Ordenes Militares de La Rioja
Ordenes Militares de La Rioja
Una de las órdenes militares de caballería más antiguas de Europa fue la llamada de la
Terraza, cuyo símbolo es una jarra con azucenas que prestaría también nombre a la institución,
pues es conocida, asimismo, por Orden de la Jarra y por Orden de las Azucenas.
Fue el rey don García de Nájera quien la instituyó, según parece, al haber encontrado el
monarca junto a la imagen de la Virgen un búcaro con flores.
Nació como divisa militar y distinción para caballeros favorecidos. De tal forma veían
refrendada así su noble condición, mediante la imposición del collar de la Orden, del que
pendía una pequeña jarra con azucenas.
En cuanto a la denominación específica «de la Terraza», no es otra que la propia
denominación de la jarra como tal objeto tiempo atrás, a cuyo recipiente se llamó terraza.
Cuenta la crónica de la Orden de San Benito que el primer caballero que lo fue de la Orden
Militar de la Terraza fue el propio don García. Este armó a sus hijos, quienes le sucedieron en
el reino, e igualmente al infante don Ramiro, Señor de Calahorra; al infante don Fernando,
Señor de Jubera y Laguna, y al infante don Ramón, Señor de Murillo y de Agoncillo.
La vida activa en esta orden militar permaneció vigorosa más o menos el tiempo que el rey
don García viviera, permaneciendo después prácticamente desconocida hasta el siglo XIV en
que, según testimonio de Fray Jerónimo Román en Las Repúblicas, la restituyó con fuerte
ímpetu el infante don Fernando de Antequera, hijo de Juan I de Castilla, que vendría a ser rey
de Aragón.
Sería en 1403 cuando Fernando, rey de Aragón, impuso en Medina del Campo a su hijo
Alfonso, que luego sería rey de Nápoles, el collar de la Orden de la Terraza. Y, en el mismo
acto, le fue impuesta a Juan, que sería después rey de Navarra y posteriormente de Aragón; a
don Enrique, maestre de Santiago; a don Sancho, que lo fue de Calatrava, y a don Pedro, que
moriría en Nápoles de un golpe de bombarda.
El ceremonial de imposición del collar de la Orden era costumbre hacerlo durante el siglo XV
-según el citado testimonio de Fray Jerónimo Román- «hallándose el monarca a la puerta,
sentado en trono real, quien con una espada desnuda en la mano iba golpeando levemente por
tres veces en los almetes de los caballeros».
El solar de Tejada
La historia general echa en falta constantemente estudios de historia local, que aporten
material original, agua de hontanar, piedra de cantera nueva, factores de investigación y
conclusiones razonadas.
Los solares de La Rioja y especialmente el de Tejada, poseen su archivo propio, y lo poseen
incluso con el misterio medieval de mantenerlo cerrado bajo muchas llaves. Ello, por supuesto,
no les otorga en exclusiva la función histórica de nuestra región.
El Archivo General de Navarra y su fondo nobiliario ofrece diversos procesos en torno a
miembros del Solar de Tejada que llevaron dicho apellido y pleitearon por el mismo. Dichos
procesos del siglo XVII recogen noticias anteriores, útiles para iluminar diversas ramas y
peripecias de varios linajes riojanos.
El fondo Salazar, de la Real Academia de la Historia de Madrid, permite apreciar también
cuán variado material puede aportar, tanto al tema de Tejada como al de los Señores de Haro y
los señores de Cameros. Existen pleitos entre los Haro y los Ramírez de Arellano en el siglo
XIV, por la posesión del Señorío, confirmaciones -sobre todo la de Juan II de 1408, que recoge
otras anteriores-, llegando incluso a la donación enriqueña de 1366 y otras pruebas
documentales que clasifican perfectamente la incidencia de estas ramas nobles de La Rioja en
la Historia General de España. Siguiendo por los archivos madrileños merecen interés los tres
legajos que recogen procesos del siglo XVIII, al romperse la línea sucesoria de los Ramírez de
Arellano y pretender el fiscal real la incorporación del Solar de Tejada a la Corona.
También la Real Chanchillería de Valladolid y el Archivo General de Simancas tienen varias
secciones de sus archivos repletas de sorpresas.
Es también válida, como pista de investigación posible, a partir de este relato, la sección de
Ordenes Militares, en concreto, la de Santiago, que por su vinculación riojana y por los
miembros de los Tejada que pasaron el expediente para ingresar en ella dará buen juego para
la tarea de historiar.
Ante todo no se puede aproximar un hecho solariego, sea de Tejada, Valdeosera o Las
Calderas, sin seguir de cerca la historia del Señorío de Cameros. Tejada -razón y raíz- está
situado en Cameros, como el corazón en el armazón humano, circundado por los antiguos
montes Cadines, arropándolo en su geografía y en todas sus manifestaciones.
El régimen señorial español posee una configuración jurídica individual que gravita sobre una
villa, pueblo o aldea con términos propios. En alguna ocasión se extiende sobre comarcas
naturales enteras formando un pequeño «estado». Tal señorío queda incorporado, o por
tradición perdida en el tiempo,o por donación regia conocida, a una persona que los transmite
por herencia al primogénito varón y en su defecto a una mujer. Es conocido que esta regla
ofrece excepciones o, mejor, peculiaridades. Así conocemos casos de jurisdicción compartida
entre el Señor y la otra persona. Conocemos también casos de señorío, dentro de los cuales
existe un territorio más pequeño, un coto con jurisdicción y propiedad de otra persona.
Esta doctrina general no es extraña al caso de los Solares de La Rioja. El hecho del Señorío
de Cameros está documentado a lo largo de la Edad Media, sea en cabeza de los Tejada, los
Haro y los Ramírez de Arellano.
El Solar en lo físico
Tiene Tejada 424 héc. de terreno propio, situadas entre 975 y 1.450 m, sobre el nivel del mar.
Dentro del territorio solariego dos edificaciones, la Casa Solar a 1.018 m sobre el nivel del
mar y un pajar, Son los dos únicos núcleos habitables.
Frente a la antigua casa una pequeña pradera reúne, al sol, o al plomizo cielo de un día de
mayo o setiembre, a unos hombres de Tejada, que son hombres de Cameros.
Pero Tejada es también Solar en el más puro sentido nobiliario. Un hidalgo Solar con amplia
trayectoria humana, con fórmulas, costumbres y ritos aborígenes que han llegado hasta hoy,
quizá milagrosamente, habiendo traspasado difíciles barreras, acuciantes crisis y contrarios
momentos que, a pesar
de todo, le fue posible soportar.
La historia del Solar de Tejada tiene un origen lejano. Cronológicamente podemos dividir su
trayectoria hasta este momento en
cuatro períodos fundamentales.
El primero, abarca desde el año 642 hasta el 844; el segundo, alcanza desde 844 hasta
1460; el tercero, desde 1460 hasta 1580, y el cuarto y último, desde 1580 hasta nues-
tros días.
El primero de ellos, que comprende dos centurias aproximadamente, está basado en datos
de la más genuina tradición y en los textos de cronistas que, aunque no hagan fé, merecen
crédito siquiera por intentar el trazo provisor de un hilván a través de los primeros
años de Tejada.
En este primer período, que definiremos como arcaico, se enlaza con bastante puridad las
personas del fundador del Solar, don Sancho Fernández y la del conde don Gonzalo, Señor de
los Rucones, quien en 642 casó con la princesa Sancha, hija del rey godo Suintila. Comienza
pues en el siglo VII este inicio o pórtico histórico de Tejada hasta alcanzar el año 844, en que
se define como primer señor de este Solar
el mencionado don Sancho.
En esta primera época sobresale una significada inclinación militar dentro de esta línea
genealógica, ya que antes de la existencia del propio señor de Tejada -militar, según parece,
en tiempos de Reconquista-, se nos presenta don Tello, hijo del conde don Gonzalo y tercer tío
abuelo de don Sancho,
como militar de grado.
Sobre este personaje -sobre don Tello- dice un cronicón del archivo de San Millán, escrito en
letra gótica en 822 -no me retraigo a decir que posiblemente se trate de una copia del original-,
dice un cronicón, repito, que «el año 718 el conde don Tello venció a los moros hasta más allá
de la ciudad de Oca»,
En el mismo archivo figura otro pergamino continente de los Santos Evangelios y Epístolas
Misales que data de 718 -también escrito en gótico por el Abad Emiliano II y que se titula «Liber
Comieus»-, el cual encabeza los capítulos con bellos dibujos de figuras, al principio de uno de
los cuales aparece representado un hombre joven vestido de militar antiguo, con espada
ceñida, corta y ancha, llevando en la mano izquierda un escudo redondo y en él, por divisa, la
cruz cántabra. En la derecha porta una larga lanza que, apoyada por su base en tierra hace las
veces de letra I para el inicio evangélico in illo témpore. Al pie de este dibujo se lee: Tello,
conde de los rucones. Era de 756.
Naturalmente, las pruebas documentales de aquellos siglos son escasas y desde luego
insuficientes para probar rotundamente el entronque de los Tejada con esta línea genealógica,
pero las crónicas y las menciones de historiadores, inmediatamente posteriores a aquella
época, dan por hecho que así es. Hay tradición, hay literatura épica y existen trabajos de
investigación basados en documentos que nosotros hoy no conocemos pero que posiblemente
sirvieron de base para ésta y otras elementales premisas históricas.
