Neurología Ortopédica Exploración Diagnóstica de Los Niveles Medulares
Neurología Ortopédica Exploración Diagnóstica de Los Niveles Medulares
3
Copyright de la edición en español © 2018 Wolters Kluwer
ISBN de la edición en español: 978-84-17370-09-1
Depósito legal: M-10819-2018
Edición en español de la obra original en lengua inglesa Orthopaedic Neurology. A Diagnostic Guide to
Neurologic Levels de J. D. Hoppenfeld y Stanley Hoppenfeld, 2.ª edición, publicada por Wolters Kluwer
Copyright © 2018 Wolters Kluwer
Two Commerce Square
2001 Market Street
Philadelphia, PA 19103
ISBN de la edición original: 978-1-4963-2303-3
4
A mi esposa, Brie y a mis hijos, Palmer y Emery, quienes llenan de satisfacción mi
vida diaria.
A mi padre, quien me enseñó la importancia de la frase que se encuentra al inicio de
todos sus libros “A todas las personas que preservaron estos conocimientos, que los
enriquecieron y los transmitieron a otra generación”. A mi madre por su amor y
apoyo continuos.
A todos mis colegas del Southeast Pain & Spine Care. El nivel con el cual atienden a
sus pacientes en forma cotidiana es ejemplo de la mejor medicina.
Al doctor Brandon Valentine por su revisión del capítulo de extremidad superior.
Al NYU Department of Neurology, que proporciona la mejor capacitación y un
entorno maravilloso para el crecimiento.
A la Chicago Medical School.
J. D. Hoppenfeld
A mi familia
Stanley Hoppenfeld
5
Han pasado varios años desde la primera edición de esta obra; sin embargo, la anatomía básica no se ha
modificado. Este libro contiene mejoras en las ilustraciones médicas y en las técnicas de enseñanza. La
versión actualizada facilita y clarifica el aprendizaje de la anatomía. Esta nueva edición también refleja los
avances en el diagnóstico y tratamiento de pacientes con lesiones de la columna vertebral.
J. D. Hoppenfeld
6
Hace años sentí la necesidad de contar con un manual que redujera el diagnóstico de los niveles neurológicos
a sus denominadores comunes y que los combinara con los principios básicos de neurología para ayudar en la
valoración de los problemas de la médula espinal y raíces nerviosas. Conforme el libro empezó a tomar forma
en mi mente, se hizo aparente que los aspectos más importantes para transmitir esa información dependerían
de su organización y de la claridad de las ilustraciones. La estructura final debería ser simple y clara, e incluir
el material esencial para enseñar los conceptos cruciales de la exploración y el diagnóstico.
Este libro fue escrito para quienes desean comprender con mayor claridad los conceptos clínicos de los
niveles neurológicos. Esta obra ha sido diseñada para leerse en forma secuencial, de inicio a fin. Cada capítulo
presenta, en primer lugar, información neurológica básica y después proporciona la importancia clínica
aplicable para el diagnóstico de las enfermedades neurológicas más comunes. El patrón de enseñanza avanza
del concepto a la práctica y de las reglas generales a la aplicación específica.
Sin embargo, la experiencia clínica continúa siendo la clave para la comprensión real. Un libro no puede
hacer más que presentar de manera clara y concisa los métodos sugeridos de valoración. En interés de la
claridad, se ha simplificado parte de la información presentada. Por ejemplo, las manifestaciones clínicas para
cada nivel neurológico se estilizaron para establecer conceptos y hechos básicos fáciles de comprender; la
experiencia clínica descubrirá las variaciones y excepciones que surgen en los pacientes individuales. Como
dijera Goethe: “Lo que uno sabe, uno lo ve”.
Esta obra es una expresión de mi experiencia en la enseñanza en el Albert Einstein College of Medicine
donde acuden residentes de ortopedia, neurocirugía, neurología, medicina física y medicina familiar, así como
fisioterapeutas, quienes buscan este conocimiento. Espero que esta información y, en especial, la forma en que
se ha organizado, proporcione la comprensión necesaria para valorar la afección de los niveles neurológicos.
Stanley Hoppenfeld
7
A Richard Hutton por su lealtad y devoción a este proyecto. Su amistad personal, sentido de organización y
conocimiento del idioma inglés ayudaron a hacer posible este libro. A Hugh Thomas por su arte
excepcionalmente fiel, que dio origen a las ilustraciones de este libro. Aprecio mucho su amistad personal
durante estos años.
A mis compañeros asistentes al Albert Einstein College of Medicine, quienes me apoyaron durante la
redacción y enseñanza de este material: Uriel Adar, David M. Hirsh, Robert Schultz, Elias Sedlin y Rashmi
Sheth. A los becarios británicos, que participaron en la enseñanza de la neurología ortopédica durante su
estancia con nosotros en el Albert Einstein College of Medicine: Clive Whalley, Robert Jackson, David
Gruebel-Lee, David Reynolds, Roger Weeks, Fred Heatley, Peter Johnson, Richard Foster, Kenneth Walker,
Maldwyn Griffiths, John Patrick y Robert Johnson. A los residentes de ortopedia del Albert Einstein College
of Medicine, por permitirme el placer de enseñar este material.
Al Hospital for Joint Diseases, que me otorgó el Frauenthal Fellowship y me brindó exposición mundial a
los problemas de la columna vertebral. Al Hospital Rancho Los Amigos por la educación que recibí en las
áreas de paraplejía y deformidades de la columna vertebral de los niños. Al Lodge Moor Paraplegic Center,
donde adquirí gran parte de mi experiencia en el tratamiento de pacientes parapléjicos.
A Maldwyn Griffith, quien se tomó el tiempo para ayudarnos a reorganizar el manuscrito, dándole nueva
vida. A John Patrick, por ayudarme en la revisión constante con sugerencias positivas y con la preparación de
una bibliografía adecuada. A Al Spiro por tomarse el tiempo de revisar el manuscrito, hacer muchas
sugerencias valiosas y defender el punto de vista especial de la neurología pediátrica. A Gabriella Molnar, a
quien agradezco por la revisión del manuscrito inicial, por sus sugerencias positivas y por revisar la versión
final. A Arthur Abramson en agradecimiento por su detallada revisión de las secciones de paraplejía y
tetraplejía. Él proporcionó una caja de resonancia contra la cual probé muchas ideas. A Ed Delagi por la
revisión del manuscrito y por ser amigo cuando lo necesitaba. A Charlotte Shelby en agradecimiento por su
revisión del manuscrito y las sugerencias editoriales durante ese maravilloso crucero por el Caribe.
A Victor Klig por toda su ayuda en el desarrollo del soporte vertebral electrónico y la valoración de la
inervación neurológica de los músculos paraespinales. A Paul Harrington por su brillantez en el enfoque
quirúrgico de la columna vertebral y por hacerme apreciar cómo mejorar la alineación de la columna
vertebral, haciendo que la vida de muchos pacientes sea más completa y rica. A W. J. W. Sharrard en
agradecimiento por el tiempo que pasó conmigo durante mi beca en Sheffield. Mi conocimiento de los niños
con meningomielocele se basa en su enseñanza, así como en la mayor parte de mi comprensión sobre los
niveles neurológicos, a partir de su investigación básica de la participación de células del asta anterior en
pacientes con poliomielitis. A Sir Frank Holdsworth por el tiempo que pasó conmigo discutiendo problemas
de la columna vertebral durante mi visita a Sheffield. Mi comprensión de la estabilidad de la columna se basa
en su trabajo. Al Sr. Evans y al Sr. Hardy de Sheffield en agradecimiento por el tiempo que pasaron conmigo
en el Paraplegic Center. A Jacquelin Perry, quien, durante mi beca, pasó muchas horas educándome en las
áreas de paraplejía y deformidades infantiles. A Herman Robbins, quien, durante mi residencia, hizo hincapié
en la valoración neurológica de los pacientes con problemas de la columna vertebral. A Emanuel Kaplan por
abrir la puerta a la neurología para cirujanos ortopedistas al traducir al inglés el libro de texto de Duchenne,
Physiology of Motion y por tomarse el tiempo para instruirme en estos asuntos. A Ben Golub, quien se ha
tomado el tiempo de valorar columnas vertebrales y ha transmitido este conocimiento especial a todo el
personal residente. A Alex Norman por sus enseñanzas especiales en radiología de la columna vertebral. A Al
Betcher por enseñarme la valoración del nivel neurológico de pacientes con anestesia raquídea. A Joe
Milgram por toda su ayuda durante y después de mi residencia en el Hospital for Joint Diseases.
A Alf Nachemson, mi amigo de mucho tiempo, con quien he pasado muchas horas revisando trastornos de
la columna vertebral. A Nathan Allan y Mimi Shore, mis amigos personales y de profesión, que siempre han
compartido sus conocimientos de profesión y prácticos conmigo. A Al Grant y Lynn Nathanson por su ayuda
en la administración del Meningomyelocele Service. A mis colegas neurocirujanos, en particular a Ken
Shulman, Stephen Weitz y Hugh Rosomoff, con quienes he tenido el placer de compartir la atención de
8
pacientes, la cirugía y numerosas discusiones sobre problemas neurológicos. A Roberta y David Ozerkis, por
toda una vida de amistad y ayuda. A Frank Ferrieri por su amistad y apoyo.
A Arthur y Wilda Merker, mis amigos. Parte de la redacción de este libro se realizó en su adorable casa
junto al mar. A Muriel Chaleff quien, a través de los esfuerzos personales, proporcionó un toque profesional
en la preparación de este manuscrito. A Lauretta White, quien fue la más devota en la preparación de este
manuscrito. A Anthea Blamire, que fue de gran ayuda al escribir esta obra. A Lew Reines por su ayuda en el
manejo del manuscrito y la producción de la primera edición. A Fred Zeller por su organización en la
distribución de la primera edición en todo el mundo. A Brooks Stewart por su ayuda para convertir el
manuscrito y llevarlo a su forma final. A nuestro editor, J. B. Lippincott Company, quien ha llevado este
proyecto a una conclusión exitosa.
9
Introducción
Fuerza motora
Sensibilidad
Reflejos
10
Niveles neurológicos S2-S4
Resumen
Aplicaciones clínicas de los niveles neurológicos
Hernias lumbares
Trastornos lumbares en comparación con hernias de disco
Espondilólisis y espondilolistesis
Herpes zoster
Poliomielitis
11
Reflejos de la neurona motora superior
Reflejos patológicos
Reflejo superficial normal
Aplicaciones clínicas
Valoración adicional de las lesiones de la médula espinal
Hernias discales torácicas
Valoración de la estabilidad espinal para evitar compromiso
adicional del nivel neurológico
Diagnóstico
Lesión por flexión
Lesión por flexión-rotación
Lesiones por hiperextensión
Lesiones por compresión (axial)
5 Mielomeningocele
Determinación del nivel
Nivel neurológico L1-L2 (L1 está intacto, L2 no)
Nivel neurológico L2-L3 (L2 está intacto, L3 no)
Nivel neurológico L3-L4 (L3 está intacto, L4 no)
Nivel neurológico L4-L5 (L4 está intacto, L5 no)
Nivel neurológico L5-S1 (L5 está intacto, S1 no)
Nivel neurológico S1-S2 (S1 está intacto, S2 no)
Nivel neurológico S2-S3 (S2 está intacto, S3 no)
Metas del desarrollo
Posición sedente
Bipedestación
Marcha
Lesiones unilaterales
Hidrocefalia
Exploración de la extremidad superior
Sugerencias para la exploración del paciente con mielomeningocele
Índice
12
La médula espinal se divide en segmentos. Las raíces nerviosas salen de la médula
espinal en cada nivel segmentario y son numeradas con respecto al nivel del cual
salen. Existen ocho nervios cervicales, 12 torácicos, cinco lumbares y cinco sacros.
Los segmentos C5-T1 inervan las extremidades superiores y los segmentos T12-S4,
las extremidades inferiores; estas dos secciones de la médula espinal tienen la mayor
importancia clínica.
Las enfermedades que afectan la médula espinal y las raíces nerviosas a menudo
producen síntomas y signos en las extremidades de acuerdo con el nivel neurológico
específico. Estos niveles pueden diagnosticarse clínicamente, porque cada nivel de
lesión tiene su propio patrón característico de desnervación.
Los denominadores comunes en las lesiones para la médula espinal o las raíces
nerviosas dependen del patrón segmentario de alteración de la fuerza motora, de la
sensibilidad y reflejos en las extremidades. La valoración de la integridad de los
niveles neurológicos depende del conocimiento de los dermatomas, miotomas y
reflejos. Diferentes dermatomas (áreas de sensibilidad en la piel que reciben
inervación de un segmento medular) y miotomas (grupos de músculos inervados por
un segmento medular) se afectan dependiendo del nivel lesionado y de si la
enfermedad afecta la médula espinal o las raíces nerviosas que salen de ella. A través
de la valoración clínica de la fuerza motora, sensibilidad y reflejos puede establecerse
el nivel neurológico correcto de afección.
Fuerza motora
Los estímulos para la fuerza motora se transportan en la médula espinal a través de
tractos largos y, en particular, a través de los haces corticoespinales. La interrupción
de las raíces nerviosas causa desnervación y parálisis de sus miotomas; la
interrupción de dichos haces causa parálisis espástica (fig. I-1). La presión sobre una
raíz nerviosa puede producir disminución de la fuerza muscular que puede valorarse
mejor a través de los estándares establecidos por la National Foundation of Infantile
Paralysis, Inc., Committee on After-Effects y adoptada por la American and British
Academies of Orthopaedic Surgeons (tabla I-1).
En el aprendizaje para calificar la fuerza muscular, es mejor recordar que el
músculo con fuerza grado 3 puede mover la articulación en su arco de movimiento
contra la gravedad. Por arriba del grado 3 (grados 4 y 5) se añade resistencia a la
13
prueba muscular; por debajo del grado 3 (grados 2, 1 y 0) se elimina la gravedad
como factor.
Sensibilidad
La sensibilidad al dolor y temperaturas se transportan en la médula espinal a través
del haz espinotalámico lateral, mientras que el tacto se transporta a través del haz
espinotalámico ventral (fig. I-1). Las enfermedades de la médula espinal o de las
raíces nerviosas ocasionan pérdida del tacto ligero, seguido de pérdida de la
sensibilidad al dolor. Durante una recuperación por una lesión nerviosa, la
sensibilidad al dolor se restablece antes que el tacto ligero. Las dos sensaciones se
analizan por separado; el tacto ligero con un hisopo y el dolor con estimulación con
aguja.
14
Cuando se valora el dolor, se usa una aguja para realizar un movimiento de
punción suave. Las estimulaciones con aguja deben realizarse en sucesión pero no
con demasiada rapidez. Una rueda giratoria con agujas es un método alternativo
excelente para valorar las alteraciones en la sensibilidad, porque pueden utilizarse dos
ruedas giratorias con aguja de forma simultánea en cada lado, para permitir la
comparación bilateral. También pueden utilizarse alfileres de seguridad. No se
recomienda el uso de agujas porque poseen superficies cortantes que pueden lesionar
al paciente. Una vez que se ha encontrado el área de alteración de la sensibilidad,
puede realizarse la localización con mayor precisión mediante pruebas repetidas del
área pasando de aquélla con disminución de la sensibilidad hacia el área de
sensibilidad normal. Las pruebas de sensibilidad dependen en gran medida de
respuestas subjetivas, por lo que es necesaria la cooperación plena del paciente.
Después que se ha valorado la sensibilidad, los resultados deben registrarse en un
diagrama de dermatomas como sensibilidad normal, hiperestesia (sensibilidad
incrementada), hipoestesia (disminuida), disestesia (alterada) o anestesia (sensibilidad
ausente).
Reflejos
Los reflejos de estiramiento están compuestos de un órgano capaz de responder al
estiramiento (huso muscular), un nervio periférico (axón), una sinapsis en la médula
espinal y fibras musculares (fig. I-2). Los impulsos descienden del encéfalo a lo largo
de haces largos (neurona motora superior) para modular los reflejos. Como regla
general, la interrupción del arco reflejo básico ocasiona pérdida del reflejo, mientras
que las presiones en la raíz nerviosa misma pueden disminuir la intensidad
(hiporreflexia). La interrupción del control regulador de las neuronas motoras
superiores sobre el reflejo finalmente causará que se tornen hiperactivos
(hiperreflexia).
15
FIGURA I-2 Arco del reflejo osteotendinoso profundo.
Los reflejos deben reportarse como normales, incrementados o disminuidos, una
valoración que requiere que se compare un lado con el opuesto. La comparación
bilateral proporciona una forma directa, accesible e inmediata para detectar cualquier
alteración en los reflejos y es esencial para un diagnóstico preciso de enfermedad
porque el grado de actividad refleja varía de una persona a otra.
El concepto de determinar el nivel neurológico implica la valoración de las
lesiones de la columna vertebral, anomalías del desarrollo, hernias de disco,
osteoartritis y procesos patológicos de la médula misma. Todos estos trastornos
patológicos ocasionan una distribución segmentaria de signos neurológicos en las
extremidades, por su efecto directo sobre la médula espinal y raíces nerviosas.
Obsérvese que la diferencia en las manifestaciones entre las enfermedades de la
médula espinal, las raíces nerviosas y nervios periféricos se reflejan en las diferencias
en la distribución de las manifestaciones neurológicas de fuerza muscular,
sensibilidad y reflejos. Aunque cada dermatoma y miotoma recibe inervación de un
nivel medular y a través de un nervio periférico, cada uno tiene su propio patrón
distintivo de inervación.
16
17
Se lleva a cabo la exploración por nivel neurológico con base en el hecho de que los
efectos de la patología en la columna cervical a menudo se manifiestan en las
extremidades superiores (fig. 1-1). Los problemas que afectan la médula espinal o las
raíces nerviosas que emanan de la médula pueden manifestarse en la extremidad
como debilidad o anomalía muscular, reflejos anormales y disminución sensitiva; la
distribución de los hallazgos neurológicos depende del nivel afectado. Por tanto, un
examen neurológico de la extremidad ayuda a identificar cualquier compromiso en
niveles neurológicos; también permite valorar diversos problemas originados en la
médula espinal o sus raíces nerviosas.
Las siguientes pruebas diagnósticas demuestran la relación entre los problemas
neurológicos en la extremidad superior y la patología que afecta las raíces nerviosas
cervicales. Por cada nivel de la columna cervical, deben evaluarse la capacidad
motora, así como los reflejos y áreas de sensibilidad en la extremidad superior para
poder identificar el nivel afectado. Se comienzan las pruebas de raíces nerviosas
individuales con C5, la primera contribución al plexo braquial importante en la
clínica. Si bien C1 a C4 no se incluyen en las pruebas por la dificultad de evaluarlas,
es indispensable recordar que el segmento C4 es la inervación principal al diafragma
(a través del nervio frénico).
18
FIGURA 1-1 Columna cervical.
19
2. Deltoides (parte media).
C5, C6 (nervio axilar).
Abductores secundarios del hombro:
1. Deltoides (partes anterior y posterior).
2. Serrato anterior (por acción estabilizadora directa en la escápula, ya que para la
abducción del hombro se necesita una escápula estable).
Hay que colocarse detrás del paciente y estabilizar el acromion. Se desliza la
mano estabilizadora un poco en sentido lateral para que mientras se estabiliza la
cintura escapular, también pueda palparse la porción media del deltoides.
Se pide al paciente que abduzca el brazo mientras mantiene el codo flexionado a
90°. A medida que el paciente realiza la abducción, se aumenta de manera gradual la
resistencia al movimiento hasta determinar la resistencia máxima que el paciente
puede vencer (fig. 1-5). Se registran los hallazgos de acuerdo con la escala de
graduación muscular (véase pág. 2).
Bíceps: C5 a C6 (nervio musculocutáneo): El bíceps es un flexor del hombro y el
codo, y un supinador del antebrazo (fig. 1-6); para comprender su función completa,
hay que imaginar a un hombre que mete un sacacorchos en una botella de vino
(supinación), tira del corcho (flexión del codo) y bebe el vino (flexión del hombro)
(fig. 1-7).
20
FIGURA 1-4A Abducción del hombro.
21
FIGURA 1-4C Supraespinoso.
Origen: Fosa supraespinosa de la escápula.
Inserción: Faceta superior de la tuberosidad mayor del húmero, cápsula de la
articulación del hombro.
Prueba de reflejos
Reflejo bicipital: El reflejo bicipital es sobre todo indicador de la integridad
neurológica de C5; también tiene un componente menor de C6. Hay que observar
que, debido a que el bíceps tiene dos niveles principales de inervación, la fuerza del
reflejo debe ser sólo discretamente menor que la fuerza del reflejo del lado contrario
para indicar un trastorno. Es esencial comparar ambos lados del cuerpo.
22
FIGURA 1-5 Prueba muscular para la abducción del hombro.
