9 CAPÍTULO
OPOSICIÓN, COMPLACENCIA Y
DECEPCIÓN. LA REVISTA PRESENCIA EN
SU PRIMERA ÉPOCA (1971-1976)
Rodrigo Reyes Aliaga
Historia social de la educación chilena
OPOSICIÓN, COMPLACENCIA Y DECEPCIÓN.
LA REVISTA PRESENCIA EN SU PRIMERA ÉPOCA
(1971-1976)
Rodrigo Reyes Aliaga1
INTRODUCCIÓN
Tal como han sostenido Phelps (2021) y Hernández (2013), las re-
vistas docentes han sido una práctica colectiva vehículo de expresión
de necesidades reivindicativas, aspectos valóricos y pedagógicos. En la
misma línea, Matamoros (2022) ha señalado que las revistas docentes,
para el caso chileno, han sido consideradas como valiosas por su utilidad
como unidad documental, pero también por las redes intelectuales y la
circulación de ideas que las impregnan y su formato y diseño. Algunos
de estos puntos han sido señalados como relevantes para el análisis de
revistas en general (Tarcus, 2004).
En cuanto a sus contenidos generales, para el caso específico de Chile
las revistas de las organizaciones magisteriales que se desarrollaron bajo
el Estado Docente previo a 1973, estuvieron marcados por los postulados
de la Escuela Nueva y la emergencia de una cultura de masas (Silva,
2010; Mejías, 2019). De esta manera, diversas organizaciones docentes
impulsaron diferentes formatos de publicaciones: periódicos, revistas,
boletines, etc. En ellos desarrollaron diversas inquietudes que abordaron
temáticas como la pedagogía, la política, las reformas educacionales,
Doctor (c) en Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile.
1.
Correo electrónico:
[email protected].
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Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
los hechos mundiales, las precariedades tanto de sus alumnos como del
magisterio, la literatura, la poesía, etc. Un atributo que compartieron
estas publicaciones fue su descentralización y su escasa continuidad2,
salvo algunas excepciones3.
Cabe destacar que, a partir de la década de los sesenta y setenta, se
politizan diversos aspectos de la vida (Pinto; 2009), como lo cultural
(Fernández,2004), lo educativo e incluso algo tan específico como las
revistas do-centes, dando pie a publicaciones de corrientes políticas
específicas,como la revista Educadores del Mundo, orientada al
magisterio militante o simpatizante de izquierda (agrupado en torno al
Partido Socialista y el Partido Comunista) y la revista Presencia una
revista para educadores(en adelante, Presencia), impulsada por el
Instituto de Servicio Educa-cional de Chile (ISECH), fundada,
promovida y dirigida por el presbítero Enrique Salman.
Presencia, en su primera época, abarcó un periodo convulso que va
desde la Unidad Popular hasta los tres primeros años de la Dictadura Cí-
vico-Militar (1971-1976), ocupándose de diversas temáticas, contingentes
y valóricas, sindicales y educacionales, siempre en un marco religioso
católico que instaba a la participación y organización a maestros y padres
de familia. Esta temporalidad nos resulta interesante porque permite ver la
evolución de Presencia y sus diferentes posicionamientos ante
contextos dispares. Además, concentrar el estudio en una etapa
completa permite realizar un seguimiento de los cambios y
continuidades editoriales.
El objetivo principal de este escrito es dar cuenta de la evolución
editorial a lo largo de su primera etapa, poniendo énfasis en los tópicos
más destacado de cada uno de los periodos marcados por la relación entre
2. Nos referimos a publicaciones como la primera época Nuevos Rumbos (1923-1926)
editada por Asociación General de Profesores, Trabajadores de la Enseñanza (1932-1934)
publicado por la Federación de Maestros, Boletín Sindical (1940), editado por la UPCH; El
maestro (1940), publicado por la Sociedad Nacional de Profesores Jubilados; Ruta. Una voz
unitaria al servicio del magisterio (1947); Magisterio (1949), de la sección UPCH de Santiago;
Docencia (1950), perteneciente a la UPCH de Lota; SONAP (1956), de la Sociedad Nacional
de Profesores de Santiago, con sólo tres números; Altavoz al servicio del magisterio (1958),
del profesorado de Talcahuano; Federación (1959), perteneciente a la sección Iquique de
la Federación de Educadores de Chile; Liberación (1961), de la sección Biobío de la UPCH;
Vanguardia (1969), perteneciente a la sección San Carlos de la UPCH; Antorcha (1959), de
la Asociación Nacional de Profesores.
3. Las dos revistas que presentan mayor sistematicidad son: Nervio, editada por el grupo
de profesores de Curicó, durante el período 1934-1936; y Unidad, perteneciente a la Unión
de Profesores de Chile, editada durante el período 1936-1960.
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Historia social de la educación chilena
la revista y el contexto político en que se circunscribe, marcados por las
reformas educativas, el trato hacia el profesorado y sus propios proyectos.
En este sentido, la hipótesis que orienta este trabajo sostiene que
Presencia, a pesar de su origen en las estructuras de la Iglesia Católica,
representó al magisterio demócrata cristiano que adscribió a sectores
conservadores dentro del PDC durante los dos últimos años de la Unidad
Popular (1971-1973) y durante los primeros 3 años de la Dictadura Cívi-
co-Militar (1973-1976). Esto se reflejó tanto en sus editoriales y columnas
de opinión como en reportajes escritos por militantes del PDC, cuadros
sindicales o intelectuales especializados en educación.
Metodológicamente, se utilizó la totalidad de revistas Presencia de
su primera época4, que abarca el periodo 1971-1976. Para el análisis, se
priorizó la lectura de editoriales y temáticas específicas como reformas
educativas, situación magisterial y nacionalismo, y autores con continui-
dad en la revista. De manera secundaria, se consideraron las secciones
noticiosas nacionales o informativas del ISECH. Para la reconstrucción
del contexto se utilizaron, como unidades documentales, diversos de-
cretos de ley, circulares del Mineduc y declaraciones de la Junta Militar,
también se incluye bibliografía sobre el periodo para dar mayor sustento.
De esta forma, el presente escrito se estructura en cuatro partes.
Primero, se hará una síntesis sobre lo que fue Presencia en su primera
etapa, en términos generales. En las secciones siguientes se analizarán
las páginas de Presencia en tres subperiodos durante su primera época:
el primer subperiodo será 1971-1973 y abarcará la crítica que se elaboró
desde diferentes flancos contra el gobierno liderado por Salvador Allende;
el segundo subperiodo abarca los años 1973-1974 y comprende los mo-
mentos iniciales de la Dictadura Cívico-Militar y se analiza el comentario
complaciente que elaboró Presencia hacia las imposiciones educativas
generales y hacia el magisterio; finalmente, el tercer periodo se despliega
entre 1975-1976, en que Presencia no expresa abiertamente sus críticas,
pero sí sus esperanzas en otras organizaciones.
4. Presencia, luego de ocho años receso, comienza su segunda etapa en 1984. Esta nueva
etapa venía acompañada de un proyecto de educación superior, el Instituto Profesional Blas
Cañas, en torno a un grupo intergeneracional de intelectuales educativos militantes y sim-
patizantes del PDC con un objetivo claro: ser un sostén intelectual para la recuperación del
Colegio de Profesores de Chile (en adelante, CDP) y para el nuevo proceso educativo a nivel
escolar que impulsó la municipalización y fomentó la educación particular subvencionada.
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Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
1. ¿QUÉ ES PRESENCIA?
La revista Presencia tuvo su primera aparición en 1971 bajo el alero
de ISECH, cuyo líder fue el presbítero Enrique Salman Sajujria. Salman
tuvo una larga trayectoria incentivando la reunión y conformación de
agrupaciones de educadores católicos en las que confluían profesores,
estudiantes de pedagogía, intelectuales del mundo educativo y padres
de familia. Su actividad inicialmente se concentró en la séptima región,
donde se creó el Centro de Capacitación Obrera y el Instituto de Educación
Popular en 1949 y en 1960, en Talca, el Instituto del Maestro que ofrecía
cursos, material didáctico, asistencia técnica pedagógica de manera
presencial y por correspondencia (García, 2009b, pp. 224-225). Debido
a esto, fue designado como Vicario de la Educación en la provincia del
Maule entre 1967 y 1969, donde dio continuidad a sus proyectos de re-
unir y unificar criterios entre profesores que profesaban la fe cristiana
(Castillo Navasal, 2009, pp. 482-483).
En la misma línea, otro de los proyectos de Salman fue impulsar la
Federación de Profesores Católicos en 1969 y la fundación del Movimiento
Apostólico de Profesores (en adelante, MOPAC), que en 1976 pasarían a
llamarse Movimiento de Educadores Cristianos (en adelante, MEC) en
colaboración con religiosos de diferentes órdenes (García Ahumada,
2009b, pp. 332-333). La fundación de ISECH, a comienzos de los setenta,
se consolidaría como el norte de la obra de Salman.
En este sentido, la noción o la categoría de servicio no puede ser
reducida a la idea católica de servicio litúrgico o ritual. Esta noción de
servicio, que trabajó Enrique Salman a través de ISECH en el campo
educativo, se encuentra firmemente determinada por lo expresado en
la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que asienta puntos clave desde
los que ISECH perfiló sus objetivos como entidad orientadora y provee-
dora de formación en el ámbito educacional, reflejados en las páginas
de Presencia. Estos puntos clave fueron el fomento de la participación
social en tanto piedra angular para la construcción del bien común, la
lucha por la justicia como fruto del compromiso entre las personas, es-
tados e instituciones (Escobar Delgado, 2012, pp. 103-111). Esta noción de
servicio fundamentó la existencia e inserción de ISECH al trabajar con
un grupo social heterogéneo, tanto en lo gremial como en lo formativo y
político, como el magisterio. De esta forma, la revista Presencia fue una
apuesta para llegar a sectores del magisterio por fuera de las instancias
formales de la iglesia.
