Oszlak y ODonnell - Estado y Polticas Estatales
Oszlak y ODonnell - Estado y Polticas Estatales
Oscar Oszlak
Guillermo O'Donnell
¿Por qué estudiar políticas públicas o, tal vez más precisamente, políticas estatales?.1
Por supuesto, hay múltiples respuestas válidas, pero en nuestro caso y para decirlo sin
mayores rodeos, el estudio de políticas estatales y sus impactos parece una promisoria manera
de contribuir al conocimiento del Estado latinoamericano. Nuestra perspectiva aquí es de
politólogos, no de policy advisors; el referente empírico acotado por el estudio de ciertas
políticas nos interesa, con relación a este tema, en tanto puede contribuir al mejor conocimiento
de problemas ubicados en un plano diferente: ¿Cuál es la naturaleza de los Estados
latinoamericanos contemporáneos?, ¿De qué manera y en qué grado expresan y a su vez
actúan sobre la distribución de recursos de sus propias sociedades y del contexto
internacional?, ¿Cómo inciden mutuamente los cambios sociales y los cambios al nivel del
Estado?, ¿Cómo se engarzan conclusiones y hallazgos referidos a América Latina con
proposiciones teóricas derivadas de otras experiencias históricas?
*
Publicado por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), Buenos Aires, Documento G.E. CLACSO Nº 4,
1981
1
Tal como fuera sugerido por Adam Przeworski en la Conferencia de Buenos Aires sobre "Políticas Públicas y sus
Impactos en América Latina", referida al comienzo.
1
El creciente abanico de cuestiones que ha pasado a ser "función propia" del Estado
latinoamericano, la mayor extensión territorial de su acción efectiva en perjuicio de autonomías
regionales legales y extralegales, la expansión del control estatal sobre diversos sectores
sociales -de lo que el corporativismo es una manifestación central pero no única-, la emergencia
de núcleos tecno-burocráticos con creciente autoridad interna y externa al Estado, son algunos
de los procesos de los que nuestras disciplinas deben dar cuenta. Desde una perspectiva que
privilegia excesivamente la acumulación de poder en un "centro" nacional, ellos pueden ser
interpretados como avances en la dirección del "desarrollo político".2 Por otro lado, la
eliminación de formas precapitalistas y la "modernización" de la economía en beneficio de
grandes organizaciones públicas y privadas pueden ser vistas como avances en el desarrollo
de fuerzas productivas, cuyas consecuencias de largo plazo permiten dejar de lado aspectos
más evidentes y menos tranquilizadores. Estas visiones nos parecen demasiado unilaterales, y
demasiado cercanas a lo que argumentan portavoces y beneficiarios de las nuevas tendencias,
como para no someterlas a un detenido análisis crítico. No es esta la ocasión para intentarlo,
pero es posible mencionar algunos aspectos que nos parecen útiles para ubicar el tema de las
políticas estatales.
Los cambios observados al nivel del Estado, y de la dominación política de la que éste
es componente central, tienen que ser vistos en su estrecha articulación con otros procesos,
más o menos visibles, más o menos avanzados en cada uno de nuestros países, pero
operantes en el conjunto de la región. Por una parte, la tendencia hacia la emergencia de una
nueva coalición integrada por sectores burocráticos -civiles y militares-, por el capital
internacional radicado en nuestras sociedades y por las capas más dinámicas, agrarias y
urbanas, de la burguesía nacional. Este "trío"3 incorpora subordinadamente a sectores medios
y a algunas capas relativamente privilegiadas de la clase obrera, en grados variables de
acuerdo con especificidades nacionales que no nos preocupa distinguir aquí. La expansión de
la economía sigue fundamentalmente la dirección marcada por los intereses de los integrantes
principales de la nueva alianza, hacia la formación y expansión de grandes unidades
productivas y de servicios -públicas, privadas de capital internacional y nacional, y variadas
combinaciones de unas y otras. Paralelamente, observamos la tendencia hacia el
perfeccionamiento de mecanismos de control estatal sobre el sector popular, sobre todo de la
clase obrera y del campesinado, mediante variadas combinaciones de represión, cooptación y
organización corporativas.4
Sería erróneo olvidar las diferencias existentes de uno a otro caso nacional, pero
2
La literatura sobre desarrollo político ha terminado por recalcar este aspecto y por adquirir un tono marcadamente
"hobbesiano"; ver sobre todo Samuel Huntington, Political Order in Changing Societies, Yale University Press, 1968,
y el volumen de Leonard Binder et al., Crises, and Sequences of political Development, Princeton University Press,
1971.
3
El término "trío" es intencionadamente genérico. Las tendencias que expresa se han manifestado con importantes
características diferenciales en cada uno de nuestros países, y deben ser recuperadas en un nivel de análisis más
específico que el que debemos manejar aquí.
4
Para una discusión de estos temas nos remitimos a Guillermo O'Donnell, "Reflexiones sobre las Tendencias
Generales de Cambio en el Estado Burocrático-Autoritario", Doc. CEDES/G.E.CLACSO/Nº. 1, Buenos Aires, 1975; y
Oscar Oszlak, "Capitalismo de Estado: ¿Alternativa o Transición?", documento presentado al Seminario sobre
"Relaciones entre el Gobierno Central y las Empresas Públicas", CLAD, Caracas, Venezuela, 1974.
2
también es necesario advertir que en conjunto, los procesos recién mencionados se relacionan
estrechamente con la necesidad de "poner en forma" las economías de un capitalismo
dependiente de extendida pero tardía industrialización, a partir de las crisis que acompañaron -
en diferentes momentos y con diferentes características- los límites con que chocó el período
de expansión del consumo interno y veloz sustitución de importaciones. A partir de entonces
los temas de "eficiencia", "modernización económica" y "organización" de la sociedad
comenzaron a repicar señalando los dilemas y la dirección en la que todavía podría hallar algún
punto de equilibrio una economía basada en la acumulación privada pero que necesita cada
vez más del activo papel del Estado para lograr y sostener las condiciones generales de su
funcionamiento. La existencia de horizontes temporales necesarios para la programación de
las grandes inversiones subsiguientes al período "fácil" de sustitución de importaciones y para
el funcionamiento de grandes unidades económicas (no pocas de las cuales son a su vez
apéndice de una programación transnacional), la sistemática canalización de la acumulación del
capital hacia esas unidades y el Estado, la correlativa "postergación" de las posibilidades de
consumo popular prometidas por el populismo, la reducción de la importancia de la cancelación
de sistemas electorales que aparecieron como canal para la trasmisión de demandas
"irresponsables", la implantación de mecanismos de control de sectores populares cuya
activación parecía crecientemente amenazante, contribuyeron en la última década a la
emergencia de formas de dominación política mucho más definidamente autoritarias y
burocráticas que las anteriormente conocidas. Las diversas modalidades con que estas nuevas
formas de dominación se han manifestado en América Latina, así como la variedad de
resultados imputables a las mismas señalan que, aún en los casos en que estas tendencias se
han hecho más visibles, hay variaciones que deben ser tenidas en cuenta y que un estudio
cuidadoso y teóricamente orientado de ciertas políticas estatales debería contribuir a conocer
mejor. En el nivel de generalidad en que nos hemos colocado aquí, lo que todo esto tiene en
común es su intento sistemático de controlar el funcionamiento de nuestras sociedades. Esto a
su vez apunta a una estabilización del contexto social que es condición necesaria para la
subsistencia y "desarrollo" de nuestras economías, que sólo parecen poder lograrlo mediante la
hipertrofia de algunos de sus componentes, sobre todo las filiales de empresas multinacionales
y el Estado mismo.