Este primer período, iniciado en el siglo VII, bien puede culminar en 844, año de la fundación
del Solar por concesión de Ramiro I de Asturias y León al primer Señor de Tejada, don Sancho
Fernández.
El segundo período abarca desde el año 844 hasta 1460, en que Enrique IV de Castilla
confirma al Solar sus antiguos privilegios solariegos.
En el archivo del Señorío se carece de documentación de esta época, si bien consta la
existencia de algunos legajos muy antiguos, a tenor de las actas de reconocimiento y vista del
Solar, efectuadas de oficio en diversas ocasiones. Son actas que confirman, entre otras cosas,
la confección de duplicados documentales a causa del mal estado en que otros anteriores se
encontraban.
Hay también informaciones que permiten fijar ciertos hechos y sucesos con bastante
exactitud, válidos para ensayar un supuesto histórico muy interesante.
En este segundo período se concretan hechos como los siguientes:
En 850 muere don Sancho. En 970, ante el crecido número de descendientes del iniciador del
Solar, se abre un libro de asentamiento de Diviseros en el que inscribir a quienes prueben
descender del primer Señor de Tejada.
Y, sobre todo, este período de la historia del Solar, está presidido por la preponderancia que
el Señorío de Cameros tuvo en la línea primogénita de los Tejada, en la cual habría de
concurrir con manifiesta brillantez.
Sobre las tierras del Señorío de Cameros antes detalladas, ejerció su señorío, por vez
primera, en el siglo XI Fortún Oxoiz de Tejada, tercer nieto del fundador del Solar, quien fue
nombrado como tal por el rey don García.
Por el acta de arras de 28 de mayo de 1040 dona el rey don García a su esposa, doña
Estefanía Berenguer de Foix... el Señorío Fortún Oxoíz con la tierra que tíene, a saber Bechera
(Viguera) cum ambobus Camberíbus, cum Val de Arneto, et cum omnibus Víllis Cantabriensís.
En 1049 varias escrituras, dictadas por la reina, son firmadas por Fortún Oxoiz de Tejada
«Señor de Cameros y de Viguera».
A su muerte hereda el Señorío su hijo Jimeno Fortúñez de Tejada, que casa con la infanta
doña Mencía, hija del rey García Sánchez, más conocido por García el de Nájera.
En 1056 Jimeno Fortúñez de Tejada y sus dos hermanos, Lope y Sancho, consiguen del
obispo Gomesano que el monasterio de San Miguel de Bihurco (cerca de Yécora), que tenían
recibido los Señores de Cameros de don Sancho el de Peñalén, les fuera permutado por el de
San Prudencio de monte Laturce, firmando el rey la escritura en estos términos...: a vos los
Señores don Jimeno Fortúñez, don López Fortúñez y don Sancho:Fortúñez, juntamente con
vuestras hermanas y hermanos.
Aparece de nuevo en 1089 Jimeno Fortúñez de Tejada como firmante en una donación
hecha por Alfonso VI, eximiendo al monasterio de San Millán del derecho de fonsado, tributo
que obligaba a pagar cada vez que los reyes partían a la guerra.
Y no habrá de morir don Jimeno sin antes estampar su firma en el célebre, por primigenio,
Fuero de Logroño, extendido en Alberite el día 9 de febrero de 1095.
En 1110, un hijo de don Jimeno, lñigo, confirma una donación librada por Alfonso el
Batallador de Aragón y su esposa, doña Urraca.
En 29 de agosto de 1181, firma, en Jubera don Diego Jiménez de Tejada junto a su mujer,
doña Guiomar Fernández de Traba, un documento de cesión del monasterio de San Prudencio
a la Orden del Císter .
En este monasterio fue sepultado don Diego, en 1225, suponiéndose que allí, en las actuales
ruinas monásticas, reposan sus restos, bajo la lápida de un túmulo, cuya leyenda textual han
traído hasta nosotros antiguos historiadores en estos términos: Obiit Didacus Xemenez. Miles
1llustrísimos. Millésima ducentésima vicésima quinta. Quarto kalendas novembris. Anima eius
requiescit in pace. Amén.
Es considerable, pues, el número de documentos en los que los señores de Tejada, como
tales Señores de Cameros, firmaron o confirmaron escrituras a partir del año 1040, en que
hemos encontrado la primera de ell-as hasta 1366 en que, por una arbitrariedad de Enrique II
de Trastámara en favor de su servidor don Juan Ramírez de Arellano, dejaron de ostentar esta
dignidad los Señores de Tejada.
Podemos definir, por tanto, este segundo período de la historia de Tejada como un firme
inicio de continuidad, al efectuarse la apertura de un libro en el que ir inscribiendo a todos los
descendientes de don Sancho, de generación en generación, y, del mismo modo, como un
brillante período para esta línea generalógica que ostentó simultaneamente los Señoríos de
Tejada y de Cameros durante más de tres siglos.
(1038-1366)
Simón Ruiz
* Infante D. Jaime (hijo de Alfonso X el
Sabio)
* Sancho IV el Bravo
* Infante D. Pedro
Juan Jiménez de Haro
Alvar Jiménez de Haro
Alonso Jiménez de Haro
Juan Alonso de Haro
o Alvar Díaz de Haro
Alonso Tellez de Haro
o Pedro López de Haro
* Juan Ramírez de Arellano (1366,
separación de los Tejada del Señorío de
Cameros).
Llega luego un tiempo en que parece que nadie se preocupa en el Solar por conseguir el
refrendo de mercedes por parte de los reyes. Y parece igualmente que la causa no es otra que
el grave problema económico que, de súbito, ha quebrantado la vida solariega.
El solar de Tejada va a atravesar, mediado el siglo XVII, uno de los peores momentos de su
historia.
En 1640, ante la imperiosa necesidad de reparar el edificio solariego, se impone un
repartimiento entre todos los Diviseros que les obliga a tributar por una sóla vez. y por autos de
fechas 7 y 21 de octubre de aquel año, se impone a cada uno la entrega de dos reales y medio.
Poco después, por auto de 1 de junio de 1644, vuelve ha implantarse otro repartimiento de
dos reales que tiene continuidad en varios más, durante los años siguientes.
Tejada finalmente vencerá todas las vicisitudes y alcanzará nuestro tiempo, tal como hoy se
nos presenta.
La confirmación de mercedes por el Gobierno Provisional de la Nación, en 1869 y la de
Francisco Franco, en 1957 son, dentro de este último período, como excepciones aisladas
dentro de unas constantes confirmatorias eminentemente monárquicas, como han sido las
otorgadas al Solar durante toda su larga historia. En 1981, confirmaría el Rey de España don
Juan Carlos I los vigentes privilegios de Tejada, mediante Orden de 18 de febrero, por la cual
mandó expedir Real Carta de Confirmación que refrenda la plena vigencia de este linaje
riojano.
El ceremonial y el recibimiento
El señorío de Cameros
Fortún Oxoiz, primer Señor de Cameros, fue uno de los personajes más importantes de su
época.
Su dominio sobre Viguera lo fue durante todo el reinado de Sancho el Mayor y continuó en el
de su hijo don García el de Nájera. Fue éste quien le concedió la titularidad de Señorío de
Cameros.
La denominación de Cameros aparece en la susodicha Carta de Arras otorgada por don
García a su esposa doña Estefanía Berenguer de Foix.
Es Fortún Oxoiz quien firma, no sólo dominando en Viguera, sino que expresamente confirma
este documento como Señor de Cameros.
Es muy problabe que doña Estefanía, como dueña de los Cameros y de acuerdo con su
esposo don García concediera al referido Oxoiz el Señorío de los Cameros, en recompensa a
los servicios que desde Sancho el Mayor venía prestando al reino de Nájera, especialmente
con el acto de amojonamiento efectuado con Castilla en 1016.
De las características del Señorío de Cameros concedido a Oxoiz, dos hechos de indudable
realidad han de tenerse en cuenta. Uno: que ni las tierras del llano colindantes con Viguera ni
las de la parte montañosa camerana estaban abandonadas cuando se reconquistaron en 923,
pues en las tierras medias sus pobladores se habían mantenido formando aquella clase de
mozárabes respetados en sus derechos y propiedades personales, rigiéndose siempre por sus
usos y costumbre y en muchos casos incluso por sus propias autoridades. Y por otro lado, que
la población de la montaña constituyó grupos independientes que, salvó incursiones pasajeras,
vivieron libres de la ocupación y dominación árabe. Prueba de ello es que las crónicas árabes
no reflejan el paso por Piqueras ni otras andanzas concretas por el territorio camerano.
En 973 el Concilio de Cameros era una realidad documentada. Evidentemente la existencia
de una población libre y permanente en la comarca -que gozaba de derechos personales y
patrimoniales- era una premisa imprescindible. Incluso como ordenación de los mismos tenía
iniciada la organización de su vida local, determinada por sus actividades ganaderas que le
imponían una regulación en el aprovechamiento comunal de los pastos.
