hacer las cosas sin que nadie lo apu-
rara. La consecuencia fue una muy marcada mejoría clínica. Ro-
bert sigue teniendo dificultades en la lectura y una considerable in-
hibición para leer que lo aflige, pero los padres no lo apuran por
eso. Inclusive les pidió a los padres que sacaran un libro de la bi-
blioteca para él, pero no pueden dar por descontado que lo lea.
Creo que los padres están mejor preparados que antes para ver al
hijo leyendo literatura barata (historietas) como los otros chicos
del colegio. Los celos de la hermana continuaron y ambos se pe-
lean bastante, pero en algunas ocasiones parecen estar en buenos
términos. La idea de este niño como un problema parece haberse
desvanecido.
Comentario
He descripto un caso muy simple. Creo que viene al caso se-
ñalar que este niño podía ser su hijo o el mío. Quizás el resultado
más importante de la consulta fue que los padres conocieran el psi-
coanálisis en el sentido de haber consultado a un psicoanalista. De-
ben haberse preguntado, naturalmente, si el psicoanalista les diría:
"Su hijo está muy enfermo y si ustedes no le proporcionan un tra-
tamiento psicoanalítico, será un fracasado y la culpa será siempre
de ustedes, pues las dificultades afectivas de los adultos tienen
110 D. W. WINNICOIT
siempre sus raíces en la infancia." No aconsejé psicoanálisis que,
de cualquier modo, no era posible.
Fue important.e para mí descubrir la normalidad ant.es que la
enfermedad en est.e caso, aunque esto significó sacar a la luz y exa-
minar las anormalidades de los padres y de la situación escolar. Ob-
servé en particular que en nuestro sist.ema podemos exigir que ni-
ños de .11 años demuestren que pueden quemarse las pestañas para
un examen.
El peligro de est.e tipo de descripción de un caso es que deja
de lado todo el amplísimo t.ema del desarrollo emocional del indi-
viduo, un proceso permanent.e que comienza en el nacimiento o
poco ant.es. Pero no podemos hacer más que señalar la vast.edad del
t.ema, incluso hasta donde llegan nuestros conocimientos actuales.
Como ya lo he dicho, el t.ema de la psicología dinámica tiene las
dimensiones de la fisiología.
En el lado positivo, elegí est.e caso porque presenta un aspec-
to de la psicología infantil que uno puede seguir y utilizar de inme-
diato. Aquí está representado por Tissie. Me he referido a estos ob-
jetos primeros empleados por niños como objetos transicipnafet, y
he dado las razones para el uso de ese-nombre. 1 Hay mucho
para aprender de un estudio de la utilización de los objetos transi-
cionales, y es casi exacto que en todas las historias clínicas los 8§:
pectos positivos y negativos de los objetos transicionales y su uso
prope1Gie11an h1founacton 1mportañte.. Más aún, no solo a los pa-
dres les güsta recordar -cosa que hacen si se les da tiempo- estas
primeras técnicas infantiles, sino que los niños también regresan. a
su infancia por el camino de los objetos t ciooa)es roás fácil-
meñiequepot caal~u1er-otro c1iíñino. ✓ '
- Con respecto ps1coaniihsis de est.e niño, quiero dejar en cla-
ro que si esos padres tuvieran los recursos y pudieran concertar un
tratamiento de cinco veces por semana durant.e un largo período,
aconsejaría el psicoanálisis, no porque el niño esté muy enfermo
sino porque hay .bastant.es problemas como para que valga la pe-
na, y cuanto más normal es un niño, más rico y rápido es el resul-
tado. La experiencia me enseña que podríamos descubrir un buen
porcentaje de enfermedad tanto como de salud en el curso del tra-
tamiento psicoanalítico de est.e niño que, sin embargo, no es en
modo alguno un psicótico. Exist.e una tendencia depresiva, pero es
probable que ésta t.enga una mayor relación con la carga de la de-
presión de la madre que con sus propias angustias de tipo depresi-
vo. El niño ha superado bastant.e bien, todas las etapas primarias
1 "Transitional Objects and Transitional Phenomena•• (1951), en Colkcted Papen,
Tavlstock, 1958.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 111
del desarrollo emocional, y no está expuesto a un trastorno psicó-
tico. Sus problemas se manifiestan en el rico campo de las relacio-
nes int.erpersonales y en el de la conjunción de dos tipos de relacio-
nes, el afectivo y el que cabalga sobre las olas del instinto. En las
observaciones que hice al niño traje a colación asuntos sexuales, y
cuando ·tratamos con niños que se están desarrollando bien, falla-
mos si no podemos seguirlos dondequiera que deseen ir. Est.e ni-
ño t.enía un conflicto de tipo común con respecto al amor por su
padre, y junto con ésto, su odio hacia él, que es parte del sueño en
el que sus institntos están dirigidos hacia la madre. Para compli-
car la situación, t.enemos el parecido hereditario con el padre, que
conviert.e a la identificación con ést.e en una t.entadora manera de
solucionar el dilema.
De . est.e modo, logramos un buen cuadro de la situación al
dejar que el caso siga su propio curso sin tratar de forzarlo en un
marco que nos podría brindar una historia más completa. Hay mu-
chas cosas que nos gustaría saber. Podríamos trabajar en el caso y
t.ener una respuesta para todo; pero, en realidad, si queremos saber
más de lo que sabemos por medio de la consulta, sólo podemos lo-
grarlo a través del análisis del niño, durant.e el cual su mundo se
abrirá ant.e nosotros. Dicho de otro modo: lo mejor es que lo de-
jemos como está. Los padres han compartido sus inquietudes con-
migo de una manera profesional, y· si surgen nuevos problemas,
t.enderán naturalment.e a volver a mí antes que a rumiarlos inútil-
ment.e en el hogar.
Seguimiento
Después de dos años Robert ingresó como pupilo en una es-
cuela y disfrutó de esa situación. Tres años después los padres in-
formaron:
Continúa bien. Excelentes informes (escuela e internado). Bueno
con la hermana en las vacaciones, incluso generoso. Podemos de-
cir que es un muchacho normal que se comporta bien. Ha pasado
algunas crisis asociadas a eventuales tensiones en el hogar.
Más tarde Al llegar a la adolescencia, ha encontrado una novia, y parece
pro,_gresar hacia un estado adulto independiente. Sus dificultades
de aprendizaje han desaparecido y lee normalmente.
CASO VI 1 "ROSEMAR Y", 1 OAflOS
Vi una sola vez a esta niña, que, en su entrevista personal, en-
contró una clave para sus síntomas. Fue traída a la consulta a cau-
sa de "~taques de depresión atroces". También sufría intensas ce-
faleas, náuseas y fotofobia, que duraban dos o tres días y la obli-
gaban a guardar cama. Ultimamente, se había vuelto retraída. Jun-
to con esto, tenía mal humor por la mañana.
Todos estos síntomas se disiparon cuando llegó al dibujo del
sueño en que su madre era atropellada.
Rosemary es uno de los dos hijos integrantes de una familia
de clase obrera.
En la entrevista estuvieron presentes dos visitantes y dos asis-
tentes psiquiátricos. Este fue un c;:aso clínico de rutina. ·
Rosemary comenzó a dibujar 2 y mostró cierta habilidad.
( 1) Dibujó una niña.
(2) Luego comenzamos a jugar a los garabatos; convirtió el mío en
una cabeza.
2
l
1 Este caso fue publicado en St. Mary 's Hospital Gazette, enero/febrero de
de 1962, con el título "A Child Psychiatry Interview".
2 Los dibujos originales ya no están disponibles. Los que se reproducen
aquí han sido tomados de St. Mary 's Hospital Gazette.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 113
(3) Suyo, que transform6 en un paisaje.
(4) Los dos juntos convertimos este garabato de ella en Bruno, que
es uno de sus objetos transicionales.
4
5
(S) Siguió con el tema dibujando un objeto transicional anterior, lla-
mado Doggie; está roto, y el dibujo lo muestra.
Dijo que su hermano le había llevado su osito. El hermano es sim-
pático y muy travieso. No lo odia, pero se enoja mucho con él.
Ella quería una hermana.
114 D. W. WINNICOTT
(6) ¿Su dibujo del hermano?
Aparentemente, su padre dibuja historietas con ella, y algo de su
técnica de dibujo tiene influencia de él.
Habló de sus sueños lindos, pero dijo: "Anoche yo y dos amigos
estibamos en la torre esperando que nos ejecutaran."
7 8
(7) ¿Es una pesadilla de este tipo?
Dijo que a los 5 años (cuando su hermano tenía 3) había tenido
un sueño horrible, que dibujó.
(8) Su dibujo. Es una madrastra perversa que1 rompe el zapatito de
cristal, y ella es Cenicienta. ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 115
(9) Dibujo de Cenicienta. En alguna medida, ella es el príncipe, a pe-
sar de que en realidad no le gustaría ser un hombre.
Un sueño triste sería una pesadilla de su madre que es matada.
10
(10) Su dibujo. Lo hizo con gran intensidad de sentimiento y muy rá-
pidamente, mostrando a la madre atropellada por el coche del pa-
dre.
Hice una interpretación acerca del odio entre su madre y ella,
que adquiere sentido en el contexto de la situación triangular con
el padre.
Después de esto, pudo contarme un sueño so~ren~turi!l.
l lh D. W. WINNICOTT
l1
(11) Su dibujo de un sueño sobrenatural, que muestra burbujas que
van hacia ella haciendo un ruido curioso, como el ruido de un do-
~or de oídos; son blancas. Este sueño est, influido en alguna medi-
da por la ciencia ficción y se conecta con la idea de cometas y me-
teoros que presumiblemente se encuentran en el espacio.
Sugiero que esas burbujas blancas que hacen ruido curioso
ofrecen un cuadro de nacer "adentro", después de una fase de
muerte "adentro", representada aquí por la madre muerta del sue-
ño.
En este caso, el humor depresivo de la niña era la manifesta-
ción clínica del deseo de muerte hacia la madre, que estaba bajo
depresión. Este deseo de muerte lo experimentaba en el contexto
de sentimientos positivos profundos hacia ambos padres, que jun-
tos construyeron y mantienen el buen hogar en el que ella vive.
CASO VII "ALFRED", 1 OAFiOS
Este grupo de casos puede completarse con el de un niño que
arrojó alguna luz sobre la dinámica de su tartamudez. El resultado
no fue_la cura, pues la tartamudez se mantuvo, variando con las
circunstancias, como suele ocurrir en esos casos. Pienso que vale la
pena ofrecer el material de esta consulta terapéutica, a pesar de
que su valor no puede probarse sobre la base de la desaparición de
la sintomatología.
Vi a este niño una sola vez, y lo mismo a la madre. Tenía una
hermana de 6 años. Fue llevado a la consulta a causa de su tarta-
mudez. El padre trabaja en las oficinas de un hospital para enfer-
mos mentales. ·Fue referido por un amigo de los padres, pero con el
total conocimiento y buena voluntad del médico clínico. Los pa-
dres forman un hogar satisfactorio. Esta consulta deb1a encuadrar-
se estrictamente en el plazo de una hora y diez minutos, pues ese
era exactamente el tiempo de que yo disponía.
Fui a la sala de espera y, asegurándome de que la madre esta-
ba de acuerdo, llevé a -Alfred conmigo al consultorio y comencé a
establecer contacto con él, lo que fue fácil. Teníamos una mesa en-
tre nosotros y papel para dibujar. A medida que contestaba al-
gunas preguntas acerca de su padre y su trabajo, sobrevino el tar-
tamudeo y advertí que no debía hacer preguntas, pues si lo hacía,
se prepararía para dar las respuestas y se produciría un nuevo acce-
so. Por lo tanto, no formulé más preguntas directas sobre las cir-
cunstancias de su medio, y durante el resto de la hora en que estu-
vo en mi cuarto no se produjo prácticamente ninguna falla en el
habla. Estuvo de acuerdo con que jugaramos y yo hice un garabato.
Le expliqué que en este juego yo hacía un garabato que él debía
convertir en alguna cosa, que después él hace un garabato y yo lo
convierto en otra cosa, y que el juego continúa de esa manera. Un
juego sin reglas.
( 1) Mi garabato, que Alfred convirti6 en una cara. Primero dijo que
parecía una abeja. A medida que dibujaba la cara, nombraba cada
ras¡o. Advertí, mientras realizaba este trabajo meditado, que cad ..
vez que aspiraba impeUa el aliento. Esto ocu"ió durante toda fo:
entrevista. Eventualmente, hablé del asunto con él y demostró se
una característica significativa. ·
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118 D. W. WINNJCOTI
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\1) . Suyo, que convertí en el moño de UnA corbata.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 119
(3) Mío. Lo convirtió en dos globos. "Es todo lo que puedo hacer",
dijo , como si pensara que yo esperaba algo más de él. (El signi-
ficado de esta observación quedó oculto en esta primera etapa.)
(4) Mío, dijo que parecía el signo de la clave de sol, de modo que lo
dejó como estaba, sin alterarlo ni agre_.-rle nada.
(5) Mío, que convirtió en un pez, y- pareció divertirse haci6ndolo.
120 D. W. WINNICOTT
Creo que esta secuencia ya indica cómo establecer contacto
de esta manera entre dos penonas, y anot.é que el niño parecía
ahora estar muy cómodo. Yo hacía anotaciones en el reveno de
las hojas de papel, q\1,e dejábamos caer al suelo cuando terminába-
mos los dibujos. La t.écnica de los garabatos tiene la ventaja de dar
tiempo para tomar notas mientras se hacen los dibujos; por otra
parte, los dibujos mismos proporcionan un valioso registro~
(6) Suyo. Estaba bastante complacido -con 6ste, que yo convertí en
un signo para automovilistas (6ste era una especie de símbolo del
superyo, pero no lo hice deliberadamente; se me ocurrj6 hacerlo
sobre la base d~ su garabato).
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIi. 1.?I
(7) Mío. Dije: "Oh, creo que es imposible", pero él dibujo: "No sé;
tengo uno, me parece.•• Entonces dibujó un cartel de parada de
ómnibus, siguiendo con la idea que yo le había dado.
En ese momento, hablé de su uso de la mano izquierda para es-
cribir y dijo que siempre lo había hecho así, y también que usa-
ba la cuchara con su mano izquiei;da cuando pequeño. Para jugar
al cricket utiliza su mano derecha. "Es curioso, ¿no es cierto?",
comentó (cuando averipé acerca de esto, me dijo que nadie
había tratado nunca de hacerle usar su mano derecha. Hice esta
pregunta porque, seg(m la teoría, si un ni.ilo es obligado a emplear
la mano derecha cuando utiliza naturalmente la izquierda, ello
puede ser causa de tartamudez; pero no parecía ser este el caso).
122 D. W. WINNICOTI
(8) Mío. Dije que me parecía demasiado complicado. "No creo: si le
doy vuelta, lo voy a encontrar; ah, ten,<> u~a idea. Estoy tratan-
~ do de convertirlo en el sombrero de ·una sei\ora, una especie de
bonete. Le voy a poner la cara de al¡uien." Y coloc6 en el bonete
la cabeza de una seiiora con cabéllo largo.
Uno de los objetivos de este jueg<> es conseguir que el niño se
sienta cómodo y llegar así a su fantasía y sus sueños. Un sueño
puede utilizarse en terapia, pues el hecho de que haya sido soñado,
recordado y relatado indica que el material del sueño cabe en la
comprensión del niño, junto con la excitación y la angustia inhe-
rentes a él.
En ese momento comencé a hablar de los sueiios. Dijo: "Yo sue-
ño con las cosas que he estado haciendo. Voy a hacer un prabato
con mi mano derecha." Esta idea pareció gustarle.
CLINICA PSJCOANALITICA INFANTIL
(9) Su garabato, hecho con la mano derecha. Lo convertí en una bna-
ja con una escoba y un sombrero. Entonces habló de carreras de
autos y sueños con coches de C41Tera, pero mientras hablaba con-
virtió
(10) el mío en una pista de carrera con una tribuna y gente en ella.
"Sí -dijo-, tengo sueños terroríficos. Hace poco, aifo1 tuve
uno.,..
124
,, D. W. WINNICOTT
Mientras me decía éste, yo estaba convirtiendo .
(11) su garabato en una especie de cara compleja. Me había dado un
embrollo de líneas y m podía ser cualqui~r cosa .o nada (había
bocho esa confusión de líneas delibendamálte y me miraba mien-
tras lo hacía), de modo que le dije: "Esto ea un lío. ¿no ea cier•
..to?" Su intención era que fuese un embrollo y un desafío para
mí, y yo elabor6 el rostro.
Todavía podíamos obtener una respuesta demorada a mi pre-
gunta sobre los sueños. Debe observane que mis preguntas acerca
de los sueños tienen como objetivo una extensión de mi interés or-
dinario en él a un interes en su yo más profundo.
Me con~6 entonces el sueño de algunos años atrú. "Llegaron bru-
jas que me llevuon lejos.'' Yo dije: "Qu6 curioso que yo baya he-
cho ese dibujo de las brujas.''
En ese momento, comencé a desear no haber dibujado la bru-
ja, ya que la idea perseveraba, y temí que el proceso personal del
niño se .distorsionara, en cuyo caso nQ podría alcanzar la zona del
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 125
trastomo principal que estaba buscando.
Dijo: "No, no, no tiene nada que ver con 6so. Este es un sueño
horrible que tuve hace varios afios y que nunca olvid6."
t 12) Su dibujo, que ilustra la hiltoria del sueño. La bruja entra por la
ventana y lo lleva a un eacondrijo parecido a una mina de carbón.
Dijo que 1olfó e1to vllrilu vecu, cuando tenía 6 1 medio o 7 alfo,.
Me dijo el alfo: lo •búi, ag,eg6, porque fue en e,a época que la
familia ,e mud6 de otra ciudad al lugar donde ,u padre trabaja
aho,a.
Esto ilustra la manera en que el relato del niño acerca de la
historia puada lleva al psiquiatra al período de t.ensión, y le da la
oportunidad para ent.endedo en forma adecuada.
Dijo que la vida ahora era muy qradable; que ee divertía, pero
que le entristeció deju su antigua cua porque tenia un jardín mú
grande, y como estaba lejos de lu carreteras principales, tenía
~ú libertad para jupr. Ahora echaba de menos esa libertad.
En esta etapa, yo no sabía que también ~ estaba refiriendo a
la liberación de' la angustia relacionada con un
hecho específico.
Le dije: "Quizé la bruja te estaba llevando de vuelta a la vieja ca-
sa."
126 D. W. WlNNICO'IT
Esa palabras no intentaban ser una interpretación psicoanalí-
tica, sino que fueron un comentario acerca de que la bruja pod(a
estar llevándnln de una cosa a otra de una manera significativa.
Me cont6 entonces respecto de sus dos abuet,as, ambu fallecidas,
y de su abuelo, que todavía vivía en la casa· con ellos. Trat6 de
descubrir. cuélea eran lu dificultades en la 6poca en que tenía 6 y
medio o 7 años, y no pudo contármelo. No parecía estar tan per-
turbado por haber dejado la vieja casa como para necesitar que la
bntja lo llevara de vuelta o lo alejara de la actual, ain embaqo
sobre una cosa no tenía dudu: que este sueño (recurrente) perte-
necía a esa 6poca precisa de sus 6 años y medio.
Me habló entonces de otro sueño de esa etapa.
(13} Este dibujo ilustra el otro sueño aunque, como dijo:"No se pue-
de dibujar esto... hay un montón de flechu que vienen por la de-
recha. .. " En el sueño se encuentra en medio de un remolino que
lo hace airar y girar, como si rodara en la cama. "No ea en realidad
un sueño horroroso."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 127
Deapú1 de eato, a mi pedido, dibujó el li¡uiente.
( 14) Este es su dibujo del lugar donde lo llevó la bruja, la mina de car-
bón. Hay 'un incendio en la mina, y la bruja tiene cacerolas y mar-
mitas en la repisa; lleva un sombrero puntiagudo y tiene cola. Se
la puede ver sentada en un banco de tres patas.
Este es un sueño lleno de símbolos que pertenecen al mito y
a los cuentos de hadas: el banco de tres patas, el fuego, la cola, la
bruja con un sombrero alto: las cacerolas y marmitas indican algo
que se está cocinando o algo que se está urdiendo, y la oscuridad el
inconsciente. Todo el cuadro ~a directamente hacia el inconscien-
te profundo, pero no, por supu'- i,-to, al más profundo; el material
del inconsciente más profundo es indescriptible. Tan pronto como
se ha encontrado la manera de describirlo, ya se han dejado los es-
tratos más profundos. La sociedad ofrece nombres, verbalización,
cuentos de hadas y mitos al niño para ayudarlo a tratar con los
miedos innominados que pertenecen a lo innominable.
Le pregunté si la bruja estaba para comérselo (por las cacerolas,
marmitas y el fuego) y él dijo: "No sé, en ese momento desperté.
El problema que tengo cuando le cuento estos sueiios es que si
tengo un ,sueño y es horrible, entonces 'fue despierto." Agregó:
"Algunas veces me ptaría seguir adelante y descubrir qué es lo
horrible, en lupr de despertarme" ; y luego se rió de sí mismo, di-
ciendo una vez más que le gustaría seguir adelante y asustarse an-
tes de despertar.
128 D. W. WINNICOTT
Esta era una invitación a llevarlo hacia lo peor, si tan sólo pu-
diera encontrar el camino para hacerlo.
Habl6 entonces de la tensión en su respiración. Le dije que todo
el tiempo en que había estado dibujando, aunque no parecía es-
tar haciendo un gran esfuerzo, impelía el aliento cada vez que res-
piraba. Fue capaz de reconocer que 6so era cierto. Le dije: "Me
pregunto qu6 es lo que estú tratando de hacer con tanta dificul-
tad...
El no tenía idea. Y habló de su tartamudez. Dijo: "Porque cuan-
do trato es entonces que tartamudeo. Si nolo intento, estoy bien.
Es como ahora, no me estoy esforzando en absoluto y no tarta-
mudeo. Es como si no supiera, quizú entonces me esfuerzo, y tar-
tamudeo. Si no s6 algo bien..... Pero pareció confundido. Le dije :
"Es como si levantaras vapor 1 con gran esfuerzo, y no sabes
por qu6 tienes que hacer .u n esfuerzo tan grande.,.
Para mi sorpresa, dijo: "Es una reiteración."(No s6 donde pudo
haber oído esta palabra.) Prosiguió: "Empezó sólo hace poco."
Hablamos de la escuela, donde había hecho grandes esfuerzos.
Le dije: "Suena tambi6n como si estuvieras tratando de evacuar
heces.,. Nos llevó un largo rato encontrar un t6rmino común para
la ocasión. La palabra "caca" no era adecuada. Eventualmente,
encontramos el t6rmino familiar ' 'ir al baño", lo mú aproximado
que pudimos hallar para nombrar la defecación.
(Esto indica una pauta familiar de negación de lu cuestiones re-
ferida a la fase anal.)
Entonces dijo: "Me gustaría dejar de hacer tantos esfuerzos."
E hizo el garabato ~guiente.
1 Todavía era la época de las locomotoras de vapor.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 129
Is
(1 S} Suyo, hecho con total libertad, y convirtió su propio garabato en
un dibujo. ·
Ea siempre una satisfacción cuando un nüio utiliza BU propio
garabato, de modo que BU dibujo es tot.a:lment.e penonal. El dibujo
hecho por un niño y basado en su propio garabato es muy diferen~
t.e de cualquier otro que pueda hacer como dibujo o cuadro.
Un hombre con una ceja de violín y una correa alrededor del illl-
trumento. El padre de Alfredo toca el violín. Estaba contento de
haberlo hecho todo ~l. pero yo no pude utilizar el material espe-
cífico del dibujo. Le dije: "Si no pruebas, una cosa que debes
hacer ea correr un ries,o, y por 111pueato es posible que no suceda
nada en abaoluto."
La comunicación había lle¡ado a su fin después de una hora;
Alfred estuvo de acuerdo con ir a la sala de espera, mienttas conver-
saba brevement.e con la madre. Sabía que .había fracasado en mi
int.ento de descubrir la clave, pero t.enía algo important.e que me
130 D. W. WINNICOTI
podía conducir a ella, esto es, la situación especial del muchacho
cuando tenía 6 años y medio, y tuvo el sueño de la bruja que se lo
llevaba lejos.
El siguiente cuarto de hora fue bastante dramático en este ca-
so. Vi a la madre y le expliqu~ que deliberadamente había puesto
fin al tiempo dedicado al niño. Tenía alrededor de ocho minutos
para hablar con ella. Me pareció una mujer agradable y alguien a
quien le gustaba ser esposa y madre y manejar un hogar. Nadie
había tratado de obligarlo a grandes esfuerzos, o a utilizar su mano
derecha, y estuvo de acuerdo con Alfred en que la dificultad debía
provenir de él mismo. Había ganado una beca hace poco y agregó
que esta ansiedad por hacer las cosas bien estaba en él mismo, jun-
to con los esfuerzos permanentes.
Le dije que me había formado la opinión de que el muchacho
había pasado por una etapa difícil después de la mudanza de la vie-
ja casa al lugar donde vivían ahora, esto es, en la época en que el
padre había cambiado de trabajo. Le dije:"Estoy seguro de que de-
bemos averiguar qué sucedió cuando el niño tenía 6 años y medio. "
La madre preguntó: "¿Le dijo que en esta época el padre su-
frió un colapso mental? Su padre encontró que su nuevo trabajo
tenía muchas exigencias y quedó atrapado en un tremendo esfuer-
zo por triunfar; esto lo convirtió en un obsesivo y se transformó en
un caso de depresión agitada. Se preocupaba todo el tiempo; estu-
vo internado en un hospital durante algunos meses."
Le dije que estaba seguro de que ésa podía ser la clave para la
enfermedad de Alfred. Como sólo tenía tres minutos, le pedí que
me dejara ver a Alfred una vez más por un momento y que luego
podía llevarlo a casa; le pedí que me escribiera una carta hacién-
dome saber las reacciones que podía tener con respecto a la visita.
Ella accedió a todo esto con suma facilidad.
Regresé a la habitación con Alfred, y él se sentó en una silla.
Le dije;. "He estado hablando algunas cosas con tu madre y le pre-
gunté acerca de cuando tú tenías 6 años y medio, la época en que
me dijiste que habías sufrido esas pesadillas. ¿Recuerdas que fue
para ese entonces que tu padre tuvo una especie de enfermedad,;>
un colapso?"
Alfred echó súbitamente la cabeza hacia atrás y se sacudió con
el recuerdo de la enfermedad de su padre que había olvidado com-
pletamente. Pareció estar inmensamente aliviado. Le dije: "Has es-
tado esforzándote todo este tiempo, no porque tengas necesidad
de hacerlo, y me has dicho que las cosas van mejor si no te esfuer-
zas tanto. Te has estado esforzando en nombre de tu padre, y con-
tinúas tratando de curar a· tu padre de esta preocupación que te-
nía por su trabajo cuando no lo podía hacer bien. Esa es la razón
por la que impulsas el aliento cada vez que lo echas y como tú me
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 131
dijiste, es ese impulsar y esforzarte lo que interfiere con tu trabajo
y tu conversación, y lo que te hace tartamudear."·
En ese momento nos separamos y se fue· con la madre; pare-
cía muy feliz y tranquilo.
Entrevista con la madre
Dos meses después de la entre.vista con Alfred, vi a la madre y
le concedí una hora. (La evolución de esta entrevista tiene interés
por sí misma, pero estaría fuera de lugar que la describiera en de-
talle aquí y ahora.)
En la historia de Alfred, tal como fue proporcionada por la
madre, la atención se dirigió hacia las primeras compulsiones en la
vida del niño, que incluían una forma de movimiento compulsivo
erotizado, que empezó cuando tenía 18 meses y que empeoró a los
3 años. Parece haberse iniciado junto con el caminar. Había va-
rios tipos de actividades compulsivas, de modo que la madre se en-
contraba diciendo permanentemente: "Tranquilízate, Alfred."
Este impulso asumió la forma de un trabajo esforzado en la escue-
la, cuando nadie lo presionaba o esperaba de él más de lo que po-
día hacer normalmente. (No fue presionado para que utilizara el
retrete.) ·
Todos estos detalles serían importantes si el objetivo fuese la
determinación de una psicoterapia a largo plazo; la historia obteni-
da de la madre no habría podido, sin embargo, proporcionarme la
clave de la crisis en la vida de Alfred a los 6 años y medio. Esta
clave, ofrecida por el niño, me permitió ver que ef esfuerzo espe-
cial lo hacía en nombre del padre y era inherente a su colapso
mental.
La madre me hizo un claro relato del impacto que la enferme-
dad del padre tuvo en Alfred cuando tenía 5 años. Existió, por
cierto, una crisis que Alfred presenció, y a esto siguió la hospitali-
zación del padre, con una neurosis obsesiva que se convirtió des-
pués en una depresión agitada. Fue en ese momento cuando Alfred
empezó a tartamudear.
La madre me contó que cuando salió de la entrevista conmi-
go, Alfred le dijo: "Sabes, me había olvidado por completo cuan-
do papi estuvo enfermo", y que parecía tranquilo y aliviado. Unas
semanas después, cuando mi nombre surgió en la conversación, di-
jo: "Ese doctor es de primera."
Resultado
La consulta terapéutica tuvo efectos tanto en Alfred como en
132 D. W. WINNICOTI
su madre. Según el principio de que todo lo poco que podía hacer-
se ya estaba hecho, yo no era ya necesario. La tartamudez dejó de
ser un problema, y el niño se descargó. de parte de la compulsión
al realizar un esfuerzo excesivo.
Un detalle más está referido al significado del último dibujo.
Se trasluce que el padre de Alfred tiene una sensación general de
frustración, porque debe realizar un trabajo administrativo y ha te-
nido que suprimir su necesidad de creación. Tiene un violín, y la
correa que rodea el instrumento representaba el hecho de que el
padre no ha podido desarrollar sus intereses musicales. Para decir-
lo de otra manera: si yo pudiera deshacer la correa del violín del
padre, éste podría entonces ser creativo y entrar en contacto con
su yo más profundo. Con su padre más feliz, Alfred podría aban-
donar la sobretensión en un inútil intento de colaborar con el es-
fuerzo del padre de lograr éxito en un odiado trabajo rutinario,
que es lo opuesto a la creación. Yo no entendí esto cuando Alfred
hizo el dibujo, y por lo tanto no tuve la oportunidad de hacer este
comentario. Sin embargo, no fue necesario que lo verbalizara, pues
la recuperación del recuerdo de la enfermedad i:le su padre produjo
el efecto requerido. El buen efecto de la consulta terapéutica ha
durado un año, y si surgen nuevos problemas, la madre traerá a Al-
fred para que vuelva a verme, tal como es viable en el limitado
campo de la psiquiatría infantil.
Comentario adicional
La madre me dijo: "La mejoría en Alfred comenzó no cuan-
do usted lo vio, sino una semana antes; en realidad comenzó cuan-
do yo supe que venía a verlo." Esto pu,ede muy bien ser cierto, y
en psiquiatría infantil es muy usual que la mejoría sintomática se
relacion~. con el paso, en la madre o el padre, de una perplejidad
sin esperanzas a una actitud de expectativa. De todos modos, es
también necesario que el psiquiatra del niño sea capaz,de hacer el
trabajo que se presenta en el momento de la entrevista.
Resumen
Se describe una consulta terapéutica que ilustra el empleo de
una historia proporcionada por el niño. El registro de la historia
no significa, en este contexto, la acumulación de hechos, sino que
el psiquiatra establece contacto con el niño de tal manera que el
proceso en él conduce al profesional hacia una zona de trastorno
significativa.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 133
Seguimiento
Siete años más tarde la madre informa, en respuesta a una so-
licitud mía, que la tarmudez de Alfred "provoca pocos inconve-
nientes". De todas maneras, bajo ciertas circunstancias, amenaza
con reaparecer, y él dice que no le agrada hablar por teléfono.
Su desarrollo ha sido estable, y le gusta actuar y dar charlas
en un centro juvenil. Parece no temer los exámenes de ingreso a la
universidad, y proyecta estudiar abogacía.
La madre agrega que parece bien equilibrado, que disfruta de
las actividades sociales, y que tiene buenas relaciones con gente de
su edad.
No estoy proclamando, por supuesto, que una entrevista pro-
dujo todo esto, que es una mezcla del proceso de crecimiento del
muchacho y del buen contexto familiar. Pero cuando vino a verme
necesitaba ayuda, y la obtuvo.
SEGUNDA PARTE
INTRODUCCION
Las consultas terapéuticas que se describen en esta segunda
parte siguieron los mismos principios de técnica que se emplearon
en la primera. El lector que probablemente, está realizando tra-
bajos análogos, estará ahora en condiciones de abordar casos de
problemas más complejos. En algunos, ciertamente, los anteceden-
tes del entrevistado presentan una gran complejidad. No obstan-
te, en la elaboración total de una situación familiar o social, pare-
ce haber lugar para una o · quizá tres--, entrevistas en las que se
establece la comunicación con el niño. Una comunicación del tipo
de la aquí descripta difiere de la que se da en el ambiente familiar,
tanto entre los hijos y sus padres como entre los niños mismos, es
por supuesto también completamente distinta la comunicación
que se establece entre el niño y el maestro en la escuela.
En varios de los casos intervienen otras instituciones, ya sea en
ayuda de otros niños, o, tal vez de los propios padres, por lo que la
consulta terapéutica, tal como la describimos aquí, ha de ser inter-
pretada simplemente como uno de los aspectos que comprende un
más amplio trabajo grupal. Acontece a menudo, sin embargo, que
los progenitores logran superar sus propios problemas y los de su
familia cuando reciben ayuda justo hasta el punto en el que se pro-
duce el aflojamiento de las defensas del niño como resultado de la
consulta terapéutica. En algunos casos, por supuesto, aun cuando
el niño haga buen uso de la consulta terapéutica no se obtiene un
resultado: esto significa, con frecuencia, que los problemas de los
padres, o los de la familia, eran los temas principales, encontrándo-
los el niño en medio de una situación familiar enfermiza con una
sintomatología que si bien aparenta coJ,"responderle, pertenece, en
realidad, a su familia. Todos éstos son teinas conocidos en el traba-
jo social familiar.
Una vez más, en estos casos, lo que se ilustra no es tanto una
nueva idea como ejemplos sucesivos de comunicación con el niño,
los que algunas veces son útiles y que, casi siempre, proporcionan
al estudiante un material adecuado para someter a consideración
y debate. A menudo, se abarcan temas importantes que conducen
al estudiante hacia las teorías, o hacia la ·teoría fundamental, 181'Jn
136 D. W. WlNNICOTT
lo que se admite en la actualidad con respecto al desarrollo emo-
cional del individuo en un ambiente dado.
Cabe subrayar asimismo que, en este tipo de presentación de
casos, el lector estudiante posee acerca del problema el mismo gra-
do de conocimiento que el psiquiatra y, en consecuencia, no se
hallará en desventaja en el debate; pero sí ocurrirá esto último si
el psiquiatra ha debido retener para sí gran cantidad de informa-
ción que no pudo dar a conocer por razones de tiempo y espacio ..
Se debe señalar que estos casos, si bien son representativos de
toda clase de tipos de diagnóstico, no soil ilustrativos de tenden-
cias antisociales: esto se debe a que es en la tercera parte de este
libro donde presento un grupo de casos que ejemplifican la rela-
ción entre esas tendencias y la privación.
CASO VIII "CHARLES", 9 AROS
El siguiente caso muestra en qué medida se hizo necesaria la
comprensión de un detalle. Los principios fundamentales sostie-
nen que el niño alcanza gradualmente una sensación del clima
emocional imperante en la entrevista y se muestra tal como es. A
este niño lo había enviado un colega que,-por su parte, también lo
entrevistó en una clínica de orientación infantil y que no había lo-
grado establecer con él un contacto útil.
Historia familiar
Hermana 11 años
Charles 9 años
Hermana 7 años
Familia intacta.
El niño se quejaba de cefaleas y de "pensamientos". Era su
mente lo que le creaba problemas y estaba empezando a preocu-
parle su funcionamiento. Decía que una pequeña porción de su ce-
rebro estaba dominando al resto de su persona. Había empezado a
hacer promesas solemnes y trataba de cumplirlas; pero no modifi-
caba la situación aun cuando jurara por la Biblia.
Comenzamos el juego de los garabatos.
(1) Mío, que él convirtió en un pez.
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138 D. W. WINNICOTT
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(2) Suyo, que constaba de tres partes, y que convertí en un paisaje.
(3) Mío, que transfonn6 en lo que alguien dijo, era una chica,"por-
que tiene pollera". "Probablemente es mi hennana (la de 7 años."
Hablamos sobre chicas y pregunté si tenían suerte por haber na-
. cido mujeres. Dijo: "No, a mí me no me gustaría ser mujer. Tene-
mos tremendas peleas." Mientras decía esto, respiraba con difi-
cultad. Prosiguió: "Hay una regla: '¡No hay que golpear a las chi-
cas!', pero .que no se aplica cuando peleo con mi hennana." Habló
acerca de una maestra particular que tuvo durante algunas leccio-
nes y de que no iba a la escuela: éste es un arreglo al que se llegó
merced a la sabia instigación de mi colega, que lo había visto. Está
contento por tener estas vacaciones improvisadas, pese a que le
encanta nadar.
(4) Suyo. Mientras dibujaba este garabato, hablaba respecto de peleas
y de cómo no se producen cuando sólo está con una de las henna-
nas. Es cuando están los tres juntos que empiezan las peleas.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 139
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140 D. W. WINNICOTI
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(5) Mío. Lo convirtió .en montañas con rampas de lanzamiento de
cohetes. Hay una gran platafonna. Le encantan los cohetes pero
son ultrasecretos, por lo que, probablemente, deba volar en un
avión. Dijo: "Me gustan los acorazados", y habló sobre la guerra.
En su cuarto, dibuja con tiza en el suelo.
En ese momento, yo· no tenía noción de que él ya estaba
hablando de su mente.
Hay cuatro o cinco nacionalidades y gran cantidad de campos de
minas y de caminitos, uno para cada nacionalidad. Describió los
intrincamientos de la detección de minas y la guerra en la que ca-
da nacionalidad debe volver a la base o, quizá, puede no haber ca-
minos. Tiene cientos de sol<1ados, de morteros y de granadas
y, mientras describía sus juegos, hizo todos los ruidos adecua-
dos pertenecientes a éstos y a los rifles. Tiene un granadero con
uná bazuka. De los rusos, sólo uno tiene un mortero, y así todo
16 demás.
( 6) Su dibujo del juego que practica en el suelo, en su casa.
' "'t:<',.•· ,n\_,_
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 141
Utilicé el mat.erial de est.e dibujo, relacionándolo con sus pri-
meras observaciones, que eran sobre su ment.e. Le dije, en forma
bastanle dogmática, que me estaba dando una imagen de su ment.e
con los diversos compartQDientos. La ment.e representaba todas las
prohibiciones· y, en el juego, lo malo estaba atacando a lo bueno.
De manera muy natural, me ayudó a continuar esta int.erpretación.
Dijo: '~s como una llave de luz y, cuando se enciende, hace que
todo empiece." Agregó: ''Sólo una pequeña part.e del cerebro con-
trola lóa miembros del cuerpo." El niño se sient.e controlado por
esta diminuta porcióh cuagdo se la activa.
(7) Un dibujo posterior del mismo juego y también. tal como ahora
lo intentaba conscientemente, un diagrama de.su mente.
Para entonces, habíamos logrado una comunicación que él había
necesitado establecer, pero que no pudo sino con una persona que
comprendiese que sus diqramas en el suelo y sus juegos de guerra
eran, para él. diagramas de la mente.
Continuamos con los garabatos.
142 D. W. WINNlCOTT
(8) Mío. Dijp que esto era como un 8, o un 7, y también un 9. Le re-
cordé que había dicho que le gustaría tener 9 años, pero dijo que
14 serla mejor ya que entonces no tendría que ir a la escuela. Se
conseguiría un superautom6vil. No iba a trabajar. Esa iba a ser.
la mejor época de la'vida "o posiblemente los 16, uí yo podría
jugar". Luego prosigui6 con su vida escolar. "En la escuela
se trabajan 9 horu y media de lu 12 que se puan en ella. De-
bería haber 4 horas de juego. Todo lo que le dan a unoson 4 me-
ses de vacaciones, en comparación con los 8 meses de escuela to-
dos los años." Parecía estar muy abrumado por este pensamiento,
el pensamiento de la obstaculización del tiempo de recreo.
De aquí se puede inferir que se trataba de un muchacho cuyo
intelecto se podía aprovechar. Era posible ayudarlo un poco si se
le daba oportunidad de jugar, pero surgía el interrogante de si sería
capaz de jugar y de dejar el control de su mente aislado.
I
/17
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M. . -
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f ...
•· r.
(9) Suyo, que transformé en un animal corriendo; dijo que era al-
guien huyendo de la escuela. ·
Le pregunté entonces acerca de sus sueños. Dijo que tenía mu-
chos y que todos eran en colores. "Son todos horribles y algunos
dos veces. Hay una araña con colores muy vivos que es horrible,
más que horrible."
(10) Me dijo que yo dibujara un mosquito y luego le agre16 aI10 por
encima que tenía colores muy intensos en el sueño, una araña ai·
pnteaca o un sepdor. .Lo anptiaba el solo hecho de hablar de
estas cosas. Me cont6 acerca de su miedo por los sepdorea y por
las araAu. ''Cuando uno eati en otro país, puoden ser venenoau.
No me importan las chiquititae pero ·alpnas.tienen cuerpo, y las
pandea, y ésu sott lu que apare~ en los suelos. Algunal veces,
entre el d~rtar y ..i fin del suelo, baJ ua ~,aao, y enton-
ces hay aJauien que me ·mw.,' 4 ~ lá,au,ma mujer y eilton-
cee deap~rto, Ea h~ble. No-pue4o.~ •~ •
,/4
(11) Se las arregló, sin embargo, para representar la forma de la cabeza
y del cabello que caía sobre la espalda. La aterradora mujer tiene
largo cabello negro. "Sí, podría ser mamá."
( 12) Su garabato, parecía un pene erecto, pero primero lo convirtió en
un dedo y después en un avión. Dijo: "No está bien dibujado." El
garabato se parecía tanto a un pene erecto que le pregunté acer-
ca de su propio órgano, y dijo: "Se alarga." Agregó: "No puedo
hablar de esto." Le pregunté si alguna vez había hablado de 1U pe-
ne, y dijo: "Esta es la primera vez en mi vida." ·
\.,;._ L.
1z_
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL
(13) Suyo, que hi,zo confuso a p_¡ppósito, y me las arresté para conver-
tirlo en al&o parecido a un avión, dejando que su idea consciente
penistiera. · ..
(14) Mío, que tranafonuó en una bomba.
1'
146 D. W. WINNICOTT
(15) Suyo. En fonna completamente deliberada, hizo un dibµjo con-
fuso y ahora proseguí con la interpretación que había empezado
antes. Dije : "De nuevo, esto representa tu mente. El otro dibujo
de la mente fue un intento por organizarla en compartimientos
cuando el problema es, en realidad, que tú estás confuso." (Esta-
do agudo de confusi(?n.) Estuvo de acuerdo y dijo que cuando co-
menzaba a tener sensaciones y pensamientos era horrible. Le dijo
a papá que se lo diga a mamá y entonces ella se lo dijo a los otros
doctores. Dijo que sabía lo del dibujo confuso que dividió en dos
partes. La parte perdedora es más grande. Toda la porcioncita
pensante está del lado ganador. La parte más pequeña tiene el
control de los miembros etcétera (algunos detalles se perdieron
aquí y, de todos modos, él tenía una teoría variable).
Quise que supiera que este gran miedo que lo acosa permanente-
mente, es el de estar totalmente confundido. Tracé un círculo al-
rededor del mamarracho y le dije que era como fideos que yo es-
taba preparado para convertir en una comida. Se sintió ansioso de
proseguir y dijo : "Es mi tumo de volver a hacer garabatos."
( 16) .Suyo, que era un "terrible embrollo", y que convertí en el rostro
de un hombre. Dijo que era sir Walter Raleigh. Aquí, en cierto
sentido, yo estaba brindando la tranquilidad de una distracción.
De todas maneras, él y yo nos manteníamos en pleno contacto
con el tema central del mamarracho y yo lo estaba ayudando a re-
conocer y admitir el estado agudo de confusión que es su forma
de angustia impensable, algo que constantemente lo amenaza.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 147
17)
( 17) Hice un dibujo confuso intencionalmente, al que vio como una le-
tra china. Y uí, de nuevo, estaba logrando extraer algo de un
mamarracho. Dijo: " Pude haber convertido esto en fideos, pero
eso sería copiar lo que usted hizo en el 1S."
Le pregunté si soñaba con un mamanacho. Empezó a narrarme
un sueiio así, pero bostezó como si estuviera exhausto. Alcanzó a
decir: "En un sueño como ese, yo estaba caminando cerca de la
escuela. Vino una gran ola y me tragó el agua. Grité pidiendo au-
xilio. Grité 'Uewellyn' dos veces. Ese era el nombre del otro niño
que aparece en el sueño.'' Después agregó : "Esa vez DO vi a la mu-
jer que aparece entre el sueiio y el despertar." Esto era importan-
te para él porque la mujer aparece con mucha persistencia.en sus
sueños aterradores. Dijo que la mujer estaba allí cuando tuvo el
sueño de la araña. Entonces, hizo el comentario: "Quid sólo te-
nía 7 años, o quizá menos, cuando tuve este sueño, de modo que
la mujer todavía no había llegado."
Dentro de nuestra relación resultó bastante fácil preguntarle
,i los sueños ae debían a excitación sexual, a masturbación. a ere,-
~ión o a causas similares y dijo: "No, no tienen nada qué ver." !
(18) Suyo, yo lo convertí en un gato. Esto lo condujo a hablar del ani-
venario de bodas de su madre, porque resultaba coincidir con -di
día de nacimiento del gato'. • .
(19) Mío. Lo transfonnó en lo que ll~ó arte moderno.
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CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 149
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(20) Suyo, y convirtió su propio garabato en un helicóptero. Dijo que,
antes de transfonnarlo en helicóptero era un orinal. Quizá fue su
necesidad de escapar del orinal lo que me hizo preguntarle si algu-
na vez mojaba la cama, y dijo: "Sí, lo hago, porque en el sueño
1en10 que ir al baño. Así moje§ la cama una o dos veces."
150 D. W. WINNICOTI
(21) Mío, al que pareci6 ballar difícil. Dijo: "Tntm.'' Despu6s de ta-
char el extremo superior, dibuj6 a una prQtqonista de una serie
ip¡lesa de TV. El detalle respecto del persoqe era, tal como 61
. dijo, que como la amiga de Edna había muerto, ella estaba triste.
Alguien se sentía de muy mal humor tocandd el piano: en este
momento, lleg6 a la idea de un mal humor y esta clave lo llev6
hacia el recuerdo de una cocinera que habían tenido en la casa y
que era muy antipética con todos, aun con la madre. Evidente-
mente esta cocinera rompi6 algunos juguetes de los chicos, inclu-
yendo la méquina de calcular de la hermana. "Las chicu pierden
la paciencia. Me ponen nervioso.•• Luego, empezó a describir. el
modo en el que su hermana fuena a la gente para_ que se ponga de
su lado. Dijo: "Ella inventa sanciones tales como: el burro se mo-
riré si tú no... y el burro sí murió de pulmonía.''
Noté que le era fácil admitir el .concepto de una mujer con
poderes mágicos, como los que posee una diosa.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 151
Resultó que se produjo la aparición de un tema secundario
que. ulteriormente, adquiriría una importanciá primordial: al ha-
blar acerca del sujeto del garabato 10, él se refirió a una cualidad
especial de las sensaciones que pueden pertenecer a los instantes
que median entre el momento de despertar y el de finalización del
soñar. "Hay un relámpago, y entonces hay alguien que me mira. Es
siempre la misma mujer y entonces me despierto. ¡Es horrible! No
puedo dibujarla." Yo no tenía la menor idea de cuál podía ser el
significado o la trascendencia de esta aguda autobservación. En el
(11) sí logró aprehender algo de lo que vio: la forma de la cabeza y
el cabello sobre la espalda. Cabello negro largo.
En el (15) apareció la idea de un estado agudo de confusión, y
ahora veo que esta amenaza tenía relación con el temor de perder
el asimiento a los hechos y a las secuencias en el sistema de me-
moria, a partir de los cuales se podría determinar el sentido de algo
que él no alcanzaba a comprender en ese momento.
Proseguimos con nuestra experiencia de jugar juntos, y enton-
ces, en el (17), después de contarme el sueño, hizo la observación
de que la mujer no estaba ~lí cuando lo tuvo y cuando despertó
de él: ahí fue cuando estuvo en condiciones de situar el sueño "7
años, o menos"·· y- "antes de que la mujer llegara".
Yo todavía no lograba entender, y proseguí como si no
hubiera oído.
Ahora, en el (21), al utilizar el material de una serie de televi-
sión, llegó a la idea de una cocinera malhumorada e incluso con la
madre, y que a él le pareció como la idea de una bruja hecha reali-
dad.
Una vez concluida la entrevista, pude conocer por intermedio
de la madre algunas cosas acerca de esta mujer, que había trasto-
cado seriamente el ambiente familiar y a la que se tuvo que despe-
dir. Charles había situado correctamente el problema en la época
inmediatamente anterior a sus 7 años.
Sólo después de la entrevista pude relacionar el estado agudo
de confusión con la presencia de esta mujer - ·una bruja, desde su
punto de vista- y, específicamente, cuando ella estaba presente en
el momento en que él d.espertaba de un sueño, en especial de un
sueño excitante que provocaba una erección o una intensa necesi-
dad de orinar (véase material de (12) y (7)). La confusión estaría
entre el material del rueño y la experimentación de la vida real
cuando despertaba.
Esto sirve de base para un interesante comentario acerca de la
dificultad universal que sufren los seres humanos para despertar de
un sueño, tema que merece un estudio de la clase de los que se de-
dica a la más obvia dificultad en el momento de ir a dormir, justa-
mente allí donde adquiere significación lo que califico de fenó-
152 D. W. WINNICOTT
menos de transición. (Este tema de despertar del sueño se repite en
el próximo caso, el de Ashton.)
Sentí que ahora habíamos logrado lo máximo de lo que po-
díamos hacer juntos en esta única consulta, pero, como había
tiempo disponible, lo llevé hacia el tema de lo que llamo objetos
de transición.
(22) Ahora, dibujó su "adorable osito de juguete". No tenía ojos. Di-
jo: "Es fácil dibujar esto." Me dijo que su madre había tenido
miedo de que los alambres que sostenían los ojos lo lastimaran,
por lo que los sacó y ésta es la razón de que no hubieran ojos.
Agregó, sin embargo, que era tan joven en esa época que no se
percibió de que el oso alguna vez hubiera tenido ojos. También
me habló sobre un gran oso de juguete con una pierna de menos y
lo dibujó junto al otro. También habló sobre una de sus herma-
nas, que tiene predilección por los animales pequeños, y cómo
ella, algunas veces, prohíja al oso. En otras palabras: él sabía que
estábamos hablando sobre las comodidades asequibles en momen-
tos de tensión, como cuando uno está transitando de la ~ ha-
cia el estado de sueño. ··
Antes de detenemos, hablamos un poco acerca de la relación
con su padre. Aquí fue muy preciso: "Las dos chicas deberían de-
jar a papá para mí. Ellas se tienen la una a la otra."Evidentemen-
te, se sentía sumamente carenciado en términos de padre.
Luego, volvió a una nueva versión de la diosa maligna. Descri-
bió cómo una de sus hermanas echaba a perder todo el día al pe-
rro. Ella echaba a perder cualquier cosa, ya sea con un dolor de
\,)ídos o con cualquier cosa. Su declaración final fue: "Debería te-
ner lo mejor de papá, y no lo tengo. Es terriblemente aburridor."
Ví a la madre durante ·unos pocos minutos y me enteré de
que mi colega ya había dispuesto, inteligentemente, que Charles se
tomara vacaciones en la escuela.
Historia ulterior
En el transcurso de los seis meses siguientes, vi a Charles cua-
tro veces más, pero la primera entrevista continuó siendo la más
significativa, después de la cuál los padres lograron guiár el desen-
volvimiento de la vida de Charles y con el tiempo, encontrarle las
escuelas apropiadas.
Cuatro años después, cuando Charles tenía 13 años, recibí
la información de que estaba rindiendo bien en la escuela. Es pre- ·
ciso que suprima referencias detálladas sobre el enorme avance lo-
grado por Charles, por su familia y por el médico de cabecera, des-
pués de mis primeros contactos significativos con él. Desde el oun-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 153
to de vista de los padres, lo que todos hicieron a posteriori depen-
dió, en gran medida, de la comunicación de Charles conmigo en es-
ta primera consulta terapéutica y de la quita de importancia del te-
ma de la amenaza de confusión mental aguda.
La revista de la escuela ha publicado, hace un tiempo, un
poema escrito por este muchacho, se me ha au~rizado a reprodu-
cirlo: · · .,,
154 D. W. WINNICOTI
"Tengo que vivir"
"Tengo que vivir", declararon,
"pero yo no quiero vivir': dije,
"Me arrastraron fuera del estanque,
Me dieron vida,
Pero yo quiero morir. "
"Hoy en dia todos viven."
"¿Qué hay de malo en morir?, dije.
"Todo, dijeron,
"es la nada, la oscuridad, el mal", dijeron,
"Pero no lo es", dije,
"Quiero morir, he hecho todo lo que tenia que hacer,
Aquí soy un obstáculo,
Allí, muerto, estoy ausente.
He cumplido mi propósito,
quiero ver a Dios", dije.
"¿ Qué es Dios?", dijeron.
