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DESOJO MANUEL Función Social de La Propiedad Desdee Una Prspectiva Interdisciplinaria

A partir del análisis de la legislación argentina y de los tratados internacionales de Derechos Humanos, el autor busca indagar el desarrollo del concepto de Propiedad, para arribar a la genealogía de su Función Social

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DESOJO MANUEL Función Social de La Propiedad Desdee Una Prspectiva Interdisciplinaria

A partir del análisis de la legislación argentina y de los tratados internacionales de Derechos Humanos, el autor busca indagar el desarrollo del concepto de Propiedad, para arribar a la genealogía de su Función Social

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

SECRETARIA DE INVESTIGACION CIENTIFICA

Hacia una nueva definición crítica de la


Función Social de la Propiedad, desde una
perspectiva interdisciplinaria.
Autor:
Emanuel Desojo

Resumen:
Se busca a través del estudio de trabajos publicados, de lo descripto por doctrinarios y
especialistas en el material, y con un análisis programático de la legislación argentina y de
diversos tratados internacionales de Derechos Humanos, realizar un desarrollo del concepto de
Propiedad, anclado en un pensamiento crítico que proporcione su historicidad, para arribar a la
genealogía de su Función Social. El enfoque intenta ser novedoso desde el anclaje en la Teoría
Crítica, brindando un análisis que no puede escapar a su esencia económica y política. Como
resultado se propondrá observar los carrieles actuales por los que se desplaza un derecho
constitucionalizado, en el proceso de constitucionalización del derecho privado, y los interrogantes
que surgen respecto a su posibilidad eficacia y efectividad.

Abstract:
It seeks through the study of published works, of what is described by doctrinaires and specialists
in the material, and with a programmatic analysis of Argentine legislation and various international
Human Rights treaties, to develop the concept of Property, anchored in a critical thinking that
provides its historicity, to arrive at the genealogy of its Social Function. The approach tries to be
novel from anchorage in Critical Theory, providing an analysis that cannot escape its economic
and political essence. As a result, it will be proposed to us to observe the current lanes through
which a constitutionalized right moves, in the process of constitutionalization of private law, and the
questions that arise regarding its possibility, efficiency and effectiveness.
Introducción
El concepto de la Función Social surgió en Europa como una reacción a las teorías
(y prácticas) imperantes en el siglo XIX. Tenía por finalidad configurar una nueva forma de
Propiedad, a la luz de la doctrina positivista, que tuvo amplia repercusión en Europa y
América Latina. El concepto es consecuencia de los desequilibrios y abusos que provocó
un Estado que dejaba actuar al Mercado en el libre juego de la oferta y la demanda, sin
ofrecer límites ni intervención, esperando una “mágica” autorregulación.
La academia suele citar a León Duguit como el fundador de la teoría de la Función
Social de la Propiedad; sin embargo, la crítica al modelo propietario napoleónico es
anterior, propia de las teorías positivistas y organicistas que ya circulaban desde las
últimas décadas del siglo XVIII.
Duncan Kennedy considera que la propuesta de Duguit forma parte de una más
amplia globalización de “lo Social” dentro de la ley y del pensamiento jurídico liberal
clásico1; por lo que puede entenderse que la redefinición de la propiedad que realiza el
citado autor francés es solo un ejemplo representativo de una tendencia mucho más
amplia que surgió con anterioridad2.
Al decir de Paolo Grossi, el inicio del siglo XIX encuentra al derecho de Propiedad
como producto de “un iusnaturalismo posilustrado y poscodificatorio que muestra
abiertamente sus rasgos conservadores (como en tantos Proudhon de la primera mitad
del siglo) o en el ámbito de un más satisfactorio positivismo cientificista (como en los
D'Aguanno de fin de siglo), el resultado es siempre el carácter indiscutible de la propiedad
individual como institución social, como no abdicable punto de llegada del progreso
histórico, como valor absoluto en el plano ético-social; y, en consecuencia, una
indisponibilidad psicológica para concebir posibles formas alternativas o para dar
nacimiento, al menos, a un replanteamiento vigoroso del sistema de las formas de
apropiación de los bienes”3.

1
Duncan Kennedy, “Two Globalizations of Law & Legal Thought: 1850-1968”, N° 36. Suffolk U.L. REV. 631, 649-74, 2003
2
Pasquale, María Florencia (2014). «La función social de la propiedad en la obra de León Duguit: una re-lectura desde la perspectiva historiográfica». Historia
Constitucional (15): 93-111. ISSN 1576-4729
3
Grossi Paolo, Historia del derecho de propiedad, Ariel, Barcelona, 1986. pp. 23.
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Dicho en otros términos lo que Grossi explica es que la Cultura Jurídica del siglo
XIX buscará en la Función Social encontrar un ordenamiento comunitario que contamine
la relación directa, inmediatamente y soberana entre un sujeto y el bien4.
La recepción del derecho de Propiedad en la modernidad, y su expansión al mundo
occidental, como también las críticas de los primeros pensadores que observaron la
inequidad y excesos del Mercado ante ese Estado del “laissez faire, laissez passer”, son
imprescindibles para comprender la genealogía de la Función Social de la Propiedad.
La tesis que este trabajo postula es la historización de la Propiedad, de su
pregonada Función Social, y de su constitucionalización, la comprensión de su evolución
a través de la Teoría Crítica con perspectiva jurídica, económica y política, lo que
despertará interrogantes sobre su factibilidad en un mundo capitalista.

Análisis del Marco Teórico


Se sostiene la necesidad de avanzar en la comprensión de las complejidades que
ofrece la globalización, y en el caso en particular, sobre la constitucionalización del
derecho privado.
El proceso es arduo, y escapa al estudio de la Ciencia Jurídica desde el
positivismo, que intenta comprender el fenómeno social del derecho desde la proposición
normativa, considerándolas entelequias objetivas, incuestionable y avalorativas.
Por ello, en los nuevos programas de la carrera de abogacía de las principales
universidades argentinas, y por ahora sólo desde lo formal, se pregona un estudio crítico
de ésta ciencia5.
Un análisis desde ésta perspectiva, y por ello histórica, de la constitucionalización
del derecho privado, nos llevará a uno de los más complejos conceptos jurídicos (y
políticos) en donde confluyen conflictos que exceden al marco positivo-jurídico, y que se
hunden en las raíces de lo filosófico, social y político, interrogando sobre la posibilidad de
que exista una Propiedad (concepto eminente del derecho privado) que posea una

4
Grossi Paolo, Historia del derecho de propiedad, op. cit. pp. 23
5
Desojo Emanuel, El enfoque en la enseñanza de la asignatura Sociología Jurídica en las facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales de Argentina, tomando como eje la
superación del enfoque jurídico positivista y neo-positivista. UNLP 2020.
Función Social (función a la que debe llegarse por intermedio e imposición del Derecho
Público) en el marco de un Estado capitalista.
Esta yuxtaposición entre el derecho público y el derecho privado, y los conflictos y
laberintos que genera su constitucionalización, hace eclosión en la genealogía de la
Función Social de la Propiedad.
Definir qué es, hasta dónde llega y la posibilidad de que exista una Función Social
de la Propiedad, es un desafío para pensar desde la Ciencia Jurídica capitalista, y la
constitucionalización del derecho de Propiedad mediante tratados de Derechos Humanos
que fueron incorporados a nuestra Carta Magna en el año 1994, como a través de la
constitucionalización de los derechos ambientales, por citar a dos de las incógnitas que se
abren al profundizar en la temática.
El desarrollo histórico del concepto nos permite observa la transformación de las
sociedades y la Ciencia Jurídica, como la utilización de un concepto surgido en el
nacimiento del capitalismo, que puede ser utilizado hoy en día para fines diversos a la
“Justicia Social” y freno a la apropiación despótica de bienes en la que se inspiró.
Comprender la Ciencia del Derecho como una Ciencia Social que tiene por fin
estudiar la función de las normas jurídicas en una sociedad determinada, al mismo tiempo
que comprender su génesis, el cómo y porqué de esas normas, analizar quiénes las
interpretan y cómo son aplicadas, en definitiva, aprender cómo ellas sirven para
cohesionar los lazos sociales, si es que sirven para ello, es el desafío para comprender
los distintos niveles en los que se desarrolla el Derecho, y transforma la realidad.
Este análisis de la Ciencia Jurídica resulta más complejo que sólo investigar la letra
de las leyes, sus interpretaciones y su jurisprudencia; pero esa complejidad nos permitirá
entender la multiplicidad de ramas de la ciencia que la atraviesan, y en particular las
dificultades que enfrenta la constitucionalización del derecho privado.
Los principios utópicos-filosóficos que inspiran a una Ciencia Jurídica democrática,
como son la justicia, libertad, igualdad, fraternidad y seguridad, nacidos al calor de la
Modernidad, deben ser analizados desde un discurso situado, histórico y político, que
demuestran como la perspectiva positiva-funcionalista es incapaz de comprender el
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fenómeno social, al escapar del simple silogismo lógico formal en que se pretende
subsumir a la realidad.
La visión que se imparte desde la Ciencia Jurídica, tomando al derecho como una
pirámide normativa, donde las normas se validan en una anterior o superior, y que
provienen de la “norma fundamental”, la que se encuentra legitimada por un cuerpo de
especialistas que la han dictado, y que representan a una sociedad en un momento
determinado, nos ofrece una visión aséptica, sesgada, parcial y desinteresada de lo que
es una ciencia eminentemente social y política.
Esta forma de ver el derecho, ampliamente difundida en las universidades, nos
aleja de la posibilidad de comprender que el discurso jurídico es una forma de legitimar un
orden económico, político y social determinado, al tiempo que nos impone una visión
hegemónica de la realidad, que se enseña como la única válida, persiguiendo a todos los
discursos disidentes.
Por ello es que, con la ausencia de historicidad, complejidad, y conflictividad en el
análisis de las normas jurídicas, de su interpretación y su aplicación, se genera la
imposibilidad de cuestionar el papel esencial que desarrolla el sistema normativo para
mantener y justificar una estructura social desigual, como su reverso, la posibilidad de
modificar esa realidad desigual a través del Derecho.
La enseñanza universitaria -de carácter positivista, más allá de lo que la curricula
formal indica6-, aborda el concepto de la Función Social de la Propiedad desde su perfil
normativista, evitando tomarlo desde la faz emancipatoria, que ofrece la Teoría Crítica,
para volverlo eficaz en la comprensión y transformación que afronta la Ciencia Jurídica
ante la constitucionalización del derecho privado, trabajando para una real eficacia en el
cumplimiento de los derechos humanos (incluyendo en éstos a los ambientales), y que se
enfrentan a los intereses del Mercado.
La Función Social de la Propiedad es un concepto económico-político, absorbido
por parte del orbe jurídico-político, en una supuesta búsqueda de romper con la