Al concederse el Señorío de Cameros a Fortún Oxoiz no se desconocía la existencia de esa
realidad, en cuanto a los derechos de la población, ni es lógico suponer que se agravara la
situación de la misma en una época en que, precisamente por la necesidad de arraigar a los
pobladores en las zonas reconquistadas o de la repoblación de las mismas, se concedían
aquellas Cartas pueblas, en las que se otorgaban derechos personales con gran liberalidad.
En el caso de Fortún Oxoiz, su nombramiento responde claramente a una transformación y
asimilación de funciones. Entró en juego el honor que viene ostentado sobre Cameros -porque
era un honor- y el Señorío que con carácter hereditario habría de ejercer por mandamiento real,
a partir de la merced de la Corona.
El señorío camerano tuvo, con relación a la población, un carácter predominantemente
jurisdiccional más que señorial. Carácter que, seguramente, se fue acentuando al ritmo con que
evolucionaban los derechos de la misma y se iniciaba la vida local: una vida local generada
primero a través de los Concilios y luego al amparo de los municipios que, por ende y aparte de
otras funciones específicas, constituyeron instituciones de defensa frente a los posibles abusos
de la nobleza.
Las villas, aldeas y poblados que comprendía dicho Señorío eran los mismos que cita la
concesión de Enrique II a don Juan Ramírez de Arellano, relacionados en el capítulo sobre el
Solar de Tejada en esta misma obra.
La omisión de las villas Cameranas de Ortigosa, Villoslada y Villanueva se debe a que,
estando también comprendidas en el Señorío. se excluyeron al transmitirse éste en 1334 a los
Ramírez de Arellano. Torrecilla en Cameros no se halló vinculada pues doña Estefanía, viuda
de don García, que murió en el 1066, dejó dicha villa al infante don Ramiro que a su vez, en
1081, la cede al monasterio de Santa María la Real de Nájera.
Lumbreras estuvo incluida en el Señorío Camerano hasta que la mujer de don Alvar Díaz de
Haro, Señor de Cameros, la cedió al monasterio de Cañas.
Fortún Oxoiz, primer Señor de Cameros, fue digno acompañante de don García en la batalla
que, en Atapuerca, cerca de Burgos, sostuvo el monarca con su hermano Fernando y en la que
el rey encontraría la muerte a pesar del esfuerzo que el Señor de Cameros hizo para salvarlo,
en unión de Fortún Sánchez, gobernador de Nájera.
Durante el reinado de Alfonso VII el Señor de Cameros Pedro Ximénez, confirma en 1142 la
donación de San Juan de Quintana, así como la ratificación del Fuero de Logroño en la que él
mismo figurará como Alcalde de Logroño.
Pedro Ximénez era hijo del anterior Señor de Cameros lñigo Ximénez, que con tal título
firmará documentos el año 1110, durante el reinado de doña Urraca y don Alfonso de Aragón.
En 1162 Pedro Ximénez fundó el monasterio de Ruete, cercano a Lagunilla, que luego en
1182 se unió al de San Prudencio, y en 1171 aparece como titular del mencionado Señorío
Diego Ximénez, hermano de Pedro, que le sucedió en el título. Sería éste quien confirmaría el
nuevo Fuero de Miranda de Ebro, otorgado por Alfonso VIII en 1175.
Don Diego Ximénez cedió junto con su esposa Guiomar Fernández de Traba el monasterio
de San Prudencio a la Orden del Císter en 1181. Tuvo dos hijos, Rodrigo y Alvar Díaz de los
Cameros, y ambos se hallaron en la batalla de las Navas con don Alfonso. Don Diego fue
Señor de Cameros, de Portilla, de Siero, de Buradón, de Alrazaha, de Peñalva, de Aliun, de
Aguilar, de entre Oteros, de Orcejón, de Orsello, de Trevisano, de Orianos, de Orejola, de
Maqueda, de Arlanzos, de Bocigas, de Enciso. Ostentó en tenencia las villas de Arnedo, Soria,
Agreda, Cervera, Calahorra, Huete, Cuencia y otros lugares. Está enterrado en el monasterio
de San Prudencio.
En 1191 Rodrigo Díaz de los Cameros conformó el convenio entre Alfonso VIII y los Señores
de Agoncillo, por el que éstos reconocían la soberanía del monarca castellano en los Castillos
de Agoncillo y Lodosa.
Don Ruy o Rodrigo era a la sazón yerno de don Diego de Haro, junto a quien el Señor de
Cameros combatió en la célebre batalla de las Navas de Tolosa.
En 1246 se documenta con el título de don Simón Ruiz, hijo de don Ruy o Rodrigo Díaz. Los
señores de Cameros, de larga actuación desde Alfonso VIII, tuvieron el mando de plazas
importantes de la región, distinguiéndose por su actuación en Cameros y en la Rioja.
Hay un documento de 1246 por el cual el Señor de Cameros, don Simón Ruiz, concede
licencia al Concejo de Albelda para que tome aguas con destino a un molino.
Don Simón fue confirmante con don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya y con don
Alfonso López de Haro, gobernador de Nájera, del fuero que Fernando III concedió a Sevilla en
1250. Estaba casado don Simón con Beatriz, hija del Infante don Fadrique, hermano de Alfonso
X.
Hay aún otro acontecer digno de destacar. Los infantes de la Cerda promovieron una corriente
política en contra de don Simón que afectó simultáneamente al suegro de éste, don Fadrique. A
causa de esta fabulación que el propio Alfonso X el Sabio aprobó, embebido en la certeza de
cuanto don Fernando de la Cerda le denunciara, hizo caer sobre ellos el cargo de rebeldía
magnífica; bien porque el delator así lo creyera bien por intereses puramente políticos para los
de la Cerda. El caso es que tras ser aprehendidos se les aplicó justicia. Don Simón murió en la
hoguera en Treviño; don Fadrique, su suegro, degollado en Burgos en 1276.
Puede cerrarse así con este acontecimiento el ciclo histórico del Señorío de Cameros, clave y
núcleo de una indispensable y básica parte de la Historia General de La Rioja.
Confirmación de privilegios al
Solar de Tejada
A la muerte del dr. Marcelo Ramírez de la Piscina, hijo del anterior, pasa el Patronato a los
Ramírez de Arellano, de Villaescusa de Haro (Cuenca), siendo el más notable don Gil Ramírez
de Arellano, que descubriría los siguientes documentos: en el convento de Santa Clara, en el
pueblo de Vivar, el poema del Mío Cid, y en el Archivo de la catedral de Burgos, la Carta de
Arras del Cid. Muerto don Gil, sin sucesión masculina, pasó el Patronazgo a don Juan Domingo
Ramírez de Arellano, conde de Aguilar de Inestrillas, que tampoco tuvo hijos varones.
Posteriormente ha permanecido la línea de los Patrones en los Ramírez de la Piscina, de la
casa de Abalos, siendo el último en ostentar esta calidad don Francisco Antonio Ramírez de la
Piscina, Arcediano, Comisario de la cruzada y Vicario General del Arzobispado de Toledo
(murió en 1724).
La Divisa se ha venido rigiendo, además de por el testamento del infante fundador, por los
estatutos de 1504 y después por los de 1537. En el libro de Actas, que aún se conserva,
constan las vicisitudes de la Divisa desde el primer asiento de 4 de mayo de 1567 fechado en
Abalos, al último, fechado en San Vicente de la Sonsierra el 24 de noviembre de 1739.
Muerto el último Patrono, se va desintegrando la Divisa y dejan de reunirse los diviseros que,
como es habitual en este tipo de estamentos, son personas de las más dispares condiciones
sociales, pues la descendencia genética del Infante don Ramiro Sánchel y Cristina-Elvira, hija
de Rodrigo Díaz de Vivar, unido a la lógica multiplicación secular de sus descendientes,
justifica per se la varianza de clase de los diviseros a través de los siglos.
El edificio de la Casa Solar estuvo adosado a la Basílica y quedó abandonado a los avatares
del tiempo, siendo semidestruidos durante la guerra de la Independencia. Más tarde, sus
paredes maestras serían derribadas en enero de 1836, después de que en el año 1752 cesara
el culto en la iglesia. La imagen titular se llevó entonces a la parroquia de San Vicente de la
Sonsierra y posteriormente fue colocada sobre la puerta de entrada de la Basílica de Nuestra
Señora de los Remedios, a extramuros de la villa. Es una imagen de piedra, sedente, con el
niño en brazos, de 60 cm. de altura y factura de transición al primer gótico.
Refiere don Antonio de Morales que en tiempo de Fernando I de Castilla existía ya la Orden
de Caballería de Santiago.
Fray Atanasio de Lobera dice en su «Historia de las Grandezas de la muy antigua e insigne
Ciudad e Iglesia de León y de su obispo y patrón sant Froylán, con las del glorioso San Atilano,
obispo de Zamora», que fue Ramiro I el fundador de esta orden en agradecimiento al triunfo en
Clavijo contra los árabes.