Para probar el reflejo del músculo bíceps, se coloca el brazo del paciente de
manera que descanse con comodidad por encima del antebrazo del examinador. La
mano del examinador debe estar bajo el lado medial del codo y actuar como soporte
del brazo. Se coloca el pulgar sobre el tendón del bíceps en la fosa cubital del codo
(fig. 1-9). Para encontrar la localización exacta del tendón del bíceps, se pide al
paciente que flexione un poco el codo. El tendón del bíceps sobresaldrá bajo el pulgar
del examinador.
Se pide al paciente que relaje la extremidad por completo y la pose sobre el
antebrazo del examinador, con el codo flexionado a 90°. Con el extremo angosto de
un martillo de reflejos, se golpea la uña del pulgar del examinador. El bíceps deberá
sacudirse ligeramente, un movimiento que debe poderse ver o sentir. Para recordar
con más facilidad el nivel del reflejo de C5, hay que notar que cuando se golpea el
tendón del bíceps, cinco dedos Se elevan en un gesto universal de desdén (fig. 1-9).
23
FIGURA 1-6A Extensión y flexión del codo.
24
FIGURA 1-6B Bíceps braquial (izquierdo).
Origen: Cabeza corta desde la punta de la apófisis coracoides de la escápula, cabeza
larga de la tuberosidad supraglenoidea de la escápula.
Inserción: Tuberosidad radial y lacerto fibroso a los orígenes de los flexores del
antebrazo.
25
FIGURA 1-7 Varias funciones del bíceps. (Hoppenfeld, S.: Physical Examination of
the Spine and Extremities. Norwalk, CT: Appleton-Century-Crofts, 1976.)
Nivel neurológico C6
Prueba muscular
Ni el grupo extensor de la muñeca ni el músculo bíceps tienen inervación C6 pura. El
26
grupo extensor de la muñeca está inervado en parte por C6 y en parte por C7; el
bíceps tiene inervación de C5 y C6 (fig. 1-11).
27
FIGURA 1-9A Prueba del reflejo del bíceps.
FIGURA 1-9B Una manera sencilla de recordar que el reflejo del bíceps está
inervado por C5 es asociar cinco dedos con el nivel neurológico C5.
28
FIGURA 1-10 Distribución sensitiva del nivel neurológico C5.
29
FIGURA 1-11 Nivel neurológico C6.
30
codo. (Para conocer los detalles, véase la pág. 11.)
31
FIGURA 1-12B Extensor cubital del carpo (izquierdo).
Origen: Del tendón extensor común del epicóndilo lateral del húmero y del borde
posterior del cúbito.
Inserción: Cara medial de la base del 5.o metacarpiano.
32
Prueba de reflejos
Reflejo braquiorradial: El braquiorradial está inervado por el nervio radial vía el
nivel neurológico C6. Para estudiar el reflejo, se sostiene el brazo del paciente como
se hizo para la prueba del reflejo bicipital. Se golpea el tendón del braquiorradial en
el extremo distal del radio con el borde plano del martillo de reflejos; el golpe debe
producir una pequeña sacudida radial (fig. 1-15). Se valora el otro lado y se comparan
los resultados. El braquiorradial es el reflejo que se prefiere para demostrar la
integridad del nivel neurológico C6.
Nivel neurológico C7
Prueba muscular
Aunque el tríceps, los flexores de la muñeca y los extensores de los dedos están
33
inervados en parte por C8, son músculos con inervación predominante de C7. Todos
estos movimientos se reúnen en el movimiento de lanzar una bola de beisbol (fig. 1-
17).
Tríceps: C7 (nervio radial): El tríceps es el principal extensor del codo (fig. 1-18).
Para estudiarlo, se estabiliza el brazo del paciente justo proximal al codo y se le pide
que extienda el brazo desde una posición flexionada. Antes que la persona llegue a
90°, se empieza a oponer resistencia a su movimiento hasta que se descubra la
máxima resistencia que el paciente puede vencer (fig. 1-19). La resistencia del
examinador debe ser constante y firme, ya que una resistencia intermitente y de
empuje no permite hacer una evaluación exacta. Hay que observar que la gravedad
suele ser un auxiliar valioso para la extensión del codo; si la extensión parece muy
débil, debe considerársela, igual que el peso del brazo. Si la extensión parece más
débil de grado 3, se valora el tríceps en un plano sin ayuda de la gravedad. La fuerza
del tríceps es importante porque permite al paciente soportar el peso cuando se apoya
en un bastón o una muleta estándar (fig. 1-20).
34
FIGURA 1-15 Prueba del reflejo braquiorradial, C6.
35
FIGURA 1-16 Una forma sencilla de recordar la distribución sensitiva de C6.
36
FIGURA 1-17 C7: extensión del tríceps, flexión de la muñeca y extensión de los
dedos.
37
FIGURA 1-19A Tríceps braquial.
Origen: Cabeza larga de la tuberosidad infraglenoidea de la escápula, cabeza lateral
de las superficies posterior y lateral del húmero, cabeza medial de la superficie
posterior inferior del húmero.
Inserción: Superficie posterior superior del olécranon y fascia profunda del
antebrazo.
38
FIGURA 1-19B Prueba muscular del músculo tríceps.
FIGURA 1-20 Para caminar con una muleta estándar se necesita un músculo tríceps
activo.
Como preparación para la prueba de flexión de la muñeca, se pide al paciente que
haga un puño. En algunos casos, los flexores de los dedos pueden actuar como
flexores de la muñeca; la flexión de los dedos los anula como factores durante la
prueba, ya que los músculos se contrajeron antes que ésta comenzara. Se estabiliza la
muñeca, luego se pide al paciente que flexione con el puño cerrado. Cuando la
muñeca está en flexión, se sujeta el puño del paciente y se intenta tirar de la muñeca
para sacarla de su posición flexionada (fig. 1-21).
Extensores de los dedos: C7 (nervio radial)
1. Extensor común de los dedos (fig. 1-22).
2. Extensor propio del índice.
3. Extensor del meñique.
Para valorar la extensión de los dedos, se estabiliza la muñeca en posición neutral.
Se instruye al paciente para que extienda las articulaciones metacarpofalángicas y
flexione las articulaciones interfalángicas al mismo tiempo. La flexión de las
articulaciones interfalángicas impide la sustitución de los músculos intrínsecos de la
mano por los extensores largos de los dedos. Se coloca la mano sobre el dorso de las
falanges proximales extendidas y se intenta forzarlas hacia la flexión (fig. 1-23).
Prueba de reflejos
Reflejo del tríceps: El reflejo del tríceps está inervado por el componente C7 del
nervio radial.
Para examinar el reflejo del músculo tríceps, se coloca el brazo del paciente sobre
39
el antebrazo del examinador; la posición es la misma que se usa para valorar el reflejo
del bíceps. Se pide al paciente que relaje el brazo por completo. Cuando se tiene claro
que el brazo está relajado (puede percibirse la falta de tensión en el músculo tríceps),
se golpea el tendón del tríceps en su cruce sobre la fosa del olécranon (fig. 1-24). El
tendón del tríceps debe producir una pequeña sacudida, un movimiento que puede
verse o sentirse sobre el antebrazo de soporte.
40
FIGURA 1-22A Extensión de los dedos, C7; flexión de los dedos, C8.
41
Inserción: Superficies lateral y dorsal de las falanges de los cuatro dedos mediales.
Prueba de sensibilidad
Dedo medio: C7 aporta la sensibilidad al dedo medio. Como la sensibilidad del dedo
medio también proviene en ocasiones de C6 y C8, no hay una manera concluyente de
valorar la sensibilidad de C7.
Nivel neurológico C8
Prueba muscular
Flexores de los dedos
42
1. Flexor superficial de los dedos (fig. 1-22).
Nervio mediano, C8.
2. Flexor profundo de los dedos.
Nervios mediano y cubital, C8.
3. Lumbricales.
Nervios mediano y cubital, C8 (T1).
El flexor profundo de los dedos, que flexiona la articulación interfalángica distal,
y los lumbricales, que flexionan la articulación metacarpofalángica, casi siempre
reciben inervación del nervio cubital en el lado cubital de la mano, y del nervio
mediano en el lado radial. Si hay una lesión en la raíz nerviosa C8, todo el flexor
digital profundo se debilita, con debilidad secundaria en todos los flexores de los
dedos. Sin embargo, si hay una lesión periférica en el nervio cubital, la debilidad sólo
se produce en los dedos anular y meñique. El flexor superficial de los dedos, que
flexiona las articulaciones interfalángicas proximales, sólo tiene inervación del
mediano y se afecta en caso de una lesión en la raíz C8 o de lesiones en el nervio
mediano (fig. 1-25).
Para estudiar la flexión de los dedos, se pide al paciente que flexione los tres
conjuntos de articulaciones: metacarpofalángicas, interfalángicas proximales e
interfalángicas distales. Luego, el examinador engancha o traba sus cuatro dedos con
los del paciente (fig. 1-26) y se intenta revertir la flexión de los dedos. Cuando se
valoran los resultados de la prueba, hay que observar cuáles articulaciones no pueden
mantener la flexión contra el tirón. Lo normal es que todas las articulaciones
permanezcan flexionadas. Para recordar el nivel motor C8 con más facilidad, hay que
pensar que para la prueba muscular hay cuatro dedos del examinador y cuatro dedos
del paciente entrelazados, la suma es ocho (fig. 1-27).
Prueba de sensibilidad
Antebrazo cara medial (nervio antebraquial-cutáneo medial): C8 proporciona la
sensibilidad de los dedos anular y meñique, además de la mitad distal del antebrazo.
El lado cubital del dedo meñique es la zona más pura de sensibilidad del nervio
cubital (que proviene, sobre todo, de C8) y es la localización más eficiente para la
evaluación. Se examina el lado contrario a fin de comparar y calificar la sensibilidad
del paciente como ausente (anestesia), disminuida (hipoestesia), normal o aumentada
(hiperestesia) (fig. 1-28).
43
FIGURA 1-25 Nivel neurológico C8.
44
FIGURA 1-26A Flexor superficial de los dedos (izquierdo).
Origen: Cabeza humeral del tendón flexor común del epicóndilo medial del húmero;
cabeza cubital de la apófisis coronoides del cúbito; cabeza radial de la línea oblicua
del radio.
Inserción: Márgenes de la superficie palmar de la falange intermedia de los cuatro
dedos mediales.
45
FIGURA 1-26B Lumbricales.
Origen: Hay cuatro músculos lumbricales todos originados en los tendones del flexor
profundo de los dedos: el 1.o del lado radial del tendón para el dedo índice; el 2.o del
lado radial del tendón para el dedo medio; el 3.o de los lados adyacentes de los
tendones para los dedos medio y anular; el 4.o de los lados adyacentes de los tendones
para los dedos anular y meñique.
Inserción: Con los tendones del extensor de los dedos e interóseos en las bases de las
falanges terminales de los cuatro dedos mediales.
46
FIGURA 1-27 Una forma sencilla de recordar que C8 inerva los flexores de los
dedos.
Nivel neurológico T1
Hay que examinar los componentes motor y sensitivo de T1, ya que, al igual que C8,
no existe un reflejo identificado y asociado con este nivel (fig. 1-29).
Prueba muscular
Abducción de los dedos
1. Interóseos dorsales (DAB) (las siglas se refieren a Dorsal interossei ABduct).
Nervio cubital, T1 (fig. 1-30).
2. Abductor del quinto dedo (digiti quinti). Nervio cubital, T1.
47
FIGURA 1-29 Nivel neurológico T1.
48
FIGURA 1-30 Interóseos dorsales.
Origen: Hay cuatro interóseos dorsales, cada uno originado en dos cabezas de los
lados adyacentes de los metacarpianos.
Hay que observar que todos los músculos pequeños de la mano están inervados
por T1. Para valorar la abducción de los dedos, se pide al paciente que abduzca los
dedos extendidos de la línea medial de la mano. Luego, se oprime cada par de dedos
para intentar unirlos; se comprime el índice con los dedos medio, anular y meñique;
el medio, con el anular y el meñique; y el anular con el meñique (fig. 1-31). Hay que
advertir cualquier debilidad evidente entre los pares y examinar la otra mano a fin de
hacer la comparación.
Es importante observar que la compresión del dedo meñique con el anular permite
valorar el abductor del quinto dedo.
Aducción de los dedos
Aductor primario (fig. 1-30)
1. Interóseos palmares (PAD). (Las siglas indican Palmar interossei ADduct.)
Nervio cubital, C8, T1.
Para valorar la aducción de los dedos, se pide al paciente que trate de mantener
juntos los dedos extendidos mientras el examinador intenta separarlos. Se revisan por
pares de la siguiente manera: los dedos índice y medio; los dedos medio y anular, y
los dedos anular y meñique.
49
FIGURA 1-31 Prueba muscular para abducción de los dedos.
Para revisar también la aducción de los dedos puede colocarse un fragmento de
papel entre dos de los dedos extendidos del paciente y tirar de él para sacarlo. La
fuerza de esta sujeción debe compararse con la de la otra mano (fig. 1-32). Para
recordar el nivel neurológico T1 con más facilidad, se tira de un billete de un dólar
colocado entre los dedos y se hace la asociación entre el billete de un dólar y el nivel
neurológico T1.
Prueba de sensibilidad
Brazo cara medial (nervio cutáneo braquial medial): T1 transmite la sensibilidad de
la mitad superior de la parte medial del antebrazo y la parte medial del brazo (fig. 1-
33).
Resumen
Se recomienda el siguiente esquema para valorar los niveles neurológicos en la
extremidad superior. En el examen neurológico de la extremidad superior es práctico
estudiar primero toda la fuerza motora, luego todos los reflejos y al final la
sensibilidad. Este método permite economizar esfuerzos y genera la mínima molestia
para el paciente.
50
FIGURA 1-32 Prueba muscular para aducción de los dedos.
51
la muñeca (C6), flexión de la muñeca y extensión de los dedos (C7), flexión de los
dedos (C8) y la abducción y aducción de los dedos (T1) pueden realizarse en un solo
movimiento suave. Sólo C5 debe evaluarse en otra parte, con los músculos deltoides
y bíceps (fig. 1-34).
Los reflejos pueden obtenerse en un patrón suave si se estabilizan el codo y la
extremidad en una posición. Así es fácil mover el martillo de reflejos para golpear el
tendón apropiado: bíceps (C5), braquiorradial (C6) y tríceps (C7) (fig. 1-35).
La sensibilidad también puede examinarse con un patrón suave. Se inicia en la
parte proximal, en la cara externa de la extremidad, y se desciende por la extremidad
(C5, brazo; C6, antebrazo), luego en los dedos (C6 a C8). Por último, se asciende por
el borde interno de la extremidad (C8, antebrazo; T1, brazo) hasta la axila (T2) (fig.
1-36).
52
FIGURA 1-35 Resumen de las pruebas de reflejos para la extremidad superior.
53
NIVELES NEUROLÓGICOS EN LA EXTREMIDAD SUPERIOR
Motora
C5: Abducción del hombro
C6: Extensión de la muñeca
C7: Flexión de la muñeca y extensión de los dedos
C8: Flexión de los dedos
T1: Abducción, aducción de los dedos
Sensibilidad
C5: Brazo lateral
C6: Antebrazo lateral, dedos pulgar e índice
C7: Dedo medio (variable)
C8: Antebrazo medial, dedos anular y meñique
T1: Brazo medial
T2: Axila
Reflejo
C5: Bíceps
C6: Braquiorradial
C7: Tríceps
54
FIGURA 1-37 Vértebras cervicales y raíces nerviosas.
Hay un poco más de movimiento entre C5 y C6 que entre las otras vértebras
cervicales (excepto en las articulaciones especializadas del occipucio y C1, y de C1
con C2) (figs. 1-39 y 1-40). Un mayor movimiento conlleva una mayor probabilidad
de lesión, y la incidencia de discos herniados y osteoartritis es mayor en C5-C6 que
en cualquier otro de los espacios discales. La incidencia de las hernias cervicales
aumenta en C6-C7 con la edad; todavía se desconocen las razones de esto.
Para que afecte la raíz nerviosa, los discos deben herniarse en sentido posterior.
Esto ocurre por dos razones: primera, el anillo fibroso está intacto y fuerte en la parte
anterior, y más lábil en la posterior; segunda, el ligamento longitudinal anterior es
más ancho y más fuerte que el ligamento longitudinal posterior que es más angosto.
Como el disco casi siempre se hernia bajo presión, protruye en la dirección de menor
resistencia, hacia atrás. Debido a la forma romboidea del ligamento longitudinal
posterior, el disco también tiende a herniarse a uno u otro lado (fig. 1-41); es menos
frecuente tener una hernia medial, ya que el disco tendría que penetrar la parte más
fuerte del ligamento.
55
FIGURA 1-38 Disco cervical herniado.
56
FIGURA 1-40 Articulación especializada entre C1 y C2, que permite el 50% de la
rotación de la columna cervical.
El dolor en uno u otro brazo es síntoma de discos cervicales herniados; por lo
general, el dolor se irradia a la mano y recorre todas las vías neurológicas de la raíz
afectada, aunque en ocasiones el dolor puede ser referido sólo hasta el hombro. Por lo
general, la tos, los estornudos y el pujo agravan el dolor y hacen que se irradie por la
distribución neurológica afectada en la extremidad.
57
FIGURA 1-41 Bases anatómicas de la hernia discal cervical posterior.
Los síntomas y signos causados por una hernia discal varían con la localización
de la hernia. Si es lateral, que es lo más frecuente, puede comprimir de manera directa
la raíz nerviosa, produciendo los hallazgos neurológicos típicos del nivel de la raíz.
Sin embargo, si el disco se hernia en la línea media, puede haber síntomas en la
pierna, además del brazo (fig. 1-42). Si el disco se protruye, pero no se hernia, el
dolor puede referirse hacia la línea media de la espalda en la zona correspondiente a
las porciones superiores y mediales de ambas escápulas (fig. 1-43). La protrusión
lateral puede causar dolor por el borde de la espina de la escápula (más a menudo
hacia los ángulos superomediales con irradiación del dolor por el brazo en dirección
distal, pero casi siempre sin hallazgos neurológicos.
58
En ocasiones, durante la exploración, puede haber hallazgos no consistentes con
el nivel neurológico involucrado. Algunas veces, el plexo braquial, que casi siempre
incluye las raíces nerviosas C5 a T1, puede comenzar un nivel más arriba (prefijo) o
uno más abajo (posfijo), causando variaciones en la inervación segmentaria de los
músculos; los hallazgos reflejarán esta inconsistencia en la inervación de la
extremidad superior. También es posible que tales inconsistencias sustanciales se
deban a lesiones del plexo braquial o nervios periféricos.
FIGURA 1-42 Patrón de la irradiación del dolor con una hernia discal cervical en la
línea media.
Pruebas específicas para localizar las hernias discales cervicales
Para establecer el nivel neurológico exacto de afectación debido a un disco herniado,
se utiliza la técnica de valoración neurológica descrita antes en este capítulo (figs. 1-
44 a 1-48).
En la tabla 1-1 se resumen las áreas de prueba del nivel neurológico. Además,
demuestra la aplicación clínica que tiene el examen por nivel neurológico a los
trastornos de la columna cervical, en particular con respecto a la evaluación de las
59
hernias discales. Otras formas de localizar hernias discales son las siguientes:
1. La imagen por resonancia magnética (MRI, magnetic resonance imaging), que
revela la protrusión anormal del disco herniado hacia la médula espinal, raíz
nerviosa o cauda equina dependiente del nivel afectado.
2. Mielograma, que es una prueba en la que se inyecta medio de contraste en el
conducto raquídeo después de lo cual se obtiene una imagen por tomografía
computarizada para buscar problemas en el conducto espinal, incluyendo médula
espinal, raíces nerviosas y otros tejidos. La prueba a menudo se reserva para
personas que tienen antecedentes de cirugías de columna o en las que esté
contraindicado realizar una MRI (fig. 1-49).
3. La electromiografía (EMG, electromyo-gram), que mide los potenciales motores
de manera exacta. Dos semanas después de una lesión en un nervio, aparecen
descargas eléctricas espontáneas anormales en el músculo en reposo (potenciales
de fibrilación y ondas agudas positivas). Esto es evidencia de una desnervación
muscular, lo cual puede ser resultado de una hernia discal, avulsión de una raíz
nerviosa o lesiones medulares. (Esto también puede ocurrir en lesiones del plexo o
nervios periféricos.) Es importante examinar los músculos representantes de cada
nivel neurológico (miotomo) para tener una valoración completa (tabla 1-1).
FIGURA 1-43 Patrón de irradiación del dolor con una protrusión lateral de un disco
cervical.
60
FIGURA 1-44 Hernia discal entre las vértebras C4 y C5 que afecta la raíz nerviosa
C5.
61
Esguince cervical frente a hernia discal cervical
Con frecuencia, los pacientes desarrollan dolor cervical después de accidentes
automovilísticos que producen flexión y extensión cervical (latigazo) o torsión (fig.
1-51A, B). La lesión resultante puede estirar una raíz nerviosa de manera individual,
causar un pinzamiento de raíz nerviosa con un osteofito o producir una hernia discal.