6
Desojo Emanuel, El enfoque en la enseñanza de la asignatura Sociología Jurídica en las facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales de Argentina, tomando como eje la
superación del enfoque jurídico positivista y neo-positivista. UNLP 2020.
organización capitalista de la sociedad, que sirve de fundamento a una estructura social
inequitativa.
Es una noción que implica generar una redistribución de los excedentes, la
prohibición de explotar, usar y gozar de aquella propiedad que daña al medioambiente, y
en definitiva a la comunidad; es la ponderación de un derecho colectivo por sobre el
derecho individual de propiedad, o en palabras de la Corte Suprema de Justicia, es poner
el mercado al servicio del hombre, y no el hombre al servicio del mercado7.
Por ello analizaremos el concepto desde la Teoría Crítica, entendiendo que el
Derecho es un campo de batalla en el que se lucha por definir qué dice el derecho, y en
donde al mismo tiempo se encuentra otra lucha, por decir quien dice lo que dice el
derecho; o sea, existe concomitantemente una lucha por la interpretación válida de la
norma jurídica, pero también por definir quiénes son los intérpretes válidos para realizar
esa interpretación válida e imponer su discurso como el único legítimo8.
La Teoría Crítica rechaza el concepto de la Ciencia Jurídica como “observadora de
la realidad”, que realiza exclusivamente la subsunción de la noma al hecho, o en otras
palabras esta teoría no considera a la Ciencia Jurídica como un instrumento para el
mantenimiento de un sistema de poder, en una estructura social (desigual), y de
favorecimiento de prerrogativas para un sector privilegiado a costa de la opresión de
inmensas mayorías; La Ciencia Jurídica, desde este trabajo y desde la Teoría Crítica, no
es una mera observadora de lo que sucede con el Poder en una sociedad determinada,
sino que se considera un elemento transformador, válido para el cambio y progreso de
una humanidad, haciéndola más equitativa.

TEORÍA CRÍTICA
Los diversos sentidos que se desprenden de la palabra “crítica”, formulación
ambigua, amplia, y hoy puesta de moda, demostraría criterios supuestamente progresivos
y reflexivos de un pensamiento.

7
Fallo “CEPIS” (fallos 339:1077)
8
Bourdieu Pierre, Poder, derecho y clases sociales. Bilbao Desclée de Brower (2001).
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El profundo desconocimiento de la epistemología de la Teoría Crítica, de los signos


de su pensamiento, como de sus raíces y consecuencias, provoca que ésta sea
bastardeada por la academia, que busca legitimar posturas neopositivistas y
hegemónicas, con una supuesta reflexión que se imponen como sinónimo de una
concepción progresista9.
Cuando atravesamos a la Ciencia Jurídica con la “Teoría Crítica”, el significado que
surge es revelador, con una elaboración instrumental y dinámica que traspasa los límites
naturales de las teorías tradicionales, los que por más reflexivos que sean sus
pensadores, no dejan de caer en el pensamiento de quienes son observadores,
falsamente objetivos, de la realidad.
En otras palabras, esta Teoría rompe el límite de simplemente describir lo que está
establecido o de contemplar los fenómenos sociales y reales 10, buscando transformar la
realidad.
Entonces podemos afirmar que el conocimiento que se propone a través de la
Teoría Crítica es “aquel conocimiento que no es dogmático, ni permanente, sino que
existe en un continuo proceso de hacerse a sí mismo. Y, siguiendo la posición de que no
existe conocimiento sin praxis, el conocimiento ‘crítico’ sería aquel relacionado con cierto
tipo de acción que resulta de la transformación de la realidad. Una teoría ‘crítica’
solamente puede tener como resultado la liberación del ser humano, pues no existe
transformación de la realidad sin la liberación del ser humano”11; lo que no implica, desde
Latinoamérica, la negación o ruptura radical con otras formas de conocimiento heredadas
del iluminismo, y producidas por la modernidad europea, sino que se configura como un
proceso dialéctico de asimilación, transposición y reinvención12.
Por ello el pensamiento crítico se desarrolla al margen de la teoría jurídica
tradicional dominante (positivista), contribuyendo a una toma de conciencia de la función
política del derecho, a una discusión teórico-práctica de éste, y a la modificación de

9
Desojo Emanuel, El enfoque en la enseñanza de la asignatura Sociología Jurídica en las facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales de Argentina, tomando como eje la
superación del enfoque jurídico positivista y neo-positivista. UNLP 2020.
10
Wolkmer, 1999, La democracia en Latinoamérica: “Integración y derecho comunitario latinoamericano”, págs. 231-242, Recuperado de
https://fundaciondialnet.unirioja.es/.
11
Freire, 2002, Cartas a quien pretende enseñar, 2" ed., Buenos Aires, Argentina. Siglo Veintiuno.
12
Wolkmer, 2003, La función de la crítica en la filosofía jurídica Latinoamericana, CENEJUS.
valores y posturas en la búsqueda de una visión más pluralista, democrática y
antidogmática13.
En palabras de uno de sus mayores exponentes, Antonio C. Wolkmer, es un
pensamiento insurgente, crítico e interdisciplinario en el ámbito del derecho;
revolucionario en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la Ciencia Jurídica, al
transformar al derecho de una ciencia descriptiva de una realidad en una ciencia con
aspiración a transformarla. Por ello consideramos al “pensamiento crítico” como una
formulación teórico-práctica en la búsqueda, pedagógica, de otra dirección u otra
referencia epistemológica que responda a las contradicciones estructurales que presenta
la modernidad (Wolkmer, 2006).
La Función Social de la Propiedad, y sus implicancias, revelan en forma clara estas
contradicciones, y la pertinencia de un análisis complejo abordado desde ésta
configuración Crítica, Teoría Crítica, o Pensamiento Crítico. Ello atento que el
pensamiento crítico busca provocar la autoconciencia de los sujetos sociales oprimidos,
que sufren las injusticias por parte de los sectores dominantes, de los grupos privilegiados
y de las formas institucionalizadas de poder.
La teoría tiene un papel pedagógico altamente positivo, en la medida que
comprendamos a la Ciencia Jurídica como elemento de esclarecimiento, de resistencia,
de emancipación y de transformación, yendo al encuentro de los deseos, intereses y
necesidades de todos aquellos que sufren, de cualquier forma, la discriminación,
explotación y exclusión en la estructura social capitalista14.

DERECHO DE PROPIEDAD
INTRODUCCIÓN:
Podemos acordar que, para el análisis capitalista, el derecho la Propiedad ha sido
el constante motor del progreso material a lo largo de la historia de la Humanidad, como
también la principal causa de su conflictividad, motivo de opresión, explotación,
expoliación y violencia. Se ha sostenido que las formas de ejercicio de Propiedad, en

13
Wolkmer, 2006, Introducción al pensamiento crítico, Bogotá, Colombia. ILSA.
14
Wolkmer, 2006, Introducción al pensamiento crítico, Bogotá, Colombia. ILSA.
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tanto mecanismo esencial de ejercicio de Poder, han justificado (y justifican) la generación


de conflicto y violencia15.
Desde una perspectiva sociojurídica podemos entender a la propiedad como la
institución que engloba distintas prerrogativas que los individuos o grupos humanos
pueden ejercer sobre los bienes económicos en los que recae, respecto de terceros,
como de las relaciones entre individuos o grupos que de aquellas se derivan, y como tal
es el centro de un problema: la distribución o asignación de los bienes económicos,
esencialmente limitados, de cuya producción participan los hombres para satisfacer sus
necesidades16.
Por ello resulta imprescindible analizar históricamente el derecho de propiedad,
configurando un panorama suficientemente amplio que permita comprender las
implicancias que tiene la “Función Social de la Propiedad” desde una visión
Latinoamericana.

