Johann Heinrich Pestalozzi, Cómo Gertrudis Enseña A Sus Hijos, Cartas 1-3, Pp. 19-109
Johann Heinrich Pestalozzi, Cómo Gertrudis Enseña A Sus Hijos, Cartas 1-3, Pp. 19-109
CIENCIAYEDUCACIChI
PESTALOZZI
CÓ¡VTO ENSEÑN OERTRUDIS
A SUS HIJOS
TRADUcCTóN osr. tLerúAN oE
LORENZO LUZURIAGA
pRór_oco oe
LUIqT DE ZULUETA
EDICIONES»B!\r FCTURA
?ig¿os Hru¡r.c¡
l0 NOTA DEL TRADUCTOR
cAR',l'A I'R¡Ml,:ltA
llltrrndo (h¡rt¡n
I J|lll {$t ar ltoru yr de quc exponga ¡rúhli-
.r ftf nh hlml mhrc l¡ ln¡trucción del pueblo.
ettfo rhon hlcorlo, expllcárrdote del modo más
dm podbhr llt um rerlc de cartas, como un día
,. lfUrt* I Ilmlnontrrnn cn sus Perspectivas de la
lll¡Shlutl (ll rltrl mlrldem, o, mefor dicho, mis
qilRlonr,
' l.tüt[Ssclón ül pueb]o re cxtcndla ante mí
ffáffi'tlfinlñlO plrllrtoi y nre rumergf resuelta-
, .- l;I il ¡u lodo por ltldlr prrter hnsta que al fin
Hffil ltonrlr lm lttonlo¡ tle rur E¡uas, las cau-
I ,flI lI lUr ohlrucclonor y lot puttlor de vista des-
Tf tI H ltllr purllur rorpechlme ln posibilidad de
fdüf u hümnlr docomporlcló¡¡. Quiero con-
(l) tmlrl, ltil$lnJ. .l O Zlrnmormann, médico yes-
Ofllr popllrr¡ nrcló rn bru¡¡, l7I8¡ murló en Hanno-
vat, ltü, lrv,/
'( I ('(,^r() tNstiÑA ('ERTRUDIS
A SUS HIJOS
(:i\ill A I'RIM[1RA 2t
rlu( rlr. un nt()tncltto al camino
falso, cuya salida
lrr. l1,, ,,.rrl,,t.rrt.outt-ar otra vez, por rr, rl ¡rlr, ;r ,,u.; rrrinut'iosidades; no era tampoco lo
máS mi Suerte
,lrrr'lr(,r rrrr rrrtt,ligenciay
mi arte. l('r), y r.:;l;rlr;r i:rrry rlcsamparado, para Su-
l, r .l rrlr.
ll.r, r. y,;r lrcnr¡ru, clesde mi mocedad, que I'lrr ,,,n un l)(.t,,orr;rl st,t[icrr.ntc lo que a mí me fal-
nri co..
r,r,r,rr, ('()nr() l¡n t«,rrrente impetuoso, lrlr.t
se dirigía úní_
,,r y r.xt,lrrsiv:ullcltte a un fin+ a cegar I l.t, ,l',,r lttt lrl,nr I'r.to 1,1¡ lr;rlríl lJ'rrendidO mUy
las iuentes de
l.r rur,,r.¡ r;l en (lue veía a mi alreáedor I'r rrr,lr.,, vr.rrl,rrlr.,, r.rr ,.1 rrrrrrcl,.o r.slilcrzo clel ensa-
sumido al
l,tlllrlo. 1rr, \/ iltlilr,t, ',ilto ( il.ilttl0 lt;lt';I,,;llr;1, cl.Íl lllayor mi
\',r llln l)asado treinta año? desde quc, r ilr\,t(, t,ril r'il .,rtr,r,tr lrlrtrl I\1i t'r¡tllzritt tltmbién,
llor vez
l)t¡ilt('lír, puse manos- a Ia obra de que me ocupo ',lr rrr¡rrr r lil.,l,utlr,, ,,r ,lttt¡,t,t untr ;tiltt,lltc ;tl lltismO
.rr lr¡;rlrr¡cnte. Las Efetnérides, lll, I r rtllilr r ,, r l Lr lr¡,.r'lt.t nn,,nt,t, llr.¡1f r(. it ConO-
de Iselin (1), con-
l¡rrrr;r, (l,e uo pieuso ahora más extenso r ¡ r lr trrlrr rrr rlr I
el sueño I'¡, 1¡lu 1 ,,1t., (,¡l.i;t:. e;ttl;t VCZ tn¿is
rlr' ill' \ r r,ilto ililtl,ilil lt0lllllt'c lfl¿iS feliz
.rnis deseos, que antes, cuando yo trataba de ¡,¡,,1¡¡¡¡,1ilil'
rr';rliz;rrlt¡. Años enteros viví juntamente l,rt,lll r lr ¡, , l ll ',¡¡lr r ll r¡rtr.t'l
con ¡lttt.lllo sufría, y el
rll cincuellta niños pobres; yo mismo viví comomás un ¡rr¡, lrlil ,r iltr iltr,,ltr) (oIt(¡ 1,lil y COIIIO a nadie Se
rrrr'¡¡11i1,1¡
¡tara enseñar a los menclig<ts a vivir como Il rrr,,,rlt,rr lo I lr. vrvrtlo t.o¡l úl tlluchos años como
lr,urlucs. El ideal cje su cducaciOn compren{ía lrrrlrrr r,ulrr. I;r1,u,,,, V t'lt lrlr-'clio de las burlas de
l,r ,r¡,r'it:ultura, la industria y el conrcrcio.
En el l,
'', lr,rrlrtr.,,, (llr(. nrt. tlcs¡rreciaban, en medio de
r r,¡¡¡¡¡¡¡11¡ y cn lo esencial ,il , t(.r't.1., v()(.('s, (luc lllc gritaban: -¡Miserable!, tú,
de cstas tres ¡naterias te-
rr.r \'() rrl tacto firme y elevadq, y hoy
r.r, ¡¡i¡¡g¡¡¡¡ error elt sus fundamentos. pero no
mismo 'Ir, l),il,r lr;r:;l;rrlt: lr ti niismo te hallas en peor situa-
es 'r 'l ilu(. t,l r'rltirrr«r'jornalero, ¿te figuras que puedes
, r, rlr¡ l;utr[)ién que me faltaba .,,,r illlr,r ;rl ¡lrrcttl<;?,; efl mediO de
en eilas destreza eSte apóStrofe
,, rr,r lo., rlr.talles y un espíritu que se ajustase fir_ rl, ,rlr.no.,o qlte leía en todos los labios, el torrente
¡ rrrlrr'f ¡¡1¡.-1¡ dc rni corazón no oía que aspiraba a
rr l Ltr tfi'rttt:r.itlcs de la Huntanidad, urr ,,olo y úrrrico fin: a. -csgallas frl-eltqs de la mi-'
publicadas en Ba.
,rr r I I ¡ rri t/lit) l)or lsaac Iselin, ,,r,il,r ('il Llue a mialrededor veía sumido al pu.eblo;,,
grande amigo de pesta-
| , ,¡r¡r.n ¡,rrlrlir.ri t:¡r ellas las Cart¡¡s sobre la ed.ucación I,, rlr.rrlrr¡ lado, mi energía se fortificabacadavez
utu,l t tunlr(s¡nt pobre (1272 t, el trozo de la His-
,,, /,t tttttttutithttl ¡tuis ín/irna (1ZZg:, la Noticia
rr.r,,, rrri desgracia me enseñaba constantemente
de un ilrr|v;rs verclades para mis fines. Lo que a nadie
. i, .i, , .,tt. ttit, tlt, r,tltrL,ttción ¡tara niños pobres y la impor-
L,rrl rrr r ,,l,r,r / tt'. t, l(tt/(t.\ ttt, un er¡nileñO (l7tñ), (,\l r'lr¡';iltilba me engañaba a mi siempre; pero lo que
) ('ur';ririlba a todos, esto ya no me engañaba a mí.
(IAR'I'A PRIMERA 23
')', (]d)MO IINSEÑA GERTRUDIS A SUS HUOS
c;tl)lt('i(l:rd irrtcrior, un mero juego de mi facultad Irllrtr'ittttt's los preceptos de todo derecho civil como
tlc irrvcstig:lr; cs una obra parcial, despro¡:orciona- ',tlt¡lcs cxigettcias de nli naturaleza animal, y qUe
rl;r y tlt,s¡rrovista del esfuerzo dirigido a la energía ,,,r¡,,irlt'r'ltlA conlo cl obstáculo esencial a lo único
¡rrlt:lit'a, r¡uc tanto necesitaba para mis fines. El des- rlrrr' lir,rrc urr valor ¡lrra la naturaleza humana, el
cr¡rrililrrio cntre mis fuerzas y mis intenciones au_ rlr,,l;iculo ;r la plrlcztr rrr«lral, clltrc las disposiciones
rrrr.nt;rlr¡l cada vez más y hacía constantemente ma_ rlr' 1¡¡¡;¡ trrtlr¡rid¿rcl cxlcntl y clc rrrra pasitin interior,
yot', ¡, cada vez menos asequible, elvacío quedebía rrrt, lrr¡rrrill(. lr;rstrr «.s¡lt,r'lrr r¡rrr.cl nlcro sonido de los
ll('niu'para la consecución de mi objeto. , ('r)n('('l)los tlr. l;t vr.t'rlnrl y rk,l rlr.rcclro ciudadanos
'l'lrrr¡roco recogí
más de Io que sembré. El efecto r,lr'r'('i(.1',ul utt;t llllt,il;t lt(.('t(')n r,n los llonthrcs cle mi
t¡rrc a rni alrededor produjo mi libro fué como el ltt'ttl¡tu, r¡ttr., r.xr'r,¡rlo ;tl¡,lt¡os, sril¡ ¡l9st.íall senti-
tlt, todos mis actos; al pronto, casi nadie me com- lttlr'ttlr,'r Il r ),,r't o,i, llt,,r';llr;til r.l ¡ rorlt,r y ltttsmeaban
¡rrcnditi, y no encontré dos hombres cerca de mí l;t,r tttr",¡1,, lrtllt,,til ltrl;r,,.