297
Historia social de la educación chilena
Cabe destacar que la revista Presencia convivió durante la Unidad
Popular con otras publicaciones orientadas hacia los educadores, como
la revista Educación, editada por el Ministerio de Educación Pública (en
adelante, Mineduc), que apuntaba a difundir los argumentos centrales
de las reformas educativos o las actas de los procesos de consulta y
debate nacional junto a experiencias educativas relevantes. Revistas
como Revista de Pedagogía, editada por la Federación de Instituciones
de Educación Particular (en adelante, FIDE), orientada principalmente
hacia el magisterio del sector privado y subvencionado de educación.
Otra revista en la misma línea fue Cuadernos de Educación, editada por
el Centro de Investigación y Desarrollo Educativo (en adelante, CIDE),
cuyos contenidos editoriales versaron en torno a políticas educativas,
disciplina en el aula y técnicas para la ejecución pedagógica. Junto a estas
publicaciones estaba Educadores del Mundo 5, orientada al magisterio
identificado políticamente con la izquierda y para el inicio de la década
de los setentas con la Unidad Popular.
Entre estas revistas, Presencia forjó su espacio, presentándose como
una revista con un innegable compromiso hacia el magisterio religiosa-
mente identificado con el cristianismo y políticamente muy cercano al
sector conservador del Partido Demócrata Cristiano (en adelante, PDC).
Esta identificación política es parte del ejercicio interpretativo de este
capítulo, pues en ningún número hay mención alguna de esta tienda
política, ni adhesión a ninguna otra. La argumentación que nos hace
sostener esta adscripción política se deduce a partir de la composición
de su comité editorial y sus columnistas que posee, y por la afinidad
valórica y política de quienes editan el texto, cuyo camino sinuoso
se refleja en los diferentes periodos de la revista.
En cuanto a su soporte material durante la primera época (1971-1976)
de Presencia, esta comenzó un formato sencillo: portada de opalina con
la información precisa (nombre publicación, número, fecha y precio) al
interior hojas tamaño carta de 75 gramos corcheteadas a la izquierda.
Este formato sencillo abarcó sus quince primeros números, posterior-
mente asumiría otro diseño con más complejidades y colores a partir del
número 16. Se innova materialmente en torno a una portada de papel
5. Cabe destacar que Educadores del Mundo era una revista cuyo comité editorial era hege-
mónicamente chileno, sin embargo, era financiada por la FISE (Federación Internacional
de Sindicato de Enseñanza, WFTU por sus siglas en inglés), de orientación comunista y
de fuerte influencia soviética y alemana.
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Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
cuché, con variados y vivos colores (turquesa, amarillo, esmeralda, rojo,
azul rey, fucsia, etc.), dimensiones cercanas a un tabloide y con páginas
interiores de 75 gramos. Este último formato se extenderá hasta el últi-
mo número de esta primera época, con algunas variaciones en cuanto a
colores, fotografías y temáticas.
En cuanto a la línea editorial, durante su primera época fue lo su-
ficientemente amplia al incluir diversas temáticas, tales como las reli-
giosas, pedagógicas y educativas. También se incluyen
reproducciones de documentos del Mineduc, columnas de opinión
dentro de un marco de discusión entre las reformas impulsadas por la
Unidad Popular y los decretos impuestos por la Dictadura Cívico-
Militar. Sin embargo, entre la UP y la Dictadura Cívico-Militar sus
énfasis y temáticas se reorientan o cambian, al igual que su
entusiasmo por diferentes organizaciones docentes.
La meta de Presencia en su primera etapa 1971-1976 fue ser un
portavoz de los intereses del magisterio cristiano, pero también una
plataforma de debate sobre temáticas controversiales vinculadas con
la educación y la familia. Ahora bien, sus énfasis y opiniones se van
adaptando al álgido debate durante la Unidad Popular y a la tímida
crítica durante la Dictadura Cívico-Militar.
En este sentido, Presencia también fue una de las tantas formas de
intervención e influencia al interior de lo social por parte de la Iglesia
Católica. Cabe destacar que el periodo que abarca esta selección
también refleja el sinuoso camino de sus posiciones políticas frente a
diferentes reformas tanto del gobierno de la Unidad Popular como de la
Dictadura Cívico-Militar.
2. PRESENCIA Y LA UNIDAD POPULAR: CRITICAR A
LA POLÍTICA EDUCATIVA, APUNTAR AL GOBIERNO
Y HORADAR AL SOCIALISMO (1971-1973)
El nacimiento de Presencia se realiza bajo un contexto convulso no
sólo en lo social y lo político, sino también en lo educativo, pues el
gobierno de la Unidad Popular pretendió impulsar transformaciones en
la estructura del sistema educativo, en la participación en reformas y
en los planes y programas (Núñez, 2019, pp. 379-393). Hacia 1971, la
convergencia entre diferentes sindicatos antes agrupados en la
Federación de Educadores de Chile dio su salto orgánico para conformar
el SUTE, que representaba no
299
Historia social de la educación chilena
sólo al magisterio, sino a la totalidad de los trabajadores de la enseñanza
(Sanhueza, 2023, pp. 83-85).
En este contexto, Presencia presenta su primer número. En cuanto
a su composición como revista, en sus primeros números no aparece ni
equipo ni director. En el número 3 aparece como director responsable
Sergio Contardo Egaña6, abogado que académicamente desarrolló su
carrera en torno a temáticas como la ética periodística y la libertad de
prensa. Su liderazgo formalmente se extendió hasta comienzos de 1973,
específicamente en el n.° 35, cuando fue reemplazado por el académico
Hugo Hidalgo.
En sus primeros números, sobre todo en sus editoriales, hubo un
esfuerzo sostenido por construir una línea editorial coherente y plantear
sus objetivos principales. Primero, servir a los educadores cristianos en
su labor y aportar con noticias, columnas de opinión y reportajes que
construyan su espíritu rectamente cristiano (Presencia n.º 1, 30 de mayo
de 1971, p. 1). En números posteriores, la revista definió de manera clara
lo que es un educador: tanto el maestro que por vocación y profesión
enseña a niños y jóvenes, como padres de familia que por naturaleza
deben asumir la educación de sus hijos, ambos unidos por el interés en
la reflexión del acontecer educativo (Presencia n.° 16, 30 de mayo de 1972,
pp. 1-3). Esto aclara los énfasis que la revista realiza durante el primer año
de publicación sobre la centralidad de la educación en familia (Presencia
n.° 9, 30 de septiembre de 1971, pp. 1-3.) o de organizaciones de padres y
apoderados (Presencia n.° 7, 1 de septiembre de 1971, p. 32; Presencia n.°
10, 15 de octubre de 1971, pp. 30-32.).
La publicación no obedece a ningún partido político, más bien pretende
ser transversal a todos los educadores cristianos que sientan la pedagogía
como una vocación, un llamado y al evangelio como su camino (Presencia
n.° 1, 30 de mayo de 1971, p. 1). Esto se plasmó en la decisión editorial de
no consignar autoría a ningún artículo o sección de la revista entre el
primer y octavo número con la finalidad de dar énfasis a las ideas y las
propuestas educativas antes que las militancias o las filiaciones partidarias
que podrían empañar la lectura (Presencia n.° 6, 15 de agosto de 1971, p.
33). Sin embargo, uno de los primeros artículos con autoría fue de José
6. Su trayectoria abarca la producción académica de artículos científicos, pero también el
profesorado universitario en la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Chile,
donde contribuyó a crear el Instituto de la Comunicación y la imagen de ICEI y ejerció
hasta su muerte, en abril de 2004.
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Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Eduardo Jara, destacado cuadro sindical del PDC (Presencia n.° 9, 30 de
septiembre de 1971, pp. 9-14). Esto pierde consistencia a lo largo de 1971-
1973 debido a la persistencia editorial por publicar columnas o artículos
de militantes del PDC, como Santiago Quer Antich, Guillermo Yungue,
Gregorio Quinteros Reyes y Manuel Canales. Otros autores considerados
cercanos al PDC son Ernesto Livacic, Hugo Araya Contreras, Gregorio
Quinteros Reyes y Antonio Carkovic Eterovic, quienes se desempeñaron
en diferentes organismos del Ministerio de Educación Pública durante el
gobierno de Eduardo Frei, como el Departamento de Educación Rural y
de Adultos o incluso siendo parte de la Superintendencia de Educación
Pública. Especialmente, Carkovic se integró al CPEIP y fue discípulo de
Mario Leyton Soto, destacado cuadro educacional del PDC.
Presencia fomentó la participación de educadores cristianos en la
discusión sobre educación y política, entendiendo esta última de
manera aséptica en cuanto a partidos e institucionalidad estatal
(Presencia n.° 4, 15 de junio de 1971, pp. 1-3).
La separación entre partidos e institucionalidad con la participación
social será enfática en números posteriores, cuando se reitera la idea a
través de la fórmula: “participar no es adoctrinar” (Presencia n.° 3, 30 de
junio de 1971, pp. 2-5), aludiendo a la izquierda y el despliegue de sus
cuadros en diferentes organizaciones. Con el correr de los números se
irán definiendo diversas instancias de participación para educadores: lo
sindical (Presencia n.° 7, 1 de septiembre de 1971, pp. 17-20; Presencia n.°
7, 1 de septiembre de 1971, pp. 2-5; Presencia n.° 3, 30 de junio de 1971,
pp. 13-17; Presencia n.° 4, 15 de junio de 1971, pp. 33-34), lo técnico-pe-
dagógico (Presencia n.° 3, 30 de junio de 1971, pp. 18-20; Presencia n.° 7, 1
de septiembre de 1971, pp. 6-9; Presencia n.° 6, 15 de agosto de 1971, pp.
5-9), lo comunitario (Presencia n.° 4, 15 de julio de 1971, pp. 33-34), entre
las más destacadas.