DESARROLLO HISTÓRICO:
La Propiedad privada, nació en las sociedades primitivas del antiguo continente
cuando éstas dejaron de ser nómades y comenzaron a afincarse en los primeros
territorios; esa Propiedad tenía como carácter central la colectividad. Con la modificación
de los medios de producción, se fueron transformando las formas de explotar la tierra, y
se fue desapropiando a esa colectividad, para empezar a caer la misma sobre la cabeza
de los líderes de clanes y familias.
Con el avance del imperio romano, la Propiedad fue desarrollando un carácter más
individual y con menor responsabilidad por el uso (y abuso) de ella frente a la comunidad.
El Pater Familias es en Roma el ejemplo de esos nuevos caracteres, donde se
destacan los atributos de absoluta, exclusiva y perpetua, y que le otorgan la prerrogativas
para usar la cosa y percibir sus frutos con exclusividad, y disponer material y

15
Maldonado Capello, María de las Mercedes “La propiedad en la constitución colombiana de 1991. Superando la tradición del Código Civil”, parte de la tesis doctoral de
la referida autora, en Urbanismo, Université de Paris XII, Laboratoire d´Anthropologie juridique de París; cit. Por SCATOLINI, Juan Luciano, “Acceso a la tierra,
informalidad y concentración”.
16
Burkún, Mario y Spagnolo, Alberto, “Nociones de Economía Política”, Zavalía, Bs. As., 1985.
jurídicamente de ella a su voluntad (iusutendi, fruendi y abutendi) 17, a punto de poder
destruir o matar lo que caía bajo su señorío.
Con el advenimiento de la Edad Media, la transformación de las formas de
producción, derivaron nuevamente en grandes cambios en la conformación de la
estructura social y política de las sociedades, lo que acarreó la inevitable modificación de
los atributos que poseía la Propiedad18.
En esta etapa histórica, las sociedades se desmiembran y atomizan, los imperios
se fragmentan y generan “estados-ciudades” o feudos, que van a transformar los
aspectos que posee la Propiedad, en forma abiertamente contraria a la que se venía
consolidando desde los primeros años de Roma.
La Propiedad en la época feudal pasa al Clero y a las distintas formas de Nobleza,
quienes van a desmembrar el carácter de absoluto, exclusivo y perpetuo; deja de existir
un propietario que posee un único señorío sobre las cosas, y se crearán una multiplicidad
de derechos (muchas veces superpuestos) sobre éstas. Esas imprecisiones de la
Propiedad son los caracteres propios de la época y de los lazos feudales que ataban a los
siervos de la gleba a vivir en la tierra de sus ancestros, sin propiedad (ni concepto de
ella), con distintas relaciones jurídicas sobre los bienes y objetos, muchas veces
yuxtapuestos19. Esta desmembración del derecho de Propiedad generará fuertes
reacciones por parte del capitalismo y colonialismo.
Con posterioridad al “Renacimiento” europeo (en el Siglo XVI), y como
consecuencia de la evolución e innovación en las formas de producción agrícola, se logró
una mayor producción de alimentos con menor mano de obra, facilitando el
(re)surgimiento de las ciudades, y dando inicio a una incipiente economía mercantil, que
se dirigirá a transformar nuevamente los caracteres de la Propiedad.
Esas ciudades nacidas a la sombra de los castillos y feudos, producto de la mejora
en la producción de alimentos, empezaron a otorgar cada vez mayores posibilidades al

17
Amunátegui Perell Carlos Felipe: “El origen de los poderes del "Paterfamilias" I: El "Paterfamilias" y la "Patria potestas". Revista de Estudios Histórico–Jurídicos 2006,
XXVIII, 37 – 143.
18
Cordero Quinzacara Eduardo y Lizana Eduardo Aldunate: “Historia del pensamiento jurídico”. Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXX, 2008, pp. 345 – 385.
19
Ver Rheinische Zeitung, num. 298, octubre/noviembre de 1842. Marx, K. (1842); Los debates de la Dieta Renana: Debates sobre la ley castigando los robos de leña. En
Marx, K.; Escritos de Juventud; México; FCE; 1982
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comercio, y a generaron lo que serían los primeros burgueses, quienes verán muchas
veces frustradas sus aspiraciones por los conflictos sobre la Propiedad.
Con la Revolución Francesa, la Burguesía conquistó el poder, y como suele
suceder en las revoluciones se buscó desterrar todo vestigio del régimen anterior. La obra
de los glosadores sobre el Digesto o Pandectas, que es la sección más importante y rica
del Corpus Iuris Civilis de Justiniano, proporcionó la herramienta fundamental para darle
una nueva recepción al Derecho Romano en Occidente, según reconoce el jurista alemán
Friedrich Karl von Savigny20, destacando la vuelta al concepto de propiedad allí
propugnado21.
León Duguit, será una de las voces que promoverá la deconstrucción del derecho
de Propiedad “moderno”, analizándolo como fruto de un momento histórico22, en donde
los triunfadores políticos de la Revolución Francesa buscando suprimir todo vestigio del
régimen feudal, retrotrajeron sus caracteres al de aquél Derecho Romano23.
El derecho de Propiedad va a adquirir en esos primeros momentos de post
revolución, y especialmente con la codificación napoleónica un halo de derecho sagrado e
inviolable, que transformará al propietario en un soberano sobre el objeto en el cual recae,
pero ahora se otorga ese derecho en un sistema político-económico-cultural muy
diferente: el incipiente capitalismo. Un sistema que promueve la explotación del hombre
por el hombre que se esparcirá al resto del mundo occidental, especialmente a
Latinoamérica.
En ese marco histórico, la filosofía liberal fisiocráctica es el sustento teórico del que
abreva aquel capitalismo naciente, basado en un iusnaturalismo racionalista utilizado para
legitimar el derecho de Propiedad como un Derecho Natural, “inviolable y sagrado” que
poseía todo hombre.

20
Bernal Gómez, Beatriz, “Historia del derecho”. Colección Cultura Jurídica. Nostra Ediciones, 2010. ISBN 9786077603542
21
Nuñez, Carlos Ramos, “El Código Napoleónico: Fuentes y Génesis” en Revista “Derecho y Sociedad” Nº 10, pág. 153-161
(https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/derechoysociedad/issue/view/1214)
22
Pasquale, María Florencia (2014). «La función social de la propiedad en la obra de León Duguit: una re-lectura desde la perspectiva historiográfica». Historia
Constitucional (15): 93-111. ISSN 1576-4729.
23
Germán Bidart Campos, Manual de la constitución reformada, Tomo II, 2 reimpresión,
Buenos aires, Argentina, Ediar. 2000, pp.115
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano24 va a abrevar de
estas nociones, al expresar que es un derecho natural e imprescindible para éste.
Se puede observar con claridad, y a través de las nuevas normas jurídicas y sus
interpretaciones, que la Revolución Francesa como revolución burguesa dejó en claro
quienes habían triunfado, conformando una nueva disposición de la estructura social, lo
que significó un nuevo orden económico, consolidando la forma de producción y de
apropiación del excedente y de explotación del hombre. Así se proporciona un nuevo
concepto de Propiedad, que volvió a darle al hombre individual potestad absoluta e
irrestricta sobre las cosas.
Esta característica, sobre una organización social de base individual, no familiar,
busca desterrar toda huella de feudalismo, siguiendo los postulados de los fisiócratas
liberales del Siglo XVIIII, reflejando sus postulados en la citada Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano, y en todas las naciones que replicaron el Código
Civil de Napoleón, expandiéndose a todo el orbe, arribando también a nuestro Código
Civil25.
El codificador, Vélez Sarsfield, recogerá e impondrá jurídicamente ese pensamiento
de Propiedad absoluto, al punto de facultar a su titular a desnaturalizarla, degradarla o
destruirla.
El retorno a los caracteres de la Propiedad del Derecho Romano, en un mundo
moderno, capitalista, donde las revoluciones industriales transformaron los procesos de
producción, y donde la estructura social se vio fuertemente modificada, generará una
pauperización de la población al tiempo que un grupo pequeño se apropiará del
excedente y, en términos marxistas, de la plusvalía, como nunca había sucedido en la
historia. La producción de bienes se multiplico, al tiempo que aumento la concentración de
los detentadores de la riqueza en forma obscena.
El crecimiento de las ciudades y las industrias, y el traspaso de la población rural a
las urbes, generaron importantes conflictos sociales, que conforme los atributos

24
Art. 2: “La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescindibles del hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la
seguridad y la resistencia a la opresión.”
25
Art. 2513 del Código Civil argentino: “Es inherente a la propiedad, el derecho de poseer la cosa, de disponer o de servirse de ella, de usarla y gozarla según la voluntad
del propietario. Él puede desnaturalizarla, degradarla o destruirla.”
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románicos del derecho de Propiedad arrojaron a una inmensa cantidad de su población a


la miseria y al hambre, mientras los propietarios de los medios de producción derrochaban
riquezas. Esta desigualdad provocó el surgimiento de voces de protesta, principalmente
respecto de la Propiedad.
Desde la misma Revolución Francesa, intelectuales juzgaban ilegítima la propiedad
que significase expoliación del trabajo de los pobres; con posterioridad los movimientos
socialistas y anarquistas del siglo XIX criticaron la libertad que habilitaba el derecho del
más fuerte, y consideraban a la Propiedad como la causa de la explotación del
proletariado industrial, que no tiene más que su fuerza de trabajo, propugnando su
colectivización o supresión.
En este contexto de fuertes desigualdades, de abusos de poder, de un Mercado sin
Estado, de una explotación del hombre sin ética ni moral, se van a generar los primeros
movimientos anticapitalistas, ese es el marco en el que surge el concepto de “Función
Social de la Propiedad”.
Por un lado, en 1891 nace la Doctrina Social de la Iglesia, que desde una postura
iusnaturalista sostendrá que resulta necesario la restricción de este derecho,
considerando que “está subordinado el derecho al uso común y al destino universal de los
bienes” (encíclica Laborem Exercens) y que “nunca debe ejercerse en detrimento del bien
común”, dado que “nadie tiene derecho a reservar para su uso exclusivo aquello que le es
superfluo, mientras a otros les falta lo necesario” (encíclica Populorum Progressio)26.
Mientras simultáneamente, muchos juristas van a ir reconociendo la necesidad de
restringir y reglamentar la Propiedad individual en miras de satisfacer el interés social, y
evitar ejercicios abusivos y excesivos. Se comenzará a cuestionar la naturaleza individual
de la Propiedad, indicando que se debe sumar la “Función Social” como límite normal del
ejercicio de todo derecho.

