PAULO FREIRE
A LA SOMBRA
DE
,
ESTE ARBOL
Introducción
Ramón Flecha
Notas
Ana María Araújo Freire
ElRoURE
r D l T o n l A L. s A
©Paulo Freire
Todos los derechos reseNados. Ninguna parte
de esta obra puede ser reproducida o transmi
tida por cualquier medio sin el previo consenti
miento de su editor.
Título: A LA SOMBRA DE ESTE ÁRBOL
Título original: A SOMBRA DESTA MANGUEIRA
©Autor: Paulo Freire
©Edita: El Roure Editorial, S.A.
Lluís Millet, 63. Esplugues de Llobregat
08950 Barcelona
Primera edición: 1997
Traducción: Agustín Requejo Osorio
D.L. B-33. 980-1996
l.S.B.N. 84-7976-013-3
Fotocomposición: T.G.S.P., S.A. Esplugues de Llobregat
Impresión: l.G.O.L., S. A. Esplugues de Llobregat
,
INDICE
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . ... . ... . . ....... .. . .. . . . . . . . . . . . ... 7
Primeras palabras.............................................. 13
A LA SOMBRA DE ESTE ÁRBOL...................... 17
Soledad-com u n ión . . . . . . . . . . . ... . . . . ... . . . . . . . . .... . . . . . . . . . . 17
Soporte y m u ndo. . . . . ..... . . . . . . . . . .... ... . . . . . . . . . . . . . . . ... . . 21
M i pri mer mundo . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . .... . . . . . . . . . ... 27
Esperanza . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Límite de la derecha ...... . . ... . . . . . . . ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
Neoliberales y progres istas. . . . . ... . . . .... ... . . . . . . . . . . . . 52
Gestión democrática.. . . ... . .... . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . .. 57
Expe riencias del exi lio . . . . . . . ...... . . . . . . . . . . . . . .... . . . . . . . 66
Izq u ierda y derecha ... . . . ... . . .. ...... . . . . . . . . . ... . . . . ..... . 79
Seriedad y alegría . . . . . . . . . . . ..... . . . . . . . .... . ... . . . . . . . . . . . . . 97
Dialogicidad . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..... . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . 1 00
M i fe y esperanza. . . ... . . . . . . . . . . . . . ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 12
Notas................................................................... 1 21
I ntrodu cción . . . . . . . . . .... . . . . . . . . . . . . . . .... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 1 21
Nota 1 . ..... . . . ... . . . ..... . . . . ... ... . . . .............. . ... . . ... . ..... 1 22
Nota 2 . . . ... . ... . . . . . . . . . . . . . . . .... . . . . . . . . . . . . . . ...... . . ..... . ... . . 1 23
Nota 3 ... . . . ...... . . . . . . ..... . .... . . .... . . . . . . . . . .... . ... . ...... . . . . 1 24
5
Nota 4 .... . . . . . ... . . . .... . ........ . . ... . ... . . ...... . . . . .... .. ... . . . . 129
Nota 5 . . . . ......... . .... . .... ....... . . . . . ........... . . . ....... . .
. . . . 1 29
Nota 6 . . . . . . . . . . . . . . . .... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . 1 33
Nota 7 . ...... ... . ... ... . .... . ..... . ... . . .. . . . .. . . .. .. . . ..... . . .
. . . . . 1 34
Nota 8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 38
Nota 9 .... . . . .. .. ............ ... .... .. .. ........ . ...... .. . .
. . . . . . . . . 1 39
Nota 1 O............................................................ 1 43
Nota 11 . . . . . . . . . . . ...... ......... ... . . . ..... . . . ............. . . . . . . . . 1 58
Nota 1 2 . ..... .......... ...... ..... .......... . . . . . . .... . . ... . .. ...
. . 1 60
Nota 1 3 . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . ... . . ... . . . . . . . . . . . . . . . 1 66
Nota del trad uctor .... . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 69
6
1 NTRODUCCIÓN
Ramón Flecha
Una co lega arge nti na y u n amigo español me pre
gu ntaro n en 1 98 1 por qué seg u ía tan inte resado en
Freire. Ella decía que Paulo era autor de Lat i no América
de los años sesenta, sociedad muy dife rente de la Es
paña que mi raba al siglo XXI . É l co nsideraba que en la
E u ropa postmoderna ya no cabían propuestas utópi cas
y transformadoras.
M i co lega había ven ido a Barcelona como segu ido
ra de Piaget y se estaba pasando a Vigotsky, a través de
norteamericanos como Cole y Scribner. Primero decía
más Piaget y menos Freire y l uego más Vigostky y me
nos Freire. Desg raciadamente, no sabía que años an
tes Cole y Scribner habían escrito que la pedagog ía
freiriana estaba en si nton ía con su propu esta. Tampoco
pudo leer suficiente mente a Vigotsky y captar cómo se
parecía a Fre ire en el rol dado a la conciencia. Apresu
rada por situarse en la "cresta" de la ola europea y esta
dou nidense, perdía por el cam ino el trabajo científico ri
g u roso y su propio contexto lati noamericano.
M i amigo siempre hab ía querido estar a la últi ma.
Abrazó la moda postmoderna antes de saber qué era.
Pero desde el pri ncipio le gustó el nombre , creía que
"post" i nd icaba que teorías modernas (como la de Frei-
7
re) ya estaban trasnochadas y que ahora tocaban cosas
más futuristas. Al ente rarse que Lyotard había defi nido el
postmodernismo como el fi n de las narrativas de emanci
pación , se hizo todavía más contrario a la perspectiva de
Pau lo. Posteriorme nte leyó a Fo ucau lt y co nsideró la
obra frei riana como parte del pensam iento de izquierdas
que el genealog ista francés quería destru ir. Ese alocado
alejamiento de las propuestas transfo rmadoras le hizo
partidario incl uso de autores nazis como Heidegger.
M ientras tanto, m uchas pe rsonas y movi m ientos de
todas partes del mu ndo trabajaban seriamente en l a
elaboración de n uevas teo rías y prácticas transfo rma
doras . En el m ismo año 1 98 1 Habermas publ icó la Te
,
oría de fa acción comunicativa. Los movi m ientos de
m ujeres transformaban l as relaciones entre los géne
ros . Los mestizajes mu lticulturales generaban nu evas
formas de vida. Alternativas con una o rientación com ú n
q u e coi ncide co n la perspectiva de Freire : e l diálogo
constru ido con las voces de todas las personas, la
igualdad que incluye el derecho a la diferencia.
Pau lo conti núa trabajando m ientras sus obras se
trad ucen a muchos idiomas. Ser el pri ncipal autor de
ed ucación en el m u ndo, no le h a i m pedido seguir com
prometiéndose a fondo co n la acción transformadora
de su entorno. Este l ibro es u n a creación sobre la teoría
y la práctica a las que está estrechame nte vincu lado.
En sus pág i n as encontramos algu nos de los mejores
elementos de la l iteratura educativa de mediados del si
glo XX y también del siglo XXI . M uchos años después
de olvidar los planteam ientos de quienes tratan de
arrinconarle co mo pe rson aje del pasado, las personas
8
y colectivos comprometidos con acciones educativas
transformadoras seguiremos teniendo en Freire u n a i m
presci ndible referencia.
A la sombra de este árbol es una profunda reflexión
teórica realizada desde la propia experie ncia de trabaj o
práctico e i ntelectual . E s l o q u e más necesita la educa
ción del siglo XXI. Cada vez resulta m ás caduca la con
cepción de ciencia de l a modernidad tradicional , como
saber neutral elaborado por expertos que presu men del
alejamiento de la actividad cotidiana de la gente. Cuando
alg unos funcionalistas y estructuralistas califican a Pau
lo de poco científico porque está personalmente cerca
de las preocupaciones del pueblo desconocen que, como
dice Habermas , no hay desnivel cualitativamente impo r
tante entre profesionales de las ciencias sociales y el
resto de actores sociales, sino que todo depende de los
argumentos que cada cual aporte a un necesario diálogo.
Los estructu ralistas crearon el modelo d e la repro
ducción porque, según ellos, la escuela no puede h acer
n ada para cambiar las desig ualdades. Consideraban a
Alth usser como su maestro, sin importar que escribiera
Para leer el Capital sin h aber leído El Capital, bastaba
co n que rechazara todo h u manismo para oste ntar el
m áximo estatus del saber objetivo. Por el contrario ,
descalificaban a Freire porque mante n ía que los suje
tos sociales ( movi mientos, personas) pueden desarro
llar ed ucaciones progresistas que contri buyen a supe
rar las desigualdades.
El desarrollo de las ciencias sociales e n las últimas
décadas del siglo XX ha dado la razón a Fre i re . Haber-
9
mas co loca en el centro de su preocupación sociológica
el te ma del diálogo. Giddens aclara las transfo rm acio
nes i m pulsadas por movimientos sociales. Beck dice
que nos encontramos en la moderni dad reflexiva. En
las páginas de este l ibro están los te mas más actuales
de las ciencias sociales (d ialog icidad , transform ación ,
superación del fatal ismo, reflexividad) en conti nu idad
con todas sus obras anteriores , pero también en u na
nueva perspectiva que hace fre nte a los actuales retos
del neol iberal ismo y postmodern ismo.
Esta obra está l lena de esperanza, de sueños posi
bles y de cam i nos real istas para conseg u irlos. Somos
seres de transformación y no de adaptación; esta af ir
mació n puede parece r muy evide nte , pe ro es conti nua
mente negada por cu antas teo rías y prácticas elabora
el poder para reforzar sus privilegios. El neol iberal ismo
co nsidera que las transformaciones deben ser gu iadas
por el mercado , q ue es el auto ritario fu ndame ntalismo
de occidente . El autor critica esta co ncepción desde
u na visión global tanto de la pe rsona co mo de la ed uca
ción que está ge nerando el aboraciones y prácticas al
ternativas en Brasil y en muchos otros lugares.
El discu rso postmoderno quiso deconstruir (destru ir)
cualquier idea, práctica o movi miento transformador. Una
de sus estrateg ias fue presentar las perspectivas emanci
padoras como una modernidad caduca y el triu nfo abso
luto del poder como el presente y el futuro de una h ipoté
tica sociedad postmoderna. Ya no habría que leer Fraire
sino Foucault o Derrida o , más exactamente , cualqu ier
autor preferentemente del norte que dijera que el diálogo
o la democracia no eran sino torpes vol untades de poder
10
enmascaradas. Paulo, como todas las obras claves de
las ciencias sociales del presente, desmitologiza los dis
cursos postmodernos sobre lo inexorable de la situación.
Si todavía es posible diseñar refo rmas de la ense
ñanza si n tener en cuenta la obra freiriana es por el
enorme retraso de las bases teóricas de esas planifica
ciones respecto de la investigación social actual. Com
prender críticamente la realidad y transformarla, cons
truir un diálogo comú n e ntre voces difere ntes , lograr
u n idad en la diversidad son grandes temas del presente
y futuro de las ciencias sociales. A la sombra de este
árbol está en si nto n ía con estas preocupaciones y pro
pone u na nueva pedagogía crítica que transforme las
dificultades en posibilidades. Quienes le minusvaloran
por creerse más "al día" que él tardarán años en llegar a
las cuestiones que se abordan en este libro. Desgracia
damente, quizá pasen todavía tiempo escribiendo en
contra de esos objetivos, procl amando la divers idad en
l ugar de la unidad en la diversidad, la decon strucción
en l ugar de la construcción del diálogo, la genealogía
del poder en lugar de la transformación social.
Paulo regresó muy vivo del exilio y seguirá siempre
presente a través de l a actualidad de sus obras, de su
teoría y práctica emancipadoras y de las muchas perso
nas que nos hemos comunicado con su ilusión transfor
madora. No es fácil encontrar u n autor de su importancia
que siga priorizando su aportación al cambio social y
sus rel aciones personales por encima de su fama.
Cuando dijo a "Pato" que quería publ icar en "Ro ure"
el libro que estaba escribiendo (o cuando me pidió hi-
11
ciera la i nt rod ucción ) , no buscó evidenteme nte pod er y
d i n e ro, si n o u n co lectivo q u e trabaja e n u na l ínea críti
ca y u n as personas a las que tiene aprecio perso n a l .
Esperamos que su lectu ra esti m u l e la m isma actitud
crítica de u na perso na que h ace de su prestigio un re
cu rso m ás de l a educación a favo r de q u i e nes más l a
neces itan .
12
PRIMERAS PALABRAS
L
os árboles siempre me han atraído. Las copas redon
deadas, la variedad de su verde, la sombra acogedora,
el olor de las flores, los frutos , la ondu lación de las ra
mas, más intensa o menos i ntensa en fu nción de su re
siste ncia al viento . La agradable acog ida que sus som
bras siempre dan a qu ien a ellas se acerca, incluso a los
pájaros mu lticolores y cantadores. A los bichos, tranquilos
o no, que reposan en ellos.
Nacido en Recite, niño de u na generación que creció
en "quintales",1 en íntima relación con árboles, mi memoria
no podría dejar de estar l lena de experiencias de sombras .
Está marcada por u n gusto especial por las sombras, que
en seg uida incorporan las gentes nacidas en los trópicos y
de la que hablan como si hubiesen nacido con ellas.
No era otro el motivo por el que en mis primeros
contactos co n el i nvierno ch ileno, en las mañanas de
cielo az u l , de sol suave y frío intenso, yo bu scaba el la-
1 El autor se refiere a la parte trasera de la casa familiar. Normalme nte es
tas casas d isponían de un jardín a la entrada de la mo rada fami liar y de un
terreno que ocupaba la parte trasera en la que estaban plantados diversos
árboles. Con frecuencia, dada la signifi cación íntima para el autor, se tra
duci rá po r la denomi nación específica de "quintal" y en otras ocasiones
po r la denominación más genérica de parte trasera de la casa o finca.
13
do de la som bra cuando en las cal les las otras perso
nas buscaban el lado bañado por el sol . En el fondo m i
memoria tropical d e l a so mbra era la que m e l levaba a la
parte so mbreada. Por eso, llegando al l í , reg resaba casi
de i n mediato a la l uz.
Mi pri mer viaje a Africa reconci lió mi mem oria de la
som bra co n el calor de los trópicos. De nuevo , cruzar
de un lado para otro de la cal le buscando la som bra te
n ía el sign ificado que yo había incorpo rado a la memo
ria de n i ño de Recife .
Por ello, el títu lo de este li bro es una pequeña l icen
cia que me perm ito co n la cual destaco la i m portancia
que tuvo en m i i nfancia la sombra de difere ntes árbo
les : mangos , "jaqueiras", "cajueiros", "pitombei ras". 2
Som bra en la que, a l a luz clara del día, me acostumbré
a descubri r la fue nte de ru idos que, indescifrables en el
fo ndo de las noches , me asustaban .
No fueron pocas l as tardes, en que alu m no de cu rso
de "g i m nasio",3 estudié lecciones de H isto ria de Brasi l , o
2 Se trata de diferentes árboles de la zona tropical en la que nació Freire.
Los nombres específicos se respetan en la mayoría de los casos. "La
mangueira" cuyo fruto es el mango, resulta más conocida, por ello se pre
fiere la traducción específica.
3 Freire estudia en Jaboatao la escuela primaria. En seguida hace el primer
año de "gimnasio" en el Colegio 14 de Julio que tenía su sede en la barrio
de San José. Después de este primer año de estudios secundarios ingre
só en el Colegio Oswaldo Cruz de Recife. En este centro completó los sie
te años de estudios secundarios -curso fundamental y prejurídico- ingre
sando a los 22 años en la secular Facultad de Derecho de Recite. (Cfr "A
voz da esposa. A Trajetoria de Paulo Freire"en GADOTTl,M. (1996): Pau
lo Freire. Urna Biobibliografía. Cortés Editora. Unesco, Instituto Paulo
Freire. Brasilia, pp. 2 7 6 7).
-
14
l a colocación de los pro nombres a la sombra de la gran
jaqueira que ado rnaba el "qui ntal" de n uestra casa en
Jaboatao.
Yo usaba el agrado de las sombras para estudiar,
saltar, conversar con mi hermano Tem ístocles sobre
nosotros mismos, sobre nuestro futu ro , sobre el recuer
do de n uestro padre fallecido, o en aquel tiempo , para
experi mentar, ensimismado en m í mismo, la ausencia
d e la persona querida que había partido.
Sombra y l uz , cielo azu l , horizonte profu ndo y am
plio expresan mis vivencias. Sin ellos ape n as llego a
sobrevivir, y e n menor medida existo .
Mi bibl ioteca de adu lto tiene algo de esto. En algu
n as ocasiones es como si estuviese a l a sombra del ár
bol de mi i nfancia.
Paulo Freire
15
A LA SOMBRA DE ESTE ÁRBOL
S OLE DAD-COM U N I Ó N
P
osi blemente no i nterese a n adie la i ndagación de lo
que me conduce hasta aqu í, a la sombra agradable
de este árbol y permanecer en ella, du rante horas, solo ,
escond ido del mundo y de los otros, h aciéndome pre
gu ntas o discursos , no siempre p rovocados por mis
pregu ntas.
De tanto acogerme a la sombra de este árbo l , algú n
primer motivo s e perd ió ante e l placer q u e m e causa
ven i r hoy aqu í . Yo mismo me debo entregar al gusto de
ir y vivi r, de hacerlo más intenso en la medida que lo
disfruto .
Venir, co n l a i nsistencia que lo h ago, experimentar
la soledad , aumenta e n mí la necesidad de com u n ión.
Aunque circunstancial mente s i n com pañ ía percibo la
substantividad de "estar con". Es inte resante pensar
ahora en qué medida fue importante , ind ispensable in
cl uso estar con. Estar solo h a sido a lo larg o de m i vida
u na forma de estar con. Nunca me retiro como quien
tiene m iedo de com pañ ía, como quien se basta a sí
m ismo , o como quie n se siente extraño e n el m u ndo. Al
contrario, retirándome conozco mej o r y reconozco mi fi-
17
nitud, m i i nd igencia que me sitúan en pe rmanente bús
queda, inviable en la so ledad . Te ngo necesidad del
m u ndo de la m isma fo rma que el m u ndo precisa de m í.
El aislam iento só lo tiene sentido cuando, en vez de ne
gar la co m u n ión , la co nfirma co mo un mo mento suyo .
El aislamie nto negativo no es el de aq uel q u e tím ida
o metódicamente se reti ra sino el del i ndividual ista que,
de fo rma ego ísta, hace g i rar tod o en to rno a sí y sus i n
tereses . E s l a soledad d e aquél , q u e i ncluso e n medio de
u na mu ltitud, sólo se ve a sí mismo, a su clase o grupo,
negando en su ambición el derecho de los de más. Se
trata de ge nte que cu anto más tiene, más qu iere, no le
i mporta los med ios de los que se sirve . Gente insensible
que une a l a insensibil idad su arrogancia y maldad; que
llama a las clases pop ulares , si está de buen hu mor,
"esa gente ", si está de mal h u m or, "gentuza".
Me gustaría manifestar de i n mediato m i rec usación
a cierto tipo de crítica cie ntifista que insinúa que falta rigor
en el modo como discuto los problemas y en el lenguaje
demasiado afectivo que uso. La pasión con que conozco ,
hablo o escribo no dism i n uye el co mprom iso con q u e
denuncio o anu ncio. Soy u na total idad y no ser un ser
dicotóm ico . No tengo una parte esquemática, meticu losa,
racional ista y otra desarticu lada, i mprecisa, que quiere
bien de manera simpl ista el m u ndo. Co nozco co n m i
cuerpo entero , sentim iento , pasión . También razón .
M uchas h a n sido las reflexiones en torno a este o
aq uel desafío que me instiga, o so bre esta o aquella
du da que me inquieta pe ro que también me devuelve a
la ince rtid u m bre , ún ico l ugar desde donde es pos ible
18
revisar de nuevo necesarias certezas provisionales. No
se trata de que nos sea i m posible estar seguros de al
guna cosa: i m posible es el estar absol utame nte segu
ros , co mo si la certeza de hoy fuese necesariame nte la
de ayer y conti n úe a ser la de mañana.
Siendo metód ica, l a certeza de la incertidum bre no
n iega la so l idez de la posibi lidad de con ocer. La certeza
fu ndame ntal : la de que puedo saber. Sé que sé . De la
m isma manera como sé que no sé lo que me perm ite
saber: en primer l ugar, pued o saber mejor lo que ya sé ;
en seg undo l ugar, puedo saber lo que todavía no sé; en
te rcer l ugar, puedo prod uci r un conoci m ie nto tod avía no
existe nte .
Conscie nte de que puedo conocer social e h istó ri
camente , sé también que lo que sé no p uede escapar a
la co nti n u idad h istórica. El saber tiene h isto ria. N u nca
es, siem pre está siendo. Pero esta situación no dismi
nuye en nada, por u n lado , la certeza fu ndamental de
que puedo saber; por otro lado, la posi bil idad de saber
con mayor rigurosidad metód ica, lo cual au menta el nivel
de exactitud de lo descu bierto .
Saber mejor lo que ya sé i m pl ica, a veces, saber lo
que antes no era posible saber. De ah í la i m portancia
de educar la cu riosidad que se co nstituye , crece y se
pe rfecciona con el propio ejercicio.
La ed ucació n de la "respuesta" no ayuda nada a la
curiosidad ind ispensable para el proceso cog nitivo. Al
co ntrario, ella resalta l a memorización mecán ica de los
contenidos. Sólo u n a ed ucación de la "preg u nta" ag udi
za, esti m ula y refuerza la cu rios idad (Cfr. Pau lo Frei re y
19
Antonio Faundez . Por uma Pedagogía da Pergunta. Paz
e Te rra. Río de Janeiro) .
Evidenteme nte que el error de u na educación de la
respu esta no está en la respuesta sino en la ruptura en
tre ésta y la pregunta. El error consiste en que la res
puesta es proclamada i ndependiente me nte de la pre
gunta que la provocaría. De igual forma, la educación
de la pregunta estaría eq uivocada si la respuesta no se
percibiese como parte de la pregunta. Preguntar y res
ponder son cam i nos co nstitutivos de la curiosidad.
Es necesario estar siempre a la espera de que un
nuevo conoci m iento surja, supe rando a otro q ue, ya ha
bie ndo sido nuevo, e nvejeció.
La Historia es un l legar a ser como nosotros, seres li
m itados y co nd icio nados, y co mo el co noci m iento que
producimos. Nada por nosotros engend rado, vivido ,
pensado o hecho expl ícito se da fuera del tiem po, de la
H istoria. Tener certeza, ten er dudas , son fo rmas h istó ri
cas del estar sie ndo .
20
S OPORTE Y M U N DO
Sería impensable un mundo en el que la experie ncia
humana se diese fuera de la continuidad , es decir, fuera
de la Historia. La proclamada "muerte de la Historia" i m
plica l a muerte d e las mujeres y d e los hombres. No po
demos sobrevivir a la muerte de la Historia que, cons
truída por nosotros, nos hace y rehace . Lo que acontece
es la superación de una fase por otra, lo que no elimina
la conti nuidad de la Historia en el i nterior del cambio.
E s i m posible cambiar el mundo -que , para ser tiene
que estar siendo- e n algo in móvil , en el que nada ocurre
fuera de lo establecido . U n mundo , plano , horizontal ,
sin tie m po . Algo así es incluso com patible con la vida
ani m al pero i ncom patible con la existencia hum ana. E n
este sentido, e l ani mal s e adapta a su "soporte", mien
tras que el ser humano, integrándose e n su contexto ,
para i ntervenir e n él, lo transforma en mundo . Por eso
podemos contar la historia de lo que ocurre en nuestro
"soporte", en nuestro entorno, hablar de las diversas
formas de vida que en él acontecen , al paso que l a His
toria que tiene lugar en el mundo es l a realizada por los
seres humanos.
Si l a comun icación y la i ntercomun icación son pro
cesos que se verifican en el "soporte", en l a experi.e ncia
existencial tienen una connotación especial . Aquí la co
municació n y la intercomunicación i m plican l a compren
sión del mundo. La vida en el "soporte" no i mplica el
lenguaje ni la postura erecta que permitió la liberación de
las manos. El "soporte" se hace mundo, y la vida, exis
tencia a medida que crece la solidaridad entre la mente
21
y las manos ; en proporción a como el cuerpo hu mano se
hace cu erpo consciente, captador, capaz de aprender,
transformador del m u ndo y no espacio vacío a ser lle
nado por los conten idos. (Ver: The Cambridge E ncyclo
ped ia of Language. Crystal, David. Cam bridge, Cam
bridge U n iversity Press, 1 987) .
Ponerse erecto, prod uci r instru me ntos, cazar en
grupo , hablar, co mprender, co municar y co m u nicarse
son que haceres sol idarios, a u n tiempo causa y efecto
de la prese ncia de lo h u m ano , de la inve nción del m u n
do y de la superació n de n u estro "soporte". Estar en el
mu ndo impl ica necesariame nte estar con el m u ndo y
co n los otros . Para el ser que s i mple mente está en el
sopo rte, sus actividades en él son u n si mple "m overse"
en el m u ndo ; contexto h istórico social, cu ltu ral ; los seres
hu manos "i nteractúan" más de lo que "se mueven".
En este sentido la transición del "sopo rte" al m u ndo
i m pl i ca la i nve nción de técnicas y de i nstru me ntos que
hace n más fáci l la i nte rve nción en el m u ndo. U n a vez
i nve ntadas y apl icadas , hom bres y mujeres no paran
de rei nve ntarl as y de prod uci r nuevas téc n icas co n las
que perfeccionan su prese ncia en el m u nd o . Toda i n
te rvención en el m u ndo i m pl ica una cierta compren
sión de l m i smo, u n saber sobre el proceso de actua
ción, u n i nve ntario de los hal lazgos pe ro, sobre todo ,
u na visión de los fines que co n ella se propo n e n . La
creación se i nte nsifica a medida de la aceleración del
ritmo de los cam bios log rados por las téc nicas cada
más adecuadas a los desafíos. La rig u rosi dad del m é
todo científico provoca una m ayor exactit ud en los
descu bri m ientos.
22
El período de tiempo entre cambios sign ificativos
d ism i n uye cada vez más. En ciertas áreas de la ciencia
y la tecnología actual alg un os meses son suficie ntes
para hace r viejo un procedim ie nto . A veces , razo nes
puramente económ icas retrasan este envejeci m ie nto.
Los recu rsos em pleados en la construcción de alg ú n
proced i m iento o instru me nto tecnológico n o han sido
tod avía recupe rados y éste ya res ulta obso leto , aunque
se mantenga eficaz.
Reflexionar, eval uar, prog ram ar, i nvestig ar, trans
formar son especificidades de los se res h u m anos en el
m u ndo y co n el m u ndo . La vida se torna existencia y el
e nto rno , m u ndo, cuando la co nci encia del m u ndo, que
i m pl ica conci encia de m í, al em erger ya se encuentra
en re lación dial éctica co n el m u nd o . La cuest i ó n de la
tensió n co ncie ncia- m u ndo, que i m p lica re lacio nes
m utuas , ya l l evó a Sartre a decir q u e "conciencia y
m u ndo se dan al m ismo t ie m po". Las re lacio nes entre
ambos so n n atu ral m e nte dial écti cas , s i n i m portar la
escuela fil osófica de q u i e n l as est udia. Mecan icistas o
ideal istas , no pueden alterar la d ial éctica co ncien
cia/m u n do y subjetivid ad/objet ividad . Esto no i m pl ica
que nu estra práctica ideal ista o mecan icista se pre
sente exe nta de su error fundame ntal . Son un erro r
rotu ndo los i nte ntos de acción q u e se fu ndamentan en
la concepción de la co nciencia co mo co nstructo ra ar
bi traria del m u ndo y defienden que cam biar el m u ndo
d e m anda antes "purificar" la conci encia mora l . De
ig ual fo rma, proyectos basados en u n a vis ión m ecan i
cista , seg ú n l a cual la co nciencia es u n pu ro reflejo de
la mate rial idad objetiva no se l i bran del castigo de la
h i sto ria.
23
M uchos sueños posibles fueron inviables por el ex
ceso de certeza de sus agentes , por el vol u ntarismo
con que prete ndían modelar la Historia en l ugar de ha
cerla co n los otros, real izándose e n ese m ismo proceso .
Si la Historia no es una entidad superior que vuela sobre
nu estra cabezas y nos posee , tampoco puede ser red u
cida a objeto d e n uestra manipu laci ó n .
A causa de negar la te nsión dialéct ica co nciencia/
mundo, cada cual a su manera, idealistas y mecanicistas
obstacu lizan el ente nd i m iento correcto del m u ndo. Esa
es una cuesti ón que me preocupa y a la que s iem pre
i nte nto respo nder, coherenteme nte, con m i sueño de
mocrático . Rara es la vez que a la sombra de este árbol
no me inqu ieto en torno a esta cuestión .
No soy u n ser en el "soporte" sino u n ser en el mun
do, con el mu ndo y con los otros; un ser que hace cosas,
sabe e igno ra, habla, te me y se aventu ra, sueña y ama,
se indig n a y se encanta. U n ser que rehusa aceptar la
co ndición de mero objeto ; que no baja la cabeza ante el
i nd iscutible poder acum u lado por la tecnología porq u e,
reconociéndola como prod ucción h u m ana, no acepta
que ella en sí m isma sea mala. Soy un ser que rechaza
pensarla como si fuese una obra del demonio para
echar a perder la obra de D ios ( Postm an Neil . Tecno
logy. The Surrender of Culture to technology. Alfred A.
Knapf- New York, 1 922) .
No me basta con deci r: "¿ qué hay que hacer?". La
tecnología necesariamente co n l leva el automatismo y
éste, el desem pleo . Los dese mp leados que se apañen;
que procu ren el ocio, u n te ma fundame ntal de la "post
modern idad". ¡ No!.
24
E l estado no puede ser tan l i beral como a los l i be
rales les gustaría que fu ese . Es tarea de los partidos
prog res istas l u char a favo r de l desarrollo eco nóm ico ,
de la l i m itación del tamaño del Estado. Este no puede
ser un se ñor todopod eroso ni un lacayo cu m plidor de
las órdenes de aq uel los q ue viven bi e n . Los proyectos
de desarro l lo eco nómico no pueden excl u i r a las m uje
res y a los hombres de la histo ria en n ombre de ni ngú n
fatal i s m o .
M i radicalidad m e exige una absoluta lealtad a l hombre
y a la mujer. Una Economía incapaz de prog ramarse en
función de las necesidades humanas, que convive i ndife
re nte con el hambre de millones a qu ienes todo les es ne
gado , no merece mi respeto de educador ni, sobre todo, mi
respeto como persona. Y no me digan que "las cosas son
así porque no pueden ser dife re ntes". No puede n ser de
otra manera porque, si lo fuese n , herirían el interés de los
poderosos : sin embargo, éste no puede ser el determi
nante esencial de la práctica económ ica. No me puedo
volver fatalista para satisfacer los intereses de los podero
sos. No puedo tampoco i nve ntar una explicación "científi
ca" para encubrir u na mentira. (Ver nota 1 ) .
El poder de los poderosos siem pre procu ró aplastar
a los que no tie nen poder. Pero , al lado del poder mate
rial siem pre ha estado otra fuerza, la fuerza ideológica,
fuerza material también , reforzando aq uel poder. E l
avance tec nológico propicia co n en orme eficacia el so
porte ideológico al pod er material .
Una de las tareas más im portantes para los i ntelec
tuales progresistas es desmitologizar los discursos post-
25
mode rnos sobre lo i nexorable de esta situación. Rechazo
de forma vehemente tal i n movi l izació n de la historia.
La afi rmación de q ue "las cosas so n as í po rque no
puede n ser de otra fo rma" es odiosamente fatalista
pues decreta que la fel icidad pe rte nece sólame nte a los
que tienen pod er. Los pobres , los desheredados , los
exclu ídos estarían desti nados a morir de frío, no impor
ta si en el Norte o en el Sur del m u ndo.
Si el poder económico y pol ítico de los pode rosos
desaloja a los débi les de los m ín i mos espacios de su
pervivencia, n o es po rque as í deba ser. Es preciso que
la debi l idad de los débi les se tran sforme en una fuerza
capaz de i nstau rar la justicia. Para ello es necesario u n
rechazo defin itivo del fatalis mo. Somos seres d e trans
fo rm ación y no de adaptació n .
N o podemos renu nciar a la lucha para el ejercicio
de n uestra capacidad y de nuestro derecho a decidir y a
rompm· s i n e l cual no podemos re i nventar el mundo . E n
este sentido i nsisto en q u e l a Histo ria e s posibilidad y
no determinismo. Somos seres condicionados pero n o
determ i nados. E s i mposible ente nder la Histo ria co mo
tiempo de posibil idad si no reconoce mos al ser hu mano
como un ser de decisión y de ruptura. Sin este ejercicio
no es posi ble hablar de ética.
26
MI PRIMER MUNDO
Porque soy u n ser en el m u ndo y con él, tengo no u n
trozo i n mediato d e l "sopo rte" , s i no q u e tengo m i m u ndo
más i n mediato y particu lar: la cal le, el barrio , la ciudad,
el país, el "q ui ntal" de la casa donde nací, aprendí a an
dar y habl ar, donde recibí mis pri meros sustos, m is pri
meros m iedos. Un d ía, a los cinco años , adiviné que
h abía u n desacuerdo en las relaciones entre m i padre y
m i madre. No te n ía, n o pod ía tener conciencia de la
profu ndidad y de la exte nsión de aq uel la situación . De
repente me sentí como si l a tie rra desapareciese bajo
mis pies . La falta de segu ridad me hizo más frág i l .
Aq uella noche dorm í so bresaltado: s o ñ é q u e m e h u n
d ía e n l a orilla de u n hondo barrizal de donde, co n mu
cho esfuerzo, mil agrosamente me salvaro n .
La seg u ridad retornó en la medida en que, neces ita
do de ella, procu raba enco ntrarla no en ella m isma s i n o
en las relaciones entre mi padre y m i madre. Es all í
donde debería estar. Por la mañana, cuando m e levan
té percibí satisfecho que mi seg u ridad estaba en la for
ma como m is padres hablaban entre sí y me hablaban.
M i pri mer m u ndo fue la parte trasera de m i casa,
con sus árboles, "caj ueiros" frondosos casi arrodil lán
dose en el suelo som breado, "j aq uei ras" y "barrigudei
ras". Arboles , colores , ol ores, frutas que, atrayendo a
diversos pájaros , se ofrecían co mo espaci o para sus
cantos (Ver nota 2).
No fue casualidad la elección del título de este l i bro
aparentemente desco nectado del texto . Me devue lve a
27
la parte trase ra de m i casa cuya importancia destaco
en mi vida.
El "q u i ntal" de m i i nfancia se va desdoblando en
tantos otros espacios , no necesari ame nte otros "q u i nta
les". Sitios en los que este hombre de hoy viendo en sí
aq uel niño de entonces, aprende para ver mejor lo antes
visto . Ve r de nuevo lo antes visto casi siem pre i m pl ica
ver ángu los no percibidos. La lectura poste rior del m u n
d o puede real izarse d e fo rma más crítica, me nos i nge
nua, más rig u rosa.
Aq uel espacio fue mi i n med iata objetividad . Fue m i
pri mer no-yo geog ráfico después m i s no-yos perso na
les fueron mis pad res, m i hermana, m i s hermanos , m i
abu ela, m is tías y Dadá, u na bien qu erida mamá negra
que, peq ueña todavía se había u n ido a l a fam i l ia a fi nes
del siglo pasado . Fue a través de esos diferentes no
yos co mo co nstitu í mi yo . Yo hacedor de cosas, yo pe n
sante , yo que habla.
Cuando pensaba que ya había olvidado aquel espa
cio, que poco te n ía que ver co n él, me reaparece en ple
no exi l io en una tarde fría del invierno en Gi nebra. Tarde
en la cual al leer u na carta que me l leg a de Recite, de re
pente, co mo por arte de magia, retrocedo en el tiempo y
casi me veo n i ño en la fi nca frondosa, aprend iendo a leer
con mi padre y mi madre, escribiendo frases y palabras en
el suelo sombreado por los árboles. Aq uella tarde , des
cubrí q ue la nostalg ia de mi tierra se hab ía ido gestando
en la re lación que yo había vivido con mi "qu i ntal".
Brasil , en la fo rma que para mí existe , difícil mente
existiría sin mi "q ui ntal" al que se añadieron cal les , ba-
28
rrios , ciudades. La tierra que la ge nte ama, de la cual ha
bla, a la que se refiere, tiene siempre u n espacio, u na ca
lle, una esquina, un olor de tierra, u n frío que corta, un ca
lor q ue sofoca, un valor por el que se lucha, una caricia,
una lengua que se habla con diferentes entonaciones. La
tierra por la que a veces se duerme mal, tierra distante
por causa de la cual la gente se aflige tiene que ver con el
lugar de la gente, co n las esquinas de las calles, con sus
sueños. En un cierto momento, el cariño por nuestro lugar
se hace extensivo a otros lugares y termina por alojarse en
un espacio más amplio del que nos sentimos hijos, en el
que echamos n uestra raíces, nuestra ci udad.