CASO IX "ASHTON", 12 AlvOS
El próximo caso que deseo presentar constituye el ejemplo de
una consulta terapéutica que se desanolló por sí misma merced a
su propio impulso y en la que el niño y yo llegamos a regiones sor-
prendentes. Un significativo resulta,to de esta consulta fue que el
muchacho --que cada día estaba más bloqueado en su desarrollo
emocional y que gradualmente estaba generando una personalidad
esquizoide- logró avanzar en su desarrollo: ahora se lo podía ayu-
dar, tanto en la casa como en la escuela.
En este caso, mucho dependía del resultado de la consulta te-
rapéutica. Si ésta no hubiera s1do eficaz, entonces habría sido ne-
cesario sacar al muchacho de su escuela y de su buen ambiente ho-
gareño y para ponerlo al cuidado de algún otro debía vivir cerca de
un psicoterapeuta: así la pesada carga del caso habrían tenido que
sobrellevarla el psiquiatra, o un equipo y una escuela especial, y
todo ello, naturalmente, a cargo de los padres, que no habrían po-
dido comprender qué era lo que estaban pagando. En verdad, el
muchacho utilizó la consulta en forma productiva, y cambió, en el
sentido de que ahora ya le era posible utilizar la ayuda asequible.
Los padres pudieron pagar con facilidad el trabajo que hice, se sin-
tieron alentados, y ciertamente gustosos de encontrarse en la nue-
va posición de poder brindar ayuda efectiva a su hijo y de obtener
la cooperación de la escuela.
Si se hiciese un intento por clasificar a este caso desde un
punto de vista psiquiátrico, habría que pensar en t.érminos de ex-·
quizofrenia incipiente, pero existe un límite para el valor del
catalogamiento de casos en psiquiatría infantil y, en particular,
cuando se . trata de hacerlo con niños en las etapas inmediata-
mente previas a la pubertad y a la adolescencia temprana. La ca-
racterística esquizoide del caso desapareció con bastante rapidez
del cuadro clínico en la nueva fase que vino a continuación del tra-
bajo que el muchacho y yo hicimos juntos. Este trabajo consistió,
como de costumbre, en poco más que en una comunicación: GO·
municación en todos los niveles, incluyendo uno muy profundo;
comunicación hecha posible por el gradual desarrollo de la con-
fianza del muchacho en las cualidades del ambiente profesional
que él encontró en mi consultorio.
Ashton fue derivado a mí por su médico clínico, que escri-
bió: ·
l 56 D. W. WINNICOTT
... excepcionalmente inteligente, pero por desgracia con la
mayor part.e de los obstáculos con los que tropieza la gente que se
aproxima a lo genial: es muy irritable, excitable y se preocupa por
su salud. Invariablemente se enferma y tiene fiebre antes de regre-
sar a la escuela. Recientemente desarrolló espasmos por hábito y
se volvió bastante düícil de manejar en su casa. Además ha estado
con ~rias dificultades en el sueño y las pesadillas le han ocasiona-
do muchos problemas... los padres difieren en cuanto al modo de
enfrentar la situació~..
'vi a Ashton primero (con excepción de unos pocos minutos
al comienzo, cuando lo vi junto con sus padres). La entrevista se
prolongo una hora y media. Al final, vi a la madre durante unos
dos o tres minutos, explicándole solamente que no la había visto
porque debía dedicarle todo el tiempo al muchacho.
Ashton resultó ser una persona verdaderamente excepcional,
tal como lo mostrará una descripción en el transcurso de la entre-
vista. Tenía una hermana casada, madre de dos hijos: era, en con-
secuencia, tío.
Nota. Doy el mínimo de información con el objeto de disi-
mular adecuadamente el caso. Por eso, inevitablemente se pierde
mucho, pero las principales características de la comunicación del
muchacho se aprecian con claridad.
No fue difícil establecer contacto. Prontamente tuve pruebas
de que este muchacho tenía gran inteligencia y de hecho lo mismo
se aplica a sus progenitores y a su hermana. Había colocado papel
frente a nosotros, y Ashton y yo comenzamos con el juego de los
garabatos.
( 1) Convirtió mi primer ~ara bato en un pez.
CLINICA PSICOANAUTICA INFANTIL 157
(2) Convertí el suyo en una serpiente con un encantador de serpien-
tes. · .
(3) Convirtió el mío en un pez que se trap una tortuga o una medu-
sa grande. Los garabatos le divertían mucho, y parecían tener una
significación especial para 61.
'
158 D. W. WINNICOTr
( 4) Convertí el suyo en una especie de perro.
(5) Transformó el mío en un conejo sentado.
(6) Convertí el suyo.en una cara.
CLINICA PSICOANALJTICA JNFANTIL 159
(jJ
(7) Transfonnó el mío en un zueco de madera.
(8). Convertí el suyo en el signo de la libra-esterlina.
(9) Convirtió el mío en un abrebotellas.
160 D. W. WINNICOTI
(1 O) Convertí el suyo en una especie de figura o muileca y a partir de
él, debatimos sobre los objetos que la pnte llffa consigo para
que le haga compañía cuando. va a donnir. Contó que tuvo dos
osos de juguete.
(11) Convirtió el mío en la cabeza de un pez, como el de un aviso pu-
blicitario que él conocía. En este momento pude introducir la
idea de los sueilos. ''Cuando sueilas, ¿ves cosas como ésta? (la ca-
. beza del pescado)."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 161
Entonces dibuj6.
(12) Detalle de "un sueño pavoroso, muy difícil de describir o de di-
bltjar". Es fantasmal y se mueve.• "Me at6 con trozos de cuerda.
Cuando la rompí, me mir6 en forma butante malipa."
De una manera que es difícil de describir, Ashton tomó en-
tonces la iniciativa de la entrevista. Hablaba de un modo sumamen-
te refinado, si bien, bastante pomposo, como si fuera una penona
de más edad, incluso erudita. Operaba, por así decir, a través del
intelecto, y tenía una pronta captación de los conceptos intelec-
tuales y las relaciones entre ideas.
Asbton prosigui6 hablando de sus sueilos y sobre ruidos t6tricos.
"No ae los puede .dibltjar: es como si una caa ae estuviera de-
rrumbando." "Una vez tuve una experiencia t6trica: estaba en la
cama, como no podía donnir, eataba escuchando música, es decir,
reCJeando una sinfonía de Beethoven en mi mente. Debo haberme
quedado medio dormido, porque cuando se produjo una pausa en
la música, el fragmento siguiente lleg6 como un ruido horripi-
lute en lupr del frqmento musical que corre,pondía."Bsto pa-
recía constituir un estado de cosu que era sumamente terrorífico
para 61; en cuanto a mí, para este momento resultaba bastante cla-
ro que la música significaba mucho para Asbton debido al modo
en el que ella se enfrenta con el ruidó caótico y desorganizado: la
música, para el muchacho, desplaza lu alucinaciones.
Aquí se prodltjo una pausa, y me narr6 c6mo había construido
en la clase de física, una mAquina "que ae suponía hacía fiauru
de arena si uno hacía un ruido". Prosipi6 contúldome al10 que
61 ~fic6 de muy aterrador: "Me di vuelta en la cama y vi que
162 D. W. WINNICOTI
las cortinas se alargaban de a~ para an,
por aí mismas. Lo peor
fue que, en el sueño, las cortinas quedaban hacia ac,, pero, al des-
pertar, descubría que no estaban hacia a~!' Luego dijo, como si
quisiera escapar del significado profundo de los sueños: "A los
sueños, como usted sabe, a menudo los rigen los sucesos del día
anterior. Por ejemplo: la luz del baño se apagó, de modo que la
noche siguiente soñé que la luz del baño se había apagado."
De esta manera, mantiene abiertas sus vías de escape. Después
de esto, hablamos de música y de pintura, como modo para lograr
el control sobre las alucinaciones.
Entonces dijo: "Hace poco hice una pintura abstracta; fue una
pintura bastante complicada, pero extraeré esta partecita para
mostrarle." Dicho esto dibujó:
( 13) Detalle que eligió para darme algo de su pintura abstracta.
(14) Esta es la totalidad de la pintura, y sé que yo mismo no habría
podido elegir el rasgo significativo.•
Esto resultó ser lo más importante de la entrevista. Sentí que
me había confiado algo sagrado, que me había dado la clave de su
pintura abstracta, pese a que una obra de esta clase es, por natura-
leza, tanto un escondite secreto como la demostración de una
constelación en la mente del artista. En ese momento sentí el desa-
fío para algo proveniente de mí. Había expirado el plazo, por con-
siguiente me aventuré a hacer una interpretación, con la esperanza
de que fuera correcta en alguna medida. Sabía que debía hablar en
términos de mecanismos mentales primitivos y dije: "Podría ser
una representación de aceptación y de rechazo simultáneos. ,,2
Ashton se excitó mucho ante esta interpretación. Exclamó:
"Cuando tracé este dibujo no tenía idea de que pudiera significar
algo. Sé que tenía algo que ver con una ilustración que había vis-
. io el día anterior; un monstruo que tenía una señora en la punta
de la lengua."
1 Los padres mé' enviaron esto en fecha posterior.
2 Pude haber proseguido para decir.que el objeto ea él mismo, flanqueado por las acti-
tlJdes opuestas de los padres (véase la carta del médico que me derivó el caso).
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 163
c.. 1
164 D. W. WlNNICOTT
Luego hice otra interpretación. Le dije: "Esta pintura, que fue el
estímulo para el sµeño, tenía un significado para tí; tenía que ver
con el amor que sientes por tu madre, el que comprende caracte-
rísticas primitivas tales como comértela. El monstruo, en verdad
eres tú." Agregué que· el objeto en el abstracto podría ser el pe-
cho o el pezón, y que la aceptación y el rechazo simultáneos po-
drían ser un conflicto en él (Ashton) porque se debía proteger a
la madre de que se la destruya, debido al amor primitivo que sen-
tía por ella.
Esta que hice fue una prolongada interpretación, y estimé
muy difícil que me entendiera.
Para mi sorpresa, Ashton dijo: "Entiendo perfectam~nte lo que
está diciendo, pero esto es nuevo para mí." Luego, siguió adelan-
te para describir la observación del bebé de su hermana tomando
el biberón. Descubrí que no se le había hablado acerca de la ali-
mentación natural del lactante (o él no había asimilado el conoci-
miento) y estuvo muy complacido por tener la oportunidad de
hablar detalladamente con alguien .sobre esa forma de alimenta-
ción. Como para rematar el asunto, agregó: "Esto me recuerda a
un cuento que papá le contaba a algunas personas y del que yo
no podía entender por qué se lo consideraba gracioso. Era sobre
un niño pequeño que había dicho: 'Si me gusta algo, me lo co-
mo'."
Aquí me sentí alentado para continuar hablando debido a su
excepcional captación ·de las ideas, y le expliqué todo lo que yo sa-
bía acerca de la teoría del sadismo oral y de las relaciones con los
primeros objetos, incluyendo los comienzos del sentimiento de
culpa que surge de 1~ crueldad de los sentimientos primitivos de
amor. Sabía que él estaba interesado y que estaba utilizando mi
breve clase.
Ashton estaba ahora ansioso de comunicar libremente sobre cosas
que le interesaban. Me contó acerca de un sueño en el que había
· un fantasma en la casa. Para librarse de él, utilizó una formula má-
gica que pudo relatarme con exactitud. Algunas de las palabras
eran conocidas ("invisible" "espurio", "madurado"); otras eran
inventadas. No pude tomar notas exactas de esta fórmula. Des-
pués, me narró un sueño anterior en el que había un coche viajan-
do con un hombre en él: "Había otro hombre en el coche, ya sea
sentado frente o atrás, y uno de ellos atacó al otro. Yo corrí en su
ayuda. Lo ate"ador fue que me di cuenta de que los dos hombres
eran yo mismo. "
Sabía que esto se había recordado y que me lo había conta-
do para que yo lo interpretara.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 165
Lo que dije fue: "Eso te aparta sutilmente del choque entre tú y
tu padre cuando ambos aman a mamá. Tú eres papá y él es tú.
Cada uno de ustedes pierde su identidad separada pero no tienen
que matarse."
Me di cuenta de que esto era lo que quería por el modo en
que prosiguió para contarme otro sueño de sus primeros años, el
sueño de un paso a nivel.
Dijo: "Un tren cruzó un paso a nivel y mató a un animal."
Desde mi punto de vista, el simbolismo aquí estaba claro: era
un sueño del peligro, para el niño, del coito entre los padres. No
dije nada.
Siguió directamente con su propio comentario, que ofreció las
características y el armado de la organización de su propia defen-
sa personal. Dijo: '' Ahora puedo ver que lo importante era· la
muerte del animal, pero lo que ·-recordaba, hasta ahora, no era
la muerte del animal sino el ruido def tren que se acercaba, y en-
tonces olvidé eso y recordé la músi~ que mantiene alejado al
ruido." ·
Aquí había, pues, una clara manifestación de música que se
enfrenta con el ruido, y de ruido que se recuerda en evitación de la
-1uerte del animal (niño). Muerte, aquí, significa concepción.
Juntos, Ashton y yo relacionamos este ruido con el sonido que él
sabía que producían los padres durante la relación sexual. Había
oído la respiración düicultosa del padre durante la cópula. Esto
condujo a la exploración ulterior del antagonismo entre hijo y pa-
dre. En su curiosamente pomposa manera, dijo:" ¿Está el hijo ce-
loso de la relación adulta del padre con la mujer o está el padre
celoso de la posesión infantil que tiene el bebé de la madre y de
su intimidad con· ella?" Agregó: "Creo que, en mi caso, el acento
se aplica sobre la segunda de estas dos alternativas." Después re-
construyó la posición del niño entre los padres en la cama: "Hasta
una cierta etapa, el niño estaría en posesión de la madre; después
de un tiempo, el padre retoma su relación adulta con la madre y
el niño es el que se elimina como lo fue el animal en el sueño del
tren y el paso a nivel!'
Debe reconocerse que la capacidad de este muchacho para
cap~ ideas y desarrollarlas estaba fuera de lo común. Pero no era
simplemente un ejercicio intelectual, como puede dequcirse del
hecho de que la entrevista ejerció un profundo efecto sobre toda
la estructura de su personalidad, alejando su cualidad extravagante.
Debía dar fin a esta hora y cuarto de entrevista, ya que me
sentía exhausto y porque no parecía probable que terminara por
166 D. W. WlNNJCOTT
un proceso natural. Ashton estaba completamente dispuesto a irse,
y evidentemente estaba muy satisfecho con lo que había ocurrido.
Procedimiento posterior
Cuatro meses después, Ashton tuvo una segunda entrevista
conmigo. Ambos voivimos a comunicarnos mediante el juego ·de
garabatos, pero no se produjo ningún hecho significativo. Esta en-
trevista fue necesaria debido a la necesidad del paciénte de reducir-
me a mi tamaño real. En otras palabras: nada puedo hacer a excep-
ción de lo que haga la base de las claves que ofrece el paciente, y,
en este tipo abortivo de sesión, el paciente se libera de la idea de
que soy un mago.
Los padres vinieron a verme para una larga entrevista y mos-
traron que, a pesar de que ambos poseen un elevado índice de in-
teligencia, no habían entendido en profundidad qué era lo que es-
taba sucediendo con el hijo. Hicieron buen uso de lo que pude
contarles de la entrevista. También proporcionaron muchos deta-
lles importantes que no pueden informarse aquí sin identificar.
Afortunadamente, no es necesario que dé esos detalles adi-
cionales, por cuanto éste no es un informe del caso sino la descrip-
ción de una entrevista psicoterapéutica en la que sucedieron
hechos significativos que condujeron a la dilucidación de los prin-
cipales síntomas del muchacho y del bloqueo esencial que le impe-
día utilizar a su familia y a la escuela.
Una descripción total, si pudiera ofrecerse aquí, mostraría a
Ashton como un muchacho que tenía (tal como declare al princi-
pio) muchas de las características generales de una personalidad
esquizoide, y que es casi un genio. Estaba en un proceso de dege-
neración antes de la fecha de la consulta, y después de la primera
entrevista adelantó en todo sentido y en especial, en la forma de
arte en la que es creativo: la música; por otra parte, perdió sus ata-
ques febriles que regularmente le impedían ir a la escuela desde la
casa, y realizó excelentes progresos educacionales estando por en-
cima de su edad en todos los aspectos.
En esta clase de casos la entrevista no puede lograrlo todo:
cuando mucho, desatasca algo en el lugar donde el desarrollo del
paciente está atascado. Aquí la mayor comprensión de los padres,
después de que les hice saber cómo había usado él su hora conmi-
go, fue de importancia especial. También muy importante, en este
caso, fue el esfuerz·o especial del colegio para comprender y tolerar
esta extraña lucha personal del muchacho y para valorar·su espe-
cial talento.
El que se pudiera atender el caso sin que hubiera necesidad de
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 167
que el muchacho abandone su casa, representó un gran alivio para
los padres.
Resumen del caso
(a) Caso de un muchacho, 12 años, que presentaba síntomu clínicos
de personalidad esquizoide, con un buen hogar, y con una escuela
que deseaba cooperar. Elevada inteligencia.
(b) Fase preliminar de juego.
(e) Imaginación que conduce al sueño.
(d) Sueño que conduce al informe de alucinaciones auditivas y vi-
suales.
(e) Segunda fase, en la que el muchacho se arriesgó a exponer el tema
central de su "pintura abstracta", cuya interpretación, en térmi-
nos de conflicto, resultó ser el momento dinámico de la entre-
vista.
(/) Fase siguiente, en la que el muchacho refonó con un material
rico del que nunca tuvo la esperanza que se entendiera: esto llevó
a descubrir el complejo de Edipo.
(g) El muchacho utilizó esta entrevista de una manera tal que su sin-
tomatología básica se aclaró. Su tipo de penonalidad siguió sien-
do algo esquizoide, pero su tendencia a la degeneración psiquiá-
trica se transformó en un definido movimiento de adelanto con
respecto a su desarrollo emocional.
Conclusión
Debemos llamar la ,atención una vez más sobre la oportunidad
única que una primera entrevista ofrece en psiquiatría. El efecto in-
mediato de la primera consulta fue que Ashton dejó de tener una
temperatura elevada y· de sentirse mal siempre que se aproximaba
el regreso a la escuela, a la que volvió encontrando muy rápida-
mente un nuevo lugar en la comunidad local. Al fin de ese curso
lectivo, pudo interpretar con éxito un movimiento de un concierto
para piano de Beethoven en la escuela.
En verdad, Ashton se convirtió rapidamente en uno más de
los muchachos de esta escuela, en el sentido que no se lo segregó
por las rarezas y las peculiaridades de su personalidad. Su interés
en la música se desarrolló y pudo decirse que le quedó un síntoma
básico, una indecisión con respecto a su carrera: ¿debía ser ejecu-
tante o compositor?
Seis años más tarde, Ashton pidió verme otra vez. Ya era un
estudiante de música serio. Probablemente no recordó ninguno de
los detalles de la primera entrevista. Lo que me trajo fue un con-
168 D. W. WJNNICOTT
flicto, el mismo que el que le había quedado de cuando era cole-
gial: ¿debía ser ejecutante o compositor? Todo lo que hice en esta
ocasión, fue recordarle el gennen del conflicto que se había mani-
festado ya en su época de escolar y a la verdad en el material de la
consulta terapéutica inicial. Desde mi punto de vista, el conflicto
estaba presente en su pesadilla, en la que era ambos hombres, el
conductor y el pasajero, y en su incertidumbre respecto a quién
era más maduro, si él o su padre. Me contenté con dejarle emplear
la vida misma para hallar la solución de éste, S\l problema personal.
CASO X "ALBERT", 7 AROS Y 9 MESE$
Ahora deseo presentar otro caso que ilustra el mat.erial bas-
tante obvio que ae obtiene mediante est.a t.écnica natural de regis-
tro de historias. El niño odiaba a su hermano.
Está en la naturaleza de este C8IO la ausencia de cualquier di-
ficult.ad en las et.apas inicíales de nuestra relación: ·vino direct.a-
mente hacia mí nµentras la madre, que éstaba con el hermano, tra-
t.aba de encontrar un sitio para est.acionar el coche. ·
La ~re me había comunicado en una carta el desarrollo sa-
tisfactoiio que había tenido Albert, con_ la salvedad de -~ di-
ficult.ades que incluían pesadillas; t.ambién me enteré de que este.ba
preocupado por las ideas sobre lo que está bien y lo que está mal.
"Es casi dern·asiado tranquilo."
Este era, evidentemente, un caso en el que podía emplearse
la t.écnica del garabato, de rnocto que comenzamos de inmediato
con el juego.
(1) Mío, que conwti.6 en un pato.
Me contó acerca de su familia.
Hermano 8 dos y 9 meses
Albert 7 dos y 9 meses
HetJUDa S dos y medio
Hermano 3 dos y medio
170 D. W. WINNICOIT
Respecto de la escuela, dijo que era curioso que poco tiempo
atril fuera el mayor del CUJSQ y que ahora es el mú joven de la
primaria.
Estaba sentado en la .Ula azul para adultos que le había alcan-
zado, y yo estaba en la silla para niños, que utilizo porque es con-
venient.e para escribir notaa en el cliv4n. ·
ln~rrumpió lo que esUbamos haciendo para decir: .
"~ mejor quo usted se siente en esta silla azul, porque esa liJlita
debe sede incómoda."
Por fo tanto, sobre esta base reorclenamoe las cosas. Esta cor-
t.esía, si bien agradable, parecía empalmar con las palabras "dema+
siado tranquilo". ·
(2) Suyo. Lo convertí en wia flor. Dijo que '1 lo habría comw-
tido en el mar.
CLINICA PSICOANAJ.ITICA INFANTIL 171
En este momento, yo sabía que aquí ya estaba el tema impor-
tant.e, y me pregunt;é cómo· el garabato podría habene convertido
en el mar.
(3) Mío, que con'rirti6 e11 la ilustración de un cuento. La parte del p-
rabato tenía en su extremo superior UD hombre de metal. Abltjo,
en el mar -que 61 colocó en el fondo del acantilado- estaba sir
Lancelot en una pelea con el rey Arturo. En el cuento, de alau-
na manera, el hombre de metal cae por el acantilado, mata a al-
guien y aolpea con UD hombre que aparece en el transcuno de la
auerra. e
Para este momento, ya había llegadu a la conclusión de que
t.enía que haber algo especial con el mar, así como con las monta-
ñas y el barro, porque no había posibilidad alguna de que los hu-
biera sugerido el garabato y en razón de la peneverancia de la
idea. No t.enía indicios del significado que él daba a estas cosas.
172 D. W. WINNICOTT
(4) Suyo, que convirti6 en dos personu que huyen "de un monstruo
ppnteaco".
(S) Eligi6 dibttjar ,1. Era un avi6n.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 173
Yo había tratado de continuar con los sueños a partir de la
idea del monstruo. Hablamos sobre sueños y se refirió a las pesa-
dillas. Pero pronto estuvo hablando sobre jugar con su prima ma-
yor, que parece estar confundida con su sexo, como si quisiera ser
varón. También su hermana dice que quiere estar en el ejército;
que las chicas pelean y que, si fuera varón, podría boxear en la es-
cuela: quiere boxear porque es buena haciéndolo. Entonces él le
concedió un premio consuelo y dijo: "Pero ella realmente puede
hacer danza .clásica." Tienen material para disfraces que les dio un
amigo y se disfrazan con frecuencia. En estos juegos, su hermana
quiei:e ser una princesa o un hada. Alguien dijo que se la debería
colocar en la copa de un árbol en la plaza Trafalgar. Cuando él se
disfraza, lo hace de cualquier cosa..."pero todavía no he sido un
dragón". Ha sido un gigante y un príncipe, y entonces se sumergió
en la idea de vestirse como una chica, ilustrándola.
174 D. W. WINNJCOTr
(6) Esta es una vista posterior, y muestra un pailo sobre su cabeza.
Los botones de la camisa se abotonan por detrú porque eltA
puesta al revés. Ueva una red. Esto parecía bastante importante.
"Se la arroja de repente sobre alguien-y entonces se lo pone en la
deapema."Continu6 hablando sobiecoclnar pescados, dando a en-
. tender que a esta aente se la comerva cooptada hasta la próxima
comida. Esta idea parecía estu conectada con la de vestirle como
mltjer. ,
(7) Quiso dibajar esto en el reveno del nº 6, porque es el frente de
la figura. Aquí la camisa tiene remiendos: eso muestra que ea vie-
ja. Se puede ver la falda, dijo él, y sus pies que apenas sobresalen
del extremo. "Ese soy yo desde el frente". explicó. Aquí parej;:ía
haberse representado un tipo bastante curioao de mujer, lo que
llevaba a la idea de una bruja, y las brujas le preocupan. "Son mal-
vadas. Y tienen muchas joyas. Eso pertenece a otro jueao. Había
una majer mala que robaba tesoros y los escondía. Mi hermano
llegó y me mató. Yo era el hombre bueno y él el malo."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 175
Esta fue la primera prueba neta de su relación de lucha a
muerte que se incluye en su total relación con el hermano.
"Y entonces también está otro muy raro: Hay un gigante malo."
El hennáno de Albert está persiguiendo al gigante malo. Corren
alrededor por todo el jardín. Se les cae toda la ropa y su hermano
cayó de bruces. Tenía una lanza, dos dagas y una espada. Hacía
"buf, buf, buf', tirando puntazos en todas direcciones. "Uno me
hirió y caí muerto."
Pensó que era bastante curioso que tuviera que estar muerto en su
propio sueño.
Le pregunté acerca del bien y del mal. Una vez fue "medio bue-
no" en un sueño porque era malo pero había fingido ser bueno.
Un gigante, vestido para parecerse a una de las muñecas princesa,
capturó a la princesa. La encerró y la mantuvo como rehén. Esta
princesa era él mismo. El hermano la rescató. En un juego, su her-
mano menor arrojó una bomba que era una pelota de fútbol. "Yo
era la mujer malvada. Me tocó y me morí."
Le dije: "Parece que has muerto muchas veces."
Aquí se sacó la chaqueta y dijo que hacía calor, y se le ocurrió
l~ idea de que yo podía ver su uniforme escolar. Dijo: "Soy el
más alto -es decir en su familia- pero no el mayor. Es útil: mi
hermano me dice cómo es la escuela, así que sé como portanne."
Volví a preguntarle acerca de lo bueno y de lo malo, y el dijo que
lo malo es patear y golpear a la gente cuando uno pierde los estri-
bos; cuando ocurre llSO, golpea a todos y, en especial, a sus ami-
gos.
176 O. W. WINNICOTT
(8) Aquí hizo su propio garabato al que él mismo convirtió en úna.
nave espacial.
· (9) Mío, que transfonnó en un pez.
C'LINICA PSICOANALITICA INFANTIL 177
( 1O) Suyo, que yo transformi en algo.
Entonces nos acercamos más al tema de los &Ueños reales.
Uno tétrico tiene que ver con una bruja.
178 D. W. WINNIC'OTT
(1 l) Esta es su intención de _dibujar a la bruja; es más bien pequeña,
pero lu hay grandes. Tiene un sombrero grande porque alli ea
donde ¡uarda todos sus libros de magia. Le dije: "Creo que la dí-
baju pequeila porque la idea de ella te asusta tanto.,, La escoba
tiene que ver con su magia.
( 12) Este es el mago. Lo dibaj6 uí de grande como si estuviese menoe
atemorizado (sepn mi punto de vista). En tomo de esto se elabo-
ró un amplio relato: c6mo vive en un cutillo; encuentra que el
castillo tiene fantasmu porque en él hay huesos humanos. (Sub►
tituci6n de la idea de 10· fantasmal para humanos por castillos con
fantasmas en ellos.)
El mago golpeó la cabeza en la puerta. Esto, naturalmente, alteró
la puerta en razón de la magia. Hay una gran puerta de madera
asegurada con cerrojos de hierro. Nadie sabe dónde está el tira-
dor: él la abre por medio de su magia. Bien en lo alto puede ver-
se una de los monos mágicos que tienen alu. Esos monos cazan
a la gente. El mago tiene una barba larga.
Traté de llegar a la conexión que podría existir entre la bruja
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 179
)' ti trabltjo de laboratorio de 1Us padres, pero era neutro sobre la
polibilidad de que hubiera una conexión. Esta idea no eondujo a
nada.
Habló de la bruja como si ella siempre quisiera volar hacia el ma-
go. Pensé que esto daba a entender que él no estaba profunda-
mente comprometido en el simbolismo de la bruja, y no tengo
medios para discernir si este detalle se debía a un muy profundo
miedo de la idea de la bruja o a que Albert había avanzado desde
la idea de las brujas y los magos hasta la de mujer y de; hombre, y
pro¡enitores.
"La bruja dio vuelta alrededor de la luna tres veces. Sólo le tomó
unos 1>ocos segundos. Se quedó cinco años en la isla donde murió
Napoleón. Sí, Elba. A ella le gustaba (Napoleón)." Aquí insertó
un poco de lenguiüe atemorizado, incluyendo una curiosa manera
de pronunciar Napoleón Bonaparte. "Ella quería morir en la isla
también." Aparentemente, el mago está en la misma isla.
Luego habló sobre sueiios lindos con hadas , y dibujó
(13i Esto muestra un hada. "Los varones no son hadas: son ángeles."
Hacia el final, puso ropas al hada. La varita es para hacer la magia,
de modo que uno obtiene lo que desea.
180 D. W. WINNICOIT
Aquí quiso cambiar a otro juego, un "juego de aombnl'OS"
de modo que tuvimos una sesión de "cabezas, cuerpoa, put!IIS~. ,.
. - .•.
. :•:f.'f' -r· ,,··
l+c.
j
l
• :\,o.( l •¡
.......
j
'- i,. ~
t
A.e
' ~ f' !
#'•
(14) y
(15)
Resultó que cada uno de noaotroa, cuando llegó el momento
de dar nombre a la cantidad desconocida, había utilizado la .pala-
bra Henry, el nombre de su hermano-mayor, de modo que noa reí-
mos de.él.
Le pregunté si sabía por qué babia venido y pareció no t.ener
la menor idea del motivo. Lo· principal fue que, por venir; había
faltado a la clase d, historia, su peor asignatura. ·
Dijo: "Realmente, quise venir, así podía faltar a la clase de histo-
ria." Despu6a me explicó otro juego que quería hacer, que se lla-
ma el ahorcado. ·
C'LINIC'A PSIC'OANAI.ITIC'A INFANTIi. 18t
(16) Esto lo ilustra pero, realmente, no sabía c6mo se jugaba.
Parecíamos estar cerca del final, en especial porque él podía
ver el coche de la madre por la ventana, pero le pregunt.é una vez
más sobre el bien y el mal Bien significa satisfecho, mal es horri-
ble. Permitió que la palabra horrible lo llevara hacia la cosa más
horrible de su vida. Pareció tener esto muy en claro.
182 ·o. W. WINNICOTT
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( 17) Ilustra lo horrible. "Cuando casi me aho¡u6." Mencionó cierto
río. Aquí estaba el material que se había inmiscuido en la primera
parte del jueao de garabatos: un río, una isla, colinas y barro y un
puente con un objeto de metal que lo cruza, un camión. Me ex-
plicó cómo su padre lo había rescatado. El dibqjo no es realmente
una ilustración del incidente real, del que dijo que no había sido
demasiado malo. No se habría ahogado aun cuando su padre no
lo hubiese rescatado. El dibqjo era una especie de elaboración
imapnativa del incidente en el que el camión cae del puente y ma-
ta a Henry_: aquí había una clara representación de la rivalidad
con su hermano con respecto al padre.
Estaba oyendo un incidente real_ descripto como un su~ño.
Lo Uev6 hacia una descripci6n m-. detallada de su amor por el pa-
dre, y de sus celos del hennano, "que es. un provocador." . Se sin-
tió muy dispuesto a entrar en un juego verbal, de acuerdo con qué
sería muy conveniente, a veces, que a 111 hennano se lo hubiera
matado de un modo u otro. Realmente era un caballero armado y
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 183
eso fue lo que cayó y golpeó a Henry, y esto se combinaba con
el juego de sir Lancelot.
Había terminado ahora con lo que quiso hacer y salió para
traer otro volumen de los libros de historietas de Asterix, y se
habría ocupado con eso si yo no le hubiera dicho que había termi-
nado el tiempo. Parecía conocer la historieta y me dijo que podía
hablar francés, pero no leerlo. Dijo: "Creo que quieren librarse de
los romanos", lo que es, realmente, un comentario preciso sobre
el quid de "Asterix" Le dije: "¿Por qué?" y contestó: "Bueno, no
les gusta pagar los impuestos (a los romanos)."
En la sala de espera la madre estaba bebiendo café frío y el
hermano menor se sentía muy feliz comiendo el azúcar. Albert se
unió a ellos y comió los bizcochos. Se produjo una salida muy sim-
ple y amistosa, en lugar de abundantes miradas hacia atrás dicien-
do adiós.
Después de esta consulta, Albert pareció salir de la incerti-
dumbre acerca de su identidad. Los padres me han mantenido en
contacto con este caso desde hace unos años, y no se ha producido·
una recaída hacia su antiguo estado de ser "casi demasiado tran-
quilo". Ha progresado mucho desde el punto de vista educacional.
Del inaterial surgió claramente que odiaba a su hermano mayor, lo
que no había admitido ni ante sí ni ante alguna otra. persona, esto
dio, como resultado, una supresión general de agresividad que afec-
tó toda su personalidad.
Un detalle interesante del caso fue la manera en que el agua
hizo intrusión en los dibujos segundo y tercero del juego de garaba-
tos, y luego, al final, apareció sorpresivamente en el incidente real
al que se narró bajo la forma de un sueño.
CASO XI "HESTA", 16 AfíOS
Este caso brinda otro ejemplo de comunicación del tipo espe-
cíficamente inherente a la entrevista profesional. El tre bajo que rea-
lizamos esa chica y yo no condujo al esclarecimiento de su sintoma-
tología; pero sí sucedió que los padres y el médico de cabecera -és-
te último activamente a cargó del caso-, sintieron que, después de
la consulta, estuvieron, por fin, en situación de poder hacer lo que
creían necesario. Antes de la entrevista estaban obstaculizados por
la incapacidad de Hesta para reconocer que estaba enferma. Des-
pués de la consulta, pareció querer ayuda. Abandonó la inconsis-
tente pretensión de ser capaz de manejar las cosas por sí sola y se
volvió casi infantil; podría decirse que•. a pesar de sus 16 años,
se volvió una niña de ocho. Los padres encontraron una jovencita
adecuada capaz de desempeñarse como enfermera de pacientes
mentales para que la atendiera a ella, alguien que aunque des-
provista de formación especial, estaba naturalmente dotada
de comprensión y tolerancia. Este plan funcionó bien porque, aho-
ra, Hesta había podido permitirse ser una persona enferma. Conti-
nuó insistiendo, empero, en que sus diversos médicos eran amigos.
Ulteriormente tuve otras entrevistas con esta chica y encontré
que continuaba usándome de una manera particular; como a al-
guien que está disponible con solo llamarlo. Mientras tanto,depen:
de en gran medida de sus padres y de su médico clínico. El futuro
de este caso no está claro todavía, pero la consulta terapéutica que
describiré, provocó un cambio significativo en la situación total.
Hesta es la tercera de cuatro hijos de una familia intacta.
Ahora presento el caso en detalle, y deseo que el. lector me acom-
pañe a través de la consulta terapéutica. Todo lo que sabía del caso
provenía de una carta que me envió el médico de la familia. El
problema principal era que Hesta, de 16 años en la época de la
consulta, había estado nerviosa desde su primera menstruación,
que se le presentó a los 14. Por aquellos momentos, la relación en-
tre los padres atravesaba un estado de crisis, que más tarde fue re-
suelto.
A los 15 años, Hesta padecía de insomnio, era hipersensible a
lo que los demás pensaran de ella, y se sentía agobiada por una
sensación de inadecuación, tanto en la escuela como en su vida
personal. Tenía miedo de ser lesbiana. Aquí, las anormalidades psi-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 185
quiátricas se manifestaban en fases, cada una de las cuales aparen-
temente se reducía o se convertía en otra. Clínicamente, era dable
observar una oscilación maníaco depresiva. Ella misma sostenía
que no estaba enferma.
A los 16 años enfermó_seriamente, presentando síntomas de
conducta extravagante. Se temió que cometiera suicidio. Se negó a
que la hospitalizaran. Atendida en el hogar, gradualmente perdió
su hostilidad generalizada y engordó: se pensó que estaba compor-
tándose como si tuviera 1 O años, haciendo muecas y hablando con
personas que no estaban presentes. Su cociente de inteligencia ya
había sido estimado en 130 puntos aproximadamente.
Hesta y su madre parecían amistosas y, después de unos mi-
nutos en los que los tres charlamos sobre la familia, la madre deci-
dió dar un paseo por el barrio. Así quedé a solas con una chica de
16 años, bastante robusta, potencialmente hostil y un tanto end~
mingada, (uno sentía que le habían dicho que vistiera sus mejores
ropas porque iba a ver el doctor).
Era un día muy caluroso. Apenas finalizadas mis vacaciones,
me sentía reacio a trabajar; se lo comenté y pareció caerle muy
bien. Habló un poco de sí misma. Tenía algunos problemas con la
escuela y dijo que quizá tuviera que cambiarse. Aparentemente no
se iba a presentar a los exámenes y, de todos modos, habría fraca-
sado porque no había hecho ningún deber. Esto fue lo más lejos
que pude llegar en la descripción de algo anormal. La actitud ·de
Hesta era fija: ella estaba muy bien y era completamente normal;
el único problema:"tenía padres anormales". Me manifestó que los
problemas tenían que ver con mamá y papá. Dijo: "Si me dejaran
sola, todo estaría bien." Y agregó: "Cuando yo tenía 13 o 12
años, hubo una época en que papá y mamá no se llevaban bien,
pero el problema principal surgió cuando tuve 14 años, cuando su-
frí una depresión bastante seria.,, No le impresionó la teoría de
que en ese momento estuvo enferma debido a sus menstruaciones.
Todo se volvió fácil cuando nos pusimos a hacer el juego de
los garabatos: esto es algo que ella ya había estado jugando con un
muchacho en el campo. Ama el campo y odia tener que volver a
Londres. Ni bien comenzamos el juego se hizo evidente, que era
capaz de abocarse a un trabajo con seriedad, si es que le despertaba
interés.
Una vez más, insisto en que se tenga presente que el juego de
los garabatos no es la parte esencial de la entrevista: simplemente
es parte de la técnica adoptada, y tiene la ventaja de que se auto-
rregistra lo cual facilita el retomarlas con el objeto de efectuar la
presentación.
186 D. W. WlNNICOTI
(1) Mío. Al principio Hesta no· podía ver nada en 61, pero expresó:
"Tomará tiempo.., y se puso a trabajar en 61, al poco tiempo, pro-
duciendo un ratón o un ratón-perro.
Como se verá, muchos de los dibujos llevan comentarios de
Hesta que fueron escritos por ella precisamente al final, cuando
quiso revisar toda la serie para tener bien en claro cuál era el tema.
de cada uno.
Fue significativo que Hesta se aplicara al trabajo, interesán-
dose ·por lo que hacía y sintiéndose cómoda en su relación con-
migo. Podía trabajar.
(2) Suyo, que se hizo en dos fases : un movimiento circular y una V
agregada. Lo transformé en una chica. Ella estaba gritando "So-
corro", lo que nos condujo a hablar de los Beatles.
Esta idea surgió en mí, y en modo alguno la sugirió su garaba-
to. En este trabajo me permito la libertad de ser espontáneo e im-
pulsivo, lo que no interfiere con el proceso en el joven paciente.
El lector tiene derecho a su propio punto de vista respecto de lo
que pude haber tenidQ en mente y que me hizo emplear este tema.
(3) Mío, que convirtió en un pez que salta del mar. Al final lo bautizó
"Pez bailarín,..
Esto demostró la capacidad de Hesta para el juego de imagi-
nación creativa. Utilizó algo de la fuerza de mi garabato para otor-
gar fuerza al pez. Esto puede analizarse en términos de "apoyo al
yo", que, por supuesto, puede ser excesivo. Este dibujo me hizo
sentir que Hesta tenía el coraje que le permitiría, en el transcuno
del tiempo, utilizar sus experiencias instintuales en vez de sentirse
atemorizada por ellas.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 187
188 D. W. WJNNICOTI'
(4) Suyo, que ella misma vio como una cara. Mas tarde la bautiz6
"Hombre siniestro".
Esto por supuesto, era todo trabajo suyo, e importante, por
lo tanto, ya que mostraba un tema propio de ella. Era probable
que yo ~e hubiese convertido en un hombre siniestro. Se puede
pensar, tanto en términos del padre como figura sexual, como de
un hombre con intenciones malignas, como por ejemplo, un médi-
co que tratara de atenderla en nombre de los progenitores, esto es,
curarla <Je alguna manera que amenazara su individualidad. No
efectué interpretaciones, y, de este modo, permití que coexistieran
todos los diversos significados. ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 119
o
l
(5) Suyo, que convertí en un teléfono. Ella' y yo esttbamoajupndo
juntos y aentí que eattbamoa oomodoa. En un momento dado, di-
je, como si fu6ramoa cómplices de travesura: " ¡Espero que mamt
crea que eatamoa trabajando!"
(6) M(o, que transform6 en ''un hombie en forma de pelota de ru1by
coo ,t>ecu"; mú tarde qrea{> "norteamericano". Mostraba perse-
Yerancia con la idea de un hombre, permiti6ndose, en es~ oportu-
nidad, comicidad y mofa.
Llegados a este punto, le pregunté si habría elegido ser varón
o mujer: pareció conocer el problema y habló de él en forma bas-
tante filosófica, estableciendo, como base de su argumentación,
que a la gente le gusta ser lo que es. Esto dejó una vía abierta a la
idea de la fantasía, y me dijo: ¿Cuál habría preferido ser usted?"
"Bueno, pues, conmigo las cosas son así; soy hombre y me gusta
sedo, pero sé lo que es pensar de la ot~ manera" ~tcétera, etcé-
tera.
190 D. W. WINNICOTT
Puede observarse aquí, una vez más, cómo me doy libremente
en este tipo de entrevista.
(7) Suyo. Ella sabía qué cosa le parecía, pero me pidió que lo elabo-
rara a mi manera. Al final, traté de dibujar su idea: era un cacho-
rro de dinosaurio. "Es estúpido." Más tarde lo bautizó Cyril. Se
sentía verdaderamente muy satisfecha con este dibujo y pensó
que podía ser el mejor de todos los que haríamos. Aquí estli de
nuevo la fantasía relacionada con hombres y, quid, con la en-
vidia del pene, pero tampoco di aquí una interpretación, ya que
no quería restringir la comunicación a un simbolismo específico.
(8) Mío que, de una manera muy imaginativa, convirtió en el perso-
naje de "las alubias mligicas". Mú tarde le agregó una boca y en
el mismísimo final volvió al dibujo y agregó las alubias.
Se podía decir que Hesta volvió a ser activamente creadora, lo
que es algo que una chica puede hacer tan bien como un mucha-
cho: no ·es preciso un pene. Le dio al muchacho un logro masculi-
no, al hacerlo trepar el tallo del poroto y, al final quizá lo humilló
al subrayar el aspecto pregenital, u oral, del tema ( con el agregado
de la boca y de los porotos). No interpreté.
(9) Suyo, otra vez un garabato en dos fases. Lo convertí en un mu-
chacho y una chica juntos. De esto pensó que esta8a "muy bien"
y al final lo bautizó Tango.
CLINICA PSICOANALITICA INF ,NTIL 191
192 D. W. WINNICOTI
Podría decirse que mi t.ema fue una especie de int.erpretación,
una observación sobre la noble naturaleza de su garabato.
\\o,\
"=="""='== ) ptwA Y~=··=
· = ,=º,=-u·
(10) Mío. Supo de inmediato qué quería hacer con esto y lo convirtió
en un escolar con un sombrero. Al final me dijo que podría ser
• ella misma, y, cuando lo min, pude ver que en un autorretrato
bastante bueno. Quedé asombndo por la manen en que ambos,
de una manen u otn, habíamos loando el retnto de esta chica.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 193
En un momento dado me dijo cuánto le gustó uno de los cua-
dros que había en la pared de mi consultorio y recorrimos la habi-
tación examinándolos a todos. Es evidente que posee aptitudes pa-
ra el dibujo. Algunas de sus curvas indudablemente eran hermosas.
Desde mi punto de vista, había una relación entre esas curvas y las
de su propio cuerpo, si se tiene en cuenta que es muy grande y sin
embargo no era realmente gorda. Sentí que ella tenía conciencia
de su físico de una manera muy natural y, de un modo que indica-
ba autoaceptación. Aquí es posible ver el juego con el sombrero
por parte de la aceptación de Hesta de sí misma como mujer y la
disminución de su envidia del pene en el entretenimiento con
sombreros y otros símbolos del órgano masculino que aparecen en
forma natural en la ropa de las mujeres, en sus logros intelectuales
y en cien maneras más que indican a los muchachos y a los hom-
bres que en la mujer el tema de la envidia del pene está cada vez
más bajo control, junto con el descubrimiento total que ha hecho
del uso, como mtJjer, de su cuerpo y de su personalidad femeninos.
En ese momento, sentí que me estaba convenciendo de la ca-
pacidad de Hesta para aceptar la pubertad y para crecer y conver-
tirse en mujer adulta.
Piensa que sed maestra en un judín 'de infantes. Por supuesto,
podría intentu, ser actriz, pero no espera que eso la conduzca a
parte alguna.
194 D. W. WINNICOTT
11
I.
( 11) Suyo. Advertí que, en muchos de sus garabatos había un movi-
miento de dos fases y me prepnté si esto tenía alguna utilidad.
Mientras medita ta _sobre esta idea vacilé, y Beata sugirió que en
el juego debíamos introducir la siBUiente regla: si uno no puede
convertir en algo el garabato de1a otra persona, se.la desafía y de-
pende de ella convertirlo en alto. Por lo tanto, la desafié y trans-
fonn6 su· garabato en una persoha de dos fases con un niilo en ca-
noa. ..Es evidente que la persona es feliz, pero el niilo esti indife-
rente."
. Este fue, una vez más, su propio trabajo, y el tema es, por lo
tanto, significativo. Sabía que tenía frente a mí el dibujo de algún
aspecto trascendente de ~a relación de Hesta co!'_ la madre, que se
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 195
siente feliz y dueña de sí misma, mientras que Hesta se siente ex-
cluida y sola. Probablemente, éste fue un comentario sobre el jue-
go, ya que Hesta se sintió incluida en él, de modo que podía de-
cirse que ella y yo estábamos jugando juntos, cada uno con su
oportunidad de sei' creativo. Aquí existen condiciones a las que me
he referido en mi trabajo sobre el juego (Winnicott, 1968), en el
que sostengo que "la psicoterapia se hace en la zona de superposi-
ción entre el juego del paciente y el juego del terapeuta".
(12) Suyo. Este fue otro garabato con el mismo dibujo bastante deli-
berado y con dos fases, una aguda y la otra redonda. Lo convertí
en una chica que se está secando después del baño: esto le agradó
mucho y, finalmente, lo llamó'"Dama en Plymouth", donde ella
sabía que yo había pasado mis vacaciones. Consideró que era una
muy buena ilustración.
196 O. W. WINNICOIT
En algún momento, yo traté. de llegar a un estrato más pro-
fundo haciéndole preguntas acerca de los sueños. Si elijo bien el
momento, cuando el niño ya ha alcanzado fantasías de calidad su-
mamente personal, de ordinario descubro que está deseoso por co-
municar unos pocos sueños, quizás uno "soñado la noche ante-
rior", como si estuviera preparado para la consulta. Por lo tanto,
en este punto tuvimos algo de charla sobre los sueños.
Uno curioso: estaba dando exámenes para cwsos especializados
con Jimmie. En vez de cubículos, había mesas que parecían te-
ner como "rosbif" y "hueva de bacalao". Probablemente, ella fue
a la mesa equivocada.
En otro sueño, el padre era gemelo de sí mismo. En un tercero,
un avión chocaba. "Por desgracia, los sueños con vuelos han cesa-
do porque de pronto me di cuenta de que no puedo volar."
Hablamos un poco sobre lo lamentable que era que ella no
pudiera volar en la realidad, y en cierto sentido estábamos tratan-
do en detalle todo el asunto del principio de realidad y sus caracte-
rísticas aburridoras, en comparación con la libertad del sueño.
Dijo que recordaba sobre los sueños de volar cuando hablaba a su
padre de los p,jaros, por \o que había un momento real de desilu-
sión en un momento específico cuando estaba en compañía del
padre.
Tomé nota mental del hecho de que tenía dificultades para
llegar a un acuerdo con la escisión que existe entre el sueño y la
realidad que se present.á al despertar. No hice interpretaciones ni
referencias sobre estos temas.
(13) Mío, que convirtió en Harpo Marx. Le tenía mucho afecto y, en
una época, se sintió identificada con él. El actor murió, pero es-
cribió un libro llamado Harpo habla. Apenas si tenía cabello, pero
siempre llevaba su peluca rizada.
Aquí, pues, ella se había permitido una identificación mascu-
lina apropiándose del valor del éxito, amabilidad y puerilidad de
Harpo; la peluca y la mudez también suministraron los remanentes
del sentido de inadecuación de Hesta en la fase fálica, problema
que también había exhibido en los deberes escolares, a pesar de su
inteligencia superior.
CLINICA PSIC'OANALITICA INFANTIL 197
/
/
(14) Suyo. Aquí había otro de isu serie de garabatos con las dos fases.
Simplemente dije: "Dej6moslo ahí: para mí parecen los princi-
pios masculino y femenino." Entendió lo que qUise decir y le
agradó dejarlo; dijo que lo titulada "Contrute".
198 D. W. WINNICOTT
.¡
1 '
(15) Suyo, otro garabato de dos fases, que convertí, con bastante rapi-
dez en un reloj de mesa de noche, con una lámpara. Se sintió muy
satisfecha de que yo tuviera la habilidad de hacer algo con este ga-
rabato. Al final lo bautizó "Tiempo".
Si se me preguntara cómo llegó este reloj aquí, diría que
ambos estábamos pensando en que ya debía haber llegado el mo-
mento de terminar. Pero también estábamos tratando con el factor
tiempo, al que los adolescentes sienten como una de las principales
manifestaciones del principio de realidad. Tal como dije en otra
oportunidad "la única cura para la adolescencia es el paso del tiem-
po". (Winnicott. 1965).
Ahora estábamos cerca del final de lo que podíamos hacer
juntos. Me preguntó si conocía a varias personas que ella conoce.
Pude decirle que conocía a algunas y hablamos sobre ellas. El mun-
do está lleno de gente muy agradable, pero hay tres que son impo-
sibles: sus dos progenitores y el médico que la vio en la unidad pa-
ra tratamiento de adolescente. Este último, pareció aceptable al
CLINICA PSICOANALfflCA INFANTIL 199
pJ.'Úlclpio; entonces ella iba y él la tenía una hora cada vez, sin que
niqu.no de los dos dijera nada: esto era una terrible ~rdida de
tl~po para ambos, lo que ella odiaba. Estaba claro que yo debía
4 ~ ·ir t.an pronto como ella sintiera la necesidad de hacerlo,
pµés .de otro modo, yo podría correr la misma 1Uerie de mi colega.
Y, de todos modos, la hora ya llegaba a su fin. Por lo tanto, hici-
mos nuestro último prabato. ·
(16) Mío, que le provocó problema, porque dijo:"Válpme Dios, po-
dría ser dos coaas: un camello o una sei\ora negra."
Aquí•teníamos ova venión de dos, et-dilema básico, que in-
cluye la Ductuación inm(acQ4epresiva. Ella parecía conocer bien
se.
la parálisis q\le produce cuando existen dos posibilidades, y yo
por ~&>"-esto, estaba pensando, entre otras cosas, en· las dos posi-
bilidades de los principios masculino y femenino de su t.écnica de
garabatos.
200 D. W. WINNICOTT
Con un suspiro, dijo:
"Entonces tendrá que ser alguna otra cosa." Primero dijo quepo-
dría ser un camello negro, pero enseguida lo convirtió en un ca-
chorro y, finalmente, lo tituló "Cachorro de hipopótamo". En un
sentido había resuelto el problema produciendo un bebé; en otro
había evitado el problema tratando de asir una desviación. Antes
de tenninar, me dijo que había tenido un sueño aterrador sobre
un incendio.
Era tiempo de irse, y repasamos toda la serie dándoles nom-
bres, y nos sentimos muy satisfechos con nosotros mismos.
Cuando ella crezca, tendrá hijos, dos o cuatro: "no puede tener
uno porque se lo malcría, y no es justo para el mundo tener más
de cuatro por la explosión demográfica" . .
En cierto modo ella esperaba que yo viera a la madre y se
sintió muy aliviada cuando le dije que iba a hablar con la ma-
dre para decirle que no deseaba verla. Dije: "Naturalmente, puedo
escuchar el punto de vista de tu madre y será muy distinto del tu-
yo, pero por ahora, estoy interesado en tu punto de vista." La ma-
dre se adaptó con mucha prontitud y la entrevista terminó cuando
hice una observación apreciativa sobre el collar que la madre lleva-
ba, y así nos separamos, la madre quizá con la sensación de que le
había dispensado algo de atención a su persona, aunque iba a tener
que esperar antes de que yo pudiera brindarle una entrevista perso-
nal. ·
Después de esto, recibí esta carta del médico:
Creo que su entrevista fue un gran éxito, y no sólo con Hesta: su
madre no estuvo en absoluto ofendida al haber quedado, en algu-
na medida, marginada. ~stoy feliz con el programa que usted es-
boza, pero creo que lo estoy porque Hesta está considerablemente
mejor que antes: ahora le es posible que se la trate como a una
persona "normal" e, incluso, como a alguien que tiene razón
mientras que los demás están equivocados. Creo que doce meses
atrás esto habría sido absolutamente imposible para los padres,
para sus amigos o para mí. Ella parecía estar muy enferma a la sa-
zón y daba la impresión ser absolutamente incapaz de reconocer-
lo. Uno pensaba entonces que era correcto tratar de conseguir de
ella la aceptación de su enfermedad, y que si hubiera podido pe-
dir ayuda, esto podría haber si.do el comienzo de su mejoría.