Es en este terreno que nos parece indispensable que se abran fronteras mediante el
estudio de políticas que ofrezcan una probabilidad razonable de iluminar, con el grado de
especificidad y de atención necesarios para detectar interacciones a lo largo del tiempo, los
muchos aspectos de aquellos grandes temas que quedan ocultos para las lentes
inevitablemente más estáticas y agregadas de otros enfoques, también necesarios pero más
"estructurales".
Luego de este rodeo tal vez sea más claro por qué tendemos al estudio de políticas
5
Para este concepto véase Philippe C. Schmiter, "Notes Toward a Political Economic Conceptualization of Policy-
Making in Latin America", trabajo presentado a la Conferencia de Buenos Aires citada al comienzo.
5
estatales como un capítulo de una futura teoría del Estado latinoamericano y, más
genéricamente, de los patrones de dominación conexos a formas relativamente "avanzadas" de
capitalismo tardío y dependiente. Para ello las políticas estatales permiten una visión del
Estado "en acción", desagregado y descongelado como estructura global y "puesto" en un
proceso social en el que se entrecruza complejamente con otras fuerzas sociales. Esta visión
es complementaria de otros enfoques, con cuyas hipótesis y conclusiones puede controlarse
mutuamente.
6
El ejemplo más representativo nos parece los recientes trabajos de Fernando H. Cardoso sobre el Estado y la
sociedad.
7
Aquí cabe mencionar entre otras las importantes investigaciones en curso o de próxima iniciación de José Luis
Reyna, Enzo Faletto, Francisco Weffort y Marcelo Cavarozzi.
8
Más adelante definiremos los términos contenidos en esta frase. Por ahora sólo nos interesa distinguir
aproximadamente este enfoque de los dos ya mencionados.
9
Para una interesante discusión de diferentes tipos de estudios de casos vale la pena consultar Harry Eckstein,
"Case-study and Theory in Macro-poiitics", Princeton University, mimeo 1971. Con específica referencia a políticas
públicas, ver el excelente artículo de Hugh Heclo, "Review article: Policy Analysis", British Journal of Political Science,
II, No. 1, 1972. Ver también George Greenberg et. al., "Case Study Aggregation and Policy Theory", trabajo
6
Pero interesa sobre todo advertir que aunque ninguno de estos enfoques10 es "óptimo",
pueden ser complementarios. Cada uno tiene obvias limitaciones, cada uno es una forma
diferente de cortar analíticamente el mismo tema general y cada uno debe contribuir a la
temática que hemos tratado de esbozar en las páginas anteriores. Por lo pronto, la estrategia
de estudio más puntual implicada por el estudio de cuestiones y políticas debería quedar abierta
a intersecciones con los otros enfoques, donde las hipótesis y proposiciones generadas en ellas
puedan ser confrontadas desde los restantes.11
Buena parte de las publicaciones existentes sobre el tema considera a las policies como
unidades discretas que pueden ser estudiadas prescindiendo del contexto en el que son
adoptadas o producen consecuencias. Esto puede ser válido cuando el objetivo de la
investigación es relativamente simple, tal como ocurre cuando se desea establecer qué factores
inmediatos originaron una decisión o cuáles fueron sus efectos más directos y notorios.
Desgraciadamente, no podemos pensar en ningún caso con mediano interés teórico que se
acomode a estos requisitos.
El tipo de estudio más tradicional es aquél que intenta explicar por qué se adoptó
política. El modelo implícito es el que muestra elementalmente la Figura 1 de la página
siguiente, fácilmente pueden advertirse las razones de la popularidad de este enfoque. En
primer término, visualiza al Estado como un escenario pasivo en el que se ajustan y resuelven
presentado a la Convención Anual de la American Political Science Association, New Orleans, 1973.
10
En rigor deberíamos haber mencionado un cuarto enfoque, consistente en el manejo comparativo de datos
altamente agregados a nivel nacional. Pero en lo que respecta a políticas estatales y sus impactos, estos estudios
hasta ahora han tenido que utilizar datos e indicadores muy inadecuados, que sin duda han influido para que las
conexiones causales postuladas hacia y desde las políticas estatales sean excesivamente tenues.
11
Podemos pensar en pequeños focos apuntados a diferentes partes de una habitación. Aunque cada uno de ellos
sólo ilumina nítidamente una parte del recinto, nos permiten en conjunto percibir su relieve y movernos dentro de ella.
Forzando un poco más la analogía, estamos actualmente en el momento de descubrir que hay una habitación y de
decidir cómo apuntar cada uno de nuestros focos; si nuestro interés reside más en la habitación que en alguna
moldura de sus paredes, sin duda nos ayudará saber que habrá otros focos y hacia dónde apuntarán.
12
Véanse los ya citados trabajos de Heclo y Schmitter, así como los de Richard Rose, "Comparing Public Policy",
mimeo, University of Strathelyde, 1972 y Kenneth Dolbcare, citado en la nota 13.
7
demandas o inputs de "grupos" sociales; la esfera de lo propiamente político depende de un
dinamismo que le es impuesto "desde afuera". En segundo lugar, es obvio que puede ser
tratable con técnicas estadísticas relativamente sencillas; un conjunto de variables
independientes, que pueden estar articuladas en formas más complejas que la sugerida en la
figura, "desemboca" en una variable dependiente, la decisión adoptada. Esta puede ser un
evento discreto (decisión de intervenir en Corea, una sentencia judicial) o un resultado
cuantificable (asignaciones presupuestarias).
FIGURA 1
A pesar de que estos estudios han generado interesante información para el análisis de
los procesos decisorios, su poder explicativo suele ser más aparente que real, ya que las
causas más mediatas y difusas de la decisión o resultado examinados se prestan mucho menos
al tratamiento riguroso que constituye uno de los atractivos de este enfoque. Por otra parte,
estos estudios omiten toda referencia al proceso desencadenado por la decisión analizada en
términos de su eficacia y posibles impactos.
8
FIGURA 2
Como se observa, este enfoque establece una importante distinción entre la política
misma y sus efectos, es decir, las consecuencias presuntamente provocadas por su adopción e
implementación. La finalidad del enfoque es eminentemente diagnóstica. La gran difusión que
ha adquirido en los últimos años se explica por la creciente demanda de una clientela -sobre
todo estatal- que quisiera conocer mejor los efectos de ciertas políticas. Sin duda, el actual
interés existente en los EEUU, por la conceptualización y medición de "impactos" de políticas
estatales se debe en buena parte a dicha demanda, pero esto ha repercutido negativamente
debido a la estrechez que suele imponer a la definición del tema. En efecto, el enfoque
ilustrado en la Figura 2 contiene algunos supuestos que conviene explicitar: i) No intenta
conocer cómo se originó la política; esto es difícilmente aceptable cuando la preocupación que
lleva a estudiar el problema es menos teórica que la típica "evaluación" patrocinada por un
organismo estatal. Además, conocer este aspecto puede ser necesario, por ejemplo, para
explicar inconvenientes o distorsiones sufridos por la política en la etapa de implementación. ii)
El sistema causal que genera los impactos observados tiende a considerarse cerrado a toda
otra influencia significativa fuera de la política estatal. Esta premisa suele ser poco verosímil;
en la medida en que es incorrecta, el modelo está erróneamente especificado y no existe forma
razonable de atribuir los cambios observados a impactos de la política estatal. iii) Los estudios
de este tipo suelen contener una estrecha definición de los impactos aún cuando, debe
admitirse, esto no sea intrínseco a la lógica del enfoque. Ciertamente, es difícil identificar
impactos "secundarios" (repercusiones indirectamente atribuibles a la política estatal, originadas
en los impactos más directos de la misma) e impactos "inesperados" (efectos, no previstos y
muchas veces no deseados de las políticas analizadas).