Los pacientes con lesión neurológica se quejan de dolor cervical referido hacia el
borde medial de la escápula con irradiación por el brazo en grado variable, además de
entumecimiento y debilidad muscular en la extremidad. Sin embargo, es posible que
una lesión así sólo estire los músculos posteriores o anteriores del cuello, lo que causa
dolor cervical similar con irradiación al hombro y borde medial de la escápula.
FIGURA 1-45 Hernia discal entre las vértebras C5 y C6 que afecta la raíz nerviosa
C6. Este es el nivel más frecuente de presentar hernia discal en la columna cervical.
Para distinguir entre una lesión generalizada del tejido blando sin compromiso
neurológico y una lesión con compromiso neurológico se debe examinar la integridad
de los niveles neurológicos que se distribuyen en las extremidades superiores. En
cada visita del paciente debe repetirse la prueba neurológica, ya que una lesión que al
principio permanece latente, puede manifestarse después. Hay que observar que
también ocurre lo contrario: algunas personas que se hospitalizaron para tratamiento
62
de problemas neurológicos pueden mostrar mejoría de la fuerza muscular,
recuperación de un reflejo o de la sensibilidad normal en el dermatoma afectado.
Muchos pacientes aún se quejan de dolor cervical seis meses a un año después de
la lesión, sin evidencia de patología neurológica o hallazgos objetivos en la MRI. El
médico debe tener la confianza, a pesar de la presión del paciente, de continuar el
tratamiento conservador (no quirúrgico), en el entendido de que es posible que el
paciente tenga una lesión permanente de los tejidos blandos sin involucrar las raíces
nerviosas primarias anteriores ni los discos intervertebrales cervicales.
FIGURA 1-46 Hernia discal entre las vértebras C6 y C7 que afecta la raíz nerviosa
C7.
63
el orificio neural y comprimir directamente la salida de la raíz nerviosa, o limitar el
espacio en el que ésta pueda moverse (fig. 1-53).
El orificio neural y el osteofito de las apófisis unciformes pueden verse en una
radiografía (fig. 1-54). Hay que observar que las raíces nerviosas emergen en un
ángulo de 45° de la médula y el cuerpo vertebral, el mismo ángulo que existe entre el
agujero neural y el cuerpo vertebral. Un osteofito de las apófisis unciformes tiene
poca importancia clínica, a menos que se acompañe de síntomas. Los problemas
clínicos pueden surgir después de un accidente de tránsito, cuando un paciente con un
orificio neural estrecho sufre una tensión excesiva en la raíz nerviosa que pasa a
través de él debido a la extensión/flexión extrema de la cabeza y cuello, y el
consecuente edema reactivo de la raíz nerviosa. Hay que observar que en la
radiografía el orificio reducido con frecuencia parece una figura en 8, configuración
que no deja espacio para la inflamación postraumática del nervio y causa dolor. Es
natural que haya dolor y hallazgos neurológicos en la distribución neural afectada en
la extremidad superior. Por ejemplo, un traumatismo que afecte la raíz C6 puede
causar disminución de la sensibilidad en la parte lateral del ante-brazo, debilidad
muscular de los extensores de la muñeca y ausencia del reflejo braquiorradial (fig. 1-
40). Sin embargo, también es posible que el único síntoma mencionado sea el dolor
en el ángulo superomedial y borde medial de la escápula.
64
FIGURA 1-47 Hernia discal entre las vértebras C7 y T1 que afecta la raíz nerviosa
C8.
Cuando hay más movimiento, existe mayor probabilidad de lesión, y el
crecimiento de los procesos uncinados secundarios a osteoartritis es más frecuente en
el nivel C5-C6.
Prueba de Spurling
La prueba de compresión de la columna cervical determina si el dolor del paciente se
intensifica cuando se comprime la columna cervical. El dolor causado por
estrechamiento del agujero neural, presión sobre las articulaciones facetarias o
espasmo muscular puede intensificarse con la compresión. La prueba de compresión
también reproduce de manera confiable el dolor referido por la extremidad superior
desde la columna cervical; al hacerlo, puede ayudar a localizar el nivel neurológico
del trastorno existente.
FIGURA 1-48 Hernia discal entre las vértebras T1 y T2 que afecta la raíz nerviosa
T1. Es inusual encontrar una hernia discal en esta zona.
Para realizar la prueba de compresión, se pide al paciente que gire la cabeza hacia
el lado afectado y extienda levemente la cabeza. Con el paciente sentado o acostado,
65
se presiona sobre la parte superior de su cabeza; hay que averiguar si hay un aumento
correspondiente del dolor en la columna cervical o en la extremidad. Se observa la
distribución exacta del dolor y se sigue el trayecto de algún dermatoma previamente
descrito (fig. 1-55).
66
67
FIGURA 1-49 MRI: disco herniado en C5-C6.
68
FIGURA 1-52 Anatomía de una vértebra cervical.
69
FIGURA 1-54 Agujero neural estrecho secundario a osteoartritis de la apófisis
unciforme o uncoartrosis, C3-C4.
70
Spine and Extremities. Norwalk, CT: Appleton-Century-Crofts, 1976.)
Aunque C5 y C6 son las raíces que sufren avulsión con mayor frecuencia,
también puede haber arrancamiento de C8 y T1. Si el motociclista golpea el piso con
el hombro en hiperabducción, por lo general son las raíces inferiores del plexo
braquial las dañadas, en tanto que las raíces nerviosas C5 y C6 permanecen intactas.
71
Las enfermedades que afectan la médula espinal y la cola de caballo (cauda equina),
como las hernias de disco, tumores o avulsión de raíces nerviosas a menudo se
manifiestan en las extremidades inferiores. La comprensión de las relaciones clínicas
entre diversos músculos, reflejos y áreas sensitivas en las extremidades inferiores y
sus niveles neurológicos (niveles medulares) son de particular utilidad para detectar y
ubicar problemas vertebrales con mayor precisión y facilidad.
Para hacer más claras las relaciones entre la columna vertebral y las extremidades
inferiores, la exploración neurológica de la columna vertebral lumbar se divide en
pruebas de cada nivel neurológico y sus dermatomas y miotomas. Así, por cada nivel
neurológico de la médula espinal baja, se realizan pruebas de músculos, reflejos y
áreas sensitivas que con mayor claridad reciben dicha inervación.
72
FIGURA 2-1 Signo de Beevor.
Pruebas sensitivas
Las áreas sensitivas para cada raíz nerviosa se muestran en la figura 4-1. El área
sensitiva para T4 atraviesa la línea de los pezones, T7 se encuentra al nivel del
apéndice xifoides, T10 al nivel de la cicatriz umbilical y T12 al nivel inguinal. Existe
suficiente superposición de estas áreas para que no se encuentre anestesia en casos
donde sólo se afecte una raíz nerviosa. Sin embargo, es probable que exista
hipoestesia.
73
FIGURA 2-2A (T12), L1-L3: flexión de la cadera.
74
FIGURA 2-3 Valoración del músculo iliopsoas.
Además de posibles enfermedades neurológicas, el músculo iliopsoas se torna
débil secundario a un absceso en dicho tejido; el paciente puede referir dolor durante
la prueba muscular. El músculo también puede tornarse débil como consecuencia de
cirugía de rodilla o de cadera.
Cuádriceps: L2-L4 (nervio femoral): Para valorar la funcionalidad del cuádriceps, se
pide al paciente que se coloque en posición de cuclillas (fig. 2-4). Se observa
cuidadosamente si el paciente se pone de pie en posición recta, con las rodillas en
extensión plena o si una pierna se utiliza más que la otra. El arco de movimientos de
flexión a extensión debe ser suave. En ocasiones el paciente puede extender la rodilla
con suavidad sólo hasta los últimos 10°, finalizando el movimiento en forma
titubeante y con gran esfuerzo. Esta vacilación en los últimos 10° de extensión se
conoce como déficit de la extensión; ocurre porque los últimos 10° a 15° de extensión
de la rodilla requieren al menos 50% más fuerza muscular que el resto del arco de
movimiento (de acuerdo con Jacqueline Perry). El déficit de extensión se observa a
menudo en asociación con debilidad del cuádriceps. En ocasiones el paciente es
incapaz de extender su rodilla en los últimos 10°, incluso con un gran esfuerzo (fig.
2-5).
75
FIGURA 2-4A L2-L4: extensión de la rodilla.
76
Inserción: Borde superior de la rótula y después hacia el tubérculo tibial a través del
tendón infrarrotuliano.
77
FIGURA 2-5 Déficit de la extensión. (Hoppenfeld, S.: Physical Examination of the
Spine and Extremities. Norwalk, CT: Appleton-Century-Crofts, 1976.)
78
debilidad del cuádriceps también puede deberse a disminución de los reflejos en la
fuerza muscular después de cirugía de rodilla o con desgarros en el músculo mismo.
Grupo aductor de la cadera: L2-L4 (nervio obturador): Al igual que el cuádriceps,
los aductores de la cadera pueden valorarse como un grupo masivo (fig. 2-7). Se pide
al paciente que se coloque en decúbito dorsal o en decúbito lateral y se le pide que
realice abducción de las piernas. Se coloca la mano en los bordes internos de ambas
rodillas y se pide al paciente que realice aducción con las extremidades inferiores
contra resistencia (fig. 2-8). Se determina la resistencia máxima que el paciente puede
superar.
79
FIGURA 2-7B Aductor corto (centro).
Origen: Superficie externa de la rama inferior del pubis.
Inserción: Línea que se extiende desde el trocánter menor a la línea áspera y a la
porción superior de la línea áspera.
Aductor largo (izquierda).
Origen: Superficie anterior del pubis en el ángulo entre la cresta y la sínfisis del
pubis.
Inserción: Línea áspera, labio medial de la mitad interna.
Aductor mayor (derecha).
Origen: Tuberosidad isquiática, rama inferior del isquión y del pubis.
Inserción: Línea que se extiende del trocánter mayor a la línea áspera. La totalidad de
la línea áspera, la línea supracondílea medial y el tubérculo aductor del fémur.
80
FIGURA 2-8 Prueba para valoración de los músculos aductores de la cadera.
Reflejos
Aunque el reflejo del tendón rotuliano se integra al nivel L2-L4, esto ocurre
predominantemente en L4 y se valorará como tal.
Pruebas sensitivas
Los nervios de L1 a L3 proporcionan sensibilidad sobre el área general de la cara
anterior del muslo entre el ligamento inguinal y la rodilla. El dermatoma L1 es una
banda oblicua sobre la porción anterosuperior del muslo, inmediatamente por debajo
del ligamento inguinal. El dermatoma L3 es una banda oblicua sobre la cara anterior
del muslo, inmediatamente por arriba de la rótula. Entre estas dos bandas, sobre la
cara anterior de la porción media del muslo, se encuentra el dermatoma L2 (fig. 2-9).
Las pruebas sensitivas, con sus bandas de dermatomas individuales, son una
forma más precisa de valorar los niveles neurológicos T12-L3 que las pruebas
motoras, que carecen de músculos individuales representativos. No existen reflejos
representativos para estos niveles, lo que hace más difícil establecer el diagnóstico
del nivel neurológico exacto. Los niveles neurológicos L4, L5 y S1 están
representados por músculos individuales, dermatomas y reflejos y se diagnostican
con mayor facilidad.
81
FIGURA 2-9 Dermatomas de la extremidad inferior.
Nivel neurológico L4
Pruebas musculares
Tibial anterior: L4 (nervio tibial anterior): El músculo tibial anterior está inervado
predominantemente por el nivel segmentario L4; también recibe inervación de L5
(figs. 2-10 y 2-11). Para valorar la función muscular, se pide al paciente que camine
sobre sus talones con los pies en inversión. El tendón del músculo tibial anterior se
torna visible conforme cruza la porción anteromedial de la articulación del tobillo; es
bastante prominente conforme avanza en sentido distal hacia su sitio de inserción.
Los pacientes con músculos tibiales anteriores débiles son incapaces de realizar la
prueba funcional de dorsiflexión-inversión; también pueden mostrar “pie caído” o
marcha de estepaje.
82
FIGURA 2-10 Nivel neurológico L4.
83
Origen: Cóndilo lateral de la tibia, dos tercios superiores de la superficie anterolateral
de la tibia, membrana interósea.
Inserción: Superficies medial y plantar del hueso cuneiforme medial, base del primer
metatarsiano.
84
sentarse en una silla con una pierna cruzada sobre su rodilla o, si el paciente se
encuentra encamado, con la rodilla apoyada en unos cuantos grados de flexión) (fig.
2-13). En estas posiciones, el tendón infrarrotuliano se estira y se prepara. Se palpa la
depresión de tejidos blandos a cada lado del tendón para ubicarlo con precisión y se
intenta desencadenar el reflejo al golpear el tendón al nivel de la articulación de la
rodilla con un movimiento corto y dirigido de la muñeca. Si es difícil obtener el
reflejo, se refuerza pidiendo al paciente que sujete sus manos y que intente separarlas
conforme se golpea el tendón. A esto se le conoce como la maniobra de Jendrassik.
Evita que el paciente inhiba o influya conscientemente su respuesta a la prueba de
reflejo. Se repite el procedimiento en la pierna opuesta y se clasifica reflejo como
normal, incrementado, disminuido o ausente. Para recordar el nivel neurológico del
reflejo, asóciese el hecho de que cuatro músculos constituyen el cuádriceps y a L4
con el reflejo rotuliano (fig. 2-14).
85
FIGURA 2-14 Una forma fácil de recordar que el reflejo rotuliano está inervado por
L4 consiste en asociarlo con los cuatro músculos del cuádriceps y con el nivel
neurológico L4.
El reflejo puede verse afectado por problemas diferentes a trastornos
neurológicos. Por ejemplo, si el cuádriceps sufrió traumatismo, si el paciente ha sido
sometido en fecha reciente a cirugía de rodilla o si existe derrame articular en la
rodilla, el reflejo podría estar ausente o disminuido.
Pruebas sensitivas
El dermatoma L4 cubre el borde interno de la pierna y se extiende hacia el borde
interno del pie. La articulación de la rodilla es la línea divisoria entre el dermatoma
L3 por arriba y el dermatoma L4 por debajo. En la pierna, el borde agudo de la tibia
es la línea divisoria entre el dermatoma L4 en el borde interno y el dermatoma L5 en
el borde externo (fig. 2-15).
Nivel neurológico L5
Pruebas musculares (figs. 2-16 a 2-18)
1. Extensor largo del hallux (dedo gordo).
2. Extensores largo y corto de los dedos.
3. Glúteo medio.
Extensor largo del dedo gordo: L5 (rama profunda del nervio peroneo): El tendón
del músculo extensor largo del hallux pasa frente a la articulación del tobillo, por
fuera del músculo tibial anterior, que recibe inervación predominante de L4. Se
valora su funcionalidad al pedir al paciente que camine sobre sus talones, con los pies
en inversión, no en eversión. El tendón debe sobresalir claramente sobre su trayecto
hasta la inserción en el extremo proximal de la falange distal del dedo gordo del pie.
Para valorar manualmente el músculo extensor largo del dedo gordo, se pide al
86
paciente que se siente en el borde de la mesa. Se sostiene el pie con una mano
alrededor del calcáneo y se coloca el pulgar del explorador en una posición tal que el
paciente deba realizar dorsiflexión del hallux para alcanzarlo. Se realiza oposición a
esta dorsiflexión colocando el pulgar sobre la base de la uña del primer ortejo y el
dedo del explorador a la altura de la cabeza de los metatarsianos y después se realiza
presión hacia abajo sobre los dedos de los pies (fig. 2-19A). Si el pulgar del
explorador cruza la articulación interfalángica, se estarán valorando los extensores
corto y largo del hallux; es necesario asegurarse que se aplica resistencia en sentido
distal a la articulación interfalángica de forma que sólo se valore el extensor largo del
hallux. Obsérvese que una fractura del primer ortejo u otro traumatismo reciente
producirá debilidad muscular aparente en el extensor largo del hallux.
87
FIGURA 2-16 Nivel neurológico L5.
FIGURA 2-17 L4, L5: dorsiflexión del pie (extensión del tobillo).
88
FIGURA 2-18A Extensor largo del hallux.
Origen: Mitad de la superficie anterior del peroné, membrana interósea adyacente.
Inserción: Superficie dorsal de la base de la falange distal del dedo gordo.
89
FIGURA 2-19A Valoración del músculo extensor largo del hallux.
90
FIGURA 2-19C Forma fácil de recordar que los extensores de los dedos de los pies
reciben inervación del nivel neurológico L5.
Para la prueba manual, el paciente debe permanecer sentado en el borde de la
mesa de exploración. Se fija el tobillo con una mano alrededor del calcáneo y se
coloca el pulgar de la mano libre en una posición tal que el paciente deba extender los
dedos de los pies para alcanzarlos. Se realiza oposición a este movimiento al hacer
presión sobre el dorso de los dedos de los pies y al intentar flexionarlos en sentido
plantar (fig. 2-19B). Prácticamente debería ser imposible la flexión.
Glúteo medio: L5 (nervio glúteo superior): Para valorar el glúteo medio, se pide al
paciente que se coloque en decúbito lateral (fig. 2-20). Se estabiliza la pelvis del
paciente con una mano y se pide al paciente que realice abducción de la pierna. Se
permite la abducción completa de la pierna antes de oponer resistencia al hacer
presión contra el borde externo al nivel de la articulación de la rodilla (fig. 2-21).
Para evitar la sustitución muscular, que puede ocurrir si se permite la flexión de la
cadera, debe asegurarse que la cadera permanece en posición neutra durante toda la
prueba.
Valoración de los reflejos
No es fácil valorar los reflejos de las estructuras inervadas por el nivel neurológico
L5. Aunque el músculo tibial posterior proporciona un reflejo de la inervación L5, es
difícil desencadenarlo de manera sistemática. Si después de haber realizado las
pruebas sensitivas y motoras no se tiene la certeza de la integridad del nivel L5, debe
intentarse desencadenar el reflejo del tibial posterior al sostener el antepié en unos
cuantos grados de eversión y dorsiflexión, así como al golpear el tendón del músculo
tibial posterior sobre el borde interno del pie, justo antes de su inserción en la
tuberosidad navicular. En condiciones normales, debería desencadenarse una ligera
respuesta de inversión plantar.
Pruebas sensitivas
El dermatoma L5 abarca la porción externa de la pierna y el dorso del pie. La cresta
de la tibia divide L5 de L4. Para hacer más clara la diferenciación entre L4 y L5, se
palpa la cresta de la tibia desde la porción distal de la rodilla conforme se angula
hacia el maléolo interno. Todas las estructuras que se encuentran laterales a la cresta,
incluido el dorso del pie, reciben inervación sensitiva de L5 (véase fig. 2-15).
91
FIGURA 2-20 L4, L5, S1: abducción de la cadera.
Nivel neurológico S1
Pruebas musculares
1. Músculos peroneos largo y corto.
2. Músculos gastrocnemio y sóleo.
92
3. Glúteo mayor.
93
FIGURA 2-22 Nivel neurológico S1.
Músculos peroneos largo y corto: S1 (nervio musculocutáneo): Los músculos
peroneos pueden valorarse funcionalmente en conjunto (figs. 2-22 y 2-23). Como son
músculos que causan la eversión del tobillo y pie, se pide al paciente que camine
sobre el borde interno de los pies. Los tendones de los músculos peroneos deben
hacerse prominentes justo conforme rodean el maléolo externo, pasan a cada lado del
borde del tubérculo peroneo (el peroneo corto por arriba, el peroneo largo por abajo)
y transcurren hasta sus inserciones respectivas.
Para la valoración manual de los músculos peroneos, se pide al paciente que se
siente sobre el borde de la mesa de exploración. Se fija el tobillo y se estabiliza el
calcáneo mientras se coloca la mano contraria en una posición que fuerce al paciente
a la flexión plantar y eversión del pie para alcanzarlo con su quinto dedo del pie. Se
realiza oposición a esta flexión plantar y eversión al presionar contra la cabeza y
diáfisis del quinto metatarsiano con la palma de la mano (fig. 2-24); se evita aplicar
presión sobre los dedos de los pies, porque éstos podrían moverse.
94
FIGURA 2-23 S1: eversión del pie.
95
FIGURA 2-24A Peroneo largo.
Origen: Cabeza y dos tercios proximales de la superficie lateral del peroné.
Inserción: Borde lateral del hueso cuneiforme medial, base del primer metatarsiano.
Peroneo corto.
Origen: Dos tercios distales de la superficie lateral del peroné, tabique intramuscular
adyacente.
Inserción: Apófisis estiloides de la base del quinto metatarsiano.
96
FIGURA 2-24B Valoración de los músculos peroneos.