Antes de ser u n ciudadano del m u ndo, fui y soy un
ciudadano de la ciudad de Recite a la que llegué a par
tir de mi "qui ntal", en el barrio de Casa Amarela. C uanto
más enraizado estoy en mi local idad, tantas más posibi
lidades tengo de explayarme, de sentirme ci udadano
del m u ndo. Nadie se h ace local a partir de lo universal.
El camino existe ncial es inverso. Yo no soy antes brasi
leño para ser después recife nse. Yo soy primero reci
tense , pernambucano, del nordeste. Después brasile
ño, latino-americano, ciudadano del m u ndo. Por eso ,
en el exi lio, mi nostalgia fu ndame ntal no era una n ostal
gia de Recite; incluía la nostalgia de mi "quintal". Pero mi
nostalgia de Brasi l , pasando por la nostalgia de Recite
que la h acía auténtica, no se limitaba sólo a ella. Ni si
q uiera a n ostalgias más singulares, más particulares
como la de las esq u i nas de ciertas casas o plazas, la
de la Casa Forte , la de Chora Menino o la del Derby.
Yo te n ía nostalgia del Brasil , por tanto de Recite , de
Río, de N atal , de Porto Alegre, de Manaos, de Fortaleza,
29
de Cu riti ba, de Joao Pessoa, de Sao Luiz, de Belo Hori
zonte, de Florianópo l i s , de Sao Pau lo, de Go iana . . . Al
Brasil co mo u n todo le hacía falta esa un idad en la di
versidad que expreso cuando digo : "soy bras ileño, sin
arrogancia; pero l leno de co nfianza, de ide ntidad , de
esperanza de que, en la l ucha, nos reco nstru i re mos,
llegando a ser u na sociedad me nos i nj usta".
Cuando d igo "soy brasi leño", siento que soy algo
más que cuando digo "soy recifense". Pero al mismo
tiempo sé también que no m e podría sentir tan i nte nsa
me nte brasileño si no tuviese en Rec ite m i marco natu
ral en el que se ge nera mi "brasil id ad". Por ello, perm í
taseme la obviedad , m i tie rra no es sólame nte el
contorno geográfico que te ngo claro en m i mem oria y
puedo re producir con los ojos ce rrados , sino que sobre
todo es u n espacio en el tiempo , geog rafía, h i stori a,
cu ltu ra. Mi tierra es dol or, hambre, m iseria y espe ranza
de m i l lones, igualme nte hambrie ntos de j usticia.
Mi tierra es la coex istencia dramática de tiem pos dife
rentes co nfu ndiéndose -en un m ismo espacio geográfi
co- atraso, m iseria, pobreza, hambre , tradicionalismo,
conciencia mágica, autoritarismo, democracia, moderni
dad y postmodernidad . El profeso r que en la u niversidad
discute sobre la educación y la postm odernidad es el mis
mo que co nvive con la dura realidad de decenas de mil lo
nes de hombres y de mujeres que mueren de hambre.
Mi tie rra es hermosa en ag uas que se precipitan, en
ríos y playas , en val les y florestas , en bichos y aves.
Cuando pienso en ella, veo cuánto nos queda aú n por
cam i n ar, l uchando po r s u pe rar estructu ras perversas
30
de expolio. Por ello cuando estuve lejos de ella, m i nos
talgia jamás se redujo a un llanto triste , a una lamenta
ción desesperada. Pensaba en e l l a y en ella pien so co
mo u n espacio histórico, contradictorio que me exige
com o a cualquier otro decisión , tom a de posiciones ,
ru ptura, opción (Ver nota 3).
Estando a favor del algo o de alguien me encuentro
necesariamente en situación de estar contra alg u ie n .
"¿Con q u ién estoy? ¿Co ntra qué y quié n estoy?". Pen
sar en mi ti erra sin h acerme estas preg u ntas y sin res
ponder a ellas me llevaría a puros idealismos ajenos a la
real idad . La falta de claridad en cuanto a los problemas
implicados en estas i ndagaciones y el desi nterés por
el los nos hace solidarios con los viole ntos y con el
(des)-orden que les sirve .
Servir al orden domi nante, es lo que hacen hoy i nte
lectuales antes progresistas que negando a la práctica
educativa cualquier intención desveladora, reduce n la
ed ucación a pura transferencia de contenidos "suficien
tes" para la vida feliz de la gente. Consideran feliz la vida
que se vive adaptados al mu ndo, sin ira, sin protesta, sin
sueños de transformació n . Lo irónico en esta adhesión a
veces entusiasta de antiguos mil itantes progresistas al
pragmatismo está en que, acog iendo lo que les parece
nuevo, reencarnan fórmulas viejas, necesarias para pre
servar el poder de las clases dominantes.
Y esto lo h acen con aires de quien se siente al día,
de quien supera l as "antigü edades ideológicas". Hablan
de la imperiosa n ecesidad de programas pedagógicos
profesionalizantes pero vacíos de cualquier i ntención
31
de comprensión crítica de la sociedad . ¡ Este discurso es
real izado en nombre de posiciones prog resi stas!. Sin
em bargo, esto es tan co nservador co mo es falazmente
prog resista la práctica educativa que niega la prepara
ción técnica al ed ucando y sólamente trabaja la real idad
po l ítica de la ed ucación. E l dominio técnico es tan i m por
tante para el profesional como lo es la co mprensión de la
pol ítica para al ciudadano. No es posible la separación .
El buen carpi ntero que no l ucha por ampliar su espa
cio pol ítico, o que no com bate socialmente para mejorar
su situación , de la misma fo rma que el buen i ngeniero
que abandona la l ucha por los derechos y deberes del
ciudadano, termi nan por trabajar en co ntra de la eficacia
profesional .
Mujeres y hom bres conti nuamos siendo lo que Aris
tóteles decía que éram os: an imales pol íticos. Conti nua
mos por tanto siendo, en co nsecuencia, aq uello en que
nos converti mos: ani males pol íticos .
Por todo esto, m i tierra im pl ica mi sueño de libertad
que no puedo impo ner a nadie , y por el que siem pre he lu
chado. Pensar en ella es asumir ese sueño que me alien
ta. Es luchar por ella. Nu nca pensé en mi tierra de una
forma ridícu lamente sentimental: ella no es superior o infe
rior a otras tierras. La Tierra de la gente es su geografía, su
ecolog ía, su topografía y biolog ía. Ella es tal como organi
zamos su prod ucción , hacemos su historia, su educació n,
su cultu ra, su comida y su gusto al cual nos acostumbra
mos . La tierra de las personas implica l ucha por sueños
diferentes, a veces antagón icos , como los de sus clases
sociales . Mi tierra no es, finalmente, una abstracción.
32
ESPERANZA
C u ando pie nso en m i tie rra, me acu erdo tanto de la
soberbia del rico , de su indignación con los pobres, co
mo de la falta de esperanza de éstos, forjada en la larga
vivencia de la explotación o en la esperanza que se
gesta en la l ucha por la j usticia.
"Yo soy u n campesi no, doctor, no tengo un mañana
diferente del d ía de hoy, que tam poco no es diferente
del de ayer", me dijo en u na ocasión un hom bre toda
v ía jove n en la Zo n a de M ata de Pe rnambuco. S i , por
el contrario , aq uel h o m bre h u biese participado en l a
l ucha de las Ligas Campes i n as , e s a experiencia le
h abría ayu dado a cambiar s u compre nsión de los he
chos y "su lectu ra del m u ndo". S u fatalism o , pod ía ha
berse transformado en u n s u e ñ o posible. La uto p ía de
la libe rtad que él va perc i biendo co mo un proceso so
cial co ntra la f u e rza q u e le opri m e . A estas altu ras , él
sabe ple namente que tiene futu ro . No un fut u ro seg u
r o para l o s campesi nos explotados y otro , co mo pen
saba antes, ig ualm ente i n apelable para los do m i n ado
res . S u práctica pol ítica le habrá enseñado que s u
futu ro está en l a transfo rmación d e u n hoy perve rso
en el q u e él y sus com pañeros y co m pañeras son casi
cosa. E ntiende así la problematización d e l futu ro y no
s u i nexorabi l id ad . Ese futu ro no l leg ará si no habla
mos d e él al m i s m o tiempo q u e lo co nstru i mos. El fu
turo no es u n regalo: ex iste co mo necesi dad de la
H i storia e i m plica su co nti n u idad . La h i storia no ha
m u e rto , n i se ha metaformoseado en un espej ismo
i m ag i n ari o. (Ver nota 4).
33
La co nversación de aq uel campesi no de la Zona de
Mata, sobre el peso del "cansancio existencia(", hacía
expl ícita u na co mpre nsión fatalista de su presencia en el
m u ndo. Tan fatalista co mo la del intelectual mecanicista,
antidialéctico, para q u i e n el fut u ro es inexorable. O tan
fatal ista como la del inte lectual de la postmodern idad
que, describiendo los obstácu los que el nuevo tiempo
pone a la l iberación , los declara i ns u perables . Para
esos intelectuales fatal istas ya no ex isten situaciones
inéditas viables ( Paulo Freire, Pedagogía da espe
ran9a. Paz e Terra . R ío de Janeiro, 1 992) .
Esta posición profundamente acomodaticia caracte
riza fo rmas de comprensión y de prácticas en el m u ndo
actual por parte de progresi stas ayer y prag máticos
hoy. Personas de izqu ierdas que me criticaban como
"ideal ista b u rgu és", y ahora son pragmáticos y neol ibe
rales que me señalan co mo un soñador. "Soñador i nve
te rado q u e habla del cambio cuando no existe nada
que cam biar" dicen el los , no desil usionados sino más
bien confortados.
Un ed ucador alemán , am igo m ío, me dijo reciente
me nte en Bavie ra haber o ído por parte de m i l itantes de
"izq u i erda" : "Pau lo Fre i re ya no tiene sentido . La ed u
cación que se precisa hoy no tiene nada que ver co n
sueño, uto p ías , co ncienciación y sí co n la formación
técn ica, profesio nal del ed ucando". Por "formación" en
tend ían en trenam ie nto. Eso es exactamente lo que
siem pre i nteresó a las clases do m i n antes: la despol iti
zació n de la ed ucación . La ed ucación , en ve rdad, ne
ces ita tanto de formación técn ica, científica y profesio
nal co mo de sue ños y de utop ía.
34
Rechazo la afirmación de que n ada es posible ha
cer debido a las con secuencias de la g lobalizació n de
la econom ía y que es necesario doblar la cabeza dóci l
m ente porque nada se puede hacer contra lo inevitable.
Aceptar la inexorabilidad de lo que ocu rre es u n a exce
lente contribución a las fuerzas dominantes en su lucha
desig ual con los "conde nados de la Tierra".
Una de las fu ndamentales dife rencias entre mi per
sona y los i nte lectuales fatalistas -sociólogos, econo
mistas , filósofos o pedagogos, poco importa- está e n
q u e , ayer como hoy, jamás acepté q u e la práctica edu
cativa debería lim itarse sólo a la "lectu ra de la palabra",
a la "lectura del texto" s i n o que debería i nclu i r la "lectu
ra del co ntexto", la "lectu ra del m undo". Mi dife re ncia
está sobre todo en el opti mismo crítico y nada inge n u o ,
e n la esperanza que me �l ie nta y que no existe para los
fatal istas .
Esperanza q u e ti ene su matriz en la n aturaleza del
ser h u mano. Siendo éste i nacabado y co nscie nte de
s u i nconcl usión o, como dice Franc;ois J acob, "progra
mado para aprender", no pod ría ser sin moverse en la
esperanza.
La esperanza es la exigencia ontológ ica de los seres
humanos. Aú n más , en la medida que mujeres y hom
bres se hacen seres de relaciones con el mu ndo y co n
los otros, s u naturaleza h istórica se encue ntra co ndicio
nada a la posibi l idad o no de esa concreción .
L a espe ranza d e la l i beración n o sig nifica y a l a libe
ración . Es preciso luchar por ella de ntro de co ndiciones
históricamente favorables. Si éstas no existen , tenemos
35
que l uchar de forma esperanzada para crearlas. La li
be ración es la posibi l idad , no la suerte , ni el desti no n i la
fatal idad . E n este contexto se pe rcibe la impo rtancia de
u na ed ucación para la decisión, para la ru ptu ra, para la
elección, para la ética, en fin .
E n consecu encia, cuanto más sometido y menos
pueda soñar con la l i bertad, menos pod rá el ser humano
concreto afro ntar sus desafíos . Cu anto más tengamos
un prese nte apesad u m brado en el que el futu ro se aho
ga, tanta menos esperanza habrá para los opri m idos y
más paz para los opresores. De ah í que la ed ucación al
servicio de la domi nación no puede provocar el pe nsa
mi ento crítico y dialéctico s i no favorece r el pe nsamiento
i ngenuo sobre el mu ndo .
Pensando en mi tierra, no puedo perm anecer ajeno a
esas reflexiones. El las no sólo ex presan situ aciones con
cretas que las co ndicionan sino también reo rie ntan nues
tra acción sobre la real idad . Obviamente la visión fatal is
ta del cam pesi no -"no te nemos mañana"- le negaba
toda viab i lidad . Su alistamiento en una forma de l ucha
implicará superar aque lla comprensión de la realidad .
En cu anto ed ucad or prog res ista no puedo red ucir
m i práctica docente a la enseñanza de pu ras téc n i cas
o conten idos sin i m p l icarme en e l ej ercicio de l a co m
prensión cr ítica de l a re alidad . Habl ando d e "h ambre"
no puedo contentarme e n defi n i rla com o " u rgencia de
al i mentos , g ran apetito , falta de lo necesari o , me n g u a
o escasez de víve res". L a i ntelige ncia crítica de algo
i m pl ica la percepción de su razón de ser. Quedarse en
l a descri pció n de u n objeto o camb i ar su razó n de ser
36
son procesos alienadores. M i comprensión d e l ham
bre no es de diccionari o : al reconocer el sig nificado de
l a palabra debo conocer las razones de ser del fe nó
meno. Si no puedo m ante nerme i ndiferente ante el
dolor de quie n tie ne h ambre , tampoco le puedo sugeri r
q ue s u situación se debe a l a bondad de D i os . Esto es
mentira .
En cierta ocasión, en un reportaje d e televisión sobre
los trabajadores temporeros del campo en el interior de
Sao Paulo un reportero preg untó a un adolescente
campesino
-¿Usted acostumbra a soñar?
-No. Sólo tengo pesadill as .
Lo fu ndamental e n l a respuesta f u e l a comprensión
fatalista, inmovil ista. La amarg u ra de la existe ncia de
aquel adolescente era tan profunda que su prese ncia
en el m u ndo se transformaba e n una pesadilla, una ex
periencia e n la cual era imposible soñ ar. "Sólo tengo
pesadillas", repitió , co mo si insistiese para que el repor
tero j amás olvidase esta situación. El no ve ía un futu ro
para s í.
Sin vislumbrar el mañana, es imposible la espe ran
za. El pasado no genera esperanza a no ser cuando se
recuerdan momentos de rebeld ía, de audacia, de lu
cha. El pasado entendido como in movilismo de lo que
fue genera recuerdo, peor, nostalgia, que an ula el ma
ñana. Casi siem pre las situaciones concretas de opre
sión reducen el tiempo histó rico de los opri midos a u n
ete rno presente d e desesperanza y acomodación. E l
37
nieto oprimido repite el sufrimi ento del abuel o. Esto es lo
que ocu rre a las mayo rías del nordeste de este país .
Existe ncialme nte cansadas, h istóricame nte anestesi a
das. (Ver nota 5).
Cansadas y anestesi adas, carentes de todo, son
presas fáci les de unas pol íticas asistencial istas que las
sumergen todavía más en la cotidian idad alienante .
Esa no puede ser la po l ítica de u n gobierno prog resista
que asistiendo a los desamparados y a quienes se les
prohibe ser e l l os mismos, jamás los asistencia/iza. .
Una d e las diferencias principales entre l a pol ítica
asistencial ista y la que asiste sin asistencializar es que la
primera i nsiste en sugeri r que el problema de los des
heredados está en las defi ciencias de la natu raleza ;
ahora bien l a pol ítica prog resista subraya la importan
cia de lo social, de lo económico, de lo po l ítico . Del po
der, en resumen .
Espero q u e pasados algu nos años , aq uel ado les
ce nte haya descubierto que, en u na soci edad tan des
h uman izante , el sueño encarnado en l a l ucha pol ítica
es el de l a superac ión de la pesad i l l a a la que la cl ase
domi nante red uce la ex iste ncia de los pobres . Espero
que perciba que la transformación no se h ace con el
co nsentimi e nto de los señores de las tie rras y de las
gentes , s i no con s u decidi da oposición . Es preci so de
rrotar en las u rnas a esos señores autores de d iscu rsos
que promete n lo que saben que no h a rán . De ah í la
u rgencia de que la mayo ría de los desheredados y
des heredadas se sume n y l uchemos todos en favo r
de la l i beraci ón, tran sfo rmando el mundo ofe nsivo e n
38
u n mu ndo co n más consideración para la person as .
Desde e l pu nto d e vista pol ítico y ético , esto s e hace
i m prescindible.
Cuando pienso e n mi tierra, pienso sobre todo en el
sueño posible, nada fácil , de la invención de la democra
cia en n uestra sociedad. Y para hablar de esto, vuelvo la
crítica a la posición neoliberal , pragmática, para la cual la
práctica educativa hoy eficaz es aquella que, despreocu
pada del esfuerzo de desocultación de las verdades, se
centra en el entrenamiento técnico o en el depósito de
contenidos a transmitir a los educadores. Sería una
cuestión de especial ista la selección y organización de
los contenidos que tendrían que ser enseñados en las
escuelas.
La perspectiva neol iberal refuerza la pseudoneutral i
dad de la práctica educativa reduciéndola a la transfe
rencia de contenidos a los educandos a quienes no se
exige que los comprendan para aprenderlos. Esa "neu
tralidad" fundamenta la reducción de la formación del tor
nero en simple adiestramiento de técnicas y procedi
m ientos en el dominio del torno. Toda práctica educativa
que va más allá, que evita la dicotomía lectura del mundo!
lectura de la palabra/, lectura del texto! lectura del con
texto, pierde el aval de la pedagog ía y se transforma en
mera ideología. Más todavía, en palabra inadecuada pa
ra el momento actual , s i n clases sociales, sin conflictos,
sin sueños, si n utopías.
Tal separación ideológ ica e ntre texto y contexto , en
tre objeto y sus razones de se r implica u n error lamen
table, impl ica una castración de la curiosidad epistemo-
39
lógica de l os ed ucandos . Por eso , al aceptar más ed u
cació n para la clase trabajadora, la clase dom i nante
choca co n su l ím ite . Por más prog res ista y dem ocrático
que sea, el empresario estará siem pre l i m itado po r los
i ntereses de su clase social . S i el em presario sobrepa
sase ese l ím ite y aceptase u na educación progres ista,
te rmin aría po r trabajar co ntra sí m is m o . Es posible que
alg ú n empresario se aventu re a tal "co nversió n"; pe ro
no la clase en su conj u nto . La H istoria todavía no reg is
tró ningún su icidio de clase .
Llamo la atención sobre cierta i mpl icación que está
presente de forma ve lada en los discursos neoliberales .
Cuando hablan de la "m uerte de la Historia", de las ideo
log ías, de las utopías y de la desaparición de las clases
sociales, me co nceden la certeza de que defienden u n
fatal ismo a posteriori . E s co mo si sintiesen arrepe nti
miento de no habe r afirmado hace ya tiempo la domesti
cación del futu ro. Los mecan icistas de origen marxista
despro.blematizaron el futu ro y lo redujeron a un tiempo
pre-establecido, pre-sabido. Los que ahora defienden el
fin de la Historia saludan el "nuevo tiempo ", el de la " vic
toria defínitiva )J del capital ismo como un futu ro que tardó
pe ro l legó. El los pasan una esponja sobre sesenta años
de quehacer hu mano co nsiderándolos un error de la His
to ria que finalmente se co rrige . Esos discursos afirman
que, habiendo adquirido los nive les que alcanzó , al for
marse las clases soci ales en la sociedad moderna el sis
tema capitalista tuvo u n cometido mayor del atribu ído po r
Marx a la clase trabajadora, el de ser sepu ltu rera de la
clase dom i nante. Al desarrollarse , el sistema capital ista
estaba predestinado a term inar con la propia H istoria.
40
Mantuvimos u n a larga conversación sobre todo esto
en Praga, Nita, mi mujer, y yo mismo con Karel Kosik, el
notable fi lósofo checo, autor de la Dialéctica de lo Con
creto, publ icada en Brasil por la editorial " Paz e Terra".
Hablamos del dogmatismo del socialismo autoritario,
de su rigidez, de la desproblematización del futu ro y por
ello de su domesticación, el futuro como tiempo ya sabido,
como hecho y no haciéndose . Hablamos de la insensatez
y de la brutalidad de los burócratas, de su ceguera secta
ria, de su atracción por la inmovilidad, por la m uerte.
Recordamos u na pequeña carta que Kosik escribió a
Sartre en los años 70 e n que denu nciaba la invasión de
su casa por la policía que se llevó sus manuscritos fi lo
sóficos pro metiendo d evolvérselos una vez que los le
yese . Recordé el hu mor de Kosik come ntando a Sartre
la seg u ridad de haber perdido los manllscritos ante la
co ndición de la policía de leerlos para poder d evolverlos
después.
Recordé la carta de Sartre , publicada en Le Monde
e n respuesta a la carta de Kosik. Carta crítica, enérgica,
l úcida. U no de los documentos i mportantes de este si
glo. U n docu mento de la i ntelige ncia frente a la nece
dad , de la libertad frente al despotismo, de la esperanza
contra el fatalismo .
No es verdad que el capital ismo es el futuro ra
diante al que l legamos . La realidad no es sólo azu l o
sólo verde : es m u lticol o r, arco-iris. Escri bo esta pág i na
en u n hote l de Baviera, e n M u nich, en u na tarde en
q u e el termómetro . marca 38 g rados y asu sta a cual
q u ier recifense.
41
Educadores alemanes , alg u nos viejos am igos de
los años sete nta, me cuentan que se hiciero n frecuentes
las reclamacio nes y las espe ranzas heridas de hom
bres y m ujeres del "ot ro lado" que, cansados de las l i m i
taciones de su l i bertad , so ñaban co n u n a "apertu ra" al
m u ndo capital ista. Como u n mar de rosas que no en
co ntraro n .
Alg u no d e los re latos q u e escuché refuerzan mi pri
mera reacción frente a la destrucción del soci alismo au
toritario . Destrucción que siempre me pareció que i m
pl icaba u na especie de "oda a la libertad" sin que eso
sign ifique negar las razones fu ndame ntales , materi a
les , de natu raleza económ ica, a las que se u nen las de
orden tecn ológ ico .
N i ng u no de los re latos de q u ien se va desencantan
do del m u ndo cap ital ista reveló nostalgia de la expe
riencia autoritaria, bu rocrática, asfixi ante del "social is
mo real". Y, po rque no defiendo que el autoritarismo
estal i n ista forme parte de la naturaleza del social ismo,
no te ngo motivo para ad m itir que un soci al ismo real
me nte dem ocrático sea i m pos i b l e .
Rechazo aceptar que la prese ncia d e l autoritarismo
en el social ismo se deba a una i ncom patibi l idad onto l ó
gica entre el ser h u m ano y la esencia del social ismo . Es
como si dijésemos: "la natu raleza h u mana es de tal for
ma refractaria a las virtudes fu ndame ntales del social is
mo que sólo en base a la coacción es pos i ble hacerla
fu ncionar". Lo que la ontolog ía h u mana rechaza, al co n
trario , es el auto ritarismo , y n o i m porta la atri buci ó n q u e
reci ba.
42
H e encontrado educadores de la ex-Alemania del
Este que me dice n , no por pura cortesía, que finalmen
te es posible leer mis trabajos y lamentan el tiempo e n
q u e tal lectura era como m ín i mo dificultada.
Vo lvamos de nuevo a mi Tierra.
No pod ría jamás pe nsar en ella en térm i nos l íricos.
Si me resulta imposible matar lo que hay de ro mántico
en m is relaciones con m i Tierra, no puedo separar mi
compre nsión de mi vol u ntad de transformarla. Cuando
subrayo su belleza, subrayo también la pro h i bición a
que están sometidas las mayorías populares para go
zar de esas bellezas.
La Tierra sin dueño se entrega, a las generaciones
que llegan , "acabadan o "perd ida" pero en proceso de
estar siendo. Factor importante pero no ú n ico de ese
proceso es el confl icto de intereses e ntre domi nadores y
domi nados. A partir de esta realidad concreta co n la
que l as nuevas generacion es se enfrentan , es como se
hace posible articular sueños de regeneración de la so
ciedad .
Al hablar de mi Tierra, menciono el ideal q u e com
parto con u n sinnú mero de brasileños y brasileñas : l a
realización de u n a tierra e n la q u e amar sea me nos difí
cil y las clases populares te ngan voz, sean una presen
cia partici pante y no sombras asustadas delante de la
arrogancia de los poderosos.
Cuando hablo de mi Tierra no me refiero sólamente
a las bellezas de Río, de Bah ía de Guanabara, del Cris
to Redentor, de las cascadas de agua de la que Brasil
43
está tan s u rtido , de las playas del Nordeste , de sus
ag uas te mpladas , del Pantanal , de la Amazo n ia, de los
"Estudios" de Vi lla Lobos, de la música de Carlos Go
mes, del arte de Aleijad i n h o , de la samba y de sus Es
cuelas, del Carnaval , de la música popu lar, del fútbo l ,
d e l arte , d e la pintura, de Bras i l ia, d e su ciencia. Me re
fiero tam bién al hambre de m i l lones, a la m iseria envi le
cedora, a los n i ños asesi nados , al desorden establecido ,
al engañ o , al autoritarismo siem pre prese nte , a la vio
lencia que se m u ltipl ica. Me refiero a la guerra de cl a
ses en todo el país , tal vez demasiado contu ndente en
R ío. Guerra de clases que ocu lta y confu nde u na lu
chas de clases que se frustró . Todo eso es m i Tierra
también . Ante todo esto no puedo cruzar los brazos ,
quedarme i nd iferente. La Tierra de m i sueño es m i Tie
rra libre de esos erro res .
N i ngu na sociedad se l ib ra de esos erro res po r de
creto , ni porque u no de sus sujetos fu ndamentales , los
domi nantes , en un gesto amoroso otorg ue una nueva
forma de vivi r a los "co ndenados de la tierra" . La su pe
ració n de esos horrores i mpl ica deci sión po l ítica, movi l i
zación popular, organ ización , i ntervención po l ítica y l i
de razgo l ú cido, democrático , esperanzador, coherente ,
tolerante.
En cuanto vi rtud , la tolerancia no cae del cielo , co mo
tampoco es u n co ncepto que se aprenda por la transfe
re ncia mecán ica de un sujeto que habla y que la deposi
ta en pacientes cal lados. E l aprendizaje de la tolerancia
se real iza mediante el testi monio. Sobre todo i m pl i ca
que, l uchando por mi sueño, no me encierre pasional
mente en m í. Es preciso que me abra al conoci miento y
44
re huse aislarme en el círculo de mi verdad, rechazando
lo diferente de ella y de m í . La to lerancia es el estilo
abierto , post- modernamente progresista que, cuando
convivo con lo diferente , me hace aprender con él a lu
char mejor contra lo antagón ico. Desproteg ida de la co
herencia, sin em bargo, la tolerancia co rre el riesgo de
perderse. La co herencia entre lo que decimos y hace
mos establece l ím ites a la tolerancia e i m pide que ella
derive en co mplicidad . Por ejemplo, co nviviendo con los
neo l i berales, puedo discuti r sobre n uestras pos iciones.
No puedo, si n em bargo, firmar acuerdos de los que se
deriven concesiones que deterioren mi sueño estratég i
co. En este caso , no sería tolerante y s í có mplice con la
contam i nación de mi sueño.
45
LíMITE DE LA DERECHA
Si, por el contrario, en u n a determ i nada conyu ntura,
soy co nsiderado por los neo l i berales como un mal me
nor, no puedo pro h ibirles que me vote n . Son li bres para
hacerlo. Lo que me co nviene en este caso es no aceptar
que su voto táctico se transfo rme en un favo r, en u n
eleme nto d e intercam bio . E l hecho d e votarme no los
hace co mpañeros de mi cam i n o , ni me sitúa en el deber
de apoyarlos pol íticamente .
Existe otra situación d ramát ica en la que u n m i l itan
te tradicional mente prog resista acepta , fel iz , ser límite
de la derecha. Acomodarse a esta co nd ición es co rrer el
riesgo demasiado grande de g irar a la derecha.
Res u lta fácil i ncu rrir en tales contrad icciones, ex
po niéndose a perder m uchas i l usiones en composicio
nes espú reas ; es difícil lograr acuerdos co herentes . Lo
más com ún es l a l ucha entre semejantes y la ru ptu ra
entre diferentes , como si fuesen antagon istas . No tengo
duda de q ue l a u n idad en la diversidad debe g u i ar a las
izq u ierdas (en plural) para vencer a la derecha (en sin
gu lar) y as í democratizar nuestra sociedad .
U na eq u ivocación q u e me parece pe l igrosa -y con
tende ncia a ampl iarse- es la que cometen las izq u i er
das lati no-americanas al cam i nar para atrás creyendo
marchar hacia ade l ante , hacia el encuentro del i nexis
tente cen tro, casi siem pre u na derech a me nos perver
sa o u n a derecha q u e , proclamándose cen tro, prete n
de suavizar su reaccio nari s m o . Con todo, es siem pre
derecha.
46
Ante la caída del mundo socialista perplejos mil itantes
de izquierda se van volviendo pragmáticos y centristas.
Hasta aqu í , nada de especial . Todos tene mos el derecho
a cambiar, de pensar hoy y de actuar de form a diferente
que ayer. Y nadie que pase po r este cambio tiene por qué
esconderlo. Pero no puedo ente nder, porque la real idad
no me lo perm ite, que se justifiq ue el cambio diciendo que
las clases sociales han. desaparecido , o que se alteró la
esencia de los confl ictos no reconociendo el carácte r an
tagonista que las clases sociales les otorgaban . No puedo
ente nder que se acepte el ce ntro como nueva dirección
de la izquierda, que se vaya para el centro porque sería el
único lugar al que las fuerzas prog resistas podrían aspirar.
No acepto tampoco esa forma de fatalismo. Es como
si , para ser de izqu ierda fuese necesario pasar por el
centro ; para ser prog res ista se debiese hacer un apren
dizaje conservador.
Una cosa es pe rcibir que las clases popu lares se
hayan desi nteresado de los discursos ideológicos que
se extienden en em bestidas sin contenidos ; otra cosa
es deci r que las ideolog ías han m uerto . El desi nterés
de las mayorías populares por los anál isis ideológicos
no es suficiente para matar a las ideolog ías . El prop io
desi nterés es una ex presión de la ideolog ía : sólo ideo
lóg icamente se puede dar m uerte a las ideolog ías .
Los partidos de izq u ierda, convi rti éndose a la de
mocracia y dejando de ser partidos de cuadros, tienen
que converti rse en verdaderas organizaciones pedagó
gicas . Partidos a la altu ra de su tiempo , capaces de i n
ventar canales de com u n icación co n los despojados y
co n quienes se les unan .
47
El est i lo democrático de hacer pol ítica, sobre todo
en sociedades de fuerte trad ición autoritaria, demanda
asu m i r de fo rma co ncreta el g u sto por la l i bertad , por el
comprom iso co n el respeto al derecho de los otros , po r
la tolerancia como reg la de vida. Los parti dos de iz
q u ierda que se reco nocen en el esfuerzo del desve la
m iento de la verdad no pueden re n u nciar a su tarea
pri ncipal , que es crítico-ed u cativa.
En l ugar de co nverti rme en centrista y ganar even
tual mente el pod er, como prog resista prefiero abrazar
la pedagog ía dem ocrática y, s i n saber cuándo, alcanzar
con las clases el pod er para rei nve ntarl o.
Siem pre fue insoportable en las izquierdas su secta
rismo y dog matismo que las hacían cuasi "reli giosas",
prese ntándose como dueñas de la verdad , su exceso de
certezas, su autoritarismo , su comprensión mecanicista
de la H i storia y de la co nciencia. De ahí se derivaban la
falta de problematización del futu ro y la reducción de la
co nciencia a u n reflejo de la realidad exterior.
La desproblematización del futu ro y las relaciones me
cánicas conciencia/m u ndo sacudían fuertemente y hasta
negaban la natu raleza ética de la transformación del mun
do, pues no había otra posible opción por otros cami nos .
El futuro resultaba i nexorable y n o problemático. D e ah í el
desprecio por los trabajos pedagógicos aplazados para
después de la transformación i nfraestructura! . De ah í el re
chazo al sueño, a la utopía, como los pragmáticos actuales.
" ¿ B rasi l tiene arreg l o ?". Esa preg unta se me hace
co nstantem e nte y, de vez en cuando , la l l evo co n m igo a
la so m bra de este árbol . Respo ndo que s í . Sól amente
48
que tiene arreg lo en la med ida que nos decidamos a
forjarlo . N ingu na solución aparece de forma ocasional .
Las sociedades no se co nstituyen po r el azar de ser
esto o aquello, no tienen el desti no de ser poco serias o
ejemplos de hon radez . Las sociedades no so n , están
siendo lo que de e l las hacemos en la H i sto ria, como po
sibi l i dad . De ah í n uestra respo nsabi l idad ética.
Si la historia fuese un tiempo predeterm i n ado en
que cada presente fu ese necesariame nte el futuro es
perado ayer, as í co mo el mañana será lo que ya se sa
be , no habría espacio para la opción , la ru ptu ra. La l ucha
social se resu m i ría o bien en retrasar el futu ro i n exorable
o en ayudarlo a llegar. U na fo rma efi caz de retrasarlo
es rep rod uci r el presente con cam b ios cosm ét icos que
se hagan pasar por ex igencias de la modern idad .
La l ucha sería entre aquel los q u e , satisfechos en el
hoy, se esfuerzan por retrasar el futu ro lo máxi mo posi
ble, obstacu l i zar cualqu ier cambio sustantivo y, por otra
parte , aqu el los que explotados en la actu al idad , aspi ran
a u n a n u eva real idad .
El discu rso este reoti pado d e los satisfechos , en
cuanto táctica, i ncl uye aspectos verdaderos de la ac
tualidad dinámica de la sociedad que el los encuadran
en el horizonte de su ideo log ía. Apoyándose , po r ejem
plo, en un dato real como la discusión en torno al tama
ño del estado, defienden su ausencia cas i total o el pa
pe l de vi l gerente de los pod erosos .
De ah í la gloto nería co n que defienden la privatiza
ción de todo lo estatal que suponga ganancia, de ah í la
49
agresividad con que atacan a qu ien , au n defendiendo
una nueva co mprensión de las tareas y l ím ites del Estado,
se alza en co ntra de su reducción al papel de defensor
de los intereses de los ricos. Los luchadores de mocráticos
son llamados "viejos" sin "sentido " histórico , defensores
de situaciones antiguas que nada tienen que ve r con la
modernidad neoliberal . Al m ismo tiempo, los "modernos"
archivan una rig urosa reforma agraria si n la cual se es
trangula cualquier transformación seri a. N i nguna socie
dad capitalista moderna dejó de hacer su reforma agraria,
i ndispensable para la creación y manteni m iento de un
mercado interno. Por eso , en su opi nión, ya no se habla
de la refo rma agraria y no porque su proceso sea "un ar
caísmo" o "una falta de respeto a la propiedad privada".
U na vez en Africa me dijeron que u na form a cómoda
de captu rar macacos era preparar un lugar lo más natural
posible donde se pon ía un saco co n maíz debidamente
atado a un tronco. Los macacos se dejan prender porque,
después de llenar la mano de maíz , ya no lo sueltan . . . .
En l a co mprensión d e l a H isto ria co mo posibilidad , e l
mañana e s problemático. Para q u e acontezca e s nece
sario que lo co nstruyamos mediante la transformación
del hoy. Hay posibi l idades para diferentes "m añanas".
La l ucha ya no se red uce a retrasar lo que acontecerá o
aseg urar su l legada; es preciso reive ntar el m u ndo. La
ed ucación es i ndispensable en esta reinvención. Consi
derarnos como sujetos y objetos de la H isto ria nos hace
seres de la decisió n , de la ruptu ra. Seres éticos .