A pesar de las buenas intenciones y las pretensiones de imparcialidad
desde la reflexión cristiana, estas no fueron impedimento para la cons-
trucción de una crítica afilada contra la Unidad Popular cuyo punto de
partida fue lo educativo para posteriormente cuestionar los fundamentos
políticos del proyecto liderado por Salvador Allende: el socialismo y la
categoría de hombre nuevo. Esta crítica evoluciona y se transforma pro-
gresivamente en una confrontación, cuyo hilo conductor, en términos
educacionales, serán las diferentes reformas impulsadas por la Unidad
Popular, pero en términos políticos: el socialismo como amenaza de los
valores cristianos.
301
Historia social de la educación chilena
Inicialmente, la crítica inicialmente se basó principalmente en po-
sicionamientos del gobierno de la UP en torno a la educación particular
, tratada como defraudadora de la confianza pública en su discurso y
que, en los hechos, es asediada por regulaciones innecesarias7. La revista
no esconde su malestar en el casi nulo reconocimiento a las reformas
educativas impulsadas por Eduardo Frei y acusa al gobierno de la UP
de apropiar-se de sus triunfos (Presencia n.° 2, 15 de junio de 1971, pp.
2-5). Pero la crítica de fondo y más extensa fue hacia el papel de la
educación en la construcción del socialismo y del hombre nuevo.
Para la revista, la relación entre socialismo y educación es instrumental
,pues en sus propios términos el socialismo lo plantea como
sinónimo de marxismo-leninismo; es decir, equiparó
convenientemente proceso histórico y doctrina política (Presencia n.° 3
, 30 de junio de 1971, pp. 2-5;Presencia n.° 7, 1 de septiembre de 1971,
pp. 2-5; Presencia n.° 6, 15 de agosto de 1971, pp. 10-20.). Junto a esto,
considera como contenido del socialismo la lucha de clases como
método; es decir homologa una tesis filosófica del ordenamiento
histórico con un repertorio insurreccional.
Esto resulta inquietante para Presencia, pues el socialismo dividiría
más que uniría a los chilenos (Presencia n.° 8, 15 de septiembre de
1971,pp. 2-4)y, en términos educativos, adoctrinaría más que educaría
a los jóvenes(Presencia n.° 10, 15 de octubre de 1971, pp. 2-4;
Presencia n.° 11, 30 de octubre de 1971, pp. 2-4). En definitiva, desde el
punto de vista de Presen-cia, el socialismo es incompatible con el
cristianismo por no garantizar la existencia pluralidad política o de
culto, al contrario de la democracia(Presencia n.° 12, 15 de noviembre
de 1971, pp. 2-5).
Para la revista Presencia este rechazo al socialismo no implicó anu-
lación o separatismo de instancias en que participaran los adherentes
al proyecto de la Unidad Popular o marxistas en general. Más bien
implicaba participar con mayor intensidad, en otras palabras, el deber
del educador debería ser disputar todos los espacios posibles. Una de
esas instancias fue el Congreso Nacional de Educación, impulsado por
el Ministerio de Educación Pública a fines de 1971. Presencia realizó un
activo
7. Véase llamado para
una defensa que todos
extremada los educadores
al proyecto educativo decristianos participaran
la Iglesia Católica en cuantodea
educación privada en un artículo titulado: Reconocimiento de trabajos en la educación
particular (Presencia (15 de agosto de 1971), (6), 30-31). Para una revisión crítica en torno
al traspaso al Estado y cierre de escuelas privadas, véase: Presencia (1 de septiembre de
1971), (7), 2-5.
302
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
dichas instancias a nivel local, regional y nacional. Incluso convoca a los
educadores cristianos de izquierda y derecha a unificar criterios para
rechazar cualquier atisbo de educación clasista y dogmática, que atentara
contra la identidad y unidad de los chilenos, pero apoya el pluralismo
como contenidos en educación (Presencia n.°7, 1 de septiembre de 1971,
pp. 2-5; Presencia n.° 13, 30 de noviembre de 1971, pp. 2-3).
El balance general fue positivo por el espíritu democrático de dicha
instancia de escucha de diferentes voces que no son sólo las oficialistas,
tales como el SUTE, las asociaciones de padres y apoderados, padres
de familia y organizaciones de la educación particular (Presencia n.° 6,
15 de agosto de 1971, pp. 2-3; Presencia n.° 15, 15 de enero de 1971, pp.
2-5). También denunció enérgicamente quiebres en congresos zonales
en la capital y en regiones, y las acusaciones sobre la falta de garantías
de participación para voces críticas del gobierno (Presencia n.° 12, 15 de
noviembre de 1971, pp. 2-5). Pero el aspecto negativo más importante
para Presencia fue que en el programa de discusión se incluyera forzosa-
mente la educación como “herramienta para la transición al socialismo”
(Presencia n.° 15, 15 de enero de 1971, pp. 2-5) en el temario del congreso,
lo que tensionó el clima de discusión e infringió una sensación de haber
asistido a un debate con todo previamente zanjado.
Un balance similar puede verse reflejado en los artículos y editoriales
en torno al SUTE (Presencia n.° 3, 30 de junio de 1971, pp. 23-24; Presencia
n.° 8, 15 de septiembre de 1971, pp. 7-12; Presencia n.° 9, 30 de septiembre
de 1971, pp. 19-23; Presencia n.° 16, 30 de marzo de 1972, p. 30; Presencia
n.° 31, 15 de diciembre de 1972, pp. 1-4) y en mucho menor medida a la
Federación de Estudiantes Secundario (Presencia n.° 11, 30 de octubre
de 1971, p. 22; Presencia n.° 31, 15 de diciembre de 1972, p. 31; Presencia
n.°32-33-34, diciembre de 1972 - enero y febrero de 1973, pp. 60-61)8 y
Federación de Apoderados y Padres (Presencia n.° 21, 15 de agosto de
1972, pp. 21-22; Presencia n.° 29, 15 de noviembre de 1972, p. 28). La parte
positiva del balance valoraba la participación de educadores cristianos
y de jóvenes inspirados por ellos, instando a que fuera permanente. La
parte negativa contemplaba la intervención descarada de los partidos
políticos que operaban en su interior, pero siempre con énfasis en aquellos
8. El último artículo es de autoría de Guillermo Yungue. Cabe destacar que Guillermo Yun-
gue, militante del PDC, fue un dirigente estudiantil secundario y dirigente FESES en 1971.
Posteriormente, al comienzo de la década de los noventa, logró ser diputado y a comienzos
de los 2000 embajador en Costa Rica.
303
Historia social de la educación chilena
que conformaban la coalición de gobierno (UP). Esta aversión hacia los
partidos sería una constante reafirmación editorial de su imparcialidad
y objetividad a la hora de evaluar la educación.
Otro aspecto de crítica al gobierno hacia mediados de 1972, de carác-
ter contingente, se desplegó en torno al creciente ambiente de violencia
callejera. Dos hechos llaman a la reflexión desde Presencia. El primero,
la muerte del exministro y militante del PDC, Edmundo Pérez Zujovic
a manos de la Vanguardia Organizada del Pueblo a mediados de 1971,
utilizado por Presencia como un punto de reflexión sobre la violencia
y cómo esta afectaría lo educativo, pues aleccionaría negativamente
a la juventud acerca de que con violencia se consiguen los objetivos
(Presencia n.° 2, 15 de junio de 1971, pp. 31). El segundo se desprende del
primero, pues Presencia ve en las protestas estudiantiles universitarias
y secundarias una generación formada en la violencia que sólo buscará
imponer su voluntad mediante ella (Presencia n.° 26, 15 de septiembre
de 1972, pp. 1-4). Finalmente, la revista concluye que un gobierno que
deja florecer la violencia sólo busca matar las libertades y desvía a la
juventud de su cauce (Íbid)9.
La crítica que venía macerando Presencia hacia la Unidad Popular
logra madurar y explotar ante una coyuntura vital tanto a nivel educa-
tivo como a nivel político: el proyecto de la Escuela Nacional Unificada
(en adelante, ENU). Hablamos de explosión pues el tono de la crítica es
abiertamente confrontacional, y sus contenidos transitan entre lo peda-
gógico y lo político en cruce con diferentes temáticas como la juventud,
el adoctrinamiento, el resentimiento por la omisión de la obra educativa
de Eduardo Frei Montalva, etc.
Los aspectos educativos de la crítica de Presencia hacia el proyecto
de la ENU parten con un reconocimiento de que el sistema educativo
implantado a partir de la reforma educativa de 1965 no es perfecto y
necesita cambios, pero no a través de la desarticulación radical. También
conforman críticas en torno a la falta de claridad en la realización del
vínculo entre escuela y trabajo que abriría una brecha de arbitrariedad
en cuanto a la clasificación de estudiantes que desearan continuar una
carrera universitaria o inducirse en el campo técnico. Esto genera ansiedad
e inestabilidad acerca de la continuidad educativa en profesores y estu-
9. Véase también la reflexión a un año de los hechos contra Pérez Zujovic en Presencia (15
de junio de 1972), (21), 1-3.
304
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
diantes, quienes, advierte Presencia, terminarán invalidando cualquier
proceso de reforma impulsado por la UP (Presencia n.° 36-37, abril de 1973,
pp. 73-7710; Presencia n.° 36-37, abril de 1973, pp. 3-10; Presencia n.° 35,
marzo de 1973, pp. 1-3). Esto queda muy en línea con la declaración del
PDC que la misma revista reproduce en sus páginas junto a la del Partido
Comunista (Presencia n.° 36-37, abril de 1973, pp. 33-38)11.