Músculos gastrocnemio y sóleo: S1, S2 (nervio tibial): Como el grupo muscular de
los gastrocnemios-sóleo es más fuerte que los músculos combinados de brazo y
antebrazo, es difícil detectar debilidad leve; por tanto, como grupo, es una mala
elección para realizar pruebas musculares manuales y debe observarse su función en
conjunto (fig. 2-25). Se pide al paciente que camine de puntas sobre los dedos de los
pies; si existe debilidad muscular marcada el paciente será incapaz de realizar dicha
actividad. Si la prueba es normal, se le pide que brinque sobre la parte anterior del
pie, uno a la vez, forzando los músculos de la pantorrilla para que apoyen casi dos y
media veces el peso corporal. Si el paciente es incapaz de realizar esta prueba, existe
debilidad de los músculos de la pantorrilla (fig. 2-26). Es evidente que no es de
esperarse que las personas de edad avanzada o los pacientes con lumbalgia realicen la
parte funcional de este examen. A estos pacientes se les pide que se pongan de pie
sobre una pierna y se eleve sobre los dedos de los pies en cinco ocasiones sucesivas.
La incapacidad para completar esta prueba indica debilidad de los músculos de la
pantorrilla.
97
FIGURA 2-25. L5, S1, S2: flexión plantar del pie (flexión del tobillo).
98
FIGURA 2-26B Sóleo.
Origen: Superficie posterior de la cabeza y tercio superior del peroné, poplíteo y
tercio medio del borde medial de la tibia, arco tendinoso entre la tibia y el peroné.
Inserción: En la superficie posterior del calcáneo mediante el tendón calcáneo.
99
FIGURA 2-27 S1: extensión de la cadera.
100
FIGURA 2-28B Valoración del músculo glúteo mayor.
101
FIGURA 2-28C Dermatoma S1.
Existen varios métodos alternativos para valorar el reflejo del tendón de Aquiles,
algunos de los cuales se describen a continuación. Se elige el método apropiado,
dependiendo del estado particular del paciente que se explora.
Si el paciente se encuentra confinado a una cama, se cruza una pierna sobre la
rodilla opuesta de forma que se mueva la articulación del tobillo sin obstáculos. Se
prepara el tendón mediante la dorsiflexión suave del pie con una mano sobre el
antepié y se golpea el tendón. Si el paciente se encuentra en decúbito ventral en la
cama, se le pide que flexione la rodilla a 90° y se prepara el tendón mediante la
dorsiflexión suave del pie antes de realizar la prueba. Si la articulación del tobillo del
paciente está hinchada, o si es muy doloroso golpear el tendón de Aquiles
directamente, se pide al paciente que se coloque en decúbito ventral con el tobillo
sobre el borde de la cama o de la mesa de exploración. Se presiona la parte distal de
los dedos contra el antepié para ocasionar dorsiflexión y se golpean los dedos del
explorador con el martillo de reflejos. Se presenta un reflejo positivo si se contrae el
músculo gastrocnemio y ocurre flexión plantar ligera del pie. El explorador debe
tener la capacidad de detectar ese movimiento con el empleo de las manos.
102
FIGURA 2-30 Forma fácil para recordar que el tendón de Aquiles es un reflejo de S1.
Pruebas sensitivas
El dermatoma S1 abarca el borde externo y una parte de la superficie plantar del pie
(fig. 2-28C).
103
Los dermatomas alrededor del ano están dispuestos en tres anillos concéntricos y
reciben inervación de S2 (el anillo más externo), S3 (el anillo medio) y S4-S5 (el
anillo más interno) (fig. 2-31).
Resumen
A continuación se presenta un esquema clínico sugerido para la mayor parte de las
pruebas neurológicas en las extremidades inferiores. Es práctico valorar en primer
lugar todas las pruebas motoras, a continuación la sensibilidad y por último los
reflejos.
La mayor parte de las pruebas musculares de la extremidad inferior afectada
pueden realizarse con un mínimo de esfuerzo y de movimiento por el examinador y el
paciente, si en general se confinan a los pies. Las pruebas musculares se realizan en el
pie, de la cara interna al borde externo; el tibial anterior en el borde interno del pie
recibe inervación de L4, los extensores corto y largo de los dedos de los pies en la
porción superior del pie reciben inervación de L5 y los músculos peroneos que se
encuentran en el borde externo del pie reciben inervación de S1.
104
FIGURA 2-32 Dermatomas sensitivos (A) y (B) métodos prácticos para valorar la
sensibilidad a través del dorso del pie.
105
La sensibilidad también puede valorarse en un patrón continuo a través del dorso
del pie del borde interno al externo. El borde interno del pie recibe inervación de L4,
la porción superior del pie de L5 y el borde externo del pie de S1 (fig. 2-32). Es
práctico valorar la sensibilidad en cada extremidad de forma simultánea para obtener
una comparación instantánea. La piel sobre un músculo suele recibir inervación del
mismo nivel neurológico que el músculo que cubre.
Los reflejos pueden valorarse también con facilidad. Con el paciente sentado, se
valoran con facilidad los tendones apropiados (tendón infrarrotuliano, L4; tendón de
Aquiles, S1).
106
FIGURA 2-33 Bases anatómicas para las hernias lumbares posteriores.
107
raíz nerviosa sólo en hernias del disco ubicadas por arriba de su punto de salida. Por
ejemplo, la raíz nerviosa L5 cruza el espacio del disco entre L4 y L5 y después gira
alrededor del pedículo de L5 y sale del conducto raquídeo a través del agujero neural
antes de alcanzar el espacio del disco L5-S1. Puede verse afectado por cualquier
hernia de L4-L5, pero típicamente no por un hernia entre L5 y S1 (fig. 2-35). Así, un
paciente cuyos síntomas se manifiestan en la distribución de L5 tiene la posibilidad
de una hernia potencial en el espacio del disco por arriba de la vértebra L5.
FIGURA 2-34 Bases anatómicas para la lesión de la raíz nerviosa por hernia discal.
108
FIGURA 2-35 Hernia de disco L4/L5 que comprime el nervio L5.
109
FIGURA 2-36 Hernia discal entre las vértebras L3 y L4 que afectan la raíz nerviosa
L4.
Las articulaciones L4-L5 y L5-S1 tienen el mayor arco de movimiento en la
columna lumbar. El movimiento amplio causa mayor posibilidad de rotura y la
incidencia de hernias de disco es mayor en L4-L5 y L5-S1 que en cualquier otro
espacio de discos lumbares en toda la columna vertebral. Alrededor de 90% de las
hernias lumbares ocurren en estos dos niveles.
En la tabla 2-1 se delinean las pruebas aplicables para la mayor parte de los
niveles neurológicos relevantes. Se revisan los problemas más críticos para
enfermedades relacionadas con hernias de disco (figs. 2-36 a 2-39).
Aunque la tabla refleja los niveles neurológicos precisos, las manifestaciones
clínicas podrían no ser tan claras. Las razones para esta discrepancia son numerosas.
Por ejemplo, una raíz nerviosa en ocasiones podría transportar elementos de raíces
nerviosas adyacentes. Así, la raíz nerviosa L4 podría contener componentes de L3 o
L5. Además, una hernia de disco puede afectar dos raíces nerviosas. Esto se aplica
particularmente al disco L4-L5, que podría comprimir no sólo la raíz L5 sino también
la raíz S1, en particular si la herniación ocurrió en la línea media. La hernia de disco
en ocasiones ocurre a más de un nivel, dando un patrón neurológico atípico.
110
Trastornos lumbares en comparación con hernias de
disco
Los pacientes con frecuencia desarrollan “lumbalgia” después de levantar objetos
pesados o de caídas o bien, después de accidentes automovilísticos intensos que
sacuden o hacen girar al individuo en el interior del automóvil. Estos pacientes
podrían referir dolor lumbar (señalando el punto doloroso al nivel de la columna
lumbar) con irradiación en grados variables alrededor de las espinas iliacas
posterosuperiores y hacia la pierna.
FIGURA 2-37 Hernia discal entre las vértebras L4 y L5 que afectan la raíz nerviosa
L5. Éste es el segundo nivel más común de hernia discal lumbar.
Los síntomas de dolor de espalda generalizado o trastornos lumbares sin afección
neurológica puede diferenciarse de aquéllos con afectación neurológica al valorar los
niveles neurológicos que dan inervación a las extremidades inferiores. Las pruebas
deben repetirse con cada visita, porque podría ocurrir pérdida de la función que no
fue aparente en el examen inicial, una pérdida adicional de la fuerza muscular, de los
reflejos o de la sensibilidad en el nivel neurológico afectado o mejoría en
111
comparación con las manifestaciones iniciales (como resultado, quizá, del
tratamiento).
A menos que exista evidencia de una alteración en los reflejos, en la sensibilidad
o en la fuerza motora o bien, resultados positivos en una electromiografía el
tratamiento conservador no quirúrgico que incluya fisioterapia, inyecciones y
tratamiento farmacológico debe continuarse pese a la presión del paciente para
modificar el tratamiento.
Aunque la afección neurológica de una hernia de disco más a menudo se
manifiesta por una alteración de sólo uno o dos signos, debe existir suficiente
información para ayudar a señalar el nivel neurológico afectado. Pueden realizarse
electromiografía y resonancia magnética nuclear como parte de la valoración
diagnóstica. Pero el juicio clínico, con base en la exploración física del paciente, más
a menudo permitirá establecer el diagnóstico neurológico apropiado y prescribir el
tratamiento correcto.
FIGURA 2-38 Hernia discal entre las vértebras L5 y S1 que afecta la raíz nerviosa
S1. Éste es el nivel más común de hernia discal lumbar.
112
FIGURA 2-39 MRI de una hernia discal L5, S1.
Espondilólisis y espondilolistesis
La espondilólisis se refiere a una zona de lisis que cruza la porción interarticular,
entre las carillas articulares superior e inferior o, con mayor precisión, el punto en el
cual la carilla articular inferior se acerca al pedículo (fig. 2-40). Como consecuencia
de este trastorno, la vértebra afectada puede deslizarse hacia el frente sobre la
vértebra inmediatamente inferior a ella. Este deslizamiento hacia el frente se conoce
como espondilolistesis. Aunque aún se desconoce la causa del defecto de la porción
interarticular, a menudo se cree que puede ser consecuencia de una fractura por carga
repetida. A causa de la frecuencia de la espondilolistesis L5-S1 con afección de las
113
raíces nerviosas L5-S1, los tendones de la corva, que reciben inervación medial por
L5 y lateral por S1 pueden sufrir espasmo. La sensibilidad y los reflejos permanecen
normales, a menos que una hernia de disco esté asociada. En ocasiones puede ocurrir
espondilolistesis incluso con una porción interarticular intacta en pacientes con
artritis degenerativa. Sin embargo, esto es muy inusual.
El grado de deslizamiento hacia delante se mide clínicamente por la relación de la
vértebra superior con la vértebra inferior (la vértebra superior se desliza hacia
adelante). Un deslizamiento de hasta 25% se denomina como deslizamiento de primer
grado, de 25% a 50% como deslizamiento de segundo grado y de 50% a 75%,
deslizamiento de tercer grado. Cualquier deslizamiento más grande se denomina
como deslizamiento de cuarto grado. La vértebra involucrada más a menudo en la
espondilólisis y la espondilolistesis es la vértebra L5. La segunda más común es L4.
114
FIGURA 2-41 Esquema de una radiografía oblicua de la columna lumbar, que
muestra el aspecto característico de “perro escocés” de sus elementos posteriores.
Obsérvese el defecto en la pars articularis (porción interarticular) con aspecto de un
collar alrededor del cuello del perro.
115
FIGURA 2-43 La pérdida de las células del asta anterior ocasiona debilidad muscular
clínica.
El grado de dolor que el paciente experimenta no tiene necesariamente relación
con el grado de deslizamiento, de forma que un paciente con deslizamiento de primer
grado puede sentir más dolor que un paciente con deslizamiento de cuarto grado, que
podría, de hecho, no percibir dolor en lo absoluto.
El incremento de los síntomas en pacientes con espondilólisis o espondilolistesis
a menudo puede ser consecuencia de una hernia lumbar asociada. La incidencia de
hernia discal es mayor en pacientes con espondilolistesis que en la población general.
La hernia discal suele ocurrir un nivel por arriba de la enfermedad ósea. Por ejemplo,
si existe un defecto óseo en L5, es más probable que ocurra hernia en el disco
ubicado entre L4 y L5. La afección de la raíz nerviosa L5 puede producir
manifestaciones neurológicas asociadas, como dolor con la elevación de la pierna en
extensión, debilidad de los extensores de los dedos del pie y disminución de la
sensibilidad en el dorso del pie. Aunque tal afección suele originarse de la hernia
asociada, la raíz nerviosa puede verse afectada directamente por una espondilolistesis.
La espondilólisis y espondilolistesis son causas frecuentes de dolor de espalda en
adolescentes; el paciente suele referir dolor de espalda, en particular después de
realizar actividades deportivas.
116
Obsérvese que la espondilólisis tiene un aspecto característico en las radiografías
(figs. 2-41 y 2-42).
Herpes zoster
El herpes zoster es una enfermedad viral que suele afectar un dermatoma y suele ser
unilateral. Las raíces torácicas se afectan más a menudo. El dolor a menudo precede a
la aparición de las lesiones cutáneas y siguen la distribución de la raíz nerviosa sin
cruzar la línea media. El nivel afectado puede ubicarse a través de la exploración
apropiada de la función sensitiva y la valoración del nivel de las lesiones cutáneas.
Poliomielitis
La poliomielitis es una enfermedad infecciosa aguda de origen viral que puede
ocasionar cambios destructivos, transitorios o permanentes en la función motora.
Implica la destrucción de las células del asta anterior de la médula espinal. La
poliomielitis por lo general afecta a pacientes jóvenes, causando parálisis motora y
atrofia. No afecta la sensibilidad ni los reflejos, que aunque están disminuidos, suelen
estar presentes porque los arcos reflejos permanecen intactos a menos que se
destruyan las células del asta anterior (fig. 2-43).
Aunque la lesión ocurre en la médula espinal, el aspecto clínico de la poliomielitis
podría simular al de la lesión de la raíz nerviosa, porque el virus destruye las células
117
de la raíz nerviosa. Deben afectarse al menos 50% de las células del asta anterior en
el nivel que inerva un músculo en particular antes de que exista evidencia clínica de
debilidad muscular (de acuerdo con W. J. W. Sharrard). La poliomielitis ataca en
forma segmentaria las células del asta anterior (no afecta a todos los niveles en un
área) y puede saltarse niveles, dejándolos exentos de la alteración. Esto ocasiona un
grado menor de afección muscular por aquellos músculos que reciben inervación por
varias capas. Por ejemplo, el músculo cuádriceps, que reciben inervación de L2 a L4,
no experimenta debilidad significativa a menos que se afecte 50% de las células del
asta anterior de los tres niveles mencionados. Por el contrario, el músculo tibial
anterior, que recibe inervación principalmente de L4, que afecta 50% de las células
del asta anterior de dicho nivel, causa un problema relativamente común de pie caído.
Si las células del asta anterior del quinto nivel lumbar se encuentran afectadas, puede
ocurrir debilidad del músculo glúteo medio, de los tendones de la corva mediales y de
los extensores de los dedos de los pies. Si las células del asta anterior del nivel S1 se
ven afectadas, entonces puede haber debilidad del músculo glúteo mayor, de los
tendones de la corva laterales y de los músculos peroneos y de la pantorrilla.
A través de la vacunación, la poliomielitis ha sido prácticamente erradicada como
causa de un problema grave.
118
Las lesiones agudas que ocasionan tetraplejía o cuadraplejía y paraplejía presentan
grandes problemas para el diagnóstico temprano del nivel de afección neural y para
el pronóstico de función a futuro. En la sociedad actual, donde ocurren eventos
debilitantes, incluidas guerras, accidentes automovilísticos e industriales, y
deportes de contacto, estos trastornos son comunes y existe la necesidad de un
sistema conciso para la exploración neurológica temprana. Las enfermedades
traumáticas de cualquier tipo que afectan la columna vertebral y médula espinal
deben diagnosticarse de inmediato y deben tratarse con precisión y rapidez. El
aspecto fundamental para el tratamiento de las lesiones de la columna vertebral es
la protección inmediata de la médula espinal, incluso si no se realiza una
exploración inmediata. Sin protección inmediata, las lesiones incompletas de la
médula espinal pueden progresar a lesiones completas y pueden perderse por
completo las raíces nerviosas con lesión parcial.
Las lesiones de la médula espinal pueden ocurrir a cualquier nivel. Cada nivel
en el cual ocurra una lesión representa un problema especial: las lesiones agudas de
la columna cervical pueden ocasionar la muerte o tetraplejía; las lesiones de la
columna torácica pueden ocasionar paraplejía espástica y las lesiones en la
columna lumbar (lesiones de la cola de caballo) pueden ocasionar grados variables
de parálisis flácida de las extremidades inferiores. La revisión que se presenta a
continuación toma en consideración estas tres zonas con métodos de exploración
que ayudan establecer el nivel preciso de afección neural.
119
120
La tetraplejía o cuadriplejía, como más se le conoce, significa la parálisis que afecta a
las cuatro extremidades. La lesión que causa dicha parálisis ocurre en la columna
cervical.
Al analizar un caso de tetraplejía, el establecimiento del nivel de afección neural y
la valoración de su grado (si la lesión de la médula espinal es completa o incompleta)
son los principales motivos de preocupación. Deben conocerse ambos factores para
intentar pronosticar la recuperación de la función neurológica o antes de que se
planifique cualquier programa de tratamiento y rehabilitación eficaces. Mientras más
rápido sea el restablecimiento de la función de la médula espinal, mayor será la
recuperación y por el contrario, con una tasa de recuperación lenta, la intensidad de la
recuperación será menor. Esta regla simple facilita estimar las posibilidades a futuro
de deambulación y de recuperación de la función vesical e intestinal. Como al inicio,
el paciente podría encontrarse en un estado de choque medular (diasquisis) a partir de
la cual puede ocurrir cierta recuperación neural, una exploración neurológica
meticulosa, repetida cada 2 a 4 h durante las primeras 48 h, puede proporcionar
algunas respuestas sobre la posibilidad de recuperación. Cada examen debe incluir
pruebas musculares, pruebas de sensibilidad y de reflejos para permitir la valoración
completa de una posible recuperación de la función de la médula espinal.
121
no se incrementan gradualmente. Los reflejos osteotendinosos profundos se tornan
exagerados y aparecen reflejos patológicos.
Función motora
No hay función motora en las extremidades superiores; el paciente se encuentra
completamente tetrapléjico. Los músculos se encuentran flácidos como consecuencia
de la denervación y del choque medular. Una vez que ha cedido el choque medular,
los músculos demostrarán grados variables de respuesta espástica. Como el diafragma
es inervado en gran medida por C4, el paciente es incapaz de respirar de manera
independiente y fallecerá sin asistencia respiratoria artificial. En ocasiones, en lo que
en primer lugar parece como una afección del nivel C3, más tarde se recupera C4, con
restablecimiento de la función diafragmática.
122
FIGURA 3-1 Tetraplejía: nivel neurológico C3.
Sensibilidad
No existe sensibilidad en las extremidades superiores o por debajo de una línea 7.5
cm por arriba de los pezones en la pared torácica anterior.
Reflejos
En presencia de choque medular, todos los reflejos osteotendinosos profundos se
encuentran ausentes. Cuando ha cedido el choque medular, los reflejos se tornan
enérgicos o exagerados y pueden ser evidentes los reflejos patológicos.
123
FIGURA 3-2 Tetraplejía: nivel neurológico C4.
124
Nivel neurológico C5 (C5 intacto)
Con una lesión a este nivel se deja intacto C5. Como este es el primer nivel de la
médula espinal que contribuye a la formación del plexo braquial, las extremidades
superiores tendrán cierta función (fig. 3-3).
Función motora
El músculo deltoides y una parte del músculo bíceps se encuentran funcionales. El
paciente es capaz de realizar abducción, flexión y extensión de los hombros, así como
cierta flexión de los codos. Sin embargo, estos movimientos son débiles porque los
músculos que controlan estos movimientos por lo general tienen participación de la
raíz nerviosa C6. El paciente no puede impulsar apropiadamente una silla de ruedas
por sí mismo y su reserva respiratoria es baja.
La sensibilidad es normal sobre la porción anterior del tórax y sobre la cara
lateral de los brazos desde el hombro hasta el pliegue del codo.
Reflejos
125
Como el reflejo bicipital está mediado principalmente a través de C5, podría
encontrarse normal o ligeramente disminuido. Conforme cede el choque medular y se
restablecen los elementos de C6, podría existir hiperreflexia.
Función motora
Como C5 y C6 se encuentran intactos, hay función del bíceps y de los músculos del
manguito de los rotadores o manguito rotador. El grupo muscular funcional más
distal es el grupo extensor de la muñeca; los extensores radial largo y corto del carpo
(C6) se encuentran inervados (aunque aún hay afección del extensor cubital del carpo
[C7]). El paciente tiene un hombro totalmente funcional, con extensión plena del
codo, supinación plena y pronación parcial del antebrazo, así como extensión parcial
de la muñeca. La fuerza de extensión de la muñeca es normal, porque la fuerza de
extensión proviene de manera predominante de los extensores radiales largo y corto
126
del carpo.