(luc llo me dieran a entender, a medias, que consi-
I tn llrl,rvl,r ltn uttto con r:ltbt:ll()s canos; pero un
tlcraban el libro entero conro un galimatías. v aún illn'I |[ ilIrrrrrl;rrrrt.lrl(. (ltr(:l)ralrtxdo. En la tempestad
rx¡ llace nrucho, y aún lroy misnro, que un hombre rlr. r.,rll d.¡ror';r sit.nr¡rrc marchaba al encuentro del
rlt' irrrportancia, que, por otro lado, me quiere, se trh.rrl rlr. rrri vitla, ¡rct'o nrás parcial y extraviadamen-
t'x¡rLcsaba en estos términos, colt ulta familiaridad lr. r¡rrc ilunca. Buscaba ahora un camino para mi fin
corrrpletamente suiza: .¿No es cierto, pestalozzi, que co¡r l;r cx¡rosicirin de las añejas fuentes del malestar
uslcd reconoce ahora que no sabía exactamente lo cirrtl,;rcl;rrro, con Ias explicaciones apasionadas del de-
r¡rtc quería cuando escribió ese',libro?, Mi destino rcclro civil y de sus hundamentos y con el aprove-
('r;r, l)l"lcs, ser desconocido y sufrir injusticias. Debí
clrrrnicnto del espíritu que se rebelaba contra algu-
Ir;rlrcr a¡rrovechado esto, pero no lo hice; no opuse Iros sufrimientos del pueblo. Si las verdades mejo-
;r rrri tlcsdicha sino un desdén íntimo y un despre- res de mis días primeros no eran para los hombres
cio ;r los llombres. Sin embargo, no abandoné mi sin<l ruidos y palabras, ¡con cuánto mayor motivo
Irrr; ¡rr.ro ;rllora estaba fuertemente arraigado en mí debía parecerles una locura mi actual visión de las
y vrvi;r cn una imaginación extraviadayenuncora- cosas! Como siempre, sumieron en su lodo esta
z o r t. to. Me obstinab a cada y§?- r-n4s--e-n..a[r4en-
r rrr t rri
I otr¿ verdad, permanecieron siendo lo que eran y
l.rr cl rnr suclo profano 14_g4g¡-4d_a planta del bien- procedieron conmigo como debía haber supuesto,
,',,1;rr ltultt;ll¡r¡. y no lo supuse, porque flotaba en los aires del sue-
( lr,.,,rnr.r', yo (lltc clttonces explicaba en rnis Inves-
ño de mis deseos y porque ningún egoísmo me
2b có¡',lo nNseñA cERTRUDTS A sus HrJos
CARTA PRTMERA 27
ahría los ojos para conocer a mis hombres. Me equi_. (.)uiero,.amigo, mostrarte
vot:,ílbir, n<l sólo con cada pícaro, sino también abiertamente el conte_
óon rrrlo de mi existencia y de mi actividad
r':rtl;r loc«r,y confiaba en el primero que se ponia a desde esta
r"¡r.«rca. Por Legrand
rni vista y me dirigiese una buena palabra o una in_ había adquirido la confianza del
¡rrirner directorio en lo referente a la eáucación
tlicaciolt acertada. Sin embargo, conocía, tal vez del
('()nro nadie, al pueplo y ¡lrcblo, y ya estaba a punto de establecer en Argo_
.y,
p runrcnto y dq su degradación; -las f.uentes de su embrqte_ vi;r un extenso plan cle educación,
cuando ardió
pero yo no queria st¿utz; entonces me propuso
rrada, absolutamente ninguna otra ccsa que la LegranO elegir como
clau_ ¡'rrnto de residencia el lugar de la desgra.ñ
sr¡ra de esas fuentes y la curación de sus
males, y 1t¡, Rri;
Irulriera ido hasta las cuevas
los hombres nuevos (novihomines/ de Helvecia, qul más apirtadas de la
nlontaña para acercarme a mi
n«; querían cosas tan pequeñas y que no conocían fin, y realmente me
rr¡rroximé a é1. pero imagínate
al ¡:ueblo, encontraron, naturalmente, que no les. mi Áituacion: estaba
solo; desprovisto en absoluto
convenía yo; estos hombres, que, como mujeres de todo medio auxi_
li;rr de en una casa a rnedio construir,
rr:iufragas, tonraban ell su nueva posición una paja -educación;
cn medio de la ignorancia, de las enfermedades
l)or r¡n mástil, capaz dc llevar la república a puer[o tlc toda clase de cosas nuevas para ,f;/y"-;;i¿v
scglrro, nle coltsicleraban únicanlente como una cra director, tesorero, mozo
t:aira, a la cual ni un gato Ilubiera podido asirse. No de servició y .rrí.
criado. Lentamente ascendió a ochenta
«rbstante, sin saberlo y sin quererlo, me hicieron un
tlc alumnos, todos de distinta
el número,
bien mayor que el que pudiera edad; unos, llenos
\ fIuno. Me volvieron de nuevotahacerme hombre al_
mí mismo, y, en el
rlt'. ¡rretensiones; otroq procedentes
de Ia mendi_
cidad pública; todos,'exceptuando
asombro sereno que me produjo ver cómo la repa_ algunos, en la
nl;ryor ignorancia. ¡eué probleru
racirln de u buque se convertía en un naufragio, .ár.^. a estos
rrill«rs! |
¡lo me dejaron sino la palabra que pronuncié enlos
Me atreví a resolverlo; de pie, en medio
primeros días de su desconcierto: .e¡lgto llegar
a t'llrs, les pronunciaba sonidos,' haci¿ndoselos de
ser maestro de escuela,. para esto sí encdiTrE6ñl re_
liutza; lo fuí, y desde entonces sostengo una lucha
¡rctir; quien Io veía, quedaba asombrado de sus
cfcctos. I"ué, sin duda, como un
qu(. me inrpulsa, aun contra mi voluntad, a llenar meteoro que se
prcscnt;r en el aire y desaparece
los vacíos de mi insuficiencia interior, que, ordina_ enseguida; nadie
riarncnte, se han opuesto a la consecución de mis (1) Vtirrse l¿r inrportantísima Carta tle pestalozzi
Iincs riltinros. ttrttlgo sttbre su resitrencia en stanz, donde a un
inicia ra idea de
lu educacl<ln elernenfut. (Z'.)
?9 !g{q lrxlEñA_gfrlrRuDrs A sus HrJos CAR'TA PRIMERA
rápidamente por las calles vecinas a la que él vivía rlllr,il;Iil se ensayase en sus hijos las nuevas teorías;
cl rr¡¡nor de que el Catecismo de Heidelberg estaba ,lul lo hiciesen en los suyos los habitantes de la
en ¡religro. Este Catecismo continúa siendo en las , urlrrl ;rlt"¡[Ásí ocurrió. Mis protectores y amigos,
ciurl¿rclcs protestantes de Suiza el alimento con que ,'rrr¡rlcrrndo todo eltacto preciso en tales sitios y con
sc nrrtre intencionalmente a la juventud de la bur- l.rl olrjcto, consiguieron al fin que entrara en la es-
grresía ordinaria y de las clases inferiores, durante , rr,'ln nlás inferior de la ciudad alta. Me consideré
lanto tiempo como a los palurdos de las aldeas; y lr.lr,,. No obstante, estaba al principio como asusta-
lú sabes que entre nosotros se Ies deja así hasta la rlo; ;r cada instante temía que me arrojasen otra vez
ópoca de sus esponsales (1). Sin embargo, lo del rlc nti cscuela. Esto me hacía más torpe de lo que
Catecismo no fué lo único. Por esas calles se susu- rr',rlnrcnte soy; cuando pienso en el ardor y en la
rraba también que yo no sabía escribir ni contar, ni vrtlrr con que en las primeras horas de Stanz me
aun leer correctamente. Pues bien, amigo mío; tú lo¡¡s[¡1¡[ un a modo de templo encantado, y des-
sabes que las voces del arroyo no son falsas del lrurs, cn el temor con que en Burgdorf me sometí
todo: realmente, yo no sabía escribir correctamen- rrrlulariamente al yugo escolar, apenas puedo com-
te, ni leer, ni contar. Pero también se da sobrada lrr('¡r(lcr cómo el mismo hombre pudo hacer una y
importancia a los rumclres de la calle. Lo has visto r ¡ll;t cosa.
en Stanz: podía enseñar a escribir sin saberlo co* ll;rllía aquí un reglamento escolar, una a¡:arien-
rrectamente yo mismo; y, en efecto, miincapacidad r r.r tlc responsabilidad y bastante pedantería y pre-
en estas materias era substancialmente necesaria lrn,iiolles. Todo ello me era extraño; en mivida ha-
para sumergirse en la más gr4nh.e sqnci!!e-4_5§_!"¡1é- lrr,r soJrortado naó¿ parecldo; pero quería alcanzar
todo de enseñanza y pur4 encontrar.lo" medios con rrrr lirr y me resigné. De la mañanaalanocherepe-
Ios cuales pudiera llegar a enseñar a sus hijos el It,r constantemente mi A B C y proseguí sin plan la
más inexperto y el más ignorante de los hombres. rrr,r¡r'lur empírica que hube de interrumpir en Stanz.
No se podía, sin embargo, pedir a los aldeanos ( ,¡¡¡p1.¡¡1[¿, incansable, series de sílabas; con ellas,
dt'l3urgdorf que lo aceptaran todo de antemano y y , orr núlneros, escribía libros enteros y trataba por
lnucho menos que tuvieran fe en ello. Tampoco Io lrrrkrs krs medios de reducir los principios del de-
Iricier«»r ¡',or sí.f'En una reunión declararon que no lrlrr.o y del cálculo a la mayor sencillez y a formas
rlr(', ('on el arte psicológico más delicado, deben
(| )
..,eutn Heero ga bát múend, idiotismo;
- zum Herrt llrv;rr lcntamente al niño del primer paso al segun-
lPfarrer) lrckn gehn mñssen. rl,, rlr.s¡rués, rápida y firmemente, al tercero y al
39
CARTA PRIMERA
38 CÓMO ENSEÑA GERTRUDIS A SUS HIJoS
viene de estos elementos a cada edad; de una parte f il, lttultlu lrrvc r¡rrc abandonar el primer tormento
para no omitir nada de lo que sea capaz por eom- th ln lrtvrrrltttl: lls letras desdichadas; únicamente
y de otra para no abrumarle ni perturbarle
¡rleto, rltlltlñ lttrf¡Jcrrcs y cosas, y pronto se expresó justa-
aquello para lo que no sea por 9orynf_e-!o_4pJ9. il¡nl¡, ¡nlrlr, krs objctos que se hallaban en el círcu-
' con
. eili;méile viluennieé áe háóeile deletrear ha
.
I'
'.,,,, gron exactitud muchas notas, tanto en ellos t V rlr spués que han gozado cinco años enteroq
y ,t, ,,,,r llcatitud de la vida sensible, se quita brus-
corlro en las plantas en los hombres'
, ,lrlrlt: de su vista toda la naturaleza que les ro-
I:ste ex¡:erlmento, sin embargo, no era decisivo
,t, r, \(. interrumpe tiránicamente el curso encanta-
par;t los puntos iniciales de la instrucción' Ese
,t,, rI' SU holgura y de su libertad; se les arroja
rririo habt perdido tres años también,-y"e¡toy .,,nr(, ovejas, en rebaños compactos, a un cuarto
la
cr¡rtvencido de que a esa edad ya nos h.¿ dado
¡,, rlrr)lr(lo; se les encadena impíamente durante ho-
rraturaleza una conciencia precisa de obittos infini- /
, r.,, rliils, semanas, meses y años a la contempla-
tos; es necesario sÓlo que unamos el lenguaje a
esa
para elevarla a un ,r,r¡¡ 1ls letras desdichadas, insípidas y uniformes,
conciencia, con arte psicolÓgico,
grado alto de claridad y ponerles en situaciÓn de r ,,,' lcs ata a una marcha agotadora de toda vida,
f,rudar los fundamentos del arte vario y de la vpr- ' rlr;u de volverles locos al compararla con su esta-
,utteriOr.
