Los 33 Dia de Consagracion A San Jose - P Guillermo Serra
Los 33 Dia de Consagracion A San Jose - P Guillermo Serra
INTRODUCCIÓN
La figura de San José permaneció en la sombra durante los primeros siglos de la cristiandad,
cuando las discusiones teológicas se centraban en la divinidad y humanidad de Cristo o en la
virginidad de María. A José lo encontramos en los relatos evangélicos alrededor de la
Encarnación, el nacimiento y los primeros años de la vida de Jesús, para posteriormente dar un
salto y hacer su última aparición cuando Jesús tiene 12 años y es encontrado en el Templo.
Después su figura simplemente se desvanece.
A pesar de no contar con ninguna palabra que haya salido de sus labios, tenemos un fiel
recuento de las cosas que hizo; por ellas conocemos el gran hombre que fue y las virtudes que
lo caracterizaron. Grandes santos y pontífices no pasaron todo esto por alto. Reconocieron que
ser padre de Jesús y esposo de María le otorgaba un papel importante en la historia de la
salvación. Recurrieron personalmente a su intercesión y protección paternal, recomendándolo
a toda la Iglesia; buscaron imitarle en sus virtudes, tomándole como modelo para todos los
cristianos; dieron testimonio de los favores que San José les alcanzaba y de la seguridad de su
custodia.
Poco a poco, su figura fue cobrando fuerza en el seno de la Iglesia. En 1621 el Papa Sixto IV
introduce la fiesta de San José (19 de marzo) en el calendario de la Iglesia universal. Benedicto
XIII incluye su nombre en la letanía de los santos. En 1870 el papa Pio IX lo declara “Patrono de
la Iglesia Universal”. El Papa Benedicto XV lo nombra “Patrono de los obreros, de los padres de
familia y de los moribundos” en 1920 y el Papa Pio XII agrega al calendario litúrgico la fiesta
propia de San José Obrero, el 1º de mayo.
A partir de estos acontecimientos, San José ha sido profundamente amado por el pueblo
cristiano. Múltiples templos han sido erigidos en su nombre, numerosas órdenes religiosas se
han amparado a su custodia, en la piedad popular existen devocionarios completos dedicados
a él, tanto en solitario como formando parte esencial de la Sagrada Familia.
A 150 años de ser proclamado Patrono de la Iglesia Universal, el Papa Francisco ha declarado
un año jubilar en su memoria, recordándonos que “todos pueden encontrar en San José – el
hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta – un
intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”. (Francisco. Patris Corde)
Mucho tenemos que aprender de quien fue elegido por Dios para cuidar de sus más grandes
tesoros en la tierra. La figura de paternidad de José, nos ayuda a comprender la del Padre
Celestial. Nadie conoció mejor o estuvo más cerca de María; y después de ella, nadie como
José experimentó al Verbo divino. En esa intimidad con la Trinidad Santa, recurrimos a San
José para que sea nuestro guía en la vida espiritual, custodio de nuestra fe, modelo de
virtudes, maestro de oración e intercesor de nuestras vidas.
En este camino de consagración a San José, prolongado durante 33 días, queremos hablar de
Dios, a propósito de San José, no centrar el culto o la fe en su figura.
La consagración está dividida en tres partes: la primera para conocer mejor la figura de San
José, la segunda para meditar en su presencia en los Evangelios a través de la devoción de los
“Gozos y dolores de San José”; en la tercera meditaremos en algunas de las muchas virtudes
que lo caracterizaron y finalmente el día 33 haremos la consagración de nuestra vida a su
custodia.
Durante este recorrido, te sugiero escribir un diario para ir anotando las luces que recibas y los
propósitos personales que el Espíritu Santo te vaya inspirando.
Te invito a que me acompañes en este camino para conocer mejor a quien María más quiso,
después de Jesús, y a quien Jesús llamo tiernamente “papito” (abba). A él consagramos
nuestra vida para que nos ayude a estar cada vez más cerca del corazón de Jesús y de María.
PRIMERA PARTE – CONOCIENDO A SAN JOSÉ
CITA
“José, hijo de David, no temas” (Mt 1, 20).
REFLEXIÓN
El ángel reconoce a José como hijo de David, y por lo tanto lo relaciona directamente con la
profecía sobre el Mesías. El acto de fe de José que le lleva a adoptar a Jesús, proporciona el
marco legal y social por el que Jesús es integrado al linaje de David. Al fiat de María se agrega
el asentimiento de fe de José, y así, “ambos fundan el verdadero Israel”.
Como hijo de David, José era fiel observante de la Ley y conocía las Escrituras. De alguna
manera sabía que de su familia tendría que nacer el Mesías, a quien, como todo judío,
esperaba ansiosamente y lleno de esperanza.
Detengámonos a pensar por un momento lo que debe haber significado para él darse cuenta
que no sería de otro, sino de él mismo, de quien dependería la misión de custodiar y cuidar al
Mesías. No es difícil imaginar su sorpresa, su sensación de pequeñez, de asombro ante el
misterio.
¡Cuánta fe y cuánto abandono confiado en la elección de Dios!
Pidamos a San José que con la misma sencillez y humildad nos conceda descubrir el
incomparable don de haber sido llamados a la fe cristiana. Nosotros también hemos sido
elegidos para ser hijos de Dios en la Iglesia. Pertenecemos a este linaje por pura bondad y
misericordia de Dios.
PROPÓSITO O TAREA
Hacer una acción de gracias por el don de la fe, por la pertenencia a nuestra santa Iglesia
Católica y pidamos a San José que nos ayude a corresponder con nuestra vida a tan
maravilloso regalo.
CITA
“… Alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la conmemoración de San José, porque él es el
hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios, el fiel y prudente servidor a
quien constituiste jefe de tu familia, para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu
Unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro.” (Prefacio de San
José).
REFLEXIÓN
En las escrituras el Justo por excelencia es Dios y las personas lo serán en la medida en la que
estén adheridos a Él. La justicia abarca todo el quehacer humano y espiritual, y en José está
dignamente representada, como lo afirma Mateo: “su marido José, que era justo…” (Mt 1, 19).
Sabemos que José fue elegido para una misión y por tanto le otorgó las gracias necesarias para
su cumplimiento. Desde su niñez fue instruido en el conocimiento y el santo temor de Dios.
Tenía un profundo respeto hacia Él y por eso fue considerado digno de ser el padre de Jesús.
Además, vivió más cerca que nadie de María, habitada por el Espíritu Santo. Sin duda, fue
colmado de gracias por parte de Dios, pero el mérito de José fue nunca resistirse a ellas, por
eso fue digno de relacionarse profundamente con el misterio de nuestra redención.
Gracias a su justicia, como padre adoptivo de Jesús, José pudo instruirlo, defenderlo y
acompañarlo en el perfeccionamiento de su naturaleza humana tanto interior como exterior.
Ser justo no sólo significa respetar a las personas o dar el justo valor a las cosas, va más allá de
simplemente actuar con rectitud o de acuerdo a la ley y el derecho. En el sentido bíblico, se
combina la justicia con la piedad, entendiendo así que la persona que merezca ser llamado
justo, es alguien que vive de acuerdo a la voluntad de Dios, que cultiva la intimidad con Él y
vive bajo el designio de su amor. Todas esas cualidades las proyecta a la sociedad a través de
su testimonio, educando con el ejemplo y conquistando con su integridad la confianza de los
demás.
PROPÓSITO
Pidamos a San José la gracia de conocerle mejor y aprender de él a ser justos, con un santo
temor de Dios y esforzándonos por llevar ese testimonio a los demás a través de la coherencia
de vida.
CITA
“…sin duda, este José con quien se desposó la Madre del Salvador, fue hombre bueno y fiel,
siervo fiel y prudente, a quien constituyó Dios consuelo de su Madre, nutricio de su carne, y él
solo, en la tierra, fidelísimo coadjutor del gran consejo” (San Bernardo).
REFLEXIÓN
En sentido estricto, el término de siervo fiel y prudente se refiere a la persona que tiene como
responsabilidad la custodia y bienestar de alguien más. Para ello se requiere de sabiduría y
sensatez a la hora de tomar decisiones, anteponer el bien del otro a las preferencias
personales o a los placeres egoístas. El amo y el siervo tienen la misma misión, luchan por el
mismo objetivo y entre ellos hay una relación de confianza.
José es el siervo de Dios. Dios es su dueño, dueño de todo y de todos, creador de todo lo que
existe. Para José no hay otra voluntad a seguir que no sea la del Señor. Cumplió siempre los
preceptos de la Ley de Moisés y se dejó guiar por el Espíritu divino.
Aunque el entendimiento de José, un hombre sencillo, fuera incapaz de penetrar toda la
profundidad el misterio de su misión como esposo Virgen de María y padre adoptivo de Jesús,
supo reconocer el origen divino de los mensajes en sus sueños y abandonando todo, se
dispuso a cumplir el plan de Dios.
José es como el hombre del Evangelio que encuentra un tesoro escondido en el campo, y lleno
de alegría vende todo cuanto tiene para adquirir ese terreno. María y su Hijo, Jesús, fueron
siempre, el tesoro más valioso en la vida de José. A ellos sirvió fielmente, con valentía y
prudencia, con sabiduría y paciencia, con obediencia y confianza en Dios.
La vocación de José no cambió su condición social ni su forma de ser. Recibe su llamado en las
circunstancias propias de sus realidades temporales, en medio de sus actividades cotidianas.
Como cabeza de una familia, necesitaba seguir trabajando para proveerles de lo necesario.
Siguió siendo el mismo siervo, el hombre justo, ahora esposo y padre.
Gracias a su fe, apertura, docilidad y sencillez, pudo recibir las gracias necesarias para elevar su
naturaleza y responder al llamado personal como padre de Jesús y el llamado universal a la
santidad.
PROPÓSITO
Pidamos el auxilio de San José para aprender a escuchar la voz de Dios y a seguirla con
fidelidad. Pregúntate: en mi circunstancia y estado de vida ¿qué me está pidiendo Dios?
CITA
“Dios nuestro, creador de todas las cosas, que has establecido para el género humano el
precepto del trabajo, concede propicio, por el ejemplo y con la protección de San José, que
podamos cumplir con las tareas que nos asignas y alcancemos la recompensa que nos
prometes” (Oración colecta de la fiesta de San José obrero).
REFLEXIÓN
A pesar de ser descendiente de la casa real de David, José pertenecía a la clase trabajadora y
no gozaba de riqueza. Su disciplina, honradez y seriedad en el trabajo de artesano, eleva la
dignidad del trabajo humano. Al final de la creación del mundo, Dios manda al hombre a
someter la tierra y cuanto habita en ella. La creación misma es reflejo del trabajo perfecto de
Dios durante seis días, al término de los cuales, descansó, dejando precedente de lo que sería
la vida de sus creaturas.
El oficio de José ha sido identificado con el de carpintero, pero en realidad era un concepto
más amplio que se podría catalogar como artesano, pues no se limitaba a trabajar con madera
y comprendía también labores de construcción. El tipo de trabajo y el arduo afán con el que
José lo realizaba, hacen difícil de creer que José fuera un anciano frágil, como se le retrata en
algunos evangelios apócrifos u obras de arte. Más bien podemos imaginarlo como un hombre
entero, fuerte, capaz e incansable.
José tuvo que dejar la reputación que se había forjado en Nazaret para desplazarse a Belén o a
Egipto donde habrá tenido que abrirse camino desde cero. Seguramente no fue fácil. El
admirable desapego que mostró de su trabajo, de sus intereses, sus relaciones y el lugar donde
vivía es admirable. Todo con tal de tener a Jesús y custodiarlo. José vaciaba diariamente su
corazón para dejar que el Reino de Dios se instalase ahí.
Su actividad fue realizada siempre con honestidad con el fin de sustentar a la familia. ¡Qué
gran ejemplo para Jesús! Fue testigo de la gratificación que representa comer del fruto del
propio trabajo. Aprendió de José tanto su oficio como su dignidad.
PROPÓSITO
Pide a San José la gracia de valorar tu trabajo. Proponte realizarlo lo mejor que puedas y
colaborar con él a la mayor gloria de Dios. Reza también por quienes no tienen trabajo y lo
están buscando.
CITA
“Señor Dios, que en tu inefable providencia te dignaste elegir a San José como esposo de la
Santísima Madre de tu Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo a
quien veneramos como protector en la Tierra”. (Oración. Misa votiva de San José)
REFLEXIÓN
Sin detenernos en este momento a pensar cómo sucedieron las cosas, damos por un hecho
que para José, no fue fácil aceptar la misión de ser esposo de María y padre de Jesús. Pero
recordemos que su fe siempre le permitió abrirse a la gracia que Dios le otorgaría para su
cumplimiento. Esa misma gracia del Espíritu divino, es la que santificó su matrimonio, es la
fuente de su amor conyugal por María y el cariño paternal por Jesús. La fe y el propio “fiat”,
hágase, de José, lo convierten en el primer cristiano en creer en el misterio de la Encarnación.
Y ¿cómo amaba José a María? En el libro “La Virgen María”, Jean Guitton lo describe así: “el
amor del hombre se amolda al amor de la mujer, que, como hábil educadora, le modera el
impulso para que se transforme en cuidado y ternura, que lo hace capaz de recibir y dar”. A
pesar de la condición de castidad perpetua, el amor entre José y María era real. No le fueron
extrañas las pequeñas luchas de cada día, las tensiones durante los periodos de incertidumbre
y los altibajos de las emociones propias de la fragilidad humana. Pero permanecieron juntos,
creciendo y madurando, uno al lado del otro.
José, el esposo, fue un hombre que, sin temor a perder su virilidad, supo reconocer la belleza y
la dignidad femenina, tan perfectamente personificada en María. Con sencillez aceptó que ella
tuviera el lugar privilegiado de ser la Madre de Dios, con humildad aceptó que la llena de
gracia fuera su maestra de vida espiritual, con paciencia supo guardar silencio antes que
imponer su opinión, con confianza aprendió de ella a guardar las cosas que no entendía en su
corazón y con determinación se propuso cuidar de su esposa y de su Hijo toda la vida, velando
por que nada les faltara. ¡Qué gran testimonio para el hombre actual! Un modelo de fidelidad,
respeto, intimidad y cariño vigente para los matrimonios de nuestros tiempos.
PROPÓSITO O TAREA
Contempla en oración el “hágase” de José en la aceptación de todo lo que sucede. Una
aceptación que se hace en protección del plan de Dios. Piensa en tu vida y en un “hágase” que
Dios te esté pidiendo y pide la protección de San José para que lo logres.
CITA
José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús
mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos
en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”». (Juan
Pablo II. Redemptoris Custos N. 14)
REFLEXIÓN
José era un buen israelita, podemos asegurar que era un esposo atento y cariñoso con su
esposa, además de ser un padre cercano y afectuoso. Si a eso añadimos su buena reputación,
su honradez, su arduo trabajo entenderemos que ocupaba un lugar distinguido en su sociedad.
Por lo mismo, podemos imaginar el sano orgullo que sentía Jesús cuando le llamaban el “hijo
de José”.
Juan Pablo II destacó la importancia de defender el matrimonio de María y José ya que éste
era el marco jurídico del que dependía la paternidad de José. Y el Evangelio lo reconoce así, al
narrar la genealogía de Jesús. Quizá, José no era padre carnal de Jesús, pero precisamente por
ser una paternidad virginal, su sentido era más profundo: el Verbo Encarnado de Dios,
concebido por obra del Espíritu Santo, necesitaba ser acogido en una familia del linaje de
David. Y José dijo: “aquí estoy”.
“El Señor no nació del germen de José. Sin embargo, a la piedad y caridad de José, le nació un
hijo de la Virgen que era Hijo de Dios”. (Pedro Beteta. Descubriendo a San José en el Evangelio)
Imaginemos a Jesús niño, llamando a su papá, queriendo imitarle, sintiéndose seguro y
protegido por él, jugando con sus herramientas de trabajo y posteriormente aprendiendo de él
su oficio. ¡Qué maravilla pensar que quien es la sabiduría absoluta, le hiciera preguntas sobre
las nubes, los animales o las Escrituras! El silencio de José es el custodio de la infancia de Jesús.
Cuando creció “en edad, sabiduría y gracia”, lo hizo a lado de José, su padre terrenal. Para
nosotros es un modelo de educador envuelto en el misterio.
PROPÓSITO O TAREA
Dedica unos minutos a la oración contemplativa, imaginando a Jesús niño y piensa en las
situaciones cotidianas y cómo sería su interacción con San José prestando atención a sus
actitudes, sus gestos, sus emociones.
CITA
“Todos los privilegios de San José se deben a que tuvo el encargo de hacer de padre de Jesús”
(Juan Pablo II).
REFLEXIÓN
José ha sido identificado por algunos teólogos como la sombra del Padre celestial. En el
Antiguo Testamento, la presencia de Dios se identificó con una nube que hacía sombra y
marcaba el lugar donde se levantaba “la tienda de Yahvé”. Ese era el lugar del encuentro con
Aquél a quien no podían ver cara a cara y cuyo nombre no podían pronunciar. La sombra tenía
una connotación de protección casi maternal, recordándonos que Dios es tanto Padre como
Madre.
El Padre es el Misterio insondable, el Principio de todo, el Silencio que engendra al Verbo. Si
José es la sombra del Padre, se justifica su silencio, es parte de su esencia. Podríamos decir que
en José, está la presencia escondida de Dios Padre.
Reflexionemos en estas semejanzas entre José y el Padre celestial. A Dios nadie puede verlo
nunca, José pasa casi desapercibido. El Padre es silencio eterno y nosotros no contamos con
una sola palabra que haya salido de labios de José. José desplegó su creatividad en su oficio de
artesano, mientras que el Padre es el artesano Creador del universo. José cuidó de la Sagrada
Familia así como el Padre cuida de todas sus creaturas. Jesús los llamó por igual “abbá”.
En su sencillez y humildad, José nunca pretendió y quizá nunca fue consciente de personificar
al Padre del cielo, pero con plena consciencia y decisión asumió la paternidad terrena de Jesús.
PROPÓSITO O TAREA
En oración, pidamos a Dios Padre la gracia de conocerle mejor a través de la figura paterna de
José y de nuestro propio padre en la tierra.
CITA
“Dios… no es una soledad, sino una familia, pues lleva en sí mismo la paternidad, la filiación y
la esencia de la familia, que es el amor” (Juan Pablo II).
REFLEXIÓN
José encontró la voluntad de Dios para su vida en ser esposo de María y padre de Jesús. Al
aceptar su misión, se convierte en pieza clave de nuestra Redención. El Hijo de Dios, el Verbo
hecho carne, llega al mundo en la figura de un recién nacido, miembro de una familia, como
todos los demás. María y José fueron una mamá y un papá que se amaron, se cuidaron, se
apoyaron y formaron dicha familia, reconocida por la ley y la sociedad.
En el seno de la Sagrada Familia, transcurrió la vida de Jesús. Fue testigo del espíritu de servicio
mutuo de sus padres, de la escucha atenta y cariñosa del otro, del cumplimiento de la función
que cada uno tenía, de la lucha para que no faltara nada y todo se aprovechara en su hogar y
de la responsabilidad compartida en la custodia, educación y desarrollo de Jesús como un niño
más de su época. En su casa no faltaron las normas, los límites, el trabajo honesto y la oración.
¿Cómo hablaría Jesús a sus amigos los apóstoles, de la familia en la que creció? ¿Cómo
describiría a la creatura más perfecta que era su madre? ¿Cómo se habrá expresado de la
ternura de su padre al momento de cuidar de Él y de María?
José puso toda su vida y sus haberes bajo su servicio. Eran tres personas pobres, unidas por un
solo corazón. La Sagrada Familia fue ejemplo de amor y donación mutuos.
PROPÓSITO O TAREA
Reflexiona en las cualidades de la Sagrada Familia y hazte el propósito de cultivar al menos una
de ellas en tu propio hogar. Pidamos a la Sagrada Familia que vele por la integridad y
santificación de nuestra familia y todas las familias del mundo.
CITA
“Te aconsejo que tengas una devoción especial a San José, porque es el Patrono de la vida
interior. Después de la Madre de Dios, nadie ha tenido mayor intimidad con la Trinidad
Beatísima que él.” (san Josemaría)
REFLEXIÓN
¿Cómo es esa relación estrecha de José con la Santa Trinidad? Hemos hablado ya de la esencia
del Padre celestial escondida en la figura de José. La persona del Verbo, es el Hijo de Dios y de
María que él reconoce como propio. Después de María, nadie fue capaz como José, de estar
tan cerca del corazón de Jesús, de abrazarlo, de velar su sueño y de contemplarlo tanto en la
humanidad de su hijo adoptivo, como en la grandeza de ser su Dios.
José también entra en relación estrecha con el Espíritu Santo, que habita permanentemente
en María. Ella es su esposa, pero también lo es del Espíritu Santo, que la cubre con su sombra,
que está presente en cada una de sus palabras y acciones.
Pero Dios es uno solo y se comunica en totalidad, no en partes. Las tres divinas Personas son
en realidad una diferencia en la unidad. La Trinidad completa se comunicó en nuestra historia
en la Sagrada Familia. Es como si por un momento, dejara el cielo para hacerse patente en la
tierra.
José fue el único hombre, igual en todo a nosotros, hasta en la herida del pecado original, que
pudo tener una relación así de cercana con la Santísima Trinidad.
PROPÓSITO O TAREA
Dedica unos minutos en la oración a entrar en comunión con la Santísima Trinidad a través de
la Sagrada Familia y pide a Dios que aumente tu fe, aliente tu esperanza y fortalezca tu
caridad.
CITA
“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,27)
REFLEXIÓN
Si nadie puede ser discípulo sin llevar la cruz, mucho menos puede ser padre adoptivo. No hay
razón para pensar que José no haya cargado la suya.
La tentación se hizo muy presente inmediatamente después de que José fue puesto al tanto
del embarazo de María. El demonio lo azotó con sentimientos de pequeñez e indignidad
sugiriéndole que era mejor dejarla en secreto. Tuvo que hacer caso omiso de las habladurías
en referencia al embarazo fuera de tiempo de su esposa. ¡Cuánto le habrá costado a José
aceptar que su hijo naciera en un refugio de pastores y animales! Seguramente, él hubiera
querido ofrecer un cordero en la presentación de su hijo en el templo, pero abrazando su
pobreza se tuvo que conformar con dos pichones. Imaginemos las dificultades y esfuerzos que
implicaron la travesía a Egipto, establecerse en el extranjero y luego, comenzar una vez más en
Nazaret.
No, la vida de José no fue una vida sin cruz. “Dios no ha puesto jamás en una situación de
combate espiritual similar a un alma más santa y amada por Él con amor de
predilección”(Michael Gasnier, Los silencios de José).
Pero José, siempre abierto a la gracia, con una fe profunda que le permitió abandonarse
confiadamente en Dios, salió triunfante de cada una de las pruebas. Por eso se considera a San
José “el terror de los demonios”, capaz de identificar la tentación y con su intercesión asistir en
el discernimiento y la superación de la misma.
PROPÓSITO O TAREA
Contempla por unos minutos a Jesús clavado en la cruz. Pide a San José que te ayude a
discernir sobre qué te hace falta para tomar la cruz en tu vida, cuál es el obstáculo o la
tentación más fuerte y solicita su asistencia para superarlo.
CITA
“José habrá dicho a Jesús: «Hijo mío, de la misma manera que tu Padre celestial puso tu cuerpo
en mis manos cuando viniste al mundo, yo al dejar el mundo, pongo mi espíritu en las tuyas»”
(san Francisco de Sales).
REFLEXIÓN
En las Sagradas Escrituras, José desaparece después de que Jesús es encontrado en el templo.
Él sabía que Jesús era el Mesías que habría de liberar a su pueblo y seguramente conocía las
profecías de Isaías sobre el siervo de Yahvé, pero desconocemos si Jesús habrá tenido con José
una conversación sobre cómo habría de sufrir su Pasión. Si ese fuera el caso, podemos
imaginar ¡cuánto habrá deseado José poder estar ahí para acompañar y apoyar a su hijo en el
cumplimiento de su misión y a María en su dolor! Pero una vez más, José pronunció su
“hágase” y aceptó la voluntad de Dios en su vida.
José dedicó toda su vida y sus haberes a cuidar de Jesús y de María. Buscó siempre darles lo
mejor, complacerles en todo, asegurarse de que nada malo les pasara. Y en sus últimos
momentos los tiene ahí, cada uno a un lado, sosteniendo su mano. Seguramente les habrá
agradecido por haber llenado su vida de amor y de sentido, y con humildad les habrá pedido
perdón por sus fallas o lo que les haya faltado.
Repasemos la escena retratada en un antiguo devocionario a San José. En su lecho de muerte,
Jesús le dice: “Después de mi muerte resucitarás conmigo y te recompensaré en el cielo el
cariño y los cuidados que nos has prodigado a mí y a tu esposa dulcísima. Recibe pues, padre e
hijo mío, mi bendición, mis manos se abren para colmarte de gracias a ti y a los que sean
sinceramente devotos tuyos”. Jesús y María dieron a José el último adiós. José les echa la
última mirada y mientras Jesús y María estrechaban a José entre sus brazos, José dio el último
suspiro de amor, murmurando dulcemente “¡Jesús… María!”.
PROPÓSITO O TAREA
Haz una oración por las personas que van a morir este día. Pide a San José que les alcance la
gracia de morir como él, cerca del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de
María.
CITA
No sabiendo todavía el misterio de la Encarnación, quiere José separarse de su esposa: ¡qué
amargura!
Mas un ángel le revela que María ha concebido por obra del Espíritu Santo: ¡qué alegría para
tan santo y amante esposo!
REFLEXIÓN
José fue un hombre prendado de la belleza interior y exterior de María, conocía la pureza de su
corazón y su gran amor por Dios. Desde el momento que quedaron comprometidos, José debe
haber esperado con mucha ilusión el día de su matrimonio. En general es aceptado que los
futuros esposos habían hablado de una promesa de virginidad como ofrenda al Señor, lo que
no restaba al proyecto conyugal de crecer juntos, acompañarse, cuidarse y amarse
profundamente. Siendo así, no debe extrañarnos que José se haya turbado con el anuncio de
su embarazo.
Conociendo la inocencia de María y la justicia de José, es difícil pensar que él haya dudado de
ella. Al hablar de cómo sucedieron las cosas, José creyó en María pero se sintió inseguro de sí
mismo, dudó de su participación en el misterio y sobrepasado por la sensación de su
pequeñez, fue que pensó en dejarla en secreto. Experimentó el temor de Dios, un don del
Espíritu Santo.
María se limitó a narrarle a José cómo habían sucedido las cosas, debe haber percibido su
sufrimiento y confusión, pero sabía que no le correspondía decirle qué hacer. Ella
simplemente repitió: “hágase” y confiando en Dios, esperó la decisión de su prometido.
¡Qué paz y alegría habrán llenado el corazón de José cuando identifica la voz divina en el
mensaje del ángel! “No temas…” (Mt 1, 20). Así fue confirmado en su misión, en la voluntad de
Dios para su vida, que era su verdadera felicidad.
PROPÓSITO O TAREA
En oración, pidamos a San José que interceda por los niños no nacidos y todas las mujeres
embarazadas, tanto las que esperan con ilusión a su hijo, como las que sienten miedo o
piensan que sería mejor no tenerlo.
CITA
Nace Jesús en suma pobreza: ¡qué pena, qué dolor para un padre tan tierno!
Mas ¡qué alegría cuando ve al Niño Dios alabado de los Ángeles y adorado de los pastores y
reyes!
REFLEXIÓN
El embarazo de María habrá ido transcurriendo como cualquier otro, tal vez José se habrá
preguntado si debía esperar que fuera especial o diferente, ya que se trataba del Hijo de Dios.
José fue un esposo siempre atento a cada necesidad de María y la debe haber ayudado en
todo, hasta en las labores del hogar cuando a ella ya le costaba trabajo. Conocía las profecías y
no debe haberle causado sorpresa que tuvieran que ir a Belén con motivo del censo, ya que
estaba escrito que ahí nacería el Mesías. Pero no imaginó las condiciones que encontrarían a
su llegada y su corazón debe haberse llenado de angustia al no poder proveer a su esposa con
un sitio decoroso para que diera a luz al Salvador.
José se habrá angustiado al no saber cómo asistir a María y encontrarse solos en una cueva de
animales, expuestos al frío. Pronto se encontró recibiendo en sus brazos a esa criatura mojada
que lloraba a todo pulmón. El Redentor era como cualquier otro bebé que hubiera visto,
necesitaba ser limpiado, arropado y alimentado. Lo colocó en brazos de María y cuando ella lo
apretó contra su pecho, cerca de su corazón y comenzó a hablarle, Jesús dejó de llorar y llenó
la habitación de una paz que José no había experimentado jamás.
Ahí lo golpeó un sentimiento nuevo para él. Conoció el amor a primera vista, incondicional y
que dura para siempre. No importaba que Jesús no fuera su hijo carnal. Contemplando a María
y a su hijo, conoció el gozo más grande: vivir en la presencia de Dios, amarlo y ser amado por
Él. Adelantándose a Juan evangelista habrá pensado: “¡Tanto amó Dios al mundo!” (Jn 3,16).
PROPÓSITO O TAREA
Dedica unos minutos a tu propia contemplación de la escena del nacimiento de Jesús.
Introdúcete en ella e imagina los sentimientos de María y de José. Después da gracias a Dios
por su infinito amor y por el don de tu fe.
CITA
¡Qué tristeza y qué pena para José ver al tiernecito Niño derramando ya sangre en la
circuncisión! Mas que gozo y que contento al oír de la boca del ángel que se llamará Jesús y
salvará a su pueblo.
REFLEXIÓN
José, el varón justo, se aseguró de que su familia cumpliera con todas las prescripciones
sociales y religiosas de su ambiente, siempre con humildad y obediencia, sujeto a la voluntad
de Dios.
Así que como estaba escrito en la Ley, a los 8 días del nacimiento de un varón, el primer deber
de su padre era llevarlo al templo a circuncidar. De esa manera, quedaría formalizada la
relación filial de Jesús y José, en un rito que adjudicaba derechos y obligaciones.
Una de las responsabilidades del padre era nombrar al niño. Al hacerlo, José cumplió con dos
objetivos: ejercer la paternidad legal sobre Jesús y cumplir con la misión que le había
comunicado el ángel del Señor, “le pondrás por nombre Jesús” (Mt 1,21).
José no necesitaba de ritos para amar a Jesús con todo su corazón, pero humanamente debe
haberle causado una gran alegría ser legítimamente reconocido por todos como su papá.
PROPÓSITO O TAREA
Elige a tres personas cercanas y pide por ellas, pensando cómo al decir su nombre, en cierto
sentido encierras el misterio de amor por ellos cuando se bautizaron. Reza por ellas para que
lleguen al cielo.
CITA
Profetiza Simeón la terrible pasión de Jesucristo, ¡qué espada de dolor atravesaría el corazón
de José!
Pero anuncia también la triunfante resurrección de Jesús y los copiosos frutos de su redención,
¡qué consuelo, qué alegría!
REFLEXIÓN
Después de la adoración de los pastores y de los magos de oriente, nadie más parecía estar al
tanto de que el Mesías había llegado al mundo. ¡Qué confusión para José! Por eso podemos
imaginar que el encuentro con Simeón, varón justo y piadoso como José, fue reconfortante; al
menos al inicio, cuando el anciano ve en Jesús la salvación, la luz y la gloria del pueblo de
Israel.
Pero minutos después, dirigiéndose a María, habla de la caída de muchos, de que Jesús será
“signo de contradicción” y de cómo a ella una espada le atravesará el alma. ¿Qué habrá
sentido José? Al ser excluido de esa profecía, entendía que él ya no estaría presente. No podía
soportar la idea de que María y Jesús sufrieran y él no estuviera ahí para evitarlo, para
defenderlos, para sufrir en su lugar.
Pero José hizo gala de su prudencia y no dijo nada. No desechó las palabras como si vinieran
de un anciano confundido, tampoco preguntó, ni quiso saber más. Humildemente se conformó
con aceptar una vez más el designio misterioso de Dios, guardando todas esas cosas en su
corazón, como había aprendido de María.
PROPÓSITO O TAREA
Pidamos a San José la gracia de confiar en Dios, aun en las circunstancias más difíciles de
nuestra vida, que renueve nuestra certeza en que el Señor siempre es capaz de obtener un
bien de un mal.
CITA
Avisado del ángel, huye José de noche precipitadamente a Egipto, ¡qué angustia, qué temor!
Más ve caídos en el suelo los ídolos de los egipcios y a Jesús libre del furor de Herodes. ¡Qué
alegría!
REFLEXIÓN
No sabemos exactamente cuánto tiempo pasó la Sagrada Familia en Belén y lo que habrá
tenido que hacer José para sobrevivir y darles lo necesario a Jesús y a María. Cumplieron con el
precepto de presentar a Jesús en el templo y algún tiempo después, nuevamente en sueños,
recibe la indicación de huir a Egipto para evitar que Herodes mate al niño.
¡Qué misterio! Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías Redentor, pero necesitaba que él, un simple
carpintero, lo resguardara del peligro. Fuera de la concepción y el parto virginal de Jesús, no
había hasta el momento nada fuera de lo común con respecto a su pequeño. Aun así, José lo
adoraba como su Dios y estaba dispuesto a seguir cada una de las indicaciones que recibiera
como parte de su misión, sin importar lo que a él le costara.
Habrá tenido ocasión de comentar el sueño con María, de preparar unas cuantas cosas y uno o
dos días después, saldrían de noche rumbo a Egipto. No era un viaje fácil y seguramente
tomaron una ruta menos transitada aunque más larga, complicada o fatigosa.
Se establecieron en Egipto como extranjeros exiliados durante aproximadamente dos años, en
los que José habrá trabajado arduamente sin dejar a un lado sus deberes como educador de
Jesús. Siempre obediente, siempre sereno, siempre fiel.
PROPÓSITO O TAREA
Analiza tu lista de propósitos de inicio de año e identifica algo que crees que es importante que
hagas y que no te has decidido a hacer. Pide a San José que interceda ante Dios por ti para que
encuentres el valor y la determinación necesaria.
CITA
Recibiendo aviso de volver a Nazaret, José teme a Arquelao, no menos cruel que su padre
Herodes. ¡Qué pena, qué angustia!
Mas el ángel le disipa de toda inquietud. ¡Qué gozo, qué consuelo!
REFLEXIÓN
José había recibido la indicación del ángel de esperar en Egipto hasta nuevo aviso. Se calcula
que Herodes murió aproximadamente dos años después del nacimiento de Jesús, quedando
como sucesor su hijo Arquelao, igualmente despiadado, pero sin interés alguno de encontrar al
supuesto Mesías que había nacido. Entonces Dios “de Egipto llama a su Hijo” (Mt 2, 15) y
durante el sueño, el ángel comunica a José que debe volver a la Tierra Prometida con Jesús y
María. La Sagrada Familia ya no corría peligro.
¡Qué paciencia y docilidad la de José! No cualquiera podría realizar los viajes hacia y desde
Egipto, cuidando de una mujer y un niño pequeño; ni establecerse de la nada en uno u otro
lugar realizando el trabajo de artesano con vigor suficiente como para subsistir con él. Estas
son razones por las que se concluye que José no puede haber sido un anciano.
Esta nueva travesía no la harían llenos de miedo pero sí de expectativas. Quizá José pensó que
poco a poco se iría cumpliendo la promesa de liberación del pueblo judío. Se le indicó que
volviera a Israel, pero ¿dónde había de establecerse? Jerusalén no parecía ser el lugar más
seguro. Un nuevo sueño lo hace volver a Nazaret. Así se cumpliría la profecía: “será llamado
Nazareno” (Mt 2, 23).
PROPÓSITO O TAREA
Pedir la intercesión de San José para vivir el problema que más nos esté costando afrontar, con
la misma confianza que él hizo este viaje de ida y de vuelta a Egipto.
CITA
José pierde a su dulce Jesús. ¡Qué tres días y noches tan amargas! ¡Qué llanto y desconsuelo!
Más le encuentra por fin en el templo asombrando a los mismos doctores con su sabiduría.
¡Qué gozo!
REFLEXIÓN
Pocas cosas son tan dolorosas para un padre como extraviar a un hijo. El corazón se paraliza y
tiende a temerse lo peor. Las Escrituras nos dejan claro que éste fue el caso de María y José.
A los 13 años, un varón judío era considerado mayor de edad y Jesús estaba por cumplirlos.
Cuando sus padres le encuentran les deja ver que estaba cumpliendo su misión. El alivio de
verlo sano y salvo debe haberse mezclado con una profunda confusión.
Es difícil dejar que los hijos crezcan, que tomen sus propias decisiones, dejarlos en libertad
para que asuman su vocación. Llega un momento en que los padres han cumplido su misión y
tienen que soltarlos. Parece que el momento de José ha llegado.
¡Cuánta satisfacción habría sentido de ver el hombre en el que se convirtió Jesús! Los
Evangelios nos hablan de un hombre fuerte, valiente, que habla con la verdad, es respetuoso
con las mujeres y compasivo con los necesitados, de gran sabiduría, trabajador… ¿cuántas de
estas cualidades las aprendió de su padre terrenal?
José ya no estuvo ahí para verlo iniciar su vida pública, siendo humilde y obediente como era
simplemente aceptó salir de la historia, pero no del corazón de quienes fueron su más grande
amor: Jesús y María.
PROPÓSITO O TAREA
Pidamos a San José que interceda por los jóvenes para que encuentren su vocación y que de
cara a Dios la asuman con actitud de generosidad y servicio.
DÍA 19 – OBEDIENCIA
CITA
“Vemos en él una estupenda docilidad, una excepcional prontitud en obedecer y ejecutar. No
discute, no duda, no aduce derechos o aspiraciones. Se somete totalmente a la palabra que se
le dirige; sabe que su vida ha de desenvolverse a la manera de un drama, aunque transfigurado
a un nivel extraordinario de pureza y de sublimidad y muy superior al de todo anhelo o cálculos
humanos” (Pablo VI).
REFLEXIÓN
Si hay una virtud evidente en San José, es la obediencia. Todos los pasajes de las Escrituras lo
muestran recibiendo indicaciones y siguiéndolas. Como dijo el papa Francisco en Patris Corde
“José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní”. José se
entregó por completo al misterio de la Encarnación y con ello a la redención de todos los
hombres.
Sin demasiadas explicaciones, sin alguna garantía, José tomó a María como esposa y a Jesús
como su hijo, “se levantó” y siguió las órdenes de irse a Egipto y luego regresar; además
cumplió con todas las obligaciones que prescribía la Ley para un padre de familia como él.
Todo lo hizo sin preguntar, sin dudar, con generosidad y abandono confiado en Dios y su
misericordia.
Para José, cumplir la voluntad de Dios en la misión que se le había encomendado como jefe y
custodio de la Sagrada Familia, era el acto de adoración perfecto para Dios y a la vez, un
testimonio muy edificante para Jesús niño, que vivió “sujeto” a la autoridad de sus padres.
En la obediencia de José se conjuntan perfectamente las virtudes teologales: la fe en Dios y su
bondad, la esperanza en su fidelidad y la acción como prueba del amor al Señor. ¡Qué gran
ejemplo es para nosotros!
PROPÓSITO O TAREA
Pidamos a San José que nos alcance la gracia de responder con docilidad y prontitud a lo que
Dios nos pide, confiando que en su voluntad, se encuentra nuestra verdadera felicidad.
CITA
“Durante su vida, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a
la llamada de Dios hasta el final” (Juan Pablo II, Redemptoris Custos 17)
REFLEXIÓN
Podemos entender la fidelidad de José en dos sentidos: el primero en relación a María y el
segundo en relación a Dios; sin embargo, son una misma cosa.
José custodió la virginidad de María, no sólo al cuidar de ella, sino conservándose casto él
mismo. Ellos se hicieron una promesa de integridad perfecta que conservaron hasta el final,
unidos en un solo corazón. Quien viviera en tal proximidad con Jesús y María, sólo pudo haber
vivido en gracia, siendo incapaz de faltarles siquiera con el pensamiento. Pero ese concepto de
fidelidad conyugal se incluye a la vez en la fidelidad a la Ley y a la voluntad de Dios.
En un mundo herido por el pecado, la fidelidad no es fácil, pero José es prueba de que es
posible. Nunca comprometió sus principios, no pretendió buscar la salida fácil, no se instaló en
la comodidad; más bien enfrentó la adversidad, dio lo mejor de sí mismo y buscó la templanza
y la fortaleza en su unión con Dios.
José es un ejemplo de fidelidad en todos los sentidos: en el matrimonio, en la paternidad, en la
castidad por amor al Reino de Dios, en el trabajo y en la vida espiritual.
PROPÓSITO O TAREA
Identifica un aspecto de tu vida en el que buscas crecer en fidelidad y perfección y pide a San
José que te ayude a alcanzar esa gracia.
CITA
“En otras palabras, el silencio de San José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la
plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos”
(Benedicto XVI).
REFLEXIÓN
A veces podemos pensar que aquel que guarda silencio puede ser ignorante, ser pasivo o
simplemente no tiene nada bueno que decir. Estaríamos muy equivocados si pensáramos así
de San José.
Él nunca pretendió robar protagonismo a Jesús o a María. Aunque él haya hecho posibles
muchas cosas, humildemente permanece en un segundo plano. Ciertamente no hay una sola
palabra de él en los Evangelios y su figura no fue reconocida por los cristianos durante varios
siglos.
Nada se sabe de José después del episodio del templo, así como tampoco se sabe de Jesús o
de María. Los tres vivieron su vida oculta, años en los que se habrán compartido innumerables
experiencias que forjaron lazos inquebrantables. Seguramente años de mucha gracia para
José. Así mismo, nada se sabe de su muerte; se retira de las vidas de Jesús y María también en
silencio.
El silencio de José traduce una vida interior muy rica, de unión con Dios, de escucha atenta al
Espíritu Santo. Es un modelo de oración contemplativa. Sólo en el silencio podría él meditar las
cosas en su corazón, acercarse un poco al misterio que le rodeaba, a la gracia tan grande que
era tener a Dios mismo viviendo en su casa, bajo su autoridad. Así lo expresaba san Jerónimo:
“José, sabedor de la virtud de María, rodeó de silencio el misterio que ignoraba”.
Esta virtud de San José, lo convierte en un gran maestro de oración. Santa Teresa animaba a
todos a acudir a él cuando no se sabía orar o cuando la oración se hacía difícil o seca. Llevamos
ya varios días conociendo a San José, no desaproveches esta cercanía y busca crecer en tu vida
de oración.
PROPÓSITO O TAREA
Pide a San José que te ayude a hacer silencio, a entrar en tu interior, dejando a un lado el
constante ruido que viene de fuera. Ahí en tu corazón, encuéntrate con Dios, permítele que te
ame. No hables tú, deja que Él te hable a ti.
CITA
“La virginidad y el celibato por el Reino de Dios no sólo no contradicen la dignidad del
matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos
modos de expresar y vivir el único misterio de la Alianza de Dios con su pueblo.” (Juan Pablo II.
Familiaris consortio No. 16)
REFLEXIÓN
Tenemos por un lado el matrimonio, que de manera natural presupone la sexualidad fecunda y
amorosa, como vínculo de unión de la pareja. Y por otro lado, la virginidad y celibato como
parte de la consagración de la propia vida a Dios y el trabajo por la extensión de su Reino en la
tierra. La sexualidad es un don de Dios, al que se renuncia voluntariamente al seguir los
consejos evangélicos.
Pero en el matrimonio de María y José, tenemos la conjunción perfecta de ambos estados: un
matrimonio virgen. Esto no puede ser comprendido fuera de la intervención divina. Como
explica Juan Pablo II: es el Espíritu Santo quien configura de forma perfecta el amor humano
entre María y José, profundizando en la belleza y dignidad de su proximidad, la intensidad
espiritual de su unión y el contacto entre ellos. (cfr. Redemptoris Custos 19)
José veló sobre la virginidad de María, su esposa y la castidad de su hijo Jesús.
¿Cómo podría haberlo hecho, sino desde su propia castidad? La pureza de su corazón, el
desapego absoluto de sus deseos y la renovación constante del ofrecimiento de su propia vida,
lo hicieron posible.
La castidad es renunciar a poseer al otro, para ponerlo al centro. En palabras del Papa
Francisco “sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al
final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz.” (Patris Corde). Y ese tipo de
amor en libertad, es al que todo matrimonio cristiano está llamado a vivir.
PROPÓSITO O TAREA
Repetir durante el día la siguiente oración: “San José, enséñame a vivir el amor como donación
total de mí mismo”.
CITA
Oh San José, que a causa de tu pureza mereciste ser elegido para esposo de la más pura de las
vírgenes y ser llamado padre de Jesús, alcánzanos una pureza semejante a la tuya, a fin de que
podamos servir dignamente a Jesús en su trono de amor (San Pedro Julián Eymard).
REFLEXIÓN
José nunca buscó nada para sí. Vivió en santa sencillez y conservó siempre la más grande
pureza de intención.
Vivió siendo justo, honrado, trabajador y fiel porque eso era lo que correspondía a su misión
como padre en esta tierra del Mesías. No pretendió ganarse un lugar propio en la sociedad de
su tiempo, ser reconocido o tener muchos bienes.
Su rectitud de corazón fue sólo equiparable a la dignidad de su mandato. Su primer amor era
Dios, y era Dios mismo quien vivía bajo su techo, al lado de la mujer que él amaba y la que Dios
había escogido para ser su madre.
José no distingue entre su querer y el querer de Dios. No basa sus decisiones en las emociones
primarias del momento, sino en lo que el Espíritu divino le revela. De alguna manera, su fe y
apertura a la gracia permiten que sus sentimientos coincidan con lo que se espera de él. José
tomó el camino estrecho y aunque en el Evangelio no se narre, podemos imaginar que no fue
fácil. Las palabras del ángel “No temas” deben haber hecho eco en su memoria en más de una
ocasión.
La pureza de intención permite que su proyecto de vida se alinee perfectamente con el
proyecto de Dios y al ponerse José en último lugar, es cuando verdaderamente se encuentra.
PROPÓSITO O TAREA
Mira dentro de tu corazón y analiza tu proyecto de vida. ¿Crees que coincide con el plan de
Dios en tu vida? ¿Por qué haces lo que haces? ¿Qué buscas conseguir con tus acciones?
CITA
“San José es la prueba de que, para ser bueno y auténtico seguidor de Cristo, no es necesario
hacer “grandes cosas”, sino practicar las virtudes humanas, sencillas, pero verdaderas y
auténticas” (Pablo VI).
REFLEXIÓN
Jesús nos pide tener el corazón como el de un niño o cultivar la pobreza espiritual de las
bienaventuranzas. Legítimamente podríamos preguntarnos si al estar pronunciando estas
palabras, no habrá saltado en su mente la imagen de su padre. Tal vez Jesús para sus adentros
o con sus más cercanos amigos habrá pensado ¡ojalá lo hubieran conocido!
José siempre se condujo con discreción y modestia. Su actitud al darse cuenta de la misión que
le había sido encomendada, no fue de presunción. Nunca se consideró superior por haber sido
elegido por Dios, más bien no se consideraba digno; pero no cuestiona, con humildad acepta el
don que Dios le quiere dar. Su Hijo era el Mesías esperado de Israel, pero nunca hizo alarde de
lo que él sabía porque no era su papel revelarlo.
La humildad con la que vivió se refleja en las Escrituras. José no realizó hazañas heroicas como
David, no fue reconocido con la sabiduría de Salomón, todo lo que hay escrito sobre él son
palabras sencillas que narran acontecimientos normales para un israelita de su tiempo. Su vida
fue ordinaria, tanto, que ni siquiera sabemos cómo o cuándo terminó.
¡Cuánto podríamos identificarnos con José! Conquistando la santidad simplemente como
padre de familia, trabajador incansable y fiel cumplidor de la Ley de Dios. Su humildad le ganó
el cielo y colaboró para nuestra redención.
PROPÓSITO O TAREA
Piensa en los logros más importantes de tu vida y colócalos bajo la luz de la humildad. Busca en
ellos los dones generosos de Dios y dale gracias por ellos.
CITA
“José me sirvió tan fielmente que jamás oí de su boca una sola palabra de lisonja, ni de
murmuración, ni de ira, pues era muy paciente, cuidadoso en su trabajo y cuando era
necesario, suave con los que reprendía, obediente en servirme, pronto defensor de mi
virginidad, fidelísimo testigo de las maravillas de Dios. Igualmente, estaba tan muerto al
mundo y a la carne que no deseaba más que las cosas celestiales” (Revelación de la Virgen
María a Santa Brígida).
REFLEXIÓN
El corazón humano está sujeto a muchas pasiones; las hay espirituales o carnales, algunas
duraderas y otras efímeras, unas son suaves y otras arrebatadoras, unas evidentemente malas
y otras ocultas tras el velo de lo que es aparentemente bueno. Las pasiones nos mueven,
dirigen nuestras acciones hacia nuestro deseo y por tanto pueden ser egoístas en sí mismas.
Buscamos nuestro propio bien, nuestro placer y satisfacción. Son propias de nuestra condición
humana y en nosotros está aprender a dominarlas o encauzarlas hacia la consecución de un
bien mayor.
José es un gran maestro en este campo. Él era todo de Dios, todo de Jesús y todo de María. Su
bienestar, su seguridad y el cumplimiento de su misión eran para José lo único importante.
Supo desprenderse del proyecto que se había hecho para su vida, sus ambiciones laborales, el
lugar donde debía vivir, de la idea que tenía sobre el matrimonio, del deseo de todo hombre
judío de tener un hijo de su carne, del protagonismo público… a todo renunció José por amor.
Amor a Dios en primer lugar y amor a su familia. Un amor puro, que no busca nada para sí
mismo.
San Francisco de Sales dice que el verdadero abandono consiste en “nada querer, nada pedir,
nada rehusar” y así hizo José, quedándose vacío de todo, su corazón se llenó de Dios y Dios…
también se dio todo a José.
PROPÓSITO O TAREA
En oración pide al Espíritu Santo luz para identificar cuáles son las pasiones que más te
estorban en tu vida y pide a San José que te ayude a dominarlas.
CITA
“Veneremos, por tanto, al padre legal de Jesús, porque en él se perfila el hombre nuevo, que
mira con fe y valentía al futuro, no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la
infinita misericordia de Aquél que realiza las profecías y abre el tiempo de la salvación”
(Benedicto XVI Angelus. 19 dic 2010).
REFLEXIÓN
No hay verdadero abandono sin confianza. La certeza de que Dios es siempre Bueno y Fiel,
estaba firmemente plantada en el corazón de José. Pero… ¿De dónde venía esa confianza?
Sabemos que era un hombre justo, conocedor de las Escrituras, no dudaba de la alianza que
Dios había hecho con su pueblo ni olvidaba las grandes proezas que había realizado en su
beneficio. Pero había algo más. Una experiencia personal de Dios y su infinito amor. José tuvo
una revelación en sueños y decidió creer. La confianza es una gracia, José la pidió y no le fue
negada. Aceptó lo que humanamente parecía imposible y con ello abrió la puerta de su
corazón al Espíritu Santo, que es el último responsable de esa confianza ciega en Dios y su
misericordia.
Su Hijo era Dios. ¿Cómo iba a nacer en una cueva? ¿Cómo podía correr peligro de morir a
manos de Herodes? ¿Por qué tenían que vivir en el exilio? ¿Cuándo se manifestaría como el
Mesías? Todas son dudas legítimas, pero José no hizo ninguno de estos cuestionamientos;
porque cuando se confía de verdad, las preguntas son innecesarias, salen sobrando. No hay
una batalla entre la fe y la razón, simplemente se actúa.
El Papa Francisco nos dice que “no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra
barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una
mirada más amplia.” Y José supo hacer exactamente eso.
PROPÓSITO O TAREA
Pide ayuda a San José para confiar en aquello que más te cueste entregar a Dios para así
dejarlo en sus manos.
CITA
“Habiendo sido por voluntad de Dios, el proveedor, el defensor de la Sagrada Familia, el
guardián del Hijo de Dios y de su Madre, en quienes toda la Iglesia se encontraba presente,
¿cómo no continuará ejerciendo en el cielo la misión que ejerció desde el nacimiento de Jesús?”
(León XIII)
REFLEXIÓN
En la carta Patris Corde, el Papa Francisco llama a José “el padre de la valentía creativa” pues
supo salir adelante en todas las dificultades que se le presentaron, encontrando los recursos
necesarios para salvaguardar el bienestar de Jesús y María. Y es que a José se le dieron
indicaciones de lo que debía hacer, mas no de cómo conseguirlo. Se le pidió que fuera a Belén
o a Egipto, pero él tuvo que ingeniárselas para conseguir un lugar para el nacimiento de Jesús y
asistir a María o para instalarse en Egipto y conseguir trabajo. José confió en Dios y supo
encontrar las áreas de oportunidad en cada situación.
José fue santo, dócil, callado, pero de ninguna manera débil. Estamos acostumbrados a ver en
el arte la figura de un anciano con un niño en brazos que parece más bien un abuelo, pero José
debe haber sido un hombre fuerte. La condición física que requería su trabajo, queda
evidenciada en los desplazamientos que tuvo que hacer en los primeros años de su vida
familiar y no es difícil imaginar que habrá habido situaciones en las que para proteger a Jesús y
María, se habrá manifestado la fuerza de su carácter. A Jesús, en su naturaleza humana, lo
imaginamos fuerte y valiente, seguramente la figura paterna de José, fue un gran modelo.
Dios sabía a quién le estaba pidiendo ser el padre de su Hijo y no le faltaría su gracia para llevar
a cabo su misión. Nuevamente, estamos ante una persona abierta a la acción del Espíritu Santo
y su don, en este caso, de la fortaleza.
PROPÓSITO O TAREA
Piensa en una situación apremiante de tu vida, pide a San José la creatividad para imaginar
diferentes opciones o escenarios que puedan servir como una solución y confía en Dios.
CITA
“Se define su puesto en la historia de la salvación y José entra en este puesto con la sencillez y
humildad en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre; y él lo llena
completamente con su vida” (Juan Pablo II. Audiencia general. Marzo 1980).
REFLEXIÓN
La sencillez de José no se refiere solamente a la forma en la que vivió en relación a lo material,
sino también en la esfera espiritual.
Sabemos que José fue pobre, no poseía ni ambicionaba tierras o bienes en abundancia. Para
ganarse la vida ejercía su trabajo como artesano, con rectitud y honradez. Era reconocido
como un hombre justo, pero no por tener una posición privilegiada o de poder en la sociedad.
José no daba importancia a las apariencias y se conformaba tan sólo con lo necesario.
Conservó un espíritu sencillo, no se prestó a grandes debates entre la fe y la razón. Con
docilidad aceptó lo que se le revelaba y sin cuestionamientos, asumió responsablemente los
acontecimientos misteriosos en su propia vida.
La pobreza espiritual encarnada por José es total. Se reconoce pequeño y limitado, pero
espera todo del Padre celestial y su divina Providencia. Fue ese corazón sencillo que lo hizo
digno ante Dios para custodiar a Jesús y a su madre.
¡Cuánto necesita el mundo actual de la virtud de la sencillez! Basamos nuestro éxito y
satisfacción en la conquista de un mayor nivel social, en la posesión de bienes o en los placeres
efímeros, y poco a poco en un mar de superficialidad, vamos perdiendo de vista la riqueza y
profundidad de nuestra alma.
PROPÓSITO O TAREA
Con mucha honestidad, pide al Espíritu Santo que te ayude a discernir sobre una actitud o
posesión a la que puedas renunciar por amor a Dios. Invoca la ayuda de San José.
CITA
“San José recibió los dones más abundantes y extraordinarios de santidad infusa. Su santidad
adquirida… era un conjunto de todas las virtudes, elevadas a un grado heroico”. (San Pedro
Julián Eymard)
REFLEXIÓN
José no fue concebido sin la huella del pecado original como María, sin embargo, se considera
que fue santificado en el vientre de su madre, como Juan el Bautista. Si ese privilegio se otorgó
a quien anunciaría a Jesús, ¿cómo no se le daría a quien estuvo en mayor contacto, después de
María, con Dios hecho hombre?
Creer en la santidad de José no es un dogma de la Iglesia, ni algo indispensable para nuestra
salvación, sin embargo, conociendo el corazón de Dios, no es difícil imaginar en qué grado le
otorgaría la gracia santificante a quien tuvo como misión ser el padre terreno del Mesías; y
José nunca se resistió a dicha gracia, por lo que pudo ir creciendo en perfección.
Las Escrituras refieren que al resucitar Jesús, muchos justos resucitaron con Él. La piedad
popular sostiene que uno de ellos fue su padre. Santo Tomás defiende este concepto y
sostiene que sin la asunción gloriosa de José en cuerpo y alma, la Sagrada Familia no estaría
reconstituida en el cielo con exaltación gloriosa.
PROPÓSITO O TAREA
Nos estamos acercando al final de este camino. Pide a San José que te alcance la gracia de
perseverar en la devoción a él, en tenerlo como modelo e intercesor y que tu fervor no sea
pasajero.
CITA
“Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse a la
confianza y tutela del bienaventurado José. Los padres de familia encuentran en José la mejor
personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de
fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad
virginal.” (León XIII. Quamquam Pluries No. 4)
REFLEXIÓN
José es un modelo a seguir en todos los sentidos y para cualquier persona. Hemos hablado ya
de todas las virtudes que encarnó como hombre, esposo, padre, trabajador, ciudadano, judío y
consagrado. Vivió los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia con un equilibrio
y serenidad que sólo pudieron ser fruto del Espíritu Santo.
El mundo actual es un mundo de apariencias, de máscaras, de pretensiones. Las redes sociales
han contribuido a que busquemos construir un perfil, una imagen de lo que queremos
transmitir aunque no necesariamente sea congruente con lo que vivimos. De José podemos
aprender que lo importante no es lo que parecemos, sino lo que somos. Al final de nuestra
vida lo que contará es el testimonio de una vida dedicada al servicio y a buscar dar gloria a
Dios.
Y aunque a José le hayan sido otorgadas muchas gracias, en realidad él también tuvo sus
propios modelos a seguir en María y Jesús. ¿Cómo habrá sido vivir día a día con Dios mismo
hecho hombre y con su creatura más perfecta? José observaba en silencio y aprendía de cada
palabra, cada acción y reacción de su hijo y su esposa. Seguramente les imitó hasta que su
corazón llegó a asemejarse lo más posible al de ellos.
José respondió con todo su corazón y todo su haber al llamado universal a la santidad y a la
participación en la misión salvífica de Cristo, un llamado que compartimos todos dentro de la
Iglesia. Imitémosle.
PROPÓSITO O TAREA
Después de haber hablado sobre todas las virtudes de José, revisa en tu diario o reflexiona cuál
de ellas te gustaría trabajar más en este momento de tu vida. Medita en cómo vivió San José
dicha virtud y pide su intercesión para crecer en ella.
CITA
“A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso
Santo, tengo experiencia que socorre en todas”. “No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado
cosa que la haya dejado de hacer” (Santa Teresa de Jesús).
REFLEXIÓN
Santa Teresa, Doctora de la Iglesia, Maestra de la vida contemplativa, fue una de las figuras
más importantes en promover la devoción a San José, sobre todo porque no era la costumbre
en esos tiempos. En sus éxtasis con frecuencia tuvo visiones del santo a quien siempre
describió como custodio de su vocación, maestro de su oración y el más seguro intercesor.
Teresa no se cansó de relatar cuántas gracias obtuvo de San José.
¿Y cómo no lo sería? Si José está siempre presente, siempre atento a las necesidades de otros,
dispuesto a proteger y guiar a quien se lo pida. Lo importante es reconocer que su gran poder
de intercesión se debe a su cercanía íntima con Jesús. Cuesta trabajo imaginar que después de
todo lo que José hizo por la Sagrada Familia, Dios fuera capaz de negarle algo.
José en su humanidad es más cercano a nosotros. En él podemos encontrar la ayuda que
podamos necesitar en cada aspecto de nuestra vida: desde el trabajo cotidiano hasta la vida
contemplativa, pasando por el matrimonio y la paternidad. No nos limitemos a buscar su
apoyo en la esfera humana, sino también en la espiritual; ya sea en el crecimiento de nuestra
intimidad con Dios, la lucha por la santidad, el auxilio en la tentación o la protección contra el
enemigo.
PROPÓSITO O TAREA
Pon en manos de San José la necesidad más apremiante que tengas en estos momentos.
Pídele que te ayude a encontrar en ella la voluntad de Dios, confiando en su fidelidad y
misericordia.
CITA
“El Santo a quien invocamos especialmente durante nuestra vida, será sin duda alguna, nuestro
particular protector en la hora de la muerte. ¿Quién podrá hacerlo mejor que San José, quien
murió en brazos de Jesús?” (San Pedro Julián Eymard).
REFLEXIÓN
¡Cuánto miedo y ansiedad es capaz de generar la muerte! Aun creyendo en la vida eterna, la
transición de la tierra al cielo produce temor y duda. Nos aferramos a lo que conocemos y
queremos huir de lo desconocido. La muerte es la prueba última de nuestra fe.
La tradición habla de la muerte de José entre los cincuenta y sesenta años. Después de una
vida de arduo trabajo y de acuerdo a la expectativa de vida de esos tiempos, se cree que la
salud de José se fue deteriorando progresivamente. Imaginemos su actitud ante la inminencia
de su partida de este mundo.
Es fácil pensar que José no querría separarse de su familia, especialmente con la amenaza
latente de una espada atravesando el alma de María. Seguramente desearía quedarse el
mayor tiempo posible para seguir cuidando de ellos y sobre todo, para ser testigo del
momento en que Jesús se manifestara como el Mesías. Pero con toda seguridad, podemos
sostener que pasado ese primer impulso puramente humano, José como en tantas ocasiones,
debe haber interpretado los acontecimientos a la luz del querer de Dios, concluyendo que su
misión había terminado, que su presencia ya no era necesaria y como siempre, en silencio
obedeció. Con María a su lado agradeciéndole por todo lo que recibieron de él y con Jesús
llenándole de consuelos y seguridades en cuanto a la vida eterna, su muerte debe haber sido la
más dulce posible para un ser humano.
PROPÓSITO O TAREA
Pidamos a San José la gracia de aceptar la enfermedad, ya sea nuestra o de un ser querido,
como un misterio de amor de Dios. Y en caso de que la muerte sea inevitable, pidamos que
nos alcance la gracia de morir cerca de Jesús y de María.
INVITACIÓN
Donde sea posible, se invita a participar en la Santa Misa en este día final de consagración a
San José.
Al finalizar la Misa, idealmente frente a una imagen de San José, si no hubiese ante el Sagrario,
se leerá pausadamente la consagración que se sugiere.