La reserva respiratoria es baja. El paciente se encuentra confinado a una silla de
ruedas, la cual puede impulsar sobre superficies lisas, niveladas.
Sensibilidad
La inervación sensitiva es normal en la cara lateral de toda la extremidad superior, en
el pulgar, dedo índice y medio.
Reflejos
Los reflejos digital y braquiorradial son normales.
127
Con la raíz nerviosa C7 intacta, se encuentran funcionales el tríceps, los flexores de la
muñeca y los extensores largos de los dedos. El paciente puede sostener objetos, pero
la sujeción es extremadamente débil. Aunque el paciente se encuentra confinado a
una silla de ruedas puede intentar utilizar barras paralelas y la deambulación con
apoyo para ejercicio general.
Sensibilidad
C7 tiene poca representación sensitiva pura en la extremidad superior. No se ha
mapeado una zona precisa para la sensibilidad para C7.
Reflejos
Los reflejos bicipital (C5), del músculo supinador largo (C6) y tricipital (C7) son
normales.
Función motora
La extremidad superior es normal, con excepción de los músculos intrínsecos de la
mano. Todos los movimientos de las extremidades superiores, con excepción de la
abducción de los dedos, aducción de los dedos y mecanismo de pellizco con los
dedos pulgar, índice y medio se encuentran intactos. Es difícil la sujeción porque hay
mano en garra.
128
FIGURA 3-6 Tetraplejía: nivel neurológico C8.
Sensibilidad
La cara lateral de la extremidad superior y la totalidad de la mano tienen sensibilidad
normal. La sensibilidad del borde interno del antebrazo es normal en varios
centímetros por debajo del codo.
Reflejos
Todos los reflejos de las extremidades superiores se encuentran intactos.
129
manera parcial o total, lo que depende del grado de lesión de la médula espinal a
dicho nivel. El paciente puede deambular en diversas formas con el uso de los
soportes correctos, pero la silla de ruedas es el medio más práctico para desplazarse.
Los individuos con paraplejía T1 pueden desplazarse con muletas y soportes pero no
pueden asumir la posición erecta sin cierta ayuda. No hay estabilidad del tronco y el
costo energético para la deambulación se incrementa de manera notable. Por tanto, la
deambulación no es funcional, pero es útil como ejercicio.
Sensibilidad
La sensibilidad es normal en la pared anterior del tórax hasta los pezones y en la
totalidad de la extremidad superior.
Reflejos
Los reflejos de la extremidad superior son normales.
Aplicaciones clínicas
Fracturas y luxaciones de la columna cervical
Las lesiones de la columna cervical son la principal causa de tetraplejía. Los tipos de
lesiones incluyen lesiones en flexión (fracturas por compresión), lesiones por
hiperextensión y lesiones por flexión-rotación (luxaciones de las carillas articulares
cervicales).
En ocasiones, el nivel neurológico afectado no corresponde con el nivel
esquelético. Así, en las fracturas-luxaciones de la quinta y sexta vértebras cervicales,
el nivel neurológico C6 podría permanecer funcional. Cada paciente debe ser
valorado en forma individual.
130
FIGURA 3-7 Signo de Hoffmann, que indica lesión de neurona motora superior.
Fractura de C1
La fractura de C1 o fractura de Jefferson es una fractura por estallamiento del anillo
de C1, que por lo general causa descompresión de la médula espinal. La fractura a
menudo es consecuencia de una caída, cuando el paciente cae sobre su cabeza. Si el
paciente sobrevive, no suele haber manifestaciones neurológicas permanentes (figs.
3-8 y 3-9).
Fractura de C2
La fractura de C2 o fractura “del ahorcado” es una fractura por aplastamiento que
ocasiona separación del cuerpo de C2 de sus elementos posteriores, con lo que causa
descompresión de la médula espinal. Si el paciente sobrevive, suele haber
manifestaciones neurológicas transitorias (figs. 3-10 y 3-11).
FIGURA 3-8 Fractura de Jefferson, fractura por aplastamiento del anillo de C1.
131
FIGURA 3-9 Fractura de Jefferson.
132
FIGURA 3-10 Fractura “del ahorcado”, fractura que separa el cuerpo de C2 de sus
elementos posteriores.
133
Fracturas de C3-C7
Las fracturas por compresión son causadas por lesiones en hiperflexión del cuello
cuando una fuerza vertical ocasiona rotura de las placas terminales de las vértebras y
rompe el cuerpo vertebral. Estas fracturas por aplastamiento ocurren en la columna
cervical y lumbar y pueden afectar las raíces nerviosas y la médula espinal misma
(fig. 3-14). Una fractura por compresión de la vértebra C5, la fractura más común de
la columna cervical, afecta la mayor parte del plexo braquial y puede ocasionar
tetraplejía. Las fracturas por compresión se diagnostican con facilidad en las
radiografías (fig. 3-15).
Las lesiones por hiperextensión del cuello son causadas por fuerzas de
hiperextensión, como la aceleración causada cuando se golpea a un automóvil por
detrás. La lesión en hiperextensión es en esencia una lesión de tejidos blandos, a
diferencia de las lesiones de compresión, en las cuales ocurren fracturas de los
cuerpos vertebrales; suele romperse el ligamento longitudinal anterior y la médula
espinal puede verse afectada. Como es una lesión de tejidos blandos, las lesiones por
hiperextensión podrían no ser evidentes en las radiografías (fig. 3-16).
134
FIGURA 3-13 Fractura de la apófisis odontoides.
FIGURA 3-14 Fractura cervical por compresión, causada por hiperflexión del cuello.
135
FIGURA 3-15 Fractura por compresión de la columna cervical.
Las luxaciones de las carillas articulares cervicales son lesiones por flexión-
rotación que pueden causar problemas neurológicos. La luxación unilateral de las
carillas articulares produce cierto estrechamiento del conducto raquídeo y de los
agujeros neurales. Como la luxación unilateral de las carillas articulares ocasiona
menos de 50% de luxación anterior del cuerpo vertebral, en casi 75% de los casos no
ocurre afección neurológica, porque el estrechamiento no es suficiente para afectar la
médula espinal (figs. 3-17 a 3-20).
136
FIGURA 3-16 Lesión por hiperextensión de la columna cervical.
137
FIGURA 3-18 Luxación unilateral de las carillas articulares (Hoppenfeld, S.:
Physical Examination of the Spine and Extremities. Norwalk, CT: Appleton-Century-
Crofts, 1976.)
Las luxaciones bilaterales de las carillas articulares producen un estrechamiento
mucho mayor del conducto raquídeo en comparación con las luxaciones unilaterales,
porque con la luxación de ambas carillas articulares, suele haber un desplazamiento
de más de 50% en dirección anterior del cuerpo vertebral. A causa de este mayor
grado de luxación, casi 85% de los pacientes sufren lesiones neurológicas. Como la
columna cervical depende principalmente de ligamentos para su estabilidad, las
luxaciones bilaterales de las carillas articulares, que causan desgarros de los
ligamentos, rara vez cicatrizan con suficiente fuerza para recuperar la estabilidad de
la columna cervical. A menos que se lleve a cabo un tratamiento apropiado, existe el
riesgo de daño adicional como consecuencia de numerosos posibles accidentes.
Pueden ocurrir luxaciones bilaterales a cualquier nivel, pero son más comunes en C5-
C6, el nivel alrededor del cual ocurre la mayor parte de los movimientos (con
excepción de las articulaciones especializadas en C1-C2) (figs. 3-21 y 3-22).
138
FIGURA 3-19 A, B En la luxación unilateral de las carillas articulares existe una
luxación inferior a 50% del cuerpo vertebral en sentido anterior.
Actividades cotidianas
Respiración
A partir de esta descripción de las lesiones de la médula espinal, debe hacerse
evidente que la sección completa de la médula espinal al nivel neurológico C3 o más
alto es incompatible con la vida, a menos que el paciente reciba apoyo ventilatorio
permanente. La afección de los niveles neurológicos C4 a C5 puede causar
insuficiencia respiratoria que puede poner en riesgo la vida en casos de enfermedad
pulmonar relativamente leve.
139
FIGURA 3-20 Luxación unilateral de las carillas articulares. Luxación anterior grado
I del cuerpo vertebral.
Silla de ruedas
C6 es el nivel neurológico más alto que deja inervación suficiente a la extremidad
superior para permitir la manipulación independiente de la silla de ruedas. Sin
embargo, es difícil la transferencia hacia la silla de ruedas y fuera de ella, por la falta
de función del músculo tríceps. Se requiere un músculo tríceps activo para ayudar a
elevar el cuerpo para la transferencia.
Muletas
Las lesiones medulares completas al nivel neurológico C8 y por arriba de dicho nivel
son incompatibles con el uso de muletas, porque no son funcionales los músculos
intrínsecos de la mano, que son necesarios para sujetar con fuerza las muletas. Es más
difícil la marcha funcional con muletas porque es necesario consumir dos a cuatro
veces más energía que la ambulación normal y por disminución de la reserva
respiratoria. Los intentos para favorecer la deambulación con soportes y con otros
mecanismos de apoyo rara vez tienen éxito.
140
FIGURA 3-21 A, B Luxación bilateral de las carillas articulares que ocasiona una
luxación anterior mayor de 50% del cuerpo vertebral.
FIGURA 3-22 Luxación bilateral de las carillas articulares. Luxación grado III del
cuerpo vertebral.
Obsérvese que esta información es cierta para lesiones completas de la médula
espinal; las lesiones parciales de la médula espinal tienen patrones variables de
deficiencia neurológica. Cada paciente debe ser valorado en forma individual (fig. 3-
23).
141
lesión significativa de la médula espinal y rara vez ocurre tetraplejía. Sin embargo,
puede haber grados menores de daño de la médula espinal (lesiones de neurona
motora superior) por hernias grandes en la línea media. A menudo se reconocen al
inicio como disminución en la sensibilidad de la posición y vibración en las
extremidades inferiores. En casos más avanzados, puede haber debilidad muscular
real e hiperreflexia osteotendinosa profunda, así como síntomas vesicales tempranos.
Tuberculosis espinal
La tuberculosis espinal causa formación de giba a través de la destrucción vertebral.
La angulación de la columna vertebral puede causar compresión de la médula espinal
y tetraplejía, pero el proceso es mucho más lento que el del traumatismo. A menudo
ocurre recuperación neurológica después de la descompresión quirúrgica y
quimioterapia.
142
Mielitis transversa
El término mielitis transversa hace referencia a un proceso inflamatorio en el cual la
lesión de la médula espinal se extiende en sentido horizontal a través de la médula y
se limita en sentido longitudinal a uno o cuando mucho a unos cuantos segmentos
medulares. Ocurre mielitis ascendente cuando la lesión se disemina en sentido
proximal.
La mielitis transversa puede ocurrir de forma espontánea y con rapidez después
de una vacunación, un proceso infeccioso o trauma-tismos. Aunque ocurre pérdida de
la función sensitiva y motora por debajo de la lesión, es poco común la anestesia
completa. Al inicio ocurre parálisis flácida, pero cambia con rapidez a parálisis
espástica.
El nivel neurológico de afección suele delimitarse mediante pruebas neurológicas
para establecer el nivel de sensibilidad, fuerza motora y reflejos. El nivel más elevado
de pérdida sensitiva suele corresponder al segmento de lesión medular.
143
Paraplejía
La paraplejía es la parálisis parcial o completa de las extremidades inferiores o de la
parte inferior del cuerpo. La causa más frecuente es una lesión traumática en la
médula espinal, aunque también puede ser consecuencia de varias enfermedades,
como mielitis transversa, lesiones quísticas de la médula y enfermedad de Pott
(causada por tuberculosis), entre otras patologías. Muy pocas veces ocurre como
secuela de una cirugía por la corrección quirúrgica de problemas torácicos como la
escoliosis, como resultado de la pérdida del suministro sanguíneo a la médula espinal
o por la excisión de un disco torácico con hernia.
La cauda equina comprende las raíces nerviosas de la médula espinal por debajo
de la primera vértebra lumbar. Cauda equina es un término descriptivo derivado del
latín ya que los nervios se parecen a la cola de un caballo; rara vez causa parálisis de
las extremidades inferiores.
Las siguientes descripciones suponen una lesión completa. Sin embargo, a
menudo las lesiones son incompletas; los hallazgos neurológicos de cada paciente en
particular deben valorarse con cuidado, ya que la afectación puede variar mucho de
una persona a otra.
Función muscular
Los músculos intercostales, así como los abdominales y paraespinales, tienen
inervación segmentaria. El movimiento intercostal durante la respiración supone
integridad neurológica; la falta de movimiento indica compromiso. Los músculos
abdominales y paraespinales pueden evaluarse de la misma manera, ya que tienen
inervación segmentaria proveniente de T7-T12 (L1). Para valorar la integridad de su
inervación, se pide al paciente que haga un movimiento parcial de incorporarse
mientras el médico palpa la pared abdominal anterior. A medida que el paciente se
endereza, se observa si el ombligo se desvía hacia cualquiera de los cuatro cuadrantes
abdominales. Si el ombligo se desvía en una dirección, significa que los músculos
flácidos opositores están desnervados (signo de Beevor) (fig. 2-1). Hay que recordar
144
que el ombligo está en la línea que divide T10 arriba y T11 abajo. Es evidente que
esta prueba no debe realizarse durante las etapas agudas de las lesiones torácicas ni en
personas con inestabilidad espinal.
Sensibilidad
La inervación sensitiva puede valorarse según el diagrama (fig. 4-1). Las referencias
cutáneas particulares que marcan las áreas sensitivas son las siguientes:
Sensibilidad
No hay sensibilidad por debajo de la banda sensitiva de L1, que se extiende sobre el
tercio proximal de la cara anterior del muslo.
Reflejos
Los reflejos rotuliano y del tendón de Aquiles están ausentes en caso de choque
espinal. Conforme el choque espinal se desvanece, los reflejos se vuelven exagerados.
145
FIGURA 4-1 Dermatomas sensitivos del tronco.
Reflejos
El reflejo rotuliano está disminuido ya que recibe inervación de L2 a L4, pero la
contribución de L2 es pequeña.
Función vesical e intestinal
No hay control voluntario.
146
Nivel neurológico L3 (L3 intacto)
Función muscular
Además del iliopsoas y los aductores, el cuádriceps (L2-L4) tiene una fuerza
significativa, aunque con cierta debilidad. Ningún otro grupo muscular funciona. Por
tanto, la cadera tiende a estar flexionada, en aducción y rotación externa, en tanto que
la rodilla permanece extendida.
Sensibilidad
La sensibilidad es normal hasta el nivel de la rodilla (banda del dermatoma L3).
Reflejos
El reflejo rotuliano (L2-L4) se conserva, pero está disminuido. El reflejo del tendón
de Aquiles está ausente.
147
músculo funcional debajo de la rodilla es el tibial anterior (L4), que causa
dorsiflexión e inversión del pie.
Sensibilidad
Además de que todo el muslo tiene sensibilidad, también está presente en la cara
medial de la pierna y el pie.
Reflejos
El reflejo rotuliano (sobre todo de L4) es normal; el reflejo del tendón de Aquiles
(S1) está ausente.
Sensibilidad
La sensibilidad es normal en la extremidad inferior, excepto por la parte lateral y la
superficie plantar del pie.
Reflejos
El reflejo rotuliano es normal. El reflejo del tendón de Aquiles aún está ausente.
Función vesical e intestinal
No hay control voluntario de ninguna de sus funciones.
Signo de Babinski
Se induce la respuesta plantar con un instrumento agudo que se desplaza sobre la
superficie plantar del pie, a lo largo del calcáneo y el borde lateral del antepié. Lo
normal es obtener una reacción negativa, con flexión de los dedos sobre la planta.
Una reacción positiva (signo de Babinski) ocurre cuando el primer dedo se extiende y
los demás se separan (fig. 4-3). Este signo indica una lesión de la neurona motora
superior: compromiso del haz corticoespinal. Para confirmar el nivel de la lesión, se
relaciona este signo con otros hallazgos neurológicos. En lactantes pequeños, la
presencia del signo de Babinski es normal, no patológica. Sin embargo, esta respuesta
debe desaparecer entre los 12 y 18 meses de edad.
Signo de Oppenheim
Para inducir el signo de Oppenheim, se desplaza el dedo sobre la cresta tibial. Lo
normal es que no haya reacción alguna o que el paciente se queje de dolor. En caso de
anomalía, la reacción es la misma que con la estimulación plantar: el primer dedo se
extiende y los demás se separan (signo de Oppenheim) (fig. 4-4). El signo de
Oppenheim no es tan confiable como el de Babinski y debe usarse como
confirmación cuando este último es positivo.
149
FIGURA 4-4 Signo de Oppenheim.
Aplicaciones clínicas
Valoración adicional de las lesiones de la médula
espinal
Lesión completa o incompleta
La posibilidad de una mejoría medular, y cualquier recuperación funcional parcial
que pueda proporcionar, depende de que la lesión sea completa o incompleta, de que
150
la lesión medular sea una sección completa o sólo una sección parcial o una
contusión. Se asume que las lesiones en las que la función no regresa en un periodo
de 24 h son lesiones completas, por lo cual no habrá recuperación funcional de la
médula. Se necesita un examen neurológico completo para confirmar tal diagnóstico.
Sin embargo, si hay un retorno parcial de la función en el periodo inicial, es probable
que la lesión sea incompleta y al final se recuperará una mayor función. Sin embargo,
la función debe regresar en más de un nivel neurológico para respaldar tal
diagnóstico, ya que el retorno sólo en un nivel puede indicar que la raíz nerviosa en el
nivel de la lesión sufrió daño parcial o contusión. Esta recuperación de un solo nivel
no es indicación de que la lesión distal sea completa o incompleta. La recuperación
de esta raíz nerviosa individual se considera una lesión radicular (no una lesión
medular) de la raíz originada justo antes de la parte dañada de la médula. El retorno
funcional de la fuerza muscular en tales lesiones puede ocurrir en cualquier momento;
el pronóstico para la recuperación de la raíz es bueno incluso seis meses después de la
lesión inicial.
151
1. Prueba muscular de flexión del primer dedo (inervación S1).
2. Prueba sensitiva del área perianal (S2-S4).
3. Prueba refleja del músculo esfínter anal (S2-S4).
Como la vejiga y el intestino están inervados por los nervios sacros (S2-S4), la
prueba de estas tres áreas ofrece una evidencia válida del grado de conservación sacra
y la posibilidad de retorno funcional (fig. 4-6).
Flacidez y espasticidad
Justo después de cualquier traumatismo que cause tetraplejía o paraplejía, la médula
espinal experimenta un choque, lo que produce pérdida de reflejos inervados por la
porción distal de la médula al sitio de la lesión. El resultado directo del choque
espinal es que los músculos inervados por la parte traumatizada de la médula y la
inferior a la lesión, así como la vejiga, se vuelven flácidos. El choque espinal
desaparece entre 24 h y tres meses después de la lesión, y la espasticidad sustituye a
la flacidez en algunos o todos estos músculos. La espasticidad ocurre porque el arco
reflejo del músculo conserva la integridad anatómica a pesar de la pérdida de la
inervación y control cerebrales a través de los tractos largos. Durante el choque
152
espinal, el arco no funciona, pero conforme la médula se recupera del choque, el arco
reflejo comienza a funcionar sin los impulsos inhibidores o reguladores del cerebro,
lo que causa espasticidad local y clonus. Por tanto, los reflejos tendinosos profundos
que estaban ausentes al principio pueden volverse hiperactivos a medida que se
desvanece el choque espinal. Tal espasticidad puede servir para aumentar la función;
por ejemplo, para ayudar a vaciar la vejiga y el intestino.
153
Hay que observar que en este nivel hay poco espacio en el conducto medular; es
casi seguro que cualquier luxación vertebral cause problemas neurológicos debido a
la presión directa en la médula. La flexión y rotación extremas son la causa de la
fractura-luxación de la columna torácica, y casi siempre causa paraplejía.
Pronóstico de la función vesical e intestinal
La restauración de la función útil de la vejiga y el intestino, lo que significa que el
paciente no necesite catéter, es crucial para los individuos tetrapléjicos y parapléjicos.
Una vejiga que debe vaciarse con regularidad mediante un catéter está sujeta a
infecciones repetidas y disreflexia autonómica excesiva (causada por la distensión
vesical, entre otros estímulos periféricos), lo que causa hipertensión paroxística,
bradicardia y transpiración no termorreguladora. La evaluación de la magnitud de la
conservación sacra puede dar indicios sobre el posible retorno de la función. Por lo
general, cuando la inervación vesical y sus mecanismos centrales permanecen
intactos, la función de la micción se normaliza con rapidez. Si sólo hay un trastorno
parcial de la función, la alteración neurógena residual puede restaurarse hasta
conseguir la recuperación de la función con bastante rapidez mediante el
reentrenamiento.
