Boecio - La Consolacion de La Filosofia - Trad. Leonor Pérez Gómez AKAL SELECCION
Boecio - La Consolacion de La Filosofia - Trad. Leonor Pérez Gómez AKAL SELECCION
LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
Edición de Leonor Pérez Gómez
«MES
Maqueta: RAG
Indice General
7 Introducción
L “Contexto histórico y cultural 7
Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. IL. Vida de Boecio 10
270, del Código Penal, podrán ser castigados con IL. La obra de Boecio 20
penas de multa y privación de libertad quienes reproduzcan o
IV. La Consolación de la Filosofía 27
plagien, en todo o en parte, una obra literaria, artística o
científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva V. La tradición literaria y filosófica de
autorización. la Consolación 39
VL Fuentes filosóficas de la Consolación 58
VI. El estilo y la lengua de Boecio 66
VIL Fortuna de la Consolación 69
IX. La transmisión del texto 76
X. Bibliografía 81
93 Libro primero
estaba tan cargada de años que en modo alguno podía escala cuyos peldaños permitían ascender desde el
2 creerse que perteneciera a nuestro tiempo. Su estatura 3 signo inferior hasta el superior'*, Sin embargo violen-
era difícil de apreciar, pues tan pronto se reducía a las tas manos habían desgarrado este vestido y se habían
habituales medidas humanas como parecía tozar el 6 llevado de él tantos jirones como pudieron. La mujer
cielo con su frente, y cuando alzaba su cabeza, penetra- llevaba en la mano derecha unos libros y en la izquier-
ba el mismo cielo haciéndose inaccesible a las miradas da un cetroS,
3 de los hombres. Sus vestidos estaban confeccionados 7 Cuando ella vio en torno a mi lecho a las Musas de
con finísimos hilos, exquisitamente trabajados y de un la poesía!” dictando palabras a mis lágrimas, se turbó
material incorruptible que, como me reveló a con- durante unos instantes y, lanzando miradas amenazan-
tinuación, había tejido ella misma con sus propias 8 tes, exclamó indignada: «¿Quién ha permitido que se
manos. Su aspecto, como sucede a los retratos de los acerquen a mi enfermo estas despreciables prostitutas
antepasados ennegrecidos por el humo?, estaba velado de teatro'? que no sólo son incapaces de aliviar sus
por esa indefinible pátina propia de los objetos anti- sufrimientos sino que además lo alimentan con sus dul-
4 guos y abandonados. En el borde inferior del vestido se 9 ces venenos? Son ellas quienes destruyen la cosecha
veía bordada una II griega y en el borde superior una fecunda de la razón con las espinas estériles de las
0*, y entre ambas letras se distinguía una especie de
$“ La escala que une las letras simboliza los grados (dnodos) de
%
No se trata de retratos pintados sino de las máscaras de cera la sabiduría, Por este camino ascienden las almas y así conduce la
que reproducían los rasgos de los familiares fallecidos y que eran Filosofía a Boecio hasta su verdadero hogar. Esta descripción fue
conservadas cuidadosamente en armarios o casillas situados en el motivo de frecuente inspiración para los artistas plásticos en los
atrium de las casas donde eran objeto de especial devoción. siglos XI y XII.
* Según la interpretación tradicional, corresponden a las letras '* Las figuras alegóricas como las estatuas de dioses solían llevar
iniciales de las palabras griegas práxis (práctica) y theoría (teoría), en la representación hteraria o figurativa un atributo en cada mano
tal como el propio Boecio pone de relieve en su exégesis a Porfirio y para reconocer su esencia. Los libros representan la enseñanza
en su tratado De trinitate, Para Aristóteles (Metafísica, 993 B) la Ilosófica en tanto que el cetro es el símbolo de su poder, Cf. H. P.
teoría consistía en la comprensión, en la contemplación total, y esta- L"Orange, Studies on the Iconography of Cosmic Kingship in the
ba reservada a la Filosofía, por lo que se consideraba una actividad Ancient World, Oslo, 1953, 154 ss,
superior, mientras que la práctica era simplemente competencia 1% Las Musas de la poesía a las que se refiere Boecio son las
mecánica, más conveniente al dominio político, del que Boecio
tam- Musas profanas, que ya desde Platón (cf. República 607 B) man-
bién tenía conocimiento, La representación que hace Boecio de la tenían una fuerte oposición con la Filosofía, oposición que en litera.
Filosofía está cargada de simbolismos bastante transparentes, foma- tura protréptica se suele acentuar. También Agustín (De Doctrina
dos unos de las representaciones de la Filosofía en la AÁntigiiedad, Christiana, 2, 18, 28) muestra su desprecio por las Musas que sólo
otros debidos al propio Boecio. Por ello la pi aparece en el bajo del ofrecen un entretenimiento frívolo, Sobre la oposición entre ambas
vestido y la theta en el borde superior. También se ha sugerido que formas de conocimiento, el filosófico y el poético, ef. W, J. Verde-
esta última, inicial de la palabra gñega fhanatos (muerte), represen- nius, «Platon et la poésie», Mnemosyne 12 (1945), 118-150 y 3. Dal-
taba el símbolo utilizado para marcar a los condenados a muerte, fen, Polis und Polests, Munich, 1974, 301 ss.
cf.
H. Chadwick, «Theta on Philosophy's Dress in Boethius», Meditun 17 La baja estima que, salvo excepciones, se tenía de los profe-
Aevum 49 (1980), 175-179, Otras interpretaciones propuestas al sionales del teatro, especialmente los actores, era un higar común
sim-
bolismo de estas letras como representación de la teología tanto en la Antiguedad clásica como en los primeros autores cristia-
(theología) o de la esencia divina (theía areté) pueden verse nos desde Tertuliano. Cf. H. Júrgens, Pompa Diaboli. Die lateinis-
en J.
Gruber, Kommentar, op. cit., 63-65, chen Kichenvátes und das antike Theater, Sttutgart, 1972, 205 ss,
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pasiones y, en lugar de liberarlas, acostumbran a las 12 Increpado de este modo, el coro de las Musas
10 mentes de los hombres a la enfermedad!*, S1, como inclinó tristemente la cabeza hacia el suelo y, demos-
sucede con frecuencia, vuestros encantos me arrebata- trando con el rubor su vergiienza, cruzó apenado el
ran a un profano, lo consideraría menos grave, ya que 13 umbral de mi casa. Por mi parte, yo, que tenía los ojos
en él mi labor no se frustraría en absoluto; pero ¡arre- llenos de lágrimas y no podía distinguir quién era
batarme precisamente a este hombre que se ha alimen- aquella mujer de tan irresistible autoridad, quedé turba-
tado con los estudios eleáticos y académicos!”! do y, con la mirada fija en el suelo, me dispuse en
11 ¡Alejaos de aquí, Sirenas de cantos asesinos”, y dejad silencio a esperar qué se proponía hacer clla a con-
a mis propias Musas cuidar y sanar a este enfermo!»”. 14 tinuación. Entonces ella, acercándose hacia mí, se
sentó en el borde de mi lecho y contemplando mi ros-
:8 La enfermedad de Boecio radica en general en el predominio lro apesadumbrado y abatido por el dolor se lamentó
de los afectos sobre la razón, un tema de origen estoico que se repite de la causa que turbaba mi espíritu con los siguientes
alo largo de la Consolación. El desco de liberación del mundo de las
pasiones y de Ja inconsciencia subyace en toda la obra como ha mos- VCISOS:
trado L. AlMonsi («Boezio nella tradizione culturale della letteratura
latina», Orpheus 2 [1955], 12). IP” ¡Ay! ¡En qué profundo abismo sumergida
Con eestudios eleáticos y académicos», dos de las principales
escuelas filosóficas griegas, se refiere Boecio de manera genérica a
la inente languidece y, perdida su propia luz,
los «estudios filosóficos». La escuela más antigua era la de Elca, intenta atravesar las tinieblas exteriores
cuya fundación a mediados del s. vi a.C. se atribuye a Jenófanes, mientras, acrecentada por el soplo terreno,
maestro de Parménides, junto coa Zenón, el fundador de la dialécti-
ca, sus dos más conocidos representantes. La Academia fue fundada 5 crece hasta el infinito una angustia mortal12
por Platón y tomó el nombre del bosque sagrado dedicado al héroe
ático Academo donde se reunían Platón y sus discípulos, entre los
que se contó Aristóteles, fundador a su vez de la escuela peripatélica. *% Ante el silencio de Boecio responde la Filosofía que su anti-
21% Seres fabulosos, mitad mujer mitad ave, que habitaban una isla guo discípulo ha olvidado todos sus conocimicatos y su alma está
del Mediterráneo frente a Ttalia meridional y con su música atraían a aprisionada en la materia. Aparecen ideas que reaparccerán en L m.
los navegantes hasta la costa rocosa donde naufragaban los barcos. 5y6; HL m.3; TY, m. 5 y 6. En comparación con el pocma anterior
Con el tiempo fueron representadas como hermosas mujeres creado- el recuerdo de la actividad filosófica de Boccio no conduce al lamen-
ras de música por lo que en el arte y la literatura helenística llegaron to elegíaco, También existen correspondencias antitéticas entre este
a simbolizar la música. En el anónimo Liber de monstrorim de poema y ciertos contenidos de la prosa anterior, en especial la per-
diuersis generibus, del s. vI d.C. aparecen representadas bajo la
turbatio de Boecio y sus consecuencias, que aguí son acentuadas. Se
forma de una mujer con cola de pez, figura que se generalizó en la
trata de trímetros dactílicos catalécticos en combinación con adonios,
imaginería posterior. Eran mencionadas frecuenternente en la lifera-
tura protréptica, una combinación que implica una ruptura del ritmo en cada verso.
21 La oposición entre las musas poéticas, perniciosas como sire- Cf. L. Pepe, «La metrica di Boezio», Giornale Htaliano di Filologia»
nas, y las verdaderas musas de la filosofía procede de Platón (Repú- 7 (1954), 234 y ss,
blica, 548 B). Por su parte, los cristianos opusieron las musas paga- 2 Los cinco primeros versos expresan una simbología en la que
nas a las cristianas (sobre el particular, cf, E. R. Curtius, «Die se entremezclan el simbolismo de la luz frente a las tinicblas
Musen im Mittelalter», Zeitschrifi f roman. Philol, 59 (19391, 139 y procedente de la gnosís oriental con reminiscencias estoicas y neo-
ss). La pousía no puede conducir a la vida eterna; sólo Dios, por platónicas y consideraciones propias de la idcología romana. Este
intermedio de la Filosofía y sus musas verdaderas puede lograrlo, dual ismo, que para los neoplatónicos ya aparecía en Platón, reapare-
Cf. P. Boyancé, Le culte des Muses chez les philosophes grecs, ce intermitentemente en otros pasajes de la Consolación. Cf. J,
París, 1937, 233 ss. Hirschberger, Seele und Leib in der Spátantike, Francfort, 1969, 17.
100 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO ! 101
Este hombre”, que acostumbraba antaño recorrer libre- para que ésta adorne la Tierra con rosadas flores,
[mente 20 quién hace que, acabado el año,
los senderos del firmamento a cielo abierto, el fecundo otoño abunde en uvas maduras;
podía observar los rayos del Sol bermejo, también desvelaba otros misterios ocultos de la natu-
contemplaba las fases de la gélida Luna, [raleza?ó:
10 y a todas las estrellas que, girando por diferentes Órbi- ahora yace aquí, apagadas las luces de su mente
[tas, y con el cuello gravado por pesadas cadenas,
trazan sus cursos inciertos, 25 mientras, inclinado el rostro por el peso,
él, vencedor, las sometía a cálculos matemáticos”, no puede ver, ¡ay!, más que la tierra inerte”,
También solía indagar las causas por las que
los vientos ensordecedores encrespan las aguas del 2 «Pero más que para lamentaciones» —dijo— «es
pra
[mar, tiempo para poner remedios». Fijando entonces sobre
15 cuál es la potencia que hace girar al mundo, fijo sobre mí sus penetrantes ojos, me preguntó: «¿No eres tú
[su eje, precisamente el que, nutrido en otro tiempo con mi
o la razón por la que el astro que se hunde en las aguas propia leche, criado con mis alimentos, habías conse- '
[de Poniente guido la fuerza de espíritu propia de un hombre?* Yo
surge del rutilante Oriente,
qué fuerza mitiga los apacibles días de la primavera 2 En esta enumeración están recogidos temas de la cosmología
platónica expuestos, sobre todo, en el Tímeo: el Mundo es obra de la
razón y la bondad del divino Demiurgo y está sometido a la necesi-
M4 En los versos 6-23 es recordada la actividad de Boecio como dad y al orden que le imprime su alma racional. €. Salemne («Aspet-
científico, centrada en las principales cuestiones de la filosofía de la ti della lingua e della sensibilitá di Boezio poeta», Ánn. Fac, Lett
naturaleza, en especial la astronomía (cf. intr, 17), cuya importancia Napoli, 1970-71, 67-89) toma este carmen como ejemplo de la técni-
para el filósofo ya había sido destacada por Platón (cf, Teeteto, 173 ca de Bcecio: uniendo el concepto espiritual mens a la imagen física
Css; República, 529 55.). La armonía celeste era considerada como del abismo, interioriza los principios que, como en Séneca, son
muestra de las verdades eternas. También aparece aquí el motivo del expresiones de un moralismo trágico.
viaje hacia el cielo de las almas que será detalladamente descrito por 7 En los últimos versos del poema la Filosofía vuelve a exponer
la Filosofía en IV, m. 1). El esquema formal de la exposición es cir- la visión de un Boecio prostrado por la desgracia. La referencia a las
cular: problemas generales (v. 7), temas individuales (vw. 10-20) y cadenas es simbólica (cf, intr. 39) y reaparece frecuentemente en la
otra vez probiemas generales (vv. 22-23) (cf, H. Scheible, Die Consolación. Por su parte, la tierra es el símbolo de la materia de la
Gedichte, op. cit, VD. que el alma debe liberarse (cf, TIL, m. 12, 3 y ss.).
2 El pasaje pone de relieve el interés de Boecio por los estudios % La imagen de la sabiduría y de la Filosofía como alimento
astronómicos. Se sabe que tradujo al latín un tratado del astrónomo, espiritual de los hombres es frecuente en la literatura protréptica. La
matemático y geógrafo griego Claudio Tolomeo (90-ca.168), y se le leche, junto con la miel, es un alimento celestial que en época de
atribuye un tratado, hoy día perdido, titulado De institutione Boecio aún estaba relacionado con el sacrificio de la misa y era
astronómica, en el que explicaba cómo el movimiento de los plane- impartido a los neófitos como sacramento, El origen de esta simbo-
tas puede ser reducido a cálculos matemáticos, aunque sobre esta logía está probablemente en los cultos báquicos, Cf. E. R. Curtius,
cuestión la crítica no se muestra de acuerdo, Sobre las matemáticas Lit. europ., 0p, cit, 198-201 y R. Merkelbach, Roman und Muysterium
como propedéutica y componente de la filosofía, según una concep- in der Antike, Munich, 1962, 196 ss. También la Iglesia cristiana es
ción hetedada de Pitágoras, cf. J, Y. Guillaumin, «Le statut des considerada como madre amante (por ejemplo, Agustín, Simb, 2, L
mathématiques chez Boéce», Rev. Etud. Ant, 92 (1990), 121-126. 13, 4, 1). La Filosofía adopta aquí la función del ángel protector.
102 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO I 103
soy quien te proporcionó armas tales que, sí no las como cuando las nubes se amontonan por el impetuoso
hubieses desechado antes, te protegerían con una fuer- [Mistrad?,
4 za invencible, ¿Me reconoces? ¿Por qué callas? ¿Es la y el cielo se cubre con nimbos de lluvia,
vergúenza o el estupor la causa de tu silencio?” Prefe- 5 se oculta el Sol y, aunque en el cielo aún no se encien-
riría que fuera la vergílenza, pero, según veo, es el [den las estrellas,
estupor lo que te domina». desde lo alto la noche se cierne sobre la Tierra;
5 Y cuando vio que yo no sólo callaba sino que, si el Bóreas*, saliendo de su caverna tracia%,
mudo, era inreapaz de pronunciar palabra alguna, azota la noche y libera al día que estaba aprisionado,
acercó dulecinente su mano a mi pecho y añadió: «No Febo* resplandece y, vibrando con inesperada humino-
corre ningún peligro; sufre de letargia*, enfermedad [sidad,
6 frecuente en los espíritus desengañados. Ha perdido
momentáneamente la conciencia de sí; la recobrará con serie de conocidas comparaciones pertenecientes a la tradición épica
facilidad tan pronto como me reconozca. Para ello, homérica (c£. Ilíada, 15, 668 ss: 20, 341 ss; Virgilio, Eneida, 12, 665
ss.). La metáfora de las nubes que oscurecen la luz del espíritu perte-
limpiemos poco a poco sus ojos, cegados por la nube nece también a la simbología neoplatónica. Al contrario de lo que
7 de las pasionos terrenales»?!, Esto dijo, y con un plie- ocurre con los restantes poemas, éste, que describe un suceso exte-
gue de su vestido enjugó mis ojos bañados de lágrimas. rior pero fundamental en el camino de curación de Boecio, enlaza
directamente con la prosa siguiente (cf. H. Scheible, Die Gedicite,
op. cit., 30). Los versos son dísticos formados por hexámetros dactí-
- UP? Entonces, disipada la noche, me abandonaron las licos y tetrámetros dactílicos acatalécticos (alemanio).