Otro aspecto más general sobre educación es la finalidad de la
educación, la humanización permanente para el desarrollo pleno del
hombre que estaría contrapuesto al proyecto ENU, estableciendo que
la apuesta educativa de la UP subordina esta finalidad a sus propios
intereses políticos: el socialismo. Esto último fue profundizado en ar-
tículos elaborados por Antonio Carkovic Eterovic (Presencia n.° 36-37,
abril de 1973, pp. 52-54) y Santiago Quer Antich (Presencia n.° 38, mayo
de 1973, pp. 10-12)12. De esta manera, se postula una conexión insalvable
con la política, lo que apunta a advertir a diferentes actores en torno al
detrimento que traería esta nueva reforma de la Unidad Popular. Estos
actores fueron las Fuerzas Armadas, a quienes Presencia advierte que
esta reforma atentaría a su formación, sentido de existencia y defensa
de los valores nacionales (Presencia n.° 36-37, abril de 1973, pp. 25-30.).
Un segundo actor son los padres de familia, a quienes Presencia alerta
que su derecho preferente a educar a sus hijos podría dejar de existir
para ser reemplazado por la voluntad burocrática del Estado (Presencia
n.° 36-37, abril de 1973, pp. 59-61)13.
De esta manera, la ENU se transformó en un punto de radicalidad
de diferentes tópicos que se venían desarrollando en Presencia. La ENU
permite a la revista realizar una crítica con un tono confrontacional, sin
anunciar un rompimiento o un corte final con la Unidad Popular y sus
políticas educativas.
10. Autoría de Jimena Novoa Monreal.
11. Para una lectura sobre la elaboración de la crítica del PDC a la reforma de la ENU, sus
implicancias en la caracterización de la UP y su giro radical al considerarla, hacia mediados
de 1973, como Dictadura, puede revisarse el texto de Reyes (2022).
12. Sobre este último autor, militante del PDC, se explayan argumentos en Política y Espíritu
n.° 345, agosto 1973, pp. 25-49. Véase también, en su calidad de subdirector del departamento
de educación de la Pontificia Universidad Católica, las declaraciones que atribuyen una
raíz totalitaria al proyecto de la ENU (Quer Antich, 1973).
13. Autoría de María Angélica Muñoz.
305
Historia social de la educación chilena
3. PRESENCIA Y EL GOLPE DE ESTADO: PRONUNCIA-
MIENTO, OPORTUNIDAD Y ENTUSIASMO (1973-1974)
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 implicó la anulación
de las facultades del poder Ejecutivo y Legislativo, además de la subor-
dinación del poder judicial a los intereses de la Junta Militar que llevó a
cabo el Golpe (Huneeus, 2016, pp. 97-100; pp. 114-116; pp. 120-122; pp.
132-137). Este acontecimiento tuvo un impacto significativo a nivel po-
lítico, proscribiendo los partidos políticos y su actividad. A nivel social,
se caracterizó por una violenta represión contra las organizaciones sin-
dicales, sus dirigentes, miembros y también sus publicaciones (Álvarez,
2010, p. 332; Matamoros, 2013, p. 110).
En el caso específico del magisterio, al SUTE se le cancela su perso-
nalidad jurídica. Sus locales, llamados casa del maestro, son expropiados
y sus dirigentes sufren diferentes derroteros: algunos fueron ejecutados
o detenidos desaparecidos y otros exonerados (Zubicueta, 2012, pp.
9-17). En cuanto a las publicaciones la revista Educadores del Mundo,
fue prohibida y la imprenta propiedad del SUTE confiscada. A pesar de
este cuadro represivo generalizado hacia el profesorado organizado, la
revista Presencia pudo seguir publicándose y circulando.
Uno de los elementos que permitirían entender la continuidad de
Presencia es su identificación con la obra de la Iglesia Católica. De hecho,
en sus páginas habían convergido religiosos de diferentes órdenes, como
Cecilio de Lora, perteneciente a los maristas, o Juan B. Arrien, quien fuera
jesuita. Junto a ellos, los teólogos Hernán Alessandri y Cristian Llona,
adscritos a la orden de los Sagrados Corazones 14. En esta diversidad
había un elemento común: la pasión por discutir temáticas relativas a
educación, como familia, juventud, divorcio, etc., con énfasis reiterativo
en lo no partidario.
Otro aspecto, argumentativamente más débil, es la insistente línea
editorial que remarcaba su marginación de cualquier identidad partidaria.
Sin duda algo que es cuestionable, debido a la preferencia editorial por
autores del PDC en comparación con la militancia de izquierda, que aparece
en entrevistas como el caso de Iván Núñez (Presencia n.° 4, 15 de julio de
1971, pp. 20-24) o reproducción de extractos de discursos como los de
14. Cabe destacar que estos dos últimos teólogos acompañaran a monseñor Enrique Salman
en emprendimientos posteriores referidos a educadores como el Mopac y tambien en MEC.
306
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Fidel Castro (Presencia n.° 36-37, abril de 1973, p. 78). Esta preferencia de
la revista se hace aún más evidente cuando se designa como director de la
revista, durante el periodo 1974-1976, al demócrata cristiano y secretario
ejecutivo de ISECH Luis Fuente-Alba15, quien reemplaza a Hugo Hidalgo.
Además, se hace más constante la transparencia de quienes conforman el
comité editorial, que entre 1973 y 1976 se mantuvo más o menos constante.
Estuvo integrado por Óscar Medina, periodista y diagramador responsable,
María Eliana de Pérez de Miguel, a cargo de la documentación en ISECH
y luego se integraría a mediado de los ochentas al comité de relaciones
exteriores del Mineduc; la teóloga Isabel Vrancken, relatora de ISECH;
Antonio Carkovic Eterovic, miembro del CPEIP y Hugo Hidalgo P., aca-
démico. Junto a ellos también permaneció una serie de colaboradores
de distinta índole, como el sociólogo Hernán Godoy Urrutia, el filósofo
Ciro Schmidt, el padre Guido Tento, quien fuera presidente la FIDE, o
incluso periodistas como Guillermo Blanco, quien sería parte del equipo
que conformaría la revista Hoy en 197716. La mayoría de ellos continuó
colaborando con la revista en sus números posteriores al Golpe, incluso
contribuyeron a la argumentación de su línea editorial en defensa de la
intervención militar del 11 de septiembre de 1973.
Esta defensa se desarrolló al menos en dos aspectos. Primero, uno
político: la intervención militar fue un deber, asumido ante Dios y la
patria, para contrarrestar la imposición progresiva de una dictadura
marxista-leninista por parte del gobierno de la Unidad Popular, que
habría inoculado odio entre pares y caos económico entre los chilenos
(Presencia n.° 39-40, 15 de octubre de 1973, pp. 1-2). Esta idea del socialis-
mo, en números anteriores catalogado de marxismo-leninismo, como un
agente externo en contraposición a lo tradicional, se desarrolló en diversos
artículos anteriores (Presencia n.° 8, 15 de septiembre de 1971, pp. 2-3;
Presencia n.° 21, 15 de junio de 1972, pp. 1-2; Presencia n.° 36-37, abril de
1973, pp. 25-30), pero toma forma a partir de la reflexión de la revista en
15. Luis Fuente-Alba Zúñiga, oriundo de Concepción, fue un profesor y destacado militante
demócrata cristiano de la zona norte del país, especialmente de los sectores Copiapó y
Atacama. Fue dirigente sindical del magisterio durante el primer lustro de los sesentas.
Participó activamente en la campaña presidencial de Eduardo Frei Montalva en 1964. Luego
del triunfo de Frei, fue designado como intendente de Atacama hasta 1970. También fue
columnista en la revista teórica del PDC Política y Espíritu.
16. La revista Hoy fue un semanario que se publicó entre 1977 y 1998 que respondía a los
sectores conservadores del PDC. Entre sus fundadores se encuentran Emilio Filippi, Abra-
ham Santibáñez y Ascanio Cavallo.
307
Historia social de la educación chilena
torno a la chilenidad que, durante el periodo 1973-1976, la revista define
de manera general como la mezcla entre lo autóctono (menciona sólo
al pueblo mapuche), lo hispánico y el evangelio como paradigma ético
(Presencia n.° 39-40, 15 de octubre de 1973, pp. 1-2). Estos tres elementos
conforman el sello como nación que fue salvada, según Presencia, de
una inminente dictadura marxista-leninista gracias a la intervención
militar.
Segundo, a nivel educativo, se abrirían nuevos horizontes impulsados
por la reconstrucción nacional (Presencia n.° 39-40, 15 de octubre de
1973, pp. 1-2) y era necesario conformar una nueva política cultural de
los valores fundamentales de la chilenidad (Presencia n.° 41-42, 30 de
octubre de 1973, pp. 3-12)17. Para ello, resultaría inexorable reestructurar
el Ministerio de Educación Pública, caracterizado como altamente bu-
rocratizado e ineficiente en la administración de recursos (Presencia n.°
43-44, 15 de noviembre de 1973, pp. 1-3). Esta urgencia fue principalmente
justificada con la idea del germen deshumanizador que habría inten-
tado introducir “la noche opresiva del marxismo” (Presencia n.° 47-48,
diciembre de 1973 - enero de 1974, pp. 1-3). En este sentido, la editorial
remarca que esto también es una oportunidad para “afianzar las bases
de nuestra liberación personal y social” (Presencia n.° 47-48, diciembre
de 1973 - enero de 1974, p. 2).
Esta defensa es mezcla de dos elementos: toma de posición dentro del
bloque social que adhirió al golpe de Estado de 1973 y confirmación de
su vocación antisocialista. Este último aspecto resulta relevante, pues en
sus posicionamientos anteriores y hasta 1973 se difunde una definición
de marxismo como doctrina foránea, en tanto es introducida y repelida
por la identidad nacional. Vale decir, el socialismo se define como un
enemigo que afecta no sólo la convivencia nacional, sino también la fe
cristiana, rasgo natural y esencial del ser nacional. Esto nace desde una
lectura que tiende a confundir los términos, sin aclararlos, que compo-
nen la doctrina socialista. Aunque después del golpe las editoriales y los
artículos hablan escasamente de socialismo y optan referirse a el como
marxismo-leninismo, lo que estaba muy en sintonía con el discurso
oficialista de la Junta Militar18.