dad múltiple a aquello que la naturaleza mlsma
tes ,1, r
enseñó; y, recíprocamente, de utilizar lo que la lrt.jo de escribir; de otro modo, llegaría atrazar-
mediode ex- lr rnagen del maestro de escuela y a señalar el
misma'naturaleza les enseñó, como
plicación de todos los fundamentos del artp y de
,',ulraste tremendo de su ser, de su actividad y de
,,rr nriseria con la naturaleza querida. Pero dime,
ia verdad que se les quiere comunicar' Su expe-
rrrrr¡1o: la cuchilla que cercena el cuello del asesi-
riencia y su capacidad son ya grandes a esta edad; ¡
rr,r y le hace pasar a otra vida ¿puede producir en
pero nuestras escuelas antipsicológicas no son en
¡ rr t'u€rpo una impresión mayor que Ia que produ-
Lsencia sino máquinas artificiales que destruyen to-
, r cn €l alma de los 'niños el tránsito del camino
dos los efectos de la capacid'ad y de la expertencta''1
misma' hermoso y placentero a Ia más miserable
,que ha creado en ellos la naturaleza 'r.rlrrral,
rrr,rrclla escolar? ¿Serán los hombres eternamente-
Tú lo sabes, amigo mío. Sin embargo, imagína-
ásesinato' Se r rr,f{os? ¿No remontarán nunca las fuentes prime-
te por un momento el horror de ese
de la naturale- r,r., de donde nacell la perturbación de nuestro es:"
Ocja a los niños gozar plenamente
za hasta los cinco años; se deja obrar en ellos to- ¡,rritrr, la destrucción de nuestra inocencia, la ruina
,h' nuestras fuerzas y de todas sus consecuencias,
tias las impresiones de ésta; sienten su fuerza, dis-
frutan sensiblemente de su desembarazo y de to-
,Ir(' nos conducen auna vida miserable y que lle-
v,rn a millares de nosotros a morir en los hospita-
dos sus encantos, y en ellos ha tomado ya su más
lr',, t) á las cadenas de la locuraZ
clcfinicla dirección ia marcha natural y libre
que si-
(.)uerido Gessner, ¡cuán bien gozaré en mi tum-
f,.uc ell su desarrollo el salvaje sensiblemente
fe-
CARTA PRIMERA 47
cÓMo ENSEÑA GEITRUDIS A sus
HUos
46
a d.ar a conocer contenido total de su conciencia y de sus expe-
ba si hubiera contribuído en algo
mi tumba si he riencias, y en todo han de ocupar satisfactoriamen-
tr.nt.r! ¡Cuán bien yaceré en te los primeros grados de la escala del conoci-
".rt
i*u^il a unii la naturaleza y el arte en la instruc- lo miento, por la cual nos conduce la naturaleza mis-
oioll A.r pueblo, tan intima iomo violentamente ma a todo arte y a toda capacidad. ¡eué vacío nos
esto mi
.rian t.p*udos ahora! ¡Ah, cómo subleva produce la falta de este libro! Lo necesitamos, no
esa ins-
.rp'tii"i La naturalezay el arte están ,en tn sólo porque debíamos procurárnoslo con nuestro
puesto:
tiuccion, no sÓlo separados, sino :lo,- arte nosotros mismos, sino también porque debía-
malvados' toyo,
sición por hombres .E: ::ll-
:i'-rt reser- mos tenerlo siempre. Carecemos, asimismo, del
riiu p..u.tto desde miles de siglos hubiera espíritu de ese libro con cuya vida nos rodea la
esta
vado, con el arte más exquisito, "quT,tlo^1 naturaleza entera, aun sin nuestra participacióni
y a nuestra époJ'
infernal a nuestra parte del mundo nos falta su espíritu, y nos violentamos nosotros
y más
.r,-ó.t, hacernos más miserables. i*p:l-:i:, mismos al agregar en nuestra aima, con nuestras
t.r á, .f siglo de la filosofía, que han hecho nunc escuelas miserables y con su monótono deletreo,
a la especie humana en ningún sitio.
y i1-l§l
:'
y la vanida el último resplancior del rayo luminoso con que la
tiempo el amor propio, la presunción
q': naturaleza ha querido imprimirlo en nuestros pe-
:" y:l:
rnundo tn
¡Qué a gusto olvido un chos.
mejantes cosas, y qué bien me encuentro iunto
caprichos m.e. obligan Vuelvo, sin embargo, a proseguir mi senda. In,
miiuisito queriáo, cuyos
quiriendo los primeros elementos de toda instruc-
p.n.i.ut más profundamente en el espíritu de
It
ción y de toda energfa precisos para el método mis-
libros iniciales para los pá&ulos! Sí' amigo
mí
y tienen que dar e mo y para los niños que debían ser educados des-
estos libros son los que áarán de la cuna conforme a é1, observé una conducta
piir.il"rpe verdadáro a la absurda tt:1L:tl:i1
con los de la escuela-que, educados sin mi méto-
;;;;t-iiápo. cada vez veo más claramente
do, se encontraban ahora al alcance de mi mano--
;rt*; qu" i.u. animarles' .Hanconocimientos
de
PT]:.:^t,hu que parecía, precisamente, estar en oposición con
.i.á."t"t más simples de los
mis principios fundamentales, y, sobre todo, con
;;;;.; han de imPresionar Profundame*::":
de todas las t la sucesión psicológica de los conocimientos de las
,iáá rá, formas más esenciales cosas y del lenguaje a cuya luz debían desarrollar-
en
t an d. desarrollar pronta y exactamente se los conceptos de los niños. No podía proceder
numenc
la primera conciencia de las relaciones de otro modo; tuve que investigar atuerza de tan-
i,^n O. suminisirarles palabras y lenguaie para
48 cóMo ENsEÑA cERrEuqIS I sm HIle§ CARTA PRTMERA 49
ciencia de ello, se extravíen en el laberinto (l) Ed. Cotta: «que tieneen sí mismo las fuerzas inter_
y en los abismos del vicio' Pero los hombre nn¡ de su proceso, o, meior dicho, donde sólo hay que sa-
"r*,,
,',, ..ú.,, loque Dios hace por ellos y no dan im rrr rle lo íntimo del niño lo que yace en él mismo y que
$k¡ re le puede excitar y no comunicar». (.V.)
¡',,,rtartcia alguna al influio cle la naturaleza
"{
A sus HIJos CARTA PRIMERA 51
50 cÓmo exseÑA oERTRUDIS
más conci- limitarse en los medios de desarrollo de su es-
geografía escritos con las abreviaturas
las palabras p{ritu:
i"t,-v l.thacía leer al mismo tiempo
rii'.'a*onocidas, indicadas sólo con dosTú has
letras' l.o a extender cada vez más el círculo de
podiían deletrear lo impreso' su intuición;
á"r0. estos plie- 2.o a imprimir en ellos precisa, firme e
^p."^s que leían
visto la perfecta exactitud con
los apren- inconfusamente las intuiciones llevadas a su
go.-V f, absoluta facilidad con que se
conciencia;
dían de memoria.
lntenté aún hacer comprender lentamente
a algu- 3.o a suministrarles ct¡nocimientos de len-
física muy guaje suficientes ¡rnrr totlo lr¡ que la naturale-
no, á. los niños de más edad leyes de za y el arte hayl llev;rtkr a su conciencia y
.it.u.t^Art e ininteligibles para ellos'. Aprendieron
por medio deba llevar aún.
iu, i.ur.. completaminte de memoria for- Digo que, en tant«r r¡ue cslos tres puntos de vista
iJ ü recita.ión y de l,a lectura, y de la misma
estas leyes' llegaban a ser más ¡lrt.t.isos catla día, se desarrolla-
de
,n, fo, corolarios que se deducían una ba en mí también lerrtalr¡crrlr: rr¡la firme convicción:
todaiorma catequística'
Al principio era' como 1.o de la rrecesirl;rrl ttc libros intuíticos
papagayo' de palabras
mera repeticiÓn, a modo de para Ia primera irrfnrrr.i;r;
rigu-
.nnturr. e incoherentes' Sólo la separación 2.o de la neccsitllrl tlt. rlr lnodo de ilustra-
rosa de los conceptos singulares'
la ordenación
honda' ción seguro y extcto ¡xrra cstos libros.
pi..ir^ de estas separaciones y la concienciapalabras 3.o de Ia necesitlltl ttt. ulur clirección funda-
gtrt^J. hasta hacerse ir-rdeleble; de estas da en estos libfos y cn slt nrorkr tle ilustración,
su obscuridad des-
confusas, pero que en medio áe
les produieron para los conocimientos rtt los rronlllrcs y pala-
Ñ;; iuyo o" luz y deunclaridad'.
sentimiento de verdad bras que deben hacersc t'on.iclllcs a los niños
lenta y progreslvamtntt
a aun antes de quc llrr¡¡rrc r.l lltr¡rnerrto de co-
., ¿""cb*rrrensión de los obietos presentados poco a menzar a deletrear.
átto., qu.,'.omo la luz del sol, rompieron Es inestimable para ellos l¡r vcrrtnj;r rlc tener una
poco las nieblas más densas'
cr¡nciencia temprana y fácil rh. rut;r ¡1r';rrr ru-rmencla-
E;;; rrtcha total de mis experiencia: lubltl
tura. La impresión firme tlc los nonrlrr.cs les hace
,on O" desarrollarse lentamente en mi-espíritu
;;ilÑ*nluÁ"nt t.s más exact:: d:::1':'Il; irrolvidables las cosas tarr ¡rr,orrlo t.olrrr¡ son lleva-
ro:"^ o:P-': rlas a su conciencia; y el corrJrrrrlo tlc l«rs nombres,
liJl, ;:;ill; 'na,'tu'utnente
que
cotl los niños en sus primeros años'
slno fr¡ndado en la verdad y ctr ln r.xlt:titutI, desarrolla
.,,r,,,iu,
CARTA PRIMERA 53
52 CÓMO ENSEÑA OERTRUDIS A SUS HIJOS
l
CARTA PRIMEM 55
cÓMo ENSEÑA cEBIBgPls A sus
rluos
54
Dicien- Conseguí entonces que los niños, mientras hilaban,
.Espera conseguirlo de mriltiples modos'
ha- adquirieran tal facilidad en el cálculo, que yo
do a los niños en voz altay con frecuencia-y mismo no podía seguirles sin tener ante mí el pa-
definiciones'
.ien¿o..fot repetir después-palabral pel porque me guiaba. Todo estriba en la psicolo-
además.del fin
t p*íodos largoi;uno
i,:;;.t
pi{tll?:
de estos procesos' qule-
gía de la forma de enseñanza. El niño ha de domi-
mente-eip.cial de cada nar enteramente el trabajo manual que realiza du-
y su
,. torr., su órgaao y gjercitar su.atenciÓn
los hace dibu- rante el aprendizaje, y la tarea (Pensum) que apren-
,..oii.. Con iglátes iunáamentos'tiza en la pizarra de además del trabajo ha de ser igualmente, en cada
;;; fibñ.rt i o'trazar letras con caso, sólo una ligera adiciÓn a lo que ya sabe.)
repeticiÓn"
--iVr, esos ejercicios de
durante
perfectamente 2.o Une por completo sus enseñonzas al len-t
*t"ncls, les hacía dibular guaje.
memoria sus
linlas, ángulos y arcos, y aprender de (Propiamente, aquí debía decir: Considera el len-
;;fi;iti"r;;, y'partia,ln t"'
normas que buscaba
guaje, con la intuiciÓn real de la naturaleza, como
principio expe-
prt" i" .rr.ná¡ia de lalectura, del el primer medio de conocimiento dc uuestra espe-
del conoci-
Iimental de que los niños son capaces cie. Para ello parto de este principio: el niño tiene
y del maneio de la tiza
miento de las proporciones t¡ue aprender a hablar antes que se le enseñe a leer
años ántes que del ejerc-icio de
la pluma y
racioñáIñéñté. Pero yo unía tanrbién el modo de
"lgrno.