En cuanto al lugar en donde se instituye la cofradía -en aquel tiempo no se trataba de una
orden- dice Lobera que fue en Calahorra en 844. Otros sostienen que ven su luz primera en
Logroño capital, con motivo de erigirse la iglesia de Santiago de los Caballeros -actual iglesia
parroquial de Santiago El Real-. También Albia de Castro en «Memorial por la ciudad de
Logroño», concordando con lo dictado por Mauro Castellá Ferrer, cita que es en Logroño donde
se instituyó «después y con motivo de la batalla de Clavijo». y no falta, por remate, quien
asegura que se creó en el mismo monte Laturce, en cuyo lugar levantose y se encuentra la
Real Basílica de Santiago.
Los Templarios
La Orden Militar de los Templarios de Jerusalén, que nació en 1118 en Tierra Santa fue
reglamentada diez años después por parte de San Bernardo.
La Rioja les dispensó favorable acogida en tiempos en que la defensa y el amparo de
peregrinos en Tierra Santa era inclinación natural en la sociedad del siglo XII. De tal forma, de
su asentamiento por la región de La Rioja dejaron testimonio en Aradón (término cercano a
Agoncillo), Alcanadre (donada al tiempo en 1152 por don Rodrigo Pérez, que la tenía recibida
de Alfonso VII), Robres del Castillo, Carbonera (en el valle de Ocón), Yanguas e Inestrillas.
Tal fue la simpatía con que se contemplaba a los Templarios que Alfonso el Batallador dejaría
por herencia en favor de la Orden el propio reino de Aragón, que lógicamente no se
consumaría; no obstante se le otorgó favor de alguna villa y lugar en aquella región. Parece
más que probable, por otra parte, que la inclinación y el favor que la alta nobleza y los reyes
dispensaron a los Templarios fue debida antes a las presiones ya la fortaleza psicológica que
los almohades tenían insuflada en la población, que a un exacerbado sentimiento de
admiración hacia la Orden.
De La Rioja desaparecerían a principios del siglo XIV como consecuencia de la supresión que
en 1311 hizo Clemente V de esta Orden Militar. Fue absorbida la propiedad por la nobleza y
por la Orden Hospitalaria.
Además de la Casa de los López de Haro, sobre la que abundaremos, hubo en tiempos de
Alfonso VIII otros magnates del Reino de Nájera siempre bajo la superior jerarquía de este
monarca. Tales fueron los Aza, Lara, Cameros, que ya hemos visto y otros.
La Casa de Aza tuvo gran influencia real, aunque no tanta como con Alfonso VI alcanzaran
Ordoño García y su hijo García Ordoñez, pues éste llegó a ser Alférez Mayor del Rey, conde de
Nájera y Calahorra, Señor de Grañón y tutor o ayo del infante don Sancho, a quien defendió
hasta morir en la batalla de Uclés (1109).
La viuda de García Ordoñez, doña Eva Pérez de Traba, hija del conde Pedro Froilaz, volvió a
casar con Pedro González de Lara y fue su primogénito García de Aza quien dio origen a un
nuevo linaje.
Entre las familias nobles más distinguidas figura también la Casa de Azagra. Don Rodrigo
Pérez de Azagra recibió en 1147 de Alfonso VII la villa de Alcanadre, donación que confirmó
Sancho III el Deseado en 1155 siendo rey de Nájera, aún en vida de su padre.
Del matrimonio de don Rodrigo con Tota López nacieron Pedro, Fernando, Martín, García y
Gonzalo.
Alfonso VIII daría posteriormente al primogénito don Pedro «las villas de Murillo y Resa». En
1175 se hallaban al servicio del rey de Pamplona, don Sancho el Sabio y de él dependía
Nájera, aunque su alfoz y castillo los mandaba en su nombre Alvaro Guaza. De su enlace con
Tota Pérez de Arazuri tuvo a don Sancho y a doña Tota, que sería esposa de don Diego López
de Haro, actor de relieve en las Navas de Tolosa. Sus sepulcros están hoy en el claustro de los
Caballeros de Santa María la Real de Nájera.
Don Pedro Pérez de Arazuri fue servidor de Sancho el Sabio, que le nombró gobernador de
Logroño y Tudela en 1168. Desde 1172 se haIló al servicio de Alfonso VIII, recibiendo 5.000
maravedies por defender a Calahorra juntamente con don Nuño.
Don Diego López de Haro, hijo del conde don Lope, fue uno de los personajes más
destacados en su época. Ocupó el cargo de Alférez del reino y tuvo bajo su mando, además
del Señorío de Vizcaya que con carácter patrimonial pertenecía a su familia, Castilla la Vieja,
las Encartaciones, Valdegovía y la Trasmiera, Asturias de Santillana, La Rioja con Nájera y
Logroño hasta Soria, además de La Bureba hasta Burgos, cuya mitad regentaba. y más tarde
Alava, Guipúzcoa y Marañón, cuando merced a su intervención se recuperaron de Pamplona.
Estaba emparentado con la familia de los Castro y los Lara y tuvo sus disensiones con
Alfonso VIII, probablemente por defender a su hermana doña Urraca (viuda del rey de León,
Fernando II) contra las pretensiones de Alfonso IX que quería arrebatarle ciertas villas. Estuvo
cuatro años extrañado del reino, pero en 1205 el monarca castellano le devolvió junto con el
Señorío de Vizcaya todos los demás honores que anteriormente poseía.
Fue uno de los protagonistas de la batalla de las Navas de Tolosa, como se ha dicho. A su
cargo estuvo el mando del ejército. Otros riojanos combatieron en esta batalla.
Allí vemos a su hijo mayor Lope y a dos de sus sobrinos. A Sancho Fernández hijo de
Fernando II que fue rey de León, a Martín Muñoz, alcalde que fue de Logroño y a Rodrigo y
Alvaro Díaz, Señores de los Cameros que guardaban el flanco de la avanzada.
Respecto a las facultades jurisdicionales que en materia de asuntos civiles tenía don Diego
en el Señorío de Vizcaya y como Adelantado Mayor de Castilla la Vieja, era tenido como
Alcalde Mayor en las alzadas de la Corte, nombraba sus Merinos menores en Nájera, en
Logroño y en otros puntos riojanos. Murió en 1214, pocos días después de fallecer Alfonso VIII.
A la muerte de don Diego, en 1254, su hijo don Lope que era menor de edad, fue tutorado y
siguiendo la actitud de su padre se distanció del monarca en el gobierno de Nájera y de La
Rioja, separándose definitivamente de los Señores de Vizcaya, aún cuando continuó una rama
de esta familia, vinculada a él en la persona de don Alfonso, tío suyo.
Este don Lope, según García de Salazar, casó con doña Guillerma, hermana de Fernando el
Santo, aunque es más lógico suponer que fuera su esposa la tal doña Urraca Alonso, pues es
un hecho improbable que emparentara con el rey Fernando por vía de matrimonio con su
hermana, por más de la opinión de García de Salazar.
Hay memoria de él en varias confirmaciones del rey don Fernando. En el año 1237, en
Burgos, aparece en una de ellas con el oficio de Alférez.
Don Lope Díaz de Haro, que mandó edificar o ampliar el Hospital de Nájera, está sepultado
en el Real Monasterio y lo está igualmente doña Urraca, su mujer, hija del rey de León.
En un documento de Cañas de 1263 don Alfonso López de Haro confirma una escritura en
unión de su hijo Juan Alfonso o Alonso de Haro, y de don Sancho García de Salcedo, tío suyo.
Don Alfonso López de Haro debió morir antes de 1270 porque en un documento de esa fecha
(por el que don Alfonso X confirma a Santo Domingo de la Calzada todos los privilegios que le
había concedido su padre Fernando III) no aparece ya su firma, y sí la de su sobrino don Lope
«Señor de Vizcaya». Asimismo aparece la de don Simón Ruiz, Señor de Cameros, y la de su
hijo, don Juan Alonso de Haro.
En 1295 tenía recuperado el Señorío de Vizcaya otro don Diego López de Haro y de ello
obtuvo confirmación a perpetuidad por parte de las Cortes de Valladolid en 1308.
Este Diego López de Haro, que estaba casado con doña Violante, hija del rey Alfonso X el
Sabio, era descendiente del riojano linaje de su apellido y fue él quien en 1300 fundara la villa
de Bilbao.
Murió en 1309 en el sitio de Algeciras.
Es evidente, como estamos viendo, que son varias las ramas troncales de los López de Haro.
Unas mantuvieron el derecho al Señorío de Vizcaya; otras al de Cameros, pero todas
genéticamente tenían un común origen riojano.
En 1312 se patentiza a don Juan Alonso López de Haro, ostentando uno de los cargos más
importantes de la Corte, el de Alférez del reino. Posiblemente por sucesión de su padre, de su
mismo nombre, pues aunque estos cargos no eran hereditarios, los reyes acostumbraban a
mantenerlos vinculados a las familias que les habían mostrado fidelidad. En un documento
autorizado por Fernando IV, por el que revoca la donación que había hecho del lugar de
Navarrete, se lee... «que revoca la donación que de este lugar había hecho a don Juan Alonso
López de Haro, Señor de los Cameros, mío vasallo et mío Alférez, e que era gran mío servicio
porque está en frontera de Navarra». Los términos «que era gran mío servicio en la frontera de
Navarra», acredita la gobernación del Señor de Cameros en toda la Rioja, a igual que la había
tenido su padre.
En este mismo año de 1312 muere Fernando IV, sucediéndole su hijo Alfonso XI.