Pero más allá de las dificultades conceptuales y operacionales propias del enfoque,
estos inconvenientes derivan muchas veces de la particular relación establecida entre el
científico social y el organismo contratante.13 A menudo este último está poco interesado en
13
Esto se conecta con el importante problema de la necesidad de una perspectiva crítica en el análisis de políticas
estatales, que Schmitter trata en su trabajo citado. Para un útil examen de los estudios norteamericanos sobre
9
que se demuestre su ineficacia, o se detecten impactos negativos o se exploren impactos
inesperados o secundarios que repercuten fuera de su contexto operativo, lo cual puede llevar a
que el ámbito relevante del problema se defina de acuerdo con los términos fijados por el
organismo contratante. En conjunto, estas limitaciones influyen para que el estudio de políticas
e impactos dentro del marco relativamente simple14 del estudio diagnóstico típico, no sea
adecuado para extraer del tema el contenido teórico que nos interesa.15
De todos modos, es preciso señalar que la Figura 3, nos sugiere más explícitamente
que las anteriores, que el estudio de políticas estatales y sus impactos contiene una dimensión
temporal que le es intrínseca. En este sentido, nuestro tema comienza a vislumbrarse como el
estudio de secuencias de eventos, algunos de los cuales -como veremos- son políticas
estatales, otros son "políticas" adoptadas por "actores" no estatales y otros aún son cambios
detectables en la situación objetiva del sistema de relaciones sociales sobre el que repercuten
unas y otras.
impactos de políticas públicas ver Kenneth Dolbeare, "lmpacts of Public Policy", Tbe Political Science Annual, Bobbs-
Merrill, 1973.
14
Por otra parte, la simpleza es sólo aparente. Existe en la medida en que el estudio se limita a impactos directos,
notorios y fácilmente cuantificables -y aún dentro de estos supuestos el material empírico bien pronto comienza a
exceder las posibilidades de análisis realmente riguroso; ver en este sentido Thomas Cook y Frank Scioli Jr., "A
Research Strategy for Analyzing the Impacts of Plublic Policy", Administrative Science Quarterly, 17, No. 3, 1972.
15
Sin embargo, se ha sostenido que la orfandad en que nos encontramos en el estudio del impacto de políticas
públicas se debe a la falta de requerimientos de información de este tipo por parte de los poderes públicos. James T.
Bonnen argumenta que "si el Congreso y el Ejecutivo no demandan esta información, nunca existirá de un modo
sistematizado". También el movimiento de la "New Political Economy" se planteó en su momento como preocupación
fundamental la necesidad de que las ciencias sociales ayuden al gobernante a optimizar sus opciones. Entre otros
Philippe Schmitter ha reaccionado contra esta perspectiva sugiriendo que no sólo nos preguntemos cómo "ayudar a
las autoridades existentes a enfrentar las grandes cuestiones y problemas públicos de nuestro tiempo" sino cómo y
cuáles instituciones políticas alternativas pueden contribuir mejor a que el pueblo trasforme problemas en cuestiones
e induzca a las autoridades a tratarlos de un modo efectivo, eficiente y equitativo". Véase James T. Bonnen, "The
Absence of Knowledge of Distribucional Impacts: An Obstacle to Effective Policy Analysis and Decisions", cn R. H.
Havernan y Julius Margolis, compiladores, Public Expenditures and Policy Analysis, Chicago: Markham, 1970; William
C. Mitchell, "The New Political Economy", Social Research, Volumen XXXV, Spring 1968; Warren F. Ilchman y
Norman T. Uphoff, Tbe Political Economy of Change, Berkeley: University of California Press, 1971; Philippc C.
Schmitter, "The Comparative Analysis of Public Policy: Outputs, Outcomes and Impacts", documento presentado al
Comité de Planificación de la Conferencia sobre Análisis Comparado del Desempeño de la Política Pública,
Princeton, New jersey, enero 25-28, 1972.
10
FIGURA 3
Una analogía musical que tomamos de Milic Capek puede quizás servir como punto de
partida para trasmitir la naturaleza de nuestro enfoque, y, sobre todo, el lugar que le asignamos
a las políticas estatales dentro del tema más general de las vinculaciones Estado-sociedad. La
frase musical es un todo sucesivo y diferenciado, aunque no aditivo; la calidad de cada nuevo
acorde se ve teñida por el contexto musical precedente, el cual adquiere a su vez significados
11
retroactivos a medida que se incorporan nuevos acordes.16 Podríamos agregar por otra parte,
que cada uno de ellos condiciona el futuro desarrollo de la frase musical y, en última instancia,
de la obra que ésta integra. Analógicamente, las políticas estatales serían algunos "acordes"
de un proceso social tejido alrededor de un tema o cuestión. En tal sentido, adquirirían
significación sólo y en la medida en que fueran sistemáticamente vinculadas al tema o cuestión
que las origina, al ámbito de acción social en que se insertan, a los actores que intervienen en
el proceso de "resolución" de la cuestión y a sus respectivas -y sucesivas- políticas. Forzando
la analogía, nuestra "obra" es un proceso social relevante definido por un tema o cuestión.
Nuestros "ejecutantes" son actores sociales -estatales y "civiles"- cuyas políticas van
delineando el ritmo y las alternativas de ese proceso social. Creemos posible entonces
localizar el estudio de la dinámica de las trasformaciones sociales siguiendo la trayectoria de
una cuestión a partir de su surgimiento, desarrollo y eventual resolución. Las sucesivas
políticas o tomas de posición de diferentes actores frente a la cuestión y la trama de
interacciones que se va produciendo alrededor de la misma, definen y encuadran un proceso
social que puede constituirse en privilegiado objeto de análisis para acceder a un conocimiento
más informado sobre el Estado y la sociedad latinoamericanas y sus mutuas interrelaciones.
Toda cuestión atraviesa un "ciclo vital" que se extiende desde su problematización social
hasta su "resolución".17 A lo largo de este proceso, diferentes actores afectados positiva o
negativamente por el surgimiento y desarrollo de la cuestión, toman posición frente a la misma.
Los comportamientos, (decisiones, acciones, etc.) involucradas en estas tomas de posición
tienden a modificar el mapa de relaciones sociales y el universo de problemas que son objeto
de consideración en la arena política en un momento determinado. La resolución de ciertas
cuestiones queda librada a la sociedad civil, en el sentido de que ni el Estado ni los actores
16
Véase Milic Capek, Tbe Pbilosophical Impact of contemporary Science, Princeton: Van Nostrand, 1961, p. 122.
citado por Heclo, op. cit.
17
Por "resolución" de una cuestión entendemos su desaparición como tal, sin implicar que ello haya ocurrido porque
haya sido "solucionada" en sentido sustantivo alguno. También puede ser resuelta porque otros problemas más
visibles han monopolizado la atención de las partes anteriormente interesadas en aquélla, o porque se ha concluido
que nada puede hacerse con ella, o porque el sector social que la planteaba ha sido reprimido, eliminado de cualquier
otra forma, desposeído de los recursos que le permitieron en su momento imponer la cuestión ante la oposición de
otros actores. De esta manera, la toma de posición implicada por una política estatal puede ir desde intentos de
solución "sustantivo" hasta la coerción física de quienes la plantearon; ambos pueden ser casos de "resolución".