> [tinieblas Y En latín Caurus (o Corus) era el viento que en el Tirreno
soplaba del Noroeste (mistral) y solía ser portador de lluvia
y volvió a mis ojos su anterior agudeza; má
pestades (cf. IV m. 5, 13). Referencias a los distintos vientos son fre-
cuentes en los poemas de la Consolación: Aquilo (Um. 6, 9; lm. 3,
22 La tensión entre silencio y diálogo se desarrolla a lo largo del 11), Auster (1 m. 7, 6; Him. 8,7; H m. 4, 9), Boreas (Em 5, 19),
libro primero, al contrario de lo que suele ser habitual en situaciones Eurus (Um, 4, 4, 1V m. 3, 3), Notas Um. 6, 12; 1 m. 1,7), Zephy-
comparables de apariciones o visiones. Cf. S, Lerer, Boethius and rus Am, Y, 20; Hom. 3, 5).
Dialogue, Literary Method in the Consolatío of Philosophy, Prince- A Boccio utiliza aquí el grecismo Boreas en lugar del término
ton, 1985, 102 ss, - latino aquilo, «aquilón, cierzo», para designar el viento del Norte
3 Lethargus es un término técnico de la medicina antigua que que arrastra las nubes,
designaba una especie de sueño enfermizo. Cf. intr. 43 y W. Schmid, % La «caverna tracia» es la cueva en la que Eolo mantiene ence-
«Philosophisches und Medezinisches ia der Consolatio des Boet- rrados a los vientos. Boecio, siguiendo una tradición que remonta a
hius», en Festschrifi Bruno Senell, Munich, 1956, 113-144, Homero (Hada, 23, 229 ss.) sitúa en Tracia la patria de los vientos,
* Comienza así la cura para la enfermedad que constituye una aunque la cueva de Eolo era más comúnmente localizada en una isla
forma de la anamnesis o reconocimiento platónico (cf. Menón, 81 C) eolia.
en correspondencia con el precepto «conócete a ti mismo», El moti- € Phoebus es la forma latinizada del adjetivo griego que signifi.
vo principal del olvido es, según los ncoplatónicos, el contacto del ca «resplandeciente», utilizado como epíteto del dios Apolo cuando
espíritu con el cuerpo, idea en la que insiste en ll om. 11, 10. La es considerado como la divinidad de la luz o es identificado con el
acción de limpiar los ojos tiene también una función simbólica, pre- propio Sol. De ahí su función simbólica en la Convelación (restiingi-
sente ya en los misterios de Eleusis, y que se continuará en el Nuevo
da siempre a los poemas) por un lado como garante del orden cósmi-
Testamento, Cf, W. Buikcrt, Weisheit und Wissenschaft, Núremberg,
co (0 m. 8, 3ss; Mim. 2, 31 ss.), por otro como fuerza subordinada a
1962, 345,
Dios (UI m. 6, 3; IH m, 10, 15 ss; V m2, 1 ss). Se aparta así Boecio
Una vez que la Filosofía ha abierto los ojos de Boecio, desapa-
rece la oscuridad, El poema explica este proceso por medio de una de la tradición antigua del culto al Sol para la cual éste era la divini-
104 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1
105
10 hiere con sus rayos nuestros sorprendidos ojos”. tón*, no libré a menudo duros combates contra la
osadía de la ignorancia, e incluso cuando él vivía, su
1 5% De esta forma se disiparon las nubes de mi aflic- maestro Sócrates ni siquiera con mi ayuda consiguió la
ción; miré con avidez la luz del cielo y recobré mis sen- victoria sobre una muerte injusta?" Más tarde, la turba
tidos para reconocer el rostro de aquella que me curaba, de epicúreos, estoicos y todos los otros intentaron lle-
2 Y así, al volver los ojos y fijar la mirada en ella, vi a mi varse cada uno por su lado la herencia de Sócrates*?.
nodriza, la Filosofía, cuya casa había frecuentado desde Y
así, a pesar de mis protestas y mi resistencia, me arras-
3 mi juventud. «¿Por qué», pregunté, «tú, maestra de traron como si fuera parte de su botín, desgarraron el
todas las virtudes, has descendido de las cimas celestes vestido que con mis propias manos había tejido y,
a esta soledad de mi exilio? ¿Acaso para ser también tú arrancando jirones de él, se marcharon creyendo cada
perseguida conmigo por falsas acusaciones?». uno que me poscía en su totalidad*.
4 «¿Cómo podría», me respondió, «abandonarte a íl, Como se reconocían en estos despojos algunos ves-
mi discípulo, y no compartir contigo, participando de tigios de mis vestiduras, la imprudencia humana,
tu dolor, la carga que soportas por el odio que suscita tomándolos por mis discípulos, hizo caer a algunos de
5 mi nombre? No, la Filosofía no tenía derecho a dejar
sin compañía a un inocente en su camino. ¿Iba yo a
temer ser acusada? ¿Iba a temblar de horror como si *% Una ntcva referencia a la tradición platónica de la Consola
tio,
6 me fuera a suceder algo nuevo? ¿Crees verdaderamen- C£. intr, 40,
Sócrates (469-399 a.C.) fue acusado y condenado injustamente
te que es la primera vez que una sociedad corrupta a muerte. La impávida aceptación de la cicuta demuestra, según
ataca y pone en peligro a la sabiduría? ¿Acaso en el Boe-
cio, la superioridad del sabio sobre sus oponentes. Sócrates
es en la
pasado”, antes incluso de que viviera mi querido Pla- literatura protréptica el representante de la «verdadera»
filosofía. Cf.
L. Alfonsi, «Studi Boeziani IV: Boezio e la tradizione protrettica»,
Aevum 25 (195D), 210-222,
E La expresión para referirse a epicúreos y estoicos
dad más importante. Para los filósofos constituía el símbolo de la (epicureum
uulgus ac stoicum) es claramente despreciativa y deja traslucir
forma pura y perfecta del noús. También los cristianos vieron en el apa-
rentemente una valoración negativa por parte de Boecio. Los
Sol un símbolo de Cristo (Luz del mundo). Cf. Fr. Cumont, Lux per- epicú-
reos negaban la vida del alma después de la muerte, por
petua, París, 1949, 67 ss. y S. Lerer, Boethius, op. cif., 139 ss, lo que fue-
ron combatidos duramente por los neoplatónicos (Boecio
La «admiración» (haumázein) fue según Platón (Teeteto, 155 crítica a
Epicuro directamente en HI 2, 12). En cuanto a los
D) y Aristóteles (Metafísica, 982 B) el origen del filosofar. La rela- estoicos, en V m.
4 discute Boecio críticamente la teoría del conocimiento
ción entre los ojos y el Sol revela la capacidad de la Filosofía para y la psicolo-
gía estoica, Sin embargo, más adelante son alabados
iluminar el pensamiento. una serie de
filósofos estoicos como Canio, Séneca o Sorano, aunque
Y Boecio reconoce a la Filosofía y es capaz de dialogar con ella. más por su
actitud vital que por su ideología filosófica. Las preferencias de
Sobre esta forma tan anómala de comenzar un diálogo, en la que el cio se dirigen claramente hacia la filosofía académica y
Boe-
participante debe recobrar primero el uso de la palabra, cf. E, Rhein, pertpatética.
(C£. intr. 18). En cuanto a la oposición entre la masa (ualgus)
Die Dialogstruktur der Consolatio Philosophiae des Boethius, y el
individuo, presente a lo largo de toda la Consolación, cf.
Francfort, 1963, 13, El estilo es, como en el libro segundo, el de una 15, 4 y L.
Alfonsi, Boezío nella tradizione, op. cit, 215.
diatriba filosófica, caracterizada por el uso de oraciones simples, *% De acuerdo con otra imagen común en el neoplatonismo,
parataxis, negaciones, preguntas retóricas, ejemplos, etc. ] Platón había poseído la Filosofía y a su muerte ésta fue desgarrada
Y El uso de ejemplos pertenece a la tópica de las consolaciones. en
muchas partes, corno Penteo por las Ménades, por los falsos
Cf R. Kassel, Untersuchungen op. cit., 70 e intr. 46 y 49, maestros.
Cf. P. Courcelle, Le personnage de Philosophie, op. cit, 234,
LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1 107
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9 ellos en el error de la muchedumbre profana*. Y si derte si en este océano de nuestra vida* nos vemos
ignoras el exilio de Anaxágoras*, el veneno de Sócra- sacudidos en todas direcciones por las tempestades,
tes, las torturas sufridas por Zenón*, porque todo esto pues nuestro principal propósito es oponernos a los
sucedió en otros lugares, al menos habrás oído hablar 12 criminales. Pero aunque éstos constituyen realmente un
de Canio”, de Séneca**, de Sorano*”, pues su recuerdo
numeroso ejército, no merecen sin embargo nuestra
10 no es antic, > ni oscuro. El único motivo que les con- atención, ya que, sin guía alguno, son arrastrados por
dujo a la roucrte fue que, educados en mis principios, a 1gnoranc
e ia que los hace vagar embriag
j ados sin
i orden
se mostraban en completo desacuerdo con cl comporta- 13 ni concierto. Si alguna vez, formando su ejército, se
lanzan envalentonados
11 miento de los deshonestos. Por cello no debes sorpren- contra nosotros, nuestro guía*!
replicga entonces sus tropas hacia la fortaleza mientras
ellos sólo pueden saquear un miserable e inútil botín.
4 El sentido moral de «error» se transforma en sentido figurado 14 Nosotros, defendidos de todo ese furioso alboroto y
en una especie de incompetencia, Todo el pasaje implica una valora-
ción de la historia de la Filosofía.
protegidos por una trinchera inaccesible a los asaltos
45 Anaxágoras de Clazómenas (500-428 a.C.), filósofo presocrá- de la ignorancia, nos reímos desde lo alto viendo cómo
tico, amigo y maestro de Pericles y de Eurípides, quizás por simpati- se apoderan de todo aquello que carece del menor
zar con los persas o por su dedicación a los problemas astronómicos valor”,
—negaba la naturaleza divina de los astros—, fue acusado de impie-
dad por Cleón y se vio obligado a huir de Átenas exiliándose en
Lámpsaco, en Asia Menor, donde fundó una escucla y fue tenido en
gran estima.
“6 Zenón de Elca (490-430), discípulo de Parménides, pertenecía
a la escuela filosófica eleática que creía que la materia básica del
universo es única, indivisible e inmutable. Á causa de su método fue
considerado por Aristóteles el inventor de la dialéctica; son célebres
sus paradojas robre la imposibilidad del movimiento o la de Aquiles
y la tortuga. Según Diógenes Laercio (9, 26), Zenón murió por las
torturas a las que fue sometido por el tirano de Elea Niarcos, al que
se había enfrentado. so 0. . mo
2 Tae Tado (o Cono), literato y Rlósofo romano, fue mandado La comparación entre la vida y el viaje por mar en el que el
asesinar por Calígula, emperador desde el 37 al 41 4,0. Cf. 14, 27. hombre se ve sometido a los embates de las tempestades como a lo
4% Lucio Aneo Séneca (4 a,C.-63 d.C) fue el máximo represen- Leyes,
cambios803de By LaS)
fortuna en la vida real, es de procedenci
procedenci a platónica
nice (cf,
tante del pensamiento filosófico romano en la primera época del
imperio; preceptor del joven Nerón y. junto con el prefecto del preto- * La Philosaphia o Sapientia,
rio Afranio Burro, artífice de la política imperial hasta el año 60, fue _%5 En este pasaje llegan a su máxima expresión las metáforas
acusado por Nerón de haber participado en una conjura y obligado a militares (exercitus, dux, arx, actes, sarcinula, ucllund), todas ellas
darse muerte. frecuentes en la literatura filosófica, especialmente la estoica que
% Barea Sorano, político y literato romano, cónsul en el 52, fue equiparan al alma humana a una fortaleza inexpugnable para el sabio
obligado por Nerón a suicidarse en el 66 después de una falsa acu- (eL Cicerón, Tusculanas, 5, 5; Séneca, Epístolas, 82, 5). El estilo del
sación. Boecio emplea el plural (Canios... Senecas. . Seranos) para pasaje recuerda el de los Commenteni militares según Courcelle (La
generalizar el destino de estos tres filósofos, los tres exponentes de presentation de Philasoplie, ep. ctt 230 y 245) y K, Reichenberger
la oposición estoica al poder imperial y con los que Boecto se iden- Untersuchungen, Op. cit, 18 y ss, la ha comparado con una cohorta»
fifica, tío estilizada como las del general ante sus soldados
108 A CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1 109
IV” A todo hombre que, sereno y de vida ordenada, Nada esperes y nada temas:
somete bajo sus pies al orgulloso destino* dejarás desarmado e impotente al adversario”,
y, mirando de frente a las dos fortunas*, 15 Pero al que el miedo o la esperanza hacen vacilar
puede mantener el rostro impasible, porque no es firme ni dueño de sí mismo,
5 no lo conmoverá la furia amenazante del océano pierde su escudo y, desalojado de su puesto,
que levanta sus olas desde las profundidades, ata las cadenas que servirán para arrastrarlo%,
ni el Vesubio inestable cuando abre sus cráteres
y lanza llamas mezcladas con humo*, 4” «¿Comprendes», preguntó, «estas palabras? ¿Han
ni la descarga del ardiente rayo penetrado en tu espíritu, o bien estás como «el asno
10 que acostumbra golpear las elevadas torres”, ante la lira»?%, ¿Por qué lloras? ¿Por qué te deshaces
¿Por qué respetan tanto al cruel tirano* en lágrimas?
los maltratados por la desgracia, en vano enfurecidos?
Y Se trata de una enseñanza tradicional de la doctrina estoica (cf.
Séneca, Diálogos, VIS, 1 y Epístolas, S, 7) aunque ya se encuentra
* La Filosofía elogia la vida del sabio que desprecia todos los
formulada en Platón (cf. Fedón, 68 C y Filebo, 45 E).
peligros del mundo, Las fuerzas de la naturaleza no pueden hacer
* Quien no emprende la formación protectora de la sabiduría, se
nada contra quien ha sometido el fatum y la fortuna, (variación de
expone a los peligros del destino, la fortuna y los tiranos. En este
Horacio, Odas, 111 3, 1-8), El que se considera libre de los tiranos,
peligro se encuentra Boecio. Por ello la Filosofía continúa en la
nada espera y nada teme. De otra manera el hombre mismo es la
prosa siguente la exposición de la situación personal de Boecio,
causa de su esclavitud. En la imagen del sabio que encerrado en el
9 Tras la patética cohortatio de la Filosofía, Boecio se despierta
arx Philosophiae triunfa sobre el destino aparecen referencias a de su letargo y comienza una exposición de las buenas acciones que
diversos pasajes anteriores. H, Scheible, Die Gedichte, op. cit., 33, ha realizado siguiendo las enseñanzas de Platón. Lamenta la oposi-
ha puesto en relación este poema con Im. 2. En aquél es representa- ción de sus enemigos con duras palabras y concluye que no siempre
do el ideal del hombre teórico, mientras que aquí es mostrado en sus recibe el hombre la recompensa adecuada a sus beneficios, por lo
aspectos prácticos, con especial referencia a la ética estoica. El que impreca también a la muerte: sus desgracias son el destino de
poema está escrito en faléceos (como Mm. 4; HI m. 10 y IV m, 4). todos los hombres honestos. Se ha señalado que en esta «apología»
% El destino (fatum) es aquí equiparado con la Fortuna. Sólo a Boccio respeta fielmente el esquema retórico clásico: exordio (2-9),
partir de IV 6, 13 es definido específicamente en contraposición con narración (10-19), demostración (20-36), refutación (37-44) y
la prouidentia. peroración (45-46) siguiendo las normas del genus indiciale, y en un
%- Se refiere tanto a la buena corno a la mala fortuna. estilo perteneciente al «género elevado» que logra plenamente su
Las fuerzas volcánicas, introducidas en la literatura filosófica objetivo de conmover a la Filosofía (cf. 1 5, 1). Sobre esta «apo-
por el estoico Posidonio, son también mencionadas en H m. 5, 25 y logía» y su posible relación con la génesis de la Consolación, cf. K.
IE 6, 1. Es posible que la erupción del Vesuvio en 512 haya influido Reichenberger, Untersuchungen, op. cit. 36-76; L. Alfonsi, «Roma-
en esta descripción. nitá e barbarie nell' Apología di Boezio», Studi Romani 1 (1953),
7 También el rayo, que sólo suele afectar a las cumbres (torres, 505-616, M. Galdi, Saggi boezíani, Pisa, 1938, 230-239 e intr.
árboles, cimas de las montañas etc.; cf. Horacio, Odas, U 10, 10 ss.) * Proverbio griego que expresa el obtuso entendimiento o la
pertenece a la misma tópica de los elementos de la naturaleza que, incapacidad del ignorante para apreciar el valor real de las cosas. La
como las tormentas o las erupciones volcánicas, afectan el alma de frase dio título a una sátira menipca, hoy perdida, de Terencio
los hombres y pueden acrecentar sus temores. Varrón (116-27a.C.). Las breves preguntas siguientes pertenecen
% El comportamiento del verdadero filósofo frente a los tiranos desde el punto de vista del contenido al discurso represensivo de las
será mostrado en 11 6, 8 ss; cf. también IV m. 1, 30; IV m,2,9 y la consolaciones, mientras que desde el punto de vista formal recuerdan
imagen de Nerón en Il m. 6). el estilo de la diatriba (cf. intr. 49).