Don Juan Alonso López de Haro, apodado el Tuerto, se enemistó con el rey Alfonso XI por su
precipitada toma del poder real y porque además el rey había designado a los caballeros
Garcilaso de la Vega y Alvar Núñez de Osorio, privados de su Consejo, con lo que veía
disminuida su influencia en la Corte.
En tal situación don Alfonso, en lugar de atraerse al descontento endureció su postura, a lo
que el de Haro respondió con actitud rebelde. De tal modo en 1334 interceptó el monarca unas
misivas firmadas por don Juan López de Haro, dirigidas al Señor de Lara, en las que se le
decía: «que no se avenga con el monarca, sino que le corriese la tierra y que no sería él quien
menos hiciese». Don Alfonso ante las delatoras cartas y sabiendo que el de Cameros se
encontraba en La Rioja, partió de Burgos inmediatamente, lo sitió en Agoncillo sin que aquel
tuviera tiempo de huir, lo apresó y en el acto le hizo matar a lanzadas.
A estas alturas históricas se han unido como vemos, en una sola persona los linajes de
Cameros, de Haro y de Tejada.
El Señorío de Cameros, que pertenecía a don Juan Alonso, accedió entonces el monarca
adjudicárselo a don Alvar Díaz, hermano de don Juan y lo hizo bajo ciertas fianzas,
reservándose el rey varias villas y castillos.
Después de la muerte de este Señor de Cameros no debió nombrar don Alfonso a persona
alguna que le sustituyera en el gobierno de La Rioja, en cuyo territorio hiciera y deshiciera
hasta su muerte éste López de Haro, quedando establecida, a partir de entonces, la relación
más directa entre las villas y el poder real a través de sus Adelantados y Merinos mayores.
A este período histórico corresponde la carta de Alfonso XI ordenando que cuantas villas
tuvieran el Fuero de Logroño «vayan con sus alzadas y apelaciones a los alcaldes de esta villa,
para que sean oídos en justicia».
No se registra el nombre de don Juan Alonso de Haro ni tampoco el de su hermano, don
Alvar, en las Crónicas de la época ni en documento alguno posterior, extinguiéndose así una
familia que durante varios años ocupó puesto prominente en la Corte, dejando desde luego en
la historia de La Rioja indeleble huella de su actuación.
En los reinados posteriores serán los Ramírez de Arellano, en Cameros; los Fernández de
Velasco, en Haro; los Manriques de Lara, en Nájera, y los Luna, en La Rioja Baja, los que con
su actuación influenciarán el proceso histórico riojano. las características serán distintas a las
del período que hemos examinado, sin olvidar la actividad de los Municipios, que ya en plena
evolución y con personalidad destacada hacen acto de presencia no sólo en la región, sino
también en los asuntos del reino.
Es de destacar a los López de Haro como especialmente vinculados al monasterio de Santa
María la Real de Nájera. En él están sepultados varios del linaje: doña Toda López, hija del
conde don Lope, que murió en la Era de 1059; don Diego López de Haro el Bueno, general
como se ha dicho en la batalla de las Navas de Tolosa; doña Toda Pérez, su mujer; su
hermano, Martín López de Haro; su hermana, doña Urraca López de Haro, reina de León; el
conde don Lope Díaz de Haro, Señor de Vizcaya (a quien llamaron Cabeza Brava), hijo de
aquél; su hermano, don Pedro Díaz de Haro; doña Mencía López de Haro, hija del conde don
Lope Díaz de Haro, reina de Portugal; doña Urraca Alfonso, hija del rey Alfonso de León, mujer
del conde don Lope Díaz de Haro, obispo de Sigüenza y don Diego López de Salcedo, su
hermano.
Todos ellos, decimos, se hallan sepultados en el Real Monasterio najerino, y tal vez otros del
mismo linaje en el sepulcro de la familia bajo las losas del claustro.
Dice el lema heráldico de los Manrique de Lara: «Nos no descendemos de reyes que reyes
descienden de Nos», hallándose esta leyenda en todos los blasones dinásticos de la rama
ducal de Nájera, cuyo primer protagonista es Pedro Manrique de Lara, nacido en 1443. Fue
apellidado El Fuerte (Duque Forte) y era a la sazón Conde de Treviño, Señor de Amusgo y de
Navarrete, de Ocón, de Sampedro, Villoslada, Lumbreras, Ortigosa, Redecilla, Robas, Villoldo,
Magaña, Ponferrada, Genevilla y Cabredo. Era hijo de Diego Gómez Manrique, que estaba
casado con María de Sandoval. Fue su esposa doña Guiomar de Castro, dama portuguesa,
hija de los condes de Montsanto.
Este primer duque de Nájera era Adelantado Mayor del Reino de León -por gracia de Enrique
IV-, Notario del Reino, Alcalde de Davalillo y Valmaseda, Tesorero Mayor de Vizcaya, Capitán
General de la Frontera de Aragón, Navarra y Jaén, y del ejército de Navarra.
Los Reyes Católicos le concedieron en Córdoba, en 30 de agosto de 1482, el título de Duque
de Nájera... Acatando los muchos e buenos e grandes e leales e señalados servicios que nos
habedes fecho e facedes cada día...
La significación de este caballero riojano fue grande en la época. Es sintomático que desde
los tiempos de los godos no se habían concedido títulos de este rango.
Nebrija y Garibay hablan del duque de Nájera, al que dan por presente en 1483, entrando en
el reino de Granada junto al rey Fernando, en aquellos últimos actos de presión para la
expulsión de Boabdil del recinto granadino. Incluso le vemos confirmar el acta de capitulación
del rey moro en 1491.
En 1512, asistió a la conquista de Navarra contra los franceses. Muerto en Navarrete el día 1
de febrero de 1515, fue sepultado en Santa María la Real de Nájera, junto al Evangelio, al lado
de su hijo mayor.
Los Manrique de Lara, duques de Nájera; se distinguieron siempre por razón de su cargo o
de sus acciones al servicio del Estado. Antonio Manrique de Lara, hijo de don Pedro, fue virrey
de Navarra y Caballero del Toisón de Oro. Falleció en Barcelona en 1493.
Francisco Manrique de Lara, otro de los duques de Nájera, nació en 1503, combatió en la
guerra de las Comunidades y se hizo sacerdote. Fue nombrado por Carlos I oficiante de la Real
Capilla de Granada. En 1529 fue a Italia y Flandes. En 1542 sería obispo de Orense. Formó en
el séquito del infante don Fernando al ser éste coronado Rey de Hungría y Bohemia. Asistió al
acto inaugural del Concilio de Trento. En 1156 obtuvo la silla episcopal de Salamanca y
posteriormente, al fallecimiento del Cardenal Pacheco, fue obispo de Sigüenza. Murió en
Toledo en 1560.
Juan Esteban Manrique de Lara, tercer duque de Nájera, asistió también al levantamiento
producido en Nájera en la llamada Guerra de las Comunidades.
Cuando el 14 de septiembre de 1520 se alzaron los comuneros en Nájera contra el citado
don Antonio Manrique de Lara, se dio fuego a edificios de «Ios enemigos de la Comunidad»,
metieron a muchos presos, ahorcaron a un hijodalgo al servicio del Duque y apoderándose del
alcázar y de otra fortaleza menor, llamada de Malpica o del puente. Acorralado el alcalde se vio
obligado a subir hasta los torreones del Castillo. Para reforzar el movimiento comunero fueron
concentrándose en Nájera vecinos de Matute, Camprovín, Huércanos, Uruñuela y Navarrete,
que se unieron a los de Nájera.
Dicen que gracias a que el temple de los comuneros contra los riojanos fue de excepción -
pues llegaron a escalar las laderas del castillo, después de pasar los fosos- vencieron en la
lucha. Las tropas del Duque abrieron brecha y los comuneros no pudieron resistir. Así tuvo fin
en Nájera el episodio de las Comunidades.
Intervendría también el duque de Nájera en el sitio de Logroño del año 1521, día de San
Bernabé, en el que los franceses, vencedores en Pamplona, fueron obligados a levantar el sitio
al aproximarse el cuerpo del ejército que mandaba Manrique de Lara para la defensa de los
logroñeses.
También estuvo el Duque en la conquista de Túnez en 1535 y en las guerras de Italia y los
Paises Bajos. Falleció don Antonio Manrique el 22 de enero de 1558.
El cuarto Duque de Nájera desempeñaría muy importantes legaciones regias. Fue Virrey de
Valencia y Consejero de Estado de Felipe III. Falleció el año 1600 y con él finó la descendencia
masculina de su egregio linaje. Estuvo casado con doña María Girón. Tuvieron dos hijos,
Rodrigo y Pedro que murieron siendo niños.
El Solar de Valdeosera
Desde el punto de vista histórico, Tejada y Valdeosera son dos solares, aunque hay quien
goza de ambos. La fuente documental que a este asunto compete se basa exclusivamente en
lo referido por Lobera en «Historia de las Grandezas de León» y en lo contenido en los libros
archivados aún actualmente, en la Casa de Tejada.
Las diversas interpretaciones de algunos autores, sumadas a las conclusiones desprendidas
del análisis de las confirmaciones reales, deben ser suficientes para aclarar el problema, pues
no existen otras fuentes.