154
sacra parcial); puede haber sólo una recuperación parcial de la función vesical e
intestinal.
Lesión completa: Una lesión completa sin conservación sacra tiene repercusiones
importantes en las funciones de la vejiga y el intestino. Primero, la flexión voluntaria
del primer dedo del pie, la sensibilidad perianal y el control voluntario del esfínter
están ausentes, lo que indica pérdida permanente del control central de la función
vesical e intestinal. Segundo, el reflejo del esfínter perianal (contracción anal) y el
reflejo bulbocavernoso (en el que la expresión del glande induce una contracción del
esfínter anal) (fig. 4-8) pueden estar presentes, e indican que la inervación refleja de
la vejiga y el intestino se encuentra intacta. Puede esperarse que la vejiga se contraiga
en forma refleja y el intestino se vacíe por un reflejo inducido con un enema rectal o
con un supositorio de glicerina.
Es raro que todos los reflejos permanezcan ausentes después del periodo inicial de
choque espinal, lo que causaría atonía vesical, estreñimiento e íleo. Durante el
periodo atónico, la vejiga no puede contraerse por acción refleja y debe cateterizarse
o vaciarse por presión manual de la parte baja del abdomen. Para vaciar el intestino se
necesitan enemas, además de evacuación o ayuda manual, si las heces son espesas. A
medida que pasa la fase atónica, la vejiga empieza a contraerse de manera refleja y
puede entrenarse al paciente para que la vacíe aprovechando esta acción refleja
(condicionamiento vesical).
155
FIGURA 4-8 Reflejo bulbocavernoso.
156
aumentados, son bruscos o exagerados.
Reflejos superficiales: los reflejos abdominal y cremastérico están ausentes.
Reflejos patológicos: por lo general, los signos de Babinski y Oppenheim están
presentes (figs. 4-3 y 4-4).
Diagnóstico
El diagnóstico de la inestabilidad espinal se basa en el relato del mecanismo de
lesión, la exploración física y el examen radiológico. En esencia, la estabilidad
depende de la integridad del complejo ligamentoso posterior, el cual consiste en lo
siguiente:
1. Ligamento supraespinoso.
2. Ligamento interespinoso.
3. Cápsula articular facetaria.
4. Ligamento amarillo (fig. 4-10).
157
TABLA 4-1 CRITERIOS PARA DETERMINAR LA ESTABILIDAD
ESPINAL
RELATO DEL EXPLORACIÓN FÍSICA Y CRITERIOS ESPECÍFICOS EN EL
MECANISMO DE LESIÓN NEUROLÓGICA EXAMEN RADIOGRÁFICO
Flexión-rotación Defecto espinal palpable Separación de apófisis espinosas Luxación
Flexión excesiva Alteración motora, refleja o y/o fractura de apófisis articulares
sensitiva
Abrasiones en la espalda
Interrupción del complejo Interrupción del complejo Interrupción del complejo ligamentoso
ligamentoso posterior ligamentoso posterior posterior
158
aplastarse, porque no hay un punto de apoyo alrededor del cual puedan ser
comprimidas. Esta lesión es más común en la columna cervical que en la lumbar; no
ocurre en la torácica por la estabilidad que mantienen las costillas y la placa esternal.
Las luxaciones puras como estas son inestables (fig. 4-13, tabla 4-2).
FIGURA 4-11 Defecto espinal palpable indicativo de una lesión espinal inestable.
159
FIGURA 4-13 Lesión de flexión inestable.
160
FIGURA 4-14 Lesión por flexión-rotación que produce una fractura-luxación de la
columna.
161
FIGURA 4-15 Anatomía de una lesión inestable por flexión-rotación.
162
FIGURA 4-16 Fractura-luxación toracolumbar.
163
164
Determinación del nivel
La determinación del nivel de compromiso neurológico en el mielomeningocele es
crucial. Permite evaluar los siguientes cinco criterios funcionales principales:
165
quirúrgica.
Las deformidades derivadas del mielomeningocele casi siempre se deben a la
disparidad muscular. Si los músculos circundantes de la articulación no funcionan, o
si todos los músculos tienen el mismo buen funcionamiento, rara vez se producen
deformidades. Por lo general, cuando un músculo funciona sin oposición o contra un
antagonista debilitado, se produce una deformidad. Un desequilibrio muscular leve
que permanece por mucho tiempo puede ocasionar una deformidad. El desarrollo de
un desequilibrio muscular después del nacimiento como resultado del compromiso de
otros niveles neurológicos también puede causar deformidades. Asimismo, pueden
aparecer a consecuencia de problemas posturales si las abrazaderas o férulas se
colocan de manera incorrecta, si las extremidades permanecen todo el tiempo en una
posición hasta que se fijan o si se permite que el paciente permanezca acostado en
una sola posición en la cuna (en la mayoría de los casos, con las caderas flexionadas,
en abducción y rotación externa; con las rodillas flexionadas; y los pies con unos
cuantos grados en equino).
Una vez que se desarrolla una deformidad fija, tiende a permanecer, incluso si el
desbalance muscular desaparece. Por ejemplo, si se afectan las raíces nerviosas que
están por arriba de la lesión original, una deformidad existente casi nunca se corrige
por sí sola, aun cuando el músculo que antes no tenía oposición cese de funcionar.
Se debe valorar el nivel neurológico o medular de compromiso con pruebas
motoras de cada articulación de la extremidad inferior. Después se revisa la
información de acuerdo con los conceptos más amplios de los niveles neurológicos
para establecer el diagnóstico (tabla 5-1).
La siguiente exploración en el mielomeningocele permite valorar cada nivel de
compromiso posible, desde L1-L2 hasta S2-S3, sus deficiencias funcionales y la
posibilidad de que produzca una deformidad (fig. 5-1).
166
Flexión plantar: ausente
Inversión: ausente
Eversión: ausente
167
FIGURA 5-1 Mielomeningocele.
Sin función; si hay alguna deformidad, puede ser resultado de la posición
intrauterina, de la pérdida de función cuando alguna vez hubo un desbalance
muscular o de una posición en la cuna que produjo contracturas en flexión de cadera
y rodilla y deformidad en equinovaro del pie. Lo normal es que el pie tenga unos
cuantos grados de equino en reposo, una posición que puede volverse fija.
168
FIGURA 5-2 Dermatoma sensitivo lumbar.
Prueba de sensibilidad
No hay sensibilidad debajo de la banda L1, que termina cerca del primer tercio del
muslo (fig. 5-2).
Prueba de reflejos
No hay ninguno de los reflejos tendinosos profundos de la extremidad inferior. En
ocasiones, puede haber actividad refleja por la función de una parte de la médula
debajo del nivel neurológico afectado (arco reflejo intacto).
169
Además, hay deformidad en flexión de la cadera, porque el iliopsoas no tiene la
oposición del principal extensor de la cadera, el glúteo mayor (S1, S2). Hay un
pequeño grado de aducción de la cadera, con una deformidad leve en aducción,
porque el grupo aductor (L2-L4) tiene inervación parcial y no tiene la oposición del
principal abductor de la cadera, el glúteo medio (L5, S1).
Rodilla
Extensión: parcial
Flexión: ausente
La rodilla no se deforma a pesar de la poca función del extensor de la rodilla, el
cuádriceps (L2-L4). No hay función de importancia clínica. Pie: No hay función, no
hay deformidad muscular, salvo la mencionada antes.
Prueba de sensibilidad
No hay sensibilidad debajo de la banda de L2, que termina en los primeros dos tercios
del muslo.
Prueba de reflejos
No existe ninguno de los reflejos de la extremidad inferior.
170
FIGURA 5-3A, B Nivel neurológico L3-L4: función motora.
La cadera tiene deformidades en flexión, aducción y rotación lateral.
Rodilla
Extensión: presente
Flexión: ausente
La rodilla está fija en extensión por el cuádriceps sin oposición.
Pie
Dorsiflexión: ausente
Flexión plantar: ausente
Inversión: ausente
Eversión: ausente
171
Aún no hay músculos activos en el pie.
Prueba de sensibilidad
La sensibilidad es normal hasta la rodilla. Debajo de la rodilla no hay sensibilidad
(fig. 5-4).
Prueba de reflejos
Puede haber un reflejo rotuliano leve, pero con disminución evidente (L2-L4), ya que
el reflejo depende sobre todo de L4.
172
FIGURA 5-4 Nivel neurológico L3-L4: sensibilidad, reflejos y función vesical e
intestinal.
173
FIGURA 5-5A, B Nivel neurológico L4-L5: función motora.
Con el tiempo, esta aducción sin oposición puede causar luxación de la cadera y, al
final, una deformidad fija en flexión y aducción. Para la ambulación, será necesaria
una abrazadera para la pierna completa, con uso de una banda pélvica, ya que la
cadera es inestable sin extensión y abducción. La cirugía también es una solución
posible.
Rodilla
Extensión: presente
Flexión: ausente
La rodilla tiene deformidad en extensión debido a la acción sin oposición del
174
cuádriceps. Los principales flexores de la rodilla, los músculos del tendón de la corva
mediales y laterales (L5 y S1), están desnervados. Una rodilla extendida tiene
estabilidad relativa y no será necesaria una abrazadera en el futuro. Sin embargo,
como debe utilizarse una abrazadera para la cadera (a menos que se realice cirugía),
también se coloca una en la rodilla.
Pie
Dorsiflexión: parcial
Flexión plantar: ausente
Inversión: parcial
Eversión: ausente
El único músculo funcional del pie es el tibial anterior (L4), porque todos los
demás están inervados por L5, S1-S3. La inserción del tibial anterior en la parte
medial del pie en la primera unión metatarsiano-cuneiforme hace que el pie se
encuentre en dorsiflexión y esté invertido. En esta posición, el pie está en
desequilibrio e inestable, y es necesaria la liberación quirúrgica del tibial anterior. El
pie no está plantígrado y carece de sensibilidad, por lo que puede haber lesiones de la
piel. Es necesaria una abrazadera, pero la colocación de un zapato y la introducción
del pie en una abrazadera pueden ser difíciles, si no se consigue cierta corrección.
Prueba de sensibilidad
La sensibilidad se extiende hasta la parte medial de la tibia y el pie. La cara lateral de
la tibia (L5) y las partes media y lateral del dorso del pie son insensibles (fig. 5-6).
Un pinchazo es la forma más efectiva de valorar la sensibilidad en los lactantes; si
hay sensibilidad, el niño llora o mueve la extremidad. Una respuesta triple al
pinchazo (flexión de la cadera y la rodilla, dorsiflexión del pie) no debe confundirse
con función motora en estas articulaciones. Esta respuesta triple general refleja puede
ocurrir incluso cuando el paciente tiene una parálisis completa.
Prueba de reflejos
El reflejo rotuliano (sobre todo de L4) está presente, pero no el reflejo del tendón de
Aquiles (S1). Si hay hiperactividad del reflejo del tendón de Aquiles, una parte de la
médula debajo de la lesión original se desarrolló con raíces nerviosas intactas, sin
conexión con el resto de la médula. Por tanto, el reflejo del tobillo de S1 está intacto
y sólo falta el factor inhibidor y controlador del cerebro.
175
FIGURA 5-6 Nivel neurológico L4-L5: sensibilidad, reflejos y función vesical e
intestinal.
Función vesical e intestinal
No hay función vesical ni intestinal.
176
FIGURA 5-7A, B Nivel neurológico L5-S1: función motora.
Hay deformidad en flexión de la cadera, porque el glúteo mayor no funciona.
Ahora hay un balance entre la aducción y la abducción, aunque puede persistir una
deformidad mínima en aducción porque el glúteo medio, inervado en parte por S1,
177
tiene cierta debilidad. Debido a ese desequilibrio parcial, casi nunca hay luxación de
la cadera. Sin embargo, si el glúteo medio está demasiado débil, la cadera puede
subluxarse después. Para la ambulación serán necesarias las abrazaderas o la cirugía
con el fin de prevenir la deformidad grave en flexión fija.
Rodilla
Extensión: presente
Flexión: parcial
El balance de la rodilla es relativamente adecuado y no hay deformidades. Los
extensores funcionan; los flexores funcionan en parte; los músculos del tendón de la
corva mediales (L5) y los laterales (S1), no. Debido a esto, puede haber una debilidad
leve en flexión. No son necesarias las abrazaderas.
Pie
Dorsiflexión: presente
Flexión plantar: ausente
Inversión: presente
Eversión: ausente
Todos los dorsiflexores funcionan. Por tanto, el pie sólo tendrá deformidad en
dorsiflexión (pie calcáneo).
Pruebas de sensibilidad
No hay sensibilidad en la cara lateral ni la superficie plantar del pie (fig. 5-8). En las
demás regiones es normal.
Pruebas de reflejos
El reflejo del tendón de Aquiles aún está ausente.
178
FIGURA 5-8 Nivel neurológico L5-S1: sensibilidad, reflejos y función vesical e
intestinal.
Función vesical e intestinal
La vejiga y el intestino no son funcionales.
179
Extensión: presente
Flexión: presente
La rodilla es normal y está bien
balanceada.
Pie
Dorsiflexión: presente
Flexión
parcial
plantar:
Inversión: presente
Eversión: presente
180
FIGURA 5-9A, B Nivel neurológico S1-S2: función motora.
Los dedos del pie pueden adoptar una posición en garra, porque los músculos
intrínsecos aún no funcionan. Además, la flexión plantar todavía es débil. En la
marcha futura, los dedos del pie no se despegarán del piso, o lo harán con debilidad, y
el antepié puede estar angulado sobre el retropié por disparidad muscular (calcáneo
valgo del antepié). El pie puede tener un astrágalo vertical o luxado (pie valgo
convexo).
Prueba de sensibilidad
La sensibilidad es normal, excepto por la franja posterior del muslo y la pierna, y la
181
planta del pie (S4) (fig. 5-10).
Prueba de reflejos
Aunque el reflejo del tendón de Aquiles está presente, puede estar un poco debilitado.
Este reflejo se produce sobre todo por S1 con algunos elementos de S2.
Función vesical e intestinal
La función vesical e intestinal aún está ausente.
Prueba de sensibilidad
La sensibilidad es normal.
Prueba de reflejos
Los reflejos son normales.
182
FIGURA 5-10 Nivel neurológico S1-S2: sensibilidad, reflejos y función vesical e
intestinal.
Posición sedente
En condiciones normales, un niño aprende a equilibrarse en posición sedente a los 6
meses de edad y puede sentarse por sí solo a los 7 u 8 meses. Un niño con una lesión
183
por arriba de L3 se sienta después de esa edad, más o menos a los 10 meses de edad,
por la debilidad muscular alrededor de las caderas. Un niño con una lesión torácica
alta puede tener inestabilidad espinal, lo que lo obliga a equilibrarse con ayuda de las
manos, en posición de trípode. Una fusión espinal estabiliza la columna, lo que libera
las manos para las actividades de la vida diaria.
Bipedestación
Lo normal es que un niño se ponga de pie a los nueve o 10 meses de edad. Un niño
con mielomeningocele torácico es incapaz de hacerlo, cualquiera que sea el nivel de
la lesión. Hay que ponerle abrazaderas para darle estabilidad; sin embargo, aun así
puede experimentar cierta dificultad porque las abrazaderas son pesadas e incómodas.
Marcha
En condiciones normales, la ambulación comienza entre los 12 y 15 meses (intervalo,
8 a 18 meses). Aunque casi todos los niños con mielomeningocele tienen problemas
para caminar, aquellos con inteligencia normal y compromiso en la región
lumbosacra, es posible que caminen con la asistencia de dispositivos. Por lo general,
los niños usan abrazaderas más de lo que las usarán cuando sean adultos, hasta que
llegan a la mitad de la adolescencia (12 a 15 años). Después de esa edad, la mayoría
de los pacientes con lesiones por arriba de S1 se vuelven deambuladores limitados
por la energía excesiva que deben invertir debido al peso que sus brazos tienen que
cargar; para caminar con abrazaderas y muletas se necesita tanta energía como para
correr a máxima velocidad.
Lesiones unilaterales
No son raras las espinas bífidas con niveles muy discrepantes de función. Hay una
gran probabilidad de que un espolón óseo o cartilaginoso cause fijación medular a
medida que la columna crece (diastomatomielia) (fig. 5-11); cualquier signo de esta
pérdida unilateral de función es indicación para realizar un mielograma. La
escoliosis, la curvatura lateral de la columna, es un problema concomitante
significativo para las personas de este grupo.
Hidrocefalia
Entre 50% y 70% de los niños con mielomeningocele padece hidrocefalia, un
aumento anormal del tamaño de los ventrículos, lo que causa crecimiento de la
cabeza y prominencia anormal de la frente. Por lo general, la hidrocefalia es
secundaria a una malformación de Arnold-Chiari (desplazamiento caudal del tronco
del encéfalo). Si no se atiende, puede causar espasticidad, lo que reduce más la
función ya comprometida de los músculos con inervación marginal o normal. Si la
hidrocefalia se trata temprano, el tamaño ventricular, y por tanto, el perímetro
cefálico, pueden mantenerse dentro de límites normales. El método terapéutico
habitual consiste en una derivación y revisiones apropiadas, en caso necesario. La
derivación es un tubo que drena el exceso de líquido cefalorraquídeo de los
184
ventrículos cerebrales a la cavidad peritoneal o al corazón.
185
observar al niño para detectar signos de llanto o cambios en la expresión facial para
determinar si hay un reconocimiento central del dolor.
2. Para valorar los músculos del tendón de la corva, se coloca al paciente boca abajo
sobre el borde de la mesa de exploración para que las caderas y extremidades
inferiores cuelguen con libertad (fig. 5-12). Se estabilizan, y luego se determina si
puede flexionar las rodillas. Si la rodilla se flexiona, actúa contra la gravedad y con
una fuerza de grado 3, al menos (fig. 5-13). Durante la prueba, se palpa la parte
medial para identificar la actividad de los músculos semimembranoso y
semitendinoso (L5), y la parte lateral para evaluar el bíceps femoral (S1).
3. Para la prueba muscular del glúteo mayor, se sostiene al paciente en la misma
posición y se le pide que extienda las caderas, lo que indica actividad del glúteo
mayor (S1) (fig. 5-14).
FIGURA 5-12 Posición para valorar los músculos del tendón de la corva y el glúteo
mayor.
186
FIGURA 5-13 La contracción del músculo del tendón de la corva medial indica
integridad del nivel neurológico L5; la contracción del músculo del tendón de la
corva lateral indica integridad del nivel neurológico S1.
4. Es mucho más fácil examinar la función en niños pequeños si se juega con ellos
que si se hace una exploración formal.
5. Hay que asegurarse que el paciente no tenga frío y esté cómodo durante la
exploración.
187
FIGURA 5-14 La contracción del glúteo mayor indica integridad del nivel
neurológico S1.
6. Se pide al personal de enfermería que registre sus observaciones de cualquier
movimiento espontáneo de las extremidades del paciente.
Lecturas sugeridas
Abbott, K.H., Retter, R: Protrusions of thoracic intervertebral disks, Neurology, 6:1, 1955.
Abramson, A.S.: Bone disturbances in injuries to the spinal cord and caudaequina, J. Bone Joint Surg. Am.,
30-A:982, 1948.
–––: Principles of bracing in the rehabilitation of the paraplegic, Bull. Hosp. Joint Dis., X:175, 1949.
–––: Changing concepts in the management of spasticity, pp. 205-228 in French, J.D. Ed. Conference in basic
research in paraplegia, Springfield, Thomas 1962.
–––: Modern concepts of management of the patient with spinal cord injury, Arch. Phys. Med. Rehabil.,
48:113, 1967.
–––: Advances in the management of the neurogenic bladder, Arch. Phys. Med., 52:143, 1971.
–––: Management of the neurogenic bladder in perspective. Arch. Phys. Med. Rehabil., 57:197, 1976.
Abramson, A.S., Delagi, E.F.: Influence of weight bearing and muscle contraction on disuse osteoporosis,
Arch. Phys. Med. Rehabil., 42:147, 1961.
Aegerter, E., Kirkpatrick, J.A. Jr.: Orthopaedic Diseases: Physiology, Pathology, Radiology, ed. 3,
Philadelphia, Saunders, 1968.
Alexander, M.A., Bunch, W.H., Ebbesson, S.O.: Can experimental dorsal rhizotomy produce scoliolis? J.
Bone Joint Surg. 54:1509-1513: 1972.
American Academy of Orthopaedic Surgeons: Symposium on Myelomeningocele, St. Louis, Mosby, 1972.
Apley, A.G.: Fractures of the spine, Ann. R. Coll. Surg. Engl., 46:210, 1970.
–––: A System of Orthopaedics and Fractures, ed. 4, London, Butterworth, 1973.
Arseni, C, Nash, R.: Thoracic intervertebral disc protrusion. J. Neurosurg., 17:418, 1960.
