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Sesión 1. Destellos Desde El Abismo - Astronomía

Compilación de textos astronomía.

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Celee con ganas: Café literario 2024-I

Centro de lectura y escritura en español


U. del Rosario

CICLO 2: ¿POR QUÉ CAEN LAS MANZANAS?: CIENCIA Y


LITERATURA
SESIÓN 1: “DESTELLOS DESDE EL ABISMO: ASTRONOMÍA”

Alfonso X el Sabio y los libros del saber de astronomía (1881) – Dióscoro Puebla

“Sin embargo, los ojos de la inteligencia completan los del cuerpo y ven debajo de esa capa de nubes que nuestros
telescopios no divisan aún, una vida inmensa y agitada desplegándose sobre toda la superficie de ese planeta como
sobre la del nuestro, y cumpliendo sus destinos al mismo tiempo que se cumplen los nuestros en este mundo. Esta
vida la adivinamos sin verla, del mismo modo que vemos pasar a lo lejos un convoy de ferrocarril, adivinamos, sin
verlo, que los diversos vagones van ocupados por viajeros”. El Vizconde de Torres Solanot, “Las tierras del cielo”.
*
“Durante siglos, el hombre vivió en un universo que parecía seguro y agradable, incluso limpio. La Tierra era el
blanco de la creación y el hombre, el pináculo de la vida mortal. Pero estas nociones alentadoras y de arcaica
belleza no soportaron la prueba del tiempo. Ahora sabemos que vivimos en un diminuto trozo de roca y metal, en
un planeta más pequeño que algunas de las relativamente menores manchas de Júpiter, y algo que resulta casi
insignificante cuando lo comparamos con una sencilla mancha del Sol”. Carl Sagan, “La conexión cósmica”.

ESTRELLAS QUE ENTRE LO SOMBRÍO – nebulosas que ardéis tan lejos


JOSÉ ASUNCIÓN SILVA en el infinito que aterra
que sólo alcanzan los reflejos
Estrellas que entre lo sombrío, de vuestra luz hasta la tierra,
de lo ignorado y de lo inmenso,
asemejáis en el vacío, astros que en abismos ignotos
jirones pálidos de incienso, derramáis resplandores vagos,

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U. del Rosario

constelaciones que en remotos sobre su lenta huida de sí mismo,


tiempos adoraron los Magos, implosión de estrella diminuta,
agujero negro en el corazón
millones de mundos lejanos, del pasto, a dos metros exactos
flores de fantástico broche, del ave del paraíso,
islas claras en los océanos, atada a su tallo y moribunda,
sin fin, ni fondo de la noche, impedida para el vuelo, imposible
soltar amarras y convertirse
¡estrellas, luces pensativas! en ave carroñera y saciar su hambre.
¡estrellas, pupilas inciertas!
¿Por qué os calláis si estáis vivas
y por qué alumbráis si estáis muertas?…

¡QUE GRAN DESPERDICIO! – ANTONIO


MORA VÉLEZ

Si esa luz que nos llega de Sirio


O de Andrómeda
No alumbra el sueño de otros seres
Si en todo el universo
(como dicen los escépticos)
La vida es ausencia
En medio de la noche
Y si la palabra reside solo
En este valle del cosmos Ahí, en el centro del jardín, empezó el mundo:
En el tapete azabache me mostró el perro su destiempo, su hundirse
De los dioses en sí mismo y el acto a voz en cuello
Qué gran desperdicio de espacio de la muerte. Desde entonces
Señor... gira mi vida rigurosa, mis días en ciernes
¡Qué falta de visión la tuya! espirales, en torno al sitio exacto
¡Cuánta soledad! de su cuerpo. Y éste se traga mi pasado,
¡Cuánta tristeza! devora días y obras,
el jardín y su casa que hace años no existen,
AGUJERO NEGRO – ELISA DÍAZ CASTELO las comidas de domingo,
el piano desdentado y la abuela
Ahí estaba sentada al tocador con sus perfumes,
el cadáver del perro cada frasco, cada olor ennegrecido,
en el centro del jardín. la vajilla suspendida, girando
Nos esperó su muerte ante la gravedad enorme de ese centro,
las dos noches, brillando de sed en el que se desliza sin luz toda mi vida
bajo la luz inútil de la luna. y las horas y días que se han ido
Imagino la escena desde la ventana, y los años que me faltan
la lenta transformación del cuerpo para siempre.
en materia, en hueso, en aire
venenoso. Mis ojos

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A LA ESTRELLA NOCTURNA – WILLIAM su madre. Florencia era su cómplice, su amiga, se