Tejada y Valdeosera son inseparables históricamente. Veamos. Ramiro I donó a don Sancho
de Tejada las tierras de Valdeosera y una villa en tierra de León, haciéndole Señor de Tejada,
terreno del que era propietario su linaje desde siglos atrás. Al hijo menor de don Sancho y a
doce caballeros gallegos militares de grado en la Reconquista riojana los nombró igualmente
señores de Valdeosera, a partir de cuyo instante concurren dos solares {entendiéndose como
definición del solar en materia nobiliaria, la casa más antigua de un linaje o dinastía}: uno, el de
Tejada dependiente en todo y por todo, de don Sancho Fernández, Señor de aquél; otro, el de
Valdeosera término propiedad del mismo don Sancho cuyos Señores eran,junto a su hijo
Sancho el Menor los doce gallegos famosos. De esta forma tenemos a don Sancho por Señor
de Tejada y propietario de los términos de Tejada y Valdeosera, adquiriendo todos sus
descendientes por línea de varón o hembra las mismas prerrogativas.
Aparte ésto, Tejada y Valdeosera son dos solares hermanos, fundados por el mismo rey, con
los mismos privilegios e idéntico blasón de armas, ya que las confirmaciones reales amparan
ambos, equitativamente, a pesar de que los dictados se han acreditado únicamente al de
Tejada, en cuyo archivo figuran, como se ha dicho, las documentaciones correspondientes.
En cuanto a obtener mayor nobleza por hallarse recibido y asentado en cualquier de ellos o en
ambos solares, no hay razón, ya que, alcanzada aquella en el orden que a Tejada o
Valdeosera corresponde, es plena, quedando únicamente como más preciado valor, la pureza
genealógica de las trece familias en juego; una, la del hijo menor de don Sancho homónimo
suyo, que quedó a vivir en Valdeosera; y otra, la de las doce genealogías gallegas distinguidas
por el Rey, proindiviso.
En Valdeosera concurren por tanto las familias de los doce caballeros galicianos y la del hijo
menor de don Sancho de Tejada. En Tejada -una única familia- no ofrece en este sentido
particularidad alguna.
Para asentarse en Tejada o Valdeosera se impone probar que un antepasado se halla inscrito
en el libro de Asentamientos correspondiente y así participar de tal derecho.
Las Divisas de Valdeosera tienen por nombre: Matute, Diego Sáenz de Tejada, Pedro Sáenz
de Tejada, Cabañuelas, Regajal. Pedro Sáenz de Velilla, lñigo Martínez de Arriba, Terroba,
lñigo López, Sancho García, lñigo Martínez de Abajo, Juan del Valle y Sancho Sáenz de
Palacio.
El Solar de las Calderas
Es solar camerano, con raíz en Tejada actualmente inactivo. Tuvo su origen, a partir de los
siglos X y XI, cuando el cuarto de los hijos de don Sancho Fernández de Tejada -llamado
Martín- labró una casa en la Villa de Pinillos de Cameros, que vino a llamarse «Casa de las
Calderas». Por la noble condición de su dueño como Ricohombre de Pendón y Caldera.
Dicho edificio, aunque maltratado por el tiempo, todavía existe y en el celebraron juntas hasta
primeros de siglo XX, los descendientes de este linaje. Hasta hace cien años aproximadamente
se reunían los diviseros cada 11 de noviembre fiesta de San Martín. En esa jornada después
de las oportunas pruebas eran inscritos en los libros de inscripciones cuantos caballeros
acreditaban su derecho de asentamiento como diviseros solariegos de las Calderas.
En la sesión de ingreso se nombraban cofrades de la Junta para el año siguiente.
El citado Martín Sáenz (de Sancho) de Tejada tuvo a su vez cinco hijos: Martín, Gonzalo,
Rodrigo, Diego y Sancho, que dieron origen a cinco apellidos tenidos por clásicos en el Solar
de las Calderas, cuales son: Martínez, González, Rodríguez, Díez y Sáenz; al que se añade el
toponímico «de Pinillos».
Al paso del tiempo se extendió el linaje por toda La Rioja, quedando algunos en Pinillos
(ejecutoria de hidalguía ganada en 1550 por don Martín Martínez, vecino de Pinillos, que se
conserva en la Sala de Hijosdalgo de la Cancillería de Valladolid); otros pasaron a Torrecilla en
Cameros donde levantaron casa y los demás a otros puntos, aunque todos los descendientes
se fueron inscribiendo, desde mediados del siglo XVI, en los libros patrones de la Casa Solar,
en Pinillos.
LlNEAS GENEALOGICAS
El primero y más antiguo de los libros de inscripciones solariegas en que aparecen partidas
que permiten la reconstrucción de las ramas troncales, data del siglo XVI, constando
documentalmente que a mediados de él, vivía en Torrecilla en Cameros...« Juan Martínez de
Pinillos, caballero divisero de la Casa de las Calderas de Pinillos...»
De esta línea genealógica se destacan: Juan Martínez de Pinillos, miembro en 1640 de la
Cofradía de Hijosdalgo de Santiago de Torrecilla; Juan Llorente Martínez de Pinillos Domingo,
que ganó pleito al Consejo de Torrecilla, reclamando y consiguiendo la mitad de los oficios
honoríficos. Fue nombrado alcalde ordinario de Torrecilla por el Estado Noble el año de 1607;
Juan Martínez de Pinillos Merino, miembro también desde 1639 de la Cofradía de Santiago,
que ganó además Real Provisión de Hidalguía de la Cancillería de Valladolid de 1619,
figurando en los padrones de Hijosdalgo desde 1630; Juan Manuel Martínez de Pinillos Crespo
que alcanzó ser Regidor de Torrecilla por el Estado Noble en 1737 y alcalde por el mismo
estado en 1740; Juan José Martínez de PiniIlos Crespo, nacido en 1642, ganador de un pleito
frente a la casa de Altamira por la parte de los derechos que gozaba la casa solar y villa de
Pinillos y que –añadía- reviertan aquellos y se vinculen en la Casa Solar de las Calderas...
Hay otras ramas de tanta o más significación y destacan sobre todo las americanas que
veremos ahora.
RAMAS AMERICANAS
(Condes de Villanueva. Vizcondes de Valvanera).
Juan Manuel Martínez de Pinillos Jiménez se asentó en Perú. Había nacido en Nestares
donde casó con doña María Larios Adalid en 1751, dando origen a los siguientes mayorazgos:
Juan José Martínez de Pinillos, que nació en Nestares en 1754, pasó en 1781 al Perú,
fundando allí las ciudades de San Toribio o Nueva Rioja, San Carlos y Santa Rosa. Pedro
Martínez de Pinillos Ibañez, bautizado en Viguera en 1648, que litigó y ganó ejecutoria de
hidalguía en la Chancillería de Valladolid en 1683. Bernabé Martínez de Pinillos Sáenz de
Cabezón, que fue Superintendente General de Hacienda en Cuba, desempeñando otros
elevados cargos; fue quien en 1792 ganó provisión de hidalguía en la Chancillería de Valladolid
y en 1806 ingresó en la Orden de Carlos III; en 1825 se le nombró conde de Villanueva y
vizconde de Valvanera como premio a sus relevantes servicios. Claudio Martínez de Pinillos
Ceballos, otro Divisero ilustre de este Solar, conde de ViIlanueva y vizconde de Valvanera,
alcanzó ser coronel de Infantería, Superintendente General, subdelegado de Hacienda,
maestrante de Ronda y caballero de Calatrava y de Carlos III; desde el13 de abril de 1844 fue
Grande de España, recibiendo el Real Despacho el 26 de marzo de 1845; fue igualmente
gentilhombre de Cámara de su Majestad con pleno ejercicio.
En los libros de la Parroquia de Torrecilla figuran otros muchos individuos de la familia
Martínez de Pinillos; pero el entronque con las ramas anteriores es imprescindible por falta de
documentación anterior a la fecha de la apertura de libros del Ayuntamiento.
En cuanto al blasón del Solar de las Calderas, según se ve en las más antiguas ejecutorias y
en la Casa Solar de la villa de Pinillos, existen varias versiones. Unas puras y otras acoladas y
aún arbitrariamente constituidas. Una versión es un escudo partido, primero de azur con un
castillo de oro y en el jefe dos calderas del mismo metal gringoladas de sinople. En el segundo,
también de azur, un pino de su color natural frutado en oro y un oso andante, atado al pie del
árbol con una cadena de oro. Estas píedras van perfiladas en oro. Realmente este árbol debe
ser un tejo por alusión al origen de Tejada que tiene este Solar.
Algunas ramas traen solamente las armas contenidas en el primer cuartel del escudo
descrito. Otros usan ambos cuarteles, pero en un escudo cortado.
Finalmente, algunos han añadido estas armas a las propias del Solar de Tejada, mientras
que otras se han limitado a poner una moldura de oro con trece cruces de Santiago y las trece
veneras que figuran en el blasón de Tejada y además las trece banderas el león de gules
colorado y el lema «Beatificamus eos qui sustinerunt».