Aq u í está u na de las eq u i vocaciones de algu nos
postmodernos q u e , reconocie ndo en el n u evo tie m po
50
h istórico , inducido por el avance tecnológ ico, la exi
gencia de decisiones rápidas , apoyan la conve n iencia
actual de u na ped agog ía crítica, de valor estratégico
e n la formación de m uj e res y hom bres capaces de
constatar, comparar, optar y fi nalmente actuar. De he
cho la necesidad de decidir con rapidez forma parte
de las sociedades en que la i nfo rmación y la co m u n i
cación son m ucho m á s ace leradas. El problema fu n
damental de l o s centros de poder está en cómo pro
d uci r u na criticidad tan especializada q u e sólo decida
en favor de la verdad de los fuertes y opresores , ne
gando la ve rdad a los débil es . -
51
N EOL I BE RALES Y P ROG R E S I STAS
Desde el pu nto de vi sta del poder y de l a ideolog ía
neo l i beral , la pedagog ía crítica apenas tiene que ver
con la rapidez con que se resuelven problemas de natu
raleza téc nica o dificu ltad bu rocrática. Las cu estio nes
sociales y po l ítico-ideológ icas no i nteg ran el horizo nte
de las preocu paciones de la práctica edu cativa , co nsi
derada neutra por esencia. Esta característica debe
mantenerse en el entrenamiento y en la formación de
los jóve nes trabajadores necesitados de un saber técn i
co que l os cualifique para el m u ndo de la prod ucción .
Neol iberales y prog resistas estamos de acuerdo
con la exigencia actual que plantea la tecnolog ía. Te ne
mos divergencias frontales en la respuesta pedagógi
co-pol ítica que debe darse.
Para nosotros , prog resistas , no se puede pensar en
una preparación técn ica en sí m isma que no se preg u n
te e n favor d e qu é , d e q u i é n y contra qué s e trabaja.
Desde el pu nto de vista prag mático , desde el cual ya no
existe derec ha ni izqu ierda, i nteresa hacer a las perso
nas más com petentes para afro ntar las dificu ltades con
las que se encuentran .
U na de las diferencias fu ndamentales entre u n pro
gresista y un pragmático está en que lo estratégico pa
ra un pragm ático puede, en ci rcu nstancias especiales ,
ser considerado como táctico para u n prog resista y lo
estratég ico para éste es rechazado por el prag mático .
A pesar de las diferencias entre el siglo XIX y el mo
mento actual -q ue exigen más precisión en los métodos de
52
análisis , reformulaciones técnicas, producción de nuevos
saberes- no desapareció la dominación de la mayoría por
u nos pocos. Resalto la situación incómoda de los intelec
tuales del Tercer Mundo , que contemporáneamente con
los colegas del Primer Mundo, discuten con ellos la post
modernidad mientras conviven en sus países con la expo
liación desenfrenada de un capital ismo depend iente, per
verso y atrasado. El intelectual brasileño que afirma que el
tema fundamental de hoy no es el trabajo sino el ocio, l u
cha con una realidad en la que 33 millones de los 1 50 mi
llones de brasil e ños y brasileñas mueren de hambre . . .
L a revolución permanente y cada vez más rápida
de la tecnología, bal uarte del capitalismo en contra del
socialismo, alte ra la real idad socioeconómica y exige
nuevas fo rmas d e comprensión de los hechos sobre los
cuales se debe fu ndar la nueva acción pol ítica. Hoy ya
no es posible usar en áreas más mode rnas del Tercer
M u ndo tácticas pol íticas que fueron eficientes a med ia
dos de siglo y que ahora com ienzan a ser i neficaces.
Para m í, nunca ha sido tan necesario como ahora el
trabajo serio, la investigación meticu losa y la reflexión crí
tica en torno al poder dominante que conquista dimensio
nes crecientes. La actividad de los intelectuales progre
sistas no puede ser la de quien, reco nociendo la potencia
de los obstácu los, los considera i nsuperables. Esta sería
una posición fatalista, extraña a la tarea de los progresis
tas . Considerando los obstáculos como desafíos, la tarea
de éstos es buscar las respuestas adecuadas .
Ante el domin io sobre las i nformaciones, 9e la facili
dad co n que son ejecutadas y transmitidas a la red de
53
poder, no es d ifícil i m ag inar las desventajas de q uien
funciona en los extremos del circu ito . E l l i m itado poder
de q u ien trabajando co n soja en el Brasi l , no imagina
que las posibil idades de su prod ucción ya son co noci
das con gran antici pación en la Bolsa de Ch icago .
"Una de las principales implicaciones políticas de la
posesión y uso de tecnologías asociadas al sondaje re
moto y a sistemas geográficos de información es la ca
pacidad de hacer pre visiones respecto a situaciones
ambientales - "ambiente " entendido aquí como el subs
trato físico, histórico y socioeconómico generado por el
enfrentamiento dialéctico entre naturaleza y hombre.
Las citadas tecnologías permiten ejecutar, con pre
cisión cartográfica, en relación a fenómenos ambienta
les, la tarea de identificación, definición del lugar y área
del incidente, clasificación, e valuación y previsión, ge
nerando informaciones esenciales como apoyo a la de
cisión política-económica en cuanto al uso de los recur
sos ambientales.
Ese apoyo puede dirigirse directamente a constata
ciones hechas, en el caso de las cosechas agrícolas
pre vistas con la necesaria antelación, en cuanto a co
sechas buenas o mejores; en este caso, beneficios lu
crativos fabulosos en las bolsas de mercado pueden
generarse a partir del conocimiento anticipado.
(Carta del prof. Jorge Xavier da Si lva de la U F RJ ,
al autor. Río de Janeiro , 1 994) .
¿Y qué decir de las faci l idades de transferi r la fabri
cación de u n determ inado prod ucto de un área a otra
54
del m u ndo haciendo más vulnerables a los trabajado
res?. Su vu lnerabi lidad d ismi nuye la disposición para la
lucha. Es posible que, con la creciente g lobalización de
l a econom ía, en breve las huelgas en dete rm inados
sectores de la producción pierdan eficacia.
Todo esto y m ucho m ás robustece el poder de do
m inio de unos pocos sobre m uchos y hace su l ucha de
clases extremadamente d ifíci l . Reconocer la situación
cuasi trágica de n uestro tiempo no sign ifica, para m í,
sin embargo, la rendició n . La lucha de los hom bres y
l as m ujeres puede ser obstaculizada, l a victoria puede
retrasarse, pero no supri m i rse.
En l ugar del fatal ismo i nmovi li sta, propo ngo u n críti
co optim ismo que nos implique en la lucha por u n saber
que, al servicio de los explotados, esté a la altura del
tiempo actual .
Al hablar con tan gran esperanza de la posibilidad
de cambiar el m u ndo , no quiero dar la i m presión de ser
un pedagogo l írico o ingenuo. Al hablar de esta forma,
n o desconozco lo d ifícil que se hace , cada vez más , i m
pl icarse a favor de l o s opri m idos, d e aq uel los a quienes
se les i mpide ser. Recon ozco los e normes obstáculos
que el "nuevo orden" i m pone a sectores m ás frágiles
del m u ndo , así como a sus intelectuales , obstácu los
que inducen hacia posiciones fatalistas ante la concen
tración de poder.
Reconozco la realidad . Reconozco los obstáculos,
pero rechazo acomodarme en silencio o si mplemente
ser el eco vacío, avergonzado o cínico del discurso do
m i nante . Siempre me llamó la atención la posición qui-
55
jotesca de Berenger que, desde el i n icio, se opuso a
sus co mpañeros que, de u no en u no , se iban transfor
mando en rinocerontes , a pesar de sus adve rtencias
Ma Carabine, Ma Carabine!
Contre tout le monde, je me
defendrai ! Je sui le dernier
homme, je fe resterai jusqu 'au
bout!. Je ne capitule pas !.
( E ugéne lonesco , R h inoce ros .
Editions Gal l i m ard , 1 959, Paris . p . 246)6
Yo me complazco en ser persona a causa de mi
respo nsabil idad ética y pol ítica en el m u ndo y con los
otros . No puedo ser si los otros no son ; sobre todo no
puedo ser si proh ibo q u e los otros sean . Soy un ser h u
mano. Soy u n hom bre y no u n ri noce ronte como grita
Berenger en la excele nte obra de lonesco .
6 " ¡ M i carabina, Mi carabina ! .Contra todo el mundo , yo me defenderé. Yo
soy el ú ltimo hombre, lo seré hasta el final . Yo no me rindo .
56
G ESTION D EM OC RAT I CA.
Cuando Lula7 afi rma que hoy es mejor u n acuerdo
en torno a la necesaria reforma agraria que una ley po
co discutida, no sig nifica que para él dismin uya la u r
gencia de esa l ucha, n i que use piel de cord ero en
cuerpo de lobo que, vo raz, se sitúa al acecho.
Lula sabe -ahora m ucho m ás que el pro medio de
los l íderes de izquie rda de ayer y los representantes de
cierta izqu ierda superada hoy- que existe un leng uaje
con posibilidad histórica, ni más aq u í ni m ás allá de de
term i n adas posibilidades.
Al contrario de lo que piensan los i rresponsables, el
lenguaje de quien se i nserta en una realidad contradic
toria, e mpujado por el sueño de h acerla me nos perver
sa, es el lenguaje de la posibil idad . Es el lenguaje co
med ido de q u ien l ucha por su utopía de u n a fo rma
i m pacie nte mente paciente . No es el lenguaje de qu ien
h ace alarde de u n pode r que no tiene amenazado a
Dios y al m u ndo. Es el habla de quien , seg u ro del rigor
ético de su l ucha y de su sueño contra la pervers idad
de una sociedad desigu al co mo la nuestra, hace todo lo
que puede para movi lizar y organizar a las clases popu
lares y a otros seg me ntos sociales para que democráti
camente se instaure un gobierno m ás justo . Gobierno
cuyo partido acepta la alternancia democrática y, por
eso , se e ncuentra continuamente expuesto al j u icio po-
7 Candidato en las elecciones presidenciales de 1 989 frente a Fernando
Collor de Mello y posteriormente en 1 994 frente a Fernando Henrique Car
doso. (Ver más información en Nota nº 9 ) .
57
pular. Esa posición demanda un fu ndame ntal aprendi
zaje: el de la hum;fdad que exigie ndo n uestro respeto a
un vered icto pop ular adverso , no puede aceptar que
n u estra utopía dem ocrática sea eq u ivocada.
En verdad , si hace mos todo lo posible para demo
cratizar la escuela desde el pu nto de vista de la canti
dad y de la cal idad , estaremos seg u ros en n u estra op
ción prog res ista , no i m porta si gan aremos o no en la
próx i mas eleccion es . E l hecho de no haber co nseg u ido
un apoyo a n uestra propuesta en el terreno g lobal de
la vida públ ica, de la sal u d , de la educación y de la cul
tu ra no i nval ida n u estro sueño dem ocrático . No puedo
hacer el iti sta mi manera de entender el m u ndo sólo
po rque fu i derrotado en u n a elecció n d_emocrática ; pre
ciso co nti n uar la lucha por una mayor pe rfecció n y de
mocratización de las i n st ituciones de la sociedad . No
puedo tam poco si mplemente res ponsabilizar a la gente
c u l pándola por n o sabe r votar o acusarl a de i ngrata.
Debo identificar la prese ncia de la ideolog ía del poder y
el poder de esa ideolog ía y la i n experie ncia de mocráti
ca en raízada en n uestra trad iciones. Por ejemplo, es
co mo si después de la derrota del senador Edu ardo
S u pl icy del Partido de l os Trabaj adores ( PT) en la el ec
ción a la p refectu ra de Sao Pau l o , después del gobier
no de Lu iza Eru ndi na, aceptáse mos u n a de las si
g u ientes pos iciones :
-nu estro sueño pol ítico en favo r de una sociedad me
nos perve rsa ya no tiene sentido.
-nuestro empeño en el gobierno de Eru ndina estuvo
eq u ivocado.
-el pueblo no sabe votar po rque no escog ió al candi
dato del P.T.
58
N i ngu na de estas posiciones es co rrecta. Debo deci r
que el esfuerzo q u e hici mos al frente de la Secretaría
M u n ici pal de Educación en la gestión de Eru ndi na
( 1 989- 1 992) fue pol íticame nte correcto, democrático y
científicame nte fu ndam entado. No te nemos po r q u é
arrepe nti rnos d e l a reforma adm inistrativa q u e hici m os
en la secretaría, descentral izando las decisiones y sin
lo cual sería menos fácil i ncrementar las formas demo
cráticas de actuació n .
Estructu ras ad m i n i strativas a l serv1c10 d e l poder
central izado no favorecen los proced i m ientos democrá
ticos. U n a de las fu nciones de los l iderazgos de mocráti
cos es , precisamente , superar los esqu emas autorita
rios y propiciar toma de decis iones de natu raleza
dialóg ica. El centralismo brasi leño co ntra el que tanto
luchó Anisio Teixeira, manifi esta nu estras trad iciones
autoritarias y las al ime nta. (Ver Nota 6) .
Tampoco tenemos por q ué arrepe nti rnos de las acti
vidades en el cam po de la formación permanente del
profesorado, basados en la reflexión crítica sobre la
práctica, que contó con i m po rtante contribución de las
profeso ras y profesores de la Pontificia U n iversidad Ca
tólica de Sao Pau lo , de la U niversidad Estatal de Cam
piñas y de la U n iversidad de Sao Pau lo. Contribución a
la que se sumó la de la profesora Madalena Weffo rt ,
u na de las más respetadas especial istas en este campo .
Un mayor n ivel de calidad de n uestra educación pa
sa por el respeto a los educadores y ed ucadoras me
diante u na i mpo rtante mejora de sus salarios , po r su
formación permanente y una reformulación de los cu rsos
59
de magisterio. Todo eso i mpl ica la indispensable partici
pación de las u nive rsidades brasileñas , ya que la tarea
formadora no se restringe a las Facu ltades de Educa
ción. Fue lo que hice con mi eq u ipo , cuando era secre
tario de la Educación en la ciudad de Sao Paulo. H ablé
ampl iamente con los rectores de la PUC, U n icamp, y
USP y después fi rmamos co nven ios. Contamos con l a
ayuda de l i ngü istas , ed ucadores de arte, profesores d e
lengua portuguesa, físicos, matemáticos, especialistas
en info rm ática, filósofos, especial istas en teoría del cu
rrículu m , e n educación sexual . E n este ámbito , destaca
el excele nte trabajo de M arta Suplicy y del g rupo de
Trabajo e I nvestigación en Orientación Sexual (GT
POS) . No fue u na casualid ad que, e n l a ad min istración
de Eru n d i na, lográsemos superar los índices de resul
tados de toda u na década.
Uno de los problemas cruciales de la educación
brasi leña -de form a erró nea llamado abandono esco
lar, más exactamente expulsión de la escuela- es pol íti
co-ideológico . Su sol u ción pasa por la fo rmación del
educador e impl ica una co mprensión pol ítica e ideológi
ca del leng uaje que lo capacite para entender el carác
ter de clase del leng u aje. Los alarmantes índices de
suspe nsos en los g rupos de alfabetización se relacio
nan con la falta de preparación científica de los ed uca
dores y ed ucadoras y tambié n , con la ideolog ía el itista
que discri m i na a los n iños y ni ñas de las clases popula
res. De ahí se explica, en parte , la falta de atención de la
escuela por la identidad cultural de los educandos, la
falta de respeto por la si ntaxis popular, la casi nu la
atención a los co noci mie ntos realizados por la expe
riencia que los educandos posee n co mo bagaje.
60
En la med ida en que la pedagog ía de la preg u nta
se afi rm aba ante la pedagogía de la respuesta, en la
med ida en que las cuestiones en torno al cuerpo eran
respondidas por el programa de Orie ntación Sexual , se
notaba en n uestros ed ucandos u na mayor dese nvoltu ra.
El conocim iento más crítico del cuerpo consciente y la
experiencia en el manejo de la preg u nta est i m u laban el
desarrollo de la curiosidad eplstemológ ica.
No te nemos po r qué arrepenti rnos de la fo rma de
mocrática de gestio nar la secretaría a través de grupos
colegiados, entre los cu ales era fundame ntal el Conse
jo Escolar, de carácte r deli be rativo y no só lo co nsultivo .
No te nemos por qué arrepe ntirnos de n uestra insistencia
para que la escuela públ ica se hiciese popu lar y demo
crática, esto es, menos autoritari a y el itista. No te ne
mos por qué arrepenti rnos del haber trabajado la reo
rientació n del proceso curricu l ar. No te ne mos por qué
arrepenti rnos de los se min arios de evaluación y de la
formación de los eq uipos técn icos de los núcleos de
Acción Ed ucativa co n vig i l antes y otros trabajado res de
la escuelas de la Red . No te nemos po r qué discu lpar
nos de las asambleas populares en las que discutía
mos n u estras propuestas y acciones.
¿Cómo cu lpabi l izarnos por haber o rgan izado sem i
narios de eval uación i m pl icando a escuelas d e áreas
d ife rentes y dos co ng resos de ed ucació n m u n icipal co n
extrao rd i n aria participaci ón de toda la Red de centros ?.
(Ver nota 7) .
Finalmente , ¿ por qué d iscu l parnos del Primer Con
greso de Alfabetización de Ad u ltos?. Congreso en que
61
el los tuviero n derecho a expresarse y donde n o sólo se
habló sobre ell os. (Ver nota 8) .
Sin humi ldad se hace difícil realizar tal prog rama. E l
aprendizaje de otra virtud s e impone: l a perseverancia,
tenacidad con que debemos l uchar por nuestro sueño.
No podemos desistir ante los primeros embates, sino
aprender a partir de ellos para equivocarnos menos. En
la existencia de u na persona, cinco, diez, vei nte años
representan algo, a veces m ucho , pero no en la historia
.de u na nación .
S i somos prog resistas, s i tenemos m ás experiencia
de oposición que de gobierno, necesitamos tener pre
sente que , en un momento histórico como el nuestro ,
es más fácil ganar las elecciones q u e gobernar. Al re
accionar enérgicamente contra las acusaciones d ifa
madoras, no nos permitamos asumir el mismo lenguaje
menti roso usado contra nosotros.
Precisamos también vigilar con rigor ético n uestro
derecho y n uestro deber de hablar sobre cómo gober
n aremos, evitar promesas de mag ógicas o sueños i m
posibles. Si para ganar una elección yo tuviese que ha
cer u na pro m esa menti rosa, mejor sería perder y
continuar en mi militancia ped agógico-pol ítica, perseve
rando en mi posición ética.
Es fundamental no ceder a la tentación de que los fi
nes j u stifican los medios, hace r acuerdos espúreos
con fuerzas antagón icas . Si soy prog resista no puedo
u n i r mis fue rzas a las de quie n niega el derecho a ha
blar a las clases populares. Se impone la coal ición e n
tre fuerzas que, incluso d iferentes, no sean antagóni-
62
cas y co n las cuales se puede co m partir la respo nsabi
l i dad de gobernar.
Es u na necesidad i m periosa q ue m i d iscurso de
candidato no sea traicionado por mi práctica u na vez
eleg ido. Es preciso no transmiti r al electorado la idea
de que cambiar es fácil ; cam biar es difícil pe ro posible.
Debemos insisti r sobre la pos ibi l idad de cam biar a pesar
de las d ificu ltades .
La cuestión está en có mo transformar las d ificu lta
des en posibi l idades . Por esto , en la lu cha por cambiar,
no podemos ser ni sólo pacientes ni sólo i mpacientes , si
no pacie ntemente i mpacientes . La paciencia i l i m itada,
que jamás se inquieta , term ina po r i n movi l izar la prácti
ca transfo rmadora. Lo m ismo ocu rre co n la i m paciencia
vol u ntarista, q ue ex ige el resu ltado in med iato de la ac
ció n , incluso cuando todavía la pl antea.
Los mecan icistas ,· los puros i m pacie ntes , ni egan la
.
dialéctica aunque se l lamen dialécticos. El cam ino está
en la dosis entre i mpaciencia y paciencia. No se cambia
el m u ndo con l a exclusión de u na o de otra , se precisa
de am bas .
El impaciente total apuesta excl usivamente en su
vol u ntad y en su decis ión de l uch ar, no tiene en co nsi
deración la fuerza del co ntrario , los med ios con los que
cue nta para la l ucha. El paciente absol uto no valora la
razón de ser de la l ucha n i su derecho a el la, tiende a
transfe ri r a Dios la solución de los desórdenes h uma
nos. Por cam i nos diferentes , ambos refuerzan el poder
de los i nj ustos. Esta es la posición de ciertos rel ig iosos
que dicotom izan mundanidad de transcenden talidad.
63
C uanto más se co nsidera el m undo co mo u n valle de
lágrimas en que, orando y perdo nando l as ofensas que
nos hacen, ganaremos mañana el cielo, tanto más
n uestra vida aqu í será u n medio eficaz de purgar nu es
tras cu lpas. Es muy fáci l para quien gana, co me, se vis
te, escucha m úsica, viaja, tie ne prestigio social , ped ir
paciencia a quien se le n iega todo eso .
No estoy en contra de la oración y me opongo a que el
Estado ejerza el absurdo poder de supri mir cultos, igle
sias, silencie voces e imponga comportamientos. Pero
también rechazo esa forma alienadora de hacer religión.
La oración que el creye nte debe hacer, en mi opinión , es
aquella en que se pide a Dios fuerza y coraje para luchar
con den uedo con vistas a superar las i njusticias.
Siempre oré pidiendo a Dios que aumentase m i dis
posición para la l ucha contra las ofe nsas que los pode
rosos hacen a los oprimidos. Siempre oré para que la
flaqueza de los ofendidos se transformase en fuerza
con la que, finalmente , vencer el poder de los sober
bios. Jamás pedi ría a Dios que castigase a los vil ipe n
diados que se rebel asen con justa ira co ntra la maldad
sin l ím ites de los ávidos. Siempre divisé en la profu ndi
dad del co raje de los renegados , i ncluso no siempre
muy transparente , su capacidad de amar, i nd ispensable
para la restauración de la justicia. En fi n, los oprimidos no
inaugu raron la opresión ni los desamados i n iciaron el
desamor; éstos son el blanco primero de la acción de
oprimir y desamar.
El comportamiento religioso al ienado ayuda a la ex
plotación que hacen los ricos. Refuerza el discu rso de
64
aquel reaccion ari o , relig iosamente i nd iferente , que con
las manos cri spadas , acusa a los "i nvasores de la tie
rra, i nstigados po r subversivos profesionales que ofen
den el derec ho de propiedad y amenazan la paz que
necesita la sociedad". E l autor de estas acusaciones no
habla de lo que representa el derec ho ag rario en Brasi l .
No s e refi ere a l po rcentaje d e los q u e tie nen tierras , e n
com paración d e los q u e n o tie nen nada. No d ice ¡ "qué
horror" ! delante de fam i l i as desespe radas que comen
basura de los hospitales , trozos de senos amputados , o
restos de co mida en los bas u reros "san itarios" de los
centros urbanos.
Es ge nte que n i ape nas ti ene sensibil idad al saber
que hay decenas de mil lones de brasi leños muriendo de
hambre, antes al contrario acusa a los hambrientos de
i ndolencia e incompetencia. Pertenece n a ese grupo al
gu nos ejemplos más sensibles , que delante de las reivin
dicaciones popu lares preg u ntan inqu ietos: "¿ Qué sería
de la caridad de mi mujer, si se hiciese j usticia social ?".
Necesitamos derrotar democráticame nte a ge nte
como ésta que pie nsa primero en sí m isma y en seg u n
do lugar también en sí y n u nca en los otros , sobre todo
si éstos pe rtenecen a las clases popu lares.
65
E X P E R I ENC IAS D E L EX I LIO
Un d ía, al tener prohibido estar en Brasil , me vi lejos
de mi tierra.
Hasta 1 960, más allá de Recite, yo conocía pocas ciu
dades de Pernambuco, había ido, en ocasiones, a Río, Sao
Paulo, Florianópolis, y Porto Alegre. En el año anterior al
Golpe militar había estado en casi todas las capitales brasi
leñas. Me acuerdo cómo, de Norte a Sur, las ciudades esta
ban despiertas, inquietas soñando con reformas básicas
que todavía no se han producido. Me acuerdo de la inconti
nencia verbal de gran parte de las izquierdas brasileñas
con que se otorgaban a sí mismas la impresión de un poder
que no tenían y con lo que, asustando a la derecha la hacían
fortalecerse y prepararse para desatar el Golpe de 1 964.
Con frecuencia en n uestra lucha por la justicia, des
cuidando el conoci miento más riguroso de los seres hu
manos, despreciando el poder de los que dominan , des
conociendo la presencia del opresor introyectada en los
oprimidos, nos vemos sorprendidos con el exi lio. Un es
pacio de tiempo por el que no optamos y al que llegamos
marcados por el susto, la rabia, el miedo, los sufri mientos,
las nostalgias anticipadas, el amor, la esperanza destro
zada pero también con esperanzas, aunque tímidas, que
nos an uncian la vuelta. Voluntad y necesidad de restaurar
en nuestro ser, nuestro sueño hecho añicos.
El exilio no debería ser un tiempo de pura nostalgia ni
un paréntesis sin referencia a un mañana de regreso. En
cuanto tiempo de revisión y de formación , el exilio se impo
nía a quien pretend ía volver como si jamás hubiese salido.
66
I ncluso para quien resuelve pronto sus problemas
de su pervivencia, el exilio no es sólo u n tiempo que se
vive , sino un tiempo que se sufre. No es posi ble sufri r
ese tiempo sin vivi rlo, pero sólo cu ando se vive el tiem
po en la experiencia existe ncial , puede ser sufrido . Por
ello sólo l as m ujeres y los hombres se exi lian .
N u nca me olvido de la frase del entonces presiden
te de Guinea Bissau , Lu is Cabral , durante un viaje en
helicóptero del i nterior hacia la capital . M irando las ma
tas y viendo a algú n ave recortar el cielo , dijo, como si
exclamase : "Espero , camarada Pau lo, que e n breve ,
n uestros animales vu elvan del exilio".
Hablaba metafóricamente . Amenazados por la gue
rra, los ani males de Gui nea, cambiaban de nicho ecoló
g ico . N inguno de e llos programó el retorno , n i nguno su
frió s u distanciamiento desde el punto de vista h umano.
Sufrir el exilio es más que reconocer su realidad . Es
asumirlo con todo el d olor que eso orig ina; sólamente
como exil iado o exil iada u n o se prepara para la vuelta.
Sufrir el exi lio es asumir el drama de la ruptura que ca
racteriza la experiencia de existir en u n a situación de
préstamo. Sufro mi exilio al l uchar mejor con las dificul
tades provocadas por l a imposibilidad de volver a mis
orígenes ; al resolver las contradiccio nes entre el pre
sente que vivo en un espacio en que no viví el pasado,
y el futuro a construir en u n espacio i n cierto .
Sufrir el exilio impl ica reconocer que se abandonó
el contexto de origen , sig n ifica experi mentar l a amargu
ra, la claridad de algo nublad o e n el que es necesario
moverse con acierto.
67
No se s ufre el exil i o cuando él es sólo dolor y pe
s i m ismo . No se sufre el exilio cuando él es sólo ra
zón . Sufro el exi l i o c u ando mi cuerpo con sciente , ra
zón y se nti m i e ntos , mi c u e rpo e nte ro se siente po r él
afectado . De esta fo rm a n o soy ú nicamente lamento,
s i no proyecto . No vivo sólo en el pasado sino que
existo en el presente preparándome para u n posi ble
regreso.
Existe n , por tanto , exi liados amargados que jamás
perciben cualquier señal de reg reso . En su lamentación
permanente n o se ocupan de forma auténtica de la si
tuación de provisionalidad , de la que se derivaría la po
sibilidad de u n a preocupación con su lugar de origen, ni
sueñan d e forma correcta con su regreso. Se lamentan
tanto en el exilio que no consiguen soportarlo.
Conocí a exiliados que, amargados , tristes, se man
tuvieron fieles a su sueño pol ítico por e l que fuero n se
parados de sus raíces. No recuerdo ni siquiera a uno
que se h ubiese arrepentido de la utopía por la cual luchó
y terminó en e l exilio.
Existen también los opti mistas ingenuos que todas
l as semanas marcan el d ía de regreso , con la caída del
régimen opresor. El d ía señalad o pasa y los ingenuos,
sin casi darse cuenta, marcan un nuevo d ía que de
nuevo no llega. Y el los continúan con el miedo de asumir
fa verdadera realidad .
Hay algo que s e nota, a veces fácilmente , en las cir
cunstancias del exilio: cómo las virtudes y defectos son
sublimados. En cuanto situ ación l ím ite, el exilio nos
provoca. Es imposible pasar por él si n ser sometidos a
68
prueba en nuestra capacidad de amar, de te ner rabia,
en nuestra sol idaridad o flaqueza, en n uestra capaci
dad de tolerar a los d ife rentes , de escuch arlos , de res
petarl os .
Conocí a ex il iados que se consideraban superiores .
Era co mo si fuese n seres especi ales para cumplir mi
siones casi imposibles que los encu mbraban por enci ma
de los que quedan en la cotidianidad mediocre de su
contexto de origen . Se sent ían , entonces , acreedo res
de un ete rno agradecim iento de los que ni siquiera ima
gi naban que l uchaban por su libertad .
En u n a ocasión en G i nebra, un ex i l i ado m e dijo
q u e , en Brasi l , había experi me ntado la sensación de
se nti rse u n escog ido cuand o , e n la clandesti n idad , pa
seando por la tarde en u n a cal le llena de gente se d ijo
a si m i s mo : " Pobres hombres y m uj e res, poco co no
cen de su co ndición de explotados y no se i m ag i nan
que yo aq u í , de i ncóg nito , soy su salvador". Escu
chándose en tal discurso , él reto rnó a su m u nd o . P idió
perdón al pueblo por pensar de fo rma tan abs urda y
se l i bró de la arrogancia que podría h abe r asu m ido en
e l ex i l io .
U n a d e las cosas e n que los exiliados, sobre todo
los que se j u zgan escog idos , raram e nte piensan , es
q u e hay un ex i l i o a veces tan d ifíc i l co m o el suyo : el
exi l i o de q u ien se q u ed a. No resu lta n ada ag rad able
el exi l i o de los que se q u edan o po rq u e no pud ieron
dejar el país o porq ue se negaro n h e roicame nte a se
pararse de su tierra , de su cultu ra. La i nseg uridad en la
q u e viven , las noches d u rm i endo mal ; los sobresaltos
69
cuando u n coche frena e n el entorno veci nal ; la pre
sencia casi seg u ra en u n a clase u n ivers itari a de u n
age nte d isfrazado a l servicio d e la repres ión ; e l ma
lestar de sentirse i n h ibido, obligado a hablar "med i as
verdades". Y ¿qué deci r de la i nseg u ridad d e esa me
d ia-l ibertad cuando, de cuchicheo e n cuchicheo, se
sabe q u e , con la caída de otro compañero , e l ce rco se
va estrechand o ? .
Por todo eso, a l pensar en los "exiliados i nteriores" es
preciso reconocer algo a ellos y a ellas: regresamos mu
cho más como consecuencia de su lucha que debido a
n uestras protestas. Es innegable el papel de aquellos
que, fuera del país, denunciaron la represión ; sería sin
embargo un error primario enfatizar sólamente la impor
tancia de los que, desde el exterior, se opusieron al silen
cio impuesto por la dictadura.
Se equ ivocarían los exi l i ados que, de vuelta al Bra
sil, pretendiesen de una forma arrogante ser profesores
de los que que permanecieron en lugar de re-aprender
de nuevo con ellos Bras i l .
E n m i caso , m e esforcé p o r compre nder, en la pers
pectiva de q u ien llegaba de fuera, los análisis hechos
sobre el país por los que permanecieron en él. Compa
raba la lectura que había hecho desde la d i stancia, con
la de q u i e n , cerca y sin ruptu ras , la hacía del mismo
co ntexto tom ado como texto. E n este re-aprendi zaje
del Bras i l fueron muy i mportantes m is experiencias co
mo exiliado : los encue ntros con otros exil iados, brasile
ños o no ; las experiencias a lo largo del mundo, escritas
en Pedagogía da Esperan9a.
70
Cada exiliado reacciona, sufre, crece , supera las difi
cultades de forma diferente. Cada exiliado experimenta
el exilio a su manera. Sólo u na cosa es igual para todos :
encontrarse en una situación de prestado . La forma como
ahí existen y com o se enfrentan con el desarraigo de
pende de una serie de factores internos y externos a la
persona del exiliado: su opción pol ítica más o menos cla
ra; su coherencia entre su discu rso progresista y u na
práctica a veces reticente; la capacidad de educar su
añoranza de forma que no se prolong ue en nostalgia.
Conocí personas exiliadas que prácticamente se in
movilizaron, que no consegu ían sobrevivir lejos de su
mundo más que hacie ndo girar en torno del sueño del
regreso todo su cuerpo , sus senti m ientos, miedos, de
seos, razón . Era como si hacer perfectos discursos so
bre al regreso, con investig aciones sobre los signos y los
peligros de volver, ya fuera regresar un poco. Los proble
mas existenciales que los hacían sufrir lejos del Brasil
eran mitigados y suavizados en esos discursos. En l as
conversaciones casi delirantes sobre el regreso, yo perci
bí cómo se iba haciendo cada vez más inviable su per
manencia en el exilio. Lo que negaban , sin embargo, no
era el país en que se hallaban , era la ci rcunstancia en la
que se encontraban. Era el exi lio mismo el que les prohi
bía ejercer el derecho más elemental : regresar a casa.
Para los exiliados que se enfrentaban bien con la tensión
que la prohibición del regreso implica, escuchar ese dis
curso nostálgico i mplicaba un problema: por una parte
no pod ían apoyar análisis irreales de los compañeros;
por otra parte no consideraban adecuado desencantar
les de tal situación .
71
Era necesario encontrar caminos a través de los que,
estando en desacuerdo con el diagnóstico ingenuamente
optimista, no se dejase manifiesta la inviabi lidiad de un
regreso e n aquel momento . El camino era ayudarlos a
asumir el exilio como una situación-límite inevitable. Ayu
darles a superar el estado en que se encontraban: se an
gustiaban tanto en el exil io que no se permitían sufrirlo.
Hubo una ocasión , d u rante mi exi lio, en que probé
la amarg u ra de la desesperación que siempre había
ahuyentado de m í. Se m ultiplicaban las noticias sobre
el progreso de la lucha interna en el Brasil a favor de la
am nistía, del regreso de los exil iados . La "apertura de
mocrática" avanzaba y con ella, hasta cierto punto,
n uestro regreso se hacía evidente . Era cuestión de más
o me nos d ías. Si anteriormente , en términos críticos, el
regreso resu ltaba inviable, por aquel e nto nces, al con
trario, y a era casi seg uro. Si antes no podía ni debía
entregarme al desánimo ante la imposibil idad del regre
so, ahora, acuciado por l a casi segu ridad de volver a
casa, se hacía demasiado difícil admitir que el reen
cuentro con m i m u ndo no pudiese darse . Liberada mi
nostalgia, me hacía más vulnerable.
Era u n d ía de ju nio de 1 979, si mi memoria no me fa
lla. Estaba en casa por la mañana cuando sonó el telé
fono. Un periodista brasileño, de París, me pregu ntaba si
ya sabía que m i nom bre estaba e n una lista, publicada
por el M i nisterio de Asu ntos Exteriores de Brasil, con
los d iez brasileños a quienes se les prohibía regresar.
Diez m i nutos después, desde Berna, la Radio Nacional
Su iza me hacía la misma preg u nta pidiéndome que ha
blase sobre mi reacción .
72
Con emoción indescifrable, d ije que precisaba antes
reci bir la confi rmación de la noticia. Temía las conse
cuencias adversas de pro n u nciarme sobre un caso sin la
ce rteza de estar i mpl icado en é l .
M i sensació n era m ás o me nos la de una perso na
que cam i nando por el l l ano , de repe nte se encu entra al
borde un abismo, o la de q u ien después de un re ñ ido
co m bate con las olas , m uere de madrugada en la playa.
N u nca había sentido tanto la frag i l idad de q u i en sufre el
desarraigo .
Días después, recibí dos recortes de periód icos
brasi leños. U n o que ponía mi nom bre al lado de nueve
más "no amnistiables" , co mo Luis Carlos Prestes , M i
guel Arraes , Leo nel Brizola, Márc io More i ra Alves . En
otra noticia, el portavoz del Planalto desautorizaba la
i nfo rmaci ó n . Recobré el án imo. En los pri meros días de
agosto de 1 979 aterrizábamos en el aeropuerto de Vi ra
copos ; E lza, m i pri mera m ujer y n uestros dos hijos Joa
q u i m y Lutgardes. E l reto rno defi n itivo se dio en ju nio
del año siguiente .