26
Trivelli, Pablo O., “Deuda pendiente con las ciudades: Suelo urbano y equidad.” Para la aplicación de la D.S.I. en la problemática latinoamericana del hábitat, véase:
Conferencia Nacional de los Obispos Brasileños, “Suelo Urbano y Acción Pastoral”, documento emanado de la 20º Asamblea General, febrero de 1982.
León Duguit, enmarcado en la teoría organicista, va a postular que la Propiedad es
la función o deber social que tiene el titular de esa riqueza para con la sociedad,
consistente en destinarla a la satisfacción de las necesidades comunes27.
De esta forma, la concepción liberal y absoluta de la propiedad empieza a sufrir los
primeros embates reformistas, fruto del despojo y apropiación de las riquezas por un
Mercado sin regulación que, como dos caras de la misma moneda, inversamente se
generaba un proletariado y lumpenproletariado cada vez más pauperizado.
El fin de la Primera Guerra Mundial indicó el comienzo tímido de un nuevo
constitucionalismo, con el nacimiento de las nuevas constituciones que incluyeron normas
sobre la “Función social de la Propiedad” entre ellas la mexicana de 1917 y la alemana de
Weimar de 1919 observamos los primeros momentos de una constitucionalización del
derecho Privado; pero el cambio de paradigma llegaría recién con la finalización de la
Segunda Guerra Mundial, que provocará el nacimiento del “Estado Social de Bienestar”, y
un nuevo movimiento constitucionalizador, destacándose la brasileña de 1946, la italiana
de 1947 y la argentina de 1949, que terminarán de cimentar el concepto de la “Función
Social de la Propiedad” como integrante de esos plexos normativos.
En una etapa posterior, y con el fortalecimiento de los organismos internacionales
de Derechos Humanos, se crearán y adoptaran por parte de las naciones, una gran
cantidad de Tratados y Convenciones relativas a la defensa de los citados derechos, que
tienen como característica distintiva y novedosa que es el Estrado quien voluntariamente
se somete y compromete con el mismo Estado a proteger los estándares mínimos de
derechos en relación a su propia población y en su propio territorio.
En el marco de los Tratados se comenzarán a convencionalizar la Función Social
de la Propiedad, lo que fue articulado en forma conjunta y complementaria con una nueva
forma de comprensión de la Función Social, relativa a los derechos ambientales.
La propuesta que propugnaba la limitación de la concepción de Propiedad tomada
del Derecho Romano, se conjugó con la necesidad de proteger los recursos y riquezas
naturales, que comenzaron a ser explotadas y destruidas en forma extensiva.

27
Pasquale María Florencia, “La función social de la propiedad en la obra de León Duguit: una re-lectura desde la perspectiva historiográfica”. Universidad Nacional de
Córdoba.
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Para ello, y en una interesante propuesta, la Asamblea General de Naciones


Unidas va a considerar un elemento básico del derecho a la libre determinación de los
pueblos: la protección de la soberanía de éstos sobre sus riquezas y recursos naturales
(no de los Estados, sino de los pueblos). Se sostendrá que la protección debe ejercerse
conforme el interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo conforme se
determina convencionalmente28.
Ello encuentra estrecha relación con los pueblos indígenas, quienes sufrieron en
mayor medida el despojo de sus tierras, la explotación y degradación de las regiones en
que habitaban, y que fruto de su explotación se encuentran entre los pueblos más
vulnerables, desfavorecidos y marginados del mundo; estas comunidades constituyen
aproximadamente el cinco por ciento de la población mundial, pero representan el quince
por ciento de los pobres del mundo y la tercera parte de las personas que viven en la
extrema pobreza29. La mayoría de ellos mantiene un vínculo sólido con el medio ambiente
y con sus tierras y territorios tradicionales, que es su fuente de sustento y la base de su
existencia misma como comunidad que, al verse desplazados y sus tierras arrasadas
terminan siendo, en el mejor de los casos, parias en las ciudades cercanas.
Por ello, podemos observar en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas, un instrumento fundamental a la hora de
(re)interpretar la Función Social de la Propiedad, en cuanto habilita la reparación,
conservación y protección del medioambiente y específicamente respecto de las tierras,
instando a que recobren su capacidad productiva y entrega a los originarios propietarios,
cuando las mismas sean o hayan sido objeto de apropiación por otros grupos, reposando
sobre el Estado la obligación de adoptar las medidas necesarias para que ello se cumpla.
En definitiva, la Declaración de Naciones Unidas establecer que los Estados deben
adoptar medidas para defender y promover los derechos de los pueblos indígenas, para
defender y promover la vuelta a sus tierras, territorios y recursos, en definitiva, va a
obligar a que los Estados tomen acciones propositivas limitando, transformando y
28
Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General, de 14 de diciembre de 1962, titulada "Soberanía permanente sobre los recursos naturales", Artículo Primero: El
derecho de los pueblos y de las naciones a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar
del pueblo del respectivo Estado.
29
Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Política de Actuación respecto a Pueblos Indígenas, 2009.
restringiendo el concepto de Propiedad románico, para cumplir con la obligación asumida
internacionalmente, e incluso restituyéndola a las comunidades que fueron desalojadas, lo
que se complementa con la jurisprudencia profusamente desarrollada en el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos30.
En la actualidad, podemos concluir que existen una multiplicidad de instrumentos
internacionales, que de manera directa o indirecta, establece la Función Social de la
Propiedad en cuanto límite a los caracteres romanista, que son utilizados en el discurso
jurídico y político para facilitar el acceso a la tierra de los sectores más vulnerables; y en
una etapa más reciente como forma de limitar el uso extensivo y abusivo de la tierra,
protegiéndola de la degradación y desertificación, a favor de los derechos ambientales de
las futuras generaciones.

ORÍGENES DESDE LA ARGENTINA:


Los orígenes del derecho de Propiedad en el territorio que hoy ocupa el Estado
Argentino, debemos buscarlo desde el estado colonial. En el comienzo de la colonización
podemos observar una historia plagada de desapropiaciones crueles y violentas de
bienes que eran comunes: la tierra (y sus minerales), los pastizales o el ganado salvaje.
Las poblaciones originarias desconocían los caracteres del derecho de propiedad
románico con el cual les fueron apropiados los bienes muebles e inmuebles por un sector
inmigrante, colonizador y genocida, que hoy podría resumirse en el concepto de
“imperialista”, y que en Argentina se han considerado históricamente los “dueños del
país”, la “intelligenzia”31 de la Nación.
Las víctimas de este proceso de despojo y de cercamiento privado fueron (y son
aún hoy en día) principalmente los indígenas; pero a ellos se les sumó una parte
importante de la “nueva” población: los negros, los mestizos, los mulatos, y los criollos de
clase baja. En conclusión, los que la “intelligenzia” consideró inferiores, incultos.

30
Por ejemplo, el caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Sentencia del 31 de agosto de 2001,
Serie C, Nº 66, párr. 151.
31
“Intelligentzia es un vocablo de origen Ruso, que es utilizado por Arturo Jauretche en toda su obra y aparece y se define por primera vez en su artículo “Filo, Contrafilo y
Punta”, y que podemos resumir como la intelectualidad corrompida desde el “afuera” de la Argentina, y que se encuentra a cargo del "aparato de colonización pedagógica",
con el que trabaja para impedir la formación de una conciencia nacional y favorece como nativo a los intereses de la metropoli.
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En la Sociedad Colonial, el derecho de Propiedad sobre la tierra era el trofeo