Bailey, R.W., Badgley, C.E.: Stabilization of the cervical spine by anterior fusion, J. Bone Joint Surg.,
42A:565, 1960.
Bannister, R.: Brain’s Clinical Neurology, ed. 4, London, Oxford, 1973.
Barr, M.L.: The Human Nervous System: An Anatomical Viewpoint, ed. 2, Hagerstown, Harper & Row,
1974.
Basmajian, J.V.: Muscles Alive, ed. 3, Baltimore, Williams & Wilkins, 1974.
Bateman, J.E.: Trauma to Nerves in Limbs, Philadelphia, Saunders, 1962.
Bauer, D.D.: Lumbar Discography and Low Back Pain, Springfield, Thomas, 1960.
Bauwens, P.: Electrodiagnosis and electrotherapy in peripheral nerve lesions, Proc. R. Soc. Med., 34:459,
1941.
Beetham, W.P. Jr., Polley, H.F., Slocumb, C.H., Weaver, W.F.: Physical Examination of the Joints,
Philadelphia, Saunders, 1965.
Bender, M.B.: Approach to diagnosis in modern neurology, Mt. Sinai J. Med. N.Y., 33:201, 1966.
Benson, M.K.D., Byrnes, D.P.: The clinical syndromes and surgical treatment of thoracic intervertebral disc
prolapse, J. Bone Joint Surg., 57B:471, 1975.
Bernes, S.H.: Spinal Cord Injury: Rehabilitation Costs and Results in 31 Successive Cases Including a Follow-
Up Study (Rehabilitation Monograph), New York, New York Institute of Physical Medicine &
Rehabilitation, New York University-Bellevue Hospital, 1957.
Bickerstaff, E.R.: Neurologic Examination in Clinical Practice, ed. 3, Oxford, Blackwell, 1973.
Bowsher, D.: Introduction to the Anatomy and Physiology of the Nervous System, ed. 3, Oxford, Blackwell,
1975.
Boyes, J.H.: Bunnell’s Surgery of the Hand, ed. 3, Philadelphia, Lippincott, 1970.
Bristow, R.: Discussion on injuries to peripheral nerves, Proc. R. Soc. Med., 34:513, 1941.
Brock, S., Kreiger, H.P.: The Basis of Clinical Neurology, ed. 4, Baltimore, Williams & Wilkins, 1893.
Brown-Sequard, C.E.: Course of Lectures on Physiology and Pathology of CNS Delivered at Royal College of
Surgeons, England 1858, Philadelphia, Collins, 1860.
Caafoord, C., Hiertonn, T., Lindblom, K., Olsson S.E.: Spinal cord compression caused by a protruded
thoracic disc. Report of a case treated with antero-lateral fenestration of the disc, Acta Ortho. Scand.,
188
28:103, 1958.
Capener, N.: The evolution of lateral rhacotomy, J. Bone Joint Surg., 36-B:173, 1954.
Carson, J., Gumper, J., Jefferson, A.: Diagnosis and treatment of thoracic intervertebral disc protrusions, J.
Neur. Neurosurg. Psychiatry, 34:68-77, 1971.
Chesterman, P.J.: Spastic paraplegia caused by sequestrated thoracic intervertebral disc, Proc. R. Soc. Med.,
57:87, 1964.
Chusid, J.G., McDonald, J.J.: Correlative Neuroanatomy and Functional Neurology, Los Altos, California,
Lange, 1967.
Clark, K.: Peripheral nerve injury associated with fractures, Postgrad. Med., 27:476, 1960.
Clark, E.: The Human Brain and Spinal Cord: a Historical Study Illustrated by Writing from Antiquity,
Berkeley, University of California, 1968.
Cloward, R.B.: Treatment of acute fractures and fracture-dislocations of the cervical spine by vertical-body
fusion, J. Neurosurg., 18:201, 1961.
–––: Surgical treatment of dislocations and compression fractures of the cervical spine by the anterior
approach. Proc. Ann. Clin. Spinal Cord Injury Conf., 11, Veterans Admin., Washington, 1970.
Crenshaw, A.H.: Campbell’s Operative Orthopaedics, ed. 5, St. Louis, Mosby, 1971.
Crosby, E., Humphrey, T., Lauer, E.W.: Correlative Anatomy of the Nervous System, New York, Macmillan,
1962.
Daniels, L., Williams, M., Worthingham, C.: Muscle Testing: Techniques of Manual Examination, ed. 2,
Saunders, Philadelphia, 1946.
DeJong, R.N.: The Neurologic Examination, ed. 3, New York, Harper & Row, 1967.
Delagi, E., Perrotto, A., Iazzetti, J., Morrison, D.: An Anatomic Guide for the Electromyographer, Springfield,
Thomas, 1975.
Dodson, W.E., Landau, W.: Motor Neuron loss due to aortic clamping in repair of coarctation, Neurology,
23(5):539, 1973.
Dommisse, G.F.: The blood supply of the spinalcord, J. Bone Joint Surg., 56B:225, 1974.
Draper, I.T.: Lecture Notes on Neurology, ed. 4, Oxford, Blackwell, 1974.
Dunkerley, G.B.: A Basic Atlas of the Human Nervous System, Philadelphia, Davis, 1975.
Elliot, H.: Textbook of Neuroanatomy, ed. 2, Philadelphia, Lippincott, 1969.
Everett, N.B., Bodemier, C.W., Rieke, W.O.: Functional Neuroanatomy Including an Atlas of the Brain Stem,
ed. 5, Philadelphia, Lea & Febiger, 1965.
Favill, J.: Outline of the Spinal Nerves, Springfield, Thomas, 1946.
Ferguson, A.B.: Orthopaedic Surgery in Infancy and Childhood, ed. 3, Baltimore, Williams & Wilkins, 1968.
Fielding, J.W.: Cineroentgenography of the normal cervical spine, J. Bone Joint Surg., 39A:1280, 1957.
Fisher, R.G.: Protrusions of thoracic disc; the factor of herniation through the dura mater, J. Neurosurg.,
22:591, 1965.
Globus, J.H.: Neuroanatomy; a guide for the study of the form and internal structure of the brain and spinal
cord, ed. 6, Baltimore, Wood, 1934.
Guttmann, L.: Surgical aspects of the treatment of traumatic paraplegia, J. Bone Joint Surg., 31B:399, 1949.
–––: Early management of the paraplegic in symposium on spinal injuries, J. R. Col. Surg., 1963.
–––: Spinal Cord Injuries; Comprehensive Management and Research, Oxford, Blackwell, 1973.
Guyton, A.C.: Structure and Function of the Nervous System, Philadelphia, Saunders, 1972.
Haley, J.C., Perry, J.H.: Protrusions of intervertebral discs. Study of their distribution, characteristics and
effects on the nervous system, Am. J. Surg., 80:394, 1950.
Hardy, A.G., Rossier, A.B.: Spinal Cord Injuries, Orthopaedic and Neurological Aspects, Stuttgart, Thieme,
1975.
Harrington, P.: Spinal fusion in the treatment of idiopathic adolescent scoliosis, J. Tenn. Med. Assoc., 56:470,
1963.
Hausman, L.: Illustrations of the Nervous System: Atlas III, Springfield, Thomas, 1961.
Hawk, W.A.: Spinal compression caused by ecchondrosis of the intervertebral fibrocartilage; with a review of
the recent literature, Brain, 59:204, 1936.
Haymaker, W., Woodhall, B.: Peripheral Nerve Injuries, Philadelphia, Saunders, 1953.
Helfet, A.J.: Disorders of the Knee, Philadelphia, Lippincott, 1974.
Hendry, A.: The treatment of residual paralysis after brachial plexus injuries, J. Bone Joint Surg., 31B:42,
1949.
Henry, A.K.: Extensile Exposure, ed. 2, Baltimore, Williams and Wilkins, 1959.
189
Holdsworth, F.W.: Fractures, dislocations, and fracture-dislocations of the spine, J. Bone Joint Surg., 45B:6,
1963.
–––: Fractures, dislocations and fracture-dislocations of the spine, J. Bone Joint Surg., 52A:1534-1551, 1970.
Holdsworth, F.W., Hardy, A.: Early treatment of paraplegia from fractures of the thoracolumbar spine, J.
Bone Joint Surg., 35B:540, 1953.
Hollinshead, W.H.: Anatomy for Surgeons. The Back and Limbs, vol. 3, New York, Hoeber, 1958.
Holmes, R.L., Sharp, J.A.: The Human Nervous System: A Developmental Approach, London, Churchill
1969.
Hoppenfeld, S.: Congenital kyphosis in myelomeningocele, J. Bone Joint Surg., 49B: 1967.
–––: Physical Examination of the Spine and Extremities, New York, Appleton Century Croft, 1976.
–––: Scoliosis, Philadelphia, Lippincott, 1967.
House, E.L., Pansky, B.: A Functional Approach to Neuroanatomy, New York, McGraw-Hill, 1960.
Howorth, B., Petrie, J.G.: Injuries of the Spine. Baltimore, Williams & Wilkins, 1964.
Hulme, A.: The surgical approach to thoracic intervertebral disc protrusions, J. Neuro. Neurosurg. Psychiatry,
23:133, 1960.
Hussey, R.W., Stauffer, E.S.: Spinal cord injury; requirements for ambulation, Arch. Phys. Med., 54:544,
1973.
Kaplan, E.B.: The surgical and anatomic significance of the mammillary tubercle of the last thoracic vertebra,
Surgery, 17:78, 1945.
––– (translator) [Duchenne, G.W.]: Physiology of Motion, Philadelphia, Saunders, 1959.
Keim, H.A., Hilal, S.D.: Spinal angiography in scoliosis patients, J. Bone Joint Surg., 53A:904, 1971.
Kelikian, H.: Hallux Valgus, Allied Deformities of the Forefoot and Metatarsalgia, Philadelphia, Saunders,
1965.
Kilfoyle, R.M., Foley, J.J., Norton, P.L.: Spine and pelvic deformity in childhood and adolescent paraplegia.
A study of 104 cases, J. Bone Joint Surg., 47A:659, 1965.
Kostiuk, P.G., Skibo, G.G.: Structural characteristics of the connections of the medial descending systems
with the neurons of the spinal cord, Neirofiziologiia, 4(6):579, 1972.
Krieg, W.J.: Functional Neuroanatomy, ed. 3, Evanston, Brain Books, 1966.
Kroll, F.W., Reiss, E.: Der thorakaleBandscheibenprolaps, Dtsch. Med. Wochenschr., 76:600, 1951.
Kuntz, A.: A Textbook of Neuroanatomy, ed. 5, Philadelphia, Lea & Febiger, 1950.
Larsell, O.: Anatomy of Nervous System, ed. 2, New York, Appleton-Century-Crofts, 1951.
Lees, F.: The Diagnosis and Treatment of Diseases Affecting the Nervous System, London, Staples Press,
1970.
Leffert, R.D.: Brachial-plexus injuries, N. Eng. J. Med., 291(20): 1059, 1974.
Lewin, P.: The Foot and Ankle, Philadelphia, Lea & Febiger, 1958.
Logue, V.: Thoracic intervertebral disc prolapse with spinal cord compression, J. Neur., Neurosurg.
Psychiatry, 15:227, 1952.
Love, J.G., Keifer, E.J.: Root pain and paraplegia due to protrusions of thoracic intervertebral disks, J.
Neurosurg., 7:62, 1950.
Love, J.G., Schorn, V.G: Thoracic disc protrusions, JAMA, 191:627, 1965.
Lyons, W.R., Woodhall, B.: Atlas of peripheral nerve injuries, Philadelphia, Saunders, 1949.
McBride, E.D.: Disability Evaluation, ed. 5, Philadelphia, Lippincott, 1953.
Mac Nab, I.: Acceleration of injuries of cervical spine, J. Bone Joint Surg., 46A:1797, 1964.
Malamud, N., Hirano, A.: Atlas of Neuropathology, Berkeley, University of California Press, 1974.
Manter, J.T., Gatz, J.: Essentials of Clinical Neuroanatomy and Neurophysiology, ed. 5, Philadelphia, Davis,
1975.
Mathews, W.: Diseases of the Nervous System, ed. 2, Oxford, Blackwell, 1975.
Medical & Technical Summaries Inc: Neuroanatomy, 1959-60 ed., Washington, Sigma Press, 1959.
Menard, V.: Etude Pratiquesur le Mal du Pott, Paris, Masson, 1900.
Mercer, W., Duthie, R.B.: Orthopaedic Surgery, London, Arnold, 1964.
Mettler, F.A.: Neuroanatomy, ed. 2, St. Louis, Mosby, 1948.
Michaelis, L.S.: Orthopaedic Surgery of the Limbs in Paraplegia, Berlin, Springer, 1964.
Middleton, G.S., Teacher, J.H.: Injury of the spinal cord due to rupture of an intervertebral disc during
muscular effort, Glasgow Med. J., 76:1-6, 1911.
Mitchell, G.A.G.: Essentials of Neuroanatomy, Edinburgh, Livingstone, 1971.
Mixter, WJ., Barr, J.S.: Rupture of the intervertebral disc with involvement of the spinal canal, N. Eng. J.
190
Med., 211:210, 1934.
Morris, J.M., Lucas, D.B., Bresler, B.: Role of the trunk in stability of the spine, J. Bone Joint Surg., 43A:327,
1961.
Muller, R.: Protrusions of thoracic intervertebral disks with compression of the spinal cord, Acta Med.
Scandin., 139:99, 1951.
Nachemson, A.: The lumbar spine, an orthopaedic challenge, Spine, 1:69, 1976.
Nachemson, A.: Morris, J.: In vivo measurement of intradiscal pressure, J. Bone Joint Surg., 46A:1077, 1964.
Naffziger, H.C.: The neurological aspects of injuries to the spine, J. Bone Joint Surg., 20:444, 1938.
Netter, F.H.: The Ciba Collection of Medical Illustrations, Summit, Ciba Pharmaceutical Products, 1953.
Newman, P.H.: The etiology of spondylolisthesis, J. Bone Joint Surg., 45B:1963.
Nicoll, E.A.: Fractures of the dorsolumbar spine, J. Bone Joint Surg., 31B:376, 1949.
Olsson, O.: Fractures of the upper thoracic and cervical vertebral bodies, Acta Chir. Scand., 102:87, 1951.
Peck, F.C.: A calcified thoracic intervertebral disk with herniation and spinal cord compression in a child, J.
Neurosurg., 14:105, 1957.
Peele, T.L.: The Neuroanatomic Basis for Clinical Neurology, ed. 2, New York, Blakiston, 1961.
Perlman, S.G.: Spinal cord injury: a review of experimental implications for clinical prognosis and treatment,
Arch. Phys. Med. Rehab., 55:81, 1974.
Perot, P.L. Jr., Munro, D.D.: Transthoracic removal of thoracic disc, J. Neurosurg., 31: 452, 1969.
Perry, C.B.W.: The management of injuries to the brachial plexus, Proc. R. Soc. Med., 67(6):488, 1974.
Perry, C., Nickel, V.L.: Total cervical fusion for neck paralysis, J. Bone Joint Surg., 41-A:37, 1959.
Petrie, J.G.: Flexion injuries of the cervical spine, J. Bone Joint Surg., 46-A:1800, 1964.
Pool, J.L.: The Neurosurgical Treatment of Traumatic Paraplegia, Springfield, Thomas, 1951.
Quiring, D.P., Warfel, J.H.: The Extremities, Philadelphia, Lea & Febiger, 1967.
Ranney, A.L.: The Applied Anatomy of the Nervous System, Being a Study of this Portion of the Human
Body from a Standpoint of Its General Interest and Practical Utility, Designed for Use as a Textbook and a
Work of Reference, New York, Appleton, 1881.
Ransohoff, J., Spencer, F., Siew, F., Gage, L.: Transthoracic removal of thoracic disc, J. Neurosurg., 31:459,
1969.
Ranson, S.W., Clark, S.L.: The Anatomy of the Nervous System: Its Development and Function, ed. 10,
Philadelphia, Saunders, 1959.
Reeves, D.L., Brown, H.A.: Thoracic intervertebral disc protrusion with spinal cord compression, J.
Neurosurg., 28:14, 1968.
Roaf, R.: A study of the mechanics of spinal injuries, J. Bone Joint Surg., 42-B:810, 1960.
Salter, R.B.: Textbook of Disorders and Injuries of the Musculoskeletal System, Baltimore, Williams &
Wilkins, 1970.
Sandiffer, P.H.: Neurology in Orthopaedics, London, Butterworth, 1967.
Santee, H.E.: Anatomy of Brain and Spinal Cord, ed. 3, Chicago, Colegrove, 1903.
Schneider, R.C.: Surgical indications and contraindications in spine and spinal cord trauma, Clin. Neurosurg.,
8:157, 1962.
Schultz, R.J.: The Language of Fractures, Baltimore, Williams & Wilkins, 1972.
Seddon, H.J. ed.: Peripheral Nerve Injuries, Medical Research Council Spec. Report Series No. 282, London,
H.M. Stationery Office, 1954.
Seddon, H.J.: Surgery of nerve injuries, Practitioner, 184:181, 1960.
Sharrard, W.J.W.: The distribution of permanent paralysis in the lower limb in poliomyelitis: A clinical and
pathological study, J. Bone Joint Surg., 37-B:540, 1955.
–––: Muscle paralysis in poliomyelitis, Br. J. Surg., 44:471, 1957.
–––: Poliomyelitis and the anatomy of the motor cell columns in the spinal cord, Extrait du VII Symposium,
pp. 241-245, Oxford 17-20, 1961.
–––: Posterior iliopsoas transplantation in the treatment of paralytic dislocation of the hip, J. Bone Joint Surg.,
46-B:1964.
–––: The segmental innervation of the lower limb muscles in man, Ann. R. Col. Surg. Engl., 35:106, 1964.
–––: Paediatric Orthopaedics and Fractures, Oxford, Blackwell, 1971.
–––: Spina Bifida, A Symposium on Paralysis Shore, N.A.:Occlusal Equilibration and Temporomandibular
Joint Dysfunction, ed. 2, Philadelphia, Lippincott, 1976.
Sidman, R.L., Sideman, M.: Neuroanatomy: A Programmed Text, Boston, Little, Brown, 1965.
Smith, C.G.: Basic Neuroanatomy, ed. 2, Toronto, University of Toronto Press, 1971.
191
Southwick, W.O., Robinson, R.A.: Surgical approaches to the vertebral bodies in the cervical and lumbar
regions, J. Bone Joint Surg., 39-A:631, 1957.
Spinner, M.: Injuries to the Major Branches of Peripheral Nerves of the Forearm, Philadelphia, Saunders,
1972.
Spofford, W.R.: Neuroanatomy, London, Oxford University Press, 1942.
Stauffer, E.S.: Orthopaedic care of fracture dislocations of the cervical spine, Proc. Ann. Veterans Admin.
Clin. Spinal Cord Injury Conf., Washington, Veterans Admin., 1970.
Steegmann, A.J.: Examination of the Nervous System, Chicago, Year Book, 1956.
Steindler, A.: Kinesiology of the Human Body, Springfield, Thomas, 1955.
Suttong, N.G.: Injuries of the Spinal Cord. The Management of Paraplegia and Tetraplegia, London,
Butterworth, 1973.
Svien, H.J., Karaviti, A.L.: Multiple protrusions of the intervertebral disks in the upper thoracic region, Proc.
Staff Meet Mayo Clin., 29:375-378, 1954.
Swan, J.: A Demonstration of the Nerves of the Human Body, London, Longman, 1834.
Tachdjian, M.O.: Pediatric Orthopaedics, vols: 1, 2, Philadelphia, Saunders, 1972.
Taiushey, K.G.: Changes in the spinal cord following its complete sectioning at the so-called critical levels,
Arch. Anat. Histol. Embryol. (Strasb), 86, 1971.
Thomson, J.L.G.: Meylography in dorsal disc protrusion, Acta Radio. [Diagn.](Stockh.), 5:1140, 1966.
Truex, R.C., Carpenter, M.B.: Human Neuroanatomy, ed. 5, Baltimore, Williams & Wilkins, 1969.
Turek, S.L.: Orthopaedics: Principles and Their Application, ed. 2, Philadelphia, Lippincott, 1967.
Watson-Jones, R.: Primary nerve lesions in injuries of the elbow and wrist, J. Bone Joint Surg., 12:121, 1930.
–––: Fractures and Joint Injuries, ed. 4, vol. 2, Baltimore, Williams & Wilkins, 1955.
Weiner, H.L., Levitt, L.P.: Neurology for the House Officer, New York, Medcom Press, 1973, 1974.
Whitesides, T.E., Kelley, R., Howland, S.C.: The treatment of lumbodorsal fracture-dislocations (abstr), J.
Bone Joint Surg., 52-A:1267, 1970.
Winter, R.B., Moe, J.H., Wang, J.F.: Congenital kyphosis. Its natural history and treatment as observed in a
study of 130 patients, J. Bone Joint Surg., 55-A:223, 1973.
Wyke, B.D.: Principles of General Neurology, New York, Elsevier, 1969.