"¿Tuvo problemas con el gobierno brasileño?" , me
preg u ntó de una forma del icada el po licía co n mi pasa
po rte en su mano . "Tengo", respondí de u n a forma tran
q u i la, sin arrogancia. Con una son risa simpática otro po
licía se aproxi mó con uno de m is l lbros. Ente ndí su gesto
y firmé u n autógrafo . Pasamos el co ntrol de pasaportes .
Term inaba de hecho y de derec ho u n exi l i o para el que
había sal ido con 43 años y del que reg resaba con 58 .
¿Volvía viejo?. No. Regresa vivo , mad u ro, probado
po r d ife rentes mome ntos. Reg resaba esperanzado ,
73
dispuesto a entender de n u evo Brasil, a participar en
las luchas a favor de la democracia, de la escuela públi
ca que se fuese hacie ndo popu lar, menos el itista, más
crítica, más abierta. Regresaba jove n , a pesar de la
apariencia, de la barba blanca y de la escasez de pelo.
E n 1 995 a los 74 años continúo si ntiéndome j ove n ,
reh usando , no por van idad o p o r n o revelar mi edad, los
privilegios que la tercera edad d isfruta, por ejemplo , en
los aeropuertos .
Los criterios de evaluación de la edad , de la juventud
o de la vejez no pueden ser los del calendario. Nad ie es
viejo sólo porque nació hace mucho tiem po o joven por
que nació hace poco . Somos viejos o jóven es much o
más en función d e cómo entendemos el m u nd o , de l a
disponibilidad con que nos dedicamos cu riosos a l sa
ber, cuya conquista jamás n os cansa y cuyo descubri
miento jamás nos deja pasivamente satisfechos. So
mos jóvenes o viejos m ucho más en función de la
vivacidad , de la esperanza con la que estamos siempre
dispuestos a comenzar todo de nuevo y si lo q u e hace
mos continúa encarnando n uestro sue ñ o , sueño ética
mente vál ido y pol íticamente necesario. Somos jóvenes
o viejos si nos inclinamos o no a aceptar el cambio como
señal de vida y la paralización como señal de m ue rte.
Somos jóvenes en la medida que luchando vamos
superando n uestros prej uicios. Somos viejos si, a pesar
de te ner sólo 22 años, de fo rma arrogante desprecia
mos a los otros y al m u ndo. Vamos sie ndo viejos en la
medida en que, de forma desapercibida, rehusamos la
n ovedad con el argu mento de que "e n mi tiempo era
74
mejor". E l mejor tie m po para el joven de 22 o de 70
años es el tiempo que se vive. Es viviendo el tie m po de
la forma que mejor pueda, com o vivo joven.
Vivi r profu ndamente los problemas en los que la ex
periencia social n os coloca y asu mir la d ramatización
de rei nve ntar el m u nd o , son cami nos de juventu d . En
vejecem os cuando , reco nociendo la i mportancia que
tenemos en nu estro ento rno, pensamos que el l a se de
be a nosotros mismos y que ella se organiza en nosotros
y no a través de las relaciones entre nosotros, los otros
y el m u ndo.
El orgullo y la autosuficiencia nos envejecen ; sól a
mente en la h u mildad me abro a l a convivencia a la que
ayudo y por la que soy ayudado. No me realizo solo , ni
tampoco realizo las cosas solo. Me realizo con los otros
y con ellos hago las cosas.
Cuanta más juventud tenga el ed ucador y l a ed uca
dora tanta m ás posibilidad tendrá de com un icarse con la
juventud , con quien por una parte se ayuda a m ante
nerse joven y a qu ien , por otra parte , se le ayuda a no
perder la juventud .
No es posible la vejez, e n el sentido expresado e n
este trabajo, s i n o la juventud , para reconstru ir el m u n
do. El ideal , si n embargo, se da cuando se e ntrelaza la
dispon ibil idad de la j uventud del joven con la sabiduría
acu m u lada del "viejo" que se mantiene joven.
Somos falsamente jóvenes cuando asu mi mos una
postu ra irresponsable ante el riesgo. Cuando nos
arriesgamos por el puro gusto del riesgo. El riesgo sólo
75
tiene sentido cuando lo corro por u n a razón valiosa, un
ideal , u n sueño más allá del propio riesgo .
Existe u n a forma horrible d e envejecer: oponerse a
los necesarios cambios pol íticos, económicos y socia
les s i n los cuales n o se superan las injusticias . Pero n o
hay j uve ntud q u e no e nvejezca rápidamente en la tenta
tiva imposible de parar la historia, que es el reacciona
rismo. Reacción y juventud son tan i ncom patibles com o
defender la vida con miedo a l a libertad , u n a forma de
negar la vida.
¿Cómo mante nernos jóven es si proclamamos que
los pobres son perezosos y que en la i ndolenci a está la
razón de su pobreza?. ¿Cómo mantenernos jóven es si
discri mi namos a los negros, a las mujeres , a los homo
sexuales, a los trabajado res ?. La preservación de la ju
ventud es u n proceso exigente. N o tolera i ncoheren
cias. No es posible ser al mismo tiempo joven y racista,
joven y machista, joven y explotador.
Si es posible a la vejez volverse joven y a la juventud
tornarse viejo, si el joven de 22 años que envejeció puede re
cuperarse y rejuvenecer, el joven de 65 años puede, repen
tinamente, renunciar a la juventud y, trágicamente, en
vejecer. Cambia la belleza por la fealdad y rechaza su
discurso y acción anterior. Deserta del sueño, sepulta la uto
pía y conserva lo que debía ser cambiado de forma radical .
El conservad u rismo es incompatible con la j uven
tud . N o s e conserva l o que tiene vigencia; lo q u e e s vi
ge nte pe rmanece por sí m ismo. No hace falta defender
lo que está vigente . ¿Quién, por eje m plo, se atrevería a
propo ner el no usar el teléfono?.
76
E ntre cam biar radical me nte la estructu ra ag ríco la
del país y mantenerla co mo está, la acción reaccio nari a
la preserva. En el fo ndo el co nservador es q u ien es
subversivo, porque l ucha por mantener u n orden desfa
sado . Lo máx i m o que el co nservador se perm ite es el
reformismo en el que se hace n las reformas para evitar
la tran sform ación más profu nda. En la práctica prog re
sista, las reformas pos ibles y necesari as son hechas
para perm iti r esa transformació n .
M i rechazo más firme es, po r lo tanto , contra e l re
fo rm ismo y no contra la refo rm a. El co mbate contra el
reformismo es u n a tarea de los prog resistas que deben
usar las contrad i cciones de la práctica refo rm ista para
combatirla. Un gobierno reformista pu ede esti mular
avances más allá de sus propósitos co n algu nas de sus
refo rmas . Que el reformismo consiga evitar transforma
ciones más profu ndas es u n a posibilidad histórica ; pero
la superación del refo rm ismo es otra posibi l idad h istó ri
ca. De ah í la i m portancia en la l ucha h istó rico-social de
la ética, de la decisió n , de l a ru ptura, de la opción , del
papel de la co nciencia crítica en la H istoria.
Por causa de todo e l lo es po r l o q u e i n sisto y
vuelvo a i n sist i r e n u n a e d u cac i ó n crítica, desve lado
ra . N o m e co nve n ce e l arg u m e nto de q u e l a en se
ñanza de conten i dos depos itados e n e l e d u ca n d o
m ás pro nto o más tarde provocará la pe rce pci ó n críti
ca de la real idad . E n la perspect iva prog re sista, e l
proceso de e n señar -e n e l cual el q u e e n seña de sa
f ía al e d u cando a apreh ender el objeto para apren
derlo en s u s re laci o n es- i m p l i ca e l ej erc i c i o d e la
percepc i ó n c r ítica, de sus razones d e ser. I m p l i ca
77
ag uzar l a curiosidad epistemológica del e d u cando
q u e no puede satisface rse co n l a m era descripci ó n
d e l objeto . No debo dejar para u n mañana i ndefi n id o
algo q u e forma parte ah o ra de m i tarea d e e d u cador
p rog resista : l a lectu ra c rítica d e l m u n d o , al l ado de l a
lectu ra crítica d e la palabra.
Un ed ucador prog resista no puede vivi r de forma
mecán ica la tarea docente . No puede realizar la mera
transferencia del perfil del concepto del objeto a los
ed ucandos. Si enseño lengua portugu esa, d ebo ense
ñar el uso de la contracci ó n , la concordancia verbal y
nomi nal , la si ntaxis del verbo haber, del verbo tener,
del verbo hacer, la cu estión del dativo le o del acusati
vo lo, o el uso del infi n itivo personal . Pero e nseñando
leng ua portuguesa n o puedo postergar la cuestión del
lenguaje y de sus re laciones con las clases sociales.
La cuestión de l a sintaxis, de l a gramática, de la se
mántica, de la o rtog rafía de clase. Esperar a q ue la en
señanza de l os contenidos, en sí misma, provoq u e ma
ñana la intel igencia rad ical de la real idad es asu m i r
u n a posición espontane ista y no crítica. E s caer e n l a
comprensión mágica d e l contenido atribuyéndole u n a
fuerza crítica por s í mismo : "Cu anto más contenidos
depositemos, los más diversos , e n la mente de los
ed ucando, tantas más posibi lidades tendrán , más tar
de o más te mprano, de despertar críticame nte , decid ir,
romper".
Cualqu ier soportable neoliberal sabe bien que esto
es una santa ingenu idad que daría su aval a cualquier
proyecto ed ucativo en el que "la lectu ra del mundo" fue
se irrelevante .
78
I ZQ U I E R DA Y DE RECHA
La práctica pol ítico-pedagóg ica de los ed ucadores
progresistas tiene l ugar en u n a sociedad desafiada po r
la glo bal ización de la eco n o m ía, el hambre , la pobreza,
la tradición , la modernidad y hasta la postmode rn idad , el
autoritarismo, la dem ocracia, la violencia, la i m p u n idad ,
el ci nismo, la apat ía, l a desesperanza, pero también
por la esperanza. Una sociedad en la que la mayoría d�
los electo res manifiesta una indiscutible incli nación hacia
el cambio. "Las mayorías populares han te nido acierto
en la elección de lo que q u ieren pero se han eq u ivocado
en la elección de los partidos que promueven al poder"
anal iza de fo rma lúcida Ana M aría Freire. Acertaron
cuando escog ie ro n el cam bio, se equ ivocaron cuando
eligieron a Collar y a su cohorte .
Qui eren cam biar, qu ieren vencer la i nflacción y una
eco nom ía fuerte , qu ieren justicia, educación y salud pa
ra ellos y sus fam i l ias, qu ieren paz en los montes y en
los centros u rbanos , q u ieren co mer y dorm ir. Quieren
ser fe l ices en u n prese nte vivido de form a dece nte y e n
u n futuro d e cuya real ización fo rm en parte . Votan , si n
embargo, alianzas de partidos en las que alg u nas fuer
zas preponderantes son po r natu ral eza contrarias al
cambio en favor de los opri m idos.
Estoy seg uro de que la responsabil idad mayor de
estos desajustes se debe a las propias izq u ierdas . H a
blamos de izquierdas en plural y de derecha en singular.
El singu lar de la derecha sig n ifica la faci l idad con que
sus diferentes te ndencias se u nen ante el pe l igro . La
u n idad de las izquierdas es sie mpre d ifíci l y trabajosa.
79
Mientras la derecha sól ame nte se sectariza co ntra el
pensam ie nto y la p ráctica p rogresista, l as izq u i erdas
se sectarizan entre e l l as m i s m as. Si e x i sten tres o
cuatro tendencias en el conj u nto de un partido de iz
q u ie rdas, cada u na de e l l as se considera l a ú n i ca real
m ente prog resista y todas disc ute n entre s í . M i l itantes
real me nte de izqu ierdas son considerados co mo l a
"de recha del partido" o co mo "ad m i nist radores de l a
crisis capitali sta".
No d udo de que la experiencia rad ical de tolerancia
forma parte de la renovación i naplazable que los parti
dos de izq u ierda necesitan acometer para permanecer
con validez histórica. To lerancia que no se co nfu nde
con lo "deja estar para ver cóm o queda". Tolerancia en
las relaciones entre los diferentes modos de comprender
l a acción pol ítica de sus militantes y que no sign ifica au
sencia de pri ncipios, de discipli na. Pero l a tolerancia
que ha de vivirse en la intim idad de u n partido trans
ciende sus fro nteras. No es sólo la q u e debe estar vi
ge nte entre posiciones progresistas e n el interior del
partido, sino e ntre éste y la sociedad civi l . To lerancia
entre sus l íderes y las clases popu lares q u e se hace
expl ícita en sus discursos y en su práctica.
U n partido de izq u ie rd as q u e pretenda preservar su
discurso e n u na sociedad tan fuertemente co ntradictoria
como la n uestra, que pretenda alcanzar el poder sin el
cual no es posible cambiar el país, tie ne que aprender a
releer la realidad . Un aprendizaje de re- l ectura que i m
pl ica el aprendi zaje de u n nuevo leng uaje. N o puedo re
leer el mu ndo si no mejoro los viejos inst r u mentos , si no
los reinve nto , si no aprendo a ocuparme de las parciali-
80
dades que se re lacionan co n la totalidad que se d ivide
para conocer. La lectu ra n u eva de m i m u ndo demanda
igual mente un n u evo lenguaje , el de la posibi l idad
abierta a la esperanza. E n el momento actual estam os
tan vu l nerables ante situaciones imprevisi bles -l a coli
sión de u n asteroide co n la tie rra, la traged ia del sida, la
posibilidad de tener m i casa espiada desde otro l ugar
del m u ndo- que Ja esperanza se h ace indispensable
para la existencia. D ifícil es mantenerla, reforzarl a ; im
posible es ex istir sin ella.
U n partido de izquierda no puede dialogar co n l as
clases populares usando un lenguaje del pasado . Al
man ifestar opti m is m o , tiene que ser crítico ; su esperan
za no puede ser la de u n aventu rero irrespo nsable. Su
crítica a las i njusticias de un sistema capital ista debe
ser fuerte , lo que no sign ifica pro n u nciarla con más od io
q ue gusto po r la paz de aquél que se reco noce real i
zando el buen com bate . No puede ser un d iscu rso
amargo, sin u n a mención au nque sea lejana de la es
peranza. Por el contrario , debe ser esperanzador, críti
came nte opti m ista y "bañado" de ética.
No veo tampoco po r qué los m i l itantes prog resistas,
hombres y m ujeres , precisan desatenderse de su cuer
po , se r enem igos de lo hermoso, co mo s i fuese excl usi
vo del burgués. La j uventud de hoy no tiene nada que
ver con eso : pi nta su cara y l lena las cal les co n u na l i n
da alegría de la q u e está l lena su protesta.
En busca de su renovación u n partido de izquierdas
necesita perder cualq u ier rasgo de vanguardismo. De li
de razgo que se decreta a sí mismo co mo tal , que se re-
81
serva la última palabra, aquella que define e ilumina. Es
ta palabra necesariamente está fuera del cuerpo de las
clases populares. La transición de un partido vanguardis
ta a un partido de masas cambia no sólo la comprensión
de su papel en la historia de la l ucha política sino tam
bién los métodos y la concepción de la organización de un
centralismo amañadamente llamado democrático, por
u na descentral ización realmente democrática.
Una cosa es el papel de la mi litancia en u n partido
autoritario, de cuadros , y otra es su tarea como partido
democrático. En el primer caso el discu rso del mi litante ,
en cuanto cuadro, está encuad rado por el liderazgo
igual mente encuadrado a su ortodoxia, mitos y verda
des absolutas . En el seg u ndo caso, la militancia en su
práctica político-pedagógica está demasiado lejos de
cualqu ier sueño salvador d e las "masas i ncultas". Su
discu rso esperanzador no es el de quien se piensa libe
rando a los otros, sino el de q u ien invita a los otros a li
berarse juntos. En la práctica autoritaria, las actividades
buscan alinear a las masas popu lares y conducirlas a un
futuro domesticado; en l a práctica democrática, expo
niendo su lectura del mundo a los grupos populares, los
mil itantes aprenden con ellos cómo el pueblo conoce.
Aprendiendo cómo y lo que el pueblo conoce, la
militancia puede y debe enseñar mejor lo que el pueblo
ya sabe . Ella aprende con los opri midos "fas mañas ' in
dispensables para su resistencia y que de forma elitista
son calificadas como "falta de carácter".
Una de· las tareas uige ntes de u n partido de izquier
da a la altura de su · tiempo es la rigurosidad ética e n
82
sus pronunciamientos, den u ncias y anu ncios . Jamás
debe aceptar que mentir vale la pen a y entregar a los
opreso res la verdad del pueblo. En mi experiencia en la
cárcel jamás dije a u n coronel , que me interrogaba, que
conocía com u nistas. Nu n ca tampoco dej é de dormir
por esto .
Otra tarea necesaria de u n partid o progresista está
en la claridad co n la l ucha para que las clases popul a
res pe rciban la problematicidad del futuro. No es ver
dad que el social ismo l lega po rq u e se dice que llegará,
n i es verdad q u e el soci alismo cayó con el m u ro de
Berlín o que el capitalismo victorioso es un futu ro ete r
no que ya come nzó. La verdad es que el futu ro es he
cho por nosotros mismos a través de la transformación
del prese nte.
¿Será que el presente e n el que nos enco ntramos
es bueno?. ¿ Será que es un presente más o menos jus
to ?. ¿ Será que nuestra sociedad está siendo m íni ma
me nte decente ?. ¿Será posible dormir e n paz sabiendo
que decenas de millones de brasileños y brasile ñas
mueren de hambre?. ¿ Será que es posible aceptar como
razon able lo que nuestro sistema escol ar conti núa po
niendo de manifiesto los déficits cuantitativos y cualitati
vos actuales?. ¿Será que debemos continuar haciendo
contratos con el Banco M u ndial con el que gastamos
más de lo que recibimos?. Cuando era Secretario de
Educación en la gestión de Erundina, tuve la alegría de
rechazar cortés, pero de forma enérgica uno de esos
contratos perjudiciales para nuestro país (Ver "O Banco
do Imperio". E ntrevista de M arilia Fonseca a Paulo Mo
rei ra Le ita e n Revista Veja, 23/1 1 I 1 994) .
83
¿Será que la falta de respeto por las cuestiones pú
bl icas es u na forma brasileña de ser de la que no es po
sible salir?. ¿Será que la violencia, el ci nismo, la i rres
ponsabilidad so n se ñales inm utables de la naturaleza
brasileña?. ¡ No ! . Para cambiar l o que estamos siendo,
es necesario cambiar radical mente las estructuras del
poder.
Pero nadie es capaz de hacer eso solo . Ningún par
tido, por más com pete nte y serio que sea, lo hace solo.
Pero tampoco cualquier al ianza e ntre partidos lo puede
hacer. Sólamente fuerzas que se sienten de acuerdo
ante pri ncipios fundamentales, i ncluso au nque mante
gan diferencias en aspectos secu ndarios, pueden unirse
para el cambio necesario . ¿Cómo esperar d e los l ati
fundistas una reforma agraria aceptable?. ¿Cómo es
perar de situaciones de ganancias sin l ímites que acep
ten límites para su lucro ? . ¿ Cómo esperar de los
el itistas que propongan programas cu lturales y proyec
tos educativos progresistas?.
Imagino qué difícil d ebe ser, a veces, la conversación
de un progresista que acepta ser el l ímite de la derecha,
con sus nuevos socios. Conversación no necesariamen
te sobre planes de gobierno donde las dificultades deben
ser bastante mayores . Conversación que retoma la me
moria de luchas pasadas, en torno a la radicalidad de
sus ex-compañeros de sueños de transformación del
mundo.
En el mome nto de gobernar, o rompe con los aliados
de la derecha, y para esto necesita apoyo de la izquier
da, o intenta una nueva reorgan ización partidista, o una
84
vez más engaña al pueblo. Es po r esto que atribuyo la
mayor responsabi l idad por tales desacu erdos a las m is
mas izq u ierdas . Las d ificu ltades de ente nderse y de su
perar l os desencue ntros, m ucho me nos importantes de
las que tiene con la derech a, les llevan a ayu d ar a sus
co ntrarios.
E n una entrevi sta al pe riódico Fo/ha de S. Paulo,
discutiendo la izquierda en América lati na, Carlos Cas
tan heda, el famoso antropó logo mexicano , afi rmó que,
en el caso brasi leño , el ideal sería que el carte l de la
seg u nda vuelta de las elecciones pres idenciales de
1 989 fuese el de la pri mera vuelta de 1 994 . (Ver nota 9).
Eso , d igo por m i parte , si las izq u ierdas ya h u biesen
aprend ido a ser tolerantes , a te ner se nsibi lidad h istórica,
a no enarbolarse co mo dueñas de la verdad . Eso si las
izq u ierdas ya h ubiesen aprendido la i m portan cia en l a
H istoria d e l a espera paciente me nte i m paciente . Espera
en la q u e qu ien espera jamás se acomoda, qu ien espe
ra se mueve paciente mente i m pacie nte en la real iza
ción del sueño o del proyecto.
Eso si la mayoría de los prog resistas ya h u biesen
entendido que l as transformacio nes sociales sól o se
dan real mente cuando la mayo ría de la soci edad l as
as ume co mo suyas y trata de ampl iar el campo social
de la aceptació n . Cuando las transfo rmacio nes son
más o menos i m puestas y a su i m plantación no se
añade n i ng ú n esfuerzo o expl icación sobre sus razo
nes de ser, el res u ltado es l a obed iencia ciega, e l i n
movi l is m o , l a pas ividad y el m iedo. U n d ía, tal vez,
u n a sublevaci ó n .
85
Nadie con buen sentido pensaría en izq u ierdas cuya
m i l itancia estuviese constitu ída por seres celestiales.
Hacer pol ítica es una tarea de m ujeres y de hom bres
co ncretos , con l i mitaciones y cualidades . Pero habría
que esperar que las izq u ierdas se volviesen más cohe
rentes, rechazando acuerdos con grupos contrarios así
como exig ir que su perasen diferencias secu ndarias te
n iendo como referencia sus puntos de identidad .
El testimonio democrático, abierto, crítico d e l o s lide
razgos progresistas, unos frente a los otros, está dotado de
naturaleza pedagógica. Sin duda que las posiciones de la
izquierda, principalmente las del Partido de los Trabaja
dores, han hecho avanzar el proceso político brasileño.
Por esta razón es po r la que la derecha no encontró
otro espacio visible en el proceso electoral de 1 994 s i
no decretando como su l ím ite u n hombre ajeno a sus
cuadros con u n pasado pol ítico q u e e l l a había conde
nado. S i , al tenerlo como su l ím ite pos i ble , le h izo con
ceder más de lo que debía, fue forzada a cami nar al
gu nos pasos más allá de su marco natu ral . S i h ubiese
escog ido un candidato en el i nterior de sus cuad ros, en
la medida en que las izqu ierdas hubiesen estado uni
das, no habría avanzado y posiblemente hu biese per
d i do las elecciones.
En este sentido la victoria de Fernando Henrique
Cardoso se debe tanto al "Plano Real"8 com o a la l ucha
s Sustitución de la vieja moneda -e l Cruceiro- por la nueva moneda -el Re
al- co n una paridad aproximada al valor del dólar, lo que permitió, en poco
tiempo, u na red ucción importante de la i nflacción y una cierta recupera
ción económ ica.
86
de las izqu ierdas brasi leñas, PT i n cl u ído. Lóg icamente ,
a todo eso se añade la person a del presidente , s u habi
lidad pol ítica y com petencia.
Es u n a pena q u e el avance alcanzado sufra ahora
u n i ndiscutible retraso q u e , espero , no sea suficiente
para inmovil izar las reivi ndicaciones populares . Para l u
char contra u na eventual parálisis es preciso q ue las
fuerzas progres istas estén despiertas para denu nciar el
m enor i nte nto de engañ ar a las clases popu lares.
Es preciso por enci ma de todo que las propias iz
quierdas afrontemos alg u n as de las enfermedades más
dañinas : el sectarismo rabioso , el mesianismo autorita
rio, la arrogancia desbordante .
Para conti n uar fiel a m i utopía por u na socied ad
m e n os perve rsa, n o preciso repeti r discursos q u e ya
no coi nciden co n el tie m po act u al n i adherirme al d is
c u rso neoliberal . C o m o progresista tengo q u e decir
no a u n a cierta profesional ización de la actividad po l í
tico-partid aria. Es i nd ispensable q u e e l l a su pere el
amate u rismo vo l u n tari o d e m i l itantes b i e n i nte nci o n a
dos. Se debe evitar, por el co ntrario, q u e ella se pro
l o n g u e en u n a b u rocratizaci ón me ntal que nos h ace
dar vueltas e n torno a nuestra ve rd ad , a la q u e n os
esclavizamos .
No hay partido de izq uierdas que pe rmanezca fiel a
su sue ño democrático si llega a caer en la te ntación de
las palabras de orde n , de eslóganes , de adoctrinamien
to , de poder i ntocable de los l íderes. Tentacio nes estas
i n hibidoras del desarrollo de la tolerancia sin la cual es
i nviable la democracia.
87
No hay partido de izqu ierda que permanezca fiel a
su sueño democrático si cae e n la tentación de reco no
cerse co mo el portado r de una verdad fuera de la cual
no hay salvación o cuyos l íderes se proclaman van
guardia de la clase trabaj adora.
El partido progresista que pretenda preservarse co
mo tal no puede presci ndir de la ética de la h u m i ldad ,
de l a tolerancia, de l a perseverancia en la l ucha, de la
mansed umbre , del vigor, de la cüriosidad siempre aten
ta. No puede presci ndir de la esperanza con que reco
mienza la lucha siempre que es necesario. No puede
defender los intereses de las clases popu lares , su dere
cho de vivi r de forma d ecente, su derecho de articular el
m u ndo y, al mismo tiempo , hacer vista gorda ante el ro
bo del dinero público. Su coherencia tiene que ser ab
sol uta. Un partido no es un monasterio de monjes santos
pero debe aspi rar a ser u n conjunto de gente realmente
seria y coherente que acorta cada vez más la distancia
e ntre l o que d ice y lo q ue hace.
El partido de izq uierda que pretende pon erse a la
altura de s u tiempo necesita superar los viejos prejui
cios co ntra todo lo que parezca concesión burguesa.
Debe ser capaz de percibir que, en d ías tan carentes
de h u manismo , luchar por la solidaridad delante de l a
negació n de los m ín i mos derechos de la mayoría vale
incalcu lablemente m ás q u e los d iscursos burocráticos,
de sabor ultra-izq uierdista.
Un partido prog resista auténtico no puede hacerse
sectario, con lo que abandona su posición normal de
radicalidad . La radicalidad es tolerante ; el sectarismo
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es ciego, antidemocrático. Al contrario del sectario ,
siempre aferrado a sus certezas, e l radical está abierto a
revisar, está d ispon ible para dialogar sobre sus posicio
nes. El radical no es intransigente, sin em bargo no pue
de transigir co n proced i mie ntos poco éticos.
La radical idad es sere na, en la medida que no te me
cambiar cuando sea necesario. Es por esto que el radi
cal está siempre abierto a superarse . En una discusión
no tie ne por qué contin uar en la defensa de sus argu
mentos si alguien le co nvence de lo co ntrario. El secta
rio , n o : insiste en defender su posici ón incl uso conven
cido de su error. El radical está al servicio de la verdad ;
el sectario está al servicio de su verdad , que además
pretende imponer.
El sectario es estéril y necrófilo. La radical idad es
creadora y amiga de la vida. El radical lucha por la pure
za; el sectario se contenta con el puritanismo que es
imaginación de la pureza. El Brasil n unca precisó tanto
de mujeres y de hombres prog resistas, radicales, serios,
impl icados en la lucha por la transformación de nuestra
sociedad y testimoniando al pueblo su respeto por él .
No h ay q ue negar u n cierto opti m ismo por los cam
bios reales que la sociedad brasileña podrá vivir de
aqu í en adelante . Existe u n a atmósfera general de es
peranza. Una especie de cansancio en última instancia
sumado a la i ndig nación contra el asalto al d i n ero públi
co, a la i mpunidad y a la pol ítica de "toma y daca", u na
de las sinvergüencerías más obstinadas de este país .
Hasta las fuerzas de la derecha parece n un poco
i ntimidadas ante la indignación de la sociedad civi l . De
89
esa inti m idación dependerá l a eficacia del n u evo go
bierno en cu anto proyecto serio. Pero l os cam bios fu n
dame ntales de n u estro país no tendrán el consenti
miento de la derecha. La derecha no votó a Fernando
Henrique porque fuese un mal menor. No. E l la lo esco
gió como su límite y él aceptó la condici ó n . Mi espe
ranza -q ue se funda en el co noci m ie nto perso nal q ue
tengo de él y en el testi monio d e s u vida política- es
que él va ir más allá de los l ím ites a los que pretenden
someterl o .
A mi entender, e l papel de la izq uierda que conti n úa
considerándose como tal , que no tiene vergüenza de
ser izqu ierda, no es apostar por el éxito de la derecha si
no es m i n ar su im portancia y su poder en las decisio
nes fundamentales. El papel de la izquierda crítica es
percibir q ue , ya superada la fase de transición dem o
crática, estamos i n iciando otra, en la intimidad de la
democracia. Hasta ahora atravesábamos la calle del
autoritarismo h acia fa democracia. Ahora ya en la de
mocracia, precisam os, por u n l ado, reforzarla y, por
otro , avanzar en el plano social . Sea éste el de Lu la o el
de Fernando Henrique Cardoso , el gobierno encarna
este movim iento .
N u nca el Brasil habrá p recisado tanto de q u ie n , ra
dical , se empeña en la lucha por el cambio profu ndo de
la sociedad , por la unidad en la diversidad. Esa expre
sión está compuesta por dos sustantivos u nidos por la
prepos ición e n . Es interesante cómo, m ás allá de esta
función de e nlace característica, las preposiciones po
seen otra: i mpreg nar la frase del sentido propio de la
n atu raleza de su relació n . Existe un parentesco entre
90
el sentido de la rel ación de la preposición y el régi me n
si ntáctico de la palabra q u e la necesita. Cuando digo
"resido en la calle Valencia", la preposición en i nd ica la
fijación, coincidente con el rég i men si ntáctico del verbo
morar o residir. Por esa razón no puedo decir "residen
te a la cal le Valencia". La preposición "a" contenida en la
frase i nd ica movimiento mientras la palabra residente
tiene como régimen la preposici ón de fijación "en". Es un
error decir "residente a l a cal le Valencia", cuando "fui
en la casa de Pedro". I r es u n verbo d e movimiento y
no de fijació n . Exige l a preposición a y n o la preposi
ción en.
Cuando digo unidad e n la d iversidad es porque, in
cl uso reconociendo que las difere ncias entre personas,
grupos, etnias, plantean problemas para un trabajo e n la
u n idad, ésta es posi ble. Aú n más , es n ecesaria, consi
derando la coi ncidencia de los objetivos por los que los
diferentes luchan . La igualdad en y de los objetivos
puede hacer viable la u nidad en la d ife rencia. La falta
de unid ad entre los diferentes que pueden concil iarse
favorece la hegemonía del diferente antagónico . Lo im
portante es la lucha contra el enemigo principal .
Por eso , los diferentes q ue aceptan la u n idad y no
pueden prescindir de ella en la l ucha, deben tener ob
jetivos que van más allá de los l ímites específicos de
cada grupo . Es preciso tener u n sueño más g rande ,
u na utopía a la que aspire n los diferentes y por la cual
sean capaces de concesiones m utuas. Es posible, por
ejemplo , la unidad en l a diversidad entre grupos anti
racistas, no importa el color de l a piel de los mil itantes .
Para esto , es preciso que los anti-racistas traspase n el
91
l ímite de su grupo racial y luchen por la transfo rmaci ón
del siste ma socioecon ó mico q u e causa o i ntensifica el
racismo.
No forma parte de la naturaleza h u m ana la perversi
dad del racismo. No somos racistas , nos volvemos ra
cistas de la misma forma que podemos dejar de estar
siendo racistas .
Mi problema co ntra l as perso nas racistas no es con
el color de la piel sino con el color de su ideolog ía. De la
misma forma mi d ificu ltad con el machista no es con su
género sino con su ideolog ía discri m i n atoria. No forma
parte de la natu raleza h u mana ser racista o mach ista,
ser prog resista o reaccionario ; de ella forma parte la vo
cación para ser más, la cual es incompatible co n toda
forma de discri mi nación.
Si estoy seguro de que el ú nico prejuicio que puede
ser completamente explicado por el anál isis de la l ucha
de clases es el clasista, sé también que el factor clase se
halla escondido tanto en la discri mi nación racial como
en la sexual. No podemos reducir todos los prejuicios a la
expl icación clasista, pero no podemos prescindir de el la
para com prender los diferentes tipos de discrimi nación .
Cuando una así llamada minoría rechaza u n i r fuer
zas a la de otra mi noría, revela una ce rteza llena de
prejuicios : la de la imposibilid ad natu ral que la otra tiene
de ser justa y decente. No veo en el B rasi l que poda
mos mantener separadamente los gru pos fem i nistas ,
de neg ros, indios, obreros, luchando e n favo r de una
sociedad menos perversa. Cada grupo l uchando por su
cuenta.
92
La unidad en la diversidad es una imposición de la
propia l ucha. Los dominadores saben muy bien de esto .
De a h í que u na de sus reg las más antiguas sea "dividir
para gobernar". El caso es que nosotros , clasificados
por ellos como mi norías, asu mimos ese perfi l . Así
n uestra tendencia es dividir fuerzas luchando entre y
contra nosotros mismos, en lugar de luchar co ntra el
enemigo com ú n .
La intolerancia revela una sobrevaloración d e l propio
i ntolerante ante los demás, considerados en razón de
su clase , raza, grupo, género , n ación. Por ello no existe
tolerancia en la falta de h umildad . ¿Cómo puedo ser to
lerante si, en vez de considerar al otro como diferente de
mí, lo considero inferior?. Pero no soy hu milde como
quien, de manera bu rocrática, hace favor a los otros.
Para ser humilde, debo estar siéndolo en la práctica en
la que me relaciono co n los otros. No soy h u milde si me
sub-estimo o me sobre-estimo.
El opresor no es humilde : es arrogante. El oprimido,
tampoco : es humillado. Para que el opresor y el oprimido
se hagan humildes es preciso que el opresor se convierta
a la causa del oprimido y que el oprimido se comprometa
con la lucha de su liberación. Sólo a parti r de ah í ambos
alcanzarán la condición para aprender la humildad.
N u nca me entusiasmé con u na teoría que conside
rase la liberación como un dato otorgado en la historia o
que la fu ndamentara sólamente en el con ocimie nto
científico y jamás aceptase con seriedad cualquier con
sideración en torno, por ejemplo, a la natu raleza h u ma
na entendida com o constituyéndose social e histórica-
93
mente . Una natu raleza h u mana en cu anto realizándose
en la Historia y no como un a priori de la Historia. No
puedo pensar la cuestión de la liberación, co n todo lo
que implica, si n pe nsar e n la natu raleza h umana.
La posibil idad d e discern i r, comparar, escoger, pro
gramar, actuar, evaluar, comprometernos , arriesgarnos ,
nos hacen seres de decisión y, por tanto , seres éti cos.
Por eso es un imperativo ético luchar contra l a discri mi
nación. Discriminados por ser negros, m ujeres, homo
sexuales, trabajadores, brasi leños, árabes, judíos . . . . no
importa por qué, tenemos el deber de l uchar contra la
d iscrimi nación . La discri minación nos ofende a todos
porque hiere la sustantividad de n uestro ser.
N uestra l ucha contra las discriminaciones, contra l a
negación de nuestro ser sólo alcanzará la victoria s i rea
lizamos lo que es obvio : la unidad en la diversidad. Uni
dad de diferentes conciliables y no de diferentes anta
gónicos . Entre éstos, en el proceso de lucha, puede
haber un pacto en función de objetivos circu nstanciales
que sirvan a los dos polos. Entre aquéllos la u nidad se
basa en objetivos estratégicos y no sólo tácticos.
Puede ser que se arg umente que mi disc u rso es
inapropiado , pues hablo como militante cuando debería
hablar como teórico o viceversa. R e h u so tal d i coto
m ía : no soy teórico , digamos, los mié rco les y militante
los sábados.