Según consta en la Real Provisión de Hidalguía, expedida por la Chancillería de Valladolid en
26 de febrero de 1793 a favor de doña María Cruz Martínez de Pinillos y Larios, casada con
don Manuel Fernando Larios y Ramírez de Arellano, fueron los hermanos de ésta los
fundadores de este linaje en Perú. Esta familia y apellido la tratan los más clásicos
genealogistas ya ella se refiere don Juan Alfonso Guerra y Sandoval, en la certificación que
diera a instancia de don Juan Manuel Hermoso de Ordorica, en el año 1752. El mismo asegura
que estos apellidos provienen de los trece famosos, antiguos, nobles diviseros solares de
Tejada y Valdeosera, que gozaron aquellos trece varones, hijos de maestre de campo general
don Sancho Fernández de Tejada, más concretamente del noveno de ellos, que fue Martín,
fundador de esta antiquísima casa solariega en la villa de Pinillos de Cameros, que siempre fue
tenida por «hidalga de sangre y muy notoria».
Don Juan Flórez Ocáriz, en el Preludio 251, folio 240 del Tomo I, dice que «entre los
caballeros que de nuestra España pasaron a la conquista del Nuevo Mundo, fue uno el riojano,
Juan Martínez de Pinillos, quién por sus buenos servicios y heroicos hechos fue nombrado en
el año 1552, Gobernador de la Provincia de Santa Marta». En el Tomo II del citado autor, folio
491, árbol 41, párrafo 33, hallamos también a Gregorio de Pinillos, alférez del Nuevo Reino de
Granada, casado con Juana Esquerra, señora noble de la nobleza navarra.
Por otro lado, la Historia y Anales de Sevilla dice que, don Diego Martínez de Pinillos tomó
parte en la conquista de la ciudad y por sus nobles méritos quedó por heredero en ella.
En el «catálogo de la Sala de Hijoshidalgo de la Real Chancillería de Valladolid», Tomo III, de
don Alfredo Lasanta de la Riba, figuran las siguientes informaciones de hidalguía referentes a
los hidalgos de Pinillos:
Diego de Pinillos, de Ocón y Pipaona, 1577; Francisco de Pinillos, de Ocón, 1545; Francisco
de PiniIlos, de Ocón y Pipaona, 1577 ; Francisco de Pinillos, de Ribafrecha, 1765; Juan, 1620;
Juan Antonio de Pinillos, de Leza, 1786; Pedro de Pinillos, de Ocón y Pipaona, 1577; Vicente
de Pinillos de Viguera, 1758 y Francisco Rodríguez de Pinillos, de Castañares de las Cuevas,
1745.
En nuestros días se hallan suspendidas las actividades del Solar y en cierto modo dispersada
su documentación, que está en poder de particulares (algunos son diviseros del Solar y otros
no), constando incluso que en EE. UU. de América y en algunas bibliotecas españolas existen
manuscritos referentes a este solar riojano, originado en Tejada y Valdeosera, con los que
indudablemente tiene en común el factor genético que los identifica.
Entre tantas genealogías señalables con que cuenta la Rioja sobresalen otros linajes. Tales
son los Abalos (Ruy López D' Abalos, condestable de Castilla); los Fernández de Navarrete;
Araciel y Rada, de Alfaro; los Salcedo, de Anguciana; Lezana y Beaumont; Olózaga; Hircio, de
Briones; Paternina (siglo XVIII); Zúliga, conde de Bañares; condes de Aguilar; Alonso de Haro;
Jiménez de Rada; Michel de Murillo; Ramírez de Arellano; Risco de Haro; Morales de Setién;
Sáenz de Heredia y tantos más a los que obvio es, no es menester aplicar tratamiento profundo
en esta obra, de clara intención divulgadora en su más amplio sentido.
Fueron varios también los títulos nobiliarios concedidos a familias riojanas. De tal forma a
partir del siglo XVI recayeron en linajes de la Región los Condados de Aguilar, de Bañares, de
Casa de Agreda, de Meudes, de los Rucones, de Oñate, de Vistaflorida, de San Cristóbal, de
Treviño, los Marqueses de la Ensenada, de Orovio, de Pérez Navarrete, de San Gregorio, de
San Nicolás, de Vallejo, de Legarda, de Vargas, el Duque de Nájera y el Barón de Mahave.
Hay un recinto que como se ha visto dona especial protagonismo a La Rioja. Es el claustro de
los Caballeros de Santa María la Real de Nájera, santuario histórico, núcleo de glorias
ineludibles, enclave en el que hay que detenerse para completar cualquier relación que haya de
ocuparse en La Rioja de los linajes de mayor abolengo. En este monasterio reposan
personalidades de las que, en algunos casos apenas se ofrecen detalles pero, de cualquier
modo, éste, su postrer destino valora toda su posible condición. En él descansan, según dictan
sus epitafios: Juan Manuel, Pedro de Urbina Valdivielso, Pedro Fernández, Juan del Duero,
Gonzalo García de la Puente, Pedro García Salazar, Hernando de Somalo, Bartolomé de Loza
Angulo, Pedro Loza Foronda (que fue alcalde de Nájera), Matías de Baranda, Andrés de
Hoyos, Pedro Núñez Coloma y Juan de Navarrete (Contadores de su Majestad), Juan Antonio
Domingo, Gómez de Nájera, Pedro Matute, Antonio de los Arcos, Juan y María Salinas, Pedro
González de Mendoza, Pedro González Velorado, Pedro de Leza, Diego de Mena, Juan
González de Todoria, doña Mencia López de Haro (Reina de Portugal que casó con Sancho
«Capelo»), Diego López de Salcedo, Garcilaso de la Vega, García Manrique de Lara y Lope
Díaz de Haro (Obispo de Sigüenza en Santos).
La reiterada carta de Arras del rey don García y su esposa doña Estefanía de 1040,
constituye un preciado documento histórico. Descubre en sus páginas a varios riojanos ilustres
entre los confirmantes de tan magna escritura y otros que si no lo fueron acreditaron sus
vivencias aquí, en nuestra tierra: «Fortún Sánchez (Señor de Sangüesa); Fortún Sánchez
(Señor de Buradón); Azenariz Fortuniones, de Zafra; Sancho Sánchez, de Petiella; Enneco
Eximenionis, de Arrosta; García Fortuniones, de Funes y Arezo; Auriola Sánchez, de Tafalla;
García de Oriol, de Briviesca; Fortún Oxoiz, Señor de Tejada, de Viguera y de Cameros, del
valle de Arnedo y de todas las villas cantabrienses; López Azenariz, de Ocón (Armiger Real);
Sancho Fortuniones, de Tobía y Grañón (BoteIlarios); Fortún Ennecois, de Oca y Alba; Fortún
López, de Teteila; Azenari Sánchez, de Petraita; García Sánchez, Salvador Gundislavo, Munia
y sus hijos, Gonzalo Rodríguez, Lope Vellacoz, Galindo Vellacoz, García Ciclabe, conde Munio
Gonzálvez (de Cellórigo, Término y Lanjarón); Diego Sánchez de Azenar Fortuniones (de
Bilibio y Haro)», miembros casi todos ellos de la Curia Regia y dignos por sí mismos, e
individualmente, de mayor relieve y tratamiento biográfico exclusivo. Aquí se evidencian las
posibles, más bien, necesarias ampliaciones de investigación.
Con esta visión de conjunto sobre el hecho nobiliario y genealógico de la Rioja a través de su
historia, creemos haber cumplido el objetivo. Algún jalón preciso ha sido más profundizado para
ejemplarizar lo normativo, lo acostumbrado en estos temas.
Así queremos descubrir la futura misión de nuevos investigadores en tarea tan grata como es
la exaltación de los linajes de sangre riojanos.
ABALOS
-Conde don Lope de Abalos, Señor de Vizcaya y Conde de Alava por Alfonso VI.
-D,ª Juliana Aragón, Condesa de Haro
1516 compró a los Girón el señorío de Abalos que vino a recaer en don
Bernardino Velasco, príncipe de Grave y conde de Castilnovo.
AGUILAR (de Inestrillas)
1380.-Juan II a don Diego Gómez Manrique. 1381.-Ramírez de Arellano, Señor
de los Cameros. Condes de Aguilar.
AJAMIL.-Enrique l1 en 1366 a Juan Ramírez de Arellano.
ALBELDA.-1366. Señorío de Cameros a Juan Ramírez de Arellano.
ALCANADRE.-Alfonso VII a don Rodrigo de Azagra. 1385.-Juan Ramírez de
Arellano a su nieto.
ALMARZA.-Señorío de Cameros 1366 a Juan Ramírez de Arellano.
ANGUCIANA.-A Toda López, hija de don Lope Díaz de Haro 1093, esposa de
don Lope González de Arzamendi.
ANGUTA.-Del Duque de Nájera.
ARENZANA DE ABAJO.-A un hijo del Conde de Haro. Pedro Velasco.
ARNEDILLO.-Enrique II a Juan Ramírez de Arellano. Los obispos de Calahorra,
señores de Arnedillo.
ARNEDO.-1458, mayorazgo de don Pedro J. Velasco, conde de Haro.
ARRUBAL.-Señorío de Cameros Juan Ramírez de Arellano.
AUSEJO.-Dejado a su nieto por Juan Ramírez de Arellano.