17. Esto se basa principalmente en un artículo previo titulado: Algunas bases para la con-
cepción de la educación (Presencia (15 de octubre de 1973), (39-40), 1-2).
18. Véase Decreto de Ley 1, de 1973, Acta de constitución de la Junta de Gobierno, 11 de
septiembre de 1973.
308
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Una de las formas en que la revista tradujo esta lectura del golpe de
Estado para los educadores fue esclarecer patrones conductuales y de
creencias para los educadores cristianos. Estas secciones tienen una fuerte
inspiración normativa en torno a cuáles serían las actitudes correctas
para un educador cristiano.
Imagen 1. Invitación a pensar, en Presencia (15 de
octubre de 1973), (39-40), 26.
El elemento que realmente parte aguas entre lo que hace y no hace
un cristiano se vincula principalmente con rasgos no doctrinarios, sino
más bien actitudinales, tales como la violencia, el odio, el egoísmo, in-
309
Historia social de la educación chilena
cluso aspectos conductuales como la lujuria, el resentimiento o actitudes
contra la institución de la iglesia cristiana, como arrogarse una actitud
profética o de creencia libre del evangelio. Estos dos últimos aspectos
podrían perfectamente criticar tanto a variantes del cristianismo como
el protestantismo, o bien tendencias sociales de la iglesia como los cris-
tianos por el socialismo. Pero dada la lectura sobre el socialismo que
esboza la revista en sus artículos y editoriales, este apartado de la revista
está construido como si fuera un decálogo (esta vez de 11 puntos) que
intenta describir a un enemigo ya menos abstracto, más concreto: los
militantes o simpatizantes del socialismo, quienes difunden valores o
ideas que afecten a los desafíos del nuevo proceso en marcha, señalados
como no cristianos.
El apartado de la revista también incita a que los educadores no sólo
vean esas actitudes o atributos en sus pares, sino también en sí mismos.
De esta forma, al igual que el pecado, nadie está a salvo de ciertas actitu-
des que pueden perfectamente ser corregidas. En definitiva, el cristiano
es quien contribuye fielmente a la convivencia en el país o al proceso de
reconstrucción nacional.
La reconstrucción nacional como caracterización y proyecto de la
Junta Militar es usada por Presencia a partir de la publicación de la De-
claración de Principios de la Junta Militar en marzo de 1974, que en su
segunda sección comienza con la siguiente afirmación: “En consideración
a la tradición patria y al pensamiento de la inmensa mayoría de nuestro
pueblo, el gobierno de Chile respeta la concepción cristiana sobre el
hombre y la sociedad” (Declaración de Principios del Gobierno de Chile,
1974). La revista no oculta su profunda afinidad con la Declaración de la
Junta Militar, de hecho, dedica toda una editorial a alabarla, al menos
en torno a tres elementos: la idea de reconstrucción nacional que abría
una brecha de oportunidades para el bloque civil que apoyó el golpe, el
objetivo de una nueva sociedad en tanto proyecto general de la Junta
Militar y las connotaciones cristianas que impregnaron el texto (Presencia
n.° 53, 15 de abril de 1974, pp. 1-2).
La idea de reconstrucción continuó en números posteriores desarro-
llándose en términos de garantía de la paz y el orden, en eso la editorial
del número 58 sostiene: “El país respira un aire de seguridad, de tran-
quilidad, de disciplina y de trabajo” (Presencia n.° 58, 31 de julio de 1974,
pp. 1-3). Posteriormente, la editorial pretenderá resignificar el golpe de
Estado de 1973 a través de la caracterización de pronunciamiento militar
(Presencia n.° 61, septiembre de 1974, pp. 1-2), pretendiendo establecer
310
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
como inevitable la sublevación militar para interrumpir el avance del
marxismo, que habría inoculado el odio en los maestros, e imponer un
nuevo orden que garantizaría la libertad (Presencia n.° 58, 31 de julio de
1974, pp. 1-3; Presencia n.° 60, 30 de agosto de 1974, pp. 1-3; Presencia n.°
62, octubre de 1974, pp. 1-2).
La adhesión al golpe de Estado por parte de la revista fue bien recibida
por los oficiales que designó la Junta Militar como rectores-delegados
en universidades tales como la Universidad del Norte, la Universidad
Católica, Universidad de Concepción y Universidad Austral 19, quienes
hicieron llegar elogiosos comentarios que Presencia no dudó en publicar,
aunque nunca fueron reproducidos inextenso por la revista (Presencia
n.° 43-44, 15 de noviembre de 1973, p. 11).
Declarada la adhesión de Presencia a la Junta Militar en términos
políticos, la revista esbozó una cierta crítica hacia algunas decisiones
en términos educativos en torno a diferentes aspectos, tales como los
contenidos perniciosos y vulgares de la programación televisiva (Presencia
n.° 55, 15 de mayo de 1974, pp. 1-3; Presencia n.° 53, 15 de abril de 1974,
p. 31; Presencia n.° 57, 15 de julio de 1974, pp. 6-12)20, la restitución de la
PAA como método de selección universitaria (Presencia n.° 56, 15 de junio
de 1974, pp. 1-3; Presencia n.° 60, 30 de agosto de 1974, pp. 1-3)21 y, en un
tono amistoso, señala ciertas observaciones al Mineduc al conservar a
funcionarios del gobierno anterior (Presencia n.° 57, 15 de julio de 1974,
pp. 1-3; Presencia n.° 60, 30 de agosto de 1974, pp. 4-6). Ahora, estas ob-
servaciones, bastante respetuosas, tenían como norte respaldar la obra
de la Junta Militar y que sus intenciones no quedaran sólo en palabras
(Presencia n.° 57, 15 de julio de 1974, pp. 1-3).
Una muestra de la mesura de las observaciones que realizó Presencia
estuvo enfocada en el magisterio, sin aludir ni hacer mención alguna a
19. Estos oficiales fueron Hernán Danyau Quintana, Jorge Sweet Madge, Guillermo González
Bastías y Gustavo Dupuoys Pinillos, respectivamente.
20. Autoría de María Angélica Muñoz. Con posterioridad, una editorial haría eco de las
sugerencias del artículo de Muñoz y recalcaría una crítica generalizada hacia la televisión
como un medio de comunicación de masas que sólo difunde vulgaridad y cinismo o “pan,
circo y cebollismo”, que no está dando el ancho en el proceso de unidad nacional. Véase
el artículo titulado: Los medios de comunicación masiva (Presencia (junio y julio de 1976),
(92-93-94), 1-2).
21. Para una crítica complaciente hacia el organismo de perfeccionamiento del magisterio
el CPEIP, véase el artículo titulado: Jornada Nacional de Educación y Cultura (Presencia
(30 de noviembre de 1974), (65), 1-2).
311
Historia social de la educación chilena
la represión y persecución hacia las organizaciones del profesorado. La
revista, en agosto de 1974, establece que, si bien existe una excelente dis-
posición de la Junta Militar a escuchar la voz del profesorado (Presencia
n.° 57, 15 de julio de 1974, pp. 1-3), reprocha que aún no se haya esbozado
promulgación alguna sobre cuestiones tan básicas como la jornada de
trabajo del profesorado, sus remuneraciones u organización (Presencia n.°
59, 15 de agosto de 1974, pp. 1-3). En un número posterior, Presencia alabó
la legislación de los centros de padres, centros de alumnos (Presencia n.°
60, 30 de agosto de 1974, pp. 19-23) y el anunciado Colegio de Profesores
(en adelante, CDP). Estos tres hitos buscan reconstruir y perfeccionar el
camino de la educación (Presencia n.° 60, 30 de agosto de 1974, pp. 1-3).
Presencia era consciente de que esta nueva organización, el CDP, no
sería concebida como un sindicato ni nada similar al SUTE, sino más
bien como colegio profesional que operaría como un cuerpo intermedio
(Presencia n.° 43-44, 15 de noviembre de 1973, pp. 20-22). Esta idea de
cuerpo intermedio refleja tanto un momento en la pugna interna de la
Junta Militar (Valdivia, 2003, pp. 97-149) como la recepción y adopción
positiva por parte de Presencia de un esquema organizativo corporati-
vista de la sociedad (Presencia n.° 61, Septiembre de 1974, p. 25; Presencia
n.° 62, octubre de 1974, pp. 1-2; Presencia n.° 58, 31 de julio de 1974, pp.
15-16). Esta adhesión a un esquema corporativista en que los cuerpos
intermedios son validados como portavoces de diversos sectores de la
sociedad causó júbilo en Presencia, lo que puede interpretarse como una
reivindicación hacia sociedades cuya organización política no dependiera
de un sistema de partidos ni del equilibrio de los poderes del Estado, sino
de un liderazgo fuerte y centralizado, homólogo de ciertas monarquías
y del fascismo italiano.
El 16 de octubre de 1974 se promulga el Colegio de Profesores, esto
para Presencia fue celebrado como una señal clara del compromiso de
la Junta Militar con el magisterio. Ahora bien, esta promulgación formal
tuvo una recepción dual al interior del magisterio: para un sector del
profesorado fue una lápida a una larga tradición de organización del
magisterio y para otro sector fue la materialización de un anhelo cuyo
derrotero fue un fracaso constante por más de veinte años (Reyes, 2021,
pp. 16-20; Cofré, 1998, pp. 188-191).