BLAKE entendían con sólo mirarse. Por eso la madre se
doblegó a la urgencia en la voz de su hijo y al día
¡Tú, ángel rubio de la noche, siguiente, su pequeño de la mano, compró un pasaje y
ahora, mientras el sol descansa en las montañas, medio de vagón de segunda para Cuautla en la
enciende tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante estación de San Lázaro.
corona Que la locomotora arrancara emocionó a Lorenzo,
y sonríe a nuestro lecho nocturno! pero ver huir el paisaje en sentido inverso,
Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los despidiéndose de él, lo llenó de asombro. ¿Por qué los
azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado postes pasaban a toda velocidad y las montañas no se
sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos movían? Nada le preocupaba tanto como la línea del
al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma horizonte, porque seguramente llegarían al fin del
en el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos mundo y caerían con todo y tren al abismo. Cuando se
y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo, iba acercando a la parte más alta de la montaña,
te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el Lorenzo se levantó varias veces del asiento. «Allí
lobo y el león echa fuego por los ojos en la oscura viene el barranco; ahí se acaba todo.» En los ojos del
selva. niño, Florencia leyó el horror al vacío.
La lana de nuestras majadas se cubre con -No, Lorenzo, vas a ver que todo recomienza. Vas
tu sacro rocío; protégelas con tu favor. a encontrarte con un valle y a continuación otro valle.
Después del Popo y del Izta hay otras montañas, otro
horizonte, la Tierra es redonda y gira, no tiene fin,
sigue, sigue y sigue, las puestas de sol dan la vuelta y
van a otros países. Nunca se acaban.
Aquel viaje alimentó a Lorenzo durante meses.
Antes de dormir volvía a repasarlo para descubrirle
algo que se le había escapado. El viaje le planteaba
dilemas. «Entonces lo que veo, mamá, es sólo una
parte insignificante de la totalidad.» La alarmante
limitación de los sentidos era motivo de otro desvelo.
«¿Por qué el ojo no ve más allá? ¿Por qué no abarca
más campo? ¿Entonces, mamá, soy yo el que no da
para más?»
-Dentro de poco ya no tendré respuestas, las
encontrarás en la escuela -advirtió.
Florencia conocía las cosas de la Tierra y del cielo,
LA PIEL DEL CIELO (fragmentos) – ELENA la multitud de seres vivos en el aire y en el agua. «Esta
PONIATOWSKA noche tenemos que taparnos bien, porque va a hacer
1 frío. Fíjate, me dijo, cuántas estrellas y cómo brillan.»
-Mamá, ¿allá atrás se acaba el mundo? No había necesidad de escuela. Florencia gozaba
-No, no se acaba. enseñándoles a los cinco. No contó con que el mayor
-Demuéstramelo. pondría en duda lo establecido. Sólo un libro de
-Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple lectura le era suficiente, el de la naturaleza. «A ver,
vista. Emilia, píntame un círculo aquí sobre la tierra. Tú,
Lorenzo miraba el horizonte Lorenzo, píntale otro encima.»
enrojecido al atardecer mientras escuchaba a Juan y Leticia eran espectadores.

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-Tú, Juan, dime qué es... -Y lo es, joven De Tena, lo es, use usted su
-Son dos tomates encimados. imaginación. Muy pocas constelaciones se parecen a
-Un ocho! -gritaba Lorenzo. su nombre.
Reían. Los círculos se multiplicaban, los palitos, Lorenzo se dio cuenta de que Erro tenía otra vida
los puntos sobre las íes y las historias acerca de la edad además de la política. «Pertenezco a la Sociedad
de los árboles, los anillos que en el tronco remontan Astronómica le dijo. Si quiere lo invito». El joven
los años, el polen en el centro de las flores, el cristal había pasado meses entre la depresión y la exaltación
convexo que logra encender la fogata con el rayo del y ahora, como un don inesperado, se le abría el cielo.
sol. Respiraba mejor. «Si quiere, usted puede ser mí
Florencia no dejaba de encandilarlo. La madre ayudante, trabajar aquí en la noche. Yo le daría una
respondía a sus porqués como ningún maestro. llave de la puerta principal y tendría acceso directo al
Su rostro se cubría de sudor al jugar con sus hijos. telescopio en la azotea. El trabajo consiste en tomar
Imposible permanecer inmune al sortilegio de su las placas durante la noche y revelarías al día
cuerpo, de sus piernas que daban pasos de danza siguiente, aquí mismo tengo un cuarto oscuro. Usted
siguiendo alguna música interior o zancadas fluidas me entregaría las placas y si quiere, le enseño a
como de río bajo enaguas también ondulantes. estudiarlas.»
[…]
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Cuando Luis Enrique Erro lo invitó a su
departamento en la calle de Pilares en la colonia del
Valle, aceptó halagado. «Voy a ir a casa del viejo», le
dijo a Revueltas. «¡Qué honor, es un tipazo!» Al igual
que Revueltas, De Tena vivía en pugna consigo
mismo. «¿Tú crees que está bien que no asista hoy en
la noche a la Liga?» «Claro, no seas tonto, no estas de
guardia, ¿o sí? En cambio yo tengo que quedarme en
Mesones hasta tarde, porque si no Rafael Carrillo me
echa la viga.»
Para su sorpresa, en casa de Erro no lo invadió la
zozobra de la política. Por un momento cesó la
exaltación de las misiones callejeras que emprendían
con Revueltas casi desde la madrugada. Nadie avizoró Luis Enrique Erro no se dio cuenta de que
catástrofes. cambiaba la vida del muchacho.
La conversación se alargó y a eso de las nueve de -El nuestro es un país de criados, Tena, los
la noche Erro preguntó con la particular mirada indígenas están al servicio de los blancos; los pobres,
inquisitiva de los sordos, como quien comparte un de los ricos. Si no revertimos el sitio de cada quien,
secreto: «Tengo un telescopio instalado en la azotea, este país se va a ir a la mierda.
¿le gustaría verlo?». Claro que Lorenzo quería. Erro «Con hombres así, se puede construir otro país»,
maniobró su telescopio Zeiss y apuntó hacia Sirio, la pensó Lorenzo. Su caballito de batalla era la
estrella más brillante del cielo, y se la señaló, luego educación socialista:
localizó la Osa Mayor y de nuevo lo llamó: «Mire «Por su propia naturaleza la escuela primaria no
usted, esta noche se ve mejor que nunca». tiene sustituto. Su utilidad es fundamental por la
-No veo ninguna osa. acción de igualamiento que ejerce». Insistía en la
-La vieron los griegos, amigo, y eso nos basta. escuela técnica dirigida a la producción, no al
-Creí que Andrómeda era una muchacha. individuo.