Las críticas que hago al capitalismo, d esde el pu nto
de vista ético , derivan tanto de mi condición de pedago
go como de militante , a mi manera, que busca estar
siendo. Jamás mi militancia puede d ivorciarse de mi ac-
94
tividad teórica; al co ntrario, fundamenta en ésta sus
tácticas y su estrategia para la acción . En el mom ento en
que se reco noce que la producción m u ndial de ali mentos
atendería al doble de la po blació n del mu ndo actual , es
desolador co nstatar el n ú mero de los q u e llegan al
m u ndo pe ro no sobrevive n , o de los que, su pervivien
do, parten temprano a causa del ham bre .
Mi l ucha co ntra el capital ismo se fu nda en su pe r
versidad i ntrínseca, en su naturaleza antisol idaria.
Cayó por tierra el argu mento de l a escasez como
problema de prod ucción a la que el capitalismo no res
po ndería y que sería obstáculo para la preservación del
sistema. El capitalismo es eficaz en éste y en otros as
pectos , pe ro nos mostró su otra cara : la i nsensi bil idad
abso luta po r la di mensión ética de la ex istencia.
Prod ujo la escasez en la abu ndancia, la carencia en
época de abu ndancia. De ah í la neces idad que tienen
los neoliberales de i mpreg nar sus d iscu rsos de fatal is
mo , para ellos irrenu nciable ya que las "cosas son as í
porque no hay otra manera de ser".
Ese discu rso cínico pretende convencer que el mal
es desti no o suerte , en lugar de la crítica seve ra a u n
siste ma que, tod avía si n escasez , condena a gran parte
de la h u manidad al hambre y a la mu erte . Las sucesivas
revoluciones tecnológicas desn udaro n al capital ismo.
Lo obl igaron a expo ner su maldad, m i l lones de perso
nas m u riendo de ham bre, cara a cara con la riqueza.
Rech azo por todo eso , pensar que m ujeres y hom
bres estamos destinados a vivir eternamente en la ne-
95
gación de nosotros mi smos. Para estar en el mundo, m i
cuerpo consciente , mi ser i nacabado e histórico, precisa
tanto de ali mento co mo de ética. La lucha no tendrá
sentido para m í sin ese fo ndo ético sobre el que se dan
las experiencias de l a comparación, de la crítica, de la
elección, de la decisión, de la ruptu ra.
Yo sería u n melancól ico , falto de estímulos si me
probasen científicamente que las leyes históricas o na
turales se encargarían de s uperar los desencuentros
humanos sin se ñal alg u n a de l i be rtad .
Como si fuese todo dete rminado, preestablecido .
En u n mu ndo sin error,sin equ ivocaciones, e n un m u ndo
sin opción . El error y la eq u ivocación i m plican la aventu
ra del espíritu . Esta no se da donde no existe un espacio
de libertad . Sólo hay error cuando el sujeto que se equ i
voca tiene co nciencia del m u ndo y de s í mismo en el
m u ndo, con él y con los otros ; cuando el sujeto que se
eq uivoca puede saber que se equ ivocó porque sabe
que sabe y que no sabe . En este proceso , al fi n al , el
error es u na forma provisional de saber.
En el preciso momento en q u e escribo estas l ín eas
me acuerdo de Berenger, el personaje de l onesco .
Sus g ritos de rechazo a volverse rinoceronte son u n
testi monio vivo d e nu estra rebe ldía, d e n uestra afir
mación como hom bres y m ujeres en el ejercicio d e
nu estra ci udadan ía, en la l ucha en favo r d e m i l l o nes
privados de ella.
96
S ERIEDAD Y ALEG RÍA
Se habla mucho hoy, y n o sólo en Brasi l , de ed uca
ción y ci udadan ía. Se habla m ucho de la l ucha por la
democracia, po r la prese ncia activa de las clases po
pulares en los desti nos de la ciudad . Tengo cl aro que no
es posible dem ocratizar cada vez más la sociedad bra
sileña s i n co menzar por atacar el probl ema del ham
bre, del des empleo, de la salud , de la ed ucació n . Su
solución implica la red ifi n ición del pape l del Estado y la
co mprensión n o eco n o m icista del desarro l lo y la prácti
ca de una ed ucación de acuerdo con los valores de
mocráticos.
Una educación que propo nga y aproveche situacio
nes donde los educandos experi mente n la fuerza y el
valor de la u n idad en la d iversidad . Nada que pueda es
ti m u lar la falta de so lidaridad , de com pañerismo. Nada
que trabaje contra la fo rmación de u n a seria discip l i n a
d e l cuerpo y de la me nte , sin la cual s e frustran l o s es
fuerzos por sabe r. Todo en favor de la creación de u n
cl ima en el au la donde enseñar, aprender, estud iar, son
actos serios pero también provocadores de aleg ría. Só
lo para u n a mente autoritaria la acción ed u cativa es
u na tarea aburrida. Para ed ucadores y ed ucado ras de
mocráticos el acto de e n señar, de aprender, de est u
diar, son quehaceres exige ntes , serios , que n o sólo
provocan placer sino que en sí son alegres .
La satisfacción con que se po ne ante los alum nos , la
seg uridad co n que les habla, la apertu ra co ri que los
oye , la j u sticia con que trata sus problemas hacen del
ed ucador dem ócrata u n modelo. Su autoridad se afirma
97
sin evitar el respeto a las li bertades. Se afirma p recisa
mente por eso . Porque respeta las li bertades, éstas le
respetan . Un educado r de mócrata no puede atrofiar su
autoridad con lo que hipertrofia la libertad de los ed u
candos. N o s e puede contradecir, ni en favor de su au
toridad , ni en favor de la libertad de los ed ucandos . Ni
autoritarism o , ni liberti naje.
La fuerza del educador demócrata está en su cohe
re ncia ejemplar, ella sustenta su autoridad . El educad o r
que dice u n a cosa y hace otra, éticamente i rresponsa
ble , no es sólo ineficaz : es perjud icial . Es más perjudicial
q ue el auto ritario coherente.
El autoritarismo del educador n o se manifiesta sólo
en el uso represor de l a autoridad que restringe arbitra
riamente los movi mientos de los educandos. Se mani
fiesta igu al mente en un sin n úmero de ocasiones. En la
vigilancia malsana sobre los ed ucandos, en la falta de
respeto a la creatividad , a su ide ntid ad cu ltu ral . E n l a
falta de respeto a la manera de comportarse los alumnos
d e las clases populares , e n la m an e ra de cómo les ad
vierte o les ce nsu ra. E n l a forma estrecha en que co m
prende el binomio enseñar/aprender en la cual el ed u
cando es reducido a l a memorizació n mecánica de lo
que el profesor deposita en él. " Profesor bancario" tal
como lo llamé en mi obra Pedagogía del Oprimido.
Necesitamos hoy e n Brasil , tal vez más que antes,
u na práctica ed ucativa eje m plarmente democrática.
Necesitamos de campañ as real izadas, por ejemplo, por
medio de semanas de estudio de la democracia en las
escuelas pú blicas , privadas , u niversidades , escue las
98
técnicas, sindicatos . Campañas que "empapasen " las
ciudades de democracia. Semanas en las que se pre
sentase la historia de la democracia, en la se debatiese
la relació n e ntre democracia, ética, y clases populares y
econom ía. Elecciones, derechos y deberes que ellas
i mplican . I nexperiencia democrática brasileña. Demo
cracia y tolerancia. Gusto por l a libertad y democracia ;
fuerzas contradictorias d e forma irreconciliable ; fuerzas
concil iablemente d iferentes ; u nidad en la d iversidad .
No se trata de que, d e repe nte, yo piense que la de
mocracia se enseña y aprende por medio de d iscu rsos :
se aprende y se enseña democracia haciendo l a demo
cracia. Pero es posi ble y necesario discutir la presen ci a
o ausencia d e la p ráctica democrática, las razon es de
ser, por ejemplo, de nuestra inexperiencia democrática.
La sociedad b rasileña tiene suficiente experiencia
histórica de traición a la democracia y de rebeld ías de
mocráticas sobre l as que discutir con vistas a su fortale
cimiento . (Ver nota 1 O).
Ya es comú n en l as escuelas, sobre todo privadas
en ce ntros u rbanos, la práctica de elecciones simu la
das para presidente de la República o gobern adores.
En este proceso los educandos se van enterando de la
l ucha pol ítica, de las posiciones de los partidos , de sus
exigencias éticas.
99
DIALOG ICIDAD
Vuelvo a la discusión de la relación dialógica en
cuanto práctica fu ndamental , por una parte a la natu ra
leza h umana y a la democracia; por otra, com o u na exi
gencia epistemológica.
Por cuestión de método , jamás oriento de forma di
recta m i atención a un objeto q ue me desafía en el pro
ceso de conoci miento. Al contrario, tomando distancia
epistemológica del objeto, hago mi aproximación rode
ándolo. "Tomar d istancia epistemológ ica" sign ifica tomar
el objeto en nuestras manos para conoce rlo ; en el "cerco
epistemológ ico" para mejor apropiarme de la substantivi
dad del objeto , trato de descifrar algunas de sus razo
nes de ser. En el cerco epistemológ ico no pretendo ais
lar el objeto para aprehenderlo en sí; en esta operación
procu ro co mprender el objeto en el interior de sus rela
ciones con otros .
Es así como trabaj aré la cuestión de la dialogicidad .
En vez d e describi r el perfi l d e l concepto d e dialogici
dad , co menzaré por comprender su fu ndamento, lo que
la hace ser una exigencia estratég ica y no una pura tác
tica de sujetos "expertos" para lograr resultados. La dia
logicidad no puede ser entendida como instrumento
usado por el educador, a veces, en coherencia con su
opción pol ítica. La dialog icidad es una exigencia de la
naturaleza h u mana y tam bién u n a reclamación en favor
de la opción democrática del educador.
No existe com u n icación s i n dialog icidad y en l a
com u n icación está el núcleo d e l fe nómeno vital . E n
1 00
este sentid o , la com u n icac ión es facto r de vida, de
más vida. Pero si la co m u n icación y la i nfo rmación tie
nen l u gar a n ivel de vida sobre el "soporte ", i m ag i ne
m os s u i m portancia y por tanto la de la dialog icidad
en la existencia h u m ana del m u ndo. E n este n ivel la
co m u n icaci ón y l a i nformación se s i rve n de sofisti ca
dos lenguaj es e i n stru me ntos tecno lóg icos q u e "aco r
tan " el espacio y e l tiempo . La prod ucción social del
lenguaje y de i n stru m e ntos con q u e los seres h u ma
nos i nte rvi enen m ejor e n el m u ndo , an u ncia l o q ue se
rá la tecnolog ía.
Hace poco tiempo mi n ieto Alejandro Dowbor me
te lefoneó para decirme que en su ordenador, conectado
a I nte rnet, "cayó" el mensaje de u na estudiosa alemana
solicitando mi di rección . Solicitud a la que atendió aña
d iendo el nú mero de m i fax . Qu ince m i n utos después
yo habl aba con la profesora ale mana. Gracias a la tec
no log ía. Si mi madre, que m u rió en 1 978, h u biese vuel
to a la tierra a escuchar m i d iálogo con Alej andro , no
habría ente ndido nada.
He l lamado la atención sobre la naturaleza h u m ana
que se constituye social e históricame nte y no como u n
a priori . L a trayectoria a parti r d e la cual nos hacemos
conscientes está marcada po r la fi n itu d , po r la in co nclu
sión y nos caracteriza co mo seres histó ricos.
Ni tan siqu iera hemos sido inacabados, pero nos vol
vemos capaces de sabernos inacabados. Ah í se abre pa
ra nosotros la posibilidad de la inserción en una búsqueda
permanente . U na de las raíces de la ed ucación y lo que la
hace específicamente humana, se encuentra en la radical
1 01
inconclusión que se percibe como tal . La persistencia
de la educación también consiste en el carácter cons
tante de búsqueda percibida como necesaria. De la
misma forma ah í se enraíza la razón metafísica de la
esperanza. ¿ Cómo sería posible a un ser consciente
inacabado implicarse sin esperanza en una búsqueda
permane nte ?. Mi esperanza parte de mi natu raleza en
cuanto proyecto. Por eso soy un ser lleno de esperanza
y no u na pura obcecació n .
Para q u e la fi nitud , q u e impl ica proceso, reclame l a
educación es preciso que el s e r en e l l a implicado s e ha
ga conscie nte de ella. La conciencia del inacabamiento
hace al ser educable. El inacabamiento sin la conciencia
de él engendra el adiestramiento y el cultivo. Los ani
males son adiestrados, l as plantas son cultivadas , los
hombres y l as mujeres se educan.
La conciencia de, la intencionalidad de la concien
cia no se agota en la racional idad. La conciencia del
mundo que implica la conciencia de mí en el mundo,
con él y con los otros , que implica también nuestra ca
pacidad de percibir el m u ndo, de comprenderlo, no se
reduce a una experiencia racionalista. Es como una to
talidad -razón , se nti mientos , emociones, deseos- que
mi cuerpo consciente del mundo y de m í capta el mundo
al que se proyecta.
El ejercicio constante de mi cuerpo consciente des
plegándose hasta o de mi co nciencia dirigiéndose al
mundo guarda en s í o en s í contie ne u na cualidad de
vida que, en la existencia humana se hace más i ntensa
y más rica. Me estoy refiriendo a la necesidad de la ex-
1 02
periencia relacional a nivel de l a existencia y de los
contactos a nivel de la vida.
H ay u n elemento fu ndamental en el contacto y que
e n l a relación asu me u n a com plejidad m ayor. M e refiero
a la curiosidad, u n a especie de apertu ra a la com pren
sión de lo que se encuentra en la órbita de la sensibili
dad del ser l lamado al desafío . Esa capacidad del ser
h u mano de sorprenderse delante de las perso nas, de lo
que ellas h acen , dice n , parecen , delante de los hechos
y fenómenos, de la belleza y la fealdad , esta inconteni
ble necesidad de comprender para explicar, de buscar la
razón de ser de los hechos. Ese deseo siempre vivo de
sentir, vivi r, percibir lo que se e ncuentra en el campo de
sus "visiones de fondo" (Ver Pedagogía do Oprimido,
Paz e Terra. Rio de Janeiro) .
Sin la curiosidad q u e nos h ace seres en permanen
te dispo n ibil idad para l a indagación, seres para la pre
gu nta -bien h echa o m al fundamentada, no i mporta
no h abría actividad g noseológica, expresión concreta
de nuestra posibilidad de conocer.
Es curiosa l a preocupación por la m e morización
mecánica de los conte n idos, el uso de ejercicios repeti
tivos que sobrepasan el límite razonable en cuanto dejan
de lad o una educación crítica de la curiosidad (Paulo
Freire y Antonio Faundez, Por urna Pedagogía da per
gunta). Segui mos dando respuestas a preg untas que
no nos fueron hechas , sin subrayar a los alum nos la i m
portancia de l a curiosidad .
Tomemos como objeto de n uestra curiosidad medio
d ía de la vida de Pedro. Sigamos sus principales movi-
1 03
mientas: se despierta, se baña, toma el café por l a ma
ñana. Echa un vistazo a las primeras páginas del perió
dico y, como reside cerca de la universidad donde tra
baja, va a pie. Sale de casa, saluda a personas, se
cruza con otras, observa de forma despreocu pada el
movi miento apresurado de los que van y vienen, dice
buenos d ías a u nos, son ríe a otros. La luz del semáforo
se pone verde, Pedro cruza al otro lado. Encuentra a u n
amigo y se detiene. Conversa rápidamente y quedan
en verse tal vez e l próximo m iércoles. Ellos saben que
no se encontrarán . La promesa no perj udicará ni a u n o
ni otro . No se esperan el miércoles que viene.
Pedro l lega a la U niversidad. Sal uda a los colegas y
al u mnos. Va a la clase donde se realiza el semi nario de
los m artes.
Hasta ahora, desde el baño por la mañana hasta la
llegada a la sala del sem inario , Pedro no se pregu ntó n i
una vez siquiera p o r qué hizo esto o aquella cosa. Su
mente no trabaja epistemológicamente . Es esto lo que
caracteriza nuestro cam inar por el m u ndo cada d ía.
Esto no significa que en los hechos cotidianos n o
exista cu riosidad . Existe, no podría dejar d e existi r: ah í
está la vida humana, la existencia. En este dom inio,
con todo, n uestra curiosidad está "desarmada" , es es
pontánea, sin rigurosidad metódica. Ella no existe sin
método , puesto que no hay cu riosidad a l a que le falte
método: ella es metódica por s í m isma.
Hay otra forma curiosa de dedicarnos de forma
agradable al desafío. Se trata de la curiosidad estética.
Esta curiosidad me hace parar y ad mirar la puesta del
1 04
sol . Ella es la que me detiene perdido en la contempla
ción de la rapidez y la elegancia con que se mueven l as
n u bes e n el fondo azul del cielo. Es la que me emociona
ante una obra de arte que me centra e n la belleza.
La curiosidad desarmada no puede ser la forma de
comportarse de Ped ro en el aula, ni d e los estudiantes.
La sala del seminario es un contexto teórico que tiene
relación contrad ictoria con el contexto concreto donde
acontecen los hechos, exigiendo la cu riosidad episte
mológica. Esta no rechaza, sin embargo, la cu riosidad
estética. Al contrario , recurre a ella.
E n el contexto teórico tomamos distancia del con
texto concreto para, objetivándolo , examinar crítica
mente lo que en él aco ntece . E n el contexto concreto
existe la posibilidad de asu mir por parte de los sujetos
u na posición reflexivo-crítica ; en él la cu riosidad espon
tánea puede llegar a tornarse epistemológ ica.
Si , inmerso en lo concreto, no pudiese distanciarme
de él para entenderlo mejor precisamente porque me en
contrase actuando, la relación e ntre el contexto concreto
y el teórico sería puramente mecánica. Para reflexionar
teóricamente sobre mi práctica no es necesario cambiar el
contexto físico. Es preciso que mi curiosidad se haga
epistemológ ica. El contexto apropiado para el ejercicio
de la cu riosidad episte mológica es el teórico. Pero lo que
hace teórico u n contexto no es su espacio sino la postura
de la mente. De ah í que podamos convertir u n momento
del contexto concreto en u n momento teórico.
Incluso el espacio del co ntexto teórico no lo hace
necesariamente teórico sino a través de la actitud epis-
1 05
temológicamente curiosa con la que trabajamos. De lo
co ntrario se puede alterar la rigu rosidad metód ica indis
pensable al contexto teórico y operar en él de forma me
can icista. La práctica ed ucativa bancaria es de este tipo .
No es la cu riosidad espontánea la que perm ite el
distanciamiento epistemológico . Esta tarea correspon
de a la curiosidad epistemológica : superando l a curiosi
dad ingen ua, ella se hace más rigurosa metód icamente.
Esta rigurosidad metódica es la que perm ite el tránsito
del conoci m ie nto a nivel del sentido común al conoci
miento científico . No es el conoci mie nto cie ntífico el
que es rigu roso . La rigurosidad se encuentra en el mé
todo de aproxi mación al objeto . La rigurosidad nos posi
bilita u na mayor o menor exactitud en el conocimiento
producido o no encontrado en n uestra búsqueda episte
mológica.
Al destacar la postu ra epistemológ ica cu riosa como
fundamental para la co nstitución del co ntexto teórico ,
debo dejar clara la i mportancia de ese espacio . La
atenció n debida al espacio escolar, en cuanto contexto
abierto al ejercicio de la cu riosidad epistemológica, de
bería ser una preocupación de todo proyecto ed ucativo
serio.
Atención a los mínimos detalles del espacio escolar,
higiene, la decoración de las paredes, la limpieza de los
pupitres, el arreglo de la mesa de la profesora, los mate
riales didácticos, la consulta de libros, revistas, periódi
cos , diccionarios, enciclopedias y, poco a poco el uso de
proyectores, videos , fax, ordenador. Es necesario dejar
claro que el espacio escolar es importante, la administra-
1 06
ción debe exigir el respeto a él po r parte de los al u mnos.
Au n más, es así como se facilitará el ejercicio de la cu rio
sidad epistemológica, Sin ella, se deteri ora la práctica
educativa prog resista.
En cu anto práctica docente y discente la ed ucativa
es u na práctica gnoseológ ica por natu raleza. El pape l
del ed ucador prog resista es desafiar la cu riosidad i nge
n u a del ed ucando para, con él , co mpartir la crítica. Es
así como la práctica ed ucativa se afirma com o desvel a
dora de las verd ades ocu ltas .
Ya me referí al eq u ívoco de los postmodernos que,
ante las ex igencias actuales , como la prontitud para dar
res puesta a diferentes situaciones, i m piden cierta ed u
cación crítica. Para ellos,por el co ntrario, tal ed ucación
no debe sobrepasar el do m i n io ad m i n istrativo y técnico
considerados com o neutrales.
Para el edu cador pragmático reaccio nario que en
se ña, po r ejemplo, Biolog ía, no hay por qué retar al
educando a discutir el fe nómeno de la vida desde el
punto de vista social , ideológ ico y po l ítico . Lo estricta
mente necesario es depositar en los al u m nos los conte
n idos acerca del fenómeno vital .
La visión tecnicista de la ed ucació n , que la red uce a
técnica pu ra, más aún a ser neutra, trabaja e n el sentido
del entrenamiento i nstru me ntal del educando . Conside
ra que no ex iste antagonismo de intereses, que todo es
más o me nos ig ual , para ella lo que i m porta es el entre
namiento pu ramente técn ico , la u n iform idad de los con
ten idos, la transmisión de una bien com probada sabi
duría de resultados.
107
Dentro de tal visión política, la formación permanente
de los educadores obedecerá. a la práctica educativa
bancaria. A los iluminados equipos de formación les inte
resará el entrenamiento de los ed ucadores de base -re
ducidos al papel de intelectuales subalternos- en el uso
de técn icas y de materiales de enseñanza que transmitan
contenidos "indispensables" (Ver, Giroux, Henry. Tea
chers as lntellectuals -Toward a Critica/ Pedagogy. Bergin
and Garvey Pu blishers- Massachussetts) .
De acuerdo con el Banco Mundial , ignora necesa
riamente la i ntel igencia y la capacidad de j uzgar y crear
de los profesores. Estos precisan ser respetados, pa
gados con decencia, llamados a la discusión de sus
problemas y de los problemas locales, regionales y na
cionales , inmersos en la problemática educativa. No
puede n ser desvalorizados , responsabilizados por las
profu ndas lag u n as de su fo rmación. (Ver n ota 1 1 ).
Tene mos que superar las lagunas pero no a partir de
una estad ística que proclama la incompete ncia docente.
Sería u na situación extraordinaria si -en las condiciones
históricas de falta de respeto hacia el los, con los salarios
de miseria que reciben- una gran parte de ellos no se
encontrase carente de preparación. (Ver nota 1 2).
Hemos de su perar la deficiencias a partir de la reo
rientación de los presupuestos públicos , de la supera
ción de los despi lfarros y de la falta de i nterés absoluto
por las cuestiones públ icas, de u na eficaz pol ítica tribu
taria, de la revisión de la tareas del Estado. De todo ello
resu ltará l a posibilidad co ncreta de una pol ítica peda
gógica basada en el tratam iento digno del m ag isterio ,
1 08
en el ejercicio de su form ación auténtica. Sólamente a
parti r de ahí será posible pedirle eficacia.
Volvamos a la cuestión de la dialogicidad en rela
ción co n la curiosidad i ngenua y episte mológica. La re
lación dialóg ica -comu n icación e interco m u nicación en
tre sujetos, refractarios a la bu rocratización de su
mente, abiertos a la posibilidad de conocer y de conocer
más- es indispe nsable al conoci m iento . La natu raleza
social de este proceso hace de la dialogicidad u n a rela
ción natu ral con él. En este sentido, el antid iálogo auto
ritario ofende a la naturaleza del ser h u m ano, su proce
so de conocer y co ntradice la democracia.
Los reg íme nes autoritarios son enemigos de la cu
riosidad . Castigan a los ciudadanos por ella. El poder
autoritario es intrigante y no curioso , ind agado r. La dia
log icidad está llena d e cu riosidad , d e inquietud . De res
peto mutuo entre los suj etos que dialogan . La dialogici
dad supone mad u rez , ave ntu ra de espíritu , seg u ridad
en el preguntar, seriedad en la respuesta. En el clima
de dialogicidad el sujeto q u e preg unta sabe la razón de
por q u é lo hace. No preg u nta por puro preg u ntar o para
dar la impresión , a quien oye , de que está vivo .
La relación dialógica es el sello del proceso gnoseo
lógico ; no es favor ni cortesía. La seriedad del d iálogo, la
entrega a la investigación crítica no se confu nde co n la
hablad uría. Dialogar no es chismear. Por eso puede ha
ber diálogo en la exposición críti ca, rig u rosame nte me
tód ica, de un profesor a quien los alu m nos escuchan no
como quien come u n discurso sino como quien apre nde
su intelección .
1 09
Aunque las cosas nunca sean sólamente sus condicio
nes ambientales, sino ellas mismas, en acción, podemos
hablar de un clima dialógico. Existe un diálogo invisible,
previo, en el que no necesito inventar preguntas o fabricar
respuestas. Los educadores verdaderamente demócratas
no están- son dialogantes. Una de sus tareas esenciales
en nuestra sociedad es promover ese clima dialógico.
La experiencia dialógica es fundamental para la
construcción de la curiosidad epistemológica. Son ele
mentos constitutivos de ésta: la postura crítica que el diá
logo implica; su preocupación por aprehender la razón
de ser del objeto que media entre los sujetos del diálogo.
Me preocu pa la d istancia creciente entre l a práctica
educativa y el ejercicio de la curiosidad epistemológ ica.
Temo que la curiosidad log rada por una práctica educa
tiva reducida a pura técn ica sea una curiosidad castrada
que no sobrepasa una posición cientifista ante el mundo.
Es esto lo que se encuentra en el meollo del discu rso
"pragmático" sobre la educación. La utopía de la solidaridad
cede su lugar al entrenamiento técnico dirigido para la su
pervivencia en un mundo sin sueños "que ya crearon de
masiados problemas" . . . En este caso, lo que interesa es
entrenar a los educandos para que se desenvuelvan bien.
Entrenarlos y no formarlos, para que se adapten sin
protestar. Los que protestan , están agitando , sublevando ,
deforman la verdad , desasosiegan y se alzan contra el
orden , contra el silencio necesario para quien produce.
Rechazo ese fatalismo en nom bre de mi compren
sión del ser h umano y de l a Historia, de mi pu nto de vis
ta ético y porque no puedo negar mi fe.
110
A la sombra de este árbol y en otros textos he expl l
cado cómo entiendo el ser h u mano y la H istoria. Desta
co la finitud de la que somos conscie ntes y que nos ha
ce seres i nsertos e n la búsqueda pe rmane nte de ser
más: al mismo tiempo vocación y riesgo de perder la di
rección . La vocación h istórica no es desti no si no pos ibi
l idad . Y no hay pos ibil idad que no se expo nga a su im
posi bil idad . Y viceve rsa, la cosa hoy i mposible puede
ser pos ible el día de mañana. En la H istoria co mo posi
bilidad no se marca cómo hemos de ser, excepto res
ponsables y por tanto éticos . Esa responsabilidad i mpli
ca la lucha igualmente ética para as u m i rla. El hecho de
ser onto lógicamente responsables no es algo expe ri
mentado si n esfue rzo , s i n lucha contra q u ien irrespo n
sablemente nos prohibe ser respo nsables por n uestra
l ibertad . Por eso , la lucha por la li beración i mpl ica u na ta
rea previa; medi ante l a aceptación de la propia lu cha es
como ú nicamente la as u m i mos. Y así es como nos l ibe
ramos o no. La libertad , sin la cual no podemos ser, no
es un don s i no u n a conq uista .
La afirmación "las cosas son as í porque no pueden
ser de otra manera" es uno de los m uchos med ios co n
los que los dom inantes i nte ntan abortar l a resistencia de
los dominados. Cuanto más anestesiados histó ricamen
te , cuanto más fatalísticamente este mos i n m ersos en la
realidad imposible de ser tocada y menos aún transfo r
mada, tanto menos futu ro te nemos. La esperanza se
pu lveriza en la inmovi l idad de un prese nte aplastante ,
una especie de pu nto final más all á del cual nada es po
sible ( Pau lo Freire, Pedagogía da Esperan9a) .
111
M I FE Y ES P ERANZA
Hace alg ú n tiempo almorcé en San Francisco con
u n a relig iosa norteamericana y dos pe rsonas "sin te
cho". N uestra conversación estuvo todo el tiempo salpi
cada de desesperanza. "Cuando vas a parar a la calle,
es imposible sal i r. ¿Qué más l e podría ofrece r a usted
más allá de mi desolación ?. Los d ías pasan , las noches
se consumen y me siento tritu rado dentro de ellos. Hace
m ucho tiempo que no tengo u n rayo de luz atravesando
una hendidura de mis d ías y mis noches . Al principio mi
esperanza descansaba en el sueño. Pensaba que po
d ría, mientras dorm ía, experimentar algu n a alegría",
decía u no de ellos con u na mirada distante . La misma
m i rada del adolescente campesi n o de Sao Paulo que
sólo ten ía pesad illas. De c ualqu ier forma, las noches de
los sin techo a él le parecía mejores : "En ellas me su
merjo y ahogo mi dolor".
Mi responsabil idad ética y po l ítica no me permite
vacilar ante el ci nismo de quien dice "las cosas son así
porque no pueden ser de otra manera". Si me acomodo
a la mentira de la frase, traicionaría a los desesperados
del mu ndo como aquél en San Francisco . No recue rdo
su nombre. No lo vi más. Si todavía vive , en lo hondo
del tiempo , probablemente no leerá este texto . No sa
brá cuánto me ayudó al hablar de su impote ncia que
dejó clara, críticamente, al describir su trágica expe
riencia: caer en las calles s i n poder salir de el las .
Dos o tres d ías después de aq uella com ida, visité ,
e n San Francisco, u n a casa católica en l a que gente
pobre y marg i n ad a recibía ayuda. U n a m ujer blanca,
1 12
aflig id a y con d ificu ltad de hablar, me m i ró ."¿ Usted es
norteamericana, verdad ?". Con los ojos llenos de lágri
mas, de u n brillo lánguido, me respondió : "No, soy po
bre". Por pri mera vez escuché que la pobreza es nacio
nalidad . Si ntiéndose cu lpable, o aceptando la culpa que
el sistema le atribu ía por s u fracaso, ella decía que no
era norteamericana. E n su autorecri minación, era com o
si pidiese perdón a la norteamericanidad p o r no tener
u na vida de éxito .
Aquella m ujer desolada expresaba, de modo signifi
cativo , la ause ncia en ella de la ciudadan ía. Era u n a
persona que ren u n ciaba a s u propia existencia. Extra
ordinario poder de la ideolog ía. La m ujer la había i ntro
yectado de tal manera que, al hablar, era como si ella
n o existiese, sino l a ideolog ía q ue hablaba. Su discurso
manifestaba de tal modo la ideolog ía dominante que
habitaba en ella que era toda una crítica de sí misma.
Atónito pensé : "Si estuviésemos e n u n j uicio, esta
pobre m ujer sería al mismo tiem po reo y abogada de la
acusación de sí m is ma. Sin defen sa".
Su culpa la inhibía de la misma forma que la postu ra
fatalista. E l fatalismo de los pobres indiscutiblemente
ayuda a los dominantes . Podemos caer en la tentación
de pensar que el fatalismo es u na i nvención de los domi
nantes para hacer inviable la rebeldía de los dominados.
O aplazarla lo más posible. U na invención cuya ingeniería
discutiese n en u n despacho de uno de sus l íderes. No es
así: el tejido de la situación opresora es la que genera la
compre nsió n fatal ista del mu ndo, de u n Dios extraña
mente amante de sus hijos, pues los prueba en el dolor,
1 13
en l a carencia, en el infortunio. E ngendrándose en la si
tuación opresora y sirviéndola, el fatal ismo es alimentado
por los opresores. Es natural a un fatalismo la compren
sión de un Dios que castiga la rebeldía con las inj u sticias
y bendice la aceptación resignada del desamor.
La situ ación que genera tal co mprensión del mu ndo
y de Dios no ofrece a los que en ella están inmersos
otra salida si no es la aceptación de su propio dolor. In
tentar cambiar, ensayar cualq uier duda en torno a la ile
gitimidad de la situación sign ificaría pecar contra la vo
lu ntad de Dios. Respaldados por la anestesia histórica
de las poblaciones sufridas y pacientes , los dominantes
u san a Dios para sus fi nes.
La cuestión sobre la l iberación y su práctica no es
l uchar contra la religiosidad de las clases popu lares ,
derecho suyo y expresión de su cu ltu ra, s i n o cambiar
con ella la visión de un Dios al servicio de los fuertes
por un Dios al lado del cual debe estar la j usticia, la ver
dad , el amor. Lo que im preg naba l a relig iosidad popu l ar
-acomodación , aniquilación- sería sustitu ído por for
mas de resistencia al u ltraje, a l a perversidad .
D e esta forma la fe-sumisión a u n desti no q u e refle
jaría la vo l untad de Dios da paso a una fe-deflagrante
de amorosa rebeld ía. E n este proceso la comprensión
del cuerpo , para los que evol ucionarían en su fe , como
residencia del pecado , se cambiaría por la compren
sión del cuerpo como templo de Dios.
Cuando defiendo la un idad en la diversidad pienso
en la u nidad entre los que viven su fe li beradora y los
que no la tiene n , sin importar por qué.
114
No veo cómo los que así viven su fe pueden rene
gar de los que no la vive n , y viceversa. Si nuestra utopía
es permanente cambio del m u ndo y superació n de las
injusticias , no puedo reh usar la co ntribución de los pro
g resistas que no tienen fe ni puedo ser rechazado por
que la te ngo. Lo que no se puede aceptar en los que
proclaman su fe es que la usen al servicio de la alie na
ción de las clases populares.
Así es como siempre entendí a Dios: una presencia en
la Historia que no me prohibe hacerla sino que me empuja
en favor de la transformación del mundo, con la que se
restaura la humanidad de los explotados y de los débiles.
Uno de los aspectos positivos en l a vertie nte n egati
va de las tribu lacio nes que mi familia tuvo que enfrentar
fue tener que supe rar la crisis que nos aflig ía sin caer
en la tentación de asu m i r u na postura fatalista. No esta
ba a n uestro l ado la idea de que éramos probados por
Dios. Al contrario , desde el pri ncipio estaba convencido
de la necesidad de cambiar el m u ndo , de reformar lo
que me parecía equ ivocado. Esta actitud era más una
adivinanza, una intuición que u n conocimiento cabal .
( Gaitas a Cristina. Pau lo Freire- Paz e Terra. R ío de Ja
neiro , 1 994) .
No me siento cómodo hablando de m i fe . Por lo me
nos no tanto como delante de mi opción pol ítica, mi uto
pía y mis sueños pedagóg icos. Quiero afi rmar, no obs
tante , su fundamental i mportancia en mi l ucha por la
superación de una realidad opresora y por la construc
ción de una sociedad me nos desag radable , me nos
malvada, más h u m ana.
115
Todos los argumentos a favor de la legitimidad de mi
lucha por una sociedad más personal izada tiene n , en mi
fe, su fundamentación profu nda. M i fe me apoya, esti mu
la, desafía, jamás me perm itió decir: "Detente ; acomóda
te : las cosas son así porque no pueden ser de otra forma".
Siendo j oven todavía, l e í en Miguel de U n am uno
que "las ideas se tienen ; en las creencias se está". Estoy
en mi fe , pero porque ella no es paralizante , estar e n
ella e s m overme , es i mplicarme e n formas de acción
coherentes con ella. En acciones que la dicen, jamás
en prácticas que la desdicen. Des-decir la fe no es no te
ner fe sino contra-decirla con actos . No tener fe es posi
bilidad y derecho de los seres hu manos que lo d ejan de
ser si son castrados en su libertad de creer o no creer.
Lo malo no es creer, no es tener fe, sino decirse portador
de ella y al m ismo tiem po contradecirla con su acción.
E n este sentido , la coherencia y el g usto por la co
herencia son indispensables al equil ibrio entre lo que
predico y lo que hago. Testi moniar contra la fe procla
mada es trabajar contra la fe .
Jamás e ntend í , desde n i ñ o , cómo era posible conci
liar la fe en Cristo y la d iscri m i nación por motivos de ra
za, de género , clase , de nació n . Cóm o es posible "ca
m i n ar" co n C risto , y l lamar a las clases populares "esa
gente maloliente" o "gentuza".
No es fácil tener fe. Sobre todo por las exigencias
q u e ella exige a quien la experimenta. Exigencias de
asu m i r la libertad , que i m plica el respeto por la libertad
del otro , en el sentido de eticidad , de h u mildad , de co
herencia y tolerancia.