dJla confecciÓn de letras pequeñas') rnseñar-á háblar a los niños a l<¡s conceptos intui-
.Al final reparte a sus alumnos plaquitas delga- tivos que les suministra Ia naturaleza y a los que se
estas hoiitas hay gra-
das de cuerno transparente: en (¿omo lcs debe comunica¡ por medio del arte.)
de modelo a
üaAas lineas y letras que sirven .En el lenguaje se hallandecantados,ettefecto, los
cuanto que pue-
los alumnos, tanto más fácilmente' r csultados de todos los progresos humanos, sólo
por ellos
den colocarias sobre las figuras dibuiadas (lue ha de seguiise su camino psicolÓgicamente'.
por su transparencia, establ ecer la
comparación de-
y, (El hilo de este proceder ¡lsicolCrgico se ha de
Úiir. Un, doble ocupaciÓn, en el mismo ytiempo
es
trabajos lrrrscar en la naturaleza del desenvolvimiento mis-
,r" O*r*ción a lai mil circunstancias sin rut¡ del lenguaje. El salvaje dctermina primero los
á. i. uiir, donde debe repartirse la atención objetos, los nombra después Y, Por último, los rela-
eiemplo'
«listraerse. Las escuelas profesionale¡, R9r t ioua con los demás; y únicamente más tarde llega
se fundan enteramente en esa
habilidad''
ya sobre este ir ¡roder determinar más exactamente, por medio de
(Hace treinta años había obtenido l¡rs terminaciones y conjunciones de las palabras,
más decisivos'
asunto en mis ensayos los resultados
56 cóMo ENSEÑA cERTRUDIS 4:i§ i!§ CARTA PRIMERA 57
.' provisto de una sumaad3 natabl¡^y giros que por muchos ejemplos ciertas fornras de la descrip-,
ipienden a cómponer, descompoler. y aplicar ción, las aplican a los miles dc objetos que se pre-
a
así su scntan en lo sucesivo e imprimen a sus explicacio-
lás objetos que istán a su alcance' Enriquece
sencillas de los objetos rrcs y descripciones el sello de la precisión sen-
nr.*oiiu con explicaciones
sensibles y enseña al niño a describir
lo que le ro- ',ible'.
de.sus renrl¡1!1- (Ahora busco los fundamentos generales y pri-
dea, a daise cuenta, por tanto,
conctencla rrrlrios para este objeto en el número, la medida y
cioáes y a dominarlos, al tener ahora
clara dé las que ya estaban en su espíritu'' ''l lcnguaje.)
(Mi opiniÓn ,óbt. asunto es ésta: Para ense- :l.n Trata de suministrar a todas las operaciones
"." modo de pen- ,ltl cspíritu, epígrates o títulos (ll o ídeas direc-
ñar a raiottar a los l1iños y a tener un
elt cuanto sea posl- Ír r('f.§.
sar pro¡.rio es preciso impedir,
(l:llo debía decir: busca en toda la extensión del
ui., qrl charlln ttemasiádo Y Que se acostumbren
superficialmen- rrll y de la naturalera los puntos fundamentales,
a traU'lar de cosas que sólo conocen
de aprender no es el mo- r',', ¡¡¡1¡ds5 de intuición, los hechos que puedan uti-
te. Creo que el momento
' mento de juzgar; el tiempo de juzgar comienza con l ,,rr ''r' por su precisión y generalidad como medios
con la ma- r,
' un(los
para la facilitación del conocimiento y del
la terminaóioñ Oet aprender, comienza
i d";;; il lr, .ru.^. pot q" se quiere seunpuede y
indi-
t,rr,
,
ro (le muchos objetos subordinados y unidos a
y así da a los niños e¡rígrafes que despiertan
r1,,,,
que expresa
itzgat, y creo que toAo luicio y' por esta ,r ,rl.rrr:it'rrl
para objetos semejantes: les titula se-
viduo debe tener una verdad interna' ,, r ¡rlt'rts de conceptos análogos, cou cuya preci-
tan maduro
causa, ha de nacer de un conocimiento ',r
enteramente ,',rr ¡'rrcrlen separar las series completas de los ob-
y completo, como la semilla sazonada
de la envot-
stlc por sí misma libre y sin violencia rr l\tttt c»der Rubrihen.
tttra que la encierra')
CARTA PRIMERA 59
5_8 j9M9 ENSEÑA GERTRUDIS A sm IUo!-
cia que debe aprender. Y se le han de ofrecer de
y ver claramente la naturaleza de sus diferen-
iet<rs todos los modos los materiales precisos. Pertene-
cias.)
ccn también a las ideas directrices las frases que al
.Por dispersos que se presenten los epígrafes'
¡rrincipio sólo se confían a la memoria como má-
serclacionanmutuamente.Sonrepresentaciones ximas prácticas, pero que adquieren, poco a poco,
que se refieren de un modo recíproco
y que' pre-
y fa- lrrerza, aplicación y signilicado, Y que precisamente
cisamente porque necesitan complementarse profundamente y se
¡r«rr este medio, se graban más
.iiitri r" cómpásicion de las aisladas, insinúan al
con- rlemuestran meior,.
el afán de la investigaciÓn' Los títulos mecanismo de la ense-
"rpiritu que 4.o Quiere simplificar el
Ar..n a la clasificaciÓn de las representaciones rlunza y del aprendizaie (1).
caótica'
.. uu, acogiendo, ponen orden en su masaa relacio- .Lo que acoge en sus libros de enseñanza, y
y .i utrurEn así ievantado induce al niño
para rllriere, por medio de ellos, comunicar a los ni-
irai solícito las materias aisladas' Sirve esto Na- tlos, deb€ ser tan sencillo, que, cada madre prime-
\
fo, titrlot generales de la Ceografía, Historia
que domina I rr r r y cada profesor después, aun
dotados de un mí-
turat, fecn'ología, etc' La semeianza t',,,,,,um
de capacidad para la instrucción, puedan
a locali-
en ta etecclOn áe materias ayuda, además' , ,,rrrprenderlo, explicarlo, enseñarlo y componerlo-
,ar la m.*oria. Las ideas directrices se encuentran I )('sea, sobre todo, hacer interesante y agradable a
en ciertos problemas que en sí
pueden ser o son I
y completamente deben referirse t'n tanto que no se hayan encontrado las formas de,"
enseñanza. Breve
instrucción que_lpgan del maestro, al menos hasta,
unot , otros en una gradación y formar un todo;
pero han de tener uná existencia propia y han de la terminación de los conocimientos elementales, el
.pod.rse diftrndir separadamente' Con el mismo fin rr¡ero_ instrumento mecánico de un método, cuyos i
multiplicará, por medio del grabado en madera'' rcsultados han de surgir de la naturaleza de sus :
a un modo de proceder que, considerado en sl en trabajos de jornalero. A los diez y ocho años
y
mismo en su disposición, llevaba en su frente im' aceptó en Gais, su pueblo natal, el cargo de maes-
preso e[ sello de la locura, por cuanto caí en la si tro de escuela sin la menor preparación. Como él
áe la barbarie interior, precisamente en los r mismo dice ahora, no conocía entonces ni el nom-
mentos en que comenzaba a aproximarme realmel bre de los signos gramaticales de puntuación; no
te a mi fin, a causa de lo violento de misituación hay que hablar de todo lo demás, porque nunca
por la eterna continuidad de mi desdicha y de n disfrutó de otra instrucción que la de una escuela
iniusto padecer, que herían el punto central de m ordinaria de aldea suiza, que se limitaba exclusiva-
esfuerzos. mente a la lectura, a la copia de modelos de escri-
El auxilio que recibo de estos hombres en la e: tura y al aprendizaje de memoria del Catecismo.
tensión total de mis fines me volverán económica Pero él gustaba del trato con los niños y esperaba
moralmente a mí mismo. La impresión que tes hi que ese cargo pudiera ser un medio de ladquirir la
mi situación y mi actividad y las consecuenclas educación y los conocimientos, cuya falta ya había
su reunión conmigo, son demasiado importantes sentido vivamente en su oficio de demandadero.
cuanto a mi método y dan sobrada luz en lo ínti Como entonces le encargaban comprar amoníaco,r]
de sus fundamentos psicolÓgicos para que deje borax y cien cosas más, cuyos nombres jamás había
mencionar la marcha entera de esta unión' oído en su vida, y como, al mismo tiempo, no
Krüsi, a quien conocí primero, ha ocupado tlebía olvidar ningún cometido, por pequeño e
juventud en muy diversos asuntos y ha adquirit insignificante que fuera, y tenía, además, que res-
de este modo, múltiples exp:riencias que, en ¡ronder hasta del ú§imo céntimo, hubo necesaria-
gente del pueblo, desarrollan a menudo los fu nrente de reconocer cuán ventajoso debía ser para
áentos de una educación espiritual más refina lodo niño aprender en la escuela a escribir, calcu-
elevan a los homores que han disfrutado de Ilr, leer y toda clase de ejercicios intelectuales, aun
desde su primera infancia a una capacidad más el de aprender a hablar, como él reconocía ahora
neral comprensiva. Su padre, que poseía un
y r¡rrc debía haber aprendido para el desempeño de
queño comercio, le enviaba ya a los doce y ¡u lrumilde profesión.
años, con seis u ocho doblones' a varias hol Va en las primeras semanas tuvo hasta cien alum-
distancia, para comprar géneros, con lo cual ros. Pero era superior a sus fuerzas la obra de
empeñaba ala vez el oficio de demandadero y rr(nl)ar convenientemente a estos niños, lo que
misionista. Más tarde se ocupó, además, en Ir¡rlri:r de enseñarles y el modo de tenerlos en orden.
CARTA SEOUNDA ó9
ó8 cóMo ENsEÑA GElIEsDls A sus HUos
de dar la cla-
El nuevo libro de lectura contenía preceptos reli-
Hasta entonces no conocía otro modo giosos en versículos y citas de la Biblia, explicacio-
r. qr. hacer deletrear, leer. y aprenrler de me-
iii nes de física, historia natural, derecho nacional, etc.