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Erro se lanzó a hablar mal de las profesiones Al no poder rebatir, su sordera le hizo volver la
liberales, los licenciados oportunistas, los empresarios cabeza y mirar a las estrellas que lo fascinaron aún
mareados por su prosperidad y hasta de los más que la política. Antes Luisín, al regresar de la
revolucionarios que se oponen al cambio de la Cámara, le comentaba los sucesos como lo hacía en El
sociedad. «Mi héroe es Zapata, la tierra es de quien la Universal, pero ahora sólo hablaba con las estrellas.
trabaja. Tierra y libertad.» El país iría a pique en -El presidente Cárdenas, quien lo tiene en gran
manos de los cabroncitos que pululan en las estima, lo envió a París en 1937 para que un
secretarias de Estado. especialista operara su oído derecho siguió hablando
doña Margarita.
De algo sirvió la intervención, aunque habría que
pensar en una segunda operación. Cárdenas insistió en
ella y la pagó por anticipado.
A mi marido, ya ve usted cómo es, se le hizo inútil
gastar en una probabilidad y lo invirtió en un reflector
Zeiss de 25 centímetros. Es el que tiene instalado en
la azotea en espera de que se cumpla su gran sueño:
trasladarlo al nuevo observatorio, donde se hará
ciencia moderna.
La primera noche en que Lorenzo quedó a solas
con él sintió que había llegado a su casa espiritual:
«Ya sabe manejarlo, amigo le dijo Erro. No olvide
cubrirlo y cerrar la puerta con llave cuando se vaya».
Si, esa inmensidad frente a sus ojos era suya,
correspondía a la que él llevaba dentro. Millones de
«Somos un país pobre, De Tena, aparentemente el criaturas se movían y apresuraban, así como dentro de
sistema da oportunidades a todos pero en la práctica su cuerpo tejían una red de circuitos que retenía su
favorece a los ya privilegiados. Nuestra sociedad vida sobre la Tierra, la textura de su cuerpo. Él era su
desprecia la mecánica, la electricidad, la química, la propio universo y mucho más. La ciudad desierta,
contabilidad y cualquier diploma de obrero calificado. nada se movía sobre la Tierra. El silencio venía de las
Hay que eliminar la idea de que lo único que vale estrellas. ¿Dónde estoy? Lorenzo respiró hondo. ¿Y si
es la carrera universitaria. Vea usted adónde nos al cerrar la pequeña cúpula ya no viviera nadie, sólo
llevan los liberales, a la venta del país.» las estrellas, como era su deseo? A escala cósmica, en
-Luisín -interrumpía una mujer de nombre la bóveda celeste, los objetos luminosos fotografiados
Margarita-, vamos a cenar. que examinaría mañana bajo el microscopio eran otro
¿Va a quedarse tu joven amigo? cuerpo que latía como él. Las partículas tenían
Margarita Salazar Mallén vivía sólo para su marido radiación, energía, magnetismo. Lorenzo apuntó el
y añadía un escalón a su biografía cada vez que telescopio hacia Orión y sólo dejó de observar cuando
informaba: «¿Sabía usted, jovencito, que Luisín vio la luz blanca del alba. Mientras cubría
estudió contabilidad por correspondencia para amorosamente el Zeiss, lo invadió un inmenso
sobrevivir en La Habana y aumentó las ventas de los agradecimiento por Luis Enrique Erro y por esa
comerciantes?». noche.
«Mujer, ya deja eso», pedía Erro fastidiado, pero Plantearle a Erro dudas sobre la luminosidad de
Margarita insistía. ciertas estrellas se volvió una necesidad urgente.
La sordera había alejado a Erro de la Cámara de Generoso, Erro le señaló que pasara su luz por un
Diputados, de la que fue presidente. prisma para exhibir su espectro. Cuando tina fuente de