1 16
Si una fe vigorosa puede nacer auténticamente entre
los ofendidos, es menos fácil que florezca entre los
arrogantes . Para que éstos puedan ser tocados por la
fe , antes precisan vaciarse del poder que los hace po
derosos. Para que h u m i l l ados vivan la ve rdadera fe , ne
ces itan , sin perder la h u m i ldad , aceptarse sin h u m i l la
ción , incluso débiles.
Por eso l a salvación i m pl ica la liberación, el com
promiso en la l ucha po r ella. Es co mo si la lucha co ntra
la expl otación , la dispos ición para la l ucha, el rechazo a
u na situación aco modaticia fuesen cam i n os de salva
ció n . E l proceso de salvació n no puede ser auté ntico
sin asu m i r la rebe ldía.
No es fáci l tener fe.
Recienteme nte u n am igo que disfrutó co nm igo de
la som bra ag radable de este árbol me preguntó , co mo si
supiese la respuesta, hasta dónde l legaría mi opti mis
mo y esperanza ante la des medida cantidad d iaria de
asaltos a bancos , asesinatos de testigos, masacres ,
asesi nato de la "candelaria" (j u nto a la Catedral de R ío
de Janeiro) y hechos como la m uerte de u n grupo de
personas en la zona de Vicario General , desfalcos, se
cuestros, estru pos , escándalos en el Congreso, am nis
tías i m procedentes, traición po r "impeachment" vía téc
n ica jur ídica.
Mi amigo me hacía estas preguntas en el m ismo
d ía en que el presidente Col lor era absue lto por el Su
premo Tri bu nal Federal y se asesi naba al segu ndo tes
tigo de la masacre de la Candelaria. M i amigo había ve
nido para o ír que, a pesar de todo, mi esperanza y m i
117
optimismo conti nuaban vivos. S u pregu nta aumentó mi
responsabilidad porque percibí que, e n m i esperanza,
le ofrecía aliento a la suya. Tal vez él no supiese que
era yo quien necesitaba tanto de él como él de m í. La lu
cha por la esperanza es permanente y se i nten sifica e n
l a medida en que se percibe q u e no e s u n a lucha sol ita
ria. (Ver nota 1 3).
Si la esperanza radica e n fa inconclusión de ser, es
preciso algo más para e ncarnarla. Es preciso asu mir el
inacabamiento del q ue me hago consciente. Al hacerlo,
la esperanza se hace crítica y ya no me puede faltar. La
asu nción crítica de mi inacabamiento me inserta nece
sariamente en la búsq ueda permane nte . Lo que hace
un ser con esperanza no es tanto la certeza de lo en
contrado, sino el movilizarse en la búsqueda. No es po
sible buscar s i n esperanza; ni tampoco en la soledad .
Es verdad que el deterioro ético en la sociedad bra
sileña va alcanzando niveles insoportables. Pero tam
bién es cierto que, por más profu ndas que sean las de
presiones, es siempre posible el resu rgi r de la decencia
y del pudor.
Una vez más, en la histo ria brasileña, es urgente el
testi monio de la pureza contra la desfachatez del mora
lismo, el testi monio de la transparente seriedad contra el
descaro de la sinvergüencería. Para preservar la espe
ranza, es preciso que se identifiq ue también como
ejemplo de dete rioro , la falta de respeto a las clases po
pulares, los salarios indecentes de los profesores de
enseñanza básica; la falta de respeto por l as cuestio
nes públicas , los descalabros del mundo oficial , el de-
118
sempleo, la m iseria, el hambre . Ve rdaderas pornografí
as en la vida brasi leña. Pero también la discri m i n ació n ,
no i m porta si co ntra el negro, la mujer, el hom osexual , e l
indio , el gordo, el viejo.
Es necesario mante ner la espe ranza i ncluso cuando
la áspe ra real idad sugiere todo lo co ntrari o. En esta si
tuación, la lucha por la esperanza sign ifica la denu ncia,
sin medias palabras , de los desmanes , de los fraudes y
las om isio nes . De nu nciándolos , despertamos en los
otros y en nosotros mismos la necesidad y tam bién el
gusto por la esperanza.
¿Qué podrá hace r la educación co n vistas a la es
peranza? En cuanto proceso g noseo lóg i co , ella impl ica
sujetos (educadores y ed ucandos) un idos por el objeto
cog noscible o el conten ido a ser en señado por el sujeto
educador y aprendido por el sujeto-ed ucando . Cual
q u iera que sea la di mensión por la cual consideremos
la auté ntica práctica educativa -gnoseológ ica, estética ,
ética, po l ítica- s u proceso impl ica la esperanza. Los
educadores sin esperanza contradicen su práctica. So n
hombres y mujeres sin rumbo. Perdidos en l a H istoria.
En el esfuerzo por mantener viva la esperanza, i n
dispensable para l a aleg ría en l a escuela, las educado
ras y ed ucadores deberían anal izar siem pre las idas y
ve nidas de la real idad social . Idas y ve nidas que perm i
te n u n mayor entendimiento de la esperan za.
Desde el pu nto de vista de la H istoria, el anál isis ri
g u roso de los hechos revela que los aco ntecimientos
co ns iderados negativos son más pos itivos de lo que
parece . Por más extraños que sean los hechos , el re-
119
medio nu nca podrá ser la cerrazón de la sociedad, de
nuevo. En verdad, las situaciones negativas que esta
mos experimentando hoy no suponen dudas sobre la
democracia. Porque estamos ejerciendo con más rigor
la democracia es por lo que ciertas cosas están aconte
ciendo y de otras muchas estamos tomando conciencia.
El "i mpeachment" po r ejemplo de un presidente no
hubiese sido posible en el país si no hubiese alcanzado
el nivel que alcanzó de m adurez pol ítico-democrática.
Sólo el perfeccionamiento de la democracia, que implica
la superación de las i njusticias sociales, dem uestra lo
que valió la esperanza con que l uchamos.
E n verdad , un régimen de excepción n unca fue u na
i ntroducción a la democracia. E n el tiempo transcurrido
desde que comenzamos la transición del autoritarismo a
la democracia, en los obstáculos enfrentados sentía
mos el riesgo de que la esperanza se iba a desvanecer.
La transición ahora term i n a y a partir de ahora, ya no
tenemos motivos para hablar de ella. De ahora en ade
lante , tenemos que consolidar la democracia, respaldar
sus instituciones, asegu rar el retorno del país al desa
rrollo, al equ i l ibrio de la economía y enfrentarnos así a
los problema sociales que nos afl igen .
Aliándonos con la derech a, jamás haremos esto .
1 20
NorAs
Ana María Araújo Freire
I NTRO D U CC I Ó N
e ompartir u n l ibro con Pau l o es u n privi leg io y u n gozo
para mí. Siendo su m ujer, n o recibo sus i nvitaciones pa
ra partici par en sus trabajos co mo un derecho o un deber si
no co mo un privi leg io y u n a alegría.
Privi legio de, contri buyendo en sus escritos, i rme fo r
mando y refo rmando co mo i nte lectual y brasileña, pues su
conten ido en este nuevo l i bro , co mo en otros ya escritos , ha
nacido rad icalmente de l a cotidian idad de su vida, de sus
emociones y reflexiones surgidas de la experiencia recifense ,
pe rnambucana, brasi leña antes que de las del m u ndo . Ca
m i nar co n él en este recorrido es un hacerme y re hace rme
más historiadora y más auténticame nte n acional .
Gozo de saber comparti r con él no só l o el d ía a día de
convive ncia entre marido- m ujer, s i n o la satisfacció n también
de estar vivi endo y compartiendo sus preocu paciones pol íti
co- pedagóg i cas que, ya si endo muchas anteriormente , van
siendo en los últi m os años más y más nuestras.
E n "A la sombra de este árbol" -que pod r ía ser también
de las "jaq uei ras o de l os cajueiros", con sus copas igual
me nte generosas las cuales exhalan un olor i n igua lable des
de la flo ración hasta el ú ltimo fruto- los esmeros de mis notas
serán los m i smos co n l os que escri bí los de Pedagogía da
1 21
Esperanqa y de Cartas a Cristina. Así, pretendo situarme a la
sombra de este árbol com o privilegio y gozo de retomar las
ideas y la compañía de Paulo que se siente más lúcido y
creativo en ésta y en otras sombras del nordeste .
Estas notas no pretenden invad i r el texto del autor sino
completarlo. Tal vez algu nas parezcan i n n ecesarias ; en la
medida que el lenguaje y las ideas de Pau lo superan el ni ve l
local , pretendo trad uci rlas para u n público u n iversal . Mis no
tas pretenden contextual izar este texto en m uchas de sus
aparentes obviedades de tiempo, espacio y cu ltu ra brasile
ña. Ellas son sólamente descripciones narrativas y reflexiones
que pretenden esclarecer, n unca interferi r en el diálogo e ntre
el autor y sus lectores.
N OTA 1 - PÁG I NA 25
En nombre de los hombres, mujeres y niños q ue el poder
económico mantiene exclu ídos de la partici pació n en la so
ciedad , la Conferencia Nacional de Obispos de Brasi l
(CNBB) organ izó la Campaña de Fraternidad de 1 995 . A tra
vés de ella la Iglesia Cató l ica exhortó a la sociedad a q u e se
concience y se implique en acc iones concretas en favor de
los históricamente exclu ídos, de los despreciados y abando
nados a s u propia suerte.
Este grupo i ncluye a los ancianos , a los deficientes físi
cos , a los enfermos pobres, a los n i ños de la cal le, a las ni
ñ as sexualmente explotadas , a los encarcelados, a los d ro
gadictos , a los portado res del Sida a las prostitutas y a los
desempleados. E l docu mento base de la campaña den u n
c i a : "Son aproxi madamente 1 30 m i l los presos en 2 9 7 esta
bleci mientos penales con 2,5 veces más presos por cárcel
( . . . ) q u i n ientas m i l ni ñas se pro stituyen por las cal les de Bra
si l . ( . . . ). La prostituta más joven de Brasil ten ía ocho años .
1 22
Es alarmante el tráfico de menores y de n i ños para l a pros
titución". Seg ú n los datos de la C N BB, 32 m i l lones pasan
hambre, s i ete m il lones sufren dolencias físicas y m e ntales,
m i l lo nes de n i ños com ienzan a trabajar precozmente . Ade
más, por lo menos q u i nientas mil personas son po rtadoras
del vi rus del sida.
La Iglesia Católica en el Brasi l desde los años 60 pre
senta un segmento del clero bastante progresista, total men
te i mplicado con la causa de los oprim idos . La CNBB es una
d e sus i n stituciones que ven ía pro moviendo hasta mayo de
1 995 con D . Luciano Mendes de Al m eida, u n espacio no só
lo para la evangel ización s i no también de lucha contra las i n
justicias pol ítico-sociales . D u rante el período m i litar ( 1 964-
1 985) voces i ndignadas de varios l íderes como D. Paulo
Evaristo Arns se levantaro n contra las arbitrariedades, sobre
todo contra la tortu ra y la desaparición de presos pol íticos .
Con la apertura pol ítica, la s ituación de los excl u ídos de los
bienes culturales y materiales ve n ía siendo una gran preocu
pación de ese clero que, en gran parte, lideró acciones de la
C N BB. De forma más reciente el neoliberal ismo privatizado r
del actual presidente de la Repúbl ica ha recibido el repudio de
estos sacerdotes porque conocen la imposibilidad de la inte
gración de los exclu ídos en ese régimen en gran manera in
d ividual ista y desi nteresado de las causas sociales.
N OTA 2 - PÁG I NA 27
Frei re habla del m u ndo de su ni ñez a través de los árbo
les y sus sombras , cosas tan i mportantes en la vida del nor
deste. Del "cajueiro" árbol natu ral de la zona de los cayos,
cuyo fruto amarillo o rojo con su sabor ú n ico de cierto regus
to amargo se degusta como zumo o du lce, en estado natural ,
o mezclado con ag u ardi ente para hacer ese "caju amigo" ; la
1 23
aleg ría de los domingos a la orilla del m ar y que todavía pro
porciona la sabrosa castaña ; de los mangos, tra ídos por los
jesu ítas al pri ncipio de la colonización, co n sus frutos enor
mes, sabrosos, variados en color y g usto y tamaño ; de las
"jaqueiras" i n mensas que ofrece n bayas abu ndantes; de las
"barrigudeiras o paneiras", árboles enormes de "tronco muy
grueso con gran reserva de ag ua y flores rojas, siendo su
fruto una cápsula alada" ( Diccionario Aurelio): sus copos sir
ven para hacer almo hadas suaves y baratas.
Destacando "colores, olores, frutos", Freire se refiere a
las cualidades de los árboles y arbustos que hasta los años
ci ncu enta -antes que los rascacielos inu ndasen de aparta
mentos la ciudad- l l enaban los pequeñ os terrenos de las ca
sas de cualquier barrio , i ndependientemente de la clase so
cial que en él habitase, atrayendo así a los pájaros.
Situaciones de los tiempos que provocan nostalgia. También
ocupan los recuerdos del auto r, "el cajá", "la pitanga", "ca
rambola", "aracá", "mamao", "umbú", "g raviola", "pi ña", "sa
poti", "ingá", "pitomba", "mang aba", "goiaba", "banana", "ja
buticaba", "ro má", "abacaxi" . . . 1 0 cuyas pulpas, refrescos y
. . .
sorbetes i ncluso hoy hacen la d e l icia de q u ien no hizo con
cesiones al m arketing de l o s refrescos.
NOTA 3 - PÁG INA 3 1
Hablando d e las contradicciones d e "mi tierra", n o sólo del
Nordeste sino de todo ese B rasil generoso y pródigo e n gente
creativa y naturaleza exuberante y que ve tantas veces, no sin
l ucha, a su clase dominante, apoyada por la clases medias,
1 0 S e trata de un am plio conjunto de frutas tropicales l a gran mayoría del
Nordeste brasileño. Algunas de ellas son más conocidas, como la piña . .. Se
mantienen sus nombres originales.
1 24
tratar con sordidez y desprecio a m i l lones de otros y otras ,
condenándolos al hambre, a la pobreza, al dolor y al analfabe
tismo. Freire , entre tantos que l uchan sol idariamente por és
tos y éstas , llora de emoción y de justa i ndignación.
Algu nos datos señalan el g rado de i nj usticia en l a distri
bución de los bienes sociales entre los brasileños . La clase
soc ial en el Brasil está en gran parte re l acionada con el co lor.
Los negros y negras debido a la me ntalidad escl avista aún
vigente , son co nsiderados como seres in trínsecamente i nfe
riores. E ntre 1 53 1 y 1 8 1 0 se registró la entrada en Brasil de
6, 1 m i l lo nes de negros l l egados de Angola, Costa de Marfi l ,
Luan d a y Beng uela. ( Para tener u n a idea d e l a importancia de
esta cifra, en 1 8 1 0 la población total de Brasil era de 4, 1 m i
llones de personas seg ú n los datos del I BG E) . E n 1 990 la
población de origen africano alcanza aproxi madam ente 7,2
m i l lones de neg ros y 57,7 m i l lones de "pardos" -rú brica q u e
i ndica claramente u na visión racista- dentro de u n total de
1 47 , 3 m i l lones de b rasi leños.
La herencia co lon ial- patri arcal deja a las m ujeres, i n
cl uso a las blancas , co n la m e n o r parte de casi todos los
bienes soci ales . Tam bién existe n d ife rencias en l a distri b u
c i ó n d e l o s bienes c u ltu rales y mate ri ales seg ú n la reg ión
geog ráfica.
La cuestión de los jubilados y pe nsion istas es trág ica: 1 2 ,
3 m i l lones de aseg u rados de la Providencia Social apenas
reciben u n salario m ín i mo (ce rca de 1 00 dólares) para sobre
vivi r. En 1 990 la esperanza de vida era de 65 ,49 años ; 62 , 1 4
para los hombres y 67,74 para las m ujeres . En Su rin am , u no
de los pa íses más pobres de América Lati na, la espe ranza
media de vida era de 70 años ( Fo/ha de S, Paulo, 8/3/1 995 . ) .
En 1 990, entre m i l nacidos vivos, mo ría u na media de
5 1 , 6 : 58 , 7 n i ños y 44,3 n i ñ as . En la reg ión del Sur, las tasas
1 25
por m i l son del 33 ,6 y 1 9 ,6 ; en el Nordeste alcanzan, respec
tivamente para el género masculino y femenino el 95,60 y el
80,60 por mil ( I BG E , Anuario Estatístico do Brasil, 1 993 ) . En
España son a penas seis por mil los n iñ os que mueren en el
primer año de vida. En Haití, el país más pobre de América, la
tasa media es del 86 por mil, inferior a la media del Nordeste
( media 88,2 po r mil) . En Sao Paulo, un niño nacido en una fa
m i lia pobre de la periferia tiene 3,35 veces más riesgo de mo
ri r antes de alcanzar un año de vida que el de un n i ño nacido
en una familia de la zona central de la ciudad, con mejores
servicios porque all í viven las clases más privi legiadas.
Dentro de las principales causas de la m uerte están "las
infeccio nes i ntesti n ales mal defi nidas" enfermedades de la
miseria. En el co nju nto d el Brasil esas infecciones aparecen
en el 8º lugar como causa de la muerte ; en el Norte están en
el seg undo lugar; en el Nordeste en el 3º l ugar; en el Sudes
te en el 1 2º lugar; en el Sur en el 1 Oº lugar, en el Centro
Oeste en el 9º lugar.
En los ú lti mos veinte años nos hemos vuelto cada vez
más una sociedad violenta, como resu ltado del silencio i m
puesto por la dictadura m ilitar que faci litó la concentración
de la renta : el 80% de las m ue rtes por homicidio en Brasil se
produce entre j óvenes de 1 5 a 1 8 años; entre las muertes
violentas entre ni ños y jóvenes ( incluyendo niños y niñas de
la calle) el m ayor índice es de hom icidios ( 3 1 , 6% ) ; 3 1 ,2% se
derivan de accidentes de tráfico ; el 1 0% po r falta de asisten
cia médica (registrado sólamente en R ío de Janeiro) y 1 ,6%
de suicidios ( Datos del CBIA - Centro Brasileño para la In
fancia y Adolescencia publicados en la Fo/ha de S. Paulo,
1 /1 0/1 994 ) .
En una población esti mad a en 1 56 , 3 mil lones de habi
tantes para 1 995, 4 1 , 9 millones ( 26% del total) son conside
rados por el gobie rno como "pobres": los sin renta para ate n-
1 26
der las necesidades básicas como la casa , e l vestido, la
ed ucació n . De éstos, 1 6 , 5 mil lones son considerados " i n d i
gentes" pues viven en ext rema pobreza y no co nsiguen sa
tisfacer sus necesidades al i menticias.
Las d iferencias de las cond iciones de vida seg ú n el gé
nero también son al armantes : en 1 990 , la "renta med ia men
sual de las personas de diez años o más de edad" era de
24. 1 56 ,00 crucei ros mientras la re nta de l a m ujer era de
8.238,00 cruce i ros. Si las mujeres de todas las regiones te n í
an aproxi madame nte 1 /3 de la re nta de los hombres, otro
dato revela las co ntrad icciones entre esas reg iones. La re nta
media en e l Nordeste era de 8.446 ,00 cruceiros ; la del Norte
era de 1 7 . 652 ,00 crucei ros ; la del Sudeste era de 1 9 .846 , 00
crucei ros ; en el Sur de 1 6 . 452 , 00 y la del Ce ntro-Oeste , de
1 8 .589 ,00 crucei ros en el año en que la media anual nacio nal
del valor del sal ario m ín i mo alcanzó los 1 0 . 1 1 0,47 cruceiros .
La adolescente casi-mujer sufre dolorosame nte las con
secuencias de la sociedad altame nte i njusta prostituyéndose
co n tu ristas extranjeros . Se trata del sexoturismo. Con la es
peranza de casarse con eu ropeos, sueño soco rrido y log rado
por alg unas de ellas , bien real izado o marcado por la tragedia,
ellas se ju ntan con ellos du rante qui nce d ías , aleg res y sumisas
co mpañeras de vacaciones. Según la Comisión Parlame nta
ria de I nvestigación sob re la Prostitución I nfanti l , éstas son
unas 500 mil ; seg ún los datos de la U n icef son diez m i l lones .
E n 1 990 , apu nta el I B G E , la tasa de analfabetismo e n
B rasi l para personas co n siete a ñ o s y más era del 1 9 ,6%. E n
la reg ión d e l Norte era d e l 1 4,2%; en e l Sudeste d e l 1 1 ,2%; en
el Sur d e l 1 1 ,0% ; en el Centro-Oeste d e l 1 7 ,6% y en el Nor
deste del 39, 1 %.
U n a i nvestigación U n icef- I B G E a partir de los datos de
1 99 1 , revela que el analfabetismo alcanza a 1 ,3 m i l lones en
1 27
el grupo de edad entre 1 5-1 7 años, el 1 2,4% del total de brasi
leños en ese grupo. El Sur y el Sudeste tienen mejores condi
ciones de alfabetización ; en cuatro ciudades gauchas (Sur del
Brasil) y dos paulistas, la tasa es cero y de las cincuenta ciu
dades con tasa menor del 1 , 5%, 49 de ellas están en esas re
giones. En el Norte y Nordeste, confirmando sus precarias
condiciones, están las ci ncuenta ciudades que tienen una tasa
superior al 54% de analfabetos; en los casos peores, los índices
alcanzan desde el 6 1 ,97% al 81 ,23%. La investigación demos
tró que, entre 4.491 m u nicipios, 1 .500 suponían u na tasa de
analfabetismo superior al 20%, índice preocupante pues los
que no consiguen escribir hasta los diecisiete años d ifícilmente
lo conseguirán después ( Fo/ha de S. Paulo, 22141 1 995).
Esta situación es con secuencia de u n proceso h istórico
de desarrollo pol ítico-económico-ideológico ag udizado por la
i ntensificació n de la concentración de la renta a parti r de
1 960. E n aq uel año, el 1 0% de los más ricos te n ían una ren
ta 34 veces superior a la del 1 0% más pobre . Trei nta años
después, esa d iferencia llegó a ser 78 veces m ayor. En 1 989
en la media de América Latina y el Cari be, el 20% más pobre
tenían el 4, 1 % de la renta n acional , casi el doble de la parte
que correspond ía a igual seg mento de los brasileños. Toda
vía, segú n el I BG E , el 1 % más rico de la población brasileña
posee el 1 3 , 9% de la renta, m ientras que el 50% más pobre
sólo alcanza e l 1 2 , 1 % ; el 52% de los trabajadores ganan
menos que dos salarios m ín i mos ; el 1 6, 9% de los niños entre
1 O y 1 4 años de edad ya trabaj a ; el 3 1 % de las person as an
cianas no reciben ayuda de la segu ridad social ; apenas el
1 2% de la población ru ral d ispone de i n stalaciones sanita
rias ; cuatro m i llones de n i ños estaban fuera de la escuela
( Fo/ha de S. Paulo, 8/3/1 995) .
Este es u no de los más dolorosos aspectos del país que
alcanza el octavo puesto en la econo m ía m u ndial .
1 28
NOTA 4 - PÁG I NA 3 3
(Existe más i nformación sobre las Ligas cam pesi nas en la
nota 34 que redacté para el l ibro de Freire, Cartas a Cristina).
NOTA 5 - PÁG I NA 38
Al hablar de los habitantes del Nordeste , Fre i re se identi
fica con su pu eblo no sólo por el li ri smo, por la astuta i nte li
gencia o e l gusto por el sol y l a sombra de los árboles y de los
olores que la mayoría de el los exhala con dignidad tropical , si
no tam bién por la sol idaridad de la d ife ren cia. Diferencia trá
gica que las condicio nes de vida en el Nordeste van marcan
do entre aq uél que, po r dive rsos facto res , co nsig uió ro mper
con la alie nación , la situación de anestesia, l a i n movilidad y la
desesperanza y aq uél los que, i n mersos e n su situació n , se
perpetúan y son presas fáci les del as isten cialismo que facili
ta todas l as miserias.
Habiendo sido el Nordeste el lugar privileg iado pa ra la ta
rea colonial-mercantilista portuguesa desde el principio del si
g lo XV I , ya en los tiempos imperiales asisti mos a la transfe
rencia masiva al exterior y a otras reg iones brasileñas, de su
mayo r riqueza: el azúcar. La decade ncia eco nóm ica de u na
reg ión que no dirigió su i nfraestructu ra hacia otro tipo de pro
ducciones , ni siquiera las denom inadas tropicales , con un m í
n i mo di namismo, paral izó las re lacio nes sociales de prod uc
ción . En consecue ncia, históricamente centrado en el
latifu ndio, el nordeste pe rpetu ó la prepotencia el itista y escla
vista que proh íbe el tener, el ser, e l querer, el poder y sabe r a
u na i n mensa población ru ral , más que en l as g randes ciuda
des. Un i mportante g ru po de hombres y de mujeres en raizados
en la co ncepción mágica del m u ndo cae fácil mente en las ma
llas sin piedad de los "señores" dueños de todo y de todos,
siendo sujetos de asistencia y hasta dejándose esclavizar.
1 29
E n los latifu ndios del nordeste la consign a es torturar o
matar a todos los trabaj adores l íderes y s i m patizantes de la
lucha contra la explotació n . Só lamente en Bah ía entre 1 979 y
1 988 fuero n asesinados 1 38 l íderes trabajadores del campo .
Elimi nando esas conciencias liberadoras y extendie ndo el
terror, los d ueños de los latifun dios pretenden someter a sus
vícti mas a través del silencio. ( Ogunhe, Ano 1 , º 2, Salvador
de Bah ía, 30/6/1 989, p. 4) .
De los 1 . 78 1 asesinatos perpetrados contra los campesi
nos brasileños entre 1 964 y 1 994 "sólamente 29 casos fueron
a juicio, de los cuales sólo apenas catorce fueron condenados
y los otros 1 5 fueron ¡ absueltos ! ( . . . ) El n ú me ro de trabaj ado
res que viven en situación de esclavitud en diversas propie
dades es un fuerte indicador: 40. 694 e ntre 1 989 y 1 993 . Los
asesi nos de C hico Mendes . . . continúan h u ídos . Sacerdotes
que luchan por los derechos en el campo son amenazados de
muerte" ( Boletín I nformativo del "Grupo Tortu ra Nu nca Mais"
- RJ , nº 1 6, marzo /94. p. 4) .
El Centro Josué de Castro , e n u na investigación con la
"Save Children Fund" denu ncia que "sesenta mil n i ños entre
siete y trece años trabajaron du rante 1 994 en el pesado tra
bajo de corte d e la caña e n las fábricas y estableci m ientos
agrícolas de la Zona de Mata pernambucana ( . . . ) Esa multitud
de menores representó el 25% de la mano de obra empleada
en el corte de la caña ( . . ) la renta familiar e n la región fue de
.
unos miserables 23 dólares po r mes y los salarios recibidos
por los menores apenas llegarían para poder adquiri r el
58,6% de la llamada "ración esencial m ín i ma" o sea la ali
mentación necesaria para reponer m íni mamente la energ ía
consu mida a través del trabajo".
De este conju nto de n i ños, el 56% comienza a trabajar con
siete años de edad, el 57% se hieren con las hoces durante el
trabajo en el cañaveral , el 90% no tienen carta de trabajador
1 30
fi rmada y el 1 00% son reclutados para un trabajo de 44 horas a
la semana (Revista Nova Escota, nº 84, mayo de 1 995, p. 5 1 ) .
Datos del Banco Mundial nos i nforman que los "224 lati
fund ios del Nordeste , cada u no superior a diez mil hectáreas ,
controlan más tierra en térmi nos absolutos que 1 , 7 millones de
min ifundios (en Cam;nhar Juntos, bo letín i nformativo da Dioce
se de Juazeiro, Bah ía, Año XVI , nº 1 69, diciem bre 1 99 1 , p. 7) .
En 1 991 el periód ico de los trabajadores ru rales denu nció
la concentración de tierras prod uctivas : 50% de e l l as perte
necen al 2% de los propietarios lo que provoca un éxodo del
70% de la población campesina que en las ci udades en
cuentran casi siem pre la marg i n ació n , el desempleo y el
hambre. ( Sem Terra, año X, nº 1 07, setiembre /1 99 1 ). El
mayor latifu ndista del Brasi l posee 2, 1 m i l lones de hectáreas
en Acre , u n área equivalente a El Salvador ( Jornal da Apeo
esp, Sao Paulo, nº 203 , dez 1 994-janei ro 1 995) .
U n as nove nta m i l casas que servían de morad a para los
trabajadores de las fáb ricas fueron destru ídas en los ú lti mos
cuatro años , después de la expu lsión de los propios h abitan
tes campesinos, red ucidos a la co nd ició n de trabajadores
te mporales del campo. Los fabricantes argu mentan q u e los
costes de equ iparación de los trabajadores ru rales a los ur
banos establecidos po r la Constitución de 1 988 au me ntaron
de fo rma exacerbada la co ntribución de los empresarios a l a
Seg u ridad Social . L a i n vestigación de la U n iversidad Fede ral
de Alagoas dem u estra que el cambio en las rel aciones del
trabajo ru ral au me ntó el proceso de "fave l ización"1 1 , la vio-
1 1 Acud ir a vivir a zonas de chabolas mise rables por parte de mil lones de
perso nas que no tienen casa ni trabajo, n i otros med ios de subsistencia.
Ello aumenta la prol ife ración de "fave las". En el caso de la ciudad de Sao
Pau lo, u na de las más ricas d e Brasil, ci nco mi llo nes de perso nas viven en
viviendas deficientes. Más de 800.000 residen en "favelas".
1 31
lencia, la mortalidad i nfanti l y la disg regación cultural de las
poblaciones i mpl icadas.
Para tener una idea de las g randeza de estas demolicio
nes, cito dos hechos: en los ú ltimos 29 años el Cohab de
Alagqas construyó apenas 23 . 034 casas populares; de
acuerdo con el I BG E en 1 991 la capital ten ía 49 "favelas" y e n
1 995 llegaban a 1 20 (Fo/ha de S. Paulo, 28/5/1 995) .
E n cuanto a la reforma agraria -necesaria para la solu
ción de i n n u merables problemas nacionales y sobre todo
particularmente necesaria en e l Nordeste debido a la situa
ción angustiante de su gente y u no de los motivos de la caí
da del presidente Joao Gou lart e n 1 964- fue resucitada en el
gobierno de la transición democrática de José Sarney
( 1 5/3/1 985 a 1 5/3 1 990) con el nombre de P lan N acio nal de
Reforma Agraria. Esta sirvió ú n icamente para desestabilizar
la l ucha de los "Si n -Tierra" que ingenuamente diero n el voto
de confianza a las promesas de asentamiento hechas por el
gobierno; hasta el final del plan en diciembre de 1 989, apenas
el 1 0% de lo prometido fue realizado ( Ogunde, Bahía, nº 9) . El
P rograma de la Tie rra del gobierno de Collor, que prometía
buscar asentamiento para cuatrocientas m i l fami l i as cayó en
el olvido; el mismo presidente concedió la refinanci ación de la
deuda de l as fábricas de azúcar respaldando las condicio
nes de privilegio de los explotadores.
El actual gobierno neol i beral de Fernando Henrique Car
doso, en m ayo de 1 995, inmediatemente después de la toma
de posesión de la n ueva d i rección de la C N B B (de tendencia
como m ín i mo conservadora) di mitió al presidente del I nstitu
to Nacional de Co lonización y Reforma Ag raria, hombre de
confianza del clero prog resista, implicados ambos en los
problemas de los "Si n-Tierra" y trabajadores rurales. Esto
sucedió en el momento en que la deuda de 1 .227 d ueños de
las haciendas con el Banco d e Brasil , supe rior a 2.200 mil lo-
1 32
nes de dólares, era n egociada en función de l as presiones
del grupo "ruralista" de la Cámara de Diputados que apoya las
reformas deseadas por el gobierno .
"Tomando como base u n a media de mil reales por hectá
rea, el gobierno podría conseguir con esa deuda, nada menos
q ue tres m i l lones de hectáreas de tierra. Si tomamos como
media q u i nce hectáreas por fami lia, daría para establecer
doscientas m i l familias. O sea la mitad de la colocación del
gobierno FHC (Sem- Terra, nº 1 47 , maio/95) . Por todo eso,
cinco m illones de productores rurales no consiguen más
préstamos de los bancos oficiales estando condenados a
pagar con sus tierras las deudas contraídas para poder pro
ducir en ellas.
N OTA 6 - PÁG I NA 59
Anisio Teixeira es uno de los m ás i mportantes educado
res brasileños. Nacido en Bah ía en 1 900 , h ijo de u na familia
m uy rica, desde época muy temprana se dedicó a la educa
ción. No lo hizo d u rante toda su vida porq u e acusad o erróne
amente de ser com u nista, fue apartado de su trabajo d u ran
te dos dictadu ras , la "getuli na" (de Getul io Vargas) y la
m i l itar. M u rió a los 71 años después de una vida compro me
tida con la causa de la educación públ ica.
Su extensa obra y su trabajo en o rganismos públ icos n a
cionales (fue Secretario de Educación de Bah ía por dos ve
ces y del entonces Distrito Federal, R ío de Janei ro , y director
del Capes y del C N Pq 1 2) e i nternacionales ( Un esco) estuvie
ron dedicados a engrandecer la escuela pública, a combatir el
1 2 Se trata de una serie de instituciones y actividades en el ámbito de la
educación. CAPES: C ampaña de Perfeccionamie nto de Profesores de
Enseñanza; CNPq: Ce ntro Nacional de Investigación.
1 33
elitismo, la s u misión y el m iedo , la centralización educativa y
la pol ítica burocrática que hacía mezquino el acto de educar.
Sus di rectrices eran la dem ocracia y el desarrollo económico
mediante la ind ustrialización basada en la ciencia y en la paz
social conquistada por ciudadanos formados de forma priori
taria por el Estado . E l conocim iento sería el resu ltado de la
experiencia, de la creatividad y responsabil idad mediante
una ed ucación d i rigida al futu ro .
Hombre íntegro, inteligente, tolerante con los otros y ri
g u roso consigo m ismo, luchador, sin prej u icios, e mprende
dor, Teixeira fue discípulo y continuador de las ideas de John
Dewey. Se doctoró por la U n ive rsidad de Colu mbia, pe ríodo
en que se hizo adm i rador de Dewey y de Estados Unidos,
motivo por e l cual las izquierdas brasileñas nunca le perdo
naron. Durante las dos etapas autoritarias de la historia bra
sileña sufrió al ser acusado de comunista, aunque fuese un li
beral , porque su m aestro norteamericano i nfluyó en
Krupskaya, esposa de Len in e ideóloga de la pol ítica educa
tiva rusa. Incomprendido o adm i rado, represaliado o exaltado,
Anisio Teixeira jamás cedió en su lucha por un Brasil más
igual para todos y justo.
NOTA 7 - PÁG INA 6 1
Los dos cong resos a l os q u e Frei re s e refi e re se real i
zaron despu és de s u gestión d e 29 meses en la Secretaría
M u n icipal d e Educación (SM E ) de Sao Paulo, pero se in s
p i ra ron en s u comprensión de la educación ofreci endo u n a
continu idad al proceso de d iálogo por él i n iciado. Ya en los
p reparativos de la organ izaci ó n se h iciero n dece nas d e
re u n iones d o n d e se hab ían discutido proyectos e ideas .
Se envi aron boleti nes i nformativos y co m u nicados . La i n
tención de l o s aconteci m ie ntos e ra com pa rti r la e m oción,
1 34
el t rabajo y los as pectos i n n ovad ores en l a enseñ anza m u
n ici pal . D u rante dos años, en l a fase d e preparación , cas i
cato rce m i l pe rsonas debat iero n l og ros y neces idades de
la en señ anza públ ica ( P u b l icación Ofi cial del S . M . E . - S . P. ,
p.5) .
Los objetivos del 1 Cong reso M u n ici pal de Ed ucación -e l
pri mero del que se te n ía noticia co n las caracte rísticas , di
mensiones y natu raleza de este co ng reso rea l izado entre el 1 -
4 de octu bre de 1 99 1 - eran "am pliar la discusión de los pri n
ci pios po l ítico-ed ucativos de la Secretaría Mun ici pal de
Educación ; discuti r temas fu ndame ntales re lacionados co n
la ed ucación nacio nal ; propiciar l a oportu n idad u n a vez más
del proceso de formaci ón permanente de los educadores ;
reg istrar y d ivulgar los progresos de la acción pedagóg ica de
l as escuelas m u n icipales ; propiciar la d iscusión de experien
cias d ive rsas e n diferentes áreas de actuación de la escu ela
públ ica e n la red m u n icipal" ( p . 8 ) .