En realidad, no estoy del todo seguro de por qué le estoy dicien-
do esto: ¡Quizá sólo esté mencionando en forma insistente que us-
ted la vio cuando ella estaba mejor! Pero espero que usted entien-
da cuál es mi intención.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 201
Los padres también escribieron con agradecimiento, y pronta-
mente estuvieron conformes con un programa consistente en que
yo viese solamente a Hesta, y ello lo menos posible, quizá que no
la volviese a ver en absoluto. El asunto podía quedar abierto y, si
Hesta deseaba verme, yo acordaría una entrevista tan pronto como
lo permitieran mis compromisos. La madre agregó:
Desde mi punto de vista, ella cambió a partir de la primera visita
que le hizo... en especial, en su actitud hacia mí. Por ejemplo, me
dijo: "Me gustaría salir contigo durante el fin de semana [ hizo
una pausa). Pero creo que es mejor no hacerlo, porque no nos es-
tamos llevando muy bien ahora, ¿no es cierto?,. Esta es la prime-
ra vez en meses, que ha podido (en cierto niodo), vene a sí mis-
ma en su relación conmigo. Por lo menos, así lo sentí.
Sí, entiendo también el hecho de que usted no deaee que se le pi-
da asesoranúento: Por lo tanto, sólo le diré qué es lo que estamos
haciendo respecto de su educación: hemos decidido (con la ayu-
da de nuestro médico) que Hesta no vuelva a la escuela en este
cuno lectivo. Le he encontrado un preceptor que la tomad una o
dos veces por semana, según cómo se sienta Beata al respecto.
Así están las cosas en este momento. Mi argumentación es
que seha hecho muy poco, y que hacerlo fue económico (una
hora); asimismo, a los padres y al médico no se les ha arrebatado
el caso, como ocurriría, en forma inevitable en una psicoterapia.
Después de esta entrevista inicial, la madre dijo: "Esta es la
primera vez que alguien se ha comunicado con esta chica desde
que enfermó a los 14 años."
Seguimiento
Este caso continúa manejándose en el hogar con la ayuda del
médico de la familia y de una chica que actúa como enfermera.
Hesta me utiliza "a pedido", por lo que la he visto unas seis veces
en un año. Hay una disminución del elemento maníaco y una de- .
presión controlable es, a menudo, la principal caracte,.-ística clíni-
ca. Se ha producido un regreso voluntario al trabájo escolar.
La primera entrevista que he descripto aquí sigue siendo la
base para el trabajo en equipo sobre el caso, lo que se ha estado
haciendo con cierto éxito hasta el presente.
El resultado no puede predecirse en tanto los rápidos y vio-
lentos cambios de la pubertad dominen la escena.
CASO Xll "MILTON", 8 AROS
Finalizo esta segunda parte con el caso de un niño que regre-
só a su casa después de la primera consulta terapéutica, habiéndo-
sele eliminado un bloqueo del desarrollo. Los diversos miembros
de la familia se encontraron con un niño al que se había aliviado y
que podía utilizarlos con mayor libertad y se comportaron en f or-
ma distinta con él. La familia realiza la cura de un niño como éste
en el transcurso de las semanas y meses siguientes, aunque sin la
consulta terapéutica no habrían podido hacerlo. Habrían permane-
cido disponibles pero sin que se los utilice.
Historia familiar
Milton, varón 8 años
Mellizos;varón y niña 6 años
Niña 4 años
La madre del muchacho me escribió una carta en la que ex-
plicaba el problema, según su punto de vista. El problema princi-
pal, tal como ella lo veía, era que Milton -el hijo mayor- nunca
había aceptado realmente la llegada de los mellizos, que nacieron
cuando él tenía dos años. Ella escribió: "El nacimiento de estos
hermanos lo hizo caer en un torbellino absoluto que se manifesta-
ba de muchas maneras visibles y desdichadas. Se volvió - y ha per-
manecido-, dependiente de mí en sumo grado y está muy apegado
a mi persona." •. Existían algunos otros rasgos patológicos, como la
predilección por situaciones sadomasoquistas y los comienzos de
un placer derivado de la idea del flagelamiento. También revelaba
un cierto potencial para tendencias pervertidas, como la compul-
sión a mirar, y a palpar las bombachas de las chicas. Si bien pro-
pendía a ser bravucón y agresivo en el hogar, en la escuela era, en
general, · conciliador y nervioso y no muy popular. En sus deberes
escolares propiamente dichos, se desempeñaba bien, mostrando es-
pecial interés en historia. La madre agregó que ella misma había
recibido algo de tratamiento y que si bien le había permitido tener
una mejor relación que antes con los otros niños, su mejoría no
produjo diferencia alguna en su modo de manejar las tendencias de
Milton de las que ella estaba informando.
Entrevista psicoterapéutica
Ambos padres trajeron a Milton a la consu~t.a terapéutica.
Después de u.nos minutos en los que todos hablamos, se retiraron a
la sala de espera y aguardaron pacientemente la hora y ,cWU'.t<> que
transcunió antes .de que Mil ton hubiera finalizado un coni.<:to
conmigo. Tuvieron que irse a su casa sin haber conversado COftJlli·
go, pero yo les había advertido sobre esta posibilidad. Varias sema-
nas después vi a los padres juntos, y entonces pude dedicarles toda
mi atención, lo que habría estado mal hacer inmediatamente des-
pués de mi entrevista con Milton.
La entrevista personal
Descubrí que Milton era un chico muy vivaz. y casi se podía
decir que estaba ansioso por algo. Era inquieto, y durante el juego
de los dibujos con frecuencia se mantuvo de pie en -vez de sentado;
además, el juego siempre estuvo a punto de derivat en una activi-
dad de victorias y derrotas. Mi objetivo era permitirle (si era posi-
ble) jugar a los garabatos, pero primero tuve que conceder un
período de ta-te-ti, juego que (como pronto descubrí) en realidad
él no entendía. (Véase dibujo Pre-1.)
ft
,~
1
--
.,_
+
204 D. W. WINNICOTI
Tuve la impresión de que, en las primeras etapas, difícilmente
podríamos utilizar la sesión en· el juego de garabatos de manera
que condujese, en forma natural, a un contacto cada vez más pro-
fundo entre ambos. Sin embargo, proségUÍ y, al final;· tuve mi re-
compensa.
Garabato,
Le expliqué cómo era el juego, haciéndole saber que primero
haría yo un garabato al que él podía convertir en algo, si así lo de-
seaba; luego él haría otro para que yo ló convirtiera en algo. Dibu-
jé, entonces, mi primer garabato.
\""-
1 ( Jv\
•'k/1..¡; ., ,; "
(l) Mío. Expresó: ..Es como un 8", y no se sintió impulsado a con-
vertirlo en algo.
En esta ocasión, quizá como consecuencia de su inquietud,
consideré aconsejable hacer, de inmediato, un comentario quepo-
CLINICA PSICOANALmCA INFANTIL 20S
día, o no, conducir a un desarrollo en la t.enue relación entre am-
boa.
· Le dije: "Ele eres t6"... , porque acababa de decirme que tenía 8
ailos. Se incorporó inmediatamente al juego e hizo los dibltjos si-
puentes:
(2) Suyo. Un garabato vigoroso hecho COlOO el mío, como si no fue-
ra dirigid.o y como si no fuera delibel8do. Lo miró, y dijo dpid.a-
mente: "Ese soy yo tambi,n: es un 9 y tendn 9 ailos dentro de
una semana." ··
Ahora estibamos en comunicación mutua en función ·det ·juego,
pero tod.avía con mucha intranquilid.ad. Había comenzado a sen-
tirme esperanzado.
(3) Mío. No tuvo deseos de alterarlo o de convertirlo en algo. Sólo di-
jo:"Es una nube o un pedazo de ~e."
206 D. W. WJNNICOTT
Esto me hizo pensar en la región total de la (al;ltuía y en lo
que he llamado fenómeno, de transición: cosas que. pertenecen a
la transición entre la vigilia y el estado de sueño. Y -exploré por es-
ta región tratando de obtene, mformación proveniente del niño so-
bre t.écnicas u objetos de transición que él pudiera recordar: esto
no condujo a nada en su caso ( aunque sí podría haberlo hecho en
otro), excepto que me contó sobre un oso de juguete que tuvo, a
los 3 años. Así, pues continuamos el juego.
Yt,Jl (1
~c.ivlt-.,,
(4) Suyo. Noté que hizo el dibujo en dos partes separad&$, así que
convertí a una de ellas en una cabeza y al resto en una figura que,
finalmente, resultó ser el dibujo de una chica eón una cartera.
Hizo un comentario en dos niveles: en el superficial, dijo: " ¡Us-
ted dibuja bien!'., y lueao, con mayor convicción : "En realidad
era una linterna." ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 207
Quiso decir que ai yo l',1 hubiera permitido convertir el prabato
en alao, lo habría tnnaformado·ea uaa linte~: de aquí se infor-
_maria que, por~iente, ya,n~ _e staba'8 contactomqíc;ocon
sus pensamientos. Entre parinteiis: .dibQf6 ·el:ua unida con mú
seguridad a la cartera. Estaba inquieto ahora y caminaba por el
cuarto, inclinmd01e para dibujar en la mesa b.;a, sin sentarse.
!
(S) Suyo. Se sentó para hacerlo. Simplemente cuatro líneas y dijo en
seguida: "Sé lo que es", y lo transformó en un volcó. Dije:
"Bueno, ese eres tú otra vez", y pareció aceptar esta idea de buen
grado.
208 D. W. WINNIC01T
(6) Mío. Dijo que era un arbusto o un caracol, y que lo único que
podía hacer con 61 era decidir de qu6 lado tendría que estar hacia
arriba.
Nót.ese la pereza, indicación de que él sient.e que el resultado
debe venir por magia, no merced al trabajo o a la destreza. Est.e
juego de garabatos permit.e la operación de este principio, hasta
que el niño comienza a t.ener deseos de participar en forma activa.
(7) Suyo. Lo convertí en una planta en una maceta, pero dijo que era
un p:an error. Dijo: "Es un torbellino." Dije: "Bueno, 6se eres tú
otra vez", y agre1116: "Todos parecen estar referidos a tí, exce~
to, quiú, la chica, pero, por supuesto, fui yo el que dibujó ese."
Hablamos un poco acerca de ser varón o mujer y de sus preferen-
cias. Hizo mucho! hincapi6 sobre la· ventaja de ser varón. Cuando
le pre111nt6 sus f&ZOnes se volvió juicioso y dijo :"Pues no hay na-
da malo en las chicas; pero sucede que soy varón."
(8) Suyo. Ahora 1e 1entía muy feliz de e1tar jugando el entreteni-
miento que yo habia in1tituido.Dijo: "Eso es un libro : é9e soy yo
otra vez porque amo los libros y leo todo el tiempo."
CLINJCA PSICOANALITJCA INFANTIL 209
210 D. W. WINNICOTI
(9) Mío. Dijo que era una planta extraña. Le dije: "Bueno, si ése eres
tú, hay algo extraño en tí. ¿Qué podrá ser?" Y respondió: "Pues,
mi hermana siempre se ríe de mí." Mientras meditaba sobre qué
transformación podía hacer ·en el garabato, preguntó: "¿Reco-
mienda algo?" Respondí: "No, no tenía nada en mente cuando
lo hice."
Sentí que aquí existía la indicación de algún temor a la es-
pontaneidad y a la fantasía libre y de que deseaba el apoyo que
pudiera ofrecerle al darle mis propias ideas.
(10) Suyo. Dijo: "Tiene un cuello." Esto me dio la clave, y llené la ca-
ra; una vez más decidimos que era un retrato de sí mismo.
El período de reevaluación
Ahora estábamos en un período, que se produce en muchas
de estas consultas terapéuticas, en el que no parece suceder gran
cosa. En algún momento de lo pasado, pude haber pensado que
habíamos llegado al final de nuestro contacto, peró he aprendido
que este tiempo de marcación es una fase en la que el niño está re-
valuando la situación. Sobre la base de lo que ha sucedido, el niño
está (inconscientemente) sopesando la confiabilidad de la relación
profesional y se está tomando un poco de tiempo para decidir si
acepta los riesgos inherentes a un compromiso más profundo. Es
una especie de cambio de velocidad, y, si la consulta sigue, regu-
larmente, se descubre que el trabajo continúa hacia un nivel más
profundo.• Pueden producirse más de una de estas áreas de ree-
valuación en una consulta de este tipo. Durante ese período hici-
mos:
( 11) En este puede verse un tipo de juego que es su propia distorsión
del de ta-te-ti. Lo llamó "palabras cruzadas". Aquí pude ver
que él estaba más cerca del sueño que de la realidad y, en conse-
cuencia, habilitado para tener el control, y lo dejé ganar. Gritó:
"¡Gané!", y se sintió muy satisfecho.
( 12) Suyo. Una continuación de este juego distorsionado.
Comencé, ahora a hurgar en busca de sueños, sabiendo, muy
bien, que.estábamos en el filo de la navaja. Su desasosiego lo iba a
sacar fácilmente de una discusión controlable; sin embargo, él es-
taba lo bastante cerca de la fantasía y del sueño como para que yo
pudiera invitarlo a mirar dentro de sí mismo, del mismo modo que
si se mirara a sí mismo: el resultado fue que respondió positiva-
1 Véase especialmente. la Tercera Parte, Caso XIII (Caso de las manos).
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mente a mis preguntas acerca de los sueños y, a partir de ese mo-
mento, la consulta continuó sin que yo debiera padecer su ansie-
dad porque se convirtiera en un fracaso. Sabía· que podía dejar li-
brada la dinámica de la entrevista al proceso en el niño, lo que lo
llevaría a comunicarse conmigo en función de su principal proble-
ma.
Trabajo en un nivel más profundo
E~ respuesta a mi pregunta acere! de ,los sueños, dijo: "Tengo
un, sueno todas las no~hes, pero no ~ q~e son esos sueños. Le po-
dna contar uno extraño", y le agrado m1 sugerencia de que debía
tomar una hoja grande de papel para ilustrarlo. Comenzó dibujan-
do de un lado, y luego dio vuelta la hoja y continuó como si hicie-
ra el aegundo intento en el reverso. (He aprendido que estos peque-
ft01 detalles deben tomarse con severidad, y que esto significa que
el niño habla del reve1SO de sí mismo. Posteriormente, supe por la
madre, que Milton pregunta en forma compulsiva acerca del naci-
miento de los bebés, y que tiene una idea fija de que salen desde
"atrás" y no "desde el frente", tal como se le ha dicho en forma
repetida.)
(13) y (14) El detalle respecto de este sueño es que lo tuvo cuando
"era muy chico, probablemente a los 3 años". Dijo: "En el mo-
mento que lo soñ6 fue muy aterrador, pero en el curso de los
años se ha vuelto gracioso." Hice el intento por unir esta edad
temprana en la que tuvo el sueño, con la llegada de los mellizos,
aunque sabía que fue cuando Milton tenía 2 años que los melli-
zos nacieron.
El sueño, tal como 61 contó en esta etapa era oscuro: en primer
. \
lugar hay una lucerna y una "señora roja" que cuelga de ella. A
medida que avanza el sueño hay toboganes que bajan por la arena;
ésta cae en pendiente hacia fa playa y hacia el mar. "y todos des-
cendieron en el niar". Parecía haber una enorme cantidad de da-
mas rojas en el sueño. El rojo, dijo, es el color de la sangre. Siguió
diciendo cuán tonto era todo, y de esto pude inferir que él sabía
que, si bien se había vuelto gracioso, en su origen el sueño no lo
fue y que tuvo una gran significación. Prosiguió : "Estos persona-
jes en el sueño hacen acrobacias y cosas con cuerdas para saltar;
esto no figura en el sueño; sin embargo, eso es lo que llegó al sue-
ño más tarde, cuando se volvió gracioso. En el momento en que
soñé el sueño, al principio, yo era muy chico, y no tenía nada de
agradable. Sólo era aterrador. Todo era rojo." ·
Llegados a este punto, tuve la sensación de que él estaba re-
cordando haber tenido el sueño y haber.estado muy asustado, y
que sólo era un niño pequeño.
\
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 215
Dio vuelta la ptgina y continuó dibujando (n" 13). (Este era el la-
do del papel que él utilizó en un principio, antes de darlo vuelta
para dibujar sobre el reverso.) Aquí dibujó un~ (oscuro en la ilus-
tración debido a la elaboración posterior). Dije: "Oh, ese eres tú
otra vez." Y completó los detalles de la cara, agregándose anteo-
jos. Hice un comentario acerca de esto y dijo: "Bueno, puede ser
que algún día tenga que usar anteojos porque leo tanto, ¿ve?
Realmente, amo a los libros. Leo de noche todo el tiempo: histo-
ria y los hombres y las mujeres de la historia." Prosiguió, hablan-
do acerca de lord Nuffield, "que regaló 30 millones de libras es-
terlinas, así que lo que debe haber hecho, yo no sé. Era un inge-
niero experimentado".
Por el momento, abandoné el sueño, sintiendo que él había llega-
do todo lo lejos que le había sido posible, hasta ahora, en el cami-
no hacia la repetición del miedo inicial. Por eso, le pregunté qué
iba a ser en lo futuro, tomando la idea de lord Nuffield como in-
geniero: "Bueno, quid sea un científico. Pero en la escuela la
ciencia no es muy interesante." Entonces me contó sobre las ocu-
paciones literarias de su padre y de su madre, evidentemente or-
gulloso de ellos. Mientras hablaba, hacía algo muy oscuro en el di-
bujo 13. Le pregunté sobre eso y dijo: "Véame levantando el telé-
fono." Pero me pareció que la idea original era tener algo muy os-
curo en esta página. Supuse que era un movimiento oscurantista,
una representación simbólica de la represión, un oscurecimiento
casi deliberado para negar algo aterrador como, por ejemplo,
las señoras color rojo sangre. El teléfono, sin embargo, tiene un
significado positivo CQmo ~ímbolo de comunicación.
Se observará que no estoy haciendo interpretaciones: permito
que el rico material se desanolle de su propia manera, y trabajo
con la confianza de que el paciente utilizará su fe en mí y en el
ambiente profesional para llegfr a repetir la vivencia de estar ate-
morizado por el sueño, tal como se lo soñó cuando el niño tenía
3 años.
Estábamos en un segundo período de tiempo de marcación, pero
pude conjeturar que se debía alcanzar otra etapa. Ocupé el tiem-
po diciéndole: "¿A quién quieres más?" Y seguí rápidamente con
el comentario:"Lo sé." Creo que hiée esto porque podía ver que
estaba perdido, y quise utilizar la circunstancia de que todavía
no había decidido como enfrentar mi pregunta. Si yo hubiese es-
perado, me habría dado una respuesta basada en la racionaliza-
ción. Pareció quedar perplejo porque le dije que lo sabía, y me pi-
dió que se lo dijera. Por lo tanto, le respondí: "A tí mismo." Na-
turalmente, sobre mí influía el modo en que él mismo había lle-
gado, en muchas formas, al material de los dibujos. Reaccionó
ante mi respuesta con una exhibición de indignación. "No, no me
amo en absoluto; no quiero a nadie." Sin embargo, prosiguió con
el tema, y me dijo que es probable que sí ame a sus abuelos y a
216 D. W. WINNICOTT
nadie más. Me pintó la vida en su hogar, en la que la melliza
juega con el hermano menor y el mellizo carece de utilidad.
"Nunca juega conmigo. No tengo a nadie con quién jugar." En-
tonces me habló acerca de un amigo suyo. La base de esta amistad
parecía ser que el otro lo trataba con crueldad: ahora estábamos,
sin duda, en el aspecto masoquista de la organización sadomaso-
quista.
Aparentemente, estos dos niños logran muchas cosas jugando jun-
tos, pero el juego está expuesto a degenerar en algún tipo de acti-
vidad antisocial. El la ilustró: "Una vez me vi en problemas al tre-
par hacia el interior de la escuela a través de la ventana y al abrir
el escritorio del maestro, pero no había nada en su interior." A
esto lo continu6 con la pregunta: "¿Alguna vez sacas cosas?"
"No, pero juego a tomar cosas y siempre las devuelvo." El tiem-
po de marcación estaba llegando al final.
Regresó espontáneamente a los sueños con esta declaración:
"Tengo un sueño todos los días de mi vida, pero el sueño nunca
llega a mi visión." Esta parecía ser su manera de describir una
conciencia del soñar sin conocimiento del contenido del sueño o,
alternativamente, la manera en la que puede recordar un sueño,
pero, cuando despierta del todo, lo olvida. Prosiguió: "He visto
sólo dos sueños con visión total en mi vida: uno tenía que ver con
caballos y carros y era lindo, y tenía conexión con el libro Black
Beauty; el otro sólo lo vi a medias y era muy lindo de veras: so-
bre dioses escandinavos que se hacían realidad; era espléndido."
Y luego prosiguió contándome que había leído acerca de las le-
yendas escandinavas. Era evidente que había extraído gran can-
tidad de información de los libros que lee en la cama.
Las cosas todavía estaban en suspenso y le dije: "¿Eres una per-
sona feliz?", a lo que me contestó: "No, en la escuela me tratan
con crueldad." Y prosiguió con la descripción del modo en el que
los chicos son brutales· con él. Por otro lado, en el día específico
del que me estaba hablando, los muchachos habían votado por él
como uno de los directores de la revista de la clase. Le dije : "¿Te
lastiman de verdad?" "Oh, no, dijo con jactancia, no me pue-
den lastimar: sé yudo, pero dicen cosas feas, y no creen cosas
que digo y ciertas. Van por allí diciendo que soy un mentiroso."
Y entonc~s confesó: "Solía ser muy fanfarrón."
Hablamos sobre la escuela durante un rato, pero yo estaba espe-
rando la oportunidad de volver a los dibujos de su sueño. Por fin
volvió por propia decisión. Dijo: "Fue un choque cuando nacie-
ron los mellizos. Verá, yo no era muy grande ; tenía cerca de 2
años. Eso produjo un cambio en mi vida." Entonces, hizo el co-
mentario : "Realmente no lo recuerdo, pero mamá piensa que to-
davía estoy afectado por eso" ... con lo que demostraba que toda-
vía no estaba realmente de regreso en la situación de tener su vida
afectada por los mellizos. Pero prosiguió: "No me gusta el mundo
y no me gusta vivir y se la pasa horrible en la escuela." Y entonces
me ofreció un relato bastante excitado del modo en que en su es-
C'LINICA PSIC'OANALITl('A INl' ANTIL 217
cuela es necesaria la creencia en Dios, él mismo no puede contro-
lar esto.
Pregunté: "¿Crees en algo? ¿Crees en tí mismo, por ejemplo?"
"¿ Qué quiere decir? Realmente no entiendo."
En ese momento, él se estaba esforzando mucho por luchar con
la idea de que yo le estaba presentando una creencia en sí mismo
como algo que estaba relacionado con la creencia en Dios. Traté
de ayudarlo diciéndole: "Bueno, ¿piensas que eres importante
para alguien?" A lo que contestó: "No." Luego, trató de salir de
la posición en la que se encontraba por medio de una baladrona-
da: "Oh, me puedo divertir: sé cual es el programa de TV que
hay que ver." Y luego se puso muy serio de nuevo respecto a
Dios, y discutió el problema filosófico de si Dios es el Padre, en-
tonces quién es el padre de Dios y quién es el padre del padre de
Dios. Finalizó diciendo: "Uno podría seguir así durante millones
de años hasta morirse."
Por lo tanto dije: "¿Es importante para tí tu propio padre?"
Respondió con : "Bueno, naturalmente que a él le gusta tener
un hijo, pero a mf me gusta regañar a mi padre." Y después volvió
a la cuestión de la creencia en Dios.
Más tarde descubrí que los padres, que coinciden en la mayo-
ría de los asuntos, tienen un permanente desac.uerdo en cuanto a
la religión y a la creencia en Dios. Aquí, quizá, se origina el ténni-
no palabras cruzadas que utilizó para describir el juego que había
inventado.
Me dijo que había leído todo acerca de la religión "en la enciclo-
pedia donde ellos sí tratan de ser científicos". En esta etapa, en-
tró en una fase en la que puede decirse que estaba identificado
con Dios. Durante un tiempo estuvo diciendo cosas como: "Des-
cubrí por mí mismo todo acerca de todo, de cómo funcionan los
planetas, de cómo se formó todo", y así sucesivamente, lo que me
llevó a hacer la 1observación: "Por lo tanto, de una .manera tú eres
Dios y Dios.es tú.:' Reaccionó con brusquedad : "No, no quiero
ser Dios, ¡apenas si sé algo! ¡No sé ni una trillonésima parte de
lo que el mundo sabe!" Después de esta retirada extrema de la
identificación con Dios, me dio una descripción de Leonardo da
Vinci, el hombre mis sabio, según dijo, porque inventó cosas que
estaban mis allá de su época. Me ofreció una buena descripción
de la posición de Leonardo. Luego volvió hacia algo más personal
y duo: "Mi hermano nunca juega.conmigo; estoy solo."
Ahora resultaba necesario que yo hiciera un intento final por
lograr el análisis del sueño, y sabía que debía obtener que Milton
alcanzara el aspecto sádico de la organización sadomasoquista,
puesto que, en la posición en la que estábamos en ese momento, la
principal defensa era su propensión a que se lo tratara con cruel-
dad, se lo maltratara y se lo abandonara.
218 D. W. WINNICOTT
En respuesta a algo que dije, me contó que siempre solía mofar-
se de su hermano, así que el hecho de que 6ste nunca jugara con
Milton podía atribllirse a que era la defensa del hermano contrá
la crueldad y el escarnio de que lo hacía objeto. Luego, continuó
para agregar que solía pegarle a su hermano cuando era pequeño.
Milton estaba ahora de regreso a los 3 años, con un hermano
menor de 1, y (esta vez sin citar a la madre) dijo: "Sabe, yo que-
ria ser el único. "
Ahora estaba listo para volver a mirar al sueño, operando desde el
aspecto sádico. Parecía saber qu6 significaba todo, pero no podía
transmitirme todo eso "La lucerna... bueno, no es realmente una
lucerna: es una especie de lámpara que cuelga. No. Son senos. Un
pecho como el de un hombre." Estaba viendo lo que 61 había de-
nominado la lucerna, como el torso de un hombre o de una mujer
con el aspecto que tiene desde el punto de vista de un bebé en el
regazo. Ahora podía y estaba dispuesto a hablar sobre las "seño-
ras-rojas": dijo que eran pechos arrancados. Esto fue.muy espon-
táneo. Creo que estaba usando la idea de su hermano en el pecho
para expresar sus propias faniasías sádicas primitivas hacia el pe-
cho real de la madre, ideas que lo dominaban como tales cuando
tenía tres años. Por supuesto, se habían originado en su propia
infancia.
En estos momentos estaba evidenciando una gran angustia y po-
día transmitirme algo, pero no la totalidad, del contenido de
fantasía del suei\o. La caída por el tobogán y el deslizamiento
hacia el mar tenían que ver con el nacimiento: luego el sueño era,
ahora, una mezcla de un sueño del nacimiento con un ataque sá-
dico a los pechos. Su mente estaba trabajando a velocidad tremen-
da: "Oh, sí, había otra cosa en el sueño; era como una película;
había un intervalo. En realidad odio el flan pero; ¿sabe? , me gus-
taba mucho cuando era bebé" (esto es, antes del nacimiento de
los mellizos y el cambio de actitud hacia la madre). "Vino el mo-
zo; había un piano allí. Curioso, ¿no es cierto? Esa gente estaba
cenando. Gritaron: 'Mozo' y la señora dijo algo, sólo en el sueño
no habi"a palabras, y el mozo trajo el flan." Estaba en la era pre-
verbal de su vida. Aquí se interrumpió para decir: " ¡Oh, uff,
flan!" y prosiguió: "Y súbitamente llegaron a la lucerna; había
senos en cierta manera, en la panza; un seno o un pecho." Estaba
señalando al dibujo y diciendo que tenía la idea del vientre hin-
chado del embarazo como un pecho central y que esto era el obje-
to de su ataque en el sueño que conducía a la sangre o a las su-
perficies en carne viva. (Estaba superponiendo su ataque al vien-
tre embarazado a su ataque sádico a los pechos.) Agregó: "En rea-
lidad, había seis u ocho sei\oras, todo rojas."
Estaba exactamente allí, en una relación infantil con el cuerpo de
su madre, y siguió hablando sobre senos (pechos), ·y luego sobre
el hombre que, como dijo, "Junta todo en el pene, la cosa que
sostiene la semilla."
Entonces, ahora tenía la secuencia muy clara en su mente:
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 219
pechos¡ vientre embarazado; hombre sin pechos pero con un pene.
Todo era rojo sangre debido al ataque sádico.
Prosiguió:"Sí, eran senos, ahora lo recuerdo", y tuve la sensa-
ción que en ese momento, había llegado a la aterradora versión
del sueño a los 3 años, un sueño que, en el transcurso de los
años, gradualmente se había vuelto gracioso. Estaba suficien-
temente en contacto con la fantasía y con el impulso sádicos co-
mo para que yo dejara de preocuparme por su masoquismo.
Había vuelto a experimentar sus furiosos ataques y se había colo-
cado detrás de ellos en su sadismo oral, que pertenece a la rela-
ción primitiva y a la excitación motivada por los pechos; además,
al volver a capturar el amor por el flan -que en su niñez se con-
virtió en fobia al flan- había llegado al objeto preambivalente
que se relaciona con los pechos. Ya habíamos pasado juntos una
hora y cuarto .y ambos nos sentimos niuy contentos por haber
tenninado.
Continuación
Un mes después, ambos progenitores vinieron a hablarme de
su hijo. Repasé con ellos los detalles de la consulta y descubrieron
que a su modo de ver el hijo se había enriquecido mucho como
resultado de esta información. Sentí una razonable certidumbre de
que estaban lo suficientemente maduros como para no defraudar-
me informando, aunque. fuera indirectamente, lo que yo les había
dicho: debe recordarse que los padres no tienen conocimiento de
qué es lo que pasa cuando hacemos la psicoterapia de un niño y
están expuestos a pensar que todo el asunto es un misterio. Cuando
oyen el relato de los hechos tal como trascendieron, pueden utili-
zar la información que la narración brinda sobre aspectos del hijo
que no son evidentes en la vida hogareña cotidiana. Entre parénte-
sis: estos padres pudieron agregar uno o dos detalles significativos
que enriquecieron mi comprensión del caso.
Los padres se sintieron muy impresionados por una cosa: si
bien siempre les había resultado claro que el nacimiento de los me-
llizos' había sido un desastre desde el- punto de vista de Milton, la
primera vez que realmente lo dijo él mismo fue cuando volvió de
la consulta conmigo. Asimismo, ambos padres habían advertido un
relajamiento de la tensión, en especial entre Miltbn y su hermano:
y después de la consulta esa misma noche los descubrieron a am-
bos jugando juntos y peleando en forma pueril, y éste fue un rasgo
completamente nuevo. Los padres estaban bien satisfechos con el
resultado obtenido hasta el presente, y estaban dispuestos a espe-
rar el desarrollo de los acontecimientos.
Un mes después, encontré a los padres extremadamente sa-
220 D. W. WINNICOTT
tisfechos con lo que había sucedido. El padre dijo que, de un
modo u otro, Milton había "encontrado una clave" en esta consul-
ta conmigo. La madre dijo que seguía esperando que sucediera
algo horrible, pues está tan habituada a una serie ininterrumpida
de desastres, pero, de algún modo la atmósfera total había cam-
biado, estando todo centrado alrededor de la gran mejoría en la re-
lación entre Milton y su hermano.
Poco después de haber regresado a su casa de la consulta,
Milton le dijo a la madre con asombro y con indignación: "El
doctor Winnicott dijo que yo sólo me amo a mí mismo." La
madre describió el cambio en Milton con la frase: "Es como si se
hubiera vuelto de dentro hacia afuera." Explicó que, mientras que
en lo pasado Milton siempre estaba jactándose de lo que podía
hacer, ahora hablaba sobre cosas que realmente planeaba· hacer y
que toda la situación se había vuelto realista. Por primera vez,
pudieron torearlo con bromas: es decir sin temor a que se enfu-
rezca. Ha estado trabajando bien en la escuela, como antes, pero
ahora había menos sensación de presión, y parecía estar más
relajado respecto de asuntos secundarios como calificaciones y
lugar en la formación. Los padres se dieron cuenta de que sólo ha-
bían pasado dos meses y de que aún existía la oportunidad de un
regreso a la condición anterior, pero no pudieron dejar de advertir
que el cambio en Milton había producido cambios favorables en la
totalidad de su ambiente, de suerte que, en cierto sentido, ahora
estaba.utilizando por primera vez lo que su familla podía ofrecer.
En especial, pareció liberado para hacer uso de su madre.
En un año, he visto a Milton cuatro veces, "a solicitud".
También he estado en estrecho contacto con la madre de Milton,
principalmente por teléfono. En el transcurso del año a que hago
referencia, han ocurrido muchas cosas que se podrían describir,
pero hacer eso estaría aquí fuera de lugar. Además, cuanto más
se informa más se acrecienta la posibilidad de que se pueda reco-
nocer el caso, a pesar del enmascaramiento que se introduce le-
gítimamente.
Merece citarse la observación de la madre, ya que es una
mujer perspicaz y además esta familiarizada con la rutina analíti-
ca merced a su propia experiencia como analizada. Dijo: "Este
método que usted ha adoptado con Milton, que parece tan poco
ortodoxo, parece haber funcionado realmente en este caso."
Debo agregar: ha funcionado hasta ahora. Ningún caso de tra-
tamiento de niños está terminado. Puede llegar un momento, sin
embargo, en el que el niño crece y se convierte en un adulto e, in-
clusive, en adulto socializado y persona independiente, y entonces
se puede, por fin, hacer una evaluación con respecto a las pautas
de salud y a las de enfermedad.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 221
Comentario
Esta consulta terapéutica ilustra la clase de trabajo que es
adecuado en psiquiatría infantil, que difiere del psicoanálisis y de
la paicoterapia prolongada y regular. En psiquiatría infantil, el lema
debe aer: t Cu6n poco es lo que debe hacerse en la clínica? y,
evidentemente, este lema corresponde a un tipo de caso en el que
la familia y la escuela están prontas, en espera de que se las utilice
1i al niño se lo pone en posición de superar algún bloqueo en su
desarrollo, de modo que esté en condiciones de utilizar el ambien-
te. En este caso en particular, hubo signos desfavorables en el co-
mienzo de la consulta: un desasosiego indicador de que el niño
tenía un gran temor a los sentimientos profundos. Gradualmente,
por medio de la técnica empleada, el niño estuvo en posición de
1anar confianza en la relación y, de este modo, de poder jugar.
Así, no sólo pudo recordar un sueño significativo y aterrador, sino
que pudo retroceder en el tiempo hasta volver a vivir la época en
la que tuvo ese sueño, a la edad en la que estaba sumamente
perturbado por el nacimiento de los mellizos: esto es, cuando
tenía 2 ó 3 años.
Con el correr del tiempo, trabajó con 'mucha intensidad sobre
este sueño y mostró discernimiento mental, por lo que pudo ajus-
tar las grandes angustias asociadas con el impulso de amor primi-
tivo y, en especial, con el sadismo oral. Alcanzó inclusive, la pre-
ambivalencia y la primitiva buena relación con la madre (flan) que
había perdido a los 3 años. El resultado clínico inmediato fue
satisfactorio e indicó un cambio real en la persc¡malidad del niño.
Entre paréntesis: los cambios que tuvieron lugar en Milton, produ-
jeron cambios favorables en el ambiente y el resultado general
fue beneficioso.
En este trabajo, el terapeuta saca provecho de la capacidad
del niño para creer en la gente. El terapeuta permanece como
"objeto subjetivo", y el trabajo difiere del que se hace en psicoa-
nálisis en que no se realiza en función de muestras de neurosis de
transferencia.
La interpretación es mínima y, en sí misma, no es terapéuti-
ca, pero facilita todo aquello que es terapéutico, en especial la
reviviscencia en el niño de experiencias aterradoras. Con el apoyo
del yo brindado por el terapeuta, el niño se encuentra en condicio-
nes, por primera vez, de asimilar estas experiencias clave a la
personalidad total.
TERCERA PARTE
INTRODUCCION
En esta sección, continúo ilustrando el tema de la comunica-
cl6n con un niño.
Dentro de este grupo he reunido casos que muestran la psico-
pnesis de la tendencia antisocial, la que, en estos ejemplos, está
representada principalmente por el robo, si bien se incluyen otros
1íntomas fundamentales que revisten ualor de perjuicio.
La teoría de la tendencia antisocial
Mi intención es ilustrar la teoría que he propuesto para expli-
car la tendencia antisocial. Esta teoría se hace difícil de entender
cuando el caso ha sido mal manejado o se ha vuelto complejo,
de alguria otra manera, quizá porque las ganancias secundarias se
!lan establecido como característica. En la investigación de la ten-
dencia antisocial se obtienen mejores resultados en los casos más
simples o en los que se aborda tempranamente y. en especial, en
aquellos en los que existe una estipulación ambiental que está en
condiciones de adaptarse a los progresos que puedan tener lugar
en el carácter y en la personalidad del niño como fruto de una con-
sulta. En todos los casos de esta serie (XIII-XXI) se hallará, en
consecuencia, que el robo, o cualquier otrá forma de conducta
antisocial, es un rasgo esencial.
Este es el tipo de material clínico sobre el que se basa la teo-
ría que he propuesto y que volveré a enunciar. Es, asimismo, la
clase de evidencias que he utilizado. Cuando un niño roba, y des-
pués de la consulta terapéutica deja de hacerlo, existe una fuerte
presunción de que el trabajo que se efectuó en la consulta fue
eficaz y, que por lo tanto, se basa en una teoría que no es del todo
incorrecta. No me desalienta el hecho de que exista una gran can-
tidad de casos muy graves de tendencia antisocial a los que no ten-
dría esperanza de cambiar con el método que estoy describiendo·en
~ste libro. Lo primero es establecer la posibilidad de comprender y
de tratar con la tendencia antisocial tal como se presenta en niños
224 D. W. WINNICOTT
que provienen de un ambient.e relativament.e bueno y, tal como
ocurre con frecuencia, en los hijos de amigos y de colegas.
La t.eoría no es compleja y me he esmerado por exponerla en
varios trabajos desde la primera vez que la tuve en claro, a princi-
pios de la década de 1940. Hasta una cierta época de mi carrera,
evité el caso antisocial, tanto en mi clínica como en la práctica pri-
vada, pues sabía que no tenía nada que ofrecer y que la clave no se
había descubierto. Lo único que hacía, de manera rutinaria y con
el objeto de elevar notas a los tribunales, era ver a niños que pre-
sentaban conducta antisocial. Empero, más avanzada mi experien-
cia, me consideré apto para ofrecer alguna especie de servicio para
aquellos casos en los que la t.endencia antisocial era el síntoma
principal. Desde entonces, me he permitido asumir un compromiso
en muchos de estos casos, que pueden provocar múltiples proble-
mas, aun cuando todo el mundo trata de ser útil y tolerant.e.
La t.eoría es la siguient.e: cuando la t.endencia antisocial, ya
sea bajo la forma de robo o de perjuicio a la sociedad es el trastor-
no del caráct.er por el que se hace la consulta, en la historia se en-
cuentra, en forma regular, un período previo en el que el ambient.e
permitió al niño un buen comienzo en su desarrollo personal. Di-
cho de otra manera: los procesos de maduración han t.enido la
oportunidad de establecerse hasta cierto punto, merced a un am-
bient.e satisfactorio que facilita las cosas. Entonces habrá de encon-
trarse en estos casos una falla ambiental de alguna clase, cuyo re-
sultado es un ;bloqueo, quizá repentino, de los procesos de madura-
ción. Est.e bloqueo o la reacción del niño a las nuevas angustias,
cortan al través de la línea de su vida. Puede producirse algún tipo
de recuperación, pero ahora exist.e una brecha en la continuidad de
la vida del niño, desde su punto de vista. Se ha producido un esta-
do de confusión agudo en la fase-tiempo entre la falla del ambient.e
y lo que fuera que se haya int.erpuesto en el camino de l¡:t recupe-
ración. En cuanto a que el niño no se recupera la personalidad
sigue estando relativament.e desint.egrada, y el niño se muestra,
desde el punto de vista clínico, inquieto y dependiente de alguna
dirección ext.ema, o bien, es int.ernado en alguna institución. Si,
por el contrario, se produce una recuperación, puede decirse que
el niño está a) la mayor part.e del tiempo en un estado un tanto
depresivo, desesperanzado, pero sin saber por qué, y entonces
b) el niño empieza a t.ener esperanzas. Quizás, esas esperanzas
exist.en porque algo bueno está ocurriendo en el ambient.e: en est.e
punto en el que surge la esperanza, el niño se muestra animado y
retoma atrás en el tiempo, por sobre la brecha, al estado de sa-
tisfacción que tuvo ant.es de producirse la falla ambiental. Lo que
el niño que roba está haciendo (en las etapas iniciales) es, ni más
ni menos, que ' cruzar la brecha hacia lo pasado, con la esperanza
-o, por lo menos sin una total desesperanza- de redescubrir el
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 225
objeto perdido, sea esto el objeto o la provisión materna o la es-
tructura familiar. Será dable obseIVar que en todo hogar hay
ejemplos de menor importancia en los que un niño se muestra algo
carenciado y cuyos padres que -en forma completamente espon-
tinea y sin asesoramiento-- sienten que el niño necesita disfrutar
de un período de malcriadez, como se la suele denominar, esto es
que se deben permitir -en forma limitada y temporaria- que el
niflo haga una regresión a la dependencia y a una provisión ma-
ternal correspondiente a una edad menor que la del niño en ese
momento. Muy a menudo los padres tienen éxito en la cura de
eatas carencias menores, y ello le brinda al clínico la clave para
tener la esperanza de obtener curas de casos de tendencia anti-
1ocial cuando la terapia puede iniciarse antes. de que el niño haya
empezado a organizar ganancias secundarias. Debe tenerse siempre
presente que se trata de cosas que están ocurriendo en el pasado
olvidado del niño, al margen de su vida consciente; sin embargo,
para el que trabaja en este campo, es sorprendente comparar .cuán
cerca del estado consciente puede estar el conflicto en este tipo
particular de enfermedad y puede ser que todo lo que se necesite
aea comunicación. Puede decirse que en términos generales existen
dos tipos de tendencia antisocial: en una, la enfermedad se presen-
ta como robo, o como exigencia de atenci6n especial bajo la forma
de mojar la cama, desprolijidad y otras faltas menores que, de
hecho, dan a la madre preocupaciones y trabajos extras; en la otra,
hay destructividad que provoca una dirección firme, esto es, una
dirección firme sin la característica accesoria de la represalia. Cabe
decir que el primer tipo de niño está carenciado, en el sentido de
haber perdido el cuidado materno o "un buen ohjeto"; el segun-
do lo está en términos del padre o de la calidad en la madre
que demuestra que tiene el apoyo de un hombre: esto comprende
su severidad o quizá, su capacidad para sobrevivir al ataque y para
poder reparar los daños infligidos a las ropas, o a alfombras, pare-
des o ventanas de la casa.
Es innecesario decir que no hay valor alguno en la historia
que el psiquiatra o el asistente social puedan registrar si ésta se
hace a través de otra persona que no seá el niño. No es de ninguna
utilidad saber, por parte de la madre o un expediente de asisten-
cia social, que a los 2 años y medio un niño cambió de carácter
después ·de haber sido hospitalizado por una amigdalectomía. El
único valor, en un sentido terapéutico, radica en el descubrimiento
de estos asuntos durante la consulta terapéutica con el niño, que
puede estar equivocado con respecto a detalles que pueden corre-
girse posteriormente y que no son significativos, como ser, por
ejemplo, la edad exacta en que la carencia tuvo lugar, pero es el
niño quien conoce los hechos esenciales y significativos. Al mismo
tiempo, lo que puede haber sido una carencia desde el punto de
226 D. W. WINNICOTT
vista de este niño, puede no haber sido advertida por los padres.
Estos son conceptos muy conocidos, y los ejemplos abundan
en la totalidad de la bibliografía referida a la terapia infantil y a
la. asistencia social. Lo que estoy tratando de presentar tiene que
ver con la técnica para obtener esos importantes detalles en la his-
toria pasada del niño a través de un contacto con él y, en conse-
cuencia, de una manera que resulte útil. Estos temas pueden verse
en una cuidadosa disección de la vasta cantidad de material que
surge en el tratamiento psicoanalítico. De todos modos, existe una
tendencia a que las principales características de los casos vercla-
deramente analíticos queden ocultas en la cantidad de material
asequible. Pienso que el estudiante puede aprender mejor losco-
mienzos de esta importante parte de la teoría que se aplica en la
tendencia antisocial, por medio del examen de casos del tipo que
presento en este libro y en los que el material de descripción es li-
mitado. Por esta razón, ofrezco siete casos para ilustrar mi tesis y
mi técnica.
Tal como procedí en los doce primeros casos, ofreceré estos
de consulta antisocial en forma de descripciones de lo que deno-
mino consultas terapéuticas y el aprovechamiento de la primera en-
trevista. Cuando el caso es complejo, la primera entrevista se puede
volver a duplicar, o extenderse como terapia a solicitud, .durante
meses o hasta años. Es conveniente, empero, continuar con la idea
del aprovechamiento de la primera entrevista con el objeto de esta-
blecer, fehacientemente, la distinción entre. esta técnica y la de la
psicoterapia y el psicoanálisis. Pese a que no existen límites precisos
entre estas maneras de encarar un caso, si las entrevistas tienden a
asumir el patrón de una serie, entonces se pone en funcionamiento
una psicoterapia y el trabaja empieza a adquirir una cualidad
diferente. En psicoterapia, la tarea se organiza automáticamente en
un trabajo que se hace en función de la transferencia y del análisis
de la resistencia, de modo tal que, después de unas pocas entre-
vistas, al tratamiento se lo puede denominar mejor psicoanálisis o
terapia analítica.
En mi. primer caso existe un hecho muy simple --que, quizá,
puede llevar el estudiante a través del relato detallado- y es que la
niña vino a mí porque robaba y porque era una ladrona compul-
siva hasta el momento de la consulta, pero se fue cambiada de una
manera tal, que la madre lo advirtió de inmediato, y, desde enton-
ces no ·ha vuelto a robar. Había vuelto a descubrir a la madre de su
edad preescolar. Ahora podía llegar a los pechos y ya no necesita-
ba palpar a través de la brecha en forma compulsiva y sin concien-
cia del motivo: este resultado no pudo obtenerse por pura casuali-
dad.
Muchos de los casos no son tan claros, pero confío en que
éste lleve al estudiante a interesarse por hacer el examen de la ten-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 227
dencia antisocial como expresión de esperanza en un niño que, la
mayoría de las veces, está desesperanzado: desesperanzado a
causa de una interrupción en la continuidad de su línea de vida, y._
e1ta interrupción se debe, a su vez, a una reacción poderosa, auto-
mática e inevitable del niño, frente a una falla en su ambiente.
CASO XIII 1 "ADA", 8 AROS
Ofrezco aquí la descripción detallada y completa de una en-
trevista terapéutica con una niña de 8 años, a la que se trajo por-
que robaba. (También había enuresis, pero esto no sobrepasaba la
comprensión y la tolerancia de los padres.) Al final de esta larga
descripción el lector va a encontrar ilustrada la negación represen-
tativa de una disociación en la estructura de la personalidad de la
niña: éste es un importante rasgo del caso antisocial y explica la
compulsión al robo de motivación inconsciente que hace que el
niño se sienta enloquecido y que hace que al principio busque
ayuda.
Referencia del caao
La escuela había expresado con claridad que los robos de
Ada traían problemas y que tendría que abandonar el estable-
cimiento si el síntoma persistía. Me era factible verla una o, inclu-
so, algunas pocas veces, pero viyía demasiado lejos como para que
yo pudiera pensar en términos de tratamiento: por lo tanto, debí
actuar sobre la base de que era preciso hacer todo lo posible en la
primera consulta psicoterapéutica. Este era un caso para la clínica
del hospital.
Detalles técnicos
Vi a la niña sin ver antes a la madre, que fue quien la trajo: la
razón para proceder así fue que en esta etapa no estaba interesado
en registrar .u na historia exacta, sino en que la paciente se me reve-
lara lentamente ~ medida que ganaba confianza en mí, y en pro-
fundidad cuando se diera cuenta de que podía correr el riesgo.
1 Publicado an.terionnente en Crime, /,aw and Correction,, compilado por Ralph
Slovenko (Chutes C. Thomas; 1960), con el título " A Psychoanalytic View of the Anti·
social Tendency".
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 229
De,crlpci6n de la entrevista
Ada y yo nos sentamos tiente a una JQésita en la que había
pequeflu hoju de papel y un JJpjz, y en uaa Cija algunos carbon-
cillos. para dibujar.
Estaban presentes dos ~ t e a eocWes paiquütricos y UD vi-
sitante, •tados a unos metroa dt1 nosótros.
Lo primero que dijo Ada (en reapueata a .·íQi .pregunta) era que
tenía ocho años.
Tenía una hermana mayor, de 16 aftc., y también un hermano
pequeiut, de 4. Luego dijo que le gustaría dibujar: "Mi pasatiem-
po favorito."
(Esta fue una entrevista en la que no fue necesario el juego
de garabatos.)
(1) Flores en UD florero.
2
1
(2) Una lmpara, que cuelga del cielo raso frente a ella.
230 D. W. WINNICOTT
(3) W hamacas en. el campo de juegos, el sol y algunas nubes.
Estos tres dibujos eran malos como tales y carecían de ima-
ginación: eran representacionales. De todas maperas, las clásicas
nubes del tercer -dibujo tenían su significado, como veremos hacia
el final de la serie: en esta etapa yo no tenía idea de cuál era.
Ahora Ada dibujó:
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 231
~-
?/
J~:c~
/,,7
(4) Un lápiz. "Oh, mi Dios! ¿Tiene una goma de borrar? Es raro, algo
no está bien en él."
Yo no tenía goma y le dije que podía alterarlo si estaba mal, fo
que efectivamente hizo, y dijo: "Es demasiado gordo."
Comentario
Cualquier analista que lea esto ya debe haber pensado en va-
rias clases de simbolismo, y también en varias interpretaciones que
podrían haberse hecho. En este trabajo, las interpretaciones son
escasas y se reservan para los momentos significativos, tal como se
ilustrará. Naturalmente uno tenía en mente tres ideas: 1) pene
erecto; 2) vientre embarazado; 3) yo gordin.f}ón.
Hice comentarios, pero no interpretaciones. Por ejemplo,
mientras ella estaba dibujando
232 D. W. WINNICOTT
(5) Una casa, con sol, nubes (otra vez) y una planta en flor, le pre-
gunté si podía dibujar una persona.
Ada contestó que dibujaría
(6) a su prima, pero mientras la dibujaba, dijo: "No sé dibujar
mano,."
Ye sentía cada vez más confianza en que el tema del robo
aparecería, y así pude apoyarme en los propios "procesos" del
niño. De ali( en adelante, no import6 exactamente lo que dije o
dejé de decir con la excepción de que deb(a adaptarme a las ne-
cesidades de la niña sin exigir que ella se adaptaro a las m(as.
La ocultación de las manos podía relacionarse con el robo o
con la masturbación... y ambos están interrelacionados en el sen-
tido de que el robo sería la actuación compulsiva de una mastur-
bación reprimida o de fantasías impulsivas.
(Hubo una indicación posterior de embarazo en este dibujo
de la prima, pero este tema no adquirió significación en el trans-
curso de esta sesión: no hay duda de que nos habría llevado al
embarazo de la madre de Ada, cuando la niña tenía 3 años.)
Ada racionalizó. Dijo: "Está escondiendo un regalo." Le pregun-
té: "¿Puedes dibujar?" ·
(7) El regalo.. . una caja de pañuelos.
Ada dijo: "La caja está torcida."
Le pregunté: "¿Dónde compró ella el regalo?"y dibujó
(8) El mostrador de 1ohn Lewis (una importante tienda de Londres).
Nota: La cortina que pasa por la parte media del dibujo (véase
(21). .
Le pregunté : "¿Qué tal si dibujas a la señora comprando el re-
galo?" Sin duda, que_ría probar la capacidad de Ada para dibujar
manos. Entonces dibujó
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 233
234 D. W. WJNNICOTT
(9) Que muestra, una vez más, a una señora con las manos ocultas,
porque la perspectiva es desde atrú del mostrador.
Se observará que los dibujos poseen, ahora, un trazo más
fuerte, ya que la ~aginación se ha incorporado a su concepción.
El tema de comprar y hacer regalos había entrado en la pre-
sentación que la nlfia hacía de sí misma, pero ni ella ni yo sabía-
mqs '9Ue esos temas a la larga adquirirían significación. Yo sabía,
empe~, que la idea de comprar se emplea con regularidad para
encubrir la compulsión de robar, y que dar regalos es, a menudo,
una raci~nalización para encubrir a la misma compulsión.
Le dije: "Me gustaría mucho ver c6mo es la señora desde atrú."
Entonces dibttj6
(10) Este dibujo la so.rprendió. Dijo: "Oh, tiene brazos largos como los
míos; palpa en busca de algo. Tiene un vestido negro con mangas
largas; ése es el vestido que yo tengo puesto ahora; fue de mamá
una vez."
Por lo tanto, la persona del dibujo era Ada misma: en él, las
manos están trazadas de una manera especial. Los dedos me hi-
cieron recordar el lápiz que era demasiado gordo. No hice inter-
pretaciones.