110 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1 111
Habla, ne te ocultes en tu corazón”, que el timón del Estado caiga en manos de ciudadanos
corruptos y criminales y evitar la desgracia y la ruina a
Si esperas de un médico que te cure, es necesario las gentes honestas”,
que descubras tu herida». Y así, siguiendo la autoridad de tus palabras, decidí
Entonces yo, que había recobrado todas mis llevar a la práctica en la administración del Estado lo
energías, le respondí": «¿Es realmente necesaria algu- que había aprendido de ti en mi alejado retiro. Tú y ese
na aclaración? ¿No resalta por sí misma la dureza con Dios que te hizo penetrar en la mente de los filósofos%
la que la Fortuna se ensaña conmigo? ¿No te conmue- sois testigos de que no me condujo al gobierno otro
3 ve el aspecto mismo de este lugar? ¿Es ésta aquella motivo que el interés común por toda la gente
biblioteca que tú misma habías elegido en mi casa honesta”. De ahí los profundos e implacables desa-
como tu más seguro refugio? ¿Es la habitación en la cuerdos con personas sin escrúpulos, de ahí, como
que solías sentarte conmigo a razonar sobre el conoci- exigía mi hibertad de conciencia, mi constante despre-
miento de la Fumano y lo divino?% ¿Tenía el mismo cio por la hostilidad de los poderosos cuando intentaba
aspecto y la misma expresión cuando indagaba contigo defender el derecho”.
los secretos de la naturaleza, cuando con una regla me ¡Cuántas veces soporté los ataques de Conigasto”!
describías cl curso de los astros, cuando regulabas mi por haberme interpuesto en su camino cuando se lanza-
conducta y los principios de mi vida entera según el
modelo del orden celeste? ¿Es ésta la recompensa que La concepción de Boecio sobre la participación en la política
he merecido por haberme sometido a tu voluntad? como actualización de las enseñanzas Mosóficas proviamente recibi-
Sin embargo, tú eros la que por boca de Platón for- das es plenamente romana (ef L. Alfonst, Boezío nella vadizione,
ap. cit., 12 85.), al contrario que Platón (cf. República, 347 B-C), que
mulaste esta máxima: «Felices serán los Estados que
se planteaba la cuestión de si el sabio debía participar en la actividad
gobiernen filósofos o cuyos gobernantes se dediquen a política. En cuanto a la imagen del Estado como un barco, la compa-
la Filosofía»*%, Tú, la que por boca de ese mismo hom- ración procede de la poesía griega arcaica (Alcco) poro fue general
bre nos enseñaste el motivo fundamental por el que los zada en la Iteratura filosófica por Platón (Política, 296 E).
% Como la chispa divina es implantada en el espíritu de los hom-
filósofos deben tomar parte en la vida política: impedir bres (cf. Hom. 11, loss. y Tm. 2,2), así es introducida la Filosofía
por la Divinidad que, por una parte, se corresponde con el concepto
estoico del lágos spermaitñós (et, Séneca, Epístofas, T3, 16), por otra
63 Cita de un verso de la Híada (1, 363) en el que Tetis se dinge a recuerda a la imagen de la semilla divina (cf. Platén, Tímeo, 73 C; 10
su hijo Aquiles, o m. 9, 20). Al origca divino de la filosofía se refiere tambien Plaron
8 El exordism (2-9) de la apología tiene en este caso el objetivo (Timeo, 47 B y Leyes, 716 0).
de conmover al oyente, tal como recomendaba la retórica clásica. 2 Esta misma idea, con una expresión también muy semejante,
Para la kátharsis es preciso recobrar previamente las fuerzas y prepa- es expuesta por Séneca (Dialogos, 9, 1, 10).
rarse espultualmente (cf. Platón, Fedón, 67 <). * Caplatto beneuolentias racdiante el ataque a la persona de los
5 Se trata de la definición que los antiguos filósofos hacían de la adversarios. Concluido cl exordira, comienza la anerratía en la gue
sabiduría: «ciencia de lo divino y lo humano». Cf. Cicerón, Lor Boecio se presenta como un uir bonus sirviéndose de la técnica del
deberes, 11, 5; Tusculanas, 4, ST, Séneca, Epístolas, 89, 5 y 90, 3, claroscuro recomendada por Quintiliano (cf, fast Orar 4,2, 129) La
é Cf Platón, República, 473 D y 487 E, Una selección de pasa- exposición es sumaria y no sigue el orden cronológico (cf, intr 27,
jos de la obra de Plalón donde se expone esta tesis puede verse en P. 11. A pesar de que romanos y godos mantenían una coexistencia
Courcelle, La consolation, ep. cir. 69, n. 2. pacífica en el seino ostrogodo, eran inevitables los conflictos y frig-
Libro UP
tir los golpes de la Fortuna! Por eso, aquellos remedios I*'— Quien quiere sembrar un campo virgen,
que encontrabas demasiado enérgicos no sólo no me primero libera de malezas la tierra,
dan miedo sino que te suplico ardientemente que me corta con la hoz zarzas y helechos
permitas escucharlos». para que Ceres venga cargada con la nueva cosecha.
Ella me dijo entonces: «Me di cuenta de ello cuan- 5 El fruto de las abejas parece más dulce, :
do, silencioso y atento, asías mis palabras; esperaba si antes han probado los labios un sabor amargo.
ese estado de ánimo, y, a decir verdad, yo misma lo he Los astros brillan más claros cuando el Noto”
provocado. En realidad, las medicinas que te faltan por cesa de enviar sus ruidosas lluvias.
tomar, aunque al probarlas dejan la boca amarga, una Cuando Lucifer ha expulsado las tinieblas*,
4 vez en el interior proporcionan dulzura. Pero como 10 el hermoso día conduce sus rosáceos caballos.
dices que estás deseoso de oirme, ¡con qué impaciencia También tú, que antes has mirado falsos bienes,
arderías si supieras a dónde quiero llevarte!». comienza a sustraer tu cuello a su yugo:
«¿A dónde?», pregunté, entonces los verdaderos valores penetrarán en tu espíritu”.
«A la verdadera felicidad», respondió, «a la felici-
dad con la que tu espíritu también sueña, pero que no 2" Luego, inmovilizó su mifada por un momento y
puede contemplar tal como es porque su vista se detie- como si se replegara en la profundidad de sus nobles
ne en las apariencias»*,
Entonces yo le repliqué: «Habla, te lo suplico, y $ Como en el pasaje anterior, Boecio presenta en este poema a la
muéstrame sin dilación cuál es la verdadera felicidad». verdadera y a la falsa felicidad recurriendo a las acostumbradas imá-
genes de la vida campesina y la naturaleza. La recomendación final
«Lo haré gustosamente», contestó, «por amor a ti; está relacionada con ta descripción de Im. 2, 24 ss. y explica la con-
pero antes intentaré esbozar y describir con palabras un tinuación en el uso de los remedios para la curación. El metro está
tipo de felicidad que te es más conocido; así, cuando la formado por trímetros dactílicos catalécticos in syllabam y monóme-
tros trocaicos catalécticos (peón IV), una combinación muy poco
hayas contemplado y vuelvas los ojos en dirección usual que Mario Victorino (Grammatici Latini, VI 133, 9 ss,, Kei
opuesta, podrás reconocer el ideal de la verdadera asocia con las canciones campesinas de Calabria. Cf. L. Pepe, La
metrica, op. cit., 236 ss.
felicidad»*, 7 Cf. Um 6, 12.
$ Cf Im.S, 10-13. La expulsión de las tinieblas se relaciona
con la simbología de la luz mencionada en Im. 2 y 3.
4 Felicitas es un término neutro que debe ser precisado: uera, 2 Cf el final de MI m. 8, La relación con 1 mm. 2, 25 y con el mito
perfecta (UI 9, 26) es la verdadera felicidad, que se identifica con la de la caverna de Platón es evidente. Cf. F. Klingner, De Boethii, op.
beatitudo; falsa (11 1, 10), caduca (1 4, 26), fragilis (118, 4), imper- cit., 30 y H. Scheible, Die Gedichte, op. cit., 79 ss.
fecía (UL 10, 6), mendax (111 9, 1), mutabilis (11 4, 26), es la felicidad 9: Comienza la descripción de la falsa Felicidad. Mientras que en
terrena y aparente (cf. Im. 1, 21). Para llegar a la primera es preciso el libro segundo se había presentado la prosopopeya de la Fortuna
revelar antes la esencia de la falsa felicidad. La referencia al sueño mediante la filosofía popular cinico-estoica, aquí, con una argurmen-
que impide la visión de la realidad procede de Platón (República, tación de tipo lógico, explica la Filosofía el axioma de que todos los
533 B; Menón, 35 C; Leyes, 800 A, 969 B). hombres se esfuerzan por conseguir la Felicidad, entendida como el
5 Beatitudo, la verdadera felicidad. Dada la inexistencia en estado causado por la consecución de los diferentes bienes: poder,
español de palabras que expresen la oposición que establece Boecio riqueza, fama, Sin embargo, bajo esa diversidad aparente, el alma
entre felicitas y beatitudo, preferimos traducir ambos términos por aspira a un bien superior. Elementos de la filosofía protréptica son
«felicidad». 2 fácilmente reconocibles en los argumentos utilizados.
182 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA ; LIBRO TH 183
pensamientos, comenzó a hablar de esta manera: estar cerca de quienes lo tienen. En cuanto a los que
2 «Todas las aspiraciones de los hombres, que se mani- creen que la celebridad es lo mejor, se empeñan sin tre-
ficstan en el empeño de múltiples actividades, avanzan gua, con las artes de la guerra o con las de la paz, en
por senderos diferentes, pero en cualquier caso se difundir la fama de su nombre.
esfuerzan por lHegar a una única meta, la felicidad". 7 La mayoría, sin embargo, mide el disfrute del bien
3 Este es el bien que, una vez poseído, nadie puede de- en términos de alegría y regocijo y creen que la felici-
sear otro mayor. Es en verdad el más importante de dad suprema consiste en entregarse al placer. Hay tam-
todos los bienes y a todos los contiene en sí!?; si faltara 8 bién quienes confunden entre sí fines y causas, como
alguno, no podría ser el bien supremo puesto que fuera los que desean las riquezas para conseguir el poder y
de él quedaría algo que se podría desear. Es por tanto los placeres, o quienes aspiran al poder para conseguir
evidente que la felicidad consiste cn un estado perfecto riquezas o extender su renombre.
que reúne en sí todos los bienes. 9 — Así pues, en torno a estas y otras motivaciones
4 Es este estado, como ya he dicho, el que todos los semejantes gira la finalidad de los actos y deseos de los
hombres se esfuerzan en obtener aun por caminos dife- hombres: un rango elevado y el apoyo popular, que
rentes; en efecto, existe en las mentes humanas un parecen propiciar cierta celebridad, o mujer e hijos, de
deseo innato del verdadero bien, pero el error los los que se esperan satisfacciones; en cuanto a los ami-
5 desvía hacia los falsos bienes'*. Por eso algunos, que gos, los más fieles no se incluyen entre los bienes de la
creen que el sumo bien consiste en no carecer de fortuna sino en los de la virtud, mientras los otros se
nada!*, se esfuerzan para tener abundancia de riquezas; buscan o por amor al poder o por el placer que procu-
otros, por el contrario, estimando que el bien es aquello 10 ran'*. Y con respecto a los bienes del cuerpo es obvio
que proporciona el mayor respeto, se afanan en ser que están relacionados con los que he mencionado
honrados por sus conciudadanos mediante el ejercicio antes: una constitución fuerte y una gran estatura pare-
6 de cargos honoríficos. Los hay que están convencidos cen conferir prestancia, la belleza y la agilidad procu-
de que el bien supremo reside en el poder absoluto; 11 ran celebridad, y la salud, placer'", A través de todo
éstos quieren ejercer el poder ellos mismos o procuran esto resulta evidente que sólo se desea la felicidad,
pues si uno busca algo por encima de cualquier otra
cosa es porque lo considera el bien supremo. Pero
'' C£ Platón, Eutidemo, 278 A, Aristóteles, Protréptico, frag. b
93-96 D; Cicerón, Fines, 5, 86; Séneca, Epéstolas, 44, 7; Plutarco, hemos definido la felicidad como el bien supremo; por
Moralia, 5 C ss.; Agustín, Vida feliz, 2, 10 c. A este concepto vuelve lo tanto cada uno considera que la felicidad es el esta-
a referirse Boecio en IV 2, 10 y 1V 3, 3, do que desea con preferencia a todos los demás.
2 La definición procede de Platón, Filebo, 60 B.
1% Sobre la imagen de los diversos caminos que puede seguir el
hombre, que aparece en diversos lugares de la Consolación (1 m. 7,
23; UL 10, 37, etc.), ef. Aristóteles, Etica a Nicómaco, 1094 A. El '% Sobre la amistad, cf. 118, 6 y HIS, 13 ss,
«error» en el sentido elimológico de «desvío» (cf. 13, 8; 1 m. 7,23 y '* También mediante los bienes corporales (corporis bona) aspi-
118, 5). ran los hombres a conseguir los mismos bienes arriba mencionados:
14 Esta es la característica del sunmin bonum y de la beatitudo ualentia (sinónimo de potentia), celebritas y uoluptas, CL U 8,
(cf. 1119, 4 ss). donde Boecio muestra que los corporis bona carecen de valor,
184 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO HI 185
12 — Tienes, pues, ante tus ojos una imagen aproximada absoluto; de hecho, no puede carecer de valor ni ser
de la felicidad humana: riquezas, honores, poder, glo- despreciable aquello que casi la totalidad de los morta-
ria, placeres. Precisamente por tener en cuenta sólo 16 les se esfuerza en obtener. ¿Y no hay que contar entre
esto, Epicuro sostuvo de manera consecuente que el los bienes al poder? ¿Qué ocurre entonces? ¿Debere-
bien supremo se identifica con el placer, ya que todo lo mos considerar como un estado de debilidad y carente
demás parece concebido para procurar deleite al espí- 17 de vigor aquello que resulta ser superior a todo? ¿Tal
ritu!”. vez no debamos hacer ningún caso a la celebridad?
13 — Pero vuelvo a las aspiraciones de los hombres, cuyo Pero no se puede evitar que todo aquello que sobresale
espíritu, aun con la memoria ofuscada'*, busca su pro- de manera particular parezca también que es lo más
pio bien y, sin embargo, a la manera de un borracho, 18 ilustre. ¿Qué importa decir que la felicidad no conoce
no sabe encontrar el camino por el que volver a casa!”. la angustia o la tristeza, que no está sujeta a dolores ni
14 ¿Dan realmente la impresión de equivocarse aquellos vejaciones, pues incluso en las cosas insignificantes se
que se esfuerzan por no carecer de nada? Sin embargo busca aquello cuya posesión y disfrute procura placer?
no hay ninguna otra cosa que pueda completar la felici- 19 Pues bien, son precisamente estas cosas lo que los
dad como la abundancia de todo tipo de bienes, una hombres quieren obtener y es este el motivo de que
abundancia que elimine la necesidad de lo ajeno y sea deseen riquezas, honores, poder, gloria y placeres, por-
15 autosuficiente. ¿Se equivocan acaso quienes piensan que están convencidos de que con su posesión
que lo mejor es también lo más digno de respeto? En conseguirán la autosuficiencia, el respeto, el poder, la
20 fama y la felicidad”. El bien es, pues, aquello que los
hombres persiguen a través de intereses tan diversos;
"La moral propugnada por Epicuro tenía como fin alcanzar la
felicidad del hombre mediante el uso equilibrado y razonado de los
fácilmente puede verse cuán grande es el poder de la
placeres. Esta búsqueda de la felicidad no debe confundirse con el naturaleza a este respecto ya que, aun pensando de
hedonismo vulgar, porque tiene como componente esencial la manera tan diversa y hasta contradictoria, con todo
«imperturbabilidad» (ataráxia) e implica una relativa austeridad. coinciden los hombres en elegir el bien como su fin.
Boecio, que en el libro primero había expresado una cierta disconfor-
midad con los seguidores del epicureísmo (cf. 1 3, 7), presenta aquí
una versión más ecuánime de la doctrina del filósofo griego, apartán-
dose de la deformación polémica del epicureísmo común en la baja
latinidad y en muchos escritores cristianos anteriores,
'* La noción platónica de la memoria es un tema importante a lo
largo de este libro tercero. La niebla que ofusca la memoria, imagen
que ya apareció en 16, 21 y I 1, 13, es el síntoma de los hombres que
no conocen el verdadero bien porque no lo recuerdan.