E l pri mer Cong reso co ntó co n s e i s m i l personas i nscri
tas , ed ucado res , fu ncionarios , pad res y al u m nos de l a red
m u n ici pal e i nvitados de otras i nstituciones. Se realizaro n
simposios, mesas redo ndas , s e expu siero n prácticas , gru
pos temáticos , mu estras de mate rial pedagóg ico y actos
artísticos . Durante estas sesiones, diu rnas y noctu rnas, se
reflex ionó sobre la re lación de la ed ucación co n : la l i bertad ,
la democratización , el con ocim iento, e l co m p rom iso del
ed ucador co n la pol ítica n acional de educación de jóve nes y
ad u ltos . Tam b i é n se d i scutió e ntre otros te mas l a sustitu
ción del primer g rado, la i nterd i sci p l i n ariedad , la ed ucaci ón
i nfanti l , la gestión de mocrática, la planificación u rbana y la
educació n , la evaluación y la cuestión de l a m ujer en cuan
to trabajadora de la educació n . En g ru pos te máti cos , las
cien escuelas prese nta ron propu estas en cuanto al período
i n teg ral , alfabetizaci ón y ed ucación i nfanti l , u n a n u eva cal i-
1 35
dad de la enseñanza, el espacio en el aula, los derech os
h u manos y las relaciones sociales, l as matemáticas y la i n
formática . S e real izaro n actuaciones d e los alum n os d e a r
te , conj u nto de flautas, cora l , danza, bandas de música y
teatro .
Dando conti nuidad a este proceso , del 1 1 al 1 5 de
agosto de 1 992 se realizó el 11 Congreso en el Palacio de las
"Convenc;oes Anhemi" en Sao Paulo. Algu nas actividades
se real izaron en el Area d e los N úcleos de Acción Educati
va. Estos n úcl eos , diez reg iones adm i nistrativo-pedagógi
cas eran l a base de la secretaría y fueron i mplantados por
Freire en sustitución de las deleg aciones de enseñanza,
antiguas e i n adecuadas denom i naciones y formas d e en
tender la ed ucación .
El acontecimiento contó con l a partici pación de siete mil
personas relacionadas con el Servicio M u n icipal de Educa
ción e i nvitados de d iversas instituciones. Profu ndizando en la
cuestión de la educación, el 11 Congreso tuvo como objetivo el
debate sobre: ed ucación y ciudadan ía; las relaciones de po
der en el ámbito de la escuela; el papel de los consejos mu
nicipales, de cada estado y federal de Educaci ón ; experien
cias desarrolladas en el ámbito federal y del estado ;
propuestas pedagógicas alternativas; derechos h u manos ;
violencia, marg i nación y derecho a la escuela.
En las diversas sesiones se debatiero n cuestiones sobre
el cu rrícul u m , proyecto pedagóg ico en la escuela de educa
ción infanti l , formación de maestros, relaciones de poder en la
escuela, orientación sexual; cu rsos noctu rnos, estatuto d e
l o s n iños y del adolescente ; el proyecto d e Ley de las Di rec
trices y bases de la educación . También se trataron las pro
puestas i nterd isciplinares para diversas disciplinas del cu rrí
cul u m . Se expusieron m ate riales producidos por los
alu mnos y los profesores : maquetas, li bros, fotos, carteles,
1 36
prod ucciones artísticas y softwares. Las exhi bicio nes de v í
deo y las representaciones artísticas mostraban la cara alegre
de la escuela que Paulo Frei re intentó impri m i r en la red m u
nicipal de Sao Pau l o .
También merece s e r destacada la re al ización d e dos en
cue ntros de pad res en el país, in spi rados en la comprensión
de la ed ucación de Fre i re que, du rante los años 50 , la lleva
ba a cabo en Recite co n sus trabajos en las escuelas del Se
si . El pri mer encue ntro mun icipal de pad res se real izó el 1 4 de
dicie mbre de 1 991 con el objetivo de fo rtalecer los co nsejos
esco lares y promove r la integ ración entre pad res, profeso
res , personal de servicio y al u m nos. Al final del aconteci
miento se propuso la real ización de n uevos encuentros , la
constitución de g rupos de fo rmación de padres y de miem
bros de los representantes de los con sejos escolares .
E l 1 1 E n c u e ntro tuvo l u g a r e l d ía 4 de j u l i o de 1 992
c o n u n a participaci ón aú n mayo r de pad res y ed u cado
res . E n e l docu m e nto fi n al se h i ciero n , e ntre otras pro
pu estas , la creac i ó n de periód icos, bolet i nes y m u ra l es
con vistas a ser d i v u l g ados sobre todo e n los d ías de re u
n i ó n de pad res y p rofesores ; l a c reac i ó n de g ru pos de es
tud ios sobre los derechos y deberes de l a co m u n idad es
co l a r ; e l de bate en cad a escu e l a sobre la c u estión de la
segu rid ad , la i n teg rac i ó n d e al u m nos marg i n al izados , l a
a m p l i a d i vu lgac i ó n d e l Reg l a m e nto esco l a r y las re u n io
nes per m a n e n tes de padres y m aest ros ( Entre Canse/
has, novi e m b re , 1 992) .
Esos cuatro aco ntec i m ientos l l evaro n la i m pronta de
Frei re que, ya apa rtado de la secretaría, hab ía indicado estas
prioridades en la ed ucación de la red m u n icipal de Sao Pau
lo : la democratización de la gestió n , la po l ítica de la educación
de jóve nes y ad u ltos ; la democratización del acceso a la
educación y una nueva cal idad de la enseñanza.
1 37
N OTA 8 - PÁG I NA 62
Cuando Freire nos habla de la voz de los alfabetizandos
en ese encue ntro o rgan izado por él y s u equ i po de la Se
cretaría M u n icipal de Educación de Sao Pau lo , n o sólo se
refiere a un hecho ocu rrido po r primera vez en la h i sto ria
de la ed ucación : u n a asamblea en la cual edu candos - edu
cadores s e habían reu n ido y d i scutido el proceso d e ense
ñar - aprender en que estaban i mplicados po l íticamente ;
también habla de los d i scu rsos pronunciados por los alfa
betizandos .
Hecho a destacar es el de una alfabetizanda, con cerca
de cincuenta años , casada prematuramente por decisión de
su pad re , labrador de Alagoas. Espíritu fuerte , manos llenas
de callos, con faci l idad para la comunicación , l íder democrá
tica de u n a com u nidad de la periferia de Sao Pau lo q u e con
su ltaba frecuentemente a los tres mil espectadores si querían
que conti n uase hablando. Querían.
Ella entremezclaba testi m o n ios de su vida en el N o r
deste con l a expe riencia de m ujer q ue, l i berándose de los
prej u icios y determ i n ismos, apre nd ía en aquel aconteci
m iento algo q u e jamás había pensado . S u saber se hacía,
se prod ucía en el mismo m o m e nto de i ntercam bio con s u s
semejantes y educadores en to rno a la alfabeti zació n , e n
aquel 1 6 de diciem bre de 1 99 0 . Ella ten ía m u y claras las s i
tuaciones adversas de su ana lfabetism o e n la l ectu ra y l a
escritu ra en relación a l as q u e estaba adq u i riendo e n e l
acto d e d iscuti r el h oy, parecido al de aye r, y co n la espe
ranza de l mañana. Se pol itizaba m ás , en el momento q u e
conocía m á s .
An imaba a otras mujeres a que fuesen a la escuela, inde
pendientemente de la vol u ntad de sus padres, maridos e hijos,
de las discri minaciones de clase , género, edad y del l ugar de
1 38
naci m iento . Los partici pantes del e ncuentro vi braban , sintién
dose hombres y mujeres que se hacían ciudadanos.
Pion ero en la compren sión de la educación de ad u ltos
como un acto de respeto a la oralidad y a la lectu ra del m u n
d o adq u i rida p o r l o s años vividos e n la soci edad y partie ndo
de esos hechos para su su peració n , Fre i re se atrevió tam
bién co n la orga n i zación de un evento de esta naturaleza.
Participaba sile ncioso e n el co ngreso , dando testi monio de
l a satisfacción de los sujetos que se i n iciaban en un doble
proceso de co noci miento : saber l a palabra escrita y saber
que pueden saber más . Al l í estaba co mo secretario, pero
sobre todo co mo ed ucador cuya utopía es la alfabetización
que co nduce a la l ectura de la palabra y del mu ndo .
Ese cong reso fue organ izado po r e l Mova ( Movi m i e nto
de Alfabeti zación de Jóve n es y Ad u ltos) y por el E DA- DOT
( P rograma de Educac ión de Ad u ltos de la D i rección de
Orientación Té cn ica) e n colabo ración con e l Fo rum de Mo
v i m i e ntos Popu l ares de la Alfabetización de la C i udad de
Sao Pablo, i nteg rado po r 57 e ntidades . Con este acontec i
m i e nto se prete nd ía sobre todo estrechar l o s víncu los entre
los alfabeti zandos en cuanto c i udadanos , profu n d i zar e n
los debates e n to rno a l analfabetismo y su superación , es
trechar e l compro m i so entre los alfabetizadores y alfabeti
zandos y prese ntar las actividades d e los alfabetizandos
del Mova y del E DA.
N OTA 9 - PÁG I N A 85
Lo que Freise rel ata en la e ntrevista con Castañ eda es la
pos ibilidad h i stó rica apu n tada como ideal para Brasi l de la
u n ión de las izq u i e rdas tal co mo sucedió en la seg u nda vuel
ta de las elecciones de 1 989, frustrada e n las de 1 994 , cuan-
1 39
do el PSDB "partido de izquierdas", h izo u n acuerdo con el
P FL y el PTB para elegir a u no de sus exponentes como
Presidente de la República.
Ya en 1 989, despu és de la derrota en la pri mera vuelta de
su candidato, Mario Covas, el PS D B apoyó al entonces can
didato de izq u ierdas Luiz Ignacio Lula da Si lva contra Fer
nando Collor de Mello. E n 1 994 el PSDB n o sólo se alió con
el P FL y su masa de votantes; sino que además, tuvo que
apoyar postu ras el itistas agluti n adas en torno al "frente l i be
ral". I ncluso aceptó como vicepresidente a Marco Maciel, u n
personaje d e la derecha h istórica.
Si el candidato del PT ( Partido de los Trabaj adores) , que
desde 1 992 l ideraba la intención de voto, no aceptó el pacto
con el PSDB, éste no se q uiso arriesgar y se asoció con los
que deseaban el neoliberal ismo sin romper con el neocolonia
nismo vigente, sobre todo en el área rural . El PSD B aglutinó
entonces la coalición "Unión, Trabajo y Progreso" presentando
propuestas apoyadas por el profesor e intelectual de izquierdas
Fernando Henrique, por las que fue exiliado en 1 964.
Así Fernando Henrique Cardoso, ex-m i nistro de Rela
ciones E xteriores y de Hacienda en el gobierno de ltamar
Franco , fue elegido el 1 5 de octub re de 1 994 en la primera
vuelta de la elección presidencial con el 54,3% de los votos
válidos ; Lula fue el segu ndo con el 27,04% derrotado no tan
to por la oposición sino por su antiguo compañero.
La campaña de Lu la h ab ía comenzado en abril de 1 993
en las "Caravanas de la Ci udadan ía" cuando visitó seiscien
tas ciudades de todos los estados para hablar con la pobl a
ción más pobre, escuchar y sentir sus deseos. La posibilidad
de su victoria nació por el eco altamente positivo de sus tra
bajos y de las desilusiones con Col lar. Mientras tanto, u n di-
1 40
putada del PSDB consiguió del Su premo Tri bunal E lectoral
que fuese proh ibida, en el tiempo electo ral g ratu ito co ncedido
por la te levisi ó n , la ex h i bición de i mágenes que no fuesen
g rabadas en los estud ios de te levisió n . De esta fo rma Lula
perdió su mayo r enganche el ectoral : el pueblo que esta ba
presente en los m ítines de las caravanas .
Desde mayo d e 1 994 hasta las víspera de las el eccio
nes, Lu la estuvo en 1 28 ciu dades de dieci nueve estados y el
Distrito fede ral y realizó más de cien m íti nes ; en ese período
Fernando Henrique vi sitó 1 1 4 ciudades en dieciocho estados
y el Distrito Federal . Cardoso tuvo a su favor un disc u rso
co nvincente en el horario g ratu ito de la Televisió n ; las fuerzas
del partido del frente l i beral ( P FL) coaligadas a los l atifu ndis
tas ; el em presariado, sobre todo de Sao Pau l o ; parte de la
clase media que se identificaba con su prog rama y veía res
tablecido su poder de compra de los años 70 , be neficiados
por el i n med iato éx ito del P lano Rea1 1 3 .
Las elecciones d e 1 994 dividieron l as fuerzas d e izqu ier
da e n dos bloq ues antagó n icos , sobre todo por e l foso ideo
lóg ico que se abrió entre el las , ro mpie ndo la u nión log rada
en 1 989 , la cual anunciaba un futuro consolidado .
En las elecciones presidencias de 1 989 disputaron la se
g u nda vuelta Fernando Collar de Mello ( P N R : Partido Nacional
Republicano) y Lu iz Ignacio Lula da Silva ( PT: Partido de los
Trabajadores) que lideraba el Frente Brasil Popular, y que recibió
la adhesión del PSDB, del P DT ( Partido Democrático del Traba
jo) , del PCB ( Partido Com u nista Brasileño) , del progresista del
PMDB ( Partido del Movimiento Democrático Brasi leño) y del PV
( Partido Verde) . A la "Coalición Nuevo Brasil" fo rmada por el
13 Antes de las elecci ones preside nciales se produjo el cambio de la vieja
moneda (Cruceiro) por la nueva moneda ( Real ) , cuyo valor se eq u iparó al
del dólar. E n julio de 1 994 se real izó el cambio de moneda.
1 41
PNR, PTR ; PST y PSC se un ieron otras siglas de la derecha: PL;
POS; PSD ; PFL; PTB, PDC y el ala conservadora del PMDB.
Las dos mayores centrales sindicales la C UT (Confede
ración de la U n ión de Trabajadores) y la CGT (Confedera
ción General de Trabajadores) desde la pri mera vuelta se
enfrentaron ; la pri mera a favor de Lula y la segunda con Co
llar. Lu la recibió el apoyo no expl ícito de la C N B B aunque
muchos sacerdotes y obispos lo apoyaron abiertamente . Los
medios de com u nicación dieron la noticia que i ntegrantes de
ochenta m il com u n idades eclesiales de base apoyaban al
cand idato trabajador. Las fuerzas reaccionarias contaban
con la él ite pol ítica-eco nóm ica del país.
Para red ucir el riesgo de los fraudes, el Partido de los
Trabajadores organizó un siste m a de recuento paralelo con
1 50 ordenadores y ochocientas person as trabajando con
el los además de 1 ,5 mil lones de compro m isarios en el re
cuento. El ú ltimo m íti n de Col lar fue en Belo Horizonte el 1 3
de d iciembre de 1 989 y contó con trece mil personas por
que, según los periódicos, l lovía mucho; el de Lu la, el m ismo
d ía en R ío de Janei ro contó con 1 45 mil personas.
El 1 4 de d iciembre, desde Sao Pau lo, el ú ltimo d ebate
entre los candidatos fue transmitido por un conj unto de emi
soras de televisión . El programa alcanzó un índice del 79% en
el G ra n Sao Pau lo, cerca de 1 2 m i l lones de personas, y fue
visto con gran interés por otros m i l lones de personas en todo
el país. Después del debate, las e ncuestas destacaron una
mejor actuación de Collor ( 42% de las respuestas frente a
27% para Lula) . Este resultado se debió en parte a la acusa
ción de una ex-enamorada del l íder del partido "petista" ( PT)
de que éste q u i so provocar el aborto de una hija que habían
ten ido. Emocional mente desestabilizado por el golpe desleal ,
e l candidato de los trabajadores tuvo dificu ltades para con
traargumentar en el momento del debate. Añádase a eso la
1 42
falsa denuncia de que el PT estaba implicado en la secuestro
del e mpresario Abilio Diniz.
Cuatro d ías después de las elecciones se publicaron los
resu ltados fi nales. Collor venció con el 42 ,75% del total elec
to ral ; Lula tuvo el 37,86%. Las trampas hechas en el últi mo
mome nto, la propaganda menti rosa a través de los m edios
de com u n icación y los considerables apoyos a su campaña
llevaron a Collor al poder. Poco tiempo después , el pueblo
hizo j usticia obteniendo su d i m i sión (ver notas 1 ,2 y 46 de
Cartas a Cristina de Pau l o Freire).
NOTA 1 o - PÁG I NA 9 9
Los actos de rebelión democráticos, casi siempre acom
pañados de traiciones a la democracia, marca n la historia
brasileña desde el inicio. Se d ieron algunos movi m ientos i n
sertos en las luchas sociales por sociedades utópicamente
democráticas, otros de conten ido predom i nantemente eco
nóm ico , todos con resistencia consciente al poder estableci
do. En su mayoría se caracterizaron por la violencia todavía
no extirpada de la visión colonialista que te nemos hasta
ahora de las relaciones con los contrarios , sobre todo las ge
neradas entre los que detentan el poder, los opresores por
"derecho" contra los opri m idos, éstos considerados "intrínse
came nte i nferiores". He aq u í algunas de las situaciones de
rebeld ía de la histo ria brasileña.
1 ) La República de los Guaranís ( 1 61 0- 1 768) , constitu íd a
por los i nd ios en u na reg ión que abarcaba territorios del B ra
sil, Argentina y Paraguay alcanzó u n a organización social
comparable a la descrita en la Utopía de Tom ás Moro. P ro
ducían tejidos e instrum entos m usicales, cu ltivaban la tierra y
criaban animales. Ll egaron a ser más de trescientos m i l h a
bitantes solidariamente un idos por el trabajo, por los ideales
1 43
y por el apoyo de los padres jesu ítas. Fueron masacrados
en 1 768 después de años de resistencia.
2) Los Quilombos, sobre todo los de Pal mares, cuyo l íder
más importante fue Zumbi (confrontar nota nº 41 de Pedago
gía de la Esperan9a de Pau lo Fre i re) .
3) Las i nvasio nes holandesas en el Nordeste -e n Bah ía
( 1 624- 1 625) y en Pernam buco ( 1 630- 1 654)- tuvieron lugar
cuando el reino de Portugal (y consecuentemente Brasil)
estaba i nco rporado a la monarqu ía de España, aliada de
Holanda. A l apoderarse de los p ri ncipales centros econó m i
c o s de la Colonia, l o s holandeses prete nd ían recuperarse
de las pérdidas de rivadas de l as deudas no saldad as por
los señores de la caña de azúcar. Cuando los intereses do
m i nantes -los señores locales y la monarq u ía, restaurada
en 1 640- se opusieron a los de los invasores, la resistencia
ag lutinó a los esclavos, ind ios y blancos en la Insurrección
Pemanbucana. Los holandeses sólo fueron expulsados de
finitivamente en 1 654, después de batallas sang rientas .
S u rg ía en el pueblo u n n uevo estado de espíritu : la certeza
de que los colonizados u n idos pod rían l uchar contra los
enemigos exte rnos . Con sus pro hibiciones, explotaciones y
castigos, Portugal estuvo de forma contradictoria f avore
ciendo los levantamientos de la res istencia a su domi na
ción , q u e se suced ieron h asta 1 822.
4) La revuelta de Beckman ( 1 684) en Maranhao fue la pri
mera man ifestación contra el monopolio comercial de la Coro
na. No tenían ideales separatistas ni pretendían cuestionar
nuestra situación de Colonia. Fue d i rigida por Manuel Beck
man que, vencido, fue ejecutado por las fuerzas represoras de
la Metrópolis, siendo los demás revoltosos hechos prisioneros.
5) La Guerra de los Mascates ( 1 7 1 0- 1 7 1 4) s u rgió de la
oposición de los señores del cu ltivo de la caña q u e habita-
1 44
ban en Ol inda, pri ncipal villa de Pernambuco, y los co mer
ciantes portugueses q u e vivían e n R ecite. Estos eran acree
dores de la él ite ol idense y hab ían ped ido al rey Juan V q u e
Recite fuese elevada a la categoría de villa, disponiendo por
tanto d e una Cámara. Liderados por Bernardo Vieira de Me
lo, los p ropietarios de la tierra pretend ían transfo rmar Per
nambuco en u na repú blica. Vencida la rebelión , acabó el
sueño, con alg u nos de ellos exil iados a la I ndia y Vieira de
·
Melo m u riendo con su hijo en u na prisión de Lisboa.
6) Infidelidad Baiana o revuelta de los Sastres ( 1 789)
ocu rrió en Salvador y fue organizada por i ntelectuales, frai les ,
m i litares, artesanos y negros libertos. E l proyecto pol ítico d e
la revolución, inspirado en la Revo l ución Francesa, en Vol
tai re y Rousseau (traducidos por los revoltosos) i ncl u ía la
i nstauración de la Repúbl ica Baianense , la igualdad j uríd ica
entre las personas y por tanto el fi n de la esclavitud , el fi n del
monopolio comercial luso y la participación política de la po
blación . Dominada la revol ución, algu nos fueron perdona
dos, pero los del g ru po popular -Lu iz Gonzag a das Virg ens y
Lucas Dantas, militares y sastres , Joao de Deus y Manoel
Faustino, m u latos como Dantas- fueron condenados a la
horca. Esta insu rrección demuestra el descontento y el nivel
de conciencia que invadía a d iferentes segm entos de la so
ciedad en relación con la sang rie nta estructura colonial .
7) El movi mie nto separatista más i mportante, l lamado
i m propiamente de Infidelidad Minera ( 1 789) surg i ó en el i nte
rio r del ciclo de explotación de las minas y como reacción a la
vig ilancia represo ra de la Corona y a la leg islación q u e ex
propiaba la prod ucción del oro . Para garantizar el 20% del
o ro fundido, las órdenes llegadas de Portugal se habían he
cho más exigentes hasta el decreto de la "de rrama": en el
caso de que cien arrobas ( 1 .500 Kg ) de oro no estuvieran en
la fecha estipu lada en la Casa de Fundición , la población
1 45
tendría que completar la suma a cualquier p recio. E n 1 789
con la caída de la explotación de la mi na, faltaban 596 ki los
de oro para completar lo exigido, pero sobre todo sobraban
razones para la sublevación .
I ntelectuales mi neros partidarios d e l a I l ustración pidie
ron entonces la ruptu ra co n Portugal , el establecimiento de
una re públ ica y la c reación de u na u nive rsidad en San Joao
d ' E I Rei y el desarrollo de la manufactu ra pro h ibida e n Brasil
e n 1 785 por D . Maria 1 , entre tantas otras pro h ibiciones.
Traicionados , por Joaq u ín Silverio dos Reis , los revolucio
narios fueron castigados con el destie rro a Africa (algu nos
cons iguiero n el perdón real) . E l p ri ncipal conj u rado , Joaq u ín
J osé da Si lva Xavier, el Tiradentes, tuvo sus bienes confis
cados , sus descendientes proscritos, fue ahorcado y des
cuartizado siendo sus partes expuestas por los cam i nos de
la conju ración y su cabeza colocada en u n poste alto e n Vi
la Rica (actu al Ouro Preto). La violencia de la represión co
lon ial se opuso a la fuerza d e la resistencia y de la rebelión
que, aunque dej ando profu ndas marcas de dolor y deses
peración, abrió de forma i rrevers i ble el cami n o d e la eman
cipación del Brasil.
8) La Revolución de 1 8 1 7, e n Recite, tam bién tuvo fuerte
influencia de la I lustración francesa, divu lgada por el Semi
nario de Oli nda y por el Aeró pago de ltambé , sociedad se
c reta de propaganda anti colonial ista. Victoriosa en el pri mer
momento , l a rebelión estableció un gobierno provisional re
publi cano constitu ído por hombres de la él ite local que ela
boraron una Ley Orgánica que defend ía la libertad de con
ciencia y de i mprenta salvo contra los ataques a l a
Constitución y a las religiones (toleradas todas aunque la ca
tólica fuese considerada oficial , siendo el clero asalariado del
Estado) , convocatoria de la Asam blea Co nstituyente y aboli
ción de los i mpuestos sobre los a rtículos de primera necesi-
1 46
dad . Las capitanías del Nordeste se sumaron a ello. El emi
sario enviado a Ceará fue hecho prisionero y el Pad re Roma,
e nviado a Bah ía, fue preso y fusilado ; otros marcharon para
los Estados Unidos, Argentina e I nglaterra, país donde H ipó
l ito José da Costa editaba el Correio Braziliense, el pri mer
periód ico brasileño.
La represión reaccionó de forma rápida. D . Joao VI, re
gente de la Corona Portuguesa, transmitió instrucciones per
sonales al tem ido Conde dos Arcos, Gobernador de Bah ía
para atajar la su blevación . Pernambuco resistió en vano.
Tres líderes fueron fusilados en Salvador, e ntre los que esta
ba el Padre M ig helinho, y otros tres fuero n condenados a la
horca en Recite , entre éstos el l íder Domingos Jorge. A pesar
de que la Revolución de 1 8 1 7 no había reivi ndicado la aboli
ción de l a esclavitud, ten ía un color popular. Una vez más, la
Corona, ya establecida en Brasil y habiéndolo proclamado
Reino U n ido al de Portugal y Algarve , no perd ió su signo co
lonialista, manifestado en la represión sangrienta.
9) La Confederación del Ecuador ( 1 821 ) fue otro episodio
de rebeldía, seguida de traiciones a la democracia. Las aspi
raciones frustradas e n 1 8 1 7 no m u riero n . El 5 de octu bre de
1 82 1 los pernambucanos expu lsaron al gobernador que ha
b ía aplastado aq uel movi miento cuatro años antes. Ya e n
agosto , estando al frente Gervasio Pires Ferreira, ex-revolu
cionario de 1 8 1 7, el las habían instalado e n la ci udad de
Goiana u n gobierno propio , paralelo al oficial . Con la i nde
pendencia del país en 1 822, las frustraciones se habían
exaspe rado ante el absol utismo de D. Pedro 1 que disolvió la
Asamblea Constituyente. El n u evo gobierno provi ncial fue
destituido por los l iberales pernambucanos que habían elegi
do u n a Ju nta de Gobierno liderada por M anoel de Carval ho
País de Andrade, también combatiente e n 1 81 7. El recelo
por las med idas arbitrarias, decretadas por el gobernador re-
1 47
cién nombrado por D . Pedro y por este soberano, h izo explo
tar el 2 de j ulio de 1 824 u n movimiento armado que se llamó
Confederación del Ecuador (aglutinando Pernambuco, Ceará,
Rio G rande del Norte y Paraíba) . Sería un nuevo Estado in
dependiente bajo la forma de república federal .
Para reprim i r el movimiento, el gobierno pidió dinero en el
exterior y contrató las fuerzas n avales de Lord Cochrane.
Las tropas militares ataca ro n primero Recite y Oli nda som e
tiendo a los rebeldes. De in med iato los demás se ri ndieron
u no a uno hasta llegar a los de Ceará que capitularon el 29 de
noviembre de 1 829. Los ju i cios su marios incl uyeron atroci
dades. El carmelita y l íder popu lar Fray Caneca fue muerto fu
s i l ado porque los verd ugos se negaron a ti rar de la cuerda
d e la horca a la que fue condenado.
Si en l a Confederación de Ecuador h ubo pretensión de
autonom ía, eso se debe menos a la falta de unidad nacional ,
que a decir verdad no existía plenamente, y más a que era la
única posibil idad en aquel mome nto de oponer resistencia al
poder central, extremadamente autoritario, d i scriminatario y
centralizador, tal como en el Brasi l colonial . Ese autoritarismo
fue generando privileg ios históricamente dañi nos y haciendo
que los dominantes combatan a sus enem igos con crueldad
para perpetuar la exclusión d e m uchos y el enriqueci miento
de pocos.
1 O) El Cabanagem ( 1 833- 1 839) fue un movimiento revo
lucionario que tuvo lugar en Pará, el pri mero y ú n ico de la
historia en el cual las clases populares tomaron efectiva
me nte el poder g estionando incluso sin continuidad y sin
programa de acción la vida pol ítica de toda una provincia.
Los cabanos (población pobre que vivía en las cabañas en los
márgenes de los ríos de la Amazonia) dándose cuenta que la
I ndependencia no había mejorado su vida, decidieron con la
ayuda de los l íderes locales l uchar contra el poder central
1 48
d u rante el período de las Regencias ( 1 83 1 -1 840) . La repre
sión realizada por las tropas mercenarias bajo el mando del
inglés G renfell responde a las pri m e ras agitaciones ejecu
tando en l as bodegas de un navío a trescientos revoluciona
rios y cubriéndolos de cal .
Con la abd icació n de Pedro 1 e n 1 83 1 , las agitacio nes
volviero n de n uevo contra los poderes locales. Los cabanos
tomaro n Belem y ejecutaron al presidente de la provincia y a
otras autoridades. U n hacendado, Fel ix Antonio Malcher,
asume el gobierno de Pará; dando u n giro declara fidelidad al
futuro emperador Pedro 1 1 y repri me la rebelión que le hiciera
jefe . El movi m iento lo destituye y ejecuta. El sustituto de
Malcher, Francisco Vinag re , también traiciona los ideales re
vol ucionarios mostrándose sumiso a la R egencia. Su herma
no Antonio Vi n ag re lidera el movimiento, au nque Francisco
continúa en el mando lo que posibilita al representante del
poder central retomar el gobierno. Posterio rmente Belém es
cercada por los cabanos llegados del i nte rior, el presidente
d e la provincia se refugia y los revoltosos declaran a P ará
u na repúbl ica autóno ma.
El segu ndo gobierno de los cabanos es organizado por el
"seringueiro" demócrata Eduardo Noguera Angelim traicio
nado por sus compañeros. E n mayo de 1 836 el nuevo presi
dente nombrado por el poder central conqu ista Belém y des
barata a l os revolucionarios que huye n al i nterior. Du rante
los tres años siguientes, l uchan sin resu ltados, hasta la ex
ti nción total del movimiento. La represión dejó un resu ltado
de cuarenta mil muertos (40% de la población de la provi ncia
de Grao-Pará) .
1 1 ) La Rebelión de los balaios y la fnsurrección de los
Esclavos ( 1 838-1 841 ) . E n Maranhao , la población libre y de
dicada a la cria de ganado vivía e n condiciones tan precarias
como los esclavos. El ambie nte pol ítico, domi nado por las
1 49
d isputas e ntre la facción liberal y los restantes del partido li
beral portug ués generaba u n cl i ma de i nsatisfacción de los
más marg i nados, sobre todo los g ru pos mestizos y negros ,
que percibían claramente la imposi bil idad de su ascensión
social. Así un vaquero, el mestizo Rai mundo Gomes Vieira, el
1 3 de diciem bre de 1 838 tomó la cárcel de la vil la de Manga,
l iderando el movimiento llamado de la Balaiada. Con g ran
movilidad de acció n atrajo adeptos, tomó parte del Maran
hao y se i nfi ltró hasta Piau í aterrorizando a los poderosos de
la Provi ncia.
Las h u ídas masivas de los esclavos de aquella región
que, desde el siglo XVI I se agrupaban como ú n ica posibilidad
de resistencia y sobrevivencia, pasaron a engrosar las filas
de los balaios, sobre todo a partir de 1 839 cuando conquista
ron la villa de Caxias. Superando divergencias mutuas, los
balaios y los insu rrectos negros se u nieron y, ju ntamente co n
los i ndios, se adueñaron del material bélico y de las provisio
nes y formaro n un contingente de once mil hombres.
Alarmado, el poder central envió e n 1 840 como presi
dente de la provi ncia, al coronel Luis Alves de Lima e Si lva,
futuro duque de Caxias. Recibió apoyo de los comerciantes y
de los propietarios d e tierras y esclavos y organ izó la lucha
contra los su blevados, abandonados por las clases sociales
supe riores q u e temían la radical ización del carácter popu lar
del movi miento. Ocho mil hombres de las tropas legales fue
ron divididos en tres colu m nas y cercaron a los balaios. Los
soldados hicieron prisioneros a 498 m ujeres y 686 n i ños y,
d espués de matar a muchos esclavos, entregaban el resto a
sus señores. En 1 84 1 , el balaio R ai m u ndo Gomes se separó
del l íder de los negros Cosme Bento das Chagas y con sete
cientos rebeldes hambrientos y sin municiones se ri ndió .
Cosme, cercado, no consiguió reorganizar el movi m iento.
Ya herido, errando y perseguido, el negro fuerte y liberto,
1 50
con cerca de doscientos esclavos, fue hecho prisionero en el
momento en que intentaba refugiarse en la floresta con los in
dios. Su grupo fue aniqui l ado. Cosme llamaba a su rebelión
"Guerra de la Ley y de la Li bertad por la Repúbl ica" y se
otorgó el títu lo de "Tutor y Em perador de las Libertades". Se
atri bu ía el derecho de concede r ben eficios por medio de la
Hermandad del Rosario y de cu brirse con objetos sagrados
de la Iglesia Católica. A pesar de ser considerado por el p ro
pio Lima e Si lva como u n gran líder, fue juzg ado como u n fe
roz asesino y responsable por la i nsurrección neg ra y no co
mo rebelde o aliado de los balaios . Condenado a muerte el 5
de abril de 1 842 fue ahorcado en setiembre, con cerca de
cuarenta años de edad .
En u n a época e n q u e e l color era tan vedado como la re
beldía, los oprim idos e ncontraron un espacio para unirse en
tre ellos . B lancos y negros, l ibres y esclavos, l ucharon contra
el problema mayor que afligía a casi todos : la miseria. Lu
char co ntra las i nj usticias sociales como el hambre y la es
clavitud , formar parte de las rebeld ías democráticas, ten ía
como reacción la masacre y la muerte en su país, igual que
en los tiempos coloniales.
1 2) La guerra de los Farrapos o Farroupilha ( 1 835- 1 845)
fue desencadenada en la provincia de San Pedro de Rio
Grande del Sur por la clase dom i nante sin la participación
del pueblo, sin voz en el suceso y convocado a la l ucha ar
mada por su cond ición de proveedor de fuerza física. Los
gauchos dedicados a la cria de g anado y vendedores de
cuero y carne de vaca, abastecedores de esos productos a
las provincias exportadoras nacionales (como Pern ambuco) y
apartados de los mercados extranjeros, sufrían también la
competencia de los países de la Plata que ofrecían sus mer
cancías a u n precio más bajo en Brasil. Los propietarios se
sentían lesionados con los privileg i os oficiales concedidos a
1 51
las áreas exportadoras brasileñas; los sublevados, proclamaron
en 1 835 la República Río-G randiense o República Pi ratini,
siendo Bento Gorn;alves el primer presidente . Destituído y pre
so por las fuerzas mercenarias de G renfell fue llevado a Salva
dor. Huyendo, regresa a Río G rande del Sur y reinicia la lucha
de los farrapos (miserables) con la ayuda de, entre otros, el ita
liano José Garibaldi. Este proclama en Laguna (en el actual
estado de Santa Catarina) la República Catarinense o Repúbli
ca Juliana.
En 1 842 el barón de Caxias fue nombrado presidente de
aquella provincia con la misión d e "pacificarla" tal como hiciera
en el Maran hao. Contó con el apoyo del farrapo Bento Riberio
que dividió a los revolucionarios. En marzo de 1 845 el líder fa
rrapo Davi Canabarro y Caxias firmaron u n acuerdo. El cese
del fuego fue recompensado con u na amnistía general ; los sol
dados y oficiales farrapos, excepto los generales, se alistaron en
el ejército imperial ; la Asamblea Legislativa fue fortalecida; se re
dujeron los impuestos sobre los productos comercializados en el
mercado interno. Las represiones habituales no se produjeron,
ciertamente porque no se pretendía tocar a la élite.
1 3) La Sabinada ( 1 837- 1 838) fue un movi miento de cla
ses medias que ocurrió en Salvador. En aquel momento se
preparaba la Ley I nterpretativa al Documento Ad icional de la
Constitución de 1 824 con u n inte nto re-centralista. E n no
viembre de 1 837, la g uarnición de Forte de Sao Pedro se re
bela contra las i ntenciones políticas y bajo el liderazgo del
médico Francisco Sabi no Alvarez da Rocha Vie i ra, se permi
te la fuga del farrapo Bento Gongalves que estaba allí preso.
Sabino consig ue la adhesión d e las propias tro pas del go
bern ador que huye. Se instaura la República Baíana.
La represión oficial contó con la ayuda de los señores de
l a tierra de R econcavo Baiano y se destacó por las masa
cres habituales, con prisioneros q u e fueron quemados vivos.
1 52
El "tribu nal de la sangre" no otorgó mejor final a los que fue
ron juzgados después.