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luz se aleja, sus líneas espectrales se desplazan hacia hasta la calle. Todavía en la acera alzaba la mirada
el lado rojo, o sea, el de las longitudes de onda más para ver lo que en el telescopio le había parecido tan
largas; de modo inverso, si la fuente se acerca, sus asombroso: la insondable negrura de esa inmensidad
líneas espectrales se mueven hacia el violeta. El sobre nuestra cabeza. Sin embargo, allí en la acera, le
desplazamiento es proporcional a la velocidad de la parecía más familiar, quizá porque prendía un cigarro,
fuente luminosa. Lo mismo sucede con las ondas cosa que no había tenido deseo de hacer arriba.
sonoras. Largas noches de vigilia empezaron a tragar su
Cuando una ambulancia se acerca, el sonido de su vida.
sirena se oye más agudo y cuando se aleja, es más A diferencia de Revueltas, la cotidianidad se le
grave. hizo intolerable a la luz del día […]
A Lorenzo también le intrigaron los filtros. Un
problema llevaba a otro y Erro acogía las propuestas LA PESADILLA DEL TEÓLOGO –
de su alumno con verdadera curiosidad; ahora si BERTRAND RUSSELL
contaba con un colaborador de primera, un poseído
como él. El eminente teólogo doctor Thaddeus soñó que estaba
«¡Ah, hermano, creo que has encontrado aquello muerto y se dirigía al cielo, sus estudios le habían
sin lo cual no podrás vivir!», le dijo Revueltas al preparado y no tuvo ninguna dificultad para encontrar
escucharlo. «Tu vida se va a convertir en lo mejor y el camino. Llamó a la puerta del cielo y se encontró
más grande del mundo; la cotidianidad se te hará con un escrutinio más meticuloso de lo que esperaba.
tolerable. Ahora sí vas a cumplir tu destino.» -Solicito la admisión -explicó- porque he sido un
«Edwin Powell Hubble», repetía Lorenzo con hombre de bien y he dedicado mi vida a la gloria de
reverencia, y en la noche levantaba la cabeza para ver Dios.
ese universo en expansión donde todo se aleja de todo
y nadie ni nada es el centro. ¡Qué asombro le causaba
esta bóveda celeste sin fin, sin fondo, ilimitada, que lo
lanzaba al abismo! Si la Tierra en la que estaba parado
apenas era un puntito, ¿qué era él, con sus vueltas y
revueltas y sus absurdas congojas? Sentía una gran
simpatía por Humason, el asistente de Hubble, que
sólo había cursado la primaria y en California arreaba
dos mulitas para llevarles agua a los constructores del
Observatorio de Monte Wilson hasta que,
impresionados por su inteligencia natural, lo
contrataron como conserje. Humason se atrevía a
preguntarlo todo, la curiosidad era más fuerte que él,
y logró aprender el manejo de los instrumentos, reveló
y fijó las placas hasta que Hubble lo hizo su asistente.
¡Qué proeza! ¡Entonces la ciencia no era tan
inaccesible, no importaba la pobreza ni el retraso, era -¿Hombre? -dijo el portero-. ¿Qué es eso? ¿Y cómo
posible investigar, todos podían tener acceso al es posible que una criatura tan ridícula como tú haga
estudio del universo! ¡Bastaba la inteligencia y él la algo para promover la gloria de nadie?
tenía! El doctor Thaddeus se quedó perplejo.
A las cinco de la mañana, encontraba su camino en -No es posible que desconozcas al hombre. Debes
la inmensidad del vacío que parecía continuarse sobre saber que el hombre es la obra suprema del Creador.
la Tierra y descendía como un autómata de la azotea

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-Lamento herir tus sentimientos -dijo el portero-, -Bueno, bueno -dijo el bibliotecario-. No esperarás
pero lo que dices es nuevo para mí. Dudo que nadie que recuerde una entre un número tan elevado. Pero sí
de los que estamos aquí haya oído jamás hablar de esa recuerdo haber oído antes la palabra “galaxia”. De
cosa que llamas “hombre”. Sin embargo, puesto que hecho, creo que uno de nuestros bibliotecarios
pareces afligido, tendrás la oportunidad de consultar a auxiliares está especializado en galaxias. Llamémosle
nuestro bibliotecario. y veamos si puede ayudarnos.
El bibliotecario, un ser globular con mil ojos y una Poco después se presentó el bibliotecario auxiliar
boca, bajó algunos de sus ojos hacia el doctor galáctico, que tenía la forma de un dodecaedro. Era
Thaddeus. evidente que en otro tiempo su superficie había sido
brillante, pero el polvo de los estantes le había vuelto
mortecino y opaco. El bibliotecario le dijo que el
doctor Thaddeus, al esforzarse por explicar su origen,
había mencionado las galaxias, y confiaban en que
sería posible obtener información al respecto en la
sección galáctica de la biblioteca.
-Bueno, -dijo el bibliotecario auxiliar-, supongo
que sería posible con el tiempo, pero como hay cien
millones de galaxias y a cada una le corresponde un
volumen determinado. ¿Cuál desea esta extraña
molécula?
-Es la galaxia llamada Vía Láctea -dijo titubeante
el doctor Thaddeus.
-De acuerdo -concluyó el bibliotecario auxiliar-.
-¿Qué es esto? -le preguntó al portero, Lo encontraré, si es que puedo. Unas tres semanas
-Esto dice ser miembro de una especie llamada después regresó y dijo que el fichero
“hombre” que vive en un lugar de nombre “Tierra”. extraordinariamente eficaz de la sección galáctica le
Tiene la curiosa idea de que alguien se interesa había permitido localizar la galaxia como la número
especialmente por ese lugar y esta especie. Pensé que QX 321.762.
quizá podrías ilustrarle. -Hemos empleado a los cinco mil funcionarios de
-Bueno -dijo amablemente el bibliotecario al la sección galáctica en esta investigación. ¿Desea ver
teólogo-, tal vez puedas decirme dónde está ese sitio al funcionario encargado especialmente de la galaxia
que llamas “Tierra”. en cuestión?
-Forma parte del Sistema Solar. Llamaron al funcionario, que resultó ser un
-¿Y qué es el Sistema Solar? -preguntó el octaedro con un ojo en cada superficie y una boca en
bibliotecario. una de ellas. Estaba sorprendido y deslumbrado al
-Pues… -replicó el teólogo- mi campo era el verse en una región tan brillante, lejos del umbrío
conocimiento sagrado y lo que preguntas pertenece al limbo de sus estanterías. Se sobrepuso y preguntó con
conocimiento profano. No obstante, he aprendido lo timidez:
suficiente de mis amigos astrónomos para poder -¿Qué desean saber acerca de una galaxia?
decirte que el sistema solar forma parte de la Vía El doctor Thaddeus se lo explicó:
Láctea. -Quiero informarme sobre el Sistema Solar, una
-¿Y qué es la Vía Láctea? -preguntó el serie de cuerpos celestes que giran alrededor de una
bibliotecario. de las estrellas de su galaxia. La estrella en cuestión
-Es una de las galaxias, de las que, según me han se llama “Sol”.
dicho, existen unas cien millones.