;;á,'iepetir 1o dicho y castigar con.la palmeta Krüsi vió a su párroco, en los ejercicios de lectu-
.r*¿t nt hr'bíun aprendido lo señalado' Peroque ra, hacer algunas preguntas a los niños sobre cada
..Uiu pot la propia experiencia de su iuventud pasaje leído para ver si también lo habían compren-
de los
.on .tt. rnoáo áe oai las clases, la mayoría dido. Intentó hacer 1o mismo y llegó a familiarizar
parte del tiem-
niños permanecen ociosos la mayoi a la mayor parte de los alumnos con el contenido
en'
po, y ir., precisamente por ello, han de caer del libro. Consiguió esto porque, como el buen
áe disparates e inmoralidades; que'
por
ioár.t.t. precioso Hübner (1), acomodó sus preguntas a las respues-
iunio, pi.tAen de ese modo el tiempo más tas que ya estaban en el libro y no esperaba ni exi-
Ae su áau.ación, y que las ventaias del aprendiza-
gía otra respuesta sino la que textualmente se ha-
je (2) no pueden contrarrestar las consecuenclas llaba ya en él antes de que se formulara la pregun-
p.rjuai.irtés que, necesariamente, han de seguirse ta que debía propiamente responder. Alcanzó ese
enseñanza semeiante'
--flunaparroco
de
Schiess, que se oponía activamente a
resultado precisamente porque apenas introdujo
ningún ejercicio realmente intelectual en la ense-
l. tutina de ia instrucción, le ayudÓ a diri- ñanza catequística (2). Ha de observarse aquí, sin
"itigr,
girlu it.r.la en las primeias ocho semanas' Empe- embargo, que la enseñanza catequística original no
i"i"n pot dividir a Iós alumnos en tres clases' Esta era propiamente un ejercicio de inteligencia. Es una
;iriliót y el empleo de nuevos libros de,t::tuq manera analítica dE frases presentadas complicada-
;;; p;.ó antes introduieron enla escueltl.li:]tl:: mente y, considerada como un ejercicio preparato-
se eiercitará en el deletreo v en
la I
il;ü; ;t; rio para la precisión gradual de los conceptos, tiene
; uriio, niños simultáneamente, Yr Por tanto'
--7Lr-^^*^5+ó r' ñ^f +rff
il la ventaja de presentar a la vista del niño, aislada e
*rp.tiot más que lo estaban antes' Le.pr*t9l'1: inconfundiblemente, las palabras y las oraciones
r^- ril-^a oo^^larpc másrnác necesarios parapafa St¡
¡i¿n los libros escolares para su más firme intuición. Sólo en nuestros días
que co
educación y un buen modelo de escritura
su mano, y a:i s.e
miles de veces para ejercitar
situacion dL satisfacer las principales (l) Las Historlas btblicas (1714) del rector pietista de
;;;;6;, lltrmburgo, Hübner, han prevalecido más de un eiglo en la
gencias de los Padres.
lrrstrucción religiosa de la¡ escuelas elementales.
ññn
(2\ Lcrnen.
u"r. (2) Das Sohratiesleren,
70 cóMo ENSEñA cERTRUDIS A sus HIJos CARTA SECUNDA 71
'se ha confundido Ia enseñanza socrática (1) con la exterior de los conocimientos idiomáticos. No juz-
, catequística, que originariamente no se refería sino go, pues, rectamente su mal juicio; creyó que la
, l.a asuntos religiosos. falta sólo estaba en él y se imaginó que el buen
El párroco presentaba los niños catequizados por maestro de escuela ha de poder obtener de los ni-
Krüsi como ejemplo a sus catecúmenos más anti- ños toda clase de conceptos morales y religiosos
guos. Después debía éste introducir la enseñanza por medio de preguntas exactas y respuestas preci-
mixta de socrática y catequística. Pero esta mezcla sas. Vivió en un tiempo en que estaba de moda la
no es esencialmente otra cosa sino la cuadratura' forma socrática, o mejor, en una época en que este
del círculo que podría resolver, hacha en mano, un-i arte elevado era envilecido y desfigurado por una
leñador en el tronco de un árbol; ello no es lJosi-i mezcoTanza de las formas de catequizar de los capu-
ble. EI hombre inculto, superficial, no escudriña chinos y de los maestros de escuela. En ese tiempo
las profundidades de donde Sócrates sacaba se soñaba desarrollar así la inteligencia y hacer mila-
tu y verdad; es pues, natural, que no siguiera gros de la nada; pienso que se empieza ahora a des-
lante la tentativa. Carecía Krüsi de fun pertar de ese sueño. Krüsi dormía aún profunda-
para preguntar, y los niños, de base para mente en él y en él se mecía constantemente; de no
der. Tampoco poseían un lenguaje para lo que haber estado así me admiraría tanto como ver que
sabían y libros que les suscitara la respuesta un habitante delAppenzell no hubiera observado fá-
sa a la pregunta, entendida o no. Sin cilmente que el azor y el águila no quitan a los pája-
Krüsi no sentía claramente aún la diferencia de eso§ ros ningún huevo del nido hasta que lo han pues-
procedimientos tan distintos. Nb sabía que la §n. to. Quería aprender con empeño un arte que le
señanpa catequística y, especialmente, la cateé parecía tan esencial para su profesión. V se encen-
ción sobre conceptos abstractos, fuera del valor dieron de nuevo sus esperanzas de conseguirlo, al
tiene Ia separación de las palabras y las formas tener ocasión de unirse a Fischer, con motivo de la
líticas que prepara, no es en sí misma otra cosa q emigración de los habitantes del Appenzell. Fischer
una repetición, a modo de papagayo, de sonidos hizo también Io posible para hacer de él un maes-
comprendidos; la forma socrática es tro educado según sus ideas. A mi juicio, procedió
,\) i',i
inasequible para los niños, quienes carecen del un poco precipitadamente, elevándole a las nubes
.,1, damento de los conocimientos previos y del med tle un arte superficial de catequizar, al tratar de es-
i clarecerle los frlndamentos de las materias sobre
(l) Das Katechlesieren, que debía aplicar la catequización.
72 cóMo ENSEÑA GERTRUDIS A §g! rIUg§ CARTA SEGUNDA 73
arte, y que, por tanto, necesitaba la dirección que ¡ir damentales. Vió ahora que con todo lo que 1 ,
hago trato más de desarrollar la energía intensiva
yo p*táUu dar a mis niños cuando en los prime-
r) , ,
del níño, que de producir resultados aislados a ''
ios-días de su estancia en ésta me oyÓ hablar con
cada uno de mis actos, y se convenció por los efec-
Fischer de la educación y formación del pueblo
(1)
proyectos de Fischer para el establecimiento de puse la reunión de la escuela de Krüsi con la mía
otra y entonces ambos nos vimos realmente holgados
Lscuela Normal de maestros; fué llamado
pero en nuestra situación; pero, de otra parte, crecieron
al despacho del ministro de las Ciencias;
decidió a esperar tiempos mejores para su no menos sensiblemente las dificultades de mi
Normal, y a dirigir en tanto, aun en su plan. Yo tenía ya niños en Burgdorf, distintos en
las escuelas de Burgdorf. Estas debían
y edad, educación y costumbres; Ia llegada de niños
ban ser modificadas; pero no pudo ni comenzar de los cantones pequeños aumentó las dificultades,
a
t dirigiéndolo personalmente y empleandl tanto más cuanto que éstos, además de aquellas di'
"..tlo, todo su tiemPo; ferencias, traían a mi escuela una libertad natural
todas sus fuerzas Y Y,
de pensar, sentir y hablar que, unidas a las insi-
te, estando ausente y ocupado con cosas nete
gén.rr, no era fácil realizarlo' Desde 11 "T:,1 nuaciones dirigidas contra mi método, hacían re-
saltar cada vez más la falta de una organización fir-
ñe Risctrer era cada vez más apurada la situación
me en mi procedimiento de enseñanza, que no de-
Krüsi. Sin su presencia y colaboración personal
lo bía considerarse aún sino como un ensayo experi-
sentía cada vez menos'formado para realizar
esperaba de é1. Al pogo de paftir éste nos m: mental. En mi situación, necesitaba un campo ili-
mitaclo para mis proyectos, y, en su lugar,. recibía
testO su deseo de incort'orarse con niños
sus a
escuela. Por mucho que necesitara el ofrecimi a cada momento indicaciones de los particulares,
que me hacía, lo rehusé entonces, por no mol apuntándome lo que debía hacer para enseñar a los
tar a Fischer, que perseveraba en su ¡:royecto niños que me enviabqn. En un sitio donde se esta-
establecer una Esquela Nordíal, y que tenía ba acostumbrado desde muchas generaciones a
y conformarse con muy poco en materia de instruc-
a Krüsi. Pero cayÓ enfermo poco después,
le mostró la necesidad de e§a reunión en los ción y de enseñanza, se exigía ahora de mí que un
mos momentos que hablÓ con él' Una método, que comprendía todos los fundamentos
atirmación con la cabeza fué la respuesta del
mor del saber humano-pero que también estaba dis-
su memoria' Persig puesto para un influjo más temprano y para niños
bundo. Siempre veneraré
con ahinco y noble espíritu iguales fine's
que más pequeños-, debía, sin embargo, producir
De haber podido vivir y esperar' el sazonam absoluta e incondicionadamente grandes efectoscon
l.)
de mis exieriencias, ciertamente que hubiér niños endurecidos hasta los doce o catorce anos en
la libertad silvestre más inculta y prevenidos en / ''
estado unidos en todo.
Después de la muerte de Fischer yo mismo
contra de ese mismo método de enseñanza. Natu-
76 CÓMO ENSEÑA OERTRUDIS A SUS HIJOS CARTA SEGUNDA 77
ralmente, no sucedió lo que exigían, y por no va contra Dios ni contra la religión dirigir a los
efectos juzgaron que mi método no servía niños para la adquisición de conceptos exactos, ni
nada. Lo tomaron por una vulgar modificación tratar de enseñarles a hablar antes que se les incul-
la enseñanza del A B C y de la escritura. Para el que en la memoria, como ejercicio de la inteligen-
eran castillos en el aire mi fin último de cia, los dogmas de la religión positiva y sus pun-
fundamentos firmes y seguros en todas las tos en litigio por siempre jamás dilucidados. Pero
rias del arte y del saber humanos, mis no puedo tomar a mal la mala inteligencia de las
por fortalecer de un modo sencillo y general Ia gentes que tanto pesa sobre mí; creían obrar bien
pacidad íntima del niño para cada arte, y mi y comprendo perfectamente que, en medio de la
fianza aparentemente serena y ecuánime en charlatanería de nuestras artes de educación, mis
tados que debíandesarrollarse gradualmente rudos esfuerzos por un nuevo camino habían de
sí. No sospechaban ni veían nada de todo ello; engañar a los hombres que, como otros muchos,
el contrario, encontraban un vacío donde yo ven con más gusto un pez en su estanque que un
ba una fuerza. Se decía que los niños no apren lago lleno de carpas en la montaña.
a leer, justamente porque les enseñaba a leer bi Sin embargo, continué mi camino, y Krüsi se
se decía que no aprendían a escribir, precisame unió a mí cada vez más resueltamente. Los puntos
porque les enseñaba a escribir correctamente, de vista capitales de que se convenció más pronto
finalmente, que no llegaban a ser piadosos, son principalmente:
mente porque hacía todo lo posible por alejar l.o Que puede llegarse a establecer un funda- //'
mento general para t0da clase de conocimient
su camino toclos los obstáculos que se oponen a
de una nomenclatura bien
V
piedad en las escuelas, y, sobre todo, porque por medio graduada,z'
gaba que el aprendizaje de memoria, a modo tprendida con gran solidez; con cuya guía niños y
papagayo, del Catecismo de Heidelberg, fuese maestros, ya juntos, ya separados, pueden adqui-
método propio, conforme al cual haya tratado rir lenta, pero seguramente, conceptos exactos en
Salvador del mundo de elevar a la especie hum todps los ramos del saber.