Este último sector tuvo una fuerte influencia en Presencia debido
al perfil profesionalizante de la publicación. Esto incluso puede verse
reflejado en su justificación sobre el cierre de las escuelas normales, la
cual calificaron como una acción enérgica y necesaria para clarificar
312
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
los escándalos políticos y financieras de dichas escuelas (Presencia n.°
43-44, 15 de noviembre de 1973, pp. 4-6) o impulsar escuelas de verano
o jornadas que forjaran un espíritu cristiano y profesional a la docencia
(Presencia n.° 45-46, 30 de noviembre de 1973, p. 35; Presencia n.° 53, 15
de abril de 1974, p. 16; Presencia n.° 65, 30 de noviembre de 1974, pp. 1-2;
Presencia n.° 45-46, 30 de noviembre de 1973, p. 18). La revista sostiene que
la creación del CDP vendría a darle un anhelo profesional al magisterio,
rompiendo la tradición sindical previa al golpe de Estado, caracterizado
como puramente político e ideológico22.
La revista cierra 1974 haciendo un balance positivo en torno al golpe
de Estado que, de manera general, habría devuelto la normalidad aca-
démica a las escuelas y universidades, permitiendo que tanto maestros
como estudiantes pudieran concentrarse en sus asignaturas. También
agradecía los contenidos de la declaración de principios de la Junta Militar,
la creación del CDP, la intención de regular la existencia de Centros de
Alumnos, agrupaciones de apoderados, etc. (Presencia n.° 68, segunda
quincena de diciembre de 1974, pp. 1-2). Presencia expresó satisfacción con
el conocimiento y compromiso de la Junta Militar sobre la situación del
magisterio (Presencia n.° 66-67, primera quincena de diciembre de 1974,
pp. 1-2). Todo esto tiene como cisma la oficialización del día del maestro
el 10 de diciembre, en honor a la entrega del Nobel a Gabriela Mistral23.
22. Cabe destacar que estos mismos argumentos son esgrimidos en: Hace una década
nació el Colegio de Profesores de Chile, en Colegio de Profesores A.G., (1), mayo de 1984,
5-7. Estos mismos argumentos se reproducen en las memorias del miembro de comité
editorial de Presencia, Antonio Carkovic Eterovic, quien sostiene que el nacimiento del
Colegio de Profesores traería un talante profesional pero también nuevas oportunidades
para el perfeccionamiento y la innovación pedagógica para el magisterio (Carkovic, 1980,
pp. 70-72; pp. 74-78).
23. El día del maestro ha sido decretado en diferentes fechas. Inicialmente en 1967 el día
del maestro fue calendarizado para el 11 de septiembre a través de la Ley 16.662 de ese año.
Debido a la coincidencia con la fecha en que se realiza el golpe de Estado y con la creación
del Colegio de Profesores en 1974, en la Resolución 1707 se fijó el 10 de diciembre como
la nueva fecha para el día del maestro. Sólo en 1977, a través del Decreto de Ley 1.938, se
declaró el 16 de octubre como el día del profesor. Esta última fecha sigue vigente como
efeméride en el calendario escolar hasta nuestros días.
313
Historia social de la educación chilena
4. PREOCUPACIÓN, DECEPCIÓN Y ESPERANZA:
PRESENCIA EN SUS ULTIMOS AÑOS (1975-1976)
Imagen 2. Portada en Presencia (15 de julio de
1971), (4).
314
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 3. Portada en Presencia (30 de mayo de
1972), (20).
315
Historia social de la educación chilena
Imagen 4. Portada en Presencia (30 de agosto de
1972), (25).
316
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 5. Portada en Presencia (abril de 1973),
(36-37).
317
Historia social de la educación chilena
Imagen 6. Portada en Presencia (octubre de
1973), (39-40).
318
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 7. Portada en Presencia (31 de julio de
1974), (58).
319
Historia social de la educación chilena
Imagen 8. Portada en Presencia (septiembre de
1974), (61).
320
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 9. Portada en Presencia (octubre de 1974),
(62).
321
Historia social de la educación chilena
Imagen 10. Portada en Presencia (septiembre de
1975), (81-82).
322
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 11. Portada en Presencia (octubre de
1975), (83-84).
323
Historia social de la educación chilena
Imagen 12. Portada en Presencia (noviembre-di-
ciembre de 1975), (85-86-87).
324
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Imagen 13. Portada en Presencia (agosto de
1976), (95-96).
325
Historia social de la educación chilena
Para 1975 el director, Luis Fuente-Alba, y el equipo de redacción,
compuesto por Isabel Vrancken, Antonio Carkovic Eterovic, Hernán
Godoy y María Eliana de Pérez de Miguel, se consolida y permanece casi
sin variaciones hasta su última edición en los números 101 y 102 de 1976.
Un cambio importante que incorporó la revista fue su diseño de portada,
que cambia y refleja de manera directa las prioridades temáticas de su
línea editorial durante el bienio 1975-1976. Veamos algunos ejemplos a
continuación de esta evolución.
En esta selección de portadas vemos una evolución clara en al menos
dos elementos claros de la gráfica: los colores y las imágenes. Tal como
mencionamos anteriormente, las portadas pasan de una edición simple,
como se ve en la Imagen 1 en sus primeros números, a una portada más
compleja con más información, utilizando colores e imágenes para co-
municar los énfasis de cada número.
Al comienzo de la dictadura se intenta continuar con este diseño
utilizado en los números editados durante la UP, pero surgió un cambio
en las fotografías. Los actores educativos preferentes (padres, maestros y
estudiantes) ya no aparecen en un ambiente escolar como en las imágenes
2 y 4, tampoco se continúa una línea experimental que mezcle dibujo
con fotografías en una especie de collage, como se expresa en el número
especial de la ENU exhibido en la Imagen 5.
En las portadas de los periodos posteriores las fotografías grafican
niños, como sucede en las imágenes 6 y 8, que se encuentran fuera del
contexto escolar y que metafóricamente sugieren una idea en torno al
renacer, un nuevo comienzo, cuestión que se resignifica en ambas imáge-
nes. En el caso de la 6, se trata de una edición que se publica a menos de
un mes del golpe de Estado. La ronda sería una representación de júbilo
que mezcla lo nuevo (la infancia) con lo viejo (el árbol). En el caso de la
8, es la portada de una edición que celebra un año del golpe, en que la
imagen sugiere con su composición que los niños que elevan volantines
son el futuro de una patria que les respalda. Nuevamente se mezclan lo
nuevo con lo viejo para dar énfasis al proceso de restauración nacional.
Esta última portada hace un apunte interesante sobre la búsqueda de
una definición de identidad nacional o chilenidad, cuestión que tiene
continuidad y se profundiza durante el bienio 1975-1976.
Otras portadas continuaron una fijación más abstracta o ausente de
actores o sujetos, como la de la Imagen 7, en que un camino pavimentado
evoca las posibilidades de un camino abierto hacia el futuro, reflejo del
optimismo que impregnó diversas editoriales de Presencia al saludar y
326
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
dar un sentido al golpe de Estado de 1973. La imagen 9 nos muestra una
tendencia minimalista, sin fotografías, que se reprodujo en otras portadas
del bienio 1973-197424. Este minimalismo suprime las metáforas visuales,
optando por la información directa sin sugerencias o interpretaciones
posibles. Se suprimen las fotos de actores educativos o las multitudes,
conformando una estética menos colorida y más explícita.
Durante el periodo 1975-1976 la revista cambia el minimalismo de
los colores de fondo por un lienzo blanco y las fotografías por dibujos o
grabados que simbolizan aspectos identitarios de Presencia. Los dibujos
operan como representaciones parciales y concretas de un tema más
superior y de más largo alcance. En la imagen 10 se presenta un dibujo
de un escudo y la bandera de Chile que, en el contexto del segundo ani-
versario del comienzo de la Dictadura Cívico-Militar, Presencia renueva
sus votos de adhesión civil al golpe de Estado, pero también muestra
compromiso con la unidad nacional y su proyecto de reconstrucción
nacional, tal como se expresa en algunas de sus editoriales (Presencia
n.° 73-74, mayo de 1975, pp. 1-2).
El nacionalismo y la definición de chilenidad son aspectos doctrinarios
que Presencia viene ensayando desde sus números iniciales y que desde
1973, con mayor ahínco, desarrolla en su grafica interna (véase la imagen
10) y a través del miembro del comité de redacción, profesor de Estado
y sociólogo Hernán Godoy Urzua (Presencia n.° 53, 15 de abril de 1974,
pp. 17-24; Presencia n.° 90-91, mayo de 1976, pp. 3-8) y Antonio Carkovic
Eterovic (Presencia n.° 59, 15 de agosto de 1974, pp. 17-20; Presencia n.°
60, 30 de agosto de 1974, pp. 8-10; Presencia n.° 85-86-87, noviembre y
diciembre de 1975, pp. 8-9) en diferentes columnas y en algunas edito-
riales25. Cabe destacar que posteriormente a Presencia, Hernán Godoy
desarrolló diversas investigaciones que buscaron definir con mayor pro-
24. Véase las portadas de Presencia n.° 60 y n.° 71-72.
25. Véase la editorial titulada: Saneamiento moral (Presencia (abril de 1975), (71-72), pp.
1-2). En esta edición se repite la idea de gesta sobre el Golpe Militar. En el siguiente número
de la revista se sigue con la misma idea donde compara el periodo de la UP estableciendo
el 11 de septiembre como una gesta que salvo a Chile del odio, aunque puntualiza algunos
bemoles que podrían dañar el nuevo futuro que se construye con posterioridad al golpe
de Estado (Presencia n.° 73-74, mayo de 1975, pp. 1-2). En su texto autobiográfico Carkovic
también hace énfasis en que el carácter nacional de la educación en rechazo de modelos
atemporales (teóricos) o ajenos (internacionales) incluso logra sostener que la transferen-
cia tecnológica debe vigilarse atentamente por su contrabando de valores exógenos a la
chilenidad (Carkovic, 1989, pp. 155-161).
327
Historia social de la educación chilena
fundidad la chilenidad a partir de diferentes factores, como el geográfico
y el histórico, que favorecieron el mestizaje e idiosincrasia compuesta
por el acatamiento a la autoridad sea civil o religiosa, un paternalismo
agrario y un sentimiento de identificación nacional consolidado por las
guerras (Godoy, 1977, pp. 505-506)26. Esta promoción del nacionalismo
estaba muy en boga, como las circulares del Ministerio de Educación
Pública27, en que se exige que, en los establecimientos educativos y, por
extensión, los docentes, promuevan, desarrollen o refuercen los valo-
res, símbolos patrios y el himno nacional, junto con rechazar cualquier
símbolo o bandera extranjera.