12
afectados estiman necesaria u oportuna la intervención estatal. Para la perspectiva adoptada
en este trabajo interesan, sin embargo, aquéllas cuestiones respecto de las cuales el Estado
también toma posición.18
No obstante, desde el punto de vista del estudio de casos de políticas estatales, el tema
sirve para alertarnos acerca de un aspecto de gran importancia: en lo posible deberíamos
encarar nuestros estudios analizando el período previo al surgimiento de la cuestión. Nos
interesa aprender quién la reconoció como problemática, cómo se difundió esa visión, quién y
sobre la base de qué recursos y estrategias logró convertirla en cuestión. El examen de este
"período de iniciación" puede enriquecer nuestro conocimiento sobre el poder relativo de
diversos actores, sus percepciones e ideología, la naturaleza de sus recursos, su capacidad de
movilización, sus alianzas y conflictos y sus estrategias de acción política.
Resumiendo,
Son "preguntas" que -igual que las que se plantearán más abajo- delimitan dimensiones que
nos parece habría que tener muy en cuenta.20 En esta etapa de surgimiento de una cuestión
18
Obsérvese que nuestras reflexiones acerca de la expansión del Estado latinoamericano entrañan una creciente
politización de problemas sociales, incluso de aquellos que -como muchos de los que atañen directamente a las
relaciones entre capitalistas y trabajadores han "pertenecido" tradicionalmente en América Latina a la esfera de la
sociedad civil.
19
19 Por ejemplo, el caso en que se adopta cierta política estatal con el ostensible propósito de resolver la cuestión
A, pero con la intención real de desviar atención y recursos que de otra manera amenazan plantear una nueva
cuestión.
20
Para otro argumento sobre la importancia teórica de estudiar el surgimiento de lo que aquí denominamos
"cuestiones" puede verse Charles Anderson, "System and Strategy in Comparative Policy Analysis: a Plea for
Contextual and Experiential knowledge", Universidad de Wisconsin, Madison, sin fecha.
13
aparecen temas que en un plano más general fueron señalados en las primeras páginas de
este trabajo: la capacidad de iniciación autónoma por el Estado (es decir, sin necesidad de
reflejar "demandas" o inputs de la sociedad civil), las variadas posibilidades de diferentes
sectores sociales para iniciar cuestiones, los recursos y alianzas que pueden movilizar, la
estructura de "arenas" que resulta conformada según quienes fueren los iniciadores o las
cuestiones suscitadas.21 En otras palabras, analizar el lapso previo al surgimiento de una
cuestión y el proceso a través del cual ésta se convierte en tal, es importante no sólo para
interpretar eventos posteriores sino también para iluminar algunos de los problemas más
generales sobre las características del Estado y las nuevas modalidades que asumen sus
patrones de interacción con la sociedad civil.
En este trabajo nos ocupamos de cuestiones en las que el Estado, las haya o no
iniciado, toma posición. Vale decir, explicita una intención de "resolverla",22 que se concreta en
una decisión o conjunto de decisiones no necesariamente expresadas en actos formales. Una
política estatal es esa toma de posición que intenta -o, más precisamente, dice intentar- alguna
forma de resolución de la cuestión. Por lo general, incluye decisiones de una o más
organizaciones estatales, simultáneas o sucesivas a lo largo del tiempo, que constituyen el
modo de intervención del Estado frente a la cuestión. De aquí que la toma de posición no tiene
por qué ser unívoca, homogénea ni permanente. De hecho, suele ser todo lo contrario y las
precisiones que estamos tratando de introducir aspiran a facilitar el manejo conceptual de las
ambigüedades y variaciones involucradas.
21
Algunas de estas dimensiones están implicadas en el modelo "Estado-céntrico" que propone Philippe Schmitter
(1974), pero al nivel más desagregado en el que nos colocamos aquí las dimensiones implicadas por las preguntas
apuntan a permitir la detección de variaciones -a través de casos, tipo de cuestiones y sector iniciador- en el papel
protagónico en la emergencia de una cuestión. El problema de iniciación ha sido perceptivamente recalcado a lo
largo de la obra de Albert Hirschman. Nuestras reflexiones, además, se han beneficiado por las estimulantes
discusiones que uno de los coautores ha mantenido sobre este tema con Robert Putnam.
22
Entendiendo el término en el sentido expresado en la nota 17.
23
Al respecto, nos remitimos a los comentarios de Heclo, op. cit.
14
política estatal: ¿Impactos de qué? En otras palabras, no sólo se trata de detectar y establecer
la naturaleza y rangos de variación de los impactos, estableciendo sus conexiones causales
con una determinada política, sino además de especificar a qué unidades estatales y a cuál(es)
de sus tomas de posición son atribuibles los efectos identificados.
24
Basta mencionar, como ejemplo, los numerosos enfrentamientos sobre un gran número de cuestiones que tuvieron
lugar en Chile, bajo el gobierno de la Unidad Popular, entre el Poder Ejecutivo por una parte y el Parlamento, la
Contraloría de la República y el Poder Judicial por otra, sin contar los conflictos suscitados al interior de cada uno de
estos sectores hasta definir una posición.
15
Estado.25
Las cuestiones involucran a actores26 que pueden hallarse objetiva y/o subjetivamente
afectados por las mismas. Sin embargo, no existe una correspondencia necesaria entre la
situación de un actor en relación con una cuestión y su propensión a movilizarse activamente
en la defensa o cuestionamiento de dicha situación. Ello puede ocurrir sea porque el actor no
percibe debidamente su condición actual, o la considera "natural", o porque no puede
movilizarse para modificarla por falta de recursos o amenaza de ser reprimido. Es por ello que
a menudo son otros actores (v.g. una unidad estatal, un partido político), no "directamente"
afectados por la cuestión, quienes deciden iniciarla o reivindicarla por interpretar que su
resolución en un determinado sentido será más congruente con sus intereses y preferencias,
mejorará sus bases de apoyo político o disolverá tensiones previsibles que pueden amenazar
su poder relativo.
De lo anterior se desprende que otros actores -además del Estado- también toman
posición frente a cuestiones que los afectan, adoptando políticas cuyas consecuencias pueden
incluir considerablemente -incluso más que las propias políticas estatales- el proceso de
resolución de las cuestiones y las futuras tomas de posición sobre las mismas. Esto sugiere la
posibilidad de estudiar procesos sociales analizando las prácticas de diferentes actores
aglutinadas en torno a cuestiones que definen la naturaleza, intensidad y límites de un área de
acción (y habitualmente, de conflicto) social. Cada práctica, cada toma de posición, refleja una
determinada estrategia de acción cuyas premisas dependen, por lo general, del volumen de
25
Cabe añadir que esta "decisión de insertarse" en el proceso social no implica en modo alguno que sólo en el
momento en que ésta se produzca el Estado influirá sobre la cuestión. Ya hemos mencionado la posibilidad de
iniciación relativamente autónoma por parte del Estado. Pero además, la "eventualidad" de su intervención y su
probable dirección suele ser tenida en cuenta por los actores involucrados y en tal sentido el Estado, por su sola
existencia, condiciona las alternativas del proceso social desarrollado alrededor de una cuestión.
26
Como ya hemos señalado, entendemos por tales a clases, fracciones de clase, organizaciones, grupos e incluso
individuos estratégicamente ubicados en un sistema de poder. El nivel de agregación correspondiente depende, por
supuesto, del caso que en concreto estudiemos.