obtenido por los beneficiarios de la conquista: los militares y altos funcionarios, los
españoles y criollos “ilustrados”, el clero, los grandes estancieros y comerciantes, los
abogados, médicos y, en general, todos los que desempeñaban un trabajo “intelectual”.
Se observa una coincidencia, aquellos que poseían derechos de propiedad,
también eran los que poseían derechos políticos, ello se sustentaba en una prerrogativa
que descansaba tanto en razones económicas como étnicas (la mayoría de la “gente
decente” era gente blanca, aunque algunos lograban ocultar su origen mestizo).
Ese “mundo colonial” fue sacudido a partir de 1810 con la Revolución de Mayo y
con la Asamblea del Año XIII, proponiendo un impulso igualitario, fruto de una importante
combinación de sucesos históricos e ideas provenientes de hombres sobresalientes que
fueron a estudiar principalmente a España, y que se embebieron de las ideas del
iluminismo y la Revolución Francesa; pero también fue producto de las guerras por la
independencia, donde se observaron las inequidades que generaron los primeros intentos
de democratización de las relaciones de propiedad.
En ese contexto revolucionario se propusieron diferentes programas de distribución
de la tierra entre los criollos pobres, promocionados entre otros por Mariano Moreno,
Manuel Belgrano y José Gervasio Artigas.
Si bien la movilización de las clases populares, en las guerras previas y posteriores
a la Revolución de Mayo y la Independencia, determinó el colapso del viejo orden desde
lo político-colonial, el nuevo orden fue impuesto sin modificarse las relaciones de
explotación, sólo se cambió la elite política y económica española por una nueva
organización política de elite criolla, principalmente compuesta por burgueses de Buenos
Aires, quienes mantuvieron el statu-quo del resto de la estructura social.
En este nuevo orden, y finalizada la organización interior de lo que sería la
República Argentina, resultaba necesaria la construcción de un Estado “Nacional” de la
que se encargaron los “dueños del país” y la “Intelligenzia” criolla que se sometería
entusiasmados a las intenciones de Europa en cuanto a la conformación de un mundo
industrializado y otro productor de materias primas orientadas a la exportación,
asumiendo el papel que ordenaba el mercado mundial, lo que implicaba e implicó el
sometimiento mediante la violencia y la crueldad a cualquier intento de industrialización en
la región-mundo, ejemplo claro de ello fue el genocidio contra el Paraguay en la Guerra de
la Triple Alianza.
Este proceso de construcción y de reorganización para que la Argentina se incluya
en el esquema mundial, significó una nueva ola de despojos contra los sectores más
vulnerables del antiguo régimen de producción, por lo que se volvió necesaria la
incorporación de más tierras a la producción principalmente de ganadería, conforme lo
requería Inglaterra, y para cumplir con ese requerimiento se programo y realizó lo que se
denomina el “genocidio constituyente”32, que procedió con la apropiación de distintas
materias primas y minerales por parte de las naciones industrializadas, a las que se
sometía complaciente la “Intelligenzia”.
Se promovieron campañas de exterminio dirigidas a “pacificar el desierto”, con la
consecuente privatización de la tierra, propiciando el reemplazo de la población nativa por
inmigrantes, quienes constituirían la mano de obra que el sistema agroganadero
latifundista impuesto desde Europa requería33, o la búsqueda de agua a una profundidad
absurda de 539 metros de profundidad lo que produjo en Comodoro Rivadavia el
descubrimiento del primer yacimiento de petróleo cerca del mar, lo que facilitaba su
apropiación por los intereses extranjeros que así lo solicitaban.
La extensión de alambrados, la creación de Registros Catastrales y Registros de la
Propiedad Inmueble, más la conversión forzada de parte de la población mestiza en
peones rurales, fue lo que determinó el acta de nacimiento de unas relaciones de
propiedad pensadas al servicio de un modelo de sociedad elitista y excluyente 34, y que
abrevaba en la filosofía importada de los fisiócratas y el liberalismo colonizador europeo.
La Constitución de 1853-60 es hija de aquella corriente ideológica-política-
económica, y ha reflejado en sus artículos 14 y 17 el concepto de Propiedad que ya venía
impuesto desde Europa. Allí se recogen dos formas de Propiedad que se complementan y

32
Feierstein Daniel, “Las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en América Latina: la necesidad de pensar estos conceptos desde el “margen latinoamericano”.
En el Foro Regional sobre Prevención del Genocidio.
33
Rapoport Mario y colaboradores, “Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000). Buenos Aires, Ediciones Macchi, 2000.
34
Ya en 1865, el Código Rural encomendó a los jueces de paz la aplicación del delito de vagancia con el objeto de presionar a los pobres libres del campo a encuadrarse en
el nuevo mercado laboral.
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son bases de aquel proyecto político que descansaba en la consolidación de una casta
que pregonaba una Nación para la “Intelligenzia” que debía ser el “granero del mundo”.
Entonces el artículo 17 va a buscar proteger la propiedad que había sido quitada,
robada y conquistada con violencia, tortura, sangre y fuego a los originarios propietarios,
ante una eventual expropiación Estatal. En otras palabras, legitima el saqueo y despojo a
las poblaciones indígenas de grandes extensiones de tierra, fruto del genocidio
constituyente, y que integran por “donación” del Estado la Propiedad de los nuevos
terratenientes latifundistas. Mientras que el artículo 14 promociona la inmigración con una
promesa de inclusión, libertades y no persecución por credo o religión, que va a
proporcionar la mano de obra barata para que esos latifundios, generados por la
incorporación de tierras de la “Conquista”, puedan producir en forma extensiva.
El dictado del Código Civil en 1871, redactado por Vélez Sarsfield, es el hito que
termina de configurar la concepción absolutista de la Propiedad, con las características
tomadas de la Declaración del Hombre y Ciudadano, y del Código Napoleón.
Esta Propiedad les permitirá a las élites de la “intelligenzia” que gobernaban el país
a finales del siglo XIX ufanarse de haber cumplido con creces su proyecto “modernizador”,
instaurando poderosos monopolios y oligopolios ligados al modelo económico de
exclusión social, aglutinamiento de la propiedad y de explotación de la tierra y las
personas.
Ese Código Civil va a reflejar la corriente jurídica liberal desarrollada en la Francia
post revolucionaria, y establecerá en su art. 2506 que el derecho de propiedad es aquel
“derecho real en virtud del cual una cosa se encuentra sometida a la voluntad y a la
acción de una persona”, otorgándose sobre ella los caracteres de exclusividad (en cuanto
no puede ser compartido, art. 2508), perpetua (por no tener límite temporal y “subsistir
independientemente del ejercicio que se pueda hacer”, según el art. 2510) y absoluta (por
ser el derecho que mayor cantidad de facultades le otorga a su titular).
Pero además describirá el Código las facultades que posee su titular, otorgándole
el derecho a poseer, usufructuar y disponer de la cosa, pudiendo incluso “desnaturalizarla,
degradarla o destruirla”35.
El desarrollo histórico, fruto del anti-feudalismo, que incluía la aversión a la
copropiedad como a todo otro tipo de Propiedad que no fuera individual y absoluto, fue
replicado por el codificador, fruto de una asimilación de normas extranjeras y producto de
una extranjerización y colonización impuesta desde la elite que buscaban favorecer las
necesidades extranjeras. Así dejaron fuera de la codificación a formas de Propiedad que
habían sido utilizadas por los gobiernos hasta ese momento, considerándolas una rémora
de la propiedad feudal, como la superficie y la enfiteusis, cuyas características iban en
contra del proyecto latifundista diseñado desde la elite criolla gobernante.
Como consecuencia de este concepto absolutista de la Propiedad se generó una
reacción similar a la que sobrevino en Francia. La exclusión y abuso por los dueños de la
tierra en Argentina fue obscena, además de ser favorecida por un estado liberal que
promocionaba la desigualdad. El concepto de propiedad románica, pero en un Estado
capitalista y liberal, fue criticado por intelectuales, movimientos políticos y sociales desde
prácticamente el triunfo de la Revolución Francesa; situaciones similares ocurrieron en
Argentina, en mucha menor medida, y principalmente por los inmigrantes españoles e
italianos que traían ideas socialistas y anarquistas.
Éstos instalaron en el país los primeros pensamientos revolucionarias de vertiente
europea sobre un derecho de Propiedad, que a medida que aumentaba la cantidad de
migrantes, se provocaba un mayor desequilibrio en el reparto de la Propiedad, lo que fue
generando las condiciones para el surgimiento de movimientos de protestas: en un país
inmensamente rico en tierras, resultaba imposible el acceso a ella por parte de la clase
proletaria/obrera.
Comenzaron a articularse incipientes movimientos obreros en las ciudades y de
peones de campo en la “campaña”, generalmente de raíces españolas e italianas, los que
propiciaron las primeras huelgas y movilizaciones.

35
Código Civil, artículo 2513 en su redacción original: Es inherente a la propiedad, el derecho de poseer la cosa, de disponer o de servirse de ella, de usarla y gozarla según
la voluntad del propietario. Él puede desnaturalizarla, degradarla o destruirla; tiene el derecho de accesión, de reivindicación, de constituir sobre ella derechos reales, de
percibir todos sus frutos, prohibir que otro se sirva de ella, o perciba sus frutos; y de disponer de ella por actos entre vivos.
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La “huelga de inquilinos” y la “marcha de las escobas” del año 1907, fueron dos
hitos que cuestionaron duramente las relaciones de propiedad existentes, la expoliación y
explotación que realizaba la elite gubernamental sobre los obreros de las urbes. A ello se
sumó la rebelión de los pequeños agroganaderos, que en el “Grito de Alcorta” de 1912,
visibilizaron los abusos que sufrían por parte de la oligarquía latifundista.
La teoría fisiocráctica del “laissez faire, laissez passer”, mostraba las
consecuencias de dejar la economía librada a la “mano invisible del Mercado” donde los
trabajadores urbanos y agrarios se encontraban excluidos de las riquezas que generaban.
En la misma época, una visita de León Duguit a la Argentina, en el marco de una
serie de conferencias brindadas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos
Aires (en el año 1911), va a introducir en el país la noción de la Función Social de la
Propiedad, planteando las transformaciones modernas que estaría sufriendo el derecho
privado36. A partir de allí estas ideas serán incorporado primeramente a las ramas de las
academias de Ciencias Jurídicas, y rápidamente replicado por doctrinarios.
A partir de los hechos científicos, políticos y sociales descriptos, y la continuidad de
una postura de no intervención del Estado como regulador del Mercado, en una clara
complicidad en los abusos que realizaban los propietarios, es que comienzan también a
distinguirse alguna tímida jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia Nacional.
Mediante el leading case “Ercolano, Agustín contra Lanteri de Renshaw, Julieta” de
1922, se va a empezar a objetar la concepción absolutista del derecho de Propiedad
privada, sosteniendo una primera limitación al señorío absoluto que otorgaba el Derecho,
imponiendo o estableciendo que ésta también generaba deberes, y que además se
encontraba delimitada por sus fines sociales.
Por otro lado, los juristas socialistas Carlos Sánchez Viamonte y Alfredo Palacios,
embebidos de las ideas que pregonaban una limitación a la Propiedad comienzan a
señalar en sus discursos políticos que no era plausible democratizar las relaciones de
producción, si no se ponía en cuestión la concepción burguesa de ese derecho.