De la misma forma en que se busca definir la chilenidad, también se
hace hincapié en diferentes números en las raíces hispánicas de nuestra
propia identidad nacional, que la portada de la imagen 11 representa con
un grabado sobre la llegada de Colón a América. Esto también conecta con
aspectos celebrados por sectores conservadores de la sociedad chilena
durante el siglo XX28, en que la hispanidad se asume como una raíz y un
componente fuerte sobre nuestra idiosincrasia transversal a todas las
clases sociales (Presencia n.° 99-100, octubre y noviembre de 1976, p. 11)29.
De esta manera, las portadas que se aprecian en las imágenes 12 y 13
muestran una tendencia que asume la revista durante 1976: los lugares
comunes de la religión donde refugiarse. Así, la imagen del pesebre sugiere
la navidad (imagen 11) y el encuentro íntimo y la cruz (imagen 13) como
símbolo institucional, pero metafóricamente la idea de sacrificio por la
humanidad. Estos símbolos religiosos fueron frecuentes en números
posteriores que referencian a un lugar seguro o un espacio conocido en
26. En este texto Godoy describiría el carácter chileno bajo una serie atributos como
sobriedad, prudencia, crueldad, gran temor a la exposición pública o vergüenza, predis-
posición al servilismo. Otro texto, temporalmente anteriores del mismo autor que abordan
a la chilenidad como problema en Godoy (1967, pp. 454-455). En este último texto esboza
que la formación identitaria nacional coincide con la de las clases dominantes las cuales
tienen un rasgo persistente de pragmatismo que les permite sobrevivir. Para una síntesis
del pensamiento de Hernán Godoy véase Identidad chilena de Jorge Larraín (2001, pp.
124-131; pp. 158-161).
27. Véase las circulares n.° 16 1973-1974, n.° 30 y n.° 119 de 1974, n.° 12 y n.° 14, y n.° 805 de
1975 (Magendzo y Gazmuri, 1981, pp. 30-34).
28. Por ejemplo, la agrupación de jóvenes conservadores llamada La Falange fundada en
los años treinta, celebraba cada 12 de octubre, Día de la Hispanidad, su aniversario.
29. Autoría de Hugo R. Aedo. Cabe destacar que Hugo Ricardo Aedo Vivar docente de educación física y religión que fue
vicepresidente del PDC en Magallanes y cercano a Antonio Carkovic.
328
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
que refugiarse, lo que refleja también un cambio de ánimo respecto del
contexto y las expectativas que se tenían respecto de la Junta Militar por
parte de Presencia.
Este cambio de ánimo no aminora su adhesión al Golpe Militar, pero
desarrolla cierta crítica, siempre con un tono de respeto, sobre las deci-
siones y omisiones que se han tomado a nivel educativo por parte de la
Junta Militar. En particular, la editorial de agosto de 1975 comienza con
un saludo a la Junta Militar, pero de inmediato plantea una paradoja:
si bien el 11 de septiembre pone fin a la actividad partidaria, esta no
debería anular la ciudadanía (Presencia n.° 79-80, agosto de 1975, pp.
1-2). Esta interpelación es posible interpretarla como una crítica a la
brecha práctica entre la conformación formal de cuerpos intermedios y
la participación y representación real de dichas organizaciones y de sus
intereses específicos.
Otro aspecto que despertó las críticas, siempre muy respetuosas, fue
el Decreto 265, de marzo de 1975, que Presencia denominó como el oficio
que desestatiza la educación en Chile. La editorial defiende la firme de-
cisión de la Junta Militar de desburocratizar el Ministerio de Educación
Pública, pero considera que es muy radical entregar la responsabilidad
educativa de gestionar la educación a particulares, cuya responsabilidad
debiese ser estatal (Presencia n.° 77-78, julio de 1975, pp. 1-2). La ame-
naza que proyectó Presencia es que este tipo de descentralización sólo
contribuiría a socavar el objetivo social de la educación de desarrollar
cohesión social y un espíritu común como nación. Matiza la editorial
que quizás algunos cuerpos intermedios del mundo educativo podrían
ser capaces y otros podrían capacitarse en función de tomar la tarea de
gestión (Presencia n.° 77-78, julio de 1975, p. 2).
Otro flanco de críticas por parte de la revista fue el financiamiento de
la educación. Presencia hace una observación sobre las declaraciones del
almirante Arturo Troncoso Daroch, quien estuvo a la cabeza del Mineduc
para mediados de 1975, en torno al fin de la gratuidad universitaria como
solución de la crisis económica de las universidades. La revista sostiene
que esta misma lógica extendida a la educación secundaria o técnica se
podría transformar en una amenaza real para una democratización real
de la educación, es decir, para la igualdad de oportunidades de acceso
(Presencia n.° 88-89-90, marzo y abril de 1976, p. 1; Presencia n.° 57, 15
de julio de 1974, pp. 4-5; Presencia n.° 95-96, agosto de 1976, pp. 1-2).
Otro aspecto que ejemplifica estas críticas se desarrolló en torno a los
salarios del magisterio. Este eje temático fue tema de varias editoriales en
329
Historia social de la educación chilena
que se puntualiza que se agradece la gestión de la Junta Militar30, cons-
cientes de las limitaciones de la situación económica del país para 1975,
con una alta inflación, indicadores deprimidos y una merma constante
del poder de compra de los salarios reales (Cortázar, 1983, p. 371; Gárate,
2012, pp. 196-214), pero piden que se considere una nueva escala de remu-
neraciones que entregue una dignificación real al magisterio (Presencial
n.° 81-82, septiembre de 1975, pp. 1-2). La esperanza de este reajuste fue
tal que Presencia reproduce en sus páginas con júbilo el Decreto de Ley
1.285, de 1975, que mejoraba las rentas del magisterio (Presencia n.° 85-
86-87, noviembre y diciembre de 1975, p. 38). En ningún momento se
hace alusión alguna al CDP o a su carencia de iniciativa en representar
o presentar a la Junta Militar las necesidades docentes.
Para 1976 se vuelve nuevamente sobre la temática de los salarios, pero
en un tono menos esperanzador en las acciones de la autoridad. Esta
vez se apela no tanto a la benevolencia de la autoridad, sino más bien al
sentido trascendente de la labor pedagógica como forjadora del futuro
de la patria; por tanto, realizar un mecanismo que realice un reajuste
salarial digno para el magisterio sería un acto de justicia (Presencia n.°
88-89-90, marzo y abril de 1976, p. 1; Presencia n.° 97-98, septiembre de
1976, pp. 1-2; Presencia n.° 95-96, agosto de 1976, pp. 1-2; Presencia n.°
56, 15 de junio de 1974, pp. 4-5; Presencia n.° 79-80, agosto de 1975, p. 35).
Estas críticas se sostuvieron en editoriales, pero también en colum-
nas en que las sugerencias fueron subiendo a un tono de exigencia.
Por ejemplo, Antonio Carkovic criticó tímidamente la poca iniciativa
del Mineduc respecto de temáticas tan urgentes como las bajas rentas
del profesorado, la supresión de la gratuidad y el nulo espacio para la
enseñanza de valores (Presencia n.° 92-93-94, junio-julio 1976, pp. 3-4;
Presencia n.° 95-96, agosto de 1976, p. 3).
Otro aspecto importante posible de analizar en Presencia en esta
tercera etapa son las organizaciones docentes. Si bien, como mostramos
anteriormente, la revista celebró y potenció la imagen del Colegio de
Profesores como un proyecto que vendría a dotar de dignidad al magis-
terio, durante el bienio 1975-1976 el Colegio de Profesores es reducido a
meras noticias y desaparece tanto de editoriales como de columnas de
opinión o reflexión.
30. En algunas ocasiones se refieren a ella como Supremo Gobierno (Presencia n.° 75-76,
junio de 1975, pp. 1-2; Presencia n.° 83-84, octubre de 1975, pp. 1-2; Presencia n.° 95-96,
agosto de 1976, pp. 1-2).
330
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Dichas noticias informan las pocas actividades a las cuales estuvo
acotado el Colegio de Profesores durante esos años: reuniones no vin-
culantes, foros, giras por el país, tertulias, homenajes a los Ministros
de Educación. Es posible que la omisión parcial de esta organización
responda al diagnóstico crítico sobre la situación educativa y al papel
complaciente que jugó el CDP en dicha instancia (PIIE, 1988, pp. 156-169).
A pesar de esto, Presencia publicó en sus páginas en la sección de docu-
mentos educacionales el reglamento o estatuto del Colegio de Profesores
de 197431 e incluso la conformación de algunas de sus directivas locales
(Presencia n.° 69-70, marzo de 1975, pp. 27-28).
La verticalidad del CDP y la designación de cargos en su interior ya no
se trataría de una instancia de disputa, como fue el caso del SUTE, sino
de una entidad hermética políticamente e ineficaz gremialmente. Esto
determina que como figura alternativa Presencia comenzará a resaltar
en sus páginas, con muchos detalles, a una organización de docente sin
muchas pretensiones, pero que permanecía latente en la obra de ISECH:
el Movimiento de Educadores Cristianos (MEC).