AZOFRA.-1393. Pedro I en señorío a lñigo Ortiz de Zúñiga.
BAÑARES.-Señorío de don lñigo Ortiz, marido de doña Toda Pérez de Haro.
Residencia de los López de Haro.
BAÑOS DE RIOJA.-Señorío de lñigo Ortiz de Zúñiga.
BARBARANA. (San Martín).-Señorío secular de don Juan Gerónimo de Frías.
BRIEVA.-Villa eximida de los Condes de Aguilar.
BRIÑAS.-Villa de Haro y de los Duques de Frías.
CABEZON.-Condes de Aguilar, Sres. de Cameros.
CANALES.-Condes de Aguilar, señores de Cameros, duques de Abrantes.
CANILLAS.-Señorío de los Condes de Hervías y Montalvo.
CAÑAS.-Señorío de los Condes de Hervías.
CARBONERA.-Señorío de los Duques de Frías.
CASA DE LA REINA.-De los Condes de Haro, Duques de Frías.
CASTAÑARES DE RIOJA.-Señorío de los Duques de Béjar.
CASTRO VIEJO.-1481, señorío de don Diego de Arista y Zúñiga.
CIDAMON.-Lugar de los Condes de Hervías y Montalvo.
CIRIÑUELA.-Marquesado de Ciriñuela.
CLAVIJO.-Vendido en 1476 a los condes de Aguilar, señores de Cameros.
CORNAGO.-Señorío de la Casa de Cisneros.
CUZCURRITA.-Señorío de los marqueses de Lezan.
DAROCA.-Señorío de los Duques de Arcos.
En cuanto a su forma
Hace más de mil años ya usaban del color en Japón para distinguir las diversas
clases sociales y categorías personales, un noble de un caballero, un ministro de
un templo de un fiel.
y como antiguo es el color como distinción, antiguo es el blasón, que usa de la
imagen para expresarse. Imágenes cromadas para ornar las armerías de la Edad
Media en proyección a nuestra época.
Entrar en detalle del origen de la heráldica, de sus mutaciones y
perfeccionamientos' de sus significados y de sus simbolismos, no es necesario.
Mejor será concretar en la heráldica riojana que nos interesa, pues éste es nuestro
proyecto. Baste asentar previamente que la composición de los blasones -no ya
solamente en España, sino en todo el mundo- responde al gusto personal algunas
veces, al capricho de los beneficiarios otras y, fundamentalmente y en su base, a
otorgamientos superiores de quienes concedieron el derecho a su uso y disfrute.
Inicialmente nacería una imagen simple y personal del acreedor del blasón. Una
imagen que, otorgada expresamente por el concesor como reflejo de una hazaña,
gesta o entrega, seguramente militar, se ampliaba perfeccionándose en
el tiempo a voluntad o capricho para singularizar a ultranza su blasónica imagen.
De cualquier modo, fueran las Cruzadas las que originaron el nacimiento del blasón
-como hay quien asegurao fueran los torneos, en los que el color era fundamental
para reconocer a los contendientes, lo cierto es que la heráldica ha llegado hasta
nuestros días como una rama más de la historia. Y advirtamos que de los blasones
más significativos y completos de la
heráldica universal es el
correspondiente a los Solares de Tejada
y Valdeosera. Sin duda es el más
valioso modelo heráldico riojano y uno
de los más interesantes para cualquier
estudio temático.
En cuanto a su significación y su
simbolismo puede aseverarse que en
cuanto al color responde a la normativa
general de la heráldica. Incluye en él lo
que algunos han dado en llamar
barbarismos heráldicos, por incidir metal
sobre metal -oro sobre plata o
viceversa-, que no es otra cosa que
excepción respecto de otros escudos
heráldicos. Tampoco, por otra parte, es
el de Tejada y Valdeosera el único
blasón en el que se da esta
circunstancia.
Antes de entrar en la simbología
blasónica de estos Solares riojanos en
cuanto a su cromatismo, atenderemos a
sus imágenes, a los grabados de sus
cuarteles, a sus formas, en resumen.
En lo que se refiere a las
representaciones gráficas del escudo solariego. cierto que no responde plenamente
a una regla canónica, si bien, conociendo siquiera someramente el origen y la
trayectoria vivencial, de gesta, etc., del fundador, no es difícil interpretar sus valores
heráldicos.
Hace varios siglos que quedó definido por Enrique IV en el documento de
confirmación de privilegios el grafismo exacto de este blasón. Prestando, pues,
atención a la definición que de sus componentes hicieron los reyes confirmantes
vemos cómo en el primer cuartel se contiene la alcaidía ejercida por don Sancho de
Tejada sobre las fortalezas de Clavijo y Viguera.
En el segundo campo se representa, en las medias lunas, al fundador y a su
esposa doña Nuña, en medio de 13 estrellas, que significarían los trece hijos
habidos del matrimonio.
El parentesco de don Sancho con la familia real de León parece estar presente en
el tercer cuartel, y en el cuarto, un oso atado a un tejo evidencia claramente la
vinculación de los solares de Tejada y de Valdeosera con una sí o no dependencia
íntima entrambos.
Las veneras y las cruces de Santiago que orlan los cuarteles del escudo hablan
claramente de la relación directa del solar con la orden de caballería de Santiago,
de la que se puede afirmar con algún elemento juicioso fue fundada en su calidad
de cofradía por los herederos de don Sancho de Tejada.
Las tres banderas exteriores y circundantes vendrían a significar otras tantas
batallas frente a los musulmanes, en las cuales triunfarían los hispanos como
manifiestan las puntas hacia abajo de las medias lunas que portan.
Los antiguos heraldos y reyes de armas dieron nombre específico a los colores
que, según la heráldica, son patrimonio del blasón. De tal forma, al amarillo
llamaron oro; al blanco, plata; al rojo, gules; al azul, azur; al negro, sable; al verde,
sinople, y al morado, púrpura.
En el blasón de los Solares de Tejada y Valdeosera figuran el oro, la plata, gules,
azur y sinople, amén de la piedra natural de los castillos del segundo cuartel. Y en
atención a estos colores vamos a ver la simbología de estos Solares en los
siguientes valores o conceptos: Piedras preciosas, astros, signos del zodíaco,
elementos de la naturaleza, días de la semana, meses del año, árboles, flores,
aves, cuadrúpedos, animales acuáticos, virtudes humanas, calidades mundanas y
obligaciones para con los demás.
Piedras preciosas
Topacio (o), Perla (p), Rubí (g), Zafiro (a) y Esmeralda (s).
Astros
Sol (o), Luna (p), Marte (g), Venus (a) y Mercurio (s).
Leo (o), Cáncer (p), Aries y Escorpio (s), Tauro y Libra (a), Géminis (s).
Elementos de la naturaleza
Fuego (o), Agua (p), Fuego (g), Aire (a), Agua (s).
Dias de la semana
Domingo (o), Lunes (p), Martes (g), Viernes (a) y Miércoles (s).
Julio (o), Enero y Febrero (p), Marzo y Octubre (g), Abril y Septiembre (a), Mayo
y Agosto (s).
Arboles
Ciprés (o), Palma (p), Cedro (g), Alamo (a), Laurel (s), Tejo (por sí).
Flores
Girasol (o), Azucena (p), Clavel (g), Violeta (a) y Siempreviva (s).
Aves
Gallo (o), Paloma (p), Pelícano (g), Pavón (a) y Papagayo (s).
Cuadrúpedos
Delfín (o).
Virtudes
Justicia (o), Benignidad (0), Clemencia (0), Humildad (p), Inocencia (p),
Felicidad (p), Pureza (p), Templanza (p), Verdad (p), Caridad (g), Justicia (a),
Esperanza (s).
Calidades mundanas
Nobleza (o), Caballerosidad (o), Riqueza (0), Generosidad (o), Esplendor (o),
Soberanía (o), Amor (o), Pureza (0), Salud (0), Hermosura (p), Franqueza (p),
Blancura (p), Limpieza (p), Integridad (p), Elocuencia (p), Vencimiento sin sangre
de los enemigos (p), Valentía (g), Nobleza (g), Magnanimidad (g), Valor (g),
Atrevimiento (g), Intrepidez (g), Alegría (g), Victoria (g), Ardid (g), Generosidad (g),
Honor (g), Furor (g), Vencimiento con sangre de los enemigos (g), Alabanza (a),
Hermosura (a), Dulzura (a), Nobleza (a), Perseverancia (a), Vigilancia (a),
Recreación (a), Celo (a), Lealtad al Soberano (a), Honra (s), Cortesía (s),
Abundancia (s) y Amistad (s).
Obligaciones
Amparar a los pobres (o), Defender a sus Príncipes peleando hasta verter la
última gota de sangre (o), Deben ser los primeros en defender a las doncellas y
amparar a los huérfanos (p). Deben socorrer a los que se vean oprimidos por la
justicia (g). Socorrerán a los fieles servidores de los Príncipes que se hallen sin
remuneración a sus servicios (a). Deben socorrer a los paisanos y labradores y
más a los huérfanos y pobres que están oprimidos (s).
(o) Oro
(p) Plata
(g) Gules
(a) Azur
(s) Sinople
LOGROÑO 1983