a Ia veneración y al culto divino en el espíritu y
la verdad. Ello es cierto, lo he dicho sin
Dios no es un dios a quien agrada la ignorancia
; el error; Dios no es un dios a quien satisface la
i pocresía y la patabrería. I{e dicho sin temor
78 CÓMO ENSEÑA OERTRUDIS A SUS HIJOS CARTA SEOUNDA 79
cuyos efectos tienen que obrar decisivamente cazmente como el repique de las campanas contra
hacerles clara y gradualmente inteligible todo el peligro de la tempestad; porque una verdad se-
que cae en el círculo de sus experiencias. mejante crea en el hombre una fuerza que cierra
3.o Que los ejercicios para enseñar a los ni su alma por todos lados a la irrupción de los pre-
juicios y del error, y, si esto no obstante, llegan a
los comienzos del cálculo por medio de
reales, o al menos por puntos representativos, sus oídos por la eterna charlatanería de nuestra
r:specie, les deja tan aislados que no pueden produ-
nen que cimentar ñrmemente los fundamentos
i' arte del cálculo en toda su extensión, y cir en él los mismos efectos que en los demás hom-
sus pasos ulteriores contra el error y la conf llres de nuestro tiempo, a cuya imaginación se arro-
ja la verdad y el error, ambas sin intuición, con
4.o Las descripciones sobre el andar, estar
pie, acostado, sentado, etc., aprendidas de sirnples palabras cabalísticas y como por una ünter-
por los niñosile mostraron la conexión de los pri na mdgica. Esta manifestación le llevó al firme con-
cipios iniciales, que mediante ellos tratÓ de al vencimiento de la posibilidad de combatir el error
zar con la precisión sucesiva de todos los co y los prejuicios con el tranquilo silencio de mi mé-
tos. Pronto reconoció que, haciendo describir a todo, mejor de lo que se ha hecho hasta ahora con
niños objetos que conocen tan claramente, que el hablar sin tasa que se ha permitido, o más bien,
que se ha cometido.
experiencia no puede contribuir con nada a u
ulterior aclaración, se les aleja, por una ¡rarte, dg ó.o Las herborizaciones a que nos dedicamos
pretensión de describir ln que no conocen, y, el verano último, así como las conversaciones a
otra, se les provee de la capacidad de describir que dieron lugar, le convencieron de que el círculo
que realmente conocen, poniéndoles en situaci entero de los conocimientos, creado por nuestros
de hacerlo con unidad, precisión, brevedad y sentidos, procede de la observación de la naturale-
ralidad en todo el círculo de sus conocimientos ra y de la atención puesta en recoger y retener
trrdo lc.r que ofrece ella a nuestro conocimiento.
tuitivos.
Estas ideas, unidas a la armonía, cada vez más ,/
I
5.o Le causaron grande impresión algunas
labras que una vez pronuncié sobre el influjo de claras para é1, de mis medios de instrucción entre';
jmétodo contra los prejuicios. Yo decía: La verc ¡í nlismos y con la naturaleza, le llevaron al pleno ¡{,
lqr. na.e de.la intuición hace superfluos los disc copvencimiento de que los fundamqq{o;_-{g_tq_-{g
ii
íJ sos fatigosos y los rodeos de toda especie c
sa,ber descansan en [a conjunción de esos mgdios; _/*l
r,l obran contra el error y los prejuicios, casi tan d.e qg.á ril maégiio- Ae éicuela propiamente sólo
I
)
I
I
I
80 cÓmo e¡¡seÑA cERIBuDIS' A sus HUos
pára ad los niños, pero nunca violentarlos. Antes, en cada
debía aprender el modo de emplearlos
rii .á,lsta--gqh él.-!q!§mq v sus¡¡lsltodos cosa que debía enseñarles, tenía que decirles cons-
.orl.i.iért"t qr. deben alcanzarse con la insl trntemente: ¡pensad, pues! ¿no os acordáis? Había
gggt O. qu., Por tanto, no t: t.]g:-::,T*::::: rle suceder así. Si, por ejemplo, preguntaba en el
ffi.tu¿i.ién, sino solamente una inteligencia s c:ilculo: ¿Cuántas veces está contenido siete en se-
y cierta práctica en el método P"11,19-tI1t^:: senta y tres? El niño no tenía ningún fundamento
iinot fot fundamentos firmes de todos los sensible para responder, y no podía hacerlo sino
mientos, y también para elevar a padres y I reflexionando penosamente; ahora, con mi método,
h ,n" páisonalidad independiente
(1) interna' tiene a su vista nueve veces siete objetos, y así
'factoria para ellos, por la mera cooperaclon en apren{e a contarlos como nueve sietes colocados \
medios de conocimiento' uno junto a olro; por consiguiente, no tiene que {
Como he dicho, &i§i fué maestro en
unaI pensar más en esa pregunta; por lo que ha apren- - §
la de aldea con un grii'númqro de niños de dido ya, saft co.1cr-etamenJe_lg .que se Ie pregug!¡r .a"',S
había aulglg seq po-r primera vez, esto esr que § ¡r).,
;;J.;; ; pesar deius trabaios, desarollados virni
nunca entolces,
sietelstá qonGqiOo ngg-vg veceq en sesenta y tres. \' *'
iot .til.áos de los niños tan
grado de firmeza, seguridad, extensión
y li Del mismo modo en todas las materias del mé-
InvestigÓ sus causasy todo. Si antes quería, por ejemplo, acostumbrar a
f,ue adquirieron aquí'
Hdd;*. ,1g r',,,- lé'.Tllo:. T^' ,:l
o'in' los niños a que escribieran los sustantivos con letra
pio de comenzar poññát fácil v
lt añadir
l':lTt:, rnayúscula (1), constantemente olvidaban la regla
ñ.ir...i0,antes de seguir adol'ante, .de l)or que debían re$rse; pero al utilizar con ellos
'prét,pot medio de un proceso graduado' tan algunas hojas de nuestro diccionario metódico
u" pt"o a lo ya enteramente aprendido' no . como meros ejercicios de lectura, llegaron por sí
.q .f..t", .n ío, prirrreros años de aprendizaie rnismos a continuar alfabéticamente estas series con
propio y sustantivos conocidos por ellos; este ensayo supp-
los niños una conclencia de su '.:t 9:
en ellos el t nía, a! la distin-
iu.üUzl, pero conserva viviente
,áli"áá"tdo de su energía natural no.debilit ¡i6r¡ de este.gén-er,o.-de palabras. Es enteramente
'¿;0.;.n
método-- dice-sólo se necesita diri exacto que el método es deficiente en aquel punto
cn que es preciso estimular de cualquier modo la
(l) Selbstdndlgheit,
(l) Sabido es que en alemán se escriben así,
(2) Selbstgefuhl.
A SUS HIJOS CARTA SECUNDA 83
82 CÓMO ENSEÑA OERTRUDIS
aquel punto en que cual- conclusiones futuras y como un hilo conductor tras
reflexión; es deficiente en
no nace por sí mismo cuyas huellas deben avanzaÍ después por medio del
ouier eiercicio determinado
de lo que el nilo. tult
cnlace de sus experiencias pasadas con las futuras.
;;;;tr.tzo l:;-
imágenes que I labiendo reconocido y considerado cada vez más
' &;;;;;áemas que las palabras.e la ense- profundamente en el espíritu del método la refe-
,";iie;aüo ui'r^ot*tnte a los niños en
ñanza de la lectura ñ;á almli::l:""::
e-n su rencia de todos los medios de conocimiento a los
frases compuestas quer primeros puntos iniciales de cada materia del cono-
enteramente otro que las
Y al examinar má$ cer, y el encadenamiento sucesivo, sólo de una pe-
les sirve la instrucciOl-ttt¡itu"f'
de cerca estas frases,'Ls
trailo Oe.ury-c11lf:l:?l' queña adición, a los puntos iniciales de cada mate-
ñffiT;ü;.la ;;ñdr" tener ningrln sentimiento ria, Io que da por resultado un proceso ininterrum-
ni
natura;; ;; t"t pañbras.aisladas'
intuitivo de
pido de nuevas y más importantes adiciones, se hizo
los elementos simples cada día más capaz de trabajar conmigo en el espí-
apercibir .n ,u to*pJtrciot
unu coitflOl ritu de esos principios, y pronto me ayudó a cons-
conocidos por ellos, 'ino le'::t::::
cua'
con los truir un silabario y un método de cálculo inspirados
*ri.r,gtbrit de obietos desconocidos'
esencialmente en esos principios.
lesselesdirigecontrasunaturaleza,porencimade
de mixtifici:]:'::ili:til" A los primeros días de su unión conmigo mani-
sus fuerzas v po' *tiio
q"'-l: sólo I
se en una serie de pensamientos esencia' sino q
testó el deseo de ir a Basilea para contar a Tobler,
en su cuyo amigo íntimo era, la muerte de Fischer y su
son completamente extraños
además les son p""niJot
ennun.lelgyi::tt:l situación actual. Ap6oveché esta ocasión para decir-
n le que necesitaba indispensablemente que me auxi-
.Iñ;;ñiiio,'oo han tratado de aprender
esa mezcolanza liaran en mis trabajos literarios I gue, de ser posi-
ca. Krüsi viÓ que yo rechazaba
-Out
ble, me alegraría mucho unirme a Tobler, a quien
nuestro saber escolar-, .polí", i ]i :':ti -*,t conocía ya por su correspondencia con Fischer. Le
;io;.,;;"
t¡¡¡rve' la naturaleza.salvaie' lT:ul:
ruscaba una Palabra Para
::i dije también que, para mis fines, necesitaba asimis-
[eri, y que desPués b no les pr nro urgentemente un hombre que supiera dibujar
ffi'drJ;a sencittez de exposición
y contar. Fué a Basilea y habló con Tobler, quien
ilJ;*u"ñicio ni conclusión alguna' puesto
se decidió casi desde el primer momento a satisfa-
"--* to*o.tt:i:
o-
no se les PIE§tr[4 n"áu
tes presenta ---;-. . ,--- :l^:*
^l error' stl
la verdad ni con el ^, cer mis deseos, y algunas semanas después vino a
clase de relaciÓn con
m-ateria de i Eurgdorf; al contarle Krüsi que yo necesitaba tam-
il."J;-;rc.. t"o" tomá simpte
para los luicios bién un dibujante, se acordó de Buss, quien aceptó
tuición, como un tonJu*tnto
CARTA SECUNI,A 85
HUos
84 cÓMo ENSEÑA aERlRUDls A sus
hle. Esto era así, tanto más, cuanto estos libros des-
la proposición con igualrapide' Aib:t]l::1" cicnden con sus imágenes y representaciones hasta
o.üo y creo que te interesará.leer con
..r.s las profundidades más hondas del conocimiento
sobre humano y se elevan por cima de las nubes, casi
;il .i intor*. de sus experiencias
oüi*o. Tobler fué preceptor. cinco "o:: ::^ Y:i,::1 hasta el cielo de la magnificencia eterna, antes de
¡:ermitir a los niños asentar el pie en el suelo
que-
áirtinluio. de Basilea' Su. informe ,t:91:.ti
el de su pro si
ción Je mi empresa, en uniÓn con iido donde los hombres necesitan erguirse han
testimonio' es el volar y si han
;;;;ilt, según su ProPio de aprender a andar antes que a de
guiente: nacerles alas para elevarse a cualquier altura.