El MEC como proyecto de monseñor Enrique Salman se perfiló en las
páginas de Presencia como una organización de tendencia y reflexión,
es decir que agrupaba en sus filas a educadores de diferentes tendencias
políticas, pero cuya creencia era cristiana (Presencia n.° 90-91, mayo de
1976, pp. 17-18). Su perfil reflexivo se debe a que sus objetivos no eran
intervenir en el CDP o crear nuevas organizaciones o agrupaciones de
carácter gremial (o sindicales) paralelas, sino crear un grupo de educa-
dores (maestros y padres de familia) capaces de tener una opinión con-
sensuada sobre diferentes temáticas: juventud, medios de comunicación,
participación, educación sexual, etc. (Presencia n.° 69-70, marzo de 1975,
pp. 15-16)32. Cabe destacar que este interés provenía de reflexiones dis-
persas de la revista en torno a temáticas valóricas a través de secciones
31. El Reglamento de Decreto de Ley 678, de 1974, que creó el Colegio de Profesores de
Chile, que fue publicado en cuatro partes: Presencia n.° 88-89-90, marzo y abril de 1976,
pp. 22-28; Presencia n.° 90-91, mayo de 1976, pp. 29-35; Presencia n.° 92-93-94, junio y julio
de 1976, pp. 19-27; y Presencia n.° 95-96, agosto de 1976, pp. 24-29.
32. Para otras instancias y columnas de opinión que buscaban generar debate y consenso
en torno a algunas problemáticas que buscaban una compenetración entre fe y huma-
nismo, véase la columna de Guillermo Carrizo E. (Presencia n.° 58, 31 de julio de 1974, pp.
8-9), María Eliana Pérez (Presencia n.° 61, septiembre de 1974, 12-13), Jesús Ginés Ortega
(Presencia n.° 71-72, abril de 1975, pp. 14-20) y p. Luis Ramírez V. (Presencia n.° 75-76, junio
de 1975, pp. 4-10).
331
Historia social de la educación chilena
de diversas autorías, pero que logran conformar un corpus heterogéneo
en torno a la labor de las y los educadores33.
Aunque el MEC se conformaría mediante diversos encuentros, los
más importantes se realizaron en Punta de Tralca34. Para 1976, el MEC
fue la punta de lanza de la propuesta de Presencia enfocado princi-
palmente hacia el magisterio y estudiantes de pedagogía. Uno de los
principales vínculos entre ISECH, Presencia y las reuniones en Punta
de Tralca fue el columnista Guillermo Carizzo con la apoyatura de la
dra. Isabel Vrancken (Presencia n.° 88-89-90, marzo y abril de 1976, p.
11). Inicialmente se registraron estudiantes de pedagogía y profesores
de diversas ciudades, como Concepción, Curanilahue, Chillán, Talca,
Curicó, San Fernando, Rancagua, Santiago, Padre Hurtado, San Felipe, La
Serena, etc. Finalmente, sólo pudieron constituirse directivas del MEC
en regiones como Valparaíso, Santiago (que incluyó a provincias como
Talagante) y O´Higgins (Presencia n.° 88-89-90, marzo y abril de 1976,
p. 11). Con posterioridad, también se sumaron intelectuales y padres de
familia (Presencia n.° 97-98, septiembre de 1976, p. 13).
Hacia los últimos números de la primera etapa el proyecto de MEC
comienza a mutar hacia la conformación de Comunidades de Educadores
Cristianos (CEC) en que también convergen padres de familia y profesores
(Presencia n.° 95-96, agosto de 1976, p. 15; Presencia n.° 97-98, septiembre
de 1976, p. 13), con continuidad durante la década de los ochentas de la
mano de una convergencia generacional de viejos y jóvenes militantes
demócrata cristianos con interés en el sindicalismo docente35.
33. Es interesante cómo diversas columnas de opinión o espacios de reflexión de Presencia
fueron dando forma a inquietudes que durante las jornadas de Punta de Tralca a modo de
guías o textos que podrían haber sido conformados como base o marcos de referencias de
discusión. Sobre este aspecto, se puede constatar una gran heterogeneidad de autorías que
apuntan tanto a dejar constancia de las jornadas como a vislumbrar una luz de esperanza
sobre ellas. Deben considerarse los textos de Ciro Schmidt Andrade (Presencia n.° 39-40,
15 de octubre de 1973, pp. 27-28), María Eliana Pérez (Presencia n.° 41-42, 30 de octubre
de 1973, pp. 24-26), María Angélica Múñoz (Presencia n.° 43-44, 15 de noviembre de 1973,
pp. 30-33; Presencia n.° 43-44, 15 de noviembre de 1973, pp. 47-48), Santiago Quer Antich
(Presencia n.° 45-46, 30 de noviembre de 1973, pp. 23-25), Guillermo Blanco (Presencia n.°
60, 30 de agosto de 1974, pp. 7-8) y otros sin autoría consignada (Presencia n.° 58, 31 de
julio de 1974, pp. 10 y 12; Presencia n.° 58, 31 de julio de 1974, pp. 15-16).
34. Véase la reseña sobre una jornada donde estudiantes de pedagogía y profesores tuvieron
jornadas diferenciadas, pero con una misma pauta en el artículo titulado: En torno a Punta
de Tralca (Presencia (marzo de 1975), (69-70), pp. 15-16).
35. Véase la crónica titulada: Profesores formadores personas (Solidaridad (16 al 30 de
332
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
En sus números finales, entre noviembre y diciembre de 1976, en el
ocaso mismo de su primera época la reflexión se centra en el rol cumplido
por Presencia e ISECH, la reproducción parcial o resumida de documentos
educativos gubernamentales, se recuerdan tanto las conmemoraciones
de religiosas como las fechas claves del calendario escolar, etc. En este
sentido, las columnas de carácter nacionalista desaparecen, se omiten
informaciones sobre el MEC o su continuidad en las CEC y se prescinde de
las palabras de júbilo o felicitaciones hacia la Junta Militar o el Gobierno
Supremo y su obra. En su propio balance, Presencia cierra momentánea-
mente la cortina, estableciendo que ha cumplido su objetivo a lo largo de
cinco años, pues ha entregado su servicio al educador (maestros o padres
de familia), a quienes la revista les encomienda la misión de educar en
y para la libertad a quienes son el futuro del país (Presencia n.° 99-100,
octubre y noviembre de 1976, pp. 1-2; Presencia n.° 101-102, diciembre
de 1976, pp. 1-4).
Con una portada blanca que lleva como imagen central una versión
extendida del logo de ISECH, escasos espacios de opinión y muchas
noticias educativas nacionales e internacionales, pero con un potente
mensaje editorial, anteriormente parafraseado, cerró su primera etapa
Presencia. Su aparición, su segundo aire, se desarrollaría ocho años des-
pués bajo un comité editorial y un contexto diferente que le imprimiría
un sello y contenidos perfectamente diferenciables a su primera etapa.
CONCLUSIONES
En sus cinco años, la revista Presencia cumplió un rol importante
como portavoz de un sector conservador que, en sus páginas, elaboró
una argumentación extendida como resistencia a las reformas de la
Unidad Popular que, en pocos meses, derivaría en una crítica radical.
Esto nos permite sostener que los elementos antimarxistas que tan
vehementemente se manifiestan en sus páginas con posterioridad al
golpe de Estado de 1973 son continuidad y no sólo un acomodamiento
de dichos argumentos.
noviembre de 1985), (213), 10), en que las comunidades de profesores cristianos son iden-
tificadas como profesores católicos y donde, a menos de un mes, de la elección del CDP,
hacen un llamado a organizar el profesorado en una sola entidad.
333
Historia social de la educación chilena
En este sentido, nuestra hipótesis de trabajo se confirma, pues es
posible constatar la influencia directa de militantes y simpatizantes del
Partido Demócrata Cristiano a través del comité editorial, cuyos intereses
y opiniones estaban en la misma sintonía con el ISECH, y su líder Enrique
Salman Sajujria. Estos militantes y simpatizantes adherían a los sectores
conservadores del PDC que apoyaron inicialmente el golpe de Estado,
pero que con el correr de los años vieron en la institucionalización de
la Junta Militar no sólo una prolongación dictatorial, sino también un
cierre político hacia los partidos y organizaciones sociales.
Es posible leer en sus páginas el tránsito desde una oposición activa a
la Unidad Popular hacia una adhesión y celebración del golpe de Estado,
para luego pasar a la decepción del cierre de oportunidades de partici-
pación y cambio de las estructuras educativas, dando paso al quiebre
de las expectativas de participación y mejoramiento para el magisterio,
el sujeto primordial. Tránsito que también padeció el PDC entre 1973 y
1976, periodo en que la Dictadura cambia su actitud hacia este partido,
posteriormente provoca el pasó del PDC al bando opositor a la Dictadura
Cívico-Militar.
Otro de los puntos principales del quiebre de expectativas fue el
giro hacia la privatización de la enseñanza: el fin de la gratuidad en la
educación superior, el fomento de la práctica de que cualquier privado
administre establecimientos educacionales financiados por el Estado y
la obligatoriedad de la enseñanza sólo para la educación básica, fueron
señales que Presencia leyó adecuadamente y para realizar observaciones
al Mineduc.
Resulta interesante este experimento de tendencia, por parte de la
Iglesia Católica, de expandir sus redes de influencia para operar políti-
camente al interior de diversas organizaciones sociales. Esto nos entrega
una pista a seguir sobre la influencia de la Institucionalidad Católica
en lo educativo. Habría que explorar en estudios posteriores su rol en
organizaciones estudiantiles, de padres o de sostenedores de estable-
cimientos educativos no sólo durante el periodo de la Unidad Popular,
sino también de la Dictadura Cívico-Militar.
Finalmente, quedan temas interesantes para explorar durante el
periodo 1971-1976 en Presencia, tales como: el rol de las familias, el
lugar dual de la mujer como educadora, madre y profesora; el abordaje
de la educación sexual, concepción e imaginarios normativos sobre lo
que debe y no debe hacer la juventud, los criterios para la selección de
noticias internacionales y de los modelos educativos extranjeros, etc.
334
Oposición, complacencia y decepción.
La revista Presencia en su primera época (1971-1976)
Estas y otras temáticas quedan como tareas pendientes y desafíos para
investigadoras e investigadores de las revistas docentes.
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