Inventario
No estaba seguro de cómo se desarrollarían las cosas; quizás
esto fuera todo lo que yo obtendría. En una pausa, le pregunté
acerca de técnicas para irse a dormir, esto es, para afrontar el cam-
bio que va desde la vigilia al sueño y el momento que es difícil para
los niños que tienen sensaciones conflictivas respecto de la mas-
turbación. Ada dijo:
"Tengo un oso muy grande." Y mientras lo dibujaba con amor
( 11) me oont6 su historia. También tenía un gato de verdad en la cama
que estaba con ella todas las mañanas al despertar: aquí me habló
sobre su hermano, que se chupa el pulgar, y dibuj6 el siguiente:
( 12) En este dibujo muestra la mano del hermano con un dedo super-
numerario para chuparlo.
Obsérvese los dos objetos parecidos a pechos, en el lugar don-
de había nubes en los dibujos anteriores: podría ser que esta ilustra-
ción incluya recuerdos de cuando vio a su hermano bebé sobre el
cuerpo de la madre y cerca de los pechos. No hice interpretacio-
nes.
CLINIC/\ l'SICO/\N/\1.ITIC/\ JNI-/\NTIL 235
236 D. W. WINNICOTT
Nuestro trabajo ahora estaba en suspenso: se podía decir que
la niña estaba (sin saberlo) preguntándose si era seguro (esto es,
redituable) ir más hondo. Mientras estaba meditando sobre eso
dibujó •
(13) "Un orgulloso escalador."
Cuandó se realizó esta entrevista, era la época en que Hilary
y Tensing habían escalado la cima del Everest: esta idea me
dio la medida de la capacidad de Ada para experimentar una proe-
za y, en el campo sexual, para llegar a un clímax. Pude utilizar
esto. como indicación de que Ada podría traerme su problema
principal y darme la oportunidad de ayudarla. Esto me hizo ganar
confianza mientras esperaba... ¿esperaba qué?
No hice interpretaciones. Sin embargo, establecí deliberada-
mente una relación con el sueño. Le dije:
"¿Cuándo sueñas; sueñas con alpinistas y esas cosas?"
A continuación, vino el relato verbal de un sueño muy con-
fu10. Lo que dijo, hablando muy rápido, fue algo así como:
"Voy a los EE.UU. Estoy con los indios y consigo tres cosas. El
chico vecino está en el sueño. Es rico. Yo me perdí en Londres.
Hubo una inundación. El mar llegaba hasta la puerta del frente.
Todos huimos en un coche. Dejarnos algo atrás. Creo que ... no sé
qué era. No creo que fuera mi oso de juguete: creo que era la
estufa de gas."
Me dijo que esto había sido una muy mala pesadilla que tuvo
una vez. Cuando despertó corrió hacia la habitación de los padres
y se metió en la cama de su madre donde pasó el resto de la noche.
Era evidente que estaba dando el informe de un estado agudo de
confusión. Este fue, quizás el punto central de la entrevista, o sea,
•I alcance esencial del fondo de ,u experiencia de enfermedad
mental. Si esto era verdad, entonces al resto de la sesión se la po-
día considerar como a un cuadro de recuperación del estado de
confusión.
Después de esto, Ada dibujó
(14) Pinceles y caja de pintura.
238 D. W. WINNICO'IT
( 1S) Una aspidistra, en la que pensó mientras hablaba de anñas y de
otros suei\os de escorpiones que atacan con su aguijón, "mar-
chando como ejércitos, y uno grande en mi cama", y
(16) Un dibujo desordenado que indica una mezcla de casa (residencia
fJja) y de caravana (hogar móvil, que le traía a la memoria las va-
caciones de su familia); y luego
( 17) Una araña venenosa.
La araña tenía características que la relacionaban con la
mano: es factible que, en este caso, simbolice tanto a la mano para
masturbarse como a los genitales femeninos y al orgasmo. No hice
interpretaciones.
Le pregunté qué sería para ella un suei\o triste y dijo: "Se mat6 a
alguien: mamá y papá. Nuevamente, sobrevivieron muy bien."
Después, dijo: "Tengo una caja con treinta y siete lápices de co-
lores." (Referencia a la pequei'ia cantidad que le suministré y,
supongo, a mi mezquindad.)
Habíamos llegado al final de la fase media. Debe recordarse
que yo no sabía si iba a suceder algo más, pero no hice interpre-
taciones y esperé que funcionara el proceso que se había puesto en
movimiento en la niña. Pude haber tomado la referencia a mi mez-
quindad (lápices) como un signo de que su propio impulso a robar
vendría bien en esta etapa de la entrevista. Sin embargo, seguí
sin hacer interpretaciones y esperando, si se daba el caso, de que
Ada quisiera ir más adelante.
La última fase
Después de unos momentos, Ada dijo espontáneamente: "Soñé
con ladrones."
Entonces, comenzó la fase final de la entrevista. Debe obser-
varse que los dibujos de Ada se volvieron mucho más audaces en
esta etapa y habría resultado claro, para cualquiera que la hubiese
visto dibujar, que la movían impulsos y necesidades profundas.
Uno podía sentirse casi en contacto con la fuente de fantasía y
con los impulsos inconscientes de Ada.
Dibujó
(18) Un hombre negro está matando a una mujer. Hay algo detrás de
él, con dedos o algo.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 239
240 D. W. WINNICOTI
Después, Ada dibujó
( 19) •El ladrón, con los cabellos erizados bastante cómico, parecido a
un payaso. Dijo: "Las manos de mi hermana son más grandes que
las mías."
El ladrón está robando joyas a una señora rica porque quiere
.hacerle un lindo regalo a la esposa. No podía esperar a aho"ar el
dinero.
Aquí, a un nivel más profundo, aparece el tema representado
antes por la mujer, o la chica, que compra pañuelos en una tienda
para dárselos como regalo a alguien. Se verá que hay formas, como
las nubes de los dibujos anteriores, que ahora son como una corti-
na, y que hay un lazo. ·
No hice interpretaciones, pero me sentí interesado por el
lazo que si se desataba revelaría algo. Esto podía ser la representa-
ción pictórica de una conciencia de sí misma reciente o de una
liberación de la represión. Estas cortinas y el lazo reaparecen eh
(20) que es un dibujo del regalo. Ada agregó, mirando lo que había
dibujado: "El ladrón tiene una capa. Sus cabellos parecen zanaho-
rias, o un árbol o un arbusto. Realmente es muy amable."
Ahora intervine. Le pregunté sobre el lazo. Ada dijo que perte-
necía a un circo. (Nunca había estado en uno.)
Dibujó
(21) que muestra a un malabarista: se podía pensar en esto como en
un intento por convertir el problema irresoluto en una profesión.
Una vez más, aquí estaban las cortinas y el lazo. La disociación
está representada por el hecho de que el dibujo está en mitades y
que el telón está bajo, pero también levantado, y se está desarro-
llando el acto del malabarista.
Interoención activa
En ese momento, vi al lazo como símbolo de la represión, y
me pareció que Ada estaba lista para desanudarlo. En consecuen-
cia, le dije:
"¿Alguna vez birlas (robas) cosas?"
Este es el momento en que el lema de mi estudio sobre la ten-
dencia antisocial aparece en esta descripción de una entrevista te-
rapéutica. Es por este detalle _que al lector se lo invitó a seguir el
desarrollo del proceso en el niño, que ha utilizado la oportunidad
para ponerse en contacto conmigo. Hubo una doble reacci6n ante
esta pregunta, y aquí está representada la disociación.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 241
jZl
242 D. W. WINNICOTT
Ada 1) dijo: " ¡No!" y al mismo tiempo 2) tomó otrQ pedazo de
papel y dibujó
(22) Un manzanero con dos manzana; y a esto le aarea6 c6sped, un
conejo y una flor.
Esto mostraba qué había detrás del telón: representaba el
descubrimiento de los pechos matemos que habían estado escon-
didos, por así decir, por las ropas de la madre. De esta manera, se
había simbolizado una carencia. Este simbolismo habrá de com-
pararse y de contraponerse, con la imagen directa que se represen-
ta en el dibujo 12, la que contiene .un recuerdo del hermanito,
cuando bebé, en contacto con el cuerpo de la madre. El dibujo 12
no tenía significación terapéutica para ella.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 243
Hice un comentario: ..Oh, ya v6o, los telones eran la blusa de ma-
má, y ahora ya has alcanzado sus pechos.., ,
Ada no contest6, pero, en cambio, dibujó con indudable placer
(23) "Este es el vestido de mamá, el que más me gusta. Todavía lo
tiel\e."
El vestido data de la época en la que Ada era una niña peque-
ña y, por cierto está dibujado de tal manera que la visual de la niña
está casi en el nivel de la región media de los muslos de la madre.
El tema de los pechos prosigue en las mangas abuchonadas. Los
símbolos de fertilidad son los mismos que en el anterior dibujo de
una casa, y también se convierten en número~._ ..
244 D. W. WINNICOTI
El trabajo de la entrevista había terminado· y .Ada necesitó
poco tiempo para "volver a la superficieº, interviniendo en un jue-
go que continuaba el tema de los números como símbolos de ferti-
lidad:
(24), (25), (26).
Ahora, Ada estaba lista para irse y, como se encontraba en un
estado de felicidad y satisfacción, pude conversar diez minutos con
la madre, que había estado esperando durante una hora y cuarto.
Resumen de los primeros años de vida
En esta breve entrevista, pude saber que Ada había hecho
un desarrollo satisfactorio hasta los 4 años y 9 meses. Había
aceptado el nacimiento del hermano con facilidad y sin esfuerzo,
cuando tuvo 3 años y medio, mostrando un interés algo exagerado
por él. A los 4 años y 9 meses, el hermano (a la sazón de 20 meses)
enfermó seriamente, y siguió en ese estado.
La hermana mayor había atendido a Ada de una manera
muy mate mal, pero (cuando el hermano enfermó) esa hermana
transfirió totalmente su atención al hermano menor: así, Ada que-
dó seriamente carenciada. Pasó algo de tiempo antes de que los
padres se dieran cuenta de que, de este modo, Ada había quedado
intensamente afectada por la pérdida de interés de su hermana. Hi-
cieron todo lo que pudieron para solucionar el asunto, pero trans-
currieron dos años, aproximadamente, antes de 'que Ada parecienl
estar recuperándose del revés causado por la pérdida de su herma-
na-madre.
Fue por esta época que Ada (7 años) comenzó a robar,
al principio a la madre y más tarde, en la escuela. En la actua-
lidad, el robo se ha convertido en un asunto serio, pero Ada nunca
pudo confesar de plano lo que había hecho. Incluso, le llevó dine-
ro robado a su maestra y le pidió que se lo ·diera de a poco, demos-
trando de este· modo, que no había comprendido todo el significa-
do que entrañaban sus robos.
Junto con estos robos compulsivos, a los estudios de Ada los
había afectado una falta de capacidad para concentrarse en el tra-
bajo. Siempre se estaba sonando la nariz, se había vuelto gorda y
tenía aspecto desaliñado (véase dibujo 4 - "lápiz demasiado gor-
do"- "algo no está bien en él").
En síntesis: Ada había sufrido una carencia relativa a los 4
años y 9 meses, a pesar dé que vivía en un buen hogar. Como
resultado, empezó a sentirse confusa, pero, cuando comenza~
ba a redescubrir una sensación de seguridad, había desarrollado
CLINICA PSICOANALmCA INFANTIL 245
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246 D. W. WINNICOTT
la t.endencia a robar como compulsión disociada. No podía reco-
nocer sus robos debido a esta disociación.
Resultado de esta entrevista psicoterapéutica
La entrevista produjo un resultado: aunque Ada había estado
cometiendo robos hasta llegar a la entrevista, no ha vuelto a hacer-
lo del!de entonces. Su trabajo escolar también mejoró con pronti-
tud. (Sin embargo, la enuresis nocturna no se superó sino hasta un
año después de la entrevista.)
La madre informó que Ada había salido de la clínica con una
nueva relación consigo misma, una relación de tranquilidad y de
intimidad, como si se hubiese eliminado un bloqueo. Ha persisti-
do esta recuperación de una vieja intimidad y parece mostrar que
el trabajo que se hizo en la entrevista ·fue un genuino restableci-
miento del contacto niño pequeño-madre, que se había perdido
en el momento en el que la hermana mayor súbitament.e derivó
su cuidado mat.emal de Ada al hermano enfermo.
La disociación
Aquí, pues, hay un ejemplo de la disociación a la que hago
referencia. Ada no podía confesar que robaba. Cuando en la entre-
vista se le preguntó: "¿Alguna vez robas?", dijo con firmeza:
"¡No!" pero, al mismo tiempo, m.9stró que ahora no necesitaba_
hacerlo, ya que había encontrado lo que había perdido: el contac-
to con los pechos de su madre en su propia realidad psíquica inte-
rior o, en términos de representación mental, de los objetos infier-
nos. El lenguaje no importa: lo que sí cuenta es que la disociación
dejó de funcionar como si se hubiera transformado~ de pronto, en
una defensa que ya no era necesaria.
Los detalles del caso ilustran correctament.e la t.eoría necesa-
ria en un trabajo de cualquier tipo, ya sea t.erapéutico o de custo-
dia, con niños delincuent.es y con conducta antisocial.
CASO XIV "CECIL", 21 MESES EN LA PRIMERA CONSULTA
Estas notas clínicas atañen a un niño, una característica de
cuyo desarrollo emocional fue la capacidad para hacer una regre-
sión a la dependencia en el ambiente de su hogar. Los padres en-
cararon estas regresiones en forma adecuada y, de este modo, las
convirtieron en experiencias terapéuticas positivas.
El caso reviste interés especial en el sentido de que el proceso
se relaciona íntimamente con los episodios regresivos que caracte-
rizan la vida de cualquier niño en un ambiente familiar confiable,
es decir, aparte de la cuestión de una enfermedad psiquiátrica, ya
sea en él o en su familia.
El manejo de este caso se basó en seis horas de consultas sepa-
radas. a saber:
Fecha Edad del niño {nacido en octubre
de 1955)
julio 12 de l 95S 21 meses
octubre 12de 195S 24 meses
febrero 8 de 19S6 28 meses
febrero 6 de 19S7 3 aftosy medio
INTERMEDIO
octubre 17 de 1961 8 años
febrero 1 de 1962 8 aftos
A Cecil me lo derivó la maestra de la nurserí, situada en un
distrito de las afueras de Londres.
Cqnsulta con el padre, julio 12 de 1955
Primero entrevisté al padre, que estaba sinceramente preocu-
pado por su hijo y tenía un buen panorama de toda la situación.
En una.entrevista de una hora, me contó los detalles de la vida de
Cecil.
248 D. W. WINNICOTT
FAMILIA
Había dos hijos del matrimonio, Cecil, de 21 meses, y Kenneth,
de 1 mes al que en esa época se alimentaba con pecho. El padre
describió a la madre como "inteligente pero no siempre accesi-
ble". Cecil nació normalmente (3,550 kg) y se lo había amaman-
tado durante ocho meses. Era ávido y recibía el alimento "a pedi-
do". En verdad, había sido bastante voraz, y tenía propensión a
despertarse después de una hora, de modo que a partir de 6 sema-
nas de vida no durmió bien. En razón de esto, se lo llevó a la clí-
nica de un hospital, donde se le administró cloral. En términos
generales, era un bebé feliz y comenzó a jugar muy pronto. Era
f6cil de controlar, y la ablactación, a los 8 meses, no presentó
dificultades.
El padre dijo que su esposa había sido mú competente con
Kenneth, que se desempeiló muy bien desde un comienzo, que
con Cecil, lo que implicaba que hubieran reales dificultades con
éste en las primeras semanas. A los 1O meses. Cecil ya apilaba la-
drillos uno encima del otro. Se sentó y caminó en tiempo. A los
21 meses todavía no utilizaba palabras.
COMIENZO DE LOS SINTOMAS
Después, el padre intentó describir la dificultad por la que me
consultaba. Dijo que Cecil cambió en noviembre de 1954 a los
13 meses: relacionó esto con el hecho de que su esposa esta-
ba embarazada desde el mes anterior y que era propen1t1 a 1en-
tir,e amio1t1 cuando comenzaba un nuevo embarazo. A los 13
meses, en consecuencia, Cecil empezó a retroceder: exhibió de
nuevo lo que su padre describió como " sus dificultades de bebé",
el insomnio en particular y, en general, una falta de confianza en
la madre, por lo que se hizo necesario que el padre o la madre
estuvieran con él de hecho. Al mismo tiempo, comenzó a perder
interés en los juguetes. Todas las noches se despertaba varias veces
y el padre o la madre iban hacia él. Cuando despertaba, lo hacía
llorando. En el aspecto favorable, se alimentaba bien, crecía al
ritJQo adecuado y se había manifestado un interés por la m6sica.
USO DEL ORINAL
Cecil ya podía utilizar el orinal si deseaba hacerlo, pero en esta
fase (que comenzó cuando tenía 13 meses) lo había dejado
de usar por completo. No llevaba pailalcitos, pero mojaba el sue-
lo cuando sentía ganas. Los padres no eran esttictos al respecto.
El segundo hijo nació en la casa cinco semanas antes de que
tuviera lugar esta consulta del padre. Cecil contaba 20 meses
cuando nació su hermano. Durante lu tres semanas previas al
nacimiento del bebé, la sintomatología de Cecil se había agrava-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 249
do, en especial con respecto a su dificultad para donnirse y a que
despertaba gritando, y había empezado a resistirse a ir a la cama.
La noche anterior a la consulta había llorado durante tres cuartos
de hora, rechazando todo objeto, pataleando y golpeándose.
Tenía ataques de este tipo casi todos los días y, quizá, dos por
día más o menos. Antes de que llegara el bebé, los padres trataron
de decirle a Cecil qué era lo que debía esperar, pero no entendió,
lo que creían. Cuando vino el bebé, no se ''interesó en él" o, lo
miraba y se hurgaba la nariz o las orejas y desviaba a los padres
para que miraran a alguna otra cosa. Al mismo tiempo, él mismo
quería meterse en un cochecito o en una cuna.
FENOMENOS DE TRANSICION
El padre me contó, cuando le hice preguntas de rutina, que Cecil
primero se había chupado el puiio y luego un pulgar, pero sólo al
irse a donnir. Nunca le gustó objeto alguno en especial. Sin em-
bargo el mes pasado, es decir, a partir del nacimiento del bebé,
había estado chupándose el pulgar todo el día y, en especial,
cuando se alimentaba al bebé. Cecil no había intentado realmente
llegar al pecho, pero estuvo muy satisfecho por tomar el alimen-
to al mismo tiempo que mamaba el bebé. El padre infonnó que
ahora el juego (a los 21 meses) había 'casi cesado.
Se dejaron de lado el agua y la arena y los juguetes habían perdi-
do importancia. En ocasiones, estaba taciturno y se sentaba chu-
pándose el pulgar. Por el otro lado, había desarrollado su nuevo y
muy positivo interés por la música. Le gustaba hacer los trabajos
de la casa haciendo como que lavaba la vajilla y ~ue usaba el lava-
rropas.
El médico clínico fue útil en el control de Cecil, pero había lle-
gado el momento en que las drogas ya no producían diferencia al-
guna en su estado.
En esta etapa de la consulta, caí en cuenta de que un colega
me había consultado por teléfono en relación con el modo de diri-
gir este mismo caso. El padre me dijo que este médico les había
aconsejado a él y a la esposa que contrataran una enfermera para
Cecil. Me divirtió descubrir que cuando rechacé de plano este con-
sejo, me estaba contradiciendo a mí mismo, y esto me mostró
cuán diferente es el consejo que uno puede dar a distancia de la
manera en que uno actúa cuando está en contacto real con el caso.
Los padres habían intentado utilizar los servicios de una enferme-
ra, pero muy pronto Cecil se rehusó a permitir que suplantara a los
padres aunque parecía estar encariñado con ella.
250 D. W. WINNICOTT
Comentario
Ahora que, en lugar de hablar por teléfono con un colega, es-
taba en contacto directo con el caso, lejos de aconsejar el empleo
de una enfermera, me sentía cautivado por completo con la
idea de permitir que los padres mismos encararan la enfermedad
del niño. Tomo en cuenta el hecho de que, junto con todos estos
problemas, Cecil era afectuoso y dulce por naturaleza y de que
incluso, estaba sintiendo amor por su hermanito. Podía hacer uso
positivo al hecho de dormir en la cama de los padres, excepto
cuando tenía uno de sus accesos de llanto, en cuyo momento nada
tenía utilidad.
Me vi forzado a estar de acuerdo con la sugerencia del padre
en el sentido de que la pauta de perturbación infantil muy tem-
prana de las primeras semanas parecía haberse reactivado en deta-
lle en este nuevo período que empezó en noviembre, junto con el
comienzo dela ansiedad de la madre ante su embarazo.
Después de esta consulta, escribí la siguiente carta a mi co-
lega:
Esta es una nota oficial sobre el tema de Cecil. Me encuentro en
una situación muy difícil, entrevistando a un hombre y descu-
briendo, a mitad de camino, que él ya lo ha consultado a usted.
Ademés, dejando de lado todo el asunto de la etiqueta, me en-
contré en la ridícula posición de revocar el consejo que yo mismo
dí, y que usted transmitió a estos padres. Le dije al padre que,
a veces, usted y yo analizamos casos en detalle, y que recordaba
lo que usted dijo acerca del consejo que proponía dar en este
caso, y que, en ese momento, su propuesta me pareció sensata
en sumo grado. Por una razón u otra, encontré que el cuadro de
la situación hogareña difería de lo que había esperado sobre la
base del informe de segunda mano.
Este niño, que comenzó a cambiar en octubre pasado, en el mo-
mento en que su madre advirtió qué estaba embarazada (cuando
está embarazada, siempre padece de ansiedad patológica) (hipo-
condría), se halla en un estado de regresión bastante seria, pero su
apetito y su salud general no están muy afectados, y el padre, en
la actualidad, parece estar en condiciones de satisfacer las necesi-
dades del niño. Estoy seguro de que usted coincidirá conmigo en
que poner al niño al cuidado de una enfermera sería correcto
sólo si los dos progenitores efectivamente estuvieran fallando. Se-
rá siempre una cuestión discutible afirmar que en tal momento
hay una falla en la satisfacción de las necesidades especiales
del niño. Mi conjetura es que los padres no le están fallando y que
pueden tener la capacidacl de conducirlo a través de la presente
enfermedad.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 251
No me· caben dudas de que el niño, a quien parece no molestarle
el nacimiento del bebé, y que demuestra tenerle cariiio, fue seria-
mente afectado, no obstante, por el cambio de actitud de la ma-
$e en .octubre pasado, cuando quedó embarazáda y empezó a
sentir ansiedad por esta causa.
Estos padres pensarían en la psicoterapia para el niño, aun cuando
eso significara una perturbación considerable de los hábitos de la
familia. He sugerido que todo el asunto se mantenga en suspenso
hasta después de las vacaciones.
El 14 de julio de 1955 recibí la siguiente carta del padre:
Su consejo relativo a Cecil nos ha ayudado a sentir más confianza
en que podamos ayudarlo nosotros mismos, que es lo que desea-
mos. Le volveremos a escribir alrededor del 20 de agosto, como
usted sugirió.
Esta carta confirmó la idea que me había formado de que él y
la esposa deseaban manejar por sí mismos el problema de su hijo,
ai yo los ayudaba a hacerlo. El 15 de julio contest.é con la carta si-
¡uiente: ·
Ahora estoy seguro de que si ustedes mismos pueden ayudar a
Cecil hasta su recuperación total, eso será mucho más satisfacto-
rio, en todo aspecto, que la obtención de ayuda externa. Por otro
lado, no se debe tener miedo de adoptar la actitud opuesta. Es
desde que hablé con ustedes que me sentí impulsado a estimu-
larlos para que intenten hacerlo por ustedes mismos.
En la carta que el padre envió en agosto, informó sobre pro-
gresos, proporcionando la clase de detalles que justamente deseaba
yo conocer:
Como usted recuerda, me solicitó que le escribiera para hacerle
conocer los progresos de nuestro hijo Ce'cil a partir de la vez que
nos vimos en julio.
Durante las últimas tres o cuatro semanas ha sido más feliz gran
parte del tiempo. . . con excepción de algunos días en los que se
siente desdichado. Comer, jugar, dormir y, en términos generales,
cooperar: todas ellas mejoran, o se deterioran en coJtjunto. Duer-
mo en la cama con él. Ahora, sólo se despierta de noche una o dos
veces; en ocasiones, sale de la cama y llora, pero por un lapso más
breve que antes. A la mañana, y después de una siesta al mediodía
con mi esposa, ahora se despierta, casi siempre, sin llorar. Pero no
utiliza su cama en forma normal sino que le gusta meterse y salir
de ella varias veces, yéndose a dormir con frecuencia al suelo.
252 D. W. WINNICOTI
Juega más que antes; todavía siente una apasionada afición por la
música y baila a su compás; es muy perspicaz cuando lee libros
con ilustraciones. Todavía no habla, pero produce una mayor va-
riedad de sonidos (22 meses).
Algunas veces es muy ruidoso y risuefto; otras; muy tranquilo y
con apariencia triste: entonces, se chupa el pulgar. A menudo pa-
rece pálido y cansado.
Le agradecería si usted pudiera ver a Cecil y a mi esposa. Estamos
ansiosos por saber si debemos someterlo a un tratamiento .. . o si
usted piensa que puede crecer feliz sin recurrir a esa medida. Es-
toy muy impaciente por que mi esposa lo vea, pues pienso que
ella ha perdido la confianza sin necesidad y creo que sería de gran
ayuda que usted pueda brindarle un cuadro general de la situa-
ción.
Después de esto, hice arreglos para ver a la madre de Cecil.
Estaba empezando a advertir que ella era propensa a los estados
de ánimo depresivos y a los miedos hipocondríacos.
Consulta con la madre, 12 de octubre de 1955
La madre trajo a Cecil, que durmió durante toda la consulta
en su regazo: en este momento, tenía 2 años y su hermano 4 me-
ses.
En forma gradual, la madre me contó su versión de la historia,
que era muy similar a la brindada por su esposo. Dijo que Cecil
ahora estaba más feliz y que dormía mejor que cuando su esposo
lo trajo a los 21 meses. En ocasiones alborotaba de alguna otra
manera, haciéndolo, de ordinario, cuando llegaba el momento de
alimentar al bebé, que todavía se amamantaba.
Después, habló de los cambios que tuvieron lugar en Cecil, y
por los cuales me estaban consultando. Hasta antes de tener un
año, jugaba en una forma bastante normal pero, a partir de enton-
ces, perdió la capacidad de jugar.
En este momento de la consulta, Cecil se despertó lo suficiente
como para alargar su mano, de modo tal que un dedo estuviera en
la boca de la madre mientras él se chupaba el pulgar.
La madre prosiguió con los detalles de lo sucedido en noviem-
bre, dos meses después de haber concebido a Kenneth, cuando
realmente no se sentía bien, y en la época en la que Cecil (de unos
13 meses) inició el cambio: dejó de utilizar el orinal y quería
ser como un bebé, tendiéndose en el cochecito e insistiendo en
que se lo bañara de la misma manera que a los bebés. En sus juegos
quería preparar el catre del mismo modo que su madre lo tiene
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 253
que hacer para el bebé y ahora (a los 2 años); hace lo mismo con
una muñeca. En los últimos tiempos, se enojó algunas veces (dijo
la madre), golpeando al bebé y a la madre: ella reconoció que esto
es un progreso con respecto a la otra técnica, por la cual él mismo
1e convirtió en un bebé; agregó que estaba muy ocupada con el
nuevo bebé y que, al principio, Cecil estuvo resentido por esto.
Cuando las relaciones con ella se encontraban tensas, el niño pudo
utilizar a su padre en forma afectuosa. Ahora (a los 2 años) Cecil
se divertía, pero jugaba por su propia cuenta, es decir, no utilizaba
Juguetes del modo que solía hacerlo antes de enfermarse. Se había
vuelto "casi obsesivamente" limpio, y estaba muy contento de que
ae le permitiera ayudar en las labores de la casa y a cocinar. Podía
vestirse solo con un poco de ayuda y comía normalmente.1
En respuesta a mi averiguación, la madre me dijo que Cecil
había tenido un oso de juguete desde su primera infancia, pero
nunca tuvo mucho significado para el. Ahora tenía una grotesca
muñeca negra que de un modo especial, se había convertido en
algo importante para él: "Le habla, dijo la madre, le hace ruidos,
la lleva a dormir y le da de comer en el ombligo."
Lo que en la actualidad constituía para la madre motivo prin-
cipal de lamentación por Cecil, era que no hablaba. Se hacía enten-·
der, empero, y comprendía todo. En las proximidades no había
niños con los cuales pudiera jugar.
Cecil tenía un buen tono muscular y ahora había empezado
a recobrar el gusto por bañarse, jugando con las canillas y también
con el agua del fregadero.
Extraños que vinieran a la casa le provocaban ansiedad y se
paraba al lado de la madre chupándose el pulgar, sin hacer contac-
to con los visitantes. La madre dijo que el padre nunca se había
enojado con Cecil: era, en verdad, un hombre muy sufrido. Toda
la semana en la que el padre debió estar ausente de la casa, Cecil
tuvo tendencia a gimotear, y la madre interpretó eso como un
anhelo de que el padre vuelva pronto, hecho que algunas veces la
hacía sentirse molesta: ella podría preferir eso si el padre fuera
más firme, por que sentía que los problemas solían aparecer cuan-
do él se ausentaba; cuando estaba presente, Cecil iba hacia él en lu-
gar de ir hacia ella. Cuando despertaba llorando por la noche tenía
tendencia a confiar en el padre, en vez de' hacerlo en la madre.2
Seguí esta consulta con una carta a mi colega, fechada el
13 de octubre:
1 Al mirar retrospectivamente, se puede ver que la pérdida del uso de juguetes indica-
ba una pérdida del simbolismo debido a la pérdida del objeto simbolizado: esto se con-
virtió, con el correr del tiempo, en la base del robo.
2 En este momento esta actitud del niilo nos parecería a todos un error, por cuanto
Cecll en esta etapa necesitaba al padre como madre, para suplantarla cuando ella fallara.
2 .--1 D. W. WINNICOTT
Una nota adicional sobre este niño. A los 24 meses todavía no ha-
bla. Por otro lado, hay muchos signos de progreso y pienso que
la madre está encarando satisfactoriamente el difícil problema de
sacar adelante _al hijo mayor, al tiempo que cría al bebé. Cecil es-
tá emergiendo en forma gradual de su necesidad por ser como el
bebé y hasta pudo expresar enojo con él y con la madre cuando
estén juntos. Está solucionado, en parte, el problema que tiene
en el sentido de la identificación ·con la madre, abocado a las ta-
reas domésticas, que hace bastante bien, y tratando a sus muñe-
cas exactamente de la misma m.anera en que se lo trata al bebé.
Una buena señal es que ahora, por primera vez, ha adoptado un
objetivo, una muñeca negra, y que también está adquiriendo inte-
rés por el osito .que tuvo desde sus primeros meses pero que, con
anterioridad, pasó por alto en mayor o menor grado. Todavía se
chupa el pulgar en los momentos adecuados.
Parece feliz y en condiciones de disfrutar la compai\ía de una en-
fermera temporaria. Esta obsesionado con la limpieza y con los
juegos con agua. Casi se viste solo. Está comiendo bien. Existe
una casi total ausencia de actividad lúdica con juguetes, lo que
sigue siendo el principal síntoma, y resulta bien claro que estuvo
entreteniéndose con juguetes hasta noviembre pasado, cuando se
enfermó como reacción a los cambios que tuvieron lugar en su
madre.
Cuando vino, estaba dormido y siguió así durante casi toda la
consulta. Sin estar del todo despierto, puso un dedo en la boca de
la madre mientras que en la propia tenía el pulgar. Al final, des-
pertó y se comportó como un niño inteligente, todavía estaba
adormilado, pero jugó con un juguete que le ofrecí y que se llevó.
Hasta ahora, nunca ~rnitió una palabra inteligible, pero le habla a
sus muñecas con lenguaje propio, comprende todo y se hace
entender.
Su cuerpo está bastante bien constituido y pienso que su tono
muscular no es blando. Según creo, de estas notas se desprende
que el riesgo que asumo al aconsejar a la madre que atienda al ni-
ño, puede resultar justificado.
Todavía persiste la perturbación en el sueño perd, por lo común,
se limita a despertarse una vez, lo que no está tan mal. Va a dor-
mir contento y se despierta con el mismo humor a la mañana.
Un factor principal, que corresponde a la irritabilidad de la ma-
dre, es el carácter apacible del padre; le es difícil dar directivas o
estar enojado. La madre dice que si alguien tiene que enojarse
alguna vez, es ella. De este modo, los fines de semana son el peor
.momento : el padre está en casa y el niño, que lloriquea todo el
tiempo, se aferra a él y rechaza con la mano a la madre. Durante
la semana, con el padre ausente, Cecil no es difícil y, de ordina-
rio, no lloriquea, sino que parece estar feliz.'
3 Esto puece contradecir una alinnación previa, pero tuvo lugar un cambio relaciona-
do con la incertidumbre de Cecil respecto de si su padre era una madre substituta o un
padre. Esto se produjo en una etapa intennedia.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 255
Este niño debe recorrer un largo camino todavía, pero pienso que
puede llegar a ser nonnal, si utilizamos el término en sentido .bas-
tante amplio.
lnteroalo. Octubre de 1966 a febrero de 1966
Volví a ver a la madre, el 8 de febrero de 1956, y otra vez tra-
jo a CeciL También vino el padre.
Se informó que el bebé (8 meses) había sufrido una ecze-
ma, pero que, al margen de eso, estaba bien y que aun se lo ama-
mantaba. Cecil (ahora de 2 años y 4 meses) era totalment.e feliz.
Había empezado a utilizar palabras de una sílaba.
Mientras yo hablaba con los padres, Cecil se chupaba el pulgar y
mantenía su otra mano en la cartera de la madre.
Compárese esto con la conducta de Cecil durant.e la consulta
del 12 de octubre: ahora, había suplantado la boca de la madre
por su cart.era.
Se informó que Cecil jugaba más, .pero todo el tiempo vigila-
ba que su madre estuviera allí, pronta para at.enderlo. Había revela-
do un ligero int.erés en el bebé, y, en algunas ocasiones, hasta era
afectuoso con él, pero en otras mostraba que el bebé le molestaba.
Las comidas se habían vuelto pacíficas. Ya no insistía más en co-
mer con sus padres. Había vuelto la relación afe<;tuosa con la ma-
dre, pero conservándose la muy positiva·con el padre (que algunas
veces incomodaba a la madre). Ahora podía ser feliz con el padre y
la madre al mismo tiempo, y había logrado permitir que el padre
lo dejara sin sentirse apesadumbrado. Empleaba nuevament.e el ori-
nal para la defecación.
Con respecto al lenguaje, Cecil había adquirirdo la capacidad
de comunicar ideas u órdenes complejas: mostraba por ejemplo,
los cordones desanudados de los zapatos y, si la madre no se los
ataba, decía: "¡No hecho!"
En este momento de la consulta, Cecil estaba descubriendo los
ju¡uetes que había en el cuarto, mientras se chupaba el pulgar.
Las llaves de su madre habían caído al suelo y él puso una de ellas
en la cerradura de la cartera: una nueva versión de su dedo en
la boca de la madre; la llave representa ahora al dedo. Aquí se
puede ver la raíz del interés compulsivo del ladrón en llaves y en
cerraduras.
256 D. W. WINNICOTT
Cecil había querido traer su muñeca negra, aunque la madre
dijo: "Realmente no está tan interesado en ella." En los últimos
tiempos se chupaba el dedo con mucha menor frecuencia.
Mientras hablábamos, había sacado todo el dinero de la cartera
de su madre.
Compárese esto con su conducta anterior:
a) Dedo en la boca de la madre.
b) Dedo en la cartera de la madre.
e) Llave en la cerradura de la cartera, y ahora
d) Extracción del dinero de la cartera.
Todo esto se relacionaba con una relación interpersonal que
estaba progresando. Todo el tiempo su interés por los juguetes
pertenecientes a mi habitación estuvo en suspenso: resultaba evi-
dente que tenía un interés potencial ·en ellos, pero que no podía
obtenerlos. Seleccionó un botón del bolso de la madre y se lo dio.
Ella dijo: "De mi saco", pero no lo tomó, y este detalle ilustra
ese algo sutil en ella que constituye una dificultad en su capa-
cidad para comunicarse y para recibir comunicación en el nivel
más primitivo. Su incapacidad para entender llegaba hasta este
grado, pero debe recordarse que en la consulta estaba preocupada
por su relación conmigo.
La madre infonnó que Cecil continúa utilizando la cama ma-
trimonial: hay un catre esperándolo en la alcoba de los padres.
Parece que todavía existe algo de dificultad en que los padres sal-
gan juntos, porque Cecil es capaz de despertar desde las 9 de la
noche en adelante, y entonces cuenta con encontrarlos en casa.
Volví a escribir a mi colega el 9 de febrero de 1956:
Esta carta es para mantenerlo en contacto con los progresos de
Cecil. Ahora parece un niño normal. Utiliza muchas palabras y se
comunica libremente, aunque sin oraciones; juega a solas y no
tiene obsesión permanente de ponerse en lugar del bebé en 1ela-
ci6n con su madre. Pasaría por ser normal, pero hay síntomas
residuales. El problema principal se presenta a la noche, aunque
las noches son mucho mejores que antes. Ahora puede soportar
· que los padres estén juntos y no tiene problemas cuando el padre
debe irse a trabajar. En el otro extremo, necesita dormir en la
cama matrimonial, con el padre vuelto hacia él todo el tiempo:
esto significa que los padres nunca pueden estar juntos, y la ma-
dre encuentra que ésta es una terrible frustración. Están dispues-
tos a soportar esto unos pocos meses mú, si se les asegura que el
sacrificio vale la pena.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 257
La técnica global, a la que, en verdad, podría calificarse de "mal-
crianza", parece un buen efecto; además, la madre dice que gra-
dualmente acepta que puede establecer un contacto más directo
de concesión mutua, y esto lo está demostrando en su relación
con el próximo bebé que, a propósito, tiene una eczema, pero
que, por lo demás, es normal.
Mi contacto siguiente con los padres fue por carta, esta vez
escrita por la madre (2 de julio de 1956): en ella, la madre anali-
zaba la complicación de la conducta agresiva de Cecil hacia su her-
mano. Observaba que esa agresividad tenía dos aspectos: las prue-
bas del desarrollo .saludable de Cecil y, al mismo tiempo, la des-
ventaja desde el punto de vista del hermano. Contesté a los padres
(4 de julio de 1956): · •
Su idea de mantener al niño en casa parece haber sido justifica-
da. No creo poder hacer mucho respecto de los síntomas rema-
nentes. Debe ser muy difícil llegar a la aceptación del hecho de
que Cecil tiene razones para odiar a su hermano. Cuento con que
le tiene afecto también y con que no le gustaría lo que ocurre,
si el hermano no estuviera ahí para que se lo odie. La razón los
asiste por completo en que no hay por qué hacerlo sentirse cul-
pable, el trabajo de ustedes sigue siendo, sencillamente, el de evi-
tar lesiones al hermanito.
Empero, no existe motivo por el que no pueda saber, que en ra-
zón de su conducta, ustedes se sienten inclinados a ponerse del
lado del hermano. Les debe resultar muy perturbador que Cecil
venga todavía a la cama de ustedes a la noche. Todo lo que pue-
do decir es que si pueden perseverar, ésa puede 'ser la mejor mane-
ra de tratar el estado de Cecil, esperando el desarrollo de los acon-
tecimientos.
El siguiente contacto fue una visita de la madre (6 de febrero
de 1957). Cecil tenía entonces 3 años y medio.
Cuando la madre me vio a solas durante media hora, me infor-
mó acerca de un tremendo cambio. No sólo Cecil había crecido,
sino que estaba más feliz. De todas maneras, seguía sin dormir en
su propia cama. Ella y el esposo no habían podido pasar una sola
noche sin él. Con el objet.o de tener algo, siquiera, de relaciones
sexuales, tuvieron que sacar el mejor partido dél hecho de que Ce-
cil ahora está en su propio catre desde la hora de acostarse hasta
las 2 de la mañana. ''Cecil tiene la sensacion de que es su ú~recho
estar en la cama de los padres y habla del asunto." "Le decimos
--dijo ella- que estamos hartos, y él responde:' 'cuando sea más
grande'.,,. Dormía junto a su padre o atravesado al pie de la cama.
4 Compárese con la faae sofilticada (pág. 267).
258 D. W. WINNICOTT
La madre dijo que lo quiere mucho, pero que en ocasiones, se
exaspera. "Las cosas son por completo más.fáciles con Kenneth."
Para esta época, la familia se había mudado y en el nuevo
barrio había más niños que en el anterior, incluyendo una chica
de 5 años. De todas formas, Cecil no ha hecho amigos estables. La
madre informó que su aptitud lúdica es variable; dijo: "Espera que
los chicos lo visiten, pero, cuando lo hacen, puede volverse impo-
sible." Del mismo modo era impredecible su relación con el her-
mano. "En síntesis: Cecil tiene dos aspectos en su naturaleza: uno
es feliz y alegre y el otro es posesivo y celoso. En este último, tien-
de a jugar solo, imaginando que es un obrero o algo así."
Al disfrazarse, optaba por hacerlo más de niña que de varón,
y es evidente que envidia a la mujer su rol. Seguía chupándose el
p\llgar y carecía de un objeto regular del tipo que denomino "de
transición", pero adoptó muchos ositos de juguete a los que guar-
daba en su cochecito: eran niños. Todavía estaba muy encariñado
con el padre. Desarrolló una fobia contra los médicos, pero esto
fue resultado de haber visto vacunar -y oído chillar- a su herma-
no. Se rascaba todo el cuerpo como si recordara el eczema de Ken-
neth, pero sin producir un exantema. Si era con los padres, iba a
dormir sin problemas, pero si debía hacerlo solo, permanecía des-
pierto, alegremente sentado y rascándose hasta sangrar. No se ha-
bía advertido masturbación genital. Hablaba mucho y era muy
afecto a los cuentos. En la actualidad, la madre estaba cuidando
de los hijos sin ayuda alguna. Una nueva característica fue la de
golpear con mucha mayor deliberación a la madre cuando se eno-
jaba con ella que, a su vez, sentía que, ahora, se podía permitir el
alivio de enojarse algunas veces. Después de golpearla Cecil sentía
remordimiento.
Terminada la exposición, decidimos que Cecil debía seguir
recibiendo esta especial indulgencia por la noche, si los padres po-
dían soportarla. La tensión sobre la madre era muy grande y me
tomé el trabajo de aclararle que entendía su situación.
Después de esta consulta, escribí la siguiente carta a mi cole-
ga (7 de febrero de 1957):
La madre de Cecil me ha visitado. Aparentemente, el niño se ha
recuperado muy bien, pues casi ha salido de su estado de depen-
dencia. A esta regresión los padres la han enfrentado de una ma-
. nera hermosa, y se han permitido "malcriarlo". El síntoma resi-
dual es su continua necesidad de estar en el lecho matrimonial,
lo que provoca una muy seria tensión en la madre, quien está dis-
puesta a tolerarla durante un período limitado adicional.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 259
Existe todavía, por supuesto, una buena cantidad de pruebas de
trastorno emocional, en especial si los padres intentan ocuparse
del síntoma principal de otra manera que no sea pennitiéndolo.
Gran parte del día. Cecil está feliz y juega.
Después llegó una carta de la madre (9 de marzo de 1957) en
la que enfocó la idea de un jardín de infantes:
Cuando lo vi hace unas semanas, por nuestro hijo Cecil (3 años y
medio), usted estuvo de acuerdo con que le haría bien asistir a un
jardín de infantes. Fue cuando vine~ disponer las cosas para que
vaya a una de las nurserís locales, que recién advertí que hay lar-
gas listas de espera en todos lados (se aconseja a las madres que
"reserven" un lugar para el niño cuando tiene 6 meses). He
intentado su ingreso en establecimientos públicos y privados.
En el público se me ha dicho que si escribo a las autoridades mi-
nisteriales contándoles que Cecil ha sido un chico difícil, y si ten-
go una carta de usted en la que diga que sería de gran beneficio
para él concurrir a la nurserí entonces es probable que logre su
ingreso. Me preguntó si usted cree que vale la pena hacer esto . ..
o si se debería dejar para los casos que lo merezcan más.
Como result.ado de est.a carta, escribí al Funcionario de Edu-
cación (13 de marzo de 1957):
Entiendo que la señora X, que actúa siguiendo mi consejo, ha
solicitado una vacante para Cecil en una nurserí. Me agradaría
apoyar esta solicitud sobre la base de que Cecil ha estado someti-
do a tensión durante un prolongado período,. y considero que
ahora ha mejorado y tiene gran necesidad de la clase de ayuda
que una nurserí puede brindar.
Cecil vino a venne por primera vez cuando tenía 21 meses. El ni-
ño estaba seriamente perturbado al haberse apercibido de que su
madre estaba embarazada. 5 Uno de los síntomas principales fue
una dificultad para dormir.
Estoy enterado de que existe una lista de espera para esa clase de
establecimiento, y todo lo que deseo es mencionar las dificultades
de Cecil y expresar mi opinión de que en cuanto pueda utilizar
una nurserí será importante para él que ingrese allí.
En respuest.a a est.a carta, la comisión educacional del conda-
do otorgó permiso para "la admisión excepcional a la nurserí
local" de Cecil.
5 No habría sido prudente describir en esta carta el modo en que el nifto se sintió
afectado por la reacción patológica de la madre ante la idea de haber concebido.
260 D. W. WINNICOTI
ALOS8 A~OS
Intervalo. Marzo de 1957 a octubre de 1961
El contacto siguiente se produjo en octubre de 1961, cuando
me pidió que vie~ a Cecil a la sazón de 8 años -ya que había
estado robando. La madre vino con Cecil y la vi a ella antes
de verlo a él. Cecil ahora tenía justo 8 años y su hermano, de 6,
concurría a la misma escuela.
. La madre informó que Cecil había mejorado, pero que nunca
había sido fácil de manejar. Siempre habían existido, fases de di-
ficultad. Cuando pasó de la nurserí a la escuela primaria, empezó
a robar: vale decir, cuando por primera vez se encontró con difi-
cultades en su ambiente y fuera de su propio hogar.6 En Cecil
persistía el estado de conflicto entre su deseo de ser grande y su
deseo de ser pequeño. Se habían producido algunos robos en casa:
dinero de la cartera de la madre, y también, en época reciente,
ocurrieron robos a los amigos. Asimismo, había "encontradoº un
reloj. En la escuela se portaba bien, aparte de los robos. La escuela
no parecía haberlo preocupado, hasta una semana antes de la con-
sulta; entonces, esa preocupación se había empezado a manifestar
con el síntoma de despertar con dolor de estómago. "Tiene bas-
tante· de pendenciero, dijo la madre, ,y eso viene envuelto en ce-
los hacia su hermano."
Advertí que la madre se hallaba en un estado de depresión.
El padre continuaba siendo muy paciente en su relación con la fa-
milia; la madre seguía s~endo, en forma general, una mujer ansiosa.
Después de ver a la madre, dí a Cecil (8 años) una prolon-
gada entrevista personal. Puse la mesa para niños entre nosotros,
y establecí el contacto sobre la base de garabatos.
Naturalmente, me resultó muy interesante estar en contacto
con este niño de 8 años, cuando todavía recordaba con claridad mi
contacto con él a los 21 meses y, de nuevo, a los 2 años y 4 meses.
6 El principio de realidad estaba en contraposición con la "malcrianza" terapéutica, o
adaptación a las necesidades especiales asociadas con la regresión a la dependencia.
Entre11iB_ta personal con Cecil, 8 años (octubre de.1961)
DIBUJOS
I
L d.
(1) Mi primer garabato, que transform6 en un estanque.
(2) Suyo, que u ~ para indicar un hombre, o un muchacho.
-
(
\~
\ ,
n
L
\
\ \¡✓
262 D. W. WJNNICOTT
.(3) Después, transfonnó el mío en un coche. Cada uno de sus praba-
tos mostraba una considerable ima¡inación.
(4) Suyo, que transformé en algún tipo de animal.
(S) Convirtió el mío en una persona.
(6) Suyo, que sólo pude usar al hacer lo que llamamos un patrón.
(7) Convirtió el mío en una estatua con una espada, exhibiendo, una
o
264 D. W. WINNIC01T
vez mú, inventiva e imaginación creadora.
(8) Suyo, que transfonn6 en un cocodrilo.
(9) Transformó el mío en dos manzanas unidas.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 26S
Recordé la inanera, en que, a los 24 meses., t.enía un dedo
en la boca de su madre mientras se chupaba el pulgar. Algo, que
podía ser una unidad, se reduplicaba aquí. ,
( 1O) Luego, hizo un garabato del que dije que eran tres manzanas, y
pre¡unté: "¿Sueiias alguna vez eón manzanas?"
Respondió: "Sueiio sobre lo que sucede ei día anterior y sobre lo
que he estado haciendo; casi siempre, son lindos." Cuando le pre-
¡unté si tenía sueiios horribles o tristes, dijo que tuvo uno triste
sobre un amigo que se rompía el brazo.
( 11) Suyo. En el sueiio eatab4 en un hospital largo tiempo. Realmente,
se había roto el brazo, pero de hecho, en el hospital sólo estuvo
dos horas: se había caído en el camino que eat, al lado de la e►
cuela.
O 2) Convirtió el mío en rocas: esto tenía que ver con unas vacaciones
que pasó en Francia; representaba acantilados.
(13) Después convirtió su propio garabato en una G de la que dijo
podría tener relación con jarreteras, porque está a punto de in-
gresar en los Cachorros.•
*Cachorros: nombre que se da a los miembros más jóvenes de los Doy Scouts. Como
símJ,olo de su jerarquía, usan una jarretera (garter) en el muslo derecho. IT. I
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 267
(14) Suyo, que convertí en una ardilla, tal como el la llamó.
(15) Mío. Lo transfonnó en un florero con una flor.
( 16) Suyo, que convertí en una flor en una maceta. Mientras hacíamos
esto, él hablaba acerca de la soledad y de la tristeza. El sabía, dijo,
qué significaba estar solo. Los primeros días en la escuela, cuando
iba diariamente, no estaba seguro de lo que debía hacer. El primer
día se sintió completamente confuso después de las plegarias, y
por eso llegó tarde. Le pregunté acerca de las ventajas de crecer y,
en consecuencia, de saber mú sobre las cosas. Dijo: "No quiero
crecer; es una lástima tener que abandonar la, edade, más jóve-
ne,. " 1
En este momento, introduje una interpretación. Aquí hice refe-
rencia a las manzanas y dije que podrían tener el significado de
pechos y de su necesidad por mantenerse en contacto con su pro-
pia infancia y con el amamantamiento.
En el momento en el que escribo esto (1970), pienso en las
tres manzanas de su garabato número 10, del que dije que podrían
ser tres pechos, en términos de la exageración de la forma materna,
que aparece en la mitología como una diosa con tres pechos: a los
tres pechos de Artemisa se los puede considerar como a una nega-
ción de la amenaza de fracaso en la cosecha.
Es un detalle principal de mi pre~ntación el que esta inter-
pretación le pareció natural a este niño, al que se había mantenido
en contacto con las relaciones con objetos de la infancia mediante
la operación de la tendencia regresiva a la que la técnica de control
que utilizaron los padres enfrentó en forma más que adecuada.
Aquí pregunté acerca de papá y de .mamá y de cómo los utilizaba
cuando quería que se lo tuviera y que se lo tratara como a un
bebé. Dijo que principalmente utilizaba a la madre porque "papá
siempre me está mostrando cómo hacer las cosas, cómo cortar el
césped y todo lo demú". En otras palabras: sentía que su padre
lo estaba empujando hacia el abandono de la niñez. Aquí había
una negación de la importancia del padre en su infancia. Dijo que
era bueno para cavar. "Soy peor cuando hago cosas en la escuela
que ya sé, como sumar; hacerlas por nada; es tan aburrido. Cosas
nuevas excitantes sí que puedo hacer.".
7 Resultó Interesante obtener esta sofisticada versión, a los 8 ailos del comentario que
hizo a loa 3 aftos: "Cuando sea más grande", en relación con la idea de no donnir con los
padres (píg. 257).
CLINICA PSICOANALmCA INFANTIL 269
Le hice entonces una . pregunta· directa referente a robar, y me
hizo. la narración de una ratería y también de un sueño en el que
roban un coche. El sueño
J.f'
(17) fue posterior a un incidente real: en el hecho verdadero, el coche
tenía en su interior todas las valijas preparadas para un vilQe al
extrattjero, por lo que la familia se vio obligada a ir a otro lugar
más próximo al bogar. En este dibujo, y en la asociación que el ni-
ño hizo con él, existe una mezcla d&. hechos y de sueños. Tam~
bién contó cómo había pedido prestáda la lapicera de un amigo
para utilizarla, lo que fue equivalente a un robo. Luego dijo como
si se hubiera topado con algo importante: "Cuando mi hermano
tenía 2 años me robó 1 chelín."
Doy por sentado que le era muy importante expresar esta for-
ma concreta, lo que sentía respecto a la usurpación de sus dere-
chos por parte del hermano.
270 D. W. WINNICOTT
Aquí tenninó la consulta, y el niño partió en buenos térmi-
nos conmigo, muy contento por irse.
En esta entrevista pude ob~ner una nueva versión de los con-
tactos anteriores en los que Cecil me vio estando presentes los pa-
dres. La secuencia fue: primero, relacionaba la succión del pulgar
con la reclamación de su derecho a la boca de la madre; luego, uti-
lizó la cartera de ella y su contenido (incluyendo dinero) en lugar
de la boca·de la madre. Ahora me habló acerca de robar y de ser
robado.
