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Exposición 24 de Octubre - Historia y Formación Ética

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INTRODUCCIÓN

En las décadas de 1960 y 1970, la influencia de la Revolución Cubana y el ejemplo del Che
impulsaron a distintos grupos revolucionarios latinoamericanos a fundar organizaciones
armadas. Muchos veían que la desigualdad y la dependencia de las potencias imperiales no
se solucionarían por la vía de las democracias occidentales en esta región del mundo. Para
controlar la situación en lo que consideraba su territorio, Estados Unidos convocó a los
representantes de todos los ejércitos latinoamericanos en las Conferencias de Ejércitos
Americanos (CEA) desde 1960, y comenzó a dictar cursos de formación dirigidos a oficiales
latinoamericanos. Miles de ellos recibieron instrucción y adoctrinamiento militar en distintas
instituciones norteamericanas, con el propósito de formarlos ideológicamente en las nuevas
doctrinas
También en la Escuela de las Américas de Panamá enseñó métodos de contrainsurgencia,
tortura, crueldad y represión. Se la llamó “la escuela de dictadores” y formó a generaciones
de militares en América Latina.
Estados Unidos definió una estrategia para evitar cualquier ejemplo de experiencia
socialista en Latinoamérica (y también gobiernos de carácter antiimperialista y nacionalista),
que estaba basada en la Doctrina de la Seguridad Nacional. En resumen, en los métodos
de las dictaduras de la Seguridad Nacional se integraron la doctrina francesa, la doctrina de
Seguridad Nacional y la cooperación entre los Ejércitos, en las Conferencias anuales y en el
Plan Cóndor.

¿Qué era el plan Cóndor?

Era una coordinación de las dictaduras latinoamericanas entre sí, que se organizaban para
efectuar una represión eficiente sobre sus enemigos ideológicos y se concretó en 1975. Los
países que lo integran, de manera comprobada fueron Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y
Argentina, aunque también hubo desapariciones, traslados y asesinatos de ciudadanos de
otros países en Perú, Bolivia y otros gobiernos autoritarios. Las dictaduras reunían a sus
agentes de inteligencia, organizaban espionajes conjuntos, intercambiaban prisioneros,
falsificaban documentos y actuaban en los países vecinos con libertad para secuestrar y
matar

La dictadura en Argentina 1976-1983

El 24 de marzo de 1976.

Los meses anteriores se caracterizan por una fuerte crisis de autoridad, además de la
combinación de varios factores (grave crisis económica, fuerte represión y violencia
descontrolada, tanto de las fuerzas armadas como los guerrilleros). El golpe ya era un
hecho, el día 24 de Marzo del año 1976, los JEFES de las tres armas: el general JORGE
VIDELA, el Almirante Emilio Massera y el Brigadier Orlando Agosti, toman el poder,
destituyendo a la entonces presidente María Estela Martínez de Perón y comenzando con el
período conocido como PROCESO DE REORGANIZACIÓN NACIONAL.
Según los golpistas era necesario llevar a cabo una reorganización del estado y la sociedad
argentina para superar el caos, el desorden, la corrupción y la demagogia, que habían
caracterizado el período anterior. Era un plan sin plazos, pero con objetivos, los cuales eran
los siguientes:
● Restituir los valores esenciales del Estado
● Erradicar la subversión
● Promover el desarrollo económico
Todo estos objetivos tenían la finalidad de asegurar la futura instauración de una
democracia republicana.

Organización Politica

En esta dictadura se formó como una dictadura institucional de las Fuerzas Armadas, es
decir, el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea asumieron la responsabilidad de gobernar
conjuntamente. El órgano supremo del Estado quedó constituido por la JUNTA MILITAR,
cuyas actos y normativas reemplazaron a la CONSTITUCIÓN NACIONAL, dotando a la
junta de poderes ilimitados.
Además, se disolvió el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales, el Poder Judicial
continuó funcionando, pero muchos de sus miembros avalaron las acciones ilegales del
poder dictatorial. Se prohibió la actividad de partidos políticos, se intervinieron
organizaciones gremiales y estudiantiles, se censuraron los medios de comunicación, y las
expresiones artísticas y culturales.

Terrorismo de Estado

Si bien la Junta Militar estableció la pena de muerte, no la aplicó legalmente, sino que todas
sus ejecuciones fueron clandestinas. Las responsabilidades por la represión y las acciones
clandestinas fueron asumidas en forma conjunta por las tres armas (la Fuerza Aérea, la
Marina y el Ejército), que se repartieron zonas y planificaron las operaciones desde los más
altos mandos. Para comprometer a todos sus miembros, las tareas de represión
atravesaron todos los niveles de mando y se les otorgó un carácter institucional, bajo el
argumento del cumplimiento del deber para la defensa de la Patria frente a la “amenaza” de
la “subversión marxista y apátrida”. Es decir que quienes detentaban el poder ni siquiera
cumplían con las normas injustas que fijaban al dictar los comunicados militares. El Estado
autoritario, basado en su propia legalidad, era el visible, el que se hacía público y se hacía
llamar “derecho y humano”. Su otra cara era el Estado terrorista, en el que no había leyes ni
normas, sino la arbitrariedad de los “grupos de tareas” integrados por miembros de las
Fuerzas Armadas, de seguridad o reclutados clandestinamente, que se distribuían
territorios, tareas, bienes y vidas.