27
Este ejemplo describe con bastante aproximación la etapa del proceso de reforma agraria chilena bajo el gobierno
de Frei, la peruana bajo el de Belaúnde Terry o la colombiana bajo el de Lleras Restrepo.
16
recursos y apoyos que el actor pueda movilizar y de sus expectativas acerca del
comportamiento de los otros actores afectados por la cuestión. El conjunto de políticas
privadas y estatales se entrelaza en un complejo proceso social que, como veremos, hace difícil
establecer con precisión qué proporción del cambio social observado puede ser atribuido a
cada una.
28
Nos referimos al fenómeno de "reacciones anticipadas" expuesto por Carl Friedrich en Man and his Gobernment,
McGraw-Hill, 1963.
29
Dicho de otra manera, las dimensiones analíticas implicadas a uno y otro nivel son reconocibles en ambos.
Aunque lo que sepamos de un caso (o conjunto de casos) no puede ser directamente generalizado, estamos aquí
ante una de las "intersecciones" en las que hemos argumentado que ambos niveles pueden iluminarse mutuamente.
17
interactuantes en el proceso; por el contrario, suele importar y tanto que alrededor del contenido
de su toma de posición se teje buena parte de las interacciones de cada tramo del proceso.
30
3.7 Las políticas estatales como generadores de un doble proceso
Ya sea que el Estado inicie o no una cuestión, sus tomas de posición suelen ser factor
de decisiva importancia para que otros adopten o redefinan posiciones sobre la misma; hemos
aludido en el punto 4 a esta parte del proceso social. Pero las políticas estatales también
generan procesos internos al Estado mismo. Para Reconocerlos debemos abandonar la
terminología exclusivamente genérica que hemos usado hasta ahora respecto del Estado y
empezar a referirnos a "unidades" y procesos "burocráticos" internos al Estado.31 Dada una
cuestión, la toma de posición respecto de ella por parte de cierta unidad que tiene atribuciones
para hacerlo en nombre del Estado suele generar repercusiones "horizontales" -tomas y
reajustes de posición de otras unidades- y "verticales". Estas últimas consisten principalmente
en la atribución de competencia y en la asignación de recursos (tiempo, personal, dinero,
equipo) a unidades formalmente dependientes de la que adoptó la política. Estos efectos
verticales suelen producir "cristalizaciones institucionales": creación de aparatos burocráticos o
adjudicación de nuevas funciones a organismos preexistentes, que quedan formalmente
30
Agradecemos a Philippe Schmitter una discusión en la que en mucho contribuyó a precisar nuestras ideas sobre el
tema que tratamos en este punto.
31
Con el término "unidad" burocrática o estatal aludimos a la diferenciación estructural interna al Estado, que puede o
no institucionalizarse en organizaciones legalmente identificables.
18
encargados del tratamiento y de la eventual resolución de la cuestión o de algunos de sus
aspectos, superponiéndose generalmente (y, por lo tanto, estableciendo una relación ambigua y
frecuentemente conflictiva) con otras burocracias formalmente especializadas en otros aspectos
de la cuestión o en otras cuestiones cercanamente ligadas a la que incumbe al primero. El
proceso burocrático implicado por estas repercusiones horizontales y verticales es
analíticamente distinto del proceso social antes referido pero se entrecruza completamente con
él. Lo que ocurre al interior del Estado es en parte ejecución ("implementación") de la política,
en parte factor causal para la adopción de nuevas políticas y en parte, también, generación de
estructuras burocráticas especializadas dotadas a veces de atribuciones formales y siempre
con capacidad de hecho para redefinir la política inicial y, por lo tanto, de cambiar la toma de
posición del Estado frente a la cuestión. Cada uno de estos aspectos es un punto de acceso
para actores sociales movilizados alrededor de la cuestión y señala, por lo tanto, otras tantas
áreas de posible interpenetración entre el Estado y la sociedad. Estas áreas se agregan a la de
la instancia más formal (pero no necesariamente más efectiva para indicarnos cuál será
realmente el contenido de la toma de posición del Estado) en la que se anuncia una política y
se lanza el proceso burocrático de que nos estamos ocupando.
3.8 Los cambiantes actores del proceso social tejido alrededor de una cuestión
La pública toma de posición del Estado acerca de una cuestión tiende a generar
respuestas de actores sociales y de unidades estatales. Pero no todas las respuestas
relevantes para el tratamiento y resolución de la cuestión ocurren simultáneamente. Algunos
actores se movilizan alrededor de ella más tardíamente, otros pueden "retirarse" y otros, por fin,
pueden ser excluidos. Esto se relaciona también con la cambiante naturaleza de los actores a
lo largo del proceso de resolución de una cuestión. En otras palabras, así como se van
redefiniendo los términos de una cuestión, también se van modificando los atributos y formas de
agregación y representación de los actores, lo cual plantea el problema de especificar
cuidadosamente los criterios empleados para definirlos. No es igual la "burguesía nacional"
argentina representada por la Confederación General Económica, antes y después que ésta
incorporara a la Unión Industrial Argentina. Ni es igual el Partido Justicialista con y sin Perón.
3.9 Recapitulación
Conviene que nos detengamos aquí luego de haber abierto diversos temas.
Posiblemente lo más importante, al menos como primera aproximación al problema de cómo
estudiar nuestro tema, sea la necesidad de considerar las políticas estatales en el marco de
cuestiones. Esas cuestiones tienen una historia, que comienza en un período en el que no eran
tales, sigue en los procesos que llevan a su surgimiento, continúa durante su vigencia y
eventualmente concluye con su resolución. Esa historia de la cuestión es parte de nuestro
19
tema, porque es desde ella que las políticas estatales adquieren sentido y pueden ser
explicadas. Además, esa historia es la de un proceso social al que concurren diversas políticas
-las de actores privados y los nudos implicados por las acciones del Estado- y procesos
burocráticos cruciales para la determinación real del contenido de la posición del Estado ante la
cuestión. Esto resume la visión de un complejo proceso, tejido por interacciones a lo largo del
tiempo, llevadas a cabo por un conjunto de actores que puede -y suele- ir cambiando con el
curso del tiempo. Esas interacciones no sólo son "objetivas", en el sentido de que su estudio
pueda limitarse al registro de comportamientos; incluyen también una dimensión subjetiva,
referente a cómo cada actor define (y redefine) la cuestión y percibe la toma de posición de
otros actores.
Lo recién dicho formula nuestro "protomodelo" que, nos gustaría pensar, contiene
potencialmente el tipo de modelo dinámico de procesos que nos parece obviamente requerido
por las características de nuestro tema. Es claro que entraña un grado de complejidad (al que
deberemos todavía agregar otros aspectos) que no sabríamos tratar con un modelo riguroso y
plenamente cuantificable, pero puede servir para alertarnos sobre ciertos aspectos o
dimensiones centrales para el estudio de políticas estatales, alrededor de los cuales parecería
particularmente promisorio centrar esfuerzos de investigación. No sabremos "todo" pero
podremos haber empezado a saber "algo" sobre aspectos que, si nuestra visión general del
problema no es demasiado errónea, serán buenos puntos de partida para futuras y más
ambiciosas incursiones. Esas dimensiones no son suficientemente conocidas, ni en sí mismas
ni en sus interrelaciones como para referirnos a ellas en términos de hipótesis. Podemos, en
cambio, plantearlas en términos de una batería de preguntas cuya elucidación en relación con
diferentes cuestiones y contextos puede contribuir a precisar teóricamente esas dimensiones.32
32
Las preguntas que siguen presuponen a la cuestión ya vigente. En páginas anteriores ya hemos planteado las que
nos parecen más importantes para el período de surgimiento de la cuestión.