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-Hum dijo el bibliotecario de la Vía Láctea-. Ha -Muy bien -dijo el portero-. Porque no hay ningún
sido bastante difícil encontrar la galaxia precisa, pero Creador que adorar, ya que la ilimitada cavidad del
encontrar la estrella precisa en la galaxia es mucho Universo es eterna, nada la creó, y todo lo que ves no
más difícil. Sé que hay unos trescientos mil millones ha surgido más que de la combinación aleatoria entre
de estrellas en la galaxia, pero mis conocimientos no los elementos primordiales. Aunque tú, triste
me permiten distinguir una de otra. Creo, sin embargo, homúnculo, en el Gran Libro de la Naturaleza, debes
que cierta vez la Administración pidió la lista de ser una insignificante errata, con la que no
completa de los trescientos mil millones de estrellas y deberíamos haber perdido ni un ápice de nuestra
sigue guardada en el sótano. Si cree que merece la enorme duración temporal.
pena, emplearé a un grupo especial del Otro Lugar En aquel momento se despertó el teólogo.
para que busquen esa estrella en particular. -El poder de Satán sobre nuestra imaginación
Convinieron que, como la cuestión se había durante el sueño es aterrador -musitó.
planteado y era evidente que el doctor Thaddeus
estaba angustiado, siendo en principio interesante que
un ser tan rudimentario se presentase de improviso,
sería lo mejor que podían hacer.
Varios años después, un tetraedro muy cansado y
desalentado se presentó ante el bibliotecario auxiliar
galáctico y le dijo:
-Por fin he localizado esa estrella particular sobre
la que se han pedido informes, pero no entiendo por
qué ha despertado el menor interés. Tiene un gran
parecido con muchas otras estrellas de la misma
galaxia. Es de tamaño y temperatura medios y está
rodeada por otros cuerpos mucho más pequeños
llamados “planetas”. Tras una minuciosa y
microscópica investigación, he descubierto que por lo
menos algunos de esos planetas tienen parásitos, y EL FOCO – VIRGINIA WOOLF
creo que esta cosa que ha solicitado los informes debe
de ser uno de ellos. La mansión del vizconde del siglo XVIII había sido
Al llegar a este punto, el doctor Thaddeus rompió transformada en un club del siglo XX. Y era
en un apasionado e indignado llanto: agradable, después de cenar en la gran estancia con
-¿Por qué, decidme, por qué el Creador nos ocultó columnas y candelabros, bajo el esplendor de la luz,
a los pobres habitantes de la Tierra que no fuimos salir a la terraza que daba al parque. Los árboles eran
nosotros quienes le incitaron a crear los Cielos? frondosos, y si hubiera habido luna se hubiesen
Durante mi larga vida le he servido con diligencia, podido ver las banderolas de color rosa y crema
creyendo que se fijaría en mis servicios y me puestas en los castaños. Pero era una noche sin luna;
recompensaría con dicha eterna. Y ahora parece que muy cálida, tras un hermoso día de verano.
ni siquiera tenía conocimiento de mi existencia. Me Los invitados del señor y la señora Ivimey tomaban
decís que soy un animalículo infinitesimal en un café y fumaban en la terraza. Como si quisieran
pequeño cuerpo que gira alrededor de un miembro aliviarles de la necesidad de hablar, como si quisieran
insignificante de un grupo formado por trescientos mil entretenerles sin que tuvieran que hacer esfuerzo
millones de estrellas, que solo es uno entre muchos alguno por su parte, haces de luz recorrían el cielo.
millones de tales grupos. ¡No puedo soportarlo, y ya Corrían tiempos de paz entonces; las fuerzas aéreas
no me es posible adorar a mi Creador!