Los “enemigos” de este proyecto de la Junta Militar eran los subversivos y entre ellos se
encontraba: militantes de organizaciones político-militares, como el Ejército Revolucionario
del Pueblo, e inclusive gente que no utilizaba la lucha armada, como dirigentes de entidades
sociales, dirigentes gremiales, sacerdotes como Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias y
Gabriel Longueville, por citar un ejemplo; estudiantes, intelectuales, artistas, abogados e
integrantes de organizaciones de derechos humanos formaban el “espectro subversivo”. En
definitiva, cualquier persona que se expresara en forma de protesta social, de pensamiento
crítico o cuestionara el poder militar era considera peligrosa y era candidata a ser
penalizada por el accionar del terrorismo de Estado.

Los detenidos-desaparecidos

Los tristemente célebres métodos del terrorismo de Estado en la Argentina generalizaron


las desapariciones forzadas de personas (niños, adolescentes, adultos y ancianos, incluso
discapacitados); y muchos de los hijos de los desaparecidos de corta edad o nacidos en
cautiverio fueron apropiados por las fuerzas represoras. Para no dar cuenta de sus
crímenes y aumentar la incertidumbre, el régimen militar en la Argentina asumió como
política la negación de los secuestros y los lugares de concentración de prisioneros. La
estrategia de desinformación intentaba que los crímenes o desapariciones no pudieran
atribuirse a las Fuerzas Armadas.
Las capturas de los opositores se hacían sin orden judicial, mediante el secuestro, la
mayoría en horas de la noche en sus domicilios, aunque también eran hechos de día, en la
vía pública o en los lugares de trabajo o de estudio, e incluso en dependencias militares
donde hacían la conscripción. No se informaba a la familia del destino del secuestrado, que
era trasladado a centros clandestinos de detención como La Perla, la ESMA, el Pozo de
Banfield y el ejemplo más cercano era el CELPA CHAMICAL.
La metodología incluía tortura e interrogatorios, a fin de obtener información sobre otros
“subversivos” u organizaciones guerrilleras, compañeros de militancia o de sindicato, y
finalmente, el objetivo era terminar con su dignidad humana, “quebrarla” para que dejara de
ser un ser pensante y crítico. Muchos murieron en la tortura, pero ese, usualmente, no era
su propósito. Los represores preferían decidir el momento de la ejecución o el “traslado” del
prisionero, es decir, el exterminio fuera del campo de detención. Finalmente, hacían
desaparecer sus cuerpos, para que no existieran pruebas de los delitos de lesa humanidad
que estaba cometiendo la dictadura.
La desaparición de bebés e infantes secuestrados junto con sus padres o nacidos en
cautiverio formó parte de un plan sistemático de apropiación por parte de la dictadura. Las
criaturas fueron inscriptas, en la mayoría de los casos, por familias vinculadas, de un modo
u otro, al Estado terrorista, por medios también ilegales y con la complicidad de los Jueces.
Las Abuelas de Plaza de Mayo trabajan para que se encuentren con sus familias de origen;
a fines de 2010 ya habían recuperado su filiación 102 jóvenes. Sin embargo, todavía hay
unos 400 jóvenes-adultos que fueron desaparecidos/apropiados por los represores y
desconocen su verdadera identidad

La noche de los lápices

La represión apuntó mayoritariamente contra los muy jóvenes: los desaparecidos tenían
entre 16 y 25 años.6 Unos 250 adolescentes entre 13 y 18 años fueron secuestrados de sus
hogares, a la salida de los colegios o en la vía pública durante la última dictadura, por el
hecho de luchar a favor de sus derechos, por participar de la vida cívica de la Nación, por su
actividad estudiantil o política, o como consecuencia de la represión ejercida contra sus
padres, hermanos o familiares.
El secuestro de más de diez estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata durante el
mes de septiembre de 1976 pasó a ser conocido por el testimonio ante la Conadep y en el
Juicio a las Juntas de 1985 de uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, plasmado en la
película La noche de los lápices. Los chicos, en su mayoría militantes de la Coordinadora de
Estudiantes Secundarios (que a su vez participaban de la UES –Unión de Estudiantes
Secundarios–, eran guevaristas, comunistas o no intervienen políticamente) fueron
trasladados a los centros clandestinos de detención llamados el Pozo de Arana, el Pozo de
Banfield, y el Pozo de Quilmes, ubicados en la provincia de Buenos Aires. Todos sufrieron
torturas y la mayoría, la muerte.

Las denuncias y la lucha por los derechos humanos

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