20
pública?,33 ¿Existe algún modo dominante mediante el cual se intenta resolver la cuestión?,34
¿Cómo varía esto respecto de quién inició y quién mantiene vigente a la cuestión?
¿Existen ciclos de atención prestada a la cuestión?, ¿Qué factores contribuyen a posibles picos
y baches de atención?
¿Qué cambios sociales e internos al Estado mismo son atribuibles a estos procesos?
Presuponemos que una importante consecuencia de los procesos que estas preguntas
intentan delimitar será la redefinición de la cuestión por parte del propio Estado. Por supuesto,
esto puede ocurrir por numerosas razones: una toma de posición inicialmente vaga se
especifica (o a la inversa), cambio de definiciones específicas, definiciones conflictivas entre
diversas unidades estatales que concurren al tratamiento de la cuestión con diferentes
especializaciones, rutinas burocráticas y vinculaciones con actores sociales. Esos cambios son
cambios en el contenido real de la política estatal, en el contenido -más o menos ambiguo y
más o menos conflictivo dentro del Estado mismo-, de su toma de posición frente a la cuestión.
Estos cambios son nuevos "nudos", algunos de los cuales serán rápidamente evidentes para
actores y observadores. Otros, en cambio, sólo serán reconocibles como el resultado de
redefiniciones menos espectaculares acumuladas, por ejemplo en etapas destinadas "sólo" a
implementación o en las rutinas e intereses especializados que suelen generar las
cristalizaciones institucionales. Qué actores, cuánto demoran en reconocer esos cambios y qué
consecuencias tiene esto para la rigidez o flexibilidad de sus políticas, es por supuesto, otro de
los temas que debe interesarnos. A partir de cada nudo se extiende un nuevo tramo de la
historia de la cuestión y de las políticas a ella referidas, sobre la que deberíamos volver con
nuestra batería de preguntas. Aquí, sin embargo, correspondería agregar algo que es
consecuencia de la historicidad de nuestro tema:
¿Qué se ha aprendido por parte de las unidades del Estado y de los actores sociales de
la historia pasada de la cuestión, qué "lecciones" se han sedimentado de esa historia y cómo
influyen ellas sobre las definiciones de la cuestión y sobre la estrategia de los actores?35
Estamos tratando de trazar los primeros contornos de un mapa. Insistimos que con él
no tenemos un "modelo" ni un sistema de hipótesis a verificar. Se trata por ahora de empezar a
aprender acerca de aspectos y relaciones que hoy vislumbramos como importantes para el
estudio de las políticas estatales en sí mismas Y para conectarlas con las inquietudes teóricas
más generales enunciadas en la primera sección de este trabajo.
Hemos argumentado que una política estatal no debería ser estudiada prescindiendo de
33
Usamos aquí el término para referirnos a áreas institucionales del Estado.
34
Nos referimos aquí a condiciones de suma cero o no en la posible resolución de la cuestión, divisibilidad o no de
sus resultados, utilización preferencial de coerción, de ventajas económicas, de gratificaciones simbólicas o de
políticas de bloqueo para resolverla.
35
Para argumentos de que las políticas estatales implican una importante dimensión de aprendizaje (learning) puede
verse León Lindberg, "A Research Perspective on the Future of Advanced Industrial Societies", Universidad de
Wisconsin, mimeo, 1973 y Hugh Heclo, "The Variability of Policy Dynamics", trabajo presentado a la Conferencia
sobre Dinámica de Políticas Públicas, Windson, Inglaterra, mayo 1974.
21
la(s) cuestión(es) que intenta resolver, ni de las condiciones de surgimiento de la cuestión, ni de
las políticas adoptadas por actores sociales "privados". Hemos resumido estos aspectos en el
concepto de proceso social tejido alrededor del surgimiento, tratamiento y eventual resolución
de la cuestión. Este proceso social es un primer e indispensable nivel de contexto para el
estudio de la política estatal que en particular nos interesa. Sin conocerlo adecuadamente no
tendríamos posibilidad de comprender ni explicar esa política (incluyendo, por supuesto, sus
cambios a lo largo del tiempo). Tampoco habría muchas posibilidades de que nuestros
estudios iluminaran los problemas más amplios planteados en la primera sección de este
trabajo. En otras palabras, si nos limitáramos a estudiar políticas estatales prescindiendo del
proceso social del que son parte. Podríamos tener estudios mucho más "manejables" y
formalizables pero el costo de esta opción sería el vaciamiento de su interés teórico.36 En el uso
que proponemos, un "contexto" consiste de aquél conjunto de factores extrínsecos al objeto
más específico de investigación ("políticas estatales") que es indispensable para la
comprensión, descripción y explicación de aquel objeto y sus efectos sobre otras variables.37 En
este sentido, las "preguntas" que hemos formulado apuntan a definir un "tema de investigación":
el área empírica y analítica que delimita lo que estudiamos y en función de lo cual recogemos y
procesamos información. Con esto sugerimos un área en la que vale la pena tratar de
aproximarse al ideal de obtener información detallada y de manejarla con un marco de análisis
propiamente dinámico: las secuencias de tomas de posición por parte del Estado y de otros
sectores sociales, el cambio implicado por la diferenciación interna al Estado y por la
movilización / desmovilización de actores sociales en distintos tramos históricos de la cuestión,
las redefiniciones de la cuestión y de sus modos dominantes de resolución, constituyen a
nuestro entender el tema propio de estudio de políticas estatales.
Pero este primer contexto es insuficiente. Tenemos que insertarlo a su vez en otros aunque,
afortunadamente, aquí no necesitamos saber tanto Y podemos manejarnos con marcos mas
estáticos. Tal vez aquí la mejor analogía sea la de alguien que quiere saber lo más
exactamente posible cuánto tiempo ha transcurrido en un corto lapso. Su centro de atención
será el segundero, que marca el ritmo incesante y perceptible del tiempo "presente". Deberá
sin embargo determinar la posición del minutero y de la hora, siguiendo de cuando en cuando al
primero y dando por prácticamente fijada la segunda; su problema se cuenta en segundos, pero
para saber lo que desea necesita información, más gruesa y estática, acerca de los otros
parámetros. Nos ocuparemos brevemente de los "minutos" y de la "hora" de nuestra analogía.
¿Qué problemas "merecen" ser cuestiones? ¿Quiénes y cómo deciden cuál es en cada
momento el conjunto de cuestiones (la "agenda" o el "espacio problemático" de una sociedad)
socialmente vigentes? Vista cada cuestión aisladamente, el problema político se plantea en
torno a si esa cuestión merece serlo, cómo debe ser definida y con qué recursos se respaldan
las posiciones tomadas por los actores. Visto en conjunto, el problema es el conflicto y las
coaliciones que se generan alrededor de las cuestiones que deben integrar la agenda. Esto es
36
Para análogas reflexiones puede verse Kenneth Dolbeare, op. cit.
37
Sobre la necesidad de especificación del contexto o sistema de relaciones como condición de validez de conceptos
y proposiciones vale la pena consultar la discusión contenida en Adam Przeworski y Henry Tenue, The Logic of
Comparative Social Inquiry, Wiley, 1971.
22
consecuencia, en parte, de limitaciones individuales y colectivas para prestar atención a todas
las cuestiones "suscitables" y en parte, de diferentes intereses, concepciones y recursos de
actores dispuestos a imponer, social y políticamente, agendas sólo parcialmente superpuestas.