%: La imagen del borracho que no puede volver a su propia casa 2% Resume una vez más Boecio los cinco bienes que en conjunto
(aquí con el sentido de «patria»; cf. 15, 3 y PV 1, 8) procede de constituyen el summum bonum: sufficientia, reuerentia, potentia,
Platón (Fedón, 79 C). Cf. 13, 12 y U 8, 4. El viejo mito del olvido celebritas y laetitía, a los que los hombres atribuyen cinco valores
(cf. Hesíodo, Teogonía, 227) lo introduce Platón en la literatura materiales falsamente tenidos por bienes: diuitiae, dignilates, regna,
filosófica (República, 621 a) y por influencia del gnosticismo desemn- gloria y uoluptates. Este sistema procede de la descripción platónica
peña un papel importante en el neoplatonismo. Cf, Macrobio, y aristotélica de la eudaimonía. Cf. O. Gigon, Die antike Kultur und
Comentario al Somnium Scipionis, 1, Y2, 8. klas Christentum, Giitersloh, 1969”, 289.
186 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA ; LIBRO II 187
II" Con cuántas riendas gobierna las cosas aunque el hombre con cuidado amistoso
la naturaleza poderosa, con qué leyes?” conserva 20 y gran cariño le ofrece bebidas
previsora la inmensidad del orbe, endulzadas con micl y abundante alimento,
y contiene cada elemento, sujetándolo con nudo si, al saltar en su estrecho enrejado,
indisoluble, he decidido exponer llega a ver las gratas sombras de los bosques,
con canto melodioso a los acordes de mi morosa lira. pisotea el alimento y lo dispersa con sus patas,
Aunque arrastren magníficas cadenas 25 y desconsoladamente suspira por sus bosques,
los leones de Cartago”, tomen el alimento a sus bosques con dulce voz canta.
que la mano le ofrece y, acostumbrados a sufrir La rama, obligada por una fuerte presión,
10 sus golpes, teman a su salvaje domador, pliega hacia tierra la extremidad de su tallo;
si la sangre tiñe sus aterradoras fauces, pero si la mano que la curva, la libera,
revive entonces su adormecido coraje 30 la cima se endereza de nuevo hacia el cielo,
y con profundos rugidos recuperan su naturaleza; Febo desaparece en las aguas de Hesperia”,
rotas sus ataduras liberan sus cuellos pero por un camino secreto vuelve otra vez su carro
15 y primero el domador satisface su rabiosa furia hacia su acostumbrado punto de partida.
desgarrado por los dientes ávidos de sangre. Todas las cosas tienden a reencontrar sus propios orí-
El pájaro que trina sobre las altas ramas [genes
es encarcelado en el interior de una jaula?%; 35 y cada una se complace en retornar allí,
Nada tiene un orden establecido
1 La naturaleza mantiene el orden con sus leyes previsoras y a si no ha unido entre sí principio y fin
pesar de que en ocasiones son forzadas hasta el olvido, pueden vol- ni ha completado su ciclo cerrado”,
ver a actuar, como muestran las imágenes de los leones encadenados
o los pájaros enjaulados. La última imagen, Febo (que ya ha apareci-
do como garante del orden natural; cf. 1m. 3, 9) retornando a su
refugio nocturno, se aparta de las anteriores en las que destaca fuer- comparación una referencia al mito platónico de la caverna. E.
temente la idea de la violencia (v. $, uincula; y. 18, caucae clauditur Rapisarda («Poetica e poesia in Boczio», Orpheus 3 [1956], 23-40),
antro; v. 27, ualidis utribus) y sirve para introducir la conclusión: por el contrario, acentúa el componente biográfico de la imagen. Cf.
todas las cosas siguen su orden acostumbrado. El poema está en también Ovidio, Pónticas, 1, 3, 39 ss. y H. Scheible, Die Gedichte,
dímetros anapésticos acaalécticos (cf. 1 m. 5). j op. cit., 82.
*% Hesperia eran en la Antigiledad las regiones occidentales, Ita-
2 Las leyes de la naturaleza, idea en la que los estoicos habían
insistido, carecen en este verso de la connotación explícitamente lia con respecto a Grecia, España con respecto a Htalia (cf. Im. 2,
cristiana que Agustín les dio con la concepción de la lex creatoris. 16). La imagen de Febo como garante del orden en el cosmos cierra
Cf. H. Galinsky, Naturae cursus, 0p. Cit, 28 ss. la serie de ejemplos.
22 Los leones cartagineses (poeni leones) solían ser utilizados en > Stabilemn... arbem («ciclo cerrado»), como símbolo de la
Roma en los espectáculos del circo. Las imágenes tomadas al mundo simetría perfecta, en relación con el ordo de la naturaleza. El movi-
animal son frecuentes entre los estoicos (cf. Séneca, Epístolas, 41, 6 miento natural de todas las cosas forma un círculo desde el punto de
y, en la tradición literaria, Esquilo, Agamenón, 717, Píndaro, Olímpi- partida (ortumn, arkhé) hasta su meta (fínis, télos). Boecio expresa la
cas, 11, 19; Virgilio, Eneida, 6, 724; Lucano, 4, 237) pues sirven idea del movimiento cíclico de Platón y Aristóteles con imágenes
para mostrar la idea de comunidad universal (oíkefosis) de la que latinas (cf. Lucrecio, 5, 76 ss. y Séneca, Epístolas, 36, 11). Cf. H.
participan tanto el hombre como los animales. , Galinsky, Naturae cursus, ep. cit, 16 ss. y H. Scheible, Die Gedich-
2 K. Búchner (Bemerkungen, op. cit, 289) ha visto en esta te, ap. cit, 82 88.
188 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO HI 189
1 3” Vosotros también, criaturas terrenas, veis como en 8 «Así pues, ¿en un caso deseabas algo que tenías, en
sueños vuestro origen, aunque sea a través de una ima- otro, algo que te faltaba?».
gen imprecisa, y con el pensamiento, pese a ser poco «En efecto», dije.
penetrante, conseguís entrever el verdadero fin, la feli- 9 «¿Pero si se desea alguna cosa», continuó ella, «no
cidad; por ello vuestra inclinación natural os arrastra es porque se carece de ella?».
hacia el verdadero bien mientras vuestra variada igno- «Sí», respondí.
2 rancia os aparta de él. Piensa, en efecto, si los medios «Entonces, quien carece de algo no es completa-
con los cuales los hombres creen alcanzar la felicidad mente autosuficiente».
3 son capaces de conducirlos al fin que se han fijado. Si «En modo alguno», repondí.
verdaderamente el dinero, los honores o el resto de 10 «Así pues», dijo, «tú, rodeado de riquezas, ¿sufrías
esos medios condujera a un estado que pareciera esa insuficiencia?»,
incluir todos los bienes existentes, yo también estaría «¿Por qué negarlo?», respondí.
dispuesta a admitir que algunos hombres pueden llegar 11 «Por consiguiente, las riquezas no pueden librarnos
4 a ser felices con su adquisición. Pero si no son capaces de la necesidad y hacernos autosuficientes, que es pre-
de cumplir aquello que prometen y carecen de un cisamente lo que parecían prometer.
considerable número de bienes, ¿no es evidentemente 12 — Ahora bien, creo que también debemos señalar
falsa la apariencia de felicidad que ellos producen? especialmente que el dinero, por su propia naturaleza,
5 Comienzo, pues, por preguntarte a ti, que hasta no tiene nada que le impida ser arrebatado a quienes lo
hace poco vivías entre riquezas: entre aquellos ilimita- poseen en contra de su voluntad»*,
dos recursos, ¿no se vio nunca turbado tu espíritu por «Lo admito», dije.
la inquietud* provocada por alguna contrariedad?». 13 — «¿Y cómo no vas a admitirlo cuando cada día hay
6 «No puedo recordar», respondí, «haber tenido mi alguien más fuerte que lo arrebata a otro contra su
espíritu suficientemente tranquilo como para que no voluntad? ¿Cuál es el origen de todos los recursos judi-
me angustiara siempre alguna». ciales sino las reclamaciones de dinero sustraído por la
7 — «¿Y no te ocurría esto bien porque te faltaba algo fuerza o por el fraude a alguien en contra de su volun-
que no querías que faltase, bien porque había algo que tad?».,
no hubieses querido que existiese?». «Así es», dije.
«Así es», respondí”, 14 «Por tanto», continuó, «se necesita recurrir a una
ayuda exterior para que cada uno pueda proteger su
2 Continúa la Filosofía mostrando el error de los hombres al per-
propio dinero».
seguir falsos bienes que no les reportan la verdadera felicidad sino
sólo preocupaciones, enemistades y luchas, como Boecio mismo una correspondencia casi exacta en las fórmulas de relación entre
puede comprender por sus propias experiencias, preguntas y respuestas. Cf. F. Klingner, De Boethii, op. cit., 75 $8. y
22 La inquietud (anxietas) pertenece al conjunto de los males (cf. J. Gruber, Kommentar, op. cit, 248.
11,9; Im. 7, 25; 11 4, 11) y no sólo acompaña a las riquezas sino Completa esta argumentación la idea (11 5, 3) de que las rique-
también a las voluptates (01 7, 1) y al poder (HI 9, 20), - zas no constituyen ningún bien, acentuando aquí la Filosofía la inse-
2% El diálogo siguiente sigue el modelo creado por Platón, con gusidad de su posesión. Cf. Horacio, Sátiras, 1, 1,76 ss.
LIBRO MI 191
190 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
4 dos por ningún cargo. ¿Cuántos peligros pudieron el número de los que lo desprecian, puesto que los car-
inducirte a ti mismo a pensar aceptar el ejercicio de gos no pueden hacer respetable a las personas que
una magistratura en compañía de Decorato*, cuando expone a la mirada de la mayoría, contribuye más bien
percibías en él el espíritu de un inmundo bufón y de un 10 a acrecentar el desprecio hacia los deshonestos. Pero
5 delator? En efecto, no podemos juzgar dignos de respe- esto no deja de tener consecuencias pues estas perso-
to por los cargos que ejercen a quienes consideramos nas deshonestas hacen que los cargos que manchan con
6 indignos de ejercer esos mismos cargos. Por el contra- su contacto corruptor tengan su misma condición.
rio, si vieras a una persona dotada de sabiduría, ¿po- 11 Y para que te des cuenta de que el verdadero res-
drías no considerarla digna de respeto o de esa sabi- peto no puede alcanzarse mediante estas fugaces digni-
duría de la que está dotada?». dades, piensa en esto: si un hombre que ha sido en
«De ninguna manera». repetidas ocasiones cónsul llegase casualmente a pue-
7 «La virtud posee, en efecto, una dignidad propia?, blos bárbaros, ¿el cargo que ha desempeñado lo hará
que se transmite espontáneamente a aquellos a los que quizás digno de respeto a los ojos de esos extranjeros?
8 se asocia. Y puesto que los honores que proceden del 12 Ahora bien, si este privilegio fuese connatural a los
pueblo no pueden producir este efecto, resulta evidente cargos, en ningún lugar de la tierra perderían éstos su
que no poseen la belleza" que caracteriza a la digni- función*, de la misma manera que el fuego no deja
dad. nunca de calentar, sea cual sea el lugar en que se
9 A este respecto debo añadir una observación: si el 13 encuentre. Pero como los cargos no poseen un valor
desprecio por alguien es tanto mayor cuanto mayor es propio sino el que les atribuye la equivocada opinión
de los hombres, cuando se presentan ante personas que
3% Decorato fue cuestor desde septiembre del 523 hasta agosto no los consideran como tales pierden inmediatamente
del año siguiente, y murió a finales del 524 (Casiodoro, Variae, 5, 3, su prestigio.
4). El pasaje plantea un difícil problema pues Boecio ejerció su
magistratura desde septiembre del 522 hasta agosto del 523, y
14 — Pero esto sucede entre pueblos extranjeros; en
además no fue cuestor, sino magister officiorum, No se entiende por nuestro país, donde han visto la luz, ¿acaso perduran
tanto cómo Boecio afirma haber sido cuestor con Decorato. Una 15 eternamente? La pretura*, en otro tiempo cargo que
posible explicación puede estar en el hecho de que bajo el dominio confería un gran poder, es ahora un título vacío y una
godo ambos cargos tenían atribuciones muy similares, tendiendo a
confundirse. Por otra parte, el texto de Boecio dice «se había dejado
inducir», pero no que ejerciera realmente la magistratura con Deco- ** Según P. Courcelle (La Consolation, op. cit., 348), esta opi-
rato. Se podría pensar que Boecio, tras finalizar su cargo en agosto nión de Boecio se referiría en concreto a la situación política bajo
del año 523, aceptó presentar su candidatura de magister officiorum Teodorico y los godos, que no tenían el menor respeto por las digni-
por segunda vez, mientras que el cargo de cuestor se asignaba a dades romanas,
Decorato. Como apoyo a esta interpretación pueden entenderse las € La pretura fue durante la República una de las magistraturas
acusaciones formuladas por Cipriano contra Boecio de haber aspira- superiores cum imperio, con funciones de comandante del ejército y
do ilegitimamente a un alto cargo (cf. intr. 11 ss. y L. Obertello, Boe- administrador de justicia, pero en la época imperial sus prerrogativas
cio, ep. cit.,1, 127 ss). - se vieron gradualmente reducidas en favor del poder imperial hasta
2 Cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1095 B, 26 ss. sobre la vir- convertirse en un cargo poco más que honorífico, considerado por
tud de la verdadera dignidad. las familias importantes como un impuesto virtual dados los gastos a
+ Cf 11 10, 26, los que daba lugar.
194 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA, LIBRO HH 195
pesada carga para los recursos de los senadores”, en 5 Peroa veces maligno ofrecía a los venerables
otro tiempo, cuando alguien se ocupaba del aprovi- senadores indignas sillas curules*,
sionamiento del pueblo, era considerado un personaje ¿Quicn podría pues considerar felices
importante*, ahora, por el contrario, ¿hay algo más
esos honores que conceden los miserables?
16 banal que esta prefectura? En realidad, como acabo de
decir, aquello que en sí mismo carece de gloria adquie- 1 5% ¿Puede acaso el poder real o la proximidad a los
re o pierde alternativamente esplendor según la opinión reyes hacer a un hombre poderoso? ¿Por qué no, dirás,
que se tenga de quienes lo asumen. 2 puesto que su felicidad perdura eternamente? Sin
17 Consiguientemente, si los cargos no pueden hacer a embargo, el pasado está lleno, como también el presen-
las personas respetables, si además se manchan al con- te%, de ejemplos de reyes cuya felicidad se cambió en
tacto de los hombres deshonestos, si con el paso del desgracia, ¡Verdaderamente magnífico este poder que
tiempo dejan de brillar, si pierden su valor en función ni siquiera resulta capaz de conservarse a sí mismo!”
de la estimación de los pueblos, ¿qué belleza podrán 3 Y si este poder ejercido sobre los reinos es una
tener en sí mismos que los haga deseables y, mucho garantía de felicidad, ¿no es cierto que cualquier reduc-
menos, cómo podrán conferirla a otros? ción de ese poder disminuirá la felicidad e introducirá
4 la desgracia?” Sin embargo, por mucho que se extien-
IV* Aunque espléndido se adornara dan los imperios humanos, necesariamente quedan
con púrpura tiria* y níveas perlas, muchos pueblos que escapan a la dominación de los
a todos resultaba odioso Nerón”
por sus crueles excesos.
Consolation, op. cit., 347 ss. A €l se refiere también con duras pala-
bras Agustín, Ciudad de Dios, 5, 19.
2 En época de Boecio, los senadores (senatorii census) se veían “* Indecores curules (propiamente «sillas curules», prerrogativas
sometidos a una doble presión; por una parte la que dera e rey de las magistraturas superiores) empleado en el sentido de «Cargos».
bárbaro, que exigía su total sumisión, y por otra las debidas alas Boecio añade el calificativo «indignas» por ser conferidas por un
reclamaciones provenientes del emperador de Oriente al qe estaban cruel tirano sin cordura y de inconfesables razones. Se pone así de
ligados por el común sentimiento de romanidad. A estas diticu ades relieve otro aspecto de la inconsistencia de los cargos: no sólo no
de índole política se añadía la necesidad de defenderse de la rap mejoran a los malvados, sino que además quitan la honorabilidad de
dad de los jefes godos, ávidos de apoderarse de sus nquezas. tusió
alusión las personas honradas al aceptar cargos de soberanos indignos.
“ Enel texto Boecio utiliza la palabra magnus, quizás en
** En esta parte son representadas las limitaciones del poder, por
a Pompeyo Magno (106-48 a. C.) que se distinguió por su preocupa” grande que sca, con ejemplos históricos como el de Damocles, que
ción por el aprovisionamiento del grano (annona), en épocas po muestran a los poderosos sometidos también a la Fortuna. Antece-
riores el prefecto de la annona tenía una pesada tarea pues en licm dentes de esta formulación aparecen en Cicerón, Tusculanas, S, 61
los
pos de carestía el trabajo podía llegar a ser peligroso a causa de ss.; Horacio, Odas, 3, 1, 17; Sidonio Apolinar, Epístolas, 2, 13,
motines populares. Macrobio, Sueño de Escipión, 1, LO, 16. Cf. P. Courcelle, La Conso-
1% Las anteriores reflexiones generales sobre el valor de las dear lation, op. cit, 350,
dades concluyen con el ejemplo de Nerón, prototipo del tirano ye * Posible referencia a Odoacro. Cf. intr. 3.
malvado que sin embargo tiene poder para conferir cargos y dignida- $1
Irónico como 115,35 y 107, E.