36
Abelardo Levaggi, “Ideas acerca del derecho de propiedad en la Argentina entre 1870y 1920”, Revista electrónica del Instituto de Investigaciones “Ambrosio Gioja”,
Año I, Numero I,Invierno 2007.
Sánchez Viamonte va a señalar que la Constitución Nacional protegía el derecho
de Propiedad “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio”, y por ello proponía
limitarlo y regularlo por ley, tanto en beneficio de los individuos como de la propia
comunidad37.
Por su parte, Alfredo Palacios pensaba que la socialización de los medios de
producción podía ser regulada legalmente en el marco de la Constitucional de 185338, sin
que fuera necesaria una reforma del citado artículo 1739.
Sin embargo, los líderes que formularon estas ideas y propuestas nunca supieron
cómo acumular el poder suficiente para enfrentarse a una Sociedad Rural, en donde se
habían agrupado aquellos beneficiarios del genocidio constituyente, y que se consideraba
dueña del país, conformando gran parte de lo que se ha denominado la “Intelligenzia”.
Recién con el ascenso de movimientos populares al poder, a través del gobierno de
Juan Domingo Perón, se comenzó una democratización de la vida política y se fortaleció e
incentivo el cambio de la matriz productiva, que tuvo un impacto decisivo en la manera
tradicional de concebir las relaciones de Propiedad.
Se logran los primeros avances en un proceso de industrialización de la matriz
productiva, de democratización de la sociedad, y de redistribución de las grandes
ganancias que poseía una fracción pequeña de la sociedad. Estos avances fueron
resistidos con una violencia y un terrorismo por parte de la “Intelligenzia” que no había
sufrido (ni soportado) ningún gobierno anterior, y ello por ver cuestionado su modelo de
acumulación, y especialmente de explotación del hombre.
El surgimiento del peronismo otorgó vos y reconocimiento al sujeto público y
político del trabajador, lo que tuvo un fuerte rechazo del “aparato cultural” que se
consideraba portador de la intelectualidad burguesa en Argentina.
La nueva forma de concebir la producción puso en peligro el mantenimiento de la
aquella concepción de la Propiedad, a la que habían accedido los grandes propietarios del

37
Así, entre otros, en C. Sánchez Viamonte, Hacia un nuevo derecho constitucional, Buenos Aires, 1938.
38
Ver, por ejemplo, A. Palacios, El nuevo Derecho, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1920 (se cita por la 3ª edición de 1934) pp. 75 y ss.
39
Artículo 17 de la Constitución Nacional de 1953: La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia
fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se
expresan en el Artículo 11. Ningún servicio personal es exigible sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su
obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo
armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.
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país fruto del saqueo y genocidio; pero también con esta nueva concepción se
cuestionaba el mantenimiento de un modelo de país impuestas desde la Sociedad Rural
Argentina y el extranjero. En definitiva, se observa con una claridad prístina en esta etapa
histórica una lucha por quién dice el derecho, y por señalar qué dice el derecho, y
específicamente el derecho de propiedad. Quedan expuestos de forma expresa y clara los
criterios racistas y clasistas que poseían las elites económicas respecto de los criterios de
distribución (o apropiación) de la riqueza; en definitiva, se cristaliza un proyecto de país de
patrimonios concentradas en pocas manos, y grandes poblaciones pauperizadas y
hambrientas, que fue el que gobernó la nación hasta la llegada del peronismo.
Esa discusión también dejo al desnudo el poder que poseían en la Argentina la
Sociedad Rural, la “Intelligenzia” criolla, para imponer los patrones económicos, culturales
y políticos mediante el uso de la fuerza y violencia.
El ascenso de los trabajadores, y por ende del peronismo, incorporaron a la agenda
política cuestiones que hacían a los intereses estructurales de esa “nueva” clase social, y
que habían sido negados hasta ese momento. La agenda incluía la distribución de la
riqueza, que consistía en la intervención del Mercado, y la estatización de recursos
estratégicos como el petróleo y la minería, el sistema financiero, o los grandes medios de
transporte, provocando un giro copernicano a la relación del derecho de Propiedad que se
venía sosteniendo.
El férreo control Estatal al Mercado, y al mercado exportador, impidiendo la
apropiación de la riqueza nacional por parte de una elite extranjerizante, al mismo tiempo
que se garantizaba una importante cantidad de derechos sociales a los trabajadores, será
el cambio de una matriz que se había caracterizado por ser abusadora y usurera con los
más débiles, apropiándose de aquella riqueza los grupos económicos principalmente
latifundistas. La democratización de la política, la concesión de derechos a las clases
obreras (y peones rurales), la transformación de la Propiedad, y la intervención del Estado
para controlar al Mercado, será imperdonable por parte de la oligarquía.
En la lucha por definir el discurso jurídico, se logra sancionar en el país una nueva
Constitución Nacional, en el año 1949. La carta magna consolidó el pensamiento y la
acción social, que implicaba una modificación en la matriz productiva del país, y por ende
de la estructura social, con un ascenso en el nivel de vida y de los derechos de los
trabajadores, en la defensa del bien común y la protección de la soberanía nacional.
En lo relativo al derecho de Propiedad, se consagra normativamente, y a nivel de la
ley de leyes, la Función Social de la Propiedad. Expresará la Constitución que: “la
propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las
obligaciones que establezca la ley con fines de bien común” (art. 3840) y “la organización
de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden
económico conforme a los principios de la justicia social” (art. 4041).
El jurista Arturo Sampay, uno de los promotores de los avances sociales de la
Constitución Nacional de 1949, va a entender a la Función Social de la Propiedad, como
una verdadera función y no como una simple definición a fin de limitar el poder del
Mercado. Sampay considerará que la existencia de la Función Social depende del
empoderamiento del Estado, y explica que el Estado debe ser fuerte para poder imponer
al Mercado los intereses sociales, y por ello propone enérgicamente la necesidad de
nacionalizar las grandes empresas industriales, comerciales, financieras, de transportes y
extractivas de minerales, donde los excedentes sobre las ganancias razonables que han
poseído no debían ser apropiados por los Propietarios42.
Este naciente “Estado de Bienestar Social”, en los márgenes del sistema-mundo
que lo había condenado a ser el “granero del mundo”, consideraba que el Estado no
debía estar al servicio de la oligarquía y el Mercado, sino ser un instrumento para
controlarlo y en consecuencia a los abusos de éste (y éstos), poniéndolo al servicio del
40
Constitución Argentina de 1949, artículo 38: La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley
con fines, de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir con el objeto desarrollar e incrementar su rendimiento en
interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiación por causa de
utilidad pública o interés general debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 4.
Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invención o descubrimiento por el término que le acuerda la ley. La confiscación de bienes queda abolida para
siempre de la legislación argentina. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones ni exigir auxilios de ninguna especie en tiempo de paz.
41
Constitución Argentina de 1949, artículo 40: La organización de la riqueza y su explotación, tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico
conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los
intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. Salvo la importación y exportación, que estarán a cargo
del Estado de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad, económica se organizará conforme a la libre iniciativa privada, siempre
que no tenga por fin ostensible o encubierto, dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia o aumentar usurariamente los beneficios. Los minerales, las caídas
de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades imprescriptibles e
inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto, que se convendrá con las provincias. 328 Los servicios públicos pertenecen originariamente
al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaren en poder de particulares serán transferidos al Estado,
mediante compra o expropiación con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine. El precio por la expropiación de empresas concesionarias de servicios
públicos será el del costo de origen de los bienes, afectados a la explotación, menos las sumas que se hubieren amortizado durante el lapso cumplido desde el otorgamiento
de la concesión, y los excedentes sobre una ganancia razonable, que serán considerados también como reintegración del capital invertido.
42
Así, por ejemplo, en “La reforma de la Constitución de Chile y el artículo 40 de la Constitución argentina de 1949” o en “El cambio de las estructuras económicas y la
Constitución argentina”, ambos recogidos en A. Sampay, Constitución y pueblo, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1974, pp. 169 y ss. y 225 y ss.
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Hombre. La forma de lograr ello era modificando la Función que tenía la propiedad hasta
ese momento, y no sus caracteres.
Este impulso democratizador de la Propiedad, y de fortalecimiento de un Estado de
alto contenido social, fue frontalmente resistido por los poderes fácticos nacionales y sus
aliados extranjeros, que derrocaron al gobierno del presidente Juan Domingo Perón a
través de un golpe de estado y la instalación de la “Revolución Fusiladora”.
Este gobierno militar, en el año 1957, procurando el fusilamiento de todo aquel que
se reconociera “peronista” impuso el terror y la violencia, y terminó derogando ilegalmente
la Constitución, regresando la Propiedad a su antigua formulación.
Con el golpe de estado, en conclusión, se regresó al orden económico pre-
peronista, donde se imponía desde la metrópoli la producción extensiva y latifundista del
mercado agroganadero, destruyéndose la industria que había florecido hasta ese
momento. Se volvió a proyectar la idea pregonado por la “Intelligenzia” que incluso
sancionará el Decreto de facto 4161 en el año 1956, prohibiendo las palabras “Perón” y
“peronismo”, como si fuera una verdadera revolución se buscó en la parodia de gobierno
dictatorial borrar todo vestigio de ese Estado democrático que intento (y logró por unos
años) modificar las relaciones de Propiedad.
A partir de allí, la Función Social pasó a ser un concepto en los libros de historia; si
bien existieron frenos y limitaciones a la Propiedad decimonónica, absoluta e intocable,
que habilitaba al propietario a desnaturalizarla, degradarla o destruirla, éstas fueron
tímidas, y no cambiaron la forma de apropiación de la riqueza por un pequeño grupo
compuesto de unas pequeñas personas.
Con el advenimiento de una nueva “democracia” donde el peronismo estaba
vedado para participar de la elección, se erigió a Arturo Frondizi como presidente en
medio de una elección que se caracterizó por la proscripción del principal partido político.
En complicidad con los grupos de económicos y de facto, al asumir el gobierno no
restauró la Constitución del año 1949 como hubiera correspondido al haber sido derogada
por un decreto de facto, sino que continuó la Carta Magna liberal, quedando demostrado
que el cambio de gobierno en elecciones fraguadas no haría cambiar las características
de la Propiedad, ni la consecuente explotación de los trabajadores.
Mucho tiempo después de aquella Constitución que reconocía la Función Social de
la Propiedad, con un gobierno surgido de un nuevo golpe de estado, esta vez a cargo del
dictador Juan Carlos Onganía, se sancona el Decreto 17.711 (del 22 de abril de 1968),
por el cual el gobierno de facto modifica el Código velezano, y limita esa potestad
absoluta que caracterizaba al derecho que tenía el propietario sobre la cosa, pudiendo
“desnaturalizarla, degradarla o destruirla”, quien ahora sólo podrá usarla y gozarla
conforme a su “ejercicio regular”.
El golpe de estado del año 1976, y la instalación de una nueva dictadura cívico,
eclesiástica, militar suspendió la vigencia de la Constitución de 1853-60, y puso en
marcha un genocidio que tuvo entre sus objetivos la implantación de un programa político-
económico que se basaba en el desmantelamiento de los mecanismos de regulación del
Mercado que quedaban, la profundización del modelo agroexportador, y la estatizaban las
deudas de origen privado.
Esta nueva variante de Estado, neoliberal en lo económico y despótico en lo
político, comportó nuevas concentraciones de Propiedad, y la abierta restricción de
derechos sociales, civiles y políticos, todo ello con amplia participación del sector de la
Sociedad Rural Argentina, que vio acrecentar la producción latifundista, y exterminada
toda protesta social-laboral que reclamara sobre sus derechos.
La Función Social de la Propiedad y todo lo que ello implicaba fue en la práctica
censurada, y sus promotores asesinados.
Con el advenimiento de la democracia en 1983 se generaron algunas expectativas
de reforma de las relaciones de Propiedad vigente, sin embargo sólo fue un tímido
avance, que puede graficarse con el dictado de la ley de locaciones urbanas, que
introdujo gravámenes diferenciales para las viviendas deshabitadas43, pero la
concentración de poder de la “Intelligenzia” que había provocado el genocidio argentino,