Él detalle principal de esta hora de consulta relativa al tema
actual, es que el dibujo de las manzanas y mi interpretación tuvie-
ron significado para él, porque el puente hacia lo p_asado y hacia lo
inconsciente se mantuvo abierto, debido a las tendencias regresivas
del niño. El manejo de la situación que estuvo a cargo de los pa-
dres había aceptado esas tendencias y encarado la dependencia,
convirtiéndolos de este modo, en un procedimiento terapéutico. 8
Más allá de todo esto, había una "carencia" relacionada con la
reacción de la madre ante su embarazo.
Después, escribí la carta siguiente al director de la escuela (20
de octubre de 1961): ·
Vi a Cecil como usted probablemente sabe, y también lo vi en
1955. La madre me habló sobre ciertas dificultades que han esta-
do provocando problemas en la escuela, y he tenido la oportuni-
dad de formarme una opinión de Cecil y de ubicar sus síntomas.
en relación con la totalidad de su desarrollo.
En su caso, los robos que cometió recientemente se relacionan
con cierto grado de su tendencia a recuperar la dependencia de los
primeros tiempos de su infancia.
Como usted probablemente sabrá, a esta clase de tendencia la
acompaña la opuesta, la de ser muy independiente. Pude ver,
cuando vino por primera vez en 1955, que Cecil se había visto
afectado adversamente en la época del embarazo de la madre y
por la reacción bastante exagerada de ella al saberse en ese estado.
Esto sucedió cuando él tenía alrededor de un año y medio (octu-
bre de 1954).
Soy consciente de que el manejo de un niño en la escuela debe
relacionarse con el de todos los demás y de que no puede rela-
cionarse en forma exacta con el desarrollo total del muchacho y
con sus dificultades, las que pueden remontarse a la infancia y a
la edad preescolar.
De todos modos, le hago saber este detalle porque para la escuela,
puede ser posible adoptar el principio de ver que Cecil atraviesa
una fase en la que puede esperarse la aparición de estos síntomas
embarazosos. Para instructores que estén a cargo de · un niño, a
1 Cfr. "Withdrawal and Regression" (19S4), en Collected Papen: Through Paediatric,
to hycho-analylil, Tavistock Publications, 19S8.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 271
veces significa una ayuda poder ver que hay algún sentido en sín-
tomas que carecen de significado lógico en el momento presente
y en relación con la vida consciente del niño.
Esto produjo la r.espuesta siguiente:
Le agradezco su carta referida a Cecil, que fue muy tranquiliza-
dora.
Puece que hemos superado la fase del robo sin que los otros ni-
ños se hayan apercibido de que la desaparición de sus pertenen-
cias tuvo relación alguna con Cecil: esto se debió, en gran parte, a
la sumamente útil cooperación de los padres de 61.
Me complace poder informar que el muchacho parece estar
aplacándose en forma muy satisfactoria.
En respuesta a una averiguación posterior, recibí una carta
del padre (de diciembre de 1961).
Cecil tiene, por cierto, más paz interior que cuando mi esposa se
lo llevó a usted la última vez para que lo vea. Todavía tiene los
síntomas generales, pero muy disminuidos. Duerme mejor y no se
queja con frecuencia de dolor de estómago. No está ni desdicha-
do ni deprimido como lo estaba antes.
Todavía tiene momentos en los que ~s muy infantil y en los que
fácilmente se pone celoso de su hermano, pero están entremezcla-
dos con épocas más tranquilas y placenteras. Parece estar muy in-
a
teresado en su escuela y tiene menos ansiedad con respecto ella.
Por lo que sabemos, no ha robado desde que fuimos con él a ver-
lo a usted.
Cuando habl6 por última vez con el director de la escuela, él tam-
bién apreció pensar que Cecil estaba progresando más. Espero que
baya podido decirle lo mismo a usted en la carta que le envió.
Los otros síntomas persistieron, aunque en menor grado, e in-
cluyeron ataques de infantilismo pero, aparentemente, no volvió a
robar.
Posteriormente, vi otra vez a la madre y al chico el 1º de fe-
brero de 1962.
Primero vi a la madre, que informó que los robos habían ce-
sado. Cecil se había mostrado más positivo en su relación con ella
y con los demás, y más feliz, y le agradaba venir a verme de nuevo.
Todavía quedaban algunos vestigios de infantilismo contra los que
la madre contendía en cuanto se manifestaban. El hermano aho-
ra se había vuelto bastante fastidioso y provocaba a Cecil, que en-
frentaba resueltamente esta nueva complicación. Las vacaciones de
Navidad transcurrieron .bien. En la escuela, Cecil había trabajado
con tesón, salió en el primer lugar y obtuvo un buen informe. Aun-
que ya no robaba, tenía cierta tendencia a inventar historias en la
272 D. W. WINNICOTI
escuela. Un ejemplo: "Tengo nueve hermanos y hermanas", etcé-
tera.
Un cierto grado de pseudología fantástica por lo regular va
acompañado por la tendencia antisocial y por el robo y, a menudo,
persiste cuando de verdad ha desaparecido el robo. Es una manifes-
tación de disociación.
La madre me pareció menos cansada y no deprimida. No
puede decirse, todavía, que Cecil haya conseguido hacerse de un
amigo, y esto (desde el punto de vista psiquiátrico) es su principal"
síntoma residual. En segundo lugar, estaría su cansancio: la madre
sabe que ella debe contender con este cansancio y dejarlo ir a la ca-
ma a las 17, si fuera necesario.
Comprendidos en este cansancio y en la nE!cesidad de acos-
tarse muy temprano, están la depresión y el residuo de la tenden-
cia regresiva; está, asimismo, su sensación de llevar consigo la ten-
dencia depresiva de la madre. ·
Al final, la madre me hizo recordar, o me dijo por primera
vez: "Usted sí entiende, doctor, ¿no?, que con Cecil nunca salía,
ni siquiera al comienzo. Me doy cuenta de esto a través de mi rela-
ción con su hermano, con el que he sido accesible desde el comien-
zo. y él lo ha sido conmigo."
Me pareció que la madre había podido llegar a hacer esta pre-
cisa declaración sobre la etiología de la enfermedad de Cecil, por el
hecho de que el niño ahora había mejorado y eso hacía que ella
se sintiera menos culpable; también porque son ella y el marido
los que han producido esta mejoría, al satisfacer, sin desfalleci-
miento, las necesidades especiales de Cecil, durante un prolongado
lapso.
Después de vér a la madre, tuve una entrevista con Cecil. Es-
tuvo positivo en su relación conmigo y muy cómodo. Quiso ser el
primero en dibujar, e hizo una sinagoga. Hablamos acerca de la
posibilidad de que sea arquitecto: dibuja casas con frecuencia. Des-
pués, me pidió que hiciera un garabato. 9
( O y lo convirtió en una tetera.
(3) La boca de un cocodrilo que 61 hizo a partir de su propio garaba-
to. (Hubo un cocodrilo que introduje en la primera serie.)
Le pregunt6 si recordaba al hombre con la espada, que pertene-
cí~ a la primera serie, y dijo: "Oh; sí" y se interes6 por la nume-
ración de los dibujos.
(5) Convirtió mi garabato en un martín pescador.
(7) Convirtió el mío en una sirena.
9 Pienso que no es preciso mostrar estos dibujos.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 273
(8) Convertí su confuso garabato en algo, al colocar un plato en de-
rredor, así como un cuchillo y un tenedor, con lo que se denota-
ba que esto estaba asociado con algo para comer, y en esto me
intluyó su dibujo del cocodrilo, que podría comerme o que po-
dría representar un aspecto de. mí mismo en la relación profe-
sional.
(9) Transfo1D1ó el mío en un cohete, en un avión de reacción.
(11) Convirtió el mío en una bruja con escoba: esto tenía que ver con
un relato que él conocía y con el mecanismo de los hechizos. Los
sueños aterradores se convirtieron, en consecuencia, · en el tema
central de nuestra conversación.
(12) De éste dijo que era como un sueño de brujas: es su dibujo (que
no está basado en un garabato). La bruja vino a la casa y él des-
pertó. Dijo: "Dormir está muy bien, pero es cuando uno despier-
ta que olvida donde está." Entonces le dije: "¿Tienes sueños
lindos?" y dijo: "Sí", y dibujó el siguiente
(13) Estaba excitado dibujando una locomotora diesel a la que mane-
jaba él mismo.
(14) Un sueño divertido tiene que ver con un payasó y con un circo y
niños que miran. "Yo podría ser payaso", dijo.
Le pregunté si soñaba con la escuela, y respondió: "no".
"¿ Tienes amigos"?
"Sí, muchos, pero no un amigo realmente mío."
"¿ Tienes alguno del que te gustaría·ser amigo?"
"No, en realidad, no."
Después hablamos sobre una gran cantidad de detalles extraños:
su grotesca muñeca negra, que ahora está en el aparador, etcétera.
Podría ser maestro cuando tenga 20 años o construir.carreteras o
ser granjero o conducir locomotoras diesel, lo que le gusta mucho.
Pre¡unté: "¿Dibujamos alguno más?" y contentó: "Sí, uno más!'
( l 5) Convirtió mi garabato en un agujero con nieve en él. "La nieve
de ayer se ha derretido, pero jugamos con la nieve en Navidad y
con ella hice bolas y un hombre", y, de un modo u otro, llegamos
a analizar la diferencia entre los jóvenes y los viejos y la edad
avanzada de su abuelo, que tiene 87 años.
· En este contacto, no hubo algún rasgo especial que atrajese
mi atención hacia la persistencia de la enfermedad, de la perturba-
ción del carácter o del trastorno de la personalidad. Sentí que el
niño estaba exhibiendo libertad y sentido del humor, los dos indi-
cadores de salud. En el material de la consulta, no hubieron evi-
dencias de una tendencia regresiva o de una fuga de ella.
Resumen
(1) Se explica un caso en forma detallada. Todo lo que sé de él se
informa para ilustrar el aspecto económico de este tipo de
conducción de casos en psiquiatría infantil. El trabajo de este
2 74 D. W. WINNICOTT
caso se hizo mediant.e seis entrevistas diseminadas en un pe-
ríodo de seis años, y a través de cartas.
(2) El niño desarrolló, y mantuvo, una capacidad de -regresión a
la dependencia y los padres enfrentaron esa t.endencia: de
este modo, las regresiones tuvieron valor t.erapéutico y man-
tuvieron abierto un camino a las sensaciones de la infancia.
(3) Detrás de la necesidad de esta t.erapia, existía una carencia re-
lativa, relacionada con la reacción patológica de la madre ant.e
el hecho de estar embarazada por segunda vez.
(4) Esta t.endencia en el niño a la regresión, junto con la buena
voluntad y la capacidad de los padres para enfrentar la depen-
dencia del muchacho, está íntimament.e ligada a los períodos
de "malcrianza", períodos cuya existencia puede comprobar-
se, en el caso de prácticament.e todo niño criado en un am-
bient.e confiable.
(5) Los progenitores, en este caso, desearon desempeñar su papel,
y ellos mismos estuvieron más que dispuestos a llevar a cabo
el "tratamiento" del niño. Sí necesitaron que se les diga, em-
pero, qué es lo que estaban haciendo y que, de vez en cuando,
yo los ayudara en mi carácter de psiquiatra que asumía la res-
ponsabilidad ·total.
(6) Con el correr del tiempo, el caso adelantó con una entrevista
psicoterapéutica en la que el niño, a los 8 años, me utilizó
con respecto a su t.endencia antisocial (robo). A los 8 años
en el juego de los dibujos, retrocedimos hasta alcanzar
el contacto franco y resuelto en un nivel profundo, por lo
que el robo desapareció del cuadro clínico.
(7) Existen síntomas residuales, incluyendo la dificultad para
establecer y conservar una amistad firme, sin embargo, el re-
sultado del caso fue favorable, en función de la salud personal
del niño en relación con su familia y con su entorno social.
Nota adicional escrita catorce años después de la primera consulta
Durante el período de intervención, tuve entrevistas con el ni-
ño o con los padres en el transcurso de casi todos los años: resultó
que el factor predominante fue la tendencia de la madre hacia la
depresión, por lo que ha estado recibiendo psicoterapia, y esto la
ayudó considerablemente: se convirtió en una madre que trabajó
con mucha intensidad para darle a sus hijos el ambient.e que nece-
sitan, lo que, a menudo, le fue difícil por su trastorno de caráct.er.
El padre ha sido un factor de estabilización absolutamente esencial
en la situación total.
Como es natural, en el transcurso de estos años hubo control
en abundancia lo que ha sido de importancia vital y en especial, la
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 275
elección del colegio apropiado. Cecil me ha utilizado como factor
estable en su vida, incluso desde la primera entrevista y puedo con-
tar con que estos padres soliciten mi ayuda tan pronto como las
cosas comiencen a ponerse difíciles.
Cabría señalar que, en este caso, he continuado esa primera
entrevista en una docena de entrevistas ulteriores espaciadas en el
transcurso de los años. Al repasar el archivo, hallo que, e,n este
caso, la persona enferma siempre ha sido la· madre, y que ella me
ha utilizado para ayudarla con los efectos que su depresión produ-
cían sobré este muchacho en particular mientras que, en su propio
análisis, ella ha estado lidiando con su tendencia a la depresión de
una manera más general. Es obvio que el analista de la madre pue-
de tratar sus angustias hipocondríacas relacionadas con ~s obje-
tos, pero, cuando uno de los objetos es un niño al que se está afec-
tando en forma adversa, entonces es necesario que alguien más
brinde ayuda al niño. Es necesario, empero, tener en claro que el
caso está dominado por la enfermedad de la madre y no por la
sintomatología que aparece en la personalidad, en el carácter y en
la conducta del niño.
El muchacho está ahora en la escuela de humanidades. Sus
estudios se han desarrollado bien y parece estar creciendo de un
modo adecuado a la edad de 17 años. Existen matices regresivos
residuales, que comprenden la succión del pulgar y la exigüidad de
amigos especiales. Cada vez es más evidente su independencia de la
madre y ha pasado por un período bastante natural en el que pare-
ció mostrar antagonismo hacia sus padres. A medida que crece y
parece estar en condiciones de convertirse en un 'joven saludable, la
sintomatología depresiva de la madre se está haciendo, quizá, más
evidente como tal, ya que ahora no puede asumir la forma especial
de preocupación por Cecil.
CASO XV "MARK'~ 12 AROS
En este caso se produjo un notorio cambio clínico después de
la consulta terapéutica: al parecer, este cambio fue más el resulta-
do de la comunicación entre el niño y yo que un cambio de acti-
tud hacia él en su familia. Debe observarse que este muchacho es-
taba preocupado por el agua y que, finalmente, estableció su iden-
tidad al ir al mar.
Me propongo brindar, en la medida de lo posible, todo lo que
sé sobre este caso, 1 para ilustrar la manera con la que uno puede
trabajar en una zona limitada y, de este modo, evitar la infinita
cantidad de detalles que, inevitablemente, introducen confusión en
el tratamiento psicoterapéutico. Es esta delimitación de la zona de
operación la que determina que un psiquiatra infantil lleve una car-
ga muy pesada, mientras que el psicoterapeuta y, en especial, el
psicoanalista, trabaje con sólo unos pocos casos por vez. Es proba-
ble que el psiquiatra infantil que hace este trabajo esté comprome-
tido en 100 o hasta 200 casos en curso, y esto pone a la tarea en
una relación con la presión social.
Tal como he expresado repetidas veces se comprenderá que la
base del entrenamiento para este trabajo es, según mi opinión, un
conocimiento cabal de psicoterapia individual a largo plazo, e in-
cluso, el psicoanálisis que entraña sesiones diarias durante varios
años.
Historial familiar
Chica 16 años
Mark 12 años
Varón Baños
Varón 7 años
A Mark lo trajeron sus padres a mi consultorio cuando tenía
12 años. El padre era un colega, miembro del cuerpo profesional
de la universidad. En este caso, entrevisté primero a los padres jun-
tos, ya que deseaban obtener mi ayuda para orientarlos sobre el
1 Excepto cuando sea necesario distorsionar u omitir algunos hechos para ocultar.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 277
problema. Muchos det.alles surgieron de la manera habitual, de una
entrevista que sigue su curso natural. ·
La familia estaba intacta. Fui informado de los siguientes
hitos significativos en el desarrollo emocional de Mark:
A Mark se lo amamantó y fue muy difícil de destetar: "Se resis-
tió con mucha intensidad al destete."
Este es un asunto de considerable interés teórico. Según mi
experiencia, cuando un niño es "difícil de destetar" existe con fre-
cuencia un trastorno en la madre, ya sea una dificultad en la zona
de los sentimientos lmbivalentes o si no una tendencia a la depre-
sión. Estos dos estados están, por supuesto, relacionados, pero en
la depresión se produce una represión más poderosa del conflicto.
Los progenitores continuaron con lo que querían decir acerca
del niño:
Mark nunca había dicho la verdad. (Posteriormente, los padres
dijeron que esta había sido una característica fija a partir de los
2 años.)
Mark se convirtió a los 7 años (o antes) en un niño que "si desea
algo, tiene que· tenerlo". .
Mark comenzó a robar a los 8 años. (Véanse más abajo algunas
correcciones de menor importancia a este detalle.) Esto sucedió
cuando estaba fuera de la casa con sus amigos. A los l O años, ro-
baba dinero de la cartera de su madre y decía mentiras. Se pro-
dujo la historia usual de la negativa a confesar. En época reciente
( 12 años) se habían producido robos serios, asociados con su pa-
sión por la pesca. Los robos se practicaban, ahora, en la billetera
del padre y la cartera de su hermana mayor y por sumas de S y
10 libras. .
Juró no haber robado, y al hacerlo incriminó a su hermano, por el
cual sentía devoción. Sólo confesó cuando se le presentó la prue-
ba de sus huellas digitales: entonces confesó haber comprado una
caña de pescar y un sofisticado aparejo. Habló de "mi vendedor"
y sostuvo que éste le iba a dar una caña de pescar especial para su
cumpleaños: en efecto, Mark compró dos cañas y las escondió.
Tomó estudiadas precauciones para no ser descubierto.
La actitud de la familia fue razonable, lo que fue posible por-
que las relaciones generales en la familia eran buenas. Si Mark con-
fesaba, nunca lo castigaban, pero los padres estaban perplejos en
particular, por las mentiras compulsivas. También les llamaba po-
derosamente la atención que todos estos problemas no le produje-
ran infelicidad.
, F~nalmente, después de otros incideqtes, el padre, que no sa-
bia que hacer, decidió castigar a Mark; debía comer en la cocina, y
278 D. W. WINNICOTT
le prohibieron ir a pescar. Mark siguió sin sensación de culpa y
continuó diciendo sus oraciones.
Los progenitores siguieron la entrevista relatando la historia
de los primeros años de Mark.
Era feliz. En realidad, a los 2 años, había dicho: "Me siento tan
feliz por estar vivo", consciente de su amor por la vida.
Es probable que.aquí exista una conexión con la filosofía de
los padres, que comprende "cultivar el gozo por la vida".
Mark optó por vivir en su casa en vez que continuar en su interna-
do preparatorio. Los informes de la escuela decían: -"Mark podría
ser mejor si lo intentara." Era bueno en los deportes y se pensaba
que tenía capacidad media. Con el coner del tiempo, fue a una es-
cuela de humanidades como medio pupilo y allí hizo un intento
para "redimirse mediante el trabajo intenso". Mark era muy afec-
to al estudio de la naturaleza y tenía un increíble conocimiento
en esta especialidad, utilizando con inteligencia los libros.
Cuando pregunté las técnicas para dormir, los padres informaron:
"Mark adopta posturas increíbles cuando duerme. Es como un
tronco. Al ir a la cama, se duerme de inmediato y nunca contó sus
sueños." Recientemente había tenido contracciones faciales,
incluyendo el parpadeo. _
Mark tenía muchos amigos, dijeron sus padres, pero ninguno ínti-
mo; también era atractivo para la gente mayor. Su padre lo había
informado cuidadosamente acerca del sexo. Cuando se siente
excitado, suda y hace gestos y, de esta manera, se lo consideró
nervioso. Le gustaban los trabajos manuales, pero no demostraba
ninguna habilidad artística especial. Tenía buen gusto, sin embar-
go, y la belleza podía conmoverlo. Un detalle importante en su
vida fue la brillantez de su hermana mayor: tenía conciencia de
ello, y posiblemente asociado, con este detalle, hubo el temor a su
padre, que desarrolló durante una fase en la que sus estudios iban
mal.
Mark tenía coraje, siendo la natación su deporte favorito. De he-
cho, los principales intereses de Mark se relacionaban con el agua.
Tenía el propósito de ingresar en la Marina desde los 3 a los 8
años, pero temporariamente perdió esa oportunidad (a los 9 y a
los 1O años) cuando se le informó que debía trabajar para que se
lo acepte.
Los padres trajeron a colación el punto de que lo afectó el nuevo
bebé, nacido cuando Mark tenía 5 años: lo llamaba "nuestro
bebé" y siempre le tuvo un afecto especial. Los padres dicen aho-
ra que fue cuando él compartió una habitación cpn el bebé (a los
6 ó 7 años} que le robó por.primera vez a la madre. Previamente,
la madre había dicho que ese primer robo había sido a los 8 años.
El día posterior a la consulta con los padres, tuve 'la primera
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 279
de tres significativas entrevistas, a las que siguió una (no descripta
aquí) secundaria con Mark. Si bien yo sabía mucho sobre él, ha-
bría carecido de valor trabajar sobre la base de éste conocimiento:
lo que se necesitaba era un registro diferente de la historia, de una
historia que se revelara en función de la comunicación del niño
conmigo. Mucho fue lo que sucedió durante la primera sesión, pe-
ro lo que aquí puede informarse se centra alrededor del "juego de
garabatos" que llevamos a cabo juntos.
La primera entrevista
En mi primer contacto personal con Mark, adopté la técnica
del juego de garabatos. Le agradó participar en ese juego, un juego
sin reglas.
A/
(1) Mío, que transfonn6 en un zapato.
280 D. W. WINNIC01T
(2) Suyo, que convertí en un porrón.
(3) Mío, que transformó en un hombre ,con bigote (bastante fantú-
tico).
A3
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 281
A4.
(4) Suyo, que transformé en una especie de animal.
(S) Mío, que convirtió en una cara.
282 D. W. WINNICOTI
(6) Suyo, que convertí en dos lombrices, casi pegadas. Hubo una
larga conversación respecto de esto, incluyendo una exposición
que hizo sobre la función de la "montura". Indicó en el dibujo
la manera de copular de las lombrices. ·
(7) Mío, que convirtió en un curioso rostro de hombre.
Aquí ya había advertido la t.endencia del muchacho a subesti-
mar la fantasía. Esto se ·corresponde con la declaración de los pa-
dres de que "duerme como un tronco y no sueña".
(8) Su garabato, que transfonn6 en un maestro de escuela.
(9) Su dibujo de un hombre. Esto fue el resultado de que yo habla-
ra acerca del uso que,hago de la parte imaginativa de los dibujos
para introdúcir el tema de los sueños. Pareció sorprendido de que
yo hablara sobre los sueños y de que el dibujo del hombre indica-
ba una figura onírica que gradualmente perdía definición de la
cintura para abajo. En este punto, habl6 de robar utilizando una
palabra que el suministró: lmpul10. Dije que al robar 61 estaba
actuando ideas que estaban en su mente, como los sueños. El
había hablado sobre sueilos olvidados, y yo había dicho que,
cuando los sueños se hacen inasequibles, puede existir la necesi-
dad de recobrarlos mediante la actuación de un impulso, de modo
tal que el sueño domina lo que sucede y, de esta fonna, vuelve a
aparecer en las propias vida y conducta de la persona.
Yo ya conocía la capacidad de Mark para utilizar mi enfoque
del inconscient.e y del mat.erial onírico; est.e e~foque era algo nue-
vo para él, debido, en part.e a su propia organización defensiva, y,
en part.e, al patrón que seguía la familia. De todos modos, pudimos
comunicamos de esta manera.
Después de esta primera consulta, la madre escribió:
Despu6s de dejar su casa con Mark la semana pasada, mi esposo
sólo hizo algunas indagaciones como de paso, evitando las pregun-
tas directas: Mark no mostró reacción alguna de disgusto o de
placer. Más tarde, por la noche, en forma muy espontánea y con
cierta prolijidad, me habló sobre la visita que le hizo. Las pregun-
tas que usted le formuló sobre los suei\os y sobre su significado,
lo impresionaron particularmente: parecía estar perplejo, por la
importancia de los sueños y por la insistencia suya sobre este pun-
to. Espero que todo sirva de algo. Su comentario acerca de los
juguetes fue que eso "sería un paraíso para su hermano menor".2
2 De esta manera indirecta, se refería a su propia necesidad de establecer una
conexión consigo mismo a una edad menor.
284 D. W. WINNICOTT
(Había juguet;es en la habitación. que utilizan los pacient.es
más jóvenes.)
Unos quince días después de la primera entrevista con el mu-
chacho, y el día ant.erior a la segunda, el padre me llamó por t;elé-
fono para informar. Después de la primera visita que me hizo Mark
no se le permitió ir a pescar. Quiso llevar, con su hermano, un bo-
t;e en particular al estanque, y le dijo a la madre que ése era un re-
galo para el cumpleaños: ¿Le podría dar una libra para conseguir-
lo? Estaba tan obsesionado con el bot;e que sólo pensaba en una
cosa: obtener de inmediato ése en particular. La madre rehusó con
firmeza. Mark ya le había hablado al hermano sobre el bot.e. Los
padres quedaron impresionados por la manera en que, finament.e,
cedió, · de este modo, aceptó la frustración de no poder comprar
el bot.e. Esto les pareció digno de señalar debido a su novedad, y lo
atribuyeron al hecho de su primera entrevista conmigo. Debe ob-
servarse, una vez más, que el agua está íntimamente relacionada
con est;e incident.e.
La segunda entrevista
En la segunda ocasión que vi a Mark, estaba listo para volver a
jugar con los garabatos.
(1) Mío, que transfonnó, con bastante habilidad, en una cabeza hu-
mana.
(2) Suyo, que convertí en una tortuga.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 28S
(3) Convirtió el suyo en una taza de té, apropiadamente decorada.
Aquí apareció su deseo de asumir la total responsabilidad por
up dibujo y por las ideas que yacen latentes en él. En forma bas-
6nte natural, esto no e~ marcadamente imaginativo.
(4) Mi garabato, que transformó en un hombre que, en forma muy
in,caria, escala una superficie rocosa con un bulto en la espalda.
f
(5) Suyo, que transformé en el dibujo de una chica.
. (6) Mío, que convirtió en el sorprendente dibqjo de un estanque bor-
deado por juncos y por cañas, con un ave acuática disfNtando
del paisaje y a punto de sumergir la cabeza para buscar alimento.
Aquí había un dibujo: esto me demostró 1d capacidad de in-
tegración de Mark y también su capacidad para amar. El todo sim-
bolizaba .la. persistente
.' .
relación de amor ( tanto instintual como de-
288 D. W. WINNICOTT
pendiente) con su madre, su afición por el agua y su interés por
la naturaleza en general y por la fertilidad.~ También me permitió
darle una 'ojeada a su conocimiento especial. Al ser evidente la
fuerza de la organización del yo de Mark, supe que tenía derecho a
seguir adelante con la interpretación del material presentado.
(7) Suyo, que convertí en el pie y en el zapato de una mujer.
(8) Mío, que transformó en el' mú extraordinario y fantútico roetro.
Aquí aparecía otra vez la fantasía bajo la forma de lo fantás-
tico, que no es material onírico libre. A todo esto lo acompañaba
una abundante conversación, aunque no dirigida a un tema especí-
fico. Sin embargo, por lo que ocurrió, Mark pudo sentir que yo es-
taba interesado por igual en lo real y en lo atinente a la fantasía.
3 Aquí se podía suponer que, a través del agua, podía hacer un uao positivo de la
depresión de so madre (lágrimu de tristeza).
CLINICA PSICOANALIDCA INFANDL 289
sin que alguno revistiera más import.ancia que el otro. Asimismo,
pudo ent.ender mi apreciación del dibujo.
La tercera entrevilta
En la t.ercera entrevista, volvimos a jugar a los garabatos.
(l) Mío, que convirtió en un p4jaro con largu patas.
290 D. W. WINNICOTr
(2) Suyo, que tranaform6 en un pijuo, con un gran pico, que ae ca-
lienta delante de un fue¡o.
El juego lo había llevado a expresar su fantasía sin sentirse
tonto por hacerlo. La ilustración que tenía frente a él era total-
mente suya y toda la idea le llegó en forma inesperada de&de su
propio inconsciente: mi función aquí no era interpretar. El princi-
pal factor terapéutico era que de una manera muy natural el mu-
chacho había descubierto un puente hacia el mundo interior. Este
dibujo era como un sueño que tiene valor porque se lo ha soñado
y recordado.
(3) Mi prabato, que convirtió en el hombie ea ·la luna. La famaúa
contia<aa. · - ·
(4) S..yo, que conwertí en una cabeza y .ea hombros.
(S) Mío, que comirti6 en un p6.jaro que vuela hacia arriba con bu-
tante eficacia. .Lo-hizo con un múrimo de qaepclos y dem6 ua
gran utiafacclbn del movimiento'npreaelltado. ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL
f
7
292 D. W. WJNNICOTT
tb
(6) Suyo, que convertí en un hombre, y él lo bautizó ..Seftor Min-
en-Ambos-Sentidos". Justificó esto mediante un dibajo ripido
de lo _que serían las cejas desde mi punto de vista. Desde el suyo,
esto era una boca y la que yo había dibajado eran cejas desde
donde él miraba. Todo esto se hizo muy ripidamente.
. Aquí estaba indicada .la disociación que había en la penona-
lidad de Mark,•con respecto a los robos. En este punto, llegó a una
etapa en la que estaba casi consciente de la escisión en sí mismo
que le permitía robar sin sentir culpa ni angustia. No hice interpre-
tación alguna de esto.
CLINICA PSJCOANALJTICA INFANTIL 293
(7) Garabato mío, al que convirtió en un ser extraordinario-en grado
sumo, con brazos y una pierna, un individuo de tipo t1'ccido bas-
tante parecido a un ave; el dibujo era, por cierto, humorístico.
Aquí surgi6, entre otras cosas, un sentido del humor, que es
siempre un signo de libertad que brinda mayor amplitud de acción
y, de esta manera, representa una ayuda para el terapeuta.
(8) Garabato suyo, que convertí en una cara y que ~l llamó esquimal.
294 D. W. WINNICOTT
(9) G~rabato mío, que convirtió en la cara pavorosa de un hombre.
En ese momento, me resultó f6cil preauntarle sobre loe sueilos.
Dijo: "Los olvido. De todoe- modos, s61o son ridículoa'': niden-
temente, tenía miedo de que 1e rieran de 61, si es que llepba a re-
cordarlos. No obstante, sí empezó a dib\liar el pr6ximo, que no
est~ba basado en ,un garabato. ·
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 295
lo
c,o
(10) Aquí, 61 esU modillado en .el camino, haciendo garabatos en el
polvo. ·Esto ~ra UD mello.
Este fue un momento 1ignlfkatl110. El dibujo lle116 al tema de
la clepresi6n. Llamó a esto "sentirse a~do"
Dijo: "Sólo lo experimento durante unos pocos segundos, justo
cuando me despierto. A menudo pienso que es una vida extrafta;
quid la vida e, un suelo."
Aquí se comportaba como una persona muy, seria. En vez de
hallane en un estado de disociación, se había convertido en una
unidad y en una peraona deprfmida.
En respuesta a una pregunta sobre si alguna vez se había eentido
realmente decaído, se refirió a una 6poca en la.que no había .uel•
to a la cau porque su hermana tenía el aarampi6n. En aquel mo-
mento, M•rk ten,iz fJ año,. Dijo que tuvo noetalgiu y que se sintió
tlistey solo.
Aquí, tal como es común en este trabajo, el paci~te lleva al
terapeuta a la fecha dél período de máxima tensión. A los 8 años,
Mart tenía sueños imoportables y una pesadilla que indicaba una
modalidad depresiva severa:· 1a modalidad indica organización del
yo y madurez, y una cierta capacidad para ~er frente a la amena-
za de desintegración de la personalidad.
Hice referencia al amor de ,u madre, que constituía el fondo de
al alejane de ella, recordando la historia del difícil
IU . tristeza
destete. Su comentario fue : "Si mamá e,tá le/01, tu colill ,on
diferente,.••
296 D. W. WINNJCOTI'
Despu6a hablamos sobre la pesca. De lo que recordaba de haber
estado deprimido, suqía el amor dé su madre, que expresaba
con claridad y en una manera profunda: de aquí la magnitud de
su desesperanza al sentine apartado de ella.
( 11) Finalmente, hice un garabato que convirtió en una clase miste-
riosa de ser humano.
"
C\\
Ahora estaba listo para irse.
Comentario general
En ·esta serie de tres consultas terapéuticas~ surgió el desarro-
llo natural de un puente entre lo consciente y lo inconsciente de
Mark, o sea un puente entre las realidades externas e internas. Si al
principio se le hubieran hecho preguntas sobre los sueños, no ha-
bría podido recordar ninguno. ("Duerme como un tronco y nunca
habla de sus su_eños".) Hacia el fin de la tercera entrevista, ~ark
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 297
pudo hablarme de su período de tensión máxima, que recordaba
en razón de un sueño que lo llevó directamente hacia la depresión
que se produjo como reacción ante la separación de su madre: es-
to sucedió a la edad en la que comenzó a robar (salvo que ya
había robado una vez antes a la madre, en la época en que compar-
tió por primera vez el dormitorio con su hermano bebé).
Naturalmente, todo esto reconoce antecedentes. En el caso
de Mark, la tendencia antisocial, que indica una continua reacción
a la carencia se remonta a la época del ciestete. (No hay duda de
que aquí, debe tomarse en consideración, la psicología de la ma-
dre, ya que es casi siempre cierto que la madre de un bebé difícil
de destetar está ella misma algo deprimida en ese momento o bien,
es algo depresiva por naturaleza.)
La tendencia antisocial estaba representada por:
a) Pseudología fantástica (a partir de los 2 años).
b) "Lo que quiero tengo que tener".(desde los 7).
e) Robos a la madre (8 años).
Discusión
Este caso ilustra tres temas principales:
(1) La primera entrevista con los padres ofreció un claro pa-
norama del caso, que les permitió efectuar una reorien-
tación del problema. No fue para que yo la usara en su
terapia.
(2) Las tres entrevistas con Mark me proporcionaron una
nueva visión del mismo problema y me dieron la oportu-
nidad de realizar una psicoterapia regularmente profun-
da. Todos los hechos esenciales estaban en el material,
en una forma que se podía utilizar:
Una fijación con la madre, que se hizo evidente·por pri-
mera vez en el destete.
Una separación significativa a los 8 años.
El robo como manera de cubrir la brecha del "destete"
y entre las estructuras de la personálidad, y desde la rea-
lidad psíquica externa hacia la interna y viceversa.
Una subvaloración de la fantasía.
La defensa de desdoblamiento, peeudología, que se acla-
ró como resultado de la consulta.
Redescubrimiento de lo fantástico, y, en consecuencia,
de la fantasía.
Unificación en la personalidad, lo que trae aparejado un
sueño depresivo y un sentido de la preocupación. Una
298 D. W. WINNICOTI
fijación con el mar, que alternaba con una obsesión por
el agua y que demostró ser una satisfactoria.sublimación
de la fijación con la madre.
(3) El caso ilustra, también, la teoría de la tendencia antiso-
cial como reacción a la carencia, (no a la privación), que
aparece, desde el punto de vista clínico, junto con la es-
peranza con respecto a las relaciones con los objetos. En
este caso, el robo estaba relacionado con una defensa
maníaca contra la depresión experimentada como tal a
los 8 años, y también lo estaba con un desdoblamiento
de la personalidad de Mark que lo transformó, según la
óptica clínica, en dos personas: una con compulsión a
robar y la otra con sólidos principios morales y un deseo
de ser como sus progenitores y, de prosperar en el mun-
do (en "Señor Mira-en-Ambos Sentidos").
Según la teoría sobre la cual se basa todo este trabajo, el ni-
ño, al robar, inconscientemente estaba buscando a la madre, a
quien tenía el derecho de robar; de hecho de la que podía llevarse
cosas porque era su propia madre, la madre que él creó a partir de
su propia capacidad para amar. En otras palabras: estaba buscan-
do el amamantamiento del que se lo destetó y, sin embargo, no
se lo destetó. Su dificultad para el destete apareció otra vez, en la
actualidad, bajo la fonna de impaciencia ante las frustraciones y
bajo la necesidad de robar con el objeto de evadirse de las frustra-
ciones a través del reclamo de derechos.
Resultado
Se produjo una mejoría clínica después de la primera entre-
vista, que se mostró como una nueva aceptación de la realidad.
Después de un mes, el padre escribió:
Mark está en buenas condiciones desde todo punto de vista, por
lo menos en lo que nosotros podemos observar. En particular,
está mucho más interesado en su actividad escolar que antes y la
toma con mayor seriedad, lo que arroja mejores resultados. Ha
comenzado a estudiar un instrumento de viento por propia vo-
luntad y es muy afecto a él. Antes aprendió piano, pero le era
indiferente y se lo debía presionar para que practique, en tanto
que, ahora, está ansioso por hacerlo con el instrumento de vien-
to,
En Pascua. fuimos con él a pasar un par de semanas en la casa de
un pariente que vive cerca del mar. No pidió que le permitieran
pescar, lo que él sabe que todavía tiene prohibido pero, de todos
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 299
modos, estuvo sumamente feliz al lado del mar. Ha transferido el
interés que tenía en la pesca a la navegación de modelos de bar-
cos. Los hace con mucha destreza pero, a veces, da señales de es-
tar obsesionado por ellos, y esto nos angustia un poco, ya que el
problema previo surgió (seg6n nuestra opinión) de una obsesión
por la pesca. Todo el tiempo quiere hablar de ellos y de su expe-
diciones al estanque.
Después de tres meses, el padre escribió:
Nos M,mos sentido muy satisfechos .por los progresos de Mark en
este curso lectivo. Se ha desempeñado muy bien en la escuela,
resultó el primero de su clase y recibió un excelente informe en
todos los aspectos. Desde el punto de vista moral, aparenta estar
más fuerte, y, al parecer, extrae su fuerza de un hábito que le hice
adoptar: todas las mañanas debe decirme que la honestidad y la
veracidad hoy, serán sus prioridades.
Estamos a punto de enviarlo, para una larga vacación de verano,
a un campamento de muchachos que tiene una supervisión con-
fiable: está impaciente por ir. Después de eso, irá a pasar una se-
mana con un viejo amigo mío, y le he dicho -por primera vez-
que puede volver a pescar núentras esté allí, si se siente lo bastan-
te fuerte como para hacerlo con sensatez. Me ha dicho que sí.
Veremos cómo resulta todo. Fue muy feliz otra vez.
El padre muestra, aquí, que ha continuado su técnica activa
para insuflar fuerza moral, que es parte de las pautas familiares, y
que no intenté alterar. El padre también ha jugado un papel de
principal importancia en la vida dé Mark, y en correspondencia con
esta situación, la madre ha pasado un- tanto al segundo plano des-
d~ la vez de la primera consulta. Encontré que los robos han cesa-
do por completo y que las mentiras ya no son parte de su modo de
vida. .
El padre volvió a escribir ocho años después de esta serie de
consultas terapéuticas, cuando Mark tenía 20 ~os.
Gracias por su carta. Me complace muchÓ poder brindarle un in-
forme de los progresos de Mark durante los últimos cuatro, o
cinco años.
Ha seguido sin desmayos su vocación marinera, y esta misma se-
mana completó sus cuatro años de aprendizaje como alférez alum-
no en la Línea... Siempre va al Lejano Oriente y, de ordinario
en cada viaje se ausenta varios meses. Siente una profunda satis-
facción por la vida.en el mar, si bien descubrió que entraña gran-
des penalidades físicas y emocionales, en especial durante los
primeros años: lo enfrentó con mucha entereza.
Como es natural, se ha desarrollado en todos los aspectos y est!
mucho más maduro. Se siente muy orgulloso de la línea marí-
300 D. W. WINNICOTI'
tima en la que trabaja, y también tiene sentido del deber y de la
responsabilidad.
Nuestro hogar le significa mucho y pasa todas sus licencias con
nosotros: es obvio que Mark siente que su casa es en la actuali-
dad el elemento estable en su vida. Aprecia las frecuentes cartas
de la familia mis que a ninguna otra cosa y nos escribe a nosotros
y a sus hermano y hennana desde cada puerto: esto es algo nota-
ble, por cuanto la literatura no es su aspecto mú destacado. En
las cartas es muy afectuoso, pero da la apariencia de ser indiferen-
te, cuando está en casa. Tiene un gran amigo, al que conoció en la
escuela, y son inseparables cuando está en casa.
Mark se siente muy atraído por las chicas y le gusta ir con ellas
a los bailes cuando está en tierra. Conversa libremente conmigo
y con mi esposa acerca de sus amigas y las trae a casa. Habla abier-
tamente de su deseo de casarse cuando se gradúe de oficial, aun-
que no creo que haya encontrado la mujer con la que desee con-
traer matrimonio.
La característica atemporal de la vida en el mar parece atraerle.
En sus cartas escribe a menudo sobre cómo transcurren los días
y cómo el tiempo pasa a su lado sin que se lo advierta: en el mar
hay una rutina ftja, pero no existe la presión de tiempo, no hay
sentido del día de la semana o de la fecha, y a todo esto Mark lo
encuentra tedioso cuando está en tierra. Se ha vuelto mucho mis
sensato con respecto al dinero. Me envía una parte de su paga to-
dos los meses, y yo se lo deposito para el futuro. Del Oriente nos
trae regalos con esplendidez y esto parece significar mucho para él.
Cuando está en casa, necesita una vida no planificada, sin obliga-
ciones ni compromisos, salvo las citas con las muchachas. Su cuar-
to siempre está en gran desorden, en contraste con la estricta
prolijidad que se les impone a los alférez alumnos con respecto a
sus camarotes; pero es muy cuidadoso en su apariencia personal
y siempre luce ropas elegantes, mientras que cuando adolescente
era particularmente descuidado en sus vestimenta y aspecto.
Lo esperamos para el mes próximo, después de una larga ausen-
cia de diez meses: entonces, pasará unos tres meses con nosotros
ya que deberá concurrir a una escuela de navegación. Será intere-
sante ver cómo reacciona ante una clase de vida muy distinta de
la que ha estado llevando.
Si hay algo mis que a usted le gustaría saber, por favor no vacile
en mencionarlo. Hasta donde podemos ver, el muchacho progre-
sa en forma satisfactoria. Si usted tiene algún consejo o adverten-
cia que damos, le agradecemos desde ya que nos lo haga saber.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 301
En un seguimiento final, en 1962, el padre informó que Mark
había seguido obedeciendo el llamado de su vocación: a la sazón
tenía 26 años. ·
Este es un resultado de psiquiatría infantil satisfactorio: el
tratamiento no exigió demasiado de los recursos de los padres e
impuso poco esfuerzo al. psiquiatra. Los progenitores hicieron la
mayor parte del trabajo y proporcionaron la continuidad de con-
ducción esencial en este caso.
Esenciales, sin embargo, fueron las tres significativas entrevis-
tas terapéuticas que he descripto aquí, y que brindaron a Mark la
oportunidad de liberarse de la disociación de su personalidad que
lo hacía mentir y que lo llevó a ser antisocial sin experimentar sen-
timiento de culpa.
CASO XVI: "PETER ", 13 AROS
El caso que· viene a continuación tiene el propósito de ilus-
trar el hecho de que, con frecuencia, la principal parte del trabajo
la realizan los progenitores. Mi entrevista personal con el muchacho
fue una parte relativamente insignificante del procedimiento total;
me permitió, sin embargo, lograr el tipo de historia del caso que yo
necesitaba, que es la historia recibida directamente del paciente. So-
bre esta base, pude brindarle apoyo a los padres ante la inmensa
transformación que fue necesaria para conducir el caso. Los padres
ayudaron a su hijo con éxito, por lo que, después de un episodio
de regresión, el joven comenzó a hacer un nuevo crecimiento apo-
yado en una base más firme.
Las secuencias de los dibujos no son necesarias en este caso.
El internado privado donde estaba Peter, me lo envió. Vino
con una carta del médico del establecimiento:
Peter llegó a esta escuela en enero de este año ingresando en el
pabellón cuyo director es también director del colegio. La opi-
nión oficial ha sido que, a pesar de que es intelectualmente ler-
do, es "un niño muy agradable". Dos veces fue paciente duran-
te unos pocos días del hospital del internado y los otros miem-
bros del cuerpo profesional están de acuerdo con mi opinión de
que fue muy antipático durante estas dos fases de la enfermedad,
por mostrarse agresivo e insolente de una manera extrañamente
impersonal: en esa oportunidad dio por cierto la impresión de
considerarse superior en todos los aspectos, por lo menos, con
respecto a los miembros del cuerpo profesional. Al parecer, sus
coetáneos aceptaron a Peter. Tuve la tentación de atribuir la agre-
sividad a un exceso de "inflación", lo que no es infrecuente en
el muchacho nuevo.
Ayer, el director me dijo que Peter era responsable de úna larga
serie de fechorías que han conmocionado al pabellón de la escue-
la desde principios de mano. El primer hecho que se supo, fue
cuando un alumno de años superiores regresó de transcurrir un
período en la enfermería y encontró su almohada y sus sábanas
cortadas con cuchillo. La noche siguiente se descubrió que a las
camas de todos los muchachos nuevos se las había tratado de la
misma manera, y que a las paredes se las había manchado desafo-
~damente con tinta. Desde entonces, se han producido una serie
de robos (dinero, billeteras, lapiceras, zapatos y guantes). Asimis-
mo, en forma reiterada los muchachos han encontrado en los ba-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 303
ilos las cartas provenientes de su hogar, abiertas y estropeadas. A
esas cartas se las debió quitar de la mesa de correspondencia an-
tes de que sus destinatarios pudieran recoger el correo.
El director ha accedido gentilmente a transcribir a máquina el re-
sumen de los hechos que adjunto. No hay duda alguna de que
Peter es responsable por casi todos estos actos antisociales. El
punto de las lapiceras faltantes fue el único por el que se lo careó
a 'él solo (el pabellón entero debió soportar la investigación por el
desgarramiento de las :¡anas), y cuando el peso de la evidencia
que lo incriminaba con ujo a la admisión de la culpa en ese res-
pecto, se ofreció para d · la verdad sobre las cartas robadas y
abiertas haciéndolo antes dé que hubiera mención alguna por par-
te del director: dijo que quiso que los destinatarios de las cartas
las encontraran, así sabrían que alguien había interferido en su
propiedad privada, y que ésa fue la razón por la que había deja-
do las pruebas en los bai\os.
Ayer mantuve una breve conversación con Peter, y lo encontré
totalmente compuesto y tranquilo. Dijo que se había descubierto
que había estado "tomando cosas", pero no mostró preocupación
alguna por la posible reacción oficial. No tenía ideas con respecto
a su futuro, pero seilaló: "va a ser difícil deshacerse de esta ten-
dencia a robar, después de dejar el colegio".
Cuan~o se le preguntó el motivo de los robos, pareció estar per-
plejo, luego, dijo:"recuperar lo mío". Posteriormente, admitió
que a la mayor parte de aquellos que sufrieron por sus actos, no
los había conocido antes. No pudo decir por qué había robado
el dinero, los zapatos y los guantes para pelota vasca.
Con respecto al acuchillamiento de las sábanas, había atacado la
cama del muchacho que venía de la enfermería porque no le agra-
daba: al parecer, se sienta junto a Peter en los ensayos de la or-
questa e interpreta un instrumento similar. Peter dice que este
muchacho no digita en forma correcta, que le comentó eso y que
quiso mostrarle cómo debe hacerse. Consideró que la respuesta
verbal del otro a su oferta fue desagradable, y, en consecuencia
se vengó con las sábanas. A pesar de una seria advertencia que
se hizo al pabellón, la noche siguiente acuchilló las sábanas de los
muchachos nuevos, incluyendo las propias (que fueron las más da-
iladas), con el objeto de ventilar su resentimiento contra uno de
esos (cinco), muchachos. Sospecho que esa misma noche se auto-
provocó una enfermedad ingiriendo una cierta cantidad de pasta
dentrífica con clorofila o con alguna otra sustancia que la contu-
viera. Vomitó doce veces durante la noche y se lo internó en el
hospital del internado a la mai\ana siguiente, donde produjo la
última muestra de vómito, que era copioso y consistía en un flui-
do verde brillante. Por desgracia, entonces estábamos en medio de
una violenta epidemia de la enfermedad del vómito invernal, y
esa mailana en particular se habían admitido cinco casos de vó-
mito provenientes del pabellón de Peter. Si bien me dejó perplejo
el aspecto inusual de este caso, lamento decir que no hice el se-
guimiento del asunto.
304 D. W. WINNICOTI
Ayer le pregunté, en fonna muy repentina, si verdaderamente
había ingerido pasta dentífrica, y me contestó: "Eso fue cuando
yo usaba Kolynos."
En mi opinión, las indicaciones apuntan hacia el seguimiento de
una personalidad psicop4tica y he aconsejado que se lo envíe a
su casa y se solicite la opinión de un experto. Hoy conocí al pa-
dre del muchacho y estoy muy impresionado por la valentía y
por el control que exhibe ante lo que, para él, debe ser una tre-
menda crisis. Parece ser un hombre de ley.
Junto con esta carta había una declaración det.allada hecha
por el director, así como la transcripción escrita a máquina de una
declaración que hizo Peter y que el director tomó en det.alle. Estas
declaraciones brindaron la verdad sobre los hechos ocurridos en el
término lectivo previo y expusieron los sucesos conducentes al des-
cubrimiento de los robos, y la manera en que el director entrevistó
a Peter. Había abundancia de detalles sobre algunas lapiceras roba-
das, y Peter había escrito a su casa preguntando: "¿Me han man-
dado una caja llena de lapiceras, etcétera?" La caligrafía de esta
carta mostraba signos de perturbación y era muY. distinta de la de
otra escrita unos pocos días antes. El director había recibido una
carta anónima a la que, según él, había escrito Peter, y que rezaba:
¡Peter no robó esas tapiceras! ¡Yo lo hice! -Como yo lo odio, hi-
ce que lo culparan. El ha sido bueno conmigo hasta hace poco,
así que, por favor, no lo castiguen. Por favor, castíguenme a mí,
si pueden descubrirme. Mi pabellón es el E. Yo tomé todas las ta-
piceras. Pienso que todos los de esta escuela son horribles, inclu-
yéndolo a usted mucho. En el futuro cercano voy a suicidarme,
así que tenga cuidado.
De estas cartas y declaraciones surgía con claridad que el di-
rector y el médico de la escuela consideraban que este mucha-
cho estaba muy enfermo desde el punto de vista psiquiátrico y que
sobre la base de la información suministrada, el diagnóstico sería:
"Personalidad psicopática." Ambos habían decidido que era nece-
sario que Peter dejara la escuela.
Primera consulta terapéutica
Historia famili.ar
Muchacha 17 años
Peter 13 años
Varón 11 años
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 305
Peter vino a mi consultorio acompañado por su padre. Lo vi
primero a él y le dí cuarenta minutos antes de mantener una bre-
ve conversación con el padre. Peter y yo hicimos un contacto bas-
tante superficial; utilizando el juego de los garabatos como desvia-
ción conveniente de un contacto más directo. En este caso, el pa-
ciente ser.Ecipitó a decirme algunas cosas que Quería hacerme sa-
ber. Des és de hablar sobre su hermana de 17 años y su herma-
no de 1 años me comunicó recuerdos de su infancia. Fue cuando
él tenía 3 año;: su hermana tenía un bol que contenía un pez. Ella
tenía alrededor de 9 años. Peter arrojó el bol al suelo, rompiéndo-
lo. Se produjo otro incidente casi en la misma época, cuando él
trepó por la puerta trampa y derribó un salero ~ompiendo ~ vi-
drio. Esto fue accidental, pero lo del bol fue deliberado. Conside-
ré como significativo que en cada uno de esos dos recuerdos se hu-
biera produéido algún daño y que él estuviera suministrando la in-
formación de su temor a la violencia que había en sí mismo.
Dijo que sentía afecto por sus padres y hermanos, pero que
había hecho muy pocos contactos fuera de la familia:
Le pregunté sobre las maneras de ir a dormir y me dijo que
el hermano se chupaba el pulgar: solía arrodillarse y balancear
y desplazar la cama por todo el cuarto . .l!.:t mismo se chupaba el
pulgar. No tenía el recuerdo de objetos. Cuando estaba en el ho-
gar iba a dormir con prontitud pero, en la escuela, yacía despierto
una hora reflexionando. En la escuela se levantaba con dificultad.
Los juegos parecían ser cosa corriente en la casa. Su hermana asis-
tía a una escuela como medio pupila. Su hermano estudiaba en
una escuela coral. El también tenía gusto por la música, e interpre-
taba el "violoncelo y cantaba". La música fue su mejor experien-
cia. Nunca habría llegado a la escuela pública si no hubiera sido
por un hombre que lo preparó para el examen. No sabía qué que-
ría ser. Había cometido algunas raterías en la escuela preparatoria
para la universidad y ahora había estado robando mucho en la es-
cuela pública.
Yo sabía que no había logrado mucho en esta consulta pero
yo había estado allí para que se confiara en mí.