.
des. Faléceos (como 11m. 4) alternando con decasilabos alcaicos a
En el texto Boecio utiliza dos términos diferentes para referir-
% Cf. Hm.5,8ss. se a la felicidad: la felicidad terrena, relativa (felicitas) y la felicidad
Nerón como imagen del tirano, cf. P. Courcelle, La
2 Sobre espiritual, ideal (beatitudo).
196 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1 197
5 reyes". Por otra parte, allí donde falta el poder que misma condición es vulnerable?” Ellos son en realidad
hace felices a los hombres, se desliza esa ausencia de víctimas del poder absoluto de los reyes, tanto cuando
poder que los hace desgraciados y en consecuencia es 10 están en auge como cuando cacn. Nerón obligó a Séne-
inevitable que de este modo los reyes obtengan una ca, su amigo y maestro, a no tener más libertad que la
parte mayor de desgracias”, de elegir su muerte*; a Papiniano, poderoso durante
6 Untirano, que conocía por experiencia los peligros mucho tiempo en la corte, Antonino lo entregó a las
de su condición, representó el miedo propio de quienes 11 espadas de sus soldados”. Sin embargo, uno y otro qui-
gobiernan mediante la aterradora imagen de una espa- sieron renunciar a su poder y Séneca intentó incluso
7 da que pendía sobre la cabeza*. ¿Qué clase de poder, ceder sus riquezas a Nerón y retirarse a la vida privada;
pues, es ese que no puede alejar la mordedura de la arrastrados por el peso de su misma grandeza, ninguno
inquietud ni de evitar el aguijón del miedo? Bien qui- de ellos consiguió sin embargo aquello que quería.
sieran los poderosos vivir sin preocupaciones, pero no 12 ¿Qué clase de poder, pues, es éste que aterroriza a
8 pueden; y con todo se jactan de su poder. ¿Consideras los que lo detentan, que pone en peligro a quienes
acaso poderoso a quien ves que desea lo que no puede desean ejercerlo y del que no te puedes librar cuando
obtener? ¿Consideras poderoso a quien cubre sus Cos- quieres renunciar a él?
tados con guardias, a quien tiene miedo de aquellos a 13 ¿Se puede acaso confiar en amigos ganados no por
los que él mismo quiere infundir miedo, a quien para nuestra virtud sino por nuestra fortuna?“ Aquel al que
parecer poderoso se pone en las manos de sus servi- la prosperidad ha hecho amigo, la adversidad lo hará
dores? 14 enemigo. ¿Y qué plaga es más perniciosa que un ene-
9 ¿Para qué voy a hablar de los cortesanos de los migo que pertenece a nuestro círculo de amistades?
reyes, cuando te estoy mostrando hasta qué punto su
V%! Quien desee ser poderoso,
que domine el desenfreno de sus instintos
35 El mismo argumento fue utilizado antes (11 7, 7 ss. y 1H 4, 11
ss.) para referirse a las limitaciones de la fama.
5 Hay que sobreentender «... que de felicidad». 37 La Filosofía argumenta aquí en relación con la situación perso-
55 Esta historia es contada, entre otros, por Cicerón (cf. Tus- nal de Boecio pero el uso de ejemplos históricos hace la demostra-
culanas, 5, 61). Cuando Damocles elogió la felicidad de Dionisio ción más objetiva y adecuada para la Consolatio.
(405-367), tirano de Siracusa, éste le propuso experimentarla por sí * Cf. 13,9, Séneca se vio obligado a suicidarse el año 65. Por
mismo. Lo invitó a un banquete e hizo que sobre su cabeza colgara Tácito (Arrales, 14, 53) y Suetonio (Nerón, 35, 5) sabemos que
una espada desnuda suspendida por un simple cabello. La frase «la intentó inútilmente cambiar su suerte ofreciendo a Nerón su patri-
espada de Damocles» se hizo así proverbial para simbolizar los peli- monio.
gros a los que se ven constantemente expuestos tos poderosos y la % Papiniano Emilio (146-212) fue un famoso jurista romano que
naturaleza precaria de su felicidad (cf. Horacio, Odas, 3, 1, 17; Per- ejerció importantes cargos en la administración imperial bajo Marco
sio, 3, 40; Macrobio, Comentario al Sueño de Escipión, 1, 10, 16). Aurelio, Septimio Severo y Caracalla (aquí Antonino por el nomen
El miedo de los tiranos es desarrollado desde Platón (cf. República, de la dinastía). Fue decapitado por negarse a justificar ante el Senado
579 b) por Jenofonte, Isócrates, Cicerón, Séneca. Cf. J. Gruber, la muerte de Geta, hermano del emperador, asesinado por orden de
Kommentar, op. cit., 256. Caracalla.
% Cf, Platón, República, 578 D; Cicerón, Tusculanas, 5, 62; 3 “ Cf. 118,6.
. o
Séneca, Diálogos, 4, 11,3. $ Mediante conocidas imágenes y metáforas que se hacen usua-
LIBRO HI 199
198 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍAg
2 En efecto, muchos hombres suelen conseguir una
y no someta a vergonzosas cadenas buena reputación por las erróneas opiniones de la mul-
el cuello vencido por las pasiones”; titud”. ¿Puede imaginarse algo más vergonzoso que
aunque la lejana tierra de la India esto? Aquellos que son alabados sin fundamento serán
tiemble bajo tus leyes, inevitablemente los primeros en enrojecer al oír las
y en el fin del mundo Tule*” te obedezca, 3 alabanzas de las que son objeto. Incluso si los elogios
si no puedes expulsar las negras preocupaciones han sido ganados por sus méritos, ¿qué pueden añadir
y liberarte de los desgraciados lamentos, a la conciencia del sabio, que mide su propio valor no
10 no tienes ningún poder. por el rumor popular sino por la verdad de su concien-
cia?
6% ¡Qué engañosa es la gloria a menudo! ¡Y qué 4 Si nos parece hermoso difundir la propia reputa-
vergonzosa! Por esto el poeta trágico, no sin razón, ción, se deduce que debemos considerar vergonzoso el
exclamó: 5 no haberla extendido. Pero, ya que es inevitable, como
he expuesto hace poco*, que existan numerosas pobla-
¡Oh gloria, gloria, que a miles de mortales ciones a las que no puede llegar la fama de un solo
nacidos de la nada inspiraste una vida de vana- hombre, resulta que una persona que tu crees famosa,
[gloria!* en regiones muy cercanas de la tierra es completamen-
te desconocida.
6 Entre todos estos factores, creo que ni siquiera es
digno de mención el favor popular”, que no procede de
les en la poesía latina a partir de Virgilio y Horacio, Boecio repre-
senta en forma poética la idea expresada en 111 5, 7: el poder sobre el un juicio razonado ni se mantiene jamás estable.
mundo no significa poder sobre las propias preocupaciones. Se trata 7 En cuanto a la reputación ligada al linaje, ¿quién no
de dímetros anapésticos catalécticos (como lim. 5). ve cuán vana y fútil es? Si existe relación entre el lina-
2 Cf.Im.2,25.
6 La India y Tule representaban para los romanos el límite del
je y la celebridad, resulta ajena a nosotros. En efecto,
mundo conocido. Ultima Thyle se refería a una tierra (o isla) fabulo- el linaje, al parecer, consiste en cierta clase de prestigio
sa situada en el norte de Europa y que fue descrita por vez primera 8 proveniente de los méritos de los antepasados. Ahora
por el navegante y geógrafo griego Piteas. Se la suele identificar bien, si las alabanzas producen celebridad, es Inevita-
indistintamente con Islandia, Noruega o las islas Shetland (cf. Virgi-
lio, Geórgicas, 1, 30; Séneca, Medea, 379). En cuanto a la India, cf. ble que sean célebres quienes reciben alabanzas; por lo
Virgilio, Eneida, 6, 794. tanto, si no tienes la tuya propia, la celebridad de otro
4 La siguiente prosa analiza la cuestión de la gloria, que presenta 9 no te hace ilustre. Y si hay algo bueno en el linaje, en
las mismas limitaciones que el poder. El linaje no puede procurar la
verdadera gloria pues se basa en los méritos de los antepasados y el
verdadero sabio no necesita la aprobación de la masa, que por lo Cf.13,7ss, y 16, 21. El rechazo a la gloria basada en el juicio
general sólo se fija en la falsa gloria. K. Biichner, Bemerkungen, op. de la multitud es estoico. Cf. Cicerón, Tusculanas, 3, 3 y 5, 103;
cit, supone que Boecio se refiere aquí concretamente a su situación Séneca, Cuestiones naturales, praef. 6; Marco Aurelio, 3, 4,7, 6, 16,
personal. 2.
Mediante este oxímoron se plantea el resultado de la argumen- * 2117 7y 15, 4.
tación, que tiene un fundamento estoico (cf. Cicerón, Fines, 3, 29). 2 Boecio opone la popularem gratiam al nobilitatis nomen.
é6 Lacita es de la Andrómaca de Eurípides (vv. 319-340).
200 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO li 201
mi opinión se reduce al hecho de que parece una obli- y a Dios vuestro creador consideráls, ningún hombre
gación impuesta a los nobles no desmentir la virtud de [resulta innoble
sus antepasados”, a menos que el vicio alimente sus peores instintos y
[reniegue de su propio origen.
VI" Todas las razas humanas de la tierra tienen un
[mismo origen”. 1 7 ¿Qué podría decir de los placeres del cuerpo que,
Uno solo es el padre del universo”, uno solo lo go- mientras se desean, llenan de ansiedad, y satisfechos
(bierna. 2 generan remordimientos?” ¡Qué graves enfermedades,
Él dio a Febo los rayos, las fases cambiantes a la luna, qué insoportables sufrimientos suelen aportar estos
él puso en la tierra a los hombres, como en el cielo a placeres a los cuerpos de quienes se complacen en
[las estrellas, ellos como fruto, por decirlo así, de sus desenfrenos!
él en los cuerpos encerró las almas procecentes de las 3 Ignoro qué placer proporciona esta excitación de los
[celestes alturas”; sentidos; pero que el placer tiene un amargo final lo
una noble simiente, por tanto, dio origen a todos los comprenderá cualquiera que quiera recordar sus pro- .
[mortales. 4 pias pasiones. Si se admite que ellos pueden proporcio-
¿Por qué os preciáis de vuestra familia y antepasados? nar la felicidad, no existe ninguna razón para no llamar
[Si a vuestro origen felices también a los animales, cuyo instinto tiende
5 totalmente a satisfacer las necesidades del cuerpo. Una
1 Cf Platón, Menexeno, 247 A. fuente de alegría honestísima podría ser ciertamente el
TR Todo tiene un solo origen: Dios, que ha ercado al mundo y a tener esposa e hijos, pero con bastante realismo se ha
los hombres. A él le debe el hombre su alma y su linaje, Su degene- dicho, no recuerdo a propósito de quién, que en los
ración proviene de su alejamiento del bien. Tetrámetros dactílicos
catalécticos con dímetros jónicos acatalécticos (este metro sólo apa- hijos había encontrado a sus torturadores**; no es nece-
rece aquí. Cf. L. Pepe, La metrica, op. cit., 234 y H. Scheible, Die sario que te recuerde a ti, que tienes la experiencia de
Gedichte, op. cit., 92 ss.). otros tiempos y que también ahora estás angustiado,
TR. Esta misma idea del origen común reaparece en Y, 7 y relacio- cómo puede preocupar su situación, cualquiera que ésta
na el poema con 1H mm. 2, 37 y 111 3, 1
>oCf 119,33: 11 m. 9, 22; EV 1, 6. Según F. Nitzsch, (Das Sys-
rem des Boethius und die ¡hm zugeschriebe theologischen Schriften.
75 La negación de los placeres corporales, considerados como
Eine kritische Untersuchung, Berlín, 1860, 49), este concepto no
falsos bienes, aparece en 111 2 y a ella volverá a referirse Boecio en
procede de la ideología cristiana, aunque naturalmente Boecio estaba
14 9, 2, 1V 3, 20 y IV 7, 19. El mismo argumento es utilizado por
familiarizado con él, sino que está relacionado bica con la idea
Piatón (cf. Fedón, 64 D; Timeo, 69 D), Aristóteles (Protréptico, frag.
romana del pater familias que, a su vez, entronca con la tradición
B 98 D; Política, 1323 B) y Marco Aurelio (9, 1, 6) entre otros. El
homérica del «padre de los hombres y de los dioses» (Híada, 1, 544),
remordimiento (paenitentia) tras el placer aparece ya en Cicerón
bien con un concepto de «principio» puramente físico que se remon- (Fines, 2, 106) y Séneca (Epístolas, 74, 15) por lo que no puede atri-
ta a Platón (cf. Timeo, 28, C) y fue adoptado por los estoicos (cf. buirse en exclusiva al pensamiento cristiano.
Diógenes Laercio, 7, 147). En la filosofía tardía de la Antigiedad la 16 La fuente de este aforismo es desconocida, quizás provenga de
expresión es frecuente. Cf. J. Gruber, Kommentar, op. cit., 262-263 y una máxima de la tradición popular. Expresiones similares se
H. Scheible, Die Gedichte, op. cit., 92 88.). encuentran en Demócrito, Antifonte, Sófocles (Antígona, 645 ss.),
* C£15,3. A Eurípides (frag. 908), Epicuro (frag. 526) y Séneca (Diálogos, 6, 17).
LIBRO 1H 203
202 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
6 ¿Desearías llevar una vida de placer?" Pero, ¿quién no
6 sea. A este respecto, comparto la opinión de mi queri- despreciará y rechazará al esclavo de cosa tan vil y
do Eurípides cuando dijo que quien está privado de perecedera como es el cuerpo?”
hijos es feliz gracias a una desgracia”. 7 En cuanto a quienes se jactan de sus cualidades físi-
cas, ¡cuán pobre, cuán frágil es la posesión en que
VIT” Así es siempre el placer: confían! ¿Podrías quizás superar a los elefantes en
aguijonea a quienes gozan de él 8 volumen, a los toros en fuerza? ¿Aventajarías acaso a
y, como un enjambre de abejas, los tigres en rapidez?* Observad la extensión del cielo,
una vez que esparce la dulce miel, su estabilidad y la velocidad de sus movimientos y
huye y lastima los corazones dejad de una vez de admirar cosas sin valor. Sin
con una picadura difícil de curar”. embargo, el cielo es admirable no tanto por estas pro-
piedades como por el principio racional que lo gobier-
1 8% No hay, pues, ninguna duda de que esos caminos 9 na, En cuanto al esplendor de la belleza, ¡qué pasajero
hacia la felicidad son como caminos sin salida incapa- y fugaz es, más caduco aún que las efímeras flores de
2 ces de conducirte allí donde prometen llevarte. Te 10 la primavera! Y si, como dice Aristóteles**, los hom-
mostraré ahora brevemente cuántas calamidades los bres tuvieran los ojos de Linceo* y su mirada pudiera
3 infestan. Veamos: ¿te vas a esforzar en acumular dine- atravesar los obstáculos, ¿no es cierto que si observara
ro? Deberás quitárselo a quien lo posee. ¿Quieres bri-
llar por los cargos? Tendrás que suplicarlos al que los * Voluptaria uita («vida de placer») es la traducción del término
otorga y tú, que deseas sobrepasar a otros en honor, te bíos apolaustikós, uno de los tres tipos de vida posible según Aristó-
4 deshonrarás humillándote a pedirlos. ¿Deseas el poder? teles (Ética a Nicómaco, 1095 B). Los otros dos son el bías theore-
Te expondrás a las traiciones de tus súbditos y estarás tikós y el bíos politikós.
2 En los ejemplos anteriores Boccio muestra el difícil camino de
5 sometido al peligro. ¿Buscas la gloria? Acosado por la virtud. Ahora la Filosofía mostrará que el apartarse de este camino
toda clase de dificultades pierdes tu tranquilidad. difícil sólo proporciona el falso bien de la fama, algo por lo que ño
vale la pena esforzarse. Así es superada una concepción ética
s tradicional.
7 Cf. Eurípides, Andrómaca, 418-420: «Para todos los hombre % La comparación con los animales para mostrar la debilidad del
inexper to de cilos lo censura , sufre
los hijos son la vida. Quien cuerpo humano procede de Aristóteles (Protréptico, Trag. B 29 D) y
menos, pero es feliz gracias a una desgracia». es muy frecuente en la literatura filosófica popular. Cf, Plinio, Histo-
Pepe, La
= Dímetros jónicos acatalécticos anaclásticos (Cf. L. ria Natural, 10, 191; Séneca, Epístolas, 124, 22; Plutarco, Moralia,
,
metrica, op. cit., 239). 963 A; Quintiliano, 2, 16, 13.
unen el aguijón del remordi -
” Los placeres, como las abejas, 4 Es esta la primera vez que Boecio cita a Aristóteles en la Con-
e. Cf.
miento con la miel del goce. La expresión es muy corment solatio, pese a ser un profundo conocedor de su filosofía (cf. intr. 16
C; Petroni o, 56, 6; Juvenal , 6, 181 y otros parale-
Platón, Fedón, 91 ss.). La cita es del Protréptico, frag. B 105 D.
e, op. cit., 95.
los en la poesía helenística en H. Scheible, Die Gedicht % - Linceo hijo de Afacreo, rey de Mesenia, participó en la expe-
argumentos
3 En el estilo de la diatriba, la Filosofía resume los dición de los Argenautas. Su vista era tan excepcional que alcanzaba
Las cinco
que ha presentado a lo largo de los pasajes anteriores. a ver a grandes distancias e incluso a través de los objetos sólidos. El
s se esfuerz an por poseer y los bienes corpora-
cosas que los hombre personaje se convirtió en símbolo de la visión aguda y pasó pronto a
a la que llega la
les no proporcionan lo que prometen. La conclusión las máximas y sentencias (cf. Aristófanes, Pluto, 210).
débil en compar ación con
Filosofía es que el hombre es un ser muy
los animales y los cuerpos celestes.