En este plano más agregado ya no sólo se trata del proceso que ocurre alrededor de cómo
debe ser resuelta una cuestión, sino también del que determina qué cuestiones se intentará
resolver. ¿Ante qué problemas puede y debe el Estado intervenir y, por lo tanto, reconocerlos o
crearlos como cuestión?, ¿Qué compleja función compone, a partir de las agendas de cada
actor, aquélla que está efectivamente vigente? Dependiendo de su poder relativo, cada actor
se encontrará ante más o menos cuestiones que le han sido impuestas por otros y ante las que
no puede dejar de tomar posición (aunque sólo fuere para tratar de resolverla mediante su
supresión).
Es obvio que a este nivel operan fuertes limitaciones en la función de decisión de cada
actor: incapacidad de procesar toda la información relevante respecto del conjunto de la
agenda, desconocimiento de muchas de las conexiones causales entre unas y otras cuestiones,
imposibilidad de predecir el comportamiento de otros actores respecto de cada una de las
cuestiones. Pero aún en este mundo de "racionalidad acotada"38 es razonable suponer que la
posición que cada actor tome respecto de una cuestión será en parte función del conjunto de la
agenda y de las posiciones adoptadas (que incluyen no haber tomado posición) respecto de
otras cuestiones. Con quién está aliado y con quién en conflicto en la cuestión A puede ser
determinante de su comportamiento respecto de la cuestión B; qué recursos tiene "invertidos"
en A puede ayudarnos a explicar por qué no se moviliza respecto de B, aunque ésta también
sea "objetivamente" importante para el actor; qué premisas y qué "lecciones" deriva de su
acción respecto de A acerca de las características de otros actores, puede ser fundamental
para las percepciones y cálculos que subyacen a su política respecto de B; cuántas cuestiones
puede un actor "atender" simultáneamente o, en otras palabras, qué movilidad tienen sus
recursos, puede enseñarnos mucho acerca de su poder relativo.
Estos intrincados temas, de los que sólo hemos enunciado los que nos parecen
principales, no deberían ser objeto de investigación en los estudios de políticas estatales que
estamos discutiendo, al menos no en el sentido de formar parte del universo sobre el que
recogeremos datos. Pero mucho ayudará a nuestra comprensión del caso que estudiamos,
conocer aproximadamente la composición de la agenda y la configuración de conflictos y
coaliciones en que los actores de "nuestra" cuestión se hallan involucrados. Precisando un
poco más el conocimiento de este segundo nivel de contexto suele ser necesario para explicar
las políticas estatales que estudiemos específicamente. Lo dicho arriba acerca de la compleja
función de decisión que, para cada actor y para cada cuestión, implica la agenda como conjunto
de cuestiones, vale obviamente para el Estado. Cuál es el entramado de apoyos y oposiciones,
cuál es la configuración de cuestiones en las que se ha ínter penetrado con sectores
dominantes, pueden ser importantes factores explicativos de las políticas que adopte respecto
de cada cuestión en particular.39
38
Ver especialmente Herbert Simon y James March, Organizations, Wiley, 1958.
39
En este segundo nivel de contexto sigue teniendo sentido tener presente las intersecciones con otros enfoques
teóricos. Los entrecruzamientos con otras cuestiones remiten directamente al problema más general de las
características del Estado (en particular de sus zonas de penetración e interpretación con la sociedad civil) y de las
alianzas (incluyendo alianzas de clase y de diferentes actores con unidades o segmentos del Estado.
23
4.2 La estructura social como contexto de la agenda
¿En qué sentido podemos proponernos, por ejemplo, el estudio de "la cuestión de la
propiedad agraria" y de las políticas estatales a ella referida en Perú y en Argentina?, ¿Por qué
hay tan notorias diferencias en los ciclos de atención que concita en uno y otro caso?, ¿En qué
sentido podemos realmente decir que en ambos casos es una cuestión?, ¿Cuál es la lista y el
poder relativo de los actores potencial y realmente movilizados alrededor de ella en uno y otro
caso? En términos más generales, quiénes son los actores potenciales respecto de una
cuestión, qué recursos pueden movilizar, cuál es su significado (visibilidad, importancia,
reconocimiento como tal) para esos actores, cuáles son los patrones más probables de su
emergencia, tratamiento y resolución, son también función de factores ubicados al nivel más
agregado de la estructura social.40 Aquí podremos en general manejarnos con un conocimiento
razonablemente informado de esas características y considerarlas como básicamente
"congeladas" para los propósitos de nuestra investigación de políticas estatales.41 Pero no
podemos prescindir de una gruesa especificación de este contexto sin correr el riesgo de
comparar y formular proposiciones sobre "nombres" en lugar de conceptos que designan con
suficiente especificidad el tema de estudio.42
Quedan señalados los diferentes niveles que nos parece deben ser tenidos en cuenta
en estudios de políticas estatales. Nuestro ejemplo de los segundos, minutos y horas apuntaba
en realidad a sucesivas capas con que debe ser organizado nuestro tema: i) las políticas
estatales mismas; ii) la cuestión a la que aquéllas se refieren, entendida como generando un
proceso social que contiene las políticas estatales y las políticas privadas referidas a la
cuestión; estas dos primeras capas constituyen lo que hemos llamado el tema propio de
nuestras investigaciones y el ámbito empírico en el que, en general, nos corresponderá recoger
información; iii) la agenda de cuestiones y iv) la estructura social, como el más estático y
agregado contexto global de nuestro tema. Comúnmente estos dos niveles finales no serán
objeto de nuestra investigación; deberían ser suficientes las fuentes secundarias disponibles.
40
Designamos genéricamente con este término a un trazado de la estructura productiva, del régimen político, de la
estructura de clases y del grado de movilización y organización de clases existentes en un momento dado.
41
Con una importante excepción, parte de nuestro interés puede ser preguntarnos qué consecuencias ha tenido
cierta política estatal sobre una determinada característica estructural de la sociedad, en cuyo caso trataremos de
obtener información suficientemente detallada sobre el "antes' y "después" de esta característica que encuadra el
horizonte temporal de nuestra investigación. Pero en este plano no se trata en rigor de un parámetro estructural sino
de una variable dependiente del proceso que estudiamos.
42
Supongamos por ejemplo que la actual reforma agraria peruana pueda ser explicada como una respuesta
preventiva a altas tasas de movilización del campesinado peruano. La conclusión "descontextualizada" respecto de la
carencia de reforma agraria en la Argentina tendería a centrarse en bajas o nulas tasas de movilización. Esta
"explicación", sin embargo sería vacía y posiblemente conduciría a conclusiones comparativas erróneas; para llegar a
una explicación (y también para poder comparar uno y otro caso) es menester incorporar algunos factores
estructurales: distribución de la tierra en la Argentina, tipo de explotación en la región pampeana, carencia de
campesinado en ella y concentración del campesinado en regiones económica y políticamente mucho más
marginales. Sobre estos temas nos remitimos nuevamente a Adam Przeworski y Henry Teune, op. cit.
24
Estamos ya lejos de los esquemas que discutimos brevemente en la segunda sección
de este trabajo. Si volvemos por un momento a la Figura 2 advertiremos que de aceptar las
premisas por ella implicadas resultaría conceptualmente fácil43 pensar en términos de impactos
de políticas estatales. Ellos, serían los cambios operados en las "variables dependientes" por
efecto de nuestra "variable independiente", la política estatal. Pero nuestra argumentación ha
sido un esfuerzo por demostrar la inadecuación de este tipo de esquema y por hallar maneras
teóricamente disciplinadas de llegar a un mayor nivel de complejidad sin perdernos en la
necesidad de "saberlo todo" para poder decir algo sobre nuestro tema. Si las políticas estatales
son parte de un proceso social tejido alrededor de cuestiones, y si a él concurren políticas de
actores privados que pueden tener gran peso sobre el curso seguido por los eventos
estudiados, el tema de los impactos se complica enormemente. Dado X cambio en cierta
característica Z, ¿qué proporción de ese cambio podemos atribuirlo causalmente a políticas
estatales, a políticas privadas y a otros factores ajenos a unas y a otras?44
43
Decimos “conceptualmente” porque aún dentro de este simple esquema suele ser difícil operacionalizar y medir los
“impactos” que se atribuyen a las políticas.