Zachs, S.I.: Atlas of Neuropathology, New York, Harper & Row, 1971.
192
Nota: Los números de página seguidos de la letra f y t refieren a figuras y tablas, respectivamente.
A
Abducción
de dedos, 21-23, 22f, 23f
de hombro, 10f
Abductor del quinto dedo, 21
Actividades cotidianas, lesiones de la columna cervical, 78-79, 79f
Aducción
de cadera, 41, 41f, 42f
de dedos, 23, 22f, 23f
Aductor
corto, 41f
largo, 41f
mayor, 41f
Antebrazo
cara medial, prueba, 20, 22f
lateral, prueba de sensibilidad, 15, 16f
Apófisis odontoides, fractura, 75, 76f
Asta anterior, pérdida de las células, debilidad muscular clínica, 62f
Avulsiones, raíces nerviosas, 33, 36, 36f
B
Babinski, signo de, 84, 84f
Beevor, signo de, 37, 37f
Bíceps
prueba muscular de, 8-9, 11f
prueba de reflejos de, 9-10, 12f
Bipedestación, mielomeningocele, 104
Brazo
cara medial, prueba, 23
lateral, prueba de sensibilidad, 11, 12f
Bulbocavernoso, reflejo, 88f
C
C1, fractura, 75, 74f
C2, fractura, 75, 75f
C3-C7, fracturas, 75-77, 76-79f
Cadera
aducción de, 41, 41f, 42f
extensión de, 52f
193
flexión de, 38f
función, con mielomeningocele
niveles neurológicos
L1-L2, 94
L2-L3, 95
L3-L4, 96-97, 96f
L4-L5, 97-98, 98f
L5-S1, 100-101, 100f
S1-S2, 102, 102f
S2-S3, 103
Codo, extensión o flexión, 10f
Columna cervical, 7f
dolor de, 25-27, 28f
esguince cervical frente a, 29-31, 35f
estabilidad de,
criterios, 91t
evitar compromiso adicional del nivel neurológico, 89-91, 90-92f
fracturas, 74-77, 74-79f
por compresión, 75-76, 76f
localización
prueba específica, 28, 29-34f, 34t
prueba general, 29
luxaciones, 74-77, 74-79f
Columna lumbar
anatomía articular facetaria, 87f
estabilidad, criterios de, 92t
Columna torácica, anatomía articular facetaria, 87f
Compresión, prueba, 36f
Conservación sacra, 85, 86f
Cremastérico, reflejo, 85, 85f
Cuádriceps, 39-40, 39-40f
valoración de, 40f
D
Dedos
abducción de, 21-23, 22f, 23f
aducción de, 23, 22f, 23f
extensión de, 16f
flexión de, 16f, 18f
prueba de flexores, 20, 21f
Deltoides, prueba, 8, 8-10f
Dermatomas
de extremidades inferiores, 42f, 45f, 55f
del tronco, 82f
Diastomatomielia, 104f
Dolor
hernias discales cervicales, 25-27, 28f
herpes zoster, 63
Dorsiflexión del pie, 46f
E
Electromiografía, 93
194
Espasticidad, 86
Espondilólisis, 61-63, 62f
Espondilolistesis, 61-63, 60-62f
Estabilidad
columna toracolumbar, criterios, 92t
espinal, criterios, 90t
Estimulación pulmonar, pruebas, 93
Exploración del paciente con mielomeningocele, sugerencias, 105-106, 105f, 106f
Extensión, déficit de, 40f
Extensor
corto de los dedos, 46f
cubital del carpo, 14f
de los dedos, 19f
largo de los dedos, 46f
largo del hallux, 45, 46f
valoración, 47f
radial
corto del carpo, 14f
largo del carpo, 14f
prueba, 13, 13-14f, 15f, 16f
Extremidades
inferiores, lesiones de las raíces nerviosas, 37-63
niveles neurológicos
aplicaciones clínicas
espondilólisis, 61-62, 62f
espondilolistesis, 61-62, 60-62f
hernias lumbares, 56-58, 56-60f, 57t
herpes zoster, 63
poliomielitis, 63-64, 62f
trastornos lumbares en comparación con hernias de disco, 58-59
L4, 42-44, 43-45f
L5, 45-47, 45-49f
S1, 48-54, 49-54f
S2-S4, 54-56, 55f
T2-T12, 37-38, 37f
T12-L3, 38-42, 38-42f
superiores
exploración, mielomeningocele, 105
lesiones de raíces nerviosas, 7-36
niveles neurológicos
aplicaciones clínicas
apófisis unciforme y la osteoartritis, 31-33, 35-36f
avulsión de raíces nerviosas, 33, 36, 36f
esguince cervical frente a hernia discal cervical, 29-31, 35f
hernias discales cervicales, 25-29, 25-34f, 34t
C5, 7-11, 8-12f
C6, 11-15, 13-16f
C7, 15-20, 16-20f
C8, 20, 20-22f
T1, 21-25, 22-25f
F
Fibrosis anular
anterior, 27f
195
posterior, 27f
Flacidez, 86
Flexión, lesión por, 89, 91
estable, 90f
inestable, 91f
Flexión-rotación, lesión por, 91, 91-92f
Flexor
radial del carpo, 18f
superficial de los dedos, 21f
Fractura del ahorcado, 75f
Fuerza motora, 23-24
Función ambulatoria, pronóstico, 86-87, 87f
Función intestinal, niveles neurológicos
L1, 82
L1-L2, 95
L2, 82
L2-L3, 96
L3, 82
L3-L4, 97, 97f
L4, 83
L4-L5, 99f, 100
L5, 83
L5-S1, 101f, 102
S1, 84
S1-S2, 103, 103f
S2-S3, 104
pronóstico, 87-88
Función motora, niveles neurológicos
C3, 67-68
C4, 69
C5, 70
C6, 71
C7, 72
C8, 72-73
L1-L2, 94
L2-L3, 95
L3-L4, 96-97, 96f
L4-L5, 97-99, 98f
L5-S1, 100-101, 100f
S1-S2, 102-103, 102f
S2-S3, 103
T1, 73-74
Función muscular, niveles neurológicos
L1, 82
L2, 82
L3, 82
L4, 83
L5, 83
S1, 84
T1-T12, 81
Función vesical, niveles neurológicos
L1, 82
L1-L2, 95
L2, 82
L2-L3, 96
196
L3, 82
L3-L4, 97, 97f
L4, 83
L4-L5, 99f, 100
L5, 83
L5-S1, 101f, 102
S1, 84
S1-S2, 103, 103f
S2-S3, 104
pronóstico, 87-88
G
Gastrocnemio, 51f
Glúteo
mayor, 52, 52f, 53f
prueba, 53f, 105f
medio, 47, 48-49f
H
Hernias
discales
cervicales, 25-29, 25-34f, 34t, 79
lumbares, 56-57, 56-60f, 57t
torácicas, 88-89, 88f
lesión de la raíz nerviosa, base anatómica, 57f
trastornos lumbares en comparación, 58-59
Herpes, zoster, 63
Hidrocefalia, 104-105
Hiperextensión, lesiones por, 91
columna cervical, 75-76, 77f
Hoffmann, signo de, 74, 75f
I
Iliopsoas, 38-39, 38f
inervación de, 83f
valoración de, 39f
Interóseos
dorsales, 21
palmares, 23
J
Jefferson, fractura de, 74f
L
Latigazo, lesión de la columna cervical, 35f
Lesión unilateral, mielomeningocele, 104, 104f
Lesiones por compresión, 91
Ligamento longitudinal
197
anterior, 27f
posterior, 27f
Lumbricales, 21f
Luxaciones
bilaterales de las carillas articulares, 77, 78f, 79f
carillas articulares cervicales, 76-77, 77f, 78f
M
Marcha, mielomeningocele, 104
Médula espinal, lesiones, 65-80
conservación sacra, 85, 86f
criterios de estabilidad de la columna toracolumbar y lumbar, 92t
espasticidad, 86
estabilidad de la columna cervical, criterios, 91t
flacidez, 85-86
función ambulatoria, pronóstico, 86-87, 87f
función vesical e intestinal, pronóstico, 87-88
hernias discales torácicas, 88-89, 88f
incompletas, 85
efectos en la vejiga e intestino, 87-88
lesión completa o incompleta, 85
efectos en la vejiga e intestino, 87-88
niveles neurológicos
aplicaciones clínicas
actividades cotidianas, 78-79, 79f
fracturas y luxaciones de la columna cervical, 74-77, 74-79f
hernias discales cervicales, 79
mielitis transversa, 80
tuberculosis espinal, 80
tumores de la columna cervical, 79-80
C3, 67-68, 68f
C4, 69, 69f
C5, 69-70, 70f
C6, 70-71, 71f
C7, 71-72, 72f
C8, 72-73, 73f
T1, 73-74
paraplejía, 81-84
reflejos de la neurona motora superior, 74, 74f, 84-85
valoración de la estabilidad espinal para evitar compromiso adicional del nivel neurológico, 89-91, 90-
92f
Mielitis transversa, 80
Mielomeningocele, 93-106, 94f
determinación del nivel, 93-104
niveles neurológicos
L1-L2, 94-95, 95f
L2-L3, 95-96
L3-L4, 96-97, 96f, 97f
L4-L5, 97-100, 98f, 99f
L5-S1, 100-102, 100f, 101f
prueba motora, 94t
S1-S2, 102-103, 102f, 103f
S2-S3, 103-104
exploración
198
extremidad superior, 105
paciente, sugerencias, 105-106, 105f, 106f
hidrocefalia, 104-105
lesiones unilaterales, 104, 104f
metas del desarrollo, 104
Muletas, lesiones de la columna cervical, 78
Muñeca
flexión, 16f, 18f
prueba muscular de extensión, 15f
Músculos
gastrocnemio y sóleo, 50, 51f, 52
intercostales, 37
rectos del abdomen, 37
N
Nervio
antebraquial-cutáneo medial, 20, 22f
axilar, 8, 8-10f
cubital, prueba, 17-18, 18f
cutáneo braquial medial, prueba, 23
femoral, 39-40, 39-40f
frénico, 7
glúteo,
inferior, 52, 52f, 53f
superior, 47, 48-49f
medio, prueba, 17-18, 18f
musculocutáneo, pruebas, 8-9, 11f
antebrazo cara lateral, 15, 16f
bíceps, 13
obturador, 41
radial, prueba, 15-17, 17f, 18f
tibial, 50, 51f, 52
Neurona motora superior, reflejos, 74, 74f
reflejo superficial normal, 85
reflejos patológicos, 84
Niveles neurológicos
C, tetraplejía, 67-68, 68f
C4, tetraplejía, 69, 69f
C5
lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades superiores, 7-11, 8-12f
tetraplejía, 69-70, 70f
C6
lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades superiores, 11-15, 13-16f
tetraplejía, 70-71, 71f
C7
lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades superiores, 15-20, 16-20f
tetraplejía, 71-72, 72f
C8
lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades superiores, 20, 20-22f
tetraplejía, 72-73, 73f
L1, paraplejía, 82, 83f
L1-L2, mielomeningocele, 94-95, 95f
L2, paraplejía, 82
L2-L3, mielomeningocele, 95-96
199
L3, paraplejía, 82
L3-L4, mielomeningocele, 96-97, 96f, 97f
L4, lesiones de las raíces nerviosas que afectan las extremidades inferiores, 42-44, 43-45f
L4, paraplejía, 83
L4-L5, mielomeningocele, 97-100, 98f, 99f
L5
lesiones de las raíces nerviosas que afectan las extremidades inferiores, 45-47, 45-49f
paraplejía, 83
L5-S1, mielomeningocele, 100-102, 100f, 101f
S1, paraplejía, 84
S1-S2, mielomeningocele, 102-103, 102f, 103f
S2-S3, mielomeningocele, 103-104
S2-S4, lesiones de las raíces nerviosas que afectan las extremidades inferiores, 54-56, 55f
T1
lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades superiores, 21-25, 22-25f
tetraplejía, 73-74
T1-T12
lesión de las raíces nerviosas que afectan las extremidades inferiores, 37-38, 37f
paraplejía, 81
T12-L3, lesiones de las raíces nerviosas que afectan las extremidades inferiores, 38-42, 38-42f
O
Oppenheim, signo de, 84, 84f
Osteoartritis, procesos unciformes, 31-33, 35-36f
P
Paraplejía, 81-84
niveles neurológicos
L1, 82, 83f
L2, 82
L3, 82
L4, 83
L5, 83
S1, 84
T1-T12, 81
Peroneo
corto, 47, 49, 49f
largo, 47, 49, 49f, 50f
Pie
función, con mielomeningocele
niveles neurológicos
L1-L2, 94
L2-L3, 95
L3-L4, 96f, 97
L4-L5, 98f, 99
L5-S1, 100f, 101
S1-S2, 102f, 103
S2-S3, 103
inversión, 43f
extensores, prueba muscular, 47f
eversión, 49f
flexión plantar, 51f
200
Poliomielitis, 63-64
Posición sedente, mielomeningocele, 104
Procesos unciformes, osteoartritis, 31-33, 35-36f
Prueba de reflejo, niveles neurológicos
C3, 68
C4, 69
C5, 9-10, 12f, 70
C6, 14-15, 16f, 71
C8, 73
L1, 82
L1-L2, 95
L2, 82
L2-L3, 96
L3, 82
L3-L4, 97, 97f
L4, 44, 44f, 83
L4-L5, 99-100, 99f
L5, 47, 83
L5-S1, 101-102, 101f
S1, 47, 52-53, 54f, 84
S1-S2, 103, 103f
S2-S3, 103
S2-S4, 54
T1, 74
T12-L3, 42
Pruebas musculares, niveles neurológicos
C5, 7-9, 10f, 11f
C6, 11-13, 13-14f, 15f
C7, 15-18, 16-19f
C8, 20, 20f, 21f
L4, 42-43, 43f
L5, 45-47, 45-49f
S1, 47, 52, 49-53f
T1, 21-23, 22f, 23f
T2-T12, 37, 37f
T12-L3, 38-41, 38-42f
R
Raíces nerviosas
avulsión, 33, 36, 36f
lesiones, extremidades
inferiores. Véase Extremidades inferiores, lesiones de raíces nerviosas
superiores. Véase Extremidades superiores, lesiones de raíces nerviosas
Reflejo
braquiorradial, prueba, 14, 16f
superficial normal, 85
Reflejos, pruebas, 24
Reflejos patológicos, 84
Respiración, lesiones de la médula espinal, 78
Rodilla
extensión de, 39f
función, con mielomeningocele
niveles neurológicos
L1-L2, 94
201
L2-L3, 95
L3-L4, 96f, 97
L4-L5, 98-99, 98f
L5-S1, 101, 100f
S1-S2, 102, 102f
S2-S3, 103
S
Sensibilidad, prueba, 24
niveles neurológicos
C3, 68
C4, 69
C5, 11, 12f, 70
C6, 15, 16f, 71
C7, 20, 72
C8, 20, 22f, 73
L1, 82
L1-L2, 95, 95f
L2, 82
L2-L3, 95
L3, 82
L3-L4, 97, 97f
L4, 44, 45f, 83
L4-L5, 99, 99f
L5, 47, 83
L5-S1, 101, 101f
S1, 54, 55f, 84
S1-S2, 103, 103f
S2-S3, 104
S2-S4, 54, 55f
T1, 23, 24f, 74
T1-T12, 81
T2-T12, 38
T12-L3, 41-42, 42f
Silla de ruedas, lesiones de la columna cervical, 78
Spurling, prueba de, 32-33
Supraespinoso, prueba, 9f
T
Tendón, reflejo
de Aquiles, 52-53, 54f
rotuliano, 44, 44f
Tetraplejía, 65-80
aplicaciones clínicas
actividades de la vida diaria, 78-79, 79f
fracturas y luxaciones de la columna cervical, 74-77, 74-79f
hernias discales cervicales, 79
mielitis transversa, 80
tuberculosis espinal, 79
tumores de la columna cervical, 79
niveles neurológicos
C3, 67-68, 68f
202
C4, 69, 69f
C5, 69-70, 70f
C6, 70-71, 71f
C7, 71-72, 72f
C8, 72-73, 73f
T1, 73-74
reflejos de neurona motora superior, 73, 74f
Tibial anterior, 42
prueba, 43f
Toracolumbar, fractura-luxación, 92f
Trastornos lumbares en comparación con hernias de disco, 58-59
Tríceps
braquial, 17f
extensión, 16f
prueba, 15-17, 17f, 18f, 20f
Tuberculosis espinal, 80
Tumores
de la columna cervical, 79-80
metastásicos, 79
V
Valsalva, prueba, 34f
Vasto
crural, 40f
lateral, 40f
medial, 40f
Vértebra cervical, anatomía, 35f
203
Índice
Title Page 2
Copyright 3
Dedicatoria 5
Prólogo 6
Prólogo a la edición previa 7
Reconocimientos 8
Contenido 10
Introducción 13
Fuerza motora 13
Sensibilidad 14
Reflejos 15
Parte 1 Lesiones de raíces nerviosas por nivel neurológico 17
1 Valoración de lesiones de raíces nerviosas que afectan las extremidades
18
superiores
Pruebas de cada una de las raíces nerviosas: C5 a T1 19
Nivel neurológico C5 19
Nivel neurológico C6 26
Nivel neurológico C7 33
Nivel neurológico C8 42
Nivel neurológico T1 47
Resumen 50
Aplicaciones clínicas de los niveles neurológicos 54
Hernias discales cervicales 54
Esguince cervical frente a hernia discal cervical 62
Las apófisis unciformes (apófisis uncinadas) y la osteoartritis 63
Avulsión de raíces nerviosas 66
2 Valoración de las lesiones de las raíces nerviosas que afectan el tronco y
72
las extremidades inferiores
Pruebas de las raíces nerviosas individuales, T2-S4 72
Niveles neurológicos T2-T12 72
Niveles neurológicos T12-L3 73
Nivel neurológico L4 82
Nivel neurológico L5 86
Nivel neurológico S1 92
Niveles neurológicos S2-S4 103
204
Resumen 104
Aplicaciones clínicas de los niveles neurológicos 107
Hernias lumbares 107
Trastornos lumbares en comparación con hernias de disco 111
Espondilólisis y espondilolistesis 113
Herpes zoster 117
Poliomielitis 117
Parte 2 Lesiones de la médula espinal por nivel neurológico 119
3 Lesiones de la médula cervical: tetraplejía 121
Valoración de los niveles individuales de la médula espinal: C3-T1 121
Nivel neurológico C3 (C3 intacto) 122
Nivel neurológico C4 (C4 intacto) 124
Nivel neurológico C5 (C5 intacto) 125
Nivel neurológico C6 (C6 intacto) 126
Nivel neurológico C7 (C7 intacto) 127
Nivel neurológico C8 (C8 intacto) 128
Nivel neurológico T1 (T1 intacto) 129
Reflejos de neurona motora superior 130
Aplicaciones clínicas 130
Fracturas y luxaciones de la columna cervical 130
Actividades cotidianas 139
Hernias discales cervicales 141
Tumores de la columna cervical 142
Tuberculosis espinal 142
Mielitis transversa 143
4 Lesiones de la médula espinal por abajo de T1, incluida la cauda equina 144
Paraplejía 144
Niveles neurológicos T1-T12 144
Nivel neurológico L1 (L1 intacto) 145
Nivel neurológico L2 (L2 intacto) 146
Nivel neurológico L3 (L3 intacto) 147
Nivel neurológico L4 (L4 intacto) 147
Nivel neurológico L5 (L5 intacto) 148
Nivel neurológico S1 (S1 intacto) 148
Reflejos de la neurona motora superior 149
Reflejos patológicos 149
Reflejo superficial normal 150
Aplicaciones clínicas 150
205
Valoración adicional de las lesiones de la médula espinal 150
Hernias discales torácicas 155
Valoración de la estabilidad espinal para evitar compromiso adicional
157
del nivel neurológico
Diagnóstico 157
Lesión por flexión 158
Lesión por flexión-rotación 160
Lesiones por hiperextensión 161
Lesiones por compresión (axial) 161
5 Mielomeningocele 165
Determinación del nivel 165
Nivel neurológico L1-L2 (L1 está intacto, L2 no) 166
Nivel neurológico L2-L3 (L2 está intacto, L3 no) 169
Nivel neurológico L3-L4 (L3 está intacto, L4 no) 170
Nivel neurológico L4-L5 (L4 está intacto, L5 no) 172
Nivel neurológico L5-S1 (L5 está intacto, S1 no) 176
Nivel neurológico S1-S2 (S1 está intacto, S2 no) 179
Nivel neurológico S2-S3 (S2 está intacto, S3 no) 182
Metas del desarrollo 183
Posición sedente 183
Bipedestación 184
Marcha 184
Lesiones unilaterales 184
Hidrocefalia 184
Exploración de la extremidad superior 185
Sugerencias para la exploración del paciente con mielomeningocele 185
Índice 193
206