1 4) La Revolución Praieira ( 1 848-1 850) . La situación eco
nómico-social de Pernambuco era el retrato fiel (sin embargo
más exasperado por la decadencia del ciclo del azúcar cuan
do , de ser la provincia pri ncipal pasa a ocupar u n lugar secun
dario) del Brasil a mediados del siglo pasado. De u n lado ha
bía poderosos dueños de establecimientos destinados a la
fabricación de la caña de azúcar y comerciantes extranjeros
y, de otro lado , una masa miserable, casi toda esclava. El re
chazo de tales diferencias ya había surgido en aquella provin
cia pero estalló con fuerza en el movimiento popular praieiro
que buscaba un mundo mejor a través de reformas sociales
contra el dominio asfixiante y absoluto representado por Rego
Barros, el presidente de la provi ncia y por Cavalcanti el más
poderoso señor de la caña de azúcar de la época.
Desde 1 842 el periódico Diario N ovo , cuya impresión se
hacía en la Rua da Praia (de ah í el nombre del movi miento)
agl uti nó a los pol íticos l i berales rad icales para combatir a los
conservadores y su conducta prepotente y explotadora. E ntre
1 845 y 1 847 los radicales fueron violentos con los comer
ciantes portugueses, pero, i nfluenciados por el pensamiento
del socialismo utópico orientaro n sus acciones en el sentido
de las reformas sociales.
El historiado r pernambucano Amaro Quintas, en su es
tudio sobre la ideolog ía de la Praieira , resalta que algu nos
intelectuales se distinguieron como divulgadores del nuevo
pensamiento e u ropeo : el i ng en iero y arq u itecto Vauthier, re
vol ucionario y constructor del Teatro Santa Isabel ; el profe
sor de G eometría, Antonio Ped ro de Fig ueiredo, denominado
Cousin Fusco (por ser m ulato y por su interés por el filósofo
Cousi n cuyos textos tradujo) que i ba más allá que l os demás
al den u n ciar el a ntagonismo de clases y la defectuosa orga-
1 53
n ización social , fundamentada e n el latifu ndio y despotismo
de las fam ilias locales ; Abre u e Lima, el general de las masas,
autor de obras socialistas pioneras (publ icadas en 1 835 antes
del Manifiesto de Marx) sobre el conflicto entre las clases de
los hombres libres y las de los esclavos ; Antonio Borges da
Fon seca, el Republicano, tribuno pop ular y periodista, autor
del Manifiesto del Mundo, de 1 /1 /1 849 firmado por todos los
j efes praieiros. E n él exigía u n a Asamblea Constituyente , la
descentralización pol ítico- adm i n istrativa, voto libre y u n iver
sal , la l i bertad de pensamiento y de i mprenta, el derecho al
trabajo, la excl usividad del comercio al pormenor para los
b rasi leños ; la i ndependenci a entre los poderes constitu ídos,
la extinción del Poder Moderado r y el derecho de g racia, re
form a del sistema j udicial y exti nción de la ley de tasas con
vencionales y del sistema de recl utam iento .
Los dos principales l íderes de la P raieira fueron Ped ro
lvo, en el mando m i l itar, y Borges de Fonseca q u i e n , en la di
rección pol ítica, dete rm inó u n cam bio de dirección en el ru m
bo de las reforma sociales. Desde el pu nto de vista operativo,
m ientras tanto, las fuerzas rebe ldes en su mayoría com
puestas por campesinos poco fam i l iarizados con la topog ra
fía de Recite, se perd i eron en su e n redo de cal les, lo que
precipitó la derrota.
Seg ú n Amaro Qu i ntas, la P raieira no tuvo éxito porque,
además de l a falta de recu rsos m ateriales, el potencial popu
lar no fue bien orientado n i aprovechado en el momento pro
picio de la toma del poder. Ped ro lvo era el ú n ico conocedor
de las diversas formas de l ucha, i nclusive la g uerrilla. Preso,
fue condenado a prisión perpetua ju nto con otros l íderes. La
Praieira fue la más auténtica y la ú lti ma de las rebeld ías de
mocráticas de los tiempos i m periales .
1 5) La revolución de Canudos ( 1 893- 1 897) no surg i ó a
partir de la rebeld ía contra determ inados segmentos de la
1 54
sociedad , pero su eleme nto fundamental era la re l i g iosidad .
Negando la estructu ra social brasi leña co mo u n todo , el mo
vimiento se transformó en u n a revol ución armada cuando a
eso se vio obl igado po r las fuerzas en el poder. El beato An
to n io Vicente Me ndes Maciel que peregri n aba por el Nordes
te pred icando el catol icismo -la Iglesia estaba en campaña
para ace rcarse al pueblo- y además opo n iéndose a las ex
clusio nes y h uyendo de los persecuciones, fijó su residencia
a los 65 años de edad en u n a hacienda abandonada de la
reg ión ag reste de te rritorio baiano , a las ori l las del río Vaza
Barris.
Encontró un a pequeña villa m iserable donde l as pe rso
nas fumaban pi pas de m ás de u n metro : los "canudos". Reu
n ió adeptos y fo rmó u na com u n idad que l legó a contar co n
ce rca de trei nta m i l pe rso nas. Llegó a ser el "Con sej ero" de
esta com u nidad bien organ izada desde el punto de vista so
cial , económ ico, religioso , po l ítico y cu ltu ral. El lema del g ru
po era el trabajo y la vida honesta para alcanzar el re ino de
Dios . Tal hecho pareció u n a amenaza para las clases domi
na ntes que pasaron a acusar a la co m u n idad y a su l íder de
fanáticos rel igiosos que profetizaban un apocalipsis para el
fin del siglo XIX.
Tam bién fueron acusados de ser u nos mo nárq u icos
exaltados porque rechazaban el m atri monio civi l y la secu la
ri zación de los ce menterios debido a l as l ectu ras m ísti cas y
eq u ivocadas sobre la natu raleza de la Repúbl ica ; se opon ían
a los i m puestos y era un g rupo que atraía a los trabajadores
de las haciendas veci nas. En fi n , la com u n idad era acu sada
de inm iscu i rse en los dom i n ios de la I glesia, del Estado y de
los dueños de la tierra.
Los g rupos do mi nantes exhortaron en vano al beato a
d isolver la co m u n idad . Ante sus negativas fue l lamado el
ejército . Después de tres i ntentos fracasados de re presión ,
1 55
sólame nte en la cuarta expedición dotada de cañones y
ametral ladoras, la rebel ión de los Can udos fue aplastada sin
rendirse el 5 de octubre de 1 987, doce d ías después de la
muerte de Antonio Conselhero. E l escritor Euclides da Cunha
e n u n libro reportaje bajo el títu lo de " Os Sertoes " descri bió a
los supervivientes : "eran sólamente cuatro : u n viejo, dos
hombres mad u ros y un niño delante de los cuales g ritaban
de una forma rabiosa los soldados. Como escenario miles
de personas muertas por el "testi mon io" de su fe y esperanza
en un m u ndo mejor. U n m u ndo pobre , pequeño y l i mitado
como aquél q u e habían constru ído pero que les estaba ofre
ciendo todo lo q u e querían . No pudiendo y no queriendo en
te nderlos, la ti ran ía de los dom i nantes los liquidó con una
violencia sanguinaria. La epopeya de los Canudos no murió :
cada 5 de octubre, los romeros van al lugar para rezar, inclu
so cuando el río Vaza-Barris y las rui nas del campamento
festivo han sido i n u ndadas por la presa del Cocorobó .
1 6) La Guerra del Contestado ( 1 9 1 2- 1 9 1 6) . La necesidad
de tierra para subsistir y la re l igiosidad mesián ica llevó a cer
ca de ci ncuenta m i l campesinos de Santa Catari na y Paraná
a impugnar la demarcación de las tierras entre los dos esta
dos. Monjes y legos se u n ieron al movi miento . Uno de e l los,
José María considerado como la reencarnación del famoso
monje Joao Maria, porq ue vest ía los mismos hábitos y se
había implicado en la l ucha por las tierras, muere en el con
flicto al lado de los camponeses.
Tal hecho fue i nterpretado como una señal d ivi na de que
debían dejar de u n lado las disputas sobre las tierras y unir
se. Ten ían confianza en sus l íderes religiosos que proclama
ban el fi n de la República y el retorno a la Monarq u ía cuando
el "ejército de San Sebastián" y el de los campesinos muertos
regresasen para vencer las fuerzas de mal . Las tropas afec
tas al rég i m e n atacaron por tie rra, mar y aire (por primera
1 56
vez en la historia los aviones fu eron usados co ntra la pobla
ción naci onal) aliadas con los "jag u nc;os" ( i nd ividuos fanáti
cos del gru po de Anto n i o Conse l h ei ro) y la pol ic ía. Esas tro
pas en nom bre de la "Repúbl ica amen azada" ate nd ían a los
i nte reses de los caciq u es l ocal es y de las co mpañ ías co loni
zado ras . Atacaron a l os grupos rebeldes y las "vi l l as santas"
hasta destru irlas en 1 9 1 6 matando a miles de campes i nos
que tan sólo estaban a favor de u na monarq u ía que l es
aportase la aleg ría del cielo y tie rras para sobrevivir.
1 7) La experiencia Caldeirao ( 1 922- 1 93 1 ) , local izada en
la reg ión ag reste de Ceará, fue real izada por el Padre Cícero
Romao Batista, el venerado Padim Ci90. Entregó u n a de sus
h acie ndas a u n seg u idor, e l beato J osé Lou re n c;o para que la
gestionase. En este terreno de más de 1 . 200 h ectáreas , en el
Juazeiro, e l beato fundó la Orden de los Pen itentes cuyo lema
era fe-trabajo-cooperaci ó n . La prod ucción era abu ndante ,
pero la ambición y el miedo a los latifundistas eran mayores .
El Padre C ícero , dueñ o de las tie rras y propiedades era e l
g u ía de la co m u n idad , y a exco mulgado p o r la Ig lesia Catól ica
por sus prácticas eclesiásticas poco ortodoxas ; l íder pol ítico
que fustigaba a las personas y a los i nte reses de las clases
domi nantes, sirvió de pretexto para que el obispo de la ci udad
vecina y rival Crato apoyase el ataq ue de las fu erzas conser
vado ras a la co m u nidad de Cald eirao .
Las fuerzas reaccio narias aplaudiero n la acción de la policía
di rigida por el capitán Bezerra que prendió fuego a cuatrocien
tas cabañas dejando sin casa a cerca de dos mil perso nas. La
com u n idad se cambió para otro sitio y re unió seisci entas caba
ñas y tres m i l personas que, más precavidas , enterraro n sus
víveres. U n nuevo ataq ue de la pol ic ía y del ejército , que usó
tres aviones, arrasó toda la comunidad. Se saldó este ataqu e
con cuatrocientos muertos, incl u ídos dieciséis niños. U na pe
queña comun idad religiosa de nuevo masacrada y destru ída
1 57
por las fuerzas del poder establecido por atentar contra los in
tereses de los grupos domi nantes. Los sueños de libertad fue
ron aplastados para que siguiesen permaneciendo sistemas
arcaicos e inj ustos de la organización social colonialista.
Los movimientos sociales de hoy, que reivindican tierras
para plantar, están siendo reprimidos con la misma violencia
descrita en los siglos pasados. Las Ligas Campesinas de los
años 50 y 60 renacieron en los 80 con el Movimiento de los
Trabajadores Rurales Sin-Tierra (MST) y obtuvieron más éxito
que los anteriores pues lograron algu nas tierras. El asesinato
del líder "seri ngueiro" Chico Mendes , acaecido al final de 1 988
por los du eños de las haciendas, se suma al de tantos l íderes
si ndicalistas también alcanzados por el secular exterminio de
los oprimidos en nuestra sociedad como si todavía estuviése
mos viviendo en los tiem pos coloniales cuando matar y masa
crar eran derechos legales procede ntes de la metrópolis.
( B ibliografía : CALADO, Ald e r J u l io F., Repensando os
500 anos. Joao Pessoa, ldéia, 1 994 ; Q U I NTAS, Amaro, O
sentido social da Revolu9ao Praieira, Recife, Oficinas G ráfi
cas da l mprensa Oficial, 1 946 ; ALEN CA R , Francisco y otros :
Historia da Sociedade Brasileira, Rio de Janeiro, Ao Livro
Técnico , 1 98 1 ; KOSH I BA, Luiz e P E R E I RA, Denise , História
do Brasil, Sao Pau lo, Atual , 1 979 ; SANTOS, M aria Januária
Vilela, A Balaiada e a lnssurei9ao de Escravos no Maran
hao, Sao Paulo, Atica, 1 983 ; COSTA, N icola S . , Canudos:
ordem e p rogresso no sertao, Sao Paulo , Moderna, 1 990 ;
BASBAUM, Leoncio , Historia Sincera da Rep ública, vol.2.
Sao Paulo, Alfa-Omega, 1 975) .
NOTA 1 1 - PÁG I NA 1 08
Esta refere ncia me rem ite a la i nvestigación d e Marília
Fonseca sobre los contratos entre el gobierno brasileño y el
1 58
Banco Mu ndial . Ella el aboró sus tesis a partir de los docu
mentos , alg unos co nfidenciales, g uardados en la sede del
banco en Washingto n ; de pruebas de pagos de la contabili
dad del Tesoro Nacional B rasi leño ; de cartas de secretarios
de Estado y entrevistas grabadas co n técnicos del Banco.
Frag mentos de ese trabajo retrataban la expoliación del
Banco M u nd ial sobre Bras i l :
" ( . . . ) en gene ral , u n contrato term inaba costando al país
tres veces más de s u valor original . Tampoco se pone en cu es
tión otro aspecto muy importante, como el resu ltado de esa in
versión en términos pedagógicos . . . Los proyectos fueron un
fracaso . . . cuando se toman como criterios los propios objetivos
defin idos por el Banco Mundial y por el gobierno brasi leño.
Las escuelas no mejoraro n . Los profeso res que deberían
haber s ido fo rmados (sic) conti n úan presentando las mis
mas deficiencias que antes . El re ndimiento de los al u m nos
también conti núa siendo ig ual .
D u rante 20 años el Banco M u nd i al i nvi rtió 1 00 m i l lones
de dólares en proyectos de educación en Brasil . El gobierno
Brasi leño gastó 21 7 m i l lo nés en esos mismos proyectos y
todav ía tiene u na deuda m uy alta de otros 80 m i l lones . Eso
sin contar lo que pagamos de i ntereses de tasas. No se pue
de decir que gastar 280 m i llon es para recibir 1 00 m i l lo nes
sea un buen n egocio".
Estoy de acuerdo con la autora para quien el Banco Mundial
"no es u na entidad filantrópica ( . . . ) sino u na potencia" cuya lóg i
ca de fi nanciación es incompatible con las inversiones sociales ;
que tiene orientaciones políticas claras de intervención en los
países acreedores ya que es contratado por los países que
marcan las reglas de la econom ía internacional ; sus exigencias
y condiciones son menos ventajosas que las de los préstamos
de los bancos en general (0 ,75% al año sobre el valor reserva-
1 59
do, lo cual será entregado después de un año, cuando el país
acreedor recibe el reembolso, además de un 0,50% como re
muneración por el dinero prestado). Para políticos y educadores
conscientes, el Banco M undial es u na i ndiscuti ble amenaza po
l ítica y económica (en Revista Veja, 2311 2/1 994) .
N OTA 1 2 - PÁG I NA 1 08
La falta de respeto por la edu cación y po r el profesor es
realmente histórica en Brasil. En los tiempos coloniales las
escuelas eran privadas , pertenecientes a la Com pañ ía de
Jesús, religiosas por tanto, y en ellas sólo pod ían enseñar
sus sacerdotes con votos de obediencia y pobreza s iendo
considerada u na m isión ser transmisores del conoci miento
siempre dirig ido a la gloria de Cri sto y de la Iglesia Católica.
La educación e ra esti mada al estilo jesu ítico , desvi nculada
de la real idad local, sujeta a la Ratio Studiorum, código ed u
cacional i mplantado por las i nstituciones de la Compañ ía e n
todo el m u ndo (desde 1 599 hasta 1 759 tuvo vigencia e n Bra
s i l ) y si el padre no reci b ía, él mismo, las recompensas eco
nómicas, no se sentía menoscabado como p rofesor pues re
cibía las recompensas eclesiásticas y divi nas, y éstas sí
eran importantes para él .
A part i r d e la expulsión de los jesu ítas , e n 1 759, con la
escuela laica, privada u oficial , el ed ucador y profeso r
-considerado erróneamente co mo sace rdote del saber- a
imagen de los "soldados de Cristo" y posteriorme nte seg ú n
los princi pios positivistas- viene sufriendo por l a falta d e i n
te rés, seriedad y j u sticia de l o s poderes p ú b l icos y de m u
c h o s de aq uél los q u e recibiero n la delegación para realizar
la edu cación .
Con la expu lsión de los jesu ítas Brasil q uedó trece años
sin escuelas. Surgieron "clases aisladas" q u e sucedieron a
1 60
los cu rsos reg lados de los jesu ítas y que no ofrecían la siste
mati zación del saber, contando co n profesores faltos de ex
periencia. La euforia de la l legada de la Fam i l ia Real portu
guesa (un séq ui to de q u i nce mil pe rso nas) co n algu n as
"adaptacio nes cu ltu rales" -la i naugu raci ón de cu rsos supe
riores re l ativos a áreas de conoci mie nto co mo I ngeni ería y
Medici na y la i nstalación de la Bibl ioteca Nacional l l egada d e
la Metrópo l i- no fueron suficientes para cambiar e l marco
educativo co lo n ial .
El I m perio d i scutió y prometió más de lo q u e real i z ó .
Cas i ú n icame nte estableció l o s c u rsos de D e recho y creó
la " Esc u e l a de P r i m e ras Letras" ad emás de los cu rsos pa
ra ciegos y sordom udos. Los m i n i stros del I m perio re s
po nsab l es de la i n strucci ó n parece que criticaban más de
lo que h ac ían para ca m b i a r l a situación de la cual e ran
respo n sables.
D u rante años y años l as den u ncias eran las mismas : el
método de e nseñanza lancaste riano era i n eficaz ; el n ú m e ro
de profeso res y profesoras e ra i n suficie nte y su formación
i nconsistente , sus salarios muy bajos l l egando alg u nos de
el los a te n e r que pagar el alq u i l e r de l as aulas e n las que da
ban clase ; eran necesarios fisca les para vigi lar a los profe
sores y profesoras y castigarlos en caso de q u e no cu mpl i e
sen su trabajo con moralidad , aptitud y dedicació n , au n
cuando algu nos (as) fuesen "hábi les, asiduos y celosos" y el
descontento del cuerpo doce nte se debiese a la falta de pro
tección del poder público y de la reco mpe nsa económ ica;
falta de preparación de los alum nos que term i n aban sus es
tudios y de cu rsos que ate nd iesen a las n ecesidades nacio
nales ; i n existe ncia de edificios escol ares públicos con stru í
dos para tal fi n ; vacío de las escu elas al no ser obl igato ria la
en señanza co n pé rd idas para los al u mn os(as) y despilfarro
del di ne ro públ ico .
1 61
En 1 882, Rui Barbosa presentó en la Asamblea nacional
u n informe sobre la educación brasileña, el más completo y
profu ndo hasta hoy elaborado en el que el d iputado-relator
comparó nuestra educación con la de otros países, después
de haber consultado 365 obras pedagóg icas en varias len
guas. Sus propuestas de soluciones l i berales , demasiado
avanzadas para aq uella época n i siq u iera fueron d iscutidas
por el cuerpo Legislativo que había demandado dicho estudio,
esperando que refrendase l a reforma educativa, ya implanta
da, de Leoncio de Carval ho.
Rui, entre otras medidas, propuso en el informe sobre la
E nseñanza P rimaria y Normal la m u nicipalización de la edu
cació n , u n a educación subvencionada para todos y la coe
ducación de los géneros. Medidas de difíci l aceptación , pues
sólo muy posteriormente dos de ellas fueron incorporadas a la
práctica educativa. La municipalización de la e nseñanza
conti n ú a siendo discutida todavía más de un siglo d espués.
E n la República las reformas necesarias , incl uso las
educativas, se sucedieron sin acrecentar casi n ad a la edu
cación como acto pol ítico-pedagógico. Entre 1 930 y 1 945
Vargas creó el M i nisterio de Educación y Salud Pública y sis
tematizó la educación en casi todos sus niveles y ramas, pe
ro , sobre todo abrió la escuela pública a las clases s ubalter
n as que antes la ten ía n prohibida de hecho o por ley que
impedía asistir a ella. Las reformas de la enseñanza primaria,
normal y agrícola llevan , en g ran medida, su marca, aunque
h ubiesen sido decretadas después de su caída. En realidad ,
Vargas no enco ntró medios, e n base a las dificultades que
tuvo en su propio gobierno popu lista y autoritario, para resol
ver los ya secu lares problemas d e la educación tanto de o r
den cual itativo como cuantitati vo .
Así continuó la educación entre 1 946 y 1 964 acumulando y
exasperando la reproducción de aquellos y aquellas que no
1 62
pudieron frecuentar y concl u i r por lo me nos el cu rso pri mario,
ante los diferentes mecan ismos elitistas y discri m i natorios
puestos en acción po r los responsables de la pol ítica educativa
al servicio de la élite. Por otra parte los profesores conti nuaron
esperando la propagada revalorización de su trabajo profesio
nal y la nación necesitando de una educación para todos.
Fue , sin duda, la dictadura m i litar (1 964-1 985) q u ien ,
desprestigiando la escu ela públ ica y el cue rpo docente, y la
enseñanza para la reflexión crítica (abolió l a filosofía como
discipl i n a en la escuela secu ndaria y consideró la h istoria
como ciencia" neutral" transm itida seg ú n la ideolog ía de la
Seg u ridad Nacional ) , co nd ujo la enseñanza pública a situa
ciones de deg radaci ó n .
D i o prioridad a la escuela privada e n los n ive les pri mario
y med io co n profesores q u e , huyendo de los salarios bajos
pagados po r la red oficial , encontraron e n e l l a salarios me
nos ru i nes . Esto , po r u na parte , en razó n de l a secu lar prác
tica de explotación ; po r otra parte, el si lencio de la opresión y
la co m petencia que au m entaba cada año con m i l es de n ue
vos profesores formados mediante l ice nciatu ras largas y
co rtas, mu chas veces faltos de preparación para la educa
ción y que abarrotaban el mercado de trabajo. De esta for
ma, las escuelas particu lares prospe raban y sólame nte se
procu paban de transm iti r u na ed ucación tecnicista apartada
de la reflex ión y del hu manismo, y que co nducía a su clie nte
la a los cu rsos superiores de las u n iversidades oficiales, que
otorgaban títu los para que sus poseedores estuviesen bien si
tuados . La escuela públ ica aumentó en nú mero, debido a la
tasa de n atal idad de l a época y debido al au mento de los
que bu scaban escuela, forzados po r las presiones de las
empresas , pero se olvidaba la cal idad que debía caracteri
zarla sopo rtando su cuerpo doce nte esa situación i nj usta pa
ra el los y pe l i g rosa para la soci edad .
1 63
Los profesores universitarios también soportaron dificul
tades, desde la baja de los salarios a las cond iciones de tra
bajo i m puestas por u n a "vig ilancia ideológica" sofocante q u e
transformó muchos de l o s núcleos superiores de producción
de saber en espacios donde, tantas veces, en nombre de la
neutralidad de la educación se repetían sin creatividad con
ceptos y defi n iciones ya su peradas.
En los ú ltimos diez años n i los sem i narios , cong resos,
foros y luchas agotadoras de i nstitu ciones ed ucativas y or
ganizaciones diversas de educadores han conseguido cam
biar este cuad ro de i njusticia y de descalabro con perj uicios
de toda clase para la nación e n su total idad y con resu ltados
más perversos para las clases po pu lares.
La leyes educativas todavía vigentes conl levan el arca
ísmo y el auto ritarismo de las últi mas décadas ( Ley 4. 024/
6 1 ; Ley 5540/ 68 y Ley 5692/7 1 ) y el n uevo proyecto de
Ley d e D i rectrices y Bases d e la Educación seg ú n la Cons
titución de 1 988 está en trámite e n el Congreso N acional
d esde hace seis años. Aprobado e n la Cámara Federal a fi
nales de 1 993, espera la aprobación del Se n ado Federal ,
s i n ad ecua rse a l a real idad nacional y s i n el debido respeto
al acto de ed ucar.
El envileci miento de la educación y del profesor pueden
ser medidos por la situación salarial en la ciudad de Sao
Paulo , el centro cultu ral , científico y económico más di nám ico
del país, y en el Estado de Sao Paulo , el más rico del Brasil.
En marzo de 1 995 , los profesores (as) de la red privada de
enseñanza de la capital recibían como salarios : para las cla
ses de 1 º a 4º curso de enseñanza primaria, de 298 ,24 Rea
les (1 Real=1 Dólar aproxi m adamente) a 1 . 55 1 ,3 1 Reales
mensuales, con derecho a aumento por hora de actividad
práctica fuera del aula; la hora/ aul a para clases de 5º a 8º va
riaba entre 2, 78 y 1 4,20 Reales, más un añadido por las
1 64
eventuales horas/actividad y Descanso Sem anal Rem u nera
do que corresponde al 1 /6 del valor calculado sobre las clases
dadas d u rante cuatro semanas de clases (Sinpro , Jornal do
Profesor, Sao Pau lo, mayo 1 995, p. 1 1 y 1 1 1 ) .
El Sindicato d e Profesores d e la E nseñanza oficial del
Estado de Sao Paulo (Apeoesp) afi liado a la CNTE (Confe
deración Nacional de Trabajadores en Educación ) y a la
CUT (Central U nica de Trabajadores) y que reúne a 1 35 m i l
asociados, después d e liderar u na h u e l g a de 3 4 ad ías (abri l
mayo 1 995) secu ndada por el 70% de las escuelas y el 60%
de los profesores (as) e n huelga consiguió aumentar el sala
rio básico del profesorado de la red estatal de 1 4 1 , 00 Reales
al mes a 200 (poco más o m enos 200 dólares) por 20 horas
a la semana de clase.
D urante la huelga, el Apeoesp publicó un manifiesto que
revela el desprecio, el desprestigo y la falta de respeto por la
educación y el educador; "1 ,41 Reales por aula es lo que el
gobierno paga a los profesores que alfabetizan a los niños en el
Estado de Sao Paulo ( . . . . ) El gobierno mientras tanto e n u n d ía
gasta 270 mil Reales del contribuyente en propaganda para
conve ncer a la población de que los profesores y los funciona
rios están bien pagados. Ese dinero daría para pagar a cien
maestros, o sea, mantener una escuela importante durante to
do el año lectivo ( . . . ) El presupuesto de este año (Ley 9.003) de
termina que el gobierno destine a los salarios de los profesores
y funcionarios el equivalente al 21 % del ICMS ( I mpuesto de
Circulación sobre Mercancías y Servicios). Se destinó sólo el
11 %. Si se cumpliese la ley podría doblar n uestros salarios ( . . . )
( Fo/ha de S. Paulo, 22/4/1 995, cuaderno especial , p.5) .
El Pacto e n favor de la Valoración del Magisterio y la Ca
lidad de la Educación alcanzado en Brasi lia el 1 0/1 0/1 994
que se constituyó en el "comprom iso entre poder público y
los educadores con el objetivo de promover la efectiva recu-
1 65
peración del magisterio y de la educación básica" en B rasil,
fruto de u n as luchas de más de qui nce años de la CNTE ,
que deberá ser i m plantado por los gobiernos federal, estatal
y m u n icipal , estableció e ntre otras medidas im portantes el
Pacto Salarial Profesional U n ificado a nivel N acional con el
valor de 300 Reales m ensuales para u n trabajo de cuarenta
horas semanales (75% de tiempo de clase y 25% en activi
dades extraescolares) del profesor habil itado en por lo me
nos un curso de nivel medio (CNTE, Noticias, B rasilia, Ano VI,
nº 35, noviembre- diciembre 1 994 , p. 4) .
Las buenas inte nciones del neoliberalismo parecen así
no dar señales de ruptu ra con el secular desprestigio, des
consideración y falta de respecto a los profesores (as) , los
alum nos(as) y la propia nación b rasileña que sigue mante
niendo aquel los típicos elementos de l a política col onial que
impiden a Brasil ser más de lo que está siendo.
(Consu ltar Ana María A. Freire, Analfabetismo no Brasil,
2a edición revista e aumentada, Sao Pau lo, Cortez , 1 993) .
NOTA 1 3 - PÁG I NA 1 1 8
(Sobre la matanza de la Candelaria, leer la nota 21 del libro
de Freire, Cartas a Cristina. Añado algunas informaciones.)
No se pueden cerrar los ojos y el corazón a la presencia
de la violencia permanente y extendida que entristece a la
sociedad brasileña ; entendiéndola tendremos capacidad de
superarla. Las muertes violentas en Brasil afectan sobre todo
a los jóvenes. De las clases medias y altas por la excesiva ve
locidad de sus coches en la madrugada de las principales
ciudades del pa ís. Las más crueles, muchas con visos de
m aldad , afectan a las personas de las clases popu lares y
entre éstas y la policía.
1 66
El dí a 4 de marzo de 1 995 la nación asistió aterrorizada
en la TV a l a más perve rsa ejecución que puede sufri r un j o
ven "margi nal". El eq u i po de fil mar iba a real izar un re portaje
en un centro co mercial de R ío de Janeiro cuando tres asal
tantes entraron disparando . La po l icía llegó en el momento
de l a fuga de los l ad rones. U no con sig u ió escapar, otro cayó
mu erto en el suelo de la aven ida, en donde u n a m u ltitud , a la
luz del so l , se ag lomeraba si lenciosa . Al tercero, de unos
veinte años, se le veía caído de bruces en el suelo calie nte de
verano alcanzado en su piern a por u n a bal a del pol icía ; fue
arrastrado hacia el otro lado del coche usado en el asalto.
Fuera de la vista de los te lespectadores, pe ro no de la
gente de la calle, e l cuerpo esposado e i n móvi l del jove n re
cibió tres tiros más . En seg u ida, y fríame nte , el cabo exhibió
e l arma q u e el jove n habría usado para amenazarlo. Organ i
zaciones de los derechos h u manos, nacionales e i nte rnacio
nales protestaron contra l a ejecución su marial . Se i s meses
después los ejecutores fuero n co nde nados .
Países colo n i zados po r e u ropeos, en América y Africa y
que por eso han permanecido casi todos ellos en la condi
ción de Te rce r M u ndo, vie nen reprod ucie ndo la violencia que
los colonizadores u saban para someter a la población autén
ticamente nacional . Emanci pados, no consegui mos superar
las secuelas de la mue rte que día a día se rad ical izan , por
parte dE?I poder establecido contra l as clases popu lares -los
"bandidos" , los "marg in ales"-, en verdad los excl u idos e im
ped idos de te ner, sabe r, q u e rer, poder y ser en n uestra so
ciedad .
1 67
No1A D E L TRADUCTO R
raducir u na nu eva obra de Pau lo Fre i re es una oportu n idad pa
T ra reencontrar u n auto r que sigue teniendo una gran i mportan
cia en el pensamiento pedagóg ico m u nd ial .
Su concepción de la educación, su teoría y praxis sobre la
educación de personas ad u ltas han sig n ificado cam bios transfor
madores en la acción educativa. Su m étodo centrad o en la investi
gación temática , la cod ificación y la decod ificación, ha supuesto u n
i m po rtante esfuerzo innovador en las tareas de alfabetización que
van más allá de la lectura del "texto" para tratar, al m ismo tiempo, de
entender el "contexto".
El Pau lo Fre i re conocido en España es , sobre todo, el autor
de las obras más reeditadas ( La educación como práctica de la Li
bertad, Pedagogía del Oprimido .. .) o una de las más reciente men
te aparecidas : " La naturaleza política de la educación " ( 1 990) .
Existe n , sin e m bargo, bastantes textos de Freire -siem pre de
breves pág inas ya q ue prefie re ofrecernos su propia reflexión edu
cativa en pequeños vol ú menes en los que reto ma sus grandes te
mas y cu estiones educativas- no muy conocidos. Sin pretende r
hacer un elenco de todos e l los, recordar -entre otros- : Pedagogía
da esperan9a; Professora sim, tia nao: cartas a quen ousa ensinar;
Política e educa9ao Cartas a Cristina, etc. . .
·
I n n u m erables son los l i bros "d iálogo" entre Fre ire y otras auto
ras y autores que han perm itido explorar y conocer mejor su pen
samiento .
1 69
Recientemente el " Instituto Paulo Freire " -creado en 1 992- ha
ed itado u n amplio trabajo titu lado "Urna biobibliografía ' ( 1 996)
donde se recoge todo el "legado de Paulo Freire" hasta el m o men
to actual.
En este ú ltimo legado están algun as de sus obras de esta ú lti
ma etapa como miembro y pol ítico activo del Partido de los Trabaja
dores . Freire , tras ganar su partido las elecciones mun icipales en la
prefectura de Sao Pau lo, fue Secretario de Educación de d icha ciu
dad entre 1 989- 1 991 . El l ibro A educa9ao na Cidade ( 1 99 1 ) trans
mite esta experiencia del educador-político i mpl icado en la transfor
mación del sistem a educativo brasileño.
La obra ahora traducida -"A sombra desta mangueira "
( 1 995)- es uno de sus trabaj os que ju nto a la reflex ión pedagógica
bu sca desmitificar las tesis del actual neo l i beralismo.
Como qu iera que la obra de Freire n o puede entenderse sin su
"contexto", viene acompañada de una serie de notas realizadas por
su esposa Ana María Araújo Freire. El importante , aunque breve
texto de Freire, será así mejor entend ido por el público lector español
a la luz de estas notas explicativas.
No es fácil traduci r a Freire por la propia complejidad de su
pensam iento y lenguaje, por su capacidad para dar i m pu lso a su
pensamiento con nuevas palabras y g i ros. Por ello siempre existe el
riesgo de que se cumpla el clásico dicho "trad uctor : traidor". Riesgo
que se ha pretendido evitar en sucesivas relecturas de una pri me
ra traducción por parte del alum nado brasileño de nuestro curso
de doctorado : "Refo rmas en I n n ovación en el Sistema educativo".
Vaya desde aq u í el agradeci mie nto por contribuir a que la
obra de Pau lo Fre i re sea de n u evo más co nocida y divulgada en
nu estro país .
Agustín Requejo Osario
Universidad de Santiago de Compostela
1 70
OTROS TÍTU LOS DE ESTA EDITORIAL
COLECCIÓN DEBATE
Racismo: no, gracias.
Racismo moderno y post-moderno.
Autores: Ramón Flecha, Jesús Gómez.
COLECCIÓN APERTURA
Dos siglos de educación de personas ad.
A utores: Ramón Flecha, Fernando López y Raquel Saco.
Sociología de la ed. continua de personas ad.
Autor: Pete r Jarvis.
La nueva desigualdad cultural.
Autor: Ramón Flecha.
Educación de personas adultas.
Autor: Ramón Flecha.
Analfabetos USA. Analfabetismo funcional.
Autor: Jonathan Kozol.
Adultez y aprendizaje.
Autor: Mark Tennant.
Poder, educación y conciencia.
Autor: Basil Bernstein .
Educación de adultos y calidad de vida.
Autor: Santiago Sánchez Torrado.
Igualdad educativa y diferencia cultural.
Autor: Henry A. G i roux y Ramón Flecha.
Mujer y educación de base en Europa.
Autor: Oficina europea de educación de adultos.
Abrirse paso. Orientación laboral y profesional para mujeres.
Autor: Will Bom .
La pasión
La afirmación
de que " las cosas so n así
porq ue no pueden ser de otra forma" es
�
con que conozco, hablo
odiosamente fatalista, pues decreta que
o esc ri bo no disminuye
la felicidad pertenece solamente
el com p romiso
a los que tienen poder.
con que denuncio --��--._::::-..,--
o anuncio. -------
Somos seres
La esperanza
de transformación Y no O
C) de ada ptación . -
se hace
º
-
C> _ --
i n dispensa ble pa re
C) La educación la existencia .
o necesita tanto de
Reconozco formación técn ica, c ientífica
la realidad . Reconozco los y profesional como de
obstácu los, pero rechazo sueños y utopía .
a c o m o d a r m e en silencio
o si mplemente ser el eco vacío,
avergonzado o cínico C) La cuestión
está en cómo transfromar
del discurso dominante .
C) las d ificu ltades
en posi bilidades .
Nadie es viejo o
sól o porque n ació hace
m ucho tiempo o joven porque
nació hace poco . Somos viejos o
jóvenes m ucho más en función
d e cómo entendemos
el m undo.
No somos
racistas, nos volvemos O
racistas . . . Mi problema
contra las personas racistqs
no es con el color de la piel.
sino con el color de su
ideología .