204 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 111 205
las vísceras internas, le parecería fco incluso el famoso y si queréis cazar ciervos, no exploráis,
cuerpo de Alcibiades*, tan bello externamente. Luego las profundidades del Tirreno?;
no es tu naturaleza quien hace que parezcas hermoso al contrario, los hombres conocen muy bien los escon-
sino la deficiente visión de quienes te contemplan. [drijos
11 Estimad, pues, cuanto queráis las cualidades del cuerpo 10 ocultos por las olas del mar,
siempre que sepáis que eso que admiráis puede ser des- saben qué aguas son más ricas en níveas perlas,
truido por una simple fiebre de tres días. y cuáles abundan en roja púrpura”,
12 De todo esto podemos sacar la conclusión de que y saben también qué costas destacan
esos valores que no pueden garantizar los bienes que por su pescado fresco y por los espinosos erizos.
prometen ní presentan la perfección que resultaría de 15 Pero, dónde se oculta el bien que anhelan,
unir en sí todos los bienes, son como senderos que no ciegos”, se empeñan en ignorar,
conducen a la felicidad ni poseen por sí mismos la y, aquello que está más allá del cielo estrellado
capacidad de hacer feliz. buscan hundidos en la tierra”.
¿Qué imprecaciones serían dignas de espíritus tan estú-
VIM" ¡Ay! ¡cómo la ignorancia aparta a los desdicha- [pidos?
ídos 20 ¡Que persigan riquezas y honores,
del recto camino!* y cuando con penosos esfuerzos consigan falsos bie-
No buscáis oro en el verde árbol, [nes,
nt gemas en la viña, aprendan entonces a distinguir los verdaderos!?
no echáis las redes en las altas cumbres
para enriquecer la mesa con pescado 9% Baste por el momento haber mostrado el aspecto
que presenta la falsa felicidad; si comprendes esto cla-
$6 Alcibiades (450-404 a.C), político ateniense contemporáneo
de Sócrates, era célebre por sus actividades políticas tanto como por
su extravagancia y su extraordinaria belleza. Cf. su caracterización 8% Serie de imágenes que pertenecen a la tópica de los adynata.
en Plutarco, Alcibiades, 1. A su belleza se refiere también Platón Cf. Horacio, Epodos, 16, 34; Virgilio, Eglogas, 1, 59 ss. y 8, 52, ss.
(Simposio, 217 A; Protágoras, 309 A) y ya fue utilizado como ejem- Cf. H. Scheible, Die Gedichte, op. cit., 97 y E. Dutoit, Le théme de
plo por Aristóteles (Analítica posteriora, 97 B y probablemente en el Vadynaton dans la poésie antique, París, 1936.
Protréptico, de donde pasó a la tradición filosófica popular). % Cf HIim.41yI1Vm.2,2,
$7 Como en el pasaje anterior, el poema resume los argumentos % Cf. 144,26 y Vm. 3,15.
expuestos hasta ahora en el libro tercero. Mientras que L. Alfonsi, % Los versos 15-18 retoman las ideas de II 8, 8. Cf. también I
«Studi Boeziani», Aevum 19 (1945), 153, acentúa el carácter de m.2,1y27.
resignación que presentan estos versos, 1. Schwarz, Untersuchungen, 2 Cf Ulm. 1, Hlss. -
op. cit., “14, señala que el poema supone el punto de inflexión de la % Comienza la segunda parte del libro HH, en la que la Filosofía,
Consolación, el momento en que se cambian los falsos bienes por los recurriendo a la forma del diálogo platónico, enseña a Boecio, que
verdaderos. Se trata de asclepiadeos menores en unión de dímetros ya está en situación de participar activamente en el diálogo, cómo
yámbicos, composición que se caracteriza por la alternancia entre el llegar a la verdadera felicidad. El tránsito entre ambas partes está
ritmo descendente del asclepiadeo y el ascendente del yambo, «en representado por el poema anterior. El objetivo de la sección es
correspondencia con el contenido del poema» (Schwarz). demostrar la unidad de la verdadera felicidad, pues los hombres no
* Cf 04,26 y 118, 1. pueden alcanzarla a través de los bienes terrenales porque aspiran a
206 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO 1 207
ramente, el segundo paso consiste en hacerte ver cuál pues, la respetabilidad a la indepen-
8 «Asociemos,
es la felicidad verdadera».
dencia y al poder; así podremos constatar que estos tres
2 «Me doy cuenta, dije, de que no es posible encon-
valores son realmente uno solo»,
trar ni la independencia en las riquezas, ni el poder en
«Debemos asociarlos, al menos si queremos reco-
los reinos, ni la respetabilidad en los cargos, ni la cole-
bridad en la gloria, ni la alegría en los placeres»”, nocer la verdad».
«¿Has descubierto también las razones por las que 9 «Entonces», añadió, «¿crees que esta situación re-
esto es así?». sulta oscura y sin nobleza o insigne y de brillante repu-
3 «Creo haberlas entrevisto como a través de una 10 tación? Pregúntate si esta situación, de la que hemos
estrecha rendija, pero preferiría que fueras tú quien me admitido que no necesita nada, que es muy poderosa y
lo explicara más claramente». particularmente merecedora de respeto, puede carecer
4 — «La explicación es muy fácil de entender, El error de una fama que no es capaz de obtener por sí misma y
humano divide aquello que es simple e indivisible por por ello parece en cierto sentido despreciable».
naturaleza y transforma lo verdadero y perfecto en 11 «No puedo dejar de reconocer», respondí, «que las
falso e imperfecto. ¿Piensas acaso que aquello que no cosas son exactamente así, y que eso también debe ser
necesita de nada carece de poder?». completamente admitido»,
«De ningún modo», respondí. 12 «Por consiguiente debemos admitir que la fama no
5 «Tienes toda la razón; pues sí algo resulta demasia- difiere en nada de las tres cualidades anteriormente
do débil en alguna de sus partes, es obvio que necesi- citadas».
tará para ella una ayuda exterior». «Es una consecuencia correcta», dije.
«Así es», admití. 13 — «Y un ser que no necesita ninguna ayuda exterior,
6 «Por tanto la independencia y el poder tienen una que puede hacer todo contando sólo con sus propias
sola e idéntica naturaleza». fuerzas, que es ilustre y digno de respeto, ¿no es igual-
«Así parece». mente evidente que debe ser también sumamente
7 «Por otra parte, ¿crees que un estado semejante es feliz?».
despreciable o, por el contrario, es entre todas las cosas 14 «En efecto, ni siquiera soy capaz de imaginar, res-
el más digno de respeto?». pondí, cómo puede la menor tristeza introducirse en
«Esto es algo», respondí, «sobre lo que no se puede él; por tanto, si permanecen sin cambio las premisas,
abrigar la menor duda».
hay necesariamente que reconocer que está lleno de
alegría».
conseguir partes de algo que por naturaleza no las tiene. Una vez
asimilada esta idea, Boccio debe aprender cuál es la patria de la ver- 15 «Así pues, de acuerdo con esos mismos argumentos
dadera felicidad y cómo se consigue, lo cual sólo se logra con la resulta indiscutible que la independencia, el poder, la
ayuda de Dios. Para L. Alfonsi («L'umanesimo boeziano della Con- fama, el respeto, la alegría tienen sin duda nombres
solatio», Sodalitas Erasmiana it, Nápoles, 1950, 168), esta sección
constituye el centro ideal de toda la obra. Cf. | Schwarz, Untersu-
chungen, 0p. cit. 76 y ss.
35 Cf la misma enumeración en HI 2, 19. Boecio resume los
9% Referencia a la situación incial en que se encontraba Boecio al
argumentos que ha expuesto la Filosofía en 1112, 15 ss. comienzo de la Consolación (cf. 1 m. 1,2).
208 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO Ill 209
diferentes pero que no difieren en absoluto por su subs- 22 «¿Qué sucedería, por tanto», pregunté, «si alguien
tancia»”, deseara adquirir todos esos bienes a la vez?».,
«Así es necesariamente», dije. «Éste querría ciertamente la felicidad completa,
16 «Por tanto, la perversión de los hombres divide en pero ¿acaso podrá encontrarla en bienes que, como ya
partes aquello que por naturaleza es uno y simple y, he mostrado*%, no son capaces de proporcionar aquello
mientras se esfuerza en obtener alguna parte de un todo
que prometen?»,
que carece de ellas, no logra obtener ni la parte, puesto
23 «En absoluto», respondí.
que no las tiene, ni la totalidad, de la que no se preocu-
«Por consiguiente, de ninguna manera hay que bus-
pa en absoluto».
car la felicidad en aquellas cosas que parecen procurar
17 «¿Cómo es eso?», pregunté.
tan sólo alguno de los bienes que deseamos».
«Quien por huir de la escasez», respondió, «busca
«Estoy de acuerdo», dije, «y no es posible afirmar
riquezas, se despreocupa por completo del poder, pre-
nada más cierto que esto».
fiere permanecer ignorado y anónimo, se priva también
24 «Entonces», prosiguió, «ya conoces tanto el aspec-
de muchos placeres, incluso naturales, para no perder
18 el dinero que acumuló. Pero de este modo no consigue to como las causas de la falsa felicidad”. Vuelve ahora
ni siquiera bastarse a sí mismo ya que en realidad le la mirada de tu mente hacia la dirección opuesta; allí
falta el poder, lo atormentan las privaciones, la baja verás inmediatamente la verdadera felicidad que te he
condición lo humilla, y su anonimato lo mantiene apar- prometido».
19 tado. Quien, por el contrario, sólo desea poder, derro- 25 «Pero esto», repliqué, «incluso para un ciego es
cha las riquezas, desdeña los placeres y no estima en evidente; tú misma me la mostraste hace un momento
nada los honores que no comportan autoridad ni se cuando intentabas desvelarme las causas de la falsa
20 preocupa de la gloria lo más mínimo. Pero puedes ver 26 felicidad. En efecto, si no me equivoco, la verdadera y
cuántas cosas le faltan también a éste; sucede en efecto perfecta felicidad es aquella que nos hace independien-
que a veces carece de lo necesario, es atormentado por 27 tes, poderosos, respetables, famosos y alegres!%, Y
problemas angustiosos, y, como no es capaz de resol- para que compruebes que he entendido a fondo la cues-
verlos, pierde precisamente aquello que más deseaba, tión, admito sin la menor duda que la dicha absoluta es
21 el poder. Razonamientos análogos se pueden hacer a aquella que puede realmente proporcionar uno solo de
propósito de los honores, la gloria y los placeres pues, los bienes citados, puesto que son todos la misma
en la medida en que cada uno de estos bienes es idénti- cosa».
co a los otros, si busca uno de ellos con exclusión de 28 — «¡Con esta convicción, mi discípulo'”, conseguirás
los demás, no consigue ni siquiera aquello que desea». ser feliz», dijo, «si añades aún otra cosa!».,
«¿De qué se trata?», pregunté. «Tienes razón», dijo, Y a continuación comenzó a can-
tar de esta manera:
29 — «¿Crees que entre estos bienes mortales y perecede-
ros hay alguno que pueda ofrecer un estado semejante
de dicha?». 1X'* «Oh tú que gobiernas el universo según una ley
«No lo creo en absoluto», respondí, «y tú has mos- [perpetua,
trado esto tan claramente que no requiere ninguna sembrador de la tierra y del cielo, que de la eternidad
explicación más». [al tiempo
30 «Resulta por tanto que estas cosas proporcionan a ordenas salir! y, permaneciendo inmutable, haces
[moverse a todas las cosas'”,
los hombres ilusorias imágenes'” del verdadero bien o
tú al que ninguna causa exterior obligó a modelar
ciertos bienes imperfectos, pero no son capaces de pro-
tu obra de una materia fluctuante'”, sino la idea del
curar el verdadero y perfecto bien».
[supremo
«Estoy de acuerdo», dije.
31 «Entonces, puesto que ya sabes reconocer cuál es la
verdadera felicidad y cuáles son sus imitaciones, te 15 El siguiente poema ocupa un lugar clave en la Consolación
pues abre la segunda parte de la obra, de la que han desaparecido los
falta ahora aprender dónde puedes buscar la verdade- argumentos negativos y sólo hay ya positivos. Del protréptico moral
ra». de tipo estoico se da paso a un registro más abstracto, el de la teodi-
«Es precisamente esto», dije, «lo que estoy impa- cea de inspiración platónica. Boecio presenta aquí una compleja
cosmovisión derivada en sus aspectos fundamentales del Timeo de
ciente por conocer desde hace tiempo». Platón (27 C-42 D). Debido a las enormes dificultades que el poema
32 «Pero», dijo, «ya que, como sostiene nuestro Platón plantea ha sido descrito por P. Courcelle (La Consolation, op. cit.,
en el Timeo'”, incluso en los asuntos menos importan- 161 y ss.) como «sustancial y conciso, oscuro y casi intraducible».
Para las fuentes y comentarios, cf. F. Klingner, De Boetii
tes es necesario implorar la ayuda divina, ¿qué crees Consolatione, op. cit., 38-67 y la obra citada de Courcelle, En cuanto
que debemos hacer ahora para que merezcamos encon- a la forma, aunque Ambrosio y Prudencio habían forjado un nuevo
trar la sede de ese bien supremo?», estilo hímnico cristiano, Boecio sigue la forma del himno religioso
tradicional dividido en tres partes (cf. E. Norden, Agnostos Theos,
33 «Debemos invocar», respondí, «al Padre de todas op. cit., 149 ss.): epíclesis o invocación, (1-5), aretalogía, el catálogo
las cosas, sin cuya intervención no es posible funda- de virtudes (6-21) y eukhaí o súplicas (22-28). En cambio, desde el
mentar sólida y correctamente ninguna iniclativa»!%, punto de vista del contenido, el poema está dividido en dos partes: 1-
20 y 20-28, El metro son hexámetros dactílicos.
Desde muy pronto estos versos plantearon gran dificultad a
'- Sobre las resemblanzas platónicas de este concepto, cf. HI 1, 5. intérpretes y traductores. El problema estriba en que tras ellos subya-
193 Cf. Platón, Timeo, 27 C y ss. Puesto que Platón sólo dice en el cen dos cuestiones sumamente discutidas: la primera referida a la
pasaje mencionado que se debe invocar a Dios y pasa a exponer la «perpetuidad del mundo», cuestión que separaba a los filósofos
teoría sobre el universo, mientras que para Boecio la plegaria tiene paganos de los cristianos, la segunda, a la «eternidad de Dios». Un
una fanción esencial, se ha supuesto que la fuente de que se sirvió detallado análisis de estas cuestiones puede verse en P, Courcelle, La
Boecio era una paráfrasis, no cl original de Platón. De hecho, este diá- Consotation, op. cit., 221 y ss. y en 3, Gruber, Kommentar, op. cit,
logo sobre la creación del mundo era conocido en tiempos de Boccio 278-290.
sólo a través de traducciones parciales al latín, aunque fue comentado "Cf. Platón, Tímeo 30 A. Según Platón, el Creador (sator) hizo
en griego por el neoplatónico Proclo (cf. intr. 22 y $. Ford, Poetry in al tiempo como imagen móvil de la eternidad inmóvil.
Boethius' Consolation ef Philosophy, Washington, 1967, 72 ss.). '* Según Platón (Tímeo, 30 A), todo lo sensible (la materia) es
1 Boecio emplea la palabra exordiumn, término técnico de la retó- Fuctuante, sicinpre en movimiento, cambiando y desapareciendo,
rica que más exactamente indica el comienzo de una obra.
212 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFIA LIBRO 1H 2153
bien que en ti habita, ajeno a la envidia'”; tú según el y, fijándolas en lo alto sobre carros ligeros'*,
[modelo celeste 20 las siembras en el cielo y sobre la tierra, después con
todo lo riges; tú que eres todo belleza, [ley benévola,
llevas en tu mente la belleza del universo, lo formas a las reclamas y las haces volver a ti gracias al fuego que
[tu imagen semejante [purifica!'"s.
y le impones a partes perfectas que lleven a cabo un Permite, Padre, al espíritu elevarse hasta su augusta
[todo perfecto!'”, [sede,
10 Tú ligas los elementos con números!**, para que el frío concédele contemplar la fuente del bien***, concédele,
coexista con la llama y lo seco con lo húmedo, para [una vez hallada de nuevo la luz,
[que, demasiado puro, el fuego fijar en ti la clara mirada de la mente.
no se evapore o el peso no arrastre las tierras al fondo 25 Disipa las nubes y el lastre de la masa terrena!”