Entrevista con el padre
El padre exploró, al principio, la noción de trastornos físicos
que pudieran tratarse con drogas y hormonas y puesto que él mismo
se había beneficiado con un tratamiento así, se preguntó si el mu-
chacho no estaba necesitado de algo similar. Aceptó que yo recha-
zara esa posibilidad. El muchacho había padecido acidosis cuando
niño y también muchos problemas en su oído, acompañados por se-
creciones y dolores. En la preparatoria, había sufrido una fiebre in-
306 D. W. WINNICOTT
t.ensa, que se supuso podría ser polio, pero no hubo parálisis. Ha-
bía t.enido muchas enfermedades de menor importancia y en rea-
lidad nunca estuvo bien, desde el punto de vista físico. Al descri-
bir a los otros hijos, el padre dijo que su hija era vivaz e impacient.e
y que el varón era muy brillant.e. Todos se t.enían afecto, pero re-
ñían en forma constant.e. Al parecer, la madre era una persona que
iba de frent.e, capaz de disfrutar de su posición en la familia. El
muchacho parecía querer a ambos por igual. Siempre le había re-
sultado difícil soportar las bromas continuas.
Pet.er se habría sentido (dijo el padre) menos armado que los
otros. Esto resultó ·evident.e a partir de los 5 años y, quizá, de los
3, cuando el hermano menor t.enía 6 meses: fue como si perdiera
posiciones a medida que el hermano empezaba a existir como
persona rival, ya que Pet.er no era ni el más joven ni el mayor.
¡Aquí existía una correlación entre las dos historias, en que
la edad de 3 años era important.e en las dos!
Los síntomas, según el padre los describió, eran vagos, tales
como la compulsión a llamar la at.ención cuando venían visitant.es.
Había otras pruebas secundarias de un pequeño grado de reacción
a la carencia que se volvieron más tangibles en la época en la que se
produjeron dos, o tres, casos de robo eri la escuela preparatoria.
Pet.er había sido felíz en la escuela a la que concurrió ant.es
de asistir a la preparatoria, pero las horas en esa esc1,1ela eran cor-
tas. Siempre había amado. el campo. Una vez, en esta t.emprana
época le robó a la madre una libra de los ahorros de la casa, com-
pró obsequios para los amigos y lo regaló todo.
El di.lector de la escuela pública estaba dispuesto a conservar-
lo; dijo:"Estamos para eso." Pero se debe cambiar la conducta
antisocial. La port.era parecía muy bien dotada para encajar per-
fectament.e en la idea que el muchacho t.enía de un dragón: real-
ment.e, nunca pude descubrir cómo era.
Pet.er era afectuoso con toda su familia, y lo fue más en las
últimas vacaciones, después de la enfermedad psiquiátrica en la es-
cuela. Tenía el deseo de ser positivament.e útil e11 el jardín y en
la casa, y realment.e llevaba a cabo algunos trabajos. No mojaba la
cama.
Es importante señalar la coexistencia del crecimiento de la
personalidad y de las fases de desdoblamiento en fases de enferme-
dad.
Dos días después de esta consulta inicial, recibí la siguient.e
carta del padre de Pet.er:
Desde el martes a la ptañana, Peter pareció estar cansado y aletar-
gado. Excepto porque señaló de inmediato: ..Jugó a los garabatos
(que P. explicó) conmigo y me hizo preguntas todo el tiempo", y
CLl~ICA PSICOANALITICA INFANTIL 307
después una vez que estuvimos en casa: "Sabe cómo conducir un
interrogatorio';; no nos ha hablado sobre el tiempo que estuvo
con usted. No le hemos hecho preguntas al respecto ex profeso.
En ocasiones lo sondeam~ para saber cómo le va en la escuela y
parece contento de decirlo. Otros puntos que se nos ocurrieron
~ : al hablar ha tenido, siempre, un ligero ceceo; desde la infan-
_,,,c:Ja~ sus ojos frecuentemente han tenido una mirada "lejana" for-
/ zada. (examinados hace poco, el resultado fue : "perfectos"). Se
cayó de un árbol a uri suelo duro cuando tenía más de 7 ailos, sin
sufrir dailos, aparentemente. Peter viene por su cuenta en viernes.
Mi esposa, por supuesto, querría hablar para verlo a usted alguna
vez.
Segunda conBUlta (tres día después)
Peter vino solo. Era evidente que la entrevista iba a ser ardua.
Una vez más la idea de jugar juntos no iba a funcionar. Me encontré
haciendo preguntas y luego (recomponiéndome) le dije: "Sueno
como un inquisidor, pero como nadie más habla, no parece haber
otra alternativa.,, Por lo tanto, cambié por el ta-te-tí, que le gusta-
ba, y a lo que me ganó. Traté de entablar de manera casual, una
conversación, mientras dibujaba pero la entrevista nunca alcanzó
clima como para que él se entregase. Quizá, lo más importante que
logramos fue cuando opinó que, si volvía a la escuela pública, los
problemas no terminarían: lo que quería significar era, en parte,
que los muchachos siempre lo recordarían como a un ladrón y que
nunca iba a poder rehabilitarse por lo que había hecho. Pero tam'-
bién quería significar que no iba a poder evitar hacerlo otra vez.
TEMA CENTRAL
Entonces, surgió que tenía un ~ deseo de vivir en su casa.
Siempre lo había tenido y había pensado en cómo ingresar en una
escuela como medio pupilo, viviendo en casa, aunq11-e su padre le
había dicho que no había escuelas disponibles en las proximidades.
Había, sin embargo, una especie de escuela diurna cerca, y Peter
no había abandonado la esperanza de encontrar una vacante en al-
gún lugar.
Di por terminada la entrevista, que había durado una hora. Es
imposible informar con precisión lo que ocurrió en esa hora por-
que, es muy poco lo que sucedió, sí me cruzó la idea de que la cla-
ve podría ser que el muchacho tuviera una inteligencia inferior a
la normal y, en consecuencia, solicité se le aplicara un test de inte-
308 D. W. WINNICOTI
ligencia: el resultado que obtuvo mi colega psicólogo fue el de un
cociente intelectual de 130.
Decidí, ahora sí, ver a la madre: Yo estaba al tanto del anhe-
lo de Peter por vivir en su hogar.
Consulta con la mad-re
La madre y yo analizamos la idea de que Peter pudiera vivir en
la casa, la redescubriera y la disfrutara. Más adelante, podría concu-
rrir a una escuela local para externos. Describí lo que podía espe-
rarse, y agregué que no sabía en absoluto cuánto tiempo Peter utili-
zaría su casa como hospital mental, en el que pudiera hacer la re-
gresión a la dependencia y a una conducta infantil, pero pensé que
esta fase duraría un año. El hecho principal era que a Peter se le
debía contar que: "El doctor Winnicott dice que estás enfermo,
que debes dejar la escuela, y que 11GB a vivir en casa. Más adelante,
si mejoras lo suf'ic~nte, quizá se pueda hallar una escuela de medio
d(a."
Después, envié la siguiente carta al médico de la escuela:
He visto a la madre de Peter. He llegado a una opinión definitiva,
que es la de que el muchacho, por ahora, no debe regresar a la es-
cuela a pesar de todas las ventajas, tales como la hermosa ubica-.
ción de la escuela, la actitud comprensiva del director, el que a
los padres se los conoce en la institución y también, el elevado ni-
vel de enseñanza. Como se dará cuenta, he dado este consejo con
bastante desconfianza, pero si el muchacho regresa habrá más pro-
blemas y, con el correr del tiempo, deberá dejarla, probablemente
en forma ignominiosa y no en calidad de persona enferma.
El muchacho ha tenido una enfermedad a la que usted reconoció
como tal, a pesar de que es un trastorno del desarrollo emocional,
sin que haya base física. En este caso hay un tratamiento asequi-
ble, y es que el muchacho viva en su casa. Encuentro que esto es
aceptable para la madre, aunque quizá no lo sea tanto para el pa-
dre.
Después de ver a la madre, siento que puedo depositar en ella
la penosa carga de ocuparse de la convalecencia del muchacho.
No me importaría si todo lo que tuviese que hacer fuera nada más
que ayudar en la casa, cortar el césped y hacer todas las cosas que
a él le gusta hacer, todas de un tipo constructivo, incluyendo'el
juego de trenes, como un muchacho que tenga mucho menos de
13 años. Todavía no puedo predecir cuánto tiempo necesitará
estar en su ambiente hogareño para hacer la regresión a la depen-
dencia, antes de que pueda hacer progresos y admitir los desarro-
llos inherentes a la pubertad para la que, sin embargo, todavía no
está listo.
Apreciaría mucho que usted le haga saber al director que he acon-
CLJNICA PSICOANALITICA INFANTIL 309
sejado a los padres de esta manera y . también si le agradece las
muy útiles notas que me ha enviado. No es imposible en modo al-
guno que este muchacho se recupere de la enfermedad y que, un
día, esté en posición de regresar, pero no es preciso discutir esto
en el momento presente: el problema de la readmisión no surgirá
hasta dentro de uno o dos años; pienso que es mucho más proba-
ble que el muchacho ingrese en una escuela local para medio pu-
pilos. -
Quizá le interese saber que mandé hacer que un psicólogo aduca-
cional le tome un test de inteligencia, y que su coeficiente es de
· 130 o, dicho de otro modo, defmidamente ''por encima de lo nor-
mal". De esta informa~ ·ón -desprende con claridad que es mi
opinión que las dificul es emocionales de Peter están interfi-
riendo seriamente en su progresos escolares.
También le. escribí a la madre:
Usted tiene por delante una tarea bastante difícil, y querría in-
vitarla a que me envíe una nota, no importa cuán breve -quizás
uila vez por semana- para mantenerme al tanto de los detalles
nimios. Es probable que usted considere esto como una molestia,
en cuyo caso podemos hablar por teléfono.
Algo más: después de verla, prácticamente di por descontado que
habíamos trazado un curso de acción.
Soy plenamente consciente, empero, de que no he conversado
del asunto con su esposo y que, en consecuencia, estoy presupo-
niendo que todos están de acuerdo con el plan que recomendé.
Espero que me haga saber si es demasiado lo que di por descon-
tado.
En este caso, fui bastante preciso en el asesoramiento a los
padres porque sentí que necesitaban que yo asumiera la responsa-
bilidad total por la interrupción de la vida escolar del muchacho
de la manera que parecía ser la necesaria.
,
Resumen en esta etapa
Este muchacho, con un buen nivel de inteligencia, que vivía
en el seno de una buena familia, presentaba serios síntomas del ti-
po que yo llamo de tendencia antisocial. Cuando se le preguntó en
forma directa, no supo por qué sentía la compulsión a actuar del
modo que debía hacerlo: en consecuencia, existe un grado de diso-
ciación, grado que no justifica el uso del t.érmino "desdoblamien-
to".
El registro de la historia correspondiente a la consulta tera-
péutica llegó a la conclusión de que la edad de 3 años había sido
significativa: en esa época, el niño sufrió una carencia relativa, lo
310 D. W. WINNICOTI
que confirmó el relato del padre. Cuando nació el hermano menor.
Pet.er perdió la sensación de ocupar un lugar en la familia.
Ahora. el muchacho t.enía un deseo conscient.e de vivir en su
casa, y me era necesario ampliar mi diagnóstico social así como de-
t.enninar la capacidad de los padres para llevar a cabo el tratamien-
to de su propio hijo. Por consiguient.e, dispuse las cosas para ver
a la madre a solas y le brindé una hora sin apresuramiento. No era
prudent.e tomar notas de lo que sucedió durant.e esa hora. en la
que la madre tuvo libertad para hablar de ella misma si así lo de-
seaba. Sin embargo, sí registré los detalles correspondientes a los
primeros años de Pet.er. ·
La familia era feliz. La hermana mayor y el hermano menor esta-
ban en la escuela, y la madre, que tenía una vida plena, deseó to-
do el tiempo tener a sus hijos en casa.
El padre estuvo totalmente ocupado durante la guerra, por lo que
apenas vio a Peter en los primeros tres aftos del nii'lo, pero, cuan-
do Peter tuvo 3 aftos y su hermano menor 6 meses, el padre pudo
brindarle toda su atención al más pequefto: era demasiado tarde
para que le diera a Peter lo que Peter había necesitado. Aquí esta-
ba el ambiente para la crisis correspondiente a los 3 aftos de Peter:
en este sentido, tuvo carencia del padre a los 3 aftos.
HISTORIA TEMPRANA
Nacimiento: rápido. Bebé normal y grande. Alimentación por pe-
cho: 3-4 meses.
Hubo una nii'lera que vino cuando Peter tenía 2 meses y que se
quedó basta que él cumplió S aftos y su hermano 2. Era intole-
rante y posesiva, pero en la época posterior a la guerra, no había
otro remedio. Mamá estaba siempre allí: hacía la comida y daba
lecciones a Peter en la casa. Cuando la nii'lera se fue, se puso con-
tento, pero siguió visitándola.
Alimentación: era lento para servirse la comida, desprolijo, y no
se lo debía ni apurar ni molestar.
Defecación: natural.
Mojó la cama basta los 3. Permanecía seco durante el día, tempra-
no.
Peter fue a la escuela diurna a los S aftos y a la preparatoria a los
9 y medio aftos "cuando era amoroso,joven e inocente".
Suefto: bacía poco que Peter se había estado despertando por la
noche. La madre me dio su versión de las técnicas de los nii'los pa-
ra ir a dormir: la hermana mayor se chupaba el pulgar, utilizando,
también, un poco de camiseta con una manga larga; Peter se chu-
pó el pulgar hasta los S aftos; al hermano se lo solía mecer.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL
La madre dijo que t.enía naturaleza mat.emal y que siempre
había disfrutado de sus hijos, como bebés y como niños. El padre
había trabajado con mucha int.ensidad: "Se cansa, lo que, en su ca-
so, significa depresión, y se ha visto beneficiado con la ingestión de
tiroides." (De aquí su creencia en una droga física para Pet.er.)
Un detalle adicional fue que a los 6 años, Pet.er se escondía
durant.e el día. Decía: "Dí una vuelta por el lago." Si se reflexiona
sobre esto, es posible verlo como un síntoma de infelicidad. Nunca
había t.enido ideas respecto de qué le gustaría ser cuando fuera
grande. . .
Sus dos hermanos estuvieron en un colegio para pupilos en
est.e período.
La madre me escribió las dos cartas siguient.es:
Le agradezco su carta. Creo que el plan de acción que acordamos
fue que yo debo observar a Peter durante un tiempo y hacerle sa-
ber su reacción ante la vida en casa y ante la noticia de que no
regresará a la escuela, y que debemos volvemos a encontrar con
usted. A mi esposo y a mí nos agradaría mucho concurrir juntos.
Hay algunas cosas que nos gustaría preguntarle, y algunas suge-
rencias adicionales para la educación de Peter, que querríamos
presentarle.
El día posterior a la entrevista con usted y a que yo le dijera a Pe-
ter que no iba a regresar, no por algún tiempo, al menos, pasó la
mañana muy sombrío, y estuvo bastante insolente cuando el pa-
dre le aconsejó hacer un pequeño trabajo de carpintería de mane-
ra diferente. Eso ya pasó y desde entonces no ha habido una nube
en el ciel,,. Se siente muy feliz ocupéndose en trabajos de la casa
y en el jardín. Juega muy poco, pero no de manera pueril. Viene
a hacer las compras y a pasear conmigo, y duerme mejor y come
bien. Hoy nadó mucho, tomó sol con su hermana, y el miércoles
irá a Londres con su padre con el objeto de elegir una caña de pes-
car para su cumpleaños.
Le dije que no volvería a la escuela durante este año lectivo y,
quizé, que no lo haría por un año. Hemos hablado mucho acerca
de las escuelas para medio pupilos. Le be explicado a él, y a otras
penonu, que ha tenido una enfermedad mental, y que va a que-
darse en casa y a mejorar mucho.
· Y unos quince días después:
Esta simplemente es otra nota para comunicarle cómo progresa
Peter. Contin6a estando muy feliz e interesado por todo lo con-
cerniente a la casa. En ocasiones, durante un breve lapso se aburre
un poco y se pregunta qué hacer, pero pronto encuentra algo,
como trabajar en el jardín, leer, hacer dulce de chocolate, etcéte-
ra, y ayer comenzó a construir un aeroplano, tarea que prosigue
con energía. Se ba hecho amigo de un joven maestro que vive cer-
ca, y de su esposa: son muy simpáticos, comprensivos y le tienen
312 D. W. WINNICOTT
un genuino carifl.o, y pienso que esa amistad ejerce gran influen-
cia.
Algunas veces se queja de que no puede dormir bien, pero no creo
que permanezca despierto mucho tiempo. Come bien y se lo ve
maravillosamente mejor. Es muy afectuoso, demostrativo y, con
frecuencia, me rodea con sus brazos.
Nada con bastante frecuencia y puede ir a la piscina del edificio
todas las veces que quiera. No parece tener vergüenza de ir cuan-
do estén presentes algunos muchachos que conoce. De vez en
cuando se enoja con objetos inanimados, va al jardín y arroja
cosas despedazándolas a golpes. Pero esto no ha sucedido durante
la última semana.
¿Sería posible que vayamos a verlo?
Tercera consulta terapéutica
Vi a Peter seis semanas después de la primera entrevista, y tu-
vimos otra sin compromiso, con dibujos. Después; vi a los padres,
los que informaron acerca del uso que Peter hace de la casa como
hospital mental, comentando la tolerancia de los dos hermanos que
estaban, por supuesto, algo celosos porque debían ir al colegio. Pe-
ter se mantenía totalmente ocupado en casa y no se había produci-
do conducta antisocial alguna. Se había vuelto constructivo en sus
juegos y los padres estaban buscando una escuela diurna apropia-
da, pues creían que Peter ya estaba casi listo para regresar a ella.
· Luego, unas semanas más tarde llamé por teléfono a los pa-
dres: se me informó acerca del constante adelanto de Peter. Para
estos momentos, ya casi se había dispuesto que Peter debía ir co-
mo medio pupilo a una escuela local.
Escribí la siguiente carta al~ madre:
Le envío esta carta para que usted tenga algo por escrito en el
caso en que estuviese realizando trámites ante algún colegio para
obtener'la admisión de Peter. Naturalmente, me sentiré muy gus-
toso de ofrecer detalles adicionales, si me los soGcitan.
En general, diría que Peter es un muchacho inteligente con un
buen potencial, pero que está atravesando una enfermedad que es,
de hecho, un trastorno del desarrollo emocional. Es factible que
esta enfermedad desaparezca con el tiempo, pero mientras estuvo
en su pico originó una cierta conducta compulsiva que _produjo
preocupación en su escuela pública. Peter no es un delincuente
y deseo destacarlo puesto que el robo fue uno de la., síntomas del
malestar. ·
Es muy importante que este muchacho viva en su casa, especial-
mente durante el año próximo, y, si fuera posible, me gustaría
que desde allí ingresara en una escuela diurna común.
Por ahora, le he solicitado a usted que sitúe la recuperación del
muchacho en un sentido psicológico por encima de su educación
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 313
y creo que, al proceder de este modo, ustedes están haciendo lo
mejor desde el punto de vista educacional. Me siento seguro, por
lo que ha podido decirme, que ustedes y.a han logrado un progre-
so notable en la salud del muchacho al tenerlo en el hogar, y no
espero que él presente dificultades inusitadas si ingresa en una es-
cuela diurna local.
Espero que esta información sea una ayuda en la etapa inicial de
la búsqueda de una escuela apropiada.
Un mes después, recibí la siguiente carta del padre:
Tenemos la oportunidad de hacer ingresar a Peter, como alter-
nativa, en una escuela cercana, que es pública y sólo para pupi-
los: entraría directamente como "pupilo en el hogar".
Esto ha surgido, en primer lugar, merced al interés del director y
después -pero con la misma importancia- por el intenso interés
inmediato del mismísimo director del pabellón quien, después
de escuchar toda la historia y de leer las cartas que usted escri-
bió, declaró que él y su esposa están completamente resueltos a
brindarle a Peter el nuevo comienzo correcto y la ayuda apropia-
da y constante, siempre y cuando 1) mi esposa y yo estuviéramos
absolutamente convencidos de que éste es el curso apropiado a
tomar, hasta donde nosotros sol.os pudiésemos juzgar, y 2) que us-
ted no considerara que estamos procediendo en forma irresponsa-
ble ante el penuasivo consejo que nos dio para que encontrára-
mos una verdadera escuela de externos.
Con respecto a 1) mi esposa y yo pensamos que aquí se da una
oportunidad excepcional con un director de pabellón sobresalien-
te y con su esposa (ambos han hecho mu;avillas con algunos mu-
chachos "difíciles" y con otros peculiarmente dotados que, en
manos menos capaces, fácilmente pudieron haber sido infelices
"inadaptados"), oportunidad que a Peter le permite continuar,
en muchos sentidos, en un lugar que él ya conoce bien: vive en la
piscina, conoce bien sus campos de juego, edificios, conciertos
y servicios religiosos: de hecho, recibió enseñanzas del genio de
su taller y también conoce a muchos de los maestros, incluyendo
al que dirige la granja, y tiene amigos entre sus hijos. La única al-
ternativa accesible es una escuela diurna pero aquí, aparte del di-
rector, que es una espléndida persona, no conocemos a ningún
otro maestro, y otro tanto nos ocurre con los padres o con los
muchachos: por lo tanto, en la esfera del contacto humano, para
Peter todo tendría que iniciarse desde cero.
Con respecto a 2), lo que mi esposa, yo y el director deseamos
preguntarle es esto: usted ha dado un claro consejo acerca de que
la respuesta es una verdadera escuela para externos. En vista de
todas las circunstancias mencionadas (mi espost y yo las consi-
deramos, por supuesto, como total, y un poco inesperadamente,
favorables), ¿usted se siente dispuesto a dar su aprobación para
que aprovechemos esta oportunidad de que Peter se constituya
en un pupilo en el hogar de este internado de nuestra localidad,
314 D. W WINNICOTT
convirtiéndose en uno de ·sólo tres o cuatro alumnos varones ex-
ternos de la institución?
Si esto le proporciona un cttadro suficientemente claro, estue-
mos muy agradecidos nos haga saber si podemos seguir adelan-
te. ·
En respuesta a esta carta, le aconsejé a los padres que pregun-
taran a Peter acerca del asunto, y que siguieran adelant.e si él res-
pondía afirmativament.e.
·El padre escribió otra vez (tres·meses después de la primera
consulta, cuando Pet.er t.enía 14 años): ·
Sinceramente, le agradezco muchísimo que baya escrito ..Nos ale-
gra saber que usted piensa que el riesgo no sería totalmente injus-
tificado. ·
Peter estuvo "en" el proyecto casi desde el_comie11zo. Vino con
n010tros a ver al director general y se sintió cómodo tanto con él
como con su esposa. Ahora puede ha)>lar de eUo y creemos que
está verdaderamente interesado y que la idea le gutia. Mailana
partimos para unas vacaciones de dos semanas. Tocto·¡,arece indi-
car que, a nuestro regreso, haremos bien en seguir adelante.
Dos meses después llamé por t.eléfono a la madre, que me dijo
que Pet.er estaba bien y feliz, que ahora se hallaba en el curso infe-
rior de la escuela pública local, er:i calidad de medio pupilo y que
disfrutaba del rugby.
Volví a t.elefonear tres meses después y la madre dijo: "Peter
es maravilloso; no ha perdido ni un solo día de escuela a causa de
resfríos o de ataques febriles: juega mejor con los hermanos du-
rant.e los días libres. Recibió un buen informe de la escuela." Agre-
gó que el segundo período lectivo sería la prueba definitiva.
Un mes después, la madre me escribió la siguient.e carta:
Muchas gracias por su carta. Por cierto que no es una molestia y
verdaderamente le estamos muy agradecidos poc su inter6s per-
manen~e. · .
Peter está muy bien, ha aumentado de peso, crecido un poco y
con éxito; no tuvo un resfrío que parecía inminente.
Ha comenzado a trab.;ar, tiene buenas notas en fraocés y en un
ensayo en inglés, y lo han puesto en · la división mejor por ma-
temática, del curso inferior. No · creo que realmente haya hecho
un amigo todavía, pero parece llevarse bien con todos. Siempre
está feliz de venir a casa y ahora le hemos traído un perro para
que tenga algo en que depositar su cariño y para que cuide.
Creo que tiene modalidades netamente contrastantes de sentirse
feliz o no, y que está adquiriendo la capacidad de saber cómo se
siente y de hablar sobre ello.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 315
La próxima carta de la madre (dos meses después) rezaba:
Peter tuvo un buen curso lectivo. Estuvo ausente un día por un
resfrío. Al final estuvo muy cansado -creo que nerviosamente
exhausto- y pasó dos días en la cama con un así llamado dolor
de prganta. Y durante la primera semana de las vacaciones tuvo
una ligera crispadura espasmódica en la cara. Nuestro hijo menor
ahora esti en casa y ambos juegan juntos con más felicidad que
nunca antes... Y la crispadura espasmódica se ha ido, junto con
todos los signos de cansancio. Fue el segundo de la clase, tuvo un
buen informe, y lo promueven en el pei;íodo lectivo que viene. Su
rostro se iluminó cuando oyó estas noticias. La matemática pare-
ce set su mejor materia. También va con frecuencia al taller y está
construyendo una canoa: los materiales de consttrucción son un
regalo de cumpleaños por anticipado. Al parecer no ha consegui-
do un amigo especial, pero parece llevarse bien con todos.
El hermano de Peter deja la escuela para pupilos el verano próxi-
mo y nos gustaría mucho tenerlo después con nosotros en casa.
Es tanta la alegría por tenerlo a Peter con nosotros en casa, que
queremos compartirla con nuestro hijo menor, quien es probable
que pueda ir a otro pabellón de la misma escuela de Peter, como
pupilo externo, al igual que su hermano, en especial porque reúne
condiciones para obtener una beca. ¿Usted piensa que sería perju-
dicial para Peter que su hermano' se le una?
Es mucho más rápido que Peter, pero ahora son maravillosos ami-
gos. Si están en diferentes pabellones, ¿piensa que cualquier riva-
lidad personal sería absorbida por una rivalidad de pabellones, lo
que es común y por la que todos sufren?
Mi respuesta fue esta:
Me alegra saber que Peter tuvo un buen áclo lectivo. El problema
que usted plantea concierne al hermano de Peter, del que pienso
que estar, en condiciones de enfrentar el hecho de que su herma-
no esté en casa, pese a que, como usted sugiere, es algo distinto
a que esté en la casa durante las vacaciones. Quizú usted pueda
mencionar la idea a Peter antes de que todo el asunto sea un he-
cho consumado. Me aleara que no estéo en el mismo pabellón.
Es muy útil para mí que me mantenga en contacto.
La madre volvió a escribir tres meses después, esto es, catorce
meses. después de la priinera consulta:
Simplemente, otro informe sobre Peter. Las noticias no son tan
buenas esta vez, ya que ha debido perder cinco semanas de escue-
la con motivo de una angina estreptocócica. Tuvo alta tempera-
tura durante dos semanas, antes de que el médico descubriera la
causa. Incluso comenzó a preguntarse si la causa no era algún pro-
blema nervioso. En ese momento dos amigos de Peter de la escue-
la tuvieron la misma dolencia con fiebre alta -fácilmente recono-
316 D. W. WINNICOTI
cible- por lo que se hizo un raspaje en la garganta y se halló el
problema: el médico piensa que él puede haber sido el portador.
Todo el tiempo que estuvo en casa -no siempre en cama- hizo
aeroplanos. Nunca está ocioso y le gusta usar las manos. Ahora ya
está bien y dando exámenes después de sólo medio trabajo del ci-
clo lectivo. No creo que esto le preocupe exactamente, pero pien-
so que le gustaría tener éxito. Ha terminado su canoa -pintada de
un hermoso azul y blanco- y la hemos botado exitosamente en el
río cercano a Henley. Esta es una fuente de gran alegría para él y
todos lo admiran mucho. No tiene un verdadero amigo de su pro-
pia edad, ya que ha estado en casa tanto tiempo; pero es muy fe-
liz y está de buen talante. Ahora tiene 15 años y la voz no le ha
cambiado. Está por partir en un viaje muy largo para permanecer
con su tío y con la familia durante dos semanas ... la primera vez
que sale desde que dejó el internado. Después de su regreso, todos
pasaremos unas vacaciones con amigos nuestros. Espero que todo
esto realmente determine su reestablecimiento.
Y un mes más tarde:
Muchas gracias por su sensata carta. Le escribo para preguntarle si
puede aconsejarme otra vez. Peter no salió bien en sus exámenes:
no pudo y se sintió muy apenado por eso. Me he estado pregun-
tando si debo sugerir que tome lecciones adicionales para ayudar-
lo a ponerse al día. Los dos hablamos del asunto y había comen-
zado a pensar que lo mejor sería no preocupado. Ahora ha llega-
do su informe ¿Puedo pedirle que le dé un vistazo? Proceden de
un maestro joven y poco experimentado y no creo que Peter vuel-
va a estar en su clase el próximo curso lectivo. Pero lamento que
haya sugerido que Peter es perezoso: no podía tener vigor cuan-
do regresó tarde al curso lectivo, en parte porque estaba lleno de
penicilina. Me gustaría ir a ver a este maestro antes de que el cur-
so comience para explicarle mú acerca de Peter, pero no sé como
encarar la conversación. Tampoco sé cual es la mejor manera de
ayudar al muchacho. Puedo decir que los informes no importan,
pero sé que él piensa que sí cuentan. Naturalmente perdió con-
tacto con su propia generación durante las cinco semanas de
irritación · de su garganta, pero creo que hay una o dos amista-
des en cierne. Tampoco ha podido asistir a la obra que represen-
tó su pabellón en la que le habría encantado intervenir.
Mi esposo estará ausente durante seis meses 1 de modo que no po-
demos analizar todo esto juntos. Le agradecería mucho que me
aconsejara. Por favor, no se apresure. Peter está afuera y no ha vis-
to el informe todavía. ¿Usted piensa que las lecciones adicionales
en una materia serían una ayuda antes del curso lectivo? No creo
l Quizá, la madre no podía ver la significación especial que en este caso. poseía la
ausencia del padre.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 317
estu. ansiosa por su trabajo como trabajo, sino porque pienso que
él podría estar mucho más feliz si tuviera confianza respecto a lo
que hace.
Contest.é a esta carta por teléfono y devolví los informes del
colegio de Peter.
La siguiente carta de la madre llegó veinticinco meses después
del primer contacto.
Querría escribirle otra vez respecto de Peter. Las noticias son muy
buenas. Está maravillosamente mejor y se siente mucho más feliz.
Difícilmente lo reconocería, ya que ha crecido mucho y ahora es-
tá más alto que mi esposo. Todavía tiene la misma cara juvenil.
Sus informes del colegio han sido buenos y sólo ha faltado unos
pocos días salteados desde setiembre. Todavía no ha hecho ami-
gos íntimos y parece llevar una vida algo solitaria, pero feliz. Está
permanentemente activo en casa, haciendo tareas de jardinería,
cocinando y otras cosas por el estilo. Pasa mucho tiempo en el ta-
ller de la escuela, donde hace algunos trabajos de capintería con
ayuda.
Hay algo que querría preguntarle. En setiembre último sufrió va-
rias jaquecas con cortos intervalos entre sí. Las había tenido an-
tes, pero no con tanta frecuencia. No eran tan intensas como para
que debiera ir a la cama, pero lo suficiente como para hacerlo
sentir muy mal. Yo misma las he padecido de vez en cuando
durante toda mi vida y he descubierto que si tomo hierro, no las
tengo. Me administraron comprimidos de hierro y los he tomado
a intervalos desde el nacimiento de mi hija. Tuve la sensación de
que serían buenos para Peter. Por lo tanto, le he dado uno cada
mañana, excepto durante las vacaciones, cuando le di uno cada
dos días. Estoy segura de que le están proporcionando algo que
él necesita. Pero ¿he procedido con sensatez? ¿Es posible que le
provoquen algún dai\o que desconozco?
Mi hija (19 a.i\os) se ha ido al extrattjero trabajando para pagarse
la cama y la comida, por lo que Peter disfruta del hecho de ser
el único en la casa. Ha sido muy feliz con su hermano menor du-
rante las vacaciones. El ama de llaves de Peter parece tenerle mu-
cho afecto y él, a su vez, parece estar consiguiendo su propio lu-
gar en la casa.
Durante el último curso lectivo, me hizo inquietar cuando se lo
descubrió haciendo trampa en su clase porque había olvidado su
libro y no pudo confesarlo de plano. Supimos del asunto porque el
maestro se lo contó a mi esposo, y el director de pabellón lo sa-
bía. El no nos dijo nada y no sabía qoe nosotros estábamos ente-
rados. Pareció muy capaz de enfrentar racionalmente el asunto y,
por fortuna el maestro en cuestión fue muy razonable.
Gracias una vez más por su ayuda.
318 D. W. WINNICOTI
Volví á escribirle a la madre:
Fue muy agradable recibir su carta, ya que estaba a punto de es-
cribirle y de preguntarle respecto de Peter. Las noticias parecen
ser buenas.
Quiero hacerle saber de que no veo razón alguna por la que Peter
no pueda tomar comprimidos de hierro: Usted no debe sentirse
muy decepcionada, empero, si alguna vez sí padece una migraña a
pesar del suministro de mineral. Además, si llep a estar constipa-
do, creo que usted debe pensar en que es momento de dejar los
comprimidos a un lado, por lo menos, durante un tiempo.
Seis o siete años después del primer contacto, escribí a la ma-
dre para que me informara acerca de Peter, y me contestó ( a la sa-
zón, Peter tenía 22 años) :
Pensé escribirle muchas veces, pero siempre decidí esperar un po-
co más para estar segura de que estaba bien. Sólo tengo buenas
noticias. Peter fue a esta escuela durante cinco años: los_primeros
cuatro como medio pupilo, es decir, desayuno y cena en casa y
todo el resto del día en la escuela. Fue pupilo durante el último
ciclo lectivo. Se sintió bien y feliz todo el tiempo, pero no hizo
ninguna amistad verdadera. Fue número 8 como atacante y jugó
al rugby representando a su pabellón. ¡Tiene un metro 9S centí-
metros de estatura y espaldas anchas! Dio exámenes para el nivel
superior de matemática, de física y de química, pero sólo aprobó
química, lo que constituía su interés principal. Tiene toda la vo-
luntad de entrar en la universidad, a pesar de que sus maestros no
lo alientan. Volvió a dar examen para el nivel superior de física y
de matemática, trabajando con un preceptor en Londres, al tiem-
po que vivía en casa: aprobó ambos exámenes y se le dio plaza en
una universidad lejana para estudiar bioquímica. Las cartas que
envía revelan su felicidad. Una vez que hubo pasado sus edme-
nes, consiguió un empleo temporario durante las vacaciones, en
el departamento de investigación de una firma londinense. Fue al
campamento de la O.T.C. en la región montañosa de Escocia, y
tamb~n exploró dicha región 61 solo, viajando a dedo con una
mochila. sólo queda por ver si puede hacer frente al trabajo nece-
sario para graduarse.
Gracias, una vez más, por la ayuda que nos brindó cuando más
la necesitábamos. Pese a que no ha sido necesario que volvamos,
nos ha brindado gran fortaleza saber que usted estaba allí.
Muchas gracias por sus gentiles preguntas. Estoy segura de que us-
ted se sentirá satisfecho con lo que le he dicho. Nunca hemos h•
blado con Peter acerca de las visitas que 61 le hizo o acerca de sus
problemas en esa época. ¿Piensa usted que alguna vez det?emos
hacerlo?
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 319
Cont.esté:
Le estoy muy agradecido por su larga e interesante carta. Natural-
mente, me satisfizo mucho volver a oír sobre Peter. No _veo nin-
pna razón particular por la que deban hacer un esfuerzo especial
pera hablarle acerca de las visitas que me hizo, pero quizú un día
el tema surja naturalmente. ·
Concluli6n
Est.e es, entonces, el caso de un muchacho cuya sintomatolo-
gía antisocial era severa. Se lo trat.ó como si estuviera enfermo y no
como una penona peIVersa, permitiéndosele utilizar su casa como
hospital mental. En un año, más o menos, se había recuperado de
su· estado psiquiátrico anormal, y el trabajo lo hicieron su madre y
toda la familia, así como .la capacidad de un int.emado local para
adaptarse a las necesidades especiales del muchacho:
Mi función básica fue decir, en fonna definitiva: est.e mucha-
cho está enfermo, debe decírsele que está enfermo, y se le debe
permitir el tiempo suficient.e para que se recupere en forma natu-
ral de su enfermedad psiquiátrica.
Resultó que el factor etiológico principal fue una carencia re-
lativa a los 3 años, que descubrió la carencia pat.ema del muchacho
durant.e sus tres primeros años, como consecuencia de la guerra.
CASO XVII "RUTH", 8 AROS
El caso de Ruth se me presentó de la siguiente manera: un
hombre me consultó acerca de sí mismo; era el padre de Ruth. En
el transcurso de una hora, aproximadamente, en la que dijo lo que
quería decir acerca de sí mismo, me contó un gran número de he-
chos, entre los que había dos cosas que eran significativas en la des-
cripción de los problemas de Ruth: la primera era que su hija, la del
medio de tres hermanas, había empezado a robar en la escuela; al
mismo tiempo, su personalidad había cambiado y Be había conver-
tido en una niña reservada y furtiva. Había disminuido la calidad de
su trabajo escolar y la escuela había pedido su expulsión. El otro
hecho fue que este hombre, que estaba tratando de mantener unida
a su familia mientras hacía su propio trabajo, estaba confuso en
cuanto al modo de manejar las enfermedades de su esposa: ella pa-
deció tres enfermedades que envolvieron al marido en el trato con
tres hospitales diferentes y de una manera u otra, se produjo una
falla de comunicación entre los organismos de asistencia social
de los tres nosocomios. El hombre se sintió desgarrado en tres
partes y buena parte de su tiempo la insumía en cumplir con las
exigencias de los tres hospitales y en llevar a su esposa primero a
uno y luego a otro, y parecía como si realmente hubiera una falla
de comunicación en él mismo. Al final de la entrevista, me dijo
que, debido a que una persona había escuchado sus distintas y va-
riádas quejas, se sentía capaz, por primera vez, de verlas como una
unidad, y agregó que sentía que ahora podía afrontarlas sin ayuda
adicional.
Sentía, sin embargo, que necesitaba ayuda para Ruth y, en
consecuencia, ~ispuse una entrevista con su hija. Era necesario que
en esa entrevista con la hija yo revirtiera su tendencia hacia la con-
ducta antisocial y, si lograba tener éxito, entonces confiaba en que
este hombre podría hacer frente a toda la situación familiar, inclu-
yendo las tres enfermedades de su esposa, con la ayuda, natural-
mente, de las muy positivas cualidades que ella también había
exhibido a pesar de su mala salud.
Es necesario enumerar las tres afecciones, ya que se relacio-
nan con el problema que Ruth estaba tratando de superar. A la
madre le gustaba tener hijos y le gustaba, en especial, su edad pre-
escolar y su dependencia temprana. Había criado bien a la herma-
na mayor y disfrutó de Ruth como bebé hasta el momento de que-
CLINICA PSICOANALITICA INfANTIL 321
dar embarazada de la que resultaría ser tercera hija; ésta fue, en
verdad, una época de preocupación en toda la familia, y la madre
de Ruth sabía que, al haber quedado embarazada, se había com-
prometido en una más amplia gama de responsabilidades que las
que podía afrontar. Quizá durante un corto lapso perdió confian-
za en su esposo. El hecho de que ahora la madre de Ruth tuviera
muchas cosas que afrontar, la llevó a enfermarse durante el tercer
embarazo, y Ruth se convirtió en una víctima, si _bien esto pasó
inadvertido para ambos padres en el momento en que estaba
ocurriendo. La madre de Ruth contrajo una artritis reumatoide y
quedó inválida. Hacia el fin del embarazo también le sobrevino una
melancolía aguda. En forma sucesiva, hubo que internarla en cada
una. de esas condiciones; la más seria fue la que se produjo después
del nacimiento del tercer hijo, cuando le fue necesario pasar algu-
nas semanas en un hospital mental. Rechazó los tratamientos fí-
sicos y, en forma gradual, volvió a retomar su vida hogareña y el
cuidado satisfactorio de sus hijas. Cuando el bebé tenía unas po-
cas semanas de vida, ella y su esposo comenzaron a advertir que a
Ruth se la había desatendido, aunque no en el sentido físico, y es
este período de abandono el que se mostró como significativo en
la consulta terapéutica, a la que se procederá a describir más ade-
lante.
Para completar el cuadro, es necesario agregar que la madre
de Ruth tuvo una tercera enfermedad, que le dio gran confianza
en los médicos y que, quizá, la ayudó a sobrellevar los momentos
de desesperación. Cuando niña había sufrido una bronquiectasia,
y representó un caso precoz de ablación de la totalidad de un lado
de los pulmones. El departamento nosocomial responsable de esta
extirpación se había interesado profundamente en ella y había
puesto a su disposición un excelente hogar de convalecencia que,
por cierto, todavía pudo utilizar casi de inmediato cuando se con-
virtió en mujer casada éon familia: si no se sentía bien, podía ir
allí y quedarse quince días.
Cuando Ruth vino a verme, yo ya tenía conocimientos pues,
de estos y de muchos otros datos relativos a los antecedentes fami-
liares. Pero lo que yo no podía saber era si Ruth iba a poder esta-
blecer contacto conmigo de forma tal que yo pudiera ver su niñez
a través de sus propios ojos. Se espera que el lector pueda vislum-
brar, a partir del estudio de la serie de sucesos que tuvieron lugar
en la consulta terapéutica, el modo en el que un niño puede utili-
zar esta situación especializada que estamos en condiciones de
brindar. En este caso, en particular, es indudable que no sólo uti-
licé mi conocimiento teórico de la relación entre robo y carencia,
sino, también, el refuerzo de la teoría que proporcionó el padre
al describir los propios problemas personales el escenario familiar.
322 D. W. WINNICOTI
El caso tiene esta significación: Ruth cambió hacia el final de
la consulta, tal como se describirá.
Ruth
Ofrezco la menor cantidad posible de detalles sobre la histo-
ria. Ruth contaba 8 años cuando la vi. Tenía una hermana de 13 y
otra de 5. Su familia estaba intacta. Su¡¡ padres presentaban una
interdependencia bastante rigurosa y esto hace que la familia tenga
una sensación de permanencia que los niños pueden usar.
En mi entrevista con el padre, descubrí que lo que estaba co-
rroyendo a la familia y a su innata tendencia a la autocuración era
el carácter alterado de Ruth. Se la había amado en especial, y has-
ta se la había malcriado un poco. Después cambió, y ahora estaba
robando. Los padres se sentían muy culpables por esto ya que (se-
gún dijeron) se habían :visto a sí mismos produciendo este cambio.
No pudieron evitarlo, perp vieron ocurrir ante sus propios ojos el
cambio que se producía etr-Ruth, cambio que se inició al princi-
pio del tercer embarazo de la ·mafue..
Decidí que lo primero que debífl hacerse para ayudar a la re-
habilitación de esta familia era ver a Ruth y~ si era posible, curarla
de su compulsión a robar. Para hacerlo debía llegar a .la propia ver-
sión de la niña sobre cómo experimentó la carencia, por eso se hi-
zo la consulta terapéutica.
No hay nada fuera de lo común en relación con la consulta,
excepto, que marcó el fin de los robos de Ruth y, también, el cn-
mienzo de un nuevo período de crecimiento emocional, con ..jgu-
nos progresos educacionales. Hubo una respuesta familiar favora-
ble ante la pérdida que se verificó en Ruth de su compulsión ~ti-
social, y los padres hicieron buen uso de su nueva libertad que tu-
vieron para avanzar en su propia reubicación como progenitores de
una familia que se parece mucho a una empresa que está funcion-
do.
La consulta terapéutica
Muy pronto, Ruth se sintió cómoda. Me habló de su hermana
mayor y de la Jllenor, que estaba en el colegio. Dijo que no le im-
portaba mucho haber perdido un día de clases por venir a verme. Si
hubiera concurrido, estaría en la clase de inglés. Aceptó mi suge-
rencia de un juego e hice un garabato
(1) que Ruth transformó rápidamente en un cochecito, su propio co-
checito, al que había usado durante un ailo. Por esto pude descu-
brir que tenía tres mui\ecas. "Es todo lo que quiero", dijo.
(2) Suyo, que convertí en una planta. La llamó geranio.
324 D. W. WINNICOTT
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) c.,.L.h.
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(3) Su dibujo, que muestra a· las tres muñecas a las que la invité a
dibujar. Dijo: "Trataré de ..." "No está bien ... " Dije: " Bueno, esto
no es la escuela: sólo me estás mostrando lo que quieres mos-
trarme."
Repuso: "Rose Mary es la más grande de todas. Judith tiene el
pelo enrulado. Poppy tiene flequillo cola de caballo y un moño."
Pregunté : "¿Te gustaría ser una mamá o un papá?" y prontamen-
te optó por ser una madre. Dijo: "Quiero tener tantos hijos como
pueda."
Este era un cuadro de su propia familia en función de las mu-
ñecas: ella estaría representada por Judith. Puede verse en este di-
bujo que su identificación con la madre le da una deformación de
uno de los miembros inferiores. Las manos también parecen faltar,
lo que podía ser un comentario sobre el desvalimiento de la madre
cuando estuvo gravemente enferma.
(4) Mío, que transformó en una "persona".
(5) Suyo, que le hizo decir: "¡Oh, ya sé!" Y convirtió su propio ga-
rabato en un arco y una flecha .
(6) Mío, que transformó en una mariposa. En este punto habló sobre
la manera en que a su jardín lo había arruinado un hombre que
estaba colocando un inodoro. "La pregunta es: ¿alguna vez se
recuperará?" Sugerí: "Los hombres son seres torpes."
Se observará que yo no estaba haciendo interpretaciones, sino
que simplemente estaba hablando mientras jugaba con ella.
326 D. W. WINNJCOTT
..,..
(7) Suyo, del que me apropié ya que, de otra manera, ella lo habría
usado. (De este modo, supongo que le transmití la idea de mi de-
dicación al juego.) Hice un aeroplano, pero dijo que era unamos-
ca.
(8) Mío, que convirtió en un caballo. Estuvo bastante satisfecha con
esto.
..,.
. (9) Suyo, que convertí en un animal que llamó jirafa.
(10) Mío. Su pronta respuesta fue: "¡Oh, ya sé!", y mientras lo trans-
formaba en un arpa, habló conmigo acerca de poner en marcha
el grabador: en un anaquel, al lado de ella había uno, pero no
quiso usado.
(11) Sufo, que transformé en una figura danzadora.
328 D. W. WINNICOTI
( 12) Mío, que transfonn6 en la cabeza de una mujer. La lengua de la
mujer estaba afuera, pero Ruth la transformó en un cigarrillo, lo
que le confería niú respetabilidad, supongo.
( 13) Suyo, que convertí en una planta. Mientras yo hacía esto, me
convidó con un caramelo, que acepté. Pregunti: "¿Estú cansada
de estejue,o?", y contestó: "No, me gusta."
Esto ID81'CÓ ·la fase media, que indica el establecimiento de la
cQnfianza, a lo que puede seguir una buena disposición para pro-
fundizar.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 329
(14) Me sentí más audaz como consecuencia de lo anterior e hice, de-
liberadamente, un garabato confuso: Je puso un tubo en derredor
por lo que el dibujo confuso se convirtió en agua dentro de una
tina. Aquí había fantasía penonal, y yo podía, ahora, acercarme
al mundo onírico de Rutb. Le pregunt~ si, cuando 1C>iaba, lo ba-
cía con cosas como esta. Dijo que había visto algo en la TV, pe-
ces en una tina con un agujero en ella. Inaiatí con la idea de los
sueños y pregun~:· "¿Qu6 me puedes decir de los sueños aterra~
dores?" Entonces pasó a su vida onírica: "Mis sueiios son, prin-
cipalmente, lo mimlo. Sueiio todas las nOches." Para ilustrar tomó
una boja grande de papel.
(En este trabajo, esto indica, siempre, que algo significativo
está por suceder.)
(1 S) Navíos de lo pasado con agua que llegan. "Cuando mi hermani-
ta era un beb6 de brazos, yo estaba corriendo. Fue antes de que
mamé tuviera las piernas mal. Hay agua que viene como un to-
rrente. Estoy trayendo cosas, comida para el beb6. Los habían
castigado por culpa del beb6. El sueño terminó bien. Papá vino a
casa con el coche y fue marcha atrás hacia el garaje. Chocó con
el barco y lo destrozó todo y toda el agua escapó. Así que ter-
minó bien." Había habido una considerable angustia en el medio
d,e esta descripción del sueño an~~s de que el padre viniera y salva-
ra la situación. ·
--
Se observará que la boca de la madre está curvada, indicando
una sonrisa. La niña va hacia la madre o está cerca de ella. El bebé
quizá no ha nacido, ya que no hay cintura. La madre tiene manos
inútiles y un miembro inferior defol'J!1ado ..
(Be Nproduce ut. detalle
·• lo fltluN l li en lo m•mo
medido en lo que fue
dlflwlodo}
Aquí hice un comentario referido al hecho de que ella corría
hacia la madre llena de esperanza. Sentía qué podía ser como ma-
má al ayudarla a dar de comer al nuevo bebé: fue en verdad, cerca
del fin del embarazo de la madre que RÚth se convirtió en una ni-
CLINICA P3JCOANALmCA INFANTIL
ña enfefllla. Las primeras cosas que había robado eran latas de ali-
ment.o para bebés, y luego había robado para comprar ese albnen-
to, al.,:ual ·se había hecho adicta. En este caso, se daba que yo ~
conoo(a estos antecedentes. · .,
late sueño era optimista y, al final, todo salió bien, de modo
que debía haber una versión pesimista del mismo sueño en .a lgén
lado: la necesitaba e invité a Ruth a que dibujara lo peor.
( 16) Dibujo de Ruth otra vez. Muestra a la madre con el bebé, y 1or-
prendió a medida que lo dibujaba. "Pero... es un enanito muy chi- •
,e
quitito." Dijo que había veneno en el mar que estaba detrás de
ella, lo que hizo que el bebé se enco.ra; mamá tambi6n ae enco-
gi6 ... "Oh, mire, cada vez estoy más lejos de mamá."
(B• ,wproduoe •t• detalle d• lo ffluN J fl en lo mllma medida en lo que fue dfl>~J
332 D. W. WINNICOTT
Este dibujo ofrece una visión directa de la zona más grave de
la separación de Ruth y la llegada de un sentimiento de desespe-
ranza. En este dibujo, trazado· con mucha rapidez y con la sensa-
ción de que tenía raíces profundas, dio a la madre una boca recta
(melancolía) y una cintura que podía indicar que el bebé ya había
nacido.
Pero el bebé se estaba reduciendo debido al agua con veneno
(lo opuesto del alimento para bebés) y mientras lo dibujaba, Ruth
sentía que cada vez se alejaba más de la madre.
El dibujo de sí misma lo hizo directamente desde el hombro,.
por lo que las líneas de la boca bajaban a lo largo de los brazos y se
hacían parte de la cartera que no contenía alimento para bebés.
Dijo: "Así que tuve que comer mucho. Cuando el veneno cesó,
volví a engordar."
Había detalles adicionales, pero aquí se los debe omitir, con
excepción del siguiente:
Deliberada,mente le pregunté: ¿"Alguna vez sustraes cosas?"
Me respondió: "Lo hice cuando era joven; solía robar alimentos
para bebés."
Fue importante obtener que Ruth misma lo dijera.
Al sumar todos estos detalles, parece legítimo que yo sosten-
ga que ésta es la verdadera ilustración que hace la niña de su caren-
cia, en el momento en el que pierde la esperanza de afrontar el
embarazo de la madre y el nacimiento de la hermanita mediante
una identificación con la figura maternal y alimentadora de la ma-
dre. Ya había una identificación ilustrada por la deformidad de la
muñeca y de Ruth misma en los dibujos de los sueños: pero ésta
era una identificación en función de una enfermedad, no de una
función maternal positiva.
Antes de que Ruth se fuera, hicimos dos garabatos más para
traerla a la superficie y facilitarle el retorno a la casa:
( 17) Mío, que convirtió en un pez, y
( 18) Suyo, que puse en un plato, y era un plato de comida con pan,
etcétera.
En este contexto, mi intento es, simplemente, el de presen-
tar los dibujos de esta niña, en los que captó la sensación de volver-
se carenciada y de experimentar desesperanza. Después de repetir
esta experiencia de plena conciencia, con el apoyo del ambiente
de la consulta terapéutica, Ruth perdió de inmediato la compul-
sión a robar y, junto con ella, desaparecieron las mentiras. Taro-
CLINICA PSICOANAUTICA INFANTIL 333
334 D. W. WINNICOIT
bién se produjeron cambios favorables en toda su penonalidad,
como es corrient.e en estos casos, y la escuela pronto olvidó las mo-
lestias que les causó, así como el pedido de que se fuera.
Reaumen
En una consulta t.erapéutica, Ruth, de 8 años, pudo recordar
y revivir la tensión relacionada con la época en que se convirtió en
una chica carenciada, y también pudo ilustrarla con un dibujo. La
experiencia fue terapéutica para Ruth y los cambios que se produ-
jeron en ella beneficiaron a toda la familia.
SEGUIMIENTO
Cinco años. Desarrollo satisfactorio; no se produjeron robos.
La familia se ha restablecido.
CASO xvm "SEfiJORA X", 30 AROS (MADRE DE ANNA, 6 AflOS)
Deseo incluir, ahora, la ilustración de la entrevista con un pro-
genitor. No existen diferencias sustanciales entre esta clase de en-
trevista y la que se tiene con un niño, salvo que, con los adultos
- del mismo modo que con los adolescentes de mayor edad- es
poco probable que lo apropiado sea un intercambio de dibujos.