44
Por ejemplo, acontecimientos naturales que inciden sobre los resultados de una política agraria, o reverberaciones
de terceros no actores (productores petroleros, por ejemplo) sobre una política de estabilización de la balaza de
pagos, etc.
45
Además de los trabajos de Heclo, Dolbeare, Rose y Schmitter ya citados, puede consultarse Wanderley Guilherme
dos Santos, "Comparative Public Policy Analysis: A non-exhaustive inventory of queries", trabajo presentado a la
Conferencia de Buenos Aires referida al comienzo.
46
Entre las escasas excepciones véase Theodore J. Lowi, "Four Systems of Policy, Politics and Choice",
mimeografado, Universidad de Chicago, 1971.
47
Cf. Dos Santos, op. cit.
48
Véase Thomas E. Skidmore, "Suggestions for Research: A Commentary on Albert Hirschman’s", "Policy-Making
25
Frecuentemente se tropieza aquí con un problema análogo al de multicolinearidad: podemos
conocer el impacto total de un conjunto de variables, pero no tenemos medio de desentrañar
qué proporción de ese cambio es atribuible a cada una de ellas. Para superar algunas de estas
dificultades, se ha sugerido la conveniencia de distinguir entre impactos, productos (outputs) y
consecuencias (outcomes) de una política.49 Estas y otras propuestas, sin embargo, no han
resuelto el problema de cómo diferenciar los impactos de una política de los imputables a otros
factores causales operantes, ni parecen ser, tampoco, una vía que nos conduzca a la
clarificación de las cuestiones teóricas más generales que hemos planteado en la sección 1 de
este trabajo. Esto nos induce a agregarnos al coro de agnósticos que señala la escasa utilidad
de centrar tanto los esfuerzos en la medición cuantificada y puntual de impactos de políticas.
and Policy Analysis in Latin American: A return journey", trabajo preparado para la conferencia de Buenos Aires
citada al comienzo.
49
Schmitter (1972), op. cit., propone esta distinción a partir de una idea originariamente desarrollada por Easton.
50
La "solución" simétrica de la anterior es atribuir todo el cambio a los actores sociales, bajo la premisa de que el
Estado es sólo un espacio de procesamiento de demandas e iniciativas externas a él; en otras palabras, a lo sumo
una variable interviniente respecto de variables independientes exclusivamente operantes a nivel de la sociedad.
Esto implicaría la visión ¨desestatizada" que ya hemos criticado.
51
Por ejemplo, en James Q. Wilson (compilador), City Politics and Public Policy, New York: John Wiley y Sons, Inc.,
1968, varios trabajos analizan datos sobre impactos vinculándolos a diferentes formas de gobierno local. También
Schmitter, op. cit., busca establecer relaciones entre tipos de régimen político -definidos por "grado de intervención
militar" y "grado de competencia entre partidos"- y productos o consecuencias de políticas asociadas a uno u otro
26
términos existe pocas esperanzas de obtener inferencias válidas, dado el alto nivel de
agregación de los datos que habría que manejar. Por eso, si queremos aprender acerca de las
características del Estado latinoamericano y de sus modos de intervención y vinculación con la
sociedad civil, parece conveniente el empleo de una estrategia de investigación más inductiva y
menos global en las categorías y en los datos que maneje.
Menos posible aún es estimar en qué medida se han modificado los parámetros
generales de la sociedad global. Y esto es lo que en realidad interesa.52 Los entrelazamientos a
lo largo del tiempo de políticas estatales y privadas, junto con las modificaciones de los
parámetros contextuales, son etapas o procesos de cambio social (en sentido amplio) en los
que el Estado, como hemos señalado, aparece "en acción" y desagregado en sus sucesivas
tomas de posición. Además -corresponde subrayar- si bien los impactos de sus políticas no
pueden ser rigurosamente cuantificables en cada momento, pueden en cambio contribuir a
entender y ponderar los aspectos que más interesan para una teorización sobre ese Estado y,
en definitiva, sobre sus políticas e impactos. Nos referimos a sus modalidades de intervención,
sus alianzas y conflictos con otros actores, los variables grados de autonomía / subordinación
entre esos actores y el Estado, y las consecuencias generales de esas intervenciones para el
rumbo futuro de procesos vinculados a la cuestión sobre la que se enfocan empírica y
analíticamente estos aspectos y los que con mayor detalle hemos ido enunciando a lo largo de
este trabajo. "Impactos de políticas estatales" son en realidad "contribuciones" -imputables al
Estado- a complejos patrones de cambio de la sociedad global. Por esto mismo no pueden ser
ignorados pero, también por esto mismo, no pueden ser estudiados ni evaluados con criterios
mecanicistas que cercenan tanto esa complejidad como el carácter intrínsicamente histórico de
tipo.
52
En último análisis, no sólo en función de las preocupaciones teóricas que hemos puntualizado en la sección 1. Si
se trata "nada más" que de un estudio para evaluar los impactos de ciertas políticas, constituye falso rigor cerrar el
campo de análisis en forma similar a la de la Figura 2 Y, por lo tanto, ignorar las importantes “complicaciones” que
venimos señalando. Aún desde el punto de vista más estrechamente tecnocrático. Una estimación de impactos
omite demasiado (y por lo tanto falla en esa estimación si se ciñe a criterios e instrumentos estrictamente
cuantificables, aplicados a un campo empírico que ignora tanto su relación con los diversos contextos como con el
proceso histórico sobre los que insistimos en este trabajo.
27
aquellos procesos.
l) Son muchas las razones por las que uno puede estar interesado en el estudio de las políticas
estatales en América Latina contemporánea. Como cualquiera de ellas tiene importantes
consecuencias sobre qué y cómo se estudiará, nos ha parecido importante hacer explícitas las
nuestras, con pleno conocimiento de que abrimos un tema polémico.
2) Del engarce que proponemos para nuestro tema con intereses teóricos más generales se
deriva -creemos que obviamente- la inconveniencia de estudiar las políticas estatales y sus
impactos como fenómenos discretos aislables de su contexto. Aquí resurge un dilema, que no
es intrínseco a nuestro tema pero que es función de nuestra actual insuficiencia de
conocimientos: en el corto plazo la pretensión de rigor, formalización y cierre de nuestros
sistemas explicativos es antagónica respecto de la relevancia teórica de nuestros estudios.
Dicho de otra forma, los intentos en la dirección del primer término del dilema serían prematuros
y, aunque admitidamente incierto, el camino hacia ese rigor pasa hoy por estudios abiertos y
exploratorios, mucho más preocupados por descubrir que por verificar.
4) Nuestro objeto propio de investigación estaría constituido por la(s) política(s) estatal(es) y la
cuestión a la que ella(s) se "refieren", como parte de un proceso social al que concurren otras
políticas, "privadas". Como tal nuestro tema es histórico o dinámico en sentido propio; implica
interacciones a lo largo del tiempo por parte de un variable conjunto de actores.
28