--.en que los El sentimiento obscuro de todo ello me condujo
seis años de trabajo he hallado
to, O. mi instrucciónno correspondían a las pronto a ensayar de entretener (1) a mis alumgos
I
t' ;;; qu. tn. había hecho de ella' t-as tue111 más jóvenes-e9lr-I§pteseutacjg-qes intuitiv4§ y "qe
T' ü#.J;;-i* ninot no crecían en proporción el.evar a los ¡¡4yo¡es a conceptos exactos por me- v',
comprendian hoy, desaparecía de su alma pasados y me hizo sospechar que quizá pudiera él alcan-
t-i,
,not dí.r, en una forma incomprensible para mí, y zar sin mis medios el fin que yo busco. Pensé que
cuanto más me esforzaba en explicarles todas las co' nri proceder sistemático-científico engendraba tal
sas claramente, tanto más parecían perder sus pro- vez diñcultades que Pestalozzi no encontraba en su
pias fuerzas para desterrarlas de la qbscuridad en camino, y que precisamente el arte de nuestra épo-
que la naturaleza las había sumido. ca ocasionaba los vacíos que él no necesita llenar,
Sentía así en toda mi situación y en todos mis porque no conoce ni emplea este arte. Me parecie-
fines obstáculos insuperables a mi marcha; mis con- ron tan sencillos muchos de sus medios, por ejem-
versaciones con los maestros y educadores con plo, el dibujo en pizarras, que no podía compren-
quienes me relacionaba fortalecieron más aún mi der cómo yo mismo no había dado con ellos desde
convicción de que sienten lo mismo que yo y caen hacía mucho tiempo (1). Me sorprendió que utili-
diariamente en semejantes dificultades al trabajar zase aquí lo que de continuo estaba a la vista. Por-
con los alumnos, a pesar de las enormes bibliote- que yo partía en mis ensayos precisamente del mis-
cas de educación que exhibe nuestra época' Sentía mo fundamento, me atraio, sobre todo, a su.méto- -
que estas dificultades tenían que pesar mucho más do el principio de formar de nuevo a las madres
complejamente sobre los maestros de escuela infe- para lo que tan evidentemente han sido destinadas
riores, si no es que una miserable rutina les ha he- pgr la naturaleza.
cho enteramente incapaces de ese sentimiento' Con la llegada de Krüsi a Basilea se confirma-
Tuve una conciencia firme, aunque todavía obscura ron estas ideas, quien expuso prácticamente en la
?el procedimiento de Pestalozzi
de esos vacíos que veía en todo tl ser de la educa- escuela de niños
ción, y busqué con todas mis fuerzas los medios de para la enseñanza del deletreo, la lectura y el 9ál-
llenarlos, y me propuse entonces aunar todos los culq. Los párrocos Fásch y de Brunn, que habían
medios y ventajas, tomados, bien de la experiencia, organizado la enseñanza y una parte de la dirección
ya de los libros de educación, con que me fuera de esta institución conforme a los primeros datos
posible resolver las dificultades educativas que se del método de Pestalozzi, que aún no conocíamos
me presentaban en todas las edades del niño' Reco- completamente, vieron en seguida la fuerte impre-
noci pronto, sin embargo, que no bastaría mi vida sión producida en los niños por la lectura simultár
para alcanzar este fin. Había ya escrito libros ente-
ros con ese objeto, cuando Fischer en varias cartas (l) Aotes de Pestalozzi era desconocido el uso de lge
me llamó la atenciÓn sobre el Eétodo de. Pestaloz" pizarra* (M.)
CARTA SEGUNDA 89
!
', 88 cór,ro et¡seÑA GERTRUDIS A sus HUos
mente antipsicológico; por ejemplo, la pronuncia-
l§
¿; n§4, deletreo yy tlel ritmo
n¡4, el gelctrEu rrtrrrv introducido
rr¡!¡vuu en ellos'
ción de frases difíciles y complicadas, cuya primera
i,i
§:-- ÑBi aérottraron que este método tiene por base
¡a inrpresión tenía que ser completamente confusa
sóliidos fu ndamentos .pSlSg!égieq§: los pocos mate-
para el niño. Pero no hallé nada que decir al ver,
+ ffiAAr poi rriiló"t"ii.al.ulo v la escritu-
de una parte, Ia habilidad con que preparaba la su-
ra seqún este procedimiento, así como algunos cesiva precisión de los conceptos, y, al responder- .
gp .¡L*p|os sacadoi de un D-iSgigg¡1q que Pestalozzi me, de otra, que la misma naturaleza_oresenta_. ¿l ,.q,i -)-
& -v'
'.^it traUia Oestinado para primer libro de lectura de los prineipio toda clase de intuiciones en una confr¡sa ,.; ,li ,/
I
s'l'
r niños. Todo esto me decidió rápidamente a satisfa-
p-bssglid4d¡_y-que.degpués qoqduce. lenta, , \, //
pg[o ,.r-
l§ltt4. pg¡v
..not '
\ruJLultu4u. Y uug ugJUuEJ .las
l4D LutluuLg
cer el deseo de Pestalozzi de asociarme a él' t
Fuí a Burgdorf, y desde los primeros momentos
,@; y aún tuve
que obietar cuando vi que no daba ninguna impor-
vi que esta empresa naciente llenaba mis esperan-
,"s. ¡rt. dejó admirado la fuerza tan ctara y tan
tancia a los medios particulares de
sus obras, sino
que r4uchos de ellos los ensayaba sólo para des-
pronto a exteriorizarse, en general, de sus niños'
echarlos. Con muchos, buscaba únicamente la ele-
así como la sencillez y variedad de los medios
de
vación de las fuerzas internas de los niños y la ius-
educación con los que se crsaba esta capacidad'
tificación de los fundamentos y principios por que
Excitaban grandemente miinterésla decisión de Pes-
talozzi de no tomar ningún dato de la técnica
esco- había usado esos medios particulares. Así no me *
sencillez de las imá- dejé desorientar al presentarse a mi vista algunos
.lar emoleada hasta entonces;¡la
j;lg.nes qr. t. presentaban; la incisiva división en de esos medios en la debilidad vacilante del ensa-
yo inicial aislado, y c0n tanta menos razón, cuanto
iilirttet áe lo íntimo de sus medios de instrucciÓn, que me convencí pronto de que la marcha progre-
,llr" nan de aprenderse en épocas distintas y con
llL-.¿iot progresivos;\su desden por todo lo compli- siva de ellos descansaba en su misma naturaleza.
''cado y conf-uso; su ínfluencia, sin palabras, en lo in- Efectivamente lo viesto en el cálculo, en el dibujo
y en los medios fundamentales de su metodología
tensiio de todas las fuerzas; su perseverancia en el
del lenguaje (l).
lenguajl, al que volvía a cada momento, y, espe-
medios Cada día.aprc_c-ié más claramente que sus medios t'
ciat"mente¡ la fuerza con que algunos de sus
particular-es influyen en todas las cosas, p.ero princi- .!
de instru$ión me parecían nacer espontáneamente' palmente en la sensibilidad del niño, por su refe-'
como una nueva creación, de los elementos del arte
y de la naturaleza humana.
Algo en sus ensayos me pareció, sin duda, real- Sprachfúhrung.
CARTA SEGUNDA
90 cóMo ENSEñA oERTRUDIS A sus HUos 91
CARTA TERCERA
rría que los conocieses y examinases más tades de los elementos simples, éstos y los conoci-
mente el proceso de su vida. He rogado a Buss mientos anteriores unidos a ellos le facilitarán la
te diga algo de ello. adaptación del método a los puntos superiores de
La primera educación de Tobler fué un com la instrucción escolar, lo que no hemos conseguido
to abandono. A los veintidós años se halló hasta ahora.
mente lanzado, como por un milagro, en si Conoces a Krüsi y has visto la capacidad que
científicos y, particularmente, en asuntos de muestra en su oficio. Es extraordinaria. Quien lo ve
ción. Creía dominarlos rápidamente, pero ahora trabajar queda asombrado. Posee en su arte una
que le dominaron a él; y cuando mayor era la personalidad que sólo deja de sorprender al hom-
suficiencia de sus medios de instrucción, le hici bre que no tiene ninguna, y, sin embargo, antes de
seguir ciegamente el camino de los libros, sin conocer el método estaba más atrasado que Buss
se por sí el de la intuición, cuya necesidad en todas las cosas, exceptuando su tacto mecánico
tía por la naturaleza. de maestro de escuela; y él mismo dice ahora que,
-dS.*xjr_agiAgq.en un mar de mily mil_-ce_§as_¿il sin el conocimiento del método, a pesar de todos
Camente r.azonab!.q¡..s!n encontrar. nunca los- fun sus esfuerzos por formar su personalidad, no hu-
Jnentoq.dslülíLsdUcaSión y de una formació n biera llegado a descansar en sus propios pies, sino
.lag. cuyqs-productos no debían ser palabras ni I que habría estado siempre subordinado y sometido
§pr r4¿oqables, sino- h_ombres rac!_o¡ales; y necesariamente a la dirección de otro, y esto repug-
ta que a los veintidós años, gypdo la inclinación rraba por completo a -su espíritu de hiio del Appen-
los libros no había comenzadó aún a minar su fue zell. |[4 rehusado uij_plaza de [tae-stro dotada con
.za natural, no hubiese encontrado el camino e¡ 500 florines, y ha permanecido en la situación mo-
A lg-s tteinta; Siente prof undamente desta de su estado actual únicamente porque sintió
-§!II3-C!9IL
perjuicio que le ha causado este intervalo de ti y comprendió que siendo ahora maestro de escuela
po, y honra igualmente al método y a su co no podía llegar a ser otra cosa después, y esto no
cuando dice que es más fácil para los hombres i le satisfacía. ¿No te asombra cómo ha llegado a esta
norantes y no instruídos que para él acom determinación? Su sencillez le llevó a ella. Se entre-
perfectamente a los puntos iniciales del método gó enteramente al método; las consecuencias son
así avanzar sin confusiones. Es fiel, sin embargo, naturales, y es por completo cierto lo que dice To-
sus convicciones, y sus disposiciones le asegu bler: Sfgl*qrÉJg¿g] lg era bastante fácil porqqé
su recompensa. Cuando haya dominado las di .carcsttds ar!g, y ggnsiguió dominarlo rápidamen-
CARTA TERCERA 97
9ó cÓMo ENSEÑA GERTRUDIS A sus HUos
lrrbinga. En aquella Academia se había admitido
tenía
te porque no sabía otra cosa, aunque l¡;rsla entonces a hombres de todas disposiciones,
r
necesario para mi sustento. Marché a Basilea y porque era un maniático y nunca sabía bien lo que
f
peré lá ocasión de poder dar lecciones; pero quería (1). Esta leyenda se documentaba con di--
situación anterior me causaba cierta timidez versos hechos; por ejemplo, una vez llegó a Burg-
me entorpecía en los prirnero§ pasos que son dorf con los zapatos'atados con unas pajas, porque
cisos para ganarse la vida. No tenía valor para había dado sus hebillas a un mendigo en las puer-
nada de lo que hay que decir para obtener de tas de la ciudad. Yo habí¿ leído Leonardo y Ger-
gente-tal como es-lo que yo buscaba. Un trudis; creí, pues, en lo de las hebillas, pero no
que me encontró casualmente en esta perpleji pude admitir que fuera un loco. En resumen, Qui-
me reconcilió por unos momentos con mi oficio se hacer la prueba. Llegué a Burgdorf. Su primer
encuadernador. Volví a entrar en un taller, (l) Como es naturat, encuentro inconveniente la mani-
desde el primer día que me establecí comencé festación pública de esta parte de mi informe. Pero asf lo
pensar otra vez en la posibilidad de encontrar ha querido Pestalozzi, quien ha erigido insistentemente ta
cosa con tiempo y oportunidad, aunque estaba llbre erposición de las impresiones que me han causado él
y todo lo que hace.
vencido de hallarme muy atrasado en mtlsica o
100 cóMo ENSEñA GERTRUDIS A sus nlJos CARTA TERCERA l0l
encuentro apenas me causÓ asombro. Vino me consentía dar el proceso instructivo de mi iu-
mi, de un cuarto del piso superior, con las ventud, y me suscitó la idea de que si yo hubiera
desatadas, cubierto de Polvo Y todo permanecido tan frrmemente, y durante tanto tiem-
te acompañaba Ziemssen, que precisamente po, en los primeros elementos, habría llegado a
venido también a visitarle. No puedo expresar bastarme para avanzar en mis trabajos a un punto
sentimiento que me sobrecogiÓ en aquel mo más elevado, y, por consiguiente, a librarme de
to; se aproximaba a la compasiÓn, pero a él los males y de la melancolía en que me había visto
unía la admiración. En un instante me cautivó P sumido.
talozzi con su benevolencia, su alegria conmi ú. concuerda exactamente con el princi.