[de las aguas. y brilla en tu esplendor!**; pues tú eres el cielo se-
"Tú ajustas en medio al alma, de naturaleza triple!” [reno'”,
y motor universal, y distribuyes su acción a través de tú, el reposo y la paz de los justos!”, contemplarte a ti
[los armoniosos miembros del universo. [es nuestro fin,
15 Este alma, una vez dividida, engendra el doble movi-
[miento circular,
114 Los seres vivos inferiores (vitae minores) y las almas de los
después vuelve sobre sí misma, gravita en torno al hombres fanimae) son asignadas a una estrella como su carro y, tras
[Espíritu!? ser purificadas después de una vida buena en los cuerpos, regresan a
insondable y hace moverse al cielo según su ejemplo. los cielos.
15 El simbolismo del fuego no se encuentra aún en Platón ni en
Tú haces salir de los mismos principos a las almas y a los estoicos, sino que se trata de una creación neoplatónica. Cf. H. R.
[las vidas inferiores Patch, «Necessity in Boethius and the Neoplatonists», Speculum 10
(1935), 393-404,
16 La petición se cumple en Mi im. 12, l ss, Cf. IV m. 6, 36 sobre
Dios como «fuente y origen» (fons et origo).
+2 La única razón que conduce a Dios a crear es la emanación del 17 La tierra es el lugar de las nubes y nieblas, Cf. Cicerón, Tuscu-
bien, ya que la «idea» del bien está en él, un bien que carece de toda lanas, 1, 42. Su significado alegórico se extendió con los neoplatóni-
envidia; entre los griegos era un lugar común el tema de la «envidia cos.
de los dioses». 1 Cf. 16,2; MI m. 10, 15. Más ejemplos de la misma expresión
110 Dios crea sobre el modelo de las «ideas eternas» que para neo- en la poesía hímnica cristiana en F. Klingner, De Boethii op. cit., 55.
platónicos y cristianos estaban en la mente de la divinidad. 1% En este punto se cambia de la actitud de súplica al cumpli-
11 Se refiere a la armonía de las proporciones matemáticas. La miento de las peticiones pues en las plegarias antiguas se podía fun-
armonía del mundo es representada mediante la armonía de los cua- damentar también de esta manera el derecho del suplicante para con-
tro elementos (como en 1Y m. 6, 20 ss.) y mediante el del movimien- seguir la realización de las peticiones. Sin embargo, Boecio
to circular, transforma aquí la súplica en un elogio como en el sanctus de la
12 La naturaleza del alma es triple porque Dios toma «lo Mismo» misa, El Éter es el hogar de la divinidad (cf. Cicerón, Naturaleza de
eterno y «lo Otro» cambiante y los fuerza a unirse para producir la los Dioses, 2,42 y 1m.4, D.
armonía, «el Ser», de estos tres elementos se formó el alma, motor 10 Esta representación de las almas tranquilas y del deseo de des-
universal. canso falta en Platón pero ya aparece con Proclo, por lo que no
12 El Espíñitu (mens) es el Dios superior (cf. IV 6, 32). ) puede ser considerado exclusivamente cristiana,
214 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO |H 215
tú eres a la vez principio, conductor y guía, senda y alguna cosa imperfecta, debe existir también en ese
[an ,
dominio alguna perfecta; porque si no se admite que la
perfección existe, ni siquiera es posible imaginar con
1 10% Así, ya que has visto tanto las formas del bien respecto a qué es imperfecto aquello que es así
imperfecto como las del bien perfecto, creo que debo 5 considerado". Además el ser'?* no se formó inicial-
mostrarte ahora dónde está situado este modelo perfec- mente a partir de elementos degradados e inacabados
to de felicidad. sino que, a partir de elementos intactos y perfectos, se
2 A este respecto pienso que primero debemos inda- degrada hasta llegar a esta extrema y agotada situa-
gar si un bien como el que acabas de definir puede +. 6 ción!”. Pero si, como acabo de mostrar, existe un cierto
existir en la realidad'?; no sea que, pasando junto a la tipo de felicidad imperfecta, derivada de un bien
verdad sin verla, nos engañe una representación ¡luso- perecedero, no es posible dudar que exista una felici-
3 ria de nuestra imaginación. En cualquier caso es inne- dad duradera y perfecta».
gable que este bien existe y que es, en cierto sentido, la «La conclusión», dije, «es absolutamente verdadera
fuente de todos los bienes; en efecto, todo aquello que e irrefutable».
se define imperfecto, es considerado imperfecto cn 7 «Si quieres ahora saber dónde reside», dijo ella,
4 cuanto copia degradada de lo perfecto'”. De ahí se «haz el siguiente razonamiento: la opinión común de
deduce que, si en algún dominio, sea el que sea, resulta los hombres confirma que Dios, principio de todas las
cosas, es bueno!?, De hecho, ya que no es posible con-
122 La serie de substantivos para describir a la divinidad (como en cebir nada mejor que Dios, ¿quién podría dudar que
IV m. 6, 36 ss.) es característica del estilo hímnico tradicional, donde
todos los nombres pueden ser el nombre de Dios. Sobre los términos sea bueno aquello en comparación con lo cual nada es
«principio» y «fin», cf. Platón, Leyes, 715 E, aunque el concepto se mejor? Y que Dios es bueno lo demuestra la razón de
encuentra ya en Heráclito y en los misterios órficos (ef. E. Norden, modo tal que nos convence de manera irrefutable que
Agnostos Theos, op. cit., 164). Muchos de estos términos utilizados
el bien perfecto también está en Él. De hecho, si así no
en la descripción tradicional de la divinidad pasaron luego al cristia-
nismo. Cf. las referencias completas en 3. Gruber, Kommentar, op. fuese, Dios no podría ser el principio de todas las
cit., 289-290, cosas; en efecto, cualquier cosa que poseyera el bien
22 Una vez que la Filosofía ha mostrado dónde radica la plenitud perfecto y pareciera anterior y más antiguo que Él,
de la felicidad, demuestra que Dios se identifica con el bien más alto.
Para probarlo, señala tres argumentos: existencia de la felicidad per-
fecta a partir de la felicidad imperfecta (2-6), la felicidad perfecta 12% El argumento, que es de origen aristotélico (cf. frag. 16 W),
es
está, como los bienes perfectos, en Dios (7-10), entre Dios, Ja felici- pasó a la escolást ica
recogido por Agustín, Ciudad de Dios, 8, 6, y
dad perfecta y los bienes perfectos existe identidad de ser (11-21). como argumentum ex gradibus.
Cf. L Schwarz, Untersuchungen, op. cit., 79 y F. Klingner, De Boe- 18 En este caso natura rerum tiene el significado de «ser» (10
ón).
thát, op. cit, 80 ss. Cf. G. Maurach, «Boethius Interpretationen», Ántike und Abendland
13 Cf. HI 9, 26. Sobre el concepto de «realidad» (rerum natura) 14 (1968), 126-141, esp. 136,
frente a la «representación ilusoria de la imaginación» (casa cogita- 1? También de procedencia neoplatónica es el concepto deP.
tionis imago), cf. A. Pellicer, Natura, París, 1966, 253 ss. CV m4, «degradación» de los seres al que aquí hace referencia Boecio.
Cf.
14 sobre las impresiones externas que según los estoicos reflejan las Courcelle, La Consolation, op. cit., 192 ss.
cf.
almas. 15 Cf, Platón, República, 379 B. Sobre el consensus omnium
124 Se trata de una afirmación neoplatónica de Proclo y Plotino, vV6 2
LIBRO HI 217
216 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
puede existir absolutamente nada cuya naturaleza sea
tendría la preeminencia sobre Él, pues es evidente que mejor que su principio; por tanto, puedo concluir con
10 todo lo perfecto es anterior a lo menos completo. Por toda razón que lo que es principio de todas las cosas es
tanto, para no prolongar el razonamiento hasta el infi- también, por su sustancia, el sumo bien».
nito, debemos admitir que en el sumo Dios está la ple- «Muy justo», dije.
nitud del bien sumo y perfecto; pero hemos establecido 17 «Pero hemos admitido que el sumo bien es la felici-
que el bien perfecto es la verdadera felicidad: resulta dad»"*,
pues que necesariamente la verdadera felicidad reside «Así es», respondí. ,
en el sumo Dios». «Hay que reconocer, por tanto», añadió, «que Dios
«Lo admito», dije, «y es completamente imposible es la felicidad misma».
que esto pueda ser rebatido». «No puedo refutar las proposiciones anteriores»,
11 «Pero», añadió, «te ruego que consideres cómo respondí, «y reconozco que esta conclusión es conse-
puedes demostrar de manera irreprochable e irrefutable cuencia lógica de aquellas».
esta afirmación de que en el sumo Dios soberano está 18 «Observa», prosiguió, «cómo es posible confirmar
la plenitud del sumo bicn». más sólidamente la misma conclusión partiendo de que
«¿Cómo?», pregunté, no pueden existir dos bienes sumos que sean distintos
12 «No supongas que el Padre de todas las cosas ha 19 entre sí!?!, En efecto, es imposible que entre dos bienes
recibido del exterior ese sumo bien cuya entera pose- diferentes uno de ellos sea lo que es el otro; por lo
sión le atribuimos, ni que lo posee por su naturaleza, tanto, ninguno de los dos podrá ser perfecto, dado que
creyendo que la sustancia de la felicidad poseída es 20 a uno le falta el otro. Pero aquello que no es perfecto,
13 diferente de la de Dios poseedor. Si creyeras, en efec- evidentemente no es sumo; de ningun modo, por tanto,
to, que ese bien ha sido recibido del exterior, podrías dos bienes que son sumos pueden ser diferentes. Ahora
pensar que quien lo ha dado es superior a quien lo ha bien, hemos concluido que tanto la felicidad como
recibido, pero reconocemos con toda justicia que Dios Dios son el sumo bien; por lo tanto es necesario que la
14 está infinitamente por encima de todas las cosas. Y si suma felicidad sea lo mismo que la suma divinidad».
el bien se encuentra en él por su naturaleza, pero es 21 «No se puede concluir», dije, «nada más verdadero
racionalmente distinto, dado que hablamos de un Dios ni mejor argumentado ni que sea más digno con res-
principio de todas las cosas, no se explica quién ha pecto a Dios».
15 podido unir esas esencias "diferentes!”, En fin, si una 22 «Prosiguiendo esta argumentación», continuó, «de
cosa es distinta de otra. cualquiera, no puede coincidir la misma manera que los geómetras suelen deducir de
con aquello de lo que, por definición, es completamen- los teoremas demostrados lo que denominan “porisma-
te distinta, Por lo tanto, lo que por su naturaleza es dife- ta”!%, así también yo te voy a ofrecer una especie de
rente del sumo bien, no es el sumo bien, lo cual sería
sacrílego pensar a propósito de quien, con toda eviden- e Cf 113,7.
16 cia, es superior a todo lo que existe. En efecto, no Bl CHE EL4
1 Porismata es ta transcripción del término técnico griego usado
en las conclusiones de los razonamientos lógicos, especialmente en
2 Dios y la felicidad.
218 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
LIBRO 1H 219
4
23 corolario'*. En efecto, puesto que, por una parte, al
29 — «Quisiera», respondí, «que aclararas tu pregunta,
adquirir la felicidad los hombres llegan a ser felices y,
recordando y precisando cada uno de esos argumentos».
por otra, la felicidad es la divinidad misma, resulta evi-
«¿No estamos convencidos», preguntó, «de que la
dente que al adquirir la divinidad llegan a ser felices.
felicidad es el bien?».
24 Pero de la misma manera que con la adquisición de la «Sí», respondí, «e incluso el sumo bien».
justicia llegan a ser justos y con la de la sabiduría, a
30 «Puedes», dijo, «cxtender esta consideración
sabios, Igualmente, siguiendo un criterio análogo, quie-
todos los bienes. La felicidad es, en efecto, suma inde-
nes han adquirido la divinidad llegan necesariamente a
pendencia, es además sumo poder, y se dice que es
25 ser dioses'*. Por consiguiente, todo hombre feliz es un
31 también respetabilidad, celebridad y placer. Entonces,
dios. Es verdad que por naturaleza no hay más que un
todo esto, el bien, la independencia, el poder y los
solo Dios; pero nada impide que, por participación'*,
otros elementos, ¿son, por decirlo de algún modo,
haya tantos como se quiera».
miembros de la felicidad o se relacionan todos con el
26 «Ya prelicras llamarla “porisma” o “corolario”,
bien como si fuera éste el punto más elevado?».
exclamé, ésta es una conclusión tan bella como va-
32 «Comprendo el problema que planteas», respondí,
liosa».
«pero desco escuchar cuál es tu análisis a este respecto».
27 «Sin embargo no hay nada más bello que esta otra
33 «Escucha ahora cómo se resuelve el problema. Si
proposición, que la razón me convence debe ser añadi-
todas estas cosas fuesen elementos de la felicidad, dife-
da a las precedentes».
rirían también unas de otras: en esto consiste la natura-
«¿Cuál?», pregunté,
leza de las partes, en componer un único cuerpo con su
28 «Puesto que la felicidad», dijo, «parece incluir
34 diversidad. Ahora bien, se ha demostrado que todos
muchos elementos, ¿se reúnen todos ellos para formar
esos elementos constituyen una sola e idéntica cosa;
como en un mosaico, por así decirlo, la figura unitaria
luego no son en absoluto partes; en otro caso parecería
de la felicidad, o alguno de ellos es el que constituye la
que la felicidad está compuesta de un solo miembro, lo
sustancia de la felicidad y todo el resto se refiere a él?».
cual es imposible».
aquellas que son Ja consecuencia de otras demostraciones. Cf. H.
35 «Ciertamente esto es indudable», dije, «pero espero
Chadwick, Boethiws, op. cit, 106-107. atentamente el resto del argumento».
1% Corollarium, originariamente «un regalo sin importancia», por 36 «Es evidente, por lo demás, que los otros elementos
lo general un ramo de flores (se trata, de hecho, del diminutivo de están relacionados con el bien. En efecto, se busca la
corolla). Boecio emplea esta palabra para enfatizar el carácter sor-
prendente de la conclusión, algo que es inesperado pero resulta bien independencia precisamente porque se considera que
recibido. es un bien, se desea el poder porque también a éste se
13M En la equiparación entre felicidad y divinidad insitieron espe- le considera un bien; lo mismo se puede inferir a
cialmente los estoicos (cf Cicerón, Natinaleza de los Dioses, 2,
153), aunque ya se encuentra en Aristóteles (ef. Etica a Nicómaco,
propósito de la respctabilidad, la fama y el placer.
1173 B). 37 Por lo tanto, la esencia y la causa de todo aquello
15 El concepto platónico de la méthexis o metokhé (cf. 1 S, 10). que es descable es el bien, pues lo que no contiene en
“También los cristianos conocieron esta representación (cf. Agustín, sí bien alguno, ya sea real o ilusorio, no puede de nin-
Ciudad de Dios, 9, 23).
guna manera ser deseado,
220 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO HI 221
38 Por el contrario, también cosas que por su naturale- Xx" Venid aquí todos juntos'*, cautivos,
za no son bienes, son buscadas como si fueran verda- a quienes aprisiona con vergonzosas cadenas
deros bienes con tal de que den la impresión de serlo. la engañosa pasión que habita los espíritus humanos.
De donde se deduce con razón que la esencia, la causa Éste será el descanso de vuestras fatigas,
y la explicación de todos los deseos es su cualidad de éste el puerto!*? que permanece en plácida calma,
39 bien'!*. Por otra parte, la causa que induce a buscar una éste el único refugio abierto a los desdichados,
cosa es precisamente lo que parece particularmente Todo aquello que el Tajo'* de sus auríferas arenas
deseable, como en el caso de la persona que quiere da, o el Hermo!'* de sus rutilantes orillas,
montar a caballo por motivos de salud: no desea tanto o el Indo que, próximo a la zona tórrida,
el ejercicio de la equitación como el beneficio para su 10 mezcla los reflejos verdes y brillantes de las piedras
40 salud'”, En consecuencia, puesto que todas estas cosas [preciosas!*,
se buscan por el bien que proporcionan, todos las de- no puede iluminar vuestra mirada y sumerje aún más
'41 sean no tanto por ellas como por el bien mismo. Pero a los cegados espíritus en sus tinieblas'*,
hemos admitido que es con vistas a la felicidad por lo Todo aquello que seduce y excita vuestras mentes
que se desean todas las otras cosas [por esto, siguiendo lo alimenta la tierra en sus más profundos antros;
el mismo argumento, la felicidad es lo único a lo que
42 se aspira]'*. De lo dicho resulta claro que el bien y la 1 Con metáforas tradicionales ya desde Platón conduce la Filo-
felicidad tienen una sola e idéntica esencia». sofía a los hombres al lugar de su curación. Todos los tesoros del
mundo no pueden iluminar el espíritu sino que lo conducen a las
«No veo razón por la que alguien pueda estar en tinieblas. Pero quien ha contemplado la luz de Dios, despreciará
desacuerdo». incluso el resplandor de los rayos del sol. Metro falécio que, a partir
43 «Pero hemos mostrado que Dios y la verdadera del y. 4, alterna con endecasílabos sáficos. Cf. L. Pepe, La metrica,
op. cit., 241.
felicidad son una y la misma cosa». 41 Estos versos recuerdan las palabras de Mateo, 11, 28 (cf. E.
«Sí», dije. Rapisarda, La crisi spirituale di Boezio, Catania, 19537, 33). H.
«Se puede por tanto concluir con seguridad que la Scheible, Die Gedichte, op. cit., 113, explica sin embargo el poema a
esencia de Dios reside también en el bien mismo y no partir de concepciones platónicas y neoplatónicas.