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hacían prácticas; buscaban aviones enemigos en el explicó la señora Ivimey- teniendo en cuenta la
cielo. Después de detenerse para examinar un punto manera en que vivían. Se apellidaban Comber. Habían
sospechoso, la luz giró, como las aspas de un molino, venido a menos. Habían sido hidalgos; habían tenido
o bien como las antenas de un prodigioso insecto, y tierras en Yorkshire. Pero, cuando mi bisabuelo era
reveló aquí un cadavérico muro de piedra; allá un joven, casi un muchacho, sólo quedaba la torre. La
castaño en flor; y de repente la luz incidió casa había desaparecido, y sólo quedaba una casucha
directamente en la terraza, y, durante un segundo, de campesinos en medio de los campos. La vimos
brilló un disco blanco, que quizá fuera el espejo dentro hace diez años, sí, la visitamos. Tuvimos que dejar el
del bolso de una señora. automóvil y cruzar los campos a pie. No hay camino
hasta la casa. Está aislada, y la hierba crece hasta la
misma puerta… Había gallinas picoteando, entrando
y saliendo de los cuartos. Todo estaba ruinoso.
Recuerdo que, de repente, de la torre cayó una piedra.
-Hizo una pausa-. Allí vivían -prosiguió- el viejo, la
mujer y el muchacho. La mujer no era la esposa del
viejo, ni la madre del muchacho. Era, simplemente,
una doméstica, una muchacha que el viejo se llevó a
vivir con él cuando enviudó. Esto quizá fuera una
razón más para que nadie los visitara, una razón más
que explica que todo fuera quedando en estado
Espacio profundo (imagen captada por el telescopio ruinoso. Pero recuerdo el escudo de armas sobre la
Hubble)
puerta; y los libros, libros viejos, cubiertos de moho.
En los libros aprendió cuanto sabía. Leía y leía, me
-¡Miren! -exclamó la señora Ivimey.
dijo, libros viejos, con mapas plegados entre las
La luz se fue. Volvieron a quedar en la oscuridad.
páginas. Los subió a lo alto de la torre; todavía se
La señora Ivimey añadió:
conserva la cuerda, y los peldaños rotos. Todavía hay
-¡Nunca adivinarán lo que esto me ha hecho ver!
una silla desfondada, junto a la ventana, y la ventana
Como es natural, intentaron adivinarlo.
abierta, batiendo, con los vidrios rotos, y un panorama
-No, no, no -protestaba la señora Ivimey. Nadie
de millas y millas de páramo.
pudo adivinarlo. Sólo ella lo sabía; y sólo ella podía
Hizo una pausa, como si se encontrara en lo alto de
saberlo, debido a que era la biznieta del hombre en
la torre, mirando por la ventana que batía.
cuestión. Y este hombre le había contado la historia.
-Pero no pudimos -dijo- encontrar el telescopio.
¿Qué historia? Si ellos querían, intentaría contársela.
En el comedor, a sus espaldas, el sonido de platos
Quedaba aún tiempo, antes de que el teatro
entrechocando aumentó. Pero la señora Ivimey, en la
comenzara.
terraza, parecía intrigada por no haber podido
-Pero, realmente, no sé cómo empezar -dijo la
encontrar el telescopio en la vieja casa.
señora Ivimey-. ¿Fue en 1820…? Este año debía
-¿Y por qué buscabas un telescopio? -le preguntó
correr, más o menos, cuando mi bisabuelo era un
alguien.
muchacho. Ya no soy joven -no, pero era muy
Riendo, la señora Ivimey repuso:
hermosa y de buen porte- y mi bisabuelo era un
-¿Por qué? Pues porque si no hubiera habido un
hombre muy viejo, cuando yo me encontraba en la
telescopio, yo no estaría ahora sentada aquí.
niñez, que fue cuando me contó la historia. Era un
Y ciertamente ahora estaba sentada allí, mujer de
viejo muy apuesto, con su mata de cabello blanco y
media edad y buen porte, con algo azul sobre los
sus ojos azules. De muchacho tuvo que ser muy
hombros.
guapo. Pero extraño. Lo cual no deja de ser lógico -
Volvió a hablar.

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-Tuvo que ser allí, porque me contó que todas las como si contemplara el páramo desde lo alto de una
noches, cuando los viejos ya se habían acostado, se torre.
sentaba ante la ventana, para mirar las estrellas con el -Nada, salvo páramo y cielo, páramo y cielo,
telescopio. Júpiter, Aldebarán, Casiopeya. siempre, siempre -murmuró.
Agitó la mano hacia las estrellas que comenzaban
a aparecer sobre las copas de los árboles. La noche se
estaba oscureciendo. Y el foco parecía más luminoso,
barriendo el cielo, deteniéndose aquí y allá para
contemplar las estrellas.
-Y allí estaban -prosiguió- las estrellas. Y se
preguntó, mi bisabuelo, aquel muchacho: ¿Qué son?
¿Para qué están? ¿Quién soy yo? Como solemos hacer
cuando estamos solos, sin nadie con quien hablar,
mirando las estrellas.
Guardó silencio. Todos miraron las estrellas que
Entonces la señora Ivimey efectuó un movimiento
estaban surgiendo de la oscuridad, encima de los
como si colocara algo en la debida posición.
árboles. Las estrellas parecían muy permanentes, muy
-Pero, ¿qué aspecto tenía la tierra, vista a través del
inmutables. El rugido de Londres se alejó. Cien años
telescopio? -preguntó.
parecían nada. Tenían la impresión de que el
Efectuó otro rápido y leve movimiento con los
muchacho contemplaba las estrellas con ellos. Tenían
dedos, como si diera la vuelta a algo.
la impresión de estar con él, en la torre, mirando las
-Lo enfocó -dijo-. Lo enfocó hacia la tierra. Lo
estrellas, encima de los páramos.
enfocó en la oscura masa de un bosque, en el
Entonces una voz a sus espaldas dijo:
horizonte. Lo enfocó de manera que pudiera ver…
-Efectivamente. Viernes.
cada árbol… cada árbol aisladamente… y los
Todos se volvieron, rebulleron, se sintieron
pájaros… alzándose y descendiendo… y la columna
situados de nuevo en la terraza.
de humo… allá… entre los árboles… Y después…
La señora Ivimey murmuró:
más bajo… más bajo… (la señora Ivimey bajó la
-Sí, pero no había nadie que pudiera decírselo a él.
vista)… allí había una casa… una casa entre los
La pareja se levantó y se fue.
árboles… una casa de campo… se veían los ladrillos
-Estaba solo -prosiguió la señora Ivimey-. Era un
por separado, cada uno de ellos… y los toneles a uno
hermoso día de verano. Un día de junio. Uno de esos
y otro lado de la puerta… con flores azules, rosadas,
días de verano perfectos, en que todo, en el calor,
hortensias quizá… -Hizo una pausa… -Y entonces de
parece estarse quieto. Estaban las gallinas picoteando
la casa salió una muchacha… que llevaba algo azul en
en el patio de la casa de campo; el viejo caballo
la cabeza… y se quedó allí… dando de comer a los
pateando en el establo; el viejo dormitando junto al
pájaros… palomas… que acudían revoloteando a su
vaso. La mujer fregando platos en la cocina. Quizá de
alrededor… Y entonces… mira… Un hombre… ¡Un
la torre cayó una piedra. Parecía que el día nunca fuera
hombre! Apareció por la esquina de la casa. ¡Cogió a
a terminar. Y el muchacho no tenía a nadie con quién
la muchacha en sus brazos! Se besaron… se besaron.
hablar, y nada, absolutamente nada que hacer. El
La señora Ivimey abrió los brazos y los cerró como
mundo entero se extendía ante él. El páramo subía y
si estuviera besando a alguien.
bajaba; el cielo se unía al páramo; verde y azul, verde
-Era la primera vez que el muchacho veía a un
y azul, para siempre, eternamente.
hombre besar a una mujer -a través del telescopio-, a
En la penumbra, podían ver que la señora Ivimey
millas y millas de distancia, en el páramo.
se apoyaba en la baranda, con la barbilla en las manos,