-Eqta$gl
desconocido-, su falta de presunción, pio.§g,PSlgl.ozzi de .hacer que los hombres, pqr.
-un
sencillez y el abandono en que se presentaba' medio de su método, puejy .bastqse a sí mismos,
había visto aún a ningún hombre buscar así mi , üoi«iui:cómo dice
'1
él-ñadie !é, ¡yq9g,-rJtldi-
en eiia tierra de Digs'. Me es-
razóni pero tampoco ninguno se ha ganado de ptiédé áyudarles,
modo miconfianza' tremecí, cuando leí por primera vez este pasaje de
t Fti a su escuela a la mañan4 s.lguieltg.-y Leonardo y Gertrudis. La experiencia de mi vida
4l principio, sino un desorden aparente y una me ha enseñado que en esta tierra de Dios nadie
fusiOn que no me agradÓ. Pero como había ayuda y nadie puede ayudar al hombre cuando él
1 pertado ya mi atenciÓn
el fervor con que no puede ayudarse a sí mismo. Era para mí evi-
',Ziemssen de los planes de Pestalozzi el dia dente ahora que los vacíos que yo no podía llenar
me sobrepuse pronto a esta itúpresiÓn, y no en la consecución üe mis fines tenían su funda-
'imucho tiempo sin que observase iustamente mento en la endeblez y en la superficialidad de la
rnas veniaias de este procedimiento de enseña instrucción que había recibido, por lo cual me fal-
,'Sin embargo, creí al principio que detenía mu taban sus cimientos. Dirigí preferentemente mi
tiempo a los niños, manteniéndoles demasiado atención a las materias en que buscaba mi ayuda.
, un punto; pero al ver la perfecciÓn que 4!9an¿¡ Sin embargo, no pude comprender en mucho
i,.er¡
losprimeros elementos (1) o puntos iniciales tiempo Io peculiar de sus ideas sobre el dibujo, y
sus ejercicios, se me presentó por vez prlmera al principio casi no supe lo que deseaba, al decir-
una luz perjudicial el mariposeo y los saltos, q me: líneas, ángulos y arcos deben ser el funda-
mento del arte del dibujo. Para explicármelo, aña-
(1) Erslen AufangsPunten día: .El espíritu humano ha de ser elevado, aquí
I
lo más pronto posible, el conocimiento del completa conformidad con la marcha de la natura_
lata y no más arte que el preciso para hacer que
ie y de las cosas por medio de una serie de imáge-
ósta influya en el espíritu humano en la forma que
nes de la naturaleza misma, y con lo segundo, en'
lazar las reglas del arte con la intuición de la natu- exige esencialmente el desarrollo de sus disposi_
mutuamente la conciencia de lai ciones.
raleza y
^fran ^,
forma pura y los objetos que se acomodan a ella y, Antes me había hallado en otra perplejidad. pes_
Lalozzi me había dicho que era necesario enseñar a
finalmente, asegurar así a ta capacidad artística
k¡s niños a leer como palabras esos contornos y
marcha progresiva y gradualmente psicológica,
en cuanto los niños pueden dibujar una línea a designar con letras las divisiones particulares
cuentran inmediatamente objetos a que aplicarla,
de los arcos y de los ángulos, de tal modo, que
que el dibuio perfectamente exacto de los objetos se pudiera expresar y reproducir en el papel ius
combinaciones tan claramente como se hace con
ninguna otra cosa debía ser esencialmente sino una
cualquier palabra mediante la composición de las
repetición de las formas de medida que ya conoce
letras. Estas líneas y estos arcos debían llegar a ser
Yo temía debilitar la capacidad de intuición
los niños con la presentación de figuras; Pestalozzi un A B C de la intuición, y con elto, el fundamento
no quería ninguna iuerza antinatural; una vez diio:
de un lenguaje técnico por el cual, no sólo se pu-
.La naturaleza no da líneas al niño, le da solamen diera adquirir la conciencia más exacta de la dife_
rencia de todas las formas, sino también determi_
te cosas; y las líneas sólo han de dársele para que
vea (1) exactamente las cosas; poero no se.le han narlas rigurosamente con palabras. No descansó
suprimir las cosas para que no vea slno llneas». Y hasta que le hube tomprendido. Vi los esfuerzos
que yo le costaba; me dió pena, mas era en vano;
otravez, con motivo del peligro'que se corre al
sin su constancia no existiría nuestro A B C de Ia
sustituir la naturaleza por las líneas, se excitó
que llegó a decir: .Líbreme Dios de perturbar intuición. Por fin llegué a entenderle. Comencé por
la A, como él quería, y ya entonces se deducía
espíritu hümano con estas líneas y con el arte
sin esfuerzo una cosa de Ia otra, como lo hago aho-
ro, y de embotarlo a la intuición de la naturaleza,l
ra. La cosa se hallaba realmente preparada ya en
como le perturban y le endurecen los sacerdotesr
los dibujos completos; pero la difiCultad estaba en
idólatras con doctrinas supersticiosas'. Vi al fin
que no podía expresarme sobre lo que en realidad
peligro, y hallé en el plan de ambos libros
sabía, y en que hasta no comprendía las expresio.
(l) Anschoue. nes de los demás. Pero el remedio a este mal es
1
CARTA TERCERA t07
l0ó cóMo ENsEÑA oERTRUDIS 4 Je! rus§
¡nás exacto que los hombres avezados en el dibujo
uno de los efectos más esenciales del método' Er y en la medida; sus progresos en esta destreza eran
él se une firmemente el arte del lenguaje a los co-i tart rápidos en muchos, que no se podían comparar
nocimientos que nos suministra la naturaleza
y el
con los que ordinariamente hacen los niños.
justamente
arte, y así los niños llegan a expresar Sin embargo, yo juzgaba todo el método sólo
lo9'
ideas-en cada paso que avanza' Entre nosotros, ¡:crr el *rr¡rot'de una materia y por los efectos que
profesores, erá común la observación de que no ha-
producía en la misma. Allí llegué lentamente a ob-
tí.rnot llegado a poder expresar rectamente lt::9' servar y a entender la semejanza de sus efectos en
sas que .uñí"rot de un modo completo'
Tambi
las otras materias. Con la guía de mi dirección téc-
siempre pa-
te eá muy difícil a Pestalozzi encontrar nica (l) hallé la posibilidad de abrir el camino de
labras que expresaran exactamente lo que los conceptos exactos, tanto por la psicología del
tanto
decir. P'or esta falta de lenguaie he andado arte del lenguaje, por la sucesión gradual de los me-
tiempo a obscuras en mis trabajos, y por ella no
dios de instrucción desde el sonido a la palabra y
comprendí, ni podía comprender, los principios de;
tle la palabra al lenguaje, como por el proceso de
Pestalozzi en este asunto. las líneas a los ángulos, de los ángulos a las formas
Pero en c'uanto hube vencido esas dificultades' y de las formas a los objetos determinados. Enton-
alcancé mi objeto en todos sus aspectos;
cada día
ces comprendí la verdadera marcha del cálculo.
reconocí con más claridad las ventajas del método'
Hasta ahora había considerado un número cualquie-
el A B C de la in-
y comprendí especialmente cÓmo ra, sin tener concieqcia precisa de su valor propio
[uición debe crear en los niños. un sentimiento más o de suicontenido,",sólo como una singularidad exis-
de la froporciÓn,1edi11
;.;i;; áe la exactitud vque les suministrasobre losl
tente por sí misma, del mismo modo que antes con-
ie el lenguaje concreto sideraba los objetos del arte sin tener una concien-
"¿. j,
objetos intuición y del arte, y,. sobre tod:l,l
cia definida de su contorno preciso y de sus relacio-
más fácilmente han de diferenciar unos ob-ii nes, esto es, de su contenido. Cada número aparecía
"uánto
jetos de otros, conociendo sus nombres los hom-' sensiblemente en mi imaginación como el total de
Lr., qr. poseen este lenguaie, y cuánto más segu- su contenido exacto, y así reconocí en esa materia
,o*"nt. han de alcanza¡ una conciencia más firme el progreso de los niños con este procedimiento, y
de sus caracteres diferenciales que los que no
fue-
vi al mismo tiempo cuán esencial es para cada asun-
las
ron educados así. La experiencia confirmÓ
las
pechas que tenía de ello. Los niños apreciaban (l) Kunstfúhrung,
senales distintivas que encontraban, de un modo
108 có¡¡o eNseñA oERTRUDTs A sus HrJos CARTA TERCEM 109
to que la instrucción parta delpunto común de Aún tengo alguna cosa que añadir: el conoci-
mero, forma y palabra. Lo mismo que miento del método me ha devuelto en gran parte
por causa del retraso que había sufrido en mi la alegría y latuerza de mi juventud; me ha hecho
teria, mi ignorancia del lenguaje, también he concebir de nuevo esperanzas en mí y en la especie
prendido ahora sus vacíos, por mi ignorancia humana, que desde mucho tiempo, y hasta esa épo-
ca, tomaba como sueños y desechaba de mí en con-'
cálculo. Veo asimismo que el niño no puede
sentarse las partes aisladas de cada forma sin tra de todas las vibraciones de mi corazón.
contarlas, de tal mbdo, que si no tienen una
ciencia perfecta de que el número 4, por e
está compuesto de cuatro unidades, tampoco
comprender cómo se divide una figura en
partes. Así, el conocimiento cada vez más
que yo tenía de mi materia, me llevó por mí
a la convicción de que el método crea y
en tos niños la capacidad de avanzar por sí mi
en cada asunto mediante su influencia sobre el
píritu humano; viene a ser, esencialmentg como
'volante, que no hay sino lanzarlo para
por sí mismo su camino ulterior. No fuí yo
quien lo juzgó así. Cientos de hombres vini
vieron y dijeron: .Esto no puede fallar'.
y aldeanas han dicho: .Esto puedo hacerlo allá,
mi hijor. Y tenían ¡azón: el método entero es
juego para quien tome en sus manos los hilos
sus puntos iniciales, que le libran de extraviarse
los rodeos, que son únicamente los que hacen d
cil el arte a la especie humana, pues que
en ella misma sus fundamentos y la aleian de la
turaleza, que no nos exige nada que no sea fácil,
lo buscamos por el camino recto y sólo de su