Este es un caso extraído de los registros de mi clínica en un
hospital. La hija había estado a nuestro cuidado, derivada por un
colega pediatra. En la entrevista inicial con la niña, descubrimos
que existían características que nos indicaban que la concurren-
cia al hospital de la madre con su hija señalaba una necesidad en
la madre misma:. Empero, la madre no veía de esta manera lo que
estaba haciendo, llevaba constantemente a su hija de un médico a
otro para que la examinaran y la trataran por dolencias cuya grave-
dad no era tan grande como la angustia de la madre parecía en este
caso indicar, fue necesario que el equipo de psiquiatría infantil se
mantuviera en contacto con madre e hija y que el caso quedara
en suspenso a la espera de los acontecimientos. Con el transcurso
de los meses, la madre perdió el recelo en forma gradual y se auto-
rreveló como una persona con gran necesidad de ayuda personal.
La sección de asistencia social del equipo psiquiátrico me in-
formó que me había llegado el m·o mento de entrevistar a la madre
y ofrezco ahora una descripción de esta entrevista, cuyo resultado
fue favorable, desde el punto de vista de los esfuerzos de la clínica
para prestar ayuda adecuada a la niña, ya que la madre, al haber
comunicado sobre sí misma, podía ahora hacer algo nuevo, que
fue entregar el cuidado de la hija a la organización del caso social.
Por consiguiente, como resultado de la entrevista pudimos colocar
a esta niña en una escuela apropiada que, en verdad, la llevó en for-
ma segura durante los años siguientes. El contacto entre la niña y
la madre se pudo mantener debido a la actitud especial propia que
asumió la escuela en este asunto. ·
Se da una descripción de esta entrevista no tanto como prue-
ba de la cura de la madre -que, por cierto, exigiría una inmen-
sa cantidad de trabajo por parte de alguien- sino para ilustrar el
miedo en el que, al esperar, llegamos al momento para la comuni-
cación de un tipo muy personal. Incidentalmente, el modo en que
la madre contó su historia, ofrece el cuadro dé una niña carenciada
tal como lo narra esa niña, convertida ahora ella misma en adulta
336 D. W. WINNICOTI
con una hija ilegítima. Es posible sostener por añadidura, que
esta madre estuvo en mejores condiciones para manejar sus propios
asuntos después de la entrevista y de su secuela: la atención ade-
cuada de la hija.
Vi a la señora X sola.
Le dije: " ¡Hola! Se la ve bastante delgada."
Repuso: "En realidad, estoy gorda y la ropa no me sube.'~
Parecía seria y preocupada. ·
Dije: "Hablemos de Anna. .. eso romperá el hielo." (Anna tenía 6
años.)
La señora X dijo: "Es realmente buena, ¿sabe? No tuvo una vida
muy agradable ... nunca hablo con ella, por ejemplo, por la sencilla
razón de que nadie me habló a mí cuando era chica. Si estoy tras-
tornada es entonces que Anna se pone peor y, quizá, realmente
díscola."
Prosiguió para hablar de la desventaja que ella había padeci-
do al no haber rendido los exámenes ·adecuados en la escuela, por
lo que no pudo ser enfermera u otras cosas que había querido ser.
A los 20 años vio a una doctora en una clínica y se le mostró el in-
forme en el que se decía que era "amoral, no tenía preparación, y
era permanentemente adolescente'\ pero, tal como ella dijo: "Para
qué sirve recibir un tratamiento que a una le haga saber cómo es,
cuando una ya lo sabe." Insistió sobre su propia maldad, y en esto
fue persistente hasta el fin mismo de la consulta.
"El problema es, dijo, que si yo quiero a alguien, hombre o mu-
jer, para mi eso es sexo. A los 19 años me abrazaron y besaron y
esa fue la primera vez que alguien se mostró afectuoso conmigo,
de modo que las dos cosas llegaron al mismo tiempo."
Dije: "No puedo imaginar cómo se las arreglaba."
Repuso: "Pues, me masturbaba mucho."
Esto era clitórico solamente. Nunca había sabido qué era un or-
gasmo profundo hasta hace bastante poco.
Dijo: "El problema es que arruino todo al volverme posesiva. No
quie~ serlo, pero siempre estoy con: ¿Qué has hecho, dónde has
estado?", como si el hombie o la mujer hubieran hecho todo para
dañarme. Uno de ellos dijo: "Ni siquiera puedo ir al lavabo sin
que te pongas celosa."
Dije: "Los niños son así a menudo... ¿probablemente Anna lo
fue?" ·
Repuso: "Sí, ¿pero no es horrible cuando soy todavía una niña?"
Fue en ese momento que empezó a llorar.
Dijo: "No importa en absoluto si es un hombre o una mujer: si al-
guien es afectuoso entonces hay una experiencia sexual para mí.
He tenido dos affaire, con mujeres que fueron, quizá, lo más sa-
tisfactorio que me haya sucedido."
CLINICA PSICOANALITICA JNF ANTIL 337
Las dos fueron mujeres voluminosas y regordeias ... mucho jugue-
teo sexual y manipulación de los pechos, y demás.
· Dije: "Bueno, todo eso es terrible. Algo bueno le ha sucedido a
usted en otra parte, pero se ha perdido. Estoy seguro de eso por-
que usted puede reconocer cosas buenas en Anna." Luego, exami-
n6 de nuevo, con cuidado, algunos de los detalles de su relato.
La pusieron como menor bajo la tutela de la Corporación ... por-
que su madre era cruel con ella. Tuvo a la madre huta los 3 ó 4
ados y le dije: "¿Quizá mamá haya estado muy bien al principio,
desde su punto de vista?"
Dijo: "No pudo haberto·estado si fue tan cruel como para que tu-
vieran que alejarme de ella."
Llegados a este punto, hablamos sobre su desesperada soledad, un
estado que describió en ambos aspectos: "Estoy sola porque no
soy popular, pero me siento terriblemente celosa de cualquiera
que sea popular, en especial de mi amiga."
Hice un comentario, diciendo: "Al estar solo se está seguro."
Dijo: "Eso es lo que le dije a mi ami¡a, Daisie, hace una o dos se-
manas", y volvió a examinar cuidadosamente en su propio lengua-
je, lo que yo había dicho.
Siguió hablando de Daisie, que es sumamente linda, vivaz alegre y
teatral, y tiene 22 ados: ha hecho de todo, consigue lo que quiere
con su conversación, tiene dos cuentas bancarias y mucho dinero.
Aquí y en otras partes de la entrevista, era evidente que man-
tenía su yo normal compitiendo con la personalidad de sus amigos,
de los cuales (en consecuencia, quizás) está excesivamente celosa.
Le dije en razón de su descripción de Da,We: "¿Tuvo usted her-
manos o hermanas?" ·
Dijo: "Recuerdo una fiesta de Navidad en un orfanato durante
la cual alguien dijo: 'Y esta es su hermana'; era muy linda ... nun-
ca la volví a ver."
Esto la llevó a contarme que la llamaban Polly en el orfana-
to, pero, cuando vio su certificado de nacimiento descubrió que su
papre era "Y" y su madre "Zº. No había mención del nombre por
el que la habían llamado. ¡Descubrió que había nacido en... ! A me-
nudo se pregunta si ha habido un crimen en la familia~ por lo que
cambió su nombre para evitarle la vergüenza. Estuvo en un orfana-
to, ése fue su comienzo en un lugar grande, para 150 niños de cor-
ta edad, después en hogares más chicos, hasta llegar, con el correr
del tiempo a ... En uno de éstos había una tal señorita ... una mujer
extranjera que era la inspectora.
Le pedí autorización para hacer ·preguntas acerca de su niñez
y contestó que me agradecería que lo hiciera, pero siempre se abs-
tuvo de hacer averiguaciones por temor a descubrir que las cosas
son mucho peores de lo que ella cree. Los escasos detalles que me
338 D. W. WINNICOTT
proporcionó resultaron ser correctos. Todo esto ocurrió en la déca-
da del 30.
Prosiguió, para describir ataques de depresión: siempre lidia
con ellos acostándose temprano y hundiéndose en ensoñaciones.
En estas ocasiones, siempre finge que ella es alguien importante y
que es muy buena haciendo una cosa u otra: en realidad, nunca ha
sido ninguna de estas cosas. Era una chica ·corriente y delgada, di-
jo, y por ese motivo fue al hospital. Esto le recordó algo que la
hizo llorar otra vez. 1 Había conocido una persona amable en su
vida: a los 8 ó 9 años, estuvo internada en un hospital para enfer-
medades febriles, en una habitación pequeña, y no tuvo visitantes
durante toda su estadía. Un día, una mujer se detuvo frente a su
cubículo, abrió la cartera, y dijo: "Elige algo." Ella eligió su espe-
jo. Después, la mujer se fue y se lo dio a la enfermera que final-
mente se lo entregó. De este hecho dijo que fue "la única cosa
agradable que me sucedió en la niñez". Nadie fue a visitarla duran-
te los seis meses que estuvo en el hospital: tiene que haber sido seis
meses, porque allí pasó tanto su cumpleaños (verano) como la Na-
vidad. Recordó haber ido en sillón de ruedas a la sala, vestida con
medias negras y que se la persuadió gradualmente para que camina-
ra. No sabe cuál era su enfermedad. Entonces recordó cuando un
hombre vestido de azul la llevó desde el orfanato hasta la ambu-
lancia.
Habló de lo horrible de que a uno lo lleven de un orfanato, lo
que es distinto a ser llevado desde la propia casa, por la incerti-
dumbre del regreso. Fue a la sala de aislamiento y recuerda a Papá
Noel, que resultó ser el médico. Aquí introduje una observación en
el sentido de que la sala se ocupo de su cuerpo, pero parece que
omitió al resto de ella. Según sus pautas, enseguida se sintió muy
culpable cuando dijo: "Siento que las personas me deben cosas pe-
ro, por supuesto, soy yo la que está equivocada. Pero como siento
que se me debe algo, no puedo dejar que nada vaya bien. Si está
yendo bien, lo destruyo a mitad de camino, y así me lastimq, a mí
misma."
1 Confío en qu~ el lector, a esta altura de la entrevista, haya tenido la sensación de
que, a pesar de la libertad de que gozo en el uso de mí mismo la estructuración de la en;
trevista realmente se origina en la paciente. '
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 339
Le dije: "Le de1>e ser muy difícil saber con qué estar enojada, Y,
sin embargo en usted debe haber ira violenta en alguna parte."
Dijo: "Sí, pero adquiere una forma curiosa ...siento que me reco-
rre un estremecimiento. Es una sensación como si, por una frac-
ción de segundo (le resultó muy difícil describir esto) pudiera vol-
verme loca, pero recuerdo dónde estoy y todo pasa." ·
Dije: "Usted quiere decir que sí se vuelve loca, sólo que es tan rá-
pido que enseguida termina. Su temor es poder descubrir que ha
hecho algo horrible mientras estuvo loca."
Me dijo entonces algo que, según ella, "nunca había dicho a
nadie", y estaba rnuy angustiada: cuando tenía 14 ó 15 años, no se
la pudo colocar en una fábrica porque se dijo que no serviría, por
lo que se la puso a trabajar en la nurserí situada frente al orfanato,
donde los niños llegaban de sus hogares. Tenía que ayudar con los
niños o con los bebés y tomar el lugar de una maestra que pudiera
estar ausente, y actividades por el estilo. Un niño estaba llorando,
y eso la exasperó tanto que estuvo a punto de estrangularlo. (Esto
ilustraba a la perfección lo que dije.) Lo tomó por el cuello y lo
zamarreó, pero luego se detuvo. En otras ocasiones, abrazaba con
fuerza a los niños con el objeto de lograr sensaciones sexuales. "Es-
to es horrible y sucio... ¿Las demás mqjeres hacen algo corno esto
alguna vez? En ocasiones, Anna viene a mi casa, me abraza con in-
tensidad y me siento lasciva. ¿Ha sentido alguna madre esto alguna
vez? Por supuesto, en la escuela de la nurserí me daban todos los
trabajos sucios, incluyendo la limpieza de los bebés, pero nunca se
me permitió hacer algo de lo que fuera importante para un bebé."
A todos esos bebés de la nurserí los iban a rect>ger sus padres, y
por eso le sugerí que esa podría ser una razón por la que casi había
matado a ese niño, ya que ella misma nunca había tenido un hogar
al cual regresar.
Después prosiguió: a los 18 años fue doméstica en la casa de
alguien y tuvo que obtener su certificado de nacimiento. Repitió
lo que dijo antes, al decirme que esto resultaba muy molesto ya
qu~ en sus ensoñaciones siempre había cosas maravillosas que al-
gún día ella podría descubrir sobre sus padres, pero cuando veía
que su nombre no era el mismo que aquel por el que ella se cono-
cía, y que su padre era un buhonero sin domicilio fijo, rompió a
llorar.
Así, pues, en esta casa1;lfn la que era doméstica, con un sala-
rio de 15 chelines por seldpna, la joven señpra de la casa tenía her-
mosas ropas y un hermoso/cuarto de estar, que a ella no se le per-
mitía usar, y la joven señonr,,siempre llevaba consigo-mucho dinero
en la cartera. A la señora X le robó una libra para comprarse algo
lindo pero, a pesar del hecho de tener tanto dinero, esta mujer no-
tó la falta de la libra y la señora X la despidió.
340 D. W. WINNICOTT
Proseguí habland0 acerca de la ira que debía haber en ella sin
que pudiera saber dónde volcarla.
Dije: " En Dios, por ejemplo."
Dijo: "En el orfanato se nos enseñaron cosas terribles sobre Dios,
y hasta los 13 años, dormí con los brazos cruzados para no ir al
in fiemo en caso de que muriera. Tan pronto como abandoné el or-
fanato, dejé de confesarme, y desde entonces no he creído en na-
da. Una vez quise ser monja, pero eso sólo fue para aparentar ser
piadosa. Desde mis 12 años, he deseado terriblemente tener un hi-
jo. Aquí estoy ... he hecho un revoltijo de mi vida... ¿cómo puedo
recobrarme? A Cyril (padre de Anna) y a su madre yo no les gus-
taba, y estoy segura de que se debía a que estuve en un orfanato.
Siempre le cargo las-culpas al orfanato y todo el tiempo me aver-
güenzo de él. Pero algunos, como Marilyn Monroe hacen películas
y le hacen saber a todo el mundo que estuvieron en un orfanato,
porque tienen la fuerza de carácter que yo no tengo. Nos pegaban
mucho. Auntie• (así se la llamaba) utilizaba cuchara de madera en
nuestras manos. Y robaba un montón de comida durante la no-
che, bizcochos, azúcar y cacao. Nunca nos daban cosas dulces,
excepto los domingos, cuando nos daban un bizcocho o un peda-
zo de torta."
Hizo la observación de que este anhelo de cosas dulces había per-
sistido.
Volví a pregunt.arle aceréa de su madre y de la cuestión de la
búsqueda retrospectiva, y dijo que no había hecho ninguna de las
dos cosas por miedo de un shock peor que no iba a poder soportar.
Dijo: "Usted sabe, nunca se acercó a mí en todos los años que van
desde los 3 a los 16. Un amigo me dijo, no obstante, 'siempre es-
tás a la búsqueda de algo'."
En este punto hice la interpretación sobre la conexión entre
el robo compulsivo y la búsqueda de algo, quizá de un perdido ves-
tigio de buena relación con su madre. Dijo que ahora ya no roba
más, pero que todavía tiene una tremenda necesidad de cosas dul-
ces: en cualquier momento puede surgir un impulso desesperado y
tiene que ir a comprar algo dulce, aún cuando esté bañando a An-
na.
Le pregunté entonces sobre los sueños y dijo : "¿Ensueños?"
Dije : "No, sueños auténticos."; todos éstos son aterradores, relati-
vos a una rata o a un ratón. ·
Dijo: "En la televisión había un ratón y no pude dormir en toda
la noche. Es atgo terrible lo que me sucede con las ratas y con los
ratones. Hay una rata en todas mis pesadillas. Hasta un reclamo
de veneno para ratas me da escalofríos. Este es un sueño que tuve.,.
• Diminutivo deaunt (tía). IT.I
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 341
tres veces: Estaba en un cuarto con alguien y una naranja. Una
rata había estado comiendo la naranja y no habi'a más comida, de
modo que yo tenia la alternativa de morir de hambre o de comer-
me la naranja que había mordido la rata. Siempre despertaba en
un estado terrible después de estos sueños y siempre dejo una luz
encendida por cualquier cosa. Traté de cun.rme yendo al zool6gi-
co con Anna, pero las ratas y los ratones de allá eran lindos, por
lo que eso no sirvió de nada.' Siempre ha sido lo mismo, y , en to-
do caso, desde los 18 años."
"Lo mú horrible fue Sala de Emergencia l O: ' : una chica había
contraído una enfermedad provocada por ratas las que iban a su
cuarto y había una escena de todas las ratas en su cama. El shock
fue tan intenso que casi me enfermé y no pude dormir en toda la
noche."
Le pregunté cuál era el problema, y dijo: "Ah, pienso que me van
a comer."
Me abstuve de emplear este sueño.
Dijo: "Hay sueños cuando uno está por quedar dormido y des-
pierta repentinamente ... una linea con un tren que viene y en ese
momento despierto ... o trepo a un árbol pero nunca llego a la co-
pa... Otro: co"o y co"o y miles y miles de seres pequeffitos me
persiguen: tienen cuerpo pequeño y cabeza enorme. Cuando
niña solía quedarme · dormida en cualquier lugar -tomando
el té, en la escuela, y así en todas partes- y siempre tenía la
cabeza sucia: los piojos que había en ella se desparramaban por
las almohadas y yo me sentía impulsada a tocar mi cabeza, pese a
·que todo era espantoso. Siempre he querido tener a alguien que
me amara o que me mimara, pero nadie me besó hasta los 19 años.
Auntie nunca nos daba un beso antes de que nos durmiéramos.
Todo el tiempo estoy avergonzada del orfanato."
Aquí ofreció una ilustración que mostró su sentido de la chanza.
Dijo: "Una vez en un ómnibus, el conductor le dijo a Auntie (que
era mortja): "¿Todos éstos chicos son suyos?" Auntie se aturdió y
repuso: "Sí, pero todos tienen diferentes padres."
Esto fue como un oasis en medio del desierto. Prontament.e
regresó al desierto diciendo:
"Eso fue terrible para mí."
Le dije: "Es como si con todos esos insectos usted estuviera
hablando de su propia fertilidad. Usted ansió desde los 12 años te-
ner un bebé, lo que habría estado muy bien, pero antes de ese
momento la fertilidad estaba toda emporcada con heces, sucie-
dad, infección, y cosas así."
Dijo: "Pensaba que tener bebés debía ser algo terrible, mi madre
nunca haría eso. Pero en esa época (debe haber sido la fecha de la
1 Serie de TV.
342 D. W. WINNICOIT
Coronación, cuando yo tenía 10 años) leí sobre lu princesas y vi
a la reina, y de ese modo pude alejarme del horror que provino de
que nunca se me dijera nada en absoluto sobre beb6s. Mi primera
menstruación la tuve en mitad de lll noche. Estaba muy asustada
y · desperté a Auntie ... Estaba con mal genio. 'Todo lo que haces
es distinto' .fue todo lo que dijo. llero había visto sangre y pensé
que iba a morir."
Nadie le explicó absolutament.e nada, pero Auntie le dio algu-
nas toallas, al tiempo que le decía "Debes limpiarlas tú misma", y
esto ta hizo sentirse más avergonzada que nunca.
Le pregunt.é acerca de las clases mixtas en el orfanato. Dijo
que había chicos, pero que ellos se bañaban a la noche, en días dis-
tintos de los de las chicas.
Agregó, como recordando algo que había sido olvidado:
"Cuando tenía 9 años vi a un chico que se estaba exhibiendo"
(estaba confundida respect• de los detalles). "Le estaba pidiendo
a una chica que lo besara .Recuerdo las palabras; 'Dale un beso'.
y los niños rieron. En eso entr6't\untie y todos recibimos la cu-
chara de madera."
Dijo que Auntie era una muj~ que, en realidad, no era adecuada
para este trabajo: con el correr del tiempo, se la destituyó.
"A modo de ejemplo: había un chico que era propenso a mojar la
cama, e incluso ahora me turba ver cómo lo enviaban cada vez a
dormir todo abarquilladren el catre como castigo. Ella era injus-
ta en forma natural. Tenía un relevo dos veces por semana y algu-
nas de ellas eran horribles. Una era agradable, y, por supuesto, to-
dos nos aprovechábamos de ella: volvíamos tarde a casa, comía-
mos demasiada manteca ·y demasiada mermelada, y hacíamos to-
do nuestro trabajó mal. Era tan dulce ¿vio? que todos nos volví4-
mos locos: ¡algunas veces mandaba a los mayores a comprar pa-
pas fritas y luego las comíamos todos juntos! Pero lo que recuer-
do de esa época es trabajo, trabajo, trabajo."
Y brindó una grAfica descripción de lo que es una vida de corri-
das. .
''Teníamos que hacer todo: frotar los pisos de la escuela, correr a
la casa, situada a tres kilómetros, preparllr el almueno, regresar a
toda velocidad a la escuela después de lavar la vajilla, volar a la ca-
sa a preparar el té, quitar el servicio de té y luego a zurcir medias.
Observábamos a los chicos'jugar, pero no teníamos tiempo para
nada."
Recordó entonces, gran cantidad de detalles sobre bronce que
había que limpiar y ~séalones · que debían quedar blanqueados.
Auntie nunca hablaba con los niños, y ella nunca recuerda paber
t.enido juguet.e alguno. Le pregunté respecto de juguet.es a los que
hu_biera dedicado su t.emura; dijo que ·Anna no t.enía ninguno y
que ella tampoco. Cuando niña, bajaba la almohada y colocaba la
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 343
cabeza debajo de las sábanas para no ver luz alguna, pero siempre
se despertaba a las 5 de la mañana para tener dos horas de ensue-
ños: esto entrañaba tener las manos entre las piernas; ella también
demostró algo que estuvo siempre en el patrón de su niñez: me-
cerse hacia atrás y hacia adelante con los pulgares eR sus axilas.
Había recibido muchas bofetadas por este hábito.
Aquí hice una interpretación- Me pareció que ambos había-
mos llegado casi a nuestro límite, y que yo debía trabajar: tengo
que actuar ahora o no actuar en absoluto.
Dije: "Sabe, es probable que esas ratas y esos ratones estén entre
usted y el pecho de la madre, que fue una buena mamita. Cuando
usted vuelve a la infancia y piensa en los pechos de su mamá, lo
mejor que puede lograr e~ ratas y ratones."
Pareció conmocionada, se estremeció y dijo: "¡Cómo es posible!"
Dije, en forma dogmática, que las ratas representaban su pro-
pia mordedura y que el pecho aparece como un objeto para mor-
der, que no se diferencia de su propia mordedura: relacioné esto
con el hecho de que su propia madre le había fallado durante la
época en que ella estaba afrontando el nuevo problema, en su desa-
rrollo personal, del impulso de morder. Aceptó esto, e inmediata-
mente empezó a buscar algo en la relación con la madre que pudie-
ra ser duradero. Dijo que nunca había tenido un sueño agradable.
Puede haber tenido alguno triste y agregó que siempre había senti-
do que su muerte no iba a ser natural (no suicidio) y que nunca
duraría lo suficiente. Entonces, ocurrió algo significativo: dijo que
recordaba algo -que la llevaban- que tenía que ver con la época
previa a la orfandad. Había dos cosas: una cosa tenía que ver con
"pobs" un alimento a base de cereales en su condado natal y, por
lo tanto, con el período previo al orfanato; "pero la otra cosa es
un recuerdo importante porque recuerdo ir al orfaoato ( es decir,
cuando tenía 4 años) tratando siempre de pensar en este episodio
bastante aterrador, ya que era lo único que pude conservar de la
época anterior a la orfandad".
Se esfonó mucho por lograrlo.
"Hay una voz• -pies corriendo- sé que puertas se abren ... había
un hombre allí... la gente está gritando y alguien tiene una bolsa
o una caja." Este fue el momento en que se la llevaba del hogar al
orfanato.
Este le era un recuerdo extremadamente preciado y que le en-
tristecía estar perdiendo, si bien nunca la hacía volver del todo a
esos primeros días como lo lograba la palabra pobs . Ahora, la
señora X había vuelto en el tiempo, salvando la brecha que la unía
344 D. W. WINNICOTT
con lo pasado y, hasta cierto punto, había recuperado el recuerdo
de su propia mamita "buena".
Finalicé diciendo que era muy posible que la relación entre
ella y la madre haya sido buena en el comienzo aunque, desde el
punto de vista del observador, la madre había sido cruel con ella.
Tuvimos que dejar las cosas en este estado. Dijo, sin embargo, que
si yo realmente lo quería, me podía mostrar su certificado de naci-
miento, que nunca ha mostrado a nadie, ya que lo tiene bajo llave.
Una vez pudo haberse casado con alguien muy bueno, pero a últi-
mo momento hubo que presentar el certificado de nacimiento y
huyó.
Si bien esta fue la entrevista con un progenitor, se produjo la
misma evolución juguetona de ideas y de. sentimientos que en las
entrevistas con los niños. Esta madre ofrece, en forma completa-
mente natural y con candidez, la relación entre el robo y, tanto la
privación como la esperanza.
Resultado
Tal como se describiera en el prólogo a la presentación defca-
so, esta entrevista condujo a una nueva oportunidad de que a la ni-
ña la atienda el equipo de la clínica del modo que ella realmente
necesitaba y del modo que nosotros habíamos esperado durante
mucho tiempo. A la madre se le debió conceder tiempo para que
ganara confianza en nosotros, lo que era necesario ant.es de que pu-
diera utilizar este tipo de entrevista en la que ella misma era la per-
sona enferma de la pareja. Después de esta entrevista, dejó de ~sar
a la hija como enferma y necesitada de atención médica. La niña
fue puesta bajo cuidado sustituto, y la buena relación entre ella y
su madre se mantuvo y se enriqueció. Anna es ahora casi una
aduJta.
CASO XIX "LILY", 5 AROS
Se intercala la breve exposición siguiente, que trata de una ni-
ña, no tanto para ilustrar la técnica de la entrevista como la manera
en que el tema del robo surge con naturalidad en asociación con los
fenómenos de transición, por lo que el estudio de uno implica el
estudio del otro. A Lily la trajeron a mi clínica, en el Paddington
Green Children s Hospital, en 1956.
Historia familiar
Varón 7 años
Lily 5 años
Varón 1 año y medio
La familia estaba intacta, aunque perturbada por las peleas
entre los padres, y los dos hijos mayores no se desempeñaban bien
en la escuela. La abuela materna era una figura poderosa en el seno
de ese hogar, que dominaba a su hija (la madre de Lily) y que aho-
ra accedía a los caprichos del varón más pequeño.
Mi primer contacto fue con el hermano, pero es la entrevista
con la niña la que deseo describir. La entrevista se efectuó con la
presencia de dos asistentes sociales psiquiátricos y de dos visitan-
tes.
Lily optó por dibujar e hizo_la figura principal de sus pesadi-
llas, un monstruo: era una figura humana con mucho cabello. Le
pregunté si alguno de los objetos reales que tenía se parecía a esa
figura y dibujó dos osos de juguete. Después de esto, dibujó un ter-
cero, del que dijo que no tenía piel. Dijo que su madre siempre tra-
taba de conseguir que ella jugara con muñecas, pero ella no quería
a las muñecas, sino a sus ositos. Le gustaba llamar a sus dos ositos
osito padre y osito madre, dejando bien claro, al mismo tiempo,
que no eran muñecas. Había una historia según la cual al osito que
no tenía piel, lo había quemado su madre, que intentó darle una
muñeca en su reemplazo.
Traté de llegar a la verdad· objetiva de esto en una conversa-
ción posterior con la madre, y descubrí que ella se sorprendió de
que la niña hubiera recordado un incidente del que ella misma esta-
ba avergonzada. La madre dijo que le había dado a la niña un co-
346 D. W. WINNICOTT
checito, pero que Lily deliberadamente lo retorció y lo arruinó, y
por eso se enojó mucho con la niña. Había leído en los periódicos
que cuando una niña es destructiva se debe destruir algo que le
pertenezca, por lo que tomó su osito (el que Lily había dibujado
sin piel) y lo arrojó al fuego. Después se dio cuenta de que lo que
hizo fue terrible, ya que Lily era muy afecta a este osito en parti-
cular, lo que en verdad se había hecho evidente desde la infancia
temprana de Lily. La niña tenía 4 años cuando tuvo lugar el inci-
dente. Cierta vez, cuando miraba fotografías de los niños, Lily se-
ñaló á su osito y dijo: " ¡Ese era mío!"
A partir de esto que contó, la madre prosiguió, con bastante
naturalidad, para hablar del modo en el que Lily había estado ro-
bando recientemente: libros, dulces y un reloj de juguete, por
ejemplo. Era como si la madre supiese que los robos tenían rela-
ción con la búsqueda que Lily hacía del objeto de transición al que
la madre había tratado de destruir en un momento de ira: al proce-
der así, la madre había dañado el mecanismo por el cual la peque-
ña se relacionaba consigo misma, y con su persona, su cuerpo y sus
pechos.
El clínico tiene oportunidad de escuchar estos relatos, de
creer en ellos y de reconocer la significación de las ideas que ma-
dres o hijos dan en secuencia cuando están tranquilos y confiados
y sin sentir que deben ponerse a la defensiva.
El tratamiento de este caso tuvo que ver con la consecución
de que la familia reconociera que estaba en un estado de tensión y
que alguien necesitaba unas vacaciones. Si me hubiera ocupado del
caso disponiendo un tratamiento para la niña, esto habría incre-
mentado la tendencia que tenía la familia a disgregarse. Tratar con
la familia y reconocer, por ejemplo, la dificultad que tenían los pa-
dres al vivir con ellos la abuela dominate, condujo a un mejora-
miento, en lo que concierne al ambiente, y la niña pudo hacer uso
de este cambio favorable.
Lamentablemente, puedo echar un vistazo retrospectivo a la
época en la que yo, como ardiente psicoanalista, satisfecho con
haber aprendido la técnica de tratamiento del individuo, habría re-
mitido a la niña para que se le haga un tratamiento analítico y,
quizá, pasado por. alto lo más importante: la rehabilitación de la
familia.
No hay seguimiento en este caso, y los hechos, tal como se
los presenta, simplemente deben tomarse como ilustrativos de un
punto de vista. ·
CASO XX "JASON", 8 AROS Y 9 MESES
Este caso comenzó con una carta que envió el padre del niño.
Decía que su hijo había mostrado signos de tensión emocional du-
rante algunos años, los que se manifestaban, en la actualidad, por
uan dificultad con la aritmética y con los deberes escolares en gene-
ral. El padre preguntaba: ¿sufre bloqueos emocionales o algún tipo
de tensión emocional que le provoca dificultades para concentrarse?
o, como alternativa adicional, ¿es una cuestión de inteligencia bási-
ca? Solicitaba orientación y .asesoramiento con respecto a este de-
talle: ¿estaría mejór si viviera lejos de la competencia directa de su
hermano menor? Hay tres hijos, cuyas edades son 8 años y 9 me-
ses, 7 años, y 3 años y 9 meses. El padre agregaba una útil lista de
ocho factores "que pueden haber influido en el desarrollo del mu-
chacho":
( 1) Jason tuvo un nacimiento postmaturo y, en apariencia, nació en
estado de inanición.
(2) Como fue el primer hijo, sus padres eran inexpertos y estaban an-
gustiados, por lo que sus primeros cuatro meses se caracterizaron
por cólicos y llantos.
(3) Su madre quedó embarazada nuevamente cuando él tenía 4 meses
así, pues, tuvo un hermano a los 13 meses. Para el nacimiento de
este bebé, la madre debió estar ausente cinco semanas como con-
secuencia de una infección. Había una gran tensión en el hogar en
esa época. El padre estaba muy ocupado.
(4) Jason fue operado de hernia a los 2 años, sufrió otra operación
(apendicitis) a los 4, y poco tiempo después, se lesionó el cráneo
como resultado de una caída. A los 6 años se descubrió que ve
con ambos ojos en dos planos düerentes.
(S) Jason ha padecido reiteradas bronquitis con algo de asma, y debió
faltar a la escuela. Esta característica ya está casi superada.
(6) Eszurdo. y tampoco coordina bien la parte física.
(7) En todo sentido tiene dificultades para competir con el hermano
que lo sigue en edad. Son corrientes los choques frontales con
ambos padres.
Por añadidura, el padre se acusa de ser imperfecto en su condición
de tal a causa de dificultades personales por las que 1,stuvo reci-
biendo tratamiento psicoanalítico. Tanto la enfermedad del padre
como el tratamiento de Jason infligieron una severa tensión en la
madre del niño, que también está recibiendo psicoterapia.
348 D. W. WINNICOTI
A esta útil enumeración de factores que afectan la vida del ni-
ño, el padre agregó la observación de que Jason había comenzado
a robarle dinero a la madre, y que, junto con eso, tomaba comida
sin pedirla, mentía, y parpadeaba involuntariamente como señal de
angustia. El parpadeo parecía estar ligado con sus dificultades en
aritmética.
El muchacho había visitado a un psiquiatra infantil unas seis
veces con algún resultado. Había un médico de cabecera que era
activo y que estaba interesado en el problema. Debe observarse
que el robo es, en este caso, sólo uno de una serie de problemas. Y,
visto en función del diagnóstico psiquiátrico, podría decirse que
era un signo favorable, ya que ponía en evidencia varios mecanis-
mos de defensa que eran, hasta cierto punto, intercambiables. El
caso sería más facil que uno similar sin síntomas, excepto el de ro-
bo. ·
Le había explicado a los padres que primero deseaba ver al ni-
ño solo antes de entrevistarme con ellos. A Jason lo trajo su padre.
Primero entrevisté a los dos juntos durante cinco minutos: Jason
estaba reclinado hacia atrás en la silla próxima al escritorio, la que,
de ordinario, utilizaba el progenitor. El padre estaba sentado con
bastante timidez en la otra silla, y se levantó cuando entré. Se pro-
dujo así un notorio contraste entre la conducta de los dos. Los
ojos de Jason se contraían espasmódicamente todo el tiempo y es-
to se prolongó durante toda la entrevista. Esta contracción da la
impresión, probablemente correcta, de que ve con dificultad per-
manentemente debido a los dos planos de visión.
Jason me ofreció la información usual de buena gana.
Tiene 8 años (cerca de 9 ).
Tiene dos hermanos, uno de 7 y otro de 3 años. El menor es rui-
doso y molesto algunas veces, ya que interrumpe lo que se está
haciendo. Su madre está en casa; hace los quehaceres domésticos
y cocina: "y es una muy buena cocinera", agregó. Entonces dijo
por su propia voluntad: "Pasó algo malo el sábado" en la casa.
Creo -que esto tuvo que ver con la concurrencia del padre a una
conferencia lo que hizo que llegara tarde, y es probable, que abar-
cara la irritación de la esposa. Este.misterio no se aclaró.
Le pregunté qué iba a ser de grande y dijo: "'Bueno, pienso en la
natación o en ser cocinero jefe de un vapor de pasajeros. Ya pue-
do disfrutar de la natación, ¿ve?" Entonces, en forma intempesti-
va introdujo esta observación: "Usted ni siquiera puede suponer
cuánto dinero tengo en el banco." Me devané los sesos y dije:
"Trece libras, once chelines y diez peniques."
Entonces me informó, con la idea de impresionarme: "Tengo
100 libras. Me las dio mi abuelo", y prosiguió para decir cómo
sigue recibiendo regalos de sus abuelos que pone directamente
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 349
en el banco. Está ahorrando y quizás un día compre, bueno, pro-
bablemente una casa.
Para este momento, él y yo habíamos establecido la comuni-
cación y le pedí al padre que fuera a la sala de espera. Traje la me-
sita y sugerí un juego, dándole una explicación sobre los garabatos.
Dijo:" ¿No sabe un juego por puntos?"
Dio la impresión de que no podría tolerar nada que no tuvie-
ra que ver con ganar y perder, y yo no alentaba muchas esperanzas
sobre la creación de un juego con recompensa basado sobre los ga-
rabatos.• Sin embargo insistí.
(1) · Mío, que convirtió en un caracol.
Dio la impresión de sentir que este juego de garabatos era una
ocupación de muy poca monta y siguió solicitando un juego de
puntos.
(2) Suyo, que convertí en una lombriz.
En el transcurso de esta actividad, le pregunt~ sobre su casa, que
tiene un jardín. ·
(3) Mío, que convirtió en una anguila o en un tiburón. Le dio mucho
trabajo hacerlo, en especial los dientes, pero continuó diciendo
que quería un juego en el que se pueda ganar o perder. Al hacer
los dientes, rompió la punta del lápiz y se disculpó. Pero alguna
lacra había entrado en el dibujo de los dientes.
l Existe una interesante diferencia entre el juego por recompensa Y el juego por el
juego mismo, ya que este q_ltimo está mucho más cerca de la creatividad y de lo impre-
decible, y tiene más capacidad para proporcionar una satisfacción profunda.
350 D. W. WINNICOTT
7 1v
...Jk 1
k.rt::
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 351
(4) Suyo, que convertí en un renacuajo. Esto no fue de mucha utili-
dad para él, porque no sabía lo que eran: crey6 que eran peces y
no tenía idea de su transfonnaci6n en ranas.
(5) Mío, que le hizo decir: "Yo nunca. .. TendR que cambiarlo un po-
co. Va a ser muy difícil." Con un gran esfuerzo y concentración
lo transformó en un escarabajo con p6jaros y un árbol.
352 D. W. WINNICOTT
(6) Suyo, qu6 61 núsmo quiso convertir en algo. Dijo: "Ya~." Su
garabato fue una curva trazada con bastante cuidado. Lo transfor-
mó en "dos pulpres", quedando irresoluto cómo dos pulpres po-
dían juntane de esa manera.
Yo t.enía mis propias ideas acerca de los dos pulgares, pero no
hice ningún comentario interpretativo.
(7) Suyo otra vez, que transfonn6 en un perro. Dijo que tendría que
haber sido un pato.
-
\
(8) Mío. Dijo: "Eso es bastante fácil", y lo convirtió con prontitud
en algo que llamó un toro.
Según los estándares comunes, ésta era una representación
muy pobre de un toro para un niño de 8 años, pero no permití que
la calidad de un dibujo influyera demasiado sobre la evaluación de
su inteligencia, porque aparecía en la mitad de un juego: a la ver-
dad, ahora estábamos jugando, y no tratando, o actuando, con de-
liberación.
(9) Suyo, que convertí en un hombre estudioso, "que aprende latín
de un libro".
354 D. W. WINNICOTT
( 1O) Ahora fue necesario que yo aceptara un cambio de técnica con el
objeto de que las cosas siguieran marchando. Dijo: "Dibuje us-
ted", y me dio un pedazo grande de papel.
Hice un retrato de él. No se le parece. Al dibujarlo sentí que
no estaba incorporando una nueva idea.
CLINJCA PSICOANALITICA INFANTIL 35S
'4,--,;¡ p,, /.,.;(
./¡ ~ .~·¡f,-_
.. - _______.__
O 1) Esto estuvo muy bien desde su punto de vista y respondió dibu-
jánd0111e a mi'. Dijo que pensaba que este retrato mío "era bueno,
con excepción de la cara... A medida que iba haciendo el dibajo,
dijo que encontraba al dibujo divert.wo y bastante excitante. Lue-
go dijo que haría un dibujo que le gu1tarúi hace,.
356 D. W. WINNICOTT
'\
J(
( 12) Dibujó un barco en el que había un capitán tachado con una cruz.
Alguien ha estado bombardeando el barco. Todos los cañones es-
tán fuera de combate. Los aviones se aproximan. (Ruidos apro-
piados.)
La angustia se mostró indirectamente a través de su interpolación :
"¿Dónde cree que está papi?" aunque, en realidad lo sabía.
Dije: "Está en la sala de espera"
Y él respondió: "Puede haberse ido."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 357
De esta manera, se introdujo una idea importante, pero, en
ese momento, yo igno~ba lo que vendría después.
"Es un barco inglés. Entonces, el avión líder casi hizo explotar el
barco." (Ruidos realistas.)
Desde el barco se había hecho un disparo en dirección equivo-
cada. Siguió la trayectoria de la bala que, al final, dio en el avión
por error. Se estaba librando un gran combate. "Voy a hacer un
montón de aviones. Van a derrotar al barco. Es el último día de
la guerra. Este es el único barco que nos queda. Aquí viene el
avión líder. Pronto está descendiendo, uno, dos. Vuélenlo."
Cada vez se excitaba más y durante todo el tiempo hacía ruidos
adecuados a la guerra. "Hay dos agujeros en el barco. Los hom-
bres bajan para taparlos. Aquí están los cohetes. Muy bien. Real-
mente hicieron explotar el barco. Ahora está aquí lo mejor del
avión líder. El barco no tiene oportunidad. Ha puesto los cañones
hacia arriba. No tiene los suficientes. El cohete hizo estallar a dos
de los aviones. Los hizo pedazos. El avión líder está a punto de
que lo hagan estallar. Hay sólo seis aviones más. Todos están de-
jando cader bombas. El barco va a explotar."
Entonces, con repentino pesar, dijo: "Pobre barco." Al capitán lo
han matado.
"Repararon los boquetes y todavía puede avanzar a todo vapor. y
ahora la explosión ha incendiado a todos los aviones y al avión lí-
der."
Aquí dije algo así como: "Suena como si estuvieras hablando de
una familia", pero es poco probable que me flubiera oído por los
ruidos de la guerra. "Lo han volado ahora. No es lindo. El barco
ganó. Toda la tripulación murió, pero uno de sus miembros lo
condujo a tierra, pero estaba tan triste porque todos los demás
murieron que se suicidó y cayó al agua, así que el barco quedó a
la deriva sin nadie a bordo. Sólo quedó a la deriva. Bajaron en pa-
racaídas desde los aviones al agua. Tomó tres semanas regresar a
casa. ¿Qué hora es?"
Dije algo al respecto: "Bueno, sientes que estás muy lejos de tu
casa." Y le dije la hora y cuánto tiempo más podíamos estar jun-
tos; y le pregunté si tenía sueños como éste, a lo que contestó:
"No." Pareció sentirse contento de que se lo apartara de esta in-
terminable guerra y me contó su sueño.
(El relato de la guerra no era un sueño, y podría calificarse
como "fantaseo,,. Pertenece a la zona que se explota en las revistas
para niños.)
358 D. W. WINNICO'n
Su elfo "Estaba comendo. Caí,en el río. Estaba yendo bajo el agua.••·
Le pedí que ilustrara el suefto, y dibuj6
(13) "Cuando fui por debájo del a ~·é$taban todos los peces del mar.
Me parece que esos peces me estút .devorando. ·Salí de la corriente
y entonces caí en un térremoto. No podía levantarme. Me quecU
allí huta que morí. Sinipleriíente me rendí. Me mat6. Salt6 .100
pies. Este suefto siempre térmilia con que me mató. Voy a dibu-
jar el cuchillo."
CLINICA PSICOANALmCA INANTIL 359
Aquí apareció el 100 de lajact.ancia: "¡Tengo 100 libras en el
banco!" ·
í'\,
o..
o
(14) "¿Estamos gastando su papel? Este ~.f.el cuchillo con el que me
corto la cabeza. Es una espada. Hay un menSlde escrito en ella. Di-
ce: ' El cuchillo mu afdado del mundo'."
Luego cambió el tono de voz, por el momento y dijo: "¿Sabe qu6
clase de cuchilla usaban cuando se secciona la cabeza de lu perso-
nas? Dibuje una."
Dibu,i6, pues
360 D. W. WINNICOTT
Qt
15) y se mostró muy interesado por los detalles de cómo cae la cabeza
y, al final, dibujé un fuego para ilustrar Ñ idea de que se quema.
Dijo que probablemente era Cromwell: ¿no le habían cortado la
cabeza? y yo dije que tenía la idea de que había sido él el que se
la cortó al rey, concepto con el que pareció estar de acuerdo. Le
pregunté si podía decirme algo sobre sí mismo. Dije : "Esta es tu
oportunidad de decirme lo peor de lo peor, lo peor que puedas
decir que te suceda, o te haya sucedido, en tu vida; por ejemplo:
dónde empezó este sueño en el que no tienes esperanzas y por lo
tanto te matas."
Se puso muy serio. Dijo: "Tenía 6 años cuando empezó el sueño;
habían nacido dos hermanos; uno tenía 1 año y el otro 5. Verá,
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 361
cuando yo tenía 5 6 4 años fui a un hospital con apendicitis. Fue
horrible. Seguían viniendo
(I 6) y me daban inyecciones en el trasero." El sólo pensar en eso lo
excitó. "Fue allí cuando tuve un sueño espantoso sobre el diablo
que caminaba a través de las casas. Se podían ver sus venas con
sangre y la sangre que brotaba por todos lados. El caminaba por
entre el fuego. Podía canúnar a través de esta casa. Estaba la casa,
y el fuego y el diablo que caminaba a través de ella."
362 D. W. WINNICOTI
Dije: "El diablo era el médico que te atravesó con las inyecciones,"
Y continuó con lo que yo había dicho:" Y me atravesó con el cu-
chillo."
Estaba describiendo la falta de respeto del médico por las de-
fensas. ·
Siguió diciendo: "Sabe, mi papi estaba en la sala de espera y no pu-
do entrar hasta las 9; entonces entró y todo estuvo bien. Pero el
sueño fue antes de que entrara. No se le permitió entrar."
Dije: "Bueno, yo soy médico y papi está aquí en la sala de espera y
hace un momento te preguntabas si todavía estaba allí. De modo
que yo podría ser el diablo que te hace todas esas cosas terribles
que tú no puedes evitar."
Pareció ver la lógica de esto, mientras decía: "No", y luego agregó:
"¿Existe el diablo?" a lo que respondí con presteza: "Sí, en los
sueños, pero no cuando estás despierto." (Encuentro que estoy
completamente complacido conmigo mismo por haber dado esta
pronta respuesta.)
La angustia se evidenció en su observación: "¿Cuánto falta para
que me vaya?", pero el modo de armar la frase indicaba que real-
mente no quería irse.
Ahora empezaba a mostrar sentimientos positivos y dijo: "Supongo
que hay alguien más esperando." La sensación aquí era que si
había encontrado algo bueno, sin duda, sería un par de hermanos
que aparecen como en su experiencia de la vida familiar. Me puse
bien en claro que era a su padre, y no a su madre, a quien quería te-
ner a su lado cuando lo aterraba el diablo.
" ¿Cuánta gente viene a verlo ... cientos, supongo?"
Contesté: "Unas ocho por día."
Dijo: "Son bastantes. ¿Por qué vienen?"
Repuse: "Oh, quizá porque tienen miedo de algo, como tú."
Protestó: "Vine porque usted iba a descubrir qué clase de trabajo
voy a hacer cuando sea grande."
Dije: "Sí, en cierto ~tido, eso es lo que se te dijo pero, en rea-
lidad, viniste porque tienes miedos terribles", a lo que respondió:
"Está bien."
Luego dijo: "¿Conocía usted a la otra doctora a la que iba a ver?
Oh, me divertía cuando iba a verla"... y describió cómo hacía jue-
gos con fósforos y bombas y tanques de guerra y cuánto disfrutó
de todo eso: en realidad, ahora había retomado a los dibujos de la
guerra con el barco, y al fantaseo.
Le dije: "Sí, disfrutaste eso y disfrutaste el dibujo con el barco. Pe-
ro no te estás divirtiendo aquí: aquí encuentras grandes miedos,
sueños terribles, y desesperanza, tu propio suicidio y la idea de que
estarías indefenso si el diablo viniese cuando estás despierto."
Dijo: "¿ Voy a ver a papá?" y yo dije : "Sí, pero quédate un ratito y
él dijo: "Sí, por favor."
Le dije: "Bueno, ahora quiero realmente lo peor."
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 363
Dijo: "No pude tener a mi lado a papito cuando lo. precisé para
que me alejara al diablo en el hospital. Entonce, lo mprimí ma-
tándolo": con esto indicaba que, por detrás de la muerte de todos
los que estaban tristes por el barco (madre), y que lo llev6 a su pro-
pio suicidio, había ira contra el padre porque no había venido y
alejado la aterradora idea del diablo cuando el médico le aplicaba
las inyecciones. Intelectualmente sabía, por supuesto -y ya lo
había dicho- que al padre no se le permitía entrar hasta las 9, por
lo que no pudo evitar fallarle al hijo.
Dijo: "Quiero irme ahora", y repuse: "Sí. Esta vez papito está
esperando y vendrá si lo llamas" ... de modo que sali6 y llam6 al pa-
dre. Le dije: "Me hubiera gustado poder ver a tu padre, pero creo
que te va a costar mucho esperar justo ahora", y dijo: "Sí, me gus-
taría irme ahora eón papito; así que le expliqué al padre c6mo fue
todo y ambos se fueron, mientras Jason decía: "Por favor, ¿puedo
volver a verlo? Adi6s."
,
En este caso, también me propongo proporcionar la entrevista
que tuve con lo&' padres: su principal caract.erística fue que los pa-
dres se ent.eraron,.con sorpresa, de lo profundo de la personalidad
de Jason y de la manera en la que .había demostrado que, en su vi-
da emocional, existían conflictos de naturaleza extrema de los que
sus padres ni se habían apercibido.
Llegaron con escepticismo y parecieron albergar algo de hos-
tilidad pero, cuando se fueron, sentían que habían alcanzado una
nueva comprensión de su hijo: esto no fue consecuencia de que les
dijera qué hacer o de mi charla sobre de los niños en general, sino
de la oportunidad que pude darles para que se. pusieran en contac-
to con el trabajo de la entrevista que Jason y yo habíamos tenido.
En mi opinión, cuando los padres son más o menos dignos de con-
fianza y no es probable que empleen el mat.erial de un modo irres-
ponsable en los contactos con su hijo, ésta es la mejor manera de
provocar un cambio favorable en la situación que hay en un hogar.
Entrevista con los padres. (Cinco semanas después de la entrevista
con el niño)
El padre y la madre de este muchacho vinieron a analizar los
problemas de Jason, y no lo trajeron.
Empezamos con café para todos. El padre da la impresión de
ser bastante nenrioso, se desempeñá bien en su profesión y es
evidente que puede enfre~tar los problemas que afecten a su fa-
milia. Puede no tener personalidad muy fuerte. La madre da una
impresión algo amuchachada: es delgada, vivaz, y amistosa de una
manera activa, sin ser falsa.
Comencé hablando de la carta de la madre, en la que decfa
364 D. W. WINNICOTT
que había tenido esperanzas de descubrir algún cambio en Jason
del que pudiera informar, pero estuvimos de acuerdo con que
debía admitirse que no cambió en absoluto. En respuesta a una
pregunta mía, ella dijo que cuando Jason nació, tenían un hogar
esperándolo y estaban listos para recibirlo. Por ese entonces vivían
en un apartamento. La madre advierte ahora que estaba increible,
mente sola en esa época; ahora viven en los suburbios de Londres
y todos los vecinos se ayudan entre sí, lo que proporciona una ''vi-
da maravillosa", tanto para ella como para los tres chicos: pueden
ir en bicicleta todo el día y no hay peligro, pueden ensuciarse. To-
dos viven en la casa de todos.
Después analizamos los detalles de la evolución de Jason. La
madre quedó embarazada cuando él tenía 4-5 meses y, cuando
tenía 13 meses, nació el hermano: estaba contenta y pensó que
esto le brindaría una segunda oportunidad, ya que no se sentía
satisfecha por la manera en que había criado a su primer hijo,
Jason. Empero, el efecto sobre él no fue bueno: a los 10 meses
se puso más difícil de lo que había sido hasta entonces: es pro-
bable que esto se haya debido al embarazo de su madre. Después,
para empeorar las cosas, cuando él tenía 13 meses internaron a su
madre por un mes en un hospital, víctima de fiebre puerperal.
Jason quedó mientras al cu(dado de su abuela materna, que es una
de esas personas a las que todo causa preocupación y temor. Cuan-
do volvió del hospital, la madre tuvo mucho cuidado en no presen~
tar de inmediato al bebé recién nacido: ella y su esposo jugaron
con Jason durante dos horas y luego trajeron al bebé, pero es indu-
dable que esto fue un shock tremendo para él.
Jason era la clase de bebé que en lugar de gatear, se sentaba
en un felpudo y tiraba de todas las cosas hacia sí, como diciendo:
¿para qué molestarse si se desea algo? A los 17 meses caminaba y
alcanzó temprano las etapas del desarrollo. Después de los 13 me-
ses, su agresividad se convirtió en una característica marcada: aca-
baba con la lámpara, entrechocaba los libros y, en comparación
con los otros hijos, siempre era preciso vigilarlo. Se fijaba en el
nuevo hebé, pero-tenía propensión a darle manotazos y, con el ob-
jeto de bañar al bebé, la madre debía asegurar a Jason a la cuna. El
corralito que había en el jardín se utilizaba con propósitos simila-
res (plha segregarlo). Se advirtió que, cuando tenía 2 años, ¡los ni-
ños (Je 4 le tenían miedo! Es siempre muy afectuoso con algunas
personas, pero esto no incluía a la madre. Puede decirse que él y
la madre han estado enfrentados sin quererlo desde que él tuvo en-
tre 10 y 11 meses, aproximadamente.
En ese momento, el padre dijo: "¿Recuerdas que cuando te-
nía 3 meses yo solía mirar su catre y decir: 'Oh, demonios, ahora
puedo entender. por qué la gente arroja los chicos por la venta-
na'?" Por lo tanto, Jason estuvo insatisfecho desde edad muy tem-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 36S
prana, pero luego se tranquilizó, de los 4 a los 10 meses, hasta que
las dificultades volvieron a empezar, pero esta vez tenían alguna
relación con el embarazo de la madre.