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Alejó de sí algo, probablemente el telescopio. Y las nubes, los meteoros y los truenos eran la morada
quedó sentada, con la espalda muy erguida. de los dioses. Los dioses descienden siempre de nubes
-Y el muchacho bajó corriendo la escalera. Corrió de oro en las obras de Romero; y por eso todavía hoy
a través de los campos. Corrió por senderos, por la los pintores los representan sentados en una nube.
carretera, a través del bosque. Corriendo recorrió Podían sentarse sobre el agua; pero era justo que el
millas y millas, y en el preciso instante en que las primero de los dioses, Júpiter, estuviera sentado con
estrellas comenzaban a aparecer sobre los árboles, más comodidad que los otros, y le concedieron un
llegó a la casa… cubierto de polvo, chorreando águila por cabalgadura, porque el águila vuela más
sudor… alto que las demás aves.
Se calló como si estuviera viendo al muchacho.
-Y entonces, y entonces… ¿qué hizo? ¿Qué dijo?
¿Y la chica…? -así apremiaron los presentes a la
señora Ivimey.
Un haz de luz quedó proyectado sobre la señora
Ivimey, como si alguien hubiera enfocado sobre ella
la lente de un telescopio (eran las fuerzas aéreas,
buscando aviones enemigos). Se había puesto en pie.
Llevaba algo azul en la cabeza. Había alzado una
mano como si estuviera ante una puerta, pasmada.
-Bueno, la muchacha… Era… -dudó, como si se Loggia di Psiche (1518-19) – Rafael
dispusiera a decir “era yo”. Pero recordó; y se
corrigió. Los primitivos griegos, al ver que los señores de las
-Era mi bisabuela -dijo. ciudades vivían en ciudadelas, en la cumbre de las
Se volvió en busca de su echarpe. Se encontraba en montañas, juzgaron que los dioses debían ocupar
una silla, detrás de ella. también alguna ciudadela y le colocaron en la Tesalia,
-Pero, ¿y el otro hombre? ¿El hombre que salió de en lo alto del monte Olimpo, cuya cima es tan alta que
la esquina? -le preguntaron. muchas veces la cubren las nubes, de modo que desde
-¿Aquel hombre? Oh, aquel hombre -murmuró la el palacio de los dioses se podía pasar fácilmente al
señora Ivimey, interrumpiéndose un instante para cielo.
modificar la posición del echarpe (el foco había Las estrellas y planetas, que parece que estén
abandonado la terraza)- supongo que desapareció. asidos a la bóveda azul de nuestra atmósfera, se
-La luz -añadió mientras cogía sus cosas- sólo convirtieron en morada de los dioses; siete de estos
incide aquí y allá. tuvieron para vivir cada uno su planeta, y los otros se
El foco acababa de pasar. Ahora daba en el llano alojaron donde pudieron. Los dioses celebraban
terreno de Buckingham Palace. Y había llegado el consejo general en una espaciosa sala, a la que iban
momento de ir al teatro. por la Vía Láctea, puesto que los dioses necesitaban
tener una sala en el aire, ya que los hombres tenían
CIELO DE LOS ANTIGUOS – VOLTAIRE casas de reunión en la tierra.
Si el gusano de seda diera el nombre de cielo a la Cuando los titanes, una especie intermedia de
pelusilla que forma su capullo, razonaría igual que animales entre los hombres y los dioses, declararon a
razonaron los antiguos, dando a la atmósfera el estos una guerra casi justa reclamando parte de la
nombre de cielo, que es, como dice Fontenelle, la seda herencia paterna, puesto que eran hijos del cielo y de
de nuestro capullo. Creyeron los antiguos que los la tierra, pusieron dos o tres montañas, una sobre otra,
vapores que exhalan los mares y la tierra y que forman