12 La imagen del puerto, relacionada con la del viaje (cf. 13, 11)
en alguna otra parte'*”, solía ser identificada con la Filosofía (cf. Eurípides, Bacantes, 902
ss.; Cicerón, Tusculanas, 5, 5; Plutarco, Moralia, 601 F) pero los
neoplatónicos y cristianos la identificaron con Dios. Cf. C. Bonner,
«Cuatidad de bien» (bonitas) es un concepto neoptatónico. Cf. «Desired Haven», Harvard Theotogical Review 34 (1941), 296 ss., y
La
p. eoarcelle, La Consolation, op. cit., 169 con referencias a Plotino, H. Rahner, Criegisches Mythen in christlicher Deutung, Darmstadt,
19661, 86 ss.
“9 El mismo razonamiento con otro ejemplo lo emplea Pl 41 El río Tajo era famoso en la Antigiedad por sus arenas aurífe-
Gorgias, 467 C. Pe pla Pués, ras.
'Y Aunque estas palabras figuran en los manuscritos, Bilchner 14 El Hermo (hoy el Gediz Irmak), en Anatolia, era también
demostró que se trata de un escolio introducido por algún comenta-
famoso por el oro que arrastraban sus arenas.
rista, tsS En la Antigiiedad se creía que el Indo, conocido en Occidente
, di _Las ideas de que Dios es la suma de todos los bienes y la divi- a partir de la expedición de Alejandro Magno el 326-325 a.C.,
nización del hombre a través del conocimiento de Dios, son de ori- proporcionaba piedras preciosas.
gen platónico (cf. Gorgias, 470 E). 3 144 Sobre el simbolismo de la luz, cf. 1 m. 2, 2 ss.
222 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA, LIBRO 11 223
conjunción de sus miembros permanece en forma uni- algunas nacen en los llanos, otras en las montañas,
taria, es considerado figura humana; pero si se destruye algunas crecen en los terrenos pantanosos, otras se
la unidad por la división y separación de las partes del adhieren a las rocas, otras incluso prosperan en las
13 cuerpo, deja de ser lo que era. De la misma manera, si estériles arenas y se secarían si se las intentase trans-
examinamos el resto, veremos sin duda alguna que 20 plantar a otro lugar. La naturaleza da a cada uno lo que
todo ser subsiste mientras es uno, pero perece cuando le conviene y se esfuerza en evitar que mueran durante
deja de ser uno»'*, 21 todo el tiempo que pueden vivir. ¿Cómo explicar que
«A. medida que considero más ejemplos», dije, «en- todos los tipos de plantas, como si hundieran sus bocas
cuentro que no puede ser en absoluto de otra forma». en la tierra, absorben su alimento a través de las raíces
14 «¿Existe», prosiguió, «algún ser que, en la medida 22 y difunden la savia por la médula y la corteza? ¿Cómo
en que actúe conforme a la naturaleza, pierda el instin- explicar que las partes más tiernas como la médula
to de conservación y desee llegar al aniquilamiento y a estén ocultas en el interior, protegidas del exterior por
la destrucción?». alguna resistencia leñosa, mientras la corteza externa
15 «SI observo a los seres vivientes», respondí, «que queda expuesta a la intemperie, como una defensa
tienen alguna facultad natural de querer y de no querer, 23 capaz de soportar la inclemencia? Además, ¡cuánta es
no encuentro ninguno que, sin el influjo de presiones la solicitud de la naturaleza para que todas las especies
externas, abandone el instinto por la existencia y se se propaguen mediante la reproducción de las semillas!
16 enfrente voluntariamente a su propia muerte. En efec- 24 ¿Quién puede ignorar que todas las semillas son, en
to, todo ser viviente se esfuerza en conservar la salud y cierto sentido, instrumentos concebidos no sólo para
17 se afana por evitar la muerte y la destrucción. Tengo, mantener la existencia un tiempo determinado sino
por el contrario, serias dudas sobre qué debo pensar a también para prolongar a cada especie casi hasta el
propósito de las plantas, árboles y seres completamente 25 infinito? En cuanto a los seres que creemos inanima-
inanimados»?**, dos, en virtud de la misma lógica, ¿no desean también
18 — «Sin embargo, tampoco hay motivos para tener 26 ellos lo que les es propio? ¿Por qué razón la ligereza de
dudas sobre esto pues puedes ver que las plantas y los las llamas las eleva a lo alto mientras el peso de la tie-
árboles nacen en los lugares que más les convienen, rra la arrastra hacia abajo, sino porque a cada uno de
donde, en la medida de lo posible, su naturaleza les ellos les convienen estas direcciones y movimien-
19 permita evitar secarse rápidamente y morir. Por esto 27 tos?5 Más aún, lo que resulta apropiado para una cosa,
la preserva, de la misma manera que aquello que le es
:
'*
: os . .
La anterior definición de «ser vivo» (animal) parece estoica
28 hostil, la destruye. Ahora bien, los cuerpos sólidos,
(Cicerón, Tusculanas, 1, 90; pero cf. Agustín, La Ciudad de Dios, 9, como las piedras, tienen una compactísima cohesión
9). La última parte del parágrafo es platónica (cf. Fedón, 88 B).
A Cf. Cicerón, Fines, 5, 24 ss.; Séneca, Epístolas, 36, 8. Tam- 15%. Frente a HI m. 9, 10 ss., donde el movimiento de los elementos
bién las plantas y los seres inanimados tienen una tendencia a la es considerado desde el punto de vista de la armonía, Boecio acentúa
autoconservación y se esfuerzan por alcanzar el bien. Cf. Platón, aquí la idea de que cada elemento tiene un lugar y un movimiento
meo 1 Á ss.; Plotino, 1, 4, y P. Courcelle, La Consolation, op. propio. Esta concepción es presocrática pero fue divulgada por
cit, 17, Aristóteles.
226 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA LIBRO ll 221
y
29 entre sus partes y no se dejan disgregar fácilmente. Por 34 No hay, por tanto, razón para que puedas en absoluto
el contrario, los líquidos como el aire y el agua ceden dudar de que todo lo que existe tiende instintivamente a
fácilmente a las fuerzas que los dividen pero vuclven mantener su conservación y a evitar su destrucción».
inmediatamente a unirse con aquellas partes de las que 35 «Reconozco», dije, «que veo ahora sin la menor
fueron separadas; el fuego, en cambio, resiste a toda incertidumbre las cosas que hasta hace poco me
separación” parecían inciertas»,
30 Y ahora no estamos hablando de movimientos 36 «Por otra parte», añadió, «también lo que tiende a
voluntarios!* de un espíritu inteligente sino del instinto subsistir y a perpetuarse desea ser algo único, pues si
natural, como cuando digerimos los alimentos ingeri- se destruye esta unidad, ni siquiera le será posible con-
dos sin pensarlo, o cuando respiramos durante el sueño servar la existencia».
31 sin darnos cuenta; en efecto, ni siquiera en los seres «Es verdad», dije.
animados el deseo de conservación depende de actos 37 «Por consiguiente», continuó, «todos los seres
voluntarios del espíritu, sino de principios naturales. desean la unidad»'*.
32 Inducida con frecuencia por graves motivos, la volun- «Lo reconozco», dije.
tad abre los brazos a la muerte!'”, que repugna a la «Pero hemos demostrado que lo uno y el bien son
naturaleza y, por el contrario, otras veces la voluntad exactamente lo mismo».
frena el acto de procreación, el único medio que asegu- «Si, es cierto».
ra la perpetuación de los seres mortales y que es siem- 38 «Luego todas las cosas buscan el bien, concepto
que puedes definir de la siguiente manera: el bien es
33 pre buscado por la naturaleza. Tan cierto es que este
aquello a lo que todos aspiran»'*,
amor por sí mismo no procede de una actividad
consciente del espíritu sino de un instinto natural; la 39 «No puede concebirse nada más cierto», respondí.
«En efecto, o todas las cosas no se refieren a ningún
Providencia'*, en efecto, ha dado a los seres por ella
elemento unitario y, privadas, por decirlo así, de un
creados!” este motivo, quizás el principal, de conserva- punto de referencia, vagan sin dirección a merced de
ción, esto es el deseo natural de prolongar la vida todo las olas o, por el contrario, existe un punto hacia el
el tiempo posible. cual todos los seres se precipitan y ese será el más
importante de todos los bienes».
40 Entonces clla me dijo: «¡Discípulo mío, estoy muy
8 (Cf. V 2,2; V 3, 30 y V m. 4, 10, ss. Platón, Leyes, 896 E y
Cicerón, Naturaleza de los Dioses, 3, 69.
contenta pues has fijado en tu mente lo que constituye el
17. El argumento es particularmente eficaz pues el propio Boecio núcleo mismo de la verdad. Y en este proceso te ha sido
había experimentado este deseo (cf. im. 1,20), revelado aquello que decías hace poco desconocer».
8% Introducido ya en lHlom. 2, 3 (pronida natura), constituirá la
materia principal de los libros cuarto y quinto.
1% Es éste el único lugar de la Consolación en que aparece la
palabra creatus en el sentido de «crcación». Se trataría, según Cour- te Concepto neoplatónico del «desco de unidad» (póthos toú
celle, La Consolation, op. cit., 223, de un «lapsus cristiano», aunque henós) de Procio. Cf. M. Galdi, Sagg: boeziant, Pisa, 1938, 133.
Gruber, Kommentar, op. cit., 304-5, señala que este uso de creare no 161 Es la misma definición de «bien» que da Aristóteles (Ética a
es específicamente cristiano (cf. por ej, Cicerón, Finibus, 5,38). Nicómaco, 1094 A),
LIBRO IM 229
228 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA
2 Ella dijo entonces: «Si reflexionas sobre lo que 8 dad de cstos cambios. Sea lo que sea eso en virtud de
hemos admitido anteriormente, no tardarás mucho lo cual subsisten y se mueven los seres creados, yo,
tiempo en recordar precisamente aquello que hace con un nombre usado por todos, lo llamo Dios».
poco has confesado que desconocías».
«¿A qué te refieres?», pregunté. 9 «Ya que esto es lo que sientes», añadió ella, «creo
3 «A la cuestión del timón que gobierna el univer- que poco mec queda por hacer para que, en posesión de
la felicidad, puedas volver a tu patria sano y salvo.
so»*”, respondió.
«Recuerdo», dije, «haber confesado mi ignorancia, 10 Pero examinemos nuestras proposiciones precedentes.
pero, si bien adivino ya lo que vas a decir, deseo no ¿Acaso no habíamos incluido la independencia en la
obstante escucharlo de ti más claramente». felicidad y no estábamos de acuerdo en que Dios es la
4 «Hace poco», dijo, «no tenías la más mínima duda felicidad misma?»”*,
de que este mundo es gobernado por Dios». «Ciertamente, así es».
«Ni pienso ahora», respondí, «ni lo haré nunca, que 11 «Por consiguiente», prosiguió, «para gobernar el
haya que ponerlo en duda, y te expondré brevemente mundo no tendrá necesidad de ayuda exterior alguna;
las razones por las que he llegado a esta convicción. de lo contrario, si necesitara algo, no tendría una plena
5 Este mundo, compuesto de partes tan diferentes y independencia»”””.
opuestas, no habría podido en absoluto constituirse en «Esto es necesariamente así», dije.
una forma unitaria si no hubiese existido un ser dotado 12 «Por tanto, Él solo dispone todas las cosas por sí
6 de unidad, capaz de unir elementos tan diversos. Y una mismo».
vez reunidos, sin duda la misma diversidad de natura- «Es imposible negarlo», respondí.
lezas en contradicción las unas con las otras lo sepa- 13 «Ahora bien, ya hemos mostrado que Dios es el
raría y dispersaría si no existiera un principio de uni- mismo bien»!?,
dad capaz de mantener una cohesión entre los «Lo recuerdo», dije.
7 elementos que ha unido entre sí. El orden de la natura- 14 — «Así pues, es por medio del bien como dispone
leza no procedería de un modo tan estable ni los distin- todas las cosas, ya que gobierna todo por sí solo; y
tos elementos desplegarían movimientos'”* tan confor- también estamos de acuerdo en que El es el bien y que
mes a lugares, tiempos, capacidad, espacios, este bien es, por así decirlo, el timón y gobernalle que
cualidades, si no existiera un principio Único que, per- conserva el mecanismo del mundo estable e íntegro»?”.
maneciendo inmóvil'””*, regulara la inestable multiplici- 15 «Estoy completamente de acuerdo», dije, «y ya
hace algún tiempo adiviné, a pesar de ciertas dudas,
que ibas a decir esto»,
'11* Repetición de la pregunta de 16, 7 y 19.
1% Movimientos (motus) se corresponde con el término griego 16 «Te erco», dijo, «pues, en mi opinión, orientas
kínesis, que en sentido amplio designa todos los procesos naturales,
En la filosofía antigua su número varía entre siete (Platón, Fimeo, 40 1 Cf. HI 2, 19 (sobre la independencia) y 10, 17 (sobre la feli-
A) y tres (Aristótclos, Metafísica, 1068 a). Boecio diferencia cuatro cidad).
movimientos: el movimiento local, el temporal, el de cantidad (inten- > CfMI3, 14.
sidad y espacio) y el de cualidad. Cf 10 20.
15 Alusión a la inmovilidad del primer motor. '" CfWMm.9,1GT16,7.
LIBRO HI 233
232 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFIA
28 «¿Puede entonces Dios hacer el mal?», 36 Entonces ella replicó: «De ninguna manera me he
«En modo alguno», respondí, burlado de ti, y con la ayuda de Dios, al que hace un
29 — «Por tanto», dijo, «el mal no existe, ya que no instante invocábamos'*, he llevado a término la más
puede hacerlo aquel que todo lo puede»!**, 37 importante de todas las tareas. En efecto, la forma de la
30 «¿Pretendes burlarte de mí, le dije, construyendo esencia divina es tal que no se dispersa en elementos
con tus argumentos un laberinto inextricable en el que externos a ella ni admite en sí misma ningún elemento
unas veces entras por donde deberías salir y otras sales extraño sino que, como a propósito de ella dice
por donde has entrado, o intentas complicar el admira- Parménides,
31 ble círculo de la simplicidad divina? Hace poco'*, en
efecto, al comenzar tu razonamiento sobre la felicidad, por todas partes semejante a la redondez de una es-
decías que ésta era el sumo bien y afirmabas que [fera'*
32 residía en el Dios sumo. Sostenías también que Dios
era el sumo bien y la felicidad absoluta, a partir de lo hace girar el círculo móvil del universo, mientras ella
cual me ofrecías como una especie de pequeño presen- 38 misma se mantiene inmóvil'*. Y si hemos debatido
te la conclusión de que nadie puede llegar a ser feliz si argumentos que no hemos buscado en el exterior sino
33 no participa de la naturaleza divina. Añadías que cl encontrado en el interior del tema que tratábamos, no
mismo elemento constitutivo del bien era la esencia de hay razón para que te sorprendas, ya que, bajo la auto-
Dios y de la felicidad y me enseñabas que aquello que ridad de Platón, has aprendido que el discurso debe
es uno es igualmente el bien, al que tiende la naturale- estar relacionado con las cosas de las que habla'”.
34 za de todas las cosas. Defendías también que Dios
gobierna el universo con el timón de la bondad, que X11'"! Feliz quien pudo contemplar
todas las cosas le obedecen de buen grado, y que el del bien la fuente clara,
mal no tiene naturaleza alguna. Y desarrollabas estas feliz quien pudo desatar
afirmaciones sin recurrir a ningún argumento del exte-
rior sino con pruebas internas e inherentes al tema que 2 Cf M9, 33,
se deducían unas de otras»'*, 88 El verso de Parménides que cita Boecio, uno de los pocos que
se han conservado de su poema filosófico Sobre la Naturaleza, es
recogido también por Platón (Sofista, 244, E). Fue frecuentemente
ié El argumento de Boecio consiste en negar la existencia del citado este verso por los neoplatónicos. Cf. Courcelle, La Consola-
mal partiendo de que éste consiste en la ausencia de existencia; este tion, ep. cit., 166.
argumento, que no se encuentra en Platón, es común en este periodo '% Se deduce que la expresión neoplatónica de la emanación del
tanto a los neoplatónicos como a los cristianos. Cf. 1 2, 32; mundo que Boccio emplea varias veces sólo sería una metáfora, Cf.
Agustín, Confesiones, 7, 12, 18; F. P. Hager, «Die Materie und das Him.9,3yV 2,8.
Bóse im antiken Platonismus», Museum Helveticum 19 (1962), 73- 90 Cf. Platón, Timeo, 29 B.
103 y CourceHe, La Consolation, op. cit., 173. ' La situación de Boecio es explicada mediante la fábula de
3 Cf TELLO, 17. Orfeo. Como éste perdió a su esposa Eurídice al volver la vista atrás
6: Una vez que Boecio reconoce tras su curación el método de antes de salir del Infierno, los hombres no deben dejarse levar por el
razonamiento está capacitado para responder racionalmente a la Filo- amor a las cosas terrenas. La literatura existente sobre este poema es
sofía. Cf. S. Lerer, Boethius and dialogue, op. cit., 133-134, muy amplia. Sobre la interpretación simbólica del poema, cf. Kling-
LIBRO 1 237
236 LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA