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El Descubrimiento de La Esencia Del Hombre Sócrates

es de filosofia

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El descubrimiento de la esencia

del hombre

(el hombre y su psyché)


Después de pasar un tiempo escuchando la palabra de
los últimos Naturistas, como ya se dijo, pero sin quedar
para nada satisfecho, Sócrates concentró
definitivamente su interés en la problemática del
hombre. Los Naturistas, buscando resolver el problema
del "principio" y de la physis, se contradijeron al punto
que sostuvieron todo y lo contrario de todo (el ser es
uno, el ser es múltiple; nada se genera, nada se
destruye; todo se genera y todo se destruye); lo que
significa que se plantearon problemas insolubles para el hombre. En consecuencia, Sócrates
se centró sobre el hombre, como los Sofistas, pero, a diferencia de ellos, supo llegar al
fondo del asunto, tanto que admitió, a pesar de su afirmación general de no-saber (del que
se hablará más adelante), que en esta materia era muy versado: "En verdad, oh Atenienses,
por ninguna otra razón me procuré este nombre, sino a causa de una cierta sabiduría. ¿Y
cuál es esta sabiduría? Esta sabiduría es la sabiduría humana (es decir, la sabiduría que
puede el hombre adquirir sobre el hombre); y de esta sabiduría verdaderamente puede ser
que yo sea sabio"

Los Naturistas buscaron responder al problema: "¿Qué es la naturaleza y la realidad última


de las cosas?". Sócrates, al contrario, quiere responder al problema: "¿Cuál es la naturaleza
y la realidad última del hombre?", "¿cuál es la esencia del hombre?". La respuesta,
finalmente, es precisa e inequívoca: el hombre es su alma, desde el momento en que el alma
es lo que lo diferencia de cualquier otra cosa. Por "alma" Sócrates entiende nuestra razón y
la sede de nuestra actividad pensante y éticamente operante. En breve: el alma es para
Sócrates, el yo consciente, es decir, la conciencia y la personalidad intelectual y moral. En
consecuencia, con su descubrimiento, como se ha puesto de relieve justamente, Sócrates
creó la tradición moral e intelectual sobre la cual se construyó espiritualmente Europa.

Es evidente entonces que si la esencia del hombre es el alma, cuidarse a sí mismo significar
cuidar no el propio cuerpo sino la propia alma y la tarea suprema del educador es enseñar a
los hombres el cuidado de la propia alma; precisamente la tarea que Sócrates piensa haber
recibido de Dios, como se lee en la Apología es: "Que esto [...] es la orden de Dios; y estoy
persuadido que no hay para ustedes mayor bien en la ciudad que mi obediencia a Dios. Y
en verdad no hago otra cosa, con mi andar en torno, sino persuadirlos a ustedes, jóvenes y
viejos, de que no deben preocuparse por el cuerpo ni por las riquezas ni por otra cosa
alguna sino en primer lugar y más por el alma, de manera que ésta llegue a ser óptima y
virtuosísima; y que de la virtud nace la riqueza y todas las otras cosas que son bienes para
los hombres, tanto para el ciudadano individual como para el Estado".

Uno de los razonamientos fundamentales que Sócrates hacía para probar esta tesis era el
siguiente: Uno es el "instrumento" del que se sirve y otro es el "sujeto" que se sirve del
instrumento. Ahora bien, el hombre se sirve de su propio cuerpo como de un instrumento,
lo cual significa que el sujeto, que es el hombre, y el instrumento, que es el cuerpo, son
cosas distintas. A la pregunta pues de “qué es el hombre" no se podrá responder que es su
cuerpo sino que es "aquello que se sirve del cuerpo". Pero la "psyché, el alma (=la
inteligencia) es lo que se sirve del cuerpo" luego la conclusión es inevitable: "El alma nos
ordena conocer a aquel que nos amonesta: ‘conócete a ti mismo'. Sócrates llevó a tal punto
de conciencia y de reflexión crítica su doctrina, que llegó ya a deducir todas las
consecuencias que surgen lógicamente de ella, como lo veremos ahora.

El nuevo significado de "virtud" y la nueva tabla de


valores
Lo que nosotros hoy llamamos virtud, los griegos lo llamaban areté y entendían por este
término lo que hace que una cosa sea buena y perfecta en lo que debe ser; mejor aún, areté
significa la actividad o modo de ser que perfecciona cada cosa haciendo que sea lo que
debe ser. (Los Griegos hablaban, pues, de una virtud de varios instrumentos, de una virtud
de los animales, etc.; por ejemplo, la "virtud" del perro es la de ser buen guardián, la de un
caballo correr velozmente, etc.) La "virtud" del hombre no podrá ser, por consiguiente, sino
lo que hace que el alma sea lo que debe ser por naturaleza, es decir, buena y perfecta. Y tal
es, según Sócrates, la "ciencia" o el "conocimiento", mientras que el "vicio” es la carencia
de ciencia y conocimiento, es decir, la "ignorancia".

De ese modo, Sócrates realiza una revolución en la tabla tradicional de los valores. Los
verdaderos valores no son los vinculados a las cosas externas, como la riqueza, el poder, la
fama y menos aún los que están ligados al cuerpo, como la vida, el vigor, la salud física, la
belleza, sino únicamente los valores del alma que se resumen todos ellos en el
"conocimiento". Esto no significa, entiéndase bien, que todos los valores tradiciones se
vuelvan antivalores; simplemente significa que “por sí mismos no tienen valor”. Se hacen
valores si se usan como lo exige el "conocimiento" es decir, en función del alma y de su
areté-, por sí mismos, ni los unos ni los otros tienen valor.

La tesis socrática, ilustrada arriba, implicaba dos consecuencias que pronto fueron
consideradas como “paradojas", pero que son importantes y se clarifican por eso
oportunamente:

1. La virtud (cada una y todas ellas: sabiduría, justicia, fortaleza, templanza) es ciencia
(conocimiento) y el vicio (cada uno y todos ellos) son ignorancia.
2. Nadie peca voluntariamente y quien hace el mal, lo hace por ignorancia del bien.

Para Sócrates, la virtud o areté es saber sobre algo. Se la puede comparar al arte o techné.
El artesano que sabe puede hacer su obra y lo que sabe es hacerla bien. Por ello, la virtud es
conocimiento y la felicidad es posible gracias a la virtud. Pero ¿cómo se puede buscar esa
virtud universal?, ¿qué método se ha de emplear? Sócrates encuentra la respuesta en el
método mayéutico:

"Mi arte mayéutica tiene seguramente el mismo alcance que el de aquellos, aunque
con una diferencia y es que se practica con los hombres y no con las mujeres,
tendiendo además a provocar el parto en las almas y no en los cuerpos. Ahora
bien, lo más grande que hay en mi arte es la capacidad de poner a prueba si lo que
engendra el pensamiento del joven es algo imaginario o falso o genuino y
verdadero. Y es evidente que nunca aprenden nada de mí, pues son ellos mismos y
por sí mismos los que descubren y engendran muchos pensamientos bellos”.

Para reflexionar:

El descubrimiento socrático del concepto de libertad


La manifestación más significativa de la excelencia de la psyché o razón humana se da en
lo que Sócrates llamó "autodominio" (enkráteia), es decir, el de sí en los estados de placer,
dolor, fatiga, en la urgencia de las pasiones y los impulsos: "cada hombre, considerando el
autodominio como la base de la virtud, debería procurar tenerlo". El autodominio,
sustancialmente significa dominio de la propia racionalidad sobre la propia animalidad,
significa hacer que el alma sea señora del cuerpo y de los instintos unidos al cuerpo. En
consecuencia, se comprende que Sócrates identificara la libertad humana con este dominio
de la racionalidad sobre la animalidad. El verdadero hombre libre es aquel que sabe
dominar sus instintos, el verdadero hombre esclavo es el que no sabe dominar sus instintos
y llega a ser víctima de los mismos.

Estrechamente conexo con este concepto de autodominio y libertad está el concepto de


“autarchía", es decir, de “autonomía". Dios no tiene necesidad de nada, sabio.es quien más
se acerca a ese estado y por lo tanto es quien busca tener necesidad de muy poco. En efecto,
al sabio, que vence los instintos y elimina todo lo superfluo, le basta la razón para vivir
feliz.

Como se ha puesto de relieve con justa razón, nos encontramos ante una nueva concepción
del héroe. El héroe era tradicionalmente aquel que es capaz de vencer a todos los enemigos,
peligros, adversidades y fatigas externas; el nuevo héroe es aquel que sabe vencer a los
enemigos interiores que anidan en su ánimo.

El nuevo concepto de felicidad


La mayor parte de los filósofos griegos, justamente a partir de Sócrates propuso al mundo
su propio mensaje como mensaje de felicidad. En griego, felicidad se dice eudaimonía que
significaba originalmente haberle tocado en suerte un daimon custodio bueno y favorable,
que garantizaba buena suerte y vida próspera y amable. Pero ya los Presocráticos habían
interiorizado este concepto. Ya Heráclito había escrito que: "el carácter moral es el
verdadero daimon del hombre y que la felicidad es bien distinta de los placeres" y
Demócrito había dicho que "la felicidad no se tiene en los bienes externos y que el alma es
la morada de nuestra suerte".

El discurso de Sócrates profundiza y fundamenta, de manera sistemática, precisamente


estos conceptos, sobre la base de las premisas que se han ilustrado arriba. La felicidad no
puede venir de las cosas exteriores, no del cuerpo, sino del alma únicamente, porque ésta y
sólo ésta es su esencia. El alma es feliz cuando es ordenada, es decir, virtuosa. "Según mi
parecer, dice Sócrates, quien es virtuoso, sea hombre o mujer, es feliz, el injusto y el
malvado es infeliz". Así como la enfermedad y el dolor físico son desórdenes del cuerpo,
así el orden del alma es la salud del alma y este orden espiritual o armonía interior es la
felicidad.

Y si es así, según Sócrates, el hombre virtuoso entendido en ese sentido, "no puede padecer
ningún mal ni en la vida ni en la muerte". No en vida porque los otros pueden hacer mal al
cuerpo o dañar los bienes pero no pueden arruinarle la armonía interior y el orden del alma.
No después de la muerte, porque, si existe un más allá, el virtuoso tendrá un premio; si no
lo hay, vivió bien en el más acá y el más allá es como un estar en la nada. En todo caso, fue
fe firme de Sócrates que la virtud tiene ya su verdadero premio en sí misma
intrínsecamente, es decir, esencialmente y que vale la pena ser virtuosos porque la virtud
misma es ya un fin. Y si es así según Sócrates, el hombre puede ser feliz en esta vida, sean
cuales fueren las circunstancias en las que le toque vivir y cualquiera que sea la situación en
el más allá. El hombre es el verdadero artífice de la propia felicidad o infelicidad.

El método dialéctico de Sócrates y su finalidad


También el método y la dialéctica de Sócrates están ligados a su descubrimiento del
hombre como psyché, porque tienden de modo perfectamente consciente a despojar el alma
de la ilusión del saber y de esta manera a curarla con el fin de hacerla idónea para acoger la
verdad. Por tanto, las finalidades del método socrático son fundamentalmente de naturaleza
ética y educativa y sólo secundaria y mediatamente de naturaleza lógica y gnoseológica.

En síntesis: dialogar con Sócrates conducía a un "examen del alma" y a dar cuenta de la
propia vida, es decir, a un "examen moral" como lo enfatizan sus contemporáneos. Se lee
en un testimonio platónico: "Cualquiera que esté cerca de Sócrates y se ponga en contacto
con él para razonar, sea el asunto que fuere el que se tratase, arrastrado por las espirales del
discurso, está constreñido inevitablemente a ir adelante, hasta que caiga en dar cuenta de sí
y a decir de qué manera vive y cuál es su vivencia y una vez que ha caído, Sócrates no lo
suelta más”.

Y justamente Sócrates señala ese "tener que dar cuenta de la propia vida", que era el fin
específico del método dialéctico, como la verdadera razón que le costó la vida: hacer callar
a Sócrates con la muerte, significaba para muchos liberarse del deber de "poner al desnudo
su propia alma". Pero el proceso puesto en movimiento por Sócrates era ya irreversible y la
supresión física de su persona no podía en modo alguno detener dicho proceso. Habiendo
establecido ya la finalidad del "método" socrático, debemos especificar su estructura.

La dialéctica de Sócrates coincide con el mismo diálogo (diálogos) de Sócrates, que consta
como de dos momentos esenciales: la "refutación" y la "mayéutica '. Al hacer esto, Sócrates
se valía de la máscara del "no-saber" y de la temidísima arma de la "ironía". Veamos estos
cuatro pasos a continuación:

1. El "no-saber" socrático
Los Sofistas más famosos se enfrentaban con el auditorio con la soberbia actitud de quien
lo sabe todo; Sócrates, al contrario, se enfrenta al interlocutor con la actitud de quien no
sabe y debe aprender todo.

Sobre este "no saber" socrático ha habido muchos errores hasta llegar a ver en él el
comienzo del Escepticismo. En realidad, quiere ser la afirmación de una ruptura:

➔ en relación con del saber de los Naturistas, que se había revelado vano;

➔ en relación con el saber de los Sofistas que con mucha frecuencia se había revelado
como pura presunción;
➔ en relación con el saber de los políticos u de los cultivadores de las diversas artes,
que casi siempre se revelaba como inconsistente y acrítico.

Pero hay más. El significado de la afirmación del no saber socrático se calibra exactamente
si se lo pone en relación, además del saber de los hombres, con el saber de Dios. Vimos ya
como para Sócrates Dios es omnisciente, extendiéndose con conocimiento desde el
universo al hombre, sin ninguna restricción. Ahora bien, justamente el saber humano se
manifiesta en toda su fragilidad y pequeñez comprándolo con la altura de ese saber divino.
Desde ésta perspectiva, no sólo aquel ilusorio saber del que hemos hablado sino La misma
sabiduría humana socrática resulta un no-saber.

Por lo demás, Sócrates mismo, en la Apología, al interpretar la sentencia del Oráculo de


Delfos según la cual nadie era más sabio que él, explícita este concepto: "Sólo Dios es
sabio y esto es lo que él quiere decir en su oráculo, que poco a nada vale la sabiduría del
hombre; y llamando a Sócrates sabio, no quiere, creo yo, referirse propiamente a mí,
Sócrates, sino usar mi nombre como un ejemplo; casi como si hubiera querido decir así:
"¡Oh-hombres! Es sabio entre ustedes aquel que, como Sócrates, haya reconocido que su
sabiduría no tiene valor".
La contraposición entre "saber divino" y "saber humano" era una antítesis apreciada por
toda la sabiduría-precedente de Grecia y en la que Sócrates vuelve pues a hacer hincapié.

Finalmente, se debe relevar el poderoso efecto irónico de benéfica sacudida que el principio
del no-saber provocaba en las relaciones con el oyente: provocaba aquella fricción de la que
brotaba la chispa del diálogo.

2. La ironía socrática
La ironía es la característica peculiar de la dialéctica socrática y no sólo desde el punto de
vista formal sino además desde el punto de vista sustancial. En general, ironía significa
"simulación". En nuestro caso específico, indica el juego divertido, múltiple y variado de
las ficciones y de las estratagemas usadas por Sócrates para obligar al interlocutor a dar
cuenta de sí mismo.

En síntesis: la broma está siempre en función de un propósito serio y es, pues, siempre
metódico. A veces en las simulaciones irónicas Sócrates fingía precisamente acoger como
propio el método del interlocutor, en especial si éste era una persona culta, y en particular si
era un filósofo y jugaba a engrandecerlo hasta el límite de la caricatura para derribarlo con
la misma lógica que les pertenecía y para amarrarlo a la contradicción.

Pero por debajo de las diversas máscaras que Sócrates se ponía poco a poco, se hacían
visibles los rasgos de la máscara esencial, la del no-saber y de la ignorancia, de la que se
habló más arriba: puede incluso decirse que, en el fondo, las policromas máscaras de la
ironía socrática eran variantes de la principal que, con un multiforme y habilísimo juego de
disoluciones, ponían finalmente a ésta a la cabeza.

Quedan aún por aclarar los dos momentos, el de la "refutación" y el de la "mayéutica" que
son los momentos constitutivos estructurales de la dialéctica.

3. La “refutación” y la ''mayéutica” socráticas


La "refutación" (elencos) constituía en un cierto sentido la pars destruens del método, o sea,
el momento en el que Sócrates llevaba al interlocutor a reconocer la propia ignorancia. El
obligaba a definir el asunto en torno al cual trataba la pesquisa; luego hurgaba, de diversas
maneras, en la definición dada, explicitaba y subrayaba las insuficiencias y las
contradicciones que implicaba; exhortaba, pues, a intentar una nueva definición, y con el
mismo procedimiento la criticaba y la refutaba; y así procedía hasta el momento en que el
interlocutor se declaraba ignorante.

Es evidente que la discusión producía irritación o reacciones aún peores en los-sabihondos


y en los mediocres. Pero en los mejores, la refutación provocaba un efecto de purificación
de las falsas certezas, o sea, una purificación de la ignorancia, de modo que Platón podía
escribir a este respecto: "Por todas estas cosas (...) debemos afirmar que la refutación es la
más grande y fundamental purificación y que quien no se benefició de ella, así se trate del
Gran Rey, hay que pensarlo sólo como impuro con la mayor impureza y privado de
educación, inclusive bruto justamente en aquellas cosas en relación con las cuales convenía
que fuera purificado y bello en grado máximo, el que hubiera querido de verdad ser un
hombre feliz".

Y así pasamos al segundo momento del método dialéctico. Para Sócrates, el alma puede
alcanzar la verdad sólo si "está grávida de ella"; en efecto, él se decía ignorante y negaba de
plano estar en grado de comunicar a los otros algún saber, o por lo menos, un saber
constituido de contenidos determinados. Pero como la mujer que está grávida en su cuerpo
necesita una partera para dar a luz, así el discípulo que tiene el alma grávida de la verdad
tiene necesidad de una especie de arte obstétrica espiritual que ayude a la verdad a salir a la
luz y ésta es precisamente la "mayéutica" socrática.

Sócrates y la fundación de la lógica


Durante mucho tiempo se ha sostenido que Sócrates, con su método, descubrió los
principios fundamentales de la lógica de Occidente, o sea, el concepto, la inducción, y la
técnica del razonamiento. Sin embargo, hoy en día, los estudiosos son más cautos. Sócrates
puso en movimiento el proceso que llevó al descubrimiento de la lógica y contribuyó, de
manera determinante, a este descubrimiento pero él mismo no llegó allí de manera
sistemática. La pregunta "¿qué cosa es?, con la que Sócrates martillaba a los interlocutores,
como se hace cada vez más hoy, a nivel de estudios especializados, se está reconociendo
que no implicaba aún la obtención del concepto universal con todas las implicaciones
lógicas que esto presupone. Sócrates abrió el camino que debía llevar al descubrimiento del
concepto y de la definición y, aún antes, al hallazgo de la esencia platónica y dio un gran
impulso en esta dirección pero no estableció la estructura del concepto ni de la definición,
pues le faltaban muchos instrumentos necesarios para este fin que, como se dijo, son
hallazgos posteriores (platónicos y aristotélicos).

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en tu cuaderno que
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correspondiente
a Sócrates.

Escribe en tu cuaderno cuatro conclusiones que se relacionen con:


★ El descubrimiento de la esencia del hombre
★ La virtud
★ La libertad y felicidad
★ La dialéctica

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