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creyendo que eso bastaba para escalar el cielo y la Tierra será cielo para los habitantes de la Luna, y cada
ciudadela del Olimpo. Sin embargo, median planeta colocará su cielo en el planeta más próximo.
seiscientos millones de leguas desde la tierra a esos Si hubieran preguntado a Homero en qué cielo
astros, lo que no es un obstáculo para que Virgilio estaba el alma de Sarpedón y dónde estaba la de
diga: Hércules, Homero no habría sabido qué contestar, y
Sub pelibusque videl nubes el sidera Daphnis. hubiera salido del paso escribiendo versos
“Dafne ve bajo sus pies los astros y las nubes”. armoniosos. ¿Qué seguridad podían tener de que el
¿Dónde estaba, pues, Dafne? alma de Hércules se hubiera encontrado mejor en
En el teatro y en otras partes más serias se hace Venus, en Saturno, que en nuestro globo? ¿Se
descender a los dioses entre nubes y truenos; o lo que encontraría acaso en el Sol? No parece que debía estar
es lo mismo, pasean a Dios en los vapores de nuestro en ese horno. ¿Qué entendían, en fin, por cielo los
globo. Tales ideas son tan proporcionadas a nuestra antiguos? No lo sabían. Decían siempre el cielo y la
debilidad, que nos parecen grandes. tierra, como si dijeran el infinito y un átomo.
Rigurosamente hablando, no existe el cielo; existe una
cantidad prodigiosa de globos que rueda en el espacio,
y nuestro globo rueda como los demás.
Los antiguos creyeron que ir a los cielos era
ascender; pero no se asciende de un globo a otro,
porque los globos celestes unas veces están encima y
otras debajo de nuestro horizonte. Por ejemplo,
supongamos que Venus, habiendo venido de Pafos,
regresara a su planeta cuando este planeta se hubiera
puesto. La diosa Venus no ascendería, pues, con
relación a nuestro horizonte, sino que descendería; en
este caso debíamos decir descendió al cielo. Pero los
antiguos no estaban tan civilizados, solo tenían
nociones vagas, inciertas, contradictorias sobre todo
Esa física de niños y viejas arranca de la más lo que se relaciona con la física. Se han escrito
remota antigüedad. Créese, sin embargo, que los inmensos volúmenes para saber lo que pensaban sobre
caldeos tenían ideas casi tan exactas como nosotros de cuestiones de esta clase, y dos palabras hubieran
lo que se llama cielo. Colocaban al Sol en el centro del bastado para decir que no pensaban sobre ellas. De esa
mundo planetario, casi a la distancia que hemos regla general debe exceptuarse un corto número de
reconocido que existe de nuestro globo, y hacían girar sabios, que llegaron tarde, que explicaron sus
a la Tierra y algunos planetas alrededor de ese astro. pensamientos, y cuando se atrevieron a explicarlos,
Esto es lo que nos dice Aristarco de Samos; y es, con los charlatanes del mundo los enviaron al cielo por el
escasa diferencia, el sistema del mundo que camino más corto.
Copérnico perfeccionó después. Pero los filósofos se Un escritor que se llamaba Pluche pretende probar
guardan el secreto para ellos, con la idea de ser más que Moisés era un gran físico; otro antes que él,
respetados por los reyes y el pueblo, o quizá para no llamado Juan Amerpoel, quiere conciliar a Moisés con
ser perseguidos. Descartes, asegurando que Moisés fue el inventor de
El lenguaje del error es tan familiar para los los torbellinos y de la materia sutil, pero lo asegura
hombres que todavía llamamos a los vapores y al inútilmente, porque todos sabemos que Dios hizo de
espacio de la Tierra a la Luna, cielo. Decimos subir al Moisés un legislador y un profeta, pero no pretendió
cielo, como decimos que el Sol gira, aunque sabemos que fuera un profesor de física. Dictó a los judíos sus
que este está fijo y no se mueve. Probablemente la deberes, pero no les enseñó una palabra de filosofía.

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Calmet, que ha compilado mucho, pero que no razona


nunca, se ocupa del sistema de los hebreos; pero ese
pueblo grosero estaba muy lejos de tener un sistema,
ni siquiera tuvo escuela de geometría; hasta
desconocía ese nombre. Su única ciencia consistía en
ser corredor de cambios y usurero.
En sus libros se encuentran algunas ideas oscuras,
incoherentes y dignas de un pueblo bárbaro, respecto
a la estructura del cielo. Su primer cielo era el aire, el
segundo el firmamento, en el que están prendidas las
estrellas. Ese firmamento era sólido y de hielo y
contenía las aguas superiores, que se escaparon de su
recipiente por puertas, por esclusas y por cataratas en
la época del diluvio.
Encima de dicho firmamento o de las citadas aguas
superiores existía el tercer cielo, que llamaban
empíreo, adonde fue arrebatado San Pablo. Ese
firmamento era una especie de semibóveda que
abarcaba la Tierra. El Sol no podía dar la vuelta a un
globo que ellos no conocieron. En cuanto llegaba al
Occidente, se volvía al Oriente por un camino
desconocido, y no se le veía volver, porque, como dice
el barón de Toeneste, volvía de noche.
Estas ideas las habían adquirido los hebreos de
otras naciones. La mayoría de ellas, exceptuando la
escuela de los caldeos, creían que el cielo era sólido,
que la Tierra, fija e inmóvil, era más larga desde
Oriente hasta Occidente que desde el Mediodía al
Norte; y de esto provienen las palabras longitud y
latitud que hemos adoptado. Profesando esas ideas era
imposible que existieran los antípodas. Por eso San
Agustín dice que es un absurdo creer que existan; y
Lactancio dice terminantemente que hay gentes
bastante locas que creen que existan hombres cuya
cabeza esté más baja que sus pies. En el libro III de
sus Instituciones añade: “Puedo probaros con muchos
argumentos que es imposible que el cielo rodee a la
Tierra”. San Crisóstomo afirma que yerran los que
creen que los cielos son movibles y que tienen forma
circular.
Inútilmente, el autor del Espectáculo de la
Naturaleza quiere dar la patente de filósofo a
Lactancio y a Crisóstomo, porque cualquiera podrá
contestarle que los dos fueron santos, pero que no es
preciso para ser santos ser buenos astrónomos.

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