Jason fue alimentado a pecho en forma intermitente durante
tres meses. Aquí la madre se describió a sí misma como determi-
nada a hacer las cosas correctas, incluyendo la alimentaci6n j,or
pecho. Dijo que conocía a Spock de memoria. Pensaba que su hijo
debía tomar el pecho por los anticuerpos que hay en la leche: in-
dudablemente, Jason padeció por esta determinación de su madre
de perseverar, y ella piensa, ahora, que habría sido mucho mejor si
hubiera cedido antes. No la ayudó la clínica, en la que se adoptaba
la actitud de que las madres deben alimentar a sus bebés. Se decep-
cionó por no haber podido tener éxito aquí, pero se sintió muy
contenta cuando pudo alimentar al segundo hijo durante 7 meses.
Pregunt.é respecto de si Jason veía al bebé tomando el pecho,
y la madre dijo que no había nada importante que informar en ese
sentido. Agregó que sabía cómo los niños algunas veces arrojan co-
sas a su madre cuando están dando el pecho a un bebé. Prosiguió
hablando acerca de la agresividad de Jason y de cómo arrojaba co-
sas tan pronto como podía hacerlo, y de que empujaba a otros ni-
ños; ella siempre sentía -si él estaba en casa ajena- que al regresar
iba a tiescubrir que Jason había hecho algo muy malo ... y a menu-
do era así.
No tuvo inconvenientes para dejar de tomar el biberón antes
de irse a dormir. Con respecto a comer solo, fue un poco lento, pe-
ro se le permitía que hiciera un tremendo revoltijo, y, quizás, en al-
gunos aspectos era normal e incluso precoz. La memoria de los pa-
dres no era muy clara, pero, sin duda, no hubo ninguna demora
grande. El padre opinó que en la ingestión de sólidos hubo un rayo
de esperanza en el estado clínico del niño. Aproximadamente en
esta época, se produjo una complicación en la vida de Jason: un
exantema en el mentón, en la etapa de hacer revoltijo con la comi-
da. La madre la llamó alergia, y pensó que estaba relacionada con
el pescado o con los tomates. La abuela paterna pensó que era la
lana, pero esto nunca se comprobó.
En lo que concierne a la enseñanza del control de la defeca-
ción, la madre nunca fue remilgada. El bebé nuevamente se senta-
ba sobre la taza de noche, se deslizaba con ella por la habitación y
no la usaba. Entonces, cuando tuvo unos 2 años, captó la idea, y
en una semana se superó esta clase de problema. A los 2-3 años
tuvo que ir al hospital debido a una hernia. Durante los cinco días
la madre estuvo con él todo lo que pudo, pero no por la noche,
ya que debía atender al otro hijo. Una niña de 9 años que estaba
en la sala dijo : "Su bebé sí que llora mucho", y parece que grita-
ba la mayor parte de la noche. El día siguiente a la operación lo
apaciguaron. La operación fue un éxito. Se recuperó de la estadía
366 D. W. WINNICOTT
en el hospital1 salvo por una regresión a la fase de ensuciamiento
con la comida. Después de esto, concurrió a una pequeña clase de
danzas donde era feliz, a pesar de su torpeza. En esa época, su re-
lación con los otros niños mejoró.
Era muy capaz con los rompecabezas y no lento en las acti-
vidades mentales. Al año utilizaba palabras. Al año y 9 meses de-
cía, con bastante claridad, "lluvia", "no lluvia", "flores". Alrede-
dor de los 2 años se hacía entender con oraciones.
Pregunté acerca de si prefería a mamá o a papá y los dos dije-
ron que no había nada especial que informar en ese sentido. Jason
puede decir: "¿No es lindo cuando papá viene a casa temprano?",
pero no ha mostrado una preferencia específica. En este momento
el padre trajo a colación el hecho de que en la etapa de gateo Jason
sí tuvo rabietas, golpeándose la cabeza contra el suelo. Usaba una
silla baja con una bandeja, y si ésta no estaba en posición, se eno-
jaba mucho. En una ocasión, se arrojó y se lastimll la boca: los pa-
dres no coincidieron sobre este incidente, que el padre contó como
si contuviera un elemento de autolesión deliberada.
Una característica de este muchacho era que se comportaba
muy bien cuando se lo llevaba con el arnés o en el cochecito:
por ejemplo, nunca arrojaba al suelo las compras, como hacen
otros chicos, y podía estar sentado durante horas observando lo
que ocurría a su alrededor. Pero, una vez que se libraba de lo que
fuera- que lo controlaba, se convertía de inmediato en una plaga.
La madre dijo que tenía que pasearlo por el barrio en cochecito
durante horas para salvar la situación, también le mostraba libros,
le señalaba cosas, siempre empleando una gran cantidad de tiem-
po dedicada a él en forma activa: todo esto para evitar que se con-
virtiera en una plaga. Una de las características era el modo en el
que necesitaba que la madre le diera la hora. Aprendió a decir la
hora muy pronto y siempre se había interesado por el tiempo, que
,también surgió en la entrevista conmigo: '' ¿qué hora es?" es una
de sus preguntas corrientes.
Siempre ha habido algo interesante con respecto a su rostro,
una mirada que muestra que podría ser una persona difícil: había
una mirada fija y profunda. El padre habló sobre cómo usaba
Jason uno de esos juguetes llamados buzones: ¡no había captado
la idea! Daba la impresión de que sabía exactamente qué hacer,
pero que iba a aparentar no saber, como si estuviese tratando de
fastidiar al padre. La madre dijo que cuando él tenía entre 6 y 10
meses, la fastidiaba de un modo ostensible: ¡recuerda que era
gordo y que no gateaba! El le tocaba el nervio del codo y ella
se sobresaltaba, y continuaba con el juego una y otra vez con la in-
tensión de molestar. Le pregunté a la madre si ella era la clase de
persona 9ue molestaría a un chico, y repuso que no creía serlo.
Después los padres describieron las técnicas de distracción que de-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 367
bieron desarrollar para lidiar con Jason (y evitar que se convierta en
una plaga): una vez hicieron el intento cerrando la puerta de la he-
ladera con violencia; quince veces dieron portazos, pero él se rehu-
saba a dejar de hacer aquello que se había propuesto. En este pun-
to, la madre dijo: "Por supuesto, nunca abofetearía a un chico."
Pensaba que era contra las reglas. Dijo, sin embargo, que hacía
otras cosas cuando estaba exasperada: cuando Jason tenía 1
ó 2 año~. por ejemplo, lo sentaba en un banquito alto y lo dejaba
allí desvalido como castigo por haberle colmado la paciencia a la
madre. Era raro que abofeteara a alguno de los otros hijos. Y luego
dijo: "Por supuesto, las veces que perdí la calma lo abofeteé muy
fuerte." Siguió diciendo que el peor problema es cuando ella y su
esposo ponen sus cosas en claro y comienzan a discutir: los otros
niños se apartan, pero Jason se convierte cada vez más en peleador,
y esto tiene un mal efecto. Estaba dando a entender que él adopta
la técnica de distracción para que la madre y el esposo no puedan
continuar con la desaveniencia.
Pregunté sobre los fenómenos de transición.
JASON (8 Afilos 9 MESES EN EL MOMENTO DE REDACTARSE ESTE
INFORME)
Se chupaba el dorso de la mano y luego adoptó un b~rón
que siempre debía contener una bebida sumamente dulce. Es!e bi-
berón le fue absolutamente necesario hasta los 2 años y 1 mes. Te-
nía un oso en la cama, pero a este objeto no ~nía que arrastrarlo
consigo a todas partes. La adicción al biberón finalizó de la si-
guiente manera: estaban en la casa de los abuelos paternos y Jason
lo arrojó, de suerte que el bor<;le se rajó; en forma constante repe-
tía: "Roto, roto, roto", y lloró durante tres cuartos de hora. Esto
fue cuando tenía 25 meses. Nunca volvió a preocuparse por la bo-
tella, a pesar de que a menudo veía a bebés con biberones. Decía:
"biberón bebé", y cosas por e 1estilo sin experimentar emoción al-
guna.
EL SEGUNDO HIJO ( 7 AÑOS, 9 MESES EN EL MOMENTO DE
REDACTARSE ESTE INFORME)
1
Se chupó el pulgar derecho hasta los 4 años. Es entusiasta de
los objetos mullidos. Dio uso especial a la oreja de un osito que con
·el tiempo se soltó y se la tuvo que coser a una cinta, la que se fijó
con alfileres a su silla; esto fue esencial para él hasta los 4 ó 5 años,
esto es, después de la llegada del tercer bebé.
368 D. W. WINNICOTT
EL TERCER HIJO ( 4 AfvOS EN EL MOMENTO DE
REDACTARSE ESTE INFORME)
Nunca se chupó el pulgar ni utilizó objeto alguno. Le encan-
tan las cosas mullidas, pero nunca se envició con ellas. En términos
generales, los otros dos niños no gustan de él; es un estorbo, según
el punto de vista de ellos: los fastidia y rompe las ventanas. En esta
casa, tienen ventanas emplomadas con pequeños paneles de vidrio,
y él encontró una manera para subir y para destrozar el vidrio con
el pie.
Los padres agregaron un detalle sobre Jason: es posible que
en conexión con la rotura del biberón, Jason no sienta nada si él
rompe algo. Puede verse en todo lo que hace, como la manera en
la que echa por tierra la bicicleta. Jason tenía 3 años y medio
cuando se mudaron a Londres, y es curioso que una vez estableci-
dos en esta casa con jardín, los dos hijos mayores nunca trataron
de ir más allá de la puerta del jardín. El tercer niño no ha aceptado
nunca este límite. Los otros dos sí, pero dentro de esos confines
hacen cosas muy malas.
A los 4 años, Jason fue a una clase de nurserí, pero casi de in-
mediato contrajo bronquitis, enfermedad a la que estaba propenso.
También empezó a parpadear involuntariamente, rasgo que aún
conserva. Se encariñó mucho con su maestra de escuela. De los 4
años y 9 meses a los 5 años, época en la que debía nacer el nuevo
bebé, se produjo una nueva complicación, una apendicitis seria.
Hizo mucha bulla relacionada con la aplicación de inyecciones (de
este modo, los padres confirmaron lo que había descubierto en la
sesión que tuve con él). Más tarde, se encariñó con la misma her-
mana del hospital, a la que había odiado por las inyecciones. Salió
después de una semana, pero debió volver. Esa vez disfrutó del
hospital sobre la base de que todo el asunto había sido un sueño.
Inclusive aceptó las inyecciones. Después de regresar a casa volvió
a su estado normal. El nuevo bebé no provocó ningún cambio en
su vida y, de todos modos, para ese momento la madre no se preo-
cupaba mucho, por cada detalle. Adoptó la técnica de sacar parti-
dq de la ayuda femenina.
Pregunté a los padres sobre la posibilidad de que en algún mo-
mento hubieran querido una niña. Esto significó mucho para
ellos: quisieron una niña en cada uno de los últimos embarazos y,
en especial, en el último. La madre dijo que el hecho de que Jason
fuera varón la estremeció, en particular porque soñó que sería una
niña. Era evidente, ahora, que yo debía explorar la naturaleza
amuchachada de la madre y le pregunté acerca de su yo de mucha-
cho. Esto nos llevó a una descripción de su niñez. Durante su inci-
piente adolescencia, fue un marimacho: llevaba el cabello suma-
mente corto y su mejor momento fue cuando alguien la llamó
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 369
Sonnie, * a los 13 años. Piensa que, en cambio, fue una niña sólo fe-
menina cuando pequeña, aunque, en verdad siempre había jugado
con trenes y nunca con muñecas. Después habló sobre el cambio
de sentimientos para con su madre. Siempre pensó que se había
llevado bien con ella. Eran "hermanas" cuando estaban juntas y
ella nunca fue díscola; obedecía a su madre y juntas hacían largos
paseos por el campo. La pregunta es: ¿dónde estaba la hostilidad?
Surgió cuando la madre se comportó de manera peculiar ante el
nacimiento de Jason: le había prometido solicitar franco en el tra-
bajo para ayudarla, pero al noveno día, cuando la madre debía vol-
ver a casa desde el hospital con su pequeño bebé, la ahora abuela,
le dijo: "Oh, no puedo pedirle al gerente un franco"; por lo tanto,
falló completamente como persona experimentada que podía apo-
yar a esta joven e ignorante madre. Por otro lado entraba con agua
para cólicos o con alguna cosa inútil. La madre dijo: "No puedo
perdonarla por esto.,, Su madre alegaba: "Oh, no recuerdo lo que
hay que hacer con los bebés recién nacidos", pero lo curioso era
que, sin embargo, era maravillosa con los bebés recién nacidos de
otras personas.
Le dije: "Me pregunto ¿qué es lo que quería su madre, un va-
rón o una nena?" y entonces ella dijo en forma muy precisa: "Mi
madre y mi padre quisieron un varón. Siempre fueron bien claros
al respecto."
Aquí estaba, pues, la clave del caso. La madre de Jason tiene
un potencial común como mujer, pero, para establecer una rela-
ción con sus padres, explotó la parte masculina de su naturaleza.
Cuando lo tuvo a Jason, sobrevino la primera prueba y descubrió
que su mactre era totalmente incapaz de brindarle una actitud ma-
ternal, con la cual identificarse. Librada a sí misma, pues, tuvo
que recuperarse como mujer y no tuvo éxito en esta empresa has-
ta que nació el segundo hijo. Al discutir sobre esto, describió otros
detalles de significación, uno de los cuales es el siguiente: Jason
fue postmaduro por lo que, aunque sano, al nacer fue como un ca-
so Belsen. Ella piensa que pudo haber manejado el problema, ex-
cepto por el hecho de que la hermana que había en la sala (que era
muy buena persona, y que tiempo más tarde se hizo amiga de la
familia) dijo repentinamente, cuando vio al bebé: "Usted lo ha
privado del alimento." Esta observación despertó toda su angustia
y se volvió en contra de cualquier tendencia de producir la leche
necesaria que pudiera haber existido en su cuerpo. Esta sola obser-
vación, si bien podría verse como una broma, pronunciada en ese
momento en particular y ante esta mujer en particular con sus an-
gustias específicas, ejerció efecto sobre el funcionamiento corpo-
ral de la madre y sobre la totalidad del desarrollo del hijo.
*Diminutivo de.ron (hijo) (T.).
370 D. W. WINNICOTT
En este punto, analicé con los padres la situaéión actual y re-
pasé toda la sesión mostrando los dibujos. Se asombraron al descu-
brir lo que había surgido en la hora que Jason pasó conmigo, y,
sobre la base de lo que ahora sabían, accedieron dejar las cosasa
como estaban por el momento. Yo vería otra vez al muchacho si
a) se producía ún deterioro en la situació~ actual, o b) si él pedía
verme. ·
El padre se mostró particularmente interesado en mi respues-
ta a la pregunta del muchacho: "¿Existe el diablo?" porque pensó
que se había equivocado cuando el hijo le hizo la misma pregunta.
Le solicité que le hicieran un test de inteligencia. Después de
esta consulta conjunta, el padre y la madre me escribieron una car-
ta, que firmaron los dos, en la que expresaban haber valorado gran-
demente la oportunidad de aprender sobre el hijo de la manera que
habíamos utilizado. Pudieron informar el resultado de un test de
inteligencia:
109 en el ijtanford Binet Revisado.
121 en la Escala Verbal.
99 en desempeño.
112 en la Escala Total Wisconsin.
Dos años más tarde
Dos años más tarde recibí una nueva carta del padre. Informa-
ba que se había producido algún J>rogreso en el muchacho después
de la entrevista conmigo, pero que ahora había vuelto a robarle a la
·madre. Asimismo el chico había estado jugando con un grupo de
muchachos que evidentemente estaqan cerca de ser delincuentes
aunque, en verdad, su correría no se había descubierto. Al mismo
tiempo, hubo algo de recidiva del asma, asociada con temores que
despertaron los fuegos artificiales en la noche de Guy Fawkes*.
Además, a Jason lo había atropellado un coche y sufrió una con-
moción , y había suficientes pruebas de que este accidente se de-
bió a su propia acción, originada en una conducta excitada y agre-
siva que también se evidencia de otras formas. Luego, el padre pa-
só a enumerar una serie de progre~s que él y su esposa habían no-
tado en el desarrollo de la personalidad del muchacho, y, junto
con esto, un incremento en la capacidad del chico para discutir sus
problemas con los padres. Talhbién informó
1
sobre la llegada de
*El 5 de noviembre de cada año se conmemora en Gran Bretaña, con fuegos de
artificio, el aniversario de la Conspiración de la Pólvora, de 1605, dirigida contra el
rey Jacobo I y el Parlamento, y que determinó el procesamiento y ejecución de Guy
Fawltes. (T.)
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 371
"otro competidor", una hennana. Había problemas relacionados
con el hecho de que no sólo su hennano rival ( trece meses más jo-
ven) era más listo que él, sino que, además, lo había alcanzado en
el colegio. -
Sobre la base de esto, dispuse una segunda entrevista con el
chico. Poco después de concretada, me puse en contacto con el
padre, que infonnó que el muchacho había superado su crisis y
que había desaparecido la tendencia a robar, excepto por algo de
presión continua sobre la madre, coino si necesitara forzarla a que
le preste una atención especial en ciertos momentos: en lugar de
robar, ahora tenía exigencias que de ordinario ella podía cumplir,
como: "Llévame a la pileta de natación", etcétera. El padre tam-
bién dijo que Jason ya no fumaba.
Segunda entrevista con Jason, 1O años en el momento de esta en-
trevista 15 meses después de la primera
Jason vino con su madre, que sabía qué se necesitaba de ella,
y salió a hacer unas compras. Jasop se sintió extraño y al prin-
cipio no recordó haber venido .~on ·-anterioridad. Sabía que algo le
había ocurrido en lo pasado y dijo que yo había tenido una gran
cantidad de hombrecitos dispuestos· sobre una mesa. Cuando lo
ayudé, dijo: "Sí, eso sucedió cuando fui a ver al otro doctor"; y
entonces manifestó con precisión que no recordaba en absoluta
haber venido a venne.
Cuando empezamos el juego de garab~tos, esto tampoco lo
hizo recordar, de modo que cuando hice
(I) el mío, simplemente le hizo otro sobre la parte superior. Le esta-
ba haciendo la pregunta casual y dijo que tenía I O aiios, pero que
espera a tener 11 : entonces iba a dejar su actual escuela para in-
gresar eri la más grande. Esto iba a ser triste, porque, según dijo,
estaba recibiendo la mejor enseñanza en la escuela pequeña donde
había estado durante cuatro años con pequeñas clases.
""'
(2) Suyo; un garabato bastante deliberado en tres o cuatro partes. El
mío fue urio de circunscripción. Copié su idea de un garabato so-
bre otro.
(3) Mío, que elaboró sin convertirlo en nada.
(4) Suyo, que convertí en una especie de perro. Dijo: "Bastante
i h6bil." Aun éste, en el que transformé su garabato en algo, no pa-
reció provocarle ningún recuerdo del juego que habíamos hecho
en 1965.
(5) Mío. Dijo: ..Veamos en qué lo puedo convertir." Y de ese modo
se acercaba al juego que habíamos tenido antes, pero me estaba
copiando y convirtiéndolo en un animal.
(6) Suyo, que transformé en algo que llamó conejo.
374 D. W. WINNICOTT
(7) Mío, que él elaboró. Era ºuna obra abstracta.., y "no tenía sig-
nificado'.', tal como dijo.
(8) Suyo. Evidentemente, yo podía usar esto de la manera que m6s
me gustara, ya que era la prolongación deliberad,a de una línea. Al
final, puse un jan6n alrededor y dije que era cuerda lista para
usarse.
(9) Mío. Para mi sorpresa rodeó a esto con una línea dentada y dijo
que era una trituradora: esto lo llevó de inmediato a la agradable
idea de una mansión llena de dinero, miles de libras esterlinas. Los
dientes_de la trituradora tenían que ver con la posibilidad de en-
trar en el sitio donde estarían los tesoros.
Llegados a esta etapa, hic.imos un repaso, de los dibujos 1 af 9
e inserté una palabra sobre la posibilidad de la existencia de sueños
en los que hubiera dinero para encontrar. en el interior de algo:
aquí ·no fue más allá de una simple afirmación. Yo sabía que él es-
taba lidiando con el sueño que yacía detrás de la compulsión a
robar.
En mitad de esto, se produjo:
( 1O) Suyo, que era otra versión de la línea, como en el n ° 8. Esta vez,
sin embargo, puso un ojo. Hice que esto saliera de un jarrón y dije
que era un genio. Estuvo muy a gusto con esto.
376 D. W. WINNICOTT
La idea del sueño lo llevó ahora al deseo de dibujar el sueño que
era más asequible, de modo que hizo el n ° 11.
-- ________,---=
--
(11) Se mostró contento por tener una hoja grande en la que hacer el
dibujo. Tenía que ver con él mismo, envuelto en un terrible terre-
moto, así que cayó. En el dibujo, él está en el medio de algún si-
tio de la tierra de donde surgen estacas. Por debajo hay un mons-
truo, un robot por su forma : se vuelve extremadamente destructi-
vo si se produce el menor movimiento o si el agua, o cualquier co-
sa, provocan un corto circuito en su mecanismo. Hay un animal
en el extremo inferior derecho: es un cisne automático con dedos
de los pies y pies especiales. Si el cisne aprieta el suelo con esos
pies, el resultado son cosas terribles. Por medio del cisne, Jason
parece tener algún tipo de control sobre el mecanismo del robot,
mecanismo que, de otro modo, sería incontrolable.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 377
Fuera de la Tierra, a la izquierda de la página, hay un árbol pre-
histórico.
Tan pronto como t.erminó est.e dibujo, quiso que yo jugara
con él a un tipo de juego diferent.e: resultaba muy evident.e que era
un int.ento por alejarse de las angustias que se habían despertado.
Compartí ese juego sin comentarios durant.e un cuarto de hora
aproximadament.e, (A,B,C,D). Esto tuvo que llevarse adelant.e has-
ta el final.
Cuando los juegos llegaron a su conclusión natural, hice una
observación acerca del sueño, utilizando el mat.erial de la sesión ol-
vidada de hacía dos años. Recordé los dient.es del cabecilla, etcét.e-
ra.
Dije: "En tu sueño, me parece que lo terrible es que estás comple-
tamente solo. No hay padre en ningún lado como no sea en el ár-
bol fósil, de modo que no tienes a nadie que te ayude."
Respondió a esto con mucha prontitud, diciendo: "Eso me re•
cuerda"; y agregó al monstruo volador en la parte superior. Esta
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378 D. W. WINNICOTT
es una especie de aspecto mágic9 y repugnante de su padre que,
de todos modos, según él, "tiene el poder de desaprobarme. Pue-
de levantarme" ... y prosiguió hablando sobre el efecto tremendo
si el agua salpicara al monstruo. Pareció sentirse muy feliz por mi
comentario de que si podía confiar en que el padre lo levantara, él
no mojaría la cama.
Hubo un tremendo potencial de fantaseo en este dibujo de un
sueño, que tenía que ver con elaboraciones en torno del tema de
las bombas de tiempo y de las explosiones.
Ahora estaba de regreso en el dibujo y dispuesto a olvidar to-
do sobre la distracción de los juegos, y por eso .le señalé que algo
de la pesadilla ya estaba presente en el nº 9, la trituradora.
Dijo: "Sí, y en algunos de los otros también." Levantó mi nº 10
y dijo: "Fue muy inteligente de su parte que haya visto que e10
era un genio. Me hizo posible que llegue al sueño."
Levantó entonces al nº 8, con la cuerda dentro del jarrón a la que
todavía no se había usado, y la cuerda también podría ser orina.
Otra vez se refirió, unas dos o tres veces, a" ¡Qué suerte que yo
.haya llamado genio al n ° 10!" Tomó el nº 3 y dijo: "La cosa ya
está allí, en esa parte con punta" ... que era, por supuesto, parte
de mi garabato al que él había elaborado . En ese momento, él no
tenía la menor idea de que esto tenía algún significado.
Por fin, volvimos a la obra abstracta que, según él, no tenía signi-
ficado. La levantó y dijo: "En realidad en la obra abstracta está
todo, pero uno no se da cuenta de que está."
Aquí pudo abandonar la extrema defensa de la oscuridad que
ocultaba la claridad. Estaba mucho más calmo y pudo recordar la
sesión de dos años atrás, y le gustó que le trajese a la memoria el
triste barco que vino a tierra sin nadie a bordo.
Efectué la parte central de la interpretación de que es el amor
por su madre el que domina toda la escena y lo hace querer librar-
se de todos, pese a que, si procediera así, la madre estaría triste.
Esto había sido un resabio de la sesión de dos años atrás.
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Remató esto al decir: "A menudo voy a mi dormitorio sintiéndo-
me exasperado, y me digo: ' ¡Si se murieran!'."
Esto tiene que ver con el hecho de que nunca había podido
tener a la madre para sí. Y luego siguió contándome acerca de la
nueva beba, enumerando orgullosamente sus logros, las palabras
que ella podía decir, etcétera. Evidentemente está muy encariñado
con ella.
Después me contó sobre el accidente automovilístico: un Ja-
guar que iba a 80 ó 90 kilómetros por hora. Estuvo inconsciente
en un hospital durante tres días y se tomó muchas molestias para
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380 D. W. WINNICOTI
mostrarme la cicatriz arriba de la rodilla izquierda. Dijo que en rea-
lidad, había sido su culpa, pero creo que en esto citaba a su madre,
estando de acuerdo con ella en gran medida. Pero parece muy po-
sible que él sí haya tomado parte en el montaje de esta catástrofe
en la que fácilmene pudo haber muerto, y todo encajaba muy bien
con la pesadilla dominante.
Elaboró hasta cierto punto sobre los poderes mágicos de esta
figura paterna que, en la pesadilla, vuela por el aire. Dijo que este
padre .volador "parece traer Malta" que es, con toda probabilidad,
la contracción de "molten lava"*. Al final, había salido del sueño
verdadero y estaba en el estrato de lo fantasioso, lo que conlleva la
capacidad de manipular ideas. Introdujo pistolas de rayos y un es-
cudo fantástico que lo protegía, incluso, de los rayos. Habló de
nuevo sobre su hermana, sobre como todos dicen: ºAquí viene la
demoledora", pero esto lo divertía. Eso tiene que ver, sencilla-
mente, con el hecho de que una niña de un año, cuando lo tie-
ne a su alcance, destruye todo lo que se ha preparado para jugar.
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• Molten lava: lava derretida. (T.1
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 381
Para finalizar, me habló sobre la familia que vive en un peque-
ño apartamento y donde viven nueve chicos, con lo que indicaba la
posibilidad de que existiera una condición peor que la suya.
Antes de separamos, repasamos las dos series de dibujos y los
comentarios que habíamos hecho juntos. Pareeía estar listo para
irse. La madre volvió tarde de modo que, para matar el tiempo, to-
mé una fotografía de él en la puerta de calle, que más tarde le en-
vié.
Resumen
Este complejo caso puede resumirse en términos de la carencia
relativa del muchacho en una cierta región que puede describirse
como la homosexualidad sana normal de la relación padre-hijo. Esto
se ubicó sobre una carencia relativa, en tÁrminos de bebé-madre,
que comenzó en la primera infancia e incluyó separaciones traumá-
ticas. Parecería que los padres, trabajando en conjunto, y la situa-
ción familiar "curaron", en alguna medida, la carencia bebé-madre
del muchacho, pero, desde el punto de vista de la relación con el
padre, al niño lo dejaron vulnerable a. una repetición. Por su parte,
el padre había descubierto que su papel como tal era difícil: podía
controlar con facilidad el hecho de ser padre de sus otros niños,
pero serlo de este muchacho estaba más allá de su comprensión y
eso lo confundía.
El caso se condujo sobre la base de dos entrevistas con el
chico, de la que se celebró con ambos padres al mismo tiempo y de
unas pocas conversaciones telefónicas espaciadas durante un pe-
ríodo de tres años. Parecería que la dinámica del caso debe situar-
se en la entrevista con ambos padres, en la que pudieron ver y
aprender sobre el muchacho, tal como se mostró en su primera en-
trevista a solas conmigo.
CASO XXI "GEORGE", 13 Afilos
Para terminar deseo describir un caso de delincuen-
cia potencial, con el que no se puede tratar en forma adecuada me-
diante el tipo de trabajo que describo en este libro. He procurado
ilustrar el mecanismo del robo a través del examen de casos en los
que la rigidez de las defensas del niño no es tan grande, de modo
que el movimiento puede descubrirse, y en los que un medio que,
en principio, no brindaba esperanzas y que era infructuoso, se con-
vierte, aho~. en esperanzado y eficaz. .
El grado de enfermedad que se presenta en este caso puede
verse en el hecho de que los detalles son muy similares a los de mu-
chos otros casos: son chicos y chicas sanos con total individualidad
y dispares entre sí. Las pautas de enfemíedad presentan similitud
y el grado de enfermedad con frecuencia se lo mide por la fijeza
de esas pautas. Aun en este caso de enfermedad muy severa hubo,
sin embargo, un cierto grado de movimiento ulterior a la entrevista
que tuve con el muchacho, y esto lo eslabona con el caso anterior.
Después de mi entrevista con él, dijo a su madre: "Es curioso, el
doctor me preguntó si alguna vez sueño con robar o con ladrones
y le dije que nunca había tenido un sueño así. Pero, después de en-
trevistarlo, tuve un .sueño en el que había robado una billetera y
después iba a otra ciudad donde robaba otra y luego iba a otra
ciudad donde robaba otra y así sucesivamente. Es curioso: antes
nunca soñé con robar."
Si se iba a emprender un tratamiento para este muchacho, el
aspecto más prometedor del mismo sería la utilización de los sue-
ños de esta clase ya que es debido a la disociación que sufre su per-
sonalidad -que la vuelve inalcanzable su mundo ~e sueños-, que
necesita mantenerse en contacto a través de la actuación compul-
siva. Pese a la severidad del caso, una vez más puede verse al ele-
mento positivo en la esperanza que existe, siempre y cuando el chi-
co, o la chica, esté tratando de integrar una personalidad disociada,
aun cuando en el intento aparezcan actividades antisociales, y aca-
rreen problemas a la sociedad.
Di al muchacho una hora de entrevista a solas y después vi a
la madre.
Historia Familiar
Hermana 17 años
Hermano 16 años
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 383
George 13 años
C.I.: 112, según la escala Stanford-Binet.
Lectura: correspondiente a un nivel de 10 años.
"No funciona en la escuela.''
En una carta que había recibido antes de ver al muchacho, el
médico de cabecera escribió que George había estado robando y
que, en general, era un problema; agregaba que, en su opinión, los
padres del muchacho tenían muy poco discernimiento. Adjuntaba
informes de un encuentro psiquiátrico previo.
No hubo dificultades en el manejo de la entrevista con el mu-
chacho solo. Me habló sobre su escuela, que es de tipo muy permi-
sivo y donde a todas las artes se las trata como si tuvieran impor-
tancia principal.
Utilicé el juego de garabatos como una manera fácil de esta-
blecer contacto.
(1) Mío, que convirtió en una cabez.
384 D. W. WINNICOTT
Le satisfizo esta cabeza fantástica y distorsionada, y pensé
que resultaba evidente que no la veía graciosa. En otras palabras:
me apronté rápidamente para descubrir que, en este caso, no iba
a ser posible utilizar la libertad de acción que brinda el sentido del
humor y que era probable él y yo no llegáramos nunca a jugar jun-
tos.
(2) Suyo, que convertí en la cabeza de un caballo.
(3) Mío, del que dijo que era un hombre señalando con la mano.
Había algo encima del dedo. O podía ser la mano de una chica.
Quizás era un anillo.
CLINICA PSICOANALITICA INFA.N TIL 385
(4) Suyo, que convertí en al¡una clase de planta.
(S) Mío, que convirtió en la pinza de un cangrejo.
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386 D. W. WINNICOTT
No pude dejar de advertir la ausencia del cuerpo del hombre
en el nº 1, la total ausencia del hombre o la mujer en el nº 3, y la
ausencia del cangrejo en el nº 5: era como si .estuviéramos en un
mun90 de objetos-parte.
( 6) Suyo, que convertí en un ser no humano criatura que corre en las
Olimpíadas. Hice notar que no estábamos llegando a ningún lado,
pero continuamos e hice:
(7) Mío. Lo convirtió en una cosa del espacio exterior. Una vez más
era una cabeza sin cuerpo.
La falta de juego y de sentido del humor persistía. Estaba
empleando una técnica con. un muchacho que parecía agradable y
que estaba bien vestido, con buenos modales y que, no obstante,
parecía estar de alguna extraña manera ausente, pero no en forma
esquizoide, sino en el sentido de que no estaba comprometido, ex~
cepto por cortesía. Contó sobre la es<!uela y sobre estar contento
porque lo habían aceptado en ella y, con un cierto dejo de jactan-
cia más que de orgullo, de la gente importante conectada con la es-
cuela. Me dijo el nombre profesional de la madre, esperando que
yo lo conociera, y aquí surgió el germen de una cierta especie de
identificación con aquellos a los que iluminan las candilejas: en ver-
dad, había actuado con éxito en una obra de teatro y, en apa-
riencia, había impresionado a los que, en la entrevista preliminar,
estaban seleccionando alumnos para la escuela; Me contó que su
hermano estaba en una escuela común, y de aquí extraje la conclu-
sión de que él sabía que no estaba en condiciones de concurrir a
una escuela como la de su hermano, pero eso no le importaba. En
esta etapa comencé a preguntarle acerca de sus sueños.
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 387
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388 D. W. WINNICOTT
(8) Suyo, que convertí en una pelota de rugby, ya que no tenía otra
cosa que hacer.
Está claro que no disfruta de los juegos de la escuela, aunque
dice que puede jugar durante los recreos y parece desempeñarse
bien cuando lo hace. ·
(9) Mío, que elaboró de una manera sorprendentemente rica. Lo con-
virtió en una cabeza, y aquí se presentaba, de nuevo, el rasgo de
la ausencia del resto del cuerpo. Podía decirse que la cabeza era
tan misteriosa como fea, pero no hubo sentimiento alguno que se
pudiera descubrir en el muchacho.
( 1O) Suyo, que él mismo elaboró.
Esto fue el logro niás importante de la consulta: en éste y
en el dibujo anterior estaba escondida la clave de su estado. Me
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 389
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390 D. W. WINNICOTT
pareció que aquí estaba expresando algo muy primitivo y, qui-
zás, algo que es inherente al comienzo mismo, antes de que los fac-
tores adversos a las de~ciencias del medio empezaran a afectar su
crecimiento emocional como individuo. Si se pudiera pensar en
estos rostros como en sus visiones del primer objeto, aquél al que
de ordinario se denomina pecho en la jerga del psicoanálisis, y
aquél que se hace equivaler con la cara, entonces se puede ver que
él entró en un mundo al que cuando fue en busca de un objeto
que, desde su punto de vista, era horripilante y carecía por com-
pleto de la confianza y de la seguridad propias de las primeras ex-
periencias de la mayoría de los bebés. Llamó al nº 10 sombra que
se mueve rápido, y me mostró dónde podían verse el ojo, la nariz
y la boca. Sentí que, después de esto, se estaba aflojando y que
nos comunicábamos.
(11) Suyo, que transfonnó en una especie de insecto.
(12) Mío, que elaboró y tituló "una nada".
Desde mi punto de vista, ésta era la aniquilación de sí mismo.
En un momento significativo, o en una secuencia de tales momen-
tos, había tendido la mano y allí no había nada que él pudiera
hallar y que reflejase de alguna manera, su necesidad básica, o su
avidez creativa: era como si estuviera dibujando la ilustración de su
propia muerte, que se produjo después de haber nacido.
Al hacer esta descripción suya, estoy usando mi imaginación
profundamente afectada tal como debe ser, por la experiencia que
realmente estaba adquiriendo con este muchacho que parecía no
existir. Tenía todo lo que puede desearse en forma de un estado
de cosas falso, construido sobre una base de complacencia, y eso
era todo lo que tenía. Sólo sabía acerca de objetos parciales y de
funciones parciales y, en el centro, había "una nada". Sin embar-
go, había algo, en el sentido de que podía presentarse a sí mismo
como nada.
El interrogante acerca de si estaba contento por ser mucha-
cho o si alguna vez le hubiera gustado ser una chica no significaba
nada para él, tal como podía preverse. Se tomó a sí mismo por des-
contado, estructurado como lo estaba sobre la conformidad.
Me habló del trabajo de su padre y de su extensa familia.
Cuando le pregunté en forma directa, me dijo que había venido a
verme porque robaba, pero que sólo se lo había hecho a su madre.
Dijo: "He estado robando desde que tenía 4 años." Había estado
• en una Clínica de Orientación Infantil, pero le dijo a su madre:
"No les diré nada." Uno casi podía decir que la mejor parte de
George (tal como se mostró ante mí, en palabras durante una
hora) era que se quejaba de dolor de cabeza y de estar preocupado.
Además, por supuesto, de que comunicaba su no existencia. Le
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 391
392 D. W. WINNICOTT
dice con frecuencia a su madre: "No puedo evitarlo; no quiero ro-
bar" y se crea un estado de remordimiento pero, al mismo tiem-
po, está robando, y nadie cree ya en ese remordimiento más que
como otra forma de engaño. Dice: "Quiero ayudar", pero, al mis-
mo tiempo, muestra signos de falta total de esperanza en la posibi-
lidad de obtener ayuda, lo que hace que una persona: evite buscar-
la. No me contó con detalle sobre sus robos, pero, al aparentar ser
honesto por robarle a la madre, me ocultó la mayor parte de sus
actividades de robo.
Lo peor es que roba a su abuela, que vive de su pensión y
que, en consecuencia, sufre de una manera directa cuando él toma
dinero que ella ha separado para sus gastos esenciales. Es capaz de
ser afectuoso y no furtivo, en ciertos momentos, con su madre, y
le dice: "Te quiero; nunca volveré a robar." Pero esto carece en ab-
soluto de relación con lo que acaba de hacer y con lo que está por
hacer. Hace poco junto con otros muchachos, desmanteló varios
pianos en su escuela que se dedica entre otras cosas, a la músi-
ca, las artes y el teatro: en este lugar eso era lo peor que a alguien
se le pudiera ocurrir. Parece factible que fuera el primero en con-
fesar, aunque puede no haber tenido intervención real en la trave-
sura: esto sería típico de él, y representa una técnica para esconder
la mentira persistente que es parte de su sintomatología, al confe-
sar un crimen que no ha cometido.
Un detalle que resultó ser importante fue que, en un momen-
to dado, le pregunté si alguna vez soñaba con robar. Su respuesta
demostró que eso estaba fuera de duda y, que en todo caso, los
sueños eran algo de lo que él no tenía el menor conocimiento.
Entrevista con la madre
Como es natural estaba interesado en obtener ioformación so-
bre la histona temprana de George. Pocos días después de verlo,
pude entrevistarme con la madre durante una hora. De inmediato,
me enteré de más hechos delictivos que George no me había conta-
do, pese a que tuvo todas las oportunidades de hacerlo. Seguían el
patrón usual: La madre entraba en una habitación y veía humo
que salía del sillón. El sostenía, en forma absolutamente terminan-
te, que nada tenía que ver· con eso, pero, cuando la madre obser-
vaba, encontraba fósforos quemados en el piso, al lado del sillón.
Prácticamente todas las sillas de la casa, en un momento u otro,
habían sido quemadas. Un ejemplo típico de la conducta de Geor-
ge era que, a pesar de estar muy resfriado abandonó la casa en el
momento más intenso de un chubasco de nieve. Lo habían deja-
do solo durante media hora y parecía estar bastante contento.
Cuando la madre volvió descubrió que se había levantado de la ca-
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 393
ma e ido sin informar a la abuela y sin dejar nota alguna. Estuvo
fuera desde el mediodía hasta cerca de la medianoche. Finalmente,
la policía se puso en contacto con la familia para decir que lo
habían encontrado fuera de la casa de un pariente, presa del frío
y de hambre, portando una valija. Su padre fue a buscarlo, y él llo-
ró sin poder explicar su actitud. Dijo que le habría- gustado pasar la
noche con su pariente (un tío) y que durante muchas horas había·
estado viajando de un lado a otro en el subterráneo, y que había
empleado su abono para poder viajar. No tenía qué comer. Al fi-
nal, trató de elaborar una explicación, cuando dijo: "Tú y papá es-
tán siempre peleando.,, La madre dijo: "Parecía hablar en serio,
pero, en realidad, nosotros no peleamos.,, Parece estar encariña-
do con su hermana, pero le grita cuando ella muestra cualquier sig-
no de sentimiento personal o de angustia. Es propenso a discutir
con su padre sin una clara causa.
A pesar de todo esto,. la familia parece tenerle afecto, pero los
exaspera en forma constante, como cuando descubren que el tin-
glado del jardín está en llamas o que la parte posterior del piano
muestra signos de que se le prendió fuego.
HISTORIA DE SU NI1'tEZ PREESCOLAR
Después del nacimiento, George lloró sin cesar desde los pri-
meros tiempos. Puede decirse que siempre llomba toda la noche.
La madre obseIVÓ que los demás niños también lloraban y se cal-
maban, pero con George no había fm para los ataques de llanto:
sencillamente, dijo, cesaban y luego volvían a empezar.
Según mi punto de vista, fue justo aquí que George experi-
mentó y volvió a experimentar ser nada, que es lo que siente un ni-
ño cuando hay una imago muerta en la realidad psíquica interna
de la madre.
Tempranamente se volvió un cochino, con avidez por la co-
mida, atesorándola; tomándola y escondiéndola y sin usarla para
sí.
Su hermana desarrolló precozmente un papel protector hacia
él. Su hermano trató a menudo de conseguir que sus padres no lo
hicieran confesar, pues reconocía la inutilidad de esa actitud y,
por supuesto, a sabiendas de que para mantener la paz era mejor
que George se salvara del castigo, no importaba qué hubiera ocu-
rrido. En forma gradual se desarrolló una técnica de apaciguamien-
go y es siguiendo este patrón que la familia se arregló para sobre-
vivir. Este manejo por medio del apaciguamiento estuvo bien orga-
nizado para la época en que George tuvo 2 años.
La historia de las primeras etapas comprende los siguientes
detalles: poco después del casamiento, el esposo debió estar ausen-
394 D. W. WINNICOTT
te algunos años por la guerra. Después, tuvieron que sobrellevar
una vida dura; nacieron los dos niños mayores y debieron soportar
varias crisis, pero la familia se mantuvo unida y la madre pudo
hacer lo que consideró que correspondía con estos dos niños. Des-
pués vino un período muy malo en la historia familiar, incluyendo
una casi bancarrota. Hubo mala suerte en todo esto, por lo que los
padres debieron soportar el hecho de que sus amigos, con similares
posibilidades, habían progresado, mientras que ellos estaban prác-
ticamente en la calle. La madre mantuvo las cosas en marcha adop-
tando algunos niños por una retribución* y logró un estado de
equilibrio sobre esta base. Entonces, ocurrió que quedó embaraza-
da y supo que no iba a estar en condiciones de enfrentar la situa-
ción que se produciría cuando naciera el bebé. Consultó a sus mé-
dicos sobre la forma común de hacer un aborto; estos dieron lar-
gas al ac;unto, de modo que, cuando se llegó a una decisión, ya era
demasiado tarde para efectuarlo. En consecuencia, debió librarse
de los niños adoptivos y prepararse para un bebé que no quería te-
ner. Quedó muy resentida porque nadie había tratado esta situa-
ción en forma lógica y porque se había dejado perder la decisión
de efectuar el aborto.
Por consiguiente tuvo un comienzo muy diferente al de sus
hermanos: no se lo deseó, y en verdad, desde el punto de vista de
la madre, habría sido su amor por los niños el que había estado
atrás de su deseo de abortar.
La madre ali.mentó con el pecho a George durante un mes pe-
ro la leche era escasa y realmente no podía satisfacerlo: entonces
desarrolló esa incesante gritería cuyo resultado fue el desarrollo de
la técnica de apaciguamiento cuando él tuvo 2 años. Desde los 2
años en adelante, cualquiera de la familia le daba a George dulces
o un poco de dinero para librarse de él. En otras palabras: está vi-
vo porque se lo malcrió por completo pero no pudo hacer uso de
la mala crianza.
FENOMENOS DE TRANSICION
La hija mayor utilizaba una mamadera para alimentarse, con
una tetina, y la llevaba consigo cuando iba a dormir, aun cuando es-
tuviera vacía. A su hermano se le ofreció una mamadera similar, pe-
ro su técnica para ir a dormir era chupar con la lengua y tenía un
método peculiar de acurrucamiento contra la almohada. Al des-
cribir estas cosas, la madre mostró que conocía las dificultades
•Después de la Segunda Guerra Mundial se fomentó en Gran Bretaña la adopción de
los niños huérfanos mediante el pago por el gobierno de un subsidio fajo por cada niño
adoptado. (T.(
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 395
que tienen todos los niños al pasar del estado de vigilia al de sueño.
George no tuvo objetos o técnicas que pudieran considerarse sa-
tisfactorias para él. Pronto, empezó a hablar consigo mismo, pero
aquí había algo anómalo en su falta de un método personal para
lidiar con la difícil transición. Tan pronto como su edad se lo per-
mitió, empezó a exhibir una especie de mal humor, que no se ma-
nifestó del todo como modalidad; se parecía más a esto: si se le
decía que se fuera, se encerraba en el baño durante horas y habla-
ba consigo mismo, algunas veces cantando o tambarileando con
las manos, con lo que daba la impresión, a todos los que estaban
afuera de la puerta cerrada, de que no se sentía molesto. (Está cla-
ro que estaba más allá de la desesperanza.)
George adquirió una técnica perfecta para olvidar todo, cuan-
do cualquier otro habría sentido remordimiento o culpa. En espe-
éial, esto se relaciona con su empleo del ruido. Lo mejor de esto
fue que le gustaba que la abuela leyera para él: pero eran los pia-
nos de la escuela los que desmantelaba con la pandilla. En otras
ocasiones, utilizaba el reloj despertador o su tocadiscos, y cantaba
y tamborileaba con las manos, todo lo cual parecía ser un rema-
nente de la incesante gritería de su infancia y de su edad preesco-
lar. En el ruido yacen ocultos los últimos vestigios de esperanza.
Algunas veces lo ayudaba al padre en la fábrica, que decía
que realizaba el trabajo el doble de rápido, y mejor, en compara-
ción con el obrero común. Esto no significa, empero, que ayuda-
ba: es bastante similar al modo en que rindió mucho mejor de lo
esperado durante la entrevista para el ingreso en la escuela, pero es-
to no tenía relación alguna con el desempeño en el transcurso ge-
neral de la rutina escolar y en la competencia con otros niños. En
la parte positiva, la madre informó sobre su reciente experiencia
como actor en una obra que se representó en la escuela y sobre su
deseo de que ella estuviera ahí durante los ensayos. Esto también
tiene relación con el orgullo que es capaz de demostrar por el
hecho de que su madre una vez tuvo popularidad en los escenarios.
Ella dice que el hijo exagera, pero, de todos modos, es un hecho
real. Parece lícito trabajar sobre la idea de que cuando interpreta
un papel, está más cerca de sentir lo real que cuando se lo deja li-
brado a sí mismo y es nada. Por sí mismo parece no tener identi-
dad, según su punto de vista; cuando actúa, el hecho de ser una
persona con un yo falso resulta menos evidente durante un tiem-
po.
La madre trató de ayudarme a entender al hijo cuando dijo
que ella misma no había sido buena en la escuela; tuve que supo-
ner que ella también encontró una identidad por medio del traba-
jo actoral y que tenía conciencia de la relación entre esto y una in-
certidumbre en tomo de ella misma en la vida cotidiana.
George hizo algunos progresos desde que se halla en esta es-
396 D. W. WINNICOIT
cuela, que él dice amar, con la excepción de que "esos muchachos
me amenazan constant.ement.e". Hasta ha confesado hace poco al-
gunos actos delictivos. Quizás esté próximo a la comprensión de la
locura que· entraña la naturaleza compulsiva de su conducta anti-
social, de sentir la ausencia de un motivo consciente y a preocupar-
se por eso.
Fue aquí que la madre me habló sobre el relato que él le hizo
de un sueño que tuvo sobre robos, después de que se entrevistó
conmigo. Si bien est.e detalle me int.eresó porque demostraba que
su relación conmigo le había producido alguna forma de impre-
sión, observé que no debía implicarme en est.e caso. Este detalle,
junto con las cabezas y los rostros objeto-part.e me indicaron que,
si lo veía dos o tres veces más yo mismo estaría comprendido en .
sus sueños, y, por lo tanto, debería asumir el caso dándole carác.
t.er prioritario, y no estoy en condiciones de hacerlo. El tratamien-
to de est.e muchacho requeriría la estrecha colaboración con un es-
tablecimiento de int.ernación que tenga una actitud especializada e
informal y que esté dispuesto a prestarle total atención, o, en caso
contrario, debería hacerse cargo un equipo con orientación hacia
el cuidado total de est.e muchacho y de otros como él. Habría ve-
ces en los que el personal -y, también, el ambient.e no humano-
estaban físicament.e en peligro.
Desde un punto de vista teórico, no me sería imposible tra-
tar a este chico. Tiene la idea de que podría haber una vida mejor
y de que podría ser una persona más real de lo que es. Pero está
imposibilitado de ser algo e, inclusive, de ser. En la práctica, las di-
ficultades son inmensas, y podría ser mejor no tener pelos en la
lengua y decir que al muchacho no se lo puede tratar.
George le dijo a su hermano que yo no era psiquiatra, sino
un caballero muy refinado. Esto lo hizo en defensa propia cuando
el hermano imprudent.emente le preguntó: "¿Qué dijo el psiquia-
tra?", y: "¿qué has estado robando ahora?"
Entre extraños, George se comporta muy bien. Puede decirse
que la gente lo adora y dicen cuán dulce es. La madre describió a
su padre como de naturaleza suave por lo que ella tiene que ser
fuerte y estricta, ya sea que esa actitud concuerde o no con su na-
turaleza. La abuela que él ama, la que le lee y a la cual le roba de
modo despiadado, es la madre de su madre. Es posible que a él lo
afecte algo patológico en la personalidad de ella: sus depresiones
le dan a él la idea de que el mundo está por terminar, y ella permi-
te que la gent.e sepa que se siente de esa manera; también practica
el espiritismo y ve caras, que es lo que quizás aparezca en el juego
de garabatos. Todas estas cosas llevan a discusiones con la familia,
con el resultado de que ella se va a su casa, y la madre de George
sient.e que su madre lleva una vida espantos¡¡. Es probable que
George piense así también en cuanto a que, con sentimientos, no
CLINICA PSICOANALITICA INFANTIL 397
puede introducirse en absoluto en la vida de los demás. El padre
de esta abuela se suicidó cuando ella tenía 3 años y esto tuvo, sin
duda, un duro efecto sobre el desarrollo de su personalidad y de
su capacidad para ser feliz.
La madre reunió ahora confianza para contarme más acerca
de la herencia de George. Hay una historia de suicidio y de con-
ducta absolutamente antisocial en la rama paterna de George, que
son del todo independientes del hecho de que los abuelos paternos
murieron en la cámara de gas durante la persecución nazi. Una
buena figura en el cuadro de la familia extensa fue la abuela pater-
na cuya personalidad, cálida y positiva, proporcionó, de alguna
manera, un elemento de esperanza y algún potencial para la estabi-
lidad en todos aquellos que estuvieron bajo su influencia.
Además de lll mala herencia de George y de que no se lo qui-
so al principio, se dieron algunos factores externos desafortuna-
dos: a los 7 años por ejemplo, se quejó de que un muchacho de la
escuela tenía un arma y sentía que estaba en peligro. La madre
desdeñó burlonamente la idea de un peligro real (conocida su ten-
dencia a sentirse perseguido) y fue al colegio con él para investigar.
Allí, el muchacho, que tenía un arma de aire comprimido, dispa-
ró a George en la cabeza. Después de esto, fue inútil tranquilizar-
lo en función de sus sistemas ilusivos.
Continúa con la tendencia, que manifestó cuando recién em-
. pezaba a caminar, de acumular objetos, dulces y juguetes en mi-
niatura. En una época hubo una combinación de negarse a comer
con la compra de dulces y el temor de engordar.
Hace poco trajo a su casa una billetera. vacía: la había encon-
trado en el suelo de un tren. ¿Podría quedarse con ella? etcétera,
etcétera. La madre no vio motivos para que no lo hiciera. De to-
dos modos, cuando más pensaba en el asunto más propensa se sen-
tía a pensar que había habido dinero en ella, y en todo caso estaba
la billetera en el sueño que él le contó el día siguiente a la sesión
conmigo. Nadie podrá nunca saber la verdad y, mediante ejemplos
especiales de honestidad y de confesión, oculta con éxito los robos
a los que un motivo inconsciente determina en función del propio
yo cotidiano en la vigilia de George.
Debe observarse que él no juega por placer o, en todo caso,
no lo hace durante largos períodos, tal como pude demostrar cla-
ramente en la entrevista. Es excesivamente generoso. En el juego
competitivo tiene que ganar. No tiene manera de proteger sus ju-
guetes, que se rompen por cualquier motivo poco tiempo después
de haberlos comprado. Siempre tiene a mano un: "Y o tengo otro
más grande" cuando está en contacto con muchachos que hacen
ostentación de algo. Los padres han forzado al máximo sus recur-
sos para "comprarlo" desde los primeros tiempos, pero es muy gas-
tador, y esto constituye un problema permanente en la casa.
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En el final, la madre me dijo que George había tenido un
pésimo nacimiento. "Duró toda la noche. Tenía el mentón hacia
arriba. El médico quería usar instrumentos, pero me rehusé a per-
mitirlo."
Recomendé la puesta en contacto con el agente de libertad
vigilada, al que debía advertirse que algún día podrían llegar a cru-
zarse sus caminos, quizás, a través de los tribunales. El procedimien-
to está en discusión, pero -aclaré que, aun si pudiera entenderlo en
términos de su etiología, no podía alterar el problema básico de
esta familia y de George. Me sorprendió que la madre pareciera es-
tar agradecida por algo, quizá por habérsele dicho lo que ella ya
sabía era la verdad.