43
Sobre este punto, en el que Nino reenvía explícitamente a la obra de R. DahlA Preface to Economic Democracy, ver La constitución de la democracia deliberativa, trad.
R. Saba, Gedisa, Barcelona, 1997, p. 214.
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imposibilito avanzar en cualquier intento de democratización de la Propiedad, e incluso de


discutir sobre si ésta debía cumplir una Función Social.
Un severo ataque hiperinflacionario propiciado por la Sociedad Rural Argentina, a
la que se sumó el oligopolio mediático, nuevo y determinante factor de Poder en las
siguientes décadas, y cómplice de la dictadura instaurada en el año 1976, propiciará el
escenario para la renuncia del entonces presidente Raúl Alfonsín, y la asunción de una
nueva restauración neoliberal.
El nuevo gobierno continuó el plan económico de la dictadura genocida,
emprendiendo la privatización de servicios públicos y el desguace del Estado, pero el afán
de continuar en el poder del presidente de turno promoverá la reforma de la Constitución
Nacional que venía vigente desde el año 1953-60.
La modificación se realiza en el año 1994, habiendo sido pensada para asegurar la
reelección presidencial, recogió contenidos contradictorios. En lo que hace al derecho de
propiedad, incorpora una cláusula ambiental (en su art. 41), lo que posibilita a través de
una interpretación armónica con el resto de los derecho de tercera generación agregados,
la limitación en el ejercicio de la Propiedad desde su función ecológica, adecuándolo a un
modelo de desarrollo sustentable; o sea, limita la propiedad a un desarrollo duradero que
posibilite la vida futura de la biosfera, incluido el hombre44.
Además, otorgó rango constitucional (o sea, otorgó rango superior a las leyes) a
declaraciones y convenios internacionales de Derechos Humanos, uno de ellos, la
Convención Americana de Derechos Humanos, que subordina el uso y goce de los bienes
al interés social, y prescribe la prohibición de la usura y de “toda forma de explotación del
hombre por el hombre” (art. 2145), quedando plasmada una limitación a la Propiedad
románica que poseía el derecho argentino.
Otro de los cambios fundamentales que incorporó la Constitución Nacional que, si
bien es aplicable exclusivamente a las comunidades indígenas, implica una

44
Bidart Campos, Germán, Manual de la Constitución reformada, Buenos Aires: Ediar.2006.
45
Convención Americana de Derechos Humanos, Artículo 21: Derecho a la Propiedad Privada. 1. Toda persona tiene derecho al uso y goce de sus bienes. La ley puede
subordinar tal uso y goce al interés social. 2. Ninguna persona puede ser privada de sus bienes, excepto mediante el pago de indemnización justa, por razones de utilidad
pública o de interés social y en los casos y según las formas establecidas por la ley. 3. Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre,
deben ser prohibidas por la ley.
transformación para esas poblaciones, fue la incorporación de una nueva forma de
Propiedad, que pierde uno de sus caracteres esenciales, dejando la titularidad de ser
individual para que pertenezca a comunidades originarias, siendo su titularidad
comunitaria, ello conforme lo consagrada en el artículo 75, inciso 1746; o sea, la titularidad
no es de una sociedad, ni asociación, ni de ninguna “persona jurídica”, sino que pertenece
a la Comunidad, un concepto diferente. Esta concepción de propiedad que, si bien había
sido receptada en países limítrofes, era desconocida en nuestro ordenamiento jurídico.
La importancia de la modificación se observa con el nacimiento de un nuevo
derecho de Propiedad en cabeza de las Comunidades, este derecho buscará proteger
una de las poblaciones más vulnerables, desfavorecidas y marginadas47, que sufrieron el
despojo, la explotación y desapoderamiento por los genocidas que mediante la tortura y
exterminio, con el argumento de constituir una nación, primero les arrebataron sus tierras
y después las cedieron en grandes fracciones a los conquistadores (españoles y criollos
de la “intelligenzia”) quienes serán sus explotadores, ante la mirada inerte de un Estado
liberal que favorecía la conformación el Mercado.
En conclusión, con la reforma constitucional de 1994 se incorpora, en medio de un
programa económico-político liberal, un nuevo y más ampliado concepto de Propiedad,
que habilita la aplicación de la Función Social a derechos de tercera generación, y la
posibilidad para las comunidades indígenas, de poseer su propiedad en forma
Comunitaria, en un vuelco copernicano desde lo normativo, constitucionalizando el
derecho de Propiedad, creando una nueva forma de propiedad que escapaba a la que se
encontraba vigente en el Código Civil.
Este giro intentará ser cimentado en el año 2014, con el dictado del Código Civil y
Comercial unificado que remplazará al Código velezano. Es interesante señalar que, en la
propuesta de reforma, se intentó establecer la Función Social de la Propiedad
proponiendo como objetivo “prevenir ejercicios excesivos del derecho a la propiedad que
constituyan barreras a las posibilidades de realización de los derechos humanos, en
46
Constitución Nacional, Artículo 75, inc. 17: Corresponde al Congreso: Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el
respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería Jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de
las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni
susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias
pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.
47
Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Política de Actuación respecto a Pueblos Indígenas, 2009.
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particular del derecho a la vivienda, de quienes debido a la estructura social y/o las
condiciones del mercado no puedan acceder a ella por sus propios medios” (Chillier y
Fairstein, 2013).
Sin embargo, esta primera intención que parecía augurar una modificación
profunda en la concepción de Propiedad, fue restringida en el desarrollo legislativo,
quedando conformada en el derecho infraconstitucional, del Código Civil y Comercial
Nacional, la limitación genérica al ejercicio abusivo de derechos48.
Cabe señalar que el citado código también introdujo algún límite explícito al
derecho de propiedad en el artículo 24049, al reconocer que la ley no ampara el ejercicio
abusivo del derecho de propiedad, cuando pueda afectar al ambiente y a los derechos de
incidencia colectiva.
Se puede considerar que al introducir estos conceptos, aun cuando no se hable
explícitamente de la Función Social de la Propiedad, existe un avance en esa dirección al
limitar el derecho privado absoluto, en lo que hace al acceso a las tierras para las
personas más vulnerables, como para la protección del ambiente50.
En definitiva, un avance de derechos e ideas que dejan atrás un concepto arcaico,
con el que se abusó por parte de un grupo hegemónico de poder de su posición para
saquear y apropiarse de la riqueza de los hombres, en nombre del Mercado.
Con posterioridad, y en el marco de un proceso histórico político surgido en el año
2005 que promociona la protección de la soberanía nacional, es que germinan una serie
de hitos importantes en la regulación del derecho de Propiedad, entre los que es dable
destacar la sanción de la Ley 26.737 (en el año 2011), estableciendo un Régimen de
Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras

48
Código Civil y Comercial de la Nación, artículo 14: Derechos individuales y de incidencia colectiva. En este Código se reconocen: a) derechos individuales; b) derechos
de incidencia colectiva. La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos individuales cuando pueda afectar al ambiente y a los derechos de incidencia colectiva en
general.
49
Código Civil y Comercial de la Nación, artículo 240: El ejercicio de los derechos individuales sobre los bienes mencionados en las Secciones 1ª y 2ª debe ser compatible
con los derechos de incidencia colectiva. Debe conformarse a las normas del derecho administrativo nacional y local dictadas en el interés público y no debe afectar el
funcionamiento ni la sustentabilidad de los ecosistemas de la flora, la fauna, la biodiversidad, el agua, los valores culturales, el paisaje, entre otros, según los criterios
previstos en la ley especial.
50
Claudia Bernazza, “Función social de la propiedad en la Constitución del 49: la vigencia de una convicción” en “La Constitución de 1949. Vigencia de sus principios
básicos y consecuencias de su derogación”; compilado por Jorge Francisco Cholvis. - 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Honorable Cámara de Diputados de la
Nación, 2015. ISBN 978-950-685-013-5
Rurales, que buscará determinar la titularidad de las mismas, y establecer las
obligaciones de los propietarios.
Al mismo tiempo se agrega normativamente un cambio importante al limitarse la
posibilidad de que personas físicas y jurídicas extranjeras posean la titularidad o posesión
de más del 15% de las tierras rurales argentinas, que una misma persona física o jurídica
extranjera posea más del 4,5% de las tierras rurales, y que un mismo titular extranjero
posea más de mil hectáreas en una zona núcleo.
Ello implicó no sólo la regularización dominial de tierras rurales, y la protección de
la extranjerización de la principal fuente de riqueza nacional, sino además implicó un
fuerte golpe al Mercado concentrado en pocas manos la posibilidad de ampliar en forma
extravagante los latifundios que utilizaban para producir de forma extensiva y sin cuidados
por el medioambiente.
La conformación de un Estado regulador impidió la posibilidad de expoliación y
extranjerización de recursos naturales de forma extensiva e irresponsable, buscando la
protección del medioambiente, en interés del mantenimiento de la biosfera, propiciando
una Función Social de la Propiedad rural51.
Con el nuevo advenimiento de un gobierno liberal, en diciembre de 2015, la
regresión en materia de derecho se cristalizó con un decreto que volvió a poner al Estado
en un lugar de no intervención del Mercado, buscando fomentar “el tráfico comercial” y “la
práctica de los negocios” para facilitar, propiciar y posibilitar inversiones inmobiliarias,
societarias y comerciales52. En definitiva, ante la llegada de un nuevo gobierno liberal, la
“Intelligenzia” realizó una modificación de la citada Ley de Orden Público, mediante un
decreto, que destruyó los principios de la Función Social descriptos, habilitando al
Mercado para que se “autorregule”.
Sin perjuicio de un interregno liberal, es viable conforme la normativa descripta que
se continúe en el mismo camino que los Tratados Internacionales de Derechos Humanos
introducidos en la Constitución, y se pueda ir avanzando en una emancipación y

51
Claudia Bernazza, “Función social de la propiedad en la Constitución del 49: la vigencia de una convicción” en “La Constitución de 1949. Vigencia de sus principios
básicos y consecuencias de su derogación”; compilado por Jorge Francisco Cholvis. - 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Honorable Cámara de Diputados de la
Nación, 2015. ISBN 978-950-685-013-5
52
Fundamento del Decreto 820/2016.
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transformación de las condiciones de vida de los sectores que sufren discriminación,


explotación y exclusión por parte de un Mercado, y que sólo se puede lograr con un
Estado fuerte que regule el mismo, y una proactividad judicial que exija que el discurso
jurídico sea llevado adelante. Queda la incógnita sobre si la Función Social de la
Propiedad será posible en una estructura social capitalista, y con un Poder Judicial que
todavía es timorato en aplicarla.

CONCLUSIÓN: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD SUS CONCEPCIONES


Con el impulso de las ideas de León Duguit, expuestas en la Universidad de
Buenos Aires en 1911, y los desarrollos que le siguieron desde lo político, con juristas
como Carlos Sánchez Viamonte y Alfredo Palacios, se va a conformar un concepto de
“Función Social” que será entendido como el punto de llegada en materia de propiedad
privada para ese progresismo intelectual del primer cuarto de 1900.
Entonces, a la noción de Propiedad del siglo XIX se ha contribuido durante el siglo
pasado con el diseño de nuevos contornos en pos de objetivos redistributivos53,
convirtiéndolo en uno de los principios esgrimidos por la política para justificar reformas
legislativas que faciliten el acceso al suelo urbano de sectores populares y de escasos
recursos. En definitiva, se habría avocado el desarrollo de éste concepto a regular
exclusivamente las condiciones para una mayor accesibilidad inmobiliaria.
Por ello rescatar, y reforzar los conceptos e interpretaciones vertidas por la
Constitución del año 1949 de la Función Social de la Propiedad, desde el desarrollo que
realiza uno de sus máximos exponentes, Arturo Sampay, se vuelve esclarecedor a la hora
de buscar los horizontes de un derecho emancipador.
El jurista explica que la Función Social de la Propiedad no es una simple definición
que debe incorporarse en la letra de una Ley, o con la constitucionalización del derecho
privado, sino que plantea en un correcto análisis, que debe otorgarse al concepto la

53
María Florencia Pasquale, “La función social de la propiedad en la obra de León Duguit: una re-lectura desde la perspectiva historiográfica”, Revista: Historia
Constitucional, Editorial: Universidad de Oviedo. Área de Derecho Constitucional, ISSN: 1576-4729, Publicado 1/2014,
fuerza para cumplir con la función, y por ello sostiene la necesidad de la consolidación de
un Estado fuerte que se imponga ante el Mercado54.
Entre las limitaciones que se proponen en la actualidad a esa Propiedad románica,
se encuentran los límites a la explotación, uso y abuso de la propiedad rural y minera,
como también a la toma de conciencia por ambientalistas y protectores de Derechos
Humanos de Tercera Generación, respecto de la necesidad reconocer en la Función
Social un instrumento para su protección. Se ha desarrollado una nueva perspectiva, que
ya no se aboca a cuestionar la forma de distribución de la tierra, o a la función que debe
ejercerse del Estado para limitar el actuar despótico y acumulador del Mercado, sino que
va a incorporar y pregonar por límites que hagan posible gozar de un ambiente sano y
equilibrado en el presente y futuro, en defensa del derecho colectivo al bienestar.
Se ropone esta nueva concepción, que entiende a la Función Social la Propiedad
como el deber de preservar el medioambiente, cesando y recomponiendo cualquier
actividad que lo degrade55 un nuevo desafío, en cuanto el Estado debe imponer límites al
Mercado, con sus poderes ejecutivos, legislativos y judiciales que no han tenido el
protagonismo que debiera poseer en un Estado de Derecho que ha constitucionalizado el
derecho privado, la Función Social de la Propiedad, la protección del ambiente y de las
poblaciones originarias que habitaban la actual República Argentina.
Las preguntan que subyacen se refieren a las posibilidades del hombre en regular
al Mercado, tanto de la faz ambiental, como de protección y acceso al suelo de las
poblaciones vulnerables y desprotegidas, como a las comunidades indígenas que siguen
esperando el reconocimiento de sus territorios y la titularización comunitaria de su
Propiedad.
Se colige del recorrido realizado, que en un primer momento se ha cuestionado y
propuesto un límite al derecho de Propiedad, en un momento histórico donde el modelo
de libre Mercado, de explotación y despojo, de hambre y exclusión, de acumular y agravar
una distribución desigual de la riqueza hacía estragos; en definitiva, surge el concepto de
Función Social de la Propiedad en la Modernidad como efecto de la profundización de una
54
Sampay Arturo, Constitución y pueblo, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1974.
55
Fernández, Elena Hilda, “Función ecológica del dominio”, y DE ROSA, Diego, “Las leyes de presupuestos mínimos como límite al ejercicio del dominio”, ambas
ponencias expuestas en las XXIV Jornadas Nacionales de Derecho Civil, Bs. As., septiembre de 2013.
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estructura social hondamente inequitativa y explotadora, en un momento histórico de


grandes excedentes, que son apropiados por una ínfima porción de la población,
sometiendo y explotando a inmensas mayorías. Este concepto solo excepcionalmente se
ha puesto en práctica en la Argentina y en el mundo.
Pero con el advenimiento de nuevas tecnologías, que permiten una explotación (y
contaminación) sin precedentes, surge un nuevo cuestionamiento al derecho de
Propiedad, al encontrarse en juego algo más que la vida o la explotación de “otros”
hombres, sino que se encuentra en riesgo la vida del Hombre; la vida de aquel que
explota y acumula riqueza como del explotado y pauperizado.
Ante la evidencia de que el Mercado no es una solución plausible para finalizar con
un sistema de poder que termine con la opresión de inmensas mayorías, siendo el
Derecho un elemento transformador, válido para el cambio y progreso de una humanidad,
pero cada vez más corrompido por el poder económico surgen los interrogantes acerca de
si podrá limitarse al Mercado desde la constitucionalización del derecho privado; si podrá
hacerlo desde el Estado; o si es posible la existencia de una Función Social de la
Propiedad en un Estado Capitalista; Y en caso de que el Estado pueda limitar al Mercado,
y se promueva y efectivice la Función Social, ¿esto bastará para conformar una
distribución equitativa de la misma, rompiendo la hegemonía y dominancia de la
Propiedad?.

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